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Full text of "Poesías de Andrés Bello"

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COLECCIÓN 



ESCRITORES CASTELLANOS 



LÍRICOS 



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poesías 



ANDRÉS BELLO 



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TIRADAS ESPECIALES 



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ANDRÉS BELLO 

UN ESTUDIO BIOGRÁFICO Y CRÍHCO 

Mcrítopor 

D. MIGUEL ANTONIO CARO 



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PREFACIO 



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MAGISTERIO DE BELLO 



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I alguno se propusiese escribir vidas parale- 
las de europeos y american^js, podría bien com- 
parar á D. Andrís Bello con D. Alberto Lisu. 
Por la religiosidad unida al saber que en am- 
bos resplandecía; por la moderación » hija de la 
benevolencia, virtud de sabios y arma podero- 
sa á la larga, si bien ocasionada, por desgracia, 
á vacilaciones y acomodamientos en el teatro de 
la política; por la variedad y flexibilidad prodi- 

Siosa de nicultades mentales de que estuvieron 
otados el uno y el otro^ matemáucos lo mismo 
que poetas, y tan entendidos en ciencias como en 
letras humanas ; por todos los rasgos, en fin , tan- 
to morales como intelectuales, que caraaerizan 
á un hombre eminente « nos na parecido siem- 
pre que Lista y Bbllo fueron muy semejantes 
entre sí. y, como si dijésemos, almas gemelaa. 

Pero lo que más determina esta seme|anza y pa- 
ridad| es la influencia decisiva que eíercievon por 



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el magisterio, el uno en España* j en América ú. 
otro. tComo maiemitico, como literato, como po* 
« blictsta,— dccfa de Lista, al anunciar su muerte 

en 1848, uno de sus mis a&mados discípulos,— 
tiene rirales que k disputen la palma; como hom- 
I bre de prestigio y de influjo, como autoridad , no 

I los tiene. En este concepto le está reservado un 

I puesto muv alto en la historia de nuestros días, 

ella dirá la parte que corresponde á Lista en el 
mérito de nuestros estadistas y de nuestros escri- 
tores de este sialo, todos ó casi todos formados 
'. por él, y amoloados á sus márimas, á sus opinio- 

, , nes y a su gusto *.» 

; I La propu justa obsenradón ha de aplicarse á 

'f BiLLO. Porque después de haber residido lar» 

\ gosaños en Londres, consagrado mayormente 

al estudio y la macñanta , al pasar á Chile no 
hizo otra cosa que ensancluir la esfera de sus lec- 
ciones: y primero como director de una casa de 
educación, y después como Rector de la Universi* 
dad de Santiago, cargo que desempeñó por elec* 
ción y reelecciones sucesivas desde que se fundó 
aquel esublecimiento en 1843 hasta d fin de sus 
días, dirigió los esmdios de la juventud chUe* 
na , basándolos en los sensatos principios tradi- 
i dónales aue en materia de instrucción pública 

' rigen en Inglaterra , no distintos ciertamente de 

1 los que profesaba Lista. 

Oficial majTor de la SecretarCn de Reladones ex- 
' tenores, desde que U^ó á Chile en 1823 hasta 
que se retiró de este empleo con jubilaaón en 
i65a, BtLLO, por sus alus dotes, y como deposi- 
lario de los antecedentes en cada cuestión que se 
presentaba, fué mentor de los Ministros del ra- 
mo en tan largo periodo, y quien^ en realidad de 
verdad, dirigió allí los n^odos mtemadonales. 
cLa opinión pública reconoce unánime los méri- 
tos oontraldospor BiuLoen csu departamento de 



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veía asistir devotamente todos los días, no por 
eso renunciaba á sus hábitos de enseñanza , y en 
la sala de su casa particular reun(á, como Rector, 
el Consejo universiurio, y allí mismo daba leccio- 
nes de humanidades y derecho; pero desembara* 
zado de todo encadenamiento riguroso en las ex- 
plicaciones, de tal suerte que si leyendo Código 
dvil se ofrecía, á propósito de rentas vitalicias ú 
otro punto análogo, alguna cuestión de cálculo, 
el autor del Tratado de Cosmografía hacía que 
uno de los alumnos saliese á resolver en la pizarra 
el problema del caso: y de ahí, despertándose 
unas á otras v fecundándose las ideas^ pasaba á 
¡ ilustrar, por las costumbres ó la historia, el espí- 

I rim de las leyes, ó bien analizaba su letra^ con 

; minuciosa exactitud, á la luz de la ((ramáuca ó 

i la hermenéutica. Para aauellos dos insignes va- 

rones era la enseñanza a modo de amena con- 
versación, que se complacían en entretener y 

' prolongar con la juventud estudiosa. 

j En Chile dos aue no fueron discípulos de 

BiLLO. han sido discípulos de sus discípulos, ó 
aprenoieron en sus textos los rudimentos de la 
aenda. Los alumnos de este patriarca del estu- 
dio han llegado así á formar una especie de tribu, 
compuesta de alanos hijos, muchos nietos y 
' f numerosísimos biznietos'.! 

!,l No obstante la fidelidad con que en algunos 

!• de nuestros Esudos Colombianos se ha seguido 

> I en materia de legislación, salvo algunos puntos 

capitales, la norma de lo)» Códigos chilenos, y á 

, fákT de que sus Principi ; de derecho interna' 

cionai seo el texto más de •rdinarío adoptado en 

! M nuestros colegios, para la espectiva asignatura, 

por fuerza se ha de confesar que, en lo político, no 
na logrado Bolo en Colombia, ni con mucho^ la 
influencia' que por dicha ejerció en la naaón 
chilena. No así en lo Uterario. En eata parte 



* AwHÁnauíxéhnctoái, p%. lo>« 



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Bello ha sido maestro más respetado tal vez, y 
por lo ipenos mejor interpretado y más fielmente 
seguido en Colombia que en Chile. Las edicio- 
nes de su Gramática j de su Ortología y Mí-tri" 
ea se repiten y propagan de continuo; la doctrina 
de estos textos se estudia con afán, la comentan 
algunos, la consultan muchos, y, conocida, ásus 
cánones se someten todos de buen grado. 

En suma: así chilenos como colombianos, y 
con nosotros no pocos ciudadanos de otras repú- 
blicas de la América Española , va por un título, 
ya por otro,.estamos acostumbrados á acaur á Be- 
llo como á maestro por excelencia. 

Mas este patriarca de nuestras letras y ciencias . 
también es generalmente considerado en la Amé-^s^] 
rica Meridional como príncipe de nuestros poetas *^ 

líricos, gloria que la naturaleza, en la dístribu-^«i 

1:¡ón de sus dones, rara vez dispensa al más cru-^ 
dito, y no siempre concede al más sabio. Y no 
que se señale nuestro autor por la fecundidad de 
su vena, ni por la profundidad de sus concepcio- 
nes; no que sorprenda por el ímpetu de sus arran- 
ques ni por la alteza de sus vuelos. Las poesías 
originales se cuentan con los dedos. En esponta- 
neidad, vigor y fócil abundancia, otros le su- 
peran y oscurecen. Peco hay ¿n Ja. poesía de 
Bello cierto aspecto de serena majesud, solem- 

I ne y suave melancolía," y una como aureola ce- 
leste , y ostenta él más que nadie pureza y cor • 
rección sin sequedad , decQro sin afectación, orna* 
to sin exceso, elegancia y propiedad juntas, niti- 
dez de expresión, ritmo exquisito: las más altas 

. y preciadas dotes de elocución y estilo. Es Bello, 
en poesía, incomparable artista, y la perfección 
es la nota que mejor le cuadra. 

Diríase que por lo mismo que estas condiciones 
escasean en la América Española, es natural 
echarlas menos, y de aquí apreciarlas en lo que 
valen ; pero ciertamente que no estimamos bien 
las cosas de que carecemos sólo por la ausencia 



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.' de ellas, sino cuando sentimos la necesidad de po- 

! ' seerlas y tenemos plenas facultades para eozarlas; 

e)r lo cual el aprecio que siempre se ha necho de 
ELLO en Venezuela y Colombia, colocándole en 
lugar preeminente entre los escritores americanos, 
acredita el instinto artístico y sentimiento de la 
belleza que reina en estas regiones, donde ya des- 
de la conquista hubo poetas que enseñaron , y á 
modo de tradición legaron el culto de las Musas. 

' ¡ En cuanto á otros países americanos donde el 

gusto poético^ ó no brota, ó fácilmente se extra- 

[^ vía, la autondad de Bello, como sabio y publi- 

cista, no fué pequeña parte á robustecer su doc- 
trina j su ejemplo como poeta , contraresundo á 
' ) un mismo tiempo el necio desden de aquellos que 

no quieren otras artes sino las que ofrecen resul- 
tados tangibles y material provecho , y la funesta 
influencia de los que con vano aparato de fisuras 
extravagantes y hueca palabrería, á modo de sa- 
cerdotes de un culto supersticioso, ó vendedores 
de falsas joyas, dañan por oficio á los intereses de 
la verdad y la justicia. 

Al magisterio de Bello, como á todo aposto- 
lado, no fritaron contradicciones y peligros. 
Cuando Bello llegó á Chile, las facciones en que 

I estaba dividida la opinión, andaban empeñadas 

: allí en mortal contienda. El puso sus talentos 

j<^ al servicio del partido conservador ó pelueón^ 

y en i83i fué nombrado Rector del Colegio de 
Santiago. El literato español D. José Joaquín de 
Mora, que con otros emigrados, y juntamente 
con Bello, había residido en Londres, y adherí- 
dose deKle entonces á la causa de la emancipa- 
ción americana, afiliado entre los liberales chue- 
nos, dirigía á la sazón, con el crédito que era de 
esperarse de sus luces y cultura, el Liceo de Chile. 
Litenuia en apariencia, pero política en realidad, 
surgió una viva com|>etencia entre uno y otro 
establecimiento. Principió Mora zahiriendo á los 

fondadores y director del Colegio de Santiago; 

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contestóle Bello censurando algunas piezas doc- 
trinales del regente de estudios del JLiceo^ y de 
aquí aquella controversiai la cual, por la acritud 
que en ella extremaron los contendientes, consti- 
tuyc una excepción en la vida literaria de un 
hombre como Bello, que siempre se distinguió 
por su moderación y cortesía. 

La posteridad imparcial, curiosa espectadora 
de pasadas luchas, tornará á mirar con interés 
el palenque en aue dos ingenios, muy semejantes 
por sus. antecedentes, iguales en fuerzas, ofre- 
cen el espectáculo de un reñido singular combate. 

En tal polémica Mora lleva las simpatías que 
acompañan á los que resultan vencidos por artes 
extrañas , porque, triunfante el partido conserva- 
dor, autor verdadero de la nacionalidad chilena, 
expulsó de la República á Mora. 'Más que de Be- 
llo, quiso vengarse de los chilenos el expulso li- 
terato, en un soneto en que los denigra , citando, 
entre las cosas que le habían mortificado, la 

Lengua csptfiolt vuelta algarabía. 

Bello, que, como Lista, detestaba la irreligión 
y la anarquía, profesando, empero, también como 
Lista ideas liberales y en extremo conciliadoras, 
fué acusado, como director del Colegio de San' 
tiago^ de monárquico y retrógrado , y el denun- 
cio que, si hubiéramos de creer á sus antiguos 
émulos, hizo él en Caracas el año 1810 al capitán 
general E^parán del primer conato de revolución, 
salió entonces á relucir de nuevo. Evocaban este 
recuerdo la envidia y el espíritu de partido, sin 
que en esc punto pudieran los acusadores ser vic- 
toriosamente rebatidos, ni menos condenado el 
reo en el tribunal de la opinión, quedando ei plei- 
to hasta hoy subjudice^^r falta de documentos,' 
y favoreciendo a JBello la máxima cristiana y 
Jurídica que maiylar absolver á la víctima de una 
acusación destituida de pruebas fehacientes. 



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Resalta de nuero en este incidente el parale- 
lismo entre Bbixo y Lista. Encargado este últi- 
mo, ya anciano, en i838 , de la dirección del co- 
legio de San Felipe en Cádiz, fué objeto también 
de análogos tiros de maledicencia , clamando sus 
émulos que no se enseñaban en el establecimiento 
cideas de libertad,! que era cretrógradoy jesuíti- 
co,! no sin fingir temores por c la causa de la in- 
dependencia nacional,* aludiendo á las vacilacio- 
nes y debilidades del poeta sevillano en 1810 *. 

Mas á Bello estaba reservado sostener otra ba- 
talla en que había de decidirse, no la suerte de un 
partido^ sino de la civilización chilena , y en que 
se hubieran emfjenado con todas veras, no sólo 
Lista , sino el mismo Mora y cuantos profesaron 
principios liberales, sin renegar de la cultura in- 
telectual. 

Un género de liberalismo , mxud francés y re- 
volucionario, mitad llanero y feroz, abrió cam- 
Baña contra Bello y sus auxiliares en 184a. Ha- 
ábanse emigrados en Chile algunos argentinos 
de ulento, pero de tendencias selváticas y de ins- 
trucción dencientísima, los cuales, presididos por 
D. Domingo Faustino Sarmiento, y escribiendo 
tn El Mercurio de Valparaíso, denunciaban con 
alarma y vocerío que Bello, como sus enseñan- 
zas, parte estériles y parte perniciosas, estaba per- 
virtiendo el espíritu público; motejaban de t reac- 
ción colonial;! su sistema didácnco, burlábanse 
de los cmodelos literarios;! condenaban el estudio 
del latín, de la gramática castellana, de las huma- 
nidadei ; decretaban el cdivorcio con el pasado^! 
apellidaban clibartad en literamracomo en políti- 
ca,! y aconsejaban á los jóvenes que ese abando- 
nasen á sus propias fuerzas,! sin más regla ni guía 
que la inspiración, tratando así de fundar una es- 
pecie de iínminismo ó espiritismo literario. 

PiMlv Dm/ CAfftea, t. vu« 




poesías 

VNDRÉS BELLO 



UN ESTUDIO BIOGRÁFICO Y OÜTICO 

•Kritopot 
D. MIGUEL ANTONIO CARO 








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qae Sarmieato movió á Bello. En sentido moral 
jT literario , no se equivocaba el indómito argen- 
tino cuando veía en aquel hombre tan modesto, y 
aun tímido» un advenedizo peligroso, un temible 
enemigo de la bravia independencia de la Pampa. 
Sarmiento siguió por algún tiempo haciendo 
disparos» con táctica de guerrillero, contra los 

firamdticos v retóricos, y en 1843 presentó á la 
cuitad de numanidades una Memoria sobre la 
necesidad de esublecer un sistema de beriadera 
ortografía, fundada en la pronunciación. Más 
ancho y apropiado campo á sus ambicionen oíire- 
cía la política, que, después que se abrieron á los 
argenunos las puertas ae la patria , le colmó de 
honores , le condecoró con el título de general, y 
más adelante le elevó á la primera magistratura. 
Bello, entre tanto,apoyado por un gobierno ilus- 
trado, y seguido de un selecto grupo de discípu- 
los, permaneció firme en su campo, como alumno 
de las Musas por vocación. Fúndase la Univer- 
sidad chilena en t8^, es nombrado rector don 
Amdrís Beulo, y el discurso inaugural que pro- 
nuncia resonó en el continente , siendo para él 
wu gloria^ para la civilización un triunfo. 

n. 

BD0C4ClÓlf Y ESTUDIOS DE BELLO. ^ WO% PRIMEROS 

ENSAYOS POirtCOS. 



9 



(178IM81O.) 

No pertenece Bello ciertamente á la fiímilia 
de los precoces. Si le contemplamos, como en la 
presente ocasión nos cumple contemplarle, en de- 
terminado aspecto, como poeu, su carrera fué se- 
gura pero lentísima, sembrada á largu distancias 
3e producciones de mérito desigual, ó ya porque 
sos fiicoltadcs y su misto st desenvolviesen pooo 
á poco coa el estucuo, ó ya porque absorbiesen 



1 r 



XIX 



su actividad calmosas investigaciones de erudi- 
to, ó difíciles negocios de interés público v de ín- 
dole diversa. Una y otra causa explican la esca- 
sez de sus producciones poéticas , comparado el 
número de éstas con la dilatada v de ordinario 
tranquila existencia oue alcanzó el poeta. 

Nació D. Andrés Bello en Caracas el 2g de 
Noviembre de 1781 ^ 

Desde niño mostró grande afición á leer, y en 
edad temprana empezó por apacentarse en las co- 
medias de Calderón, que, con sus ahorros de es* 
colar, compraba por cuadernos, una tras otra. 
Leíalas muchas veces , hasta aprenderse de me- 
moria escenas enteras. Las impresiones que en los 
primeros años recibimos con una como lucidez 
virginal, difícilmente se borran , ^ la manera y 
lenguaje de Calderón quedaron indeleblemente 

grabados en el ánimo de Bello. No que el estilo 
e Belijo tea esencialmente calderoniano ; pero 
algunas veces ofrece con el de Calderón patente 
seiafiianza..4>Qr la. ingeniosidad .y^^ürtificio.. de. la 
expresión , pespuntadas las agudezas goagóricas, 
y aun por las formas métricas, -como-se ve en lar- 

fos jrozos de la traducción át. Olimpia^ de Víctor 
[ugp.. He aquí brevísimas muestras de frase cal- 
deroniáiu tomadas de dicha traducción (1843)1 



-^ 



Eras meteoro ardiente, 
Qpe en una noche profiínda 
Se lleva tras ti lot oj«t 
Cuando por d cido cnisa* 



La detracción en tu 6ma 
Qavó sua gama impuras ; 



< Nod^odeNonembradc 1790, comohandidiosua bió- 
mfea.Tcnanotá la nüa, debidamente certificada, la partida 
de bautismo. Fueron sus podras D. Bartolomé Bello, distingui- 
do abogado dt Caracas, y dofia Ana Lepes, matrona dt singu- 
lar Bwito. 



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£f ttMÍ9 é múNgHás gbtás 
Tu reputación üfimU* 



A la hastnúKU gruta 
De tenebrosa nrganta 
Y de verde cabellera 
Con florecida 



Aunen la Oración por todas (1843)9 acaso don- 
de más moderno parece Bcllo, no faltan reminis- 
cencias del vocabulario de Calderón: 



La Mporou piedra de la tumba 
ProAinda sima, adonde le derrumba 
La turba de lot hombres mUk 



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El autor de La Viña del Señor había dicho: 

hadcndo 

Brotar en cada raía 

Las márgenes de su riea» 

Gcnto i dentó 7 míI 1 mi 

Floras»*** 

La sociedad caraqueña á fines del siglo anterior, 
según el testimonio de Humboldt, que la visito 
por entonces, se distinguía por su alta cultura in- 
telectual. Ya desde esa época , al decir del ilustre 
viajero, aquellos naturales cultivaban la música 
con particular decisión y notable adelanumientOi 
y conocían y estudiaban los modelos de la litera* 
tura francesa ^ de la italiana. Ni faltó á Bcllo el 
trato y compañía de excelentes maestros y de di^ 
nos condiscípulos. Siguió el curso de humani- 
dades y filosofía: en la primera década de este si- 
clo era ya considerado en Caracas como el mejor 
latíno dé la ciudad, y algunas producciones suyas 
le adquirieron desde entonces entre sus conterra- 
oeoa el renombre de poeu. 

Pnaron éatu pocas, y de eDas sólo sabemos que 



XXX 



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se publicase en acuella época su brioso soneto á . 
la victoria de Bailen, improvisado por el autor en 
los momentos en que se festejaba en Caracas el 
glorioso triunfo de Castaños f i8o8|. Han desapa- 
recido las traducciones del libro V de la Eneida 
de Virgilio y de la Zulima de Voltaire, que Beixo 
por aquel mismo tiempo leyó en casa de su amigo, 
paisano y discípulo O. Simón Bolívar, quien, des- 
pués de viajar por Europa, acababa de restituirse 
a su tierra natal, v como perfecto caballero que 
era y amigo del talento y ae la amena literatura, 
obsequiaba á la juventud caraqueña con tertulias 
literarias. 

Otras poesías de las que compuso Bello en 
aquella primera v pacíñca época de su vida , han 
salido á luz al caoo de largos años, después de Ú 
rodar manuscritas, ó de yacer ignoradas entre 
papeles viejos. Tal és, en primer lugar, un ro- 
mance que cita D. Arístides Ro)as , dedicado al 
Samán del Catuche, árbol venerado , de tradicio- 
nales y poéticos recuerdos para Iqs caraqueños, 
salvacfo del hacha del.ieñaaor, y protegido con 
vigilancia cariñosa por el piadoso saceroote don 
José Cecilio Avila , y con este motivo cantado 
años después, como á porfía, por Baralt y por 
J. A..Caicaño *. Árbol hubo de ser éste, dice el 
mismo Sr. Rojas, inolvidable para Bello, por- 
que ásu sombra, antes de 1810, pasó agradaoles 
horas, en paseos á los alrededores de la ciudad, 
con jóvenes de esperanzas, amigos dichosos por 
entonces, inadvertidos del sordo ruido subterrá- 
neo que presagiaba la revolución. A casi todos 
ellos aguardaba fin tráj;ico en el sangriento tor- 
bellino de la guerra de independencia^ más brava 
y asoladora en Venezuela que en ninguna otra 
parte de América. Cuando algunos años después 
volvía Bello 9 desde Londres, sus miradas hada 



^ V. RqiAs: B Mkt É cm i$ tterit^m mm^§mt 



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la patria, sólo divisaba estragos y raíaas, y con 
dolor exclamaba: 



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\ Colombia I ^Qsié montafta , qué ribera , 
Qué playa nibospita] , donde antes lólo 
Por Á (uror le vid de la pantera 

del ciimáD , el luelo en ungiré tinto; f^J^ 
Cttál selva tan oscura en tu recinto, 
Cuál queda ya tan solitaria cima , « 
Qjie Iwrror no ponga 7 srima , 

De humanas osamentas noy sembrada , 

Peo padnhi del sanguinario instinto 

Que también contra el hombre al hombre anima? 

1 Tu libertad cuan caro 

Compraste! | Cuánta sangre derramada I 
(Cuánta fiunilia en triste desamparo I.... 

Poseemos además la odita al Aniuco, romance 
de estilo horaciano puro, y ^^ °^^' antigua de to- 
das aquellas reliquias poéucas, puesto que la es- 
cribió Bello, según parece , por lósanos de 1798, 
si bien no llegó a publicarse hasu 1870 (en la co- 
lección ordenada por los Sres. Rojas , hermanos, 
de Caracas]; la traducción de la oda de Horacio 
O tunñs referente versión que, por la forma mé- 
trica, por la asonancia adoptada y el apacible 
giro rítmico ', es al mismo tiempo evidente imi- 
tac^ de la primera barquilla de Lope (diéronla 



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Se trüB de Otra coen distinta , 

Kd adert» fitMOO j 
km: 



de Lepe que k sirvió de modelo, cita 
cstMM c ua tro deUcadea heiitasilaboa : 

Pasaron ya los tiempos 
Cusndff lamiendo rasas 
BcéflrobuUia 
Y suspiraba aremos. 

la imagen es Mmclsnte» é 
taertoede k ' 




|Ab] vaehu, que ate es tiempo 1 
Mientras el mor ks 
Dekribenhakp 
les oks. 



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á luz los hermanos Amunátegui en 1861 , Juicio 
criticOypÁg. 160): y, ñnalmente, una imitación 
de la Égloga Ilae Virgilio , con bien traídas in- 
terpolaciones de las Églogas VIII y X, en ele- 
Kntes octavas y que por pnmera vez salen hoy á 
E al frente de esta colección *. í'^ 

Revelan estas muestras cuan bien se había asi- a l 
milado_..BELLO el espíritu de los poetas clásicos ^Jíi ^ 
latÍQQs7y cífán'de cerca seguía las pisadas de los 1 J¿ 
yersiñcaaores castellanos del siglo de oro. No Mí^^f^í 
nos es dado decir lo propio de un poema á que ^¡Tjij^ 
muchas veces han aludido los apasionados de ^* ^ * ^ 
Bello con no pequeño sentimiento de su pérdi- 
da , pues era de imaginar oue fuese composición 
de gran valía. Hase descuoierto recientemente. 

{>ara desengaño de cuantos lo lean ; lo tenemos a 
avista manuscrito, y lleva este encabezamiento: 
ff Poema en acción de gracias al Rey de las Espa- 
ñas por la propagación de la vacuna en sus do- 
mimos, dedicado al Sr. D. Manuel de Guevara 
Vasconcelos, Presidente, Gobernador y Capitán 
general de las Provincias de Venezuela. Por don 
Andrés Bello, oñcial segundo de la Secreuría de I 

Gobierno y Capiunía general de Caracas, t Es un 
monótono romance endecasílabo, de cerca de tres- 
cientos versos, con el cual corre adjunto otro 
poema del mismo autor, v al propio asunto, es- 
crito también en linguido estilo , en romance 
endecasílabo v endechas reales; intitúlase Vené^ 
fuela consolaia^ y en él físuran, como personas 
dramáticas, Venezuela, cl Tiempo y Neptuno, 
con coros de Tritones, «p*^ 

La dedicatoria del primer poema al Capitán 
general era muy justo y de parte de Bcllo debi- 

* GracMf 4 la finen dd Sr. D. Antonio Leocadio Guarnan, 
^oe de ttt rico archivo, para nao dd autor de ecte prdkMM, auto- 
na&ndole 4 publicarla, mediando buenoe olidoe del Sr. D. Siman 
B. O'Lcary, ha permitido aacar oepia de b mirioneda tro» 



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do homenaje de gratitud á un ¡efe que le había 
protegido, y de hecho le £ivorec(a, llamándole 
» primero á servir la plaxa de oficial segundo de la 

Secreuríá de Gobierno, obteniendo para él^ de- 
seoso de distinguirle I el título de Comisano de 
Guerrai y, finalmente, queriendo llevarle consigo 
á España , con ánimo de proporcionarle en la 
jjl, corte colocación correspondiente á su mérito. 

Pudo fácilmente suceder que Cervantes se hubiese 
establecido en América, si hubiera obtenido uno 
de los empleos que solicitó como va^uintes en 
Sanu Fe de Bogotá y en La Paz, y nuestro Be- 
LLO, á su ves , estaba en vía de pasar á España, 



t ! donde otro horizonte, otros destinos le hubieran 



aguardado, cuando la muerte de su protector 
Guevara Vasconcelos en 1800, antes que la re- 
volución estallase, desbarato tales proyectos y 

) ^, esperanzas. Dis aíiter visum. 

Comparados los sus«dich«s Memas con la cé- 
lebre silva aue también para celebrar la introduc- 
ción de la Vacuna en América y en honor del 

^-; Jefeule la expedición Balmis , compusa Quintana 

en 1808, ; qué señalado contraste- no resulta del 
cote|o? ^No es curioso ver cómo de una misma 
ocasión toman pié el español para tirar U)os y 
reveses á las sombras de los Conquistadores , y A 
americano para extremar expresiones de grautud 
por los beneficios recibidos, á los monarcas de 
Castilla, y en especial al Cuarto Carlota y á su 
' i flunistro de desgraciada memoria? 



iSI.CtfletBicnhMborl Ét ts ct ti nooibra 
Cm qiM há de c í onoc cf t t el onivcno; 
D que ti da Caneat 1 7 ti qut un día 
SiflcionÉf áa la humanínid y ri tianipo. 
De mcstro Ubie acéptalo gualMO 
Coa la oipfoüéa uouiíno que ha 
Ato panana j 4 laougiista Lniía 
Doomafc,dcanary 



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dos, con las señas j noticias que en vida y á sa- 
biendas de Bbllo corrian del poema que escribió 
á la Vacuna, dudaríamos que semejantes compo- 
siciones perteneciesen al felix imitador de Hora- 
cio y Vii^ilio. Ni se comprende cómo aquel que 
en anteriores ensayos se ostentó alumno avenu- 
)ado de la escuela itálico-española del siglo xvx, 
no sin alguna afición, si bien dentro de términos 
i ' prudentes, á los aliños y conceptuosa frase de los 

escritores del siglo xvn^ aparece de pronto en- 
Tuelto en el pesado y trivial prosaísmo del xviii, 
escribiendo versos aignos de cualquiera de los 
Irianes. Tal es la docilidad de las íaculudes men- 
tales, cuando la moda deslumbra ó arrebata, y la 
voluntad vencida se inclina á determinada imi- 
I -^ tadón, oue el autor de l^SUva á la Zona Tórrida 

* * y de la Oración por todos pudo , una vez en su 
I f vida, hacer declamación nmada en vez de poe- 
sía, sin invocar á las Musas, y como mero cOfí- 
cial segundo de una Secretaría de Gobierno, t 

Nos nemos detenido en dar noticia de los pri- 

* • meros ensayos literarios de Bello , precisamente 

porque' son ó poco ó nada conocidos, y es intere- 
sante estudiarlas misteriosas cabeceras de grande 
y y poderoso río. 

Corresponden estos ensayos á la época prime- 
ra de la vida de Bello, de las tres en que, hasta 

* con límite geográfico, está dividida, llevando cada 
! ' ' una de ellas su particular distintivo, ya contem- 
I piemos á Bello en su vida íntima, ya como sabio 

y como poeta. Es el primero de estos tres períodos 
el de su educación y estudios en Caracas, donde 
dejó, dejándola, madre, hermanos y amigos de 
inaiida y adolescencia ; el segundo , el de su no 
corta permanencia en Londres, donde casó y na- 
cieron sos hijos mayores; data el tercero de su lle- 
gada á k capital de Chile* 

Qérraae el primer período en Junio de 1810, 
cuando Bello salió de Caracas en compañía de 
loe Plenipoitnciarioa Bolívar y Lopes Méndes, 



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y como miembro Secretario de la ComistóD di- 
plomátíca que diputó , cerca del Gabinete britá» 
nico. la Junta GubematÍTay que de reanlcu de la 
reyoíución se estableció entonces en Caracas, 
orgaaixada» como otras de su clase» en la misma 
época sobre las bases de reconocimiento de Feí^ 
nando Vil y eierctcio, por delegación , de la so- 
beranía: poaer hipotético y precario, por donde, 
complicándose los sucesos y trasformándose las 
opiniones, pasaron los americanos de la adhe- 
sión, sincera en muchos, á la Corona de Castilla, 
á la proclamación de la independencia absoluta. 
Por primera vea y para siempre dejaba Baixo su 
suelo nativo, y en los postreros años de su vida 
todavía tenia presente la última mirada que dio á 
Caracas desde el camino de la Guaira. < ¡Quién 
me hubiera dicho escribía ai recordarla— que 
aquella mirada era en efecto la última'! » 

I dicho sea , y permítasenos consignarlo aquí, 
en honor de la verdad y la justicia: cuando Bnxo 
salió de Veneauela era ya un hombre completiH 
mente formado, y el curso ulterior de su vida, y 
las obras que después hicieron famoso su nombre, 
fueron progresiva continuación y naturales saai^ 
nados trutos de aquella educación colonial que 
recibió en Caracas. 

Y es en vano que los Sres. Amunáteguis, con 
exageración oue produce resuludos contrarios á 
la intención de los panegiristas, clonándose por 
mostrar á Eillo como hombre superior en todo á 
su tiempo, y que todo lo debió á sí mismo, nos ha- 
blen de la € crasa ignorancia » que c se oponía en 
América al desenvolvimiento de las letras ; » que 
éstas cen Veneauela como en las demás colonias, 
habían sido completamente desdeñadas;» que 
tíos monarcas de Castilla habían traudo, por si»- 
temai de contener ksvueloa de la intrligcncia en 



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sus establecimientos de Ultramar *. • Estos aser* 
t0S| eD la forma escueta ea que se ven esumpa- 
dos, no pueden correr sin tropexar con pala- 
bras j hechos de Bxllo que los desmienten , y 
aun con otros datos contradictorios <^ue los mis- 
mos escritores suministran en la biografía de 
nuestro poeta. 

c Primero el suelo nativo que nada , i decía con 
ingenua j habitual elocuencia Bolívar, el ilus- 
tre conterráneo de Bello: tél ha formado con sus 
elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra 
cosa que la herencia de nuestro pobre país ; allí 
se encuentran los testigos de nuestro nacimiento, 
los creadores de nuestra existencia, v los que nos 
dieron alr:ia por la educación.... Allí fué el tea- 
tro de nuestra inocencia, de nuestros primeros 
amores, de nuestras primeras sensaciones y de 
cuanto nos ha formado. ¡Qué títulos más sagra- 
dos al amor y á la consagración *!t 

De estos sentimientos participaba Bxllo. cCon- 
duyo rogando á V , escribía en 4 de Mayo de 
1829^ á Fíernándex-Madrid desde la bahía de Río 
Janeiro, en vía para ChUe ; concluyo rogando á 
V. se interese por mi buen nombre en Colom- 
bia, dando á conocer la urgencia absoluta que 
me obligó á tomar la casi desesperada determU 
nadóm de embarcarme para Valparaíso.! En 
Chile con la generosa hospitalidad^ue se le dis- 
pensó y la noble protección de un Gobierno ilus 
trmdo, halló Bxllo merecido y comprobado el 
elogio que á aquella nación deídicó él'mismo en 
91 Alocución Ala poesía: f 

40iB&stiMiiMirén,Muit, lotvaDts 
Oc Chik afertunido qot «nriquconi 
ysuftVMfrvlM 



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* AM»ÁTiOuis:Biografitc¡tadt, pAg.^o. 

• Ctfli al GtMnl SmIí Crui. 



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Do U tnocenda y d candor in^uo, 
Y b hospiulidad del mundo antiguo 
Con el valor 7 el patriotítmo habitan? 

Mas ni las sagradas obligaciones de la gratítud, 
ni la larga residencia en extraña tierra , habían 
de borrar del corazón de Bello los recuerdos del 
suelo nadvo ; y habiendo mudado de cielo más 
bien que de patria , exclamaba: 

Naturaleu da una madre aola 
Y da una lola patria.... En vano, en vano 
Se adopta nueva tierra : no te enrola 
El ooraiiSn más de una vei. La mano 

Aienos estandartes enarbola.... ^ C yV\/ tV 

Te llama eitraAa gente ciudadano.,.. M ^ ^^ r r 

IQm^ importal No prescriben los derechos 
Del patrio nido en los humanos pechos *• 

Para poner en su punto la «crasa ignorancia» 
en que antes de 1810 estaba sumida Venezuela 
(como las demás colonias), basta saber aue Bb* 
LLo; al llegar á Chile en iSao, aun cuando reco- 
nocía las ventajas del país , la c verdadera libei^ 
tad t que en él reinaba, y el deseo c^ue manifestaba 
la juventud de instruirse , no podía dejar de echar 
menos caigo de la civilización intelectual de Ca- 
racas en la época dichosa que precedió á la revo- 
lución *.• Y no sólo en correspondencia privada, 
sino por la prensa, y con mavor ó menor desemba 
razo , hacía Bello justicia á su época , cuando los 
negros cuadros que los escritores americanos, y 
mayormente los chilenos (con menos injusticia 
éstos, por el relativo atraso en que se hallaba acue- 
lla colonia, si ya no extendiesen sus censuras a las 
demáscolonias), suelen trazar de nuestro eaftado 
social antes de i8i<^ daban ocasión á que el hijo 

* El Cmiip9, finapnento de un poema inédito. 

* Carta autóf^ 4 Ftniiiidc»4ilbdríd, dt Santiago j 99 df 

Agosto de 1829. 



Wi 



de aquella época se desahogase en protestas del 
tenor siguiente : 

ff Sentimos mucha repugnancia para convenir 
en que el pueblo de Chile, y lo mismo decimos de 
los otros pueblos americanos^ se hallase tan ]pr(^ 
fundamente envUeciáo^ reducido á una un cont" 
pieta anonadación , tan destituido de toda virtud 
social como supone el Sr. Lastarria. La revolu- 
ción hlspano-americana contradice sus asertos. 
Jamás un pueblo profundamente envilecido fué 
capaz de ejecutar los grandes hechos que ilustran 
las campanas de los patriotas. El que observe con 
0)os filosóficos la historia de nuestra lucha con 
la metrópoli, reconocerá sin dificultad aue lo que 
nos ha hecho prevalecer en ella es cabalmente el 
elemento ibérico, i 

Y por lo que hace á la parte intelectual y cien- 
tífica, Bello mismo era vivo testimonio de que la 
educación que se recibía á fines de la anterior 
centuria en centros coloniales tan imporuntes 
como Caracas, Méjico ó Sanu Fe, no adolecía 
de la nulidad que la declamación patriotera suele 
achacarle ; y la historia, como el buen sentido, 
han de reconocer que los insignes literatos y sa- 
bios como Roscio ó Sanz, como Caldas, como 
Duquesne, que brillaron como estrellas matuti- 
nas del siglo en estas regiones, no brotaron de 
. pronto, con lux propia^ de un abismo de tinieblas. 

Según datos esudisticos ciudos por el señor 
D. Aríttides Rojas, el año de 1794, cuando 
BiLLo tenía doce ó trece años, se introdujeron en 
Caracas por el comercio de libros ochenta cajas 
de ésu que» según los biógrafos de Bello, era 
fvedada mercancíaa para los americanos. /Qué 
más? Los mismos biógrafos confiesan que D. Luís 
Ustáris, coetáneo de Bello, era Mecenas de la 
inventad de Caracas, su casa un templo de las 
Musas; que en ella se leían y se juxgaban los es- 
critores peninsulares ^ y guardaban como en un 
archivo las eompotiaones indígenas, de las cua- 



les existía una colección completa, que por des- 
gracia hubo de perderse , conaenada á las llamas 
por los realistas vencedores en 1812 *. 

Por donde se ve ^ue no fué Bello un fenóme- 
no solidario, sino digno y distinguidísimo miem- 
bro de la juventud caraqueña, a fínes de la pasa- 
da centuria y á^principios de la presente. En los 
estudios que hizo en Caracas hallamos el germen 
fecundo de sus posteriores lucubraciones. Me- 
ditando sobre la teoría del verbo de Condillac, v . 
esforzándose en vano por acomodarla al español, ^ 
concibió la ingeniosa nomenclatura que desen- 
volvió en su Análisis ideológica de la conjuga'' 
ción castellana^ compue%lA antes de 18 10, aunque 
no publicada sino muchos años después (Valpa- 
raíso 1841), y esta obra, no menos que las obser- 
vaciones por él recogidas en su continua lectura 
de libros españoles (de las cuales dio también 
otra muestra en Caracas en una disertación sobre 
los diversos usos del relativo que) , sirvieron de 
base á su Gramática castellana , que tras largos 
años de labor dio á luz en 1847. ^^ mismo que, 
alistado después en la escuela espiritualista de 
Cousin , y siguiendo con reservas en ciertos pun- 
tos metafisicos á BerkeleVi compuso un notable 
libro de filosofía, no habría adelantado á ese extre • 4 
mo sus investigaciones psicológicas sin el previo >mU- 
ejercicio y severa disciplina del curso de ñlosoffa ^^^^^ 
que siguió en Caracas, durante tres años^ en len* 
gua latina, y sin el ensanche, que ya afiaonado á 
este ramo del saber dio en linaje ae investigacio- 
nes en la propia ciudad, traduciendo y comen- 
tando á Locke. En suma: en los estudios que 

• 

* Lo qut pudo snoodcr , eomo oeontidó en Santa Fo de 
BogoU, filé que , al aoereane leo eipedidonaríoo , loa patriotas 
quemaicn am distinciéa cuantos papeles tenían que pudiesen 
com p romet e rloo. Por lo demia, n se ha víate que en Caracas 
ae han dcacubterte poesiao de muo que antes ao cr ej eio n 
destruidas. 



II 



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hixo en Caracas encontró Bxllo la clave de ad- 

3uirír nueros conocimientos. Un buen método 
e enseñanza no tanto se propone comunicar mu- 
cha ciencia al estudiante, cuanto dar á su enten- 
dimiento poderoso impulso y rumbo cierto. 

Demás de esto, cuando la Junta Gubernativa 
de Caracas en 1810 nombró á Bello miembro 
de la Comisión diplomática acreditada ante el 
Gobierno Británico, tuvo en cuenta la compe- 
tencia que había adquirido O. Andrés en asun« 
tos administrativos y políticos, como emplea- 
do de la Secretaria ae Gobierno. Las complica- 
ciones de la política española antes de 1810 se 
hacían sentir en Venezuela^ á sus costas arriba- 
ban naves inglesas; casos difíciles de competen- 
cia se suscitaban, en que tenía que entender el 
capitán general; y con este motivo D . Andrés 
BsLLO, cuyos dictámenes^ tenidos en mucho, se 
consultaban siempre, se dió desde entonces al es- 
tudio de las prácQcas internacionales. Con tales 
antecedentes pasó á servir la Secretaría de la Le- 

Sción Colombiana, y de la Chilena en Londres; 
sempeñó más tarde el cargo de oñcial mayor 
de la becretaríade Relaciones Exteriores, en Chi- 
le; y resultado de su dilatada experiencia fué su 
obra de derecho de gentes, que tan alto puesto y 
merecida autoridad le adquirió como publicista. 

No diremos que hizo Bello su carrera por ri- 
gurosa escala; pero sí añrmamos que en su vida 
política y literaria no anduvo asaltos, como otros 
a quienes agitó el temporal revolucionario, sino 
con pasos medidos y consecuentes. 

Ni se amengua en nada la gloria de un hom- 
bre eminente cuando decimos que sus estudios 
fiíeron buenos y sólidos y que de su educación 

grímera partió el movimiento progresivo de las 
lealtades mentales. Sólo Adán safio de una ves, 
de las manos creadoras, en el pleno goce de todas 
las ftcoltadcs humanas, sabio y perfecto. 



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III. 



RESIDENCIA DE BELLO EN LO^IDRES ^-SUS TRABAJOS 
LITERARIOS EN AQUELLA ¿POCA (181O-1828). 

No es ocasión de referir aquí la parte ^ue tocó 
á Bello en las conferencias de la Comisión di- 

{>lomática venezolana con el Marqués de Wdles* 
ey. Resultado inmediato y cual se esperaba, no 
tuvieron, y mientras Bolívar, que habla recibido 
educación en España, contemplándose fuera de 
su teatro volvía a América impaciente por reali- 
zar sus vastos designios, Bello, educado en Ca- 
racas, con más valor, por sus hábitos é inclina- 
ciones, para desafiar un porvenir oscuro que pa- 
ra lanzarse en una revolución, prefería quedarse 
en Europa. 

Y no pasó mucho tiempo sin que, no diré que- 
mase, sino viese quemadas las naves y roto el 
hilo que le ligaba a la patria: porque con motivo 
de los reveses que padeció al principio la revolu- 
ción en Venezuela, hubo de pasar el secretario 
de la Comisión caraqueña á la condición de me- 
ro y desvalido emigrado. 

Por consejo de Blanco White dedicóse á ense- 
ñar idiomas y literatura: y cúpole la buena suer- 
te de que sir William Hamilton le llamase á dar 
lecciones á sus hijos: acomodo que no hubiera 
conseguido en Inglaterra si ya no fuese un ver- 
dadero scholar^ gracias á que en Caracas había 
estudiado con gran provecho, como queda dicho, 
las humanidades latinas, y á que luego, en los pri- 
meros años de su residencia en Londres, comple* 
tó aquellos conocimientos clásicos estudiando por 
sí mismo las letras griegas. 

Alternativas experimentó de desahogo media- 
no y de escasez eterna, ora ocupado en enseñar, 
ora desempeñando, como suceoió más adelantei 
la Secreurfá de la Legación Chilena unas veces y 

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la de la Colombiana otras. En todas circunstan- 
cias fué el estudio su pasión dominante, y las 
Musas su refuto y consuelo. Visiuba las biolio- 
tecas, era asistente asiduo al Museo Británico; 
1 * por donde se le deparó ocasión de tratar con hom* 

ores letrados y eruditos. Fué uno de ellos Mr. Ja- 
mes Mili, á quien ayudó, entre otras tareas de re- 
dacción, á descifrar y ordenar algunos enigmá- 
ticos manuscritos de Bentham. 
^ • En 1S43, cuando recibía de un Gobierno ilus- 

trado y justo el premio debido á sus fotigas; 
cuando al frente de la Universidad Chilena se 
j veía acatado cpmo el más alto representante de 

la ciencia, y venerado como maestro de la juven- 
tud; cuando la fortuna le sonreía mostrándole 
asegurado el porvenir de su familia, entonces 
volvía los ojos al largo y penoso camino recor- 
rido, y, recordándolas pasadas tribulaciones, en 
lugar de exhalar anejas, consagraba un voto de 
agradecimiento á las letras, sus amables compa- 
ñeras de infortunio. 

Ellas, decía, desarman de la mayor parte de 
sus terrores á las vicisitudes de la fortuna ; ellas 
son, después déla humilde y contenta resignación 
' del alma religiosa, el mejor preparatívo para la 
hora de la desgracia. Y después de citar á Sócra- 
tesyá Lavoisier, á And ^és Chenier^ añadía: <Yo 
mismo, aunque siguiendo de tan lejos á sus ado- 
radores^ yo mismo he podido participar de sus 
beneficios y saborear sus soces. Adornaron de 
celajes alegres la mañana efe mi vida, y conser- 
van todavía algunos matices áehalma, como 
la flor que hermosea las ruinas. Ellas han hecho 
aún mas por mí; me alinuntaron en mi larga pe^ 
regrímaetÓH y encaminaron mis pasos á este sue- 
lo de liberua y de pas....B 

En la segunda década del siglo halláronse 
rcnnidoa en Londres, como emigradosi distin- 
guidos literatos españoles: el ya citado Blanco 
White, Salva, Vfllanucva, PuighUáCt Mora, 



Mendml j otros. Aunque enconados encuestío* 
nes político-religiosas, como víctimas de sus opi- 
niones liberales, ^ guiados generalmente de dañi- 
no espíritu sectano, la perspectiva de un público 
distante, desconocido y heterogéneo como el del 
Nuevo Mundo, al que debían destinarse de ordi- 
nario sus producciones, solía comunicar altura á 
los propósitos de aquellos escritores y serenidad 
á su estilo, al mismo tiempo que la protección de 
algún librero rico y masnfñco aguijoneaba sus 
ingenios. De donde resultaron, como fruto de 
aquel grupo literario, algunas obras originales de 
mérito, no pocas excelentes revistas, y atildadas 
traducciones en gran número; por manera que 
aquel período literario, no de los menos intere- 
santes en la historia literaria de España en el si- 
§lo XIX, ha sido más conocido y de mayor in- 
uencia en la América Española. 
Por el mismo tiempo estuvieron de asiento ó 
de paso en Londres literatos americanos de gran 
cuenta: el mismo Bello, el guatemalteco Irisarrí, 
ministro chileno , García oel Río y Fernández 
Madrid, de Colombia. Con los españoles citados 
trataban y fraternizaban éstos, ya por la semejan- 
za V aun identidad de opiniones políticas , ya 
por las comunes añciones literarias, siendo á unos 
y á otros provechoso sobremanera , literariamen- 
te hablando, este comercio de ideas y sentimien- 
tos con que, por lo demás, cuando todavía las ar- 
mas españolas y americanas se disputaban acá en 
cruda guerra el dominio del Nuevo Mundo, acre- 
ditaban ellos allá cuan poderosos é irresistibles 
son los vínculos de la sanare y de la lengua. 

No de resultas de rívalioad , sino de generosa 
emulación, vino á ocurrírseles á los americanos 
en Londres publicar umbién por separado sus 
periódicos I y hacer ostenucion de sus fuerzas 
como escritores, á imiución de las revistas pu- 
blicadas con tanto brillo y tan buen éxito por los 
peninsulares. A éstos toca, en las revistas de amo- 



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ricanos que ramos á citar, la parte de lauro que 
corresponde al que abre la carrera y anima á otros 
i seguirla. 

Poco conocido es el Censar americano oue 
fundó Irisarrí y en que colaboró Bello por ios 
años de 1820. En el de 23 apareció , redacuda 
principalmente por García del Río (autor dd 
prospecto) y por Bcllo, la Bibiioteea americana^ 
diviaida en tres secciones: Humanidades jr artes 
¡ibera Íes, Ciencias matemáticas jr sus apiicacio- 
nes, Ideáiogia moral é historia, ue esta notabilí- 
sima publicación salió á luz el primer tomo, y sólo 
una entrega del secundo *. 

Con el titulo de Repertorio americano^ continuó 
la misma publicación en 1826-1827, Y ^^ ^^^ s^ 

ganda época salieron á luz cuatro tomos. En con- 
rmación de anteriores observaciones, consigna- 
remos la circunstancia de que la lista de escritores 
americanos de la Biblioteca aparece aumentada 
en ü Repertorio con nombres de españoles, como 
Mendívil v Salva. 

Los artículos de Bello se señalan por lo nu- 
merosos y variados, porque mientras tal colabo- 
rador trataba asuntos literarios, y tal otro mate* 
rías cientíñcas. Bello escribía con igual compe- 
tencia en todas las secciones de la revista. Citare- 
mos aquí únicamente desús escritos de la Biblio* 
teca Y Repertorio, los literarios, y entre estos, sus 
iuicios sobre Cienfuegos, Olmedo v Herediai 
donde cualquiera podra encontrar, velados siem- 
pre por la modestia con que Bello declaraba su 
opinión, las doctrinas del critico en puntos con- 
cernientes á la poesía. < Como preservativos de 
estos y otros victos, dice en el último de los jui- 
cios ctudos, vicios mucho más disculpables en 
•ISr. Heredia que en los escritores que imiu, 



pdbtdtBato; 



asi tslifirut 
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le recomeadamos d estadio, demasiado desaten- 
dido entre nosotros, de los clásicos castellanos j 
de los grandes modelos de la antigüedad. Los 
unos castigarán su dicción ▼ le harán desdeñarse 
dd oropd de voces desusadas; los otros acrisola- 
rán su ffusto y le enseñarán á conservar, aun en 
los arrebatos del estk>, la templanza de imagi* 
nación que no pierde de vista la natundeza, j 
jamás la exagera ni la violenta.! 

Los estudios que publicó Beux> sobre etimolo- 
gías, prosodia y versifícadón, anundan ya d 
versado y diligente filólogo. Entre los de crítica, 
el más interesante y td vez el más profundo es 
el ¡uido relativo á las poesías de Horado, tradu- 
ddas por D. Javier de Burgos [Repertorio m. 93, 
1 1 1). Kevélase allí Bello tan empapado en el es- 
píritu de Horado, como entendiao en los miste- 
rios de su estilo y manera, y enterado de las 
peculiares dificultades de interpretación y de 
construcción que ocurren en el lírico romano; 
abunda en observaciones originales tan útiles 
para entender la poesía latina, como para apren- 
der á traducir en verso. Resume su juicio afir- 
ma ado que el trabajo de Burgos es cuna imper- 
rectísima representación dd original y un exce- 
lente comentario.! 

No contento Bello con haber redondeado sus 
estudios clásicos, dedicóse también al de las len- 
guas romances, de la itdiana mayormente; su- 
Biendo á los oríaenes, buscó en la baja latinidad 
la clave de mucnos hechos lingüísticos; y cuando 
la filología romana no había dcanzado la im- 
portancui y los honores que después le han ca- 
bido en la esfera de los estudios, ya d hacía cu- 
riosos descubrimientos y fijaba puntos dudosos. 

En la segunda entrega de la Biblioteca dio á la 
esumpa dos artículos notables sobre asuntos de 
filología romana: trata el uno cDe la diferencia 
que hay entre las lenguas griega y latina por una 
parte,y las lenguas romanas por otra, en cuanto 




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á los acentos y cuantidades de las sflabas; y del 
plan que debe abrazar un tratado de prosodia 
p¡ara la lengua castellana;! y es el otro una c No- 
ticia de la obra de Sismonai sobre la literatura 
del Mediodía de Europa; refútanse alffunas opi- 
niones del autor en lo concerniente á la de Espa- 
ña; averiguase la antigüedad del poema del Cid; 
si el autor de este poema es el <^ue pretende don 
Rafael Oranes, etc. • G>nt¡nuación de estos ar« 
ticulos son los que másadelante publicó su autor 
sobre el f Origen déla poesfajcaballeresca é in- 
fluencia de la poesía germánica en el romance i 
fE! Crepúsculo^ Sannago, 1844)» y sus Lecciones 
de Ortología X Métrica (i836)p tratado excelente 
lleno de sagaces y curiosas ''observaciones, por 
de^racia tan poco conocidas de los ñlólc^s 
europeos, como lo son en general las obras his- 
pano-amerícanas *• 

Desde iSaS, en el mencionado artículo de la 
Biblioteca^ anticipaba Bello luminosos concep- 
tos acerca del Poema del Cid. Sobre este ann- 
3ufsimo monumento de nuestra lengua empren- 
tó Bello una obra de restauración, con la pa- 
ciencia y escrupulosidad propias de un filólogo 
alemán que sólo á eso se dedicase. Investigó las 
fuentes en que debió de beber el poeu ; trató de 
fijar alonas leyes de la m^ida al parecer anó- 
mala é informe de sus versos; y cotejando el texto 
rimado con la Crónica del Cid, introdujo en él 
lecciones nuevas, Jlenó lagunas, uniformó la or- 
tografía, vanadio muchas notas históricas y cri- 
tios. TraDa jando sobre el texto de Sánchex, no 
conoció Bello el códice que después sirvió de 



«raditD y antíoiario D. AUMo Mord-Fat¡p« en b 
qiM poso á tu cdicMo pdMgraflca de Bl MágjfM 
eoM^pu á fílalo ét aocvit y buiigí vistit «1 triti* 
k BMttfU, úgamM obecrvicioiici wdtit 





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base á la edición paleo^ráfíca de D. Florencio 
Janer f Biblioteca de Rivadeneym, 1854). Con- 
frontando con este texto fidedigno el de Bello, 
aparece que en algunos casos adivinó el restau- 
rador la verdadera lección, alterada ú oscurecida 
en la edición de Sánchez y restablecida por Ja- 
ner ; en otros casos aventuró conjeturas atrevi- 
das y acaso no fundadas, pero siempre inge- 
niosas. 

Fruto de su afición, así al cultivo de la poesía i{^ ^ 
como al estudio de la literatura caballeresca, fué ' 
la traducción que emprendió, en octava rima, del 
Orlando enamorado ^ de Boyardo, reproducido 

r>r Berni. Alcanzó á trasladar catorce cantos, y 
cada uno de ellos, en el mismo género de ver- 
sificación, añadió de su peculio el traductor una 
introducción, en que, apartándose de la gravedad 
^ue siempre mostró en obras originales suyas, y 
siguiendo el estilo arióstico, pero sin las escabro- 
sidades que lo afean, ostenu en el género cómi- 
co-heroico graciosa y urbana naturalidad, sobrio, 
decente y deleitoso gracejo. 

Otro poema de muy diversa índole, Los Jar- 
dines de Delille, fijó también la atención de 
nuestro poeta en la misma época. Un trozo del 
canto I, superiormente versificado, en romance 
endecasílabo (con la particularidad de que de 
cuando en cuando varía de asonancia), se registra 
en el tomo 1 1 del Repertorio (1827). 

En cuanto á poesía original, sólo dos piezas, 
pero largas v magníficas * , publicó Bello en 
Londres: la Alocución á la Poesía^ en dos partes 

Í Biblioteca^ tomo i y entrega inicial del 1 1), que 
levan el subtítulo de Fragmentos de un poe- 
ma inédito intitulado América^ y la Silva á la 
agricultura de la Zona Tórrida^ que sin firma ni 

* Sólo en mák dt te Wictitud bibliográllai puadt ck 
tvM ti soneto ate Atea aotícte dt te mutrtt de Mto Crtfor» 
Londres, iSi^ 



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Otra indicación de autor, lo mismo que la prece^ 
dente, salió á luz en el Repertorio^ bajo el título 

Senénco áeSiiyas americanetí^ y una advertencia 
el tenor siguiente: f A estas silvas pertenecen 
los fragmentos impresos en la Biblioteca ameri- 
cana bajo el título América, El autor pensó re» 
fundirlas todas en un solo poema: convencido de 
la imposibilidad, las publicará bajo su forma prí- 
midva, con algunas correcciones y adiciones. En 
esta primera apenas se hallarán dos ó tres versos 
de aquellos fragmentos.! 

De este aserto y promesa se infiere que Beixo 
tenía en borrador otras silvas del mismo género. 
¿Qué se hicieron? ¿Quedaron en estado embrio- 
nario, ó las destruyó su severo autor juzgándolas 
indignas de ver la luz pública? 

Lo cierto es que nuestro modesto poeta *no te- 
nía confianza en sus producciones, y sin Jiacer 
caso de ellas, las dejaba dormir períodos dos y 
tres veces más largos del aue señalaba Horacio 
para templar la impaciencia de poeus noveles. 
Esu suerte tocó á la Canción á la disolución 
de ColomUa y i la Epístola de un americano á 
aro [Olmedo), compuestas por Billo en Londras 
y publicadas por extrañas manos algunos lustros 
mas adelante. 



IV. 



LAS SILVAS AMUUCANAS. 



La Alocución á la Poesía y la ^iVva á la Agri» 
cultura de la Zona Tórrida^ la primera por largos 
trozos que presenu de noble pensamiento y es- 
merado estuo, la segunda como obra acabada é 
cinoomparable *f en conjunto y pormenores. 



PsLAVo. Prélog* 4 lit poobs dt D* C dil 



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constítuyen, á nuestro juicio, el mejor título de 
Bello como poeta. 

Cuando adelantos progresivos de las ciencias y 
una legislación más penecta hayan oscurecido 
los trabajos á que consagró Bello lo más de su 
existenaa como filólogo y como jurisu, todavía 
vivirá en la posteridad más remou el cantor de 
la zona tórrida. ^i« . 

Es la or ijginalidad nota distintiva de tQdA.obra^& /O 
de arte, pero 'bien entendido que la extravagan- 
cia, que algunos equivocan con acuella cualidad, 
la copia al modo Que las contorsiones del pobre 
payaso remedan los fáciles y naturales movi- 
mientos del atleta. No ha de buscarse, ¡>or tanto, 
la originalidad de las SUvas en peregrinos con- 
ceptos, ni an furiosos arrebatos, ni en chocantes 
novedades de estilo ó de lenguaje. Bello expresa 
nobles pensamientos sin afectación ni esfuerzo, ^ 
en estilo puro y castizo lenguaje; y es oriainal, 
no porque viole reglas ó haga ostentación ae ra- 
rezas, sino porque; puso en sus obras la estampa 
de inaividualidad con que la naturaleza sabe dis- 
tinguir un ejemplar hermoso sin separarlo de la 
familia á que pertenece y en que ha de clasifi- 
carse. 

Compárense las Siiyas americanas con la com* 
posición métrica Al Cóndor de Chile^ de un es* 
crítor argentino^ por otra parte benemérito^ la 
misma de que hizo Bello, en 1848, en graciosa 




mortalidad, y la extravagancia licenciosa, aquella 
que llamó Bello lOrgías de la imaginación, i 
que sólo logra efímero y no envidiable aplauso. 

Lá Alocución A la Poesta^ en que se introducen. . # 
las alabanzas de ciudades y de personas que se V I 
distinguieron en la guerra de independencia de 
la América española, es un poema histórico y en ^ 
pane descripovo. La Sha a la Zona Tarrido^ re- » 



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.seña de galas y tesoros de la naturaleza tropical 
[y exhonación dirigida á los moradores del Ecua- 
'dor para que en lugar de agotarse en la ñebre de 
^ la política y en domésticas disensiones, se consa- 
gren á empresas agrícolas, es, como el asunto lo 
anuncia, un poema descriptivo y moral á un 
tiempo Abrazando á entrambas silvas ba)o una 
sola denominación, diríamos que el carácter mix- 
to y comprensivo, de una y otra, como obras de 
arte, consiste en ser poesía cientíñca, sin aue de- 
mos á este término el sentido, restricto en demasía 
j falso, en que le toman los que sueñan con una 
regeneración fundamental déla poesía. 

Cuando decimos poesía cientíñca, poesía deno- 
ta el género, y lo cicntíñco es la especie. Poesía 
es una manera ideal y bella de concebir, de sen- 
tir y de expresar las cosas ; por manera que la 
esencia de la poesía es siempre una misma, si 
bien la esfera en que se ejerctta, inmensa. Cada 

Señero de poesía es la aplicación de las feculta- 
es poéticas á determinado campo ; por lo cual 
no es razonable fallar que en el siglo presente ó 
en el futuro no ha de cultivarse sino tal género 
de poesía, la científica v. gr., pues no hay motivo 
ni aerecho para estrechar ni localizar la jurisdic- 
ción dd poeu. Buena fué, es y será en cualquier 
género la poesía, siendo poesía. La que denomi- 
namos científica^ especula sobre los fenómenos 
naturales; adorna y hermosea verdades descu- 
biertas y explicadas por la ciencia. Pero lo que» 
en nuestra clasificación , mejor la caracteriza, lo 
que suele refundirla en oo'os aéneros cuando 
cumplen con esta condición, es elamor á la exao-i 
titttd en las descripciones y definiciones, ideali- ^ 
zar siempre sobre la realidad, no fantasear jamás, 
en el vado. En este sentido el poema de Dante, ^ 
que si bien fantástico en lo tocante á lo supra- 
sensible, suele definir y describir con puntuali* 
dad las cosas del mundo visible, sin ser poesía 
científica propiamente hablando, participa de su 



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naturaleza; al paso que, descaminados siempre 
por el sistema de la realidad , nada tienen de 
aquella los poemas de Ariosto. ^— 

Científica es la poesía de Bello en sus Silvas _^ 
americanas^ por lo cual no va fuera de razón >¿SS 
TrUbner cuando clasifica la 5i7va á la Zona Tór^ ^^ 
rida. como cuno de los más bellos ejemplares 
que hay en castellano de poesía didáctica,» dado — ' 
que con este término se designaban en la antigua 
nomenclatura retórica géneros de poesía de la 
clase que con más generalidad, y acaso con mis 
propiedad, denominamos científica. 

Dícese que la presencia de Alejandro de Hum- 
bqldt en Caracas , á principios de esté siglo*;! la 
noticia de sus empresas científicas y de sus viajes, 
despertaron en el ánimo del joven Bello el amor 
á las ciencias naturales, que, beneficiadas por el 
ilustre viajero, se le mostraban tan útiles cuanto 
amenas. Que á ellas, no importa si desde enton- 
ces ó más adelante , se dedicó Bello con prove- 
^cho, lo patentizan multitud de artículos que con 
la trasparente firma A. B., ya de propio caudal, 
ya con acierto traducidos y rectificados, salieron 
a luz en la Biblioteca y Repertorio americano^ 
sobre geografía y agronomía de las regiones equi- ^ 
nocciales. •^ 

Si consideramos la parte descriptiva de la Silva 
Á la agricultura de la Zona Tórrida , notaremos 
que las majestuosas cordilleras, los abundantes 
pastos, las plantaciones de añil, de caña de azú- 
car, de cacao , descritas en sus viajes por Hum- 
J)oldty Bonpland , reaparecen adoirnadas de imá« 
genes y colores en el poema de Bello* 

Consiste en este punto el arte del poeta, en 
animar lo inanimado, en dotar de sentimiento y 
^expresión las plantas que describe^ en amplificar /] 
en forma poética denniciones científicas , em« V 
pleando recursos, ]ra pictóricos, ya rítmicos. ¿Pin* 
ta en la Zona Tórrida el erizado nuiíz? Dos versos 
de determinado corte imitativo sonarán bien con 






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ks especiales coadicioces sensitÍYas que la &nta- 
flía del poeta atribuye al erguido bástago: 

Y para tí el mais, Jefe altanero 

Da la espigada trími , hincha tu grano. 



¿Describe seguidamente , como solicitando la 
antítesis I el hoioso y derramado pláudo? En una 
sucesión de palabras llanas , en ritmo como des- 
cendente, dirá con no menor acierto onomatópico: 

Y para ti d banano 

Desmaya al peso de tu duloc carga.... 

Con explicaciones técnicas puestas al pié de las 
páginas» completa el autor el texto poéüco, no de 
otro modo que los autores ó comentadores de 
poemas épicos consignan en notas las fechas y 
otras circunstancias prosaicas de algunos sucesos. 

Si apartando los ojos del paisaje que le embe- 
bece en la Zona Tórrida^ los levanta el autor de' 
]M.^^¡aauiánjihJoesiái^ á la bóveda estrellada, 
ño se contenurá, como Fr. Luís de León en su 
admirable Noche serena ( poesía religiosa y no 
científica)| con expresar las impresiones que en 
el alma contempiauva produce el apacible disco 
de la plateada luna ó el purísimo rajo de la es- 
trella del amor. No; señalará, determinará, como 
Virgilio, las constelaciones, cuidando, tamUén 
como este gran maestro, de dar á los signos ce- 
lestes vida y movimiento: 

Vo, poca, Yt á odcbrar laa manfillu 

MEcttular: caota al vialiaMi cielo 
Que de lea attroa todoalaa hcnnoaoa 

Dragón Id Norte tu dorada espigi 
Desvuelvo en tomo al luminar Unévil 
Q)ie el rumbo al mar ine r o audu 
Y b poloem Cándida de Atmmo 
En Im Auamim oadm mojo el alt. 



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Pasemos de la parte descriptiva de ambos poe- 
mas á la moral de la Silva á la Zona Tórrida. 

En las Consideraciones sobre la naturaleza por 
el yitalista Virey, descripción de campos y de 
selvas , traducida con elegancia y primor por 
.Bello, hay una página "destinada alós cuadros ^i< 
espléndidos 'del Nuevo Mundo ; y To" propio que j^ 
se ve eaelJEloffiode la vida rúsuca de Virgilio, 
(Georg.f lib. u[, modelo de cuantos después han 
ensayado la misma apología, el elocuente tro- 
zo del naturalista francés acaba por contraponer 
la feliz y tranquila existencia del morador de los 
campos á la agitada y mísera del ciudadano. 

Detiénese Bcllx> en hacer igual contraposición. 
Pero ya Virgilio dividió la felicidad de la vida 
rústica en dos ramas ó clases: la del sabio con- 
templativo y la del honrado labrador. Virey, si« 
g alendo las tradiciones poético-científícas de 
aint-Pterre y su escuela, adopta d primer pun- 
to de vista, c Venturoso mil veces el que lejos de 
tantos vaivenes y tumultospuede, en la oscuridad 
y sosiego, dedicarse á estudiar sus maravillas. ¡Oh 
simple naturaleza! lOh grande espíritu del uni- 
verso! ¿Cuándo será que pueda elevarme á la luz 
de toda verdad y contemplar desde lo alto como 
remolinos de polvo las frivolas agitaciones de la 
tierra?! 

Bello, que en la Silva á la Agricultura de la 
Zona Tórrida^ ni va á reflexionar sobre sí mismo ^ 
ni á conversar con un amigo, sino que habla con \ i 
un pueblo joven, que con el trabpjo ha de repa- \/\k 
rar las pérdidas padecidas en la guerra y adquirir Y ^^ 
fuerza y ventura, prefiere elpunto^de vi^ta^oft^Ot* / 
nal^ ¿Táctico, ^ue domina en*Yír¿C[lo2 sin olvi- 
dar eiejempIo.dj^'JaniepiúH^ como 
Virgitio mismo invocaba eí de los antiguos etrus- 
cos y sabinos. 

No así trató te triuniadera Roma 
Uf tftct de te pu y de te giMm; 



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i;, Antct fl¿ las ríoidas dd Estado 



¡; A la mano robusta 

Y] Que tostó el sol v cncallccid el arado, 

I ; Y bajo el techo numoao campesino 

Los hijos edaoó que el conjurado 
4 < Mundo allanaron al valor latino. 

r; 

i j Evidenciase con lo dicho que la poesía de Be- 

llo reconoce antecedentes en obras cientfñcas; 
pero los tiene asimismo en las poéticas y clási- 
. , caSy así del siglo anterior como efe otros más re- 

r; motos, bastando á demostrarlo el recuerdo del 

I ' ¡ autor de las Geórgicas. 

! , Tan necesaria es la idealidad en poesía, que -al- 

/ , , gunos la consideraron calidad única del arte, y, 

i i I extremando el culto que se le debe, la divorciaron 

1^ 'r, de la observación y la experiencia, y la confun- 

f I dieron con la independencia de la imaginación. 

. ' , , Nótase esta tendencia en las definiciones que han 

I ' ; I dado de la poesía algunos escritores célebres, aco- 

' > ' i modándose. con clara ú oscura conciencia, á una 

preocupación vulgar. Para Barthelemy la poesía 
es una efaculud brillante que atiende á lo posi- 
ble más que á lo reat, y que muchas veces prefie- 
re á lo posible ficciones á que no puede señalarse 
límite. 1 Quintana ensena que cía ocupación pri- 
maría y esencial de la poesía es pintar la natura- 
leza para agradar, como la de la filosofía explicar 
I ' ' sus fenómenos para instruir: así, mientras que el 

' I « filósofo, observando los astros, indaga suspropie- 

I I : dades, sus distancias y las reglas de su movimien- 
1 1 • to, el poeta los contempla, y traslada á sus versos 

el efecto que en su tmaeinación y en sus sentidos 
hace la luz con oue brillan.» Según tsu doctrina, 
no hubiera teniao parte alsun» en los progresos 
de la ciencta (y la historia ae los descubrimientos 
enseña que la na tenido poderosa, con sus opor^ 
tonas j luminosas sugestiones) ; al paso que la 
ciencia no podría umpoco suministrar materiales 
al poea, j él solo habría de cantar cosas ó visus 
coa los 0|Ot corpóreos 6 soñadas, j ñolas man* 



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villas del cielo y de la tierra que la experiencia y 
el estudio nos han revelado. 

Acaso de la difusión de semejantes nociones, 
de concierto con un conocimiento superficial ó 
completa ignorancia de la antigua poesía clásica, 
nace que muchos miren en la poesía de los siglos 
pasados un vano pasatiempo , y en la poesía sa- 
Dia un objeto de esperanza, una gloria de la 
edad presente ó la futura , cuando cabalmente la 
opuesta tendencia , la que propende á disociar, 
en las ideas, lo c^ue Dios unió, parece prevalecer 
en la moderna civilización. ¡ 

La poesía didascálica es en la antigua Grecia^, J^-^ 
hcrmana'dé la épicaj y Hesiodó se hombrea con -^O * 
Homer6.Xa misma poesía, homérica, si bien la {jji/Ji 
narrativa histórica forma un departamento dis -¿^^^^"^"^ 
tinto de la ciencia, se allega y asimila á la poesía "^ 
científica por el espíritu oe observación que en .\,j^^>/^^ 
ella se nota, y por la profundidad de la doctrina. (éP^v^ 
Aun la mitología , cualquiera teoría que se adop- 
te para explicarla , ora se considere histórica, ora 
simbólica, siempre envuelve, bajo formas agra- 
dables, verdades y moral enseñanza. ¿Quií m^4s^ 
Los críticos que establecieron las refalas deTarte 
sobre las prácticas que hallaron sancionadas por 
los grandes poetas griegos, promulgan como le/ 
fundamental de composición literaria la verosi- 
militud , ó sea , con palabras de Bello, cía ar* 
monía de los raptos de la fanusía con los fueros 
imprescriptibles de la razón, i Como método, esta 
conciliación ó equilibrio así preside á las crea- 
ciones del genio como á las hipótesis del sabio; 
revela la uniformidad de las &cultades mentales 
en sus operaciones, enlazando con vínculos de 
parentesco la ciencia y la poesía. 
^S^'^'^^^^-^-TonJfiauTpmanos. Lucrecio, si 
bien en su poema nhde más culto á la ciencia, 
cual él erróneamente la imaginaba, que á la poe- 
sía, explica felizmente sus mutuas relaciones; sabe 
que en lugares por áridos no frecuentados hay 



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fueotes puras y ocultas flores; concibe la obra del 
ppeu como Taso que contiene ingrato licor me- 
dicinal, con los bordes dorados de miel. Horado, 
poeta didáctico él mismoi concede la primada al 
escritor que acierte á mezclar lo útil con lo dulce, 
Virgilio» para morir, condena á las llamas, de sus 
dos poemas, el ¿pico, sólo considerando digno 
de la posteridad el didáctico : la idea que se for- 
mó de un poeta era la de un nierofante de la na- 
turaleza, y estimaba la denda como alto y d 
primer don de las dulces Musas : 



— dulces ante oania Mi 
Accipiaot , cadíque vias ct ñdcra moastmt 
Ddectus mIí» varíM, luMeque labores ; 
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Virgilio es el maestro j>rediIecto de BiujO. NÓ* 
tanse unas mismas cualidades en el estilo de am- 
bos, sosegado, noble y majestuoso, y unos mis- 
mos artífídosy recursos en el giro del pensamien- 
to general, en la exposidón de las ideas, hasta en 
las transiciones. Virgilio hace desfilar delante de 
Eneas, en un sueño profético, los grandes capita* 
nes é ilustres ciudadanos de Koma; Biuso eroca 
uno tras otros los héroes de su patria. Virgilio 
llera las almas virtuosas al Elíseo, donde se sola- 
zan en las mismas aficiones que tuvieron en vida; 
BiLU> ye en la morada de los justos á los márti- 
res-dfck^ugt jumerifa na, y allí, glorificado por 
d sacrificio, á'uno.de-Jtts.miSjearos amigos de 

Meicenda: 



, BoUtp puri; 
, la dalet pocsia, 

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Virgilio se espacía en ensalzar á Itdia en una 
enumeradón dncriptiva dt sus producdones na- 
turales; por igual aunara celebra Bcllo á la 



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Zon a T órrida, Virgilio ameniza su exposición 
con epis6<^? históricos y oon rasgos mítológicoSi 
auxilio de que se vale como no desconforme con, 
sus fines; Bello con recuerdos verídicos particu-t 
lariza las ciudades y guerreros que nombra, al¡ 
mismo tiempo que pinta la edad de oro de Cun«-| 
dinamarca , y explica el derrumbamiento del Te- \ 
quendama, según las tradiciones fabulosas délos] 
'habitantes primitivos de estas regiones. 

La poesía del autor de las Geórgicas no revivió 
con sus nativas formas y a decuado ropaje en el 
Renacimiento, porque lo estorbaba la mfiuencia 
que alcanzó la poesía caballeresca y galante, 
esencialmente contraria á la científica. La poesía 
didáctica , á un tiempo moral v descriptiva , re- 
nace con no escasa fortuna en el siglo xvu y flo- 
rece en el xviii; luce especialmente en poemas 
latinos; y son los Jesuius, en días prósperos an- 
teriores a su extinción , los más insignes restau- 
radores y cultivadores de este género literario. Va- 
ntere y Kapin dan el ejemplo , siguiendo de cerca 
las pisadas virgilianas ; y más adelante , y casi á 
un tiempo, Nocetti publica su poema De aurora 
borealiy Mazzolario De vi eléctrica ^ Za magna 
Echo (fenómenos sonoros] , y el ilustre y omniscio 
Boscovick De solis et lunae dej^ectivus^ asunto 
cómo el de los Huertos^ de Rapin, ya propuesto 
por Virgilio. Thompson y Delille representan con 
honor la misma escuela , fuera de la Compañía y 
en obras escritas en idiomas modernos. Con la 
decadencia de la Compañía de Jesús, se oscure- 
ció la musa de las Geórgicas. C^a natural: fué 
aquella4K)CÍedad..eI instituto donde ¿ás estrecha- 
mente se han dado la man.Q^las.letra& humanas y 
las ciencias ,1a erudición y^la .poesía^ jinióa fe- 
liz « rama de flpfes y^/rutos^^cómbatida. hoy-por 
violénciás'révolucionarias^ por cicncias.iUscolas 
yprófesíoxies exclusivas. 

Así, ia Silva d la Zq/íaJTórrídati^ una poesía • f 
erudin2.£P(jtt;.3g^iÁaÍ i 

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tenece á siglos anteriores y no al nuestro. Si Be- 
llo hubiera escrito unos años antes, en latín ó en 
francés^ un poema semejante habría brillado por 
su manto, no como una novedad en su clase. Pe- 
ro en castellano y relativo á América, sorprende y 
es, por doble motivo, extraordinario. 

Porque, en primer lugar, al senio español (y es 
hecho que se explica por el carácter nacional) que 
produjo infinitos poemas históricos, se deben po- 
cos didácticos, truncados unos ', malos los demás. 
En el siglo pasado, Iriarte enseñóla música en un 
poema tan desmayado y rastrero, que desacreditó 
la aplicación de la poesía á temas científicos. Me- 
léndex, por su parte, abrió sendas floridas, y Cien- 
fuegos escuela de declamación, y la juventud de 
talento, por huir del prosaismo, siguió á uno ú 
otro de los dos últimos maestros. 

Arriaza anduvo por otro camino, y, se quedó 
solo en España. Todavía los crídcos recuerdan 
sus versos fugaces, de implacable crítica ó de 
lastimosa adulación , y algunos aficionados repi- 
ten aún la Despedida de StMa ; pero no conocen 
éstos ni recuerdan aquéllos, como aue real* 
mente no llegó á afianzarse su fama, el poema 
Emi lia 6 Las Arte i^ la más meditada y apre- 
ciaole de las obras de Arríasa , llena de felices 
descripciones. Fué este poeu, á principios del 
siglo, muy estimado de la estuaj^osa-f^ve n t rnl d e 
paníus^Vy ^s posible que allí disfrutase el poe- 
ma citado del crédito que merecía. Tenemos por 
cierto que BaLUritrest u tlt ó niu c h oyy en algunos 

' Tal «¿jMAinfdt Céspedes. Incompleto quedé timbíte 
d poema de ArrUie de que immos i babUr luego, y el mMM 



ñio Dubiicé sus Sümu eeo d nombre de Fngmtutm. 
e ^j- Ti f T Biuoleyé es una tertulia en Caracas su rgHpi 
vif^pliaM (que ahora por primen vea se publica), «un literato 
no vacüd en decir & D. Andrés que eonsideraba sao 
& los de Arriaaa, oomparaddn que, 



¿lando 4 h bofa do 



del olegis.o (Ammaimuc, BkfnfiM^ pw jé.) 



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pormenores de<g íecución le imitó, de lo cual 
ofrecen las silvasprüeBáTlnlTrnas en algunos 
pasajes que pudiéramos citar. Por ejemplo, Br- 
LLodice: 

Gastcjll 9^^. <^9 ^'^ filenas mide 
iGon aquel monstruo que lá ical'a esconde 
"""Tntre las nubes y á los hombres huella. 

Y Arriaza había dicho: 

la tártara dísmrdia , 
Cuja cabesa asoma agigantada 
Por entre negro pabeUónde nubes.... 

La contraposición de la Filosofía y la Poesía, al 
principio de la Álqcueión , está tomada de Arría- 
vjEa,L.X fa descripción" aerun jardíaHdndd-la^solícita 
abeja. revuela incierta entre las flores, buscando 
las más fragantes ( al principio de la misma SU» 
vajf es patente reminiscencia de aquel otro fEmi» 
Ha , u), donde 

Dama gentil se asonu, de halagúete 
Mirar, que con su ruego y con su agrado . 
De seipero guardián desarma el oete ; 



Y escogiendo fragancia y odorido 
En tantas flores parase indecisa ; 
Mas codiciosa del botín florido, 
Son su despojo al fin cuantas divisa.... 

Eu^suma: Bacxo, que gustaba de Meléndez, 
pero flío'^ lo' TmltgbgT^qg^gRjBida' tqny.fcTdf^Cien- 
Krc^Ofy^^tritttffiay'hi i su escuela perteneció ja- 
más S siguió, sí^ el rastro de Arriaza, ttnto.eaJai^ 
ádopcidá'de asuntos didácticos* como^ir-clertos|\ Vg 
toques descriptivos, yonuy patticulanBefUe.en elf ^^V^ 
arte.d e, vers incar." Pero Arnasa no fundó escuela 

* La adoMnicida á Hcrodia, arriba copiada, ctUM 
sadótt del UriHM iafetaporanit de Oiiiataot. 



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en España; Bello oscureció á su predecesor, 
porque así lo quiso la suerte , y le aventajó tam- 
bién en muchas dotes naturales y adquiridas; así 
fué que el poeta venezolano quedó dueño del 
campo, y ap^arece en la literatura española de este 
siglo como iniciador del género á que sus Silvas 
pertenecen. Si también le han £üuao discípulos 
en el arte, admiradores no. 

Puestos á un lado los caprichos de fortuna, 
que también á los libros alcanzan, mucho contri- 
buyó á realzar el mérito de las Silvas sobre el de 
Emilia la esencia y circunstancias del asunto. El 
que eligió Arriaza está reducido á dar lecciones 
amenas de bellas artes, don ocasión de describir 
el palacio de una gran señora , adornado y enrí- 

Suecido con objetos de magnificencia y gusto. 
íi interés nacional, ni intención patriótica, ni 
colorido local tiene su poema, y tooo esto reúnen 
las Silvas de Bello, por doble motivo america- 
nas. Aunque celoso ae su título de colombiano, 
consideraba hermanas á las Repúblicas de la 
América Española, y este pensamiento generoso 
ensarza los recuerdos históricos de la Alocución 
é la Poesía ¡ al paso <)ue en la Silva á la Zona 
Tórrida^ el americanismo de la composición re- 
Sttlu principalmente de la representaaón, tan fiel 
cuanto animada, que supo nacer el poeta de las 
bellezas naturales del patrio suelo. 

Era Bello el único digno de realizar, pero sólo 
incompletamente quedo por él realizado en la 
Sha i la Zona Tdrrida , este anuncio que antea 
habla escampado en la Alocución : 

llcaipo veadri caaado de tí inspirado, 
AkúnMAaóM AMniCANO, lohdioMl, 
Tanbiéa lu mÍMct, lot rabÍAM caí 
B neo nclo al hambrt avasallado, 
Y las dádivas aúl oso ouo la Zooa 
DaFoboMMda.dlabradsr 






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V. 



üOnCUS SOBRS LA YIDA UTERAMA DB hWULO 

EM CBTLB. 

(1829—1865.) 

En 1828 Bello desempeñaba la Secretaría de 
la Legadón G>lonibiana en Londres. El gobierno 
de su patria, amenazado por todas partes, apenas 
disponía de recursos con que sostener un ejercito 
de treinta mil hombres , y pagaba tarde y mal á 
sus agentes diplomáticos. Estaba casado Bello, 
en secundas nupcias, con una dama inglesa ; su 
familia había crecido, y sus negocios se hallaban 
en mal estado. En tales circunstancias, resolvió 
aceptar la ventajosa propuesta que le hizo el mi- 
nistro de Chile para que pasase á aquella repú- 
blica por cuenta de su gobierno; y en i3 de Fe* 
brero de 1820 decía en una carta de despedida á 
su jefe Fernandez Madrid: 

cAguardo con impaciencia que amanezca para 
dejar esu ciudad, por tantos títulos odiosa [>ara 
mí , y por tantos otros digna de mi amor, particu* 
larmente ahora que la habita el primero de los 
hijos de Colombia y el mejor de los hombres.! 

En cartas que airísió al mismo Dr. Madrid, 
lue^o que hubo llegado á Santiago, manifestaba 
las impresiones que recibió sobre el estado político 
y literario de la sociedad chilena en aquel enton- 
ces, sin oculur sus propias opiniones sobre la 
organización que conveaia 4 los pueblos ameri* 
canos. 

. Véanse aún otros pasajes de esu corresponden- 
cia inédita: 

20 de Agosto de 1829.—CEI país hastt ahora 
me gttstt. aunaue lo encuentro algo inferior á su 
repuudón, sobre todo en bellezas naturales...* 



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.¡ i| En recompensay se disfruta, por ahora, de verda- 

;| \ dera libertad; el país prospera; el pueblo» auaque 

: \ inmoral t es dócil; la juventud de las primeras 

f/amUias?) manifiesta mucho deseo de mstruir- 



1 :! se; las^mu/eres?^ son agradables; el trato es fá- 

1 t; cil.... Se goza de hecho toda la tolerancia que 

' puede apetecerse. 

>Siento decir 4 V. que he traído demasiados 



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,. ;Í ejemplares de SU colección de poesías. La bella 

P i! literatura tiene aquí pocos admiradores.» 



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\[\ i 8 de Octubre, — cLa situación de Chile en este 

. .( r momento no es nada lisonjera : facciones lle- 

nas de animosidad; una Constitución vacilante; 



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I r. S un gobierno débil ; desorden en todos los ramos 

" 'I de administración. No sabemos cuánto durará 






este estado» que aquí se llama de crisis, y que 
1 ,] puede tal vez prolonsarse años. Por fortuna, las 

mstitudones democráticas han perdido aquí*oon 

* que en todas partes su perni- 



*É doso prestigio, y los que abogan por ellas , lo ha- 

I cen más bien porque no saben con qué reempla- 



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zarlasy que porque estén sinceramente adhendos 
á ellas.... 

>No sé qué hacer, amigo mío. con los ejempla- 
res que tengo de las poesías de V. Si se propor- 
donara remitir algunos al Perú, lo haré; aquí 
nada se lee.» 

No escarmentando en cabeza ajena, se animó 
Bello, en el sisuiente año de i83o, á saludar la 
independencia oe Chile, en una oda breve, muy 
bien escrita , en d estilo de Horado y Fr. Luís de 
León. El resultado fué aue Ei Araucano, perió- 
dico oficial, le dispenso el honor de puolicarU 
confundida con miserables coplas de ingenios na- 
cionales. Convienen loe Sres. Amunátegui y Do- 
mingo Arteaga Alemparte , en sus respectivos joi- 

doe sobre Bello» en que d poeu, corrido y 

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ayergoiuado consigo mismo de sa atreTÍmieotOy 
compreadió que antes de ofrecer versos al pú- 
blico, debía dedicarse 4 formar on auditorio ca» 
paz de entenderlos. 

Literariamente pudo Billo decir de lo que fué 
Chile hace medio siglo: 

Ib <|iui fcríbdMUB biriMra tcrra fait» 

Políticamente no, porque aquel pueblo, tosco y 
rudo, si falto de imaginación, estaba dotado, en 
cambio, con gran ventaja, de sentido práctico, de 
ac^uellas conoiciones que, desenvolviéndose ba)o 
circunstancias propicias, labran al cabo la dicha y 
prosperidad de las naciones. Ni el alejamiento a 
que nubo de condenarse Bel40, durante diea 
años, del dulce trato de las musas , fué infructuo- 
so, y, bien considerado todo, no ha^ por qué de- 
plorarlo, ni porloque mira á Chile ni por lo que á 
el mismo toca. Vivió en ese período consagrado á 
educar la juventud chilena. Bello llevaba a aquel 
pueblo amenidad literaria y finura estética; la so- 
ciedad chilena, por su parte, se asimilaba este 
ilustre hijo adopuvo; dingíá su actividad á tareas 
serias y útilísimos trabajos; rodeándole de distin- 
ciones y premiando sus servicios, daba tranquili* 
dad á su espíritu, y dignificaba su carácter. 

Era anuel descanso una tregua , una pausa en 
la vida ae Bcux>. No podía haber dicho eterno 
adiós á las musas aquel á quien ellas sonrieron 
desde la cuna. 

En Julio de 1841 salía á luz en Santiago, de la 
imprenu del Estado, á la sazón dirigida por Ma- 
nuel Rivadeneyra (después célebre editor de la 
Biblioteca de autores españoles)^ un folleto, en 
citante edición, rotulado El incendio de la Com» 
panía. Canto elegiaco. 

El autor anónimo era Bello, y el objeto de la 
composición describir v lamentar la destrucción 
de la hermosa iglesia de los Jesuítas en Santiago, 



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reducida por las llamas á escombros y ceoizas 
el 3 1 de Julio del mismo año. 

El redactor de Ei Mercurio^ aquel mismo Sar- 
miento que un año después había de cerrar con 
tanta ñiria con el humanista, aplaudió entonces 
al poeu. Mas el elogio dirigido al autor del canto 
elegiaco encubría, como era de esperarse de Qin 
ardiente duelista intelectual, un cartel de desafío 
para la juventud chilena. 

cCon motivo de estos versosw— decía,— nos sen- 
timos llamados á observar un necho que no deja 
de causarnos süguna impresión. Tal es la rarexa 
de los honoresoue entre nosotros se tributan á las 
musas. ¿Por que son tan tardías y tan contadas las 
ofrendas que se presentan en sus altares? ¿Será 
cierto que el clima beniano sofoca el vuelo de la 
imaginación y que Chile no es tierra de poetas? 
¿Falu acaso instrucción suficiente para pulsar 
con acierto las doradas cuerdas?» 

Concluía señalando como causa del fenómeno 
flcierta peresa y encogimiento! de los jóvenes 
chilenos. Un ano después, con patente contradic- 
ción, se revolvía contra Bello, y atribuía la este- 
rilidad de los talentos chilenos 4 las enseñanxas 
del mismísimo autor de aquellos versos que ha- 
bían dado causa y ocasión para las primeras in- 
vectivas. 

Como quiera, el clamoreo de Sarmiento fué es- 
tímulo provechoso para los jóvenes chilenos, que, 
heridos en lo más vivo de su orgullo nacional, 
fundaron, para contesur de hecho á Sarmiento, 
una revisu literaria. Sa uñientes, distinguido dis- 
cípulo de Bello, publicó allí su leyenda Ei Cam^ 
vmnario* El maestro loe animaba con consejos y 
ios avttdaba con colaboración efectiva *• 

A los resultados de aquel incidente se refiere 
el mismo Bulo, jungándoles de paso, en estas 






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Í>alabras del discurso que pronunció en la insta- 
ación de la Universidad chilena en i8^: c^Pudie- 
ra yo dejar de aludir á la excitación instantánea 
que ha hecho aparecer sobre nuestro horizonte 
esa constelación de jóvenes ingenios que culdvan 
con tanto ardor la poesía? Lo diré con ingenuidad: 
hay incorrección en sus versos; hay cosas que 
una razón castigada y severa condena. Pero la 
corrección es obra ael estudio y de los años. 
¿Quién pudo esperar la de los que, en un momen- 
to de exaltación poética y patriótica á un tiempo, 
se lanzaron á esa nueva arena, resueltos á probar 
que en las almas chilenas arde también aquel fue- 

{;o divino de que por una preocupación injusta se 
as había creído privadas? Yo no sé si una pre- 
disposición parcial hacia los ensa3ros de las inteli- 
gencias juveniles extravía mi juicio. Digo lo que 
siento: hallo en esas obras destellos incontesta- 
bles de verdadero talento, y aun con relación á 
algunas de ellas pudiera decir ' de verdadero 
genio poético.* 

Bello, que había padecido contradicciones, se 
sentía por entonces rodeado de mayor respeto 
por parte del público y del filial afecto de la 
nueva generación. Mostróse vivamente sensible 
(observa el Sr. Lastarria) al favor de la opinión, 
^ue le halagaba y enaltecía ; mezclado con los 
jóvenes, se olvidaba de sus sesenta años, se sen- 
tía joven él mismo , y, poniendo nuevas cuerdas 
á su lira, pulsábala con desacostumbrada dul- 
zura. 

Aunque reprobando siempre las orgías de la 
imaginación, pagó tributo a lo que por enton- 
ces corría con el nombre de poesía romántica. 
En el Canto elegiaco^ como ya notó Sarmiento, 
en vez del terceto ó la silva, Bello se atrevió á 
usar la quintilla, confio si quisiese mostrar que 
no respetaba ciertas reglas convencionales, que 

* No crMBMt qw aluda i otro qut i Sanfiíeatct. 



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profesaba la libertad, ó bien que sabía lidiar con 
cualquiera clase de armas. 
Sostenía Bello que ese puede ensanchar el len- 
laje, se puede ennquecerio, se puede acomodar- 
lo 4 todas las exigencias de la sociedad,^ y aun á 
las de ia moda^ que ejerce un imperio incontes- 
table sobre la literatura, sin viciar sus construc- 
clones, sin hacer violencia á su genio.* Y parece 

2ue hubiese querido Bello dar la prueba de su 
icho, como la dio, escribiendo poesías semiro- 
mánticas en clásico lenguaje. 

Pero la moda suele ser caprichosa y exigente 
en demasía. En el mismo Canto elegiaco fínge el 
poeta una procestón de sombras. El uso de fan- 
tasmas es un síntoma grave de contagio : va pi- 
saba el poeta el terreno donde la novedaa parte 
límites con la extravagancia. 

Víctor Hugo, con su grandexa y pureza primi- 
tivas, y con sus ulteriores deslices pueriles y des- 
manes de jayán , monstruosa combinación de lo 
grande y lo pequeño, de lo bueno y de lo malo, 
ejercía evidente prestigio sobre la imaginación 
de Bello. A aquella época pertenecen las si- 
guientes traducciones ó imitaciones de las Hojta 
de otoño y de las Orientales. 

Las Fantasmas y A Olimpio (18^2), llena la pri- 
mera de ideas febriles y lúgubres ael romanticis- 
mo germánico, pero de lindas y delicadas formas 
en la traducción de Bello; ^rave y melancólica 
la sepinda. con reminiscencias calderonianas en 
el estilo del traductor, según ya noumos, )r reco- 
mendada por el juicio favorable del eminente 
crítico D. Manuel Cañete; — 

Los Duendes (1843), ensayo de maroma mé- 
trica, poco diffno de aprecio, remedo de poesía, 
en que d traauctor, jugando con las ideas y las 
rimas, como el autor, compite con él y le vence 
en pruebas de habiUdad;^- 

La Ormeióm por iodos (1S44), la mefor y más 
admirable poeua de BiLLOt en concepto de mu- 



1 



LIX 



chos: en ella el imitador mejoró extraordinaria* 
mente el original, y consignó en sentidísimas es- 
trofas afectos personales y de familia, atristados 
y falseados por desgracia en la parte final , con la 
mezcla de la obligada fantasmagoría sepulcral;— 

Moisés^ en fin (i8^), composición clásica, ajus- 
tada á las prescripciones del buen sentido, escrita 
por Víctor Hugo cuando rendía culto á un ideal 
y no aspiraba a sorprender al público con esfuer- 
zos de originalidad oricinalísima ; bella en fran* 
cés, más bella, intachable en la versión castella- 
na de Bello. 

Antes que naciera V. Hugo ya era Bello alum- 
no de Horacio y de Virgilio: á la vejez seguía las 
banderas del nuevo poeta que adornaba su carro 
triunfal con trofeos de España y Alemania. 

La larga residencia de Bello en Inglaterra in- 
fluyó en él como pensador y como publicista, 
inspirándole afición al estudio minucioso de los 
hechos, y haciéndole cauto en orden á los temas 
brillantes en que los franceses se deslumhran á 
sí mismos v deslumhran al mundo. Pero en poe- 
sía los modelos que Bello tuvo delante^ ya anti* 
guos, ya modernos, fueron siempre latinos. En 
Caracas traducía ó imitaba á Horacio y á Virgi- 
lio; en Londres á Boyardo, y en Santiago á Víc- 
tor Hugo : poetas que representan ciertamente 
tres escuelas poéticas muy aiversas : la científica ó 
didáctica, la fantástica o caballeresca, y la sub- 
jetiva ó psicológica. 

La época á que nos referimos de i&fi á 1844 
fué de notable actividad literaria en Chile, y Be- 
llo, electrizado, sacudido por aquel movimiento, 
escribió las poesías citadas, y una segunda y ex- 
celente oda á la independencia nacional. 

Por el mismo tiempo em£ezó á escribir una 
leyenda en verso intitulada Éi Proscrito, de que 
solo se han publicado frasmentos. 

De ahí hasu el año de i8o5, en que murió , sólo 
hallamos de Bello, en punto de poesía, algunas 



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'Ifi ] , &bulUl«S9 y Tersos escritos para el álbum de va- 

[ c ! rías damas. El oomen había cesado, pero no la 

!: I i actividad mental, de la cual, en ese período, son 

i: ^ I fruto varias obras científicas y literarias por don- 

: (; I de es conocido y respeado en América y en 

! { : Europa el nombre de Amdiuís Bnxo. 

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tmsu%f babita4Sor dd Tajo aobrío, 
Coo el mitriro fuego i GU>rí amalNi; 
Á Clofí^ que coa rustico dcsrío 
f..M tÍ4TfUf aosUs del pastor pagaba. 
I^ Ycrde margen del ameno rk> 
Tal y ti buscando alirío rísítaba, 
Y á la disunu causa de sos males 
Desesperado enriaba quejas tales: 



•No huye tanto, pastora, el corderillo 
Del tigre atroa como de m{ te alejas. 
Ni teme unto al buitre el pajarillo, 
Ni tanto al roraa lobo las orejas. 



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La fe no estimas de un amor sencUlo» 
Ni siquiera, inhumana, oyes mis quejas: 
Por ti olvido las rústicas labores, 
Por tí fiibula soy de los pastores. 



i Al cabo, al cabo, Clori, tu obstinada 
Ingratitud me causará la muerte: 
Mi historia en esos árboles grabada 
Dirá entonces que muero por quererte.: 
Tantos de quienes eres adorada 
Leerán con pavor mi triste suerte: 
Nadie entonces querrá decirte amores, 
Y execrarán tu nombre los pastores. 



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•Ya la sombra del bosque entrelasado 
Los animales mismos apetecen, 
Y bajo el césped que tapixa el prado 
Los pinudos lagartos se guarecen. 
Si afeita las dehesas el ganado. 
Si la viña los pájaros guarnecen, 
Yo, sólo por seguir mi bien esquivo, 
Sufipo el rigor del alto can estivo. 



u 



ti 



•Tú mi amor menosprecias insensau, 
Y no felu putora en tsu aldea 
Que, si el nudo en que gimo, un Dios desata. 
Con Tirsis venturosa no se crea. ' 
{No BK fuera mejor, di, ninfe ingrau. 
Mis obaequios rendir á Calatea, 



■I 



ó admitir k» halagos de Tirrena, 
Aunque rosada tú y ella morena? 



•¿Acaso, hermosa Clori, la nevada 
Blancura de tu tez te ensoberbece? 
El color, como rosa delicada, 
A la menor injuria se amortece. 
La pálida violeta es apreciada, 
Y lánguido el )asmfn tal yex fallece, 
Sin que del ramo, que adornaba u£mo. 
Las ninfas le desprendan con su mano. 



>Mi amor y tu belleza maldecía, 
Tendido una ocasión sobre la arena, 

Y Tirrena, que acaso me \xía , 
«-[Oh Venus, di)o, de injusticias llena; 
Lejos de unir las almas diosa impía. 
Las divide y separa tu cadena!.... 

De Clori sufres tú las esquiveces, 

Y yo te adoro é ti que me aborreces.— 



»| Ahí No ti por qué causa amor tan fino 
Puede «er 4 tus o)os tan odioso ; 
Cualquier )>a«tor» cuando el rabel afino» 
Escucha mi» loiuda» envidioso. 
{No cubre estai praderas de contino 
Mi cándlvlo rebafto numeroso? 
{ Aeaao an JuUo 4 ao el crudo invierno 
Ma flilia fruto laaonado y üamo? 




■^^E 



»Ni tampoco es horrible mi figura. 
Si ao me engaño al verme retratado 
En el cristal de esa corriente pura ; 
Y á fe que á ese pastor afortunado 
Que supo dominar alma tan dura, 
Si á competir conmigo fuese osado, 
En gentileza, talle y bizarría. 
Siendo tú misma juez, le excedería. 



» Ven á yiyir conmigo, ninfa hermosa; 
I Venl mira las Dríadas que te ofrecen 
En canastos la esencia de la rosa, 
Y para ti los campos enriquecen. 
Para ti sola guardo la abundosa 
Copia de frutos que en mi huerto crecen; 
Para ti sola el verde suelo pinto 
Con el clavel, la viola y el jacinto. 



•Acuérdate del tiempo en que solías. 
Cuando niña, venir á mi cercado, 

Y las tiernas manzanas me pedías 
Aún cubiertas del vello delicado. 
Desde la tierra entonces no podías 
Alcanzar el racimo colorado, 

Y después que tus medios apurabas» 
Mi socorro solícita implorabas. 



lEnionoasera yo vuestro caudillo. 
Mi tercer lustro apenas comenzado. 



«i 



Sobresaliendo en el pueril corrillo. 
Como en la alfombra del ameno prado 
Descuella entre las hierbas el tomillo. 
Desde entonces Amor, Amor malvado. 
Me asesuste traidor la flecha impía 
Que me atormenta y hiere noche y día. 



>{AhI Tú no sabes, Clori, qué escarmiento 
Guarda Jove al mortal ingrato y duro: 
Hay destinado sólo á su tormento 
En el lóbrego Averno un antro oscuro: 
En su carne cebado un buitre hambriento 
Le despedaza con el pico impuro, 
Y el corazón viviente devorado 
Padece á cada instante renovado. 



^ iMas, ]ay de mil que en vano, en vano envío 
Á la inhumana mi doliente acento. 
¿Qué delirio, qué sueño es este mío? 
Prender quise la sombra, atar el viento, 
Seguir el humo y detener el río* 

Y mientras lo imposible loco intento, 
Tengo en casa la vid medio podada, 

Y en el bosque la grey abandonada. 



i¿Qtté firuto saco de elevar al cielo 
Esta continua lúgubre querella? 
Ni encender puedo uo corazón de hielo, 
Ni torcer el influjo de mi estrella. 



8 

Si Clon desestíma mi desyelo. 
Sabrá premiarle otra pastora bella. 
Ya baja el tol al Occidente frío; 
Vuelve, Tuelve al redil, gaaado mío.» 



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ODA 



(O 



\¿vt nuevas ttptruuaa 
ATmar le lleran? Torna 

Torna, atrtyida na,e. 
A M sativa oocu. 

Aún ve» de la pattda - 
Tormente oül memoriu, 

ZJH «>"«• fonuna 
»«gunda ves te anoja»? 

aS^!*^ «ti de drte. 
Aw«««u derrote, 
**n«eio.peHg,« 

*««eada. 



10 

I Aht Vuelve, que aun es tiempo, 
Mientras el mar las conchas 
De la ribera halaga 
Con apacibles olas. 

Presto erisando cerros 
Vendrá á batir las rocas , 

Y náufragas reliquias 
Hará á Neptuno alfombra. 

De flámulas de seda 
La presumida pompa 
No arredra los insultos 
De tempesud sonora, 

¿Qué yalen contra el Euro, • 
Urano de las ondas, 
Las barras y leones 
De tu dorada popa? 

¿Qué tu nombre, famoso 
En reinos de la Aurora, 

Y donde al sol recibe 
Su cristalina alcoba? 



Ayer por estas aguas, 
Segura de sí propia, 
Doafiaba al Tiento 
Otra arrogiante proa; 



II 



Y ya padrón infausto 
Que al navegante asombra. 
En un desnudo escollo 
Está cubierta de ovas. 

iQuél ¿No me oyes? ¿EL rumbo 
No tuerces? ¿Orgullosa 
Descoges nuevas velas, 

Y sin pavor te engolfas? 

¿No ves, ¡oh malhadada 1 -^ 
Que ya el cielo se entolda, 

Y las nubes bramando 
Relámpagos abortan ? 



¿No ves la espuma cana ) 
Que hinchada se alborota, \ ^ . i . r< <V. -i ^ 
Ni el vendaval te asusta 
Que silba en las maromas? 



I Vuelve, objeto querido 
De mi inquietud ansiosa ; 
Vuelve á la amiga playa 
Antes que el sol se esconda I 




j 




ODA AL ANAUCO 



I 



RRiTE la codicia 
Por rumbos ignorados 
Á la sonante Tetís 
Y bramadores austros; 
El pino que habitaba 
Del Betis fortunado 
Las márgenes amenas 
Vestidas de amaranto» 
Impunemente admire 
Los deliciosos campos 
Del Ganges caudaloso, 
De aromas coronado. 
Túy verde y apacible 
Ribera del Anauco, 




«4 



Para mí más alegre 
Que los bosques Idalios 

Y las yegas hermosas 
De la plácida Pafos, 
Resonarás cootíouo 

Con mis humildes cantos; 

Y cuando ya mi sombra 
Sobre el funesto barco 
Visite del Erebo 

Los valles soliurios, 
En tus umbrías selvas 

Y retirados antros 
Erraré cual un día, 
Tal vez abandonando 
La silenciosa margen 
De los estigios lagos. 
La turba dolorida 

De los pueblos cercanos 
Evocará mb manes 
Con lastimero llanto; 

Y ante la triste tumba, 
De funerales ramos 
Vestida, y olorosa 
Con perfumes indianos, 
Dirá llorando Filis: 
«Aquí descansa Fabio.i 
¡ Mil veces venturoso 1 
Pero, tú, desdichado, 
Por bárbaras naciones 
Leios del clima patrio 
DéDiimentc vicues 

Al peso de los años. 



I 



tb 

Deroren tn ctdáTcr 
Lof caaes saagimutfios 
Que apadeott Caríbdb 
Ea sos mdoa peóaaoot; 
Ni aplaque tos cenias 
Con aycs lasdinadoa 
La pérfida consorU 
Ceñida da otros brans. 



X 



A LA VICTORIA DE BAILEN 



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»OMf K el León soberbio la cadena 
Con que atarle pensó la felonía, 

Y sacude con noble bixarría 
Sobre el robusto cuello la melena : 

La espuma del furor sus labios llena, 

Y á los rugidos que indignado envía, 
El tigre tiembla en la caverna umbría, 

Y todo el bosque atónito resuena. 

El León despertó; temblad, traidores ; 
Lo que vejes creísteis, fué descanto; 
Las iuvenilea fuerzas guarda enteras. 

Perseguid, alevosos casadores, 
Á la tímida liebre, al ciervo manso; 
I No insultéis al monarca de las fierul 



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ni. 



SILVAS AMEIUCANAS 



CÁNTICOS PATRIÓTICOS 



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SILVA 



k LA AORtCULTURA DE LA ZONA TÓRRIDA 



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^LVEy fecunda zona, 
Que al sol enamorado circunscribes 
El vago curso, y cuanto ser se anima 
En cada vario clima, 
Acariciada de su luz, concibes 1 
^Tu tejes al verano su guirnalda 
De granadas espigas; tú la uva 
Das á la herviente cuba : 
No de purpúrea fruta, ó roja, ó gualda, 
Á tus florestas bellas 
Faltt matiz alguno; y bebe en ellas 
Aromas mil el viento; 
Y greyes van sin cuento 
Paciendo tu verdura, desde el llano 



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22 



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Que tiene por lindero el horizonte, 

Hasta el erguido monte, 
) De inaccesible nieve siempre cano. 

* /^ Tú das la caña hermosa. 

De do la miel se acendra, 

Por quien desdeña el mundo los panales : 

Tú en urnas de coral cuajas la almendra > 

Que en la espumante jicara rebosa: 
*i Bulle carmíá viviente en tus nopales, 

Que afrenta fuera al múrice de Tiro; 

Y de tu añil la tinta generosa ^ 
Émula es de la lumbre del xafíj:a4 
El vino es tuyo, que la herida agave ' 
Para los hijos vierte 

! Del Anáhuac felix ; y la hoja es tuya , 

^ Que cuando de sQave 

Humo en espiras vagarosas huya, 

laxará el fastidio al ocio inerte. 
Tu vistes de jazmines 
arbusto sabeo ' , 

Y el perfume le das que en los festines 
La fiebre insana templará á Lieo. 
Para tus hijos la procera palma ' 
So varío feudo cría, 

Y el ananás sazona su ambrosía : 



* Magiicj 6 pita (Agtrn mmrkmm^ L,) que di d pulque. 

• D aft c» ungÍBario de Arabía, y d más cttioiado c» el 
■uircio vicat todavía de aqucOa parte del Ycnea cu que citiH 
idftiaedeSaM, que es OkbelmeBle deodc hoy csti Moka, 
s tfimana ÜMaitia de vsfetales puede eenpctír cea hs pai- 
sa ta la variedad de produclDa útiles al iMmbrt; pea, leehe, 




23 

Su blanco pan la yuca ' , 
Sus rubias pomas la patata educa , 
Y el algodón despliega al aura leve 
Las rosas de oro y el vellón de nigY^j 
Tendida para tí la fresca parcha * 
En enramadas de verdor lozano , 
Cuelga de sus sarmientos trepadores 
Nectareos globos y franjadas flores ;. 

I'Y para tí el maíz, jefe altanero 

I De la espigada tribu, hinche su grano; 

' Y para ti el banano ' 

^Desmaya al peso de su dulce carga ; 
El banano, primero 
De cuantos concedió bellos presentes 
Providencia á las gentes 
Del Ecuador feliz con mano larga. 
No ya de humanas artes obligado 
El premio rinde opimo: 

* No se debe confundir (como se ha hecho en un Dicciona- 
rio de grande y merecida autoridad) la planta de cuya rab se 
hace el pan de cisave (que es la Jatropbú wumtbct de Unneo, 
conocida ya generabnente en castellano bajo el nombre átyne^ 
con la Yueea de los botánicos. 

* Este nombra se da en Venezuela 4 Us Pásifaroi d PaüO' 
tiéridUt género abundantísimo en especies, todas bellas, y algu- 
nas de suavísimos frutos. 

> B banano es el vegetal que principabnente cultivan pare 
si los escbvoa^e hs plantaciones é haciendas, y de que sacan 
mediati 6 inmediatamente su subaistencia, y casi todas las co- 
sas que les hacen tolerable la vida. Sabido es que el bananal no 
solo da, 4 proporeidn del terreno que ocupa, mis cantidad de 
alimento que ninguna otra siembra é plantío, sino que de todos 
los vegüaks aUmentieioa csit es el que pide mcnoe trabajo y 
menos cuidado. (B A.) 



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I No es á la podadera, no al arado 



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Deudor de su racimo ; 
Escasa industria bástale, cual puede 
Hurtar á sus fatigas mano esclava : 
Crece veloz, y cuando exhausto acaba, 
Adulta prole en torno le sucede. 



Mas I oh 1 si cual no cede 
El tuyo, fértil 2ona, á suelo alguno , 

Y como de natura esmero ha sido. 
De tu indolente habitador lo fuera: ' 
¡Oh I (Si al falax ruido 
La dicha al fín supiese verdadera 
Anteponer, que del umbral le llama 
Del labrador sencillo. 
Lejos del necio y vano 
Fasto, el mentido brillo, 
El o cio pestilente ciudadano I 

\¿ Por q ué ilusión funesta 
Aquellos que fortuna hizo señores 
De tan dichosa tierra y pingOe y varia , 
Al cuidado abandonan 

Y á la fe mercenaria 
Las patrias heredades, 
¡Y en el ciego tumulto se aprisionan 
"iDe míseras ciudades, 

Do la ambición proterva 
Sopla la llama de civiles bandos , 
i ó al patriotismo la desidia enerva ; 

Do el lujo las costumbres atosiga, 

Y combaten los vicios 
La incauta edad en poderosa liga? 

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No allí con varoniles ejercicios 

Se endurece el mancebo i la fatiga; 

Mas la salud estraga en el abraso 

De pérfida hermosura, 

Que pone en almoneda los favores; 

Mas pasatiempo estima 

Prender aleve en casto seno el fuego 

De ilícitos amores; 

Ó embebecido le hallará la aurora 

En mesa infame de ruinoso juego. 

En tanto á la lisonja seductora 

Del asiduo amador fácil oído 

Da la consorte: crece 

En la materna escuela 

De la disipación y el galanteo 

La tierna virgen, y al delito espuela 

Es antes el ejemplo que el deseo. 

I Y será que se formen de ese modo 

Los ánimos heroicos denodados 

Que fundan y sustentan los 1 

¿Déla algazara del festín b 

O de los coros de liviana danza i 

La dura juventud saldrá, modesta, 

Orgullo de la patria y esperanza? 

^ Sabrá con firme pulso 

De la severa ley regir el freno ; 

Brillar en tomo aceros homicidas 

En la dudosa lid verá sereno : 

Ó animoso hará firente al genio altivo 

Del engreído mando en la tribuna , 

Aquél que ya en la cuna 

Durmió al arrullo del cantar lascivo. 






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36 

Que risa el pelo, y se unge, y se atavia 
Coa femenil esmero , 

Y en indolente ociosidad el día» 

ó en criminal lujuria, pasa entero? 
No así trató la triunfadora Roma 
Las artes de la paz y de la guerra ; 
Antes fío las riendas del Estado 
A la mano robusta 
Que tostó el sol y encalleció el arado : 

Y bajo el techo humoso campesino 
Lx» hijos educó I que el conjurado 
Mundo allanaron al valor latino. « 



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]0h! ¡Los que, afortunados poseedores. 
Habéis nacido de la tierra hermosa 

En que reseña hacer de sus favores, 

Como para ganaros y atraeros, 

Quiso naturaleza bondadosa 1 

Romped el duro encanto 

Que os tiene entre murallas prisioneixM. 
t El vulgo de las artes laborioso, 

El mercader, que necesario al lujo, 

Al lujo necesita, 

Los que anhelando van tras el señuelo 

Del alto cargo y del honor ruidoso , 

La grey de aduladores parasitt , 

Gustosos pueblen ese infecto caos : ^ 

• g^campo es vuestra herencia : en él gosaMj 

TXmáis la libertad? El campo habita , ^"'^ 

No allá donde el magnate 

Entre armados satélites se mueve, 
, Y de la moda, universal señora y 



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27 

Va la rasóa al triunfal carro atada , 

Y á la fortuna la insensata plebe, 

Y el noble al aura popular adora. 

^Ó la virtud amáis? ¡Ahí ¡Que el retiro, 

La solitaria calma 

En que, juez de sí misma, pasa el alma 

Á las acciones muestra, 

Es de la vida la mejor maestra 1 

^Buscáis durables goces, 

Felicidad, cuanta es al hombre dada 

Y á su terreno asiento , en que vecina 

Está la risa al llanto, y siempre , ¡ ahí siempre 
Donde halaga la flor, punra la espina? 

^[d,á gozar la suerte campesina; 

/■ Xa re galada paz , que ni rencores 
Al labrador , ni envidias acibaran ; 
La cama que mullida le preparan 
El contento, el trabajo, el aire puro; 

Y el sabor de los fáciles manjares. 
Que dispendiosa gula no le aceda; 

Y el asilo seguro 

De sus patrios hogares 

Que á la salud y al regocijo hospeda. 

El aura respirad de la montaña, 

Que vuelve al cuerpo laso 

El perdido vigor, que á la.enojosa 

Vejez retarda el paso, 

Y el rostro á la beldad tiñe d e rosa. 
¿Es allí menos blanda por V^tuní 
De amor la llama, que templó el recato? 
ló menos aficiona la hermosura 
Que de extranjero ornato 



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I. 

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|: • 38 

2 Y afeites impostores no se cura? 

^Ó el corazón escucha indiferente 
El lenguaje inocente 
Que los afectos sin disfras expresa 

Y á la intención ajusta la promesa? 
No del espejo al importuno ensayo 
La risa se compone, el paso, el gesto; 
Ni falta allí carmín al rostro honesto 
Que la modestia y la salud colora. 
Ni la mirada que lanxó al soslayo 
Tímido amor, la senda al alma ignora. 
{Esperaréis que forme 
Más venturosos lazos himeneo, 
Do el interés barata, 
Tirano del deseo» 

Ajena mano y fe por nombre ó plau, 
Que do conforme gusto , edad conforme , 

Y elección libre, y mutuo ardor los au? 

Allí umbiénjdcberes 
Hay que llenar \ cerrad, cerrad las hondas 
Heridas de la guerra: él fértil suelo, 
y? Áspero ahora y bravo, 
V ^J|f^^ Al desacostumbrado yugo tome 
é^fJ^ ^^ ^^^ humana, y le tribute esclavo. 
&A/ Del obstruido estanque y del molino 
V^^J^ Recuerden ya las aguas el camino : 

A KJ^ El intrincado bosque el hacha rompa , 
^ Consuma el iueso : abrid en luengas ci 






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• 1 • 



bxtgo : abrid en luengas calles 
La oscuridad de su infiruauosa pompa. 
Abrigo den loa valles 
Á la sedienta ca&a ; 



29 

La manzana y la pera 
Eq la fresca montaña 
El cielo olviden de su madre España : 
Adorne la ladera 
El cafetal: ampare 
Á la tierna teobroma en la ribera 
La, sombra maternal de su bucare *: 
Aquí el verjel, allá la huerta ría.... 
¿Es ciego error de ilusa fantasía? 
Ya dócil á tu voz, agricultura, 
Nodriza de las gentes , la caterva 
Servil armada va de corvas hoces ; 
Miróla ya que invade la espesura 
De la ñoresta opaca; oigo las voces; 
Siento el rumor confuso; el hierro suena; 
Los golpes d lejano 
Eco redobla; gime el ceibo anciano. 
Que á numerosa tropa 
Largo tiempo fatiga: 
Batido de cien hachas se estremece» 
Estalla al fin, y rinde el ancha comj 
Huyó la fiera: deja el caro nidcf^ 
Deja la prole implume 
El ave, y otro bosque no sabido 
Pe los humanos, va á buscar doliente.... 
\ ¿v¿aé miro? Alto torrente 
yP^^eoBorosa llama 
Corre, y sobre las áridas ruinas 
De la postrada selva se derrama. 



(TWoArwM MWM, L.j tuek plantanc en Vtac* 
iiick á li tombn deMoktcorpiikatM Uunadot áwflrii. 



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¡. El raudo inceadio á grao distancia brama, 

I Y el humo ea negro remolino sube, 

Aglomerando nube sobre nube. 
Ya de lo que antes era 

j Verdor hermoso y fresca lozanía. 

Sólo difuntos troncos, 
Sólo cenizas quedan, monumento 

« De la dicha mortal, burla del viento. 

Mas al vulgo bravio 
De las tupidas plantas montaraces 
Sucede ya el fructífero plantío 
En muestra ufana de ordenadas haces. 
Ya ramo á ramo alcanza, 

! Y á los rollizos tallos hurta el día : 

Ya la primera ñor desvuelve el seno. 
Bello á la vista, alegre á la esperanza : 
A la esperanza, que riendo enjuga 
Del fatigado agricultor la frente , 

Y allá á lo lejos el opimo fruto , 

Y la cosecha apañadora pinta, 
Que lleva de los campos el tributo. 
Colmado el cesto, y con la falda en cinta, 

Y bajo el peso de los largos bienes 
Con que al colono acude , 
Hace crujir los vastos almacena 



Dienes 



(Buen Diosl no en vano sude, 
i Mas á merced y á compasión te mueva 

j [• La gente agricultora 

jl Del Ecuador, que del desmayo triste 

" Coa renovado aliento vuelve ahora, 

Y tras unta zozobra, ansia, tumulto, 



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3t 

Taatos años de fien 

DevastaciÓQ y militar insulto, 

A4ii más que ta demencia antigoa implora. 

Su rustica piedad» pero sincera « 

Halle á tos ojos gracia : no el risueño 

Porvenir que las penas le aligera , 

Cual de dorado sueño 

Visión íalaa, desranecido llore: 

IntempestiTa lluvia no maltrate 

El delicado embrión: el diente impío 

De insecto roedor no k> devore : 

Sañudo vendaval no lo arrebate. 

Ni agote al árbol el materno )ugo 

La calorosa sed de largo estío. 

Y pues al fin te plugo , 
Arbitro de la suerte soberano, 

Que suelto el cuello de extranjero yugo 
Erguiese al cielo el hombre americano; 
Bendecida de ti se arraigue y medra 
Su libertad : en el más hondo encierra 
De los abismos la malvada guerra, 

Y el miedo de la espada asoladora 
Al suspicaz cultivador no arredra 
Del arte bienhechora , 

Que las familias nutre y los Estados: 
La azorada inquietud de)e las almas. 
Deje la triste herrumbre los arados. 
Asaz de nuestros padres malhadados 
Expiamos la bárbara conquista. 
¿Cuántas doquier la vista 
No asombran erizadas soledades, 
Do cultos campos fueron, do ciudades? 



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De muertesi proscripciones, 
: Suplidos» orfandades I 

1 ^Qttién contará la pavorosa suma ? 

Saciadas duermen ya de sangre ibera 

Las sombras de Atahualpa y Motezuma. 
] I Ahí Desde el alto asiento 

í' . En que escabel te son alados coros 

;. Que velan en pasmado acatamiento 

La £i2 ante la lumbre de tu frente 
I (Si merece por dicha una mirada 

Tuya la sin ventura humana gente]» 

El ángel nos envía» 

El ángel de la pas, que al crudo ibero 
t Haga olvidar la antigua tiranía, 

t Y acaur reverente el que á los hombres 

Sagrado diste» imprescriptible fuero: 

Que alargar le haga al injuriado hermano 

(¡Ensangrentóla asazl) la diestra inerme; 

Y si la innata mansedumbre duerme»* 
La despierte en el pecho americano. 
El corazón lozano 
Que una feliz oscuridad desdeña» 
Que en el azar sangriento del combate 
Alborozado late» 

Y codicioso de poder ó fiíma, 
Nobles peligros ama; 
Baldón estime sólo y vituperio 
El prez que de la patria no reciba» 
La libertad más dulce que el imperio» 

Y más hermosa que el laurel la oliva. 
Ciudadano el soldado, 
Deponga de la guerra la librea: 



33 

El ramo de victoria 

Colgado al ara de la patria sea, 

Y sola adorne al mérito la gloría. 
Be su triíunfo entonces, patria mía. 
Verá la paz el suspirado día; 

La pax. á cuya vista el mundo llena 
Alma, serenidad y regocijo, 
Vuelve alentado el hombre á la faena, 
Alza el ancla la nave, á las amigas 
Auras encomendándose animosa, 
Enjámbrase el taller, hierve el cortijo, 

Y no basta la hoz á las espigas. 

¡Oh jóvenes naciones, que ceñida 
Alzáis sobre el atónito Occidente 
De tempranos laureles la cabezal 
Honrad el campo, honrad la simple vida 
Del labrador, y su frugal llaneza. 
Así tendrán en vos perpetuamente 
La, libertad morada, 

Y freno la ambición, y la ley templo. 
Las gentes á la senda 

De la inmortalidad, ardua y fragosa , 

Se animarán, citando vuestro ejemplo. 

Lo emulará celosa 

Vuestra posteridad, y nuevos nombres 

Añadiendo la fama 

A los que ahora aclama , 

«Hijos son estos, hijos 

(Pregonará á los hombres) 

De los que vencedores superaron 

De los Andes la cima: 

in. 3 



De los que en Boyacá, los que en la arena 
De Maipo 7 en Junín, 7 en la campaña 
Gloriosa de Apurimay 
Postrar supieron al león de España.» 



iSs6. 



Y 



s 




ALOCUCIÓN Á LA POESÍA 



LyiviNA Poesía I 

Tú de la soledad habitadora, 

Á consultar tus cantos enseñada 

Con el silencio de la selva umbría ; 

Tú á quien la verde gruta fué morada , 

Y el eco de los montes compañía; 
Tiempo es que dejes ya la culta Europa i 
Que tu nativa rustiques desama , 

Y dirijas el vuelo adonde te abre 

El mundo de Colón su grande escena. 
También propicio allí respeta el cielo 
La siempre verde rama 
Con que al valor coronas : 



36 

También allí la florecida vega , 

El bosque enmarañado, el sesgo río, 

Colores mil á tus pinceles brindan; 

Y céfiro revuela entre las rosas ; 

Y fúlgidas estrellas 

Tachonan la carroza de la noche ; 

Y el Rey del cielo, entre cortinas bellas 
De nacaradas nubes, se levanta; 

Y la avecilla en no aprendidos tonos 
Con dulce pico endechas de amor canta. 

^Qué á ti, silvestre ninfa, son las pompas 
De dorados alcázares reales? 
^Á tributar también irás en ellos 
En medio de la turba cortesana 
El torpe incienso de servil lisonja? 
No tal te vieron tus más bellos días 
Cuando en la infancia de la gente humana, 
Maestra de los pueblos y los reyes 
Cantaste al mundo las primeras leyes. 
No te detenga ¡oh Diosa! 
Esta región de lux y de miseria. 
En donde tu ambiciosa 
Rival Filosofía, 
Que la virtud á cálculo somete. 
De los mortales te ha usurpado el culto ; 
Donde la coronada hidra amenasa 
Traer de nuevo al pensamiento esclavo 
La antigua noche de barbarie y crimen: 
Donde la liberud vano delirio, 
Fe la aervilidad, grandeza el fiíito^ 
La corrupdda cultura le aj 



Descuelga de la encina carcomida 

Tu dulce lira de oro^ con que un tiempo 

Loa prados y las flores, el susurro 

De la floresu opaca, el apacible 

Murmurar del arroyo trasparente, 

Las gracias atraaivas 

De natura inocente 

Á los hombres cantaste embelesados; 

Y sobre el vasto Atlántico tendiendo 
Las ▼agarosas.alas, á otro cielo , 

Á otro mundo, á otras gentes te encamina, 

Do viste aún su primitivo traje 

La tierra, al hombre sometida apenas ; 

Y las riquesas de los climas todos, 
América, del Sol joven esposa, 
Del antiguo Océano hija postrera , 
En su seno feras crfa y esmera. 

¿Qué morada' te aguarda? ¿Qué alta cumbre. 
Qué prado ameno, que repuesto bosque 
liarás tu domicilio? ¿En qué felice 
Playa estampada tu sandalia de oro 
Será primero? ¿Dónde el claro río 
Que de AlbYon los héroes vio humillados, 
Loa acules pendones reverbera 
De Buenos Aires, y orgulloso arrastra 
De cien potentes aguas los tributos 
Al atónito mar? ¿Ó dónde emboca 
Su doble cima el Ávila entre nubes , 

Y la ciudad renace de Losada * ? 

* Fmdaácr dt Ctfácat. (BjI,) 



38 

^Ó más te sonreirán, Musa, los valles 
De Chile afortunado, que enriquecen 
Rubias cosechas y sQaves frutos; 
Do la inocencia y el candor ingenuo 

Y la hospitalidad del mundo antiguo 
Con el valor y el patriotismo habitan? 
¿ó la dudad * que el águila posada 
Sobre el nopal mostró al azteca errante 

Y el suelo de inexhausus venas rico 
Que casi haruron la avarienta Europa? 
Ya de la mar del Sur la bella reina , 

Á cuyas hijas dio la gracia en dote 

Naturalexa, habitación te brinda 

Ba)o su blando cielo, que no turban 

Lluvias jamás ni embravecidos vientos. 

<Ó la elevada Quito 

Harás tu albergue, que entre canas cumbres 

Sentada, Ofe bramar las tcmpesudes 

Bajo sus pies, y etéreas auras bebe 

Á tu celeste inspiración propicias? 

Mas oye do tronando se abre paso 

Entre murallas de peinada roca, 

Y, envuelto en blanca nube de vapores 

De vacilantes iris matizada, 

Loa valles va á buscar de Magdalena 

Con salto audaz el Bogotá espumoso. 

Allí memorias de tempranos días 

Ttt lira aguardan; cuando, en ocio dulce 

Y nativa inocencia venturosos, 
Soaicata ttcO dio á sos moradoreti 



39 

♦ 

Primera prole de su fértil seno 
CuDdinamarca; aates que el corro arado 
Violase el suelo, ni extranjera nave 
I^s aparudas costas Tisitara. 
Aúa ao aguzado la ambicióa había 
Eihierro atros; aún ao degenerado 
BuKaba el hombre bajo oscuros techos 
El albergue, que gruus y florestas 
Saludable le daban y seguro, 
Sin que señor la tierra conociese, . 
Los campos valla, ni los pueblos muro. 
La libertad sin leyes florecía, 
Todo era paz, contento y alegría; 
Cuando de dichas tanus envidiosa 
Huiuca bella *, de las aguas diosa, 
Hinchando el Bogotá, sumerge el valle. 
De la gente infeliz, parte pequeña 
Asilo halló en los montes: 
El abismo voraz sepulu el resto. 
Tú cantarás cómo indignó el funesto 
Estrago de su casi extinta raza 
A Nenqueteba, hi)o del Sol, que rompe 
Con su cetro divino la enriscada 
Montaña, y á las ondas abre calle. 
El Bogotá, que, inmenso lago un día. 
De cumbre á cumbre dilató su imperio ; 
De las ya estrechas márgenes , que asalta 
Con vana furia, la prisión desdeña, 
Y por la brecha hirviendo se despeña. 

« HuÜMt, mujer dt Ncnquctita d Btebka, kgMbdor de 
los MuitSM.— V. HumMit, Kací 4n UréUtím, 1. 1. (BA,) 



e 

* 



40 

TÚ cantarás cómo á las nuevas gentes 
Nenqueteba piadoso leyes, y artes , 

Y culto dio; después que á la maligna 
Ninfa mudó en lumbrera de la noche , 

Y de la Luna por la ve^ primera 
Surcó el Olimpo el argenudo coche. 

Ve, pues, ve, á celebrar las maravillas 
Del Ecuador: canta el vistoso cielo 
Que de los astros todos los hermosos 
Coros alegran; donde á un tiempo el vasto 
Dragón del Norte su dorada espira 
Desvuelve en tomo al luminar inmóvil 
Que el rumbo al marinero audax señala, 

Y la paloma candida de Arauco 
En las australes ondas moja el ala. 
^'tíis colores los más ricos mueles 

Y tomas el mejor de tus pinceles , 
Podrás los climas retraur, que entero 
El vigor guardan geniul primero 
Con que la vos omnipotente, oída 

Del hondo caos, hinchió la tierra, apenas 
Sobre su informe fax aparecida, 

Y de verdura la cubrió y de vida. 
Selvas eternas, ^quién al vulgo inmenso 
Que vuestros verdes laberintos puebla, 

Y en varias formas y esutura y galas 
Hacer parece alarde de sí mismo. 
Poner presumirá nombre ó guarismo? 
En deán muchedumbre 

Ceibas, aeadasi mirtos se entrtt^ea , 
Beiiicoa» vides* sraaias: 



Lai ramas á las ramas y 
Po^oaado por gozar de las felices 
Auras y de la luz, perpetua guerra 
Hacen, y á las rakés 
Angosto YÍeoe el seno de la tierra. 
¡Ohl ¡Quién contigo, amable Poesía, 
Del Cauca á las orillas me llevara, 

Y el blando aliento respirar me diera 
De la siempre lozana primavera 

Que allf su reino estableció y su corte I 

ó, si ya de cuidados enojosos 

Exento, por las márgenes amenas 

Del Aragua moviese 

El tardo incierto paso, 

ó reclinado acaso 

Bajo una fresca palma en la llanura. 

Viese arder en la bóveda azulada 

Tus cuatro lumbres bellas, 

¡Oh Cruz del Suri que las nocturnas horas 

Mides al caminante 

Por la espaciosa soledad errante; 

ó del cucuy las luminosas huellas 

Viese corur el aire tenebroso, 

Y del lejano umbo á mis oídos 
Viniera el son del ]rarabf amoroso! 

Tiempo vendrá cuando de ti inspirado 
Algún Marón americano ¡oh Diosa I 
También las mieses, los rebaños cante. 
El rico suelo al hombre avasallado, 

Y las dádivas mil con que la zona 
De Febo amada al labrador corona 




Donde candida miel llevan las cañas, 

Y animado carmín la tuna cria , 
Donde tremola el algodón su nieve , 

Y el ananás sazona su ambrosía; 
De sus racimos la variada copia 
Rinde el palmar, de azucarados globos 
El zapotillo, su manteca ofrece 

La verde palta, da el añil su tinta , 
Bajo su dulce carga desfallece 
El banano, el café el aroma acendra 
De sus albos jazmines, y el cacao 
Cuaja en urnas de púrpura su almendra. 



Mas ¡ahí ¿prefieres de la guerra impía 
Los horrores decir, y al son del ps.rche 
Que los maternos pechos estremece, 
Pintar las huestes que furiosas corren 
Á destrucción y el suelo hinchen de luto? 
¡Ohl ¡Si ofrecieses menos fértil tema 
Á bélicos cantares, patria mía I 
iQné ciudad, qué campiña no ha inundado 
La sangre de tus hijos y la ibera? 
¿Qué páramo no dio en humanos miembros 
Pasto al cóndor? ¿Qué rústicos hogares 
Salvar su oscuridad pudo á las furias 
De la civil discordia embravecida ? 
Pero no en Roma obró prodigio tanto 
El amor de la patria, no en la austera 
Esparta, no en Numancia generosa ; 
Ni de la historia da página alguna, 
Mvsii más altoa hechos á tu canto. 



^Á qué provincia el premio de alabansa , 
Ó á qué varón tribuurás primero? 

Grata celebra Chile el de Camero, 
Que, vencedor de cien sangrientas lides , 
Muriendo, el suelo consagró de Talca ; 

Y la memoria eternizar desea 

De aquellos granaderos de á caballo 
Que mandó en Chacabuco Necochea.. 
¿Pero de Maipo la campiña sola 
Cuan larga lista ¡oh Musa I no te ofrece, 
Para que en tus cantares se repita, 
De campeones cuya frente adorna 
El verde honor que nunca se marchiu? 
Donde ganó tan claro nombre Bueras, 
Que con sus caballeros denodados 
Rompió del enemigo las hileras ; 

Y donde el regimiento de Coquimbo 
Tantos héroes contó como soldados. 

¿De Buenos Aires la gallarda gente 
No ves, que el premio del valor te pide? 
Castelli osado, que las fuerzas mide 
Con aquel monstruo que la cara esconde 
Sobre las nubes y á los hombres huella; 
Morenoy que abogó con digno acento 
De los opresos pueblos la querella ; 

Y túy que de Suipacha en las llanuras 
Diste á tu casa agüero de venturas, 
Balcarce; y tú, Belgrano^ y otros ciento 
Que la tierra natal de glorias rica 

ds con la espada ó con la pluma , 



44 

Si el justo galardón se os adjudica, 
No temeréis que el tiempo le consuma. 

Ni sepultada quedará en olvido 
La Pax, que tantos claros hijos llora , 
Ni Santacrus, ni menos Chuquisaca, 
Ni Cochabamba, que de patrio celo 
Ejemplos memorables atesora; 
Ni Potosfi de minas no tan rico 
Como de nobles pechos; ni Arequipa, 
Que de Vizcardo con rasón se alaba , 
Ni á la que el Rímac las murallas lava , 
Que de iax Reyes fué, ya de sf propia , 
Ni la ciudad que dio á los Incas cuna, 
Leyes al Sur, y que si aun gime esclava , 
Virtud no le faltó, sino fortuna. 
Pero la libertad, bajo los golpes 
Que la ensangrientan, cada vez más brava, 
Más indomable, nuevos cuellos yergue , 
Que al despotismo harán soltar la clava. 
No largo tiempo usurpará el imperio 
Del Sol la hispana gente advenediza, 
Ni al ver su trono en tanto vituperio 
De Manco Cápac gemirán los manes. 
De Ángulo y Pumacagua la ceniza 
Nuevos y más felices capitanes 
Vengarán, y á los hados de su pueblo 
Abrirán vencedores el camino. 
Huid, días de afán, días de luto, 
Y acderad los tiempos que adivino. 

Diosa de la memoria, himnos te pide 



» 






V 



El imperio también de Motesuma , 
Que, rota la coyunda de Iturbide , 
Entre los pueblos libres se numera. 
Mucho, nación bizarra mejicana, 
De tu poder y de tu ejemplo espera 
La libertad; ni su esperanza es vana , 
Si ajeno riesgo escarmentarte sabe, 

Y no en un mar te engolfes que sembrado 
De los fragmentos ves de tanta nave. 
Llegada al puerto venturoso, un día 
Los héroes contarás á que se debe 

Del arresto primero la osadía ; 
Que á veteranas filas rostro hicieron 
Con pobre, inculta, desarmada plebe , 
Excepto de valor, de todo escasa ; 

Y el coloso de bronce sacudieron 
A que tres siglos daban firme basa. 
Si á brazo más feliz, no más robusto, 
Poderlo derrocar dieron los cielos, 
De Hidalgo no por eso y de Morelos 
Eclipsará la gloria olvido ingrato ; 
Ni el nombre callarán de Guanajuato 
Los claros &stos de tu heroica lucha. 
Ni de tanta ciudad, que, reducida 

A triste yermo, á un enemigo infama 
Que, vencedor, sus pactos sólo olvida; 
Que hace exterminio, y sumisión lo llama. 

Despierte ( i oh Musa I tiempo es ya), despierte 
Algún suUime ingenio, que levante 
El vuelo á tan espléndido sujeto , 

Y que de Popayán loa hechos cante 



4to 
Y de la ao inferior Barquisimeto, 



( • 






Y del pueblo * umbién^ cuyos hogares 
Á sus orillas mira el Manzanares; 

No el de ondas pobre y de verdura exhausto. 
Que de la regia corte sufre el fausto , 

Y de su servidumbre está orgulloso , 
Mas el que de aguas bellas abundoso, 
Gomo su gente lo es de bellas almas. 
Del cielo» en su cristal sereno, pinu 

El puro azul, corriendo entre las palmas 
De esta y aquella deliciosa quinta: 
Que de Angostura las proezas cante, 
De liberud inexpugnable asilo. 
Donde la tempestad desoladora 
Vino á estrellarse; y con sOave estilo 
De Bogotá los timbres diga al mundo, 
De Guayaquil, de Maracaibo (ahora 
Agobiada de bárbara cadena) , 

Y de cuantas provincias Cauca baña, 
Orinoco, Esmeralda, Magdalena, 

Y cuantas bajo el nombre Colombiano 
Con fraternal unión se dan la mano. 

Mira donde contrasta sin muralla^ 
Mil porfiados auques iBarcelona. 
Es un convento el último refugio 
De la arrestada, aunque pequeña, tropa 
Que la defiende: en tomo el enemigo, 
Cuantoe oonoce el fiero Marte acopia 
M«itoe de destrucción; ya por dea partes 



(BA.) 



47 

Cede al batir de las toaantes bocas 

El débil muro, y superior en armas 

Á cada brecha una legión se agolpa; 

Cuanto el valor y el patriotismo pueden 

El patriotismo y el valor agotan; 

Mas layl sin fruto. Tú de aquella escena 

Pintarás el horror, tú que á las sombras 

Belleza das, y al cuadro de la muerte 

Sabes encadenar la mente absorta. 

Tú pintarás al vencedor furioso 

Que ni al anciano trémulo perdona 

Ni á la inocente edad, y en el regazo 

De la insultada madre al hijo inmola. 

Pocos reserva á vil suplicio el hierro : 

Su rabia insana en los demás desfoga 

Un enemigo que hacer siempre supo 

Más que la lid, sangrienta la victoria. 

Tú pintarás de Chamberlén el triste 

Pero glorioso fin. La tierna esposa • 

Herido va á buscar ; el débil cuerpo 

Sobre el acero ensangrentado apoya; 

Estréchala á su seno, c Libertarme 

De un cadalso afrentoso puede sola 

La muerte (dice) ; este postrero abrazo 

Me la hará dulce: ¡adiósl i Cuando con pronta 

Herida va á matarse, ella atajando 

El brazo alzado ya, «¿Tú á la deshonra , 

Tú á ignominiosa servidumbre, á insultos 

Más que la muerte horribles me abandonas? 

Para sufrir la afrenta &lta (dice) 

Valor en mí; para imitarte, aobra, 

Muramos ambos.! Hieren 



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48 

Á ua tiempo dos aceros 

Entrambos pechos: abrazados mueren. 

Pero al de Margarita, ¿qué otro nombre 
Deslucirá? Donde hasta el sexo blando 
Con los varones las fatigas duras 

Y los peligros de la guerra parte ; 
Donde á los defensores de la patria 
Forzoso fué, para lidiar, las armas 
Al enemigo arrebatar lidiando; 
Donde el caudillo á quien armó Femando 
De su poder y de sus fuerzas todas 
Para que de venganza les saciara , 
Al inexperto campesino vulgo 

I Que sus falanges denodado acosa , 

El campo deja en fuga ignominiosa. 
I 

I I Ni menor prez los tiempos venideros 

\ \ Á la virtud darán de Cartagena. 

. t No la domó el valor : no al hambre cede 

Que sus guerreros ciento á ciento siega: 
Nadie á partidos viles presta oidos: 
Cuantos un resto de vigor conservan , 
Lánzanse al mar, y la enemiga flota 
En mal seguros leños atraviesan. 
j • Mas no el destierro su constancia abate. 

Ni á la desgracia la cerviz doblegan ; 

Y si una orilla dejan, que profiína 
La usurpación, y las venganzas yerman, 
Ya á verla volverán bajo estandartes 

?ie á coronar el patriotismo fuersaa 
U fertuaai y ks darán los ciclos 



U \r 



49 

Á indignas manos arrancar la presa: 
En tanto por las calles silenciosas^ 
Acaudillando armada soldadesca. 
Entre infectos cadáveres , y vivos 
En que la estampa de la parca impresa 
Se mira ya, su abominable triunfo 
La restaurada Inquisición pasea ; 
Con sacrflegos himnos los altares 
Haciendo resonar, á su honda cueva 
Desciende enhambrecida, y en las ansias 
De atormentados mártires se ceba. 



¿Y qué diré de la ciudad que ha dado 

Á la sagrada lid tanto caudillo? 

I Ahí ¡que entre escombros olvidar pareces» 

Turbio Catuche, tu camino usado I 

¿Por qué en tu margen el rumor festivo 

Calló? ¿Do está la torre bulliciosa 

Que pregonar solía , 

De antorchas coronada , 

La pompa augusta del solemne día ? 

Entre las rous cúpulas que oyeron 

Sacros ritos ayer, torpes reptiles 

Anidan, y en la sala que gozosos 

Banquetes vio y amores, hoy sacude 

La grama del erial su infausta espiga. 

Pero más bella y grande resplandeces 

En tu desolación, ¡oh patria de héroes I 

Tú qiie lidiando altiva en la vanguardia 

De la &milia de Colón, la diste 

De fe constante no excedido ejemplo ; 

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5o 

Y si en tu suelo desgarrado al choque 
De destructivos terremotos, pudo 
Tremolarse algún tiempo la bandera 
De los tiranos, en tus nobles hijos 
Viviste inexpugnable, de los hombres 

Y de los elementos vencedora. 
Renacerfts, renacerás ahora : 
Florecerán la pax y la abundancia 
Ea tus talados campos: las divinas 
Musas te harán fiívorecida estancia, 
Ycahrirán de rosas tus ruinas* 



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1 . 



ALOCUCIÓN Á LA POESÍA 



SECUNDO PRAOMIMTO 



v^olombiaI ¿Qué montaña, qué ribera , 

Qué playa inhospital, donde antes solo 

Por el furor se vio de la pantera 

Ó del caimán el suelo en sangre tinto ? 

¿Cuál selva un oscura, en tu recinto , 

Cuál queda ya tan solitaria cima, 

Que horror no ponga y grima 

De humanas osamentas hoy sembrada , 

Feo padrón del sanguinario instinto 

Que también contra el hombre al hombre anima? 

Tu libertad, ¡cuan caro 

Comprastel ¡Cuánta tierra devasudal 

¡Cuánta familia en triste desamparo I 

Mas el bien adquirido al precio excede. 

¿Y cuánto nombre claro 

No das también al templo de Memoria? 

Con los de Codro y Cúrelo, el de Ricaurte 

Vivirá, mientras hagan el humano 

Pecho latir la libertad, la gloria. 

Vadle en sangrientas lides el Aragua 



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5a 

Dar á su patria lustre ; 

El despotismo sus falanges dobla i 

Y aun np sucumbe al número el denuedo 
Á sorprender se acerca una columna 

El almacén que con Ricaurte guarda 
Escasa tropa : él, dando de los suyos 
Á la salud lo que á la propia niega , 
Aléjalos de sí : con ledo rostro 
Su intento oculta : y ya de espeso polvo 
Se cubre el aire, y cerca se oye el trueno 
Del hueco bronce, entre dolientes ayes 
De inerme vulgo, que á los golpes cae 
Del vencedor: mas no, no impunemente; 
Ricaurte aguarda de una antorcha armado; 

Y cuando el puesto que defiende mira 
De la contraria hueste rodeado 

Que ebria de sangre á fácil presa avanza; 
Cuando el punto fatal, no á la venganza 
(Que indigna juzga), al alto sacrificio 
Con que llenar el cargo honroso anhela , 
Llegado ve, ¡viva la patrial clama; 
La antorcha aplica, el edificio vuela. 
Ni tú de Ribas callarás la fama , 
Á quien vio victorioso Niquiuo, 
Horcones, Ocumare, Vijirima, 

Y dejando otros nombres, que no menos 
Dignos de loa Venezuela estima, 
Úrica, que ilustrarle pudo sola. 
Donde de heroica lanza atravesado 
Mordió la tierra el sanguinario Bovct. 



¿Qué si de Ribas 4 los altos hechos 



// 



53 



Dio la fortuna injusto premio al cabo? 
^Qué, si cautivo el español le insulta? 
¿Si perecer en el suplicio le hace 
Á vista de los suyos? ¿Si su yerta 
Cabeza expone en afrentoso palo? 
Dispensa á su placer la tiranía 
La muerte, no la gloria, que acompaña 
Al héroe de la patria en sus cadenas , 

Y su cadalso en luz divina baña. 

Así espiró también de honor cubierto 
Entre víctimas mil Baraya, á manos 
De tus viles satélites, Morillo: 
Ni el duro fallo á mitigar fué parte 
De la mísera hermana el desamparo , 
Que lutos arrastrando, acompañada 
De cien matronas, tu clemencia implora. 
«(Muera (respondes) el traidor Baraya , 

Y que á destierro su familia vayalt 
Baraya muere, mas su ejemplo vive. 
¿Piensas que apagarás con sangre el fuego 
De libertad en untas almas grandes? 
Del Cotopaxl ve á extinguir la hoguera 
Que ceban las entrañas de los Andes. 
Mira correrla sangre de Rovira, 

A quien lamentan Mérida y Pamplona ; 

Y la de Freites derramada mira , 
El constante adalid de Barcelona : 
Ortiz, García de Toledo espira ; 
Granados, Amador, Castillo muere; 
Yace Cabal de Popayán llorado , 
Llorado de las dendaí; fiera bala 
El pecho de Camilo Torres hiere ; 






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Gutiérrez el postrero aliento exhala: 
Perece Pombo, que en el banco in&usto 
El porvenir glorioso de su patria 
Con profético acento te revela; 
No la íntegra virtud salva á Torices; 
No la modestia, no el ingenio á Caldas: 
De luto está cubierta Venezuela, 
Cundinamarca desolada gime, 
Quito sus hijos más ilustres llora. 
¿Pero cuál es de tu crueldad el fruto ? 
¿k Colombia otra vez Femando oprime? 
¿Méjico á su vbir postrada adora? 
¿El antiguo tributo 

De un hemisferio esclavo á España llevas? 
¿Puebla la Inquisición sus calabozos 
De americanos ; ó españolas Cortes 
Dan á la servidumbre formas nuevas ? 
¿De la sustancia de cien pueblos graves 
La avara Cádiz ve volver sus naves? 



Pudo á un Cortés, pudo á un Pizarro el mundo 

La sangre perdonar que derramaron : 

Imperios con la espada conquistaron; 

Mas á ti ni aun la vana, la ilusoria 

Sombra, que llama gloria 

El vulgo adorador de la fortuna , 

Adonu: aquella efímera victoria 

Que de inermes provincias te hizo dueño, 

Gomóla aerea ftbrica de un sueño 




55 



Desvanecióse, y nada deja, nada< 



Quien te pone con Alba en paralelo, 

¡Oh cuánto yerral En sangre bañó el suelo 

De Bauvia el ministro de Felipe ; 

Pero si fué cruel y sanguinario. 

Bajo no fué; no acomodando al vario 

Semblante de los tiempos su semblante. 

Ya desertor del uno. 

Ya del otro partido. 

Sólo el de su interés siguió constante ; 

No alternativamente 

Fué soldado feroz, patriota falso: 

No dio á la Inquisición su espada un día 

Y por la libertad lidió el siguiente; 

Ni traficante infame del cadalso, 

Hixo de los indultos granier(a. 



A ti también, Javier Ustáriz, cupo 
Mísero fin; atravesado fuiste 
De hierro atroz á vista de tu esposa, 
Que con su llanto enternecer no pudo 
Á tu verdugo, de piedad desnudo: 
En la tuya y la sangre de tus hi|ot 
Á un tiempo la infeliz se vio bañada. 
¡Oh Maturínl ¡Oh lúgubre jomada I 
|0h db de aflicción á Venezuela, 




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I. 

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I -.' Que aiinho/y de tanta pérdida preciosa, 

* \ Apenas con sus glorías se coasuela ! 

( \\ Tú en tanto en la morada de los justos 

.) i' Sin duda el premio, amable UsiáriZi gosas 

: t; Debido á tus fatigas, á tu celo 

De ba jos intereses desprendido ; 

VAIma incontaminada, noble, pura. 
De elevados espíritus modelo, 
Aun en la edad oscura 
En que el premio de honor se dispensaba 
j Sólo al que á precio yil su honor vendía , 

\ \ Y en que el rubor de la virtud, altivo 

] ( Desdén y rebelión se interpreta^ 

j La miksica, la dulce poesía, 

¿Son tu delicia ahora como un día? 
¿Ó á más altos objetos das la mente 

Y con los héroes, con las almas bellas 
De la pasada edad y la presente, 
Conversas, y el gran libro desarrollas 
De los destinos del linaje humano, 

Y los futuros casos de la grande 
Lucha de liberud, que empiexa, lees, 

Y su tifunfo universal, lejano? 
De mártires que dieron por la patria 
La vida, el santo coro te rodea: 
Régulo, Trasca, Marco Bruto, Dedo, 
Coantos inmorúliaa Atenas libre; 
Coantos Esparta y el romano Tibie; 
Loa que el Bátavo suelo y el Helvecio 
Muriendo consagraron, y el Britano; 
Padilla, honor dd nombre castellano; 
Cattpolicán y Goacaipuro altivo, 



I' 

V 

I 



\\ 




Y España osado: con risueña frente 
Guatimozín te muestra el lecho ardiente; 
Muéstrate Gual la copa del veneno , 

Y Luisa el cruento azote ; 

Y tú en el blanco seno 

Las rojas muestras de homicidas balas, 
Heroica Policarpa, le señalas ; 
Tú que viste espirar al caro amante 
Con ñrme pecho, y por ajenas vidas 
Diste la tuya en el albor temprano 
De juventud, á un bárbaro tirano. 

¡Mirandal de tu nombre se gloría 
También Colombia : defensor constante 
De sus derechos, de las santas leyes» 
De la severa disciplina amante. 
Con reverencia ofrezco á tu ceniza 
Este humilde tributo , y la sagrada 
Rama á tu efigie venerable ciño. 
Patriota ilustre, que, proscrito, errante» 
No olvidaste el cariño 
Del dulce hogar que vio mecer tu cuna; 

Y ora blanco á las iras de fortuna , 
Ora de sus favores halagado , 

La libertad americana hiciste 
Tu primer voto y tu primer cuidado. 
Osaste, solo, declarar la guerra 
Á los tiranos de tu tierra amada, 

Y desde las orillas de Inglaterra 

Diste aliento al dlirín, que el largo sueño 
Disipó de la América, arrullada 
Por la supentictón. Al noble empeño 



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De sos ¡Mitrícios no &ltó tu espada; 
I , Y si, de contratiempos asaltado , 

Que á humanos medios resistir no es dado, 

) \ Te filé el ceder forzoso, y en cadena 

'! V A manos perecer de una perfidia; 

Tu espíritu no ha muerto, no; resuena. 
Resuena aún el eco de aquel grito 
Con que á lidiar llamaste; la gran lidia 
De que desarrollaste el esundarte, 

f ^ Triunfa ya, y en su triunfo tienes parte. 

¡ I Tu nombre, Giraldot, también la fama 

Hará sonar con inmortales cantos, 
Que del Santo Domingo en las orillas 
Dejas de tu valor indicios tantos. ^ 

¿Por qué con fin temprano el curso alegre 
{ Cortó de tus hazañas la fortuna? 

¡1 Caíste, sí; mas vencedor caiste, 

Y de la patria el pabellón triunfante 
Sómbrate dio al morir, enarbolado 
Sobre las conquisudas baterías, 
De los usurpadores sepultura. 
Puerto-Cabello vio acabar tus días. 
Mas tu memoria no, que eterna dura. 

Ni menos estimada la de Rosdo 

Será en la más remota edad futura : 
} Sabio legislador le vio el Senado , 

\ El pueblo, incorruptible magistrado , 

\ Honesto ciudadano, amante esposo , 

; Amigo fiel, 7 de las prendas todas 

Que hoaran la humanidad cabal dechado. 

Eam las olas de civil borrasca 



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59 

El alma supo mantener serena; 
Con rostro igual vio la sonrisa aleve 
De la fortuna, y arrastró cadena; 

Y cuando del baldón la copa amarga 
El canario soez pérfidamente 

Le hizo agotar, la dignidad modesta 
De la virtud no abandonó su frente. 
Si de aquel ramo que Gradivo empapa 
De sangre y llanto, está su sien desnuda , 
¿Cuál otro honor habrá que no le cuadre? 
De la naciente libertad, no sólo 
Fué defensor, sino maestro y padre. 

No negará su voz divina Apolo 
Á tu virtud, ¡oh Piarl su voz divina, 
Que la memoria de alenudos hechos 
Redime al tiempo, y á la parca avara. 
Bien tus proezas Maturín declara, 

Y Cumaná con Guiria y Barcelona, 

Y del Juncal el memorable día, 

Y el campo de San Félix las pr^ona , 
Que con denuedo tanto y bizarría 
Las enemigas filas disputaron. 

Pues aun postradas por la muerte guardan 
El orden triple en que á la lid marcharon. 
¡Dichoso, si Fortuna tu carrera 
Cortado hubiera allí, si tanu gloria 
Algún &tal desliz no oscureciera I 

¿Pero á dónde la vista se dirige 

Que monumentos no halle de heroísmo ? 

¿La retirada que Mac-Grégor rige 



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6o 

Diré» y aquel puñado de valientes , 
Que rompe osado por el centro mismo 
Del poder español, y á cada huella 
Deía un trofeo? ¿Cantaré las glorias 
Que Anzoátegui lidiando gana en ella , 
ó las que de Carúpano en los valles, 
ó en las campañas del Apure, han dado 
Tanto lustre á su nombre, ó como experto 
Caudillo ó como intrépido soldado ? 
¿El baullón diré que en la reñida 
Fundón del Bombona las bayonetas 
En los pendientes precipicios clava , 
Osa escalar por ellas la alta cima, 

Y de la fortaleza se hace dueño 
Que á las armas patricias desañaba? 
¿Diré de Vargas el combate insigne, 

En que Rondón, de bocas mil que muerte 
Vomitan sin cesar, el fuego arrostra, 
El puente fuersa, sus guerreros guía 
Sobre erizados riscos que aquel día 
Oyeron de hombre la primer pisada, 

Y al español sorprende, auca, postra ? 
¿ó citaré la célebre )omada 

En que miró á Cedeño el anchuroso 
Caura, y á sus bisarros compañeros. 
Llevados los caballos de la rienda , 
Fiados á la boca los aceros, 
Sa honda corriente atravesar 4 nado, 

Y de las contrapuestas baterías 
Hacer huir al e^añol pasmado? 

Como en aquel )ardía que han adornado 



6i 

Naturale^;^ y arte á competencia » 
Con vago revelar la abeja activa 
Lá mis sutil Y delicada esencia 
De las más olorosas flores liba ; 
Lá demás turba deja, áuttque de galas, 
Brillante, y de suave aroma llena , 

Y torna, &tigadas ya las alas 
De la dulce urea, á la colmena; 
Así el que osare con tan rico asunto 
Medir las fuerzas, dudará qué nombre 
Cante primero, qué virtud, qué hazaña; 

Y á quien la lira en él y la voz pruebe. 
Sólo dado será dejar vencida 

De tanto empeño alguna parte breve. 
¿Pues qué, si á los que vivos todavía 
La patria goza, ¡y plegué á Dios que el día 
En que los llore viuda, urde sea I 
No se arredrare de elevar la idea? 
¿Si audaz canure al que la helada cima 
Superó de los Andes, y de Chile 
Despedazó los hierros, y de Lima ? 

¿ó al que de Cartagena el gran baluarte. 
Hizo que de Colombia otra vez fuera? 
¿Ó al que en ñindones mil pavor y espanto 
Puso con su marcial legión llanera, 
Al español; y á Marte lo pusiera? 
¿ó al héroe ilustre que de lauro unto 
Su frente adorna, antes de tiempo cana , 
Que en C6cuu domó y en San Mateo , 

Y en el Araure la soberbia hispana ; 

Á quien loe campos que el Arauea riega 



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i Nombre darán, que para siempre dure , 

Y los que el Cauca, y los que el ancho Apure; 
Que en Gameza triunfó, y en Carabobo, 

Y en Boyacá, donde un imperio entero 
Fué arrebaudo al despotismo ibero? 

r Mas no á mi débil voz la larga suma 

^ [ De sus victorias numerar compete ; 

.) A ingenio más feliz, más docu pluma 

' ! Su grata patria encargo tal comete. 

I Pues como aquel samán que siglos cuenta 

} De las vecinas gentes venerado , 

I Que vio en tomo á su basa corpulenta 

I I El bosque muchas veces renovado, 

y Y vasto espacio cubre con la hojosa 

Copa de mil inviernos victoriosa; 
Así tu gloria al cielo se sublima , 
Libertador del pueblo colombiano; 
Digna de que la lleven dulce rima 

Y culta historia al tiempo más lejano. 



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AL i8 DE SETIEMBRE 



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rszy ocho de Setiembre^ hermosa fiesta 
De Chile, al^redfia, 
Qae nos viste lanxar el grave yugo 
De antigua tiranía ; 

Cánticos te oelehren de victoria » 

Que blanda el aura lleve 
Desde la verde playa hasta las cumbres 

Coronadas de nieve. 



Desde el desierto en que animal ni planta 

Viven , y sólo suena 
La vos del viento , que silbando empuja 

Vasus olas de arena, 



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Hasta donde la espuma austral tachonan 

Islas mili de la dura 
Humana ley exenus , paraísos 

De virginal verdura; 

Eldie^y ocho se cante de Setiembre ^ 



\ x , Y en la choxa pajiza. 



En el taller , en la estucada sala 
Que la seda tapiza: 



Á tu loor alborozados himnos 
Canora fiíma siembre. 
I , Y bulliciosos ecos le respondan : 

Die^X ocho de Setiembre. 



IL 



Cual águila caudal » no bien la pluma 

Juvenil ha vestido. 
Sufre impaciente la prisión estrecha 

De su materno nido, 



V Y dócil al instinto vagaroso 

; ' Que á elevarse atrevida 

Sobre la tierra , y á explorar los reinos 
Etéreos la convida , 



Las inexpertas alas mueve inquieta, 
Y enderezada al cielo 



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'' Lavista, alfinselanza, y ya porgol£9S 

De luz remonta el vuelo, 



65 

Así el pecho sentistei patria roía. 

Latir con denodados 
Bríos de libertad , y te arrojaste 

Á más brillantes hados; 

Así el día inmortal, de que hoy tus hijos 

Bendicen la memoria , 
Intrépida te vio, sublime, altiva, 

Campos buscar de gloria. 



III. 



cNo más ,» dijiste, «un generoso pueblo 

Dormite en ocio muelle: 
Ser libre jure; y con su sangre el voto, 

Si es necesario, selle. 

•Bramarán los tiranos; guerra y luto 

Decretarán traeros 
Y convertir en servidumbre eterna 

Los recobrados fueros. 

i Pero ¿cuándo en las lides la victoria 
No ha coronado al fuerte, 

Que á la ignominia de servil cadena 
Antepuso la muerte? 

»Que si al tirano alguna vex sonríe 
La fortuna indecisa. 



66 

Múdase presto en afrentoso escarnio 
La halagüeña sonrisa; 

» Y semejante al pueblo poderoso 

Que sojuzgó la tierra t 
Perdió la libertad muchas batallas, 

Pero ninguna guerra, i 

Dyiste, y el sagrado juramento 

En simultaneo grito 
Sonó I y en los chilenos coraxones 

Fué para siempre escrito. 

IV. 



¡ Oía felix I Cuando asomó la aurora 

Sobre la agigantada 
Cabeza de los Andes, y la diuca * 

Te cantó la alborada ; 

Dime, ¿qué nuevas hojas en el libro 

Que de pueblos y gentes 
Contiene en caracteres inefables, 
diferentes; 



Qué nuevas hojas desvolvió la mano 
Eterna? ¿ Qué guardadas 

• IVAvabi)tei.A¥tp«qQdtaa« color turquí, fcgAntl 
dbtli MoIím: ott CMto ct ddioÍDOO, «^odaloMnlt al 
vNiMdo alradidor dt hi ciiis....9 



«7 

Eras del porvenir chileno, abrieron 
Sus páginas doradas? 

¿Qué nobles hechos de alentado arrojo 

Ó de valor sereno , 
De patrio amor y de virtud constante 

Llevabas en tu seno? 

Los innatos derechos proclamados 

Del hombre; la española 
Corona hollada, y concedido el cetro 

A la ley santa sola ; 

De dos pueblos nacientes, ya en el brío 

Y en la esperanza grandes, 
Al choque impetuoso quebrantada 

I^ valla de los Andes ; 

Los campales trofeos, que decoran 
Allá el monte , acá el llano , 

Y los que hendidos de chilenas quillas 

Vio absorto el Océano, 

Y los que, cuando nada en Chile resu 

Que no ceda y sucumba, 
Dos veces vindicaron de los Incas 

• La profanada tumba: 
*-. 
Tales ejemplos de valor tu seno 

Fecundo contenía , 
¡Diéfx ocho de Setíimbrey memorable 

Y bienhadado día I 






68 

G>mo la colosal futura palma 
Tierno germen oculta , 

Que será de los campos ornamento 
Cuando descuelle adulta, 

Y contrastar sabrá de procelosos 

Huracanes la guerra » 

Y dará fruto sasonado , y sombra 

Tutelar á la tierra. 



V. 



Crece así t& ¡querida patria I crecci 

Y tu cabeza aldva 
LcranUt ornada de laurel guerrero 

Y fructuosa oliva. 

Y florexca á tu sombra la fe sanu 

De tus padres ; y eterna 
La Uberud prospere ; y se afiance 
La dulce pax fraterna'; 

Y en tu salud y bienestar y gloria» 

Con la mente y la mano, 
Trabajen á porfia el rico/el pobre, 
El joren, el anciano; 

El que con el arado te alimenta 

ó tus leyes explana, 
ó en el sendero de las dendas guk 

Tu juTcntud losana, 



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69 

Ó con las armas en la lid sangrieau 

Defiende tus hogares, 
Ó al infinito Ser devoto incienso 

Ofrece en tus altares* 

VI. 

Pero del rumbo en que te engolfas mira. 

Los aleves bajíos 
Que infaman los despojos miserables 

I Ay I de tantos navios. 

Aquella que de lejos verde orilla 

Á la vista parece , 
Es edificio aereo de celajes , 

Que un soplo desvanece. 

Oye el bramido de alterados vientos 
Y de la mar, que un blanco 

Monte levanta de rizada espuma 
Sobre el oculto banco ; 

Y de las, naves , las amigas naves , 

Que soltaron á una 
Contigo al viento las flamantes velas, 

Contempla la fortuna. 



{Las ves I arrebatadas de las das, 
Al caso extremo y trisu 

Apercibirse ya?.... Tú misma, cerca 
De sosobrar tt vistt. 



VIL 



Á IBS oooagos, á tn pueMo» sabia 

Modencidn prtsída; 
T á la insidiosa furia» cuyo alienta 

Emponacma la Tida, 

Que de lalibeitiid bajo el augusto 

Velo esconde su fea 
Lfrida forma , y el puñal sangriento^ 

Y la prendida tea. 

No confundas, incauta, con la rirgen 

Hermosa, pudibunda , 
Á q;ttien el iris viste, á quien la frenta 

Fúlgida lus circunda; 

• 

Nodrisa del ingenio y de las artas. 

De la justicia hermana , 
Que fecunda y alegra y ennoblece. 

La sociedad humana. 

Así florecerás, patria querida : 

Tus timbres venideros 
As( responderán á los ensayos 

De tu virtud primeros. 

Y, del héroe á quien dio del Santa undoso 
La enrojecida orilla 



7« 

Biemo lauro, el héroe que hojr enmliai 
A la saprtma silla, 

Pasando el gra^e cargo, en ^orfosa 

Serie , de mano en mano, 
Madre serás de gentes, que ta soelo, 

Antes fecundo en Taño, 

Densas halutarán, libres, felices; 

Y con más alegria 
Cantarán cada nucTO aniversario 

De este solemne dk. 






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AL MISMO ASUNTO. 



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KLEBRA I oh patria 1 el yeatoroso día 
En que tus fueros vindicar osaste» 

Y el yugo que oprimía 
Tu cuello, destrozaste, 

Y el canto de los libres entonaste. 



Á tu yoZ| cual incendio que violento 
Cunde por vasu selva y se derrama» 
Así en alas del viento 
De libertad la llama 
Voló del Biobío al Atacama. 



Atravesó la agigantada cima 
De tus montañas el al^e canto; 
Corrió de clima en clima; 
Y entre fiíror y espanto» 
Rasgó Iberia indignada el regio manto* 



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74 

c Volarán, dice, á la remota arena 
De las playas del Sur mis campeones; 
Gemirás en cadena; 
Verás á mb legiones 
Arbolar los castillos y leones. • 



I Vano error I Cuando el rápido torrente 
Que arrastra al mar su propia pesadumbre 
En busca de la fuente 
Retroceda á la cumbre, 
Volverá el que fué libre á servidumbre* 



Cumplió la patria el generoso voto 
En Maipo, en Chacabuco; por su mano 
Fué el férreo cetro roto; 
Y del mar araucano 
Huyó vencido el pabellón hispano. 



|0h día de ventura I |0h fisusto día! 
Tú de la gloria abriste la carrera. 
Cantares de alegría. 
Hasta la edad postrera, 
Chile 9 le entonará la tierra entera. 



|0h! vuelva veces mil tu lux hermosa 
Á ver á Chile librcí y en su frente 
La palma victoriosa 
Que corona al valiente 
Mires severdeoer eternamente. 



Y halks siempre fidis, ba jo ei impero 
De la pudcia y de la ley aeren, 
El sudo de Luitaro, 
Y la diacordia fiera 
En tempítenioe hienoa prukmera. 

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CÁNTICOS RELIGIOSOS 



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MISERERE 



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lEDAOy piedad, Dios míol 
¡Que tu misericordia me socorra 1 

Según la muchedumbre 
De tus clemencias, mis delitos borra. 



De mis iniquidades 
Lávame más y más; mi depravado 

Coraxón quede limpio 
De la horrorosa mancha del pecado. 

Porque, Señor, oonoico 
Toda la fealdad de mi delito, 

Y mi conciencia propia 
Me acusa, y contra mí levanta el grito. 



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8o 

Pequé contra ti solo; 
Á tu visu obré el mal, para que brille 

Tu justicia, 7 vencido 
El que te juxgue , tiemble y se arrodille. 

Objeto de tus iras 
Nacíy de iniquidades mancillado^ 

Y en el materno seno 
Cubrió mi ser la sombra del pecado. 

En la verdad te gozas, 
Y para más rubor y afrenta mía, 

Tesoros me mostraste 
De oculta celestial sabiduría. 



Pero con el hisopo 
Me rociarás, y ni una mancha leve 

Tendré ya; lavarásme, 
Y quedaré más blanco que la nieve. 



Sonarán tus acentos 
De consuelo y de pac en mis oidos, 

Y celeste alegría 
Conmoverá mis huesos abatidos. 



Aparta, pues, aparu 
Ta&x |oh Diosl de mi maldad horrenda, 

Y en mi pecho no dejes 
Ru^o de culpa que tu enojo encienda. 



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8i 

Ea mis entrañas cria 
Un corazón que con ardiente afecto 

Te busque; un alma pura. 
Enamorada de lo justo y recto. 

De tu duJce presencia. 
En que al lloroso pecador recibes, 

No me arrojes airado, 
Ni de tu santa inspiración me prires. 

Restaúrame en tu gracia, 
Que es del alma salud , vida y contento; 

Y al débil pecho infunde 
De un ánimo real el noble aliento. 



Haré que el hombre injusto 
De su razón conozca el extravío; 

Le mostraré tu senda, 
Y á tu ley santa Tolrerá el impío. 

Mas líbrame de sangre, 
¡Mi Diosl.¡ mi Salvador 1 ¡inmensa fuente 

De piedad 1 Y mi lengua 
Loará tu justicia eternamente. 

Desatarás mis labios. 
Si unto un pecador que llora alcanza , 

Y gozosa á las gentes 
Anunciará mi lengua tu alabanza. 

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Que si víctimas ñieran 
Gratas á tíy las inmolara luego; 

Pero no es sacrificio 
Que te deleiUy el que consume el fuego. 



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I ' Un corazón doliente 

Es la expiación que á tu justicia agrada: 

La víctima que aceptas 
Es un alma contrita y humillada. 



Vuelve á Sión tu benigno 
Rostro primero y tu piedad amante, 

Y sus muros la humilde 
Jerusalén, Señor, h) fin levante. 

Y de puras ofrendas 

Se colmarán tus aras, y propicio 

Recibirás un día 
El grande inmaculado sacrificio. 



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Á LA VIRGEN DE LAS MERCEDES 



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ALUiuD, pobres cautíros, 
A la Virgen redentora : 
Alce cánticos festivos 
La devota cristiandad ; 
¡Oh, qué hermoso brilla el día 
En qae el mando su bandera « 
Que á los cielos da alegría. 
Tremoló la caridad 1 



Oyó el cielo vuestros votos; 
Cese el mísero gemido; 
Vuestros hierros serán rotos; 
Liberudos vais á ser. 
¡Virgen Madre 1 Tú á la vida; 
Tú á U fe t que des&Ueoe 
De peligros combatida. 
Te dignaste socorrer. 



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Llegó á tí la queja triste 


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Del esclavo encadenado. 




Y apiadándote quisiste 


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Poner fin á su dolor; 


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Coronada de luz bella 


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De los cielos descendiste. 




Y la noche vio la huella 


1 : 


Del celeste resplandor. 



Abrasado en santo celo 
Se desvela el gran Nolasco, 

Y postrado ruega al cielo 
Por la opresa humanidad, 
Cuando ve tu faz serena, 

Y tu dulce voz le envía 
Al que yace en vil cadena 
Para darle liberud. 

Orden nueva, en honra tuya 

Y de tu Hijo soberano, 

Le has mandado que instituya , 

Y le ofreces ayudar: 
Orden santa que socorra 
Al cautivo, y le conforte 
En la lóbrega mazmorra , 

Y le vuelva al patrio hogar. 

Virgen Santa, tú proclamas 
La embajada bienhechora: 
En las almas tú derramas 
De piedad heroico ardor; 
Á tos hiios le encomienda 



85 

Afuiar por d cmdTO, 

Y áim deiar la vida en picadm 

Á sa bárbaro señor. 



Siempre pía, enjaga d Uam» 
Del que gime en cárcel don; 
Dale alirio en sa quebranto; 
Fortalece en él la fe; 
Mueve d pecho compashro 
De la grey cnsdana toda, 

Y los medios, al caudro. 
De romper sns grillos dé. 

En la Orden que fundasae, 
Alimena la encendida 
Candad con que abrasaste 
De Nolasoo d coraxón, 

Y en el lance paToroso 
De la hora postrimera. 
Danos ytr tu rostro hennoao» 
Prenda fid de salTidón. 



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MOISÉS SALVADO DE LAS AGUAS 



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OMPAíczRAS, al baño 1 alumbrad día 
La cúpula lejana ; 
Duerme en su choza el segador, 7 enfría 
Las ondas la mañana. 

Menfis apenas bulle ; hospedadora 

Nos da la selva abrigo» 
Y tendremos, amigas, á la anron 

Por único testigo. 

De Faraón, mi padre, el jaspeado 

Palacio al mundo asombra ; 
Á mí del bosque el pabellón, del prado 

Me a^da mis la alfombra. 

^Qu¿ son las fuentes en que d oro brilla, 

Y el mármol de colores, 
Á par del Nilo y de esta Tcrde orilla 

Esmaltada de flores? 



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No es tan grato A incienso que consume 

EnelalurlaUama, 
Como entre los aromos el perfume 

Que el céfiro derrama. 

Ni en el festín real me gozo tanto. 

Como en oír la orquesta 
Alada, que esparciendo dulce canto 

Anima la flores». 



! ¿Veis cuál se pinta en la corriente clara 

El puro azul del cielo? 
i' EÍ cinto desaudme , y la tiara , 

I Y el importuno velo. 



¿Veis en aquel remanso transparente 

Zabullirse la garza? 
Las ropas deponed , y al blando ambiente 

El cabello se esparza. 

I Eal trisquemos en el fresco baño , 

Alzando blanca espuma.... 
Mas ¿qué objeto descubre un extraño 

La fiígitiva bruma? 

Mirad: enfrente al sicomor sombrío 

Que verdes arcos tiende , 
Sobre la playa, un bulto por el río 

Lenumente 



No temáis: de una palma el tronco andano 
Que en demanda navega 



9» 

De las altas Pirámides, liraao 
Sobre las ondas juega. 

¿Ó es de Hermes por ventura el carro lere? 

¿Ó es la concha divina 
De Isisy que con suave aliento mueve 

La brisa matutina? 



¿Qué digo? Es tierno niño, que en 

Barca duerme al sereno 
Arrullo de las olas , cual pudiera 

En el materno seno. 

Arrastra el Nilo la flotante cama» 

Cual nido de avecilla 
Que arrebatado hubiese á la retama 

De su silvestre orilla. 



{Qué de peligros corre á un tiempo mismo! 

¿Cuál puerto de salud 
Le aguarda? ¿Mece el proceloso abismo 

Su cuna, ó su ataúd? 

¡ Los ojos abre, hijas de Ménfis 1 Llora...* 

¿Pudo una madre ¡oh cielo 1 
Al agua abandonar devoradora 

El hijo pequeñudo? 

Tiende los bracos ¡ayl cual si supiera 

Su malhadada suerte ; 
Y son frágiles cañas la barrera 

Que presenta á la muerte. 



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Es de la raza de Israel , sin dudaí 

Que mi padre sentencia 
A proscripción.... pero ¿qué ley sañuda 

Proscribe á la inocencia? 

I Pobre niño 1 su llanto me conduele ; 

A su madre afligida 
Sucederá otra madre ; salvaréle ; 

Me deberá la vida.» 

Ifisa hablaba así, joven princesa; 



i ' Y dócil al consejo 

^ : De la piedad , acometió la empresa ; 

' • Y el juvenil cortejo 



j Á la virgen , que presta se adelanta, 

¡ . De confianza llena, 

j Sigue, estampando con ligera planu 

i La movediza arena. 

I Semejaba , depuesto el blanco lino, 

Revolando las blondas 

i ' Madejas por el hombro alabastrino. 

La hija de las ondas. 



El blanco pié con cfrculos de plau 
;l El espumioso río 

Le ciñe, y ya á las olas arrebau 
El pequeño navio. 



con la Otfga, que suspende 
Alegre y orgullosa ; 



Y en sos mejillas el color se endeade 
De la temprana rosa. 

Bullente espuma hendiendo, c|ae se irrita 

Y la presa redama. 
El peso que la agobia deposita 

Sobre la Terde grama. 

Y dd recién nacido alegremente 
Cercan todas la cuna, 

Y sonriendo , la asustada frente 
Le besan una á una. 

Mas ¡oh tú, que de lejos á tu hijo 

Por la playa desierta 
S^uiste desolada, el rostro fijo 

En su carrera indertai 

Llega : d hinchado seno da al infimte: 

Tu llanto ni su risa 
Revdarán en tí la madre amante. 

Pues aún no es madre Ifisa. 

En los bracos matemos, rodado 
Con lágrimas de dudo 

Y de goso á la par, dulce cuidado 
De la tierra y del ddo. 

El pequeño Moisés iba seguro: 

De Faraón cruel 
Hospeda d regio alcásar d futuro 

Caudillo de Israd. 



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94 

Y ante el trono de Dios, la £iz velada 

Con las alas y el coro 
Que ve á sos pies la bóveda estrellada. 

Pulsaba liras de oro. 

c Alórate, Jacob; en el asilo 

De tu destierro» (el canto 
Así sonaba), c y no al impuro Nilo 

Se mezcle más tu llanto. 

El Jordán á sus campos te convida; 

Te oyó el Señor: Egipto 
Marchar verá á la tierra prometida 

Tu linaje proscripto. 

Ese niño que virgen inocente 

Salvó de olas y vientos, 
Es el Profeta del Horeb ardiente. 

Rey de los elementos. 

Humillaos, mortales insensatos, 
Que al Eterno hacéis guerra: 

He ahí el Legislador, que sus mandatos 
Promulgará á la tierra. 

Cuna humilde, baldón de la fortuna, 

Juguete del profundo. 
Ha salvado á Israel: humilde cuna 

Ha de salvar al mundo. » 



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LA ORACIÓN POR TODOS 



V, 



E á rezar, hija mía. Ya es la hora 
De la conciencia y del pensar profundo. 
Cesó el trabajo afanador, y al mundo 
La sombra va á colgar su pabellón. 
Sacude el polvo el árbol del camino 
Al soplo de la noche, y en el suelto 
Manto de la sutil neblina envuelto. 
Se ve temblar el vie)o torreón. 

¡Miral su ruedo de cambiante nácar 
El Occidente más y más angosta; 
Y enciende sobre el cerro de la cosa 
El astro de la urde su fanal. 
Para la pobre cena aderesado 
Brilla el albergue rústico, y la tarda 
Vuelu del labrador la esposa aguarda 
Con su tierna bmilia en el umbral. 



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96 

Brota del seno de la axul esfera 
Uno tras otro fúlgido diamante; 

Y ya apenas de un carro vacilante 
Se oye á distancia el desigual rumor. 
Todo se honde en la sombra: el monte, el ralle, 

Y la iglesia, y la choza, y la alquería ; 

Y á los destellos últimos del día 
Se orienta en el desierto el viajador. 

Naturaleza toda gime; el viento 
En la arboleda, el pájaro en el nido, 
' Y la oveja en su trémulo balido , 

Y el arroyuelo en su correr fugaz. 
El día es para el mal y los aniñes : 
I He aquí la noche plácida y serena 1 
El hombre tras la cuita y la faena 
Quiere descanso y oración y paz. 

Sonó en la torre la señal: los niños 
Conversan con espíritus alados; 

Y los ojos al cielo levantados , 
' i Invocan de rodillas al Señor. 

] Las manos juntas y los pies desnudos , 

*^ Fe en el pecho, alaría en el semblante , 

{ Con una misma voz, á un mismo instante, 

Al Padre Universal piden alnor. 



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Y íuego dormirán; y en leda tropa 
Sobre^u cuna volarán ensueños, 
Ensueños de oro, diá&nos, risud&os. 
Visiones que imitar no osó el pincel. 
Y jm sobK la tena frente posan. 



97 

Ya beben el aliento á las bermejas 
Bocas, como lo chupan las abejas 
Á la fresca azucena y al clavel. 

Como para dormirse, bajo el ala 
Esconde su cabeza la avecilla , 
Tal la niñez en su oración sencilla 
Adormece su mente virginal. 
|0h dulce devoción, que reza y riel 
I De natural piedad primer aviso 1 
¡Fragancia de la flor del paraíso 1 
{ Preludio del concierto celestial 1 



II. 



1 



Ve á rezar, hija mía. Y ante todo 
Ruega á Dios por tu madre; por aquella 
Que te dio el ser, y la mitad más bella 
De su existencia ha vinculado en él; 
Que en su seno hospedó tu joven alma. 
De una llama celeste desprendida ; 
Y haciendo dos porciones de la vida. 
Tomó el acíbar y te dio la miel. 

Ruega después por mí. ¡Más que tu madre 
Lo necesito yo....l Sencilla, buena, 
Modesta como tú, sufre la pena , 

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98 

Y devora ea sileocio tu dolor. 
Á machos compasión, á nadie envidia 
La vi tener en mi fortuna escasa ; 
Como sobre el cristal la sombra, pasa 
Sobre su alma el ejemplo corruptor. 



•{ No le son conocidos.... ni lo sean 

\\ Á tí jamás.... los frivolos azares 

J! De la vana fortuna, los pesares 

I Ceñudos que anticipan la vejez; 

I , De oculto oprobio el torcedor, la espina 

> Que punza á la conciencia delincuente , 

La honda fiebre del alma, que la frente 
Tiñe con enfermiza palidez. 



Mas yo la vida por mi mal conozco. 
Conozco el mundo y sé su alevosía ; 

Y tal vez de mi boca oirás un día 
Lo que valen las dichas que nos da. 

Y sabrás lo que guarda á los que rifiín 
Riquezas y poder, la urna aleatoria, 

Y que tal vez la senda que á la gloría 
Guiar parece, á la miseria va. 

Viviendo, su pureza empaña el alma , 
I Y cada instante alguna culpa nueva 

; ' Arrastra en la corriente que la lleva 

{ . Con rápido descenso al ataúd. 

j i La tentación seduce; el juicio engaña : 

Ea los zarzales del camino deja 
Alguna cosa cada cual: la oveja 
Su blanca lana^ ^ hombre su virtud. 



99 

Ve, hija mia^ á rezar por mí| y al cielo 
Pocas palabras dirigir te baste: 
c Piedad, Señor, al hombre que criaste; 
Eres grandeza; eres Bondad. ¡ Perdón I > 

Y Dios te oirá; que cual del ara sania 
Sube el humo á la cápula eminente , 
Sube del pecho candido, inocente, 
Al trono del Eterno la oración. 

Todo tiende á su fin; á la luz pura 
Del sol, la planta; el cervatillo atado, 
Á la libre montaña; el desterrado, 
Al caro suelo que le rió nacer ; 

Y la abejiUa en el frondoso valle, 
De los nuevos tomillos al aroma; 

Y la oración en alas de paloma 
Á la morada del Supremo Ser. 

Cuando por mí se eleva á Dios tu ru^o. 
Soy como el fatigado peregrino , 
Que su carga á la orilla del camino 
Deposita y se sienu á respirar. 
Porque de tu plegaria el dulce canto 
Alivia el peso á mi existencia amarga, 

Y quita de mis hombros esta carga 
Que me agobia, de culpa y de pesar. 

Ruega por mí, y alcánzame que vea 
En estt noche de pavor, el vuelo 
De un ángel compasivo, que del délo 
Traiga á mis ojos la perdida luz. 

Y pura, finalmente, eomo el mármol 



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Que te lave en el templo cada día , 
Arda en sagrado fuego el alma mía , 
Como arde el incensario ante la Crux. 



III. 



Ruega, hija, por tus hermanos. 
Los que contigo crecieron, 

Y un mismo seno exprímieroni 

Y un mismo techo abrigó. 
Ni por los que te amen sólo 
El fiívor del cielo implores ; 
Por justos y pecadores 
Cristo en la crux espiró. 



Ruega por el orgulloso 
Que ufiíno se pavonea, 
(^ ' Y en su dorada librea 

Funda insensata altives; 
i ' Y por el mendigo humilde 

} \ Que sufre el ceño mesquino 

De }os que beben el riño, 
« ' Porque le dejen la hes: 

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Por el que de torpes yidot 
i ' Sumido en profundo denoi 

! Hace aullar el canto obsoeno 



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De nocturna bacanal ; 

Y por la velada virgen 
Que en su solitario lecho 

Con la mano hiriendo el pecho, 
Resa el himno sepulcral : 

Por el hombre sin entrañas, 
En cuyo pecho no vibra 
Una simpática fibra 
Al pesar y á la aflicción; 
Que no da sustento al hambre. 
Ni á la desnudez vestido. 
Ni da la mano al caído » 
Ni da á la injuria perdón; 

Por el que en mirar se goza 
Su puñal de sangre rojo 
Buscando el rico despojo, 
ó la venganza cruel; 

Y por el que en vil libelo 
Destroza una fama pura, 

Y en la aleve mordedura 
Escupe asquerosa hiél : 

PPor el que surca animoso 
Oí mar, de peligros llena; 
Por el que arrastra cadena, 

Y por su duro señorj) 
C^Por la razón que leyendo 

En el gran libro, vigila; 
Por la razón que vacila^^ 
Por la que abraza el erron 



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\ Acuérdate, en fin, de todos 

¡! I Los que penan y trabajan; 

Y de todos los que viajan 
Por esta vida mortal. 
i ; Acuérdate aun del malvado 

á 

Que á Dios blasfemando irrita: 
La oración es infinita. 
Nada agota su caudal. 



IV. 



Hija, reza también por los que cubre 
La soporosa piedra de la mmba, 
Profunda sima adonde se derrumba 
La turba de los hombres mil á mil: 
Abismo en que se mezcla polvo á polvo, 
Y pueblo á pueblo ; cual se ve á la hoja 
¡i I De que al añoso bosque Abril despoja. 

Mezclar las suyas uno y otro AbriL 



Arrodilla, arrodíllate en la tierra 
Donde segada en flor yace mi Lola, 
Coronada de angélica aureola. 
Do helado duerme cuanto fué mortal; 
Donde cautivas almas piden preces 
Que las restauren á su ser primero, 
Y purguen las reliquias dd grosero 
Vaso, que las contuvo, terrenal. 



io3 

Hija, cuando tú duermes, te soorfes, 

Y dea apariciones per^rinas 
Sacuden retozando tus cortinas ; 
Travieso enjambre, al^re, volador; 

Y otra vez á la luz abres los ojos, 

Al mismo tiempo que la aurora hermosa 
Abre umbién sus párpados de rosat 

Y da á la tierra el deseado albor. 

¡Pero esas pobres almas!.... ¡Si supieras 
Qué sueño duermen 1.... Su almohada es frfis, 
Duro su lecho: angélica armonía 
No regocija nunca su prisión. 
No es reposo el sudor que las abruma ; 
Para su noche no hay albor temprano; 

Y la conciencia, velador gusano. 
Les roe inexorable el corazón. 

Una plegaria, un solo acento tuyo, 
Hará que gocen pasajero alivio, 

Y que de luz celeste un rayo tibio 
Logre á su oscura estancia penetrar ; 
Que el atormentador remordimiento 
Una tregua á sus víctimas conceda , 

Y del aire , y el agua , y la arboleda , 
Oigan el apacible susurrar. 

Cuando en el campo, con pavor secreto 
La sombra ves que de los cielos baja» 
La nieve que las cumbres amortsja^ 

Y del ocuo el tinte carmesí ; 

Bn las quejas del aura y de la fuente^ 



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¿No te parece que una V02 retiña. 
Una doliente voz que dice: c Niña « 
Cuando tú receSf ¿redarás por mi? > 

Es la voz de las almas. Á los muertos 
Que oraciones alcanzan, no escarnece 
El rebelado arcángel, y florece 
Sobre su tumba perennal tapiz. 
Mas ¡ayl á los que yacen olvidados 
Cubre perpetuo horror, hierbas extrañas 
Ciegan su sepultura : á sus entrañas 
Árbol funesto enreda la raíz. 



Y yo también (no dista mucho el día) 
Huésped seré de la morada oscura, 
i . ; Y el ruego invocaré de un alma pura» 

Que á mi largo penar consuelo dé. 

Y dulce entonces me será que vengas, 
I' Y para mí la eterna paz implores, 

Y en la desnuda losa esparzas flores, 
¡> Simple tributo de amorosa fe. 



{Perdonarás á mi enemiga estrella, 
Si disipadas fueron una á una 
Las que mecieron tu mullida cuna 
I ' Esperanzas de alegre porvenir? 

S(| le perdonarás; y mi memoria 
Te arrancará una lágrima, un suspiro 
Que llegue hasta mi lóbrego retiro 
Y haga mi helado polvo rebullir. 

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Á OLIMPIO 



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ECUERDASi OlimpiOi aqucIla 
Única amistad constante, 
Que no copió en su semblante 
Las mudanacas de tu estrella? 



¿Aquel amigo, consuelo 
Que en la miiería ha dejado 
A la corazón llagado 
Por último bien el cielo? 



de los azares 
De la encarnizada lidia 
En que te postró la envidiai 
Que hoj te abruma de pesares; 






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106 



Así ie dijo;— y en tantOi 
Una I1U serena y clara 
Desarrugaba tu cara, 
[^ Mojando la suya el llanto: 



11. 



i¿Eres tú aquel cuya gloria 
Ensalzaron nobles plumas 
Y miraban de reojo 
Mil enridias taciturnas? 

•Acatábante en silencio 
Las gentes: la infancia ruda 
Á escucharte se paraba , 
Como la Tejes caduca. 



lEras meteoro ardiente 
Que en una noche profunda 
Se llera tras sí los ojos 
Cuando por el délo cnua. 

»Y ahora, arrancada palma , 
Doblas tu cabesa mustia: 
No te da apoyo la tierra. 
No das al aire Yerdura. 



I07 

«¡Cuántas frentes á la sombra 
Acostumbraba la tuya! 
Y ahora, ¡qué de sonrisas 
Irónicas te saludanl 



» Ajado está el bello lustre 
De tu blanca vestidura; 
Los que galán te adoraron. 
Andrajoso te hacen burla. 

•La detracción en tu vida 
Clavó sus garras impuras; 
Es texto á malignas glosas 
Tu reputación difunta ; 

•Y como helado cadáver, 
Desfigurada, insepulta. 
Sabandijas asquerosas 
Por todas partes la surcan. 

•Revelada por la llama 
Que átu memoria circunda. 
Tu existencia es un terrero 
Que cuantos pasan insultan: 

•Y den silbadoras flechas 
Vienen á herirla una á una, 
Que en tu coraxón inerme 
Hondas encaman la punta. 



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108 

»Y con festivos aplausos 
Cuenta el rulgo las agudas 
Heridas, y los dolores , 
Y las ansias moribundas , 

•Como suelen bandoleros ^ 
Al yer la presa segura^ 
Contar monedas y joyas 
Que reciente sangre enturbia. 



•El almai que de lo recto 
Era un tiempo norma augusta, 
Es ya como la taberna 
j Que por la noche relumbra ; 



•Á cuya re)a se apiñan 
Curiosos, por si se escucha 
El canto de locas orgias 
ó de las riñas la bulla. 



•Cortaron tus esperanzas, 
Flor de que nadie se cura, 
Manos crueles, y al suelo 
i I Las dan en trins menudas. 



•Nadie te llora; tu suene 
Ningún concón enluta; 
I '. Tu nombre es un epitafio 

I De desmoronada tumba. 



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> Mas puede ser que la vista , 
Calando ese abismo horrible. 
La perla de la inocencia 
En lo más hondo divise. 



•Turba los ojos la niebla 
De que pareces vestirte; 
Mas sobre ella un claro cielo 
Serenas lumbres despide. 

> ^Qué importa , al cabo, que el mundo 
Contra tu entereza lidie , 
Alzando nubes de polvo 
Que cualquier soplo dirige? 



» Para juzgar, ¿qué derecho 
Qué título nos asiste ? 
¿Qué objeto no es un enigma 
Para los ojos más linces ? 

» ¿ La certidumbre ?. . . . | Insensatos, 
Qne imagináis tierra firme 
La que celajes vistosos 
En vuestro discurso fingenl 

» Así puede asirla d juicio 
Del hombre, como es posible 
Á la mano asir el agua 
Sin que presta se deslice. 



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III 

> Moja apenas , y al instante 
Huye, y al pecho que gime» 

Y ai ardiente labio, nada 
Deja que la sed mitigue. 

>^ Es día? ¿Es noche? Los ojos' 
Nada absoluto distinguen: 
Toda raiz lleva frutos , 

Y todo fruto raíces. 

9 Apariencias nos fascinan , 
Ya sombras densas contristen 
La vista « ó ya luminosos 
Colores la regocijen. 

> Un objeto mismo á visos 
Diferentes llora y ríe : 

Por un lado, terso lustre; 
Por el otro, oscuro tizne. 

> La nube en que el marinero 
Ve rota nave irse á pique, 
Para el colono es un campo 
Que doradas mieses rinde. 



>¿ Quién habrá que los misterios 
Del pecho humano escudriñe? 
¿Qui¿n que las trasformadones 
Variu de un alma adivine? 



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> Lanra informe surca el lodo; 
Y tal vez mañana, libre 
Mariposa! <^ ^^ s^^ 
Despli^ue y aromas libe. 



IV. 



> Pero tú penas ; i y cómo 
i Pudo ser que no penaras, 

¡Oh víctima sin ventura 
De persecución villana 1 

>¿Tú, á quien la calumnia muerde 
Lo más sensible del alma ? 
i ; > . ¿Túy en quien el sarcasmo agota 

Sus flechas enherboladas? 



•Herido león , huíste 
Á la selva solitaria ; 
Y allí memorias acerbas 
Te hacen más honda la llaga. 

»Á ellas entregado vives; 
|Y ¡ayl cuántas veces te halla 
La noche en la actitud misma 
En que se halló la ma&anal 



ii5 



V. 



iConsaélate, que algún díi, 
Y no distante qnixáSy 
£1 imperio de las almas 
Á la tuya volverá ; 

I Y ha de verse, ante k» ojos 
Más obcecados, brillar 
Con nueva luz, de tu frente* 
La nativa molestad : 

iComo joyel, á que d polvo 
Deslustró la tersa fas, 
Nuevamente acicalado 
Para fiesta nupcial. 

»En vano tus enemigos 
De la sátira mordas 
Contra tu pecho inocente 
Aguzaron el puñal ; 

» Y divulgaron secretos 
Fiados á la amisud, 
Como quien derrama el agua 
Sobre el camino real. 



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ii6 

•En vano, en vano su furia 
Humillada lanzarán 
Contra tu nombre, á manera 
De enhambrecido chacal. 



»Que para saciar la rabia 
De su apetito voras, 
Desgarra la última carne 
Del hueso roído ya. 

•Esos hombres que te ponen 
Piedras en que tropezar 

Y de asechanzas te cercan , 
Noy no prevalecerán. 

•Pasarán, como vislumbres 
Entre espeso matorral, 
Que á merced del viento corren 

Y no dejan huella atrás. 

•Te detestarán, sin duda. 
Con el rencor infernal 
Que alimenta contra el cielo 
El pecho de Satanás; 

•Pero las voces de muerte , 
Que como ardiente raudal 
Salen de su boca impía. 
Leve soplo extinguirá. 



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117 

•Mira entre unto coa ojn 
De generosa piedad 
Á los que de un bajo instinto 
Arrastra el poder Iktal; 

> A los que en densa igaorancU 
Sumidos, no ven rayar 
Celeste albor, que ilumine 
Su misen cqpiedad ; 

»Que llaman luz i la sombra; 

Y bonanza al huracin, 

Y andan i tientas, sin rumbo. 
Sin ley, tin fe, sin alur ; 

■AI soberbio que levanta 
Contra el débil el procaz 
Estrépito del torrente. 
Demolido el ralladar ; 



■ Á la mujer seductora, 
Desamorada beldad, 
A quien la ronrisa , estudio, 
A quien ci arte el mirar , 

lY en cuyo ropaje, suelto 
A los vientos, redes hay, 
Redes , que prenden las almas 
En dura cautividad. 



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ii8 



I . » Al ambicioso que trepa 

j , i Sobre el ambicioso , á par 

De la hiedra, que á sí misma 
Entretdjié&dose va ; 



* Á la turba lisonjera 
Que rinde á cada deidad 
Efímera y el torpe incienso 
De su adoración venal; 

» Y á declamadores vanos. 
Que hacen ruido y no más, 
Oráculos que atestiguan 
La insensates general. 

> i Qué son contigo esos hombres 
De un día, enjambre fugaz 
De insectos que vio la aurora, 
Y la tarde no verá? 



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f Ellos son viles, tú grande : 
Es el interés su imán, 
i La gloria el tuyo : la guerra 

) . Apetecen, tú la pax. 



» Nada hay común á la suya 
Y á tu carrera inmortal ; 
Ni se puede su alegría 
Á tn dolor igualar. 



119 

>Qoe es soblime j ^/nndUmo 
Espectáculo el que da 
La gano dispemadorm 
Qoe reparte el bien j d mal. 

» Y alejando al genio d cebo 
De lo Taño j lo falax, 
Lo labra con el arado 
Que se llama adversidad, t 



VI. 



¡Olimpio I un amigo fiel 
Entonces te hablaba así , 
Queriendo apartar de ti 
La henchida copa de hid. 



Solo entre la turba larga 
Que antes te halagó perjura. 
Quiso de la desventura 
Aligerarte la carga. 

Y tú , si en tono más grave. 
No de metal diferente, 
Como el gran rió á la fuente. 
Como al esquife la nave, 



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Le hablaste;— 7 cruxó velos 
Una sombra tu semblante; 
. ¡ .: Y un tierno afecto un instante 

11 * Hiio racüar tu TOS. 

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c I No me consueles I ni te aflijas 1 vivo 

PacfñcoyserenOi 
Que sólo miro al mundo de las almas , 

No á ese mundo terreno. 

»Ni es tan penrerso el hombre ; la fortuna» 

Liberal ó mesquina, 
Tiñe en puro licor ó en turbias heces 

La copa cristalina. 



•Del estrecho teatro, que aprisiona 
Tu pensamiento , d mío 
I ' • Ojt á lo lejos el rumor » j Tuela 

Á su libré albedríó. 



>Si murmura la fuente, ó solitaria 

Bulle una verde orilla, 
ó viene á mis oídos el arrullo 

De amaniB tortolilla ; 



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•6 el csqaflóo de las 
En la tone sabUme, 

6 de k» anees la col|putte 
Sobfe las cmoes gime; 



eieqoias Hora 



»Paréoeme qne huello exodsa 
Á do conduce d Tiento , 

De cnanto ser criado habita el 
Una TOS de lamento. 



»Allí la pequeñes á la 
El barro al oro igualo; 

Y exploro los arcanos del 
Y el firmamento escalo. 



»Cuando el humo lejano se lejanía 

De humilde chosa» pienso 
Que en el ara se exhala , do se «¡nema 

Á Dios dcToto incienso; 

íY de dispersas luces por la noche 

Sembrada la llanura , 
El infinito espacio tachonado 

De soles me figura. 

•Contemplo allí de lejos cuanto puebla 
Latierra« el mar profundo, 

Y miro al hombre, misterioao mago,* 
AtraTesar el mundo. 



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» Y como suele el i>ájaro á su pluma , 

Me entrego al pensamiento; 
Y entiendo qué es la vida, y lo que dice 

Aquel doliente acento. 



»¿ Y quieres que murmure de mi suerte? 

¿Cuál es el hombre y dime, 
Á quien , parcial el cielo , de la carga 

Universal exime? 



»YOf que lóbrega noche yivo ahora, 
f En mi denso horizonte 

Conservo y cual rosada lux, que deja 
La tarde en alto monte i 



»La llama del honor « divina lumbre» 
Que en apacible calma « 
\ ' Todavía ilumina lo más alto» 

i Lo más puro del alma. 



•Sin duda un tiempo— ¿qué raión temprana 

De este modo no yerra?— 
Sueños dorados vi, cuales el hombre 

Sude ver en la tierra. 



»Vf alzarse mi existencia coronada 

De visiones hermosas ; 
I Mas qfué I ¿ debí juzgar que fíiese eterna 

La vida de las rosas? 



\ 



1x3 

•Lfts Uusioiies que tocar pcnfhan 

Mis infiíatilcs manos. 
Disipó U raión, como disipa 

La aurora c sp e cii o » Taños, 

f Y digo ya á la dicha lo que dice 

Navegante que deja 
El suelo patrio , á la querida orilla 

Qae más y más se ale)a. 

•Señala Dios á todo ser que nace 

Su herencia de dolores, 
Como, á la aurora, un amo á sus obreros 

Reparte las labores. 

»| Ánimo, pues 1 ¿Qué importa á un alma grande^ 

Destello peregrino 
De antorcha celestial , eso que el hombre 

Suele llamar destino? 



•Ni elación en la frente generosa, 

Ni aparexca desmayo , 
Ora brille á los ojos la serena 

Lux del día, ora el rayo. 

•Brame allá abajo la preñada nube 

Que tempestades mueve, 
Y su tranquilidad conserve el alma , 

Cual la cumbre su nieve. 



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•Forceja en vano el rebelado orgullo 

Contraía ley lerera 
(Necesidad ó expTación se llame) 

Que al unirerso impera; 

•Rueda ^ital, que á todo lo criado 

En movimiento eterno 
Girando abruma, y de una mano sola 

Reconoce el gobierno. » 




• \ 




LAS FAin'ASMAS 



L 



A, 



.H y qué de marchitu roas 
En Stt prímerm mañaoal 
I Ah y qué de niñas donosas 
Muertas en edad tempranal 
Mesdados lleva el cano de la muerte 
Al Tie)o, al niño» al delicado, al fiíene. 



Forzoso es que el prado en flor 
Rinda su alq^ e^ransa 
Á la hoz del s^ador : 
Es forzoso que la danza 
En el gozo fiígaz de los festines 
Huelle los azahares j jazmines. 



ia6 

Que huyendo de valle en valle 
Sua ondas la fuente apure ; 

Y que el relámpago estalle 

Y un solo momento dure; 

Y el vendabal que perdonó á la sarsa 
La fresca pompa del almendro espam. 

El giro fatal no cesa: 
La aurora anuncia el ocaso : 
En tomo á espléndida mesa. 
Jovial turba empina el vaso : 

Unos apenas gustan, y ya salen; 

Pocos hay que en el postre se regalen. 



II. 



I Murieron y murieron mili 

La rosada, y la morena; 

La de la forma gentil ; 

La de la vos de sirena ; 
La que nfiína brilló ; la que otro ornato 
No usó jamás que el virginal recato% 

Una, apoyada la frente 
En la macUenta palma, 
Mira ai suelo trirtemente; 



"7 

Y al fin rompe al cuerpo el alma 
Como el jUgaerOy coaado ojó el redamo. 
Quiebra, al tomar el meló, on débil lamo. 

Otra en an nombre querido 

Con loca fiebre delira; 

Otra acaba, cual gemido. 

Lánguido de eolia lira. 
Que el Tiento paisa; 6 plidda fükoe. 
Cual sonriendo un niño s e adormece. 

¡Todas nacidas apenas, 

Y ya cadiTcres fríos!.... 
Palomas , de mynos llenas, 

Y de hechiceros desvíos: 
Primavera del mundo, apetecida 
Gala de amor, encanto de la vida. 

¿Y nada dejó la huesa? j 



De secas hojas, que crujan 

Bajo mi pié vagaroso.... 

Fantasmas se me dibujan 

Entre el ramaje frondoso; 
Á inderu lus siguiendo voj su huella, 
Y de sus ojos la vivas centella. 



i 



¿Ni una voz? ¿ni una mirada? 

¿Tanta llama, hecha pavesa? 

¿ Y tanta flor , deshojada ? I ( 

I Adids 1 huyamos 4 la amiga sombra \\ 

De anciano bosque; pisaré la alfombra 



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¿He sido ya polvo yerto, 

Y mi sombra despertó? 
¿Como ellas estoy yo muerto? 
¿ó ellas vivas como yo? 

Yo k mano les doy entre las ralas 
Odies del bosquei ellas 4 mí sos alas. 

Y á su forma vaga, etérea. 
Mi pensamiento se amolda... • 
Á do, meciendo funérea 
Colgadura el sauce entolda 

Un blanco mármol , de tropel se lanzan; 

Y en baja vos me dicen, | ven I.... y dansan 

• 
Vanse lu^o paso á paso 
Por la selva, y de repente 
Desparecen.... Yo repaso 
La visión acá en mi mente, 

Y lo que entre los hombres ver solía , 
Reproduce otra vei la &ntasía. 



III. 



¡Una entre todas 1.... tan dará 
La bella efigie, el semblante 
Me recuerdo y que jurari 



wai 



«^ 



Cremas madeias de oro sa cabello; 
Rooda faz^ «labestrino cadlo; 

Albo seno, que palpita 
Coa mócenles suspiros ; 
Ojos qae el júbQo agia« 
Asóles como xafiros, 

Y k celeste dii£uaa aureola 

Que en sos quince i las niñas arrdiola. 

Nunca en so pecbo el ardor 
De un liriano afecto cupo: 
No sopo jamás de amor. 
Aunque inspirario sí supo. 

Y si cuantos la ven la llaman belU, 
Nadie al oído se lo dice á ella. 



El baile filé su pasión , 

Y costóle caro asas : 

Deslumbradora ilusión. 

Que pasatiempo j solas 
A todo pecbo ¡urenil ofirece; 
Pero el de Lola embriaga j enloquece. 

Todavía , cuando pasa í 

Sobre su sepulcro alguna | 

Nube de candida gasa , 

Que bace fiestas ala luna, ' 

ó el mirto que lo cubre el Tiento mece , 
Rebulle su cenisa y se estremece. 

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I 



i3o 

La circular se le envía. 
Que para el baile la empeña ; 

Y si piensa en él de día. 
En él á la noche sueña ; 

Vuélanle en derredor regocijadas 
Visiones de danzantes, silfos y hadas; 

Y la cercan plumas , blondas, 
Canastillas y bandejas , 

Mué de caprichosas ondas , 

Crespón, de que las abejas 
Pudieran hacerse alas; cintas, flores, 
Tocas de formas mil, de mil colores. 



IV. 



Ya llega.... los elegantes 
k hacen rueda : luce el rico 
bordado; en los albos guantes 
Se abre y cierra el abanico. 
Ya da principio la anhelada fiesta ; 
; Y«»deavoc«de.plcg61.o«i««u. 

I 

I 

I iQuéágílsaltaósedesliial 

I Qué moTimiento agraciado I 
Sus ojoi, ba)o la riía 



in 

A la pupila de fuego; 
Murió.... ¡la alegrel i la gcatül ¡la pural 
iLa amadal.... el baile abrió su sepuituim. 

¡Murió 1.... la muerte la arranca 
Del abrazo maternal— 
Último abrazo— y la blanca 
Vestidura funeral 
Le pone, en vez del traje de la fíesu, 
. Y es en un ataúd donde la acuesta. 

Un vaso de flores lleno 

Guarda la escogida flor, 

Que prendida llevó al seno, 

Y aún conserva su color: 
Cogióla en el jardín su mano hermosa. 
T se marchitará sobre su losa. 

I Pobre madre 1 1 qué distante 

De adivinar su fornina. 

Cuando la arrullaba infante, 

Cuando la meció en la cuna , 
Y con solicitud, con ansia tanta. 
Miró crecer aquella tierna planta I 

¿Para qué?.... Su amor, su Lola, 

Cebo del gusano inmundo, 

Amarilla , muda , sola. 

En un retrete profundo 
Duerme; 7 si en clara noche del invierno 
lütcrrumpc la luna el sueño eterno, 



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i34 

Y 4 solemnizar la queda 
Lx» difantos se levantan, 

Y en la apartada arboleda 
Fúnebres endechas cantan; 

En Tez de madre , un descamado y triste 
Espectro al tocador de Lola asiste. 

t Hora es , • dice : date prisay 

. Y abriendo los pavorosos 

Labios con yerta sonrisa. 

Pasa los dedos nudosos 
De la descomunal mano de hielo 
Sobre las ondas del dorado pelo. 

Y luego la besa ufano , 

Y de mustia adormidera 

La enguirnalda I y de la mano 

La conduce á do la espera 
Saltando entre las tumbas coro aerio, 
Á la pálida luz del cementeriOé 

Y tras un alto laurel 
La luna su faz recata, 
Sirviéndole de dosel 
Nubes con franjas de plata, 

Que el iris de la noche en tomo ciAe, 
Y de colores opalinos tiñe. 



i35 



VI, 



I Niñas 1 no el placer os óeate 

Que rfcúmz tanta inmola : 

Mas tened, tened presente 

Á la malograda Lola; 
La cotupanera hermosa , amable» honesta. 
Arrebatada al mnndo en nna fiesta. 

Cercada estaba de amores, 

Gracia, beldad, loaanla, 

Y de todas estas flores 

Una guirnalda tejía ; 
Y cnando en matinrla se dÍTÍerte, 
A esta dulce labor da fin la Muerte. 

IÍ4S. 



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LOS DUENDES * 



I. 



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io bolk 
Lafdra: 
El campo 
No alknu. 
Las \uce% 
Postreras, 
Despides 
Apenas 
Destellos, 
Que tiemUan. 
La choca 
Plebeya, 
Qoe horcones 
Sustentan; 



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wigiaaLU 



•Ifuaot pcmtmicBlM , / d 
ddmctr», « todo lo qiM M ha 



(BA.) 



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1 38 

La aloolMy 
Que arrean 
Cristales 
Y sedas; 
Al sueño 
Se entregan. 
Ya es todo 
Tinieblas. 
¡Oh noche 
Serena I 
¡ Oh vida 
Suspensa I 
La muerte 
Remedas. 



¡ 

i- 11. 



i ¿Qué ruido 

}' Sordo nace? 

1 Los cipreses 

I Colosales 

Cabecean 
} ' En el Talle, 

Y en menuda 
-¡ Nieve caen 

Deshojados 

Aahares. 
) ¿Es el soplo 



1 39 

De los Andesi 
Atizando 

« 

Los volcanes? 
¿Es la tierra 
Que en sus bases 
De granito 
Da balances? 
No es la tierra ; 
No es el aire; 
Son los duendes 
Que ya salen. 



III. 



Por allá vienen ; 
{ Qué batahola 1 
Ora se apiñan 
En densa tropa 
Que hiende rápida 
La parda atmósfera; 
Y ora se esparcen , 
G)mo las hojas 
Ante la ráfaga 
Devasudora. 
Si chillan estos y 
Aquellos rosnan ; 
Si trottnunos, 
Otros galopan. 





} 

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I 



140 

De la cascada 
Sobre las ondas , 
Cuál se columpia I 
Cuál cabriola. 

Y an duende enano 
De copa en copa y 
Va dando brincos 1 

Y no las dobla. 



IV. 



I Fantasmas acaso 
La vista figura? 
Como hinchadas olas 
Que en roca desnuda 
Se estrellan sonantes ^ 
¡; Y lu^o reculan 

] Con ronco murmullo 1 

I Y otra vez insultan 

¡ ' Al risco 9 lanzando 

Bramadora espuma; 
Así van y vienen | 

Y silban y zumban | 

Y griun que aturden. 
El cielo se nubla; 
El aire se llena 
De sombras que asustan ; 
El viento retiñe; 
Los montes retumban. 



«4« 



V. 



Ácasa me recojo; 
Echemos el cerrojo. 
¡Qa¿ triste y amarflU 
Arde mi lamparilla ! 
¡ Oh Virgen del Carmdo 1 
Aleja y aleja el vuelo 
De estos desoladores 
Ángeles enemigos. 
Que no talen mis flores. 
Ni atizonen mis trigos. 
Ahuyenu, Madre, ahuyenta 
La chusma turbulenta ; 

Y te pondré en la fiílda 
Olorosa guirnalda 

De rosa, nardo y lino , 

Y haré que tu sagrario 
Alumbre un blanco cirio 
Por todo un ocuvario. 



VI. 



¡ Cielos I ] lo que cruje el techo 1 
I Y lo que silba la puerta i 
Es un turbTón deshecho I 
De lejos oigo estallar 



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1. 



14a 

Los árboles de la huerta. 
Como el pino en el hogar. 
Si dura más el tropel , 
No amanecerá mañana 
Un cristal en la ventana 
Ni una ho)a en el verjel. 



VII. 



San Antón I no soy tu devoto. 
Si no le pones luego coto 
Á este diabólico alboroto. 
¡Motín semeja, ó terremoto, 
6 hinchado torrente que ha roto 
Los diques , y todo lo inunda I 
I Jesús 1 ¡Jesús! ¡qué barabúnda I 
¿Qué significa, raza inmunda, 
j ' Esa aldabada furibunda? 

El rayo del cielo os confunda, 

Y otra ves os pele y os tunda, 

Y en la caverna más profunda 

) ' Del inflamado abismo os hunda. 



VIIL 



¡Ni por esas I Parece que arroja 
El infierno otro denso nublado, 
ó que el diablo al oirme se enoja. 



•43 

Y empujando el ejército alado 

El asalto acrecienta y aviva. 

El tejado va á ser una criba : 

Cada envión que recibe mi choca , 

Yo no sé cómo no la destroza ; 

Á tamaña batalla no es mucho 

Que retiemble y que toda se cimbreí 

Cual si fuese de lienzo ó de mimbre.... 

¿Es el miedo? ¿Ó quién anda en la saia?..., 

Vade retrOf perverso avechucho.... 

I Ay I matóme la luz con el ala.... 



IX. 



I Funesta sombra I (Tenebroso espantol.... 
Amedrentado el corazón palpitt.... 

Y la legión de Lucifer en unto, 
Reforzando la trápala y la bulla, 

Á un tiempo brama, gruñe. Hora, griu, 
Bufa , relincha , ronca , ladra , aulla; 

Y asorda estrepitosa los oidos 
Mezclando carcajadas y alaridos. 

Voz de ira, voz de horror, y voz de duelo. 
I Qué fiero son de trompas y cornetas! 
I Qué arrastrar de cadenas por el suelo I 
¡Qué destemplado chirrio de carretas!.... 
I Ya escampa ! Hasta la tierra se estremece, 

Y según es el huracán, parece 

Que á la casa y á mí, nos lleva al vuelo.... 
¡Perdido soyl.... ¡ misericordia , délo 1 



» 



i «44 






U. 



X. 



I Ah 1 Por fin en la iglesia vecina 
Á sonar comenzó la cami>ana.... 
Al furor» á la loca jarana. 
Turbación sucedió repentina. 
El tañido de aquella campana 
Á la hueste infernal amohina, 
Sobrecoge, atolondra, amilana. 
Como en pecho abrumado de pena 
Una luc de esperanza divina; 
Como el sol en la densa neblina. 
De los montes rizada melena; 
El tañido de aquella campana , 
Que tan alto y sonoro domina, 
Y se pierde en la selva lejana , 
El tumulto en el aire serena. 



XI. 



Htieron I la sonante nota 
hueste ünernal derrota. 
Uno á otro apresura, exciu , 
Estrecha, empuja, precipita. 
Huyó la fementida tropa: 
No trota ya , sino galopa , 
No galopa ya, sino vuela. 
Por donde pasa la bandada, 



145 

Una sombra más atezada 
Los montes y los valles vela, 
Y el luto de la noche enluta. 
Como de leña mal enjuta. 
Que en el hogar chisporrotea» 
De mil pupilas culebrea 
Rojiza luz intermitente, 
Que va señalando la ruta 
De Saunás y de su gente* 



XII. 



Cesó, cesó la zozobra. 
Á escape va la pandilla: 

Y la tierra se recobra 
De la grave pesadilla 
De esta visita importuna; 

Y la perezosa luna 

Sale al fin , y el campo alegra. 
Allá va la sombra negra; 
Distante suena la grita 
De la canalla maldita; 
Como cuando ciñe un monte 
De nubes el horizonte , 

Y desde su oscuro seno 
Rezonga lejano trueno: 
Como cuando primavera 
Tus nieves ha derretido 
Gigantesca cordillera, 

Y á lo lejos se oye el ruido 

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146 

De impetuosa corriente 

Que arrastra una selva entera » 

Cubre el llano y corta el puente. 



XIII. 



Mas á ti , ¿qué fortunai 
Huerta mía, te cabe? 
¿Respiras ya del grave 
Afán? ¿Injuria alguna 
Sufriste?.... ¡Cuánu asoma » 
Entreabierta á la luna, 
Nueva flor I | Cuánto aroma 
De rosas y alelíes 
El ambiente embalsama I 
No hay una mustia rama; 
No hay un doblado arbusto. 
Parece que te ríes 
De tu pasado susto. 

XIV. 



Sobre aquellos boldos 
Que á un pelado risco 
Guarnecen la fidda 
Al amortecido 
Rayo de la luna 
Van haciendo giroa» 
Enjambre parecen 
De avispas, que el nido 



«47 

Materno abandona» 
Despojo de niños 
Traviesos 9 y vuela 
Errante y proscripto. 

XV. 

{Desventurados! 
Del patrio albergue 
También vosotros 
Gemís ausentes: 
Vagar proscriptos 
Os cupo en suerte. ••• 
¡Terrible fallo!.... 
{Y eterno!.... | Pesen 
Mis maldiciones 
Blandas y leves 
Sobre vosotros. 
Míseros duendes 1 

XVI. 

Hacia el cerro 
Que distingue 
Lo sombrío 
De su tizne«» 

Padrón negro 
De hechos tristes^ 
Vagarosas 
Ondas finge 



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Parda nube. 
Con matices 
Colorados 
Como el tinte 
Que á la luna 
Da el eclipse; 
Y en la espira 
Que describe, 
Rastros deja 
Carmesíes* • • • 
¿En qué abismos, 
Infelice 
Nubécula, 
Vasa hundirte?... • 
Ya los ojos 
No la siguen; 
Ya es un punto; 
Ya no existe. 

• 

XVII. 

I Qué calma 
Tranquila I 
Tras lere 
Cortina 
De gasa 
Pajisa, 
La luna 
Dormita. 
Alsue&o 
Rendidas, 



««4>. 



"49 

I.J1S flores 
Se iDclinan. 
El viento 
No silba^ 
Ni el aura 
Suspira. 
Tú sola 
Vigilas; 
Tú siempre 
Caminas^ 

Y al centro 
Gravitas, 

I Oh fuente 
Querida 1 
Ya turbia; 
Ya limpia; 
Ya en calíes. 
Que lilas 

Y adelfas 
Tapizan; 
Ya en zanas 

Y espinas: 
¡Tal corre 
La Tidal 




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POESÍAS VARIAS 



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FRAGMENTO DE cLOS JARDINES» 



DE DEULLE 



Y, 



A de la primavera el blando aliento 
Á rejuvenecer el mundo torna , 
Trayendo alegre música á la selva, 
Flores al campo y á Favonio aromas. 
^Á qué nuevo cantar templo la lira? 
\Ahl cuando el largo luto se despoja 
La tierra; cuando el valle y la montaña i 
El prado humilde y la floresta hojosa. 
Todo de amor y de esperanza ríe , 
Mi voc también tu imperio reconozca, 
1 Genial Abril 1 Cante otro las batallas, 
Y abra al valor los fastos de la gloria ; 
Pinte el fulmíneo carro de Mavorte, 
ó ensangriente sus manos con la copa 
Del fratricida Atreo; los jardines 
Prefiero yo, las dádivas de Flora. 
Yo diré cómo el arte gracias nuevas 
Da al césped, á la flor, la áspera roca. 



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* 

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1 



>54 

Al parlero cristal» y en la animada 
Tabla del suelo luces mezcla y sombras; 
Sabe sitio elegir, y perspectiva ; 
i Uno el designio y varia hace la forma ; 

Llama al hábil cincel , llama á la noble 
Arquitectura , y con sus bellas obras 
Decora la mansión del hombre , y hace 
Á la naturaleza más hermosa. 



Tú que con el vigor juntas la gracia. 
Cuando el verso didáctico saconas, 
I Musa 1 si de Lucrecio en los acentos, 
De las lecciones áridas la tosca 
Austeridad puliste; si su ilustre 
Rival, merced á ti, supo al idioma 
Del cielo hacer la esteva y el cayado 
Dígnamateria; ven,y un tema adorna 
Menos severo, y que á Virgilio mismo 
I Pudo tentar * ; mas no la vana pompa 

{ Busquemos de prestados ornamentos: 

V : Ven, y teje á mi frente con mis propias 

Flores guirnalda, y cual temprano rayo, 
I [ Que el horizonte de celajes dora, 

Alguna parte alcanzará á mi estilo 
De los colores que á mi asunto sobran. 






ni 



Vio dd arte inocente que celebro, 
El antiguo universo la primera 
Infancia; y desde el tiempo que al oolona 

< Jómáa k ks «tnos ii6 y ^;ukatct áá libra iv de 



» 



V 



i33 

El duro ndo avmnlló la reja 
Fué á la recreaciÓQ dada una pane 
Fdiz de sa dominio, cstuicia amena 
De plantas escogidas , qoe halagaban 
Los o)os y el olfiíto á competencia. 
En rústicos vergeles se complace 
El simple lu)0 de Feacia *: elera 
Al aire Babilonia sos pensiles; 

Y cuando Roma al orbe dio cadenas. 
En parques que cauÓTas adornaban 
Las maravillas de las artes griegas» 
Iban los orgullosos ▼encedores' 
Á deponer el rajo de la guerra. 
El saber habitaba los jardines 
Un día, y entre Tcrdes alamedas 
Pudo con sobrecejo menos grave 
Comunicarse á la pulida Atenas. 
El venturoso Edén y el Elíseo 
Que el cielo dio por cuna á la inocenda 

Y á la virtud por premio, ^ eran acaso 
Jaspeados palacios? Bosques eran. 
Lósanos bosques, y risueñas fuentes, 

Y alegres prados de mullida hierba. 
Do inaccesible d hombre á los cuidados 
En pas vivía y bienandanaa eterna. 

Tú que á Natura pides que en d campo 
Simple se muestre á par que amable y bdla, 
No á gran picdo la insultes, que d ingenio 



* hh en qye twmthk Aldap», cuyo» jaJiae» dtwrat lto> 
MfoaikOyblifibro va. 



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1 56 

Te manda prodigar, no la riqueza. 
Elegante un jardín, más que ostentoso^ 
Un ancho cuadro á nuestra vista ofresca* 
Sé pintor: la campiña y sus matices^ 
La luz del sol, las sombras de la selva, 
El giro de los cielos que varía 
De las horas y meses la librea, 
De las colinas el ropaje verde, 
La alfombra del Abril en la pradera, 
Musgosas rocas, árboles copados, 
Y fugitivas aguas, tal la tela, 
Tales son tus pinceles, tus colores. 
Naturaleza es tuya , y á tu experta 
Mano, para que formas nuevas críes, 
Todas las formas da de la materia. 

Mas antes de plantar, antes que toque 
El corvo arado el seno de la tierra, 
Á la naturaleza observa, estudia. 
Por modelo la toma y por maestra. 
^No ves aparecer , vagando acaso 
Por apañado sitio, inculu escena 
Que te hace el paso suspender, y el alma 
En blandas fantasías embelesa? 
Q>pie el pincel, si puede, sus aspectos; 
Á hermosear el campo, el campo enseña. 

También los sitios notarás, que el gusto 
Inteligente ornó, y en lo escogido 
Escogerás de nuevo. Ya la noble 
Pompa de ChantiUí, que favorito 
Albergue fué á dea héroes, te convida; 



i57 

Bel-CEil I que á lo campestre une lo rico ; 

Navarra , en que la sombra se complace 

Del Grande Enrique , y Tívoli florido. 

Cuyas amables formas á la Francia 

Hicieron divisar de un nuevo estilo 

El modelo primero, como suele 

Tímido recatando el botoncillo 

Su delicado seno todavía. 

Dar de la alegre primavera aviso. 

Chanteloup, que te ufanas del destierro 

De tu señor; Montreuil, cuyo recinto 

Las Gracias solazándose trazaron ; 

Auteuil, Rincy, Limours, |qué de atractivos 

Á la vista ofrecéis ! ¡ Cuan dulcemente 

Me pierdo en vuestros verdes laberintos I 

De aguas rico y de prados y de selvas , 
Ostenta el alemán nuevos prodigios. 
¿Quién á Rhinberg ignora, en que reposo 
Halla el valor, las artes domicilio ; 
Rhinberg , que se retrata en los cristales 
De un lago inmenso? ¿Á quién no es conocido 
Postdam, que ya en la paz y ya en la guerra 
Dominó de la Europa los destinos , 
Mansión de la victoria; Bella vista, 
Por do las ondas corren sin ruido- 
Del río que á la juncia de sus trenzas 
Supo enlazar el ramo de Gradivo ; 
Casel , de sus cascadas orgulloso , 
De sus llanos Gosow? Jamás han visto 
Campiñas, montes, valles, aguas, bosques, 
Tan deleitosa variedad de sitios. 






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Los campos de los Césares te llaman. 

Donde te muestra bajo mil aspectos 

La señora del mundo su ruina, 

Y entre despedazados monumentos 

Engañada la vista se figura. 

En lugar de un jardín, ver un museo. 

Piramidales árboles alternan 

G>n mármoles, palacios, bronces, templos. 

Sepulcros, urnas, en que errar parece 

De Roma antigua el imperial espectro. 



De su Aran juez ufana está la Iberia 

Y del lujo real de San Lorenzo. 
¿Y quién no ama tu fresca lozanía, 
Fastuoso Pardo? No el mezquino juego 

' I Ostenus tú de contrahechas fuentes 

Que solaz á la vista pasajero 
Muestran « y brevemente fatigadas 
Triste dejan la selva, y mudo el eco: 
Mas sin cesar las aguas resonando 
Vivifican tus parques aluneros, 

Y en bóvedas, en arcos, en columnas, 
Lanzándose animosas, dan al viento 
Frescura eterna; y de las patrias cumbres 
Igualan el nivel ; sitio soberbio , 
En que un Borbón la Francia reprodujo, 

Y emuló la grandeza de su abuelo. 



El Bátavo á su vez, hijo del ane. 
En vistosos jardines mudó el cieno 
De su anegada patria ; mas produce 
Hastio allí á la vista el nimio esmero 



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Ea peregrinas flores: y esparcidos 

Boscajes dan insípido ornamento 

Á unilormes llanuras, en que d rudo 

Ceño de las montañas echo menos. 

Empero tus canales p la abundancia 

De tus orillas» los movibles lejos 

En que el ganado anima la dehesa , 

La barca el agua, j el molino el viento; ! 

Tus cabanas, Batavia, tus cortijos. 

Tales son tus jardines Terdaderos. 

Los liqúenes , los musgos , la robusta 
Verdura de los pinos, vencedora 
De los hielos polares, casi solos 
El largo invierno al Moscovita adornan* 
¿Mas qué resiste al arte? Crudas nieves 
El eríxado polo en vano acopia: 
El fuego vence al aire, y da Vulcano 
En templos de cristal hospicio á Flora. 

Fantásticas bellezas ama el Chino , 
Contrastes pintorescos ambiciona : 
De porcelana sus paredes cubre ; 
Matices vivos, peregrinas formas 
Complácese en juntar; pero las gracias 
De lo sencillo y natural ignora. 

i Diré de los jardines otomanos 
El voluptuoso lujo, en que se gosan 
Las hijas del Oriente? Allí prodiga 
Las rosas el amor y los aromas; 
En mármoles y jaspes bulle el agua, 



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Y toldos de jtzmiaes le hacen sombra r 
El céfiro suspira entre acabares, 

Y pabellones de cendal tremola. 



Mas ya, Inglaterra, á tus orillas vuelo, 
A quien Bacón, á quien los dulces cantos 
De Milton 7 de Pope el no sabido 
Arte de los jardines enseñaron • 
Cayeron á su roz los terraplenes * 

De viejos parques : del nivel esclavos 
No fueron ya más tiempo los jardines ; 
Que, como al pueblo, hiciste libre al campo, 
Y con la libertad un nuevo estilo 
Apareció en tus bosques y en tus prados. 
I Qué If da muchedumbre de verjeles , 
De hermosas vistas , de hechiceros cuadros , 
i Ea su camino tortuoso mira 

I : Aquel altívo río, que en mil naos 

Acarreando sin cesar á Londres 
El tributo del mundo, al Océano 
t j Leyes parece dar, rey del comercio , 

^ Y por urna tener la de los hados ! 

|. Park* Place, ¿á quién no agradan tus boscajes, 

I Más que el vano esplendor de los palacios? 

1 I V los tuyos, Leasow, dulce morada 

(• ' De Shenston, que aún respiras los encantos 

r. De amor y de las musas 1 Lo elegante 

De tus rurales gracias, Hayley, i cuánto 
Enamora la visu I Bowton, Foxley, 
Que sois, á vuestros dueños imitando , 
Amigos T diversos, el buen gusto 






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i6i 

De sí mismo hiso alarde al dibujaros. 
Ni á tí tampoco olvidarán mis versos , 
Chiswick, que unidos gozas los milagros 
De la natundeza y de las artes; 
En quien no sé si más deleiu el blando 
Verdor de la floresta, ó si la noble 
Arquitectura que trazó Paladio, 
ó los vivientes lienzoS| que á tu sala 
Dio el flamenco pincel y el italiano. 

Los sitios dije que imitarse pueden: 
También peligros hay que cauto evites; 
No de servil imitación llevado , 
Al suelo quieras dar lo que resiste ; 
Obsérvale antes bien; consulta al Genio 
Que mora en él, y adoración le rinde. 
No impunemente violará sus leyes 
El que sin gusto mezcle, alce, derribe ; 
Que por desatender osado artista 
Lo que el local rehusa y lo que pide, 
Fantástico parece en las del Sena 
Lo que es bello en las márgenes del Tlbre. 
Descubre perspicaz y diestro adopta 
Lo que el terreno de su grado admite. 
El arte entonces, mientras copia, inventt: 
Es la naturaleza, y la corrige. 
Así Berghém, así creó el Pusino : 
Sus diseños estudia y sus matices ; 
Y lo que debe al campo la pintura, 
Vuélvalo agradecida á los jardines. 

Contempla, pueS| el vario a4>ecto y varia 

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índole de la tierra, ya sublime , 
Ya entre rudos contrastes caprichosa « 
Ya con modestas gracias bella y simple. 
Hubo un tiempo funesto, en que tirano 
Violentó el arte al suelo, y el declive 
Que en blandas lomas recreó la vista , 
Cambiar osó por explanadas tristes. 
Hoy no menos despótico presume 
Montes crear y valles do no existen. 
Ambos extremos huye. En ancho llano 
Hacer reir la monuñuela humilde 
Que á pintoresca aspira, y de alu sierra 
combatir la aspereza, ¿de qué sirve? 

¿Quieres lugar propicio á tus trabajos? 
No anivelado campo solicites, 
No fragosa montaña, mas la leve 
Desigualdad que sin orgullo ríe, 
Do sin rudeza se levanta el suelo , 
Sin uniformidad es apacible. 
^ Andas? El horizonte ande contigo: 
Ora se alce la tierra, ora se humille; 
Aquí se estreche, y más allá se extienda; 

Y á cada paso un nuevo aspecto admires. 
Oscuro agrimensor, en el retiro 

Del gabinete, helados trozos forme, 

Y jardines geométricos describa; 

Tú al sitio mismo ve. Valles y montes , 
Sombras y lejos al papel traslada : 
Obstáculos prevé , medios escoge: 
De la dificultad nace el milagro, 

Y da belleza el arte á lo ditfcrme. 



^Cuál tan áspero nielo y tan esquivo 
Su divino poder oo reconoce 7 
¿Desnudo está? Frondosos bosques cubran 
Su desnudez. ^Tupido acaso? Dome 
La inútil pompa de la tierra cl hacha. 
/HúmedoP En vasto lago se transforme , 
O en limpio estanque las impuras ondas, 
6 el campo bulliciosas alborocen. 

¿Árido en fin? Explora, tienta, excava, 
No desesperes : ya cl cristal que etcoadea 
Secretas venas, va á brotar. Al modo 
Que cuando á lar^o afán mi ingenio pobre 
Se rinde exhausto, y la difícil rima 
Fatiga en balde ingratos pormenores, 
Brilla un feliz coacepto de improviso, 
Y numeroso el verso y fácil corre. 
Nuevos cuidados restan , arte nuevo , 
Empeño superior. Poco es que logres 
Embelesar los ojos; habla al alma. 
¿Los misteriosos vínculos conoces 
Entre lo inanimado y lo sensible? 
¿ Percibes de las aguas, de las flores , 
De los boscajes la elocuencia oculta? 
¿La muda vos de los desiertos oyes ? 
Repite sus acentos. En tus obras 
Lo bello hechice y lo sublime asombre : 
Pasa de lo risueño á lo severo: 
Muéstrate fuerte y dulce, simple y noble. 
Triste y alegre ; y rarTado el tono 
Al vatbr del gusto se acomode. 
Hts qiw vaya el pintor á su palst* 



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164 

Ba)o tus mirtos i buscar colores: 
Allí, de sacra inspiración turbado 
Cante el poeta, el sabio filosofe : 

Y en sos dulces memorias el dichoso , 

Y en su llorar el iníelix se goce. 



18S7. 





EPÍSTOLA A OLMEDO 



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r^ « fuerza que te diga, caro Olmedo » 

Que del dulce solaz destituido 

De tu tierna amisud, vivir no puedo. 

|Mal haya ese París tan divertido , 
Con todas sus famosas fruslerías, 
Que 4 soledad me tienen reducido I 

Mal rayo abrase , amén , sus Tullerías , 
Y mala peste en sus teatros haga 
Sonar, en vez de amores» letanías, 



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Y, cual suele el palacio de una maga 
Á la virtud de superior conjuro » 
Toda esa pompa en humo se deshaga; 

Y tú al abrir los ojos, no en oscuro 
Aposento entre sábanas fragantes 

Te encuentres blando alumno de Eplcuro» 

Sino cual paladín de los que errantes 
De yermo en yermo , abandonando el nido 
Patrio, iban i caxa de gigantes, 

Te halles al raso, A tu sabor tendido, 
Rodeado de cardos y de jaras, 
Cantándote una rana á cada oído. 

Y suspirando entonces por las caras 
Ondas del Guayas ( Guayaquil un día , 
Antes que al héroe de Junín canuras) , 

Digas : c I Oh renturosa patria mía I 
¿Quién me trajo á vivir do todo es hecho 
De antojos, de embeleco y de falsía? 

i Á Londres de esta ves me voy derecho , 
Donde, aunque no me aguarda el bien amante 
De mi Virginia , mi paterno techo p 

i Me aguarda amigo fiel , veraz , constanu, 
Que al verme Mntirá más alegría 
Que la que él me descubra en el semblante. 



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167 

i Con él esperaré que llegue el día 
De dar la vuelta á mi nativo suelo 
Y á los abrazos de la esposa mía. 

i Y mientras tanto bien me otorga el cielo » 
\ Oh musas 1 \ Oh amistad 1 á mis pesares 
En vuestros goces hallaré consuelo, t 

¡Ven y ven, ingrato Olmedo 1 Así los mares 
Favorables te allanen su ancha espalda 
Cuando á tu bella patria retornares | 

Y cuando fresca rosa la esmeralda 
Matixa de sus campos florecidos, 
Guayaquil entreteja á tu guirnalda ; 

Y á recibirte salgan los queridos 
Amigos con canures de alegría , 
Por cien voces y ciento repetidos. 

Ven , y de nuestra dulce poesía 
Al apacible delicioso culto 
Vuelva ya tu inspirada fantasía. 

Otro se goce en el íeros tumulto 
De la batalla, y la sangrienta gloria, 
A la llorosa humanidad insulto. 

Otro encomiende 4 U tenax memoria 
De antiguos y modernos la docttioa , 
De absurdos y verdades pepitoria. 



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nro que ci^o te iinagint 
En sólidoi objetos ocupado , 

Y también A su modo desatina , 

Intereses calcula desvelado 

Y por telas del Támesis ó el Indo 
el metal de nuestro suelo amado: 



Te manda el cielo que el laurel del Pindó 
Trasplantes á los climas de Occidente 
Do crece el ananás y d tamarindo; 

Do en nieves rebozado alxa la frente 
El jayán de los Andes , / la vía 
Abre ya á nuevos hados nueva gente. 

¡Félix 9 oh Musa, el que miraste pía 
Cuando á la nueva lus recién nacido 
Los tiemesuelos párpados abría 1 

No ciega nunca el pecho embebecido 
En la visión de la ideal belleza , 
De incesantes contiendas el ruido. 



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El niño Amor la lira le adereza, 

Y díctanle canures inocentes 
Virtud» humanidad y naturaleza. 

Oye el vano bullicio de esa gente 
Desventurada I á quien la paz irriu; 

Y se aduerme al susurro de la fuente. 



• • •• 



ó por mejor dcdr oo mondo habita 
Sujo, donde mis bello el tóelo j rico 
Lb edad feU> del wo roudtt; 

Donde no ic conoce estm ó pico, 

Y Tire mansa gente en leda holgm 
Vistiendo aún el pastoral pellico, 

Ni halló jamii cabida la perjura 
F«, la codicia ó U ambidóo tirana 
Que nacida al imperio se fignra, 

' NI i la plebe deslumbre, iasnlsa y Taai 

De U extranfera seda el atarlo, 
I Conque tal res el crimen «e engalana; 

Ni se obedece á intruso poderlo, 
Que ora promulga leyes j ora anula, 
Siendo la ley suprema su albedrío; 

Ni al patríotitmo ei intcr¿* simula 
Que hoy i la libertad himnos entona 

Y iwfiwn» al poder ■■"'»'■'' adula , 

Ni victorioso capitán pr^[ona 
Ud« que por la patria ha lusteniado 

tY en galardón le pide una corona. 



I Oh ! ] Cuioto de este mundo afortunado 
El Eango inmundo en que yacemos dista. 
Para destierro á la TÍrtud criadol 



170 

■ 

Huyamos de él, huyamos do á la vista 
No ponga horror y asombro tanta escena 
Que al bien nacido corazón contrisu. 

¿Ves cómo en nuestra patria desenfrena 
Sus fuerzu la ambición, y al cuello exento 
feriando está otra rtz servil cadena? 

^No gimes de mirar cuil llera el viento 
Tantos ardientes votos, sangre tanta, 
Cuadros llenos de horror y asolamiento, 

Campos de destrucción que al orbe espanta. 
Miseria, y luto, y orfandad llorosa 
Que en vano al cielo su clamor levanu? 

Como el niño inocente que la hermosa 
Fábrica ve del iris, que á la esfera 
Sube esmaltado de jacinto y rosa, 

Y en su demanda va por la pradera, 

Y cuando cree llegar, y á la encantada 
Aparición poner la mano espera. 

Huye el prestigio aéreo, y la burlada 
Vista lo busca por el aire puro , 

Y su error reconoce avergonzada; 

Así yo á nuestra patria me figuro 
Que en pos del bien que imaginó se lanza; 

Y cuando cree que aquel feliz futuro 



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De pox j ^orift y libertid alcana. 

Su ilnsífo 9t dtfihacc en im momeoto | 
Y T€ qne es im delirio sa cqwraiua ; 

Fingido bien que anstoao el pemamiento 

Pensaba asir, j aéreo espectro apaña, | 

Liuá los OJOS 7 alas manos Tiento I I 

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EL INCEKDIO DE LA GOMPAMA 



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Oajcta Casa de oradóa. 
Templo de la Compaña, 
Que á plegaría y i scrmóa 
LJamasde noche j de día 
La derroca pobladóa : 



¿Qué esplendor, qiié los es 
Que sobre ti se deframa? 
No es los de nocnnia fiesta; 
Es dcfasadoia llama ; 
Ek «aa pira fiucsia. 



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Ni es sonido de alegría 
El que por los aires corre : ' 
Ayes son esos que envía 
Enyudta en humo tu torre: 
Son gemidos de agonía *• 



^ , Jamás con furor tan ciego 

• i : Prendió escondida centella: 

{ ! ; Vióse breve lumbre ; y luego 

, I !' A grande altura descuella 

Una cúpula de fuego. 



Raudo volcán se me antoja. 
Que aglomera nube á nube 
De humareda parda y roja, 
Y ya hasta los cielos sube, 
\,. Y encendida lava arroja. 



I • ' Cual león que descuartiza 

Descuidada presa hambriento, 
Tal, encrespado se eriza, 
Tal ruge el fiero elemento , 
Que te reduce á ceniza. 



Aunque el pueblo te circunde 
Á socorrerte anhelante, 
Rápido el incendio cunde, 
Y hasu d cerro más disunte . 
Terrífica luz difiínde; 



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Y en cuanto la vista abran, 

Tiñea medrosos reflcjoa 
Toda calle y toda plaza, 
Y, iun contempladoa de Iqos, 
Espaolo son y amenaza. 

Una TÍsián gigantea 
Que negras olas agita. 
En lo sito rerolotea : 
Soplando, el toceadio irrita, 
Y sacude humosa tea. 



jSerá aquel ingel, al pow 
De perdición derrocado, 
Á quien la miseria es goio? 
Sobre tu rostro eclipsado 
Vislumbra horrendo alborozo. 



Ya del techo, alu diadema 
De fuego, lluvia desciende 
Ardiente, que alumbra y quema 
La vasta oave, y se extiende 
Con voracidad extrema. 



iVirgenl li compadecida 
Te halló siempre el ruego humano, 
Deten la ñera avenida; 
Tiende el manto soberano 
Sobre m mansión querida ; 



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Sobre tu bella morada , 
Donde coa ardientes votos 
Has sido siempre invocada; 
Donde mil labios devotos . 
Te llamaron abogada. 

Y tá, ¿puedes tolerar 
Qae así las llamas te ultrajen» 
Santo Arcángel titular *? 



\ i ¿Se cebarán en tu imagen? 

¿Harán pavesas tu altar? 



Nada aplaca su furor : 



íl ' La destrucción es compleu : 

i. . Arde todo en derredor: 



Aun asa Dios no respeta 
El fuego consumidor. 






Y á ti también te devora » 
Centinela vocinglero » 
Atalaya veladora , 
Que has coñudo un sigb entero 
Á la ciudad, hora á hora* • 



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177 

Diste las nueve, y prendida 
Esubas viendo la hoguera 
En que iba á espirar tu vida: 
Fué aquella tu voz postrera , 

Y tu última despedida. ' 

Cuando sellaba tu suerte 
Ese fatídico acento , 
¿Quién imaginó perderte « 

Y que en las olas del viento 
Iba la voz de la muerte? 



Paréceme que decías; 
c I Adiós, patrial El cielo ordena 
Que no más las notas mías 
Desenvuelvan la cadena 
De tus horas y tus días. 

>Mil y mil formas miré • 
Nacer al aura del mundo, 

Y florecerá mi pié, 

Y descender al profundo 
Abismo de lo que fué. 

>Yo te vi en tu edad primera 
Dormida esclava, Santiago, 
Sin que en tu pecho latiera 
Un sentimiento presago 
De ttt suerte venidera. 

m. 



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I f Y te vi del largo sueno 

Despertar altiva « ardiente» 
Y oponer al torvo ceño 
De los tiranos, la frente 
De quien no oonoce dueño. 



¡ i > Vi sobre el pendón hispano 



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Alsarse el de tres colores ; 



j, I Suceder á un yermo un llano 



Rico de frutos y flores; 
Y al esclavo el 



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I' ! BiSantiago, adiósl Ya no mis 

; i El aviso diligente 

De tu heraldo fiel oirás , 

Que los sordos pasos cuente 

Que hacia tu sepulcro das. 



»f Adiósl Llegó mi hora aciaga , 
O>mo llegará la tuya. 
No hay cota que no deshaga 
B tiempo, y no la destruya: 
Aun á loe imperios traga.» 



179 



III. 



El ángel que guarda y vela 
Á nuestra patria naciente , 
Ya que el incendio encarcela, 
Mustio, la mano en la frente, 
Al empíreo coro vuela. 



Sacióse en el templo santo 
El fuego: cesó el bullicio: 
Duerme la ciudad, y en tanto 
En torno al trunco edificio 
Reina silencioso espanto. 

Realza una opaca y fea 
Lumbre el horror y el asombro: 
Frío norte el humo ondea: 
Algún denegrido escombro 
Acá y allá centellea. 



Entre la vasta ruina 
Tal vei despieru y se encumbra 
Llamarada repentina , 
Que fantástica relumbra 
Y todo el ttmplo ilumina ; 



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Mas otra vez se adormece | 
Y solamente la luna , 
Cuando entre nubes parece. 
Sobre el arco y la coluna 
i í Luminosa resplandece. 



Y con pasmado estupor 
Reciben nave y capilla 
Este tan nuevo esplendor.— 
i Lámpara sola que brilla 

Ante el Arca del Señor. 



Y ya, si no es el graznido 
De infelice ave nocturna 
Que busca en vano su nido, 
ó del aura taciturna 
1 Algún lánguido gemido , 



ó las alertas vecinas , 
ó anunciadora campana 
De las preces matutinas, 
ó la lluvia que profitiu 
Las venerables ruinas , 



Y bate la alta muralla 
Y los sacros pavimentos. 
Triste campo de batalla 
De encontrados elementos , 
Todo duerme, todo calla. 



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Cuaado, á rista de ua estrago, 
Dolorido el pecho ribra , 
¿ Hay un sentimiento rago 
Que nos alienta, una fibra 
Que halla ea el dolor halago? 



jGs un iostiato divino, 
Que cuando rompe j cancela 
La fortuna un peregrino 
Monumento, nos rerela 
Más elevado destino? 



^Ó con 00 usada energía 
Despieru en tu seno el alma 
YbuUeUiantasía, 
Noche oscura , muerta Calma, 
Solemne Melancolía? 



Yo no ■< , en verdad , qu¿ sea 
Lo que entonces la trasporta; 
Absorbida en una idea , 
Los terrenos lasos corta 
Y librenenie vaguea. 



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Y no es un descolorido 
Bosquejo lo que elabora, 
Que al pensamiento embebido 
El antes se vuelve ahora f 

Y U memoria, sentido. 

Las antiguas tradiciones 
TomaQ colores reales , 

Y quebrantan las prisiones 
De las arcas sepulcrales 
Difuntas generaciones. 

' ¿Qué nuevo rumor se advierte ? 
¿Qué insólito murmurar? 
¿Qué voz turba de esta suerte 
El silencio secular 
De ese asilo de la muerte? 



En sus lechos se incorporan 
t : Las heladas osamentas : 

De los nichos en que moran 
Bajan sombras macilentas : 
Negras ropas las decoran. 



Grima me da, cuando miro 
La procesión, que la grada 
Monta del hondo retiro , 
Y en dos filas ordenada 
Hace en tomo un lento giro. 






i83 

Va á su cabeza un andano ' : 
Una blanca mitra deja 
Asomar su pelo cano. 
Cantan, y el canto semeja 
Sordo murmullo lejano. 

Mueven el labio, y después f 

Desmayados ecos gimen : } 

La luna pasa al través j 

De sus cuerpos; y no imprimen 
Huella en el polvo sus pies. 



No, no es cosa de este mundo » 
Ni es lustre de ojos humanos , 
El de aquel mirar profundo: 
Sendas haclias en sus manos 
Dan un brillo moribundo. 



^ Y cuando atender se quiere 
Á lo que en el aire zumba 
Y en tristes cadencias muere , 
Se oye el cantar de la tumba , 
£1 lúgubre Miserere,, 



cEl brazo airado deten , 
Muestra benigno el semblante » 
Sumo Autor de todo bien , 



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* El ebítpo D. Juáo MdfUt^, lepultado ca d ccncatirio 
é§ k Cwnptflhi. 



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184 

Pum que otra ves lerante 
Sqm moros Janualén *•» 



V. 



Pero ya rayó la aurora , 

Y á su luZ| cada vez más 
La visión se descolora, 

Y al fiui como un leve gas. 
Por el aire se evapora. 



Sobre la graa cordillera 
Sube el primer sol de Junio , 
Y apresura (cual si huyera 
De ver tamaño infortunio) 
Entre nubes su carrera. 



1 . 



¡Ahí Lo que ayer parecía 
Fábrica eterna, ¿quién pudo 
Adivinar que hoy sería 
Tosudos leñosi desnudo 
Paredón, cenisa fría? 



Bco^Mfte, DÍNBÍBt,iabMtf<oliiBtKlitMi 8ioa,«taái- 

.(IñMfal. L, 19.) 



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iSS 

Entre el pavor j el receto 
CoQUmpU d Tulgo coiioao 
(iHorrible 7 mliero objetol) 
De lo que fii¿ templo hermoeo 
Et motilado esqueleto. 

No brilU la aalorcha clara; 
No arde el iacienio suare ; 
Polvo iDinando afea el ara.... 
Mas ¿por qu¿ en lo mcnoi grave 
El pensamiento se para? 



El Tabemicnlo Santo.— 
Tu rostro en la tierra humilla, 
jJerusalénl ra^ael manto; 
Por tu pálida mejilla 
Hilo i hilo corra el llanto. 



Prendió llama, llama ios 
El Se&or, 7 dio al olvido 
La fiesa de la semana; 

Y su tienda ha demolido, 

Y desechó su peana *. 



Callan, ]ayl eternamente 
La iglesia, la lorrc, el coro; 
Calló el rezo pcniíente ; 



t' Noo tst rccanUtu* Kibdli pedum 
nw-.,», 1.1. J. 6.) (mA.) 



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186 

Calló el repique sonoro ; 
Calló el pulpito docueate, 



La vos dd himno ha cesado 
Duelo cubre j confusión 
Al Sagrario desolado; 
Y la hija de Sfon 
Es «n cadáver tisnado. 

1841, 





^ 



EL CAMPO 



PRAGMBNTO 



A. 



campo 1 1 Al campo I La ciudad me enoja 
Esas tristes paredes do refleja 
La Itts solar , intensa , ardiente , roja » 
No quiero ver ni del balcón la reia. 
Donde una flor cautiva se deshoja i 
É inclinándose lánguida i semeja 
Suspirar por la alegre compañía 
De sus hermanas en la selva umbría. 

I Al campo! digo yo como Tancredo; 
Mas no» en verdad , al campo de baulla 
Donde el tronar del bronce infunde miedo 
Y el tumbar de la bala y la metralla ; 
Ni al campo donde el bárbaro denuedo 
Deunfiüso honor , teutónica antigualla , 
Dos pechos pone á dos contrarias puntas 
Por ofensas reales ó presuntu. 




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i88 

Sino al campo que alegra fuente pura 
Con el rumor de su cristal parlero; 

Y de la selva á la hospital verduray 
De pac 7 holganza asilo verdadero; 
Do el aura entre los árboles murmura 

Y la diuca revuela j el jilguero; 

Y de trémulos iris coronada 
Salta del monte al valle la cascada. 



Á la colina , que al rayar la aurora 
La ciudad nebulosa me descubre | 
Mientras el suelo en derredor colora 
De azules lirios gen'íal Octubre; 
Do fresco baño, el río, y mugidora 
Vaca me ofrece su repleta ubre, 
ó salgo envuelto en poncho campesino 
Á respirar el aire matutino. 






Á la animada trilla y al rodeo, 
De fuerza y de valor muestra bizarra ; 
Del pensamiento al vago devaneo 
Bajo el toldo frondoso de la parra; 
Al bullicioso rancho, al vapuleo, 
Al canto alegre, á la locuaz guitarra, 
Cuando chocan caballos pecho á pecho , 
Y en los horcones se estremece el techo. 



i ! 

( 

I . 
I I 



Pláceme ver en la llanura al guazo 
Que, al hombro el poncho, rápido galopa , 
ó con certero pulso arroja el lazo 
Sobre la res que elige de la tropa. 



i89 

Pláceme ver paciendo en el ribazo , 
Que una niebla gentil tal vez arropa » 
La grey lanuda, y por los yalleí huecos 
De su ronco balido oir los ecos. 



Pláceme penetrar quebrada umbrosa , 

Y dando suelta al pensamiento mío, 
Fi)ar la vista en la corriente undosa 
Con que apacible se desliza el río , 

Á cuyo murmurar visión hermosa 
Arroba el alma en dulce desvarío, 
Visión de alegres días que corrieron 
Sobre mi vida, y para siempre huyeron. 

Y se desvanecieron cual la cinta 
De aéreo iris que en la azul esfera 
Deshace el viento, ó cual la varia tinta 
Que, cuando el sol termina su carrera, 
Blanco vellón ó vagas nubes pinta, 
ó cumbres de nevada cordillera, 

Y el soplo de la noche las destiñe, 

Y parda franja al horizonte tiñe. 



Viéralos otra vez, aquellos días. 
Aquellos campos, encantada estancia , 
Templo de las alegres fimttsías 
A que dio culto mi inocente infand a ; 
S^as que á^Ano agosta, á que las f rias 
Escarchas ni aun embocan la fragancia ; 
Ciek).... fXúii daro acaso?-. No, sombrío, 
iSuIoso tal tez.... lAsí erad míol 



190 

Naturaleza da una madre sola 
Y da una aola patria.... En Taoo, en vano 
Se adopta nueva tierra: no se enrola 
El corazón mi% que una vez. La mano 
Ajenos estandartes enarbola. .. 
Te llama extraña gente ciudadano.... 
iQué importa! ¡No prescriben los derechos 
Del patrio nido en los humanos pechos I 



I Al campol |A1 campol Allí la per^rina 
PlaniSt que floreciendo en el destierro 1 
Suspira por su valle ó su colina, 
Simpatiza conmigo; el río, el cerro 
Me engaña un breve insttnte y me alucina; 
Y no me avisa ingrau voz que yerro; 
Ni disipando el linsojero hechizo « 
Oigo á nadie á^áriÁdvmiedifot 







¡I 

1 1 




EM EL ÁLhVU 



u*A otturj^mA rmro oí buu» 



J\ pUour mil vcrioi van 
Ea este bello jifd (a 
UotflonAOei tulipán I 
No ce diameli) ei un )«am(n i 
EL fumía 4el Tueumln | 



\ 



B q[iie ett tipil emtno 
TcDdi^ á Eorlqueu en au tiHAii ,; 

T¥ÍiiodearoinuÍltAO| j 

Im^ea de itt fortune i 
Al soelo UUm ehUeno« 



■ 



194 

Me encanu, flor peregrina , 
Esa tu actitud modesta ; 
El que te Te se imagina 
Ver una )oyea honesta 9 
Que el rostro á la tierra inclina. 

Bella flor, y ¿i qué pincel 
Debiste tu nieve hermosa? 
A tu lado, en el vergel, 
Vulgar parece la rosa, 
.Y presumido el claveL 

Esa n(dda blancura 
Con que la visu recreas , 
Sin duda te dio natura 
Para que símbolo seas 
De un alma inocente y pura; 

De ufu alma en cuyo recinto 
No ardió peligrosa llama, 
Y que, por nativo instinto , 
Sólo nobles hechos ama ; 
Cual la de Enriqueu Pinto.... 

Mas, Enriqueu, tú quieres 
La verdad en un ropa)e 
Más natural, y prefieres 
Sus acentos al lengua)e 
Deque gustan las mujeres. 



'95 

Te enfadan alegoríát; 
Desprecias Tanas ñcdones; 
Niña aún, te divertías 
En instructivas lecciones , 
No en frÍYobs poesías. 

Dejemos los oropeles 
A labios engañadores 
De almibarados donceles: 
Otras niñas buscan flores; 
Á ti te agradan laureles. 



Oye, pues, querida mía , 
La voz ingenua, sincera , 
Que en fe de su amor te envía 
Un alma que considera 
Suya propia tu alegría. 



lG>nqué júbilo afectuoso 
G>n templo esa unión felice. 
Nudo santo y amoroso. 
Que untos bienes predice 
A la esposa y al esposol 



¡Quiera fecundarla el cielo 
Con renuevos que den gloria 

Y grapdeza al patrio suelo , 

Y le acuerden la memoria 
ó del padre' ó del abuelo! 



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Y cual corre fuente pura 
Entrelirioiyazaharef, 
Así corra la ventura 
Siempre cxenu de pesares 
De tu existencia futura. 

ó si la dicha terrena 
Tasa el Autor soberano 
De U vida; si Él ordena 
Que des al destino humano 
Tu contribución de pena, 

Hija, esposa y madre, amor 
En ti consuelos derrame, 

Y te vuelva la interior 
Serenidad, y embalsame 
Las heridas del dolor. 

Y perdona, ni&a» á un viejo. 
Que como triste graznido 
' De buho, en nupcial festejo 
Te hace oird desabrido 
Duro acento dd consejo. 

Vanidad y afectación ^ 
Jamás tu candor empañen; 
Y en toda voa, toda acción, 

Gomo suden, te acompañen 
rArdnfa T moderadón; 



•MM»£^-^2ZSZ^^»^^^B 




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EN EL ÁLBUM 



SEÑORITA DOÑA MERCEDES MUAOZ 



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•A )OTen beldad que quiera 
Ceñir tu frente de flores, 
P£dab$ á la pradera. 
Cuando de varios colores 
La esmalta la primayera. 

Mas no raya al bosque yerto 

2ue el crudo invierno despoja» 
rido y triste desierto. 
Do apenas de mustia boja 
Está algún ramo cubierto. 



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200 

¿Ves aquel árbol que escríu 
Llera en tí la edad inerte 
Que lo postra y debilita? 
¿Qué don pudiera ofrecerte ?.... 
Una guirnalda raarchiu. 

Pero en ese tronco exhausto 
Que sin sombra y sin verdor 
Em del tiempo estrago in&usto» 
Puede tal vei el amor 
Encender un holocausto; 

No aquel amor, niño d^o. 
Que de centellas armado, 
Para turbar el sosiego 
De un corazón descuidado 
Prende en tus ojos su ñi^o; 



Sino aquel que en poesía 
Pinun sin alas ni redes. 
Misteriosa simpatía, 
Blando cariño, Mercedes, 
Que arrastra tu alma á la mía ; 



Que Qon poder halagüeño 
Me ^ciona á la dulzura 
De ese humor Jovial, risueño. 
Que trasparema la pura 
Fellddad de su dueño. 



S(: meamstri,7 me enamora 
La hi}a deru y tienu hennuia , 
Y It amiga eacanudora, 
Que ea sa j aventad temprana 
Tantat prendas atesora. 



No le ha dado el cielo en vano 
Ese admirado talento 
Que Tiene, bajo tu mano, 
Alma, Tida y sentimiento 
Sobre lai tecUs del piano; 

Porque cuando con la grau 
Uagia de acordados sones 
Los sentidos arrebata. 
Las amables emodoDes 
De tu alma bella retrata. 



Mas al estro que me excita 
Debo 7« temer la rienda.... 
Falta el papel, Heicedita.... 
Acepta U humilde ofrenda 
Dt «m guirnalda marchita. 



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AL BIOBÍO 



n w. kimia di u hBora doRa di 



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(Juifii pudiera., Biobfo, 
t^rar la existcocU eatcra 
En un boscaje sombreo 
De tu encaatada ribera I 



Una cabana pajiía, 
Donde viese tu onda pura. 
Que callada le desusa 
Eatn frondoH Tcrdura; 



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ao4 

Donde, en yes del moYimiento 
De polítíoot vaivenes , 
Susurrar oyese el viento y 
Entre robles y maitenes, 

Y escuchase la alborada 
Que en no aprendida armonCi, 
Canta el ave en la enramada 
Saludando al nuevo día; 



Una pajiza cabana , 
[ \ ■ En quegozase el reposo 

De la paz que nunca engaña. 
Ni envidiado ni envidioso; 



Más grau en verdad me fuera 
Que una confusa Babel, 
Donde en pos de una quimera 
Corren todos en tropel ; 



Do deslealtad y falsía 
Cercan el trémulo altar 
Que á los ídoloí^ de un día 
Alza el aura popular. 

|0h feliz, oh dulce calma, 
Pamíso de la tierral 
{Vale mis que tú la palma 
Del saber ó de la guerra? 



Verdad, no lisonja, quiero. 
Verdad sencilla, desnada; 
No d aplauso Tocinglero 
Que á la fortuna saluda; 

Quiero en mis postreros a&oe 
Decir á ese bien fingido: 
I Adidsl no más desengaños; 
Á los que olvidan, olvido. 

Otros en loco tumulto 
Llamen dicha al frenesí; 
Yo en el rincón más oculto 
Quiero vivir para mL 

Pero ¿á dónde en arrebato 
Impensado me extravío? 
Para otro asunto más grato 
Te invocaba, Biobío. 

Por tus verdes campos gira 
Una amable forastera , 
Y los aromas respira 
Que embalsaman tu ribera. 

Cerca de ti su mansión 
Hene la bella Delfina ; 
La de noble coraaón , 
La de gracia peregrina. 



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Yo U tí pimpollo hermoso I 
Que con su beldad tempniíu 
Tuvo á Santiago orgulloao, 
En tu primera mañana. 



'i Vila en cerrado vergel 

Joven planu , que ateiora 
¡i ! Losano brillo, y con ¿1 

jt ^ A los vientos enamora. 



Vino tormenta sañuda, 
i ti Como la que en duro embate 

Al verde bosque desnuda , 
Y hermosa arboleda abate. 



Casi (|ay DiosI ) su primavera 
La vio morir , y agostada 
La túvola Parca fiera, 

Y la lloré malograda. 

Pero al modo que se eleva. 
Cuando el huradLn se calma , 
Con vigor y vida nueva. 
Una destrocada palma. 

Volvió mi Delfina así, 
A beber el aura pura; 

Y correr las Gracias vi 
A retocar su hermosura. 



ao7 



Hija la he visto amorosa 
En la morada paterna, 

Y luego adorada esposa, 

Y madre ya, dulce y tierna; 



Y siempre cabal modelo 
De amabilidad serena, 
Ángel bajado del cielo 
Á nuestra mansión terrena. 



"^ Tal es la beldad que ahora 
Gosasy orgulloso río , 
Y la que Mapocho llora 
En ajeno poderío. 



I 



Que te desveles por ella 
Te ruego: en diario tributo 
Ríndele la flor más bella 
Y el más sazonado fruto. 



Al llevarla el blando ambiente 
Del jazmín y el azahar. 
De su viejo amigo ausente 
Hazla el nombre recordar. 



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Pero no con lazo eterno 
Presumas que la encadenes: 
La llama el hogar paterno ; 
Prestado tesoro tienes. 



^aamitmmmHim 



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i 'y Y harás de la deuda pago i 

Y TolTeremoe á verla , 

Y se gourá Saadago 
Ea su enajenada perla. 



4, 




DIALOGO 



tíGUO TASADO. 



(Biéi»»m4tl»iHini>lMlM»M2vnüHmitm.) 



Vquu- tributo que mi pobre ingenio 
Hb ofrecido, Iiidon, conugrute.... 



t lo hflt hecbo tgnardtr todo un trienio ; 
l^erB mandarte 

j coa tu múiica i otra pane. 



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Pero coa una condición lo admito: 
Que tenga de lo nuevo f lo bonito. 



';• FOCTA. 



¿De lo bonito y de lo nuevo sólo? 
A tus influjos me encomiendo, Apolo i 
Para salir de este terrible aprieto : 
Inspírame un soneto. 
Que el fino gusto de Isidora apruebe 



ISIDORA. 

¿Sonetos en el siglo diez j nueve 

FOCTA. 

Un romancitOy pues, en a s on a nte .... 

ISIDORA. 

Es cosa de poeu principiante, 

Que el oído desgarra, 

Y merece canurse con guitarra. 

POCTA. 

Pero si no sé más, querida mía. 
¿Cómo de tan estéril fiuitasla 
Creaciones hermosas 
Podrán salir? No da el espino rosas. 



^ ^-~^¡^ 



311 



ISIDORA. 



Todo cuanto me digas es en vano. 
En estas hojas, con tu propia mano. 
Algo que á los lectores interese, 
Algo que de ponerse digno sea. 
Después de esus dos emes j esta ese S 
Has de escribir : lo exijo. 



i 



I Fuerte empe&o I 
Mas aguarda: una idea 
Me ocurre de improviso. 
Fingiré que dormido en blando sue&o 
Se presenta á mi vista un paraíso. 
Donde.... 

ISIDORA. 

Toma la pluma, pues, y al caso. 

SL POSTA, escribiendo y deelanumdo. 

cSobre la verde falda 
Del erguido Parnaso , 
Guiaba yo mi vacilante paso. 
Tejiéndote, Isidora, una guirnalda, 
Cuando de nin&s majestuoso coro. 



t M (tra«ki) M (tfin} (U S (okr). 






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312 



Sueltos sobre la espalda 

Alabastrina, los cabellos de oro, 

G>roiiadas de flores, 

Goo ropas que robaron sus colores 

Á la primera lux de la mañana, 

Con cítaras de etérea melodía 

Que arroba en dulce rapto el alma humana.... > 



ISIDORA. 



¡Jesús! I Qué altisonante algarabía 1 
Amigo mío, en lengua castellana 
Esa se llama entrada de pavana. 
¿No ves que tus poéticos primores 
Son estrujadas flores 
De que cualquiera nene 
En este siglo innovador sé mofa? 
Apostaré que en la siguiente estrofa 
Vas á beber las aguas de Hipocrene. 
Guía, por Dios, tu vacilante paso 
Lo más lejos que puedas del Parnaso. 



POSTA. 



Eso yo lo sabré, sin que lo mandes; 
Mas si te place, hagamos una cosa. 
Dame un asunto tú, no de los grandes 
Que pidan alto ingenio, estilo fuerte , 
Inspiración fogosa. 
Sino sencillo, fácil, en que acierte. 
No á ideaUxar angÁica armonía 
(Eso á tu TOS divina sdlo es dado), 



2l3 

No á cooteotar ta gusto delicado, 
Á que dan cuatro idiomas alimento 
.(¿Cupiera en mí tan alto pensamiento?) 
Sino á prol»ar lo que conmigo vales. 
Pues dódl átu imperio soberano. 
Tomo otra rtz con atrevida mano 
LtL Un» que en las ramas funerales 
De sauces lloradores, monumento 
De una temprana tumba * colgué un dia * 
Juré que nunca más la tocaría ; 
Quebrantaré por tí mi juramento. 
En suma, sólo pido 
Que tú me des el tema. 

ismoiu. 

a 

Concedido. 



POKTA. 



¿Cuites? 



IStDOlU. 



Amor. 



POITA. 



iJesúsl 



I uatMiini^^i^' 



lau.) 



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314 



ISIDORA. 



¿Qué es lo que temes? 
I Pido yo por ventura que en las aras 
Del ciego dios, profano incienso quemes? 
¿Pido que á lo Petrarca ó lo Macfos 
Le entones quejumbrosas el^ías? 
Comprendo bien que ajeno lo estimaras 
De tí y He mí; mas, dimei ¿qué tendría 
La propuesu materia 
De impropia ni de ingrata 
Para la cosquillosa fantasía 
De la más sahare&a mojigata 
Que allí Tertida viese alguna seria 
Máxima de moral filosofía? 



POITA* 

» 

¿Conque un sermón en verso?.... i Linda cosa 
Por cierto para el álbum de una hermosa I 
> 

isinoiu. 

Sai che Ui corre 11 mondo, ove pib versi 
Di sue dolceiie il lusinghier Parnaso ; 
B che il vero condito in molli versi 
1 pi& schiviy allettando, ha persuaso '• 

« TaSM, ir. i» J. 



ai5 



POKTA. 



¡Basoil MeriadoalTasso; 

Me rindo á tí. Permite solamente 

Qne hurtada inspiración mi verso aliente. 

(B poeta tndudoMfo dd italtmo K) 

LA CORTE DE AMOR. 

Solemne audiencia un día 
Daba el Amor : servía 
Capricho de portero, 

Y á dama ó caballero 
Que de su gusto era , 
Fácil entrada, abría; 
Con los demás hacía 
De diversa manera. 
Vestida entró de gala 
Juventud en la sala, 

Y ocupó la testera; 
Entraron Risa y Juego , 

Y se salieron luego. 

LtL Grada á la Hermosura 
Llevaba de la mano , 

Y le alcanzó Ventura. 
Lkga con gesto u£uio 
Necedad, f se engríe 



C0UU0O DB RoiM, r^^M^MMTIf ^< 






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Porque el Amor se ríe. 
Mas ya del Chisme aleve 
Se oye el susurro leve, 

Y van tras él llegando, 
En bullicioso bando, 
Sospechas y Recelos 

Y pendencieros Celos. 
La Lisonja apercibe 

Su más meliflua charla , 

Y gran placer recibe 
Amor al escucharla. 
Triscaban la Alegría 

Y la Coquetería, 

Y con semblante huraño 
Acecha el Desengaño. 

Va el Rendimiento tímido 
Que aun del desdén se paga, 

Y la Traición, que pérfida 
A los que vende halaga. 
Fe, Modestia, Inocencia, 
Lograron corta audiencia, 

Y avergonzadas salen 
De ver cuan poco valen. 
La Locura no íalu 
Que de Cupido era 
Antigua consejera, 

Y tiene allí vara alta. 
Querellas y Suspiros 
Hacen variados giros , 

Y méiclanse en la danxa 
Consuelo y Esperanza. 



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Falta entre tanta gente 
La Razón solamente , 
Porque el ugier Capricho, 
Que era un perverso bicho , 
No estaba en armonía 
Con la señora mía, 

Y anunciarla rehusa 
Con una y otra excusa. 
Al cabo fué preciso. 
cLa Razón allá afuera 
(Dice) su tumo espera ; 

Y si le dais permiso, 
Hablar con vos querría 
Antes que se haga tarde.» 
Responde Amor: cQue aguarde, 
Ó que vuelva otro día.» 



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EN EL ÁLBUM 



SBAORA doña JOSEFA REYES DB GAltAMBNDIA. 



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^MABLB Pepa, en esa edad florida , 

Risueña, encantadora, 

Es la vida 

Una aurora 
Gnyo esplendor ninguna nube empaña : 
Guando todo es verdor de primavera 

En montaña 

Y pradera, 

Y todo alrededor es poesía, 

Y todo pensamiento, fsntasía , 
Todo suspiro, amor, bellos reflejos 
De esperanzas alegres á lo lejos 
Doran el porvenir ; el alma crea 



aao 

* 

De la belleza la divina idea 

En los objetos que la mente acopia, 

Y hace del mundo una encanuda utopia. 

• 

Mas para aquel que como yo lo vea 

Desde el confín opuesto 
Del opaco horizontei consumida 
En afanes, dolores, desengaños, 

Guando es un breve resto 
Lo que falta ala suma de los años, 
Es una sombra pálida la vida, 
Una tarde fugaz, descolorida , 
Do del pasado entre.la niebla oscura , 
Lo que esperanza fué, placer, ventura , 
Todo ya se deslustra y desencanta, 

Y en lívidos espectros se levanta. 

Soy como el caminante fatigado 
Que va cruzando con medrosa planta 
El bosque, verde ayer, hoy deshojado, 
Cuando el lucero su fanal suspende 
Entre nublados, y la noche tiende 
Su negro manto. \ Qué de penas graves 

Mi corazón aquejan , 
Qué de pérdidas lloro, tú lo sabes, 

Y la huella profunda ves que dejan 
El dolor y los años juntamente 

En mi marchita frente 1 
¿Será, pues, Pepa hermosa, lo que escribe 
El que esu vida de amargura vive , 
Digno de ti, poético homenaje? 
¿Dará el sauce que cuelga su ramaje 



Sobre las tumbas» bella flor ni fruto 
Ó canto alegre la mansión dd luto? 

Pero aun en este mísero desierto, 
Á la alegría, á la esperanza muerto, 
Halaga entre malesas y entre abrojos 
Algún objeto los cansados ojos , 
Alguna rosa que embalsama el aura 

Y el falleciente espíritu restaura: 
La tierna madre, la leal esposa. 
Que guarda su entereza generosa , 

Y en este siglo de licencia y crimen 
En que las leyes conculcadas gimen 

Y el modesto pudor se vitupera 
Como tosco resabio de otra era , 
Del vicio la influencia pestilente 
No contamina su virtud severa ; 
Como la sombra de la nube oscura 
Pasa veloz sobre la fuente pura , 

Y no le enturbia su onda trasparente ; 

Esa madre y esposa, 
De que yo admiro en ti noble modelo , 
Es del desierto la nativa rosa 
Con que embellece alguna vez el cielo. 

Para ejemplo fecundo 

Y para adorno de tu sexo, al mundo. 




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EL VINO Y EL AMOR 



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Huo 



alado 
De DTone, 
No me riñas. 
No te enojes, 
Si te digo 
Que los goces 
No me tientan 
De «sos pobres 
Que mantienes 
En prisiones^ 



* 






Hechiceros 
¿Quién lo niega? 



324 

Son los ojos 
De Fileaa; 
Pero mira 
Cómo el néctar 
Delicioso 
De Madera 
En la copa 
Centellea. 



Tú prometes 
Bienandanza ; 
Mas, ¿lo cumples? 
¡Buena alhaja I 
De los necios 
Que sonsacas. 
Unos llevan 
Calabazas, 
Otros viven 
De esperanzas: 
Cuál se queja 
De inconstancia y 
Cuál en celos 
I Ay 1 se abrasa. ' 
I Baco alegre 1 
Tú no engañas. 



Hace el vino 
Maravillas; 
Esperanzas 
Vivifica; 



Da al cobarde 



Á los rudos, 
¡Cdmo inspínl 
Aunque gmña 
La avaiiaay 
Tú le rompes 
La alcancía; 
Yocraoosa, 
Que á tnlima 
No hay 
Quereabcan. 



Los amantes 
Inüelices 
Por las selvas 
Y jardines 

Andan siempre 
Da escondite; 
Cabizbajos 
Lloran, gimen ; 
Mas ¡coán ocro 
Qmentesinrel 
Dios amable 
Delasndes, 




Qoeensu goso 



Outan^beben» 



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226 

—Mas Filena» 
¿No te mueve? 
—Niño alado I * 
Vete, vete. 
«-Sus miradas 
Inocentes y 
Sus amables 
Esquiveces.,.. 
— ¿No te marchas» 
Alcahuete?.... 
—Sus mejillas» 
Que parecen 
Frescas rosas 
Entre nieves.... 
— <¡upidillo« 
No me tientes. 



—Sola ahora 
Por la calle 
Sepasea 
De los sauces» 

Y las sombras 
De la tarde 
Van cundiendo» 
Por el valle ; 

Y la sigue 
Cierto amante 
Que maquina 
Deshancarte. 
— ¿Tirsi acaso? 

— T6 lo has dicho. 



« 



—Oyci ¡agnardal 
Ya te siso. 
Comp^tfos, 
He retiro. 
I Vuelo á 
Due&omidl 








DIÁLOGO 



Tutn. 



Q 



uttiiRA amarte; pero. 



OjORX. 



¿Pero qué? 



TIRSI. 



¿Quieres que te lo diga? 



GLORI. 



¿Por qué DO ? 



tmn. 



¿Y si te enojas? 



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a3o 

CLORI. 

No me enojaré. 

TIRSI. 

Pues bien.... 

CLORI. 

Acaba, pronto, dimeló. 

TIRtl. 

Quisiera amarte, Clori; pero sé.... 

CLORI. 

¿Qué sabes, Tirsi? 

TIRSI. 

Que á otro enamorado 
El domingo pasado 
Jurastt eterna fe. 

No impon»; á ti también k jararé. 




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V 



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BPIORAMA. 



ElptcRAMA me titulo ; 
No ioy caigo»! ni quiero ; 
No me preci© de difícil , 
Poique repugna á mi genio. 

Tres partes iguales forman 
Mi todo, ni m4s ni menos: 
Y de dos en dos unidas 
Hacen seis pares completos. 

EsdunpardegaUinas; 
0„o un divertido juego; 
Al otro d cdeste Oümpo 



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EL TABACO j 



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i / ■ Otro es cómplice ¡nocente 

Del estrago carnicero 
Que al hombre más fuerte postra 
Y alcanza al ave en su vuelo. 

Otro en edades pasadas 
Fué defensivo ornamento 
Que el feudal barón llevaba 
Al combate y al torneo. 



El otro, en fin, elegante. 
Estrafalario ó modesto, 
Es gala del tocador 
Y auvío del eniermo. 

Y con todo lo que digo. 
Soy un tirano hechicero, 
Un encanto indefinible , 
Un delicioso embeleso. 

Me buscan ricos y pobres. 
Eclesiásticos y legos , 
El que huelga, el que trabaja , 
£1 estudiante, el zopenco. ^ 

Sólo (i ay triste!) las hermosas 
Me miran con vilipendio ; 
Si bien algunas conmigo 
Se solazan en secreto. 



233 

I Ohl tú que contemplas 
Coa ojo sereno , 
HoUado, insepulto t 
Mi frío esqueleto, 

• 
Liérale, te pido, 
Á su mausoleo 
De metal dorado 
ódeyidríoterso; 



Y por epitafio 
Ponle este letrero, 
En grata memoria 
De dichas que fueron: 



• ¡Me dio el ser la tierra , 
Me da vida el íu^go, 
Y entre vagos giros 
Eadaiiemuerol» 



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FÁBULAS 



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LA COMETA 



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OR la región del viento 
Una beUa cometa se encumbraba, 
Y ttfiuia de mirarse á tanta altura 
Sobre el terreno asiento. 
Que habita el hombre y el servil jumento. 
De esta manera entre sí misma hablaba : 

c ¿Por qué la libertad y la soltura, 
Dada á toda volátil criatura , 
Esta cuerda maldita 
Tan sin rasón me quita? 
I Ah 1 ¡Qué £b1ís estado fuera el mío , 
Si espadarme pudiese á mi albedrío 



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238 

Por esa esfera luminosa y vaga 

Del aire, imprescriptible patrimonio 

De lo volante, en brazos de Favonio , 

Que amoroso me halaga; 

Y, ya á guisa del águila altanera 

Al sol me remontase, ya rastrera 

Girase, como suelto pajarillo , 

De jardfn en jardín, de prado en prado» 

Entre el nardo, la rosa y el tomillo 

¿Á qué el instinto volador me es dado, 

Si he de vivir encadenada al suelo. 

Juguete de un imbécil tiranuelo 

Que, según se le antoja, 

6 me tira la rienda ó me la afloja? 

I Pluguiese á Dios viniera 

Una ráfiiga fiera 

Que os hiciese pedazos, 

Ignominiosos lazos I • 



Oyó el Tonante el temerario roto ; 
Viene bulando el Noto: 
La cuerda silba, esuUa.... ¡adiós, cometa 1 
La pobrecllla da una voltereta; 
Cabecea, ya á un lado ^ 
Ya al otro; y mal su grado, 
Entre las risotadas y clamores 
¡ De los espectadores, 

I Que celebran su mísero destino , 

De cabeza fué á dar en un espino. 

De esta pandorga, tú» vulgo insensato. 
Eres vivo retrato. 



a39 

Coando á Ia saniA Ley <Iiie «1 >ido eofircna 
Uamas senril cadena, 

Y en lifcnffin^ libertad, Tenniras 

Y portas te fijaras. 



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EL HOMBRE, EL CABALLO Y EL TORO 



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nn Caballo dio un Toro tal cornada , 
Que en todo un roes no estuvo para nada. 
Restablecido y fuerte , 
Quiere vengar su afrenta con la muerte 
De su enetnigo; pero como duda 
Si contra el asta fiera, puntiaguda , 
Arma serán sus cascos poderosa, 
AI hombre pide ayuda. 

cDe mil amores,! dice el hombre, c ¿Hay cosa 
Más noble y digna del valor humano, 
Que defender al flaco y desvalido, 
Y dar castigo á un ofensor villano ? 
Llévame á cuestas tú, que eres fornido; 
Yo le mato, y negocio concluido.! 

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V 



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343 

Apercibidos van á maravilla 
Los aliados ; lleva el Hombre lanza ; 
Riendas el buen Rocín, y freno, y silla , 

Y en el bruto feros toman venganza. 

c Gracias por tu benévola asistencia, • 
Dice el corcel : eme vuelvo á mi querencia; 
Desátame la cincha, y Dios te guarde. 
—¿Cómo es eso? ¿Tamaño beneficio 
Pagas as(?^ Yo no pensé....— Ya es tarde 
Para pensar; estás á mi servicio; 

Y quieras ó no quieras, 
En él has de vivir hasta que mueras. • 

Pueblos americanos, 
Si Jamás olvidáis que sois hermanos , 

Y á la patria común, madre querida. 
Ensangrentáis en duelo fratricida, 
I Ahí no invoquéis, por Dios, de gente extraña 
El costoso £ivor, falaz, precario , 

I Más de umer que la enemiga saña. 

¿Ignoráis cuál ha sido su costumbre? 
Demandar por salario 
Tributo eterno j dura servidumbre. 



^ 




LAS OVEJAS 



L 



rÍBRANOS de la fiera tiranía 
De los humanos, Jove omnipotente 
(Una oveja decía 
Entregando el vellón á la tijera); 
Que en nuestra pobre gente 
Hace el pastor más daño 
En la semana, que en el mes ó el año 
La garra de los tigres nos hiciera. 
Vengan, Padre común de los vivientes, 
' Los veranos ardientes; 
Venga el invierno frío, 
Y danos por albergue el bosque umbrío, 
Dejándonos vivir independientes, 
Donde jamás oigamos la xampoña 



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a44 

Aborrecida, que no* da la ro&a, 

Ni veamos armado 

Del maldito cayado 

Al hembra destrucior que not maltraía^ 

Y nos trasquila , y cíenlo i ciento maU. 
Suelta la liiebre pace 

De lo que gusta, y ra donde le place, 
Sin sagal, lio redil y sin cencerro; 

Y las tríites ore jas (iduro casol), 
Si hemos de dar un paso. 
Tenemos que pedir licencia al perro. 
Viste y abriga al hombre nuestra lana ; 
El camero es su rianda cuoiidianai 

Y cuando airado envfas i la tierra , 

Por sus delitos, hambre, peste 6 guerraf 

^Quiéa ha risto que corra sangre humana 

En tus altares? No: la oveja sola 

Para aplacar tu cólera se inmola. 

Él lo peca, y nosotras lo pagamos. 

jY es raión que sujetas al gobierno 

De esta malvada raza. Dios eterno. 

Para siempre vivamos? 

¿Qué te costaba darnos, ü ordenabaí 

Que {Basemos esclavas , 

Menos crueles amos? 

Que matanza á matanza y robo á robo, 

Harto mi» ñera es el pastor que el lobo.* 

Mientras que así se qoqa 
La ^a ventura oveja 
La monda piel frcgiodote ea la grama, 

Y el vulgo de inocentes baladores 



H5 

/ Vivan ios lobos! clama 

Y ¡mueran los pastores! 

Y en súbito rebato 

Cunde el pronunciamiento de hato en hato. 

El senado ovejuno 

fl ¡ Ahí dice: todo es uno *. » 

« Originariamente el autor puso á esta Abula el sigMÍaite 
Anal: 

....de hato en hato. 
Un carnero de enhiesta cornamenta, 
Que hace muy poca cuenta 
Del bochinche ovejuno, 
f Callad, molondros, dice, todo es uno. » 
I Cuál es la moraleja 
De esa ficción ? quizás pregunte alguiM. 
América querida, á ti se deja* 



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LA ARDILLA, EL DOGO Y EL ZORRO 



(Asunto toaudo de Floriitt } 



PABULA PARA EL ÁLBUM DB UNA RÚA 



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ADAMA Ardilla coa un Dogo fiero, 
Compadre antiguo suyo j compañero, 
Salió al campo una urde á solaxarM. 
Entretenidos iban en gustosa 
G)nversación| y hubieron de alejarse 
Tanto, que encapouda y tempestuosa 
Los sorprendió la noche á gran distancia 
De su común estancia. 
Otra posada no se les presenu 
Que una alta encina, añosa, corpulenta: 
El hueco tronco ofrece albergue y cama 
Á nuestro Dogo : la ligera Ardilla 
Se sube de tres brincos 4 una rama, 
Y lo mejor que puede se acuclilla. 



!• 



248 



I. 






Danse las buenas noches, y dormidos 
Quedaron luego. Á lo que jo barrunto , 
Eran las doce en punto , 
Hora propicia al robo y al pillaje , 
Cuando aportaba por aquel paraje 
Uno de los ladrones foragidos 
De más renombre. Un Zorro veterano , 
Terror de todo el campo comarcano 
En leguas veinte ó treinta á la redonda. 
En torno al árbol ronda , 
Alza el hocico hambriento 
De palpitante carne, atisba, husmea , 
I - : Y ve á la Ardilla en su elevado asiento: 

Ya en su imaginación la saborea, 

Y la boca se lame, 

Y la cola menea; 

Mas ¿cómo podrá ser que á tanta altura « 
Si no le nacen alas se encarame? 
Iba casi á decir: tNo está madura, » 
Cuando le ocurre una famosa idea. 
—Bella señora miá , 
Vuesa merced perdone— le decían- 
Si interrumpo su plácido reposo. 
Después de tanto afán, cuando el consuelo 
De hallarla me concede al fin el cielo. 
No puedo contener el delicioso 
Júbilo que de mi alma se apodera. 
¿No me conoce usted? Su buena madre 
Hermana fué de mi düunto padre. 
Tengo el honor de ser su primo hermano. 
¡Ayl en su hora postrera 
El venerable anciano 



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Me encomendó que luego en busca fuera 

De su sobrina, y la mitad le diera 

De la hacenduela escasa 

Que al salir de esu vida 

Nos ha dejado. Á mi paterna casa 

Sea usted, pues, mil veces bien Tenida, 

Y déjeme servirla en el viaje 

De escudero y de paje. ' 

{ Qué es lo que duda usted? ¿Qué la detiene» 

Que de una vez no viene 

A col mar mi ventura, en lazo estrecho 

Juntando el suyo á mi amoroso pecho? 

Ella, que por lo visto era ladina 

Á par que vivaracha y pizpireu , :; 

Y al instante adivina i 
La artificiosa treta, 

Así responde al elocuente Zorro: 

—Fineza tanta, mi querido primo, ) 

Y el liberal socorro í 
Del piadoso difunto , 

Que en paz descanse, como debo estimo. ^ 

Bajar quisiera al punto; 

Pero, ya veis.... | Mi sexo I •••• Á la entrevista ' ! 

Es menester que asista , 

Si lo tenéis á bien, un deudo caro , 

Que de mis años tiernos fué d amparo ; 

Es persona discreta , 

Á quién podéis tratar sin etiqueta, 

Y que holgará de conoceros. Virt 
En ese cuarto bajo; 

Llamadle.*— Don Marrajo, « 

Dándose d parabién de su fortuna , 



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a5o 

Que le depara, según él concibe , 
Dos presas en Tes de una , 
Con la mayor firescura y desahogo 
Fné en efecto, y llamó. Pero la suerte 
Se YuelTe asar. Despieru airado el Dogo , 
Se abalanxa, le atrapa y le da muerte. 



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Estt sencilla historia nos advierte 

Á un tiempo, hija querida , 

Tres imporuntes cosas : 

De un seductor las artes alevosas, 

De la maldad el triste paradero , 

Y loque vale en lances de la vida 

La acertada decdón de un compañero. 

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1858. 



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POESÍAS FESTIVAS Y SATÍRICAS 



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de «M lejcads ittédiU.) 



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LA FAMILIA 



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EL PROSCRITO 



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thatmi, 
(Loto BVMH.) 



I. 



/jLKTK la Tt^ está de un locutorio 
De aoaias, á la hora de completas 
(No d%o la ciudad ni el territorio , 
For evitar habliÜas indiscretas ) , 
La anjer del anciano don Gregorio 
Dt Axagra, caballero de pesetas 
Focas» pero de alcurnia randaí ilustre 
Aqpiienniáanlapobresaempa&ael lustre* 



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II. 



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Que dio espanto á las huestes agarenas 
Un don Gomes de Azagra con la espada , 

Y añicos hizo él solo tres docenas 
De moros en la Vega de Granada; 

Y que su sangre corre por las venas 
De don Gregorio, en cuya dilatada 
Prosapia no encontró jamás indicio 
Judaico que tixnar, el Santo Oficio; 

III. 

Ni cayó de traición la mancha feai 
Ni hubo securio alguno de Mahoma, 
Ni abuelo con rafees en Guinea, 
Niy en fin, más fe que la de Cristo y Roma; 
Claramente verá todo el que lea 
(Donde se lo permiu la carcoma) 
La iluminada ejecutoria antigua 
Que contra malas lenguas lo atestigua. 



1 



IV. 






I ! 



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Cuenta en sus bienes el señor de Axagra 
Dos minas hroetadas; vasu hacienda 
De campoy que le rinde renta magra ; 
Y vieja casa de capas vivienda » 
Do la vida le endulsa y le avinagra 
Alternativamente la leyenda » 
El mate, la tertulia un corto rato» 
Los acreedores, la mujer y ú/Uuo, 



i57 



XI. 



Edúcase U niña en el cooTento, 
Sin ver ni la ciudad , ni la paterna 
Cata }amás. El crítico momento 
De pronunciar su despedida eterna 
Del mundo Ta & llegar ; y el pensamiento 
(En que arrullada fué desde la tierna 
Infancia) de celeste desposorio » 
A toda la familia es ya notorio. 

XIL 

Quiere su madre, y quiere fray Facundo 
Su confesor, que tome luego el velo; 
Y ella, á quien el recinto del profundo 
Retiro en que ha vivido es , bajo el cielo , 
El universo todo; ella que el mundo 
Recuerda como un sueño vago , al celo 
Del confesor y á la materna instancia , 
Cede sin aparente repugnancia. 



XIII. I 



Bien que & las veces este sueño vago 
La muestra un no sé qué dorado, hermoso » 
Que hace en el alma exciudor halago , 
Muy diferente del claustral reposo. 
Quisiera ver el valle, el río, le lago , 
La montaña elevada , el mar undoso » 
Y an libertad triscar por la pradera , 
Con alguna querida compañera, 

ni. 17 



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356 



VIII. 

De esta felis matrimonial coyunda 
Tuto Axagra hijos dos : perdió el primero» 

Y le vive Isabel, prole segunda, 
Que ya su corazón ocupa entero. 

No ha Tuelto la señora á ser fecunda : 

Y como la Isabel de Enero á Enero 
En aquel monasterio se lo pasa , 

No hay más que Elvira y don Gr^orio en casa. 

IX. 

De lo que dejo dicho se colige 
Que la tal Isabel es la heroína 
De mi leyenda, y de rigor se exige 
Que la retrate. Cabellera fina , 
Risada sin que el arte la ensortije. 
Negra; rosado cutb, coralina 
Boca con marfilada dentadura : 
Espalda, cuello y braxos, nieve pura. 

X. 

De beldad envidiados caracteres , 
babelí en tu patria menos raros , 
Madre de donosísimas mujeres. 
De hombres valientes y de ingenios daros. 
Pero en el talle esbelto única eres , 
Y en eaoa ojos, de su fu^o avaros , 
F\wgo amoroso, y juntamente esquivo , 
En tos tímidos párpados cautivo. 



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XVII. 



Que de su inclinación sale garante , | 

En cuanto puede serlo el juicio humano; | 

Pero que el corazón es inconstante ; [ 

El juTenil espíritu liviano ; - 
Y perder no se debe un solo instante 



Poniendo un muro indestructible, eterno. 
Entre el alma inocente y el infierno. 

XVIII. 



cEso es lo que repite á cada paso, t— 
Elvira dice y maliciosa guiña. — 
c Estoy (responde Azagra) un poco escaso; 
Pero con la primera plata-piña....i 
Mirando á su mujer medroso calla: 
La doña Elvira por un tris estalla. 

XIX. 

Sólo el respeto al padre la modera. 
c/Qué plata-piña?» dice, c Cuánta han dado 
Tus minas, perdurable sangradera 
Del dinero, en este año ni el pasado 
Ni en seis años atrás? Si la primera 
Plata*piña es el fondo destinado 
Para que mi Isabel pronuncie el voto, 
¿Por qué no decir daro : no la doto ? 



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En cumplir un designio tan cristiano , ( 



I: 



cEsto (concluye) es lo que pide el caso. 
No aburrir con sermones á la niña»— v 



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cSi no han dado, darán, i Aquí d enojo 
Da doña Elvira iba á soltar al dique , 
Y Axagra echaba á su sombrero el ojo. 
Pues no sabe qué alegue ó qué replique. 
Cuando el padre, advirtiendo por el rojo 
Color de doña Elvira, que está á pique 
De revenur la concentrada bilis, 
cMi don Gregorio, en eso está el busQist 

XXI. 

(Dice con una flema, una cachaza 
Admirable): cEn que den. Pero /o pienso 
Que podemos hallar alguna traza.... 
Algún arbitrio.... verbigracia, un censo 
Sobre la hacienda, t Doña Elvira abraza 
La indicación con un placer inmenso: 
•Ya se ve : ¿por qué no?»* cSi acaso el fundo 
No está gravado,» (agr^a fray Facundo; 

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Y una mirada esploratoria lanza , 
Como que algún obstáculo presuma); 
c Y si lo está, con una buena fianza 
Podemos á interés buscar la suma. 
Mi compadre don Alvaro Carranza....»*— 
c Al que en sus garras pilla lo despluma,» 
Responde Azagra. cNo se. piense en eso; 
Ua doa por ciento, padre, es un ezceso.»- 



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XXIII. 



cSa tertulio de usted don Agapito«.«.i 
Repone el fraile. Elvira refunfuña: 
cNo le puedo tragar: es un bendito. 
Que come, bebe, piu, el mate empuña, 
Y aorbe, y charla, y no le imporu un pito 
Que U señora de la casa gruña. 
Salo el mirarle (Dios me lo perdone, 
Pero no está en mi mano), me indispone.! 

XXIV. 

€Garidad.i^c Y su tema favorito 
Es toma el fraile y daca la beata.i — 
cHere)e (dice el padre); un sambenito 
Le viniera de perlas. ¡Democratal 
iFrancmasónl Pero al fin don Agapito 
Es hombre servicial y tiene plata. 
Ocurramos á él: sé que le sobra : 
Hará á lo menos esa buena obra.» 



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XXV. 



Ellos, por más que don Gregorio tienta 
Medios para salir de un compromiso 
Que á su cariño paternal violenu 
(Pues en su corazón está indeciso, 

Y » accede al monjío, lo aparenu , 
Por amor á la pax), quiso ó no quiso , 
Acuerdan apelar al contertulio, 

Y hacer la fiesta en el cercano Julio. 



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XXVI. 



La precedente discusión pasaba 
Ea la mañana misma de aquel día 
En que, como antes dije, Elvira hablab* 
Por entre la enrejada celosía 
Á las amigas monjas : se trataba 
De la pobre Isabel.... Mas todavía 
No le llega su turno al locutorio , 
Que tiene la palabra don Gregorio. 

XXVII. 

Acabo de decir que consentía 
Por el bien de la pac en el monjío. 
Aun cuando el primogénito vivía 
(Que pereció cautivo al ñlo impío 
De cuchilla araucana), lo tenía 
Pornn desacordado desvarío; 
Bien que pacato, tímido, indolente. 
Nunca lo contradijo abiertamente. 

XXVIIL 

De lo que procedió que, poco á poco 
Y iin sentirlo, á ic disoluble empeño 
Se viese encadenado. f^Esuba loco, 
Decía, ó de mí mismo no era dueño? 
^mo ya el concertado plan revoco? 
¡Maldiu dejadesl ¡&ttl beleño, 
¡ ' Que á todos loe caprichoa me sujeta 

¡ ;, De ajena volantadl Soy un trompeta.... 



263 



XXIX. 



Que truene. El corro ladrará.... Que ladre ; 
Qakro ser hombre al fin, quiero ser padre* 

XXXI. 

•Pero si ella ama el claustro, si la encanu 
B daustroi como afirma el fraile seria 
Y sraTemeate (y nadie tiene tanta 
Proporción de jurgar en la materia), 
j)^ yo de esa senda pura y santa 
^fiarla, hundirla en la miseria 
Ycortttpción dd mundo?— No lo creo, 
ana cosa dicen y otra veo. 



c^Qué digo? un padre bárbaro, inhumano. 

Que Te inmolar esa inocente niña j 

A un celo iluso, que á interés mundano t 

Sirve tal vez, ó á in&me socaliña , ' 

Y no osa alxar la vos, meter la mano , | 
Porque su ama y señora no le riña , | 

Y no r^añe el necio conciliábulo , ^ 
Que la da en su delirio apoyo y pábulo. I 

XXX. j 

c|No, por Diosl no he de ser yo quien permita - 

Se sacrifique así, se eche una losa 
Sepulcral á mi pobre Isabelita : 
No será que me arranquen mi amorosa , 
Mi Cándida, mi tierna palomita. 
Sin duda tronará mi santa esposa.. •• 



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XXXII. 

lElla es verdad que salta / juega y ríe; 
Mas ¿quién no juega y salta en años quince? 
Nadie de tales síntomas se fie , 
Que de tener se precie un ojo lince. 
El que la obsenre, el que en su rostro espíe , 
Ora el solloso ahogado , ora el esguince. 
Verá que en sus adentros Isabela 
Contra ese pensamiento se rebela. 

XXXIII. 

»De cierto tiempo acá se me figura 
Que pensativa y lánguida la miro. 
Cuando oye hablar de profesión Altura, 
Escá p asele á hurto algún suspiro. 
Y si su madre la elocuencia apura 
Pintando las delicias del retiro, 
Vuelve á un lado los ojos, ó impaciente 
Suele tocar asunto diferente. 



XXXIV. 

i {Cuántas veces en mí clava la vista, 

Y luego melancólica la baja I 
No se queja, es verdad; no habla; no 
Mete eUa misma el cuello en la mortaja; 
En ves de que la esquive ó la resista. 
Alas que se la ponen agasaja: 

Así va d corderillo al maudero, 

Y le lame la mano al carnicero. 



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a65 



XXXV, 

i ¿Y yo he de consentirlo? Si Tiviera 
Mi malogrado Enrique, ese consuelo , 
Ese apoyo, ese l>áculo tuviera 
En mi vejes.... mas ^cómo« santo cielo, 
Cómo dejar me quiten mi postrera , 
Mi única prenda? Á tí, mí Dios , apelo: 
Tú con las fuersas los deberes mides, 

Y sacrificio tanto no me pides.» 

XXXVI. 

El buen señor los sesos se devana, 

Y no ve cómo salga del apuro. 

A una mujer tan necia y casquivana 
Hacer la guerra cara á cara es duro. 
Su inconquisuble genio le amilana: 
A la sordina es mucho más seguro. 
Un instrumento fácil y expedito 
Se le presenta; y es don Agapito. 

XXXVII. 

Don Agapito Heredia, el tertuliano 
De cuyo filantrópico bolsillo 
Iba & salir la dote: buen cristiano. 
Si los hay; aunque amigo del tresillo. 
Mas que del ejercicio cotidiano, 
Y nada idecto á gente de cerquillo ; ^ 
Injusta prevención, que no me admira 
Le tenga en mal olor con dofia EUvira; 



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266 



XXXVIII. 



Pero á lo que maquina don Gr^orío 
Circunstancia en extremo favorable ; 
Pues el proyecto Heredia hará ilusorio , 
ó al menos por lo pronto impracticable , 
Con un no terminante y perentorio , 
Cuándo con él la pretensión se enuble ; 
Para lo cual hablarle piensa al punto 
Con la resenra propia del asunto. 

XXXIX. 

En el suceso don Gregorio fia 
Haciendo entre los dos aquel enjuague. 

Y si más adelante otra crujía 
Sobreviniese que á Isabel amague , 
«Con esta industria no hay temor, decía ^ 
Porque mientras la dote no se pague 
(Qae no se pagará voiente Dto)^ 
Pensar en el monjío es devaneo. • 

XL. 

Mientras que así discurre el caball ero 

Y el vaporoso espírim refresca 

Dulce esperansa» desvolvió el yesquero; 
Suena la piedra heridaí arde la yesca; 

Y ya ondeante nube de ligero 
Humo el agarro esparoei que la gresca 
De pensamientos agitados calma, 

Y en deudosa pas aduerme el alma. 



367 



XU. 

Si ao c uu f iaa jo de prisa ahora 
.Qoe i k muftt de nuestro doa Gr^orio* 
Por lo meóos haiá su media hora^ 
Á k icfa deié dd locutorio), 
tnnpkria k sonora 
para cantar á mi auditorio « 
im^lo, compañero mío, 
Ta likndn ineq^licable poderío. 

XLII. 

Ya el agarro te exhale, ó ya circules 
EafaffgQs tubos ó enroscadas pipas, 
O en polTo ks narices estimules , 
T^ los cuidados, tú el pesar disipas. 
•Á príncipes, magnates ó gandules 
iaa incomodidad ralla las tripas? 
£ Ahcuna k ktiga? ^En&da el ocio? 
Té eres dd alma oonfiál socrocio. 

XLIII. 



I' 



PfipiyA t& k embarazada cholla 
Dd sabio, y k solazas las vigilias; 
>|ás Tffidos sus cuadros desarrolla 
El jwmimirntrr cuando tú le auxilks ; 
T ai d poeta alguna res se atolla , 
1« Moncs t6; k rioia le concillas 
^^ 4 ans esfoerzos se resiste ingrau, 
\ on ftcB verso d numen se desau. 



^ 



a68 



XLIV. 



Mas ahora es forzoso que se trate 
De don Gregorio, que discurre y pita» 
Pita y discurre; y luego pide un mat< 
€ I Un mate ! i— El buen señor se desgañita , 

Y el mate no parece, cj Cune&te I 
¡Serafina! [Tomasa I |Margarittl 
Es de perder el juicio, | Dios eterno I 

I Qtté criados 1 1 qué casa 1 1 qué gobierno 1 • 

XLV. 

Viene por fin el mate.— c¿ Y doña Elrira?!— 
cSaliói— Gregorio pone el gesto grave » 
Sorbe» y á la pared atento mira.— 
cY Margarítt, ¿dónde está?f—f ¡Quién sabeli- 
cToma; y no más. t— El mozo se retira— 
c|Cierraesa pueru, bestíal»— c^La echo llaTe?»< 
«¡Brutol ¿quieres aquí tenerme preso/ 
Júntala sólo, y márchate, camueso.! 

XLVI. 

Tras esto don Gregorio se reclina , 

Y echa antes de comer su larga siesta* 
Despiertt: piu: sorbe; Serafina 
Viene á decir que está la mesa puesta* 
Comen* Un guachalomo, una gallina , 
Porotos, charqui, un pavo tal cual fiesta 
Es, con su buen por qué de a)( y de grasa, 
Lo que da la despensa de la casa. 



«■ 



369 



XLVII. 



XLVIII. 



XUX. 

Y de que el buen señor se arrepintiera 
En otras circunstancias. Ni al presente 
Osara tanto Axagra^ si no fuera 
Que al recordar su treu^ el pecho siente 
Bullir de goxo. Elvira no se altera: 
cResuella por la herida mi pariente ,• 
Dice á su sayo, 7 calla.— cFué un bonito 
Rocano el de la bolsa de Agapito. i 



I 



Un rato Axagra est& meditabundo; 
Y ya que el buche con un trago enfría 
De lagrimilla» c(Es mucho fray Facundo !• 
(Dice como entre veras é ironía) ; 
c I Qué talento de fraile I y | qué rotundo , 
Qué colorado está 1 Por vida mía , . 

Que tiene harta razón Su Reverencia , i 

Para decir que engorda la abstinencia.! 



i 



Dudando si lo que oye es befa ó loa « f 

Dice la dama con mirar perplejo ; ] 

c Aunque al siervo de Dios la envidia roa, i 

Es hombre de virtud y de consejo, i— 
cY do el siervo de Dios pone la proa^» 
Responde en tono socarrón el viejo , 
c No hay cosa que al esfuerzo no sucumba 
De su elocuencia. • Impertinente zumba ; 



! 



¡í 



370 



L. 

Prosigue Azagra: cEs franco caballero; 
Tengo de su amistad mis de una prueba; 

Y prestará gustoso su dinero, 
Cuando tan santo ñn la cosa lleva. 
Hija, mañana mismo hablarle quiero, i — 
c Nuestra Señora sus entrañas mueva » 

Y nuestro pensamiento ponga en planta ;§ 
Contesu doña Elvira, y se levanta. 

LI. 

Don Gregorio tomó sombrero y capa* 
Doña Elvira la saya y la mantilla. 
Ella se va i las monjas ; él se escapa 
Al ujamar á donde la pandilla 
De tertuliivios al pasar le atrapa: 
Se habla de independencia y de malilla ; 

Y de Marcó del Pont y de la España, 

Y de cera, polvillo y telaraña. 



A. 





EL CÓNDOR Y EL POETA • 



DIÁLOGO 



POETA. 



E 



scucHA , amigo Cóndor , mi exorcismo ; 
Obedece á la voz del mago Mitre» 
Que ha coavenido en trípode d pupitre : 
Apréstate á una espléndida misión. 

* En 1848 el gcacnl argentino D. Butdomé Mitra redtd 
en el pfttíe del pelicio de la Moneda de Santiago, en una ñcMa 
nacíenal, la siguiente oooipoetcidn. De eOa hiao el Sr. Bello la 
ingenióte critiGa contenida en erte diálogo , en el cual censura 
a%unoe de loe principalet deiécCoe que Meka afear la nodaraa 



He aquí la compoeicidn del Sr. Mitra ; 



Tú que en las nubes 
TitndetuYuelo, Cóndor atrevido, 
QlM suslMtu de Chile el pelodida ; 



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H 

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y 

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« 

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37^ 
CÓNDOR. 

] Poeta tudas que de mi aéreo nido 
En el silencio lóbrego derramas 
Cántico misterioso I ¿ Á qué me llamas? 
Yo sostengo de Chile el paladión. 

POETA. 

No imporu; es caso argente » es una empresa 
Digna de ti t de m encumbrado vuelo» 
Y de tus uñas: subirás al cielo » 
Escalarás la vasu esfera azul. 

CÓNDOR. 

¿Y qué será del paladión en tanto 
Cuja custodia la nación me fia ? 

POETA. 

Puedes encomendarlo por un día 
Alas fieles peauñas del Huemul. 

Sísue del mI k luminoM hucUa , 
IMMCual Prometeo otra ccntcUa 
PMñ'momámr ceaeUa áknadéa. 

PlVB iaoendiaila «a alto pttriotMno» 
Plviaainark antorcha dtl chriano, 
Pitfa cooeoder al pueblo en k crinad» 
Pitfa tHipkr ka tibios ooraaooaa 9 
Plvaqvanarka üRiiiioa giioact 
Üé «anlo áe k larpo cadantud. 



proatodakfnipit, 
k pofda vria da k aaw 



CÓNDOR. 

Pero el camioo del Olimpo ignoro..., 

FOETA. 

Mientes : tú hurtaste al cielo , ave alunera. 
En pro de nuestros padres » la primera 
Chispa de libertad que en Chile ardió. 

OONDOR. 

I Falax leyenda 1 ] Apócrifo patraña 1 
Robaba entonces yo por valle y cumbre^ 
Según mi antigua natural cosmmbre; j^ 

Monarca de los buitres era yo. 

Años después I llamáronme , y conmigo 
Vino esa pobre » tímida alimaña. 
De los andinos valles ermitaña ; 
Y el paladión nos dieron á guardar. 

Cuando líente bnmar h tcrapesUd ; 
Vueb y trae en los ojos la ccntclh 
Qjie en ochocientos «fies, fiílgcáts y bella. 
La antorcha reanimd de libertad. 

Tú sabes ja d camino , ave altanen : 
Fuiste de nuestros padres mensajera 
Fui pedir á Dios chispo inmortal 
Con que incendiar dealannaloscafionesy 
Y derretir los ftrreos eslaboaes 
De la dun cadena cokaiaL 

TI los visi» lanwrM 4 la peka , 
m l8 



a74 

Mal conceitada yunta , que algún día , 
Recordándolos hábitos de marras » 
Estuve i punto de esgrimir las garras, 

Y atros huemulicidio ejecutar. 

POETA. 

I Oh mente de los hombres adivina 1 
I Oh inspiración profétícal No sabes, 
Alado monstruo, espanto de las aves, 
El oculto misterio de esa unión. 

I Junto á la mansa paz atroz instinto 
De pillaje y de sangre 1 Incauto el uno. 
Audaz el otro en tentador ayuno, 

Y de la patria en medio el paladión 1 
Tremendo porvenir, yo te adivino, 

Pero no tiemblo. Es fuerza te abras paso 
De la ilustrada Europa al rudo ocaso; 
Estft en el libro del destino así. 

Sus últimos destellos da la antorcha 
Que el hijo de Japeto trajo al mundo; 

Bbadir k csptda, tacudir k tes , 
Vencer, morir , y akarsc como el kóo; 
MkiitFM4|iM tú, cruiando ks csfenit 
Dobisaire.dcChikákft bndcrM, 
Y fiícfo, dd potriotí al corasdo. 



T¿ ka vkle en k noche 
Gukdooportu pypík lummoea , 
Cual por k crtfelk d navegante 
Eecakr de ka Andea ka montaftaa, 
Eacnlpiendo en ao ^ina ka hanSaa 
Q|ie 



>75 

Suceda al tícjo foro moríbnndo 
JOTen liste, ardiente, baladi. 



No sé. poeta, interpretar eoignus; 
No entiendo de tizones ni de &ro: 
Deja los circunloquios y habla claro: 
¿Dequése tiatt? ExpUcate una tcx. 



De aquel (n^o sagrado que trajiste 
(Ni¿gaslo en rano) á un íadito caudillo , 
Apenas queda agonizante brillo; 
Nos tiene encima inüaiusa lobreguea. 

Renovarlo es preciso. 






<Cómo? 

AfiTtaMbiéB rrwbwi tu lnmbf«, 
rodmdode h cumbre 
d ¡I «tundo kte, 

(^ iq*t« «I ■-*•*« «•• 



paac uiKww*^ tu 
Dsfibci^tlMtl 



d patrio lucf» «A d 
I DuMfi 



1 



2j6 



POETA. 






Debes 



S^ttir del sol la luminosa huella, 
Sorprenderle y robarle una centella, 
Metértela en los ojos, y escajNir. 



CÓNDOR. 



Muy bien; me guardo el fuego en las pupilas 
Cual si fueran rolcánicas cavernas. 
¿Y qué haré luego de mis dos linternas? 



POVTA. 



¡Quiero á Chile con ellas incendiar 1 



CÓNDOR. 



¿Incendiarlo? i Estás loco? ¿De eso tratas? 



Hat por Im hijof fe que en otiw ésa 
por tvt padres , cuando hndlu 
Las cflb^s coa ímpetu vdot , 
PlVB traer la centella taintdora 
Q|it da CM aol, qua d unívenoadon, 
Braté, y en tus papuas paso Dios. 

Las alas tiende j soba hasta fes dates, 
Cual si fiíofu á traer á tus h^uafes 
Q aumenta qua fe vida da; 
Y mfenlTM bajas desda d ahí esfera , 
Nnaslni von ée Setiembre a fe 
Coa 



277 



POETA. 



Incendiarlo pretendo en patriotismo ; 
Abrasarlo, molondro, no es lo mismo: 
Quiero hacer una inmensa fundición. 

Quiero llamas que cundan parorosas. 
Descomunales llamas, llamas grandes , 
Que derriun la nieve de los Andes 

Y la de tanto helado corazón. 

¿Abrasar? | Linda flema 1 — iE$ tiempo ahora 
De contentarse con mezquinas brasas 
Que den pálida luz, chispas escasas 
Como para el abrigo de un desván? 

No, señor: vasto incendio, llamas, llamas 
Que unas sobre las otras se encaramen , 

Y levanundo rojas crestas bramen , 

Y les sirva de fuelle un huracán. 
Despacha, pues; arranca ; desarrolla 

El raudo vuelo; tiende el ala grave » 
Como la parda vela de la nave 

Y ctuuido traigas la centella ardícate 
Qpe del cobarde d corax^n calicata 

Y nos llene de aliento varonil , 

I Oh Cdndorl danos sombra con tus alas, 
Mientras que en el espíritu que exhalas 
Impregnemos la túnica viril. 

Condúcenos después á la victoria ; 
Traxa con lus la sóida de la gloria 
Qfie nos lleve sin sangre á la igualdad ; 
Toma hiqgo en tu pico oliva y pahna , 

Y arrancando la chispa de nuestra alma 
Vuéhcsda 4 ese sol de Ubertad . 



r. 
I. 



I 



I 



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1 



378 

Cuando silba ea la jarcia el vendabal. 

Vuela , Tuela » plumífero pirata ; 
Recuerda tu nativa felonía; 
Asalta de improTÍso al re/ del día 
En su carrosa de oro y de cristal. 



CÓNDOR. 



Ya te obedezco I y tiendo , como mandas » 
El ala ; aunque eso de tenerla un are 
No ligera ni leve» sino grave » 
Para tanto volar no es lo mejor. 

Y si de más á más tenderla debo ^ 
Como la parda vela el navegante 
Cuando oye la tormenta resonante 
Que amenazando silba, peor que peor. 

Que no desplega entonces el velamen. 
Antes amaina el cauto marinero « 
Y aguanta á palo seco el choque fiero , 
Si salvar piensa al mÍMcro bajel. 

Asilo vi mil veces, revolando 
Entre las nubes negras, cuando hinchaba 
La mar del Sur sus ondas, y bregaba 
Contra la tempestad el timonel. 

roiTA. 

No lo entiendes : la nave del Estado 
Es la que yo pinuba ; y la maniobra 
Á que apelamos hoy, cuando losobra , 
No es amainar , estúpido ladrón. 



MP 




»79 



I Pues qué ha de hacer entonces el pfloto ? 

POSTA. 

Según doctrina de moderna escuela. 
Debe correr fortuna á toda reía, 
Sin bitácora, sonda ni timón. 

Si tú leyeras I avechucho idiota. 
Gacetas nacionales y extranjeras , 
La ignorancia en que vives conocieras: 
Todo ha cambiado entre los hombres ja. 

Altos descubrimientos reservados 
Tuvo el destino al siglo diea y nueve: 
Hoy en cualquiera charco un niño bebe 
Más. que en un hondo rió su papá. 

|0h siglo de los siglos ! ¡ Cuál machacas 
En tu almirez decrépitas ideas I 
I Qué de £intasmagorias coloreas 
En el vapor del vinoy del cafél 

I No era lástima ver encandilara 
Los hombres estudiándose á sí mismos, 

Y tras mil embrollados silogismos 
Salir con sáio sé qme mmda sét 

lEa^puesl ¡Ala empresa, bate el ala, 

Y apercibe también las corvas uñas, 

Y guárdate de m f si refunfuñas , 
Lobo rapas ingerto de avestrua. 



, 



mH 



4 



I 



180 



coHDORf volando* 



Amt aun el buitre robador su nido ; 
Chile» á traene roy » no la centella 
Que incendiando derora, sino aquella 
Que da calor vital y hermosa lus. 





k LA NOTiaA 



LA MUERTE DE MAC GREGOR 



SONBTO 




de susto un pobre cabecilla 
L ey e nd o esuba en oficial Gaceu , 
CdcM ya no hay lugar que no someta 
El poder inrencible de Castilla. 



^ De insurgentes no queda ni 
Á iodos destripó la bayoneta , 

Y el funesto catálogo compleu 

Sn propio nombre en letra bastardilla. 

De cómo fué batido, preso y muerto, 

Y cómo me le hicieron picadUlo, 
Dos y tres reces repasó la historia ; 




I 

I 

1 

I • 

t . 



Tanto, que al fin , teniéndolo por deito , 
Exclamó oompungido el pobrecillo: 
¿ CMqu€ €9 asi? ¡Fu€S Diot me tenga en giaruü 



t iSi^ 







L. 



APÉNDICE 



I 

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} . 



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MIS DESEOS 



SONETO 



(Inédito.) 



Hcctratim v^ü, de. 



Oabbs, rubial qué gracia solicito 
Osando de ofrenda cubro los alures? 
)4q ricos muebles I no soberbios lares, 
)Q «na mesa que adule al apetito. 

De AnguA á las orillas un distrito 
Q«t ae tribute ftctles manjares , 
1^ ^fcino á mis rústicos hogares 

corra un arroyito. 



» 



I'; 



I a86 

I • 



Para acogerme en el calor estíTO , 
Que tenga una arboleda umbién quiero* 
Do cresca junto al sauce el coco altÍTO. 

¡Felice yo si en este albergue muero, 
Y al exhalar mi aliento fugitiYO, 
Sello en tna labioc el adi4s postrerol 



^ 




A LA VACUNA 



I. 



VMMA m Aoaóm ot otACus al ur db las upaÍas 

mOPADAOÓll M LA VACUMA BN SUS DOMINIOS, OÍMCADO 
tt. D. MAMUIL DB OUBVAIA VASOONCBLOS , rBBSIDSIlTB 
NADOR T CAPITAiI OBMBBAL DB LAS PSOTmOAS DB 



1 1 



(Inédito.) 



V, 



AscoNCtLOs ilustre, en cuyas manos 
El gran monarca del imperio Ibero 
Las peligrosas riendas deposita 
De una parte preciosa de sus pueblos : 
Tú que 9 de la corona asegurando 
En tus vastas provincias los derechos, 
Nuestra pas esubleces, nuestra dicha 
Sobre inmobles y sólidos cimientos : 
iris afortunado que las n^ras 
Nubes que oscurecían nuestro délo 



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288 

Con sabias providencias ahuyentaste , 
El orden I la quietud restituyendo; 
órgano respetable, que al remoto 
Habitador de este ignorado suelo 
Con largueza benéfica trasmites 
E^flujo feliz del solio regio : 
^Sbigno representante del gran Carlos, 
LJLecibe en nombre suyo el justo incienso 
De gratitud, que á su persona augusta 
Tributa la ternura de los pueblos: 

Y pueda por tu medio levantarse 
Nuestra unánime voz al trono excelso 
Donde cual numen bienhechor derrama 
Toda especie de bien sobre su imperio : 
Sf y Venezuela exenta del horrible 
Azote destructor, que en otro tiempo 
Sus hijos devoraba, esquíen te envía 
Por mi tímido labio sus acentos» 

^Venezuela? Me engaño. Cuantos moran 
Dttde la costa donde el mar soberbio 
De Magallanes brama enfurecido 
Hasta d lejano polo contrapuesto ; 

Y desde aquellas islas venturosas 
Que ven precipitarse al rubio Febo 
Sobre las ondas , hasta las opuestas 
Filipinas que ven su nacimiento, 
De ternura igualmente poseídos 

Sé que unirán gustosos á los ecos 
De mi musa los suyos, pregonando 
Beneficencia tanu al universo. 
Tal siempre ha sido del monarca hispano 



j 



i89 

El coidadoso patcrttai desTdo 

Oeade que las riberas de ambas Indias j) 

La c^wQola bandera conocier^j^ t 



^ Mochas re$ioAe$« ba)o los auspicios 

Españoles produce el hondo seno 
Dd mar, j en brere tiempo las adornan 
Leyes, industria, población, comercio. 
^ piloto que un tiempo las hercúleas 
^^Salumnas tío con religioso miedo, 
Xprende nuevas rutas, y las artes 
Dd antiguo traslada al mundo nuevo. 
Esie mar vasto donde vela alguna 
No vieron nunca flamear los vientos; 
Esie mar donde solas tantos siglos 
Las borrascas rdnaron ó el silencio, 
Viao á ser d canal que trasladando 
Los dones de la tierra y los efectos 
De la fiSrtíl industria, mil riquezas 
Demmó sobre entrambos hemisferios. 

Un pueblo inteligente y numeroso 
El lugar ocupó de los desiertos , 

Y los verjdes de Pomona y Flora 
Á las tanas incultas sucedieron. 
No m4s allí con sanguinarios ritos 
El nombre se ultrajó dd Ser Supremo, 
Ni las inanimadas producciones 
Dd dttcd, le usurparon nuestro indenso : 
Con d nombre español por todas partes 
La lus se difundió del Evangelio , 

Y filé con los pendones de Castilla 

ni. 19 



4 k 



390 



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I 
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La craz plantada en el indiano s uelo. 
Parecía completa la grande obi 
De la real ternura : en lisonjero 
Descanso las nacientes poblaciones 
Bendecían la mano de su dueño. 
' ; Cuando aquel fiero aiote , aquella horrible 

j Plaga exterminadora que del centro 

I De la abrasada Etiopia trasmitida 

I Funestó los confínes europeos , 

Á las nuevas Colonias trajo el llanto 

Y la desolación: en breve tiempo 
Todo se daña y vida; un gas impuro 

I; Lpa región misma infícionó del viento; 

Respirar no se pudo impunemente; 

Y este diá£sno fluido en que elementos 
De salud y existencia hallaron siempre 
El hombre y el bruto ^ el ave y el insecto. 
En cuyo seno bienhechor extrae 
Lpa plúita misma diario nutrimento, 
Corrompióse , y en vez de dones tales, 

i Nos trasmitió mortífero veneno. 

! \^éronse de repente señalados 

I ' De hedionda lepra los humanos cuerpos , 

I Y las ciudades todas y los campos 

\ De disformes cadáveres cubiertos. 

i No : la muerte A sus víctimas in&ustas 

j Jamás grabó tan horroroso sello ; 

Pamas tan degradados de su noble 
Lfielleca primitiva descendieron 
Al oscuro recinto del sepulcro , 
Humanidad , tus renerables restos: 
La tierra las entrañas parecía 



r 



Con repugnancia abrir para esconderlos. 

De la marina costa á las ciudades , Ü 

De los poblados pasa á los desiertos > 

La mortandad , y con fatal presten | 

Devora hogares, aniquila pueblosTl *^ 

El palacio igualmente que la choza * 1 

Se Te de luto fánebre cubierto, \ 

Perece con la madre el tierno niño, [ 

Con el caduco anciano los mancebos. | 

Las civiles funciones se interrumpen , | 

El ciudadano deja los infectos }> 

Muros; nada se ve, nada se escucha { 

Sino terror, tristeza , ayes, lamentos. | 

I Qué de despojos lleva ante su carro i 

Tisífone 1 | Qué número estupendo 
De víctimas arrastran á las hoyas 
La desesperación y el desaliento I 
I Cuántos á manos mueren del más duro 
Desamparo 1 Los nudos más estrechos 
Se rompen ya: la esposa huye al esposo, 
El hijo al padre y el esclavo al dueño. 
¡Qué mucho si las leyes autorizan 
Tan dura divisiónl.... Tristes degredos, 
Hablad vosotros; sed á las edades 
Futuras asombroso monumento. 
Del mayor sacrificio que las leyes 
Por la pública dicha prescribieron. 
Vosotros que en desorden espantoso 
Mezclados presentáis helados cuerpos ; \ 

Y vivientes que luchan con la Parca , | 

En cuyo seno oscuro , digno asiento 



i 



19> 

i { Hallaron la miseria y los gemidos; 

Mal segara prisión donde el esfuerxo 
Humano, encarcelar quiso el contagio , 

j Donde es delito el santo ministerio 



I 






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r 



De la piedad, y culpa el acercarse 
A recoger los últimos alientos 
De un labio moribundo, donde falta 
Al enfermo infelice hasta el consuelo 
De esperar que á los huesos de sus padres 
Se )unten en el túmulo sus huesos. 
Tú también contemplaste horrorizada 
De aquella fíera plaga los efectos; 

j I Tú , mar devoradora , donde ejercen 

La tempesud y los airados Euros 
Imperio tan atroz: donde amenaza 
Aliado con los otros tu elemento 
Cada instante un naufragio; entonces 
NucTO asunto al pavor del marinero. 
Entonces diste á la severa Parca 
Duplicados tributos. De su seno 
Las apestadas naves vomitaron 
Asquerosos cadáveres cubiertos 
De contagiosa podre. El desamparo 

j * Hizo allí más terrible, más acerbo 

El mortal golpe : en vano soliciu 

j Evitar en la tierra tan funesto 

Azote el navegante : en vano pide 
El saludable asilo de los puertos, 
Y redamando va por todas partes 
De la hospitalidad los santos fueros: 
Las asustadas costas le rechazan; 
Pero oorramos finalmente el velo 



Con repugnancia abrir para escor 
De la marina costa á las ciudades 
De los poblados pasa á los des' 
La mortandad , y con fatal pres 
Devora hogares, aniquila puebl 

El palacio igualmente que la 
Se Te de luto fúnebre cubierto 
Perece con la madre el tierno ^ 
Con el caduco anciano los m: 
[..as civiles funciones se int<\ 

. El ciudadano deja los infect 
Muros; nada se ve, nada se 
Sino terror, tristeza , ayes, . 
I Qué de despojos lleva ante 
Tisífonel ¡Qué número est 
De víctimas arrastran á 
La desesperación y el des^ 
¡Cuántos á manos muerr,'^ 
Desamparo! Los nudos 
Se rompen ya : la esposa 
El hijo al padre y el esc 
1 Qué mucho sí las leyc? 

Tan dura divisiónl.... ? 

Hablad vosotros; sed i 

Futuras asombroso m 

^^ mayor sacrificio ^ 

Por la pública dicha 

Vosotros que en desf 
Mesdados prescntáif 
J lineóles que Juc^' 
^ « Vo seno oscuj 



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I. 



394 

Él escoge ilustrados profesores 

Y un sabio director, que al desempeño 
De tan honroso cargo contribuyen 
G>n sus afanes, luces y talento. 
¡Ilustre expedición 1 La más ilustre 
De cuantas al asombro de los tiempos 
Guardó la humanidad reconocida | 

Y cuyos salutíferos efectos 

Á la edad más remou propagados , 
Medirá con guarismos el ingenio i 
Cuando pueda del Ponto las arenas 
ó las estrellas numerar del cielo. 
Que de pol?o se cubran para siempre 
Estos tristes anales , donde advierto 
Sobre humanas cenizas erigidos 
De una bárbara gloria los trofeos. 

T\&cpedición famosa, tú desluces, 
illsepultas en lóbrego silencio « 

Aquellas melancólicas hazañas , 
Que la ambición y el fausto sugirieron ; 
Tú, mientras que guerreros batallones 
En sangre ran sus pasos imprimiendo, 

Y sobre estragos y ruina corren 
Á coroiuirse de un laurel funesto, 
Ahuyentas á la Parca de nosotros 
A costa de &tigas y desTelos ; 

Y en galardón recibes de tus pena^.^ 
El llanto agradecido de los pueblosj 
Con destrucción, cadáreres y liíto 
Marcan su in&usta huella los guerreros, 

Y tñ bajo tus pies, por lodas partes, 



1 • 



293 

La alaria derramas y el consoelo. 
Á tu vista los hórridos sepulcros 
Cierran sus aegras £iacesy y sintiendo 
Tns influjos, vivientes nuevos brou 
Con abundancia inagotable el suelo; 
Tú y mientras la ambición cnua las aguas 
Para llevar su nómbrenlos extremos 
De nuestro globo, sin pavor arrostras 
La cólera del mar y de los vientos, 
Por llevar á los pueblos más lejanos 
Que el sol alumbra, los favores regios, 

Y la carga más rica nos conduces 
Que lamas nuestras costas recibieron. 
La agricultura ya de nuevos brazos 
Los beneficios siente , y á los bellos 
Días del siglo de oro nos traslada : \ 
Ya no teme esu tierra que el comercio i. 
Entre sus ricos dones le conduzca \ 
El mayor de los males europeos , ] 

Y á los bajeles extranjeros abre k 
Con presuroso júbilo sus puertos. 
Ya no temen en cambio de sus finitos 
Llevar los labradores hasta el centro } 
De sus chozas pacíficas la peste , j! 
Ni el aire ciudadano les da miedo. \ 
Ya oon seguridad la madre amante ( 
La tierna prole apríeu contra el pecho , 
Sin temer que le roben las viruelas 
De su solicitud el caro objeto. 
Ya la hermosura goza el homenaje 
Que el amor le tributa , sin recelo 
De que el contagio destructor, ajando 



I 



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1 * 



296 

I Sus atractiyos, le arrebate el cetro. 

^ Reconocidos á un altas muestras 

De la regia bondad , nuestros acentos 
De gratitud á los remotos dfás 
De la prosperidad trasmitiremos. 
Entonces, cuando el yiejo á quien agobia 
El peso de la edad pinte á sus nietos 
Aquel terrible mal de las yiruelas 

Y en su frente arrugada muestre impresos 
Con señal indeleble los estragos 
De un fiero conugio, dirán ellos : 
i Las viruelas | cuyo sólo nombre 
Con tanto horror pronuncias, ¿qué se han hecho?! 

Y les responderá con las mejillas 
Inundadas con lágrimas de afecto : 

j c Carlos el Bienhechor, aquella plaga 

Desterró para siempre de sus pueblos.! 
I Sí I Carlos Bienhechor! Este es el nombre 
Con que ha de conocerte el UniTerso* 
El que te da Caracas , y el que un día 
Sancionará la humanidad y el tiempo. 
De nuestro labio acéptale gustoso 
Con la 'expresión unánime que hacemos 
Á tu persona y á la augusta Luisa 
De eterna fe, de amor y rendimiento. 

Y tú que del ejército dispones 
En admirables leyes el arreglo 

Y el complicado cuerpo organisando 
De la milicia » adquieres nombre eterno : 
Tú , por quien de la paa los beneficios 
Disíhita alegre el español imperio, 

Y á caya frente Teneedora» honroso 



im 



297 

Lauro los cuerpos lusiunos dieron ; 
Tú, que teniendo ya derechos untos 
Á nuestro amor, al público respeto 

Y á la futura admiración , añades 
Á tu gloriosa fama timbres nuevos, 
Protegiendo, animando la perpetua 
Propagación de aquel descubrimiento, 
Grande y sabio Godoy, tú también tienes 
Un lugar distinguido en nuestro pecho. 

Y á ti Balmis, á ti que abandonando 
El clima patrio vienes como genio 
Tutelar de salud sobre tus pasos 
Una vital semilla difundiendo, 

¿Qué recompensa más preciosa y dulce 
Podemos darte? ¿Qué más digno premio 
Á tus nobles tareas que la tierna 
Aclamación de agradecidos pueblos 
Que á ti se precipiun? ] Oh , cuál suena 
En sus bocas tu nombre I.... Quiera el delOi 
De cuyas gracias eres á los hombres 
Dbpensador, cumplir un justos ruegos ; 
Tus años igualar á tantas vidas 
Como á la Parca roban tus desvelos | 

Y sobre ti sus bienes derramando 
Con larguesa colmar nuestros deseos. 




VENEZUELA CONSOLADA 



w 



(lüéfito.) 

PERSONAS. 

▼BNKSUXLA.— n. TIEMPO. — VMfTmO. 
B teatro repreMota un boique de irbolct áá pd». 

ESCENA PRIMERA. 
(Vcaoueb aptreoc en actitud da tríslaa.) 

YKMKZUILA. 

Errante pasajero, 
¿Dime en qué triste sitio 
Contemplaron tus ojos 
Un dolor semejante al dolor mío? 

Tú I que en mejores días 
Viste el hermoso brillo 
Con que Naturalesa 
Ostentó su poder en mis dominios: 



» 

I 

1 



3oo 

Hoy á los dolorosos 
Accesos coa que explico 
Al Uniyerso todo 
Mis desyenturasy une tus gemidos... 

Afortunados días 
De gozo y regocijo, 
Estación de abundancias , 
Alegre imagen del dorado siglo. 

I Qué pronto en noche oscura 
Os habéis conyertido I 
' I Qué tenebrosa sombra 

Sucede á yuestro lustre primitiTO I 

i ESCENA II. 

j 

I DICHA. EL TIEMPO. 

i w 

IL TIEMPO. 

Desusados clamores 
i En el felix recinto 

! De Venezuela escucho; 

I Antes todo era cánticos festiyos ; 

Mas ya no se percibe 
! . El acorde sonido 

j De gratos instrumentos 

i ; ^ Ni de danzas alegres el bullicio. 

\ ., Por todas partes oigo 

Sólo quejosos gritos 
¡ Y lastimeros ayes, 

I PaTor» tristezai anuncia cuanto miro 

j i Delicioias proyinciasi 

t Frondoso j yerde 



3oi 

De la rica Amaltea, 

I Qué se hicienm , deddme , loa oomlloa 

De ngalas, alcores 
De pastores festÍTOS* 
Que hadan á la tíerra 
EoTÍdiar raestro Júbilo oondoiio? 

Pero sobre la alfombra 
De este prado mullido, 
A Venexaela misma. 
Si no me engaña la aprehensión, dimo. 

Venezuela es sin duda.... 
Y su rostro abatido. 
Sus inmÓTÜes ojos 
De profunda tristeza dan tndidos. 

Diosa de estos confines, 
¿(Jtté funestos motivos 
A tan fiítal extremo 
De afliodón y dolor te han competido? 

¿No eres tú Venezuela? 
{Falta acaso á tus hi)os 
Del e^Mñol Monarca . 
La amorosa tutela j patrocinio? 



Si por yentura guardas 
I Oh Tiempol en tusarchiros 
La historia de mfortumos 
Que puedan compararse con los míos ; 

Si tsn lúgubre escena 
Vieron )amis los siglos, 
Condena entonces, Hempo, 
El extremo de angustia en que me miro. 



3oa 

Las atroces viruelas , 
Azote yengatiyo 
De ios cielos airados, 
Ejercen su furor sobre mis hijos. 

La atmósfera preñada 
De yapores malignos. 
Propaga á todas partes 
Con presteza terrible el exterminio. 

En las casas y calles, 
Y sobre el sacro quicio 
De los templos , se miran 
Cadáveres sin número esparcidos. 

Del enfermo infelice, 
Huyen despavoridos 
Cuantos en su semblante 
Ven de la peste el negro distintivo. 

I Qué lúgubres objetos 1 
Aquél deja al recinto 
De sus lares impuros 
Una familia, y busca en los pajizos 

Campesinos albergues 
Un saludable asilo ; 
Más allá, separado 
Del seno de la madre el tierno niño, 

Y al degredo por manoa 
Extrañas conducido , 
El maternal socorro 
Implora en vano con agudos gritos. 

Aquí espira el anciano 
Sin el pequeño alivio 
De que cierre siquiera 
Sus ftlledeates párpados d hijo. 



1 



3o3 

Allí noto que arrojan 
Al hoyo /Confundidos 
En espantosa mezcla 
Con cadáveres yertos cuerpos títos. 

¿Pues cómo, cuando escenas 
Tan tristes examino, 
Te admiras de que acuda 
Llanto á los ojos y á la tos quejido? 

EL TIEMPO. 

No, Venezuela, nunca 
Más fundado motivo 
Las lágrimas tuvieron 
Que el que tienen las tuyas: desde el sitio 

De brillantez y gloria 
Á que los beneficios 
Del trono te ensalzaron. 
Hoy te despeña al más profundo abismo 

De horrores y miserias, 
Ese contagio impío 
Que tus hijos devora , 
Esas viruelas cuyo agudo filo 

Por todas partes lleva 
El luto , el exterminio , 

Y en soledades vastas 

Deja sus territorios convertidos. 

Llora, pues, tu miseria, 
Llora tu lustre antiguo 

Y tus pasadas glorias , 

De que estaba envidioso el délo mismo. 

Laméntate en buen hora ; 
Á tu dolor crecido , 



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304 

Venesada, no puedo 

Yo mis mo , siendo el Tiempo » dar alivio, 

. Y así.... Pero ¿qué escucho? 

(Ss flyt BM&iiei akfrc) 



/Sueño, cielos? 

\ . TltMPO. 



¿Delirof 

VKMKZUILA. 

¿No siento alegres voces ? 

TIEMPO. 

¿Regocijados sones no percibo? 

CORO. 

Recobra tu alegría, Venesuela, 
Pues en tu dicha el cuarto Carlos vela» 

UNA TOS. 

¡Á las próvidas leyes 
Del mejor de los reyes 

Debías la riquesa , la cultura , 
La pax apetecida 1 
Hoy la salud, la vida. 
Dádivas son también de su ternura* 

ooao. 

Recobra tu alegría, Venesuela, 
Pues en tu dicha el cuano Carlos vela. 



V 



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3o5 



▼INtSUSLA. 



¿No sabremos decir de dónde Tienen 
Tan golosos acentos? 

TISMPO. 

Apartando 
Los enramados árboles , camina 
Hacia nosotros, con ligero paso. 
Un incógnito Numen. Su cabello 
Húmedas gotas vierte, y coronado 
Está de algas marinas ; pero juego 
Reconocerle ya, pues en las manos 
Conduce el gran tridente. 

ESCENA III. 

DICHOS, NEPTUNO. 

Mxmmo. 

Mi Tenida 
Es á daros consuelo. Cese el llanto. 
La queja interrumpid. Yo soy el Numen 
Á quien presta obediencia el mar salado ; 
Neptuno soy, que.... 

TmuUILA (Coa ctptnto). 



Vete de mis ojos ; 
Para siempre, retírate. El amargo ^• 

Conflicto en que me miras, i de quién Tino, | 

Sino de ti? Mi doloroso esttdo 
Otra causa no tiene que tú sólo; 
Al dulce abrigo del monarca hispano , 

. m. ^ 



I 



^ 



3o6 

Venturosa y pacífica vivía, 

Las plagas y los males igaorando 

Que al resto de la tierra desolaban. 

Su nombre augusto en inmortales cantos 

Bendecir, celebrar sus beneficios 

Era la ocupación , era el cuidado 

Que el cielo me imponía. Los favores 

Gozaba alegre de su regia mano , 

Cuando en iníausus naves me trajiste 

De las viruelas el atros conugio. 

¿ Cómo pretendes, pues, que Venezuela 

Sin turbación te mire y sin espanto? 

MSPTUMO. 

Tus lágrimas enjuga, Venezuela: 
Los cielos de tu pena se apiadaron: 
Ya no verás á tus dichosos hijos 
Con tan horrenda plaga señalados ; 
Ya Carlos de tus pueblos la destierra 
Para siempre. 

VKNEZUILA. 

{Quédioesl ¿Puede acaso 
El humano poder?.... 

MirruNO. 

Escucha atenta 
Los beneficios de tu augusto Carlos. 
Y tú, Tiempo, conserva en tus archivoa 
Para siempre el más grande y señalado 
Suceso que jamás vieron los siglos 
Desde que su carrera comenzaron. 



i 



3o7 

En la fértil provincia de Glocester , 
Á la orilla del Támesis Briuno, 
Aparecieron de repente heridos 
De contagiosa plaga los rebaños. 
Á los cuerpos pasó de los pastores 
El nuevo mal , y cuando los humanos 
El número Juzgaban de las pestes 
Por la divina cólera aumenudo, 
Notaron con asombro que venía 
En aquel salutífero contagio 
Encubierto' un feliz preservativo 
Que las negras viruelas respeuron ; 
Gesner tuvo la dicha de observarle, 

Y de su territorio en pocos años 
Desterró felizmente las viruelas , 
El contagio vacuno propagando. 
¿Qué acogida imaginas que daría 
La ternura benévola de Carlos 

Al gran descubrimiento que liberta 
Á sos queridos pueblos del estrago 
De las negras viruelas ? Al momento 
Escoge profesores ilustrados 

Y un sabio director cuyas fiítigas 
Llevan hasta los puertos más lejanos 
De sus dominios el precioso fluido 
Que de viruela libra á los hermanos. 
Sí y Venezuela; alégrate; tus playas 
Reciben hoy el venturoso hallazgo 

De Gesner, que te envía como muestra 
De su regia bondad tu soberano. 
Hallazgo que tus hijos te asegura. 
Que de vivientes llena los poblados , 






3o8 



•Que libra de temores la belleza 
Y, dando á la cultura tiuevos brazos 
Para que ea tus confines amanezcan 
I Días alegres, puros, sin nublados, 

i El gozo te dará con la abundancia 

Y la felicidad coa el descanso. 



YKMBZUILA. 



jOh gran Dios! ¿Conque al fin lastristes quejas 

De Venezuela á tu mansión llegaron? 

¿Conque nos miras ya compadecido? 

Al Eterno canud regocijados 

Himnos, joh pueblos I que debéis la vida 

Y la salud á su potente brazo : 

Que resuene su nombre en las eternas 
Bóredas, y después que el holocausto 
De gratitud ante su trono excelso 
Hayáis humildemente tributado, 
Haced también sinceras expresiones 
De reconocimiento al Soberano. 
Del más cumplido gozo dad señales, 

Y publicad en otro al^re canto 

La gran yentura de que sois deudores 
A su paterno, cuidadoso amparo. 



TISICFO. 



¿Y nosotros qué hacemos, que en tal d(a 
Todos nuestros esfuerzos no juntamos 
Para solemnizar el beneficio 

?ie recibe este pueblo de sus manos? 
ti, Neptuno, el cetro de los mares 
Loe supremos destinoa entregaron. 



■Vi 



3o9 

Pomona enriqueció de bellos frutos 

Venezuela , tu clima afortunado; 

Y yo, que soy el Tiempo , á mi capricho 

Ri)o las estaciones y los años. 

¿Por qué nuestras funciones reuniendo 

Suceso tan feliz no celebramos? 

NEPTUNO. 

• 

Tienes razón: aguarda. Roncos vientos 
Que subleváis con vuestro soplo airado 
Las bramadoras ondas , tempesudes , 
Furiosos huracanes, sosegaos, 

Y en el imperio lodo de las aguas, 
La dulce calma reine y el descanso : 
Respetad este diá venturoso, 

Y donde quiera que miréis las naos 
De la dichosa expedición que trae 
Tantos bienes al suelo americano, 
Callad y respetadla.-^Habitadores 
De los marinos, húmedos palacios, 
Rubias Nereidas que de frescas ovas 
Lleváis vuestro cabello coronado , <■ 
Formad alegres danzas ; y vosotras , ' 
Blancas sirenas que adormís cantando t 
Al navegante, haciendo que le sea | 
Grato el morir, dulcísimo el naufragio, 
Entonad himnos nuevos , y acompa&en 
Los roncos caracoles vuestro canto, | 
Los móviles Tritones difundiendo 
Alegres ecos por el vasto espacio. 



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3io 

CORO DB NEREIDAS. 

El reioo de Anfitrite 
Con júbilo repite 
El nombre siempre amado 
De Carlos Bienhechor. 

CORO DB TRrrONBS. 

Y luego que le escucha 
Se aplaca el Ponto undoso, 
Y el Austro proceloso 
Refrena su furor. 

EL TIEIIPO. 

Yo de noubles hechos la memoria 
Á las edades venideras guardo , 

Y filma doy gloriosa al buen Monarca, 
Al gran guerrero y al ministro sabio ; 
Mas á los beneficios distinguidos 

Que la suerte del hombre mejoraron , 
Doy un lugar brillante en mis anales. 

Y en inmortalisarlos me complaico. 
Por mí suena en la tierra todavía 
El nombre de los Titos y Trajanos, 

Y sonará mientras de blandas fibras 
Tenga el hombre su pecho organiEado. 
Yo daré, pues, á tu felis memoria, 
Carlos Augusto, un eminente rasgo, 

Y al lado de las tuyas las acciones 
De los Césares, Pirros y Alejandros, 
Quedarán para siempre oscurecidas.... 
Siglos futuros, á vosotros llamo: 



3ii 

Salid del hondo seno en que os oculta 
A la penetración de los humanos 
El Telo del destino, y á presencia 
De Venezuela pronunciad los cantos 
Con que haréis resonar en algún tiempo 
El claro nombre del augustt> Carlos. 
Celebre con eterna 

Aclamación el hombre 

El siempre claro nombre 

De Carlos Bienhechor. 

Jamás el merecido 

Título que le damos 

Sepulte en el olvido I 

El tiempo destructor. j 

▼SNKZUtLA. I 

Y yo que el testimonio más brillante j 

Debo hacer de ternura al Soberano, 
¿ Qué mejor alabanza puedo darle , 
Qué monumento más precioso y grato 
Levantar á sus ojos que su nombre 
Con indelebles letras estampado \ 

En los amantes pechos de mis hijos? j 

Sí, yo te ofrezco , yo te juro, Carlos, f 

Que guardarán los pueblos tu memoria { 

Mientras peces abrigue el mar salado, 
Cuadrúpedos la tierra, aves el aire 
Y el firmamento luminosos astros. [ 

Yo te ofrezco cubrir estos dominios 
De celosos y dóciles vasallos, 
Qae funden su ventura y su alaría 



n 



3i% 

Te ofresoo derramar sobre estos pueblos, 
Que tus leyes respetaa prosternados , 
Fecundidad, riqueza y lozanía , 
Dorados frutos, nutritivos granos* 
Yo te juro también que con perenne 
Aclamación repetirán sus labios: 
c I Viva el digno Monarca que nos libra 
De las viruelasl ¡Viva el cuarto Carlosl* 
Hombre, mujer, infante. 

Todo mortal que pise 

Estos confínes, cante 

A Carlos Bienhechor; 

Publique Venezuela 

Que quien de nuestro dima 

Lanzó la atroz viruela. 

Fué su paterno amor. (S« repiíe.} 



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HIMNO DE COLOMBIA 



CANCIÓN mUTAR 



OfOICAPA 



Á S. E. EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR 



I. 



yjrtuí, ves con cadenas y muerte 
Amenasa el tirano español ; 
O>lombianos, volad á las armas , 
Repeled , repeled la opresión. 
Suene ya la trompeu guerrera, 

Y responda tronando el cañón ; 
De la patria seguid la divisa 

Que os señala el camino de honor, 

CORO. 

Suena ya la trompeta guerrera 

Y responde tronando el cañón ; 
Ya la patria arboló su divisa, 

Qoe nos muestra el camino de honor 



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3i4 



11. 



¿Qué patriou de nobles ideas 
Apetece la torpe inacción? 
¿Quién aprecia el reposo entre grillos? 
Ciudadanos, morir es mejor. 

\ Libertad , hax que dulce resuene 
De Colombia á los hijos tu tos! 
Que jamás uno solo se afrente 
Prefiriendo la vida al honor. . 

CORO. 

Uberud i oh , cuan dulce que suena 
De Colombia á los hijos tu voz I 
No será que uno solo se afrente 
Prefiriendo la vida al honor. 

III. 

De la patria es la lux que miramosi 
De la patria la vida es un don; 
Verteremos por ella la sangre. 
Por un bárbaro déspou no. 

Libertad es la Tida del alma; 
Servidumbre hace vil al varón ; 
Defender á un tirano es oprobio; 
Perecer por la patria es honor. 

CORO. 

Libertad es la vida del alma ; 
Servidumbre hace vil al varón; 



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3i5 

Defender á un tirano es oprobio ; 

Perecer por la patria es honor. / 

IV. 

Defended este suelo sagrado 
Que crecer vuestra infancia miró ; 
En que yacen canicas heroicas, 
En que reina una libre nación. 

Recordad tantas prendas queridas: 
De la esposa el abrazo de amor. 
De los hijos el beso inocente. 
De los padres la herencia de honor. 

CORO. 

Defendamos la patria querida, 
Que nos guarda las prendas de amor; 
Defendamos los caros hogares ; 

G)nsenremo8 la herencia de honor. ¿ 

1 

V. 



Recordad los patriotas ilustres 
Que cobarde crueldad inmoló; 
¿No escucháis que apellidan vénganla?. 
Embestid á esa turba &ro2. 

Recordad del Araüre los campos 
Que el valor colombiano ilustró; 
A Junín, BoyacA y Ayacucho , 
Monumentos eternos de honor. 



Sr 



... 



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3i6 



CORO. 



Recordemos de Araure los campos 
Qttc el valor colombiano ilustró ; 
A Junífiy BoyacAy Ayacucho, 
Monumentos eternos de honor. 



VI. 

¿Veis llegar las legiones venales 
Que conduce á la lid la ambición? 
0>ntra pechos de libres patriotas 
Impotente será su furor. 

Atacad: una fe mercenaria 
Poco da que temer al valor; 
I Por viaoria hallarán escarmiento i 
Por botín llevarán deshonor 1 

CORO. 

Avanxady oh leones venales, 
Que conduce á la lid la ambición; 
Por victoria hallaréis escarmiento , 
Por bolín llevaréis deshonor. 



^ 



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i LA SEftOllA V 



%3SA JUUA CODECIDO DE MORA 



WfUCk IL AUTOft 



ISTOft TtUOS IM tu ALMJM 






^ es iMiDÜde bomenajcv si es tardío; 
Sacttttdora Julia, el que te envío, 
ptadOJM á la aflicción , perdona al dudo 
abromó mi coraaón el délo. 



Y lUDbién la lloraste, lo aseguro ; 

noa. de cnanto es amable , y tierno, 7 puro , 

y^ Trt rr*^ ^ ^ santuario y el tesoro* 

Qfg^XA^áxt en ti se goca y place, 
r^ mt fosaba yo, tal me placfa 

S^ )a q»e«lw>'* ^^^ P^'^ y*^» 
|!^ iaaatiM <ie la P«« impí». 






3i8 

Tú sabes qué celajes de esperanza , 
Tal Tez á un padre el porvenir figura; 
Celajes ¡ayl de aérea lonunansa 
Que tí tomarse luego en sombra oscura. 

Pues y en ese horizonte arrebolado, 
Hoy á mis ojos noche opaca y triste. 
Verte me parecía « y á tu lado 
La que para su padre ya no existe. 

Crefla á conocerte destinada, 

Y si permites, Jqfia, que lo diga, 
Crefla, de tus prendas adornada. 
Merecedora de llamarte amiga. 

No quiso que lo fuese, concederme 
El cielo ; á mi ternura arrebatóla 

Y á tu cariño ; muda, yerta, sola, 

Mi hija querida en el sepulcro duerme. 

Que así tu tierno corazón lastime, 
Perdona. ¿Puede dar dulces acentos 
Un alma que en dolor profundo gime? 
De ayes sólo es capaz y de lamentos. 

Colgué en un árbol mustio de la selva 
Mi destemplada lira envuelta en luto; 

Y si me pides que á pulsarla vuelva , 
¿Cómo Abarte, Julia, este tributo? 

I Feliz , si la memoria que grabada 
Llevo, le vale, y Julia lo recibe, 

Y el nombre de mi Anita malograda , 
Que pongo en él, tu bella mano escriba; 






f 



3i9 

Y en este libro en que , con larga yena , 
Derrama sus halagos poesía , 
Le da lugar, y lúgubre elegía 
Entre armoniosos cantos no disuena 1 

Sí » le darás lugar; no el que se debe 
Al noble ingenio , al inspirado numen 
(Tanto mis toscos versos no presumen). 
Sino, en secreta hoja, espacio breve. 

Así tal vez en un recinto ameno, 
Brillan á competencia Arte y Natura; 
El aire está de mil aromas lleno; 
Onda argentina acá y allá murmura. 

Entre marmóreos arcos se divisa 
Bello pensil de espléndidos colores ; 
Y en tomo de la Ninfa que lo pisa, 
Brotan del suelo enamoradas flores ; 

Y en una parte solitaria, inculta; 
Do apenas lleva el aura silenciosa 
Ecos lejanos, débiles, oculta 
Un sauce llorador funérea losa. 

185a. 







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CANCIÓN 

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LA DISOLUCIÓN DE COLOMBIA 



D 



^xiAy Discordia bárbara, d terreno 
Que el pueblo de Colón á senridumbre 
Redimió vencedor ; y allá Tomita , 
Aborrecida furia, tu veneno, 

Y esa tu tea, á cuya triste lumbre 
El tierno pecho maternal palpita , 
Allá tan solo agita 

Donde jamás fué oido 
De libertad el nombre, 

Y donde el cuello dobla, encallecido 

Bajo indigna cadena, el hombre al hombre. 



lEL que la ley ató sagrado nudo 
Que se dignaron bendecir loa cielos 
En tanta heroica lid desde loa llanos 



m. 



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Qoebaáacil Ormoeo ham d dttDudo 
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Inriignot de patriotas jr de benoBaop»? 
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323 



f ¿ Es este el pueblo desdeñoso , esquiyo 
(Con irrisión dirá), que oprobio esrima 
Mis leyes, y mi nombre vituperio? 
No de tener el corazón altivo 
De sus padres blasone: no le anima 
Alma capaz de libertad é imperio. 
En largo cautiverio 
Degeneraron: falta, 
Para llevar á cabo 
Una empresa tan alta , 
Generosa virtud al que fué esclavo. 

c^Véislos violar el pacto, fementídos , 
Jurado apenas? ¿Véislos ya la espada 
Contra sí revolver? El ebrio sueño 
Desvanecióse : en breve , en breve uncidos 
Pedirán ser á la coyunda usada , 
Y de la voz se acordarán del dueño.» 
— I Gego error 1 1 vano empeño 1 
Si dejada el torrente 
Su natural costumbre 
Arrastrare sus ondas á la fuente , 
Querrá volver el libre á servidumbre. 

Mas, I oh vosotros I ¿dejaréis que infame 
La causa que os unió, maldad tamaña? 
I Falu al acero empleo? ¿No hay tirano 
Que herencia suya vuestro suelo llame? 
¿Vengóse ya la sangre que lo baña? 
¿ Los rumbos olvidó del Océano 
El pabellón hispano ?•••• 
¿Qué digo? Á vuestra vista 
Las barras y leones 






324 

En arreo despica de conquista , 

Y guia á nueva lid naevas legiones. 

Sí, que de Cuba en la yecina playa 
(Merced á los furores parricidas 
Que en común daño alimentáis y afrenta ) 
Os amenaza Iberia , os atalaya, 

Y de combates mil las esparcidas 
Reliquias apellida, y junta, y cuenta. 
De allí la seña ostenta 

Ala traición aleve, 

Que callada vigila 

Entre vosotros, y las tramas mueve 

De oculto fraude, y ya el puñal afila. 

¿Y en míseras condendas distraídos 
La pública salud tenéis en nada? 
¿Queréis que de humo y polvo en nube densa 
El bronce tronador dé á los oídos 
Súbito aviso de enemiga entrada, 
Para acudir á la común defensa? 
I Cuan otro el que así piensa 
De los que liberuron 
De los incas la cuna, 

Y al carro de Colombia encadenaron 
En distantes batallas la fortunal 

^ Mirad, mirad en cuál congoja y duelo 
Á la Patria sumís, que la unión sanu 
Con vos llorosa invoca y suplicante. 
La dulce Pfttria, en que la luz dd délo 
Visteis primera, y do la débil planu 



MMHÉI 



Estampó el primer paso vacilante ; 
La que os sustenta, amante 

Y liberal nodriza ; 

La que en su seno encierra 

De tanto ilustre mártir la ceniza , 

¿Teatro haréis de abominable guerra? 

¡Guerra entre hermanos, fiera guerra, impüt. 
Do el valor frenesí, do la lid crimen, 

Y aun el vencer ignominioso fuera I 

I Ah , no 1 Volved en vos ; y aquel, que nn día 
Amor de patria, aquellas os animen 
Con que humillasteis la arrogancia ibera, 
Virtud sublime, austera, 

Y ardiente sed de fiíma , 

Y íé de limpio brillo; 

Una es la senda á que la patria os llama. 
Uno el intento sea, uno el caudillo. 




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Et día 29 de Noyiembre de 1881 1 

centesimo aniversario 

del nacimiento del autor ^ 

se tiró este último pliego 

en la imprenta de 

Amonio P¿re\ Dutrull^ 

en Madrid. 



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índice. 



PtvAoe a 

É|l«|i: tmibcita de Vitpli». } 

CUt : ImiUcida 4k Ondo 9 

0<t« ti Aoiueo i> 

A b ñetorii de Bkilta 17 

•aVU AIUUCAMM 1 ciLmcM rATuáiKOt. 

SthPi i li ifricultun da li ZooiTdrnd«..¡ 11 

AVMndte f b Poelii » 

Al iS d* Sctkmbr* «j 

Al mima «uaw. 7) 

Otiunrt 79 

A b Viriai dt lu likRedc*. 8) 

Moiiii ulinde de ki ifuu. 89 

Uorabda por todo» 9J 

A Olimpt». toj 

Laa OMqda 1^7 

MdtlM/ardiwdtlMiBt itj 



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3a8 

P». «7 

▼ntot ueuTot n Jamm» t pomías uonus. 



Ea d ilbom de k icfton doAa Enriqueta Pinto de 

Bttines 191 

En el álbum de la Mfioríta doAa Mercedes MnfiM 199 

AlBiolNO 903 

Diilofo entre la amable Isidera j un poeta del alglo 

ptttdo. ••••• ••••• •••• •••• ao9 

En el álbum de la lefton doAa Joeela Reífca de Gaiíi- 

mcndia ai9 

Bviao 7 clamor 123 

Oiálofo IS9 

Btobaco. 131 

PÁMILAt. 

Laeemeta S37 

D Hombre, el CabRllo 7 d Toro 241 

Lm «velas. 243 

La Ardilla, el DofO 7 d Zorro 247 

poniAt ragnvAt t tATitiCAt. 

El proscrito* ••••••••••••• «•■••«••••••••••• S55 

B Coador T d Poeto 271 

A k notida de la muerto de Mac Gréfor 2Í1 

Al 



Mis deieoi. 285 

A k Vacuna. 287 

Vencinck conaolada** ■•••••••••••••••••••••••••• ^99 

Himno de Cdombk, 313 

A k aefton dote Jufia Codeado de Mora, onplica d 



rae dnra eacribir ettoa »maa en en db—u. 311 
iliiobnidn dt Tir ítmbk- ••••• 327 



^ 







tUIGRITORBS i LOS BJBMPUÜín OE LUJO. 



PAPiL amiA. 

Núm. /.^Sr. D. Uoa Medint. 

//.— Sr. D. Jeté dt Fontagud Gtffoib. 

PAPEL WHATMAN. 

Utn ^.-^Eicm^ Sr. BAarqués de Vatte}». 

PAriL TUtUV-HILL. 

h.-^Sr. Víioonde de Bétenu 
«.— Eicmo. Sr. D. Boni&do Cortés 
I.— Sr. D. Jeté de Fontagud GiifoUo. 
f .— Sr. Conde de Sontufo. 

. WAPtL M HILO W»AM0L. 

Núm. I.— M. Miiríllo. 

i«— 'Eicnio. Sr. D. Antonio Cánofu dd Castillo. 
^ j.— Eicmo. Sr. D. José Gutierres de la V^. 
4.— Sr. D. José Enrique Senmno 7 Morales. 
5.— Excno. Sr. D. Antonio Maria FabÚ. 
6^— Sr. D. Luis Genaáleí Bnifos. 

22 



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] ; 8.— Sr. D. José Mark Oct^ña 4t ToM». 

^ . 9.— Sr. D. Manud Maríi de IVnte. 

i ' 10.— Sr. D. LBoaé» Upct. 

¡ 11.— Sr. Marqués de VOioM. 

11.— Sr. D. Mmad CenUu 

13.— Eicmo. Sr. D. Salvador AlbMttt. 

14.— Sr. D. Galo de Zajat GeSt. 

15 — Sr. D. Donato Guio. 

16.— Exorno. Sr. Marqués de la FwuMti del Valle. 

17.— Sr. Marqués de Cerralbo. 

18.— lime. Sr. D. Ipiocio Montes de Oes, Obispo de 
Linares. 

19.— D. Joan Uordach. 

ao.— D. Juan Uordach* 

91.— D. Fernando Fe. 

21.— D. José ViWs Cisca. 

a5«— 'D. Mariano GoTcnecbe, 

14.--D. Miguel Olamendi. 

96.— P. Augusto PeeouU 

«7. — Sr. D. Femando Fcméndes de Veitseo. 
i 98.— D. Carleo BaUy-Baittiéro. 

^■**Sr. D. Ocio Hamseowiti. 

34*— Sr. D. Miguel Olamendi. 

35.— Sr. D. Miguel Olamendi. 

38.—^. Conde de Isla Fernandet. 

41.— Mr. Attid Mortl-Fatío. 

49.— Sr. D. Toríbio SaldaAa. 

4|.— Enmo. Sr. Conde de Pidtonnda de 

45.^-Sr. D. Mennel MaroMn j GéoNi Aoebo. 



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Tcofra de D. Adclardo L6pes de Ajfala, tomo B. 

Obrt de D. Juan Eugenio Hartaenbuscb. 

HisicrU éü ÉmptrsJúr CwIm V, por P«dro Mcda. (Inédito.) 

HuUrm ir los «dmt istéticás m figMo, por D. Marocliao M^ 

ntedesPdajo. 
¿Vooflof de Salas BarbadiDo. . 
Olr« dt D. Alejandro Pidal y Mott. 
Okrasmtgiiét dd P. Martin de Roa.- 



Uo podidoo de demphras d suscridoM» so baria 



7 



P9 



2044 



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beyond the specifíed time. 

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