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Full text of "Poesías escogidas. Nueva y unica edición ilustrada autorizada por el autor y aumentada con varias composiciones inéditas"

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JUAN DE DIOS PEZA 



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poesías escogidas 



Nueva y úaíca edición ilustrada 

autorizada por el autor 
y aumentada con varías composiciones inéditas 




CARL.OS IVIAUCCI 

EDITOR 

Via Pagano Doria, 7 - Genova (Italia) 



MAUCCI HERMANOS e HIJOS 
Calle Indipendenoia n. 672 

BUENOS AIRES 



JOSÉ LÓPEZ rodríguez 
Pi y Margall n. 136 

HABANA 



MAUCCI HERMANOS y Cía 

4.a Calle de Tacaba n. 4G 

MÉXICO D. F. 



L. PUIG ROS & PARRA 
ALMENAR - Sucesor 

CARACAS 




La Casa de Carlos y Alejandro Maucci ha adquirido, del 
autor de este libro, autorización para hacer de él cuantas 
ediciones tenga por conveniente. 



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V Yo lo 



POESÍAS ESCOGIDAS 13 



I 



Yo lo recuerdo aún : llegúeme un día 
De una llanura en la extensión desierta, 
A la ruinosa y gótica arquería 
Que un castillo feudal tiene á la puerta. 

Y del plinto en que antiguos moradores 
Estuvieran sus justas preparando, 
Corté las tristes y amarillas flores 
Que en testimonio de mi amor te mando. 
Ellas guardan las plácidas historias 
De aquellas horas, por fugaces gratas, 
Que vieron tres románticas memorias, 
Hondos duelos y alegres serenatas. 

Cada flor mis tristezas simboliza, 

Y á revelarte mi amargur-^ alcanza 
Queda, al morir el fuego, la ceniza 

Y el dolor, cuando muere la esperanza. 
No cause á nadie fútiles asombros 

Hallar amor sobre mi vida inquieta; 
Como la flor que nace en los escombros, 
Es el amor del alm de' poeta. 

Guarda Nivea, estas flores; escondida 
En ellas va la imagen de mi suerte... 
Ellas sobre la muerte hallaron vida. 
¡Ay de mí, que en vivir hallo la muerte I 



A VÍCTOR HUGO. 

¿Quién soy para ofrecerte mis cantares?.. 
Hablarte en tu lenguaje fuera mengua : 
Al que es grande y profundo cua' los mares, 
Le canta el huracán, y no la lengua. 

En desusado atrevimiento raya 
Hablar en verso provocando mofa, 
Al que tuvo por lira un Himalaya, 
Con una tempestad en cada estrofa. 

Querer medir su magnitud, abisma. 
Todo un siglo te sirve de proscenio. 



Í4 JUAN DE DIOS PEZA 



Eres más que ,un mortal, la Francia misma, 
Hecha de carne y fulgurante en genio. 

Con cada frase que tu labio dice, 
Cae un trono y se quiebra una corona ; 
Eres la humanidad cuando maldice, 

Y la austera virtud cuando perdona. 

Los pensamientos que en tu mente hirvieron, 
Caudal te forman de inmortales rastros; 
De tu cerebro colosal surgieron, 
Cual de la mano del Señor los astros ; 

Para cantar tu 'genio, que hoy aprecia 
Como el más alto el Universo entero. 
Preciso fuera, conmoviendo á Grecia, 
Ir á su tumba á despertar á Homero. 

En tu trono de luz dejarte solo, 
Tender bajo tus pies la mar Egea, 

Y sentar á tu diestra el Dios Apolo ; 

Y á tu siniestra Venus Citerea ; 

Al rayar del Olimpo la alborada, 
Que Homero te conozca, que se asombre, 

Y con su stylo que escribió la Iliada, 
Que esculpa al pie del Partenón tu nombre 

Que en Pentélico mármol Praxiteles 
Labre tu estatua, y al pasar severos, 
Se inclinen saludando tus laureles 
Admirados los siglos venideros. 

¿ Quién te puede juzgar en nuestros días 
¿Quién de tu gloria llamará á las puertas? 
Ya murieron Homero é Isaías, 

Y Atenas y Sión estás desiertas. 
¿Cómo juzgarte, pensador gigante? 

El solo peso de tu genio abruma. 
Se necesitan planchas de diamante, 

Y en la lumbre del sol mojar la pluma. 
Entra al Olimpo... Llevas por delante 

La columna de fuego de la Historia. 
Diga el mundo de ti cuanto es bastante : 
¡ Nació francés, mas lo engendró la gloria ! 



AL QU€ L€Y€R€ 



Muchas dé estas composiciones, fueron escritas por el 
autor, en los primeros días de la vida, cuando es el co- 
razón V no el raciocinio, calculador y frío, el qUe 'dictai 
las ^estrofas, el que inspira los sueños de amores y el que 
dibuja en el horizonte azul de la esperanza, los celajes de 
oro de una felicidad soñada. 

Algunas hay que han sido escritas cuando ya las canas 
plateaban su cabeza, y el desengaño miristecia su espíritu. 

Juan de Dios Peza, llamado en todas partes el cantor del 
hogar, mira estos versos como las primeras flores nacidas 
en el campo de sus ilusioríes; sabe que adolecen de incorre- 
cciones hijas de la inexperiencia, pero sin duda comprende 
que tienen esa frescura y ese aroma quei sólo quitan y 
empañan las tristezas desgarradoras del mundo. 

Con el fin de rendir el culto debido á poeta tan fammso, 
hemos aumentado esta edición, añadiendo al final hermo- 
sísimas poesías, inéditas unas y perdidas otras en las olvi- 
dadas colecciones de los periódicos. 

Asi nuestra obra será inás completa, y el público nos 
agradecerá que le dennos á conocer versos admirables que 
templarán su alma y colmarán su entusiasmo, ya que el 
cantor del hogar es uno de los poetas más delicados, más 
ardientes, más tiernos y más morales que existen. 

No es este uh libro para los académicos y los filósofos; 
pero será como joya inestimable, para los que saben amar, 
sentir y soñar; para los que anhelan, como fin de la vida, 
el amor bajo todos sus aspectos. 

Los Editores. 



Digitized by the Internet Archive 

in 2009 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/poesasescogidaOOpeza 



PROLOGO 



TRES poetas distinguidos han empuñado el cetro de 
la poesía popular en México, D. Manuel Carpió, 
D. Guillermo Prieto y D. Juan de Dios Peza, sin 
' I que por esto pongamos en duda que ha habido 
otros muy populares, muy inspirados y muy eximios. 
D. Manuel Carpió, á pesar de lo exótico de la mayoría 
de sus composiciones, fué un poeta que encarnó los senti- 
mientos religiosos de una gran parte de la sociedad mexi- 
cana, y en sus poemas descriptivos se siente el sol de nues- 
tro clima, se palpa la vegetación de nuestra naturaleza y se 
contempla el cielo purísimo de la Patria. Sucedióle á 
Carpió lo que les aconteQe á los artistas nacionales, que 
cuando copian una madona extranjera, sin quererlo, sin 
intentarlo, aunque el fondo del cuadro y los detalles sean 
extraños, producen inconscientemente el rostro y la fiso- 
nomía de una mujer de su país. Por eso Carpió fué po- 
pular y admirado entre nosotros, porque se inspiró en 
nuestros sentimientos y describió nuestras cosas. 

D. Guillermo Prieto fué el poeta nacional por exce- 
lencia. Asuntos, ideales, esti'o, todo en él fué mexicano. 
Fué además el poeta de épicas luchas en períodos gran- 
diosos para nuestra Patria, y lo mismo pulsó la lira de 
bronce entonando himnos á los héroes de la Indepen- 
dencia de 1810, que en contra de los invasores de 1846; 



PRÓLOGO 



lo mismo en alabanza de los caudillos de la Reforma, 
que en contra de los intervencionistas é imperiales; igual- 
miente arrancó notas argentinas á la lira juvenil cantando 
amores tiernos y románticos, que alegres y festivas notas 
á la guitarra nacional, para ensalzar, describir y emocio- 
nar con sus inimitables romances que informan la Musa 
Callejera. Por esto, Prieto, como Carpió, fué también 
un poeta popular. 

Juan de Dios Peza, muerto Carpió y desde antes de 
que muriese Prieto, ya era el heredero legítimo al trono 
de la poesía popular. 

Desde muy temprano, desde que publicó la primera 
edición de sus versos, dos grandes maestros de nuestra 
literatura, D. Ignacio Ramirez y D. Ignacio Manuel Alta- 
mirano, habían recibido sus producciones, no con la in- 
dulgencia que acostumbraban con muchos de sus discí- 
pulos, sino convencido" del positivo mérito del numen 
que despuntaba en aquel joven. 

Peza, permítaseme e^ símil, hizo su carrera conquis- 
tando grado por grado los ascensos en la poesía, desde 
soldado hasta generalísimo. No se improvisó un nombre, 
no es un poeta de esos que como relámpagos deslum- 
hran y desaparecen instantáneamente. Es un Sol que ilu- 
mina el horizonte, y sube alumbrando vaUes, campos, 
bosques, colinas y montañas; chozas, casas, palacios y 
altas torres, para descender después— ¡ inevitable destino 
de todo lo que vive!— pero deslumhrando con su gran- 
diosa ocultación entre celaje^ bellísimios de múltiples co- 
lores. 

Peza, cautiva con sus primeras producciones amorosas, 
tintes de su aurora. Poco á poco, vá sugestionando con 
su Musa, pues escribe poemas consagrados á todo lo 
bello y á todo lo grande, á todo lo que enternece y á 
todo lo que admira; poemas en los cuales vemos un fer- 
voroso culto al abuelo, al padre, á los juegos infantiles 
de sus hijos, lo propio que á los grandes hombres como 
Colón, que á los grandes héroes, como Hidalgo. 

En su Lira Patria inmortaliza hechos desconocidos, 
acciones olvidadas, ejemplos dignos de imitarse, que la 




PRÓLOGO 



Historia severa no había entrevisto, que la Crónica mi- 
nuciosa no había recogido, y que el poeta, como los 
homéridas, ha ido coleccionando para formar la Ilíada 
mexicana, no escrita en libros serios de narradores eru- 
ditos. Peza ha hecho una verdadera resurrección, en sus 
hermosísimos romances de h Intervención y del Imperio, 
de héroes sepultados bajo injusto olvido y de hazañas 
gloriosas, ocultas por 1" incuria; en que vemos aparecer, 
evocados por su mimen, á los chinacos guerrilleros, con 
rojas blusas, largas lanzas y flámulas y banderolas que 
ostentan descarnados cráneos, símbolo de la guerra á 
muerte, con que fieros y altivos retaban á los invasores 
extranjeros. Pero Peza no hi sido injusto ni parcial ni 
amigo sólo de los nuestros : su Lira Patria tiene cuerdas 
nobles para loar actos plenos de nobleza, de los que 
ofuscados ó en cumplimiento de sus deberes, desgracia- 
damente, luchaban en contra de la santa causa mexicana. 
Todos estos sentimientos, propios de la inmensa mayoría 
de nuestra Nación, los ha interpretado y expresado Peza, 
de modo que por ello, como Carpió y como Prieto, es 
un poema popular. 

Pero la popularidad de Peza tiene rasgos especiales 
que no tuvieron siempre sus venerables antecesores. r*eza 
no solamente es leído en periódicos y en libros, en el 
taller y en el hogar, en la tertulia íntima de hombres de 
letras y en la sociedad literaria reglamentada; Peca es 
oído con admiración y aplaudido con entusiasmo cuando 
recita sus poesías en las veladas, en el Teatro ó eu la 
Tribuna Cívica. Basta que el público le vea, para que no 
espere á que el poeta comienze á decir, como él sabe 
decirlos, sus versos fáciles y armoniosos, sino que le sa- 
luda con una verdadera tempestad de aplausos, que inte- 
rrumpe al poeta-orador, porque como buen orador se 
impone, á cada final de estrofa, á cada imagen que des- 
lumhra, á cada pensamiento que arrebata. 

Peza, es popular también, porque á sus altas dotes 
poéticas reúne un personal "agradable; cautivador por su 
amplia frente, por la mirada de sus ojos, por la corre- 
cción de sus modales, por la sencillez y elegancia con que 



10 PRÓLOGO 



viste cuando se presenta en público. Su voz, sin ser voz 
maravillosa, es voz que agrada, que no lastima, como 
otras voces que hay magestuosas, pero campanudas; sono- 
ras, pero retumbantes; claras, pero pictóricas de arro- 
gancia hinchada y de orgullo desmedido. En Peza no hay 
afectación : no es el torrente que nos deja ensordecidos, 
es el río tranquilo de cristales límpidos, que corre sin 
obstáculos por pendientes suavemente! inclinadas y por 
compiñas pintorescamente sembradas de hermosas flores. 

Todavía más, Peza, poeta popular en su país, ha pa- 
sado las fronteras con su fama, ha surcado los mares, 
y en España y en América, y en naciones que hablan 
el idioma que él habla, y en naciones que traducen sus 
poemas, se le quiere, se le aplaude y se le admira. No es 
liS' nj al amigo, ni cariño por el poeta, ni galantería de1 
prologuista. ¡Que pocos de nuestros poetas, por excelen- 
tes é inspirados que sean, pueden ostentar en los anaque- 
les de sus armarios, el número de ediciones nacionales y 
extraniei'2? que encierran los estantes del gabinete de Juan 
de Dios Peza! 

Prueba lo que acabamo de afirmar, esta nueva edición 
de i: js Poemas escogidas, que los inteligentes hermanos 
Maucci dan hoy á la estampa, y una edición de los her- 
manos Maucci indica que el autor ha conquistado gran 
renombre, porque ellos publican sólo las obras consa- 
gradas con el óleo de una aceptación universal. 

México, Abril 2 de 1905. 

Luis González Obregón. i 



I 

I 




PRiAERA PARTE 

FLORES DEL ALMA 



¡ENTRE LAS YEDRAS I 

La casa aquella donde vivía 
La q.ue no ha vuelto, la qué fué mía 

Y hoy en los cielos mora con Dios, 
¡Está lo mismo que en aquel día 
En que á ocuparla fuimos los dos! 

¡Ah! ¡Cuan alegres los corredores! 
^Enredaderas llenas de flores 
En el alero y el barandal ! 
Como en los tiempos de mis amores 
Todo es risueño, todo está igual. 

En las hojosas verdes cortinas 
Han vuelto á abrirse las camelinas; 
La antigua higuera reverdeció ; 
Ya regresaron las golondrinas 

Y hasta yo he vuelto, pero ella no! 

Gira en sus goznes la misma puerta 
Que á nuestras citas fácil y abierta 
Puerta del Cielo llegué á llamar; 
¡Cuando mi niña la cruzó muerta, 
La abrió el infierno de par en par! 

Decora el patio la misma fuente 

Y en el marmóreo tazón luciente 



12 JUAN DE DIOS PEZA 



Resuena el chorro borbotador. 
¡AV! ¡Como el eco dulce y doliente 
De sus postreras frases de amor! 

No se me olvida que una mañana 
Como á una nueva Samaritana, 
Junto á esa fuente la sorprendí, 
Desnudo el seno de nieve y grana 
Que arropó al punto yo la vi. 

Soltó el cabello sobre la espalda; 
Con una mano cogió la falda, 
Con la otra mano su faz cubrió, 
Y entre la clámide verde esmeralda 
De mirto y yedras, despareció... 



FLORES MUERTAS. 

En el roto frontón ; en el alero 
Del alcázar muzárabe ; en la grada 
Del templo antiguo en que el audaz guerrero 
Ungió su frente y consagró su espada; 

En el desierto harem dónde cautiva 
Gimió tierna beldad; en los relieves 
Que, decorando la ventana ojiva. 
Quiebran el vuelo de las auras leves; 

En los muros del viejo santuario; 
En el estéril pedregal sombrío; 
En la artista del mudo campanario 
Que azota el viento aterrador y frío; 

Donde los siglos con veloz carrera 
Dejaron hondo y espantoso estrago, 
Burlando á la encantada Primavera, 
Crece la humilde flor 4el jaramago. 

Sin matizarla el sol con tintas rojas 
Es su tristeza su mayor encanto; 
De áspero tallo y amarillas hojas, 
Nace en otoño y simboliza el llanto. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



15 



DESOLACIÓN. 

h 

Esperanzas y ensueños, 

Placer y afán, 
Nada dura en h vida : 

¡ Todo se va ! 
Para el artero mundo, 

Dicha ó pesar, 
Lágrim s ó sonrisas, 

¡Todo es igual! 
Hace bien el que lejos 

De los demás, 
Se huelga ó se lamenta 

Del bien y el mal. 
Hace bien el que alivio 

Pide jamás, 
Y busca en sus pesares 

La soledad. 
Bien hace el que disfraza 

Su propio mal; 
Bien hace el que se esconde 

Para llorar. 



II. 

No cruza por la tierra 

Ni surca el mar, 
El que cura los males 

Que el mundo da. 
Búscalo cuando mires 

La inmensidad; 
Piensa en él cuando sueñes 

Un más allá. 
Invócalo si sufres, 

Pídele paz : 
El llena con su aliento 

La soledad. 



16 JUAN DE DIOS PEZA 



En este mundo triste 

Todo es fugaz. 
Nada dura en la vida 

i Todo se va ! 

Y en esta lucha eterna 

Del bien y el mal, 
Solamente los muertos 

Duermen en paz. 
Morir cuando se sufre 

Es descansar... 
No quiere tumba estrecha 

Mi loco afán... 
Para vivir do impera 

La eternidad, 
Quiero, y si Dios es justo 

Me los dará... 
Por pabellón el cielo, 

Por lecho el mar; 

Y allí, mientras las olas 

Vienen y van, 
¡ Sabré que en este valle 

Qué enluta el mal. 
Solamente los muertos 

Duermen en paz I 



EN EL PANTEÓN DE LOS REYES. 

(recuerdos del escorial). 

Eterno sueño profundo 
Duermen en este recinto 
El Gran César Carlos Quinto 
Y el rey Felipe Segundo. 
La vana pompa del mundo. 
Las grandezas de la suerte, 
El rey más noble y más fuerte, 



POESÍAS ESCOGIDAS 17 



¿Qué son ya ? ¡ Polvo y escoria ! 
Recuerdos para la historia, 
Cenizas para la muerte. 

Reyes ayer envidiados, 
Hoy en las hurnas hundidos 
Para la tierra escondidos, 

Y para el trono olvidados : 
¿Qué guardáis de los pasados 
Triunfos que os dieron renombre?. 
Sólo una inscripción, un nombre. 
Expresión de aquella ley 
Que trueca el cuerpo de un rey 
En el cadáver de un hombre. 

¡Ah! sin esas inscripciones, 
Sin el mármol, sin el oro, 
Que son ornato y decoro 
De los regios panteones ; 
Sin cifras y sin blasones, 
Estos sepulcros dejad, 

Y entonces, ¿qué majestad 
Los revestirá? ¡Ninguna! 
Tiene, con distinta cuna, 
Igual fin la humanidad. 

Artístico cementerio. 
Deslumhras con tu esplendor, 
Siendo la gala mejor 
Del antiguo monasterio. 
Con más pctmpa que misterio 
Dejan en ti nobles manos, 
Despojos de soberanos, 

Y tú, soberbio, imponente, 
Los miras indiferente 
Tornarse polvo y gusanos. 

Las reinas que en vida fueron 
Estrellas por su hermosura, 

Y amor, riquezas, ventura 
A su paso recogieron, 

Poesías escoaidas. 



18 JUAN DE DIOS PEZA 



Al rudo golpe cayeron 
Como flores marchitadas, 

Y hoy duermen aquí olvidadas, 
Sin que en sus restos cautivos 
Vengan á buscar los vivos 
Breves grandezas pasadas. 

¡Carlos! ¡Felipe! !Ferdinando! 
¡ Una historia en cada nombre ! 
Cuando aquí penetra el hombre 
Siente que vive soñando... 
Cruza el viento murmurando 
En lúgubre son incierto, 
Como el simún del desierto, 

Y en la alta torre lejana 
Vibra triste la campana 
Como si tocara á muerto. 

Luz tenue frente á una cruz 
Baña el templo sepulcral. 
Que mansión tan funeral 
No necesita otra luz, 

Y envuelto en denso capuz, 
Sin aurora ni arrebol, 
Relumbra el arte español 
En criptas y subterráneos... 

¡ Nunca en los desnudos cráneos 
Brilló bien la luz del sol ! 

Cada sarcófago encierra 
La sola verdad que espanta 
AI que audaz pone la planta 
Sobre la faz de la tierra. 
Ved á estos reyes... aterra 
Su fúnebre majestad; 
Su trono es la soledad. 
Su tesoro, polvo inerte, 
Su obscuro reino, la muerte, 
Su manto, ¡la eternidad I 



POESÍAS ESCOGIDAS 19 



ENTRE RUINAS. 



I. 

Miro el templo en ruinas, 
Roto el frontón, la ojiva cuarteada, 
Revolando las negras golondrinas 
En la anchurosa nave abandonada. 

El sol filtra su rayo amarillento 
Hasta el altar desnudo y solitario, 
Mientras se plañe dolorido el viento 
En los huecos de alto campanario. 

Yace la cruz en tierra 
Junto á la reja gótica del coro, 
Y en medio á tanta spledad que aterra, 
Está sin voz el órgano sonoro. 

¡ En todo, polvo denso, 
Mudas memorias y cenizas frías! 
Como las blancas ondas del incienso, 
Las horas huyen, y se van los días. 

En el ángulo obscuro se levanta, 
Como espectro de llanto y de dolores, 
De la madre de Dios la imagen santa, 
I Ya sin altar, sin himnos y sin flores ! 

¿Quién en los pebeteros que quedaron, 
Calor y aromas á buscar se atreve 
I Los aromas volaron. 
Las ascuas son ceniza helada y leve ! 

Allá en el fondo un lienzo desgarrado 
Ultraja del pincel las maravillas : 
I Ni el arte el ab-andono ha respetado 1 
¡ El rico alféizar se tornó en astillas ! 

Ya el tiempo desprendió del tosco muro 
El cancel, que de polvo se reviste... 
Todo está tan callado, tan obscuro. 
Tan funeral, tan lóbrego y tan triste, 
Que esta terrible soledad advierte : 
I Cómo será la noche de la muerte I 



20 JUAN DE DIOS PEZA 



II. 

Así como este templo abandonado 
Está mi corazón, triste, sombrío, 
Por el dolor tan sólo visitado, 

Y sepulto en la noche delhastío. 
El ara de su fe quedó desierta; 
Ninguna voz á consolarla alcanza ; 

Y está en el polvo muerta 

La diosa á que dio culto la esperanza. 

¡ Oh bóvedas sombrías, 
Símbolos mudos de las penas mías ! 
¡Oh altar que ya sin cirios y sin flores. 
Eres mi corazón con sus dolores! 
Oh soledad estéril y escondida, 
Semejante á las horas de mi vida ! 
¡ Virgen, ayer objeto de ternura, 

Y hoy, en el polvo, inútil escultura! 
¡Triste rumor del vagoroso viento, 
Igual en lo fugaz á mi lamento ! 
¡Quién pudiera, feliz á vuestro abrigo 
Morir abandonado, 

Sin más consuelo amigo 

Que de la obscura noche el beso helado ! 

¡ Sin una sola lágrima de dtjelo, 

Sin oir el <( adiós » de un ser querido ; 

Y asi tornarse polvo sobre el suelo, 

Y perderse en los senos del olvido ! 

Del mal del mundo en las revueltas olas. 
Si mueren el amor, la fe, la calma, 
¡ Qué mayor dicha que morir á solas. 
Cuando ha vivido en soledad el alma! 



POESÍAS ESCOGIDAS 21 



SIEMPRE CONMIGO. 

Símbolo de tu amor inmenso y triste, 
. Guardo el blanco pañuelo 

Que apasionada y trémula me diste 
Empapado en tus lágrimas de duelo. 

Lo recuerdo muy bien : llorabas tanto, 
De tal suerte sufrías, 
¿ Que desde entonces inundó tu llanto 
Mis negras noches y mis tristes días. 

Como el granado en flor, tus labios rojos, 

Ardientes me besaron, 
Y, astros de tu pasión, tus negros ojos 
Hasta el fondo del alma me miraron. 

Al darme de tu llanto aquel tesoro, 

Dijiste conmovida : 
((¡Ay! no me olvides nunca; <(yo te adoro 
Como ninguna te amará en la vida : 

No fuera, si mis penas aliviaras. 
De las que humildes gimen : 
.^ Entonces á un abismo me arrastraras, 

Al más hondo y más tétrico, al del crimen. 

Te he amado con el alma toda entera, 
^ Y alguna vez mi suerte 

Se juntará á la tuya... ¡Dios lo quiera! 
Si no lo quiere Dios, venga la muerte. 

¡Ay! yo por ti he llorado tanto, tanto, 

Que en cambio, no te asombre, 
Te pido como premio de mi llanto, 
Que, cual cantas mi amor, calles mi nombre. 



X. 



Adiós, eres mi dicha y mi tesoro, 
Mi estrella bendecida, 
V No me olvides jamás, porque te adoro 
Como ninguna te amará en la vida. 



22 JUAN DE DIOS PEZA 



/ 



Guarda este blanco lienzo; en mis postreras 

Horas de inmenso hastío, 
He llorado con él : cuando tú mueras. 
Llévatelo al sepulcro por ser mío». 



¡ Ay ! yo, infeliz, desde la noche aquella, 

Guardo el blanco pañuelo 
Que trémula me dio su mano bella. 
Empapado en sus lágrimas de duelo. 

¡ Quiera Dios que, si muero abandonado, 

La mano de un amigo 
Le ate á mi frente, y al sepulcro helado. 
Símbolo de este amor, baje conmigo! ' 



y 



LATIDOS MUDOS. 



Corazón sin amor, corazón muerto. 
Que en lóbrega prisión lates vacío : 
El mundo es para ti campo desierto, 
Sin límite, sin luz, estéril, frío. 

Nunca podrás ornar con frases huecas 
La triste historia del dolor humano. 
¿Qué son tus ilusiones? Flores secas. 
¿Qué son tus esperanzas? Humo vano. 

Sigue marcando rítmico latido 
Que á la vida automática acompaña, 
Fuiste trono, volcán, búcaro y nido; 
Hoy eres, corazón, sólo una entraña. 



POESÍAS ESCOGIDAS 23 



MAGDALENA 



¡Te conocí soñando, Magdalena!... 
Cruzó el revuelto mar de las edades 
Mi espíritu agobiado por la pena, 

Y á orillas del hermoso Tiberiades, 
Sobre los campos del Medjdel desiertos. 
Buscó en la triste soledad abrigo, 

Y te llegó á encontrar y habló contigo 
Con el lenguaje extraño de los muertos. 

De Medjdel á Tell-Hum, ya fatigado, 
Como un ave del mar, doblando el ala, 
Crucé por Dalmanutha y por Bethsado, 
Dejé Caphar y me interné en Magdala. 

El lago estaba quieto, de sus ondas 
Un resplandor tristísimo surgía; 
Los arbustos sin aves y sin frondas 
El viento de la noche sacudía... 

Y en una abrupta roca mal colgada 
Del hoy desierto y misterioso monte 
Te pude ver llorando arrodillada, 
Vuelta la vista al lúgubre horizonte. 
El fugitivo rayo de la luna, 

Como celeste nimbo, tu cabeza 
Bañaba en tenue claridad ; ninguna 
Mujer tuvo más gracia, más belleza. 
Más amarga aflicción, ni más tristeza 
Que las que reflejaba tu semblante, 

Y que en aquellas horas tan tranquilas, 
Miré con esos ojos pupilas 

Que le mostraron el infierno al Dante. 
¿Qué te dije? ¡ No sé ! Caí á tus plantas, 
Vi tu rostro tan dulce ya marchito. 
Tu frente sin color, tu rubio pelo. 
Tus rugosas y lívidas mejillas, 

Y en alto y juntas, demandado al cielo, 
Tus manos descarnadas y amarillas. 



24 JUAN DE DIOS PEZA 



«¿Quién eres?» pregunté. «Turba un momento 

Tu éxtasis de dolor, tu eterna lucha». 

Me viste entonces, y con dulce acento, 

«¡Soy Magdalena!»... respondiste; escucha: 

Yo soy la Magdalena pecadora, 

Por la mano de un Dios regenerada. 

La que hoy disfruta de la eterna aurora, 

Surgiendo del abismo de la nada... 

Bella estatua de barro deleznable. 

En el alma llevando el anatema. 

Mi vida tormentosa y miserable 

Es de la triste humanidad emblema.... 

Entregada al placer, manche las alas 

De la fe, del amor, de la inocencia... 

Prestóme el vicio sus lucientes galas, 

Y sofoqué la voz de la conciencia. 
El velo del pudor rodó deshecho 

A mis pies, que marchaban entre flores, 

Y mil voces en torno de mi lecho 
Cantaron mi belleza y mis amores. 
Rechazé á los que sufren y que gimen, 

Y en mi carro triunfal conduje uncidos 
Con la cadena del amor y el crimen, 
Nobles magnates por mi amor vencidos. 
Mas la materia es frágil ; nada dura 
Fuera de la verdad y la pureza... 
Tiene el placer su noche de amargura, 

Y el torpe amor sus siglos de tristeza 
Como esa voz secreta que nos guía 
Eternamente al bien, y su reproche 
Nos hiere el corazón en pleno día, 

Y nos perturba el sueño en cada noche : 
Otra voz celestial movió en mi pecho 
La escondida virtud, voz bendecida 
Que al corazón en lágrimas deshecho 
Le abrió las sendas de la nueva vida. 

Y en vez del odio y del rencor profundo, 
Dióle ternura, compasión, consuelo, 



POESÍAS ESCOGIDAS 25 



Y en vez del goce efímero del mundo, 
La eterna dicha en prometido cielo... 
Esa voz la escuché del Dios Humano 
En un triste rincón de la Judea... 
Tocó mi frente con su augusta mano; 
Tu culpa, dijo, perdonada sea. 

Y llorando á sus pies, todos mis males 
En bienes se tornaron con su nombre... 
¡Yo he visto al Redentor de los mortales! 
¡ He oído la palabra del Dios Hombre ! 
Nada hay más grande, sabio ni profundo; 
Todo á su paso vive y se levanta... 
El sol, los astros, cuanto abarca el mundo. 
Son pobres pedestales de su planta. 

¡Yo soy la humanidad culpable y ciega 
Que al vicio y al error himnos entona... 

Y al fin busca á su Dios, su fe le entrega, 

Y ese Dios la redime y la perdona ! 



Soy la mujer culpable, arrepentida, 
Que, soñando alcanzar paz y ventura. 
Vuelve un Jordán de lágrimas su vida, 
Y en ellas lava su conciencia impura». 



MYGDALIA. 



A RAFAEL DE ZAYAS ENRIQUEZ. 

No te la puedo describir; quisiera 
Todo el brillo del sol al medio día, 
Todo el matiz del campo en primavera, 
Los tumbos todos de la mar bravia ; 

Los tintes de los vírgenes boscajes, 
Del iris los magníficos colores, 
Octubre con sus toldos de celajes, 
Y Mayo con sus túnicas de flores. 



26 JUAN DE DIOS PEZA 

No te la puedo describir, ni tienes 
De su hermosura corporal, idea; 
Le falta el lauro helénico á sus sienes, 
Que humillan las de Venus Citerea. 

En su pecho de mármol cincelado 
Los odios no hallarás ni las envidias, 
Que en sublime consorcio le han formado, 
Psyquis el alma, y la materia Fidias. 

Hasta el aire se aduerme en su re'gazo, 
Cuando no queda entre sus rizos preso ; 
Dios su talle formó para el abrazo, 

Y Satanás su boca para el beso. 

De pie sobre un altar, ella tendría 
La majestad y el cuello de la diosa: 
De pie sobre un jardín, ella sería 
Oropéndola, lirio ó tuberosa. 

Tiene esa reina, que tornó su esclava, 
Con dardos de pasión el niño ciego. 
Venas azules que desbordan lava, 

Y ojos que miran desbordando fuego. 

Su hablar cautiva, su mirar provoca ; 
Es unas veces fiera y otras niño; 
Es de viviente púrpura su boca, 
Como es su piel de palpitante armiño. 

Esta pasión que se difunde ardiente, 
Calcinando mi ser no es un arcano ; 
Es un bólido rojo, incandescente, 
Que surge y cae en el cerebro humano. 

Cuando ella no me ve, yo la persigo ; 
Me mira, y en bondad torna mi encono. 
Cuando otros la bendicen, la maldigo; 
Cuando otros la condenan, la perdono. 

Si llegara á juntarnos el destino. 
Formáramos los dos contraste eterno : 



POESÍAS ESCOGIDAS 27 



Ella cual la virtud, del cielo vino; 
Yo, con mis penas visité el infierno. 

Ella es la roja nube orlada en oro 
Que en el lecho del sol flotando crece; 
Va muy alta, muy alta, y yo la adoro ; 
Subo, llego, la toco, y desparece. 

La acompaña un verdugo: el sentimiento; 
La domina una maga : la ternura ; 
Ha vivido en un antro : el sufrimiento ; 
Paga un crimen innato : la hermosura. 

Nada en ella es vulgar; nada la engríe; 
Odia la compasión; si sufre, canta; 
Siempre que tiene que llorar se ríe, 

Y esa risa con lágrimas me espanta. 

Me atrae, me vence ; tiene á sus antojos 
Mi voluntad humana sometida; 
Una chispa del rayo de sus ojos 
Es un sol en los cielos de mi vida. 

Si fuera un monstruo la adorara ciego; 
Mujer, esclavo soy de tu hermosura; 
Sólo la muerte apagará este fuego 

Y esta pasión que en'gendra la locura. 

Desatar estos lazos con el rudo 
Viril esfuerzo del poder del hombre, 
Imposible será : Dios hizo el nudo. 
¿Qué importan gloría, porvenir ni nombre? 

Si al mismo tiempo hasta ol dintel llegamos 
De ese abismo en quq todo se derrumba, 

Y en una misma tumba reposamos, 
¡ Un tálamo nupcial será esa tumba ! 



28 JUAN DE DIOS PEZA 



CONFIDENCIAS Á UNA ESTRELLA* 

Sigue, sigue, blanca estrella, 
Por el cielo en que naciste, 
Sin dejar ninguna huella... 
Siempre te hallaré más bella. 
Siempre me verás más triste. 

Hoy vengo con mi dolor. 
Cual antes feliz venía; 
Mas ya nunca, astro de amor, 
Ceñirás con tu fulgor 
Ni su frente ni la mía. 

Tú cruzas por ese cielo, 
Dando con tu luz la calma ; 
Yo cruzo por este suelo, 
Llevando en mi desconsuelo 
Llena de sombras el alma. 

Dame, dame tu luz bella; 
Que en esta alma sin amor, 
Tú sorprenderás, estrella. 
En cada nube una huella, 

Y en cada huella un dolor. 

Tú que has escuchado el canto 
De mi primera pasión, 
Acompaña mi quebranto, 

Y alumbra el amargo llanto 
Que brota del corazón. 

¡ Horas del primer cariño ! 
Tú las miraste lucir. 
Cuando ante tu luz de armiño. 
La niña en brazos del niño 
Soñaba en el porvenir. 

¡ Dulce amor ! ¡ grata creencia I 
I Blanca luz ! ¡ delirio ardiente ! 
¿Por qué huyes de la existencia, 
Cuando una dura experiencia 
Va marchitando la frente? 



POESÍAS ESCOGIDAS 29 



j Aquellos goces extraños, 
Aquel esperar en Dios, 
Sin recoger desengaños, 
Aquel pasar de los años 
Sin perturbar á los dos I 

Todo, todo, blanca estrella, 
Tu tibia luz alumbró; 
¡ Edad de sueños aquella, 
Envidiable, dulce, bella. 
Que para siempre se huyó ! 

Clelia, al espirar el día, 
Por estos sitios vendrá, 
Ya no como antes venía. 
Que aquella alma que fué mía, 
Pertenece á otra alma ya. 

Antes ¡ ay ! ¡ cuánto embeleso ! 
Sollozando de placer, 
Dejaba en mi frente un beso; 
Por eso, estrella, por eso 
No quiero volverla á ver. 

Ahora, dulce y cariñosa, 
En otro sus ojos fijos, 
Tendrá su boca amorosa 
La majestad de la esposa 
Para besar á sus hijos. 

Con tus rayos blanquecinos. 
Alumbra siempre su hogar; 
Aparta nuestros caminos, 
Y haz que sus ojos divinos 
No aprendan nunca á llorar. 

Si sigues tú, blanca estrella, 
Por el cielo en que naciste. 
Sin dejar ninguna huella... 
Siempre te hallaré más bella. 
Siempre me verás más triste. 



30 JUAN DE DIOS PEZA 



j-'LA ULTIMA CITA 

Recuerda la vez aquella : 
Mi labio encendido al tuyo, 
La noche apacible y bella, 
En cada nube una estrella, 

Y en cada flor un cucuyo. 

Llena de rubor, de miedo, 
Junto de mí te veía, 

Y hablabas quedo, tan quedo, 
Qué sólo yo saber puedo 

Lo que tu alma me decía. 

Quiero olvidar, pero en vano. 
Ese instante soberano 
De nuestra antigua pasión; 
Libro que dejó tu mano 
Escrito en mi corazón. 

¡ Una flor y un sol de estío ! 
Al calor del desvarío 
Abriste tu alma esa noche. 
Para guardar en su broche 
Todo el sentimiento inío. 

¡Cómo olvidar que, rendida 
Al más amargo quebranto, 
Trémula, triste, afligida, 
Con la faz descolorida, 
Llenos los ojos de llanto; 

Como el que al dolor resiste 
Como el que oculta un pesar, 
Alzaste el rostro me viste 

Y escuché un adiós tan triste, 
Que no lo puedo olvidar. 

Era la revelación 
De una triste decepción. 



POESÍAS ESCOGIDAS 31 



De una ausencia que sería 
La sombra que apagaría 
Los sueños del corazón. 

¡Ah! ¡separarnos los dos, 
Cuando uno del otro en pos, 
Hallaba ventura y calma!... 
¡Qué triste sonó en el alma 
Aquella palabra : ¡Adiós! 

I Ver aislada una existencia 
Que se había en otra fundido ; 
Arrebatarle su esencia; 
Darle una sombra la ausencia; 
Darle un s^ulcro el olvido ! 

Era cual libro ignorado 
Nuestro sino desgraciado. 
Amar, y después... sufrir, 
Ser un alma en el pasado, 
Y dos en el porvenir. 

Con tu adiós dejaste mudo 
Al corazón que allí pudo 
Oirlo, sufriendo ya; 
Era el último saluao 
Del que nunca volverá. 

¿Qué hice al o>te? Confieso 
Que tan amargo dolor 
Aun queda en alma impreso. 
¡ Qué triste es juntar á un beso 
Un adiós desgarrador! 

Me deslumhraba tu encanto; 
Al mirarnos, nuestro ser 
Era un astro, un fuego santo. 
i Qué triste es mirarse tanto. 
Para no volverse á ver I 

Nada huye del pensamiento : 
¡Qué horrible fué aquel momento 



32 JUAN DE DIOS PEZ A 



Que nos vino á separar ! 
Cada frase era un lamento, 
Cada suspiro un pesar, 

Y vi cómo te alejabas, 
Y cómo, el aire, dejabas, 
Un alma donde hubo dos... 
Si era verdad que me amabas, 
¿Por qué me dijiste adiós ? 



^ I CREE I 

¡ Qué dulces pasan junto á ti las horas ! 
¡ Ay ! si supieras lo que tú me inspiras ! 
¡ Si vieras cómo sufro cuando lloras, 

Y cómo tiemblo cuando tú suspiras ! 

Estando junto á ti, mi pensamiento 
Es todo luz, y fuego, y ¿armonía, 

Y un raudal de ternura y sentimiento 
Hay en mi voz para llamarte mía. 

Y siento cómo el alma enamorada 
Tierna acaricia su ilusión ardiente. 
Cuando baña la luz de tu mirada 
Con dulces r'iyos de pasión mi frente. 

Tus miradas de amor y de ternura 
Ningún pincel á retratar alcanza ; 
Sólo en ellas contemplo la ventura. 
Sólo ellas me retratan la esperanza. 

Nos amamos ¿verdad? Está cubierto 
Nuestro amor por el cielo de dos almas, 
Como un rayo de luz en el desierto 
Se pierde entre las sombras de dos palmas. 

Y ¿es posible que llores? El quebranto 
Te llena de letal melancolía. 

¿Y dudas j ay ! cuando te adoro tanto, 
Cuando en ti cifro la ventura mía? 



POESÍAS ESCOGIDAS 



33 




- Solos los dos, amándonos arátóntes, 
Sin más testigo que la blanca luna, 
Que alumbraba, bañando nuestras frentes. 
Dos existencias palpitando en una. 

Ausencia — 



Poesías escogidas. 



Ik^ 



34 JUAN DE DIOS PEZA 



¡ Si te pudiera devolver la calma 
Que antes defamarnos te arrulló tranquila, 
Y pudiera secar la luz de mi alma 
La lágrima que empaña tu pupila!... 

Mi labio en sueños con amor te nombra : 
No dudes de ese amor que el pecho inflama 
Porque la duda, Carmen, es la sombra 
Que en nuestras alma el temor derrama. 

No dudes, porque tú eres de mi vida 
La tínica luz que me dará consuelo, 
La estrella de esperanza que convida 
A no apartarse nunca de su cielo. 

Unamos nuestra vida y nuestra suerte. 
Que nunca tu alma ante el dolor sucumba. 
¿Separarme de ti? Sólo la muerte. 
¿Privarte de mi amor? sólo la tumba. 



^ 



AUSENCIA* 



Aunque jamás mi corazón abriga 
Miedo al dolor, ni se rindió al quebranto, 
Hay una herida en mi alma que me obliga 
A humedecer mis párpados en llanto. 

¡ Qué débil soy ! En vano he procurado 
Callar la voz que en mi interior resuena ; 
Esa voz de las tumbas que ha brotado 
En una noche de recuerdos llena. 

¿Te acuerdas de esa noche? Conmovida 
Me mirabas, hablando de ventura, 
Y borrabas del libro de mi vida 
Con tus besos las hojas de amargura. 

¿Te acuerdas? ¡Cuántas ilusiones bellas 
Formaron á la luz de nuestro anhelo! 
¡Cuántas frases oyeron las estrellas 
Sonar cruzando la extensión del cielo ! 



POESÍAS ESCOGIDAS 35 

Solos los dos. amándonos ardientes, 
Sin más testigo que la blanca luna, 
Que alumbraba, bañando nuestras frentes, 
Dos existencias palpitando en una : 

Amándonos los dos con la creencia 
De nunca separarnos en el mundo, 
Sin esta tempestad en la conciencia, 
Que torna en llanto nuestro amor profundo. 

De aquella noche que dejó en nuestra alma 
Una historia de amor y desvarío, 
Parece hoy que la atmósfera de calma 
Vuelve á juntar tu corazón y el mío. 

Me acuerdo de las nubes azuladas 
En el brillante cielo suspendidas 
[> De sus horas de lentas campanadas. 
De tus promesas dulces y queridas. 

Me acuerdo de tu aliento soberano, 
Que abrasaba mis labios con su fuego 
Y de tu mano que estrechó mi mano 
Como queriendo contestar á un ruego. 



Y hoy, ausentes, sin vernos, sin que pueda 
Oir tu voz. ni contemplar tus gracias ; 
Sin enjugar la lágrima que rueda 
De cada una de todas mis desgracias. 

¡ Ay ! ven : que rompa tu pasión los velos 
Que hoy nos apartan, y mi angustia cese; 
Ven, que haré de cada astro de los cielos 
Un ángel que te cuide y que te bese. 

No consientas que sufra ; yo te llamo, 
'Ven á alumbrar mi lóbrega existencia ; 
Tú sabes que soy tuyo y que te amo 
rComo el tínico Dios de mi conciencia. 

Tú, la amorosa y única testigo 
De mi honda pena y de mi suerte impía 



36 JUAN DE DIOS PEZA 



Ven, porque sufro; ven, y halle contigo 
Dulce consuelo en la desgracia mía. 

l>a flor de nuestro amor guarda en su broche 
Un mundo de pasión y bienandanza, 
Ven, y encendamos como aquella noche 
Un nuevo astro de amor y de esperanza. 



EN LAS RUINAS DE MITLA 

A MI MUY QUERIDO AMIGO ROSENDO PINEDA. 

Le temps n'outrage que l'homme. 

Maravillas de otra edad; 
Prodigios de lo pasado; 
Páginas que no ha estudiado 
La indolente humanidad 
¿Por qué vuestra majestad 
Causa entusiasmo y pavor? 
Porque de tanto esplendor 
Y de tantas muertas galas, 
Están batiendo las alas 
Los siglos en derredor. 

Muda historia de granito 
Que erguida en pié te mantienes, 
¿Qué nos escondes? ¿Qué tienes 
Por otras razas escrito? 
Cada inmenso monolito. 
Del arte eximio trabajo, 
, ¿Quién lo labró? ¿Quién lo trajo 
A do nadie lo derriba? 
Lo saben. Dios allá arriba. 
La soledad aquí abajo. 



POESÍAS ESCOGIDAS 37 



Cada obelisco de pié 
Me dice en muda arrogancia : 
Tú eres dudas é ignorancia, 
Yo soy el arte y la fe. 
Semejan de lo que fué 
Los muros viejos guardianes... 
¡Qué sacrificios! ¡qué afanes 
Revela lo que contemplo ! 
Labrado está cada templo 
No por hombres, por titanes. 

En nuestros tiempos, ¿qué son 
Los ritos, usos y leyes, 
De sacerdotes y reyes 
Que aquí hicieron oración? 
Una hermosa tradición 
cuya antigüedad arredra; 
Ruinas que viste la yedra 
Y que adorna el jaramago; 
¡ La epopeya del estrago 
Escrita en versos de piedra ! 

Del palacio la grandeza; 
Del templo la pompa extraña ; 
La azul y abrupta montaña 
Convertida en foltaleza; 
Todo respira tristeza, 
Olvido, luto, orfandad; 
¡ Aún del sol la claridad 
Se torna opaca y medrosa 
En la puerta misteriosa 
De la negra eternidad ! 

Despojo de lo ignorado. 
Busca un trono la hoja seca 
En la mutilada greca 
Del frontón desportillado. 
Al pénate derribado 






38 JUAN DE DIOS PEZA 



La ortiga encubre y escuda ; 
Ya socavó mano ruda 
La perdurable muralla.... 
Viajero : medita y calla... 
I Lo insondable nos saluda ! 

Sabio audaz, no inquieras nada. 
Que no sabrás más que yo : 
Aquí una raza vivió 
Heroica y civilizada ; 
Extinta ó degenerada, 
Sin renombre y sin poder, 
De su misterioso ser 
Alquí el esplendor se esconde 
Y aquí sólo Dios responde 
¡Y Dios no ha de responder! 



AL AHUEHUETE 

DE SANTA MARÍA DE TULE. 

¡Con qué pompa á la vista te presentas, 
Titán de estas risueñas soledades ! 
Si sacuden tu copa las tormentas 
Sollozan en tus ramas las edades. 
¿Qué te puedo decir? Inspiras tanto 
Que á mí me basta recoger tu nombre 
Y darte mi mutismo como canto ; 
i Junto á un árbol así, nada es el hombre ! 



POESÍAS ESCOGIDAS 



AL CALOR DEL HOGAR. 



EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORA CUEVAS DE ESTEVA. 

Yo no canto castillos con aventuras 
Ni conozco donceles con armaduras ! 
Son temas para bardos de tierra extraña. 
¡ Me conforman las selvas nuevas y puras 
Que sin castillos tiene la Nueva España! 

Antaño, en la callada noche sombría, 
Cantaban con profunda melancolía 
Los del amor heraldos y paladines, 

Y prestaba hospedaje la celosía 

Al eco de sus guzlas y mandolines. 

Esos heraldos fueron los trovadores : 
Peregrinos sin rumbo, de los amores; 
Esmaltan la Edad Media sus tristes huellas. 
En la que son sus quejas y sus dolores 
Orgullo y regocijo de las doncellas. 

Cerca de la poterna, bajo el almete, 
Al pie de los aleros del minarete, 
Burlando los escudos en la oriflama, 
Dijeroñles mil veces : « no cantes, vete ; 
El puñal de mi dueño sangre reclama » 

Y el trovador cantando dulces canciones. 
Movió en los ballesteros los corazones, 

Y de peligro horrible saliendo ileso, 
Huyó sin ver el fausto de los salones, 
Ni recoger en premio furtivo beso. 

Ya no existen aquellos tristes poetas 
Que en los feudos buscaban citas secretas ; 
Los de un Rey, una dama y un Dios eterno... 
Hoy es otro el estilo y otras las metas, 
Amor, gloria, esperanza... ¡todo es moderno I 



40 JUAN DE DIOS PEZ A 



Hoy decimos : « es oro lo que oro vale », 

Y la virtud es astro que sobresale ; 

¡ La virtud toda gracias, toda noblezas I 
La virtud que no hay jova que se le iguale, 
Por ser la más preciada de las riquezas! 

Yo, trovador sin guzla ni pompa vana, 
Ave de las que pueblan la selva indiana, 
A ti, de mil virtudes hospedadora, 
No en minarete ojivo ni alta ventana. 
Sino en tu hogar tranquilo, canto, señora. 

Yo no busco el portillo ni los cerrojos 
Que en ciudades moriscas daban enojos ; 
Tu casa, de la dicha guarda raudales, 

Y el zaguán de esa casa vale á mis ojos 
Más que el portón herrado de los feudales. 

Yo sé que sólo estimas por regocijos. 
Tener sobre esa casa tus ojos fijos. 
Velar todas sus horas con santo empeño, 
Siendo un ángel de guarda para tus hijos. 
Como eres una diosa para tu dueño. 

Yo no sé si es de raso tu rico traje 
Ni si en áurea carroza te espera el paje : 
Yo sé que tu amor santo te da la calma : 
Que tu hogar es un cielo cuyo celaje 
Es la virtud que encierras dentro del alma. 

Sé que tú eres la madre más amorosa, 
La perfecta cristiarja, la dulce esposa 
Que con blandas ternuras das fe y aliento : 
¡Cómo quieren que cante tu faz hermosa. 
Si más hermoso tienes el pensamiento! 

Dios te dé larga vida, bella señora, 
Para bien de los hijos que tu alma adora, 
Que llegues á mirarlos peinando canas, 

Y que puedan entonces ¡ ay ! como ahora 
Sentir tu casto beso por las mañanas. 



POESÍAS ESCOGIDAS 41 



t SIN SOBRE. 

f 

Abro tu carta y reconozco ufano 
Tu letra fácil, tu dicción hermosa; 
Ttí la trazaste con tu propia mano 
Pues el papel trasciende á* tuberosa. 

Al escribirla estabas intranquila 

Y ya estoy sospechando tus desvelos 
Los médicos jne han dicho, que vacila 
El pulso concia fiebre de los celos. 

Veo tus líneas torcidas, descuidadas, 

Y esto halaga mis propios pareceres 
Porque sé que no estando enamoradas 
Nunca escriben sin falsa las mujeres. 

; Con el arrojo de tus veinte abriles, 
Has escrito un aumento que me mata! 
Siempre ha sido en las cartas femeniles 
Importante ó terrible la post data. 

No me vuelvas á ver. Ya no te quiero, 
Esto me dices con desdén profundo : 
Yo traduzco : ven pronto, que me muero. 
De algo me sirve conocer el mundo. 

Dices que consolando tu tristeza 
Vas al campo á llorar penas de amores, 
Así podrá tener Naturaleza 
Coronas de diamantes en las flores. 

Pero no viertas llanto por tus penas 
Que siempre se evaporan bajo el cielo; 
Las lluvias, del desierto en las arenas, 

Y el llanto, entre las blondas del pañuelo. 

Las horas de silencio son tan largas, 
Que comprendo la angustia con que gimes ; 
Las verdades del alma son amargas, 

Y las mentiras del amor, sublimes. 



42 JUAN DE DIOS PEZA 



Inquieres con tesón si á cada instante 
Busco tu imagen ó su culto pierdo. 
¿Dónde está, niña candida, el amante 
Que diga en estas cosas : no me acuerdo P 

Quien convertir pretenda de improviso 
El amor terrenal en culto eterno, 
Necesjta labrar un Paraíso 
Sobre la obscura cima del infierno. 

¿Ves ese Sol que llena de alegría 
El cielo, el mar, el bosque y las llanuras? 
El trae á los mortales cada día 
Nuevas dichas y nuevas amarguras. 

Cada alma tiene libro que atesora 
sus afectos en él. sin vano alarde; 
I Cuánto nombre se agrega en cada aurora ! 
¡ Cuánto nombre se borra en cada tarde ! 

¿Quién sabe por qué anhela lo que anhela? 
¿Quién será siempre el mismo, siendo humano? 
Dicha, amor, esperanza, todo vuela 
Sobre este amargo y turbulento Océano. 

Y así preguntas con afán sincero : 
¿Por qué me quieres?... voy á responderte : 
Yo te quiero, mujer, porque te quiero; .1 
No tengo otra razón para quererte. I) 

¿Tú te conformarás con tal respuesta, 
Que de mi propio corazón recibo? 
Tal vez la encuentres sin razón ; pero ésta 
Es la única razón por qué te escribo. 

Que yo no vuelva á verte... me propones 
Y aunque mi mente vacilando queda. 
En vista de tu sexo y tus razones 
Allá iré lo más pronto que se pueda. 



FIN DE LA PRIMERA PARTE. 



PARTE SEGUNDA 



EL ARPA DEL A/HOR 



f 



I 



V 



HORAS DE PASIONo 



I. 

¡Mis versos perdona! 
¡Si van atrevidos tu sueño a turbar! 
No pido á la gloria su augusta corona ; 
A mi alma le basta la idea de amar. 

, ¡Mujer encantada! 

Tú vas de venturas y goces en pos, 
Yo sigo en la tierra mi triste jornada ; 
Por sendas opuestas marchamos los dos. 

Estrellas y flores 
Tu cielo y tu mundo matizan doquier; 
Mis versos te llevan mis sueños de amores 
Levanta en mis sueños tu altar de mujer. 

Serena y hermosa, 
Ni lágrimas viertes ni sabes sufrir; 
Es tuyo este libro, mi espléndida diosa, 
¡Adiós! que sus dichas te dé el Porvenir. 

Errante viajero 
Mi senda regando con lágrimas voy ; 
Mañana ¿qué importa saber que me muero? 
¡Adiós! con mis versos el alma te doy. 



44 JUAN DE DIOS PEZA 



II. 

Yo busco, yo quiero 
Un ser que comprenda mis sueños de amor; 

Lo busco, lo espero, 
Yo soy un oriente que aguard» su sol. 

¡Caricias sin nombre! 
¡Ay^ sí! ¡de carisias me abrasa la sed! 

¡ Feliz aquel hombre 
Que en nubes y rosas convierta el pkcer! 

Arcángel que arrojas 
En olas de besos tu aliento á mi faz; 

Son tuyas mis hojas 
Mi vida es tu ofrenda, mi libro tu altar. 

Escúchame, siento 
No sé qué infinito misterio en mi ser; 

Deten, pensamiento, 
Tus abs que llevan mi culto y mi fe. 

Mis versos han sido 
Escritos en horas de dicha y amor; 

En mi alma han crecido 
Las flores que hoy buscan el aire y el sol. 

Si sueñas ventura, 
Si quieres viviendo sentir y gozar, 

Tan bella y tan pura, 
No dejes al mundo tus alas manchar. 

Yo sigo tu vuelo. 
Errante gaviota, mi mundo es tu amor, 

Te sigo en tu cielo, 
¿No siguen los astros la marcha del sol? 

Yo sueño muchas dichas. 

Yo espero muchos goces, 
Los goces infinitos 

de un amor ideal : 
Yo te amo como se aman 

Los seres de otros mundos. 



POESÍAS ESCOGIDAS 45 



Con un amor del cielo, 

Sereno é inmortal. 
Me basta que me mires, 

Me bajta tu sonrisa, 
Para esperar confiado 

La paz del porvenir; 
Eres como un ensueño 

Que flota eternamente. 
Sobre este ser que alienta 

Y existe para ti. 

IV. 

Miré en mis sueños un ángel 
Al través de una ilusión; 
Trayendo en el alma un cielo 

Y en las miradas un sol; 
El sol para mi camino, 

¡Y el cielo para mi amor! 
Despierto y me hallo contigo 

Y en ti presintiendo á Dios, 
Eres tú el ángel, exclamo, 
Que en sueños miraba yo, 
Tú tienes un boI y un cielo 

Y entre tu cielo y tu sol, 
Debe juntar el destino 
El porvenir de los dos. 



Vivir así como vivo, 
Sin cansarme de esperar 
Unas venturas sin nombre, 

Y una*? dichas que vendrán. 

Sentir así como siento. 
Una pasión inmortal, 
Que apenas cabe en el alma, 

Y siempre en el alma está. 

Gozar así como gozo, 
Lejos de la realidad, 



46 JUAN DE DIOS PEZA 



Con esas dichas del sueño 
Que mueren al despertar. 

No hay más amarga existencia, 
Más amargura no hay, 
Vivir como yo sin vida, 
Tener goces sin gozar, 
Siempre esperando, esperando, 
Lo que esconde el más allá. 

VI. 

Olas de besos manda tu aliento 
Olas de dicha da tu pasión; 
Es todo un mundo tu pensamiento 
Y un mar de amores tu corazón. 

¡Ay! ¡y no basta mi amor profundo 
Para que mi alma pueda alcanzar 
Vivir tranquila sobre ese mundo, 
Morir dichosa sobre ese mar! 

VIL 

Algo hay sobre tu frente más sereno; 
Algo dentro de tus ojos más azul ; 
Algo impalpable, mágico, divino, 

Como los sueños, 

Como las dichas. 

Como la luz. 
Algo hay dentro mi mente más inquieto; 
Algo más «muerto está en mi corazón. 
Algo terrible, tétrico, ignorado, 

Como las quejas, 

Como las sombras, 

Como el dolor. 
Fueron ayer un mundo nuestros sueños 
Sólo ruinas y lágrimas son hoy, 
¡Mañana habrán pasado en nuestras almas 

Como un sollozo. 

Como un suspiro, 

Corno un adiós! 



POESÍAS ESCOGIDAS 47 



VIII. 

Tú eres dichosa, tu nunca lloras, 
¡Ay! tú no sabes lo que es llorar; 
Sobre tu vida pasan las horas, 
•Come las nubes sobre la mar. 

Yo sufro y sufro porque te quiero, 
¡Ay! nunca sepas tierna querer; 
En los abismos donde me muero. 
No hay un instante para el placer. 

Cuando el destino roba inclemente 
Todas sus flores á la ilusión, 
El hielo nace sobre la frente, 

Y es un cadáver el corazón. 

IX. 

Tienes los ojos muy bellos, 
Tus dulces labios muy rojos, 
Muy rizados tus cabellos, 
Y mi alma prendida en ellos. 
Va á tus labios y á tus ojos. 

X. 

Yo sufro y tú lo sabes... aunque quiero, 
Ocultar mi dolor no tengo calma. 
Cada queja es un 'grito lastimero 
Empapada en las lágrimas del alma. 

Te amo como ama en nuestra fértil tierra 
El ave errante que en la selva mora, 

Y este sagrado amor que el alma encierra 
Canta en mi lira y en mis ojos llora. 

Te amo con esa fiebre bendecida 
Que besos da para cubrir tus huellas, 
Que se derrama en flores en mi vida. 
Que en mi cielo se cubre con estrellas. 



48 JUAN DE DIOS PEZA 



Si tú lloras á solas, si no tienes 
La fuerza en el dolor, cual yo, bien mío, 

Y si las flores que pisando vienes 
Lágrimas sólo tienen por rocío, 

Ahogaré con mis sueños tu quebranto, 

Y mi ser que al mirarte se arrodilla 
Pondrá sus labios, al beber tu llanto, 
Trémulos de pasión en tu mejilla. 

i Tu amor será mi sol ! su r^yo vivo 
Rasga todas mis sombras de amargura ; 
Eres bella y feliz, yo soy altivo. 
Dios unió la altivez á la hermosura. 

¡ Habíame como me hablas ! que tu acento 
Penetre cariñoso en mis oídos, 

Y que abrase en su llama el pensamiento 

Y que embriague de amor á mis sentidos. 

¡Mírame como miras! con dulzura. 
Con la dulzura de tus lindos ojos, 
Mientras sonríen ardiendo de ventura 
Palpitantes de amor tus labios rojos. 

Me siento todo tuyo, no te asombre; 
¿Qué hay en mi ser que para ti no sea? 
Desde mi débil corazón de hombre 
Hasta mi santa y postrimer idea. 

Te soy todo esperanza, luz, consuelo. 
Dicha y afán de un alma enamorada; 
Mi alma para vivir buscaba el cielo, 

Y tú le das un cielo en tu mirada. 

Vivo para adorarte, mi existencia, 
Mis ilusiones todas, mis delicias. 
Buscan en el altar de tu inocencia 
La gloria y el calor de tus "caricias. 

Esclavo de tu mágica belleza 
Rindo mi corazón á tus amores, 
Mientras alzas tu espléndida cabeza, 
Astros vertiendo y derramando flores. 



POES 



ÍÁS ESCOGIDAS 49 



i 



En sueños veo tu imagen, y temblando, 
He llegado á sentir ¡ falso embeleso ! 
Que tú me miras, que estoy te hablando, 
Que me arrodillo y que me das un beso. 

¡Perdóname! ¡Perdóname! El delirio 
Me llega á engañar! tantos agravios, 
Tanto inmenso dolor, tanto martirio 
^¿No llevarán mis labios á tus labios? 

XI. 

Mi alma tiene misterios que á ninguno 

Es dado conocer. 
Ellos sobre mis horas más tranquilas 

Vierten gotas de hiél! 
Nunca me lo preguntes... ¡ni yo mismo 

los quisiera saber! 



XII. 



Guardo una flor que, llena de perfume. 
Me arrojaste al pasar; 
Solitaria en mi estancia se consume 

Y h hallaré marchita al despertar. 

Aun vive y ya me llena de tristeza 
Mi sacrosanta flor : 
Como acaban su aroma y su belleza 
¿Tendrá al fin que acabarse nuestro amor? 

XIII. 

Si la muerte del mundo te arrancara 

Y en el mundo y sin ti quedara yo. 
Aun pasados los años te encT)nírara 
Muerta en la tierra, en mi memoria no. 

Si hay un cielo de paz sobre mi suerte 
Cuya aurora mi infancia iluminó, 
Dime tú, si estaré tras de la muerte 
Vivo en mi cielo ; ¡ en tus recuerdos no I 
jesias escogidas. 



50 JUAN DE DIOS PEZA 



XIV. 

Ya se apagó tras el monte 
El postrer rayo del día 

Y extiende la noche umbría 
Su mano en el horizonte. 

Melancólicas y bellas 
Tenue fulgor derramando, 
En el espacio temblando 
Aparecen las estrellas. 

Callan todos los rumores, 
Gimen las brisas suaves, 

Y mientras duermen las aves 
Se van cerrando las flores. 

Huye de mi alma el dolor 

Y entre dichas seductoras. 
Vuelven á sonar las horas 
De los ensueños de amor. 

Ven á hablarme; ya te espero.. 
Estando á solas conmigo ; 
El cielo será testigo 
De lo mucho que te quiero. 

Yo te daré la ternura 
Que hay en mi alma enamorada. 
Ven mi virgen, ven mi amada, 
A volverme la ventura. 

¿Qué me importa el arrebol 
De la tarde ? ¿qué la aurora ? 
Para el alma que te adora 
Eres el cielo y el sol. 

Mira mis ojos ; en ellos 
Retrataré tu sonrisa, 
Mientras que besa la brisa 
Los rizos de tus cabellos. 



POESÍAS ESCOGIDAS 51 



Ven, Dios que es todo bondad 
Vela nuestro amor profundo, 
Y ese amor hace en el mundo 
De una hora, una eternidad. 

No temas... hay en 'os dos 
Un alma, una fe, un anhelo; 
Si está en el amor el cielo 
Está en nuestras almas Dios. 



XV. 

La tarde muy serena, 
El cielo muy azul ; 

I. a atmósfera está llena 
De aromas y de luz. 

Tiene mi pecho, vida; 
Mi vida, juventud; 

Mi juventud un culto 

Y una esperanza... tú. 



^P XVI. 

'^^Si mi alma fué para sufrir nacida 

¿Quién así pudo contrariar mi suerte? 

Si estaba en el doter desfallecida, 

¿Quién la arrancó de manos de la muerte? 

Tú, que al cruzar los campos de mi vida 

Me diste la ventura al conocerte. 

Tu amor da luz al porvenir incierto 

Y borra mi pasado tenebroso, 

Y al corazón para las dichas muerto. 
Lo vuelve apasionado y vigoroso : 
El mundo ayer me pareció desierto 

Y hoy, a' pensar en ti, lo encuentro hermoso. 

XVIL 

Sonó la media noche y solo en mi aposento 
Tu amor llenaba inmenso, mi triste pensamiento, 
Y solos y ya juntos hablábamos los dos. 



52 JUAN DE DIOS PEZA 



¡Ah! tú traías belleza y dichas y ternura; 
Yo duelos y pobrezas, dolores y amargura, 
Toda la suerte horrible que pesa sobre mí; 
Hablamos una historia de amor y de ventura. 
Escijchala, fué así : 
— Yo te amo, dijiste con dulcido acent®; 
Comparto contigo la pena, el tormento, 
Yo soy la que sueña tu fiel corazón, 
Te traigo tus gratas soñadas delicias, 
Sonrisas, suspiros, sollozos, caricias, 
Todo eso que llaman los hombres : pasión. 

Yo sé que tú sufres, yo sé que tú lloras, 
Que ves cómo pasan veloces las horas 
Sin que ellas te traigan consuelo ni paz; 
Yo sé que de niño tus ojos no vieron 
A un ser adorado. Callaste y corrieron 
Dos gotas de llanto quemando tu faz. 

Yo sé que tú sufres ocultos dolores, 
Yo sé que no tienes estrellas ni flores, 
Y sé que me adoras y vengo hasta tí. ^^ 

¿Me juras amarme? /\ 

— Mi amor es de duelo. 
— Te traigo en mis brazos las dichas del cielo. 
Yo soy tu adorado; tú vives en mí. 



y 



Responde : ¿me quieres, me buscas, me llamas. 
Me sueñas, me invocas, me sigues, me amas, 
Formamos un alma tan sólo los dos? 

— ¡ Ah, sí ! yo te quiero, te busco, te llamo. 
Te sueño, te invoco, te sigo y te amo, 
Cual aman y buscan los hombres á Dios. 

— ¡Blasfemo! 

. — i Perdona ! 

— i Lo juras ! 

— ¡Lo juro. 

— Tu amor es mentira. 



POESÍAS ESCOGIDAS 53 



F 

^w — Mi amor es tan puro, 

^^ue nadie más puro lo puede sentir. 

— ¿Qué anhelas? 

— Yo anhelo mirarte á mi lado; 
Ser tuyo, adorarte cual nadie ha adorado; 
Contigo ser bueno, contigo morir. 
¿Son ciertas tus frases? 

— ¡Oh, sí! todo es cierto. 
Dormido te miro, te sueño despierto 

Y le hablo á tu imagen doquiera que estoy. 
En ti hallo la dicha, la gloria, la calma 

Y estás en mi pecho y vives en mi alma 

Y velas mis pasos doquiera que voy. 

— ¿Y me amas? 

— Te adoro. 

— ¿Con fe? 

— Con locura; 
;0h! nunca me niegues la inmensa ventura 
De verme en tus ojos y estar junto á tí. 
Que cuide tus pasos, que beba tu aliento, 
Que bese tus labios, que escuche tu acento 

Y nunca, no nunca, te apartes de mí. 

XVIII. 

Déjame ver la risa enamorada 
Que entre tus rojos labios juguetea 
Mientras que libre y caprichosa ondea 
Tu cabellera al aire destrenzada. 

Dame esa rosa pura y matizada 
Que viviendo en tu seno se recrea ; 
E)eja que toda mi ventura sea 
Abrasarme en la luz de tu mirada. 

Eres para mi vida tan hermosa, 
Y más que tan hermosa, tan querida, 
Que á tu alma vela mi alma presurosa; 
En tu seno una flor miro prendida, 
Cuando toquen mis labios esa rosa 
Entre sus hojas dejaré mi vida. 



54 JUAN DE DIOS PEZA 



XIX. 

Violetas, dulces violetas, 
Emblemas de mi pasión ; 
Estremecidas ó inquietas 
Cual mensajeras secretas, 
Habladme á mi corazón. 

¡Qué arrobador embeleso 
Siento al miraros aquí! 
¿Qué hay en vuestro ser impreso? 
- ¡ Nuestro ser te trae un beso 
Que nos dieron para ti ! 

— Ella — Sí; la virgen bella 
De los cielos de tu amor, 
¿Sientes su invisible huella? 
— La siento, porque con ella. 
Está mi dicha mayor. 

Venid, adoradas flores, 

Y mis labios perfumad. 
Calmad todos mis dolores 

Y habladme de mis amores 
Por toda una eternidad. 

Con ansia amorosa y loca, 
Olvidando mi sufrir, 
Como el que la dicha invoca, 
Puse en las flores mi boca 
¡Torpe! las hice morir. 

De mi pena en el exceso 
Olvidé que está el dolor 
Sobre mis labios impreso... 
Al contacto de aquel beso 
Fué muriendo cada flor. 

¡Oh! pobres violetas mías, 
En mi pecho su ataúd, 
Murieron como los días 
De ensueños y de alegrías 
Que pueblan la juventud 



POESÍAS ESCOGIDAS 55 

Suerte cruel, que las despojas 
De galas y de esplendor, 
Para aliviar mis congojas 
Deja el beso que en sus hojas 
Puso el ángel de mi amor. 

Cuando de la pena al peso 
El alma sucumba ya, 
Yo, con ardiente embeleso 
Pondré mi alma en ese beso 
Y el alma despertará. 

Violetas, flores benditas, 
Quedad siempre, siempre aquí; 
Que en mis dichas infini-tas. 
Si estáis para otros marchitas. 
Estáis vivas para mí. 

XX ^ 

Yo sé que tú guardas, alma de mi vida, 
La dulce esperanza, la luz bendecida. 
Por eso te quiero, por eso te adoro, 
Por eso en tu ausencia te busco y te lloro, 
¡ Oh ! ¡ virgen ! tú formas mi cielo de amor ! 

Si llega la noche me sigue tu acento, 
Te lleva doquiera mi fiel pensamiento. 
Doquier me acompañas y vives en mí. 
Por ti ya renacen mi dicha y mi calma, 
Te llevo en mi mente, te guardo en mi alma, 
De fiebre de amores, me muero por ti. 

Tan dulce, tan bella, tan tierna, tan pura, 
Son cielos tus ojos, es sol tu hermosura, 
Y Dios te acompaña doquiera que vas. 
Tu voz es muy dulce; tu acento ¡qué digo I 
Con toda mi vida tus frases bendigo 
Si escucho en mis sueños que habiéndome estás. 

Quisiera en ofrenda poner á tu paso 
Mi vida, mis sueños, y entonces acaso 
Me amaras con fuego, con santa pasión; 



56 JUAN DE DIOS PEZA 

Son tuyos los cantos que brota mi lira, 

Tu rostro es el rostro que en sueños me mira, 

Tus ojos alumbran mi fiel corazón. 

Yo te amo como ama á Dios el creyente, 
La madre á su hijo, la flor á la fuente, 
La alondra el espacio do cruza fugaz, 
Sin ti nada quiero, sin ti seré nada. 
Mitad de mi vida, mujer adorada, 
Tú formas mi mundo de gloria y de paz. , 

Quisiera en tus brazos morir de ventura, 
Borrar mis pesares, calmar mi amargura, 

Y viéndote siempre, dejar el dolor, 
Dejar en tu frente, de blanca azucena, 
La vida, la gloria, la fe que me llena; 
Morir en un beso supremo de amor. 

XXI. 

La tarde S8 ha apagado en Occidente, 
Fué un crepijsculo hermoso su agonía, 

Y en un lecho de nubes transparente, 
La luna asoma su argentada frente 
En luz bañando la arboleda umbría. 
Naturaleza toda es un santuario. 
Cada flor al dormir plega su broche, 

Y en misteriosa voz el campanario 
Saluda el nacimiento de la noche. 

El viento entre las hojas da un gemido, 
Calla la tierra en soñolienta calma. 
Cada pájaro inquieto vuelve al nido 

Y cada sueño de oro vuelve al alma. 
Es hora de soñar; en el boscaje 
Cada árbol es una harpa que resuena, 
Cada dulce ilusión es un miraje, 

Y cada alma que flota, una azucena. 
Hay en las sombras misteriosas huellas. 
Hay algo como queja en los rumores, 

Y hay rayos de esperanza en las estrellas, 

Y hay lágrimas de amor sobre las flores. 



POESÍAS ESCOGIDAS 57 



Tu alma de virgen que mi amor invoca, 
Viene á esta soledad muda y sombría, 

Y me deja los besos de tu boca, 

Y te lleva los besos de la mía. 
Miro tus ojos con ardor impresos 

En mi frente ya mustia y abatida, 

Y siento tus caricias y tus besos 

Y tu aliento de amor dándome vida. 
Es un mundo de mágicas delicias 

El que halla el alma aquí sin pena alguna; 
Siento bajar del cielo tus caricias, 
En los pálidos rayos de la luna. 

Yo busco tu expresión dulce y hermosa 
En esta claridad llena de encanto; 

Y en cada ave que duerme, en cada rosa. 
Crece y palpita tu recuerdo santo. 

¿Por qué no estás aquí? ¿Por qué no vienes 
Libre á gozar feliz de tus amores? 
Azahares tengo para adornar tus sienes; 
Serán tu alfombra el césped y las flores. 

Olvidarás del mundo los agravios 
Tendrás los goces que soñó tu anhelo, 

Y al juntarse mis labios con tus labios 
Se alzarán nuestras almas hasta el cielo. 

I ^^^^' 

^¿Qué tienen tus miradas, ángel mío? 
Mírame siempre así; 

I Qué vértigo de amor, qué desvarío 

Hay en tus ojos al fijarse en mí ! 

¡ Mírame ! que la dicha y el consuelo 

Lo busco en tu mirar. 
Es el amor sin nombre, amor del cielo. 
El que saben tus ojos expresar. 

Astros de paz, que el corazón ardiente 

Abrasan y fascinan; 
Cuando vierten sus rayos en mi frente, 
Tóáas mis horas tristes se iluminan. 



58 JUAN DE DIOS PEZA 



¡Mírame! que no tengo más ventura 

Que ver tus ojos bellos. 
Su claridad envuelve á tu«alma pura; 
Jtjntame á tu alma al retratarme en ellos. 

Mis sueños de oro, mi perdida calma, 

Mis horas más tranquilas, 
Todo lo que hay hermoso para el alma, 
Vuelve á mí, si me miran tus pupilas. 

¿Quieres verme feliz? ¿que nunca sienta 

Ni pesares ni enojos? 
Deja que mi alma de pasión sedienta 
Beba la luz divina de tus ojos. 



XXIII. 

Felice tti, virgen bella, 
Que sin sufrir desengaños 
Miras resbalar los años. 
Miras las horas volar. 
Felice tú que en la frente 
Llevas por luz la pureza, 
Sin que nublen tu belleza 
Las tinieblas del pesar. 

Yo, que te amo con fe ciega, 
Que con el alma te adoro. 
Que sólo en tu ausencia lloro, 
Que gozo cerca de ti, 
En estas horas que el cielo 
Hizo sonar en tu cuna. 
De mis flores busco alguna 
Para dejártela aquí. 

Hoy me miras y te miro, 
Me sonríes, te sonrío. 
Sintiendo en el pecho mío. 
La inmensidad de tu amor. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



59 



Calmando con tus halagos 
Lo terrible de mi suerte; 
Sin tener miedo á la muerte, 
Sin doblegarme al dolor. 

Hoy, sin lágrimas, sin quejas, 
Alzo á ti mi voz sentida, 
Como una estrofa querida 
Que nace del corazón. 
Tú ya sabes de mi historia 
Las tristes y obscuras hojas; 
Tú ya sabes mis congojas 

Y comprendes mi pasión. 

j Mañana ! cuando ya tengas 
Más años, más fe, más calma. 
Mis pobres flores del alma 
Acaso llegues á ver. 

Y á la luz esplendorosa 
De un recuerdo linsonjero, 
Dirás : « le quise y le quiero, 
Porque me supo querer ». 

(( Era un ser que vio en mis ojos 
Su delicia y su ventura, 
Le deslumhró mi hermosura, 
Mi gracia le fascinó. 
Poeta, me dio sus cantares. 
Hombre, me dio su alma altiva, 

Y su alma en mi amor cautiva 
Con delirio me adoró ». 

Dirás así; mientras crecen 
Sobre mi tumba olvidada 
Las flores que en la alborada 
Se entreabran solas allí, 
Sin una inscripción bendita, 
Sin una dulce memoria. 
Mi tumba como mi historia 
Será ignorada por ti. 



60 JUAN DE DIOS PEZA 



Tú, feliz y sosegada, 
Quizá amando á otra alma buena, 
Verás deslizar serena 
La vida en tu derredor. 
Tendrás un hogar dichoso, 
Gozarás dulce contento 
Y será tu pensamiento 
Nido de dichas y amor. 

Mientras que á mí, nadie lleva 
Las ofrendas amistosas, 
Ni los lauros ni las rosas., 
Que mi mente ambicionó. 
Sólo un sauce á cuya sombra 
Quiero dormir sosegado.... 
Se alzará triste y callado 
En tanto que duermo yo. 

Virgen feliz y hechicera, 
Fuente de luz y alegría, 
Vida de la vida mía, 
Única fe de mi amor. 
Cuando la muerte ó la ausencia 
Me envíen á mudos extraños... 
Bajo el sol de tu cumpleaños. 
Piensa en mí; guarda esta flor. 

XXIV. 



^ 



En cada corazón arde una llama. 
Si aun vive la ilusión y amor impera, 
Pero en mi corazón desde que te ama 
Sin que viva ilusión, arde una hoguera. 

Oye esta confesión; te amo con miedo, 
Con el miedo del alma á tu hermosura, 
Y te traigo á mis sueños y no puedo 
Llevarte más allá de mi amargura.. 

¿Sabes lo que de vivir como yo vivo? 
¿Sabes lo que es llorar sin fe ni calma, 



p 



POESÍAS ESCOGIDAS 61 



Mientras se muere el corazón cautivo 

Y en la cruz del dolor respira el alma? 

Eres al corazón lo que á las ruinas 
Son los rayos del sol esplendoroso. 
Donde el reptil se arropa en las espinas 

Y se avergüenza el sol de ser hermoso. 

Nunca podrás amarme aunque yo quiera, 
Poraue lo exige así mi suerte impía, 

Y si esa misma suerte nos -uniera 
Tú fueras desgraciada por ser mía. 

Deja que te contemple y que te adore, 

Y que escuche tu voz y que te admire, 
Aunque al decirte adiós, con risas llore, 

Y al volvernos á ver llore y suspire. 

Yo no quiero enlazar á mi destino 
Tu dulce juventud de horas tranquilas 
Ni he de dar otro sol á mi camino 
Que los soles que guardan tus pupilas. 

Estremézcame siempre tu belleza 
Aunque no me des nunca tus amores, 

Y no adornes con flores tu cabeza 

Pues me encelan los besos de las flores. 

Siempre rubios, finísimos y bellos. 
Madejas de oro, en célica guirnalda, 
Caigan flotando libres tus cabellos, 
Como un manto de reina por tu espalda. 

Es cielo azul el que mi amor desea. 
La flor que más me encanta es siempre hermosa, 
Que en tu talle gentil yo siempre vea 
Tu vesta tropical de azul y rosa. 

Mírame con tus ojos adormidos. 
Sonriendo graciosa y dulcemente, 

Y avergüenza y maldice á mis sentidos 
Mostrándome el rubor sobre tu frente. 



62 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Yo nunca seré tuyo? ¡ay! ese día, 
Obscureciera al sol duelo profundo; 
Mas para ser feliz sobre este mundo 
Bástame amarte sin llamarte mía. 



XXV. 

¡ Soplos de llama ! ráfagas que abrasan, 
Olas de fuego que rodando pasan, 

Y queman al pasar mi corazón... 
Flores que al mundo su perfume arrojan 

Y que al ir á tocarlas se deshojan... 
Eso las dichas de mi suerte son. 

¡Ah! ¡cuántas veces desperté creyendo 
Que en un hogar dichoso, sonriendo 
Conmigo estabas sola... nada más, 

Y al verme aislado y pobre en mi aposento 
Vi que la mayor dicha, es un momento 
Que no llega jamás! 

La vida es un cárcel donde encierra 
El alma, las miserias de la tierra. 
Odios, pobreza, soledad, dolor... 
Siempre esperamos dichas y consuelo... 

Y nunca, ¡nunca llegan! dime ¡oh cielo! 
¿Dónde existe el amor? 

En el mundo acompañan nuestros años, 
La tristeza, el pesar, los desengaños. 
Todas las penas míseras de acá. 
El cuerpo ya cansado se derrumba... 

Y el olvido nos sigue hasta la tumba. 
¿Qué importa el más aUá? 

XXVL 

Si mi alma mártir se rompiera en flores, 
Como la rompe en quejas el destino, 
Yo ya hubiera alfombrado en mis amores 
Con las flores del alma tu camino. 




I 



POESÍAS ESCOGIDAS 63 



Si dieran luz, como en mi mal profundo, 
Dan hoy mis ojos lágrimas de duelo, 
Yo te borrara al sol en este mundo 

Y con toda esta luz te hiciera un cielo. 
Mas ya que mi alma triste y dolorida 

Flores no puede dar, ni luz mis ojos... 
Toma mi corazón, toma mi vida, 
Por la sonrisa de tus labios rojos. 

XXVII. 

Anoche soñando que tú me querías 
Vi á un ángel del cielo tranquilo bajar, 

Y luego juntaba tu mano á las mías 

Y yo te miraba y tú me decías : 

«(Con todo mi pecho te voy á adorar ». 

¡ Que vas á adorarme ! mentira, mentira. 
Yo soy la desgracia sin luz y sin fe... 

Y entonces el ángel solloza, suspira... 

Y al irse hasta d cielo, sonriendo te mira, 

Y luego... llorando de amor desperté. 



XXVIII. 

Celoso estoy ; mas no de otra criatura 
Que te pueda querer, amada mía, 
¿Quién al mirar tu espléndida hermosura 
No tiene celos de la luz del día? 

¿Quién al mirar tus ojos claros, bellos. 
No tiembla de pasión con tu mirada? 
¿A qué brisa que juegue en tus cabellos 
No ha de envidiar el alma enamorada? 

El eco de tu voz, apenas toca 
Mis oídos y en ellos queda impreso; 
Envidio á las palabras de tu boca 
Porque cada palabra lleva un beso. 

El aire embalsamado que respiras, 
La intensa luz que tu semblante baña, 
Lo que oyes, lo que tocas, lo que miras, 
Todo, todo, mis celos acompaña. 



64 JUAN DE DIOS PEZA 



La bella flor que en el pensil galano 
Siempre airosa y galana se levanta, 
Envidia da si la tocó tu mano. 
Celos me da si la tocó tu planta. 

A ese infinito amor que mi alma encierra 
Lo que se acerque á ti le causa celo... 
No puede amar como aman en la tierra; 
Mis celos y mi amor vienen del cielo. 

XXIX. 

Vuelta inquieta hora tras hora 
Sin condolerse de mí, 

Y el alma que ausente llora, 
Te llam.a, te ve, te adora, 

Y vive sólo por ti. 

El destino en su inclemencia 
Hoy me condena al dolor, 
Mas ¿qué me importa la ausencia 
Si mi amor es tu existencia 

Y mi existencia es tu amor? 
Muere un día, nace otro día 

Y crece más mi pasión, 

Y en tan ciega idolatría 
Esta ausencia, amada mía, 
Me destroza el corazón. 

Estrella de mis amones, 
¿Por qué me alejan de ti? 
¿Por qué dan á tus fulgore, 
Otro cielo y otras flores. 
Que están muy lejos de mí?... 

¿Muy lejos?... ¡No! ¿Qué barrera 
De ti me separará? 
Esta alma que es una hoguera, 
A ti su pasión postrera 
A doquiera seguirá. 

No te olvides del ausente 
Que va de tu huella en pos; 
Piensa en el que te ama ardiente, 



POESÍAS ESCOGIDAS 



65 




Al bailar, con aué soltura 
Pone los brazos en jarras, 
En tanto que en torno suyo 

Canta el pueblo las «guarachas.» 

En la feria de Tlacotálpam 



Poesías escoíjidas. 



66 JUAN DE DIOS PEZA 



Cuyo labio balbuciente 
No pudo decir «adiós». 

Piensa en el alma abatida 
Por la ausencia y el dolor, 
Tan amante y tan sufrida; 
Piensa mitad de mi vida, 
En mis promesas de amor. 

Quizá una lágrima bella 
Mi recuerdo te arrancó, 
Y dulce, amorosa estrella, 
Sentiste brotar con ella 
Lo que ausente sufro yo. 

Tti, mi amor; tú, mi alegría, 
Mientras yo vuelo hasta ti... 
Guárdame en tu fantasía... 
Vida de la vida mía, 
Siempre, siempre, piensa en mí. 

XXX. 

Alzada en una pradera 
Toda luz, vida y amores. 
Cuyas sempiternas flores 
Siempre están en primavera; 

Junto á las frescas orillas 
De un arroyo cristalino 
Que refresca en su camino 
Jacintos y maravillas; 

Frente á hondonadas y lomas, 
Siempre hermosas, siempre bellas, 
Porque sólo se oye en ellas 
El cantar de las palomas; 

Envuelta en blancos jazmines, 
Sobre los cuales volando 
Pasan de tarde cantando 
Bandas de colorines... 

Está una humilde mansión 
Tan sosegada y tan quieta, 
Que es una imagen secreta 
De la paz del corazón. 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 67 



Entre nubes blanquecinas 
Se alza pura en las mañanas 
Cuando sobre sus ventanas 
Se arrullan las golondrinas. 

Es un palacio de amor 
Donde halla quietud el alma, 
Sin que perturbe su calma 
La tempestad del dolor. 

Viven en ellas tranquilas 
Almas buenas é inocentes, 
Allí están limpias las fuentes 

Y serenas las pupilas. 

Su campo está sin rumores, 
Sus habitantes sin duelo, 
Muy transparente su cielo 

Y muy hermosas sus flores. 
Le dan sus brisas ligeras 

Besos que están perfumados; 
Tiene esa mansión tejados 
De mirtos y enredaderas. 

Amor y melancolía 
Allí sus voces levantan, 
Cuando los pájaros cantan 
Al primer rayo del día. ^ 

De la corte los engaños 
Nunca empañan sus auroras... 
¡ Qué dulces pasan sus horas 

Y se deslizan sus años! 
Allí entre goces suaves 

Las almas dichas apuran, 
Mientras las fuentes murmuran 
Lo que repiten las aves. 

¡ Qué soledad tan dichosa ! 
¡Qué quietud tan bendecida! 
¡Qué lenta pasa la vida 
En esa mansión hermosa ! 

AJlí las penas no abruman, 
Ni los dolores espantan, 



68 JUAN DE DIOS PEZA 



Todos los pájaros cantan, 
Todas las flores perfuman. 

Siempre que la noche llega 
Deja más dichas soñadas, 
Pues son sombras adoradas 
Las sombras que en ella riega. 

Allí se vive contento, 
Allí se duerme con calma, 
Sin que nada enlute el alma 
Ni entristezca el pensamiento. 

Cada flor cierra su broche, 
Cuando el sol apenas arde; 
Allí es muy dulce la tarde 

Y es muy callada la noche. 
Durante el sueño, bajando 

Dios á ese hogar, lo bendice; 

Y es el zenzontle el que le dice 
Las horas que van pasando. 

Y si la luz se avecina 
Despierta naturaleza... 
Calla el zenzontle y emipieza 
A cantar la golondrina. 

Despiertan los labradores, 
Todo rebosa alegría, 

Y se alzan cantando el día 
Almas, pájaros y flores. 

En ella tendrán abrigo 
Dos almas que lo han soñado. 
Si allí te viera á mi lado 
¡Qué feliz fuera contigo! 

De nuevas dichas en pos 
Brillarían nuestras auroras; 
Allí caen á todas horas 
Las bendiciones de Dios. 



i 



POESÍAS ESCOGIDAS 



^ 



XXXI. 



¡ Oh, tú ! mi lirio blanco, mi virgen poderosa, 
A quien adoro ciego, con férvida pasión, 
Cuando te miro y te hablo, mujer la más hermosa, 
No sé qué aliento mágico me quema el corazón. 

¡ Perdóname ! ¡ te amo ! ningún ser de la tierra, 
Podrá adorarte tanto como te adoro yo 

Y esta pasión sagrada que mi existir encierra 
Al conocerte ¡ oh virgen ! en mi alma despertó. 

¡ Perdona ! yo me duermo soñando en tu ternura. 
Despierto y me enajena tu mágico esplendor. 
A ti se acerca eJ alma, como la linfa pura 
Se acerca á la ribera para besar la flor. 

Amor es el que llena las horas de* mi vida, 
El que mi ser transforma en culto de pasión, 
El que en mi pecho deja tu imagen bendecida, 
El que hace de tu nombre mi canto y mi oración. 

Mañana, cuando al soplo airado de la suerte 
Los dos nos separemos sin darnos un adiós, 
Mañana que el olvido, imagen de la muerte, 
Derrame sus tinieblas en medio de los dos, 

Evocaré tu sombra, soñando en tu existencia, 
Evocaré tíi imagen, amándote cual hoy, 

Y haré menos amargas las horas de la ausencia, 

Y haré florido el campo por do cruzando voy. 

¡ Mujer de mis recuerdos ! mitad del alma mía. 
Mañana no te olvides de quien te adora así ; 
Yo quedo como un mundo á quien le falta el día. 
Un mudo de pesares que acabará sin ti. 

No olvides nuestros sueños de dichas y de amo- 
tres, 
La tierra á tu presencia me pareció un edén. 
Tu velo vaporoso, tu hogar entre las flores, 
Tus horas de deliquio ; recuérdalas también. 



70 JUAN DE DIOS PEZA 



Viajero fatigado, yo cruzo ese camino 
Que apenas puedo débil seguir entre el dolor; 
Me llevan mis pesares, me lleva mi destino ; 
¿Qué haré sobre la tierra faltándome tu amor? 

No busques de mi vida las páginas dichosas, . 
Mi historia es de tormentos; nací para sufrir, 
Tú fuiste, virgen bella, la que sembró de rosas ' 
Los campos de mi triste y obscuro porvenir. 

Hermosa y seductora, sonriendo y cautivando 
¿Por qué le niegas, dime, tus gracias á mi afán? 
Si tú no me sonríes, si no me estás mirando, 
Las sombras de la muerte mis ojos nublarán. 

Por eso luego escondo mi llanto con la risa, 
Con falsa dicha encubro mi tétrico dolor ; 
Tus ojos como soles, tu aliento como brisa 
Alumbran y eternizan las flores de mi amor. 

¿Serás para mí, siempre, severa y desdeñosa? 
¿Ni mi pasión inmensa, ni mi fortuna ves? 
Mi vida es toda tuya, contémplame amorosa. 
Mi orgullo es la corona que tienes á tus pies. 

XXXII. 

Hoy, en el mismo día 
En que pusieron nombre á tu hermosura 
Llenan los ecos de la lira mía 
Los himnos que levanto á tu ventura. 

Nada hay que pueda darte 
Digno de ti mi borrascosa suerte, 
Yo nací nada más para adorarte; 
Tuyo será mi amor hasta la muerte. 

No temas al destino. 
El cielo que en mirarte se embelesa, 
Tiene un ángel que vela tu camino, 
Que baja á tu alma y que tu frente besa. 

Goza dichas y calma. 
Mientras yo, que al am.arte te bendigo. 



p? 



POESÍAS ESCOGIDAS 71 



En alas de mi amor te mando el alma; 
Mi alma nació para vivir contigo. 

Pasen gratas tus horas 
De paz, de encanto y de delicia llenas, 
Yo sólo sé llorar cuando tú lloras, 

Y sufro sólo con tus mismas penas. 
Amarte con locura 

Es el único bien que mi alma alcanza; 
Verte, hablarte y oirte es mi ventura; 
Ser tuyo, siempre tuyo, es mi esperanza. 

XXXÍII. 

Había una claridad en todo el cielo, 
Que si era de la tarde la agonía, 
La tarde agonizaba dando al suelo 
Los besos de aquel sol que se moría. 

Y volaban las horas... y con ellas 
Eran más y más dulces mis amores... 

Y envidiosas se alzaban las estrellas 

Y avergonzadas dormíanse las flores. 
Ella fijando sus divinos ojos 

En mis ojos sin brillo por el llanto... 
Trémulos de pasión los labios rojos, 
Llena la faz de celestial encanto. 

Pura, gentil, apasionada, ardiente 
Emblema de ventura y de poesía... 
Mi alma volaba hasta besar su frente, 
Su alma volaba hasta besar la mía... 

¡Nada era allí dolores ni amargura! 
¡Dulces goces de amor, la vida en ellos! 
¡Cómo en su frente virginal y pura. 
Flotaban amorosos sus cabellos! 

¡Crepúsculo de amor, noche aromada 
Por las urnas balsámicas del cielo! 
¿Hay mujer más hermosa y más amada 
Que la mujer que consagró mi anhelo? 

¿Di si hay otra alma que el amor encierra 
Más inmensa al amar y más altiva, 



72 JUAN DE DIOS PEZA 



Que aquella alma que hallé sobre la tierra 

Y tiene á mi alma en su pasión cautiva? 

i Dime, noche de amor ! ¿más dicha existe 
En otro corazón que la dd mío? 
¿Viste otro amor, revélamelo, viste 
Más fuego, más pasión, más desvarío? 

Noche apacible, embalsamada y bella 
Fuiste de nuestras dichas la testigo... 
Mi alma ya no está en mí... vive con ella. 

Su alma no vive en ella... está conmigo; 
Pues nos trajiste un beso en cada estrelda; 
¡Oh noche de mi amor! yo te bendigo. 

XXXIV. 

Escucha... ya vibra la dulce campana 
Que anuncia y saluda la luz de mañana, 
La luz que ha bañado tu cuna al nacer : 
Mi pecho palpita de gozo profundo, 
A esa hora fué un cáliz de rosas el mundo, 

Y encima dos besos : tus pies de mujer. 
¡Naciste!... cada astro bañaba en fulgores 

La mágica senda cubierta de flores, 
El santo camino que habías de seguir ; 
Tus ojos se abrieron radiantes de encanto. 
En eillos el cielo retrata su manto, 
En ellos su aurora guardó el porvenir. 

Tú eras entonces la fiel mensajera 
Que anuncia una eterna feliz primavera, 
Que esparce la dicha matando el dolor; 
La flor que á un suspiro celeste se abría 
Guardando en su cáliz los rayos del día 
Por tu allma cambiados en rayos de amor. 

¡Naciste! y las brisas soplaron suaves, 
Se abrieron las flores, cantaron las aves, 

Y sólo eran tuyos los rayos del sol.. 
Amor es tu culto, virtud es tu lema, 

Y fué desde entonces tu vida un poema, 
¡Bendita mil veces tu santa misión! 



POESÍAS ESCOGIDAS 73 



XXXV. 

Hoy es... ya no vibra la dulce campana. 
Hermosa y serena se attzó la mañana, 
El sol como entonces radiante lo ves. 
Mi labio temblando de gozo, te nombra, 
Acércate, virgen, pondré por alfombra, 
Ofrenda del alma, mi lira á tus pies. 

Jamás cuando vengas á abrir estas hojas 
Se agrupen en tu alma terribles congojas : 
Los ángeles nunca supieron llorar. 
Que nunca te fallte ni amor ni hermosura, 
El cielo que guarde tu eterna ventura 
Te ha dado en mi pecho tu trono y tu altar. 

XXXVI. 

Campo cuya tierra nunca 

Besaba el sol 
Sin aves, fuentes ni flores 

Eso fui yo. 

Sol que brillaba en el cielo 

Siempre azul... 
Vida en su luz derramando. 

Fuiste tú. 

Sol que vuelve al campo estéril 

Vida y amor... 
Campo que vive á sus besos 

Somos tú y yo. 

XXXVII. 

Acabas de ver el cielo, 
Con la esplendidez de Dios : 
Así se ha puesto mi alma. 
Espléndida con tu amor. 



74 JUAN DE DIOS PEZA 



XXXVII. 

¿Más delirios aún?... Sombra que vienes 
En alas de la noche á mi retiro; 
Si es la forma de un sueño la que tienes, 
¿Por qué escucho tu voz ? ¿Por qué te miro ? 

¿Que pretendes decirme en estas horas 
Silenciosas y lentas y sombrías?... 
Huye, sombra; tú ignoras 
Qué horribÜes pasan mis amargos días. 
Tú, sólo sabes que con fiebre loca 
Albro mi corazón á tus amores; 
Pero el dolor que el alma me sofoca, 
No te lo he de decir porque no llores. 

Ámame con la fe de tu alma pura. 
Mírame de rubor estremecida. 
Habíame de pasión y de ventura 

Y huye de los tormentos de amargura 
Que ennegrecen las horas de mi vida. 

Hay en mi alma una pena, es tan calllada 
Como intensa y tenaz; forma mi anhelo, 
Verla, si no extinguida, consolada; 
Por eso busco siempre tu mirada; 
Sólo cuando me ves hallo consuelo. 

Mi siempre blanco y perfumado lirio, 
No enlutarán mis duelos tu belleza; 
Mi fe se aviva más en el martirio; 
Mi alma tiene un refugio en la tristeza. 

Tuyo es no más mi corazón ardiente. 
Calman tus esperanzas mis dolores; 

Y las espinas que hay sobre mi frente 
Se temarán con tus caricias flores. 

¡ Yo te amo ! ¡ sí ! mi labio que lo dice 
Se estremece de júbilo y te llama.. 
El alma en el silencio te bendice 

Y lágrimas de amor por ti derrama. 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 75 



¡Mujer de bendición! en el incierto 
Camino por do cruzo, sé mi guía, 
¡Cómo te íie de olvidar! Estando muerto 
Mi polvo en el sepulcro te amaría... 
Si el más allá tras de la tumba es cierto.. 
Eternamente, te amaré, alma mía. 




XXXIX. 



A ti te amo no más, no más á ti 
Dolores Ouerero. 



A ti, la de alma tropical y ardiente 
Que enamorada, á bendecirla llego, 
La de ojos claros y mirar de fuego, 
Que enciende y arrebata la pasión; 
A ti todas las notas de mi lira, 
A ti todo mi amor y mi ternura. 
Porque eres tú h espléndida criatura 
A quien ama con fiebre el corazón. 

A ti, que eres más dulce y más hermosa 
Que el primer resplandor de la mañana, 
Cuando el mundo despierta y se engalana 
Con el beso de luz que envía Dios ; 
A ti todas mis tiernas esperanzas, 
A ti toda mi fe santa y querida. 
Porque eres tu la vida de mi vida 

Y un solo corazón late en los dos. 
Me da celos la brisa cuando pasa 

Acariciando suave tu semblante, 
Me da celos la fuente murmurante 
Que retrata tu rostro en su cristal. 
Celos, la luz que tus pupilas hiere 
Si alzas tu rostro para ver al cielo. 

Y hasta Dios, hasta Dios me causa celo 
Cuando rezas contrita en el altar. 

Yo quisiera que nadie te mirara. 
Ni que tus frases sobre el mundo oyera, 



76 JUAN DE DIOS PEZA 



Y que yo solo venturoso fuera 
Guardándote en mi propio corazón. 
Porque eres ttj la vida de mi vida, 
Que yo idolatro con amor ardiente 

Y quisiera vivir eternamente 
Extasiado contigo, de pasión. 

XL. 

Deja que arrodillado me embelese 
En ti, mi única inmensa adoración. 
Déjame que te abrace, que te bese. 
Junto á mi corazón tu corazón. 

Deja que se haga eterna aquesta hora 
En que me ves y me hablas, vida mía, 
Que llore mi alma cuando tu alma llora, 
Que ría mi labio cuando el tuyo ría. 

Deja que Dios sea el único testigo 
De esta pasión que el corazón abrasa. 
Deja que muerta de pasión contigo 
Mientras la vida transitoria pasa. 

Y así, siempre á tu lado y de rodillas, 
Olvidado del mundo y sus enojos. 
Sintiendo en mis mejillas tus mejillas 

Y mirando mis ojos en tus ojos ; 
Sintiendo que las ondas de tu aliento 

Van con las ondas de mi aliento, unidas. 
Estando en oración mi pensamiento, 

Y en éxtasis latiendo nuestras vidas, 
Sabrás por qué mi corazón se viste 

De luto que contagia mi cariño, 
Sabrás por qué mi frente está tan triste 
Desde mis horas plácidas de niño. 

Yo te diré qué amargo desconsuelo, 
Qué horrible maldición de la fortuna, 
Como un negro crespón sobre mi cielo. 
La suerte descorrió sobre mi cuna. 



I 



-i- 



POESÍAS ESCOGIDAS 77 



Sabrás todo lo que hay dentro mi mente, 

Y que sólo por ti disfruto calma, 

Y besarás mis ojos y mi frente, 

Y tú serás la adoración de mi alma. 

XU. 

¿Podré dejar de amarte cuando has sido 
La redención de todos mis dolores, 

Y te podré olvidar cuando he nacido 
Sólo para vivir de tus amores? 

No puedo estar sin ti... pasa un momento 

Y al no mirarte me estremezco y lloro, 

Y te grita la voz del pensamiento : 
Ven, yo con todo el corazón te adoro. 

¿Y tú me hablas de ayer? ¿y es tu reproche 
Desgarrador y amargo?... ¡suerte impía! 
¡Ayer! eterna y tenebrosa noche 
Que cambiaste en aurora, vida mía. 

Tú, sólo tú le volverás la calma 
A este mi corazón que en ti palpita; 
I Y tú serás la adoración de mi alma 
Inmaculada, espléndida, infinita! 

XLII. 

¿No has visto á la media noche 
Cuando duerme la natura, 
Esas nubes tan negras, tan tristes 
Que empañan la luna? 

Luna que llenas el cielo 
De mi amor, de mi ventura, 
Nubes negras que se alzan del alma, 
Los celos te nublan. 

¿No has visto cómo en el árbol 
Los pajarillos saludan 
A esos bellos celajes que prende 
La aurora en su túnica? 



78 JUAN DE DIOS PEZA 



Celaje de oro, que rompe 
De mis pesares la bruma, 
Desde el árbol de mi alma, mis cantos 
Te llaman, te buscan. 

¿No has visto en la Primavera, 
Que límpido el sol fulgura, 
Cómo se abren las flores y el campo 
Tranquilas perfuman? 

Primavera eternal de mi vida. 
Tu amor me perfuma. 
Son tus ojos dos soles que siempre 
Me animan, me alumbran. 

¿No has visto al niño en el templo 
Frente baja, boca muda, 
Adorar con la fe de la infancia 
A Dios que lo escucha? 

Así yo, frente al destino 
Que me mostró tu hermosura. 
Te idola^o con esa fe inmensa 
Que se alza en la cuna. 

Una estrella que el misterio 
Encendió sobre mi angustia. 
Ilumina felices dos almas, 
Felices, por juntas. 

¿Qué importa que nuestra suerte 
Esté dudosa y obscura? 
¿Quién podrá separar en la tierra 
Mi vida y la tuya?... 

XLIII. 

Anoche cuando dormía 
De cansancio fatigado. 
No sé qué sueño dorado 
Flotó sobre el alma mía... 
Recuerdo que te veía. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



79 



Que tú me estabas mirando, 
Que yo te estaba contando 
Mi vida triste, muy triste; 
Que después despareciste 
Y abrí los ojos llorando. - 



XLIV. 

Murió otoño... el viento frío, 
Ahuyenta á los ruiseñores, 

Y en el campo no halla flores 
Donde posarse el rocío; 

Un árbol triste y sombrío 
Alza sus ramas al cielo. 
Mata sus fuerzas el hielo, 
Las rompe el viento en astillas, 

Y sus hojas amadlas 
Poco á poco caen al suelo. 

En mi alma así las pasiones 
Dejando un dolor eterno, 
Vinieron como el invierno 
A matar mis ilusiones ; 
Llanto, pesar, decepciones, 
Guardaba mi corazón. 

Y cuando era mi ambición 
Buscar refugio en la muerte, 
Plugo al cielo conocerte 

Y volver á la ilusión. 

El árbol que en la pradera 
Causaba al verlo congojas, 
Vistióse de nuevas hojas 
Al nacer la primavera. 
Yo, que como el árbol era, 
Sin protección, sin abrigo, 
Presa del cruel enemigo 
Del alma, la decepción, 
Al darte mi corazón 
Hallé la vida contigo. 




80 JUAN DE DIOS PEZA 



XLV. 

Moría la tarde, y la noche 
Su obscuro velo tendía. 
Cada ave se recogía, 
Cada flor cerraba el broche, 

Y yo aislado, 
Solamente acompañado, 
De tu imagen seductora, 
Por tu recuerdo animado. 
Miré en la tarde la aurora 
Porque tú me habías mirado. 

Ama el poeta á la natura, 
Ama á Dios el serafín. 
Pero ni el poeta ni el ángel 
Aman como te amo á ti. 

Cada flor derrama esencia, 
Cada estrella vierte luz, 
Pero ni flores ni estrellas 
Me deslumhran como tú. 
Te veo más linda que el campo, 
Más pura que el cielo azul, 

Y t© amo con toda el alma 
Pues toda el alma eres tú. 

Dicen que los niños duermen 
Bajo las alas de un ángel... 

Y yo no envidio á los niños. 
Porque me vela tu imagen. 
Tu imagen que para el alma 
Es dulce como una madre, 
Como una hermana, bendita, 

Y ardiente, como un amante... 
Dime, tú, mujer del cielo, 
¿Por qué calmas mis pesares? 
Al dormir cierro los ojos 

Y no dejo de mirarte... 
Porque si jo no te viese 



POESÍAS ESCOGIDAS 81 



No sería porque cegase, 
Que tan sólo es ciega el alma 
Cuando es el cuerpo un cadáver, 

Y te he de ver mientras vivas 
Como á Dios, en todas partes. 

Vi un ave cruzar el cielo, 

Y pregunté : ¿A dónde va?... 

Y ella sin parar el vuelo, 
Me respondió : « Voy allá ». 
Allá, me dije : ¡ quién sabe ! 

Y ella me vio entristecer; 
Que tuve celos del ave 
Creyendo que te iba á ver. 
Llegué al templo temblando 

De alguna creencia delirante en pos ; 
Vi al sacerdote alzando 
La blanca forma en que se oculta Dios. 
Era el primer albor de la mañana. 
Todo era santo y misterioso allí... 
(( De rodillas », nos dijo la campana, 

Y no me arrodillé... pensaba en ti. 

Alguien me dijo : ¡ Impío I 
Póstrate conmovido en oración. 

Y respondí, mirándole, bien mío : 

« Orando está mi ardiente corazón ». 



XLVL 

No quiero que el aire aliente 
Ni que nos alumbre el sol, 
Ni que haya en la planta flor 
Ni juventud en el alma 

Ni en la juventud pasión. 
Que todo y mejor que todo 
Es para mi ser tu amor, 
Y sin tu amor, vida mía, 
Nada, nada quiero yo. 



oeslas escogidas. 



82 JUAN DE DIOS PEZA 

XLVII. 

Era todo un mar de oro el horizonte; 
Sobre la cima del helado monte 
Se derramaba en orlas la púrpura del sol ; 

Y suspendido en el azul del cielo 
Esplendido flotaba como prendido á un velo 
El último celaje de nácar y arrebol. 

Abriendo sus corolas las flores vespertinas, 
Buscando el dulce nido las negras golondrinas, 
Humilde á su cabana volviendo el labrador. 

Todo lo que aparece al espirar el día 
Se retrataba inmenso dentro del alma mía, 
Del alma donde vive la lumbre de tu amor. 

Yo, que miraba absorto la natura 
Pensando en tu belleza, pensando en tu ternura 
« Voy á cantarla » dije, para gozar así. 

Y frente á tus encantos, hice, vibrar mi lira ; 
Vibró, pero en silencio. Naturaleza inspira, 
Pero mi lira es sólo para cantarte á ti. 

(Me dormí oyendo el alma 
No sé qué dulce concierto, 

Y en esa hora las campanas 
Estaban tocando á muerto, 

Y una voz pausada y lúgubre 
Rezaba por el que fué. 

Y yo sin que nada santo 
Mi corazón consolara. 
Dejé sonar esos dobles. 
Dejé á la voz que rezara. .r. 
Pasaste junto á esa tumba 

Y al verte resucité. 

XLVIII. 

No me preguntes nunca 
Si he amado á otra mujer antes que á ti ; 

Qué aunque yo te lo niegue 
Te ha de decir el corazón que sí... 



i 



POESÍAS ESCOGIDAS 83 



Y no es porque haya sido 

Que á nadie más que á ti, mi alma adoró, 

Y en el amor inmenso 
Causa celos el tiempo que pasó... 

Perdóname que débil 
Te acuse de otro tiempo y de otro amor, 

Yo sé que no has amado, 
Pero al pensarlo muero de dolor. 

Los celos nos devoran 
Y por esto sufrimos, bien lo sé : 

Nuestras almas se adoran, 
I Qué nunca falte á nuestro amor la fe ! 

Cada noche cuando duermes 
Soñarás en que voy, 
Lejos, muy lejos, muy lejos 
De donde vivimos hoy. 

Yo cada noche llorando 
Que me olvidas soñaré, 
Y que te vas y que vives 
Muy lejos de donde esté... 

Pero no temas, no temas 
Que ese sueño no será : 
Siempre el que tiene la dicha 
Sueña con que se le va. 

XLIX. 

Si el terrible poder del destino 
Nos llegase á apartar algún día. 
Aunque sigas opuesto camino 
Tu alma siempre estará con la mía. 

¿Quién dos almas que se aman divide 
Aunque el dardo de ausencia nos hiera? 
No me puedes pedir que te olvide 
Porque no has de querer que me muera. 



84 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Cabe la eternidad en un instante? 
¡ No ! ¡ No puede caber ! 
Y, sin embargo, cuando estoy contigo 
Siento la eternidad, si tú me ves... 
El amor infinito es un misterio 
Y todo lo imposible cabe en él. 

LI. 

Tengo una sombra sobre mi cielo, 
Dentro del alma tengo un dolor, 

Sombra de duda 

Sombra de cielo, 
Sombra que empaña mi ardiente amor. 

Mata esa sombra con tu ternura, 
Viertan tus ojos con su expresión, 

Luz infinita, 

Luz de ventura, 
Luz que ilumine mi corazón. 

¡ A^y I tú no sabes que sufro y lloro, 
Si no te miro, si no me ves, 

Porque te quiero. 

Porque te adoro. 
Porque está mi alma bajo tus pies. 

LH. 

¿Que te pueda olvidar? más fácil fuera 

Callar al corazón, 
Dejar sin pensamiento mi cerebro, 
Y mis pupilas sin la luz del sol... 
Aunque me despreciaras, aun* entonces 

Te adoraría cual hoy, 
Ttí, que orando te elevas hasta el cielo 

Pregtjntaselo á Dios, 
Todo puedes pedirme, hasta la muerte, 
Pero pedirme que te olvide... ¡no! 



POESÍAS ESCOGIDAS 



85 



Lili. 
No hay un cielo más hermoso 
Que el de un amor en el alma, 
Ni horizonte más sereno 
Que el que finge la esperanza; 
Mas ¡ ay ! que si el desengaño 
Su sombra en ello derrama, 
Ese cielo se obscurece, 
Ese horizonte se apaga, 

Y en vano vi.enen las quejas 

Y en vano brotan las lágrimas ; 
Vivir es tener el pecho 
Lleno de amor y esperanza 

Y ¡ ay de aquel á quien la suerte 
Sus ensueños arrebata ! 

¡ Ay de aquel que nada espera I 
¡ Ay de aquel que ya no ama ! 
i Qué tiene dolor sin quejas, 
Que llega á llorar sin lágrimas ! 
Es una tumba su pecho, 
Es un cadáver su alma, 
Su porvenir una sombra 

Y su pasado un fantasma. 

I Vida de mi ardiente vida * 
Mi corazón te idolatra; 
Tu amor llena mi existencia 
De ilusión y de esperanza, 

Y si tu amor se extinguiere. 
Si mi esperanza se acaba, 
Si te ausentas y si dejas 

En el olvido á mi alma, 

Y si hasta mi nombre borras 

Y mis promesas más santas; 
Mi amor enfrente á tu olvido 
Mantendrá viva su llama; 
Vivirán mis ilusiones, 
Vivirán mis esperanzas, 
Porque amando y esperando 
¿Qué corazón no se salva ? 



JUAN DE DIOS PEZA 



LIV. 

< Soné que sonabas 

¿Sueñas? despierta, que se acerca el día; 
Ella hablando dormida : Te amo, sí, 
¿A quién hablas tan dulce, vida mía? 
Despierta, tengo celos ¡qué agonía! 
¡Quizá durmiendo se olvidó de mí! 
Ella : Tú formas mi pasión, mi anhelo, 
¡Calla! Una vida animara á les dos. 
¡Despiértate!... ¿A quién hablas? ¡tengo celos! 
Ella al abrir los ojos : « Tú en el cielo » 



LV. 

Mi vida es como el mar ; tiene en sus horas 
La agitación que lo levanta airado, 
Cuando envuelto en sus ondas bramadoras, 
Se arrastra el huracán desenfrenado. 

¡Ay! cuando esquiva tu mirada ardiente 
No la fijas en mí, que te amo tanto, 
Mi vida es como un mar se agita hirviente 

Y son su tempestad, quejas y llanto. 

Cuando amorosa y tierna cual ninguna 
Fijas en mí tus lánguidas pupilas, 
Mi vida es como un mar donde la luna 
Alumbra olas calladas y tranquilas. 

A tu voz celestial, mis ilusiones 
Despiertan siempre mágicas y bellas, 

Y tienen con tus dulces expresiones 
Mi mundo flores y mi cielo estrellas. 

¡ Mi vida es como el mar ! tií la dominas 

Y vences su arrebato y sus furores ; 
Cambias en blondas de oro sus neblinas. 
Su estéril playa, en piélago de flores. 



p 



POESÍAS ESCOGIDAS 87 



Se le opone el destino y lo derrumba, 
Vence por ti las leyes de la suerte 

Y salva los abismos de la tumba 

Y enciende las tinieblas de la muerte. 



LVI. 

¡Oh, virgen del amor! es tu mirada 
La mágica expresión de la pureza 
Que irradia en el fulgor de una alborada ; 

Y coronan tu frente inmaculada 

La juventud, la gracia y la belleza. 

Eres la predilecta, la escogida 
Del genio que protege la ventura ; 
La flor en el desierto de la vida. 
La reina en el vergel de la hermosura. 

Cruzas la tierra y con tu leve planta 
Vas, al pisar, acariciando el suelo, 

Y tu sonrisa virginal y santa 

Es un reflejo del amor del cielo. 

Eres esbelta ; la flexible palma 
Te dio su gentileza y gallardía... 

Y al conocerte i religión del alma ! 
Te hallé como mi amor te presentía. 

¡Cómo no idoloírarte estremecido ' 
De infinita pasión ! ¡ Cómo no verte 
Estando en tu mirar embebecido ! 
Nunca este amor extinguirá la suerte 
Ni podrán en mi mundo obscurecerte 
Los cendales de niebla del olvido. 

¡ Oh mi púdica y pálida azucena ! 
Mi vida que en el tedio se consume, 
Surge de amor y de esperanza llena 

Y encuentra redención con tu perfum#. 



JUAN DE DIOS PEZA 



Te vi, y el corazón basado en fuego 
Suspendió su latir... te conocía... 
Se nublaron mis ojos ¡ay! y luego 
Voló á tu corazón el alma mía. 
Busqué en vano la calma de otras horas, 

Y evoqué con los sueños del pasado 
De otra edad las fantásticas auroras; 

Y fui feliz y me soñé á tu lado. 

Este amor que halla el Universo estrecho 
Para poder vivir, Dios es testigo 
Qué á tu presencia se encendió en mi pecho, 
¡ Dios eabe bien que morirá conmigo I 



LVII. 



X 



¿Te acuerdas de aquel día 
En que el trocarse en realidad mi anhelo, 
Era la vez primera que veía 
Tu rostro que en mis sueños presentía, 
Tus lindos ojos de color de cielo?... 

Era en el mes de encantos seductores, 
Cuando sólo hay perfumes en la brisa, 
Y el cielo es muy azul, hay muchas flores... 
Mayo, que retrataba tu sonrisa, 
Doquier vertiendo juventud y amores». 

Te» conocí cuando la amarga pena 
Hería mi corazón; tras esos años 
Cuyo recuerdo horrible me envenena, 
¡ Ah ! ttá de vida y esperanza llena. 
Llorando yo mis tristes desengaños. 

¡ Divina encarnación de sueño hermoso ! 
Del edén inmortal ángel proscrito, 
Al eco de mi acento cariñoso 
Escuché de tu labio tembloroso 
No sé qué de espontáneo y de bendito... 



POESÍAS ESCOGIDAS 



¿Me amabas? ¡no lo sé! ¿quién interpreta 
El misterio de un alma recatada 
N quien el soplo del dolor inquieta? 
Al estrechar tu mano fui poeta, 
¡ Me soñé un dios, sintiendo tu" mirada ! 

Me deslumhraba tu mirar divino, 
A tus plantas caí rendido y ciego, 

Y siendo sobre el mundo un peregrino 
Puse á tus pies mi corazón de fuego. 
Hice de tu alma el sol de mi destino. 

Hablamos de tu suerte y de mi suerte, 

Y tu acento de amor, dulce y querido, 
Me salvó del olvido y de la muerte ; 

¡ Ah ! yo te amaba ya, sin conocerte, 
Mi alma te había esperado y presentido. 

Así... pálida y casta... tu belleza 
Como un astro de amor dulce y profundo, 
¡Jova de la sin par Naturaleza! 
Espléndida y altiva tu cabeza 

Y la mirada desdeñando el mundo. 

Así te presentí... tus ojos bellos 
De miradas serenas y tranquilas 
Como el alma que Dios puso tras ellos... 
La aurora con sus vividos destellos 
Envolviendo la noche en tus pupilas. 

Al conocerte, trémulo y de hinojos, 
Tus manos estrechaba entre mis manos. 
Sin pesares ni lágrimas ni enojos... 

Y sorprendí una lágrima en tus ojos 
Divinos, celestiales, soberanos... 

¿Lloras?... y tu alma ruborosa dijo: 
Lloro al sentir que quiero y soy querida... 
Por eso nada más lloro y me aflijo... 
El amores de Dios, Dios lo bendijo,, 

Y él unirá tu vida con mi vida. 



00 JUAN DE DIOS PEZA 



Y despertó tu celestial acento 
A mi alma que de pena se moría, 
Y me enseñó á vencer el sufrimiento ; 
Tú sabes ya que desde aquel momento 
Mi vida es tuya, tu existencia es mía. 



UVIII. 



¡Oh, Sirio! fiel testigo 
De mis horas de amor, dulces, y bellas, 
Tú que la viste conversar conmigo, 
¿No me envidiaste, oh rey de las estrellas ? 

Si das ventura y caima, 
Da calma y haz feliz á su hermosura, 
Como á los goces del amor del alma 
Diste á los rayos de tu lumbre pura. 

Huye siempre al ruido 
El casto amor sin mancha y sin reproche, 
Y mientras más ardiente y más sentido. 
Más vive en los misterios de la noche. 

En las horas tranquilas 
En que me habló feliz y enamorada. 
Buscando tu fulgor en sus pupilas 
Te vi palidecer en su mirada. 

Ella es tan pudorosa, 
Que al decirme te amo se estremece. 
Porque su voz dulcísima y hermosa, 
De pasión en sus labios enmudece. 

Ella es de gracia llena, 
Caléndula de amor, que cuida el cielo; 
Pura, como la bóveda serena 
Donde prosigues tu callado vuelo. 

I Oh Sirio ! estrella santa, 
Astro de nuestro amor dulce y bendito. 



POESÍAS ESCOGIDAS 91 

¡Cuánto en mis horas de pasión me encanta 
Verte cruzar el piélago infinito I 

Desde la tierra, juntos ; ese día 
Te llamaré la estrella de mi suerte, 
La estrella de mi amor, la estrella mía. 

LIX. 

¡Deidad del alma mía! 
¿Adonde, adonde estás para que llenes 
De luz y amor mi ardiente fantasía? 
Tti, que en las horas de mis sueños vienes, 

Y de la noche entre la augusta calma 
Viertes en mí tus gratos embelesos, 
Como una lluvia de amorosos besos 
Sobre 'as flores del Jardín del alma. 
¿Adonde, adonde estás? Eres la estreUa 
Que en mi horizonte apareció encendida, 
Para adumbrar tan pálida, tan bella 
Las horas más amargas de mi vida. 
Cuando en la infancia trémulo y creyente 
Bajo la augusta bóveda cristiana. 
Llegue sumiso a doblegar la frente 

Al armónico son «ie una campana ; 
¿Eres tú la que mágica y hermosa, 
Del sacro altar bajo el dosel inmenso 
Te alzabas como forma luminosa, 
Arropándote leve y misteriosa 
En las azules nubes del incienso? 
Presentimiento que á mi pecho vino 

Y despertó las gratas ilusiones 

Que quedaban y embellecen mi destino; 
¿Surgiste entre mis negras decepciones 
Vencedora inmortal de mi destino? 
Venciste mi alma y te llamó su egida. 
Llegaste al corazón y te ama ciego... 

Y eres ya tan amada y tan querida, 
Que olvidado de ti tendría en la vida 
Mi alma sin fe corazón sin fuego. 



92 JUAN DE DIOS PEZA 



Deja que con tu amor pasen mis años, 
Vuelen mi horas y huyanse mis días, 
En pos de sacrosantas alegrías, 
Lejos de dolorosos desengaños. 
Tú me has visto llorar, como se llora 
De dicha y de pasión, lágrimas santas 
Que redimen al pecho que te adora. 
¡Mírame cómo tiemblo ante tus plantas! 
Tú calmas mi pesar y mis enojos... 
No te apartes de mí. que si te alejas 
¿A quién daré mis quejas? 
¿A quién ¡ oh Dios ! se volverán mis ojos ? 
¡Yo vivo de tu amor! Es mi existencia 
Culto de un porvenir que nadie alcanza; 
Has encendido el sol de mi creencia, 
Dando vida á la flor de mi esperanza. 
¡Amor! la ley suprema, la harmonía 
Que llena el cosmos y engrandece al hombre, 
Al mirarte la siente el alma mía, 
j^En mí palpita al escuchar tu nombre... 
¡Eres mi prometida! la que tiene 
Toda la luz del sol en la mirada, 
La que en mis noches solitarias viene 

Y está en mi ardiente corazón grabada. 
Mi juventud, mis horas intranquilas 
Las llena mi pasión, te adoro ciego. 

La claridad que envuelve tus pupilas 
Es un cielo de amor y un mar de fuego. 
Al recordarte el corazón te admira, 
Tu ser lo lleva el corazón impreso, 

Y al cantarte, las cuerdas de mi lira 
Saben vibrar como el rumor de un beso. 

J^ ¡Te adoro, sí! bajo tu dulce encanto 
Vive mi juventud, y ardiente y loco, 
Río con tu risa y lloro con tu llanto. 

Y te amo tanto, tanto, 

Que ante mi amor el Universo es poco. 
Nunca podrá terrible la amargura 
Borrar del corazón joven y ardiente 



/ 



POESÍAS ESCOGIDAS 93 



Este fuego de amor y de ventura 

Que siento arder en mi alma y en mi frente. 

Mas ¡ay! ya sé que todo lo querido, 
Todo lo que ama el alma enamorada, 
Se apaga entre las sombras del olvido ; 
Qué todo es ilusión... es humo... ¡es nada! 
Sé qué van las doradas ilusiones 
A un abismo sin fin ; que nada queda 
De los goces que fueron sin mancilla, 

Y que tampoco al recordarlos rueda 
Una lágrima amarga en la mejilla. 

j Triste destino del que llega al mundo ! 
¡Breves se van los venturosos días! 
¡ Ay ! ¡ si pudiera con mi amor profundo 
Hiciera eternas las venturas mías! 

¡Mujer de bendición! tú, la que llenas 
De ensueños y de amor todas mis horas, 
La que das á mis muertas azucenas 
El rocío de las lágrimas que lloras, 
¿Me podrás olvidar?... Te amo y te veo 
De fe llenando el corazón ateo, 
De fuego á el alma pesarosa y fría. 
Yo vivo del amor; mi afán profundo 
Es encontrar en ti dicha y consuelo ; 
Lejos estás de la pasión del mundo. 
Yo te consagro la pasión del cielo. 
Te busco en mis ensueños y te sigo 
Por doquiera que vas; pues que te amo, 

Y en medio de mis penas te bendigo 

Y con la voz del corazón te llamo. 
Quiero ser todo tuyo y me embeleso 

Con mis noches de amor ¿no habrá ninguna 
En que miremos al rumor de un beso 
Temblar de amor los rayos de la luna? 

¡Oh! mira cuan inmenso es el hastío 
Que me consume el alma y la devora 



94 JUAN DE DIOS PEZA 



Siempre que miro el porvenir sombrío, 
Callando al corazón que amargo llora. 
¡Alma del alma! ¡sol de mi camino! 
Faro que al puerto venturoso guía, 
Si llega á separarnos el destino 
¿Qué será sin tu amor la vida mía? 

LX. 

No sabes lo que siento, si fijas tu mirada 
En mí, con amorosa dulcísima expresión. 
Mi sangre como una ola de fuego arrebatada 
Me llena, me sofoca, me a"brasa el corazón. 

¡ Oh ! ¡ veme, veme siempre ! Tus ojos son tan bellos 
Que en vano envidia el cielo su dulce claridad, 
Me miras con el alma; cuando me ves, con ellos 
Amor está en tus ojos como una eternidad. 

Cuando me ves, mis horas deslízanse tranquilas 

Y en vano á mi alma llegan las sombras del pesar : 
Si un cielo está escondido detrás de tus pupilas, 
Transpórtame á ese cielo con sólo tu mirar. 

¡ Encanto de mi vida ! Mujer idolatrada. 
La diosa y soberana que impera en mi existir, 
Que no me falte nunca la luz de tu mirada 
Para sentirme tuyo, para poder vivir. 

Yo te amo con inmensa, con ciega idolatría. 
Eres mi solo ensueño, mi encanto y mi pasión, 
Si no quiere la suerte que te contemple mía, 
¿Por qué no rompe y mata mi triste corazón? 

Mírame, y que tus ojos divinos, seductores. 
Se aduerman mientras busco en su mirar á Dios; 
Ttj eres sobre la tierra el Dios de mis amores 

Y tus miradas unen las almas de los dos. 

Por tanto que te adoro, por tanto que te quiero, 
Por este anhelo eterno de verte sin cesar, 
Si sabes que estoy triste, si sabes que me muero, 
Devuélveme á la vida con sólo tu mirar. 



POESÍAS ESCOGIDAS 95 



I Habla... no temas nada... mi corazón te adora, 
i El cielo de mis sueños encenderá su aurora, 
I Mis esperanzas todas se encenderán también. 
Tus juramentos guardo dentro del alma impresos, 
Sobre mis labios arde la fiebre de tus besos, 

¡Acércate... no temas... estamos solos... ven. 

i 

Tu mano entre mis manos... tus ojos en mis ojos, 
Sin dudas ni pesares, sin lágrimas ni enojos, 
Dime tus pensamientos, tu sueño tu ambición. 
i Reclinaré en tu seno mi frente enamorada, 
I Quiere beber el alma la luz de tu mirada, 
I Quiero escuchar latiendo tu virgen corazón. 

I Mírame... dime todo, ¡tiemblas! por que, mi vida, 

i Estamos en el cielo, tu frente está encendida. 

I Respóndeme... es la dicha la que sintiendo estás. 
Deja que yo me muera teniéndote á mi lado, 
Incendíeme la frente tu aliento embalsamado, 

I Mátame con tus labios, besa, bésame más. 

r» Nadie en esta hora dulce será nuestro testigo, 
' Estás dentro de mi alma para tener conmigo 
j La realidad del cielo, la ausencia del dolor, 
j Yo vivo para tu alma que apura las delicias 
I De todos sus sollozos, de todas sus caricias, 
De todos esos. miedos sin nombre, de tu amor. 



Cuando mes ves, no siento desvanecerse el día. 
Mis labios no hablan, cantan, cuando te llaman mía. 
Me faltan corazones para adorarte más. 
Tú eres el dios del alma á quien venera sola. 
Mírame... así me siento rodeado por la aureola 
Que la ventura esparce por donde quier que vas. 

No encuentro hermosura rival de tu hermosura, 
Creo sólo en la pureza que tu mirar fulgura. 
La eternidad la siento, viviendo para ti. 



96 JUAN DE DIOS PEZA 



Tú eres... no sé... el lenguaje es árido y mezquino, 
Eres luz, dicha, gloria, felicidad, destino. 
Lo espléndido, lo grande, eso eres para mí... 



Vivir siempre adorándote besar todas tus huellas, 
•Oir tus dulces frases para soñar con ellas, 
Morir entre tus brazos temblando de pasión; , 

Pensar lo que tú piensas, tener tu mismo acento, 
Hallar vida en tus labios, y respirar tu aliento, 
Teniendo nuestras vidas un solo corazón. 

Seguirte como esclavo, cuidarte como dueño, 
Velar cambiando en ángel las horas de tu sueño 
Seguir junto contigo del porvenir en pos. 
Esa es mi vida, virgen, desde que yo te adoro, 
Tú eres del alma el único, el sin rival tesoro, 
Al verte me arrodillo... Mujer, sé tú mi dios. 

LXII. >' 

A tus plantas, mujer encantadora. 
Vengo á poner mi corazón de fuego ; 
En la noche del alma eres la aurora, 

Y ávido de tu luz, temblando llego. 

Yo sé que puedes dar á mi existencia 
Todo ese bien que le negó la suerte; 
Por eso bajo el sol de tu presencia 
¡Ámame! grita el corazón al verte. 

El célico fulgor de tus miradas 
Que irradia en el azul de mis amores 
Dio brillo á mis estrellas apagadas 

Y dio perfume á mis marchitas flores. 

Vengo á pedirte con amante anhelo, 
Para mi corazón delicia y calma, 

Y á poner á tus pies, mujer del cielo, 
Las puras flores del amor del alma. 

Como al templo de Dios penetra el niño 

Y hasta el sagrado altar trémulo avanza; 



POESÍAS ESCOGIDAS 



97 




Y al tronar de los fusiles, 
El grito de ¡Viva Méijco! 
Brotando de aquellas bocas, 
Va con su postrer aliento 
Por el cielo de la patria 
En nubes de gloria envuelto. 



El prisionero de Papazindán. 



'cesías vaciifiidas. 



JUAN DE DIOS PEZA 



Al santuario inmortal de tu cariño 
Vengo, mujer, temblando de esperanza. 

Ni tu piedad, ni compasión reclamo, 
Una mirada el corazón invoca, 
Siento en la inmensidad con que te amo 
Tus besos palpitar sobre mi boca. 

Siento en la soledad tus pasos breves. 
Oigo tu voz en mi redor sombrío; 
Y cada vez que pasas, que te mueves. 
Llenas de luz el pensamiento mío. 

Perdóname este amor, son mis dolores 
Disfrazados de goces en mi pecho, 
Es un perenne manantial de flores 
En suspiros y lágrimas deshecho. 

Perdóname este amor... busco tus ojos, 
Sigo tu sombra y besé tus huellas, 
Para cambiar en rosas mis abrojos. 
Para cambiar mis nubes en estrellas. 

Rompe con tu cariño la cadena 
Que me une con la sombra y el quebranto, 
Una palabra calmará mi pena, 
Una caricia enjugará mi llanto. 

Tú eres mi redención... y antes que muera 
Sobre la cruz de mi dolor impío, 
Ven á esta soledad donde te espera 
El alma que te adora, encanto mío. 

LXIII. 

¡Oh noche, la más hermosa 
de todas las de mi vida! 
En ti mi alma estremecida 
Para amar resucitó... 
Y tú envolviste á mi pecho, 
De pasión viéndolo ciego. 



POESÍAS ESCOGIDAS 99 



En la atmósfera del fuego 
Que necesitaba yo... 

Contando sobre esta tierra 
Apenas veintitrés años, 
¡Qué huracán de desengaños 
Soplaba en mi corazón! 

Y tú, noche, tú le has dado 
Para calmar mis dolores, 
Estrellas, aves y flores 

Al mundo de mi ilusión. 

A ver... ¡qué solo y qué triste 
Cruzaba yo mi camino! 
El látigo del destino 
Siempre me hirió sin piedad. 
Llevando enferma y marchita 
Sin porvenir y sin calma, 
Por mis pesares el alma 
Envuelta en la obscuridad. 

Ella, noche, tú le diste 
Tu inspiración, tu grandeza, 
Cuando al sol de tu belleza 
Ma hiciste resucitar, 

Y la miré enternecida 

Y ella me miró de hinojos, 

Y al hallarse nuestros ojos 
Dijimos « amar » <( amar ». 

Y cubiertos con el manto 
Que tú extendiste sombrío, 
Su corazón junto al mío, 
Nuestras almas junto á Dios... 
Juramos ser uno de otro 
Entre el placer y la calma 
Tener qíi el mundo un alma 

Y morir juntos los dos. 
Danos tú. noche bendita, 

Tu sereno y dulce manto. 
Haz que sea eterno el encanto, 
De esa hora de bendición.. 



100 JUAN DE DIOS PE2A 



Y en esta tierra mezquina 
Sin llanto ya y sin dolores 
Eterniza mis amores 
Eterniza mi pasión. 

LXIV. 

Dices que todas las flores 
Te seducen y te encantan, 
Pero que de todas ellas 
Prefieres la rosa blanca. 
Esos pétalos de nieve, 
Esa corola sin mancha 
Ese perfume divino 
Qué de su cáliz exhala, 
A tus sentidos fascinan 

Y te enajenan el alma. 

Es justo que tú, tan pura, 
Tú, la reina de las gracias, 
La joya de la modestia. 
De las virtudes la gala, 
Ames la rosa más linda 
Que en el jardín te retrata. 
Recuerdo que un día muy triste, 
Al nacer de la mañana. 
Entregado á esos ensueños 
Del amor y la esperanza... 
Fui á un jardín y entre sus flores 
Busqué en el reposo calma. 
Aun estaba húmedo el musgo 
Por las lágrimas del alba, 
Los pajarillos contentos, 
Saltando de rama en rama, 
Daban sus trinos sintiendo 
Luz y calor en sus alas... 

Y allí bajo un bosquecillo 
De hiedras y pasionarias 
Que entre los troncos añosos 
Se suspenden y se enlazan, 



POESÍAS ESCOGIDAS 



101 



Vi sobre el húmedo musgo 
Abrirse una rosa blanca : 
Era la luz, la diadema 
De su» frente inmaculada 

Y eran sus más lindas joyas 
Las perlas de la mañana... 
Pero esa luz, esas perlas 
Eran en su frente pálidas... 
Aquella rosa quería 

El calor de tus miradas. 
La gracia de tus sonrisas 

Y el amor de tus palabras... 
Se abrió para hallar la vida 

Y no te llevaste el alma. 

Y cuando el sol iba á hundirse 
En un lecho de escarlata, 

Y cada ave volvía al nido, 

Y cada flor se plegaba... 
Murió la rosa que apenas 
¡Vivir pudo una mañana! 

Blanca rosa de mis sueños, 
Pura redención del alma, 
Si mañana por la ausencia, 
O la muerte ó las desgracias, 
Estoy muy lejos, muy lejos 
Del calor de tus miradas. 
Será recuerdo y emblema 
Del amor que hoy nos embriaga 
La flor que más te cautiva, 
Tu imagen, la rosa blanca. 

LXV. 



¿Qué ser invisible 
Bajando del ámbito inmenso y azul 

Envuelve mi frente 
En ondas gigantes de aromas y luz?. 



102 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Qué voz misteriosa 
Murmura en mi oído su extraño rumor? 

¿Por qué se suspende 
El alma en un sueño de gloria y de amor? 

Sonó media noche, 
Y velo y no tengo reposo ni paz, 

¿Qué aliento de fuego 
Llegando á mi frente me quema la faz? 

Fantasma, ¿qué quieres? 
Llegaste y conti'go mi ser despertó... 

¿Qué buscas? ¿Quién eres? 
El alma que tu alma soñando evocó... 

¿Tu nombre? — no alcanza 
A nadie en el mundo mi nombre entender, 

¿Serás la esperanza. 
La dicha, la gloria, la fama, el placer?... 

Feliz compañera 
De tu alma do enciendo la fe y la pasión; 

Soy ave viajera; 
Yo vivo en el cielo, me llamo Ilusión... 

Detente, detente 
No vueles al seno del ámbito azul. 

Envuelve mi frente 
En ondas gigantes de aromas y luz. 

Te guarda mi alma, 
¡Oh! deja que siempre guardándote esté... 

Que goce la calma 
Del hombre que aun tiene la dicha y la fe... 

Mis duelos, mis penas 
Contigo hallan siempre delicias y amor... 

Mi mente enajenas 
Contigo se goza de un mundo mejor. 

Si mientes ventura, 
¡Qué sueños tan dulces á mi alma le das 

¡Si mientes ternura... 
Tan dulces engaños no cesen jamás ! 



F 



POESÍAS ESCOGIDAS 103 



LXVI. 



Hay penas tan ocultas, tan calladas, 
Que lentamente roen el corazón... 
Áspides de las rosas nacaradas 
Que adornan el vergel de la ilusión... 

Yo conozco esas penas y las siento, 
Ellas me hacen á solas padecer... 

Y no puede mi voz dar un lamento 
Ni alma ninguna las podrá saber. 

Busco en tu amor consuelos y delicias ; 
Tú podrás esas penas mitigar... 
Tu ternura, tu encanto, tus caricias, 
Pueden mi eterna agitación calmar 

¿Me miras siempre triste? es un hastío 
Que hace del corazón un ataúd... 
En cuyo seno cóncavo y sombrío 
Duerme sin porvenir mi juventud... 

:E1 porvenir! fantasma caprichoso... 
Contigo vuelo de su dicha en pos... 

Y no sé si su brillo mentiroso 
Al apagarse matará á los dos... 

Tú llevas la hermosura y la pureza, 
Un sol de fuego en tu mirada está, 
Yo que llevo la noche en mi tristeza 
Voy delirante á donde tu alma va... 

¿No llegaremos al confín risueño. 
Que guarda á nuestro amor templo y hogar? 
Si esto es sólo ilusión, si es solo sueño... 
Nadie nos venga nunca á despertar... 

Esta fiebre del alma, esta creencia, 
Es de mi vida la esperanza en flor... 
Puede hallar una tumba mi existencia 
Mas ¿dónde está la tumba de mi amor? 

Es mi pasión eterna, nadie puede 
Matar su fuego sin matarme á mí. 



104 JUAN DE DIOS PEZA 

Y auque el cadáver sobre el mundo puede 
Mirad al cielo y la halleréis allí. 

Victoriosa estará sobre la suerte... 
Nadie podrá medir su inmensidad, 
¿Qué me importan el tiempo ni la muerte? 
¡Amor es Dios... Dios es la eternidad! 

LXVII. 

¡Cuanta tristeza al corazón doblega! 
¡Cuánto pesar el alma me devora!... 
Herido el pecho á suspirar se entrega 
Viendo lentas pasar hora tras hora. 

¿Por qué tiemblo y sollozo y desvarío? 
¿Por qué nada me da placer ni calma? 
Mi eterna enfermedad es el hastío 
Que me consume y obscurece el alma 

Feliz ttj que no sabes de dolores. 
Ni conoces tan tórrido tormento. 
Ni has visto cómo mueren esas flores 
Que ornaron el jardín del pensamiento. 

Te amo con tanto amor, que es imposible 
Que se pueda amar más en este suelo; 
Pero es mi pena y mi dolor horrible 
No poder darte con mi amor el cielo. 

Aquí sobre la tierra en que han nacido 
Nuestras almas que se aman cpn locura, 
El santo amor se paga con olvido 

Y se paga el placer con amargura... 

¡Ay! yo no quiero que jamás tú mente 
Llegue á olvidar de nuestro amor la historia. 
Mañana cuando esté muerto ó ausente 
¿No guardarás mi nombre en tu memoria? 

¿Te olvidarás acaso de que un día 
Cambiaste en azucenas mis abrojos?... 
¿Podrás apartar tu alma de la mía 
Sin que me vuelvan á mirar tus ojos? 



POESÍAS ESCOGIDAS 105 



¿Tú que eres como el Dios de mi creencia, 
Me* olvidarás al fin?... Si esa es mi suerte, 
¡Ay! antes que tu olvido y que tu ausencia 
Mándeme Dios la dicha de la mue/te. 



LXVIII. 

Hay horas de tanta pena, 
De tanta y tanta aflicción, 
Que si una tras otra suena 
Forman ¡ ay ! una cadena 
Que pesa en el corazón. 

Hay mañanas en que el cielo 
No tiene ni un arrebol 
Prendido en su claro velo, 

Y el alma está sin consuelo 
Como está el cielo sin sol. 

Días que van lentamente 
Matándonos de pesar, 
Que pasan por nuestra frente 
Como pasa indiferente 
La gaviota sobre el mar. 

Que causa este tedio horrible 
Que tanto me hace sufrir, 
Con su martirio terrible; 
¿Ella me olvida ? ¡ imposible ! 
Puesto que puedo vivir. 

Pájaro que deja el nido 
Cuando aun no puede volar, 
Pronto se siente rendido, 
Vacila, lanza un gemido 

Y cae al suelo á espirar. 
Corazón que humano crece 

Y que olvida la virtud, 

Y sólo al placer se ofrece, 
Se marchita y se envejece 
En su plena juventud. 



106 JUAN DE DIOS PEZA 

¡ Oh, tiempo ! si me despojas, 
De mis sueños y mi afán, 
¿Quién calmará mis congojas? 
Del árbol que está sin hojas, 
Todas las aves se van. 

Mientras descarga la suerte 
Esa horrible tempestad, 
Que solo acaba en la muerte 
Mientras... sobre el pecho fuerte 
Horas de angustia pasad. 

LXIX. 

Si el alma te ama en cada día 

Y el corazón para tu amor palpita, 
¿Por qué no he de dejarte, amada mía. 

La historia, aquí, de nuestro amor, escrita? 

Guárdala, y si la ausencia ó el destino 
Me quieren apartar de tu memoria. 
Sin llegarme á apartar de tu camino. 
Yo quedo aquí con nuestra breve historia. 

Si el porvenir nos da todas sus flores, 

Y vivo junto á ti cual lo he soñado, 
Al levantar un templo á mis amores 
Este será el altar de su pasado. 

Mas si al abrir mi libro ya estoy muerto 

Y de mi amor te acuerdas todavía. 
Sobre las dichas que soñé despierto 
Deja caer una lágrima, alma mía. 

Son estas hojas los testigos santos 
De mis horas de amor, no las destruyas; 
Eres la musa que inspiró estos cantos. 
Mis horas de pasión son sólo tuyas... 

I Guarda este libro ! todas mis congojas 

Y mis dichas de amor las lleva impresas. 
Te dejo el corazón en estas hojas. 

Tú sabrás si las rompes ó las besas. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



107 



AMOR ETERNO. 



I. 



y 



Moría el sol como un rey poderoso, 
Sobre un lecho de armiño y de grana 

Y sus últimos cárdenos rayos 
De los fresnos las copas doraban. 

En los senos obscuros del bosque 
Donde lame las rocas el agua, 
Era el aire un concierto sagrado 
De pájaros y hojas, de nidos y ramas. 

Por las puertas azules de Oriente 
La noche en su nave de sombras entraba. 
En el mástil trayendo prendida 
La luna de Enero cual faro de plata. 

¡Cuál altivo esperaba la muerte 
En la púrpura envuelto el monarca 

Y su cetro de luz cuan hermosa 
En el trono la reina empuñaba! 

En el borde cubierto de musgo 
Del lago poblado de cisnes y garzas, 
Viendo el cielo pintarse en el fondo 

Y surgir las estrellas calladas. 

Ella y yo, con los ojos radiantes 
De amor y ternura, de fe y esperanza, 
Meditábamos juntos y tristes 
En las luchas que ofrece el mañana. 



IL 



Nuestro amor era puro. En la tierra, 
La pureza es la luz de las almas, . 
Y esa luz el rubor la embellece 
Con sus vivos reflejos de grana. 



108 JUAN DE DIOS PEZA 



Estrechó con su mano mi mano 

Y bajando la dulce mirada : 

(( ¡Yo te adoro — me dijo, — no temas 
Olvido ni engaño, desdén ni distancia ! » 

Me miró con sus ojos obscuros, 
Sus ojos velados por negras pestañas, 

Y después por sus blancas mejillas 

Cual perlas divinas rodaron dos lágrimas. 

(< ¿Que te olvide, mi bien? ¡ Imposible! 
jMl pecho es tu templo, con fe te idolatra 

Y á tus pies, de rodillas te juro 
Adorarte lo mismo mañana ! » 

¡Me miró, la miré; nuestros pechos 
Suspiraron á un tiempo con ansia, 

Y en un beso de luz nuestros ojos 
Confundieron las vidas, las almas! 

III. 

La vi luego inclinar la cabeza, 
Murmurar algún rezo en voz baja 

Y llorar y decir : <( nunca olvides 

Que soy tuya y la Virgen nos guarda ». 

Se hundió el sol y bañó nuestras frentes 
De la luna la luz tibia y blanca. 
En sus nidos callaron las aves 

Y durmióse la brisa en las ramas. 

Silenciosos del bosque salimos 
Con los ojos nublados de lágrimas /"w 

Y al decirnos adiós, nos lanzamos 
A las luchas que ofrece el mañana. 



Correr pueden los años veloces 
Y al dejar en mi frente su escarcha 



POESÍAS ESCOGIDAS 109 

Coronarme con hebras de nieve 

Que todo lo enfrían y á todos espantan. 

Venir pueden rugiendo en mi vida 
Los duelos profundos, las penas amargas 

Y turbar en la noche mis sueños 

Con tristes visiones y extraños fantasmas. 

Ella sola se hospeda tranquila 
En el fondo callado del alma; 
Ella sola preside mis horas 
De angustias y penas, de amor y esperanza. 

Una noche muy negra es mi vida 

Y ella espera llorando callada 
Algún astro que rompa las sombras. 
¡ Ella espera cual yo la mañana ! 



Al mirar este bosque sagrado 
Donde lame las rocas el agua 
Y en las tardes el aire es concierto 
De pájaros y hojas, de nidos y ramas; 

/ Con el goce más casto y más puro 
Recuerdo á mi virgen tan pura y tan blanca 
Su apacible mirar, sus sonrisas, 
Sus ojos obscuros, veneros de lágrimas. 

Y recuerdo también con las flores 
Que secas y mustias mi pecho las guarda, 
Sus promesas, <( ¡ Te adoro, no temas, 
Olvido ni engaño, desdén ni distancia!» 



VI. ,y 



¿Es verdad? ¿Las mujeres olvidan? 
¿Es verdad? ¿Las mujeres engañan? 
¿En las luchas sin tregua del mundo 
Con la ausencia se alejan las almas? 



1 10 JUAN DE DIOS PEZA 



Ella sola preside mis horas. 
Ella viene en mis noches calladas 

Y á doquier que me lleven mis pasos, 
Ella sola mi vida acompaña. 

¿Este amor tendrá fin, como todo 
En la mísera vida se acaba? 
¿Pasará la ilusión como siempre 
En la tierra fugaz todo pasa? 

¿Nuestra fe morirá como mueren 
Al soplo del tiempo las flores del alma? 
Ella puede olvidarme; yo, nunca; 
La llevo en mi pecho, no puedo arrancarla. 

Si ella es sólo un ensueño, me llena; 
Si ella es sólo una sombra, me basta; 
¡Yo sé bien que mi vida es la noche 

Y ella un sol en el cielo del alma! 



VIL 



Si ese sol como astro del día 
Se hundiere en un lecho de armiño y de grana, 
Aun veré que su cetro lo empuña 
Una reina inmortal : ¡ La esperanza ! 

Si es la luna que alumbra á los muertos. 
Que se torna en la vivida lámpara 
Que con pálidos rayos me alumbre 
En las luchas que ofrece el mañana. 



POESÍAS ESCOGIDAS 111 



EN MI BARRIO» 

Sobre la rota ventana antigua 
Con tosco alféizar, con puerta exigua, 
Que hacia la obscura calleja da, 
Pasmando al vulgo como estantigua 
Tallada en piedra, ia santa está. 

Borró la lluvia los mil colores 
Que hubo en su manto y en su dosel ; 

Y recordando tiempos mejores, 
Guarda amarillas y secas flores 
De las verbenas del tiempo aquel. 

El polvo cubre sus aureolas. 
Las telarañas visten su faz, 
Nadie á sus plantas riega amapolas, 

Y ve la santa las calles solas, 
La casa triste, la gente en paz. 

Por muchos añOs allí prendido, 
Único adorno del tosco altar, 
Flota un guiñapo descolorido. 
Piadosa ofrenda que no ha caído 
De las desgracias al hondo mar. 

A arrebatarlo nadie se atreve, 
Símbolo antiguo de gran piedad. 
Mira del tiempo la marcha breve; 

Y cuando el aire lo empuja y mueve 
Dice á los años : pasad, pasad. 

¡Pobre guiñapo que el aire enreda! 
¡Qué amarga y muda lección me da! 
La vida pasa, y el mundo rueda, 

Y siempre hay algo que se nos queda 
De tanto y tanto que se nos va. 

Tras esa virgen de obscura piedra 
Que á nadie inspira santo fervor, 
Todo el pasado surge y me arredra; 
Escombros míos, yo soy la yedra; 
¡Nidos desiertos, yo fui el amor! 

.Altas paredes desportilladas 
Cuyos sillares sin musgo vi. 



112 JUAN DE DIOS PEZA 



¡ Cuántas memorias tenéis guardadas ! 
Niveas cortinas, jaulas doradas, 
Tiestos azules... ¡no estáis aquí! 

En mi azarosa vida revuelta 
Fui de esa casa dueño y señor, 
¿Do está la ninfa, de crencha suelta, 
De grandes ojos, blanca y esbelta, 
Que fué mi encanto, mi fe, mi amor? 

¡Oh mundo ingrato, cuántos reveses 
En ti he sufrido! la tempestad 
Todos mis campos dejó sin mieses... 
La niña duerme bajo cipreses, 
Su sueño arrulla la eternidad. 

¡ Todo ha pasado ! ¡ Todo ha caído ! 
Sólo en mi pecho queda la fe, 
Como el guiñapo descolorido 
Que á la escultura flota prendido... 
¡ Todo se ha muerto ! ¡ Todo se fué ! 

iPero, ¡qué amarga, profunda huella 
Llevo en mi pecho!... ¡Cuan triste estoy!.. 
La fe radiante como una estrella, 
La casa alegre, la niña bella. 
El perro amigo... ¿Dónde están hoy? 

¡Oh calle sola, vetusta casa, 
Angostas puertas de aquel balcón! 
Si todo muere, si todo pasa, 
¿Por qué esta fiebre que el pecho abrasa 
No ha consumido mi corazón? 

Ya no hay macetas llenas de flores 
Que convirtieran en un pensil 
Azotehuelas y corredores... 
Ya no se escuchan frases de amores. 
Ni hay golondrinas del mes de Aibril. 

Frente á la casa la luz cristiana 
Del mismo templo donde rezó. 
Las mismas misas de la mañana, 
La misma torre con la campana 
Que entre mis brazos la despertó. 



POESÍAS ESCOGIDAS 113 



Vetusta casa, mansión desierta, 
Mírame solo volviendo á ti.. 
Arrodillado beso tu puerta 
Creyendo loco que aquella muerta 
Adentro espera pensando en mí. 



CAMINO DE LA VILLA, 

Camino de la Villa 

Mi niña va 
Y por ese camino 

No' volverá. 



I. 



Desde su más risueña 

Dichosa edad 
Amó mucho á la virgen 

Del Tepeyac. 
Siempre tuvo su imagen 

Por talismán, 
Siempre le puso cirios 

Sobre el altar. 
La rezaba en las noches 

Con tal piedad 
Que con sus oraciones 

Me hizo llorar. 
Para el mes de Diciembre 

¡Con cuánto afán 
Cultivaba las rosas 

De su rosal! 
Se las llevaba al templo 

Llena de paz, 
Ungidas con la esencia 

De la bondad, 
Y allí exclamaba : ¡ Oh virgen 

Poco te da 



estas escogidas. 



1 14 JUAN DE DIOS PEZA 



La que contigo llena 

Su soledad. 
Este año pocas rosas 

Dio mi rosal, 
Pero el año que viene 

Te traeré más. 

Y alegre y satisfecha, 

Libre del mal. 
¡Qué feliz regresaba 
Hacia el hogar! 

n. 

¡Qué quieta va la niña! 
Dormida está! 

Y los que la acompañan 

De negro van. 
Tristes y obscuros paños 
Velan su faz 

Y la suben en hombros 

Al Tepeyac. 



¿Por qué no busca el templo, 

Ni en el altar. 
Deja las frescas rosas 

De su rosal? 
Blanca como la cera 

Tiene la faz; 
Sus manos como lirios 

Cruzadas van; 
Sus ojos, antes llenos 

De claridad; 
Cerrados para siempre 

No miran más. 
Lleva colgado al cuello 

Su talismán; 
La imagen de la Virgen 

Del Tepeyac! 



^ 



POESÍAS ESCOGIDAS 115 



¡Ay! ¡pobre de mi niña! 

Durmiendo está 
Ese sueño que arrulla 

¡La eternidad! 

III. 

¡Oh niña de mi vida! 

¿Por qué te vas? 
Sin ti, queda más sola 

Mi soledad! 
¡Eras como la blanca 

Flor de azahar, 
Símbolo de pureza, 

De castidad! 
Eres para mis horas 

Que azota el mal. 
Tierno ramo de oliva, 

Nuncio de paz. 
Mis culpas, tu pureza 

Logró lavar, 
Que tú para mis culpas 

Fuiste el Jordán, 
Mira que tristes dejas 

El dulce hogar : 
Las aves que cuidaste 

No cantan más 
Y el rosal de la Virgen 

Marchito está; 



¿Durmiendo eres dichosa? 

Duérmete en paz... 
¿Quién besará tus ojos 

Al despertar? 
¡Oh, niña de mis sueños! 

¡Mi solo afán! 
¡ Es muy honda y muy negra 

La eternidad! 



1 16 JUAN DE DJOS PEZA 



Camino de la Villa 
Mi niña va 

Y por ese camino 
No volverá. 



DESDE EL BALCÓN. 

Con su veintena de primaveras, 
Vistiendo leve, blanco linón, 
¡Qué cosas dice tan hechiceras 
Tras la cortina de enredaderas, 
Dosel eterno de su balcón! 

¡Cómo sin miedo de la fortuna 
Vemos al fondo del porvenir, 
Hogar, alcoba, regazo y cuna, 
T hablamos bajo porque la luna 
No nos escuche desde el zafir. 

Cimbra su talle como una palma 
Cuando sus plantas osa mover; 
Tiene el semblante lleno de calma 

Y por sus ojos se asoma el alma 
Pues se ve en ellos amanecer. 

Formas de Venus, alma de santa, 
Seno de virgen, rostro de hurí, 
Ninguna canta cual ella canta. 
Las arpas de oro de su garganta 
Vibran de amores junto de mí! 

¿Cuál es mi eterno dulce alborozo? 
¿Cuál es mi sola, dulce ilusión? 
Ver que me busca llena de gozo 
Mal disfrazada con el rebozo, 
Entre el follaje de su balcón! 

Ver que por nada deja la cita 
Que en altas horas siempre le doy 

Y á tu reflejo, luna bendita, 
Ver con qué gracia su manecita 

Me manda un beso cuando me voy. 



POESÍAS ESCOGIDAS 117 



PRIMEROS AMORES. 

(del libro de celia) 

En el arco muzárabe prendido 
Está un ancho festón de verde yedra 

Y detrás del festón asoma el nido 

Que una parlera alondra ha suspendido 
Del rudo y tosco mascarón de piedra. 

Sobre el arco la gótica ventana 
Cerrada por cristales de colores : 
Parece un minarete de sultana 
Donde al rayar la luz de la mañana 
Hablan de amor las aves y las flores. 

Allí vivió la que en dichoso día 
Fué de mi corazón culto ferviente, 
La primera mujer del primer día 
En que el espacio azul del alma mía 
Vio un sol de amor brillando en el Oriente. 

En esas rudas piedras que el galano 
Verdinegro follaje cubre ahora, 
Dejó mil veces alelado, ufano. 
Entre las suyas mi convulsa mano 
Con fiebre de pasión abrasadora. 

La dicha engaña, el desengaño arredra 
¿Quien ra matiz á la ilusión perdida? 
Detrás de este festón de verde yedra 
Yo dejé sepultado en cada piedra 
El pensamiento... el corazón... la vida. 

Tiene la casa nuevos moradores, 
El mism.o sol de ayer hoy ha venido 
A matizar los vidrios de colores... 

Y sólo habla de amor entre las flores 
El ave errante acalorando el nido. 

¿Qué dice el ave al pie de la ventana 
Si con postrer fulgor el sol la hiere 
O con su albor la envuelve la mañana? 



1 18 JUAN DE DIOS PEZ A 



Que toda dicha en la existencia humana 
Nos deslumhra y después... se va, se muere. 

¡Sol del primer amor! entre congojas 
Te guarda aún el pensamiento mío... 
A ti que al mar del porvenir te arrojas... 
¡Cubra el ancho festón de verdes hojas 
El nido lleno... el corazón vacío! 

Hoy... ni una sola queja ni un reproche 
De nuestra triste y do'orosa suerte... 
A'quí cuando la yedra plegué el broche 
Surgen nuestras dos sombras en la noche 
Y dialoga el olvido con la muerte. 

MIS LLAVES. 

I. 

Esta llave dorada es la alegría, 
La esperanza, el candor... 
Es de la caja en que guardó María, 
Cartas y versos de mí ardiente amor. 

II. 

Esta gótica llave es el testigo 
De una dicha sin par; 
Es del armario en que guardó conmigo 
Prendas y joyas del deshecho hogar. 

III. 
Esta llave de hierro es la que encierra 
Mi fe, mi juventud : 
Guarda el tesoro que adoré en la tierra, 
Es de una caja negra... ¡Su atatid! 

Cada llave es de suyo misteriosa; 

¡Ella me las dejó 
Para que alguna mano cariñosa 

Las arroje á la fosa 
Donde el último sueño duerma yo! 



POESÍAS ESCOGIDAS 119 

EN VELA» 

A MI GENEROSO AMIGO MANUEL A. MERCADO. 

Yo tuve en mí Abril mañanas 
Serenas, tibias, iiermosas, 
Todas tan llenas de rosas 
Cual estoy lleno de canas, 
Hebras de nieve tempranas, 
¿Venís cuando ya se van 
La fe, la dicha, el afán 
Que la juventud atiza?... 
Decidme, ¿sois la ceniza 

la nieve de un volcán? 

Si temprano habéis venido 

Y sois falsos galardones, 
Al veros mis ilusiones 
Espantadas han huido ; 
Aun siento caliente el nido 
Que una alondra acaloró... 
¿Dónde está? la busco yo 

Y el fiero destino aleve 
Me muestra lleno de nieve 
El nido donde nació. 

Esa alondra, ¿fué la idea, 
La ilusión, el sueño vano, 
Que cual nube de verano 
Huyendo relampague? 
¿Era Venus Citerea? 
¿Era Minerva? ¿era Anfión? 

1 No ! ni sueño ni ilusión, 
Ni diosa alguna escogida; 
La alondra es la fe perdida 

Y el nido mi corazón. 

Y aun hay llamas del deseo 
Que incendian mi mente loca 

Y aun sufro como en la roca 
Con el buitre Prometeo. 



120 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Amo? ¿Sueño? ¿Dudo? Creo? 
¿Qué tempestad ruge así 
Que produce el frenesí 
Por el cual vivo muriendo ? 
Estoy dudando y creyendo 
A un tiempo mismo ¡ ay de mí ! 

¿Quién, si llegó á navegar 
No vio de noche á lo lejos 
Surgir radiantes reflejos 
Entre los cielos y el mar? 
¿Era una estrella sin par? 
¿Era un faro en un peñón? 
En el mar de la ilusión 
Náufrago vi una luz bella, 
Fuego fatuo, faro, estrella 
Que atrajo mi corazón. 

Luz que entre las sombras vaga 

Y ¿ue fulgente cautiva, 
De lejos luce más viva, 

Y al acercarnos se apaga. 
Astro de mi suerte aciaga 
Perdido en la inmensidad, 
Si busco tu claridad 

Miro que el espacio pueblas 
Donde reinan las tinieblas 
De una eterna soledad. 

¡Cómo lucha la conciencia 
Con la virtud que se abate! 
2 Qué gran campo de combate 
El campo de la existencia! 
¿Es la fiebre? ¿Es la demencia 
Esta secreta y terrible 
Ansiedad indefinible 
Que impulsa constante y ciega 
A esperar lo que no llega 

Y á acariciar lo imposible? 

I Oh, canas ! No sois tempranas ; 
Con dudas y desengaños 



POESÍAS ESCOGIDAS 121 



Son como siglos los años 
En las contiendas humanas. 
Yo en mi abril tuve mañanas 
Claras, radiantes y hermosas. 
Hoy son noches pesarosas, 
Horas negras, penas graves, 
Hoy mochuelos, ayer aves. 
Hoy espinas, ayer rosas. 

Vuela fugaz cada día; 
El tiempo todo renueva, 
Pero ingrato no se lleva 
Las penas del alma mía. 
¿Existe en la tumba fría 
La eterna paz? ¿ella encierra 
La tregua de aquesta guerra? 
¿Allí está la mejor calma? 
I Oh, cuerpo ! prisión del alma, 
¡Cuánto has sufrido en la tierra! 

; Eternidad ! en tu puerta 
Concluye el mundano empeño ; 
Eres el único sueño 
Del que jamás se despierta. 
El que tenga el alma muerta 
Después de tanto sufrir 
¿Tendrá derecho á pedir 
Tu abrigo en acento tierno? 
¿Si la vida es un infierno 
Es paraíso morir? 

¡ Quién descubre los arcanos 
Terribles de lo infinito 
Si la muerte los ha escrito 
Entre huesos y gusanos!... 
Soñad como sueño yo... 
Sólo la lucha os afana 
¿Amáis el descanso ? ¡ No ! 
Soñad... ¡qué hermosa mañana! 
¡Mi lámpara se apagó! 



122 JUAN DE DIOS PEZA 

EN JALAPA* 

A MI INTELIGENTE AMIGA ISABEL RIVADENEIRA 

En este verjel risueño, 
Donde es tan pródiga en dones 
Naturaleza, que viste 
Todos sus campos de flores ; 
En este edén encantado 
Donde son las ilusiones 
Hermanas de las gardenias 
Que dan al céfiro amores; 
¡Cómo transcurre la vida 

Y van las horas veloces 
Curando las hondas penas 
De los tristes corazones! 
¡Cómo se olvidan los duelos 

Y surgen encantadores 
Ensueños de nácar y oro 
Que al viejo tornan en joven ! 
¡ Quién pudiera con la lira 
Que á Apolo presta sus sones 
Cantar en dulces endechas 

A este emporio de las flores ! 
Cantar de sus lindas hijas 
Las pupilas como soles, 
Las mejillas como rosas, 
Sus cantos de ruiseñores 

Y sus talles de palmeras 

Y sus sentimientos nobles. 
Jalapa, girón de cielo 

Que entre pintorescos montes 
Te recatas hechicero 
De las miradas del hombre ; 
Deja que en humildes notas 
Que han de apagarse veloces, 
Te diga en toscos acentos 
Cuánto de mi pecho brote. 



POESÍAS ESCOGIDAS 123 

Deja que te dé en mis versos, 
Desaliñados y pobres, 
Lo que el corazón me dicta 
Olvidando sus dolores. 
Deja que aspire las auras 
De tus aromados bosques 

Y que pida en tus hogares 
Consuelo á mis aflicciones : 
Deja que te diga todo 

Lo que en mi pecho se esconde 

Y resuciten tus brisas 
La flor de mis ilusiones. 
Soy el viajero cansado 
Que los desiertos recorre 

Y que no encuentra una tienda 
En los negros horizontes ; 
Pero tú que me la ofreces 
Revestida por tus flores, 

Y velada en otro tiempo 
Por el manto de tus noches. 
Que están cuajadas de estrellas 
Que deslumhran como soles 

Y por tus limpias auroras 
Que rompen el áureo broche 
Al ver cómo las saludan 
Los mirlos y los zenzontles; 
Doblo en tierra la rodilla 

Y así como el sacerdote 
Se inclina cuando levanta 
El místico pan de amores, 
Inclino la frente mustia 

Que no hay quien doblarla logre 

Y así mi pasión te expreso 
En estos tristes acordes : 

Tierra de amor y de fe, 
De ternura y de cariño; 
Que allá en mis horas de niño 
Como ilusión te soñé. 



124 JUAN DE DIOS PEZA 

Deja que te diga aquí 
Al son de mi humilde lira 
Cuánto tu afecto me inspira 

Y cuánto siento por ti. 

Eres un nido de amores 
Do se querellan sin penas 
La brisa y las azucenas, 
El lirio y los ruiseñores. 

Donde al pálido arrebol 
Que en tus horizontes arde 
Se enamoran por la tarde 
La luciérnaga y el sol; 

Donde en dulce desvarío, 
El aire de tus montañas 
Canta amor entre las cañas 
Que bordan el manso río ; 

Donde finge blancos tules 
Con que tus cabanas pueblas, 
Un manto de blancas nieblas 
Entre horizontes azules; 

Donde ante el nítido espacio 
De tu eterna primavera, 
Es, junto á cada palmera, 
Cada cabana un palacio ; 

Donde corteja el rocío 
A los mirtos encarnados, 
Bajo los rojos tejados 
De tu hermoso caserío; 

Y entre los verdes ramajes 

Y los juncos tembladores, 
Es toda la tierra flores 

Y todo el cielo celajes; 

Donde, entre la viva luz 
Que vierte en el monte el cielo, 
Se alza brindando consuelo 
Sobre la ermita la cruz. 



POESÍAS ESCOGIDAS 125 



¿Qué puedo entre tus jardines. 
A tu belleza cantar 
Si te he venido á encontrar 
Poblada de serafines? 

Verjel hermoso ¿qué quieres 
Que te diga en pobre acento 
Si tienes un firmamento 
Cuyos astros son mujeres? 

Su candor disipa enojos, 
Su pureza vence agravios. 
No hay labios como sus labios 
Ni hay ojos como sus ojos. 

Su franqueza peregrina 
La vida en el alma acrece 

Y su sonrisa enloquece 

Y su mirada fascina. 

Tiene su faz expresión, 
Su cerebro pensamiento, 
Hay en su alma sentimiento 

Y amor en su corazón. 

Nunca mienten sus sonrisas, 
Nunca engañan sus amores,- 
Son tiernas como flores 

Y puras como sus brisas. 

Quién las visita en su hogar" 
Les da cariño profundo 

Y después recorre el mundo 
Sin poderlas olvidar. 

lalapa, eterno pensil. 
Nido de blancas palomas, 
Todo rosas, todo aromas, 
Que vela un eterno Abril. 

¿Qué te daré á mi partida? 
Tu franca hospitalidad 
Me dio la felicidad 
Que yo soñaba en la vida. 



126 JUAN DE DIOS PEZA 



Mañana, triste de mí, 
Estarán sin olvidarte. 
Mi cuerpo en cualquiera parte 
Y mi pensamiento en ti. 



Jalapa, Enero 26 de 



COATEPEC 

A MI PATERNAL AMIGO MANUEL LEVf 

Velado entre un cortejo 

De brisas y de aromas, 
Que de las nieblas rompen 

El transparente tul, 
Los mirlos Jo despiertan, 

Lo arrullan las palomas, 
Sobre una alfombra verde, 

Bajo un dosel azul. 

Colmena de alabastro 

Semeja el caserío; 
Le forman los tejados 

Coronas de rubíes, 

Y aprisionado corre 
El murmurante río 

Entre gardenias, mirtos, 
Camelias y alelíes. 

Tupidos cafetales 

Esconden la cabana 
Que el sol americano 

Incendia con su luz, 

Y entre el follaje denso 
Defiende la montaña 

La ermita, alzando al cielo 
Su solitaria cruz. 



POESÍAS ESCOGIDAS 127 



El liquidambar tiende 

Sus ramas aromosas 
Sobre las verdes cañas, 

Riqueza del verjel; 
Cortejan los naranjos 

Las áureas mariposas, 
Mientras las pinas brindan 

A los jilgueros miel. 

Al soplo de las brisas 

El platanar resuena; 
Al peso de los frutos 

Se dobla el cafetal 

Y al pie del floripondio 
Se asoma la azucena, 

Cuyo nevado seno 
Refresca el manantial. 

Cuando la tibia noche 
Su clámide desata 

Y el río da á los vientos 
Su mágico rumor. 

Los azahares fingen, 

Aljófares de plata 
Que bañan los insectos 

Con vivido fulgor. 

Es Coatepec un carmen 

Oculto en el follaje, 
Un sueño de poeta, 

La flor de una ilusión; 
Del mar de la existencia 

Venciendo al oleaje 
Un puerto en que se encuentra 

La paz del corazón. 

Sus hijas son morenas 
Afables y sencillas; 
Las flores de su huerto 
Su majestad les dan. 



128 JUAN DE DIOS PEZA 



Es ébano su pelo, 
Son rosas sus mejillas 

Y pétalos sus labios 
Del rojo tulipán. 

Aquí, para las dichas, 

Para soñar amores. 
Para gozar tranquilo 

De paz y de quietud, 
La noche tiene estrellas, 

El campo tiene flores 

Y la mujer el alma 
Randiente de virtud. 

Jardín agreste y bello, 

I Con qué placer te miro ! 
Revive de mi pecho 

La amortiguada fe; 
Contemplo tus encantos. 

Tu atmósfera respiro; 
Adiós verjel hermoso, 

Jamás te olvidaré. 

Ausente veré en sueños 
Tus flores, tus cabanas. 

Tu panorama hermoso 
Que ante mi vista está; 

Y en alas de la brisa 

Que corre en tus montañas 
Mañana á visitarte 
¡Mi corazón vendrá! 



Coatepec, Enero 21 de 1889. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



129 




¡Oh, reccuerdo, que seducesl 
Fui su clarín, ¿qué más gloria? 
¡Yo di el toque de victoria 
Sobre el mont^e de las cruces! 



Recuerdos de un veterano. 



ios escogidas. 



130 JUAN DE DIOS PEZA 



EN LA FERIA DE TLACOTALPAM 

A LA SEÑORA DONA PETRONILA CHAZARO DE CHAZARq 

Está en su punto la feria 
De la alegre Tlacotálpam, 
Todo es músicas y risas 

Y confusión y algazara. 
Por las pintorescas calles, 

Entre las risueñas casas, 
Todas con portales blancos 

Y con tejados de grana, 
En medio de los fulgores 
De las encendidas hachas, 
Retozando con el pueblo 
Ya pasó la mojiganga. 

¡Qué extraños los gigantones, 
Que se achican y se agrandan 
En manos de los chicuelos 
y^ue con orgullo los cargan! 
'^''¡•Qué revoltoso^ los toros, 
Los elefantes, las garzas, 
Que, como si fueran vivos. 
Asustando al vulgo pasan! 

¡Qué alegre está, qué contenta 
La reina del Papaloápam! 
Se preparan al embalse 
Las corredoras piraguas 
Pintadas con los colores 
Del pabellón de la patria. 
Coronadas de banderas, 
De gallardetes y flámulas 

Y listas para moverse 

Al romper la luz del alba. 

La gente que está en el muelle 
Dichosa se mueve y canta, 

Y en las puertas de la Iglesia 
Las mujeres apiñadas 
Pugnan por ver á la hermosa 



POESÍAS ESCOGIDAS 131 



Virgen de la Candelaria, 
Que viste traje muy rico 
De seda luciente y blanca, 
Por mano de las doncellas 
Con arte y amor bordada. 
Es el altar de la Virgen 
Ancho torrente de llamas 
Que fingen un firmamento 
De inmensas estrellas áureas. 

Fuera del Templo y llenando 
De rumor la alegre plaza, 
El pueblo formando coro 
Se entrega libre á la danza. 

¿Quién á los bailes de sones 
No va á dar una mirada, 
Donde con lascivas notas 
Puebla el aire su guitarra? 
Allí no penetra nunca 
La tierna exquisita dama 
Que en los tranquilos hogares 
Es reina en virtud y gracia. 

Allí no está la señora 
Orgullo y flor de su casa, 
Encanto y luz de la costa 
Lujosa y aristocrática. 

Llenan el baile de sones 
Jarochas de rompe y rasga 
Que en la sonante tarima 
A vista de todos danzan : 

Es la jarocha, morena. 
Con faz por el sol tostada, 
Ojos negros y brillantes 
Como los ojos del águila, 
Con un andar muy garboso 

Y una sonrisa muy franca, 

Y un talle esbelto y flexible 
Que se cimbra cuando marcha. 

Tiene los negr.os cabellos 
Sujetos en trenzas largas 



132 • JUAN DE DIOS PEZA 



Que circundan su cabeza 
Con aire de musulmana. 
Ciñe las trenzas obscuras 
La cinta azul ó encarnada. 
Que en ancho y vistoso moño 
Sobre la frente remata. 

Por detrás de la cabeza 
Relumbrando se destaca 
Ostentoso cachirulo 
Con rica teja dorada. 

Envuelve su airoso cuello 
Rica pañoleta blanca, 
Ligera como la espuma, 
Brillante como la plata. 

Rebozo de grandes puntas 
Cubre su mórbida espalda 

Y con donaire desciende 
Sobre la ligera enagua, 
Que adornan anchos olanes, 
Lustrosa y almidonada. 

Al bailar, con qué soltura 
Pone los brazos en jarráis, 
En tanto que én torno suyo 
Canta el pueblo las guarachas 

«Jarochita de mis ojos, 
¿Por qué me olvidas, ingrata? 
Mírame y dame la muerte, 
Jarochita de mi alma ». 

<( Dejé á mi corazoncito 
A la sombra de una palma 

Y una jarochita infame 
Lo mató de una mirada ». 

Aplaude el pueblo los cantos, 
Unos gritan, otros bailan, 
Otros arrancan sollozos 
A las dolientes guitarras, 

Y así se pasa ía noche, 

Y así llega la mañana 
Entre risas y suspiros 



POESÍAS ESCOGIDAS 133 



Y confusión y algazara, 
Mientras hermoso, imponente, 
Con su manto de esmeralda, 
Alegra y fecunda el río 
Cocos, cafetos y cañas. 

¿Quién sufre terribles duelos? 
¿Quién llora penas amargas? 
Está en su punto la feria 
De la alegre Tlacotálpam : 
El nenúfar de las ondas. 
De la costa la sultana, 
Trono de las mariposas 

Y perla del Papaloápam. 

riacotálpam, Febrero 4 de 188Q, 



AL PAPALOÁPAM» 

A MI FINO AMIGO SR. JUAN CHÁZARO SOLER. 

(Leída á bordo del vapor < Tlacotálpam 
el 3 de Febrero de 1889). 

¡Salve anchuroso río, 
Con muros de esmeralda por riberas! 
¡ En medio de tus ondas pasajeras 
Concibe á Dios el pensamiento mío I 

Con eterna ansiedad é igual encanto 
Hasta la mar profunda te deslizas 
Y, al blando soplo de las auras, rizas 
Sobre un abismo azul tu regio manto. 

No hay en mi numen que tu luz abrasa 
Nada digno de ti. Débil aspiro 
A cantar tu esplendor. Prosigue, pasa... 
¡ Al ver tu majestad callo y te admiro I 

¿Qué mano augusta y pródiga en belleza, 
Al extenderte sobre el virgen suelo 
Coronó con sus pompas tu grandeza? 
¡Nuestra madre inmortal, Naturaleza, 
En tus remansos aprisiona el cielo! 



134 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Qué estrofas no aprendidas te murmura, 
Robándote al pasar tus frescas galas, 
La brisa que deshace con sus alas 
El niveo encaje de tu linfa pura? 
Estrellas tejen tu inmortal corona 
En las noches del trópico calladas, 

Y las tibias, tranquilas alboradas. 
Oro derraman en tu fértil ^ona. 

Cuanto la tierra esconde 
Hermoso y rico en montes y praderas, 
Su gran tesoro de misterios lleno, 
Lo puso en tus riberas 

Y lo fecunda tu anchuroso seno. 

Si muere el sol en lecho de escarlata, 
Líquida lumbre entre tus hondas brilla 

Y en ellas alza la cortante quilla 
Al moverse el bajel, rosas de plata. 

La alegre casa nística, escondida 
De tu serena margen en la falda, 

Y la palmera erguida, 

Con su inmenso penacho de esmeralda; 

En el diáfano espacio, 

Fiílgida antorcha que á lo lejos arde, 

Lágrima de topacio 

La solitaria estrella de la tarde; 

Bordando las laderas 

Del pescador humilde las cabanas; 

Las espigas en anchas sementeras ; 

La agreste soledad de las montañas; 

El resonante coro 

A ique tu eterno murmurar responde 

Y en que á los gritos del salvaje loro 
Se mezcla el arpa de oro 

De los jilgueros que la yagua esconde; 
La tonina saltando en tus espumas 
Que el pescado alcatraz roza intranquilo; 
La esbelta garza de nevadas plumas 



POESÍAS ESCOGIDAS 135 



Burlando el acechar del cocodrillo ; 
El huaco centinela entre el follaje, 
La guacamaya de pausado vuelo 

Y como bardo errante del boscaje 
El pardo ruiseñor, eco del cielo. 
Todo forma tu trono y tu paisaje ; 
Todo matiza y borda tus orillas 

Y tú, grande, magnífico, fecundo, 
En medio de tan regias maravillas 
Buscas por tumba el mar del Nuevo Mundo. 

Eres la eternidad que se desliza 
Sobre las obras frágiles humanas 

Y mira igual el fuego y la ceniza 
Mientras el soplo de los siglos riza 
Su larga cauda de temblantes canas. 

Corre, anchuroso río, 
Corre y torna á correr sin detenerte; 
Todos vamos á un fin triste y sombrío, 
¡Tú vas hacia la mar; yo hacia la muerte! 

¡Tú puedes, en tus fértiles riberas, 
Ver nacer y morir, año tras año, 
Aves, flores, espigas y palmeras 
Sin que nunca en invierno sientas daño 
Ni te alienten las dulces primaveras! 

Indiferente á todo, raudo lanzas 
A un abismo sin fin tus verdes ondas 

Y arrastras cual perdidas esperanzas 
Las aves muertas, las marchitas frondas. 
El roble añoso por el rayo herido, 

Los frutos arrancados 

Antes de que estuvieran sazonados 

Y algún desierto nido 

¡Hogar sin fe ni amor, que va al olvido! 

Cual tú rápido vas al Océano, 
Siempre lleno de luz y en blanda calma, 
Vuela á lo inmenso el pensamiento humano 
Copiando en su cristal el sol del alma. 



136 JUAN DE DIOS PEZA 



Así vuelan las aves de colores 
Que en el nidal de la ilusión se crían; 
Así se van la dicha y los amores 
Que á las volubles ondas todos fían ; 
Así cual tú se lanza 
A otro abismo sin fondo la esperanza; 
Así la hermosa juventud camina 
De místicos acentos al arrullo, 

Y así todo declina 

De la corriente humana en el murmullo. 

¡Sólo tú eres eterno! 

¡Ni te abrasas 
Con la lumbre del sol, ni en el invierno 
Tus ímpetus sosiegas; siempre pasas 

Y el hombre envidia tu pasar eterno! 

¡ El hombre, el rey que en tus volubles olas 
Callando males que su pecho afligen. 
No puede nunca meditando á solas, 
Saber su fin ni descubrir su origen! 

¿De dó viene? ¿A dó va? 

¿Quién ha logrado 
Su destín explotar? ¡Negra es la suerte 
Que esconde lo futuro y lo pasado! 
¡Tú paras en el mar, él en la muerte! 

Deja que mi cansada fantasía 
Tu regia pompa y majestad admire, 
Deja que el alma mía 
Mirándote correr sienta y se inspire; 
Eres grande y hermoso, 
Cuanto entre flores mil soberbio creces, 

Y si te encrespa el norte proceloso, 
Gigante brazo de la mar pareces. 

A la ciudad risueña 
Que como amante tuya se reclina 
Plácida, pintoresca y halagüeña, 
En tu clámide azul y cristalina, 
Prestas eterno encanto á tus riberas 



POESÍAS ESCOGIDAS 137 



A sus jardines das verdor y galas, 

Y se mira en tus ondas pasajeras 
Cual niveo cisne de brillantes alas. 
¡Llévame allí!... Sacude la tristeza 
Que embarga y mata al pensamiento mío 

Y prosigue soberbio de belleza... 

¡ Dios existe ! !Tú copias su grandeza ! 
¡Salve, mil veces, anchuroso río I 

^ bordo del « Tenoja », Enero 31 de 1899. 



A LA ENCANTADORA NINA ARGENTINA 

MARÍA ELISA MENDOZA. 



¡Yo he soñado tu patria! Me ha traído 
La ilusión vagas notas del boyero; 
He soñado un ombú que han sacudido 
Las alas poderosa del pampero; 
Las viejas quintas de placeres nido 
El payador errante y lastimero, 

Y ese gigante que la mar retrata 
El hondo, azul y caudaloso Plata. 

Sí; yo he soñado la región hermosa 
Que entregan á la historia con decoro 
San Martín con su espada victoriosa, 
Mármol con su laúd de nácar y oro ; 
He soñado la pampa silenciosa 
De la salvaje libertad tesoro 

Y al gaucho agreste y la gentil .porteña 
Que hasta el dichoso que la ve la sueña. 

Yo soñé que tu río en los cristales 
La emigradora barca siempre á flote, 
La cruz del Sur que en noches estivales 
Lo mismo ampara al puerto que al islote; 
Mariposas, horneros y zarzales 
Enamorando al verde camalote 



138 JUAN DE DIOS PEZA 



Toda la pompa agreste y soberana 
De nuestra virgen tierra americana. 

Y es porque yo nací donde nacieron 
Los aztecas hundidos en estragos, 
Junto á los dos volcanes que surgieron 
Cual flechas de cristal sobre los lagos 
En seculares bosques do crecieron 
Ahuehuetes en vez de jaramagos, 
En Anáhuac, en fin, cuya grandeza 
Escogió como altar Naturaleza. 

Niña gentil en cuyos labios rojos 
Acendran miel los bíblicos panales : 
Tú, que no ves cenizas ni despojos 
En los anchos desiertos mundanales, 
Conserva siempre en los fulgentes ojos 
El brillo de los cielos tropicales 

Y en tu pecho la dulce transparencia 
Que en la virtud refleja la inocencia. 

Cuando tornes, alondra mensajera, 
A donde diste tu primer aliento, 
E' iguales á tu madre en lo hechicera 

Y á tu padre en saberes y talento; 
Recuerda esta región de primavera 
Tierra de la lealtad y el sentimiento 

Y al consagrarle una memoria grata 
No te olvides de mí, rosa del Plata. 



COSTEÑA. 

A MI AMIGO EL ELOCUENTE ORADOR 
JUAN MANUEL BETANCOUR. 

Mulatita, tus labios son rojos. 
Remeda tu talle gallardo bambú, 
Y tienes tan grandes, tan negros los ojos. 
Que no todas saben mirar como tú. 

Estatua de Venus en bronce tallada. 
Tu chai blanco y oro parece alquicel, 



POESÍAS ESCOGIDAS 139 



Y quema tu larga pestaña rizada 
El fuego no extinto del sol de Israel. 

Al par que una mano reposa en tu falda 
Con la otra abanicas tu lánguida faz, 

Y el hombro rodando, la mórbida espalda, 
Tu hamaca sostiene brindándote paz. 

Un aire de fuego los campos agosta, 
Se ven á lo lejos las olas hervir 

Y dobla su tallo la flor de la costa 
Que anhela indolente la siesta dormir. 

No duermas, mulata : mirándote inerme 
Vendrán las abejas tu boca á picar; 
Amor, cual abeja, ni avisa ni duerme 

Y quiere en tus labios sus dardos clavar. 

Son griegas tus formas, tu tez africana. 
Tus ojos, hebreos, tu acento español, 
La arena es tu alfombra, la palma tu hermana, 
Te hicieron morena los besos del sol. 

En ébano y bronce por Dios modelada 
Te esconde la playa, te arrulla la mar. 
Tus negros cabellos en trenza encrespada 
Te envuelven un rostro reflejo de Agar. 

Feliz á quien ames... Feliz el que vibre 
Cual la harpa islamita del rey trovador, 
Mirándote hermosa... besándote libre 
Tendida en la hamaca, soñando en su amor 

Mulata : las flores ya plegan el broche. 
Las olas se alejan, la playa está en az; 
¡Reposa tranquila, que el rey de la noche 
Sus besos de fuego derrama en tu faz! 

No temas, dormida, las iras de Ótelo, 
Si viene tu amante tu canto á buscar, 
Serán tus antorchas los astros del cielo. 
Serán tus arrullos los tumbos del mar. 

íarado, Febrero 15 de 1889. 



140 JUAN DE DIOS PEZA 



A GUADALAJARA. 

Te soñé desde niña, tierra de flores, 
Más valiera que nunca yo te soñara, 
Pues hoy sin esperanza, sin paz ni amores, 
Nada puedo ofrecerte, Guadalajara. 

Ya con el alma enferma llegué á buscarte 
Para aliviar mi amarga melancolía, 

Y así cual te soñaba logré encontrarte, 
Con cármenes y vegas de Andalucía. 

Tienes en tus palacios nuevas Alhambras 
Con Zaidas y Moraimas en sus verjeles, 

Y tus campestres fiestas son cual las zambras 
Que alegraban las cuestas de los Gómeles. 

Mirando tus gardenias tus tulipanes, 
Tus floridos naranjos, tus alelíes, 
Recuerdo aquellos campos de musulmanes. 
Tumbas de abencerrajes y de zegries. 

Mirando á tus mujeres deslumbradoras, 
Las de talles esbeltos y labios rojos, 
¿Quién no sueña en la magia de aquellas moras 
De crenchas abundosas y negros ojos? 

Árabe en tus pasiones y en tus festines, 
Bajo un diafano cielo resplandeciente. 
Con azaleas y lirios de tus jardines 
Teje el amor guirnaldas para tu frente. '^ 

Btjcaro de gardenies, tazón de aromas. 
Perla cual no la guardan índicos mares, 
Blancas, dulces y tiernas como palomas 
Son las felices reinas de tus hogares. . 

El sol brilla en tu cielo más fulguroso. 
Te da con sus celajes clámides bellas, 

Y en ti, Guadalajara, todo es hermoso : 
Mujeres, flores, aves, nubes y estrellas. 



POESÍAS ESCOGIDAS 141 



De la noble franqueza cuna y abrigo, 
De la virtud austera trono y escudo, 
Reina del Occidente, yo te bendigo. 
Edén de las hermosas, yo te saludo. 

De tu benigno clima como tesoro 
No tiene en sus espacios región alguna. 
Tardes como tus tardes de nácar y oro, 
Noches como tus noches de blanca luna. 

Yo que nací en un valle que Dios regala 
Con lagos y volcanes que el mundo admira 
Ansioso de mirarte crucé el Chápala 
.Y al rumor de sus ondas templé mi lira. 

Eres cuna de genios, en ti han nacido 
Artistas, héroes, bardos, sabios guerreros, 
Y han sobre nuestra historia resplandecido 
Como en tus tibias noches tantos luceros. 

Tazón de tuberosas y tulipanes. 
Ciudad de los palacios y las huríes, 
Dime si te formaron los musulmanes. 
Si eres de abencerrajes ó de zegríes. 

Esas magas que ocultan en los chapines 
Pies que á Fidias y Venus bellos recrean, 
Son las flores con alma de tus jardines, 
Gardenias que suspiran y pestañean. 

Son embeleso, gloria, blasón y orgullo 
De tu suelo en que hoy vibra la lira mía. 
El canto de tus hijas es el orgullo 
Del aura entre las vegas de Andalucía. 

Tierra de los ensueños y de las flores. 
Perla cual las que esconden índicos mares. 
Dios que puso en tus selvas los ruiseñores, 
Mandó sus bendiciones á tus hogares. 

Para poder cantarte me falta acento ; 
Para mirar tu hechizo me falta calma, 



142 JUAN DE DIOS PEZA 



Llevo triste y de luto mi pensamiento 

Y el invierno y la muerte dentro del alma. 

Cuando en tus claras noches sueñes dichosa, 
Cuando con arreboles te adorne el día, 
La brisa de tus campos dirá medrosa 
Lo que decir no puede la lira mía. 

Siempre para ensalzarte seré el primero, 
Siempre mi pensamiento vendrá á buscarte, 

Y en medio de mis penas tanto te quiero 

Que en medio de mis penas no he de olvidarte. 

Ya brilla del progreso la nueva aurora, 
Yo sé que al alejarme de tus linderos 
Pronto vendrá la rauda locomotora 
Trayendo á que te admiren nuevos viajeros. 

Que á todos les cautive, que les asombre 
Como á mí tu belleza, de dichas nido, 

Y que cual yo, en el alma guarden tu nombre 
Que borrará la muerte, nunca el olvido. 

Ouadalajara, Febiero 9 de 1888. 



AL PARTIR DE GUADALAJARA. 

(Leídas en el « Oran teatro Degollado »)• 

Tierra galana y hermosa 
Que de mi patria en el suelo, 
Brillas cual brilla en el cielo 
Una estrella esplendorosa. 
¿Qué voz dulce y misteriosa. 
Qué ritmo, qué grato acento 
Podrán las arpas del viento 
Prestar á mi humilde lira. 
Para decir lo que inspira 
Tu amor á mi pensamiento?... 



POESÍAS ESCOGIDAS 143 



Si fuera un bardo, cantara 
Un himno á tu porvenir. 
Mas lo que puedo decir 
Es poco, Guadalajara. 
Vierte el sol su lumbre clara 

Y te esmalta en mil colores, 

Y como ángeles de amores 
Nublan tus mujeres bellas, 
Con sus ojos las estrellas 

Y con sus labios las flores. 

¡Con qué afán te besa el sol 

Y en purpúreos cortinajes 
Prende entre rojos celajes 
Su vespertino arrebol ! 
Como el Edén español 
Que se llama Andalucía 
Eres de la tierra mía 
Perla de rica aureola... 
Cante España á su manóla 
¡Mi patria á su tapatía! 

Cuanto á la mujer hermosa 
De talle esbelto y pie breve, 
Con la tez de grana y nieve 

Y las mejillas de rosa, 
Que modesta y ruborosa 
Atata deberes fijos, 

Sin tener más regocijos 
Ni más joyas, ni más flores 
Que el altar de sus amores 
En la cuna de sus hijos. 

Canto con pobre laúd. 
Con el alma entristecida, 
Esta tierra donde anida 
La franqueza y la virtud; 
Que obliga á la gratitud 






144 JUAN DE DIOS PEZA 



Con santa hospitalidad 
Y que en anterior edad, 
Alzando el patrio estandarte, 
Fué trono, escudo y baluarte 
Del sol de la libertad. 

Elegida de la gloria, 
Al defender sus derechos. 
Llenó con heroicos hachos 
El libro de nuestra historia. 
Yo los guardo en mi memoria 
Llenos de brillo y honor; 
Si fuera digno cantor, 
Nuevo Homero los cantara... 
¡ Quien dice : Guadalajara 
Dice : lealtad y valor ! 

De paso por tus confines 
¿Qué notas daré suaves? 
¡Tienes más bardos que aves 
En tus risueños jardines! 
Tus genios, tus paladines, 
Tus mujeres, dignos son 
De elevada inspiración;. 
Yo te doy sin valimiento; 
Por lira mi pensamiento, 
Por trono, mi corazón. 

Tierra de vírgenes bellas 
Que tienes en tus amores. 
Tu campo lleno de flores. 
Tu cielo lleno de estrellas : 
Al adornarte con ellas 
Tu suerte bendijo Dios; 
Yo voy de mi afán en pos. 
De mi deber al reclamo... 
¡Sé feliz!... como te amo 
No puedo decirte : ¡ adiós ! 

Guadalajara, Febrero 14 de 1888. 



POESÍAS ESCOGIDAS í45 



I POR LA FRONTERA 1 

(brindis en el saltillo). 

En la nación mejicana 
Quién no ha oído por doquiera, 
Ensalzar la honradez sana, 
La franqueza noble y llana 
Que distingue á la frontera? 

No hay carácter más sencillo : 
La lealtad es sola ley 

Y la honradez solo brillo. 
Bajo el cielo del Saltillo, 
Bajo el sol de Monterrey. 

Pueblos valientes y honrados 
Todo franqueza y valor, 
Campesinos sosegados 
Que se cambian en soldados 
Enfrente del invasor. 

No hollarán plantas extrañas 
Su tierra bendita y pura, 
Que de hogares y cabanas, 
Son baluartes las montañas 
Que eternizó la Angostura. 

El patrio amor es su esencia, 
La fraternidad su norma 

Y su mentor la experiencia; 
Salvaron la Independecia, 

Y salvaron la Reforma. 

¿Por qué mi labio sincero 
No ha de expresar la verdad? 
Como bardo y caballero 
Aplaudo, estimo y venero 
La tierra de la lealtad. 
sco^idas. 



146 JUAN DE DIOS PEZA 



Porque aquí no es sueño vano 
La amistad, es religión; 
El amigo es un hermano, 

Y al que se le da la mano 
Se le entrega el corazón. 

Alzo mi copa, señores, 
De 1" frontera en honor, 
Por sus francos moradores. 
Por sus damas que son flores 
De virtud y de candor. 

. Por el gobernante honrado 
Que de todos es querido 

Y de todos respetado; 
Por el tan bravo soldado 
Que en la frontera ha nacido. 

Por Coahuila, que esplendente 
Se nombra ante quien lo admira, 
« Muzquiz » junto al insurgente. 
Junto á « Juárez » (( de la Fuente » 

Y <( Acuña » junto á la lira. 



15 de Diciembre de 



FIN DE LA SEGUNDA PARTE. 



I 



A.«&>«i»A>A«i»«i««i»A>«ft.A*i»»i» 
PARTE TERCERA 

HOGAR Y PATRÍA 

MI PADRE. 

Yo tengo en el hogar un soberano 
ünico á quien venera el alma mía; 
i Es su corona de cabello cano, 
1 La honra es su ley y la virtud su guía. 

En lentas horas de miseria y duelo, 
Lleno de firme y varonil constancia, 
Guarda la fe con que me habló del cielo 
En las horas primeras de mi infancia. 

La amarga proscripción y la tristeza 
En su alma abrieron incurable herida; 
Es un anciano, y lleva en su cabeza 
El polvo del camino de la vida. 

Ve del mundo las fieras tempestades. 
De la suerte las horas desgraciadas, 

Y pasa, como Cristo el Tiberiades, 
De pie sobre las ondas encrespadas. 

Seca su llanto, calla sus dolores, 

Y sólo en el deber sus ojos fijos, 
Recoge espinas y derrama flores 
Sobre la senda que trazó a sus hijos. 



148 JUAN DE DIOS PEZ A 

Me ha dicho : « Á quien es bueno, la amargun 
Jamás en llanto sus mejillas moja : 
En el mundo la flor de la ventura 
Al más ligero soplo se deshoja. 

Haz el bien sin temer el sacrificio, 
El hombre ha de luchar sereno y fuerte, 

Y halla quien odia la maldad y el vicio 
Un tálamo de rosas en la muerte. 

Si eres pobre, confórmate y sé bueno; 
Si eres rico, protege al desgraciado, 

Y lo mismo en tu hogar que el ajeno 
Guarda tu honor para vivir honrado. 

Ama la libertad, libre es el hombre 

Y su juez más severo es la conciencia; 
Tanto com.o tu honor guarda tu nombre. 
Pues mi nombre y mi honor forman tu herencia >; 

Este código augusto, en mi alma pudo, 
Desde que lo escuché, quedar grabado; 
En todas las tormentas fué mi escudo, 
De todas las borrascas me ha saWado. 

Mi padre tiene en su mirar sereno 
Reflejo fiel de su conciencia honrada ; 
¡ Cuánto consejo cariñoso y bueno 
Sorprendo en el fulgor de su mirada ! 

La nobleza del alma es su nobleza ; 
La gloria del deber forma su gloria ; 
Es pobre, pero encierra su pobreza 
La página más grande de su historia. 

Siendo el culto de mi a'ma su cariño. 
La suerte quiso que al honrar su nombre, 
Fuera el amor que me inspiró de niño 
La más sagrada inspiración del hombre. 

Quiera el cielo que el canto que me inspira 
Siempre sus ojos con amor lo vean, 

Y de todos los versos de mi lira 
Estos los dignos de su nombre sean. 



h 



POESÍAS ESCOGIDAS 149 



Á MIS HIJAS. 



» 



Mi tristeza es un mar : tiene su bruma 
Que envuelve densa mis amargos días ; 
Sus olas son de lágrimas ; mi pluma 
Está empapada en ellas, hijas mías. 

Vosotras sois las inocentes flores 
Nacidas de ese mar en la ribera; 
La sorda tempestad de mis dolores 
Sirve de arrullo á vuestra edad primera. 

Nací para luchar; sereno y fuerte 
Cobro vigor en el combate rudo ; 
Cuando pague mi audacia con la muerte, 
Caeré cual gladiador sobre mi escudo. 

Llévenme así á vosotras; de los hombres 
El desdeño, el poder ni el odio temo : 
Pongo todo mi honor en vuestros nombres 

Y toda el alma en vuestro amor supremo. 

Para salir a^ mundo vais de prisa 
¡ Ojalá que esa vez nunca llegará ! 
I Pues hay que ahogar el llanto con la risa, 
Para mirar al mundo cara á círa! 

No me imitéis á mí : yo me consuelo 
Con abrir más los bordes de mi herida ; 
Imitad en lo noble á vuestro abuelo : 
i Sol de virtud que iluminó mi vida! 

Orad y perdonad : siempre es inmensa 
Después de 1? oración la interna calma 

Y el ser que sabe perdonar la ofensa 
Sabe llevar á Dios dentro del alma. 

Sea vuestro pecho de bondades nido, 
No ambicionéis lo que ninguno alcanza. 
Coronad el perdón con el olvido 

Y la austera virtud con la esperanza. 



150 JUAN DE DIOS PEZA 



Sin dar culto á los frivolos placeres 
Que la pureza vuestra frente ciña, 
Buscad alma de niña en las mujeres 

Y buscad alma de ángel en la niña. 

Nadie nace á la infamia condenado. 
Nadie hereda la culpa de un deliro, 
Nunca para ser siervas del pecado 
Os disculpéis clamando : estaba escrito. 

¡Existir es luchar! No es infelice 
Quien luchando, de espinas se corona ; 
Abajo, todo esfuerzo se maldice, 
Arriba, toda culpa se perdona. 

Se apaga 1 > ilusión cual lumbre fatua 

Y la hermosura es flor que se marchita ; 
La mujer sin piedad es una estatua 
Dañosa al mundo y del hogar proscrita. 

No fijes en el m.al vuestras pupilas 
Que víbora es el mal que todo enferma, 

Y haced el bien para dormir tranquilas 
Cuando yo triste en el sepulcro duerma. 

Nunca me han importado en este suelo 
Renombre, aplausos, oropeles, gloria; 
Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo ; 
Amaros y sufrir, tal es mi historia. 

Cuando el sol de mi vida tenga ocaso 
Recordad mis consejos con ternura, 

Y en cada pensamiento, en cada paso, 
Buscad á Dios tras de la inmensa altura. 

Yo anhe'o que al morir, por premio santo, 
Tengan de vuestro amor en los excesos ; 
Las flores de mi tumba vuestro llanto. 
Las piedra;- d' mi tumba vuestros besos. 



POESÍAS ESCOGIDAS 151 



FUSILES Y MUÑECAS. 

CUADRO REALISTA. 

Juan y Margoí, dos ángeles hermanos 
Que embellecen mi hogar con sus cariños, 
Se entretienen con juegos tan humanos 
Que parecen personas desde niños. 

Mientras Juan, de tres años, es soldado 

Y monta en una caña endeble y hueca, 
Besa Margot con labios de granado 
Los labios de cartón de su muñeca. 

Lucen bs dos sus inocentes galas, 

Y alegres sueñan en tan dulces lazos; 
Él, que cruza sereno entre las balas; 
Ella, que arrulla un niño entre sus brazos. 

Puesto al hombro el fusil de hoja de lata, 
El kepis de papel sobre la frente, 
Alienta ti niño en su inocencia grata 
El orguHo viril de ser valiente. 

Quizá piensa, en su juegos infantiles, 
Que en es*e mundo que su afán recrea, 
Son como el suyo todos los fusiles 
Con que la torpe humanidad pelea. 

Qué pesan poco, que sin odios lucen, 
Que es igual el más débil al más fuerte, 

Y que, "i ss disparan, no producen 
Humo, f-ap.or, consternación y muerte. 

¡Oh, misteriosa condición humana! 
Siempre lo opuesto buscas en la tierra ; 
Ya delira Margoí por ser anciana, 

Y Juan, que vive en paz, ama H guerra. 

Mirándoles jugar me aflijo y callo : 
¿Cuál será sobre el mundo su fortuna? 
Sueña el niño con arma«' y caballo. 
La niña con velar junto á la cuna. 



152 JUAN DE DIOS PEZA 



El uno corre de entusiasmo ciego, 
La niña arrulla á su muñeca inerme, 

Y mientras grita el uno : fuego, fuego, 

La otra murmura triste : duerme, duerme. 

A mi lado ante juegos tan extraños 
Concha, la primogénita, me mira : 
¡ Es toda una persona de seis años 
Que charla, que comenta y que suspira ! 

¿Por qué inclina su lánguida cabeza 
Mientras deshoja inquieta algunas flores? 
¿Será la que ha heredado mi tristeza? 
¿Será la que comprende mis dolores? 

Cuando me rindo del dolor al peso, 
Cuando la negra duda me avasalla, 
Se me cuelga del cuello, me da un beso, 
Se le saltan las lágrimas y calla. 

Sueltas sus trenzas claras y sedosas, 

Y oprimiendo mi mano entre sus manos. 
Parece que medita en muchas cosas 

Al mirar cómo juegan sus hermanos. 
Margot, que canta en madre transformada, 

Y arrulla á un hijo que jamás se queja. 
Ni tiene que llorar desengañada. 

Ni el hijo crece, ni se vuelve vieja. 

Y este guerrero audaz de tres abriles 
Que ya se finge apuesto caballero, 
No logra en sus campañas infantiles 
Manchar con sangre y lágrimas su acero. 
¡Inocencia! ¡Niñez! ¡Dichosos nombres! 
Amo tus goces, busco tus cariños; 
¡Cómo han de ser los sueños de los hombres. 
Más dulces que los sueños de los niños ! 

¡Oh, mis hijos! No quiera la fortuna 
Turbar jamás vuestra inocente calnia, 
No dejéis esa espada ni esa cuna : 
¡Cuando son de verdad, matan el alma! 



POESÍAS ESCOGIDAS 153 



CESAR EN CASA. 

Juan, aquel militar de tres abriles 
Que con gorra y fusil sueña en ser hombre, 

Y que ha sido en sus guerras infantiles 
Un glorioso heredero de mi nombre; 

Ayer, por tregua al belicoso juego, 
Dejando en un rincón la espada quieta, 
Tomó por voluntad, no á sangre y fuego, 
Mi mesa de escribir y mi gaveta. 

Allí guardo un laui;el, y viene al caso 
Repetir lo que saben mil testigos : 
Esa corona de oropel y raso 
La debo, no á la gloria, á mis amigos. 

Con sus manos pequeñas y traviesas, 
Desató el niño, de la verde guía. 
El lazo tricolor en que hay impresas 
Frases que él no descifra todavía. 

Con la atención de un ser que se emociona, 
Miró las hojas con extraño gesto, 

Y poniendo en mis manos la corona, 

Me preguntó con intención : — ¿Qué es esto ? 

- Esto es — repuse — el lauro que promete 
La gloria al genio. que en su luz inunda... 
— ¿Y tú por qué lo tienes? 

^ Por juguete, 
Le respondió mi convicción profunda. 

Viendo la forma oval, pronto el objeto 
Descubre el niño, de la noble gala; 
Se la ciñe, faltándome al respeto 

Y hecho un héroe se aleja por la sala. 

¡ Qué hermosa dualidad ! Gloria y cariño 
Con su inocente acción enlazó ufano. 
Pues con el lauro semejaba el niño 
Un diminuto emperador romano. 



154 JUAN DE DIOS PEZA 

Hasta creí que de su faz severa 
Irradiaban celestes resplandores, 

Y que anhelaba en su imperial litera 
Ir al Circo á buscar los gladiadores. 

Con su nuevo disfraz quedé asombrado 
(No extrañéis en un padre estos asombros), 

Y corrí por un trapo colorado 

Que puse y extendí sobre sus hombros. 

Mírelo así con candido embeleso, 
Me transformé en su esclavo humilde y rudo, 

Y ¡ Ave, César! — le dije — dame un beso, 
¡ Yo que muero de penas, te saludo ! 

— ¿César? — me preguntó lleno de susto, 

Y yo sintiendo que su amor me abrasa, 

— ¡César! — le respondí. — César augusto 
De mi honor, de mi honra y de mi casa ! 

Quítele el manto, le volví la espada, 
Recogí mi corona de poeta, 

Y la guardé, deshecha y empolvada, 
En el fondo sin luz de mi gaveta. 



Mí HIJA^MARGOT 

Tiene Margot un niño á quien adora. 
Que no nació entre lágrimas y males, 
Pues se lo dio de cuelga una señora 
Que lo compró de lance en veinte reales. 

No hay un cariño igual á ese cariño 
Reflejo fiel de abnegación sincera, 
Pues ni lo entiende ni lo paga el niño 
Que le dice mamá y es de madera. 

Sin temor de que enferme ó que se pierda. 
La madre sabe de contento loca, 
Que el niño si le tiran de una cuerda, 
Llora, abriendo los ojos y la boca. 



i 



POESÍAS ESCOGIDAS 155 



¡Si lo vieras en horas sosegadas 
Con qué ternura maternal lo viste, 

Y con qué melancólicas miradas 
Se fija en él cuando lo juzga triste ! 

— ¿Qué tienes — le pregunta, -— niño mío? 
\ Más bonito que tú no habrá ninguno ! 

No llores... ¿tienes hambre? ¿tienes frío? 
Duerme mientras te traigo el desayuno. 

Y lo acuesta en su lecho, allí lo abriga, 
Bajo sus misma sábanas lo arropa, 

Y corre por la leche y por la miga 
Para darle en los labios sopa á sopa. 

Que no las toma el niño es cosa clara, 
Pero aquí la intención salva un abismo ; 
Margot en tal desaire no repara, 
Pues ella se las come y es lo mismo. 

Margot junto á mi padre, dulce y quieta, 
ira siempre su encanto y su consuelo, 
yo vi alguna vez frente á la nieta, 
íLágrimas en los ojos del abuelo. 

— Estos juegos — me dijo — causan frío, 
No sé ni qué revelan ni qué indican, 
¡Hacen cosas los niños, hijo mío, 

Que ni los grandes sabios las explican ! 

¡ Cuánto Margqt á la virtud promete ! 
Mira... en su niño están sus ojos fijos.., ' 
¡Avergüenza esta madre de juguete 
A los monstruos que olvidan á sus hijos! 

Mientras yo silencioso meditaba, 
Margot. que cuenta cuatro primaveras. 
Para dormir al niño lo arrullaba 
Como arrullan las madres verdaderas. 



156 JUAN DE DIOS PEZA 



ESTE ERA UNA REY.,. 

Ven, Juan, y toma asiento 
En la mejor de tus sillas; 
Siéntate aquí en mis rodillas, 
Y presta atención á un cuento. 

Así estás bien, eso es. 
Muy cómodo, muy ufano, 
Pero ten quieta esa mano; 
Vamos, sosiega esos pies. 

Este era un rey... me maltrata 
El bigote ese cariño. 
Este era un rey... vamos, niño, 
Que me rompes la corbata. 

Si vieras con qué placer 
Ese rey... ¡Jesús! qué has hecho! 
¿Lo ves? ¡en medio del pecho 
Me has clavado un alfiler ! 

¿Y mi dolor te da risa? 
Escucha y tenme respeto; 
Este era un rey... deja quieto 
El cuello de mi camisa. 

Oir atento es la ley 
Que á cumplir aquí te obligo... 
Deja mi reloj... prosigo. 
Atención : Este era un rey... 

Me da tormentos crueles 
Tu movilidad, chicuelo, 
¿Ves? has regado en el suelo 
Mi dinero y mis papeles. 

Responde : ¿me has de escuchar? 
Este era un rey... ¡qué locura! 
Me tiene en grande tortura 
Que te muevas sin parar. 

Mas ¿ya estás quieto? Sí. sí, 
Al fin cesa mi tormento... 



POESÍAS ESCOGIDAS 157 



Este era un rey, oye el cuento 
Inventado para ti... 

Y agrega el niño, que es ducho 
En tramar cuentos á fe : 

— Este era un rey... ya lo sé 
Porque lo repites mucho. 

Y me gusta el cuentecito, 

Y mira, ya lo aprendí : 
Este era un rey, ¿no es así? 
;Qué bonito! ¡Qué bonito! 

Y de besos me da ciento, 

Y pienso al ver sus cariños : 
Los cuentos para los niños 
No requieren argumento. 

Basta con entretener 
Su espíritu de tal modo, 
Que nos pueden hacer todo 
Lo que nos quieran hacer. 

Con lenguaje grato ó rudo 
Un niño, sin hacer caso, 
Va dejando paso á paso 
A su narrador desnudo. 

¡ Infeliz del que se escama 
Con esas dulces locuras, 
Si estriba en sus travesuras 
El argumento del drama ! 

¡ Oh, Juan ! me alegra y me agrada 
Tu movilidad tan terca ; 
Te cuento por verte cerca 

Y no por contarte nada. 

Yo bendigo mi fortuna, 

Y oye el cuento y lo sabrás : 
Era un rey á quien jamás 
Le sucedió cosa alguna. 



158 JUAN DE DIOS PEZA 



PATRIA, 

A MI QUERIDO AMIGO FRANCISCO SOSA. 
I. 

Ayer mi primogénita Conchita, 
Alma en flor de mis dulces ilusiones. 
Me dirigió una carta que está escrita 
Con letras que parecen moscardones. 
No falta por supuesto el sobrescrito 
Que dice — » A mi papá », — yo soy, lo veo, 
¡ Buen chasco se pegaba el angelito 
Si mandara su epístola al correo! 
Con mucha gravedad he roto el nema 
Que, sin seguir la práctica aceptada. 
No es monograma, ni blasón, ni lema, 
Sino un poco de goma mal untada. 
El papel de la carta, maravilla 
Por su extraño doblez y su figura, 
En sus mejores tiempos fué planilla 
De un cuaderno segundo de escritura. 
Doy principio á leer y no comento : 
« Mi querido papá, mucho te extraño ; 
Margot está muy gorda y Juan contento 
Por que ha estrenado al comenzar el año. 
Te vas á sorprender con su vestido, 
No te quiero contar, son calzoneras; 
Su sombrero jarano y le han traído 
Una de esas pistolas de... de veras. 
No diga que te dije, si pregunta, 
Porque si no, dirá que soy muy mala, 
Ven á ver su pistola, si te apunta 
No te asustes, papá, no tiene bala. 
Ya no te escribo más; en otro día 
Seré tan larga como tu lo pides : 
Adiós, papá; bendice á tu María... 
Posi-data: — Mi muñeca; no te olvides». 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 159 



II. 

AI domingo siguiente muy temprano, 
Tomé asiento en un coche de primera 
De aquel tren más inglés que mejicano 
Que lleva á Veracruz, no á la frontera. 
Dos horas de camino, con el alma 
Henchida por las gratas impresiones 
De una mañana alegre, y á « La Palma » 
Llego, como quien dice, en tres tirones. 
Abandono el vagón y lo primero 
Que á mi vista en el campo se presenta, 
Es Juanito vestido de ranchero 
Tal y como la carta me lo cuenta : 
Un sombrero jarano con toquilla. 
Un freno á cada lado por chapeta, 
Un ancho barbuquepo con hebilla, 
De cuero de venado la chaqueta. 
Amplia la calzonera y con galana 
Botonadura; la corbata suelta; 
Al cinto la pistola en la canana. 
La mano airosa entre la crin revuelta, 
Espuelas de Amozoc cuyos pavones 
Ni el tiempo borra ni el andar maltrata 
Ostentando en sus mil incrustaciones 
Gallardas cifras en bruñida plata. 
En el sencillo fuste por adorno. 
Redondos chapetones cincelados. 

Y de la teja y la cabeza en torno 
Anchos cercos de plata repujados. 
Cubierto el hombro por la manga obscura 
De paño azul y de olvidada usanza, 

Con fleco y con galón la embocadura : 
Fleco que al sol sus esplendores lanza. 

Y tal me pareció que revivía 
Con su traje y airoso continente, 
El tipo que mi ardiente fantasía 
Formara en mi niñez de un insurgente. 
Adelantó el caballo : mezcló un grito 
De júbilo con una carcajada, 



160 JUAN DE DIOS PEZA 



Y me puse á mirarlo de hito en hito, 
Fingiendo una sorpresa inesperada. 

III. 

Después, cuando ya juntos caminamos 
Hablábamos los dos de esta manera : 
(Antes debo advertir que á lo que hablamos 
Puede ó no darle crédito cualquiera). 

— ¿Por qué dices, papá, que te parece 
Que soy un insurgente? Di : ¿qué es eso? 

— Te lo voy á explicar, pero merece 
Un prólogo de amor, ¿me das un beso? 
Hace ya muchos años... todavía 

El abuelito de que fuiste encanto... 

— ¡Ah! sí; mí papá grande... -- No nacía. 

— ¿Hará como cien años? 

No, no tanto. 
Era en el año diez; han transcurrido 
Desde entonces acá más de sesenta... 

— ¿Serán doscientos años? 

— ¡Aturdido! 
En nombre de tu edad, no hagas la cuenta. 
Hubo por aquel tiempo ujia gran guerra : 
Luchaban los de aquí con los extraños 
Por quitarles el mando en esta tierra, 

Y fué tan larga que duró diez años. 

— ¿Y quién ganó por fin? 

— Poco me extrafí 
Esa pregunta de la cual me rio; 
¡Luchábamos nosotros con España 

Y ganamos nosotros, hijo mío! 
Pero voy á decirte en breve historia 
Cómo tan noble triunfo conseguimos, 
Rogándote la guarde tu memoria 

Por ser del suelo en que los dos nacimos. 
Muy cerca de la hacienda, en aquel llano 
La iglesia desde aquí bien se divisa, 
Vive un amable cura muy anciano, 
Que los domingos viene á decir misa! 



^^re profesa po 



POESÍAS ESCOGIDAS 161 



lo conoces? <., 

— Mucho cariño 
profesa por cierto el buen abate... 

— Sí, ¿no sabes? me llama su buen niño 

Y me convida á pan y chocolate. 

— Pues bien, de igual edad, con los honores 
Mismos que él tiene, amado por las gentes, 
Hubo un cura en el pueblo de Dolores 

Al cual debemos ser independientes. 

Era de noble corazón y dijo : 

« Cuanto tengo en la tierra y cuanto valgo, 

Por mi patria lo doy como buen hijo». 

Era aquel cura : ¡ Don Miguel Hidalgo ! 

Y sin más que su esfuerzo y su conciencia 
Que la alta voz del patriotismo escucha, 
Proclamó sin temor la Independencia, 

Y antes que nadie se lanzó á la lucha. 
Muchos le acompañaron, mas la suerte 
Corresponder no supo á sus desvelos; 
Por darnos libertad halló la muerte 
Dejando en su lugar al gran Morelos. 
Era cura también de pobre aldea, 
Pero dotóle Dios de tal bravura. 

Que era un rayo de Dios en la pelea. 
El que manso pastor era de cura, 
Ejércitos formó, rompió murallas, 
Hizo temblar al enemigo osado, 

Y en tres años ganó tantas batallas 
Que el mundo todo le miró asombrado. 

— ¿Ese llegó á ganar? 

— Dios no lo quiso. 
Murió sin desmayar altivo y fiero; 
Pero seguir luchando era preciso 

Y así para luchar surgió Guerrero. 
Hijo del pueblo, ardiendo en sus entrañas 
El fuego celestial del patriotismo, 

Era un león nacido en las montañas 
Que arrulló el huracán sobre el abismo. 
Modelo de valor sin arrogancia, 

¡esías escogidas. 



162 JUAN DE DIOS PEZA 



Con un corto puñado de valientes 
Ejemplo fué de indómita constancia 

Y faro de las tropas insurgentes. 
¿Entiendes lo que digo? aquellos bravos 
Que, sin medir peligros, duelos, penas. 
Le dieron libertad á los esclavos. 
Rompiendo al oprimido sus cadenas; 
Aquellos hombres cuyo arrojo fiero 
Todo lo grande y lo sublime entraña; 
Sin títulos, ni honores, ni dinero; 

Sin más cuartel que el llano y la montaña ; 
Que siempre estaban en constante guerra 
Sufriendo los rigores de la suerte. 
Sin esperar más premios en la tierra 
Que eterna cárcel ó afrentosa muerte. 
Con una manta tosca por abrigo, 
Con un nombre sin mancha por herencia. 
Con un caballo por mejor amigo 

Y por tínica fe la Independencia. 
Esos que tantos hechos ignorados 

Nos dejan para asombro de las gentes, 
Fueron del pueblo libre los soldados 

Y son los que se llaman insurgentes. 
Esta tierra que ves y en que tenemos 
Aire, luz, casa, pan, amor, ventura, 

A su valor heroico la debemos, 
Nos la dieron su arrojo y su bravura. 
Este sol, estos campos, este cielo, 
Es todo nuestro con su honor ungido; 
Aquí naciste tú, nació tu abuelo 

Y nací yo también, es nuestro nido. 

Es la gran Madre y Patria se la llama; 
Nada en su bien te asuste ni te asombre. 
Su amor enciende la divina llama 
Que alienta y mueve el corazón del hombre. 
Más que en mí, más que en ti, todo el cariño 
De que fueres capaz, cífralo en ella, 

Y en tu inocente corazón de niño 
Brille ese amor como fulgente estrella. 



POESÍAS ESCOGIDAS 163 



IV. 

Después, al terminar nuestra jornada, 
Quédeme largo rato pensativo, 

Y dije á Juan fijando una mirada 

En su semblante alegre y expresivo : 
— Ya ves por qué me gustas de ranchero ; 
Grita cual si te oyeran muchas gentes : 
¡Viva Hidalgo, Morelos y Guerrero! 

Y ¡vivan los soldados insurgentes! 
¡Vivan! repitió el niño entusiasmado; 
Yo su grito escuché con embeleso, 

Y le dije : pues hemos acabado, 
¡Te daré como epílogo otro beso! 



EL GRAN GALEOTO. 

Margot está en el balcón 
Con medio cuerpo hacia fuer^, 
Yo de pie sobre la acera, 
Dándole conversación. 

— Di : ¿qué quieres, hija mía? 

— Irme contigo. 

— No puedes; 
Te mando que en casa quedes. 
Las niñas salen de día. 

— ¿De noche no? 

— No. 

— ¿Por qué? 

— Porque no... ya lo sabrás. 

— ¿Pero tti adonde te vas? 

— Al teatro y al café. 

— ¡Al teatro! ¿Y es bonita 
La comedia? 

— Mucho, sí.... 

— Entonces llévame allí. 
Voy á bajar... 



164 JUAN DE DIOS PEZA 



— ¡Margarita! 

— ¿Y al café cuándo te vas ? 

— Muy tarde, á la media noche. 

— Bien, pues iremos en coche, 
Así sí me llevarás. 

— De noche no puede ir 
Ni al teatro ni al café... 

— ¿Espantan? 

— No. 

— Pues, ¿por qué? 

— Porque no puedes salir, 

— Pero di : por qué no puedo ? 

— Está obscura la ciudad. 

— Dices que á la obscuridad 
Nunca se le tiene miedo. 

— Traeré dulces al volver. 

— ¿Todos serán para mí? 

— Todos. 

¿Pero todos? 
¡Sí! 

— ¿De veras? 

— Todos mujer. 

— Así me quedo contenta. 

— Bien, pues entra que hace frío.. 

— ¿Te vas? 

— Me voy. ángel mío, 

— Mis dulces... 

Calla, avarienta. 

— ¿Qué dices? 

— Nada, tesoro. 
Que ya me voy, nada escucho. 

— ¿Me quieres? 

¡Te quiero mucho! 

— Y tú ¿me quieres? 

— ¡ Te adoro ! 

— Soy obediente. 

— Por eso 
Vives ya tan consentida. 

— Un beso... 



POESÍAS ESCOGIDAS 16S 

— Toma, mi vida 
Te mando con este beso. 

Pasaban á la sazón 
Varias gentes por la acera, 

Y al oir de tal manera 
Cortar la conversación, 
Nos juzgan pechos de lava 
Que laten de amor en pos, 

Y dicen : ¡ vaya ! ¡son dos 
Que están pelando la pava ! 



EN EL CIELO Y EN LA CALLE 

(fragmento de un poema inédito). 

A los que buscan dramas algo extraños 
Doy éste, que por breve no desvela : 
Personajes : un niño de seis años 
Y Juana, de sesenta, que es su abuela. 

Hablan y nada la atención les roba ; 
Ella desde un sillón ; él en su cama ; 
La escena es en el fondo de una alcoba 
Que brilla á media luz. 

Comienza el drama. 



— Dos labradores francos y sencillos, 
Encontraron dos aves cierto día. 

— Abuela : ¿qué son aves? 

— Paj arillos. 

— ¡Ah! sí, tienes razón, ya lo sabía. 

— Prosigo, y no interrumpas esta historia. 

— No vuelvo hablar, te lo prometo, abuela. 

— Oye y fija mi cuento en tu memoria. 

— Y lo diré á los niños de mi escuela. 

— Una vez dos sencillos labradores 
Hallaron en un árbol suspendido 



166 JUAN DE DIOS PEZA 



El nido de los pájaros cantores... 

— Dime antes de seguir ¿cómo es un nido? 

— Tus preguntas avivan mis congojas, 
Un nido es un palacio.... 

— ¿Qué me dices? 

— Es un palacio alzado entre las hojas 
Para vivir dos pájaros felices. 

Allí se abrigan del invierno insano, 
Allí van á arrullarse hora tras hora, 

Y así como tú rezas muy temprano, 
Allí cantan á Dios en cada aurora. 

— ¿Y serán muy bonitos? 

— Maravilla 
En tanta pequenez, arte tan rico. 

— Abuela, ¿son de piedra ? 

— Son de arcilla 
Con hebras mil tejidas con el pico. 

Mas no pierdas la historia peregrina 

Y volvamos al par de labradores 
Que, al fulgor de la estrella matutina. 
Hallaron aquel nido entre las flores. 

Se acercaron al árbol corpulento 
Donde estaba el palacio suspendido... 

— ¡ El palacio ! 

— ¿Lo ves? No sigo el cuento 
Un palacio en un árbol es un nido. 
En él estaba un pájaro, y cubría 
Para darles calor, dicha y consuelos 
A tiernos pajaritos... 

— ¡Qué alegría! 
Sus hermanos tal vez... 

— No ; sus hijuelos. 
Temeroso al mirar á dos extraños 
Escondió á sus polluelos inocentes. 

— ¡ Ay ! dime, abuela, ¿les hicieron daño ? 
Si los han de matar no me lo cuentes. 

— No cofiprendes aún en tu inocencia 
Los nobles cultos en las almas fijos. 



POESÍAS ESCOGIDAS 167 



Un padre siempre inspira reverencia 
A quien lo ve cercado de sus hijos. 

Y lo mismo en las aves que en los hombres, 
En el espacio azul ó en el abismo, 
Grutas, nidos, hogar, — cuestión de nombres, — 
¡ El amor paternal siempre es el mismo ! 
El pájaro del cuento receloso 
De la intención de aquellos campesinos, 
Les habló... 

— ¿Cómo hablaba? 

— I Qué curioso ! 

— ¿Hablaba como yo? 

— No. no ; con trinos. 

— ¿Con trinos? 

— No interrumpas. 

— ¿Cómo es eso? 

— Basta de preguntar, escucha. 

— Escucho. 

— ¿No sientes tú, cuando me das un beso, 
Que, sin hablarte yo, te digo mucho ? 

Pues... no lo sé explicar, un dulce acento 
Inimitable, arrullador, divino, 
Con que una ave saluda al firmamento 
AI ver el nuevo sol, eso es un trino. 

— ¿Eso es un trino? 

— Sí : con él expresan 
Las aves de sus dichas el tesoro... 

— Abuela, y qué, ¿las aves no se besan? 

— Tal vez, tal vez, pero en verdad... lo ignofo. 
No hagas á cada paso esas preguntas 

Que resolver no puedo ni me toca ; 
Tal vez se besen las que viven juntas. 

— ¿Y se pueden besar sin tener boca? 

— Me tiene siempre en infernal batalla 
La gran precocidad de sus antojos : 
Sábelo, chiquitín, sábelo y calla : 

i Los pájaros se besan con los ojos ! 

— No, no es verdad, abuela. 

— I Qué osadía ! 



168 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Es decir que yo miento ? ¡ Vaya un chico ! 

— Yo he visto á tus canarios, cierto día, 
Dándose de comer de pico á pico. 

— Pero ¿dar de comer es dar un beso? 
¡Vaya con el chicuelo veterano! 

— Pues ¿por qué los canarios hacen eso? 
Tú me das la comida con la mano. 

— ¿Por qué lo hacen? No sé. Ya me provoca 
Esa curiosidad tan obstinada; 

No se besa tan sólo con la boca... 

— Abuela, ¿pues, con qué?... 

—¡Con la mirada! 

Y á un niño como ttí débil é inerme, 
Que no conoce el mal ni le acobarda. 
Viene á besar sus ojos cuando duerme. 
Lleno de amor el ángel de la guarda. 

Ese ángel está aquí... 

—¿Dónde? 

— A tu lado. 

— Abuela, ¿entre tú y yo? 

Su 

— ¡ No lo veo ! 

— Ningún mortal á un ángel ha mirado 
Sino con la esperanza y el deseo. 

Quien tal ventura á conseguir alcanza 
Es porque tiene el alma limpia y pura. 

— Dime abuela, ¿qué cosa es la esperanza? 
^— Una cosa muy clara y muy obscura. 

Lo que quieres hallar más adelante, 
Lo que estando muy lejos v"s enfrente, 
Lo que al ser más obscuro es más brillante, 
¿Me entiendes? 

— No. 

— Pues calla, impertinente, 
Me llevas por tan ásperos caminos, 
Que junto á ti desfallecer me siento ; 
Me haces hablar de besos y de trinos 

Y no me dejas proseguir el cuento. 

— ¿El cuento? 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 169 



— Picaruelo, ¿has olvidado 
El encuentro de aquellos labradores 
Con el nido de un pájaro encantado 
Oculto entre las ramas y las flores? 
Sí lo olvidaste ya; cesa mi empeño 
De contar esa historia... no prosigo; 
Cierra los ojos, velaré tu sueño 
¡Soy tan dichosa cuando estoy contigo! 

— ¿Ale quieres mucho?... 

— Sí, te quiero tanto 
Que por eso me ves tan afligida ; 
A mi avanzada edad me causa espanto 
Saber que pronto perderé la vida. 

— ¿Te da miedo morir? 

— Por ti me aflijo. 
No por un mundo donde impera el dolo... 

— ¡y! si murieras... 

— ¡Calla! Entonces, hijo 
¿Qué podrá ser de ti?... ¡te quedas solo! 

— ¿No dices que está un ángel á mi lado 
Que vela mis acciones noche y día? 
Él me acompañará. 

— ^Muy bien pensado. 

— No llores... dame un beso, madre mía. 
Fija el niño en la anciana sus miradas 

En las que amor inmenso se revela, 
La besa y sus mejillas sonrosadas 
Se empapan con el llanto de la abuela. 
Reina un silencio santo, nada roba 
La pompa augusta que la escena tiene; 
¡Como que están besándose en la alcoba 
Una alma que se va y otra que viene! 



170 JUAN DE DIOS PEZA 



NOCHEBUENA* 

Trae la lana, trae el heno, 
El portal déjalo aquí... 
La muía, el buey, así, así. 
Ya está bueno, ya está bueno. 

Acuesta el niño, ¡Dios mío! 
Tan desnudo me enternece; 
Ponle plumón, que parece 
Que se nos muere de frío. 

Pon en lo alto la estrellita, 
La escarcha aquí nos ceanpleta. 
Trae sol y luna y cometa, 

Y el rebaño y la casita. 

Aquí resalta mejor 
Esta cascada... aquí un pino; 
Haz con piedras el camino; 
Sienta aquí arriba un pastor. 

Junto al monte que vacila, 
Forme laguna este plato ; 
Aquí de jamo» á Bato, 
Aquí á su pastora Gila. 

Junto á este árbol que se eleva 
Con pompa porque es frutal, 
Va el pecado original, 
Quiero decir, Adán y Eva. 

Tiñendo en rojo los prados 
Colocar de frente puedo 
A Herodes ¡Jesús! ¡qué miedo! 
Con cien niños degollados. 

Aquí se quedó Moisés 
Con sus tablas... ¡qué bonito! 

Y enfrente del portalito, 
Los reyes magos, ¡los tres ! 



POESÍAS ESCOGIDAS 171 



Y entre montes y cañadas 

Y casitas y ahuehuetes 
Irán todos los juguetes 

De las noches de Posadas. 

Ya está todo y está bueno, 
Más zagales, más doncellas, 
Aquí nos faltan estrellas 

Y más escarcha en el heno. 

Junto al niño están de pie 
Con faz dulce y amorosa 
El casto esposo y la esposa. 
La Virgen y San José. 

Ahora sí, ya se acabó, 
Vengan y con gran cariño : 
Canten : á la rorro niño, 
Todos : á la rorrorró. 

Y se agrupan los chicuelos 
Que cual ángeles se ven, 

Y ante el portal de Belén 
Cantan al Rey de los Cielos. 

I Qué entusiasmo! ¡qué alegría I 
i Qué fiesta santa y amena! 
Falta lo mejor : la cena ; 
¡La gran cena de este día! 

De la mesa en derredor 
Donde todo se concilla, 
Está toda la familia 
Llena de dicha y amor. 

El niño, el joven, el viejo, 
■poncella . madre y abuela, 
Tanto el que asiste á la escuela 
Como el que asiste al consejo. 

De nuevas dichas en pos 
Con inefable contento 



172 JUAN DE DIOS PEZA 

Celebran el nacimiento 
De Jesús, del Niño Dios. 

El anciano se embelesa 
Viendo después que ha cenado 
Cómo el nieto se ha quedado 
Dormido sobre la mesa. 

Y al mirarlo siente ya 
En sus ojos llanto ardiente, 
¡Piensa que el año siguiente 
Acaso no lo verá! 

Todos gozosos se ven 
Unos á otros con cariño; 
El viejo contempla al niño 

Y éste al Niño de Belén. 

¡Oh delicias de esta cena! 
¡Oh familia venturosa! 
¡Noche alegre! ¡Noche hermosa! 
¡Noche santa! ¡Noche buena! 

Eres venero sin par 
De recuerdos de ventura, 
Eres la noche más pura 
De todas las del hogar. 

El imán de los cariños, 
La cuna de afectos sanos, 
El llanto de los ancianos 

Y la risa de los niños. 

¿Por qué tan rauda te vas? 
Con tus placeres extraños 
Vendrás cual hoy otros años 

Y no nos encontrarás. 

El hogar estará frío 
Como el fondo de la huesa, 

Y hallarás en nuestra mesa 
Más de un asiento vacío. 



POESÍAS ESCOGIDAS 173 

Cantando tus atractivos 
Otros gozarán despiertos; 
¿Quién se acuerda de los muertos 
En el festín de los vivos? 

Mas no hay que amargarse en pos 
bel olvido y de la pena. 
Que esta noche es Nochebuena 

Y ha nacido el Niño Dios. 

I Nada, á gozar y á reir, 
El que muera morirá, 

Y el que viva ya verá 

La que esconde el porvenir! 



CÓMO ES MARGOT. 

'A MACARIO RIVERO. 

Una comedia del día 
Sin llanto y sin regocijos; 
Personajes : yo y mis hijos ; 
Teatro : la Juguetería. 

Tengo, cual es de rigor, 
Una niña en cada lado 

Y el varón está sentado 
Encima del mostrador. 

Has en frente dos hileras 
De bebés con labios rojos, 
Blancas frentes, negros ojos 

Y doradas cabelleras. 

Rifles, tambores, cornetas, 
Vajillas de lujo y gala, 
Muebles, espejos de sala. 
Armarios á dos pesetas. 

Locomotoras sin par, 
Coches de cuerda, andadores. 



174 JUAN DE DIOS PEZA 



Parcos, peces de colores, 
Ballenas ; en fin : ¡ la mar ! 

— Quiero — la mayor me grita- 
Aquel niño en esa cuna 

Y aquel armario de luna, 

Y esa alfombra y la casita. 

— Y yo — dice Juan — no quiero 
Más que un fusil, un cañón, 
Una pistola, un bastón. 

Un sable, un cinto de cuero, 

Una lanza, una bandera, 
Una coraza, una gola. 
Aquella caramañola, 
Mi kepí y mi cartuchera. 

Y prosigue la mayor : 

— Pues yo quiero solamente 
Esa lámpara, esa fuente, 
Muebles para el comedor. 

Dos cuadros, cuatro cortinas, 
Tres sartenes, un brasero. 
Dos candiles, un plumero. 
Un gallo con sus gallinas. 

Un ratón de cuerda, un gato, 
Un... ¡basta! — ¿Y tú, Margarita? 
Callóse la pobrecita. 
Miró todo largo rato. 

Y con palabras sinceras 

Y natural regocijo. 

Alzó su rostro y me dijo : 

— Yo, papá, lo que tú quieras. 

— No. Di tu antojo, alma mía, 

Y agregó alzando las manos : 

— ¡ Ya pidieron mis hermanos 
Toda la juguetería! 



POESÍAS ESCOGIDAS ' 175 



—¿Y no quieres nada? 

—¡No! 
— Algo pide. 

— ¿Y si estás pobre? 
Lo que dejen, lo que sobre 
Eso me lo llevo yo. 

— ¡ Pobrecita ! ¡Pobrecita I 
La dije y besé su frente, 
Y- no exagero, realmente 
Es así mi Margarita. 

Bondadosa y resignada, 
Ninguna ambición concibe, 
Si algo le doy, lo recibe, 
Y si no, pide nada. 



MÉJICO Y ESPANA»<»> 

1 HIJA MARÍA, NACIDA EN MADRID EL 9 DE AGOSTO DE 1878. 
I. 

Allá, detrás del mar, la playa amena 
De la tierra del Cid y los Guzmanes ; 
La cruz plantada en la morisca almena 
Y rotos á sus pies los yataganes. 

Allá, campos cruzados por gómeles; 
Murallas que los godos defendían; 
Palacios con ojivas y caireles 
Donde las ninfas del harén dormían. 

Allá las cinceladas armaduras; 
Los cascos delucientes con cimeras, 
Los castillos poblados de aventuras; 
Las torres coronadas de banderas. 



i) Esta poesía, aunque no esté considerada como perteneciente á los Cantos 
fogar, se incluye aquí por encargo especial del autor, que como lo expresa 

dedicatoria, es un testimonio de lo que inspira la tierra en que vio la luz pri- 

su primogénita María. 



176 JUAN DE DIOS PEZA 

Allá, los altos picos del Moncayo; 
El Guadalete con la sangre tinto; 
Los manes de Rodrigo y de Pelayo; 
Las tumbas de Fernando y Carlos Quinto. 

Allá, todo eso que esplendor se llama : 
La tradicSón. la fábula, la historia. 
Los hechos coronados por la fama 

Y los héroes ungidos por la gloria. 
Aquí, la noche, llena de luceros, 

El campo lleno de silvestres flores, 
El volcán con sus hondos ventisqueros 

Y el lago con sus juncos tembladores. 

Aquí, la virgen tierra americana, 
Bajo su azul y eterno cortinaje; 
El rey desnudo, la vestal indiana, 
El bosque inculto, y el aduar salvaje. 

Aquí errabundo el ignorado atleta 
De audacia ejemplo y de valor tesoro; 
En las entrañas del peñón la veta, 

Y el barro confundido con el oro. 

Aquí el templo de tosca gradería, 
El ídolo hecho un Dios omnipotente, 

Y del pueblo la sorda gritería 

Al verlo bautizar con sangre hirviente. 

Aquí, el carcax, el arco y la rodela 
De tosca piel, con plumas adornada 
La aguda flecha que en los aires vuela, 

Y la macana en pedernal labrada. 

Aquí, sólo un baluarte, la montaña; 
Allá torres y naves y cañones; 
Tal fué Tenoxtitlán ; tal era España : 
¿Cuál vencerá en la lid de ambas naciones? 

II. 

Admiro, Iberia altiva, tu nobleza, 
Tu carácter indómito y bravio ; 



POESÍAS ESCOGIDAS 



177 




Convulsa, pálida, errante, 
Sobre el suelo que se agita, 
La madre se precipita 
Por la' angustia delirante. 



A Méjico. 



12 



178 JUAN DE DIOS PEZA 



Pero á la par admiro la gremdeza 

Y el heroico valor del pueblo mío. 

¿Qué hallaste en estos reinos ignorados? 
Un pueblo que del oro no se engríe, 
Una Otumba que asombra á tus soldados 

Y un Guatimoc que en e^ torm.ento ríe. 

Culparte en nuestro s'glo sería mengua; 
Venciste y nadie intentará culparte; 
Entre tus dones heredé tu lengua 

Y nunca la usaré para insultarte. 

Si á la justicia destronó el capricho, 
Si está con sangre escrita cada hazaña, 
¡ Ah ! yo diré lo que Quintana ha dicho : 
« Crímenes son del tiempo y no de España 

¡Nuestra sangre es igual! que nadie opon; 
A' nuestra unión calumnias y rencores : 
i La plegaria inmortal de Covadonga 
Siglos más tarde resonó en Dolores ! 

La misma es nuestra raza altiva y fiera, 
Igual nuestro carácter franco y rudo : 
Aquí, el águila libre, por bandera ; 
Allá, el león, por símbolo y escudo. 

No de venganza con mentido alarde 
Nuestras glorias hundamos en la niebla ; 
¡Hijos de Zaragoza y de Velarde 
Juntos cantemos á Bailen y á Puebla! 

Juntos el mejicano y el ibero 
Tener debieran, en mejores días, 
¡Para cantar su patriotismo, á Homero! 
¡Para llorar sus duelos, á Isaías! 

Hoy la gloria con bellos arreboles 
Ilumina enlazadas nuestras manos : 
¡ Honor eterno á Méjico, españoles ! 
¡Honor eterno á España, mejicanos! 



POESÍAS ESCOGIDAS 179 



teología infantil* 

Lector, hasta de teólogo haré alarde! 
Con Juan, con Margarita y con María 
Tuve ayer, á las cuatro de la tarde, 
Una gran discusión de Teología. 

Nunca estudié esa ciencia, ni me viste 
En tratos con los sabios tonsurados, 
Ni tuve como muchos c( noche triste », 
Ni conozco los cánones sagrados. 

Pero tienen los niños unas cosas 

Y hacen tales preguntas á su modo, 
Que entre muchas misiones peligrosas 
Tiene un papá la de explicarles todo. 

Pregunta existe que en su fondo encierra 
Un gran caudal de ciencia comprimida. 
¿Por qué nacen los hombres en la tierra? 
¿Cómo vienen los hombres á la vida? 

¿Quién ha clavado el sol en el espacio? 
¿Quién construyó tan alta una montaña? 
¿Por qué enferma el que vive en un palacio 

Y está sano el que habita la cabana? 

Y otras cuestiones con diversos temas 
Sacados de dos mil filosofías 
Que llaman en las cátedras problemas 

Y en el hogar se llaman niñerías. 

La primera razón en ciencias y artes 
La inquiere el niño en la materna falda. 
¿Dónde está Dios?- pregunta. — En todas partes 
(Tal dice el catecismo de Ripalda). 

Pero esto que al principio satisface 
Por ser la solución fácil y nueva, 
Después no le conforma y no le place. 
Busca el último análisis, la prueba. 



180 JUAN DE DIOS PEZA 



Ayer, hablando en el idioma llano 
Que en nada amengua el paternal respeto, 
Después de que Margot tocó al piano 
Un fácil potpourri de Rigoleto, 

Se vino á mí con intención pensada 

Y así como entre veras y entre chiste, 
Me dijo, en mis rodillas apoyada : 
Tú me vas á probar que Dios existe. 

Ante cuestión tan ardua, lo confieso, 
Me sentí confundido, anonadado, 

Y por ganar el tiempo, le di un beso, 
Saqué un cigarro y me quedé callado. 

Margot me contemplaba con fijeza 

Y sin chistar, pendiente de mis labios, 
Creyendo, al ver desnuda mi cabeza, 
Que cuantos hay, todos son sabios. 

Oyeron sus hermanos la pregunta 

Y dejando muñecas y tambores 
Sentados gravemente, como en junta, 
A discutir se sientan los doctores. 

Me clavaron cual dardos sus miradas, 

Y con gran confusión, perdido el tino, 
Diserté con razones no pensadas 
Sobre la Summa de Tomás de Aquino. 

¿La razón natural? no er argumento, 
¿Institución? ¡qué misterio tan profundo! 
¡Era preciso hallar en el momento 
Lo que entiende y acepta todo el mundo ! 

— Mira, dije á Margot, tienes delante 
Los papeles que Juan llenó de. trazos, 
Con ellos voy á hacer en un instante 
Más de dos centenares de pedazos. 

Llévalos, y con ellos, en tu alcoba. 
Formas una montaña, de manera 



POESÍAS ESCOGIDAS 181 



Que no pueda ni el viento ni la escoba 
Cambiar de forma ni sacarlos fuera. 

Con gran seguridad, el caso es grave, 
Tapas, puertas, rendijas y ventanas, 

Y sin prestar ni á tu papá la llave 
Dejamos que transcurran dos semanas. 

El término se vence, llega el día 
En que abrimos la puerta con anhelo, 

Y encontramos tú y yo, Juan y María, 
Regados los papeles en el suelo. 

¿Quién podrás figurarte que habrá sido? 
Dije aquí terminando mis razones ! 

Y los tres, declarándome vencido. 
Exclamaron en coro : — ¡ Los ratones ! 

— Los ratones, muy bien ; pero si hallamos 
Que con esos papeles que pusiste 
Se ha formado en la alfombra que pisamos 
Un letrero que dice : « Dios existe » 

¿Diréis que los ratones lo pusieron? 
¿Diréis que el viento lo escribió á su paso? 
¿Diréis que los papeles se movieron 
O que el letrero lo formó el acaso ? 

Y me responde Juan, que es el más tuno, 
Con infantil serenidad que arroba : 
— «Ese letrero nos lo puso alguno 
Que, sabiendo escribir, entró en la alcoba ». 

— Ya, sólo alguno que escribir supiera 

Y que pudiese entrar, muy bien lo has dicho ; 
Nada pudiera ser de otra manera 

Ni las cosas se forman al capricho. 

Pues todo en negra alcoba imaginaos 
Que estuvo en el desorden más profundo, 

Y en esa alcoba obscura que fué el caos. 
Pusieron un letrero que fué el mundo 



I 



182 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Quién entró allí dejándonos por huellas 
Fértiles tierras, montes seculares, 
Brillando en el espacio las estrellas, 
Rugiendo siempre los profundos mares? 

¿Quién encendió allí el sol? ¿Quién hizo al 

[hombre 
¿Quién le dio voluntad y pensamiento? 
¡ Pues ese es Dios ! Se encierra en este nombre 
Cuanto ignoran la ciencia y el talento. 

No sé cómo será, nadie lo sabe, 
Está del hombre en la conciencia escrito, 
Y no hay astro ni flor que no le alabe 
Con su luz ó su aroma en lo infinito. 

No hay obra sin autor y el que ha creado 
Cuando de forma y de color reviste. 
Ese se llama Dios y está velado 
A los ojos del hombre, pero existe. 

Méjico, Diciembre 8 de 1889. 



AMIGOS Y LIBROS. 

Elige ¡ oh Juan 1 un amigo 
Franco, sincero y honrado, 
Que cuando estés á su lado 
No extrañes no estar conmigo. 

Un joven que imite á un viejo 
En lo juicio y prudente, 
Que te conforte y aliente 
Siempre que te dé un consejo. 

Que se interese en tu bien. 
Que censure tus errores, 
Y en tus dichas y dolores 
Se alegre ó sufra también. 



POESÍAS ESCOGIDAS 183 



Que nunca te indine al mal, 
Que no te engañe ni adule, 

Y te aplauda ó te estimule 
Con desinterés igual. 

No un farsante, un caballero 
Por hechos, no por blasones; 
Que sea en todas tus acciones. 
No un cómplice, un compañero. 

Que puedas darle tu mano 
Sin tem.or de que la manche; 
Un ser que el alma te ensanche 
Cuando le llames hermano. 

No le canse tu exigencia. 
Ni tu carácter le hostigue, 
Piensa bien cuánto consigue 
La mutua condescendencia. 

Que no esíente falsas galas. 
Que no oculte la verdad, 

Y sepa que la amistad 
Es sólo el amor sin alas. 

¡Oh mi Juan! yo te lo digo, 
Por este mundo al cruzar 
Es muy dificil hallar 
Este tesoro, un amigo. 

Y es tan grave su elección 
Que te lo puedo decir. 
Compromete al porvenir. 
Compromete al corazón. 

Y tanto influye en la suerte 
Del necio que se descuida. 
Que un buen amigo es la vida 

Y un mal amigo la muerte. 
Como tu dicha es mi afán 

No busques falsos testigos, 
Tus libros y tus amigos 
Peséntamelos, mi Juan. 



184 JUAN DE DIOS PEZA 

MI PRIMIER NIETO. 

A MI INTELIGENTE AMIGUITO LUIS REYES SPINDOLA Y JIMÉNEZ 
(PERIODISTA DE SEIS ANOS). 

Hoy abrí casualmente el gran librero 
Tosco, antiguo, estorboso y empolvado, 
Donde guardó entre in folios su dinero 
Un antero que tuve acaudalado. 

Dicen que allí juntaba y escondía 
Las amarillas onzas relumbronas, 
Que van siendo tan raras en el día 

Y que antaño llamaban peluconas. 

Detrás de las Pandectas y de Toro, 
Sirviendo de pantalla Tertuliano, 
Ocultaba avariento su tesoro 
Aquel devoto y venerable anciano. 

Y ocurrió lo de siempre ; adversa suerte 
Se lo llevó á la tumba de improviso, 

Y este mueble quedó, tras de su muerte, 
Para el primero que escarbarlo quiso. 

Cuentan que un señorón de toga y pluma 
Que pronto se encargó del intestado, 
Sacó los libros, recogió la suma 

Y dejó el tosco mueble abandonado. 

Más tarde, terminadas las cuestiones 
De la adusta y sagaz jurisprudencia, 
Pasadas cinco ó seis generaciones 
Recibí^ el armatoste por herencia. 

No me atreví á guardar libro ninguno 
En tal mueble, del tiempo maravilla. 
Que así como en el mar reina Neptuno 
En él reinan la incuria y la polilla. 

Para no cometer cien desatinos 
Allí escondiendo joyas ó dinero. 
Le dejé los polvosos pergaminos 
Que enseñan cosas que estudiar no quiero. 



POESÍAS ESCOGIDAS 185 



Y después mis traviesos chiquitines 
Encerraron en épocas lejanas, 

Lo que en casa llamamos tirantines, 
Digo, cosís inútiles ó vanas. 

Hoy, buscando un antiguo documento 
Que ya juzgaba por mi mal perdido. 
Abrí el mueble pesado y polvoriento 
De las memorias y las ratas nido. 

Y encontré lo que menos esperaba, 
Un bulto informe que ninguno aliña; 

¡ Ay ! ¡el bebé con que Margot jugaba 
En un tiempo feliz, cuando era niña ! 

Ya tiene sucia y gris la faz de cera ; 
Le mutiló una pierna el tiempo insano ; 
Se le cayó la rubia cabellera 

Y le faltan tres dedos de una mano. 

El vestido de rojo terciopelo, 
Ya tiene la color indefinida, 

Y en los ojos azules como el cielo 

No hay brillantez, ni claridad, ni vida. 

Los adornos bordados, son inciertos 
Relieves áureos en la tela obscura, 

Y hay en todo, ese tinte de los muertos 
Que no desbarató la sepultura. 

Al mirar estos restos olvidados 
Que en mi desierto hogar tienen su historia, 
¡Cuántos años, felices por pasados 
Han surgido en tropel, en mi memoria! 

¡Dulces venturas del hogar vacío! 
Cuando llegó Bebé, cuan satisfecho 
Oí á Margot decir : ¡ es hijo mío ! 
Come en mi mesa y dormirá en mi lecho! 

Y con materno afán, libre de engaños, 
Culto ferviente de su edad primera, 



186 JUAN DE DIOS PEZA 

Adoró cual se adora á los seis años 
A este pobre muñeco de madera. 

Le amó con esa celestial ternura 
Que la santa inocencia trae del cielo, 

Y encantaba la niña tierna y pura 
Jugando á madre en el ingrato suelo. 

i Cuántas veces mi padre en su tristeza, 
De ese amor celestial un'gió los lazos 
Dando á Margot un beso en la cabeza 
Mientras Bebé lloraba entre sus brazos ! 

¡Si fuera siempre igual! ¡Si de este abismb 
De dolor y maldad no viera el fondo 1 
¡ Ay ! mi padre al hablar consigo mismo 
Miraba lo más negro y lo más hondo ! 

Así se habla en los lindes de la vida, 
Cuando tan sólo descansar se quiere 

Y se sueña otra tierra prometida 
En donde nunca la inocencia muere. 

Entre tanto Margot, sin un reproche, 
Porque fué en el hogar siempre mimada 
Desnudaba á Bebé, noche por noche, 
Para dormir con él acompañada. 

De su colchón en e' caliente hueco 
Cobijaba al imán de sus cariños 

Y al fin rodaba al suelo este muñeco : 
¿Quién va á dormir en paz junto á los niños? 

Pronto creció Margot; su diestra mano 
Soltó al ídolo fiel de alegres días 

Y de las blancas teclas del piano 
Arrancó misteriosas harmonía». 

A la celeste luz del alfabeto 
nutrió su pensamiento y su memoria 

Y «n cada libro sorprendió un secreto 
De la fe, de la ciencia ó de la historia. 



POESÍAS ESCOGIDAS 187 



EL PRISIONERO DE PAPAZINDAN 

(Del Romancero 
de la guerra contra la Intervención francesa) 

A IGNACIO PÉREZ SALAZAR. 
I. 

Treinta y tres años cumplidos, 
Ancha la espalda, alto el pecho, 
Estatura que disfraza 
El tosco vigor del cuerpo. 
Ojo vivo y penetrante. 
Corto el poblado cabello, 
Sin un asomo de barba. 
El bigote escaso y recio; 
Hundido sobre las cejas 
Ancho y obscuro sombrero ; 
Ninguna insignia en el traje, 
Ningún militar arreo ; 
Siempre prudente y callado 
Siempre vestido de negro. 
Con una calma y un modo 
Tan natural, tan modesto, 
Que más al verle semeja 
Humilde y franco labriego 
Que luchador indomable 

Y temible guerrillero, 
A quien los franceses nombran. 
Por su arrojo y su denuedo. 
El león de las montañas, 

Y que en reñidos encuentros. 
Lo mismo en venta del Aire, 
Zitácuaro y Angangueo, 
Probó bien cuánto á su patria 
Ama y defiende su pecho. 



188 JUAN DE DIOS PEZA 



Jamás el rudo combate 
Llegó á contemplar de lejos, 
Pues acompañado ó solo 
Entraba siempre el primero. 
Nunca contó el enemigo, 
Que donde estaba sabiendo, 
Se apresuraba á encontrarle 
Valiente pero sereno. 
Como todos, reposado, 

Y más que todos resuelto, 
Al comenzar el combate, 
Al enemigo embistiendo. 
Ni la cabeza inclinaba 
Para acometerle ciego, 

Ni con destemplados gritos 
Daba á sus huestes aliento : 
El valor en sus soldados 
Brotaba con sólo verlo. 
Que una enseña es su figura. 
Su calma estoica, un ejemplo. 
Nada resiste á su empuje 

Y abre un camino su acero, 
Por el que va la victoria 
Siempr® sus huellas siguiendo. 
Los enemigos le temen ; 

De la noche en el silencio 
Por todas partes esperan 
Como á un tigre sorprenderlo; 
Mas no valen emboscadas 

Y en vano cualquier intento. 
Que siempre burla sus planes. 
Desbarata sus proyectos 

Y los humilla y los vence, 

Y á tanto llega su esfuerzo 
Que como un ser protegido 
Por insondable misterio, 

Le miran propios > extraños : 
Tal es Nicolás Romero. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



189 



II. 

No tuvo Riva Palacio 
En aquel glorioso tiempo 
Un soldado más adicto, 
Ni un amigo más sincero. 

Y cuéntese con que andaban 
A su lado : Luis Robredo 
Que en Tacámbaro sucumbe 
A los belgas combitiendo; 
El coronel Luis Carrillo 

Que en los muros de Querétaro, 
Al frente de sus soldados 
Exhaló el postrer aliento, 

Y Bernal, que en Uruápam 
Asaltando un parapeto 
Dejó escaparse la vida 

Por ancha herida en el pecho, 

Y otros héroes cuyos nombres 
En el polvo se escondieron, 

Y quedan allí espe-ando 

Que la Historia, juez Supremo, 
A la vida de la Gloria 
Los llame por justo premio. 
Por eso, como entre todos 
Descuella el bravo Romero, 

Y como todos le juzgan 

En campaña el más experto. 
Dispone Riva Palacio 
Dejarle el mando del cuerpo 
Que ha combatido sin tregua 
En el Estado de Méjico. 
Mientras él marcha é encargarse 
En Michoacán del Gobierno 

Y á reunir las divisiones 
Del Ejército del Centro. 
Transcurren algunos días, 

Y órdenes tiene Romero 

De ir en Tacárnbaro á unirse 
Con el resto del Ejército. 



190 JUAN DE DIOS PEZA 



Obedece, como siempre, 
Precipita los aprestos, 

Y ya lista su brigada 

En marcha se pone luego. 

III. 

Es azarosa y terrible 
La vida del guerrillero, 
Pero lo fué más que nunca 
Sostenida en aquel tiempo, 
Cuando flotaba triunfante 
La bandera del Imperio, 

Y arbitro de nuestra suerte 
Era Napoleón tercero. 

El porvenir asomaba 
Mostrando en el turbio cielo 
Anchas nubes tormentosas. 
Tristes horizontes negros, 

Y al pendón republicano 
Miraba con torvo ceño 
La victoria, sin dejarle 
Sus glorias y sus trofeos. 

¡Soldados de las montañas! 
Unos vivos y otros muertos, 
Vuestra abnegación asombra 
En esa lucha, teniendo 
La muerte siempre á la vista 

Y sin esperar el éxito 

El mundo os miró luchando, 
Que no soñabais más premio 
Que combatir por la patria 

Y morir por sus derechos. 
Hasta ignorabais humildes. 
Que de noche, en el silencio, 
Cuando las rojas hogueras 
Alumbran los campamentos, 
Pasaban entre las sombras, 
Vuestra causa bendiciendo 
Tres espíritus sublimes 



POESÍAS ESCOGIDAS 191 



Que os dieran heroico ejemplo. 
¡Hidalgo! de nuestras glorias 
Impulso, móvil y centro; 
Con él, un héroe que fuera 
De la Independencia el genio; 
i El invencible de Cuautla ! 
¡El intachable Morelos! 

Y con ambos la más viva 
Encarnación de este pueblo : 
El águila de su escudo 

¡El indomable Guerrero! 
¡Soldados de las montañas! 
¡ Nobles soldados del pueblo ! 
¡Los que tuvisteis por tienda 
Praderas, montes y yermos, 
Harapos por uniforme 

Y abrupto peñón por lecho! 
Sonará siempre mi lira 

Con algtin acorde tierno 
Al repetir vuestros nombres 

Y al relatar vuestros hechos. 
¡Cuántos dormís en el polvo! 
¡Cuántos, ya tristes y viejos, 
Entre olvido y amargura 
Vivís de vuestros recuerdos! 
Perdidas las ilusiones, 

Y la fe, muerta en el pecho. 
Contáis vuestras breves horas 
Envidiando á los que han muerto 
Mi voz pretende sacaros 

De tan hondo abatimiento, 
Que si en alas polvorosas 
Lleva esas glorias el tiempo, 
Yo, que naci mejicano. 
Arrebatárselas quiero, ' 

Y como un grupo de soles 
Mostrarlas al Universo : 
¡Soldados de las montañas! 
¡Nobles soldados del pueblo! 



192 JUAN DE DIOS PEZA 



IV. 

Como verjel escondido 
Entre montes gigantescos, 
En donde limpios arroyos 
Fertilizando aquel suelo, 
Cruzan entre las parotas, 
Retozan entre los ceibos, 

Y se ocultan en la grama 

Y después brotan ligeros. 
Brindando con sus cristales 
A los ganados sedientos. 
Mientras se posan las garzas 
En los hojosos granjenos, 

Y las guacamayas cruzan 
Con tardo y pausado vuelo; 
Hay un grupo que semeja 
Un palomar pintoresco, 
Formado de blancas chozas, 
En. donde habitan contentos 
Con sus familias humildes ^ 
Francos, y altivos rancheros. 
Cerca de cuarenta leguas 
Distará el naciente pueblo, 

De Zitácuaro, medidas 
Sobre escabrosos senderos; 
Papazindán se le llama 

Y de la guerra el aliento 
No ha nublado todavía 

El límpido azul de su cielo. 
Una mañana se miran. 
A los ardientes reflejos 
Del sol que nace, esos campos 
Poblados de guerrilleros. 
Allí pasaron la noche, 
Allí se ve el campamento 
De la Cañada en el centro, 

Y son aquellos soldados 

Que inspiran amor al pueblo, 



POESÍAS ESCOGIDAS Í93 



Los que en constante campaña 
Manda Nicolás Romero. 
No esperan al enemigo 

Y como libres de riesgo. 
Olvidando las fatigas 
Descansan todos contentos. 
De súbito se oyen tiros 

Y blasfemias y denuestos, 

Y como huracán terrible 
Que no espera el mar sereno. 
Destrozando la maleza 

Y la tierra estremeciendo, 
Furiosos se precipitan 
Enemigos regimientos, 
Acuchillando á su paso 

Y el espanto difundiendo, 
Sin dar á los más osados 
Para defenderse, tiempo. 
Tras ese alud de jinetes 
Los infantes vienen luego, 

Y lo que aquellos comienzan 
A consumar llegan éstos. 
Nada resiste á su empuje, 

Y muertos ó prisioneros 
Quedan los que no han podido 
Ir por el bosque dispersos. 
Nada se sabe del jefe; 

Los franceses con empeño 
Por todas partes preguntan 
Si ha quedado vivo ó muerto, 
Mas como nada descubren 

Y al combate han dado término, 
Para descansar escogen 

El lugar de aquel siniestro. 
Dos horas después se mira 
Tan tranquilo todo aquello, 
Que un grupo de zuavos ríe 
Contemplando á un compañero 



194 JUAN DE Dios PE2A 



Que en pos de arrogante gallo 

Corre afanoso y violento. 

El animal, ya rendido, 

Por salvarse emprende el vuelo, 

Y entre las ramas de un árbol 
Esconde el pintado cuerpo . 
El zuavo llega en ^'u busca, 
Alza los ojos atento 

Y descubre, entre el ramaje, 
Recatado un bulto negro; 
Lanza un grito de sorpresa, 
Requiere el arma violento, 

Y con grandes voces llama 
A todos sus compañeros. 
Acuden, miran, discuten. 
Gritan y le intiman presto 
Que descienda, si no quiere 
Que sobre él rompan el fuego. 
Muévense entonces las ramas, 

Y lentamente, sin miedo, 
Baja por el tronco un hombre 
Que está vestido de negro. 

A tal novedad acuden 
Más jefes y subalternos. 
Que á la par que lo contemplan 
Le forman círculo estrecho. 
No lo conoce ninguno. 
Mas él, á todo resuelto, 
Les dice con voz tranquila : 
«Yo soy Nicolás Romero». 
Al escuchar ese nombre 
Temido por todos ellos, 

Y al contemplar desarmado 
A quien vencido no vieron, 
Asoma en todos los rostros 
Con el asombro el contento. 
El león de las montañas 
Presa del destino ciego, 



POESÍAS ESCOGIDAS 195 



Más debe al propio infortunio 
Que del contrario esfuerzo 
Hallarse entre los franceses 
Desarmado y prisionero. 

V. 

Aunque el sol naciente brilla 
Con deslumbrantes reflejos, 
De la ciudad opulenta 
Sobre el transparente cielo; 
Hay algo que no se explica, 
Que pasando sobre Méjico 
Hace que la luz se mire 
Con un color ceniciento, 
Y alumbre calles y plazas 
Como la antorcha de un féretro. 
Los ánimos conturbados, 
Los corazones opresos, 
Tristeza pon todas partes, 
El menos sagaz comprende , 
Que se prepara un suceso 
Tan triste, tan pavoroso. 
Tan terrible, tan funesto, 
Que al presentirlo semeja 
La ciudad un cementerio. 
Desde que rayó la aurora, 
En la penumbra se vieron 
Marchar silenciosamente 
Del enemigo extranjero 
Los pesados escuadrones. 
Los compactos regimientos. 
No distante de la plaza, 
En el oriental extremo 
De la ciudad, se descubre, 
Vecina de los potreros 
De Aragón, desierta plaza 
De triste y mísero aspecto. 
Cierran su humilde recinto 



196 JUAN DE DIOS PEZA 



Albergue de carboneros 

Y pobres chozas que alfombran 
Guijarros y polvo seco. 

Es la plaza del Mixcalco, 
Que á todos infunde miedo 
Por ser sitio en que la pena 
Capital sufren los reos; 
La ha regado mucha sangre; 
Muchos el postrer aliento 
Lanzaron allí, mirando 
Aquel contorno siniestro; 
Por eso los grises muros 
Del ángulo norte izquierdo 
Son conocidos por todos 
Como el rincón de los muertos. 
Va lentamente á esa plaza, 
En gruesas ondas el pueblo, 
En pos de los batallones 
Que van llegando en silencio. 
Fórmase el cuadro, se alinean 
Los zuavos en primer término, 

Y entre sus filas asoman 
Las anchas bocas de fuego. 
Detrás cazadores de África 
Que con su marcial aspecto 
A la inquieta muchedumbre 
Imponen mudo respeto. 
Alzase un rumor de pronto, 
Como el mar que ruje fiero; 
Abren paso los soldados, 
Entra todo en movimiento, 

Y en el cuadro se presenta 
El funerario cortejo 

Con el que van al cadalso. 
Cuatro mártires del pueblo. 
Era el uno Roque Flores, 
Un valeroso sargento; 
El otro Encarnación Rojas 
Alférez del mismo cuerpo; 



POESÍAS ESCOGIDAS 197 



Higinio Alvarez, altivo 
Comandante, muy apuesto, 
En un tricolor zarape 
Con suma elegancia envuelto; 

Y con ellos muy tranquilo, 
Como quien marcha á paseo, 
El valor en la mirada 

Y fumando y sonriendo, 
Al patíbulo glorioso 
Llega Nicolás Romero. 
Fórmase á los cuatro en fila, 
Rfeina fúnebre silencio, 

Los tiradores preparan. 
Se da la señal de fuego, 

Y al tronar de los fusiles, 
El grito de / Viva Méjico ! 
Brotando de aquellas bocas, 
Va con su postrer aliento 
Por el cielo de la patria 

En nubes de gloria envuelto. 

VL 

¡Soldados de las montañas! 
¡Nobles soldados del pueblo! 
Sobre vuestras tumbas crecen. 
Inmarcesibles y eternos, 
Los laureles con que adornan 
Los inmortales sus templos. 
Humilde desde la cuna 
Nacisteis en el silencio 

Y á la luz del patriotismo 

Que se encendió en vuestros pechos. 
La historia imparcial, severa. 
Grabó con buril de fuego 
Vuestros nombres en sus altos, 
Perdurables monumentos. 



198 JUAN DE DIOS PEZA 

MAXIMILIANO» 

A MI MUY QUERIDO PRIMO CARLOS ADAME 
I. 

Maximiliano de Habsburgo 
Rige el Lombardo-Vennetto, 
Porque Austria impone á la Italia 
Sus hombres en el Gobierno. 
Es gallardo el archiduque, 
Joven y de gran talento, 
Avezado á las borrascas 
Del mar, que por mucho tiempo 
Cruzó en todas direcciones 
Visitando extraños pueblos. 
Tiene los ojos azules, 
Tan azules como el cielo, 

Y es tan rubio que semejan 
Rayos del sol sus cabellos. 
Fina y espesa la barba 
Se la parte por enmedio 

Y le baja hasta los hombros 
Libre dejándole el pecho. 
Vastago de Carlos Quinto 

Y agnado á su trono excelso, 
Siempre lleva el toisón de oro 
Ornando el erguido cuelgo. 
Es con las damas galante 

Y davidoso en extremo. 
Con sus iguales altivo 

Y con los stibditos tierno. 
Adora las bellas artes, 

Y como amigos discretos 
Le acompañan sabios libros, 
Cuadros de grandes maestros 

Y estatuas en que palpita 
El alma del gusto griego. 



POESÍAS ESCOGIDAS 199 



Cariñoso y desprendido, 
Es cumplido caballero, 
Y juntos en su semblante 
Brillan conquistando afecto, 
La juventud, la nobleza 
La majestad y el ingenio. 



IL 



En una tarde de Mayo 
Tranquilos el mar y el cielo, 
Maximiliano va solo 
En sus jardines amenos, 
Cruzando por 1 .s callejas 
De castaños y de almendros. 
Lleva la cabeza baja 
Absorto en mil pensamientos, 

Y está su rostro tan pálido 
Que se le creyera enfermo; 
No ha recibido á ninguno 

De los hombres del gobierno, 
Ni ha de sus íntimas cartas 
Los blancos sobres abierto. 
Halla de pronto á su paso 
Sentado en el césped fresco, 
Sobre un banquillo de mimbres 
junto al tronco de un abeto, 
A un hombre de blanca barba 

Y escaso y cano cabello. 
Vestido con traje humilde 
Pero limpio, alegre y nuevo. 
Sonríe Maximiliano 
Gustoso de tal encuentro, 

Y brillan sus claros ojos 

Con honda expresión de afecto. 

- Señor, le dice el anciano 
Con muy natural respeto; 
¿Vuestra Alteza viene triste? 

- Tienes razón; triste vengo. 



200 JUAN DE DIOS PEZA 



— Lo sé, que os conozco tanto 
Como el que más. 

— Bien lo creo ; 
No en vano mi asusta madre 
Te nombró mi camarero 
Siendo yo niño. 

— Teníais 
Seis años ni más ni menos, 
Y desde entonces por nada, 
Ni de la mar en los riesgos, 
Ni de la corte en las fiestas. 
Ni estando en extraño suelo 
Os he dejado, ni es fácil 
Que os deje, señor ; os quiero 
Hasta donde más alcanza 
Querer. un honrado pecho. 

— Me ves muy triste... 

— Os lo he dicho. 

— Pues ríe de lo que pienso. 

— ¿Reir? 

— Son cosas de risa. 

— Todo en vos es de respeto. 

— Óyeme y no me hagas caso. 

— Señor, siempre os obedezco... 

— Entre mil supersticiones 
Una ridicula tengo... 

¿No ves en estos jardines, 
En el palacio, en el templo, 
En las salas de tertulia. 
En el salón del Consejo, 
En los anchos corredores, 
En todo, en fin, lo que tengo 
A mi alrededor, no encuentras 
Emes de mármol, de hierro, 
De alabastro, de madera. 
De granito?... 

— Lo comprendo, 
Es cifra de vuestro nombre, 



POESÍAS ESCOGIDAS 201 



Y cuanto miráis es vuestro, 
Natural es que esté en todo. 

— Es natural, pero pienso 
Que tal letra es mi sentencia. 

— Hablad, señor, no comprendo. 

— Ni habrás de entenderme nunca. 
jEs un fatalismo necio! 

Las emes me aterrorizan, 
Sábelo, me causan miedo, 

Y han de estar en todas partes 
Mi espíritu entristeciendo. 
¡Moriré entre muchas emes! 

— Perdón, señor, que no acierto 
En qué podáis cuerdamente 
Fundaros... 

— I Presentimiento ! 
Sábelo y ríe, porque risa 
Provocan y no respeto 
Las vanas supersticiones 
I Moriré entre muchas emes! 
Tú lo verás... 

Bajó el viejo 
Los ojos, y hondo suspiro 
Dejó escapar de su pecho, 

Y siguió Maximiliano 
Esa frase repitiendo 
Por las alegres callejas 

De castaños y de almendros 
Lleva inclinada la frente, 
Pálido está como enfermo, 

Y están htímedos sus ojos 
Tan azules como el cielo. 

in. 

Pasáronse muchos años. 

Y una mañana de invierno 
Llegó en una barca inglesa 
A Miramar un viajero. 



202 JUAN DE DIOS PEZA 



El mar estaba agitado, 
Estaba plomizo el cielo, 
Menudos copos de nieve 
Bajando en alas del viento 
Posábanse en las cornisas, 
En las torres, en los hierros, 
En las gallardas almenas 

Y en el rico pavimento 
Del legendario castillo 

Tan triste desde hace tiempo. 
Pidió que le permitieran 
El visitarlo por dentro, 

Y acompañóle galante 

Un hombre afable y discreto, 
Blanca y poblada la barba. 
Escaso y cano el cabello. 

— ¿Vívis aquí desde cuándo? 
Interrogóle el viajero, 

— Vivo aquí... pero no vivo. 
Que yo, señor, soy un muerto; 
Me tienen aquí enterrado 
Entre lágrimas y duelo. 
Desde que por negra suerte 
Mi noble señor no ha vuelto. 
Su santa y augusta madre 

Me nombró su camarero 
Desde que cumplió en la vida 
Seis años, ni más ni menos. 
Le acompañé á todas partes, 
Me quiso con hondo afecto, 

Y una vez en sus jardines. 
Allá en Lombardo-Venetto... 
Me dijo... Mas perdonadme 
Que calle un rato; no puedo... 
Las lágrimas me enmudecen... 

Y de los ojos del viejo 
Rodaron dos grandes gotas 
Iguales á las que el viento 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 203 



Arranca por las mañanas 
En el rigor del invierno, 
De los vetustos sabinos, 
Coronados por el heno. 
Habló después, refirióle 
La historia del jardín regio, 

Y así agregó conmovido, 
Al hablar estando trémulo : 

— No eran, no, supersticiones: 
Lo que me dijo era cierto. 
Ha muerto entre muchas emes. 
Fué de Miramar á Méjico, 
Imperio de Moctezuma, 
Que lo conquistó un guerrero, 
A quien llamaron Malinche 
Los indígenas del suelo, 
Dos Mariscales de Francia 
Le engañaron y vendieron; 
A Querétaro marchóse 
Reemplazándole en su puesto 
Márquez, que según me dicen, 
Le olvidó en el mayor riesgo. 
Jefe de los sitiadores 
Era Mariano Escobedo, 

Y cuando cayó la plaza, 
De Miguel López dijeron 
No sé qué cosas extrañas 
Que á darles fe no me atrevo. 
Cayó con sus generales 

En Mayo, y al poco tiempo 
Le fusilaron á Méndez 
Que le tuvo tanto afecto... 
Llamóse Manuel Aspíroz 
El fiscal de su consejo, 
Riva Palacio Mariano 
Fué á la plaza á defenderlo 
Con Martínez de la Torre, 
Abogados muy expertos. 



204 JUAN DE DIOS PEZA 



Con Miramón y Mejía 

Fué á morir mi noble dueño, 

Y era un Mejía el Ministro 
De Juárez, que en el gobierno 
Firmó la fatal sentencia 
Que me tiene en tanto duelo. 
Montemayor se llamaba, 

Y bien su nombre recuerdo, 
El capitán que á su lado 
Hizo la señal de fuego, 

Ha muerto el príncipe en Martes ; 
Ya veis, señor, si era cierto 
Lo que me dijo muy triste 
Allá en Lombardo-Vennetto... 
¡Ha muerto entre muchas emes! 

Y jamás olvidaremos 
Que llamó cosas de risa 
A cosas de tanto duelo. 
Después, sin decir palabra 
El anciano y el viajero, 
Siguieron ambos del brazo 
Por los salones desiertos 
Del legendario Castillo, 
Tan sólo desde hace tiempo. 



f 



POESÍAS ESCOGIDAS 205 



IRECUERDOS DE UN VETERANO. 

ilARA EL DISTINGUIDO ACTOR LEOPOLDO BURÓN. 

Personaje : Don José (de ochenta anos). 

itttro representa la habitación de un viejo militar, modesta y reducida, 
i nfesa con papeles, planos, libros, álbum de retratos, una corneta, un machete 
ano, una condecoración y una bandera mejicana, pequeña y enrollada. Es de 
he. Don José viste un traje de antiguo soldado, con redingote gris ó azul ob- 
o, botones dorados y una gorra de cuartel. 

¡ Noche de invierno ! Es verdad ; 
Sopla afuera el cierzo impío ; 
Algo hay más negro y más frío; 
¡Mi espantosa soledad! 

Nunca como en esta vez 
Me sentí más abatido ; 
De los mares del oWido 
Es un puerto la vejez. 

¡ Ochenta años ! qué de engaños, 
De luchas, de desventuras, 
De lágrimas y amarguras, 
Caben en tan largos años. 

Nací antes del siglo; fué 
Mi padre un labriego honrado, 
Que, ignorante é ignorado, 
Vivió en brazos de la fe. 

Hizo el bien, ignoró el mal, 
Y su música más sana 
Fué la voz de la campana 
E;^su parroquia natal. 

Sin deudas ni sinsabores 
Dejó el mundo el mismo día 
Que con Hidalgo nacía 
La Independencia en Dolores. 

Mi edad, de glorias avara 
Vio en esa causa una aurora : 
Pasó Hidalgo por Zamora 
Con rumbo á Guadalajara. 



206 JUAN DE DIOS PEZA 

Yo, con doce primaveras 
Fui á presentármele ufano : 

— ¿Quieres — me dijo el anciano, 
Ser un soldado de veras? 

¡ Si no puedes, chiquitín, 
Con arcabuz ni escopeta ! 

— Señor, dadme una corneta, 
Comenzaré de clarín. 

¡Oh, recuerdo, que seduces! 
Fui su clarín, ¿qué más gloria? 
¡Yo di el toque de victoria 
Sobre el monte de las Cruces ! 

Yo en mi hermosa juventud 
Vi aquella cabeza cana 
Fulgurar en la mañana 
Que abolió la esclavitud. 

Yo anuncié la dispersión. 
Que tristes memorias deja, 
Cuando nos tomó Calleja 
El puente de Calderón. 

Y después que por malditas 
Rencillas lo traicionaron, 
Yo vi cómo se llevaron 
Su cabeza á Granaditas! 

Entre penurias y duelos 
Que venció mi ardiente fe, 
Seis meses después logré 
Incorporarme á Morelos; 

I Nadie á este genio conoce ! 
Era de la guerra el rayo. 
Dígalo aquel dos de Mayo 
De mil ochocientos doce. 

En que con heroico pecho 
Al despuntar la mañana. 
Seguido de Galeana 
Que fué su brazo derecho. 

En Cuautla, con férrea mano. 
Rompió sin temer reveses, 



POESÍAS ESCOGIDAS 207 



El sitio que por tres meses 
Sostuvo á Calleja y Llano. 

Aquel esfuerzo viril 
Hace ¡oh mundo! que te asombres; 
Con Morelos tres mil hombres 
Vencimos á doce mil! 

Lleva el indomable Aquiles 
A Huajüápam sus legiones, 
Toma catorce cañones 
Y mil docientos fusiles. 

Después Tehuacán ataca, 
Y, nunca de aliento falto, 
Como un león, por asalto 
Se apodera de Oaxaca. 

¡ Semidiós de nuestra historia ! 
Firme le seguí hasta el fin, 
Pues con él fué mi clarín 
El clarín de la victoria. (Saca un clarín) 

Aiquí estás viejo instrumento, 
¿Quién al verte te respeta? 
Dirán : « es una corneta ». 
¡Mienten! ¡es un monumento! 

Contigo siempre fui en pos 
De los héroes á la guerra. 
¡ Los héroes son en la tierra 
Los elegidos de Dios ! 

¡ Tus breves toques sonoros 
Fuego anunciando ó diana, 
Oyeron Bravo, Galeana, 
Sesma, Mier y Matamoros! 

Cuando á sargento ascendí 
Pude haberte abandonado, 
Pero al mirar tu pasado 
No te entregué, ¡ te escondí ! 

Reliquia de mi existencia, 
Todos sus toques benditos 
Se apagaban á los gritos 
De « ¡Muerte ó Independencia!» 



208 JUAN DE DIOS PEZA 

Te guardé... después los cielos 
Su protección nos negaron, 

Y de rubor se nublaron 
Viendo morir á Morelos. 

Mató el gobierno español 
A aquel atleta entre atletas, 
Quedaron varios planetas 
I Pero les faltaba el sol ! 

Joven, patriota y entero 
Seguir quise la campaña, 

Y fui al Sur. á la montaña. 
Con el general Guerrero. 

En las Mixtecas con él 
Burlamos la adversa suerte... 
¡Qué valeroso y qué fuerte 
Era el insurgente aquél! 

Debajo de la ceniza 
Que mi cabeza emblanquece, 
Lo busco y se me aparece : 
Pelo crespo, tez cobriza, 

Ojos negros y profundos, 
Gran talla, frente serena. 
Su afán : romper la cadena 
Que ligaba los dos mundos. 

Fué el firme entre los soldados ; 
Todos desmayado habían; 
Con Calleja unos morían, 
Otros iban desterrados. 

Sólo Guerrero en su ley 
Con su esfuerzo inquebrantable, 
Llegó á ser el indomable 
Que diera espanto al Virrey. 

Nada torció sus anhelos, 
Que aquel corazón de bronce. 
Desde el ochocientos once 
Entró á servir con Morelos. 

Después, solo en las montañas, 
Tenaz la causa sostuvo 



POESÍAS ESCOGIDAS 



209 




«Majestad», no he aprendido 
Lo que otros por mi pensaron, 
Pero si usted lo que busca 
Es un corazón honrado. 

Tomás Mejia. 



oesias pscogidas. 



14 



210 JUAN DE DIOS PEZA 



Y veinte triunfos obtuvo 

En veinte heroicas campañas. 

En todas ellas venció; 
Recordarlas me conmueve, 
Desde el once al diecinueve 
A todas asistí yo. {Saca un machete suriano} 

Aquí está ; su augusta mano 
Me dio en Cuautla este machete 
Diciendo : <( Sargento, vete 
Por la cabeza del Llano ». 

Veloz como un huracán, 
En mil lances renombrados, 
Temblar hizo á los soldados 
De Luaces y de Liñán. 

Entre nosotros ninguno 
Dejó jamás á Guerrero ; 
Vino al fin el diez de Enero 
Del ochocientos veintiuno. 

Fecha en que el triunfo decide; 
A Acatempan nos llevó, 
Donde á Guerrero esperó 
Don Agustín de Iturbide. 

No es mi memoria tan mala 

Y vivo guarda el recuerdo, 
Pusiéronse ambos de acuerdo 

Y se fraguó el plan de Iguala 
Publicado al mes siguiente 

A Valladolid rendimos. 
Luego á Querétaro y fuimos 
A Puebla directamente. 

Renace aquí todavía 
La emoción santa y sincera, 
Que tuve al ver la bandera 
De la patria amada mía. 

No me pasa la impresión; 
Nunca sentí más respeto 
Que al escuchar el decreto 
Que dio vida al pabellón. 



POESÍAS ESCOGIDAS 211 



¡Qué augustos!... ¡qué hermosos díasl 
Con qué fe nos aclamaban. 
Con cuánto amor nos llamaban 
« Los de las tres garantías». 

El verde : la religión, 
(Fué primero la conciencia) 
El blanco : la independencia, 

Y el encarnado : la unión. 
Y por símbolo inmortal 

Erguida el águila indiana, 
Desgarrando soberana 
La serpiente en un nopal. 

Nunca, lo digo en verdad, 
He visto más alegría 
Ni más llanto que en el día * 
Que entramos en la ciudad. 

Ni pormenores ni nombres 
Recuerdo y es natural; 
Entramos en son triunfal 
Como dieciséis mil hombres. 

Trescientos años después 
De que, asombrando estos valles 
Entraron por nuestras calles 
Las tropas de Hernán Cortés. 

Iturbide por delante 
Resplandeciente de brillo. 
Sobre un caballo tordillo 
Nervudo, altivo y pujante. 

<( Vencedor, hijo del cielo, 
Gritaban, ¡ Viva la paz ! » 
Regando al mirar su faz 
De frescos lauros el suelo. 

Todos con gozo atronaban 
De amor la ciudad entera 

Y al mirar nuestra bandera 
Las gentes se arrodillaban. 

Bajo toldos de pendones 
Verde, blanco y escarlata, 



212 JUAN DE DIOS PEZA 



Con las vajillas de plata 
Reluciendo en los balcones; 
Con arcos de armiño y tul 
En conjunto hermoso y raro, 
El sol estando muy claro 

Y el espacio muy azul ; 
Al sonoro retumbar 

De la hermosa artillería, 

Y á los gritos de alegría 
Lanzados en cada hogar; 

Las madres con santo amor 

Y entre dulces regocijos 
Acercaban á sus hijos 
Al pabellón tricolor. 

Tras Iturbide, marciales, 
Séquito altivo y hermoso, 
Iban en grupo vistoso 
Nuestros viejos generales. 

¡Qué vanguardia tan brillante! 
Tras ella, airoso marchaba 
Todo lo que se llamaba 
Ejército trigarante. 

Atronaban el espacio 
Gritos de entusiasmo fieles; 
Fué un camino de laureles 
Hasta llegar á Palacio. 

Allí Iturbide quedó 

Y á varios nos repartieron 

Un recuerdo... el que me dieron 
Intacto lo guardo yo. 

Es un recuerdo sin par 
Que duplica su valía 
Haberlo obtenido el día. 
Que nadie podrá olvidar. 

Una pequeña bandera; 
Aquí está... ¡prenda bendita! 
Entre tus pliegues palpita 
¡Oh, Patria!... tu historia entera. 



POESÍAS ESCOGIDAS 213 

Me la dio el Libertador 
Cuando en su afán tuve fe... 
De él contigo me alejé 
Cuando se hizo emperador. 

No guardo rencor ni encono : 
I Bien sabe el Omnipotente 
Que ni tii ni este insurgente 
Saludaron aquel trono! 

Santa insignia mejicana 
¡ Con qué afán te saqué yo 
La vez en que proclamó 
La repiíblica Santa-Ana! 

¡ Cómo, en tradiciones rico, 
Por los años consagradas, 
Surgiste cuando á Barradas 
Derrotamos en Tampico!... 

¡ Cómo viste á sus soldados 
Al mandato de Santa-Ana, 
Volverse para la Habana 
Vencidos y desarmados! 

¡ Cómo te bañaste en luz 
Cuando expuesto á mil reveses, 
Santa-Ana echó á los franceses 
Del puerto de Veracruz ! . . . 

Y ¡cómo limpio has venido 
Sin dejarme ni un momento, 
Para ser el ornamento 
De los años que he vivido! 



¡Qué fría es la ancianidad 
Bajo el sol de la razón. 
Se ve desde un panteón 
A toda la humanidad! 

¿Todo ha sido lumbre fatua ? 
¿Todo es ficción? ¿Nada es cierto? 
Dudo á veces si ya he muerto, 
Y estoy viviendo en estatua. 



214 JUAN DE DIOS PEZA 



Se hielan los pensamientos 
De la experiencia á la luz... 



Aquí... ¿qué brilla?... mi cruz. 

(La toma y lee el anverso). 
« Treinta contra cuatrocientos ». 

Atción memorable, sí, 
En que fuimos campeones 
Con Meoti, treinta dragones 
De «fieles del Potosí». 

Han muerto ya, con razón; 
Sólo á mí Dios me sostiene; 
Soy ya el único que tiene 
Esta condecoración. 

(Abre el álbum de retratos). 

¡Oh! aleve destino impío 
Para mí duro é ingrato ; 
Tiemblo "' ver este retrato ; 
¡Pobre Luís! ¡pobre hijo mío! 

Perdió á la madre al nacer 

Y quedó solo conmigo, 
Tuvo el vivac por abrigo, 
La bandera por mujer. 

El rancho por alimento 

Y por arrullos amados, 
Los cantos de los soldados 
En medio del campamento. 

Sus más gratas diversiones 
En sus primeros abriles, 
Se las dieron los fusiles. 
Los sables y los cañones. 

Creció soldado sin par 

Y ya joven y valiente, 
Habiendo sido teniente. 
Del Colegio Militar. 



POESÍAS ESCOGIDAS 215 



A la Angostura marchó 
Contra la invasión tirana, 

Y una bala americana 
La vida le arrebató... 

Años hace, y todavía 
De luto está mi alma entera ; 
Si Dios ocasión me diera 

Bandera de tres colores 
Con qué amor lo vengaría. 
Por el mejicano amada; 
Santa bandera soñada 
Por el cura de Dolores ; 

Bandera que has tremolado 
Desde el año veintiuno 
Sin que ninguno, ninguno 
Te haya abatido ó manchado. 

Mi Luís voló en pos de ti, 
Pues eras su fe, su egida 

Y por ti perdió una vida 
Que yo á tu sombra le di. 

Murió soldado leal; 
De otra suerte, si viviera, 
Vamos... lo sé bien... ya fuera 
Un bizarro general... 

Murió cubierto de gloria, 

Y hoy lo miro solamente. 
Pasar lista de presente 

En el cuartel de la historia. 

¡Hijo! mi abatido ser 
Toca el dintel de la muerte; 
Pronto, muy pronto he de verte; 
Lloro por volverte á ver. 

Eras mi sola fortuna, 
Eras mi sola alegría, 
Moriste y desde aquel día 
No tengo dicha ninguna. 

Mis potencias se aminoran. 
Te lloro constantemente... 



216 JUAN DE DIOS PEZA 

Vamos, José... sé valiente; 
Los insurgentes no lloran!... 

Cuando el alma duele tanto, 
La pena á los ojos sube, 
Busca espacio... forma nube, 
Se deshace y llueve llanto. 

Si en otra nueva invasión 
Nuestros hogares asaltan, 
Las fuerzas que aquí me faltan 
Las tengo en el corazón. 

Tiemblo... mas no retrocedo, 

Y al defender el honor, 
Tengo brazos sin vigor, 
Pero corazón sin miedo. 

¡Cuánto heroico amigo ausente! 
Guerrero, Hidalgo, Morelos : 
Si vivís allá en los cielos 
Velad por este insurgente. 

Por el que todo perdió, 

Y pronto á morir en calma, 
Adora con toda el alma 

El suelo en donde nació. 
Por este suelo velad, 

Y en él vuestros ojos fijos, 
Mantened sobre sus hijos 
El sol de la libertad!... 

Que el mar se lo trague fiero 

Y sus montañas llane 
Antes que lo profane 
La planta del extranjero. 

Al salvar su honor y prez 
Me siento joven y fuerte. 



Pero si ya soy la muerte... 
Nada puede la vejez.... 

Ya mis delirios son vanos, 
É inútiles mis arrojos, 



POESÍAS ESCOGIDAS 217 

Ya no tienen luz los ojos, 
Ni fortaleza las manos. 
Otros nacieron mejores 

Y ellos lucharán mejor... 
Tú serás mi tíltimo amor 
Bandera de tres colores. 

Te consagré mi existir, 
Regó mi sangre tu alfombra 

Y hoy sólo anhelo tu sombra. 
¡Tu sombra para morir! 

Y que el mundo pueda ver 
Que alumbras con tus reflejos, 
Las tumbas de aquellos viejos 
Que te salvaron ayer. 

¡Mundo! las dichas que das, 
El llanto al fin las resuelve; 
El sol que se ausenta, vuelve; 
La vida que huye, jamás. 

Pero mi gloria mayor 
Será ver cuando me muera, 
Libre, respetada, entera, 
Mi bandera tricolor. 



FIN DE LA TERCERA PARTE. 



PARTE CUARTA 



RECUERDOS Y ESPERANZAS 



reír llorando. 

Viendo á Garrik— actor de la Inglaterra- 
El pueblo al aplaudirlo le decía : 
(( Eres el más gracioso de la tierra, 

Y más feliz ». 

Y el cómico reía. 
Víctimas del spleen, los altos lores 
En sus* noches más negras y pesadas. 
Iban á ver al rey de los actores, 

Y cambiaban «u spleen en carcajadas. 
Una vez, ante un médico famoso, 

Llegóse un hombre de mirar sombrío : 
—Sufro — le dijo, — un mal tan espantoso 
Como esta palidez del rostro mío. 

Nada me causa encanto ni atractivo ; 
No me importan mi nombre ni mi suerte; 
Es un eterno spleen muriendo vivo, 

Y es mi única pasión la de la muerte. 
— Viajad y os distraeréis 

¡ Tanto he viajado ! 

— Las lecturas buscad, 

— ¡Tanto he leído ! 

— Que os ame una mujer. 



220 JUAN DE DIOS PEZA 



— i Sí soy amado ! 

— Uji título adquirid. 

— ¡Noble he nacido! 
—¿Pobre seréis quizá? 

— Tengo riquezas. 
— ¿De lisonjas gustáis? 

— I Tantas escucho !... 
— ¿Qué tenéis de familia? 

— Mis tristezas. 
^¿Vais á los cementerios? 

— Mucho... mucho... 

— De vuestra vida actual ¿tenéis testigos? 

— Sí, mas no dejo que me impongan yugos : 
Yo les llamo á los muertos mis amigos ; 

Y les llamo á los vivos, mis verdugos. 

— Me deja — agrega el médico — perplejo 
Vuestro mal, y no debo acobardaros; 
Tomad hoy por receta este consejo : 

« Sólo viendo á Garrik podréis curaros». 
—¿A Garrik? 

— Sí, á Garrik... La más remisa 

Y austera sociedad le busca ansiosa ; 
Todo aquel que lo ve muere de risa ; 
¡Tiene una gracia artística asombrosa! 
— ¿Y á mí me hará reir? 

— ¡Ah! sí, os lo juro; 
Él. sí; nada más él; mas... ¿qué os inquieta? 

— Así — dijo el enfermo, — no me curo : 
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta. 

¡Cuántos hay que, cansados de la vida, 
Enfermos de pesar, muertos de tedio, 
Hacen reir como el actor suicida, 
Sin encontrar para su mal remedio! 

, Ay ! ¡Cuántas veces al reir se llora ! 
¡ Nadie en lo alegre de la risa fíe. 
Porque en los seres que el dolor devora 
El alma llora cuando el rostro ríe ! 

Si se muere la fe, si huye la calma, 
Si sólo abrojos nuestra planta pisa. 



POESÍAS ESCOGIDAS 221 



Lanza á la faz la tempestad del alma 
Un relámpago triste : la sonrisa. 

El carnaval del mundo engaña tanto, 
Que las vidas son breves mascaradas ; 
Aquí aprendemos á reir con llanto, 
Y también á llorar con carcajadas. 



UN CONSEJO DE FAMILIA. 

¿Quién la miseria y el amor concilia? 
Esto más que un problema es un misterio. 
Para hablar de un asunto que es tan serio, 
Hubo ayer un consejo de familia. 

Hizo de presidente del consejo 
Un hombrecito á quien la edad agobia, 

Y que ademas del chiste de ser viejo, 
Es, nada menos, padre de mi novia. 

A su lado, y en cómoda poltrona, 
Con franco y natural desembarazo. 
Estaba una señora setentona 
Con un perro faldero en el regazo. 

Y en derredor, con rostros muy severos, 
Prontos á discutir y meter baza, 
Estaban, cual prudentes consejeros. 

Seis ó siete visitas de la casa. 

Y entre todos, causando maravilla, 
De gracia y juventud, rico tesoro, 

Como un ángel, sentada en una silla, ^ 

Estaba la mujer á quien adoro. 

Con que, vamos á ver — dijo indiscreta 
La madre, por anciana impertinente — 
¿Es verdad que eres novia de un poeta ? 

— Puesto que lo sabéis- dijo la niña, — 
No lo puedo negar : le quiero mucho. 
— Mereces— dijo el padre, — que terina. 

Y la anciana exclamó : — ¡Cielos! ¡qué escucho! 
¡ Blasfemia intolerable que me irrita ! 

— iHabráse visto niña, descarada! — 



222 JUAN DE DIOS PEZA 



Dijo en tono burlón una visita, 
Pegándose en la frente una palmada. 

— ^Los versos nada más son oropeles. — 
Diio la anciana en tono reposado, — 

Y apuesto á que no sirven sus laureles 
Ni para sazonar el estofado. 

, Un novio soñador y sin dinero 1 
Hija, esto sí que nadie lo perdona; 
Ya que tiene' corona y no sombrero. 
Fuera mejor que usara su corona. 

— Los hombres — dijo el padre, — son perversos. 
Pero más los poetas de hoy en día. 
Qu'zá te piense alimentar con versos, 

Y eso vas á comer ¡pobre hija mía! 

- O, quién sabe— agregó con triste acento 
Una visita al parecer piadosa, — 

Si se irán a poblar el firmamento, 
O á vivir en el cáliz de una rosa. 

- Puede ser — interrumpe otra persona, — 
Que intenten levantar, llegado el caso, 

A orillas de la fuente de Helicona, 
Un palacio en las faldas del Parnaso. 

El regalo de boda, amigo mío. 
Tendrá joyas riquísimas y bellas : 
Junto á un collar de perlas del rocío, 
El manto azul del cielo y sus estrellas. 

Envidia te tendrán los serafines, 
Pues tendrás deleitando tu hermosura, 
Una alfombra de nardos y jazmines 

Y un ruiseñor que cante en la espesura. 
E' marido feliz te dará un beso 

Diciendo : ¡ Tengo un ángel por esposa ! 
¿Y á la hora de comer? ¡quién piensa en eso! 
¡Para el poeta la comida es prosa! 
Un coro de estridentes carcajadas 
Satíricas, terribles, infernales. 
Convirtió las mejillas en granadas 
Al ángel de mis sueños celestiales. 



POESÍAS ESCOGIDAS 223 



— ¿Conque piensas seguir esos amores, 
Tú, la más infeliz de las mujeres, 
Piensas con el aroma de las flores 
Vivir entre la dicha y los placeres? 

íA qué alta sociedad, hija querida, 
Te llevará ese amor del cual abusas? 
j Ha de ser muy monótona la vida. 
Sin tener más visitas que las musas! 

Otra risa estalló ¡bendita risa ! 
Entonces ella abandonó su asiento. 
Y con grave ademán, y muy de prisa, 
Salió sin vacilar, del aposento. 

Llamáronla mil veces, pero ella, 
Espléndida, grandiosa, soberana, 
Como asoma en los cielos una estrella, 
El rostro fué a asomar por la ventana. 

— Ven— me dijo, — mitad del alma mía; 
Dicen que amarte es prueba de torpeza, 
Que por pobre te olvide ¡ qué ironía ! 
Que te deje por pobre ¡qué tristeza! 

Como no te comprenden, ya por eso 
Destruir mis amores se concilla . 
Yo siempre seré tuya : dame un beso : 
¡ Se ha lucido el consejo de familia ! 



RECUERDO. 

EN EL ÁLBUM DE UNA MEJICANA. 

Fulgura el sol en el zenit ; su lumbre 
Las plantas y los árboles desmaya. 
Contra las negras rocas de la playa 
Sus ondas quiebra perezoso el mar. 

Reina del aire la gaviota errante 
Va por la azul inmensidad cruzando. 
Mientras yo, triste vago suspirando 
Muy lejos de la patria y del hogar. 



224 JUAN DE DIOS PEZA 



Busca en vano la mente fatigada 
A los bosques sabinos seculares 
Las ceibas, los naranjos, los palmares 
Que ayer alegre y satisfecho vi. 

Y humedecen las lágrimas mis ojos; 
Se llena el alma juvenil de duelo, 
Porque este cielo azul no es aquel cielo, 
Porque nada de América hay aquí. 

Recuerdo alborozado aquellas tardes, 
De la Natura y del Amor tesoro, 
Cuando se oculta el sol en mar de oro 

Y baña del cielo el nacarado tul. 

Y los volcanes cuya eterna nieve 
Mares esconde de candente lava, 

Y el pico de cristal del Orizaba 
Que altivo rasga el infinito azul. 

Los mangles, atalayas de la costa, 
Con sus penachos altos y severos, 
Los erguidos, sonantes cocoteros 
Que fruto y sombra al caminante dan. 

Aquellas flores de perpetuo aroma, 
Aquellos tan alegre horizontes. 
La frente audaz de los soberbios montes, 
Donde estrella su furia el huracán. 

¿Dónde está la caléndula de nieve, 
Rojos jacintos y purpúreas rosas, 
Que buscan las doradas mariposas, 

Y besa revolando el pica flor? 
¿Dó está la blanca garza voladora, 

Que los juncales en el lago agita? 

¿Dó está el zenzontle, que dormido imita 

De las vírgenes selvas el rumor? 

La brisa de mi patria, cual la brisa 
Que los cedros del Líbano atraviesa, 
Caliente y perfumada, mueve y besa 
Las hojas del florido cafetal. 

Sobre eternas campiñas de esmeralda, 
Brilla en el cielo azul la blanca luna. 



POESÍAS ESCOGIDAS 225 

Que refleja el cristal de la laguna 
En la serena noche tropical. 

Allá bajo los toldos de follaje 
Que Otoño esmalta con doradas pomas, 
Bulliciosa bandada de palomas 
Se arrullan triste al morir el sol- 

La alondra habita los risueños valles, 

Y cual flores con alma, en los jardines 
Agitan los parleros colorines 
Sus alas, que envidiara el arrebol. 

¡ Oh verjel de mis sueños ! tierra hermosa, 
Que guardas mis recuerdos y mis lares, 
Queda con Dios tras los revueltos mares : 
Yo lejos vengo á suspirar por fí. 

Buscando tus estrellas y tus flores, 
Suspira el alma con profundo duelo, 
Porque este cielo azul no es aquel cielo, 
Porque nada de América hay aquí. 

Dos aves, hijas de la misma selva, 
Que abandonan la rama en que han nacido, 
Si llegan á encontrarse, hablan del nido 
Qué fué su casto y primitivo hogar. 

A ti, de los jardines de mi patria 
Flor que tesoros sin igual encierra, 
Consagro los recuerdos de la tierra 
Que allá quedó tras la extensión del mar. 

Llevas la luz del trópico en los ojos, 

Y la voz de sus brisas en tu acento, 
Su clima en tu ardoroso pensamiento, 
Su grandeza en tu propio corazón. 

¡ Feliz sí el nombre de la patria hermosa 
Tus más bellas palabras acompaña! 
El nombre de la patria en tierra extraña 
Es un poema, un himno, una oración. 

Costa Cantábrica, 1878. 



)esías cscooidas. 



226 JUAN DE DIOS PEZA 

U SU ÚLTIMA CARTA* 

/ He leído tu carta : ¡ qué elegante ! 
■J ¿Dónde tu pluma su lenguaje toma? 
Ni el mas rendido y cariñoso amante 
Hablan tan dulce y celestial idioma. 

Me pareces de aquellos trovadores. 
Que al pie de la celada celosía 
Entonaban sus cánticos de amores 
En quietas horas de la noche umbría. 

Caballero gentil de otras edades, 
Abierto está mi corazón sincero, 

Y es justo que olvidando vanidades 
La dama le responda al caballero. 

Me resuelvo á escribirte; tú lo quieres; 
Mi estilo no tendrá tu galanura, 
Pero nadie nos gana á las mujeres 
En cuestiones de amor y de ternura. 

No busques las palabras cadenciosas 
De un lenguaje castizo y estudiado. 
Las praderas del trópico dan rosas. 
Sin que nadie las haya cultivado. 

Tú me has hecho soñar horas felices, 

Y tan supremo bien debo pagarte... 
Son tan bellas cosas que me dices, 
Que no sé cómo pueda contestarte. 

(( Qué á los hombres mis gracias vuelven loco 
Que á un gran talento la belleza aduno... » 
¡Gracias! ¡Eres 'galante como pocos, 

Y has sido siempre amable cual ninguno. 

Tu imagen de mi pecho no se aparta; 
El pincel fué tu amor, mi mente el lienzo; 
Para hablar de ese cuadro en esta carta... 
Aquí termino el prólogo, y comienzo. 



POESÍAS ESCOGIDAS 227 



Para guardar una ilusión querida, 
Como culto inmortal, grande y profundo, 
Es muy breve el espacio de una vida 
Que tan rápida pasa por el mundo. 

¿Crees eterno un amor todo pureza? 
¿Juzgas eterno el fuego del cariño? 
Perdona que lo diga con franqueza : 
En cuestiones de amor eres un niño. 

En la lucha tenaz, de las pasiones, 
Poblada de insensatos devaneos. 
No pueden conformar las ilusiones 
A quien no satisface sus deseos. 

Quiero hacerte feliz; quizás ignores 
Que la felicidad que al hombre halaga, 
Es un astro de vivos resplandores 
Que ai alumbrar la realidad se apaga. 

Dices que te cautiva mi hermosura, 
Que te queman mis ojos adormidos, 
Y que buscas la miel de la ventura 
Sobre mis labios rojos y encendidos. 

Que. como á Dios, tu corazón me adora ; 
Que sólo anhelas, de esperanza lleno. 
Reclinar tu cabeza pensadora 
Sobre el caliente mármol de mi seno. 

Que siempre que me miras te estremeces, 
Que á todas partes cual la luz te sigo; 
Que quieres apurar hasta las heces, 
El cáliz del placer, sólo conmigo. 

Que no envidias la gloria de los sabios, 
Que á otra gloria mayor tu pecho aspira : 
La de juntar tus labios con mis labios, 
Pues fuera del amor todo es mentira. 



228 JUAN DE DIOS PEZA 



Que anhelas en tu erótica locura, 
Morir entre tan dulces desvarios, 
Mezclándose en la misma sepultura 
El polvo de tus huesos y los míos. 

Que soy ser de tu ser. ¡ Ay ! yo no puedo 
Creer vano el mundo que en tus sueños labras : 
Mi razón se obscurece, y tengo miedo 
De quedarme con sólo tus palabras. 

Si existen esas dichas que imaginas, 
Si hay placeres así, tan celestiales, 
¿Por qué prohiben todas las doctrinas 
Amarse libremente á los mortales? 

Dices que soy tu Dios... ¿Eres ateo? 
¡Tan hondo pensamiento me contrista! 
Con el mágico prisma del deseo, 
¿Dios también desparece de tu vista? 

Sábelo de una vez : has trastornado 
Toda mi vida y mi razón entera; 
Tuyo es mi corazón enamorado ; 
Si tuviera mil vidas te las diera. 

Pretendí razonar... ¡Torpes errores!... 
Voy á abrirte sin miedo el alma mía... 
Cuando encienden su hoguera los amores. 
No sirve la vulgar filosofía. 

Pensando en la pasión que ya me abisma 
Por más que á tantas tentaciones huyo, 
Hoy fui al espejo, y me besé yo misma. 
Haciendo el rostro de la imagen tuyo. 

Y el cristal me ha mentido de tal suerte, 
De tal modo vi en él tu rostro impreso, 
Que caí desmayada, y quedé inerte, 
Creyendo tuyo el solitario beso. 

Y cuando he vuelto á la razón me asombra 
Pensar, con insensato desvarío. 



POESÍAS ESCOGIDAS 229 



Que si queman los besos de una sombra, 
Tus besos matarán, amado mío. 

Esa terrible reflexión me aterra, 

Y aunque causa decírtelo sonrojos, 
Queriendo ser feliz sobre la tierra. 
Rompí el cristal para buscar tus ojos. 

Ven, y perdona mi entusiasmo ciego; 
No importa que me des dichas ó penas; 
Ven, porque para ti siento de fuego 
La sangre que circula por mis venas. 

Quiero ese amor en que por ti he creído, 
Pues soy para soñar en los placeres, 
Árabe en cuya sangre se ha fundido 
El hierro de las lanzas berberes. 

Ven, ya te espero apasionada y loca; 
Busca el caliente mármol de mi seno, 
Junta después tu boca con mi boca, 

Y á ver si así me salvo ó me condeno. 



LA SABOYANITA, 

Decid : ¿quién se queja? 
¿Quién llora? ¿Quién grita? 
Es que está cantando 
La saboyanita. 

iVlañana de Enero 
Con aire y con nieve, 
Si no llueve, sopla, 
Si no sopla, llueve. 
Bajo grises nubes. 
La tierra cubierta 
De blanco sudario, 
Parece una muerta. 
¡Cuan solas las calles! 
¡Ni quién los resiste! 



230 JUAN DE DIOS PEZA 



¡Qué invierno tan duro, 
Tan largo y tan triste! 
Heladas las fuentes, 
Heladas y mudas; 
Aímendros sin hojas; 

Y acacias desnudas. 
¡ Ofrecen contrastes 
Risueños y francos, 
Los troncos tan negros, 
Los copos tan blancos! 
Hay sólo una niña 
Bajo mi ventana, 
Fngendro hechicero 
De augur y gitana. 
Contando en diez años 
Diez siglos de pena ; 
Los ojos obscuros, 

La frente morena, 
Muy negro el cabello, 
De grana la boca. 
De vivos colores 
El traje y la toca. 
Los pies diminutos, 
Que Fidias quisiera, 
Los guarda en chapines 
De tosca madera. 

Del pobre pandero 
Que agitan sus manos 
Se visten y comen 
Sus tiernos hermanos. 
Con sólo escucharla, 
Aterra y conmueve, 

Y más si la miran 
Hincada en la nieve. 

Por tarde y mañana 
Con hondos acentos, 
Que nunca sofocan 
Ni lluvias ni vientos; 
Se queja, solloza, 



POESÍAS ESCOGIDAS 231 " 



Suspira, reclama, 

Y al son del pandero 
Su llanto derrama. 

Su voz me perturba 

Y amarga mi día : 

¡ Qué acento tan triste ! 
¡Qué voz de agonía! 
Si algún compatriota 
Al verme se llega, 
Oyendo esos cantos, 
La frente doblega. 
Sintiéndose triste, 
■Convulso y herido. 
Recuerda aquel suelo 
Alegre y florido, 
Sus vírgenes selvas, 
Sus prados, sus montes. 

Y el azul eterno 
De sus horizontes. 
Con llanto en los ojos, 
El alma turbada, 
Muy lejos teniendo 
La patria adorada : 

I Qué voz — me repite — 
¡Qué acento! ¡qué grito! 
Sollozo de angustia, 
Clamor de proscrito, 
Lo más pavoroso 
¡Qué agudo! ¡Qué lento! 
¡Qué amargo! ¡Qué triste! 
¡Oh, Dios!. ¿Quién se queja? 
¿Quién llora? ¿Quién grita? 
Es que está cantando 
La saboyanita. 



Enero de 1879. 



* 232 JUAN DE DIOS PEZA 



A TODOS. 

A MANUEL E. OLAGUÍBEL. 

La vida es un gran campo de combate : 
Ved al hombre luchar de polo á polo; 
Yo le llamo vencido al que se abate 
Porque se ve sin armas y está solo. 

Más nocivos que el buitre carnicero, 

Y que la sierpe que veneno entraña, 
Son el amigo hipócrita y artero, 

El hijo ingrato y la mujer que engaña. 

La verdad es la luz ; el hombre vano 
Que más la oculta, en su maldad se estrella ; 
Que no me extienda su alevosa mano, 
Quien no me dé su corazón con ella. 

Evitar á otros daños y amargura. 
Ser en sus penas bálsamo y testigo, 
Secar su llanto, darle la ventura 

Y servirle sin premio, es ser su amigo. 
No confundáis lisonja y la alabanza; 

Distintos son el lucro y el cariño; 
No mueva el interés á la esperanza ; 
Amad como la madre ó como el niño. 

La experiencia es la hermana de la duda, 
No es fiero todo aquel que está en campaña, 
Ni amigo todo aquel que nos saluda. 
Ni hermano todo aquel que os acompaña. 

Abrid los ojos, pobres caminantes. 
Sed del humano batallar testigos, 
Que cual llegan á odiarse dos amantes. 
Llegan hasta matarse dos amigos. 

No contrariéis el propio sentimiento 
Ni la noble verdad neguéis por nada, 
Preferid á riquezas y talento 
Franco carácter y palabra honrada. 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 233 



NIEVE DEL estío. 



Como la historia del amor me aparta 
De las sombras que empañan mi fortuna, 
Yo de esa historia recogí esta carta, 
Que he leído á los rayos de la luna : 

« Yo soy una mujer muy caprichosa, 

Y que me juzgue tu conciencia dejo : 
Para poder saber si estoy hermosa, 
Recurro á la franqueza de mi espejo. 

Hoy, después que te vi por la mañana, 
Al consultar mi espejo alegremente, 
Como un hilo de plata vi una cana 
Perdida entre los rizos de mi frente. 

Abrí, para arrancarla, mis cabellos, 
Sintiendo en mi alma dolorosas luchas; 
i Y cuál fué mi sorpresa al ver en ellos 
Esa cana crecer con otras muchas! 

¿Por qué se pone mi cabello cano? 
¿Por qué está mi cabeza envejecida? 
¿Por qué cubro mis flores tan temprano 
Con las primeras nieves de la vida? 

¡ No lo sé ! Yo soy tuya, yo te adoro 
Con fe sagrada, con el alma entera; 
Pero sin esperanza sufro y lloro... 
¿Tiene también el llanto primavera? 

Cada noche soñando un nuevo encanto 
Vuelvo á la realidad desesperada; 
Soy joven, es verdad, mas sufro tanto, 
Que está mi pobre juventud cansada. 

Cuando pienso en lo mucho que te quiero 

Y llego á imaginar que no me quieres. 
Tiemblo de celos, y de orgullo miero. 
(Perdóname; así somos las mujeres). 



234 JUAN DE DIOS PEZA 

He cortado con mano cuidadosa 
Esos cabellos blancos que te envío : 
Son las primeras nieves de una rosa 
Que imaginabas llena de rocío. 

Tú me has dicho : « De todos tus hechizos, 
Lo que más me cautiva y enajena, 
Es la negra cascada de tus rizos 
Cayendo en torno de tu faz morena». 

Y yo, que aprendo todo lo que dices, 
Puesto que me haces tan feliz con ello, 
He pasado mis horas tan felices, 
Mirando cuan rizado es mi cabello. 

Mas hoy no te elevo dolorosa queja. 
Porque de ti no temo desengaños; 
I Mis canas te dirán que ya está vieja 
Una mujer que cuenta veintiún años! 

¿Serán, para tu amor, mis canas nieve? 
Ni á imaginarlo en mis delirios llego. 
¿Quién á negarme sin piedad se atreve 
Que es una nieve que brotó del fuego ? 

¿Lo niegan los principios de la ciencia, 

Y una antítesis loca te parece? 

Pues es una verdad de la experiencia : 
Cabeza que se quema se emblanquece. 

Amar con fuego y existir sin calma 
Soñar sin esperanzas de ventura, 
Dar todo el corazón, dar toda el alma. 
Es un amor que es germen de amargura. 

Soñar la dicha llena de tristeza, 
Sin dejar que sea tuyo el hado impío. 
Llena de blancas hebras mi cabeza. 

Y trae una vejez : la del hastío. 

Enemiga de necias presunciones, 
Cada cana que brota me la arranco. 



POESÍAS ESCOGIDAS 235 



Y aunque empañe tus gratas ilusiones, 
Te mando, ya lo ves, un rizo blanco. 

¿Lo guardarás? es prenda de alta estima, 

Y es volcán este amor á que me entrego : 
Tiene el volcán sus nieves en la cima, 
Pero circula en sus entrañas fuego ». 



LA VENTANA DESIERTA. 

En el alféizar tronchado 
De la vetusta ventana. 
Un cortinaje de yedra 
Con flores rojas y blancas; 

Y en medio del cuadro estrecho 
De la vidriera empañada, 
Junto á tiesto de claveles 

Y rozando con la jaula, 
En que prisionero vive 
Un canario que no canta, 
Una cabecita rubia 

Se asoma por la mañanas 
A punto que el horizonte 
Colora la luz del alba. 
Hay un doncel en el patio 
Que si la frente levanta 
Es para ver unos ojos 
Que en vivo fuego le abrasan. 

— Con cuánta ansiedad te espero. 

— ¿Me quieres? 

— ^Con toda el alma. 
Seré tuya hasta la muerte, 

Y moriré si me engañas. 

— Seré tuyo, sólo tuyo, 
Soy tu esclavo. 

— Soy tu esclava. 

— Toma un beso. 



236 JUAN DE DIOS PEZA 

Toma ciento. 
— Que nos ven. 

- I Hasta mañana! 
Este diálogo sencillo 
Estas sencillas palabras 
Cambiaban diariamente 
Desde el patio á la ventana 
En los primeros albores 
De su fugitiva infancia, 
Hace veinticinco abriles, 
Dos niños que hoy peinan canas. 
¡Cuántos juramentos dulces 
Aquellas yedras guardaban! 
¡Cuántas promesas eternas 
Entre pétalos de llamas, 
- Escondieron los claveles 
Al nacer la luz del alba ; 

Y cuántos ardientes besos 
Cuando en los labios tronaban, 
Asustaron al canario 
Aprisionado en la jaula! 

Hoy, hecho un viejo por dentro, 
Que también por dentro hay canas, 
Basé por la misma calle, 

Y frente á la misma casa 

Y entrando en el viejo patio 
Busqué la misma ventana. 
Del roto y pesado alféizar, 
Que de antiguo se desgrana. 
No cuelga la yedra obscura 
Con flores rojas y blancas, 
Ni está el tiesto de claveles 
Con sus pétalos de llamas ; 
Mis tristes, cansados ojos 

¿Qué buscan? ¿No queda nada? 
¡Ay, que de pronto los siento 
Empañados por las lágrimas ! 
¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? 
¿Los ojos suyos? ¿La casta, 



POESÍAS ESCOGIDAS 237 



Limpia y hechicera frente 

Por ios rizos coronada? 

¿La manecita nerviosa 

Arrojándome una carta? 

¿Los negros ojos? ¿los labios 

De roja y caliente grana? 

Lo que han visto, y que al mirarlo, 

En tibio llanto lo baña, 

Es una humilde memoria 

De mi ventura pasada, 

La que por humilde y pobre 

ninguna mano arrebata, 

Y en la que sus manos puso 
El primer amor del alma... 
Es... Miradlo en ese muro, 

Y en la viga apollilada 

Que cierra, formando marco, 
El cuadro de la ventana ; 
Es el clavo pequeñito 
De donde pendió la jaula 
En que vivió aquel canario 
Que al besarnos se espantaba... 
No hay nadie... temblando llego, 
Como el creyente ante el ara. 
Me parece que despiertan 
Mis venturas de la infancia; 

Y toco el clavo... lo beso, 
Se me anuda la garganta, 

Y salgo del viejo patio, 
Llenos los ojos de lágrimas. 
¡ Es lo único que me queda 
De aquel amor de la infancia ! 



238 JUAN DE DIOS PEZA 



A GARIBALDI. '^> 

El aura popular me trajo un día 
Un hombre que la fama y la victoria 
Coronaron de luz y poesía 
En la tierra del arte y de la gloria. 

Brotando del estruendo de la guerra, 
De patricia virtud germen fecundo, 
Cruzó como relámpago la tierra, 

Y como himno triunfal vibró en el mundo. 

Símbolo de una causa redentora. 
Conquistó aplausos, lauros, alabanza, 

Y brilló sobre Italia como aurora 

De libertad, de unión y de esperanza. 

¡Garibaldi! con júbilo exclamaba 
Entusiasmado el pueblo por doquiera, 

Y América ese nombre lo agregaba, 
Como nuevo blasón á su bandera. 

¡Oh, titán indomable! tú traías 
Sobre tu fe la inspiración del cielo, 

Y eras para tus pueblos el Mesías 
Anunciado por Dante y Maquiavelo. 

En la lucha león, niño en el trato, 
Clemente y fraternal con los vencidos. 
Fué tu palabra el toque de rebato 
Que despertó los pueblos oprimidos. 

Por donde quierí; que tu faz asoma. 
Su salvador el pueblo te proclama, 

Y Bolonia, Milán, Ñapóles, Roma, 
Responden á tu esfuerzo y á tu fama. 

Es de un hijo de Esparta tu bravura; 
Fuego de Grecia en tu mirar entrañas; 

Y en el Tirol tu bíblica figura 
Parece un semidiós de las montañas. 



(lU Esta poesía ha sido traducida al italiano por el distinguido literato y 
plomático conde de Foresta. 



POESÍAS ESCOGIDAS 239 



Tu abnegación sublime me conmueve; 
No es mi laúd quien tu alabanza entona : 
La eterna voz del siglo diecinueve 
Por todo el mundo tu valor pregona. 

Tuviste siempre corazón entero 
Donde ningún remordimiento anida, 
Pecho de bronce, voluntad de acero, 
Ojos radiantes de esperanza y vida. 

Marino en la niñez, acostumbrado 
A combatir la tempestad á solas, 
Diste á tu genio el vuelo no domado 
Del huracán al encrespar las olas. 

No me asombra en Egipto Bonaparte 
Que las altas Pirámides profana; 
Me admiras tu, clavando tu estandarte 
En la desierta pampa americana. 

Al César vencedor el turbio Nilo 
Aun en sus ondas con terror retrata. 
Mientras tu rostro escultural, tranquilo 
En su cristal azul dibuja el Plata. 

¿Dónde habrá más virtud y más nobleza? 
¿En el que al mundo en su ambición oprime, 
O en el que, sin corona en la cabeza, 
Unifica su patria y la redime? 

¡ Eres un gladiador ! Te halló más fuerte 
Que un cedro de los Alpes tu destino ; 
Forma, desde tu cuna hasta tu muerte, 
Un bosque de laureles tu camino. 

Cuando la hiél de todos los dolores 
Cayó en tu abierto corazón de atleta, 
Fué la cruz de los grandes redentores 
La visión de tu numen de profeta. 

Viendo en toda la Italia una familia. 
Tanto te sacrificas en su abono, 



m 



240 JUAN DE DIOS PEZA 

Que cuando audaz conquistas la Sicilia, 
Por no romper la unión, la das al trono. 

¡Bendigo tu misión! El mundo ingrato, 
Que hoy aplaude tu nombre y lo venera, 
Olvidará que fuiste un Cincinato 
En tu recinto augusto de Caprera. 

Negará que tu fe republicana. 
Iluminando siempre tu horizonte. 
Brilló en Palermo, deslumhró en Mentana, 
E irradió como el sol en Aspromonte. 

Olvidará también que tus legiones 
Llevaron, siempre combatiendo fieles, 
Por escudos sus nobles corazones, 
Las glorias de la patria por laureles. 

Mas no podrá negar que, entre prolijos 
Goces, te vimos con amor profundo, 
Brinar tu sangre y dar la de tus hijos 
Por defender la libertad del mundo. 

No sólo Roma con viril acento 
Ensalzará tu nombre, ilustre anciano. 
Que ya dejas perpetuo monumento 
En cada corazón americano. 

Francia se enorgullece con tu nombre; 
Méijco rinde culto á tu memoria; 

Y no hay una nación que no se asombre 
De tu fe, de tu genio y de tu gloria. 

Sirva á los pueblos libres de amuleto 
Tu nombre, que la historia diviniza, 

Y el mundo mire siempre con respeto 
El ánfora que guarda tu ceniza. 

La República fué tu culto santo, 
La unión de Italia tu ambición suprema, 
La blusa roja tu purpúreo manto, 

Y el gorro frigio tu imperial diadema. 



poesías escogidas 



24Í 




sjüiiidóse el archiduque 

Y agregó con entusiasmo : 

— Miguel, en todo os admiro... 

¡Qué valor! ¡dadme un abrazo! 

Una respuesta de Miramón. 



oesías escogidas. 



242 JUAN DE DIOS PE2A 



LAS FLORES. 

(leída en san ángel, en la APliRTURA DE LA VIII EXPOSIC 
DE PLANTAS Y FLORES.) 

¿Hay algo en esta vida 
Toda dolores 
Más tierno que los niños 

Y que las flores? 

¿Hay símbolo más dulce, 

Más elocuente, 

Que diga lo que el alma 

Callando siente? 

Mirad... cierran el campo 

Los horizontes; 

Son murallas azules 

Los altos montes; 

En sus cimas se posa 

La blanca nube 

Que del tranquilo lago 

Ligera sube. 

El sol quiebra sus rayos 

En la cascada. 

Y los vientos suspiran 
En la enramada. 
Sobre el enhiesto roble 
Tosco y severo, 
Entre las verdes hojas 
Canta el jilguero. 

La parvada de tordos 
Rauda se aleja, 

Y en los lirios azules 
Zumba la abeja. 
Luce el granado flores 
Como escarlata, 

Las azucenas fingen 
Copas de plata; 

Y en naranjos que mecen 
Doradas pomas, 



POESÍAS ESCOGIDAS 243 



Cantoras de la tarde 
Son las palomas. 
Al son de los arroyos 
Murmuradores 
Se duelen y se plañen 
Los ruiseñores, 

Y en los alegres prados 

Y en las colinas, 

I Qué alegres van y vuelven 

^ «"i golondrinas ! 

¡Cómo brillan los rayos 

Del sol fecundo ! 

¡ Qué jardín tan risueño 

Parece el mundo ! 

Es porque está de gala 

Natura entera ; 

Es porque está reinando 

La Primavera. 

Y no hay en esta vida 
Toda dolores, 

Nada tan expresivo 
Como las flores. 
Una flor en el pecho 
Del ser amado, 
Es la llave de un cielo ■ 
Siempre anhelado. 
Allí encuentra la vida 
Que el alma quiere, 

Y al fuego de esa vida 
Marchita muere. 

Que así en amores miran 

Los corazones, 

Morir como las rosas 

Las ilusiones. 

En la iglesia más pobre, 

Más solitaria, 

Es un ramo de flores 

Una plegaria; 



244 JUAN DE DIOS PEZA 



Que sus hojas adornan 
El templo santo 
La fe las humedece 
Con tierno llanto ; 

Y la fe con sus alas 
De raudo vuelo. 
Oración y perfume 
Remonta al cielo. 

Cual corona de estrellas 

Los azahares 

Brillan en blancas frentes 

En los altares; 

¿Qué diadema más digna 

De la belleza? 

¿Qué símbolo más tierno 

De la pureza?... 

¡ Ay ! también en las tumbas 

Las flores crecen; 

Ni se cansan, ni olvidan, 

Ni desfallecen. 

Allí, lejos del brillo 

Del mundo vano, 

Crecen sobre la madre. 

Sobre el herm.ano. 

Que el manto del olvido 

La tumba envuelva : 

Sobre él tiende sus flores 

La madreselva. 

La memoria de un muerto 

Queda perdida; 

La flor es una hermana 

Que nunca olvida, 

Y de la helada tumba 
Bajo el abrigo, 

Dice al que duerme solo : 
« Yo estoy contigo ». 
¡ Ay ! son flores hermosas 
Las ilusiones, 



POESÍAS ESCOGIDAS 245 



Que embriagan y adormecen 
Los corazones. 
Allá en la Primavera 
¡ Cuántas nacieron ! 
Unas se marchitaron, 
Otras se fueron, 

Y sobre el campo estéril 
De los dolores, 

Son cardos los recuerdos. 

¡Qué tristes flores! 

El campo que hoy alegra 

La luz del día. 

Lo sacará Diciembre 

Con mano fría; 

Pero pronto á los besos 

Del sol ardiente, 

Tornará su belleza 

Más esplendente. 

Y abrirán sus nectarios 
En las corolas 

Los lirios, las violetas, 
Las amapolas. 
Tendrá rumor la fuente, 
Aroma el prado, 
El jardín mariposas. 
Fruto el granado; 

Y sonarán los cantos 
Dulces, sentidos. 

De avecillas que pueblen 

Los nuevos nidos. 

Así también el alma 

Que sufre y llora, 

Tras de la negra noche 

Tiene su aurora. 

¡ A cuántos bellos nombres 

Su luz alcanza! 

Se llama fe^ ventura, 

Gloria, esperanza; 



246 JUAN DE DIOS PEZA 

Que si son cual invierno 
Las decepciones, 
¡Tienen su primavera 
Las ilusiones ! 
Se llora una esperanza 
Que se derrumba, 

Y luego crecen flores 
Sobre la tumba. 
Fecunda el alma humana 
Como la tierra, 
Gérmenes de ventura 
Constante encierra, 

Y halla, para consuelo 
De sus dolores : 

¡ La mujer! ¡La más bella 
Flor de las flores ! 



A MÉJICO. 

EN LAS ULTIMAS DESGRACIAS DE ESPAÑA. 

Allá del revuelto mar 
Tras los secos arenales. 
Donde sus limpios cristales 
Las ondas van á estrellar, 
Donde en lucha singular 
Disputando á la Fortuna 
Las ciudades una á una, 
De sus guerreros el brío, 
Mostraron su poderío 
La cruz y la media luna; 

En esa tierra encantada. 
Que esconde, en perpetuo Abril, 
Las lágrimas de Boabdil 
En las vegas de Granada ; 
Donde el ave enamorada 
Repite entre los verjeles 



POESÍAS ESCOGIDAS 247 

El canto de los gómeles, 

Y cuelga su frágil nido 
Del minarete prendido 
Entre ojivas y caireles; 

Donde soñados ultrajes 
Vengaron fieros zegríes, 
Regando los alelíes 
Con sangre de abencerrajes ; 
Donde entre muros de encajes 

Y torres de filigrana, 
Lloró la hermosa sultana 
Amorosos sentimientos 

A los rítmicos acentos 
De una trova castellana; 

Allá donde nueva luz 
Alumbró, limpia y serena, 
Sobre la morisca almena 
El símbolo de la cruz; 
En ese suelo andaluz. 
Cuyos cármenes hollando, 

Y en otro mundo soñando. 
Cruzaron en su corcel 

La magnánima Isabel 

Y el católico Fernando; 

En esa región que encierra 
Tantos recuerdos de gloria; 
En ese altar de la Historia; 
En ese edén de la tierra; 
No el azote de la guerra 
Infunde duelo y pavor, 
Ni causa fiero dolor 
El negro contagio inmundo; 
Que mira asombrado el mundo 
Allí otra plaga mayor. 

Surgen allí tempestades 
Del suelo entre las entrañas, 

Y vacilan las montañas, 

Y se arrasan las ciudades. 



248 JUAN DE DIOS PEZA 



Escombros y soledades 
Son el cortijo y la aldea; 
La muerte se enseñorea, 
Y, en medio de tanta ruina, 
Se ve cual llama divina 
La Caridad que flamea. 

Con sordo bramido el duelo 
Todo lo enluta y recorre; 
Yace la maciza torre 
En pedazos sobre el suelo. 
Salvarse forma el anhelo 
De los espantados seres, 

Y hombres, niños y mujeres 
Las crispidas m.anos juntan, 

Y viendo al cielo preguntan : 

(( Dinos, Dios, ¿porqué nos hieres ? » 

Recordando en sus delitos 
Las bíblicas amenazas, 
Van por las calles y plazas 
Confesándolos á gritos. 
Los corazones precitos 
Se niegan á palpitar, 

Y todos ven transformar 
Al golpe del terremoto. 
En abismo el verde soto, 

Y en escombros el hogar. 
Se abate el pesado muro 

Que adornó silvestre yedra 

Y brotan de cada piedra 
Una oración y un conjuro. 
No hay un asilo seguro; 
Ciérnese el ángel del mal; 
Cada fosa sepulcral 
Ábrese ante fuerza extraña, 

Y parece que en España 
Comienza el juicio final. 

Y entre la nube sombría 
Que el denso polvo levanta, 



POESÍAS ESCOGIDAS 249 



El coro terrible espanta 
De los gritos de agonía. 
Y entre aquella vocería, 
Con rostro desencajado, 
El padre busca espantado, 
Con ayes desgarradores, 
El nido de sus amores. 
Entre escombros sepultado. 
Convulsa, pálida, errante 
Sobre el suelo que se agita 
La madre se precipita 
Por la angustia delirante; 
Vuela en pos del hijo amante; 
El rostro al abismo asoma, 
Lo llama llorando, y toma 
Por voz del hijo querido. 
La que acompaña al crujido 
De un techo que se desploma. 

En repentina orfandad, 
Trémulas las manos tienden 
Los niños, que no comprenden 
Su espantosa soledad. 
Tan sólo \ñ caridad 
Velará después por ellos, 
Curando con sus destellos 
Su miseria y su aflicción : 
i Cómo no amarlos, si son 
Tan inocentes, tan bellos! 

¿Qué pecho no se conmueve 
Ante cuadro tan sombrío, 
Que el corazón más bravio 
A contemplar no se atreve? 
Ante el infortunio aleve 
¿Quién no es noble? ¿quién es bueno? 
¿Quién de piedad no está lleno, 
Cuando es la virtud mayor. 
Aun más que el propio dolor, 
Sentir el dolor ajeno? 



250 JUAN DE DIOS PEZA 

Manda i oh, noble patria .mía 1 
La ofrenda de tus piedades 
A las hoy tristes ciudades 
De la hermosa Andalucía. 
No es favor, es hidalguía; 
Es deber, no vanidad. 
Llamen otros Caridad 
Estos óbolos del hombre, 
Tienen nombre, sólo un nombre : 
Se llaman Fraternidad. 

Con tierno entusiasmo santo. 
Mezcla ; oh patria amante y buena I 
Esa pena con tu pena, 
Ese llanto con tu llanto. 
Si al mirar ese quebranto, 
Tu triste historia repasas, 
Verás que angustias no escasas 
Pasó, entre llantos prolijos. 
Por amparar á tus hijos 
Bartolomé de las Casas. 



FRENTE A TOLEDO» 

Arriba azul, verde abajo, 
Pleno Abril, sol esplendente, 

Y yo sentado en un puente 
Que cabalga sobre el Tajo. 
Ara el buey con gran trabajo 
La lejana sementera; 
Zumba la abeja doquiera; 
Cada planta tiene flor; 

Los cielos dicen : i amor ! 

Y los campos ¡primavera! 

Vibra en la extensión lejana, 
Que el Tajo hlrviente recorre, 



POESÍAS ESCOGIDAS 251 

La voz que en gótica torre 
Da á los aires la campana ; 
Católica y musulmana, 
Infundiendo asombro y miedo, 
Desde el puente mirar puedo, 
Entre mil tintas bermejas, 
Cúpulas, torres y rejas. 
De la ciudad de Toledo. 

¡Cómo resaltan, bañadas 
Del sol por los rayos puros. 
En cornisones obscuros 
Almenas desportilladas! 
Sobre ramplas aplomadas 
Se mira en conjunto vago 
El rudo y constante extrago 
De los siglos, que han escrito 
Su paso sobre el granito 
Con ortiga y jaramago. 

¡Toledo! rico tesoro 
De señoriales contiendas, 
De cuentos y de leyendas 
Que enaltecen al rey moro : 
Te envuelve en nimbos de oro 
El sol que tus campos baña, 
Y tienes la pompa extraña 
De una majestad caída. 
Que refleja, ya vencida, 
Todo el esplendor de España. 

De tus grandezas testigo. 
El Tajo á tu voz responde : 
Sirte de plata que esconde 
Misterios del Rey Rodrigo ; 
En ti bustaron abrigo 
Héroes de raras historias. 
Cuyo hechos y memorias 
Impiden, á extrañas gentes, 
Con tus desgracias presentes 
Nublar tus pasadas glorias. 



252 JUAN DE DIOS PEZA 

Toledo, soñé en mirarte, 

Y al fin feliz te contemplo, 
Como silencioso templo 

De la tradición y el arte. 
Vengan otros á estudiarte : 
Nunca atizó mi ansiedad 
Ver si pueblan tu ciudad 
Almas grandes ó mezquinas; 
Me basta ver -tus ruinas, 
Me encanta tu soledad. 

Ya sin puente ni rastrillo, 
Destrozado el minarete; 
Sin lanzas en el almete 
Del paredón amarillo, 
Semeja el feudal castillo 
Mansión de espectros sombría. 
Do nunca el rayo del día 
Halla, al penetrar ligero, 
Ni en la sala al caballero 
Ni en las torres al vigía. 

Sólo la indiscreta fama 
Cuenta que en tiempo pasado 
Tuvo el castillo clavado 
En al puerta un oriflama; 
Fué prisión de hermosa dama 
Cautiva en redes de amor, 

Y á tanto llegó el rigor 
De su infortunada suerte. 
Que, por celos, le dio muerte 
Con el hacha, su señor. 

En angosta saetera 
Su nido cuelga el vencejo, 

Y crece el duro cernejo 
En la inútil halconera. 
Encubre la enredadera 
El desgastado blasón ; 



POESÍAS ESCOGIDAS 253 

Sin lengua está el esquilón; 
La poterna sin cerrojos; 
Hay en el glacis abrojos, 

Y ortiga en el torreón. 

El sillar tosco y plomizo 
Llora en el musgo su duelo; 
Cruza de tarde el mochuelo 
El húmedo pasadizo; 
Sostiene el arco macizo 
Un pesado corredor, 
Que en el ángulo interior 
Guarda en piedra mal tallado 
Un Cristo crucificado, 
Que ya no inspira fervor. 

Los altos muros deslava. 
Retratando las almenas. 
El Tajo, cuyas arenas 
Pisó tímida Cava. 
Bajo su lecho de grava 
Oculta el undoso río 
Todo el pasado sombrío 
De historias y tradiciones; 
Joyas, armas y blasones 
Del Gótico poderío. 

Con soberbia majestad 
Por la historia consagrados, 
Alza sus muros calados 
Coronando la ciudad, 
El Alcázar que en la edad 
De heroísmo sin segundo, 
Vio con asombro profundo 
Salir de allí, sin mancilla. 
Los leones de Castilla 
Para dominar el mundo. 

Allí el rencor acibara 
Bajo sus cotas de acero 
A don Pedro el Justiciero 

Y á Enrique de Trastamara. 



254 JUAN DE DIOS PEZA 



Si cada piedra guardara, 
Por manos de Dios escrito, 
De la virtud y el delito 
Las luchas que ha contemplado, 
Lanzara el mundo espantado 
Frente á cada piedra un grito. 

Mas tan sólo de grandeza 

Y ostentación son destello : 
Siempre lo grande y lo bello 
Vive en la Naturaleza. 
Hasta en su muda tristeza 
Tienen pompa las ruinas, 
Defienden secas espinas 

Las tumbas de ilustres muertos, 

Y en los salones desiertos 
Son reinas las golondrinas. 

¡Soledad! ¡silencio! ¡estrago! 
El tiempo con mano ruda, 
Siembra en el alma la duda, 

Y en el muro el jaramago. 
En vano el mentido halago 
De una brillante memoria 
Alza recuerdos de gloria 
De polvo glacial y leve, 
Que sólo levanta y mueve 
El huracán de la historia. 

Sigue el hombre por la tierra 
Como ayer, triste camino, 
Incansable peregrino, 
Siempre con el mal en guerra. 
¿Quién vacila? ¿Quién se aterra 
Ante tan rudo trabajo? 
Arriba azul, verde abajo, 
Pleno Abril, sol esplendente, 

Y al mar empujando hirviente 
Sus claras ondas el Tajo. 



y\ 



POESÍAS ESCOGIDAS 255 

y POST-UMBR[A. 

A MIS QUERIDOS AMIGOS 
;UAN G. WÍLSON Y MANUEL CABALLERO. 



Con letras ya borradas por los años, 
En un papel que el tiempo ha carcomido, 
Símbolo de pasados desengaños, 
Guardo una carta que selló el olvido. 

La escribió una mujer joven y bella. 
¿Descubriré su nombre? ¡no! ¡no quiero! 
Pues siempre he sido, por mi buena estrella, 
Para todas las damas caballero. 

¿Qué ser alguna vez no esperó en vano 
Algo que, si se frustra, mortifica? 
Misterios que al papel lleva la mano, 
El tiempo los descubre y los publica. 

Aquellos que juzgáronme felice 
En amores; que halagan mi amor propio, 
Aprendan de memoria lo que dice 
La triste carta que á la letra copio : 

« Dicen que las mujeres, sólo lloran 
Cuando quieren fingir hondos pesares; 
Los que tan falsa máxima atesoran, 
Muy torpes deben ser ó muy vulgares, 

Si cayera mi llanto hasta las hojas 
Donde temblando está la maño mía. 
Para poder decirte mis congojas, 
Con lágrimas mi carta escribiría. 

Mas si el llanto es tan claro que no pinta, 
Y hay que usar de otra tinta más obscura, 
La negra escogeré, porque es '" tinta 
Donde más se refleja mi amargura. 

Aunque no soy para soñar esquiva. 
Sé que para soñar nací despierta. 
iS4e he sentido morir, y aun estoy viva; 
Tengo ansias de vivir, y ya estoy muerta. 



256 JUAN DE DIOS PEZA 



'Y Me acosan del dolor fieros vestiglos. 
¡Qué amargas son las lágrimas primeras! 
Pesan sobre mi vida veinte siglos, 

Y apenas cumplo veinte primaveras. 
En esta horrible lucha en que batallo, 

Aun cuando, débil, tu consuelo imploro, 
Quiero decir que lloro y me lo callo, 

Y más risueña estoy cuanto más lloro. 
¿Por qué te conocí? Cuando temblando 

De pasión, sólo entonces no mentida, 
Me llegaste á decir : « Te estoy amando 
Con un amor que es vida de mi vida». 

¿Qué te respondí yo? Bajé la frente; 
Triste y convulsa te estreché la mano, 
Porque un amor que nace tan vehemente. 
Es natural que muera muy temprano. 

Tus versos para mí conmovedores, 
Los juzgué flores puras y divinas, 
Olvidando, insensata, que las flores 
Todo lo pierden menos las espinas. 

Yo, que como mujer soy vanidosa, 
Me vi feliz creyéndome adorada. 
Sin ver que la ilusión es una rosa 
Que vive solamente una alborada, 

¡Cuántos de los crepúsculos que admiras, 
Pasamos entre dulces vaguedades, 
Las verdaderas juzgándolas mentiras. 
Las mentiras creyéndolas verdades! 

Me hablabas de tu amor, y absorta y loe 
Me imaginaba estar dentro de un cielo, 

Y al contemplar mJs ojos y mi boca, 
Tu misma sombra me causaba celo. 

Al verme embelesada al escucharte 
Clamaste, aprovechando mi embeleso, 
« Déjame arrodillar para adorarte », 
Al verte de rodillas te di un beso. 

Te besé con arrojo; no se asombre 
Un alma escrupulosa ó timorata; 



f^OESÍAS ESCOGIDAS 257 



La insensatez no es culpa. Besé á un hombre, 
Porque toda pasión es insensata. 

Debo aquí confesar que un beso ardiente, 
Aunque robe la dicha y el sosiego. 
Es el placer más grande que se siente 
Cuando se tiene un corazón de fuego. 
Cuando toqué tus labios, fué preciso 
Soñar que aquel placer se hiciera eterno. 
Mujeres : es el beso un paraíso 
Por donde entramos muchos al infierno. 

Después de aquella vez, en otras muchas, 
Apasionado tú, yo enternecida. 
Quedaste vencedor en esas luchas 
, Tan dulce en la aurora de la vida. 

I Cuántas promesas, cuántos devaneos ! 
El grande amor con el desdén se paga; 
Toda llama que avivan los deseos. 
i Pronto encuentra la nieve que la apaga. 
f Te quisiera culpar y no me atrevo; 
Es, después de gozar, justo el hastío; 
Yo, que soy un cadáver que me muevo, 
Del amor de mi madre desconfío. 

Me engañaste, y no te hago ni un reproche, 
Era tu voluntad y fué mi anhelo, 
Reza, dice mi madre, en cada noche; 
Y tengo miedo de invocar al cielo. 

Pronto voy á morir; esa es mi suerte; 
¿Quién se opone á las leyes del destino? 
Aunque es camino obscuro e^ de la muerte, 
¿Quién no llega á cruzar ese camino? 

En él te encontraré : todo derrumba 
El tiempo, y tií caerás bajo su peso; 
Tengo que devolverte en ultra-tumba 
Todo el mal que me diste con un beso. 

Mostrar á Dios podremos nuestra historia 
En aquella religión quizá sombría. 
. ¿Mañana he de vivir en tu memoria? 
Adiós... adiós... hasta el terrible día». 

lesías escúfjidas. 



258 JUAN DE DIOS PEZA 



Leí estas líneas y en eterna ausencia 
Esa cita fatal vivo esperando... 

Y sintiendo la noche en mi conciencia, 
Guardé la carta y me quedé llorando. 

i POR CONSUEGRA! jPOR ESPAÑA! 

LEÍDA EN EL GRAN TEATRO NACIONAL DE MÉJICO 

EN LA FUNCIÓN DADA POR LA JUNTA DE DAMAS Á 

BENEFICIO DE LOS INUNDADOS. 

Para goces ó duelos que sienta España, 
Cuando el llanto ó la dicha su faz enciende, 
Tengo una lira humilde que la acompaña 

Y un corazón de hermano que la comprende. 

Por eso aquí de nuevo mi voz levanto 

Y pido á mis pobres cuerdas sus harmonías ; 
Ya lo sabéis vosotros, la quiero tanto 

Que sus penas intensas las hago mías. 

Yo vi de cerca todo lo que se encierra 
De noblezas hidalgas en su recinto; 
Sentí el sol de la Historia sobre esa tierra 
Que vio el sol sin ocaso de Carlos Quinto. 

Si allí buscáis leyendas encantadoras, 
Soñaréis que os arrullan notas lejanas. 
De rabeles cristianos y guzlas moras 
Bajo los minaretes de las Sultanas. 

Soñaréis, cabe albercas con arrayanes, 
En cautivas que Horan por sus donceles; 
En alquiceles blancos y en yataganes 
Sobre la verde cuesta de los Gómeles. 

¡Ahí yo he visto la hermosa vega extendida 
Que el Genil argentado de flores cuaja, 

Y soñé en otros tiempos y en otra vida 
Mirando los jardines de Lindaraja. 

Recogí de Granada los aleU'es 
Que un sol de fuego esmalta con luz divina. 



POESÍAS ESCOGIDAS 259 



Y al cruzar por el campo de los zegríes 
Me hablaba de mi patria 1" golondrina. 

España nos recibe con regocijos 
Porque colmar supimos su afán profundo, 
Siente orgullo de madre que ve á sus hijos 
Honrar, ya independientes, el Nuevo Mundo. 

En cada leal amigo me dio un hermano 
Que hizo suyos mis goces y mis pesares, 
¡Porq^ue basta en España ser mejicano 
Para encontrar abiertos pechos y hogares! 

Allí ninguno alienta rencor ni dolo 
Al vernos vivir libres en otra esfera, 
Pues saben que ostentamos de polo á polo, 
Con honor y sin mancha nuestra bandera. 

Ya no existe la España dominadora, 
Sino la Iberia hermana, que he conocido, 

Y cuya lengua rica, dulce y sonora. 
Honramos en la tierra donde he nacido. 

Ya no existe la España grave y austera 
Que lanzó en sus legiones fieros aludes, 
Que Cortés hizo odiosa con una hoguera 

Y vindicó Las Casas con sus virtudes. 

_ Soldados de Alvarado; reyes aztecas; 
Iodos sois polvo vano; ya nada existe; 
De aquella edad aun tiemblan las hojas secas 
Del árbol que recuerda (da noche triste». 

Se quebró la macana que el casco abolla ; 
La inquisición no ostenta tizones rojos, 

Y al fundirse dos razas nació la criolla 
De apiñonado cutis y negros ojos. . 

La de pies diminutos y andar galano, 

Y que junta con dulce melancolía 
humilde y apacible del tipo indiano 
garbo y á la gracia de Andalucía. 

¡ Oh España ! loh noble España ! tíi nos legaste 
Jna fe y una lengua; tienes derecho 



260 JUAN DE DIOS PEZA 

A buscar en los pueblos que aquí formaste 
El corazón hidalgo que hay en tu pecho. 

España es igual siempre bajo tu rayo 
¡Oh sol del patriotismo que la iluminas! 
¡Resucitó á sus héroes del Dos de Mayo 
Al ver amenazadas las Carolinas! 

¿Cómo no tributarte justos honores 
Al laurel siempre vivo que la enguirnalda? 
¡ Unamos nuestra enseña de tres colores 
A su gloriosa enseña de rojo y gualda! 

Hoy que triste se envuelve con gasa negra 
Que le atara un espectro de heladas manos; 
Cual fraternal tributo llegue á Consuegra 
El óbolo que mandan los mejicanos. 

¡Oh caridad sublime! ¡Sol que derramas 
De amor y de consuelo rayos ardientes! 
Mira cóm.o á tu influjo son nuestras damas 
Los ángeles de guarda de los ausentes. 

Campos ayer hermosos, son tristes yermos; 
Escombros los hogares; las dichas, penas; 
Los espíritus sanos gimen enfermos... 
¡Aliviad tantos males las almas buenas! 

¡Oh! bien hacéis vosotras en ser primeras 
En consolar, amantes, tanta agonía; 
¡Para aliviar desgracias ya no hay fronteras! 
¡La caridad no tiene ciudadanía! 

Damas que sois las joyas de nuestro suelo 
Y galardón y gloria de sus hogares; 
Vuestras altas virtudes bendice el cielo; 
¡ Vuestra piedad un pueblo tras de los mareí 

A la ofrenda tan noble que haréis mañana, 
Yo la inscripción pusiera cual la merece : 
Los ángeles de Anahuac, para su hermana 
La España de Cristina y Alfonso Trece. 

Méjico, 14 de Octobre de 1891. 



POESÍAS ESCOGIDAS 261 

LA VICTORIA DE TAMPICO. 

;SCENA DEL SEGUNDO ACTO DE « EL CAPITÁN MIGUEL »), 



I 



SARGENTO 

Cuando fué el bravo Guerrero 
Presidente, yo era un chico 

Y en aquel tiempo á Tampico 
Llegó un general ibero. 

Miguel 
¿Barradas? 

SARGENTO 

.... Justo; esto es; 
Barradas precisamente 
Queriendo, audaz y valiente, 
Ser un nuevo Hernán Cortés. 
Entonces, sólo al decir 
Que extraña tropa llegaba, 
El Gobierno ya miraba 
Enlutado el porvenir. 

Y por prudencia ó temor 
Cesaban goces y fiestas, 
Haciéndole mil protestas 
A cualquier embajador. 
Barradas, bravo y experto, 
Vencer á Méjico anhela 

Y entra altivo á toda vela, 
Como virrey frente a' puerto. 
Santa-Anna, á la patria fiel, 
Tan audaz como animoso 
Derrotó al jefe ambicioso 
Ganando eterno laurel. 

Fué una derrota ejemplar 
•Que no olvidará la Historia 
Pues allí alcanzó la gloria 
De hacerlo capitular. 
En Méjico ¡qué ansiedad 
Por saber e' -^.suUado ! 



262 JUAN DE DIOS PEZA 



Estaba en completo estado 
De agitación la ciudad. 
Una noche, á ver un drama 
Guerrero fué al Coliseo, 
Un teatro tosco y feo 
Que (( Principal » se 'e llama 
Llegado el acto tercero, 
Ve con asombro la gente 
Que al palco del Presidente, 
Entra, con traje de cuero, 
Un hombre y le da un papel ; 
Guerrero al leerlo llora, 

Y el público en esa hpra. 
Enternecido como él, 
Presiente lo que le avisa 
Al Presidente aquel pliego 

Y queda mudo, en sosiego. 
Entre lágrimas y risa. 
Cuando acabó de leer 
Guerrero, se levantó 

De su asiento y así habló 
Sin poderse contener : 
— Si con frases no me explico 
El llanto lo hará por mí... 
¡Me comunican de aquí 
La victoria de Tampico...! 
Vencido está el jefe ibero, 
Santa-Anna lo derrotó... 

Y un gran grito resonó : 

— ¡Vivan Santa-Anna y Guerrero! 

Guerrero con alegría, 

Dijo enseñando leal 

La faja de general 

Que en la cintura tenía : 

— Mando al bri'gadier Santa-Anna 

Esta faja, no os asombre, 

Para que la porte en nombre 

De la Nación Mejicana. 



POESÍAS ESCOGIDAS 263 

Volvió el público á gritar 
Nuevos vivas y aplaudir, 
En unos era el reir, 
En otros era el llorar 
Y no hay mármoles ni bronces. 
Ni existen tinta y color, 
Que puedan pintar, señor, 
El patriotismo de entonces. 
Miguel 
Tu buena memoria pasma 
A cualquiera, mi sargento. 
Tu relato da contento. 
Enardece y entusiasma. 

SARGENTO 

Cuando el teatro dejaron 
Todos con gran ansiedad, 
¿Sabéis lo que en la ciudad 
Con asombro contemplaron? 
Adornadas con festones 
Todas las casas vecinas, 
Con faroles y cortinas 
En cornisas y balcones; 
Sobre las torres bermejas 
De los vetustos conventos, 
Gallardetes, ornamentos, 
Guirnaldas y candilejas. 
Las calles ¡qué animación! 
Las gentes, si se encontraban. 
Entusiastas se abrazaban 
Con lágrimas de emoción. 
No se escuchaba un reproche, 
Todo era franco y sincero. 
Que estaba Méjico entero 
De triunfo en aquella noche. 
¡Y todos los mejicanos 
Que un mismo placer sentían, 
Entonces sí se querían 
Como si fuesen hermanos...! 



264 JUAN DE DIOS PEZA 



Me enternezco cuando pienso 
En esto, porque ¿eñor, 
No he visto un modo mejor 
De dar á un bravo un ascenso, 
Ni un modo más naíural, 
Más franco y más elocuente 
De expresar piíblicam.ente 
El contento nacional. 
Glorias del pasado son, 
Mas para un viejo soldado, 
¡ Esas glorias del pasado 
Dan vida á su corazón!... 



TERAN Y MAXIMILIANO. 

Entre las ondas azules 
Del bello Mediterráneo, 
En el Golfo de Trieste, 
Surgiendo entre los peñascos, 
Hay un alcázar que ostenta 
Con gran arte entrelazados 
En muros y minaretes 
Lo gótico y lo cristiano. 
Parece, visto de lejos, 
Airoso cisne de mármol, 
Que extiende las blancas alas 
Entre dos abismos claros : 
El del mar, siempre sereno, 

Y el del cielo, siempre diáfano. 

Ese alcázar tan hermoso, 
En tiempos no muy lejanos, 
Por mirar tanto las olas 
De MiRAMAR le llamaron, 

Y en él vivieron felices 

Dos príncipes de alto rango, 
Dos seres de regia estirpe : 
Carlota y Maximiliano. 



POESÍAS ESCOGIDAS 265 

En una tarde serena, 
Al bello alcázar llegaron 
Con una rara embajada 
Varios próceros extraños. 
Penetran á los salones 

Y al noble príncipe hablando, 
En nombre de un pueblo entero 
(Que no les dio tal encargo) 
Le ofrecieron la corona 

Del Imperio Mejicano. 

El príncipe quedó absorto; 
Para responder dio un plazo; 
Soñó en pompas, en honores, 
En fama, en poder, en lauros, 

Y al despertar de aquel sueño, 
Ail volver de tal encanto, 

A su joven compañera 
Le fué á consultar el caso. 
— Acepta — dijo Carlota, — 
Eres grande, noble y apto, 

Y de este alcázar á un trono 
Tan solamente hay un paso. 

No corrida una semana. 
El Príncipe meditando 
En las difíciles luchas 
De los grandes dignitarios, 
Miraba tras los cristales 
De su espléndido palacio 
Enfurecerse las olas, 
Rojo surgir el relámpago, 

Y con bramidos horribles 
Rugir los vientos airados. 

De pronto, un ujier le anuncia 
Que un extranjero, ya anciano, 
Hablarle solicitaba 
Con urgencia y en el acto. 
Sorprendido el Archiduque 
Dijo al ujier : « Dadle paso » ; 



266 JUAN DE DIOS PEZA 

. Y penetró en los salones 
Aquel importuno extraño, 
De tez rugosa y enjuta, 
De barba y cabello cano. 

De frente del Archiduque 
Dijo con acento franco : 
— Vengo, señor, para veros 
Desde un pueblo muy lejano, 
Desde un pueblo cuyo nombre 
Jamás habréis escuchado; 
Yo nací en aguascalientes, 
En el suelo mejicano, 
Serví á don Benito Juárez 
De quien ya os habrán hablado; 
Le serví como Ministro 
Soy su firme partidario, 

Y mientras aquí os engañan, 
Yo vengo á desengañaros; 
No aceptéis, señor, un trono 
Que tiene cimientos falsos, 
Ni os ciñáis una corona 
Que Napoleón ha labrado. 
No quiere Méjico reyes; 

El pueblo es republicano 

Y si llegáis á mi patria 

Y os riegan palmas y lauros, 
sabed que tras esas pompas 

Y esos mentidos halagos 
Pueden estar escondidos 

El deshonor y el cadalso)). 

Oyendo aquellas palabras 
Dichas por aquel anciano, 
A tiempo que por los aires 
Cruzó veloz un relámpago, 
Tiñendo en color de sangre 
La inmensidad del espacio, 
Sin dar respuesta ninguna 
Quedóse Maximiliano. 



POESÍAS ESCOGIDAS 267 



Rígido, lívido, mudo 

Como una estatua de mármol. 

Corrió inexorable el tiempo, 
Huyeron breves los años, 

Y en una noche de Junio 
Triste, sombrío, ensimismado, 
En vísperas de la muerte 

El Archiduque germano 
En su celda de Qiierétaro, 

Y en sus desgracias pensando, 
Así dijo conmovido 

A uno de los "bogados 
Que fueron á despedirse 
En momentos tan aciagos : 

— Todo lo que hoy me sucede 
Há tiempo me lo anunciaron; 
Un profeta he conocido 

Que sin doblez, sm engaño, 
Me auguró que en esta tierra, 
A donde vine cegado. 
El pueblo no quiere reyes 
Ni gobernantes extraños, 

Y que si lauros y palmas 
Se me regaban al paso. 
Tras ellos encontraría 

El deshonor y el cadalso. 

— ¿Quién ha sido e.se profeta? — 
Al príHcipe preguntaron; 

— Era un ministro de Juárez, 
Sincero, patriota, honrado, 

Don Jesús Terán, que ha muerto 
En su hacienda har*^ dos años, 
¡Ah! ¡Si yo le hubiera oído! 
¡Si yo le hubiera hecho caso! 
¡Hoy estuviera en mi alcázar 
Con los seres más amados, 

Y no contara las horas 
Para subir al cadalso » ! " 



268 JUAN DE DIOS PEZA 



TOMAS MEJÍA^ 

A MI RESPETADO SEÑOR Y QUERIDO AMIGO, EL SEÑOR 
GENERAL DON MARIANO ESCOBEDO. 

I. 

Mientras Juárez indomable 
Va á los desiertos del Paso 
A defender su bandera, 
Firme como un espartano ; 
En Méjico, sostenido 
Por el invasor extraño 
Se erige un trono y le ocupa, 
Más que ambicioso, engañado, 
Un ilustre descendiente 
Del más grande de los Carlos. 

Joven, soñador y apuesto 
Asciende á lugar tan alto, • 

Sin ver que á los lejos flota 
El pendón republicano, 

Y sin recordar que el pueblo 
Por quien se sueña llamado, 
En otro tiempo á un monarca 
Lanzó del trono á un cadalso. 

Recibiéronle animosos 
Los que el cetro le entregaron, 

Y al entrar por nuestras calles 
Fué tan grande el entusiasmo, 
Que del nuevo rey los ojos 
No pudieron, d^slumbrados, 
Mirar que las b-^yoneías 

Que lo estaban custodiando 
Eran de extranjeras tropas 
Capaces de abandonarlo. 

H. 

Joven príncipe ¿á qué vienes? 
Por qué dejas tu palacio 
. En medio de las azules 



POESÍAS ESCOGIDAS 269 



Ondas del Mediterráneo 
Como un nido de gaviotas 
Sobre un peñón solitario? 

Este cielo azul no es tuyo, 
No son tuyos astos lagos; 
Ni estos sabinos del bosque 
Que de viejos están canos. 

Nada es tuyo, nada entiende 
Tu acento, n<ida ha guardado 
Ceniza de tus mayores 
Que en oüras tierras brillaron. 

Tu sangre azul no es la sangre 
De Cuauhtemoc ni de Hidalgo; 
Cuanto te cerca es ajeno, 
Cuanto te vela es extraño. 

Príncipe noble, ¿á qué vienes? 
¿Por qué dejas tu palacio 
Y aquellas ondas azules 
De tu hermoso mar Adriático? 

En medio de 'as tormentas 
Que se alzarán á tu paso, 
Cuando pronto te abandonen 
Los que te están custodiando, 
Hallarás como consuelo, 
Como' abrigo, como amparo, 
La firmeza y el arrojo 
Del soldado mejicano 
Que cumple con su bandera 
Satisfecho y resignado. 

¡Torna, príncipe, al castillo 
Donde viviste soñando. 
Que por las gradas de un trono 
Subir se puede á un cadalso! 

IIL 



Con inusitada pompa 
En el ya imperial palacio 
Se celebran los natales 
Del reciente soberano. 



270 JUAN DE DIOS PEZA 

Ya las guardias palatinas 
De uniformes encarnados 
Apuestos forman la valla 
Luciendo adargas y cascos. 

Ministros y chambelanes 
Consejeros y vasallos, 
Ostentan con arrogancia 
Sus pechos condecorados. 

El salón de embajadores 
Por su lujo aristocrático, 
Recuerda á los que lo miran 
De antiguos tiempos el fausto. 

De pronto, por todas partes 
Se extiende un rumor extraño 

Y es que las gradas del trono 
El Archiduque ha pisado. 

Diversas clases sociales 
Deben de felicitarlo 

Y ya están los oradores 
Por cada clase nombrados. 

Un jurisconsulto experto, 
Elocuente, pulcro y sabio 
Es de la magistratura 
El representante nato. 

Le toca el lugar primero, 
Habla con acento claro, 
Con respeto se le escucha, 
Se le mira con agrado, 

Y estudio y saber revela 
Cada frase de sus labios. 

Su discurso no fué breve. 
Su estilo elegante y franco, 

Y al acabar dijo alguno : 

¡ Bien poír Lares ! anhelando 
Aplaudirle, sin hacerlo 
Por respeto al soberano. 
Con elegancia vestido, 
A! clero representando. 
Se acercó un obispo al trono 



POESÍAS ESCOGIDAS 271 



Y dijo un discurso largo, 
Lleno de notas y citas 
Latinas, propias del caso. 

Era el orador de fama 
Por su elocuencia y su rango, 
Célebre en aquellos tiempos 
Entre oradores sagrados. 

« No estuvo corto Ormaechea » 
Dijo después de escucharlo 
Alguno á quien ya cansaba 
La severidad del acto. 

Nuevo rumor se produjo 
Después en aquello ámbitos 
AI ver que al trono llegaba 
A paso lento un soldado. 

De cabellos y ojos negros, 
Tez cobriza, aspecto huraño. 
Descendiente de las razas 
Que en Anahuac habitaron 
Antes de que la conquista 
Empobreciera á sus vastagos. 

¡Formaba contraste brusco 
La obscura íqz del soldado 
Con la tez brillante y blanca 
Del Archiduque germano! 

Quedó el indígena absorto. 
Meditabundo y cortado, 
Sin articular palabra. 
La frente y los ojos bajos. 

— ¿Quién es? — preguntó un curioso. 

Y le respondió un anciano : 
— ^Se llama Tomás Mejía, 

Y es general reaccionario ; 
Viene á hablar por el ejército. 
—¿Y él hizo el discurso? 

— Varios 
Lo escribieron y ninguno, 
Segiín dicen, le ha gustado; 



272 JUAN DE DIOS PEZA 



El que dirá lo habrá escrito 
O Muñoz Ledo ó Arango. 
— Escuchemos. 

Transcurrían 
Unos minutos muy largos ; 
Mejía estaba en silencio 
Todo tembloroso y pálido, 
En silencio los presentes 

Y en silencio el soberano. ' 
De pronto ven con asombro, 

Que el indígena soldado, 
Abriendo los negros ojos 
Que brillaban animados, 
Perora sin dar lectura 
Al papel que está en sus manos. 

— « Majestad — calló un momento ; 
<( Majestad »— siguió turbado ; 
(( Majestad », no he aprendido 
Lo que otros por mí pensaron, 
Pero si usted lo que busca 
Es un corazón honrado, 
Que le quiera, le respete, 
Le defienda sin descanso 

Y le sirva sin dobleces, 
Sin interés, sin engaño, 
Aquí está mi corazón, 

Ai'quí están, señor, mis brazos, 

Y en las horas de peligro, 
Si al peligro juntos vamos, 
Lo juro por mi bandera : 
Sabré morir á su lado ». 

Con lágrimas en los ojos. 
Trémulo Maximiliano, 
Las fórmulas de la corte 
Por un instante olvidando, 
Bajó del trono y al punto 
Dio al general un abrazo, 
Que aplaudieron los presentes 
Con lágrimas de entusiasmo. 



POESÍAS ESCOGIDAS 



273 





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Miramos muchas veces, 

del hecho soy testigo, 
Llegar junto á Guerrero, 

un misero mendigo. 

Ei Callejón de Monstruo. 



18 



274 JUAN DE DIOS PEZA 



IV. 

Cayó el príncipe más tarde 

Y con él cayó el soldado 
Que le dijo esas palabras 
Llenos los ojos de llanto. 

A don Tomás le ofrecieron 
Del patíbulo salvarlo 

Y él respondió : ((Solamente 
Que salven al Soberano.» 

Un general victorioso, 
De gran poder y alto rango, 
Que la estaba agradecido 
Por algún hecho magnánimo, 
Fué y le dijo : — Yo podría 
Lograr veros indultado; 
Os estimo y necesito 
A toda costa salvaros. 
¿Queréis que os salve? decidlo, 
Que no me daré descanso 
Hasta que al fin me concedan 
Lo que para vos reclamo. 

— Sólo admitiré el indulto — 
Respondió el indio soldado — 
Si me viene juntamente 
Con el de Maximiliano. 

— Me pedís un imposible. 
^Pues me moriré á su lado. 
— Pensad que tenéis familia. 
-^Tan sólo á Dios se la encargo. 

— Soy capaz de protegeros 
Si os resolvéis fugaros. 
— ¿Y al emperador? — No; nunca 
— Pues su misma suerte aguardo. 

Y como lo sabe el mundo. 
Juntos fueron al cadalso 

Y allí selló con su sangre 
Lo que dijeron sus labios. 

11 de Julio 1890. 



POESÍAS ESCOGIDAS 275 

¡SOLA»..! 

PERSONAJE : MAGDALENA. 

Alcoba elegante con lecho de cortina y lazos rojos. Tocador, mesa, diván y 
icas. La lámpara estará á media luz y habrá sobre la mesa un ramillete y dos 
■s. Es más de media noche. En el fondo, á la izquierda, hay un balcón; á la 
!cha la puerta de entrada Magdalena llega envuelta en lujoso abrigo, y finge 
irteuspa eid que habla con alguien que la ha dejado al pie de la escalera. 

Gracias, pero vuelve el coche, 
Ya mañana me verás... 
Adiós... ¡qué bueno es Tomás! 
Partió al fin, -qué horrible noche 1 
La ciudad semeja en calma 
Un gran sepulcro vacío 
Y corre un aire tan frío 
Como el invierno del alma. 
De mi vida turbulenta 
No hav quien las penas comparta; 
¡,Qué me han traído? una carta, 
Unas flores v una cuenta. 
Es cuenta de la modista ; 
Ochenta duros, bien poco. 
Ya los pagará ese loco 
De viejo capitalista. 
Rechazan la ancianidad 
Muchas mujeres ¡ torpeza ! 
No hay que mirar la cabeza, 
En la bolsa está la edad ! 
Estuvo al baile esplendente, 
¡ Pobre Tomás ! me introdujo 
Al salón y se produjo 
Gran alarma entre la senté. 
Las damas encantadoras 
Me vieron mal ; era claro ; 
No tiene nada de raro. 
Es natural, son señora^. 
Cada cual hizo una mueca 
De disgusto y de estupor; 



276 JUAN DE DIOS PEZA 



Así lo exige el pudor, 
i Qué palabrota tan hueca ! 
Los jóvenes me miraban 
De soslayo v sonreían... 

Y todos me conocían, 
Pero no me saludaban. 
Hiombre caprichoso y vano, 
A solas lloras conmigo, 
Pero en habiendo un testigo 
Ya me retiras la mano. 

Y culpas mi liviandad 

Y me declaras proscrita; 
Sin dar nada todo quita 
La hipócrita sociedad. 

I La mujer ! enigma eterno, 
Dios cual flor formarla quiso 
Con hoias del Paraíso 

Y matices del infierno. 

i Cuando á un abismo sin fondo 
Ruedan la flor y el perfume, 
En silencio los consume 
Lo más negro y lo más hondo ! 
Ya no hay nada que me asombre ; 
Mi perdición fué un desliz, 
Yo en un tiempo era feliz, 
Tuve posición y nombre. 
Hé aquí la sola cuestión. 
El problema arduo y profundo : 
« Todo lo dan en el mundo 
El. nombre y la posición », 
No el talento ni el trabajo 
Por más que el sabio lo escriba 
Los astros están arriba 

Y los guijarros abajo. 
Mi gracia cautivadora, 
Gracia propia de mi edad, 
Fué para la sociedad 

La manzana tentadora. 



POESÍAS ESCOGIDAS 277 



Rodé al abismo, rodé 
Por ser débiles mis alas 

Y perdí todas las galas 
De la virtud y la fe. 
Ninguno se reconcilia 
Conmigo... mundo cruel; 
Tengo un hogar : j el hotel ! 
¡La humanidad por familia! 
Vivo sola, abandonada 

De cuantos ayer me amaron; 
Cuanto tuve lo arrancaron 
De mi amor... ¡no tengo nada! 
¡Mis padres!... ¿vivirán hoy? 
Tal vez existan aquí, 
Tienen vergüenza de mí 

Y yo por muertos los doy. 
Diez años hace que un día 
A mi madre logré ver, 
No me pude contener 

Y le grité : « Madre mía ». 
A sus pies caí de hinojos, 
Era en la calle, nos 'vieron, 

Y sobre mi faz cayeron 
Las lágrimas de sus ojos... 
Bésame, le dije, madre, 
Oue de sufrir estoy harta, 

Y ella dijo : i aparta... aparta... 
Oue estás manchando á tu padre! 
El rostro descolorido, 

Toda trémula echó á andar 

Y sólo alcancé a besar 
Las orlas de su vestido. 
No me tuvo compasión 

Y no escuchó mi lamento ; 
Yo quedé en el pavimento 
Extraviada la razón. 

De nada cuenta me di 

Y en aquel vértigo insano 



278 JUAN DE DICIS PEZA 



Ni sé quién me dio la mano 
Ni quién me trajo hasta aquí. 
Cuando por aquella' puerta 
De nuevo á este cuarto entré, 
— I Ya soy huérfana! — grité, 
¡Hasta mi madre está muerta! 
¿A quién me quejo? ¿á quién llamo? 
A! aire doy mis suspiros 

Y el aire en revueltos giros 
Se los lleva... 

(Cogiendo el ramo que abrá sobre la mesa). 

;.Y este ramo? 
;,Ouién me obsequiará con flores? 
Rosas de Abril purpurinas, 
No tenéis tantas espinas 
Como yo tengo dolores. 
Aunque ricas de fragancia 

Y perfumadas y bellas, 

No sois puras como aquellas 
Oue yo cortaba en la infancia. 
No sois cual las madreselvas 
Oue en mi jardincito había 
I Oh recuerdo de alegría! 
Ya no vuelvas, ya no vuelvas... 
Nadie se inquieta si tarda 
Mi vuelta al cuarto sombrío ; 
Ya duermo llena de frío ; 
Ya ningún ángel m€ guarda... 
Una vez hallé á un anciano 
En la calle frente á frente, 
Era mi oadre... imprudente 
Le quise besar la mano. 
Con semblante duro y hosco 
Mi pretensión rechazó 

Y con voz agria exclamó : 
— Aparta, no te conozco. 
Vi en su mirada un infierno 
De pena amarga y sombría... 



POESÍAS ESCOGIDAS ' 279 



Así en el último día 
Verá á un reprobo el Eterno, 
i Con qué tristeza retiña 
Su acento en todo mi ser ! 
I No me quiso conocer 
El que me arrulló de niña; 
El que cifró su fortuna 
En mirarme y consentirme ; 
Aquel que para dormirme 
Arrullábame en la cuna; 
El que ufano me llamaba 
El tesoro de su hogar 

Y que al mirarme llorar 
De susto V dolor temblaba. 
I Oh placeres sin engaños! 

Mi hogar tuvo un festín regio : 
Saqué un piremio en el colegio 
Cuando contaba diez años. 
Mis padres, con natural 
Regocijo me esperaron, 

Y al mirarme me abrazaron 
Con efusión celestial. 

Yo llegué de gozo llena 
Con todo el rostro encendido : 
Con un velo v un vestido 
Blancos como una azucena. 
De mi vida á los autores 
I Tomad mi premio!... grité, 

Y á mi padre le entregué 
Un diploma y unas flores. 

— Bien— repuso, — hija querida. 
Dios más dichas te conceda... 
Toma, y me dio un i moneda : 
I La más santa de mi vida ! 
Era un escudo de á peso; 
Al dármelo me besó, 
Yo era niña y me encantó 
Más que la moneda el beso. 



280 JUAN DE DIOS PEZA 



Cuando al abismo caí 
Como al fango la flor rueda, 
Me diie : aquesta moneda 
No se apartará de mí. 

Y llegué á verme muy pobre. 
Tan pobre, que cierto día 
Mi capital consistía 

En dos centavos de cobre. 
En mi amargo padeceír 
Salí mi pan á buscar... 
I Yo no sé si fui a pecar 
Para encontrar qué comer ! 
En el dintel de mi puerta 
Encontré, medio dormido, 
Desmayado, entumecido, 
Con la tez pálida y muerta, 
Un niño que con afán 
Me miró... lloró un momento 

Y temblando y sin aliento 

Me dijo al fin : <( Quiero pan ». 
Me burlé de mi destino 
Cual de un amo sus esclavos. 
Di al niño aquellos centavos 

Y proseguí mi camino. 
Cansada de tanto andar. 
Rendida á golpe tan rudo, 
Me dije : tengo un escudo 
Que bien me puede salvar. 
Pero juntó mi memoria 

El epílogo en proemio.... 
¿Cómo perder aquel premio 
Todo amor, pureza y gloria? 
De mi infaacia ante el destello 
Cogí el escudo sagrado 
Oue en un medallón guardado 
Lo llevo siempre en el cuello ; 

Y olvidando de mi suerte 
La crueldad y agonía, 



POESÍAS ESCOGIDAS 281 



Exclamé : ; moneda mía, 
Antes morir que perderte! 

Salvé el tesoro sagrado; 
Este escudo envejecido 
Con mis lágrimas ungido. 
Con mis besos coronado. 

Una carta me han traído; 
Veamos ;.de ouién será? 
Ninguno me escribe ya, 
Todos me hablan al oído. 
Conozco esta letra, sí ; 
¿O soy víctima de engaños? 
Hace muchos, muchos años 
Oue él no se acuerda de mí. 
Es su letra... sí... evidente; 
Letra que en tiempos mejores 
Me expresaban los amores 
Del corazón inocente. 
Aunque la escribió convulso, 
En su misma claridad... 
¡Pobrecito! ¡no es su edad 
La que hace temblar su pulso ! 
;,Oué me dirá Dios bendito? 
Temblando estoy de temor... 
I Nunca sentí igual terror 
Al romper un sobrescrito ! 



(Lee la carta y toca á la actriz interpretarla.) 

« Si soñaste alguna vez 
Ver de nuevo letras mías, 
Estas e pongo en los días 
Postreros de mi vejez. 
Enfermo v desengañado, 
De prisa al sepulcro voy ; 
Lo anhelo desde que estoy 
Por ti sola deshonrado. 



282 JUAN DE DIOS PEZA 

Al nadie amé como á ti 

Y hov me das infamia y lodo 
En recompensa de todo 

Lo bueno que yo te di. 
Próximo á desparecer 
Ya mis deudas he saldado 

Y algo tuyo que he guardado 
Te lo voy á devolver. 

No esperes una fortuna 
Oue mi riqueza no es tanta, 
Es una reliquia santa 
Oue yo recogí en tu cuna. 
Es lo que al mundo trajiste 
En mis instantes más bellos. 
Un rizo de tus cabellos 
Oue corté cuando naciste. 
Si hubieras muerto aquel día, 
El rizo que guardé tanto, 
Hoy me hiciera verter llanto. 
Mas no me mancillaría. 
Hebras de tu misma trenza 
Te las devuelvo, que así 
Ya sólo guardo de ti 
Algo eterno : la vergüenza. 
Tú ennegreciste mi suerte, 
I Oue Dios al morir te acorra, 
La vergüenza no la borra 
Ni la oración ni la muerte!» 
Compasión, joh, padre anciano I 
Piedad porque te ofendí. 
Ya que no me viene aquí 
La bendición de tu mano. 
;.Por qué no viste en mi ser 
La infamia y no me mataste? 
;,Por qué no me sofocaste 
Al momento de nacer? 

(Abre el papel que envuelvue el rizo). 

¡Qué miro! ¡ilusiones vanas! 
/,Es realidad ó extravío? 



POESÍAS ESCOGIDAS 283 



Viene atado el rizo mío 
A una guedeja de canas, 
i Nieve de un volcán bendito, 
Oue por mi culpa estalló, 
Yo sé bien que te formó 
Más que la edad, mi delito! 
Mi sien junto á su cabeza 
Ni en la tumba h-i dé dormir... 
I Sólo aquí se ha vuelto á unir 
Con su virtud mi pureza! 
/,Es castigo ó es clemencia? 
¿Cómo deja en esta vez 
A la infamia, la honradez 
Su corona por herencia?... 
Con el corazón opreso. 
Sin paz, sin amor, sin fe... 
Aquí que nadie nos ve 
Llorando, ¡oh, padre! te beso. 
Si yo entre las más livianas 
Del infierno voy en pos, 
Oue la bendición de Dios 
Me llegue con estas canas. 

(Entra luz por el balcón la cual ella se dirige enjugándose los ojos). 

Mundo : ignora mi aflicción. 
Ya amanece, ¡qué ironía! 
Entra á los cielos el día, 
¡La noche á mi corazón! 

TALÓN RÁPIDO. 

UNA RESPUESTA DE MIRAMÓN» 

Ya sonó la media noche 
En el viejo campanario : 
Querétaro está en silencio 
Que sólo turba á intervalos 
El grito del centinela 
Triste, sonoro y pausado. 

En un antiguo convento 
Que ya en cuartel transformaron, 



284 JUAN DE DIOS PEZA 



Presos en humildes celdas 
Están la muerte esperando 
Miguel Miramón, Mejía 

Y un noble : Maximiliano. 
Ya poco tiempo les queda 

De vida á los sentenciados 

Y el archiduque, que siempre 
Fué de la forma un esclavo, 
Llama á Miarimón, queriendo 
Sobre un punto interrogarlo. 
Llega el arrogante jefe, 
Obediente á tal mandato 

Y órdenes pide gustoso 
A su infeliz soberano. 
Este le dice; — ^Sei horas 

Nos faltan. — Las voy contando 
Pues ya que no tengo sueño 
He de entretenerme en algo... 
—Perdonad que os distrajera, 
Pero quiero consultaros 
Cuál raje será el más propio 
Para salir al cadalso. 

— No entiendo vuestra pregunta. 

Y agrega Maximiliano : 

— ¿Nos vestimos de uniforme 
O saldremos de paisanos? 

Y Miramón le replica : 

— Majestad, voy á ser franco : 
Como ésta es la vez primera 
Que me fusilan, no es raro 
Que ignore lo que previene 

El ceremonial del caso. 
Sonrióse el archiduque 

Y agregó con entusiasmo : 

— Miguel, en todo os admiro... 
¡Qué valor! ¡dadme un abrazo! 

FIN DE LA PARTE CUARTA 



OJAS SUELTAS 



¡TUS PESTAÑAS! 

A ESTRELLA 

De tus ojos, 'uz y encanto 
De mi espíritu abatido; 
De esos ojos que han vertido 
Por mi raudales de llanto; 

De los dos astros que inspiran 
Pasión, bondad y ternura, 
Cuando envuelven en luz pura 
Lo que enamorados miran. 

Como tesoro del cielo. 
De esos ojos me acompañas 
Unas sedosas pestañas 
Tan negras como mi duelo. 

¡Hebras que dan luces bellas, 
Reflejos nunca imitados. 
Pues son rayos arrancados 
Para mí, de dos estrellas ! 

Con devoción las adoro; 
Con hondo temor las miro. 
Pues al soplo de un suspiro 
Puedo perder tal tesoro. 

Pestañas de un ángel son 
Que, á las que le adornan, juntas 
Sostuvieron en las puntas 
Sus lágrimas de pasión. 



286 JUAN DE DIOS PEZA 



Ellas velaron tranquilas 
Sus pesares, sin reproche, 
Cuando enlutaba 1" noche 
Su espíritu y sus pupilas. 

Y de la ausencia el rigor 
Las dejó en llanto empapadas 
Como espigas doblegadas 
Por la lluvia del dolor. 

Hebras que ^1 sentir opreso 
El párpado que adornaban, 
AbrasáB-dose temblaban 
Entre las llamas de un beso. 

Por dichas y por angustias 
Fueron al azar movidas, 
Para contemplarme erguida^ 
Y para llorarme mustias. 



Sí, mustias de padecer 
En tus ojos las llevaste, 
Cuando imposible iuzgaste 
Que me volvieras á ver. 

Ellas encarnando en ti 
Fueron rejas de un postigo 
De llanto, por mí y conmigo, 
Lejos y cerca de mí. 

Y hoy me las mandas, Estrella, 

Y es tu dádiva sagrada 
Para mí la más amada. 

La más rica y la más bella. 

Delicada y primorosa 
Envoltura les da asilo, 
Tal como envuelve á un pistilo 
El pétalo de una rosa. 

Y foirman así el tesoro 

Con que sueño y me extasío : 
¡Pestañas del ángel mío! 
¡Pestañas del bien que adoro! 



POESÍAS ESCOGIDAS 287 

EN MEMORIA 

DEL 

GENERAL CARLOS PACHECO» 

¡Oh, vida! ¡combate humano! 
Tus adalides ¿qué son? 
Deleznable encarnación 
Del polvo frágil y vano. 
¿Quién profundiza el arcano 
Do tus destinos están?' 
La fe, la gloria, el afán 
Que con la esperanza juegan, 
De un obscuro abismo llegan 

Y á un obscuro abismo van. 

Revuelto y profundo río 
Donde el viento desbarata 
Los aljófares de plata 
Que le regala el Estío; 
Légamo inmenso y sombrío, 
¿Qué fueras sin la memoria, 
Sin la verdad, sin la gloria 
Que, con el olvido en guerra, 
A los muertos de la tierra 
Los resucita en la Historia? 

Ya el talento, ya el trabajo, 
Inmortal recuerdo deja ; 
Noble se llama á la abeja 

Y vil al escarabajo. 
Del gañán que hienda el tajo 
Al sabio que absorto lea, 
No hay labor que útil no sea 

Y que el hombre no bendiga : 
El gañán busca la espiga. 
El sabio busca la idea. 

No todo muei'e ni pasa. 
Que no todo es polvo leve ; 



288 JUAN DE DIOS PEZA 

Si el sepulcro torna nieve 
El fuego que nos abrasa; 
Si todo la muerte arrasa 

Y lo lleva al ataúd... 
¿Quién por el terrible alud 
Rodar ha visto el Honor, 
El Genio, la Fe, el Valor, 
La Bondad y la Virtud...? 

Sin los nobles ideales 
De un dulce romanticismo, 
¿Qué hicieran frente al abismo 
De la muerte, 'os mortales? 
¿Todos seremos iguales 
Al morir? ¡Vana impostura! 
Aun en tosca sepoltura 
Quien vale, al olvido humilla, 
¡Qué más el cucuyo brilla 
Si la noche es Tiás obscura! 

Estudiad á los cautivos 
Del mundo, sabios expertos, 

Y encontraréis vivos muertos, 

Y muertos que siguen vivos. 
Los robles del monte, altivos 
Desdeñan la tempestad 

Con la misma majestad 
Que á un ser superior conviene; 
Y, así como el monte, tiene 
Sus robles la humanidad. 
Nacer en modesta cuna 

Y en apacible pobreza 
Sin señuelos de nobleza 
Ni mimos de la fortuna; 
Domeñar una tras una 
Amargas contrariedades, 

Y ante añejas sociedades 
Con suerte dura y contraria. 
Ser como la procelaria, 

Hijo de las tempestades. 



POESÍAS ESCOGIDAS 289 

Ser un gladiador romano 
En los campos de batalla; 
Entregar á la metralla 
Despojos del cuerpo humano; 
Sangrando, sin pie, sin mano, 
Buscarse extraña andadora, 

Y trepar á la trinchera 
Con medioeval hidalguía, 
Vitoreando en su agonía 
Su caudillo y" su bandera! 

Vivir triste y mutilado 
En constante actividad, 
Con la extraña dualidad 
Del apóstol y el soldado; 
De nuevo lanzarse osado 
Por su causa á combatir, 
Hallar la meta, subir. 

Y firme con la fe ilesa, 
Darle cauce á toda empresa 
De gloria y de porvenir... 

Ser un Bayardo en lealtad, 
Ser un Cid en el valor. 
Un pródigo en el favor 

Y un estoico en la verdad. 
Ser procer en la ciudad. 
Gladiador en la campaña, 
Cazador en la montaña. 
En todo, soplo que agita, 

Y un labrador eremita 
Muriendo en una cabana 

Tal admiré y comprendí 
La labor inteligente 
Del héroe humilde y ausente 
Que recordamos aquí. 
Jamás honrado me vi 
Con el renombre mundano '^ 

De <( su amigo » ó de « su hermano... » 
Muerto, aun vierte sus reflejos, 
*oesias escogidas. 19 



290 JUAN DE DIOS PEZA 

Y hoy que está lejos, muy lejos, 
¡ Busco en la sombra su mano 1 
Ausente : juzgue la Historia 
Tus obras; yo sé que son 
Hijas de noble ambición 
De dar á tu patria gloria. 
A tu fosa mortuoria 
Basta un emblema viril : 
Que allí corone el buril 
Tu frente limpia y altiva 
Con la fresca siempreviva 
Que fecunda el sol de Abril. 

Méjico, Septiembre 26 de 1892. 



EL CALLEJÓN DEL MONSTRUO. 

UN HÉROE DE LA GUERRA DE MÉJICO 

En apacibles horas 

de sin igual cariño, 
Desconociendo el alma 

la duda y el pesar; 
La historia que hoy refiero 

sin gracia y sin aliño, 
Un viejo veterano, 

allá cuando fui niño 
Ma la contó en las dulces 

veladas del hogar. 



¡Oh santas, hechiceras, 

involvidables horas, 
De engaños y candores, 

de paz y de ilusión ! 
l Las únicas que fuisteis 

de dicha hospedadoras ! 
Aun no están sin aroma. 

ni mustias, ni incoloras 



POESÍAS ESCOGIDAS 291 



Las hojas que dejasteis 

de ofrenda al corazón 

Sólo esas rosas viven, 

como tesoros bellos 

De un tiempo todo calma 

V bienestar y fe; 
Del alba de la vida 

purísimos destellos, 
Que bastan al que sufre 

para alumbrar con ellos 
El panorama hermoso 

de todo lo que fué. 
Recuerdo al veterano 

que me contó esta historia. 
El sol del campamento 

ennegreció su piel, 
Faltábale una pierna, 

sobrábale memoria, 

Y siempre vi en sus canas 

la escarcha de la gloria. 
¡Ay! de una gloria humilde 

sin templo y sin laurel 1 
El fué, cuando era mozo, 
soldado de Guerrero, 
Contaba que á Morelos 

V á Hidalgo conoció; 
Nutrido en la enseñanza 

del patriotismo austero. 
Hablaba de su Aquiles 

como del suyo Homero; 

Y algo empezado en risas 

con llanto lo acabó. 
Alguna vez me dijo, 

mi frente acariciando : 
« ¡ Hiermoso es por la Patria 

luchar hasta morir!' 
Estudia á aquello héroes 

de los que estuve al mando ». 



292 JUAN DE DIOS REZA 

Y luego agregó triste, 

lloroso y suspirando : 

« Con hombres como aquéllos 

se salva el porvenir ». 

Como me faltan frases, 

erudición, talento, 
Para poder sus glorias 

brillantes relatar, 
Voy sólo á referirte, 

y escúchamelo atento, 
El hecho de un patriota... 

(y aquí traslado el cuento 
Que amenizó la dulce 

velada del hogar). 

Yo entonces no contaba 
arriba de sei años; 

Y sin rendirme al sueño, 

le oí con atención ; 
Los hechos y lugares 

se olvidan por extraños ; 
Mas su argumento fácil, 

ni edad ni desengaños 
Me lo han podido nunca 

borrar del corazón. 



« Era en el tiempo aciago 

de innúmeras campañas. 
Ai Hidalgo y á Morelos 

mataron sin piedad 
Los ciegos defensores 

del rey de las Españas; 
Y fuimos con Guerrero 

del Sur á las montañas. 
Para buscar la muerte 

ó hallar la libertad. 

No he visto nunca á un hombre 
más bravo y más entero. 



POESÍAS ESCOGIDAS 29^ 

Jamás le vimos débil 

ni nunca desmayó; 
Fué siempre la amenaza 

para el soldado ibero; 
Indómito, terrible, 

inexpugnable, austero, 
Hasta su misma muerte 

su audacia respetó. 

Donde su augusta mano 

clava su bandera, 
El sol de la victoria 

llenábala de luz ; 
Sencillo en sus costumbres, 

y bravo como fiera, 
Nos daba ejemplo á todos 

de la virtud severa 
Que enseña en sus doctrinas 

el Mártir de la Cruz. 

Jamás á su semblante 

faltóle una sonrisa; 
Nunca alentó su pecho 

ni envidia ni rencor ; 
Y en el cuartel ó en marcha, 

ya quieto, ya de prisa, 
Lo mismo en el combate 

que en la campestre Misa, 
Miraba á sus soldados 

con paternal amor. 

En veinte hermosos triunfos 

en tan terrible guerra, 
Su fama y su renombre 

volaron por doquier. 
Era la fe y el alma 

de nuestra amada tierra, 
Fué un águila, no un hombre; 

su nido fué la sierra; 
Su religión, la Patria; 

su código, el Deber. 



294 JUAN DE DIOS PEZA 



Juzgó una vez preciso 

buscar de sus soldados 
Alguno que pudiera 

á Méjico venir 
Para explorar secretos 

á nadie revelados. 

Y así nos dijo á todos 

mirándonos formados 
<( ¿ Quién quiere á cierto encargo 

marchar para morir? » 
— ¡Yo! — con sonoro acento 

que retumbó en las rocas 
Cada soldado dijo; 

con ellos, yo también, 
Un espontáneo grito 

salido de mil bocas, 
El eco de mil almas 

que de entusiasmo locas 
La muerte y los peligros 

miraban con desdén. 
Guerrero, conmovido, 

señala en tal momento 
Al que avanzando un paso 

al héroe se acercó — 
¿Irás? — Iré, repuso, 

me sobran fe y aliento. 
Iré donde me manden, 

jamás vuestro Sargento 
A nadie le ha temido 

ni á nada se negó. 
Y vi que fueron ambos 

andando lentamente; 
Hablaron en voz baja 

de lo que yo no sé; 

Y cuando la alborada 

iluminó el Oriente, 
A pie por las montañas 

cantando el insurgente, 




POESÍAS ESCOGIDAS 295 



Sin darnos un abrazo 

á Méjico se fué. 
Supimos que aquel hombre 

cual nadie conocía 
Del español Gobierno 

los usos V la ley, 
Porque á las reales tropas 

de joven les servía, 

Y lo aceptó Guerrero, 

como el mejor espía 
De todos los manejos 

secretos del Virrey. 
No bien llegó á esta tierra 

sus pasos vigilaron; 
La desconfianza es siempre 

la hermana del temor ; 
De su misión secreta 

los fines sospecharon, 

Y para^darle muerte 

*al fin lo denunciaron 
Como insurrecto, espía, 

y tránsfuga y traidor. 
Entonces aquel hombre 

á quien la suerte avara 
Negaba en un instante 

cuanto cumplir soñó, 
Impúsose una prueba 

tan dura como rara : 

Y mutiló su cuerpo, 

desfiguró su cara, 

Y en monstruo convertido 

en Méjico quedó. 
Y dicen, que inspiraba 

no compasión, espanto ; 
Invalido, harapiento, 

sin nombre y sin hogar, 
Mezclando en rostro informe 

la risa con el llanto 



296 JUAN DE DIOS PEZA 

Al procer y al mendigo 

llegó á acercarse tanto, 
Que supo lo que nadie 

del Trono v del Altar. 
Y allá por las montañas 

del insurgente abrigo, 
Cruzando de las selvas 

desiertas al través. 
Miramos muchas veces, 

del hecho soy testigo, 
Llegar junto á Guerrero, 

un mísero mendigo 
Con espantoso aspecto 

y ensangrentados pies. 
Como su propia casa 

cruzaba el campamento. 
Sin demandar de nadie 

limosna ni piedad ; 
Del inmortal Guerrero 

entraba al aposento, 
Para informarle al punto 

de todo movimiento, 
De cuanto nuevo ó raro 

pasaba en la ciudad. 
Cada soldado al verlo 

de horror se estremecía ! 
¡ Ni un rasgo, ni un indicio 

de lo que fuera ayer! 
Después de algunos años 

llegué á saber un día 
Que aquel mendigo monstruo 

que nadie conocía, 
No era otro que el Sargento 

Francisco Basiyer. 
Mas esto yo lo supe 

después de haber triunfado ; 
Que sólo en ese tiempo 

su historia conocí: 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 297 

Hablé con él v dije : 

—«¿Qué hiciste, desgraciado? 
— ^i Cumplí como patriota, 

cumplí como soldado, 

Y al general Guerrero 

cual perro le serví !» 

Era emisario, agente, 

explorador, correo, 
Fué y vino muchas veces 

del monte á la ciudad ; 
Con riesgo de la vida, 

cambió, nuevo Proteo, 
Su forma, ambicionando 

por tínico trofeo, 
Mirar tarde ó temprano 

su patria en libertad. 

Y realizó este sueño, 

que le costó mil daños ; 

Y se sintió dichoso. 

tranquilo y sin temor, 
Cuando al cesar la lucha 

que ensangrentó diez años 
Augusta y respetada 

de propios y de extraños 
Miró flotando libre 

la enseña tricolor. 

A la calleja triste, 

donde quedóse ufano 
Viviendo aquel Sargento 

que nunca he de olvidar. 
El Callejón del Monstruo 

le llama el vulgo vano, 
¡No hay monstruo más sublime!...» 

Callóse el veterano, 

Y así acabó la dulce 

velada del hogar! 



298 JUAN DE DIOS PEZA 

Á FRANCIA. 

(en la muerte de m. carnot). 

¡Oh, Francia! ¡Oh faro del saber humano I 
Eterno Sol que á progresar nos guía; 
Tu dolor en el pueblo mejicano 
Estalla en explosión de simpatía. 
Mézclese nuestro llanto con eJ llanto 
Que con gotas de fuego tu faz quema; 
Tu inmenso duelo me inspiró este canto ; 
En cada gran pesar hay un poema : 
Aquí te amamos, verbo luminoso 
De paz y libertad ; ¡ bendita sea 
Tu antorcha! su contacto esplendoroso 
Enciende cada idea. 
Has sido siempre grande; tus legiones 
Han derramado estrellas á su paso; 
Oriente para todas las naciones 
Puedes tener un odio : el del Ocaso. 
En todo has sido igual ; con tu mirada, 
Todo lo exploras, todo lo dominas; 
Vences por triple modo con tu espada, 
O matas, ó libertas, ó ilum.inas! 
Tu hermoso nombre en glorias tan fecundo, 
Pronuncian con amor todos los labios, 
Que lo han escrito en la extensión del mundo 
Tus héroes, tus apóstoles, tus sabios! 

Lo oyó la esfinge impenetrable y muda, 
En el desierto resonó tranquilo 
Y radiante de gloria lo saluda 
Suez con Lesseps ; con Bonaparte el Nilo. 
Tu enseña tricolor siempre ha encontrado 
El orden y el progreso por baluartes ; 
Donde la has tremolado, 
A' su sola presencia han despertado 
Las ciencias y las artes ! 
Has sido en todos tiemiies la primera 



POESÍAS ESCOGIDAS 299 



En sacudir el ominoso yugo 

De la ignorancia artera; 

De este siglo de luz la historia entera 

¿No abarca con su genio Víctor Hugo? 

Eres la augusta y gran progenitora 

De soles sin ocaso, 

Y tal parece ¡ oh Francia ! que en tu paso 
Llevas de heraldo el carro de la aurora. 
¿Y á ti también te aflige el hondo duelo? 
¿Y tú lloras? 

Permite que me asombre 
Al ver de luto tu fecundo suelo. 
Al verte con pavor clamando al cielo 
Contra un crimen sin nombre. 
El que sin tacha y sin temor regía 
Tu próspero Destino; 
El que el mundo admiraba y aplaudía, 

Y que siempre tenía 
Regado de laureles su camino, 
El hombre inmaculado 

Todo honor y lealtad ; todo pureza, 
Doblega para siempre su cabeza 
Por mano aleve al mundo arrebatado. 

Y no eres sólo tú, la que padece 
Con tan súbita muerte ; no la extraña 
Sólo tu corazón; el mundo entero 
En tan profunda pena te acompaña. 
El pueblo mejicano 

Con amor fraternal, con pena justa 

¡Oh Francia toda luz! ¡Oh tierra augusta I 

Llorando estrecha tu robusta mano. 

Sobre la tumba de Carnot, no tiende 

Su clámide de sombras, la venganza ; 

La República eterna, sólo enciende 

Su bendecida antorcha : ¡ La Esperanza ! 

¡La Esperanza! la estrella 

Que irradia alivio en tu dolor profundo : 

Tu paz no ha de acabar, porque con ella 

Acabará también la paz del mundo. 



300 JUAN DE DIOS PEZA 



¡ Honor eterno al mártir ! ¡la corona 
La bendición de todos! 

Tú, camina, 
Con esa espada que tu fe pregona 
La que enseña, liberta ó ilumina. 



Julio 1 de 1894. 



poesía* 

RECITADA POR SU AUTOR EN EL GRAN TEATRO JUÁREZ 
DE GUANAJATO LA NOCHE DEL 18 DE JULIO DE 1895. 

Si yo supiera pulsar 
La lira de cuerdas de oro, 
Esa que imita el sonoro 

Y eterno ritmo del mar; 
Con qué júbilo sin par, 

Con qué afán tan dulce y grato, 
Con qué entusiasta arrebato 
Os dijera en esa lira 
Lo que esta noche me inspira 
El ^pueblo de Guanajato. 
tierra de heroicas hazañas 

Y de inmortales varones, 
Que esconde en sus corazones 
Más oro que en sus montañas; 
Desde las pobres cabanas 

A la más noble heredad. 
Siempre ha sido esta ciudad 
Emporio de la riqueza, 
Alcázar de la franqueza 

Y altar de la libertad. 
Plugo á genios superiores 

Dar á Guanajato gloria, 
Tornándolo en nuestra historia 
Sol de eternos resplandores; 



POESÍAS ESCOGIDAS 



301 



El Párroco de Dolores 
Lo eternizó con su cuna; 
De la patria la fortuna 
Con él surgió en este Estado 

Y á esa gloria no ha igualado 
Ni eclipsa gloria ninguna! 

Desde que en soñada meta 
Vive noble caballero, 
Al desnudo barretero 
Que rompe la oculta veta; 
A todos, tan sólo inquieta 
El afán de hacer dichosa 
Esta tierra generosa, 
De cuyo seno profundo 
Fué en un tiempo, alma del mundo 
La riqueza fabulosa. 

El más abrupto peñón, 
La más agreste hondonada, 
El fondo de la cañada 

Y la cruz del torreón, 
Aquí en Guanajuato son 
Monumentos de alto brillo, 
Que han visto surgir sencillo, 
En la ensangrentada lid 

A Pipila como un Cid 
Con un Cura por caudillo. 

Arábigos palomares 
En las montañas prendidos; 
Casas que sois como nidos; 
Nidos que sois como altares; 
Francos y quietos hogares 
En las lomas engarzados 

Y que por la paz velados 
Vuestra sencillez cautiva : 
Sois aquí página viva 

De heroicos hechos pasados. 

Eternas guardan escritas 
Con sangre de nobles pechos 



302 JUAN DE DIOS PEZA 



Las historias de altos hechos 
Los muros de Granaditas; 
Mudas páginas benditas 
Cuya majestad arredra, 
En vez de fúnebre yedra 

Y de, musgo delator, 
Hay un grito de dolor 
Incrustado en cada piedra. 

Reliquias de la sombría 
Edad, de tiempos obscuros, 
Hay clavados en los muros, 
Cuatro escarpias todavía; 
En ellas la tiranía 
Prende con protervas manos 
Cuatro cráneos soberanos 
Que al sol con rubor caldea, 
Pues son más que luz febea 
Los pensamientos humanos. 

Mirando esos insolentes 
Escarpias allí clavadas, 
Con la sangre consagradas 
De inmortales insurgentes, 
La ira en ondas hirvientes 
Abrasóme las mejillas 

Y santas preces sencillas 
Sin palabras levanté, 
Teniendo el cuerpo de pie 

Y el ánima de rodillas. 

Soy de aquellos que atraviesan 
Sintiendo el mundo en que moran, 
Que hallan un túmulo y lloran. 
Ven una cuna y la besan; 
Soy de los que se embelesan 
Con lo que á su patria es grato ; 
Por eso venero, acato, 
Cuanto de grande se encierra 
Para mi patria, en la tierra 
Heroica de Guana juato. 



I 



I 



POESÍAS ESCOGIDAS 303 



Del cielo de su pasado, 
Son astros de gloria y fama 
Hidalgo, Allende y Aldama 
Que han su nombre eternizado. 
Cuna insigne de Doblado, 
Si el progreso es tu estandarte 
¡Cómo no habrá de admirarte 
Quien llega á ti, en horas santas 
En que afanoso levantas 
Un templo inmortal al arte! 

5 El Arte! Sol de luz pura; 
De lo infinito destello : 
El esplendor de lo bello, 
Lo que eternamente dura. 
Lo que eleva y transfigura 
Del hombre la potestad, 
Lo que de edad en edad 
A cada genio revela 

Y dignifica y consuela 
A la triste humanidad ! 

Pudo la Naturaleza 
Hacer bella á la mujer. 

Y el arte llegó á poder, 
Darle forma á la belleza, 
Revelando su grandeza 
Cortó la roca y tranquilo 
Del cincel al sacro filo 
Labró una estatua con ella 

Y no hubo mujer tan bella 
Como la Venus de Milo. 

Es pueblo grande el que anhela 
Dar de su cultura ejemplo. 
Levantando al arte un templo 
De perfecciones escuela. 
Un teatro que revela 
Una mansión encantada. 
Incomparable morada 
Que envidiara el camarín 



304 JUAN DE DIOS PEZA 



Más lindo del Albaicín 
De la Alhambra de Granada. 
Y es más bello honrar en él 
La memoria de un gran hombre 
Que para abarcar su nom.bre 
No alcanza ningún laurel. 

Y grabar con el cincel 
Ese nombre soberano 
En el pórtico galano 

De esta espléndida mansión 
En señal de admiración 
Al Washington mexicano. 
Es ofrenda que enaltece 
Por pura, por noble y santa, 
Al pueblo que la levanta 

Y al genio que la merece. 
¡Oh, Juárez! donde aparece 
Tu nombre, temblando están 
Los que anonadó tu afán 

Y tu causa redentora, 
Pues' cuando surge la aurom 
Todas las sombras se van. 

Nacido en pobre cabana 
Que á tus proceres complace; 
Tan ignorado cual nace • 
El águila en la montaña; 
Por divina fuerza extraña 
Te alzaste de tal manera. 
Que al salvar nuestra bandera 
Del yugo y del deshonor, 
Vio en ti su Libertador 
Toda la América entera! 

Consagraste tu existencia 
A la Patria idolatrada. 
Sin más invencible espada 
Que la fe de tu conciencia. 
Del pueblo la indeper '-''cia 
Volviste tesoro cierto 



POESÍAS ESCOGIDAS 



305 




jLas 



Tuve el duelo que aceptar 
Y ya lo veis, he vencido: 
Por vuestra hija me he batido 
Arrancándosela al mar... 



Vn duelo. 



escogidas. 



20 



306 JUAN DE DIOS PEZA 

Y firme, abnegado, experto 
Con humilde escasa grey 

El arca de nuestra ley 

La salvaste en el Desierto. 

Pueblo : en tus tranquilos lares, 
En esta tierra bendita, 
Donde despierta y excita 
La admiración mis cantares; 
En frente de los hogares 
Llenos de dulce quietud, 
De paz, de amor, de virtud, 
Quisiera en mi afán ardiente 
Ceñir de lauros la frente 
De tu hermosa juventud. 

De esa juventud galana 
Que Guanajuato atesora, 
La del presente señora 

Y emperatriz del mañana. 

La que estudia y que se afana 
Llena de fe y ardimiento 
Por llenar el firmamento 
Con el nombre de su Estado 
Que tanto han glorificado 
Las luchas del pensamiento. 

Deja ¡oh, pueblo! que yo incensé 
Tu mérito en mi saludo 

Y te diga en verso rudo 

Lo que sienta y lo que piense. 
¡Oh, tiej*ra guanajuatense ! 
Pobres mis ofrendas son : 
A Juárez la admiración 
Que su grandeza me inspira; 
¡A Guanajuato mi lira, 

Y en ella mi corazón I 



POESÍAS ESCOGIDAS 307 



-+- 



SONETO. 



No me vuelvas á ver; déjame solo; 
Ni falsos besos ni caricias vanas; 
No has de fundir la nieve de mis canas 
Que el sol no logra acalorar el polo. 

Honor, virtud, deber, ¡ ah I yo no inmolo 
En tu engañoso altar prendas tan sanas; 
Las pérfidas son víboras humanas 
Y yo, más que al dolor ie temo al dolo. 

Cuando tus ojos en mis ojos fijas, 
No enciendes mi ilusión, te lo confieso, 
¿Pides besos de amor? ¡ah! no me exijas. 

Con canas y sin fe pensar en eso; 
¡ No hay beso igual al que me dan mis hijas 
Ni amor como el amor que les profeso ! 



AL PARAGUAY 

AL DOCTOR DON CECILIO BÁEZ 
I. 

Tierra del Paraguay, épica tierra, 
Con lágrimas y sangre fecundada; 
Tú sola, en las hazañas de la guerra, 
Ni tienes que aprender ni envidias nada; 

Tumba y altar del guaraní bravio 
Que dio pasmo á las huestes españolas. 
Cuando con sangre acrecentó las olas 
De tu encantado y caudaloso río; 

Cuna de aquel salvaje heroico y rudo 
Que ha legado á los siglos su memoria, 
Porque supo morir sobre su escudo 
Para quedar en pie sobre la historia; 



308 JUAN DE DIOS PEZA 

Del bravo Lambaré fuerte, cual hierro, 

Y que en la patria cuya suerte vela, 

Su nombre guarda en homenaje el cerro 
Que sirve á la Asunción de centinela. 

Aun se siente cruzar su fiera sombra 

Y algo se escucha que á su raza dice; 
Parece que la llama, que la nombra 

Y que su eterna esclavitud maldice. 

Tierra del Paraguay, de tu pasado 
El dulce urutaú lamenta el duelo 
Desde su nido en el yataí colgado 
En cada vez que el sol traspone el cielo. 



II. 



Feliz durmiendo en virginal regazo, 
Sorprendió Juan de Ayolas tu hermosura, 

Y en cruda brega te rindió á su brazo 
Cuando eras libre y cual tus flores puras. 

Huella la ibera planta tu recinto, 
La raz'a guaraní vencida amengua, 

Y ya, sierva del César Carlos Quinto, 
Cambias de fe, de tradición, de lengua. 

Irala logra gobernar con tino 
A la colonia que prospera y crece, 

Y Hernando de Arias por igual camino 
Derrama el bien y el Paraguay florece. 

Las de Loyola indómitas legiones 
Plantan la cruz en tierra americana; 
Distribuyen tu suelo en reducciones 

Y fundan la república cristiana. 

Arma el poder teocrático y sombrío 
Contra el poder civil contienda ruda, 

Y es tachado de reprobo é impío 

El que á los hijos de Jesús no ayuda. 



POESÍAS ESCOGIDAS 309 



A'irado al veróue el pueblo nunca impera 

Y que nadie lo m^a ó lo vindica, 

Se alza como un apóstol Antequera 

Y su derecho y libertad predica. 

Manda el rey castigar los desafueros 
Del gobernante que encendió su encono, 

Y Antequera y sus bravos comuneros 
Luchan contra la cruz y contra el trono. 

Ninguno retrocede ni se humilla, 

Y al fin los comuneros denodados 
Cual sus nobles hermanos de Castilla 
Son en su sangre generosa ahogados. 

Y el vencedor, Marqués de Castelfuerte, 
Virrey que en el Perú soberbio impera, 
Alza en Lima un cadalso y da la muerte 
Con los lauros del mártir á Antequera. 

Sufre el pueblo ante propios y ante extraños 
Las angustias sin nombre del vencido 

Y ve impasible transcurrir los años 
En triste soledad y en hondo olvido. 

Escucha al fin la voz de su conciencia; 
De tres siglos de horror sacude el yugo 

Y reta al proclamar su independencia 
Al rey, al sacerdote y al verdugo. 

i Ya es libre el Paraguay ! Perdure en bronce 
Esta fecha brillante de su historia : 
¡Mayo catorce de ochocientos once! 
¡Fecha de luz, de libertad, de gloria! 

¡ Ya es libre el Paraguay ! En la alta esfera 
Suspende el sol de Lambaré su giro 

Y baña en luz de gloria la bandera 
De rubí, de diamante y de zafiro. 



310 JUAN DE DIOS PEZA 



III. 

Ya es dueño el Paraguay de su grandeza; 
Libre y en paz su nombre se dilata, 
Temible por sus ariáas y riqueza 
(( En las riberas que fecunda el Plata ». 

Se inquieta la República Argentina; 
Lanza el Brasil mirada recelosa, 
Que en breve tiempo la nación vecina 
Crece y prospera, rica y animosa. 

Y al Uruguay arrastran, que se lanza 
Con ellas á retarla á inicua guerra, 

Y el Paraguay frente á la triple alianza 
Defiende sólo su sagrada tierra. 

Nuevo David no encuentra quién responda 
Al grito en que prorrumpe delirante, 

Y lanza audaz la piedra con la honda 
Para horadar la frente del gigante. 

No hay paraguayo sordo á los deberes 
Que le impone la lucha : un mismo anhelo 
Impulsa á viejos, niños y mujeres 
A la defensa del sagrado suelo. 

IV. 

En Humaitá y en Sauce y en Azcurra" 
El espantado cielo es el testigo 
De que no hay paraguayo que no ocurre 
A dar toda su sangre al enemigo. 

En Estero^Bellaco se les mira 
Como en Currupaití, sobre el abismo 
Donde la muerte desalada gira 
Asombrar con su espléndido heroísmo. 

Allí está Tuyuty, tumba sagrada 
Del valor y la fe de héroes sin nombre, 

Y guarda Itá-Ivaté de otra jornada 
Glorias que tornan semidiós al hombre. 



POESÍAS ESCOGIDAS 311 



No queda un hombre vivo en la pelea, 
Y á recoger los huérfanos fusiles 
Vienen de la ciudad y de la aldea 
Niños de doce y de catorce abriles. 

Y de sus padres las gloriosas huellas 
Siguen, tomando el arma entre las manos, 
j Y van tras de los niños las doncellas ! 

¡ Y van tras las doncellas los ancianos ! 

¡ Y nada queda en pie ! Sobre montones 
De muertos, remojado, enrojecido. 
Tremola el pabellón hecho jirones : 
¡Ay! roto sí, pero jamás rendido! 

Cien veces ha caído en la pelea 
El bravo Paraguay, y no le abate 
La suerte infiel, aunque contraria sea : 
¡ Le infunde más vigor cada combate ! 

Y tiene para orgullo de su tierra 
Fulgente sol de gloria en sus anales 
Al paladín que supo en esa guerra 
Conquistarse laureles inmortales : 

¡A Díaz, invencible y denodado, 
Currupaití lo coronó de gloria! 
¡En lucha desigual nadie ha logrado, 
Ni allá en la antigüedad, mayor victoria! 



V. 



Héroe que dabas vida con tu aliento 
A las mermadas tropas, y que eras 
Ariete, escudo, brazo y pensamiento 
Al combatir á las contrarias fieras. 

No encuentro un verso digno de ensalzarte; 
Sereno y ejemplar en la batalla, 
Era tu linico amor el estandarte 
Que agujereó en tus manos la metralla. 



312 JUAN DE DIOS PEZA 



Tuviste el alma del caudillo griego; 
Del vencedor de Egipto la bravura, 

Y en ti fué el amor patrio como el fuego 
Del sol, que vivifica si fulgura. 

¡ Guarda tu nombre en fastos inmortales 
La patria que bendice tu memoria I 
¡Y en Tuyutí, en el Sauce y en Corrales 
Están los monumentos de tu gloria 1 

Tu mem-oria inmortal bastará sola 
Para dar á tu patria nomÉradía, 
Pero Brugez, Cabral y Rivarola 
Te dan en el Olimpo compañía. 

Bruguez, que el rayo en sus cañones fragua ; 
Rivarola, el jinete alado y fiero, 

Y Cabral, que convierte la piragua 
En terror del marino brasilero. 



VI. 



¡Con qué valor inmenso en noche obscura, 
De humildes paraguayos un puñado 
Se acercan á trepar hasta la altura 
De imponente y altivo acorazado! 

Cunde el espanto, y ya despavoridos, 
Ante la ruda, inesperada brega. 
Bajan los marineros sorprendidos 
A encerrarse del barco en la bodega. 

Dueños del triunfo son los paraguayos, 
Mas otro acorazado que está alerta 
Se acerca, lanza por doquier sus rayos 
Y barre á metrallazos la cubierta. 

¡ El cuadro es imponente y es sombrío I 
Cuando la voz de los cañones calla, 
Cien cadáveres flotan en el río : 
¡Monstruos que ha deformado la metralla! 



POESÍAS ESCOGIDAS 313 



Las olas que la sangre ha purpurado 
A diez, vivos aún, les son ligeras, 

Y heridos, sin temor, ganan á nado, 
Vitoreando á su patria, las riberas. 

VII. 

Héroes que disteis perdurable ejemplo 
A los que aman el suelo en que han nacido 
I El libre Paraguay es vuestro templo ! 
¡ Lo habéis glorificado y redimido ! 

El pueblo os mira con amor profundo; 

Y vuestros nombres guarda en sus anales : 
¡ En la llíada sin par del Nuevo Mundo 
Que ya reclama Homeros inmortales! 

Al haceros justicia, el orbe entero 
Llamará al Paraguay ante la Historia : 
¡Precursor del indómito boero, 
David del infortunio y de la gloria! 

En el palacio y en la humilde choza 
Se incens?. vuestro esfuerzo soberano, 

Y en la tierra de Hidalgo y Zaragoza 
Os da su admiración un pueblo hermano. 

México guarda amor y simpatía 
Al pueblo al que el honor sirve de escudo 

Y yo, en el nombre de la tierra mía, 
¡Oh, Paraguay! te admiro y te saludo. 

Que libre, grande y fuerte, en la victoria, 
A la paz y al progreso consagrado. 
Surjas siempre de América en la Historia, 
Por tus heroicos hechos, respetado. 



zico, Diciembre de 1901. 






314 JUAN DE DIOS PEZA 



UN DUELO. 
I. 

Un cielo crepuscular, 
Un aire que manso juega, 

Y un gran barco que navega 
Imponente en alta mar. 

Escuchad con atención, 
Que están diciendo algo grave 
Los mejores que en la nave 
Forman la tripulación. 

— El duelo — grita violento 
Un joven— es una ley 
Que al pechero con el rey 
Iguala en cualquier momento. 

Es la prueba del valor, 
La justa de la lealtad, 
Crisol de la dignidad 

Y el espejo del honor. 

—¿Qué opináis?— preguntó ufano 
El capitán á un discreto, 
Viajero, todo respeto, 
De barba y cabello cano. 

— ^Yo — respondió sin alarde, — 
Del duelo soy enemigo. 

Y añade el joven amigo.... 

— ¡Porque seréis un cobarde! 

El anciano sonrió, 

Y sin turbarse, confuso, 

— ^Puede ser muy bien — repuso, — 
Sabéis mucho más que yo : 

Pero un joven tan valiente 
Que viaja en mar borrascosa 
Con una hechicera esposa 

Y una chiquilla inocente. 



POESÍAS ESCOGIDAS 315 



I 



Se debiera refrenar 
Mostrando sus opiniones, 
Porque hay ciertas expresiones 
Que se deben castigar. 

- Yo sostengo, cuerda ó loca. 
Con suerte ó sin esperanza, 
Cada palabra que lanza 
Mi corazón por mi boca. 

Y no es jactancioso alarde. 
Os lo digo sin recelo ; 

Quien odia ó rechaza el duelo 
Es, á mi juicio, un cobarde. 

El viejo, sin reparar 
En tanta ofensa imprudente, 
Dijo, respecto al valiente... 
— Capitán, voyme á explicar : 

Haciendo en la historia acopio 
De duelos, he deducido 
Que más que el honor herido 
Los resuelve el amor propio. 

El batirse es brava acción, 
Pero en llegando á admitirla 
Nos impelen á cumplirla 
El nombre y la educación. 

Y por deber ó capricho, 
Los que á batirse se obligan. 
Temen más á lo que digan, 
Capitán, que lo que han dicho. 

Mas hay en la vida escenas 
Tan graves, tan imponentes. 
Que a los hombres más valientes 
Hielan la sangre en las venas. 

Y el que sereno camina 

Y les da salida pronta, 

Y las sufre y las afronta, 

Y las vence y las domina, 



316 JUAN DE DIOS PEZA 



Sin hacer de bravo gala 

Y sin que su arrojo asombre... 
Hace más que frente á un hombre 
Cambiando altivo una bala... 

— ^¡ Brava razón! ¡buen hablar 1 
Agregó el mozo mohino, 

Y siguieron su camino 
Navegando en alta mar. 

II. 

Lento corre día tras día 

Y al buque en marcha violenta, 
Le sorprende una tormenta 

En la noche más sombría. 

No da tiempo á abandonar 
La cubierta á los que estaban 
En ella, y que no esperaban 
Una asechanza del mar. 

El mozo y su compañera 
Bañados rostros y ropa 
Se refugian en la popa 
Con una niña hechicera. 

Vira el barco, pierde el tino 
La niña, resbala, cae, 
Rueda, el abismo la atrae 

Y le abre la mar camino. 

Rompe la madre á gritar 
Cual loca desesperada, 

Y el mozo no puede nada, 
Porque no sabe nadar. 

En tanto salta liviano 
Un hombre sobre, las olas; 
Estaba sentado á solas 
En la borda : era el anciano, 

Que lanzando un grito fiero 
Que resonó en la extensión, 



POESÍAS ESCOGIDAS 317 

Dijo : — Echad sin dilación 
Una boya, marinero. 

Rompiendo el cendal de bruma 
Que la noche extendió espesa, 
Logró al fin hacer su presa 
Entre montañas de espuma. 

Y cuando al buque tornó 
Con la niña entre sus brazos 
Después de romper los lazos 
Que el abismo le tendió, 

El joven, ante el anciano, 
Se arrodilla eriternecido 

Y le pide agradecido 
Consienta bese su mano. 

— ¿Qué queréis que yo os exija? — 
Dijo el viejo, — ganó el cielo; 
El mar me propuso un duelo 
Disputando á vuestra hija. 

Tuve el duelo que aceptar 

Y ya lo veis, he vencido : 
Por vuestra hija me he batido 
Arrancándosela al mar.... 

Sigamos en paz los dos, 
Yo tan sólo acepto un duelo 
Sin más testigos que el cielo 
Ni más padrino que Dios. 



A RAÚL MERCADO. 

Cuando cae sin aliento el que ha luchado, 
El que llegó á vencer, el que ha vivido, 
Ninguno llora al gladiador cansado 
Digno ya del descanso y del olvido. 

Mas al mirar doblarse en plena aurora 
Al tierno fruto de Abril retoño 
Que no logró en la rama cimbradora 
Coronarse con pámpanos de Otoño, 



318 JUAN DE DIOS PEZA 



Entonces duele el corazón, y el hombre 
Quisiera, como Dios, al contemplarlo, 
Retar ai cielo, pronunciar un nombre, 

Y al soplo del amor resucitarlo. 
Así, pobre Raúl, así querría 

Librarte de esos lazos que te oprimen 

Y volverte al hogar, mansión sombría 
Donde tus padres sin consuelo gimen. 

¡ Qué ! ¿nada son las lágrimas divinas 
De una angélica madre desolada, 
Ni la corona funeral de espinas 
Que desgarra su frente inmaculada? 

¡Oh, Raúl! fuiste amante, dulce, bueno, 

Y sin mancharte el alma ni las manos. 
Cual cruza un astro en el azul sereno. 
Cruzaste en el hogar de tus hermanos. 

Lleno de amor y santas bendiciones 
Duerme en tu eterno y postrimer asilo 
-Mientras lloran por ti los corazones 
Que amaste tanto en el hogar tranquilo. 

Duerme con tus dieciocho primaveras, 
Con tus sueños de niño inmaculado, 
Con esas ilusiones hechiceras 
Que te siguen cual soles apagados. 

¡Duerme, noble Raúl! Duerme y perdona 
Mi importuna oración... 

Ya te han labrado 
Con lágrimas y besos tu corona 
Los amorosos padres que has dejado. 

Y al medir su desgracia, su amargura, 

Y al ser de su dolor mudos testigos. 
Esa corona inmaculada y pura 

La empapamos en llanto sus amigos. 

Duerme así en esa cripta que te encierra, 
Ultimo asilo á la esperanza humana. 
Oh, doncel que te ausentas de la tierra, 
¡Adiós.... pero no adiós hasta mañana! 

Abril de 1898. 



POESÍAS ESCOGIDAS 319 



poesía. 

PRONUNCIADA EN LA SOLEMNE INAUGURACIÓN 
DEL « ATENEO MEXICANO LITERARIO Y ARTÍSTICO » 
EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS, EL 8 DE MAYO DE 1902. 

Tended la vista á la región hermosa 
Que el águila caudal guarda y vigila : 
Ya se unieron sus hijos y es dichosa ; 
Ya conquistó la paz y está tranquila. 

En la América que habla la sagrada 
Lengua que Don Quijote ennobleciera, 
Es por docta y prudente respetada 

Y culminan su ejemplo y su bandera. 

Grandes sus infortunios y más grandes 
Sus errores de ayer, escaló el cielo 
Como el cóndor monarca de los Andes 

Y hoy, ¿quién refrena su potente vuelo? 

¿Qué falta á su esplendor? 

Rendir acaso 
Al arte y á las letras culto vivo; 
Demos audaces tan gigante paso 

Y crecerá el laurel junto al olivo. 

¿Quién le teme á luchar? Que no retarde 
Ir, dando el rostro al sol, quien busque un 

[nombre : 
¡ Quédense atrás el ciego y el cobarde ! 
¡ Todo el que hombre nació luche cual hombre ! 

Ya en cinco lustros se olvidó la guerra 

Y no marca el terror nuestras conquistas 
Una fecunda paz en nuestra tierra 
Nos da una inmensa floración de artistas. 

No les dejemos esconder sus galas 
Del desdén ó el olvido tras el velo; 
¡Dadles espacio y abrirán las alas! 
¡ Mareadles rumbo y tenderán el vuelo ! 



320 JUAN DE DIOS PEZA 



¿Fué escabrosa la senda que seguimos? 
Limpiémosla de sombras y de abrojos; 
Que ellos no sufran lo que ayer sufrimos; 
¡Que encuentren todo azul ante sus ojos! 

¿Hay como el del honor otro estandarte 
Que haga dulce el martirio y la agonía? 
¿Hay un culto más bello que el del arte 
Y un cielo más azul que la poesía? 

¿Qué sueñas, escultor, cuando levantas 
Marmóreas lascas del cincel al filo? 
¿No te ves de rodillas á las plantas 
De tu ideal, de la mujer de Milo? 

Arquitecto, ¿en qué sueñas si tu mano 
Sobre el frágil compás sientes crispada? 
Vuelas del Parthenón al Vaticano, 
De Colonia á la Alhambra de Granada.. 

¿No alientan, ¡oh, pintor, tus esperanzas 
Tenaces en el sueño y la vigilia 
Velázquez con su cuadro de « Las Lanzas » 
Rafael con su « Pasmo de Sicilia ? » 

Y tú, músico, intérprete divino 

Del más hondo sentir que nunca agotas; 
¿Por qué sobre las zarzas del camino 
Se condensan en lágrimas tus notas? 

Con tu lenguaje para mí inefable 
Que es de las almas inmortal encanto, 
Arrebatas al barro miserable 
Lo que es del cielo : el suspirar y el llanto. 

Y tú, augusto y olímpico profeta 
Que ahondas lo remoto y no sabido; 
Eterno soñador, noble poeta, 
Vencedor de la muerte y del olvido, 

¿Qué sientes cuando baja á lo más hondo 
De tu espíritu el rayo que lo inflama? 



POESÍAS ESCOGIDAS 321 



Buzo del corazón, ¿qué hay en el fondo 
Del nombre, del aplauso y de la fama? 

Y, ¿quién no vuela en pos del lauro eterno 
Que una pérfida maga engendrar quiso? 
¡Por él descendió Dante hasta el infierno 

Y Milton cruzó audaz el Paraíso! 

Por él Tácito esculpe los Anales ; 
Voltaire quebranta de su siglo el yugo 

Y forja con sus obras inmortales 

La biblia de los libres, ¡Víctor Hugo! 

Hay que amar siempre á la voluble Gloria, 
Amándola con fe perenne y pura 
¡Cuántos crucificados de la Historia 
Espiaron buscándola en la altura! 

Artistas, levantad la noble frente ; 
Es tiempo ya de remontar el vuelo; 
El astro de la paz no está en Oriente, 
Irradia en el Cénit; es suyo el suelo. 

Y todo al beso* de su luz prospera 

Y al soplo del amor se multiplica; 

La yema rompe el tronco en Primavera, 
La incendia el sol de Otoño y fructifica. 

¿Amáis la Patria? ¡Sí! que ella recoja 
En vuestras obras el filial tributo; 
El viento arrastrará la frágil hoja 
Después que caiga sazonado el fruto. 

¿Amáis la Patria? Pues que nadie tema 
Mancillar con sus obras su estandarte; 
Cumplamos lo que impone nuestro lema : 
((Enaltecerla cultivando el Arte». 

Arte es amor y luz y vida y gloria ; 
Todo lo abarca y todo lo conquista; 
En el tiempo, en el cosmos y en la historia. 
Sentir y amar lo bello, ¡es ser artista! 



oesías cscogidafi. 21 



322 JUAN DE DIOS PEZ A 

EN LA COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA 

del monumento conmemurativo de la Independencia de Mejioo. 

i Honor al pueblo rey que el triunfo alcanza 
Sobre el grande, sabiendo que en la historia 
No hay engaño mayor que la esperanza 
Ni viento más voluble que la gloria ! 

¡ Honor al débil que se torna fuerte, 
Audaz, altivo, poderoso y bravo! 
¡La libertad se compra con la muerte ! 
¡ Puede más un cadáver que un esclavo ! 

No hay David que no surja y se levante 

Y al ominoso reto no responda 

Y no clave en la frente del gigante 
La penetrante piedra con la honda. 

Yo amo el valor, la fuerza y el aliento 
Que al héroe, al mártir, y al apóstol fragua ; 
Adoro á Cuauhtemoc en el tormento 

Y á Hidalgo en el cadalso de Chihuahua. 

No hay vida sin dolor ; el bien se acendra 
Con llanto y con martirios en el suelo; 
La flor que el fango del pantano engendra 
Tiene un aroma para hablar al cielo. 

¡Honremos á los mártires! Su alma 
En olímpico yunque fué batida, 
Quien no persigue un lauro ni una palma 
Cruza como un idiota por la vida. 

¡ Honremos á los mártires ! Inunda 
Su sangre el campo en que la paz prospera; 
¡Esa sangre tan sana y tan fecunda 
Que es un símbolo ¡ oh Patria ! en tu bandera ! 

Al heroísmo el arte diviniza 

Y así aprenden los pueblos á ser grandes; 
Dios, el Supremo Artífice, eterniza 

La epopeya de América en los Andes! 



POESÍAS ESCOGIDAS 323 



Bolívar, Sucre, San M'artín, Morelos, 
No fueron vuestras glorias lumbres fatuas; 
] Sois en América, astros en los cielos, 
Culto en las almas, en el arte estatuas! 

Dejasteis al vivir, ancho reguero 
De amor y libertad ¡oh egregios hombres! 
Junín, Cuauíla, Ayacucho, el Veladero, 
Cantan de siglo en siglo vuestros nombres. 

Cada nación de América, salvada 
Por vuestro augusto y paternal aliento, 
Alce en una pirámide sagrada 
Un altar á vuestro alto pensamiento. 

Y en ella, cada piedra, cada arista, 
Cada muda inscripción, cada relieve, 
Recuerde en lo futuro la conquista 
Más hermosa del siglo diecinueve! 

América es la tierra prometida 
Ail porvenir ignoto; es áurea copa 
Do el viejo beberá la vida; 
¡ Es el futuro Parthenón de Europa ! 

Libre y unida, soberana y fuerte 
Formando un haz con todas sus banderas. 
No ha de tener, en su futura suerte. 
Entre sus hijos odios ni fronteras. 

Aquí hoy funden sus vivos arreboles 
El sol azteca, el inca, el araucano, 
El guaraní, el de Washington, los soles 
Que engendran uno : ¡ el sol americano ! 

Este que nuestros ojos maravilla. 
Que el rico algodonar fecunda quieto, 
Que nutre en el nopal la cochinilla 

Y enrojece los frutos del cafeto. 

El sol, padre divino en que me arrobo, 
Que coronó de gloria con sus luces 
A Bolívar, triunfante en Carabobo 

Y á Hidalgo sobre el monte de las Cruces. 



324 JUAN DE DIOS PEZA 

Que vio en el Paraguay, nunca domado, 
Con sangre de héroes purpurarse el río; 

Y allí en Currupaití miró asombrado 
De Díaz, la pujanza y poderío. 

Este sol es el mismo que alumbrara 
A Páez (( ciudadano esclarecido », 
El héroe en las Queseras y en Payara, 
Cid en (( Puerto Cabello » engrandecido. 

Envió este sol desde su limpia esfera, 
Rayos de viva, inmaculada gloria, 
Al héroe O'Higgins y á Miguel Carrera, 
Que subliman á Chile, ante la historia. 

Y á Chile contempló rindiendo noble 
Premio, con una estatua á Freiré, el Grande : 
« Rancagua y Concepción, Maipo y el Roble » 
Eternizan sus hechos en el Ande. 

Este sol vio al Aníbal indomable, 
Al bravo San Martín rendir legiones 

Y en Chacabuco, heroico y admirable, 
Asombrar con su espada á las naciones. 

Este sol brilló más, cuando el valiente 
Córdoba, de Ayacucho en los fragores 
« Armas á discreción— dijo á su gente — 

Y con paso marchad de vencedores». 

Vio á Ricaurte. el sublime Colombiano, 
Alntes que débil humillarse al fuerte. 
Quemar el parque con su propia mano 

Y en la horrenda explosión hallar la muerte. 

Y este sol enguirnalda el monumento 
Que México alza á su mayor conquista 

Y al que dan forma, vida y pensamiento, 
La inspiración y el genio del artista. 

El hombre superior que nada arredra 

Y que « héroe de la paz » llama la historia, 
Su nombre inscribe en la primera piedra : 
¡Así lo está también en nuestra gloria! 



POESÍAS ESCOGIDAS 325 

La obra á que el arte su grandeza imprime, 
Dignifica una causa y una idea ; 
Que de la Patria ante el amor sublime 
Altar de unión para sus hijos sea. 

Recuerde una epopeya noble y santa; 
Himno eterno de paz en ella ylbre 

Y honre al héroe inmortal que la levanta 

Y á cuantos á la Patria hicieron libre. 



poesía^ 



TADA POR SU AUTOR EN LA VELADA FÚNEBRE 
EN HONOR DEL ILUSTRE INGENIERO 
MANUEL M. CONTRERAS. 

Todos le recordáis, afable y bueno, 
Discreto en el pensar, dulce en el trato, 
De altas noblezas y virtudes lleno, 
La ciencia fué su campo más ameno 
Y fué el estudio su placer más grato. 

¿Su frente? era de aquellas en que brilla 
Diáfano, limpio y puro el pensamiento, 
Como luz sin ocaso y sin mancilla. 
¿Su corona ? ; Qué grande y cuan sencilla : 
El honor, la modestia y el talento! 

En la cátedra augusta el más diestro 
En dar luz sin fatiga y sin enfado : 
¡Oh inolvidable y sabio mentor nuestro! 
¡Qué título mejor que el de maestro 
Ni qué gloria mayor que ser amado! 

¡Cuántas inteligencias ha tenido 
En sus obras la clara y rica fuente 
Donde su intensa sed han extinguido! 
La Juventud no premia con olvido 
Al que fuere su apóstol más ferviente. 



326 JUAN DE DIOS PEZA 



La muerte no destruye ni arrebata 
Lo que en bien de los otros se conquista; 
La Historia nunca es pérfida ni ingrata 

Y en sus más bellas páginas retrata 
Al filósofo, al sabio y al artista. 

Yo venero al que cifra sus blasones 
En derramar la luz hora tras horg. 

Y en que amen la verdjid los corazones. 
Dar luz, dar luz á gentes y naciones 

Es ser lo incomparable, es ser la aurora. 
Y lo cumplió. ¡Su frase siempre alcanza 
A nutrir los espíritus; su anhelo 
Estriba en el ejemplo, en la enseñanza! 
¿Quién le inspiró su credo? La Esperanza, 
Esa maga gentil, hija del cielo. 

¿Su labor? Extinguida ya la guerra, 
Todo en paz, todo activo, todo sano, 
Cifra el m.ás noble afán que su alma encierra 
En difundir la luz en esta tierra. 
¡En ilustrar al pueblo mexicano! 

Muere y se olvida al rehacio y al adusto 
A difundir el bien; al que convierte 
La vida en feria y el deber en susto : 
Para el varón prudente, sabio y justo 
La perdurable vida está en la muerte. 

El olvido es el antro, es el averno 
Debido al que no lega una memoria : 
Es eso estriba su castigo eterno. 
La Historia, en el olvido da el infierno 

Y en el recuerdo eterno da la gloria. 

Hay que honrar al que vence en lid honrada 

Y que surge del mundo en el proscenio, 
Como estrella ó luciérnaga argentada; 

El que se envuelve en sombras va á la nada ; 
¡ Dar luz, dar siempre luz, ese es el genio ! 

Yo te saludo, obrero laborioso; 
Sembraste y viste sazonado el fruto; 



POESÍAS ESCOGIDAS 327 

El camino á otros largo y espinoso 
Te condujo hasta el solio luminoso 
En que hoy te rinde la verdad tributo. 

Gloria de nuestros padres esta Escuela 
En los tiempos pasados y futuros 
Que su cultura y su poder revela, 
Al honrar tu memoria sólo anhela 
Darle perpetuo abrigo entre sus muros. 

Fuiste tú de sus hijos más amantes, 
Ella nutrió tu espíritu sereno; 
Suyos fueron tus triunfos más brillantes 

Y hoy te buscan sus ojos anhelantes 
Como busca la madre al hijo bueno. 

¡Duerme en paz! Tus devotos, tus fieles 
Acompañamos con cariño santo 
De tu postrer mansión en los dinteles, 
A la Patria á cubrirte de laureles 

Y á tus huérfanos hijos en su llanto. 



¡POR AMÉRICA! 

IMPROVISACIÓN EN UN BANQUETE DADO EN CHAPULTEPEC 
Á LOS CONGRESISTAS AMERICANOS. 

¡Por la gran patria América! Sus grandes 
Héroes y sus conquistas en la historia; 
Por cuanto abarcan los soberbios Andes, 
Perdurables altares de su gloria! 

Por vosotros los nobles caballeros, 
Que dejáis en los pechos mexicanos 
De amistad fraternal anchos veneros; 
¿Quién mira entre nosotros extranjeros, 
Si somos por la cuna americanos? 

Porque al dejar el mexicano suelo 
Su memoria en vuestra alma generosa, 
Sea, cual la cruz del Sur en vuestro cielo, 
Fija, grande, imborrable y luminosa. 

. 1901. 



328 JUAN DE DIOS PEZA 



VERSOS DE BARRO. 

(INÉDITA). 
A CARLOS DÍAZ DUFFOO. 

Ayer, con este malestar eterno, 
•Con mi profundo, inacabable hastío, 
Olvidando que estamos en invierno 

Y que á viejo mastín entume el frío, 
A guisa de pastor deje mi lecho 

Antes que el sol luciera en el Oriente, 
(Acaso deba mi afección de pecho 
A este arranque bucólico imprudente). 
Un cielo gris obscureciendo el valle 
Privaba de belleza la Natura, 
Quise salir intrépido á la calle 

Y pronto desistí de tal locura. 

¿Qué hallar en ella? Fámulos y horteras, 
Alguna maritornes con un jarro ; 
Vacas, asnos, gendarmes, barrenderas 

Y por premio de todo un buen catarro. 
Alcé con indolencia la cortina 

Y me puse á mirar por la ventana ; 

Lo de siempre : la tienda de la esquina 
Con diez vagos haciendo la mañana. 
Unas viejas hablándose en secreto 
De nada de interés, no extraordinario, 

Y enseñando en sus manos de esqueleto 
La novena, el pañuelo y el rosario. 

Alguien que en pos del tren marcha de prisa. 
Un cartero que cruza lentamente; 
Un viejo sacristán que va á la misa, 

Y un hercúleo aguador que va á la fuente. 
Allá, á lo lejos, el vetusto coche 

Que torna á descansar de la velada ; 

Balija de rezagos de la noche. 

Do el indiscreto sol no encuentra nada. 



POESÍAS ESCOGIDAS 329 



Va detrás de un inválido un mendigo 
(Capitalista ayer que arruinó el juego) 

Y en pos, tirado por el perro amigo, 
Huérfano de la luz camina un ciego. 

Luego una celestina, infame bruja 
Que tiene para el bien, el alma muerta 

Y la sigue el expósito, el granuja, 
Cuyo hogar es el quicio de una puerta. 

Luego dos hetairas desveladas 
Que de la calle entre la luz confusa 
Lívidas, ojerosas, des'greñadas 
Semejan dos cabezas de Medusa. 

¿Y este cuadro es de amor y de trabajo? 
¡ Cuánto la austera realidad enseña ! 
Están las gentes de escalera abajo 
En la tienda, en el templo y en la ordeña. 

— ¿Qué voy á hacer?— me dije: — es muy 

[temprano^ 
Sopla en la calle un hálito de polo, 
Erré la vocación para hortelano 

Y para ser marqués me basto solo. 
El vergonzante sol no entibia el día ; 

Nada urgente en la calle me reclama 

Y ya empiezo á sentir la nostalgia 
Del calor y el silencio de la cama, 

Y con secreto malestar profundo. 
Mirando al resplandor de la alborada 
Tantas miserias como guarda el mundo 
Dije así con el ánima turbada : 

¡ Qué amargas y qué injustas son las leyes 
De esta tierra que no es la prometida ! 
¡Ah, los infortunados! pobres bueyes 
Que arrastran la carreta de la vida. 

El placer material lo satisfacen; 
Viven, luchan y mueren ignorados 

Y envidian á los ricos porque nacen 
Para comer, dormir y estarse eclíados. 



I 



330 JUAN DE DIOS PEZA 



poesía de MAXIMILIANO. 

ESCRITA EN MIRAMAR, AL PARTIR PARA MÉXICO. 
( Versión de Juan de Dio '^ Peza.) 

Ya sin la venda v rotas las cadenas 
Te muestra el porvenir más dulces lares ; 
Después de tanta lucha y tantas penas 
Puedes, saliendo en paz, cruzar los mares. 

Es la que se te ofrece ardua tarea, 
Mas, firme en el honor y en los deberes, 
La Fortuna querrá que tuyo sea 
El lauro que luchando merecieres. 

Libre en tu acción, sin trabas y sin dolo, 
Sigue por una senda sin espinas; 
Tu obra prosperará, cúmpleta sólo 
En la lejana tierra á do caminas. 

Dios hace fuerte al libre, no al ilota; 
El libre engendra libres en el suelo, 
Donde la libertad radiante brota 
Se ve bajar la bendición del cielo. 

Consuelo en ella encontrarás mañana; 
Sal sin temor, sin inquietud sombría, 
Que allá en la nueva tierra tan lejana 
Te espera el premio que soñaste un día. 

Dicembre 30 de 1904. 

A MI HJIA MARÍA. 

(carta de veracruz) 

Te mando, hija del alma, para mis nietas 
Que han estado enfermítas y no lo supe, 
Dos humildes medallas, de á dos pesetas, 
Con nuestra indiana Virgen de Guadalupe. 

Tú y Margot desde niñas le consagraron 
A otras advocaciones cultos sinceros 
Y á la au'gusta Señora la desdeñaron 
Por las Vírgenes que aman los extranjeros. 



IHt Yo, au: 



POESÍAS ESCOGIDAS 331 



Yo, aunque poco devoto, te lo confieso, 
Por la madre del pueblo tengo cariño, 
Mucho la amó mi madre, será por eso 
Por lo que yo la quiero desde muy niño. 

Y en este afecto puro también hay algo 
Del amor á la patria de mis amores, 
Esa Virgen morena bendijo á Hidalgo 

Y brilló en la bandera que alzó en Dolores. 
Haz que María de Lourdes y Margotita 

Desde niñas veneren á su paisana, 
Es morena y humilde por ser indita 
Pero' es Reina del Cielo y es mexicana. 
Si en nación extranjera vives un día 

Y en altar lejano ves que descuella, 
Se saldrá de tus labios un madre mía 

Y á toda nuestra patria verás en ella! 

Enero de 1905 - Veracruz. 



EN MEMORIA 

DE LA SEÑORITA ISABEL HERNÁNDEZ 

QUE FALLECIÓ EN LEÓN 
EL DÍA DOS DE FEBRERO DE 1905. 

¡Rebelde á toda mancha! Eras aroma 
De albo nentjfar en sereno río; 
Como plumón de cuello de paloma; 
Como un ampo intangible de rocío! 

Así fuiste por santa ; así por buena ; 
¡Cuánto nos cautivaba tu ternura! 
¡ Eras suave fulgor de luna en llena 
Toda diafanidad y toda albura! 

Y moriste. La Parca, ¿por qué hiere 
A la qué allá en lo azul fuera una nube? 
No te halló el mundo suya y dijo : muere ; 
Dios te extañó en el cielo, y dijo : ¡ sube ! 

Febrero 15 de 1905. 



332 JUAN DE DIOS PEZA 

POESÍA* 

RECITADA POR EL AUTOR EN LAS VIZCAÍNAS. 
I. 

Corre Febrero, una tarde 
Triste pero tibia y diáfana, 
En que el aire « cuaresmero » 
Olas de polvo levanta, 
Don Fernando Ortiz Cortés 
Que ya en los sesenta raya 

Y en la Catedral de México 
Es Deán de influjo y fama. 
Sale, según su costumbre, 
A andar por calles y plazas 
En pos de solares tristes 

Y gentes desarrapadas, 
Que gusta de hacer limosnas 

Y dar consuelo á las almas. 
Atllá por el « Quemadero » 
(Donde bella se levanta 

Hoy la Alameda) ve un amplio 
Solar con chozas de paja: 
Los « jacales » en que viven 
Las clases pobres y bajas. 
Se acerca y oye unos gritos 
Que el corazón le des'garran 
Porque revelan angustia. 
Desesperación y rabia. 
Entra y sorprende el motivo, 
Se le anuda la garganta, 
Le tiemblan todos los miembros 

Y se le salen las lágrimas; 
Es una espantosa escena 
Que le asunta y que le pasma ; 
Una mujer muerta de hambre. 
Desnuda, rígida, helada, 
Yace tendida en el suelo 
Cual cadáver en la plancha; 



POESÍAS ESCOGIDAS 333 



Y un niño de pocos meses 
Llorando á gritos, batalla 
Chupando el inerte seno 
Que su apetito no sacia. 

Se inclina el buen D. Femando; 
Entre sus brazos levanta 
Al niño hambriento, lo arropa 
Entre su española capa; 
Lo lleva á donde lo puedan 
Alimentar, y se marcha 
A ver al Virrey, le dice 
Cuanto de mirar acaba,. 

Y como rico promete 
El fabricar una casa 
Para educar niños pobres 
Con dineros de sus arcas; 

Y así fundó el « Hospicio » 
Que á nuestros tiempos alcanza 

Y así cumplió Don Fernando 
Sus votos y su palabra. 

II. 

En otra tarde, en Agosto, 
En su carroza pasaba 
Por sucio y distante barrio 
El Obispo Lorenzana, 

Y en mularar repugnante 
Mira un grupo que le extraña 
De canes que se disputan 
Algo como carne humana. 
Detiene el coche violento ; 
Por el ancho estribo baja ; 
Llega al sitio, pronto ahuyenta 
A los perros, y le embarga 

El ánimo, ver á un niño 
Recién nacido, á quien falta 
Muy poco para morirse, 

Y que de en'gullir trataban 
Cuatro canes vagabundos; 



334 JUAN DE DIOS PEZA 



Con gran amor lo levanta 

Y se lo lleva consigo 

Y con él funda la casa 

Que llamamos de <(La Cuna», 
Que mansión bendita y santa 
Que aun hospeda á los infantes 
Que hace huérfanos la infamia, 

Y donde toman el nombre 
Inmortal de Lorenzana! 

III. 
José Sáyago, un humilde 
Artesano, que ganaba 
Su pan, en pasados siglos. 
Con el escoplo y la escuadra 
Duélese al ver en las calles. 
Por el pueblo lapidadas, 
Objeto ¿e mil injuria, 
De denuestos y de sátiras, 
A mujeres que suponen 
Del demonio entre las 'garras, 
Sin saber que son enfermas 
De razón y juicio exhaustas. 
El las recoge, las lleva 
A su humildísima estancia 

Y él y su esposa las curan, 

Y las velan, y las salvan 
Del fin á que las exponen 
El error y la ignorancia. 

Y así se fundó el asilo 

Que hospeda, alivia y ampara 
A las que envuelve una noche 
Sin estrellas y sin alba. 
IV. 
Una noche tenebrosa, 
Noche Triste, noche amarga 
Para Hernán Cortés, que mira 
A sus tropas derrotadas; 
Un soldado, Juan Garrido, 



POESÍAS ESCOGIDAS 335 



Al golpe de una macana 
Cae sin aliento en un foso. 
Próximo á soltar el ánima. 
Era tremendo el desastre. 
Era horrible la matanza, 
Que estaban bravos cual tigres 
Los soldados de Cuitláhuac. 

Y Garrido ofrece al cielo 
Si la existencia le salva, 
Alzar un templo en el sitio 
Donde sufre tales ansias. 

Y vive V cumple, y aun queda 
Por los siglos transformada, 
La iglesia de San Hipólito, 

Y á su lado está la casa 
Vasto hospital de dementes, 
Que en la ermita inaugurara 
Bernardino Alvarez, lego 
Que allí, afable los curaba 
Con caridad evangélica, 
Con admirable constancia. 

V. 

Y aun se mira en pie y abierto 
Para alivio de desgracias, 
San Andrés, que fué fundado 
Por Núñez de Haro y Peralta, 
El Obispo-Ángel, el justo. 
Que cuando invadió el Anáhuac 
Exterminando á los indios 
La peste del matlazáhuatl, 
Los hospedó allí á millares, 

Y la peste terminada. 
Cuando vio que el Rey negóse 
A ser patrón de la casa, 

La dotó con grandes sumas. 
Todas de sus propias arcas. 
Sin demandar nueva ayuda. 
Ni privilegios ni gracias. 



336 JUAN DE DIOS PEZA 



VI. 

Y aquí en torno á nuestra vista 
Este Asilo se levanta 
Cuyos nobles fundadores 
Le dan renombre á Vizcaya 
Y á los que debéis ¡oh niñas! 
Salvaros de la ignorancia. 



No, no ha sido en nuestra tierra 
Pobre en virtudes ni avara 
La nación conquistadora 
De que heredamos el habla. 
Aquella que en sus pendones 
Nos trajo la cruz cristiana 

Y cuyas glorias admiro 
Con la devoción del alma. 
Hijos suyos fueron siempre 
Los que en México fundaran 
Tantos nobles institutos, 
Tantas adorables casas 

En que la luz se difunde, 
En que la verdad se acata, 
En que con pan y con libros 
Se nutre el cuerpo y el alma. 
Bendecid á los que fueron 
Útiles á Nueva España 

Y en México independiente 
Son de la luz atalayas! 

A los que dan al caído 
Amparo, refugio y armas 
Para encontrar lo que sueña, 
Para ahuyentar la ignorancia. 
Para llamarse felices 

Y amar la existencia humana. 

Y sed siempre infatigables 
En vuestras labores santas 
Que para daros ventura 
Nuestro gobierno se afana. 



POESÍAS ESCOGIDAS 337 



Vosotros los que sois fuertes, 
Dais la mano á las que marchan 
Tropezando en su camino, 
Llenáis de flores su infancia 

Y les mostráis un futuro 
Lleno de luz v de calma. 
Ellas vuestro esfuerzo premian 
Con la gratitud más santa, 

Y desde lo alto os envían 
Con su bendición las gracias 
Aquellos santos varones 
Honor y prez de Vizcaya 
Que fueron los que fundaron 
Esta augusta y noble casa. 
Probando que en nuestra tierra 
No fué en virtudes avara 

La nación conquistadora 
De que heredamos el habla, 

Y la fe y hasta el arrojo 
Que distingue á nuestra raza! 

Febrero de 1905. 

MARMOR PUDORIS. 

A JOAQUÍN D. CASASUS. 

Un grupo de estudiantes, tres ó cuatro : 
el mayor de veinte años, más ó menos, 
y en la plancha del triste anfiteatro, 
tendida una mujer de ebúrneos senos. 
Una afección cardiaca, sorda, impía, 
la muerte en plena vida le depara; 
y allí, nivea y desnuda, parecía 
una estatua de mármol de Carrara. 
Las exúberas carnes ondulosas; 
la poblada y obscura cabellera; 
las pestañas rizadas y sedosas; 
la curva escultural de la cadera ; 
f los ojos como estrellas invernales 

\\ tras los párpados fijos y entreabiertos, 

Poesías escooidas. 22 



338 JUAN DE DIOS PEZA 



con esa opacidad de los cristales 
que decoran las cajas de los muertos. 

Cada pie y cada mano en calma y leve 
ostentando entre líneas delicadas, 
el alabastro mate de la nieve 
que tapiza las cumbres elevadas. 

Y en plena desnudez de sus hechizos, 
como una negra flor de su hermosura, 
la negra trenza de apretados rizos 
realzando de las formas la blancura. 

Sobre la plancha inmóvil y tendida, 
de juventud y amor Venus yacente, 
no guardaba del fuego de la vida 
ni un débil lampo en la marmórea frente. 

¿Nada 'guardaba? ¡Sí! ¡Leves resabios 
de las mieles de ayer, gaje deshecho, 
un suave tinte rosa por los labios 
y algo azul en las venas de su pecho! 

Y también como huellas de una brisa 
que pasara fugaz moviendo flores, " 

la angélica expresión de la sonrisa : 
¡último y tierno adiós de los amores! 

Y el grupo de estudiantes, tres ó cuatro, 
el mayor de veinte años, más ó menos, 
contemplaba á la Venus de anfiteatro 

de niveo cutis v redondos senos. 

¡Ah! ¡Yo no la profanó — dijo alguno^ 
la contemplo, y ya veis; me maravillo! 
¡yo no nací para amputar á juno! 
y soltó de las manos el cuchillo. 

Otro exclama después : ¡ Es tan hermosa ! 
¡Tiene unos piececitos de muñeca! 
Y el más joven prorrumpe : ¡ Es una rosa 
y el que se atreva á deshojarla, peca! 

Y hablando uno tras otro embebecido 
ante aquellos encantos misteriosos, 
escuchan un rumor, era el ruido 

de los que á clase llegan presurosos. 



POESÍAS ESCOGIDAS 339 



Y antes de que se acerquen á la puerta, 
el más joven del grupo, un buen chicuelo, 
extiende entre los muslos de la muerta 
cual pudoroso manto su pañuelo. 

Otro, inquieto y honrado de igual modo, 
mira aquel busto de primores lleno, 
exclama con ardor : i Aun no está todo ! 
Y con santo interés le cubre el seno. 

Se oye en aquel instante abrir la puerta ; 
la turba estudiantil llenó las gradas 
y en la divina faz de aquella muerta 
vio dos gotas de llanto coaguladas. 



A LA NINA 

TERESINA CESTERO Y MANGUAL. 

Hacienda « Fidela » 
Puerto Rico. 

En el cadejo hermoso de tus cabellos 
Hay un ful'gor que todo lo enciende y dora; 
La mano de una maga tejió con ellos 
Un haz de refulgentes rayos de aurora. 

Lo besé al recibirlo, devotamente 
Como á reliquia augusta, con fe sincera, 

Y percibí el aroma de tu alba frente 

Y toda tu fragancia de primavera. 

He de guardarlos siempre como tesoro 
Que acrece las más tiernas reliquias mías; 
Ya queda en el sagrario que más adoro 

Y en él he de mirarlo todos los días. 

¿Te enviaré mis cenizos, tristes cabellos 
Como una ofrenda humilde de mi ternura? 
No! Porque si tus labios pones en ellos 
Te habrán de oler á polvo de sepultura. 

Yo, que triste y cansado, tan sólo anhelo 
Vivir en el olvido, pero con calma. 
Te quiero, Teresina, como un abuelo 

Y eres mi encantadora nieta del alma. 

México, Febrero de 1905. 



340 JUAN DE DIOS PEZ A 

PLUMAS DORADAS. 

A LA NINA ENCARNITA CESTERO Y MANGUAL 

De tu Cándido pecho en el Sagrario 
hay un lugar vacío; 
lo llenaba el amor á aquel canario 
que llamabas gozosa : ¡ encanto mío ! 

Así son los encantos y las galas 
que nuestra dicha acrecen; 
pájaros fugitivos cuyas alas 
en el azul, cual la ilusión, se mecen. 

Y cuando á los reflejos de la aurora 

envidiamos su suerte; 
¡ay! nuestro pecho dolorido llora 
su aleve fuga ó su temprana muerte. 

Tú eres án'gel aún, amas lo bueno 
como todo querube, 
y das un culto de pureza lleno 
á todo lo que vuela ó lo que sube. 

Hoy lloras con dolor, con amargura, 
con un martirio cierto 
por el ave dorada, tierna y pura, 
que ya no verás nunca porque ha muerto. 

En tu hermoso jardín bajo unas flores 
tu canarino reposa; 
¿quién te podrá impedir que allí lo llores? 
¡Fué una ilusión tan breve y tan hermosa! 

Y en medio del dolor con que te abrumas, 

me mandas cual tesoro, 
un par de leves y sedosas plumas 
que decoraban sus alitas de oro. 

¡Ah! yo las guardaré; son un hechizo; 
una prenda querida : 
el pájaro en la sombra se deshizo, 
y esta es la herencia que dejó en la vida. 




POESÍAS ESCOGIDAS 341 



Yo te acompaño, ;oh niña en tus dolores; 

hoy lloras por ün ave; 

cuando otras se te mueran y no llores, 

¿serás cual hoy dichosa? ¡Dios lo sabe! 



Marzo, 6 de 1905. 



EN EL ÁLBUM 

DE TERESITA MANGUAL DE CESTERO* 

Si cantas, ¡cómo envidia tu dulzura 
El ruiseñor, el rey de la espesura, 
Que en las serenas noches tropicales 
Plañe amor, desengaños ó amargura 
Con un raudal de trinos celestiales! 

Si recitas, traduces al poeta, 

Y sus más misteriosas armonías, 

Tu voz con sus arrullos interpreta, 

Y eres Treno doliente en Jeremías, 
En Eloísa amor, llanto en Julieta! 

Si las teclas agitas con tu mano, 
Haces hablar de idilios de ventura, 
O de pasión romántica al piano. 
Robándole su voz al aura pura 
O su indómita furia al océano. 

Si escribes, trazas con belleza suma 
Cuando esconde el humano pensamiento; 
Lo mismo lo que alienta ó lo que abruma, 

Y en el iris que adorna el firmamento 
B Para escribir con luz, mojas tu pluma. 

^ De un bardo joven, musa inspiradora, 
Hiciste de su pecho la conquista, 
A su alma uniste tu alma soñadora, 

Y él ha encontrado en tí, bella señora. 
Alma de santa y corazón de artista! 

México, 18 de Marzo de 1905. 



342 JUAN DE DIOS PEZA 



A AGUASCALIENTES* 

LEÍDA EN « EL TEATRO MORELOS » 

EN LA DISTRIBUCIÓN DE PREMIOS A LOS ALUMNOS 

DEL INSTITUTO CIENTÍFICO, EL 5 DE FEBRERO DE 1905. 

¡Hijos de Aguascalientes, yo os saludo I 
Por vez primera aquí se alza mi acento 
Desaliñado y torpe; humilde y rudo; 
Mas sírvame de escudo 
Que expresa la verdad de lo que siento. 

Y pues vuestra ciudad encuentro bella; 
Francos y sin doblez sus moradores, 
Cada joven beldad como una estrella; 
Lleno el campo de frutos y de flores, 

Y una historia que marca en honda huella 
Heroísmo, valor, justicia, honores, 
¿Cómo no hablar con entusiasmo en ella? 

Yo vengo á esta región encantadora 
Como la alondra que al espacio sube 
En pos del primer rayo de la aurora. 
Que nimba de oro la flotante nube! 

Una inmensa atracción : la simpatía 
Por la región honrada y laboriosa 
Me acerca á su recinto en este día : 
I Es una estrella fija y luminosa 
Del firm.amento de la patria mía ! 

Tierra de bendición, tus refulgentes 
Glorias admiro y celebrar me halaga , 
Yerguete con orgullo, Aguascalientes, 
Recordando á tus hijos eminentes, 
Arce, Primo Verdad, Chávez y Arteaga! 

Vuelve ufana tus ojos al pasado 

Y en él admira al mártir denodado 
Que en época sombría 

Es el primero en proclamar osado 
Del pueblo la inmortal soberanía! 

« Del pueblo sólo emana 
Todo poder legítimo y sus leyes ; 



POESÍAS ESCOGIDAS 343 



El pueblo de la tierra americana 
Ni quiere yugo ni ambiciona reyes », 
Así clamó Verdad, y adverso el hado 
Le aprisiona y persigue sin embozo ; 
Entre el misterio su martirio acrece 
Colgado en la pared de su calabozo! 
Aquí nació aquel mártir soberano. 

Y esta rica región fué la primera 
Que dio un hijo, vidente sobrehumano, 
Que soñé en dar al pueblo mexicano 
Una patria inmortal y una bandera! 

Ya México era libre y fué este suelo, 
Cuando la Francia profanó sus lares. 
El que con ira se vistió de duelo 
Al ver á Chávez, víctima expiatoria 
De las huestes de un César torpe y falso, 
Morir en un cadalso 
Que con vivida luz bañó la gloria ! 

Bastaran estos hombres á esta tierra 
Para dar á la patria noble ejemplo. 
Mas muchos son los que su historia encierra, 

Y se la mira como augusto templo 

Tan grandioso en la paz como en la guerra! 

Hoy, como gloria de la edad presente 
Que lega á las edades venideras, 
Está el cincel creador y refulgente 
Del escultor Contreras! 

¿Lo recordáis ? Lumínea la mirada ; 
Gallarda la actitud; ancha la frente; 
La obscura cabellera alborotada, 
La inspiración ardiente! 

Bajo las anchas alas del sombrero 
Un rostro medioeval que resplandece 
Como el de un indomable mosquetero 
De los fastuosos tiempos de Luis trece. 

Un adalid que sueña en las conquistas 
Del arte, y tiene delicadas manos, 

Y que vive entre bardos y entre artistas 
Que ampara, quiere y trata como hermanos I 



344 JUAN DE DIOS PEZA 



No ve la gloria como lumbre fatua, 
La sueña y busca cual polar estrella, 

Y al labbrar en el bronce cada estatua 
Le infunde vida al delirar con ella ! 

¿Por qué traidora con artero lazo 
Lo arrebató la pálida homicida? 
¿Por qué la suerte mutiló aquel brazo? 
¿Por qué extinguió el Eterno aquella vida? 

¡Ah! ¡nadie lo sabrá! Los hombres ruedan 
Cual las hojas del árbol al abismo, 
Pero en sus obras inmortales quedan, 
Que el artista y sus obras son lo mismo ! 

Vive Fidias ceñido de laureles 
Cual vive Rafael de gloria lleno; 
Resuena el nombre aún de Praxiteles 
Que es orgullo y blasón del pueblo heleno, 
Como el augusto Homero y como Apeles. 

¡Así eterniza su misión el hombre 
En esta amarga vida transitoria! 
¿Quién no sueña un laurel para su nombre? 
¿Quién desdeña los besos de la Gloria? 

En esta hermosa tierra en que ha nacido 
Tanto patriota noble y denodado, 
Cuyos ilustres nombres no ha borrado 
La mano de tinieblas del olvido. 

Nació aquel estadista; aquel vidente 
Que el bello Miramar llegóse un día 

Y en nombre de su patria, frente á frente 
Dijo á Maximiliano : 

« Desconfía 
« Del grupo que monarca te pregona ; 
« Eres joven aún, gallardo y fuerte; 
<( Los que vienen á darte una corona 
« Te llevan á la infamia y á la muerte ; 
« México nunca trocará las leyes 
«( Que dimanan del pueblo, por el cetro 
f< La corona y el manto de los reyes. 
« El grupo que su rey hoy te proclama, 



POESÍAS ESCOGIDAS 345 



«No es la expresión del pueblo soberano; 
« México ni :e quiere ni te llama ; 
« Allí vas á morir, Maximiliano, 
« Y á perder honra, cetro, vida ú fama!... 
« Te vienen á engañar, está en tu mano 
« Librarte del cadalso... niega, niega 
<( Tu aceptación ; segura es la caída, 
« Piensa, inexperto joven, que aquí juega 
(( Un puñado de ilusos con tu vida ! » 
Era el que así sereno le auguraba 
Tan triste fin en su imperial recinto 
Al soñador Hapsburgo, que llevaba 
La sangre del Gran César Carlos Quinto, 
« Jesús Terán », que en nuestra historia brilla^ 

Y á quien, del infortunio ya en la meta, 
Ya próximo á morir, en la capilla 
Llamó Maximiliano : su profeta ! 

Hijos de este verjel, cuyos aromas 
También perfuman los cristianos templos, 
Arce, Castillo y Lomas, 
Son de virtud y caridad ejemplos. 
Ellos, con santo amor y fe infinita. 
Tuvieron por insignia en este suelo 
El lábaro inmortal, la cruz bendita 
Que alza sus brazos señalando el cielo! 
Fueron los padres del que sufre y llora, 

Y Aguascalientes los miró abnegados 
Como soles de amor, como una aurora 
Para enfermos y pobres y olvidados. 

En esta hermosa tierra do no ofende 
El dulce clima á nadie, tremolaron 
Sus pendones de guerra Hidalgo, Allende 

Y otros héroes que á México ofrendaron 
Sus vidas, á salvarle consagradas. 
¡Aquí flotan sus sombras veneradas! 

Y flotan las de aquellos esforzados 

Que hicieron siempre el bien, que es el secrete 
Para ser de los pueblos respetados! 
Nin'guno olvida la bondad de Nieto; 



346 JUAN DE DIOS PEZA 



Los honrados esfuerzos de Cosío; 
La caridad augusta de Calera; 
La abnegación y la honradez y el brío 
De Gómez Potugal. y su denuedo; 
Ni se borra del pueblo en la memoria 
El progresista afán que le da á Hornedo 
Una brillante página en la Historia. 

Y no es adulación, mis labios nuno« 
Con ella sus palabras han manchado, 
Mas h verdad tampoco deja trunca; 

El pueblo aplaude á Vázquez del Mercado, 

Que con amor y rectitud le guía 

Por las hermosas sendas del progreso, 

Y sobre cuyo nombre pondrá un día 
La gloria su laurel, la Fama un beso! 

Juventud estudiosa á quien alcanza 
La dicha de la paz, que el bien encierra; 
Que no nublan el sol de tu esperanza 
Los humos pavorosos de la guerra; 
Tú que esta noche, entusiasmada vienes 
A recibir un lauro merecido 
Que va á ceñir tus sienes 
Con el aplauso de la Patria ungido; 
Tú que sabes y miras que la ciencia 
Es el sol que los mundos ilumina; 
Que nutre y robustece la conciencia 

Y al bien y á la verdad nos encamina; 
<, Imita á aquellos inmortales hombres 

Que dan gloria al Estado en que han nacido 
Propaga la 'grandeza de sus nombres; 
No premies sus acciones con olvido! 

Y en la edad venidera, cuando alientes 
Ya sabia, libre y fuerte, tu victoria, 
Prueba ante propios y ante extrañas gentes, 
Que es tu tierra de amor, Aguascalientes, 
Templo de honor, de libertad y gloria! 



FIN DE LA OBRA. 



insriDiGE 



Pág. 

Al que leyere 5 

Prólogo 7 



Hf» 



Parte primera. — FLORES DEL ALMA. 



tre las yedras! 11 

Flores muertas 12 

A Víctor Hugo 13 

Desolación 15 

En el panteón de los Reyes 16 

Entre ruinas 19 

Siempre conmigo ^ 

Latidos mudos z^ 

Magdalena 23 

Mygdalia 25 

Confidencias á una estrella 28 

La última cita 30 

¡Cree! 32 

Ausencia 34 

En las ruinas de Mi-tla 36 

Al ahuehuete 38 

Al calor del hogar 39 

Sin sobre 41 



348 



Parte segunda. — EL ARPA DEL AMOR. 

Pd(j. 

Horas de pasión 43 

Amor eterno 107 

En mi barrio 111 " 

Camino de la villa 113 

Desde el balcón 116 

Primeree, amores 117 

Mis Llaves 11» 

En vela ' .... 119 

En Jalapa 122 

Coatepec 126 

En la íeria de Tlacotálpam 130 

Al Papaloápam 133 

A la 'encantadora niña argentina, María Elisa 

Mendoza 137 

Costeña 138 

A Guadalajara . . 140 

Al partir de Guadalajara 142" 

¡Por la frontera! 145 

Parte tercera. — HOGAR Y PATRIA. 

Mi padre 147 

A mis hijas 149 

Fusiles y muñecas 151 

Gfear en casa 153 

MT hija Margot 154 

Este era una rey 156 

Patria " 158 

El Gran Galeoto 163 

En el cielo y en la calle ........ .165 

Nochebuena 170 

Cómo es Margot . 173 

Méjico y Eepaña 175 

•Teología ínfantü 179 

Amigos y libros 182 

Mi primer nieto 184 



I 

M 
R 

I 



índice 



349 



Pág. 

11 prisionero de Papazindán 187 

Maximiliano 198 

Recuerdos de un veterano 205 



I 



Parte cuarta. — RECUERDOS Y ESPERANZAS 

Pág. 

ir llorando 219 

Uti consejo de familia 221 

Recuerdo 223 

Su última carta 225 

La Saboyanita 229 

A todos 232 

Nieve del estío 233 

La ventana desierta 236 

A Garibaldi 238 

Las flores 242 

A Méjico 246 

Frente á Toledo 250 

Post-Umbra 255 

¡Por Consuegra! ¡Por España! 258 

La victoria de Tampico 261 

Terán y Maximiliano 264 

Tomas Mejía 268 

¡Sola! 275 

na respuesta de Miramón 283 



HOJAS SUELTAS 



Tus pestañas 285 

En memoria del general Carlas Pacheco . . . 287 

El Callejón del Monstruo .290 

A Francia 298- 

Poesía recitada por el autor en el gran teatro 

Juárez, de Guanajato 300 

Soneto 307 

Al Paraguay 307 

Un duelo 314 

A Raúl Mercado 317 



350 'NDICE 

Pág. 

Poesía pronunciada en la solemne inauguració¡n 

del « Ateneo Mexicano Literario y Artístico » 319 
En la colocación de la primera piedra del mo- 
numento conmemorativo de la Independencia 

de Méjico 322 

Poesía recitada por su autor en la velada fúne- 
bre en honor del ilustre ingeniero Manuel M. 

Contreras 325 

¡Por América! 327 

Versos de barro 328 

Poesía de Maximiliano 330 

A mi hija María 330 

En memoria de la señorita Isabel Hernández . 331 

Poesía recitada por el autor en las Vizcaínas . 33? 

Marmor ipudoris 337 

A la niña Teresita Cestero y Mangual . . . 339 

Plumas doradas 340 

En el álbum de Teresita Mangual de Cestero . 341 
A Aguascalientes, leída en el «Teatro Morelos » 
en la distribución de premios á los almnnos 

del Instituto científico 342 



XllLDEt 

Hipnotismo, Magnetismo, Espiritismo 
y Magia Científica 



I 



Obra de interés trascendental para 
todas personas que desean profundizar 
en los arcanos de las ciencias ocultas^ 



Precio oro francos 20 

franco de porte 



la ima palalita de la éw y del otultüo 

^ Francos oro 20 

W franco de porte 

La veidadeía baiajá eina de los 70 tatos 

está de vente en la Casas editoras de CARLOS 
MAUCCI, Via Pagano Doria 7, Genova (Italia); 
Maucci Hermanos y O, México; Maucci Her- 
manos e Hijos, Buenos Aires ; José López Ro- 
dríguez, Habana ; L. Puig Ros & Parra, Almenar 
sucesor, Caracas. 

Precio del Juego de los 78 Taros 
Oro francos 15 

franco de porto 



PONSON DE TERI ÍL 



La Juventud de 

Enrique IV 



Amores y aventuras 

de Enrique IV 



La Venganza de una Esposa í tomo íitístfado 
El pacto de Sangre . • í „ „ 



SEVERO CATALINA 



La Mujer J tomo ilustrad© 



El Tesoro del Hogar \ tomo nust 



m9 ,S72 



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UNIVERSITY OF TORONJO LIBRARY 





Py 


Peza, 


Juan 


de 


Dios 


7297 


Poesías 


escogidas 


P38P6 










1905