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E*ta marca de fdbri- 
ca €» el mcIIo de ga- 
rantia de todo cquipo 
electric o verdadera- 
mente digno de c on- 
Hanxa, 



Westinghouse — 

La Institucion 



Este espacio esta des- 
tinado a mostrar pe- 
riodicamente un nuevo 
aspecto de una de las 
grand es instituciones 
electricas del mundo. 



Veintiuna fabricas, seiscientos acres de terreno, cincuenta 

mil empleados, trescientos mil productos distintos. Estos 

son los cuadros que aparecen ante su mente cuando ve es- 

critas las palabras WESTINGHOUSE ELECTRIC. 

Agregue a este cuadro la concepcion de una gran pericia mecanica y de un 
genio superior en electricidad y podra tener una idea de esta organizacion 
que marcha a la cabeza de la industria electrica. 

La We.-tinghouse Electric se dedica a la construccion de equipos electricos 
para satisfacer eficazmente todas las necesidades industrials y estos equi- 
pos no solo prestan un excelente servicio, sino que resultan a un precio 
muy economico. Su objetivo principal es marchar siempre adelante y 
ofrecer solamente lo mejor que se pueda producir en el mercado. 



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FEB 6 1969 



Por eso es que la marca WESTINGHOUSE es para 
usted una garantia de calidad. 

Compania Westinghouse Electric Internacional 

MAIPU, 73, BUENOS AIRES — U. T., Eivadavia N." 5 
Direction cablegrafica: WEMCOEXPO, Bs. As. 



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Moras 



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-La Fdbriea de Relojes 
mas grande del Mundo. 




A N VI 
NUM. 57 




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BUENOS AIRES 
ENERO DE 1921 




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rodigiosa hazana que en 1520 
realiz6 el sabio y valeroso Hernando 
de Magallanes s61o puede ser justi- 
preciada sobre el mismo lugar. La 
fantasia no sabe imaginar los obs- 
tacles y los peligros que el nave- 
gante encuentra en los pasos bra- 
vios que los dos oceanos mayores se 
abrieron a traves de un continente. A pesar de 
los progresos de la navegacidn, el estrecho de 
Magallanes continua siendo un derrotero que 
el peligro marca siempre. 

Por estas circunstancias la conmemoraci6n 
de e*e centenario ofreoe una particularidad que 
otras conmemoraciones no tienen. Los barcos 
que representaron a la marina moderna en 
aquellos (estejos han desafiado los amenazado- 
res embates de las corrientes que Magallanes 
venci6. Y este peligro compartido a traves de 
cuatro centurias presta al centenario una ma- 
jestuosidad u 
Todos los que acudieron a rendir homenaje al 
/ a la clarividencia del gran marino han 
comcrendido toda la importancia del descubri- 



nvs VUKA 

EL EN AN 
I fLACALLANES 



NUESTRO DREADNOUGHT 
RIVADAVIA REPRESENTO 
DICNAMENTE A LA ARMA- 
DA NACIONAL EN LAS 
FIESTAS CENTENARIAS. 

FOIO • .KOAi IIACHUCA 



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miento. Y mentalmente compararon 
la fragilidad de las naves descubri - 
doras con la fortaleza de los barcos 
donde acudian a la ceremonia. 

Este pensamiento comun viene a 
constituir un canto a la firmeza y a 
la temeridad de la raza ibera, magna 
pobladora de continentes a quien ni 
los mares ni las montanaspueden detener cuan- 
do ella se traza una ruta providencial. 

Hernando de Magallanes. el lusiada ilustre 
no logro realizar su sueno bajo los pliegues de 
la bandera portuguesa. El capricho de un rey 
se lo impidi6; pero otro soberano de la misma 
raza concediole ayuda, y el pabellon castellano 
patrocino la empresa. 

El descubrimiento de America fue una aven- 
tura latina; el paso de oc6ano a oceano fue una 
aventura iberica. 

Como siempre que de exigir a los hombres 
un valor y una tenacidad sobrehumanos se 
trate, el marino portugues hubo de luchar 
contra los mismos hombres. A la rebelion del 
mar se unia la rebelion de las almas. Hernando 



ch 





2 





S. A. R. EL INFANTE DON FERNANDO. 
EL PRESIDENTE EXCMO. SENOR SAN- 
FUENTES, SU ESPOSA Y ARISTOCRATI- 
CAS DAMAS CH1LENAS EN El. BAILE 
DEL PALACIO DE LA MONEDA. 



de honor en el que hubo de congregarse el gran mundo 
de la hermosa capital. Aseguran los entendidos que desde 
la presidencia de Montt nunoa se viera el palacio de la 
Moneda tan suntuosamente engalanado. El Club de Seno- 
ras. la embajada argentina y otras entidades rivalizaron 
en hacer grata la estada del ilustre viajero. La colonia 
cspanola tambien supo distinguirse en este torneo de 
galanteria. Puede decirse que tanto agasajo hallase por 
encima de toda descripcion. Los particulares igualmente 
hicieron los «honores de la casa» como verdaderos senores. 
La hidalguia de la sociedad chilena ha sabido demos- 
trarse una vez mas. 

Estos agasajos tuvieron digna continuation en otras 
ciudades de la republica, tanto antes como despues de 
terminados los festejos. Las tripulaciones de los buques 
extranjeros que tomaron parte en el desfile ante la estatua 
de Magallanes y en diversos concursos deportivos, han sido 
objeto de entusiastas ovaciones. A los argentinos nos es 
sumamente grato enviar al pueblo chileno un saludo 
fraternal por las manifestaciones de aprecio que los 
tripulantes del Rivadavia cosecharon en el noble 
pais, esperando retribuirlas en la primera ocasion. 
Plvs Vltra, por su parte, agradece en lo que 
valen la solicitud y carifio con el comandante 
sefior Storni y la oficialidad del Rivada- 
via», asi como las autoridades chilenas, 
trataron a nuestro enviado especial, 
unico periodista que tuvo el honor 
de viajar en el dreadnought argen- 
tine Cracias a tanta gentileza 
podemos ofrecer las valiosas 
fotografias que ilustran 
esta ligera cronica del 
reciente centenario. 



AL P I E 

DEL MONU- 

MENTO EL EXMO. 

SENOR JOSE FRANCOS 

RODRfOUEZ PRONUN- 

CIA SU BR1LLAN- 

TiSIMO DIS- 

CURSO. 



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EN EL BAILE DE GALA OFRECIDO 
POR EL EMBAJADOR ARGENTINO AL 
INFANTE DON FERNANDO Y AL NUE- 
VO PRESIDENTE DE CHILE EXCMO. 
SENOR ALES3ANDRI. 



Punta Arenas, la ciudad fundada en pleno estrecho gra- 
cias a la energia de Chile, fue el lugar elegido para erigir 
la estatua del inmortal navegante. Y una familia que honra 
a la estirpe hispana. los Msnendez Bshsty. descendientes 
de un gran fundador. ha costeado el monumento. 

Las fiestas anunciadas para el 14 de diciembre apla- 
zaronse para el 16, pues la bravura del mar asi lo dispuso. 
Dioho dia desembarcaron las comitivas ofioiales: S. A. R. 
el infante don Fernando de Baviera y de Borbon; el jefe 
de la mision espanola, Excmo. senor Jose Francos Rodri- 
guez; el embajador de Portugal, Exomo. senor Alberto 
D'Oliveira; el ministro chileno del Interior, don Pedro 
Garcia de la Huerta; el embajador de Estados Unidos, 
Excmo. senor Jose O. Shea; el embajador de la Argentina, 
Excmo. senor Carlos Noel; el embajador de la Santa Sede, 
nuncio apostolico, Emmo. senor Benedicto Aloise Masella; 
ministro plenipotenciario de Inglaterra, Excmo. senor John 
C. I. Vaugham; embajador de Mejico, Excmo. senor Enri- 
que Gonzalez Martinez; embajador del Paraguay. Excmo. 
senor Fulgencio Moran; delegado de Costa Rica, don 
Juan Davila Solera, y delegado de Panama, don 
Adolfo Esquivel de la Guardia. El programa de 
festejos realizose con toda brillantez, siendo 
inaugurado el monumento entre vibrantes 
discursos. La Argentina, Chile, Paraguay, 
Mejico, Costa Rica y Panama, republicas 
hermanas, se han asociado jubilosa- 
mente a este homsnaje secundadas 
por Espafia, Portugal, Estados 
Unidos e Inglaterra. El resulta- 
do ha sido magnifico; pero, 
sin duda, las consecuencias 
seran mayores para el 
hispanoamericanismo. 



EL MO- 
NUMENTO A 
HERNANDO DE 
MAGALLANES, INAU- 
GURADO EN PUNTA 
ARENAS EL 16 DE 
DICIEMBRP. 
1920. 




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~1 n los Estados Unidos hay ahora cuatro 
problemas palpitantes: el justo enojo del 
Japon al excluir a los amarillos del goce 
j de la propiedad — supremo goce — en los 
~~ ^ campos de California; las criticas al apos- 
tolado de Wilson por su creacion de una Liga de 
las Naoiones que no conviene al dogma monrois- 
ta; la lucha presidencial entre democratas y repu- 
blicanos, y, por ultimo, las tremendas polemicas 
a que esta dando lugar el uso de los trajes rayos 
X, como se llama a esos vestidos de tela ligerisi- 
ma. tenue y transparente que oonstituyen en este 
momento la suprema moda femenina. 

De estas cuatro cuestiones palpitantes, la que 
mas palpita es la ultima. Los norteamericanos, 
sea por su inclination ingenita al ruido y a los 
grandes gestos (segun Emerson, filosofo norte- 
americano, no hay raza mas gestera o gesticula- 
dora), sea porque el austero abolengo puritano 
se ha despertado de pronto en los espiritus, el 
caso es que los trajes rayos X traen escandalizada 
a una parte del vasto mundo yanqui, cosa que no 
han logrado los «trusts», las tarifas de aduana, los 
monopolios y otros muchos manejos economicos, 
no menos dignos de provocar la indignacion. 

El alcalde de Nueva Rochela, ciudad fundada 
por hugonotes, ha sido el primero que ha dado 
caracter municipal a la protesta contra los trajes 
rayos X. Las senoras y las senoritas defendieron 
su atavio con razones que hicieron enmudecer al 
senor alcalde. La intervencion municipal debe limi- 
tarse a los adoquines, sin pretender intervenir en 
cosa tan sutil y vaporosa como ese ensuefio textil 
que semicubre las gracias de las damas. La muni- 
cipalidad. organismo politico en que toda inco- 
rreccion se encubre, no tiene derecho a impedir 
que vayan descubiertas las creaciones mas correc- 
tas. Los ediles carecen de jurisdiction algunasobre 
los cambios y mudanzas del vestido femenino. 

Mediocre filosofo debe ser el alcalde de Nueva 
Rochela. Si el hombre inventa leyes sin inter- 
vencion de la mujer. tambien puede la mujer 
imaginar caprichos sin intervencion del hombre, 
o con una intervencion limitada a los modistos. 
que «piensan» por y para las mujeres. Por lo demas, 
es inutil toda resistencia al imperio de la moda. 
La moda es la suprema razon, y contra ella toda 
razon es locura. 

El idolo de la mujer no es el hombre, como suele 
creer casi todo el sexo masculino. Su verdadero 
idolo es la moda. Si esos trajes transparentes, de 
colores prismaticos y claridad elisea, constituyen 
ahora la moda. ella perdurara hasta que sea des- 
tronada, no por la razon, sino por otra moda, aun- 
que sea menos razonable. En la imposition y cadu- 
cidad de las modas no tiene la logica papel alguno. 

Pero donde el problema de los trajes rayos X — 
un problema casi desnudo — apasiona mas es en 
las ciudades de Chicago y Pittsburgo. La primera 
es adversa a la nueva moda, y contra ella se han 
celebrado manifestaciones publicas en las aveni- 
das de Michigan y del Estado. Una doctora, Julia 
Smith, ha logrado encender con su pluma puritana 
el espiritu de la plebe, publicando en aquellos 
diarios furibundos articulos contra la transpa- 
rencia de la indumentaria femenina. «Cuando pase 
por Constantinopla — dice la doctora de Chicago 
— tuve la curiosidad de ver la moda que han adop- 
tado las mujeres turcas. Fui a una tienda y pedi 
un traje de los que llevan en el haren. Pues bien: 
no vi ninguno que pudiera compararse en osadia 
cdi los que usan las mas distinguidas senoras de 




Chicago en las calles». Ante estas palabras de la 
tremenda doctora, los hijos de Chicago, pudibun- 
dos y salchicheros, lanzaronse en manifestation 
tumultuosa contra los bonitos y elegantes trajes 
rayos X. En cambio, Pittsburgo esta encantado 
con la nueva moda. El alcalde de aquella pobla- 
cion ha hecho declai aciones en extremo sensatas 
y oportunas, demostrando que es mucho mas 
docto que la doctora de Chicago. «En Pittsburgo - 
ha dicho — las damas pueden vestir como gusten. 
Yo me declaro incompetente para decir como han 
de ataviarse. Por otra parte, la oposicion seria 
inutil, porque las senoras harian al fin lo que qui- 
sieran». El propio Salomon no dicto sentencias tan 
exactas y profundas. 

En Franklin los pareceres andan divididos; pero 
alii tambien hay un alcalde que se distingue por 
una claridad de juicio que compite con la propia 
claridad de los trajes rayos X. «^C6mo se impedira 
que las senoras de toda America los usen? Tened 
en cuenta que las mujeres han sido creadas para 
gobernar los congresos, y no los congresos para 
gobernar a las mujeres». La mocion quedo muerta 
ante estos argumentos definitivos. 

En Rochester (Pensilvania) se ha querido tam- 
bien prohibir el uso de los trajes transparentes. 
Las senoras acudieron al palacio municipal y, 
ante su actitud de elegante enojo, el autor de la 
mocion se declaro vencido, retirandola apresu 
radamente. 

El problema se presta a multiples reflexiones. 
Ensayaremos algunas, que no se han de distinguir 
por su hondura ni por su plumbea pesadez. 

Segun Teufelsdrockh, el doctor de «Sartor Re- 
sartus» o ensayo de una filosofia de los trajes, in- 
trincada y abstrusa obra del caotico Carlyle, el 
primer objeto del traje no fue la necesidad, o el 
recato, sino el adorno. Apoya Carlyle su aserto 




en la observation de que el tatuaje fue antes que 
el traje. Por el instinto del adorno, las gentes, en 
los origenes de la sociedad humana, empezaron a 
tatuarse antes que a vestirse. Los trajes rayos X 
son ahora la demostracion concluyente de la teo- 
ria del filosofo ingles. No abrigan ni cubren; su 
verdadero fin se limita exclusivamente al adorno. 
Y el adorno que la moda impone hoy es el semi- 
vestido, asi como en otros tiempos, con igual 
«imperativo categories impuso la abundancia de 
tela, las numerosas faldas y sobrefaldas y los 
innumerables perifollos. 

Sentado que el fin del vestido no es la nece- 
sidad, sino el adorno, £para quien se adorna la 
mujer? ^para el hombre? £para ella misma? 
ipara las demas mujeres? La respuesta a estas 
preguntas demandaria, no un articulo frivolo y 
volandero como el presente, sino un profundo 
tratado, o quiza toda una biblioteca. Si la mujer 
se adornase para el hombre, bastaria a los hom- 
bres de Chicago demostrar de una manera fina, 
elegante, espiritual, que los trajes rayos X no 
son de su agrado. La moda caeria en seguida. 
Pero es que no debe ser asi; la mujer no se adorna 
exclusivamente para el hombre. La elegancia, 
tanto en uno como en otro sexo, es la manifesta- 
cion externa del culto de si mismo. La exagera- 
cion de las modas precede de este culto. Implan- 
tadas las telas transparentes, el inmoderado afan 
de distinguirse ha ido transparentandolas mas y 
mas, hasta llegar a esos trajes de tela de arana, 
tan censurados en Chicago como aplaudidos en 
Pittsburgo. 

Es, en verdad, chocante y rara esta actitud 
violenta y tumultuaria de los hombres de Chi- 
cago, ciudad connaturalizada con la carne. ^Sera 
realmente un problema etico lo que ha solivian- 




tado los amnios? ^No sera mas bien un problema 
economico? Dado el espiritu utilitario y el des- 
envolvimiento industrial de Chicago, cabe en lo 
posible que la protesta dimane de que alii no 
pueden fabricarse telas que sirvan para los trajes 
rayos X. En tal caso la protesta seria, indirecta- 
mente, contra la industria francesa, contra la de 
Lyon, especialmente, que es donde ss fabrica esa 
ilusion de tejido. Tambien es posible que la pro- 
testa, en apariencia etica, obedezca, en el fondo, 
a que tales trajes son excesivamente caros, recar- 
gando con ellos las senoras el presupuesto domes- 
tico en un grado que ha producido la alarma de 
los potentados «charcutiers» de Chicago. En este 
supuesto, que solo insinuamos como hipotesis, los 
protestantes chicaguenses no serian moralistas, 
sino «amarretes». Pero el <<amarretismo», con toda 
su dureza y estrecha sordidez, nunca pudo cortar 
el paso al curso avasallador de la moda. 

No hay filosofia, ni teoria politica, ni axioma 
cientifico que tenga el poder proselitista de una 
moda. Los cambios en materia de modas femeni- 
nas son radicales. Los hombres no suelen pasar 
de un radicalismo circunspecto, conservando siem- 
pre cierta adhesion a las instituciones pasadas. 
Las mujeres, por el contrario, saltan de un modelo 
a otro de traje sin visible transition. Poseen lo 
que llama Temistocles talento para olvidar. 

El industrialismo frances ha dado siempre a 
los cambios de moda una celeridad pasmosa. 
Apenas nacida una se crea otra. El ideal no es la 
perfection, la comodidad y la gracia, las tres con- 
diciones esenciales del vestido, sino el cambio. Y 
es que, en realidad, no se persigue un fin estetico; 
lo que se busca es el mayor consumo a que dan 
lugar las transformaciones rapidas. El cambio de 
las modas — decia Chamfort — es una contribu 
cion que la industria del pobre impone a la vani- 
dad del rico. El axioma es exacto y corresponde 
mas al dominio de la Economia que al de la Es- 
tetica. 

El escandalo que los trajes rayos X ha produ- 
cido en Chicago es un poco pueril. Es la moda 
imperante en toda Europa, y Chicago carece de 
autoridad para sublevarse contra lo que, en mate 
ria de estetica femenina, crea y lanza Paris. Paris 
es Paris y Chicago es Chicago. No se expresar de 
otra manera la diferencia, ni quiza hagan falta 
otros metodos de expresion. Chicago goza de uni- 
versal autoridad en materia de salazones; pero su 
voto pesa muy poco en lo que atane a las modas. 
Los millones logrados con la substancia porcina no 
autoriza a los hijos de Chicago a intervenir en 
problemas de estetica. 

Por lo demas, no hay que hacerse los espanta- 
dizos, ya que, tanto en Chicago como en Paris, 
se sabe perfectamente que bajo el mundo vestido 
existe el mundo desnudo. Mirados con serenidad 
inocente, los trajes rayos X son como otro vestido 
cualquiera. Asi, pues, el diablo no esta en los 
trajes, sino en nuestros ojos y en las imagenes de 
nuestra mente. No gusta a la mujer que se la mire 
demasiado; pero le gusta menos que no se la mire 
nada. Con una casi mirada, breve, fugitiva y apro- 
badora, los trajes rayos X ganan mucho y pue- 
den pasar por perfectos hasta que los destrone 
otra moda. 

La mujer, segun el dictamen de los filosofos de 
todos los tiempos, fue siempre un enigma. Hoy 
es un enigma transparente. Y no tienen derecho 
alguno en Chicago a oponerse a la claridad de los 
enigmas . . . 




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La manana come 

de encargo. Desde las 

Ultimas hcras de la 

noche. y durante toda 

la madrugada. habia 

llovido. no lo que se 

dice a can tar os. sino 

ter .-a y. silenciosamente: ese Hover que parece que 

•sar nunca. . . El suelo. un puro lodazal; 

.'.ullaban. calados. los «de la cola*. 

Se hallaban alii desde el romper del dia. sin 

perder el truer, humor la mayor parte: diciendo 

chrrigotas y resignados a la espera. hast a que 

Dtos les deparase el pan nuestro. . . ;Y que pan! 

La vispera. gritos de indignation y dichetes 

iromcos habian saludado a las microscopicas li- 

bretas. de minimas dimensiones. y. por contera. 

mal elaboradas. .Feliz as! y todo quien las podia 

obtener! 

El caso era llevar algo al domicilio. donde la 
vueha de ooleros y coleras era esperada como el 
santo advenimiento. De ellos se aguardaba el 
alimento maravilloso. el que sustituye a todos los 
demas la pasta del trigo. jBueno es el coci. y no 
despreciemos a las judias con Colorado; pero el 
Donde hay chicos. jnada como el pan! Vaya 
usted en las familias. a remediarse sin el. Y es un 
guise que est a hecho: ni carbon, ni aceite se gasta. 
-Verdi, ustez. sena Remigia? — preguntaba 
la sena Ponciana. alias la Mantecosa. que tenia 
un ca'on de verdura en el mercado. — A las crea- 
turas. su buen zoquete de pan... y los mios. 
proecillos. dos dias ha que no lo prueban. jPor 
las patas debiamos ahorcar a los que armaron 
'merga: oondenaos! 
De acuerdo estaba la sena Remigia. la chale- 
quera. Lo peor, perder horas y horas por la gracia 
del panecillo. Y ella. con su madre enferma de gri, 
y alia sola, con los chicos, que mas enredan que 
cuidan. Que demoniuras no harian en libertad, 
aquellos barrabases. ;Y para mas. con hambre. 
angeles mios! Se le quemaba a la sena Remigia 
la sangre al verse sujeta en la cola, oyendo 
burradas. por que los fantoches de los hombres 
estan siempre para ello. Pero si un desahogado 
la fastidiaba mucho. no se iria sin una manguza. 
Mientras formulaba el belicoso proposito, la cola 
crecia y se extendia. como los anillos de negruzco 
gusanc. a lo largo de la calle, contra la blancura 
de las casas, ante las tiendas que de mala gana 
comenzaban a abrirse, reflejando, en la lentitud 
de la operaci6n. el temor de sus dueflos a la pq- 
sible invasion del gentio. Sin embargo, el gusano 
aparecia pacifico. sin aviesas intenciones. No se 
veian polios cerrados colericamente: no se oian 
airadas blasfemias. Mas bien se bromeaba, con 
la estoica resignacidn que el pueblo espanol mues- 
en las pruebas y en las fatigas. Lo violento 
vendria — lo sospechaban todos — cuando los 
huelguistas se convenciesen de que habian perdido 
la huelga. y se echasen a la calle a armar oronca. 
En cuanto a las victimas de la anormalidad, 
las amas de casa con prole, los padres de familia 
'.enian que llevar el grano en el pico, alii esta- 
ban bajc el aguacero monotono, aguardando a pie 
el desabrigo de la aburrida manana de 
novtem- 

•ear continue de las nubes, pesadito, lento, 
iw- i poco a poco agotando la risuefia 

paciencia de la cola. El cansancio de permanecer 
de pie o mal sentado. en cajones, en cestas vol- 
cadas. K tal de estera rota o un pingajo 

de manta, algunos sobre las losas, recogiendo la 
humedad en nalgas y muslos; la molestia de los 
ujones y la tension del animo en espera del 
panecillo. que sabe Dios a que hora caeria del 
delo; el hambre, combatida tan solo por el trago 
alcohol del amanecer. todo iba engendrando 
un esudo de animo mas sombrlo, pesimista. iQue 




3 ' D E 5 A D r A h n o 




fue doblando, para 
sentarse en la acera 
cubierta de barro. Su 



p \ / AM cara consum 'da, en 



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LA ARISTOCRATIC* NOVELISTA HA EI.EGIDO PARA 1NAUC1URAR 

SUS COLABORACIONES ESPECIALES UN RELATO EN EL QUE 

NARRA LOS DOLORES DE LA OENTE HUH1LDE. EN ESTA NA- 

RRACI6N SE MEZCLAN LA AMENIDAD DE LA CRON1CA 

AL INTERES DEL CUENTO, BANEJADOS CON LA 

MAESTRfA QUE HIZO CELEBRE A DONA 

EMILIA COMO ESCRITORA DELI- 

CADA, SUT1L Y SINCERA. 



vida. corcholis! Mas valia estar en presidio . . . 
Sacudian su ropa ensopada, y caian al suelo lagri- 
millas de agua escurriendo de las gorras, del pelo, 
de las orejas, de los dedos rigidos. Las mujeres 
se despojaban del paiiuelo, para volver a colocarlo. 
tieso y arrugado, sobre el mono. Los que poseian 
un paraguas. aun se defendian. Eran pocos, y el 
artefacto solia justificar la chunga de las bravias: 
Oiga ust6, ies de rejilla? £Lo usa pa colador? 

Entre las que callando soportaban, y no toma- 
ban parte en la algarabia, podia verse a una mujer 
todavia joven, que no seria mal parecida a no 
estar tan demacrada y flaca. Por el bulto que 
hacia su manton raido y de indefinibles tonos, se 
adivinaba que traia consigo un nino de pecho; 
mas no era posible ver la cara del nene, tal era 
el cuidado con que la resguardaba del agua la 
madre. Hubo, sin embargo, un momento en que 
el manton se entreabrio, y fu6 para meterle al 
chico en la boca un pecho flaccido, entre balbuceos 
y sugestiones de ternura. 

— Mama, tu, rey de la gloria... Aqui, tapadito... 

Quien estuviese mas proximo al grupo humilde, 
el infante agasajado en andrajos, la nodriza mal 
cubierta por trapos que dejaban pasar la llovizna 
y el hielo de la esquiva manana, no hubiera podido 
oir el suave glugluteo que hace la leche al correr 
por la garganta de los mamones. Ni se percibia 
el lengiietear dulce, el ruidillo gloton de los labios. 
Una vecina de cola exclamo: 

i Jesus, y qu6 paz tiene el angel de Dios! 

En voz dolorida, contest6 la madre: 
Es que esta malito. . . 

Aparte de este suspiro, tambien la madre tenia 
paz. No se quejaba. no manifestaba impaciencia. 
No obstante, parecia rendirla el cansancio. Y se 




que los ojos negros. 
rasgados, ardian febri- 
les, se descomponia 
bajo la glacial impresion de las piedras mojadas 
y duras. Sus dientes castaneteaban, y constante 
estremecimiento sacudia la debil cana de su an- 
guloso cuerpo. 

Ante ella, de pie, un chulillo como de quince 
afios la miraba entre apiadado y curioso. Y al 
fin, desliando su bufanda, — lo mas positivo de 
su indumentaria como defensa contra la crudeza 
de la intemperie — el chulillo la tendio a la mujer. 
— Pongala del reves, que por el derecho es una 
sopa — advirtio. 

Estupida de sufrimiento, sin dar siquiera las 
gracias, la mujer acepto y cubrio, con la gruesa 
tela en que aun humeaba el calor de su bienhechor 
desconocido, el corpezuelo del nene. Nadie se fijo 
en el episodio. Habia sucedido algo que hizo 
desperezarse y bullir a la cola. 

Al punto del mediodia, un palido rayo de sol 
acababa de entreabrir el gris celaje y, como por 
encanto, lucio un poco de claridad en las almas 
exhaustas, abrumadas por la espera penosa. Hubo 
dicharachos, sonaron piropos a las mujeres, se 
pellizcaron y empujaron los chiquillos, y hasta los 
guardias, los adustos guardias, que por lo bajo re- 
negaban de la cola y de quien la invento. desarru- 
garon el cerlo, se pasaron la mano por los hispidos 
bigotes, salpicados de lluvia, y gruneron algo cor- 
dial. Y, como si la benignidad de la tierra coinci- 
diese con la del cielo, una voz, a lo lejos, lanzo: 

— |Ya abren la tahona! ]Ya abrenl 

En efecto, un dependiente, entreabriendo con 
prudencia el cierre metalico, asomaba cauteloso, 
sosteniendo una saqueta hinchada de panecillos, 
calientes aiin. Los habian fabricado soldados de 
Ingenieros, ayudados por el tahonero y sus hijos. 
Las manos les temblaban al amasar, de miedo a 
las amenazas y coacciones de los huelguistas. Y 
aquella cinta humana, desarrollandose a lo largo 
de la acera, les causaba extrafia inquietud, como 
si en ella viesen un peligro, y el ansia de tantos fa- 
melicos fuese otro g6nero de coaccion que les for- 
zase a seguir amasando, enhornando, para saciar 
tantos estomagos, tantas necesidades colectivas. 

La magica voz de «|Yaaaa aaabren!» corrio como 
sacudida electrica. Algunas bravias. Remigia, la 
Ponciana, intentaron avanzar m&s de la cuenta. 
y se ganaron la ovacion correspondiente, y no 
pocos arrempujones y burlas. La infeliz que cobi- 
jaba al nino, no se movi6. jParecia atontada, como 
si aguardase a que hacia ella viniese el pan an- 
dando solo! Su protector, el chulillo, fu6 quien la 
llamo a la realidad, gritandola: 

jEh, senora, que nos movemos! Pongase de 
pie; ^quiere que la ayude? 

La alz6 con trabajo: estaba entumecida: sus 
junturas parecian oxidadas. Se enderezo al fin, 
con un gemido sordo. Y su primera idea fue des- 
emburujar al nene, a ver si por fin se animaba 
a mamar. 

— jAlza! . . . Rey del mundo ... sol mio ... to- 
ma, toma. . . 

Sobre el seno, tibio por el aflujo de la leche, 
una sensacion de rara frialdad aterro a la madre. 
La cara del nino era un pedazo de nieve livida. 

Un chillido de espanto, desgarrador, salio de 
la boca de la mujer. Tan vibrante y desesperado 
fu6, que se rompi6 la cola, y varios colistas se 
arremolinaron, indiferentes al reparto, ante la 
dramatica curiosidad. Y el chillido se convirtio en 
palabras: 

jMi nene! jSocorro! |Se ha muerto! |Se ba 
muerto! 



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ilujcilb 







onstituye la Trapa 
la orden religiosa mas 
austera que se conoce; 
deriva de los Cister- 
cienses y fue fundada 
en la Edad Media por 
San Benedicto, ha- 
biendo sido despues 
reformada varias veces. 
El fundador habia to- 
rnado por norma la 
maxima que Lenin 
querria ahora imponer 
al mundo: el que no 
trabaja no come. Los 






VfllUlw 

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trapenses. en efecto. trabajan. producen 
y hasta consumen parte de lo que pro- 
ducen, porque se dedican especialmente 
al cultivo de los campos. Se dan a ve- 
ces a obras largas y costosas, como por 
ejemplo la transformacion en jardines de 
los terrenos que poseen en Roma, cerca 
de las Tres Fuentes. en donde antes rei- 
naba la malaria. Los trapenses se esta- 
blecieron alii en 1868 y despues de sa- 
near la propiedad hicieron los jardines y 
elevaron un edificio. 

El trapense se dedica al trabajo, a la 
vida sobria, al silencio, y no reposa sino 
lo estrictamente necesario. El verdadero 



LA OKACION EN EL CLAUSTRO Y EN EL HUERTO. 






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LA ORACJON DEL TRABAJO. 



trapense se levanta todos los dias a 
las dos de la manana, los domingos 
a la una, y en las grandes solemni- 
dades a media noche. El trabajo y la 
oracion lo oeupan todo su dia, que 
termina a las ocho de la noche, hora 
en que va a reposar. 

Desde la Pascua Florida hasta el 
14 de septiembre come dos veces al dia: a las once y media 
de la manana y a las seis de la tarde; el resto del afio hace 
una sola comida a las dos de la tarde. Y sus comidas no 
duran mas de media hora. 

El trapense es vegetariano: no come carne, ni pescado, 
ni manteca, ni huevos; vive de frutas y legumbres que 
cultiva con asiduidad e inteligencia. Una colonia de tra- 
penses es, puede decirse, un modelo de sociedad bien or- 
denada, porque en ella se practican todos los oficios: hay 
carpinteros, mecanicos, electricistas, quimicos, etc. Los her- 
manos de las Tres Fuentes fabrican chocolate, un chocolate 
que no me ha parecido excelente, pero que en Roma es 
muy conocido y apreciado; en cambio, son deliciosos los 
licores. Y en verdad, no deja de ser curioso ver a esos ru- 
bicundos hermanos vender copitas de licor y pancitos de 
chocolate; pero el publico cosmopolita de Roma lo encuentra 
interesante y original. 

Mas pintoresco es el espectaculo de los trapenses en los 

trabajos del campo: dejan el habito y se ponen una especie 

de tunica que les llega a las rodillas, 

para trabajar con mayor comodidad. 

la sencilla Cuando llueve mucho, se trabaja bajo 

• toilette » an- techo, en la encuadernacion de libros, 

tes de entrar en grabados, en tallar madera, y tam- 

al refectorio. bi6n se estudia medicina, mecanica, 

astronomia. 

Los trapenses duermen vestidos 



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EL REFECTORIO DE LOS TRAPENSES. 



en un colohoncito de paja tendido 
sobre tablas, sin mas que alguna co- 
bija para combatir el frio. Sin em- 
bargo, cuando se enferman se les per- 
mite desnudarse; y euando alguno se 
halla moribundo es llevado al coro 
de la iglesia y colocado en un lecho 
de paja y ceniza que tiene la forma 

de una cruz. Alii exhala el moribundo su ultimo suspiro 
mientras sus hermanos recitan oraoiones. 

Pero esas severas reglas han ido poco a poco suavizan- 
dose y yo he podido hablar con el prior del convento y vi- 
sitarlo, y hasta aceptar una copita de licor sin darme cuenta 
de que estaba en un convento. 

Pero si el jefe puede hablar, los demas padres siguen 
obligados al silencio. El trapense es. asi, un hombre comple- 
tamente ausente del mundo, prisionero del trabajo y de la 
oracion, 

Cuando dos trapenses se encuentran, se saludan diciendo: 
«Acuerdate, hermano, que debemos morir». En latin: me- 
mento mori. . . Es un saludo que pone en el alma de quien 
lo oye una tristeza infinita. . . 

La abadia donde nacio esta orden se llama Nuestra Senora 
de la Trapa. Fue fundado el afio 1 140 en el ahora municipio 
de Soligni-la-Trappe, departamento del Orne (Francia). Los 
trapenses, que la Iglesia denomina cistercienses reformados, 
vivieron alii cumpliendo con mayor o menor severidad los 
estatutos de la orden, hasta 1791. 
La revolution los desterro, eligiendo 
los frailes el cant6n suizo de Friburgo 
para fundar una nueva cartuja. Y 
desde entonces las comunidades tra- 
penses se extendieron por el mundo. 
Actualmente habracercade cincuenta 
conventos de monies taciturnos. 



LOS TRAPENSES 
PROPESAN UN 
CALLADO AMOR 
A LAS FLORES. 








En 1815 los monjes 
de la primitiva abadia 
de Nuestra Senora de 
la Trapa volvieron a 
la casa originaria de 
Soligni-la-Trappe. 

Cuestidn muy deba- 
tida es la etimologia del nombre 
Trapa. Hay quienes aseguran que 
viene del verbo tropin, significando 
trapa escafio, grada o escalera, pues 
el monasterio se fundo en tin alto- 
zano hasta el cual era necesario tre- 
par por una graderia. Otros dicen que 
Trapa significa casa o f am ilia en el 
dialecto de aquella regidn. 

Pero su significaci6n moral es co- 

nocida mucho mejor que la etimoli- 

gica. Decir trapense es personificar 

toda renunciacidn a las vanidades 

del mundo. Y mucho mas en 

aquellas epocas en que la re- 

gla cumpliase severamente. 

Ahora hallanse en comu- 

aci6n indirecta con 

el siglo. Pero enton- 

ces el aislamiento 

era complete. 



MiLOC EN LA 
VtDlTACl6M Y 
LA PLJ 



EL BREVI AR1 O 
LES COMPENSA 
DE SU S1LENCIO. 



buscaban la paz 
ue en la vida re- 
heridas incura- 
bles del alma. El des- 
engafio sin alivio, el 
pecado infamante, 
surtian de trapenses a 
los monasteries de la orden. Los 
grandes arrepentidos hallaban alii 
una disciplina terrible, cuyo princi- 
pal mandato era el silencio. El silen- 
cio, ese espantoso castigo que vuelve 
ocos a los hombres, se aceptaba vo- 
untariamente. El trapense se con- 
denaba a si mismo al suplicio de no 
hablar con nadie. Y unicamente se 
rompia el silencio para pronunciar 
esas dos palabras que resuenan con 
triste eco de muerte: memento mori. 

Alii se han sepultado en vida 
grandes inteligencias que el 
cielo gano con grave dano 
del mundo. Poetas, mu- 
sicos y artifices de todo 
genero cayeron en la 
Trapa huyendo de 
palabras y soni- 
dos pecadores. 

I M B L I 




i 



V 



Com o el hornero 
que cien veces hace el nido 
que le tira el aguacero, 

asi te quie r o . . . 

jTriste empen o 
es este de hacer el nido 
de mi carino en tu pecho!.. 

Mis i 1 u si o n e s 
las he visto por el suelo 
co mo el nido 
del hornero 

ti rado 
por el pampero... 

Como el hornero 
recoge el nido deshecho 
y lleva en su pico el barro 
una y cien veces, de nuevo, 
asi mi pobre carino, 
que lo tira tu desprecio, 
jpobre barro! lo recojo 
y en mis canciones lo elevo 
hasta la rama florida 
donde hacer mi nido quiero. 

Al ver mi tierna porfia 
acaso me llamas terco . . . 
jacaso me llamas necio!... 
mejor dijeras «constante», 
jconstante como el hornero! 





AIRES ARGENTINOS 

ESTILOS 

Correspondiendo a la hospitalidad de esta buena tie- 
rra, he proseguido en ella mi obra con entusiasmo. He 
cooperado a la obra social trabajando como emplea- 
do; me he pasado claros y noches en vela en gracia de 
la poesia y de los libros, y he madrugado para cul- 
tivar la tierra. . . Me he sometido a la disciplina de 
mi trabajo vulgar, he dejado oir mi voz en las escue- 
las, he sembrado mis libros y he venido a la ciudad, 
tempranito. por las mananas, a traerle suculentas fru- 
tas y bellas y o'.orosas flores. . . 

Me ha parecido poco todavia, y no solamente me 
he dado todo en sentimiento y pensamiento en este 
pais, sino que quiero dejar a esta tierra argentina una 
nota argentina... Canciones vaciadas en molde po- 
pular argentino: «Aires argentine^ (Estilos). 



Tierra argentina: me has dado un pedazo de pan 
y una flor y un amor. . . pero yo no te he dado poco: te 
he dado mis hijos, y mis nietus, y mis libros. . . 

Tierra argentina: eres un pais prcpicio para los bue- 
nos labradcres, y yo he labrado un campo en tus pam- 
pas, y he labrado tambien en tu coraz6n y en tu pen- 
samiento. . . 

Vicente Medina 




Cuando suena la hora del vermouth, la muchachada pdsase 
sobre las ban-as del alto mostrador. Diriase un tropel de 
halcones sedientos. El coctelero, sabio especialista en la mez- 
cla de Hquidos agiudos, atiende los pedidos urgentes. La charla 



risuefia sube a medida de los copetines. Alii se forman y se dis- 
cuten los «programas» alegres, mezclandolos con un poco de nego- 
cios y gotas de politioa, vestimenta y demas asuntos vitales. La 
conversacion es un coctel mas, una mixtura de cosas antagonicas. 



cono 



1 — a o u a. c 




CINE. 



T/V E>- O 



El azar tambien trae un componente a ese coctel, en forma de 
dados, con los que algunos juegan el importe del consumo. En 
el reloj de las horas faciles no hay una tan alegre oomo la del ver- 
mouth. Es una hora artistica oopiada cuidadosamente de un 



modelo: el cine. Los ninos bien imitan a sus colegas neoyorquinos 
o a los gauchos del Far West, estudiandolos sobre las peliculas. 
Asi, mientras por alia los modelos quedaronse a seco, aqui, en 
los bars de moda, conservase celosamente la tradition del coctel. 



poel_2arstur0 



Se llamaba Maria pero todos le declan Sor 
Maria. Treinta y cinco alios consagrados at con- 
suek> da lot sufnmientos ajenos. treinta y cinco 
aftos de amor a Dios. la habian hecho acreedora 
a ese nombr«. Ninguna vida mas limpida. mas 
intachabfe que la suya. espejo de pureza y santi- 
dad donde se reflejaban todas las virtudes. 

(Sor Maria! Bella, delicada. santa. Alma tran- 
quila. came tranquila. desde pequefta siempre 
igual. EI espiritu de Dios brillaba en ella. alen- 
uba el ritmo sereno de sus gestos y la tibieza de 
sua manes. El espiritu de Dios bajaba hasta las 
n ojos dulces. Su presencia era un 



penso en si misma. Ella era de todos. 
De todos los que necesitaran de una ayuda mate- 
rial o moral. No se daba descanso. Y todos la 
adoraban. En los asilos. en los hospitales, en las 
i£hnln Los pobres del suburbio y los pobres del 
corazon de la urbe. donde la miseria parece ser 
mas sordida y voraz, donde el gemido implorante 
se ahoga entre ruidos y musicas. Y los pobres que 
no lo aparentan, esos que aguantan su miseria 
mudos. altaneros, los que no confiesan, esos tam- 
bien la adoraban. porque sabia dar. . . 

Nunca penso en si misma, ella era de todos. 
Su reUgiosidad no conocia limites. Rayaba en 
el fanatismo. El nombre de Dios vivia eterna- 
mente en sus labios como en su corazon. Tenia 
horror al pecado y, como todos los santos. era de 
una dureza inflexible con los pecadores. Ella 
misma se hubiera macerado sin piedad por la mas 
ligeTa falta. Era casta hasta lo increible. No cono- 
cia ni su propia desnudez. Tampoco conocia la 
tentacion. Parecia no ser de came. 
Sor Maria. Dios la amaba. 
Habitaba. en compafiia de una anciana ama de 
Haves, un piso alto, frente a un hermoso parque 
en barrio suntuoso. Era huerfana hacia muchos 
afios. Apenas guardaba lejanos recuerdos de sus 
padres, quienes le dejaran una regular fortuna de 
cuyas rentas vivia. Mejor dicho, de sus rentas 
vivian muchos porque ella, sobria en extremo, 
poco necesitaba para si. 

Todos los dias muy de mafiana rezaba en su 
oratorio, fervorosamente, de rodillas sobre el suelo 
duro, {rente a un gran crucifijo. Rogaba por todos 
en sus plegarias. El resto del dia To ocupaba en 
obras caritativas. 

Amaba y sentia profundamente la mtisica eje- 
cutando en el armonium, instrumento sagrado de 
su preference, con verdadera maestria. Asi soli- 
tana, en su sala. de noche, solia pasar horas ente- 
ral Ese era su gran placer. A veces su voz se 
alzaba con las notas entonando himnos santos y, 
envuelto en melodias, su espiritu se inmovilizaba 
r.tasis mistico. 
jSor Maria! Su vida habia sido y era un sen- 
dero de santidad y de misericordia. ;Que cerca 
estaba del cielo! 

Sor Maria, horror al pecado, amor a Dios. 
En cierta ocasion recibio una carta de la mas 
intima amiga de su infancia. dulce mujer como 
ella. residente en las provincias hacia afios, carta 
en la que. entre otras cosas, le encarecia recibiese 
en su casa. por un tiempo. a su hijo Ruben, ba- 
chiller. proximo a iniciar estudios superiores en 
Buenos Aires. Bajo su proteccidn y consejo, la 
madre estaba segura de que su hijo se encamina- 
ria satisfactoriamente. 

Y a los tocos dias lleg6 el muchacho. 
Lo recibio con oculto desagrado. La presencia 
de un hombre en su casa. aunque este fuera casi 
un nifio. le molestaba. Pero se conform6 a ello. 
Ademas. era muy grande su carifio hacia la madre 
como para negar proteccidn al hijo. 

Cambio con el pocas palabras. Noticias de alia 
y otras preguntas que Ruben contestaba con voz 
mesurada alzando timidamente la vista. Era un 
Hndo muchacho de diez y ocho afios, rubio, de 
ojos daros. delgado y palido. Debia ser extre- 
madame- todo su ser lo denotaba. Sor 

Maria apenas se fij6 en ello. En general todos los 
hombres le eran. a primera vista, antipaticos y 
los trataba con recelo. Le indico sus habitaciones, 
le dio algunos detalles referentes a sus costum- 
bres a las que debia someterse con estrictez, agre- 
gando que era absoluumente indispensable su 
buen comportamiento durante los dias que estu- 
viera »' -- buscaba alguna familia 

r * c -nitiese como pensionista. 

El escucho at- ielante no hubo necesidad 

de repetirle nada. 

A los pocos dias contaba con la simpatia de 




Q^A 




^ ■ MO 



todos y especialmente de Sor Maria. Aquel mu- 
chacho personificaba la delicadeza y la docilidad. 
Ponia en sus actos exquisitas maneras y era de 
una maravillosa transparencia de espiritu. Hijo 
linico de una madre religiosa y pia que lo amaba 
con locura y de cuyas faldas se puede decir que 
recien se separaba, mantenia arraigada en su 
corazdn, virgen de contaminaciones. la fe sencilla 
y pura que le inculcaran en su ninez. Sor Maria 
llego a tomarle un entrafiable carifio. Por fin le 
pidi6 se quedara en su casa definitivamente. 

Ruben sentia por ella profunda veneracion. Adi- 
vinaba hasta sus mas nimios deseos, llenandolos 
con gentil premura. La miraba como a una cosa 
bendita. Gran pecado parecierale desobedecerla o 
contrariarla. Y se pasaba, a veces. horas enteras, 
embelesado, escuchando su palabra afable y tran- 
quila, de armoniosa sencillez, fiel reflejo de su 
pensamiento en continua peregrinaci6n hacia 
Dios. Rezaba con ella y la acompafiaba a todas 
partes. Asi anduvo muchos dias con Sor Maria, 
por su misma senda de santidad, sintiendose feliz 
junto a aquel ser privilegiado. 

— Es un angel — solia decir ella encantada — es 
un angel que Dios me ha enviado. . . 

Esa vez habian hablado mucho. Estaban solos. 
Las manos de Sor Maria eran como dos rosas 
misticas sobre el teclado del armonium. Bajo la 
presi6n de sus dedos las notas fluian limpidas y se 
extendian por los ambitos de la sala, llena del 
claror de la luna. Desde el parque, en la noche 
calida, ascendia un halito perfumado. Olor de 
tierra humeda, fecunda y fresca, olor de flores y 
hojas uberrimas, olor de vida en gestacion plena 
y voluptuosa. Primavera violenta. 

Rub6n, recostado en un sofa, sin escuchar, tenia 
la mirada perdida a lo lejos, en el cielo estrellado 
y diafano. Y por momentos su pecho se dilataba 
en una honda aspiraci6n del aire fresco de la no- 
che que entraba a bocanadas por el gran balcon 
abierto. Entonces sus ojos seguian inquietos la 
ondulaci6n de las blancas cortinas, combadas en 
languido vuelo, y se fijaban en Sor Maria, cuyos 
brazos. tendidos hacia el teclado, destacaban en 
la sombra su blancura m6rbida y tersa. 
Call6 el armdnium. 

^Te gust6, Rub6n? — Rub6n no contesto. 

-Te gust6?. , . — insistio ella. 

Ah, si, Maria, mucho, si... 

Parece que estuvieras preocupado. 
Sosas. . . cosas sin importancia, Maria. 
Habia en su voz un dejo amargo y dolorido. 

Tu tienes algo Ruben di jo ella dandose 
vuelta, mirandolo tranquila, carifiosamente; -ha- 
ce tiempo que no eres el mismo. 

Es verdad, si, es verdad... tengo algo... 
creo que tengo algo, pero no se que tengo. Siento 



como un vacio inexplicable. Ansias de algo que no 
podria precisar. Una extrana inquietud. Hoy, hoy 
mas que nunca. . . 

Sor Maria se levanto y fue a sentarse en el sofa 
junto a Ruben y, luego de un momento de silen- 
cio, dijo: 

— Escucha, Rub6n; no me gustan esas inquie- 
tudes y esas ansias inexplicables. Los espiritus 
sencillos siempre saben lo que sienten y lo que 
desean. Yo nunca he sentido eso. Temo que las 
cosas del mundo empiecen a ejercer sobre ti su 
perniciosa influencia. Debes poner con mas fervor 
que nunca tu pensamiento en Dios y asi se tran- 
quilizara tu espiritu. 

Y apoyo suavemente su mano sobre el hombro 
de Ruben. 

— Estoy triste — dijo el. 

— No debes estar triste. Solo estan tristes los 
seres sin fe que ponen su orgullo y su ambicion 
en las cosas terrenales. Los que vivimos con la 
santa ambicion de las cosas del cielo nunca esta- 
mos tristes. Ademas, estar triste es, en cierto 
modo, una rebeldia contra Dios porque implica 
una desconformidad con sus designios. No debes 
estar triste. 

Y paso su mano por los cabellos de Ruben. 
Nunca habia hecho eso. Ella misma se sorpren- 

dio. Rapidamente investigo su alma y no vio en 
ella otra cosa que la purisima ternura, la inequi- 
voca ternura de siempre hacia aquel excelente 
muchacho. Nada de particular. La beata tranqui- 
lidad de siempre en su alma. 

Pero 61 sintio que todo su ser se estremecia al 
contacto de aquella mano suavisima. 

El aire de la noche llegaba hasta la penumbra 
de la sala cargado de esencias. Los labios, incons- 
cientemente aspiraban con voluptuosa fruicion. 
Sobre la tie.-ra, en las cosas y en los seres, pri- 
mavera violenta. Pero del cielo descendia una 
beatifica placidez. 

Hubo un largo silencio. Ahora el temblaba. 

— tQue tienes, dime?. . . ■ — hablo inquieta Sor 
Maria. 

— Yo no se. . . ahora yo no se — contestd Ru- 
ben angustiado — quisiera decirte que es lo que 
siento. 

— ^Estas temblando, dime, estas temblando? 

• — Si, si — contesto, mirandola con sus ojos 
ingenuos, maravillosamente ingenuos. 

— ^Estas enfermo?... — Rodeo con su brazo des- 
nudo el cuello de Ruben extendiendole la mano 
sobre la frente. — Tienes fiebre, parece. 

• — No s6 — tartamudeo el alzando su cabeza 
hacia ella, con el horror de un mal desconocido. 

— Pasara, calmate. 

Lo tenia cerca, muy cerca. Sentia junto a ella 
su cuerpo tembloroso. Los ojos cerrados, los labios 
abiertos agitados por bruscas contracciones. En la 
oscuridad de la inconsciencia el instinto acechaba. 

— jMaria! — murmuro el. 

— Calla. . . pasara. 

Su pensamiento volaba sin rumbo. Tenia la im- 
presi6n de no pensar en nada. 

— jMaria!. . . — Giro horizontalmente la cabe- 
za y su frente febril choco con los labios de ella. 

Tal vez la frente bajo, tal vez los labios subie- 
ron. El alma estaba ciega. 

Treinta y cinco afios de sana y opulenta belleza, 
treinta y cinco afios de fibras dormidas, explota- 
ron en un beso angustioso. 

Fue un segundo. El alma, loca de indignacion, 
se irguio dominando la carne. 

— jQue. . . que he hecho! . . . 

Sor Maria estaba de pie. Sus ojos casi desorbi- 
tados parecian reventar. El rostro livido y las 
manos en alto, crispadas de espanto. Ruben tem- 
blaba. Un segundo. Se encorvo amenazadora so- 
bre el. 

— Fuera, demonio tentador. .. Satanas. .. jmal- 
dito, fuera!. . . 

Maria, Maria, por favor 
iQuo? 

tu. 

. jFui yo! 



. yo no fui. 



— Tu, fuiste 

— ^Fui yo?. 

— Tu, tu. 

— I Pecado. , 



pecado, Sefior! 
Cayo de rodillas aterrada. Todo su cuerpo tem- 
blaba violentamente. 

— jSefiorl ... — gemia arrastrandose. — jSefior! 
Lleg6 hasta el oratorio. Los hipos del llanto se 

ahogaban entre sus dientes apretados. Bajo el 
gran crucifijo se desplomo desolada. 

— Jesus. . . Jesus — sollozo — tu, tu tambien... 
[por qu6 me has abandonado! . . . 



dfe 



jL E/MS IE LQ^ I/ScttNTQL/i 



UN PERFUMADO CAM- 

PO CUBIERTO POR LA 

IRISADA N1EVE DE LOS 

JACINTOS. 



Holanda es la 
patria verdadera y 
autentica de los 
jacintos mas so- 
berbiosdel mundo. 

Entornando los 
ojos, solo veo de- 
lante de mi vastos 
campos de jacin- 
tos, de las mas 
tenues y delicadas 
tonalidades. 

Las muehachas 
holandesas, bue- 
nas, amables, du 
ces de caracter y 
siempre alegres, os 
los ofrecen con 
gusto y con algo 
de legitimo orgu- 
l!o. Recuerdo que 
una bellisima jo- 
ven quedo algo 
sorprendida por 
que no recordaba 
yo el origen mito- 
logico del jacinto, 
y quiso refrescar- 
me la memoria. 

Jacinto, hijo del 
rey de Esparta 
Amiclas, joven de 
rara belleza juga- 
ba un dia al disco 
con Apolo, que 
sentia por 61 gran- 




MAS DE QUI NIENTAS 

VAR1E DA DES DE LA 

HERMOSA FLOR HAY EN 

HOLANDA. 



de amor, Quiso el 
destino que este 
matase a Jacinto 
con un golpe de 
disco. La sangre, 
salpicando de la 
herida, tino la flor, 
y por eso esta to- 
mo su nombre. 
contribuyendo a 
ello la opinion de 
los griegos que 
pretendian recono- 
cer en la forma de 
sus petalos la letra 
Y, inicial de Ya- 
cinto. 

La bella holan- 
desa sabia tarn- 
bien que segun los 
mas autorizados 
naturalistas, los 
jacintos cultivados 
pro vienen del 
oriente donde cre- 
cen espontanea- 
mente. 

— Usted acaso ig- 
nora, — continua- 
ba la graciosa ho- 
andesa, — que so- 
bre el jacinto exis- 
ten volumenes en- 
teros. 

Recuerdo sola- 
mente el del mar- 





ques de San Simon. 
el cual en su tratado 
asegura que el pri- 
mer jacinto doble 
que se v>6 en Eu- 
ropa fue obtenido 
setnbrandolo de se- 
nilis, en 1700. por 
Pedro Woorhem. ce- 
lebre floricultor de 
Harlem, de donde la 
moda lo llevo al 
resto^de Europa. 
obtemendose nuevas 
j numerotas castas 
cutavadas.' 

Los cui dados mi- 
nuciosos que se han 
empleado y se em- 
plean siempre para 
su cultivo en esta 
nactdn. donde no se 
atima gasto al?u- 
no para'obtener las 
mejores razas. apar- 
te de los caprichos 
de la moda. explican 
las sumas (abulosas 
invertidas en su pro- 
duccion por los afi- 
cionados, y el precio 
que tlefaron a tener 
algunas cebollas en 
Holanda y en Inglaterra principalmente 



Las de castas so- 
bresalientes se llegaron a pagar a diez y seis mil reales 
cada una. y a dos y tres mil las menos afa- 
madas. hasta el punto de haber te- 

nido que intervenir el gobierno y fijar 

el precio maximo a que habian 

de venderse. Los ho- 

Dr. G. 



UNA DAMA EXTRANJERA EL1- 

OIENDO ENTRE LAS MEJORES 

VARIEDADES DE LA EXQUI- 

SITA PLOR. 



landeses consagran 
a la cultura de los 
jacintos curas espe- 
ciales, minuciosas, 
siendo objeto de un 
gran comercio cuyo 
centro principal es 
Harlem. 

Para el examen y 
elestudio de las nue- 
vas variedades que 
se van poco a poco 
obteniendo, han si- 
do instituidas socie- 
dades especiales las 
cuales se ocupan, 
ademas, de decidir 
del valor de las nue- 
vas especies y juz- 
gar en los concursos. 
frecuentes en Ho- 
landa, a quien le 
corresponde el pre- 
mio. Pero yo quisie- 
ra incluir entre las 
variedades de jacin- 
tos las amables y 
alegres jovenes ho- 
landesas, de la risa 
franca y modales 
distinguidos, jove- 
nes que poseen casi 
todas un velo de pu- 
rostros por las can- 



dor que atrae y encanta. Cerrados sus 
didas cofias que hacen resaltar mas el hermoso color 
de sus mejillas, parecen realmente soberbias 
flores apenas entreabiertas del gran 
jardin de la humanidad, el mas her- 
moso, el mis vario que hasta 
hoy dia conocemos. 

DUBOIS 



Harlem. 20-11-1920. 



C&aD 




Uno solo aunque sean cuatro; uno solo fundido tres veces mas en identicos moldes. Cuatro 
centinelas vigilantes en las cuatro esquinas del monumento, y un solo simbolo. El condor 
de bronce es un idolo de la zoolatria sudamericana. Alii en el monumento a los Dos Congresos 
representa un ideal generoso: la Libertad. Alii, inmovil, la representa mejor que cuando el 
condor se cierne sobre los picos mas altos de los Andes. En su cuerpo se equilibran los poderes 
encontrados del bronce de canon y del bronce de campana. Esta aleacion de aleaciones 
recibe un nombre glorioso: Libertad. El condor vivo tiene crueldades de tirano, instintos de 
enterrador, fealdades de buitre; ama la carrofia; vuela muy alto, pero cae muy bajo. El condor 
de bronce es puro. Si algun fundidor recibio candentes heridas al darle existencia, no fue 
culpa del ave simbolica. Si bajo las alas del condor broncineo alguno mermara la libertad, 
tampoco seria culpable la estatua. El condor de bronce es puro como el Ideal. Por eso se embe- 

de metal no amenazan, el pico, 
que el de los conaores anainos, esta limpio de sangre y came. 
Una comiin ansia de Hbertades reunia y separaba a la metropoli y a su hija argentina. 
Los paramos de Castilla, la pampa, las montafias de Cordoba del Tucuman y de Cordoba de 
Andalucia lloraban identicas esclavitudes. El tirano y el conquistador dominaban aqui y 
alia. De esa comunion en el martirio surgieron dos manumisiones y dos independencias. En 
la lucha de encontradas tiranias nacio Sud America libre y se purifico Espafia. Fue justicia. 
La libertad sudamericana, es decir, la libertad americana produjo una democracia distinta 
a la europea. Es una democracia defectuosa, pero menos imperfecta y mas libre que las del 
viejisimo continente. Hay en los espiritus un algo indefinible, una especie «confort» del alma 
que se encuentra mas comoda. Y ese descanso hallase representado por los condores de bronce, 
sobre cuyos cuerpos cabalgan los nifios y cuyas alas se inmovilizan en un arranque de vuelo. 



tampoco seria cuipaDie la estatua. ti conaor ae Dronce es pur 
J— • j\ I /\ P I) (J llecio tan to. Los cuellos de bronce no asquean, las garras 
\. mil veces mas duro que el de los condores andinos, e: 



DEL-6A& 




0R*E5TA 
UEIUA 




Fue por esta puerta, por entre estas fuertes torres almenadas, 
por donde pasaron en tiempos mejores 
cotas milanesas y finas espadas. 

Fue por esta puerta por donde pasaron los conquistadores 
para las remotas tierras ensonadas. 

Fu6 por esta puerta por donde otros dias 
paso con sus pompas y sus gallardias 
la prez mas granada de los caballeros 
para sus empresas de gloria o de amor. 
Fue por esta puerta por donde pasaron los peguialeros 
y los terrazgueros 

con la azada al hombro para la labor. 
jLos plebeyos miseros, que hurgaban la tierra 
mientras los sefiores iban a la guerra! 
jLos pobres pecheros. 
tan horros de carne como de dineros, 
que su hambre acallaban rezando plegarias a Nuestro Senor! 

Fue por esta puerta y en dia sonado 
por donde torno aquel soldado 

que paso a las Indias por ver si quebraba su negro destino, 
su adverso destino obstinado. 
El aventurero que iba tan mohino; 
que tan orgulloso y altanero vino 
con aquellas sus grandes arconas 
repletas de buenas onzas peluconas: 
jtal un argonauta con el vellocino! 

Fu6 por esta puerta. — guardan aun sus arcos los ecos triunfales 
de los anafiles y los atabales; 
fue por esta puerta. bajo un sol de fuego, 
mientras resonaban los roncos tambores marciales, 
por donde. dejando el adusto rincon solariego, 
marcharon a Flandes los Tercios Reales. 

jFue por esta puerta, que sobre su roca, 
atalaya altiva de una tierra muerta, — 
nostalgicamente su pasado evoca. 
de hiedra vestida, de musgo cubierta! 
jFue por esta puerta! 

ILUSTRACIONES DE S I R ! O 



lOR 
NRIQLE EN- 
DEI ALZAm 




cm 




A UN no esta senalada la fe- 
/-\ cha inaugural que fu6 ne- 
■isario diferir a causa de 
obstaculos imprevistos. Pero las 
obras hallanse en vias de ejecu- 
ci6n y bastante adelantadas. 
como puede juzgarse por las fo- 
tografias que ilustran esta nota. 
Tal vez pronto se fije el dia en 
uedara abierto el extraor- 



EL PALACIO DE ARTE 
ANTIOUO, PRIMOR03A 



MUESTRA DE ARpUl- 
TECTURASEV1LLANA. 



dinario certamen hispanoameri- 
cano. Ningun sitio mas apropia- 
do para celebrar la exposici6n 
donde las culturas espanola y 
americana exhiban sus manifes- 
taciones. Sevilla, la legendaria 
capital andaluza, es de por si per- 
manente exposicion de arte. Su 
clima ofrece un termino medio 
de temperatura a todos los visi- 





tantes que lleguen de 
paises extranjeros. 
Por la alegria natural 
de s us pobladores y sus 
costumbres hospitala- 
ria. la hermosa ciudad 
ha s:do siempre un 
foco de atraccion. Di- 
ce el refran que: 
•quien no ha visto a 
Sevilla no ha visto 
maravilla*. Aftadase a 
esto la nueva maravi- 
Ka de la futura expo- 
sicidn. y nos daremos 
cuenta del esperado 
espectaculo. 

No resulta exagera- 
cion andaluza asegu- 
rar que aquel certa- 
men ha de ser una 
maravilla. Los pianos 
de la exposicion y las 
obras ya realizadas 
dan derecho a soste- 
nerlo. Los pabellones 
const ruidos son un de- 
rroche de buen gusto. 
Se ha buscado !a ma- 
nera de dar'es un ca- 
racter familiar, den- 
tro de la suntuosidad 
que toda exposicion 
debe tener. 

Quizas sea conve- 
niente aclarar estos 
terminos. y voy a in- 
tentarlo. Hay exposi- 
ciones enormes. des- 
mesuradas que se pa- 
recen a gigantescos 
magazines. El visitan- 
te encuentra en ellas 
un ambiente de mo- 
lestia. dentro del cual 
no se halla a gusto. 
Por todas partes, por 
sobre el lujo de esas 
exposiciones salta la 
intenci6n comercial. 
Muchas personas. so- 
bre todo las que en 
una exposici6n van a 
comprar o vender, 
■en esas aburri- 




EL PALACIO DE BELLAS A 
SALON HISPANOAMERICAN 
Y ESCULTURA. EL PABELLON REAL DON- 
DE SE EXPONDRAN OBRAS CONSERVA- 
DAS POR LA CORONA. 



LA BIBLIOTECA- JARDiN 



DE OBRAS CERVANTINAS. 




Trrrmnnrr 



;Dr. : onnniiiYi 




doras ferias o maga; 
nes. Las que desean 
comodidad huyen - 
esos tediosos lugart 

Entre mis recue 
dos bonaerenses h 
llanse !os de aquell 
exposiciones celebr 
das durante el Cent 
nario de Mayo. Hat 
alii mucho confor 
Los visitantes las t 
corrian como una tie 
da antigua o como ui 
casa amiga. Pues 
gente tranquila qi 
ama el arte en tod 
las cosas prefiere vi: 
tar una morada, ma: 
menos suntuosa, a t 
magazine gigantesc 

En la Exposicic 
Hispanoamericar 
de Sevilla encontr 
ras, lector argentin 
si acaso te animas 
visitarnos, palacete 
salones y jardines 1 
josamente familiare 
que te abriran los br 
zos con carifio, a 
gaucha y a la espanol 

Y vosotros los a 
tistas. los cultores, t 
dos los representant 
del progreso argentii 
que vengais a la tier 
sevillana para exp 
ner vuestros trabajc 
tened presente ur 
circunstancia impc 
tantisima. Es esta: 
legendaria ciudad a 
daluza hallase a fue 
za de siglos y sigl 
m u y acostumbrad 
muy familiarizada ci 
el arte y la cultura, 
por eso podeis ver 
sin temor a las crit 
cas injustas y a las i 
justicias alevosas. 

Julian Balcarc 
Sevilla, diciembre \91 



LETALLE INTERIOR DEL PABELI.6N REAL. Z6CALO DE AZU- 
LEJOJ REPRESENTANDO ALEOOR IaS DEL RE1H0 DE CA: 




K 




DE LA COLECCION /dTIT^D OCTOH NOR.BER.TO FRESCO 



cJOAOUIN 



0^--~_ L 




■•//, 



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SCROLL A 





:-.s robusto. Es sdlido... 
<;ce mucho a Blasco Ibaftez. 
;amente, da la sensaci6n de 
tuerza mental. Viendole tan de 
e colige la fortaleza de su 
Pero nadie diria que 
jo su voz tonante y bajo su 
ladura dehcrr bre recio vibra- 
un alma sofladora de lirico. 
embargo es un lirico. Un lirico 
mucho de Castelar en el ver- 
bo. Con mucho de Canalejas en el alma 
■ oeta? 

Es natural. PoeU de la energia y de! em 
Poeta como los conquistadores q 

:a, en vuelo softador de nas... 








Aunque 61 no lo quiera, Jose Francos Rodriguez 
ha sido y sera toda su vida un poeta. Hasta en 
las actitudes mas prosaicas de su vida politica 
la poesia, como un hada, ilumin6 sus gestos va- 
roniles. . . 

En las polemicas parlamentarias sus ideas mas 
impetuosas dejaron siempre la huella de sus versos 
romanticos. En los cargos mas vulgares actuo 
liricamente. En la alcaldia de Madrid sus edictos, 
sus decretos, sus bandos mas triviales cubrieronse 
con el perfume de su espiritu artistico. Hasta en 
sus libros de medicina embellecio la ciencia con la 
estetica de su casticismo. Al traves de su alma 
multiforme y fecunda, no se aparto jamas de la 
ruta armoniosa por donde van las Gracias. 

Siendo joven estudio medicina. A los diez y nue- 
ve afios de edad, en 1881, para complacer a sus 



uk> 



padres se hizo medico. Y lo fue 
con tanto talento que el sabio 
profesor doctor Cortezo le nom- 
bro su ayudante. Y lo fue con 
tanta ciencia y con tanta concien- 
cia que los tres libros de medicina 
que escribio le dieron fama, por- 
venir, riqueza. jTodol... Esos 
libros se titulan: «La Patogenia 
de la Avariosis», «Cuestiones An- 
tropologicas'> e «Higiene del Co- 
merciante». . . 

jAh! Pero los sonadores tienen 
su destino en poder de una maga, 
emperatriz del viento. . . Francos 
Rodriguez abandono su lucrativa 
profesion para morirse de hambre 
haciendo versos. No se murio de 
hambre por que ingreso en el pe- 
riodismo. Alii tambien se impuso. 
Dirigio tres de los mas importan- 
tes diarios madrilefios: «E1 Globon, 
«La Justicia* y «Heraldo de Ma- 
drid). Dedicose al teatro. Estreno 
siete dramas y otras tantas co- 
medias. Obtuvo exitos honro- 
sos... Romanones, en 1915, le 
nombro director general de co- 
rreos. En 1913 habia sido ya 
gobernador civil de Barcelona. Y. 
siempre, — (como ahora, que al 
venir a America trajo la repre- 
ssntacion de Espana), — Francos 
Rodriguez cumplio con altura y 
con hondura su mision humani- 
taria de amor confraternal. Es 
decir, cumplio su mision de 
poeta! . . . 

— /No. — me dice cuando le 
recuerdo sus poesias, — yo no soy 
un po.'ta. Ojald al llegar a viejo 
pudiera titularme poeta! . . . 

Y esta exclamacion espontanea 
y vibrante me confirma en mi 
creencia. ^Quien si no un poeta 
olvida sus condecoraciones y su 
jerarquia para condensar su aspi- 
racion en el deseo de ser poeta 
cuando llegue a ser viejo?. . . 

Si la mision altisima que ha 
traido a America no fuera tan 
digna de su elevado rango inte- 
lectual. molestaria verle encerrar 
su ideologia dentro del protocolo. 
Pero Francos Rodriguez ha hecho 
algo mas que diplomacia. Ha 
domesticado al protocolo europeo. 
Lo ha humanizado. Lo ha hecho 
ciudadano argentine . . . 

De casaca o de frac, el encanto 
de su charla fina y transparente 
sigue siendo la misma charla 
substanciosa de la redaccion o 
del cafe. Mientras habla, sus bra- 
zos parecen subrayar las frases en 
el aire. Evoca los primeros anos 
de su juventud. Vibra. Campani- 
llea. . . Sus 58 anos de vida tie- 
nen 18 anos de edad. . . Las horas 
de la lucha precoz, entre la obli- 
gacion de llegar a ser medico y 
la obligacion de ser todo lo con- 
trario, le parecen una lucha de 
ayer: 

- Mi cerebro tiraba hacia la 

derecha. Pero mi alma tiraba hacia la izquierda. 
Hacia el lado del corazdn . . . 

Triunfo el instinto. Su amigo Canalejas — ocho 
anos mayor que el — le aconsejaba diariamente, 
en una pequena habitacion de casa de huespedes 
donde los dos vivian: 

— No te aflijas, Pepe... Termina tus estudios 
medicos que mas tarde te servirdn en la literatura. 
Ademds, conociendo a los hombres anatomicamente, 
te sera mas fdcil conocerlos vestidos . . . 

Anos despues, cuando Canalejas imponia su ta- 
lento de abogado en Madrid, 
Francos Rodriguez, macha- 
cando las ideas en el yunque 
del diario, del libro o del tea- 
tro, recordo a menudo las 
palabras de su companero de 
suenos y garbanzos. Otras 
veces, en el parlamento o en 
sus oficinasdegobierno, fren- 
te a hombres de todas las es- 
pecies carnivoras, le sirvio 
de mucho su experiencia 
cientifica: 

— Pepe Canalejas tenia 
razdn. La anatomia me ha 
ensehado a conocer la huma- 




EL. ILUSTRE PERIODISTA EN 
TRAJE DE DIPLOMATICO. 



JL. 




nidad a trapes de los trajes y de los rostros... 

Por otra parte, leyendo su libro «Cuestiones An- 
tropologicas». se ve con que profundidad. con que 
maestria este buzo incansable del espiritu humano 
conoce a los hombres por afuera y por dentro. 

— De la medicina al teatro, — dice Francos Ro- 
driguez, — no hay mas que un paso . . . Me meti en 
el teatro por el lado mas cdmico: el drama. 

E hizo dramas muy hermosos que llamaron la 
atencion en Espana. Entre ellos se destacan: 
«Blancos y negros», «La encubridora», «Los plebe- 
yos», «E1 judio polaco», «E1 lujo», «E1 intrusox y 
«E1 catedratico». Fueron dramas de pasion, donde 
el temperamento evolucionario de Francos Rodri- 
guez encontro campo abierto a sus mandobles 
idealistas de amor y de justicia. 

Ademas escribio muchas comedias. En ellas 
puso su espiritualidad de hombre de mundo y su 
agilidad de hombre de prensa. 

Sus comedias de mayor exito fueron: «Virge- 

dUAN dOSE DE 
SOIZA R9EILLY 



nes locas», «Varios sobrinos y un 
tio» y «De Mejico a Villacorneja». 

— El teatro — confiesa — tuvo 
siempre para mi un atractivo psi- 
coldgico enorme. Alii, sobre las 
tablas, viendo agitarse las pasio- 
nes, los dolores, las ansias y las 
alegrias, se aprenden mds leccio- 
nes de vida que en ninguna otra 
parte. Y si el espectador recoge 
alii tanta ensenanza, el hombre 
de letras que penetra en el campo 
teatral se encuenlra como en una 
jdbrica de seres humanos que sdlo 
esperan su voz de mando para le- 
vantarse. Para caminar. Para son- 
reir. Para hablar. Para correr. 
Para llorar . . . Para vivir, ev fin, 
tal cual nosotros vivimos: lloran- 
do, corriendo, hablando, riendo y 
caminando. . . 

Para Francos Rodriguez el 
teatro es, en resumen, la vida 
misma, reconcentrada sobre el 
escenario como leccidn de psico- 
logia. Hasta las comedias mas 
cxtravagantes le parecen dramas 
pedagogicos. Por eso cree que los 
teatros merecen el apoyo oficial 
y privado como las academies, 
los asilos, las universidades. . . 

Muestrase encantado con la 
idea de que haya en Buenos Aires 
un teatro espafiol, cual el Teatro 
Cervantes: 

— Espana, con un teatro 
raza, en plena civilizacion argen- 
tina — dice — podrd estar satis- 
fecha. /Que orgullo para nosctros 
ver perdurar a traves de los anos 
obscuros y a traves de los mares 
sombrios la divina belleza de la 
lengua madre! 

Feliz, dicheso, evoca un porve- 
nir de triunfes fraternales. Sus 
pequenos ojos brillan luminosa- 
mente. . . 

— (Y su carrera politica? 

— Mi carrera politica marchd 
paralela con mi carrera periodis- 
tica. Despues de haber desempena- 
do durante muchos anos la secre- 
taria general de la Academia Me- 
dico-Quiritrgica Espanola, fui di- 
putado a cortes en varias legisla- 
turas. La primer a fue por Puerto 
Rico. . . Para mi ha sido siempre 
un orgullo haber comenzado mi ca- 
rrera politica defend iendo los in- 
tereses y derechos de ese noble y 
doloroso pedazo de tierra ameri- 



Hay una sombra de tristeza en 
sus ojos. Sin cuda piensa en la 
bandera que hoy flamea sobre 
Puerto Rico. Quiere cambiar de 
tema. Ponese de pie. Se asoma a 
la ventana. Contempla un ins- 
tante la arboleda que se extiende 
bajo sus miradas, cubriendo la 
plaza San Martin... Su pijama 
obscura pone una mancha sobre 
el vidrio, lleno de sol. de la ven- 
tana. Luego, sin darse vuelta, 
como si alia entre los arboles hu- 
biera visto surgir algo. interroga: 

— /Y qui me dicen ustedes de la muerte del pobre 
Migml Moya! 

El brillante escritor Viergol, que esta presente. 
y yo, expresamos nuestro dolor por el maestro 
fallecido. Viergol le conocio, ademas, como amigo: 

— jPobre Moya! — exclama Viergol. 

— ^'Y como ocurrio eso? — pregunto yo. 

— Una tragedia — contesta Francos Rodriguez. 
— Una terrible enfermedad que venia de muy lejos, 
acechdndolo, sin que el mismo Moya lo supiera . . . 
/Pobrccito! 

En seguida Francos Ro- 
driguez da vuelta su cuerpo 
solido de atleta. Nos mira. 
Tiene los ojos humedos de 
lagrimas. ^Como? Este hom- 
bre de combate, de lucha, 
de guerra; este hombre cuya 
energia apago en Barcelona 
bombas de dinamita y cuyo 
denuedo vencio sin sangre 
muchas rebeliones huelguis- 
ticas injustas; ^sabe llorar 
aiin? 

— (Si. Sabe llorar por un 
ami?o muerto! . . . 






A L 

E 



F 1 E 

L 



f 



D 



LA E S T AT U A 

N 5 A D O h 




Ninguna obra maestra de los modernos escultores inspir6 tantos comentarios. La literatura, incan- 
sable glosadora de las Bellas Artes, ha tejido tunicas invisibles que cubren la desnudez musculosa 
de El Pensador. Cada uno quiere descubrir el secreto del caviloso y gigante hijo de Rodin. Cada 
uno lo traduce a su modo solidarizando sus ideales y sus angustias con las angustias e ideales del 
broncineo pensador. Cuando lo vemos por primera vez asusta, parece desproporcionado; pero pronto 
la vista se habitiia, y se le toma carino y se le admira. El Pensador es uno y vario, como el simbolo. 
Sus musculos de bronce fueron modelados por el genio. Asl piensa sin cerebro, piensa con nuestro 
dolores. con nuestras esperanzas, buscando ansiosamente lo que cada uno de nosotros desee y aguarde. 

POTO DE BALD1SSEROTTO. 



w 




;Mujer! eterna controversia de la huma- 
nidad... Sierva, esclava, favorita, idolo, 
reina y. . . companera; he ahi sintetizado tu 
proceso de evolucion sobre la tierra. . . 

Abominado fue tu nombre en las edades 
primitivas de la civilizacion. Torbellino de 
incertidumbres, te llaman los hindues; mo- 
rada de verguenza, ciudad de las temerida- 
des. almacen de pecados, casa de cien super - 
chen'as, campo de recelos; este canastillo de 
todas las fascinaciones, impenetrable para 
los grandes y los mas eminentes de entre los 
hombres, esta maquina llamada mujer, este 
veneno mezclado de ambrosia, ^por °i ue ha. 
sido creado en el mundo para la perdida de 
la virtud? 

*i;Se madre!» — te dice Nietzsche siglos de 
siglos despu^s. 

«Ya es tiempo que demos el lugar que !e 
corresponde a ese ser que no pasa de iani- 
malito apreciable. . . donosa gatita... ave- 
cilla. . . nodriza, a lo sumo. . . No es cuerdo 
el instruirla. La emancip2cion intelectual de 
la mujer seria la deshonra del sexo fuerte». 

;Cuanto se ha dicho de ti! jCuanto se ha 
blasfemado de tu alma, de tu cuerpo y de 
tu esennia! Aun el cristianismo, que es el 
primero que ennoblece a la mujer en el pro- 
ceso de los siglos, asignandcle en el Paraiso 
igual puesto que al hombre; aun el cristia- 
nismo te humilla: «Cre6 Dios al hombre a su 
imagen», dice el Genesis, cformandolo del 
polvo de la tierra. . .1 pero la mujer, mencs 
que del polvo de la tierra fue formada, pues 
la tomo el Senor de una costilla de Adan, 
dormido. Polvo de polvo es, pues... 

Una leyenda sanscrita nos cuenta que 
despu6s de haber creado Twashtri al mundo, 
quiso crear a la mujer, pero se hallo sin 
materiales para ello, porque habia empleado 
todos los elementos en la creacion del hombre 
y no le quedaba para ella ninguno aprove- 
chable. . . 

«At6nitc y perplejo se dejo caer en pro- 
funda meditacion, hasta que un rayo de luz 
le levanta con majestad divina y toma la 
redondez de la luna, las ondulaciones de la 
serpiente, e! ensortijadc de las plantas tre- 
padoras. el temblor de la hierba, la esbeltez 
de la palmera y el aterciopelado de las flores, 
lo sutil de las hojas y la mirada del cervatillo . 
la alegna de los rayos del sol y l?s lagrimas 
de la neblina, la inconstancia del viento y 
la timidez de la liebre, la vanidad del pavo 
real y la suavidad del vello, la dureza del 
diamante, la dulzura de la miel y la crueldad 
del tigre, el graznido del grajo y el arrullo 
de la tortola. Uni6 todo esto y formo a la 
mujer, para ofrece>seIa inmediEtamente al 
hombre. 

«S6Io ocho dias transcurrieron desde la 
oferta de la divinidad y la presencia del hom- 
bre ante 6sta, para decirle: ■ — Senor, la cria- 
tura que me diste esta envenenando mi exis- 
tencia: habla sin descanso a tont8*s y a locas, 
me ocupa todo el tiempo, se lamenta por 
nada y siempre esta delicada o enferma. 

Twashtri se compadecio del hombre y 
retiro a la mujer de su lado, pero solo trans- 
currieron otros ocho dias cuando el hombre 
acude de nuevo a su Creador y entre sumiso 
y avergonzado le dirige estas palabras: 

« — -Senor, mi vida es insoportable en la so- 
ledad en que meencuentrc desde que tehicis- 
te cargo de la criatura que me diste por com- 
panera: ella bailaba y cantaba delante de mi, 
me miraba con graciosa cautela. jugaba con- 



migo y me entrete- 
nia, olvidandome del 
tiempo y recreando 
mivida. Compadece- 
te de mi, y devuelve- 
mela. — Y efectiva- 
mente, el Creador se 
compadecio de nue- 
vo del hombre y le 
devolvio la mujer. 
Pero tres dias des- 
pues volvio a su pre- 
sencia y en tonos las- 
timeros le dijo: — ■ 
Senor, no compren- 
do la causa, pero es 
lo cierto que la mu- 
jer que me diste me 

proporciona mas sinsabores que alegrias. 
rogandote por eso que me la quites para 
siempre. 

« No pudo Twashtri reprimir un arran- 
que de irritacion y con palabras desabridas 
le replico: 

« — No me molestes mas y aguanta las 
consecuendas: sigue tu camino lo mejor que 
puedas. 

«— Senor, Senor, compadecete una vez 
mas de mi, que no puedo vivir con ella, grito 
el hombre desesperadamente. 

•— Ni tampoco puedes vivir sin ella. hom- 
bre imbecil, le contesto el Creador volvien- 
dcle la espalda. 

«Marcho el hombre cabizbajo, y en sus la- 
mentaoiones se le oia murmurar: jDesgracia- 
do de mi; ahora reconozco que no puedo vivir 
con ella ni sin ella!» 



He ahi la letania de todos los tiempos. La 
queja eterna de los hombres. Si es frivola, 
porque su ligereza deja un abismo en la vida 
intima, en la vida profunda del corazon. Si 
es sensata, porque no tiene el encanto de las 
frivolas. Si lo reune todo, porque es supe- 
rior [Pero decidles que se aparten de 

ellas, y entonces todos se quedaran a obs- 
curas! 

d.Que hay, pues. en e! fondo de este pro- 
blema sin solucionV Un error de concepto; 
eso. es todo. 

No del valor moral de la mujer, sino del 
valor convencional que la costumbre ha 
atribuido a los sexos. 

Esa reparticion antojadiza es lo que limita 
la revelacion plena de la personalidad feme- 
nina. Acosada por mil enemigos, la inteli- 
gencia de la mujer se oculta, como una her- 
mosa flor humilde, para no exhalar mas que 
un perfume sentimental. Esta es la causa 
que determina ese argumento falso con que 
los hombres creen haber probado la inferio- 
ridad femenina. Jamas la mujer se ha desta- 
cado en las esferas superiores de la inteli- 
gencia — dicen — lo que prueba muy bien 
que no son aptas. Pero nadie considera las 
condiciones especialmente distintas en que 
se forja la vida intelectual de un hombre y 
la de una mujer. 

Mientras el hombre tiene, desde que nace, 
todos los estimulos en ese sentido, y aun se 
le educa y se le prepara para ese fin, las 
mujeres no encuentran mas que una hostili- 
dad de ambiente, y ha de hallar toda la fuer- 
za en si mlsma para veneer al medio, pri- 
meramente, y luego iniciarse por si sola en 
esas sendas que emprende generalmente tar- 
de, porque nadie se ha ocupado de hacerselas 
entrever como posibles. jY el colmo en cuando 



mujer: 

fOP® LOLA 

PITA 

MARTINEZ- 

ILV5TR. ACION de LARCO 



se atreve a dar sus 
obras a la publici- 
dadl Entonces choca 
violen tamente con 
la hostilidad de! va- 
ron, celoso. . . 

Se perdona a una 
mujer que tenga ta- 
lento; lo que no se 
perdona es que lo 
muestre. 

En eso estamos. 
Un paso mas, y ese 
dique se rompera 
tambien. Me pre- 
guntais que donde 
ha podido tener su 
origen esa especie de 
«peste» que se llama la cuestion feminista, 
<;una de las ocurrencias mas risibles que ha- 
yan aparecido en la tierra!» — segiin Du- 
mas. — Pues el problema es mucho mas an- 
tiguo de lo que parece. Es tan antiguo como 
la mujer. No deben buscarse sus raices en el 
empuje heroico de aquellas pobres inglesas 
que bautizaron con su sangre el triunfo de 
la causa. Es preciso remontarse hasta Eva. 
jSil No sonriais. Cuando ella hinco sus dien- 
tes ignorantes en el fruto sabroso, tuvo una 
subita revelacion: — «Se lo que soy — dijo — 
y lo que puedo valer». . . No en vano habia 
comido del fruto de la ciencia del bien y del 
mal. . . En aquel gesto, pues, tienen su ori- 
gen las reivindicaciones femeninas. 



De pronto nos encontramos con una pro- 
fecia de Hugo: 

«E1 siglo xviii proclamo les derechos de! 
hombre, — dice — el siglo xix proclamara 
los de la mujer. » Y Satan, masculino, que 
no contaba con esta sorpresa, te pregunta 
airado: 

« — £C6mo has podido escalar esa cumbre?» 

« — Paso a paso, contestas. Con la humil- 
dad primero; con la fuerza despues». 

« — jCon la astucia siempreU — interrumpe 
el hombre. Y se entabla la discusion eterna 
entre las dos mitades de la humanidad. 

• — Yo no tenia otra fuerza, dice la mujer; 
jamas nos habeis dejado empufiar armas 
mas nobles». 

1 — Las armas no han sido hechas para 
vuestras manos». 

" — jDesde e! comienzo del mundo habeis 
atrofiado nuestra capacidad de pensar!» 

I — No os hacia falta. Pensabamos nos- 
otros». 

( Habeis mutilado nuestra inteligen- 
cia!» 

<* — Sin ella os hubierais quedado en idolos, 
y habrias salido ganando». 

• — jSabe pues, hombre. — exclama final- 
mente ella, — que yo prefiero ser tu compa- 
nera, no tu idolo!* 



;Bendito sea el siglo de la luz para la 
mujer! No es posible mirar sin horror su 
existencia anterior. Diez y ocho siglos ha 
vivido bajo el yugo tremendo del aburri- 
miento. Diez y ocho siglos que aun proyectan 
su sombra. . . Su triste sombra de ignorancia 
y estrechez. 

<iQue corazon altivo de mujer moderna 
no se encoge de angustia ante el espectaculo 
desolador del haren, por ejemplo? Encerrada 
entre rejas, como la mas bonita de las fieras, 
paseando bajo la mirada vigilante del eunu- 



co, la sequedad de su corazdn abrasado por 
el aburrimiento mas mortal, sin mas luz que 
la limosna de amor concedida como un alto 
favor . . . 

S6I0 tu, joh admirable hetera de !os grie- 
gos, sacerdotisa del amor y la belleza, espi- 
ritu de luz, mujer sabia y magnifica; solo 
tii mereces el primer respeto de los hombres, 
su primera admiracion ... y sin embargo, no 
fuiste la madre ni la esposa, fuiste la cor- 
tesana! 

Idolo en !a Edad Media, resultas adorada 
y despreciada al mismo tiempo. El amor 
caballeresco te entroniza, la poesia te ensalza, 
eres la diosa de cera... 

Llega la Edad Moderna y Europa produce 
una nueva generacion de cortesanas, gemelas 
de aquellas griegas. Principalmente en Fran- 
cia, surgen como soles del ingenio y dela gra- 
cia un pufiado de mujeres que son la reencar- 
nacion de Cleonice, Lais. Hiparkia, Neera. . . 
Pero los tiempos cambian; los hombres se 
despojan de la cota de mallas y empiezan 
a escuchar en silencio la voz de los filosofos; 
la vida cambia de aspecto, los seres adquieren 
un nuevo valor, los idolos se derrumban. . . 
nace la igualdad. 

Y la igualdad entre los hombres acarrea 
la igualdad entre los sexos. El varon ha 
perdido la costumbre de venerar. Ya no 
sabe inclinarse ante ningun altar, ante nin- 
gun idolo, heroe o rey. Tiene la noci6n exacta 
de su valor individual. Glorifica a los grandes 
con el pensamiento, sienta su admiracion 
con el ejemplo y coloca su trono en la his- 
toria. La mujer tambien evoluciona por la 
misma influencia, adquiere otro relieve... 
y el hombre libre, independiente, que no 
esta sujeto ya al vasallaje de un sefior feudal, 
ni al engranaje de una corte; que al formar 
un hogar va a formar una sociedad en mi- 
niatura, con su organizaci6n independiente, 
no hace ya un idolo de su mujer, la hace su 
companera! El y ella seran las columnas que 
sostengan a ese pequefto estado federal que 
es el hogar dentro de la sociedad. Y, asocia- 
dos, el traera el bienestar material con su 
trabajo, de afuera hacia adentro: y ella edu- 
cando, formando con su propia cultura y 
con su direccion inteligente a los hijos, pre- 
para sus productos y los lanza de adentro 
hacia afuera. El trae las pajas, ella hace el 
nido. El pone el alimento, ella el calor. 
Los hijos como sintesis... 
Y de esta maravillosa apoteosis de los 
siglos, de este nuevo aspecto de la pareja, 
eterna base social, nace el perfecto equilibrio. 
Hay aun para ciertos corazoncitos frivolos 
de mujer un horror instintivo al compar.e- 
rismo de la pareja. [No lo han comprendi- 
do!... jQuieren seguir siendo idolos! Pero 
las verdaderas mujeres, las que tienen el 
alma limpia de espejismos, quieren ser ama- 
das por si mismas, claudicando ese culto 
incondicional de la idolatria, que ofrece el 
grave inconveniente de mantener las almas 
en los antipodas, a cambio de un amor cons- 
ciente y verdadero! Uno de esos amores in- 
teligentes que ligan por mil lazos y en todos 
los ordenes de la vida humana. La mujer 
capaz de reunir en si todes les valores, todos 
los amores; la mujer madre. socia, amiga, 
amante, novia: la mujer que con un solo es- 
piritu y con un solo cuerpo es un universo 
de amor! 

— I La mujer companera! He ahi. en una 
sola palabra, la sintesis de un ideal mara- 
villoso. . . 



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que no pueden patinar. 

No se guie Vd. por las opiniones de los que se 
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que la sequedad del aire en circulacion dentro de sus 
camaras es la mayor que puede obtenerse. 

Por el sabio revestimiento de sus paredes conservan el 
frio durante mas tiempo qu i .cualquier otra heladera. 

Memos recibido un niimero 
reducido de estas heladeras. 
Las vendemos como ocasidn 
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a r/c ///// a 

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E D V'.-\ R.D Q . XHICH /-\R.R.O 




U N • C A 1 A C T I IL 



NO. no y no: he dicho que 
no y ! no me 

vuelvo atras nunca! 
— Pero rr 
— No reflexiono. . . 
, F»ra que"* ;No y : • 
requr 

— Pero fijese . . 

— No me fiio. . . Es 

dicho que no de fijo. . . y no! 

Eato era el principle de una novela 
— nivcla. lo que saliera - que me 
proponii escribir, No tenia argumento 
propio ni me habia formado en la mente 
el esbozo de un caracter de hombre o 
de oil 

El caracter y el argumento, los ac- 
tores y la acc-.on. el drama todo de mi 
novela — porque una novela debe ser 
un drama — habrian de salir de ese 
dialofo con que ella habia de em- 
pew. A las veces. de una sola irase 
oida al vuelo. en la calle o en el cam- 
po. al azar de los caminos de vida, se 
saca toda una novela o un drama. 

Cualquiera creria que el persona ie — 

hay que suponerle d protagonista — 

que empieza diciendo asi. tan redonda- 

mente, eso de «jno, no y no!« y luego 

•jno y re-no y requeten6!> ha de ser un 

hombre de firmtsima voluntad — o me- 

lunlad — lo que se llama un ca- 

• . pero un hombre que se produce 

asi, con tanto no, puede muy bien ser 

ndeciso, un abulico, un hombre 

sin voluntad propia . . . un caracter 

tambien. 

Porque, vamos a ver: ipor que se 
ha de Uamar un caracter al del hom- 
bre que se mantiene firme en lo que 
res ha decidido y no al que esta 
siempre cambiando? 

^Es que no hay firmeza en el 
cambio? 

Aristoteles, en su Poitica. hablaba 
de los caracteres «igualmente desigua- 
Ies» o, si se nos permite forjar a tro- 
quel del griego una palabra. hdmala- 
merle anoma'.os. Y el Tasso, que tanto 
habia estudiado la poetica aristotelica, 
nos dice en la estrofa tercera del canto 
to de su Gerusalemme liberate 
que en el mundo mudable y ligero es 
a menudo constancia el variar de pensa- 
miento, asi: 

chi net mondo mutabile e leggiero 
costania i spesso il variar pensiero. 

Y este mismo infeliz Tasso 
misero TorcuatoS que canto Leopardi 
ta Tasso que era un caracter, todo 
un carater. vertid en su melancolico 
poema aquel inmortal pensamiento — 
pensamiento, no idea — de Pindaro de 
que el hombre es «suefto de una som- 
• J del canto xiv) 
que la fama es un eco, un sueiio, mas 
bien sombra del suefio que a todo vien- 
to se disipa y pierde. asi: 

i un'eco, un sogno, ami del sogno 

[ur.'ombra, 
ck'ad ogni vento si dilegna e sgombra. 

-ro esto es el hombre o la fama? 
La fama y el hombre y el caracter del 
hombre. Porque el caracter es tambien 
suefio de una sombra. Y al Tasso le pa- 
redo la nada sombra real y solida — 
ombra real* e salda. Ti parve il nulla — 
nos dice Leopardi. El cual nos asegura 
antes que le habian cenido de hielo a 
Torcuato el alma, que era tan caliente 
dio y la in- 
- r'vada y la de los 
. Alma caliente? Las ha 
habido tanto que se fundian y 
eran almas liqufdas y co- 
rrientes y enardecidas y 
y enardecientes como el 
plomo fundido, ver- 
daderos arroyos de 
fuego. Y con ta- 




P O IL 

HIGUEL-DE 
U N AM U N O 




1LU STUACIO NE 5-B-S I FL I O 



les almas no cabe hacer una estatua y 
como no cabe hacer una estatua con 
ellas se declara que los que las tienen 
carecen de caracter. 

Cuando no se le puede encerrar a 
un hombre en una f6rmula, por com- 
pleja que sea, en una idea, en una 
estatua, se la reputa por sin caracter. 
,Ah. sll - - arguye aqui uno de esos 
que se anticipan a lo que se les va a decir 

diras que un gran rio tiene tanto ca- 
racter como una gran montana, que el 
Amazonas y el Misisipi y el Nilo y el 
Danubio y el Rin tienen tanta fisonomia 
como el Chimborazo y el Illimani y el 
Jungfrau. que tu Duero es tan uno y 
tan caracteristico como el Urbi6n de 
donde nace su brazo mas alto, pero re- 
para en que al rio son las margenes las 
que le dan su caracter y que su lecho, 
su cauce, es de roca.» iSi, eh? ^Y no 
sera mas bien que es el rio mismo el que 
se esculpe su cauce? 

El hombre esta-tuario - - ;un caracter! 
no es mas continuo que el hombre 
arroyo. La montana dura; el rio vive. 
Cuenta el libro del Genesis (c. xix, v. 26) 
que la mujer de Lot, por haber mirado 
hacia atras c6mo el fuego del cielo con- 
sumia a Sodoma y Gomorra, fue con- 
vertida en estatua de sal. 

Lo que no dice el texto canonico es 
que Si hizo de esta estatua. Sin duda 
la derretirian las lluvias. Y asi con toda 
estatua, que es siempre de sal, mas o 
menos resistente y duradera. Pero vive 
mas el agua que la sal, y esta, si vive, 
es derretida en aquella. Vive el hom- 
bre mas que su estatua, que es de sal 
siempre. 

El hombre estatuario suele tener ideas 
tener, no hacerlas — pero no pensa- 
mientos. Y no tiene pensamientos 
porque no discurre. Pues solo discurre 
lo que corre. Discurre el rio: no dis- 
curre la montana que guarda tesoros 
en sus entranas acaso. 

4N0 discurre la montana? Alguna vez 
cuando la montana es volcan y lanza 
lava liquida y ardiente. Pero asi que 
la lava se solidifica, asi que el pensa- 
miento se hace idea, ya no discurre sino 
que se queda y duda. 

«Don Pedro es todo un caracter y 
representante de la idea democratica. . .» 
y quien dice democratica dice otra cual- 
quiera que sea idea. Pero ese don Pedro, 
que es un caracter, es decir, una estatua 
a las veces hasta por la mudez -- 
y que representa una idea, no discurre, 
porque si discurriera pensaria, y si pen- 
sara se le fundiria la idea en el pensa- 
miento. ;Oh, los hombres estatuas, los 
hombres ideas, los caracteres! Suelen 
ser mudos. Pero alguna vez cantan. 

^Cantan las estatuas? Dicen que C2n- 
taba la de Memnon, en Egipto, al salir 
el sol. Pero las estatuas cantan cuando 
se las golpea. Sobre todo si son de bronce 
y huecas. Las de piedra no suelen can- 
tar si se las golpea, pero las de bronce 
y huecas si. Cantan como una copa y 
dan una nota mas limpia cuanto mas 
vacias estan. 

;Un caracter... un caracter!... |Y 
el otro un hombre sin consistencia, sin 
ideas fijasl . . . iSin ideas fijas, si, por- 
que tiene pensamiento vivo, porque 
discurre! 

El agua de! torrente acaba por hacer 
arena de los pedruscos que caen a su 
cauce y el plomo liquido, fundido, ar- 
diente, funde los tipos, los caracteres, 
que coge al paso. 

Caracter es propiamente el tipo de 
imprenta y ese caracter es plomo 
solidificado y frio. Cuando se gas- 
ta porque los caracteres se 
gastan -— hay que volverlo a 
fundir. No hay que variar 
el pensamiento porque 
este es esencialmente 
variaci6n, porque es 
discurso, porque es 
rio que corre. 





UNA SECCION DE CIEN TR 
BAJ03M0DEL0S DETEJ1I 
CHIOLLOS EN LANA Y 
GODON PREPARADOS 



En el disourso inaugural de la Exposition de 
Manualidades Escolares, el doctor Angel Ga- 
llardo pronuncio las siguientes palabras: 

Ampliando la jeliz iniciativa de la Inspection 
National de Corrientes, realizada con tan buen 
exito el ano anterior .se exponen hoy por primera 
vez en la capital federal los trabajos prdcticos eje- 
cutados por los alumnos de lasescuelas nacionales 
situadas en las provincias y en los territorios. 

Asi reconooia el presidente del Consejo Na- 
tional de Education los meritos contraidos por 
las autoridades pedagogicas correntinas. 

La obra fue comenzada en silencio bajo la 
direction del inspector Salvador M. Diaz, que 
ha sabido imprimir a las manualidades esco- 
lares un caracter eminentemente practico, pues 
los trabajos tienen una tendencia industrial. 
De este modo la escuela correntina extiende su 
influencia educadora preparando, mediante el 



o\I\@TE 
BCOLU 

AilGENTINO 



ALUHNAS 
AS. LOS TIN- 
PRODUCTO DE 
REGIONALES. 



fomento de las aptitudes artistico-industriales, 
futuras fuentes de riqueza national. 

Las demas provincias y territorios han coo- 
perado tambien eficazmente a esta idea. Por 
eso la Exposition realizada en la escuela Ge- 
neral Roca obtuvo un triunfo decisivo y bri- 
llante. 

En la section correntina se exhibieron nu- 
merosos trabajos ejecutados con materias pri- 
mas abundantes en la provincia. algunas de las 
cuales no tienen ningun valor. De esta manera 
se han iniciado varias industrias, como las de 
cordeleria, cesteria. sombreros, tejidos. aplica- 
ciones del hueso. asta. cerda. esponja vegetal, 
chala, forros de botellas y cepilleria. 

Digna de todo encomio resulta esta nueva 
direction emprendida por las escuelas nacio- 
nales y que el Consejo National supo acoger 
favorable y alentadoramente. 






ARMONIZANDO CON LA BELLEZA 
DE LOS JARDINES, AR1ST0CRATI- 

L Club Belgrano ha celebrado su 
primer baile de disfraz. Hay en el 
I argot del reporterismo social una 
frase estereotipada que dice asi: la 
fiesta deja gratos recuerdos. . . La 
falta de espacio y la premura no 
consienten al repdrter que glose esa 

frase derrochando la fantasia. Dejar gratos re- 
cuerdos es la 

mision de toda 

fiesta donde la 

juventud, la 

hermosura, el 

lujo, el ingenio 

y la cortesia se 

reunen bajo el 

sano patroci- 

nio del buen 

humor. Y si se 

anade a esos 

requisitosel in- 

centivo del dis- 
fraz, los recuer- 
dos adquieren 

mis altas pro- 

porciones. 
Modelo de 

fiestas gratas 

fu£ el baile or- 

ganizado por el 

aristocratico 

Club Belgrano 

durante este 

Carnaval. Los 

salones y jardi- 

nes estaban ar- 

tisticamente 

adornados. 

Dentro de este 

marco exquisi- 
te lucieron las 

elegantes figu- 

ras de las mas- 
caras. Los dis- 



SEftORAS ADELA 
BAYLET DE CA3A- 
OO. LILT HOWART 
Y ESMERALDA Pl- 
ONETTO Y SENO- 
KES JUAN VALEM- 



A I LB 

D E 

I SERAZ 




CAS MASCARAS LLENABA 
BULLICIOSA Y GENTIL ALEGRJA. 

fraces del mas exquisito gusto y las bromas in- 
geniosas abundaron en la fiesta que se desarro- 
116 entre la alegria de los concurrentes. 

Este baile es el primero de disfraz que el 
Club Belgrano celebra, iniciando asi brillante- 
mente un nuevo atractivo para las familias 
distinguidas que lo frecuentan. La comision di- 
rectiva ha logrado un triunfo al organizar el 

festival, si n 
que faltara en 
el ninguno de 
los detalles que 
distingue aesta 
clase de diver- 
siones, trabajo 
verdaderamen- 
te dificil, pues 
hallase lleno de 
obstaculos mo- 
rales y mate- 
riales. 

La sociedad 
distinguida de 
Belgrano tiene 
para los Carna- 
vales venideros 
un lugar de cita 
donde el ele- 
mento joven 
avido de diver- 
tirse coseche 
los gratos re- 
cuerdos que la 
discrecion, el 
lujo.lacortesia, 
la hermosura y 
el buen humor 
dejan en el ani- 
mo de los que 
saben y pueden 
disfrutar los 
encantos de la 
vida social 
amable. 



WA1ER Y DR. AL- 
BERTO M. NAVA- 
RRO, EN UNA DE 
LAS MUCHAS ME- 
SAS INSTALADAS 
EN EL J A R D I N. 







POTO DE 

VAN RIEL. 



on%ok'/ V K jcoio 



MgM 




wm 



RJS.TOC 



LA FIRMA DEI. ACTA DE MATRIMONIO 

EN PRESENCIA DE LA DUQUESA DE 

FERNAN NUNEZ. MARQUES DE LA 

MINA Y DE VARtOS TESTIGOS. EN'TRE 

LOS QUE FIGURAN LOS DUQUES DE 

\ ALBA. DE B1VONA, DE MONTE- 

? LLANO Y DE ARION. GENERAL 

BERENGUER Y OTROS. 




El dia 15 de diciembre 
prdximo pasado el nuncio 
apostolico. monsefior Ra- 
gonesi bcndijo la union ma- 
trimonial de la senorita 
Cristina Falco. nieta de la 
duquesa de Fernan Nunez 
con el conde de la Maza. 
Celebrose la ceremonia en 
la capilla de Santa Isabel, 
de cuyos muros pendian 
tapices de la casa de Fer- 
nan Nunez, orlados de {lo- 
res naturales: columnas 
con grandes cestos de ro- 
sas y crisantemos forma- 
ban calle en el centro: flo- 
res blancas cubrian las gra- 
das del presbiterio y el al- 
tar mayor, sirviendo de 
fondo al reclinatorio. cu- 
bierto de rojo dama:> 
con pimpollos de rosa. 

A uno y otro lado de los 
novios se arrodillaron la 
. :uesa de Fernan Nufiez. 
ostentando la representa- 
ci6n de S. M. la reina, y el 
marques de la Mina: ocu- 
paron sus puestos los tes- 
tigos. que fueron. por parte 
de la senorita de la Mina. 
los duques de Montellano, 
Alba y Bivona: el principe 
Pio de Saboya y el conde 
de Elda. y por el conde de 
la Maza. los duques de 
Ari6n y Santona; general 
Berenguer y marqueses de 



y 




tvos ESPOSOS 

EL PALACIO DUCAL 



FERNAN NUNEZ A SU RE- 
GRESO DE LA IGLE3IA. 



Pons y de San Miguel. To- 
dos vestian de uniforme. 
ostentando grandes cruces, 
y el novio, la de caballero 
de la orden militar de Ca- 
latrava. 

Al pie de las gradas del 
presbiterio se colocaron, a 
la derecha, S. A. la duque- 
sa de Talavera, la princesa 
Pio de Saboya, duquesa de 
Montellano, condesa viuda 
de Aguilar de Inestrillas y 
senorita Ines Arteaga. y a 
la izquierda, la marquesa 
de la Mina. la condesa de 
Xiquena, las sefioritas Li- 
via y Pilar Falc6 y Alvarez 
de Toledo y su prima la se- 
norita Paloma Falc6 y Es- 
candon. 

Tanto a la ceremonia 
como al almuerzo que se 
celebro en el palacio de 
Cervellon. casa senorial de 
los duques de Fernan Nu- 
nez, asistieron lasduquesas 
de Pinohermoso. Sotoma 
yor, Vega, Hernani, Man 
das, Vistahermosa, Luna 
viuda de Sotomayor, T 
Serclaes Ahumada, Albur 
querque y Victoria. Mar 
quesas de Santa Cristina 
Santa Cruz, Urquijo, Sea 
la, Pozo Rubio, Valdeol 
mos, Torralba. Narbais 
Espinardo, Penafuente 
Torrelaguna. Sorneruelo 






Aguila Real, Balboa, Santa 
Maria de Silvela, Rivera, 
Bolarque, Valdefuentes, Ca- 
yo del Rey, Valdeiglesias, 
Alquibla y Santo Domingo. 
Condesas de Valdelagrana. 
viuda de Aguilar de Inestri- 
llas, Almodovar, viuda de 
Casa Valencia, Torre Arias, 
Alcuberre, Sastago, Aguilar 
de Inestrillas, Ribadavia. 
Torre de Cela, Cerragerta, 
Cartayna, Aybar, Esteban, 
Torreblanoa, Arcentales, Be- 
nomar y viuda de Benomar. 
Vizcondesas de Eza, Cuba, 
Bahia Honda y Antrines, y 
sefioras y sefioritas de Al- 
cazar y Roca de Togores 
(don Luis). Barrenechea, 
Carvajal, Quesada y otras. 
Tambien asistieron el ex 
presidente del consejo don 
Antonio Maura; el presiden- 
te actual, don Eduardo Da- 
to; el ministro de la Guerra, 
vizconde de Eza; los duques 





m 



ULTIMO RETRATO DE SOLTERA DE LA NOVIA, ACOMPANADA DE SU ABUELA LA DU- 
QUESA DE FERNAN NUNEZ Y DE SU MADRE LA MARQUESA DE LA MINA. 



de Luna, Victoria, Soto- 
mayor, Hernani y Mandas; 
marqueses de San Vicente. 
Santa Cristina, Santa Cruz, 
Bolarque, Scala, Torralva, 
Valdeiglesias y otros. 

Representaban al cuerpo 
diplomatico los embajado- 
res de Italia e Inglaterra 
y ministro de Belgica. 

El nuevo matrimonio, 
con el marques de la Mina 
y la duquesa de Fernan 
Nunez, se trasladaron a 
palacio para ofrecer sus 
respetos a su augusta ma- 
drina, la reina dofia Vic- 
toria. 

Ya conocen los bonae- 
renses ese sentimiento 
unanime mezcla de carifio, 
curiosidad y admiracidn 
que precede, asiste y sigue 
a las grandes bodas: los 
comentarios lisonjeros 
acerca de los novios, el 
examen del «trousseau», etc. 



•£» 





LOS NOVIOS CON SUS 
PADRES LOS MARQUE- 



SES DE LA MINA T 
LOS HIJOS DE ESTOS. 



IN n: 
4 



iSeTOS 



*% 



EL VIEJO 
MODELO. 



La historia 
nos dice que los 
viejos no siem- 
pre tuvieron la 
consideraci6n 
que merecen. En 
epocas remotas 
eran sencilla- 
mente suprimi- 
dos por inutiles 
para si mismos y 
para los demas. 
etica analoga a 
la del espartano 
Licurgo, que es- 
tablecio en sus 
leyes que los ni- 
nos que naciesen 
debiles. estro- 
peados o enfer- 
mos fuesen sin 
mas arrojados al 
Taigetes. Pero 
mas tarde las co- 
sas cambiaron, y 
los viejos fueron 
senalados al res- 
peto y venera- 
ci6n generales 
por ser hombres 
en quienes la lar- 
ga experiencia de 
la vida habia 
acumulado pro- 
bidad y sabidu- 
ria. Fueron 11a- 
mados a desem- 
r.efiar los mas al- 
tos cargos: y los 
♦seniores*. es de- 
cir, los senadores 
romanos, no fue- 
ron sino ancia- 
nos de autoridad 
a los cuales se 
confid la direc- 
ci6n de los nego- 
cios publicos. Ya 
entonces los jo- 
venes murmura- 
ban porque. co- 
mo decia Cice- 
r6n «Senectus est 
ipse morbus* (la 
vejez misma es 
una enferme- 
dad/. Otros mas 
crueles decian: 

•Senatores viri bonus, Senatus mala bestia* (los 
senadores son buenas personas, pero el senado 
es una mala bestia). 

En todo caso, el sentimiento de resoeto y 
veneracidn, una ver consagrado por la civili- 
zacion en favor de la vejez, ha quedado como un 
principio altamente moral, a cuya firmeza y 
prestigio ha contribuido no poco el arte, que de 
la virtud y proverbial sabiduria de la edad, ha 
sabido sacar tan be'.las inspiraciones en sus mas 
variadas manifestaciones. 

En efecto, en el arte los viejos tienen un 
puesto importante. No hay exposicidn de pintura 






m&i 



SP'SBCi 



VEJEZ LABORIOSA. 






^ 



; 



EL VIEJO 
ESCULTOR. 



en que no figure 
por lo menos una 
dooena de cabe- 
zas de viejos, de 
todas condioio- 
nes sociales, 
porque un her- 
moso viejo es 
extraordinaria- 
mente interesan- 
te. ^Quien no re- 
cuerda la sober- 
bia cabeza de 
viejo esculpida 
por Monteverde, 
el famoso autor 
del Cristo que se 
venera en la Re- 
coleta de Buenos 
Aires? Una bella 
barba abundosa, 
una frentesurca- 
da de arrugas, li- 
neas aristocrati- 
cas y dos ojos lle- 
nos de bondad y 
de contento. 

Pintores, es- 
cultores, dibu- 
j an tes , agua- 
fuertistas, aoua- 
relistas, trabajan 
afios y afios para 
fijar en la tela. 
en el bronce, en 
el marmol, en el 
papel las mas 
caracteristicas 
cabezas de vie- 
jos. 

j Y cuan tos 
pintores de la 
vejez murieron 
ellos mismos vie- 
jos y pobres, obs- 
curos parias en 
este mundo de 
ruidos y vanida- 
des! 

En los alrede- 
dores del Circulo 
Artistico Inter- 
nacional de Ro- 
ma rondan todos 
los dias dos her- 
manas. dos vie- 



VEJEZ ARISTOCRATICA. 



jas, muy viejas, 
flacas, enfermas 
y harapientas: sirven de modelos para cuadros 
en que figuran furias o mujeres espantosamente 
feas. El corazon se oprime al verlas. jSantas vie- 
jas, que debisteis ser conservadas como flores 
de la tierra y que, en cambio, luohais todavia 
con la vida cruel, lucha aspera, inflexible, sin 
tregua! 

La sociedad, es verdad, evoluciona y hace lo 
posible por socorrer a la vejez: pero todavia 
son muchos los viejos que se ven obligados a 
trabajar para vivir; muchos a los cuales el tra- 
bajo encorva e inclina hacia la tierra mas que 
los afios! 




jDemasiadas 
manos sacrilegas 
se atreven todavia 
a Ievantarse con- 
tra ancianidades 
heroioas! Heroi- 
cas, si, porque re- 
presentan toda 
una vida de sacri- 
ficios, de actos de 
bondad, de abne- 
gacion y de al 
truismo. . . 

Cuando Ilegan 
las impotencias o 
las enfermedades. 
cuando el viejo o 
la vieja ya no pue- 
den ni con las ta- 
reas domesticas, 
cuando ya no son 
capaces de ningun 
esfuerzo, no faltan 
espiritus soeces 
que delante de 
ellos hablan mal 
de la vejez, expre- 
san en terminos 
brutales «ideas 
nuevas» quelos po- 
bres viejos no pue- 
den contradecir. 
Los viejos enton- 
ces se callan. y su 
silencio es sefial de 
un dolor lleno de 
angustia. 

Sin embargo, no 
siempre la vejez es 
triste: hay nidadas 
de pequenuelos 
que triscan en tor- 
no al abuelo; hay 
hijos agradecidos 
y dignos que re- 
cuerdan los sacrifi- 
ces de sus viejos y 



RAFAEL 



los llenan de cui- 
dados, de atencio 
nes y caricias. En- 
tonces los viejos 
son risuenos, bon- 
dadosos y espiri- 
tuales. Recuerdan 
e! pasado hablan. 
de sus tiempos y 
critican, teniendo 
a veces raz6n de 
sobra. La civiliza- 
cion, el progreso. 
la ciencia, her- 
mosas cosas, sin 
duda; pero antes 
se sabia vivir me- 
jor, el hombre tra- 
bajaba y se diver- 
tia, los mozos 
amaban a las mu- 
jeres hermosas y 
eran caballeros. 

Ahora, un viejo 
que sube a un 
tranvia no siempre 
encuentra quien le 
ceda el asiento. 
Son muchos los j6- 
venes que no ven 
en la ancianidad 
sino objeto de me- 
nospreciadora las- 
tima. cuando no 
de ridicule Y. sin 
embargo, todos 
debemos enveje- 
cer. . . o morir jo- 
venes. Los amados 
de los dioses mue- 
ren jovenes. dijo el 
poeta griego: pero 
^cuantos son los 
jovenes que de- 
sean esa prueba 
del amor de los 
dioses? 



S I M B O L I 



VIEJO M U J I K . 




s 




I 



L 





O&cy 

JoA.Q\/lN 

DE .LA 
COL ECCJOlXL 
DEL « » DN^, 

SALN^NDOK. 
FORNIELLE5 




& 





No lo busquemos en el fondo de una biblioteca 
o en un despacho lujoso y tranquilo; con mis 
seguridad lo encontraremo.s en el cafe, en una calle 
centrica o en el saloncillo del Congreso. En cual- 
quier sitio donde se hable. estara el insigne habla- 
dor Valle inclan. 

Perdon. Es uno de los pocos escritores a quienes 
no puede nombrarse con el apellido a secas: pre 
sume de hidalgo y asegura poseer en algiin rincon 
de Galicia una casa fuerte solariega con derecho 
al escudo de armas. Reproduciendo la forma sip- 



- P O IL 
JOSE ~ MSd 

SALAVERJUA 



nataria de los literatos antiguos que eran caballe- 
ros, se obstina en firmar con toda opulencia: Don 
Ramon Maria del Valle Inclan. 

Busquemosle en cuantos sitios de Madrid haya 
un sitio libre y ameno donde unas gentes cultas 
que no tienen prisa hablan por el gusto de hablar. 
En este sentido. el creador del Marques de Bra- 
domin es un perfecto reaccionario: es un escritor 
espanol del siglo xix. epoca en que los espanoles 
de talento se preocuparon de lanzar al aire sus 
ideas, mejor que de fijarlas en obras permanentes 






Como aque!los ingenios del xix. Valle lnclan afina 
y perfecciona sus frases. sus mentiras. sus conver- 
saciones: cultiva la costumbre de la tertulia; vive 
el mayor tiempo posible en el cafe: por ultimo, 
usa todavia la capa espafiola. 

Es del linaje de los grandes conversadores. como 
Pio Baroja. como Miguel de Unamuno. Pero asi 
como Unamuno y Baroja estan realmente pensan- 
do mientras hablan. y despues trasladan a las 
cuartilias el resultado de sus conversaciones. Valle 
lnclan. menos fecundo en escribir y menos pen- 
sador. habla desinteresadamente y por el goce de 
hablar. La palabra de aquellos escritores diriamos 
que es del genero utilitario. y en realidad sirve 
como de prolegbmenos. o de gimnasia. a la escri- 
tura: en cambio. Valle lnclan habla por una insu- 
perable necesidad fisica y por su espiritu extra- 
ordinariamente sociable. 

Nadie. en efecto. tan sociable como el. No es 
solo porque busque siempre la compafiia. y porque 
estime gustoso 
sobremanera la 
actitud del hom- 
bre rodeado de 
media docena de 
amigos: es sobre 
todo por su enorme 
facultad de intere- 
sarse por todos los 
problemas. todos 
los actos, todos los 
chismes de la hora 
presente. Esto es lo 
que le da su carac- 
ter de tertuliano. 
Es un especimen 
de tertulia. y. por 
consjguiente. en el 
siglo xvii seria un 
habitual de los 
mentideros, en el 
siglo xvm frecuen- 
taria los salones, y 
hoy. un poco reza- 
gado en el tiempo, 
necesita resignarse 
al cafe. 

Se interesa. 
pues, por las cues- 
tiones mas menu- 
das, y adema: 
ne en el las toda su 
vanidad. Semejan- 
te en esto a Una- 
muno. Valle ln- 
clan no consit 
que en una tertu- 
lia emita alguien una idea, narre un cuento o descu- 
bra un chisme de categoria excepcional: cree tener 
un derecho absolute a laprimacia y a lahegemonia. 
y de este modo. si alguno ha contado una cosa 
muy bizarra. se apresura £1 a ponerle a la cosa 
un apendice. una segunda parte mas bizarra to- 
davia. La verdad ya no le interesa tanto. 



jiin osaria fijar. aunque fuera aproximada- 
mente, las proporciones de la fantasia de ese galle- 
go extraordinario? Sin usar de la paradoja. sin 
recurrir a posturas epatantes, Valle lnclan dice los 
absurdos mayores con el aire mas sereno y normal 
del mundo. Y no hay el menor dejo de ironia o de 
cinismo en su palabra. A! contrario, Valle lnclan 
habla formalmente en todo momento y se mostraria 
muy enojado si alguien tomara a broma sus exa- 
geraciones (sus mentiras). 

Pero, ^son siempre mentiras?.. . He ahi la 

Todavia recuer': imera 



vez. Era yo un escritor principiante y provinciano. 
y fui llevado a la tertulia donde el insigne novelista 
peroraba. Hablabase de encuentros. rinas y desa- 
fios. Y yo escuchaba con estupefaccion a aquel 
hombre flaco. flaquisimo. negaci6n de toda forta- 
leza fisica. que narraba sencillamente la disputa 
que hubo de tener con un compadre, con un maton 
facineroso. de los que viven de atropellar y asesinar 
a las gentes. 

Aquel hombre. decia el narrador. estaba muy 
enojado conmigo porque yo le quite de las garras 
una pobre victima. Juro darme un disgusto: pero 
yo no hice caso de sus bravatas. Una noche me 
salio al paso aquel bergante y me increp6. Yo 
rechace sus amenazas. Y me dijo el: «Tenga usted 
presente que soy El Manazas>. Entonces le dije 
yo: «Pues sepa usted que soy El Valle lnclan". Y le 
dirigi una mirada tan de fiera. que el facineroso 
se aparto amedrentado. . . 

Mientras hablaba asi. yo examinaba a Valle 



toman una direccion contraria a la de los otros 
hombres. Por tanto. no ss puede decir que Valle 
lnclan quisiera haber sido un caballero de otrora, 
porque realmente cree serlo. (Recordemos. como 
caso mas proximo, el de Don Quijote. aquel que 
daba absoluta realidad a sus ficciones). 



^ 




lnclan y veia. en efecto, que un hombre robusto 
y desalmado podria meterse en e! bolsillo a aquel 
haz de huesos. Me parecia fantastico, risible. Y sin 
embargo es muy cierto que Valle lnclan se ha 
visto en numerosos lances apurados. 

Su irritabilidad de hidalgo, su honor puntillosD. 
su vanidad histerica. lo han empujado a cuestio- 
nes de las que ha salido unas veces menos mal, 
y otras desastrosamente. En una de esas rinas 
(se trataba del musculoso Manuel Bueno) perdi6 
un brazo. 

Valle lnclan es una viva representation del hom- 
bre que quisiera ser lo que no es. Todos los hombres 
de alguna imagination llevamos dentro esa misma 
tragedia: pero mientras los demas disimulan su 
nostalgia. Valle lnclan la pasea y la muestra al 
desnudo con valor. Quisiera i\ haber sido un ca- 
ballero de otrora. . . 

Pero en Valle lnclan los negocios de la fantasia 

ILX'STI^MCUN' 
L O V R, I I) O 
Y ~ Ft, I B A S 



Cubierto por su capa de estirpe muy espafiola, 
con unas barbas muy luengas y patriarcales. con 
unos grandes quevedos que vienen a hacer todavia 
mas extrano el gesto de su rostro. Valle lnclan 
pasea por Madrid su quimerica apostura. mezcla 
de asceta consumido por los ayunos y de espada- 
chin. Esta conjuncion del asceta y del espadachin 
en un mismo ejemplar humano forma precisamente 
la real paradoja del ilustre autor de las Sonatas. 
El sentirse como retrasado, como fuera de epoca, 

le impuls6 a ingre- 
sar nada menos 
que en el partido 
carlista. ^Cuanto 
habia de litcratura. 
y cuanto de posi- 
tiva vocacion en 
aquel escogi ta- 
miento politico? A 
nadie le parecio 
malo que Valle ln- 
clan se confesara 
carlista. legitimis- 
ta, partidario de 
los reyes absolutos. 
Al contrario, todos 
hallaron natural 
que la figura pro- 
piamente quimeri- 
ca y fundamental- 
mente arbitraria 
de Valle lnclan 
adoptase el gesto. 
reaccionario. Ejer- 
cio de reaccionario 
durante algiin 
tiempo, se mezclo 
en las confabula- 
ciones politicas del 
partido, llego a pre- 
sentar su candida- 
tura para diputa- 
do, y en el interin 
escribio unos cuan- 
tos libros que no 
fueron los mejores 
de su pluma, dedi- 
cados a narrar las gestas de los guerrilleros carlistas. 
Han pasado los anos, y ahora Valle lnclan, sin 
perder su talante de caballero de otrora, frecuenta 
un poco las aficiones maximalistas. . . Pero en esa 
viviente y ambulante arbitrariedad literaria todo 
e3 Ipgico. a fuerza de ssr paradojico. Es que algu- 
nas personas concluyen por ser tratadas con un 
regimen de exception, de modo que lo que piensan 
no es tornado en serio. sino como una manera de 
diversion estetica. 



V 



Y esto que decimos de la persona de Valle 
lnclan podemos referirloigualmentea su literatura. 
Es una literatura compuesta sobre todo de gesto. 
Lo importante de ella es la postura. Las ideas, las 
soluciones. las fugas ideales, la inquietud espiri- 
tual. . . nada de esto existe. Pero como compen- 
saci6n ha dejado en las letras castellanas unos 
cuantos rasgos de alta estetica y un afortunado 
tono de maceracion verbal que haran su nom- 
bre inolvidable. 



at 




De lejos y de cerca, por to- 
dos los caminos, en diferentes 
vehiculos, acuden los obreros 
al trabajo cotidiano dej inge- 
nio. Y esta peregrination re- 
sulta una tarea mas, el aperi- 
tivo de las grandes labores que en el 
ingenio !es aguardan. En los plantios, 
empenachada y cubierta de verdes 
hojas formando interminables filas. la 
oafia dulce pide el cuidado del hombre que la 
cortara despues en saz6n. Y el molino tambien 
aguarda impaciente el alimento que tampoco ha 
de aprovecharle. La zafra y la molienda son los 
polos de aquel vi vir del ingenio. Los pesados carre- 



tones traen su carguio huma- 
no y lo distribuyen aqui y alia, 
donde hace falta, estrategica- 
mente. La ruta no es facil por- 
que esta llena de obstaculos: 
el lodo empantanado, las cues- 
tas pendientes. todo parece oponerse a 
que los hombres cumplan su mision sen- 
cilia y trabajosa. Y sin embargo, sopor- 
tan con paciencia la incomodidad, y 
charlan y rien matando el tiempo. camino de la 
faena. Cuando el hombre de la ciudad sorprende 
este espectaculo campero lo encuentra pintoresco. 
Ve en la escena agreste una novedad simpatica. 
recreo de los ojos. tan avidos de cosas originales. 





M. Poiret. el celebre creador de modas femeninas, ha triunfado en el teatro. 
No quiere esto decir que haya escrito obra alguna. M. Poiret, aunque le sob ran 
condiciones para autor, no ha abandonado el terreno donde tan bien sabe distin- 
guirse. La comedia humana le produce mas que todas las comedias fingidas. Ha 
triunfado en el teatro sin abandonar el oficio demostrando sus talentos de creador. 

El empresario del Casino de Paris necesitaba disfraces originales y elegantes 
para vestir a las artistas que representarian Las armas de la mujer en una revista de 
gran espectaculo. Y, naturalmente, penso en M. Poiret, artista ademas de modisto. 

El autor de la obra entiende que las armas femeninas son los objetos de tocado 
y tocador: alfileres, peinetas, lunares postizos, cisnes y otras cosas. No hay que 



EL PEINETON DE CAREY, 
EL CISNE Y EL VELLO, 




PERSONIPICADOS POR 
TRES LINDAS ACTRICES. 



ser muy avanzado en materia de feminismo para disentir de tal opinion. Las mejores 
armas de las valerosas mujeres no son esas pequefias zarandajas. Asi lo han demos- 
trado desde hace mucho tiempo. «Las armas de la coqueteria» titulariase mejor el 
numero de la aplaudida revista parisiense. 

Prueba esto una cosa de suma importancia: que en los tiempos actuales. des- 
pues de la admirable cooperation de las mujeres, se sigue hablando de ellas hgera- 
mente Las que ayudaron al hombre en trances de vida o muerte merecen otro con- 
cepto. Estas reflexiones no quitan merito artistico a los ingeniosos disfraces_que 
Poiret invento con su reconooida maestria, y que un habit fotdgrafo, 
O'Doiye, ha tornado especialmente para nuestra revista. 



M. Paul 









A valia espiritual de las altas per- 
sonalidades es dificil de tasar. El 

, respeto que inspiran el ambiente 

3jfe> de boato y protocolo que las ro- 

dean suelen extraviar los juicios 
mas serenos. Por sutil y forzada 
^^ssHSesS 1 ue resulten las sonrisas reales, 
siempre se ve en ellas inconfun- 
dibles pniebas de bondad. sencillez y talento. No es 
preciso contarse en el numero de los aduladores para 
caer en ese prejuicio. Por eso, al salir de las audien- 
nas. casi todos los visitantes atestiguan que el mo- 
narca o el alto personaje son amabilisimos, campe- 
:hanos y bondadosos. Naturalmente. sin esforzarse, 
as altas personalidades saben recibir visitas, hacer- 
las y hablar con toda cortesia. Su educacion refinada 
y su oficio les obligan a ello. Para juzgar. pues, a 
un personaje hace falta no incurrir en esa paradoja 
de admirar la educacion de los que estan necesaria- 




L\ 



mente bien educados. Lo digno de alabanza es el 
verdadero merito intelectual y moral, y esas virtudes 
hay que apreciarlas a traves de una aureola cuyo 
brillo ofusca. 

La reina madre Margarita de Saboya. que com- 
partio el trono italiano con Humberto I, es una de 
esas figuras de alto valor. Desde la muerte de su 
esposo vive casi retirada en su palacio. Voluntaria- 
mente, por sencillez ingenita. se ha despojado de su 
aureola. Hablar con ella es un vivo placer espiritual. 
A su vasta ilustracion une la reina madre verdadero 
talento que se demuestra en sus palabras llenas de 
amenidad e interes. La egregia anciana. cuyo rostro 
conserva la parte mas simpatica de su celebre belleza, 
habla suavemente demostrando un clarisimo con- 
cepto del arte. 

Y en su palacio no estan amontonadas las cosas co- 
mo en casi todos los palacios. Adviertese ese orden. 
esa armonia que revelan una direccion inteligente y 




EL *£-::. I. NATO* 10 



CALERIA QUE DA ACCESO A LAS HAB1- 
TAC10NES PARTICULARES DE LA REINA. 




mm 



'l i?V/ 






UOSO SALON DEL 
ORGANO, 1NSTRUMENTO 
EN EL QUE LA REINA 
EJECUTA MAG1STRAL- 
MENTE COMPOSICIONES 

: ■ : os clasicos. 



carinosa. Aquellos salones 
noestan amueblados a gus- 
to de mayordomo sino por 
obra de la propia duena. 
Desde la infancia demos- 
tro la hija de Fernando de 
Saboya sus aficiones de coleccionadora entendi- 
da. Ya en el trono, la reina Margarita supo cul- 
tivar esta inclination de su alma de artista. 

El ejercicio de la caridad y el culto al arte, 
aliando en numerosas ocasiones estos dos extre- 
mos, han hecho que la egregia dama sea popu- 
larisima y bien querida por todos. Durante su 
reinado protegio a los artifices de valia y a los 
de talento que iniciaban su carrera. 

Fiel a la tradition exquisita de! pais del arte, 
la reina se distinguio siempre y continua ocu- 
pando sitio de honor en tan nobilisimo terreno. 
Por ese motivo su palacio figura entre los me- 



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jores y mas celebres de Roma, ciudad que tiene 
justa fama en ese genero de edificios suntuosos. 
Como es sabido, cada uno de esos palacios cus- 
todia magnificas colecciones de lienzos hist6ricos, 
esculturas y objetos valiosos. La riqueza del 
palacio donde la reina Margarita se retiro a la 
muerte de su real esposo, resulta incalculable. 
La sencillez del exterior no corresponde a la 
magnificencia del interior. Mas bien parece que 
sirve para ocultarla como si se trausi de un 
alcazar milenochesco disimulado entre las rocas 
de una montafia. Para describirlo se necesitaria 
mayor espacio del que ofrece una nota periodis- 
tica: pero las fotografias 
que ilustran estas lineas ^^STSE 
son suficientes para dar SE VE E[ _ FAMOSO RE . 
idea del arte y el lujo ate- TRATO DE kumbefto i 
sorados con delicada peri- en traje de excur- 
cia en aquellos salones. sionista alpino. 



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V 






... 



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P-l/V ]< (EUAN 

Cuando vengas, el lunes. 
has de venir de bianco, 
vestida con el traje que llevabas 
aquella tarde cuando 
empezaban las yemas de los arboles 
a crecer en los tallos. 



^ 






Cuando vengas. el lunes. 
has de venir de bianco; 
yo ire a esperarte en el portalv sonriente. 
y a besarte las manos. 
Quiero que estes alegre, 
alegre como cuando 
recorriamos juntos los caminos 
unidos por las almas y los labios. 

Cuando vengas, el lunes. 
vente toda de bianco, 
como vestida para ser mi novia 

azahares y raso 
y luego. tan alegre y sonriente 
que al tomarte las manos, 
no las sienta temblar entre las mias 
con un temblor de panico. 

Debes venir alegre, alegre, alegre. 
sin angustia en los labios, 
sin una lividez en las ojeras, 
sin fatiga en el paso. 
Yo saldre a recibirte 
por aquel caminito de geranios 
que conoce el perfume de tus ropas 
y el sonar de tus pasos. 

Y luego, lentamente, quietamente. 
sin un grito de espanto. 
sin una vibraci6n en nuestros nervios. 
sin un ademan tragico, 
puros hasta en los ultimos instantes, 
ibres del salpicar de todo barro, 
nos marcharemos juntos de la vida 
que hemos querido tanto... 

El lunes, cuando vengas. 
has de venir de bianco: 
jque linda quedaras amortajada 
con tu traje de raso!... 



ILUSTRACIO N 



D E 



L A R C O 




VN • GENTIL^hOMBfLE 



O L E O 

D 
E S C V E L A 
II AA\B\ FCGX'ESA 



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BALTHAS.\R 


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PLVS* ' 
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r FLO r ! E DAD 



D 



NORJ)I S\<.S\ 





Tu no me pueties pasar 
y yo sin ti no me paso . . . 
y se pregunta la gente 
;que sera lo que me has dado! 

Al darte mi corazdn, 
no si qui me diste en pago . . . 
No me quieres, y te quiero. 
;qu» sera lo que me has dado! 

Me haces ver lo bianco, negro. . . 
me haces ver lo negro, bianco. . . 
Para trastornarme el juicio, 
ique sera lo que me has dado! 

Este corazon me vende 
cuando estoy mas descuidado 
;y es mas bien tuyo que mio! . . , 
;qu4 sera lo que me has dado! 



OL IO ]1IC 1C MS iicD! 



Si hay un pecho que te escude. 
es mi pecho apufialado 
;y tii me lo apunalaste! . . . 
ique sera lo que me has dado! 

Te pongo en los mismos cielos 
jy tan diferente el pago! 
Todos lo ven, menos yo . . . 
ique sera lo que me has dado! 

En mi pensamiento reinan 
falsas razones y enganos 
y me culpo y te defiendo . . . 
[que sera lo que me has d 

Enemigo de mi sueno: 
yo mismo las puertas abro 
para que entres a deshora. . . 
ique sera lo que me has dado! 



La tranquilidad me robas. 
ladrona de mi descanso, 
y yo te ayudo a robarme. . . 
jqui sera lo que me has dado! 

Y me veo, sin defensa, 
a tu desden entregado, 

por mi mismo 

traicionado 
y por mi mismo querer 

maniatado. . . 
* * * 

Me esclavices, 
y me vere libertado 

de esta pen a 
de no verme esclavizado. . . 

Me tortures 
sin piedad con tus agravios. . . 



no el suplicio 
me des de no hacerme caso. 

* * * 

jQue sera lo que me has dado! . 

Como en una cruz, me veo 

en mi querer enclavado... 
Tu me heriste 
de un lanzazo 

que me traspas6 el costado.. 

y, en mi cruz, y en esta sed, 
hiel me has dado. . . 

jEsa hiel, en mi agonia. 

es todo lo que me has dado! 

* * » 

De mi costado 
sangre divina ha manado... 
jen un chorro de palabras 
mi corazon ha sangrado! 



X^cen^e ix/fecl 



Ima 



ILUSTRACI6N DE ALVAREZ 



cfe 





CAtLN^M 



L grotescamente alegre rey de 
los Carnavales tambien cho- 
chea como muchos afiosos 
ancianos. Y una de sus ma- 
nias seniles, la mejor, es 
aquellaque lo convierte 
en nino. El Carnaval 
Infantil y parte del 
Carnaval Femeni 
no resultan los 
dosaspectossim- 
naticos, las dos 



unicas chooheces justificadas 
del viejo Momo. 

Arlequines que piden el bi- 
beron, marquesas Pompadour 
que gatean, Bonapartes lloro- 
nes, toreros que se asustan, 
zingaras que se enredan entre 
las polleras, gauohos, japone- 
ses, bersaglieri, hulanos, Me- 
fistofeles, apaches, manolas, 
Locuras, pierrots, indios, cow- 
boys, bailarinas, angeles, ma- 
riposas, estrellas, Noches, pa- 
yasos, afiladores, cocineros, 
magos, proceres, aviadores, 
centuriones, monjas, odaliscas, 
frailes, gigolettes, hetairas, 
marineros, capitanes, turcos, 
escoceses, emperatrices, joc- 
keys, diablos, adivinadoras, 







canillitas, bohemios. magos, cosacos. . . todas 
las vestimentas del mundo que el mayusculo 
carino de los padres transform6 en minuscu- 
les atavios. 

El colorete, la tizne, las tenacillas. los pol- 

vos y la harina; sedas, rasos, percales y 

cretonas; pelucas. tirabuzones y ana- 

didos; pasamanerias. cuentas y gemas 

falsas... todas las pequenas vani- 

dades de las personas serias aplica- 

das sobre tiernos cuerpecitos y so- 

bre cutis rosados. 

A veces la cargazon de ador- 
nos agobia a las diminutas 
mascaras, porque abuelitos. 
madres, padrazos y tios se 
excedieron en hermosear a los 
chiquilines. iQue importa? 
Los mufiecos de la fami'ia no 
deben quejarse de ta! super- 
abundancia. Momo chochea, 
y a los parientes dela victima 
se les cae !a baba de puro 
gusto. En cambio. otrosninos 
hallan demasiado ligera la 
acumulacion de ringorrangos 
que gravita sobre sus hom- 
bros. Estos no lloran. pero no 
rien tampoco; seriecitoshacen 
su papel carnavalesco. Son los 
pequenos vanidosos y laschi- 
quitinas coquetas. para quie- 



SARABEI. ZIMMERMANN. 




SAR1TA L6PE2 
SAN JUAN. 







Esto paso antes de la gran guerra, ouando 
Francia irradiaba como un diamante su es- 
plendor imparcial sobre el regocijo delmun- 
do, bien ajena por cierto a la ciega envidia 
del topo germanico. Festejabase conelsim- 
bolico Pointcare el advenimiento de una re- 
publica ateniense. llena de tolerancia espi- 
ritual y de mansedumbre. 

La suave filosofia epicurea zumbaba co- 
mo una abeja de oro entre los hilos platea- 
dos de la barba anatolina. Plena era la luz. 
meridiana. y como nunca cantaba su ar- 
monioso alejandrino la belleza clasica de la 
vida. Es la impresion de aquel momento 
filosofico. unico en el siglo, en que la sonrisa 
de la Helade se abriera en el crepusculo, 
generosa e indulgente como una flor. que 
forma el espiritu de esta sencilla historia de 
un baston de Corfu. 

Fue por una deliciosa primavera de Pro- 
venza. en la dorada Aix, a!li donde cantan 
todavia, entre los naranjales floridos, las 
cigarras de Mireia, que di, con la substan- 
cia lirica de esta historia en la persona fo- 
lletinescamente romantica de un capitainc 
au long cours, contemporaneo de Julio Ver- 
ne. Solia yo, en aquellos dulcisimos crepus- 
culos violetas. que deshojan en los jardines 
provenzales la fragante prodigalidad de los 
azahares. seguir un discretisimo sendero 
que, huyendo de la ciudad risuena, pier- 
dese en los predios aromosos. donde el 
amapola y e! bluet se aman en el rumo- 
roso silencio de los trigales. Aqui y alia, 
entre los macizos de olivos y de almen- 
dros, blanqueaban algunas villas, como 
ovejas rezagadas del campanario lugareno. 
Una entre ellas, la mas distante. llamaba 
siempre mi atencion. Mas pequefia que las 
otras. casi diminuta como un bungaloo in- 
dio, cobijabase por entero bajo un arbol 
frondoso. que parecia bendecirla. 

Extrana vegetation tropical bordeaba 
sus rosados senderos. y sobre los azulejos 
caprichosos de un patiecito interior, una 
bramanica tortuga de jaspe. dejaba esca- 
par de su boca entreabierta un tenue hilito 
de agua. que como intima parabola de 

Buda propagaba dulcemente sobre el cristal de la fuentecita escondida una 
eclosion de lotos blancos. Por desconocida circunstancia aquella villa soli- 
taria se llamaba Peri, y por cierto nunca fue mas apropiado que en aquel 
rincon de la Provenza, la advocation de una deidad luminosa. 

No se por que presagiabamos en aquel verdegueante refugio un armo- 
nioso misterio, una presencia de simbolo, que hablaba al espiritu de vagos 
renacimientos, exaltantes en el perfume ambiguo de las adormideras. Asi 
las cosas, dimos una tarde. con el que parecia ser el dueno de la deli- 
cada Peri. Bajo el arbol coposo. sobre un banco de marmo>, aparecio 
sentado. Era un viejecito risuefio de barba ensortijada, que fumaba sin 
tregua la clasica pipette marinera. Tal es la cordialidad de la Provenza 
que nos saludamos como viejos amigos. Al sentirme descubierto. y por 
justificar mi curiosidad. dije por decir algo: 

— Extrafio y hermoso arbol el suyo, amigo. 

— Ha dicho bien — replied el anciano sonriendo. — Extrafio porque es 
griego, y hermoso porque es la historia de una vida. 

Grande fue mi desconcierto ante tan inesperada respuesta. y hubo de ha- 
cerse visible sin duda. porque mi interlocutor agrego: — Comprendo su 
curiosidad y me es simpatica. La curiosidad es una virtud. ella es madre 
de las grandes empresas de los hombres y semilla fecunda de todo heroismo. 
Yo le he rendido culto toda mi vida, y a ella debo gran parte de mi felicidad. 

Extranjero. ya que tus pasos curiosos te han traido al luminoso dintel 
de esta Peri pagana, quiero recompensarte con un cuento, que tii tomaras 
por lo que vale, ya sea en verdad o en mentira, segiin el temple de tu alma. 
Llevaras a tu tierra esta leyenda provenzal y algtin dia a la sombra de 
un arbol te acordaras de mi como el gaitero de Daudet «oyendo cantar el 
ruisenori). Asi. desplegando sus recuerdos con la gracia azafranada de una vela 
latina. aquel dulce piloto nos llevo sin esfuerzo hacia las riberas del pasado. 

De esto hace mucho, mucho tiempo; soy ahora el bianco abuelo que tu 
ves. y en aquel entonces la brisa del mar jonico no jugaba sobre mi frente 
mas que con cabellos negros. Era la edad de la aventura. 




«de I'eternelle aventure 

qui recous Varbre de I'amour 



et fait voler les colombes autour 
du minaret du jour.'..." 



Hombre de mar y argonauta en mis intimos momentos, llevaba al in- 
tripido «Corsario» en la fantasia y a la ingenua «Graziella» en el co- 
razon. Libre y errante a mi albedrio, bajo el capote encerado, 
todas las rutas del Mediterraneo me fueron familiares, desde 
la isla de oro del fraile Raymundo, y Tiinez, bianco ber- 
nous del profeta. hasta la enigmatica Stamboul, que calza 
las babuchas del Suefio. en las rosadas escalinatas del 
Bosforo; pero entre todas las costas del maravilloso mar 
latino, quien sabe por qU6 lirismo ancestral, eran mis 
predilectas las de las islas de la Htiada. alii donde el 
paciente Ulises, guiando su barca obscura, oyera otrora 
el canto de las sirenas. Samos, donde alienta atin en el 
pampano ub6rrimo, el dorado secreto de Dionisios; Mi- 
tilene, espl6ndida, en cuya playa ambigua suele escu- 
charse todavia el eco azul de los saficos coros; Rodas, 
la «clara Rhodos» de los poetas, donde el sabor del granado 
se mezcla con el perfume de las rosas: Chipre, dormida 
con la gracia veneciana de su reina Catalina. bajo el aplauso 




unanime de sus laureles, y Corfu, la Cor- 
cyra de los poemas homericos. donde flo 
recen junto a los palidos asf6delos y las 
brillantes an^monas. que nacieran de la 
preciosa sangre de Adonis. 

Isla de privilegio es aquella, que surge 
sonrosada del pielago zaharefio del mar de 
Chalkiapulos. como el gracil tal6n de la 
Anadi6mena. Alii en los bosques eg!6gicos 
el arbol de Pallas convive con el olivo ve- 
nusino, y como estrellas caidas del jardin 
celeste, las margaritas augurales entregan 
a la brisa ligera su dulce palabra de bien 
aventuranza. 

Como bandadas de palomas. las aldeitas 
risuefias posanse en la paz de los valles, y 
alia a lo lejos, desde el horizonte, los mon- 
ies violetas de Albania, vuelcan sobre la 
onda esmeraldina el tesoro infinito de sus 
amatistas. 

Gentes pacificas y humildes pueblan 
aquel rinc6n florido de la tierra. donde 
todavia. en la inocencia de un crepusculo 
arcaico, la inmortal siringa glorifica el labio 
inconsciente del clasico pastorcillo. 

Tal es la idilica tierra que hubo dp dis- 
poner de mi destine fijandome en la ruta 
vagabunda el lugar y el momento para 
plantar mi tienda entre los hombres. 

Casi frente al palacio que la «empera- 
triz del Si!encio» dedicara al hermoso Aqui 
les «de los pies ligeros*. hay una pequefia 
isla cubierta de melancolicos cipreses y de 
almendros en flor. Diriase el motivo de la 
tragica y al mismo tiempo serena creacidn 
de Boeckling: «La Isla de los Muertos.. Vive 
alii algiin raro ermitano ortodoxo. que no 
por alimentarse del pan eucaristico deja de 
gustar la miel antigua. que en el corazdr 
fragante de los pinos guardan las indus- 
triosas abejas del Himeto. 

Fu6 en aquel brazo del mar de Chalkia 
pulos que encontre al augur viejecito, lu- 
chando en^desmantelada barca contra la 
c6lera tempestuosa de alguna desconocida 
Calypso. 

Pasado el trance angustioso. el humilde 
Ulises isleno, ya en la seguridad de la playa. 
junto a «su pequefia morada-. me ofrecio. simbolo de gratitud, el inesti- 
mable recuerdo 

Era un sencillo baston de Corfu, de aquellcs que los corfiotas saben 
tallar rusticamente en la rama fragante del almendro o del pacifico olivo 
Dijome el augur: 

— «Este leno labrado por mis viejas manos. segiin el concepto clasico 
de Corcyra. la mas bella de las islas jonicas. te lo ofrezco como talismar. 
de tu vida. Lo he cortado yo mismo en el arbol venerable bajo el cual ei 
paciente Ulises recibiera sabrosa hospitalidad del sabio rey Alcinous y de 
su hija la bella Nausicaa». 

El bastoncito representaba. en su puno. a un ruisefio silvano. cuya 
luciente calva contrastaba de manera jocosa. con su barba biforme. Subra- 
yando el tipico personaje. campeaba en caracteres helenicos este verso de 
la Iliada: 

Y cuando Eos. la de los dedos de rosa. nacida al r, reaparecio. . . 

«Por su sagrada savia, continuo diciendo el viejecito. tiene la propiedad 
antigua del vaticinio. El te aconsejara en los momentos dificiles, siendo la 
afirmacion de tu propia sinceridad. pero mas aiin: alguna tarde, la mas 
hermosa de tu vida. le veras florecer. y entonces. no vaciles: en la bendita 
tierra donde aquello acontezca plantaras tu tienda. «Eos. la de los dedos 
color de rosa». habra descorrido el velo que ocultaba tu coraz6n». 

Tales fueron las sibilinas palabras del buen corfiota. y al dia siguiente 
abandone la dulce Corcyra. prosiguiendo sobre el «ancho lomo del mar- 
mi sublime vagancia pensativa. 

Y aqui viene el fin de esta historia. desordenada y confusa. tal vez. como 
lo fue mi vida. La fortuita circunstancia de un parentesco lejano, me trajo 
un dia a estas doradas tierras de Mistral, donde las cigarras hetenicas 
cantan todavia entre los naranjos florecidos. Y la Peri me aparecio. la 
deidad linica para cada uno. que transfigura el mundo con su tenue rayo 
luminoso. Era la mas linda de las Mireias. 

Fue un idilio clasico que juzgue pasajero, pero al querer reanudar mi 
viaje eterno, en la rosada manana primaveral. halle, ;oh prodigio!. que mi 
bastoncito de Corfu, el consecuente y sabio compafiero de mis vagancias. 
ostentaba un simbolico renuevo. 

Y bajo la complicidad de «Eos. de los dedos color de rosa», mi 
tienda se alz6, como el augur lo queria. definitiva. en este hu- 
milde rinconcito de Provenza. Hoy soy viejo. pero feliz. den 
tro de la humana capacidad. A su vez. los hijos de mis 
hijos andan por los senderos en busca del prodigioso 
gajito verde. . . 

— Como un largo suspiro interrumpiera el relaco del 
anciano. dije requiriendo el punto: — ^Abuelo, y el bas- 
ton de Corfu? 

Volviose entonces el marino y acariciando con su 
mano abierta la rugosa corteza del arbol tutelar, cuya 
sombra nos cobijaba, afiadio: 

Aqui le tienes. hijo mio; comprenderis que solo en 
tierra de Francia pudo retonar el venerable tronco de 
Ulises . . . 

Entre tanto, un risuefio silvano de barba biforme sonreia 
filosoficamente entre las hojas plateadas. 










Ura. 





GOUACHE DE LARCO 



3b 



Hay mas poesia en la vida de 

una mujer prosaica que en !os ver- 
sos de muchas muieres sonadoras. 

Se diria que tropiezan con la difi- 

cultad de extraer de su espiritu la 

miisica deliciosa que las hace ado- 
rabies. A menudo, los versos fe- 

meninos suenan a barcarola de or- 

ganillo. A traves de las notas se 

percibe el ruido del cilindro meta- 

Iico. A traves de la miisica se oye 

la musiquita. . . 
£lnsinceridad? jNc! La mujer es. 

siempre, hasta cuando miente, mas 

sincera que el hombre. ^Ciencia del 

verso? Tampoco... Hay mujeres 

que escriben con la sabiduria de los 

hombres mas doctos. ^Entonces?. . . 

jAhi esta lo diffcil!. . . ^Quien pue- 

de definir la discordancia qua 

existe entre las armonias de una 

flauta y los arpegios de un zorzal? 

Una flauta suena porque la hacen 

sonar externamente. Un zorzal 

canta porque canta de adentro, por 

designio de Dios. . . 
Y he aqui un zorzal que canta 

desde adentro. Ha nacido con e! 

don divino de expresar en verso 

las emociones mas sencillas del al- 
ma. Y las expresa sin altaneria. Sin 

picardia. Sin cursileria. . . El verso 

le sale hecho, como si las palabras 

le nacieran con musica. . . 

Margarita Abella Caprile pone 

en sus cantos la primavera lumino- 

sa de sus diez y nueve afios. Su 

unico libro, «Nieve. . .» — dedicado 

a su sefiora abuela dona Josefina 

Mitre de Caprile y aparecido hace 

dos afios — fue una revelacion. No 

estabamos habituados a oir cantar 
a una mujer con tanta sinceridad, 
con tanta pureza, con tanta fres- 
cura natural de jazmin en la plan- 

ta. . . El prologuista de eNieve. ..», 
Carlos Alberto Leumann, ya nos 
advertia, entre los aplausos de su 
elogio dificil, que las originalidades 
verbales de esta escritora nada te- 
nian «de la grosera artificialidad 
ni de esa hipocresia tecnica que hoy 
esta matando la flor de los poetas 
en Espafia y en Amerca*. 

Margarita Abe'.la Caprile canta 
de una manera viviente. Es decir, 
vive lo que canta o canta lo que 
vive . . . En uno de sus versos cree 
sentirse «a!go angel*. Eso que ella 
siente de angel, es la franqueza, la 
humildad espiritual que le permite 
desnudarse en verso con la inocen- 
cia divina de los ninos angelicos. 
Otra poetisa sin el talento natural 
de ella no habria desperdiciado la 
musicalidad de su instrumento li- 
rico para escribir verses de amor. 
Si aun no sentia el amor, hubieralo 
inventado. . . Ha preferido ser leal 
consigo misma. No gozando el 

amor ^por que mentirlo?. . . Su inspiracion se recrea en las 
cosas que han herido su exquisita sensibilidad de nifta. Un 
ingenio poetico como el suyo no podia mantenerse en las 
nubes de los temas abstractos. Por eso ha cantado a la 
vida en sus elementos naturales. Ha cantado al <>fuego», 
a la «luz», a la «!luvia», al «mar», a la«nieve». . . ;Nunca ha 
cantado al amor! Pero lo mas extrafio en sus cantos es que, 
siendo una nina, haya sabido extraer emociones nuevas de 
temas muy antiguos. Y para que nada falte en la novedad 
de sus versos hay hasta novedad de acepciones en su vo- 
cabulario. 

Despues de leer su libro, me ha interesado conocer a la 
autora. ^Es ella tal como la vemos en su libro? ^Es verdad 
la verdad de su verdad? En literatura no es costumbre en- 
contrar almas nuevas. ,-Hay una? Veamosla. . . 

Con su silueta fina, delicada, casi transparente, confirma 
la belleza de las mujeres de su raza. De espaldas al mar, 
sus palabras ingenuas de adolescente adquieren un relieve 
de perspectiva que las hace mas ingenuas aun. Se parecen 
a gaviotas lejanas que vuelan sobre el cielo azul, cantando, 
pues la gaviota canta solo cuando vuela. . . 

■ — Yo no tengo biografia — me dice. — Empece a escri- 
bir versos a la edad de trece afios cuando todavia estaba 
en el colegio. Permaneci seis afios, como pupi'a, en el 
•Sacre-Coeur*. del Caballito. Toda mi instruccion la recibi 
de las buenas hermanas de dicho colegio. Ellas ensefian 
con ese conocimiento de la idiosincrasia de cada nina, que 
les permite ver la diferencia de los caracteres a traves de 

la uniformidad de su vestido. Mis primeros versos fueron 7~~ 

inspirados por la hermosisima enredadera de flores lilas 
que adornan las columnas del patio. Aquellos versos tenian 
como titulo el nombre de esas flores: Glicinas. 

^Como observb usted la necesidad espiritual de poner en verso sus emociones? 
— Cuando hice mis primeros versos, no experiment* la sensacion de haber realizado 
algo nuevo en mi vida. Me parecio algo natural. Cuando los termine, crei que hacer versos 
era en mi una antigua costumbre, de la misma manera que nunca me extrafio respirar. . . 
Los largos corredores, las ventanas gdticas, los pinos, los pajaros, y sobre todo la quietud 
del colegio, me hicieron escuchar con emocion la voz de la pcesia. Alii nacio mi culto por la 
belleza, tanto en las cosas materiales como en las mas importantes aun del espiritu. Tal vez mi 
devocion por la linea perfecta la haya heredado de mis antepasados, que eran hijos de Grecia. 
" (Ventura Mitre, llego a la republica en I6H0. Era griego. . .) Pero debo advertirle que mis 
ciencias predileclas eran la cosmografia y la quimica. 




c/\xrvoiLja 



~ra^vej~ 



Y ■ dc 




S7ir 



EL MA 






R . . . 

Para Plvs Vltra. 



El mar hace aocesible su infinito 
Porque quiere que todos lo comprendan, 
Por eso envia un eco a sus orillas, 
Un eco del furor de sus tormentas. 

El mar explica todos sus misterios 
En rimas de magnifica apariencia. 
Las olas son renglones que se exaltan 
Al ritmo de su esplendida grandeza. 

Su sintesis nevada es el oleaje 
Que es resumen de todas sus fierezas; 
La sintesis de mi alma inmensa y sola 
Es la armonia que reparte afuera. 

jOh, si mi verso timido tuviera 
La suprema eficacia de una ola! . . . 






puras. Castos lirios. Hostias santas. Nieve. Nieve. Y 
subito, oyense ruidos. (Pasos. Luz. Voces. Realidad. 
bra de los objetos, de los seres, de la vida, de todo. 
encontrar mi cuerpo . . . *). 



I ".lencias de ensueno . . . 

,Me encantaban! A! mis- 
mo liempo que hacia versos, co- 
mence a investigar el -por 
los impulses que mueven a la hu- 
manidad: sus dolores y la causa 
intlma de todas las cosas. Y. eon- 
secuencia I6gica del quo emiende 
el -porque* de todo, nacio en ml 
una ternura nueva. Una caridad 
inlinita. Senli una dulce indulgen- 
cia por todos los hermanos que 
y este es el origen de ml 
lema: /Comprender! 

(En sus ojos claros, la bondad no 
desmiente sus afirmaelones. Mira 
hacia el mar, como mirandose ha- 
cia adentro, como acariciandose a 
si mismal . . . Sus dedos, til 
jas banales, palpan la hebilla de 
su cinturdn, que, en letras curstvas 
dice: Margarita). 

mprenderl — exclama. 
Yo quiero comprenderlc todo. 
Comprender las almas. Pero.al mis- 
mo tiempo, comprender el paisaje. 
Comprender las acciones de los 
humanos y los misterios que nos 
rodean. Comprender hasta el "por- 
que* de lo incomprensible. . . Y de 
este modo, con el amor inmenso 
quese sube al coraz6n y con la na- 
turaleza maravillosa y pr6diga. 
sentir continuamente y crear lo que 
se sientel... Solamente escribo 
bajo el estado mistico de la mspi- 
raci6n. jQue enorme, que carinoso 
placer, cuando consigo realizar una 
ideal iCuanta nostalgia me produ- 
cen los mil pensamientos sutiles 
como el perfume — que nunca han 
de exteriorizarse porque las pala- 
bras no quieren ayudarnos! {Cuan- 
ta alegrta si se logra aprisionar en- 
tre des lineas la emocion que no 
pudo describirse! En mi es una 
necesidad hacer versos, por el pla- 
cer mio de hacerlos. Algunos han 
creido que los hago buscando el 
pago de un elogio. jAh! jQue enga- 
fio! Hago versos, «porque si»... 
Tengo muchas estrofas que, como 
dije en uno de mis versos, las com- 
puse «bordando en bastidor*... 
Soy, en resumen, una espectadora 
de mi misma, que en su afan de 
penetrar lo misterioso, empiezn por 
tratar de comprender la sombra de 
su propio misterio... 

Asi, el personalismo de Marga- 
rita Abella Caprile viene a resultar 
un encanto sugestivo para el lec- 
tor. Es como un espejo de dos fa- 
ces. En una se refleja la autora. 
En la otra, el lector. . . No de otro 
modo lograrta conmovernos cuan- 
do nos habla del mar, describiendo 
el dia en que ella jugaba distraida 
ccn una cruz pequefia entre las 
manos. La crucecita cay6 a la are- 
na. Una ola voraz que parecia morir en ese instante, le 
arrebato a la nina la cristiana joya que conocia los can- 
didos secretos de su coraz6n. t/Oh. mar! Viejo avaro car- 
gado de riquezas*. . . tjAcaso no te bastan los mil tesoros 
que arrancasle al hombre?. . . * — le dice. iPor qu* robar- 
lesu pequefia cruz?... La nina toma un puftado de arena y 
se lo arroja como unica venganza al avaro . . . ;Venganza 
de poeta! jVenganza de nifiol ^Quien no se defiende en 
la vida con pufiados de arena contra los avaros? (|Y cosa 
extrana! Esta enemiga del mar es una excelente nadadora. 
En Mar del Plata, donde vive actualmente con sus padres, 
ha tornado parte en diversas carreras de natacion que se 
realizan entre sefioritas. Es asombrosa su destreza para 
deslizarse por las aguas, nadando con gran velocidad). 
iPrepara un nuevo libro? — le pregunto. 

— | No se!... Yo no hago versos para hacer libros. 
Solo hago versos para mi. Si, con el tiempo. escribo los 
suficientes para formar un tomo, lo publicare segura- 
mente. . . 

— iPuede Plvs Vltra anticipar alguna poesia de ese 
libro futuro? 

Y Margarita Abella Caprile accede, con gentileza. 

— Le dare la ultima. 

— {Algun tenia de amor? 
/No! /No! jNo! 

Lo dice con una sorpresa tan inocente, tan deliciosa. 
tan ingenua que surgen en mi memoria aquellos versos 
suyos titulados Estoy sola... (Tratase de una colegiala. 
Suefia en el salon sombrio de la escuela ortodoxa. La 
soledad la envuelve cual una paciencia. Un pian- 
lejos, rie y Mora, con alma de mujer. . . La colegiala suena 
con ensueftos de angel. Suena en cosas blancas. Almas 
nieve... ;Esta en el cielo! Pero. de 
.) La colegiala despierta. Se asom- 
Y exclama: aHasta me asombro de 



triUCC 



— jNo! /No! ;No! 

Pero, alguna tarde, despertando de sus blancos ensueftos de nifia, se assmbrara de encon- 
trar a sus pies al Amor con los labios sedientos. . . 



JUAN JOSE SOIZA REILLY 




*8SSfc 




*• -^ 



"~* "JKu^v 







PACIONES HACEN RESAL- 
TAR LA BLANCURA N I. 
VEA DE LA DELICADISI- 
MA Y VAPOROSA TRAMA. 




lias de un abanico; se posa, 
casi como si quisiera descan- 
sar, sobre la sencilla cofia de 
una dama de rostro marfilino 
y de cabellos y manos tam- 
bien marfilinas, que agoniza 
languidamente, rodeada de al- 
mohadones cubiertos de fini- 
simos encajes, en una habi- 
tation en la que se advierte 
el lujo en los menores deta- 
lles, y en donde sugestivas de 



^j&&&r. 



ENCAJE t 
TERIORES 



FILET*. 
DISPRU 



1GUAL 
TA DE 



QUE LOS AN- 
CRAN BOQA, 




( 



O/hxb 




DO HECHO POR MANOS 

PACIENTES DE HADAS 

LABORIOSAS. 



caricias las rosas, exhalando 
sus perfumes, se abandonan 
al borde de las anforas de 
oro ! . . . 

Suave, como el afecto de un 
amigo, dulce, como la caricia 
de un nifio, el encaje fino, 
aereo, se repliega en si mismo 
con la gracia de miles de pe- 
talos de flores. 

Estrella y luz, belleza y en- 
canto de la mujer, esa delicada 
redecilla adorna con transpa- 
rencies ideales sus rosadas o 
ambarinas carries. 

Es inexplicable el encanto 
que irradia un encaje largo, 
que deja ver vagamente un 
brazo artisticamente modela- 
do; sugestivo de extranos he- 
chizos un leve encaje que se 
desliza misteriosamente sobre 
un seno de nieve. 

Una aureola de sutil poesia 
emana del encaje: surja el 
sobre la gracia de amor de 
una cuna donde una criatu- 
rita rubia duerme el sueno de 
la pureza; domine el en el 
trousseau de una novia a cu- 
yos atavios da realce y cuyo 
hermoso cuerpo ha de cenir; 
adorne con gracia incompara- 
ble el deshabille de una mujer 
elegante. 

Lejos del tiempo en que 
Maria Luisa entro, triunfan- 
te, en el reino donde domi- 
naba la gran pasion de una 
mujer infeliz; lejos del tiempo 
en que Margarita sintio la tra- 
gica dulzura de morir en un 
recuerdo; lejos del tiempo de 
las damas de la Regencia. que 
rodeaban a la infortunada Ma- 
ria Antonieta, y aunque fri- 
volas y superficiales. supieron, 
no obstante, dar muestras de 



HERMOSO TAPETE EN EL QUE 
LOS FINOS E HISTdRlCOS EN- 
CAJES DE VENECIA, «FILET>> 



Y CLUNY, REUNEN SUS BE- 
LLEZAS EN UN CONJUNTO 
ALTAMENTE ARMONIOSO. 







-*a©EL! 



ESPLENDIDO «STOR», 
CONFECCIONADO CON 
ENCAJES «FILDT». ESTA 
LABOR EVIDENCIA LA 
PROL1JIDAD Y GUSTO 
FEMEN1NOS. 







m 

Mm. 






EXENTO TAMBltN DE 
BELLEZA, QUE RECIBE 
MULTIPLES APLICACIO- 
NES EN EL ADORNO DE 
LA MUJER. 



CUOS Y ARTfSTICOS, QUE 

HA COZAOO SIEMPRE DE 

CRAN FAVOR ENTRE LAS 

APICIONADAS. 

energia y de valor en los dias 
de prueba; lejos del tiempo de 
!os grandes y romanticos amo- 
res, de los sentimentalismos y 
de las perversidades; trabaja- 
dos por delicadas, blancas, ig- 
notas manos, el encaje triunfa 
soberbio, magnifico, untendose 
a las cintas de tintes vivos o 
palidos, a las plumas ondulan- 
tes, a los regios terciopelos y 
a las suntuosas sedas sobre las 
que desciende con majestad 
suprema. 

Es su seducci6n la que im- 
pera en el adorno de los cuer- 
pos femeninos, sinuosos como 
granos maduros, sutiles. auda- 
ces, incitantes como una in- 
vitacion de pasi6n. Y su 
triunfo se advierte en las mu- 
jeres de cabellera de oro y 
de ojos esmeraldinos: y su vic- 
toria se contempla en las be- 
llezas morenas de rizos de 
ebano y de profundos y ater- 
ciopelados ojos. 

En la gracia gentil de un 
grupo de cintas, en los man- 
teles, en las cortinas. en los 
panuelos, en las ligas, exten- 
dido o en ruche, en mil formas 
y aplicaciones diversas, el en- 
caje impera en la sombra como 
en el sol, en la elegancia como 
en el enigma. 

jAereo, vaporoso, con su no- 
ta de belleza y de arte, el en- 
caje sera siempre el marco del 
femenino encanto, el compa- 
nero inseparable de la mujer 
en el reino de la pasi6n: 61 tiene 
cierta semejanza con el amor, 
porque es enervante como un 
perfume, porque es subyugan- 
te como un beso dado a tra- 
ves de un velo, en el misterio 
de un rosedal! 



)] ^2Zm©LO 




TZTlTxTGTVfi/X 



Oleo 
Fekimmsido 

Al>v?\RjEZ 

SotOav\tof 




JOSE 



LA i ^L 

DEL SENIOR, 

BLANCO CASARICGO 



— I=>I_7VS 




— I=>I_JV'S 



CAMPEONES 



El dia 21 de enero pr6ximo pasa- 
do el presidente. Excmo. senor Epi- 
tacio Pessoa, hizo entrega de las 
rnedallas conferidas a los tres cam- 
peones brasilefios de 1920. Celebrdse 
la ceremonia en el salon de actos del 
Club Fluminense ante una numerosa 
y distinguida concurrencia. 

Los agraciados fueron el teniente 
Guillermo Paraense, el doctor Afra- 
nio Costa y nuestro simpatico co- 
nocido Eduardo Chaves. Los dos 
primeros adjudicaronse campeonatos 
en las Olimpiadas de Amberes, y el 
ultimo, como recordaran los lecto- 
res, hizo el raid aereo Riode Janeiro- 
Buenos Aires. 

Entre los asistentes se hallaban los 




BRASILENOS 



doctores Coelho Netto, Carlos Sam- 
peiro, Alfredo Marquez, ministro de 
Relaciones Exteriores; Ferreira Cha- 
ves, ministro de Marina; Homero 
Baptista, ministro de Fomento; Si- 
moes Lopez, ministro de Agricultura. 
y otras autoridades. 

La ceremonia dio lugar a un cam- 
bio de discursos en los que se ensal- 
zaron las hazanas realizadas por los 
sefiores Chaves, Costa y Paraense, 
que tan alto han sabido colocar el 
nombre del Brasil en Europa y Sud 
America. El publico aplaudio con 
caluroso entusiasmo a los campeones. 
Conocido es el justo jiibilo que los 
records detentados por ellos han pro- 
ducido en la republica hsrmana. 



EL DOCTOR AFRANIO COSTA Y EL TENIENTE GUILLERMO PARAENSE, CAM- 
PEONES DE LAS OLIMPIADAS DE AMBERES: EL SENOR EDUARDO CHAVES, 
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DEL 



PARANA 




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Profesor Dr. Mentz von Krogh 

EX CATEDRAT1CO DE LA UNIVERSIDAD DE C6RDOBA. 
PROFESOR SUPLENTE DE LA UNIVERSIDAD DE CRISTIAN1A. 

TRATAM1ENTO DE ENFERMEDADES INTERNAS, 
QUIRURGICAS Y DE SENORAS 

ASISTIDO POR EL DR. L. LORCH, DE MUNICH (BaVIERA). 

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Y e! mismo populacho que cla- 

m6 jhosanna! grit6 despu6s icru- 

sJtl Estas dos palabras ponen 

itn cobardes y sangrientos a 

<:mplar Pasion de Jesucr 

ruz confundi6 sus brazos du- 

ros con los amorosos del Martir. 

r.abemos el dia en que la ley 

iso al Padre de los bierraven- 

turados el suplicio de los malhe- 

or eso la conmemoraci6n 

a Semana Santa oscila teren- 



► _jJk 



nemente, casi a cicgas como ss 
buscase la fecha exacta. Mucho 
de este olvido y de esta incerti- 
dumbre hay en el coraz6n huma- 
ne La sublime ensenanza no es 
aun ni la ley universal ni la ley 
intima. Y, sin embargo, la suave 
y hermosa predicacidn nazarena 
abarca todos los preceptos de las 
mas sublimes leyes. Los humildes 
creen en la majestad de quien 
vivia y muri6 por la Redenci6n. 



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EL ALTAR MA- f^^M CENTRAL TO- 

YOR DESDE LA W).,i MADA DESDE 

ESCAL1NATA. £j\ LA REJA DEI 

— LA NAVi PRBSBITBRIO. 



Alii, frente a los enlutados 
altares. termina la devota 
peregrinacion. Los fieles acu- 
den en densas hileras desde 
todos los sitios de la ciudad. 
catolicos de varias naciona- 
lidades que la suerte reunio 
en la metropoli junto al ele- 
mento native Y frer.te al 
monumento rezan en distin- 
tos idiomas por el invisible 
crucificado, por el invisible 
resucitado. Nuestra basilica 



u 









metroplitana no figura en- 
tre las suntuosas catedra- 
les que el arte cristiano dio 
al mundo. Iglesia sin to- 
rres ni campanario, fue 
acomodada para cumplir su importante 
mision. Indudablemente Buenos Aires po- 
dia haber elevado otro templo de mas 
lujo; pero contentose con su tres veoes cen- 
tenaria basilica. Y ha procedido bien porque 
ha huido de una mania muy moderna que 
consisteenhaceredificacionesenormesimi- 
tadas de las antiguas, donde se realiza 
una mezcolanza denunciadora de falta ab- 
soluta de originalidad y grandeza. Mejor 



resulta este "acomodo, este 
ascenso por meritos. La ca- 
tedral es un recuerdo histo- 
rico insustituible, de gran 
signif icacion simbolica. 
Todo ha cambiado en sus alrededores. 
Los edificios modernos se levantan cada 
vez a mayor altura. La basilica, orgullosa 
de sus tradiciones, continua siempre la 
misma como para recordar el humilde ori- 
gen de la gran ciudad. Asi es mas cristiana 
y mas piadosa en su doble mision de iglesia 
y de tumba patricia. Por eso siempre se- 
guira siendo la misma antigua compafiera 
de la Piramide de Mayo y del Cabildo, 





para que la ador- 
nada plaza con- 
serve lo mejor del 
pasado caracter. 
Los buenos porte- 
flos la prefieren a cualquiera otra 
por monumental y artistica que 
fuese. Todos experimentamos al 
visitar su recinto una grata sen- 
sacion de placer espiritual. Mil 
recuerdos familiares evocan en 
nuestras almas, y estas memorias 
nuestras se unen a las narraciones 
de los antiguos cronistas valoran- 
dose asi mutuamente. Y junto a 
las densas hileras de los fieles que 
hogano acuden a la catedral 
para poner te>mino a su pe- 
regrinaci6n de Semana 
Santa, vemos las multi- 
tudes de antano. En 



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LA SACR1STIA DE 
LA METROPOLITANA 

donde hay mue- medio de la triste- 
bles y cuadros za lejana que nos 
de gran merito. produce la Pasion, 
otras tristezas in- 
timas vienen a la 
memoria. Y, como en la vida hu- 
mana van unidos el dolor y la 
alegria, recordamos tambien otras 
sensaoiones placenteras. Asi el 
pueblo argentino y sus huespedes 
visitan la vieja catedral. rezando 
en diversos idiomas. Losextranje- 
ros recuerdan tambien lascostum- 
bres de su pais, adoptando la ma- 
nera sencilla que la muchedumbre 
portena adopta en los dias de Se- 
mana Santa, y acude al viejo 
recinto sin hacer grandes 
alardes de lujo y de boato. 

P . LEMAIRE 



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U NA DE LAS CA 
LLAS LATERALES 

KUE-TKA BASiLICA 




APJE ALEMAN 



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DC LA (O LECnON^T) 



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•EL- 

•ARTE • 

•DEL- 

MOSAICO 



La fabricacidn de mo- 

saicos f:nos ha 

r.ida como el arte que 

compite con la pintura y 

la conserva. El Vaticano 

puede jactarse de tener la 

mejor escuela del mundo 

genero. una escuela 

que le mas de 

es de 

:sos. de los cua- 

les se sirven los habiles 

maestros en sus obras. de 

rara perfeccidn. 

tQuienes fueron los pri- 
meros en emplear los mo- 
saicos? Segiin los mas acre- 
ditados escritores parece 
que corresponde a los egip- 
cios el merito de la inven- 
cion del mosaico. que pas6 
-;s a los asirios. a los 
griegos y por fin a los ro- 
manos. Plinio cuenta que 
» que apa- 
recio en Roma fue una 
obra ejecutada con mar- 
moles finos. la cual fue co- 
locada en el templo de Ju- 
. despues 
de la tercera guerra piinica. 
Muy pronto los romanos se 
dieron al arte del mosaico. 




•LA- 

ESCVELA- 

•DEL 

VATICANO 



y con mosaicos se embelle- 
cieron no solo los templos 
sino tambien las casas pri- 
vad^.s. los porticos, las sen- 
das de los jardines, los pa- 
vimentos de los banos, etc. 

Hacia las medianias de 
1700, Alejo Mattioli, de 
Ascoli, logro, despu6s de 
largas y pacientes investi- 
gaciones. encontrar la ma- 
nera de componer esmaltes 
que no tuviesen los defec- 
tos de los de Venecia, que 
perdian el color. Ademas, 
con metales calcinados 
compuso otros de mayor 
valor que llam6 cscorzetta*. 
y encontro el <<purpurino» 
que pronto se hizo notable 
por lo vivo de su tinte. 

Tales perfeccionamien- 
tos permitieron reproducir 
en mosaico cuadros mara- 
villosos, tapices, frescos y 
hasta pafios recamados, 
lienzos para altares, etc. 

La escuela de mosaico 
no tuvo asiento fijo, y 
cuando en 1809 Roma fue 
ocupada por los franceses. 
se establecio en el palacio 
de la Inquisicion, en donde 



IL HORNO DE FUSION DE LAS TABLETAS Y EL GRAN DEPOS!TO DE TONAL1DADES QUE ES EL MAYOR DEL MUNDO. 



UlrcD 



se dispusieron comoda- 
mente los diversos ta- 
lleres y se catalogo la 
inmensa coleccion de 
esmaltes. Desde enton- 
ces la escuela tomo 
nuevos alientos de vida 
y de perfeccionamiento. 

Despues de la vuelta 
del papa Pio VII a 
Roma, es decir, des- 
pues de 1814, el palacio 
le fue devuelto a la 
Inquisicion, y la Reve- 
renda Fabrica de San 
Pedro adquirio en Bor- 
go el palacio Giraud 
para la escuela; pero 
ese palacio fue vendido 
poco despues. Uno de 
los mosaicos antiguos 
mas celebres que ha lle- 
gado hasta nosotros es 
el que fue hecho en Pa- 
lestrina, con pasta de vi- 
drio coloreada. emplea- 
da quizas a causa de la 
escasez de marmoles fi- 
nos y de la consiguiente 
dificultad de obtenerlos. 

En 1377, para la res- 
tauracion y decoracion 
de las nuevas iglesias, 
empezo a preferirse el 
mosaico a la pintura. 
porque los colores del 
primero resisten mas a 
las injurias del tiempo 
y ' onservan su frescu- 



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UN ARTISTA DEL 
MOSAICO COPIAN- 
DO UN LIENZO. 



PREPARAC1 
LAPASTACOLOREA- 
DA CON ESMALTE. 



ra. En 1585 el papa 
Sixto V dio grande im- 
pulso al arte del mo- 
saico; reunio un grupcs 
de habiles maestros. a 
quienes exigio que tra- 
bajasen constantemen- 
te. bajo la proteccidn 
y por cuenta de la Fa- 
brica de San Pedro. Y 
ese fue el origen de la 
escuela de mosaiquistas 
del Vaticano, que se 
impone a la admiracion 
de los extranjeros por 
las grandes obras que 
ha ejecutado y por la 
soberbia coleccion de 
esmaltes que posee. 

Hasta 1727 los mo- 
saiquistas que trabaja- 
ban para la Fabrica de 
San Pedro no tuvieron 
caracter de estabilidad. 
porque eran contrata- 
dos a medida que lo 
exigian las necesidades: 
pero en dicho ano y 
bajo la direccion del 
caballero Cristofari 
nombrado superinten- 
dente de los trabajos de 
mosaico. la escuela que- 
do definitivamente es- 
tablecida. y en 1825 el 
papa Leon XII la ins- 
talo ampliamente en su 
magnifico local actual 
del palacio del Vaticano. 



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LOS PROPESORES Y APRENDICES DE LA ES- 
CUELA TRABAJANDO EN EL DEPOS1TO DONDE 



La artistica tarea del mosaiquista es su- 
mamente dificil, requiriendo, ademas de una 
vocation decidida, anos y anos de continua 
practica. Para comprender esto basta exa- 
minar las fotografias que ilustran esta nota. 
El deposito encierra treinta y nueve mil 
tablitas o teselas de una amplia variedad 
de tonalidades donde el artista tiene que 
elegir. Marcelo Provenzale hizo un retrato 
de Paulo V, que se conserva en la galeria 
Borghese. en cuya obra empleo jsetecientas 
mil! teselas esmaltadas. Ademas de las pie- 
cscitas existentes en el deposito los obreros 
preparan otras a medida que el mosaiquista 



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1 







SE CORTAN LAS TABLETAS DE COLORES, SEGUN 
LAS VA NECESITANDO EL MOSAIQUISTA. 



va necesitando nuevos matices. Las opera- 
ciones de pesar los colores. mezclarlos.hacer 
la pasta y oooerla requieren suma habilidad. 
Muchas veces es necesario repetir los expe- 
rimentos hasta dar con el tono exacto. Asi 
se consiguen obras como las dos soberbias 
cabezas de Cristo y San Pablo que repro- 
ducen nuestros fotograbados, donde las 
pequenisimas teselas unidas habil y artisti 
camente imitan tan bien las pinceladas de los 
grandes maestros del oleo que a corta dis- 
tancia confunden a quienes las contemplan. 



PESAHDO CUIDADOSAMENTE LOS 

COLORES QUE SE HAM DE EMPLEAR 

EH LA OBRA. 




CABEZAS DEL NAZARENO Y DE SAN 

PABLO, DOS OBRAS MAESTRAS DEL 

DIFiCIL ARTE. 



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DE SATSUMA 

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ER SORONDO 



Pequefio jardin de Kioto. Sobre la negra madera 

de !a riistica verandah corre la gracia fragante 

de los cerezos en flor. Bajo la aguda cimera 

de un pino cortado en discos alarga e! cuello expectante 

un argentado colimbo. Y sobre tejida esrera 
aouclillado el artista, con nimiedades de amante 
limpia, esmalta, incrusta y brufie la porcelana ligera 
de una taza de Satsuma. Hilos de plata brillante 



exornan sutil dibujo. Fulge el firme colorido 
con debiles piedrecillas por largos meses, pulido: 
y de la paleta de agata al extender como un tul 

delgada mancha bermeja, resalta junto a las hoias 
partidas del crisantemo un dragon de escamas rojas 
oblicuamente rampante cima del esmalte azul. 



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8fe 



Moraban en un caseron 
vasto y tetrico. en solitaria 
via. Un silencio denso les 
cercaba. Pudiera dofia Fa- 
bricia estarse las veinticua- 
tro horas asomada a la reia 
sin ver pasar alma viviente. 
So'.o. por la manana. el es- 
quilon del convento de Ca- 
puchinas llamaba al oficio 
divino. Nadie asistia a el. 
En la calle no resonaban 
pregones. no habia guita- 
rreos. nunca el corvetear de 
un caballo heria las losas mu- 
das. Dijerase que un mago 
habia encantado y cuajado 
en inmovilidad aquel rincon. 

Dofia Fabricia frisaba en 
los veintiocho. Era de fami- 
lia italiana. y se parecia a 
las cortesanas que el Verones 
pinto. Su corto cabello riza- 
do en sortijas era del color 
de la piel madura de la cas 
tana, y le hacia una cabeza 
redonda y graciosa. como la 
de un mancebo. Sobre la 
blancura de los encajes de la 
gorguera. el rostro palido y 
bien modelado tenia la ento- 
nacion de un trabajo en ese 
alabastro que deja transpa- 
rentar el rosado de la luz. La 
sangre de los labios brillaba 
con humedad carminosa, de 
capullo de clavel, contras- 
tando con los tonos mates 
de la f rente y de las meji- 
llas. Y de las orejas menu- 
das colgaban dos perlas ape- 
raltadas. oscilando a cada 
movimiento de la testa. 

Los padres de Fabricia, 
arruinados. habian muerto. 
Una hermana de la madre 
recogio a la nina. y el rico 
cosechero Jimenez de Villa- 
lumbrales se prendo de ella 
y la pidio en matrimonio. 
Era una suerte loca para la 
muchacha, que no descono- 
cia las mordeduras sordas 
del hambre y los latigazos 
del frio en unas carnes de 
raso. El cosechero tendria 
esa incierta edad. entre los sesenta y los setenta, 
y era celoso, a fuer de viejo. Compro aquel pala- 
ciote descuidado y lobrego, y en el se instalo con 
su esposa. Solo le permitia salir a misa de alba, 
en el fronterizo convento, y desde el primer dia 
(las cosas en caliente), prohibio visitas de ami- 
gas y todo genero de solaces. Salia el a entender 
en el cuidado de su hacienda, mucha y saneada; 
pero a Fabricia la prohibio hasta asomarse. 

Y la dama se presto a este regimen claustral 
con docilidad maravillosa. Nunca salio protesta 
de sus labios. Ni aun tuvo un instante de mal 
humor, un aspero mohin. En los comienzos, Jime- 
nez la observaba con la desconfianza instintiva 
de los celos sin fundamento ni razdn; poco a poco. 
las inquietudes del anciano marido se calmaron. 
A la idea fija de la sospecha conyugal sucedio 
otra: solo pensaba en si mismo, en su decadencia 
(isica. El tiempo, inflexible, le habia desgastado, 
le habia quitado todo vigor. <.Qu6 les pasaba a 
sus piernas, que a veces parecian de plomo? 
^Por que su memoria se obscurecia? ^En que 
consistia que le costaba tanto trabajo subir las 
escaleras? <Por qu6 se le caia a punados el pelo? 
£No era raro que sus alimentos preferidos, ahora 
hasta le repugnasen? ^Por qu6 tenia, al despertar, 
tan amarga la boca, como si hubiese comido 
acibar? 

Consul taba con su mujer sus fatigosas apren- 
siones. Fabricia, serenamente, le sosegaba. 

- Marido mio — le decia — no hayais miedo. . . 
No podrtis hallaros como en vuestras mocedades, 
porque siempre los anos quitan brios: pero yo os 
fio que estais sano y fuerte, y habeis de recoger 
muchos anos aun la cosecha de vuestras vides 
jerezanas. La muerte no viene asi de sorpresa, 
sino que llama a la puerta varias veces antes de 
entrar. Y siempre da, la muy taimada, sus avisos: 
el que esta atento, los oye. 

^Avisos decis? — repetia Jimenez, entre con- 
fortado y preocupado. 

;tio Fabricia. - En el pais de mis 
padres, creemos que tales avisos no faltan nunca. 

— £Y en qu6 consisten, decidme por vuestra 
vida? - interrogd ansiosamente el cosechero. 




OLOU, 

POR.* LA * CONDEyVS. * DE 
*** PARDO*BA.ZAN Hi 



1 IU/T H.ACION 



aT I J>. I O 



— En hartas cosas... Senales, que para los 
descuidados no son nada, y para los advertidos, 
hacen fe. Mi padre, y tambien, segun entonces 
se conto, mi abuelo, tuvieron signo y prevencion 
de como se iban a morir, porque sintieron, varias 
noches, un olor de cirios y de incienso como el que 
hay en las iglesias. Y el olor no podia venir sino 
del otro mundo, porque no habia alii iglesia ni 
cosa que lo valga. 

Dijo esto Fabricia en voz grave y como dis- 
tante, mirando hacia todos lados, cual si temiese 
a un enemigo invisible. Jimenez, ensimismado, la 
escuchaba. Ella continuo: 

— A los ocho dias, mueren los que advierten el 
olor. Mi madre me lo refirio mil veces. Los medi- 
cos no entendian el signo; y dijeron ser cosa de 
calenturas malignas. 

Callaba Jimenez, absorto y helado. Fabricia 
jugaba con sus sortijas. y daba vueltas a la pate- 
na que pendia de su collar de berilos y cuentas de 
oro. Llevaba ya sobre ocho anos de vida conyugal 
con aquel anciano, y el reposo y el bienestar ha- 
bian enriquecido su sangre, joven y antigua a la 
vez, procedente de razas que tuvieron el imperio 
del mundo y no reconocieron freno a los deseos. 
No habia traicionado Fabricia a su esposo: no 
sentia la atraccidn de ningiin galan de retorcidos 
bigotes y pluma de garza en el birrete: lo que 
ansiaba era la libertad, el derecho de irse a los 



huertos floridos, en los cua- 
les, durante la primavera y 
en las cAlidas tardes del ve- 
rano. la gente se solazaba 
cogiendo rosas y oyendo ta- 
t'ii ir vihuelas y cantar can- 
ciones. jLibertad. ser duefia 
de si, abrirse una senda nue- 
va en la vida, salir del case- 
ron triste y mudo, mezclarse 
entre el ger.tio, recibir en el 
rostro el aire de la madruga- 
da y el fulgor del mediodia! 

Con su instinto estetico, 
Fabricia miraba a su duefio 
y sefior, y le veia encogido, 
arrugado, estremecido de 
miedo supersticioso, temblon 
ya de pulso al alzar la copa 
de aureo Jerez que todos los 
dias absorbia a la misma ho- 
ra, para recobrar fuerzas. Mi- 
raba sus canas grises, su tez 
pergaminosa, sus ojos tiernos 
y con una vislumbre de llanto 
senil en las comisuras de los 
parpados, la decadencia sin 
nobleza de una vida a la cual 
ella se habia asociado sin 
amor. . . 

Y una enigmatica sonrisa 
jugaba en la reventaz6n de 
clavel de su boca. De ante- 
mano, se absolvia, se absol- 
via del crimen. 

Noches despues, al reco- 
gerse a su camara, Jimenez, 
desde la misma puerta, re- 
trocedio, descolorido. Su 
mujer estaba alii, pronta a 
despojarse de la ropa y en- 
trar en el lecho. 

— iQue teneis, sefior? — 
pregunto solicita. — ^Estais 
enfermo? 

— iNo advertis? Aqui 
huele a cera. . . jHuele a ce- 
ra, os digo! 

Fabricia husmeo. respiro 
fuerte. 

— jValgame Nuestra Se- 
nora! — protesto al fin. 
No noto olor ninguno. 

— Pues yo no estoy so- 
fiando — insistio. tremulo. 

— jPor el siglo de mi ma- 
dre! - repitio ella. —-No me llega tal olor, pero si 
acaso sera que entra por la ventana desde el conven- 
to de las Madres Capuchinas. Manana cuidare de ce- 
rrarel balcon la tardeentera. Otra cosa no puedeser. 

Y en efecto, cerro cuidadosamente Fabricia todo 
el ventanaje de la casa, al dia siguiente de aquel 
en que el viejo mostro tan raras aprensiones. 
Cuando llego la hora de acostarse, comenzo Jime- 
nez, despavorido, a herir de pie y pierna, como si 
tuviese alferecia, y a gemir como un nino pequefio. 

— ]E1 olor! ]E1 olor! — - repetia, desvariando. 
Trajo la esposa vinagre, y froto las sienes del 

aterrado cosechero; le dio friegas, con una bayeta, 
le arropo, le paso las blancas y pulidas manos por 
la frente. El cosechero seguia quejandose bajito. 

— Es la muerte - - repetia - es la muerte, que 
me llama. Mandad, mujer mia, a un escribano. 
Quiero hacer mi testamento. Rica os dejare, pues 
habeis sido mi fie! consorte. A fe que me pesa 
separarme de vos, y pense durar hasta los ochenta 
a vuestro lado. Pero viene la maldita: ya escucho 
el chocar de sus canillas sin carne. Traedme un 
poco de cordial . . . 

Hizo el viejo sus disposiciones, legando a Fa- 
bricia casas, tierras, bodegas, un caudal mayor 
de lo que la gente suponia. La esposa no dio sena- 
les de regocijo al verse favorecida con cuantiosa 
fortuna. Parecia ocuparse exclusivamente en cui- 
dar al viejo. Le traia caldos y Jerez, y le limpiaba 
el rostro con servilleta randada. El medieo au^u- 
raba mal, aunque no se le veia al enfermo mas 
otro dafio sino una amarillez ya mortuoria y una 
flaqueza y temblor continuos. con castafieteo de 
los pocos dientes que en las quijadas tenia. Cada 
noche se le oia repetir mas angustiadamentc: 
«|E1 olor! ]E1 olor!» Y, en efecto, se esparcia por 
la habitaci6n aquel vaho a cera, del cual estaban 
saturadas las narices del enfermo. Y el escribano 
lo notaba tambien; y la duefia, y el barbero, y 
cuantos, por una u otra causa, entraban en la 
habitacion. . . Solo Fabricia afirmaba que eran 
aprensiones. Ella no lo percibia. . . 

A la sexta noche hubo otro olor de cera: lo 
trajo consigo el Viatico. Y, a la madrugada, 
Fabricia fue libre. 





L sol se convertia en lluvia de aureas monedas para llegar 
hasta el suelo del bosque. La brisa jugaba entre los arboles 
trayendo rumores humanos, pios de aves y ruidos confusos. 
Era una siesta de estio fuerte que pesaba sobre los parpados. 
Yo habia huido la bulliciosa compania de los excursionis- 
tas domingueros, y al pie de un arbol. alii donde la hierba 
verdeaba mas, hice la cama del vagamundo. En seguida 



el placido sueno d3 los holgazanes cerro mis ojos. Pero desperte en'seguida... 
Era un menudo crujir de hojas amarillas. era la pressncia de la mujer. 
Asi, como yo, despertaban los faunos a la llegada de las ninfas; asi Anacreonte 
sacudia el vinoso sueno para saludar a las mozas samias que correteaban por 
entre los mirtos en las siestas de vendimia: asi, a traves de los restos de una 
niebla vaporosa tejida con modorra y manzanilla. las vi una tarde estival. 
Dormirse a dos pasos de la cultura contemporanea y despertarse en plena 




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5*S^ 



ASI DANZABAN 
LAS MOZAS SA- 

mias ante el Grecia: he ahi la sensacion 

alegre y viejo exacta. La fantasia del bachiller 

anacreonte. e n artes desperto tambien dentro de 

mi alma. Es una fantasia donde el clasi- 

cismo y el romantieismo se juntan como los 

manjares de una cena mal digerida. Toda la he- 

lenica mezcolanza de lecturas y visiones me sumsrgio 

en el despierto sueno de una tarde de verano. I ban y ve- 

r.ian por parejas, blanca y levemente vestidas, siguiendo el 

ritmo de una musica sin notas. La danza libre de la melodia, 

el puro placer de la danza, guiaba sus pasos armoniosos, sus 

piruetas agiles, sus juveniles cabriolas. Eran cuatro muchaehas 

esculturalmente carnosas, como los canones helenicos lo exi- 

gian. Porque los modelos que inspiraron la inmortal escultura 

no eran muchaehas eticas, sino metiditas en carnes. De vez en 

cuando unas risotadas y unas palabras interrumpian el silencio 

danzarin. Infatigables, volanderas hacian los firuletes, trenzados 

y pasos de aquel baile mudo. Y se echaba de ver que unica- 

mente su capricho, su inspiracion, inventaban los graciosos mo- 

vimientos de aquella aerea gimnasia. Su extasis placentero lo 

mismo hubiese seguido compases de la siringa que los de 

un Stradivarius. Era el espiritu danzante que les re- 

tozaba en el cuerpo. Aquellas muchaehas tenian 

el sutil instinto, ese arte innato que traduce 

como la bacan- cosas nunca vistas. Las mariposas vola- 

te posei'da del r & n siempre de igual manera y ani 

EspfRiTu dio- malitos graciosos jugaran id6n- 

nisIaco. ticamente a traves del 







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EL CULTO DE LA 
DIVINA TERPSI- 

tiempo. Hay aqui un mis- core renace 

terioso legado que pasa sin sa- ahora mila- 

ber como de criatura en criatura. grosamente. 

La education adultera esa herencia, pero 
en el nino y en la mujer reaparece con todo 
imperio. Asi, aquellasmuchachas imitaban un arte 
incompletamente'eonooido, con mayor exactitud que 
literatos, Doetas, musicos y escultores parodian en serio las 
obras clasicas. Seguia la danza, y puedo jurar que yo la espiaba 
tras el arbol virtuosamente gozoso. No le sucedio asi al anoiano- 
joven de apelativo Anacreonte, aquel de: Me dicen las mu- 
j eres: — Pceta ya estds viejo. — M irate en ese espejo, — verds 
que calvo eres. — Pero es indudable que la Hteratura resulta 
una magnifica contemporizadora. Ssguia yo la danza espiando 
tras mi arbol. Inoansables, bailaban las mozas cada vez con mas 
ritmioo ardor. Sus pies delicados apenas hollaban el suelo. La ca- 
dencia de los movimientos, su encanto llenaron el bosque deale- 
gria. Todo ceso al mandato de una orden masoulina. Y las mu- 
chachas corrieron haoia otra parte del bosque. Las persegui de 
arbol en arbol. Descansaban junto a un tripode sobre el que 
habia una oaja de madera. Alii un sujeto imperioso impo- 
nia su voluntad. Estabamos otra vez en el siglo, lejos 
de la Grecia sonada. Era un fotografo dispo- 
niendo grupos; un fotografo, a eso se reduoia 

mi suefio. Los retozos de las danzarinas ERA UH MO men- 
habian sido una esoapada a las tis- T0 musical en 
rras invisibles de la Hbertad. en que <=lla pa- 

tanto el artista preparaba recia orar. 




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los trabajos. El arte contem- 
poraneo aprisionaba al anti- 
guo, y las danzarinas modela- 
ron eso que se llama «poses». 
jAh, discipulo de Apolo, tu, 
que al dios solar le arrancas 
sus obras. imponiendole tu ca- 
pricho, oh despertador de lite- 
ratos, prestame los daguerro- 
tipos para ilustrar mi sueno 
efimero de una tarde veraniega 
perfumada por la danzaclasica! 

EDUARDO DEL SAZ 

FOTOS DE B A L D ISSE RO TTO 



INPATIGABLES, 

AEREAS, COZOSAS LAS 

MUCHACHAS DE ALfoEROS PIES 

IMPROVISABAM, A IMPULSOS DE 

UN DELICADlsiMO INSTINTO, 

SUS GIROS. 3ALTOS Y 

CABRIOLAS ■ . . 



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M^ JU" A," ' A] 



. . . OBEDIENTES 

A LA ETERNA I NSPI- 

RACI6N DE LA DANZA QUE 

S1EMPRE RETOZA EN EL CUERPO DE 

LA MUJER Y DEL NINO, COMO 

HERENCIA DE ANTIGUAS 

GENERAC10NES. 








us maiestades los reyes Alberto e 
Isabel de Belgica han Uegado. 
Madrid les hizo un recibimiento 
triunfal. Madrid es una ciudad 
entusiasta y carinosa, y los sobe- 
ranos belgas dignos de todo entu- 
siasmo y carino. Un diario madrileno interpreto 
el unanime sentir, con esta frase que desoollaba 
entre otras: «Vienen los reyes que, desde el 
puesto de peligro, han aportado a la contienda 
ya pasada lo mas alto que los reyes pueden 
aportar a la lucha y a la paz de los pueblos: 
valor y caridad: es decir, virtud». Luego ana- 
dia: «Tierra es esta nuestra donde la cortesia, 
de rey abajo, tiene un culto de preferencia». 
Los monarcas de Belgica realizan actualmen- 
te una excursion por diversas capitales. Ya co- 
nocen los lectores argentinos las otras visitas 



LAS REINAS ISABEL Y 
VICTORIA EUGENIA Y LOS 
REYES ALBERTO Y AL- 
FONSO POSANDO ESPE- 
CIALMENTE PARA <<PLVS 
VLTRAft EN LA GALERIA 
DE PALACIO. CON ESTA 
INTERESANTE NOTA FO- 
TOGRAFICA ENCABEZA- 
MOS LAS PAGINAS DED!- 
CADAS AL MEMORA- 
BLE ACONTECI- 
Ml ENTO. 





hechas por Alberto e Isabel a 
otros paises, entre los que tuvo 
lugar preferente la republica del 
Brasil. Tratan de buscar psra su 
patria, que se reconstruye labo- 
riosa y ene>gicamente. amistades 
duraderas y mercados industriales. No es, por 
lo tanto, su visita una ceremonia mas. Alberto, 
tan practico como valeroso, no quiere abando- 
nar en otras manos esta mision. Y al propio 
tiempo deseaba agradecer personalmente la ac- 
titud de Alfonso XIII durante los dias terri- 
bles. Pocas veces se aguardo con tanta ansia la 
venida de un rey. Desde ayer se disponia la 
muchedumbre. deseosa de presenciar el aconte- 
cimiento. La direccion general de seguridad 
tuvo que tomar prolijas medidas, no para pre- 
venir accidentes, sino para contener la enorme 




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LA RECEPCION 
EN EL AYUNTA- 
MIENTO EN HO- 
NOR DE LOSREA- 
LES HUESPEDES. 
DE 1ZQU1ERDA A 
derecha: PRJN- 
CIPE RANIERO, 
LA INFANTA 



masa de pueblo. Los alrededores de la 
estaci6n del Norte, asi como todas las 
calles del transito hasta el palacio real, 
hallabanse invadidas por el publico. Las 
tropas de la guarnicion cubrieron la 
carrera. \^ 

La mafiana era esplendida. iluminada ^ — -- 

por un claro sol casi primaveral. El tren 
real llego a las 1 1 a los andenes. donde esperaban 
don Alfonso, la reina Victoria Eugenia. Maria Cris- 
tina, los infantes y el gobierno. El recibimiento que 
la regia familia espanola hizo a los augustos hues- 
pedes fue sinceramente cordial y mucho mas efusivo 
de lo que preceptua el protocolo. 
Una explosidn de aplausos y vi- on detau.e de la 
tores saludo a los soberanos desde REAL VIS!TA - EL 
que las carrozas emprendieron la PUB1 -ico aglome- 

randose bajo el 



LU1SA, REIKI 
ISABEL, REY AL- 
BERTO. INFAN- 
TES ISABEL Y 
CARLOS. ACOM- 
PANADOS POR 
ALTAS PERSO- 
NALIDADES PO- 
LiTICAS. 



marcha hasta su llegada a la plaza de 
Oriente. Y luego. cuando desde el bal- 
con de palacio los reyes belgas y espa- 
noles presenciaban el desfile de las tro- 
pas, el gentio prodigo nuevas demos- 
traciones de entusiasmo. 

Mas tarde una inmensa manifestacion, 

en la que formaban los estudiantes uni- 

versitarios y de segunda ensefianza, numerosas so- 

ciedades deportivas y otras entidades, desfilo frente 

a palacio aclamando a los monarcas y a Belgica. 

En el banquete de gala cambiaron don Alfonso 

XI 11 y el rey Alberto los discursos de practica. 

«La presente generacion ha pc- 

balcon principal dido contemplar emocionada el es- 

de palacio para pectaculo grandioso de la actual 

aclamar a los so- rnonarquia afirmandose para siem- 

bfranos belgas. 









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LA REINA EN LA 
•SALA DE VELAZ- 
QUEZ". — LOSRE- 
YESY LA COMIT!- 
VA SAL1 EN DO 
DEL AYUMTA- 
Ml ENTO.- tri- 
bunal impro- pre por el herois- 
visadas en moy bajo los nom- 
bres, dos veces 
benditos, de Alber- 
to e Isabel.* Con 
estas palabras ex- 
presaba el monarca espafiol todo el en- 
tusiasmo que le producia la visita. 



Con los reyes belgas han venido la 
duquesa de D'Oultremont, dama de ho- 
nor de la reina Isabel; el ministro de 
Relaciones Exteriores, M. Paspar; los 
condes de Merode y Lannoy, el mayor 
general Albert, el conde de Avignon y 
el baron de Borchgrave. Tambien los 
acompana una comision de periodistas 
belgas que esta siendo objeto de gran- 
des agasajos. tributados por sus colegas 






IACARRERA. PA- 
MAS LUCIENDO 
LACLASICA MAN- 
Tl LLA Y LOS 
MANTONES DE 
MANILA. ESPE- 
RABAN EL DES- 
PM.E DE LA RE- 
Q!A COMITIVA. 



madrilefios. Asis- 
tieron al banquete 
de gala, y el rey 
Alfonso converso 
con ellos larga- 
mente. 

Diversos festejos y ceremomas se han 
celebrado durante estos dos dias, ha- 
biendose proyectado otros para solem- 
nizar la visita. 

Las solicitudes de Urjetas para pre- 
senciar las ceremonias que han de reali- 
zarse en palacio ascienden a millares. 
El mayordomo se vio obligado a limitar 
las invitaciones, dando ordenes al mis- 
mo tiempo. conducentes a reglamentar 
la distribucion del publico en las galenas 
durante la procesion de la Candelaria. 
Indudablemente estos acontecimientos 
son siempre demostraciones de galan- 



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teria. En casi todas ellas hay 
que descontar la parte teatral 
aportada por la etiqueta y el 
fausto, y la otra parte que el publico 
curioso aporta. Pero en este recibi- 
miento no es necesario hacsr tales 
restricciones. Madrid ssntia la no- 
ble curiosidad de conocer al h6- 
roe y a la piadosa enfermera, 
y se entregd incondiciona 
menteal jubilo entusiasta. 
Puedo asegurarlo por- 
que he visto la espon- 



tanea manifestacion de cor- 
dialidad. Puedo asegurarlo yo, 
que oigo las conversaciones del 
pueblo, de este pueblo que cuando 
e sale del corazon hab'.a de las 
personas como si fuesen algo de la 
familia a quienes el debiera mucho 
amor y mucho agradecimiento. 
Los panegiricos improvisados 
mediante el pintoresco len- 
guaje de los Madriles re- 
suenan continuamente 
en casas, caf6s y calles. 



LOS REYES ALBERTO 
Y ALFONSO EN EL RE- 
GIMIENTO DE WAD 
RASQUE NOMBRO AL 
PRIMERO CORONEL 
HONORAR!0. 







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El amor tixano 

^ Viooito Modi u a 



No es extrafio 
padecer la tirania 
del desamor enconado; 
no es extrano 

porque, Amor, tu tambien eres 
tirano. . . 

Nadie me llego a tratar, 
cual tu, con tan dura mano; 
nadie me dio mas tormento 
que me has dado. . . 

jAmor, Amor, tan del alma 
y desalmado!. . . 
jHumano amor inhumano!... 



jen mi pecho te has metido 
y me has descorazonado! 

Eres, Amor, lo mas noble 
y en ti cabe el odio insano. 
tQue puedo esperar, entonces, 
de un sentimiento villano? 

Eres, porque Amor tu eres, 
dulce, piadoso y cristiano, 
jy usas morunos rigores 
de un rencor fiero africano! . 

Peligroso si eres nistico, 
traidor si eres cortesano... 



jpara caer en tus redes 
nunca es tarde ni temprano! . 

Amor de la serrania, 
serrano, 

partidas serranas tienes 
jay tirano! 
en la sierra 

y en el llano. . . 

* * 

Mas tu esclavitud la quiero 
y es el redimirme en va'no, 
porque eres, Amor, el unico 
no aborrecido tirano. 



1LUSTRACION 



ALVAREZ 




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*y&j2QL,\ moa/~ 



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USD 
ESCARAMUZAS D E SALON 



— iCree usted que el 
«flirt» pueda ser de mal 
gusto? Nunea, sefior Raul, 
cuando se sabe mantener 
en el limite de lo discreto: 
cuando no roza, en lo mas 
minimo, la moral y las 
buenas costumbres. El 
«flirt>> es hijo de padres 
austeros. Su cuna esta alia, 
entre lo mas selecto de la 
sociedad inglesa, de suyo 
quisquillosa. Es grato, sa- 
ludable como ejercicio ga- 
lante, inofensivo material- 
mente. Dijerase creado pa- 
ra adolescentes timidos y 
pasionales. £Se ha conven- 
cido usted, Raul? 

Ambos estaban de pie, 
en la vasta sala, un tanto 
democratica, donde se ce- 
lebraba una kermesse de 
beneficencia. Iban y ve- 
nian jovenes ataviadas con 
vestidos vaporosos, sutiles, 
ondulantes, que acaricia- 
ban el ambiente. Brillaban, 
con reflejos de alegria, las 
pupilas femeninas, a! con- 
tacto de las almas embria- 
gadas de musica, de risas, 
de colores. A ratos las jo- 
venes se detenian, forma- 
ban breves grupos, cam- 
biaban frases: bromas 
suaves, ievemente ironicas, 
alusiones traviesas respec- 
to a simpatias nacidas a! 
calor de esa noche. 

En la fiesta, celebrada 
en pro de los menesterosos, 
de los desheredados. fluc- 
tuaba algo muy sutil, algo 
indefinible. Un psicologo 
atrevido, con rasgos teoso- 
fistas, habria calificado de 
«emanaciones del espiritu». 
Raul miraba vagamente 
a su alrededor. Meditaba 
una replica, firme, eficaz, 
pero que no diera margen 
al desborde de sus celos, 
que le llenaban el corazon 
y le acosaban el cerebro. 
Toda esa alegria que le 
rodeaba, todas esas mira- 
das que se cruzaban a tra- 
ves del salon bullente, to- 
das esas pupilas que se 
buscaban para besarse un 
segundo, para formular 
una interrogacion afectuo- 
sa, le irritaban los nervios. 
Y alia, proximo a un grupo 
de «toilettes» blancas, ma- 
nojo de flores primavera- 
les, diviso un frac negro, 
de donde emergia una ca- 
beza rubia, de cabellos 
cortos y tiesos. Si, era «el 
aieman» sospechoso. 
Amanda inicio otra vez el ataque 
~-lLe encanta a usted el salon? ;Ha olvi- 
dado que no esta solo? 

— |Ah! Disculpeme usted. 

Y luego con el semblante transformado, libre 
la .rente de la arruga que lo maculaba, continuo: 

-£>i, si. Hablabamos de «flirt». Efectivamente 
su ongen es ingles; pero hay descendientes de 
alemanes en formidable linea recta, que hacen 
derroche de rflirtx. Por eso me resulta antipatico 
ese juego. Ademas, odio los apellidos dificiles de 
pronunciarse... como ese que a usted parece re- 
sultarle armonioso. iComo es? Kindermashen, no? 

Y no con chocante desparpajo. 

— Usted no viene sereno a esta contienda. 
contra la ofuscacion no hay frases que convenzan 
P °q l ; ef ! ex,vas Q ue sean. Aplacemos el debate 

baludo reverente, cimbreando su cuerpo fino, 
gentil. Iba a retirarse. El la detuvo con un leve 
ademan. Estaba ligeramente palido. 

Tras breve pausa, continuo: 

No es de buenos adversarios abandonar el 
eampo de batalla al primer toque de clarin. 
Amanda, es usted cobarde 




— jAh! La caballeria me intimida. 

— Es usted cruel. 

— Le parece a usted. Es que para combatir 
igualo armas. 

— Pero se excede en su manejo. 

— Una presentacion. un saludo, dos frases ga- 
lantes, dichas irreflexivamente por un joven, le 
han sacado a usted de quicio. Amigo mio, la 
sociedad tiene sus exigencias y obliga a tolerancias 
reciprocas. Usted no quiere reconocerlo asi y 
busca pendencia. 

— No puedo ser de otro modo. No he aprendido 



LEONARDO 



B A Z Z A N O 



ILUSTRACION DE LARCO 



a fingir. Hay, dentro de 
mi, tal cauda! de sinceri- 
dad que se me hace impo- 
sible contenerla. Desborda. 
dQue quiere usted, Aman- 
da? ;C6mo detener las 
aguas de un rio que corren 
por una pendientc! 

Con vallas. La mas 
formidable es la buena 
crianza. 

Raul se extremecio. 
;Dios mio! — conti- 
nuo Amanda. - Crei que 
iba a saltar usted por sobre 
esas macetas de flores. 
\Qu6 nervios! 

'S nervios tienen un 
motor unico: la sinceridad. 
Los hombres, los que son 
hombres de verdad, tienen 
nervios. Los munecos, ju- 
guetes casi de exclusiva 
importacion alemana, es- 
tan rellenos de paja, cuan- 
do no son de madera. Y la 
madera es rigida, mala 
conductora de la electri- 
cidad. Quiza prefiera usted 
los munecos a los hombres. 
No saltan macetas. Se 
quedan quietecitos donde 
los colocan. Cuando hablan 
lo hacen con voz aflautada, 
chirriante, cbedeciendo a 
un mecanismo interne 

— iSabe que estoy por 
convencerme de que tiene 
usted ingenio? 

— No, no, ni una mi- 
gaja, — replico Raul con 
viveza. — Tengo. . . alma. 
Alma criolla, noble, quis- 
quillosa, impulsiva. Alma 
altanera, indomable. Pero. 
si usted gusta. .. la arran- 
care Integra, con un ma- 
notazo de tigre, y rellenare 
el hueco con aserrin o pa:a, 
para poderle ofrecer a us- 
ted un muneco de impor- 
tacion alemana, ya que 
esos son de su preferencia. 

El ambiente del sa!6n 
se caldeaba. La concurren- 
cia ya muy numerosa. lo 
llenaba plenamente. En 
algunos rostros brotaban 
gotitas de sudor, como 
perlas. Y las notas de un 
piano de cola, tuibulentas, 
sonoras, casi agresivas. 
eclipsaban las conversa- 
ciones sostenidas a media 
voz. 

Amanda, suspirando. 
exclamo: 

- Wagner. Aleman . . . 

Ya ve usted. un muneco 

que esta relleno. . . de ins- 

piracion genial. jWagner! 

Vea, Raul todo el mundo 

ha callado. Yo me siento asi como si me sumer- 

giera en un bafio religiose ;Que poder el de la 

musica! 

— iNo sera el poder de Kindermashen? Aus- 
culte usted su corazon, despacio. 

— Es usted atrozmente agresivo. 

— A la vez, hidalgo. Mi arbol genealogico tiene 
su raiz en el corazon de Espafia. Soy argentino, en 
cuarta generacion. jComo quiere usted que ac'ep- 
te e! «flirt», de reciente importacion extranjera? 

— iVolvemos al tema? 

— Quiero volver. EI «f!irt», mi buena amiga. 
es el punto de arranque de las deslealtades. Yo 
aspiro a formar un hogar sin macula. Por tanto. 
sin tflirl >. 

Dos lagrimas pujaron por asomar a los oios 
de Amanda. Raul comprendio que habia vencido, 
que la victoria era toda suya y que Amanda 
era su mas preciado botin de guerra. 

Le ofrecio el brazo. que ella acepto conmovida. 

Cruzaron por el salon, graves, altivos. como 
monarcas. 

Las ultimas notas del piano morian en el silen. 
cio. Wagner sucumbia... 




EDLARBQ MTO 




Universal impresion de dolor causo el asesinato 
de don Eduardo Dato e Iradier, iefe de! gabinete 
espanol. y simultaneamente la condenaoion del 
cobarde atentado fue tambien universal. No podia 
ser de otra manera. Es posible que en algunas 
ocasicnes, y especialmente en otros tiempos. el 
asesinato politico haya tenido circunstancias que 
lo expliquen. ya que en ningun caso e! asesinato 
es justificable; pero tratandose del sefior Dato, 
no se acierta sino con una causa: la exacerbacion 
de! anhelo de destruction en ciertos hombres que 
nan roto todo vinculo con la etica de la sociedad 
en que viven. Y asi fue ultimado. premeditada y 
alevosamente, un estadista que siempre se dis 
tinguid per su constante y vivo interes en bien 
de las clases trabajadoras. para las cuales quiso 
siempre un regimen de justicia. respetuoso de los 
derechos de todos. La biografia del senor Dato, en 
sus ultimos veinte aiios, es casi la historia de las 
reformas socialcs en Espaiia durante ese mismo 
lapso: lo que quiere decir que fu6 61 el estadista 
espanol que mas hizo en ese sentido; pero se 
engafiaban los que creian o esperaban que la bon- 
dad nativa de su caricter lo llevase a transigir 
con e! crimen y la destrucci6n social. No entendia 
de semejante transacciones, y cay6, como lo dijo 
M. Hanotaux, en defensa de sus ideales. con lo 
cual su figura se engrandecid inmensamente. 

Es frecuente que. en todos los paises del mun- 
do, los hombres publicos sean iuzgados mas por 
sus cualidades o defectos externos que por sus 
defectos o cualidades internas. De ahi el prestigio 
de los grandes oradores politicos, que tan nocivos 
suelen ser, y la apenas cort^s popularidad de 
algunos estadistas de positivo me>ito pero de 
cualidades exteriores poco brillantes. La prensa 
opositora al sefior Dato le atacaba en particular 
desde ese punto de vista, insistiendo en lo que 
llamaba su insignificancia. su mediocridad, su 
sangre tibia; pero esa prensa no se percataba de 



que con tanto hablar de la insignificancia y me- 
diocridad del sefior Dato, demostraba precisamen- 
te que no era insignificante ni mediocre, pues a 
hombre publico de ta'es condiciones apenas vale 
la pena combatirlo, pues est?, de antemano ven- 
cido por si mismo. 

Es que el senor Dato carecia de ciertas condi- 
ciones externas gratas a las multitudes, y de ahi 
que la leyenda de su insignificancia y mediocridad 
se difundiese con relativa facilidad. Entre los po- 
liticos espafioles modernos el sefior Maura tiene 
mas envergadura de hombre de autoridad y es 
ademas gran orador; el conde de Romanones posee 
en mucho grado e! don, tan politico, de escurrirse 
inteligentemente y hacer, sin provocar protestas 
demasiado vehementes. que no siempre los actos 
correspondan a las palabras, e! sefior La Cierva 
tiene mucho del caudillo demagogo; y asi, podria- 
mos seguir enumerando otros politicos espanoles 
del dia duefios de aptitudes, naturales y adqui- 
ridas, mas eficaces, para los efectos de la popula- 
ridad, que las del sefior Dato. 

El desarrollo de la politica y las circunstancias 
nuevas que 6sta sin cesar provoca pusieron al 
senor Dato en situaciones dificiles. que casi siem- 
pre supo veneer a fuerza de tacto; y ultimamente 
habia llegado a personificar el espiritu de orden 
dentro del progreso. de reforma dentro de la 
ley, por lo cual fue bianco de violentos ataques 
de los enemigos de esos postulados. Por otra 
parte, algunos conservadores veian en el sefior 
Dato un peligro para sus principios, asaz intran- 
sigentes. y no fueron los periodicos de los sefiores 
Maura y La Cierva los que menos lo vejaron. 
Hallabase, pues, en la politica espafiola, en una 
situaci6n algo parecida a la de Giolitti en Italia, 
y, como Giolitti, iba venciendo los escollos uno a 
uno. Ultimamente, se !e habia acusado de exce- 
siva severidad en la represi6n del movimiento sin- 
dicalista en Barcelona, y esa acusacion parecia 



fundada en hechos ciertos; pero para apreciar bien 
el caso. conviene observar que en Barcelona y en 
muchas otras partes de Espafia la «lucha social* 
ha tornado tales caracteres, no ya s61o de vio- 
lencia sino de criminalidad, que se impone una 
mano fuerte al servicio de la justicia y del orden, 
y el sefior Dato, a pesar de su inclination a todas 
las conciliaciones, r.o podia eludir el camino que 
su debar le indicaba. De igual manera, habra te- 
nido que transigir alguna vez con cosas contra- 
rias a sus principios o a su caracter pero que en 
Espafia, como en todos los paises, se imponen a 
los gobernantes como fatalidades eludibles sola- 
mente mediante la resolution de exponerse a pro- 
vocar un cataclismo. 

Y ese estadista amable y energico, conciliador 
y reformista, ha caido victima de uno de los mas 
brutales atentados que se recuerdan. Se ha dicho 
que habia sido prevenido y desdefio las precau- 
ciones. Ese desden completa su fisonomia moral 
y acaba de aclararia, porque solo los gobernantes 
positivamente insignificantes y mediocres aceptan 
el ofrecimiento expreso de precauciones; deben 
ser cuidados, pero no con su consentimiento soli- 
citado. ,;C6mo un verdadero hombre de gobierno 
podria aparecer cobarde ante un funcionario poli- 
cial, aceptando su ofrecimiento de precauciones? 
Cayo, pues, el senor Dato en su puesto de com- 
bate, y si el atentado es tan condenable como el 
que mas, no es imposible que el senor Dato. en 
el supremo milcsimo de segundo en que se pasa 
de la vida a la muerte haya pedido a Dios, porque 
era creyente sincero, que su sacrificio contribuya 
al triunfo de sus ideas, en beneficio de su patria. 
Y los que no pensaban ni piensan como el, aun 
los que tan rudamente lo combatieron, no habran 
podido dejar de rendirle el homenaje que siempre 
merece el enemigo que en e! combate no expone su 
persona sino porque esta luchando por un ideal 
que sinceramente estima bueno, justo, reparador. 




RECONSTRUCTION DEL ATENTADO AL SENOR DATO^ 

LOS CRIMINALES, FAVORECIDOS POR LA OSCURIDAD, ACERCANDOSE AL AUTOMOV1L, 
DESCARGARON SUS PISTOLAS DESDE LA MOTOCICLETA QUE OCUPABAN. 





La senora Ines Dorrego 
de Unzue pertenece, por 
Knea paterna. a la familia 
que tanto ilustro con sus 
actos el procer de la inde- 
pendencia argentina don 
Manuel Dorrego, eminente 
e infortunado gobernador 
y capitan general de la 
provincia de Buenos Aires 
en 1828. Por linea materna 
desciende de patricios de 
antiguo abolengo en Es- 
pana. 

El apellido de Dorrego 
— do Rego — como se es- 
cribia en el pais de su ori- 
gen — tiene su tronco en 
Portugal. (IV 

El primero de los do 
Rego que vino a Buenos 
Aires y fund6 en la Ar- 
gentina la familia. fue don 
Jose Antonio do Rego, bis- 
abuelo de la senora a 
quien se refieren estos 
apuntes. Era su esposa 
dona Maria de la Asun- 
cion Salas. Don Antonio 
adquirio aqui propiedades 
y se dedico a los negocios. 
En los titulos de esas pro- 
piedades. y hasta fines del 
siglo xviii figura todavia 
el apellido do Rego escrito 
en la forma primitiva usada 
en Portugal. Como muchos 
otros de los que de Europa 
emigraron al Plata y al Pa- 
cifico fue transformandose, 
sin embargo, y adaptando- 
se a la indole del idioma 
nacional y a su pronun- 
ciacion. De do Rego paso 
a escribirse Dorrego. 

Don Antonio tuvo va- 
rios hijos: entre ellos don Luis, abuelo de nuestra 
biografiada. y el ya citado don Manuel, e! ilustre 
martir de Navarro. 

Don Luis siguio la carrera del foro. Ambos her- 
manos cruzaron la cordillera y fueron a Chile a 
graduarse en la Universidad Juridica de San 
Felipe, despues de haber cursado los primeros es- 
tudios en el celebre colegio CaroUno de esta capital 
en compania de don Bernardino Rivadavia, don 
Tomas de Anchorena, don Vicente Lopez y Pla- 
nes, don Tomas Guido, don Patricio Lynch, don 
Sebastian Lezica. etc. El segundo don Luis Do- 
rrego — padre de la senora Ines Dorrego de 
Unzu6 — caso con dona Enriqueta Lezica y Aldao, 
hija de don Pedro Lezica Torre Tagle y de dona 
Carlota Aldao e Igarzabal. Por su apellido mater- 
no tiene. pues, la senora de Unzue origen hispano. 

He aqui la genealogia que por los Lezica le co- 
rresponde. El tronco conocido de los Lezica se re- 
monta al ano de 1638 con don Juan de Lecica y 
Mestuaitua. vecino de la antiglesia de Cortessubi, 
en el sefiorio de Vizcaya. (2). 

Don Juan Antonio, bisabuelo de la senora de Un- 




cxmmirux 




(1) Varies do Rego figuraron alii con distincion en la for- 
ma en que a ellos se refieren los genealogistas e historia- 
dores Monteiro Campos y Pinto Leal. Segun este ultimo, 
lo% do Rego son oriundos de Cintra. Aparecen ya en tiem- 
poi de don Fernando I con Conzalo Vasques do Rego. Don 
Juan 1 dis'.ingui6 tambien a Alvaro do Rego, por su herois- 
mo en la guerra. Monteiro de Campcs, •Nobiliarchia Portu- 
thi:a>, y Pinto Leal, 'Portugal antigo e Moderno*. 

(2) El apellido dc esta familia «noble vizcaina descendiente 
de las casas solares e infanzonas de Lecica. parece haberse 
transformado despues tambien en su ortografia, pues en los 
documentosconsultadosaparece constantemente Lecica. Don 
Juan de Lecica y Mestuaitua fue padre de don Juan de Le- 
cica y Coceaga. Este. de don Domingo de Lecica y Torre- 

a su vez, de dor. Juan Antonio de Lecica, quien 
1 » don Pedro de Lecica y Torre TasMe, abuelo 
de la El escudo de armas de Lecica tiene emble- 

mas de Caballero Cruzado, con ordenes de clase superior y 
atributos parlantes que revelan derecho a heredad, posesi6n 
y P* r 



zue era hijo de don Domingo de Lezica y Torrezuri, 
hermano de don Juan, fundador del santuario de 
Lujan. Don Domingo tuvo, entre otros hijos, a 
don Antonio, quien caso con dona Rosa de Torre 
Tagle, de la noble casa peruana de este nombre. 
Sigue en linea de descendencia directa don Pedro 
de Lecica y Torre Tagle, padre de dona Enriqueta 
Lezica y Aldao, cuya hija es la actual senora dona 
Ines Dorrego de Unzue. 

Tanto el padre como la madre de la actual pre- 
sidenta de la Sociedad de Beneficencia fueron 
personas de valimiento en el pais, el uno dedicado 
a los trabajos rurales, la otra a la caridad y obras 
de beneficencia, a que ha ligado su nombre con 
noble e imborrable recuerdo, tanto en la memoria 
de quienes recibieron el fruto de su generosidad, 
como en la de quienes de ella fueron testigos. 

Don Luis, fallecido relativamente joven, vic- 
tima de la epidemia del colera que azoto al pais 
en esa epoca, tenia todas las prendas del patriota, 
del caballero y de! filantropo, y honro en tal for- 
ma el respetable apellido que le habian trans- 
mitido sus mayores. Leg6, ademas, una conside- 
rable fortuna a sus descendientes. 

La senora Lezica de Dorrego se traslado varias 
veces a Europa con sus tres hijos, viajes que repi- 
tio a menudo con el consiguiente provecho para su 
espiritu y nara la educacion de aquellos. Fueron 
esos hijos: Felicia, hoy senora Felicia Dorrego del 
Solar; Luis, fallecido en edad temprana, y nuestra 




biografiada. La entonces 
senorita de Dorrego brillo 
siempre en el grupo de las 
jovenes hispanoamericanas 
del Viejo Mundo como ex- 
ponente de distincion, de 
elegar.cia y de belleza, 
prendas caracteristicas de 
su nacionalidad y muy es- 
pecialmente de su medio. 
Establecida definitivamen- 
te en la patria, mas tarde 
fue nombrada — a poco de 
llegar a Buenos Aires 
presidenta del primer taller 
de sefioritas aspirantes de 
San Vicente de Paul, don- 
de comenzo ya a demos- 
trar su celo, inteligencia y 
laboriosidad para tal clase 
de tareas. 

Luego fue designada pre- 
sidenta del Consejo par- 
ticular de sefioritas aspi- 
rantes de la misma institu- 
tion. Se la eligio tambien 
secretaria del Primer Con- 
greso Eucaristico y presi- 
denta de las Hijas de Maria 
del Sagrado Corazon. Dedi- 
cada constantemente, des- 
pues de su matrimonio, la 
senora Dorrego de Unzue 
a sus deberes de patriota, 
de dama de sociedad y de 
benefactora de los menes- 
terosos, ha llenado amplia- 
mente, bajo este triple as- 
pecto, la alta mision que 
corresponde a la mujer as- 
pirante a la honra de figu- 
rar entre las mas destaca- 
das figuras femeninas de 
nuestro pais: esas que son 
prestipio y son ejemplo. 
Las ideas de la senora 
Dorrego ;de Unzue, como las de su egregia madre, 
son, a este respecto, de todos conocidas. En cuan- 
to a su accion — multiple, como queda dicho, en 
el hogar, en la sociedad^y en' la caridad publica 
bastara recordar algun dia su paso por la presiden- 
cia de la Sociedad de Beneficencia para consagrar 
definitivamente sus merecimientos. Activa, inteli- 
gente. ilustrada. con altas miras, con concepto ca- 
bal de los deberes que tan encumbrado cargo im- 
pone, se le ha visto revelarse iniciadora sin osten- 
tacion; energica sin violencias; a la vez insinuante 
y firme; recta a toda prueba. 

En sus discursos ha expresado conviccior.es y 
trazado normas y rumbos; en el ejercicio de sus 
tareas ha sabido introducir lo nuevo y administrar 
lo existente: aunar, en suma, con tacto, bondad 
y medida, voluntades, intereses y aspiraciones. 
Tales son, en general, las caracteristicas esen- 
ciales de esta presidenta, en quien se reunen to- 
das las condiciones de espiritu y coraz6n que 
hacen de una mujer el exponente de las mas 
preclaras virtudes y brillante talento. 

La accion de conjunto de la senora de Unzue 
dentro de la Sociedad de Beneficencia de la Ca- 
pita], seria prematuro aiin fijar y definir, pero 
no tardari en ser conocida, cuando el historiador 
futuro de la institucion se dedique a la tarea de 
desentranarla de las actas y memorias que cons- 
tituyen el archivo, adonde hay que acudir siempre 
para estudiar aquella y revelarla al publico. 

Tan interesantes datos biograficos y personales, 
facilitados por uno de nuestros mas conocidos 
literatos y galano poeta, han reducido mi modesta 
colaboracion a la mas agradable de las participa- 
ciones: la deestampar mi firma en calidad de reco- 
piladora de datos al pie de estas lineas. 














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•:^x#vrv#v3r\jr>jrvrvrv#v#vfv/\w/v/ 



A N O VI 
NUM. 60 



ABRIL 
DE 1921 




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-r-iVa a ensillar an carona, dor 
. que embr 

Y Jorge, disitnulando una vez mas su des- 
pecfao y su in, quits del lomo del malacara 
los bastes que por distraccidn ha puestc anti- 
dpadamente y recoge del suelo la otra pren- 
da. mientras su interlocutor, aquel gauchito 
de aspecto dnico, cuya sola presencia le hace 
hervir la sangre, quebrado el cuerpo, la mano 
en la cadera y una sonrisa casi impercepti- 
ble en los gruesos labios, aparta de el sus 
- animal salvaje y los fija en las leja- 
n!as polvorosas del horizonte. . . 

;Ah, esta tan harto Jorge de aquel gau- 

cho y de todo el personal de >E1 Moro» que, 

iber sido por el accidents ocurrido a 

don Rosa, ya harfa tiemoo que se habriaf 

lad burlona y sutii que 10 rodea, 
y contra la cual no sabe defenderse, pueden 
mas en su animo que tola su afiddn cam- 
pera y que el gran cariflo que el viejo le 
?sa. 
Porque hay que saber que, aunque Jcrge 
sea para ese hombre rude, bravo y arbitra- 
ry como un capitanejo. el mas respetable 
•el mundo, por haberle hallado una 
BO Buenos Aires y en cierta pension 
de estudiantes velando solo, a la cabecera del 
lecho en que agonizaba su unico hijo, Jorge 
comprende muy bien que no es ese el con- 
cepto que de el tienen los aguerridos peones 
de su viejo amigo que. como buen patron, 
caudillo y gaucho que es, ha sabido esco- 
gerlos. . . 
Tampoco podrian ser de otra manera. en 
:iavada en el peor cuar- 
te'. de la Pampa. al paso de todos los cami- 
so donde se vive como en un pais de 
bandidos . . . 

Los peones salen al campo con el Winches- 
ter en las caronas y de noche se rondan los 
alambrados para defender las haciendas de 
los cameadores y de los cuatreros. 

No hara mucho3 meses que el tuerto 
aquel, de aspecto siniestro, a quien llaman 
los peones don Sotelo, y que hace las veces 
de capataz de la estancia. mato de un tiro 
de remington a un pobre indio a quien ha- 
llaron con una vaca enlazada... 

Hay merodeadores de esos. tan audaces. 
que hasta llegan a churrasquear sobre el 
- sus hazafias y al amparo de la depre- 
sion propida de algiin I -. 

'-.abitantes de (El ' 

5n hasta el mensuai mas (oven, 

aquel gauch • : de negros ojos 

estriades de sangre, que ya es homicida, se 

'a cosa mas natu- 

r eso tambien, entre tales 

Mo, pero que 

no ha matado a nadie en su vida. se siente 

cada v 

para los otros el tiene 
que ser algo as: como una senorita y, lo 
que es peor, oye la zumba solapada bordo- 
tomo suyo casi invisible, es 

es, pero no por eso 

brava. 

La hostilidad le persigue, le ataja, le ro- 

dea. pero tan sutil y aievosamente. que ni 

• le da asidero para enojarse y vengar 

lad suya que esta 



— ]Diga, don! ... {Y a usts no se le ha 
dao nunca, un suponer, el caso de tener 
que lastimar a alguno 

— No; a mi no . . . 

Pero en seguida, como advierte que nadie 
lo mira y que el otro se inclina sobre el fog6n 
para encender un pucho que esta perfec- 
tamente encendido, a Jorge le arden las 
orejas: 

— (Par que, Luna?. . . 

— £Y?... ipor nada!, don... Decia no- 
mas.. . 

. . . Ahora lo de la carona. . . | Tambien es 
fatalidad la suya!... No puede decirse que 
el no sepa ensillar un caballo, ni que el mas 
gaucho este libre de una distracci6n. . . Pero 
ya le di6 a! otro «trompeta» una nueva opor- 
tunidad para gozarlo a su modo y a man- 
salva . . . 

|Ah, Jorge esta tan harto, tan harto de 
aquello, que siente que no puede mas! . . . 
Y para mejor, el viejo clavado en la cama, 
con aquella luxaci6n del tobillo y rogan- 
dole que no se vaya. . . 



Luna acababa de llegar con la noticia 
estupenda: 

— A!li, cerquita nomas, del otro lado del 
cafnd6n grande, en el potrero de los novillos 
y en las propias narices de la estancia, como 
quien dice, debe haber gents extraf.a, porque 
se divisa •patente> en la noche, el resplandcr 
de una lumbre. . . 

Aquella audacia insolente irrita a todo el 
mundo. 

— jPero que cosa mas linda! 4N0? ;La 
gran perra! 

Y mientras en el patio obscuro los cabal'.os 
traidos a la carrera y enfrenados con gran 
prisa se encabritan y patalean haciendo re- 
temblar el suelo, don Rosa rugiendo de co- 
raje, se retuerce en su cama gritando a voz 
en cuello como un niiio enfermo y rega!6n 
y monstruoso: 

— jVivos! . . . Sotelo, ique me los traigan 
vivos! 

Al principio, el espectaculo belico impone 
un poco a Jorge que nunca vi6 nada seme- 
jante, pero en seguida el mozo reacciona y 
sale escapado en busca de su caballo mala- 
cara, que esta a soga con un lazo en el 
cuadrito de alfalfa que hay cerca del galp6n. 

Y tarda tanto Jorge para enfrenar en la 
nerviosidad de su prisa, que apenas si logra 
reunirse al pelot6n en marcha un poco mas 
alia de los corrales... 

— Ni hable ni pite naides... — ordena 
don Sotelo, con voz sorda, muy tieso en su 
caballo grandote y la culata de su arma 
apoyada sobre el music. . 

Pero Jorge advierte que la recomendacidn 
del capataz es supsrflua. . . Se trata de gente 
aguerrida y acostumbrada a tales trances. . . 

EI grupo marcha compacto, sin mas ruido 
que el «chischas» de las patas de los caballos 
entre e! pasto y el ludimiento metalico de las 
coscojas de los frenos. Y al mirarles asi tan 
armoniosamente cautelosos y avizores que 
parecen una sola fiera marchando sobre un 
rastrc, Jorge piensa tambien que el debe ser 
el unico que mira !a aventura por ella misma, 
per !o que ella significa. . . Que a los otros, 
desde el mas viejo hasta el mas muchacho. 



solo les preocupa la idea de que los mero- 
deidores puedan escaparse. . . 



Don Sotelo detiene su caballo: 

— (Ah, ah! 

Habia tenido razdn Luna... Aquello que 
se ve sobre la chata superficie blanquizca 
del campo bajo la noche, es a todas luces el 
resplandcr de un fog6n, la reverberaci6n in- 
confundible de un fogon pampa abierto en 
el suelo. . . 

— |Lindo nomas!... Pasajeros cameado- 
res en fija . . . 

Y tras una breve vaciiacion, el capataz 
aftade con voz firms: 

-^Gu-;ne; veamos de abrirnos un poco 
pu este lao, pa ganarles el campo abierto. . . 
Siempre despacito, jno? 

Y en segi'ida grufie, reparando en Jorge: 

— Uste se me atraca a mi nomas. . . 
Minutos despues, y cuando cumplida ya la 

evolucion estratcgica dan de nuevo cara a la 
lumbre, el capataz pie£ur.ta a Jorge y acer- 
cando mucho al del mozo su caballc. 

— £Alz6 armas? 
-iSi!... 

— Giieno, ahorita nomas los vamos a 
atropellar, ^no? . . . Sigame listo . . . 

— Si, si. . . 

Y mientras avanzan cautelosamente, Jor- 
ge, cuyo coraz6n redobla, no sabe si admi- 
rarse mas de la fria serenidad de aquel hom- 
bre o de la loca inconsciencia con que el 
mismo ha venido a meterse en la extrafia y 
peligrosa aventura . . . 

Cuando el grupo se halla ya a unos cien 
metros escasos de su objetivo, uno de los 
hombres dice algo en voz baja y todos se 
detienen. 

— iQue hay? 

— Don Sotelo, |oiga! 

Y uno de los peones, aquel alto y flaco 
picado de viruelas que, segim le han dicho 
a Jorge, dcgoll6 a su mujer, allega al del 
capataz su extrafio caballo tubiano que pa- 
rece un tigre en lo obscuro. 

— tQue hay, Calistro?... 

— Hay que pa mi gusto eso no es jogon, 
don Sotelo . . . 

La boca del capataz se contrae en un gesto 
raro. 

— Y de ahi, £que es entonces'' 

— (Yqui'se yo! Fero jog6n no es, en fija... 

— ;Ta giieno, ta giieno!... 

Todos bs hombres han rodeado ya al 
capataz que observa indeciso, y discuten 
entre ellos cambiando en voz baja expresio- 
nes de mal humor y de disgusto. 

— jCallese, no diga bolazos, hombre! ^An- 
de vido relumbro e fogon pampa que no 
colorease o amariliase arriba en lo escuro?. . . 

Jorge, que ante la posibilidad de que aque- 
llo ro sea ya un fogdn de cuatreros comienza 
a sentirse invadido de un bienestar muy 
grande. aventura entonces con una sonrisa: 

— |Oigan! ... (Y no creen ustedss qus 
pudiera ser una «Iuz mala»?... 

Pero en seguida casi seespanta d^su dicho. 

Como accionadas por un rescrte todas las 
cabezas de aquellos hembres se han vuelto 
violentamente hacia el, y una docena de 
ojos le apunalan a traves de la sombra como 
enojados, como ofendidos... 

Pero nadie dice una palabra, y mientras 



las caras vuelven a converger poco a poco 
hacia la luz. reina un silencio solemne, que 
s61o turban el ruido metalico de las coscojas 
y los golpes sordos del casco de algiin caballo 
impaciente que escarba el suelo . . . 
Al fin dice el capataz: 

— jY giieno!... De cualquier modo, va- 
mos a atracarnos un poco y veremos lo que 
haiga. . . 

Y mientras don Sotelo hace caminar su 
caballo y todos le siguen muy despacio, 
Jorge oye rezongos. 

— iPa que? — dice uno. 

— [Vaya un gusto! — murmura otro. 

— |Como si no se supiera lo que es — 
afiade un tercero . . . 

Segundos despues, y como a medida que 
avanzan Jorge se va tranquilizando respecto 
al fog6n, y comprendiendo al mismo tiempo 
por el aspecto de sus compafieros lo que esta 
ocurriendo en sus espir.tus, se acerca al ca- 
pataz y le interroga. 

— Pero diga, don Sotelo . . . iY usted qu6 
cree que sea eso?. . . 

Y el capataz, alzandose de hombros y 
mirandole con su cjo unico, responde como 
entre disgustado y dolorido: 

— iY que quiere que sea, don?. . . Alguna 
porqueria nomas . . . 

DespuSs, y cuando ya no le queda ni la 
mas remcta esperanza de que aquello que 
se ve pueda ser un Salvador fogon de gauchos 
malevos, el capataz detiene su caballo, y 
mirando cefiudo la palida llama aquella que 
osci'a y palpita bajo la brisa como un jirdn 
de tul, propone a sus hombres con desgano: 

— Giieno; me parece que podemos pegar 
la guelta, ^no? 

Y afiade en seguida, dirigisndese a Luna, 
y en tanto que un suspiro de alivio uniforme 
hinoha el pecho de sus subalternos: 

— Y ves te compras antiojos pa no volver 
a incomodar a la gente largando, panes £no? 

Pero en ese memento el capataz se queda 
par.ilizado de asombro. 

Jorge acaba de soltarle este dicho estu- 
pendo: 

— Un momentito . . . Voy a ver como es 
eso y ya los a'.canzo . . . 

— iComo dice, don?... 

— Nada; que voy a ir a mirar un poquito 
el fog6n y que en seguida vuelvo... 

Y ante el inmenso estupor de los que le 
oyei, palidos, desencajadas las mandibulas 
y los ojos como patacones, el mozo, impla- 
cable invita aiin al tiempo que se aleja: 

— iSi alguno quiere seguirme?... 

I Pero que han de seguirle aquellos pobres, 
que en su pasmo infinito apenas podrian 
mover un dedo! . . . 

Tan 36I0 el capataz alcanza a gritarle con 
voz tremula: 

— |Eh!... jParese, don!... |No sea bar- 
baro! . . . 

Pero Jorge es vengativo. .-. No solamente 
hace pisotear el fogon per el caballo, sino 
que despues de desmontar lo apaga por com- 
pleto, escarbando en el con el cabo del re- 
benque y aventando lejos aquellos grumos 
de tierra vegetal oleosa y humeda que fos- 
forecen en la noche como verdes lucierna- 
gas. . 

Despues Jorge se deja estar tanto tiempo 
en «E1 Moro» que ese afio tampoco puede dar 
examen. 



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EL'BHilli^^^^^^^l^^^Bti^S" 'f^^^^^^^^^^M^^M^r:^ 



9 



EgliifiSB- 



SENORITA PATROCINIA DIAZ, CANTANTE CRIOLLA 
Y PRIMERA FIGURA DEL CONJUNTO. 









SANTOS R , CATAN. 
CANTOR DE V1DALAS. 









CIVICO N 



1 E> 

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J 



NA NARCISA Y SU SOBRINA 
PAULINA ORTIZ. 



V 



1— * N el abrumado ambiente, 
— I turbio de artificio, ha so- 
plado una rafagafrescacon 
susurro de follaje selvatico 
y olor de flores montafie- 
sas. La ciudad aspiro la brisa y tras 
pasajera sorpresa, derivada de su to- 
lerancia para la desnaturalizacion de 
gustos y costumbres, sintio, aun en 
las almas reacias, alentar la emotion 
de la vida que duerme en los sola- 




UNA PAREJA DEL CONJUNTO. 
ENRIQUE JUAREZ Y CA5ILDA LUNA. 



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* 



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DOLORES JUAREZ. 
BAILARINA. 



m%&£&s&£!5ti&££msi mmmmM^mMzMmm 



NI COLAS JUAREZ. 
ZAPATEADOR. 



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CLEMENTINA XviLA. 
BAILARINA. 



res nativos. Al conjuro de la musica 
autoctona, quena sentimental de la 
raza, las agiles siluetas de unos bai- 
larines provincianos, el son quejum- 
broso delas vidalas que trasuntan le- 
jania en los flaccidos parches de las 
«cajas» y la nostalgia de amor en que 
se inspiran las canciones, han vencido 
al olvido, y entre una copla y una 
danza ha resurgido el carifio por nues- 
tras propias expresiones artisticas. 

El rancho del norte no solo cobija 
esta vez al que llega fatigado por los 
caminos polvorientos, sino que en- 
sancha su ramada de jarillas y, al 
brindar techo y abrigo, los mora- 
dores ofrecen un vaso de agua clara 
de las vertientes serenada en canta- 
ros de barro, aloja que una morena 
elaboro con vainas del algarrobo ale- 
dano, dulces mistoles y claveles del 
aire, disimulando en todo su pobreza 
y rusticidad legendarias, con la hi- 
dalguia del ofrecimiento que ilumina 
los ojos y juguetea en los labios de 
la muchacha morena que hizo la aloja. 

Alia en los campos, sobre el sali- 
tral de caprichosos espejismos, en las 
abruptas quebradas de la montafia, 
a traves del espinoso monte, el vien- 
to andariego que engana en el silbar 
de las perdices y los toques de clarin 
de los ultimos troperos que cruzan 
las abras, esparce con uncion de viejo 
musico los cantos populares y lleva 
sus modulaciones hasta las grutas 




.(ARIA E. HERNANDEZ Y NICOLAS JUAREZ 
EN UNA ESCENA REGIONAL. 








NARC1SA DE LEDESMA, NA NARCISA, DE 82 AN0S DE EDAD, 
CELEBRE BA1LARINA DE «MAROTES» Y «ESC0NDID0S». 




m^rzte 



misteriosas — tal vez aquelarres de antano — en que sosiega sus alas can- 

sadas. A la sombra de los helechos los eantares remozan su poesia y de 

tal manera, con el rodar del tiempo, cuando preludian las vihuelas oam- 

peras y los nativos entonan una cueca o desgranan los versos de 

un triste, fluyen admirables de frescura la intencion que 

animo el estribillo picaresco o el sentimiento que aeon- 

gojo al anonimo autor de la composicion. Noble, 

rica tradition nacional que al tornar gratamente 

suave la nostalgia de las correrias de nifio y dulce- 

mente triste la anoranza de los afectos perdi- 

dos, une al terruno con intimas delicadezas es- 

pirituales y sereno orgullo de hijo. En esta 

bienaventurada compania de musica, cantos 

y bailes criollos, el publico portefio, tras- 

plantado a la propia escena de vidas senci- 

llas que idealiza la sensibilidad de cora- 

zones ajenos a influencias extranas, ha 

encontrado motivos de honda emotion 

artistica. Y la bienaventurada compania 

ha descubierto al publico, ensenandole a 

sentir la riqueza emotiva que, como las 

proezas guerreras de los abuelos y los 

cuentos medrosos del aya viejecita, entra- 

nan las costumbres ingenuas y risuenas, 

bellas, apasionadas y romanticas de tierra 

adentro. La voz de una joven artista, clara y 

armoniosa, impregna las almas de perfuma- 

do relente campesino. Trasunta las mananas 

luminosas en que los rayos del sol rasgan el tu- 

pido boscaje con heridas de plata, cuando la moza 

del puesto se engalana las trenzas con humedas 

florecillas; y despues, en tanto la ultima nota de las vi- 

dalas quejumbrosas se pierde con la siesta, turbada 

solo por la monotona canti- 
, nela de las chicharras, fluye 

de nuevo la voz juvenil y 
baldisserotto. como los «crispines» de la le- 




yenda Uora de ausencia en el tranquilo atardecer que el astro, ya caido, 
aprovecha para tornasolar los picos mas altos de la sierra. Entre la can- 
cion luminosa con olor de tomillo y el lamento vespertino, fiel en la evoca- 
tion de una desventura, hacen gala — porque hay fiesta de arte 
en el rancho — agiles, ondulantes parejas de bailarines y 
gallardos zapateadores que interpretan las danzas nati- 
vas con ritmicos movimientos y plastica elegancia. Y 
ademas, el organizador de este conjunto de artistas 
que, natural y sinceramente cohibidos realzan su 
arte, pues que asi demuestran conservar la idio- 
sincrasia lugarena, con el tipico marco reflejado 
en la decoration y en los trajes de viva poli- 
cromia, aquilata el espectaculo con composi- 
ciones escogidas de musica popular, muchas 
originales suyas que 61, con singular maes- 
tria y hondo sentimiento, ejecuta en la 
guitarra. Embellecida por estas manifes- 
taciones de arte nacional autentico, sim- 
ples y sanas. ha soplado sobre el auditorio 
portefio la rafaga fresca. renovadora del 
carino que se arraiga en la tierra de ori- 
gen. Sirva la experiencia para volvera su 
cauce las aficiones desorientadas, y asi co- 
mo se renueva el encanto de la musa en 
el frescor de los helechos silvestres donde 
descansa el viento, viejo musico que lleva 
canciones en sus giros inconstantes, florezca 
en las almas jovenes y afirmese en todas el 
noble culto de la tradicion. A su amparo, se 
comprendera mejor el sentimiento de los poetas y 
habra siempre un corazon hermano para mitigar las 
penasderesignacion y desesperanza que traduce la copla: 



f o t o s 



PROFESOR ANDRES A. CHAZA- 
RRETA, DIRECTOR Y ORGA- 
NIZADOR DE LA COMPANfA. 



Lejos, se aquieta mi rancho 
Perdido entre los jumales; R 

Mi vida se hunde en la pena 
Que flota en los salitrales. D 



O 



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A 



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(LA FIESTA DE LA SIEMBRA) 



Para sembrar, observaban 
solicitos algunas estrellas a 
que hacian reverencias 
cuando aparecian. 

Lozano. 

Los indios van a empezar 
de la siembra las jornadas. 
•;Kusiya! — se oye en los campos — 
Pachamama, Santa Tierra!* 

Los manes y los penates 
dicen que, para abrir surcos, 
ha llegado el mejor tiempo. 
Ya las estrellas propicias, 
con su mirar bondadoso, 
las tierras han conjurado. 
(Las estrellas son las almas 
de los indios que se fueron 
y que de arriba presiden 
la ondulacion de la vida). 
«i Kusiya! — se oye en los campos — 
Pachamama, Santa Tier. 

Viene la yunta de bueyes 
cual dos consejeros sabios 
a los flancos de un afan. 
Los cuernos estan envueltos 
con panuelos de colores 



que, pintorescos, sostienen 
en aquellos, azucenas 
del campo, dulce blancura 
de jazmin, verdor de sauce, 
y saltona amarillez 
de los chahuares en flor. 
Las lomas han florecido; 
y los picos encantados 
narran historias antiguas 
de los soles y las lunas. 
Mientras, cruzan por los aires 
voces robustas y alegres: 
•jPachamama, Santa Tierrali 

Arribaron los vecinos 
con la frente y las mejillas 
embijadas, masticando 
el acullico. Las almas 
huelen a yerbas silvestres. 
Flota el espiritu alii 
de religion inefable. 
La tierra se anima bajo 
los pies. Las plantas absorben 
vigor de nativa diosa; 
las flores son prueba grata 
de la bondad de esa fuerza. 
;Los bueyes estan floridos 
y los arados tambien! 



Y resuena por los campos 
el coro del religioso 
festival: — «jAhu, Kusiya, 
Pachamama, Santa Tierra!» 

Empiezan a desgranar 
las mazorcas, manos jovenes 
de las mejores muchachas 
para que germinen pronto 
las semillas. Las mazorcas 
fueron regadas, primero, 
con chicha y con aguardiente 
para que la chacra sea, 
como los suenos, proficua, 
y fuerte como el querer 
de las mozas, si es rociado 
con chichas y con alojas; 
con gajos reverdecidos 
de molle, con fresco sauce; 
aromado con jazmines 
— de esos que viven silvestres; 
melancolizado con 
las penas del yaravi; 
con tambor acompasado 
y rimado con vidalas. 
En tanto la invocacion 
vibra en el valle: «| Kusiya, 
Pachamama, Santa Tierra! •> 



Ya todo esta preparado: 
los indios pueden sembrar 
sobre el amor de los surcos. 
Los mozos empiezan ya 
de la siembra las labores: 
— «]Kusiya! — suena el conjuro — 
Pachamama, Santa Tierra! 

Pachamama, Santa Tierra... 
jNo haber vivido esa vida! 
jNo haber sido en esos tiempos! 
|No tener el corazon 
simple, como los cedrones, 
como la salvia del campo! 
|No creer que las estrellas 
son los padres, los hermanos 
que vivieron con nosotros; 
y que aquellas que mas lucen 
son los que fueron mas grandes, 
tuvieron mas corazon! 
jCreencia la mas divina 
y humana, de las creencias! 
Al menos, en el momento 
de cerrar mi sepultura, 
sabra clamar mi cadaver 
tambien:- <<j Kusiya, Kusiya, 
Pachamama, Santa Tierra! 

Catamarca, marzo 1921. 




tel E5TIZA 

OLEO DE V IKOLL 









abellos plateados; ojos chicos, 
hundidos, vivisimos; mirada sua- 
ve; fisonomia tranquila, un poco 
cansada, de pastor evangelico. 
Asi es, en dos palabras, el profe- 
sor Eduardo Chicharro y Agiiero, 
director de la Academia Espafiola 
de Roma. El profesor me recibe 
con exquisita amabilidad, en su 
soberbio salon, bajo cuyas venta- 
nas se extiende luminosa y solem- 
ne Roma entera. jQue maravilloso 
espectaculo! Seria dificil encontrar un nido de arte 
r.ugestivo y encantador que este. 

— ^Desde cuando reside, usted, maestro, en este rin- 
c6n del paraiso? 

— Desde 

— <Y cuando se fundo la Academia? 

En tiempo de la repiiblica, cuando era presidente 
don Emilio Castelar, y Carvajal ministro de Estado. Al 
sostenimiento de la Academia provee con sus propios 
fondos la Obra Pia Espafiola de Roma. Fue inaugurada 
la Academia en 1S74. Su primer director, don Eduardo 
Resales, no tom6 posesi6n del puesto porque murio. 
de modo que el primer director efectivo fu6 don Jose 
Casado del Alisal, y los primeros 
pensionistas Pradilla. Plasencia y ™™ZIX'± A " 

r- ,. ,. J DONDE ESTA IN3TA- 

Ferrant. pintores de episodios his- LADA !)ESDE , B74 LA 
tbneos; Morera y Galofre, paisajis- celebre academia 
tas; Bellver y Figueras, escultores; art; 







Chapi y Zubiaurri, musicos; Anibal Alvarez, arquitecto, 
y Maurelo, grabador. Es seguro que las dos terceras 
partes de los artistas que en Espafia han alcanzado a 
formarse una personalidad propia estuvieron en la Aca- 
demia, o como pensionistas o como directores. Y todas 
las exposiciones organizadas por la Academia han 11a- 
mado mucho la atencion del mundo artistico, y en al- 
gunas de ellas figuraron obras de Carbonero. Mufioz 
Degrain, Barbudo, Senet y otros, siendo verdaderos 
acontecimientos artisticos. En 1904 se alcanzd el ma- 
yor exito, indudablemente, con las obras de Benedito, 
Sotomayor, Marin, Garnelo y Nunez. Los cuadros de los 
dos primeros, «La avaros» de Benedito, y «Orfeo perse- 
guido por las Bacantes» de Sotomayor, senalaron una 
etapa importante en la evolucion del arte espanol y tu- 
tuvieron influencia tambien en el movimiento artistico 
italiano. 

Si me permite, maestro... Ha olvidado usted 
otro cuadro famoso: «E1 Jardin de Armida», de Eduardo 
Chicharro. £l_o conoce? 

El maestro, que por modestia habia omitido su cua- 
dro, que tuvo tanto exito, sonrie amablemente y me 
lleva a un espacioso estudio, en el cual hay una quin- 
cena de cuadros suyos. Una ojeada rapida basta para 
convencerme de que me hallo ante uno de los mas 
fuertes y originales pintores mo- 
T r".;o E e T N E .4 C 9°9 N s S o: dej-nos. Sobriedad de Hneas y de 
ere el sitio de la colores, gusto exquisito en la elec- 
crucifixion de cion de los temas, pinceladas maes- 
san pedro. tras que dan significado y palabra 




a las telas. He aqui * LA FIE3TA DEL PUE - 
un presidiario, a la ""'; MEDALLA DE 

1 11 , 0R0 EN L * EXPOSI- 

luz escasa de la eel- ci6n de Barcelona 
da gris; el presidia- (1911). 

rio. cuyo nombre ha 

sido reemplazado por un numero, tiene 
una mirada indefinible, deseonfiada, en 
la cual brillan las ultimas chispas' del 
mal. Mas alia, una elegante y bella es- 
pano.a. un gran retrato lleno de expre- 
sion y vida: es la inteligente esposa del 
pintor. En el fondo, un cuadro que po- 
dria figurar dignamente en cualquier 
galeria importante del mundo. Un co- 
che; un cochero que se vuelve para re- 
cibir ordenes; dos soberbias espafiolas, 
y entre ellas un hombre que dice piro- 
pos audaces. 

Aqui y alia los farolillos caracteris- 
ticos de las verbenas madrilefias. Una 
escena de vida. palpitante de verismo y 
aprisionada en la 

tela con una tecnica «los dos amigos», 
admirable. Despues, 6leo de eduardo 
otros cuadros de me- chicharro, senci- 
nor importancia y LLA 0BRA maest "*a 

' DE EXPRE3ION. 




EL MAS RECIENTE DE LOS RETRATOS DEL 
'0 PARA CPLVS VLTRA». 



MAESTRO, OB 



«DOLOR», GRAN ME- 
DALLA de oro en P or f' n un triptico 
la exposici6n de premiado con meda- 
munich (1913) v de 11a de oroen la expo- 
berlIn (1914). sicion de Madrd, y 

... . que quizas sea ven- 

aido dentro de poco a un rico senor del 
Rosano de Santa Fe. Se llama .Las tres 
Esposas): la de Cristo, la del hombre y 
la de la muerte. 

— De la America del Sur me han 11a- 
mado varias veces. dice el maestro — 
En la Argentina hay una veintena de 
cuadros mios, la mayor parte de los 
cuales estan en Rosario y Buenos Aires. 

iCuantos son sus... hijos disemi- 
nados por el mundo? — pregunto son- 
riendo. 

— Muchos. Los tengo en todas partes: 
en el Museo del Arte Moderno de Madrid 
en el Museo Municipal de Barcelona en 
la Galeria Nacional de Santiago de Chile. 

en el Museo de Be- 
«la cofradia del ]| as Ar tes de Mejico 
resuc.tado.. prl e n el Museo de San 

MOROSO ESTUDIO DE , „• ,r" , °. , ." 

costumbres popu- ^"'f ( Estados Uni- 

LARES ESPANOLAS. d0S )' e " la Calerfa 






Nacional de Arte Moderno de V- p c '™ V P,NT0R 

,-v , , ESPANOL Y LOS 

Roma y en otras galenas pu- ALUMN0S PENSI0N a- 
bhcas y pnvadas de Europa y DO s de la acade- 
Am6rica. mia, para quienes 

Se que sus obras han ga- 
nado once medallas de oro y algunos grandes pre- 
mios: puede usted estar satisfecho de sus triunfos. 
Timidos golpes a la puerta interrumpen la con- 
versacidn. — Adelante — exclama el maestro. 

— Ya que estamos en presencia de un joven ar- 
tista argentino, digame, maestro, iqui piensa us- 
ted del arte en la Repiiblica Argentina? 

— En Italia no se conocen con exactitud los 
progresos diarios de la Argentina en materia de 
arte; pero basta mirar Plvs Vltra para darse 
cuenta de ellos. «Caras y Caretas* y Plvs Vltra 
tienen el mirito de haber llevado a la pila bautis- 
mal a tantos y tantos artistas que han venido 




EDUARDO CHICHA- . , , , . ., 

rro es tan exce- creandose a fuerza de estudio 
lente maestro y de fe - Hasta ayer eran pocos 
como paternal los artistas en la Argentina: 
amigo y consejero. hoy son muchos, forman nu- 
cleos importantes y de indis- 
cutible valor: manana. estoy seguro, se presentaran 
acompetiren nuestras exposiciones, yello sera una 
revelacion para todos, repito, los que no siguen los 
progresos de alia. Aun desde el punto de vista tec- 
nico se hahecho mucho: las reproducciones en tri- 
cromia y cuatricromia de Plvs Vltra significan 
un exito que sale de las fronteras argentinas. 

— Si no soy indiscreto, maestro, <jen qu6 obra 
trabaja usted actualmente? 

— Estoy completando el cuadro «Las Tenta- 
ciones de Buda» que me cuesta varios afios de tra- 
bajo y que espero exponer en la proxima exposi- 
cion de Madrid. 





VISTA PARCIAL DE LA 
DARSENA NORTE, UNO DE 
LOSMAYORE3 FOCOSINMI- 
ORATORIOS DEL MUNDO. 



Unos cuarenta marineros remolcan el 
dirigible sacandolo del hangar. Vistos 
a cierta distancia parecen ninos gi 
gantes que jugaran eon un globo 
regularmente grande para ellos, 
enorme para nosotros. El dirigi- 
ble El Plata, admirable «juguete» 
mecanioo que los senores Gaio, 
Rossi y Maricotti trajeron al 
paisdesde la hermosa Italia, pre- 
senta un aspecto imponente. 
Desde cerca resulta colosal, ano- 
nada; pero da una impresion de 
potencia, de seguridad, inspira 
confianza tan absoluta que subi- 
mos a la barquilla sonrientes co- 
mo chiquilines que trepasen a un 
elefante manso. Todo esta prepara- 
do; el comandante da la orden de par- 
tida, y el dirigible asciende como un ae- 
rostato, mas suave que cualquier ascensor. 
Los marineros se achican, se aohatan rapida- 
mente. De pronto el motor funciona y las helices 
impulsan al diiigible rumbo a Buenos Aires. Nave 



EL PALAC10 DE LA ADUA- 
NA NUEVA CONTEMPLADO 
DESDE CIENTO CINCUEN- 
TA METROS DE ALTURA. 



gamos a doscientos metros de altura. 
Navegamos, esa es la palabra, porque 
aquello nos recuerda el volar de aves 
y aviones. Navegamos como a bor- 
do de un superdreadnought mer- 
cante en una calma chicha. So- 
lamente el aire que desplazan las 
helices azota el rostro. Ninguna 
impresion de vertigo. Mas te 
mor al vertigo se siente en lo alto 
de una elevada torre. El miedo 
a las alturas tal vez vive igual 
que la hiedra: pegado a los mu- 
ros. En cambio la emoci6n ar- 
tistico-sentimental-pintoresca ad- 
quiere un vigor inaudito. Este na- 
vegar resulta mas placido que el 
vuelo. La vista asombrada se halla 
en mejores condiciones para saborear 
el espectaculo. Convengamos en que Bue- 
nos Aires es maravillosa vista asi a una 
prudente altura. A ciento cincuenta metros 
sobre la carestia general de la vida, sobre la suba 
de los alquileres, toma un cariz placentero. Las 



■Ahe 






EL MONUMENTO DE 
LOS ESPANOLES 
OFRECE PERSPECTI- 
VAS DE PLANOCHINO 

casitas bajas, las casi 
tas criollas, con sus 
techos de cine o sus 
azoteas, con sus pa- 
tios llenos de mace- 
tones y trastos; los 
edificios altos, los ras- 
cacielos, las plazas, to- 
do desfila a nuestros 
pies. Y enorgullecidos 
por nuestra momentanea 
importancia, nos damos un 
«corte» aereo viendo como la 
gente se apina en las veredas, sale a 
los balcones, trepa a los techos y a las 
azoteas para admirar al dirigible y a 
sus tripulantes. Y se ven los saludos carifio- 
sos de los buenos habitantes para quien;s la 



LA IGLES!A DE BEL- 
GRANO RODEADA DE 
CHALETS DEL DIS- 
TINGU1DO BARRIO. 

contemplacidn de la 

nave aerea resulta un 

momento de holgan- 

za y alegria. La Re- 

coleta, la Ciudad de 

los Muertos distingui- 

dos. A pesar de aque- 

11a profusion de cruces 

parece un pueblecito 

sembrado de minaretes y 

mezquitas. El Monumento 

de los Espafioles ha perdido 

su airoso continente. Seme- 

,a un ramillete de confiteria encima 

de una bandeja. Y el asfalto de las 

avenidas, que contemplado a vista de 

it6n tiene un tono uniforme, desde lo alto se 

ve marcado por los surcos que los rapidos 



c 



desce las «f0!0 
me3 de la verda- 
dcralibektad se 
cohtempla pilo- 
sopicamente la 
pcnitenciakIa. 



NUESTRO H!p6- 
DROMO SORPREN- 
DIDO EN UN MO- 
MENTO DE CALMA, 
LIBRE DE PUBLICO 
Y APUESTAS. 




autom6viles trazaron. Tambten el 
hipddromo, desierto aquel dia, ad- 
quiere un aspecto extrafio; no se 
diria un hipddromo sino un parque 
inofensivo y deleitoso. Y asi todas 
las cosas de esta ciudad grandisima 
aplanada contra el suelo 

El dirigible vira en el centro de 
la ciudad y se dirige hacia el estua- 
rio que pierde sus humos de mar. 
Despues la gran nave vuelve a vi- 
rar y, empujada por viento, toma 
una velocidad enorme. Nunca la he 
visto asi, tan rapida y brava. 

Pronto llegamos al aeropuerto. 
La barquilla se inclina en angulo 
agudo y aterrizamos perfectamen- 
te. sin aquellas zozobras del avi6n. 
Vuelven los cuarenta marineros a 
empunar las cuerdas del globo, que 
traniformando nuevamente en un 



ZL COLON ADMIRA 
DO DESDE ALTU 



RAS SUPERIORES A 
LA DE SU PARAfSO. 



juguete de nifios gigantescos entra 
en la enorme carpa. 

Ya en tierra sentimos la primera 
mala impresion d^l viaje, que con- 
siste en darse cuenta de lo poco du- 
rables de las mejores impresiones. 

Hallase definitivamente demos- 
trado, copiosamente demostrado, 
que todo lo bueno es un relam- 
pago, de instantanea vida. Nos- 
otros lo sabiamos mucho antes de 
subir, contabamos con esa ley de 
a instabilidad. Sin embargo, arri- 
ba, lejos de la existencia cotidiana 
y prosaica, la fantasia creyo en 
lo eterno de la dicha al ascender 
a los espacios donde los dioses 
vivieron felices muchos sig'.os. 

RAUL P. OSORIO 

FOTOS DE B A L D I SS E R O T T O 



at) 



Aprovechando aquel 
dia de fiesta, embelle- 
cido por un sol de oto- 
no — que derramaba 
oro fluido en laderas y 
ribazcs, y chispeaba en 
pedregales y rastrojos 
— los peones de la <<es- 
tancia» se entregaron al 
juego tradicional de la 
taba, junto al oalambra- 
do» cubierto, a trechos, 
de <<c:na-cina» verde- 
gueante, sin utilizar la 
sombra de los alamos 
que. frenteaellos, traza- 
ban lineas inconmensu- 
rab'es; porque, en ver- 
dad, la tarde era placida 
y tibia, y no hay nada 
mejor para los gustos 
del paisano que el cam- 
po libre y un horizonte 
dilatado de transpa- 
renres lejanias. 

Don Indalecio, el ma- 
yordomo, hombre ener- 
gico, reservado siem- 
pre — pero que, fuera 
de las horas dedicadas 
al trabajo, solia hacer 
vida de companerismo 
con sus subordinados— 
jugaba con su ayudante 
Facundo Neyra, fuerte 
moceton de facciones 
simpaticas, laborioso y 
practico como ninguno 
en las tareas campesi- 
nas, mientras los de- 
mas, echados o senta- 
dos en el «tapiz de la 
tierna gramilla», demostraban, con atencion 
silenciosa, vivo interes por aquel par- 
tido, aunque descontaban, de antemano, el 
triunfo del mayordomo, pues su competitor, 
a pesar de su destreza para «tirar la taba». 
era tan perdidoso, que si no le pusieron por 
apodo "mala suerte». se debia al carino que 
todos le profesaban, limitandose a repetir- 
le, para consolarle, el refran castellano, que 
ha quedado en el vocabulario criollo: 

— Disgraciao en el juego, afortunao en 
el amor. 

A lo cual Facundc sonreia tristemente, 
pensando para si: 

- Yo se bien que soy disgraciao en todo. 
Al principle, cuando su jefe lo invito, se 

nego a jugar, porque, francamente. no «esta- 
ba para juegos*. Hacia tiempo que andaba 
melanc61ico y malhumoradc. Sus amigos 
habian notado la brusca transformacion de 
su caracter, porque, antes, si no era muy 
jovial, ni abusaba de la locuacidad, como 
otros gauchos alegres y decidores, era amable 
y se hallaba siempre dispuesto a las mani- 
festaciones festivas. Por eso, sin levantar los 
ojos, dijo, para esquivarse: 

— Mire, mayordomo: juegue con algun 
otro de los presentes, porque yo no sirvo pal 
caso. Soy perdedor de oficio... 

- N'importa, — gritaron a un tiempo los 
circunstantes irguiendo los torsos. 

Y uno agreg6 con el objeto de decidirlo: 
No siempre li ha de perseguir mandin- 

ga. Hay que ptsliar al diablo con coraje de 
criollo. 

El, entonces se puso de pie, resignado, 
para no parecer caprichoso, aunque sin pc- 
der ocultar su contrariedad. . . 

Y empez6 el partido, sin entusiasmo, pero 
con mucho empeno por ambas partes. Fl 
"hueso» describia en el aire arcos cerrados. 
elegantes y suaves, sin ultrapasar los limites 
de la cancha, bien lisa, senalada por amplia 
circunferencia, con pistolas, punales y som 
breros, clavandose, a veces, a veces, ro- 
dando en repetidas vueltas, debido al exce- 
sivo impulso de los brazos... Mas Neyra, 
perdia como de costumbre, no obstante evi- 
denciar, en ocasiones, su prop6sito de jugar 
con arte, colocando cuidadosamente la taba 
en la concavidad de la mano, y arqueando 
el cuerpo hacia adelante, para arrojarla, a! 
fin, en una curva perfecta. . . 

Pero no salia. La «ese» ambicionada que- 
daba siempre debajo, como si obedeciese 
al imperio de una fuerzadesconocida, y, con- 
vencido de que todo su esfuerzo seria iniitil, 
se res^lvio a «tirar» sin esmero, a ver si de 
ese modo, cambiaba su mala fortuna. 

Al verle tan desalentado, el mayordomo 
se dispuso, tambten. a jugar mal, impelido 
por un sentimiento generoso, que todos ad- 
virtieron incluso el mismo Neyra. 

Entonces 6ste, algo impaciente, y arro- 
jando la taba a un costado de la cancha, dijo 
en tono visible de c61era: 

Gracias, mayordomo, pero yo no acetc 
limosnas de naide, y menos suyas... 

Don Indalecio lo mir6 sorprendido, pues 
no esperaba tal desconsideraoidn a su per- 
sona. Luego dijole, contentendose: 

— No s:m limosnas, pero si jueran, £por 
qu6 no las habias de recibir siendo mias? 




— Yo no doy ex- 
plicaciones. . . y el 
que se creya ofendi- 
do ya sabe que no 
estoy acostumbrado 
a sacar el cuerpo . . . 

— Gueno, — res- 
pondio el mayordo- 
mo, tirando tambien 
la taba, — - lo mejor 
es no hacerte caso, 
pero vos tenes algun 
embuchao adentro, 
porque, si no, ^a que 
venis con provoca- 
ciones, cuando to- 
dos los presentes 
son testigos de que 
ni siquiera te he rni- 
rao un poco juerte... 

Y agreg6 con desden: 

— Son compadradas al cuete... 

El mozo palideci', y echando rapidamente 
la mano a la cintura, se precipitd, ciego de 
colera, sobre su contendor, pero, como se 
hallaba en el otro extremo de la cancha, fu6 
detenido por varios de sus companeros. 

Don Indalecio espero, inmovil, el des- 
arrollo del incidente, y cuando Facundn, ya 
sosegado, se dirigio hacia su caballo, para 
irse, el hizo igual cosa, despidiendose cor- 
t£smente dt los peones. El mozo salio detras 
del mayordomo, por la misma senda, tcdavia 
palido y cenudo, en tanto los demas se que- 
daban haciendo comentarios de! suceso. 

Ellos sabian que Facundo se habia pren- 
dado de una !inda muchacha, que vivia con 
una anciana en el punto mas distante del 
campo, en un rincon formado por la con- 
vergencia de una "Canada" y el camino ve- 
cinal; sabian que el mayordomo habia 
construido el rancho para las dos mu'erej-, 
con permiso del patron, y que aquel las v'si- 
taba muy a rnenudo, pasando algunas horas 
en su compania. La muchacha era realmente 
hermosa. Las curvas graciles de su cuerpo. 
viva expresion del ambiente nativo. y sus 
ojos, quiza demasiado negros y gran- 
des, y sus mcdales incitantes de criolla 
apasionada, habian puesto una nota atrac- 
tiva en la seledad del paraje agreste. des- 
pertando la codieia de los mozos. Entre 
estos sencillos adoradorcs, Facundo se mos- 
tro, desde el primer instante, el mas rendido 
galan, con una fuerza sentimental tan elo- 
cuente, que obligo a sus companeros, por 
lealtad amistosa, a dejarle «!ibre el camino» 
para no mortificarle. 

Pero iqui^n era ella, al fin? No se habia 
averiguado bien, aunque no se conocian mu- 
cho, tampocc, los antecedentes de don In- 
dalecio, que se habia hecho cargo de la 
estancia hacia seis o siete meses, traido per 
el patr6n de un lugar apartado de la pro- 
vincial. Poco despuesde construido el rancho 
vinieron a habitarlo las dos mujeres, y una 
tarde Facundo vio a la muchacha apoyada 
en la «tranquera», contemplando, al parecer, 
el horizonte, que el sol de la tarde cubria 
de respiandores de fragua. El la saludo 
sintiendose herido ya por aquellcs ojos in- 
contrastables, dominadores. Volvid a pasar 
otras veces, muchas veces, nasta que un 



^ANTlAfflD 



dia. el mayordo- 
mo.. que con ver - 
saba con las damas 
incognitas, te hizo 
senas para que se 
apease. No titubeo, 
aunque su corazon 
apresuro sus diasto- 
les y sistoles, hasta 
e! punto de fatigar- 
le lo mismo que si 
hubiera corrido a 
pie trepando una 
sierra; pero des- 
mont6, descubrien- 
dose respetuosa- 
mente con visible 
cortedad. 

Fue" presen tado 
sin ceremonia: 

— Dona JuanaContreras;lasefiorita Rosa 
Corvalan, su sobrina. 

— Tanto gusto, — musito entre dientes 
Facundo, poniendose rojo. 

Hablo poco, y no miro mucho a la joven 
tal vez para no conmoverse mas, pero not6 
que esta lo examinaba detenidamente y que, 
cuando le traia el mate, le sonreia. 

— Ha de ser porque me tiene lastima, — 
penso — y quiere quese mepaseel mareo. . . 
Si sigue asi, me vi a caer en cuanto el man- 
carron de !a primer giielta... 

Pero no le sucedio ningun rercance. Con 
razon decia el mayordomo, refiriendose a 
un caso parecido y haciendo una metafora 
sin saberlo: 

— Los mozos camperos saben domar el 
potro mas bravo, y son maturrangos cuando 
jinetean el potro del amor... 

Facundo inicio sus visitas a la joven, con 
escasa prudencia. En cuanto cesaba el tra- 
bajo, se acicalaba rapidamente y se ponia 
en camino del rancho... aunque, siempre. 
el mayordomo le habia antecedido, lo cual 
le incomodaba bastante, sin poder explxar- 
selo satisfactoriamente. . . 

Empezo a sospechar a!go instintivamente, 
sobre todo cuando, en su misma presencia, 
el mayordomo se mostraba demasiado fami- 
liar con la muchacha. ^Era su parienta, su 
ahijada, acasoV Mas de una vez habian hecho 
al mayordomo la pregunta consagrada: 
^Es casado, donV. . . 

Y el habia respondido, un tanto perplejo: 
^Yo casao? No, amigazo. Nunca he 
tenido quien me quiera... 

Como en el poblado, en el campo tambiei 
!a sospecha se transforma en calumnia, y U 
calumnia vuela sin ruido entre la sombra, 
como el nacurutu o el murcielago, y asi su- 
cedio con el primer juicio que se formara 
sobre la conducta del mayordomo. Pronto 
la sospecha se convirtid en certidumbre, y 
el mismo Facundo. que si como buen enamo- 
rado era resistente a las murmuraciones que 
corrian referentes a su «prenda», en el fondo, 
la negra duda iba obscureciendo su vida. 
De ahi su cambio de caracter, su colera 
reconcentrada, su angustia implacable, que 
se traducia en desplantes agresivos y en 
invencibles desfallecimientos. 

Siempre habia sido un excelente trabaja- 
dor, un paisano honesto, incapaz de acciones 



bajas, pero su descon- 
fianza lo fue desviando 
de la buena ruta, con 
sorpresa, al parecer, del 
mayordomo, pero no de 
sus companeros. Con- 
cluy6 por hacerse espia, 
rondando el rancho 
de su novia, sigilosa- 
mente. 

Y ella, la .flor de 
mburucuya*, como don 
Indalecio la llamaba, 
acaso por su semejanza 
con la flor indigena, por 
su excitante y extrana 
hermosura, parecfa 
ajena a la fama que le 
habian creado. Corres- 
pondio a la pasi6n del 
mozo, muchas veces 
elogiado por el mismo 
don Indalecio en su pre- 
sencia, y lo am6, po- 
niendo en su carifio la 
nota amable de su ale 
gria ingenua de campe- 
sina, que interpreta las 
cosas de la vida con la 
sencillez que la natura- 
leza les ha dado. 

Su actitud, pues, de 
aquella tarde, cuando 
jugaba a la taba con el 
mayordomo, quedaba 
explicada claramente. 
Sus amigos le vieron 
partir y resolvieron de- 
jarle, pues estaban al 
tanto de sus actuates 
procedimientos. 

Va a bombear el 
rancho — dijo uno de los presentes. 

— Yo le he solido ver en varias ocasiones. 
Deja el caballo como a media legua de la 
casa, entre las cina-cinas, y seacerca dispu^s 
gambetiando pa que no lo descubran. 

— El ya sabe la verdad. No hay uno que 
no se lo haiga dicho, pero no quiere crer. 
Esta enamorao hasta los giiesos. 

— Lo que tiene qui hacer, — agrego otro. 
si tan apasionao esta, es alzarsela en an- 

cas. Lo mesmo esChana que Juana pal caso. 

Y todos se rieron, penetrando la intenci6n 
de la frase. 

Como si lo hubiera oido, asi lo puso Fa- 
cundo en practica. Esa misma noche, en 
la seguridad de que don Indalecio se habia 
retirado de! rancho, pues 61 lo habia v'Sto 
ir en direcci6n a la estancia al tranco de su 
lobuno — se acerco a la casa sin ser visto, 
y aunque los perros empezaron a ladrar 
desaforadamente. el no se cuido de nada y 
atropello como un salteador. Rosa salio a la 
puerta y, asombrada de verlo a esa hora, le 
pregunto temerosa: 

Que querns, Facundo? 

Y h\ se expres6 jadeante: 

— Vengo a llevarte conmigo, aunque sea 
a la juerza. Elegt entre 61 y yo 

- ^Entre qui^n? deci de una vez... 
Facundo no contesto, pero la tom6 de un 

brazo, sacandola afuera. 

— Estas loco, — agreg5 ella, forcejean- 
do para desprenderse, sin lograrlo. 

Entonces grito desesperadamente: 

- ;Tia, tia!. . . 

La anciana acudio asustada y. al ver a 
Facundo que arrastraba a la muchacha en 
direcci6n al caballo, pidi6 auxilio — 

En ese momento critico aparecio el ma- 
yordomo, y a la escasa claridad que proyec- 
taba una lampara se did cuenfa de todo. Sin 
vacilar. se lanz6 sobre Facundo dandole un 
empell6n y volteandole. 

Miserable. le dijo, — asi no se porta 
un hombre. Eres un disgraciao... 

Facundo sintio la ofensa como si se le 
hubiera clavado en las entranas, pens6 que 
aquello era la burin unida a la infamta y, 
desenvainando el punal, se abalanzo sobre 
don Indalecio. 

Este, con el mango del rebenque. le aplic6 

un recio golpe en e! brazo, desarmandole. 

lY con que derecho. vamosa ver. in- 

terrogo el mozo — se mete uste" en lo que 

no le importa? 

Y siguid, sin miramiento alguno, humi- 
llado por la derrota: 

Ella es tan suya como mia, de! que sea 
mas juerte. . . 

Don Indalecio se puso tr^mulo de ira e 
hizo un movimiento de ataque. enarbolando 
el *talero». Luego, dominandose, exclam6: 

— No tengo que dar cuenta a naide de 
mi vida, pero a vos. pa que te avergonces 
si entuavia te queda verguenza, te lo voy 
a decir: Rosa es m"hija... 

;Suhiia! - exclamo Facundo anonadado. 

— Si, m'hija... y aura que lo sabes. 
andate pronto de aqui y no me pi$6s nunca 
la casa . . . 

Y agrego, inexorable: 

— Esta vez, como siempre, disgraciao, no 
has echao suerte tampoco. 





(•NINAS DEL BARRIO DE S. MARINA,!, R. DE TORRES. 




Las exposiciones 

de arte espanol tienen 

entre nosotros una gran 

importancia, sobre todo las 

pictoricas. El genio de la raza se 

manifiesta en ellas inconfundible, atra- 

yendo a los artistas argentinos. Hay en aque- 

llos trabajos notas que vibran al unisono de 

nuestra pintura. Por esa circunstancia han tornado 

en la Argentina carta de naturaleza esos certamenes 

de arte hispano. El dia 2 de mayo sera inaugurada 

en la sala Muller la exposicion de pintura espanola 

que presenta el sefior Carlos Bou. Los lienzos enviados 

por los artistas peninsulares forman un hermoso 

conjunto: Sotomayor, Benlliure. Romero de Torres, 

Mongrell, Nieto y otros pintores de merito. Al- 

gunos de los cuadros son verdaderamente 

obras de gran importancia y valia. 

Entre los artistas y «amateurs» na- 

cionales existe verdadero inte- 

res por conocer este nuevo 

certamen de la vieja 

«LA DAMA DELAMAN- eSCUela hJSpana. |US DOS AMICASl, 

TILLAi, SOTOMAYOR. 



A. MIGUEL NI ETO. 




Q 



a 





/ 



ANQNIh O 



yvNus 



Habia una fiesta en el pueblo aquella manana 
luminosa. Una fiesta de iglesia con olor de incienso 
y misticas actitudes. Bajo los grandes arboles de 
!a plaza, de sombras entrecortadas, cruzaba la 
gente lugarena luciendo los atavios mas preciados, 
de fuertes, risuenos colores combinados de con- 
formidad con su gustos primitivos. 

Llego un ciego sin lazarillo y busco sitio en un 
banco junto al labriego amigo, que lo ayudo a 
sentarse. 

En la capilla vecina anunciaba un ritual cere- 
monioso el cristalino son de las campanulas, con- 
fiadas a un improvisado sacristan que aspiraria 
a ser, andando el tiempo, el reemplazante de! cura. 

Conversaban el ciego y el trabajador. Algo de 
sus dialogos quedaba en el aire, atemorizado quiza 
por la luz de aquella manana; de suerte que 
cuando, observandolos con extrano interes, apare- 
cio en la cercania un hombre desconocido, un 
extranjero en el pueblo, sin duda un recien llegado, 
se desperto en mi el afan de comprender sus pen- 
samientos. 

El ciego cont6 su historia y hubo en sus gestos 
y frases tan honda resignation, tanta conformidad 
de hombre, que creo que el ambiente la reprodujo 
al mismo tiempo que, acaso por el ensalmo de los 
oficios sagrados, a ratos con aire de suficiencia. 
a ratos cumpliendo indiferente su mision, hablo 
a los otros personajes: al trabajador y al viajero. 

Asi, por quererlo el ambiente en la plaza de un 
pueblo con grandes arboles, nacieron estas notas 
una manana de claridad irritante. 



I 







Fu6 un humilde maestro de escuela cuyos ojos, 
en fuerza de detenerse sobre las paginas de una 
cartilla antigua, cierta noche de invierno cegaron 
irremediablemente. 

Como nunca profundizd en el sentido de su 
mision, sus ojos, en tiempos de luz, no vieron 



ingratitudes; unicamente su espiritu supo de una 
cuando ya para el se torno infinita la noche. 

Quedo solo y tan pobre como solo, sin mas 
apoyo que una vara nudosa de tala y sin m&s 
amigos consecuentes que los propios lejanos re- 
cuerdos. 

Y con paso leve y lento, como el deslizar de 
una sombra, menguada sombra de si mismo, vago 
por las calles mendigando, aunque mas no fuese, 
la fiction de un afecto. 

Despues, con la patina de los anos. el punzante 
dolor engendro, por extraordinaria virtud, una 
serenidad henchida de fe, prodiga en esperanzas 
que el ciego aun anhela saber florecientes y reno- 
vadas con cada amanecer en las almas juveniles. 

Y a veces, en las pupilas muertas, se advierte 
una tenue vislumbre que nadie sabe si es postrero 
reflejo del dia o simple luz de inapreciada con- 
ciencia. . . 

EL TRABAJADOR 

Trabajador de palmas callosas. ^sabes si el pan 
de la simiente que esparces sera para tu enemigo? 
(iSabes tu si el vino que trasiegas, con ser tan 
puro, habra de envilecer la vida de tus hijos, o 
sospechas tan siquiera el destino de la filigrana 
de oro que te afanas por desentranar de la ruda 
montana? 

La murmuracion de los inutiles y la mezquindad 
de los poderosos acaso pretendan proyectar una 
sombra de ridiculez sobre tu proficua labor y 
mofarse con ella de tu vida rudimentaria que 
ignora la razon de la mansa esclavitud que la 
ennoblece. . . 

Mas no importa, anonimo trabajador. Mientras 
se abulte tu brazo en la contraction del musculo; 
mientras aspires a pulmon lleno al aire caldeado 
de la siesta, las rafagas saturadas de aroma sil- 
vestre del atardecer: mientras duermas sin sobre- 
saltos, vencido por el cansancio, y te satisfaga en 



torno a tu mesa el plato rustico de la rustica 
merienda, y mas que nada, mientras ria el amor 
en los labios de tu hacendosa compafiera y rian 
tus hijos — tus ninos de alma flor y cutis reque- 
mado a la intemperie — corriendo a la ventura 
por los solares de la villa en que nacieron. no 
importa que ignores quien aprovechara de tu 
trabajo. 

Prosigue sin alardes ni preocupaciones tu labor 
fecunda: ya te dira tu conciencia. en lenguaje 
seguro y sencillo. que esa labor tiene tan alto 
significado que, acaso, la comprenderan solamente 
los pocos que saben que tambien tu pueblo chico 
es un pedazo de patria... 



L. 



V 



J 



R O 



Se bienvenido, viajero anonimo. 

^No te conto el viento alguna historia doliente? 
Desconocido, ique anhelas sorprender en los ojos 
de esas muchachas humildes que van por las calles, 
avergonzadas de su mocedad provocativa? 

Viajero: quedate en este pueblo pocos dias o 
quedate — si lo prefieies — muchos afics. Pero 
no te incorpores a su vida. No averigiies sus inti- 
midades. no inquieras detalles de las grotescas 
rencillas caseras. Atesora la primera impresion y 
piensa que los dias transcurren apaciblemente, 
con aisladas caricias languidas de mujeres morenas. 
Con caricias que son palabras de ventura, y a 
cuyo influjo la calma de las horas cobra vagas 
ondulaciones de lagunas remotas donde flota 
sobre las aguas una flor blanca entre verderos de 
indefinidas esperanzas. 

Y por extensa que sea tu estancia en el villorrio 
no tendras mas amarguras que las que traigas 
contigo. y aun estas cederan al conjuro del sol, 
de las ruinosas viviendas indigenas. de los mon- 
taneses taciturnos que en silencio evocan leyendas 
cuya belleza quedar.-* de tal suerte librada a tu 
buena voluntad de viajero. 




CAbEZA D V 



O I EC 



A 



DO 






OdrD 




PCX 

FblCAFbDO/ foOIA/ 

ILUSTRACION DE ZAVATTARO. 



la abierta ventana 
la alcoba sombria, 
pensamiento al extasis se abria 
la noche sabatica y lejana.. . 



Por 

De 
Mi 
De 

El campo era en la media 

Noche, cuando la luna 

Da a Canidia oportuna 

Sus potencias de hechizo y de tragedia. 

Cabalgando a los palidos reflejos 

De la luna redonda, 

Paso la aciaga ronda 

Para el rito sabatico, a lo lejos. 



Espectral, sobre un monte, 

Se alzo el magico dios piernas de cabra, 

Y escuche la satanica palabra 
Que llegaba del liigubre borizonte. 

jNunca mi labio diga 

L. o que mi alma en el extasis oyera, 

Fatalidad de llanto y de quimera 

Que fragua en el misterio la potencia enemiga! 

Mas tu recuerdo vino, 

Oh Amada a quien mi labio nunca nombra, 

Y en aquella palabra de la sombra 
Te uniste para siempre a mi destine 





MLLE. SUZANNE 
RIBON DE GON- 
ZALEZ MORENO. 



DUQUE MARCE- 
LLO' CARACCIO- 
LO D! SAN VITO. 




no de los mayores aconteci- 
mientos sociales realizados du- 
rante la primavera de 1920 en 
Paris, file la boda del duque de 
Laurino. don Marcello Carac- 
ciolo di San Vito, con la seno- 
rita Zuzanne De Ribon Gon- 
zalez Moreno. El esposo per- 
tenece a una alta e historica familia cuyo ori- 
gen remonta al siglo ix. Es hijo del duque 
D'Aquara, don Vincenzo Caracciolo di San 
Vito. y de la duquesa D'Aquara. dona Ottavia 
Caracciolo di San Vitc.'nee Spinelli di Laurino, 
familia igualmente antigua y de insigne no- 
bleza. El duque de Laurino tiene el grado de 
subteniente de artilleria que conquisto en la 
guerra. Herido en Bainsizza donde se distin- 
gui6, obtuvo la Cruz del Merito de Guerra. 

La gentil desposada es hija del sefior Rafael 
German De Ribon, descendiente de una anti- 
gua familia espanola instalada en Colombia 
desde 1720, y de la senora Rosita De Ribon, 
nee Gonzalez Moreno, distinguida familia que 
establecidse en la Argentina en 1800. 

La ceremonia civil efectuose el sabado 8 de 
mayo, siendo los testigos: por el novio el conde 
don Mario Caracciolo de Torino, representado 
por el seiior De Peppo, viceconsu! de Italia en 
Paris y caballero de la 
Corona de Italia, y la 
princesa de Palazzolo 
Ruffo, representada por 
el conde Luigi Orazio 
Vinci, de la embajada de 
Italia; y por la no via, los 
sefiores Remigio Gonza- 
lez Moreno y De Alvear, 
ministro argentino en 
Paris. Por la noche cele- 
br6se una recepci6n en 



<5 BMLACE 




DON VICEHZO 
CARACCIOLO DI 
SAN VITO, DU- 
QUE D'AQUARA. 




los salones del hotel De Ribon, calle Cimarosa. 
El lunes 10 se efectuo la ceremonia religiosa en 
la iglesia de Saint Honore. Los testigos eran: 
por el esposo el principe de Candriano Carac- 
ciolo, representado por don Arcanio Colonna, 
de la embajada de Italia, y el principe Giova- 
nelli, representado por el conde Vannutelli Rey, 
de la legation italiana; y por la desposada los 
sefiores Martin De Ribon y el ministro de 
Colombia en Londres. Padrino para la bendi- 
cion del anillo fue el baron Meoli, representado 
por don Lucio Caracciolo, hermano del esposo. 
La «quete» fue hecha por Mile. De Bellet y 
don Lucio Caracciolo. 

El templo hallabase admirablemente ador- 
nado con ricos tapices, plantas y flores. La 
comitiva desfilo entre las densas filas formadas 
por los invitados. Pocas veces se ha visto tan 
concurrido, en este genero de ceremonias, la 
iglesia de Saint Honore. 

La desposada, cuya belleza y distincion re- 
conoce y admira todo el gran mundo, lucia una 
elegantisima y rica «toilette lamee d'argent». 
La corbeille de la novia era verdaderamente 
maravillosa. Citar la enorme cantidad de obse- 
quios recibidos de las relaciones ocuparia largo 
espacio. Las amistades que no pudieron concu- 
rrir a la ceremonia enviaron expresivos tele- 
gramas de felicitacion. 
Ademas de la paren te- 
la de los contrayentes 
asistieron a la fastuosa 
boda el gran mundo pa- 
risiense y gran parte de 
las colonias argentina y 
colombiana. Despues de 
un almuerzo grandiose 
e! duque y la duquesa de 
Laurino partieron para 
Londres. 



DONA OCTAVIA 
CARACCIOLO DI 
LAURINO SAN 
VITO D'AQUARA. 





JL 




IliAESPKA 



JL 






a l f of e va de 

B o L i v a r, 

el Liter t a dor 







illaespesa, uno de los prirrrios 
poetas actuales del habla caste- 
liana, ha regresado de America, 
de Centro America, viajero de 
una ruta de triunfo. Es el poeta 
espanol mas conocido y aprecia- 
do en aquel lado del Atlantico, y 
aquellos publicos tuvieron ahora 
oportunidad de rendirle el homenaje de su admi- 
ration. Asi, gusto de las mieles del exito y vio 
reverdecer sus laureles. 

Villaespesa es el poeta por antonomasia, porque 
esa es su naturaleza. En el se reunen las dos supre- 
mas facilidades que son patrimonio de los grandes 
poetas: la de percibir y la de expresar. Todo sen- 
timiento que va a manifestarse en el cuerpo de la 
palabra, encuentra en su espiritu la armonia 
adecuada. Por eso hay en sus versos la facilidad 
del canto del pajaro y el frescor de una fuente, 
las dos voces de la naturaleza que mejor reflejan 
la armonia originaria que les viene de Dios. 

Ademas, este poeta ha conservado la tradition 
romantica del poeta espanol: el cantar desinte- 
resado de todas las cosas convenientes y materiales 
de la existencia. En la santa pobreza del vate 
fueron apareciendo, libro tras libro, todas sus obras, 
donde derrochaba el sentimiento lirico de su alma. 
Tesoro por el cual merecio el nombre de principe 
de la poesia . . . 

Luego vinieron sus obras teatrales, en momen- 
tos en que yacia en el mas triste de los abandonos 
una de las mas ricas tradiciones literarias espano- 



las: el teatro en verso. Recogio el cetro que bri- 
llara por ultima vez en la mano de Zorrilla, y el 
entusiasmo lirico atraveso de nuevo la escena 
espanola como un soplo vivificador, al influjo ma- 
gico de su verbo iluminado. 

Mensajero lirico de ese teatro fu6 a la America 
del Centro y, mas firme que nunca en sus ideales 
de poeta, confortado por el exito, ha regresado a 
Espana, para volver de nuevo a la America espa- 
nola a realizar un sueno que hace tiempo acari- 
ciaba: realizar una campana de arte y poesia. 

Su empresa es doblemente provechosa, pues su 
viaje ha servido para que, familiarizado con Ame- 
rica, introduzca en su obra un nuevo elemento que 
actuara en ella de manera eficaz, marcando pre- 
sentidos rumbos. Villaespesa viene a concretar y 
dar forma y vida a una idea que nosotros gusta- 
mos repetir: la universalidad, dentro del ambito de 
la raza espanola, del escritor castellano, sea este 
de Madrid, Buenos Aires o Caracas. Sugestionado 
por la belleza legendaria de la vida de Bolivar, ha 
escrito su epopeya en una obra teatral que, por 
lo que hasta ahora conocemos de ella, es lo mas 
acabado, fuerte y hermoso de la dramatica de este 
excelso poeta. Esto tiene para nosotros un interes 
enorme por el margen de posibilidades que deja 
la initiation de este teatro. Villaespesa puede ser 
el clasico de un arte dramatico que se inicia. Y 
tiene, ademas, un doble inter6s hist6rico: el dar 
a la guerra de la independencia de America su 
verdadero caracter: el de guerra civil. 

El hecho de que un poeta nacido en Andalucia 



escriba la epopeya de uno de los mas prestigiosos li- 
bertadores de Amenca, equivale por simismoa una 
larga definici6n; aun mas, porque un hecho tiene 
un valor mucho mas importante que todas las 
palabras. La gente que se paga de prejuicios y 
limitaciones, puede alzar su voz de protesta: son 
palabras vacias. En cambio, bajo la belleza mar- 
m6rea de las estrofas del poeta corre la sangre 
viva . . . 

Es el poeta quien hace la historia. Y el poeta no 
nos habla con voz nacional que se ahoga en la 
frontera, sino que es la voz misma de la raza. En 
este punto, la obra del poeta se une a la predica- 
ci6n del fil6sofo, realiza su teoria. Nos referimos 
a don Jose Ortega y Gasset, que ha dicho con la 
serena gravedad de su voz de maestro: 

«Allende la guerra, envueltas en la rosada 
bruma matinal, se entreven las costas de una 
edad nueva que relegara a segundo piano todas 
las diferencias politicas, inclusive las que deli- 
mitan los Estados, y atendera preferentemente 
a esa comunidad de modulaciones espirituales 
que llamamos la raza. Entonces veremos que en 
e! ultimo siglo, y gracias a la independencia de 
los pueblos centro y sudamericanos, se ha pre- 
parado un nuevo ingrediente presto a actuar en 
la historia del planeta: la raza espanola, una Es- 
pana mayor, de quien es nuestra peninsula s6lo 
una provincia. 

«Mas para ello es preciso que los escritores espa- 
noles — y por su parte los americanos — se liber- 
ten del gesto provinciano, aldeano, que quita 
toda elegancia a su obra, entumece sus ideas y 
trivializa su sensibilidad. El literato de Madrid 
debe corregir su provincianismo en Buenos Aires, 
y viceversa. El habla castellana ha adquirido un 
volumen mundial: conviene que se haga henchir 
ese volumen de otra cosa que emociones y pen- 
samientos de aldea». 



iQU 



Segiin nos dice Villaespesa, Bolivar no es su 
exclusivo pensamiento, sino la figura de mas re- 
lieve, el episodio oulminante de una tetralogia 
que dara a conocer muy pronto a todos los pu- 
blicos de America. 

Como deciamos antes, sera una campana de arte 
y poesia. Villaespesa prepara actualmente la for- 
mation de la compania, dirige la pintura de deco- 
raciones y adquiere cuantos materiales son nece- 
sarios para presentar las obras con toda propie- 
dad y belleza. Ademas de su repertorio, montara 
las obras mas interesantes del teatro clasico y el 
moderno teatro espanol. 

Y, como el poeta actualmente dispone de me- 
dios, puede al fin hacer de sus suenos una bella 
realidad. 

Pero lo mas interesante de su campana es el 
estreno de su «Bolivar». La sugestiva figura del 
Libertador se recortara en el inspirado y lirico 
castellano de Villaespesa como sobre un horizonte 
de purisimo azul. Y he aqui como el poeta, incons- 
cientemente, viene a resolver otro problema: el 
del idioma castellano en America. Lo hemos dicho 
otras veces: para dar una nota exacta, es necesario 
poseer un instrumento perfecto y afinado. La 
minoria americana que pugna por la creation de 
un nuevo idioma, antes de dar ninguna nota ten- 
dria que construirse un instrumento adecuado. 
<iNo es esto un absurdo cuando tenemos uno, mag- 
nifico, el mas rico en sonidos, en nuestras manos, 
y solo nos falta saber pulsarlo bien? Ademas que 
podia ocurrir un hecho curioso: despues de un 
largo periodo de formation, que equivale a bar- 
barie, dentro del idioma, es posible que llegaran 
a crear... el castellano, como aquel explorador 
de Chesterton, que despues de recorrer los mares 
en busca de un continente que descubrir, clava al 
fin su estandarte ingles en una tierra que el cree 
virgen y no es otra cosa que una colonia de su 
pais. 

Heroe de Espana o de America ,;que importa 
esto al poeta castellano? Si en el heroe encuentra 
ese parentesco espiritual de la raza, necesario para 
modelar su vida en la estrofa, tiene bastante. Si 
como en esta ocasion, de cada verso va surgiendo 
esa figura fina y fuerte, inspirada y tenaz, heroica 
y desdichada, que, siendo muy espanola, nacio 
en America y la liberto politica y materialmen te. 
pero que, con sus mismos actos, afirmaba su 
abolengo espiritual espanol: Sim6n Bolivar... 

Madrid, febrero, 1921. 








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fc*» «j&* x**sar/**z 



JARDIN ENTRE PAGODAS 

Polvoriento jardin de un Bonzo viejo 
que vive entre Pagodas solitario... 
Caduco en el crepusculo bermejo 
jardin remote., casi milenario... 

Crece la yedra sobre el tronco afiejo, 
la flor cautiva... para el santuario... 
Tibores de Satzuma, aureo reflejo 
Pagodas de gigante lampadario. 

Asiatico jardin que guarda un Buda 
y dioses Shintos, de oro, en la Pagoda 
de cedro y rojas lacas. . . puntiaguda. . . 

jOh, rito secular y furibundo! . . 
jOh, leyenda oriental del Asia toda! 
Jardin del Bonzo, en un rinc6n de mundo. . . 




LA NOCHE EN GRANADA 

Silencio de las noches de Granada 
eloouente y profundo. Sortilegio 
de jardines; leyenda inalterada 
de un pasado romantico y egregio. 

La noohe granadina esta encantada, 
llena de ondas sonoras de ese arpegio 
de cancion dolorida, enamorada 
que del alma gitana es privilegio. 

Noches claras, fragantes. . . Surtidores 
que son como kassida entre rosales. 
Rumor triste y lejano de una zambra. 

Jazmines y arrayanes. Miradores... 
Arabescos que tejen madrigales. 
jOh, prodigioso sueno el de la Alhambra! 



JARDIN AL SOL 

Todo el jardin parece que suspira . . . 
con aliento de Fauno entre la fronda. 
Una cigarra, ebria de sol, delira... 
Sube en vuelo nupcial la abeja oronda. . . 

La miriada de insectos tenue gira 
sobre el estanque de impasible onda, 
mientras un cisne caviloso mira 
su bella imagen, invertida y honda. 

Moteada de luz el agua obscura 
bajo dosel tupido de floresta — • 
refleja en oro una sutil cisura... 

Ceso la ingenuidad de la manana. 
Viene el sopor vibrante de la siesta 
con esplendores de hora meridiana... 



PORjLA CONDI ISA 
C A STELLA. 

IWriJ/MJOJf D 51 MO 




JARDIN A LA LUNA 

Noche. Jardin... Fragancia y transparencia. 
Plenilunio patetico, insondable. . . 
absurdamente bello... Somnolencia 
bajo el enigma astral, indescifrable. 

Jardin de asombro azul... |oh, la cadencia 
de adagio pasional inenarrable. . . 
alma y voz de las cosas! . . . Apariencia 
de una vida de ensueno, inviolable. 

jOh, floridos parterres. Surtidores 
que rezan a la luna fugitiva... 
prodigiosa canci6n de ruisefiores! 

El jardin que suspira esta embrujado 
con la intensa saudade pensativa 
de un anhelo, infinito y malogrado... 




'euccsjc 




ZA 





E aqui un joven grave, sere- 
no. con cierta aura de tristeza 
muy estoica, muy espanola. 
en el bello semblante palido. 
Parece un adolescente aristocratico; no 
obstante, su mirada profunda y el ric- 
tus entre cansado y desdenoso de sus 
labios delatan al espiritu inteligente que 
ha dado la vuelta a mas de una teoria. 

Victorio Macho es un artista moderno; 
no tiene nada que ver con los escultores 
de academia. insensibles y ramplones, 
que durante varios lustros se han dedi- 
cado a llenar de estatuas frias las plazas 
y los jardines. Es habil, facil, elegante, 
flexible; pero no cae nunca en lo bonito. 
Y su intima distincion le salva. por otra 
parte, del peligro de las bizarrias exce- 
sivas y del pecado de artificioso origina- 
lismo. 

Es oriundo del corazon de Castilla. 
nacido en la tierra de Palencia, y tiene 
como si dijeramos el instinto de la raza 
peninsular. Sus tipos castellanos y vas- 
congados. trasladados al bronce o al di- 
bujo. son figuras de una expresion sint6- 
tica, fundamental. Mirando tres o cua- 
tro de esas figuras se tiene el retrato 
fisico y psicologico del tipo racial iberico 
y celtiberico. 

En estos dias ha expuesto parte de sus 
obras en un amplio salon del palacio de 
Bibliotecas y Museos. Declaremos por 
delante que la cultura artistica de la 
muchedumbre en Madrid ha progresado 
considerablemente desde hace pocos 
anos, y esto se comprueba con el hecho 
de que las exposiciones particulares y 
especializadas, que constantemente se 



inspira muy escasa simpatia. Siento por 
instinto horror a la muerte. como todo 
ser viviente: pero como hombre de tma- 
ginaci6n. siento una irreprimible repug- 
nancia hacia lo que llamariamos tdelec- 
tacidn de la idea de la muerte y volup- 
tuosidad del cadaver-. 

Algunos de los bustos que exhibe Vic- 
torio Macho son de una fuerza y una 
destreza dificilmente superables. El bus- 
to del pintor Iturrino es un ejemplo de 
suprema maestria, fuerte como una ca- 
beza romana y sugestiva como una ex- 
presion moderna. 

Una de las revelaciones mas intere- 
santes de Victorio Macho es la serie de 
dibujos con que regala los ojos y la 
inteligencia de los espectadores. Son 
nada mas que cabezas. Son retratos de 
hombres y mujeres que el artista, al an- 
dar de sus viajes por los pueblos y las 
montanas, ha ido recogiendo como por 
distracci6n; hasta que un dia, con asom- 
bro del propio dibujante, los apuntes se 
han convertido en una verdadera colec- 
cion de *retratos raciales espanoles». 

La aspiracion de Julio Antonio persi- 
gue tambten a Victorio Macho. Ambos 
aspiran a retener plasticamente los tipos 
mas representatives del pueblo espaflol. 
fijandolos de una vez, como documentos 
explicativos de una raza, como la espa- 
nola, tan rica en expresi6n y en varie- 
dad. Los dibujos de Macho a que me re- 
fiero parecen ser estudios preliminares 
de obras escultoricas que paulatinamen- 
te iran modelandose. Pero tales como 
ellos son, esos dibujos valen ya por 
cualquier obra de grandes proporciones. 




repiten en Madrid. v6anse visitadas por 
un publico numeroso del que forman parte 
lo mismo las personas de alta posicion y 
los intelectuales, como el hombre del pue- 
blo, como el estudiante o el nino esco- 
lar y las mujeres de todas las clases so- 
•ciales. 

Como obra de empeno presenta la esta- 
tua mortuoria de su hermano. de un rea- 
lismo estremeciente, al par que investido de 
un sentimiento profundo. Es en esa obra 
donde la critica halla mas motivos de dis- 
cusion. Por mi parte, confieso que el tema 
■mortuorio y sepulcral, aplicado al Arte, me 



En todo pais debiera haber un museo 
especial donde se coleccionaran las obras 
de arte que mejor, con mayor energia e inte- 
ligencia. reprodujeran tipos humanos dignos 
de ser tornados como modelos representati- 
ves de la raza. Algunos artistas tienen una 
especial aptitud para reproducir el tipo. 
el ademan, el sello psico!6gico de la raza. 
El pintor Bermtidez, por ejemplo, entre los 
artistas argentinos. posee esa maravillosa 
y patri6tica cualidad. 

JOSE MARIA SALAVERRIA 

Madrid, enero, 1921. 



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cada maquina, lo que proporciona una gran economia de esa fuerza y, a la vez, elimina 

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LA AMPLIA SALA DE ESGRIMA. 

La tradicional cultura de la sociedad mendocina, repre- 
sentada brillantemente en todas las manifestaciones de sus 
actividades, tiene en el Club de Gimnasia y Esgrima, la 
prestigiosa institucion que preside el senor Eduardo Gui- 
llermo Evans, uno de sus mas hermosos exponentes. Orien- 
tada hacia los fines mas altos, la marcha de la institucion 
ha ido paulatinamente en constante avance, habi6ndose 
logrado que hoy sea ella un motivo de justo orgullo para 
la rica provincia andina. 

Cuando hemos visitado el espacioso y esplendido local 
en que esta instalado el club, el elogio 

sin reticencias broto de nuestros labios, senor eduardo gui 
como la prueba de nuestra admiracion llermo evans, presi 
por la obra realiza- 

da, de inapreciable _ 

valor tanto fisica 'im£jTJ 

como culturalmente. ^**tffcd 

La dedicacion de la 
juventud mendocina 
hacia los deportes, es 
un espectaculo que 
reconforta el espiri- 
tu, y de ello pueden 
congratularse los or- 
ganizadores y soste* 
nedores de la insti- 
tucion. Constituyen 
las salas dedicadas 
a ejercicios fisicos, 
admirablemente do- 
tadas de los mas mo- 
demos aparatos, el 
punto de atraccion 
de numerosisimos 
aficionados. 

Y asi como en el 
gimna^c cancha de 
pelota, sa.a de esgri- 
ma y de gimnasia 
sueca, es altamente 
halagadora la pre- 
sencia de jovenes y 
ninos, en su biblio- 
teca, seleccionada 
con verdadero espi- 



SALA DE GIMNASIA Y EJERCICIOS FfsiCOS. 

ritu educativo y ameno, no es menor el movimiento, dado 
el numero de lectores que a ella acuden. 

Bastaran las fotografias, ya que una cr6nica ligera no 
seria logica en este caso, para dar al lector una noci6n justa 
de la magnificencia, severidad en sus lineas y comoda dis- 
tribucion de sus salones. de sus muebles y de sus ornamen- 
taciones. 

La guardia vieja, formada por los apellidos mas ilustres de 
Mendoza, apellidos] estrechamente unidos a su progreso y 
desarrollo, reunense alii, en animadas tertulias, muchas de 
las que han constituido trascendenta- 
de la presti- les fases poh'ticas de la misma. Sin dis- 
institucion. ttnci6n de tendencias o partidos, acude 

al club lo mas re- 
presentative de esa 
provincia; y es que 
hay alii calor de no- 
gar, ambiente grato, 
cultura y sobre todo, 
educaci6n y respe 
to mutuo. 

Bien es verdad 
que el senor Eduardo 
Guillermo Evans. 
que preside la comi- 
sion directiva, reele- 
gido por tres perio- 
dos consecutivos por 
la unanimidad de los 
asociados, reune to- 
das las condiciones 
de un perfecto gent- 
leman; de su entu- 
siasmo y su cons- 
tante preocupaci6n 
en pro de la ins- 
titucion dicen bien 
de la complacencia y 
y del aplauso que se 
le prodiga en todo 
momento a su des- 
tacada obra. 



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el rico estuche digno de contener la preciosa joya 
que es una elegante dama. 

Es un auto de esplendente hermosura. Sus lineas graciosas, 
sus ricos tapizados, sus amplios y comodamente mullidos 
asientos y todos los demas detalles de su equipo representan 
el maximo de la perfecoion y del luio puesto a la disposicion 
del poseedor de un auto de la marca STUDEBAKER. 

Por la potencia y la regularidad de la marcha de su per- 
fecto motor, el STUDEBAKER es el coche que reune 
absoluta seguridad y que anda constantemente firme. Se 
desliza suavemente por cualquier clase de caminos llevando 
con rapidez a su dueno al lugar deseado. 

El «Limousine» STUDEBAKER, como todos los demas de 
esta marca, es un coche dotado de magnificos detalles, equi- 
pado con todo «confort» y cuya presencia en una mansion 
senorial revela la aristocracia de su propietario. 

Entre los coches STUDEBAKER hay gran variedad de 
modelos. Usted encontrara en ellos el diseno que tanto le 
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LA HER01CA MU LAN 

PERSONIFICADA POR 

UNA ESTUDIANTE 

CHINA. 



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as multitudes enormes que pueblan el que fue Imperio 
del Hijo del Cielo han sufrido muchas veces los estra- 
gos de esa calamidad sin paralelo que se llama el 
hambre. En nuestra feliz America, tan paco pobjada 
y tan llena de reeursos, nunca hemos sabido lo que es 
en realidad el hambre al modo como lo han sufrido 
los habitantes de la China o de la India. Es algo espantoso, que no 
se puede casi imaginar, el espectaculo de millones y millones de 
seres humanos que mueren sencillamente porque no tienen que 
comer, porque la tierra que habitan no produce para su sustento 
y no pueden traerlo de otra parte. Algunas poblaciones europeas 
han sufrido. a consecuencia de la guerra. muchas y angustiosas pe- 
nurias por la falta de alimentos; pero de eso al hambre china hay 
mucha distancia todavia. Y desde hace algunos meses, en ciertas 
provincias del interior de la China, el hambre reina, sin que hasta 
ahora se haya podido auxiliar a esas miseras gentes en la forma 
requerida por su tristisima situacion. 

Como era de esperar, los muchos millares de chinos que viven en 
el extranjero no han demorado en acudir en ayuda de sus compa- 
triotas famelicos, y las hermosas fotografias que acompanan a estas 
lineas fueron tomadas durante una fiesta teatral de beneficencia 
organizada por un grupo de estudiantes chinos de Nueva York, y 
que se efectuo en los tiltimos dias de febrero en el teatro Cort de 
aquella ciudad. El exito pecuniario de la hermosa fiesta fue muy 
halagador; pero mucho mas lo fue el exito artistico, pues la repre- 
sentaci6n del drama chino por los estudiantes chinos fu6 irrepro- 
chable. La pieza representada fue un drama titulado «Mu Lan». 
traducido al ingles, y que esta basado en un poema chino del siglo 
vi que canta las gestas gloriosas de Mu Lan, llamada la Juana de 
Arco de la China. Como se sabe, en el teatro chino no trabajan mu- 
jeres, siendo muchachos especialmente preparados los que desem- 
pefian los papeles femeninos, ni mas ni menos que como en el teatro 
ingles del tiempo de Shakespeare. 
Los chinos son muy aficionados 
al teatro, y la historia del arte 
dramatico se remonta a edades 
muy distantes en la China. ePara 
el placer puro y sencillo. indepen- 



LAS DOS HER- 
MANAS MU LAN 
Y MU WAY SE 
CONFIAN UN 
SECRETO. 



DOS VALIENTES 
SOLDADOS, ES- 
TUDIANTES DE 
LA COLUMBIA 
UNIVERSITY. 



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,4;~„4.„ J„ • 'i-i EL CAPJTAN DE UNA 

diente de ganancias y perdidas BANDA DE bXrbaros 
— escribe Mr. H. A. Giles en reconc.liando a dos 
su bello libro «The Civilisation r.E sus oficiales. 
of China» — el teatro ocupa el 

mejor sitio en el espiritu de los chinos. Si ei juego 
es un vicio nacional en la China, el drama debe 
ser considerado como una diversion nacional. La 
vida seria insoportable a la gran mayoria si su mo- 
notonia no se viese rota por la periodica represen- 
tacion de obras dramaticas. De ahi emana el hecho 
de que, mientras se fuma una pipa o se saborea una 
taza de te, puede adquirirse cierta familiaridad con 
los grandes episodios historicos del pasado, al paso 
que el sainete, que a las veces se extravia quizas 
por el lado de la licencia, regocija mucho a la mul- 
titud, siempre dispuesta a reir». 

Para los chinos el teatro es, pues, casi casi una 
institucion nacional, de suerte que alii en donde se 
hallan en niimero suficiente, no tardan en organizar 
un teatro. Asi hay teatros chinos en San Francisco, 
Lima y otras ciudades del Pacifico en que las gentes 
amarillas son mas o menos abundantes, y al lado 
del teatro esta la inevitable casa de juego. 

Por supuesto, hay mucha diferencia entre el teatro 
chino y el nuestro actual; pero la diferencia se hace 
menor a medida que nos remontamos hacia los ori- 
genes de nuestro teatro, es decir, el teatro europeo. 
El escenario no tiene telon ni decoraciones y la or- 
questa esta en el escenario. En suma, todo primitivo 
para nuestro gusto actual; pero no muy diferente de 
nuestro propio teatro en sus comienzos, ni de los 
demas teatros nacidos de las primitivas escenas 
griegas y romanas. Como le sucede en los otros 
aspectos de la ciencia y del arte, el genio chino 
permanecio estacionario. La tradicion lo conserva 
3n susarcaicas formas sin permitir innovaciones que 






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EI. GENERAL CHINO 

dando ordenes al los habitantes de la celeste 
oficial encargado republica creen odiosas. 
del reclutamiento. En cuanto a los actores, oi- 

gamos a Mr. Giles: «Hablando 
en terminos generales, un actor chino tiene mu- 
chas mas dificultades que veneer que sus colegas 
europeos. Ademas de los cambios de expresion en 
todo sentido, desde la alegria hasta la tristeza, el 
primero tiene que ejecutar una perpetua obra de 
simulation en otro sentido, obra que pone sus ner- 
vios en constante tension. Como no hay escenario 
propiamente dicho, ni aparato teatral alguno, debe 
crear en la mente de su auditorio la ilusion de que 
todo ese aparato que falta esta, sin embargo, 
ante su vista. Aparece un general en escena, con 
un latigo en la mano, y con un movimiento espe- 
cialmente estudiado, debe sugerir no solamente el 
acto de desmontar, sino la presencia misma del ca- 
ballo. Del mismo modo vuelve a montar y se va, 
mientras otro actor habla desde encima de una 
pequena mesa, que se transfigura, en la mente del 
auditorio, hasta convertirse, por todos respectos, en 
un castillo». 

Seria muy largo exponer en esta oportunidad 
todas las curiosas e interesantes caracteristicas del 
teatro chino, producto un poco atrofiado de una 
civilizacion milenaria; pero creemos que con lo dicho 
basta para comprender el novisimo interes con que 
en Nueva York fueron seguidas las representaciones 
chinas ya referidas, bien que los improvisados acto- 
res hablaban en ingles. Al benefico proposito de 
dichas representaciones se agregaba el natural atrac- 
tivo de lo exotico, y el caracter artistico de la fiesta. 
Y es inutil decir que, desde el punto de vista de la 
indumentaria, el exito fu6 completo, como puede 
juzgarse por las fotografias que publicamos. 



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Esta manana tibia de septiembre, los nidos, 

mas alegres. mas tiernos, por reci6n construidos, 

tienen mayor encanto, mas musicales ecos, 

y ya no hay hojas mustias, y ya no hay pastos secos. 

A la distancia, enormes, perfilanse los montes. 

Una fragante brisa soplan los horizontes. 

Arriba, el cielo limpido, cada vez mas se azula. 

Pace, junto al potrillo, su madrastra, la mula. 

Parsimoniosas vacas con terneritos gordos 

admiten en sus lomos a los audaces tordos. 

Una carreta pasa por la senda borrosa 

quejandose lo mismo que una vieja achacosa. 

Y mientras nuestros pasos se van por el camino, 

y mientras bate el viento de mi chambergo el ala 

y se torna tu rostro mucho mas campesino, 

<no es verdad que la vida no nos parece mala? 



EL SULTAN 

Y 
LAS ODALISCAS 

El, con la cresta mas roja 
y altiva como un escudo, 
escarba y canta a menudo 
sus inclitas bizarrias. 
Y ellas, las aspaventeras, 
las de la pollera ajada, 
tienen la cara rosada 
y ponen todos los dias. 



ilustraci6n 
de 

L A R C O 



En las tardes fatigosas del verano, 

cuando cantan las cigarras, pienso en ti, 

y en las vastas soledades de los campos 

me perfuma tu recuerdo fragancioso de jazmin. 

Ya no estas en la tranquera de manana, 
de albahacas lleno el bianco delantal, 
aguardandome impaciente, y en las tardes, 
junto al cerco florecido de la quinta, ya no estas. 

Ya no estas, calandria inquieta, ya te has ido... 

s61o el eco queda ya de tu cancion, 

que se va al atardecer por los caminos, 

por los aridos caminos silenciosos que yo voy. 

Triste el rio te recuerda suspiroso, 

y los sauces pensativos del juncal, 

en un lento cabeceo, se diria 

que expresasen al viajero que te has ido, que no estas.. 

Yo, zorzal enamorado, elsvo el ala 

y en la rama de la ausencia posome. Mas si no estas, 

si es en vano que te busque, que te llame, 

los conciertos de mis selvas £para qu6 te he de cantar? 



JULIO 



D I X 



X N D 1 V X k X 



UtrD 




Siempre que venian a mi casa a hacer labor, 
confirmaba mi amistad a la yunta de bueyes, 
quietos mientras los labradores cargaban langui- 
damente el carro. 

Un oarro que se carga «para el senor» se dife- 
rencia bastante del que se carga para el aldeano. 
El primero lleva mucho tiempo. es labor prolija: 
a pesar de ser en la faena tres, dos hombres y un 
chiquillo o ohiquilla, se verifica con lentitud ma- 
jestuosa y la ritman interrupciones inexplicables. 
Uno de los hombres se aleja, con paso lento; el 
otro se dirige hacia la fuente; el nifio, descalzo 
y roto, queda en pie delante de los «animas», 
apoyado en su aguijada. Los bueyes, tranquilos, 
se mosquean con el rabo, y de tiempo en tiempo 
exhalan un apagado mugido, como recordando 
que estan alii sin hacer cosa alguna. 

Entonces yo traigo del «herbeiro» un pufiado 
de tallos verdes, entremezclados con alguna flo- 
recilla blanca, una silvestre anemona, o una ama- 
rilla cicuta. Se la arrimo al morro, y ellos, sin 
prisa, banado el hocico en baba, cogen la hierba 
y la rumian. A veces la dejan caer. Sus negros 
ojazos expresan esta opinion: 

— jCuanto mejor seria que nos permitiesen co- 
merla, a nuestro talante, en el prado! 

Un cuarto de hora despues, por fin, el carro 
queda cargado, es decir, lleno hasta los dos tercios 
de su cabida. Faltale el ingente copete que indica 
que se cargo con tojo, lefia o estiercol propios 
del aldeano. Asi es que, cuando rompe a andar, 
los bueyes lo arrastran con facilidad suma, con- 
tentos de su suerte. 

iQue les faltaba, en efecto, para ser felices? 
Cierto que algunos campesinos de alma tosca 
pegan a su yunta. Pero la mayoria, comprendiendo 
su interes, tratan a los animales de labor con 
benignidad, y los mantienen bien. jA ver! ]Una 
yunta cuesta, en tiempos de precios bajos, mas 
de mil pesetas! jHay que cuidar de esa cantidad, 
de esa fortuna! |Y el buey es atendido, mimado. 
Se le dan hasta cortezas de pan, hasta «encaldadas» 
desalvado, calabazo y berza! El orgullo del aldeano 
esta en la piel de sus bueyes, en el rucio pelaje 
que rebrilla al sol con matices de cobre: en las 
ancas gordas y lucias, que, poco a poco, van 
rellenandose hasta que ya el buey no sirve para 
el trabajo, estorbado por su grasa, y se dibuja 
el porvenir de convertirse en roast, alia en una 
taberna de Londres! 

Eran, pues, dichosos aquellos rubios bueyes, 
gordos y pacificos, mas holgazanes que otra cosa, 
aficionados a absorber el aire embalsamado y 
saturado de efluvios de mar, a recrear perezosa- 
mente los ojos sofiadores en la vista de las humedas 
praderias, a beber a grandes sorbos, dejando co- 
rrer a ambos lados de los belfos hilillos de cristal, 
el agua pura de los regachos y de los manantiales 
que recoge una teja, y a dormir luego en el rincon 
de su establo, quietos y regodeados entorpecidos 
dulcemente, sin cuidados ni recuerdos, aun vagos, 
de algo que antes pudo lisonjear su instinto... 

Vino a cambiar su manera de ser un pequeno 
suceso: en mi casa adquirieron un toro. ;No se den 
proporciones exageradas a este vocablol jUn toro! 
Se creera, a primera vista, que se trata de la fiera 
nacional, del astado bruto que pace las hierbas 
del Jarama. Nada deeso. Desaparezcan las visiones 




m 

WLIO \ 

por 

7C/(J Ga/Z7/7^ 



v& \/uro 



i lustracion 
de Alvarez 



del redondel todo lleno de sol, como gigantesca 
onza; de trajes rechamantes de oro y seda, y 
agiles piernas calzadas de punto rosa; de mantones 
manilefios en el respaldo de los palcos, mancha de 
carmin y esmeralda viva, y de capotes de lujo 
ostentando sus recamos ricos sobre el terciopelo 
y el moare... jNo se piense ni un instante en 
«la caliente y luminosa fiesta*, ni en el «sonoro 
escandalo» de sus gritos! 

El toro de que estoy hablando era apenas un 
novillo robusto, pequeno, sin ferocidad alguna. 
Como los bueyes, saboreaba las hierbas azucaradas 
por la primavera, que engruesa los tallos sin en- 
durecerlos y sin secar su leche vegetal, sabrosa 
hasta el punto que los racionales mordisqueamos 
a veces, con golosina, el suave holcus del pasti- 
zaje... Como los bueyes, miraba mansamente 
cuando oia la voz humana, y solo su juventud le 
incitaba a algiin retozo, a cabezadas locas, a 
brincos sin objeto, acompanados de ligeros mu- 
gidos. Con todo eso, la tranquilidad de los bueyes 
se resintio desde el primer dia en que hizo su 
aparicion el novillo. Le miraban con ojos primero 
atonitos, pronto recelosos, como nublados por 
una inquietud. 

iQue queria aquel chicuelo? <|Porque venia a 
perturbarles con su informalidad y su alarde de 
alegria injustificada?^Estaria tan contento porque 
no trabajaba el. mientras ellos, mayores en edad 
y dignidad. se veian uncidos al yugo? 

Mayores en dignidad... En eso le cabian dudas 
a Marelo, el de la izquierda mas avisado que 
Mazas, el de la derecha, que debia su nombre a 
la aficion a las manzanas. pues aunque fuesen 
verdes, las mascaba con placer. ^Mayores en dig- 
nidad? (En que dignidad? E! jugueton novillo, 
al menos, podia reproducir su especie, y ellos no. 
El novillo estaba en su derecho al aspirar al nom- 
bre de padre, que ellos jamas recibirian. Y, ante 
tan reconocida inferioridad, Marelo hizo como 
todo aquel que se siente rebajado: arguyo para 
esconder su humiliation. Ser padre, no tiene nada 
de especialmente honroso. Es mas noble ser un 
trabajador asiduo un faenero incesante, resignado 
de antemano a la tarea. La labor es lo que enaltece 
y no la paternidad. iSer padre! jVaya una gracia! 

En aquel lenguaje, que se manifestaba por 
mugidos sofocados y topetazos afectuosos de los 
dos viejos companeros, dijo Marelo a Mazas: 

— Te advierto que el novillo esta enamorado. 

— |Bah! jBuuh! £De qui6n? 

— ^De quien ha de ser, tonto? De la Roxa. 



Mazas suspiro. 

— |Ah! La Roxa es muy buena vaquina... 
iTu crees que el novillo...? 

— jVaya! Si anda tras ella siempre. 

Quedo establecido que aquella aficion del no- 
' villo existia. No la habian notado solo los respe- 
tables bueyes: se fijaba en ella el chico que con- 
ducia la yunta. Era un rapaz moreno cual una 
castafia no del todo madura; los ojos lucientes 
y bizcos, el pelo enmarafiado, entretejido con 
briznas de paja y hojas de arboles. Se mostraba 
despotico con sus bueyes, creyendo que asi los 
gobernaba como un home». No los maltrataba; 
pero les hablaba siempre en voz ronca, fuerte, 
enojada y les ensenaba la vara de aguijar, ame- 
nazando. 

Desde el primer dia. el rapaz mostro encono 
contra el novillo, e initio con el el peligroso juego 
de azuzarle para que embistiese y cornease. Re- 
prendian al muchacho, y el, con la tozudez pai- 
sana, no hacia caso alguno de las reprensiones. 
Buscaba todas las vueltas para acosar al torete, 
que iba aprendiendo a luchar y acometer. Cuando 
veia a la vaca, a la Roxa, indolente y bajando la 
cabeza para pastar a gusto, el novillo se exaltaba, 
se «viraba malo» y era aventurado acercarsele; 
pero el muchacho se llegaba mas que nunca, 
hostigandole malignamente, enfureciendole con 
mil travesuras y picardias, que volvian loco al 
animal. Marelo se lo comunico a Mazas, en tono 
prudente y avisado: 

— Hace muy mal este papulito sin fundamento. 
No debian encomendar labores a semejantes mo- 
cosos. El novillo acabara por vengarse: lo veras. 

— | Bah! jBuuh! — exclamo Mazas, optimista. 
— No anda suelto. Ya sabes que lo sacan trabado 
por las astas con una buena soga. 

— De todas maneras... — murmuro el buey 
formal, que preveia las cosas. — Las sogas pueden 
romperse. . . 

Todo lo que puede romperse, un dia se rompe. 
Asi sucedio con la soga de nuestro novillo. 

Una hermosa manana de julio, en que el calor 
enfurecia hasta a los bueyes, redoblando la per- 
secution de las moscas, el novillo reunio sus fuer- 
zas, apretado por un tabano terco y por la vista 
de la Roxa, que se habia echado en un ribazo 
harta de suculenta hierba. El chico, natural ene- 
migo del torete, le habia atado al tronco de un 
corpulento castafio. Un vigoroso arrancon le dejo 
libre, con la mitad de la cuerda colgando a un 
lado de la testuz. El chico se precipito a contener 
al novillo, que iba disparando hacia su ensueno, 
hacia la Roxa. Al ver que el muchacho se le ponia 
delante, armado de su aguijada y de una piedra 
como el pufio, para lanzarsela entre la cornamenta 
y aturdirle de dolor, el novillo le corto el terreno 
retrocediendo, y se desplomo sobre el muchacho. 
Fue algo rapido y fulminante: la actitud del no- 
villejo, por unos instantes, le convirtio en verda- 
dero toro, en fiera. Empujo bravamente, y despues, 
teniendo ya en el suelo a su victima, la pateo y 
la recogio en las breves astas, capaces, sin embargo, 
de hacer un ojal en un vientre. . . 

Y los dos graves bueyes, agobiados de calor y 
con moscardas en los ojos, se quejaron: 

— jTenia que suceder! (Tenia, buuuh! que su- 
ceder esto! 



a 






spana ha perdido una gran 
figura representativa con la 
muerte de la condesa dona 
Emilia Pardo Bazan. Con su 
obra, la ilustre escritora de- 
mostro, como el fil6sofo. que 
la mujer es tan capaz como 
el hombre, de las mas eleva- 
das especulaciones intelec- 
tuales. Desde nifla se hizo notar por la solidez y 
brillo de su talento. y apenas era mujer cuando 
sorprendiaa todos con susescritos. Pudo al principio 
creerse que por no ser Espafia muy abundante en 
escri tores, la joven autora de Pascun! U:r>ez y el 
ovioi llamaba la atenci6n; pero sus obras 
posteriores dejaron ver que se trataba en realidad 
de una escritora extraordinariamente bien dotada. 
Era, ademas. valerosa. Los espiritus mogigatos gri- 
taron al escandalo cuando dona Emilia Pardo Bazan 
se puso como campeona del realismo en el arte; no 
le faltaron las criticas acerbas; pero no era ella 
mujer de darse por vencida, sobre todo cuando 
tenia el mas absolute convencimiento de que en 
todo ello nada tenia que ver su sincera y profunda 
ie religiosa. Y sigui6 adelante en su obra, con tanto 
entusiasmo como tenacidad, imponi6ndose mas cada 
dia al juicio universal. Los nombres mas ilustres 



p<^-o-j 



la condes/ 
ijf; pardo 

&AZAN 



EL ART1CULO QUE PUBLICAMOS, ES LA UL- 
TIMA COLABORACI6N QUE LA GENIAL 
ESCRITORA ENVIO PARA "PI 
VLTRA" Y POSIBLEMENTE 
TAMBIEN UNO DE SOT 
ULTIMOS TRABAJ03 
LITERARIOS. 




de las letras espafiolas le rindieron homenaje, y si 
no ingreso a la Real Academia fue solo porque lo 
impidieron ciertos prejuicios que al fin acabaran por 
desaparecer. Seria fuera de lugar ahora iniciar, si- 
quiera, el estudio del desarrollo y evolucidn del 
talento de la sefiora Pardo Bazan; ahi estan sus 
obras, que lo dicen bien claro, y entre ellas hay 
algunas que no desdenaria firmar la mas vanidosa 
pluma masculina. Sus novelas principales son tan 
conocidas que hasta el nombrarlas resulta ocioso; 
pero la sefiora Pardo Bazan fue algo mas que una 
novelista. Con fuerte inclinacion a los estudios his- 
toricos. sabia mas historia que muchos historiadores 
de profesion. Duena de un espiritu artistico delica- 
disimo, tenia un juicio fino y seguro. Escribia, ade- 
mas, admirables articulos de critica; y hasta el 
suceso efimero que alimenta al periodismo le daba 
tema para articulos que se leian con el mayor agrado. 
Era, pues, una perfecta mujer de letras, como diiia 
un frances. Nada en la literatura ni en el arte le 
desinteresaba; su curiosidad intelectualestaba siem- 
pre despierta: y su pluma escribio siempre con 
correccion, color y elegancia. Deliciosa en la con- 
versacion familiar, era una duena de casa sin par. 
Profundamente afectiva, amaba a los suyos con 
delirio y era buena con todos. En suma, ademas de 
una escritora eminente, un grande y noble corazon. 






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OLEO 

JQ/E RIBERA 11 E/PANOIETO" 




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LOJ 





N lo mas hondo del Museo del 
Prado. en el s6tano de ese insigne 
edificio tan caro al espiritu, hay 
un departamento que la negligen- 
cia oficial ha destinado a Goya. 
Parece una sala poco accesible y 
facilmente olvidable. de las que se destinan en los 
museos a los pintores farragosos y de segundo 
orden. 

Pero no imporfa. La virtud del genio no es 
algo que dependa de los demas, sino de si mismo, 
como la luz del sol brilla y calienta a pesar de 
todo. Sumido en el lejano sotano, Goya luce, re- 
lumbra. y hace que aquella apartada profundidad 
del edificio se convierta en un precioso rincdn pal- 
te de gracia. 
Alii, sin embargo, no esta todo Goya: en ese 
sotano profundo solo reside una parte, y no la 
mas considerable, de su obra. Arriba, en el piso 
y en las salas principales del Museo, hemos dejado 
los lienzos de grandes proporciones, los c61ebre"> 
retratos. los grupos de maravillosa factura, junto 
con las dos seductoras Majas. Abajo. en el sotano, 
estan las obras heterogeneas viviendo en una libre 
promiscuidad de asuntos, tal como en el cerebro 
del artista debia. despues de todo, suceder. Anar- 
quico. extrafio, lleno de sorpresas. tan pronto ge- 
nial como chabacano, verdaderamente ese s6tano 
expresa con bastante aproximacidn el caracter de 
Goya. 

Los dibujos unas veces regocijantes y otras 
calenturientos y pavorosos; los bosquejos para las 
agiles. fantasticas e insuperables aguas fuertes; 
algunos cuadros de fantasia, caprichosamente y 
absurdamente pintados en negro, y, por ultimo, 
los cartones para los tapices de las fabricas reales. 
Todo eso habita en el mismo departamento del 
sotano. 

El espectador encuentra, pues, que al descender 
por los escalones de piedra hasta el departamento 



0^3 DE§^ 




UNA OBRA MAES- 



TRA DEL GENIAL 



ARTISTA. 



GOYA 




rcvE 

MARJA 
^ALA/ER^IA 




subterraneo, un mundo entre hi- " EL quitasol», 
perbdlico y desconcertante se le 
ha descubierto de repente. Se en- 
cuentra en una semisoledad, por- 
que a esas profundidades remo- 
tas y poco conocidas no llegan 
muchos curiosos. Hay un silencio de olvido, de 
cosa dejada al margen. Y entonces podemos ais- 
larnos mejor y mas oportunamente. 

Estamos dentro del alma, del temperamento, 
de la vida de Goya. El Goya que aqui se nos 
muestra es un artista libre, caprichoso, gesticu- 
lante. Con un poco que obliguemos a nuestra 
imagination, ella nos evocara facilmente al hombre 
tan pronto malhumorado como dicharachero; vio- 
lento y desdenoso o espontaneo gustador de las 
fiestas brillantes. Toda la sala profunda y apar- 
tada esta llena de el, de su misma persona, y no 
s61o de sus cuadros. 

Y le vemos, no precisamente en actitud de per- 
sona principal que retrata a los principes y los 
magnates, que vende cuadros a buen precio y es 
un subdito de los mas importantes del reino, sino 
desposeido de toda respetabilidad social; le vemos 
sin casaca y en su vida intima. Aqui, en esos 
dibujos que hay dispersos por las paredes o agru- 
pados en un facistol giratorio, vedle reir ahora 
a carcajadas, despues trazar una caricatura san- 
grienta, en seguida componer una escena de humor 
macabro y espeluznante. 

Siglo y medio le separan de Quevedo. Desde que 
el senor de la Torre de Juan Abad lanzo sus obras 
al mundo hasta que el pincel o la pluma de Goya 
trazan sus complejos ademanes, la sociedad ha 
cambiado mucho y sobre la tierra de Espana han 
pasado innumerables acontecimientos. A la gor- 
guera, el chambergo, los bigotes erizados y la 
espada de gavilanes han sucedido el casacon, el 
sombrero de picos y el chaleco rameado. Las for- 
mas son distintas. Pero muy en lo hondo, sin em- 






^_ 



bargo.entre Quevedo y Goya 
el alma nacional no ha cam- 
biado nada. Son dos cosas 
semejantes, identicas en 
cuanto a humor y tempera- 
mento. Si Quevedo pintase, 
pintaria lo mismo que Goya. 
jOh, como gesticula! jQue 
obsesionante y perturbadora 
gesticulacion! Todo gestos, 
todo muecas, Goya termina 
por apoderarse de nuestra 
voluntad y nos entregamos 
a el sin resistencia. Entonces 
el propio artista se preocu- 
pa de cuidar, de atemperar 
nuestro animo. Ved; nos 
arranca de la contemplacion 
de un dibujo alucinante y 
nos lleva, para 
calmarnos y se- 
renarnos, frente 
a unas escenas 
de tapiz. En 
efecto, el alma 





largo de las paredes del re- 
tirado departamento que la 
negligencia oficial ha desti- 
nado al genio. Parece una 
de esas carceles, cunas de 
obras inmortales. 

El Cacharrero, con su ca- 
rroza y su dama dieciochesca 
tras los cristales, mientras 
la loza de vivos colores se 
derrama en fiesta por el 
cuadro. La Dama y Los Em- 
bozados, como una anticipa- 
cion de la escuela romantica, 
y tambien como un anticipo 
de las «espafioladas» que me- 
nudearan mas tarde en las 
plumas de los escritores ex- 
tranjeros. La Gallina Ciega, 
esa cosa linda, 
fresca, elegan- 
te y al mismo 
tiempo real y 
deliciosamente 
encantadora, y 



«LA COM ETA,;, 
CUADRO EVO- 
CADOR DEL 
ANTANO MA- 
TRITENSE. 




se regocija su. ,L * gallina 
bitamente, a la ciega,, admi- 
manera de un RABLE CUA - 

~::x~ .. -I l DRO DE cos- 

nino que del 

,, M , TUMBRES. 

llanto pasa a la 
risa. El Ogro 
despues de asustarlo con un 
descomunal cuchillo, se pone 
a hacer muecas y cabriolas 
de payaso. Y luego cansado, 
equilibrado, torna a trabajar 
primorosamen te, delica- 
damente. Llego el momento 
de proyectar los tapices que 
han de adornar el palacio 
de la Bella Durmiente. 

jQuien resistira al encanto 
de esos cartones de tapiz! 
La gracia. la invencion, el 
movimiento. la variedad, la 
riqueza imaginativa, la ale- 
gria y el dramaticismo de 
las escenas; todo eso es en 
Goya habitual y caracteris- 
tico, y todo eso pende a lo 







da ocasion, 
cipado). Y 



«la nevada,., exenta del ya 
un prodigio f as tidioso ama- 

DE REALIDAD neramiento dd 
SEN T I DA E . . , 

.ntensa. siglo xviii (por- 

que Goya es 

siempre, en to- 

el sublime anti- 

El Quitasol, La 

Merienda sobre el Mamana- 

res, Las Mozas de Cdntaro, La 

Nevada, Los Gigantones. . . 

Las caprichosas extrava- 
gancias, las delicadezas re- 
sisten al olvido del impace. 
Despu6s de esta visita pode- 
mos comprender mejor las 
grandes obras goyescas, las 
que viven en las salas prin- 
cipales del Museo, y abarcar 
mas estrechamente el talen- 
to proteico del enorme don 
Francisco, que al inmortali- 
zarse ha inmortalizado. 

Madrid, marzo de 1921. 



4a 




\| \\ /|< >NE7 



LA ■ CAvA 

* DE ••LO./VENOR.E./'-DE * 




AANORIALEA 




A aficion por las curiosidades y objatos 
antiguos de valor, tan extendida hoy en 
nuestro ambiente, revela en el interior de 
esta casa que sus propietarios don Luis 
Gowland (hijo) y su esposa dona Sara 
Moreno, han querido hacer de ella un 
lugar enteramente de acuerdo con sus 
aficiones y tendencias artisticas. 
Todos loielementos utilizadosen la decoration, incluyendo 
los plafones y pinturas murales, los artesonados y las vi- 
drieras de colores, son adaptaci6n de otras epocas tal vez 
mas sefioriales y artisticamente mas definidas que la nuestra. 
Don Luis Gowland, que a sus condiciones de hombre d? 
mundo une la de ser pintor de no escaso merecimiento, ha 
sabido personalizarse en esta obra ideada y realizada por 




el enteramente. Desde la formation de los pianos hasta 
el dibujo de los mas pequefios detalles ornamentales, todo 
responde a un prolijo estudio y a la mas ouidadosa se- 
lection, de acuerdo con sus gustos y conocimientos en 
a materia. 

El edificio hallase situado en la altiplanicie de la Avenida 
Alvear, cerca de la plaza de Francia, y es de orden neo- 
clasico en cuanto a las lineas generales de su fachada. 

Interiormente presenta lindos y curiosos aspectos. El hall 
reconstruye en su decorado una sala de la Villa Falconieri. 
de Roma, con pavimento ajedrezado y techo de casetones 
geometricos. Recibe la luz por anchas vidrieras amarillas 
que atenuan el dorado del friso y hacen mas suave el con- 
torno del mobiliario antiguo que lo adorna. Estas vidrieras 
dan una nota policroma de sencilla elegancia, que se advierte 





UNA VISTA DEL HALL, DONDE 
ESTAN COLECCIONADOS MUE- 
BLES Y PINTURAS ANTIGUAS 




UN ARTISTICO RINCON DECORADO CON 
RETRAT03 Y M1NIATURAS DE FAMILIA. 



en los blasones transparen- 
tes de los apellidos Rubio, 
Gowland y Chamberlayne, 
con sus empresas que tes- 
timonian abolengo. 

Otro detalle interesante 
del hall es el intercolumnio 
de estuco veteado que en- 
cuadra la escalera central. 
Desde la puerta de entrada, 
a cuyos lados se abren dos 
pequefios miradores de hie- 
rro. la atencion se recon- 
centra en un original con- 
junto de detalles artisticos 
especialmente selecciona- 
dos. Muebles franceses de 
la epoca borbonica, un 





ARCA PERUANA DEL PERIODO LLAMADO 
JESUITICO, CON CURIOSAS DECORACIONE3. 





VEUJA DC HIEKRO BATIDO Y AL- 

TAK DE LA CAPILLA. LA PINTURA ES 

OBRA DEL DUE SO. 

barguefio florentino de ebano. 
un biombo con hojas de Coro- 
mandel y algunas piezas de 
porcelana de Talavera, Delft, 
Chelsea, y Jaques-Petit. 

Sobre la rica mesa de nogal 
colocada en el centre hay una 
preciosa arqueta de estilo colo- 
nial peruano y una Virgen an- 
tigua del mismo periodo y pro- 
cedencia. Completan el conjunto 
varios retratos de familia, el 
6leo de Pietro Fosari colocado 
frente a la chimenea. la silleria 
de caoba, periodo Luis Felipe. 
y una magnifica arafia de cristal 
de lagrimas que pertenecid a la 
Casa Corsini. de Florencia. 

Dentro del recinto del hall y 
dando (rente a un gran panneau 
decorativo pintado por el dueno 
de casa. la escalera luce su ba- 
randal y pasamano de roble con 
tallas que recuerdan las del 
castillo de los Condes de Dur- 
ham, en Little Apleton. de don- 
de han sido tornados los detalles. 
Antiguos cuadros de familia 
decoran el alto muro tapizado 
de damasco rojo. 

En el hueco de la escalera se 
ha habilitado un pequefio fu- 
con comodos divanes de 
pelo. almohadones y me- 
sitas enanas. Sirve de fondo a 
este rincon un alto zocalo con 
repisa. adornado de lindas pie- 
zas de porcelana y modernas 
miniaturas sobre marfil. 

Contiguo al fumoir hallase el 
escntorio. Lo forman dos salitas 
unidas por un arco de medio 
punto. Los sillones, de madera 
dorada con rica tapiceria de 



COMEDOR DE ESTILO RENACIMIENTO, RE- 

PRODUCC16N DE UN VIEJO GRA- 

BADO DE WILLIAM HOGGART, 

HECHO EN INGLATERRA. 



ESCRITORIO DEL SR. GOWLAND, CON 

MUEBLES QUE PERTENECIERON A LA 

CASA DUCAL DE AOSTA. 

terciopelo, constituyen por su 
antiguedad y artistica forma 
modelos verdaderamente carac- 
teristicos del estilo barroco sici- 
liano. La luz entona los objetos 
con suavidad. Hace resplandecer 
las lacas de una mesita redonda 
epoca Carlos X, y aviva el tono 
carmin de una vieja tela de 
Cachemira pendiente del friso 
de madera. 

Adornan las paredes varios 
testimonios firmados por el Rey 
de Armas de Inglaterra, sobre 
la nobleza de los Gowland, ori- 
ginarios del condado de Dur- 
ham. Asimismo figura un gra- 
bado autentico de principios del 
siglo xvin con el retrato del 
honorable Lord Chandos de 
Sudley, Conde de Carnarvon, 
Vizconde Chandos de Wilton en 
Herefordshire, antepasado del 
dueno de casa por la linea ma- 
terna de Chamberlayne. 

Contrastando con el color del 
muro y puesto en e! sitio de 
honor, hay un cuadro de gran- 
des dimensiones firmado por 
Santtlli. Es el retrato de dona 
Sara Moreno de Gowland, cuya 
figura distinguida evoca la ele- 
gante serenidad de las damas 
que retrataron los pintores de 
la escuela de Romney. 

Entramos en el comedor. Es 
un recinto rectangular flanquea- 
do por cuatro puertas simetricas 
que comunican con el salon, el 
hall y las dependencias interiores. 
Las paredes son de un suave 
tono marfil con perfiles y sa- 
lientes de oro, que contrasta 
sencillamente con el dibujo de 




CAMA E3TILO JACOBINO. ES 
DE ROBLE ARTISTICAMENTE 

!a alfombra y el matiz purpureo de las cor- 
tinas. El ambiente del comedor responde a 
un detenido estudio del estilo en que esta 
decorado, y tanto su gran chimenea de 
campana como su ornamentation y la es- 
tructura de sus muebles fueron tornados de 
un grabado en acero de William Hoggart, 
hecho en Londres el ano 1790. 

De todos los aposentos de la casa el que 
produce mas impresion por la suavidad de 
sus tonos y la delicadeza de sus detalles, 
es sin duda el salon de recibo. Aun sin estar 
completamente terminado, se advierte ya 
lo artistioo y armonioso de su oonjunto. 
Los entrepafios murales, el techo concavo 
decorado con un plafon de Tristan Lacroix, 
la coronation y adorno de los balcones, el 
espejo que agranda la perspectiva y copia 
los mil dibujos de la decoration y la arafia 
de cristal de Bohemia donde la luz queda 
aprisionada en facetas multicolores, res- 
ponden en general al periodo Regencia. 

El mobiliario esta de acuerdo tambien 
con el ambiente y es realzado en sus elegan- 
tes ondulaciones por las ricas sedas de la 
tapiceria. Sobre el marmol de la chimenea 
luce un antiguo reloj y dos grandes jarrones 




TALLADO Y PROCEDE DE UN 
VIEJO CASTILLO DE IRLAHDA. 



de Sevres, y colocada en lugar conveniente 
para hacer destacar sus tallas y pinturas 
rococo, una preciosa litera veneciana sirve 
de joyero a pequenos objetos de valor. 

Al final de la escalera hay un ancho vesti- 
bulo arreglado para sala de confianza, con 
muebles de madera obscura y cuadros de 
Jack Louis David, Falconiere, Beauger, 
Hohkins, Van Koerk, etc. 

La capilla esta separada de este ultimo 
aposento por una verja de hierro muy sen- 
cilia. Tiene un altar tallado en relieve y le 
sirve de fondo una escena del Descendi- 
miento ejecutada habilmente por el senor 
Gowland, cuyo temperamento artistico se 
manifiesta tambien en otros cuadros de 
diferente indole. 

Estudiando en sus detalles artisticos la 
casa. llegamos al convencimiento de que 
obra tan pacientemente estudiada y ejecu- 
tada solo pudo llevarse a cabo bajo la di- 
rection de una persona perita en la materia 
y con temperamento caracteristico para de- 
finirse en asuntos de arte. 

ANTONIO PEREZ - VALIENTE 

FOTOS DE BALDISSEROTTO 



PRECIOSA LITERA VENECIANA DEL SIGLO 

XVIII, QUE ADORNA UNO DE LOS RIN- 

CONES DEL SALON-REGENCI A. 




s 




...te mofaste 
y me echaste una mirada 
que llevo en mi coraz6n 
como una espina clavada. 

...te reiste, 
despiadada, 

y llevo en el coraz6n 
t u r isa mala 
como una espina clavada. 

...me volviste 
despreciativa, la espalda 



( '( )M( ) 

VNA 

E9TNA 



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l y f c € /i / c 



7>f. 



C(/'(l 



y llevo en el corazon 

tu accion canalla 

como una espina clavada.. 

La v i d a 
me tienes apunalada... 
Yo te quiero, pese a todo, 
j malas entranas! 
Y esta pasion me consume 
y me m a t a 

porque va en mi corazon 
jcomo una espina clavada! 



\ (/ 



ILUSTRACION 



ALVAREZ 



8b 




E/CULTOEE/ AMJENTINOy: 






._ 



E aqui un artista que apesar de 
su juventud, ha llegado tem- 

Jr i prano a tener la ooncienoia de 

I 1 si mismo. Punto de dificil ac- 

1 1 ceso, palabra breve de incon- 

f I trarrestable fuerza, que basta 
I por si sola para violentar e! 
seoreto del destine Dentro de 
un personalismo, grande o pequefio, vuelcanse 
todas las virtudes del espiritu, para la exaltacion 
del divino sorbo. No ser mas que lo que uno es 
y serlo por si mismo en el limite de su propia 
conception y en la serenidad de su confianza. 
Asi de cualquier piedra del camino puede alzarse 
para nosotros la esoala celeste de Jacob. 

En la obra escultorica ya considerable de 
Chalo Leguizamon — como en la de casi todos 
los artistas verdaderos de hoy — existen tres 



' 



periodos bien definidos para llegar a la plenitud 




«FLOR DE PIQUILLINj 




de este conocimiento. El primero es el realis- 
ta, de vision objetiva y aparente, en que el es- 
cultor se sujeta por entero a la cosa visible, que 
se da en llamar natural. 

El segundo responde al anhelo de concretion 
y de profundidad por la sintesis, que trae apare- 
jado un hermetismo mas o menos intenso, cuya 
consecuencia logica es una aproximacion casi 
impersonal al precepto arcaico: — asirio, egip- 
cio, helenico. — Es el periodo necesario de tran- 
sicion que hay que saber abandonar a tiempo, 
porque su peligro es hermoso. En el encontraron 
vida las corrientesmasrenovadorasdelaescultura 
contemporanea que al abandonar el famoso do- 
cumento realista, fueron en el modelo humano 
mas alia de la expresion mecanica del musculo. 

El tercero — que para muchos no llega nunca 
— es el descubrimiento de si mismo. «Aconte- 
ciole a uno, dice Novalis, alzar el velo de la 





Diosa de Sais: pero ique vi6? Vio. — imilagro 
de kw milagTos! — viose a si mismo«. Esto imphca 
para el artista la apreciacidn de la relatividad 
ritmica. entre su coraz6n y la naturaleza; la reali- 
dad interior o belleza subjetiva. Aqui es el imperio 
de las formas puras. que deben modelarse con el 
barro bianco del alma, sencillamente. sin mas 
esfuerzo que el de la grave y sincera concentration. 
El artista conoce el pliegue de su alma y, cuidan- 
dose mucho de violentarlo. trata de desentrafiar 
por el el caracter definitivo de su obra. Es el 
momento en que florece el signo de la indivi- 
dualidad. Si quisieramos dar una sintesis de lo 
que es en este periodo el arte de Chalo Leguizamon, 
no encontrariamos para ello nada mas apropiado 
que su estatuita del Museo: «Tranquilidad». En 
efecto. aquella delicada figura de nitia. donde el 
mis sutil intimismo se hace presente, hasta en los 
pliegues carifiosos del vestidito. explica mejor que 
todo comentario la estetica de Leguizamon. 

tEl escultor de los nifios*, — como le llamara 
con acierto don Ricardo Gutierrez — desarrolla 
en el transparente motivo algo asi como una dulce 
profesidn de fe espiritualista. Ella nos [afirma su 



predilection exquisita por el aspecto sereno de la 
vida. por la sencillez, que solo admite «la sombra 
del gesto» y por la mesura. sin la oual toda belleza 
es espejismo. Comprendiendo la espontanea con- 
cordancia que le llevo a sentir su «Tranquilidad>> 
el escultor ha de volver muchas veces sobre este 
tema de los nifios. tema sensible si lo hay, donde 
el Renacimiento florentino hallo la mas fragante 
de sus sonrisas: el amor y el angel. 

Parece entonces que el grave Donatello o el 
candido Delia Robbia le hablasen suavemente al 
oido. y que respondiendo sin violencia al ritmo 
antiguo bajaran de los frisos ideales el clasico 
«Tannetto» risuefio. y su hermano sentimental 
«Hyalis». que reclama la siringa agreste. 

Por eso mismo, uno de los conceptos funda- 
mentals que orientan su obra, y que fluye como 
es logico de aquella sinceridad y confianza propia, 
es haber comprendido que el interes espiritual 



Fl 



AN FELE 



de la estatuaria no reside en la descomunal me- 
dida de las proporciones, sino en la sola proportion 
armoniosa de su euritmia. De ahi su sana indife- 
rencia hacia el afan monumentalizante, Meca y 
escollo al mismo tiempo de tantos jovenes escul- 
tores nuestros. Grande o pequena, entera o frag- 
mentaria. la obra puede interesar por igual sin 
serle indispensable el sorprender por su tamano 
nuestra sensation puramente objetiva. Chalo lo ha 
comprendido asi y, «fiel a sus ojos», se entrega sin 
reservas ya sea a la sugestion de una cabecita, 
abrumada de sueno, o al encanto de una tana- 
gra, que como «Alba» es una silenciosa encarna- 
cion de amor. 

Esta discretion exquisita que busca, como de- 
ciamos, la brevedad y la sintesis por el sendero 
bianco de la sencillez, ha llevado al noble escultor 
a desenvolverse en forma serena en el basamento 
de la «Loba Romana»; donde tan respetuoso de la 
linea como del espiritu ha sabido, sin violencia, 
concretar en dos sencillos bajorrelieves la trans- 
mision del sagrado simbolo. 



F O T O S 



ALDISSEROTTO 




/ 



"ESTUDIO , UHA 
DE LAS MEJOrES 



OBRAS DE I.EGUI- 
ZAM6N PON DAL. 



dm 





EL R 
ESCONDIDO 



Yo vi el oro del 
campo brillar esta 
manana, entre los 
pastizales mojados 
de rocio, no en el 
campo espigado que ya relumbra al 
sol. Este es el oro que el hombre espar- 
ce, que el hombre trabaja, para reco- 
gerlo mastarde consusmanos avaras. 
Yo vi brillar un oro mas humilde, 
resplandecer en mil florecitas ama- 
rillas, brunidas, de oro puro, el oro 
escondido de la tierra, que ella ofre- 
cia asi sencillamente. 

Todas las hierbecillas durante la 
noche extrajeron su oro, mientras 
yo dormia. 

iQue alquimia milagrosa realizo 
su prodigio en el crisol oculto? 

Insospechadamente el pastizal 
amanecio enjoyado con la gracia 
pristina de sus flores menudas. 

jCuanto afan secreto! ;cuanta ale- 
gria! ;cuanto esfuerzo para romper 
los brochecillos aureos hacia los que 
ninguna mano se tiende! 

La indiferencia para esa belleza es- 
pontanea, que no se recoge, que no se 
cotiza, paso como una pena ligera por 
mis ojos que estaban pensativos. . . 

Pensaba que tu tambiiSn dices que 
es oro escondido mi alma, timida y 
sencilla como las 
hierbecillas. . . 

Pero, para el oro 
que guarda, tu ma- 
no se ha extendido! 



L 



C A S A 



V A C I 




Tras una larga fila de casuarinas, alineadas simetrica- 
mente, semejantes a una obscura escolta que hiciera su 
guardia, hay un caminito estrecho que lleva a la casa vacia. 

El sol alegre de las mafianas la envuelve en su luz tibia, 
brilla sobre las tejas rojizas como una Uamarada. y suave- 
mente llama furtivo a las puertas cerradas que ninguna 
mano abre. 

La madreselva, libre, destrenzando sus guias salvajes, las 
volco espesas sobre las ventanas y ha formado cortinas 
sombrias en las enigmaticas rejas solitarias. 

Por las noches, la guardia de casuarinas murmura en el 
silencio al viento que pasa. 

Murmura incesante como un eterno asombro y como 
una queja. 

Ni los pajarillos quieren la casa sola. ^Adivinan un nido 
vacio sin un corazon hospitalario? 



Tras la larga fila simetrica de casuarinas, el caminito 
angosto se ha cubierto de hierba, como en los cementerios 
las losas olvidadas. 



qvioTiVQ 

^elCAMPO 



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TRWT'TCdN DE 



L A 

L A G U N A 



En el campo, re- 
seco bajo el sol, bri- 
lla la laguna como 
una placa de acero 
ardiente, con refle- 
jos metalicos que por instantes pa- 
recen igneos. Hasta ella llega lento el 
ganado y repetidamente hunden las 
bestias sus hocicos avidos en las 
aguas quietas. 

Entre los pastos calcinados ique 
mano ahondo su lecho para que 
las aguas generosas del cielo lo lle- 
naran? 

Como copa colmada brinda la 
dulce agua retenida en sus bordes, 
al pajaro jadeante, a la hierba ju- 
gosa que crece en sus orillas, a la 
vaca madre que con paso tardo, 
conduce e! ternerillo. 

Pequenita, perdida en ej campo, 

guarda irreductible su don inocente 
de frescura escondida. Bajo el cielo 

de luz, reverberando, se diria se- 

dienta, ella que apaga la sed de las 

humildes bestias. 

Se diria que apretada en su circu- 

lo estrecho, sufre una eterna ansia 

de rizar sus ondas inmoviles que 

solo el viento agita. 

No se por que he pensado al 

verla en un corazon preso de un 

amor imposible. 

Bueno como la la- 

gunita en su frescu- 
ra. Como la laguni- 

ta, triste y sediento. 




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Al frente, puerta de una cerca en la que se 
enreda una madreselva. Junto a ella, un alamo. 
Por el suelo, musgo. Al fondo. la casa. Amanece. 

El alamo (sacudiendose). — La noche me ha 
llenado de diamantes. No puedo con el peso de 
tantos. Toma algur.os, musgo. 

El musgo (a sus pies). — Gracias, alamo. Los 
escondere bajo mi vestido rizado, pues si los ve el 
sol me los robara. 

Un pajaro (desds una rama del alamo). — Pi . . . 
Piii. . . Piiiii. . . Toda la noche sone contigo, sol. 
Me parecia que iba a buscar pajuelas para mi 
nido y, en vez de ellas, traia rayos tuyos, peque- 
nitos como briznas. El nido era tan resplandeciente 
que un duende, creyendolo de oro, quiso llevarselo. 
Pero se quemo los dedos. 

El sol. — Todos suenan conmigo. Todos me 
aman. Y asimismo |que solo estoy! A veces qui- 
siera ser tan pequeno y tan humilde como tu, go- 
rrion, para tener un nido, una companera, alguien 
que me besase y a quien poder besar yo tambien 
mucho sin hacerle dafio, como todo el mundo. 

Una vez me enamore de una fuente y, loco, no 
hacia mas que llenarle de cintas multicolores el 
penacho de su surtidor. Pero el amor de los po- 
derosos es un peligro, gorrion. Y ella, casi consu- 
mida por el mio, se escondio horrorizada bajo la 
tierra. y ahora corre, suspirando, lejos de mis 
ojos. Me esta prohibido gozar un amor, ya lo ves. 
Tengo que repartir equitativamente mi calor entre 
todas las cosas de! mundo. jAh, como pesa ser 
grande! Si pudiera convertirme en cualquier ser 
humilde, en un pajaro, en una matita de musgo, 
en una enredadera. . . 

El viento. — jVean que buen olor a flores 
traigo! Los naranjos de la huerta han amanecido 
con casi todos sus capullos abiertos. Quise ro- 
barles un punado de petalos, pero no pude. Son 
unos avaros. Reconcentran toda su fuerza en las 
corolas y no hay quien deshoje ninguna. Les pe- 
dire a las manzanillas del campo que me den un 
montoncito de las suyas. Quiero poner algunas 
en la cruz de aquel hombre que asesinaron la otra 
noche. Me da una pena... Era un muchacho 
rubio y estaba enamorado. Pero como la novia 
se casara con otro, y no tenia madre, nadie le ha 
puesto siquiera una flor. 



Una 

MADRUGADA 



POR 

U A N A 
D E 

1 DAKIiOURUU 




ILUSTRAC.'ONES DE PELAEZ 



El musgo. — Lleva tambien una matita mia. 
Me multiplicare afanosamente para que tenga una 
capa de terciopelo verde. 

La madreselva (sacudiendose). — Ahi tienes 
petalos, pistilos, polen. Dejalos sobre su tierra. 
Se filtrara hasta su cuerpo el olor del verano. 

Una nube que pasa. — Adios, adios, alamo, 
musgo. madreselva, gorrion. Traigo un cantarito 
lleno de agua. ^Quieren ustedes beber? 

El alamo (al musgo). — ^Tienes sed, pequeno? 
El musgo. — Por ahora no. Pero dile que no 
se aleje demasiado pues si no empleara muchos 
dias para volver y entonces si. la tendre. 

El [dan-dan...! de una campana. — ^Han 
rezado ustedes la oracion matutina? Estoy segura 
de que por charlar se han olvidado de saludar 
a Dios. 

El viento, la madreselva y el musgo. — jAh, 
si! Pero el nos perdonara, pues realizamos en cam- 
bio algo que lesera grato. Esteamanecer, campar.a, 
reunimos ofrendas para un muerto del que nadie 
se acuerda. 

(Llega una carreta cargada de ramas verdes). 
Los bueyes. El camino esta lleno de rocio. 
Da gusto hundir las pezunas en el pasto. Parece 
que uno pisa cuentas. 

El alamo (a las ramas de la carreta). — Adios, 
gajos de espinillos. ^Sufren ustedes mucho? 

Las ramas. — No. Ya somos viejas y apenas 
si teniamos fuerzas para brotar. Ahora vamos a 
transformarnos en lena. El fuego nos pondra co- 
llares de colores. Seremos llama y despues nube. 
Desde el cielo te saludaremos, alamo. 

La carreta. — Estoy toda humeda y toda 
fragante. Parece que trajera en mi falda a la selva 
entera. Y en uno de estos gajos viene colgada 
una casa de mariposas. iQue lastima que no se 
abra ahora mismo! Mis viejos ojos se alegrarian 
viendo el deslumbramiento del gusanito con a!as. 
ante el hermoso espectaculo de esta viva mafiana 
de enero. Procurare no perder esto de vista. |Como 
que descanso cerca de la lenera! 

El hombre (que conduce la carreta, abriendo la 
puerta de la cerca). — ■ Hice bien en madrugar. 
Va a hacer un dia de calor terrible. Ahora ten- 
dremos lena para todo el mes. Rosa se pondra 
contents. 



C7L, 



i^nrrn 




ntre !os alegres mucha- 
' chos de la bohemia neo- 

yorquina acentuase cada 
vez mas la aficidn a las fiestas 
artisticas. Y es necesario confesar 
que los Rodolfos y Marcelos de la 
industrialisima metrdpoli saben 
hacer bien estas cosas. 

Inesperado resulta el renaci- 
miento del tipo bohemio alii, don- 
de nunca se le hubiera creido do- 
tente. Es que la archimillonaria 
republics emprendid hace rato 
una francamente est£. 

tica. Junto al afan y ajetreode los 
negocios robustepese este delicado 
gusto por las cosas espirituales. 




LAS FOTOS QUE ILUSTRAN 

ESTAS PAGINAS SON OBRA 

DE PAUL THOMPSON, DE 

NEW YORK. 



^ ^W DESDE HACE 

• - SIGLOS EL PAVO REAL 

FEPRESENTA EN LA HISTORIA 

DEL ARTE LA SEDUCTORA COOUETER1A 

PEMENINA. EL INGENIO AGOT6 CASI TODAS LA 

VARIANTES QUE PUEDE TENER EL TEMA IMAGINANDO 

TUOSOS DI3FRACES. POR ESTO RESULTA MAS GRANDE EL TRIUNFO 

OBTENIDO POR LA BELLJS1MA MISS MARIA RINALDO, DELICADA AR- 

OUB SUPO ENCONTRAR UNA FORMA NUEVA PARA S1MBOL1ZAR 

LAS VANIDADES DE FEMINA. ESTE TRAJE QUE NO SE 

PARECE A LOS DEL MISMO GENERO LE VALIO EL 

PRIMER PREMIO EN EL «BAILE PRISMA- 

TICO» DE LA ASOCIACI6N DE 

ART1STAS INDEPEN- 

DIENTES. 



Apolo toma su desquite sobre 
Mercurio, con la agravante iro- 
nica de que hace pagar los gastos 
al dios de la Bolsa y de lcs trusts. 
El auge de las cuestiones artis- 
ticas y literarias, que corre pare- 
jas con el auge cientifico, pugna 
ahora por ejercer decisivo influjo 
en los mercados del arte universal. 
Acaso esta afirmacion haga son- 
reir a los lectores de la vicja es- 
cuela, del mismo modo sarcastico 
que le hacia sonreir la inaudita 
influencia norteamericana en los 
asuntos belicos. Pero no debe ins- 
pirar burlas la presentida victoria 
que en !o futuro alcanzaran las 



Cl6£) 




escuelas a cuya formation miss nancy j. 
y desarrollo asistimos. Hay F,NGER ' LUC,EN " 

J DO UN LINDO 

alh un vasto campo expe- 
rimental que se eubre ra- 
pidamente de vegetaciones nuevas, y en Ios 
surcos cae la simiente artistica. Anadase 
que la mano de obra est6tica halla compen- 
saciones pecuniarias enormes. Y ya se sabe 
que el dinero es el mejor abono para la pro- 
duction intelectual, digan lo que quieran 
los "cuatro poetas que en invierno se em- 
' bozan con la lira». 

Volviendo al tema, hay que reconocer 
la maestrla de la bohemia norteamericana 
en el arte de celebrar fiestas ingeniosas y 
lujosas. Las mujeres. sobre todo, realizan 



LA SENORA COX Y KARL KARSTON LLEVANDO 
TIPICAS VESTIDURAS. 



verdaderos prodigios indu- 
mentarios. Ya la cinema- 
tografia nos revelo hace 
rato que las artistas norte- 
americanas tienen «chic». Son dignas rivales 
de sus colegas de Europa. mejor dicho, de 
Paris, y a la distincion y elegancia unen 
ellas un «cachet'> especial, inconfundible, 
amable. Su belleza, ademas, celebre en el 
mundo, sirve de base firmisima a todo cuan- 
to hacen, dicen o visten. Asi la hermosa 
elegancia unida al dinero omnipotente y a 
la diestra originalidad forman un conjunto 
de fina gratia y arte exquisite 

Y he aqui un factor que podria ser vulne- 
rable de critica, e! dinero gastado a manos 





llenas. prodigiosamente en esos espectaculos 
fe^ricos. Sin embargo cuando se observan to- 
dos los detalles. cuidados con verdadero cariflo 
y gusto, se piensa con admiracion que ha sido 
justa y ldgicamente empleado. 

Esto que pareceria un elogio por nuestra 

parte, no es sino el resultado de la lectura de 

una crorv.ca de la fiesta hecha por un gran diario 

de Nueva York. Trasluce as't la defensa de la 

espiritualidad. la gracia y la cultura de la fiesta, 

por sobre la demostra- 

ci6n ostentosa facil de 

realizar cuando so- 

bra dinero, pero 

dificil de conse- 

guir cuando fal- 

tan esas precio- 

sas virtudes, 

muchas ve- 




ces, como hemos dicho, puestas en tela de jui- 
cio, por los que creian siempre a ese pueblo, 
tras un afan meramente material. 

Sea lo que fuere, resulta cierto que estos 
espectaculos comienzan a ser motivo de con- 
versation mundial. Las fotograflas que los re- 
producer, inspiran curiosidad y pasan de mano 
en mano atrayendo las miradas del publico 
y de los artistas, siendo cada nupva publica- 
cion, a pesar de repetirse an te, una 

novedosa sorpresa, que 
merece los mejores co- r 
mentarios de todos 
los que formamos 
aqui, en la gran 
urbe cosmo- 
polita, la bohe- 
mia artistica 
y literaria. 



• NOCHES ARABES», 
RIQUlslMO DISFR*Z 



QUEL 
MANON 



UCl6 M 
STfLIUKf 








Arbol potente que en la tierra dura 
Entierras tus tentaculos y yergues 
Sobre la roca agreste que te cerca 
La vasta copa de tus gajos verdes. 

El viento del desierto, embravecido 
Ante el escollo abrupto del sendero, 
Cae al fin sobre ti con fiera sana 

Y te sacude con impulso horrendo. 

Bajo el brutal azote te doblegas, 
Lanzas bronco gemido. acaso imploras, 
En convulsion frenetica te agitas 

Y parece que cedes y zozobras. 

El implacable sol de un largo estio 
Arroja sobre ti sus rojos dardos, 
Fulmina ♦■• ramaje, te calcina 

Y te p j en la hoguera de sus rayos; 

Per' e llega, fresca y suave, 

El tamente se amortigua. 

Cik d tus ramas dolorosas 

Con divine rumor, placida brisa, 

Y vuelves otra vez, arbol augusto, 
A elevarte gallardo, floreciente, 
Ofreciendo al cansado transeunte 

La dulce sombra de tu copa ingente. 

En vano el sol, el abrego, la lluvia, 
Pretenden abatir tu recio tronco; 
En vano los hostiles elementos 
Asestan sobre ti golpes sonoros; 



EE IOS Smbcxq 

VO t EL r _ 

O— 



ILUSTRACION 



P E L A E Z 



Sin inmutarte, manso, les devuelves 
En quietud, en canciones, en dulzura, 
En jugo nutritivo y fruto amable 
La violencia salvaje de su furia. 

Hundes tu las raices poderosas 
En las capas mas hondas de la tierra 
Y con ellas sostienes, desafiante. 
Tu arquitectura s61ida y esbelta. 

Impasible y erecto sobre el fosco 
Paisaje en que tu cuerpo se destaca, 
No te cuidas del hombre que te hiere 
Ni del viento al que ofende tu arrogancia. 

Sabes que. el mal no dura eternamente, 
Que el c6firo sucede al cierzo frio. 
Que tu mision es dar el fruto sacro, 
Ajeno a las perfidias del camino. 



]Oh! Arbol gigantesco y solitario! 
Cuanto admiro tu vida y me conforta 
El verte soportar con aire estoico 
Las insidias que medran a tu sombra. 

Como a ti. la maldad de los humanos 
Tambien me hiere con rigor extreme 
Bregando por destruir. una tras otra. 
Las galas de mis nobles sentimientos. 

Como a ti, me hostiliza el odio enorme 
Agriando mis mas Candidas dulzuras 

Y queriendo trocar en fruto acerbo 
Mis tesoros de amor, mis altas luchas 

Por el santo Ideal, las febricientes 
Expansiones de mi anima amorosa 
A traves del Ensueno en que se funden 
Las penas y deleites de mi vida. 

Pero todo es en vano, sobre el odio 
De los viles me sirves tu de ejemplo, 

Y me inspiro en tu eterna lozania 
Para seguir cantando entre el estruendo 

De las turbas estultas que lapidan 
Con feroz inconsciencia a los que pasan 
Derramando palabras de consuelo 
O tejiendo coronas de esperanza. 

Arbol valiente cuya rica savia 
Se traduce ora en miel, ora en abrigo. 
Me basta contemplarte un solo instante 
Para seguir viviendo mi destine 






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AN O VI 
NUM. 62 






J U N I O 
DE 1921 







a 




,Papa. cuentame un cuento! 

— ^Un cuento? jBien! jAlla va! Pero... no se 
por donde empezar. y he de tener que ir in ven - 
tandolo segiin te lo voy contando . . . 

— Mejor, mejor. . . Anda, empieza. Y yo te 
ayudare a inventarlo. 

— Bueno. pues. . . pues. . . ^como empezar? 

— Habia una vez un rey que tenia tres hijas. . . 

— |No: eso no! Hay en una isla aun no descu- 
bierta y perdida en un rinc6n del oceano por donde 
no han pasado aun nuestros buques. . . 

— tPues s ' no est ^ descubierta ni la ha visto 
nadie como sabes tu lo que hay en ella? 

— Ah. hija mia; ese es mi secreto. 

- ^Secreto? No, no quiero que haya secretos 
en el cuento que vamos a inventar juntos. Otro 
dia jugaremos al juego del secreto. 

— Bueno, dejame seguir y todo se explicara. 
Deciamos. pues. que hay en una isla aun no des- 
cubierta y perdida en un rincon del oceano . . . 

— -i,E\ oceano tiene rincones, papa? 

jes ya lo creo! <;0 como te ensenan la geo- 
grafla? 

h. si, ya se, ya s6; los rincones son los 
golfos! 

— No; los rincones son los rincones. Y en uno 
de ellos hay una isla perdida que esta casi toda 
ella ocupada por un bosque. . . 

— tDe hayas como ese que hay aqui cerca? 

— No, sino de unos arboles especiaies. que nadie 
ha visto todavia, de unos arboles que tienen en 
las hojas pintados como unos ojos. . . 

- ^Como las plumas de la cola del pavo real? 

. -micas. Solo que se cree que esos ojos de 
las hojas de los arboles del bosque de la isla per- 
dida en un rincon del oceano y aun no descubier- 
ta ven. 

— jAh, ya te atrape, papa, ya te atrap6; has 
caido! Dices que se cree de esos ojos de las hojas 
de los arboles del bosque de la isla perdida en un 
rincon del oceano y que nadie ha visto aun. ven. 
£No has dicho que se cree que ven esos ojos? 

— Si, eso he dicho, iy qu6, hija mia? 

— Que si nadie ha visto esa isla ni esos arboles, 
tquien cree eso? 

-Pues... nosotros, tu y yo, los que estamos 
inventando el cuento. 

"alia!, pues tienes raz6n! [Anda, sigue! 
hay en la isla esa un pastor que tiene tres 
hijos. . . 

por que no un rey que tiene tres hijas, 
como en los otros cuentos? 

— Porque en los otros cuentos, hija mia, era 
un rey que tenia tres hijas y aqui es un pastor 
que tiene tres hijos. . . 





^Y por que no le haces rey al pastor ese? 

— Porque no tiene sobre quien reinar. 

— <^Y sus tres hijos? 

-Pues tienes razon, hija mia. Y por mi le 
haremos rey al pastor. Asi como asi a los antiguos 
reyes se les llamo pastores. . . 

— Y si les casaramos a esos tres hijos del pastor 
de nuestra isla perdida en un rincon del oceano 
con las hijas del rey de los otros cuentos, a cada 
uno con cada una de las hijas, al mayor con la 
mayor, al menor con la menor y al mediano con 
la mediana? 

— Eso vendra mas adelante, que todavia es 
muy pronto para casarles sin que apenas se hayan 
conocido. 

— Es verdad — y la nifia se quedo muy pen- 
sativa. 

— Y sucedio que el pastor, que estaba muy 
solo con sus tres hijos, porque se le habia muerto 
la mujer. . . 

— jNo, papa, no; eso no quiero! jQue no se 
muera nadie!, jno!, jno! lY van a quedarse esos 
tres ninos sin madre? 

— Tienes razon, hija mia. Pues bien, sucedio 
que un dia le dijo al pastor su mujer, la pastora, 
que al otro lado del bosque vivia solo y triste 
un rey con tres hijas, a las que las echo alii un 
naufragio. . . 



— i_Y sin reina? 

— Como tu quieras. Y el pastor le dijo a su hijo 
mayor que fuera a buscar al rey y le dijese que 
podia venir a vivirse con el pastor y sus hijos 
el y sus hijas. . . 

— iVes?, ^ves como viene lo de que se van a 
casar? ]Ese es el cuento! 

— Pero el hijo mayor, que era muy amigo 
del mar, se metio en un balandro que habia hecho 
y fue costeando la isla a buscar al rey. Y pasan 
dias y mas dias y no vol via. . . 

— jClaro, estaria hablando con la hija mayor 
del rey! 

— Y entonces el pastor y la pastora empezaron 
a impacientarse y mandaron al hijo segundo, y 
como este le tenia miedo al mar se fu6 por tierra, 
bordeando la isla, sin atreverse a entrar en el 
bosque, y pasaron dias y mas dias y tampcco 
volvia. . . 

— Se habria quedado a jugar con la segunda 
de las hijas del rey. 

— Asi sera. Y el pastor y la pastora se pusieron 
muy tristes y el pastor propuso enviar al hijo 
pequefio. . . 

— jPobrecito! 

— Y la pastora no queria dejarle marchar. 
Pero el nifio, que era el mas valiente y resuelto 
de los tres, se empeno en ir en busca de sus her- 
manos. . . 

— <;Y de la hija menor del rey, no es asi, papa? 

— Puede ser. Y se fue por el medio del bosque 
y cantando, y no de miedo. Y paso tiempo y no 
volvia. . . 

■ — lY entonces fueron sus padres en su busca, 
no es eso? 

— Eso es. Y al llegar al medio del bosque le 
encontraron a su hijo menor dormido como un 
angelito. . . 

— £Los angeles duermen, papa? 

— No hacen otra cosa, hija mia. Y mientras 
duermen cantan con las alas como las cigarras. 
Y suenan. Y el pastor y la pastora le encontraron 
a su hijo menor, dormido en medio del bosque 
de la isla perdida en un rincon del oceano y los 
arboles le miraban. Y el se sonreia en suerios. 
Porque estaba sonando... 

— (Y que sofiaba. papa? ^Con la hija menor 
del rey? 

— jNo! Sonaba... sofiaba... sofiaba que es- 
taba dormido y sonando en medio del bosque. . . 

— jBasta. basta; no sigas, papa! Tengo suefio 
ya, quiero ir a dormirme y quiero sonar con el 
hijo menor del pastor que estando dormido en 
el bosque sonaba que estaba dormido alii. 

Toma un beso, hija mia, y ve a sonar. 





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EL 

MONVMENTO CONMEMORATVO 

DE LA INDEPENDENCE 

DEL BRAJ1L 

DEL 
EycVLTOP^ 
• ETORE • 
XIMENES 
lYELc 
AROVTlECTO 
MANFREDO 
MANFREDI. 








Hector Ximenes es rubio. 
alto, fuerte y tiene voz varo- 
nil y robusta. Para haber naci- 
do en la ardiente Sicilia puede 
parecer demasiado sereno y 
quizas frio; pero no lo es. Tiene 
estallidos repentinos de fe, de 
entusiasmo, hasta de colera; 
luego. subitamente, se pone se- 
rio, silencioso, se aparta de las 
conversaciones para seguir con 
el pensamiento sus ideas. Las 
tiene muy originates, y a me- 
nudo habla de la creta. del 
marmol. del bronce o de la te- 
la, porque Ximenes es escul- 
tor, pintor, arquitecto, deco- 
rador y poeta. Hace recordar a 
!os artistas de Renacimiento, 
geniales en todas las manifes- 
taciones de su espiritu. 

Algtinos criticos severos lo 
acusan de trabajar con dema- 
siada precipitacion; pero esaes 
su caracteristica y revela las 
poderosas cualidades artisticas 
de que esta dotado. Es un ver- 
dadero escultor inspirado, que 
modela sus figuras con rapidez 
prodigiosa. Lo que a muchos 
puede parecer apresuramiento 
exagerado es, en verdad, es- 
pontaneidad, estudio rapido 
pero precise intenso y profun- 
do. As: como hay quienes ha- 
blan rapidamente y no dicen 
nada superficial, hay tambien 
escultores maravillosamente 
rapidos para trabajar y al mis 
mo tiempo severos en la elec- 
cion de sus asuntos y aristo- 






sensusUneas. maouette del 
Y a la verdad. casi gkandioso mo- 

. , NUMENTO A LA 

node los escul- 1nde „ ND enc.a 
tores italianos tno- 
dernos podria sobre- 
pasar a Ximenes en el esbozo de sus 
i.ruras. Es un placer verlo trabajar. 
Sorprende y encanta. Recuerdo cuan- 
do esbozaba en creta su monumento 
a Verdi: la modelo posaba unos pocos 
minutos y el escultor daba vida a una 
cabeza (emenina llena de expresi6n. 

Los dedos plasmaban agiles y velo- 
ces esa creta docilisima, como presas 
de una fiebre ardiente, como si temie- 
sen que la inspiracicn del artista se 
debilitase o bruscamente se extinguie- 
se. Hace poco, sorprendi a Ximenes mo- 
delando un busto del honorable Pan- 
tano, de tanto parecido como vigor. 
Desde el primer momento el escultor 
fija en la creta la fisonomia del mode- 
lo, con un parecido extraordinario. Es- 
te escultor genial, que con igual pericia 
modela estatuitas o crea grandes mo- 
numentos, sabe agarrar la fisonomia de 
lo* hombres, los gestos mas habituates 



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% 



que bastan para re- 
conocerlos. Para dar- 
se una idea de ello 
bastaadmirarlaspe- 
quenas estatuas del 
rey Victor Manuel III, del duque y 
de la duquesa de Aosta, del Papa, de 
Orlando, del general Diaz y de otras 
personalidades. La casa de Hector Xi- 
menes, obra exclusivamente suya. es 
un verdadero regalo para el buen gus- 
to artistico en todos sus detalles 
estudio del escultor es grandiose. En 
el sal6n de los yesos se yergue unacua- 
driga colosal, de doce metros de frente, 
en medio de una infinidad de estatuas, 
grupes, alto relieves y bustos. 

Es sorprendente que toda esa pro- 
ducci6n sea obra de un solo artista; y, 
sin embargo, esa no es sino una parte 
de lo que Ximenes ha modelado, pues, 
por lo menos, faltan los mas notables 
p.ntre sus monumentos; pero entre los 
yesos conservados por e! escultor figu- 
ran los de los monumentos para Rusia, 
en prevision de que los bolcheviquis los 
destruyan, y, en realidad, los bolchevi- 






DEL BASMIEHTO Y ESCAUMAT, 




EL ADMIRABLE CRUPO DEL TRIUNPO 
DE LA INDEPENDENCE. 




PLANO GENERAL DE LA OBRA. 







quis han destruido la estatua de 
Alejandro 1 en Kirchiroff y la de 
Stolipin en Kief. En cambio, no 
han destruido el monumento de 
Alejandro II y han conservado en 
un museo la estatua que repre- 
senta la Fuerza. 

Una de las obras mas importan- 
tes en que ahora trabaja Hector 
Ximenes es el monumento a la 
Independencia del Brasil, los tra- 
bajos de cuya fundicicn debe di- 
rigir; y ademas, debera modelar 
otros tres monumentos: el que la 
colonia siria ofrece al gobierno de 
San Pab'.o (Brasil), el monumento 
al presidente Rodrigues Alves y la 
estatua del gran cirujano brasi- 
lenoViera de Carvalho. El escul- 
tor calcula que todos esos traba- 
jos le tomaran ur.os tres afios; pero 
despues no descansara, porque la 
ociosidad seria para el la muerte. 
Tiene el profundo convencimiento 
de que aun no ha hecbo su obra, y 
trabajara hasta que la haga. . . 

La parte arquitectonica del mo- 
numento a la independencia del 
Brasil ha sido encomendada al 
honorable Manfredo Manfredi. 
De pasad'a apuntaremos que ese 
monumento se alzara en la plaza 



In 



XIMENES HA SABIDO DAR VIDA PLASTICA A LOS PEQUENOS PERSONAJES DE 

«CUORE», LA SIEMPRE ENCANTADORA Y SENTIMENTAL OBRA DE DE AM1CIS. 

VEDLOS AQUi, FIELMENTE INTERPRETADOS FOR EL MAESTRO. 



H 





LA VILLA DEL ESCULTOR, QUE EL HA 

DIBUJADO, DECORADO Y AMUEBLA- 

DO A SU CAPRICHO, ES UNA PRUEBA 

DE EXQUISITO GUSTO. 



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de la Libert ad, en San Pablo. 

Manfredo Manfredi es director 
de la Escuela Superior de Arqui- 
tectura, vicepresidente de la Aca- 
demia de San Lucas y del Consejo 
Superior de Bellas Artes, y uno de 
los mas famosos arquitectos ita- 
lianos. Son obras suyas, entre 
otras, el faro del Janiculo, obse- 
quio de los italianos residentes en 
la Republica Argentina a !a ciu- 
dad de Roma; el monumento a los. 
caidos en Volturno; el nuevo Mi- 
nisterio del Interior, y el Palacio 
de Correos en Plasencia. 

El monumento a la Indepen- 
dencia del Brasil tiene una ex- 
tension maxima de cuarenta me- 
tros y una altura de veintidds. El 
pedestal sera de granito y las fi- 
guras de bronce. El alto relieve 
que represents el iuramento: In- 
dependencia o Muerte, sera tam- 
bien de bronce y tendra diez y seis 
metros de largo porcuatrodealto. 

Arriba, en el centro, surgira e! 
grupo principal representando e! 
Triunfo. Abajo, cuatro figuras 
sentadas, que recuerdan a los mas 
significativos personajes de aque- 
llos tiempos epicos de la historia 
del Brasil. Una amplia y c6moda 



graderia completara este gran- 
dioso monumento, que deberS 
ser inaugurado el 22 de sep- 
tiembre de 1922, dia en que 
se cumple el centenario de la 
independencia brasilefia. 

Tanto al escultor Hector 
Ximenes como al ar/;uitecto 
Manfredo Manfredi e! mundo 
artistico cosmopolita de Roma 
quiso rendir un homenaje, en 
e! cual tuvieron participacion 
hombres publicos, literatos, 
periodistas, artistas del pincel, 
del cincel, del lapiz. 

El escultor Apollini, ex al- 
calde de Roma, al brindar por 
aquellos de sus colegas que 
honran en el extranjero el arte 
italiano, observo agudamente 
que el caso del monumento a 
la Independencia del Brasil es 
el primero en que los dos ar- 
tistas, el escultor y el arqu;- 
tecto, han estado de perfecto 
acuerdo . . . 

HECTOR MANFREDI 





«EL CALVARIO», LA MAS RECIENTE OBRA DEL INCAN- 

SABLE ARTIFICE, ESCULPIDA DURANTE LOS INTERVA- 

LOS DE SU ACTUAL LABOR. 





En esos lugares de Castilla, de 
cuyos nombres no quieren acordarse 
los «europeizadores» hispanos, hay to- 
davia personas que viven a la caste- 
Hana. No son los hidalgos sino los 
villanos quienes conservan y defen- 
der, los usos tradicionales: los hidal- 
gos se limitan a alabar y aprovechar 
el plebeyo tes6n. Hay en ese carifio 
que el pueblo profesa a las costum- 
bres de sus antepasados una energia 
justa y poderosa. Son caracteres fir- 



_ POK 

llL : K kAS 

(ASTILLA. 



J 



mes y derechos como columnas de 
aquellas catedrales y muros de aque- 
llas casas. Todo lo que el porvenir 
exija a los hombres futuros hallase 
en germen alii, bajo la capa parda 
del campesino. Dejadle su habito, su 
testarudez celtibera, y el dard valor 
de tradici6n a las provechosas cos- 
tumbres nuevasquele enseneis. Todo 
lo que hay de verdad y de justicia 
en las tradiciones es obra 
exclusivamente popular. 



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PRESIDENTA t,DE<?LAoA50CUCION 

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5ANTA o UNION 






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carne de gusanos. 
Job, vii. 5. 

ESTA ES UNA Esta es una ciudad en 

C I V D A D... la que flota todavia el 
aroma de la leyenda. Esta 
es una ciudad arcaicaque en el siglodelaero- 
plano perrnanece tal como fue en la epoca 
de Us faleras aceleradas. Por ella no paso 
el tiempo. Todavia las iglesias y los conven- 
tos resumen lavida deesta ciudad. A la som- 
bra de los grandes edificios que siglos atras 
levanto la religidn. todavia — amedrenta- 
das ovejas — se acurrucan sus casas; sus pe- 
queAas casas chatas y terrosas. 

Esta es una de esas ciudades en las que el 
silencio reina como unico dueiio. sin que ose 
turbarlo otra voz que la voz mistica de las 
campanas; ciudades por cuyas calles nadie 
transita: ciudades que uno creyera deshabi- 
tadas - tal su soledad - ; ciudades quietas. 
calladas. tranquilas. sumidas en perpetua 
modorra. buenas para amar y para sonar. 

Cada edificio. cada rinc6n, cada piedra, 
guar da un recuerdo de belicas gestas. Y asi. 
el oido de un poeta percibe todavia en sus 
calles — eco lejano y glorioso - el redoble 
de los tambores marciales. el trotar compa- 
sado de los fuertes caballos de guerra. 

■ Encanto romintico de esas viejas calles 
provincianas siempre silenciosas, siempre so- 
litarias!... El cesped que brota entre lasjun- 
turas de sus piedras ya os dice lo lejos que 
estais de las modernas urbes febriles. jAma- 
bles. apacibles calles provincianas! Cada 
paso que dais en ellas retumba una y otra 
vk, multiplicado por el eco, hasta perderse 
en la distancia. 

jEncanto romantico de esas calles en que 
vaga un aura sedante de paz antigua! 

£5 UNA CAS A Es una casa silenciosa 

S1LBNCIOSA . . ■ en una silenciosa ciudad. 
Casa a la antigua, de 
planta baja. ancho port6n, grandes venta- 
nas con trabajadas rejas. vasto patio lleno 
de plantas que lo haoen grato y pintoresco 
— estan alii los grandes helechos, los ge- 
ranios humildes. las palmeras gerttiles ; y. 
en medio del patio, prometiendo grata fres- 
cura para los ardientes dias estivales, el 
pil6n de piedra donde un surtidor muy de- 
bil, muy modesto, musita incansable su ora- 
ci6n perpetua . . . 



DESDE NADIE Desde nadie sabe cuando 

SABE CUANDO . . . esta es «la casa de los Men- 
doza*. Ya durante la colonia 
vivia alii la rancia. aristocratica familia; y los des- 
cendientes siguieron habitandola, respetuosos para 
con la tradicidn familiar. Aunque el edificio resul- 
tase ya anticuado, desprovisto de toda moderna 
comodidad. los Mendoza de hoy tenian el orgullo 
de ocupar aquellas salas por las que pasaran varias 
generaciones ilustres de jurisconsultos, de histo- 
riadores y de guerreros. 

El jefe de familia, el doctor Mendoza, era a la 
sazor. del relato un hombre ya entrado en afios, 
a quien rodeaba en la ciudad el respeto y la admi- 
racion de todos. Admirabase su saber como ju- 
rista, demostrado en su larga carrera en la ma- 
gistratura provincial. Por otra parte, habiendo 
actuado en la politica, supo captarse la estima- 
ci6n de todos. incluso la de sus adversaries. 

El doctor Ovidio Mendoza habia perdido a su 
esposa pocos afios despues de su matrimonio. De 
aquella union habianle quedado cuatro hijos — 
dos mujeres y dos varones — con quienes vivia 
en aquella su casa de nobles reminiscencias patri- 
cias. Los muchachos. que habian empezado sen- 
das carreras, no llegaron a terminarlas, y perte- 
necian ahora a esa especie de plantas parasitas 
que son los «nifios bien» de provincia. Era aquel 
uno de los grandes dolores en la vida del doctor 
Mendoza, que veia de ese modo extinguirse una 
dinastia de estudiosos y de luchadores. Las dos 
hijas. Ruth y Noemi, habian vivido a su lado la 
vida mortalmente tediosa de las j6venes provin- 
cianas. con los divinos oficios por toda distrac- 
ci6n. Se habian criado delicadas y fragiles: tan 
palidas. que al verlas se pensaba en esas hierbas 
blancas que uno encuentra al remover una piedra 
en un jardin: tristes plantas que crecieron desco- 
loridas porque nunca las bes6 el sol. 

Noeml, la menor de las hermanas, era la pre- 
dilecta del padre: y lo era a justo, triole titulo 
por su cultura. por su belleza, por su bondad. El 
doctor Mendoza tenia en ella el mejor secretano: 
para su correspondencia. para sus escritos foren- 
ses. para sus trabajos literarios. ningiin amanuense 
mas cuidadoso ni mas d6ci! que Noemi. 







k 



:I.\JII,AOI 




MENDEZ calza 

ILUSTRACIONES DE M A K 6 



A mas de los hijos, siempre habia en la casa 
algun pariente venido del campo para pasar en 
la ciudad unos dias. Y luego cuatro o cinco sir- 
vientes, todos gente «como de la casa»: tantos eran 
los aiios que en ella llevaban los que no habian 
nacido en ella. Placidez, quietud. monotonia... 
Estas palabras dicen lo que era la vida de aquel 
hogar. Transcurria, gris y oscura, la existencia de 
aquellos seres, sin que incidente alguno viniese a 
turbarla en la sucesion de los dias. El doctor Men- 
doza, ya en edad provecta, veia llegar su fin se- 
renamente, rodeado de la solicitud de todos. Hon- 
rado, visitado, agasajado, bien recibido en todas 
partes, esperaba tranquilo que la muerte le vol- 
viese al seno de una tierra sobrela que tanto habia 
trabajado. 

Pero nada sabe el hombre acerca 
P E R . .. de su destine El no es sino un ju- 
guete que la fatalidad trae y lleva, 
como un juguete en las manos de un nifio. . . 

— j Leproso! ]E1 doctor Mendoza esta leproso! 

El rumor horrendo corrio por la ciudad rapi- 
damente. con ese poder de difusi6n que tiene la 
desgracia. 

jLa lepra! ]E1 flagelo brutal de los hebreos, el es- 
pantoso mal que en los relatos biblicos, desde el 
fondo de los tiempos, tiene ya en torno suyo una 
aureola de repugnancia y de horror! jLa lepra, 




11V 



el morbo repulsivo, implacable, monstruo- 
so! | El mas feroz de los males, porque es el 
mal que s61o cura la muerte! . . . 

No hay palabras que digan el temor que 
inspira la lepra en aquellas regionesde nues- 
tropais en que es precisamente mas comun. 
Es un panico general el que despierta su 
solo nombre. Y cuando en la ciudad se supo 
que el mal habia hecho presa en el doctor 
Mendoza. el hombre con cuyo trato todos 
se honraban antes no vio en torno suyo sino 
una gran mueca de asco, despiadada, bru- 
tal, universal. . . 

Nadie le volvio a visitar. Nadie, sino la 
miseria, la triste miseria vergonzante de 
las gentes ilustres. Falto del trabajo profe- 
sional a que viviera atenido hasta entonces, 
sufrio el dolor de padeoer a un tiempo la 
lepra y la pobreza: las dos enfermedades 
que mas han aislado en todos los tiempos a 
quien las padece. 

Los dos hijos varones abandonaron al pa- 
dre enfermo. Fueron a continuar en otra 
ciudad su vida esteril, como quien cambia 
de sitio un mueble inutil. Ruth, la mayor 
de las hijas, marcho al lado de unos pa- 
rientes del campo. Prefirio esa especie de 
profesion monastica que es el campo para 
las muchachas casaderas — - el aislamiento 
absoluto, la solteria en perspectiva — antes 
que exponerse al contagio. Los sirvientes, 
atemorizados, desertaron desde el primer 
dia, y no hubo modo de reemplazarlos. 

— jNi por todo el oro del mundo! — de- 
cian las gentes del pueblo a quienes les fue 
propuesto sustituir a los criados medrosos. 

Noemi, solo Noemi, la buena, permaneci6 
junto al padre en tribulation. Solo ella com- 
partio con el enfermo su triste ration de 
llantos. Fue para el hija amante, y sirviente 
solicita, y enfermera carifiosa. Fue su angel 
custodio. 

En adelante no conocio Noemi mas vida 
que aquella. Nunca volvio a salir de la ca- 
sona rancia, ni aun para ir a la iglesia. <.Que 
devotion comparable a aquella, que sacri- 
ficio como el que se impusiera, que rito mas 
santo que el suyo?. . . 

Nadie entraba en la casa apestada sino 
una vieja «que habia conocido al doctor 
cuando era chiquito», y que habia visto na- 
cer a Noemi. Aquella mujer traia las provi- 
siones indispensables, y a ella se redujo toda 
la servidumbre. La buena vieja - una mu- 
jer que sabia de exorcismos y milagrerias, 
que era tambien su poco curandera — tenia por 
Noemi una admiration idolatrica. Era casi unculto 
lo que sentiahacia la hija abnegada, bella del cuer- 
po y del alma. 

— jQue linda esta, nifia! jMas linda cuanto mas 
sufre! [Linda como la Virgen Santisima, Nuestra 
Sefiora! ... — solia decirle la vieja. Y se santi- 
guaba devotamente para decirlo. 

Acogia Noemi con una sonrisa el halago. De 
todos modos, jpara que le serviria el ser bella! 
jPara que, si mucho tiempo atras ella habia ofre- 
cido en holocausto su juventud y su hermosura, 
como las dulces esposas del Sefior! . . . 

— [Lo besa! jBesa las llagas del leproso!... 
Pronto estara leprosa, como el . . . - Tal se decia 
en la ciudad. 

Alguien, en efecto, habiale visto poner sobre las 
lacras horrendas divina medicina — sus besos. . . 

MOR1R LLENO Morir lleno de afios, como los 

D I: AN OS... varones de la Escritura; morir 
entre los brazos de una hija 
buena, bella y amante, en quien se reproducen las 
virtudes paternas; morir mirandose en unas pupi- 
las queridas. . . He ahi la mas dulce de las muertes. 
Tan dulce, que eso es casi no morir. 

AQUELLA Aquella vez se habia equivocado. 

V E Z ... el augurio. 

Pasaron varios afios desde la muer- 
te del doctor Mendoza. Noemi, la nifia esbelta y 
gracil de otrora, se convirtio en una mujer de 
serena y robusta belleza. Vivio sola en adelante; 
sola con sus recuerdos; sola entre las sombras 
ilustres de los antepasados. . . 

Siempre enlutada, el luto le prestaba un encanto 
nuevo. Y el temible mal— -ese mal solapado, 
traidor, que, oculto durante largos afios, se mani- 
fiesta al fin mucho tiempo despues de adqui- 
rido - respeto la belleza de la mujer heroica: 
hermosa como en la adolescencia, mas hermosa 
tal vez por la expresion melancolica y resignada 
que el sufrimiento dejara en su rostro, vivio sus 
dias entre la admiracion y el respeto de las gentes. 

Y nunca dejo de ser bella. 
Tal fue el milagro. . . 








ara nosotros, pueblo deayer por asi 
decirlo, escaso de tradition y casi sin 
historia, la mas infima piedra enno- 
blecida por la patina de los anos debe 
cobrar el valor de una verdadera re- 
liquia, ya que a pesar de que los 
futuristas y los ultraoccidentales sostengan lo con- 
trario, no se puede vivir sin tradition. En ella 
finca el romanticismo de la raza la pauta para 
el presente, el ejemplo para el porvenir. No po- 
demos prescindir del pasado por mas ocoidentales 
que seamos. Mas aiin, por esa condition misma, 
ante el peligro que suscita el modernismo absoluto, 
iconoclasta y utilitarista, huerfano de fe y de 
entusiasmo, debemos levantarnos en la integridad 
de nuestra conciencia, para que no se marchite 
el idealismo sobre la tierra, y a ello atendiendo, 
cultivar con amor la tradition, ese delicado helecho 
que brota en los resquicios de las piedras viejas. 
Fue respondiendo a esta necesidad, presentida 
por su patriotismo y cultura, que el entonces 
intervenf.or de la provincia de Buenos Aires, doc- 




FOTOS DE A. FRANCISCO 



tor Jose Luis Cantilo, dicto con fecha 31 de 
diciembre de 1917 un providential decreto, qi'e 
al determinar la reconstruction del viejo cabildo 
de s Lujan, que amenazaba ruina; destinabalo al 
mismo tiempo como asiento de un museo colonial 
e historico de la provincia de Buenos Aires. El 
proposito de alto nacionalismo que este decreto 
encarnaba, expresabase claramente en conside- 
randos como el que sigue: «Que la creation de este 
Museo Colonial e Historico de la Provincia de 
Buenos Aires es de evidente necesidad, tanto para 
salvaguardar aquellos valiosos vestigios del pasado 
como por el aporte de ensenanza civica y moral 
que esto implica, admitido como lo esta que en 
su caracter de objetividad historica, el museo es 
prolongaci6n y complemento de la escuela». 

Ahorabien; hubierasidoimposible encontrarenla 
provincia sitio mas adecuado para el asiento del 
museo, que este del viejo cabildo de la villa de Nues- 
tra Senora de Lujan. Es en efecto Lujan, porsudo- 
ble significado, civico y religioso, la mas antigua y 
traditional poblacion de la provincia. Empezada 






a construir alia a princi- 
pios del siglo xvn. cuando 
la fe y el valor se disputa- 
ban el desierto, es el ba- 
luarte de Santa Maria de 
los Buenos Aires, que en 
ella confiando puede vivir 
ajena de zozobra su pa- 
cifica vida colonial. 

Desde aquel batallar 
anonimo contra el indio y 
las jornadas de la Recon- 
quista. hasta el despertar 
de la nacionalidad en los 
albores de Mayo, toda 
nuestra historia peregrina 
hacia la vieja villa, impreg- 
nandola de tradiciones, 
llenandola de recuerdos. 
Interminable seria enume- 
rar todos los famosos su- 
cesos de que fue teatro en 
su dilatada vida. 

Y no ha de ser este el 
menor cuidado del museo 
que se proyecta. Alii, en la 
misma fuente, no sera difi- 
cil reconstruir el pasado 
que se pierde y se olvida. 
En su doble condicion de 
colonial e histdrico este 
museo sera un fundamento 
objetivo de la nacionali- 
dad. La soldadura de dos 
epocas igualmente memo- 
rabies: la de la colonia que 
nos lego la raza, la de la 
historia que nos hizo la 
patria. 

A raiz del decreto del 
interventor, se procedi6 
de in mediate a la restau- 
raci6n del cabildo, enco- 
mendandose obra tan deli- 
cada al ingeniero don 
Martin Noel, cultisimo in- 
terprete de la arquitectura 
colonial hispanoamerica- 
na. Con una encomiable 
celeridad, que no excluia, 
sin embargo, las prolijas 
investigaciones sobre el 
origen y estilo del primiti- 



ANTIGUOS TRANSITOS DEL 
CABILDO. 



TIP1CA PUERTA DE UNO DE 
LOS CALABOZOS. 




vo monumento, asi como 
de su justa relacion cro- 
nologica con la arquitec- 
tura de la epoca, el senor 
Noel finiquito felizmente 
su trabajo, consiguiendo 
devolver su brillo a lo que 
el llama con acierto: «el 
joyel que atesora el germen 
espiritual de la arquitec- 
tura de nuestra pampa». 
^Como desarrollo su eru- 
dita labor de restauracion 
artistica el arquitecto, con- 
siguiendo. como lo ha con- 
seguido, dar nueva e in- 
sospechada vida a aquellas 
ruinosas piedras que caian 
en el silencio? El mismo 
nos lo explica. «Su fisono- 
mia, — dice — caracteris- 
tica de la provincia de 
Buenos Aires, ordenaba el 
respeto por la tradicion 
regional. 

Ahora bien: ^Cual era 
esa tradicion? ^Cual su va- 
lor? ^Donde y como se 
forjaron los elementos que 
le imprimieron el color 
local? Trataremos de sin- 
tetizar la manera de nues- 
tro ver y de nuestro sentir. 
Dos eran las fabricas de 
este cabildo y a dos epocas 
distintas pertenecieron, se- 
gun reza en los archivos y 
segun lo hemos confirmado 
al realizar los trabajos. 
Traia la mas antigua, que 
fue erigida a mediados del 
siglo xvm, los trazados 
remanentes del viejo vi- 
rreinato del Peru, que por 
vias de Bolivia habian 
hecho camino por Salta, 
Tucuman y Cordoba hasta 
Buenos Aires. Arquitectu- 
ra similar a la del templo 
votivo levantado bajo la 
direccion de don Juan de 
Lezica y Torrezuri en la 
misma villa, que fue ter- 





minado por el ano de gra- 
cia de 1763. La segunda. 
iniciada en las postrime- 
rias de la misma centuria 
y terminada en la siguien- 
te, sin quedar ajena a 
aquellas influencias, se nos 
allegaba, quiza por vias 
mas directas, de una Espa- 
na saturada de galicismos. 
Asimismo, las dos herma- 
naron y adquirieron en 
nuestra provincia un sabor 
indeleble de originalidad 
provinciana. Y era que, ya 
en una corriente como en 
la otra, ocurria un proceso 
inconveniente, que fuerza 
el decirlo: habia hallado su 
crisol en la sierra andina; 
la llanura pampeana ate- 
nuo el enfervorizado ba- 
rroquismo de estas formas 
exultando en ellas el se- 
same- balsamico de nues- 
tras praderas». El caracter 
puramente religioso que 
campeara en las primeras 
construcciones coloniales, 
— iglesias, beaterios y ce- 
nobios. — donde se ejer- 
cito «el ingenio de secuaces 
artifices e iluminados pre- 
bostes», evoluciona, cum- 
pliendo sus destinos, hacia 
la arquiteotura civil, y «el 
retablo pasa a ser frontis- 
picio y la hornacina ala- 
cena». A cuya modificacion 



DETALLE DE UNA 

DE LAS VENTANAS 

DEL FRENTE. 



ps.fvtcAj/r.mExt5 



IXm&MP&XM 



trascendental viene a su- 
marse el panteismo fragan- 
te de la tradicion vaymara» 
con su aletazo regenerador 
deinspiracion intuitiva. Es 
esta influencia optimista de 
la prodiga llanura america- 
na, que remoza, por decirlo 
asi, las viejas arquitectu- 
ras coloniales, al iniciarse 
nuestra vida civica, vol- 
viendolas mas hospitala- 
rias, mas claras, mas hu- 
manas al recibir, sobre sus 
muros blancosy sus techos 
rojos, la caricia vivificante 
del sol del nuevo mundo. 

El arquitecto que esto 
nos afirma lo ha probado 
hermosamente en la res- 
tauracion de su cabildo. 
que hoy florece como una 
promesa de renacimiento, 
alia sobre la desnudez de la 
pampa. A la espera de que 
se instituya en el, el Museo 
Colonial e Historico. que 
tristes circunstancias poli- 
ticas detuvieron en su na- 
cimiento, pero que hoy ha 
de volver a organizarse, la 
silueta legendaria de la 
casa capitular se alzara 
como un signo, prestigian- 
do la implantacion de una 
estetica nacionalista donde 
se vuelque el espiritu tan- 
tas veces falseado de la 
argentinidad. 




Hill IN 







M[DOC< / /I 




"MC/M^OC 



el siglo ya cumplido que la 
Amenca espafiola lleva de inde- 
pendencia ha producido, aparte 
los heroes y prdceres de la lucha 
magna, un pufiado de hombres 
que habrian sido grandes en cual- 
quiera gran naci6n; y quizas po- 
dria asegurarse sin pccar de aventurado, que tales 
grandes hombres hispanoamericanos necesitaron 
condiciones peculiares para surgir e imponerse en 
paises nuevos. faltos de aquel cimiento firme que 




EL PR6XIMO NUMER6 DE t PLVS VLTRAi,, CORRE'roN- 

DIENTE AL MES DE JULIO, ESTARA EXCLUSIVAKENTE 

DEDICADO A LA MEHORIA DEL GENERAL MITRE, EL 

CENTENARIO DE CUYO NACIMIENTO HA DADO 

A QUE EL PUEBLO ARGENTINO DEMUESTRE UNA VEZ 

EN FORMA TAN GRANDIOSA COMO ELOt 

TODO SU CARlSO, TODA SU GRAT1TUD Y TODA 

:jMIRAC|6N POR ESA GLORIA NACIO- 

NAL, QUE ES TAMBIEN UNA DE 

LAS MAS PURAS GLORIAS 

AMERICANA^. 



da la experiencia. El general Mitre fue uno de esos 
hombres. La circunstancia de que ordinariamente 
se le nombra recordando su titulo militar, podria 
hacer creer a quien no conozca bien su personali- 
dad que las hazanas guerreras fueron el rargo 
perdurable de su vida; por suerte no fue asi, y 
digo por suerte, porque de tales hazanas, asi sean 
las del mas grande de los capitanes, no queda de 
ordinario en los pueblos, con elj transcurso del 
tiempo, sino un recuerdo que casi siempre llega 
a reducirse a unos cuantos nombres, cuya signifi- 



cfe 





RECUERDO H1STORICO. EL 
GENERAL MITRE, LOS DOC- 
TORES CAMPOS SALLES, 
QUIRNO COSTA, SERZEDELLO 



CORREIA Y EL GENERAL 
ROCA CONFERENCIANDO A 
BORDO DEL"RIACHUELO" EN 
NOVIEMBRE DEL ANO 1900. 



cacion precisa suelen no entender las gene- 

raciones venideras. Ello no obstante, seria in- 

justo que no se recordase a esas generaciones 

argentinas la vida militar del general, porque 

sus hechos fundamentales tuvieron decisiva 

influencia, los unos, en la politica interna de 

la Republica Argentina, y los otros en su po- 
litica externa. 

Lo mas admirable en Mitre es, con todo, 

que sus glorias militares no tuvieron como 

consecuencia apartarle de los caminos que, 

antes de ganarlas. se habia sefialado a si mismo 

como los linicos convenientes a su pais. En 
un militar profesional, y sobre todo sudamericano, el fenomeno es tan raro que merece ser sefialado. Es que 
el general era ante todo un politico y un hombre de letras, y tal vez mis a gusto propio lo segundo que 
lo primero. En algunas de sus cartas de los afios en que la politica y aun el gobierno deberian de ha- 
berle quitado todo su tiempo, se advierte, en efecto, que el hombre de letras brega infatigablemente por 
no dejarse veneer. La politica, instrumento noble para servir a su patria, buena y hasta necesaria; activi- 
dad linica, esterilizadora casi siempre del talento y del corazon, no fue el ideal de Mitre. 

Como militar y como politico, su principal tarea fue tender, sobre un periodo triste de la historia 
argentina, un puente por el cual pasase la prematuramente envejecida tradicion politica y militar de Mo- 
reno y Belgrano, de Rivadavia y San Martin, a dar nuevo aliento a la nacionalidad, despues de las 
tragicas caidas de aquel periodo. Restablecida en todo su vigor la personalidad de la Republica Ar- 
gentina, el general Mitre fue, naturalmente, elegido Presidente; y durante su presidencia dejo tan adelan- 
tada la obra de renacimiento interior, material y moral, y de reconquista de prestigio en el exterior, que 
sus sucesores encontraron limpia ya la mas dificil parte de su camino. Podria, pues, decirse que Mitre 
tenia derecho a descansar; pero el no creyo nunca haberse ganado ese derecho. 

Ademas, era menester que una vez restablecida la unidad fisica y espiritual de la Republica 
Argentina las generaciones nuevas conociesen la labor de las primeras, para estar en situacion de apreciar 
el valor de todo lo que habia pasado y lo aprovechasen para lo futuro; y Mitre rehizo su biografia de 
Belgrano, convirtiendola en la Historia que todos conocemos, y se preparo a escribir la de San Martin, 
libros capitales para la historia americana y que en sus propios titulos dicen como el autor habia per- 

seguido, con su obra militar y politica, dos 

ideales distintos e inseparables, como las caras 

de una medalla: el ideal interior y el ideal ^^H|^MHM| 

exterior. ,^| 

Pero el idealismo del hombre de letras propia- 

mente dicho, no estaba satisfecho todavia: 

necesitaba la obra intelectual pura, absoluta- 

mente desinteresada, sin siquiera el interes pa- 

triotico que tanto habia alentado al politico, 

almilitar y al historiador, y el general tradujo 

al" Dante y a Horacio. Fue el triunfo defini- 

tivo del intelectual, como se dice ahora, del 

hombre que desde nifio habia encontrado en 

la lectura el placer mas insociable, del sabio 

que en medio de una existencia tan llena de 

preocupaciones de todo orden, encontraba to- 
davia tiempo para darse al estudio prolijo de 

las lenguas de los aborigenes americanos, tarea 

que a primera vista parece abrupta y recia y 

sobre todo inutil; pero que al general le resulta- 

ba facil y agradable, porque tenia brillante ima- 
gination de poeta, siempre despierta y activa, 

y sin la cual, por cierto, no habria podido ser ni 

el politico, ni el militar, ni el historiador que fue. 

ENRIQUE G. 

HURTADO 

Y ARIAS 




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■i 



EN 1884.CONSU NIE- 

TO JORGE ADOLFO, 

ACTUAL DIRECTOR 

DE «LA NACI6n.i. 



* 



MITRE DIRIGIENDO 

LA PALA BRA A LA 

JUVENTUDENUNMI- 

TIN POLITICO. 





:'o~quisiera ssr post a para "cantar una loa. en 
un soneto. a sus hermosos cabellos rubios. No 
son oro. no son cobre, no son bronoe. Y son 
todo esc. Un pintor se vena en aprietos 
para fijar en el liertzo los extranos, 
extraordinarios matices de sus ri- 
zos mts t e ri osos. Para describirlos. 
en musica. necesitarta el alma 
de Chopin. No. no se ria us 
led. Esto. que te pareceran 
a usted frases aventuradas, 
son una verdad. casi axio- 
matica. Sutilice. Hay 
critkos que han descu- 
bierto el color del so- 
nido. 

No fue una carca- 
jada la que saludo la 
(rase del joven diser- 
tante: fue un coro 
de gorgecs escapa- 
des de gargantas ju- 
veniles, fu6 risa me- 
lodiosa que sonaba 
a delicada musica. 

En un rincon de 
la sala se habian 
agrupado tres joven- 
citas que daban sus 
primeros pasos en el 
mundo social y un es- 
tudiante de leyes. que 
ya pisaba el ultimo afio 
de su larga carrera. De las 
primeras. dos eran morochas 
y rubia la otra. Marta. Julia 
y Magda. 

El disertante. Ballester, quedo 
perplejo, pero se rehizo. 

Bueno continuo, — ya he "^B 

tenido mi premio. Las he regocijado. Y ^^H 

me he dado el placer de escuchar risas que ^^ 

son trinos. 

Continue, continue, senor Ballester, solici- 
16 Marta, la morocha picaresca. Sus rarezas nos 
encantan. jNo hay nada para los cabellos negros? 
Si. y para las bocas rojas de pulposos labios. ;0h! 
Yo dedicaria un poema a cada mujer si la inspiracion 
me acompanara y el verso no me negara su ritmo. 
Y entre todos esos poemas jperd6nemelo usted! surgiria 
mas brioso, mas inspirado, mas bello, mas pleno de 
armonias aquel que expresara mi admiracion por los 
cabellos indefinibles de Magda. 

Terci6 Julia en el debate. 

— ^Asi le impresionan los cabellos de Magda? 
tCree usted que la belleza femenina no reune otros 
detalles mas salientes que el de los cabellos? Si ha- 
blara usted de los ojos de Magda, de la boca, de los 
dientes. . . 

Si, pero antes rendiria homenaje a los cabellos. 
jOh, los cabellos! Hay cabelleras que tienen alma. 
Tiemblan, acongojadas, bajo un golpe de sol muy 
violento; se adormecen dulcemente, con voluptuosidad, 
al influjo de la luz de las bujias; se agitan, se enmaranan, 
para protegerse una hebra con otra cuando el viento, 
muy brusco, con impetuosidades masculinas, se lanza 
sobre ellas para besarlas, estrujarlas y poseerlas arbi- 
trariamente. 

Marta y Julia sonreian. Era su sonrisa enigmatica. 
^Burla? ^Aprobacidn? Magda, en cambio, permanecia 
seria. con sus ojos azules muy abiertos, como si mirara 
una inmensidad lejana. 

Creo, — dijo Marta, — que es usted el linico 
hombre que se dedica a esos estudios espiritualistas de 
los cabellos. He leido muchos poetas y ninguno ahonda 
tan to como usted. 

— Se lo habran callado por egoismo. Porque los 
poetas suelen ser egoistas. Suelen callar las bellezas 
muy su tiles que descubren. Aluden solamente a las que 
resaltan, las que todo el mundo advierte. Ademas, 
sienten el egoismo de los avaros y ocultan su tesoro. 
Es que lo quieren para ellos solos. Un gran poeta, que 
llen6 el siglo con su nombre, D'Annunzio, se ha divor- 
ciado para contraer enlace con una mujer joven, y no 
por su juventud, sino por sus cabellos. Y dijo de ella: 
«Es la unica mujer en el mundo que tiene los cabellos 
como las mujeres del Ticiano». No hay dudas de que 
61. antes que yo, sorprendi6 el alma de los cabellos, 
que habian por sus matices, robandole a la luz los 
secretos elocuentes de sus rayos. Si el alma, si nuestro 
espiritu necesita de la voz para expresar sus emociones, 
el cabello necesita de la luz. Por tanto es mas sutil, 




CAlfflJBS 



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HB©K]A&G)0 

i L u J T *■ A i l « N I -' t, £ VAIDIVIA 




mas delicado. mas dificil de ser comprendido. Solo 
los poetas muy concentrados lo penetran, lo 
abarcan. 

-Pero... la quimica, en su avance 
siempre constante, ha encontrado el 
medio de reformar la naturaleza. 
Ya sabra usted que existen tin- 
turas... iAh, que apuros para 
los pobrecitos poetas! ^Como 
podran descubrir el alma de 
los cabellos? 
— Asi como, detras de 
un antifaz, se adivina 
un rostro bello, asi el 
| poeta, bajo el disfraz 

^ de la tintura. advier- 

te el color y alma 
verdadera de las ca- 
belleras burladas. 
Conceptuo un de- 
lito. que las leyes 
debieran castigar, 
el acto de tenirse 
el cabello. 

jAy. Dios mio! 
Y ya esta usted pro- 
ximo a terminar su 
carrera. Y terminan- 
dola. . . estamos ame- 
nazadas de que sea 
usted juez. Habra que 
apresurarse a echar los 
cimientos de nuevas pri- 
siones. 

Y otra vez vibraron, so- 
noras, las carcajadas. En ese 
instante morian los ultimos 
compases de un cadencioso bos- 
ton y las parejas, al diseminarse 
por el salon, cortaron sus conversa- 
ciones. Muchos rostros se volvieron hacia 
^r el grupo aislado. 

Marta, dirigiendose a Magda, interrogo: 
iQue cpinas tii sobre esta grave cuestion de 
los cabellos? Me parece que nuestro estudiante esta 
fantaseando y que mas que doctor en leyes nos va 
a resultar un poeta futurista. ^Verdad? 

Magda permanecio callada, sonriendo levemente, 
enigmatica. Luego murmuro: 

— No se. No se. . . Pero admiro a esos hombres que 
ven mas lejos que nosotras. Somos frivolas. Amamos 
nuestros cabellos por coqueteria, los estimamos como 
un adorno del rostro, como un marco. Los torturamos 
con extrafias formas. Nos servimos de ellos como 
de un juguete. Y, en realidad, lo son todo. Quina 
revelen impresiones mas sutiles que las que revelan 
los ojos. 

Las dos morochas celebraron, risuefias, las frases de 
Magda. 

— Senor Ballester, ya ha ganado usted su primer 
pleito. Que sea enhorabuena. Le felicitamos entusiastas. 
Con su logica convincente, otros muchos pleitos ganara. 
El mundo le pertenece. Sera suyo. jOh! jsi todos los 
doctores en leyes fuesen poetas! ... La tierra seria un 
eden. 

Ballester, con los ojos fijos en la cabellera de Magda, 
continuo: 

Vean ustedes esas hebras sueltas. Corren, sobre 
ellas, asi como escalofrios de oro, que dicen su 
emocion del momento. La masa, color bronce, es el 
pedestal, de esas emociones. Solo les falta vibrar 
y las vibraciones serian ese misterioso lenguaje que 
los poetas de verdad los poetas muy sutiles, deben 
buscar empenosamente. El arte encontraria asi una 
nueva veta. 

Y despues de una pausa agrego: 

Lo demas, todo esta gastado. Todo es viejo. 



Y en el vasto salon, a derecha, a izquierda, vi- 
braban palabras, risas, frivolidades, frases frias, dis- 
cretas, mesuradas, impuestas por la inflexible ley 
mundana. 

Y las cabelleras de las damas, ya rubias, casta- 
nas, negras o indefinidas, abrian su alma misteriosa 
bajo las bujias deslumbrantes, sin que nadie perci- 
biera la sutileza de sus secretos, que encerraban te- 
soros de expresiones aun incomprendidas. . . 



FU 




CE 



DE 



Giiemes no'ha menester de estatuas. Es inmortal sin 

cllas. Vive en el tiempo y en la tierra. Vive en el suelo 

que lo vio nacer y que lo vio morir. Vive en las horas 

grandes y en las aciagas horas. Vive en el gaucho y en el 

oiudadano. Alienta los primeros pasos de! nine y los ultimos 

suspiros del anciano. Enciende la virilidad de los adolescen- 

tes. Despierta e! amor de las mujeres. Y es de tal modo fuerte 

y multiple su vida en este pedazo de la patria, a la que amo tanto, 

por la que lucho tanto y por la que esforzado murio, que si aban- 

donando la oiudad de Salta vais de viaje por cualquier camino y en 

cualquier paraje, al deteneros, preguntais que" de legendario y hero'co 

existe alii, os responderan: -Vea, en ese paional los gauchos extermina- 

ron cien enemigos. Al!i, bajo ese tala, el general perdono la vida a treinta. 

En aquella cuchilla muchos murieron por la patria. En el rancho del frente 

la Maria dio su amor por salvarlos. Y siempre hay un hecho, hay cien acciones 

que eternizan la fuerte guerra gaucha. Siempre se habla del caudillo, mas sin 

nombrarlo, porque no es necesario. Todos saben que se trata de El, del Heroe, 

de su Epoca. Y si por comprender mejor todo esto continuais vuestro camino y os 



NTENAMO 



MVBRTE 






deteneis, de la obscura noche a campo limpio y soli- 
tario, bajo las h'mpidas estrellas a descansar, percibis 
luego el clamor y el estruendo de una fuerte lucha, 
cual si con las sombras de la hora. otras sombras inmor- 
tales descendieran a continuar la lid tan rudamente empe- 
nada. Y es que aqui, en Salta, Guemes es algo mas que un 
guerrero y algo mas que un patriota. Es encarnaci6n fulguran- 
te de la raza. Es simbolo. Es expresion. Sintetiza y alienta las 
energias indomables, las bravuras y agudezas, el corazon y la in- 
teligencia de la rancia nobleza y de la nueva estirpe. Es el subs- 
Iratum de las virtudes criollas maduradas por los siglos. sancionadas 
por las victorias y los reveses. Es el Heroe. a la manera que Carlyle lo 
entiende. Por eso Guemes es algo que aqui, en mi corazon. en mis ar- 
boles, en mi hogar, en mis montafias y en mis selvas; en cada arroyo y en 
cada callejon de este verde pedazo de la tierra y de este azul limpido del cielo 
existe, esta siempre presente, no muere. Y por eso los saltefios admiramos a San 
Martin, veneramos a Belgrano, nos enorgullecemos con Moreno, cantamos con Lo- 
pez y pensamos con Sarmiento; pero unicamente sentimos, amamos a Guemes, 



GIRO 



TORRES 



LOPEZ 





La inquie- 
tud y la mo- 
vilidad son la 
delicia de los 
ios. Tonto 
del que no lo 
sea. Los ojos 
despiertos, la 
cara vivaz. el 
gesto atrevi- 
do, el pufii- 
to levanta- 
do. perpetua 
agresion del 
alma infantil. 
innata como 
una incrusta- 
oion. lacarita 
redonda y ro- 
sada, el pelo 
ensortijado, 
entre rubio y 
cast an o. la 
ambicidn de 
ser vigilante, 
de andar a caballo. de tener una pistola, un sable, 
un barco. indican un nene en pleno desarrollo. To- 
dos los chicos de cuatro anos quieren ser vigilan- 
tes o confiteros. 

Despues. desde los seis hasta los ocho, juegan 
a la rayuela. al trompo. a las bolitas, al rescate 
y a la pandorga. Ya de los ocho a los diez la cosa 
cambia de aspecto. El hombre se vuelve guerrero, 
o. cuando menos, instintivamente agresivo. San 
Martin, Napoleon o Garibaldi tienen algo que 
\er con eL Poner la cara hosca. amenazadora, 
fruncir el entrecejo. cerrar los punos delante de 
un menor, es signo de superioridad incontestable. 
Y iguay del menor en edad que se atreva a tomar 
identicas posturas!... jLloveran los pufietazos y 
los puntapies como un torrente! ... Al fin y al 
cabo, ese es el derecho del mas fuerte . . . 

»: 

Un dia Abraham, un muchacho del barrio, 
mayor que yo, usando de ese mismo derecho, 
me peg6 una buena serie de pufietazos. Llegue a 
casa todo ensangrentado. Mi trajecito de hilo color 
masilla estaba lleno de manchas. Llore delante 
de mi madre. no por el dolor, no por la ropa, no 
por los revolcones, sino porque Abraham me habia 
pegado sin razon alguna, porque era «mas grandeo. 
Se me quiso consolar y yo llore mas fuerte aiin. 
Tenia un nudo de odio en la garganta y me pro- 
meti que aquello no concluiria alii. Hice mis re- 
servas mentales; me seren6 poco a poco y para 
evitar que Abraham volviera a pegarme, mi 
madre me mando a pasar algunos dias en casa 
de mi abuelita. . . 

Alii la anciana me enseno que yo no debia ser 
malo y que no debia vengarme de mi agresor 
gratuito. Es que mi abuela no sabia que yo ya 
era un hombre de siete anos . . . 

Cinco dias despues. sentados en el umbral de 
la puerta de la herreria, yo y el hijo de Mr. Re- 
naud — un viejo fraguador de la calle Corrientes 
y Esmeralda jugabamos a la payana con caro- 
zos de damascos. La partida era encarnizada 
y los carozos pasaban de un bolsillo al otro con 
una rapidez pasmosa. En cierto momento le- 
vante los ojos y vi que Abraham venia hacia 
nosotros. Traia en la mano una gruesa correa 
de cuero con una imponente hebilla de hierro en 
un extreme Temble y disimul6. Me parecia que 
Abraham tenia la intencibn de repetir la hazana 

de pegarme. 
Puse cara de 
angelito, y 
cuando estu- 
vo al lado 
mio, le dije 
entre afligido 
y confiado: 

— No me 
pegues, eh?... 
Ya sabes que 
yo no puedo 
contigo. . . 

— Por esta 
vez te perdo- 
no — me dijo 
magnanimo y 
complaciente. 
Le invitd a 
que jugara 
con mi adver- 
sario. Se sen- 
t6 en el um- 
bral y comen- 
zo la partida. 




Yo me puse de pie a su lado. Como la correa le 
estorbara para el juego, me la paso. Yo, jugando, 
jugando. me la envolvi en la mano derecha y 
una tentacion horrible me hizo ver la venganza. 
Levante el brazo, lo volvi a bajar violentamente 
y la terrible hebilla de la correa se clavo en la co- 
beza de Abraham. Man6 sangre y me di a la fuga... 

Dona Catalina, la madre de Abraham, una se- 
nora criolla de tomo y lomo, llegd a mi casa con 
el chico de la mano, que lloraba y sangraba. 
Empezo por romper dos cristales de la fotografia 
de mi padre y se desato en improperios contra 
♦los hijos de gringos asesinos». Yo me meti entre 
las piernas del autor de mis dias. Despues de 
mucho gritar, de oir de boca de mi padre que 
aquello no era sino una simple represalia de los 
golpes que Abraham me habia prodigado dias 
antes, le enfurecida senora se despidio con esta 
amenaza: 

— jA este chiquilin yo lo voy a hacer matar 
con Figurita! . . . 

Figurita era el hijo mayor de la dama en cues- 
tion, un muchachon como de catorce anos, regor- 
dete, con cara de manzanita de California, bajito, 
retacon, y, segiin las mentas del barrio y entre 
los chicos, era el mas perverso de los callejeantes 
de la parroquia de San Nicolas. Hasta decian que 
peleaba con cuchillo. 



Figurita nunca me mato. Yo lo esquivaba pru- 
dentemente. Asi pasaron dos anos. En 1865 se 
declaro la guerra del Paraguay y el ruido de las 
armas encendio en las criaturas de entonces un 
ardor belico incontenible. Todas las mananas y 
todas las tardes ibamos a la plaza del Parque y 
a la del Retiro a ver los ejercicios de los batallo- 
nes. Los tambores. las cornetas, el ruido de los 



pues, por la 
tarde, casi al 
caer el sol, 
formabamos 



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UMWU* 



■IUNY 



t-v^ - 



fusiles y de las espadas, Ios pantalones franjeados, 
los kepis y los morriones despertaban en nos- 
otros el sentimiento de la pelea. Es la fibra sal- 
vaje que se siente desde la cuna y que se lleva 
hasta la tumba. Apenas sabiamos leer, pero nos 
dabamos cuenta que era patriotico odiar a los pa- 
raguayos. Solano Lopez era un tirano que se co- 
mia crudos a los chicos y ponia en el asador a 
las sefioras. Era un hombre muy malo. La guerra 
se hacia porque los paraguayos querian venir a la 
plaza de la Victoria a voltear la piramide de Mayo. 
Y eso no lo podiamos tolerar los argentinos, chicos 
y grandes. Habia que matar a todos los paragua- 
yos. Como una adhesion, siquiera espiritual, a 
aquella guerra, nosotros teniamos que imitar a 
los soldados, teniamos que pelear. 

Organizamos guerrillas de piedras y cascotes. 
Se hicieron dos bandos. El hijo del joyero Fabre 
era capitan de mi compania; el hijo del herrero 
Renaud era teniente; a este le dimos el grado 
porque nos proveyo a todos de espadas, es decir, 
unos fierros que le hurto a su padre a los que les 
puso como empunadura otro fierrito atravesado; 
estaban tambten, como soldados, los de la Fuen- 
te, Marcenaro, Castelletti, Murchio, Collins, toda 
gente que vivia por Corrientes, Esmeralda, Maipu, 
Suipacha, Parque, Cuyo, Artes, etc. El bando 
contrario estaba capitaneado por Figurita. Su 
prestigio de maton le habia favorecido en la 
elecci6n. Nosotros eramos los chicos decentes, 
hijos de comerciantes, industriales, militares; ellos 
eran los pilletes, los ladronzuelos, los hijos de las 
malas madres del barrio, que a lo largo de Esme- 
ralda tenia fama de turbulento. 

I 

Durante la manana, con pequenas bolsas de 
que nos habiamos provisto, reuniamos la «muni- 
cion», es decir, las piedras y los cascotes. Des- 




la compania 
en la esquina 
de Maipu y 
Corrientes, 
donde estaba 
la botica del 
Condor Dora- 
do. De alii, en 
perfecta for- 
macion, con 
un tambor a 
la cabeza, 
ibamos a la 
plaza del Re- 
tiro. La ver- 
dad es quees- 
tabamos fie- 
ramentearro- 
gan tes, en 
nuestro paso 
marcial, en el 

mirar soberbio, en la cabeza levantada, en la fe 
de nuestro empuje guerrero. 

Nosotros nos dispersabamos en guerrilla con 
frente al este, en el borde de la plaza. Figurita 
con sus secuaces se instalaba en la terminacion 
de Florida, en la diagonal, donde habia una gran 
casa blanca con timpano romano. A nuestra iz- 
quierda quedaba el cuartel del Retiro, semi- 
derrumbado por una explosion de polvora ocu- 
rrida poco antes. 

Una tarde de verano, entre seis y siete, comenzo 
la habitual guerrilla. Habian faltado a la cita 
muchos de nuestros parciales. No eramos aquel 
dia sino una veintena de chicos y los enemigos 
sumaban alrededor de cuarenta. Iniciado el com- 
bate, la pedrea enemiga arrecio, formidable, im- 
petuosa, irresistible. No podiamos contenerla. Nos 
arrollaba, nos enloquecia. no habia forma de hacer 
pie. «La nube de flechas obscurecia el sol», como 
en los tiempos preteritos. Ya habian sido alcan- 
zados por las piedras tres o cuatro de los nuestros, 
cuando Fabre, nuestro capitan. dio la orden de: 
«j Alto el fuego!» 

Rapidamente nos reunio y dispuso que levan- 
taramos bandera blanca de parlamento. Dejaron 
de Hover piedras de parte del enemigo. Al corto 
instante se levanto de las filas opuestas otra ban- 
dera blanca. Estabamos salvados de una huida 
vergonzosa. 

Fabre me nombro, junto con otros dos solda- 
dos, para que parlamentara. Se trataba de expli- 
car que, por escasez de numero, no podiamos 
seguir combatiendo. Que habia disparidad de fuer- 
zas. Que teniamos que recoger a los heridos; pero 
que la accion se continuaria al dia siguiente. Por 
pura precaucion, antes de salir de la plaza, me 
meti en los bolsillos dos gruesas piedras. 

Movimos el paso hacia el centro que mediaba 
entre las dos fuerzas beligerantes. Del frente se 
destacaron tambi6n tres hombres. El que venia 
adelante, con la bandera blanca, era nada menos 
que Figurita, el terrible Figurita, de quien yo 
huia hacia dos anos. Saque, sin embargo, unas fuer- 
zas que tenia escondidas en el fondo del alma y 
continue avanzando. Cuando nos encontramos a 
tres pasos, dije mi leccion aprendida de memoria. 

— No podemos continuar combatiendo. . . 

— jPorque son unos flojos y unos cobarde: .' 
me grito Figurita en pleno rostro, con voz terrible. 

No pude contenerme. Una ola de sangre me 
nubl6losojos. 
Meti la mano 
en el bolsillo, 
rapido como 
un rayo, sa- 
qu6una volu- 
minosa pie- 
dra y con to- 
das mis fuer- 
zas se la arrcj6 
en pleno pe- 
cho. Figurita 
vacil6 y cayo. 
Sus acompa- 
fiantes huye- 
ron. Nosotros 
tambi6n hui- 
mos. Desde 
entonces no 
he vuelto a 
veraFigurita. 
JVElalmahu- 
mana quiere 
que las cosas 
sean asi. 





"£ 



Manchadita vas de harina... 

y a v e o 
que es porque te gusta ir 
detras de los molineros... 

Manchadita vas de cal... 

lo entiendo: 
detras de los albaniles 

t e v e o . . . 

Manchadita de aserrin... 

y a v e o 
que es porque te gusta ir 
detras de los carpinteros... 

Manchadita esta tu cara 
tambi6n de tizne y de hierro. 

y a v e o 
que te gustan los herreros.. 

Manchadita vas de brea... 

y a v e o 
que es porque te gusta ir 
detras de los marineros... 




Manchadita estas de todos: 

y a 1 o v e o : 
te gustan los buenos mozos 
y te gustan los pequenos... 

ILUSTRACION DE ALVAREZ. 



te gustan de ojos azules 
y te gustan de ojos negros 

Manchadita estas de todos. 
de los malos y los buenos. 



Manchadita de 



pa 



a b r a s 



y manchadita de besos!... 

Manchadita, manchadita. 

y a v e o 
que eres buena, que eres dulce, 
que tu corazon es tierno 
y que te ves manchadita 

p o r e s o . . . 
ja mi, manchadita y todo, 
me pareces un lucero!... 

Dicen que el Sol tiene manchas 
iquien dira: «Yo no las t e n g o » j 
Puede. manchado de todo, 
manchadita. estar tu cuerpo, 
\y estar mas limpia tu alma 
que el mismo Sol de los cielost 





us jar 



"PROPIEDAD DE DON 



ToxTpcT 





at) 



""»% 7 







JOHN 

WDCCCXXI 

c^ c 7IId(^ d ^ c VE c NOG^ 



Blando embalsamador de la mediada noche 
que sueldas, con tus dedos de roce inadvertido, 
Ios escudados ojos. felices bajo el broche 
de sombra, en la divina tiniebla del olvido: 

Cierra, si asi lo quieres, joh, lisonjero sueno! 
mis ojos, ahora mismo, o a que termine espera 
mi canto en tu alabanza. antes que su belefio 
derrame, en torno mio, piadosa adormidera. 

Pero salvame entonces del dia, o su presencia 
resurgira en mi almohada con su pasado grave; 
librame del imperio de la insomne conciencia 

que como un topo miha las sombras en la calma: 
gira diestro en la docil cerradura tu Have 
y sella el silenciado estuche de mi alma. 

c VE c RJKJNEJ^DE— c BS7iF c ?lELr- 



Inglaterra ha conmemorado 

el primer centenario de la mucr- 

te de lino de sus mas grandes 

poetas que, junto a Shelley y 

a Byron, resplandece, con luz 

propia, en su parnaso roiv.dn- 

tico. John Keats vivid apenas 

veintiseis aiios, mas en tan corio 

tiempo /que maravillosa obra 

lego a las letras universales! 

Fue un enamorado de la belleza 

antigua, y en largos poemas, 

como %Bndymiom y el incon- 

cluso vHyperioni, void su ex- 

traordinaria fantasia hacia la 

aurora de Grecia. Pero la Unfa 

de su sentimiento y los colores 

mas personates de su espi- 

rilu han de buscarse, so- 

bre todo, en sus magni- 

ficas odas y en sus 

numerosos, belli- 

simos sonetos. 

ILUSTRACION DE SIKIO. 



C MC C MXXI 

C WFN I ffJFUE FE9IRJ: 



Cuando temo que puedo morir antes de haber 
espigado mi pluma en mi campo mental, 
antes que en alta pila de libros logre ver 
como en ricos graneros mi cosecha otonal; 

Cuando miro en las noches consteladas arder 
los nebulosos simbolos de una ficcion astral 
y pienso que pudiera no vivir para ser. 
por magico destino, su interprete casual; 

Y cuando siento, joh, bella perdida en el fluir 
del tiempo! que ya nunca vere tu gracia en flor, 
ni he de gustar de nuevo del divino elixir. 

entonces, solo, a orillas del mundo abrumador, 
pienso que en esa nada tambten se habran de hundir 
definitivamente, la Gloria y el Amor. 

^ c JlbBE c R^EO — '^ c Rd c Rj/ET c ^ cvd 



./ ./. 






A 






„»-.,. ,.w., , ..•> J ^ M ^^^_ >^., — r-mn i Mi ,,, 



J 4\ 



D 



UNA PERVtENTE ENAMO- 
RADA DEL CEH1AL PIN- 



Soy uno de los mis asiduos 
visitantes. y hasta dire que un 
visitador vicioso. del Museo del 
Prado. Huyendo de las gesticula- 
ciones que hacen en la plaza piiblica 
los cubistas. los expresionistas y 
otros caballeros por el estilo, me es 
grato abandonarme a la contemplacidn 
de esas creaciones clasicas que no estaran 
de moda. que ni siquiera seran respetadas 
por los jbvenes espiritus inquietos, pero 
que a mi me resultan siempre bastante 
mas apetecibles y contemplables que 
las tentativas malabarescas de cual 
quier pintor de cubos. 

Ayer (una divina manana de 
primavera) al entrar al Museo del 
Prado me tope ni mas menos que 
con el propio director. El sefior 
Beruete le debe a la fortuna la 
poca prodigada cualidad de ser 
inteligente, culto, aristocratico y 
amigo. A esta clase de personas 
no se las oncuentra nunca en vano; 
su aire franco, su afabilidad dis- 
tinguida, estan invitandonos al 
abuse 

En fin. se me ocurrid que el 
momento era incomparable para 
pedirle una modesta interviu a 
don Aureliano Beruete y Moret, 
director de! Museo del Prado, pin- 
tor habilisimo, experto critico de 
arte, gran coleccionista y hombre \ 
de mundo. ^ 

Bien, sefior Beruete, preparese a 
recibir de mi, despues de este apreton de 
manos, una descarada petici6n. Necesito 
que me hable usted de algunos pormenores 
del Museo. 

• Pero no es usted un empedernido visitante? 
<No conooe usted lo mismo que yo todas las salas? 

— Lo que yo pido son detalles internos, datos ad- 
ministrativos, estadisticas. En una palabra, la vida 
ocul: de esta gran metr6poli de! arte. 



PL.V5 VLTRA 
EN MADMD 

EL 
AWSEO 
DEL • PRADO 



d ) 






EL DIRECTOR DEL MUSEO, SEfiOR 
BERUETE EN SU DESPACHO. 



TOR COPIANDO EL tCUA 
DRO DE LAS LANZAS,). 



Pues vengase usted a mi 
despacho, y alii, en aquel am- 
biente burocratico, mucho me- 
nos sublime que el de las salas 
donde campean las obras inmor- 
*ales, hablaremos de estas cosas 
prosaicas de la administraci6n. 
-Que, sin embargo, son interesanti- 
simas ; porque de ellas depende la con- 
servacion y el lucimiento de tantas obras 
sublimes. 

Tal vez tiene usted razon . . . Pero 
entremos. He aqui mi despacho, pro- 
bablemente ni mas ni menos vulgar 
que los otros despachos oficines- 
cos. Y ahora, sinceramente, 
^quiere usted que conversemos 
un rato acerca de algiin lienzo 
dudoso de Goya, o a proposito 
de la coloracion de los fondos 
de Velazquez? £0 contimia us- 
ted interesandose por los datos 
del regimen interior de la casa?... 
[ 'ejemos para otro dia las 
cuestiones de estetica; deme us- 
ted datos. 
— Por ejemplo. . . 
-Si, por ejemplo: c.que clase 
de mejoras se han practicado 
en los ultimos anos? 

Ante todo, usted no ignora 

que el actual edificio del Museo 

del Prado no fue construido 

para Museo de Pinturas, sino 

para escuela de Ciencias Natura- 

les. Fu£ a principios del siglo xix 

cuando Fernando VII, nefasto para 

otras muchas cosas, tuvo la feliz idea 

de organizar con caracter publico un gran 

Museo de Pinturas. En el regimen monar- 

quico antiguo los reyes y los magnates solian 

poseer colecciones propias.que con frecuenciaasu- 

mian el verdadero sentido de museos. Gracias a esas 

colecciones, sobre todo las principescas, fue posible 

mas tarde, al venirel regimen democratico, organizar 






L_t 



- 



los grandesmuseos ac- 
tuates. El esplendor 
de nuestro Museo del 
Prado se debe, senci- 
Uamente, a la grande- 
za de la monarquia es- 
pafiola. Velazquez 
pinto casi exclusiva- 
mente para la casa 
real, y Goya lo mismo. 
El Ticiano, Moro, Ru- 
bens, trabajaron al 
servicio de nuestros 
re yes. 

— Y entre todos 
fueron acumulando 
lienzos, hasta que ma- 
terialmente no cabian 
en el edificio. . . 

— Efectivamente. 
El edificio, a pesar de 
su amplitud, resulta- 
ba insuficiente para 
albergar a tanto hues- 
ped insigne. Por otra 
parte, algunos de es- 
tos insignes huespedes 
merecian ser tratados 
con particular distin- 
cion; habia que aten- 
derles en salas aparte. 
En suma, la tarea de 
descon%estionar los dis- 
tintos departamentos 
del museo ha sido lo 
que mas nos ha pre- 
ocupado ultimamente. 

-iY el resultado 
ha sido feliz? 

Hemos hecho 
todo lo posible, y has- 
ta algo mas. . . El pa- 
tronato y la direccion 
nos propusimos antes 
que nada ampliar, 
agrandar el museo, 
dandole nuevas y her- 
mosas proporciones. 
Al efecto, las obras, 
comenzadas el ano 
1914 han sido con- 
cluidas en diciembre 
del ano ultimo. En la 
planta baja hemos 
inaugurado dos salas, 
donde se han instala- 
do los lienzos mas exi- 
mios de la Escuela 
Francesa, con una de- 



LA ACTUAL 
SALA DE VE- 
LAZQUEZ, 
VERDADERO 




I f 







TAMBIEN LOS AD- 
M IR ADOR ES DE 



GOYA VENERAN 
A SU ORAN IDOLO. 



coracion adecuada al 
interes y al caracter 
de los cuadros expues- 
tos. En septiembre del 
mismo ano ultimo se 
abrio al publico la So- 
la del Greco, en la 
planta principal, in- 
mediata a la gran Sala 
de Velazquez. . . 

Por cierto que 
esta Sala del Greco es 
una cosa admirable- 
mente lograda, como 
decoracion, como pro- 
porciones y como esti- 
lo de los muebles, pa- 
nos y molduras. Ade- 
lante. . . 

— Circunstancias 
en absoluto ajenas a 
mi voluntad han im- 
pedido que en el mis- 
mo ano se inaugurasen 
otras dos salas nue- 
vas, reservadas para 
los cuadros de Velaz- 
quez. El objeto de es- 
tas dos salas velazque- 
fias consiste en des- 
congestionar la sala 
que actualmente po- 
see el pintor de Felipe 
IV, de manera que sus 
obras puedan ser ad- 
miradas en mejores 
condiciones. Y para 
comunicar directa y 
comodamente la plan- 
ta baja y el piso prin- 
cipal, hemos instalado 
un ascensor. 

Esa nota de mo- 
•dernismo mecanico se- 
ra muy litil para con- 
mover los corazones 
de los visitantes nor- 
teamericanos ... D i - 
game ahora, se lo rue- 
go, (es alentadorel re- 
gistro que marca las 
entradas? 

Completamente 
alentador. El numero 
de visitas al museo 
aumenta considera- 
blementecadaano. Le 
mostrare algunos nu- 
meros. E! ano 1918 se 





registraron 10.912 entradas de pago 
y 113.448 gratuitas: en 1919. las 
visitas de pago ascend<eron a 18.498 
y las gratuitas a 1 15.377, y en 1920 
las visitas pagadas llegaron a 21 .90S 
y las gratuitas a 124.066. 

Es decir que no obstante las 
ulaciones de cubistas y expre- 
:tas. los admiradores de la pin- 
tura clasica aumentan. . . 

Si. senor. Y tambien aumenta 
el numero de los copistas. 

Cuales son los pintores pre- 
feridos por los copistas? 

En primer tirmino esta Ve- 
lazquez; de el se han hecho en el 
ano anterior 201 copias. Viene des- 
pues Goya, que ha tenido 199 co- 
..;. De Murillo se hicieron 189 
copias: del Ticiano. 94: del Greco, 
63: de Rubens, 52; de Ribera 
del Tintoretto. 26: de Van Dyck. 
25; de Mengs. 10: de Verones. 8; de 
Juan de Juanes, 6: de la «Giocon- 
da«, 5: de Andrea del Sarto, Correg- 
gio y Teniers. 4; de Watteau. Bas- 
sano. Sanchez Coello, Madrazo. 
Rembrand y Jordaens. 3; deTie- 
polo. Orazio, Gentileschi y Mazo,2. 

Muy curiosos los datos. Pero usted tiene la culpa de que se avive mi 
deseo y que le solicite mas datos de esa amena y desconocida estadistica. 
iQuiere usted mas detalles? Habiemos de las restauraciones y de la 
adquisicion de nuevos cuadros. Se trabaja activamente en la restaurs- 
c;6n, con e! mayor respeto para las obras, evitando aumentar ni re- 
pintar nada. En el ano 19 18 pasaron por e! taller de restauracion 
21 cuadros. y 34 en 1919. En cuanto al aumento y adquisicion 
de nuevas obras. le dire que en 1919 se trajeron del edificio 
del Consejo de Estado dos lienzos de Pantoja. San Agustin 
y San Nicolas de Tolentino (numeros 1.040a y 1.040b del 
Catalogo), y un magnifico cuadro de Francisco Herrera, 
numero 1.832a) que re- 
presenta al Papa San Lc6n I ••! 
Magno. Tan pronto como ha- 
ya local oportuno. se trae- 
ran otros lienzos nota- 
bles, y expondremosal 
publico algunas ta- 
blas de mucho in- 
teres que ac- 
t u alme n te 



RINCON DE UNA 
DE LAS PEQUE- 



pertenecen al Museo Arqueologico 
Nacional. Esas tablas se recogeran 
a cambio de diversos objetos artis- 
ticos que hoy existen en el Museo 
del Pradoy que alii, en el Museo Ar- 
queologico, estaran masen caracter. 
c'Algo mas todavia?... 
Por si le interesa, le dire que 
en el ano ultimo se han realizado 
'as siguientes adquisiciones: dos ta- 
blas en madera; una hermosa tabla 
primitiva. que representa a la Vir- 
gen y al Nino acompanados de San 
Bernardo y San Benito, con un ca- 
ballero de la ordcn de Montesa arro- 
dillado y en actitud orante. Esta 
tabla fue adquirida por subscrip- 
cion publica que encabe^aron SS. 
MM. y a la que contribuyo con 
10.000 pesetas don Horacio Eche- 
varrieta. La otra tabla. tambien 
primitiva y de gran valor, fue do- 
nada por el marques de Laurencin: 
representa a Nuestra Sefiora de 
Gracia, rodeada de San Bernardo, 
San Benito y varios caballeros de 
Montesa. Tambien trabajamos en 
la preparacion de un nuevo C 
go, en armonia con las necesidades 
de la critica moderna, para e! que se cuenta con la cooperacion de signi- 
ficados especialistas espafioles y con la preciosa ayuda de algunos expertos 
extranjeros que conocen las modalidades de las Escuelas de sus respec- 
tivos paises. Ese libro sera un esplendido agente de cultura artistica. 
Creo que he abusado bastante desu amabilidad. senor Beruete. . . 
Ni mucho ni poco. Pero digame, ique piensa usted hacer con 
ese monton de datos? £A quien se los va usted a contar? 
A los lectores de la Argentina. ^Le parece mal?... 
iQue disparate! Todo al contrario. Precisamente son 
los visitantes y el publico de America los que mas me 



ARTE FRANCES. 



interesan. 



J( )S\ : 

SAiyVI^MUA 



MADRID, MAYO DE 1921 



Ellos pueden aprender y disfrutar mucho en 
nuestro Museo. Aqui esta la tra- 
dic'on suya tanto como la nues- 
tra. Moralmente, todo esto es 
tanto de ellos como de nos- 
otros los profesionales. 

jPerfectamentede 
acuerdo! Gracias a 
usted. los argenti- 
nos gustaran es- 
ta primicia. .. 



(±5 




a prensa italiana ha saludado con 
afectuosa simpatia al nuevo mi- 
nistro del Uruguay, senor Manue! 
Bernardez, que acaba de presen- 
tar sus credenciales. Conoeiendo 
el abolengo periodistico del minis- 
tro Bernnrdez y sus afectuosas 
vinculaciones con la prensa por- 
tena. donde ha tenido una larga actuacion, fuimos 
a pedirle sus primeras impresiones romanas a la 
sede de su !e?ac ; 6n instalada en un elegante villino 
del Lunf o Tevere, de cuyos balcones se ve, al otro 
lado del viejo Tiber, el Monte Mario a la derecha, 
una serie de palacios de los nuevos barrios romanos 
al centre, y a la izquierda la masa taciturna del 
Castel S. Angelo. 

El ministro Bernardez nos recibio cordialmente, 
recordando con agrado sus campanas reporticias 
portenas. «Estoy pagando — ncs dijc — los repor- 
tajes que he hecho en Buenos Aires. . . Pero no me 
habituo a ser yo el paciente; cada vez que me veo 
a merced de un reporter siento la impresion que 
sentiria un cazador a quien de pronto una liebre le 
apuntase con su propia escopetaU. 

Respecto a impresiones, nos manifesto que aun 
no le habia pedido a Roma sino impresiones exter- 
nas; visiones de su panorama; el espectaculo de sus 
colinas, que, en la campana circunvecina le traen 
a la memoria «las risuenas cuchillas del Uruguay»; 
y el encanto de estos dias de oro, que le recuerdan 
«las adorables mananas del invierno de Rio de 
Janeiro». «Estas analogias — nos dijo — me han 
hecho el pais rapidamente grato y familiar. Pero 
para entrar en la Roma del pasado quiero ponerme 
primero, por decirlo asi, en estado de gracia, y 
tener bastante tiempo a mano — pues no deseo 
hacer mi Roma en tren de Agencia Cook — aunque 
tampoco tengo la intention de descubrirla — agre- 
go sonriendo — pues ya halosido tantas veces. . .» 
En este orden de ideas, el senor Bernardez dijo 
que lo que no creia aiin <<descubierto», al menos 
para los sudamericanos, a causa de la enorme con- 
fusion de noticias que suelen presentar a Italia en 
una situation de desorden, era esta otra Italia, «la 
Italia nueva, que pulsa y trabaja, con una pode- 
rosa voluntad y un gran sentido del momento his- 
torico, dentro de la Italia milenaria». «Esta sensa- 
tion de vida nueva — nos dijo — sorprende y se 
impone desde la llegada. La sent! en Genova; la 
senti al cruzar las rientes campanas toscanas, don- 
de se admira el amor con que el contadino trabaja 
y mima la tierra; y la siento aqui en Roma, con un 
ritmo mas grave, pero con e! mismo slancio de 
juventud y voluntad. Esto es lo que conviene que 
se haga sentir alia, en nuestros ambientes ameri- 
canos, donde, a pesar del telegrafo — o a causa de 
el, en muchos casos — tenemos ideas absolutamen- 
te falsas — las tenia yo mismo hasta llegar aqui 

— de Italia, de su situacion interna, de sus proble- 
ms, de sus capacidades. de sus hombres. Precisa- 
mente sobre esto ultimo — sobre los hombres — tal 
vez le mande a Plvs Vltra algunas impresiones, 
donde nuestro concepto vulgar del temperamento 
italiano va a sufrir energicas sacudidas. . . He oido 
ya. ademas de varios miembros del gobierno (espe- 
cialmente a Giolitti, el otro dia, cuando liquido con 
un largo gesto tranquilo — en un discurso de menos 
de veinte minutos que fue como una aplanadora 

— una formidable interpelacion socialista sobre 
politica interna, y al conde Sforza, relatando a! 
Senado, con sobriedad y elegancia, su influyente 
actuacion en la reciente Conferencia de Paris), he 
oido a mucha gente del Parlamento — he asistido 
a dos grandes debates, he oido a socialistas, comu- 
nistas, constitucionales, radicales, populares, a 
Turati, Treves, DAragona, Graziadei, Giuffrida 
(Paolo), Rubini, Cavazzoni, Sarocchi y otros mas 




MANVEP 

MINISTRO 

RAFAEC 



Federzoni, Milani, Cappa 
— y puedo decir por im- 
presiones propias que hay en Italia una proportion notable de oradores 
fuertes, precisos, con una dialectica rectilinea y una envidiable sobriedad, 
hasta de gestos . . . Por lo demas, hago notar la existencia de esta c'.ase de 
politicos, que nosotros referimos mas bien al tipo del estadista ingles, solo 
para constatar que hasta en eso estamos equivocados en relacion a Italia; 
no por que crea indispensable ser corto de palabras para ser largo de obras, 
pues tambien es comun aqui e! genero de politicos que hablan mucho y 
ejecutan bastante — oradores frondosos en la oposicion y buenos realizadores 
en el Gobierno. — La posesion de estos dos tipos de politicos. sobre todo en 
el regimen parlamentario — donde la oposicion, aun no queriendo, colabora 
en la cosa publica — lejos de ser un mal es una suerte. Unos imponen el senti- 
do practico y los otros ponen aquel toque de imagination e idealismo que no 
puede faltar en ninguna obra latina, sea de arte o de gobierno. Recordando a 
Sterne se podria decir que estos ponen el velamen y aquellos el lastre. . .» 

— Siendo el Uruguay el pais de America que mas temprano ha comprendido 
y realizado trascendentales reformas de orden economico social, su observa- 
tion ha debido ser preferente en ese sentido. 

— En efeoto. Es lo que sigo con interes mas vivo, y, en mi sentir, Italia 
ofrece hoy al mundo un espectaculo esplendido, con el extraordinario poder 
de evolution que esta revelando para realizar la reorganization de su economia 
y de su trabajo, tanto industrial como agrario — una verdadera renovation 
de la vida nacional — procediendo serenamente, por etapas progresivas, sin 
sacudidas catastr6ficas, sin necesidad de destruir ni de hacer saltar nada, 
saliendo a! encuentro de los problemas internos y externos con soluciones 



practicas y justas, de buen sentido y de sinceridad, 
que apaciguan, que organizan y que rapidamente 
aumentan y consolidan el concepto del poder del 
Estado en lo interno, y la autoridad de Italia, cada 
vez mas influyente, en el debate internacional que 
esta resolviendo los destinos de! mundo. 

— Asi, la situacion vista por dentro, resulta 
mejor de lo que re dice afuera... 

— Incontestablemente. Observada de cerca, 
Italia da la impresion de un pais fuerte y animoso! 
con elementos de reposicidn variadisimos, con una 
moral excelente, que sabe lo que quiere y que se 
siente capaz de realizar altas y justas aspiraciones. 
La obra que hoy se esta realizando en Italia — 
reorganizar el trabajo sobre nuevos fundamentos 
yendo hasta los limites avanzadisimos del control 
obrero en las fabricas, y restaurar al mismo tiempo 
la autoridad del Estado arrostrando victoriosa- 
mente el oleaje adverso de adentro y de afuera — 
es una obra admirable de habilidad, de serena 
energia y de vision aguda de la verdad ambiente. 
Es claro que no es esto un mar de leche, ni puede 
serlo en esta atormentada hora mundial. Se siente, 
sin duda, en la vida italiana, una profunda trepi- 
dation, pero facilmente se advierte que no se trata 
de ningiin terremoto. Es la trepidaci6n de un tren 
en marcha. A veces, en ciertos trechos del trayecto, 
en ciertos desniveles, en ciertos cruces, en ciertas 
rampas, en ciertas curvas, parece posible algiin 
peligro de choque o descarrilamiento — pero los 
maquinistas son muy habiles, tienen el pulso firme 
y los nervios tranquilos — y el tren sigue su mar- 
cha. A lo largo de la via, aqui y alia, aparecen, 
como posibles accidentes del trafico, problemas 
formidables: el financiero desde luego, que sin ser 
quiza el mas grave es el que mas impresiona; el 
economico-industrial y agrario, cuya solution sera 
el primer factor de mejora del cambio y de apaci- 
guamiento social; el de la reorganizaci6n de ciertos 
servicios, especialmente en puertos y ferrovias, 
cuya deficiencia me parece el mal mas serio del 
momento economico italiano, por lo que retarda 
y disminuye la constante reaction reparadora del 
trabajo nacional; pero la bravura y el genio de 
esta que con bella expresion llamo Carducci «rin- 
novellata — itala gente dalle molte vile* parece am- 
pliamente capaz de superar tales dificultades. 
Italia una vez mas «fara da se», y al asegurar su 
grandioso futuro dara a la humanidad mas de una 
lection provechosa, mostrando que, como en el 
carmen latino del Petrarca, sigue siendo «luce delta 
civilitd — Gloria e Maestra del Mondo!». 

— (Y en cuanto a su iniciativa por la difusion 
del libro italiano? 

— Esa es ya una cosa que camina sola. Y era 
natural. Bastaba llamar la atencion hacia la situa- 
cion de inferioridad en que se halla en Sud America 
el libro italiano — en relacion al espanol y al fran- 
ces, y al indice de italianos y de italoamericanos 
que leen — para que el hecho impresionara y pu- 
siera en accion energias eficaces. Creo que el «Isti- 
tuto per la Propaganda della Cultura Italiana* que 
preside el Hon. Ferdinando Martini (y del cual es 
el alma inteligente y entusiasta el profesor Formig- 
gini, editor en Roma y director de «L' Italia che 
Scrive») tomara a su cargo la formation del am- 
biente y la organization del concurso mental ita- 
liano, probablemente promoviendo una serie de 
conferencias. Y no sera lo unico. Ahora mismo in- 
forma un diario que un eminente hombre politico 
italiano que regresa de America (el Hon. Orlando) 
toma una accion inicial en el mismo sentido, aun- 
que en el terreno practico de la propaganda comer- 
cial, entendiendose al efecto con algunos editores 
milaneses. De modo que en el terreno comercial — 

en donde, por otra parte, ya hay mucho adelantado en Buenos Aires — no van 
a faltar impulsos; pero es indispensable completarlos con una intensa accion 
intelectual, que abra el apetito antes que llegue el pan, si no los libros se 
quedaran en los estantes. Pero eso lo haran seguramente institutes y escri- 
tores italianos, por su interes y con su autoridad. Nosotros, los que amamos 
la causa de esta madre de civilizaciones que es Italia, ayudaremos, haciendo 
de francotiradores periodisticos para formar el ambiente y conseguir que el 
libro italiano en nuestra America se venda y se lea, por lo menos al par de 
los que hoy predominan en nuestro comercio libresco. La cultura de 
nuestras capitales, (y me refiero principalmente a Buenos Aires, Rio de Ja- 
neiro y Montevideo aunque seria justa igual referenda, por lo menos a 
San Pablo y Rosario) tiene indicada en esto una intervention eminente. 

— £Y en relacion a su mision en Italia? 

— La encuentro propiciada de antemano, no solo por la afectuosa y gentil 
acogida que aqui me ha sido dispensada, sino por el excelente recuerdo dejado 
por mi antecesor, el senor Gabriel Terra, y, sobre todo, por el renovado am- 
biente de simpatia y afectuoso interes hacia el Uruguay suscitado por el viaje 
que hizo a Italia, al volver de Paris, nuestro canciller el doctor Juan A. Buero, 
quien con su elocuencia y su autoridad reavivo en el espiritu italiano aquel 
afecto sincero y aquella afinidad idealista que — tuteladas por la sombra 
heroica de Garibaldi — vienen desde el origen de nuestra historia politica. 

Con esto dimos por terminada esta entrevista que — especialmente por las 
francas, elevadas y justas opiniones que contiene sobre la actual situaci6n y 
el futuro inmediato'de Italia — sera sin duda leida con agrado en Buenos 
Aires, donde hay un tan sincero sentimiento italiano y donde el nuevo mi- 
nistro del Uruguay en Roma cuenta con muchas y buenas amistades. 



EN ROMA 

NARDEZ 

VRVGVAY 

SIMBOLI 







--^QWdpSwQt 



Mama, creo que toda 
mujer las lleva en todos los paises. 

fY por que estan de mods? 
■ Por eso. nada mas; porque son prises. 
Juancito que es poeta... 

Un botarate! 
iQue te lia dicho ese zonzoV ?Un di: 
No. mama; que la nueva 
moda que te subleva 
algo de ilusion y de acicate; 
;la niebla luminosa y naearada 
iias convertida! 

jQue pavada! 
imprame unas, mama. 

iVaya un caprioho! 
Las usan las que viven en la esquina, 
las de al lado. . . 

■He poco fina. 
^Me las compras. mama? 

jQue no, te lie dicho! 
Si hasta la aimacenera 
tiene unas admirables 
y los mozos la miran, 

- (Miserables! 
Y, en cambio. yo me quedare soltera. 
Rjate en la' que pasa. 

Una cualquiera. 
- Pero todos la admiran. 

Si; ya v 
admiran los hombres. Eso es feo. 
Es solo por las medias. 

Convenido. 
|Por fin te has convencido! 
'•■ voy a comprar unas. 

[Mamal 

que ha i isayo. Como soy ya vieja, 

segtin afirma 

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UNO DE LOS 1.010 PREMIOS 
QUE SE OTORGARAN EN EL 
CONCURSO = 



A N O VI 
N OM. 63 



PLVS VLTRA 

SUMARIO DEL PRESENTE NUMERO DEDICADO 
A LA MEMORIA DE DON BARTOLOME MITRE 



JULIO 
D E 192 1 



Portada. Retrato del general don 
Bartolome Mitre, por Alonso. 

Segunda portada. Dedicatoria de 
Plvs Vltra, a cinco colores, por 
Alejandro Sirio. 



E 
L 



I general Mitre", por el general 
don Jose Ignacio Garmendia. 

OS Mitre", pur Eduardo del 
Saz. 



La Nacion" y el periodismo de la 
cultura sudamericana, por Ma- 
nuel Maria Oliver. 



B 



artolome Mitre", retrato al oleo 
por Madrazo. 



a Campana", versos de Bartolo- 
■I— ' me Mitre, ilustrados por Ale- 
jandro Sirio. 



E 



1 jubileo", cr6nica con ilustra- 
ciones fotograficas. 



M 



itre y la helleza moral", por el 
doctor Joaquin V. Gonzalez. 



|~^\obIe pagina (en oro) : senoras 
J — ' Delfina Mitre de Drago, Jose- 
fina Mitre de Caprile, Edelmira Mi- 
tre de Rosende. 

Tn recuerdo", instantanea iinica 
*■— ' del procer en uno de sus habi- 
tuales paseos por Florida, en 1901. 



c 



elebracion del centenario' 
nica con fotografias. 



cro- 



artolome Mitre", retrato al oleo 
Francisco Domingo Mar- 



el sitio de Buenos Aires al cam- 
po de Cepeda", por el doctor 



Mitre", soneto de Margarita Abe- 
11a Caprile, nicta del general. 

Bartc 
de 
ques 

D 

Ramon J. Carcano. 

CM Museo Mitre", por E. G. Hur- 
J— ' tado Arias. 

Mitre periodista", por Pablo De- 
lia Costa. 

Ymuri(') el n> de enero de 
1906". 

V>olofon, o'rnamentado en oro. 



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E llamo solamente Bar- 
tolome Mitre? ^No hubo 
juien lo conociese por 
otro nombre y apellido? 
Los admiradores del ge- 
neral responderan. sin 
duda. que no: los elocuentes muros 
del Museo Mitre dicen que si. 

Alii, en la sala donde figuran los 
numerosos diplomas con que las aca- 
demias americanas y europeas confi- 
rieron al ilustre argentino titulo de 
academico. hay un doble documento 
que dice lo siguiente: 

• C. U. C. Cratildo Lampeo. 
Custode generate d' Arcadia al gentile 
e valorcso Bartolomeo Mitre, Presi- 
dente delta Confederazione Argenti- 
ne. Essendo per mezzo di gentilissimi 
e valorosissimi compastori nostri Os- 
tolico Calcidense e Fileno Antigoneo 
pervenuta in Serbatoio la notizia del 
desiderio, che Voi avete di essere tra 
i pastori Arcadi annoverato, la piena 
adunanza della pastoral nostra lette- 
raria Repubblica. a risguardo della 
singolari virtu e degli ottimi costumi, 
che in Voi risptendono, e dell' orna- 
mento delte piii nobili scienze e della 
piu scelta erudizioni che pojsedete, 
ha di buona voglia condiscero alia 
istanza, che i suddetti compastori 
hanno fatto per Voi, dichiarandovi 
Pastore Arcade soprannumero col 
nome di Voterindo e coll' onore di 
poter recitare nel Bosco Parrosio, on- 
de meritar poi le campagne, le quali 
solamente dopo un anno della infras- 
critta data, in ocasione di vacanze. 
potrete chiedere al saggio Collegio 
d'Arcadia, per divenire allora di nu- 
mero. e godere anche gli altri onori, 
che godono gli Arcadi delle campagne 
investiti. Ha finalmente ordinato che 
il vostro nome sia posto nel catalogo 
degli Arcadi coll'obligo della esatta 
osservanza delle arcadiche leggi, e di 
tutti i decreti pubblicati e da pubbli- 



carsi. tanto a vantaggio della nostra 
adunanza. quanto contra ogni Ceto 
letterario. che si arroghi alcuna ra- 
gione d'Arcadia: senza 1'adempimen- 
to de quali questa vostra annovera- 
zione vuole che sia reputata come di 
niun valore. Vi viene adunque re- 
cata di tutto ci6 notizia. perche 
conosciate quanto si distin- 
gue da Noi il merito de 
nobili e chiari in- 



peo. C. Gle. Virmindo Zacinteo. 
Sottocustode». 

La segunda parte del doble docu- 
mento dice: «I1 Saggio Collegio di 
Arcadia, per dare un maggior attes- 
tato di stima al vostro merito. Gentti- 
lissimo e Valorosissimo Volerindo, de- 
rogando a qualunque legge in 
contrario. ha decretato che 
nel medesimo giorno, 
in cui siete stato 




gegni, e col 
presente Diplo- 
ma munito del si- 
gillo del nostro Comune si 
pubblicano le soprannarrate cose a 
perpetua memoria. Dato in piena 
adunanza d'arcadia nella Capanna 
del Serbatoio dentro in Bosco Parro- 
sio alia neomenia di El afebelione 
Olimpia de DCLXXI1I anno III Da- 
11a Restaurazione di Arcadia Olimpia - 
de XLIII anno III. Giorno lieto per 
generale chiamati. — Cratildo Lam- 



am m e s s o 

fra gli Arcadi, 

sia trasferita in Voi 

il possesso delle vacanti 

campagne Sideate dalle quali Volerini 

Sideate in avvenise dovrete fra noi 

denominarvi: dichiarandovi con cio 

Pastore Arcade di numero. Dato da- 

11a Capanna del Serbatoio col nostro 

solito custodial sigillo questo di 14 

Febbrajo 1863. — Cratildo Lampeo. 

— Virmindo Zacinteo, Sottocustode*. 

A pesar de lo enrevesado de los pa- 



rrafos, el lector comprendera facil- 
mente que: el dia 14 de febrero de 
1863 reunido en asamblea el Colegio 
de los Arcades de Roma nombra a 
Mitre socio supernumerario, primero, 
y. en seguida socio de numero, bau- 
tizandole con el nombre de Volerindo 
Sideate. Y este doble honor lo mere- 
ce por su singular virtud, optimas 
costumbres, por el ornamento de las 
mas nobles ciencias y la mas selecta 
erudicion. Fue presentado por los ar- 
cades Ostolico Calcidense y Fileno 
Antigoneo. A los eruditos correspon- 
de saber quienes eran esos sefiores, 
asi como Cratildo Lampeo y Virmin- 
do Zacinteo. 

La Academia de los Arcades fu6 
fundada en Roma el afio 1656 bajo al 
proteccion de la rein a Cristina de 
Suecia. El fin perseguido por la cor- 
poracion era el de combatir el mal 
gusto literario reinante en Italia por 
culpa del afectado y conceptuoso 
Giambattista Marini. Los socios se 
titulan arcades, o sea. naturales de la 
Arcadia, el clasico pais de las eglogas, 
idilios. georgicas y otros excesos poe- 
ticos de la bucolica. La primera sesion 
fue celebrada en 24 de junio del cita 
do afio. Giovanni Mario Crescimben: 
fue su primer presidente. La Acade^ 
mia de los Arcades ha tenido una his 
toria bastante accidentada. Durante 
los afios de los siglos XIX y XX si 
existencia fue apacible y poco labo 
riosa. Cada uno de los academico; 
adopta un nombre y apellido griegc 
y llamandose pastor apacenta los 
rebanos de las musas. El honor d< 
figurar entre ellos se concede a rarai 
personas. Mitre lo obtuvo en unasoh 
asamblea. 

Este detalle de la vida literaria de 

ilustre procer es poco conocido. Po: 
eso lo referimos pidiendo a quiene: 

corresponda mas pormenores acerci 

de Mitre arcade. 



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A. LA ILX/5TR-E ESCR.JTOR-A 5ENOLA DELFINA MITRJE DE DRAGO, SV ADMIRADOR, 

^ O S E I G 1ST y\ C I O G/vR v~Y E 1ST D I A. 



teosis del general Mitre tiene el pais 
por capitolio y cada corazdn argentino por altars 
Aquel preclaro ciudadano. constantemente con- 
sagrado al culto de su patria. le di6 toda su vida; 
y su acci6n incansable y patri6tica se desenvolvid 
chocando contra los enormes obstaculos de nuestro 
nebuloso pasado. hasta el momento en que, ra- 
diante de luminosas inspiraciones. despues de 
haber sufrido por largos afios la amargura de la 
nostalgia en el destierro, vuelve a la comarca 



amada, a este pueblo que le ama. que vislumbra 
en su personalidad impasible, un conductor de 
pueblos: su Washington. 

Aquel joven de acerados musculos que cabal- 
gaba, con un coraje increible. redomones de jarre- 
tes de acero ( 1 ), aquel estoico adolescente. per- 
sistente luchador contra la tirania, surge en 
Caseros como una revelacion de la patria en la 
alborada de la libertad; su visi6n desde entonces 
esta definida: conoce como por una sugestion 



genial que solo a la sombra de la union nacional 
puede descansar feliz y pr6spero el pueblo ar- 
gentino. 

Obrero de su propio ideal libertario, sigue su 
inspiracion con el impulso de las almas grandes. 
hasta que en su patriotica constancia se ve co- 
ronada por el exito mas culminante a que puede 
aspirar un ciudadano. Presenta entonces, entre 
las glorias de Mayo, a la America asombrada, a 
la Europa incr6dula, la nacion constituida, en- 



8b 



vuelta en un ambiente de progreso, que augura 
su futura graadsza. 

Esa es su obra fundamental, ese su mayor 
elogio; sobrepasa a todo; porque en ello esta el 
alma de la patria, la seguridad estable y la opu- 
lencia de un porvenir de oro. 

jEl guerrero! jOh bizarra figura de inmortales 
tiempos! jOh sombra augusta, soberana, que 
presides el desfile de los tercios legendarios de 
la libertad argentina, que marchan en com- 
pacta masa entre nubes de gloria haoia el le- 
jano horizonte de la posteridad! jOh sombra 
augusta del patrio suelo! quedaras siempre en 
la memoria de los bravos como un dogma de 
guerra adusto y fuerte, como una leccion em- 
pirica de! dominio absoluto de la 
idea y del corazon en el frenesi 
de la batalla, cual un canto de 
heroes lanzado en desatio a los 
tiranos. 

Cuando S3 le veia frio, impasible 
en el combate, descansando a plo- 
mo sobre su negro corcel de gue- 
rra, parecia que el peligro era la 
llama vivificadora de su alma ex- 
celsa: ejemplo cuya dificil imita- 
cion estimulaba a la hazana. 

En el mayor ardor de la lucha 
S3 revelaba el general en el verda- 
dero concepto del genio de Marte: 
aquella impasibilidad, natural, real, 
que surgia de su frio organismo, no 
c'alculada, alcanzo a ser proverbial 
y alguien dijo: 

«E1 general Mitre tiene pereza 
hasta de tener miedo*. En esta fra- 
se esta la admiracio.a vulgar que 
produce el exterior sereno e incon- 
movible del guerrero; y los que ne- 
mos sido sus discipulos y conoce- 
mos su yida militar en su apogeo 
de gloria, podemos admitir con jui- 
cio exacto. en este momento en que 
ya no existe, que fue el primer ge- 
neral americano; mas completo, 
mas equilibrado que los proceres 
de la guerra de la independencia. 
entero. de una sola pieza, sin desfa- 
llecimientos; esclavo del trabajo, 
no descanso la materia hasta el dia 
primero de su posteridad: fue mas 
completo que San Martin, porque 
esta otra gloria argentina indiscu- 
tible, tan pura y tan austera, no 
es mas que un general estrategico 
y politico, cuyo genio deslumbra, 
un soldado libertador y abnegado 
que pudo ser y obtener todo lo que 
hubiera querido: excelso patricio 
que, impulsadoporel instinto de la 
gloria, resDlvio el problema de la 
independencia de tres republicas 
sobre un escenario grandioso. 

El general Mitre resalta por su 
brantable, su confianza en si mismo 
decision oportuna en los grandes acontecimientos 
el aplomo de sus resoluciones, su autoridad regia, 
aquella firmeza impasible, reflexiva en sus planes 
de guerra, aquella moral estoica y tenacidad cal- 
culada en los reveses, su caracter y decision espe- 
cial de la fuerza filosofica de su grande espiritu 
que nunca fue vencida por sus emulos, porque era 
impulsada por su talento, por su convencimiento; 
la justicia de sus actos reconociendo siempre los 
eminentes servi'cios de sus camaradas y recom- 
pensandolos sin distincion de colores politicos; su 
bondad, su generosidad. el tedio que causaba el 
incienso de la alabanza, la grandeza de sus miras 
patricias, la probidad inquebrantable de su des- 
prendido caracter que le obligaba siempre a vivir 
modestamente entre una montana de libros, a los 
que preferia a una montana de oro; ni el infatua- 
do orgullo, ni el delirio de las grandezas jamas 
hicieron flaquear su espiritu eximio; en tin, 
todas estas brillantes cualidades estan 
escritas con caracteres de bronce en 
su actuacion homerica, en su mo- 
desta y encumbrada vida de 
ciudadano, de procer, co- 
mo su preclara inteli- 
gencia militar, me- 
jor dicho, su ge- 



nio en sus obras de inmortal fama, que viviran 
mas tiempo que los ciclopeos monumentos de la 
vanidad de los faraones; porque viviran en la 
mente del pueblo, como un espiritu sagrado que 
alimenta la vida de las hazafias, de generacion 
en generacion; especie de llama pritanea de la 
patria, que no se apagara nunca; porque su esen- 
cia era fuego sagrado. 

El general Mitre fue la emi.iencia mas encum- 
brada que ha producido este hermoso pais. Lu- 
chador indomable, estadista, general ilustre, man- 
datario probo, espiritu progresista en todas las 
ramas del avance civilizador de un pueblo, publi- 
cista, orador, escritor eximio, historiador clarc y 
concienzudo, a lo que habra siempre que agregar 




animo inqu3- 
, inmutable, si 



su abnegacion sublime y susencillezsin afectacion. 
Su hogar era el hogar de un modesto burgues, 
porque desprecio siempre la ostentacion y el fausto, 
y las puertas de su casa estaban de continuo abier- 
tas a todo aquel que de el reclamara un servicio; 
por eso fue el prestigioso caudillo, cabeza de un 
gran partido, al que sacrifico abnegado su tran- 
quilidad y su fortuna, y abroquelada su conciencia 
en el virtuoso dogma de sus principios, resiste 
impasible a la diatriba y la calumnia, que cual la 



(1) Siendo muy amigo el senor don Ambrosio Mitre 
de don Gervasio Rosas se lo mando a su hijo don Bar- 
toiome Mitre, para que alii a su lado se ensayase en las 
faenas rurales. Fue tal el aprovechamiento que llego 
hasta ser un soberbio jinete; rnas llego un dia que por 
intermedio del senor don Mariano Mendiburu se lo de- 
volvib diciendole: «Ahi le envio al caballerito Mitre que 
no sirve ni servira para nada, porque cuando encuentra 
una sombrita se baja de! C2ballo y se pone a leer*. 

Igual caso pa' icon el principe Eugenio y Luis XIV. 
Aquel principe sulicit6 del Rey Sol un regimiento, y el 
rey irbnicamente le respondio que lo que le podria dar 
era una abadia. 

Cuan arrepentido estaria el rey al ver sus armas 
eclipsadas por el genio de ese gran capitan que se llamo 
el Principe Eugenio. 

El caso primeramente referido lo se por mi amigo Don 
lsiias Mendiburu, hijo de Don Marano, y por Ale- 
jandro Rosa. 



serpiente de la fabula, muerde una lima; mas 
donde se levanta, con los contornos de un fil6sofo 
estoico, donde se enaltece con proyecciones olim- 
picas el grande hombre, es cuando en el silencio 
del tesoro de su archivo secrcto e inviolable, resis- 
tiendo a la mirada avida, patriotica de los argen- 
tinos, y a la critica mordaz de sus enemigos, guarda 
durante treinta y cincoaiioslaspruebas quepueden 
evidenciar que en aquella prolongada contienda 
del Paraguay, fue 6\ la directriz superior estra- 
tegica en aquel dificil tablero de una guerra tan 
dificil. tanto por el terreno lleno de obstaculos 
de todo genero, como por el caracter bravo e in- 
dependiente con oue los paraguayos defendian su 
territorio. Fue ese caracter inquebrantable que de- 
mostr6 en todo momento su inte- 
ligencia excepcional, el equilibrio 
mas completo de sus hermosas fa- 
cultades, y la firme sinceridad ha- 
cia la alianza, asumiendo con no- 
bleza la magna responsabilidad de 
sus actos. sin que en ninguna oca- 
su altiva frente se humillara 
al infortunio. 

No desearia que se creyese, por 
lira, que exagero este juicio en 
alabanza de un muerto; sobre to- 
do, habra que convenir que fu6 
bien injusto el apasionamiento en 
los 2taques de que fue victima por 
la e.ividia, el odio, el despecho; 
pero me cabe la gloria de haber 
tenido la honrosa tarea. hace vein- 
io afios, de defender con prue- 
bas evidentes y concluyentes la fa- 
ma militar del ilustre extinto. 

Cuando veo al general Mitre en 
la campafia estrategica de Corrien- 
tes; en el pasaje del rio Parana, 
contra la opinion de algunos ge- 
nerales; en el avance sobre Tuyuti; 
en la victoricsa batalla del 24 de 
mayo; en el movimiento envolven- 
te sobre Humaita; en la memoria 
sobre el pasaje de este campo atrin- 
cherado por la escuadra aliada; en 
los clanos de operaciones que le 
solicitaban los generales aliados es- 
tan do el fuera del teatro de la con- 
tienda, y otros puntos importan- 
tes de aquella guerra, yo lo admi- 
ro y me siento orgulloso de ser su 
compatriota y de haber servido a 
sus 6rden.es. Y, sin embargo, sus 
glorias militares, que son eximias, 
palidecen ante las del ciudadano 
que al constituir definitivamente 
la repiiblica, olvidando las faccio- 
nes, gobierna con tacto firme, be- 
nevolente, entre los conflictos he- 
redados de pasadas luchas; llama 
a su lado sin distincion de colores 
politicos a los hombres mas virtuo- 
sos, mas eminentes de la republica. y apaga el 
fuego maldito de la prolongada contienda; despues 
se recoge en el silencio del hogar para legarnos la 
grandeza de la patria en sus obras inmortales, 
escritas con la pluma de Tacito y el espiritu de 
Macaulay. 

Su caracter desprendido nunca descendio a la 
miseria de la diatriba; porque su corazon tenia la 
majestad de la altura; nunca le oi proferir una 
critica contra sus mas encarnizados enemigos. y 
su indulgencia y nobleza rayaban en el exceso; 
su bondad abria a cada momento las puertas de 
su corazon. 

jErrores! Los tuvo; pero los errores de los grandes 
hombres son como las manchas del sol: el brillo 
excesivo del astro, impide medir su alcance. 

La vida de este ilustre argentino no es para tan 
cortas lineas, escritas con trSmulo pulso y palida 
frase; pero el pueblo lo siente porque constituia 
su esencia excelsa, lo adivina en el silencio de 
su pena, y sabe que ha perdido su mas gran- 
de ciudadano, aquel que lo guio en el 
sendero de la virtud, de la gloria y la 
libertad. Pero, al menos, para glo- 
ria de los argentinos, su som- 
bra ilustre. con el nimbo 
de los heroes, presidi- 
ra siempre nuestros 
grandes actos. 








los pocos dias de lie- 
gar a Buenos Aires 
tuve que escribir un 
articulo en memoria 
del general Mitre. Con 
ayuda de libros y pe- 
riodicos la atrevida ignorancia 
saho otra vez de! paso median - 
te unas Uneas anonimas. Las 
improvisaciones no resultan cosa 
extraordinaria en el oficio; pero 
si fu6 rara y linica en mi vida 
la sensaci6n que me dej6 ese tra- 
bajo. Yo escribia por primera vez 
el apellido Mitre; mas la memoria 
se empefiaba en afirmar vaga- 
mente que no le era extrano. La 
memoria suele engafiar de mil 
modos a los hombres. y una delas 
mas curiosas es ese espejismo ce- 
rebral que la ciencia llama pa- 
ramnesia. Recordar seres y hechos 
que no hemos visto ni sabido es. 
segiin los sabios. una debilidad 
intelectual. La sensaci6n que yo 
experimentaba podia consistir en 
fenimeno paramnesico. Y. sin 
embargo, yo tenia la casi certeza 
de que iba a saber d6nde y c6mo 
el apellido Mitre se aposento en 
mi memoria antes de aquel en- 
tonce*. 

Y cuando menos lo esperaba 
volvi a encontrar el libro donde, 
alia por los dias entusiastas de la 





/Vjf qpA\ ji 



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dona josefa 
martinez de 
mitre. madre 
del general. 




DON AMBROSIO 
MITRE, PADRE 
Y EDUCADOR 
DEL GENERAL. 




juventud. hice amistades con 
unos Mitre de leyenda. Era el 
glorioso «Calendau», de Mistral, 
el poema heroico hermano legiti- 
mo de <<Mireio». El Homero de la 
Provenza canta las aventuras del 
Ulises de Casis, multiple en astu 
cias, fuerte en el valor y eonstante 
en el querer. Y es en el canto vi 
donde, al narrar unas fiestas de 
Pescadores, cita el verso mistra- 
liano a los Mitre. Porque perdi el 
libro me veo obligado a referirme 
de memoria a un hecho que debia 
saber de memoria. Asi y todo se 
me figura que este dato viene bien 
para la historia del apellido y yo 
lo ofrendo ante la tumba del pro- 
cer, en desagravio de aquel articu- 
lo improvisado por deberes perio- 
disticos. Es una flor arrancada 
de los jardines mistralianos la que 
me sirve para honrar a mi modo 
la buena memoria de otro poeta 
y hombre de accion. Pues Mitre 
tiene mucho de Mistral y muchi- 
simo del heroe Calendau. Por 
amor a un simbolo sublime el 
patricio lucho victoriosamente 
contra poderios adversos reali- 
zando hazanas belicas, civicas y 
espirituales. 

Despues, ya familiarizado con 
el apellido, oi decir que entre los 
podestas de Genova hubo Mitres. 



CODA DELriHA VZDIA DE MITRE, UPO? 



CORONEL DON FEDERICO MI- 
TRE, HERMANO Y COMPANERO 
DE ARMAS DE MITRE. 



TENIENTE GENERAL DON EMI- 

LIO MITRE, HERMANO Y EFI • 

CAZ COLABORADOR. 





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MITRE EN LA EPOCA DE SU MATRIMONtO- 








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dato historico que no pude com- 
probar. Y luego el ferviente amigo 
de don Bartolome, Biedma, pre- 
sentome a los primeros Mitre 
americanos que menciona la his- 
toria: Juan de Mitre y sus hijos 
Juan e Ines, colaboradores en la 
fundacion de Cordoba; a Jose y 
Felipe, fundadores y pobladores 
de Montevideo; a don Bartolome, 
alguacil mayor del cabildo de di- 
cha ciudad. y a su hijo don Am- 
brosio, padre del general. «Tomo 
— anade — participacion activa 
en la revolucion de Mayo y en 
muchos de los sucesos que de ella 
emergieron o fueron consecuen- 
cia, sirviendo a la patria con fe 
y desinteres. desde su modesto 
puesto de segunda fila y por mu- 
chos afios. singularizandose en la 
heroica defensa de Patagones con- 
tra la invasion brasilena en 1827. 

Caso en Buenos Aires con dona 
Josefa Martinez, dama distin- 
guida, hija del patriota de este 
apellido; y primogenito de este 
matrimonio fue el que, heredando 
el nombre de su abuelo y las vir- 
tudes de sus padres, llamado esta- 
ba a inmortalizar el apellido que 
uno de sus antecesores trajo al 
nuevo mundo tres siglos atras». 

La familia es nuestra patria 
intima; el apellido nuestra ban- 
dera familiar. Alia en sus origenes, 
el apellido puede compararse a 
una tela blanca, que los familiares 
deben tenir con los colores pre- 
dilectos para que sea una bandera 
distinta a las otras. La palabra 
sin eco toma solemnes notas de 
himno, y asi el apellido ondea 
entre los demas, tan alto como lo 
elevan las fuerzas de sus porta- 
dores. El patriotismo familiar es 
la base de! patriotismo comun y 




FACSJMILE Y TEXTO DE 
UN AUTOGRAFO DE MITRE. 



He acompanado y me acompahan en la 
tared y en la lucha de la vida, las genera- 
clones que se han sucedido, y en cada ani- 
versario, ellas han agregado a miser moral, 
las fuerzas regeneradoras que brotan de las 
enirahas fecundus del iiempo. 

Una de las ventajas de vivir mucho, es 
ver crecer a su lado a sus descendienles, 
como el padre a sus hijos, hasta alcanzar 
la eslatura y la conciencia de hombres, 
midiendose y estimdndose reciprocamente. 
Y en este crecimienio alternado y simul- 
tdneo, es un noble espectdculo de la vida 
solidaria, participar como compaheros de 
los mismos trabajos, y mancomunar sus 
recuerdos y aspiraciones asi en la felicidad 
como en la desgracia, confundiendo sus 
destinos en el pasado, el presente y el por- 
venir, impulsados los ancianos por el mo- 
vimiento juvenil, y aleccionados los jovenes 
por la experiencia de sus antecesores. Esta 
felicidad me ha sido concedida en el espacio 
de mi exislencia, asistiendo al crecimienio 

progreswo de nuestra patria yala reno- 

vacion creciente de mis conciudada- 

nos, durante tres generaciones. 

Bartolome Mitre. 



BARTOLITO MITRE, PUBLICISTA. 

el anhelo mas fuerte del hombre. 
Perpetuarse en los descendientes 
equivale a vigorizar el apellido. 

Mitre era una palabra vaga, 
vacia para la gran historia que 
significaba ya en los pequenos 
anales sudamericanos. El procer, 
en ochenta y cinco afios de labor 
intensa la transformo en un sim- 
bolo, en un escudo, en una ban- 
dera. Desde entonces elevase al 
nivel de los mas altos apellidos. 
Como todos los simbolos tiene sus 
enemigos, que el viento del anta- 
gonismo colabora siempre con el 
viento de la fama en hacer fla- 
mear todas las banderas. 

Hay familias que, terminada la 
mision desumas alto abanderado, 
abandonan la lucha al perder su 
patriotismo intimo y re mantie- 
nen del recuerdo glorioso. Los 
Mitre, no. Cada uno de ellos. en 
la medida de sus fuerzas continua 
la tradicion. Debe decirse que 
alii, como en las patrias belicosas, 
hasta las mujeres pelean. De esto 
son altos testimonies los nombres 
de Delfina Mitre de Drago y Mar- 
garita Abella Caprile. Aunque el 
apellido, por sucesivas alianzas 
con otros. va desapareciendo en 
la linea femenina, estas dos es- 
critoras lo honran bravamente. 

Y recordad a Bartolito, el in- 
genioso escritor. al poeta Adolfo, 
al malogrado Jorge, a Emilio, 
valientes portabanderas familia- 
res que combatieron por el honor 
de la estirpe. Y ved en el puesto 
de combate a Jorge A. Mitre, no 
solo continuador de la obra pe- 
riodistica iniciada por su ilustre 
abuelo sino espiritu que renueva 
y amplia el legado honroso. 

EDUARDO DEL SAZ 




m»r.F M MITRP MAi.nr.RADO POFTA. MtJERTO EN RIO IANEIRO. 





A !aV 

dad modems ha crecido en . 

gresion directa con la influx 

■ 

dlXT. 

hasta mediados del siglo antr 
forma parte integral de la vida 
humana y va encarnandose en lcs 
pueblos como uno de sus m;; 

colectividades del mundo entero el 
lugar directrix que supo conquistarse. A pooo que se observe e! 
daaanvohriisiento del penodismo en todas las nacienes. an 
trarcmos que ya no es solo aceptado en las democracias o en 
los pueblos de estructura menarquica. sine q tide 

como un element" neoesario per las nuevas tendencies que 
leaden modificar las leyes y eostumbres sociales. destruyendo 
lo establecido para reemplazarlo per distintas ideas yprocedi- 
mientos. En esecaos. I rigiles pliegos de papel im- 

preso, amiges scguros del ciudadano, se mantienen luchando en 
la tampestad. y ruando el horizonte se cierra y se pierde el 
rumbo. files arumbran la senda con un chispazo oportuno, o 
-*~Ttn lm '' al corazon afligido. En tal sentido, he opinado siem- 
pre que el diario, aun en el error, es un bien: si no existiera nin- 
(tuno. eqmvaldria a un mat irreparable. 

La prensa. en conjunto. representa no s61o valor positivo en 
cuanto a su poder politico; renstituye, por sobre este concepto. 
on valor ideolifico y cultural: de aquella masa formidable que 
tons tras horasse difunde. cargada de doctrinas. de novedades. 
de sugestiones. algo queda para el porvenir: el sedimento pre- 
ckaso que infiltra en el medio sus definitivas erientacicnes. 
Acaso la obra sutil. energica. continua y vigilante, como si se 
bunlase en granito, no pueda comprobarse en una epoca deter - 
minada. pero el historiador. atenio a los fenomenes psicelogicos 
y soooldgieos que informaron ciertos hechos, descubrira a traves 
del diario la fisonomia y la modalidad de un pueblo con mas 
exactitud que si analizara archivos documentales o tuviera a 
mano testimon.os t?<~u»to-i y frios. 

La prensa. en el orbe civilizado. marcha hacia un perfeccio- 
namiento asombroso: ella conquisto los aires antes que el aero- 
plane: surco los mares antes que el submarine y habld sin pre- 
c--uparse de las distancias a cientos de millas. preced'endo a las 
hazanas de los gloriosos invert t o iea del siglo. Porque cuando 
aparecieron los precursores. ya el diario de Tokio. o de Pe'.ro- 
grado. de Paris. Berlin. Londres o Buenos Aires, transmitian las 
palpiuciones universale en todos los ordenes, con rapidez ex- 
traordinaria, como si para el no existieran ni abismos ni cimas 
m aelos hostile. Cada pagina estereotipada es un capitulo 
vibrante. el espejo que va hacia la realidad: la reproduce, y 
al fljarla. suele adomar sus imageries con colores vivisimos y 
tones seductores. 

Se me diri que el diario es el producto. a menudo, de la pasion, 
del interes, de las ambicione*. £Y esto no es la vida misma? 
La prensa. como forjada por hombres, sale de sus manes a su 
propia semejanza. y es mas: a la temperatura que lo estim'ila. 
lo acoge y lo aplaude. Cuando encuentro un organo de publicidad 
que destaca ciertas originalidades, no las critico. porque las 
reconozco nacidas de una causa que reside en sus lectores. en 
el programa que cumple o en los fines que persigue. 

En Sud America la prensa de Buenos Aires alcanzo rapida- 
mente el mismo desenvolvimiento que en Europa y Estados 
Unidos, y su estructura. mas amplia que la de Paris, Londres 
o Berlin, abarca por necesidades geograficas y morales un 
horizonte inmenso. El viaiero que se considera aleiado de su 
patria por una larga travesia y que preparase a hundirse en sus 
sehras ignoradas y silenciosas, recibe en Buenos Aires la mas 
honda sorpresa: en la bella metr6poli encuentra una alia torre. 
hjmtnosa. desde cuya cuspide le es dado con templar el panorama 
continental hasta en los detalles nimios. que si no interesan 
a los problemas en debate apasionan el animo del expatriado. 
Esa alta torre ha sido construida durante largos lustros por el 
periodisrno argentino, que abre senda, sin reparar en sacrificios 
ni en etapas isperas y dolorosas, con fe en la cruzada y en los 
destinos de la patria. En su seno se acumulan los materiales 
de un pueblo en gesta de ciclopes. 

•La Nacion. de los tiempos contemporineos asume la pauta 
de la capacidad mental de las actuates generaciones, y nadie 
podra negarie importancia permanente en la evolution de hoy. 
El investigador encontrara punto de apoyo para sus juicios. si 
compara la nebulosa e inestable prensa de hace sesenta aRos 
con las paginas nutridas. limpias de -izaf.a del lexico, agudas 
y sanas. con que, sin interrumpirse, aparece y se presenta a su 
ela. Desde «La Caceta», debil rama del arbol. despues 
-tal. del diarismo, hasta los panfletos del P. Castafieda, o la 
hoja redactada por don Pedro de Angelis; desde los terribles 
pasquines en prosa o verso que primaron del S2 al 60; desde los 
periodicof accidenules de «hacha y tiza. escritos con la punta 
de la espada por «crudos> >• «cocidos«, .mitristas. y •alsinistas», 
hasta «La Nacion Argentina*, media un espacio considerable, 
como que ya en esta se templan las plumas y se van calmando 
las diatribas rencorosas. Mitre surge en el estadio del periodisrno 
con singular relieve: no tiene el impetu bravio de Sarmiento, 
que en «E1 National, o en .El Censor, lanzara sus blasfemias, 
algunas reventando hiel y otras brillante3 de inspiration genial; 
umpoco posee el preciosismo de Avellaneda, ni la solemnidad 
campanuda de Calvo, ni las impulsiones torvas e implacables de 
Alberdi; alzase Mitre (rente a estos francotiradores, como ta 
consumad :rjas su serenidad ni las formas de 

egante y adlvina la situacldn del bianco enemigo aun 
en medio de la niebla. Mientras sus contendores gigantes en la 
?ga. eambian a menudo de trinchera, el sostiene, solidifica, 
sza la suya con pasmosa videncia ulterior. De tal modo 
•La Naci6n Argentina., que recibe los fueges ardorosos de cau- 
riosd vil, queda enhiesta, 

Jgran derribar los famosos polemistas 
sofisma. Cuando Mitre 
sa, escribe el 4 de enero 
que demuestran sin cir- 
de burilar el cuno 

I nombre de este diario, en substitu- 




DON JORGE A. MITRE, ACTUAL 
DIRECTOR DE «LA NACl6N». 



NPCION 



E-l PPVIODI^MO DE LP 

cuLimn /UDPMEKicnNP 



o* 



MPN0E4. 

mppOip 

QLIV 




-n los cruentos 
marcando un jalin qu 
oerteros en * 

cunloq . 

itipere^edero e indes 

• cidn del que le ha precedido: .La Naci6n\ reemplazando a 




Nacion Argentina", basta para seRalar una transition, 
i cerrar una epoca y para sefialar los nuevo^ horizontes 
« del futuro, 

< La Naci6n Argentina 1 era un puesto de combate; "La Nation*. 

una tribuna de doctrina. 
Toda una sintesis: quedaba finiquitada la tarea de la organi- 
zacidn nacional. y ia trinchera, izando el esiandarte simbolico, 
convertiase. de aguerrida fortaleza, en tribuna constructiva. 
iluminada por los destellos de p"z. de ideales argentinistas y de 
especularnones superiores. 

Crisoles de bronce y acero modelaron las aristas de ''La Nacion. 
cuyo piloto, vidente en su energia psiquica. no sinti6 en su 
ascensi6n el acicate negativo de la decepcion o del temor. Porque 
Mitre, como sus atleticos rivales, dej6 sentado como axioma 
que para ser periodista se requieren dotes de caracter, de valor, 
de empuje y de voluntad. sin las que tan noble misicn resulta 
siempre una simple manera de vivir, o mejor, de medrar a la 
sombra del sagrado ministerio. 

Macaulay escribe hablando de Milton: I A la manera del heroe 
i de Homero, gozaba de todos los placeres de la fascinacion sin 
<■ fascinarse; oia el canto de las sirenas sin que lograran arras- 
irlo a sus crillas; bebia en la copa de Circe, pero llevaba 
« siempre un antidote . . Las ilusiones que cautivaban su fan- 
I tasia no lograban nunca atacar las facultades de su razen, y el 
« hombre politico se hallo siempre en aptitud de resistir al es- 
• plendor, a la grandeza, a la solemnidad y al romanticismo 
« que seducian al poeta ». 

Esta hermosa semblanza que lord Macaulay traza de Milton 
puede aplicarse en toda su definici6n a Mitre, que mientras 
sonaba como un filosofo o sentia como un poeta, empenabase, 
tesonero y agil, en abrir el surco con su ferrea argumentacion 
de diarista. Exactamente la distancia que existe entre el Puri- 
tanismo y el Penserow del poeta inmortal. 

"La Nacion^, en el pufio de Mitre, fue antorcha, y ninguna 
empresa mas ocasionada a peligros que «entrar a las cavernas 
donde todo es lobreguez, llevando la luz de la verdad». 

Cincuenta afios han corrido y «La Nacionn luce sus atributcs 
con gallarda bizarria. Lo afirmo sin olro objeto que un movi- 
miento de justicia. ya que si disenti en periodos de choques 
civicos, y aun podrian no conformarme algunos de sus doctri- 
narismos, sobre todo eso se encuentra su acci6n const 
que imprime dinamismo a las tendencias espirituales de la 
republica. En cierta emergencia. determinado juez declaro que 
la prensa argentina era, mas que una institucion, mostrador de 
casa de negocio. Tan audaz aserto ha sido rectificado por lcs 
grandes organos, y si en un instante aciago el periodista pudo 
ser confundido con el aventurero o el malhechor, basta nombrar, 
entre otros, a «La Nation* para que la fama proclame la pureza 
virtual de nuestros rotativos que ausoultan cuidadesamente los 
anhelos publicos, los encauzan y morigeran, sin entregarse a los 
desenfrenos de la concupiscencia o de la simulation, que en otras 
cosmdpolis roen las conciencias, corrompiendolas hasta des- 
truirlas. 

«La Nacionn esta incrustada en la opini6n piiblica y varias 
generaciones la ban adoptado como labaro de sus aspiraciones. 
Su historia es la de todos los sucesos post-afianzamiento de la 
nacionalidad; hay, pues, emctividad emotional al evocar las 
jornadas de otrc-a y una suave esperanza de que manana sea 
siempre superada la cosecha optima de auspicio que recoge a 
su paso. 

El mejor estado de la sooiedad es aquel en que el poder su- 
premo reside en el pueblo, pero a condition de que esle se:> 
truido e inteligente. Dentro del clima social argentino, ademas 
de la escuela, el medio de obtener la mayor difusion de doctrinas 
y ensenanzas es el diario, henchido de buena lectura, pris 
artistico, cientifico, atento a las solicitaciones eticas y esteticas 
de la raza, humano e insospechado como un crista! irisado por 
el sol. Y esta conformation periodistica la llena «La Nac 
a la aue Mitre legara su impulso, pleno de libre movimienlo 
fecundo. Al secreto encanto de su fluidez, a su fisonomia acen- 
tuada de iibro-diario, refierese la lealtad inconmovible, perenne, 
absoluta, de lectores que no dejaron nunca de oficiar en sus 
columnas, que reprodujeron sus entusiasmos, tonificandolos. en 
las predicas emprendidas c en las sabias colaboraciones de esrri- 
tores preclaros. 

— |Yo he de morir leyendo «La Nacicn»! ... - Prejuicios a un 
lado, ,mo es este un exito? jQue triunfo para un periodista a'.raer 
a su templo devotos suyos, solidarizados en la comuni6n de 
comunes anhelos y gustos afines! 

La victoria p6stuma de Mariano de Cavia, en Espana. 
sistio en que, al fallecer, millares de sus admiradores se borraron 
del periodico donde escribia. Con «l.a Naci6n» no ocurre esto: 
Mitre ocupa su puente de orientation. 

Yo tuve relaciones personales con Bartolito Mitre, a quien 
contemple trabajando en su despacho de la calle San Mi 
con su eterna sonrisa bondadosa, como envuelta en velo de me- 
lancolia. Recibi de el algunos consejos, que, a pesar de mi corta 
edad, aprovech6 en partes y en otras no. 

El constituy6 para mi fantasia un ser de leyenda, pues me 
constaba que era autor de aquella section »A pesca de noticias», 
que contuvo tanta gratia y tan maravilloso ingenio. Bar 
Mitre desbordaba aticismo y su pluma solia ser volteriana. 

jQue distancia material dista de La Naci6n de Bartolito, 
extensa como «sabana», segun el calificativo popular de entonces, 
a la que recibimos todos los dias, confeccionada prcliiamente, 
con los esplendidos recursos graficos de personal y talleres ex- 
perimentados! 

Jorge A. Mitre, sagazmente, acrecienta el acervo periodistico 
descubriendo nuevas rutas a la tribuna de doctrinas, transfor- 
mada en almena, en cuya flecha se posa el pajaro magico dc 
que hablo Virgilio, con alas y plumas (que tienen mil ojos para 
ver lo que pasa en las ciudades y campinas'>. Ha logrado a 
nizar las exigencias de la informaci6n con las de la cultura, e 
insensiblemente el diario, constituido en catedra, fundamenta 
el buen decir y pensar. aportando al idioma su contribuci6n 
razonada y 16gica de perenne ejemplo v'gonzante. 

En las democracias sudamericanas, que tienden a renovarse 
en procura de bases fraternales, un diario de la categoria de 
"La Nation., campo de experimento espiritual, redime al con- 
tinente del vocablo despectivo usado por la critica europea, que 
no columbr6 que en el gran Buenos Aires no s61o los bancos y 
los negocios prosperaban, sino que tambien, con el desarrollo del 
pais, crecian los 6rganos de publicidad, torres de doctri: 
de ideologias ardientes, dignas del nombre argentino. 




SJrojwiAoid 



Oleo 



la 



De 



aiora 



P^AIMUNDO MaDRAIO 





Bartolom 



(MDCCC 



Protetico metal, los ciudadanos 
Que de agiiero y comento son exentos 
A tu voz bailaran por estos llanos. 

En tanto que tu voz y tus acentos 

Y te atienden ios reyes macilentos. 
.Quevedo. 

- Musa II.) 



cfMLlTHE 



XXXVIII) 




Ml PATR1A 
Eres simbolo de gloria: 
O heraldo de la victoria. 

te del dolt 
Eres corona de bronce 
s aires suspendida, 
a fastos de la vida 
as con tu cla:. 



Has sido la grave orquesta 
De los canticos triunfales. 

Y en los tristes funerales, 
Melancdlico preg6n; 

Y colgado de tus cuerdas 
Un pueblo de audacia lleno, 
Hizo brotar de tu seno 

La voz de revoluci6n. 



Has pregonado cien veces 
Por el mundo americano, 
Las victorias de Belgrano 
De San Martin y Alvear; 
Has concitado a los pueblos 
En medio de la matanza, 
Y alentado su esperanza 
La derrota al publicar. 



Y cuando por un tirano 
El pueblo se vio oprimido, 
Tu articulaste un gemido 
Con tu lengua de metal, 

Y otra vez sobre tu torre 
Sonaras estrepitosa. 
Cuando mires victoriosa 
La bandera azul flotar. 



'.as nuestra his; 
le alerta, 

r.uerta 



Y tus ecos dilatados 
En un mundo resonaron 
Cuando en Mayo saludaron 



En las contlendas civiles. 
Esclava de las facciones, 
Te ha arrar.cado tristes sones 



' 


El sol de la redenci6n, 


La espada del vencedor. 


Has las paces 


Cuyo vivifico rayo 


Y dominando el murmullo 




Como uh martillo de oro 


Del pueblo desenfrenado, 




Te di6 el acento sonoro 


Ante el mundc has protestado 


y feroz. 


De la estatua de Memn6n. 


Con dolorido clamor. 



Eres la voz del des' 
Que presides a las horas, 
Que con sus alas sonoras 
Te golpean sin cesar. 
Y tu, su vuelo marcando, 
Generosa en demasia, 
Devuelves una armonia 
Por el golpe que te dan. 



ca 





C0M!Sl6H DEL EJERC1TO Y LA 
ARMADA SALUDANDO AL GENE- 
RAL EN SU DOMICILIO. 



MITRE Y LA COMISION NACIONAL DEL JUBILEO: J. A. ONETO, A. P. CARRANZA, E. 
QUESADA, E. R. GOYENECHE, J. F. VITON, E. NELSON, T. SANTA COLOMA, I. OYUELA, 
R. JORDANA, C. M. URIEN, V. G. COLL, A. F. PINERO, J. S1LVA, C. A. ORLANDINI, J. L. 
SUAREZ, C. LIX-KLET, G. UDAONDO Y J. E. URIBURU. 



EL PRESIDENTS ROCA Y ALTAS 
PERSONALIDADES DESPIDIENDO- 
SE DE MITRE. 




Una gran ceremonia 
celebrada sencillamen- 
te. Toda la suntuosidad 
del homenaje estuvo en 
el carifio, respeto y ad- 
miration que el pueblo 
tenia hacia Mitre. Era 
el patriarca venerable 
visitado por los argen- 
tinos, filialmente, jubi- 
losamente. No se trata- 
ba de endiosar a un hom- 
bre, sino de agradecerle 
todo cuanto hizo por su 
patria. Asi el jubileo fue 
unanime, caluroso, es- 
pontaneo. 

Con sumagnificasen- 
cillez el procer venia a 
explicar la ofrenda es- 
cribiendo estas pala- 
bras: «He acompanado 
y me acompaiian en la 
tarea y en la lucha de 
la vida las generaciones 
que se han sucedido, y 
en cada aniversario 
ellas han agregado a mi 
ser moral las fuerzas re- 
generadoras que brotan 
de las entranas fecun- 
das del tiempo. Una de 
las ventajas de vivir 
mucho es ver crecer a 
su lacto a sus descen- 
dientes, como el padre 
a sus hijos, hasta al- 
canzar la estatura y la 
concienoia de hombres, 
midiendose y estiman- 
dose reciprocamente. Y 
en este crecimiento al- 
ternado y simultaneo, 
que es un noble espec- 
taculo de la vida soli- 
daria, participan como 
companeros de los mis- 
mos trabajos, y manco- 
munan sus recuerdos y 
aspiraciones asi en la 
felicidad como en la 
desgracia, confundien- 
do sus destinos en el 
pasado, el presente y el 
porvenir, impulsados 
los ancianos por el mo- 
vimiento juvenil, y 
aleccionados los jove- 
nes por la experiencia 
desusantecesores. Esta 



LjMUO 



TODAViA ERA LA OPERA EL COLISEO 
DONDE SE REUN1A EL PUBLICO AR1S- 
TOCRATICO, Y DONDE EL MUNDO OFI- 
CIAL DABA SUS FUNCIONES DE GALA 
EN LAS FIESTAS PATRI6TICAS Y 
GRANDES ACONTECIM1ENTOS LOS 
FASTOS DE AQUEL SANTUARIO DEL 
ARTE LIRICO RECUERDAN POCAS VE- 
LADAS COMO LA QUE SE CONSAGR6 A 
MITRE, EL 26 DE JUNIO DE 1901, QUE 
PUSO PIN A LOS FESTEJOS DEL JUBI- 



LA OPERA EN LA NOCHE 
DEL HOMENAJE. 
2 6 JUNIO DE 1901. 



LEO. EL GENERAL, ACOMPANADO POR 
VARIOS MIEMBROS DE LA COMISlbN 
PRO HOMENAJE, OCUP6 EL PRIMER 
PALCO PRINCIPAL QUE APARECE EN 
ESTA FOTOGRAFIA. LA DISTINGUIDA 
CONCURRENCIA SUPO TRIBUTARLE VI- 
BRANTES MANIFESTACIONES DE EN- 
TUSIASTA CARINO. LA OBRA ELEGIDA 
FUE "RIGOLETTO", INTERPRETADA 
POR TRES GLORIAS DEL CANTO: LA 
DARCLEE, CARUSO Y SANMARCO. 



felicidad me ha sido 
concedida en el espacio 
de mi existencia, asis- 
tiendo al crecimiento 
progresivo de nuestra 
patria y a la renovaci6n 
creciente de mis conciu- 
dadanos, durante tres 
generaciones». 

Pero el pueblo, sin 
distinci6n de opiniones 
— pues hay figuras que 
se encuentran por enci- 
ma de los credos parti - 
distas — sabia que la 
noble ancianidad del 
pr6cer era una flor 
abierta en la historia 
argentina. Y rindiendo 
homenaje de respetuoso 
amor acudio a saludar 
al glorioso anciano. 

El doctor Emilio 
Frers fu6 interprete del 
sentimiento nacional en 
el discurso dirigido a 
Mitre en nombre de los 
manifestantes: «En to- 
do el continente ameri- 
cano no vive otro hom- 
bre cuya figura aparez- 
ca en los anales de su 
pais durante medio si- 
glo, como el eje en tor- 
no del cual giran los 
acontecimientos como 
la encarnacion de la 
fuerza principal que 
agrupando elementos 
reconstituye el deshe- 
cho organismo de un 
pueblo y le imprime 
movimiento de progre- 
so. No vive un hombre, 
uno solo, que durante 
tan largo transcurso de 
tiempo haya dedicado 
su existencia a la patria 
con la misma continui- 
dad de pensamiento y 
acci6n, con la misma 
unidad de vida, de pru- 
dencia, de sagacidad y 
virtud. La historia ten- 
dra que consagrar por 
fuerza el veredicto de 
sus contemporaneos y 
proclamarlo el primer 
americano de la actua - 
lidad». 



3 




E me ocurre hablar una vez mas 
de la persona moral de Mitre; y con- 
fieso que habria en ella tema abun- 
dante para uno de esos libros de 
ensenanza cuya bondad consiste en 
la ausencia de metodo didactico y 
en la sola fuerza emocional de las 
acciones bellas. Acaso fue este el 
linico movil de la tarea de Plutar- 
co. si bien el la realizd con evidente 
unidad y armonia escolasticas. Con 
todo. ha dejado una de las mejores 
cosas que las gentes de hoy pode- 
mos leer. Marco Tulio en sus dia- 
logos tiene tambien el encanto de la evocacion de 
las figuras antiguas de la grandeza romana. y al 
hacerlas desfilar en su conversacion. ungida de 
amoroso respeto. se duda si ellas traen luz a la 
esoena. o toman relieve animado de la luz que 
brota del narrador. 

Declaro tambien ahora. despues de haber escrito 

paginas de critica historica sobre Mitre, que una 

de las cosas suyas que mas hondo interes han des- 

pertado en mi espiritu, es el pasaje de su carta 

al doctor Jose Maria Gutierrez sobre las candi- 

daturas presidenciales para 1868-1872, en la cual, 

- muchos conceptos hondamente eticos, deja 

eccapar. en aquel ambiente caldeado de enconos. 

dades. ambiciones. tramas y amenazas. una 

frase que tr sugerida por algun espiritu 

seraf ■- en aquel medio, erizado de 

as. la sonrisa compasiva que 

■■■ o el nifio en reunidn de viejos 

- de la vida. 

3alia de la decada bravia de 1852 a 1 

a cual ocurrieron el 11 de Septiembre, 

Cepeda. Pavon. con otras repercusiones sangrien- 

tas en el interior; la caida del gobierno de la Con- 

-acidn a pesar del niicleo de bronce de sus 




vi :o 




consejeros. con la fuga de un Presidente y la alta 
renunciaci6n de un gran caudillo libertador; se 
habia exaltado el valor personal en la guerra ex- 
terna todavia pendiente, y las luchas de partidos 
relampagueaban con el brillo de las armas afiladas 
para todo combate colectivo y singular. La prensa 
era una caja infernal alimentada por los Gu- 
tierrez, los Varela y los Sarmiento, los Alsina y 
los Alberdi; y Elizalde surge como el senalado 
por el bando adicto al Presidente Mitre, con el 
imperativo logico de triunfar. Se le reclama su 
opinion desde el campo de batalla, y ella ven- 
dria con estr6pito de sables a inclinar el platillo 
de la balanza en su favor. 

Pero el Presidente, jefe de partido, capitan de 
las huestes vencedoras que permitieron comenzar 
a vivir bajo el regimen de la Constitution, y en 
marcha hacia la victoria de la gran guerra exterior, 
oye la voz interna de una conciencia incontami- 
nada, que vivia en region aparte de la actualidad 



combativa, y en vez de la formula 
balistica, devuelve un versiculo 
evangelico, que desconcierta a los 
amigos, y echa al viento una se- 
milla que algun dia germinara en 
el suelo argentine 

«Es preciso trabajar y triunfar 
con la verdad de nuestros principios 
y con fe en ellos, por medios ana- 
logos a los fines que nos propone- 
nts. . . a fin de que el partido li- 
beral, teniendo razon de ser, tenga 
razon de triunfar. . . y que todo 
esto suceda bajo los auspiciosde la 
libertad que nos da vida y aliento, y de la que 
hemos de sacar en todo tiempo la fuerza para 
combatir el mal y obrar el bien. En esta atmos- 
fera pura y luminosa solo pueden disenarse fi- 
guras nobles y correctas, que realicen el ideal 
de un pueblo libre, y ese instinto de la be 
moral, que en politica triunfa siempre, cuando 
el patriotismo. el buen sentido y el poder mate- 
rial de que disponen los hombres inteligentes se 
ponen a su servicio, en vez de capitular cobar- 
demente con el vicio, queriendo o creyendo hacer 
politica practica, que yo llamo politica grosera, 
sin alcance y sin altura». 

;Belleza moral en politica! Sin duda alguna, en 
ese momento el general de los ejercitos aliados, 
bajo el influjo de alguna noche lunar, evocaba 
el mundo platonico de las ideas convertidas en 
formas deslumbrantes, y sofiaba con una realidad 
de ellas para la republica de came y hueso. que 
el habia ayudado a arrancar de los zarzales y 
de las encrucijadas de la dictadura y de la guerra 
civil. (Y cuando triunfa la belleza moral, si en 
el cielo del espiritu las disfancias de tiempo y 
espacio se asemejan a las distancias interestelares? 
Los politicos positivos se resisten a admitir estos 



U&aD 



postulados intangibles por metafisicos. y el des- 
bande, la deception y la derrota son el efecto 
de tales ensofiaciones en un jefe de partido. 

Siempre la misma luoha entre los dos principios 
eternos. Pero la fe en el triunfo es casi una vic- 
toria; y aunque se trate del mundo de las ideas. 
«del cual el de las formas solo es una sombra», 
ese dia debe llegar; y entre tanto, al encaminarnos 
al punto de la vision de belleza, ya vamos siendo 
mejores y dignos de contemplarla. Aunque sea 
el tilde de una I, dice el poeta, la serial conduotora, 
no dudemos de seguirla, porque es seguro que 
llegaremos al instante de verla en la gloria de 
su realidad. en su propio templo invisible para 
el mundo material. 

El caudillo Presidente era un poeta: vivia en 
su naturaleza y cantaba dentro de ella el ruisenor 
de la poesia, el cual le recordaba en las horas 
prosaicas el culto de la diosa inefable; y al libar 
la copa del festin, al ver correr la sangre de los 
combates, en el caliz mistico de la belleza se trans- 
mutaban el vino y la sangre. en el agua lustral 
que dejaba percibir la suprema vision. Era el 
ruisenor oculto de la poesia el que cantaba en 
su alma y la sintonizaba sin cesar con el timbre 
de la belleza interior; esa nota perenne nacida 
del fondo de una naturaleza selecta. que en toda 
la trayectoria de una vida permite mantener la 
afinacion originaria, sin disonancias, sin caidas, 
sin transigencias cobardes, sin rendimientos ina- 
nimes. 

Ciertos temperamentos que el vulgo llama a 
veces flematicos, estoicos, egotistas o cinicos, y 
que en apariencia parecen desdefiar los medios 
sociales en que viven, solo son, en realidad. espi- 
ritus contemplativos de una lejana vision intima 
de belleza; o poseedores felices de su cuerpo in- 
material, y en su perpetuo himeneo, cruzan por 
el mundo de las formas como sonambulos. y 
hablando lenguajes exoticos, que, o desconciertan 
o arrastran con el extrano prestigio de lo sobre- 
natural. 

Si hombres politicos, se les ve despreciar como 
no oidas las mas brutales agresiones: si hom- 
bres de labor se les ve descuidar como no valo- 
res los mas tentadores halagos de la fortuna: y 
con todo, como una aureola que solo viesen las 
almas curiosas de las multitudes, parece brotar 
de ellas un halo misterioso y atractivo que impone 
silencio, que hace esperar un prodigio, y alienta 
la esperanza de una revelation propicia. 

A estos seres excepcionales. temperamentos de 
selection, no se los puede abordar como a todos 
los demas. Muchas veces se intenta acometerlos 
con una vulgar o corriente conversation o inci- 
dencia comun; ellos miran con una mirada son- 
riente o placida, no responden, y el interlocutor 
comprende que alii hay que hablar de otra manera, 
como si algo de mas alia de nosotros mismos 
residiese dentro de las pupilas serenas. Hay mi- 
radas que, sin aoentuaciones excepcionales, detie- 
nen, desvian, orientan, conducen, arrastran, des- 
arman, iluminan, serenan, confortan, resuelven 
y recompensan: la voz, luego, armoniza y rima 
con la claridad de los ojos. No 
se puede aproximar mas, pero no 
se siente rechazado ni alejado. Es 
como si ellos dijesen: somos uno 
solo; vuestra alma es la mia; al 
comprendernos nos hemos unido 
para siempre. 

Y despues, ocurre tambien que 
en la multitud, — gran seno gene- 
rador del genio, - existen esas 
k\^: . — - almas selectas, ignoradas de si 

2a^ 13^3 mismas, que al anidar en «per- 
^-^ ^^, sonas miserables», hacen a estas 
groseras, brutales, odiosas y 
agresivas. Es que andan extra- 
viadas dentro de si mismas, y 
al acercarse a aquellas ya li- 
beradas por la ciencia o la in- 
tuition genial, se sienten como 
iluminados, identificados. aco- 
gidos en una familia, e incorpo- 




rados a una caravana que pasa con rumbo 
fijo hacia el ideal. ^Sera ese el secreto de los 
grandes prestigios profetas, tribunos, caudillos, 
capitanes? 

Mitre tenia en su persona muoho de este poder 
innato de cautivar y arrastrar corazones. En la 
armonia conjunta de su figura material, en el 
ritmo sereno y armonioso de su andar. en el tono 
dulce, aunque no melodico, de su voz, y por enci- 
ma de todas esas cualidades, en el unanime con- 
senso de que alii alentaba «una gran vida», con- 
sistia el enigma de su irresistible atraccion e 
inmanente simpatia de su persona. Y ademas, se 
sabia, se presentia, se revelaba en ella una otra 
razon de influencia: era la conviction de una 
fuerza incontrastable, de voluntad y de accion. 
tan firmes como silenciosas, que serian combate 
y arremetida incontenibles, o ayuda y sost6n ine- 
fables. Pero por dentro y por arriba de todo, era 
el «poder moral*, que es hecho de energia y d3 
belleza, lo que, envolviendo esa escultura animada, 
como la luz del sol envuelve la escultura de mar- 
mol, le comunicaba su atractivo y su imperio 
sobre el ambiente. 

Cuenta San Agustin en sus «Confesiones» que 
durante las tragicas vicisitudes de su conversion, 
uno de los espectaculos que mas conmovieron su 
animo hacia la religion cristiana fue el de San 
Ambrosio, en su actitud clasica de hieratica me- 
ditation y plegaria, ante el ara sencilla de su culto. 
Asombrosa realidad la del arrepentido doctor de 
la «Ciudad de Dios». La actitud natural del espi- 
ritu, revelada en la actitud natural de la figura 
humana. realiza la solution del eterno enigma: la 
idea es forma; la forma es idea. Se han reconci- 
liado dos mundos. La duda ha desaparecido, por- 
que la identidad en el seno de la Belleza, ha 
resuelto todas las ecuaciones interiores: «la lucha 
entre el error y la verdad nunca mas puede pre- 
sentarse». 

Durante una vida mental de sesenta afios. sin 
exceptuar las arduas intermitencias de los campos 
de batalla y de las peregrinaciones en extranas 
tierras, la actitud del espiritu contemplativo de 
Mitre va modelandose en la del sabio moderno, 
inclinado sobre la mesa, donde el libro abierto 
representa la atraccion del eterno misterio. Mas 
arriba en la vida y en el reposo mas duradero, 
ese cuadro va siendo mas invariable, hasta quedar 
fijado para la inmortalidad en la tela y en el 
bronce. 

Por aquel cerebro en faena incesante y tran- 
quila, con el ritmo implacable de las leyes si- 
derales, la corriente ideal surgio de la naturaleza. 
del libro o de los hechos humanos, cruzo por el 
crisol candente, y salio de nuevo hacia todos los 
rumbos en busca de confidencia, y siembra, y 
reproduction. El discipulo vacilante se acerca al 
santuario, contempla la figura hieratica de la 
investigation o de la meditation, y al ver rea- 
lizada la unidad de la idea y de la forma, la 
duda queda resuelta en su propio espiritu, y un 
resplandor de la belleza moral, de la ecuacion 
sencilla despejada, consuma la eucaristica trans- 
figuration. 

El instinto de la belleza moral: esto es, ese 
regalo de la naturaleza a ciertas almas de hombres 
como a ciertas plantas florales, es, acaso, un pa- 
trimonio comun de la raza humana; y solo la 
ignorancia, el mal ambiente, o las influencias mal- 
sanas, retardan, perturban u ocultan a perpetuidad 
en muchos de ellos, y van hasta dominar un siglo 
y muchos siglos. 

No diremos la ciencia; es excesiva y preten- 





QAQ/ 



GONZALEZ 



XXVHVNKD 

MCMXXI- 



ciosa palabra: la curiosidad cientifica, el sincero 
amor de saber mas. un deseo innato de reposo 
y de confianza interiores, bastan para acercar- 
nos a la fuente de la sabiduria, que s61o es ca- 
mino de perfection y de paz. Y luego, de esa 
comunion con la verdad de las cosas, de esa ten- 
dencia hacia la comprension de la belleza. nace 
un anhelo de amor a los demas. de entenderlos 
y de ser unos con ellos. «La bondad. ha dicho 
el genio de la armonia musical, es la Have de la 
sabiduria»; y la bondad solo es comprension de la 
vida, y la lection mas luminosa que los sabios 
helenos ofrecian a sus discipulos. solo fue la pre- 
sence de la realidad de esos dechados de *belleza 
moral» que eran sus vidas y sus acciones coti- 
dianas. 

No esta la belleza moral renida con la virilidad, 
el valor, el impulso dominante o la resistencia he- 
roica que acompanan a la politica. Tambien hubo 
filosofos entre los Siete inmortales, que fueron 
tiranos. cuando este era un titulo para gobernar 
con li suma confianza y solidaridad con un pue- 
blo-alma; tambi6n vivieron ellos conflictos tre- 
mendos entre sus pasiones heridas y su conciencia 
del deber publico, y fue ese «instinto de la belleza 
moral*, depurado y sublimizado por la contempla- 
tion, el que hizo reunir la magnanimidad y la 
clemencia, el perdon o la justicia, que retemplan 
el alma de las naciones. 

Los jovenes de hoy, seducidos por la magia 
de una divinidad antigua. nacida de una rebe- 
lion genesica, no creen en los milagros de la 
belleza ideal, y mas enceguecidos por la luz dudo- 
sa y fascinadora de Maya, que fortalecidos por 
la fe ingenita de la fuerza inmortal, llegan hasta 
burlarse de los dioses domesticos, a escarnecer 
los penates y concitar contra su patria las iras 
de la divinidad suprema. Es que han perdido el 
concepto de la «belleza moral'), y solo perciben 
la belleza sensual del placer, o del exito, o de 
la ambition colmada. 

Ofuscados por esa falsa alborada que precede a 
la verdadera aurora, ya observada por los poetas 
de la vieja Persia, corren tras de las formas sin 
alma, y tomando la forma por la substancia, se 
lanzan en el torbellino de la accion, sin luz con- 
ductora, sin fe, sin amor y sin ideal. Al fin de 
fuerzas, extenuados de correr en el desierto, se 
preguntaran un dia. - «^adonde vamos?'), — y 
entonces, cercados por la soledad y en plena 
confusion, se echaran unos contra otros, se de- 
voraran como fieras, y sus huesos formaran mon- 
tatias en los confines ignorados, como en una 
antigua leyenda egipcia. 

No sigamos, si no se quiere, en estas brumosas 
perspectivas. Hablemos el lenguaje de todos los 
dias. de la labor casera. y humanizando los con- 
ceptos, digamos que la vida sin arte no es vida. 
ni digna de ser vivida. El conseguirlo no es obra 
del otro mundo: basta observar en derredor nues- 
tro a los que han ascendido en la escala de las 
perfecciones posibles, para convencernos de que 
podemos ser mejores sin gran esfuerzo, «sin gemi- 
dos y sin lagrimas». 

Una teoria magnifica de som- 
bras augustas y amistosas ha 
desfilado en estos tiempos ante 
nuestros ojos alumbrados por los 
destellos de la gloria: Belgrano, 
Guemes, Mitre, Urquiza, Rawson, 
y los que vendran tras de ellos, 
como los blancos inmortales del 
primer circulo dantesco, o como 
en la penumbrosa escena de los 

profetas en e! oratorio poe- 

tico de Rostand a mostrarnos 

las sendas de nuestro destino 

mas digno y alto, o a alum- 

brarnos el espacio de las supie- 

mas ascensiones del espiritu, 

donde se halla el trono o ara de 

esa «Belleza moral') que triunfa 

siempre contra todas las conju- 

raciones de la sombra, del odio 

o de la ciega fatalidad. 






Estos tres retratos son los de tres damas que 
representan en Buenos Aires una larga y brillante 
tradition social, politica e intelectual. La senora 
Edelmira Mitre de Rosende, hermana del general, 
pas6 su infancia y su primera juventud en la Troya 
Americana; compartio las angustias patrioticas del 
joven y apuesto militar que era su hermano, y 
despu6s le acompan6 en los grandes dias de la 
restauracion nacional. Es una anciana menudita 
y todavia llena de vivacidad, a pesar de sus mu- 
chos anos. Conserva fresca la memoria y cuando 
habla de los tiempos viejos lo hace con amor y 
gracia. De los hermanos del general es la unica 
que vive, precioso vinculo vivo entre un presente 



que tal vez no la seduce mucho y un pasado que 
recuerda sin amargura. 

La senora Delfina Mitre de Drago, hija del 
general, ocupa un sitio propio en nuestra socia- 
bilidad. Desde muy nina — nacio tambien en el 
destierro — di6 muestras de rara precocidad inte- 
lectual. Heredo de su padre la afici6n incontenible 
a la lectura; un buen libro fue siempre el mejor 
regalo para su espiritu. La senora Mitre de Drago 
ha escrito mucho, porque ha pensado y sentido 
mucho; pero por desgracia su labor Uteraria es 
ahora poco menos que desconocida, porque anda 
casi toda derramada en diarios y revistas. La cali- 
dad de sus aficiones literarias puede juzgarse por 




el hecho de que ha traducido varios libros unica- 
mente porque le han gustado y ha querido que 
otros gocen de los mismos placeres intelectuales 
que ella; y la selecta variedad de sus gustos se 
descubre cuando se le ve traducir un bello y con- 
movedor libro sobre la desgraciada emperatriz 
Isabel de Austria, y el profundo y atrayente ensa- 
yo de Jules Gaultier sobre el Bovarysmo. Muy so- 
lido es, pues, el talento de la senora Mitre de Drago 
y muy amplia su ilustracion. En su salon siempre 
se conversa espiritualmente y se puede hablar de 
las ultimas novedades literarias sin temor de que- 
dar sin respuesta. La vivacidad de su ingenio y su 
curiosidad intelectual son ahora las mismas de la 



juventud. Prolonganse en ella algunas de las mas 
bellas cualidades del padre. 

La senora Josefina Mitre de Caprile, segunda 
hija del general, heredo tambien de el la inclina- 
tion a las cosas de la inteligencia. Hermana geme- 
la, en lo espiritual, de la senora Delfina, ha sido 
una gran lectora, y si no echo mano a la pluma 
con tanta frecuencia, no fue, por cierto, por falta 
de preparation ni de deseo. El destino no quiso 
que tuvieramos en nuestra Hteratura la repetition 
del caso de las hermanas Bronte en la literatura 
inglesa; pero la senora Mitre de Caprile, eso no 
obstante, ha enriquecido tambien la estirpe con el 
caudal de sus bellas cualidades de inteligencia. 




Todos los dias de buen tiempo y de buena salud 
raseo por los mismes lugares y a la misma hora. 
como general que recorre las guardias y los muros 
de un fuerte. Caminaba algo encorvado pero con 
tirroe andar. Unas veces vestia su tipica levita. 
otras de saco. prenda que le prestaba aire juvenil. 
Siempre Hi iicional chambergo (lamante. 

Este raseo del veterano. del ex presidente. del 
pensador y poeta fue un espectaculo que el publico 
admiro todos los dias. Formaba un reguero de salu- 
dos y unaestela de carifio. Los recien llegados cono- 
cian antes al Mitre paseante que al Mitre histonco. 
•Buenos dias. don Bartolo>. «salud. mi general* decia 
el buen pueblo halagado por la presencia del gran 
hombre que gustaba codearse con la gente. Mucho 
admira el gentio los pomposos cortejos y el brillo de 
los uniformes. mas 
prefiere la sencillez 
y la modestia. El 
Napoleon que 
charlaba con sus 
ve te ran os granade - 
ros fue quien con- 
quisto el alma po- 
pular. Mitre, es de- 
ar, el don Bartolo 



U N A 
rTANTANEA 

E 
9 



AL PASAR POR LAS ACERAS QUE DON BARTOLO 
RECORRIO HA6ITUALMENTE, MUCHOS RECUER- 
DAN Ali'N LA TRAD'.CIONAL FIGURA. PARA 
AOUELLOS QUE HANSALUDADO EN FLORIDA, 
MA!PU O SAN MARTfN AL ILUSTRE PROCER. 
TIENE ESTA FOTOORAP'A TODO EL INAPRECIA- 
BLE VALOR SENTIMENTAL DE UNA EVO 



que no dejo saludo por contestar. que hacia caricias 
a los nifios. que hablaba con los tenderos o el agente 
de la esquina. el viejecito campechano y amable sera 
siempre recordado por el vulgo. 

Entre las ciencias y las artes que Mitre cultivo 
pongamos esta de saber pasear. No todos los sabios 
pueden ejercer el arte del paseo. Pasear a la buena 
de Dios. sin lujoso tren, sin escolta. en medio del 
pueblo, como un sencillo ciudadano es un arte di- 
ficil. Supone una preparacion larga y buena, du- 
rante la cual el heroe no despertara odios ni ad- 
quiriera costumbres dispendiosas. Supone una filo- 
sofia practica. una sencillez de habitos poco comun. 
Asi el veterano pudo tomar el sol; asi el ex presi- 
dente compartia la calle con su pueblo; asi el poli- 
grafo distrajo su hondo pensar. Mitre paseante es uno 

de los aspectos mas 
simpaticosdel sim- 
patico procer. 

Sefiorio de hi- 
dalgo y llaneza de 
patriarca se unen 
en Mitre formando 
figura inconfundi- 
ble de la democra- 
cia argentina. 




UUtD 




j 








o 



El homenaje fue digno del procer inmortal y 
del pueblo que lo tributo. En toda la Republica 
celebrose el centenario con ferviente patriotismo 
porque el nombre de Mitre tendra la perdurable 
virtud de entusiasmar a todos los que reconocen 
el poderio de su obra. 

Desde principios de junio el alma popular venia 
preparandose para el gran dia. En las aulas los 
sacerdotes de la cultura, los maestros, predicaban 
a la juventud el culto al heroe. Y la casa que otrora 
el pueblo ofrendo a Mitre, convertida en museo, 



EL D(A VEINTISEIS DE JUNIO DE 

MIL NOVECIENTOS VEINTIUNO 

EL PAfS CELEBR6 SO- 

LEMNEMENTE LA 

MEMORABLE 

FECHA. 



FOTOS DE BAL- 
DISSEROTTO, 



VARGAS, ARRO- 
YO Y BELL. 



-estuvo abierta al publico. Alii acudian en patrio- 
tica peregrinacion los ciudadanos y los nifios, so- 
bre todo los nifios. Y era un espectaculo que con- 
movia y enorgullecia aquel desfile interminable de 
pequefios visitantes que iban a ver el hogar donde 
vivio sus liltimos anos el gran argentino y a depo- 
sitar ramos floridos al pie de su efigie. 

Llego la fecha centenaria del natalicio. y fue 
grandiosa, solemne la expresion del sentimiento 
publico. Tanto en el tedeum, como en la coloca- 
cion de la primera piedra del monumento a Mitre, 




EL DIRECTOR DE LA ESCUELA MILITAR ENALTECIENDO, ANTE 
LOS CABALLEROS CADETES, LA MEMORIA DE MITRE. 



LAS SOOIEDADES EXTRANJERAS DESFILAN FRENTE AL LUOAP 
DONDE SE ELEVARA EL MONUMENTO AL PROCER. 




LOS .ORADORES 




doctor horberto pi- 
tno, presidents DI 

LA COMIJ10N IJCCUTI- 
V* DEL JUBILIO. 



DOCTOR DANIEL MUNOZ, 

M1NISTRO PLENIPOTEN- 

CIARIO DE LA REPUBLICA 

DEL URUGUAY. 



1NTENDENTE MUNICI- 
PAL, SENOR JOSE LUIS 
CANT1LO, EN REPRESEN- 
TACI6N DE LA COMUNA. 



GENERAL MARTfN RO- 
DRIGUEZ PRONUNCIAN- 
DO SU DISCURSO EN 
NOMBRE DEL EJERC1TO. 



DOCTOR PEDRO DE TOLE- 
DO, MIN1STRO PLENIPO- 
TENCIARIO DE ESTAPOS 
UNIDOS DEL BRAS1L. 



en el saludo a la familia y en 
todos las demas actos con- 
memorativos el pueblo por- 
teflocumplib admirablemente, 
honrando asi la memoria del 
procer. 

Uno de los homenajes mas 
gratos lo rindieron los profe- 
sores y alumnos del Colegio 
Militar de la Nacion. Estos 
universitarios del valor y de la 
disciplina llevaron una placa 
de bronce al museo, y su jefe, 
el coronet Justo, pronuncio un 
elocuente discurso. 

Durante todo el dia la mu- 
chedumbre agolpose en la 
calle San Martin frente a la 
casa historica donde comisio- 
nes de numerosos institutos y 
sociedades acudieron a visitar 
a los descendientes del gene- 
ral. Escapa a todo calculo la 
aglomeraci6n de personas. 
Muchos de los concurrentes a 
esta mani(estaci6n entusiasta 
representaban entre las jove- 
nes generacdones argentinas a 
aquella fuerte generacion que 
luchd por la dignidad y la cul- 
tura nacionales al lado del ven- 
oedor de Pavon. Ellos daban 




POR LOSGUERREROS DEL 

PARAGUAY HABL6 EL 

GENERAL URUGUAYO 

ZEN6N DETEZANOS. 



P1EDRA DEL 
MONUMENTO 
AL GENERAL. 



la nota mas vibrante y con- 
movedora en aquel plebiscito 
jubiloso. Tambien se advertia 
la presencia de numerosas da- 
mas y ninos. La circunstancia 
de hallarse clausuradas las es- 
cuelas impidi6 uno de los ac- 
tos mas hermosos: el desfile 
de los ninos. Las sociedades 
extranjeras cooperaron a la 
mayor brillantez de los actos 
conmemorativos. 

El tel6grafo did cuenta de- 
talladamente de los festejos 
realizados en las provincias y 
territorios, donde tambifin el 
entusiasmo popular demostrd- 
se en forma solemne. 

Las capitales de las repu- 
blicas hermanas anadieron su 
tributo al centenario. Todo 
Rio de Janeiro se did cita en 
el acto de colocar la primera 
piedra del monumento que el 
Brasil dedicara a perpetuar la 
memoria del pr6cer. Lo mismo 
ocurrid en Santiago de Chile. 

En resumen: las fiestas cen- 
tenarias han sido una feha- 
ciente demostraci6n de que el 
gran hombre vivira siempre en 
el recuerdo de todos. 




EL DOCTOR BENITO VILLANUEVA, PRESI- 
DENTt DELSENADO, Y LA COMISI6N NOH- 
' OR LA HONORABLE CAMARA PA- 
RA ASISTIR AL ACTO INAUGURAL DEL 
MONUMENTO. 



IBUNA OPICIAL EN EL SOLEMNE MO- 
MENTO DE EJECUTARSE EL HIMNO PATRIO. 




EL PRESIDENTE DE LA CAMARA DE DIPU- 
TADOS, DOCTOR ARTURO GOYENECHE, Y 
LOS MIEMBROS QUE PORMARON LA COMI- 
S|6N QUE REPRESENTO A D1CHO CUERPO 
COLEGISLADOR. 



r ch 



& 









y 



LA INSPIRADA P0ET1SA HA C!N- 

CELADO UNA FLOR AUREA, 

OFRENDA A LA MEMORIA 

DE SU ILUSTRE B1S- 

ABUELO. 



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f\\ 



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A^v 




V^ 




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M I T K. E 



Cerebro poderoso de claridades lleno 
Que hiciste de lo bello la luz de tu existeneia: 
La norma inquebrantable se afirmo en tu conoiencia 

Y siendo sabio y grande fuiste ante todo bueno. 

jOh, Mitre, digna rafaga del pensamiento heleno 
Yo proclamo, entusiasta. tu limpida excelencia. 
Tu severa constancia. tu virtud y tu ciencia 

Y la amplia perspeotiva de tu mirar sereno! 

La nobleza es el nimbo de tu cabeza augusta. 
Tu vida inmaculada, tu lucha sin fatiga 
Son el orgullo santo del alma nacional. 

Huiste de la gloria, pero celosa y justa. 
— No queriendo ser menos que la bala enemiga — 
i La gloria hirio tu frente con su dardo inmortal ! 



J V L I O 



D 



M C M X X I 



m 







,oo do FRANCISCOlfS^ DOMINGO 



\| 



GU/LLBMO 
UDAOMDO 




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RAMON I. 





5ITIO B 
AL CANfO 



A GUERRA ESTA- 
BA EN MARCHA 
EN LOS ANHELOS 
Y LOS HECHOS. 
BUENOS AIRES SE 
PREPAR6 A RESIS- 
TIR Y VENCER. LA 
CONFEDERACION A 
CONCLUIR DE UN GOLPE SU SITUACI6N 
TRANSITORIA E IMPOSTERGABLE. DES- 
PUES DE SIETE ANOS DE DISCUSI6N APA- 
SIONADA Y TENTATIVAS DE PAZ FRUS- 
TRANEAS, QUEDO LIBRADA LA REPU- 
BLICA A LA SOLUCION DE LAS ARMAS. 
LAS RELACIONES DE LOS GOBIERNOS 
DE BUENOS AIRES Y PARANA SE INTE- 
RRUMPIERON TOTALMENTE. EL PRIME- 
RO CLAUSURO SUS PUERTOS AL COMER- 
CIO Y CORRESPONDENCIA DEL SEGUNDO, 
Y EL SEGUNDO CONTESTO COM LA MISMA 
PROHIBICION RESPECTO DEL PRIMERO. 
EL PRESIDENTE MANTUVO ADEMAS EN 
TODO SU VIGOR LA LEY DEL 56, DESCO- 
NOCIENDO A LA PROVINCIA DISIDENTE 
EL DERECHO DE EJERCER EN FORMA 
ALGUNA ACTOS QUE AFECTARAN A LA 
SOBERANfA NACIONAL. ESTE HECHO 
CAUS6 HONDA IRRITACION EN EL GOBER- 
NADOR ALSINA Y SUBLEVO SUS IRAS. 
APROVECH6 EN ESOS DlAS LA APERTURA 
DEL PERfODO LEGISLATIVO (l.o DE MAYO) 
PARA HACER EL PROCESO POLITICO DE 
URQUIZA. NO SE PRESERVO DEL DICTE- 
RIO. NO CONCEBfA LA VIDA INSTITUCIO- 
NAL DEL PASS BAJO EL HACHA DE UN 
VERDUGO; LA CONSTITUCION ERA IN- 
COMPATIBLE CON LA VOLUNTAD DISCRE- 
CIONAL. DE LA CANTERA DE SU PASION 
INTRANSIGENTS ARRANCABA PIEDRAS 
PARA LANZAR AL VENCEDOR DE CASE- 
ROS, DE QUIEN FUE MINISTRO Y CONSE- 
JERO, CUYA GLORIA CANTO EN LA HOJA 
PERI6DICA Y ALZANDO LA COPA DEL 
FESTfN. 

EN LA PRIMERA SESION ORDINARIA. 
LA LEGISLATURA VOTO LA GUERRA (4 
DE MAYO) DESPUES DE UN DISCURSO 
DEL DIPUTADO HECTOR F. VARELA, ORA- 
DOR ELOCUENTE, SONORO Y VIBRANTE, 
POR HUECO Y NO POR LA RESISTENCIA 
DE HOJA BIEN TEMPLADA. 

EN LA SESION SIGUIENTE, QUE ADQUI- 
RIO LA SOLEMNIDAD DE LOS GRANDES 
DEBATES, LA CAMARA AUTORIZO AL GO- 
BERNADOR PARA REPELER LA GUERRA 
CON LAS ARMAS, CONTINUARLA DENTRO 
O FUERA DELTERRITORIO DEL ESTADO 
DISPONER AL EFECTO DE 20.000.000 EN 
FONDOS PUBLICOS DE RENTA Y MOVILI- 
ZAR A LA GUARDIA NACIONAL. 

EL DIPUTADO TEJEDOR FUE EL MIEM- 
BRO INFORMANTE DEL PROYECTO. 

«SI LA COMISI6N — DIJO HUBIERA PO- 
DIDO OPTAR LA PAZ A LA GUERRA, ELLA 
SIN DUDA HABRlA ESTADO POR LA PAZ.» 




EL DOCTOR ram6n J. CARCANO ESTA 
ESCRIBIENDO UNA VERDADERA HIS- 
TURIA DE LA ORGAN1ZACION NA- 
CIONAL. CUYA SEGUNDA PARTE, 
«DEL SITIO LiK BUENOS AH 
CAMPO DE CEPEDA », ACABA DE 
APARECER. DESEOSO DE CONTRIBUIS 
AL HOMENAJE DE « PLVS VLTRA » 
A I A MEKORIA DEL GENERAL MiTRE, 
EL DOCTOR CARCANO NOS HA AU- 
TGR17ADO A REPRODUCIR LA SI- 
GUIENTE BELLA FAGINA, QUE 
CRIBE LAS ANGUSTIOSAS VISPERAS 
DE CEPEDA, EL H1STORICO CHOQUE 




AL ATAQUE HABlA QUE OPONER LA 
DEFENSA; NO PODlA ELEGIR EN UNA SI- 
TUACION HECHA. 

«LA GUERRA QUE NOS VAN A HACER ES 
TAN ABSURDA — AGREGABA, — ES UNA 
LOCURA TAN GRANDE, QUE TODAVlA ES 
POSIBLE QUE CUANDO VEA LA CONFEDE- 
RACION TOMAR A BUENOS AIRES UNA 
ACTITUD DIGNA DE SUS GLORIAS PASA- 
DAS, SE DETENGA ANTE EL ABISMO QUE 
VA A ABRIR ENTRE ELLA Y NOSOTROS.» 
LOS DOS CONTENDORES ALIMENTABAN 
ESPERANZAS EN EL MISMO SENTIMIENTO: 
URQUIZA TAMBIEN PENSABA QUE BUE- 
NOS AIRES CEDERlA A LA AMENAZA DE 
LAS ARMAS. 

EL DISCURSO DE BARROS PAZOS FUE 
UNA PROCLAMA A LA LUCHA Y LA DE- 
FENSA ENCONADA Y VIOLENTA. 

ELIZALDE (R.)SOSTUVO QUE HABlA QUE 
ACEPTAR LA GUERRA COMO LA PROPIA 
DEFENSA, Y LLEVARLA HASTA EL ULTI- 
MO EXTREMO PARA ASEGURAR LA PAZ. 
EL PROYECTO NO TENIA OPOSITORES; 
FUE APROBADO POR UNANIMIDAD. 

EL MINISTRO DE LA GUERRA, CORONEL 
MITRE. ASCENDiDO A GENERAL, FUE 
NOMBRADO JEFE DEL EjERCITO DE OPE- 
RACIONES. EL NOMBRAMIENTO FUE 
FACIL PORQUE CONTABA CON TODOS LOS 
SUFRAGIOS. LA CONFIANZA REFLEXIVA 
DEL GOBIERNO Y LA CONFIANZA ENTU- 
SIASTA DEL PUEBLO. 

AQUEL JOVEN MILITAR, LLEGADO DE 
LEJANO Y LARGO OSTRACISMO A BATIR- 
SE EN CASEROS. REACCIONARIO AL DfA 
SIGUIENTE CONTRA LA POLfTICA DE AB- 
SORCION ATRIBUIDA AL LIBERTADOR, 
HABfA AGRANDADO SU REPUTACION AL 
SERVICIO DE SU PAIS, Y ALZADO SU FI- 
GURA ROMANESCA SOBRE LOS JOVENES 
Y ANCIANOS DE LA REPUBLICA. SU ALTI- 
VA PRESENCIA ACUSABA LA FIRMEZA DE 
SU CARACTER Y SEGURIDAD DE SU AC- 
CION; SU FRENTE AUSTERA Y PENSADO- 
RA REVELABA UN ESPlRITU MEDITADOR. 
CONCLUIDA LA BATALLA OCUPO LA 
TRIBUNA PARLAMENTARIA, SOSTUVO 
CONVICCIONES DESDE LOS BALUARTES 
DE LA PRENSA DIARIA. CAUTIVO A LAS 
MULTITUDES HABLANDO EN LA PLAZA 
PUBLICA, PELEO EN LAS CALLES DE LA 
CIUDAD Y SALVO A BUENOS AIRES DEL 
ASALTO ENEMIGO, SALlQ A CAMPANA Y 
CONTUVO A LA INVASION Y LA 
MONTONERA; LLAMADO A LOS 
CONSEJOS DE GOBIER- 
NO FUE EN ELLOS 
ARQUITECTO 



B^N05 AIRES 
CEPEDA. 



Y OBRERO, ESCUCHADO EN LAS DIFICUL- 
TADES INTERNAS Y REQUERIDO EN LAS 
CUESTIONES EXTERNAS. Y EN ESTA VIDA 
MULTIPLE, AFANOSA Y RESPETABLE, DE 
CONSTANTE ESFUERZO Y HONDAS PREO- 
CUPACIONES, NO LE FALT6 TIEMPO PA- 
RA ESCRIBIR HISTORIA. PUBLICAR LAS 
RIMAS, CULTIVAR SU TALENTO LITERA- 
RIO, MOSTRANDOSE SIEMPRE LUMINOSC 
OPORTUNO, DECIDIDO. ACERTADO, SUFI- 
CIENTE Y VIBRANTE, SIN UNA PALABRA 
NI UNA ACTITUD FALSAS, SIEMPRE CON 
ALGUN CONCEPTO QUE SE RECOGtA COMO 
UNA SfNTESIS. COMO UNA PROCLAMA O 
COMO UNA CONDUCTA. 

AUTODIDACTA, OBRA DE Si MISMO FOR 
JADA EN LA ADVERSIDAD, ERA UN DOC- 
TRINARIO LGGICO Y CONTINUO EN SUS 
PRINCIPIOS. SU ESPlRITU. POR SU COM- 
PRENSI6N Y PLENITUD. ABARCABA TO- 
DOS LOS PROBLEMAS DE SU PAiS Y DE 
SU TIEMPO. 

LA REPOBLICA CONOClA A SUS MILITA- 
RES UNICAMENTE POR SU VALOR Y PE- 
RICIA EN LOS COMBATES. MITRE ROMPIO 
EL MOLDE COMUN Y TRADICIONAL; FUE 
UNA REVELACI6N INESPERADA, ATRA- 
YENTE Y DOMINADORA. LA DIVERSIDAD 
DE SUS APTITUDES. EL TEMPERAMENTO 
ADAPTABLE A LAS CIRCUNSTANCIAS. Y 
LA INTELIGENCIA A LAS NECESIDADES 
MAS DISTINTAS. DESPERTO SIMPATfAS. 
INFUNDIO RESPETOS Y ARRANCO ADMI- 
RACIONES. SE DESTAC6 EN SU MEDIO 
COMO UN SOLDADO DE CONDICIONES EX- 
CEPCIONALES, CUYOS MERITOS NADIE 
DESCONOClA Y CUYA AUTORIDAD A NA- 
DIE INQUIETABA POR LA CIRCUNSPEC- 
CION Y LA MESURA. ERA EL MAS MILITAR 
DE LOS CIVILES. Y EL MAS CIVIL DE LOS 
MILITARES. 

PENSABA QUE EL UNICO OBSTACULO A 
LA UNION Y ORGANIZACION DE LA REPU- 
BLICA ERA LA PERSONA DEL GENERAL 
URQUIZA, Y LEGADO DE BUENOS AIRES, 
NO IBA A COMBATIR A LAS PROVINCIAS 
SINO AL CAUDILLO PODEROSO QUE 
ARRASTRABA A LAS PROVINCIAS. COMAN- 
DANTE EN JEFE DE UN EJERCITO A OR- 
GANIZARSE, LLEVABA EN Si MISMO EL 
ALMA DE SU PUEBLO, QUE SIGNIFICABA 
EL MAS GRANDE DE LOS PODERES, EL 
PODER DEL SENTIMIENTO POPULAR. EN 
LA LEGISLATURA ACREDITO SUS CONVIC- 
CIONES FEDERALES Y NACIONALISTAS. 
IMPRIMIENDO A LA REVOLUCI6N DE SEP- 
TIEMBRE UN ALCANCE NACIONAL: EN LA 
ASAMBLEA CONSTITUYENTE COMBATlQ LA 
CONSTITUCION CENTRALISTA Y ABSOR- 
BENTE DE BUENOS AIRES. Y EN TODAS 
LAS ETAPAS Y ALTERNATIVAS DE LA LU- 
CHA DE SIETE ANOS SOSTUVO CON CALU 
ROSA ENERGlA LAS MISMAS IDEAS CON- 
TRA SUS ADVERSARIOS, Y A VECES CON- 
TRA SUS PROPIOS CORRELIGIONARIOS. 





A\U/"EO 



Para buena porci6n de 'os millares de visitantes 
que el mes pasado tuvo el Museo Mitre la visita 
resultc un verdadero descubrimiento, porque de 
la vieja casa del general apenas si conocian la 
fachada. Al Museo van en no escaso numero los 
estudiosos: pero. vara lo que se llama el gran 
no tiene ios atractivos que otros estable- 
cimientos d~.\ mismo o analogo caracter, como 
no se trate de los fieles guardadores de la me- 
moria del general. La simple curiosidad se ve 
poco satisfecha en el Museo, y para quien en la 
lectura no busca sino un mero pasatiempo, la 
biblioteca tiene menos atractivos que cualquiera 
otra de las publicas. Hay en el Museo una rica 
colecci6n numismatica y una buena mapoteca; 
pero son, sin duda, la biblioteca y el archivo lo 
mas importante, aparte. por supuesto, cuanto 
de personal hay en la casa, como el dormitorio 
del general, por ejemplo, que tanto dice a los 
sentimientos de los visitantes. 

La biblioteca del Museo es la biblioteca que 
el general tenia cuando murid, enriquecida con 
nuevas obras adquiridas posteriormente con el 
proposito de completarla manteniendola en lo 
posible al dia. Desde joven el general tuvo deci- 
dida aficion a los libros, y hasta sus ultimos 
dias la conserv6 tan viva como en la juventud. 
En donde quiera que estuviese y por precaria 
que fuese su residencia. buscaba libros y los 
guardaba. Hay en la biblioteca muchos traidos 
de Bolivia, del Peru, de Chile, que viajaron anos 
enteros con el general y de los cuales no quiso 




deshacerse nunca. Los volumenes de su corres- 
pondencia abundan en cartas cambiadas con 
amigos del extran jero. en que se habla de pedidos 
o envios de libros. Uno de esos amigos, don 
Gregorio Beeche, benem6rito bibliofilo argentino 
cuya riquisima biblioteca americana fue adqui- 
rida para el Instituto Nacional de Santiago de 
Chile, jamas dejaba de comunicar al general sus 
nuevas adquisiciones, y siempre puso la mayor 
diligencia en el cumplimiento de sus encargos. 
En todos los paises vecinos tenia el general ami- 
gos atentos a cuanto libro o folleto pudiera inte- 
resarle. Estaba siempre al tanto de lo que se pu- 
blicaba en la America latina, que era lo que mas le 
atraia.asiporsusaficiones como para sus estudios, 
y no quedaba satisfecho hasta que se hacia del 
libro que deseaba. Los libreros americanistas de 
Europalo tenian enlalistadesus mejoresclientes. 

Asi, con tanta constancia como acierto, el ge- 
neral logro formarse una biblioteca americana 
que seguramente es de las mas completas que 
existen. Sus amores de bibliofilo y de historiador 
le hacian desear las ediciones raras, las primeras 
impresiones hechas en America, las curiosidades 
bibliograficas, y consiguio reunirlas en numero 
apreciable. Serian el orgullo de cualquiera gran 
biblioteca, especialmente los libros que tratan 
de lenguas americanas, rama que el general cuido 
con particular empefio. 

Hay gentes ingenuas que suelen preguntar si 
el general leyo todos los libros de su biblioteca. 
Una breve operacion aritmetica basta para de- 




8b 




mostrar la imposibilidad del caso; y. ademas, 
las grandes bibliotecas no son precisamente para 
leidas sino para conocidas, que es lo esencial. 
Seguramente el general no solo leyo sino que 
estudio muchos de sus libros; pero indudable- 
mente los conocia todos. Sabia lo que tenia en 
sus estantes. En ocasiones, en libros que podria 
creerse que por ningun motivo habrian de inte- 
resarle, se descubren senales de que paso por 
sus manos para ser conocido: una raya con lapiz, 
algunas de sus endiabladas patitas de mosca, 
una tirita de papel a modo de senal. Otros fueron 
mas afortunados: estan llenos de apuntes y mar- 
cas; y en no pooos se hallan, de mano del general, 
noticias sobre sus autores, referencias a otros 
libros, explioaciones bibliograficas. Todo ello ser- 
vido, ademas, por una memoria prodigiosa. Si 
el general, pues, no pudo leer todos los libros de 
su biblioteca, los conocio todos con excepcion 
quizas de aquellos cuya insignificancia el ojo 
bien adiestrado descubre solo con mirarlos, sin 
necesidad siquiera de leer el nombre del autor en 
muchos casos. Formar una buena biblioteca es, 
despues de todo, relativamente facil; formar un 
archivo de documentos originates es tarea mas 
dificil y sobre todo mas incomoda. Es sabido que 
el «Archivo de San Martin» !e fue obsequiado al 
general por la hija del libertado*' del Peru; pero 
en su archivo, que se halla completo en el Museo, 
tenia el general algo mas que eso, y supone una 
labor tenaz, porfiada, sostenida por !a mas in- 
vencible de las resoluciones, la reunion de todos 
esos papeles que tan magistralmente aprovecho 
el general en sus Historias. Hay entrejellos al- 



gunos que apenas utilizo, por salir del campo 
de sus estudios; pero los habia leido todos. por- 
que no los habia juntado por el vulgar placer de 
tenerlos, o por el mas vulgar aun de evitar que 
los tuviesen otros. 

En escritores, y sobre todo en bibliofilos, nu- 
mismatas y coleccionistas de documentos, es 
frecuente cierto egoismo, a veces agresivo, que 
los mueve a no compartir con nadie el uso, y a 
veces ni la contemplacion de sus libros, medallas 
o papeles. El general no padecia de ese feo mal. 
Su generosidad a ese respccto llego a ser tradi- 
cional. pues para todos los estudiosos su biblio- 
teca y sus colecciones estuvieron siempre francas. 
Quiso que sus libros y sus documentos fuesen 
utiles a quien desease usarlos, y ni a viejos ni a 
jovenes nego nunca el concurso a veces inapre- 
ciable que significa el aparentemente insignifi- 
cante acto de prestar un libro o deiar ver un 
papel. No pudo, pues, darse a su casa mejor 
destino que el que se le dio. Esa magnifica bi- 
blioteca, ese valioso archivo, esa bella coleccion 
numismatica. esa excelente mapoteca, son ahora 
de la comunidad, son de todos. y asi estan bien, 
porque asi desempenan en grande escala la fun- 
cion que el propio general les habia dado, mien- 
tras vivio, en la proporcion exigida por su ge- 
nerosidad. Lo esencial, ahora. es que los visi- 
tantes del mes pasado no olviden que en el 
Museo Mitre se puede leer en silencio y en paz, 
a la sombra auspiciosa del recuerdo de quien 
fue toda su vida un gran lector. 

E. G. HURTADO Y ARIAS 




8 






Folletin 



Junto con el primer canonazo 
de Ca^ancha comenzaron a apare- 
•rsos del prdcer. 
Heroicos y patridticos la mayor 
parte, ss confundian con algunos 
de caracter amatorio o sentimen- 
tal, arrancados a la tendencia ro- 
mantics de aquella epoca. en que 
Lamartine. Espronceda y sus con- 
generes encantaban el oido y el 
alma de sus contemporaneos. Val- 
eria la pena considerar la influen- 
cia que la literatura de esos dias 
ejercso sobre el animo pensante 
del general Mitre, para deducir 
muchas de sus inclinaciones pos- 
-es. todas ellas tendientes a 
exhibir un caracter templado. ecua- 
nime. bondadoso. apoyado en una 
sinceridad insuperable, que fu6 el 
motor esencial de sus acciones en 
la vida. 

Detras de la tendencia poetiea 
ios los nifios son poetas 
vino el amor a la prosa. que es le- 
tra de lucha y de convicc:6n. y a 
ella se aferrd el general Mitre desde 
los mismos instantes que se dispa- 
raban los caftonazos de Cagancha. 
Colaboro en los diarios de Monte- 
video por puro patriotismo; era un 
franco tirador del pensamien; 

sta de la patria. que a la se- 
riedad de sus estudios de artillero 
y por consiguiente de matematico. 
interpolaba sus visiones de patriota 
y de soldado de la libertad. Mitre 
no era entonces un periodista en 
la acepcion actual de la palabra. 
En aquella epoca se escribia por 
raci6n propia y la prensa era 
una tribuna de pasiones y de con- 
quistas populares. un campo de 
doctrina arraigada y profunda que 
cultivaban los espiritus superiores, 
persiguiendo una organizacidn ame- 
ricana que tardaba en llegar. en 
razon de las convulsiones que la 
anarquia y los despotismos habian 
cimentado en esta parte del con- 
tinente. 

Sus escritos de entonces eran 
explosiones de entusiasmo y de ar- 
dor. No puede decirse que en ellos 
brillara todo el reposo y la sereni- 
dad de los grandes pensadores de 
su ipoca, pero hay que tener en 
cuenta. para ello, su juventud y su 
natural inexperiencia de la profe- 
si6n. desde que no era, clasicamente, un profesio- 
nal. Pero esto no tard6 en llegar, puesto que 
poco tiempo despues. en Chile, para subvenir a 
las necesidades de la vida, se vio obligado a ser no 
s61o periodista, sino a comenzar la carrera desde 
tipografo. desde modesto cajista. que componia sus 
propios originales, eneseafan de lucha y de victo- 
ria que es patrimonio de los espiritus superiores. 

Zinny describe sucintamente, en pocas paginas, 
las primeras armas periodisticas del ilustre pa- 
tricio. De aquellos trabajos iniciales de su vida 
quedan pocos recuerdos ya que la voragine de !os 
acontecimientos y la mayor figuracion del procer 
contribuyeron a olvidarlos. Pero llega la batalla 
de Caseros. la huida del tirano, el Acuerdo de 
San Nicolas y Mitre se hace realmente periodista, 
fundando «Los Debates' para contener, con la 
pluma y la palabra. en e! diario y en la Camara 
de Representantes la tendencia de los espiritus 
apocados que querian entregar a Urquiza la suma 
del poder publico, sin control y sin medida, cam- 
pafla oral y escrita que did la mas alta suma de 
popularidad a quien mas tarde se convirtio en 
el propulsor de la unidad y de la organizaci6n 
national. 

La presidencia de la Repub'.ica y la guerra del 
Paraguay le sustraen al periodismo, del cual no 
podia 16gicamente participar, pero apenas baja 
del poder necesita tener en sus manos, no s61o un 
6rgano de doctrina nacionalista, sino un instru- 
me.ito de defensa de sus actos como gobernante 
y como estadista. Funda «La Naci6n», cuya vida 
precaria. en los primeros tiempos, le produce serias 
desazones de caracter econ6mico. 

Pero el general Mitre no cuida mucho la parte 
material de su diario; eso esta muy por debajo 
de sus idealidades de patricio. El quiere una na- 
ci6n libre y grande. y en sus editoriales Mitre 
nunca fue sueltista estimula las industrias, 
empuja los ferrocarriles. acicatea la immigration y 
el trabajo de los campos. contribuye a la sanci6n 






LA V-U IO\ 






M 



EL 4 DE ENERO DE 1920 CUMPLIO SU CINCUENTENARIO "LA NAC!6n" 
OBRA ESPIRITUAL QUE EL PROCER OFRENDO A LA CULTURA ARGENTINA 

MITRE PERIODISTA 



or 



PABLO DELIA COSTA rO 



de las leyes de fomento, mantiene incolumes los 
conceptos constituoionales. tiende al desarrollo 
de la instruction, y de 61 podria decirss como dijo 
Marcos Zapata de cierto periodista argentine 

No hay dificil cuestion, ancha o angosta, 
Que se resista a su gallarda pluma. 

En efecto. para el general Mitre no habia tema 
que no le fuera abordable. Escribia siempre en 
el mayor reposo; no improvisaba, como los pe- 
riodistas actuales, sino que trabajaba lentamente 
cada uno de sus temas, con serena gravedad, con 
conciencia plena de su eficacia pensante. Tenia 
el general una letra menuda, apretada, informe, 
detestable que hacia la desesperacion de los tipo- 
grafos que componian su prosa, y entre apelma- 
zada hilera de lineas solia poner interpolaciones 
que angustiaban a los cajistas. Hay que hacer 
notar que en la mayoria de los buenos escritores 
la principal caracteristica es la de la letra menuda. 
Es que cuanto mas se aprieta la letra mayor es la 
fruition con que S3 desarrolla e! concepto. 

La forma literaria de su production periodistica 
era siempre elocuente, algunas veces un poco 
ampulosa, y gustaba terminar sus parrafos en 
forma rotunda, tal vez algo declamatoria y por lo 
tanto convincente para los espiritus faciles al 
halago de la frase que suena bien y castizamente 
en el oido. Escribia con m6todo, ajustado a los 
canones del viejo editorialismo, que, asi como 
la frase se forma del sujeto, del verbo y del 
complemento, asi la pieza editorial debe com- 




ponerse de la proposition, del des- 
Uimki arrollo o de la tesis y de la clau- 

sura sintetica y energica que con- 
duzca a la convicc; 

Nunca fue vanidoso de su propia 
prosa y si alguna vez se le hacia 
notar un desliz, posible en quien 
tanto escribio, no ponia reparo en 
enmendarlo con la mas franca y 
sincerabonhomia. Ponia en lascues- 
tiones mas aridas cierto vuelo lite- 
rario e imaginative; sus figuras, sus 
comparaciones, eran siempre apro- 
piadas y exactas cuando las usaba, 
y era notable la claridad y la lim- 
pieza de su exposition. De manera, 
pues. que en ese sentido era un edi- 
torialista perfecto, como no los hay 
hoy en nuestro periodismo metro- 
;ano. 



Por muy contadas veces asumio 
el general Mitre el ro! de director 
de su propio diario. Otras manos 
manejabanlacocinaintima del gran 
organo argentine manos que se 
llamaron Ojeda, Bartolito, Ceppi, 
Emilio, Luis, Jorge y otros. El ge- 
neral se limitaba a insinuar, a con- 
ducir espiritualmente, en pocas y 
suaves palabras, la marcha del dia- 
rio, desde que ftste siempre tuvo re- 
dactores de primera fila, hombres de 
ciencia y de experiencia, verdaderos 
conductores de la opinion publica, 
que sabian auscultar el fondo in- 
timo de las palpitaciones populares. 
El gran estudio, el intenso amor a 
la patria, su inagotable inclination 
pacifista, su acendrado americanis- 
mo, todo el enorme caudal de ex- 
periencia que habia acumulado en 
los largos anos de figuracion nacio- 
nal, en todas las esferas dela action 
civil, militar y diplomatica. daban 
a sus editoriales el sello de una au- 
toridad incontestable, precisamente 
porque, hasta en las mas exacerba- 
das discusiones de caracter politico, 
hasta en las polemicas y controver- 
sias mas ardientes, siempre puso 
una palabra de sensato reposo, de 
suave conciliation, que asi era la 
estructura intima de su caracter. 
Podia haber un arranque impetuoso 
en la polemica, pero habia siempre 
un senor y un caballero en el fon- 
do del adversario. El general no 
escribio nunca una palabra agria, un denuesto, 
una imprecation contra nadie. Es que tenia la 
conciencia de su propia fuerza, es que sabia per- 
donar y medir a los hombres. 

Durante los dos ultimos meses se habran escrito 
no menos de mil laudatorias a la memoria de 
este insigne patricio, que ha dejado de ser gloria 
argentina para serlo trasamericana. Todo el mundo 
conoce sus escritos firmados, sus libros, sus aren- 
gas. sus historias, sus discursos como parlamenta- 
rista, pero hay muchos que ignoran la enorme 
suma de trabajo anonimo que esta escondido en 
las compactas colecciones de «La Nation*, que el 
general Mitre ha ido acumulando lentamente, dia 
por dia, en esta fatiga incesante de luchador de 
un ideal sincero y grande. Sin embargo, flota sobre 
el espiritu publico ese soplo suave y amable de 
su personalidad como si se desprendiera de esas 
mismas columnas a traves del tiempo y de la 
muerte. El periodista esta todavia alii dentro, en 
esa catedra de doctrina fundada por 61, en la 
cual se distingue netamente. no ya la figura his- 
torica, sino al maestro que conduce, por el sendero 
claro de la templanza y de la cultura, a la legion 
de los prosecutores de su obra de nacionalismo. 
El ha ensenado a muchos, no a hacer diarios, 
sino a conducir multitudes por la pr6dica sana, 
estimulando el amor al suelo nativo y el respeto 
a las glorias ancestrales; tal vez no era capaz de 
escribir la noticia de la llegada de un vapor, pero 
era capaz de poner en el alma argentina todo el 
santo fervor que la grandeza de la patria exige 
a sus buenos ciudadanos. Los periodistas de aquel 
tiempo tenian a la profesion por un sacerdocio; . 
esta preocupacion esta hoy un poco debilitada por 
las inclemencias de los progresos materiales. Esta 
un poco borrado el sentimentalismo romantico 
de los dias pasados. La figura de Mitre, que era 
principe entre aquellos sefiores, continua viviendo 
en el alma de los sinceros y hace falta que viva 
por muchos anos. 

La patria lo quiere asi, con el general Mitre 
a la cabeza. 



C7L> 





Oohenta y cin- 
co afios que no 
pesaron sobre su 
noble y fuerte 
animo ni sobre 
su grande y claro 
t al e nto. pues 
hasta los ultimos 
afios de su vida 
demostro estar 
en plena pose- 
sion del uno y 
del otro . Su 
muerte fue para 
el pais mucho 
mas que un duelo: algo asi como un desgarramiento 
en su propia carne, como un eclipse en su propio 
espiritu. No habia enterado seis lustros de vida 
independiente la Argentina, y ya Bartolome Mitre 
descollaba como militar, como escritor, como 
patriota. Despues, sesenta afios de historia nacio- 
nal que no puede escribirse sin hacer al mismo 
tiempo la biografia del general. Su muerte hirio, 
pues, al pais en pleno corazon, tanto mas cuanto 
su salud lozana prometia aiin muchos afios de 
vida. El dolor fue tan grande como sincere Todos, 
sus adversarios politicos inclusive, comprendieron 
que se habia ido para no mas vo'.ver un hombre 



BBC 




rcnOGRAHA ■ B • -IW.CMCN ■ VSOSUi**,./ - ■ MIA£«VC*s. 

a quien habia estado reservado un destino singu- 
lar, tan singular, que no parece posible que se 
repita. Habra hombres de las condiciones de 
Mitre, seguramente; pero no tendran las ocasio- 
nes que el general tuvo para cumplir su des- 
tino. Tiempos nuevos vendran, llenos de conflic- 
tos, a pedir a los hombres el empleo de grandes 
cualidades: pero lo pasado no se reproducira y la 
accion de Mitre no se repetira. Cada hombre tiene 
su destino; pero si los griegos creian decir una 
verdad al afirmar que los amados de los dioses 
mueren jovenes, mayor prueba de amor dan a 
quienes permiten una ancianidad como la de 
Mitre, coronamiento de una existencia tan ex- 
celsa. Por eso, si grande y sincero fu6 el dolor 
que su muerte provoco, ese dolor se hizo orgulloso 
al considerar la belleza de la vida cuya cesacion 
lo causaba. Asi debe ser el dolor de las madres 
de los heroes. Como Cornelia, la Republica Ar- 
gentina podia ya contestar con un nombre mas, 
el de Mitre, a la posteridad indiscreta que le pre- 
guntase cuales son sus mas preciadas joyas. El 



pais ha cambiado mucho desde el dia en que Mitre 
nacio. A su muerte el cambio ya se veia bastante; 
pero el era como un magnifico eslabon vivo que 
unia los primeros intranquilos dias de la nacio- 
nalidad con los seguros y radiantes de lo future 
A la preparacion del adverimiento de esos dias 
seguros y radiantes, el general dedico el esfuerzo 
inteligente y previsor de todas sus facultades. 
Vio claro que la necesidad primaria era acortar 
las distancias del pais inmenso, que tanto habia 
sufrido por su inmensidad. y protegio decidida- 
mente la construction de ferrocarriles. El capital 
extranjero no le asustaba, y lo atraio. dandole 
la garantia de la ley, y la mas segura que es el 
progreso del pais. Con su imagination de poeta. 
pudo prever el triunfo de la cultura material y 
moral en la repnblica. y habiendo nacido en la 
epoca de los males de la tirania. murio cuando 
ya la Republica Argentina marchaba contenta 
pero sin vanidad al frente de sus hermanas. En 
la pila bautismal lo tuvo uno de los heroes de 
la independencia: a su entieno asistio devota 
la juventud en que el pais tenia puestas sus me- 
jores esperanzas; y como nunca fue pesimista. su 
espiritu. al abandonar el vaso carnal, pudo com- 
plaoerse con el espectaculo de un tan portentoso 
desarrollo, que en tanto grado era obra suya y 
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nad a la revo- 
lution de 1874 el ge- 
neral Mitre fue so- 
metido a un consejo 
de guerra junto con 
distinguidos 
jefes superiores que 
Man acompanado en esa cam- 
: ana. 

El general, despues de haber per- 
manecido preso en Chivilooy y Lujan, 
fue traido a esta capital y alojado en 
el cuartel del Retire suerte que tam- 
bien corrieron sus companeros de 
armas. 

Fue en esa ocasion que dio una 
nueva prueba de su admirable sere- 
nidad y su grandeza moral, confian- 
do su defensa, no a un jefe supe- 
rior ni a un jurisconsulto de nota, 
como pudo haberlo hecho. sino a un 
joven e imberbe oficial a quien co- 
nocio en el momento de entrar a su 
prision. 

Alrededor del nombramiento del 
entonces alferez Stoppani se han bor- 
dado muchas fantasias sin haberse 
dicho nunca la verdad de como se 
produjo ese episodio historico de la 
vida del general. Podemos nosotros, 
por primera vez, restablecer los he- 
chos. utilizando la version que di- 
rectamente hemos recogido del jo- 
ven oficial, cenida 
a la mas rigu- 
rosa verdad. 

En 1875 
Stoppani 
era ai- 



Este. al verle. le pregunto: 
^Ya esta franco, alferez? 
Si, sefior general. 
Bien; quiero pedirle me en 
tregue, pero en mano propia, estas 
cartas hoy mismo. 

Y el general le dio unas nueve o 
diez cartas entre las que las habia 
para las familias del general Rivas, 
coronel Vidal. coronel Ocampo, co- 
lonel Calvete. coronel Charras, doctor 
don Eduardo Costa y dos para su 
esposa. 

Al hacerle la entrega, le dijo: 
Ninguna de estas cartas tiene 
contestation; despues de cumplir este 
encargo vuelva esta noche por aqui. 
El alferez Stoppani cumplio fiel- 
mente la comision y fue en esa oca- 
sion que conocio a la esposa del ge- 
neral Mitre. 

Como el alferez habia solicitado 
ese dia de su coronel, al salir de guar- 
dia, un permiso por 24 horas, falto a 
la lista mayor y volvio al cuartel en 
la madrugada del siguiente, siendo 
avisado al pasar por la guardia, y 
por uno de los oficiales, que el ge- 
neral habia preguntado por el va- 
rias veces. 

El joven oficial se dirigio a su pieza 

a esperar que fuesen las 9 de la ma- 

nana, calculando que a esa hora ya 

estaria levantado 

el general. A las 

ocho y media 

fue desper- 

tado por 

su asis- 




ferez a guerra 
y agregado al 
regimiento 1." de 
artilleria. alojado en 
el cuartel del Retire 

El dia de la llegada 
del general y sus demas 
companeros de campafia, esta- 
ba de guardia, tocandole reci- 
birlos y darles posesion de las habi- 
taciones que les habian sido designa- 
das para alojamiento. Al general se 
le tenian preparadas dos frente a la 
puerta principal del cuartel, entrando 
sobre la derecha y debajo de un co- 
rredor que separaba el primer patio 
del segundo. 

Los presos llegaron al cuartel de 
8 a 9 de la mafiana, en tres carruajes, 
sin acompanamiento de ninguna cla- 
se. ni vigilancia. El general vestia de 
civil, traje de casimir azul marino 
forma de saco. Envolvia su cuello un 
chal de vicuna con flecos largos y 
cubria la cabeza su legendario cham- 
bergo. 

Al llegar a la puerta del cuartel 
entrego personalmente al alferez la 
nota de remision fechada en Lujan 
y refrendada por las autoridades mi- 
11 tares. Al senalarle este ultimo las 
habitaciones que le correspondian, el 
general le pregunto: 

^Como se llama usted, alferez? 

Santiago T. Stoppani. senor 
general. 

<Y que edad tiene? 
- Voy a cumplir quince afios. 

^Es usted hijo de un Stoppani 
que siendo capitan con Olivieri fun- 
daron en Bahia Blanca a Nueva 
Roma? 

Si, sefior. 

Bueno, cuando en tregue su 
guardia venga por aqui que tengo 
que hablarle. 

A las 10 la entrego y estare con 
usted, senor general. 

Efectivamente, entregada la guar- 
dia, el alferez se vistio con su mejor 
indumentaria militar y paso a la ha- 
bitation del general. 



tente, por 
quien supo que 
aquel ya estaba 
en pie. Se dirigio 
a su habitation y al 
verlo, el general, le in- 
terrogo: 

iQue es eso, alferez, per- 

dio la puerta del cuartel anoche? 

No, sefior general; es que como 

estaba con licencia me entretuve en 

el centro con unos amigos hasta esta 

madrugada. 

— ^Y entrego mis cartas? 

— Si, sefior. Y todos me han dicho 
que se las contestaran. 

Muchas gracias. Y ahora tengo 
que hablarle de algo importante. — 
Y poniendose de pie le pregunto: 

^Alferez, usted fuma? 

Poco, sefior general. 
A esta contestation se levanto y 
tomando de sobre el escritorio una 
caja de ebano con Have, saco 
dos cigarros y, brindandole uno, le 
dijo: 

Tome, fume uno de los que yo 
fumo. 

Como el alferez le dijese que lo 
guardaria para despues de almorzar. 
porque era muy fuerte, saco otro de 
la caja y se lo dio: 

Bueno; ese para usted y este 
otro para que convide a su jefe en el 
almuerzo. 

En ese momento se presento el ge- 
neral Rivas. 

General, lo estamos esperando. 
Este se levanto para dirigirse al 
comedor que les estaba destinado, 
situado en una pieza contigua a las 
que le Servian de prision, y al des- 
pedirse del alferez le dijo de buen 
humor: 

Si esta noche tiene que ver a 
la ' novia, vaya no mas; pero ven- 
ga sin falta a verme mafiana a las 
9: sin falta, porque tengo que ha- 
blarle 

El oficial fue puntual a la cita. Al 
verlo el general lo saludo carifiosa- 
mente y haciendolo sentar a su lado 



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le pregunto sin ninguna clase de 
preambulo: 

— Digame. alferez. ^se animaria 
listed a ser mi defensor ante el con- 
sejo de guerra que debe juzgarme? 

El alferez qued6 sorprendido e in- 
deciso. Era entorices casi un nifto y 
no tenia siquiera las nociones para 
apreciar lo que se le ofrecia y la gran- 
deza del general. 

Al cabo de breves momentos y casi 

sin saber lo que decia. le contest^: 

Yo har* lo que usted me ordene. 

seiior general, pero no me creo capaz 

de hacer su defensa. 

Y si yo se la hiciese ,-se animaria 
usted a leerla? 

— A eso si. sefior. 

— Deme su palabra de honor — 
agrego el general — de que cumplira 
lo que me promete, y que por nada, 
y aunque se le intimide. asi lo hara. 

El alferez prometid cumplir su 
compromiso. Entonces el general, 
tomando del escritorio una nota ya 
preparada y otro objeto que aquel no 
alcanz6 a distinguir. se acerco al jo- 
ven oficial. le estrech6 la mano y. en- 
tregandole la nota. le dijo: 

— Aqui tiene su nombramiento, 
firmado por mi, que debe usted 
presentar manana antes de las 2 
de la tarde en el Ministerio de la 
Guerra. 

Y ofreciendole al mismo tiempo 
una pequena cajita de oro. esmaltada 
en negro, que era a la vez fosforera. 
afiadi6: 

Y esto consirvelo como un re- 
cuerdo de este acto. pues donde usted 
lo ve. este chisme me ha acompanado 
durante toda la guerra del Paraguay 
y tambien durante toda esta ultima 
campana. 

Al otro dia el alferez se traslado al 
Ministerio de la Guerra y entreg6 en 
propia mano al doctor don Adolfo 
Aisina su nombramiento de de- 
fensor del general Mitre, quedan- 
do citado para el siguiente con 
el objeto de prestar el juramento 



que establecen las leyes militares. 

No se sabe por que el joven oficial 
empez6 a ser hostilizado desde ese 
momento por la demas oficialidad 
del regimiento. excepci6n del enton- 
ces ayudante del cuerpo y hoy coro- 
nel don J. Bolalluson y el entonces 
teniente y hoy teniente coronel don 
Estanislao Maldones. Esta inquina 
contra el alferez subio hasta el coro- 
nel jefe del regimiento. quien Uaman- 
dolo a su casa particular, le hizo 
esta amenaza: 

— «0 usted 
presenta su 
renuncia 
de de- 



Por 



Al dia siguiente de esta violenta 
escena el alferez Stoppani presto el 
juramento de practica ante el co- 
mandante Ochagavia, fiscal del Su- 
premo Consejo, en presencia del mi- 
nistro de la guerra, quedando desde 
ese momento en comisi6n y libre de 
presentarse al cuartel a las horas re- 
glamentarias. 

Como la mala voluntad y los en- 
conos de la oficialidad seguian, el al- 
ferez empezd a escasear sus visitas al 
cuartel y con- 
c 1 u y 6 por 
b a n do- 
na r 1 o 
del to- 




NINO 



fens or del 
general Mitre o 
yo lo echo alaca- 
lle. y le prevengo 
que lo puedo hacer, por 
que usted todavia no es 
oficial de hecho y su pro- 
puestade talesta al despacho 
y a la firma en la carpeta del senor 
ministro de la Guerra y se la he de 
hacer pedazos.s (Textual). 

El alferez, superandose a su edad e 
impresionado fuertemente por la ac- 
titud de su coronel. se apresur6 a con- 
testarle con energia: 

— Antes que renunciar a la defen- 
sa del general Mitre no s61o puede 
V. S. echarme del cuerpo sino man- 
darine fusilar. 

El coronel, exasperado, replic6: 
Vaya no mas; ya veremos 
con quien hubiese ganado mas us- 
ted, si conmigo o con el general 
Mitre. 



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a vivir con el 
que despues fu6 
su protector, el 
malogrado Enrique 
Romero Jimenez, di- 
rector y propietario de 
El Correo Espanol y cuya 
admiracion por el general Mitre era 
un culto. 

Llego por fin el dia de la reunion 
del consejo de guerra y la presencia 
del imberbe oficial, convertido en 
defensor del mas glorioso de los gene- 
rales contemporaneos, produjo in- 
tenso inter6s entre la gran concu- 
rrencia que presenciaba el solemne 
acto. El alferez Stoppani leyo su de- 
fensa con voz clara y entera y al 
finalizar algunos de los parrafos lo 
saludaron los aplausos, siendo objeto 
a la salida de la audiencia deunaova- 
cion popular por parte del gentio que 
se aglomeraba en la plaza del Retire 



A los pocos dias de terminado el 
consejo de guerra, el alferez Stoppani 
fue dado de baja, haciendose des- 
aparecer todo lo referente a su grado 
de la oficina de la estadistica mili- 
tar y prohibiendosele la entrada al 
cuartel. 

En la coleccion de La Nation de 
aquella epoca se encuentran varios 
articulos protestando en6rgicamente 
los procedimientos violentos emplea- 
dos contra el joven defensor. 

La copia de la defensa presentada 
al supremo consejo de guerra fu6 he- 
cha por un sefior Gutierrez, espanol, 
y que entonces pertenecia a la re- 
daccion del diario de Romero Jime- 
nez, y la que leyo el alf6rez ante el 
consejo fue tomada por un cabo, 
tambien espanol, perteneciente al 
2." escuadron del regimiento de arti- 
lleria, que poseia una buena y clara 
letra. 

La ultima entrevista, en el cuartel. 
entre el general y su defensor, fu6 
en seguida de leer este la defensa ante 
el consejo de guerra. El general lo 
recibio dandole un abrazo y felicitan- 
dolo en presencia del general Rivas. 
de algunos de los coroneles presos y 
sus defensores. 

— Lo felicito; jya se que se ha por- 
tado como un hombre! 

El general, despues de enterarse de 
algunos detalles del acto, se dirigio a 
su mesa-escritorio y tomando de alii 
una fotografia se puso a escribir al 
dorso de ella y se la entreg6 a su de- 
fensor, diciendole: 

— Este es un recuerdo que quiero 
conserve en merito de haber sido 
usted mi defensor ante un consejo 
de guerra. 

La dedicatoria escrita de puiio y 
letra del general, decia asi: 

A mi defensor y amigo el alferez de 
artilleria don Santiago T. Stoppani. 
Recuerdo de prisidn. — Bartolome 
Mitre. — Retire, abril 1.° de 1875. 



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concepto que ha hecho de los estilos ingleses su exclusividad. 
Es indudable que en tal sentido puede haber una preferencia, 
pero si tal cosa ocurre no es mas que la derivaci6n 16gica del con- 
tacto diario con nuestro gran mundo, que senala predileccion por la 
escuela inglesa aun cuando no por ello deja de mostrar entusiasmo por 
los estilos franceses, los clasicos italiancs, etc. Y como THOMPSON 
entiende que tiene el deber de interpretar todos los gustos, no ha 
limitado nunca su labor sino que ha tratado siempre de hacerla exten- 
siva a todos lcs estilos, y en cada uno de ellos, hasta donde lo marca 
la verdadera distincion. 

Desde luego hacia falta agregar esto para explicar la nombradia 
conquistada por THOMPSON y cuyo acrecentamiento constituye el 
objetivo de todcs sus esfuerzcs. 



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Reducidisimos en boato resultariamos si nos de- 
tuvieramos a comparar los preparativos de nues- 
tros grandes bailes actuales con los del final de la 
tirania. Mientras estos apenas reclaman un gasto 
material, aquellos exigian, ademas, una consagra- 
cion previa hoy desconocida: el gran mundo fede- 
ral no disponia. siquiera, de locales • para una 
fiesta memorable, pues los recordados «salones» 
de tertulia permanente apenas si bastaban a con- 
gregar las contadas representantes de la familia 
colonial. 

Y como la hiia de Rosas, la Manuelita «de naci- 
miento presidido por alguna hada benefica que la 
dot6 de las mayores gracias naturales*. esperanza 
de timidos. consuelo de afligidos. alma unica capaz 
de arrancar perdones a un padre en permanente 
delirio de sangre, era una tradicidn y un culto, el 
comercio ingles aprovech6 el pronunciamiento de 
Urquiza para rendirla un homenaje, como acto 
de protesta contra el caudillo alzado en armas a 
los diez afios de haberse declarado el cese de la 
carniceria federal, por el decreto de 31 de octubre 
de 1840, con su «expresi6n laudable, ardorosa, de 
vehemente patriotisms. 

Lanzada en julio la idea de ofrendar un gran 
baile a «la nifta ya impuesta de los asuntos del 
gobierno*. don Gervasio Ortiz de Rozas fue desig- 
nado presidente de una comisidn compuesta por 
don Juan N. Fernandez, Vicente Casares, Felipe 
Senillosa y Jose Martinez de Hoz, en un quinteto 
de empuje irresistible en la concepci6n y ejecu- 
ci6n. pues para asegurar su esplendor no vacila- 
ron en transformar fundamentalmente el viejo Co- 
liseo desde sus mismos cimientos, debilitados por 
los afios. 

A la idea sucedi6 un derroche de energias y di- 
neros prolongado durante cuatro meses intensos, 
en desborde de luminarias, pinturas y tapices a 
cuyo alrededor tejianse prodigios, no obstante ser 
pocos los iniciados en sus secretos. 

La sociedad, empero, solo alcanzaba a ver la 
construcci6n de una doble arqueria elevandose 
frente a la portada principal, coronada con las 
inscripciones rituales de: Viva la Confederacidn 
Argentina. Mueran los asquerosos, salvajes unita- 
rioi, y su novisimo aditamento: /Muera el loco, 
traidor, salvaje, unitario Urquiza! , destacado en le- 
tras enormes sobre un coco chillon bien enredado 
en los parantes. 

Con semejantes preparativos Buenos Aires sa- 
cudia su letargo, intentando una resurrecci6n so- 
cial llena de simpatia, por tratarse de la alegre y 
comunicativa Manuelita, de llorar en silencio, con- 




POR 




denada desde los trece afios a las agitaciones de un 
gobierno sanguinario, a oir quejidos de victimas 
nunca terminados, en un ambito rojo como el bal- 
don de las vidas inmoladas — rojo en las paredes 
y zaguanes, rojo en las sillas y cristales, rojo en 
las cortinas, rojo en las rejas, rojo en las puertas 
y ventanas, rojoen los vestidos.y chalecos.ycinti- 
llos, y flores, y frascos, y obleas, y sellos, en una 
vision permanente de llamas o de infierno, reno- 
vada en el hogar y en la calle, en el templo y en el 
teatro, en la ciudad y en el campo, asfixiandolo 
todo con su asfixiante calor de muerte. 

Treinta y cuatro afios brillaba el esplendor de 
su figura, alta y delgada, hermoseada por la pali- 
dez trasnochada de sus vigilias; sus ojos claros, de 
pupila inquieta, iluminando la inteligencia de su 
mirada. 

Sembraba bondades con su tia Agustina, nacida 
a su mismo tiempo y tambten de maravillosa her- 
mosura, y «cuya despreocupaci6n ingenua, del 
propio valor est6tico hacianla el rayo de sol de 
la casa de Rosas, un bajorrelieve pastoral encla- 
vado en el zocalo de una columna guerrera». 

Y mientras en elColiseo seingeniaban los decora - 
dores, y los tapiceros agotaban sus pasamanerias, 
y se presenciaba el multiplicar de espejos, las bue- 
nas federales activaban, a su vez, sus preparativos. 
afanando la tarea de las poquisimas modistas de 
rango en la confection de enormes polleras de talles 
largos y armazones almidonados, y batas esco- 
tadas con medias mangas, bien huecas y como 
de came viva, semejando colosales granadas abier- 
tas en su centre 

En su botica con sahumerio de convento por 
su vecindad con San Francisco, don Santiago To- 
rres agotaba su reserva de agua de Colonia, y de 
Rocha deciase que, despu6s dehaber vendidohasta 
la ultima de sus alhajas, habia alquilado a fuertes 
precios los eternos abalorios y cachivaches de 
simple bulto de su joyeria del Cabildo. 

El mis tiranico factor de la excepcional fiesta 
fue Masculino, poniendo a prueba las resistentes 
paciencias con promesas sin compromiso para 
adjudicar sus peinetas con crueldad irritante: 
su tienda de la calle de Potosi convirti6se en cita 
de las esclavas de sus caprichos, y momento hubo 
en que su vida misma corrio el peligro de las 
indignadas. 

Mucho mas bondadoso, Benecier recibid hones- 
tamente infinidad de encargos, para cumplirlos a 
hora fija, escalonados desde las primeras de la 
rnanana: don F61ix jur6 no darse tregua el 18 de 
octubre, y asi lo cumplid pasando sus peines y 



at 



tijeras por los mas complejos cabellos, dejando 
para el morir de la tarde sus diez creaciones de 
paga bien elevada. 

Como sinfonia de la fiesta, a las ocho un globo 
de fuego rompio la oscuridad de la noche, y poco 
antes de las nueve los granaderos del general Man- 
silla desfilaron por ante el Coliseo con la energica 
rapidez con que se traza una rubrica. los morrio- 
nes peludos. el azul de sus chaquetas extremando 
sus petos granadinos. Y el general Rolon exhibio 
sus vistosos zapadores de herramientas brunidas 
al espejo. Y cinco bandas militares en traje y 
toque de gala alegraron el estallido de las luces 
orlando saiientes y ventanas, en una irradiacion 
deslumbradora. 

En los hogares no quedo persona alguna y en 
la plaza de la Victoria apinose una masa com- 
pacta y enorme, manejada disciplinariamente por 
los comisarios y comisiones. 

Y asi como todo habia sido sospechado rojo, 
rojo resultaba todo. La puerta de entrada, ideali- 
zada al resplandor de las luminarias vivificando 
sus purpuras, evocaba la fantastica brasa abierta 
de algun incendio de mundos sonados. Y un fuerte 
carmesi entrevisto en el fondo, mostraba como ful- 
gores de averno. . . Nunca la imaginacion popu- 
lar habia llegado a sentirse tan excitada. Porque 
a su frente flameaban banderas de la federacion 
junto a las encarnadas de la britanica fiesta, y 
ttelas bermellones lucian las primeras llegadas, y 
iscarlatas eran las divisas. y como labios partidos 
os panuelos, y color guinda las cintas y mofios y 
zapatos, y ellas mismas, las atonitas admira- 
doras de la calle ostentaban sus atributos como 
escudo para asistir al desfile. Aquello era la 
feria del rojo, la orgia de la sangre, una con- 
juracion satanica, un estallido de llamas, una 
tempestad de fuego, pues hasta las velas y fa- 
roles parecian rojizos. jSolo una lluvia de la san- 
gre de los muertos de la tirania, suspendidos en 
lo alto, habria podido tenir tanto el aire y el 
suelo y las casas y las gentes. . . 

Desde quince dias contabase con las familias 
de fuste federalista para la realidad del baile, 
debidamente agradecidas las esquelas de gran 
tamano, orladas con arabescos de imprenta y los 
dos autos sacramentales de viva a la federacion 
y de condena a los unitarios y al loco, traidor, 
Urquiza. 

Ultimados los preparativos, el 20 de octubre la 
comision paso a invitar a la duefia del baile. 
Manuelita Rosas, en su propia casa, enrojecida 
como sus sanas pasiones. Encontraronla con Juana 
Sosa, Pascuala Belaustegui de Arana y la sefiora 
de Guido. Manuelita agradecio la fiesta prome- 
tiendo bailar el minuet federal. 

La invitacion comun llevaba un reglamento mi- 
nucioso, siendo de rigor presentarla. Treinta caba- 
l'.eros acompanarian las damas hasta el tocador y 
esperarian para introducirlas al salon, pero al 
presidente, don Gervasio Ortiz de Rozas. incum- 
bio recibir a Manuelita poco despues de las diez, 
entre un murmullo admirativo, resplandeciente en 
su traje de punto, fuerte como una fragua y bor- 
dado de oro, con brillantes en el cuello y en la 
cabeza. Veintiuna bombas, la marcha nacional y 
el himno «Loor eterno al magnanimo Rosas» certi- 
ficaron su presencia. 

Con ella empezaba la fiesta, en un ambiente cal- 
deado con la cortesania de los mas ricos pebeteros 
del homenaje personal. 

A su paso. seguida de un cortejo de matro- 
nas respetables, de esposas de generales y ca- 
maristas, descorricronse los enormes cortinados. 
Manuelita sintio el mareo de los espejos en la 
antesala, tapizada de bianco y punzo, y al llegar 
al salon, enorme hornalla abrasadora. aguardabala 
unatestera conestradodereinaylos retratos de sus 
mayores entre tapices aureos. Dos cuadros, enor- 
mes y bellos, cerraban el marco: ('America prote- 
gida por Apolo» y «La inocencia en peligro». Ma- 
nuelita se sobrecogio intimamente al verse eleva- 
da sobre aquel tumulto de dos mil mortales con- 
gregados para honrarla y agasajarla. duefia de 
sus corazones por merced de su alma gene- 
rosa. Cada puerta ostentaba las «J. M. R.» 
de su casa, y de un frente pendian las 
armas de la Republica. Cuando Ma- 
nuelita miro a lo alto, un sol de 
rayos blancos y encarnados, muy 
grande y hermoso, un sol de es- 
peranza y de ventura, ilumi- 
no su cielo a los chispazos 
de una arana de tres- 
cientas luces, engala- 
nada de rosas rojas 
y de guindas, y de 
pendientes de 
cristal purpu- 



rino, y con una teoria de luces incrustadas en 
los muros, hasta el aire parecia enrojecido. 

Don Agustin de Pinedo, inspector y coman- 
dante general de armas, inicio el baile con la 
hija de Rosas, con un minuet celebradisimo, 
porque a su titulo de reina de la noche Manue- 
lita unia la diadema de emperatriz de la ele- 
gancia y maga de los tradicionales compases: 
sus movimientos cerraron con la gracia incon- 
fundible de su persona, y sus sonrisas cayeron 
como bendiciones. 

Una vez terminado, el cortejo de matronas vol- 
vio a acompanarla, dejando en la sala una nota 
de ponderado respeto por el empaque de tantas 
personalidades: los ministros Arana e Insiarte cul- 
tivando a los representantes extranjeros, sin des- 
cuidar los recelos de los servidores de la tirania; 
misia Pascuala dignificando la gran tertulia con 
dona Manuela Villarino, y Agustina Rosas en 
conquista incesante de vokmtades con Juanita 
Sosa, como nunca atrayente, bien renegridos sus 
cabellos y profundamente intensos sus ojos, y 
Dolores Quiroga derrochando la alegria de la ju- 
ventud en triunfo. 

En el lento desfile aparecian las figuras de bul- 
to de la federacion. Luis Belaustegui, autor y 
portador del estandarte de seda paseado en la 
apoteosis del retrato de Rosas. Su apostura des- 
tacaba alcurnia con un brillante chaleco encar- 
nado compendiando su adhesion al tirano. Tenia 
por compafieros a don Jose de Oromi y su esposa 
dona Maria de las Nieves Escalada y de la Quin- 
tana, hermana politica del gran San Martin, cuya 
historica ofrenda al despota aseguro la adhesion 
de un extenso nucleo de valimiento: daba carac- 
ter al grupo formado con Felisa Dorrego de Miro, 
bien acompanada de su Mariano, de servicios 
a la Santa Causa reconocidos por el martillero 
Arriola al adjudicarle «el parque» en la subasta 
del ano 41. 

Dona Crescencia Boado llego sola, escoltada con 
la aureola de su vida de caridad. Acudio por reco- 
nocimiento a la buena Manuelita y para resucitar 
la memoria del padre de sus hijos, don Agustin 
Garrigos, muerto repentinamente seis anos antes. 
La cronica no ha comprobado si con ella acudio 
dona Maria Antonia Belaustegui, cuya cepa fede- 
ral contrastaba con la sangre unitaria de su esposo 
don Cayetano Maria Cazon y acaso la unica Be- 
laustegui ausente. 

En medio de ese cuadro de acartonados, cua- 
jaba galones la extrana figura del marques de 
la Calavera y «carancho del monte», coronel 
don Vicente Gonzalez, enoarnacion real de esos 
dos bautizos de su amo y senor don Juan Ma- 
nuel, y fuera como pajarraco o como simple 
osamenta, por cierto que entre tantas sederias 





y brocatos debio sentirse muy lejos de las isle- 
tas coposas donde escondia los rastros de sus 
crimenes oficiales. 

El grupo de militares lo formaban los ascen- 
didos de 1833, generales Agustin Pinedo, con su 
interesantisima esposa; Juan Izquierdo, Gerva- 
sio Espinosa, Elias Galvan, Mariano Benito Ro- 
16n, jefe de los vistosos zapadores, y siempre 
visible en las pomposas ceremonias del gobier- 
no, luciendo a su cumplida senora, Juana Ma- 
nuela Maciel, encumbrada a la Beneficencia jun- 
to con la ascension del tirano en 1832; Tomas 
Iriarte y Angel Pacheco, con sus laureles de oro 
puro, y su esposa Dolores Reinoso, ricamente 
alhajada. 

Inquieto y movedizo, don Santiago Calzadilla 
paseaba su volumen de colector de rentas, del 
brazo de su buenisima Manuela G6mez, prodiga 
de palabra y cuentecitos, y a su sequito circulaban 
parsimoniosamente, con su obligada reverencia al 
trono, las senoras Candelaria Somellera de del 
Pino, viuda de Espinosa; Tomasa Velez, hermana 
de don Dalmacio; Lucia Riera de Lopez, la com- 
panera del cantor de la patria. con su intima 
Antonia Azcuenaga de Lozano; Cipriana Obes de 
Bonavia y su hija Cipriana, amable esposa del 
respetado doctor Eduardo Lahitte; Pastora Botet 
de Senillosa, y el grupo de los Anchorenas en sus 
diversas ramas y grados de hombres y mujeres, 
tan adictos a Rosas como consecuente y grato 
supo mostrarseles siempre don Juan Manuel que 
hasta se considero obligado a colocar a Pedrito, 
«por hijo de su protector*, el cintillo, que entre- 
gara en la mano simplemente a su compafiero 
Manolito Aguirre. 

Invitada a abandonar su trono, Manuelita 
viose conducida, entre admiraciones, a un salon 
bianco y granate, embellecidocon los marmoles de 
las estaciones, y fuentes y jaulas con canarios. y 
embalsamado de cedron y claveles; la naturaleza 
ofreciale un refugio en una mansion ideal y de 
angeles: el gabinete prestado por Venus al Olimpo 
de la tierra. . . 

Una embriaguez de cintas rosadas y museli- 
nas idealizaban esa realidad sutil, ligera y efimera 
como las ilusiones. 

^Hablaba la obsequiada? Ante tantos homena- 
jes su corazon sintio redimidos los mayores cri- 
menes de su padre. Pero ese desborde de rojo 
debio evocarle muchas gotas de sangre por ella 
lloradas a solas, ante el espectro desesperante 
del color fatidico con su permanente anuncio de 
muerte. 

-A la una de la madrugada un coro oculto, mis- 
terioso, entono el himno del comercio «a la noble 
hija del Jefe Supremo del Estado». Y se paso al 
comedor, al cuidado de Miguel de Riglos, Manuel 
Jose Cobo, Antonio Terrero, Manuel Jose Gue- 
rrico y Diego Alvear.cuyaspobresfantasiasenreda- 
ron un «Salud a Manuelita Rosas» entre las pintu- 
ras mitologicas de La Fuerza, Diana Cazadora. Mi- 
nerva, Urania y El Rapto de Elena. Cenefas rojas 
descendian del techo con M. M. flotando multi- 
plicadas para unir la tierra con el cielo, en una 
apoteosis sobrenatural. 

Sesenta caballeros introdujeron dobles damas y 
las atendieron de pie. El ministro de Hacienda y 
camarista Manuel Insiarte inicio los brindis con 
un tributo al Restaurador, concretado por el doc- 
tor Baldomero Garcia, tambien camarista, en reve- 
rencia a Manuelita. al igual que el doctor Adeodato 
Gondra, como prologo a las palabras del general 
Guido por la augusta soberana de S. M. britanica, 
en la persona del ministro Enrique Southern, 
compafiero de la agraciada. 

Siguieron luego las manifestaciones personales. 
jBien podia suceder al tirano quien siendo tan 
querida se hallaba interiorizada de las cosas del 
gobierno — pensabase recordando cierta vieja ve- 
leidad del despota! 

Otras rondas ocuparon el comedor. Despues 
Manuelita, con coqueteria de muchacha ado- 
rada, ejecuto un minuet federal... Y se fue. 

El himno de la patria hendio los aires, volvio 
a escucharse el «Loor eterno» y veintiuna nue- 
vas bombas estallaron. Amanecia. El ho- 
rizonte despertaba en rojos parpadeos. 
Acaso Juan Manuel no habia conciliado 
aiin el sueno en su siniestro palacio, 
fija su mirada en la guardia que 
acababa de montarle Urquiza. 

Y los unitarios terminaban 
de cargar el canon llama- 
do a estallar en Casercs. 

Fue la mas grande 
fiesta de la tira- 
nia pero fue, asi- 
mismo, su ul- 
tima fiesta. 



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ms 






iiuh 



N un barrio 

esencialmen- 

te fabril.enel 

que la vida 

mas intensa 

no es precisa- 

mente la vida 

intelectual, y 

en donde no 

se rinde exagerado culto a las 

practicas cristianas, se alza ma- 

jestuosa y severa en su sencillez 

tLa Escuela del Buen Consejon, 

que, gracias a uno de esos es- 

fuerzos sobrehumanos de que son 

capaces aleunas mujeres de esta 

tierra, pudo levantarse sin que 

sus patrocinadoras, las Hijas de 

Maria de la Santa Union, con- 

taran para ello con nada seguro. 

Fiadas en la bo n dad divina, 

seguras de la generosidad de los 

habitantes de Buenos Aires, co- 

menzaron el gran edificio el 6 de 

febrero de 1914, en un terreno 

donado por la senorita Laura Pe- 

reyra Iraola. Fu6 el constructor 

de la obra el sefior Pablo Stefanet- 

ti, quien, deseoso de prestar tam- 

bien su cantativo concurso, re- 

hus6 firmar contrato, y dej6 a la 



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ISOLINA LANDfVAR DE ZORRAQUIN, ACTUAL PRESIDENTA 
DE LA ASOCIACION HIJAS DE MARfA DE LA SANTA UNION. 



V 



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VIRGINIA DE A. DE BLA- 
QUIER, EX PRESIDENTA. 



madre Maria Luisa. alma inspi- 
radora de la casa, en plena li- 
bertad para que pudiera hacer 
parcialmente los pagos a medida 
que la situacion lo permitiera. 

Con pianos ofrecidos desinte- 
resadamente por el arquitecto 
Alejandro Christophersen, cuyo 
solo nombre era una garantia de 
6xito, y de acuerdo con un pre- 
supuesto de 480.000 pesos, canti- 
dad en que fue calculado el gas- 
to, se inicio la colecta de fondos 
para la edificacion de «La Es- 
cuela del Buen Consejo», bajo la 
presidencia de la sefiora Maria 
Emma Green de Vedoya, a cuya 
perseverancia e inteligente acti- 
vidad se debio el exito de en- 
tonces, que fue el mejor cimien- 
to con que habia de contarse mas 
adelante para la continuacion de 
la obra emprendida. 

Terminado aquel periodo, fue 
elegida para desempenar la pre- 
sidencia de la asociacion la sefio- 
ra Virginia Alzaga de Blaquier. 
Con su caracter bondadoso, con 
su alegria franca, con su ingeni- 
ta sencillez, la sefiora de Blaquier 
supo conquistarse las mejores vo- 




>'-EHA CANTILO DZ BULLR1CH, ACTUAL SECRETARIA. 



SARA SAHORES DE FREDERKING, ACTUAL TESORERA. 



Sb 




luntades, y atrajo haoia la insti- 
tucion que presidia valiosos ele- 
mentos sociales, y prosiguio con 
la misma energia e inteligencia 
de su antecesora la obra iniciada 
con tan buenos propositos. 

Tropezo, no obstante, en su 
empresa con las dificultades oca- 
sionadas en nuestro pais por la 
guerra europea, pero no desmayo 
por ello, y en 1917, el director 
espiritual de la «Asociacion de 
Hijas de Maria», monsefior Mi- 
guel de Andrea, bendijo la pri- 
mera parte del edificio, que en 
1918 se inauguro, ya terminado, 
con un brillante acto social. 

Fue entonces cuando este dis- 
tinguido sacerdote, creador y 
alma de la Gran Colecta Nacio- 
nal, cuyo nombre ha quedadopor 
esto unido a una de las obras 
realizadas en beneficio de la Igle- 
sia Catolica mas trascendentales 
que se han llevado a cabo en la 
Repiiblica Argentina, pronuncio 
un elocuente discurso, cuyos pa- 
rrafos vibrantes son fiel espejo de 
la mentalidad del ilustre prelado. 

En aquellos momentos el pais 
atravesaba, como hoy, por un 
instante de honda confusion, por 
un periodo de graves perturba- 
ciones sociales . . . 

Al recorrer las galerias de «La 
Escuela del Buen Consejo» re- 
corde aquellas frases de su dis- 
curso dedicadas a los hijos de los 
pobres, a los hijos de los humil- 
des, a esas criaturas libradas ex- 
clusivamente al amparo de las 
almas generosas, pues sus proge- 
nitores no abrigan en su corazon 
mas que el odio a la clase supe- 
rior, a esa clase que ayuda a sus 
mujeres y cobija a sus nifios. . . 

Dijo asi monsefior de Andrea 
al hablar de la gran obra que se 
realiza en «La Escuela del Buen 
Consejo»: 

« Desde el punto de vista del 
« orden social, educando a la in- 
« fancia, y sobre todo a la deshe- 
« redada, volviendola apta para 



« el desempefio de su destino en 
« el medio en que actua, se la in- 
« corpora a las energias vivas que 
« elaboran el progreso de los pue- 
• bios, y al mismo tiempo se re- 
« duce, sin violencias, el numero, 
« que de otra manera Ilega a ha- 
« cerse innumerable, de los que 
« tienen en sus ojos siempre ar- 
« diente el fuego de los odios, 
« porque nunca se les ensefio a 
« volverlos al cielo para reflejar 
« sus claridades apacibles; de los 
« que tienen en sus Iabios cons- 
« tantemente la imprecacion y la 
« blasfemia, por que jamas se les 
« hizo balbucir una plegaria; de 
« los que muestran las manos 
i prematuramente afrentadas con 
« sangre, por no haberlas tenido 
« nunca manchadas de tinta». 

Confirmando esas bellas pala- 
bras de monsefior de Andrea, fun- 
cionaba ya en esa epoca en «La 
Escuela del Buen Consejo» la cla- 
se de catequistica, emprendida 
por la sefiorita Rosa Ibarguren, 
hoy sefiora de Zorraquin, y que 
hoy continua la sefiorita Elena 
Grondona con admirable dedi- 
cacion, secundada por las sefio- 
ritas de Rocha Blaquier, Quiro- 
ga, Castro, Larguia y Mendez. 

Prosiguio asi la obra de las Hi- 
jas de Maria, y a fuerza de per- 
severancia y de realizar verdade- 
ros milagros, recolectaron mes a 
mes y afio tras afio, grandes su- 
mas de dinero, con beneficios y 
donaciones particulares, y fueron 
ayudadas en su obra piadosa por 
la energia inagotable de las her- 
manas de la Santa Union que. 
inspiradas por Dios, vierten a 
manos llenas el tesoro de su sabi- 
duria y de su bondad en los es- 
piritus infantiles entregados a su 
custodia. 

Asi, templada el alma de las 
damas por la generosidad con que 
la poblacion de Buenos A.ires ha- 
bia respondido a su llamado, su- 
bi6 a la presidencia de la socie- 
dad la sefiora Isolina Landivarde 





Zorraquin, en I 
cargo que ocupa 
hasta hoy. 

Completan el con- 
sejo 4 la es- 

ta inatitucidn las se- 
floras M. Rosa Lezi- 
ca Alvear de Pirova- 
no. M. Emma Green 
de Vedoya, Magda- 
lena Cantilo de Bull- 
rich, Sara Becu de 
Zorraquin, Sara Sa- 
hores de Frederking. 
M . Carmen Sala de 
Demaria. Ercilia 
Cabral Hunter de 
Anchorena. Virginia 
de Alzaga de Bla- 
quier.Adela Lamar- 
ca de Lavalle Cobo. 
Guillermina Bunge 
de Moreno, M. Eu- 

f.i Aguirre de 
barguren. Teodeli- 
na Lezica Alvear de 
Uriburu, Lorenza 
Zenavilla de Ramos 
Mejia. Celia Gallo 
de Gallo. M. Euge- 
nia Quintana de 
Uriburu. Elvira 
Santamarina de Le- 
zica Alvear. Rosa 
Lopez de Basavilba- 
so y M. Elisa Soria 
de Bouquet Roldan. 

En la presidencia 
de esta instituci6n 
ha demostrado la 
seftora de Zorraquin 
condiciones de inte- 
ligencia y de perse- 
verancia poco gene- 
rales en una mujer 
cuya situacion so- 
cial y cuya juven- 
tud y belleza po- 
drian haberle repre- 
sentado con las ta- 
reas de excelente 
esposa y de madre 
ejemplar un sufi- 
ciente halago de la 
vida! 

Bajo la suave 
pero firme energia 
de este espiritu de 
mujer superior pros- 
pero la obra del 
Buen Consejo, en- 
grandeciendose cada 
vez mis, hasta lie- 
gar hoy a funcionar 
su escuela con vida 
propia, y pagados 
hoy, casi del todo, 
sus compromises, 
representa este es- 
tablecimiento una 
obra de beneficio in- 
calculable para mi- 
les de espiritus in 
fan tiles, que habrian 

seguido por natural inclinacidn de ambiente el camino 
de la perdicidn. a no mediar el freno de la religion, del 
estudio y del trabajo. En .La Escuela del Buen Consejo 

se educan gratuitamente a las ninas desamparadas, y 

se preparan asi para el porvenir madres laboriosas y 

mujerescapacesde formar honrados hogares y esposas 

cristianas. Hay en la escuela clases de costura. corte 

y confecci6n.yademas de lasclases elementales con 

el programa de las escuelas nacionales, clases de 

zurcido, compostura, bordado y tejido. En «La 

Escuela del Buen Consejo* entra hoy dia la 

lana en vellones y alii se lava, se hi!a y se 

teje y hay ademas talleres de lavado y 

Oplanchado y clase de cocina, en las que 
se les ensefia a las ninas la prepara- 
ci6n de comidas nutritivas, modestas 
y con el menor gasto posible. 
Aquellas ninas que no podrian 
asistir a clase por su misera 
situacion, caritativamente 
reciben en la escuela 
trajes y calzado. Ade- 
mas se les sirve a 



LA DEVOCION DEL AGUA BEND1TA 



todas una taza de 
leche por las mafia- 
nas y se les da un 
panecillo. 

Se pudo compro- 
bar tambien que la 
falta de aplicacion 
al estudio en mu- 
chas de las discipu- 
las era debida a su 
debilidad extrema, 
y en muchos casos 
ocurrio que las pe- 
quefias alumnas se 
quedaban por esa 
debilidad dormidas 
en plena clase, pues 
no habian tornado 
las pobrecitas nada 
antes de salir de sus 
miseras viviendas! 

Cuenta hoy «La 
Escuela del Buen 
Consejoi) con una 
subvention del su- 
perior gobierno, que 
no alcanza a cubrir 
los gastos, pero que 
ayuda considerable- 
raente al sosteni- 
miento de esta her- 
mosa obra. en la que 
reciben educaci6n 
cientos de ninas. 

Una visita a «La 
Escuela de! Euen 
Consejo» produce un 
sentimiento de in- 
decible emotion. He 
visitado el estable- 
cimiento, y no ol- 
vidare nunca la im- 
presion experimen- 
tada en el . . . 

Las clases, amue- 
bladas confortable- 
mente, gracias a ge- 
nerosas donaciones, 
estan Uenas de chi- 
quillas con sus caras 
sanas y contentas.y 
en todas las miradas 
se refleja unaintima 
felicidad. 

Losamplioscorre- 
dores se llenan con 
la miisica de las ri- 
sas infantiles, y has- 
ta la boveda de la 
preciosa capilla, se- 
vera en su sencillez, 
parece llegar el eco 
de la alegria de esas 
criaturas, cuyos co- 
razones se van for- 
mando en el amor 
de Dios y de sus di- 
vinas leyes' en el res- 
peto de sus mayores 
yen la idea del cum- 
plimiento del deber 
y del trabajo hon- 
roso. 

«La Escuela del 
Buen Consejo* arrebata a las fabricas muchas pequenas 
victimas, y ofrece los medios de que las ninas puedan 
ganarse un jornal trabajando en la misma escuela, que 
ha conseguido de algunas tiendas importantes tra- 
bajos de costura que son bien remunerados. Al aban- 
donar «La Escuela del Euen Consejo» apercibo sobre 
un banco una enorme canasta llena de panes do- 
rados... apetitosos, y, en un rincon, una chi- 
quilla de grandes ojazos azules que empuna un 
trozo, y lo saborea golosamente tinendo de 
negro con sus dedos sucios y regordetes la 
blanquisima miga... jY aun cuando los 
amplios corredores comienzan a ser in- 
vadidos por las sombras de la noche, 
al salir a la calle, donde el viento 
fresco azota mi rostro, me parece 
que a!li adentro, en aquella bene- 
fica escuela infantil, reina una 
luz mas pura y mas diafana, 
porque en ella se advierte 
una esencia divina! 

R O X A N A 





M TIL O M M E 

(^~L>l KJralo at ^jmC porKD Joseph DO s Ducrtuor- — /<W2 

v S/t of— fa (sUcaoviDuz. A- J 

DEL SALON WITCOMD 



Sfe 







LA 



MAR 



Casa del mar, blanqueando solitaria 
Entre la primavera de los trigos... 
De su abierta 'ventana, en el verano, 
Se escapaba un can tar, y el viento mismo, 
Ronco con el mugir de los ganados, 
Se detenia a oirlo. 

Casa del- mar, alzandose en la pampa, 
Guardando en los silencios infinitos 
Del campo verde y del profundo cielo 
La misteriosa intimidad de un nido! 

Esta casa fue un buque, 
Un errante bajel desconocido 
Que en sus juegos brutales el oceano 
Arroj6 un dia al arenal rojizo. 

Esta casa fu6 un buque 
Que naveg6 del mar por los caminos, 

Y recorrio las rutas del planeta, 

Y recogio las voces del abismo, 

Y caldearon los soles de otros climas, 

Y sus velas hincharon los alisios, 

Y llevo en sus entranas los ensuefios 
De los hombres errantes y perdidos 
Que iban buscando el vellocino de oro. 

Esta casa fu6 un buque. Fu6construido 
Bajo el palido cielo escandinavo, 
Con la madera de los altos pinos 
Que crecen en el fiord, y que decoran 
Las baladas de nieve de Noruega. 

La voz del oceano 
Suele arrullar el alma de este pino: 
La puebla de nostalgias misteriosas 
En los vagos silencios infinitos... 

j3uque que recorri6 todos los mares, 
Pino de aquel navio! 

Las manos amorosas de los hombres 
Hicieron esta casa con el pino. 

ILUSTRACI6H DE ALVAREZ. 



OK 
UECTO 

tedno 

BIO/ABTC 



8fe 






uando se escriba la historia de la pintura ar- 
gentina — lo que ya va siendo una neeesidad 
impostergable, para sentar bases y fijar valores 
— la personalidad de don Ernesto de la Car- 
cova tendra en ella un doble significado, el de 
uno de nuestros mejores artistas, y el de uno 
de nuestros mas fervientes estetas. Ha sido, en 
efecto, de la Carcova uno de los factores mas efi- 
oientes en el proceso y feliz gestacion del ar^e ar- 
gentino; no solo por su obra siempre elevada y de una sinceridad 
nunca desmentida, sino y mucho por su predica entusiasta de todos 
los instantes en pro de la cultura del ambiente y de la divulgacion 
progresiva de un ideal estetico. 

Si nos detenemos a considerar lo que era Buenos Aires treinta afios 
atras, y especialmente en lo que al arte se refiere, podremos valorar el 
heroismo que implicaba, para un hombre de raza como el senor de la 



Carcova, el hacer profesion de fe de la cosa artistica, por entonces 
considerada por la mayoria como de poco mas o menos, y de la indus- 
triosa incumbencia de fotografos extranjeros y otros profesionales de 
la aventura. 

Fue aquella la epoca heroica de la pintura argentina, su «campafia 
del desierto», en que un reduoido grupo de jovenes exaltados, afron- 
tando no solo la incomprension sino hasta el ridiculo, se lanzo a la 
conquista de su Tebaida espiritual, guiados en la lirica empresa por el 
brillante oriflama de un hermano mayor, que ya por aquel entonces 
era casi un maestro: el inolvidable Sivori, cuyo busto recientemente 
erigido entre las rosas de Palermo es el primer homenaje de Buenos 
Aires a la memoria de un artista suyo. 

Todavia recuerda de la Carcova el pintoresco entrevero de la epoca. 
alia cuando la fundacion de la Sociedad Estimulo de Bellas Artes y la 
apertura del primer Salon Anual, organizado en los altos del Banco Ita- 
liano, salon que tuvo la virtud de aguzar el ingenio y despertar laironia 






— por cierto tristemente significati- 
vos — de !a «jeunesse doree» de en- 
tonces. que inventd a su respecto 
aquel sandio lugar comiin de: «Cuida- 
do con la pintura*, que todavia suele 
andar en hoca del vulgo. 

Los artistas lucharon en toda for- 
ma, y algunos hasta con la indumen- 
taria apostolica de Murger, que pasea- 
ron por la vida cotidiana como una 
audaz bandera que afianzara un prin- 
ciple Y «Tribulat bon homme», el 
clasico burgues. despues de reir a sus 
anchas, tuvo que aprender a respetar. 

Componian la animosa falange. 
cuyo valor fundamental era el de una 
libertad incorruptible, gracias al esta- 
do de «auto determination* que la 
ausencia de maestros establecia, pin- 
tores como el ya citado Sivori, el ac- 
tual director de la AcademiaPioColli- 
vadino; Delia Valle, Ballerini delGiu- 



«nin6n». 



dice, el impresionista Malharro y es- 
cultores como Correa Morales y de Pol. 
En la carrera de don Ernesto de la 
Carcova este periodo corresponde 
pictoricamente al realismo, que se 
apareja en su obra a las teorias hu- 
manit?rias, «cheres a toute jeunesse». 
Pinta entonces de la Carcova su ce- 
lebre cuadro «Sin pan y sin trabajo», 
por cierto una de las piezas mas signi- 
ficativas de arte argentino existentes 
en el Museo Nacional. Hay alii una 
honrada intencion de pintura que se 
propone acercarse con fidelidad a la 
naturaleza. fiandose por completo a 
la ciencia y conciencia del dibujo. Es 
un ambiente frio. voluntariamente 
concebido en tragica desnudez. El 
propio espiritu de la escena por su- 
puesto, rechaza toda alegria decolor. 
Sin embargo, en el paisaje, la fineza 
de losgrisespresagia al artista dehoy. 




■a 




A pesar de su solida factura 
este ouadro no recresenta el ver 
dadero caracter de nuestro pin 
tor. Es que el obrerista de ayer 
que habia leido a Zola, no era tal 
En su fondo dormitaba un aristo 
crata reoalcitrante, amigo de la 
I'ducal decrepitud del raso» y de 
las medias tintas espirituales que 
solo florecen en la intimidad de un 
ambiente: «Sabiamente dispuesto» 
a la manera de Des Esseintes. 

No quiere decir esto que de la 
Carcova se haya apartado de la 
naturaleza para caer en la deli- 
cuescencia o en la «micorerie»; al 
contrario, solo que ha aprendido a 
mirar mejor y se ha acostumbra- 
do a sonreir. 

Este sentimiento, diremos dis- 
tinguido de la naturaleza — no 
considerada como realidad abso- 
luta, sino «en rapport» a la accion 
sentimental que ella suscita en 
un hombre de cultura elevada — 
debia encontrarlo bien pronto de 
la Carcova en su primer viaje a 
Europa, en 1892. y no tanto en 
Italia.adondese dirigio ante todo, 
atraido por la gloria de Roma, 
sino en Francia, cuyo moderno 
helenismo debia seducir su juven- 
tud. Aunque 
discipulo de 
Lhermitte, el 
joven pintor 
argentino su- 
po mantener- 
se dentro de 
aquella liber- 
tad de que 



FERNAN FELDC 



LA MODELO POSA ANTE EL LABORIOSO 
ARTISTA ARGENTINO. 





hablabamos y gustar de la fres- 
cura, sin caer en los rigorismos 
academicos del autor de «La Fi- 
leuse». abriendo al par los ojos a 
la luz abrilena de la mafiana im- 
presionista, que por aquel enton- 
cesirradiabasugracia latinasobre 
los jardines de Lutecia. 

Dentro del orden y la medida, 
que son los ejes de diamante de 
su obra, consiguio de la Carcova 
aduefiarse de la luminosa expe- 
riencia y, sin volver la espalda a 
las viejas teorias de su juventud. 
hallar el justo termino medio 
dondesu temperamento alcanzase 
su natural desarrollo. 

Desde entonces la pintura de 
Ernesto de la Carcova ha sido una 
marcha ascendente y serena ha- 
cia la luz. pero una luz discretisi- 
ma. donde el gris y el violeta 
mantienen su dulce imperio y el 
recogimiento de la hora predispo- 
ne a la confidencia y la expansion 
espiritual. 

Asi vamos desde el retrato de 
su senora— primer premio del Sa- 
lon Nacional de 1914 — de un am- 
biente de serena intimidad. hasta 
las sutiles cabecitas de hoy. cuya 
gracia genuinamente francesa. sin 
m engua de 



unaexpresion 
personal, in- 
dican en el 
artistaun des- 
arrollo cada 
vez mas juve- 
nil y aristo- 
cratico. 






DE s AMADOR 



■/, 




|§g 






ARTISTICO ESPE- 
JO DEL VIRREY 
SOBREMONTE. 



AMANTE ENTUSIAS- 
TA DE SUS TRADI- 
C I ONES, LA DOCTA 
CIUDAD FUND(5 
ESTE ARCHIVO DE 
ARTE HIST6RICO 
ARGENTINO. 



W4sw 



FOTOGRAFIAS 
DE A RI U RO 
FRANCISCO. 



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••.';': 



HERMOSOS SILLONES 
OUE PORMABAN PARTE 
DEL ARTlSTICO ESTRADO 



uchas huellas dejo de 
ru paso por la historic, 
rioplatense el discutido 
marques de Sobremon- 
te. En esto fue mas 
afortunado que otros 
rersonajes de mayores 
merecimientos. Tarn- 
bi6n los siglos respetan 
los vanos oropeles y el similor. Aun proce- 
diendo asi, al parecer con injusticia, el vieio 
Cronos obra justamente. Quien hizo grande;: 
obras espirituales no necesitaestar presente en 
la memoria de las generaciones por los restos 
materiales. Decir San Martin significa un titulo 
de gloria, y aunque no conservaramos ningun 
mueble o prenda del Libertador, su nombre 
viviria lo mismo para nosotros. En cambio el 
discutido marques nos ha legado su palacio y 
sus muebles. De esta manera enriquecio la 
historia argentina, con permiso del Tiempo, 
incansable destructor e implacable justiciero. 
El palacio de Sobremonte en Cordoba con- 
vertido en Museo Colonial es un documento 
historico y artistico de enorme valor. Ya otras 
plumas han descrito el edificio y algunos de 
sus rasgos caracteristicos; pero el caudal que 
atesora el museo-palacio merece ser detallado 
poco a poco mientras no se edite la obra com- 
pleta que lo describa minuciosamente para 
ensenanza de aquellos que no lo han visto ni 



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QUE ADORNABA EL SA- 
LON DE LAS SOLEMNES 
FIESTAS VIRREINALES. 



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$2i p^n k^ pv^ t^5 m 
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MESA Y VARGUENO, INCRUS- 

TADO DE MARFIL Y CAREY, 

Y MAGNIFICO RELOJ DE LOS 

SOBREMONTE. 



/ 






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■4B 




BIBLIOTECA, ESCR1TORIO, 
ATRIL, SILLON Y CUADROS 
CONSERVADOS EN LA SALA 
PREDILECTA DEL V1RREY. 



lo veran. Como en cuesticn de gusto tam- 

poco se escribio el libro definitivo, puede el 

visitante tasar la valia de los objetos alii 

conservados, concediendo la preferencia a su 

placer. Para quien traza estas lineas el mue- 

ble mas grande, mas rico en recuerdos y 

ensefianzas. es uno de los mas pequenos. 

Alii estasobre un escritorio. Si no afinais la vista os pasara inad- 

vertido. Es un cofreoillo de madera. con adornos de plata. Uno de 

ellos representa el aguila doble de los Austrias. Porque el cofreci- 

llo pertenecio a un heroe de la familia imperial. Era un hijo bas- 
tardo que venia a destruir los prejuicios de la 
sangre y de la casta en pleno auge de esos 
prejuicios. Era don Juan de Austria, hijo de 
Carlos V, hermano de Felipe II. quien alii 
guardo su oro y sus papeles. Entre estos pa- 
peles confiados a! cofrecillo de las gloriosas 
campanas estarian algunos que la historia 
no conoce, papeles de ambicion y tal vez de 
conjuras. Pues don Juan, el bastardo, cumpli- 
dor de un alto destino, alimentaba otros 
ideales. «Habiansele frustrado a este joven 
caudillo — dice Ortiz de la Vega — sus mas 
halagiienas esperanzas, y contenia' alduras 
penas la expresion de su disgusto. Fermenta- 
ban en su clara mente altos y acaso atrevidos 
pensamientos, y en su 'ancho pecho albergaba 
esperanzas grandest |Que grande hubiera sido 
sobre el trono imperial! Acaso la gloria de 



DORMITORIO PRINCIPAL 
DEL PALACIO DONDE SE 
GUARDAN RICAS JOYAS 
DEL MOBLAJE COLONIAL. 



CRUCIFI JO DE 
PLATA, TALLADO 
POR LOS INDIOS, 
QUE LA FAMILIA 
TENIA EN GRAN 
VENERACION. 



Espafia perdio en el muchisimo. Ortiz de la 
Vega nos lo retrata: iPintanle sus contempo- 
raneos noble, generoso, valiente, liberal, pro- 
penso al enojo, lleno de atractivos. de ambi- 
cion y de altas miras. En la Jornada contra 
los moriscos de Granada, viendo que las armas 
eran impotentes, le hizo su hermano tomar 
consejo de la doblez y del engafio. En Lepanto dio expansion a todo 
el ardimiento de que era capaz su alma. Aquella victoria hincho su 
corazon de grandes esperanzas. y por estos senderos vino a caer en 
algunos extravios. Por aspirar al trono de Tunez desobedecio a 
su hermano; aspiro luego a ser infante de Es- 
pafia, vicario general del rey en Italia, y por 
ultimo, dicen que rey de Escocia y de Ingla- 
terra. Era natural que Felipe le tsmiese*. 
Por eso, este cofrecillo propiedad del hom- 
brc que fue todo lo contraiio de su hermano. 
tlens un valor simbolico. Alii se eneierra uno 
de los secretos motivos que precipitaron la 
caida del imperio. La rcmota genesis de nues- 
tra independencia esta alii. En los demas 
muebles contemporaneor. de! renacer argen- 
tine hay otras lecciones; pero nmguna tan 
alta como la del cofrecillo. Y si no vedlo en 
las fotografias presentes de los histcricos ob- 
jetos, cada uno de los cuales tendria mu- 
cha mas alta tasacion si se vendieran ahora. 



RAUL 



O S O R I 




VM 




}\ I > 3 /ICA DON! D\ ] MI ATHLIO 




M I E I V E R S I 



NO ERA LA VIRTUD 
EL UNICO DON DE LA 
DISTINCUIDA DAMA. 
CULTIVO SECRETA- 
MENTE LA POESfA, Y 
EN DOS 1DIOMAS HER. 
■ OS SUPO ESCRIBIR 
1NSPIRADAS ESTRO- 
FAS .POESIE POSTU- 
ME. Y ,HACIA EL OCA- 
SO. SON LOS LIBROS 
DE DONDE ARRANCA- 
MOS ESTAS DOS PER- 
LAS DE MARAVILLOSO 
ORIENTE ESPIRITUAL. 



Pover versi miei, poveri versi, 
lanciati la. nel turbine del mondo, 
poveri fiori, perche v'ho dispersi? 
Perche gettarvi de l'abisso in fondo? 



Su voi fara commenti assai diversi 
qualche severo critico iraoondo: 
o, forse, rimarrete ognor sommersi 
de l'oblio nel gran mar.calmo e profondo. 



Oh se un'anima sola incontrerete, 
che non rida di voi. che vi comprenda, 
che si senta, per voi, lieta o scorata; 



se una lagrima sola carpirete 
e su le vostre pagine risplenda, 
sard felice allor, sard appagata! 



E L 
D E S F I L E 
DE LAS NOTAS 

A L TRIO ROMARO 

jPaso al rey Do Mayor altisonante, 
supremo jefe de la sinfonia! 
(Desde el castillo de mi fantasia 
miro el raro desfile triunfante). 
iPaso a don Re Mayor, principe regio, 
senor feudal del ritmo y del arpegio! 



Avanza Mi Menor. principe triste, 
que preside al nooturno y la balada. 
Con descuidado gesto la bordada 
capa recoge, que su hombro viste; 
y parece sombrio, acongojado 
por un fatal amor desesperado. 



jPaso a la reina dona Fa! En la frente 
ostenta su bemol, oual joya rara. 
Brilla en las melodias, que prepara, 
todo el sagrado fuego de su mente. 
El manto le levanta con perfecto 
garbo, su hijo Sol, el predilecto. 



jPaso al hermoso principe canoro, 
de la ilustre familia el bien amado, 
don Sol Mayor, de gloria coronado, 
por su genio y su dulce voz de oro! 
Senor y dueno del divino canto 
que las almas transforma en risa o llanto. 



Suelto el blondo cabello al aire leve, 
con languido abandono se adelanta 
su alteza La Menor, palida infanta, 
La mirada es zafiro, el rostro es nieve. 
Y lentamente ella al encuentro avanza 
de la elegia y de la romanza. 



Sigue el hijo menor, ultimo infante 
de la real familia melodios?.. 
Cuidan de su gentil persona airosa 
los cinco sostenidos. En brillante 
cadencia, Si Mayor, lleno de honores, 
cierra el cortejo de Do-Fa Mayores. 





Hay personas que gustan 
en seguida con solo mostrar- 
se: personas que llevan la se- 
duction en el gesto y en los 
ojos la simpatia, iman de las al- 
mas; y hay personas que al pronto 
nos son indiferentes, y luego. se- 
gun las tratamos, van acercandose 
y pasito a pasito entrandosenos en 
el corazon. Su aproximacion ex- 
tiende a nuestro alrededor una sua- 
ve alegria familiar: ora es su deli- 
cadeza, ora un rasgo de ingenio o 
una bondad o un donaire, lo que 
nos conquista. Hasta que un dia no 
podemos vivir sin ellas. 

Asi la Giralda para muchos: sus 
dos estilos, arabe y cristiano, ex- 
trafian al viajero, acostumbrado a 

obras de mayor armonia. La p 
mera impresion, evidentemente 
desagradable. ^Por que el antiguo 
alminar. no obstante sus setenta 

metros de elevacion y de hallarse 
en la parte mas alta de la ciudad, 
no muestra mejor gallardia? ^Acaso 
estorba a su esbeltez la magnifi- 

cencia y orgullo de la Catedral, que en- 
tona a su lado la sinfonia de piedra 
de sus arbotantes y de sus agujas?... 



La torre famosa que hace 

aproximadamente diez siglos 

mando construir el empera- 

dor Yussuf para que sirvie- 

ra de atalaya a la mezquita y de 

observatorio astronomico, se ve 

desde todos los rincone's de la po- 

blacion. Caminando por la tortuo- 

sidad de estas calles. su figura in- 

definidamente se nos muestra y 

oculta; tan pronto aparece, tan 

pronto se esconde; ora, al cruzar 

una plazuela de suelo herbado, se 

nos manifiesta casi en su total gen- 

tileza; ya es su fastigio unicamente 

lo que asoma tras el arriate flore- 

cido de una azotea. Pasear con la 

cabeza Ievantada es hallarla mil ve- 

ces y perderla de vista otras mi 

Giralda es, para Sevilla, como 

una obsesion. De aqui proviene su 

principal virtud conquistadora. El 

turista que empezo a mirarla con 

ojos desdenosos poco a poco se 

acostumbra a ella. En los dias nu- 

blados parece mas corta. mas densa; 

en los azules parece mas alta; pero 

siempre, a pesar de su reciedumbre, 

tiene una indefinible ligereza de espi- 

ga, una emocion de agroma. No es per- 



c 




fecta. no; en su 
arquitectura 
hay una diso- 
nanc.a: sin em- 
bargo. . . El 
viajero llegara 
a amarla. La 
Giralda es co- 
mo la Giocon- 
da. como esas 
mujeres que no 
son hermosas, 
pero que gus- 
tan. porqueson 
espiritu... 

Hasta las pos- 
trimerias del si - 
glo xiv la tone 
hallabase ador- 
nada por una 
especie de airon 
formado por 
cuatro enormes 
globos dorados 
dispuestos de 
mayor a me- 
nor. de modo 
que componian 
un cono. y cu- 
yo brillo alcan- 
zaba muy lejos. 

Describiendo 
la primera de 
estas esferas. 
dice la «Croni- 
ca» de Alfonso 
el Sabio que: 
•non podemos 
retraer de fa- 
blar della. ca 
es de gran la- 
bor, e de tan 

grande e extrafia obra. que es dura cosa de 
creer: toda obrada de canales. e ellas son 
doce: e la anchura de cada canal cinco 
palmos comunales. e cuando la metieron por !a 
villa non pudo caber en la puerta. e ovieron qui tar 
las puertas e a ensanchar la entrada: e cuando 
el sol da en ella resplandece con rayos lucientes 
mas de una Jornada*. 

Un terrible huracan y un temblor de tierra. 
produciendose a la vez, derribaron aquel pinto- 
resco penacho. tan del gusto morisco, y la torre 
quedo mocha hasta que en la mitad segunda de 
la decimasexta centuria el arquitecto Hernan 
Ruiz, de cuyas deplorables iniciativas la mezquita 
de Cordoba aun no se ha consolado, levant6 sobre 
el cuerpo del alminar primitivo, llamado despues 
cuerpo «de campanas*. cuatro mas. de los cuales 
unos corresponden al orden dorico y otros al 
corintio. 

Segun el senor Alvarez Benavidez asegura en 
un folleto severamente documentado, los cimientos 
de la Giralda no alcanzan la extraordinaria ex- 
tension que muchos autores suponen. pues des- 
cienden a veinte metros aproximadamente bajo 
el nivel del suelo, y tienen un perimetro poco 
mayor que el de la torre. Hallase enclavada esta 
en la plaza del Cardenal Lluch, precisamente 
donde en fecha remotisima hubo un anfiteatro 
romano, y las obras que sirven de basamento a 
su enorme fabrica, hechas fueron con piedras 
robadas al circo y estatuas de aquella poderosa 
civilizacion. Los arabes lo aprovechaban todo. 

Y he aqui la explicaci6n sentimental de c6mo 
el celebre alminar hispalense ha podido anadir a 
la fortaleza el donaire. Diriase que ese doble gesto 
atletico y gentil nace de sus cimientos, y de ellos 
sube hasta la cupula como una savia. Es la gran- 
deza. la resistencia. la tenacidad inflexible, de los 
materiales que pertenecieron al circo; y es tambien 
la elegancia. la correcci6n ingrave, la gentileza, el 
alma de pagania, en suma. de las Minerva, de las 
Venus y de las Ceres alii soterradas. Lo que fue 
parte del anfiteatro. hizose vigor y pesantez; lo 
que fue estatua. hizose gracia, espiritualidad y 
cancidn. 

Un musico excelente, mi amigo Francisco Bravo 

Ruiz, me ha proporcionado la selecta emoci6n de 

subir a la Giralda a media noche, en el 

doble encanto indescriptible del silencio y 

de la luna. La ascension es facil. Los tramos 

de escalera fueron substituidos por 

rampas, en numero de treinta y cinco, 

y de pendiente tan suave que por 

ellas dice la Historia que subi6, 

a caballo, Isabel la Catolica. 

Caminamos lentamente, en- 

tretenidos por el mismo 

ritmo de nuestros pa- 

sos. Delante march a el 



DESDE ESTE LADO SE VE EL GUADALQUIVIR, LOS CELEBRES 
BARRIO Y PUENTE DE TRIANA Y LA PLAZA DE TOROS. 

campanero, y lleva en 

la mano un farol que, 

al balancearse. arroja 

contra el muro una fantastica danza 

de sombras y de luces. En los imbor- 

nales, altos, sesgados y estrechos, 

como saeteras, murmujea la brisa. En los elegantes 

ajimeces, llenos de luna. la columna de marmol 

bianco que sustenta el doble arco morisco se 

recorta gracial, serena y fantasmal sobre el cielo 

estrellado. Segun ascendemos, vamos pasando ante 

las puertas de varios cuartos abiertos en el anima 

o eje central del edificio y destinados a habitacion 

de sus empleados. A intervalos, nuestro guia se 

detienj para referirnos una historia. 

— En este cuarto - exclama vive el cam- 
panero mas antiguo de Sevilla. Es ciego, pero su 
falta de vista la suple con el oido y con la memoria. 
Hace poco estuvo aqui un senor, y en cuanto le 
oyo hablar, le dijo: «Usted nos hizo otra visita 
el ano pasado por esta epoca. . .» 

Se interrumpe para darnos tiempo a maravi- 
llarnos, y prosigue: 

— El viejo de que hablo era organista de la 
iglesia de la Magdalena. Una noche sono que le 
llamaban para tocar el organo, y al levantarse 
de la cama cay6 al suelo y se rompio una pierna. 
Desde entonces no hace nada. . . 

Algunas rampas mas arriba, «el hombre del 
farol-i sefiala un ajimez abierto como una ventana 
de ensueno, sobre la serenidad plata de la noche. 

— Desde aqui — dice — hace ocho afios se 
tiro a la calle una mujer. . . 

Estas dos historias vulgares dejan en nuestro 

espiritu una desagradable emoci6n. Mas dolorosa 

que la vida de cuantos ciegos mendicantes arras- 

tran su miseria por la zambra ruidosa de las calles, 

es la de ese viejo ciego recluido, y como colgado 

en la paz de una torre. Antes, tocando el 6rgano, 

su alma, asomada a sus oidos cual 

a dos balcones, se consolaba. Hasta 

que cierta noche, por acudir a la cita 




de un sueno, 
se quebro una 
pierna. Desde 
entonces, a la 
tiniebla de sus 
ojos secos, el 
silencio afiadio 
otra sombra: 
ya sus manos 
no se agarran 
a las cuerdas 
de las campa- 
nas; ya sus de 
dos no volve- 
ran a correr 
artistas sobre 
el teclado ama- 
rillento del or- 
gano. Separado 
de la tierra. la 
quietud que le 
circunda debe 
de sugerirle la 
sensacion de 
haber muerto. 
Y a esta idea 
siguiendo una 
enrevesada 
concatenacion 
de imagenes, el 
recuerdo de la 
pobre suicida 
se une. <>Fue 
ahi. desde esa 
ventana — pen- 
samos, — desde 
donde su deses- 
peraci6n miro 
al cielo por lil- 
t'ma vez. . .» Y 
nos estremece- 
mos p o r q ue 
nos parece que la vemos saltar al abismo, 
y que el ruido de su cuerpo, al destro- 
zarse contra las piedras de la calle, sube 
hasta nosotros. . . 

Estamos encima del reloj y nuestras miradas 
descienden sobre e! recogimiento bianco y mudo 
— recogimiento de necropolis — de la ciudad dor- 
mida. Nada en la inmensidad limpida del firma- 
mento, nada fuera de la luna y de nosotros; sobre 
la albura de Sevilla la Giralda tiende una larga 
sombra conica. semejante a un cipres. Sentimos 
miedo, frio, de hallarnos tan solos y tan altos. 

En el vertice de ese cono pensamos -- estamos 
nosotros. 
Y luego: 

«Giralda. a pesar de tus diez siglos de existencia, 
ante la Eternidad que te vera caer, solo fuiste 
una sombra. . ,» 

Una eterizada llovizna de plata invade el espacio, 
y una emocion de frescura y de calma sube hasta 
nosotros. De cuando en cuando, en la monotonia 
blanca de la poblacion, semejante bajo el resplan- 
dor lunar a un mantel arrugado, brilla un farol. 
Imposible seguir a traves del dedalo de tejados 
y de azoteas el rumbo esquivo de las calles. 
Unicamente algunos sitios, la alameda de Hercu- 
les y las plazas de la Constitution y de San Fer- 
nando, por ejemplo, ponen en la distancia brocha- 
zos notorios de luz. Al pie de la torre la Catedral. 
con sus enormes bovedas tiznadas por la mano 
del tiempo, Simula el caparazon de una gigantesca 
tortuga dormida. Mas alia la plaza de toros negrea 
y parece palpitar semejante a un ombligo. Entre 
la blanoura de Sevilla y la de Triana el Guadal- 
quivir brilla y se curva como un yatagan. La 
capital cuyo perimetro se recorta claramente, da 
la sensacion de una isla; los campos obscuros que 
la rodean son el mar: los pueblecitos, tales como 
San Juan de Aznalfarache, Santiponce, Castilleja 
de la Cuesta, Camas, Algaba y otros, diseminados 
en la inmensidad negra del horizonte, remedan 
con sus luces grandes trasatlanticos que fueran 
acercandose. . . 

^ Al dejar nuestro observatorio nos hemos dete- 
nido aexaminar elreloj, obra de Fray Jose Cordero, 
puesto alii desde 1765. La esoasa luz que nos 
acompafia no basta a esclarecer los secretos de la 
maquinaria que late y brilla misteriosamen- 
te tras un cristal. Movidas por los dedos 
brujos del tiempo, las ruedas giran pausa- 
das y una serie de palancas van y 
vienen. En el silencio el terrible 
aparato palpita como un corazon: 

Giralda: tu moriras porque 
naciste, porque vives; Giralda: 
ese reloj de agoreria cuenta tus 
horas; Giralda: ese reloj, 
latiendo junto a tu fas- 
tigio, parece una sien . . . 



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lN jlDAB 




\ 



Existe una perfeota correlation entre 
el vestido y el arte dramatico. Y la cosa 
es mucho mas seria de lo que parece, 
como que se trata de un elemento fun- 
damental para decidir la suerte de las 
piezas que no tienen un valor absolute 
En general, toda la production teatral 
mediocre funda su existencia en la ha- 
bilidad, ya que no en el talento de sus 
autores. 

Es lo menos que se les puede pedir a 
los autores: habilidad, buen gusto. . . 

La election de ambiente, de lugar y 
de trapos basta muchas veces para de- 
cidir un gran exito. Nuestro hipodromo, 
por -ejemplo, <xm su eterno desfile de 
mujeres elegantes; Palermo en ciertas 
horas, un salon de te a la moda, son lu- 
gares que se ganan desde el primer momento la 
simpatia del grueso publico ansioso de sentirse 
distinguido, aunque solo sea por contamination de 
ambiente, pues es indudable que la simpatia hace 
que el espectador se identifique con los personajes 
hasta el punto de vivir por un instante su propia 
vida. La ilusion teatral es muy poderosa, sobre 
todo en aquellos que no pueden mirar el teatro 
desde el punto de vista critico. No hay mas que 
ver el aire superior, casi elegante, que tiene una 
obrerita despues de haber visto una pieza mun- 
dana, y el aire humilde, aunque dramatico, de 
otra que acaba de impresionarse con una trage- 
dia de los bajos fondos. 

Claro esta que esta pose no va mas alia de lo 
que dura la ilusion teatral . . . 

Nuestro teatro no ha explotado esos ambientes 
favorables que — estoy segura — tientan a los 
autores por una razon muy sencilla: No tenemos 
actrices que puedan caracterizar a la mundana 
portena, sobre todo en escenas de conjunto donde 
por lo menos deben intervenir seis, ocho, diez 
figuras femeninas, todas igualmente distinguidas 
y elegantes. Y no es que nuestra mujer no tenga, 
en general, un poder de asimilacion bastante pon- 
derado y suficiente para suplir cualquier cultura, 
en materia de gusto, sino que las figuras secun- 
darias son casi siempre artistas improvisados de 
la noche a la manana. No puede ser de otro modo 
en un pais donde existe la mania de ser cabeza. 
Todo el mundo quiere ser primer actor; en cuanto 
descuellan un punto sobre los demas, compa- 
nia aparte. 

Con semejante tendencia disgregatoria no hay 
elementos que den abasto; se echa mano de lo 
que cae, y lo que cae no aporta casi nunca nada 
bueno. Es necesario in- 
culcarselo con la prac- 
tica o con el ejemplo. 
pero entre tanto ique 
puede exigirse de ellas? 
Y digo de ellas espe- 
cialmente porque es el 
elemento femenino el 
peor que ingresa al tea- 
tro. |Ah, si nuestras se- 
noras no tuvieran toda- 
via el prejuicio, si no 
continuaran mirando el 
tablado como la perdi- 
cion para sus ninas, 
ique cosa tan facil seria 
hacer un conjunto ar- 
tistico bien organizado, 
culto y brillante! 

No ha bastado el 
ejemplo de mujeres tan 
bien consideradas so- 
cialmente como Maria 
Guerrero, como Angeli- 
na Pagano y Camila 
Quiroga, entre nosotros. 
Hace falta que un ape- 
llido nuestro, de cam- 
panulas, tenga el valor 
de romper el fuego . . . 
y pronto se veria con 




PEL* 

ieahio 





naturalidad que asi como hoy se dedican a la 
declamation y al canto, como cultura particular, 
manana se dedicarian al arte teatral national, con 
lo cual habrian contribuido maravillosamente a 
una literatura que nos cubriria de gloria. 

Y he aqui por que esos ambientes favorables de 
que hablaba los ha cultivado la novela national, 
pero no el teatro. 

No ocurre lo mismo en Francia donde, aun- 
que las mujeres que se dedican a las tablas pro- 
ceden del mismo origen casi siempre, no son, 
en cambio, improvisadas, y cuando salen ante un 
publico respetable tienen ya otra cultura estetica 
y otros antecedentes artisticos. Esa es la razon 
por la que los autores europeos cultivan sin temor 
la comedia mundana de muchos personajes, con 
tal exito que el publico se ha habituado de una 
manera peligrosa a la funcion de trajes; y si no 
hay trajes no hay funcion. 

Claro esta que las obras superiores estan por 
encima de esos detalles, pero como las obras supe- 
riores no abundan, quiere decir que actualmente 
la mayoria de la production teatral europea y 
la francesa en particular (pues la podemos tomar 
como arquetipo de esta tendencia) esta supedi- 
tada a una nueva unidad que no es ya la clasica 
regla de las tres unidades. (Tiempo, lugar, action). 
Este cepo ha sido demolido por considerarse dema- 
siado estrecho para la imagination creadora, pero 
en cambio, ique han hecho? Reemplazarlo por 
otro no menos tiranico: la unidad del vestido. 

Tal es la nueva regla del teatro: una come- 
dia moderna transcurre siempre en una cierta 
clase, en un cierto mundo, que permite a los per- 
sonajes femeninos hacer exposition de trajes. 

iQue quiere decir un cierto mundo? Perdo- 
nadme esta expresion vaga, pero no se me ocurre 
otra para expresar una cosa tan indeterminada, 
tan imprecisa como es ese «cierto mundo». . . 

^Es el gran mundo? ,:Es el «demi-monde»? 
^Es el mundo cosmopolita? No, pues cada una 
de estas categorias exigiria un cierto color local 
en el vestido: el gran mundo tendria ricas toi- 
lettes elegantes, el «demi-monde» vestidos excen- 
tricos, el mundo cosmopolita otros vestidos aun. 

Y, sin embargo, los modistos para el teatro 
hacen siempre vestidos para «cierto mundoo den- 
tro de la mas estricta armonia y de lo que mas 
conviene a la belleza de la actriz. No se preooupan 
ni un instante de la clase social que representa 
el personaje, asi como ellas tampoco se cuidan 
de la situation sentimental que expresan. Esposas 
de ministros o de escasisimos empleados, sacan 
trajes siempre dignos de ese... cierto mundo. 

iQuien podra decir a que clase social perte- 
necen los grabados de la moda? Si uno se fija en 
esos cuerpos hechos sobre un modelo unico, este- 
reotipado, reconocera que no tienen alma ni ca- 
racter. De esta ausencia de vida y de individua- 
lidad tienen tambien que resentirse los personajes 
de teatro desde que se tiende a transformarlos en 
figurines ... en figurines de ese cierto mundo que 
esta a igual distancia de todos los mundos, pero 
que posee esta marca distintiva bien establecida: 
la elegancia. 

La elegancia, que es un elemento estetico de 
primer orden, tenia que imponerse como recurso 



artistico cuando no se tienen valores 
dramaticos de buena ley. Y el escenario 
se ha convertido en la mejor tribuna de 
la moda. Desde alii se lanzan las gran- 
des novedades, se aplauden las toilettes 
como un rasgo de ingenio y se adoptan 
despues, como las buenas ideas. Alii 
surgio la falda-pantal6n en el escenario 
de la «Comedie Francaise», importada 
por Mile. Provost, en «Apres Moi» de 
Berstein . . . Y al dia siguiente tuvo que 
desaparecer no sin haber causado gra- 
ves disturbios . . . 

Alii surgieron muchas otras modas. 
El modisto se ha colocado, pues, en el 
rango de colaborador artistico del dra- 
maturgo; el contribuye de una manera 
poderosa al efecto escenico, esencial en 
estos tiempos en que el esfuerzo intelectual tiende 
a suprimirse. 

jPara algo estamos en el siglo del cinemat6grafo 
y de las revistas ilustradas!. . . 

Se le ha concedido demasiado al publico en el 

sentido de hacerle entrar las cosas por los ojos. . . 

Explotando esta via, no hay actriz de comedia 

que no trate de realzar con la toilette su propia 

belleza, aun con detrimento de la verdad. 

Ellas hacen gratuitamente una verdadera «re- 
clamei) de la moda y no seria de extranar que 
pronto las grandes casas hicieran lucir sus mode- 
los sobre el tablado escenico... 

,iNo les parece a ustedes demasiado para un 
teatro que busca acercarse a la realidad? 

Es que siempre habra, en todas las literaturas 
del mundo, dos valores distintos bien diferencia- 
dos: los reales y los superfluos. 

En cuanto a estos ultimos, no hay por que 
despreciarlos, pues sabemos demasiado que lo 
superfluo es a veces mas necesario en la vida que 
lo fundamental. Si no existiera lo amable super- 
fluo la vida seria una cosa heroica, abrumadora. . . 
Por lo demas, hay mucha gente que no le pide 
al teatro una representation exacta de la realidad, 
sino obras de imagination, hechas para «recrear». 
Este publico tampoco admite que el teatro sea 
un curso de moral, por ejemplo. Pide intrigas 
que le disfracen la vida vulgar, ansiosos de salir, 
siquiera sea momentaneamente, de la realidad co- 
tidiana que le pesa como una esclavitud. 

Es comprensible que este genero de teatro 
tenga, como norma fundamental para sus exitos, 
la elecci6n de ambiente, de lugar y de trapos. . . 
Admito que contribuyan a ese mundo ilusorio to- 
dos los elementos del esprit humano, de la gratia, 
del buen gusto, 
pero protesto ante 
el sacrificio del 
fondo por la for- 
ma, cuando aquel 
tiene un valor, ar- 
tistico superior. 

Y antes que la 
comedia mundana 
pueda hacerse aqui 
un reinado exclu- 
sivo como tiene en 
Europa, preven- 
ganse los autores 
contra la invasion 
peligrosa que se 
llama «unidad del 
vestidos, preven- 
ganse, sobre todo, 
contra la vanidad 
femenina del mun- 
do teatral, que 
funda mucha par- 
te de sus exitos 
personales en el 
vestuario y que 
no tiene notion de 
lo adecuado ... o 
no quiere tenerla 

ILUSTKACIONES 
D E L A R C O. 






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RETRATO Al OLt:0 FOR 



SIFoHl ARCHEBo SHI 

DEL 5ALON WITCOMD 



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La*c/condicU 
£er>c(a . . . 



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SE QUE EL CA- 
MINO DE SALTA 
A SAN LORENZO 
QUEDARA PREN- 
DIDO A MI ME- 
MORIA COMO EL 
LAZO A LA ASI- 
DERA. 

NO ES COLOR. 
EN SU TRANS- 
CURSO FALTAN SUCESOS EXTRAORDI- 
NARIOS. 

SU FIN ES NATURAL COMO EL DE 
LAS RAMAS. 

SU TIERRA OCRE-GRISACEA DESNI- 
VELA LAS RUEDAS DE LOS CARRUAJES 
CON LA SORPRESA DE DISEMINADAS 
PIEDRAS, COMO CAfDAS DE ALGUN CA- 
RRO MAL CARGADO. 

ESCAPA DE LA CIUDAD DANDOSE 

ESQUINAZOS. CORRE ENTRE ARBOLE- 

DAS PARALELAS. SALE AL ESCAMPA- 

DO DONDE COBRA AGRESTE AGILIDAD ' 

DE HUELLA CAMPERA. SUBE A UNA 

LOMA LARGA, CUYOS FLANCOS RA- 

YADOS DE ZANJONES OSTENTAN 

APARATOSA VESTIDURA DE TI- 

GRE REAL. MIRA UNOS RA- 

LOS CHURQUIS Y SUFRE 

EL TRANCO DE DESCO- 

LORIDAS MULAS MON- 



TADAS POR INDIOS SILENCIOSOS. 
BAJA AL CAUCE DE UN TORRENTE 
TAPIZADO DE SONADORES GUIJOS. 
REPECHA LA CUESTA DE LA FALDA 
CERRIL Y CONCLUYE PARA Ml EN LA 
CASA DE DAVALOS. QUE LO EXPLICA, 
LO DOMINA, LO ESPIRITUALIZA, COMO 
EL PUNTO A LA I. 

LA CASA CONTIENE LA POESIA VI- 
RIL Y ADORMILADA DE LA COMARCA. 

EL SILENCIO TIENE SU COMENTA- 
DOR EN LA ACEQUIA, QUE ES EL RfO 
IMAGINADO POR EL HOMBRE, CONDE- 
NADO A CONSTRUIR EN LINEAS REC- 
TAS. PARA LA NATURALEZA QUEDA 
AQUELLO DE LA LIBERTAD QUE SE 
AFIANZA EN EL EJERCICIO DE LA 
DUDA. 

PERO EL DESTARTALADO POEMA 
DEL CAMINO HA CONCLUIDO PORQUE 
ENTRO AL ABRIGO DE LOS MUROS 
BLANCOS. 

Y COMO EL POETA DEJA MANAR 
DE SUS LABIOS LA RlTMICA CADENCIA 
DE SUS VERSOS, PARECEME HA- 
BER PUESTO LA MANO SOBRE 
EL CENTRO VITAL DEL VALLE 
SERENO, DE LOS CENU- 
DOS CERROS Y DEL CIE- 
LO ARRUGADO DE PEN- 
SADORAS NUBES. 



RICARDO GOIRALDES 

SALTA, JULIO 25 DE 1921 





Un trovador del Paris sentimental 
visita nuestro Buenos Aires sentimental. 
Hizo su viaje, principalmente, para re- 
avivar las nostalgias de sus compatriotas 
hablandoles del remoto y lejano terrufio. 
La nostalgia entristece nuestras soleda- 
des y endulza nuestras conversaciones. 
Unidos ante la nostalgia, la domamos 
convirtiendola en un sentimiento acari- 
ciador, sumiso. Asi, parte del complicado 
Buenos Aires sentimental goza la visita 
del poeta. Los otros y nosotros, habi- 
tantes sentimentales tambten, conocia- 
mos a Pablo II por su fotografia solita- 

':gra, y por su autorretrato: Mes 
yeux comme deux diamants noirs, briltent 
sous mon chapeau Rembrandt; ma redinqote 
est noire; noirs, mes Soulier s vernis reluisants. . . 
Este trovador. siempre de negro hasta los pies vestido, 



P< >l I.M 

DlTRANCIA 







es ahora para nuestros ojos un personaje 

claro. Lo vemos batido por muchas luces 

claras. Porque no llego triste y solo como 

le conociamos en la fotografia. El heral- 

do portico de Francia, el avivador de la 

nostalgia vino con su familia: una gentil 

companera en el arte y la vida, y dos 

lindos chiquilines. Y el Buenos Aires 

sentimental vio en una foto unica ese 

grupo murillesco, donde un nene abre 

los brazos como un Cristo-nino y Fort 

parece un San Jos6. Este simpatico re- 

medo de la Sagrada Familia nos dice 

que Pablo II es un hombre, un ciuda- 

dano. Ser hombre u til. ademas de poeta, 

resulta un ideal sublimemente prosaico. 

Este calor familiar entibia los ardores porticos 

y enciende la prosa del conferencista, y es humoris- 

mo, ironia, modestia altiva, franqueza y confesiones. 




— Tiene regiielto el pago la moza — dijo el 
«viejo Quilques», aguzando su mirada socarrona 
de fauno criollo. 

— Pero la pobre, si vamos a ver. no es culpa- 
ble de nada — respondio el comisario, sonriendo, 
mientras apretaba entre los incisivos la «bombi- 
Ua» del «mate». — Si la mozada, al verla cuando 
llego del pueblo, empezo a relinchar como loca, y 
mas de un viejo — mirando de soslayo a Quilques 
y al juez — quiere mover las tabas, olvidao que es 
«bichoco», y anda perdiendo el tiempo en falsas 
partidas, ^es responsable la muchacha, por linda 
y por tener esos visajes apasionaos y esos ojos 
querendones, que derriten el tuetano de los giiesos, 
y ese cuerpo, que es lo mesmo que un pedacito 
de campo f lor, bien empastao y sin desperdicio? . . . 

— No se entusiasme, comisario — interrumpio 
el «viejo Quilques»; — mire que uste, si no esta 
bichoco y desortijao, hace mucho que dejo de 
ser ternero mamon, lo menos unas cincuenta 
leguas de tiempo. 

— Yo no me entusiasmo — respondio el co- 
misario. apagando los fuegos, — pero sostengo 
q'ella se mantiene firme, aunque la persiguen sin 
darle resuello y la tienen acorralada como aguara 
por los perros. . . 

— Parece — afiadio el juez. — asigun me ha 
contao mi sobrino, otro de los tantos enamoraos 
sin fortuna, que a tuitos les juega risa y les po- 
ne unos ojos de «milonga» y «contrapunto», que 
piden acompafiamiento, pero que es orgullosa y 
echada p'atras y que hasta ahura, no ha mostrao 
preferencia por ninguno y eso que entre los em- 
brujaos se han presentao varios que tienen en 
que caerse muertos. . . 

— .Gueno — dijo el «viejo Quilques-/ chas- 
queando la lengua, despues de empinarse un vaso 
de cana, — si yo tuviera cuarenta anos menos. . . 

— Aumente algo, cumpa — interrumpio el 
juez, riendose estrepitosamente. 

No contesto el aludido, — porque entonces 
iba a quedar charabon, y pal caso seria lo mesmo 
qui ahura. 

Y afiadio, sin hacer caso de las risas: 

Si yo tuviese cuarenta anos menos, iban a 
ver ustedes como se toma una fortaleza sin dis- 
parar un tiro. . . 

— |Oigale el guapo! — exclamo el comisario. 

— Sin tirar un tiro - siguio Quilques, alzando 
la voz, — pero si quieren acetarme una apuesta, 
me comprometo a ensenar a uno de esos boca- 
abiertas qui andan tranquiando al derredor de 
ella como potrillos, a que la prenda entra al ro- 
deo del casorio, sin arriarla y sin sinuelo... 
como corderita guacha, a comer en la mano. 

— £Y como se las va a arreglar, maestro — 
pregunto el comisario. 

— Eso es cuenta mia. Va una giiena vaca con 
cuero en la parada. ^Copan? 

— Copamos, pero ha de ser dende hoy en 
treinta dias. Si no la pierde... 

— Y va a pagar jcanejo! — afiadio el comisario 
— o se chupa una semana e cepo... 

— Ya esta — grito Quilques — y vayan engor- 
dando e! animal, que a la fija ha de ser orejano . . . 

Entre tan to la hermosa rebelde seguia ejer- 
ciendo su reinado triunfal, sin percatarse, al pa- 
recer, de su corte de adoradores campesinos. Su 
belleza, en verdad. no era un portento, pero, 
seguramente, la naturaleza silvestre en cuyos bra- 
zos se criara. cuya savia dio vida a su cuerpo y 
en cuyos moldes, artisticamente sensuales.se vacio 
la pasta de su carne triguefia, dio fuego singular 
a sus ojos, flexibilidad ondulante a su talle, tur- 
gencias soberanas a su busto, atrevidas curvas a 
sus caderas y encanto indecible a sus providos 
labios. Era, pues, la obra de su propio ambiente; 
como la encarnacion voluptuosa, al par que inge- 
nua, de un paisaje nativo. Habia salido nina del 
*Pag°». y regresaba a el, hecha una joven casadera, 
a habitar, en campania de su madre viuda, la 
estancia en que pasara sus primeros anos infan- 
tiles. Y el «pago» se habia revolucionado, real- 
mente, como afirmaba el «viejo Quilques», porque 
los mozos mas apuestos se habian rendido ante 
ella, sin conseguirotracontestacion a sus querellas 
que una mirada insinuante, y una sonrisa que 
ponia de manifiesto una parte de sus dientecillos, 
perfectos y menudos como petalos de margarita 
blanca. Se llamaba sencillamente Maria, pero 
todos la conocian ya por el sobrenombre de la 
«querendona». El mote era,, por lo demas, muy 
apropiado, porque cuando dirigia la mirada a un 
mozo ponia los ojos de un modo tal, y sonreia 
con tal mohin y hablaba con tal suavidad y ter- 
nura, que sus gestos, en conjunto, resultaban una 
provocaci6n en contra de la serenidad de los pre- 
tendientes. 




4 t_ 




om 



— jAh criolla — decianse los paisanitos des- 
ahuciados — venenosa y linda como la flor del 
«mio-mio»! 

Pero ella no desahuciaba a nadie; al contrario, 
era amable con todos sus cortejantes; con todos 
bailaba y en las fiestas pastoriles, y en las «corridas 
de sortija», lo mismo que en las trillas y «yerras», 
era la primera en tomar parte en el holgorio,' 
poniendo en el una nota alegre de gracia y ten- 
tacion, como brochazo de luz sobre el lienzo verde 
afelpado de las gramillas primaverales. 



^ 



Entre los paisanitos que la rondaban habia 
uno, bastante timido, a pesar de su estatura arro- 
gante, que por su bondad y sencillez hubiera 
quendo distinguir ella sobre todos, pero no podia, 
porque siempre evito predilecciones, y no gustan- 
dole ninguno deseaba «pasar el tiempo sin ori- 
ginar conflictos. Por otra parte, era algo extremosa 
y preferia un «pueblero», con traje entallado, a 
aquellos gauchos que usaban saco y bombacha y 
en vez de la guitarra nacional tocaban el acordeon 
napolitano, como detestaba a los jovenes de la 
ciudad que hablaban en «lunfardo» creyendo que 
asi resultaban originales. Ideas de muchacha ca- 
prichosa, acaso, no muy cabales en los actuates 
tiempos, pero que, instintivamente, la dominaban, 
sin poderlo remediar, seguramente, por escasa 
ilustracion e inteligencia rudimentaria. 

Pues el timido joven, de un momenta a otro, 
vario tan claramente de conducta que sus propios 
amigos se asombraron. 

— dQue le pasa a Inocencio? — pregunto en 
voz alta, uno de ellos, en la puerta del rancho 
en que se bailaba. — Dende que dentro, no ha 
bailao una sola vez con la «querendona». 

— Tendra miedo de invitarla — contesto un pai- 
sano. — Ofrecetele vos para hacerlo en su nombre. 

Todos se rieron festejando' la ocurrencia, y el 
«viejo Quilques», que se hallaba entre los circuns- 
tantes, dijo sentencioso: 

— A veces la mejor carne se la comen los perros. 

— Pero hay que tener dientes, viejo, y ser atro- 
pellador. . . 

— El, los tiene tan gjenos como cualquiera y 
en esta ocasion puede que los esconda... 

La «querendona» noto tambien el desvio de su 
festejante, tan irresoluto para hablarla otrora, 



como expresivo por su silencio y sus miradas, pero, 
al verlo entregado a la danza con verdadero fervor! 
en compafiia de una joven amiga que tenia fama 
de sonsacadora de novios, disimuld, bailando 
con todos, aunque, como mujer al fin, no dejo 
de contrariarle la obstinacidn de aquel mozo timi- 
do, que temblaba «como una vara verde» — segun 
su expresion - al tomarla del talle... 

El «viejo Quilques^ que la observaba profundi- 
zando con suspicacia de criollo en su coraz6n. dijo 
al comisario y al juez que presenciaban la fiesta: 

— Apuesto otra vaca gorda, aparceros. 

A lo que contest6 el comisario, muy serio: 

— iOtra semana de cepo? Va a quedar entu- 
mido por un ano. 

Pero en la corrida de sortija del domingo si- 
guiente los hechos se precipitaron. Cada mozo 
que sacaba el anillo adornado con cintas celestes 
y blancas hacia rayar el «pingo» junto a la «que- 
rendona.), y desmontando breves instantes despues. 
como hacian los caballeros medioevales con su 
dama, la obsequiaban con el dorado trofeo, po- 
niendo en 61 todas sus esperanzas. . . 

En eso le toc6 el turno al joven timido. Hizo 
escarcear el «flete», de cola atada con un lazo de 
cinta color de rosa; lo encabrit6, ante el asombro 
de la concurrencia. que nunca le habia conocido 
tales gallardias y elegancias y mucho menos tanto 
arrojo, y enfilandolo luego en direccion al arco 
empavesado con banderitas y mofios de cintas 
de todos los matices se lanz6 en una carrera 
vertiginosa, el brazo rigido y firme el puntero. 
Pronto engancho el aro diminuto. y a un metro 
escaso del arco detuvo el bridon de una sofrenada 
violenta, haciendole doblar las patas de tal modo 
que por milagro no se le rompieron. Inmediata- 
mente hizo dar vuelta al animal tembloroso y lo 
llevo a la linea que las -bellas habian formado 
con sus llamativos cuerpos. Alii se detuvo y miro, 
buscando a la linica merecedora de compartir su 
triunfo. Se produjo general expectativa. aunque 
pocos eran ios que dudaban de sus intenciones. . . 
La «querendona» miro con naturalidad al jinete, 
esperando, como todas. su decision, por mas que, 
alia, en lo mas intimo de su alma, abrigara el 
convencimiento de que ella seria la agraciada. 

Pero no sucedio tal cosa. Inocencio bajo del 
caballo: sostuvolo del cabestro con la mano iz- 
quierda, mientras ofrecia el anillo a la paisanita 
«sonsacadora de novios», inclinando la cabeza, 
ruboroso y estremecido . . . Todas miraron a la 
«querendona» a ver si descubrian en sus actitudes 
alguna manifestation de despecho, pero nadapu- 
dieron sacar en claro, porque ella, pasada la pri- 
mera impresion que hirio un poco su orgullo de 
paisana engreida, supo reponerse de siibito, y le- 
vantando las dos manos, bien arriba, para que 
se las vieran, initio estrepitosamente los aplavsos, 
desconcertando asi todas las suspicacias. 

El «viejo Quilques», codeando al juez, volvio 
a repetir su estribillo: 

— Doy, amigazo, cinco vacas a dos. . . Avisele 
al comisario. 

— jAhijuna! — contesto el juez cayendo, al 
fin, en la cuenta — ya le descubri el juego, viejo 
rutinero. . . 

— jDe modo — agrego e! comisario, impuesto 
del plan del viejo — qui ha agarrao a ese pobre 
paisano de juguetel... No lo habia creido tan 
candido... De por perdida la apuesta. 

— Ust6 dira, cumpa, lo que quiera, pero si es 
glien comisario, como dicen, es mal conocedor de 
las mujeres, y eso que ya debia haber apren- 
didoalgo... me parece. iUste critica mi combi- 
nation porque el mozo es medio maula con ellas? 
Por eso mesmo lo elegi. . . por sonso. . . y ya vera 
si he acertao. 

— Lo veremos — contesto caviloso el repre- 
sentante de la autoridad. 




IUURACIONES DE 

fORJUNr 



Dos meses despues de estos sucesos circulo la 
noticia de que la «querendona» se casaba. 

— (Y quien es el afortunao? — preguntd el 
comisario al juez. 

— Un pueblero ricacho. Dicen que ya tenia 
compromiso con r.l cuando vino a la estancia de 
la madre. 

— iEsta seguro? 

— Tan seguro, que yo mesmo he intervenido 
en los preparativos del casorio. 

— ^Ah, si? — exclamo el comisario un poco 
nervioso, — <y el «viejo Quilques*, d6nde esta? 

— Enfermo de una rebenquiada qui li ha dao 
Inocencio. 

I N/lACHFl — i Bien hech °. lir| do! por meterse en lo aue no 

l'importa. 

Y agrego, con energia: 

— Cuando se mejore cobrele la vaca, y si no 
paga avise pa meterlo en el cepo. 




//].r J£z7b4 



En un amplio y alegre taller de Wilmersdorf, de uno 
loi barrios aristocraticos de Berlin, una mujer hace 
primores con los pinceles: esa mujer se llama Adela 
de Finck. y es argentina. 

Vi una de sus obras en casa de una (amilia amiga: 
era un euadro tranquilo, lleno de paz y de bondad, 
un euadro familiar y dulce con el cual el espiritu 
descansaba y ha- 
cia amar la vida 
apacible del ho- 
gar. Eran dos mu- 
jeres, una morena 
y una rubia... que 
sin ser hijas de 
Madrid, eran her- 
mosas y buenas. . . 
Con versaban 
mientras sus de- 
do $ tejian ... Y en 
todo el euadro ha- 
bia riqueza de luz. 
de coloracidn y de 
armonfa. 

Ese euadro tan 
sencillo pero tan 
potente en - 
vidad. me denun- 
ci6 a un artista 
de verdad. Pre- 
gunte por el nom- 
bre del autor y me 
-naron que 
era una mujer y 
que era mi com- 
patr: 

No deje pasar 
muchos dias sin 
que una maftana 
me resolviesea su- 
bir hasta el quinto 
pi»o de U casa de 
la ca 

trasse N.° 7. donde 
la artista y compa- 
-u ha- 
bitation y su ta- 
ller. 

A m i llamado 
acudi6 mm 



«LA PAKTIOA DE 

a itoari,. kota- 
■ lc 6lco que 




PINTORS 



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criada, de esas que en Berlin llaman «wirtschafterin» 
y que en la casa adquieren tanta autoridad y con- 
fianza que pronto llegan a ser senoras prepotentes 
a quienes los patrones deben respeto y sumisi6n. . . 
Esta buena mujer tenia, excepcionalmente, aspecto 
amable y me recibio con simpatia. 
— Fraulein von Finck esta trabajando. No recibe 
a nadie. . . 

— Pero . . . Soy 
argentine . . 

— |Argen tinol 
Pase usted. La se- 
fiorita se va a ale- 
grar mucho. 

La «duena» tenia 
raz6n: la artista, 
sin conocerme, me 
recibidcon una ca- 
lurosa afabilidad 
tan solo compren- 
sible cuando dos 
compatriotas se 
encuentran en tie- 
rra extrana. 

Desde las pri- 
meras palabras 
que pronunci6 la 
pintora me senti 
atraido, pues ha- 
bla el espancl, es 
decir, el crtollo, el 
argentino, con un 
acento tan nuestro 
que encanta. 

Al hacerme pa- 
sar a su taller dio 
descanso a sus mo- 
delos, dos encan- 
tadoras berlinesas, 
y se puso a mis 
ordenes. 



Adela de Finck 
no es una mujer 
joven, pero tarn- 
poco es vieja. Si 
en sus cabellos hay 
hilos de plata, en 



FIGURA EN UN 
MUSEO DE jLA CA- 
PITAL ALEMANA. 



35 




su espiritu hay 
mucha primavera. 
Ella dice que aun 
tiene mucho calor 
de America en el 
alma, que los hie- 
los de Europa no 
han podido en- 
friar. . . 

Adela de Finck 
parece feliz en su 
solteria: Se ha es- 
posado con el arte, 
a quien idolatra y 
al que dedica todo 
su tiempo y todas 
sus energias. . . 

La acompanaba 
en su soledad un 
esplendido gato, 
que murio una 
tarde de otono y 
que amorosamente 
fue a enterrar bajo 
un arbol que se 
deshojaba, en el 
parquedeTiergar- 
ten . . . 

— Mirelo usted, 
medijo Adela con - 
movida, es este 
que figura en el 
cuadro «Le leve». 
jPobrecito . . . era 
tan carinoso! . . . 



La artista se di- 
rigi6 a un armario 
antiguo y de entre 
unos papetes ex 
trajo unos recor- 
tes de dlarios y re- 
vistas y me los did: 
Lea usted. 
Son algunas criti- 
cal, 

Enesascr6nicas 
se dice que exis- 
ten cuadrcs de 
Adela de Finck, en 
la coleccion del 
prlncipe Luis Fer- 
dinando de Bavie 
ra, en el Museo 
Municipal de Ber- 
lin, en el Museo 
Belga de Gante y 
en muchas otras 
colecciones oficia- 
les y particulares... 
Se dice ademas, 
que un cuadro de 
la artista, famoso 
en Europa, fue ad- 
quirido por una 
persona de Bue- 
nos Aires. 

Adela de Finck 
esconocida en Eu- 
ropa, pero no se la 
conoce en su pa- 



Y como si deseara atur- 
dirse, la artista comienza 
a hablar rapidamente, con 
su simpatica tonadilla 
provinciana: 

— Mi padre fue medico 
en Buenos Aires; muchos 
le recordaran aun; se llamo 
Alberto von Finck. 

Habitabamos una gran 
casa de la calle Cuyo es- 
quina Maipu. Hace veinte 
anos que sali de Buenos 
Aires y no he tenido la 
suerte de volver. Es posi- 
ble, y lo deseo de todo co- 
raz6n, que muy pronto ha- 
ga un viaje a mi tierra . . . 

— £ Y desde cuando pin- 
ta usted, senorita? 

— 'Desde muy nina, 
pero al venir a Europa me 
dedique enteramente al 
arte, estudiando primera- 
mente en Munich, e ingre- 
sando luego en la Acade- 
mia de Bruselas. . . 

Despues, como es natu- 
ral, vivi una temporada en 
Paris, pintando con los 
maestros Dognaut, Bou- 
vert y Courtois. . . 

Y para coronar mi edu- 
caci6n artistica vivi unos 
anos en Italia, jla bella!. . . 

Hace diez anos que es- 
toy radicada en Alemania, 
en donde me encuentro 
feliz. 

A los veinte anos ex- 
puse por primera vez: fue 
un autorretrato que ocu- 
p6 un lugar en la Expo- 
sici6n Internacional de 
Bruselas. Desde enton- 
ces son innumerables las 
obras expuestas y — .jpo- 
dre decirlo yo misma> — 
fueron grandes los exitos 
obtenidos. . . 



«LA BORDADORAo, DONDE 
EL ELEGANTE PINCEL DE 
LA ARTISTA DEMOSTRO 




tria; los museos de Eu- 
ropa poseen sus cuadros. 
pero no existe ni una 
obra suya en el museo de 
Buenos Aires, su ciudad 
natal. . . 

Lo que nos atrae en el 
arte de Adela es la colora- 
ci6n; la riqueza de color y 
la enorme armonia que sa- 
be impregnar a sus cua- 
dros. 

Todo es dulce, amable. 
Parecen sinfonias de colo- 
res, que deleitan el espi- 
ritu. . . 

No se crea por esto que 
sus cuadros sonamanera- 
dos, afeminados. . . No. A 
pesar de ser obra de una 
mujer, hay fuerza, tempe- 
ramento. . . pero hay dul- 
zura. . . 

[Hay alma!. . . 

Las dos chicas modelos, 
conversaban animada- 
mente... Parecian ale- 
gres... Pero adverti que 
el tiempo habia pasado de- 
masiado ligero ... y en una 
mirada de la artista hacia 
su paleta y sus pinceles. 
comprendi su impaciencia. 

Ella se justified: 

— Disculpeme usted. 
Debo terminar pronto este 
cuadro. Lo destino a la 
Gran Exposici6n demayo. 

Antes de partir solicite 
a la pintora un aut6grafo 
y gentilmente se apresuro 
a escribir las lineas que 
acompanan esta cronica. 

Al despedirme, me dijo: 

— Espero que vendra a 
visitarme por tnteres de 
conversar conmigo y no 
por interes de periodista. 

A. M. de CANDIA 



TODO EL VIGOR VARONIL 
Y LA GRACIA FEME NINA 
QUE SUTILMENTE POSEE. 



ORIGINAL RETRATO DE 
LA EXIMIA ART1STA. 




/At I ///a/. 



En un amplio j alegre taller de Wilmersdorf, de uno 
lot barrios aristocraticos de Berlin, una mujer hace 
primores con los pinceles: esa mujer se llama Adela 
de Finck. y es argentina. 

Vi una de sus obras en casa de una familia amiga: 
era un cuadro tranquilo, lleno de pax y de bondad, 
un cuadro familiar y dulce con el cual el espiritu 
descansaba y ha- 
cia amar la vida 
apacible del ho- 
gar. Eran dos mu- 
jeres. una morena 
y una rubia... que 
sin ser hijas de 
Madrd. eran her- 
mosas y buenas. . . 
Conversaban 
mientras sus de- 
an ... Y en 
todo el cuadro ha- 
bia riqueza de luz. 
de coloracidn y de 
armonia. 

Ese cuadro tan 
sencillo pero tan 
potente en - 
vidad. me denun- 
cid a un artista 
de verdad. Pre- 
gunte por el nom- 
bre del autor y me 
informaron que 
era una m . 
que era mi com- 
patr. 

No deie pasar 
muchos dias sin 
que una martana 
me resolviesea su- 
bir hasta el quinto 
piso de la casa de 
-erns- 
traneN.07. donde 
•aycompa- 
triota tiene su ha- 
5n y su ta- 
ller. 

A mi llamado 
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•LA PARTIDA DE 
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criada, de esas que en Berlin llaman «wirtschafterin» 
y que en la casa adquieren tanta autoridad y con- 
fianza que pronto llegan a ser senoras prepotentes 
a quienes los patrones deben respeto y sumisi6n. . . 
Esta buena mujer tenia, excepcionalmente, aspecto 
amable y me recibio con simpatia. 
— Fraulein von Finck esta trabajando. No recibe 
a nadie. . . 

- - Pero . . . Soy 
argentino . . . 

— |Argen tino! 
Pase usted. La se- 
norita se va a ale- 
grar mucho. 

La «duena» tenia 
razon: la artista, 
sin conocerme, me 
recibid con una ca- 
lurosa afabilidad 
tan solo compren- 
sible cuando dos 
compatriotas se 
encuentran en tie- 
rra extrana. 

Desde las pri- 
me r a s palabras 
que pronunci6 la 
pintora me senti 
atraido, pues ha- 
bla el esparto 1, es 
decir, el criollo, el 
argentino, con un 
acento tan nuestro 
que encanta. 

Al hacerme pa- 
sar a su taller dio 
descanso a sus mo- 
delos, dos encan- 
tadoras berlinesas, 
y se puso a mis 
brdenes. 



Adela de Finck 
no es una mujer 
joven, pero tam- 
poco es vieja. Si 
ensuscabelloshay 
hilos de plata, en 



FIGURA EN UN 
MUSEO DE JLA CA- 
PITAL ALEMANA. 



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su espiritu hay 
mucha primavera. 
Ella dice que aun 
tiene mucho calor 
de America en e! 
alma, que los hie- 
los de Europa no 
han podido en- 
friar . . . 

Adela de Finck 
parece feliz en su 
solteria: Se ha es- 
posado con el arte, 
a quien idolatra y 
al que dedica todo 
su tiempo y todas 
sus energias. . . 

La acompafiaba 
en su soledad un 
esplendido gato, 
que muri6 una 
tarde de otono y 
que amorosamente 
fuea enterrar bajo 
un arbol que se 
deshojaba, en el 
parque de Tiergar- 
ten . . . 

— Mirelo usted, 
medijo Adela con - 
movida, es este 
que figura en el 
cuadro «Le leve». 
jPobrecito. . . era 
tan carifioso! . . . 



«LAS TRES AMI- 
GAS*, 6leo con 

EL CUAL OBTUVO 



La artista se di- 
rigi6 a un armario 
antiguo y deentre 
unos papeles ex- 
tra jo unos recor- 
tes de dtarios y re- 
vistas y me losdio: 
Lea usted. 
Son algunas criti 
cas. 

Enesascr6nicas 
se dice que exis- 
ten cuadrcs de 
Adela de Finck, en 
la colecci6n del 
principe Luis Fer- 
dinando de Bavie- 
ra, en el Museo 
Municipal de Ber- 
lin, en el Museo 
Belga de Cante y 
en muchas otras 
colecciones oficia- 
lesyparticulares... 
Se dice ademas, 
que un cuadro de 
la artista, famoso 
en Europa, fuead- 
quirido por una 
persona de Bue- 
nos Aires. 

Adela de Finck 
esconocida en Eu- 
ropa, pero no se la 
conoce en su pa- 



LA SENORITA VON 
FINCK UNO DE SUS 
MEJORES EXITOS. 



Y como si deseara atur- 
dirse, la artista comienza 
a hablar rapidamente, con 
su simpatica tonadilla 
provinciana: 

— Mi padre fue medico 
en Buenos Aires; muchos 
lerecordaran aun;sellamo 
Alberto von Finck. 

Habitabamos una gran 
casa de la calle Cuyo es- 
quina Maipu. Hace veinte 
afios que sali de Buenos 
Aires y no he tenido la 
suerte de volver. Es posi- 
ble, y lo deseo de todo co- 
razon, que muy pronto ha- 
ga un viaje a mi tierra. . . 

— <Y desde cuando pin- 
ta usted, senorita? 

— Desde muy nina. 
pero al venir a Europa me 
dedique enteramente al 
arte, estudiando primera- 
mente en Munich, e ingre- 
sando luego en la Acade- 
mia de Bruselas. . . 

Despues, como es natu- 
ral, vivi una temporada en 
Paris, pintando con los 
maestros Dognaut, Bou- 
vert y Courtois. . . 

Y para coronar mi edu- 
caci6n artistica vivi unos 
anosen Italia, [la bella!. .. 

Hace diez afios que es- 
toy radicada en Alemania, 
en donde me encuentro 
feliz. 

A los veinte anos ex- 
puse por primera vez: fu6 
un autorretrato que ocu- 
p6 un lugar en la Expo- 
sici6n Internacional de 
Bruselas. Desde enton- 
ces son innumerables las 
obras expuestas y — <jtjo- 
dr6 decirlo yo misma? — 
fueron grandes los exitos 
obtenidos. . . 



<LA BORDADORA*. DONDE 
EL ELEGANTE PINCEL DE 
LA ARTISTA DEMOSTRO 




tria; los museos de Eu- 
ropa poseen sus cuadros. 
pero no existe ni una 
obra suya en el museo de 
Buenos Aires, su ciudad 
natal. . . 

Lo que nos atrae en el 
arte de Adela es la colora- 
ci6n; la riqueza de color y 
la enorme armonia que sa- 
be impregnar a sus cua- 
dros. 

Todo es dulce, amable. 
Parecen sinfonias de colo- 
res, que deleitan el espi- 
ritu 

No se crea por esto que 
sus cuadros sonamanera- 
dos, afeminados. . . No. A 
pesar de ser obra de una 
muier, hay fuerza, tempe- 
ramento . . . pero hay dul- 
zura. . . 

[Hay alma!. . . 

Las dos chicas modelos, 
conversaban animada- 
mente. . . Parecian ale- 

gres Pero adverti que 

el tiempo habia pasado de- 
masiado ligero ... y en una 
mirada de la artista hacia 
su paleta y sus pinceles. 
comprendi su impaciencia. 

Ella se justified: 

— Disculpeme usted. 
Debo terminar pronto este 
cuadro. Lo destino a la 
Gran Exposicidn de mayo. 

Antes de partir solicit* 
a la pintora un autografo 
y gentilmente se apresurd 
a escribir las lineas que 
acompanan esta cronica. 

Al despedirme, me dijo: 

— Espero que vendra a 
visitarme por interes de 
conversar conmigo y no 
por interns de periodista. 

A. M. de CANDIA 



TODO EL VIGOR VARONIL 
Y LA GRACIA FEMENINA 
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ha demorado la realizaci6n de la obra de embellecimiento y confort, 
imprescindible y anhelada en muchos hogares. Por una parte, la duda 
sobre la posibilidad de que la transformacion, o lo que pudieramos 
llamar el "modernizamiento", se realizara sin dejar huellas, y por la 
otra, el calculo exagerado del costo de la obra. 

De ahi que no son pocos los encantos que le estan reservados ofrecer 
a THOMPSON cuando, despues de acertar en la concepci6n, a base 
de un estudio conscientemente meditado, consigue desvanecer la ul- 
tima duda mediante un presupuesto muy infimo en relaci6n al ima- 
ginado y al que la obra. de por si, denunciara luego. 




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TUAL1DAD DE 
LA ORACION "1 



N realidad, pocos paises pue- 
den jactarse de tener tantos 
campanarios artisticos como 
Italia. Si fuese posible colo- 
carlos uno al lado del otro y admi- 
rarlos desde lo alto de un dirigible, 
se veria una selva interminable de 
torres, de cimas aguzadas en las for- 
mas mas variadas y curiosas. Sola- 
mente en Roma hay mas de tresoien- 







or 



^ 



"1\<^M^ WOH 





tas cincuenta iglesias. la mayor parte 
de las cuales tienen campanarios de 
indiscutible valor arquitectonico. 
Mas los campanarios de merito sur- 
gen tambien en localidades modestas 
y pequeftas. y frecuentemente sor- 
prende encontrar una verdadera obra 
de arte arquitectdnico en alguna al- 
dea perdida alia entre las montanas. 
El campanario tiene un lenguaje 
propio. y lo comprenden todos. ere- 
yentes e incredulos. Habla al corazon , 
habla al artista. al poeta. al viajero. 
al esceptico, al emigrante que parte 
y al que vuelve. Las golondrinas lo 
alegran con su rumoreo, y las cam- 
panas difunden en torno sus sonoras 



voces, que repercuten en los valles, 
indicando al labrador la hora del 
trabajo y la del descanso. ^Desde 
hace cuantos siglos viene repitien- 
dose el fenomeno? No sabria preci- 
sarlo. Solamente se que el primer 
campanario fue construido en la 
Basilica Vaticana hacia el afio 610, 
y que las campanas fueron ideadas 
e introducidas dos centurias antes, 
hacia el ano 410, por el ingenioso 
y docto San Paulino, obispo de Nola. 
Lo que es cierto es que los paganos 
no tuvieron ni torres ni campanarios, 
como tampoco los tuvieron los pri- 
meros cristianos. obligados a reunirse 
misteriosamente en las catacumbas 



at 




para escapar a las persecusiones. 
Reconooido oficialmente el Cristia- 
nismo por Constantino, los ritos em- 
pezaron a celebrarse en publico, y 
se empezo a hacer uso de las campa- 
nas para convooar a los fieles. Sin 
embargo, parece que paso algun tiem- 
po antes de que se abriese camino la 
idea de colocar las campanas en to- 
rres a fin de que pudiesen ser oidas 
a la mayor distancia posible. 

Los primeros campanarios, de los 
ouales se conservan todavia algunos 
originates y buenas imitaoiones, eran 
torres cuadradas y bastante altas, 
de albanileria, con varios ordenes de 
arcos semicirculares, sostenidos por 



c olumnas y adornados con marmol 
bianco, mayolica o porfido. Hasta el 
siglo xv no hubo en Roma y otras 
partes sino campanarios de esa forma. 
El arte arabe, con su notable influen- 
cia, habia senalado una etapa en la 
construccion de los campanarios, que 
estaban recargados de ornamentos, 
recamados, cornisas y capiteles. 

Se llego, en suma, al mayor grado 
de atrevimiento arquitectonico. Baio 
los nombres de arabe, morisca, gotica 
moderna, la arquitectura hizo nota- 
bles progresos, y Carlomagno. que 
tenia especial predileccion por el go- 
tico moderno en vez del antiguo, se 
sirvio de el para la construccion de 



CAMPANILE DE LA CATEDRAL DE PLORENCMA. 



>z 





LA BASILICA DE ASS1SI. L'MBRIA 



las catedrales y campanarios de Pa- 
ris. Reims, Chartres, Viena, Estras- 
burgo. 

En ese estilo fueron construidos 
los campanarios de muchas ciudades 
de Flandes, los Paises Bajos, Ingla- 
terra e Italia. En Roma el estilo 
g6tico fu£ muy poco usado. quiza 
porque los arquitectos preferian las 
formas cuadradas a las agudas. 

Hacia fines del siglo xv la arqui- 
tectura de los campanarios mejoro 
bastante por obra de Brunelleschi 
en Florencia y de Moianc y Pintelli 
en Roma: pero el progreso no se de- 
tuvo alii y durante el Renacimiento 
hubo un periodo de esplendor. 

Por razones de brevedad no ha- 
blari de los principalis campanarios 
de Italia; diri solamente que los mas 
altos son los de Cremona y San Mar- 
cos en Venecia. Como se recordara, 
el campanario de Venecia'se derrum- 
b6 hace algunos aiios. Hasta ahora 
no ha podido averiguarse con preci- 
si6n la causa de ese siniestro. que 
causo consternacion en la ciudad de 
loscanales. en Italia, en donde quiera 
que hubiese un enamorado de Ve- 
necia. Se crey6 que no habria posi- 
bilidad de reconstruirlo; pero la opi- 
ni6n publica y el gobierno resolvieron 
que se hiciera un esfuerzo en ese 
sentido, y la ciencia y el arte italianos 
obtuvieron un bello triunfo con la 
reconstrucci6n del famoso .Campa- 
nile, exactamente igual al destruido. 
Venecia no perdi6, pues. nada de su 
fisonomia historica, y los viajeros 
de hoy pueden contemplar y admirar 
la plaza de San Marcos tal como fue 
durante siglos. 

Es notable el campanario de Santa 
Maria de las Flores en Florencia, 
erigido en 1336, rico en marmoles de 
varios colores y en estatuas de valor 
artistico. Muy antiguos son el de 
Santa Clara, en Napoles (13/ 




LA CELEBRE TORRE IN- 
CLCNADA DE PISA, CAM- 
PANILE DE LA CATEDRAL. 



1GLESIA DE SAN GIORGIO EN VELATRO. ROMA. 



el de Turin, llamado Torre de la 
Ciudad. 

En la cumbre del campanario los 
cristianos pusieron la cruz y el gallo, 
y los mahometanos el creciente. 

^En que ciudad se puso por pri- 
mera vez un reloj en el campanario? 
No se sabe; pero puede asegurarse 
que uno de los primeros casos fue 
el de Dijon, en Francia. 

En la historia del arte y de las 
costumbres el campanario tiene, 
pues, un capitulo interesante. Sobre 
todo en las ciudades pequenas, y 
hasta no hace mucho aun las mas 
grandes ciudades de Italia eran rela- 
tivamente pequenas, el campanario 
con su reloj era el verdadero regula- 
dor de la vida urbana, como lo era 
tambi6n de la vida campesina. Ahora, 
todo el mundo tiene reloj; los hay 
que valen solo unas cuantas liras y 
que senalan la hora tan bien como 
los mas costosos; pero cuando el reloj 
era articulo de lujo, la generalidad 
de las gentes vivia pendiente de las 
campanadas del reloj del campanario. 
El campanario era, ademas, testigo 
mudo de los grandes hechos de la 
vida de la ciudad, porque se alzaba 
en la plaza principal, y en la plaza 
se resolvian las cuestiones que mas 
agitaban al demos, siempre inquieto 
y receloso, en las ciudades italianas. 
Era el campanario un organo vivo 
de la ciudad, que por el contaba sus 
horas de alegria y de dolor. 

La terrible guerra europea, o mejor 
dicho mundial, reservaba a los cam- 
panarios un triste destine Conside- 
rados, erroneamente, como observa- 
torios, fueron bianco de los cafiones 
enemigos, y sufrieron muchos de ellos 
dafios irreparables. 

La historia de las invasiones du- 
rante la guerra esta llena de casos 
de campanarios que, despu6s de si- 
glos de cristiana mision, fueron vie- 



zh 




timas del error, cuando no de la mal- 
dad disfrazada de necesidad militar. 

iQue cambio! La voz sonora que 
llama a los fieles; la palabra de paz, 
de recogimiento y de esperanza; la 
voz tremula del Ave Maria, conver- 
tida en bronce que lacera las carnes, 
mata y destruye. . . 

Ahora, casi todos esos campana- 
rios destruidos o mutilados han sido 
reparados, o se hailan en camino de 
serlo; pero nunca olvidaran los fie- 
les los tristes dias en que los vieron 
alcanzados y heridos por las grana- 
das enemigas. 

jOh! campanas sobrevivientes, he- 
ridas, destrozadas; campanas que 



A IGLESIA DE SANT ERCOLANO 

EN PERUSA, MONUMENTO 

DEL SIGLO XIV. AL FON- 

DO PORTA MARJA, 

OBRA ROMANA. 




debisteis presenciar la lucha sin poder 
evitarla; campanas que senalasteis 
el avance de la muerte, que llamas- 
teis a los fugitivos y dispersos para 
la ultima desesperada defensa, que 
tuvisteis todos los tonos del llanto 
y del dolor: jbien habeis merecido 
ser llamadas les grandes blesees, como 
lo ha hecho un gran poeta trances! 

Cuando la paz volvio, muchas 
campanas derribadas por el fuego 
del enemigo fueron puestas de nue- 
vo en su sitio, con honores milita- 
res, ante multitudes conmovidas. 
jOjala no suenen mas sino para 
anunciar actos de amor, de bondad, 
de trabajo honrado! 




I 



Si. mugs mm: mantengo «n todo su vigor 
fat intsgndad de mi hipotesa. Pero no la con- 
suite con Ameghino . 

EI me vendia laptces de manteca y cua- 
deroos de C. 10. alii «. la cuadra. en el Glipto- 
don. front* al Marconi, y nuestro irate co- 
m ai ciil era tan trecuente que alguna vez rre 
presto su tapicara — infima lapicera. per eier- 
to— para qua aaeribiese mi nombre en el cua- 
demo. Pero omiti consultarle mi hipdtesis. 
Admire usted. si quiere. at preeectsima probi- 
dad mental que impedia a las hipotesis de mi 
nin a r tomar luz y fuarxa del juicio ajeno, pero 
•a ol eaao qua. dasdanando praoaudones tan 
favorablesa mi future prevaledmiento. ni su- 
ps entonces quien era Ameghino. ni de saber - 
lo habiara sabido que el lo fuese. tanto mas 
caanto que m note no que el usaba un aspec- 
ts —nojan te al de su lapicera. 

Lo que hay as que yo ya habia lefdo 
aqueOo de 4os tenebrosos rincones. del cere- 
bro de Gustavo Adolfo y me habia puesto de 
parte de Jos extra ragantes hijos de su fanta- 
sus lo que me permit id adveriir desde el pri- 
- memento que todo esto databa de los 
motes en que el «homo pampeus* 
el «paquiruco.. 

Abarquemos la idea con amplitud y le pin- 
tare la escena. Una cavema de boca estrecha, 
cavada en la piedra arenisca. algunos metres 
rr.as abajo de la Rambla del Bristol. Persona- 
jes: El Homo Pampeus. La Femina Pampea 
y El Paquiruco. El paquiruco no habia por- 
que esta muerto. Sua huesos ma yores conclu- 
yen de calcinarse en el logon prehistdrico, su 
came sabrosa y algunos de sus huesecillos me- 
nores se mueven peristalticamente en las gai- 
tas estomacales de la pareja. Hay otro perso- 
nage, pero es Maelerlinckiano: El Humo de 
Paias y de Charamusca que. naciendo en el 
logon, respira por la boca de la caverna y 
> a sus habitantes de intrusiones pe- 



Al levar.tarse el telon. la femina pampea. 
harta de paquiruco con cuero — mas cuero que 
paquiruco porque es el quien sirve las presas 
— duerme a piema encogida. (Eso de dormir 
a pi nn a sueJta data de la invencion de las co- 
bijas y del empleo de la botella de barro ccmo 
agente termico y es, por consiguiente, muy 
posterior). El homo pampeus, sobre sus po- 
saderss y abrazandose las rodillas. se siente 
sin miedo, sin hambre y sin amor y compren- 
de que esta satisfecho. Sin embargo, vela. 
Ergo, no es felir. 

Este primer acto se lo repite usted por 
todo el tiempo que quiera, noche a noche 
por unas cuantos siglos, pues mientras nues- 
tro sujeto limita su ambicidr. a devenir un 
perfecto Nemrod de paquiruoos. no vaga sino 
para buscane el sustento, y no lo hacen emi- 
grar de su soto de caza sino la fuga de la caza 
mama o la creciente hosiilidad de los ele- 
mentos. El es todavia otra bestia, con fuego 
y boleadoras, convengo: pero bestia como las 
otraa. Su mteligencia esta en la sombra; no le 
sinre sino para devolver en accidn hacia el 
medio, el conocimiento estricto que el medio 
presto a su experiencia. 

Si yo estuviese adscripto a la politica de 
algun partido econdmico, o si me dejase me- 
lena de violinista para parecer poeta, me 
vena todavia obligado a admitir que. aun en 
una primera evoluadn de inteligencia, el ho- 
mo pampeus no emigraria de su tierra nativa 
stoo para pacer mejo r o por acercarse al sol. . . 
Pero razones de consecuenda con una propo- 
stdonanteriormenteinsinuada per mi, me in- 
ducen a rechazar resueltamente tanto el mo- 
thro utiliurio como el lirico, de entre los de- 
terminantes eventuales de esta emigracidn. 

Segun aquella, los diluvios que se produje- 
ron durante el enfriamiento y proceso de es- 
tablecimiento del ciclo de las estadones en el 
planeta, a* deberian a un cambio — oscilacidn 
o dedinaddn— de su eje de rotacidn; cambio 
que no tendria por que haber sido brusco ni 
suprimido la vida animal en cuanto a las es- 
peoes aptas para subsistir retrocediendo ante 
las aguas. Luego, si la emigraci6n del homo se 
comprobase derta y la del paquiruco solo fue- 
ra hipotetica, si no hallaramos sus restos en 
las huellas de la peregrinaddn del otro, ni en 
grandes hecatombes signos de accidentes ma- 
yores, elio equivaldria a dedr que ei homo se 
iba porque le daba la gana. y no en persecu- 
cion de su desayunc. No solo de pan vive el 
'.. aunque sea pampeus. y el motivo 
- quedaria pulverizado en su caso y 
para su dignificacion. 

Por lo que haria al motivo lirico, lesis posi- 
ble de los melenudos. tenga presents que 
mientras no sepamos cual era la posici6n del 
eje de la tierra en el momento de la emigra- 
cion. no podremos conjeturar si el viajero, al 
trasladarse al Africa, marcharia hacia el este 
o hacia al norte, que bien pudiera ser que el 
sol saliese entonces por detras de aquel con- 
tinente que es ahora d polo antartico. 

Entonces, si admitlesemos con Ameghino 
que las aguas que por d oeste limitan la for- 
rr.ar.4n entrerriana no venian precipitandose 
todavia hada d sud ni podian molesur o 
atemorizar al cazador de paquirucos, ^como 




alcanzaria usted a expiicarse el que un hom- 
bre, pampeus pero satisfecho, joven, recien 
casado, seguro de poder eoger cada tarde tal 
pieza de ojos saltones o su -puppy* cabiz- 
tuerto. y de comerselo tranquilamente todas 
las noches en una confortable caverna vecina 
al mas aristocratico de los balnearies sud- 
amrricanos. se ponga stibitamente de pie, y, 
tomandola de la crencha. transporte a su 
seftora, que tal vez esperaba otros transpor- 
tes, a esta erecta pcsici6n, y le debite, neto, 
en querandi primitivo: 

— jVamos a cruzar el Arquelenis! . . .? 

Pero aqui es, precisamente. donde sobre- 
viene aquello de clos tenebrosos rincones» del 
cerebro de Gustavo Adolfo Becquer. 



II 



Nada esta en el espiritu que no haya esta- 
do antes en los sentidos. 

Segtin esta proposicidn. los sentidos, vistos 
exteriormente, parecerian como una herme- 
tiea fiambrera de paredes enlozadas, desti- 
nada a conservar fresco el espiritu. El conti- 
nente y el contenido serian el entendimiento. 
Pero. . . o la fiambrera es mala, o no es tal 
sino caja de sorpresa. Porque lo que adentro 
se guarda, fermenta, se recalienta, hincha las 
paredes y hace saltar la tapa. El agente de esa 
fermentacidn es La Esperanza. ^Quiere usted 
tener la amabilidad de decirme por cuales de 
los cinco sentidos ha pasado la esperanza 
para llegar al espiritu? 

Todavia, si usted los estudia uno a uno, 
comprobara que los cinco sentidos son pesi- 
mistas; y si los considera en un nexo, com- 
probara que son escepticos. Los cinco senti- 
dos del dolor y la duda, pues, no son permea- 
ses a la esperanza. Ademas, de muy buena 
fe se preguntan ante cada alegria y cada fe- 
ndmeno imprevisto: ^estamos vivos y des- 
piertosV, £podemos confiar en nosotros mis- 
mos? Ya ve usted, pues, que la raz6n no ha 
aprendido de si misma verdad mas clara que 
!a de su falencia. 

Pero no tema usted que por esta observa- 
cidn quiera yo traerlo al espiritualismo, como 
no lo pretendieron el padre de la ideologia 
con su •inquietud*. ni el malogrado maestro 
de la biologia moderna con su fe previa en 
ciertas leyes de los fendmenos que aun nues- 
tra experimentacidn no ha sujetado integras 
a su contralor. En rigor, sentir la existencia y 
el poder de esa inquietud de Locke, de esa 
•fuerza* de Condillac, porque es «natural* o 
•histdrica> como dice bonachonamente Juan 
Jacobo; o mantener dentro de lo racional la 
excusa de esa fe en la evidencia material de 
leyes que s6lo se demuestran claras con el 
socorro de la Idgica mental, es confesar que 
hay un poco de dogma en la disciplina de Le 
Dantec y fanatismo de progreso en el Credo 
de Ameghino, es confesar que por encima de 
escepticismo y del 
pesimismo de los 
cinco sentidos ave- 
zados al error y la 
muerte, prima sobre 
todo lo humano un 
pincipio de accidn 
optimista y creyen- 
te, que en los jalo- ilustkac.6h 




nes del pensamiento o del progreso cientifico 
vamos reconociendo primero como natural, y 
sucesivamente como trasmisible, bioldgico y 
filogenico. 

Retrocediendo hacia las fuentes del proble- 
ms, cumple advertir que no son la risa ni el 
llanto, ni lo que Spinoza llama «afecciones», 
caracteristicas diferenciales suficientes entre 
el hombre y el animal. Toda nuestra humana 
comedia moral no es sino un silogismo inepto 
a socapa del postulado bestial de Hobbes. La 
curia que partiendo el tronco de los homini- 
dios primitivos ech6 a los antropomorfidios 
hacialabestializacidnyelcasidesaparecimien- 
to, ya los hominidios caracterizados hacia la 
humanizaci6n y el dominio del mundo, no ha 
sido el medio, tampoco, aunque tal se pre- 
tenda. El medio es el bestializador por exce- 
lencia, y cuanto mas propicio. Y es el ahuyen- 
tador y el aniquilador decisivo en cuanto co- 
mienza a tornarse adverso; las especies no 
son susceptibles de degeneracidn fisica, vege- 
tan en un ambiente neutral, crecen en el rico 
y pereeen en el mezquino. Pero la curia entrd 
tan hondo que taj6 el tronco como lo hiciera 
un rayo, y cort6 toda raiz que fuera com tin. 
Cuando Darwin se bajd a reconocer tales rai- 
ces, las sotanas se arremolinaron como gra- 
jos, protestando que su sosten |ingratol no 
era el arbol sino el aire. Bueno, convenido; 
para mi la cuna fue La Esperanza; jdecid 
vosotros si ella es aire o polvo! 

Sin ser sabio de ninguna manera y mucho 
menos de las ciencias de los otros — como cada 
una de ellas esante todo un vocabulario con- 
vencional -tambien mi filosoficula pretende 
ahora el derecho de usar los vocablos comu- 
nes con las acepciones que mis definiciones 
les atribuyen. Para mi, La Esperanza es esa 
•aptitud de la atenci6n para buscar o perse- 
guir, fuera de la 6rbita de las necesidades, una 
finalidad ajena a la experiencia*. Aqui si que 
la diferenciacion entre el hombre y el animal 
se hace honda y patente, porque la bestia no 
es capaz de acci6n voluntaria que no acuse 
motivo utilitario, habito o experiencia. Y no 
hablemos de instinto, porque nada es tan 
utilitario como el. 

Los mas nobles titulos que con orgullo 
reivindica el fuero humano — aquellos que el 
materialismo califica de inhumanos cuando 
mas exacto fuera reconocerlos inanimales — 
el ascetismo, el misticismo, el estoicismo, son 
fijaciones de la esperanza. Como fijaciones, 
han ahogado hasta el ultimo motivo animal: 
fuera de la drbita de las necesidades, es decir, 
en plena Libertad, persiguen finalidades aje- 
nas a la experiencia, como ser la santidad, la 
beatitud, la serenidad. 

Mi homo pampeus, pues, tuvo el primero 

esa aptitud de la atencion; se sinti6 libre y 

us6 de su libertad cruzando el Arquelenis. 

Tal como la he definido, dicha aptitud no 

pudo engendrarse en el dolor, ni en el miedo, 

ni en la agitacion de 

las pasiones materia- 

les, pero unicamente 

en vigiliadeplenitud 

- QJ ^*^. tan equilibrada co- 

'^ I OStl mo P ara °, ue ' os er- 

1 . . ganos satisfechos no 

aduerman a la aten- 

de Alvarez ci6n. Por carecer de 



ese equilibrio, el malhadado Diigenes Teu- 
felsdrdckh anda tanto camino y tarda tanto 
tiempo para llegar— chillando y gimoteando 
como un despreciable bipedo — a la sucia y 
estrecha Rue de Saint Tomas de l'Enfer; 
donde por fin se da cuenta de que no hay 
firmada Acta de Legislatura que establezca 
que el debia ser feliz. Mi homo pampeus lo 
era y se pas6 de ello; de lo que no podia 
pasarse era de ir adelante, y por eso poblo 
el mundo sin esfuerzo, mientras el singular 
profesor se detenia a amarlo mezquinamente 
desde su «punto de indiferencia», o, con mas 
precisidn, de esterilidad . . . Y luego es el 
quien dice que ha cerrado su Byron para 
abrir su Goethe. 



vamos, hombrel. 



Ill 

De la acci6n al hechc media, sin salir de la 
actividad positiva, una «nuance»como la que 
en este caso distinguia el «ir hacia la esperan- 
za*, al cestar en ella». 

Este ocio de la esperanza, es La Fantasia, 
verdadera «oscitatio fabra», pereza de la ne- 
cesidad que se descansa en la atenci6n de 
arte. El Diablo hebreo, cuando no tiene nada 
peor que hacer, mata moscas con el rabo; — 
se trata de un pobre diablo de sinagoga, de 
ciudad. de conciliabulo y de tufo libresco, 
otro Teufelsdrockh, en una palabra. Pero 
la fantasia es pagana y, en consecuencia, una 
»open air girl» perfecta. 

Jugando al escondite con las Ninfas, inven- 
t6 la Danza, arte de marchar al sacrificio de- 
seado y natural por el camino menos recto, y 
en cuyas disciplinas se gradu6, tal Isadora 
Duncan, Galatea. Tambien la fantasia, com- 
padecida de Baucis, hil6 en la seda de las 
moreras de Atica rubias crenchas de juven- 
tud que, trenzadas a las naturales, hicieron 
reverdecer la ilusion y el vigor del Esposo, y 
con tal don se teji6 pues, a un tiempo, la tra- 
dicion que adorna al recuerdo y el lujo que 
adorna a la vejez. Por ultimo, cuando el vie- 
io homerida sesteo el bochorno a la sombra 
de la higuera eginense, la Fantasia, filtran- 
dose entre las anchas hojas y las torcidas ra- 
mas, le bordo en el basto manto de lana la 
abeja y la cigarra doradas, la Filosofia y la 
Gloria. 



El extasis de la esperanza es La Inspira- 
ci6n; la que en el Sancta Sanctdrum de mi 
metafisica, se la define pero no se la describe. 

El tabaco, el alcohol, losalcaloides, el ham- 
bre, la astenia nerviosa, suscitan voces de 
extrano aliento en el cerebro; y la impacien- 
cia, la embriaguez, el coma tdxico, la fiebre 
visionaria y la tara degenerativa, piden con 
esas voces un cambio, una mutacidn exal- 
tada que remedie teatralmente el trance ani- 
mal y doloroso. Si ellas dicen: tsomos inspi- 
racion», jmienten! Suprima usted el vicio, 
rellene la panza, cure la afeccion, y el pseudo 
iluminado gozara de su nueva tranquilidad 
con toda esa placidez maliciosa que hace tan 
bellacos a los filisteos. 

Pero cuando sin hambre, sin miedo y sin 
amor, en el retiro de la plenitud material, 
una insatisfaccion mental aun tiene voz para 
arrullar nuestra vigilia y para describirnos el 
medio, no con relacion a nosotros mismos, 
sino a su propia inmensidad, ique mas da que 
sea un cerebro de doscientos siglos antes o de 
veinte siglos despues de Jesucristo el que se 
electrice de volicidn, por medirla o por domi- 
narla? En realidad, esto de crear ideas pro- 
pias o de apacentar las ajenas, esto de tener 
talento, se ha hecho un oficio. Y el arte se 
ha hecho una industria. (Y la Gloria, reba- 
jada a simple Fama, suena lo que suene la 
trompeta del avisador americanc. Para los 
filisteos poco importa que el mismo Apolo 
venga a manejar el coche a la Daumont que 
carga el bombo de los cigarrillos). Pero tam- 
bien, hoy mismo y por eso mismo, ya hay 
muchos que se preguntan si el arte esta en la 
obra o debe estar en la intencidn. 

Si esto ultimo fuese lo mejor, convengamos 
en que nadie estaria tan acertadamente co- 
locado para realizarlo perfectamente como e! 
que pudiendo pasarse de cuidar su felicidad 
en lo material, mi homo pampeus, pudo, en 
lo espiritual, pasarse de ser inteligible. Cual- 
quier Mallarme, declarandose dispuesto a 
crear su belleza mientras no haya catorce 
personas capaces de comprenderla, estaria 
demostrandonos que aun es posible renovar 
con la Inspiracidn, aquella travesia del Ar- 
quelenis que una vez se inicid con la Es- 
peranza. 







I .i lio: 



Y, para terminar, esperemos que su muy 
ortodoxa cocinera no nos haya servido el 
Espiritu Santo en ese pastel de ave ia la 
gelee» ( y trinquemos, amigo, otra copita del 
licor verdeamarillo porque se detenga el pro- 
ceso de bestializacion que desde la calota fo- 
sil del antropomorfo, espia a las meninges 
del hombre de la fiambrera herm6tica. 




A/Ano) 
Aparao 

A B U E°L I T 

OLEO D 

EKNESTOe laCAKCOVA 



A 






etratistas ingleses de la deci- 
maoctava centuria forman una 
pteyade de luminosos y solidos 
talentos. Sus obras. todas maes- 
tras. tienen un sello de indiscu- 
tible aristocracia; es una pintura 
de guante bianco, una pintura 
•gentleman* donde la cortesia del 
artifice se une a la cortesia del modelo. Pero 
el lapiz y el pincel no llegan a la adulacion: 
alaban solamente, hacen resaltar las buenas 
condiciones del personaje. Procurando darnos 
una clara sensacion de realidad, aquellos ar- 
tistas trabajan la carne cuidadosamente. Diria- 
se que injertan piel como habiles cirujanos. Y, 



L 

SSI 



lmae/to/ 

INGLE/E/ 

DEL/IGLO 

XVIII 



como modistas, visten a sus clientes de verda- 
deros terciopelos, sedas, panos, galones y enca- 
jes. Deseaban los lores, ladies y ricos de aquel 
Londres legar a sus familias la vera y aristo- 
cratica efigie, y, como pagaban esplSndida- 
mente, exigian prodigios de imitacion. Nunca 
les agradecera bastante el mundo este deseo. 
Sir Joshua Reynolds, Thomas Gainsborough, 
sir Thomas Lawrence, James Northcote. sir 
William Beechy y otros ilustres clasicos del 
retrato predilecto de los senores ingleses han 
cumplido un deber digno de imitacion, ayu- 
dados por el tiempc, que da patina a la pin- 
tura, y de la fortuna. que esparcio sus obras 
por el mundo para mayor deleite de todos. 




MRS. t ELIZA 
BETH WYN 
NE.PORTHO 
MAS GAINS 
EOROUOH. 




MISS ELIZA- 
BETH KEP- 
PEL, POR SIR 
JOSHUA REY- 
NOLDS. 



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P 




EN BUENOS AIRES, EL DIA CINCO DEL MES DE SEP- 

TIEMBRE DEL ANO MIL NOVECIENTOS VEINTIUNO, SE INAU- 

GUR6ELTEATRO CERVANTES. LA ACOGIDA ENTUSIASTA TRI- 

BUTADA POR LASOCIEDAD ARGENTINA IMBORRABLE 

HA DE QUEDAR EN LA MENTE DE CUAN- 

TOS ASISTIERON AL MAGICO Y ARISTOCRATICO 

ESPECTACULO DE LA INAUGURACION. EL ENTU- 

S1ASMO PUESTO EN EL APLAUSO CALU- 

ROSO DEMOSTRO CON ELOCUEN- 

CIA LA ADMIRACION, LASIM- 

PATl A Y, iPOR QUE NO DECIRLO?, EL 

AGRADECIMIENTO HACIA 

LA OBRA MAGNfFICA, IDEA 



DON FERNANDO DIAZ DE MEND02A. 




iATPoO 



SOSTENIDATIEMPO HA Y 
REALIZADA POR 
LOS DOS 1 LUS- 
TRES AR- 
TIST AS. 




or lo regular el tablado acota las publicas activi- 
dades artisticas de los actores. El dificil estudio, 
los pacientes ensayos y las mas o menos habiles 
interpretaciones aoaparan sus vidas y regatean sus 
ocios. Un telon que cae es una cortina que se le- 
vari ta abriendo paso al bien merecido reposo. Y 
si a tan eontinuas labores agregais la responsabi 
idad directiva, la lectura de obras y el indispen- 
sable ajetreo a que obliga el trato social, com- 
prendereis facilmente lo justa que va a ser esta 



LOA DE LOS Hacedme la merced, mi senora dona Maria, de de- 

FUNDADORES cirnos con que artes enamorasteis al Tiempo para asi 
convertirle en sumiso servidor de vuestros caprichos. 
Miradle como os festeja, como os regala, como prolonga sus minutos y 
abrevia sus afios. Mas rendido galancete no se vio nunca ni en corte ni en 
cortijo, ni en la enamoradiza calana de la ficcion teatral. Reparad que 
viejecito y qu6 ardoroso, que prodigo y que previsor, mi senora dona Maria. 
Jamas os pidio celos aunque le sobraron razones para sentirlos. y muy 
gustoso vio siempre los discreteos y las fingidas penas y catastrofes que 
teneis y sufris al tratar con las criaturas de Calderon, fray Felix y otros. 




EI admira ese vesTiBU - 

I _ __.„;„ LO QUE COMUNI- 

claro ngenio CA C0N EL PASA . 

temenil.esado- 0IZO DE AUT0 . 

nosa travesura m6viles. 

con que le en- 

eanasteis de 

continue Y 

hace perfecta- 

mente el discreto enamorado, 

;pues quien guarda la casa con 

dos puertas de un arte tan sutil? 

Un dia os dijo: «Yo se, mi seno- 
ra que mereceis un regalo regio. 
Imaginad lo mas suntuoso; hare 
lo posible por complaceros». Vos 
lo concebisteis muy grande, muy 
artistico, y a vuestro gusto fue 
batida la fabrics de un teatro. 
lEstais ya contenta, mi senora 
dofla Maria? ,jTodos y todo os 
obedecieron igual que el viejecito 
enamoradizo y prodigo? 

Hacedme la merced, mi sefior 
don Fernando, de decirnos si 
estais contento. La escena clasica 
espanola ha invadido nuevamente 
la sala. Aquellos publicos de an- 
tafio que oian las primicias de 
Calderon, Tirso, Lope y tantos y 
tan grandes numenes pudieran 
encontrarse casi a su placer en 
esos sillones. Vos compartisteis 
con dona Maria la idea, imaginas- 
teis tenazmente la construccidn de 
un teatro donde el alma de las 
cosas pasadas se manifestase a las 
generaciones de ahora. Ya las 
consonar.cias del verso clasico 
resuenan en un ambiente conso- 
nant*. ;Estais ya contento, mi 
jx don Fernando? 

Por todo cuanto habeis hecho, 
por todo cuanto se puede hacer 
en el camino y lugar que prepa- 
rasteis. loados seais, mis sefiores 
dofia Maria y don Fernando. 
Realizar un suefio que realice el 
suefto de los demas. conseguirnos 
un sitio propicio al mutuo amor 
de dos naciones siempre unidas 
y siempre separadas es vuestra 
obra. Podeis recabar el titulo, el 
privilegio de haber sido en el arte 






lii 



i 



'If! | 



PRIMORO- 

SA REJA DE LA 

BOLETERiA Y 

TROZO DEL ZO- 

CALO. 



escenico y mas 
alia del arte es- 
cenico fieles y 
en tusi as t as 
amadores de 
Espafia y de 
la Argentina. 



VLSI 










LOA DEL Frente al espec- 

PUBLICO. taculo teatral el 
publico es otro es- 
pectaculo. Actos de la «comedia 
humana» representa el publico 
compitiendo con los actores, y 
resultan muy entretenidos los 
que tienen por escenario la sala 
de un coliseo. Las infinitas «po- 
ses» del multiple artista, sus dia- 
logos oidos o adivinados, sus gri- 
tos, todos merecieron inacabables 
comentarios en prosa prosaica y 
literaria. El crcnista social enu- 
mera cuidadosamente los nom- 
bres y apellidos del bello, rico 
y distinguido sexo, sin acordar- 
se para nada de las mujeres 
an6nimas. El critico, aun ala- 
bando al publico en general bajo 
el nombre generico de concu- 
rrencia, suele hacer distinciones 
relacionadas con el criterio del 
cronista social. Los autores, joh 
publico!, te llaman vulgo a secas 
y como a vulgo te tratan. Af irman 
unos en verso y con Lope, que es 
justo servirte las necedades que 
te gustan y que pagas. Otros, 
siguiendo a Cervantes, dicen: 
<Asi que no esta la falta en el 
vulgo que pide disparates, sino 
en aquellos que no saben repre- 
sentar otra cosa». 

Esta loa, dedicada al publico 
que en la noche memorable (5 de 
septiembre) asistio a la inaugu- 
racion, se aparta de todos les 
juicios adversos. Porque ni pedis- 
te ni te vendieron disparates, ni 
ningiin escritorzuelo se atreveria 
a recordar la palabra vulgo. 

Tu, publico respetable, acudiste 
al teatro como a un museo. Ya 
habia comenzado la representa- 






cion y aun seguias visitandolo 
sin perdonar detalle ni recoveoo, 
sin utilizar los ascensores en la 
larga peregrinacion. 

Y luego premiaste la obra de 
los esposos artistas con intermi- 
nables salvas de aplausos. Como 
el vulgo tiene un carifioso cora- 
zon, como es entusiasta sin re- 
servas, ahora si que te pudieramos 
llamar vulgo. Hay veces que tu, 
publico distinguido, formas es- 
trepitos de muchedumbres. En- 
tonces, al romperse el hielo de la 
etiqueta, cuando por una causa 
grande te entusiasmas, eres jus- 
tamente publico. Los hermosos 
ojos de las valiosamente apelli- 
dadas brillan emocionados; las 
manecitas palmotean carinosas, y 
te pones hermosisimo, publico, 
con el jubilo verdaderamente fe- 
menil de tus lindisimas mujeres, 
respetable publico porteno. 

Justicia es loar el justo home- 
naje que has sabidc rendir a la 
magna labor de cultura y frater- 
nidad. 




EL CERVANTES 
SIN CERVANTES. 



No es el 
cervantis- 
ta sino el 
cervantofilo quien diraalgo sobre 
ciertas omisiones. Muchos acha- 
ean a la andante espanolada la 
mania de no saber hablar sin 
acordarse pre- 
ferentemente 
de don Miguel. 
Segiin ellos, el 
lector hispano 
hallase renido 
con toda prosa 
o verso que no 



sean cervantinas. Precisamente, 
una de las debilidades del espanol 
estd desde hace tiempo en e! pre- 
ferente gusto por las literaturas 
extranjeras, y la francesa sobre 
todo. Y por lo que se refiere a 
los escritores nacionales, don Mi- 
guel no ocupa el sitio que merece 
en la lectura popular. 

Ya que se bautizo el nuevo 
teatro con el ilustre apellido, se 
impone notar las aludidas omi- 
siones. Salvo aquel letrero que 
sobre una puerta lo reproduce, 
con poco gusto, valga la verdad; 
salvo los azulejos que coronan la 
reja de Pilatos, y salvo algunos 
refranes, don Miguel no aparece. 
Tampoco se acordaron del 
Manco (que escribio algunas 
obritas represen tables y repre- 
sentadas) en la noche de la inau- 
guraci6n. Fue su enemigo Lope 
quien nos recibio en la nueva casa 
espiritual de Cervantes. Bien es 
verdad que en las estrofas de 
Marquina y Fernandez Ardavin 
se le rindio tributo de pasada, 
y que las conferencias de dona 
Rosa Bazan de Camara equivalen 
a un desagravio; pero triste resul- 
ta que el gran Shakespeare y los 
bailarines rusos demuestren su 
genio y su agilidad alii donde 
no hubo para el sefior de la ca- 
sa, para el ingenioso hidalgo 
don Miguel de 
Cervantes Sa?- 
vedra, ni el 
hueco conce- 
dido a lo que 
ahora llama- 
mos una pe- 
tite piece. 



VISTA PAR- 

CIAL DEL SENCI- 

LLO Y LUJOSO 

SA L6 N DE LA 

CONF1TER1A. 












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LA ESCALERA PRINCIPAL. AL PRENTE UNA REPRODUCTION DE LA REJA DE LA 
CASA DE PILATOS, UNA ESCENA DEL OUHOTE Y Uti JARR6N DE ESTILO MOZARABE. 




UNO DE LOS MAS LINDOS R1NCONES DEL ORAN VESTIBULO CONDE 
ESTA INSTALADO EL MAONIFICO VELON DE SEIS MECHEF.OS. 










^l£* 






EL CULTO 
AL DETALLE 



EL SUN- 
TUOSO SALON DC 
BAIIE. UNA DE 
LAS 'OYAS DEL 
TEATFO. 



Las palabras 
Renacimiento 
Espanol unidas 
a la de Cervan- 
tes constituyen 

un simbolo. Al loar a los funda- 
dores y al publico que los aclamo 
hemos querido alabar con entu- 
siasmo el grandioso esfuerzo y 
su esplendida con»ecuencia: el 
Teatro Cervantes. 

Unicamente los edificios mate- 
riales y espirituales que no pueden 
resistir !a critica tienen miedo a 
los reparos. Las torres que despre- 
cio al aire fusron antes se hun- 
diran a su propia pesadumbre 
que al golpe de los arietes mi- 
nusculos de la critica. Ahi esta 
el Wngenioso hidalgo don Quijote 
de la Mancha , comentado, zahe- 
rido. criticado minuciosamente. 
Por deslices de lenguaje, por olvi- 
dos del ilustre novelista por cues- 
tiones de pormenores andan los 
.os a vueltas con el Libro. 
,ue vamos a escribir no es 
?n del teatro: son cbser- 
ones hechas por las gentes y 
recopiladas por quien desearia 
perfecta la obra, tal y como fue 
con I os acti vos cerebros. 

Fue elegido para la misidn de 
alb- el edificio de 

la • de Alcala de 

Hen.-. 

mos del pri- 
mtr 

. i ss abri6 a la 

En el edificio 

por 

• r\ piedra 

Es de estilo Rena- 

grandes relieves, 

y e 'os dos prime- 

ros cuerpos en cinco pa 




DESCAN- 
SILLO DE LA ES- 
CALERA VISTO 
DESDE LA CON- 

FITERIA. 



oolumnas pla- 
terescas. Cua- 
tro rnedallones 
con los docto- 
res maximos 
de Ha I glesia 
adornan las 
ven tanas ba- 
jas; a lo largo del segundo cuerpo 
corre una galeria de arcos estira- 
dos, cortada en el centro por un 
atioo, y en medio del frontis que 
la remata aparece el Redentor 
bendiciendo al mundo. Una ba- 
laustrada final se corona con agu- 
jas goticas, y rodea tres partes 
de la fachada e! cordon de San 
Francisco. En el centro alzase la 
puerta hasta mayor altura que 
el edificio, con columnas plate- 
rescas y corintias adosadas a 
los lados, y cuatro guerreros y 
escudos de Cisneros orlan el ba!- 
con principal. El tercer cuerpo 
sostiene un gran escudo imperial 
con las columnas de Hercules y 
dos reyes de armas». 

Aunque bien mirado tal facha- 
da no es muy aproposito para un 
coliseo, ya que en ella recay6 la 
eleccion pudo haber sido tradu- 
cida mas fielmente al portland. 
Se la plego casi para trasladarla 
y adaptarla con mayores comc- 
didades a la esquina C6rdoba y 
Libertad, perdiendo en la mu- 
danza muchos de los adornos re'.i- 
giosos y heraldicos, que le senta- 
rian al Cervantes como el tradi- 
cional par de pistolas al Cristo, 
y otras excelencias que no debio 
perder nunca. Entre estas ultimas 
es preciso lamentar los relieves 
de la puerta principal, que en la 
reproduccion no es principal, sino 
semisimulada, ya que no conduce 
a parte alguna. En el resto de la 
fachada se han introducido mu- 
chas mas modificaciones. 

Pero asi y todo la imitaci6n de 



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Hay detalles menudos que afean 
enormemente. La electricidad, 
la calefacci6n y e! servicio con- 
tra incendios traen erratas y erra- 
tas a porfia. Los tomacorriente, 
Haves, caloriferos. y otras cosas 
modernamente necesarias son te- 
rrib emigas de los es- 

smo un tomacorrien- 

je una Have pueden ser cons- 

truidos segun estilo; y el calori- 

en la disimuladora 

pared. 

Ahi esta el arte del detallista. 

jltoso y sencillo al mismo 

po. Un trabajo prolijo de 

•ecciones debe realizarse para 

irar estos descuidos. 

Dos cosas mas y termina- 

mos con estas chifladuras 

del detalie al por menor: 

los barrotes dorados 

que separan los pal- 

EDUARDO cos no parecen 

roros de muy ajustadcs 



£s £m^'m!mfe a?s&: 









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«*• 



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ASPECTO 

GENERAL DE 

LA SALA. 



EL NOTA- 
BLE TEL6N DE 
BOCA. 




FRANCISCO CABALLE, 



QUE DECOR6 EL TEATRO. 



al Renacimiento Espanol y el te- 
cho de la sala tampoco dice muy 
bien dentro del estilo. 

Pocas seran las erratas que re- 
sistan el ingenio y buen gusto de 
los eximios fundadores. Y. lo re- ( 
petimos, ninguna de las observa- 
ciones restan, ni quieren restar, 
meritos a la magnifica obra ya 
realizada con gran maestria. 

AUGUR /OS. El Teatro Cer- 
vantes, nacidocon 
buenaestrella, ha de cumplir una 
mision doblemente meritoria. Es 
un pedazo de Espana que inmigrd 
aBuenos Aires no por pobre ni por 
desterrado. Mediante la labor ar- 
tistica que el grandioso edificio 
patrocina e! arte espanol ha- 
ra su Amdrica espiritual, 
uniendo carinosamente 
dos escenas que deben 
completarse por- 
que tienen iden- DEL SAZ. 
tico destine baldisserotto. 



8fe 





HPT IT* 
4 -3 




Ya lo dice el refran: «De poeta, musico y loco 
todos tenemos un poco'>. Poesia, musica y locura 
mezcladas en diversas proporciones constituyen 
el arte, y del influjo del arte nadie se libro en el 
mundo. Los mas terribles enemigos del ritmo, los 
mas cuerdos tienen un punto vulnerable en donde 
la locura artistica hiere dulcemente. 

Entre aquellos hombres que a hierro mataban 
y a hierro morian, entre los duros e inconscientes 
inmigrantes de la conquista vinieron otros a quie- 
nes ningiin historiador menciona. Eran guerreros 
de ocasion cuyas mocedades la musa popular 
habia alegrado y tal vez pervertido. En suequipaje 
de soldados reservaban un sitio para la vihuela 
y en su memoria atesoraban los cantos nativos. 
Eran j6venes, mas dispuestos a cambiar cuentas 
de vidrio por un abrazo y una mirada que por 



^ J- Jw 



el oro. Y en medio de la conquista. entre los corn- 
bates lograron su ideal. Constituian un lazo de 
union, un arma pacifica de gran poder. Llegaron 
a donde no llega el conquistador: al corazon del 
pueblo. Viajaban protegidos por la bondad y el 
arte. Si caian prisioneros del indio, el arte y la 
bondad los salvaban. y. muchas veces se pasaron 
al enemigo con armas y guitarra huyendo las 
enemistades y las penas que en las filas conquis- 
tadoras les aguardaban. En aquellas deserciones 
tuvo su fundamento el arte popular sudamericano. 
El arte popular, es decir, la musica, la poesia 
y la locura de todo pueblo, constituye algo tan 
intimo que parece ridiculo a los demas. El arte 
popular es profeta en su tierra y pocas veces en 
las extranas. Solo los hombres verdaderamente 
artistas saben admirar toda manifestacion de arte. 



Pero cuantos. en cambio. rien en presencia de 
esas manifestaciones para ellos exoticas. Cualquier 
bailarina andaluza no tendria palabras con que 
ridiculizar una danza escocesa; el mas grave bai- 
larin escoces se sonrie por lo menos ante un zapa- 
teado. Y aun dentro del mismo pais existen 
Dersonas que se avergiienzan o se burlan de las 
danzas y cantos nativos. 

A pesar de tales contradictores el pueblo, que 
siempre lleva la razon pues obedece a un instinto 
mas alto, sigue adornando sus ocios y sus alegrias 
con el arte tradicional, transmitiendolo de pa- 
dres a hijos amorosamente, cuidadosamente. 

Actualmente en la Argentina se desperto el 
amor de todos hacia el arte nativo. porque ele- 
gancia. dulzura. inspiracion y delicadeza hay en 
las costumbres de nuestro pueblo. 



ILUSTRACION 



ZAVATTARO 




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FUNDADOK_, 



N aquel claro y fuerte espiritu se 
unian el culto a la tradition y el 
amor al progreso. Era un hidalgo 
de antiguo curio chapado a la mo- 
derna. Entre los argentinos ilustres 
de la pasada centuria sonara siem- 
pre el eufonico y vigoroso nombre 
de Dardo Rocha como un eiemplo 
de energia patriotica. Militar, politico y periodista 
Kocha cumplio laboriosamente sus deberes. Los 
pueblos jovenes exigen a sus talentos multiples y 
antagomcas tareas. El supo responder a todos los 
easos de urgencia que su pais le presentara. 

Habia nacido el I." de septiembre de 1838, en 
plena lucha constitutiva, y alcanzo a dar cumpli- 
miento a una obra fundamental. Guerrero de Cepe- 
da Pavon y Paraguay, aquel doctor en leyes, bon- 
dadoso y pacifico, abandona la militia dedicandose 
al penodismo y a la tribuna parlamentaria. En 1873 
ocupa una banca de senador national distinguien- 
dose como uno de los mas elocuentes oradores par- 
lamentanos. Federalizada la ciudad de Buenos Ai- 
res gracias a la campana senatorial de Rocha, el 
eminente ciudadano deciina el cargo de ministro 
que le ofrecen y en 1881 ocupa la gobernacion de 
la provincia de Buenos Aires. 

Alii comienza el periodo mas glorioso de su vida 
el que lo distingue entre los ilustres argentinos de 
la pasada centuria. Porque Dardo Rocha esconocido 
siempre como el fundador de La Plata. Si queremos 
nallar hombres de este temple necesitamos remon- 
tarnos a las antiguas epocas. En las modernas se le 
aeoe considerar como el mas grande de los fundado- 



K.O C H A 




UNA DE LAS ULTIMAS FOTOGRAFIAS 
DEL EMINENTE CIUDADANO. 



DE LA PLATA 



res. Era un problema intrincado el 
de la capital bonaerense. Muchos 
obstaoulos necesitaban salvarse, 
muchos futuros obstaculos habia 
que prevenir. La fundacion de La 
Plata es un acierto de vidente que 
el futuro demostrara muy pronto. 
El doctor Dardo Rocha, con es- 
piritu de Garay, hizo surgir magicamente esa ciudad 
edificada toda ella como una sola casa. en un abrir 
y cerrar de ojos. Y al mismo tiempo fundo la pro- 
vincia, porque a crear un Estado equivale la obra 
legislativa, administrativa e industrial que Rocha 
reahzo durante su mandate. Desde aquella epoca 
se imoia el espiendor de esa provincia vasta y rica 
como un pais. Carreteras, ferrocarriles, un puerto 
la simetnea y graciosa ciudad, toda salio de sus 
manos en un prodigio nunca superado, desde ha- 
cia muchos siglos en el mundo. 

Tal esfuerzo le conquisto la popularidad que go- 
zara hasta ultima hora y que sera su timbre glorioso 
Oandidato a la presidencia de la Republica fue de- 
rrotado, sin embargo, merced a un golpe de la 
antigua politica. 

Ultimamente vivia retirado de la vida publica 
gozando de una placida ancianidad consagrada al 
estudio y al arte. Ha muerto como el maestre cuya 
memoria enaltecio la inspiration filial de lorire 
Mannque: rodeado de los suyos. sin temores de- 
volviendo cristianamente su existencia. 

Su monumento es una ciudad que cumplira en 
el porvenir la mision de grandeza prevista por su 
llustre fundador. 









/)■( I c 



- Companera. 
la que alegras mi ranchito, 
si sano porque estoy sano, 
y si malo por malito: 
yo no me puedo pasar 
sin tu cuido . . . 

Companera... mi compaBa 

y en mis trabajos alivio: 

no pongas en otros ojos 

que los mios 

tus ojos 

donde me miro. . . 

No te vayas, no me dejes, 

jMira que te necesito!. . . 




c necerz 



Y.i >/ 




Compafiero. . . 

pajaro amante que al nido 

no vuelve una vez siquiera 

sin traer algo en el pico, 

y que me endulza la vida 

con sus trinos. . . 

Compafiero. 

no te vayas a otros pagos, querido. 

Dicen que el pan es la vida, 

yo te digo 

que mi vida 

es tu carifio. . . 

No me dejes. . . 

jMira que te necesito!... 






mpafiero 
sost^n de nuestro ranchito. 
apoyo 

de este dibil cuerpo mio.. 
Ie6n para defenderme 
y en mis brazos corderillo. 



// / 



ilustraci6m 
p E Alvarez. 



& 



jCompafiera! . . , 

jCariiio! . . . 
- No te vayas . 



jCompanero! 



— No me dejes . 
iMira que te necesito!... 





R N D A u i So1 d * l a tarde! 

has enredado tu luz 
en las ultimas ramas de los arboles al- 
tos para contemplar a las pequenuelas. 

Como yo, has detenido un minuto tu 
marcha para escucharlas. 

jSol de la tarde! jSigue brillando aiin 
para que no oesen la ronda y los cantos... 

En el claro grande de la plaza han 
enlazado sus manos las pequenuelas y 
el coro de voces sin matices, de voce- 
citas blancas, canta a la elegida, que rie 
en el centro con la carita iluminada. 

« Dejenla sola 

solita y sola 
que la quiero 

ver bailor ». 

Se ha volcado en el aire un hechizo 
de paz y el eco del canto delicioso y 
pueril pasa sobre el coraz6n, besandolo. 

Con el eco viene volando una ban- 
dada de recuerdos a posarse en la fren- 
te y el alma se identifica mas con las 
pequefias, clarificandose como un cris- 
tal atravesado por la luz. 

— [Elegida! jElegida que ries, yo tam- 
bien lo fui! Y en la inquieta ronda de 
la vida, tu como yo, volveras un dia a 
ser «la elegida» . . . 

Sobre las piedrecillas crujen los pies 
ligeros. 

jSaben acaso las pequenuelas aque- 
11a secreta armonia que anima sus rit- 
mos en esa ronda musical? 

Ellas nada saben. 

En su gracia espontanea ignoran que 
sus cuerpecitos pudieran vestir tunicas 
flotantes, y los piececillos, sandalias 
griegas . . . 

Danzan con los cabellos rubios y 
morenos al viento, y la policromia 
de sus vestidos sugiere en mi la idea 
de las marimofias locuelas del cam- 
po, ataviadas con sus colores vivos y 
vibrando inquietas con el mas leve 
aletear del viento. 

« Dejenla sola 

solita y sola ». 

Y dentro del corazon se queda, so- 
nando, el estribillo. . . 



B A J EL 



B U E N 



SOL 






m 



Bajo el buen sol mananero la ancha vereda iluminada va co- 
brando una animacion creciente. 

Es una calle de suburbio, pobre y forzosamente rica en chiqui- 
llos. Alguna riqueza han de tener los desheredados: ellos la labran 
en sus hijos. 

Bajo el buen sol mananero van saliendo a la calle todos los 
pequefiuelos. No les basta el amplio patio comun. 

Ellos lo sienten instintivamente como una gran jaula. 

Buscan la libertad que no los cerca con sucios muros opresores. 

Anhelan el aire mas puro que se entibia en el sol mas generoso 
de la calle. 

jSi adentro hasta parece sucio y deslucido ese sol que es 
tan lindo! 

Y la ancha vereda se diria de fiesta con su enjambre de chicos. 

Yo paso entre ellos, dando la mano a mi pequeno, y al pasar 
algunos chiquillos detienen su juego y me sonrien. 

Recojo en la mia esa sonrisa, que repentinamente nos une en 
su simpatia, como un ligero y fuerte lazo. 

<<Amiga desconocida — me dicen mudamente las caritas risue- 
nas — confiamos en ti y te sonreimos como al buen sol, como a 
los arboles de la plaza, como a sus piedrecillas». 

Porque yo soy asi para ellos: algo que ha pasado a la vera de 
su alegria interior, que no sabe complejidades ni puede presentir 
la complejidad enorme del mundo. 

Fugazmente medito en la gracia de esa sonrisa ofrendada 
al pasar. 

jOh valor incomparable de los pequenos! Nosotros, los grandes, 
no sabemos sonreirnos asi. 

Estan llenos nuestros ojos de una seriedad que nos hace hostiles, 
porque ya hemos dejado de ser hermanos del buen sol y de los 
arboles y de las piedrecillas . . . 

Por la misma calle regreso a mi casa. La turba de chicuelos 
salta y rie bajo el buen sol, que ilumina las caritas sucias besan- 
dolas con el mismo amor con que besa a las flores del parque 
y al agua cristalina de las fuentes. 

Al pasar nos decimos [adios!, ya estrechada nusstra amistad 
reciente. 

Mi pequeno timidamente sonrie tambien y me mira. Yo com- 
prendo todo. 

jTii tambien estas preso y solo en una jaula estrecha! 

Tu tambien eres un pajarillo... 




En medio de un ALEGRIA 
camino esta el sur- 

tidor de agua clarita. que rie, rie siem- 
pre cautiva en su tazona de marmol 
bianco. 

Es un chorro pequeno, tan pequenitc 
que apenas puede alzarse un palmo. 
pero en su alegria loca de vivir finge 
brincando mil alturas distintas, levanta 
airoso su penachito transparente, y 
cuando no puede ya sostenerse en lo alto 
se quiebra en cristalitos menudos y 
vuelve a ser pequeno y a reir, a reir. . . 

Hay un alma de nina traviesa apri- 
sionada en el surtidor. Un alma de nina 
que adora la risa quintaesenciada de 
alegria, la dulce risa buena, espuma 
blanca de la vida. 

Riendo se entrega toda a los peque- 
fiuelos que la cercan, acosandola. Revo- 
lotean a su alrededor contagiados de su 
alegria, con los frescos labios extendi- 
dos para posarse en el agua que los 
besa y se deja besar, riendo siempre, 
siempre. . . 

Uno, y otro, y otro se inclinan sobre 
ella; la encierran en la boquita avida, 
intentan morderla, la aprisionan, pero 
ella surge de nuevo, tenaz, tremula en 
su alborozo, como una chiquilla, y es- 
pera otra vez el beso de esos labios pu- 
risimos que guardan escondido el gusto 
de las fresas tempranas. 

En medio de un camino la veras al 
pasar. 

La resguarda de las inclemencias del 
cielo un arbol viejo, con sus grandes 
ramas extendidas como los brazos de 
un abuelo. 

El agua clara brilla riendo; se bana 
desnudita y diafana en el rayo de sol 
que atraviesa el follaje buscandola; 
sube brincando y cae deshecha en cuen- 
tecillas de cristal que ruedan por la 
tazona de marmol bianco. 

En su leve susurro parece decir rien- 
do: «Dejad que los nifios lleguen hasta 
mi». 

«Yo soy como ellos; pequenita e in- 
agotable de alegria*. 

En medio del camino ella rie. . . Rie 
siempre esperando los pequefiuelos que 
la besan con sus labios frescos y dulces 
como fresas tempranas. 











A gloria tuya. Dante, esta for- 
jadacon circulos del Infierno, 
i cornisas del Purgatorio y cie- 
los del Paraiso. Tu bajaste al 
Maelstrom de ascuas y lodo; 
tii ascendiste a la torre mon- 
tafiosa y al dulce y ordenado 
firmamento. Virgilio fu6 tu 

duca; Beatriz, tu duchesa. Na- 

die en el mundo logr6 cuanto tii lograste. 

Para iluminar las tinieblas. la umbria y el bri- 
llante cosmos tu llevabas el extrano fulgor de tus 
versos. Hay en aquella escala ritmica lineas infra- 
rrojasy ultravioletas, invisibles a nuestros ojos, que 
alumbran espacios desconocidos. En la escala mu- 
sical de tu pentagrama existen notas inauditas, 
que hieren nuestros sentidos. Por eso fuiste y 
seras inimitable, infinitamente maestro en el arte 
de hacer sentir lo ignorado. 

Soflador de tres mundos, Dante; arquitecto de 
tres edificios sobrehumanos: archivero y cataloga- 
dor de La otra vida. tii hiciste los pianos porticos 
del mas alia. Alii, arbitro de la fama, has puesto 
para siempre a los humanos que odiaste, compade- 
ciste y admiraste. Nadie sabia d6nde y como iban 
los muertos a poblar lo invisible: tii lo has narrado 
minuciosamente. sublimemente. 

Y al labrar los cimientos y edificar las eternas 
mansiones del espanto, de la puri(icaci6n y de la 



gloria, labraste. purificaste el habla de tu pueblo, 
que deseabas fuese uno y unico por el lenguaje, 
por la vida y por el destine La historia de tu 
patria y de tu idioma comienzan verdaderamente 
en ti, vate de la Humanidad. 

En tu mano estuvo la genesis de un cisma reli- 
gioso: tenias poderio sobrado para crear una secta 
o hacer una revoluci6n. Pero como el nombre de 
Jesus sonaba mas intenso en tu alma buena, a 
pesar del odio, tu, giielfo bianco, gibelino singular, 
vidente admirable, preferiste escribir la Commedia 
que los hombres llamaron Divina. 

Nunca se sabra lo que supiste, nunca se adivi- 
nara lo que odiaste: todas las'escuelas del amor 
y del odio te pueden tener por maestro y duca. 
Eres la belleza antigua unida a la belleza moder- 
na, eres la eternidad del arte. El dia que lograra- 



A LA GENIAL MEMORIA DE DANTE 

ALIGHIERI, PONTfFICE MAXIMO 

DE LOS POETAS LATINOS, 

HOMERO Y VIRGILIO 

CRISTIANO, HONOR 

DE LA HUMANIDAD. 



1321 



XIV SEPTIEMBRE 



1921. 



mos descifrar tu secreto todos seriamos poetas 
sabios y dioses. 

|Que genio extrano encerraba tu persona! Tu 
pensar y tu sentir es como un eter volatil y denso 
que flotara sobre la superficie del mundo, que 
invadira los atomos de la poesia. Hasta sin leerte 
llega a todos el espiritu sublimado de tus versos. 
Eres una renovacion, un renacer, una irresistible 
resistencia. Tu libro es un templo batido todo, 
desde la planta a la cruz, en graderia melodica; 
todo atrio, todo nave, todo campanile. Para as- 
cender, para entrar, para recorrerlo necesitamos 
una turba de ciceroni, y aun no han nacido. 

Asusta la intensidad y la tozudez de tanta ins- 
piracion. Sin paz, sin holgura, bajo la amenaza 
de las sentencias inquisitoriales, entre la guerra, 
desterrado, perseguido, meditaste la enorme y be- 
llisima obra. Y el verbo italiano fu6 la miel de tus 
hieles, abeja, hormiga, mariposa genial. Nada con- 
seguiste, todo lo conseguiste: tu ideal amor, tu 
Beatriz, murio en poder de un hombre vulgar; tu 
Florencia renegaba de ti, tus ansias de honrado 
ciudadano y patriota no se vieron cumplidas. El 
destino te reservaba para la gloria p6stuma, una 
gloria hecha con circulos de Infierno, cornisas de 
Purgatorio y cielos de Paraiso. 

Hace seis siglos que tornaste a visitar lo ignoto. 
Bajo la leve tierra seate grato el unanime amor 
de las posteridades agradecidas. 



QL 



O 




S C H E R, Z_ O'HUERTO CERRADOL A U R E L 



Es un raro equilibrio do hermosura y talento: Sus labios son pecados. Palpitan en deseo 

dualidad prodieiosa, jtan dificil de ver! de un osculo infinito, narcdtico, letal... 

solo en ella se cumple tan extrano portento: I-'roduoen en el alma vivisimo escarceo 

tiene encantos de diosa, corazon de mujer. y encienden, voluptuosos, la lampara sensual. 



Son dos ojos azules, dos laminas de acero; 
dos limpidas turquesas de vivido fulgor; 
dos frigidas corrientes. diez grados bajo cero. 
que hielan Ios ardientes avances de! Amor... 



No es posible mirarla sin sentir al momento 
su atracoion ssductora. su invencib'.e poder; 
el ingenio, la gracia. la dulzura, el contento, 
el jardin de virtudes que floreee en su ser. 



Invitan a la gloria de un calido himeneo; 
dan sed y tienen grato trescor de manantial; 
sonrien y parecen un magico trofeo 
que incita a conquistarlo para ser inmortal. 



Ouietud de agua dormida, remanso traicionero; 
parecen dos abismos: atraen y dan paver: 
son vortice, son niebla; parecen reverbero 
que ciega con su raudo, fatidico esplendor. 



Tiene suaves contornos; su hermosura no ciega; 
es un vaso de Sevres, es un snfora griega, 
es la linea armoniosa de gentil pedestal: 



Hechizo torturante. manjar que no se alcanza; 
es vano todo esfuerao, trivial toda esperanza, 
pues nadie podra nur.ca lograr su posesion: 



Pues bien;futurossigIos, humanamuchedumbre: 
alzadme un monumento, la mas enhiesta cumbre. 
el trono mas excelso de la inmortalidad . . . 



Cincelada columna que corona su frente 
donde su alma refulge maravillosamente. 
como luego sagrado, como nimbo inmortal! 



cniLio 



Alerta estan los ojos, hieraticos guardianes 
que con sus flechas de oro castigan los desmanes 
quemando los ensuenos y helando el corazon! 



Sabed que mi denuedo. mi amor y mi constancia 
lograron que esos ojos depongan su arrogancia 
y alumbren mis ensuenos con dulce claridad! 



MENENDEL BARRIOLA 



ilustraci6n de sirio, 



— I=>J_7v^S 



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La primera, sita en la calle Real.es la 
de San Martin, testigo de iuchas entre no- 
bles, en las que sufriosu fabrica que eay6 
con estrago comiin de combatientes. 

En la Plaza Mayor esta la de San 
Miguel, con fabrica de imitacion gotica. 

La deSan Esteban con su torre, reina, 
acaso, de las bizantinas de Espafia. 

San Andres, en el extremo occidental 
de la ciudad, se remonta a los primeros 
afiosdelsiglo xn, y tiene un retablo dig- 
no de admiraci6n por sus pinturas. 

La de San Quirce, como la de San Pe- 
dro de los Picos, han sufrido injurias del 
tiempo y de la incultura. 

La Trinidad, en cambio, aparece me- 
jor conservada como recuerdo de los 
liempos del arte bizantino, Y San Nico- 
las, como San Facundo y San Roman y 
San Juan y San Pablo y San Sebastian, 
ha ido dejando partes de su existencia. 

En 163^ desaparecio el templo de San 
Juan, sin duda por tristeza de haber vis- 
to arruinarse el de San Gil, que, segun 
algunos, ostentd el blas6n de catedral. 

San Lorenzo, perfeetaobrabizantina, 
es una parroquiadelasafueras; cerca del 
acueducto estan el Salvadory San Justo 

Santa Olalla, San Clemente, San Mi- 
llan, templos de tiempos diversos; uncs 
delsiglo x.otrosdel xn. E! Parral, Santa 
Cruz, San Miilan, Santo Toma3... To- 
dos con historias de milagros y de fun- 
daciones, todos con algo que admirar. 



PUERTA DE LA 

SACRISTfA DE EL 

PARRAL. 



£ 



LA ANTIGUA 

IGLES1A DE LA 

VERA-CRUZ. 





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ASOCIACION CULTURAL DE BAHIA BLANCA 




esde el ano 1919 cuenta 
la sociedad intelectual 
de Bahia Blanca con un 
centro artistico que la 
honra. Asi lo pone de relieve la memo- 
ria- balance publicada por la asocia- 
cion de referenda, enumerando los 
trabajos realizados durante el primer 
ano. La serie de audiciones musicales 
y conferencias fue inaugurada por los 
eximios artistas Juan Manen y Pura 
Lagos. Las siguientes estuvieron a 
cargo de: Eduardo Zamacois y las se- 
noritas Fernanda e Iris Romaro; el 
trio de la Sociedad Argentina de Mu- 
sica de Camara y Sinfonica formado 
por los senores Constantino Gaito, 
Ramon Vilaclara y Carlos Pessina; 
Emilio B. Morales y las senoritas Ju- 
liana Del Valle y Elba Ducos; Ferenc 
de Vecsey y Walter Meyer Radon; 
Jan, Leo y Mischel Cherniavsky; Gas- 
par Cassado y Jose Maria Franco; 




Eduardo Risler; Ninon Vallin; Astor 
Bolognini, Luis D'Elia, Edgardo 
Gambuzzi, Adolfo Morpurgo y Jorge 
C. Fanelli; cuarteto de la Asociacion 
Wagneriana que hizo un admirable 
homenaje a Beethoven precedido de 
una conferencia de Miguel Mastro- 
gianni. Tambi6n se llevo a cabo una 
exposition de arte moderno italiano 
en la que figuraron obras de F. Mar- 
gotti y G. Rava. 

Aunque eso de citar cifras en cues- 
tiones artisticas resulte un poco pro- 
saico, no nos resistimos a consignar 
que el 31 de diciembre de 1919 la 
asociacion guardaba en sus areas un 
total de pesos 10.924.60 de utilidades. 

El progresista centro cultural cuen- 
ta con mil socios y hallase dirigido 
por una competente comision presi- 
dida por el senor Adrian Pillado, 
estando la secretaria a cargo del 
sjnor Cesar E. Castagnet. 



p jll l l ll ll l l l l lll in illl ll lll l l l ll l l MM II II I I II III I I III I^ I III I I III II II I I IHI II I II III I I IIIII I II I I I I IIIllllllM 




MUEBLES DE ESTILO 
ANTIGUO 

REPRODUCCIONES DE 
MUEBLES HISTORICOS 
HABILMENTE COPIADOS 
CON TODA EXACTITUD 
DE DETALLE COMBINADO 
CON LAS EXIGENCIAS 
MODERNAS 

INVITAMOS SU VISITA A LA 
EXPOSICION MAS GRANDE EN 
SUD AMERICA DE MUEBLES 
ANTIGUOS Y REPRODUCCIONES 




658, SUIPACHA 



^ ^ ^ ^^M^lM^^^M^^^^^^^^^™^™l^™l™^i™^g™^™^™ ^ 



— m v — 



ORGANIIACION DE LA RAZA NEGRA 




LA UNIVERSAL NECRO ASSOCIATION PESTEJA SUS CONVENCIONES ANUALES EN NUEVA 
YORK REALIZANDO UN PINTORESCO DESFILE O DESPLIEGUE DE FUERZAS. 



EL DOCTOR MARCUS GARVEY, PRESIDENTE DE LA CONVENCION CELEBRADA ESTE ANO. 
EMINENTE HOMBRE DE ESTUDIOS QUE HONRA A SU RAZA. 




*5 F L 




imuioiiii licit iiicin nit) iiinitJi nunc] niiiciMiiiiiiiiiit] iniihei iiiiiicjiiii iiiimnmmmmt:; iimiuiniiii ciimi niimiiimiHiiiiiiiiiiiiHiMMimiiiHiiiiiiiiiiiinmiiiiiiiiiHiiiiiiiimiHiiiiiiiiiiiiHiiiii'i 



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MUEBLES 

Y DECORACIONES 

ESPECIALIDAD 
EN MUEBLES DE 
ESTILO ANTIGUO 



576-SUIPACHA-586 

Uni6n Telef.. 3773, Rivadavia. Cooperativa, 2388, Central. 




iters iiitjiinii»c?itiif»iirri r caul 11 ■■>iiiicaiiiiirtiiitic3iiii<if)»iiic3(ttiiiiiiiiicaiiiiijiiifiiE3(fiiiJiiiiirEaiuiiiiiii iicj iiiirriiiiiicaiiiiifrtiiiicaiiitfrriiiitcjatriiiiirii uc3 iiiifiiiiiitcaiiiiifiiiiifcsiiiriiiiiiiicsitriiiitirii cai 1 1 1 [i(iuirt:3i iirr^ iiriiC3 (ii(ii>— 



ANO VI 
NOM. 66 




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OCTUBRE 
DE 192 1 



encrpifa^^L, 



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CO* SU HEUMOSURA CLA- 
RA Y KISUERA REVELA 
EL ESIPICIO QUE ALLi SE 



\v||() MAM \ 



Si en una de estas bellas tardes pri- 
maverales se tiene el deseo de gozar un 
rato de reposo entre las afanosas tareas 
de la ciudad y de recrear la vista fati- 
gada sobre el fresco verdor que comienza 
a engalanar !a naturaleza. no se os ocu- 
rrira mejor idea que la de pedir a vuestro 
chauffeur que os conduzca al Tigre pnr 
-.toresco camino del Bajo. Pasareis 
por preciosos sitios. percibireis las aguas, 
si no plateadas, bien asoleadas de nues- 
tro escondido rio (para los que vivimos 
en la urbe>. y vuestro espiritu regocijado 
saboreara plenamente el efluvio de pri- 
mavera que templa y descansa nuestros 
cuerpos. Todo os parecera mas bello. y 
en estos dias, doblemente oportuna. se 
vol vera a presentar a la memoria 
consabida citaci6n dantesca: "/O Pri- 
mavera, gioventu de I'anno.'". 

En tal estado de animo rehusareis 

pensar en las tristezas de la vida. pues 

lo vereis color de rosa, como la flor 

temprana del durazno que embellece los 

del camino. Pero. de pronto, 

en lo mis alto de iste, algo os arran- 



CUMPI.E GENER03AMEN- 
TE UNA MATERNAL Y 
CARITATIVA MISION. 



SON LAS HLER- 
PANITAS QUE 



ACUDEN A REZAR 
A LA C A P I LLA. 



IA : iPJG!Jl a; PRAI)IM 



cara a vuestro vago ensueno en medio 
de las opulentas quintas eon sus par- 
ques senoriales. Sera la vision de un 
gran jardin que rodea una amplia cons- 
truccion, casi os parecera un muy vasto 
«cottage». con su techumbre roja y sus 
persianas verdes sobre los muros blan- 
cos, pero sobre todo. ssran las risas ar- 
gentinas de una multitud de nifios las 
que habran retenido vuestra atencion e 
invitado a hacer un alto en el paseo, in- 
trigado por la alegria inusitada del lugar. 
A'.li os esperan, lector, y como sois 
el bienvenido. permitidme que os con- 
duzca y que os haga los honores de la 
casa. Es el Asilo Maria Jaurcgui de 
Pradcre del Orphelinat Franfais, y no 
os asuste el nombre de Asilo, ninguna 
tristeza, ninguna sombra empafiara el 
recuerdo de vuestro paseo y por el con- 
trario, <jno fue acaso un alegre percibir 
de risas y de flores. lo que hiciera dete- 
neros? Al trasponer el portico florido 
podreis con todo gozo completar el verso 
trunco y decir con el poeta: "jO gioventu, 
primavera delta vital". 



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LAS MUCHACHITAS QUE BULLICIO- 
SAMENTE JUEGAN EN EL PATIO, 



La senora Maria Jauregui de Pradere, actual 
presidenta de la sociedad: "Las Dames de la 
Providence", que dirige el "Orphelinat Fran- 
cais" , ha querido realizar el vehemente deseo 
de sus compafieras de tarea, de ampliar el nu- 
mero de huerfanas a quienes se extiende su 
tutela, y con desprendido gesto adquirio en Victoria, en uno 
de los lugares mas pintorescos del camino al Tigre, una ex- 
tension de 40.000 metros cuadrados, con plantas y frutales, 
donde en el brevisimo plazo de un ano se ha levantado 
un amplio edificio que dispone de todas las modernas comodi- 
dades, construido con sobrio buen gusto y que evidencia la 
preocupacion primordial de hacer olvidar la orfandad con todas 
sus tristezas y soledades a sus pequenas asiladas. Asi la visi6n 
de conjunto es alegre y amable por lo pintoresco; diriase que 
su claridad la hace transparente, y hasta en prolijidades ar- 
qu'tectonicas, bien que sencillas y sucintas, la policromia siem- 
pre armonica predispone a la simple beatitud que de la casa 
y la fronda de sus contornos trasciende al espiritu. 

Esta es la primera impresi6n que sugiere esta casa que parece 
surgida al conjuro de una de aquellas buenas varitas de virtud 
de las consejas, varitas de oro y de sabiduria, que remediaban 
los males de los buenos a quienes alcanzaban. Y a fe, que 
el bello simbolo se ha cumplido en la ocasion eficazmente, 
ya que el caudal que aportara la donante fue trasmutado, 
con raro acierto, en obra de vida sana y fuerte, por el arqui- 
tecto que eligiera, quien con todo amor y con intima compe- 
netracion del caracter alegre y sencillo, que de acuerdo con 
nuestro espiritu moderno, ha de reinar en la casa de los hu6r- 
fanos. A la sefiora de Pradere y al ingeniero Carlos Cucullu. 
autor del proyecto y que ha dirigido las obras, vayan conjun- 
tamente nuestros plAcemes por la magnifica iniciativa de la 
una, y per haber sabido el otro vislumbrar la obra a traves 
de las fibras intimas del corazon, haciendo suyas las palabras 
del poeta castizo, cuando dice que: "no hay soledad dondr la 
luz penetra, ni silencio donde vibra, ni tristeza donde rie, pues la 
luz es la eterna risa de las cosas". 

Concebida asi la obra, con profundo cono- 
cimiento de la psicologia infantil, cada detalle 
arquitectonico, cada nota de color, de ambien- 
te o de luz, sera para esas almitas grises una 
sugesti6n que despertara su imaginacion a las 
hermosas realidades y un recuerdo grato que 



SOBSE LOS MO- 
ROS DE LA CAPI- 
LLA RE1NAN DOS 
GLORIOSOS CO- 
LORES, EL AZUL 
Y EL BLANCO. 



at 




SE CONVIERTEN EN MODELOS DE 
APL1CAC10N DURANTE LAS CLASES. 



se avivara en el futuro "para afiorar con alegria 
su querido Asilo, junico y dulce hogar! 

Por eso no es una reja la que limita el ca- 
mino, sino un cerco vivo de plantas, y es un 
portal bajo enredado en madreselvas donde se 
destaca en bianco sobre el verde maderamen, 
el nombre del «OrpheIinat Francais», el que nos franquea la 
entrada de esta quinta. 

Un hermoso parterre a la francesa y grupos de arboles y flo- 
res preceden el majestuoso portico coronado de «mezzaninas», 
que ostenta por unico y suficiente adorno el nombre de la 
caritativa dama que han querido dar las damas de la Comi- 
sion a este Asilo debido a su corazon magnanimo. Un amplio 
tejado con su quebrada linea termina el cuerpo avanzado, 
dando bien la impresion del abrigo protector, carifioso y solido 
que ofrece a sus nifias el asilo. Amplio hall de doble altura, 
recibe luego al visitante y con su fina tonalidad crema, sus altas 
puertas de medio circulo, mezzaninas y afrescos de color azul 
y bianco y los faroles de estilo que penden desde el techo 
ornado en casetones, da el caracter de la elegancia y sencillez 
que se advierte por doquier. 

Desde alii vemos, al traves de una arqueria, tranquila como 
recoba de pais vasco y que tanto sirve de reparo al infantil 
enjambre como de marco claustral a las religiosas de «l'Enfant 
Jesus», al fondo del cuadro aparecer simple e ingenua la capilla 
de la Virgen, con sus alas de techumbre inclinadas hacia el cielo 
como las manos juntas que elevan nuestras preces. En su in- 
terior, azul y bianco, como el manto de Maria y la ensena 
de la Argentina, el mistico ambiente evoca entre las nubes 
del incienso y las voces infantiles, con su recogimiento y sus 
tribunas, aquellas iglesitas de las aldeas francesas donde quiza 
rezaban los perdidos padres de algunas huerfanas. 

Y entre el hall y la capilla, un patio enorme que circunda la 
arqueria con sus aleros rojos y sus barandas verdes sobre la 
blancura de los muros con canteros florecidos y el piso arenado. 

Las clases en un costado y las salas de labores, las habitaciones 
para las religiosas y comedoresen el otro.con las salas de recibo y 
comision, cocina y dependencias completan este 
piso, al par que el alto esta exclusivamente 
destinado a los amplios dormitorios y anexos. 



J 



R G E 

F O T O S D E 



C A B R 

BALDISSEROTTO. 



REZANDO POR 
LOS MUERTOS 
QUERIDOS, POR 
LOS PROTECTO- 
RES Y POR LAS 
EDUCA DORAS. 







ROSARIO. — LA BARRANCA 



All* var 
hojas de un iia- 

. Mis «a 
no copio aq-.. 
diario proptar 

sui taria pcsa- 
do. y acaso indis- 
creto. en su natu- 
ral sinceridad. En- 
tresaco de el — de 
las obaervaciones 
recogidas a! dta. 
queesoesel c 

accstumbro 

hac? cuando via- 

,-jnas no- 

tas. seleccionando 

i mis v 
e intensas que re- 
tlejen mementos 

-ia, o bien que 
expresen. con 
ta fuerza y valor 
sintetico. algo ca- 
racteristico de H 
naturaleza y de la 
vida argentinas. 

El amable afec- 
to de queridisimos 
amigos me ha per- 
mitido, esta vez. 
sentir mas hondo 
el medio amplio de 

-.as perspectivas de la gran nacidn que se 
asienta desde los rios a los Andes — dos colosa- 
les frontsras — y completar asi la visi6n este- 
tica y etica. rica en matices, que en 1910 ini- 
ciara, pasando por Mendoza, recorriendo la 
Pampa central... remontando los rios... Y 
ahora. al rumijr tranquilo. del lado de aca 
del oceano. ante el Cantabrico cenudo y adusto 
tantos dias. . . el fuerte y reanimante alimento 
espiritual, cosechado en la inolvidable jira, veo 
este viaje como una de las fuentes de mas in- 
tenso e intimo goce de mi ya larga vida, vida 
un poco de caballero andante . . . modestias 
a parte. 

La Argentina tiene su estetica natural y so- 
cial, y, en la estetica, su etica, y no seria posi- 
ble darse cuenta de su papel en el mundo, si el 
observador no se pone en condiciones de sentirla, 
como es, en sus variadas fases. navegando por los 
rios inmensos. tranquilos, de pecho amplio, de gi- 
gante empuje. . . perdiendose por las llanuras sin 
limites. de monotonia sublime, como el oceano en 
dias de calma, y curioseando por las regiones apar- 
tadas. lejanas, alia, hacia adentro, que es como 
hundirse en el alma argentina, la nativa, regiones 
por donde parece vaga el espiritu de los conquis- 
tadores; regiones de belleza pintoresca y varia: de 
cariz rudo y aspero. polvorientas y hasta como 
andrajosas, unas - ioh boscajes chatos de San- 
del Estero! — de aire dulce y suave, risue- 
flo. otras — ;tierras h'storicas de Tucuman! — de 
soberana belleza otras. — jmontes catamarquefios 
os saludo desde las asperas Asturias! . . . 

EN R05ARIO DE SANTA FE 

Alii, sobre la barranca, trabamos de nuevo bue- 
na amistad con el no, que es el alma de Rosario, 
como el oceano lo es de Bahia Blanca, el puerto 
al sur que hace juego con este de Rosario en una 
simetrica distribucidn de las salidas pampeanas. 
Es Rosario una interesantisima ciudad, que 
intensifica su vida, como consecuencia esencial 
de las necesidades comerciales de una gran region. 
La observation de Rosario sobre la barranca del 
rio- ;y que rio, que inmensa arteria hacia el mar, 
es dear, arteria del mundo, en la terminal de una 
Ilanura f- «ce un excelente argumento vi- 

vo, de las teorias que explican la formaci6n de las 
ciudades modernas. Es un caso tipico de la ciudad 
que surge como consecuencia de la necesidad de 
un cambio de vehiculo: todo alii estriba en que 
el cereal ha de embarcarse para... el mundo. 
Recorriendo el puerto - a lo largo de la barranca 

•minable y facil. donde se corta brusca la 
Ilanura recordaba indicaciones muy sugestivas 
de Weber que utilice cuando componia mi estudio 
sobre La Ciudad Moderna. Los influjos prepon- 
derantes en la colocacion de las ciudades son, sin 
duda, las (acilidades para el transporte: en efecto, 
el mero traslado de cosas requiere considerable 

.uinaria... y, por eso, encontramos centres 
comerciales en la confluencia de los rios, en las 
cabeceras de la navegaci6n ... yen donde la con- 
figuraci6n geograf: >>i cambio de vehiculo, 

el carro, por la nave. 



NOTAS 




DE 
VIAJE 



POR TIERRAS 
ARGENTINAS 



Es, a mi juicio, Rosario, un nucleo de vitalidad 
muy definido, muy integrado y construido, de 
action intensa en la desparramada economia ar- 
gentina. Infinitamente menos heterogeneo que 
Buenos Aires, lo estimo tipico, y unido al movi- 
miendo de los campos que resume, pareceme 
insustituible para comprender una de las modali- 
dades esenciales de la «cultura» y de la «funcion 
mundiaW de la Argentina. 

Especialmente para un espanol. 

Un espanol, en efecto, vera en Rosario, con la 
diafanidad maxima, de que manera intensa y 
constructiva ha contribuido, y contribuye, el es- 
panol luchador, emprendedor, industrioso, a la 
formacidn economica y... nacional de la Argen- 
tina. En la historia de Rosario, ademas, reflejase 
muy definidamente el proceso variable, de altos 
y bajos, del influjo de los espafioles. <jTendremos 
que recordar el nombre de Casado del Alisal? |Y 
cuantos otros de los compatriotas de ahora estan 
a punto de caer desde la pluma al papel!. . . 

Centro cerealista por esencia. Rosario despierta, 
con apremio, la curiosidad de quien aspire a buzar 
en los problemas argentinos. Cabeza de inmensa 
region rural, de horizontes de amplia grandiosidad, 
es, de manera natural, por obra de la ley que 
arriba se insiniia, un centro de trafico, con el 
entramado econdmico, comercial y t6cnico — 
vias ferreas, puerto aparejado, bancos, almace- 
nes. . . — que un centro de trafico pide. 

Es en suma. Rosario, dominando el rio para la 
Ilanura, un buen documento vivo, un texto es- 
plendido abierto, un centro propulsor en el cual 
se perciben claras y distintas las palpitaciones 
del coloso humano que, desde el Plata, lucha por 
conquistar o asimilarse la tierra inmensa que le 
toed a la Argentina en suerte. 

Desde el gigantesco elevador o cargador de 
granos, de estrafalaria estetica y de maravillosa 
mecanica, sientese la fuerza impulsora de la vida 
argentina. Pero desde la Bolsa, con su curioso 
montaje, de regulation y facilitation de ven- 
tas de cereales, merced sobre todo a la labor de 



ADOLF( ) 
POSADA 



determinacion y 
comprobaoi6n de 
«tipos» de ventas o 
para las ventas, 
y, especialmente, 
desde la rueda de 
las ventas u ope- 
raciones a termino 
— donde se con- 
densa la agitation 
pasional del nego- 
cio, con el embria- 
gadorexcitante del 
juego... — , viendo 
aquellasgentes vo 
cear, energias, per- 
cibese el engrane 
de los pifiones, el 
enlace de las pa- 
lancas, y los aspe- 
ros rozamientos de 
la maquinaria, que 
los febriles anhelos 
de la espeoulaoion, 
mas que las nece- 
sidades reales de 
la economia, han 
montado: como no 
sea todo ello la 
consecuencia de un 
sistema impuesto 
por una mala o in- 
justa distribuci6n 
de los medios de 
produccion y de 
goce... Habria que cavilar mucho, antes de 
estimar cuanto se peroibe desde la Bolsa, y 
desde otros lugares de Rosario, fruto espon- 
taneo y racional, o razonable, de las necesida- 
des do una vida sinceramente humana. 

La gran operation en que Rosario actua, co- 
mo eje mecanico y social, reducese, en sintesis, 
a recibir del interior un grano. . . y lanzarlo- 
hacer que llegue — v. g. al molino harinero 
de Buenos Aires, de Barcelona, de Marsella. . . 
o de Aviles. Pero hay que pensar en los com- 
plicados problemas que antes de embarcarse 
el grano se dan por resueltos. . . y la ima- 
gination os hara contemplar la silueta del cha- 
carero y de la misma chacra perdida en las so- 
ledades del campo, con la casa de campana — 
centro funcional de mil raigambres — y luego 
desfilaran otras siluetas mas: el corredor, el especu- 
lador (con mil curiosos disfraces) y el ferrocarril, el 
puerto, el banco. Sumad gentes y mecanismos: jah! 
y el dueno de la tierra, que acaso la disfruta a dos 
mil leguas de donde el grano germina, y el rema- 
tador, y, en ocasiones, hasta el jefe de policia... 
jProblemas! jproblemas! . .- jespectaculos gran- 
diosos y mezquinos, dolores y goces... todo un 
complejo vivir de hombres en medio de una natu- 
raleza prodiga, pero quiza mal secundada! . . . He 
ahi lo que se percibe desde aquel gran mirador 
de Rosario de Santa Fe. 



VISTA DESDE EL RIO. 



E N 



EL PARANA 



Una mafiana fresca, despejado el cielo, el rio 
cubierto por una neblina tenue... dejamos el 
puerto y remontamos el Parana una vez mas: 
ahora en un vaporcito que gallarda y graciosa- 
mente surca las leohosas, mas que lechosas barri- 
zosas aguas del rio inmenso. Seguimos de cerca la 
honda barranca, coronada de torres de cargadores, 
de tejados de «galpones», de chimeneas humeantes, 
cruzamos con un barquichuelo esbelto, que ani- 
maba el rio con su silueta elegante, fina, y sus 
velas en parte desplegadas. El sol reflejaba, a 
ratos, su luz fuerte en las aguas, que, de momento, 
despedian una claridad brillante como de plata 
brunida. . . 

Fue aquella expedicion un agradabilisimo epi- 
sodio de los buenos dias de Rosario. Remontaba- 
mos el rio, hacia Puerto Borghi, donde nos espe- 
raba la amable acogida del caballeroso coronel 
Baldrich. Una breve visita al establecimiento mi- 
litar fabrica de municiones, modelo de orden, toda 
luz, aire, limpieza extrema: todo, en simpatico 
ambiente de pulcritud, revelador de un espiritu 
dedicado, con el alma, a la obra. 

De vuelta a Rosario, el rio mas sereno — se 
«acostara» el viento — presentaba su superficie 
lisa, tersa: unos instantes dorada por los rayos 
del sol al ocultarse encendido, como disco de oro, 
para quedar luego fria, plomiza, acerada mas 
bien. jQue soberana belleza la de aquella hora 
siempre mistica, en medio del rio bordeando las 
islas bajas que forma el Parana! . . . Hora de reco- 
gimiento y de emocion melanc61ica. La sensaexdn 
de America se goza alii en el rio. . . o alia en la 
pampa... jDos inmensidades! 




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Lu martposas. Wancas y amies, negras y amarillas. 
vuelan sobre las ficres las doradas espigas se baftan en luz; 
leajilanrUri el verde esmaralda de la hierba. la hermosura 
da Id* prados; brillan las montaflas lejanas: el sol aparece 
ea e! horiscr 

.Cantad y reid. oh abnas buenas: la vida es breve, dura 
■a mstanre despues vienen Us eternas sombras! 

Vad al mtmlMe tasecto como efeetua su labor tranquila; 
. eoen. se posao sobre el call; de las flores. despues 
se alejan. ooa rumbidos de contento. a trabajar su miel 
en lo« pane les; las aves. oon sus dulces gorjeos. buscan las 
mtgajas qua nan de llevar a sus nidos; los venteveos pico- 
lean los frutos maduros. . . .Vivid y trabajad. seres j6venes. 
que la mdolencia es el camino de la miseria y los vicios, y el 
trabajo fortalece la sangre. da alegria al corazcn y es la 
saada del btenestar y la dicha' 

Cuaado el orieate as dora oon los primeros destellos de la 
ma nana, las alondras dejan el bosque y van a Uenar los huer- 
tos ooa sos trinos y a elevar su canto en los floridos balcones: 
al laaador. ooa el hacha al hombro. emprende elcamino de la 
selva donde oorta los arboles que le aseguran el pan; los la- 
briafosuacen los bueyesalarado,preparandootraiuti.ra co- 
secha. la tierra. pletorica de jurcs. fecunda las plantas. . . 
;Levantaos al alba, hombres de las ciudades y de las aldeas. 
que la vida es ripida. los dias vuelan y el '.iempo es oro! 

Can tad y reid, que el sol es para todcs. Alejad las ot.se- 
stones pesimistas de vuestra mente. Aceptad la vida como 
at y vividla. Sonar es bello. Las esperanzas. aunque sean 
irrealixables. impulsan a luchar con amor. ^A que sumer- 
r-rse en cavilacicnes sobre el -mas alia."'. . . jEl -mas alia. 
es la noche!. . . (A que atribularse con el recuerdo del ayer 
y da las ilusiones perdidas?. . . ;EI presente siempre es her- 
moao y las ilusiones abren sus corolas per do quier! . . . 

jCaatad y reid, almas ingenuas; la vida es breve, dura un 
■nstante y la juventud no vuelve nuncal. . . ^Quien asegura 
que no es hoy nuestro ultimo dia?. . . 

La primavera esparce sus galas. Todo florece en la natu- 
ralexa. El cristalino arroyo copia las margaritas silvestres 
ea so Unfa. Las adelfas ostentan sus ramos de petalcs resa- 
les. El cielo es anil, como los ensueftos de las virgenes. . . 
Pero manana llegara el invlerno; la nieve cubrira las cam- 
piftas; el frio helara las aguas; las aves se refugiaran en sus 
nidos. y el cierzo de la vejez soplara en vuestras canas: y 
eatonoes no podreis reir, no podreis trabajar, pero tendreis 
el p 1 *"**" repeso del hogar, la li:mbre de la chimenea. el gra- 
nero lleno de trigo y las dulces caricias de los nietos. 

Vivid y gozad mientras sois jfivenes. La risa es divina. 
Los que no rien son buhos negros sobre la tierra; pertene- 
cea a las regiones tenebrosas del Erebo. Reid, cantad. La 
vida es una copa llena de placeres. No la apureis de un trago 
ni la derrameis por el suelo. Bebedla sorbo a sorbo, como si 
fuera la ambrosia del Olimpo, y cuando termineis sentaos 
al pie de un arbol a contemplar las nuevas generaciones . . . 
.Bendita y atabada sea la vida; aleluya, aleluya. oh espiri- 
tus selectos: despreciad a las gentes que hacen el mal y amad 
a hu que hacen el bien' 

La gloria es humo. El orgulto es vanidad, y la vanidad 
es frivola como todo lo egoista. Dies, si exisie. es lo eterno. 
lo inmutable. la esencia iniinita que rige el cacs y engendra 
los mundos, fuerza y motor, alfa y omega de todas las cosas. 
Pero no necesita cultos. No necesita ofrendas. Reid. cantad. 
trabajad. La alegria es el nectar de los dieses y de les horn- 
bres. . . Los antiguos helenos sembraban sobre la tumba de 
los recien sepultados; haced como los helenos... Cuando 
yo muera. sembrad (lores en mi sepulcro y cantad himnos. 
Vestios de bianco, que el bianco es el color de la pureza y de 
lot azahares. Despedidme alegres. ^A que el dolor V . . . Los 
seres no son etemos. Se debe (estejar el que hayamos vivido. 
el que hayamos conocido lo hermoso de la naturaleza y sen- 
tido los rayos del sol. . . Lcs desgraciades son aquellos que 
muil et o n al nacer; los que iban a ser y no fueron . . . ;Ncs- 
otros nemos visto siquiera un segundo la celeste inmensidad 
del cielo! iCon que podriamos pagar tal privil"; 

La felicidadeseaquiva.pero tambien desciendea lasalmrs 
sin amblciones: tambien golpea la p-:erta de las gentes hon- 
radaa. ^Deaeais la riquezar ; Para que? La riqueza corrompe. 
is riqueza que la salud! ;Que mayor tesoro que un 
hogar tranquilo y una mano amiga!. . . SoAad, soflad siem- 
pre: softad que el mundo es bello, aunque no lo sea. que 
todas las realidades son muy amargas y no teneis por que 
amargar el corazon. Conservacs puros. Dejadle su aureola 
a todo lo terreno. No rasgueis el velo. . . que las cosas hu- 
aanas son como la Isis del antiguo Egipto, hay que ado- 
rarlas tras una cortina. Si la correis. encontriis. . . <el que?. . 
>ma el maneebo de Schiller, encontrais esa verdad te- 
rrible que os devora la existencia en un instante; esa verdad 
con que no quiero disipar este canf 

a tierra! La aurora es- 
plendente se ha trocado en dia. La villa madura con las 
« de Febo. Los pajarillos baten sus alas. La fuente 
rumorosa y (resea provoca la sed. Es la estacion de lcs cla- 
veles y de las rosas. Ceres arrastra su manto de oro en les 
tembrados. . . ;Cantad, reid, trabajad, que la vida es breve, 
iespues vienen las eternas sombras! 

J /LIANbC II \W.\f 

IIA7 I HACIONbALONVO 





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iJ^i^o 



— (EI Japon? i AM... /Es un pais de tarjeta 
postal! 

El Japon no se modifica. A pesar de su progreso, 
el Japon es un estanque artistico. Es un agua 
dormida bajo flores de loto... Las transforma- 
ciones de la vida, desde hace sessnta anos, tratan 
de cambiar el espiritu de las gentes niponas. . . 

— jlnutilmente! 

Inutilmente. El japones ha recorrido las Ame- 
ricas y Europa, llevando a sus islas canones y 
fusiles, codigos y locomotoras, filosofias y buques 
de guerra, altos hornos y figurines de Paris... 
jlnutilmente! Nada de eso ha podido modificar 
el alma japonesa. Las mujeres niponas siguen 
amando todavia como en los tiempos ingenuos. 

Aoaba de llegar del Japon un distinguido ca- 
ballero argentine Es el doctor Emilio Cardahi. 
Ha vivido en intimo contacto con las costumbres 
japonesas. Es hombre de biologias. (Ha estudiado 
el Jap6n con afanes cientificos). Es hombre de 
bellas artes. (Ha estudiado el Japon con amores 
de lirico...). Ya sabeis que la mejor manera de 
conocer a un pueblo es amarlo hondamente. . . 
Cardahi !o amo en el encanto de sus farolillos de 
papel. Lo amo en sus flores. Lo amo en su poesia. 
Lo amo en el extrano amor de sus mujeres raras. 
Lo amo de amor, en fin... 

— Cuentenos la verdad del Japon, Cardahi. 

— (Por ddnde debo comemar? 
I 'or las mujeres. 

— ^Las mujeres? jLindas munequitas de Dios! 




o^i^-fyr^- 



EL DOCTOR EMILIO CARDAHI HA VIVIDO CUATRO 
ANOS EN ESE IMPERIO DEL SOL NACIENTE, DON- 
DE EL ARTE PRESENTA CAPRICHOSOS Y MULTI- 
PLES COLORES DE AURORA. FIEL OBSER- 
VADOR, ILUSTRADO VIAJERO. EL 
JOVEN ARGENTINO TRAE 
NUEVAS Y SENTIDAS 
IMPRESIONES, UNA DE LAS CUALES, 
SOBRE EL ETERNO FEMENI- 
NO NIPON, FUE GLO- 
SADA POR EL 
CRONISTA. 



Se visten y se peinan todavia de distinta manera 
que las europeas. Practican el amor tambien de 
otra manera. Por ejemplo: las japonesitas no usan 
el beso como una sublime quintaesencia amorosa. 
El beso, — hilo invisible que es el abrazo mas 
ideal de las almas, — no existc en el Japon como 
expresion de amor. . . jCuantos idilios se han roto 
entre japonesas y latinos por culpa de los besos. 
Muchos me preguntan: 

— iSe puede conquistar a una nipona? 

— Si. 

Ella, vibrante de pasion, caera en los brazos 
conquistadores como cayo Julieta. Pero, al aproxi- 
mar nuestra boca europea a su boca sagrada. 
entonces nos dejara de amar. Su corazon se llena- 
ra de frio. 

— jHarigato! jHarigaio! 

jGracias! jGraciasl. . . Al decir gracias pondra 
en su mohin tal amargura. tal desesperanza, tal 
desilusion que nuestra boca se apartara de su boca. 
Nuestros brazos caeran amortiguados. Nuestro 
fuego sera solo ceniza... 

(Cardahi suspira entre la humareda de los ciga- 
rrillos orientales. . . ) 

— Si, amigo mio... El Japon es, en todo, la 
tierra del antipodismo. Todo sucede alii al re- 
ves de lo que ocurre aqui. Y es, sin duda, por 
eso que tiene mas deleite para nosotros mismos. 
El honor de la mujer nipona es absolute 
La Esposa: es la fiel y resignada madre de los 
hijos . . . Pero no crea usted que en el Japon s61o 



rxs 




EL CULTO A LAS FLORES, PRACTICA- 
DO CON ARTE IKNATO, LAS AYUDA 



se aprecian las virtudes de la esposa. jNo! Si bien 
a la esposa se le encomienda el ejercicio de los 
deberes domfeticos y el ritual muy severo de la 
vida conyugal, a la hetaira tambien se le exige la 
virtud del sacrificio, y a la geisha la virtud can- 
dorosa de agradar con su gracia . . . 

En el Japon. la esposa es reina de su hogar. 
pero no de las fiestas. Carece de esa libertad social 
de que disfruta la mujer de Occidente. Desde que 
nace. la mujer honrada vive bajo la mas severa 
tirania de las costumbres caseras. Si es soltera, no 
tiene derecho a elegir el hombre que ha de ser su 
marido. No existe, por lo tanto, la delicia del 
•flirtr Un dia, cuando la munequita se encuentra 
en edad de casarse, el padre le dice: 

- Ya te encontri marido. Te casaris con . . . 

No importa que la japonesita no haya visto 
jamas a su futuro. No importa que el no sea del 
lo de ella. El padre ordena. jBastal... 

Una vez casada, comienza otra nueva escla- 
vitud: el marido y los suegros. Una verdadera 
esclavitud. puesto que la casada debe mayor res- 
peto a sus suegros que a sus propios padres, a 
quienes debera olvidar, yendo de tarde en tarde 
a visitarlos. . . 

'a esposa enviuda, comienza la tercera escla- 
vitud: es esclava del hijo primoggnito. . . 
o'.o « libre en la tumba? 
A veces, si, cuando los dioses no han encon- 





LA ELEGANTE SENCI- 
LLEZ; HE AQUi UNA 
FRASE OCCIDENTAL 
QUE PARECE 1NVEN- 
TADA PARA RESUMIR 
LOS HAB1TOS Y LAS 
COSAS DE LA VIDA 
JAPONESA. 



A SOPORTAR LA SEVERA TIRANIA DE 
LAS COSTUMBRES DOMEST1CAS. 



trado en ella nada pecaminoso. Pero vea usted 
otro antipodismo . . . Estas virtudes de sumision 
que las japonesas practican sin rebeldia son mas 
exigentes para las mujeres aristocraticas. Las 
pobres, las que deben compartir con el hombre la 
lucha del trabajo, suelen, a menudo, librarse de 
esas leyes de moral. Alii, como en todas partes, 
el trabajo es una virtud liberadora. . . [Pobres 
mufiequitas de porcelana! Se adivina que sufren, 
pero su do'or no adquiere proporciones tragicas. 
Estan acostumbradas a vivir como viven... 

Los hombres tienen siete razones para divor- 
ciarse de sus mujeres. Una de estas razones es la 
siguiente: si el marido lleva a su propio hogar 
una amante, y la esposa legitima se muestra celosa 
de la concubina, entonces el marido puede divor- 
ciarse . . . 

«Una mujer celosa, — dice un poeta japones 

— vale menos que una flor marchita...» 
Existe un viejo libro, — «Onna Daigaku» 

(«E1 completo deber de la muier») — que sirve 
todavia de texto en los hogares. En uno de sus 
capitulos se afirma que flotan en el aire cinco 
enfermedades femeninas: la indocilidad, el jasiidio, 
la calumnia, la necedad y los celos. 

«De cada diez mujeres — dice el «Onna Daigaku» 

— hay 7 u 8 infectadas por alguno de estos jlagelos, 
que son los que prueban la inferioridad de la mujer. » 

iPobres mufiequitas — repito — para las cuales 




UhS 




todo esta prohibido! jTodo! Hasta el encanto de 
bailar con los hombres les esta vedado, pues en 
el Japon los hombres nunca danzan. Ellas, solitas, 
son las que pueden dignamente bailar... 

— lY las gheisas? 

— Las gheisas, o camareras de las casas de te, 
son las rivales de la esposa. Las gheisas son la 
poesta del Japon. Ellas son las linioas heroinas 
de todos los romances... Las esposas legitimas 
no despiertan ensuefios en el alma de nadie. Las 
codiciadas, las apetecibles, son las gheisas con sus 
kimonos floreados, con sus «obis> o cinturones 
magnificos de seda. con sus gruesas cabelleras 
Iustrosas de aceite finisimo... Todos los dramas 
liricos, todos !os crimenes pasionales, todos los 
sacrificios de los hombres tienen por causa el 
amor de las gheisas... En 1914 un millonario 
japones, de cuarenta afios, llamado Hayashi, des- 
aparecio del puerto de Kobe. Inutiles fueron las 
pacientes pesquisas para hallarlo... Por fin, un 
amigo que iba en peregrinacion por los templos de 
Kioto lo encontro vestido con los negros habitos 
de bonzo y la cabeza afeitada, cantando en un 
coro de ascetas los tristes salmos biidicos. ^Por 
que habia cambiado el lujo de su fortuna por 
la miseria de los bonzos? Angustias de amor... 
La bella Momiji, una de las mas celebradas 
gheisas de las alegres casas de te de Kobe, lo 
habia despreciado. .. No hace mucho otra gheisa 
que llego a trabajar en el teatro Imperial se 
suicido de amor por un muchacho profesor, ca- 
sado y con hijos, que junto a ella se quito la 
vida. Antes de morir la gheisa lego su fortuna 
a la viuda de su enamorado ... Y asi toda la 
historia galante del Japon rebosa del amor de 
las gheisas . . . 

— Pero amar sin besos debe scr doloroso . . . 

— ^Doloroso? jHorrible! . . . Desdichado del 
extranjero que se enamora de una japonesa. E! 
beso es un simbolo de la enorme distancia que 
separa Oriente de Occidente. Nunca podre conso- 
larme de esa distancia enorme... 

— iUna historia de amor? 

— jTal vez!. . . Un dia de nieve, en Tokio, voy 
de visita a casa de una escultora rusa. Me condu- 



ce un «jirinshika>>. La escultora vive a la japonesa. 
En el centro de la sala veo el «hibachi» o brasero, 
rodeado de siete cojinetes. Van llegando los invi- 
tados. Los maridos entran primero. Detras de 
cada marido aparece la esposa... De pronto 
me estremezco. Llega una figurita saltarina y 
coqueta. Es casi una nifia. Se llamaTama-San. . . 
jEncantadora Tama-San! Me pongo de pie. Hago 
una reverencia. Los invitados sonrien maliciosa- 
mente. Me miran con desprecio . . . Para ellos 
rendir homenajes corteses a una mujer bonita 
no es propio de hombres viriles. La galanteria 
para con las mujeres del Japon equivale a ser 
afeminado . . . Se permite ser reverente pero no 
galante. (Las dos caracteristicas de la galanteria, 
caballeresca y samurayesca, son: la piedad filial 
y la lealtad entre todos...). Hablamos de arte. 
La escultora se queja de que el gobierno nipon 
repruebe el desnudo en arte y lo admita en la vida. 
Un japones critica los vestidos esootados de las 
mujeres de Europa. Dice: 

— El desnudo debe exhibirse con modestia y por 
razones de salud. . . 



JUAN 



JOSE 




Luego la escultora lamentase de no encontrar 
mujeres japonesas que quieran servirle de modelo 
para sus «desnudos». El unico modelo que ha 
tenido fue un actor: Fujizawa. 

— /So! /So/ — exclaman con admiration ex- 
quisita las mujeres. /Un hombre desnudo! /Un 
artista desnudo! 

(jAntipodismo!, pienso yo. En el Japon los 
idolos de las mujeres son los actores. En cambio, 
entre nosotros, las actrices son las diosas del 
hombre. . .) 

Terminada la fiesta me lleve en el alma los ojos 
oblicuos, adorables, de Tama-San. 

Volvi muchas veces al <'atellier» de la escultora 
rusa. No me saciaba de ver a Tama-San . . . Uno 
de esos dias encontre ausente a la escultora. 
Tama-San, que vivia con ella como amiga intima, 
sali6 a recibirme. . . 

— iSolita, Tama-San? 

— Si. 

Comprendio mi lenguaje emocional. Tama-San 
temblaba. Tenia los ojos humedos . . . 

— Shoto mate kadesai, — murmuro a media voz, 
indicandome que aguardara a la escultora. 

— Vengo por ti. Tama-San. 

— /So/ /So/ 

— /Tama-San, te quiero! 

Reclino su cabeza en mi pecho sin decirme una 
sola palabra. Acerque mis labios para besarla. 
La bes6 . . . 

— / Tama-San! 

Al sentir que mis labios profanaban sus labios, 
Tama-San se puso de pie. Se levanto bruscamente. 
jEspantada! jHorrorizada! Echo a correr... 

— / Un beso! 

Huyo. jAh, Tama-San!... 

Me aleje de aquella casita de ><Kojina chi-ku, 
Itchome», con el mas profundo abatimiento. . . 
I El eterno antipodismo separando Oriente de Oc- 
cidente! El beso, que para nosotros es la puerta 
de los enamorados, es para los japoneses la tumba 
del amor. 

— /Encantadora Tama-San! Te perdi por un 
beso . . . 



S I Z A 



R E I L L Y 





esponde este festival con- 
memorativo a un deseo co- 
miin de carifio y buena inte- 
':ncia. Todas las naciones 
en que se halla dividida la 
raza aprenderan el olvido de 
esas fronteras espirituales 
que el rencor establecio. Es 
un dia de bandera blanca, 
una tregua que ira poco a 
poco aumentando sus pacificos plazos. 

El 12 de octubre de 1921 marc<S un nuevo per- 
feccionamiento en el modo de festejar la gloriosa 
fecha elegida para tan altos fines. La Republica 
Argentina respondi6 con entusiasmo a la llamada, 
asi como en los otros paises hermanos. 

Pero todo cuanto se haga parecera exiguo y des- 
acorde si no se organiza debidamente. Es necesa- 





J * )Q 



/da-B-GCTVffvE 

1 ( ) ( M 



rio crear una ceremonia uniforme, un acto que en 
el mismo dia reuna todos los entusiasmos; hace 
falta la feliz iniciativa que invente esa ceremonia, 
sencilla y solemne a un tiempo. Y se precisa, por 
ultimo, una alta inspeccion capaz de impedir cier- 
tos desafueros que van contra las leyes del buen 
gusto y del sentido comiin, poniendo toques ri- 
diculos en la gran fiesta. En los desfiles de ciuda- 
danos, militares, estudiantes; en los desfiles del 
pueblo no deben ir seres y cosas grotescas. 

La palabra «raza» resulta una expresion poco de- 
finida merced a la continua mezcla de sangre y 
cultura. La raza que aprovech6 este intercambio 
en la realizacion de ideales sublimes es una de las 
mas selectas. Su pasado y su presente dan derecho 
a esperar que su porvenir promete ser fecundo 
para la Humanidad. Celebremos el Dia de la Raza 
buscando hacernos mas dignos de ella. 




fc £ 




EL REY DE LOS BRO- 
CALES ESTA EN EL 



1 Ia pensado alguna vez el lec- 
tor en el perfume de poesia 
que emana de un pozo cerca del 
cual dos vidas jovenes y floridas 
cambian palabras de amor? La es- 
cena, reproducida en mas de un 
cuadro, se renueva de siglo en 
siglo porque la vida, en el fondo, 
no es sino la perpetuacion de la 
eterna novela del amor. En la 
soledad del campo, en el silencio 
de un patio o de un monasterio, 
el chirriar de la oadena del pozo 
hace latir apresuradamente tal 
vez dos corazones heohos para 
entenderse. . . 

Cn las abadias c61ebres que los 

recien casados suelen visitar 

como en recogida peregrinacion, 

la vista del pozo monumental 

susoita a menudo remembranzas 

queridas. — ^Recuerdas? — pre- 

gunta ella con los ojos languidos. 

— jOh! jSi, recuerdo! — excla- 

ma el poni^ndose serio... 

Es todo un capitulo de 

vida vivida en torno al 

recuerdo. Los pozos 

son el terror de los 

ninos, el cuco con 




PATIO DEL PALACIO 
DUCAL (VENECIA). 



que madres y nineras asustan a 
los nenes rebeldes, el tormento 
de quienes deben sacar el agua, 
la comodidad de quienes los apro- 
vechan, la desesperacion de los 
albafiiles que deben repararlos. 
la tumba de los violentos contra 
si mismos que van a buscar en 
ellos la muerte. 

T os pozos sirvieron tambien de 
instrumentos de martirio 
contra los primeros cristianos, 
que en ellos eran arrojados. 

Can Hipolito murio asi. y lo 
^ mismo se dice de San Calix- 
to. En Roma, en la iglesia de 
su nombre, S3 conserva todavia 
la piedra que se habria colgado al 
cuello del martir para quitarle 
toda esperanza de salvacion. 

/^\bjeto de veneracion son los 
^^ pozos de la iglesia de Santa 
Prudenciana, en los cuales se 
asegura que la santa dio 
sepultura a mas de tres 
mil martires. cuya san- 
gre recogia con una 
esponja en el si- 
tio del martirio. 







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: :J" :; ";Vv" ; '■''.'-. i 



POZO EXISTENTE EN 
LA CELEBRE 1GLESIA 
DE LA MADONNA 
DELLA QUERCE, 
(VITERBO). 



On la iglesia de Santa Maria in 
'■"' Via se conserva una piedra del 
celebre pozo cerca del cual se sento 
Jesus para tener su coloquio con la 
Samaritana. 



Qero dejemos las leyendas, y re- 
■*• conozcamos cuan incierto es el 
origen de los pozos, que remontan sin duda a tiempos 
muy distantes, porque se hace menoion de ellos en la 
misma Biblia. Los de Jacob y de la Samaritana figuran 
entre los mas notables. 

( os romanos construian una boca de pozo llamada pu- 
leal en los sitios en que caia el rayo, a fin de que no 
fuera profanado por las pisadas de los transeuntes, y para 
que quedase al aire libre como lugar sagrado. 

'"T'oDAviA existen ejemplos de esos antiguos puteales. En 
Venecia hay varios, y una de las fotografias que acom- 
pafian esta nota representa un soberbio puteal de bronce. 
Tambien se hacian de piedra y de marmol y los artistas 
rivalizaban en la tarea de derrochar adornos. 

[ os pozos florecieron, naturalmente, cuando todavia no 
se conocian los canos para el agua. La misma Roma, 
celebre en la Edad Media por la abundancia de sus aguas, 
tuvo que resignarse a beber agua de pozo y hasta del Tiber. 
Era transportada en barriles y odres a lomo de asno y 
de mula o en carros aguateros. 



MONJE DE LA ABAdIa 
DE SANTA ESCOLAS- 

T1CA :;acando agua 
de aquelhist6rico 

POZO. 



f a madre del famoso tribuno Cola 
'—' di Rienzo, del cual existe un 
magnifico monumento en bronce 
cerca de la escalinata del Capitolio, 
vivia, segun afirma un bi6grafo, «di 
acqua portare e panni lavare». 



8b 



etefi* 







EL BROCAL DEL PA- 
LACIO GIOVANNELL!, 
PRIMOROSA MUES- 
TRA DE ARTE AN- 
TIGUO. 



r os artistas, por supuesto, hicieron 
todo lo posible para embellecer 
la parte ornamental de los pozos, co- 
mo, por lo demas, se hace hoy con las 
fuentes, las cuales suelen ser verda- 
deras obras de arte. Lo mismo ocurre 
con los pozos, algunos de los cuales 
pueden ser considerados como monu- 

mentos. Los hay de esa calidad en Viterbo, en Montepulicia- 
no, en la Cartuja de Florencia yen la AbadiadeMontecasino. 

/^urioso y originalisimo es el pozo de la Plaza del Mercado 
^- > Viejo en Udine. Tiene cuatro columnas con capiteles 
y sobre el techo del pozo otra columna, adornada de un 
capitel curiosisimo. Pero el pozo mas elegante es, sin duda, 
el del Palacio Bevilacqua, en Bolona, transformado en una 
de las mas tipicas y originales fuentes que se conocen, 
fuente que tiene como fondo un portico maravilloso de 
sencillez, esbeltez y elegancia. Bellisimo es asimismo el 
patio del palacio Giovannelli de Venecia, en el cual el 
pozo hace el papel de un complemento bien entonado y ar- 
monico, que no turba la armonia y scbriedad de las lineas. 

TZJ"l pozo mas celebre de Italia es indudablemente el 
llamado de San Patricio, en Orvieto, semejante al 
del mismo nombre que se ve en Irlanda, cerca de Down, 
y que mas que pozo es una amplia y profunda caverna 
natural, famosa por antiguas tradiciones y supersticiones. 

IDespues del saqueo de Roma en 
1527, el papa Clemente VII se refu- 
gio en Orvieto. Su primera idea fue 
la de procurarse agua potable, para 
el caso de un sitio prolongado, y 
dispuso se empezasen los trabajos 
para cavar el famoso pozo. Al prin- 



LA abadIa de mon- 

TECASINO TAM BI EN 
TIENE UN ESPLEN- 
PIDO POZO MONU- 
MENTAL. 



■ 











llMlV^v l 




u 




grande artista que se llam6 
Sangallo. y fu6 concluida bajo ^ 
Pablo III por Sim6n Mosca, que edi- 
fied la parte exterior. Se desciende al 
pozo por dos amplias puertas, ubica- 
das en sentido opuesto, lascuales dan 
acoeso a dos escaleras, una para ba- 
jar y la otra para subir. Las escale- 
ras. ingeniosamente construidas una 
sobre la otra, se desarrollan en espi- 
ral en torno del vacio cilindrico del 
pozo. en donde se abren setenta 
y dos ventanas que dejan pasar 
la luz hasta el fondo. Casi al 
nivel del agua las dos esca- 
leras se encuentran por 
medio de dos puertas 



R 



diametralmente opuestas. Se 
puede asi sacar agua hasta a 
275 palmos de profundidad y llevarla 
afuera en barriles cargados en bestias 
de carga, que suben y bajan con fa- 
cilidad por anchas plataformas incli- 
nadas, que son 248. 

P^Nespues de cuatro siglos de cons- 
— truido, el pozo de San Patricio 
con sus plataformas de acceso, ha 
servido de modelo a una casa nor- 
teamericana para la construc- 
tion de un garage colosal, de 
siete pisos. Solo que los as- 
nos han sido reemplaza- 
dos por automoviles. 



EL MAYOR DE TODOS 
EL POZO DE SAN 
PATRICIO, EN 
ORVIETO. 



M 



B 



O 



L I 



Uir£) 




Es tu miradita, 
de amorosa esclava, 
lo que me cautiva. . , 

Es tu miradita. 
de timido encanto, 
lo que a mi me priva. 

Es tu miradita, 
de rendido afecto, 
lo que me domina. . 



Es tu miradita 
la que me desve'.a. 
Es tu miradita, 
triste, la que roba 
tambien mi alegria. 
jEs tu miradita! . . . 

-x- 

Por tu miradita 
mi pecho se agita. . 
mi boca suspira. . . 




\5cENTE 

Medina 



Lo que a mi me inspira, 
lo que me enamora, 
es tu miradita. . . 

Es tu miradita 
la luz que, en la noche 
de mis penas, brilla... 

Es tu miradita 
la estrellita clara 
que mis pasos guia... 



Es tu miradita 
lo que estimo y guardo: 
de ella soy avaro 
y ella es mi codicia... 

Como en un estuc'ae 
se guarda una joya, 
jen e! alma guardo 
yo tu miradita! 

CARBON DE ALONSO. 




i tn a y- oAi^as 

OLEO DE 



IU1 




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. VLIPA 



GRJN 



ch 



. . .Convencido de que sin la posesion dft 
aquel dato es inutil que se empene en con. 
tinuar el trabajo, Cordoba cubre, resigna- 
nadamente, la maquina de escribir y guar- 
da sus papeles en un caj6n del escritorio. 

«Ahora a echarse a buscar al otro; a Ri- 
verita . . . [Y cualquiera sabe donde estara 
Riverita!... Son ya las diez y nueve... 
Hay tipos que nunca hacen nada de pro- 
vecho y que sin embargo «se galopan» cada 
dia lo menos unas veinte leguas... <^En el 
club? ^En lo de Rojas?. . , ^En el «Bar Ale- 
man*?... jBah!... En cualquier parte me- 
nos en su casa, seguramente, por que eso 
seria lo mas comodo...j> 

Y despues de desperezarse de la manera 
mas inurbana del mundo, Cordoba pasa del 
escritorio a la alcoba, y arrastrando mucho 
los pies para evitar que las chinelas de puro 
grandes se le salgan, va y enciende la lam- 
parilla el6ctrica que cae sobre el espejo del 
ropero. 

«jQue" facha, asi despeinado y con ese py- 
jama a rayas que parece uniforme de pre- 
sidiario de biografo!. . . jCada dia mas gordo 
y cada dia mas canas en las sienes! . . . 
Pero , . . [que se !e va a hacer! . . . Y pensar 
que queria ser marino cuando chico! . . . 
Ahora oficial primero de ministerio y arre- 
glador de «macaneos» de ministro... j Ja, 
ja! . . . El otro dia habia puesto «impugne», 
por impune y «nadies», por nadie... jHa- 
game el favor!. . . 

Y como reconfortado con el recuerdo 
de aquellas flaquezas del superior, Cordoba, 
sonriente ya, comienza a quitarse el pyjama, 
cuando algo le hace detenerse y mirar sor- 
prendidc y entornando los parpados hacia 
el pie del soporte de la lampara. 

Es una mosca, una mosca que acaba de 
descubrir alii, paseandose muy agitada so- 
bre el brazo de metal dorado, y lo que es 
mas, una mosca tal, de rara y primorosa, 
como no vio en su vida. . . 

Tiene el coselete verde, el abdomen verde, 
es toda verde excepto la cabeza y las alas 
y las piernas que son como de plata, con 
ligeros toquecitos de bronce nuevo... Se 
diria una piedra preciosa animada, una es- 
meralda sombria, que revuela con alas de 
platino y camina con patas de diamante. . . 

Cordoba no es up. tipo interesado, pero 
lo primero que se le ocurre, con un ligero 
calor de emotion en los plexos, es que quien 
sabe si aquella mosca no es una mosca tan 
rara que, por su misma rareza, venga a 
representar una fortuna... Despues piensa 
que es extrana la presencia de aquel insecto 
en su cuarto estando el otono ya tan avan- 
zado, y por ultimo acude a su memoria 
cierto cuento saturado de acre escepticismo, 
que leyo una vez y que trataba asi de una 
mosca rara, de una mosca verde. . . 

*Un hombre que acaba de llegar de un 
pais salvaje y lleno de peligros, donde lucho 
muchos afios para hacer fortuna, conversa 
con un amigo al caer de una hermosa tarde 
estival, en el parque urbano de una ciudad 
populosa . . . 

Al hombre le brillan los ojcs de confianza 
y de dicha. . . Ha triunfado joven aun, esta 
sano y aguerrido y viene a cumplir sus mas 
cares suefios, es decir, a casarse con aquella a 
quien ama y a tenderse despues a la bartola . . . 

De pronto aquel hombre se estremece: 
e? Le interroga el otro. 

— jNada! — responde el hombre sonrien- 
do — Una mosca... Me pico una mosca, 
aqui, en la mano . . . 

Y anade en seguida con interds, pero sin 
dejar de sonreir: 

— jQu6 raro! ^No?... jEsa, esa!... iVea!... 
ahi anda volando... Es verde... ,-Se fijo?... 

Y bien pronto sobreviene la catastrofe. 
La mano se inflama, despues el brazo, des- 
pues todc y el cuento termina con la muerte 
inesnerada, irritante y misera de aquel triun- 
fador orgulloso de los peligros del desierto.... 

«Ah, ah!... Qu6 bueno que 6sta fuera tam- 

bi6n una mosca como aquella [Carayl . . . 

Como verde, bien verde que es... Y jtan 
sola y tan inquieta!*. 

A C6rdoba le parece ya que el verde de 
gema de la mosca aqu611a tiene ciertos re* 

flejos siniestros de ponzona «E1 se va a 

la calle. . . se olvida de la mosca y cuando 
vuelve y se acuesta y se duerme jzas! . . . 
viene la tremenda mosca y muy quedito 
concluye con el y sus treinta y tantos anos 
deafanes, como la otra mosca del cuento. ..» 

Y despues de echar una mirada hacia la 
puerta entreabierta de la alcoba, C6rdoba 
se acerca a ella retrocediendo y la cierra 
con cuidado. 

Cuando vuelve a aproximar su rostro a 
la lamparilla, experimenta un pequefio so- 
bresalto, por que no ve a la mosca, e ins- 
tantaneamente la imagina ya inhallable pero 
acechandole, sin embargo, desde cualquier 
lugar oscuro... Mas no; la mosca no se 
ha [do. La descubre andando por alii, por 
la pulida superficie del cristal del espejo 
y ensayando cortos vuelos. 

A Cordoba le resulta ya mas siniestra que 
bella y como que se agitara movida por 
sentimientos de odio . . . 

*<fQuien le dice a el que en cuanto le vea 
no se arrojara sobre su rolliza y redonda 
una avispa furiosa?» 




1 K3t 

IVDSCa A, Benito 

vetde Ml lwI 




Y entonces aparta un poco el rostro del 
espejo y sonriendo mira en torno suyo como 
si buscara alguna cosa. . . 

«Curioso ^verdad?... No puede decirse 
que el le tenga miedo a la mosca, pero... 
ipor que siente, sin embargo, una ligera emo- 
cion que le recuerda aquella que sinti6 de 
nino cuando cazo por primera vez, con ayu- 
da de los perros, un gato montes «tremendo», 
o cuando mas tarde se par6 tambidn por 
primera vez delante de otro hombre con 
una espada en la mano?. . .» 

«jQue bueno! ... El esta seguro de que 
esa mosquita rara es una pobre mosca inc- 
fensiva, pero quiere suponer por un momen- 
to que no lo sea, que es por el contrario 
una mosca mala, ura mosca terriblemente 
ponzonosa como la mosca aquella del cuento, 
y que ha sido llevada alii por la mano del 
destine para terminar de una manera tra- 
gicocomica con la ya larga y asendereada 
existencia del oficial primero del ministe- 
rio de X. lY sieado asi, quien negara que 
la mosquita aquella metida alii, en su al- 
coba, no significa para 61 un peligro tan 
cierto como podria serlo un tigre de Bengala 
agazapado a su paso? . . . jCaray! . . . , lo mis- 
mo matan los bacilos microm6tricos que los 
obuses del -12! . . .» 

De manera, pues, que, pensandolo bien, 
habria tanta imprudencia en dejar esa mosca 
verde revoloteando a su antojo por la alcoba, 
como en acostarse y apagar la luz sabiendo 
que hay una fiera hambrienta debajo de 
la cama. . . 

E instintivamente Cordoba estudia el te- 
rreno que le rodea, como cualquier cazador 
que con el Martini bajo el brazo acaba de 
descubrir entre !a marafia de la selva vir- 
gen dos ojos fosforescentes que le espian . . . 

«Irse no puede — piensa — porque la 
puerta esta cerrada, pero. . . puede perderse 
en cambio en cualesquiera de los rincones 
penumbrosos de la habitation . . . <jY des- 
pues?... iUn trapo?... Si, pero un trapo 
no es un arma precisa para cazar una mos- 
ca .. . Pega, es verdad, pero tambien es muy 
probable que despues de haber pegado no 
sepa uno si acerto o no acerto, si la presa 
perecio o escapo sin ningun dano... jAh, pero 
es verdad!... <jC6mo no se leocurrio antes?» 

Y Cordoba satisfecho, extrae de uno de 
sus bolsillos una caja de fosforos, y rompien- 
dola, le quita el pequeno elastico que forma 
parte de su sencillo mecanismo. 

cjCaray! . . . Cuando era muchacho nadie 
le aventajaba en el manejo del elastico... 
A diez centimetros no habia mosca que se 
le escapase ni aunque fuera bruja — tan 
precisa tenia la notion de la distancia y tan 
bien sabia regular el poder de la goma... 
Jamas se did el caso de que aplastase una 
mosca sobre la pared, como hacian algunos 
inexpertos. . .» 

«jHum! . . . Bastante malo el elastiquito . . . 
Corto, duro, reseco... Probablemente no 
aguantara ni dos estirones sin cortarse... 
Antes eran mucho mejores los elasticos de 
las cajas de fosforos y muchas otras cosas...» 

Y C6rdoba sonrie nuevamente con cierta 
melancolia, al pensar que debe hacer por lo 
menos unos treinta anos que dejo de haber- 
selas con elasticos... 

Despues, cuando vuelve a acercarse al 
espejo, comprueba con despecho que la mosca 
verde no se pasea ya sobre el cristal, sino 
que esta a la sazon girando vertiginosamen- 
te en torno de la caldeada lamparilla, como 
si se hubiese vuelto loca o como si estuviera 
tomando impulso para lanzarse de repente 
hacia lo alto, a la manera de ciertos fuegos 
de artificio . . . 

«No... Asi no es posible tirarle... Es 
cierto que el ha cazado muchos millares 
de moscas por medio del elastico, pero nun- 
ca rue" tirandoles al vuelo como si hubiesen 
sido perdices... Lo mejor es esperar, es- 
perar a que se asiente. . .» 

Y con el elastico preparado se pone en- 
tonces a vigilar atentamente los atrevidos 
«loopings» de su enemigo, cuyo cuerpecillo 
fulgura ante la blanca luz de la lampara 
como una verde chispa de bengala, cuando 
oye un leve ruido a sus espaldas y ve aso- 
mar por la rendija de la puerta, cautelosa- 
mente entreabierta, un ojo avizor y la aven- 
tajada nariz de Ovidio, su famulo, eel ine- 
fable Publio Ovidio Nason» como le llaman 
Riverita y algunos otros <<intimos». . . 

Ante aquella aparicidn inoportuna, C6r- 
doba siente el mismo enojo que sentiria 
un cazador tirado por la manga en el mo- 
mento en que apuntase a un ciervo de mu- 
chas puntas. 

;No abras ahi, desgraciao!. . . 

Y mientras la sorprendida cara de Ovidio 



dasaparece detras de la puerta nerviosamen- 
le cerrada de un golpe, C6rdoba va hacia 
ella, echa el cerrojo y luego vuelve, todavia 
cenudo, a observar de nuevo a la mosca 
verde, que ya no describe aquellos giros 
vertiginosos en torno de la lamparilla elec- 
trica, sino que a la saz6n se emplea en una 
suerte de juego monotono, que consiste en 
posarse apenas sobre el retorcido brazo del 
soporte, para volar en seguida como si el 
contacto laasustase. 

«Alguna vez ha de pararse, piensa C6r- 
doba, y olvidado por completo de su edad 
y obligaciones se siente muy dispuesto a espe- 
rar el acontecimiento cuanto sea necesario. 

«jAh, ah!. . . se paro. . .» 

Pero cuando muy emocionado y cerrando 
el ojo derecho Cdrdoba levanta ya su arma, 
la mosca verde alza el vuelo, y describiendo 
grandes circulos, toma primero altura y 
luego se deja caer en un largo planeo hasta 
rozar el piso. 

Despues, como no la ve por ninguna par- 
te, el cazador se alarma. 

i'lA que se le pierde?... ^A que ahora 
no mas siente que le clava traidoramente el 
aguij6n en el pescuezo?» 

Pero no. La luz es sin duda un gran re- 
clamo para la caza nocturna de las moscas 
por aviesas y malintencionadas que sean. 

La mosca verde, bella como un trocito 
de esmeralda incandescente, vuelve a apa- 
recer por los alrededores de la lampara, y 
tras algunas fintas se posa resueltamente en 
el borde del espejo. 

Cordoba respira y despues de dirigir una 
mirada de impaciencia hacia la puerta ce- 
rrada, detras de la cual debe hallarse otra 
vez el «inefable Ovidio», pues se perciben 
a travel de la madera ciertos rozamientos 
furtivos, vuelve a disponerse al ataque... 

No sabe por que pero... «se tiene fe»; 
esta seguro de no errar cuando se resuelva 
a hacer el disparo. La cuestidn es que la 
mosca verde le permita acercarse a la dis- 
tancia necesaria... «jLo malo que el elas- 
tico sea una porqueria!. . .» 

Pero en cuanto Cdrdoba comienza a acer- 
car cautelosamente sus gruesos dedos la mos- 
ca levanta de nuevo el vuelo y va a posarse 

en otro sitio del espejo «jC6mo se ve que 

no es una mosca vulgar, sino una mosca gue- 
rrera, una mosca llena de estrategia!,'. . . 

Y esto en vez de desagradarle aumenta 
el interns de Cordoba. «[Ah, como se ponga 
a tiro!...» Y los gordos dedos tiemblan 
sobre el elastico, ni mas ni menos que tem- 
blarian quiza en la selva sobre la palanca 
del Winchester* «jAh, ah!...» 

La mosca se ha detenido ahora con evi- 
dente confiannza, pues cepilla sus alas de 
platino con sus patitas brillantes, y al fin 
puede Cordoba colocar sus dedazos a la dis- 
tancia que le aconseja la experiencia y que 
sera de unos cinco centimetros, por lo menos. 

«jCon tal de que el elastico no vaya a 
cortarse!. . .» 

Pero el elastico no se corta, no, y aunque 
mostrando multitud de grietecillas inquie- 
tantes, sealarga y se alarga hasta la medida 
necesaria y. . . «;Pst!». . . parte el disparo. 

Despues, Cordoba se queda todo azo- 
rado. Se diria un artillero novicio que por 
primera vez hizo fuego . . . Cree haberle dado 
a la mosca verde, pero como no la ve mas 
no puede asegurarlo y, en consecuencia, con 
la cara muy encendida, se pone a buscarla 
afanosamente, primero sin moverse de su si- 
tio y despu^sandandoderodillassobreelpiso. 

<^La habrahecho mil pedazos?. . . jNol. . . 
porque por mas que hiciera treinta anos que 
no esgrimia el elastico, Cordoba <<siente» que 
tiro bien que hizo un tiro perfectamente gra- 
duado como para no causar tal estropicio — 
^La habra herido quiza levemente?. . . Eso 
mas bien. . .» 

Y mientras anda en cuatro pies sobre 
el piso encerado Cordoba recuerda «como 
si fuera hoy» que a veces las moscas, alcan- 
zadas solamente en una ala, solian caer al 
suelo y una vez alii echar a correr como 
demonios. . . 

De pronto se estremece de jubilo: Alii 
junto a una pata de la mesa de luz, acaba de 
descubrir un bultito inm6vil... 

«jAh, ah! . . . Mosca es sin duda . . . <[Pero 
sera la mosca verde o el cadaver yerto y 
reseco de alguna mosca vulgar, muerta hace 
un ano?. . .» 

La luz insuficiente de la lampara deja el 
sitio en penumbra y C6rdoba, que no ve 
bien, no encuentra ya nada de magnifico 
ni siquiera de verde en el despojo aquel que 
tiene ante la vista. 

Entonces enciende un f6sforo y torna a 
mirar acercando mucho la nariz a! suelo. 



«jAh, ahi... jYa lo decia 611... [Magni- 
fico tiro!. . .» 

•El proyectiU ha dado justamente en me- 
dio del coselete aquel de los siniestros re- 
flejos, que aparece en gran parte roto y 
hundido, y la mosca verde debid morir ins- 
tantaneamente. . . 

Con una delicadeza no del todo exenta 
de temor aun, C6rdoba recoge el cuerpo de 
su enemiga, lo deposita en la palmadeuna 
mano y... otra vez: «£Qui6n le dice a el 
que no sea una mosca que valga un platal? 
^ Quien le dice a el que un entom61ogo?. . .» 

Pero en ese momento oye hablar en voz 
alta afuera y que alguien golpea resuelta- 
mente la puerta cerrada de la alcoba. 

— jEh!... iQue 

;Abri, hombre!. . . 

Y apenas se le franquea la entrada Ri- 
verita se precipita en la pieza locuaz y 
ejecutivo como siempre. 

— Pero . . . jCaray! . . . ^Que hac6s aqui 
encerrado?. . . jNi que te estuvieras por 
suicidar! . . . jPor que no abrias?. . . 

Y en seguida y sin reparar en que Cor- 
doba, con una sonrisa entre interrogadora 
y satisfecha, se dispone a mostrarle el ca- 
daver de la mosca, se sienta en la cama y 
agrega abanicandose con el sombrero: 

■ — jLa pucha, que caldol... Vengo a 
verte £sab6s? porque resulta que el imbecil 
ese de Gomez, por pasarle la mano al otro 
imb6cil ^sabes? quiere ahora que la memo- 
ria .. . 

Y se interrumpe de pronto, porque ad- 
vierte entonces que el otro no le atiende y 
que est6 muy ocupado, al parecer, enexa- 
minarse la palma de una mano . . . 

— £Pero qu6 haces ahi? <^Qu6 miras?. . . 

Nada!... Pero observa. hac6me el 
favor de observar esta maravilla. . . 

— - <E1 que7... iQue es?. . 

Y sin mas Riverita, interesado, aban- 
donando su sombrero sobre la cama, se 
incorpora agilmente. 

— iQue, che? 

— Esta mosca que acabo de cazar. . . 

Fijate-que cosa rara, que cosa magnifica. . . 
Es verde como una esmeralda y tiene las 
patitas como de vidrio 

— |Ah, ahi... 

— ^Haz visto cosa mas preciosa?... 

— (Ah, ahi... 

Y Riverita, acercando mucho la nariz a 
la mano de su amigo. levanta sus anteojos 
para mirar por debajo de ellos. 

— ;Ah, ah!... 

— . . . Mira, yo creo que esta mosca verde 
debe de ser una clase de moscas verdes tan 
extraordinariamente ponzonosas que ma- 
tan a un tipo en unos pocos minutos... 
Mira, yo lei una vez un cuento. . . 

Pero Riverita no le deja continuar y rie 
despectivo mientras reacomoda sus an- 
teojos. 

— jSali de ahi, deja de macaniar!. . . 

— ^Cdmo?... Macaniar... ^Por qu6? 

— [Caray!... en primer lugar porque el 
bicho ese no es verde, y en segundo 

C6rdoba se alborota como si le hablasen 
de quitarle el empleo: 

— £C6mo que no es verde?. . . <^Y que" es 
entonces?. . . 

— |Y azul, hijo, azul! 

— [Deja de embromar, hombre! . . . 

E inquieto, con el entrecejo contraido, 
vuelve a examinar la mosca, en tanto que 
Riverita, muy complacido, afirma riendo: 

— Si, si; azul hijo, azulisima... ^No lo 
estas viendo?. . . 

C6rdoba levanta al cabo los ojos y pre- 
gunta con una sonrisa: 

— Pero ... £lo decis de veras, che? 

— iEl que? 

— dQue no es verde esta mosca? . . . 

— jY c6mo le va!... jY ya lo creo!... 
jPero qu6 rico tipo sos vos! . . . 

Y muy divertido pernea sobre la cama 
desarreglando la colcha. 

C6rdoba agita la cabeza. 

— jPues hijo, lo hubiera jurado!. . . jOvi- 
diol... 

— jMande! 

— Decime de que" color es esta mosca. 

— ^Cuala? 

— Esta, esta que tengo en la mano . . . ,|No 
es verde? . . . 

— jSalga de ahi! . . . jDe ande! . . . 
— - ^Y qu6 es entonces?. . . 

— jY azul <<eletrico»! . . . ^Como quiere que 
sea?. . . 

— jAnda, anda: zanahoria!. . . 

Y en tanto que el criado se va sonriendo y 
volviendo la cabeza, y Riverita, tendido ya 
del todo en la cama, rie a mas no poder y 
patalea, Cdrdoba, risueno tambien, aunque 
un poquito despechado. mira por ultima vez 
el cadaver de la mosca verde y luego con 
un soplido leve lo hace caer en el suelo. 

■ — Bueno, che. . . ^C6mo decias? 

— jAh! 

Y despu6s y mientras Riverita le explica 
algo muy largo y muy complejo a proposito 
de aquella memoria que se esta redactando, 
Cordoba, de pie, le escucha asintiendo con la 
cabeza y mirando una moldura de la cama, 
con esos ojos cansinos y resignados del que 
ya no espera hallar, y menos cazar, maravi- 
llasen la intrincada marafia de la selva-Vida- 





Mis reducido en obras que los anteriores, y en 
consecuencia mashomog^neo.el Undecimo Salon 
Nacional viene a probarnos la vitalidad del arte 
argentine Los once anos transcurridos en lucha 
abierta contra la indiferencia y la incertidumbre 
han dado por fin el fruto anhelado. La eclosion 
de la conciencia artistica es, en efecto, cada vez 
mas evidente entre nosotros. El publico portefio 
se ha hecho del arte una verdadera necesidad, 
caso felizmente sintomatico , que sefiala para nues- 
tra joven democracia un alto nivel de cultura. 
Esto no implica que hayamos llegado al periodo 
de la madurez; bien lejos de ello, estamos por el 
contrario en el de lainquietudyel dela busqueda. 
aquilatando valores inciertos para engarzar mas 
tarde el diamante del porvenir. Pero no es poco 
el haber sacudido la indiferencia y quebrantado 
la incertidumbre aludidas. 

Si no juzgasemos un tan to prematuras las con- 
clusiones respecto a un arte todavia en pleno 
fervor evolutivo, como es el nuestro, diriamos 
que solo en este Undecimo Salon llega a definirse 
la tendencia fundamental de la pinturaargentina. 
Esella un anhelo saludable hacia el color, hacia 
la claridad simbolo de toda juventud. — Salvo 
escasas excepciones, nuestros pintores buscan el 
caracterizarse por su luminosidad, bebiendo con 
natural regocijo en la fuente maravillosa del im. 



sao 

NV\I. 
10 




aiQ/iocv 




presionismo. Por fortuna las escuelas novisimas. 
que especulan sobre la buena fe de los incautos 
y prestigian la bancarrota de lo bello, inspiradas 
en un extrano delirio matematico, no parecen ha- 
llar arraigo en nuestro suelo. Salvanos de la exo- 
tica invasion el buen sentido criollo, enemigo 
tradioional del ridiculo. 

Apenas si algunos muchachos inquietos pe- 
regrinan por tierras de Gauguin o de Cezaune en 
procura de la planta del genio, sin percatarse que 
por su delicada especie esta no puede florecer 
mas alia de las propias islas de coral de aquellos 
admirables Robinsones. 

El salon actual afirma la veracidad de este 
aserto. No hay en el grandes valores individuales, 
pero en cambio — salvo una ruidosa exception — 
el conjunto es armonico y de un significado exce- 
lente para el arte nacional. 

Corresponde, a nuestro juicio, el primer puesto 
al paisaje, ya sea en lo decorativo o mejor aun 
en lo genuinamente sensible, que es donde esta 
el superior aporte del afio. En abono de esta afir- 
macion citaremos tres nombres, que aunque en 
diverso espiritu, concurren a un mismo proposito 
de luminosidad y de emotion: Angel Vena, Ro- 
dolfo Franco y Tito Cittadini. A este ultimo — 
pintor esencialmente decorativo, que ha hallado 
su razon de ser en el perpetuo milagro de Mallor- 






• ALFREDO R. BUFANO* 

(PASTEL) 

EMILIA BERTOLE. 




UtrD 




«TARAPAYA » ( 6 L E ) 
RODOLFO FRANCO. 



ca, facil pretexto para el vuelo 
de su fantasia — correspon- 
diale el primer premio. Con 
ser hermosa su obra, sobre 
todo el paisaje titulado «Ma- 
nana», de exquisito arabesco 
e insospechada frescura, cree- 
mos que los otros dos artistas 
citados le superan en lo que 
al sentimiento y personalidad 
se refiere. 

Rodolfo Franco, que vuelve 
con maestria por sus f uercs de 
pintor, descubre en la triste re- 
gion del Chaco santiaguefio, un 
verdadero poema de color, que 
halla suexpresion mas bella en 
«Tarapaya», donde vemos rea- 
nimada su calida paleta de Pa- 
ris. Angel Vena, a su vez, no 
necesita de mayores recursos 
para construir su paisaje — 
casi todo interior — ; s6brale, 
con la monotonia de la pampa, 
el cielo azul y el espejito de una 
laguna, para darnos la mas 
puraemocion de arte, que seria 
la mas intima del Salon si alia, 
en un rincon olvidado, encas- 
tillado en un silencio que siem- 
pre fue y sigue siendo, porque asi lo quiso la 
distincion suprema de su alma, no estuviese Wal- 
ter de Navazio, el dulce y enorme poeta de la se- 
rrania cuya obra trunca sera, no obstante, per- 
durable como una rosa de seda. 

Entre los buenos paisajistas citaremos toda- 
via a Antonio Pedone, cuyo divisionismo se ate- 
niia en «Paz», realizando un lienzo de singular 
profundidad; a Enrique Prins, insigne colorista y 
armonioso espiritu; a fray Guillermo Butter, que 
vuelve en «Ciudad mistica» a su evocativa vision 
antigua; Atilio Malinverno, Lozano Moujan y Cu 
pertino del Campo. Los marinistas estan represen- 
tados sucintamente por Julio Martinez Vazquez, 
Quinquela Martin y justo Lynch. El unico anima- 
lista que tal nombre merece en el Salon es Luis 
Cordiviola. Sus envios de este afio, dos cabritas 
serranas, son dos flores de buena voluntad que 
recuerdan, por su entrafiamiento en el mundo 
desconocido de las bestias, ciertos estudios del 
entomologista Fabre. Cordiviola no es un es- 
pontaneo, pero si un pintor honrado y con- 
cienzudo. 

Pasando a la figura, diremos que dos cosas Ha- 
inan la atencion en ella: las telas de Bermudez 
y las «Mujeres» de Gigli. Las primeras, porque 
aportan la sensacion reconfortante de un arte 
nacionalista, que se anuncia vigoroso y sin fra- 
ses en la desnudez viril de su gesto serrano. Las 
segundas, porque no vuelven con violencia ha- 
cia la degeneracion "d'outre Rhino y la filosofia 
de Schopenhauer. Bermudez es una solida afirma- 
cion de arte. Gigli, por su concepto de la mujer, 
una insinuation de delicuescencia. ^Como es posi- 
ble que ambas cosas figuren en una misma sala? 

Esto tambien se lo preguntaba unanimemente 




«MANANA» (OLEO) TITO CITTADIN1 
PRIMER PREMIO. 




[.;, ■■-• , --■■: 



•VIAJERAS SERRANAS* (OLEO) 
JORGE BERMUDEZ.' 



• PAISAJE SERRANO* (OI.EO) 
WALTER DE NAVAZIO. 

el publico, en el dia del «ver- 
nissage». 

Entre los valores conocidos 
que aqui se afirman sefialare- 
mos a Alejandro Christopher- 
sen, con un retrato de «grand 
allure», «La robe rose», a Jorge 
Soto Acebal, prestigioso acua- 
relista, erroneamente empefia- 
do, a nuestro parecer, en trans- 
formarel espiritu de la aguada; 
a Emilia BertoM, que nos da 
una obra de verdadero carac- 
ter en el retrato sensible del 
poeta Bufano; a Miguel Petro- 
ne, cuya «Irene», delicada vi- 
si6n de tonos suaves es obra, 
si no profunda, por lo menos 
amable y de buen gusto, y a 
Adolfo Bellocq, en quien el 
juicio profesional hallara tal 
vez muchas imperfecciones, 
pero que con su cuadrito 
«Despues de la comunion» 
se anuncia como un valor 
nuevo, de agudo persona- 
lismo. 

Francisco Vidal, que con «E1 

hombre del cacharro» ha ob- 

tenido el segundo premio, da 

muestras en su tela de un objetivismo vulgar y 

de mal gusto, que puede satisfacer al pintor pero 

nunca al artista. 

Nombraremosparaterminar a Francisco Bauzer, 
con «E1 traje de la abuelao; a Jorge Larco, con 
<<Farruquina>>, y a Alberto Rossi, con un desnudo 
no muy representative para el. 

A no mediar la contribution, siempre extraor- 
dinaria, de don Rogelio Irurtia, cuyas tres cabe- 
zas magnificas constituyen una verdadera lection 
de arte y de belleza, la section escultorica del afio 
careceria de relieve. Prima en ella el mas desor- 
bitado realismo, el simple analisis anatomico, 
ajeno a toda preocupacion de espiritu, que no 
lleva mas que a la exaltacion de la materia en 
si, como factor y como finalidad de arte. A este 
concepto crepuscular de la estatuaria ajustan sus 
vigorosas cualidades artistas jovenes y serios, 
como lo son Ernesto Soto Avendano y Cesar Sfor- 
za. Afortunadamente, escapanse de este conjunto 
amorfo dos escultores que salvan el espiritualismo 
de la seccion. Agustin Riganelli, con una obra 
de sentimiento y de delicadeza que revela toda 
la noble intensidad de su sentir de artista, el 
«Retrato del poeta Bufano», y Carlos Rovat\i, 
que nos sorprende a su vez con su «Cabeza de 
hombre», lefio tallado, recuerdo de epocas mejo- 
res, cuando la sinceridad de los estatuarios gus- 
taba traducirse en un contacto intimo y direc- 
to con la materia. 

Podrian citarse todavia, pero sin mayor con- 
vencimiento, las obras de Alfredo Bigatti, en 
particular la «Cabeza de viejo». ya que su des- 
nudo va detras de los «bourgeois de Calais^; una 
cera de Pedro Tenti. y «la Muerte de la madri- 
na»,discreto estudio de Octavio Pero. 



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DL AJ1ADOK9 





Y !os jardines de la ciudad se cargan de 
flora, nuncio ya de la pompa preciada de 
lot frutos; y el aire se hace mas limpio y 
transparente y. oomo se respira mejor. los 
cucrpos tienen una singular alegria. Ya tiem- 
po que los platanos — que tan barbara poda 
soportaron en el invierno — se engalanan 
eon unas hojas tiemas de un tono verde- 
caramelo — en las calles montevideanas sur- 
gen cuerpos dellciosos entre el prestigio de 
sua ves' idos claros . . . 

•navera oriental!. . . Cielo transliicido, 
perfume de flores. muchachas radiantes... 
Cuando media septiembre. hay una palpita- 
cite augural en los corazones, que equivale a 
la triunfante eclosi6n de las flores en la 
planta. En los rostros juveniles aparece una 
alegria nueva, esa alegria de vivir, que son 



ilusiones y es salud. Sesenta dias despues, 
estamos ya con la perspectiva del verano, la 
£poca de las grandes reuniones en las playas, 
de los flirts y de los turistas. 

En poesias y en articulos se ha loado 
siempre la belleza de la mujer uruguaya. El 
tema, tan delicado, tan dificil, tan objetivo, 
no es de esos que permitan arribar a una 
conclusi6n. La belleza. como las condiciones 
morales, como el talento, no admiten tasa- 
ciones inapelables, que siempre admitiria 
una moneda de oro. Pero es indudable: en 
America la uruguaya tiene un «caracter» bien 
definido de belleza. 

Abunda el tipo moreno y ardiente, como 
la tierra, pero no falta el tipo opuesto, es 
decir: la figura ahilada, blanca, rubia y 
espiritual. Las hay de pupilas africanas, que 




translucen ese fuego devorador de los desiertos, acusando una posible afinidad 
moruna, y hailasdeojos tan dulces. tan contemplativos, tancastos, quesedijeran 
arrancados a un modelo de los pintores primitivos. 

Por cima de todo, la uruguaya ha venido siendo hasta ahora sentimental. 

Debe haber infimtas mujeres que lo sean aun, por mas que una cultura mas 

reftnada empieza a hacer brotar esa temible y atrayente flor de ironia en muy 

dilectos espiritus femeninos. . . En el Uruguay, como en la Argentina, un «ex. 

pectadort del talento de Ortega y Gasset pudo afirmarnos que el esperaba la 

perfeccidn espiritual del pais por la mujer. 

— Vuestros hombres - nos dijo — viven demasiado satisfechos con las 

riquezas invalorables que atesora este suelo. Pero las mujeres no. 

Yo he conocido muchas mujeres que tienen, y os descubren ape- 

nas hablais con ellas, un gran fermento de desconformidad. 

Y para el fildsofo de «Las Meditaciones del Quijote* — 

^qui£n no lo sabe? — sin desconformidad no hay 

germen de perfeccidn moral posible... 

ZULEMA SRI*. QUICA 

owffka sjMoea. VICENTE A. SALAVERRI. pons. 



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ILUSTRACION 
DE ALVAREZ. 



E qu'on dit 
de soi-meme 
est toujours 
poesie». di- 
ce Renan, el 
austero: y 

Benjamin Taborga. 

aquel muchacho triste. 

de ingenio dilectisimo y 

privilegiado espiritu. 

que cruzo entre nos- 

otros dejando una este- 

la imborrable, hizo su- 

ya la frase al final del 

intenso breviario que 

llamo «La otra Arcadia*. 
i Verdad enorme aque- 

11a! Todo lo que es de 

uno, nada mas que de uno. cobra, si lo decimos a 

los demas. contornos de poesia, pero, <nnteresa a 

todos? jQuizas! 



Todos tenemos. todos guardamos en un rincon 
de nuestro espiritu el libro amable de las cosas 
pasadas: y es. en realidad, uno de los mas hondos 
placeres abrirlo de vez en cuando para hojear con 
la imaginacion sus paginas amarillentas. y emo- 
cionarnos una vez mas en la vida recordando lo 
vivido. 



Entre mis recuerdos de infancia mas arraigados 
y remotos hay uno que no lograre borrar jamas 
de mi retina. Lejos de hacerse vago con el lento 
andar de los afios. se hace cada vez mas vivo, 
como el recuerdo de la salamandra de que nos 
habla Benvenuto Cellini. 

Era yo nifio. Tenia apenas seis afios, o siete; 
no puedo precisarlo bien. 

Vivia con mi familia en un pequeno pueblo de 
la Italia meridional; en uno de aqueilos pueblos 
vetustos, cargados de siglos, que rememoran a la 
orilla del mar su pasado de gloria y de leyenda. 

Sus casonas enormes. sus callejuelas obscuras 
y sus bosques, contribuian a darle un aspecto 
rarisimo. 







Habia en el pueblo una casa apartada, casi en 
las afueras de el, de la que se decian cosas extra- 
nas; entre ellas, la de que a ciertas horas del dia 
y de la noche podia verse, tras de sus grandes 
ventanas, a la muerte paseandose vestida de ca- 
ballero medioeval. 

La gente de alii decia que el hombre que la 
habito, principe de afiejas edades, habia sido ase- 
sinado misteriosamente, y que, desde entonces, 
en forma de espeluznante aparicion, se paseaba 
por los desiertos salones de la casa con su traje de 
caballero romantico. 

Nadie habitaba el caseron antiguo, pues ningiin 
hombre, por valiente que fuera, se atrevia a 
hacerlo temiendo las iras de la implacable anima 
en pena. 

Recuerdo hoy como ayer, y como siempre lo 
recordare. que una manana de invierno, de esos 
crudos inviernos de Italia en que la nieve cubre 
los caminos, iba yo con mi madre (larga paz le de 
Dios), de la que nunca me apartaba, en diligencia 
domestica, camino de la campina. 

Marchabamos a pasos lentos baio la lluvia de 
nieve finisima. El sendero se hacia pesado. De 
pronto mi madre. con dulcisima voz que no oire 
ya mas que en mis suefios, rompio el silencio di- 
ciendome: «£Ves aquella casa, pequeno?» Y senalo 
con la mano. «S\->, respondile. «Pues es la casa de 
la muerte». Yo me sobrecogi de espanto. Muchas 
veces, al lado del hogar rojizo en las lobregas no- 



ches en que aullan los vientos y el frio nos reune. 
habia oido hablar de la casa vacia del lejano ca- 
mino; asi es que entonces. al encontrarme cerca 
de ella. todo tembloroso implore: «;Volvamos!». 
Y ella quiso apaciguarme: «No podemos torcer 
camino; tenemos que pasar junto a ella por fuerza. 
Pero no temas; con no mirar. . .». No obstante sus 
palabras. yo seguia con los ojos fijos en la casa. 
a la que nos acercabamos. 

Era grande, de color indefinido. de enormes por- 
tones y altas ventanas semiocultas por pinos es- 
cuetos. «Apresuremos el paso». murmuro la voz 
querida. Llegamos. Instintivamente fui acercan- 
dome a mi madre y apretando cada vez mas su 
mano. Un secreto pavor me invadia. pero no podia 
apartar los ojos de la ventana. Y fue alii, detras 
de los cristales. entre las ramas del pinar. que mis 
ojos atonitos de nino vieron a la muerte. horrible 
en su rigidez, cubierta de una capa roja y un 
enorme sombrero con pluma. Estaba alii, inmu- 
table. espantosa. 

Yo quise gritar. pero no pude. y eche a correr 
tirando de la mano materna. i^Por que corres?». 
pregunto asombrada mi madre. «jAlli esta! ,;No la 
viste?». — <iAh. tontuelo!». 

Yo volvi a mirar. y alii seguia aiin, palida y 
horripilante. con su pintoresca indumentaria ro- 
mantica. mientras la nieve seguia llenando de 
blancura las ramas de los viejos pinares y la an- 
gustia desoladora del sendero. 






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MB 



•" iUarijapalos brliuba 

que unto i> escoba prrparas 

para el sababo en qur cifras 

tu gloria p tus csperainas, 

boctora be bebebuos, 

oratulo ton tnaguas, 

rrfraiuro fit qut rtfulgt 

la culta latimparla: 

aprrsuratr; our pronto, 

con otras br tu calana, 

be burstro srnor bicorne 

iras a unpiorar la gratia. 

r £n sus aittros trnebrosos 

igual qur tu. sr preparan 

la inujtr btl fjrrbolario 

p la btl Itgista r.ibula. 

la inottntt arrbisoltrra 

i» la bort.i artfjitasaba. 

*~ Planisfrn'o sin rtliebf 

algunas sou poi lo flatas. 

t.quclctos anhuabos 

v suspiros con bisagra's. 

(Dtraa tirtt'r consiguitron 

l.i malitia con la grasa 

p, br brubrrsr. btnbitran 

prtabos por tourlabas. 

flo faltan las piintiagubas 

P sobrati las patnainbas. 

p las bi>cas que , niiraubo 

a <£uropa. iniran al 3sia. 

*~ ILa notfjt btl aqurlanc. 

hrrha inurcitlago tl alma, 

bolarcis sobrr las nubes 

ftasta la a sa nib Ira magna 

en qur brujas. hethiteros 

p bemonios os aguarban. 

*" $3rbireis brsos p jopas, 

rstrituras nobiliarias. 

mas honorrs. mas riqurtas. 

nuebo esposo o nuebas galas. 

§?. otra bcs. birjas v horribles. 

tornareis a buestras tasas. 

" itlaruapalos brlluba. 

ftlaruapalos ntfanba. 

ha? saber a tus betinas 

que ni el biablo la3 aguanta. 






€ 



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LOS PATIOS 
SEVILLANOS 

Ricos o pobres, los 
patios sevillanos pre- 
set) tan un caracter in- 
confundible. Hay en 
ellos una mezcla de la 
sabiduria de dos pue- 
blos: el arabe y el anda- 
luz. Pocas veces se re- 
unieron en el mundo 
dos razas de mas alto 
sentido para lo que pu- 
dieramos llamar la co- 
modidad artistica. El 
patio andaluz es unpro- 
ducto del medio am- 
biente. Tratase de un 
refugio contra la cruel- 
dad del sol veraniego, 
demasiado ardiente 
para que los humanos 
lo resistan dentro deha- 
bitaciones cerradas. El 
sevillano ha hecho del 
patio la mejor habita- 
tion de su casa. En ella 
hay de todo cuanto 
puede hacer agradable 
la vida. Sirvan de alto 
ejemplo este patio se- 
norial. uno de los mejo- 
res que hay en Sevilla. 
el eden de los patios. 




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cerebro, el afecto de su co- 
razon, la ingenuidad de su 
alma, en una carta, £le 
gustaria que esta no surtie- 
se el resultado apetecido? 

Cuando Vd. escribahaga- 
lo en papel y sobie que den 
merito al contenido de la 
carta en vez de quitarselo. 

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todcs los agentes de Caras y Caretas, o directamente a la 
Administracion, calle Chacabuco, 151/155, Buenos Aires. 



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LA lista de las decoraciones proyectadas en el 
Estudio y fielmente ejecutadas en los talleres 
de THOMPSON, abarca magnitud tal que hace 
imposible enunciarla detalladamente. 

Baste tan solo recordar que en ella figuran todas 
las grandes dependencias nacionales, instituciones 
comerciales y centros sociales de mayor prestigio 
en la Republica, y muchos de paises limitrofes, 
para asignar a esta seccicn el rango prominente 
a que la han elevado los esfuerzos continuos de 
THOMPSON, quien en la honrosa preferencia que 
eso denuncia halla un estimuio poderoso y el me- 
jor acicate para mantener con brillo el programa 
que viene cumpliendo. 




FLORIDA 833 
BUENOS AIRES 





ci e I a O e n o r a 

a (Osca/an/e 

FPU 





El secreto de la Recamier 



% 






Mme. Recamier fue la belleza mas 
admirada de su 6poca. Nunca hubo 
en Francia una mujer mas hermosa. 

Cual tesoro inapreciable cuidaba el se- 
creto de su tocador, que es e! secreto 
de la belleza. Solo en contados circulos aris- 
tocraticos ha venido empleandose despues. 

Hnosotros. en posesion de esa f6r- 
mula secreta, ofrecemos su producto 
a beneficio de la belleza femenina. 

Recamier es un liquido que, aplicado 
al cutis, embellece maravillosamente. 
Pronto hace desaparecer el vello molesto, 



las manchas de la piel, las pecas, barros, 
y todas las arrugas. contrayendo los po- 
ros muy abiertos. Suaviza, higieniza y 
blanquea la piel del rostro, del escote y 
de los brazos, y extrae de la epidermis 
la excesiva grasitud. 

Las personas que deseen obtener un 
frasco y quieran conocer mas deta- 
lles, pueden pedirlos a! Instituto que 
nombramos mas abaio. 

Demostraciones y aplicaciones se hacen 
gratuitamente a las damas compra- 
doras de uno o mas frascos, en el lu- 
joso INSTITUTO 



J 



RECAMIER 



Atendido por Senoritas 
L1BERTAD, 264 U. Telef. 5007, Libertad Buenos Aires 







I 



— I=>I_^v^S 



LA PIANISTA 



Entre las notabilidades artisti- 
cas cuyos nombres figuran en los 
planes para la temporada veni- 
dera encuentrase el de esta joven 
y eminente pianista. En la actua- 
lidad es una de las mas notables 
concertistas, segun lo han recono- 
cido los criticos europeos. Por su 
admirable tecnica y por la emo- 
tion que pone al interpretar las 
obras de distintas esouelas musi- 
cales, logro abrirse paso en la di- 
ficil carrera. El repertorio que cul- 
tiva comprende las mas bellas y 
dificiles paginas de los clasicos an- 
tiguos y modernos: Beethoven, 
Chopin, Liszt, Haydn, Schumann, 
Mozart, Wagner, Scarlatti, Schu- 
bert, Debussy, Moszkowski, Boro- 





HILDEBRANDA 



dine, Alb6niz, Granados y otros 
muchos. Y es fama que la eximia 
pianista ha logrado dominar los 
infinitos matices armonicos y me- 
16dicos que constituyen el estilo 
de cada uno de esos maestros. Asi 
puede decirse que es universal su 
modalidad interpretativa, porque 
ejecuta adaptandose maravillosa- 
mente a estas antagonicas escue- 
las de musica. 

Criticos de reconocido cr6dito, 
despues de alabar el virtuorismo 
de la pianista Hildebranda, augu- 
ran un glorioso porvenir a la joven 
que ya consigui6 tan grandes y 
senalados triunfos ante los publi- 
cos mas ilustrados y exigentes 
de las viejas ciudades europeas. 




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FUENTE ANGELICA 

LA REINA DE LAS AGUAS MINERALES 
■ PARA LA MESA 



En Italia los profesores doctores: De Gbvanni, Molesoott, Mante?azza, Mar- 
chiafava, Cantani, Semmola y otras lumbreras de la ciencia medica la hicieron 
popular con sus escritos y la recomiendan a sus enfermos. 

En !a Republica Argentina profesores ilustres como: Senorans, Larguia, Mo- 
lina, Obejero, Llobet, Gandolfo, Botto, etc., reconocen sus excelentes propieda- 
des higienicas y al mismo tiempo que la declaran la mejor de las aguas de mesa, 
la dicen muy buena para las afecciones del estomago, del higado, de la veii- 
ga y de los rifiones. 

El profescr Dr. Pedro N. Arata, Jefe de la Oficina Quimica Municipal, 
con certificado N.° 35129 declara ser el acido carb6nico que contiene de prove- 
niencia natural y no agregado artificialmente. 

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UN HOMENAJE A LA MEMORIA DE CERVANTES 

FIESTA ARTISTICA Y SOCIAL 

9 



AJO la direccion artistica de la senora Adela Napp de Lumb se realizo 
el mes proximo pasado una hermosa fiesta en el teatro Cervantes. 
Con fines caritativos. y con el concurso de todo lo mas conocido y 
aristocratico de nuestro mundo social, organizo una comision de damas 
el mas original de los espectaculos para rendir asi un homenaje a la 
memoria de Cervantes. Con una verdadera salva de aplausos fue re- 
ribida la primera escena del original espectaculo. Ante los curioscs ojos 



de la concurrencia aparecio una sala de ia 6poca de Felipe 11, admirable por la propie- 
dad escenica con que fue reproducida, por la fidelidad de los muebles que la adornaban, 
de la magnifica colecci6n de antigiiedades que posee la senora de Lumb, y por la ri- 
queza de los tapices y todos los detalles. En tan bello marco fue bailada una pavana 
por las senoritas Lucila d'Alkaine y Valeria Scott, acompafiadas por los sefiores Gui- 
llermo Thompson Green y Jorge d'Alkaine. En este cuadro intervino con gracia y exqui- 
s:ta distincion, interpretando e! clasico personaje cervantino de «Una duefia», la senora 




Maria Constanza Bunge Guerrico de 
Zavalia. Acallados los aplausos que 
provocd este prdlogo, por Uamarlo 
asi, de la fiesta, el escenario quedo 
convertido en un hogar de la epoca 
de! inmortal. 

Dispuestas las figuras en primer 
termino, formaban grupos que pa- 
recian cuadros, y al fondo, y en un 
marco adecuado, fueron reprodu- 
cidos, a medida que leia la senora de 
Livingston, episodios del Quijote. 

Las seftoras y senoritas Maria 
Rosa Fernandez Guerrico de Vivot, 
Mercedes Martinez de Hoz, Matilde 
von dem Busche y Martha Flores 
Piran, tuvieron a su cargo los prin- 
cipals personaies. 

La sin par Dulcinea del Toboso, 
preciosamente caracterizada por la 
senora Ines Gonzalez Guerrico de 
Sastre, compartid los aplausos con 
Ana Maria Green y Martha Flores 
Piran, que completaban el tercer 
cuadro. Y asi se sucedieron <-El Ama 
de la Casa»>, «La Sobrina* y «La Qui- 
mera», iLa Realidadu, «E1 Caballero 
Burladon y «Las Bodas de Camacho», 
en los que intervinieron las serioras 
Lucrecia Guerrico de Ramos Mexia, 
Martha Ramos Mejia de Viale, An- 
tonieta Silveyra de Lenhardson y las 
senoritas Martha y Ana Flores Piran, 
Ivanna Mihanovich, Carolina Hari- 
laos, Maud d'Alkaine, Ema Carmen 
Lagos Garcia, Elisa del Campillo, 
Julia Fernandez Guerrico, Delia 
Vivot Malbran, Mimi Ayarragaray, 
Vera Scott, Elisa Aranda, Adela 
Vedoya. Maria Luisa Lagos, Quinita 
Duran, Esther Campos Carles, Maria 
Luisa Martinez de Hoz, Cora Li- 
vingston, los nifios Delia Lucrecia y 
Lia Oliveira Cezar, Adela Casal, 
Inesita Zavalia, Maria Elena y No- 
rita Lands, Miguel Acevedo, Emilio 
Casal, Gustavo Laniis y los sefiores 
Pedro Agote, Carlos Gonzalez Mo- 
reno, Enrique Green *y otros. 





EL DEPARTAMENTO DE PLATERIA, 

de reciente instalacion, presents un notable conjunto de vajillas de plata, de 
superior calidad, y exhibe en sus salones del Tercer piso, la exposition mas 
selecta que es dable brindar en articulos apropiados para regalos de distincion. 







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26 centimetros de diametro $ 240 



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con calentador, en plata inglesa, 

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practicidad. 

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PANERA, 

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en fina plata inglesa, sellada; 
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cion de plata sellada; compuesto de 15 piezas; con estuche, $ 1.150 




ESPARRAGUERA. 

en fina plata inglesa, sellada. 

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JUEGO Dt; DOS SALSERAS, 

en fina plata inglesa, sellada. 

El juego 
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TERCER PISO. 



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Fuente ovalada, en plata inglesa, sellada. Medida: 47x31 cm.;j$ 650 
Fuente ovalada, en plata inglesa, sellada. Medida: 43 x 28 cm. $ 500 
Fuente ovalada, en plata inglesa, sellada. Medida: 36x23 cm. $ 335 
Fuente ovalada, en plata inglesa, sellada. Medidaf 32x21 cm. $255 



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america del sud, del 

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Z3 C A L L E S : CZ 

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— T=>LS^& 



MONTEVIDEO 



El pueblo catd'.ico 
uruguayo ofrendarA un 
monumento de ar • ■ 
tiano para el centenario 
de at independencia. 

El sanruario a engine 
en la cumbre del Cerrito 
de la Victoria es proyec- 
lo del arquitecto pies- 
bitera Enesto Vespigna- 
m. vencedor del concur - 
to que se promovid hace 
algun tiempo entre ar- 
quilectos nactonales y 
extranjeros. 

Es una rariante del 
eslilo biantino hecho 
ba jo inspiration de aquel 
gran monumento de 
Sanu Sofia en Constan- 
tinopla. Joya y prototipo 
de este eslilo. Respond? 
a la orientacidn tomada 
en los ultimos tiempos 
para !os temples de in- 
dole monumental, como 
la basiiica de Montmar- 
tre en Paris, la catedral 
de Marsella. la de West- 
minster en Londres y la 
de San Luis en los Es- 
tados Unldos. 

El arquitecto desarro- 
H6 la planta en forma 
de cnu griega. Elevo en 
el centre la cupula peral- 
tada sobre los cuatro 
arcos torales y pechinas. 
contrarrestando el em- 
puje con dos semiciipu- 
las de igual diametro 
sobre el eje longitudinal 
y con las cuatro torres 
que se elevan en les 
angulos del cuadrilatero, 
coronando la cupula 
central, de lo que resulta 
la graduac.on de altura 
en forma piramidal que 
comunica tanta majes- 
tuosidad al conjunto. 



SANTUARIO DEL SAGRADO CORAZON 







'J*. 



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on a v C? 1 ^ " 

JS> m t/%itveJ44 J3ujQnosJ?ire^ 
Fabric a. de MedalLay 



DESPUES de poner Vd. 
la inteligenoia de su 
cerebro, el afecto de su co- 
razon, la ingenuidad de su 
alma, en una carta, £le 
gustaria que esta no surtie- 
se el resultado apetecido? 

Cuando Vd. escribahaga- 
lo en papel y sobre que den 
merito al contenido de la 
carta en vez de quitarselo. 

Escriba en papel 

H EATON'S 
ICHLAND 
LINEN 

(el PAPEL DE ESCRfBlR DE MODA ) 

Lo hay de diversos estilos 
y de muy bonitos colores. 




SOLICITELO EN LAS PRINCIPALES 
LlBRERIAS Y PAPELERfAS 



AT r^LTT CQTI7 I\/fDTTDTr\ casa especial de articu. 

/AL VjCLCO 1 C UVirCIXlW - los DE CHINA Y JAPON. 
CARLOS PELLEGRINI, 500 U. T. 2539, Libertad Anexo: LAVALLE, 1023 

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NOM. 6 7 



NOVIEMBRE 
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3EMA5 DE LA FIESTA DEL MUNDO 




CANCION DEL LAGO ~> 



Sueflo ser lago, ser un gran lago 
entre las puras rosas del alba. 
Sauzales crecen en mi ribera 
y los reflejo bajo las aguas. 
Sol mananero ya me acaricia. 
Oro me riega sobre la espalda. 
jQu* azul el cielo! \Qu6 nuevo el cielo! 
\Qu6 grande el mundo con la mafiana! 

Suefio ser lago. Ya es mediodia. 
Yo soy un ojo de cielo y agua. 
Suefio ser lago, y asi me duermo 
bajo una siesta que me aletarga. 
Flota en el aire la roja siesta. 
Hasta las nubes sube inflamada. 
|Como arde el aire! jComo arde el cielo! 
jComo arde el mundo con esta llama! 

Sueflo ser lago. Cae la tarde. 
El sol se pone tras la montana. 
En el silencio suenan esquilas 
alia muy lejos, por las majadas. 



CANCION DEL COLMENERO 

Cuando me digan como me dicen: 
— Poeta loco, diras por que 
por vez centesima te enamoraste, 
candidamente responded: 

— Tengo colmenas, y ha sucedido 
que siendo e! tiempo florido y fiel, 
la abeja de oro salio temprana. . . 
Habia flores y trajo miel. 




ABolURO 
CAPDEVILA 



"-"DE LOS 



SUENOS 



El sol se pone, se va la tarde. 
Estan doradas las lontananzas. 
jQue misteriosos los mil susurros, 
los mil susurros del mundo en calma! 



Suefio ser lago. Viene a su bano, 
y estan las nubes de rosa y plata, 
la mas hermosa de las doncellas 
de estos contornos de la mor.tana. 
Entre los sauces tiende la ropa: 
corpino lila, camisa blanca. 
Toda desnuda se me abandona, 
y toda el agua se me desmaya. 

Suefio ser lago. Lleg6 la noche. 
\Qu€ dulce e! cuerpo de la muchacha! 
Mas ya se sale, que siente el fresco, 
fresco nocturno de la montana. 
Estan los campos olor a menta. 
Esta la vida llena de gracia. 
Y alia en los cielos cuajados de astros, 
se agranda el mundo de la esperanza. 







EN EL NUEVO FR 
LA LUZ SOSLAYA 
RELIEVE? DEL E 
CIO. PROYECTADA 



LAS COLUMNAS LA SOM- 
BRA AMORTIGUA EL 
ORO Y EL AZUL DE 
LAS CRUCES LATINAS. 




as obras e instituciones que se conservan en esta 
capital desde los anos de la colonia y que deben su 
origen al espiritu altruista de los habitantes de la 
poblacion de Buenos Aires de aquella 6poca, son 
diversas. Alia por 1727, la pequena aldea no daba 
indicios del engrandecimiento que habia de trans- 
formarla, con el andar del tiempo, en poderosa 
metropoli. Su casen'o, con quince mil vecinos, dis- 
tribuido sobre un cuadrilatero de un kilometro de 
norte a !sur, por cinco o seis cuadras de este a oeste, con sus calles ba- 
rrancosas, cauces de verdaderos torrentes en los dias de lluvia, e intransi- 
tables por el barro en invierno y por el polvo en verano, presentaba muy 
pobre aspecto. Una grave epidemia ponia en aquel ano una nota sombria 
sobre la ex'stencia de sus habitantes. La muerte diezmaba implacable a los 
pobladores. La pobreza y el desamparo fueron tan intensos que llego a 
parecer natural el espectaculo de lot cadaveres arrastrados a la cola de los 
caballos para ser conducidos a alguno de los enterratorios. El senor Jose" 
Alonso Gonzalez, viudo, con un hijo pequeno, logro fundar, con un nucleo 
de vecinos, el 13 de marzo de 1727, la '<Hermandad 

de la Santa Caridad de Nuestro Senor Jesucristo y antigua fachada 
Patrocinio del Glorioso Arcangel Senor San Miguel», de san miguel, 
con el prop6sito de dar cris f iana sepultura a los en que aparece 



cadaveres de los pobres y ajusticiados, y practicar en lo posible la benefi- 
cencia. Di6, con su presencia y auspicio, sobresaliente esplendor a la cere- 
monia de la fundaci6n el gobernador y capitan general de esta provincia, 
don Bruno Mauricio de Zavala. 

Las autoridades eclesiasticas y civiles, de palabra y con obras, apoyaron 
a la nueva institution, que de inmediato comenzd a llenar sus fines, aunque 
la indispensable aprobacidn del monarca, reclamada por los tramites de 
entonces, no demoro en llegar mas que 27 anos! 

Construida la primera capilla de San Miguel, en el barrio alto de San 
Pedro (hoy Concepci6n), don Jose" Alonso Gonzalez resuelve abrazar 
el sacerdocio a fin de consagrarse totalmente a la Hermandad en caracter 
de capellan. El 1738 edifica, en el mismo sitio donde hoy se levanta la 
iglesia de San Miguel, el templo dedicado al santo arcangel. Pero las tareas 
de su iglesia y de su Hermandad no agotaban su fervoroso entusiasmo 
por hacer el bien. El ano 41, despues de recorrer las calles personalmente 
y de interesar al vecindario en su proyecto. funda el primer hospital de 
mujer a ,s de esta ciudad, que continu6 durante siglo y medio en el solar 
que hoy tiene la Asistencia Publica, hasta ser trasladado a las contruc- 

ciones del Rivadavia. 
muy confuso el El presbttero Gonzalez Islas substituye a su padre, 

estilo del re- de quten habia heredado vigcrosa caridad y ene>gica 
N a c i m i e n t o . fe, en la iglesia de San Miguel, poniendose al frente 




« I MZVIN 



li •- 






LAP1DA DEL SE 
PULCRO DEL PBRO 
C0N*ALEZARAC6n, 



b fei', H 




de las obras anexas, mientras aquel pasaba al convento de las Catalinas como primer 
capellan. 

El progreso creciente de la instituci6n lo decidio a afrontar las responsabilidades 
de un nuevo establecimiento, creando al efecto el primer colegio de huerfanas. El 
desarrollo de rata casa y del hospital demand6 verdaderos sacrificios al benemerito 

tacerdote, que se vi6 obligado a hacer un viaje a Espaiia a fin de obtener para los mismos la proteccion 
del rey. A su regreso. en 1762, el estado ruinoso del templo reclamaba urgentes reparaoiones. Convencido 
de la necraidad de una obra magna afrontb la erecci6n de la nueva iglesia — que es la actual — poniendo 
de relieve en raa empresa, felizmente coronada, la intrenidez y tenacidad de su espiritu incansable. Murio 
91, habiendo consagrado con su padre cincuenta y cinco anos de apostolado a la celebre Hermandad 
de la Santa Caridad. 

■ pci6n estos dos clerigos, que en sus tareas apost61icas no conocieron el ejemplo que esti- 
mula. Ellos abrieron la ruta. escuchando las voces de la propia conciencia y una vez formulado el prop6sito 
generoso. gallardamente le entregaron, con el puro fervor, toda la vida. Los elementos de significacion, 
desde el gobernador y el obispo, consideraban motivo de prestigio el figurar en la hermandad que ellos 
reto del superior gobierno disuelve la instituci6n y los nombres de tan preclaros 
ciudadanos se hunden en el olvido. El hospital de mujeres — hoy de Rivadavia, - y el colegio de huerfa- 







altar de san jose. nas — actualmente de la Merced, — reclaman de las generaciones presentes un gesto 

la tela represen- de gratitud para sus fundadores y benefactores, cuyo talento y generosidad no han 

ta la muerte del logrado una palabra de reouerdo, ni siquiera en los citados establecimientos. jUnica- 

santo. mente recuerdan sus obras las lapidas de marmol que en la cripta del templo 

cierran sus tumbas! 

Despues del a no 30 fueron desempefiando la rectoria de! historico templo de San Miguel don Bernardo 
Jose de Ooampo, Mariano Somellera, Gabriel Fuentes. Feliciano Castrelos, Manuel Velarde. Juan Delheye 
y Jose A. Orzali. Hoy se halla al frente de la parroquia, por excepcional privilegio de la Santa Sede, mon- 
senor Miguel de Andrea, obispo de Temnos. 

La dedicaci6n y eficacia del parroco actual, el obispo de Temnos. a la acci6n social, no se discuten. En la 
tribuna, en el diario, -en el libro, en los circulos obreros, en la Uni6n Popular, en la capital y en las pro- 
vincias, constantemente prodiga la autoridad de su palabra y el impulso incontenible de su entusiasmo. 
Pero los estudios y trabajos del sociologo no han logrado impedir que el gusto artistico del sacerdcte trans- 
formara totalmente, embelleciendolos, a dos templos metropolitanos: el de las Catalinas y el de San Miguel. 

El nuevo frenle de Sin Miguel, dentro de las lineas del Renacimiento. que es su verdadero estilo, causa 
una bella impresion de arte y de vida. E! arquitrabe superior con un friso elegante y fino; los timpanos, 
de partenon el primero y en arco truncado, a la manera miguelangelesca, el segundo; un^circulo con la ima- 




|ei del Eterno Padre, y el vano, tambien curvo. 
por donde emerge la es'atua de San Miguel, blan- 
dieado la espada, revelan en sus adecuadas propor- 
autor. Por la tarde logra 
■s eiectat la luz que soslaya los relieves del 
Proyectada por las columnas. la sombra 
amortifua suavemente. oomc con patina de siglos, el 
ore fuerte y el azul de las crucea latinas. La luz en 
ombto reeorta y destaca al sol las estatuas de los doctores, relampaguea en la es- 
pada del arcangel. se quiebra en -A br^nce de las campanas. y por encima de la 
oonatrucdon. ccronando el fronton clasico, envuelve en un intenso resplandor la 
'' - ' ' '■' ■'' . - ■- ■■■ ■■. ■• M -r.;ra f :* la '.'''• lnnWQM f tobto eUfl daa* 
pliaf* la p* sua brazos siempre abiertos. 

La vision del templo. por la unidad y belleza ar- 

i de lot trabajos efectuados. es sencillamente impresionante. El colorido 

que decora Us bovedas, losarcos. la cupula y el abside amortiguase por la to- 

. 1 de los marmoles que revisten totalmente los muros hasta la altura del 

L-a grandeza. que se ennoblece por !a sobriedad. y la riqueza, que se ateniia 



LA NAVE CENTRAL 

VISTA DESDE EL 

ORCANO. 

RELIEVE DEL AL- 
TAR MAYOR. 



F O T S D E 

BALDISSEROTTO 



por la sencillez y el buen gusto, certifican la pre- 
sencia del genio artistico. 

La profundidad de los cuadros del abside y del 
coro; la trilogia que se desenvuelve en la b6veda; 
vigoroso relieve de las figuras: los inconvenien- 
tes de orden arquitect6nico, no solo en la comba de 
los arcos v cupulas, sino en el atrevido despliegue 
de ciertas lineas, cuya realizaci6n supone el mas 
perfecto dominio de la perspectiva en sus mas complicadas incidencias, todo in- 
dica que el decorador ha salido al encuentro de las mas graves diiicultades para 
resolverlas con glorioso acierto. 

El mismo Arcangel que fuera testigo de los afanes altruistas de Jose Alonso 
Gonzalez y de su hijo, en el ejercicio de una progresista beneficencia; que luego. 
en el pasado siglo vi6 la continuaci6n de aquellos esfuerzos en las multiples 
actividades de don Gabriel Fuentes y en la obra educacionista de Juan Delheye, 
contempla hoy, como una viviente prolongaci6n de aquel invencible espiritu de 
iniciativa y de aquella perseverante eficacia, los grandes organismos decaracter 
social que orienta e impulsa e! actual parroco de su iglesia titular. 



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I T M \ N N 









Los Reyes Catolicos, Isi- 
bel ■/ Fernando, duermen su 
suefl? de muerte en la ciu- 
dad que mas merece tal ho- 
nor Granada. EUos la si- 
ell'jj la ganaron para 
la cristiandad / para Es- 
pafta. / fue para ellos, al 
- floron preferido que 
S)rvi6 oomo •:■ ■ rninal. En Granada 

termin6 aquel forcejeo de moros y cristianos 
que durante siete siglos hizo de la peninsula 
un ancho campo de batalla. En Granada co- 
menzo a elevarse el vuelo de las empresas 
espaftolas. y fue alii tambien. en Granada, 
donde Colon fue atendido, escuchado y crei- 
do. En der .erica naci6 a la -. 

bra de las torres de Granada. No es posible acercarse 
sin una profunda emoci6n historica al sepulcro de los 
Reyes en el solemne ambito 

de la capilla real, alii los sarcofagos muestran sus filigra- 
nas de escultura renacentista. El rey esta vestido con todas 
sus armaa. En cuanto a la estatua de la reina, tiene la placide 



•Ahte • 

• EL • 
e/ErVLCFviO 
EE ■ UJef 

GAOJCOfef 

POR 

JOSE MARlA SALAVERRlA 



EL EMPERADCR 
CARLOS I HIZO 
CONSTRUIR ESTE 
TUMULO, DONDE 
SE ADMIRAN LAS 
ESTATUAS ORAN- 
TES DE SUS OLO- 
RIOSOS ABUELOS 




orante y un poco monjil de 

las ricas fembras contem- 

poraneas. Pero bajo aquel 

rostro suave y beato, 

jcuanta energia triunfado- 

ral |Y que honda y larga 

vision de los problemas 

politicos! jQue regia preo- 

cupacion por los destinos 

del pueblo. Todo espaiiol de cierta sensibilidad 

historica siente como que en la grande Isabel 

de Castilla ocurre un fracaso. Todo en ella es 

triunfal. Sin embargo, con ella perece la ver- 

dadera dinastia castellana, el tono del gobier- 

no castellano, la vida entrafiable y a la es- 

pafiola. Cuando la reina se va, en Espafia 

brotan los triunfos, saltan por todas partes los 

exitos. Es la hora de la fortuna para Espafia. Mas |ayl 

la ultima reina castellana se ha ido, y desde entonces 

parecera que todos los reyes son un poco forasteros. 

Lo que interesa en los Reyes Catblicos es la afirmaci6n. la 

corroboracidn constante de su fidelidad conyugal. Marchan jun- 

os siempre y hasta en el morir se unen pr6ximos los dos sepulcros 





en la misma capilla de la 
catedral de Granada. Pe- 
ro no es una fidelidad 
amorosa lo que hace tan 
apretada y caracteristica 
su union con yugal; el amor, 
aunque existe, es en este 
caso lo que menos impor- 
ta. Lo que interesa es la 
union indivisible de las dos grandes casas rei- 
nantes de Espafia. Por el talento politico de 
Fernando e Isabel, Arag6n y Castilla cesan 
para siempre de vivir separados. Esta fide- 
lidad y preocupacion conyugal de ambos re- 
yes se manifiesta por todas partes en lemas, 
simbolos, cifras y motes. Hay en ellos eomo 
la obsesion de llevar a todas las mentes el 
convencimiento de la suspirada unidad espafiola. El 
signo heraldico que con mas gusto adoptan los Reyes 
Cat61icos es el haz de flechas. No bastando este sim- 
bolo de union, se complacen en grabar por todos lados 
yugo, representative de la gallarda yunta: Arag6n y Cast: 
Y todavia insisten mas. Escriben por donde quiera la divisa ex 



plicativa, la que evitara 
toda suspicacia a proposito 
de quien va primero en la 
uni6n, de quien vale mas en 
la unida y gloriosa yunta. 

Tanto monla, menta tanto 
Isabel como Fernando . . . 

En el silencio de la capilla real, la estatua 
orante de Isabel de Castilla me atrae con 
una mezcla de carino y de admiration. A 
traves del tiempo me siento como ligado 
filialmente a la gran reina. Todos los espa- 
fioles de ambos continentes somos en alguna 
manera hiios de la que form6 verdaderamen- 
te a Espafia. La formo, ademas, con substan- 
tia integral; como se hacen las grandes creaciones: a lo 
divino; o sea sacando la vida de la propia tierra. Asi 
Isabel formo a su Castilla. Asi Espafia salio de las en- 
trafias maternales de Castilla. Muy resistente, muy sin- 
muy dura |tan apta para la gloria como para el sufri- 
Madre de muchas naciones resistentes, sinceras y durasl 




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KO.-IT* RODRIGO. CONTRAL- 
TO EX TORAOILLERA. BORDO 
IL PATEL DE SUSAHA. 



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ILoIM D: 






COMO DIJO LA 
BESANZONI, LO 
DEt «|ANDA Y 

GUARDATELA ! <> 



' -h;o Ca 
C.-E Die i 

!TA A LO BRETd 



MIGUEL LAMAS HACIF.NLO 

•DE REIR» CON EL PR1NCIP;0 

DE AUTORIDAD. 






Cuenta Fernandez Pinero, el 
espiritual cronista madrileno, 
que hace poco tiempo, en el tea- 
tro Apolo de Madrid, y en la no- 
che del beneficio de un popular primer actor, el publico que llenaba total- 
mente la sala de la llamada «catedral del genero chico», puesto en pie, con 
esa emocionante unanimidad de las muchedumbres en sus entusiasmos, pro- 
rrumpio en una delirante ovacion, trueno de gloria, que ensordecio el teatro. 
Y agrega que un viejecito tremulo, nevado por los anos, con el rostro 
contraido por dulce y angustiosa emocion, y con los ojos perlados de lagrimas, 
de pie ante el atril del director de orquesta saludaba reverente, agradeciendo 
con la mano sobre el corazon las aclamaciones del publico. 

iQuien era ese viejecito? Era don Tomas Breton que, empufiando la 
batuta con los mismos brios juveniles de antafio, acababa de dirigir con ner- 
viosa emocion su obra mas popular: «La Verbena de la Paloma». 

Esta escena vino a mi memoria hace tambien pocas noches cuando, 
en una funci6n realmente extraordinaria, organizada por el «Circulo de la 
Prensa», el publico que se desbordaba en todas las localidades del gran teatro 
Coliseo aclamaba entusiasta a los anterpretes de la popular zarzuela. 

Si el alma del gran maestro 
espanol volo a estas playas esa 
noche, desprendiendose de su 
vieja envoltura humana, y se 
acurruco en un alto rincon del 
Coliseo, pudo ver sin duda al 
mas brillante conjunto de ado- 
res y actrices argentinas y espa- 
nolas interpretando su obra. y 
escucharia, no sin emocionarse, 
a la eminente contralto italiana 
Gabriela Besanzoni, que con ge- 
nial arranque de entusiasmo ar- 
tistico vivio magistralmente el 
papel de Sena Rita. 

Toda 1?. belleza musical de «La 
Verbena de la Paloma», tan po- 
cas veces escuchada en toda su 
grandeza, vibro aquella noche 
bajo la direccion del maestro 
Antonio Capdevila, y los cien 
profesores que seguian su ba- 
tuta lograron prodigios de ar- 
monia orquestal, destacando 
nota tras nota toda la inspira- 
cion que duerme en cada uno 
de los motivos musicales de la 
feliz partitura. 

Cuando a poco de comenzar 
la obra salen de la taberna chu- 
las y mozos para ir de verbena, 



J? 



manuel montoya pregun- 

tando: * ( .d6nde vas con 

mant6n de manila?! 







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MARIA ESTHER POMAR CON- 
VERTIDA EN HIJA HONORA- 
RIA DE LOS MADRILES. 




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S3 desbordo materialmente en el 
escenario un centenar de her- 
mosas mujeres luciendo sober- 
bios mantones de Manila. Los 

espectadores recorrian con la vista de punta a punta la compacta fila, 
y reconocian a todas las primeras actrices, tiples y segundas tiples de los 
teatros nacionales y espanoles. 

jjamas vieronse juntas tantas caras bonitas, jamas fu6 cantado ess 
pasacalle con mas brios, con mas alma, con mas chulaperia e intencion 

jCayo el telon a las 3 de la madrugada, despues de un cuadro brillante 
de color y animation en el que se apifiaban todas las primeras figuras del ssxo 
masculino y femenino de doce teatros! . . . 

La enorme concurrencia se desbordo por las arterias de la ciudad cuando 
ya comenzaba a clarear la aurora, y al alejarse del teatro todos los labios 
musitaban quedamente motivos de «La Verbena de la Paloma», cuya miisica 
fresca y armoniosa, siempre juvenil y retozona, vuelve facilmente al oido 
en un grato recuerdo. -^ 

El teatro quedo solo, las luces se apagaron, y en la inmensa obscuridad 
de la sala, en la que solo brillaban como lamparas votivas las lucecillas de 
seguridad, el alma del gran Bre 



ten debio deslizarse silenciosa, 
para volver a su vieja envol- 
tura humana, llena de emotion, 
pero sin duda tambien llena de 
dolor. . . 

El gran maestro don Tomas 
Breton, que tantas glorias ha 
dado al arte lirico espafiol, vive 
casi en la miseria; los derechos 
de sus obras no alcanzan a cu- 
brir sus necesidades, y el pobre 
viejecito de noble rostro de leon 
y alma de nifio, a los setenta 
afios de edad, despues de una 
ruda labor en el Conservatorio 
de Madrid, se ve obligado a tra- 
bajar para que no falte a los su- 
yos el pan de cada dia, pues el 
Estado espafiol, por una de esas 
inexplicables rutinas burocrati- 
cas, le ha negado la jubilation a 
la que sus afios y su obra le dan 
derecho. . . jjporque no tiene los 
afios de servicio reglamentarios!! 

Por eso me acorde del pobre 
viejecito que apenas puede lle- 
var sobre los hombros e! peso 
de su gloria. . . 

EMILIO DUPUY TE LOME 








MARIA LUISA NOTAK EN 
CLASE DE CHULA CASI AU- 

TENTICA. 




MIGUEL LIGERO, SEASE 

DON HILARI6N EL «VEJETE 

BOTICARIO*). 




PARRAVICINI. GUARDIA HIS- 

PANO-ARGENTINO-MOSCOVITA 

SIN SUELDO. 




CESAR RATTI EN SU COMICA 

INTERPRETACION DEL HOR- 

TERA BAILARIN. 




UNA DISTINGUIDA CRONI 

•■PLVS VLTRA" LA EV( 

INICIARA EN LA MODA 

ESTAS FOTOS REAL 

VIENESAS CONSTIT 

SOBRIA Y UN TR! 

MIENTRAS OT 

LANZAN AL 

DERROCHAtv 



Realzar por todos los medios posibles la belleza de sus muieres, tal 
es la mision que se impone la moda vienesa; para ello busca siempre 
nuevas armonias entre lo chic y la linea: asi jamas se permiten toilettes 
que merced a su deslumbrante novedad atenuen las gracias naturales. 

Una pleyade de artistas jovenes enamorados de las artes aplicadas a 
la industria ha penetrado en el terreno de la moda y ha creado 
una importante rama artistica que es ya conocida en el mundo entero. 

En la ultima »Muestra Vienesa», que se realizo a principios de septiem 
bre, una importante secci6n estaba dedicada a tan bello arte, y e 
exito alcanzado puede muy justamente enorgullecer a nuestros artistas. 

Los puntos de tricot de seda o lana fueron la admiration de cuantos 
los contemplaron; realmente son de un efecto encantador y se com- 
prende facilmente la gran boga alcanzada por estas notables labores. 

\l lado de las jaquettes artisticamente confeccionadas de varios 
colores guarnecidas con franjas (la influencia espanola se deja sentir 
mucho en la moda este afio) con cuellos forma chal, se ven deliciosas 
blusas que seguramente desalojaran a las blusas de seda o de batista. 

Si se desea una blusa para dias frescos se hace de seda en el color de 
moda, el malva; cuello y pufios de originales formas, lila o malva. 
La blusa ligera es de lana fina de los mismos tonos suaves; el punto 
tricot en vez de ser apretado forma transparente malla; mangas cortas 
y cuello descotado a placer corr.pletan la elegante indumentaria. 

T estas blusas, entre las cuales surge tambien la forma kimono, se 

llevan sobre la falda. Son mas seductoras que cualquier otro tipo; 
ellas alargan la linea del talle y la silueta se revela en toda su plastica 
realidad, porque al fin se abandon6 el malhadado corse que li ocultata. 




£ 





BLUSA LIGERA 
LANA TEJIDA A 
NO, EN LINDOS 
NOS ROSA Y Ai 




lata a las lector as de 
'rincipios de otono se 
se puede juzgar por 
as, las creaciones 
.do de elegancia 
del bello sexo. 
de la moda 
-os donde se 
:nos costos: 

\h TRIUNFO 

;ticas. in- 

UNEN LA 

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ELEGANTISIMA JAQUET- 
T E DE LANA GOBLIN- 
BEIGE QUE LA MODA HA 
IMPUE3T0 PARA LOS DE- 
PORTES FEMENINOS . IN- 
VERNALES.j 



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ilmado» con ' 
hdas manos est 

■ usa leseda lila 



T E C K 




Por los motivos expuestos esta moda ha conquistado rapidamente 
extenso campo para su actividad, y es de creer que todas las muje- 
res la acepten y conserven con el mismo entusiasmo que las vienesas. 

Por regla general las jaquettes son de punto de crochet y los trajes y 
todos los modelos cenidos de punto de tricot, y con mucha frecuencia 
el tricot y el crochet se ven combinados sobre las mismas prendao. 

Es inmensa la riqueza de colores que ostentan estos trajes. Se ven 
todos los matices suaves como el malva, verde jade, azufre, fresa, 
cereza, azul palido, bronce, crema y blancos gobelinos. Las combinacio- 
nes de rayas o ajedrezados se usan tambien con bastante frecuencia. 

En la misma forma y colores se confeccionan abrigos, gorras y som- 
breros, muy buscados por las deportistas, pues reunen todas las 
cualidades que se precisan: comodidad, elegancia, sencillez y belleza. 

Merced a los tejidos de punto de lana o seda la mujer elegante puede 
variar sus toilettes en sumo grado sin mayor gasto. Las grandes 
jaquettes de crochet hacen muy chic y visten mucho sobre una blusa. Una 
jaquette azul obscuro o de rayas verdes y amarillas con cinturon anu- 
dado atras y su gran cuello, es la mas linda de las nuevas toilettes. 

Los de punto constituyen el traje de manana por excelencia. Los 
pijamas de lana color damasco con vueltas azules. y la jaquette 
abierta por arriba y que se entre por la cabeza estan en gran boga, como 
asi los matinees guarnecidos con bordados japoneses de brillantes colores. 

El arte industrial de Viena ha sabido cautivar a las mujeres austria- 
cas y a las del mundo entero, y el exito obtenido en la «Muestra 
de Viena» prueba que nuestros artistas han tenido razon al plegarse, 
para realzarla, a la omnipotente reina que se llama «La Moda». 

9t 




8 



NO se '.rata del famosc 
drama de Ibsen. Es 



L 







I 



una historia vulgar, si se 
quiere. pero que puede ssr- 
a establecer aquello 
de que pequeftas causas 
suelen producir grandes 
=. Y vaya el cuento 
por lo que valga. que co- 
ns peores se han visto en 
la tierra. 

Don Juan Etchepare- 
borda era. hace de esto 
mas de medio siglo. den- 

sinnador y 
grata, y tenia su estudio 
en la calle de Belgrano o 
-luela. entre Tacuari 
y Piedras. Ademas de tales profesiones. don Juan 
vendia. al por mayor, articulos de tatografia. clo- 
ruro de oro. nitrato de plata. cianuro de potasio, 
acido pyrogalico. algodon polvora, hiposulfito de 
soda y todo el bataclan quimico que entonces 
»cesitaba para hacer retratos positivos y 
negativos. como un perfeccionamiento de las re- 
cientes investigaciones y descubrimientos del in- 
signe Daguerre. 

Una manana. bien temprano. serian las ocho. 
mi padre me di6 cuatrocientos pesos de la antigua 
moneda corriente (diez y seis pesos fuertesK y 
me encargd fuese a casa de don Juan y comprase 
atli un par de gramos de cloruro de oro. dos onzas 
de nitrato de plata, doscientas cartulinas para 
pegar fctograf ias y algunas otras menudencias que 
necesitaba. 

Vete y vuelve pronto — me dijo mi buen 
padre. — todos los padres son buenos — y no olvi- 
des que lo que te encargo lo necesito ahora mismo 
para concluir el trabajo que tengo entre manos. 

Aser.ti formalmente con la cabeza de que vol- 
veria pronto. Nadie sabe. cuando promete alguna 
cosa, si puede cumplirla con la diligencia prome- 
tida. La calle. para los chicos traviesos, suele 
ser un enemigo formidable. Y en este caso, la 
calle fij6 los rumbos futuros de toda mi vida. 



AL llegar a la esquina de mi casa tropeci con 
el chico Renaud, el hijo del herrero, alegre 
y paseandero como un trompo cascarilla. Le dije 
la comisi6n que me habia encargado mi padre 
y se propuso acompanarme hasta el comercio de 
Etchepareborda. Acept6 con jubilo, ya que el 
viaje habia de resultarme menos aburrido, y nos 
pusimos en marcha a lo largo de la calle Esmeralda. 
Entonces no habia tranvias y sclo uno que 
otro carro de «cola» cargado de bordalesas de 
Dussaud. de rico priora'to y de espeso car!6n 
cruzaba por la calle. Pocos transeuntes habia en 
aquella hora mafianera. Alegres como unas pas- 
cuas marchabamos ambos casi corriendo, cuando 
de subito vimos volar delante de nosotros, en la 
esquina de Cuyo, un enorme pato, bianco y con 
manchas negras. que se introdujo en el zaguan de 
una casa rica que estaba a pocos metres de la 
esquina de Cuyo. 

Verio, correr. meternos en el zaguan y adue- 
ftamos del palmipedo, todo fue uno. Pesaba mu- 
chos kilos el animalito y con solo su higado podia 
hacerse. ssguramente. un abundante pat£. Apo- 
derados del volatil nos miramos a la cara. como 
consultandonos que hariamos con el. Nadie apa- 
reci6 a reclamarlo: no podiamos llevarlo a nuestras 
casas por que habriamos sido.castigados por ha- 
bernos apoderado de un pato ajeno. Era urgente 
revolver el punto. Y lo resolvimos llevandolo al 
Mercado Viejo, hoy convertido en Avenida Roca, 
donde se lo vendimos, en diez pesos moneda co- 
rriente. a una vasca anciana y gorda que hacia 
el comercio de aves, manteca y huevos. 



NUNCA. Renaud y yo. habiamos poseido una 
fortuna tan grande como aquella de los diez 
pesos — cuarenta centavos oro, — y nos resultaba 
;1 el problema de emplearlos provecho- 
samente. Por lo pronto, compramos un 
peso de cigarros de anis, es decir. 
tabaco correntlno, con granos 
de anis adentro. todo ello 
enrollado a mano so- 



^~ 



W A K 



U V 






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E 




D 

Y FIJAR LOS RUMBOS DE TODA 



E COMO UN PA 
TIMULAR UNA 



TO PRdFUGO PUDO ES- 

ASPIRACION ESPIRITUAL 

UNA VIDA. 



¥ 



bre el muslo: despues entramos a una confiteria 
donde comimos varias masitas y tomamos, entre 
los dos. un vaso de horchata. Estabamos en 
plena calaverada. 

Yo me olvidi totalmente de mi padre, de la 
fotografia, del sefior Etchepareborda y de las 
cosas que tenia que comprar. Solo de vez en 
cuando me tanteaba los bolsillos para comprobar 
que tenia en ellos el dinero que se me habia 
dado para las compras. 

No s6 de quien partio la idea, pero el hecho es 
que, felices con la inesperada fortuna. iniciamos 
un largo paseo a pie. Bajamos por la barranca 
de la calle Belgrano. nos bafiamos en la pileta 
que habia al pie del antiguo molino harinero, en 
el cual llenaban sus pipones los aguateros ambu- 
lantes, y despues, saltando por sobre los charcos 
de las toscas del rio, bordeamos toda la ribera, 
que llegaba hasta la Casa Amarilla. Empleamos 
en este trayecto algunas horas, porque nos entre- 
tuvimos en coger saguaipes entre las toscas y las 
plantas acuaticas,' en comer hojas de vinagrillo, 
en tomar a manos llenas las mojarritas que la 
bajante del rio habia dejado en los pozos de la 
costa toscosa. 

Despu6s de medio dia llegamos a la Boca. El 
hambre arreciaba y con los pesos que aun tenia- 
mos comimos castafias asadas, pescado frito y 
pan, ahitos de alegria, de sol, de libertad, como 
duefios del mundo, en el olvido inconsciente y feliz 
de todas las cosas de la tierra. Cascoteabamos 
a los muchachos que encontrabamos en el camino; 
corriamos a uno que otro ternerito que hallaba- 
mos al paso, espantabamos las gallinas y los polios 
de los terrenos baldios, que de todo habia por 
aquellos tiempos y en aquellos lugares. Era un 
delirio infantil que hubiesemos deseado no acabase 
nunca. 



DE pronto levante los ojos al cielo y vi queel sol 
se iba inclinando hacia el oeste. Fue como un 
despertar a la realidad. Toda la sensacion de mi 
inconducta me paso delante de los ojos y me ilu- 
min6 el cerebro. Me toque los bolsillos y el dinero 
de mi padre estaba en ellos. Mir6 a Renaud ansio- 
samente y me adivino. Mudos ambos, echamos 
a correr hacia la ciudad en una carrera desenfre- 
nada, enrojecidos por el sol, anhelantes, desespe- 
rados, como si hubi6semos cometido un enorme 
delito y huyesemos de la justicia. De vez en 
cuando nos deteniamos para tomar aliento, pero 
no nos hablabamos. Nos entendiamos sin pronun- 
ciar una silaba; poco despues reiniciabamos la 
carrera como perseguidos por una manada de 
lobos. A las cuatro de la tarde pude, por fin, 
sentarme durante algunos momentos en el urn- 
bral de la puerta de la casa del sefior Etche- 
pareborda. 

Cuando me sent! un poco descansado y cuando 
tuve un poco menos roja la tez, penetre al comercio 
a hacer las compras. Alii supe que mi padre habia 
estado tres veces a buscarme; que en la tercera 
visita se le habian caido las lagrimas porque su- 
ponia que me habia ocurrido alguna desgracia 
irreparable! que habia dado aviso a la policia 
para que me buscase, protestando que yo era un 
chico bueno, incapaz de faltar a sus deberes. 
Todo aquello concluyo por turbarme mas; hice 
las compras rapidamente, cogi el paquete y en 
otra carrera desenfrenada llegue a mi casa llorando 
a lagrima suelta. 

Apenas entre, mi madre me dio un gran abrazo. 
Mi padre, con su estatura de coloso y su cuerpo 



de hercules, me miraba 
fijamente con los brazes 
cruzados sobre el pecho y 
un rebenque en la mano 
derecha. Cuando mi madre 
se desahogo, el autor de 
mis dias me cogio por un 
brazo y me dio algunos 
azotes, nomuy recios. Des- 
pues, siempre sin hablar, 
me coloco sobre un techito 
de zinc donde debia pasar 
la noche sin sentarme a 
la mesa. El castigo no fue 
por la tardanza, sino por 
la angustia que habia 
sembrado en mi casa. A 
media noche mi madre 
techito y me mando a 



me hizo baiar del 
mi cama. 

A aquella edad, once afios, yo ya habia leido 
a Alejandro Dumas, a Victor Hugo, a Paul Feval 
a Fernandez y Gonzalez, a Eugenio Sue y a mu- 
chos poetas y tenia la cabeza llena de proezas 
de mosqueteros, de senores de capa y espada, de 
Gavroches y de personajes singulares. Andres el 
Saboyano, que desde nino habia aprendido a ga- 
narse la vida, me sedujo enormemente durante 
el sueno de esa noche. Cuando me levante, al dia 
siguiente, me encare a mi padre y le dije con 
toda entereza: 

— Papa, yo no quiero ser fotografo; hazme en- 
sefiar otro oficio. 

Mi padre me miro de hito en hito; yo sostuve 
la mirada con la mayor osadia. 

— Esta bien — me dijo despues de un momento; 
— manana iras a la imprenta de «E1 NacionaK 



NO se como se las compuso, pero al dia si- 
guiente, bien temprano, mi padre me pre- 
sento a don Pedro Crehuet, regente de la im- 
prenta, quien me incorporo al crecido numero 
de aprendices tipografos que habia en la casa, 
que lo mismo Servian para recoger los tipos que 
los cajistas volteaban al suelo, como para traer 
las viandas de la fonda del negro Gabino o para 
comprar las empanadas, siempre calientes, que 
vendia el negro Lezica en la puerta del taller, al 
grito de: «iCaliente! . . . jCaliente! . . . jTa tapaol . . . 
jMete la mano! ...» 

Entrar a la imprenta fue para mi como una 
revelacion. La hilera de obreros, silenciosos, de 
pie delante de las cajas, en la tarea uniforme, en 
el movimiento sincronico de las manos, con la 
cabeza inclinada hacia el original, me dieron la 
sensacion del orden. Los tipos, que reproducian 
las palabras de los escritos, me dijeron los secretos 
de la difusion. Las maquinas, rodando sobre las 
formas y las platinas, me ensenaron, en un mi- 
nuto, como se multiplicaba el pensamiento vo- 
lando sobre el universe 

Y esa fue mi gloria de pequefio visionario. 

Un dia dispararon cohetes voladores en el gran 
patio central de la imprenta. Y todos los chicos 
del taller salimos a la calle a vocear el boletin 
de <<E1 Nacional'), que daba la noticia de la toma 
de Humaita sin haberse disparado un canonazo. 
No habia canillitas en aquellos tiempos, pero para 
servir a la patria todo el mundo podia hacer de 
canillita. 

Aprendi el oficio, pero segui leyendo. La reve- 
lacion misteriosa que me produjo mi entrada a la 
imprenta me dijo tambien que aquel oficio servia 
para algo mas que para hacer obreros. Y me 
acorde de Franklin, de Mitre, y dije que los tip6- 
grafos de la epoca de Luis XIII usaban espadin 
y que muchos hombres eminentes habian ma- 
nejado el plomo que ilustra al mundo. Y por- 
que me flotaban en la cabeza los mosquete- 
ros, los caballeros cruzados, los Lagarderes, 
las damas gentiles, las reinas y las princesas 
encantadas, y adoraba los versos rotundos de 
los cantores de la edad de oro de la litera- 
tura espanola, por eso, y por la inclinacion 
natural de mi espiritu a las cosas amables y 
y buenas del arte, me independice nueve 
afios despues del taller para llegar a la 
conclusion de que un pato profugo 
puede estimular una aspiracion 
espiritual y fijar los rumbos 
de una vida entera. 



F A H i O 



D t L I A 



C O J T A 






;erminado el veraneo, 
vuelve Guipuzcoa a ser 
exclusivamente vasoa. 
Las playas de San Se- 
bastian y de los peque- 
nos San Sebastianes 
costeros quedan en ma- 
nos de los Pescadores. 
El otono barre las nu- 
bes de estio, esas nubes 
de que nos habla e 
santanderino Pereda en su admirable 
obra. Las elegantes, los cursis y los mo- 
destos invasores que vinieran del sur 
para banarse en el oceano o en las ba- 
fiaderas de los hoteles han emprendido 
una retirada que parece vergonzosa 
derrota o exodo de un puebl 
Quien tiene la curiosidad de ha- 
cerse el rezagado en este desban- 
de, quedase dentro y frente a 
frente de la autentica Guipuz- 
coa. Bien vale la pena de «so- 
brevivir» al veraneo. Yo he 
sobrevivido, mas bien dicho, 
he llegado cuando los lilti- 
mos banistas pagaban sus 
ultimas cuentas de hotel. 
Cada uno de estos laborio- 
sos habitantes es un pro- 
blema prehistorico con boi- 
na. A mi me atraen los pro- 
blemas vivientes, las ecuacio- 
nes humanas. Durante mis 
larguisimos ratos de haragane- 
ria gusto de divagar sobre cues- 
tiones intrincadas. Una de ellas es 
el origen del pueblo vasoo. Franco 
noblote y sencillo resulta el eusca 
na; mucho mas francote, noblon y senci- 
llote lo cree la gente. Convertid todas 
estas cualidades en hipocresia, astucia y 
mentira y tendreis una vaga ideadelohi- 
pocrita, astuto y embustero que es el ta 
problemita etnologico historico. Para los 
vascos su idioma nacio en las mismisi- 
mas bocas de Adan y Eva, tesissustenta- 
da por autoridades de gran credito cien- 



Graro? 




LA TITU 
CALLE MA 
DE PA5A 



DEL CE- 
UNOZ EN 
RRAB1A. 



tifico. Por lo pronto, el vasco es uno de 
los mayores misterios de! habla, y sus rai- 
ces las unicas que nos dan etimologias de 
etimologias. Desde hace millares y millares 
de ahos el vasco pronuncia. casi grita, sus 
rodantes palabras. Es un idioma montanes 
y guerrero que vuela de cumbre en cum- 
bre y domina los ruidos de combate. Es un 
idioma que se adhiere a las cumbres, a los 
paises y a los campos de batalla. Iberia, 
Berberia, Ebro, Evora, Iliberis, Hibernia, 
Eborodusum, Tiber, Tibur, Auvernia, 
Siberia; con razon o sin razon, en to- 
dos estos nombres la fantasia ve las 
alias del gran idioma. A tal idioma 
raza, o viceversa. Vinieran de 
ande vinieran, los iberos apegaron- 
se al bravio terruno con firme po- 
der. Su indomable espiritu supc 
defender aquella patria. Una 
mentida sumision de los can- 
tabros, que solo existio of i- 
cialmente, da origen a la paz 
octaviana; pero el vasco con- 
tinuo imponiendo la propia 
y bien amada libertad. Y 
los godcs, y los arabes, y 
Carlomagno conocieron el 
poder de la raza dura y 
persistente que no se rinde. 
Alia, en tierras argentinac. 
la palabra vasco constituye 
un sobrenombre carinoso que 
se pronuncia y se lleva con 
orgullo. Equivale a una impli- 
cita alabanza que se rinde al 
compaf.ero o amigo criollo de 
pellido vascuence. Aunque e! 
agraciado oculte entre sus virtudes 
mas faltas que un juego de pelota. vas- 
co sera por toda su vida. Recuerdo de 
algunos que sabian explotar estas ven- 
tajas de los ay. ea. iza, etche y otrcs 
terminaciones de vascuence eufonia. 
Para comprender la idiosincrasia del 
vascuence en general, y del guipuzcoa- 
no en particular, es necesario — ojo con 
la perogrullada — haber vivido aqui. 



35 




No hallareis en el pueblo de 

los usos y costum- pas* j is de 

ores de este pueblo £•££/£ 
las exquisiteces mo- Puerto. 

dernas a que es- 
lais acostumbrados, 
hombres de las grandes urbes. En 
cambio. no os molestaran esas incD- 
modidades de los villorrios sucios que 
habeis sufrido en otras comarcas. La 
arquitectura vascuence es un produc- 
to muy caracteristico de la raza; He- 
lta hidalguia en todas sus llneas, una 
hidalguia sencilla. Busca la luz y 
la limpieza empleando piedra y ma- 
dera en debida proporcion. Arqui- 
tectura patriarcal es el dictado que 
Is corresponde por derecho propio. 

En otros lugares de Espana vereis 
transparentarse el espiritu sordido de 
aquellos tiempos que el feudalismo 
hizo suyos. Al pie de los arruinados 
castillos se agrupan humildemente las 
casuchas de los ex siervos, y a veces 
las torres hallanse en poder de los 
pobres. como si se tratara de un asal- 
to victorioso dado por las hordas de 
las germanias. Aqui no: aristocratas, 
hidalgos y plebe han vivido siempre 
en armonioso patriarcazgo. Se desco- 
noce el mendigo, pues mas o menos 
cada cual tiene manera de vivir sin 
verse obligado a 
tender la suplicante 

__. V jJl .—♦« P1NTORESCA 

mano. Y del resto, ESCEHA Bu . 

de que los caminos c6uCA EM LA3 

y calles esten bien mowtaRas de 
c^nssrvados, se en- oyarzun. 




TRABAJANDO EL TERRUNO A 
LA CLASICA MANERA VASCA. 



una de las cargan las diputa- 

tipicas y la- ciones y municipios. 

BOR10SAS BO- y na riqueza sin os . 

TERAS DE PA- ,j 

01 ,_ = tentacion, una po- 

SAJES. |. i v. 

breza limpia: he 
aqui el tono general. 
Y los pobladores son duros para 
el trabajo, tan duros que la mujer 
vasca, que no lo rehuye, llega a la ve- 
jez sin estropearse. jPobres mujeres 
de otras tierras agobiadas por la la- 
bor, estigmatizadas por la fatiga. que 
desde los comienzos de la edad ma- 
dura parecen arrugadas esquimales! 
Por eso la alegria ruda y sana reina 
en estos pueblos guipuzcoanos. El 
canto, el baile y el juego de pelota 
son tres pasiones, tres lujos de un 
pueblo que emplea sus ocios en esas 
tres cosas. El domingo vasco es un 
dia de trabajo: porque trabajo y no 
poco resulta eso de bailar agilmente, 
cantar a voz en cuello o repartir 
boleas. Y no se trata de un baile 
parsimonioso como el tango. Saltan 
como bailarines de jota; es una gim- 
nasia que extenuaria otra clase de 
pulmones menos recios. Y bailan casi 
sin descanso, dando suelta al alma 
primitiva e infantil. Para que os deis 
nocion cabal puedo referiros que los 
he visto bailar bajo la llovizna, con 
los paraguas abier- 
tos, tan colorado- 
tes, tan alegres, tan 
vascos, incansables. 



LA hist6rica 

CASA DONDE 

VIVIO VICTOR 

HUGO, EN PA- 

SAJES. 



Raul P. Osorio. 







L cronista ha dejado las 
ruidosas calles del cen- 
tro, viajando en un tran- 
via democratico hacia 
una placentera zona fe- 
liz en que se extienden 
unas anohas calles desier- 
tas. Mas que el estruendo 
de la calle ostentosa gus- 
tale a ese hombre el sua- 
ve silencio de esas calles 
pxcentricas en que la vida parece tener una sig- 
nificacion mas profunda. Los afanes del mundo 
llegan desvanecidos a esas anchas calles. . . Y por 
si eso fuera poco, es en ellas donde al caer la tar- 
de se levanta un delicioso olor a tierra mojada, 
aparecen las siluetas de unas lindas muchachas y 
se oye la ocarina de vidrio con que inician los 
sapos su serenata inacabable. 

El cronista ha llegado a una calle apartada . . . 
Y ha sido que alii ha echado pie a tierra. jEs tanto 
lo que podemos ver en una de esas calles llenas 
de quietud pueblerina! Alii la poesia no huye 
asustada de la multitud invasora. Diriase que en 
esos remansos el silencio es locuaz como una rela- 
ci6n de andar y ver. Ningun ruido turba la 
amable confidencia del piano. La tarde cae lenta- 
mente. Y en tanto que los tranvias comienzan a 
aparecer entre dos regueros de estrellitas azules. 
verificase la aparicion de unas figuras patriarcales 
que, sentaditas en sus sillas. ven el desfile de esas 
seductoras muchachas en cuyos ojos parecen ha- 
berse refugiado todas las tristezas del barrio. 





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EIlo ha sido que andando, andando, el cronista 
ha llegado hasta la casa de don Pablo. Ningun 
sitio mas placentero que la casa de ese hombre 
amable. Don Pablo es un buen hombre que co- 
menta con ingenuo gracejo las noticias insigniii- 
cantes que da a sus lectores un diario casi invero- 
simil que se edita en el barrio. (.Que menos puede 
permitirse un hombre que ha trabaiado tanto, 
tanto? Don Pablo lee atentamente sirviendose de 
unas antiparras muy grandes: dice en voz alta lo 
que cree mas absurdo y se duerme despues ajeno 
a toda inquietud. 

Don Pablo... El cronista ha llegado hasta la 
casa de don Pablo y alii ha tornado asiento al 
amor de la tarde. Y han pasado unos minutos. 
Despues ha sido un breve elogio a la amplitud de 
la acera, a la poesia de la calle, al encendido color 
de unas flores. «Pero esto es delicioso, don Pablo». 
Y don Pablo ha dicho que si, doblando el increible 
diario, guardando sus vidrios magistrales, echando 
una mirada satisfecha sobre el pedacito de jardin 
que entretiene sus tardes. 



Los arboles han comenzado a moverse a las 
caricias de una brisa suave. Ya no es la tarde la 
que acaricia las almas; es una noche honda que 
parece tener pensamiento. Se oye distante la voz 
de un piano que alega un tango alicaido. Unas 
ninas — las nifias de todos los barrios — han 
pasado repitiendo lo que, de seguro, han dicho 
cien veces. No son otros los elementos con que 
se hace la sinfonia de la noche en esas calles 
anchas, perfumadas, placenteras, calladas como 
el rinconcito anhelado por fray Luis. 

Y alguien ha repetido: «Pero esto es delicioso, 
don Pablo. Yo tengo una predilection absurda por 

I LUST R AC 10 N ES DE SIRIO. 



estas anchas calles desiertas. Este pedazo de jardin 
es para mi un lugar delicioso. E! silencio es mara- 
villoso. ^No ha oido usted hablar de la musica 
que producen los astros? Hay que venir aqui para 
sentir esas cosas. Cuando pueda yo me he de 
venir a vivir a una de estas calles. En ninguna 
parte hallaria tantos motivos de emotion. Abajo, 
vida que suena o que duerme; arriba, astros sin 
numero». 



Despues el cronista, ya de pie, ha dado la mano 
a don Pablo. Y ha dicho este hombre: <'Vueiva 
usted cuando quiera. Venga alguna vez a pasar 
una tarde». Y se ha hecho un silencio. En la 
puerta de junto unas muchachas han escuchado 
curiosas. El tranvia ha ido avanzando entre dos 
regueros de luz. . . «Adios, don Pablo». Y don 
Pablo: <Acuerdese una tardecita. . .» 

El tranvia ha arrancado hacia unas calles largas, 
deslumbradoras, alucinantes como una ambition. 
Poco a poco el coche se ha ido llenando. El cro- 
nista se ha distraido con la belleza de una muier 
opulenta; con la venustidad de una femina rubia, 
con la nuca apetitosa de una morenita inquietante. 
La gran ciudad parecia tender todos sus hilos sobre 
la voluntad mas esquiva. Y ha sido, no obstante, 
que el cronista se ha sentido un poco mas triste 
pensando en la obscura calle lejana donde es po- 
sible hallar una gran paz, la musica de una gran 
ocarina de vidrio y el fulgor de unos ojos en que 
parecen concentrarse todas las tristezas del barrio. 






( ^ k J 





1~"\e las escuelas de pintura europea que nos es dado 
*—^ apreciar de tiempo en tiempo, aqui en Buenos Aires, 
ya sea en exposiciones de conjunto o en piezas aisladas 
de maestros, la escuela alemana es, sin duda, la menos 
difundida, a pesar de tener en la Argentina sus repre- 
sentantes directos, entre algunos conocidos pintores, 
que tendran sus razones de peso para ocultar su origen. 
Es sin embargo la escuela alemana, relativamente mo- 
derna, una de las mas definidas y faciles de clasificar. 

/"^reemos, por consiguiente. que no esta de mas, al refe- 
v - >r rirnos a uno de sus mas genuinos representantes, e! 
retratista austrohungaro Jozef Sigall, hacer una breve 
sintesis de sus tendencias y orientaciones, maxime si 
hemos de encontrar en nuestro huesped la resolucion 
admirable de muchos de aquellos principios. Como de- 
ci'amos, la pintura alemana propiamente dicha es de 
reciente data. 

r~YjRANTE el siglo xviii, y hasta principios del xix, Ale- 
■ L - y mania puede decirse que no tiene un arte nacional. 
Bebe sus influencias en Francia y particularmente en 
Italia. Hacia principios del siglo xix nace en Alemania 
una nueva escuela de filosofi'a: el idealismo, que Ilega 
a su apogeo en 1815. Para el idealismo aleman, lo real 
no es como lo ideal, nada mas que una forma del espiritu. 
Lo ideal es abstracto, lo real concreto y la belleza viene 
a ser asi como la uni6n de ambos elementos. Ahora bien, 
<^quien puede realizar esta belleza? El arte. 

Dor consiguiente, para la escuela alemana del siglo xix 

el arte viene a constituir la verdadera solution del 

enigma de la vida y el objeto al que tienden todos los 



SENORA JAVIERA RETO 
DE ESCALANTE. 



esfuerzos. Asi. bajo la influeneia poderosa de la filosofi'a, 
la escuela alemana remonta su origen a la fuente misma 
de la vida espiritual: el idealismo. 

'"Fres principios idealistas inspiran en sus comienzos el 
arte aleman del siglo xix. a saber: el principio de 
belleza perfecta, el principio de moral crstiana y el 
principio de naturaleza, que se manifiesta por el amor 
a las leyendas. 

TV" ant unifies esos tres principios. creando el idealismo 
*^ artistico de Alemania del siglo xix. Su mas genuino 
representante es Cornelius, a quien corresponde artisti- 
camente la fusion de estos tres principios. 

T os discipulos desvian las corrientes del idealismo ha- 
^— ' cia la pintura de genero y la historica, que halla su 
fuente en la guerra del 70. En este genero los tres maes- 
tros que descuellan son Schnorr, del grupo llamado de 
los nazarenos, Kaulbach y Rettael. Su influeneia se 
prolonga hasta principios del siglo xx. en que Piloty 
funda la escuela de Munich influenciada por el impre- 
sionismo frances. Esta escuela busca el color y el aire. 
como elementos de libertad. y de ella derivan los mas 
grandes maestros contemporaneos, y en primer teYmino 
los retratistas cuyo iefe indiscutido es Lembach. 

/^onjuntamente se desarrolla otra escuela, inspirada 
^ tambi6n en la francesa y que podemos llamar escuela 
de la Naturaleza. Sus jefes son Schirner y Lening. De 
ella deriva otra fuertemente nacionalista, que en este 
sentido viene a ser algo asi como una escuela de cos- 
tumbres. cuyos jefes son Menzel y Mora Liebermann. 




EL DOCTOR RICAKCO RO'AS. 




Est a se inspira en el realismo frances de Courbet, 
pero poniendc en todo su gusto pronunciado 
per la leyenda. gui da caracter propio al arte ale- 
min. Extremando este caracter, llegamos a la es- 
cv.ela contemporanea que es eminentementesimbo- 
lista y cuyos propulsores son Marc Klinger, Franz 
Stuck y Hans Thomas. 

"Tal es en sintesis la evolution pict6rica del arte 
* aleman que puede extenderse en sus conclusio- 
ns a la pintura austrohungara, movida como se 
sabe por las mismas fuerzas e influenciada por ana- 
logs! corrientes. 

A hoka bien. netamente aleman en su conceptodel 
** realismo y del caracter, en su expresion tra- 
dicional, si de algiin maestro de los nombrados, 
reclamarse Jozef Sigall, es de Franz von 
Lembach, si bien ha sentido en el color, la influen- 
ce de la escuela de Munich, pero apartandose de 
su excesivo simbolismo. ya que Sigall es ante todo 
un retratista, al mismo titulo que su compatriota 
el hungaro Lazlo. 

FERNAN FELIX 





EL PINTOR JULES GRUN. 



S. E. LA BARONESA TWARDOWSKI. 

Mas cerrado en su dibujo y mas sobrio de color que 6ste, 
Sigall excede como Lazl6, en la representation de las 
figuras destacadas en el escenario del mundo. Sigall vela 
parte de! actor, en cada personate de la tragicomedia de 
los salones, y aplaude al brillante juego escenico, con toda 
la energia de su paleta. Y en primer t6rmino el pintor psic6- 
logo busca los ojos, por donde se cuela al fondo del alma 
de sus modelos, que le miran confiados, sin percatarse que 
detras de la sonrisa «polie» del pintor, hay un critico impla- 
cable, que va comentando en silencio, la historia minuciosa- 
de sus paisanos. 

Docos pintores hemos visto que den tal intensidad a los 
*■ ojos — cambiante intensidad de la vida — donde brillan 
intermitentes llamaradas. de amor y de odic, de orgullo y 
de indiferencia, de dolor y de resignacibn. 

P"sta virtud de traducir los ojos, que abre las puertas sella - 
■— ' das de las almas, es la que acerca a Sigall al retratista 
enorme, del «Canciller de hierron. x)mo este recio maestro, 
inspirandose en antiguas fuentes raciales, insiste Sigall, en 
la paciente biisqueda del caracter de sus modelos, que con- 
sigue poner como pocos en evidencia, gracias al inteligente 
juego del claroscuro y la singular fuerza de su modelado. 
Pintura tal vez exenta de exparcimiento y algo brusca 
como emotividad, pero intensa sin duda y llena de vida. 

KTo toda la produccion que conocemos del retratista aus- 
^ ^ triaco — expuesta entre nosotros — es de la misma fuerza 
significativa. Hay en ella obras que traducen a simple vista 
el desgano de la comanda poco grata, en las que la medio- 
cridad del modelo ahoga la virtud de la ejecucidn. Siempre 
ha sido este el escollo del g6nero para el artista que debe 
vivir de su trabajo, y el propio Sigall nos ha hablado con 
profunda filosofia de la triste circunstancia. 

Dero en cambio, que alegre honestidad de labor se descu- 
*- bre en obras tan excelentes como el retrato del actor 
dramatico Schildkraut, que parece un personaje de Holbein 
o Durero, o el del baron Guttmann, que esta a la altura 



EL ALMIRAHTE cohde hohehberg. 





de las mas sugestivas piezas del maestro de Schro- 
benhausen, tales como el retrato del profesor 
Schweininger. 

/^uando Sigall hizo su exposicion en Buenos Ai- 
^ res, tan llena de valores determinantes para el 
arte aleman co n tempo ran eo, y que representaba el 
mejor conjunto de escuela que hayamos podido 
apreciar aqui, expuso algunos retratos femeninos, 
donde la propia dificultad del medio ambiente y 
el hermetismo forzoso del idioma, le impedian el 
llegar, segiin su costumbre, al fondo de sus mo- 
delos. Ahora bien, hoy, y esto prueba !a sinceri- 
dad de Sigall, sus retratos de mujer, marcan en su 
obra no s61o un punto maximo sino mas aun, una 
evoluci6n ascendente, quese traduce como manera, 
por un afinamiento de la sensibilidad y una fresca 
alegria en el color. Cabe a la mujer argentina, el 
honor de haber conmovido el espiritu austero del 
pintor impasible del estado mayor austrohungaro. 
La gracia criolla ha suavizado su paleta vigorosa, 
poniendo sobre el marco grave de su claroscuro, una 
flor purpurea de pasion y de sueno. 



D E 



AMADOR 




EL POETA BE1.A JENBACH. 



S. E. LA CONDESA 



HOHENBERG. 




Cuando se ve a Camila 

Quiroga en el escenario re- 

flejando sentimientos violen- 

tos, en situaciones angustiosas, 

debatiendose agitada por pasio- 

nes de la mas diversa indole, se su- 

pone que ha vivido muchos dramas, 

que ha tenido muchas vicisitudes y 

que aprendio el lenguaje y la expre- 

sion del dolor en las amarguras de 

la experiencia diaria. Con tanta ver- 

dad, con tanta elocuencia representa las congojas de esas 

atribuladas mujeres, que se supone una de esas vidas ator- 

mentadas tan frecuentes en el teatro europeo donde cada ac- 

triz suele ser una novela folletinesca o un cuento de Boccacio. . 

Pero no es asi. La vida de la Quiroga no tiene nada de pelicula. No 

ha vivido — como creen algunos que la hicieron protagonista real de 

•Con las alas rotas* — los dramas que representa. Todo su arte es de intuicion. 

de imaginacion, de esa perspicacia de los seres inteligentes que para expresar una emo- 

cion no necesitan vivirla. Fallan los que afirman la necesidad de «probar las emociones 

que se reflejan*. A veces valen mas las intuiciones de una inteligencia que ciertas expe- 

riencias. . . Shakespeare no pudo ser Shylok y Macbeth, Falstaff y Romeo, Hamlet y Yago. 

Sin embargo lo expreso todo, desde la avaricia a la desesperacion, la gula a la ternura, la 

locura a la perfidia, en forma inmortal. Ferruccio Garavaglia — en otro arte — llegaba a 
las grandes expresiones de ebriedad y nunca habia bebido mas que agua, y contra 
la teoria <'de la realidad del arte* recuerdo que un dia cuando Grasso moria en- 
venenado con estricnina en «Morte Civile* con tanta realidad que muchos 
creian tomaba algunos gramos para entrar en situacion, le oi que decia 
a su secretario, entre estertor y estertor: 

— Fammi preparare il pranzo con molti ta- 
glialelli . . . 

Benavente ha dicho: "cuando un autor asegura 
que ha vivido una obra puede afirmarse que nos 
dara una obra muerta. No esta el toque en 
haberla vivido sino en darla viva*. Lo mismo 
puede decirse de los interpretes esc£nicos. Sentir 
no basta: hay que expresar. Por esa paradoja 
de lo que uno es y de lo que mejor representa 
se ven ingenuasadorables que no tienen ingenuo 
ni el gato; actrices que, como la Quiroga, repre- 
sentan admirablemente el tipo de la mujer 
complicada, de la mujer «serpiente», y sale del 
escenario para atender como la mas amorosa 
madre las monerias de su hijita Nelida. Por ese 
fenomerto de admirable intuicidn artistica es 
tambien que ciertos actores parecen en escena 
hombres cordiales e inteligentes... 

Camila Quiroga comenzo su carrera a los 12 
aiios con su nombre de soltera: Camila Passera. 
De figura elegante, facciones delicadas, caracter 
apacible, todo indicaba que seria una actriz de 
cornedia ligera; que s61o llegaria a representar 
en el terreno de lo serio una que otra de esas 





JULIO 




heroinas que parecen nu- 
trirse con rayos de luna y 
melodias de Puccini. Pero la 
contrata Tallavi, la hace debu- 
tar en el Modemo con «Marina* de 
Echegaray, y la sefiorita Passera cam- 
bia de aspiraciones. Los dramas en 
que Tallavi se complacia la impresic- 
nan. No quiere ser la actriz de mu- 
chos vestidos y pocas ideas, de son- 
risas y escenas mas o menos me- 
rengadas. Quiere hacer llorar. . . Sus amigos y compane- 
ros se le rien. ^Actriz dramatica con una figurita que pa- 
rece hecha de medida para todas las chocolateritas del reper- 
tory? ^Expresar dramas con un rostro de facciones finas con 
gesto de novicia en misa de 10 y una sonrisa especial para un'affi- 
che de dentifricor No... De ninguna manera. «S61o sentira el drama de 
usar ootines chicos* dice uno de esos actores profetas que todo lo saben en el 
teatro menos el papel que deben recitar... 

El aflo 1909 la sefiorita Passera vuelve al teatro nacional. La contrata para la compa- 
ma que actuaba en el Marconi el actor Hector Quiroga. Alii una tarde, durante un en- 
sayo de una escena en que la damita debia seducir al galan, dice el actor Quiroga- .Esa 
chica no me convence. Ni creo que convenza a nadie en esas escenas*. La sefiorita Passera 
sufre con la observacion pero calla. Cinco meses despues se casaba con el seiior Quiroga 
Es de temerse la mujer que habla pero mucho mas la que calla. La mujer y la pantera 
enmudecen cuando van a realizar acciones decisivas... Se estrena «Los amores de 
la Virreyna.. de Garcia Velloso, y Camila de Quiroga comienza a destacar en fo-- 
ma decisiva sus cualidades de actriz dramatica, que se afirman en <6iripo. 
de Bay6n Herrera — un buen poeta raptado a la 
literatura por las revistas — y se imponen defini- 
tivamenteen «E1 hijo de Agar* de Gonzalez Casti- 
llo yen «La fuerza ciega* de Martinez Cuitifio. En 
1918, con Blanca Podesta y Rosich, realiza una 
temporada en el San Martin quesesindica por sus 
buenos prop6sitos y sus fracasos, probandose una 
vez mas que con los publicos, como con las mu- 
jeres bonitas, vale mas caer en gracia quesergra- 
cioso ... La Quiroga no termina esa temporada. 
Se va a mediados de ella con Pablo Podesta y 
juntos obtienen el sonado exito de «Con las alas 
rotas*, donde vertio sus mejores lagrimas y 
donde se atd jay! para siempre a ese genero 
sensiblero que tiene por maestro a Jorge Ohnet 
y a Carolina Invernizio . . . Con ese exito la 
actriz que debia ser nuestra Dina Galli, se pone 
dramatica y s61o por excepcion deja el sollozo . . . 
En *La fea de la casa» y «Kiki» revela la amplitud 
de sus cualidades, su ductibilidad artistica, lo 
bien que puede hacer ese genero risueno. elegan- 
te, con un poco de melancolia y otro poco de 
alegria. Pero a ella no la entusiasma ese reper- 
torio. «Me gusta mucho el drama — dice siempre 
— y mucho mas la tragedia*. Es una sentimental 



i IIKQGA 



E SCObA K 





LA NOTABLE ACTRIZ 
ANORAK DO LOS | ' 
NES AHDALUCES. 



que quiere vivir en escena los dramas que no le nan sido re- 
partidos por el Destino en su vida real . . . 
A pesar de sus muchos exitos — entre los que tiene algunos 



de actriz de pelicula como el de «Juan 



ropa» y «£ 



Hasta 



d6nde'> que hizo con CapeUani no estaba oonsagrada. Ne- 
cesitaba. nmo las modas, traer la sancion europea. Y en ese sentido su viaje a Europa 
tiene una gran irascendencia en su vida. Es el espaldarazo que la unge primera actriz de 
alcumta. Su excursion parece una famasia ridScula y es una hermosa reahdad. El publico 
madhleflo la acoge con veheroente simpatia y la critica la toma en serio y le dice cosas muy 
halagueflas. «Es lo Machado una gran actriz en toda la extension de la 

palabra y en toda la flexibilidad de su talento escenico, que va desde la mas exquisita 
naturaltdad hasta las mas tragicas entonaciones, con una enorme fuerza de expresion y 
una sobriedad de gesto admirables>. Andrenio la define como mna artista de gran talento 
y sensibilidad. Sus actttudes son maravillosas, dignas de una gran tragica. En los momen- 
tos en que es mis facii que la expresion se desborde y exagere, pasando mas alia 
dc las necesidades artisticas. la Quiroga sabe conservar una naturalidad, una 
smi ri tier, un instinto de la medida, reveladores de un exquisito y selecto __^^^ , 

terr.peram- de Espafia la fehclta; Jacinto Benavente le 

ragala e! admirable abanico que reproducimos; Ram6n Perez 

raia busca un manton hist6rico y se lo ofrenda como 
tectfmonio de estima espintual; los Quintero le escriben ai 
dorso de un abanico que le enviaron una cuarteta que dice- . 

"Musa de un arte national que encierra / ^j 

'.■ iai almas espaflolas ^H 

nar de lu tierra a nuestra tier r a A ^^ 

; de amor brotaron de las olas. . . " i*xf. 

, Qut mis pudo pedir en las horas de sus en- 
suenos ar'.isticosV Y ccmo si 
eso luera poco va a Paris, 
a de lo f ranees 
nada se toma en serio, y su 
An- 
gar- 
ies Mere, del •- 
• La seftora Quiroga re- 





<** 



ABANICO DEDICADO POR BENAVENTE A CAMILA QUIROOA 



cuerda. por la intensidad apasionada de su interpretacion, a camila quiroga con 

la actriz sic'liana Mimi Aguglia. Sufre y solloza con un fre- UNO de sus gatos fa- 

nesi admirable. Muchas de nuestras actrices celebres — cele- voritos. 

bres por su correcci6n y por su frialdad — deben ir a ver a 
la senora Quiroga en el segundo acto, en su ataque de ner- 

vios... La actriz que representara asi en Paris, seria oonsagrada grande. El exito que 
obtuvo ayer la senora Quiroga ha sido triunfab. Y como este cincuenta elogios de escri- 
tores y criticos que no son sospechosos de esconder tras las dulzuras del elogio una obra 
a representar. . . 

El retorno a estos lares prometia ser algo como el retorno de Radames en la opera de Verdi. 
Pero no ha sido asi. Al regresar la Quiroga encontro nuestro teatro revuelto; los autores 
enemistados entre si como a veces en sus obras se enemistan con el buen gusto . . . Y por 
eso no pudo tener la apoteosis que merecia ni darnos en el Odeon las nuevas pruebas de 
su talento que esperabamos. S61o pudieron brillar sus facultades en «Kiki»... una obra 
extranjera. Despues, sus cualidades no encontraron mas donde lucirse. Teniamos un 
gran escenario y una gran actriz para el teatro nacional pero falto algo 
^.^ indispensable para la buena trinidad: lalt6 la obra. Las musas. sin 

"_ 5^ duda al oir las cosas que se decian en el ultimo confiicto, se ale- 

iaron aterradas de los cerebros de nuestros autores... 

Ahora la Quiroga se apresta para dejarnos otra vez. Va a 
^ Meiico a mostrar su arte y parte del nuestro, con la 

esperanza de recoger mas laureles y de encontrar a la 
vuelta menos reyertas y mas producci6n propicia a sus 
dones escenicos. 
La pianola es muy buena, esta colocada en muy 
buen sitio, pero tiene para ejecutar muy malos 
rollos... El teatro nacional esta — jay dolorl — 
como la modistilla del cuplet: cuando se espe- 
raba que iba a ser una buena muchacha se ha 
ido otra vez al cabaret... 
Asi. mientras Camila Qui- 
roga realiza una excursi6n 
dando a conocer obras so- 
lidas del teatro argentine 
tal vez los autores acierten 
a producir heroinas dig- 
nas de la notable actriz. 




xh 





a VEJO M A £TvD 




;MADRID VIEJO! MADRID DE DULCES TARDES 
LENT AS, TIBIAS, DE PAZ CONVALECIENTE; 
PARA EL ESFUERZO Y EL PENSAR COBARDES, 
POR LA BLANDA PEREZA DE SU AMBIENTE. 



jQUE SABOR MADRILENO EN ESAS TARDES 
DE LA AMBARINA LUZ Y SOL PONIENTE!... 
POR BARRIOS SIN EX6TICOS ALARDES, 
VA LA MAJEZA Y EL TRAPtO INGENTE. 



OCNffiSA'ia 



AL PASAR POR VETUSTOS CALLEJONES 
DE TENDUCHOS Y NOBLES CASERONES, 
EL LEXICO CHULAPO Y PINTORESCO 
NOS SIGUE HASTA EL CASTIZO SANTUARIO... 



GAST1LU ) 



SE ASOMA EL ALMA DE UN MADRID GOYESCO ! 






- 1 



Una obses 

La selva enclaustra- 
da por k - j un 

:• :- ■.-■ •■.s.s 

troncos obscuros r-u- 
medecides por la baba 
de los musgos verdosos. 

EI air* se tranquiliza 
como sujeto en lampos 
por los ramajes entre- 
lazados. 

Los helechos vuelven 
incierto el suelo cu- 
de hojarasca. 

La noche esta ya en 
la corteza del laurel y 
la tarde se dora en los 
ios troncos de los 
matos y guayacanes 
re men dados. 

EI jaguar de pases 
:sos debe rondar, 
.jno e invisible co- 
mo las animas: mien- 
tras la corzuela impri- 
me en la arena r 
de los rlos glaucos sus 
menudas unas de nifta 
medrosa. 

El anta y el cuchi 
del monte avanzan en- 
tre la rr.araf.a con fa- 
cilidad de cuchillo en la 
grasa. La rudeza de 
sus cueros y la segu- 
ridad de su paso fuerte. 
les asegura un camino 
sin vacilaciones ante las 
:5 y el arbusto. 

Lejos ladra don Juan 
de las casas blancas y 
una yunta de tastas 
siguiendo el rio, 
sobre el cual tiran las 
dos notas de su grito 
fresco como una bur- 
buja de manantial. 

Y como un resque- 
mor. subitamente. la 
obscuridad se enfria. 

Arden los troncos 
gruesos. carcomidos por 
el gusano y la podre- 
dumbre, agujereados 
como piedra de lava 
por el pico hachador 
del carpintero. 

La luz rojiza de las 
llamas se golpea en la 
sombra gruesa de la 
selva como un duende 
jugueton y fortacho. 

La estampa del gau- 
cho Cruz Cuiez se ha 
agrandado en el miste- 
rioso dormir de la selva 
y sus felinos dientes 
blancos rien, embrave- 
ciendo el bronce de su 

rostro con una amenaza de mordedura. En sus 
manos nudosas tiene un largo palo con que atiza 
las brasas y sus ojos maliciosos parecen meditar 
una broma de Ucumar. Pero no es asi. 

Cruz Cuiez cuenta cuentos. E! tigre, el zorro, la 
corzuela hablan por su boca, asi como las extrafias 
figuras de Pedro Urdimales y Mandinga. 

Sus labios gruesos articulan con placer de nifio 
las ( rases de sus protagonistas y aprietan risuefias 
las palabrotas con que las comenta. 

Curioso espectaculo. 

Somos unos seres ingenuos y primitivos cuyo es- 

• j campea en hazanas de Las mil y una noches, 

mientras nuestros cuerpos saborean un momen- 

taneo olvido de su cansancio largamente arras- 

trado por los cerros. 

El suefto va a voltearnos y lo esperamos. 

Y no hay que ofender la gravedad del cerro 
con rruestras risas. Durmamos. 

En torno al fuego, cuyo cariflo nos adormece 
como una frazada. tendamos nuestros guarda- 
montes. pellones y peleros, para echarnos eflcima. 

Ya los perros duermen enroscados como cortas 
y gruesas serpientes, haciendo circulo concentrico 
con el nuestro. 

Acostemos al lado de la rustica cama a nuestro 
hermano de hierro, el cuchillo. y cerremos los ojos 
como ya lo ha hecho la noche. 




A 



N 



D 



A 

[OR- 



N 



RICAR.DO 
GrOlRA-LDES 

El ansioso ladrar de los perros me ha des- 
pertado. 

Mis ojos van al fuego cuya llama alegre ha 
desaparecido, para dejar solo el rojo dolor de las 
brasas rotas. 

Hace frio y no puedo saber la hora. 

Los perros siguen ochando con ahinco. 

<'Ya veran» y «Por si acaso* tienen erizados los 
pelos del lomo y no obedecen a la voz de Cruz 
que les ordena callar: 

— [Quite perro! jQuite! 

Remuevo los troncos. Arrimo las botas a las 
brasas hasta que me quemen las suelas. 

Los perros parecen tener miedo al silencio. 

Echando en el hogar algunas ramas consigo 
reavivarlo. 

Detras mio mi sombra se rompe en la arboleda 
y todos los troncos danzan como llamas. 

Alguien ronca. 

Tengo calor en las manos, las rodillas. la cara. 
Tengo frio en la nuca y las espaldas. 

El fuego revive. 

Han callado los perros, cuyo circulo ha vuelto 
a formarse en torno nuestro como una mem- 
brana de vigilancia. 

Vuelvo a mis pellones contra la tierra fresca, 
me amparo en mi poncho como en una celda de 
mis sentidos. 



No quiero oir el si- 
lencio de la soledad. 

Un murmullo vago 
llega a mis oidos aun 
sin discernimiento. 

Hago un esfuerzo y 
reconozco las voces. 

Deberia despertar, 
pues la pava estara ya 
hirviendo para el mate 
y algun trozo de cuchi 
o pava del monte es- 
tara dorandose al res- 
coldo. 

Por mis pestafias en- 
tra la luz azulada del 
amanecer que se esfuer- 
za en arrancarse de la 
noche. 

jQue tranquilidad es 
el dial 

Tengo mucho frio; 
una rodilla me duele y 
dejo que mi cuerpo 
vaya despertando con 
pereza. 

La inmovilidad re- 
sulta una carga y salgo 
de mi poncho titubean- 
do rumbo al fog6n. 

Perros y hombres es- 
tamos en cuclillas en 
torno a aquel nucleo 
de vida. 

Cruz Guiez quiebra 
lena y dice que vamos 
a tener Undo tiempo. 
«E1 cerro no nos ha 
desconocido*. 

A mi lado esta el Do- 
noso que tirita de frio, 
de flacura y de sarna. 

Su actitud es comica 
y tragica. 

Su habitual aspecto 
de fantasma del ham- 
bre se aumenta en el 
desamparo de la ma- 
nana incipiente. 

Pobre Quijote de la 
rofia, valiente y dolien- 
te, su magro rostro de 
bondad perruna esta 
ridiculizado por una 
hinchazon desmesurada 
que le sopla la mejilla 
derecha como un exa- 
gerado acullico. 

Pero el dolor no se 
masca. 

El mate nos recon- 
forta. 

Algo del calor que 
nos colorea el rostro en- 
tra en nuestro cuerpo. 

Hablamos con voz 
mas segura y los chis- 
tes empizan a ser au- 
daces en el progresivo 
claror de la manana. 

Ya el sol esta en ei 

lomo del cerro, cae 

por el bosque, entra en el valle como un hachazo. 

Los ponchos se desprenden de nuestros hom- 

bros, las golillas de nuestros cuellos. 

La carne comida, el mate tornado, se esparcen 
en vida por nuestro cuerpo y bajamos al arroyo 
a lavarnos el rostro para quitarnos de encima el 
ultimo rastro de noche. 

Y el dia es un milagro que bebemos como una 
hostia en el agua diamantina. 

*r 

Nuestras camas vuelven a ser recado. 

Uno de los caballos tiene en la cruz un agujero 
redondo y rojo. Un reguero de sangre se tiende 
por la paleta hasta el codillo. 

Es la serial del vampiro, alma traidora de la 
noche. 

Los coagulos, enredados en el pelo, se resisten 
a escurrirse bajo el lomo del cuchillo. 

Des2ariamos tener al bicho en nuestras manos 
para achatarle la trompa refregandosela en las 
espinas de una coronilla. 

Y ya abandonamos nuestro campamento como 
un lecho usado, para irnos, de uno en fondo, 
viboreando como vertebras entre la selva. 



D 



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Cientificas de Malzeville, cerca 
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En nuestro deposito hay siempre leva- 
dura en plena actividad, que se remite 
a cualquier punto de la Republica. 

Mande su nombre y direccion, mencionando 

esta revista, a nuestro Deposito General, 

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viara por correo el 

FOLLETO EXPL1CAT1VO GRATIS 




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UNA BOD A 
ARISTOCRATICA 



El 12 de octubre se celebro 
en Madrid el enlace de la mar- 
quesa de Belvis. hija de los 
condes de Parcent, con el 
principe Maximiliano Egon de 
Hohenlohe. Fueron padrinos 
SS. MM. los reyes que dele- 
gation en los padres de la no- 
via. Celebr6se la ceremonia 
religiosa en la iglesia de la 
Encarnaci6n y bendijo la 
union matrimonial el reveren- 
do benedictino principe Felipe 
de Hohenlohe, tio del novio. 
Fueron testigos los principes 
Luis Fernando y Adalberto de 
Baviera y el principe Constan- 
tino de Hohenlohe, el duque 
de Bailen y sir R. Kindersley, 
por parte del Contrayente, y 
los duques de Medinaceli y 
Veragua, los marqueses de 
Santa Cruz e Ivanrey y don 
Miguel Iturbe, por la de la 
desposada. Entre la concu- 
rrencia figuraban las infantas 
Paz y Eulalia. Despues los es- 
posos fueron a palacio para 
cumplimentar a los reyes. 








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SALIENDO DE LA IGLESIA, 




COM LOS PKtXCirES I INFANTES QUE ASISTIERON A LA BODA. 



GRUPO GENERAL DE LA ARISTOCRATICA CONCURRENCIA. 



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poso que, generalmente, lo determinan. 



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SEVILLANO 



La arquitectura sevillana presenta 
un caracter peculiarisimo, no solo en 
el oonjunto de la obra sino en sus 
variados detalles de ornamentacidn. 

Diferenciase esta especialidad ar- 
quitectonica de las demos en la soli- 
dez, la amplitud y la alegria, si mira- 
mos a la totalidad de la obra, y en la 
elegancia. sencillez y colorido si ob- 
servamos el detalle. 

Fiindase la soli dez no solo en el 
trazado de la linea severa, ni en la 
cimentacion honda y segura, sino 
mas particularmente en los materia- 
les que se emplean en las edificacio- 
nes: ladrillos en bruto o pulimenta- 
dos con adherencia de arena de los 
rios y cal: columnas y los;ria de mar- 
mol. hierro y madera recia y dura. 

La amplitud que suele darse a las 
distintas dependencias de toda casa 
reconoce por mottvos el que hasta 
ahora el terreno en la ciudad no ha 
escaseado. y en procurar la mayor 
comodidad para la famiHa. muy par- 
ticularmente para la mujer. que aun 
siente las costumbres moras de no 
salir a la calle mas que en dias de 
fiesta muy celebrados o cuando las 
acosa la necesidad de un menester 
includible. 

La luz de Sevilla envuelve a! ca- 
serio en halos henchidos de vibra- 
ciones. y asi parecen estilizadas las 
aristas y difuminados los contornos, 
imprimiendo a todo el con junto un 
tono de suavidad que lo hace amable 
y magicamente atrayente. 

En el frente de! zaguan se alza la 
canoela como un encaje de hierro, 
como una blonda que manos de tita- 
nes tejieran con duros nervios o con 
ramas de una flora ideal. 




Y numerosas macetas con flores 
olorosas no solo alegran la vista con 
su hermosura, sino que llenan de 
perfume la espaciosa pieza como apa- 
cible estancia de la favorita de un 
poderoso sultan. 

Al piso principal — habitaciones de 
invierno — se sube por amplia esca- 
lera con a'.icatado de azu'ejos. 

Los descansillos se exornan con al- 
tos macetones de la ceramica triane- 
ra, que lucen plantas de anchas hojas 
reluclentes, o con arcones de oloroso 
cedro '.abrado por manos de peregri- 
nos artifices de esta tierra. 

Al piso principal suele seguir un 
segundo y acaso un tercero, y sobre 
todos esta la azotea que es el coro- 
namiento de la casa. En esta pieza 
sin techumbre, y con soleria de ladri- 
llos, se crian las flores que llenan el 
pretil y que cuando estan mas loza- 
nas se llevan a lucir a los balcones 
y patios. 

Las fachadas de las casas, con pre- 
ciosas ventanas, balcones y cierros, 
suelen estar blanqueadas con cal, o 
pintadas de vivos colores, o solo con 
pulimento los finos ladrillos. 

La luz clarisima y vibradora que 
nos llega de los cielos, quebrandose 
sobre las claras fachadas, da a las 
calles una alegria incomparable, esa 
alegria caracteristica del buen pue- 
blo sevillano. 

De ahi este peregrino encanto de la 
ciudad que parece reir a carcajadas 
renaciendo de su eterna juventud, y 
ese modo tan atrayente como acoge 
a! que la visita, con flores, con ale- 
gria, con amor, en fin. 

J. Munoz San Roman. 



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mujer quiere dar a su conversation y a sus modales. 
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A N O VI 

NOM. 68 



DICIEMBRE 
D E 192 1 






c 



VAN TO DURO LA AVENTURA? 

iUN D/AP... {UNA ETERNIDAD?... 
(QUI EN VA A MEDIR LA LOCURA, 
NI QUIEN. LA FELICIDAD? 



,N UNA I NT RIGA D I SCR ETA 
NAUFRAGO LA T1MIDEZ 
DE AQUELLA NINA COQUET A 
QUE NO HABLO CON EL POET A 
MAS QUE UNA NOCHE... UNA VEZ. 



ERO LA LUZ DE LA AURORA 
Y EL ALCAZAR CELESTIAL 
NUNCA TUVIERON, SENORA, 
MA YOR EN CAN TO IDEAL. 



A 



LOS CEDROS COMARCANOS 
PREGUNTADLES CdMO FUE 
QUE AL SON DE ARPEGIOS LEJANOS 
SE ENTRELAZARON LAS MAN OS 
SIN ADIVINAR POR QUE. 

,L BANCO DE LA LAG UN A 
DE FIJO RECORD AR A 
LO QUE A LA LUZ DE LA LUNA 
SE CONFESARON ALL A. 



Y 



LAS AVES QUE PART IE RON 
HACIA EL I G NO TO CONF/N. 
PODRAN DECIR COMO VIERON 
QUE LAS DOS BOCAS SE UNIERON 
EN LA SO M BRA DEL JARDlN. 



LJe LA CORTESANA HISTORIA. 
BREVE SUSPIRO DE AMOR, 
SOLO QUEDA EN LA MEMORIA 
COMO UN VAGO RESPLANDOR.. 



s 



p 



/ VOS SENT IS UN ANHELO 
DE CURIOS I DAD FATAL. 
ALGUNA ESTRELLA DEL CIELO 
QUE SE DETENGA EN SU VUELO. 
CONTAROS PUEDE EL FINAL. 

yRO SI CALLA LA ESTRELLA. 
SENORA. SERA MEJOR... 
VIVE A UN LA NINA AQUELLA... 
SUSPIRA AQUEL TROVADOR... 



Y 



ACASO EN EL BAILE HAN SIDO, 
BAJO EL ANTIFAZ BANAL. 
DOS MASCARAS SIN SENTIDO 
QUE NO SE HAN RECONOCIDO 
EN MEDIO DEL CARNAVAL. 




a/znc 





(Jb£> 




SSB^B^ 



UN NUEVO RETRATO 



ri6tica y feliz iniciativa del ingeniero Cesar Gonzalez Segura, actual 

presidente de la comision de interior del jockey Club, cuenta este centro 

con una nueva obra pictorica de gran merito artistico e historico, que viene 

!i:;e a fa ya valiosisima coleccidn de cuadros y escultura notables que 

posee la instituci6n. Para iniciar la ejecucion de esta importante reconstruc- 

ifica, digamoslo asi, del gran pr6cer argentino, el pintor Bror E. 

Kronstrand. asesorado por el doctor Dellepiane, director del Museo Histo- 

Ingeniero Gonzalez Segura, dedico algunos meses a la lectura 

de cuantas obras se han eacrito sobre el general San Martin y su vida; es- 







BROR. 
KRONSTRAND.l 




DE SAN MARTIN 



tudio detenidamente una serie de estampas, cuadros de epoca, dibujos, 
grabados y miniaturas existentes del Libertador, y ha logrado pintar uno 
de los retratos que mejor evocan la grandeza y varonil gallardia del glorioso 
patriota americano. El cuadro esta ejecutado con la mas rigurosa exactitud 
historica. La espada, el uniforme. las botas, el elastico que sujeta con su 
mano izquierda, la banda, las condecoraciones que ostenta y la capa que 
cae de sus hombros envolviendo parcialmente su cuerpo, todos los deta- 
lles de la indumentaria fuercn copiados de las prendas personales del general 
Sjn Martin, que se guardan como verdaderas reliauias en el Mumi Hi«tAri™ 



COL I. A B 



P E RLAS 




No es la prime- 
ra vez que un gru- 
po de personas de 
nuestra sociedad 
n guida se 
presta para fil- 
mar una pelicula. 
y desde el exito 
enorme obtenido 
cor la tAmalia* de 
Manr.ol son varias 
t as en que 
hanintervenidose 
floras, sefioritas y 
caballeros del gran 
mundo bonaeren- 
se. As', cuando se 
anuncio que con 
e! argumento del 
conocido escritor 
que se oculta bajo 
el varonil seuddr.i- 
mo de Hugo Wast, 
iba a hacerse una 
cinta. y que la pri- 
mera exhibicidn 
serla en beneficio 
de la L;ga Patrio- 
tica Argentina, ya 
se descont6el exi- 
to de antemano. 

Ante una sala 
concurrida por lo 
mas conocido del 
elemento munda- 
no y co n 
una expec- 
tativa ex- 
traordina- 
ria. se des- 
c o r r i 6 la 
cortina. y la 
primera es- 
cena. en las 
canchas del 
Tennis Club 
provoco los 
mas elogio- 
sos corr.en- 
tarios. 

Encierra 
el argumen- 
to de la cin- 
ta, inspi- 
rada en la 
novela del 
doctor Mar- 
tinez Zuvi 
ria. dos delica- 
dos romances de 
amor, y en ellos pusie 
ron toda la ternura de sus 
corazones juveniles y de su 



delicadeza de espi- 
ritu las sefioritas 
Beatriz Gallardo, 
que personifico a 
«Valentina», y Mer- 
cedes Martinez de 
Hoz, que hizo el 
papel de «Mar:a 
Elena». El ardor 
gitano, el arrebato 
de un caracter apa- 
sionado y noble sin 
embargo, tuvo por 
acertada interpre- 
te a la senorita 
Agustina Marco 
Roca, y fueron 
gentiles y apues- 
tos galanes, los |6- 
venes Carlos Ortiz 
Basualdo, «Jaime»; 
Mauricio Harilaos, 
«Aquiles», y Carlos 
Gonzalez Moreno, 
«Ricardo". La se- 
nora Maria Cons- 
tanza Bunge Gue- 
rrico de Zavalia, 
personifico a «Do- 
na Cristinax, con el 
acierto que la dis- 
tingue, y dio al 
caracter alt.ivo e 
intransigente de la 
orgullosa dama un 
relieve per- 
sonalis! mo. 
Yno olvida- 
re la actua- 
cion del gru- 
po de joven- 
c i t as que 
tuvieron en 
la pelicula 
la tarea de 
adornar las 
mas intere- 
santes esce- 
nas, no so- 
lo con su 
acierto de 
artistassino 
con su be- 
leza y su 
elegancia: 
figurab an 
entre el 1 as 
Maud y Lu- 
cila dAlkaine. 
Julieta Shaw, Car- 
men de Bary, Mathilde 
von dem Busche, Clara 
Marco Roca, Elena Aldao 



VERCEDES MARTINEZ DE HOZ (MARU ELENA), BEATRIZ 
1ALLARDO (VALENTINA) Y CARLOS BASUALDO (JAIME). 



MATHILDE VON DEM BUSCHE (OABY) Y MAURICIO HARILAOS 
(AQUILES). 



UN FrLM, ARISTOCRATICO 



Unzue. Martha y 

Mercedes Madero 

Unzue, Martha 

Rodriguez Aloorta, 

Jorgelina Cano, 

Luisa Martinez de 

Hoz, Zelmira Bo- 

!lini Roca, Elisita 

Sauze, Inesita Za- 

valia, Gloria Ro- 
driguez Alcorta, 

EHsita Juarez Cel- 

man, Clarita Cas- 

tells Roca y Julia 

Emma Lopez. 
Tambien tuvie- 

ron destacada ac- 

tuacion la senori- 

ta Sofia Almeyra 

y las senoras Mer- 
cedes Bunge Gue- 

rrico de Lopez, Ju- 
lia Blanca Roca 

de Lopez, Blanca 

Campos Urquiza 

de Amadeo Arta- 

yeta y Josefina 

Roca de Castells; 

y contribuyeron al 

mejor exito los se- 

nores Carlos Ba- 
sualdo, Carlos 
Gonzalez Moreno, 
Mauricio Harilaos, 

Francisco Gonza- 
lez Moreno, 

Fe d e r ico 
Haril a os, 
Nicolas Or- 
tiz Basual- 
do, Ramon 
Acosta, Car- 
los Ocampo 
Paz. Ale- 
jandro Be- 
cu, Zuber- 
buhler, Pi- 
ro van o y 
Pampin. 

Las esce- 
nas de con- 
junto, tal 
vez las me- 
jores de la 
p e 1 i c u 1 a , 
fueron to- 
madasensi- 
tios que nos 
son famiiiares 
en esta gran ciu- 
dad de Buenos Aires, y 
aveces.alver reproducidas 
sus arterias o sus paseos. 



; 



# n 




/ 




se nos an tojaba 
que nos encontra- 
bamos en una ca- 
pital extranjera, 
segun se admiraba 
de intensa la vida 
reflejada en ellas. 
o de hermoso el 
paisaje que se re- 
producia. 

Ha sido sin du- 
da «E1 Collar de 
Perlas> un exito, 
tanto social como 
artistico, y los 
aplausos que cose- 
charon sus inter- 
preted el dia del es- 
treno se renovaron 
en la segunda ex- 
hibici6n que, tam- 
bien en beneficio 
de la Liga Patrid- 
tica, se realizo en 
los primeros dias 
del mes pr6ximo 
pasado. Y como 
verdaderas perlas. 
las bellezas del 
*Collar» iran des- 
granandose por la 
Republica Argen- 
tina en otras tan- 
tas exhibiciones 
brillantes, para 
que !a labor 
,._-^ de ese gru- 
po de aris- 
tocratas y 
sus anhelos 
de servir a 
la patria en 
la medida 
de sus fuer- 
zas, sea co- 
nocida has 
ta en el til- 
/ timo rincdn 
/\ de nuestro 
pais, y tam- 
bien para 
que la Ins- 
titucionque 
tantos pres- 
tigioshasa- 
bidocaptar- 
se. consiga 
un triunfo 
mas, no solo co- 
mo Liga Patriotica, 
sino como entidad social. 



R O X 



N 




?MB 



MERCEDES Y MARTHA MADERO UNZUE, JULIETA SHAW. LUISA 
MARTINEZ DE HOZ, MAUD Y LUCILA D'ALKAINE. 



Ub£> 




SOFIA ALMEYRA (DONA VIRGINIA) (MARIA ELENA», (INDIANA* 
Y MAUD D'ALKAINE (NURSE ). 




AL llegar a Francia, mi primera visita 
fue para mi amigo Carlos Berard Vi- 
via en un hotel del siglo xviu en un 
barrio antiguo de Paris, la calle Va- 
renne. No ocupaba precisamente todo 
el hotel, sino un piso tan solo de la casa. El resto 
!o habia abandonado a su esposa. Porque Berard, 
que me dijo un dia queriendo afirmar la linea 
de conducta de su vida — «la aventura es la sola 
poesia de este mundo*. habia terminado por casar- 
se desmintiendo sus postulados y la accidentada 
carrera de seductor que servia de pasto a nuestro 
comentario y a nuestra admiration. 

Lo encontre refugiado en sus departamentos. 
vuelto a las formas de soltero en que me parecio 
otrora tan elegante. Vivia con sus libros, sus cua- 
dros y sus chuchenas predilectas. Tenia mucho del 
monje y mucho del sibarita. 

-Quieres que te expliaue la raz6n? ,;Mi casa- 
miento? ^Mi divorcio?. . . Tengo que volver a mi 
infancia. hasta el dia aquel en que la sugestion 
de una nueva medida. lo maravilloso, lo heroico, 
entrd a saco en mi vida y pus? en mi alma !a 
sed por ese (ugitivo concepto de lo legendario que 
tiene. como dicen los arabes. «los salones dorados*. 
Mis padres y mis hermanos fueron para mi 
curiosidad refleja de nifio. seres que prolongaban 
mi propia persona. Los vi cerca de mi, acostarse. 
despertarse conmigo. Estaban siempre ahi. Eran 
un espectaculo habitual, cotidiano, fatal de mi 
infancia. No sospechaba de que fueran entidades 
propias. Fue casualmente, despues de la Uegada 
del primer hombre, que los senti diferentes, ajenos. 
Y este primer hombre que debia servirme de 
animador, fu6 un tio mio. Lo veo nitidamente, 
en el escenario aun vacio de mi mundo interior. 
El primer hombre. el primer elegante, el primer 
heroe que comprendi. Volvia de Europa y si a 
mi. nifio ingenuo. trastornd de sorpresa. a mi alre- 
dedor despertaba el mismo estupor. Para mi fa- 
milia este hijo prodigo era tambien un extranjero 
que traia en sus petates el bagaje de un cuento 
de hadas. 

Era muy joven he dicho, cuando el entonces de 
esta recepci6n. Traia el viajero un regalo para 
mis padres y un juguete para cada uno de los 
hermanos. A mi no me trajo nada. ^Como podia, 
no obstante, fijar tan indeleblemente su aparicion 
dentro de mi vida sensible? He ahi su gran poder. 
Para cada edad que lo observaba ofrecia una 
sugestion. A mi me sedujo por la manera de cortar 
el pan y de untar en una linica y simultanea 
operation las dos rebanadas con manteca. Luego 
fabric6 un mufieco con lacre y fdsforos que hacia 
equilibrio sobre un cuchillo. Y antes de despedirse, 
mientras desmenuzaba en su ingenuidad la ad- 
miracion que le tenian los mayores, me construyd 
un castillo de naipes, fabuloso, monumental. 

Cuando volvio a casa. fue para compensar siem- 
pre con su don de simpatia la ansiedad de mis 
dias agitados de nifio travieso. A mi vida toda 
muscular, una cosa faltaba. Era el espiritu de mi 
tio Manuel. Era mi espiritu que vacilaba sin el, 
que no existia sin su prestigio, sin su ayuda. 
Porque yo era todo imaginaci6n y la suya deparaba 
las medidas comunes de la gente sensata. Mi tio 
me liberaba de la prisi6n asociando a su locura 
mi locura, que era posiblemente una de sus obras 
diabolicas. Para esas entrevistas traia consigo 
animates de madera pintada. soldados de plomo 
y cuadernos de dibujo que habia terminado en 
mi obsequio. Si hay una cuarta dimension, una 
otra medida, esa medida no deben buscarla los 
matematicos en otro sitio que en la infancia. El 
mundo a quien mi tio habia dado relieve, y que 
todos los nifios habitan, era el mundo de la cuarta 
dimensi6n. Esos animales de madera, esos solda- 
dos de plomo. esos cuadernos de dibujo ilustrados 
eran la fauna, el ejercito y la prensa de ese hemis- 
ferio no descubierto y que los matematicos pre- 
'■n, bajo el angulo del instinto, a una igual 
distancia que nuestro planeta del campo estrellado 
de la astronomia. 

Cuando me hubo impresionado con las perspec- 
tivas flamantes de esa edad en que Chimay es una 
ciudad habitable, mi tio juzgo necesario desapa- 
reoer. Habia sembrado la semilla del suefio en 
mi vida. 

La ultima vez que lo vi fue detras de las 
persianas entornadas de su casa de negocio. Era 
farmaceutico. Yo habia ido a verle con mi madre, 
y fuera de las palabras amables, los caramelos de 
eucaliptus y las pastillas de chocolate, que tuvo 
mi, le oi exteriorizar su acritud por la dureza 
con que le trataban mis abuelos. Su rostro ceji- 
junto. su boca torcida por el descontento, asi le 
veo aiin hoy. Porque, como he dicho, fue la ultima 
vez que lo vi. Pero no la ultima vez que oi ha- 
blar a mi alrededor de mi tio Manuel. 

Una noche mi padre volvid a casa y mostr6 
a mi madre, dentro de una caja de pildoras.los 




I Tx.h'NTE 

* DOS * 
IV-ETPsAO 



botones'de'puno.'de'pechera, de mi tio. y a pesar 
de hablar en voz baja, retuve esta frase de mi 
padre: «le puse un pafiuelo sobre la cara><. 

La familia se vistio de negro. Fue mi primer luto. 
Yo me resist! a llevarlo. No me explicaba esas 
ropas obscuras. esos nudos de crespon en el brazo 
que todos mis hermanos mostraban con coqueteria. 
Para ellos mi tio habia muerto; para mi, no. No 
queria pues soportar el uniforme que no me corres- 
pondia. Y no lo lleve. Mi intransigencia tenia una 
gran razon. Se hoy cuan natural fue mi gesto, 
cuan acorde estaba con mi espiritu que no conci- 
liaba la desaparicion de otro espiritu semejante, 
de una otra parte de mi mismo. 

Cinco afios despues. aquella caja de pildoras 
que contenia las alhajas retorno a las manos de 
mi madre, y vi que envolvia un manojo de cabellos 
dentro de papel de seda para ponerlo por fin en 
aquella pequena urna. Era todo lo que quedaba 
de Manolito. 

Inquiri un dia a mi madre por mi tio desapa- 
recido. 

— ,-Te acuerdas de la mancha roja que Manolito 
tenia en un lado de la cara? — preguntome mi 
madre. 

No lo recordaba pero le dije inmediatamente 
que si. Desde ese dia, la mancha roja aparece 
nitida en el retrato que mi recuerdo posee de ese 
pariente misterioso. 

Esa mancha — replico mi madre — era el 
signo de su muerte prematura. 

Mas tarde conoci la verdad. — ya era mucho 
mayor. — Mi tio se habia suicidado pocos dias 
despues de aquella ultima visita en la farmacia 
cerrada. Bajo los arcos del viaducto, lo hallaron 
en Palermo conservando aun el arma en la mano. 
Una tremenda y antigua pistola que habia des- 
trozado sin miramientos la arquitectura tranquila 
de su rostro palido. ^La causa? Una mujer. ^Quien? 
No logr6 saberlo. Mi padre poseia el retrato de la 
protagonista hallado en el bolsillo del suicida y 
puesto con la caja de carton, la urna de sus 
recuerdos intimos, en el fondo de un cofre de 
hierro. 

Un instante despues, Berard prosiguio: 

Cuando comence, muy joven, mi tarea de 
viajero, deje mi tierra, mis padres y mis hermanos, 
sin emotion, sin dolor. Iba en busca de una 
compensation; creia en ella. El resto de la huma- 




rZCONDE 

i as :a\c ) 

TEGUI 




ILUSTRACIONES DE ALVAREZ. 



nidad, la otra portion de la tierra. me esperaba. 
Pero yo no iba solo. La sombra de ese otro ser 
tan ingrato como yo y que se habia ido sin des- 
pedirse de nadie, me seguia. El recuerdo de mi 
tio me acompanaba. 

Asi pasaron muchos afios y llegaron muchos 
duelos. Viajero siempre. expatriado, la distancia 
atenuo las heridas, euro las cicatrices. Mi indife- 
rencia y mi egoismo, que nunca habia mirado de 
frente. pero que estaban ahi dentro de mi. por 
razon o por negligencia. se encargaron de ir a los 
entierros sentimentales, de repartir equitativa- 
mente la porcion de lagrimas. . . Mi padre. . . mi 
madre... mis hermanos... 

Nada. 

Yo no queria envejecer. El recuerdo me parecio 
siempre un mal amigo. Modela con placer nuestras 
arrugas. cultiva prolijo nuestras canas. No. No 
recordar, he ahi una comoda filosofia. Mi tio 
bastaba. No llegaba a ser un recuerdo, era una 
leyenda. vaga, transparente. Sentia, eso si, su 
paternidad: seguia la misma linea de su vida. 
La mujer tenia para los dos el mismo encanto. 
Su huida temprana, me habia ofrecido un mas 
amplio lugar. Era un adversario menos. Era un 
asociado mas. Yo disfrutaba por el. Yo continuaba 
su ruta interrumpida simbolicamente a los pies 
de un viaducto. 

Y vino la guerra. 

Fue un gran temor el que invadio mi espiritu. 
Tuve piedad por los que iban a morir. Mi amor, 
que parecia un tema literario, asumio de pronto 
una dictadura sigilosa sobre mi cuerpo indolente, 
sobre mi espiritu contemplative Crei necesario 
el sacrificio — yo que nunca me habia sacrificado 
— y vi que mi vida iba a dar vuelta al codo del 
camino. Me senti debil, me enamore, me case. 

Los primeros tiempos de mi matrimonio fueron 
ideales. La felicidad perfecta. Mi mujer era her- 
mosa. Su belleza me colmo, me equivoco, retirando 
de mis manos el sentido de la realidad. La adore 
como un ser serafico durante dos afios. El crescen- 
do de mi amor, la exaltation diaria de mi pasion, 
aproximo la catastrofe. . . Mi mujer era tambien 
de carne y de barro como yo. ^Habria podido 
equivocarme tanto? Aqui comenzo mi problema 
interior y nuestra separation. La casa se dividio. 
Las distancias se agrandaron. Yo necesitaba silen- 
cio. Me doblaba la reflexion. ^Como habia podido 
enamorarme de un espiritu tan vulgar? ^La belleza 
fisica habia bastado para trastornarme? De un 
dia para otro mi felicidad zozobro. Era un barco 
a pique que se hundia, todo el velamen desplegado. 
Asi fue de terrible mi drama. Yo quise alcanzar 
el cielo y de pronto me quede solo. Mi mujer 
estaba hecha a las dimensiones estrechas de la 
vida; no podia acompanarme. Y desde ese dia 
vivimos sin explicarnos, como dos desconoeidos. 
En esto murio mi padre. Un baul me llego, con- 
teniendo sus recuerdos intimos: papeles, alhajas, 
fotografias. Mi mujer acudio a la apertura de esa 
hereneia que no le perteneeia, con un interes que 
me hizo mal. Acepte su presencia sin decir una 
palabra y puse en sus manos los objetos que no 
me evocaban nada de particular. Cuando acaecio 
el suceso que debia explicarme mi destino, mi 
mujer hojeaba un album de fotografias de familia. 
Buscaba mi parecido en mis antepasados. Yo 
abria un paquete de papel, retenido por un hilo 
rojo. Dentro encontre la caja de pildoras en que 
halle aun los botones de pufio de mi tio Manuel. 
En un sobre aparte habia una fotografia. Era 
el retrato que yo habia deseado tantas veces 
sorprender. Rasgue el sobre, tome la fotografia 
y la mire. La mire boquiabierto, atonito, sacudido 
en lo mas intimo por aquella figura de mujer. 

Mi esposa dijo, refiriendose coqueta a un retrato 
de familia que habia hallado en el Album que 
hojeaba: 

Tu tio era buen mozo... Yo me hubiera 
casado con el . . . 

Reprimi un gesto. Nunca un dramaturgo pudo 
resolver una situation dramatica mas a punto 
que lo que se resolvia el misterio de mi vida en 
aquel momento. Aprete el retrato de la mujer 
aquella por quien mi tio se habia suicidado, contra 
mi corazon que parecia querer saltar del pecho, 
y me dirigi a la biblioteca. Alii mire de nuevo la 
fotografia amarilla, destefiida; temble. . . La mujer 
fatal, aquella que habia hecho la desgracia de mi 
tio Manuel, tania los mismos rasgos, era identica 
a mi esposa . . . 

Aqui Berard, volco su cabeza entre las manos. 
Me habia dicho todo su secreto. pero yo hice como 
que no habia comprendido y le pregunte ten- 
diendole un cable a su dolor: 
^Entonces? 

Mi amor, ese amor que me torturaba. no 
era el mio me respondio Berard. Era la pasion 
que habia hecho la desgracia de mi tio que la 
sangre habia prolongado en mi. 




LA 

FISCHER. EMPE 

RATR1Z HERMO 







Cada dia que pasa la vida se hace mas dificil y las con- 
lecuencias de la guerra se dejan sentir con mas fuerza en 
can todas las esleras de la actividad, exceptuandose algu- 
nas intimamente ligadas con el caracter vienes, las cuales 
por excepdon florecen con notable esplendor; tales el arte 
y el buen gusto. 

El teatro ha ocupado siempre un puesto importante 
en la vida de Viena; la musica, el canto y el arte drama- 
tico (ueron siempre cultivados con gran amor y extrema 
solidtud. La musica alegre, ligera, es peculiar a nuestro 
fcnio; por elk) la opereta es fruto propio de nuestra cul- 
tura, y por ello Viena puede ser justamente llamada la 
corts de los reyes de la musica alegre, cuales Francisco 
Lehar. Otkar Strauss y tantos otros, cuyas obras son popu- 
bres por todo el mundo. 

La opereta vienesa tiene un sello especial, inconfundible, 
que no se encuentra en ninguna otra obra similar; tiene 
un ritmo propio, baile caracteristico y hasta estructura y 
desarrollo sui finiris, en una palabra, su idicsincrasia, 
Aniea por su encantc. 

El motive musical de la opereta es siempre amoroso, 
embriagador. gracioso, y facilmente se apodera del publico 
propordonando a los interpretes grandes exitos. 

Hemes asistido al estreno de una opereta de Francisco 
Lehar, el autor de <La Viuda Alegre*. que con tan brillante 
di6 la vuelta al mundo algunos aftos atras. La nueva 
Creadon del reputado maestro esta llamada a seguir el 
mismo triunial camino; se titula «La Reina del Tango» y 
su musica (asdnadora embriaga y encanta los sentidos. 
Verdad es que tenemos artistas que saben interpretar con 
extraordinary habilidad el temperaments y el alma de 
i obras. Sobre todo hay dos cantantes que tanto por 







SA Y ELEGANTE 
DE LA OPERE- 
TA VIENESA. 





EL GRACIOSJSIMO 



ERN3T TAUTENHAYN. 



su arte cuanto por su gracia y belleza han conquistado 
al publico; ambas poseen el chic vienes tan admirado en 
todas partes y una voz timbrada y melodiosa que tan 
pronto sabe hacer reir como llorar. 

Las fotografias que publicamos apenas dan una esfu- 
mada idea de lo que son Betty Fischer e Ida Russka. Al 
lado de la cantante principal en nuestra opereta destaca 
siempre la «soubrette», la criadita impetuosa, viva, alegre, 
cuyo papel mueve toda la obra. 

La gracia, la voz melodiosa y el entusiasmo ardiente 
por el baile son las caracteristicas de la <'Soubrette» vienesa, 
cuyas mas genuinas y seductoras representantes son a no 
dudarlo Luisa Kartousch y Olga Bartos. 

Los artistas extranjeros se inspiran siempre, como es 
natural, en la forma de interpretacidn que nuestros artistas 
dan a sus obras; por ello creemos de interes dar a conocer 
a los prototipos de nuestras operetas. 

!.a primer cantante en la opereta debe ser de tempe- 
ramento energico, vibrante y melanc6!ico; si el papel lo 
exige baila el vals principal, generalmente de un aire ani- 
mado. En nuestro teatro los artistas deben sabe'- bailar; 
la voz mas hermosa no basta para triunfar en los primeroc 
papeles de las ope>-etas vienesas. Es menester armonizar 
el canto con !a danza. Uno de nuestros mejores cantores- 
bailarines, es Robert Nastelberger, quien a la flexibilidad 
de sus formas sabe incorporar una cualidad rara: la de! 
hombre elegante moderno. Hubert Marischka, artista per- 
fecto, reune tambii'n las dos cualidades exigidas; canta y 
baila a las mil maravillas. 

La segunda pTreja de artistas importantes en toda ope- 
reta son la «soubrette» y el gracioso; en Viena tenemos 
excelentes c6micos reyes de la risa. Comico en toda la 




LU1SA KARTOUSCH, ESPECIA- 



LIDAD EN «?OUBRETTESt. 



IDA RUSSKA Y ROBERT NASTELBERGER 
CANTANTES BAILARINES 



extensi6n de la palabra es Jcseph Kdnig en su emo- 
cionante angustia y Ernst Tautenhayn riendo siem- 
pre con lagrimas fugaces en los ojos personifica asi- 
mismo el espiritu vienes. Solamente en nuestra ciu- 
dad, identificandose con su csracter puede darse 
interpretacion adecuada a la opereta vienesa, solo 
aqui se encuentran los prototipos que se han de 
personificar y que reunen en natural acuerdo y 
justa dosis lo comico y lo tragico, tipos que luego 
han de circular con mas o menos caraeter por el 
mundo entero con la marca de Viena para conmo- 
ver y dWertir a los publicos. 

Nuestra musica alegre o melancolica nos sirvejde 
lazo de union con el mundo. Mucho se hahla en e! 
extranjero de nuestra miseria, sin percatarse que 
Viena sigue siendo uno de los centros clasicos de 
artistica cultura, entusiasu de la musica yentendida 
en tan bello y dificil arte. 

Esperemos que gracias a riuestro entusiasmo por 
el, arte y cultura artistica Viena no decaiga, antes 
bien vuelva a elevarse al antiguo nivel, y que las 
simpaticas demostraciones que del extranjero reci- 
bimos para alivio de nuestros males se centupli- 
quen cuando sepan lo que hacemos y de lo que 
somos aun capaces. 



CLARA 



P A T E K 



LA ELEGANTE OLGA BaRTOS 
Y JOSEPH KONIG. 



v*^ 



FRANCISCO LEHAR CON LOS 1NTER- 



PRETES DE tLA REINA DEL TANOOI. 





Cuando Octavio Pinto se presentd 
por primera vez al publico de Buenos 
Aires, en el Salon de 1915, la critica 
fue unanime en reconocer en el un 
temperamento vigoroso de colorista 
capaz de una vision audaz y propia. 
El «Numen tutelar de 0!lantay» 
hoy en el museo — era una pieza 
de raro interes, tanto en su concepto 
decorativo como en la resolution de 
su tecnica; y en lo que se refiere a 
su segundo envio de entonces, «La 
lglesita azuU. traducia un vivo sen- 
timiento poitico y un amor puro y 
espontaneo por la naturaleza en su 
estado de beatitud. 

Con este bagaje pict6rico, acrecen- 
tado por una noble inquietud de 
busqueda, parti6 Pinto para Europa, 
donde veremos que ha conseguido, 
dentro de lo relativo — ya que el 
arte cuando es sincero no tiene I 

• ir, en cierta forma su ideal 
estetico. hecho de una gran profun- 
didad en el sentir y de un sencillo 
amor en el contemplar. 

Es en Mallorca — la «Isla de oro» 
de los poetas donde Octavio Pinto 
halla el hermoso pretexto para fijar 
una apariencia a su paisaje interior. 
Mallorca es la Have de su propia 
heredad, el reflejo visionario de su 
alma sobre el crista! antiguo de! 
mar latino. 

Pero veamos algo de su manera 
actual, de aquella que le ha valido 
un exito tan franco entre nosotros, 
con sus recientes exposiciones, y que 
srnos llamar, si r.o involucrara 
tal vez el termino un amaneramiento 




POrOGRAFiAS DE 



BALDISSF.ROTTO. 



que no es del caso, la manera de 
Mallorca. 

Naturalmente que Pinto, cuya sin- 
ceridad ha sido puesta a prueba mas 
de una vez en el intrincado laberinto 
de las teorias novisimas, que su pro- 
pia inquietud espiritual le hiciese 
frecuentar, sigue siendo el colorista 
ingenito que conociamos, pero un 
colorista mucho mas exquisito, mu- 
cho mas sutil, que sin mengua de su 
espontaneidad ha dado, en el intimo 
paladear de los colores, buscando su 
signification y su simbolo entranable 
mas alia de su realidad visible, rea- 
lidad casi siempre de superficie o, 
para valernos de uno de sus terminos 
pictoricos, «mas alia de la luz de 
engana-pastores». 

Asi vi6 florecer en el silencio pro- 
picio la serena conviction de lo gris 
y el dogmatismo aristocratico del 
violeta, en cuya amistad ejemplar 
hasta el verde campechano tiene ac- 
titudes lejanas de piincipe. 

Pero otra cosa logr6 Pinto, y ella 
es tal vez la mas preciada en su obra, 
a saber: que siendo su pintura fun- 
damentalmente decorativa, no dej6 
por ello de ser pintura, cayendo como 
es vulgar accidents en la bonita su- 
perficialidad del tapiz, que por un 
lado atrae en el gracioso arabesco y 
y por el otro descubre al espiritu 
curioso una informe y confusa aglo- 
meraci6n de hilos vulgares. 

Este respeto por el alma de la 
pintura, por aquello que esta mas 
alia de lo Undo, es lo que ha salvado 
a Octavio Pinto del lugar comiin de 



Mallorca, cuya abundancia de lo 
pintoresco puede ssr un escollo de 
personalidad. 

Pinto nos da una Mallorca distinta, 
sino tan bonita como la de Cittadini 
o de Boveri, por ejemplo, tal vez mas 
intensa y personal. 

La olsla Dorada» adquiere bajo el 
pincel del artista de Cordoba un 
aspecto menos hecho, menos socorri- 
do, menos teatral, para decirlo en 
una palabra. Las rocas mu6stranse 
por rnomentos libres de «ford» y la 
tristeza no teme deshojar en e! cre- 
piisculo la perfeccion florida de los 
naranjos. Esto es significativo y ha- 
bla de la profundidad del sentir. La 
facil sugestion decorativa pierde asi 
su imperio tiranico y e! paisaje pasa a 
ser, como corresponde, no un espejo 
frio e imparcial, sino un estado de 
alma. En este estado de alma, que 
constituye el particular encanto de la 
Mallorca de Octavio Pinto, el pone 
su nota gris entre los caserios de los 
valles, mientras luce — suprema es- 
peranza — sobre la cumbre del mon- 
te la ilusoria amatista del «So! de 
engafia-pastores». 

Aherrojados estan los vientos en 
sus antros, y en la tierna «hora baja» 
vuelven las velitas blancas de las 
«parejas del Bou» hacia la mans3- 
dumbre del puerto. En tanto, alia 
en las «torres del Rey don Pedro» 
cuelga su nido azul la mas imposible 
avsntura. 

En aquella is!a de pintores donde 
el gran Anglada — que a semejanza 
del viejo Raimundo Lulio descubrio 
sin duda escritos sobre la misteriosa 
hoja del lentisco, los hermeticos sig- 
nos que le mostraron el camino del 
renacimiento — trata de fundir para 
el arte, en un simbolo luminoso, las 
dos civilizaciones antagonicas que 
sefiala el sol en la curva de su arco. 
En aquella isla privilegiada, decia- 
mos, surge una verdadera escuela de 
pintura que. por extrafia circunstan- 
cia, esta sustentada en gran parte 
por artistas argentinos, y cuya sig- 
nification tiene alcances todavia 
insospechados para el movi- 
miento artistico moderno. 
Esta escuela joven y vigo- 
rosa, de aire libre, de in- 
dependencia y de au- 
dacia, tiene sin em- 
bargo un defecto, 
que yasenalaba- 
mos mas arri- 

FERNAN FELIX 




«OLAS EN LA TARDE». 




<'LA HORA ROSA» 



ba: el exceso decorative La isla c 
oro, al desparramar en sus vall< 
armoniosos las mil combination! 
caprichosas en que se manifiesta s 
incomparable esplendor, ha hech 
de sus artistas solo eximios dea 
radores, que se contentan de un 
facil belleza objetiva. 

Ahora bien: es al margen de est 
facilidad y de esta belleza de supei 
ficie que Pinto procura resolver s 
obra. 

•Romanticos somos. £qui6n no < 
romantico?», se dice con el mae; 
tro: y junto a su caballete de cole 
rista, hace sentar a la poesia humild 
de los campos, dulce «payesa» vesti 
dita de lino. 

Frente a la maravillosa tapicerU 
donde trabajan bajo la luz paradoja 
que funde el Oriente con el Occiden 
te, expertos y sutiles artifices, 61 e 
el pintor-poeta, el pobre tejedor qu 
como en la vieja cancidn catalana 

teje su sueHo de amor, 
todo luz y fantasia . . . 

A 61 le corresponde saturarse de 
romanticismo que andaba erranti 
por los valles violetas. desde la par 
tida de Dario; a 61 le corresponde 
mas que el reflejo de la simple bellez; 
exterior, descubrir el lenguaje secrete 
de las cosas, escuchar el lamento d< 
los pinos, compadecerse del viejc 
dolor de las rocas, y tal vez, en h 
profundidad del plenilunio, hallar h 
piedra redonda y cuadrada al par 
que perdiera un dia, entre los he 
lechos eternos, el viejo fraile ca 
balista. 

Tal es la sensitiva isla de oro, cuyo 
recuerdo nos trae en sus alforjas de 
seda Octavio Pinto. Mas que las 
otras, sensitiva, profunda y personal. 
jY como no habia de serlo, si vemos 
que mientras el pince! enamorado 
iba trazando en Valdemosa el exqui- 
sito perfil de la tarde. brotaba al pro- 
pio tiempo, en el tiesto escondido 
del alma, la margarita del Htmo que 
perfuma la vida! Octavio Pinto 
hacia versos, sus dulces poe- 
mas, explican mejor que co- 
mentario alguno el signi- 
ficado de los colores, que 
responden no a la efi- 
mera realidad sino 
a la eterna me- 
lodia de la con- 
templacion. 

DE AMADOR 




■ I 



dHORA BA]A» (VALDEMOSA). 



*SOL DE ENGAflA-PASTORES*. 







O^T)\ 



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®J©5 

DEL 

OTKO 

fQ R 

AfcTOkO 



I LUST * AC ION */\\ DE SI HO 



Vanda Maslowa! jCuantos la amaron! Era 
ya.a los veinticuatro anos, cuando llego a Bue- 
nos Aires, una de las mas originates estrellas del 
ballet ruso. Materializaba el ritmo y parecia mo- 
verse en el aire. La transici6n no podia ser mas 
brusca. sin embargo — continuo Pablo Starsi; 

inmovil, su cuerpo era una pobre cosa, apa- 
gado, casi esqueletico; pero en movimiento, al 
son de la miisica, parecia aureolarse. encendia 
loscorazonesy arrastrabalosojos tras suspies... 

Caminabamos una tarde del pasado invierno 
por un sendero de la Chacarita. Ya estaba bajo 
el sol. Un frio seco, penetrante, caia sobre las 
tumbas y la tierra desnuda. Pablo temblaba 
bajo su amplio sobretodo y dejaba vagar su mi- 
rada fria por la gran necropolis. Se detuvo al 
fin frente a un humilde sepulcro en cuya la- 
pida decia: <<Vanda Maslowa — Bailarina — 
Moscii 1890 — Buenos Aires 191 7». Quedo un 
rato sin levantar la vista, completamente abs- 
traido. Yo, a varios pasos, lo aguardaba. 

Me seducia la compania de Pablo Starsi. 
Pudo ser mucho, tal vez uno de los mas gran- 
des escultores contemporaneos.pero despu6s de 
aquel turbio asunto de la bailarina, que agot6 el 
comentario. y seis anos de reclusion en el Open 
Door, parecia haberse eclipsado su talento ar- 
tistico. No tenia aun cuarenta afios y aparen- 
taba cincuenta y tantos. Tez palida, ojos ver- 
des, opacos y frios que atraian las miradas. 
excesivamente bellos para ser de un hombre. 
Sus manos finas y nerviosas que antes mode- 
laran elocuentes cabezas y torsos bellisimos, 
bregaban ahora dias y dias para arrancar al 
barro ind6cil figulinas efimeras. 

— Venga ■ — me dijo, tomandome del brazo 
— volvamos; le voy a contar todo. 

Anduvimos un trecho en silencio. Parecia 
ordenar sus recuerdos. 

Mia grito primero — comenz6 bruscamen- 
te, — ella grito primero. . . de eso estoy per- 
fectamente seguro, me acuerdo bien. Quiere 
decir que ella perdio la raz6n unos segundos 
antes que yo. . . Senti como su coraz6n se pa- 
ralizaba oprimido contra mi pechoy senti como 
su torax crugia bajo la presion de mis biceps... 
En ese instanteella grito. . . un grito ahogado, 
seguido de una carqajada que suena todavia en 
mis oidos y morira conmigo. . . Despu6s. . . yo 
grite y no s6, no s6. . . me encontr6 gesticulan- 
do, o mejor dicho, encontre a otra persona re- 
flejada en un espejo, o mejor dicho aun, yo 
sostenia un espejo a la altura de mis ojos y otra 
persona que no era yo gesticulaba en el . . . pero 
esa persona era yo. . . despues de una noche de 
seis anos de locura. . . jHay que ver lo que es 
eso! Encontrarse un dia a uno mismo, envejeci- 
do, distinto. . . Perderse a uno mismo y encon- 
trarse un dia, distinto, despues de varios anos 
que volaron en un segundo, no poder recono- 
cerse, no querer reconocerse y luego no tener 
mas remedio que reconocerse. . . En fin, no vale 
la pena dar vuelta esas ideas. . . Conoci a Vanda 
Maslowa, hace siete anos, en su camarin del Co- 
liseo. Era primera bailarina de caracter en la 
troupe de la Paulowa. Siendo apenas piiber 
habia debutado con 6xito singular en el Teatro 
Imperial de Moscii. Recorrio luego con Nijinsky 
y Karsavina los escenarios europeos. Isadora 
Duncan la presento al publico neoyorkino. Ana 
Paulowa vi6 en ella a la futura estupenda bai- 
larina y la contrat6 en su compania a un precio 
casi fabuloso. Vanda Maslowa a los veinticua- 



tro anos se habia hecho aplaudir por los ptibli- 
cos mas selectos del mundo. Asi es, asi es. . . 
la vida de Vanda fue una parabola de triunfos 
que partiendo del Teatro Imperial de Moscii 
ascendio y ascendio y en su punto culminante 
se quebr6 de golpe y se hundio en la Chacari- 
ta. . . Es triste. <jverdad?... Triunfar en Nueva 
York y yacer en la Chacarita. . . jDestino loco! 

Fui su mas apasionado admirador. Desde mi 
butaca mis ojos se extasiaban noche tras noche 
contemplandola. Un mundo de estatuas sur- 
gian de su cuerpo en movimiento. jVanda! 

Tenia su historia. Me la conto un ruso, bai- 
larin, companero de ella, con quien llegue a in- 
timar. Este ruso solia mirarla con ojos extra- 
viados y estoy seguro de que la adoraba. Me 
hablo asi, mas o menos: El conde Sergio Petro- 
vich, oficial de los husares del Emperador, de 
paso por Moscii, conocio a Vanda en el ballet 
del Teatro Imperial. Era un tipo notablemente 
parecido a usted — me dijo — ojos como los 
suyos pero brillantes, singularmente brillantes. 
El conde Sergio se enamoro de Vanda y ella 
jugo sin piedad con 61. Eso lo hace con todos . . . 
tenga cuidado. Pocas veces se ha visto a un 
hombre hacer tantas locuras por una mujer y 
a una mujer jugar asi con el amor de un hom- 
bre. jAh, barbara! Alma de piedra. . . Queria 
vengar, sin duda, en el conde Sergio, el dolor 
y la humillaci6n que el latigo de la nobleza 
dejara sobre las espaldas de sus hermanos los 
mujiks. . . jY el otro! Que no hizo. . . Por fin, 
vencido, sin esperanzas, loco, una noche en que 
paseaban juntos, desboco a proposito el tronco 
de su trineo que volo despedazandose en la es- 
tepa. Algo horrible. Vanda se salvo milagrosa- 
mente. Y 61 murio deshecho, de tal manera 
abrazado a ella que hubo que cortarle los bra- 
zos para desprenderlo. |Los ojos del hombre!... 
Todavia la miraba. Por cierto que ella paga 
cara la aventura. Su recuerdo es la pesadilla y 
el martirio de su vida. Lo ve en todas partes. . . 
|Sierva supersticiosa! Yo se lo que sufre, todos 
lo sabemos. . • porque no ha podido ni podra 
jamas borrar de su conciencia los ojos verdes 
del conde Sergio. 

Todo esto triplicomiinter6s. Vanda era como 
un iman que me atraia de un modo irresistible. 

Bien, bien, como le dije la conoci en su ca- 
marin del Coliseo hace siete afios. Todavia ba- 
tian palmas en la sala y vibraban las ultimas 
notas de la Pastoral de Grieg que interpretara, 
cuando entr6 jadeante y sudorosa. Temblaba 
su cuerpo delgadisimo bajo la tunica de seda, 
unica vestimenta. Se arranco la vincha que 
oprimia su frente y sus cabellos rojos inun 
daron sus hombros. Fui presentado. Hizo un 
movimiento de asombro apenas perceptible. 
^Escultor?. . . 
- Si, escultor. 

- Tiene usted los ojos verdes . . . lijodes 
pu6s, mientras se envolvia en un manto. Son- 
rei. Me miraba detenidamente, escrutanri 
Pero no brillan ... — agreg6. 

T res veces, durante la conversacion que sos- 
tuvimos, clavo asi, en los mios, sus ojos azules, 
destenidos, casi grises, de una viveza unica. Y 
al despedirme, cuando me prometio posarenmi 
estudio, tomando mis manos entre las suyas: 
Maravillosamente verdes sus ojos... pero 
no brillan. 

Durante un mes, todas las tardes, poso en mi 
estudio. Nunca estuvo mi ser mas en contacto 




con el arte. A su lado guste sensaciones insos- 
pechadas. Por fin, cosa natural, me enamore 
perdidamente de ella. Si, si, fui como un cor- 
derito al matadero, esa es la cruda verdad, Un 
dia despues de horas de trabajo ardoroso, se me 
acerco, casi hasta tocarme con sus labios y 
puso sus manos en mis hombros. Me parecio 
que caia sobre mi la dicha del mundo. 

— Voy a bailar para sus ojos — dijo — toque 
el armonium. 

— Vanda. 

— Si, para sus queridos ojos. . . 

Bailo. Despues, abrazado a sus rodillas, no 
se cuantas palabras de amor pronuncie. Cuan- 
do me alee hasta sus ojos habia en ellos no se 
que turbia expresion de placer y de miedo. 

— Brillan ahora. . . — Y me miraba estre- 
mecida, con los parpados semicerrados. 

— Es el amor. . . 

— | Bah!... 

Bueno. en lo sucesivo, hizo brillar mis ojos 
cuantas veces quiso. Y pasaron los dias. Luche 
en vano por hacer vivir en el barro el hechizo 
extraordinario que fluia de su cuerpo. Nada, 
nada consegui. Formas sin calor, bocetos frios! 
cancaturas. Y es que la tenia de ta! modo me- 
tida adentro que embotaba mis facultades. Po- 
dia hacer de mi lo que le diera la gana. Y lo 
hacia. . . jvaya! Fui su esclavo ciego. Durante 
las poses me inmovilizaba sobre el barro pola- 
rizada la atencion por el amor de mirarla. 
Entonces iba hasta ella y siempre, luego de 
encantarme en su contemplation, pegado a sus 
ojos, concluia por doblarme hasta sus pies gi- 
miendo y llorando como un idiota. Que cosa 
triste. Todo para que ella viera en mi la 
imagen de otro, temido hasta el horror y qui- 
za. . . amado. Infame placer. . . 

Mi situation era insostenible. Iba a naufra- 
gar mi vida cuyo dominio perdiera en absoluto. 
Se me ocurri6 matarla. Asi. simplemente. ma- 
tarla. iComprende? Y esa idea me absorbio por 
completo hasta obcecarme y, por fin, llegue a 
sentir la necesidad impostergable de matarla, 
unico medio de librarme de ella. Alejarme era 
imposible. y aunque lo hubiera conseguido solo 
el pensar que ella vivia paralizaba mi libertad. 
Su presencia en el mundo interrumpia mi obra 
y eso, segun mi logica, me autorizaba a supri- 
mirla. De manera que para salvarme tenia el 
derecho y el deber de matarla. Es muy claro.. . 
Por otra parte, fuera de esas razones, habia 
otra cosa. Mas que mi corazon, mas que mis 
convicciones, eran mis manos. ioye?, mis ma- 
nos, las que tenian necesidad de matarla... 
Nadie se imagina lo que es sentir en las manos 
la ciega necesidad de ahogar a alguien. Todos 
los obscuros instintos del ataque y la defensa, 
llevados a su mas lacerada exacerbation, se 
me habian concentrado en ellas. Imposible vi- 
vir con unas manos asi. 

Yo creo que un hombre para salvar su vida 
puede usar legitimamente de cualquier medio. 
,:No es asi?. . . Es muy sencillo. . . la propia 
defensa. . . es muy sencillo. Cuando para sal- 
varse hay que matar me parece muy natural 
que se mate. Eso es razonable. . . Por eso yo 
sostengo que razone perfecta y naturalmente 
cuando resolvi matar a Vanda. Lo que si, le 
dire, hay despues de todo eso una triste decep- 
tion. Usted no se salva... Lastima que esa 
decepcidn se encuentre despues del hecho. El 
hombre que para salvarse debe matar a una 



mujer, por amor, como yo, no consigue nada 
matSndola. Muy bien, la mata. pero se queda 
usted con un espectro nue lo sigue hasta la 
muerte. Algiin dia le hablare de mi espectro, el 
de ella. la muerta, que toma sus formas, per- 
ceptibles solamente para usted y aue esta siem- 
pre sobre su usted, sobre su espalda, noche y 
dia, y usted materialmente lo siente pesar alii, 
sobre su alma, sobre su vida y sabe que se acos- 
tara con usted en su cajon ... No vale la pena 
matar, no. Pero eso se sabe despues. Ella tam- 
bien tenia su espectro. Yo conocia el horror de 
su existencia. Sabia lo que eran sus noches y 
las locas pesadillas de sus suefios. Y mi cars, 
mis ojos, que para ella eran la cara y los ojos 
de! otro, del husar, cuyo espectro vivia sobresu 
vida como ahora el de ella sobre la mia, todo 
eso hubo de servirme para realizar mis planes 
sin sufrir las consecuencias legales, llevandola 
a la muerte por el camino de la locura. . . Yo 
sabia muy bien lo que iba a hacer. Nunca do- 
mine meior mi mente. ^No le parece?. . . Bien. 
bien, evito por insignificante, eldetalle de como 
una noche me escondi en el dormitorio de Van- 
da, detras de un biombo en un angulo de la 
pie?a. Me cost6 dinero, tiempo y astucia. Tam- 
bi£n me cost6 horas de expectativa tan angus- 
tiosa que seeuramente restaron anos a mi vida. 
Llegaria sola, despues de media noche, segun 
su costumbre. Del teatro volaba a su casa. Asi 
fu£. Por primera vez estaba yo en su alcoba. 
Temblaban hasta mis m3s pequenas fibras. 
Fluia de las cosas una voluptuosidad vibrante 
aue me rompia los nervios. Senti sus pases. . . 
bien conocidos. Se ilumino una lampara violeta 
sobre e! velador. cuyos reflejos apenas violaron 
la sombra. Vanda estaba en medio del cuarto, 
inmovil, pensativa. Parecia no decidirse a pa- 
sar sola esa noche. aniversario de su tragica 
aventura, que yo habia elegido especialmente. 
Yo sabia y s6 lo que son los aniversarios para 
quien lleva nubes en el alma. Estan vivos, pa- 
tentes los hechos. Y ella estaba sola, con sus 
recuerdos enroscados en la garganta. . . como 
yo ahora.. . Se los veia. Seguramente brillaban 
como nunca en su conciencia los ojos del husar. 
Poco a poco fu6 dando muestras de inquietud. 
Parecia presentir el acecho. Se desnudo. En- 
vuelta en un peinador de seda que caia sobre 
su cuerpo sin turgencias como sobre una co- 
lumna frente a un espejo deshizo su peinado. 
Sus manos finas, puntiagudas. entraban y sa- 
ltan, por sus cabellos cobrizos, como agujas. 
A cada instante se daba vuelta bruscamente 
como para sorprender a alguien y sus ojos bri- 
llaban investigando la sombra. Yo hubiera gri- 
tado muchas veces: jVanda. Vanda, te adoro!... 
Pero mis manos estaban brutalmente crispadas 
sobre mi boca, casi ahogandome. Siglos para la 
ansiedad de mi expectativa fueron los minutos 
en que ella volvio a quedarse inmovil, de pie, 1 
con una rodilla en el borde del lecho. Al fin, 
con los brazos en cruz sobre el pecho, los ojos 
cerrados y la faz hacia arriba, murmuro una 
plegaria y se acosto. La luz permanecio encen- 
dida. No se cuanto tiempo aquel cuerpo mar. 
tirizado se revolvi6 entre las sabanas antes de 
aparentar el suefio. Sali de mi escondite. Des- 
calzo, sin saco, subidas hasta el hombro las 
mangas de la camisa, me acerque despacio, tan 
silenciosamente como si fuera por el aire, hasta 
sentarme junto a ella en la orilla de la cama. 
Yo no respiraba, estoy seguro de no haber res- 



pirado durante el tiempo en que (stuve incli- 
nado sobre ella. En cambio. su pecho subia y 
bajaba inquieto y en sus labios se quebraba un 
gemido por momentos tan doliente, tan tierno, 
Ian suave, que crei caer sobre ellos mil veces 
para besarlos con lo mas puro de ml amor. . . 
Pero mis manos. mis manos estaban ciegas. en 
alto, asi, como garras. Toda la angustia de mi 
vida iba a derrumbarse sobre aque! ser adorado 
y odiado hasta lo inaudito. En ese instante mis 
ojos la miraron con tal brutal desesperacion 
que desperto. Estoy seguro de que la desperte 
con los ojos... estoyseguro. Bueno... yanopedia 
retroceder. mejor dicho. no pude retroceder. 
Vi como su came se erizaba de terror. Se di6 
cuenta de que alguien estaba alii. Quedo como 
muerta. Gruesas gotas de sudor, seguramente 
helado, rodaron por su frente y sus mejillas. 

Y fu6 abriendo los ojos. despacio. como quien 
no auiere involuntariamente enfrentarse de 
golpe a la cosa mas horrible. Y los abrio por 
fin, enormes. redondos... Se incorporo. 

— (Sergio!.. . jSer. . .gio!. . . Aquella excla- 
mation debio limarle la laringe. Quien sabe que 
grito y que palabras se ahogaron luego en su 
garganta que vi saltar convulsa bajo la palidez 
de su piel. 

Claro. si, lo que yo esperaba. Ella vi6 en mi 
al conde Sergio Petrovich. Ella lo vio surgido 
de su pesadilla y la viveza de sus recuerdos. 
Arrancada de golpe de su sueno la mente ofus- 
cada y sorprendida no podia reflexionar y para 
ella, lo que tenia en frente. viva, era la tragica 
figura del husar Sus manos palparon mi cara, 
se enredaron temblando en mis cabellos y ba- 
jaron clavandome las unas en los brazos. La 
saoue del lecho. Me pare y tomandola por las 
axilas la alee hasta mis ojos. Su cuerpo delga- 
disimo, largo, largo, colgaba de mis manos 
como una serpiente. . . Con las pupilas dilata- 
das, |de que manera me miraba! 

— Ser . . . gio . . . 

La solte, quedo parada. jMis manos! Senti 
como nunca en ellas el deseo de ahogarla. Por 
suerte en ese instante fue mas poderoso que mi 
amor. Entonces !e rode6 el torax con los bra- 
zos. Me parecio que no terminaba de cerrarlos, 
tan delgado era su cuerpo. . . Debi6 sentir en 
sus costados mis biceps como bolas de acero. . . 

Y empece a apretar y aprete. aprete. Hizo el 
esfuerzo mas violento para gritar pero no pu- 
do . . . sus pulmones estaban paralizados bajo la 
presion de mi abrazo. Senti crujir sus huesos. 
pararse su coraz6n . . . Un velo rojo cay6 sobre 
mis ojos. Quise apretar mas y no pude. Enton 
ces fue cuando ella grito. Aquel grito que mo 
rira conmigo. . . No pude ahogarla... mejor 
Vi que se me iba de las manos. Sin saber po 
que, me quede en suspenso con los brazos ex 
tendidos, asi. como en un saludo teatral.. 
Yo tambien iba a gritar... Grite... y me 
acuerdo, hasta ahi me acuerdo, fue un grito 
que arranco desde la m4s lejana fibra de mi 
ser. desde el mas negro abismo de mi ser. . . 

Murio tres anos despues, loca. |Mi plan! Yo. 
yo meencontre un dia gesticulando frente a un 
espejo. Habian pasado seis anos. Le repito. no 
he ganado nada con lo que hice. Fue una lo- 
cura. . . una locura. Pero eso si, yo hasta el 
momento en que grite, cosa que no estaba en 
mis calculos, razonaba perfectamente, digan lo 
que quieran. . . <;No le parece?. . ■ ;Para salvar 
la propia vida cualquier recurso es legitimo!. . . 





Er ' ' fiestas soriales del ano f iguro 

/ brillantez la kermesse cele- 

• ia Schule a beneficio de tan 

6tl docente. Hacia diez y siete 

que dicha escuela no celebraba festejos de 

esa indole. Una comision de damas y caballeros 

•iad alemana tuvo !a iniciativa, y 

la fiesta se organiz6 con gran exito. Fueron p're- 

sidentes honorarios la sefiora Eleonor von dem 

Busche y el rr or Adolfo 



CON GRAN ENTU3IASMO Y FERVIENTE 
ANHELO DE REALIZAR UNA OBRA BENE- 
FICA, LA COLECT1VIDAD CERMANICA 
ACUDlO A LOS SALONES DE LA 
CERMANIA SCHULE DONDE SE 
CELEBRABA LA GRAN KER- 
MESSE QUE UN D1STIN- 
GUIDO NUCLEO DE 
DAMAS Y CABALLE- 
ROS ORGANIZO. 



Pauli. Presidia !a oomision de damas !a sefiora 
Carola de Opitz; la de caballeros, el senor Federico 
Schafer, siendo director general de la fiesta el 
S3fior Francisco Staropolski. En el acto inaugural 
represento al presidente de la repiiblica el jefe de 
la casa militar, coronel Martinez Urquiza, pro- 
nunciando un elocuente discurso el director de la 
Germania Schule, doctor W. Ruge. 

Los amplios salones y patios de la escuela que- 
daron transformados en dependencias de una tipica 



kermesse durante los dias 12, 

13 y 14 de noviembre; y tanto 

entusiasmo desperto el festejo que 

fue necesario prorrogarlo a los dos 

domingos siguientes accediendo a las 

peticiones del publico. Aunque todas 

las instalaciones eran pruebas del exquisito 

gusto demostrado por los organizadores, la 

nota caracteristica y original estuvo en e! 

restaurant. 

Eligiose para decorarlo el estilo Bieder- 
meier. Come se sabe, la epooa de Biedermeier, 
llamada asi por el celeberrimo personaie lite- 
rario que Eichrodt creara en sus poesias 
comicas. es una variacion alemana del estilo 
Imperio. Nacido en 1812 duro hasta media- 
dos del siglo xix y representa un esfuerzo 
de la Alemania empobreoida por la guerra. 
E! Biedermeier con su ausencia de adornos 
superfluos es un estilo acomodaticio cuyo ma- 
yor encanto hallass en la alegria y la resig- 




nacion que la buena gente puso 
en sobrellevar las penurias, dis- 
frazandolas con un lujo barato. 
Pues bien: este estilo, correspondiente 
a otros adoptados por diversas nacio- 
nes durante cuarenta y tantos afios de 
romanticismo y bobemia literaria, resulta 
poco conocido en la actualidad. El restaurant 
de la kermesse result6 una erudita lecci6n 
de dicho estilo merced a la peiicia del sefior 
Staropolski. No faltaba ni un detalle, tanto 
en la indumentaria de las distinguidas damas 
y caballeros que con loable animo habianse 
hecho cargo del servicio, como en el moblaji^ 
y decorado. La concurrencia hizo honor a 
aquel primoroso trabajo reconstructive He- 
nando continuamente el restaurant durante 
las cinco jornadas de la kermesse. 

Otra prueba de buen gusto y de agradecido 
amor a la tierra hospitalaria fu6 el Rinc6n 
Criollo donde, frente a un rancho, se cultivo 





la miisica y el baile nativos. Las senoritas Laura 

Peltcher Villegas. Erma Freutzel. Margarita Croe- 

. ma Caviezel. Eva Ramos Mejia. Elma Opitz, 

Lidia r;ia Gross. Margarita Mahute y se- 

Kingelfus. Gunther. Astudillo y Kreutzel 

Jos por don Juan Mas. bailaron «Los amores». 

una zamba. «la huella< y el peric6n naciona!, can- 

unos estilos. 

La reproducci6n de la casa del inmortal Schubert 

de las atracciones mis novedosas 

• udidas. Los sefiores Blackmedel y Treyecht 

iiuel facsimile del monumento cantando 

las mejores melodias del maestro. 

Como es de rigor en esta clase de fiestas, abun- 

laron los kioscos donde el celo benefico femenino 

logra acrecentar las cantidades destinadas a la pro- 

secuci6n de un ideal altruista: tombolas, juegos, 

bazares. etc. Puede afirmarse que tanto 

-ilemana como el publico argentino 

amente a este resultado. La suma 

tenida fue muy considerable y proporcionara 

a la Germania Schule los medios para extender 

;i6n. Digno de notarse es el 

■itamoslineas arribareferente a 

mo de los servicios estuvoenco- 

'idado a manos mercenarias. Pasan 

de doscientas cincuenta el numero de 



ALGUNAS DE LAS ENTUSIASTAS 

COLABORADORAS EN LA BENE- 

FICA FIESTA. 



damas y caballeros que colaboraron con su trabajo 
personal atendiendo gentilmente a la distinguida 
concurrencia en el servicio de la confiteria y otras 
dependencias. De esta manera se consiguio aumen- 
tar el producto. 

Calculase que durante los cinco dias de kermesse 
acudieron al Germania Schule mas de diez mil 
personas. En cuanto al buen humor y galanura 
derrochados en aquellos salones, todo lo que sediga 
resulta poco. Ni en los precarios tiempos del Bie- 
dermeier se hubiera hecho mas por sobrellevar difi- 
cultades y alegrar la vida. Siempre impero la dis- 
tinci6n y el ingenio en aquella benefica fiesta. Los 
disfraces confeccionados primorosa y fielmente se 
mezclaban con los trajes de la actual indumentaria 
formando un conjunto armdnico, a pesar de su dis- 
crepancia. Asi, por igual modo, los espiritus fra- 
ternizaron en un ambiente de franca expansion. 
La entusiasta fiesta, ademas de perseguir el obje- 
tivo benefico que ha conseguido, sirvi6 para con- 
memorar el 77 aniversario de la fundacion de la 
Germania Schule. Para festejarel triunfo alcan- 
zado se ce!ebr6 dias despu6s, en el Club Ale- 
man, un banquete ofrecido a todos los orga- 
nizadores y colaboradores de la kermesse, 
reuni6n que se desarroll6 en un medio 
de franca y entusiasta cordialidad. 



/■/,/u/v 




Con su campanario mudejar y sus ladrillos vetustos, la 
iglesia de Santo Tome hace en la atm6sfera vehemente de 
Toledo un adem2n entre sarraceno y cristiano. 

Por el interior han bullido los albaniles y los decoradores, 
toda la iglesia la han transformado por dentro. Aqui hay 
una capilla nueva. Una verja la separa de la multitud de 
los rezadores. ^Pero qu4 especie de mundo medio divino y 
medio terrenal palpita y se mueve en el muro de esa ca- 
pilla?... 

^Es un lienzo no mas? <_0 tal vez la vida que sin duda 
tiene que verse en la hora del |ulcio se ha reproducido ; 
por milagrosa anticipaci6n? ,<E1 maestro Teoto- 
copuli, llamado *el Greco», es el t:nico autor de 
ese conciliabulo de personages, o bien la gracia 
divina ha intervenido para que el testero del altar, 
al fondo de la capilla, se pueble de una agitacion 
de almas, de santos, de angeles, de muertos que 
entregan su espiritu a Dies y de personas vivien- 
tes que tiemblan, encendidas de misticisrno, como 
las propias llamas de los hachones que alumbran 
a escena con una luz cardena, espectral? 

jSilencio! Que la voz suene apenas perceptible. 
Van a enterrar al muy pederoso y alto Conde de 
Crgaz. Un obispo y su ayudante lo tienen suspen- 
dido; poco a poco y suavemente lo depositan en 
el sepulcro. Mientras tanto, el paje impiiber todo 
vestido de negro y a la moda de los hombres 
lina judos, empunandc el hachon con una gracia 
infartil nos senala, vagamente cariacontecido, el 
cadaver del prooer. 

Un fraile esta frente por frente del conde y 
reza sin perder e! tiempo. Al ctro lado, he ahi 
ese clerigo de barba en punta y rostro afilado 
(rostro inspirado) que con una especie de desola- 
cidn se abre todo el en un gesto de suplica y pone 
fijamente y deliberadamente sus ojos en la Virgen 
Maria, exclamandc: «Recibid el espiritu de mi alto 
sefior el conde, Sefiora». 

^Quienes son esos? ^Cuantos caballeros estan 
ahi al rededor? <;Pero no son por ventura conoci- 
dos nuestros? Acaso los hemos visto en alguna 
otra mansion toledana; nos han saludado mas 
de una vez en el Museo del Prado, en Madrid. 

Fste es don Diego, ese don Mendo, aquel otro 
don Inigo, el de mas alia don Lope. Todos gente 
<le alcurnia, caballeros e hidalgos de la tierra 



vim 

EN ESPANA 

ANTC EL ENTIEPBO 

!§m|S) DEL (gSgjSWs^!? 

(DNDE 
CKM 




EL CELEBRE CUADRO Y SU FRAGMENTO 
MAS INSPIRADO. 



toledana. Tienen cargos del rey en la ciudad, o sirven en 
Flandes, en Napoles, en Lisboa, como capitanes o conse- 
jeros. Algunos son viejos y viven retirados en sus posesio- 
nes, aguardando la voz de lo alto que les ordene presen- 
tarse al ultimo tribunal. 

Se siente el apagado rumor monotono de los que rezan. 

El fraile encapuchado hace con los labios el bis-bis raracte- 

n'stico. Otro fraile, situado mas al fondo y calada igualmente 

la capuchn, en vez de orar esta hablandole a un senor un 

poco anciano que atiende la platica en silent io; el fraile, 

flaco a fuerza de ascetismo, le habla forzosamente de la va- 

nidad de las glorias terrenas, y repite con cierta 

obsesionada exaltacicn: ^Veis, don Hernando, lo 

que somos: apenas carne de pudridero? — » 

Pero mas arriba, o sea en e! aire, o mas propia- 
mente habiando, en el cielo, ;que agitaci6n sobre- 
natural de personas y tintas y luces extraordi- 
narias! jComo hace revolar ese angel sus grandes 
alas de plumas dispersas, como el aguila cuando 
inicia con una sacudida briosa su remonte a las 
alturas! jQu^luz tan extra na, tan desacostumbrada 
en nuestro mundo perecederol Y alia lejos, como 
surgiendo del infinito, jqu4 aglomeracidn de san- 
tos, martires, virgenes y profetas, todos aproxi- 
mandose a la luz que brota de Dios, que acoge 
benigno e! alma del senor Conde de OrgazI 

Para que todo const- con preeisidn, ni siquiera 
faltan las dos grandes Haves que pendientes de 
unos cordones tiene San Pedro apercibidas para 
abrir las puertas del Cielo. 

Vision perfecta de un catolico del siglo xvi-xvii, 
el propio Dante la subscribiria entusiasmado. Es 
una escena mortuoria de pura estirpe cristiana. 
^Por qu6 traer nuestra insolencia analitica y 
nuestro ardor critico de mentalidades siglo veinte 
a un lugar donde las horas, piadosas, descansan, 
y donde en la paz del tiempo como nuierto fiotan 
las imagenes y las sugericiones mas profundas, 
mas inefables? Abandonemos a la puerta del tem- 
pi o de Santo Tome todo cuanto de duda o de ne- 
gaci6n nos han ensenado los libros. Aqui dentro. 
agarrados a los hierros de la verja como prisio- 
neros del Arte o como locos de ideal, dejemonos 
arrasrar Dor ese impetu con que todo viva (im- 
petu de fe y de anhelo de eternidad) en torno al 
Conde de Crgaz que lo estan enterrando. 



J o 



M 



R 



A 



S A L A 



R R I 






C3LEO DK / 

MIGUEL N1ETO 







E L 



B O R D A D O 



Palida, con la palidez de los cirios que no fueron 
jamas encendidos, paso largas horas encorvada 
sobre un bordado. 

Siento que trasmito a la labor un poco de mi 
corazon, con el ansia del perfume que se vuelca 
en efluvios en un anfora olvidada. 

Sobre los hilos estrechamente unidos como sobre 
las cuerdas misticas de un instrumento ideal, 
corren notas de dulzura y de llanto que los pro- 
fanos no pueden entender, pero que resuenan 
como sonidos de plata en !a gran armonia del 
universe. 

Nadie que no sepa lo que significa pasar y repa- 
sar la aguja millares de veces, millones de veces 
en un tejido aereo que parece querer escurrirse 
de entre los dedos, nadie puede conocer el senti- 
miento encerrado en esos puntos. 

Son suenos que palpitan en el alma, son deseos 
ocultos e inactivos como simiente escondida en la 
profundidad de la tierra que el rocio no humedece 
y el sol no fecunda. 

Es toda la potencia de! amor, toda la feminidad 
desbordante que pone delicadeza en los dedos, los 
hace habiles, dociles y que, despues de enjugar las 
lagrimas de los ojos espectantes, hace florecer 
entre las manos otros suenos... 

Palida, con la palidez de los cirios que no fueron 
jamas encendidos, paso largas horas encorvada 
sobre un bordado. 



T 



L 



Mi mano guia la aguja sutil que va y viene, va 
y viene: en mis labios asoma una triste sonrisa. 

Y la mano nerviosa recoge las tramas dispersas, 
Simula las gastadas y poco a poco, diligente, corn- 
pone, imita, rehace el tejido. Todavia algunas 
rebeldes intentan huir de la esclavitud de la aguja: 
pero esta las junta una a una; en breve dejara 
terminada su obra y desaparecera la fealdad de la 
rotura. 

jOh, si asi, asi pudieramos recoger las tramas 
dispersas de la vida, hacer retornar las queridas 
visiones que poblaron nuestra mente y reunirlas 
en el cerebro fatigado; volver a encontrar los dul- 
ces suenos de la adolescencia y llamar al corazon 
cansado! 

jOh, si pudieramos simular las desaparecidas 
tramas de lo que fue, vivio, amo, sufrio, y crear 
en el presente un hermoso miraje del pasado! 

jOh vida, eterna, inmutable tela, de la que el 
tiempo roe sin tregua los hilos tenues que el cora- 
zon humano en vano se afana en componer! . . . 

Mi mano guia la aguja sutil. mis labios reflejan 
una sonrisa, un ligero temblor me estremece, 
mientras aquella, ora se acentua, ora desaparece. 

La lampara amiga esta encendida; el reloj hace 
oir junto a mi su corazon de acero. . . jla sonrisa 
vuelve! 

Mi mano deja la aguja y me contemplo en el 
espejo: mi palido rostro aparece envuelto en una 
luz muy suave y una ola de ternuras, de recuerdos, 
de inconcebible, de inesperada bondad me invade 
el corazon. 



M 



M 



1 



Tengo una antigua amiga muda, confiada, leal 
y luciente, docil y buena, de quien Penelope y 
Aracne fueron sus sacerdotisas. 

Es mi amiga un minusculo hilo de acero que 
ejerce sobre mi gran atraccion: recoge missuspiros 
y mis sonrisas, mitiga mas de un pesar y oye mis 
lamenton. 

Mi amiga se desliza siempre sobre pafios blancos 
u obscuros, ricos o miseros, tenues o gruesos. 

Esa dulce companera reino soberana entre las 
pequenas, suaves manos de la dama medioeval 
que, deponiendo el arpa o el mandolin — unicas 
distracciones de su vida mistica y solitaria 
sabia interesarse por ella, bordando con su ayuda 
chinelas, tejiendo fajas, elaborando corbatas, en- 
cajes; el coselete que endosaba su bien amado, 
o el padre o el hermano el dia de la batalla o del 
casamiento de este ultimo o de su novio, el dia 
del fausto acontecimiento . . . 

En estos tiempos, mi amiga, la aguja, escribe 
tambien su poema de amor en manos de la cos- 
turera, de la modesta bordadora, que saben ofrecer 




A M 



CION 
D LA AGU|A 

Pc* ADLL1A Dl CAR.LO 



ILUSTRACION 



S I R I 



a seres queridos el objeto ideado por su ternura. 
y realizarlo sacrificando reposo y fuerzas en los 
unicos ratos destinados a sencillos pasatiempos o 
al sueho reparador... 

Paso y repaso la aguja en pafio sedoso ... Mi 
fiel companera me cuenta que ha visto llorar 
muchos ojos y mover muchos labios al impulso 
de un secreto dolor. 

Ha temblado igualmente en manos de pobres 
obreras o de ricas senoras, y advirtio como se 
abrian poco a poco sus corazones al influjo de la 
herida de amor. . . 

Se deslizo tambien entre las manos de una 
joven madre, y junto a la cuna de sus amores 
paso largos dias yendo y viniendo sobre la blanca 
tela que vestiria a una no via. 

jOh! vuelve, vuelve al corazon que te aguarda 
siempre... jvuelve! — oiale decir a la pobre 
mujer abandonada. 

Todavia un punto, y despues habria terminado 
el trabajo que la aguja por si sola no sabe hacer, 
pero la mano se detiene y los grandes ojos se 
llenan de languidez. 

Luego . . . se cierran agobiados por el peso de 
mucha luz, de muchos pensamientos, de muchos 
suenos. . . 

Falta un punto en la tela: un punto solo y la 
cancion quejumbrosa de la dolorida mujer muere 
como un soplo, y el alma extraviada sigue el 
suefio interrumpido. . . 

En mi lienzo tambien falta el ultimo punto. . . 
^Por que se detiene mi aguja que nada sabe?. . . 

Tengo una antigua amiga muda, confiada, leal 
y luciente, docil y buena, de quien Penelope y 
Aracne fueron sus sacerdotisas. 



Muchas noches de paciente labor han sido em- 
pleadas en confeccionar un tapiz que yace a los 
pies del sillon de mi madre, casi humillado e 
implorando la gracia de sus dulces ojos. 

Estan representados en el pedacitos de telas 
diversas, recogidos con fervoroso cuidado en mu- 
chos lugares y de muchos modos: estan represen- 
tadas en el la vida, las almas. Un punto los cierra 
estrechamente. 

Este tapiz es testimonio de mas de un litigio 
entre mi hermana y yo, cuando la una pretendia 
acompafiarelanaranjadointensoconel azul fuerte, 



y la otra queria en cambio unir el verde esmeralda 
al violeta obispo o al color purpura de las amapolas. 

Noches largas, largas como la espera, de des- 
contentos disimulados, de recuerdos, de suefios 
desvanecidos que las dos hermanas aeumulabamos 
en nuestros corazones. 

Todas esas horas transcurridas en un pensa 
miento y en un trabajo comiin, viven todavia en 
el fervor de la obra dedicada a nuestra madre. 

Ella sabe muy bien cuanto amor hemos puesto 
en ese tapiz; ella, la santa de todas las gracias. 
mirara siempre con sus ojos dulces a sus hijas 
sacudidas por todos los dolores. 

El tapiz no es otra cosa que un presente de fe 
sincera que arde todavia, jarde! gracias a ella. 



U N 



S T N 



He bordado una blanca tela donde una santa 
misericordiosa sonrie. 

Parte de la misma esta pintada delicadamente. 
Se enriquece con un encaje muy fino de hilo do- 
rado, y bordados de lana en los matices mas ar- 
monicos y suaves. 

Un fest6n de geranios y de violetas circunda 
la cruz central sobre la cual se posa atravesandola 
una guirnalda de rosas. de palidisimas rosas abra- 
zadas a la cruz con tierno abandono en una fusion 
de amor y de dolor. 

Mas delicada que los festones de geranios y de 
violetas ondulantes sobre las redes de hilo de oro, 
que la pequena cruz enguirnaldada de rosas, la 
voz del amor palpita quedamente. . . 

jOh! sus tiernos besos. joh! las dulces horas en 
que escuchaba el lenguaje de un corazon que se 
confia 'a otro corazon ... las ilusiones y las espe- 
ranzas que tu permitiste |oh, Senor!... 

He bordado una blanca tela donde una santa 
misericordiosa sonrie. 



L A 



ARMONIA 



Junto a mi ventana sobre la que bajan sus 
parpados misteriosos las cortinas. prosigo mi labor. 

El bastidor, mi fiel amigo, encierra entre sus 
brazos un trozo de cafiamazo. 

La aguja se detiene indecisa ... la incertidumbre 
nos asalta. . . El estilo Esmirna, de tonalidad ar- 
moniosa, de espeso vellon de lana en la que se 
hunde el pie, en la que se ahoga el paso y provoca 
el silencio, me seduce. ^Bordare yo un tapiz? 

Si; la aguja impulsada por la voluntad, sumisa- 
mente obedece. 

El otono asocia a! traspunte multicolor sus 
deliciosas impresiones de ambiente, de aire per- 
fumado, de luces, en la caricia blanda de una lluvia 
de oro de hojas de acacia suspendidas en la atmos- 
fera, como el leve pesar de una alegria extin- 
guida. . . 

La aguja, punto por punto, va juntando la 
gruesa lana, en las diversas gradaciones del ama- 
rillo; las flores son rosa y verde, como el amor, 
como la esperanza. En cambio, e! fondo es obs- 
curo como un dolor oculto, obscuro como la in- 
gratitud, como la injusticia. 

Para otras flores, el turquesa subido me ofrece 
su hermosura de color. Asi tambien la vida ofrece 
al a'.ma en una hora el jiron de cielo de un azul 
inmaculado. 

Tengo que disponer los colores y entonarlos 
hasta que el trabajo ejecutado con cuidadosa dili- 
gencia ofrezca un buen conjunto. 

Aunque en la vida dispongamos y entonemos 
los tintes con cuidado, casi siemDre desarmonizan: 
jpara cada bondad, un mal: para cada alegria, un 
pesar; para cada luz una sombra! 

La aguja prosigue lentamente la labor. . . Pienso 
en Esmirna. en los muebles raros, en la elegancia 
sobria, en el acorde armonioso de todos los objetos 
de la vivienda asiatica. antiguos o modernos, en 
el arte y en la riqueza de sus salones, donde sus 
tapices entonan con nobleza y encanto simpatico. 

Esmirna esta lejos. El pensamiento inmenso 
que avanza por donde quiera hizome asomar a 
sus puertas. 

Esmirna esta lejos. . . y yo f rente a la vida. El 
acorde armonioso no existe sino en muy pocas 
almas. Ni antiguo ni moderno, ni arte ni riqueza: 
todos se codean, pero todos desentonan sin cui- 
darse, sin buscar la armonia, desconcertando siem- 
pre, siempre! . . . 




-SUIFAT DB FAMA 



•NArOLI IN BUENOS AIRES. 




HAH_AMPO IE MU- 

)E*E3 BOHITAS. 

0TEME5 T SIN 

COMPIKMtlSO. 



F-LOMrNO C 



NueiTto O^Ah 



Parravicini es nuestro gran cdmico. el mas personal, el 
mas ductil. el mejor dotado per la naturaleza. It radia gracia. 
Cuando aparece en el escenario parece que de su cuerpo 
fluyera una corriente de una fuerza extraha que incita a 
reir. Cada movimiento suyo tiene la gracia de una acertada 
caricatura del gesto. de la accion, del sentimiento del hombre. 
Como el talento y el instinto indican al dibuiante el rasgo 
que debe acentuarse para senalar lo burlesco de un tipo, 
asi e! talento o el instinto de Parra le hacen realizar la 
tnueca, el movimiento o la inflexidn de voz que ha de causar 
*a nsa de! espectador. Y Parra es una personalidad origi- 
naltsima. No ha tenido maestros. no imita a nadie. El 
ofaserva en la vida y reproduce. Es una caricatura dela 
realidad no como tanto colega suyo que siempre resultan 
caricaturas de sus caricaturas. . . 

Su ductibilidad, su facilidad para componer les mas 
divers-os tipos. son sencitlamente portentosas. Hace con la 
misma fanHdad y gracia un italiano que un ruse, un ingles 
que un Catalan, un frances que un catamarqueno. Hay por 
el mundo muchos actores que hacen una comedia mejor 
que 61. «macchietistas« que componen con mas gracia un 



tipo popular; tipos que hacen reir mucho. Pero en ninguna 
parte hay un actor tan poliforme. Repartan a Galepaux el 
el rol de un Catalan y su eficacia sera poquisima; indiquese 
a Muzzo que haga un gallego y no hara tres escenas sobre- 
salientes; pdnganlo a Lamas haciendo un italiano o un ruso 
y no sera el divertido actor que conocemos. 

Parravicini es la mas definida personificacion de todas las 
cualidades del cdmico argentine, unico en el mundc para 
reflejar en escena los mil y un tipos de esta n-,'.eva Babel 
en que vivimos. Y es tambien la personificaci6n de sus 
defectos. No es el artista estudioso que llega a la escena 
despues de largos estudios en un conservatcrio, no es artista 
que sufre insomnios por estudiar un rol o se desvive por 
analizar lo que debe sentir y expresar. Es un genial impro- 
visador. Se rie cuando le cuentan que Coquelin antes de 
levantarse el telon media los pasos que debia dar para 
desplomarse en un sill6n. Nadie ha visto a Parravicini 
ensayar diez veces seguidas una comedia. Salvo rarisimas 
excepciones asiste a tres o dos ensayos. Y a veces no concurre 
a ninguno , . . Una vez se estrenaba «La sombra del Presidio 
una obra de don Justo Lope.: de Gomara, el inteligente 



director de "El Diario Espancl». y Parravicini no ?^istio a 
un solo ensayo. Recien fue al escenario la noche del estreno 
sin tener de la obra mas referencias que las que le conto 
Vittone yend> hacia el teatro. ^C6mo represent6 la comedia? 
jComo tantas' Oyendo al apuntador e inventando cuando 
no le oia. . . Parra mismo lo confiesa y lo cuenta ri6ndose 
porlos apuros que paso esa noche con una carta importante 
que tenia que entregar a un persona je y que yendo a manos 
de cualquier otro desbarataba la comedia. ^C6mo hizo para 
no equivocarse en la entrega? Muy sencillamente. Entraba 
a escena y a cada persona je que encontraba le decia: cTengo 
una carta muy importante para entregarle a una personam 
El companero meneaba la cabeza y Parra agregaba: «No. 
Usted no es esa persona.' Y asi paseo por la obra hasta que 
di6 con el persona je que le indic6 con la cabeza que era el 
que debia recibir la carta . . . 

Eso solamente lo hace Parravicini. El comico mas genial 
sale a escena en esas condiciones y lo silban. En cambio a 
Parra lo aplaudieron mucho. Siempre fue el nino mimado 
del publico y se le permitieron todos los excesos aun aquellos 
de gesto o de palabra que hubieran sido la ruina de otro 






■ -MAX QUE HA ATCRKIZAOO DESPUES DE UK DIALOOO 
DE AMETXALLADORA COM UK FRANCES... 



VIENDO LA SALA DEL ARGENT1NO UN DIA LUNES. 



tQUE LOS AUTORES Y LOS ACTORES SE PELEAN? |A MJ QUfc! YO ME 
vnv npt nTRn i Ann dri. charco. . . 



8b 



jeuropa: tienes nombre de mujer! 



YA HP. ENCONTRADO EL SI5TEMA DE HACgR OBRAS. 




AfLfLAVKINI 



actor. Se diria que el publico quiere verlo asi, alocado, 
excentrico, rabelesiano. Muchas veces Parra ha querido 
ponerse fino, mesurado. dentro de una Hnea de arte, y no 
ha podido. El publico no ha ido a verlo. Por eso se morira 
sin dejarnos la sensacion definitiva que hubiera podido 
darnos representando una obra buena. con muchos ensayos, 
estudiando su tipo y diciendo lo que le dicta el apuntador, 
no sus pintorescas invenciones. . . 

Parravicini comenzo su vida artistica como tirador de 
rifle. Su padre don Reynaldo Parravicini, cansado de sus 
calaveradas le cerro su bolsa. Y Parravicini, que habia visto 
tirar en un music-hall a un capitan Bordeberri, resolvio 
aprovechar su admirable punteria y se hizo contratar como 
tirador. Haciendo alardes de su buena vista, tirando de pie 
acostado, cabeza aba jo, con un espejito, recorre el mundo. 
En 1901 le aplaudian en el Olympia de Paris donde dividia 
ei cartel con Cleo de Merode y Fr6goli. Por eso Fregoli una 
noche que lo vio trabajar en el Argentino, exclamaba estu- 
pefacto: 

— jCome se parece ese actor a un loco que conoci en Paris 
y que me amazzaba a tiros las moscas del camerino... 



En 1904 vuelve a Buenos Aires y actua en un cafe concert 
que habia en la calle Rivadavia. E! malogrado Coletti un 
dia que le falta un actor propone a Parra el puesto. 

Acepta, debuta y en seguida resulta e! mejor elemento del 
cuadro. Lo contratan para el Parisiana, luego para el Roma 
y alii un dia lo ven Pepe Podesta y Ulises Favaro, quienes, 
con admirable intuicion de sus cualidades, resuelven sacarlo 
de los musisc-halls. El ano 1906 lo hacen debutar en el 
Apo'o y alii inicia con «Panete» una serie de grandes 6xitos 
personalisimos. Tan personah'simos que a veces la mitad 
del texto es invencion suya y lo que no lo es brilla por su 
gracia tinicamente. Para probarlo no hay mas que ver esas 
obras representadas sin su colaboraci6n. ^Quien ha podido 
hacer olvidar lo que hacia Parravicini en *<Panete conscripto», 
"Parra concert», «Compra y venta», «Los disfrazadosa, «El 
lobo de mar>, *Fruta picada», «E1 tango en Paris»>, *E! cabo 
Scamione», «Los provincianosw, «Mister Franck» o «Me!ga- 
rejo»? En este momento en que e! teatro nacional es un caos 
y los valores se mezclan de una manera a veces oprobiosa, 
conviene recordar que Parra ha sido el creador de infinidad 
de tipos que campean por la escena como creaciones de otros. 



tTj LOS PESOS SON CO- 
MO LAS GOLONDRI- 
f NAS DE BECQUER! 

■ AN PARA NO 
VOLVER.. 



No se olvide ademas que a su lado se hicieron los que hoy 
son figuras ejes de nuestro teatro: Casaux, Vittone, Muino. 
Pomar, Ratti, Simari. etc. Los polHtos de ayer se han hecho 
gallos, mas no debe o'vidarse de que nido salieron. 

La parte anecdotica de la vida de Parravicini Menaria un 
grueso volumen. Parra ha vivido una vida de pelicula. 
Favorito del publico durante 16 ancs, ha ganado mucho 
dinero y ha hecho de todo. Es tirador. cantante, aviadcr, 
pintor, automovilista, musico. literate Pero sus anecdotas. 
que van de lo sentimental a lo rabelesiano. nunca tendran 
escritas el encanto que tienen contadas por €\.. 

En la proxima temporada Parravicini no trabajara. En 
marzo pr6ximo se va a Europa.Solamente volvera a divertir- 
nos en 1923, y quizas entonces, aleccionado por lo que vea en 
el arte europeo,se decida a darnos esa expresion completa 
de sus cualidades que tantos esperamos y que un amor 
demasiado tirano por el facil 6xito de la boleten'a ha retar- 
dado tantos ancs. Parravicini es un gran caudal de actor 
que aun no ha sido administrado artisticamente. . . 



JULIO 



ESCOBAR 







— SI, SENORES, ME HE CASADO . . . ACCIDENTES DEL TRABAJO 



EL GRAN ACTOR SE HA QUEDADO MELANCOLICO. SE HABLA DE LA 
MADRE, Y TAMBIEN LOS C6MICOS TiENEN SU CORAZONCITO . . . 



Ok 




JORGE A. MITRE 




CE3AP 



Una vez mas ha demostrado la Argentina su cari- 
no a la madre patria mediante este nuevo y valioso 
homenaje. El senor Jose Ricardo Rosenwald, ini- 
ciador y director del album dedicado a los monar- 
cas, supo conseguir una triple finalidad, pueslaobra 
es un testimonio respetuoso para las reales perso- 
nas, una prueba de amor a Espafia y una demos- 
traci6n del progreso argentine Joaquin V. Gonza- 
lez, Enrique Larreta, Estanislao S. Zeballos, Antonio 
Dellepiane, Leopoldo Lugones, Angel de Estrada, 
Ricardo Rojas, Joaquin de Vedia, A. Chiappori, 
Calixto Oyuela, Vicente Gambon, Alberto del So- 
lar, Alvaro Melian Lafinur, Vicente Gallo, Ramon 
J. Carcano, Alfredo Echagiie, Manuel Carles, Ma- 
nuel Cossio y otros publicistas firman notables ar- 
ticulos, habiendo colaborado en la parte artistica 
diversos y conocidos dibujantes bajo la direction 
de Atilio Chiappori. Puede afirmarse que esta ma- 
nifestation afectuosa es una de las mejores rea- 
lizadas hasta el dia, poseyendo un alto valor 
espiritual que toda Espafia ha de agrade- 
' on esa hidalguia caracteristica de 
la estirpe. Plvs Vltra, que siem- 
pre cooper6 al fomento de la 
confraternidad hispano- 
americana, felicita a 
stores del 
homenaje. 



EZEQU1EL P. PAZ 




SATUP.NINO UNZUE 



Ub£> 




Una excursion en automovil es 
una de las lecciones mas sugesti- 
vas, y por lo tanto mas prove- 
chosas, que puede recibir un su- 
jeto sensible. El habito de ser lie- 
vado en auto, si es a gran velo- 
cidad, desarrolla y hace mas com- 
plejos nuestros sentimientos del 
tiempo y del espacio, nos da el 
sentido de su relatividad — sin 
tener que estudiar a Einstein — 
y hace mas profunda en nuestra 
alma la creencia de que la vida 
es suefio. 

La mania de la velocidad es el 
sintoma mas claro de la enferme- 
dad de la civilizacion. Porque la 
civilizacion es una enfermedad. 
Una enfermedad que, si nos ate- 
nemos al relato biblico del Gene- 
sis, debio de empezar el dia en 
que Jehova echo del Paraiso a 
nuestros dos primeros padres, 
Adan y Eva, y les envio a errar 
por el mundo poniendo a la en- 
trada de su antigua morada un 
angel, con una espada de fuego, 
para que la guardase. Y esa en- 
fermedad, no se cura lo mismo 
que no se cura la vida una vez 
empezada, si no con la muerte. 
Pero no nos pongamos tristes. 

Mas... (jes posible no ponerse 
triste y meditabundo excursio- 
nando en auto? Se pone uno tras- 
cendental, segun dice un amigo 
nuestro. Es decir, se pone uno 
«segun quien sea este uno». Uno, 
si, se pone «triste y meditabun- 
do» y hasta trascendental, pero 
otro no, no se pone asi. Se pone 
lleno de polvo de la carretera y 
nada mas. 

Antes de ahora hemos hecho 
la observacion que los monomaniacos de la velocidad automovilista, los 
del deporte de la velocidad itineraria mecanica, los coleccionistas de kilome- 
tros — «jllevo en este mes cerca de seis mil!» — padecen de topofobia, o 
sea horror al lugar, a los lugares todos, y no topofilia o amor al lugar. No 
es que vayan tras del lugar a que se dirigen sino que huyen de aquel en 
que estan, huyen de todas partes, huyen del espacio y quieren salirse de 
el. Como aquel que vive no corriendo hacia la muerte, sino escapando 
del nacimiento. Y no volvamos a ponernos tristes. 

(Y en un auto, cuando vamos, sea a 70 kilometros por hora, lo que se 
nos acerca se nos acerque a la misma velocidad a que se nos aleja lo que 
se nos aleje? jDe ningiin modo! Porque lo que se nos acerca acabara por 
llegar a nosotros — o mejor nosotros a ello — y no acercarsenos ya sino 
empezar a alejarsenos y lo que se 
nos aleja seguira siempre alejando- 
senos. Y asi en un auto conviene 

ir de espaldas a la direccion de 
su movimiento, mirando hacia 
atras y viendo alejarse los 
horizontes. Porque es cosa 
terrible ver que cruza y 
pasa lo que se nos ve- 
nia acercando. Con- 
viene dejarse lle- 
var mirando al 




que no cambia! Uno 



pasado, de cara al recuerdo y de 
espaldas a la esperanza y no al 
reves. Y tener, por si acaso, en 
el fondo del auto un espejo en 
que se vea lo que va a venir. jSi 
lo pudiese uno tener asi en la 
vida! 

jAh, lo que me ha de ocurrir 
dentro de veinte afios, si es que 
llego a vivir veinte afios mas de 
vida sobre esta tierra de Adan 
y Eva, me esta mas cerca. mu- 
cho mas cerca que lo que hace 
veinte afios vivi en ella! Y en 
cuanto al espejo. . . 

En el fondo del auto de mi 
vida de peregrino en el mundo 
puse un espejo. pero es un es- 
pejo de tal modo empanado por 
el polvo del camino y por otras 
causas que no se refleja en el 
nada claro y si solo resplando- 
res u oscuridades. Solo se ve en 
61 si se acerca el ocaso o el alba, 
si va a ponerse o si va a salir 
el sol. 

jY las cosas que pasan! O me- 
jor. jy nosotros que pasamos! 
Se dice que viajando en auto 
y muy de prisa no se da uno 
cuenta del paisaje que recorre, 
pero creemos que es como me- 
jor se da uno cuenta de 6\. Es 
un paisaje de cine; es un pai- 
saje en funcion de tiempo. Es 
un paisaje que se hurta a la 
expresion artistica de la pintu- 
ra. que es un arte estatico; es 
un paisaje dinamico. La linea 
vibra. 

jQue descanso dejarse llevar, 
espalda a lo que viene, por una 
llanura, por una pampa. y con- 
templar la quietud de la linea 
ha de llegar a creer que se esta 




del horizont 
quieto. 

Estas cavilaciones un poco liigubres y mas que melancolicas no se 
me habrian ocurrido, lector amigo, hace veinte afios, cuando tenia treinta 
y siete de edad, pero no puedo impedir que se me ocurran ahora. Aquella 
frase tan vulgar, aquel tan sobado lugar comun de: ejeomo se va el 
tiempo!" no llega a tener valor mas que a cierta edad. Y esta cierta 
edad es una edad incierta y... melancolica. Y si no lo sabeis bien, no 
teneis sino preguntarselo a una sefiora de esas que se dice que son «de 
cierta edad>>. 

Una excursion en automovil, os lo aseguro, para un hombre de cierta 
edad es una leccion de filosofia de ponerse triste. Porque dicen que hay 

filosofia de ponerse alegre. Y la me- 
jor es la que se siente — porque la 
filosofia se siente y no solo se pien- 
sa — despues de haber dormido 
sin sonar y a pierna suelta du- 
rante diez o doce horas se- 
guidas. jY esto si que es ve- 
locidad! jRecorrer en un 
suefio diez horas! Mas 
de esto otra vez. 



"MIGUEL DE FNL-^MUIMO 



ILUSTRACIONES 
DE M A C A Y A. 





SANGfVEyAKENA 




RENA DE RiO, ARENA DE 
MAR, ARENA DE PARAMO, 
DORADA O PLOMIZA, QUE 
ATENUE LOS GOLPES, QUE 
FACILITE LA LUCHA, QUE 
SIRVA DE ESPONJA A LA 
SANGRE. UN DESIERTO CHI- 
CO Y CIRCULAR RODEADO 
POR VALLAS DE MADERA, 
DE PIEDRA Y DE HOMBRES. Y ALLl, DURANTE 
SOLEADAS Y FESTIVAS TARDES VERANIEGAS LA 
ASTUCIA CRUEL HUMANA BUSCA UN PLACER 
HACIENDO LIDIAR LA RAZON Y EL INSTINTO, 
UNA RAZ6N EN PROCURA DE FAMA Y DINERO, 
UN INSTINTO QUE SE DEFIENDE RABIOSO. 

EL PUEBLO SE HA VESTIDO DE FIESTA, Y 
SOBRE LAS GRADAS Y EN LOS PALCOS BRI- 
LLA A LA FUERTE LUZ, POLICROMO, AZOGADO, 
CHILL6N SOBRE TODO EN LOS SITIOS DONDE 
RELAMPAGUEAN LOS ABANICOS POR ENCIMA DE 
LOS MANTONES ORIENTALES Y LAS MANTILLAS. 

ESTALLAN LA MUSICA Y LOS APLAUSOS. ES 
QUE SALEN A LA ARENA LAS CUADRILLAS 
MARCHANDO CASI SOLEMNEMENTE. DESPUES, 
MILES DE OJOS CONCENTRADOS SOBRE UN 
PUNTO EN ESPERA DE UN ENEMIGO 
COMUN: EL TORO. HAY UN MOMENTO 
DE MIEDO EN TODA LA PLAZA: 
ES QUE EL HOMBRE SE HACE 
SOLIDARIO DEL HOMBRE 



A LA PROXIMIDAD DEL PELIGRO; Y EL PE- 
LIGRO ANTIHUMANO HALLASE ALLl, EN EL PO- 
DER ENORME QUE EL TORO POSEE COMO UNA 
FUERZA VIVA Y PUJANTE DE LA NATURALEZA. 

LA ASTUCIA CRUEL HUMANA SE RfE DEL PE- 
LIGRO PROPIO Y AJENO, PORQUE TIENE 
UNA ADULADORA SEGURIDAD DE TRIUNFO. EL 
TORO ES EL ENEMIGO COMUN, UN ENEMIGO 
A QUIEN NADIE ODIA; POR EL CONTRARIO, 
ALABASE SU BRAVURA Y SU HERMOSA PLANTA. 

PORQUE EN LOS TOROS HABRA TODO LO QUE 
EL ENEMIGO DE LA RAZA QUIERA; PERO 
EXISTE UN SENTIMIENTO DE JUSTICIA PRIMI- 
TIVA. EL HOMBRE LUCHA CON UN PODER SU- 
PERIOR, CON UN TERRIBLE ARIETE, CON UNA 
MAQUINA BIEN CONSTRUlDA PARA EL COMBA- 
TE, Y SOLO LA DESTREZA, LA SUERTE Y LA 
TEMERIDAD DEBEN SACARLE VICTORIOSO. LA 
GUERRA ES EL LEGADO PREHISTORICO DE LA 
HUMANIDAD QUE SE DEFENDlQ CONTRA Si 
MISMA: LAS CORRIDAS DE TOROS, UNA CAZA OR- 
DENADA QUE VIVE EN EL RECUERDO DE AQUE- 
LLAS ATROPELLADAS DEL TORO SALVAJE. HAY 
COSAS INSTINTIVAS QUE EXISTEN POR ENCIMA 
DE LA INTELIGENCIA Y DE LA BONDAD. 

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ARENA DE PARAMO, DORADA 
O PLOMIZA. CIMIENTO DE 
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SECCION ARTIST I CA 

ALONSO (Juan). 

Mitre (pastel). Reproduction en tricromia... 63 

La alegria de vivir (ilustracidn) 66 

|Es tu miradita!... (ilustracion) 66 

ALVAREZ (Eduardo). 

Como el homero (ilustraci6n) 57 

iQue sera lo que me has dado! (ilustracion). . 58 

El amor tirano (ilustracion) 59 

El novillo (ilustracion) 61 

Como una espina clavada (ilustracidn) 61 

Manchadita (ilustraci6n) 62 

La casa del mar (ilustracion).... 64 

De la inspiracidn (ilustracion) 65 

iMira que te necesito! (ilustracion) 65 

La casa de la muerte (ilustracion) 66 

Andando (ilustraci6n) 67 

ANONIMO 

Retrato del general San Martin (61eo). Re- 
produccidn en tricromia 61 

BALD1SSEROTTC (Roberto). 

El condor de bronce (foto) 57 

Sueno de una tarde de verano (fotos) 59 

Teatro Cervantes (fotos) 65 

Asilo Maria Jauregui de Pradere (fotos) 66 

La iglesia de San Migusl (fotos) 67 

BHANKE (Wilhehn). 
Los fariseos (dleo). Reproduccidn en cuatro 
colores 57 

BARBUDO. 

Cabeza de viejo (oleo). Reproducci6n en cua- 
tro colores 60 

BESNARD (Albert). 

A l'opera (oleo). Reproduccion en tricromia. 66 

CARRACCI (Anjbal). 
Ecce homo (oleo). Reproduccion en cuatro 
colores 59 

CARCOVA (Ernesto de la). 

Abuelita (oleo). Reproducci6n en tricromia. 65 

CASADO (Jose). 

Ella (oleo). Reproduccidn en tricromia 62 

CHICHARRO (Eduardo). 
Cabeza de niha (61eo). Reproduccion en cua- 
tro colores.. 58 

DENNER (Baltasar). 
Un gentil-hombre (61