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Full text of "Primera reunión del Congreso científico latino americano celebrada en Buenos Aires del 10 al 20 de abril de 1898 por iniciativa de la Sociedad científica argentina.."

PRIMERA REUNIÓN 

DEL 

CONGRESO CIENTÍFICO 

LATINO AMERICANO 

CELEBRADA EN BUENOS AIRES DEL lo AL 20 DE ABRIL DE 1898 
POR INICIATIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Y BAJO Hi. patronato'1)"el"Excmo. Sr. Presidente de la Repli-.i ica ARi.b.xrixA 

Dr. D. JOSÉ EVARISTO URIBURU 

Y DE LOS ExcMOs. Sres. Ministros de Justicia, Cui 10 

É Instrucción Pública, Dr. D. Luis Beláustkgtti. 

Y nií Relaciones Exteriores, Dr. D. Amanci-. Ai,' ''Ri \ 

I 

ORGANIZACIÓN 

V 

RESULTADOS GENERALES DEL CONGRESO 



BUENOS AIRES 
Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco 

Calles Chile 263, y San Martín 155 
1898 




PRIMERA REUNIÓN 

DEL 

CONGRESO CIENTÍFICO 

LATINO AMERICANO 

CELEBRADA EN BUENOS AIRES DEL lo AL 20 DE ABRIL DE 1898 
POR INICIATIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Y BAJO EL PATRONATO DEL ExCMO. Sr. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

Dr. D. JOSÉ EVARISTO URIBURU 

Y DE LOS EXCMOS. SrES. MINISTROS DE JUSTICIA, CuLTO 

É Instrucción Pública, Dr. D. Luis Beláustegui, 
Y DE Relaciones Exteriores, Dr, D. Amancio Alcorta 



I 

ORGANIZACIÓN 



RESULTADOS GENERALES DEL CONGRESO^^J^i^ 






"^^tíí^ aí^*^^^'^ 



Í^6CC10'1 «:*ft. C^HiA 



BUENOS AIRES 
Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco 

Calles Chile 263, y San Martín 155 
1898 



ORGANIZACIÓN DEL CONGRESO 



Al aproximarse el jubileo de plata de la Sociedad Científica Ar- 
gentina, y preocupada su Junta Directiva de solemnizar dignamente 
esa fecha, surgió la idea de convocar un Congreso Científico General 
que se reuniera en la ciudad de Buenos Aires y en el que tomaran 
participación sólo las Repúblicas de la América Latina. 

La Junta Directiva era presidida por el Ingeniero Ángel Gallardo, 
siendo vicepresidentes el señor Juan B. Ambrosetti y el Ingeniero 
Demetrio Sagastume, secretario el señor Pedro Aguirre, tesorero el 
Ingeniero Alberto D. Otamendi y vocales los ingenieros doctor Car- 
ios M. Morales, Francisco Alric, Eduardo Aguirre, Carlos D. Dun- 
can y Sebastián Ghigliazza. 

La idea fué aprobada por unanimidad, en la sesión del 28 de 
Agosto de 1896, y la Junta inició los trabajos preparatorios. 

Formuló, en consecuencia, las bases y programa provisorio del 
Congreso, que debía reunirse el 15 de Julio de 1897 y al que se lla- 
mó Congreso Científico Latino Americano. 

La Sociedad Científica puso al Congreso bajo el alto patronato 
del Excelentísimo señor Presidente de la República y de los señores 
Ministros de Relaciones Exteriores y Justicia, Culto é Instrucción 
Pública, debiendo ser este último el Presidente honorario de la so- 
lemnidad proyectada. 

A fin de recabar del Gobierno Nacional la aceptación del patro- 
nato, así como también su apoyo moral y material, necesario para 
invitar oficialmente á las Repúblicas Latino Americanas y obtener 
los fondos necesarios para la realización de la idea, la Sociedad 



— 4 — 

Científica elevó en 15 de Septiembre de 1896 una nota de la cual 
extractamos los párrafos siguientes, que demuestran las garantías de 
seriedad que ofrece la Sociedad Científica Argentina y el alcance 
de la iniciativa que se proponía llevar á cabo: 

« No será tal vez inútil, » se decía, « recordar los títulos de con- 
sideración que ofrece la Sociedad Científica, iniciadora de esta fra- 
ternal festividad. 

« Fundada en 1872, ha luchado con toda clase de dificultades en 
el desempeño de su misión civihzadora hasta que consiguió asegurar 
su vida con la obtención de un local propio, en el que conserva una 
nutrida biblioteca científica. 

« Reúne hoy día, en su seno, la mayoría de las personas que se 
ocupan de estudios científicos en el país, habiendo desempeñado en 
distintas épocas su presidencia personalidades respetables, entre los 
que se cuentan, el Ingeniero Emilio Rosetti, el Ingeniero Luis A. 
Huergo, el Doctor Juan J. J. Kyle, el Ingeniero Francisco Lavalle, el 
Agrimensor Pedro Pico, el Ingeniero Guillermo White, el Doctor 
Guillermo Rawson, el Doctor Valentín Balbín, el Doctor Carlos Berg, 
el Doctor Domingo Parodi, el Ingeniero Santiago Brian, el Ingenie- 
ro Luis A. VigUone, el Doctor Estanislao S. Zeballos, el Doctor Car- 
los M. Morales, el Ingeniero Eduardo Aguirre, el Ingeniero Miguel 
Iturbe, el Ingeniero Carlos Bunge, etc. 

« Desde 1876 pubhca, sin interrupción, sus Anales, que forman á 
la fecha, una interesante colección de 42 volúmenes, en que se halla 
reñejado casi todo nuestro movimiento científico durante los últimos 
veinte años, y en la que figuran importantes memorias y trabajos 
originales que la convierten en preciosa é indispensable fuente de 
consulta para toda investigación científica relacionada con nuestro 
país. 

« Así se exphca que mantenga canje con cerca de 500 pubhca- 
ciones y sociedades extranjeras, que demuestran gran aprecio por 
ella, citando con frecuencia, extractando ó transcribiendo muchos 
de sus artículos. 

« En las exposiciones universales de París y Chicago los Anales 
han merecido premios fundados en honrosos conceptos. 

« Además, la sociedad ha asesorado infinidad de veces y con com- 
pleto desinterés, á los poderes púbhcos, en las materias de su com- 
petencia, debiéndosele iniciativas importantes como las relacionadas 
con la perforación de pozos artesianos y semisurgentes, reglamentos 



— 5 — 

de construcciones, etc., habiendo también patrocinado diversas 
exploraciones á Patagonia y otras regiones, fecundas en resul- 
tados. 

« Organizó en 1875 la primera exposición industrial en Buenos 
Aires, solemnidad que se repitió con mayor éxito en 187Ó. 

« En muchas otras formas se ha manifestado constantemente la 
actividad de la asociación en favor de la difusión de los progresos 
científicos é industriales, ya organizando visitas, que hacen conocer 
los establecimientos é instituciones existentes en el país, ya por me- 
dio de sus conferencias públicas, ó contribuyendo á la publicación 
de obras importantes. 

« Ha establecido, en distintas ocasiones, concursos científicos ten- 
dentes á estimular el estudio y la producción intelectual. 

« Estos son, brevemente expuestos, algunos de los antecedentes 
de la sociedad que pronto alcanzará un cuarto de siglo. Es, pues, 
oportuno constatar, en ese aniversario, los progresos realizados y 
apuntar las múltiples deficiencias que aún aquejan á nuestro orga- 
nismo científico. 

« Ningún medio más adecuado para ello que la celebración de un 
Congreso, y considero inútil demostrar en general la importancia de 
este género de reuniones. Baste decir que los países más adelan- 
tados los han incorporado á sus costumbres, y que en los últimos 
tiempos se han celebrado numerosos congresos, unos internacio- 
nales, otros regionales, generales éstos y de materias especiales 
aquéllos, llegándose siempre á resultados útiles y señalando algunas 
veces notables progresos y transcendentales conquistas. 

« Ni los más optimistas esperan, seguramente, de un Congreso 
Latino Americano resultados absolutos comparables con los de los 
grandes congresos europeos, pero su importancia relativa no será 
por esto menor. 

« En efecto, si aún en los grandes centros intelectuales se experi- 
menta la necesidad de reunirse á deliberar sobre los resultados 
obtenidos, para señalar al mismo tiempo los rumbos que conviene 
fijar á los estudios ulteriores, con cuánta mayor razón será nece- 
sario tratar de coordinar los esfuerzos en esta América Latina donde 
los hombres de estudio se hallan punto menos que aislados y libra- 
dos á sus propias fuerzas. 

« Aunque sea triste declararlo, no se puede negar que el movi- 
miento intelectual y científico no se ha desarrollado paralelamente 
al progreso material en esta parte de América. 



— 6 — 

« Es, pues, imprescindible concentrar cuanto antes todos los es- 
fuerzos, para conseguir así una mayor eficacia. 

« Pocas veces podrá invocarse con mayor justicia que en el pre- 
sente caso, la comunidad de origen, de propósitos y hasta de lengua 
con una sola excepción, que liga á los países latinos de la América. 

« Nuestro Congreso tendrá la ventaja, sobre los anteriores, de que 
sus miembros puedan deliberar y comprenderse en su propio idioma^ 
lo que facilita y aumenta el interés de las discusiones, haciendo 
también posible la publicación de los resultados, en un lenguaje 
casi uniforme. 

« Planteado el Congreso en los límites modestos que le correspon- 
den, dado su carácter de ensayo y el estado del medio en que se 
realiza, el fracaso no es posible. 

« Por pobres que fueran sus resultados, quedará siempre sentado 
el antecedente y discutidos y fijados en su seno los votos y desiderata 
adecuados para salir del precario estado de que sería síntoma. Aún 
el improbable caso de un fracaso absoluto, previsto por los escépti- 
cos y pesimistas, ¿ no sería una terrible lección que nos obligara á 
reaccionar con mayor fuerza? ¿Será acaso inútil para una casa co- 
mercial el balance que por un exiguo saldo anuncia la proximidad 
de la bancarrota ? 

« El Congreso demostraría entonces cuan necesario es trabajar 
con redoblada actividad. 

« Dejando de lado estos tristes pronósticos, es de creerse, por el 
contrario, que el Congreso revele fuerzas y aptitudes que nos sor- 
prendan y halaguen, estimulando al mismo tiempo la producción 
intelectual en América, por el hecho de ofrecerle un campo en que 
pueda mostrarse y una liza en que mida sus fuerzas. 

« Pido, pues, muy respetuosamente al P:xcelentísimo señor Minis- 
tro que no deje caer en el vacío esta iniciativa, de la que pueden 
esperarse fundadamente tantos bienes para nuestra intelectualidad 
y desarrollo, aunque sólo se consiga con ella llamar la atención del 
mundo civilizado sobre estos países y sobre los esfuerzos que reali- 
zan para avanzar en la senda del perfeccionamiento humano. » 

El Poder Ejecutivo de la Nación elevó, en consecuencia, al Ho- 
norable Congreso el siguiente mensaje y proyecto de ley, en que se 
votaba la suma de 15.000 pesos para contribuir á los gastos del Con- 
greso. 



7 — 



Buenos Aires, Septiembre 25 de 1896. 

Al Honorable Congreso de la Nación. 

El señor Presidente de la Sociedad Científica Argentina se ha di- 
rigido al Ministerio de Instrucción Pública, manifestando que tiene 
el pensamiento de convocar un Congreso Científico general, que se 
reunirá en Buenos Aires el 15 de Julio de 1897, y en el que sólo to- 
marán parte delegaciones de las Repúblicas de la América Latina, 
con el objeto de conmemorar dignamente el 25.° aniversario de su 
fundación. 

Los altos propósitos que persigue esta institución científica son 
indiscutibles : se hallan perfectamente consignados en los documen- 
tos adjuntos, y el Poder Ejecutivo no puede permanecer indiferente, 
y, por el contrario, debe coadyuvar, en lo posible, á que se lleve á 
cabo la idea enunciada, porque su realización traería un positivo ade- 
lanto para el país, estimulando su producción intelectual. 

Fundado en estas consideraciones, el Poder Ejecutivo solicita de 
Vuestra Honorabilidad un crédito suplementario por la suma de 
quince mil pesos moneda nacional, que considera necesaria para 
contribuir á sufragar los gastos de organización de dicho Congreso, 
y, en consecuencia, la aprobación del proyecto de ley que se acom- 
paña. 

José E. Uriburu. 
Antonio Bermejo. 



PROYECTO DE LEY 

El Senado y Cámara de Diputados, etc. 

Artículo I." — Ábrese un crédito suplementario al Ministerio de 
Justicia, Culto é Instrucción Pública, por la suma de quince mil pe- 
sos nacionales, con que el Gobierno concurrirá á sufragar los gas- 
tos de organización del Congreso general que celebrará la Sociedad 
Científica Argentina, en Buenos Aires, el 15 de Julio de 1897, 

Art. 2.° — Comuniqúese al Poder Ejecutivo. 

Antonio Bermejo. 



Este proyecto fué presentado en la antepenúltima sesión ordinaria 
de ese período, y no pudo ser tratado. 

A fin de no demorar la sanción del subsidio, hasta las sesiones del 
año próximo, la Sociedad elevó una solicitud á la Comisión de Pre- 
supuesto, pidiendo se incluyera en el correspondiente al Departa- 
mento de Instrucción Pública una partida de quince mil pesos para 
la celebración del Congreso Científico. 

La Comisión proyectó un subsidio de mil pesos mensuales, que 
luego fueron reducidos á quinientos, forma en que se sancionó para 
el presupuesto de 1897. 

Mientras tanto, la Junta Directiva de la Sociedad había solicitado 
rebajas de las empresas de transporte y tomado varias resoluciones 
preparatorias ; pero consideraba imprudente lanzar las invitaciones, 
mientras no se contara con una base de recursos pecuniarios que 
asegurara la realización del propósito. 

Sancionado el Presupuesto, en Enero de 1897, se contaba ya con 
seis mil pesos, que permitían afrontar los trabajos preparatorios ; 
pero, en cambio, resultaba demasiado próxima la fecha primitiva- 
mente designada. 

Su postergación hacía necesaria la intervención de la Asamblea, 
por cuanto la realización vendría á tener lugar fuera del período ad- 
ministrativo correspondiente á esa Junta. 

En consecuencia, se convocó la Asamblea de la Sociedad Cientí- 
fica, para el lunes 8 de Febrero, á fin de resolver la nueva fecha del 
Congreso y designar el Comité de Organización, que corriera con 
todos los trabajos, obteniendo así la necesaria unidad de acción y 
de propósito. 

Esa Asamblea aprobó unánimemente la idea de la celebración del 
Congreso, y resolvió dar más amplitud á la idea, confiando su reali- 
zación á un Comité, del que pudieran tomar parte todas las perso- 
nas competentes del país, aun cuando no fueran miembros de la 
Sociedad. 

Para preparar la hsta del futuro Comité, se nombró una comisión 
de tres socios, la cual presentó dicha nómina en la Asamblea del 11 
de Marzo. Aprobada en general, se confirieron amplios poderes al 
Comité, autorizándolo para integrarse con todas aquellas persona- 
lidades científicas que se hallaren en condiciones de cooperar al 
mejor éxito de la iniciativa. 

Se delegaba también en el Comité la designación de la fecha con 
tal que ella estuviese comprendida dentro del año 1898. 



I^a Sociedad Científica Argentina generosamente entregaba así la 
preparación y realización de la idea que ella iniciara, á un Comité, 
del cual podían formar parte todos los elementos científicos argen- 
tinos y tener en él adecuada representación. 

El 1° de Abril de 1897 se reunieron en el local de la Sociedad 
Científica los señores por ella designados. 

El Presidente de la Sociedad Científica, ingeniero Ángel Gallardo, 
expuso brevemente los antecedentes del Congreso y las ventajas que 
la Sociedad había obtenido hasta entonces, y terminó invitando al 
Comité á constitviir sus autoridades, para hacerles entrega de los 
trabajos preliminares. 

De acuerdo con esta indicación, el Comité organizó su Mesa Di- 
rectiva en la forma siguiente: 

Presidente, Ingeniero Ángel Gallardo; Vicepresidentes, Ingeniero 
Luis A. Huergo y Doctor Emilio R. Coni ; Secretarios, Doctores Mar- 
cial R. Candioti, Antonio Dellepiane, Tiburcio Padilla y señor Al- 
fredo Orfila; Tesorero, Ingeniero Alberto D. Otamendi, y Protesore- 
ro, Capitán Ingeniero Martín Rodríguez. Figuraban como vocales la 
mayor parte délas personalidades científicas del país, según puede 
verse en la nómina completa que se publica más adelante. 

El Comité, así constituido, estableció las bases y programa del 
Congreso, aprobados el 21 de Abril, tomando lo esencial de las pro- 
visorias sancionadas por la Junta Directiva y modificando ciertos 
puntos. Se fijaba en ellas la fecha para el 10-20 de Abril de 1898, y 
se dividían las materias en siete grupos, los cuales podían constituir 
cada uno una sección, subdividirse en varias, ó refundirse dos ó más 
en una sola, si así fuese necesario. 

Se lanzó entonces, con fecha i.° de Mayo de 1897, la invitación 
que se transcribe más adelante, conjuntamente con las bases y pro- 
grama que la acompañaban. 

Tres tipos de invitaciones fueron impresas y repartidas : 1.°, á las 
sociedades, para que nombraran delegados; 2°, á los diarios y pe- 
riódicos, solicitando la reproducción del programa; y 3.°, invitacio- 
nes personales, pidiendo la adhesión y preparación de trabajos. 

Se acompañaba para ello un formulario de adhesión. 

Próximamente seis mil circulares se enviaron á toda la América 
Latina, vitilizando, para dirigirlas, todas las fuentes que pudo con-, 
seguir la Secretaría. 

El Ministerio de Relaciones Exteriores se encargó de invitar ofi- 
cialmente á los Gobiernos de las Repúblicas Latino Americanas. 



lO 



El Comité organizaba, mientras tanto, los comités seccionales á 
que se refieren las bases, y que debían correr con todo lo relativo 
á los diferentes grupos. 

Se reiteró el pedido de rebajas alas empresas de transportes que 
aún no las habian concedido, y se adoptaron todas las medidas con- 
ducentes al éxito de la empresa. 

La invitación fué muy bien recibida en toda la América; los perió- 
dicos científicos y políticos la reprodujeron con entusiastas comen- 
tarios, y pronto afluyeron las adhesiones personales, acompañadas, 
muchas de ellas, de palabras de aliento y aplauso. 

Llegaron luego las adhesiones oficiales, concebidas todas ellas en 
términos elogiosos para la fraternal iniciativa. 

De todos estos trabajos se dio cuenta en la segunda comunicación 
del Comité á los adherentes, que se transcribe, y en la cual apare- 
cieron también los temas cuyo estudio recomendaban los subcomi- 
tés seccionales. 

El éxito estaba ya asegurado, y esta segunda comunicación desva- 
neció todos los temores pesimistas, y dio por resultado un notable 
incremento en el número de adhesiones. 

El Comité consiguió que el Congreso Nacional votara un subsidio 
de doce mil pesos en el presupuesto para 1898, lo que permite lle- 
var á cabo la publicación de estos resultados. 

Aproximándose la fecha de la realización del Congreso, el Comi- 
té determinó el programa general de sesiones, visitas y excursiones, 
que se hizo conocer de los adherentes, junto con otros datos de in- 
terés, por medio de una tercera comunicación, que puede leerse más 
adelante. 

El número de adhesiones recibidas hasta el i." de Marzo demos- 
tró la conveniencia de refundir algunos grupos ; y, en vista de ello, 
el Comité de Organización fijó en cuatro el número de secciones, á 
saber : 

1.^^ Sección (i," y 2,° grupo): Ciencias Exactas é Ingeniería. 

2.^ Sección (3.° y 4.° grupo) : Ciencias Físico-Químicas y Naturales 

3^ Sección (5.° grupo): Ciencias Médicas. 

4.^ Sección {6." y y." grupo): Ciencias Antropológicas y Sociología. 

en cuya forma funcionó el Congreso. 

Por fin, el 24 de Marzo de 1898 el Comité de Organización nom- 
bro, de su seno, una Comisión de Recepción y una Junta Ejecutiva, 



— II — 

con amplias facultades ésta última para correr con todos los asuntos 
relacionados con la celebración del Congreso, 

Esta Junta y los Comités seccionales de las cuatro Secciones de- 
terminaron los locales de sesión, prepararon las órdenes del día y 
tomaron todas las medidas necesarias para el correcto funcionamien- 
to de las Asambleas. 

Para contribuir á los gastos de hospitalidad de los congresales ex- 
tranjeros, el Honorable Concejo Deliberante Municipal votó gene- 
rosamente la suma de cinco mil pesos moneda nacional, que permi- 
tieron agasajarlos debidamente. 

Terminó con esto la tarea de la organización, y pudo asi cele- 
brarse, el lO de Abril, á las 9 de la mañana, la sesión preparatoria, 
en que se designó la Mesa efectiva del Congreso, á la que se entre- 
garon los antecedentes, aun cuando la Junta Ejecutiva continuó vi- 
gilando el exacto cumplimiento de las disposiciones del Comité de 
Organización. 

El éxito alcanzado por el Congreso es indiscutible ; pero no nos 
corresponde juzgarlo á nosotros. En esta publicación, que estará 
compuesta de cinco volúmenes, podrá apreciarse la labor realizada 
y comprobarse la influencia benéñca ejercida en la actividad inte- 
lectual y en la confraternidad latino americana por este primer Con- 
greso Científico, que servirá, sin duda, de base á otros más comple- 
tos y eficientes. 



COMITÉ DE ORGANIZACIÓN 



CONGRESO científico LATINO AMERICANO 



Presidente 
Ingeniero Ángel Gallardo. 

Vicep residentes 
Ingeniero Luis A. Huergo. — Doctor Emilio R. Coni. 

Secretarios 

Doctor Ingeniero Marcial R. Candioti, 
Señor Alfredo J. Orfila, 
Doctor Antonio Dellepiane, 
Doctor Tiburcio Padilla (liijo) f. 

Tesorero 
Ingeniero Alberto D. Otamendi. 

Protesorero 
Capitán Ingeniero Martín Rodríguez. 



— 14 — 
Vocales 

Doctor Maximiliano Aberastury, Ingeniero Eduardo Aguirre, 
Ingeniero Pedro Aguirre, Doctor Nicolás Alboff f , Ingeniero 
Francisco Alric, señor Juan B. Ambrosetti, Doctor Florentina 
Ameghino, Ingeniero Lorenzo Amespil, Doctor Lorenzo Anadón, 
Doctor Gregorio Aráoz Alfaro, Doctor Pedro N. Arata, Doctor 
Enrique del Arca, señor Víctor Arreguine, Ingeniero Alberto de 
Arteaga, 

Doctor Ingeniero Manuel B. Bahía, Doctor Ingeniero Valentín 
Balbín, Ingeniero Santiago E, Barabino, Doctor Leopoldo Basa- 
VILBASO, Arquitecto Joaquín M. Belgrano, Doctor Carlos Berg. 
Doctor Francisco Beuf, Doctor Jacobo Z, Berra, Doctor Fran- 
cisco Bosque y Reyes, Ingeniero Santiago Brian, Arquitecto Juan 

A. BUSCHIAZZO, 

Doctor Domingo Cabreo, Ingeniero Emilio Candiani, Doctor 
Elíseo Cantón, Ingeniero Agustín P. Carbone, Doctor Gabriel 
Carrasco, Ingeniero Carlos A. Cassaffousth, señor Enrique 
Chanourdie, 

Coronel Ricardo A. Day, Teniente Coronel Ingeniero Luis J. 
Dellepiane, Doctor Osear Doering, Ingeniero Carlos D. Duncan, 

Ingeniero Carlos Echagüe, Doctor Daniel M. Escalada, 

Ingeniero Julio B. Figueroa, Ingeniero Ignacio Firmat f , señor 
Clemente L. Fregeiro, 

Doctor Samuel Gaché, Ingeniero Sebastián Ghigliazza, Ingenie- 
ro Leopoldo GÓMEZ de Terán, Doctor José M. Gutiérrez, 

Doctor Luis Harperath, Doctor Eduardo L. Holmberg, Inge- 
niero Carlos F. Hoskold, señor Enrique L. Hoskold, 

Ingeniero Miguel Iturbe, 

Doctor Faustino Jorge, 

Ingeniero Otto Krause, Doctor Federico Kurtz, Doctor Juan J. 
J. Kyle, señor Samuel A. Lafone Quevedo, Doctor Fernando La- 
hille, Doctor Francisco Lavalle, Doctor Roberto Lehmann Nits- 
che, Doctor Miguel Lillo, Doctor Andrés Llobet, 

Ingeniero Carlos Maschwitz, señor Victoriano E. Montes, Doc- 
tor Leopoldo Montes de Oca, Doctor Ingeniero Carlos M. Modales 
Doctor Francisco P. Moreno, 

Ingeniero Jorge Navarro Viola, Ingeniero Domingo Noceti 

Doctor Manuel Obarrio, Coronel Ingeniero Arturo OrzábIl 
Ingeniero Ignacio Oyuela, 



— 15 — 

Doctor Emilio H. de Padilla, Ingeniero Emilio Palacio, Inge- 
niero Juan PiROVANO, Doctor Luis Ponce y Gómez, Doctor Miguel 

PUIGGARI, 

Doctor Adán Quiroga, Doctor Atanasio Quiroga, 

Doctor Ildefonso P. Ramos Mejía, Coronel Pablo Richeri, Doctor 
Rodolfo Riv aróla, Doctor Dardo Rocha, Ingeniero Julián Romero, 
Señor Alejandro Rosa, Doctor Rafael Ruiz de los Llanos, 

Ingeniero Demetrio Sagastume, Ingeniero Juan F. Sarhy, Inge- 
niero Alberto Schneidewind, Ingeniero Francisco Seguí, Ingeniero 
Luis Silveyra, Doctor Baldomcro Sommer, señor Alejandro So- 
rondo, Doctor Carlos Spegazzini, 

Ingeniero Miguel Tedín, Doctor Juan M. Thome, 

Doctor Juan Valentín f , Sargento Mayor Ingeniero Salvador 
Velasco Lugones, 

Doctor Roberto Wernicke, Doctor Otto Wernicke, Ingeniero 
Guillermo White, 

Doctor Estanislao S. Zeballos. 



Congreso Científico 
Latino Americano. 



Señor : 



Buenos Aires, Mayo de 1897. 



Cábeme el honor de dirigirme á usted, invitándole á asociarse al 
Congreso Científico Latino Americano, que se verificará en Buenos 
Aires del lo al 20 de Abril del año venidero de 1898. 

La reunión de este Congreso, iniciada por la Sociedad Científica 
Argentina con motivo del 25.° aniversario de su fundación, propi- 
ciada la idea por los poderes públicos nacionales, que le prestan su 
ayuda moral y material, y acogido el proyecto con entusiasmo por 
numerosos cuerpos científicos y hombres de estudio del país y del 
exterior, no es posible dudar del éxito brillante que espera á este 
primer gran torneo en que van á exhibir su labor intelectual las Re- 
públicas hermanas de la América Latina, así como tampoco es da- 
ble desconocer los grandes beneficios que la realización del pensa- 
miento está llamada á producir. 

La vecindad geográfica, el parentesco de sangre, la identidad de 
idioma, la simihtud de organización política, la analogía de compo- 
sición en la estructura del cuerpo social, la unidad de cultura, la 
comunidad de intereses, de aspiraciones y de ideales, hacen de las 
Repúblicas Latinas de América un mundo aparte, una familia distin- 
ta en la comunidad internacional; familia cuyos miembros, por mo- 
tivos fáciles de expHcar como dignos de ser lamentados, han perma- 
necido, hasta el presente, en un estado de aislamiento intelectual 
casi absoluto. 

Romper ese aislamiento, aproximar á los estudiosos, estableciendo 
entre ellos relaciones científicas cordiales y permanentes, confrontar 
trabajos y estudios hechos en países distintos sobre idénticas cues- 
tiones; discutir soluciones dadas en naciones diversas á un mismo 
problema industrial, mecánico, médico ó sociológico ; iniciar el útil 
y fecundo intercambio de verdades conquistadas ó de observado- 



— 17 — 

nes recogidas acerca del cielo, la geografía, la topografía, la hidro- 
grafía, el clima, los meteoros, la fauna, la flora, la gea, las razas, los 
idiomas, las religiones, las costumbres, etc., etc., de un continente en 
gran parte inexplorado é ignoto todavía bajo todos estos aspectos ; 
plantear las proposiciones que han de ser objeto del estudio y la de- 
liberación de los congresos científicos subsiguientes ; emitir los pri- 
meros votos sobre reformas á realizarse ó iniciativas á promoverse 
en lo futuro : tales son, á grandes rasgos, el programa de los trabajos 
y los fines de este Congreso, cuyos resultados no podrán menos de 
traducirse en ventajas positivas para el progreso de la ciencia en 
todas sus ramas. 

Estas consideraciones me mueven á pedir á usted su más decidido 
concurso y apoyo, y á esperar que se dignará concurrir al Congreso 
ó adherir simplemente, para recibir en oportunidad la publicación 
de los trabajos. 

Saluda á usted muy atentamente. 

Ángel Gallardo, 

Presidente. 

Antonio Dellepiane. — Tibiivcio Padilla {hijo). 
— M. R. Candioti. — Alfredo J. Orfila, 

Secretarios. 



T. í 



CONGRESO científico LATINO AMERICANO 



PRIMERA REUNIÓN EN BUENOS AIRES, DEL 10 AL 20 DE ABRIL DE 1898 

Bajo el patronato del Escmo. señor Presidente de la República Argentina 

doctor don José E. Uriburu y de los señores Ministros de Justicia, Culto é Instrucción Pábl.ca 

y Relaciones Exteriores 



BASES Y PROGRAMA 

I." — La Sociedad Científica Argentina, á objeto de conmemorar 
el 25.° aniversario de su fundación, se hace iniciadora de un Con- 
greso Científico Latino Americano, que deberá reunirse en la ciudad 
de Buenos Aires el lo de Abril de 1898 y sesionará hasta el 20 del 
mismo mes, fecha de su solemne clausura. 

2° — La Sociedad Científica pone este Congreso bajo el alto pa- 
tronato del Excmo. señor Presidente de la República y de los seño- 
res Ministros de Relaciones Exteriores y Justicia, Culto é Instrucción 
Pública. 

3.» _ El señor Ministro de Justicia, Culto é Instrucción Pública 
será el Presidente honorario del Congreso. 

4.° — El Comité de Organización soUcitará del señor Ministro de 
Relaciones Exteriores quiera tomar á su cargo la invitación de los 
Gobiernos délas Repúblicas de la América Latina, para que envíen 
representantes á esta solemnidad científica. 

5.° — Serán miembros del Congreso : 

a) Los Delegados oficiales de las Repúblicas adherentes ; 

b) Los Delegados de las Sociedades y Centros científicos, tanto 
nacionales como del resto de la América Latina; 

c) Los señores adherentes al Congreso, cualquiera que sea el país 
en que residan. 



— 19 — 

Todos los miembros del Congreso tendrán derecho de asistir á él 
tomar parte en las discusiones y recibir las publicaciones del mismo, 
mediante una cuota de cinco pesos moneda nacional oro, 

6." — Las adhesiones y trabajos se recibirán hasta el i.° de Febre- 
ro de 1898. 

7.° — El Comité comunicará á los miembros del Congreso los te- 
mas de los trabajos, á medida que se reciban. 

8.° — El Congreso se dividirá en siete grupos: 



/. — Ciencias Exactas 

a) Matemáticas puras y aplicadas. 

b) Astronomía, Geodesia y Topografía. 



//. — Ingeniería 



a) Ingeniería Civil. 

b) Ingeniería Militar. 

c) Ingeniería Naval. 

d) Arquitectura. 



///. — Ciencias Físico-Qiiiniicas 



a) Física general y aplicada. 

b) Química general y aplicada. 



IV. — Ciencias naturales 

a) Biología. 

b) Fauna y Flora americana. 

c) Agronomía y Zootécnica. 

d) Mineralogía, Geología y Paleontología. 



— 20 — 



V. — Ciencias Médicas 

a) Medicina y Cirugía. , 

b) Higiene internacional, pública y privada, Climatología, Aguas 

medicinales, Geografía médica. 

VI. — Ciencias antropológicas 

a) Antropología y Arqueología precolombiana. 

b) Antropología, Arqueología y Etnografía de la época colombiana. 

c) Etnografía y Antropología actual. 

d) Lingüística. 

e) Historia colombiana y post-colombiana (colonial). 

VIL — Sociología 

a) Sociología general. 

b) Estadística y Demografía. 

c) Antropología y Sociología criminal. 

d) Economía política. 

e) Geografía Americana. 

9.° — Cada uno de los siete grupos constituye una sección, pudien- 
do subdividirse en varias, en caso que así fuese necesario, ó refun- 
dirse dos ó más en una sola. 

10." — El 10 de Abril tendrá lugar la sesión plena preparatoria, á 
fin de organizar los trabajos y elegir las autoridades del Congreso. 

11." — Se designará en dicha sesión un presidente, un vicepresi- 
dente y dos secretarios generales para el Congreso. Además, cada 
sección nombrará las autoridades que crea necesarias. 

12.° — El 10 de Abril se celebrará la sesión solemne de apertura, 
clausurándose los trabajos con la sesión plena del 20. 

13.° — Además de estas dos reuniones generales y de la sesión 
preparatoria, las Secciones celebrarán separadamente cuantas re- 
uniones se requieran para llenar su cometido. 

14-° — El Comité de Organización hará entrega al definitivo, de 
los trabajos, antecedentes, etc., en seguida de constituido este último. 



— 21 — 



15.° — Cada Comité seccional marcará oportunamente los pun- 
tos, sitios ó establecimientos especiales para excursiones, si lo cre- 
yese conveniente, para lo cual el Comité del Congreso gestionará 
las mejores ventajas. 



Congreso Científico 
Latino Americano 



Señor 



Buenos Aires, Diciembre de 1897. 



De acuerdo con la comunicación de Mayo del corriente año, cá- 
beme el honor de manifestar á usted que el Comité de organización 
del Congreso Científico Latino Americano que presido, el cual de- 
berá celebrarse en esta Capital del i o al 20 de Abril de 1898, ha 
proseguido con éxito sus trabajos, cuyos principales resultados me 
es grato llevar á su conocimiento por medio de esta segunda cir- 
cular. 

Este Congreso, colocado bajo el alto patronato del Excmo. señor 
Presidente de la República y de los Ministros de Justicia, Culto é 
Instrucción Pública, y de Relaciones Exteriores, cuenta á la fecha 
con las valiosas adhesiones de la mayor parte de los Gobiernos de 
la América Latina, que han sido recibidas por nuestra Cancillería ; 
su nómina va transcripta en el pliego adjunto. 

Cuenta también con numerosas adhesiones de los principales hom- 
bres de ciencia de diferentes países, algunos de los cuales han remi- 
tido ya los temas dé los trabajos que presentarán al Congreso. 

Por el adjunto pliego se enterará usted de los demás asuntos que 
motivan la presente segunda comunicación. 

El Comité espera en breve poder participarle las resoluciones ul- 
teriores que sean sancionadas con respecto á las órdenes del día, 
excursiones, visitas, etc., que formarán parte del funcionamiento del 
Congreso. 

Con este motivo, tengo el honor de saludar á usted muy atenta- 
mente 

Ángel Gallardo, 

Presidente. 

Antonio Dellepiane. — Marcial R. Candioti. 
— Tihitrcio Padilla ^. — Alfredo J. Orfila. 

Secretarios. 



2.' Comunicación 

CONGRESO científico LATINO AMERICANO 



PRIMERA REUNIÓN EN BUENOS AIRES, DEL lO AL 20 DE ABRIL DE 1 898 

Bajo el patronato del Excmo. señor Presidente de la República 

Argentina, doctor don José Evaristo Uriburu y de los señores Ministros de Justicia, 

Culto é Instrucción Pública, y Relaciones Exteriores 



Adhesiones oficiales recibidas 

BoLiviA, Chile, Guatemala, Méjico, Paraguay, Uruguay, Ve- 
nezuela. 

Además, se ha tenido conocimiento extraoficial de la adhesión del 
Brasil. 



Sociedades é Instituciones adheridas 

Sociedad Científica Argentina (iniciadora). 

Círculo Farmacéutico Argentino. 

Sociedad Científica de Chile. 

Sociedad Geográfica de La Paz (Bolivia). 

Sociedad Colombiana de Ingenieros de Bogotá. 

Consejo Nacional de Higiene de Montevideo. 

Museo Nacional de Buenos Aires. 

i.^ División del Estado Mayor General del Ejército Argentino. 

2.^ División del Estado Mayor General del Ejército Argentino. 



Adhesiones personales recibidas 

(Se incluye la nómina de 175 adherentes). 



— 24 



Temas fijados por los Subcomités 

/ _ Ciencias exactas 

I " _ Procedimiento más rápido y económico para el levantamien- 
to del territorio de la República Argentina y método más exacto para 
la ejecución de la carta geográfica conciliable con la forma especial 

del mismo. 

2.° — Determinación de la figura de la tierra en el hemisferio aus- 
tral, ó recopilación de elementos que puedan contribuir á determi- 
narla. 

3." — Terminología matemática en Hispano- América. 

4.° _ Teoría de las series matemáticas. 

5.0 — Exposición elemental y didáctica de las modernas teorías 
geométricas no euclídeas, á contar de la época de Gauss hasta nues- 
tros días. 

50 _ Aplicaciones de las funciones hiperbóhcas á la física ma- 
temática. 

//. — Ingeniería 

\° — Plan más conveniente de una red de ferrocarriles que ligue 
las repúblicas sudamericanas. 

2° — Medio más eficaz para hacer navegable, en todo tiempo, el 
estuario del Plata páralos buques de mayor calado ; conservar las go- 
las de entrada al puerto de Buenos Aires, y evitar el enarenamiento 
de los puertos del Paraná y Uruguay. 

3.° — Estudio de los materiales de construcción que ofrece la Re- 
pública Argentina, del punto de vista de su resistencia. 

4.° — Pavimentación pública urbana. 

5-° — Sistema más conveniente de construcción de vías férreas en 
las regiones despobladas que ofrecen materiales de construcción 
como el Chaco y Neuquen. 

6.° — Construcciones adecuadas á los países expuestos á los mo- 
vimientos seísmicos. 

7.° — Medios más convenientes para la extracción de basuras en 
las grandes ciudades. Su transformación y utilización. 

8.° —Estudio sobre el número é importancia de los saltos de agua 
de la República, aplicables al desarrollo de fuerza motriz y canali- 



— 25 — 

zación más apropiada para su transmisión á los centros industriales. 
9.° — Construcciones económicas : 

a) Casas de obreros; 

b) Casas de familias; 

c) Hospitales para poblaciones pequeñas ; 

d) Escuelas para poblaciones pequeñas. 

10° — Construcción de cuarteles modelos en la América del Sud. 
(Máximum de comodidad y economía). 

ii.° — Mejor sistema de polvorines para el almacenaje de las pól- 
voras modernas, bajo el punto de vista de su conservación, seguridad 
y comodidad. 

12." — Sistemas más convenientes de puentes militares, especial- 
mente para las repúblicas sudamericanas. 

13.° — ¿ Conviene el proyectil único en la artillería de campaña ? 

14.° — Mejor tipo de embarcaciones comerciales y de guerra para 
la navegación del estuario del Plata y sus afluentes el Paraná y el 
Uruguay. 



III. — Ciencias Físico-Químicas 

I." — Utilización de la telegrafía óptica en la República Argentina. 

2° — Métodos de instalación de pararrayos en los diversos tipos 
de edificios. 

3." — Terminología eléctrica y mecánica. 

4.° — Tracción eléctrica, alumbrado eléctrico. 

5.° — Estadística y planos de todas las usinas y líneas eléctricas de 
la América del Sud. 

6." — Aguas. — Establecer los límites de potabilidad en las aguas 
de la América del Sud, y estudiar la acción de ellas sobre los me- 
tales. 

7.° — Vinos y bebidas fermentadas. — Unificación de métodos ana- 
líticos para poderlos declarar « aptos para la alimentación». 

8.° — Alcohol y bebidas espirituosas bajo el punto de vista quími- 
co é higiénico. — Carnes frescas y conservadas. 

9.° — Cereales. — Productos naturales y elaborados, mate, café 
coca, cacao, azúcares y conservas alimenticias. 

io.° — Leche y sus productos industriales. 



— 26 — 



/]7 _ Ciencias Naturales 



I o _ El problema de la herencia en biología. 

2'° - Estudios generales ó locales sobre la fauna americana. 

3 o _ Estudio de los enemigos naturales de la langosta para em- 
plearlos en su destrucción. Utilización industrial de la langosta. 

4.0 _ Explotación de la fauna marítima. 

e^o _ Estudios sobre flora americana. 

6." — Plantas medicinales é industriales. 

y o _ Formación carbonífera de la América del Sud. 

8.0 _ Petróleos sudamericanos. 

g.» _ Estudiar si la formación de los Andes ha sido debida á uno 
ó á varios levantamientos. 



j7 _. Ciencias Médicas 

1° — Fiebre amarilla. 
2° — Lepra. 

3.° — Afecciones endémicas de los países de América. 
4.° — Etiología y tratamiento moderno de la locura. 
5.° — Aguas termales americanas. 

6." — Defensa sanitaria contra las enfermedades importables é hi- 
giene de los puertos. 



VI. — Ciencias Antropológicas 

1° — Apuntes generales sobre la Antropología, especialmente la 
craneología sudamericana y sus relaciones con la geografía y la lin- 
güística. 

2." — Estado actual de los estudios lingüísticos en el Nuevo Mundo. 
Consideraciones generales sobre las analogías y diferencias entre las 
lenguas americanas. Trabajos y noticias parciales sóbrelas mismas. 

3-" — Estudios generales ó monográficos sobre Antropología y Ar- 
queología americana hasta el descubrimiento de América por Colón. 

4-° — Estudios generales ó monográficos sobre Antropología y 
Arqueología americana desde el descubrimiento hasta fines del si- 
glo XVIII. 



5." — Estudios generales ó monografías sobre los estudios antro- 
pológicos y etnográficos americanos en la época actual. 
6.° — Folk-lore americano. 



VII. — Sociología 

1° — Leyes del crecimiento de la población en las naciones ame- 
ricanas. 

2° — La emigración y la inmigración consideradas desde los di- 
versos puntos de vista que corresponde según se trate de países que 
producen la primera ó reciben la segunda. 

3.° — Desarrollo del comercio marítimo y terrestre de las nacio- 
nes americanas. 

4.° — Estado y progreso de los descubrimientos geográficos y de 
la enseñanza de la geografía en el Nuevo Mundo. 

5.° — Caracteres de la población en América. Razas. 

ó." — La fecundidad de la mujer en América. 

7.° — Caracteres de la criminalidad en la América Latina. Medios 
preventivos y represivos. 

8." — Estudios generales ó monográficos sobre la economía polí- 
tica y finanzas. 

Nota. — Estos temas no excluyen cualquier otro que sea fijado 
por los adherentes. Con todos ellos se determinará, en cuanto sea 
posible, el programa detallado del Congreso. 



Temas anunciados oficialmente por adherentes 

(Se anunciaban veintidós trabajos). 

El Comité tiene conocimiento de más de veinte trabajos en pre- 
paración, cuyos temas no han sido comunicados. 

En la última sesión plena del Congreso se discutirá la convenien- 
cia de celebrar reuniones periódicas, la fecha de la próxima y la 
ciudad de la América Latina en que tendrá lugar. 



Datos para los adherentes 

Rebajas que efectuarán las Compañías de ferrocarriles y vapores en 
los pasajes de los Delegados al Congreso Científico Latino iVmericano: 



— 28 — 

Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, boleto de ida y vuelta al pre- 
cio del boleto sencillo, más el 25 % ; - ■, . i , .^ 

Ferrocarril del Sud, boleto de ida y vuelta al precio del boleto 
sencillo, más el 25 % ; u „i 

Ferrocarril de Buenos Aires al Pacifico, boleto de ida y vuelta al 
precio del boleto sencillo, más el 25 % ; 

Ferrocarril Central Argentino, importe de un pasaje y cuarto sen- 
cillo el boleto de ida y vuelta; 

Ferrocarril Gran Oeste Argentino, el 25 % de rebaja sobre sus ta- 
rifas ordinarias ; 

Compañía Nacional de Transportes Expreso ViUalonga, 50 % de 

rebaja en sus servicios propios; 

Compañía de Navegación (Risso), 10 % de rebaja sobre el pasaje 

de ida y vuelta ; 

Compañía de Navigazione Genérale Italiana, 25 % de rebaja tan- 
to para la venida como para la vuelta; 

Compañía de Navegación La Veloce, 25 % de rebaja sobre el pa- 
saje de ida y vuelta ; 

Messageries Maritimes, 30 % de rebaja sobre el pasaje de ida y 

vuelta ; 

Compañía Lloyd Norte Alemán, 25 % de rebaja sobre el pasaje 

de ida y vuelta. 

El precio de los hoteles en Buenos Aires es de 1.50 á 4 pesos oro 
por día próximamente. 

Aunque, de acuerdo con el programa del Congreso, los trabajos 
deben ser presentados antes del i." de Febrero de 1898, el Comité 
de Organización ha resuelto recibirlos hasta la víspera de la apertura 
del mismo, con tal que sean previamente comunicados los temas y 
extensión aproximada de las memorias antes del l.° de Marzo. 

Se recuerda que el Comité de Organización sólo remitirá la tar- 
jeta de Congresal á las personas que devuelvan llenado el boleto de 
adhesión adjunto y la suma de cinco pesos oro, ya sea por giro pos- 
tal, carta certificada, ó por intermedio del Consulado Argentino en 
las ciudades donde no hubiese esta facilidad. 

La Secretaría del Congreso, instalada en el local de la Sociedad 
Científica Argentina, Cevallos, 269, dará todas las informaciones que 
se soliciten referentes al Cons-reso. 



— 29 — 



VÍAS DE COMUNICACIÓN Y DURACIÓN APROXIMADA DEL VIAJE DESDE 
LAS CAPITALES DE LAS REPÚBLICAS LaTINO AMERICANAS HASTA 

Buenos Aires. 

Montevideo. — Vía fluvial para correspondencia y pasajeros por 
los vapores de las empresas Nicolás Mihanovich, Esteban Risso 
(lo %), Domingo Giuliani, Ross y Tobal y Mensajerías Fluviales del 
Plata. Viaje de lo horas. 

Río Janeiro. — Vía marítima para correspondencia y pasajeros 
por las líneas Royal Mail, Messageries Maritimes (30 %), Na- 
vigazione Genérale Italiana (25 %), La Veloce (25 %), Pacific 
Steam Navigation Company, etc. Duración del viaje 5 días. 

Asunción. — ■ Vía fluvial para correspondencia y pasajeros por 
los vapores de Mihanovich y Esteban Risso (10 %). Duración del 
viaje 6 días. 

Santiago. — Vía terrestre para correspondencia y pasajeros en 
4 días por los Ferrocarriles Pacífico (37,5 %) hasta Villa Mercedes 
(San Luis), de ésta á Mendoza por el Gran Oeste Argentino 
(25 %) y por el Trasandino desde Mendoza á Punta de Vacas; de 
ésta al Salto del Soldado á muía (Expreso Villalonga) (50 %) y 
de allí á Santiago por el Ferrocarril á Santiago. 

Sucre. ■ — Se pueden emplear dos vías : la i.''^ por el Ferrocarril 
Central Argentino (37,5 %) hasta Córdoba, de ésta á Tucumán 
por el Ferrocaril Central Córdoba, de Tucumán á Jujuy por el Fe- 
rrocarril Central Norte, y de Jujuy á Sucre en muía. La duración 
de este viaje es de 15 días. La 2.'* la misma empleada para San- 
tiago con la diferencia que en vez de ir á dicho punto va á Valpa- 
raíso y desde allí por mar á Antofagasta, de donde por medio del 
Ferrocarril de Antofagasta llega á Oruro. — Esta es la vía más rápida; 
sólo se emplean 12 días. 

Lima. — Se emplea la misma vía hasta Valparaíso, desde don- 
de se va por mar hasta el Callao en 12 días. 

Quito. — La misma hasta Guayaquil, y de Guayaquil á Quito á 
muía en 23 días. 

Bogotá. — La misma hasta Valparaíso, de donde va por mar á 
Panamá en 23 días. 

Caracas. — La misma hasta Panamá y de allí á Colón por el 
Ferrocarril de Panamá á Colón en 32 días. 

Costa Rica. — Nicaragua. — San Salvador. — Honduras. — Gtca- 



— 30 — 

témala. — Méjico. — La misma vía de Panamá, empleándose res- 
pectivamente, desde dicho punto, 8, lO, ii, 12, 13 y 15 días, ó sean 
3I)33j34> 35? 3^ y 37 días de Buenos Aires. También puede usarse, 
para el envío de la correspondencia para el Norte de Sud-América 
y América Central, la vía del Atlántico, remitiéndola á Río Janei- 
ro, de donde es remitida por vía Saint-Thomas. 

Nota. — Las compañías ó vías en que se han concedido rebajas 
están marcadas con negrilla. 

Las cifras entre paréntesis indican el tanto por ciento de rebaja 
ofrecido por cada compañía. 

Consúltese además el cuadro de las rebajas en el phego adjunto. 



Congreso Científico 
Latino Americano 



Señor 



Buenos Aires, Marzo de i8q8. 



Cumpliendo con lo anunciado en la comunicación de Diciembre 
último, tengo la honra de dirigirme á usted para llevar á su cono- 
cimiento los resultados principales de los trabajos ejecutados por el 
Comité de organización del Congreso Científico Latino Americano 
que presido. 

Adheridos á este Congreso casi todos los Gobiernos y la mayor 
parte de las Sociedades é Instituciones científicas de los países lati- 
nos de América, quedaba por recibirse las comunicaciones desig- 
nando los delegados que los representaran, y en efecto, se han 
recibido los nombramientos de las personas que se mencionan en el 
pliego adjunto. 

Las adhesiones personales han continuado afluyendo de todas 
partes, contándose actualmente con un abundante número. En la 
misma proporción ha aumentado el anuncio de los temas de los 
trabajos que se presentarán. 

Por último, con motivo de la próxima apertura del Congreso, se 
ha solicitado la presencia de las altas autoridades nacionales ; unas 
han prometido asistir y otras nombrar sus representantes para la 
sesión solemne de apertura, en la que tomará parte el Excmo. señor 
Ministro de Justicia, Culto é Instrucción Pública, según se halla 
consignado en el programa general de sesiones, visitas, etc., sancio- 
nado últimamente y que también se acompaña en pliego separado. 

Con este motivo tengo el honor de saludar á usted muy atenta- 
mente. 

Ángel Gallardo, 

Presidente. 

Antonio Dellepiane. — Marcial R. Candioti. 
— Alfredo J. Orfila. — Tihitrcio Padilla f. 

Secretarios. 



3.'"' comunicación. 

CONGRESO CIENTÍFICO LATINO AMERICANO 



PRIMERA 



REUNIÓN EN BUENOS AIRES DEL lO AL 20 DE ABRIL DE I^ 



Bajo el patronato del Excmo. señor Presidente de la República Argentina 

doctor don José Evaristo Uriburu y de los señores Ministros de Justicia, Culto é Instrucción 

Pública y Relaciones Exteriores 



Delegados oficiales 

Méjico. — Ingeniero Pompeyo Moneta. 

Guatemala. 

Honduras. 

Venezuela. — Doctores Rafael Herrera Vegas y Clemente Zá- 

rraga. 

Colombia. 

Ecuador. 

Perú. 

Bolivia. 

Chile. 

Brasil. 

Paraguay. — Doctor José Z. Caminos. 

Uruguay. 



Delegados de Sociedades é Instituciones adheridas 

Sociedad Científica Argentina (iniciadora). — Doctores Carlos 
Berg, Valentín Balbin, Juan J. J. Kyle, Estanislao S. Zeballos, é In- 
genieros Guillermo White y Domingo Noceti. 



— 33 — 

Círculo Farmacéutico Argentino. — Señor Vicente P. Constan- 
tino. 

Sociedad Científica de Chile. — Doctores Adolfo Murillo, Pablo 
Martens, Alberto Obrecht y Cornelio Guzmán. 

Sociedad Geográfica de La Paz. — Doctor José M.^ Escalier. 

Sociedad Colombiana de Ingenieros. 

Consejo Nacional de Higiene de Montevideo. 

Sociedad Uruguaya de Ciencias y Artes. — Ingeniero Ernesto 
Honor é. 

Instituto Chileno de Ingenieros. — Ingenieros Francisco José 
Prado y Valentín Martínez. 

Consejo Superior de Higiene Pública de Chile. — Doctores 
Máximo Cienfuegos y Adolfo Murillo, 

Museo Nacional de Buenos Aires. 

1.^ División del Estado Mayor General del Ejército Argen- 
tino. 

2.^ División del Estado Mayor General del Ejército Argen- 
tino. 

Asociación « Mariano Moreno » (La Rioja). 

Cámara Industrial Viti- Vinícola (San Juan). 

Centro Nacional de Ingenieros. 

Instituto Geográfico Argentino. 

Sociedad de Fomento Fabril (Santiago de Chile). 

Circulo Médico Argentino. 

Instituto Paraguayo (Asunción). 

Sociedad de Medicina de Montevideo. — Doctores Joaquín de 
Salterain, Alfredo Navarro, Luis Demicheri y Gerardo Arrizabalaga. 



Adhesiones personales recibidas con posterioridad 
á la 2.^ comunicación 

(Se incluía la nómina de 163 adherentes) 



Resumen de las adhesiones recibidas 

_,,,.. . I Capital 231 

República Argentara < ^ . 

^ ° j Interior 40 

Urugvxay 18 

T.I 3 



— 34 — 

Paraguay ■ 

Brasil '^ 

Chile : ■ ■- '9 

2 

Bolivia , 

Perú ■ •• ""•■■ ^ 

Ecuador 

Colombia •••■ ^ 

Venezuela 

San Salvador ^ 

Guatemala • • 

Méjico 3 

Total de adhesiones hasta la fecha 338 



Temas de las comunicaciones anunciadas por los adhe- 

rentes 

(Se, anunciaban 75 trabajos) 

Programa general de sesiones, visitas, etc. 

Domingo 10 de Abril 

Sesión preparatoria á las 9 de la mañana en la Facultad de Me- 
dicina. Elección de las autoridades del Congreso y de las Secciones. 

Sesión solemne de apertura, á las 2 de la tarde, en la Facultad dé 
Medicina. Discurso del Presidente honorario, Excmo. señor Minis- 
tro de Justicia, Culto é Instrucción pública. Discurso del Presidente 
del Comité de Organización é informe sobre los trabajos prepara- 
torios. Alocuciones de los delegados nacionales y extranjeros. 
Nombramiento de los Vicepresidentes honorarios. 

Lunes 11 

Instalación de las Secciones á las 9 de la mañana é inauguración 
de los trabajos. 

Recepción oficial de los Delegados extranjeros á las 2 p. m., en 
la Casa de Gobierno, y á las 4 p. m. en la Municipahdad. 



— ÓD — 

Martes 12 

Sesiones seccionales, á las 9 a. m. 
Sesiones seccionales, á las 2 p. ra. 

Miércoles 13 

Visita al Puerto de la'Capital. Partida á las 8 a. m,, en vapor. Vi- 
sita á los diques de carena y buques de guerra, en el dique número 
4. Recorrida de los diques y puerto del Riachuelo. Visita al Mer- 
cado Central de Frutos y Fábrica de Sansinena. Desembarco en 
la dársena sud. 

Sesiones seccionales, á las 2 p. m. 

Jueves 14 

Visitas seccionales á la mañana. 
Sesiones seccionales á la tarde. 

Viernes 13 

8 a. m. Visita á las Obras de Salubridad, depósito calle Córdoba 
y establecimiento Recoleta. 

Sesiones seccionales á la tarde. 

Sábado 16 

Visita á la escuela Petronila Rodríguez, escuela Sarmiento, es- 
cuelas normales y otras, á la mañana. 
Sesiones ó visitas seccionales á la tarde. 

Domingo 17 

Excursión á La Plata. 

Visita al Museo, Observatorio astronómico, edificios públicos y 
puerto. 

Almuerzo oficial con asistencia de las autoridades provinciales. 

Lunes 18 

A la mañana, visitas á los hospitales y asilos San Roque, Rawson, 
Manicomios. 

Visitas ó sesiones seccionales, á la tarde. 



- 36 - 
Martes 19 

Visitas al Arsenal de Guerra y Hospital Militar á las lO a. m. 
Sesiones seccionales á las 2 p. m. 

Miércoles 20 
Clausura de las sesiones seccionales y redacción de los resultados, 

ó loo Cí o TV) 

Sesión solemne de clausura, alas 2 p. m., en la Facultad de Me- 
dicina. Discurso del presidente del Congreso. Lectura de los resul- 
tados y conclusiones. Fijación de la fecha y orden del día aproxi- 
mada de la próxima sesión, y determinación de la ciudad de la 
América latina en que tendrá lugar. Nombramiento del Comité 
permanente del Congreso. 

Banquete de despedida á los delegados extranjeros. 



Visitas seccionales 

1° V 2." grupo. — Facultad de Ingeniería. Obras de acceso del 
Ferrocarril al Rosario. Casa de Schnabl y Lutz. Obra del Congreso. 
Fábricas y Usinas importantes. 

5." V 4° grupo. — Facultad de Ingeniería. Museo Nacional. 
Casa de Moneda. 

3.er grupo. — Instalaciones eléctricas y usinas. 

4.° grupo. — Excursión al Tigre y otros sitios de los alrededores 
de Buenos Aires. Jardín Zoológico. Jardín Municipal. Museo de 
Productos. Parque Lezama, 

5." grupo. — Hospitales. Asilos de Dementes. Asistencia Pú- 
blica. Cruz Roja. 

6.° grupo. — Museo Nacional. Instituto Geográfico. 

6.° y 7.° grupo. — Facultad de Derecho. BibHoteca Nacional. 
Penitenciaría. Cárcel Correccional. Patronato de la Infancia. Jardín 
de Infantes. Museo Histórico. Escuelas, Colegios, etc. 



CONGRESO científico LATINO AMERICANO 



JUNTA EJECUTIVA d) 

Presidente : Ingeniero Ángel Gallardo. 

Vocales: Ingeniero Luis A. Huergo, Ingeniero Miguel Tedin, In- 
geniero Santiago Barabino, Doctor Emilio R. Coni. 

Secretarios generales: Doctor Gregorio Aráoz Alfaro, señor 
Alfredo J. Orfila. 

COMITÉ DE RECEPCIÓN 

Doctor Marcial R. Candioti, Doctor Antonio Dellepiane, Ingeniero 
Luis A. Huergo (hijo), Doctor José León Gallardo, señor Alejandro 
Foster, Ingeniero Miguel Olmos, señor Luis B. Laporte, señor Félix 
Outes, Doctor Fermín Rodríguez, Doctor Carlos O. Bunge, Doctor 
Emilio Matienzo, señor Alfredo J. Orñla. 



COMITÉS SECCIONALES 

I.''' sección: ciencias exactas é ingeniería 

Presidente : Ingeniero Miguel Tedín, 

Secretario : Ingeniero Demetrio Sagastume. 

Vocales : Ingeniero Lorenzo Amespil, Ingeniero Ignacio Oyuela, 
Ingeniero Valentín Balbín, Ingeniero Carlos M. Morales, Ingeniero 
Emilio Palacios, Ingeniero Juan Pirovano, Doctor Ildefonso P. 

(i) El Comité de Organización, en sesión de 24 de Marzo de 1898, nombró esta Junta 
Ejecutiva, con amplias facultades para correr con todos los asuntos relacion.\dos con la ce- 
lebración del Congreso. 



- 38 - 

Ramos Mejía, Arquitecto Juan A. Buschiazzo, Ingeniero Luis J. Del- 
lepiane, Ingeniero Santiago E. Barabino. 

2." SECCIÓN : CIENCIAS FÍSICO-QUÍMICAS Y NATURALES 

Presidente : Doctor Carlos Berg. 

Secretario: Doctor Francisco B. y Reyes. 

Vocales : Doctor Florentino Ameghino, Doctor Manuel B. Bahía, 
Doctor Juan J. J. Kyle, Doctor Francisco P. Lavalle, Ingeniero Jorge 
Navarro. Viola, Ingeniero Eduardo Aguirre, Doctor Nicolás Alboff f, 
Doctor Eduardo L. Holmberg, Doctor Juan Valentín f, Doctor Fer- 
nando Lahille, Doctor Carlos Spegazzini. 

3.^ sección: CIENCIAS MÉDICAS 

Presidente : Doctor Roberto Wernicke. 
Secretario : Doctor Gregorio Aráoz Alfaro. 

Vocales : Doctor Samuel Gaché, Doctor Elíseo Cantón, Doctor 
Domingo Cabred. 



4. sección: CIENCIAS ANTROPOLÓGICAS Y SOCIOLOGÍA 

Presidente : Doctor Estanislao S. Zeballos. 

Vicepresidente : Doctor Faustino Jorge. 

Secretario : Señor Víctor Arreguine. 

Vocales : Señor Juan B. Ambrosetti, señor Samuel A. Lafone Que- 
vedo. Doctor Roberto Lehmann Nitsche, señor Clemente Fregeiro, 
Doctor Alejandro Sorondo, Doctor Rodolfo Rivarola, Doctor Daniel 
M. Escalada, Doctor Luis Ponce y Gómez. 



NOTAS OFICIALES DE ADHESIÓN 



Asunción, Junio i2 de 1897. 

A S. S. el señor Jacinto S. Garda, Encargado de Negocios inte- 
rino de la República Argentina. 

Señor Encargado de Negocios: 

He tenido el honor de recibir la nota de S. S., fecha 7 del pre- 
sente, por la cual se sirve invitar al Gobierno del Paraguay, por en- 
cargo especial de su Gobierno, á concurrir al Congreso Científico 
Latino Americano, que debe reunirse en la ciudad de Buenos Aires 
el 10 de Abril de 1898. 

Profundamente grato á tan deferente atención, me apresliro á co- 
municar á S. S. que mi Gobierno acepta complacido esta invitación, 
y tendrá el honor de acreditar oportunamente un Delegado que 
represente al Paraguay en tan iniportante Congreso, llamado á diluci- 
dar variadísimos temas científicos, que interesan el progreso moral é 
intelectual de la América Latina. 

Al felicitar cordialmente, por su digno intermedio, á los autores 
de tan magnífico pensamiento, cuyo brillante éxito puede desde ya 
anticiparse, me es honroso renovar á S. S. las seguridades de mi más 
distinguida consideración. 

(Firmado) '.José S. Decoiid. 



40 — 



ilinisterio de Relaciones Exteriores 
de Bolivia 

N.° 20 



Señor: 



Sucre, 21 de Junio de 1897. 



Tuve el honor de recibir el oficio del i8 del corriente, por el que 
V. E. se digna comunicarme que la Sociedad Científica Argentina 
celebrará el vigésimo quinto aniversario de su fundación, por medio 
de un Congreso Latino Americano que debe reunirse el to de Abril 
de 1898. 

Aceptando gustoso la invitación que dicho oficio contiene , me 
es grato participar á V. E. que el gobierno de Bolivia ha resuelto 
hacerse representar en aquel Congreso y que próximamente nom- 
brará á la persona que en su nombre concurrirá á la celebración 
anunciada. 

Reitero á V, E. las seguridades de mi consideración muy distin- 
guida . 

(Firmado): Manuel M. Gómez. 

A S. E. don Alejandro Giiesalaga, Enviado Extraordinario y 
Ministro Plenipotenciario de la República Argentina. 



Secretaria de Instrucción Pública. 
N." 594- 



Santiago, 7 de Julio de i5 



He recibido la comunicación de V. E. de 15 del mes próximo 
pasado, en la que se sirve transcribir la del señor Ministro Pleni- 
potenciario de la Repúbhca Argentina , quien comunica que la So- 
ciedad Científica Argentina ha iniciado la celebración de un Congreso 
Científico Latino Americano para conmemorar el vigésimo quinto ani- 
versario de su existencia; que dicho Congreso, puesto bajo el patroci- 
nio del señor Presidente de esa República y de sus Ministros de Re- 
laciones Exteriores y de Justicia, Culto é Instrucción Pública, se 
reunirá en la ciudad de Buenos Aires el 10 de Abril de 1898 ; y que 



— 41 — 

el gobierno invita al de Chile para que se haga representar en esa 
reunión. 

El Departamento de mi cargo agradece esa honrosa invitación y 
se propone nombrar oportunamente los delegados que han de 
representar á Chile ante ese Congreso. 

Considera el infrascripto que con actos de esta naturaleza se 
propende eficazmente al ensanche de los conocimientos científicos 
y se afianzan, por otro lado, los lazos de solidaridad americana. 

Dios guarde á V. E. 

(Firmado): /. D. Anmnátegui Rivera. 



Secretaría de Relaciones Exteriores. 

República de Guatemala 
América Central 



Palacio del Gobierno. 
Guatemala, 2 de Agosto de if 



Excmo. señor Ministro de Relaciones Exteriores de la República 
Argentina. 

Buenos Aires. 

Señor Ministro : 

Tengo el honor de acusar recibo á V. E. de su atenta nota, fecha 
20 de Mayo del corriente año, en la cual se sirve comunicarme que 
la Sociedad Científica Argentina ha resuelto conmemorar el 25.° 
aniversario de su fundación, celebrando un Congreso Científico 
Latino Americano, que deberá reunirse en esa ciudad el día 10 de 
Abril del próximo año de 1898 : que dicha institución ha puesto el 
Congreso bajo el patrocinio del Excmo. señor Presidente de esa 
República y de sus Ministros de Relaciones Exteriores y de Justicia, 
Culto é Instrucción Pública, y que, atendiendo al pedido del comité 
de organización, V. E. se dirige á este gobierno invitándolo para 
que Guatemala sea representada en dicho Congreso. 

En respuesta, me es grato manifestar á V. E. que este gobierno 
agradece en alto grado la atenta invitación que se le hace para 
hacerse representar en tan importante Congreso, para lo cual se 
designará una persona que asista á dicha reunión. 



42 



Acuso recibo también de los ejemplares de las bases y del pro- 
grama del Congreso, y me aprovecho de esta ocasión para presentar 
á V. E. los sentimientos de deferente consideración y distinguido 
aprecio, con que me suscribo de V. E. muy atto. S. S. 

(Firmado): Jorge MiiñOB. 



Secretaría de Relaciones Exteriores. 

Méjico, Agosto 6 de 1897. 

Señor Ministro : 

Refiriéndome á mi nota de 7 de Julio último, en la que tuve la 
honra de manifestar á V. E. que enviaba copia al señor Secreta- 
rio de Justicia, para lo que hubiere lugar, de la invitación del 
gobierno de la República Argentina al de los Estados Unidos Me- 
jicanos, para que concurra al Congreso Científico Latino Americano 
que debe reunirse en esa ciudad el 10 de Abril de 1898, me es 
grato comunicar á V . E . que el señor Presidente de la República 
ha tenido á bien acordar se acepte la invitación expresada y que 
oportunamente se nombrará un representante de Méjico al Con- 
greso de que se trata. 

Renuevo á V . E . mi muy distinguida consideración. 

(Firmado): Ignacio Mariscal. 



Caracas , 6 de Septiembre de 1897. 

Señor Ministro : 

La atenta comunicación de V. E. del 20 de Mayo último, vino 
acompañada de algunos ejemplares de las bases y del programa del 
Congreso Científico Latino Americano, que debe reunirse en la 
ciudad de Buenos Aires el día 10 de Abril de 1898, bajo el patroci- 
nio del Excmo. señor Presidente de esa Repúbhca y de sus minis- 
tros de Relaciones Exteriores y de Justicia, Culto é Instrucción 



— 43 — 

Pública, con el objeto de conmemorar el aniversario vigésimoquinto 
de la fundación de la Sociedad Científica Argentina. 

Al remitir V. E. dichas bases al par con el programa del Con- 
greso, invita cortésmente al gobierno de Venezuela á enviar una 
delegación suya al respetable cuerpo internacional americano, en lo 
cual atiende á una solicitud del comité organizador, y ofrece ade- 
más, en sentir del poder ejecutivo de esta nación, una noble opor- 
tunidad de estrechar las relaciones científicas de estos pueblos, 
unidos en la historia por hechos de grandeza y por afinidades de 
origen que constitu)^en motivo de afecto creciente y perdurable. 

El gobierno venezolano acepta complacido la invitación con que 
se le honra, y piensa confiar la representación de la República en el 
Congreso Latino Americano á dos distinguidos hijos de este suelo, 
radicados tiempo ha en territorio argentino : los señores doctor 
Rafael Herrera Vegas y Clemente Zárraga. Si ellos, como es de 
esperarse, aceptan la ocasión de prestar ese servicio á la patria que 
se enorgullece de las demostraciones de estima de que ambos son 
objeto en esa noble nación del Plata, exhibirán oportunamente las 
credenciales respectivas. 

Ruego á V. E. se sirva aceptar las sinceras protestas de mi más 
alta y de mi más distinguida consideración. 

(Firmado): P. Ezeqiiiel Rojas. 



Ministerio de Fomento. 

Montevideo, Noviembre ii de 1897. 

Deseando el gobierno de la República cooperar al fin humani- 
tario y civilizador que se prop ^ne el Congreso Latino Americano que 
la Sociedad Científica Argentina celebrará en Buenos Aires el día 
10 de Abril de 1898, bajo el alto patrocinio del Excmo. Gobierno de 
la Nación Argentina, se resuelve aceptar la atenta invitación que 
éste se ha servido dirigirle por intermedio de la Legación Argen- 
tina, acreditada en la República, prometiendo nombrar en la opor- 
tunidad debida las personas que deben representar al país, como 
delegados oficiales. 

Comuniqúese al Ministerio de Relaciones Exteriores y publiquese. 

(Firmado): Cuestas. 

(Firmado): Jacoho Várela. 



— 44 — 



Ministerio de Relaciones Exteriores. 
República del Ecuador. 

Quito, Febrero 26 de 1898. 

A S. E. el señor Ministro de Relaciones Exteriores de la Repú- 
blica Argentina. 

Señor Ministro : 

El gobierno del Ecuador acepta la invitación que, por conduc- 
to de esa Honorable Cancillería, le ha hecho la Sociedad Científica 
Argentina, para que se haga representar en el Congreso Científico 
Latino Americano que se reunirá en Buenos Aires del lo al 20 del 
próximo Abril. 

Al comunicar á V. E. este particular, cúmpleme también partici- 
parle que los Delegados nombrados de parte del Ecuador son los 
señores Doctores Golfarini y Viedma. 

Ruego á V. E. se digne reconocer en su elevado cargo oficial á los 
expresados señores y prestar entero crédito á sus palabras como re- 
presentantes del Ecuador, 

Haciendo votos por el feliz éxito del Congreso, me es honroso 
presentar á V. E. el testimonio de mi alta estima. 

(Firmado): Rafael Gomes de la Torre. 



Legación del Perú. ' 

Buenos Aires, 9 de Abril de 1898. 

Señor Presidente del Comité de Organisación del Congreso 
Científico Latino Americano. 

Me es grato poner en conocimiento de usted que mi gobierno ha 
nombrado á los señores Ingenieros peruanos Juan Elias Bonnemai- 
son, Julio B. Figueroa, y Juan Velázquez Jiménez, como sus dele- 
gados ante el Congreso Científico Latino Americano. 

Con este motivo, saludo á usted atentamente. 

(Firmado): Alejandro O. Deustua. 



CONGRESO científico LATINO AMERICANO 



RESULTADOS GENERALES DE SU PRIMERA REUNIÓN EN BUENOS AIRES 
DEL lO AL 20 DE ABRIL DE 1 898 



PERSONAL DEL CONGRESO 

Presidente Honorario 

Excmo. señor Ministro de Justicia, Culto é Instrucción Pública, 

Doctor Luis BELÁUSTEGUI 



Vicepresidentes Honorarios 

Doctor Alberto VALDEZ MOREL (Chile). 

Ingeniero Valentín MARTÍNEZ (Chile). 

Doctor Ernesto FERNÁNDEZ ESPIRO (Uruguay). 

Ingeniero Carlos HONORÉ (Uruguay). 

Doctor José Z. CAMINOS (Paraguay). 

Excelentísimo señor Fausto DE AGUJAR (Ministro del Brasil). 

Ingeniero Pompeyo MONETA (México). 

Señor Alejandro O. DEUSTUA (Perú). 

Ingeniero Julio B. FIGUEROA (Perú). 

Ingeniero Juan Elías BONNEMAISON (Perú). 

General doctor Manuel BIEDMA (Ecuador). 

Doctor Rafael HERRERA VEGAS (Venezuela). 

Excelentísimo señor doctor Telmo ICHASO (Ministro de Bolivia). 



-46 - 

Presidente 
Doctor PAULmo ALFONSO (Chile). 

Vicepresidentes 

Doctor Carlos R. TOBAR (Ecuador). 
Doctor Luis DEMICHERI (Uruguay). 

Secretarios generales 

Doctor Gregorio ARAOZ ALFARO (Buenos Aires). 
Doctor Alfredo NAVARRO (Uruguay). 

Delegados oficiales 

México: Ingeniero PoMPEY o MONETA. 

Venezuela : Doctores Rafael HERRERA VEGAS y Clemente 
ZARRAGA. 

Paraguay: Doctor José Z. CAMINOS. 

Ecuador: Doctores Juan A. GOLFARINI y general Manuel 
BIEDMA. 

Perú: Ingenieros Juan Elías BONNEMAISON, Julio B. FI- 
GUEROA y Juan VELÁZQUEZ JIMÉNEZ. 

Países adheridos 
Colombia, Bolivia, Chile, Brasil, Uruguay. 

Delegados de sociedades é instituciones 

Sociedad Científica Argentina (iniciadora): Doctores Carlos 
Berg, Valentín Balbín, Juan J. J. Kyle, Estanislao S. ZeballOS, é 
Ingenieros Domingo Noceti y Guillermo White. 



— 47 — 

Sociedad Científica de Chile .-Dociorts Adolfo Murillo, Pablo 
Martens, Alberto Obrechtj Cornelio Guzmán. 

Instituto Chileno de Ingenieros. — Ingenieros Francisco J. Pra- 
do y Valentín Martínez. 

Consejo Superior de Higiene Pública de Chile. — Doctores 
Máximo CiENFUEGOS y Adolfo Murillo. 

Consejo Nacional de Higiene de Montevideo. — Doctor R. E. 
Fernández Espiro. 

Consejo Nacional de Higiene de Buenos Aires. — Doctor Luis 
Agote. 

Asociación «.La Línea Rectay> (Buenos Aires). — Ingeniero Ma- 
riano H. Cardoso. 

Tribunal Médico de Santa Cruz (Bolivia). — Doctor Nicomedes 
Antelo. 

Sociedad Uruguaya de Ciencias y Artes. — Ingeniero Ernesto 

HONORÉ. 

Sociedad de Medicina de Montevideo. — Doctores Joaquín de 
Salterain, Luis Demicheri, Alfredo Navarro y Gerardo Arri- 
zabalaga. 

Centro Farmacéutico Uruguayo. — Señores Santiago Bara- 
BINO, Peregrino Manetti y José A. Fontela. 

Sociedad Geográfica de La Paz (Bolivia). — Doctor José María 

ESCALIER. 

Circulo Farmacéutico Argentino. — Señor Vicente P. Cons- 
tantino. 

Academia Ecuatoriana (Ecuador). — Doctor Carlos R. Tobar. 

Sociedad Científica «Antonio Álzate-» (México).— Doctores Va- 
lentín Balbín y Estanislao S. Zeballos. 

Escuela Especial de Ingenieros de Construcciones civiles y 
Minas de Lima. — Ingeniero Juan Velázquez Jiménez. 

Sociedad de Fomento Fabril (Santiago de Chile). 

Instituto Paraguayo (Asunción). 

Sociedad Colombiana de Ingenieros (Bogotá). 

Museo Nacional de Buenos Aires. 

Asociación «Mariano Moreyío» (La Rioja). 

Cámara Industrial Viti-Vinicola (San Juan). 

Centro Nacional de Ingenieros. 

Instituto Geográfico Argentino. 

Circulo Médico Argentino. 

Sociedad Geográfica de Lima (Perú). 



-48- 

Colegio de Ingenieros (Venezuela). 

Facultad de Derecho y Notariado (Guatemala). 



Adherentes 

Aberasturi, Maximiliano, Médico (Buenos Aires). 
AcEVEDO Ramos, Raúl de. Estudiante (Buenos Aires). 
AcHÁVAL, José M. de, Abogado (Buenos Aires). 
Agote, Luis, Médico (Buenos Aires). 
Aguiar, Desiderio S, de, (San Juan). 
Aguirre, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Alais, Pedro O., (Buenos Aires). 
Alba Carreras, Juan, Médico (Buenos Aires). 
Alboff, Nicolás t, Naturalista (La Plata). 
Alesandri, José P., Ingeniero (Chile). 

* Alfonso, Paulino, Abogado (Chile). 

Alonso Criado, Daniel, Médico (Buenos Aires). 
Alonso Criado, M., Abogado (Buenos Aires). 
Alvarez, José S. (Buenos Aires). 
Alvarez, Samuel S., Estudiante (Buenos Aires). 
Alvarez, Teodoro, Ingeniero (Uruguay). 
Alurralde, Mariano, Médico (Buenos Aires). 
Allende, Ignacio, Médico (Buenos Aires). 
-*= Ameghino, Florentino, Doctor en ciencias (La Plata). 
Amespil, Lorenzo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Anchorena, Manuel B. de. Abogado (Buenos Aires). 
Antelo, Nicomedes, Médico (Buenos Aires). 

* Anón, Vicente, Estudiante (La Plata). 
Arreguine, Víctor, Profesor (Buenos Aires). 
Arrizabalaga, Gerardo, Médico (Uruguay). 
Arata, Pedro N., Médico (Buenos Aires). 
Aranda, Rafael, Ingeniero (Buenos Aires). 
Aranzadi, Gerardo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Arca, Enrique del. Médico (Buenos Aires). 
Aráoz Alfaro, Gregorio, Médico (Buenos Aires). 
Arce, Juvencio J., Médico (Buenos Aires). 
Arce, Santiago, Estudiante (Buenos Aires), 
Arechav ALETA, José, Médico (Uruguay). 
Arguello, Isauro P., Periodista (Buenos Aires). 



— 49 — 

Avila Méndez, Delfín, Ingeniero (Buenos Aires). 
AxAT, Raúl, Químico Farmacéutico (Buenos Aires). 

* Ayala, Nicolás, (Tucumán). 

Ayerza, Rómulo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Bahía, Manuel B., Ingeniero (Buenos Aires). 
Balbín, Valentín, Ingeniero (Buenos Aires). 
Barros Grez, Daniel, Ingeniero (Chile). 
Barabino, Santiago E., Ingeniero (Buenos Aires). 

* Barabino, Santiago, Farmacéutico (Uruguay). 
Barzi, Federico P., Ingeniero (Buenos Aires). 
Basavilbaso, Leopoldo, Abogado (Buenos Aires). 

* Basaldúa, Florencio de. Ingeniero (La Plata). 
Battilana, Pedro J., Ingeniero (Buenos Aires). 
Becher, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Beláustegui, Eduardo F., Estudiante (Buenos Aires). 
Belgrano, Joaquín M., Arquitecto (Buenos Aires). 
Benoit, Pedro J., Ingeniero (Buenos Aires). 
Berra, Jacobo Z., Médico (Buenos Aires). 

Berro Madero, Carlos, Estudiante (Buenos Aires). 
Berdier, Manuel, Médico (Buenos Aires). 
Berg, Carlos, Doctor en ciencias (Buenos Aires). 
Bergallo, Arsenio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Bermejo, Antonio, Abogado (Buenos Aires). 
Bialet Massé, Juan, Abogado (Buenos Aires). 
Bianchi, Juan J., Estudiante (Buenos Aires). 
BoGGiANí, Guido, Profesor (Paraguay). 

* BoNNEMAisoN, Juan E., Ingeniero (Perú). 
Bono, Alfredo del. Ingeniero (Buenos Aires). 
Bosque y Reyes, Francisco, Químico (Buenos Aires). 
BouTHERi, Carlos A., Médico (San Juan). 

Brian, Santiago, Ingeniero (Buenos Aires). 
Briones, Narciso, Químico (Chile). 
BuscHiAZZO, Juan A., Arquitecto (Buenos Aires). 
BuNGE, Carlos O., Abogado (Buenos Aires). 
BuNGE, Alejandro, Estudiante (Buenos Aires). 
BusTAMANTE, José L., (Buenos Aires). 
Cagnoni, Juan M., Ingeniero (Buenos Aires). 
Cagnoni, José M., Ingeniero (Buenos Aires). 
CÁLCENA, Augusto, Estudiante (Buenos Aires). 
Calviño, Juan M., Estudiante (Buenos Aires). 

T. I 



— 50 — 

Calvo, Edelmiro, (La Plata). 
Canabal, Joaquín, Médico (Uruguay). 
Candiani, Emilio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Candioti, Marcial R., Ingeniero (Buenos Aires). 
Cantilo, José Luis, Profesor (Buenos Aires). 
Cantón, Eliseo, Médico (Buenos Aires). 
Cantón, Lorenzo, Estudiante (Buenos Aires). 
Carrasco, Gabriel, Abogado (Buenos Aires). 
Carranza, Manuel A., Abogado (Buenos Aires). 
Carrasquilla, Juan de Dios, Médico (Colombia). 
Carlés, Manuel, Abogado (Buenos Aires). 
Carvallo Elizalde, V., Médico (Chile). 
Cassaffousth, Carlos A., Ingeniero (Buenos Aires). 

* Casal, Eufrosino, Abogado (Chile). 
Castex, Eduardo, Agrimensor (Buenos Aires). 

* Castro, Juan J., Ingeniero^ (Uruguay). 
Castro, Escalada P., Médico (Buenos Aires). 
Casari, José, Médico (Bella Vista, Corrientes). 
Catad, F., Médico (Brasil). 

Cavia Medina, Regino, Farmacéutico (Buenos Aires). 

Chanourdie, Enrique, Ingeniero (Buenos Aires). 

Chaves, Gregorio N., Médico (Buenos Aires). 

Chacaltana, Cesáreo, Abogado (Perú). 

Cheraza, Jerónimo, estudiante (Buenos Aires). 

CiCHERO, Domingo, Abogado (Buenos Aires). 

CiENFUEGOS, Máximo, Médico (Chile). 

Clerici, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 

CoNi, Emilio R., Médico (Buenos Aires). 

CoNi, Pedro J., Ingeniero (Buenos Aires). 

Constantino, Vicente P., Químico Farmacéutico (Buenos Aires). 

CoPMARTÍN, Eduardo, Médico (Buenos Aires). 

Correa, Manuel S., Ingeniero (Buenos Aires). 

Correa, Federico, Ingeniero (Buenos Aires). 

CÓRDOBA, Félix, Ingeniero (Buenos Aires). 

Coronado, Pedro J., Médico (Buenos Aires). 

Cornejo, Mariano H., Abogado (Perú), 

CoRTí, José S., Ingeniero (San Juan). 

Cranwell, Daniel, Médico (Buenos Aires). 

Cruz, Santiago F., Abogado é Ingeniero (Chile). 

* CuRCí, Vicente, Médico (Uruguay). 



— 51 — 

CuNHA Barboza, a. da, Médico (Brasil). 
Darquier, Juan A., Ingeniero (Buenos Aires). 
Dassen, Claro C, Ingeniero (Buenos Aires). 
Davison, Diego T. R., Médico (Buenos Aires). 
Day, Ricardo A., Coronel (Buenos Aires). 
Decoud, Diógenes, Médico (Buenos Aires). 
Del Monte, Emilio, Ingeniero (Buenos Aires), 
Dellepiane, Antonio, Abogado (Buenos Aires). 
Dellepiane, Luis J., Ingeniero (Buenos Aires). 

* Demicheri, Luis, Médico (Uruguay). 

Deustua, Alejandro O., Encargado de Negocios del Perú (Bue- 
nos Aires). 

Díaz Arana, Juan J., Estudiante (Buenos Aires). 
Díaz, Juan José, Médico (Buenos Aires). 
DÍAZ, Pacífico, Médico (Buenos Aires). 
DÍAZ DE Vivar, Juan, Abogado (Buenos Aires). 
Domínguez, Juan A., Farmacéutico (Buenos Aires). 
Dorado, Alejandro, Estudiante (Buenos Aires). 
DuCLOUT, Jorge, Ingeniero (Buenos Aires). 
DUDIGNAC, Ezequiel, Médico (Buenos Aires). 
DuNCAN, Carlos D., Ingeniero (Buenos Aires). 
DuRRiEU, Mauricio, Ingeniero (Buenos Aires). 
DuRAÑONA, Lucio, Médico (Buenos Aires). 
DuRAND, José E., Ingeniero (Buenos Aires). 
Eberrotaberea, J. Mariano, Profesor (Buenos Aires). 
EcHAGÜE, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
Enríquez, Arturo R., Médico (Buenos Aires). 
Escalada, Daniel M., Abogado (Buenos Aires). 
EsTEVES, José A., Médico (Buenos Aires). 
Eyle, Petrona, Médico (Buenos Aires). 
Ferreyra, Miguel, Médico (Buenos Aires). 
Ferrero, Eduardo, Periodista (Buenos Aires). 

* Fernández, Espiro, R. E., Médico (Uruguay). 
Fernández, Daniel, Ingeniero (Buenos Aires). 
Fernández, José V., Abogado (Buenos Aires). 
Fernández, Ladislao M., Ingeniero (Buenos Aires). 
Fernández, Sotero, Médico (Buenos Aires). 
FiGUEROA, Julio B., Ingeniero (Buenos Aires). 

Fierros, Juan de Dios, Administrador de Correos (México). 

* Fontela, José A., Farmacéutico (Uruguay). 



— 52 - 



FORRETTI, Roberto, Ingeniero (Chile). 
FosTER, Enrique, Estudiante (Buenos Aires). 
FosTER, Alejandro, Estudiante (Buenos Aires). 
Fregeiro, Clemente L., Profesor (Buenos Aires). 
FuRNOS, Cástulo L., Abogado (Buenos Aires). 
Fynn, Enrique, Doctor en Ciencias (Buenos Aires). 
Gaché, Samuel, Médico (Buenos Aires). 
Gallardo, Ángel, Ingeniero (Buenos Aires). 
Gallardo, José León, Abogado (Buenos Aires). 

* Gallastegui, Vicente, Médico (La Plata). 
Gallegos, Ventura, Médico (Mendoza). 
Gainza, Arturo de, Abogado (Buenos Aires). 
Gadíza, Rodolfo de, Médico (Buenos Aires). 
Gandolfo, Antonio C, Médico (Buenos Aires). 

* Garabelli, Luis, Médico (Uruguay). 
Garay, José de, Estudiante (Buenos Aires). 
Gez, Juan W., Educacionista (Buenos Aires). 
Ghigliazza, Sebastián, Ingeniero (Buenos Aires). 
Giménez, Joaquín, Profesor (Buenos Aires). 
Girado, José J., Ingeniero (Buenos Aires). 
GiRONDO, Juan, Agrimensor (Buenos Aires). 
GoDOY, Enrique, General (Buenos Aires). 
GoLFARiNi, Juan A., Médico (Buenos Aires). 
GÓMEZ, Fortunato, Agrimensor (Buenos Aires). 
GÓMEZ DE Terán, Leopoldo, Ingeniero (San Juan). 
González, Agustín, Ingeniero (Buenos Aires). 
González, Arturo, Ingeniero (Buenos Aires). 
González Cazón, N., Agrimensor (Buenos Aires). 
GoucHON, Emilio, Abogado (Buenos Aires). 

* Graham, Mary O., Profesora (La Plata). 
Grierson, Cecilia, Médico (Buenos Aires). 
GuALBERTO, Luis, Médico (Brasil). 
Guglielmetti, Juan, Médico (Uruguay). 
Guerrero, Manuel S., Teniente Coronel (San Juan) 
Guido y Spano, Miguel, Capitán (Buenos Aires). 
Güiraldes, Adolfo, Médico (Buenos Aires). 
Gutiérrez, Avelino,^Médico (Buenos Aires). 
Hansen, Pablo, Abogado (Buenos Aires). 
Harán, Antonio, Médico (Uruguay). 

* Harperath, Luis, Químico (Córdoba). 



— 53 — 

Herrera Vegas, Marcelino, Médico (Buenos Aires). 
Hidalgo Martínez, José, Profesor (Buenos Aires). 
HiCKEN, Cristóbal, Agrimensor (Buenos Aires). 
HoLMBERG, Eduardo L., Médico (Buenos Aires). 
HoLLMANN, H., Mecánico (Buenos Aires). 

* HoNORÉ, Carlos, Ingeniero (Uruguay). 

HoSKOLD, Carlos A. Lynes, Ingeniero (Buenos Aires). 
HosKOLD, H. D., Ingeniero (Buenos Aires). 

* HuNNEUS, Jorge, Abogado (Chile). 
HuERGO, Luís A., Ingeniero (Buenos Aires). 
HuERGO, Luís A. (hijo). Ingeniero (Buenos Aires). 
HuERGO, Eduardo, Ingeniero (Uruguay). 
Ibarguren, Antonino, Médico (Buenos Aires). 

ICHASO, Telmo, Ministro Plenipotenciario de Bolivia (Buenos 
Aires). 

Inchauspe, Julio, Médico (Uruguay). 

Infante, Ignacio C, Ingeniero (Chile). 

Ingegnieros, Salvador, Periodista (Buenos Aires). 

Inurrigarro, José M., Arquitecto (Buenos Aires). 

Irizar, J. Manuel, Médico (Buenos Aires). 

Iturbe, Miguel, Ingeniero (Buenos Aires). 

Jacobacci, Guido, Ingeniero (Buenos Aires). 

Jaescke, Víctor J., Ingeniero (Buenos Aires). 

Jorge, Faustino, Abogado (Buenos Aires). 

Justo, Juan B., Médico (Buenos Aires). 

KcENiNG, G., Ingeniero (Buenos Aires). 

Kolbe, Roberto S., Médico (Buenos Aires). 

KoRANDA, Luís, Inspector de ferrocarriles (Buenos Aires). 

KoRNER, Emilio, General (Chile). 

Krausse, Otto, Ingeniero (Buenos Aires). 

Kyle, Juan J. J., Doctor en Ciencias (Buenos Aires). 

Labarthe, Julio, Ingeniero (Buenos Aires). 

* Lafone Quevedo, Samuel A., Filólogo (Catamarca). 
Lagarde, Alfredo, Médico (Buenos Aires). 
Lagleyze, Pedro, Médico (Buenos Aires). 

* Lahille, Fernando, Naturalista y Médico (La Plata). 
Lamas, Alfonso, Médico (Uruguay). 

Laporte, Luís B., Estudiante (Buenos Aires). 
Langdón, Juan A., Ingeniero (Buenos Aires). 
La valle, Francisco, Ingeniero (Buenos Aires). 



— 54 — 

Lavalle, Francisco P., Quimico (Buenos Aires). 
Lavergne, Agustín B, Profesor (Buenos Aires). 
Lederer, Julio, Ingeniero (Buenos Aires). 

* Legrand, Enrique, Astrónomo (Uruguay). 

* Lehmann Nitsche, Roberto, Médico y doctor en filosofía {U 

Plata). 

Lemos, Julio, Médico (Buenos Aires). 

Lenz, Rodolfo, Abogado (Chile). 

LiLLO, Miguel, Químico (Tucumán). 

Lima, Carlos T., Abogado (Buenos Aires). 

LÓPEZ Aniceto E., Estudiante (Buenos Aires). 

Llobet, Andrés F., Médico (Buenos Aires). 

LuGONES, Arturo M., Ingeniero (Buenos Aires). 

Luiggi, Luís, Ingeniero (Buenos Aires). 

LuTZ, Adolfo, Óptico (Buenos Aires). 

Machado, José O., Abogado (Buenos Aires). 

Madrid, Samuel de. Médico (Buenos Aires). 

Mackern, Jorge, Médico (Buenos Aires). 

Mallo, Pedro, Médico (Buenos Aires). 

Mamberto, Benito J., Ingeniero (Buenos Aires), 

Manzone, Luís, Médico (Buenos Aires). 

Marambio Catán, David, Teniente Coronel (Buenos Aires) 

Martínez von R., Alberto, Bachiller (Chile). 

Martínez, Benjamín B., Médico (Buenos Aires). 

* Martínez, Benigno T., Profesor (Entre Ríos). 
Martínez Parías, Teófilo, Agrimensor (Córdoba). 
Martínez, Marcial, Ingeniero (Chile). 
Martínez, Ricardo V., Ingeniero ""(Chile). 

* Martínez, Valentín, Ingeniero (Chile). 

Martínez Rufino, Valentín, Abogado (Buenos Aires). 
Mas, Pedro, Médico (Buenos Aires). 
Masi, Adolfo, Médico (Buenos Aires). 
Maschwitz, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
Massini, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
Matienzo, Emiho, Abogado (Buenos Aires). 
Magendie, J., Presbítero y Profesor (Buenos Aires). 
Maza, Juan (Buenos Aires). 
Medici, Juan B., Ingeniero (Buenos Aires). 
Menchaca, Ángel, Profesor (Buenos Aires). 
Méndez, Julio, Médico (Buenos Aires). 



— 55 — 

Menéndez, Damián, Escribano (Buenos Aires). 
Mercado, Camilo, Abogado (Buenos Aires). 

* Mercante, Víctor, Profesor (Mercedes, Buenos Aires). 
Mercanti, Ferrucio, Médico (La Plata). 

* Michaelsson, Florencio, Ingeniero (Uruguay). 

* Miero, Rafael de. Médico (Uruguay). 
Molina Civit, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 
Molina, Manuel O., Abogado (Buenos Aires). 
Molina, Víctor M., Abogado (Buenos Aires). 
Molina, Waldino, Estudiante (Buenos Aires). 
Molner, Antonio, Agrimensor (Buenos Aires). 
MoNETA, Pompeyo, Ingeniero (Buenos Aires). 

* MoNETTi, Peregrino, Farmacéutico (Uruguay). 

* MoNTT, Pedro, Abogado (Chile). 

Montes de Oca, Leopoldo, Médico (Buenos Aires). 
MoNTEVERDE, Juan, Ingeniero (Uruguay). 
Morales, Carlos M., Ingeniero (Buenos Aires). 

* MoRANDi, Luís, Presbítero, Astrónomo (Uruguay). 
Moreno, Francisco P., Naturalista (La Plata). 

* Moreno, Virginia, Profesora (La Plata). 
MoREL, Miguel G., Abogado (Buenos Aires). 
MoRMES, Andrés, Químico (Buenos Aires). 
Moscarda, Juan F., Capitán (Buenos Aires). 

* Mota, Feliciano J., Profesor (San Luís). 
Muñoz Tebar, Jesús, Ingeniero (Venezuela). 
Murillo, Adolfo, Médico (Chile). 

* Navarro, Alfredo, Médico (Uruguay). 
Navarro Viola, Jorge, Ingeniero (Buenos Aires). 
Nelson, Ernesto, Médico (Salta). 

Nevares, Alejo de, Abogado (Buenos Aires). 
Newton, Artemio R., Estudiante (Buenos Aires). 
Newton, Alvaro J., Médico (Buenos Aires). 
NicoLSON, Jaime, Ingeniero (Buenos Aires). 
NiN Posadas, Joaquín, Médico (Buenos Aires). 
Noceti, Adolfo, Estudiante (Buenos Aires). 
Noceti, Domingo, Ingeniero (Buenos Aires). 
NovARO, Bartolomé, Médico (Buenos Aires). 
Obarrio, Manuel, Abogado (Buenos Aires). 
Obejero, Eduardo, Médico (Buenos Aires). 
OcAMPO, Manuel S., Ingeniero (Buenos Aires). 



- 56 - 

OCHOA, Arturo, Ingeniero (Buenos Aires). 
OCHOA, José V. t, Abogado (Solivia). 
Olaechea, Teodorico, Profesor (Perú). 
Olazábal, Alejandro, Ingeniero (Buenos Aires). 
Olazábal, Pedro, Ingeniero (Buenos Aires). 
Olivera, Carlos E., Ingeniero (Buenos Aires). 
Oliverio, Pascual L., Médico (Buenos Aires). 
Olmos, Miguel, Ingeniero (Buenos Aires). 
Orfila, Alfredo ]., Estudiante (Buenos Aires). 
Ortega, Florentino, Médico (Buenos Aires). 
Ortiz, Eliseo, Médico (Buenos Aires), 
Ortiz, Diolimpio, Profesor (Buenos Aires). 
Otamendi, Alberto D., Ingeniero (Buenos Aires). 
Otamendi, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Otamendi, Rómulo, Ingeniero (Buenos Aires). 
* Otero, Manuel B., Abogado (Uruguay). 
OuTES, Félix F., Estudiante (Buenos Aires). 
O valle Vicuña, Alfredo, Ingeniero (Chile). 
Oyuela, Ignacio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Pacheco, Román, Médico (Buenos Aires). 
Padilla, Julio G., Estudiante (Buenos Aires). 
PÁEZ, J, G., (Buenos Aires). 
Pages, Lincoln, Ingeniero (San Juan). 
Palacio, Emilio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Palacio, Enrique, Médico (Buenos Aires). 
Palma, Pascual, Médico (Buenos Aires). 
Pasapera, Manuel S., Abogado (Perú). 
Pastor, Luis, Profesor (Buenos Aires). 
Pattó, Gustavo, Profesor (Buenos Aires). 
Payró, Miguel, Médico (Buenos Aires). 
Payró, Pedro, Médico (Buenos Aires). 
Paz, Julio, Médico (Buenos Aires). 
Pelleschi, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 
Pena, Carlos M.'^ de. Abogado (Uruguay). 
Péndola, Agustin J., Vicedirector del Museo (Buenos Aires). 
Pereyra, Horacio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Pereyra, Manuel, Ingeniero (Buenos Aires). 
Pereyra Rozas, Ricardo, Capitán (Buenos Aires). 
PÉREZ, Diego, Médico (Uruguay). 
Pérez, Julián, Profesor (Buenos Aires). 



— 57 — 

Petersen, H. Teodoro, Estudiante (Buenos Aires). 

Plucker y Rico, Leonardo (Perú). 

Piaña, Juan Silvio, Químico Farmacéutico (Buenos Aires), 

PiAGGio, Antonio, Ingeniero (Buenos Aires). 

PicciNiNi, Arturo C, Médico (Buenos Aires). 

PicciONE, Enrique, Abogado (Chile). 

PiETRANERA, Enrique, Médico (Buenos Aires). 

PiROVANO, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 

PoNCE Y GÓMEZ, Luis, Abogado (Buenos Aires). 

* PoNGiBOVE, J. M., Farmacéutico (Uruguay). 
PoPOLizio, José, Médico (Buenos Aires). 
Posadas, Alejandro, Médico (Buenos Aires). 
POURET, L. F., Presbítero y profesor (Buenos Aires). 
Prado, Francisco J., Ingeniero (Chile). 

Prince, Carlos, Periodista (Perú). 
Puebla, Adolfo, Médico (Buenos Aires). 
PuiGGARi, Miguel M., Químico (Buenos Aires). 

* PuMARÁ, Pedro D., Ingeniero Agrónomo y Médico Veterinario 
(La Plata). 

Quintana, Mariano, Agrimensor (Buenos Aires). 

* QuiROGA, Adán, Abogado (Tucumán). 

QuiROGA, Atanasio, Doctor en Ciencias (Buenos Aires). 

* Raffinetti, Virgilio, Astrónomo (La Plata). 
Ramaleo, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 

Ramos Mejl\, Ildefonso P., Doctor en Matemáticas (Buenos Aires) 

Rapelli, Luis, Ingeniero (Tucumán). 

Rellán, Esio P., Estudiante (Buenos Aires). 

Repetto, Nicolás, Médico (Buenos Aires). 

Rey de Castro, Carlos, Cónsul del Perú (Buenos Aires). 

Ricaldoni, Américo, Médico (Uruguay). 

RiCALDONi, Tebaldo, Ingeniero (Buenos Aires). 

RiGLOS, Esteban M., Estudiante (Buenos Aires). 

Rinaldi, Máximo, Médico (Buenos Aires). 

Risso D., Juan Carlos, Médico (Buenos Aires). 

Rivarola, Rodolfo, Abogado (Buenos Aires). 

Robín Castro, Napoleón, Agrimensor (Catamarca). 

RocAMORA, Jaime, Ingeniero (Buenos Aires). 

Rocatagliata, Rodolfo, Estudiante (Buenos Aires). 

Rocha, Dardo, Abogado (La Plata). 

* Rodríguez del Busto, Antonio, Médico (Córdoba). 



- 58 - 

Rodríguez del Busto, Francisco, Agrimensor (Córdoba). 
Rodríguez, Carlos Alberto, Abogado (Buenos Aires). 
Rodríguez, Fermin (hijo), Médico (Buenos Aires). 
Rodríguez, Fermín, Propietario (Buenos Aires). 
Rodríguez, Gregorio, Teniente, Ingeniero (Buenos Aires). 
Rodríguez, Juan J., Abogado (Guatemala). 
Rodríguez Saráchaga, Osear, Abogado (Buenos Aires). 
RoMAGOSA, José, Ingeniero (Buenos Aires). 
Rodríguez, Martín, Capitán, Ingeniero (Buenos Aires). 
Rojas Agosta, N., Periodista (Corrientes). 
RoFFO, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 
Rom, Melchor G., Economista (Buenos Aires). 
Romero, Félix J., Ingeniero (Buenos Aires). 

* Romero, Julián, Ingeniero (La Plata). 
Romero, Julio del. Profesor (Buenos Aires). 
Rosa, Alejandro, Comerciante (Buenos Aires). 

Ruiz DE los Llanos, Rafael, Abogado (Buenos Aires). 
Sagastume, Demetrio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Salas, Carlos, Abogado (Buenos Aires). 
Salterain, Joaquín de. Médico (Uruguay). 
Salvadores, Jaime, Médico (Buenos Aires). 
Sanarelli, José, Médico (Uruguay). 
Sanromán, Iberio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Sarabayrousse, Eugenio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Sarhy, Juan F., Ingeniero (Buenos Aires). 
Sasso, Domingo, Médico (Buenos Aires). 

* ScALABRiNi, Pedro, Naturalista (Corrientes). 
ScoTTi, Blas, Médico (Buenos Aires). 
ScoTTi, Carlos F., Profesor (Buenos Aires). 
ScoTTO, Diego B., Médico (Buenos Aires). 
ScHLATER, Eduardo (Buenos Aires). 
ScHNEiDEWiND, Alberto, Ingeniero (Buenos Aires). 
ScHRoDER, Enrique, Ingeniero (Buenos Aires). 
ScHWARTZ, Mauricio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Segovia, Fernando, Ingeniero (Buenos Aires). 
Segura y Cabrera, Andrés, Abogado (Cuba). 
Serrato, Juan G., Mayor {Buenos Aires). 
Serna, Jerónimo de la, Ingeniero (Buenos Aires). 
Seurot, Edmundo, Ingeniero (Buenos Aires). 
SiLVEYRA, Alvaro Astolpho da. Ingeniero (Brasil). 



— 59 — 

SiLVEYRA, Luis, Ingeniero (Buenos Aires). 
SiMEONE, Pedro A., Médico (Buenos Aires). 
SiOEN, Aquiles, Profesor (Buenos Aires). 
Sola, José María (La Plata). 
SoLDANí, Juan A., Estudiante (Buenos Aires). 
SoMMER, Baldomcro, Médico (Buenos Aires). 
Sosa, Sandalio, Teniente Coronel (Buenos Aires). 
SouLAGES, Edmundo, Ingeniero (Buenos Aires). 

* Spegazzini, Carlos, Naturalista (La Plata). 
Stavelius, Federico, Ingeniero (Buenos Aires). 
Stucker, Teodoro, Farmacéutico (Córdoba). 
Straw, Enrique, Escribano (Buenos Aires). 
Suárez Estévez, José, Farmacéutico (Buenos Aires). 
SuDNiK, Ricardo, Médico (Buenos Aires). 

* Taboada, Miguel A., Ingeniero (Córdoba). 
Tafelmacher, Augusto, Doctor en Ciencias (Chile). 
Tagliabue, Federico, Químico (Buenos Aires). 
Tedín, Miguel, Ingeniero (Buenos Aires). 

Tello, Wenceslao, Médico (Buenos Aires). 
Tezanos Pintos, Jacobo de, Médico (Buenos Aires). 
Thomé, Juan M., Astrónomo ( Córdoba). 
Thompson, Valentín, Ingeniero (Buenos Aires). 

* Tobar, Carlos R., Doctor en ciencias (Ecuador). 
ToLOSA, Waldino, Profesor (Catamarca). 
ToRNOW, Eugenio, Agrimensor (Tucumán). 
TosCANO, Julián, Presbítero (Salta). 

Trelles, Francisco M., Estudiante (Buenos Aires). 
TzAUT, Constante, Ingeniero (Buenos Aires). 
Uriarte, Claudio de. Médico (Buenos Aires). 
Uriburu, José F., Teniente (Buenos Aires). 
Urquiza, Diógenes de, Médico (Buenos Aires). 
Valdez, Adolfo, Médico (Buenos Aires). 
Valdez, Julio B., Médico (Tucumán). 

* Valdez Morel, Alberto, Médico (Chile). 
Vallée, Tomás, Capitán (Buenos Aires). 

Van Hatten, Martín C, Empresario de obras (La Plata). 
Varangot, Avelino, Ingeniero (Buenos Aires). 
Vasconcellos, Luis E. de, Profesor (Buenos Aires). 
Vázquez, José, Médico (Buenos Aires). 
Vázquez, Pedro S., Estudiante (Buenos Aires). 



— 6o — 

Velasco Lugones, Salvador, Mayor Ingeniero (Buenos Aires). 
* Velázquez Jiménez, Juan, Ingeniero (Perú). 
Vidal, Antonio J., Médico (Buenos Aires). 
ViLA, Luis F., Médico (Buenos Aires). 
ViLA, Manuel A., Ingeniero (Buenos Aires). 
ViLLANOVA Sanz, Florencio, Prelado (Buenos Aires). 
ViLLARico, Carlos (Buenos Aires). 
ViLLAKREAL, Federico, Ingeniero (Perú). 
ViNENT, Pedro, Ingeniero (Buenos Aires). 
Waldorp, Juan A., Ingeniero (Buenos Aires). 
Wauters, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
Wernicke, Otto, Médico (Buenos Aires). 
Wernicke, Roberto, Médico (Buenos Aires). 
White, Guillermo, Ingeniero (Buenos Aires). 
WiLMART DE Glymes, R., Abogado (Buenos Aires). 
Yanzi, Amadeo, Químico Farmacéutico (Buenos Aires). 
Zavalía, Salustiano, Ingeniero (Buenos Aires). 
Zeballos, Estanislao S., Abogado (Buenos Aires). 
ZuBERBÜHLER, Carlos E. (Buenos Aires). 
ZuNiNO, Juan E., Capitán Ingeniero (Buenos Aires). 

Nota. — Los asteriscos * señalan los nombres de las personas que 
residen fuera de Buenos Aires y han concurrido á las sesiones del 
Congreso. 



— 6i — 



RESUMEN GENERAL DE ADHESIONES 



países 



Sociedad 18 

é instítociooes 

adheridas 



j de sociedades i 
iistitic iones 



T9TAIES 



Argentina (Capital) 

» (Interior) 

Uruguay 

Chile 

Perú 

Ecuador. 

Méjico 

Bolivia 

Brasil 

Paraguay 

Venezuela 

Colombia 

Guatemala 

Cuba 

Totales.... 



28 



40 



335 

57 

28 

24 

6 

I 

I 

3 
I 

I 
I 
I 



459 (*) 



351 
59 
41 
36 
12 

5 
5 
4 
3 
3 
3 
2 
2 
I 



527 



(*) No figuran aquí las adhesiones cuyo importe no ha sido remitido. 



ACTA DE LA SESIÓN PREPARATORIA 

Celebrada el lo de Abril de 1898 en el Anfiteatro de la Facultad de Medicina 



PRESENTES 

Alba Carreras 

Alfonso 

Anón 

Aráoz Alfaro 

Arata 

Balbín 

Barabino, S. E. 

Basaldúa 

Berg 

Cal vino 

Cantilo 

Cantón 

Carrasco 

Chanourdie 

Cherazza 

Coni, E. R. 

Constantino 

Figueroa 

Fontela 

Foster, A. 

Foster, E. 

Gaché 

Gallardo, A. 

Gallardo, J. L. 

Honoré 

Hunneus 

Huergo, L. A. 

Jorge 

Kyle 

Lafone Quevedo 

Lahille 

Lemos 

Llobet 

Manetti 



Con asistencia de los adherentes al margen de- 
signados y siendo las nueve y treinta antemeridia- 
no, el Presidente del Comité de Organización, In- 
geniero Ángel Gallardo, declaró abierta la sesión, 
exponiendo que ella tenía por objeto cumplir el 
precepto del Reglamento General, de elegir la mesa 
directiva definitiva. Agregó que los países sudame- 
ricanos han concurrido casi todos al certamen, dis- 
tinguiéndose, especialmente, por su entusiasmo, 
las Repúblicas de Chile y Oriental del Uruguay, 
que han concurrido con un número de trabajos y 
de adherentes relativamente considerable. Por esta 
razón, el Comité de Organización se permitía pro- 
poner á la Asamblea la designación de Presidente 
y Vice en delegados de aquellos países, añadiendo 
también que tenía la satisfacción de presentar al 
señor Carlos R. Tobar, Presidente de la Academia 
de Quito (Ecuador), que acababa de llegar, des- 
pués de una penosa y larga travesía, para tomar 
parte en las deliberaciones del Congreso. 

Se nombra, entonces, por aclamación, al Doc- 
tor Paulino Alfonso, Profesor de la Facultad de 
Derecho de Santiago y Diputado al Congreso de 
Chile, para Presidente. 

Al Doctor Luis Demicheri, Profesor de la Fa- 
cultad de Medicina de Montevideo, para Vicepre- 
sidente. 

Se aclama igualmente para Vicepresidente al 
Doctor Carlos R. Tobar, Presidente de la Acade- 
mia de Quito. 



63 



Martínez B. D. 

Martínez, B. T. 

Massi 

Michaelsson 

Morales 

Navarro 

Nevares 

Noceti, A. 

Obejcro 

Ortiz, G. 

Risso Domínguez 

Rodríguez, F. 



Recibidas con aplausos entusiastas estas desig- 
naciones, el Doctor Alfonso toma la palabra para 
expresar que se cree obligado á aceptar la honro- 
sísima designación con que se acaba de favorecer- 
le, en atención, no á sus propios merecimientos, 
sino á la magnanimidad y elevación de sentimien- 
tos de que el Comité de Organización había dado 
pruebas al pedir la designación de autoridades en 
las personas de delegados extranjeros. Agregó 
que aceptaba tal honra por Chile y para Chile, y 
Rodríguez del Busto, A. q^g^ gj^ nombre de su patria, agradecía vivamente 

Sagastume t • . t í • ' 

^ , la amistosa maniíestacion. 

Salvadores 

El Doctor Tobar manifestóse igualmente agra- 
decido, declarando que las penurias de su viaje 
estaban más que compensadas con la satisfacción 
de encontrarse hoy en medio de tan docta Asam- 
blea. 

El señor Presidente manifiesta que es igualmen- 
te necesario designar los Secretarios Generales del 
Congreso. A moción del Doctor Estanislao S. Ze- 
ballos, se resuelve confirmar al actual. Doctor Gregorio Aráoz Alfaro, 
y designar el segundo de entre los delegados extranjeros. Por indi- 
cación del señor Presidente, este último nombramiento recae en el 
Doctor Alfredo Navarro, Delegado de la Sociedad de Medicina de 
Montevideo. 

Constituida de esta manera la Mesa Directiva, el Doctor Pedro 
Scalabrini ( de Corrientes ) propone un voto de aplauso á la Socie- 
dad Científica Argentina, iniciadora de este Congreso, que ha sa- 
bido resistir á todos los sentimientos de pesimismo manifestados por 
tantos, y que ve coronado su cuarto de siglo de existencia con fiesta 
tan grandiosa como la que se inicia en este día. 

Recibida con aplauso esta moción, es ampliada por el Doctor Ga- 
briel Carrasco, en el sentido de que los concurrentes se pongan de 
pie en homenaje á la indicada Sociedad. Así se hace. 

Estando terminada la orden del día, el señor Presidente levanta 
la sesión á las diez antemeridiano. 



Sarabayrousse 
S calabrini 
Tedin 
Tobar 
Uriarte 
Urquiza 
Valdez Moral 
Wernicke, R. 



G. Aráoz Alfaro, 

Secretario General. 



SESIÓN SOLEMNE DE APERTURA 

Celebrada el lo de Abril de 1898 en el Salón de Grados de la Facultad de Medicina 

Con asistencia de cerca de cuatrocientas personas, entre adheren- 
tes y funcionarios oficiales, especialmente el señor Rector de la Uni- 
versidad, Decanos y Académicos de las Facultades, Ministros Pleni- 
potenciarios de las naciones sudamericanas, etc., el señor Ministro 
de Instrucción Pública, Doctor Luis Beláustegui, Presidente Hono- 
rario del Congreso, declaró abierta la sesión, leyendo el discurso 
que se adjunta. 

En seguida, el señor presidente del Comité de Organización, In- 
geniero Ángel Gallardo, leyó igualmente un. discurso que también 
se acompaña. 

Concedida la palabra al Secretario general, Doctor Aráoz Alfaro, 
éste leyó un informe detallado, sobre . el trabajo del Congreso, é 
hizo conocer la adhesión de los gobiernos y corporaciones, de los 
delegados nombrados por unos y otras, agregando también que en 
la sesión preparatoria de la mañana habíase constituido la Mesa 
Directiva, en la forma de que da cuenta el acta anterior. 

Ofrecida la palabra por el señor Ministro, á los delegados extran- 
jeros, el Ingeniero Carlos Honoré, delegado de la Sociedad Cien- 
cias y Artes de Montevideo, y el Doctor E. Fernández Espiro (del 
Consejo Nacional de Higiene de la misma ciudad), pronuncian bre- 
ves alocuciones. 

El presidente del Comité de Organización propone la designación 
de vicepresidentes honorarios^ en la persona de los siguientes se- 
ñores : 

Doctor Alberto Valdez Morel, é Ingeniero Valentín Martínez 
(Chile). 

Doctor E. Fernández Espiro, é Ingeniero Carlos Honoré (Uru- 
guay). 

Doctor José Z. Caminos (Paraguay). 

Excelentísimo señor Fausto de Aguiar, Ministro Plenipotenciario 
del Brasil. 

Ingeniero Pompeyo Moneta (México). 



- 65 - 

Señor Alejandro Deustua, Encargado de negocios del Perú, é In- 
geniero Julio B. Figueroa y J. Elias Bonnemaison (Perú). 

General Doctor Manuel Viedma (Ecuador). 

Doctor Rafael Herrera Vegas (Venezuela). 

Excelentísimo señor Doctor Telmo Ichaso, Ministro de Bolivia. 

Aceptada sin observación la propuesta anterior, y no haciendo 
uso de la palabra ningún otro de los delegados presentes, se levantó 
la sesión, siendo las 4 p. m. 

G. Aráoz Alfaro, 

Secretario General. 



Discurso del señor Ministro de Justicia, Culto é Instrucción 
Pública, Doctor Luis Beláustegui 

Señores : 

Reunidos para inaugurar los trabajos del Congreso Científico 
Latino Americano, podemos decir que fué realmente laudable la 
idea de la Sociedad Científica Argentina, que conmemora de esta 
manera el cuarto de siglo de su existencia. 

La iniciativa de la Sociedad, apoyada por el Poder Ejecutivo de 
la Nación ante el Congreso argentino, encontró, desde luego, el con- 
curso de muchas y buenas voluntades, mereciendo también el apoyo 
de los demás gobiernos de Sud América. Los delegados oficiales y 
los adherentes de todos los pueblos se congregan hoy al llamado 
de nuestra corporación nacional, animados de un noble espíritu 
de trabajo, dispuestos á consagrarle toda la fuerza de su intelectua- 
lidad en el terreno neutral de la ciencia, despreocupados de otro 
pensamiento que no sea el de aportar cada uno, en la especialidad 
de sus estudios, la contribución que formará un capital de conoci- 
mientos útiles para la vida próspera de nuestras repúblicas y para 
estrechar los vínculos que mantienen la confraternidad sudameri- 
cana. 

No ha de ser infecunda esta tarea, como no lo fué la de otros con. 
gresos internacionales ; ocurriendo al recuerdo, como hechos más 
recientes, aunque de un orden puramente oficial, el Congreso sani- 
tario de Río de 'Janeiro en 1887, que nos dio la convención que su- 
prime los peligros de la importación de males epidémicos, y el con- 
vocado en la República Oriental del Uruguay, en 1888, cjue sancio- 

T. I 5 



_ 66 — 

nó los tratados por que hoy se rigen en toda la América del Sud las 
relaciones del derecho internacional privado. El Congreso que hoy 
inauguramos en Buenos Aires, con el carácter puramente científico 
de su instituto, tendrá el mérito de sus sanos propósitos y sera 
siempre la iniciativa que dé impulso á otros actos análogos y más 

eficientes. 

Interpretando así los sentimientos del señor Presidente de la 
República, que me ha confiado su representación para este acto y 
los de la Sociedad iniciadora, que me ha honrado con la presi- 
dencia de la asamblea, cumplo, ante todo, con el deber de dar la 
bienvenida á todos los señores delegados oficiales y á los adheren- 
tes al Congreso, que llegan desde lejanos pueblos para asociarse á 
sus trabajos científicos. 

Amplio es, señores, el programa de los estudios á que podéis con- 
sagraros y breve el plazo fijado para desarrollarlo ; pero el esfuerzo 
simultáneo de las diferentes secciones promete todo el fruto de la 
división de trabajo, aunada á la competencia de los miembros acti- 
vos del Congreso y á la preparación con que concurren á este tor- 
neo de la ciencia. 

Se os ofrecen, desde luego, los temas de las ciencias exactas, que 
disciplinan el espíritu con la precisión del cálculo y que podríais 
abordar en el terreno práctico de la geografía y en las especulacio- 
nes abstractas de las teorías matemáticas. 

Los temas de la ingeniería se ofrecen á vuestra actividad intelec- 
tual, en todas las formas de su aplicación, al transporte terrestre ó 
marítimo, al estudio de los mejores medios de comunicación inter- 
nacional, á las construcciones públicas y privadas, á las que espe- 
cialmente se relacionan con el servicio militar y la fabricación misma 
de los instrumentos de la guerra. 

En las ciencias físico-químicas, podéis abordar los progresos de 
la telegrafía moderna, la traccióa y el alumbrado eléctrico, la 
potabilidad de las aguas, la aptitud alimenticia de los productos del 
suelo, en su estado natural, y en su elaboración. 

En las ciencias naturales, podéis estudiar, especialmente y en su 
generalidad, la fauna y la ñora americanas, la utilización médica é 
industrial de sus productos ; como podríais consagraros á lo que 
reviste verdadera importancia de actualidad, á los estudios entomo- 
lógicos, que nos darán reglas y medios prácticos de combatir la lan- 
gosta, las enfermedades de la viña y, en general, todas las plagas 
que disminuyen ó esterihzan el fruto de los trabajos agricolas. 



- 6; - 

En las ciencias médicas, puede dilucidar el Congreso el estudio 
de las aguas termales americanas, cuyo uso, preferible al de las 
aguas europeas, hace cada vez más posible el desarrollo de la fácil 
comunicación internacional; puede ocuparse, además, de temas tan 
importantes como la defensa sanitaria de los puertos, el tratamiento 
moderno de la locura, la higiene privada y púbhca, con la que se 
hace verdadera profilaxia y se obtiene la reducción inmediata de 
las tablas de mortalidad. 

Tienen también sus temas en el programa de vuestras sesiones las 
ciencias antropológicas, con sus estudios generales ó sus monogra- 
fías, auxiliares poderosos de geógrafos é historiadores. 

Las ciencias sociológicas, por último, las de interés palpitante 
para el gobierno de los pueblos, ocuparán, sin duda, una parte prin- 
cipal de vuestras tareas, y podremos tener, entre otras enseñanzas, 
las que versan sobre cuestiones de población, sobre el desarrollo 
del comercio internacional sudamericano, la inmigración, la econo- 
mía política, las finanzas, la educación, los medios más prácticos de 
prevenir y castigar los delitos. 

Esta indicación, á grandes rasgos, de las materias que pueden 
ocuparos, sin excluir otros temas que fijen los señores adherentes, 
m.uestra desde luego todo lo que debe fundadamente esperarse de 
este concurso de hombres de ciencia; y la capital de la República 
Argentina ha de prestar complacida su nombre, para que con él 
sea designado este Congreso, en la referencia ulterior de sus tra- 
bajos científicos. 

Buenos Aires cumplirá debidamente los deberes que la hospita- 
lidad le impone y los miembros del Congreso serán miembros de 
nuestra sociabilidad, mientras nos hagan el honor de compartirla. 

Los representantes científicos de las repúblicas sudamericanas 
van á encontrar aquí toda la cooperación que deben prestarles las 
autoridades del país, las corporaciones y los círculos sociales. La 
Sociedad Científica Argentina, con la preferencia que le corresponde 
legítimamente, como iniciadora del Congreso, con el concurso de la 
Municipahdad de la Capital, ha tomado las medidas necesarias 
para que la permanencia de sus invitados en la ciudad de Buenos 
Aires, además de ser fructífera para la ciencia y para los intereses 
internacionales de América, sea tan agradable como pueda hacerla 
el trato de nuestra vida social; el conocimiento de nuestros pro- 
gresos, la visita de nuestro puerto, de nuestras obras de salubridad, 
de las fábricas, de los hospitales, de las escuelas y de tantas otras 



— 68 — 

instituciones, que mostramos con orgullo al extranjero y que rnos- 
traremos con amor á nuestros huéspedes, hijos de las repúblicas 

hermanas. , i i -n j 

Señores delegados y señores adherentes : En nombre del Poder 
EiecutivodelaRepúbHcay de la Sociedad Científica Argentina, 
declaro solemnemente instalado el Congreso Científico Latino Ame- 
ricano y hago los votos más sinceros por el acierto de vuestras 
deliberaciones, por que ellas sean eficientes para los intereses de 
América y por que realizados vuestros propósitos, podáis regresar al 
hogar con todas las satisfacciones de la buena ausencia y del cum- 
plimiento de los deberes patrióticos que os habéis impuesto. 

Discurso del Ingeniero señor Ángel Gallardo 

Excelentísimo señor Ministro de Justicia, Culto é Instrucción Pú- 
blica ; señor Rector y señores Decanos de las Facultades de la 
Universidad de Buenos Aires ; señores delegados y adherentes 
de las repúblicas hermanas; señores : 

Bien venidos sean los distinguidos representantes de las Repú- 
blicas ibero- americanas, cuya presencia da carácter á esta primera 
reunión del Congreso Científico Latino Americano que la ciudad de 
Buenos Aires tiene el honor de albergar en su recinto. 

Vemos así realizada esa simpática solemnidad fraternal que ini- 
ció la Sociedad Científica Argentina para conmemorar dignamente 
su jubileo de plata, dando con ella forma tangible y existencia real 
á la unión que debe existir entre estos jóvenes países, íntimamente 
vinculados por la comunidad de origen, la semejanza ó identidad 
de idioma, por innumerables razones políticas y sociológicas. 

Era tiempo que cesara el lamentable aislamiento intelectual de 
estas tierras hermanas, puesto que se hallan en presencia de aná- 
logos problemas, luchan con dificultades parecidas, aspiran á unos 
mismos ideales. 

Nada es más oportuno para resolver esas cuestiones científicas,, 
que discutirlas libremente en un ampKo torneo intelectual, que no 
sólo permite constatar los progresos alcanzados, sino que sirve 
también para señalar múltiples deficiencias y vacíos, fijando al 
mismo tiempo los rumbos más convenientes para los estudios é in- 
vestigaciones ulteriores. 



- 69- 

Si son reconocidamente convenientes los congresos en los cen- 
tros más civilizados, cuyos hombres de estudio se encuentran conti- 
nuamente en fácil contacto, donde funcionan vigorosas sociedades 
é instituciones científicas que los acercan y vinculan, cuánto más 
útiles y necesarias serán estas a'sambleas entre nosotros, donde los 
escasos obreros intelectuales se hallan aislados y dispersos, sienten 
embotarse sus energías y entusiasmos, ven esterilizados esfuerzos ge- 
nerosos por falta de estímulo, consejo ó auxilio. 

¡ Cuántas iniciativas y propósitos de estudio y de labor sofoca la 
carencia de medio vital, hiela la indiferencia ó destroza el fácil 
sarcasmo de aquellos que nada desinteresado intentan ! 

Urgía aunar todas las fuerzas para constituir cuanto antes un 
ambiente de cultura que permita el desarrollo de las más altas in- 
vestigaciones y llame poderosamente la atención de los gobernan- 
tes y del público, hacia tales cuestiones, á ñn de que provean los 
medios indispensables para abordarlas. 

Si no queremos caer en una barbarie civilizada, peor aún que la 
barbarie primitiva, necesitamos fomentar inteligentemente nuestras 
escuelas, enriquecer las bibliotecas, fundar y dotar laboratorios, dar 
elementos de trabajo á los observatorios y museos, facilitar las pu- 
blicaciones científicas, elevar, dignificar, moralizar, en fin, nuestras 
sociabilidades embrionarias. 

No se podrá tener alta cultura, sin estimular á los hombres que 
se dedican al estudio, si los catedráticos no se remuneran decoro- 
samente, mientras no se permita á los sabios despreocuparse de las 
necesidades materiales de su modesta existencia. 

Sólo así se alentará á la juventud á seguir el benéfico y civili- 
zador camino de las especulaciones científicas y fructificarán mu- 
chas vocaciones destinadas á cubrir de gloria á su patria y á la 
humanidad, vocaciones que hoy día se consideran como peligrosas 
fantasías, cuyo seguro término es la miseria. 

La reiinión de vin congreso científico que centuplique las fuerzas 
por la unión, es un paso más en el sentido de la mejora de las pre- 
sentes condiciones intelectuales americanas. 

Los primeros resultados de este certamen han superado las espe- 
ranzas de la Sociedad Científica Argentina, cuya iniciativa se reci- 
bió con cierta timidez y desconfianza, pues muchos juzgaban á la 
empresa superior á los recursos del país y creían que esta tentativa 
prematura debía conducir fatalmente al fracaso. 

Confiada la realización de la idea á un comité de organización, 



— 70 - 

que he tenido el honor de presidir, pronto se vio cuan vanos eran 
los temores pesimistas, pues despertó el más vivo entusiasmo en 
todos los pueblos latino americanos. Nuestro archivo rebosa de do- 
cumentos que proclaman elocuentemente esta acogida. 

Las dificultades materiales quedaron allanadas gracias á la gene- 
rosa protección de los poderes púbhcos. El Honorable Congreso 
votó una subvención apreciable ; el Excmo. señor Presidente de la 
República asume complacido el patronato del certamen ; los go- 
biernos americanos, invitados por el Excmo. señor Ministro de Rela- 
ciones Exteriores, aceptaron casi todos la invitación, nombrando 
varios de ellos, delegados oficiales; y en particular, el Excmo. señor 
Ministro de Justicia, Culto é Instrucción Pública, Doctor Luis Be- 
láustegui, nuestro Presidente honorario, prestó, asi como su ilus- 
trado antecesor el Doctor Antonio Bermejo, el más amplio con- 
curso, cuantas veces le fué requerido. 

No debemos olvidar á las autoridades comunales, que costean 
generosamente los gastos de recepción de nuestros distinguidos 
huéspedes, contribuyendo á hacerles más agradable la visita á esta 
ciudad, que se enorgullece con su presencia. 

Tanto las instituciones y sociedades científicas, como la prensa 
nacional y americana, prestaron un inapreciable auxilio para el me- 
jor éxito del Congreso, cuya convocación ha sido singularmente 
facilitada por generosas concesiones de las empresas de transportes 
terrestres y marítimos. 

Mil otros detalles fueron salvados por el concurso de los señores 
miembros del Comité y, si tuviera que hacer aquí la enumeración 
de las personas que han intervenido en la preparación de esta so- 
lemnidad, fatigaría al auditorio con una larguísima nómina, y aun 
así cometería injusticias al omitir importantes colaboradores. 

Pueden ellos tener la satisfacción de contemplar su obra y la se- 
guridad de nuestra más sincera gratitud. 

Haré sólo excepción, citando los nombres de cuatro miembros 
del Comité, arrebatados por la muerte en medio de la tarea que tan 
entusiastamente emprendieron. 

Debemos, en verdad, un recuerdo de gratitud á la simpática me- 
moria de nuestro inteligente secretario el Doctor Tiburcio Padilla, 
espíritu enamorado de las causas nobles y generosas, trabajador 
infatigable y de pasmosa actividad, á quien lloran los numerosos 
amigos que por sus bellas prendas de carácter conquistara. — Casi 
al mismo tiempo, muere solitario en La Plata, el Doctor Nicolás Al- 



— 71 - 

boff, distinguido botánico ruso, que había comenzado con rara 
competencia el estudio de nuestra flora. 

Más tarde, el geólogo alemán Doctor Juan Valentín perece vícti- 
ma de su amor á la ciencia, arrastrado por el desmoronamiento de 
una desconocida barranca patagónica, á la que quería arrancar su 
secreto, y desaparece con él una brillante esperanza científica. 

El caballeresco, noble y culto Ingeniero español Ignacio Firmat 
cierra esta fúnebre reseña, dejándonos la memoria de su actividad 
y dedicación al servicio de esta su segunda patria y el reconfortante 
ejemplo de su carácter y su virtud. 

Invito á este Congreso, en cuya preparación colaboraron todos 
ellos eficazmente, á ponerse de pie en homenaje á su memoria. 

Señores : 

El Comité de Organización ha terminado sus trabajos, y podréis 
apreciar la tarea y sus principales resultados, por el informe que va 
á leer el señor Secretario. 

Muchas deficiencias y defectos presenta la obra, y os pido para 
juzgarla toda vuestra benevolencia, sirviéndonos de disculpa las 
dificultades que encuentra toda idea nueva. 

Con todas sus faltas y debilidades, se ha conseguido reunir el 
primer Congreso Latino Americano, y este hecho nos debe llenar 
de íntima satisfacción, pues únicamente es posible celebrar tales so- 
lemnidades en países que han alcanzado cierto grado de civili- 
zación. 

Sólo florece aquella planta que tiene el suficiente desarrollo ve- 
getativo. 

Gracias á vuestra inteligencia y preparación, las sesiones serán 
interesantes y fecundas, como ya lo auguran las comunicaciones 
anunciadas, y pronto darán sus primeros frutos, que permitan juz- 
garlas de acuerdo con la sentencia evangélica. 

Por modesto que sea este Congreso, ha estimulado ya la produc- 
ción intelectual en América, pues muchos de los trabajos presen- 
tados no hubieran visto nunca la luz pública, faltos de aliciente ó 
de motivo que determinara á sus autores. 

El más benéfico resultado de esta asamblea será, sin duda, la re- 
lación amistosa que establece entre los hombres que cultivan la 
ciencia en nviestra América, pues en sus sesiones se crearán sólidas 
y verdaderas amistades, como se entablaron ya cordiales lazos con 
motivo de los trabajos de organización. 



Señores: 

Pueda la institución que hoy inauguramos, ser prenda de amor y 
de concordia para las repúblicas hermanas, que proseguirán tran- 
quilas su tarea civilizadora hasta formar nacionalidades vigorosas, 
ricas, inteligentes y morales; que tiendan todas á la mayor perfec- 
ción humana, en medio de las bellezas de nuestra pródiga natura- 
leza americana. 

Recorra así nuestro Congreso, como heraldo de paz y de justicia, 
las capitales todas de los pueblos ibero-americanos, y cuando al 
terminar su primer ciclo cuente por miles el número de sus miem- 
bros, discuta transcendentales problemas é ilumine al mundo con la 
revelación de nuevas y gloriosas verdades, recordaráse con placer 
este primer ensayo, modestísimo en comparación de la grande obra 
futura que ha de germinar, sin duda, de la semilla que hoy planta- 
mos á orillas del Plata, en esta misma tierra donde se lanzó el 
grito libertador de l8lo. 



Informe del Secretario General, Doctor Gregorio Araos Al/aro 

Señor Presidente : 
Señores : 

La tradición de los congresos europeos, ya que recién hoy em- 
pezamos á tenerla propia, impone al secretario general el deber de 
informar á la asamblea sobre los trabajos del Comité de Organiza- 
ción y sobre las causas que hayan favorecido ú obstaculizado el 
éxito de la obra común. 

Cumpliré, piues, brevemente con este deber, deteniéndome sola- 
mente en los puntos más importantes y ahorrándoos la lectura de 
detalles que fatigarían inútilmente vuestra atención. 

Resuelta por la Sociedad Científica Argentina la convocación de 
un Congreso Científico Latino Americano, para festejar el XXV 
aniversario de su fundación, constituyóse el i.° de Abril de 1897 
un Comité de Organización, bajo el patronato del señor Presidente 
de la Repúbhca y de los señores Ministros de Instrucción Pública y 
de Relaciones Exteriores. 

El indicado Comité, cuya presidencia honoraria se dignó aceptar 
el señor Ministro de Instrucción Pública, tuvo por presidente efec- 



- 73 — 

tivo, al señor Ingeniero Ángel Gallardo ; vicepresidente i° al Inge- 
niero Luis A, Huergo ; vice 2." al Doctor Emilio R. Coni ; tesorero, 
al Ingeniero Alberto D. Otamendi ; y secretarios á los Doctores Ti- 
burcio Padilla (cuya pérdida ha lamentado el señor presidente), 
Marcial Candioti y Antonio Dellepiane, y al señor Alfredo J. Orfila. 
Aceptaron, además, los cargos de vocales de este Comité casi todos 
los hombres de ciencia de nuestro país. 

Las bases y programas sancionados entonces dividieron el Con- 
greso en siete grupos: Ciencias exactas; Ingeniería; Ciencias físico- 
químicas ; Ciencias naturales ; Ciencias médicas ; Ciencias antropo- 
lógicas; Sociología. 

Los comités seccionales fueron luego constituidos de la manera 
que oportunamente se os dio á conocer. 

Todos los gobiernos de las repúblicas de América fueron invita- 
dos por intermedio de nuestra cancillería á asociarse al Congreso, y 
á enviar oportunamente sus delegados, y particularmente se envió 
circulares é invitaciones á todas las corporaciones é institutos cien- 
tíficos americanos. 

El entusiasmo con que la idea fué acogida y la acción inmediata 
de corporaciones científicas de toda América, demostraron que no 
tenían razón de ser las aprensiones pesimistas que en un principio 
surgieran. 

El Gobierno Nacional, por ley del Congreso (proyecto del señor 
ministro Bermejo), concurrió con la suma de 12.000 pesos para los 
gastos, y el municipio de Buenos Aires ha votado una partida de 
5000 pesos con el mismo objeto. Estas sumas, agregadas á los fon- 
dos dedicados por la Sociedad Científica Argentina y á las cotiza- 
ciones de los adherentes, serán suficientes para los gastos del Con- 
greso, y es indudable que, si no bastaran para la publicación 
posterior de los trabajos, no ha de faltar á la obra la cooperación 
de las autoridades nacionales, que han dispensado á la iniciativa 
desde el primer momento su apoyo decidido. 

Las bases y reglamento general, los reglamentos y órdenes del 
día de las sesiones, serán distribuidas á los señores miembros del 
Congreso, y no creo necesario detenerme respecto de esos puntos. 

Seguros ya de los resultados de la reunión y organizadas todas 
las secciones, el Comité de Organización resolvió en 24 de Marzo 
último nombrar un comité ejecutivo compuesto de los señores Inge- 
nieros don Ángel Gallardo, Luis A. Huergo, Santiago E. Barabino 
y Miguel Tedín y el Doctor Emilio R. Coni, con los señores Alfredo 



— 74 — 

Orfila y G. Aráoz Alfaro como secretarios, para tomar las disposi- 
ciones preparatorias finales y para dirigir el funcionamiento de las 
asambleas. 

Resolvióse también refundir los siete grupos en las cuatro si- 
guientes secciones : 

Ciencias exactas é ingeniería, Ciencias físico-químicas y natura- 
les. Ciencias médicas, Ciencias antropológicas y Sociología. 

El Comité ha encontrado en la intendencia municipal y la direc- 
ción de paseos públicos, en los decanos de las facultades de medi- 
cina y de ciencias exactas, en la comisión directiva de la Sociedad 
Rural Argentina, concurso y buena voluntad dignos de encomio. 

Las empresas de ferrocarriles y vapores en general, así como el 
Expreso Villalonga, han dado faciUdades á los señores delegados 
extranjeros, reduciendo notablemente los precios ordinarios, y una 
comisión de recepción compuesta de jóvenes distinguidos de nues- 
tra sociedad, ha tratado de hacer más fácil la instalación en esta 
ciudad, de los huéspedes que se han dignado honrarnos con su 
presencia. 

No todos los gobiernos invitados han nombrado delegados ofi- 
ciales, probablemente por inconvenientes de última hora, pues casi 
todos habían aceptado la invitación y aplaudido la iniciativa. 

Los señores delegados son : 

Por el'gobierno de Venezuela: los Doctores Rafael Herrera Vegas 
y Clemente Zárraga. 

Por el gobierno de México : el Ingeniero Pompeyo Moneta. 

Por el gobierno del Paraguay : el Doctor José Z. Caminos. 

Por el gobierno del Ecuador : los Doctores General Manuel Bied- 
ma y Juan Ángel Golfarini. 

Por el Perú : los Ingenieros Julio B. Figueroa, J, Bonnemaison y 
el señor Alejandro Deustua. 

Han llegado también, como representantes de reparticiones téc- 
nicas ó asociaciones científicas : 

Ingeniero Valentín Martínez, por el Instituto Chileno de Inge- 
nieros. 

Doctor Ernesto Fernández Espiro, por el Consejo Nacional de 
Higiene de Montevideo. 
Doctor José M. Escalier, por la Sociedad Geográfica de La Paz. 
Doctor Carlos R. Tobar, por la Academia Ecuatoriana de Quito. 
El número total de adhesiones al Congreso es el sio-uiente : 



— 75 — 

Capital 376 

Interior 63 

Uruguay 32 

Chile 30 

Brasil 8 

México 5 

San Salvador T 

Colombia 17 

Perú 8 

Ecuador 3 

Guatemala 2 

Venezuela 3 

Bolivia 2 

Paraguay 2 

552* 

Réstame solamente haceros conocer las resoluciones tomadas en 
la sesión preparatoria de esta mañana. 

A propuesta del comité ejecutivo, fueron designados por acla- 
mación : 

Para presidente : el Doctor Paulino Alfonso, profesor de la Fa- 
cultad de Santiago y diputado al parlamento chileno. 

Vicepresidentes : Doctor Luis Demicheri, de la Sociedad de Me- 
dicina de Montevideo ; Doctor Carlos R. Tobar, presidente de la 
Academia Ecuatoriana de Quito. 

Secretarios generales : Doctor Alfredo Navarro, delegado de la 
Sociedad de Medicina de Montevideo ; Doctor Gregorio Aráoz Al- 
faro, profesor de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. 



(*) Se explica la diferencia entre esta cifra y la consignada en el resumen general de 
finitivo, por el hecho de que algunos adherentes no han remitido el importe de su adhesión. 



-76- 



Alocución del Presidente de la Sociedad Uruguaya de 
Ciencias y Artes, Ingeniero Carlos Honor é 

Excmo. Señor: 
Señor Presidente : 

Solemne es para todos los presentes el momento en que por vez 
primera se abre la asamblea de delegados del mundo cientifico 
latino americano. 

Es excepcionalmente grata, para quien lleva hoy la doble honra 
de asistir y representar á los asociados de la ciencia y del arte de 
la República Oriental del Uruguay, la ocasión de saludar en vues- 
tras manifestaciones la aurora que presagia día y plena luz al saber 
de América. 

Gracias mil, y merecidas, á la noble iniciativa de la Sociedad 
Científica Argentina, que no podía, por cierto, celebrar de una ma- 
nera más inspirada sus lustros de actividad fecunda. 

Sean ellas también alusivas á la tarea del Comité, llevada á cima 
en la forma que agradecemos y con el brillo que corresponde á una 
fiesta internacional de esta índole. 

La Providencia, que en hora generosa acordó á la Nación Argen- 
tina el admirable privilegio de contemplar á la naturaleza en la 
severidad helada de sus soledades australes y en todas las galas de 
dominios tropicales, le concedió el campo nacional de estudio y de 
observación más variado ; pero comprendieron, sin duda, los pre- 
claros iniciadores que mayor aún sería para el conocimiento de la 
verdad el espacio más vasto, que abarcando dos veces zonas pola- 
res, frías, templadas y tropicales, comprende el gran continente, 
que se señala para las sesiones venideras del Congreso. 

Creyeron que las naciones hermanas por el origen, por tradición 
histórica, por el uso del galano idioma hispano, pero mucho más 
por tendencias compartidas de evolución progresista, podían 
cooperar á un impulso colectivo magno, digno de los valientes an- 
helos de perfección moral é intelectual que nos reúnen en Buenos 
Aires para la labor benéfica. 

Las numerosas adhesiones recibidas y los debates que se inaugu- 
rarán, demuestran que han contado con fuerzas y con elementos 



~ n — 

continentales efectivos, cuya influencia de paz y de civilización será 
cada dia más poderosa y fecunda. 

Estas regiones cisandinas tienen para la ciencia un significado 

memorable ellas son la cuna de la teoría de la evolución en 

sus estratos estudió Larrañaga los tipos de faunas fósiles recientes, 
tan análogas á las existentes ; en ellas precedió y compartió con 
Darwin y con Lyell, las clarovidencias que dieron lugar á clásicas 
y notables obras sobre transformismo de los seres y transformacio- 
nes lentas de los continentes. 

Será, pues, natural que aquí surja la idea de ima evolución pro- 
pia del saber americano. 

Será lógico que parta de la cuenca rioplatense el primer sín- 
toma de originalidad científica de la América latina, que arranque 
del lazo de unión y concordia de los presentes, el primer áureo es- 
labón de una sólida vinculación futura, para proseguir siempre nues- 
tros elevados fines. 

El sol que alumbró en temprana hora las riberas transatlánticas, 
después de dejar adormecido al extremo Oriente, tiene fulgores 
para el Occidente. 

Venga, pues, su radiación potente para nuestros pueblos que 
despiertan 

Símbolo de igualdad y de democracia en nuestra heráldica, que 
lo sea de luz, de verdad, de ciencia para América activa y estudiosa, 
que á su vez, y á su hora, aspira á la originalidad creadora que su 
genio le depara, tanto en sus instituciones, como en sus ciencias, 
en sus artes y en sus letras. 

¡ A la labor, pues, y que nuestro esfuerzo sea provechoso para ella 
y para la humanidad ! 

He dicho. 

Después de la breve improvisación del Doctor R. E. Fernández 
Espiro, se levantó la sesión, pasando la concurrencia á un salón 
contiguo, donde se sirvió por la confitería del Águila un excelente 
lunch. 

La banda de vigilantes, galantemente cedida por el Jefe de Po- 
licía Doctor Francisco Beazley, amenizó el acto tocando escogidas 
piezas de su repertorio. Al comenzar la sesión, había tocado el 
Himno Nacional Argentino, y después de terminados los discur- 
sos, hizo oir los himnos nacionales de los países americanos repre- 
sentados. 



-78 - 

La concurrencia visitó, antes de retirarse, el hermoso local de la 
Facultad de Medicina, que había sido adornado con plantas, guir- 
naldas de flores, escudos y trofeos de banderas latino-americanas, 
dispuesto todo con el buen gusto que caracteriza al señor Carlos 
Thays, director general de paseos púbhcos, quien se había encar- 
gado galantemente del ornato. 



RESUMEN 



TRABAJOS Y RESOLUCIONES DE LAS CUATRO SECCIONES 



Primera Sección : Ciencias Exactas é Ingeniería 

Local de sesiones: Gran Salón de la Factdiad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales 

Presidente : Ingeniero Juan J. Castro. 

Secretarios : Ingenieros Demetrio Sagastume y Santiago E. Ba- 
rabino. 

TRABAJOS LEÍDOS 

12 de Abril 

Estudios hidráulicos en el río Salado, por el Ingeniero Julio 
B, Figueroa (Perú). 

Nomografía ó sea construcción de tablas gráficas, por el In- 
geniero Federico Villarreal (Perú). 

13 de Abril 

Prismas reiteradores aplicados al sextante, por el Doctor En- 
rique Legrand (Uruguay). 

Geometrías no euclideanas, por el Ingeniero Federico Villarreal 
(Perú). 

Nuevos métodos de división de polígonos, por el Agrimensor 
Eugenio Tornow (Tucumán). 

Saneamiento urbano de Santiago de Chile, por el Ingeniero 
Valentín Martínez (Chile). 



Tratamiento y utüisación de las basuras de la ciudad de 
Buenos Aires, por el Ingeniero Miguel Tedin {Buenos Aires). 



14 de Abril 



El puerto de Buenos Aires y sus canales de entrada, por el 
Ingeniero Luis A. Huergo (Buenos Aires). 

Teoría de las funciones isocrojtoperiódicas y sus diagramas, 
por el Ingeniero Carlos Honoré (Uruguay). 



15 de Abril 



Constitución del lecho y relleno del canal del Sud, por el In- 
geniero Jorge Duclout (Buenos Aires). 



16 de Abril 



Conservación de las profundidades de los canales dragados 
en el limo, por el Ingeniero Florencio Michaelsson (Uruguay). 

Pavimentación de la ciudad de Buenos Aires, por el Inge- 
niero Doctor Carlos M. Morales (Buenos Aires), j 



18 de Abril 



Mejor tipo de embarcaciones comerciales y de guerra, por el 
Ingeniero Luis Luiggi (Buenos Aires). 

Aplicación de la estática gráfica á los problemas fundamen- 
tales de la topografía, por el Ingeniero Edmundo Soulages (Bue- 
nos Aires). 

Propuesta par a facilitar las comimicaciones de las repúblicas 
americanas, por el Ingeniero Pompeyo Moneta (Buenos Aires). 

Sobre algimos trabajos científicos que se están ejecutando en 
México, por el Ingeniero Pompeyo Moneta (Buenos Aires). 

Medida de las aguas de riego de caudal variable, por el In- 
geniero Valentín Martínez (Chile). 

Sobre construcción del polígono regular de 17 lados, por el 
Doctor Augusto Tafelmacher (Chile). 

Levantamiento de la gran carta de la República Argentina, 
por el Ingeniero Pompeyo Moneta (Buenos Aires). 

Sobre las causas físicas que limitan el empleo de los instru- 



8i — 



mentos de óptica para la medida directa de las distancias, por 

el Ingeniero Edmundo Soulages (Buenos Aires). 



19 de Abril 



Estudio de los ferrocarriles que ligarán en el porvenir las 
Repúblicas sudamericanas, por el Ingeniero Juan J. Castro (Uru- 
guay). 



RESOLUCIONES ADOPTADAS 

Ferrocarriles internacionales 

La sección de Ingeniería y Ciencias Exactas del Congreso emite 
el voto de que los gobiernos envíen al próximo Congreso delegados 
especialmente facultados para que estudien y determinen los me- 
dios prácticos para la ejecución de las vías férreas que comple- 
menten el sistema general destinado á unir las repúblicas ameri- 
canas. 

Puerto de Buenos Aires 

El Congreso considera de interés que se presente á las reuniones 
del próximo á reunirse, estudios sobre la manera de contener el re- 
lleno de los canales y sobre la conveniencia que pudiera haber en 
suprimir uno de ellos, dando en cambio al otro mayor ancho y pro- 
fundidad. 

Comimicación Postal Ameiñcana 

El Congreso Científico Latino Americano manifiesta su deseo de 
que las administraciones de Correos de las Repúblicas Latino Ame- 
ricanas faciliten en lo posible el transporte de impresos entre ellas 
y establezcan las oficinas de pequeños giros necesarios para su 
pago. 



T. I 



52 — 



Terminología Técnica 

El Congreso Científico Latino Americano considera que habría 
verdadera utilidad en uniformar entre los países de la América La- 
tina la terminología usada en las construcciones; y en tal concepto, 
cree que los centros de ingenieros y establecimientos docentes de- 
berían ponerse de acuerdo para llegar á obtenerla. 



Segunda Sección : Ciencias Físico-Químicas y Naturales 

Local de sesiones: Salón del Consejo de la Facultad de Ciencias Exacias, 
Físicas y Naturales. 

Presidente : Doctor Carlos Berg. 

Vicepresidente : Ingeniero Doctor Manuel B. Bahía. 

Secretario : Doctor Francisco Bosque y Reyes. 



TRABAJOS leídos 
12 de Abril 

Fungí Argentiní, por el Doctor Carlos Spegazzini (La Plata). 
Atta Liindi, por el Ingeniero Carlos Honoré (Montevideo). 

14 de Abril 

Nuevos datos referentes al cultivo de hongos, por las hormi- 
gas fitófagas, por el Doctor Carlos Berg (Buenos Aires). 

La Faima Argentina en sus rasgos generales, por el Doctor 
Eduardo L. Holmberg (Buenos Aires). 

Estudios oceanógraficos. Viaje de « La Uruguay ». Presen- 
tación de dos animales de la fauna marina de Ushuaia {Pria- 
pulus y Balanoglossus), por el Doctor Fernando Lahille (La 
Plata). 

Desviaciones de la plomada; variaciones de la gravedad y el 
planeta Tierra, por el Doctor Luis Harperath (Córdoba). 



Leyes fundamentales de la química moderna, por el Ingenie- 
ro Carlos Honoré (Montevideo). 



i6 de Abril 

Indicación de las modificaciones hechas en el batómetro re- 
gistrador primitivo de Siemens, por el Doctor Fernando Lahille 
(La Plata). 

Critica de las leyes fundamentales de la qiiimica, presentadas 
por el señor Honoré, por el Doctor Atanasio Quiroga (Buenos Aires). 

i8 de Abril 

Destrucción de la materia orgánica (método rápido) para los 
análisis toxicólo gicos, por el Doctor Federico J, Tagliabúe (Bue- 
nos Aires). 

Presentación de un aparato construido en el país, para la 
producción de los rayos Roentgen, por el Doctor Miguel Ferrey- 
ra (Buenos Aires), 

Influencia de las manchas solares sobre el movimiento de las 
aguas en el Rio de la Plata, por el Doctor Gabriel Carrasco (Bue- 
nos Aires). 

Las normales climatológicas de Montevideo. Reglas esta- 
blecidas respecto á las mismas, por el Presbítero Luis Morandi 
(Montevideo). 

Métodos de análisis, por el Doctor Atanasio Quiroga (Buenos 
Aires). 

Distribución geográfica de los nmmiferos argentinos, por el 
Doctor Fernando Lahille (La Plata). 

Monografía del género Aiigochlora, por el Doctor Eduardo 
L. Holmberg (Buenos Aires). 

Rotación de los violtos en Montevideo, por el Doctor Manuel 
B, Otero (Montevideo). 

ig-20 de Abril 

Conferencia sobre gravitación, por el Ingeniero Carlos Honoré 
(Montevideo). 

Conferencia sobre gas de agua, por el señor Jerónimo Cheraza 
'Buenos Aires). 



84 - 



Síntesis, por el señor Carlos F. Scotti (Buenos Aires) de un es- 
tudio sobre importancia meteorológica de los bosques del Doctor 

Ludovico Vetere. 

Tuicio critico por el Doctor Atanasio Quiroga, sobre la mono- 
grafía del quebracho blanco, del señor Teodoro Stuckert (Cor- 
doba). 



RESOLUCIONES ADOPTADAS 

■ Servicio internacional telegráfico del tiempo 

En vista de las inmensas ventajas que resultarían para la nave- 
gación, el comercio y la industria, de un servicio del tiempo, conve- 
nientemente organizado, la sección II del Congreso Científico La- 
tino Americano hace votos por que las Repúblicas Sudamericanas 
concurran á la fundación de un servicio internacional telegráfico 
del tiempo, en la forma que podrá indicar una comisión constituida 
por los delegados de los países interesados. 

Estudios oceanógraficos 

El Congreso Científico Latino Americano, por iniciativa de la 
II Sección, declara : 

i.° — Que es de valor científico é interés público el estudio de 
las condiciones climatológicas de las costas marítimas, uniendo, en 
cuanto sea posible, las estaciones destinadas á tomar los datos co- 
rrespondientes, uniformando los signos convencionales representa- 
tivos de las observaciones, etc. ; 

2° — Que es también de interés público ligar los observatorios de 
la costa y los interiores, estableciendo un servicio internacional para 
el conocimiento y pronóstico del tiempo ; 

3-° — Que es también de interés público el que se proceda al es- 
tudio de la oceanografía estática y dinámica, al levantamiento, en 
escala uniforme, del plano de las costas marítimas, y al mismo tiem- 
po la topografía submarina entre las líneas isobáticas, entre o y 200 
metros ; 

4-° — Que es también de interés público el estudio de todas las 



- 85 - 

producciones naturales (peces, moluscos, crustáceos comestibles, 
etcétera), que se encuentran en las costas, en las mesetas continen- 
tales ó en las aguas más profundas ; 

5." — Que es también de interés público extender estos estudios 
á los ríos y grandes lagunas del interior, con el objeto de proteger 
las especies ya existentes, y de aclimatar especies nuevas de indis- 
cutible provecho . 

Invita, en consecuencia, á los poderes públicos de la República 
Argentina y de los demás países representados en el Congreso á 
que inicien ó continúen los estudios indicados. 



Aitnietito de intercambio bibliográfico y unificación de métodos 

de análisis 

El Congreso Científico Latino Americano hace votos por que los 
poderes públicos de la República Argentina y de las naciones en él 
representadas, amparen, fortifiquen y den el mayor impulso á las 
relaciones intelectuales latino americanas. En este orden de ideas 
y teniendo en cuenta el estado de incuria en que se encuentra el 
intercambio bibliográfico, llama la atención sobre la necesidad de 
aumentar y estrechar en lo posible dichas relaciones, creando las 
oficinas y servicios que llenen el vacío sentido por todos, y, en par- 
ticvilar, en lo que se relaciona con la función de peritos quí- 
micos. 

Desea que en todo análisis se indique el dato bibliográfico, para 
poder reconocer el método seguido, y en el caso de que el químico 
siguiera un procedimiento propio, que lo detalle lo más extensa- 
mente posible. 

Desea que, para el próximo Congreso, se reúnan los datos sufi- 
cientes para uniformar los procedimientos empleados en cada ensa- 
yo ó análisis químico. Esto no obsta para que cada país nombre su 
comisión de peritos, que ha de hacer, en totahdad ó en parte» 
esos trabajos y los aproveche para su uso particular. 

Desea que todo informe pericial sea confiado á personas que ten- 
gan títulos ó diplomas universitarios. 



86 - 



Estudio elemental y secundario de la Historia Natural 

El Congreso Científico Latino Americano, por el órgano de la 
Sección de Ciencias Físico-Químicas y Naturales, hace votos para 
que se dé en los programas de instrucción primaria y secundaria, á 
la enseñanza de la Historia Natural, el puesto que le corresponde en 
un plan racional de educación. 



Tercera Sección : Ciencias Médicas 

Local de sesiones: Gran Anfiteatro de la Facultad de Medicina. 

Presidente : Doctor Roberto Wernicke. 
Vicepresidente : Doctor Emilio R. Coni. 
Secretario : Doctor Gregorio Aráoz Alfaro. 

TRABAJOS LEÍDOS 
12 de Abril 

El servicio de vacunación en Chile, por el Doctor Adolfo Mu- 
rillo (Chile). 

La vacuna en la Repúhlica Argentina, por el Doctor Juan José 
Díaz (Buenos Aires). 

La lepra en la Repúhlica Oriental del Uruguay, por el Doc- 
tor Joaquín Canabal (Uruguay). 

La lepra en la República Argentina, por el Doctor Baldomero 
Sommer (Buenos Aires). 

Contribución al estudio óptico del cristalino cataractado, por 
el Doctor Luis Demicheri (Uruguay). 

Congestiones del pulmón, por el Doctor Américo Ricaldoni 
(Uruguay). 

El cáncer en Buenos Aires y^ su tratamiento, por el Doctor 
Diógenes Decoud (Buenos Aires). 

1° Vacuna y vacunación carbunculosa. 2° Suero anticarbun- 
culoso, por el Doctor Julio Méndez (Buenos Aires). 



- 87 



13 de Abril 



i.° Sobre la cirugía del espacio stibfrénico. — 2° Contribución 
al estudio de los traimiatisnios cr anearías, por el Doctor Alfredo 
Navarro (Uruguay). 

Visceras flotantes, por el Doctor Roberto Wernicke (Buenos Aires). 

La Tuberculosis en la República Argentina, por el Doctor Sa- 
muel Gaché (Buenos Aires). 

Defensa sanitaria maritinia, por el Doctor Luis Agote (Buenos 
Aires). 

Contribución al estudio bacteriológico del ántrax, por el Doc- 
tor Julio Lemos (Buenos Aires). 

Efectos de la excavación de tierra y de la presión atmosféri- 
ca sobre algunas enfermedades en Buenos Aires, por el Doctor 
Diego T. R. Dávison (Buenos Aires). 

Colas de cornete ; su individualidad patológica ; diagnóstico 
y tratamiento, por el Doctor Diógenes de Urquiza (Buenos Aires). 

I." De un nuevo dilatador uretral. — 2." De algunas innova- 
ciones á la práctica del método Janet, por el Doctor Arturo C. 
Piccinini (Buenos Aires). 

Contribución al estudio de la peptonización y sacarificación 
gástricas, por el Doctor Rafael de Miero (Uruguay). 

14 de Abril 

Saneamiento de dos provincias argentinas (Mendoza y Co- 
rrientes), por el Doctor Emilio R. Coni (Buenos Aires). 

Acción fisiológica de la frankllnis ación (electrisación estáti- 
ca), por el Doctor Alfredo Moraga Porras (Chile). 

1° El médico más antiguo de la República Argentina. — 2." 
¿ Ha existido la lepra en América en la época precolombiaíia ? 
por el Doctor Roberto Lehmann Nitsche (La Plata). 

Tratamiento quirúrgico de las neuralgias rebeldes del trigé- 
mino por la extirpación intracraneana del ganglio de Gasserio, 
por el doctor Avelino Gvitiérrez (Buenos Aires). 

Sobre cirugía de guerra, por el Doctor Pascual Palma (Buenos 
Aires). 

i.° Presentación de algunos aparatos para electrodiagnósti- 
co. — 2.°, Algunas nuevas aplicaciones de la corriente de alta 
frecuencia, por el Doctor Roberto Sudnick (Buenos Aires). 



15 de Abril 

La respiración bucal permanente, por el Doctor Wenceslao 
Tello (Buenos Aires). 

Origen, polimorfismo y transformismo de los bacterios, por 
el Doctor Vicente Curci ( Uruguay). 

Microbiología y terapéutica de la coqueluche. Acido cítrico 
en la coqueluche, por el Doctor Moncorvo filho (Brasil). 

Etiología y profilaxia de los desórdenes gastro-intestinales 
de los niños en Buenos Aires, por el Doctor Gregorio Aráoz Al- 
faro (Buenos Aires). 

Estudio sobre el suicidio y la enajenación mental bajo el 
punto de vista higiénico social, en la República Oriental del 
Uruguay, por el Doctor Diego Pérez (Uruguay). 

El gonococo, su toxina y el suero, por el Doctor Julio Méndez 
(Buenos Aires). 

Higienisación y demografía de Mendoza, por el Doctor Julio 
Lemos (Buenos Aires). 

Las obras de salubridad y algunas enfermedades infecto- 
contagiosas en Buenos Aires, por el Doctor Diego T. R. Dávison 
(Buenos Aires). 

i6 de Abril 

Sinfisiotomía y parto prematuro artificial en una cifótica, 
por el Doctor Adolfo Murillo (Chile). 

i.° Páginas de la historia de la medicina en el Río de la 
Plata. — 2.° Viruela, variolisación y vacuna, con rasgos biográ- 
Jícos de algunos médicos y filántropos de la República Argen- 
tina, por el Doctor Pedro Mallo (Buenos Aires). 

El suicidio en Buenos Aires, por el Doctor Fermín Rodríguez 
(Buenos Aires). 

Tratamiento del osena, por el Doctor Claudio de Uriarte (Bue- 
nos Aires). 

i.° Contribución al estudio de los vólvulos crónicos y bolos 
fecales. — 2.° Nota sobre los cánceres del páncreas. — 3.° Sobre 
los flemones de la cavedad de Retsius, por el Doctor Alfredo 
Navarro (Uruguay). 



89 



i8 de Abril 

Contribución al estudio de la visión binocular ; la visión de 
profundidad, por el Doctor Ernesto Nelson (Salta). 

La leche de cereales como alimento, por el Doctor Andrés F. 
Llobet (Buenos Aires). 

Introducción al estudio de la biomecánica, por el Doctor Sa- 
muel de Madrid (Buenos Aires). 

Sobre un nuevo uretroestenómetro , por el doctor Blas Scotti 
(Buenos Aires). 

Tratamiento quirúrgico de los quistes hidr áticos, por la extir- 
pación completa, por el Doctor Alejandro Posadas (Buenos Aires). 

19 de Abril 

I." El asaprol como hemostático. — 2.° Acido pícrico en las 
enfermedades de la piel. — 3." Tratamiento de la quiluria por 
el ictiol, por el Doctor Moncorvo filho (Brasil). 

Estudios teratológicos, por el Doctor Fernando Lahille (La Plata). 

El electro diagnóstico y una nueva mutación de la excitabi- 
lidad galvanomuscular al estado fisiológico, ^ot el Doctor Ma- 
riano Alurralde (Buenos Aires). 

i.° Cirugía del corazón. — 2.° Sobre un caso de teratología 
humana, por el Doctor Juan C. Risso D. (Buenos Aires). 

Demostración de coccidiosis humana y experimental, por el 
Doctor Alejandro Posadas (Buenos Aires). 

Actuales y pasados rumbos de nuestra enseñanza universi- 
taria, por el Doctor Samuel de Madrid (Buenos Aires). 



RESOLUCIONES ADOPTADAS 

Va cunad ó n anti-v a r i ó lie a 

La Sección de ciencias médicas del Congreso Científico Latino 
Americano considera que todas las naciones americanas deben 
dictar una ley de vacunación y revacunación obligatorias, creando 
con ese objeto, las que carezcan por el momento de una adminis- 
tración general de vacuna, un servicio adecuado, con un personal 
competente y en el número necesario. 



90 



Lepra 



Que en el próximo Congreso figure una Sección especial para él 
estudio de la profilaxia de la lepra en todos los países de América. 



Saneamiento de Buenos Aires 

La Sección tercera del Congreso Cientifico Latino Americano, 
envista de los favorables resultados obtenidos en Buenos Aires por 
la desecación indirecta del suelo, considera que debe precederse al 
drenaje del subsuelo de la ciudad. 



Defensa sanitaria marítima 

I." La institución de los inspectores sanitarios viajeros, tal como 
lo tiene establecido el reglamento sanitario marítimo argentino, rea- 
liza la aspiración actual de la ciencia y legislación sanitarias. 

2° Para arreglar las relaciones y legislaciones sanitarias, se impo- 
ne la necesidad de celebrar una conferencia ó congreso sanitario 
entre los países del Atlántico. 

3." Indícase, además, la conveniencia de que en los puertos del 
Brasil se ejerza vigilancia sobre los buques que tengan enfermos de 
fiebre amarilla á bordo ó que los hayan tenido, desinfectándolos 
y reteniéndolos un tiempo prudencial, si fuera posible. 



Higiene de la infancia 

La Sección de medicina incita á las empresas particulares de ex- 
pendio de leche, á suministrar una clase especialmente escogida de 
ese artículo, llamada leche para niños, á semejanza de la que se 
obtiene en los tambos modelos de Dinamarca y Alemania. Consi- 
dera, asimismo, que las autoridades comunales deben fundar granjas 
modelos, destinadas á proporcionar á la clase pobre, leche buena y 
esterilizada, á precios módicos, y difundir, al mismo tiempo, los 
buenos principios de alimentación é higiene de la infancia. 



— 91 — 



Saneamiento de las provincias 

El Congreso Científico Latino Americano considera que la Nación 
Argentina debe concurrir con su poderoso esfuerzo al saneamiento 
de ciudades de provincias, y especialmente de Mendoza, por me- 
dio de obras que, como las cloacas, constituyen el desiderátum de 
la higienización de las poblaciones. 



Criminalidad y suicidio 

El Congreso Científico Latino Americano emite el siguiente voto: 
Que las asociaciones de la prensa de los países americanos in- 
terpongan su influencia á fin de que los diarios de las respectivas 
naciones no den publicidad á los relatos de los suicidios y demás 
crímenes. 



Enseñansa de las especialidades 

La Sección de medicina del Congreso Científico Latino America- 
no insinúa á las nuevas generaciones médicas y á las escuelas de las 
diferentes repúblicas de la América Latina, que el estudio prema- 
turo délas especialidades, antes de adquirir el título profesional y 
un conocimiento profundo de la clínica por la práctica y un madu- 
ro estudio, es sumamente perjudicial. Y que el mejor especialista 
será siempre aquel que tenga más vasta preparación en la clínica 
general. 



Cuarta sección: Ciencias Antropológicas y Sociología 

Local de sesiones: Anfiteatro de la Sociedad Rural Argentina. 

Presidente : Doctor Estanislao S. Zeballos. 
Vicepresidentes : Señor Samuel A. Lafone Quevedo y Doctor 
Faustino Jorge. 
Secretarios : Señores Víctor Arreguine y Clemente L. Fregeiro. 



TRABAJOS LEÍDOS 



II de Abril 



Demostración filológica de los conocimientos de los indios^ 
por el señor Pedro Scalabrini (Corrientes). 



12 de Abril 

Noticias históricas sobre el desarrollo de las ciencias en Chi- 
le, por el Doctor Jorge Hunneus Gana (Chile). 

El suicidio j por el señor Víctor Arreguine (Buenos Aires). 

Exposición, por el Doctor Adán Quiroga (Tucumán), del trabajo, 
sobre La región calchaqnina, por el presbítero Julián Toscano 
(Cafayate). 

Exposición, por el señor Félix Outes (Buenos Aires), del trabajo 
Apimtes generales sobre la antropología y sns relaciones con 
la geografía y la lingüística, por el Doctor Roberto Lehmann 
Nitsche (La Plata). 

14 de Abril 

Estudio sobre las rasas indígenas del Río de la Plata, por 
el señor Benigno T. Martínez (Entre Ríos). 

Educación: programas de enseñanza, por el señor Víctor Mer- 
cante (Mercedes, Buenos Aires). 

15 de Abril 

Resultados del censo nacional argentino, por el Doctor Ga- 
briel Carrasco (Buenos Aires). 

Exposición, por el señor Samuel Lafone Quevedo (Catamarca), 
del trabajo Origen probable de la palabra <.<.gauchoy>, por el Inge- 
niero Daniel Barros Grez (Chile). 

Exposición, por el Doctor Paulino Alfonso (Chile), del trabajo In- 
terpretación de la inscripción prehistórica de la Casa Pintada 
(Cajón de Tinguiririca), por el Ingeniero Daniel Barros Grez (Chile). ' 



— Q3 — 



i6 de Abril 



La rasa pampeana ó los indios del Río de la Plata en el si- 
glo XF/,por el señor Samuel A. Lafone Quevedo (Catamarca). 

Colonias penales y por el señor José Luis Cantilo (Buenos Aires). 

i.° Tratamiento de la reincidencia y sistema de deportación 
por largo tiempo como pena accesoria del último delito come- 
tido por el reincidente. — 2° Conveniencia de una intervención 
legal en las informaciones sobre criminalidad que suministra 
la prensa diaria, por el Doctor Rodolfo Rivarola (Buenos Aires). 

18 de Abril 

Literatura arcaica y estudios críticos, por el señor Eduardo 
de la Barra (Chile). 

Contribución al estudio de la historia y prehistoria de la na- 
ción Eskalduna, por el señor Florencio Basaldúa (La Plata). 

Los Huarpes, por el señor Desiderio Segundo Aguiar (San 
Juan). 

19 de Abril 

Breves consideracioiies sobre educación, por el Doctor Carlos 
R. Tobar (Ecuador), 

Libros doctrinarios en idiomas indios peruanos, inéditos y 
publicados durante la época del coloniaje, por el señor Carlos 
Prince (Perú). 

El Guaraní y los cuá-itd y tucumbó-pokintang. Piedras es- 
critas é hilos anudados, por el Ingeniero Carlos Honoré (Monte- 
video). 

La sociología, por el Doctor Carlos O. Bunge (Buenos Aires). 

Monumentos megalíticos de Colalao (Tucumán), por el Doc- 
tor Adán Quiroga (Tucumán). 

Exposición, por el señor Samuel Lafone Quevedo, del trabajo El 
patriarca Noé en América, por el Ingeniero Daniel Barros Grez 
(Chile). 



— 94 — 

RESOLUCIONES ADOPTADAS 

Sobre legislación penal 

El Congreso declara : i." - Que vería complacido que los go- 
biernos de la América Latina dedicaran preferente atención al esta- 
blecimiento de colonias penales en sus territorios ; 

2.» _ Que es conveniente adoptar, para el tratamiento de la rein- 
cidencia, el sistema de deportación por largo tiempo, como pena 
accesoria del último delito cometido por el reincidente ; 

3.0 _ Que seria conducente, como medida preventiva, una inter- 
vención legal en las informaciones sobre criminalidad que suminis- 
tra la prensa diaria ; 

4.° — El Congreso hace votos por que se establezcan en la Améri- 
ca latina sociedades de protección á los penados cumplidos, como 
medio de regeneración moral de los delincuentes y de prevenir la 
reincidencia. 

Sobre educación 

El Congreso Científico Latino Americano, reunido en Buenos 
Aires, recomienda : 

I." — Se levante lo más que sea posible, en Sud América, el ma- 
gisterio, ya acreciendo las consideraciones sociales á los maestros y 
educadores, ya aumentándoles las rentas, ya en especial, haciendo 
escrupulosa selección de las personas á quienes ha de confiárseles 
el importante encargo de formar las generaciones del porvenir ; 

2." — El Congreso estimula á los gobiernos y á los pueblos para 
que, sin menoscabo del idioma nacional, se conserven y se estudien 
todos los idiomas indígenas, en interés de la ciencia ; 

3-° — El Congreso considera que es conveniente incluir en los 
programas oficiales de instrucción universitaria y secundaria el 
estudio de la sociología. 



— 95 — 

Sobre estudios arqueológicos 

El Congreso reconoce : 

I." — -La necesidad de que los gobiernos de América, por dispo- 
siciones de los respectivos poderes legislativos nacionales, provin- 
ciales ó de distrito, adopten prudentes medidas de conservación de 
las ruinas, panteones y monumentos históricos y arqueológicos ; 

2.° — Que las excavaciones de ruinas de pueblos y panteones 
americanos no deben ser permitidas sino á instituciones ó socieda- 
des científicas y á particulares que tengan justificada su preparación 
en el ramo, siempre que las lleven á cabo con fines de investigación 
y estudio ; 

3." — Que los gobiernos americanos debieran restringir pruden- 
temente la exportación al extranjero de objetos ó cosas de la tierra 
que interesen á nuestra etnología, arqueología é historia, pero dando 
todas las facilidades para que sean copiadas, fotografiadas, etc. 

Sobre profilaxia del alcoJiolismo 

El Congreso hace votos por que todos los gobiernos de la Amé- 
rica latina adopten medidas tendentes á mejorar la producción y á 
disminuir el consumo del alcohol. 



ACTA DE LA SESIÓN DE CLAUSURA 

(Celebrada el 20 de Abril de i8g8) 

En el salón de grados de la Facultad de Medicina, con asistencia 
de ciento cincuenta y ocho miembros del Congreso, el señor presi- 
dente Doctor Paulino Alfonso declaró abierta la sesión á las dos y 
media pasado meridiano. Acto continuo el secretario general Doc- 
tor Gregorio Aráoz Alfaro dio lectura á un informe en que hacía 
constar el trabajo realizado en las cuatro Secciones del Congreso. 
Se han leído y discutido en ellas ciento veintiuna comunicaciones, 
de las cuales sesenta y seis corresponden á la República Argentina, 
diez á Chile, veintitrés al Uruguay, cinco al Brasil, tres al Perú, tres 
á México y una al Ecuador. 

Estas ciento veintiuna comunicaciones se distribuyen por Seccio- 
nes, de la manera siguiente : 

Primera Sección : Ciencias exactas é ingeniería, 20. 
Segunda Sección : Ciencias físico-químicas y naturales, 23. 
Tercera Sección : Ciencias médicas, 58. 
Cuarta Sección : Antropología y sociología, 20. 

El secretario general enumera en seguida el título y los autores 
de los temas tratados en cada Sección y los votos formulados y las 
resoluciones adoptadas. 

El señor presidente manifiesta que corresponde designar el sitio 
de la próxima reunión del Congreso, lo cual se hará por cédula se- 
creta. 

Hecha la votación y practicado el escrutinio, resulta : 

Montevideo gií 

Santiago de Chile cg 

Lima c 

Buenos Aires 4 



— 97 — 

Quito 3 

Guayaquil i 

Rio Janeiro i 

México I 

En consecuencia, el señor presidente proclama que la próxima 
reunión del Congreso deberá tener lugar en Montevideo, capital de 
la República Oriental del Uruguay, en el año de 1901, principio de 
un siglo que es promesa de grandes progresos para la ciencia uni- 
versal. 

Agrega que corresponde nombrar el Comité de Organización del 
futuro Congreso y que á este respecto cede la palabra al presidente 
del Comité Ejecutivo del actual, Ingeniero Ángel Gallardo. Este 
señor manifiesta que la idea del Comité Ejecutivo es que se nom- 
bre un núcleo de personas espectables del país designado, especial- 
mente escogidas entre las que han adherido á este Congreso, para 
que á su vez ellas amplíen el mismo ó se organicen de la manera 
que crean más conveniente. Propone en seguida una lista de nom- 
bres que por indicación de varios miembros de la asamblea es 
completada con los de otros señores hasta quedar constituida de la 
siguiente manera : 

Ingeniero Juan José Castro, Doctor E. Fernández Espiro, Doctor 
Joaquín Canabal, Doctor José Arechavaleta, Presbítero Luis Mo- 
randi. Ingeniero Carlos Honoré, Doctor Gonzalo Ramírez, Doctor 
Juan Carlos Blanco, Doctor Melitón González, Doctor José Sanarelli, 
Doctor Gabriel Honoré, señor Peregrino Manetti, señor José A. 
Fontela, Doctor Luis Demicheri, Doctor Rafael de Miero, Doctor 
Vicente Curci, Doctor Joaquín de Salterain, Doctor Américo Rical- 
doni. Doctor Gerardo Arrizabalaga, Ingeniero Juan Monteverde, 
señor Nicolás Piaggio, Doctor Antonio María Rodríguez, Doctor Mo- 
relli, señor Francisco Bauza, señor Honoré Roustan, Ingeniero 
Florencio Michaelsson, Doctor Regúnaga, Doctor Alfredo Navarro, 
Doctor Herrero y Espinosa, Doctor José Pedro Ramírez, Doctor Ma- 
nuel B. Otero, Doctor Carlos María de Pena, Doctor Alfredo Váz- 
quez Acevedo, señor Enrique Legrand, Doctor Alberto Palomeque. 

Resuelta la aceptación de la precedente lista y según indicación 
del señor Gallardo, reiterada por moción del Doctor Agote, se con- 
cede á dicha junta la facultad de organizarse de la manera más 
conveniente y de preparar todo lo relativo á la futura reunión del 
Congreso. 

T. I 7 



- 9B - 

El Doctor B D. Martínez hace moción para que la asamblea se 
ponera de pie en homenaje al Comité de Organización, que ha sabi- 
do nevar á tan feliz término el presente Congreso. Asi se hace. 

El señor presidente ofrece la palabra á los señores delegados ex- 
tranjeros y en consecuencia hacen uso de ella el Doctor Fernández 
Espiro é Ingeniero Carlos Honoré (de Montevideo), y el Doctor 
Carlos R. Tobar (de Quito). 

El señor presidente Doctor Paulino Alfonso pronuncia en seguida 

el discurso de clausura. 

El Doctor Carlos Salas hace moción para que la asamblea se 
ponga de pie en homenaje de los distinguidos señores que han ve- 
nido" del extranjero para tomar parte en los trabajos del Congreso. 

Así se hace. 

El señor presidente levanta la sesión á las cuatro y media pasado 

meridiano. 

G. Araos Alfaro, 

Secretario General. 



Discurso del Vicepresidente, Doctor Carlos R. Tobar 



Señores : 

I Qué tiene aún reservado el porvenir á nuestras repúblicas lati- 
no americanas ? No podemos saberlo, pero sí podemos ya preverlo : 
mundo nuevo todavía este nuevo mundo, con países inexplorados, 
con riquezas ocultas, con vigores en estado latente, no nos es dado 
mirar sino con ojos présagos lo que lo futuro prepara á esta por- 
ción del gran continente, donde cuarenta y cinco millones de hom- 
bres de una raza privilegiada han acrecido la prepotencia de la 
vitalidad de su sangre al influjo de una tierra virgen, á la par que 
de condiciones fisiológicas y psicológicas excepcionales, caracterís- 
ticas, propias, únicas. 

¿ Qué va á ser de nuestra patria común, de esta magna patria, 
que desde México hasta Magallanes se extiende como un globo en- 
tero apto para recibir cuadruphcada la población de la Europa 
toda ? ¿ Qué va á ser, digo, cuando el sol de plena cultura, de pleno 
progreso, de plena prosperidad llegue al cénit de este brillante cié- 



— 99 ~ 

lo nuestro, que como anuncio de lo venidero, ya no remoto, posee 
más diafanidad, más claridades que los de otros continentes ? 

¿ Qué va á ser ? Casi lo sabemos. ¿ No basta, acaso, al hombre de 
la ciencia de los astros tener ahí por un segundo pegado al objetivo 
de su anteojo, un girón luminoso para estudiarlo, interpretarlo y 
convertirlo en caudal lucrativo de la sabiduría'? 

¿No le es bastante al paleontólogo un hueso no completo para 
reconstruir con él el animal perdido en las capas superpuestas de 
la aglomeración de la vida sobre la vida, de la muerte sobre la 
muerte ? ¿ No es suficiente al marino, la pulgarada de tierra del 
fondo del mar, que sale adherida á un sencillo instrumento, para 
darle á conocer lo conveniente ? ¿ No basta la molécula diluida, des- 
aparecida en abundante vehículo, para las disquisiciones y descu- 
brimientos del químico ? ¿ No es bastante, asimismo, el fragmentito 
de mineral que toma el mineralogista entre sus dedos, para revelar 
los secretos de la riqueza acaparada, ocultada por el suelo, y que 
llevará, en breve, la opulencia á los individuos, á las familias, á las 
sociedades ? ¿ No está, por ventura, el filósofo acostumbrado á de- 
ducir, acaso, de mínimas premisas, las estupendas verdades cuyo 
conocimiento constituye en especial la corona del rey de la creación, 
así como el de las ciencias naturales constituye el cetro del mismo 
monarca ? 

I Ah! señores, la inteligencia prepotente del hombre agranda lo 
más pequeño y lo esclarece. ¡ Qué microscopio tan magnífico es la 
inteligencia humana ! Acerca, además, lo que está distante ; trae á 
su presencia los mundos del espacio, los interroga delante de sí y 
desentraña sus secretos. ¡ Qué poderoso telescopio es la humana 
inteligencia ! 

Pero ya no es sólo, señores, la diminuta premisa del abstraído 
filósofo, ni el guijarro del minero, ni la monada del químico, ni el 
grano de arena del investigador de los océanos, ni la esquirla del 
paleógrafo, ni el destello de luz del astrónomo, lo que nos presagia 
la buena nueva de la próxima llegada de la prosperidad á nuestros 
pueblos. ¿ No hemos visto ya al precursor en las sesiones de este 
Congreso sabio, en que se han dilucidado cuestiones de importancia 
universal? ¿No le hemos contemplado efectivo, en el adelanto in- 
creíble de esta ciudad hermosa, cortés, hidalga ? En ese su puerto, 
selva tropical de arboladuras ; en las pampas del mercado central, 
de frutos, troje colosal de los productos de las pampas argentinas; 
en los depósitos de agua, lagos encerrados en molduras de oro ; en 



lOO — 



el establecimiento de la Recoleta, Niágara invertido cascada que 
ub para distribuirse por la red circulatoria de esta «-g-^^ ^^ j^" 
cente del Sur; en la Penitenciaría, palacio del cnmen; en el Patro- 
natode lalnflncia, cuna regia de una institución admirable; en su 
sabio Instituto Geográfico; en sus abundantes museos nacional e 
histórico ; en su rica biblioteca pública; en sus excelentes hospitales 
y asilos ; y, sobre todo, en sus escuelas y colegios, santuarios del sa- 
ber, depósitos de salubridad moral, de donde se distribuirá el agua 
clara, sabrosa, pura de la instrucción no solamente a la ciudad de 
Buenos Aires, sino á toda la] República, que la tiene por capital. 
Por motivo particular, que me ha contrariado en extremo, no he 
concurrido á algunas excursiones, no siéndome posible, en conse- 
cuencia, expresar la impresión que en mi ánimo habrían dejado. 
Encuéntrase entre ellas el arsenal de guerra, que, de seguro, ayer 
hubiera tenido también que admirar, aunque lamentando en gene- 
ral que las naciones estén precisadas á invertir parte no pequeña 
de sus riquezas, en el hierro bárbaro que se llama fusil, cuando las 
requiere íntegras, urgentemente, en singular en Sud-América, el 
hierro civilizado que se denomina ferrocarriles ; y con vista y con 
admiración sincera de los científicos instrumentos de la muerte, 
habría hecho cordiales votos por que se conserven siempre sin uso, 
flamantes; — mientras se envejezcan y destruyan rápidamente, hasta 
por el abuso, los materiales del arsenal de los museos, laboratorios 
y bibliotecas. 

Señores: voy á partir á un lejano pueblo, de donde, como la 
mariposa á que atrae la luz, he llegado atraído por los vividos res- 
plandores de este Congreso Científico ; voy á partir, digo, pero por 
lejano que me halle, estaré siempre cerca, con el recuerdo, de la 
nación hermosa y de noble hospitahdad, donde por algunos días 
hemos respirado los bueJios aires de civilización y cultura de una 
gran capital, — no tan grande por lo extenso de sus calles, por la 
belleza de sus edificios, paseos y monumentos, ni aun por la mag- 
nitud de sus construcciones hercúleas que hemos citado, sino por 
las obras de progreso inmaterial é intelectual que ha empezado 
á levantar con brazo potente, como lo demuestra el Congreso á que 
he tenido la honra de pertenecer, y que ha conseguido un éxito tan 
brillante, — por el que debemos felicitar á la República, al gobier- 
no, al Comité de Organización y, en singular, al señor Gallardo, su 
notable presidente. 

Viene la dispersión, señores, de los que por breve tiempo hemos 



— lOI — 

morado, abrigados en común en el vivificante hogar de la ciencia • 
mas, antes de la dispersión, nos corresponde, junto con el adiós de 
la partida, cumplir los dulces deberes del agradecimiento para con 
los que nos han proporcionado hidalguísima hospitalidad, dando la 
prueba de poseer no sólo adelantada civilización, sino una exqui- 
sita cortesía, aureola que abrillanta la simpática faz de esta Repú- 
blica, patria cariñosa de sus hijos, y aun de los que, sin serlo, de 
ella se enorgullecen. — He concluido. 



Discurso del Presidente, Doctor Paulino Alfonso 

Séñotes : 

Cuando á los principios de este siglo, tan lleno de acontecimien- 
tos memorables, y bajo la advocación de una grande idea, los pue- 
blos hispano-americanos regaron el continente con la sangre de sus 
venas, entre lampos de fuego y gloria, aunque por el esfuerzo, el 
valor cívico y el anhelo de ser libres merecían serlo, cumple á 
nuestra leal franqueza reconocer que no estaban preparados al goce 
de la libertad. 

Tras el secreto misterioso, por tantos siglos impenetrable, de la 
barbarie, había la América española dormitado la pesadilla de su 
largo coloniaje, en la cárcel espléndida de sus llanos y montañas, 
privada casi en absoluto del movimiento de los espíritus y de la co- 
municación con el mundo civilizado. 

Nada en la naturaleza, tan sabia en sus intentos, como próvida é 
inexorable en el cumplimiento de sus leyes, se hace por saltos, y sin 
la eficiencia de causas adecuadas. 

Mal podían, por lo tanto, las jóvenes nacionalidades de Hispano- 
Aménca despertar de súbitoá la vida juiciosa y tranquila de los pue- 
blos ilustrados, conscientes de sus destinos y resueltos á cumplirlos. 

La emancipación política no comportó de suyo la emancipación 
intelectual, ni la emancipación moral. 

Esta ha sido, señores, esta es la labor principal de los estadistas 
y de los hombres de buena voluntad de la América latina, desde la 
independencia para adelante. 

Y, aun cuando esa labor suela ser lenta para nuestras impa- 
ciencias, y quede todavía inmenso camino por recorrer, si se hiciese 



— I02 — 

el inventario somero de nuestras adquisiciones científicas, y de sus 
trascendentales resultados, desde el año 1810 hasta la fecha, un 
sentimiento de legítimo orgullo y un albor de gloriosa esperan- 
za llenaría é iluminaría con justicia y con placer el alma amen- 
cana. 

La tarea de nuestro progreso científico ha debido y debe todavía, 
principalmente, ser una tarea de asimilación, de incorporación de 
la ciencia ajena al intelecto nuestro; tarea provechosa, pero rela- 
tivamente fácil: somos los afortunados usufructuarios del acervo 
científico, cuya adquisición é incremento tantas vigihas, esfuerzos 
y sacrificios cuestan al género humano. 

Pero, con esa principal tarea de asimilación é incorporación, ha 
coincidido, por la naturaleza de las cosas, y la virtud específica del 
entendimiento humano, siempre activo y fecundo cuando libre, una 
labor original y propia de la inteligencia latino-americana. 

Bajo todos los climas, por donde quiera alienta el vivaz espíritu 
de nuestra raza, hay miradas profundas que se levantan á la natu- 
raleza, hay frentes elevadas que se inclinan á la meditación. 

Ya los ojos ven; ya los cerebros piensan; ya las plumas, formi- 
dables instrumentos de civilización, escriben. 
Ya se hace la luz en nuestra América. 

Numerosísimas corporaciones especiales de todo orden, propia- 
mente científicas, literarias ó artísticas, ya inspiradas y sostenidas 
sólo por la iniciativa particular, ya establecidas ó auxiliadas por la 
acción de los gobiernos, han existido y existen en nuestros países, y 
han prestado interesantes servicios á las causas de las ciencias, de 
la literatura y del arte. 

Empero, la institución de los congresos científicos generales tuvo 
su origen americano (si mis informaciones no me engañan), en 
aquella zona territorial, tan particularmente grata para mí, que es- 
trechan, pero avaloran, los Andes y el mar. 

Chile ha celebrado hace poco su quinto congreso científico gene- 
ral y nacional ; y esta institución parece ya definitivamente arraigada 
en sus hábitos tradicionales. 

. El progreso es una fuerza que, actuando en un medio propicio, no. 
se detiene. 

A esos congresos científicos nacionales ha sucedido, en el orden 
lógico del desarrollo de las instituciones humanas, este congreso 
científico internacional. 

Correspondía á Buenos Aires, la capital del Plata, que sintetiza. 



— I03 — 

en su complejidad soberbia, los adelantos de la civilización en His- 
pano- América, esta generosa iniciativa. 

Tocaba á la Sociedad Científica Argentina, que representa, den- 
tro de Buenos Aires, el esfuerzo de sus hijos por la cultura y el sa- 
ber, imprimir el movimiento generador de esa iniciativa. 

Y cumplía al ilustrado gobierno argentino, depositario de egre- 
gias tradiciones, coronarla con su alto patronato, y sostenerla con 
su eficaz auxilio. 

Esta asamblea, intelectualmente augusta, les debe y agradece su 
existencia. 

Ellos comprendieron que tanto valen los hombres y los pue- 
blos cuanto pueden ; y que, en buena parte, tanto pueden cuanto 
saben. 

El progreso tiene su camino y necesita su esfuerzo. 

Es menester que ese camino se vea y que ese esfuerzo se haga. 

Los ingenios mejor dotados, sin la ciencia, son como lámparas 
que no iluminan, ó iluminan débilmente, ó iluminan sólo los rum- 
bos de peligrosos extravíos. 

Las voluntades mejor inspiradas, sin la ciencia, son como palan- 
cas que no se mueven, ó se mueven caprichosamente : instrumen- 
tos inútiles, ó instrumentos perturbadores. 

Es ley ineludible que los organismos, sean individuales ó socia- 
les, no nazcan perfectos y en toda la plenitud de su desarrollo. 

Es también ley ineludible que, mientras mayores sean la perfec- 
ción y desarrollo á que un ser, por su destino, parezca llamado, 
menores sean, proporcionalmente, las celeridades de su gestación y 
crecimiento. 

Da vida completa al hongo la humedad de un invierno ; á la 
flexible espiga, la rotación de un año ; y á la enhiesta palmera, el 
transcurso de un siglo. 

Los congresos científicos continentales, que suponen vasta prepa- 
ración intelectual y compleja labor colectiva, y que están llamados 
á ejercer transcendental influencia en los destinos del continente 
y del mundo, no pudieron ni debieron producirse en los primeros 
tiempos del desenvolvimiento histórico, ni aun de la vida inde- 
pendiente de estos países ; ni, producidos, podrá vérseles crecer y 
desarrollarse con los ojos de la carne. 

Hemos tenido la fortuna de presenciar su ingreso al número de 
las instituciones más adelantadas de los modernos tiempos. 

Si esta institución arraiga y medra en el suelo americano, el pre- 



— I04 — 

senté será un año memorable en los fastos científicos de la huma- 

nidad. 

Pero, sin anticiparme á los sucesos que, empujados por el viento 
del siglo y la prosperidad de la América, pueden exceder á nues- 
tras previsiones, la feliz idea de la convocación de este Congreso 
ha producido ya resultados inestimables. 

Habéis oído de los labios del señor secretario la enumeración de 
los trabajos presentados y de las resoluciones acordadas en las dis- 
tintas Secciones, 

Sin exagerar la importancia de los resultados obtenidos, cábeme 
la honra de declararlos superiores á las espectativas, y lisonjeros 
para la ciencia americana. 

Esto, con ser tanto, es poco todavía. 

El Congreso Científico Latino Americano no ha producido sólo 
una aproximación de los entendimientos : ha producido también 
una aproximación de los corazones y de las voluntades. 

En las distintas zonas, bajo el ardor de los trópicos, al pie de las 
cordilleras, ó sobre los inmensos llanos, hay conceptos de justicia, 
hay sentimientos de equidad, hay energías de virtud. 

Es necesario juntar, y este Congreso, en parte, ha juntado esos 
conceptos, esos sentimientos y esas energías, para el prestigio de 
nuestras nacientes instituciones, para el bien de la América, para 
el porvenir del mundo. 

Señores : 

Hay una idea de la ciencia, superior á las concepciones vulgares 
de finalidad práctica y positiva : es la idea de la ciencia por la 
ciencia y para la ciencia misma, que investiga por conocer, y que 
se satisface con saber. 

Esta idea ha informado el espíritu de los sacerdotes de la ciencia, 
en el estudio de los dogmas de la naturaleza. 

Y esa idea científica, bajo cuya suprema inspiración los sabios no 
prescinden de ningún fenómeno, por pequeño é insignificante que 
parezca, les ha conducido al descubrimiento de leyes cuya impor- 
tancia pasma y cuyos resultados transforman la faz del mundo. 

Las fuerzas vitales más enérgicas suelen ser las mas recónditas y 
misteriosas. 

Suelen ser también, cuando conocidas, las más fáciles de do- 
minar. 



— I05 — 

Son al organismo del mundo, como el activo espíritu al oro-anis- 
mo del hombre. 

Parece que la naturaleza las escondiera como su tesoro, y que no 
quisiera entregarlas rendidas, sino al heroico esfuerzo humano. 

Y el hombre investiga y trabaja, lucha y muere por conocerlas y 
dominarlas. 

Esta es la competencia sublime de la naturaleza y del hombre ; 
este es el combate eterno en que el hombre siempre conquista, y la 
naturaleza no es nunca totalmente conquistada. 

Los laureles que se obtienen en esa lucha, son los blasones del 
espíritu humano. 

Las lágrimas que en ella se derraman merecerían cristalizarse en 
purísimos diamantes. 

Y la sangre que en ella se vierte, cae al ara santa de la naturale- 
za como sangre de martirio y redención. 

Entre los variadísimos órdenes de los fenómenos naturales, exis- 
ten vínculos y relaciones que los armonizan y unifican dentro de 
plan general de la naturaleza. 

Mientras más se conozcan los fenómenos, más sintética será 
nuestra concepción, y más sencilla nuestra exposición de sus leyes. 

De aquí que todos los rumbos de la observación y de la experi- 
mentación sean buenos ; y todos los gérmenes positivos de la idea, 
fecundos. 

Por eso, la caída de una manzana llevó al descubrimiento de la 
gravitación universal; y por eso la observación de los mínimos seres 
microscópicos se ha convertido en la fuente más copiosa de los estu- 
dios destinados á salvar á la humanidad de sus plagas asoladoras. 

Todas las ciencias, todas las esferas del admirable mundo mere- 
cen, en principio y por igual, nuestra atención. 

No olvidemos, sin embargo, que quien atiende y para quien se 
atiende, es el hombre. 

Es el hombre el medio que conoce y el fin del conocimiento. 

Hay que estudiar, de preferencia, al hombre ; hay que fortalecer, 
que ilustrar y que moralizar al campeón de la ciencia. 

Sin un físico vigoroso, será incapaz y será infeliz. 

Hay que abrir, mediante la educación intelectual, los surcos del 
entendimiento. 

El cerebro humano es la obra más estupenda de la creación : en 
su ámbito reducido caben las ideas más profundas, la concepción 
del anchuroso espacio y las auroras espléndidas del saber. 



— io6 — 

Conviene evitar, respecto de la educación intelectual la preci- 
pitación y el exceso : busquemos el equilibrio, que consulta la efica- 

cia del esfuerzo. , r i 

Hay que atender, sobre todo, á la educación moral, que forma los 

sentimientos nobles y los caracteres viriles, base muy primordial de 

la felicidad privada y de la pública. 

De ordinario, con los progresos de la civilización coinciden, o 

de los progresos de la civilización se aprovechan, los refinamientos 

y ñaquezas que relajan, perturban y debilitan á los hombres y a los 

pueblos. . T -j j ' 1 

La verdadera civilización debe acercar á la simphcidad, a la 

austeridad de la naturaleza. 

A esto debe contribuir, en primer término, la ya dicha educación 
física : á la manera que en terreno cultivado no crecen los zarzales, 
en una organización laboriosa y sana no cunden las malas pasiones. 

A ello debe contribuir, en segundo lugar, la ya dicha educación 
intelectual; no porque yo crea, con el aforismo antiguo, que^ la 
ciencia es la virtud, sino porque creo que la ciencia conduce á la 
virtud. 

He aquí, cómo, en general, las nociones que ayudan al perfeccio- 
namento físico é intelectual del hombre, ayudan también indirecta, 
pero eficazmente, á su perfeccionamiento moral. 

Y he aquí cómo el perfeccionamento moral viene á ser el corola- 
rio de los perfeccionamientos físico é intelectual. 

Eduquemos, señores, eduquemos, en el más amplio sentido de la 
palabra, al hombre americano. 

Con la educación, crecerá el trabajo, cumplimiento de una ley de 
vida, bendición de nuestra especie, que fructifica fortaleciendo y 
consolando. 

La grande y hermosa naturaleza americana, apenas explotada, 
¿ qué digo ? en gran parte, apenas explorada todavía, aguarda la 
labor fecundante de sus hijos, para desenvolverse y producir. 

Dominando esa labor las inclemencias del tiempo y de los hom- 
bres, apartará los abrojos del camino, penetrará en los bosques más 
espesos, atravesará los ríos más caudalosos, culminará las montañas 
más elevadas ; y tendiendo rieles, sembrando, enseñando, comuni- 
cará á los pueblos, fertilizará los campos, y abrirá las conciencias, 
con un soplo pujante de civilización y de vida. 

El escenario es vasto; los horizontes son luminosos; la esperanza 
es inmortal. 



RECEPCIONES OFICIALES 

Recepción en la Municipalidad de la Capital 

La recepción hecha por las autoridades de la ciudad de Buenos 
Aires á los distinguidos huéspedes del Congreso, tuvo lugar el lu- 
nes 1 1 de Abril á la 4 de la tarde. 

Los congresales extranjeros y los miembros de las comisiones del 
Congreso se reunieron á las 3 J p. m., en el local de la Sociedad 
Científica Argentina, de donde se trasladaron al Concejo Delibe- 
rante en elegantes coches descubiertos, puestos á su disposición por 
el Comité organizador. 

Llegados al Concejo Deliberante Municipal, fueron recibidos por 
el presidente del mismo, señor Martín Biedma y un grupo de seño- 
res concejales. 

Después de visitar la histórica casa, donde antes sesionara la Le- 
gislatura de Buenos Aires, pasó la concurrencia á una sala en la que 
se había servido un abundante lunch. El presidente del Concejo 
brindó por la feliz permanencia de los congresales en nuestra Capital. 

Le respondieron el Doctor Alfonso, presidente del Congreso, y el 
Ingeniero Gallardo, del Comité de Organización, agradeciendo las 
atenciones y el concurso de la Municipalidad de la Capital, que su- 
fragaba los gastos de recepción y hospitalidad de los congresales. 

En términos encomiásticos para este municipio, brindaron luego 
el señor Fontela, de Montevideo, el Doctor Carrasco y otros, con- 
testando á todos el concejal Doctor Mujica. 

Los visitantes se retiraron sumamente complacidos. 



Saludo al Excmo. señor Presidente de la República 

El mismo lunes 1 1 debían pasar los congresales á saludar ai 
Excmo. señor Presidente de la República, quien no pudo recibirlos 



— io« — 



por hallarse indispuesto, postergándose la audiencia hasta el vier- 
nes 15. 

A las 2 de la tarde se hallaban los delegados en el salón de re- 
cepciones de la Casa de Gobierno, donde fueron presentados al 
señor Presidente por el señor Ministro de Justicia, Culto é Instruc- 
ción Pública. 

Depués de departir breves instantes con el primer magistrado de 
la República, se retiraron los visitantes á sus respectivos locales de 
sesión. 



Recibo presidencial de despedida 

El jueves 21 de Abril á las 9 de la noche, el Excmo. señor Presi- 
dente de la República ofreció en el palacio de Gobierno un té de 
despedida á los delegados al Congreso. 

Acompañaban al Doctor Uriburu los ministros de Justicia, Culto é 
Instrucción Pública, Doctor Beláustegui ; de Relaciones Exteriores é 
Interior, Doctor Amancio Alcorta ; de Hacienda, Doctor Wenceslao 
Escalante ; miembros del Congreso Nacional, cuerpo diplomático, 
altos empleados nacionales, civiles, eclesiásticos y militares y las 
autoridades municipales. 

Los delegados y los miembros de las comisiones del Congreso 
fueron objeto de las más delicadas atenciones, pasando luego á una 
sala contigua al gran salón de recepciones, en la cual se hallaba 
una bien servida mesa para obsequiar á los concurrentes. 

La recepción se prolongó hasta pasadas las 11 de la noche, con 
la más franca cordiaKdad, abundando todos los presentes en since- 
ras expresiones de confraternidad americana. 

El Excmo. señor Presidente de la República se manifestó suma- 
mente complacido por el éxito del Congreso. 



Nota : La recepción hecha por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires se refiere 
en la crónica de la excursión á La Plata. 



CRÓNICA DE LAS VISITAS 
Visitas generales 

PUERTO DE LA CAPITAL 

El miércoles 13 de Abril tuvo lugar una interesantísima visita al 
puerto de Buenos Aires. A pesar de una incómoda lluvia que caía 
intermitentemente, se hallaba reunido en la dársena Norte, á las 8 de 
la mañana, un numeroso grupo de 150 congresales. 

Amablemente recibidos por el señor Carmena, comenzó la visita 
por los diques de carena, presenciando la entrada del agua en uno 
de ellos ; luego pasó la concurrencia á la casa de bombas, que sirve 
para desagotarlos. 

A las 9 de la mañana se embarcaron los excursionistas en un 
vapor de la empresa Mihanovich, en el que recorrieron el dique 
N.° 4, en el cual se hallaban fondeados varios buques de la escuadra. 

Llegados al diqvie N.° 3, desembarcaron los congresales, para vi- 
sitar uno de los depósitos recientemente terminados. 

Se prosiguió luego la recorrida de los diques, hasta la cabecera 
de la dársena Sud, donde se desembarcó nuevamente para visitar 
los talleres de la oficina de movimiento del puerto y la instalación 
hidráulica del mismo. 

En un gran galpón de los talleres, fué servido un suculento lunch, 
al que hicieron cumplido honor los visitantes. El presidente Doctor 
Alfonso brindó elogiando el puerto de Buenos Aires, así como su 
administración, y agradeciendo las atenciones de que eran objeto 
los visitantes. 

En seguida, embarcados de nuevo en el mismo vapor, se navegó 
la dársena Sud, entrando después al Riachuelo, cubierto de buques 
de cabotaje, que ofrecían el más pintoresco y animado paisaje. 

Frente al Mercado Central de Frutos bajó á tierra la concurren- 
cia, para recorrer los inmensos depósitos atestados de lanas y otros 
frutos del país, siendo guiados al través de aquellas innumerables 



— no — 



filas de riquezas naturales, por el amable señor Grant, gerente del 

Mercado. 

La concurrencia regresó en vapor hasta la cabecera de la dar- 
sena Sud, muy satisfecha de todo lo que habia visto y particular- 
mente agradecida á las constantes atenciones del señor Carmona, á 
cuya amabilidad se debió gran parte del éxito de esta visita. 



OBRAS DE SALUBRIDAD 

Los congresales, en número de 8o próximamente, partieron de la 
estación Retiro por un tren del Central Argentino, á las 8 de la ma- 
ñana del viernes 15 de Abril. 

Pocos minutos después llegaban á la Estación Recoleta donde los 
esperaba el señor Ingeniero Juan F. Sarhy, presidente de la Comi- 
sión de las Obras de Salubridad, acompañado por su secretario, el 
Ingeniero Demetrio Sagastume, el jefe del Establecimiento Reco- 
leta, Ingeniero Agustín González, y varios otros Ingenieros de la 
repartición. 

La comitiva se trasladó al establecimiento Recoleta, donde visitó 
detenidamente los depósitos y]filtros, admirando las bombas eleva- 
doras que proveen la ciudad. Pudo comprobarse la gran cantidad 
de materias en suspensión, que separan los nitros, aun cuando no 
se consiga dejarla completamente límpida. 

La concurrencia, notablemente aumentada, se dirigió en seguida 
en seis tramways expresos, al monumental depósito distribu.idor de 
la calle Córdoba, que fué recorrido hasta su parte más elevada. 

En el gran patio central se sirvió un excelente lunch, que podría 
calificarse de almuerzo, y á los postres brindó, en apropiados térmi- 
nos, el Presidente del Congreso, Doctor Alfonso, quien expresó su 
admiración por las colosales obras construidas para dotar de agua 
á la ciudad de Buenos Aires. 

El señor Ingeniero Sarhy contestó el brindis, congratulándose 
por los resultados de este primer Congreso Científico. 

Hicieron luego uso de la palabra, el Doctor R. E. Fernández Es- 
piro, de Montevideo ; el Doctor Luis Harperath, de Córdoba ; el 
Doctor Gabriel Carrasco y el Doctor Pedro Scalabrini, de Corrien- 
tes, siendo todos muy aplaudidos. 

La concurrencia se retiró agradeciendo las atenciones recibidas 
en tan interesante visita. 



— III 



ESCUELAS DE LA CAPITAL 



En la Biblioteca de Maestros, instalada en la Escuela Petronila 
Rodríguez, se reunió un grupo de congresales, el sábado i6, á las 
lo de la mañana. 

Hacían los honores de la casa el vocal del Consejo Nacional de 
Educación Doctor Alejo de Nevares y el Inspector señor Vedia. 

Después de visitar dicha Biblioteca, se pasó á la Escuela Normal 
de Maestras, en la calle Córdoba, donde fué recibida la comitiva 
por la Directora, señorita Eufemia Gramondo. Admiraron luego 
los congresales la Escuela Sarmiento, cuyo Directora, señorita Ar- 
minda Santillán, les hizo conocer el establecimiento. 

Finalmente, se recorrieron las clases de la Escuela Superior situa- 
da en la calle Rodríguez Peña 747 y dirigida por el señor Emilio 
R. Olivé. 

Los visitantes se retiraron excelentemente impresionados por el 
grado de progreso en que se hallan nuestros establecimientos de 
educación. 



EXCURSIÓN A LA CIUDAD DE LA PLATA 

Gracias á la generosidad del Gobierno de la Provincia de Bue- 
nos Aires, á cuyo frente se hallaba el Doctor Guillermo Udaondo, 
y al concurso de la Asociación de la Prensa de esa ciudad, la hos- 
pitalidad recibida por los miembros del Congreso Científico en La 
Plata fué verdaderamente magnífica. 

Cuatro salones reservados condujeron, desde la Estación Cons- 
titución, más de 200 congresales, el domingo 17 de Abril á las 
II a. m. El Doctor Arce Peñalba y los miembros de la Asociación 
de la Prensa de La Plata, hacían los honores á la concurrencia. 

Una hora después llegaban los visitantes á la capital de la Pro- 
vincia de Buenos Aires, que parecía aún más hermosa á la luz de 
aquel espléndido día. 

En 60 victorias descubiertas, que aguardaban especialmente, 
fueron conducidos los congresales al nuevo Instituto de Higiene 
Experimental, dependiente de la Dirección de Salubridad, donde 
los recibió su Director el Doctor Mercante. 

Después de inspeccionar rápidamente las instalaciones de este 



112 — 



Instituto destinado á producir tantos beneficios, se paso al Museo, 
tan reputado en todo el mundo científico, y cuyos salones y gale- 
rías apenas hubo tiempo de recorrer, sin poderse detener m ante 
las más hermosas piezas. 

El señor Secretario del Museo y los jefes de Sección Doctores 
Lahille V Lehmann Nitsche condujeron á los visitantes al través 
de aquellas maravillas, dando las breves explicaciones que la corta 

visita permitía. 

El Observatorio Astronómico, allí próximo, fué mostrado luego 
por su Director el Doctor Beuf, y la concurrencia tuvo ocasión de 
lamentar que no se terminen las grandiosas instalaciones comenza- 
das, que permitirían al establecimiento desempeñar plenamente la 
alta misión científica que le corresponde. 

De pasada se visitó la Escuela de Agronomía y Veterinaria y de 
Artes y Oficios, llegando los congresales á las 2 de la tarde al Pa- 
lacio de Gobierno, donde presentaron sus respetos al Gobernador 
Doctor Udaondo y á los Ministros Doctores Frers y Alsina. 

Los visitantes fueron obsequiados con un lujoso lunch, servido 
en el gran salón del Palacio. 

En el Palacio de la Legislatura Provincial, que fué visitado en se- 
guida, había también una bien servida mesa, donde brindó el Doctor 
Alfonso en elocuentes palabras, que fueron contestadas por el señor 
Várela, de la Asociación de la Prensa. 

Un tren expreso aguardaba á los visitantes para trasladarlos al 
puerto de La Plata, cuya maquinaria hidráulica tuvieron ocasión de 
apreciar, así como la poderosa grúa flotante que allí existe. 

En tres cómodos vapores fué recorrido el gran dock y canal de 
entrada, proporcionando así á la concurrencia un agradable paseo 
náutico. 

Siempre acompañados por los amables organizadores de la visita, 
Doctor Arce Peñalba y miembros de la Asociación de la Prensa, re- 
gresaron los congresales á la Capital Federal en un confortable tren 
expreso, que los condujo en una hora á la Estación Casa Amarilla, 
donde llegaron á las 7 p. m. 

Los 200 concurrentes, tan regiamente obsequiados, agradecieron 
vivamente las atenciones de que habían sido objeto y la perfecta 
organización de esta excursión, que les permitió apreciar en pocas 
horas las principales bellezas de esa Capital de 15 años, que se 
enorgullece justamente de sus palacios y de sus instituciones cien- 
tíficas de primer orden. 



— 113 — 

La premura del tiempo impidió visitar la Municipalidad, la Po- 
iicia, la Casa de Justicia, etc., y la Universidad, cuyo Rector Doctor 
Dardo Rocha, fundador de la ciudad, acompañó á los excursionis- 
tas en la visita al puerto. La excursión á La Plata es, sin duda, uno 
de los recuerdos más agradables del Congreso Científico. 



HOSPITALES 

El lunes i8, á las 8 de la mañana, un buen número de congresales 
se reunió en el Hospital San Roque, á objeto de visitarlo. 

Acompañaban á los visitantes el señor Intendente de la Capital 
Doctor Francisco Alcobendas y el Director interino de la Asisten- 
cia Pública Doctor Horacio G. Pinero. 

El Director del Hospital Doctor Francisco Cobos y los médicos 
del mismo hicieron los honores á la concurrencia, que pudo apre- 
ciar la buena organización de los diferentes servicios. 

Antes de retirarse, el Doctor Cobos ofreció una copa de vino á 
los asistentes, brindando en bellísima forma literaria. Agradeció 
las atenciones el Doctor Alfonso, y pasóse al Hospital Francés, que 
fué recorrido en compañía de los médicos del Establecimiento. 
En los pintorescos jardines llamaron la atención el grupo que re- 
presenta á Alsacia y Lorena y el artístico monumento á Pasteur, 
inaugurado la víspera. 

El magnífico hospital Rawson fué luego admirado en sus diver- 
sas reparticiones, pasando en seguida al Hospicio de las Mercedes, 
manicomio de hombres, cuyo Director, el Doctor Domingo Cabred, 
expuso á los concurrentes interesantes datos sobre el tratamiento 
moderno de la locura, enseñándoles las antiguas y modernas cons- 
trucciones del establecimiento que acertadamente dirige. Una 
banda de música formada por alienados, saludó á la concurrencia 
con el himno nacional, é hizo oir varias piezas de su repertorio du- 
rante la visita, que se extendió á los talleres y demás reparticiones 
del manicomio. 

Aunque la hora era avanzada, se pasó al Asilo Nacional de Alie- 
nadas, donde esperaban á los visitantes las distinguidas damas de 
la Sociedad de Beneficencia, que con tanta abnegación se dedican 
al alivio de las desgracias y miserias sociales. 

Las magníficas instalaciones modernas de este Asilo causaron la 
admiración de los visitantes, lo cual fué elocuentemente expresado 

T. I /- 8 



— 114 — 

por el Doctor Alfonso, al brindar en el abundante lunch ofrecido á 

la concurrencia. 

El Director de este Asilo, Doctor Antonio F. Pinero, pronuncio, 
al iniciar los brindis, un conceptuoso discurso que sentimos no 

publicar. ~ ■, ^ j 

Muchas felicitaciones le valió al Doctor Pinero el estado en que 
se halla el Asilo por él dirigido con tanta contracción y acierto. 

ARSENAL DE GUERRA Y HOSPITAL MILITAR 

El martes 19 tuvo lugar á las 10 de la mañana la interesante visita 
al Arsenal de Guerra, cuyo distinguido Director, coronel Richeri, 
explicó amablemente á la numerosa concurrencia el funcionamiento 
de los vastos y bien montados talleres allí existentes. 

Llamó particularmente la atención el departamento de fabrica- 
ción de cartuchos y cápsulas metáhcas, así como los disparos con 
ametralladoras que se hicieron en el polígono anexo al Arsenal. 

Pasóse luego al monumental Hospital Militar, cuyo Director, el 
Doctor Pietranera, acompañó á la comitiva, enseñando las diferen- 
tes reparticiones del establecimiento. 

En esta doble visita fué posible comprobar los progresos obteni- 
dos en los servicios militares argentinos. 



Visitas especiales 

BOLSA DE COMERCIO 

Amablemente invitados por la Cámara Sindical de la Bolsa, los 
delegados extranjeros y los miembros de las comisiones del Con- 
greso visitaron el local de esa institución comercial el lunes 18 de 
Abril á las 3J p. m. 

En la hora de mayor animación recorrieron el establecimiento en 
medio del vocerío y febril actividad allí reinantes. Los acompaña- 
ban el presidente señor Carlos M. Huergo, el secretario señor Al- 
berto I. Gaché y varios miembros de la Cámara Sindical. 

Pasaron luego al salón de la Cámara, donde fueron obsequiados 



— 115 — 

con champagne y una taza de té mientras se comentaba el desarro- 
llo comercial de Buenos Aires y se reconocía la conveniencia de es- 
trechar las relaciones de comercio entre los países latino-americanos. 



CLUB DE GIMNASIA Y ESGRIMA 

El martes 19 de Abril á las 9 p. m. fueron obsequiados los delega- 
dos extranjeros y comisiones del Congreso con una hermosa fiesta. 

Recibidos por el Doctor Antonio del Pino, presidente del Club, 
acompañado de los miembros de la comisión directiva del mismo, 
recorrieron las diversas reparticiones del vasto local. Luego to- 
maron asiento en el gran salón, donde presenciaron variados ejer- 
cicios gimnásticos y asaltos de sable y florete en los que tomaron 
parte los profesores y socios del Club. Varios intermedios musica- 
les en el violín y el piano agradaron á los concurrentes. 

En el nuevo salón del Club se había preparado un buffet, lujo- 
samente servido. 

El Doctor del Pino brindó en apropiados términos, contestándole 
oportunamente el señor Ingeniero Julio B. Figueroa, delegado del 
Perú, y el señor José A. Fontela, de Montevideo. 



ASISTENCIA PUBLICA 

Un reducido número de Congresales, entre los que se hallaba el 
presidente Doctor Alfonso, visitó el jueves 21 á las 2 p. m. el edifi- 
cio de la Asistencia Pública. 

El director interino de tan importante repartición, Doctor Hora- 
cio G. Pinero, explicó detalladamente la organización del servicio 
valiéndose de un plano del municipio. 

Luego fueron recorridas las diversas oficinas, almacenes, depósi- 
tos, farmacia, laboratorio bacteriológico, sala de autopsias, etc. 

Llamó mucho la atención la perfecta organización del servicio de 
primeros auxilios, haciéndose un simulacro de partida de una am- 
bulancia para mostrar la simultaneidad de la partida y la recepción 
del aviso. 

Después de ver los nuevos locales últimamente edificados, se 
retiraron los concurrentes sumamente complacidos y gratos á las 
atenciones que les fueron dispensadas. 



ii6 



NUEVO EDIFICIO DE « LA PRENSA » 

Un numeroso gmpo de miembros del Congreso visitó el viernes 
22 á las 2\ p. m, el hermoso palacio que construye el diario La 
Prensa en la Avenida de Mayo. 

Varios miembros de la dirección, redacción y administración de 
esa importante empresa periodística, así como los Ingenieros Alberto 
de Gainza y Garlos Agote, autores del proyecto y constructores del 
edificio, explicaban detenidamente las múltiples é ingeniosas instala- 
ciones del palacio próximo á terminarse. 

Recorrieron así, desde el último piso, del cual se goza de un 
magnifico panorama de la ciudad, hasta los amplios sótanos donde 
se hallan instaladas y funcionando las poderosas rotativas Marinoni 
que imprimieron á la vista de los concurrentes y con pasmosa velo- 
cidad, varios ejemplares del número de la fecha. 

No podía haberse ofrecido á los visitantes prueba más completa 
que aquel edificio de los progresos del periodismo en la Argentina. 



MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES 

Parte de la concurrencia pasó en seguida al Museo Nacional' de 
Bellas Artes, cuyo Director, señor Eduardo Schiaffino, los había 
invitado amablemente á visitar la naciente institución artística que 
dirige con tanta competencia. 

Durante un buen tiempo admiraron los visitantes la pequeña co- 
lección, enriquecida últimamente con valiosas adquisiciones, distin- 
guiéndose entre ellas las procedentes de la galería del malogrado 
Doctor del Valle. 

En el despacho del Director fueron obsequiados los asistentes 
con un reconfortante /mwc^^ pasando luego á visitar la Escuela de 
la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, instalada en el mismo edifi- 
cio, donde se ejercitan en el dibujo, pintura y escultura más de 
300 alumnos de ambos sexos. 

Los miembros del Congreso valoraron en esta visita los notables 
adelantos de nuestra iniciación artística, retirándose agradecidos á 
las muchas atenciones de que habían sido objeto tanto de parte del 
señor Schiaffino como de los socios de la Sociedad Estímulo de 
Bellas Artes. 



— 117 



Visitas seccionales 



SECCIÓN 



Sábado i6, á las 8 a. m. Establecimiento óptico y de instrumen- 
tos de precisión de los señores Schnabl y Lutz. 

Martes 19, á las 8 a. m. Establecimiento mecánico de los señores 
ingenieros Spinola y Noceti. (Visita y buffet). 

Obras del nuevo edificio del Congreso Nacional. 

Jueves 21, alas 8 a. m. Cervecería Quilmes (visita y almuerzo). 



2. SECCIÓN 



Jueves 21, á las 8 a. m. Cervecería Quilmes (visita y almuerzo). 
Viernes 22, á las 9 a. m. Jardín zoológico (visita y almuerzo 
campestre). 



}¡. SECCIÓN 

Estufa Norte de desinfección. 

Jueves 21, á las 2 p, m. Asistencia Pública. 



4. SECCIÓN 

Martes 12, á las 2 p, m. Instituto Geográfico Argentino. 
Martes 12, á las 3 p. m. Museo Nacional. 
Martes 12, á las 4 p. m. Biblioteca Nacional. 
Miércoles 13, á las 3 p. m. Patronato de la Infancia. 
Miércoles 13, á las 4 p. m. Museo Histórico. 
Jueves 14, á las 9 a. m. Penitenciaría Nacional. 
Sábado 16, á las 3 p. m. Jardín de Infantes. 

NOTA — Las crónicas de estas visitas aparecerán en el tomo correspondiente á la 
sección que las llevó á cabo. 



ii8 



Banquete de despedida 

En el gran comedor del suntuoso edificio del Jockey Club, ga- 
lantemente cedido por su Comisión Directiva, tuvo lugar el miér- 
coles 20 de Abril á las 7 p. m., el banquete de despedida ofrecido á 
los delegados extranjeros por la Junta Directiva de la Sociedad 
Científica Argentina y el Comité de Organización del Congreso. 

Al rededor de la bien servida mesa tomaron asiento el Inten- 
dente Municipal de la Capital, Doctor Francisco Alcobendas, el 
Presidente del Concejo Deliberante Municipal señor Martín Biedma, 
el Ministro Plenipotenciario de la República Oriental del Uruguay, 
Doctor Domingo Mendilaharzu, el Presidente y Vicepresidentes 
del Congreso, Doctores Alfonso, Tobar y Demicheri, los Secretarios 
generales del mismo, Presidentes honorarios y delegados oficiales 
y de sociedades é instituciones. Presidentes, Vicepresidentes y Se- 
cretarios de las Secciones, el señor Presidente de la Sociedad Cien- 
tífica Argentina, Ingeniero Domingo Noceti, Secretario, Tesorero y 
miembros de la Junta Directiva de la misma Sociedad, los miembros 
de la Junta Ejecutiva del Comité de Organización del Congreso y 
de los Comités Seccionales de Organización, congresales y socios 
de la Sociedad Científica Argentina, hasta formar el número de 150 
comensales. 

Excusaron su inasistencia el Excmo. señor Presidente de la Re- 
pública y los Excmos. señores Ministros, varios miembros del cuerpo 
diplomático, el Rector de la Universidad de Buenos Aires, el De- 
cano de la Facultad de Medicina y varios otros invitados. 

La mayor cordialidad reinó durante el banquete, pues no habién- 
dose designado los asientos de antemano, se formaron animados 
grupos, de acuerdo con las afinidades y simpatías de los concu- 
rrentes. 

La orquesta de Ismael amenizaba la comida, ejecutando un es- 
cogido repertorio. 

Al destaparse el champagne el Ingeniero Gallardo inició los 
brindis en nombre de las Comisiones invitantes, pues el Doctor 
Zeballos, designado al efecto, no pudo concurrir á la fiesta. 

He aquí las palabras pronunciadas : 



119 — 



Señores 



Una voz más autorizada que la mía debió elevarse en este ban- 
quete, para dar el saludo de despedida á los distinguidos huéspe- 
des del Congreso Científico Latino Americano. 

La Sociedad Científica Argentina y el Comité de Organización 
del Congreso creían, con justicia, que uno de los fundadores de la 
Sociedad, Doctor Estanislao S. Zeballos, debía despedir á quienes 
acudieron al llamado de esa modesta y laboriosa institución que él 
iniciara hace 25 años. 

Inconvenientes de último momento le impiden hacerlo, y por ello 
vengo, en nombre de las Comisiones invitantes, á desear feliz viaje 
y agradecer el concurso de todos estos amigos á quienes tuve tam- 
bién el honor de dar la bienvenida. 

Señores huéspedes del Congreso : 

A vosotros corresponde el honor de la jornada. 

Gracias á vuestra asistencia, se ha cimentado esta hermosa 
confraternidad científica destinada á producir tantos beneficios y á 
reflejar honra y gloria sobre la América toda. 

Habéis sido la llave de oro que nos ha abierto todas las puertas 
y ha permitido realizar esta solemnidad científica, con el brillo y 
esplendor que tanto nos halaga. 

Así hemos visto crecer y extenderse la importancia de esta inicia- 
tiva, con la satisfacción, no exenta de sorpresa, de quien enciende 
una hoguera auxiliado por vientos propicios. 

Inmensa hoguera intelectual que se eleva flamígera, iluminando 
los espíritus ; brilla á distancia como un faro ; irradia en contorno 
un suave calor, que reconforta á quienes luchan en medio de he- 
lada indiferencia ; funde en su seno abrasador preocupaciones y 
recelosas desconfianzas, y separa de esta vil ganga el precioso metal 
de la estimación, la confraternidad y el amor. 

La nota más saliente de este Congreso, si dejamos de lado sus 
resultados científicos, prácticos y morales, ha sido la cultura y el 
más noble entusiasmo por la ciencia, la verdad y los altos ideales. 

Y ese entusiasmo lo habéis aportado vosotros, como subHme le- 
vadura que ha transformado en vivo interés el indiferentismo con 
que se tratan aquí, en general, las cuestiones científicas é intelec- 
tuales. 



— I20 — 

Merced al prestigio de vuestra presencia, hemos podido asistir 
á esas bellas reuniones en que se complementaban los datos apren- 
didos en los libros universitarios, con el saber y la experiencia de 
quienes observan y estudian, recluidos, muchas veces, en los de- 
siertos y selvas de nuestra América, amalgamado todo por el soplo 
vivificante del ideal común. 

La humilde semilla á que aludí en la sesión de apertura, ha ger- 
minado al calor de los nobles sentimientos y la planta se ha des- 
arrollado vigorosa hasta alcanzar esta triunfal florescencia, esplén- 
didamente coloreada por la luz de la razón, dotada del suave per- 
fume de la amistad ; flor que, fecundada por el trabajo, producirá 
nuevos y más abundantes frutos destinados á continuar en otros si- 
tios de la exuberante tierra americana, la futura y frondosa vege- 
tación de este Congreso, á cuya sombra se abriguen, sin distinción 
de fronteras ni de razas, todos los hombres de estudio de nuestra 
querida América latina. 

Señores : 

Mil gracias por vuestro inapreciable concurso, que ha allanado 
con benevolencia y simpatía todas las deficiencias de organización, 
dejando sólidamente establecidas las bases del Congreso Científico 
Latino Americano, que nos congregará periódicamente en nobles 
torneos, que retemplan los espíritus fatigados de los viejos luchado- 
res y estimulan las energías de los jóvenes, cuyas vocaciones se re- 
velan ó encaminan. 

Hasta la vista, pues, en Montevideo^ y, entre tanto, trabajemos. 

El presidente del Congreso tomó luego la palabra, y aceptando en 
parte los conceptos vertidos trató de hacer recaer el principal mé- 
rito sobre los iniciadores y organizadores del Congreso. 

A pedido de la concurrencia se pronunciaron luego numerosos 
brindis en que abundaron las manifestaciones de confraternidad y 
concordia americana y las congratulaciones por el brillante resul- 
tado de este primer congreso científico. 

Entre los más aplaudidos recordamos los de los señores siguien- 
tes : Doctor Carlos R. Tobar, Doctor Carlos Berg, Ingeniero Carlos 
Honoré, Doctor Luis Demicheri, Doctor Gabriel Carrasco, Doctor 
Luis Harperath, Doctor Pedro J. Coronado, Doctor Enrique Legrand 
quien leyó una bellísima poesía. Presbítero Luis Morandi, Doctor 



— 121 — 

Francisco Alcobendas, Doctor Roberto Wernicke, monseñor Floren- 
cio Villanova Sanz, Doctor Domingo Mendilaharzu, Doctor Eliseo 
Cantón, Doctor Luis Agote, Ingeniero Juan José Castro, señor Sa- 
muel A. Lafone Quevedo, Ingeniero Carlos Hoskold, Doctor Enri- 
que Fynn, señor José A. Fontela, etc. 

A las II de la noche los comensales abandonaron el comedor, 
permaneciendo aún muchos de los invitados en los soberbios salo- 
nes del Club, que habían sido puestos á la disposición de los hués- 
pedes del Congreso. 



CONSTITUCIÓN 



COMITÉ DE ORGANIZACIÓN EN MONTEVIDEO 



Como se indica en el acta de la sesión de clausura, se designó en 
esa asamblea la ciudad de Montevideo como sede de la segunda 
reunión que deberá tener lugar en 1901. 

Fué designado también un núcleo de 35 personas para constituir 
el Comité de Organización con amplias facultades para integrarse y 
organizar los trabajos en la forma más conveniente. 

Para instalar dicho Comité se solicitó del señor Ministro ar- 
gentino en Montevideo, don Alejandro Paz, que tuviera á bien 
entregar las notas de nombramiento y hacer los trabajos prelimi- 
nares para convocar á la reunión preparatoria. 

El señor ministro Paz aceptó galantemente esta misión y puso la 
mejor voluntad en su desempeño, consiguiendo el más completo 
éxito. 

El 23 de Junio de 1898 se reunieron en la Legación argentina, por 
invitación del señor ministro, los señores siguientes, á fin de consti- 
tuir el Comité : 

Doctor Joaquín de Salterain, ministro de Relaciones Exteriores ; 
Doctor Juan Carlos Blanco, presidente del Consejo de Estado ; Doc- 
tor José Pedro Ramírez (por sí y por su hermano Gonzalo Ramírez) ; 
Doctor Carlos M. de Pena; Doctor Manuel Herrero y Espinosa ; 
Presbítero Luis Morandi ; Doctor Antonio M. Rodríguez, miembro 
del Consejo de Estado ; Doctor Luis Demicheri ; Doctor Honoré 
Roustan ; Ingeniero Melitón González ; Ingeniero Juan José Castro ; 
Doctor José Arechavaleta, director del Museo Nacional ; Doctor 
Manuel B. Otero ; Ingeniero Florencio Michaelsson ; Ingeniero 



— 123 — 

Juan Monteverde ; Doctor R. E. Fernández Espiro ; Doctor Gerardo 
Arrizabalaga ; Doctor Alfredo Navarro ; Doctor Enrique Legrand ; 
Doctor Vicente Curci ; Doctor Luis Canabal, presidente del Depar- 
tamento Nacional de Higiene ; Doctor Rafael de Miero ; Ingeniero 
Carlos Honoré. 

Excusó su asistencia el Doctor Alfredo Vázquez Acevedo, rector 
de la Universidad ; y renunciaron el cargo los Doctores Alberto 
Palomeque y Francisco Bauza. 

Esta asistencia tan numerosa demuestra el entusiasmo con que 
ha sido recibida la idea y la simpatía de que goza en aquella socie- 
dad el ministro argentino. 

El señor ministro, al ocupar la presidencia, rogó al Doctor Salte- 
rain, ministro de Relaciones Exteriores, que se sirviera ocupar el 
asiento de su derecha, y al Doctor Demicheri (que fué Vicepresi- 
dente del primer Congreso Científico) el de su izquierda. 

En seguida abrió el acto con estas palabras : 

Señores : 

Altamente complacido me siento con la oportunidad que me ha 
presentado el Comité del Congreso Científico Latino Americano de 
reunir en los salones de la Legación un núcleo de caballeros de 
esta simpática sociedad, tan notables por su talento y su ilustración. 

Esta circunstancia me induce á augurar que el segundo Congreso 
que se ha decidido tenga lugar en Montevideo será coronado por 
un éxito que llamará la atención del mundo científico y contribuirá 
en alta escala al propósito civilizador que tuvieron^en vista los pro- 
motores de la idea. 

Mi misión es corta, señores, y tan corta es, que la doy por ter- 
minada. 

Llenado el objeto de mi encargo con la presencia de una mayo- 
ría de los miembros nombrados, corresponde, á mi entender, que 
procedan ustedes á designar la persona que de entre ustedes ha de 
presidir esta reunión, y constituir en seguida las autoridades que 
compondrán el Comité encargado de organizar los trabajos para el 
futuro Congreso Científico que debe verificarse en la ciudad de 
Montevideo. 
« 

Se designó para seguir presidiendo el acto al Doctor Juan Carlos 
Blanco y al Doctor Alfredo Navarro para actuar como secretario. 



— 124 — 

A indicación del Doctor Blanco, que manifestó la necesidad de 
que se designare local y día para que el Comité procediera á cons- 
tituirse definitivamente é iniciar sus trabajos, se resolvió que la 
primera sesión preparatoria tuviese lugar el 30 de Junio en el 
Ateneo. 

Pasó luego la concurrencia al comedor de la Legación donde 
fueron todos gentilmente obsequiados por el señor Paz. 

Al despedirse los concurrentes, el Doctor Blanco, á nombre de 
todos ellos, agradeció al señor ministro las atenciones, felicitándose 
de que hubiera sido él quien instalara el Comité de Organización 
del segundo Congreso Científico. 

El Comité ha comenzado sus trabajos en la sesión del 30 de 
Junio, celebrada en el Ateneo de Montevideo, en la que resolvió 
poner el Congreso bajo el alto patronato del gobierno uruguayo, y 
nombró presidentes honorarios á los Excmos. señores ministros de 
Fomento y Relaciones Exteriores. 

Se han enviado al Comité de Montevideo los antecedentes nece- 
sarios para el mejor resultado de sus tareas, en particular el índice 
que sirvió para el reparto de invitaciones á la primera reunión y 
una colección completa de los impresos usados por el Comité de 
Buenos Aires. 

Todo permite augurar un espléndido éxito á la segunda reunión 
en Montevideo que afianzará definitivamente la idea de celebrar 
estas fraternales asambleas científicas. 



PUBLICACIÓN DE LOS RESULTADOS DEL CONGRESO 



Terminado el Congreso, el Comité de Organización deliberó so- 
bre la mejor forma de publicar los resultados de esta primera re- 
unión. 

La Junta Ejecutiva fué encargada del estudio del presupuesto de 
recursos y gastos y de todas las cuestiones administrativas. 

En cuanto á la publicación fué resuelto que se dividiera en cinco 
partes: una para cada una las cuatro secciones y otra para los resul- 
tados generales. 

Fueron encargados de todo lo relativo á la publicación de ellas 
las personas que á continuación se expresan : 



ANTECEDENTES Y RESULTADOS GENERALES 

Ingeniero Ángel Gallardo, Doctor Gregorio Aráoz Alfaro y señor 
Alfredo J. Orfila. 



RESULTADOS DE LA I. SECCIÓN 

Ingenieros Miguel Tedín, Demetrio Sagastume y Santiago E. 
Barabino. 



RESULTADOS DE LA 2. SECCIÓN 

Doctores Carlos Berg, Ingeniero Manuel B. Bahía y Francisco 
Bosque y Reyes. 



120 — 



RESULTADOS DE LA 3.^ SECCIÓN 



Doctores Roberto Wemicke, Emilio R. Coni y Gregorio Aráoz 
Alfar o. 



RESULTADOS DE LA 4." SECCIÓN 

Doctor Estanislao S. Zeballos y señores Clemente L. Fregeiro y 
Víctor Arreguine. 

Publicada esta primera parte de los resultados generales, puede 
inducirse cuál será el interés de la obra, pues ella forma en cierto 
modo un índice de los cuatro volúmenes, que constarán de unas 
500 páginas cada uno. 

Los fondos con que se contaba para los gastos de compilación, 
impresión, etc., han disminuido en 2.400 pesos, pues la suma de 
12.000 pesos votados por el Congreso ha sido pagada con el des- 
cuento de 20 por ciento. 

Asimismo las comisiones de publicación, que son autónomas é 
independientes en su funcionamiento, tratarán de que los tomos que 
les corresponden aparezcan lo más completos que sea posible y en 
el más breve plazo. 

Se podrá así conocer en todo el mundo civilizado la obra realiza- 
da por el primer Congreso Científico Latino Americano, labor que 
ofrecerá datos importantes para juzgar el grado de progreso inte- 
lectual á que han llegado nuestras jóvenes Repúblicas. 



índice general 



Página 

Organización del Congreso 3 

Mensaje del Poder Ejecutivo y Proyecto de Ley 7 

Comité de Organización 13 

Invitación al Congreso 16 

Bases y Programa 18 

Segunda comunicación 22 

Temas fijados por los Subcomités 24 

Datos para los adherentes 27 

Vías de comunicación y duración aproximada del viaje desde las capitales de las repú- 
blicas latino-americanas hasta Buenos Aires 29 

Tercera comunicación ó^ 

Programa general de sesiones, visitas, etc 34 

Junta Ejecutiva 37 

Comité de recepción 37 

Comités seccionales 37 

Notas oficiales de adhesión 39 

Paraguay 39 

Bolivia 40 

Chile 40 

Guatemala 4^^ 

Méjico ' 42 

Venezuela - 43 

Uruguay 43 

Ecuador 44 

Perú 44 

Resultados generales del Congreso 45 

Presidente y Vicepresidentes honorarios 45 

Mesa efectiva 4° 

Delegados oficiales 4" 

Sociedades é Instituciones adheridas y sus delegados 4" 



— 128 — 

Página 

48 

Adherentes 

Resumen general de adhesiones 

. . 62 

Acta de la sesión preparatoria 

64 
Sesión solemne de apertura 

Discurso del señor Ministro de Justicia, Culto é Instrucción Pdblica, Dr. Luis Beláustegui 65 

Discurso del Ingeniero Ángel Gallardo 

Informe del Secretario General Doctor Gregorio Aráoz Alfaro 72 

Alocución del Ingeniero Carlos Honoré ^ 

Trabajos leídos en la Primera Sección: Ciencias Exactas é Ingeniería 79 

Resoluciones adoptadas ; 

Trabajos leídos en la Segunda Sección: Ciencias Físico-Químicas y Naturales 82 

Resoluciones adoptadas * 

Trabajos leídos en la Tercera Sección: Ciencias Médicas 86 

Resoluciones adoptadas °9 

Trabajos leídos en la Cuarta Sección: Ciencias Antropológicas y Sociología 92 

Resoluciones adoptadas 94 

Acta de la sesión de clausura 9^ 

Discurso del Vicepresidente, Doctor Carlos R. Tobar 98 

Discurso del Presidente, Doctor Paulino Alfonso loi 

Recepciones oficiales '^o? 

Recepción en la Municipalidad de la Capital 107 

Saludo al Excmo. señor Presidente de la República 107 

Recibo presidencial de despedida 108 

Crónica de las visitas generales ^ 109 

Puerto de la Capital 109 

Obras de Salubridad no 

Escuelas de la Capital , iii 

Excursión á la ciudad de La Plata iii 

Hospitales , 113 

Arsenal de Guerra y Hospital Militar 114 

Visitas especiales 114 

Bolsa de Comercio ix\ 

Club de Gimnasia y Esgrima 115 

Asistencia Pública 115 

Nuevo edificio de «La Prensa» 116 

Museo Nacional de Bellas Artes 116 

Visitas seccionales 117 

Banquete de despedida ng 

Constitución del Comité de Organización en Montevideo 122 

Publicación de los resultados del Congreso 125 



índice alfabético 



Págitia 

Acta de la sesión de clausura 06 

Acta de la sesión preparatoria 62 

Adherentes 48 

Adherentes (Datos para los) 27 

Adhesiones oficiales 39 

Adhesión oficial de Bolivia 40 

» » Chile 40 

» » Ecuador 44 

» » Guatemala 41 

» » Méjico 42 

» » Paraguay 39 

» » Perú 44 

Uruguay 43 

» » Venezuela 43 

Adhesiones (Resumen general) 61 

Alfonso, Doctor Paulino (Discurso) loi 

Alocución del Ingeniero Carlos Honoré 76 

Antropología y Sociología. — Trabajos leídos 92 

» > Resoluciones adoptadas 94 

Apertura (Sesión solemne) 64 

Aráoz Alfaro, Doctor G. (Informe) 72 

Arsenal de Guerra y Hospital Militar 114 

Asistencia Pública 115 

Autoridades del Congreso 45 

Banquete de despedida 118 

Bases y programa 18 

Beláustegui, Doctor Luis (Discurso) Ó5 

Bellas Artes (Museo Nacional de) 116 

Bolivia (su adhesión oficial) 4° 

Bolsa de Comercio ^14 

Chile (su adhesión oficial) 4° 



I30 — 



Ciencias Antropológicas y Sociología : 

^ 02 

Trabajos leídos 

Resoluciones adoptadas 

Ciencias Exactas é Ingeniería : 

Trabajos leídos 

8i 
Resoluciones adoptadas 

Ciencias Físico-Químicas y Naturales: 

Trabajos leídos 

Resoluciones adoptadas 4 

Ciencias Médicas : 

Trabajos leídos 

Resoluciones adoptadas 9 

Ciudad de La Plata (Excursión) : ^^^ 

Clausura (Sesión de) 9 

Club de Gimnasia y Esgrima ^^^ 

Comité Ejecutivo ■'' 

Comité de Organización '^•^ 

Comité de Organización de Montevideo (su constitución) 122 

Comité de recepción 37 

Comités seccionales 37 

Comunicaciones del Congreso : 

Primera ' ^" 

Segunda , ^^ 

Tercera 3^ 

Comunicación entre las capitales latino-americanas y Buenos Aires 29 

Constitución del Comité de Organización en Montevideo 122 

Crónica de las visitas generales 109 

Cuarta sección: Ciencias Antropológicas y Sociología: 

Trabajos leídos 92 

Resoluciones adoptadas . 94 

Datos para los adherentes 27 

Delegados de sociedades é instituciones 46 

Delegados oficiales 46 

Despedida (Banquete) 118 

Despedida (Recibo presidencial de) 108 

Discurso del Ingeniero Ángel Gallardo 68 

Discurso del Presidente, Doctor Paulino Alfonso 101 

Discurso del señor Ministro de J. C. é I. P. Doctor Luis Beláustegui 65 

Discurso del Vicepresidente, Doctor Carlos R. Tobar 98 

Duración aproximada del viaje desde las capitales latino-americanas hasta Buenos Aires 29 

Ecuador (su adhesión oficial) 4^ 

Escuelas de la Capital 11 1 

Excursión á la ciudad de La Plata m 

Gallardo, Ángel (Discurso) 58 

Gimnasia y Esgrima (Club do) ug 

Guatemala (su adhesión oficial) j^i 

Honoré, Ingeniero Carlos (Alocución) 75 



131 



Página 



Hospitales 113 

Hospital Militar y Arsenal de Guerra 114 

Informe del Secretario General, Doctor G. Aráoz Alfaro 72 

Ingeniería y Ciencias Exact: s : 

Trabajos leídos 79 

Resoluciones adoptadas 81 

Instituciones y sociedades adheridas 46 

Invitación al Congreso 16 

Junta Ejecutiva 37 

La Plata (Excursión) 11 1 

«La Prensa» (Nuevo edificio) 116 

Lista de adherentes 48 

Medios de comunicación y duración aproximada del viaje entre las capitales latino-ame- 
ricanas y Buenos Aires 29 

Méjico (su adhesión oficial) 4^ 

Mensaje del P. E. y Proyecto de Ley 7 

Mesa efectiva 4^ 

Ministro de J. C. é I. P. (Discurso) 65 

Montevideo, Constitución del Comité de Organización 122 

Municipalidad de la Capital (Recepción) io7 

Museo Nacional de Bellas Artes 116 

Notas oficiales de adhesión 39 

Nota oficial de Bolivia 4° 

» Chile r 40 

» » » Ecuador 44 

» X » Guatemala 4^ 

. » » Méjico i 42 

del Paraguay 39 

» » Perú 44 

» » de Venezuela 43 

Nuevo edificio de «La Prensa» ^'^^ 

Obras de Salubridad (Visita) "° 

Organización, (Comité de) 'j 

Organización del Congreso J 

Paraguay (su adhesión oficial) j9 

Perú (su adhesión oficial) ... 44 

Personal del Congreso "'•' 

Presidente de la República (Saludo al) ^°7 

Presidente del Congreso (Discurso) ^°^ 

Primera Sección : Ciencias Exactas é Ingeniería : 

Trabajos leídos '" 

81 
Resoluciones adoptadas 

Programa general de sesiones, visitas, etc 34 

Programa y Bases 

Proyecto de Ley y Mensaje del P. E 

Publicación de los resultados del Congreso ^ 

Puerto de la Capital (Visita) ^ 



— 132 — 

Página 

Recepción (Comité de) 37 

Recepción en la Municipalidad de la Capital ^°7 

Recepciones oficiales ^°^ 

Recibo presidencial de despedida ■'°° 

Resoluciones adoptadas en la Cuarta Sección : Ciencias Antropológicas y Sociología ... 94 

Resoluciones adoptadas en la Primera Sección : Ciencias Exactas é Ingeniería 81 

Rfesoluciones adoptadas en la Segunda Sección : Ciencias Físico-Químicas y Naturales 84 

Resoluciones adoptadas en la Tercera Sección : Ciencias Médicas 89 

Resumen general de adhesiones °^ 

Resultados del Congreso (su publicación) "^^5 

Resultados generales del Congreso 45 

Salubridad (Visita á las obras de) "o 

Saludo al Excmo. señor Presidente de la República lo? 

Secretario General (Informe) 72 

Segunda comunicación 22 

Segunda Sección : Ciencias Físico-Químicas y Naturales : 

Trabajos leídos 82 

Resoluciones adoptadas : 84 

Sesión de clausura 96 

Sesiones (su programa general) 34 

Sesión preparatoria 62 

Sesión solemne de apertura 64 

Sociedades é Instituciones adheridas 46 

Sociología y Ciencias Antropológicas : 

Trabajos leídos 92 

Resoluciones adoptadas 94 

Subcomités 37 

Temas fijados por los Subcomités 24 

Tercera comunicación 31 

Tercera Sección : Ciencias Médicas : 

Trabajos leídos gg 

Resoluciones adoptadas 89 

Tobar, Doctor Carlos R. (Discurso) qg 

Trabajos leídos en la Cuarta Sección 02 

» •» :> » Primera Sección 70 

» » » » Segunda Sección 82 

j j» j> » Tercera Sección 86 

Uruguay (su adhesión oficial) ., 

Venezuela (su adhesión oficial) .» 

Vías de comunicación y duración aproximada del viaje desde las capitales de las Re- 
públicas latino-americanr.s á Buenos Aires 20 

Vicepresidente del Congreso (Discurso) qg 

Vicepresidentes honorarios .- 

45 

Visitas especiales 

Asistencia Pública 

Bolsa de Comercio 

114 

Club de Gimnasia y Esgrima jj- 



— 133 — 



Página 



Museo Nacional de Bellas Artes ji5 

Nuevo edificio de «La Prensa» ii6 

Visitas generales 109 

Arsenal de Guerra y Hospital Militar n. 

Escuelas de la Capital m 

Excursión á la ciudad de La Plata m 

Hospitales 113 

Obras de Salubridad no 

Puerto de la Capital 109 

Visitas seccionales 117 

Visitas (su programa genera!) 34 



PRIMERA REUNIÓi^ 

DEL 

CONGRESO CIENTÍFÍGO 

LATINO AMERICANO 

CELEBRADA EN BUENOS AIRES DEL lo AL 20 DE ABKIL DK 1898 
POR INICIATIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Y BAJO EL PATROMATO DEL ExCMO. Sr. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

Dr. D. JOSÉ EVARISTO URIBURU 

Y DE LOS ExCMOS«SrES. MINISTROS DE JUSTICIA, CULTO 

É Instrucción Pública, Dr. D. Luis Beláustegui, 
Y DE Relaciones Exteriores, Dr. D. Ajiancio Alcorta 



n 

TRABAJOS DE LA 1/^ SECCIÓN 

(CIENCIAS EXACTAS É INGENIERÍA) 

Comisión encargada de la publicación 

Ing. MiGi-EL TEDÍN 
Ing. Demetrio Sagastlmk 
Ing. Santiago E. Barabino 



BUENOS AIRES 
Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco 

Calles Chile 263 y San Martín 155 

1898 



PRIMERA REUNIÓN 



DEL 



CONGRESO CIENTÍFICO 



LATINO AMERICANO 



CELEBRADA EN BUENOS AIRES DEL lo AL 20 DE ABRIL DE 1898 
POR INICIATIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CIENTÍFICA ARGENTINA 

Y BAJO EL PATRONATO DEL ExCMO. Sr. PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

Dr. D. JOSÉ EVARISTO URIBURU 

Y DE LOS EXCMOS. SrES. MINISTROS DE JUSTICIA, CULTO 

É Instrucción Pública, Dr. D. Luis Beláustegui, 
Y DE Relaciones Exteriores, Dr. D. Amancio Alcorta 



II 

TRABAJOS DE LA I."" SECCIÓN 

(CIENCIAS EXACTAS É INGENIERÍA) 



Comisión encargada de la publicación: 

Ing. Miguel TEDÍN 
Ing. Demetrio Sagastime 
Ing. Santiago E. Barabino 




■■■- .^-^ 



BUENOS AIRES 
Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco 

Calles Chile 263 y San Martin 155 

1898 



COMITÉ EJECUTIVO 



Ingeniero D. Miguel Tedín, Presidente. 
Ingeniero D. Demetrio Sagastume, Secretario. 
Ingeniero D. Lorenzo Amespil, 
Ingeniero D. Ignacio Oyuela. 
Ingeniero D. Valentín B albín. 
Ingeniero D. Carlos M. Morales. 
Ingeniero D. Emilio Palacio. 
Ingeniero D. Juan Pirovano. 
Ingeniero D. Ildefonso P. Ramos Mejía. 
Ingeniero D. Juan A. BuscHiAZZO. 
Ingeniero D. Luis J. Dellepiane. 
Ingeniero D. Santiago E. Barabino. 



REGLAMENTO 

PARA LAS SESIONES DE LA SECCIÓN I.^ (l." Y 2." GRUPOS) 



I," Las sesiones se celebrarán en el local de la Facultad de Cien- 
cias Exactas Físico Matemáticas, Perú número 222, y tendrán lugar 
los días desde el 12 al ig de Abril, de 2 á 6 p. m. 

2° Serán admitidas á ellas todas las personas que presenten 
tarjetas expedidas por el Comité de Organización y las que fueren 
especialmente invitadas para este acto. 

3.° Los trabajos presentados al Comité de Organización hasta 
el día de apertura de las sesiones, serán leídos en el orden que 
hayan sido presentados, á menos que por motivos especiales el 
Comité Seccional ó la Asamblea de miembros adherentes deci- 
diera dar preferencia á alguno por motivos especiales. En este 
caso será necesario que la resolución sea tomada por dos tercios 
de los miembros presentes, sea del Comité ó de la Asamblea. 

4.° Previamente á cada sesión, se repartirá la orden del día, en 
que deberá especificarse el título, los trabajos que se han de tratar 
y las conclusiones á que en ellos se arribe, si para ello fuere del 
caso. 

5." Al día siguiente de cada sesión podrán presentarse las obser- 
vaciones que haya sugerido la lectura de un trabajo y deberán darse 
por escrito las conclusiones á que se llegue. 

6." No podrá emplearse más de 30 minutos en la lectura de cada 
trabajo, ni mayor tiempo en su discusión, debiendo ser concedida 
la palabra por el Presidente del Comité. 

7.° No podrá hacer uso de ella un miembro de la Asamblea por 
más de dos veces, ni emplear en cada caso más de cinco minutos 
( salvo que un voto especial de la Asamblea declare libre el debate ). 

8.° Presidirá el acto de apertura de las sesiones el Presidente 



— 6 — 

provisorio de la Sección y en seguida se procederá al nombramiento 
de Presidente y Secretarios; pudiendo la Asamblea nombrar los 
presidentes honorarios que juzgue conveniente. 

9.° Corresponde al Presidente mantener el orden de la Asamblea 
y dar y retirar la palabra, con arreglo á las prácticas parlamenta- 
rias del Congreso de la Nación. 

10. Cuando exista algún trabajo remitido 3' puesto á la orden del 
día y no se presentara su autor para dar lectura de él, el Secretario 
lo hará conocer de la Asamblea. 



Sociedades é Instituciones adheridas 

Centro Nacional de Ingenieros (Buenos Aires). 

Sociedad Geográfica de Lima (Perú). 

1.^ y 2!^ División del Estado Mayor del Ejército (B. Aires). 

Asociación «La Línea Rectat» (Buenos Aires). 

Sociedad Colombiana de Ingenieros (Bogotá). 

Observatorio Meteorológico de Villa Colón (Uruguay). 

Colegio de Ingenieros (Venezuela). 



Adherentes 

Alesandri, José P., Ingeniero (Chile). 
Amespil, Lorenzo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Anón, Vicente, Estudiante (La Plata). 
Alvarez, Teodoro, Ingeniero (Uruguay). 
Ayerza, Róraulo, Ingeniero (Buenos Aires) 
Arce, Santiago, Estudiante (Buenos Aires). 
Aranda, Rafael, Ingeniero (Buenos Aires). 
Aranzadi, Gerardo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Avila Méndez, Delfín, Ingeniero (Buenos Aires). 
Acevedo Ramos, Raúl de. Estudiante (Buenos Aires). 
Balbín, Valentín, Doctor en Matemáticas (Buenos Aires) 
Barabino, Santiago E., Ingeniero (Buenos Aires). 
Bahía, Manuel B., Ingeniero (Buenos Aires). 
Battilana, Pedro J., Ingeniero (Buenos Aires). 
BiANCHi, Juan J., Estudiante (Buenos Aires). 
Bergallo, Arsenio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Barzi, Federico P., Ingeniero (Buenos Aires). 
Brian, Santiago, Ingeniero (Buenos Aires). 
Belgrano, Joaquín M., Arquitecto (Buenos Aires). 
Basaldúa, Florencio de. Ingeniero (La Plata). 



BusTAMANTE, José L., (Bueiios Aires). 
BuscHiAZZO, Juan A., Arquitecto (Buenos Aires). 

Benoit, Pedro J., Ingeniero (Buenos Aires). 

Bono, Alfredo del, Ingeniero (Buenos Aires). 

Becher, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 

CoRTí, José S., Ingeniero (San Juan). 

Castex, Eduardo, Agrimensor (Buenos Aires). 

Candioti, Marcial R,, Doctor en Matemáticas (Buenos Aires). 

Cheraza, Jerónimo, Estudiante (Buenos Aires). 

Correa, Federico, Ingeniero (Buenos Aires). 

Clerici, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 

CoNi, Pedro J,, Ingeniero (Buenos Aires). 

Candiani, Emilio, Ingeniero (Buenos Aires) 

Cassaffousth, Carlos A., Ingeniero (Buenos Aires). 

Chanourdie, Enrique, Ingeniero (Buenos Aires). 

Correa, Manuel I., Ingeniero Geógrafo (Buenos Aires) 

Cantón, Lorenzo, Estudiante (Buenos Aires). 

Cagnoni, José M., Ingeniero (Buenos Aires). 

Cagnoni, Juan M., Ingeniero (Buenos Aires). 

CÓRDOBA, Félix, Ingeniero (Buenos Aires). 
'' Castro, Juan J.. Ingeniero (Uruguay). 

Durrieu, Mauricio, Ingeniero (Buenos Aires). 

Day, Ricardo A., Coronel (Buenos Aires). 

Dellepiane, Luis J., Ingeniero (Buenos Aires). 
DuRAND, José E., Ingeniero (Buenos Aires). 
DuNCAN, Carlos D., Ingeniero (Buenos Aires). 
Dorado, Alejandro, Estudiante (Buenos Aires). 
Del Monte, Emilio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Dassen, Claro C, Ingeniero (Buenos Aires). 
Duclout, Jorge, Ingeniero (Buenos Aires) 
Darquier, Juan A., Ingeniero (Buenos Aires). 
EcHAGüE, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires) 
Foster, Alejandro, Estudiante (Buenos Aires) 
FiGUEROA, Julio B., Ingeniero (Buenos Aires). 
FoRRETTi, Roberto, Ingeniero (Chile). 
Fernández, Daniel, Ingeniero (Buenos Aires). 
Fernández, Ladislao M., Ingeniero (Buenos Aires). 
Gallardo, Ángel, Ingeniero (Buenos Aires). 
González, Cazón N., Agrimensor (Buenos Aires). 
Girado, José I., Ingeniero (Buenos Aires). 



— 9 — 

Ghigliazza, Sebastián, Ingeniero (Buenos Aires). 

GÓMEZ, Fortunato, Agrimensor (Buenos Aires). 

GoDOY, Enrique, General (Buenos Aires). 

Guerrero, Manuel S., Tte. Coronel (San Juan). 

Giménez, Joaquín, Profesor (Buenos Aires). 

GÓMEZ DE Terán, Leopoldo, Ingeniero (San Juan). 

González, Agustin, Ingeniero (Buenos Aires). 

González, Arturo, Ingeniero (Buenos Aires). 

Guido y Spano, Miguel, Capitán (Buenos Aires). 

Garay, José de. Estudiante (Buenos Aires). 

HuERGO, Eduardo, Ingeniero (Uruguay). 

HosKOLD, Carlos A. Lynes, Ingeniero (Buenos Aires). 

HoSKOLD, H. D., Ingeniero (Buenos Aires). 

HoNORÉ, Carlos, Ingeniero (Uruguay). 

HuERGO, Luis A., Ingeniero (Buenos Aires). 

Huerco, Luis A. (hijo). Ingeniero (Buenos Aires). 

HoLLMANN, H., Mecánico (Buenos Aires). 

Infante, Ignacio C, Ingeniero (Chile). 

Inurrigarro, José M., Arquitecto (Buenos Aires). 

Jacobacci, Guido, Ingeniero (Buenos Aires). 

Jaescke, Víctor J., Ingeniero (Buenos Aires). 

KoRANDA, Luis, Inspector de ferrocarriles (Buenos Aires). 

Korner, Emilio, General (Chile). 

Krausse, Otto, Ingeniero (Buenos Aires). 

Koening, G., Ingeniero (Buenos Aires). 

Laporte, Luis B., Estudiante (Buenos Aires). 

LuiGGi, Luis, Ingeniero (Buenos Aires), 

Legrand, Enrique, Astrónomo (Uruguay). 

Langdón, Juan A., Ingeniero (Buenos Aires). 

Labarthe, Julio, Ingeniero (Buenos Aires). 

Lugones, Arturo M., Ingeniero (Buenos Aires). 

Lavalle, Francisco, Ingeniero (Buenos Aires). 

Lederer, Julio, Ingeniero (Buenos Aires). 

LuTZ, Adolfo, Óptico (Buenos Aires). 

Marambio Catán, David, Teniente Coronel (Buenos Aires). 

Muñoz Tebar, Jesús, Ingeniero (Venezuela). 

Molner, Antonio, Agrimensor (Buenos Aires). 

Martínez Farías, Teófilo, Agrimensor (Córdoba). 

Monteverde, Juan, Ingeniero (Uruguay). 

Molina, Waldino, Estudiante (Buenos Aires). 



lO 



Medici, Juan B., Ingeniero {Buenos Aires). 

* Martínez, Valentín, Ingeniero (Chile). 
Maschwitz, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
Martínez, von R. Alberto, Bachiller (Chile). 

* MiCHAELSSON, Florencio, Ingeniero (Uruguay). 
Morales, Carlos M., Doctor en Matemáticas (Buenos Aires). 
Molina Civit Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 

* Morandi, Luís, Presbítero, Astrónomo (Uruguay). 
Martínez, Ricardo V., Ingeniero (Chile). 
MoNETA, Pompeyo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Massini, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
Mamberto, Benito J., Ingeniero (Buenos Aires). , 

■ NocETi, Domingo, Ingeniero (Buenos Aires). 

Navarro Viola, Jorge, Ingeniero (Buenos Aires). 

Newton, Artemio R., Estudiante (Buenos Aires). 

Olazábal, Alejandro, Ingeniero (Buenos Aires). 

Olmos, Miguel, Ingeniero (Buenos Aires). 

Olazábal, Pedro, Ingeniero (Buenos Aires). 

Olivera, Carlos E., Ingeniero (Buenos Aires). 

Otamendi, Rómulo, Ingeniero (Buenos Aires). 

Otamendi, Eduardo, Ingeniero (Buenos Aires). 

Outes, Félix F., Estudiante (Buenos Aires). 

Otamendi, Alberto D., Ingeniero (Buenos Aires). 

Oyuela, Ignacio, Ingeniero Geógrafo (Buenos Aires). 

OcAMPO, Manuel S., Ingeniero (Buenos Aires). 

Ortiz, Diolimpio, Profesor (Buenos Aires). 

Orfila, Alfredo J., Estudiante (Buenos Aires). 

Otero, Manuel B., Abogado (Uruguay). 

Pereyra, Horacio, Ingeniero (Buenos Aires). 

Pereyra, Manuel, Ingeniero (Buenos Aires). 

Petersen, H. Teodoro, Estudiante (Buenos Aires). 

Pastor, Luis, Profesor (Buenos Aires). 

PlROVANO, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 

Pelleschi, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 

Palacio, Emilio, Ingeniero (Buenos Aires). 

Pages, Lincoln, Ingeniero (San Juan). 

PiAGGio, Antonio, Ingeniero (Buenos Aires). 

Pereyra Rozas, Ricardo, Capitán (Buenos Aires). 

Quintana, Mariano, Agrimensor (La Plata). 
* Romero, Julián, Ingeniero (La Plata). 



— II — 



Romero, Félix J., Ingeniero (Buenos Aires). 
RoMAGOSA, José, Ingeniero (Buenos Aires). 
Rodríguez, Martín, Capitán Ingeniero (Buenos Aires). 
RospiDE, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 

Ramos Mejía, Ildefonso P., Doctor en Matemáticas (Buenos 
Aires). 

RoFFO, Juan, Ingeniero (Buenos Aires). 
Rellán, Esio P., Estudiante (Buenos Aires). 
Rapelli, Luis, Ingeniero (Tucumán). 
Romero, Julio del, Profesor.^ (Buenos Aires). 
Robín, Castro, Napoleón, Agrimensor (Catamarca). 

* Rodríguez del Busto, Francisco, Agrimensor (Córdoba). 
Ramallo, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 

* Raffinetti, Virgilio, Astrónomo (La Plata). 
RiCALDONi, Tebaldo J., Ingeniero (Buenos Aires). 
Rodríguez, Gregorio, Teniente, Ingeniero (Buenos Aires). 
RocAMORA, Jaime, Ingeniero (Buenos Aires). 
Schneidewind, Alberto, Ingeniero (Buenos Aires), 
Schlater, Eduardo, (Buenos Aires). 

ScHWARTZ, Mauricio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Silveyra, Alvaro Astolpho da. Ingeniero (Brasil). 
SoLDANí, Juan A., Estudiante (Buenos Aires). 
Salas, Carlos, Abogado, Agrimensor (Buenos Aires). 
Serna, Jerónimo de la. Ingeniero (Buenos Aires). 
Sosa, Sandalio, Teniente Coronel (Buenos Aires). 
Silveyra, Luis, Ingeniero (Buenos Aires). 
Schroder, Enrique, Ingeniero (Buenos Aires). 
Sarrabayrousse, Eugenio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Sagastume, Demetrio, Ingeniero (Buenos Aires). 
San Román, Iberio, Ingeniero (Buenos Aires). 
Seurot, Edmundo, Estudiante (Buenos Aires). 
Soulages, Edmundo, Agrimensor (Buenos Aires). 
Serrato, Juan.. G., Mayor (Buenos Aires) 
Segovia, Fernando, Ingeniero (Buenos Aires). 
Sarhy, Juan F., Ingeniero (Buenos Aires). 
Stavelius, Federico, Ingeniero (Buenos Aires). 
Thompson, Valentín, Ingeniero (Buenos Aires). 
Tedín, Miguel, Ingeniero (Buenos Aires). 
Tzaut, Constante, Ingeniero (Buenos Aires). 
Tafelmacher, Augusto, Doctor en Ciencias (Chile). 



— 12 — 

Trelles, Francisco M., Estudiante (Buenos Aires). 
* Taboada, Miguel A., Ingeniero (Córdoba) 
ToMHÉ, Juan M., Astrónomo (Córdoba). 
Uriburu, José R, Teniente (Buenos Aires). 

Velazco Lugones, Salvador, Mayor, Ingeniero (Buenos Aires). 
ViLA, Manuel A., Ingeniero (Buenos Aires). 
Van Hatten, Martin C, Empresario de obras (La Plata). 
ViNENT, Pedro A., Ingeniero (Buenos Aires). 
Villarreal, Federico, Doctor en Matemáticas (Perú). 
Varangot, Avelino, Ingeniero (Buenos Aires). 
Vallée, Tomás, Capitán (Buenos Aires). 
VÁZQUEZ, Pedro S., Estudiante (Buenos Aires). 
Waldorp, Juan A., Ingeniero (Buenos Aires). 
White, Guillermo, Ingeniero (Buenos Aires). 
Wauters, Carlos, Ingeniero (Buenos Aires). 
ZuNiNO, Juan E., Capitán, Ingeniero (Buenos Aires). 
Zavalía, Salustiano, Ingeniero (Buenos Aires). 

Nota. — En la nómina contenida en el tomo I no figura, por 
omisión, el nombre del señor Ingeniero Juan Rospide. 

Otra. — Los asteriscos * señalan los nombres de las personas 
que residen fuera de Buenos Aires y han concurrido á las sesiones 
del Congreso. 



PRIMERA SESIÓN 



12 de Abril de lí 



PRESENTES 

Anón 

Avila Méndez 

Bahía 

Balbín 

Bonnemaison 

Cardoso 

Chersza 

Clerici 

Darquier 

Duncan 

Gallardo 

Ghigliazza 

González Arturo 

Hicker 

Honoré 

Huergo 

Michaelson 

Morales 

Moreno 

Nocetti 

Oyuela 

Pastor 

Pereyra 

Petcrsen 

Quintana 

Sarrabayrousse 

Sonlages 

Tedín 

Thomson 

Wauters 
etc. 



En Buenos Aires, á 12 de Abril de i8g8, reunidos los 
señores miembros del Congreso al margen anotados, 
bajo la presidencia provisoria del señor Ingeniero 
Miguel Tedín, se declara abierta la sesión, y el señor 
Presidente pronuncia el siguiente discurso : 

Señores : 
Ya que la casualidad me ha proporcionado el honor, 
no merecido por cierto, de abrir esta sesión de la pri- 
mera sección del Congreso Científico Latino America- 
no, quiero que mis primeras palabras sean para dar la 
más cordial bienvenida á los miembros adherentes que 
desde el extranjero han acudido al llamado que les hi- 
ciera el Comité de Organización, trayendo el contin- 
gente de su esclarecida personalidad y el de su ciencia 
é ilustración para discutir los diversos problemas que 
fueron formulados por las comisiones seccionales y los 
demás temas que caen bajo el dominio de las ciencias 
exactas y de la ingeniería; lo mismo que á los demás 
miembros del Congreso de esta capital y del interior 
de la República, que han asociado su nombre á este 
torneo intelectual y le han traído el concurso de sus 
luces y de su experiencia. 

Como miembro del Comité de Organización, á la par 
de nuestro joven é ilustrado presidente y demás cole- 
gas, he pasado por momentos de duda y de desfalleci- 
miento respecto del resultado de una iniciativa tan 



— 14 — 

nueva entre nosotros, como benéfica en sus objetivos; pero, en 
presencia del número y calidad de los nombres inscriptos en 
esta sección y de la importancia de los trabajos presentados, 
creo fundadamente que podemos tener la satisfacción de decir que 
aquélla ha tenido un éxito completo y que la fecha de la inaugura- 
ción del primer Congreso Científico Latino Americano celebrado 
en la ciudad de Buenos Aires, señalará la del resurgimiento á la 
vida científica é intelectual de esta colectividad, después de haber 
permanecido, por casi dos décadas, poco menos que muerta para 
otros ideales que no fueran los de los intereses materiales. 

Los estudios físico-matemáticos y sus aphcaciones á la ingeniería 
civil son, puede decirse, nuevos entre nosotros, pues sólo han trans- 
currido 31 años desde que, debido á los esfuerzos del inolvidable 
Rector de la Universidad, Doctor Juan María Gutiérrez, que con su 
claro talento y su ilustración científica, á la vez que eminentemente 
literaria, comprendiendo la importancia que tenían para el desarro- 
llo intelectual y material de esta joven nación, logró que se incorpo- 
raran al plan del antiguo instituto de enseñanza jurídica y formaran 
la base del plantel científico que hoy con orgullo puede presentar 
la Capital de la República. 

Y la semilla que arrojaron lo?, pioneers de esa rama de la ciencia, 
los sabios profesores Doctor Bernardo Speluzzi, cuya desaparición 
acaba de anvmciarnos el cable de Europa, llenando de luto el 
corazón de los que fueron sus discípulos, y el no menos querido 
Ingeniero Emilio Rosetti, cayó en suelo fecundo y ha germinado y 
fructificado vigorosamente, y hoy se sientan en esta asamblea dis- 
tinguidos ingenieros que han revelado el completo dominio de los 
problemas más complejos de las matemáticas superiores, que han 
tratado las más difíciles cuestiones de ingeniería hidráulica, sanita- 
ria y de construcciones civiles; que dirigen con acierto las obras 
púbHcas de la Nación; las vastas empresas de transportes y los di- 
versos servicios públicos, y que desempeñan con honra y compe- 
tencia las funciones en que son reclamados los conocimientos de la 
ingeniería civil. El gremio en su conjunto, numeroso ya, representa 
una fuerza moral de vahosa importancia y es un factor destinado á 
ejercer una acción eficiente en la dirección del desarrollo económi- 
co y del progreso material de nuestra sociabilidad. 

Hállase también en este recinto un hermoso núcleo de jóvenes 
inteligencias que se disciplinan con las verdades matemáticas y se 
afanan para asimilar las aplicaciones que ellas tienen en la resolu- 



— 15 — 

ción de los distintos problemas que surgen de las necesidades de la 
vida civil, dirigidos por ilustrados profesores salidos del modesto 
plantel que iniciara el Doctor Gutiérrez y convertido hoy en amplio 
instituto de enseñanza científica, en donde se adquieren conoci- 
mientos profesionales tan completos como en los más afamados de 
Europa, j Honor y gloria para su digno iniciador y sus sabios cola- 
boradores, cuyo noble espíritu flotará siempre en estas aulas, sir- 
viendo de estímulo y de aliento á la juventud que las frecuenta! 

Con elementos tan valiosos como estos, será permitido esperar 
que las sesiones que hoy vamos á iniciar, por feliz coincidencia en 
la misma casa en que se fundara la Facultad de Ciencias Exactas, 
sean ancho campo en donde se discutan con criterio científico y 
espíritu benévolo los diversos trabajos que han sido presentados, 
así como las ideas que ellos puedan sugerir y las iniciativas que 
partan del seno de la asamblea, y que las conclusiones á que se lle- 
gue tengan el sello de verdad y de patriótico sentimiento, que es 
ciertamente la característica que ha de dominar en ellas. 

El Comité de Organización del Congreso, con cuya representa- 
ción me honro en este momento, agradece por mi intermedio á 
todos los señores adherentes el importante concurso que cada uno 
en su esfera de acción le ha prestado, y confía en que otorgará su 
benevolencia á las deficiencias que en él se observen, debidas, más 
que á falta de voluntad y de labor, á las dificultades que se oponen 
á toda iniciativa nueva y á la falta de experiencia en esta clase de 
trabajos. 

Bajo de estas impresiones, y con los más fervientes votos por el 
mejor resultado de la tarea que vamos á emprender, declaro inau- 
guradas las sesiones de la i.'^ Sección del Congreso Latino Científico 
Americano, é invito á la asamblea á pasar á la orden del día. 

Sr. Silveira. — Antes de pasar á la orden del día, pediría que, 
como un acto de homenaje á la memoria del señor Doctor Speluz- 
zi, que acaba de morir, como ha hecho mención el señor Presi- 
dente, se pusiera de pie la asamblea. 

— Habiendo asentimiento general, á invitación del señor Presi- 
dente, se pone de pie la asamblea. 

Sr. Presidente. — Corresponde proceder á la elección de Presi- 
dente efectivo y Secretarios de esta sección. 

Sr. Huergo. — Propongo que se proclame Presidente al señor 
Ingeniero Castro, delegado de la República Oriental del Uruguay, 



— i6 — 

autor de una obra interesantísima que abarca la mayor parte de 
los puntos para que este Congreso está convocado. 

Sr. Presidente. — Como la asamblea manifiesta asentimiento 
general, queda designado Presidente el señor Ingeniero Castro.— 
(Aplausos). 

Corresponde la elección de Presidentes Honorarios. 

Sr. Huergo. — Hemos conferenciado varios de los presentes, 
resolviendo proponer como Presidentes Honorarios á los señores 
Julio B. Figueroa, delegado del Perú ; Carios Honoré, Presidente 
de la Sociedad de Ciencias y Artes de Montevideo ; y al Ingeniero 
Emilio Del Monte. 

Sr. Presidente. — Yo me permitiría indicar el nombre del señor 
Ingeniero Pompeyo Moneta, delegado por Méjico.— (Aplausos). 

— Se resuelve por unanimidad designar á los señores nom- 
brados. 

— A invitación del señor Tedín, ocupa la presidencia el señor 
Ingeniero Castro, quien pronuncia las siguientes palabras : 

Señores : Agradezco íntimamente la inmerecida distinción que 
acabo de recibir del grupo de Ingeniería y Ciencias Exactas, nom- 
brándome su Presidente. 

Distinción inmerecida ; pero profeso el convencimiento de que 
en la obra generosa en que está empeñado el Congreso Científico 
Latino Americano, tenemos el deber de no eludir el puesto que 
las circunstancias nos deparen dentro de los propósitos que persi- 
gue el Congreso, de acercar hombres intelectuales, para, con el 
intercambio de ideas y sentimientos, llevar á cabo mañana la obra 
solidaria de todos en pro del engrandecimiento y prosperidad de 
los pueblos de la América. 

Tiempo es ya, señores, que en esta parte del nuevo mvmdo, 
geográficamente denominada América Latina, en donde están 
radicados 58.000.000 de habitantes, sus hombres de ciencia, que 
son los que deben encaminar y dirigir á las sociedades, se acerquen 
para, en Congreso como éste, comunicar sus ideas y las conquistas 
alcanzadas en las distintas ramas del saber humano : El médico, 
trayendo el caudal de su saber en procura de alivio á los males 
físicos que abaten á la humanidad ; el jurisconsulto, para alcanzar, 
en el concepto más elevado de su ciencia, el medio de hacer 
triunfar la verdad y la justicia y consolidar las relaciones de orden 
moral, social y político que rigen á los pueblos ; el naturalista, el 
químico, el físico, que descubren los elementos que atesora el 



- 17 - 

suelo y las entrañas de ki tierra para que el hombre se sirva de 
ellos de la manera más conforme á las necesidades de la vida ; el 
ingeniero, en fin, que con su ciencia, de aplicaciones múltiples á la 
vida práctica, inventa máquinas que suplen la fuerza humana, per- 
fora montañas, lanza puentes sobre caudalosos ríos, construye 
naves, excava el fondo de los ríos y de los mares para construir 
caminos, canales y puertos, para que el hombre — agente principal 
de toda civilización y de todo progreso — y el fruto de su trabajo 
y de su ingenio, tengan acceso fácil á todas partes y con él circu- 
len entre los pueblos de la tierra un mundo de ideas y de bienes 
morales y materiales ! 

Todo eso es humano, señores, y todo eso podrá surgir del es- 
fuerzo propio de los pueblos latino-americanos si los hombres de 
pensamiento se agrupan y se entienden para la acción colectiva, 
siempre fuerte y poderosa. 

Tengo profunda fe que de estas conferencias, cuyos trabajos 
voy á tener el honor de presidir, ha de resultar obra sana, estable 
y duradera, que estrechará relaciones y determinará nuevas co- 
rrientes de vida y prosperidad entre los pueblos de la América 
Latina. 

He dicho. — ( Aplausos ). 

Sr. Presidente. — Corresponde designar Secretarios. 

Sr. Bahía. — Hago indicación para que continúen de Secretarios 
los señores Ingenieros Barabino y Sagastume. 

— Así se resuelve. 

Sr. Presidente. — Se va á pasar á dar cuenta del trabajo del 
señor Figueroa : Estudios Hidráulicos del Río Salado, Provin- 
cia de Buenos Aires. 

Sr. Julio B. Figueroa. — Señores : Os pido que seáis muy seve- 
ros con mi trabajo, pero benévolos con mi persona, porque 
se trata de un ensayo sobre procedimientos algo nuevos que deben 
servir para la canalización de los ríos. 

( El señor Figueroa ha manifestado que por motivos de carácter 
privado no entrega á la publicidad su trabajo, por cuyo motivo 
sólo aparece la discusión á que él dio lugar, según consta de la ver- 
sión taquigráfica ). 

Sr. Huergo (L.) — Pido la palabra. 

Las tareas que he tenido como vocal del Comité Ejecutivo, y el 
gran deseo de ayudar al iniciador de este Congreso, señor Inge- 
niero Gallardo, no me han permitido estudiar ninguna de las me- 

T. n 2 



— i8 — 

morías que se han presentado. 'Mi colega, el señor Figueroa, me 
pidió hace tres días diera una vista siquiera á su proyecto, y, por 
complacerío, así lo he hecho, pero de una manera muy superficial. 
Deseando, sin embargo, que el Congreso discuta realmente las 
memorías que se presenten, yo no tengo inconveniente en seguir 
el sistema de los ingenieros del país, que no son oradores, y que 
manifiestan sus opiniones siempre que tienen motivo para expre- 
sarlas. 

Voy á hablar sobre la única parte del Río Salado que no conozco. 
Conozco este río desde el puesto de la Mortrera hasta la laguna 
del Picaso, muy en la Pampa, que, probablemente, forma parte del 
cauce del Río Salado. En cuanto á la región marítima, aunque he 
estado sobre ella, quizá á una vara de altura, sin embargo no he 
visto el terreno. 

Las circunstancias eran éstas: En Septiembre de 1884 ocurrieron 
unas grandes lluvias, en las que, según los pluviómetros, en toda la 
costa del Salado cayeron de 0.22 m. áo.24m. de agua en un par de 
días. Sobrevinieron inundaciones; los periódicos se ocuparon con 
extensión de los perjuicios causados por ellas; y el 17 de Octubre 
del mismo año, el gobierno nacional me comisionó para que fuera 
á la brevedad posible, á ver la región inundada. Era, precisamente, 
esta región marítima la inundada, y la superficie cubierta por las 
aguas, era de 150 á 200 leguas cuadradas. 

Llegué el 20 de Octubre á la boca del Salado; tomé un bote y 
traté de penetrar en él, lo que me fué imposible, á pesar de tener 
cuatro marineros, hombres fuertes, en los remos. Tuve que bajar á 
un costado, cruzar el cangrejal y tirar el bote hacia arriba. Enton- 
ces, con un sextante, y tomando una base, medí la anchura del río, 
y con unos flotadores calculé la velocidad; y en el mismo bote, con 
riesgo de que se nos diera vuelta, bajamos bástala desembocadura, 
donde sondé, más ó menos, 2 m. 80 de hondura, y por la reacción 
que sentí en la mano, consideré que el fondo debía ser de con- 
chilla. ' 

En seguida fui hasta la población del señor Sáenz Valiente, y en 
la parte baja del Salado no vi inundación alguna. Con el deseo 
de decir algo respecto á mi comisión, buscaba la inundación; y una 
vez que llegamos á un cerrillo de médanos que hay aquí (señala 
un plano), desde su parte superior descubrí un inmenso mar de 
agua dulce, en el que se veía, de vez en cuando, los extremos de 
algunos árboles y algunos mojinetes de rancho. 



— 19 - 

Entonces me dije: ¿qué estudio voy á hacer aquí? No veu ni 
cauce de río, ni de nada! 

En ese momento nos llamaban á almorzar. Pregunté al señor 
Sáenz Valiente dónde quedaba el curso del Río Salado, debajo del 
agua, y me indicó que á unas 20 varas de distancia, donde había 
unos sauces, era donde se encontraba ese cauce. Entonces le pedí 
que mandara á buscar un bote de á bordo del vapor, y me contestó 
que por allí se podía andar en canoas. Pedíle entonces suspendiera 
el almuerzo hasta después de ver lo que era el cauce del Salado. 

Efectivamente, embarcado en una canoa y acompañado de un 
niño de 14 años, hice un sondaje, y encontré en el centro del río 
7,15 m. de profundidad. 

Después de esto, me volví y le dije al señor Sáenz Valiente que, 
por mi parte, había concluido el estudio del Río Salado; nos vini- 
mos al día siguiente á Buenos Aires, y presenté á los pocos días un 
informe sobre la inundación, con un croqviis que lo dejo aquí por 
si quieren verlo los señores adherentes. 

Mi observaciones me sugirieron esta idea: Desde que á una corta 
distancia, á dos metros de la orilla misma del río, había árboles y 
allí no existían remansos, estando el agua como un espejo, me 
imaginé lo que era cierto: que aguas arriba el agua estaba estan- 
cada, y allí formaba un inmenso lago que desbordaba por la parte 
superior; de manera que en la cercana á la desembocadura, la co- 
rrentada eran tan fuerte, que no podíamos vencerla con cuatro 
hombres, mientras que en la superior, estando estancada el agua, 
andábamos en canoas sin la menor dificultad. 

Combinando estos datos con los de unas escalas de crecientes 
que hay en el Ferrocarril del Sud, en dos puntos diferentes, hice 
este cuadro gráfico de las crecientes que se producen. Porque to- 
mando el Río Salado á diez leguas aguas arriba, allí donde el Ferro- 
carril del Sud es cruzado por el camino que va á Dolores, aquél 
tiene un puente de 200 metros y otro de 47. De manera que, como 
el nivel del agua estaba á la altura de los rieles, había una sección 
de agua que pasaba por esos puentes, de 247 m. X ó m., ó sea una 
sección de agua de más ó menos 1440 metros; mientras que á la 
altura de la propiedad del señor Sáenz Valiente, aguas abajo, toda 
la sección se reducía á unos 250 metros. Se ve, pues, que para diez 
centímetros que subía en la parte superior, en la sección de 
1440 metros, es claro que en la inferior subía 20 ó 30 centímetros, 
y entonces toda el agua se rebalsaba. 



— 2Ó — 

Entonces hice todos estos cálculos por las escalas de marea que 
había establecidas en la parte superior, y calculé que la inundación 
iba á durar de 5 á 6 meses. 

Efectivamente, los terrenos continuaron cubiertos de agua mas 
de 5 meses. Había pedido al señor Miguens, que me avisara cuando 
se descubrieran estas partes superiores, porque allí el río ha ido 
primitivamente buscando todos los terrenos fáciles de disgregar, 
pero ahora el mismo río está cortando estas vueltas, y en muchas 
partes, en las superiores que yo conozco, hay esos grandes lagu- 
nones que han sido primitivamente grandes vueltas y que después 
las crecientes han cortado, formándose primero islas y después 

lagunones. 

A los dos meses me avisó el seilor Miguens que estaba en seco 
la parte á que me he referido. Fui allí; me dieron 9 hombres, y en 
medio día abrí esta zanja que el señor Figueroa ha marcado aquí, 
con unos 0.70 m. de ancho, 0.70 m. de hondura y con 0.12 m. á 
0.14 m. de agua. Hace 2 años que el señor Miguens me dijo que 
la zanja tenía como 400 m. de largo, 15 á 16 de ancho y 3 de hon- 
dura. 

El señor Figueroa, que ha levantado el plano, puede decirnos si 
en realidad tiene esas dimensiones. 

Sr. Figueroa. — La zanja existe y tiene, más ó menos, esas di- 
mensiones; pero en época de crecientes no. 

Sr. Huergo. — Pero se ha agrandado hasta ese tamaño. 
De manera que son 18.000 m. c. de excavación hecha con 9 $ de 
costo, ó sea á 0.50 $ los i.ooo m. cúbicos. 

Después no me he vuelto á ocupar más del Salado. 
Los gobiernos vieron el informe, y lo hicieron á un lado. Quizá 
las cuestiones políticas hicieron que no se consideraran estos estu- 
dios como convenientes para el adelanto del país. 

Mi objeto al hacer esta zanja, fué simplemente el de rectificar, 
hasta dónde fuera posible, las vueltas; y por los planos que tene- 
mos aquí presentes, se ve que el río, en las avenidas, está cor- 
tando esas vueltas. De modo que con 400 metros, se acorta aquí el 
camino en 1.200. En este otro punto, con 300 ó 400 metros que se 
corten, se evita un recorrido de 2.000. Por este estilo, estudiando 
un poco, se podría hacer una curva de unos 203 mil metros lon- 
gitudinales de excavación, con el propósito indicado. 

Si el pueblo tomara iniciativa en todo aquello que le conviene, 
en lugar de tener 150 leguas de terreno casi inservibles, por estar 



— 21 — 

cubiertos por las aguas durante 405 meses, perdiéndose toda la 
semilla del pasto blando y no quedando más que la espadaña y 
otros pastos fuertes que ni pastos son siquiera, un modo económico 
de hacer estos cortes sería este: 

El Departamento de Ingenieros de la Provincia haría unas líneas 
curvas suaves, uniendo estos puntos y reduciendo la longitud, que 
dice el señor Figueroa es de 30.700 metros, á unos 20.000 metros. 
Entonces se aumentaría la pendiente y se reduciría la altura de las 
inundaciones. 

Para hacer este trabajo, se podría emplear la fuerza misma de las 
aguas en las inundaciones, porque por estos extremos que ustedes 
ven, la creciente empieza á subir cada vez más, y como las raíces 
de los pastos no se desagregan, mantienen compacto el terreno; 
pero si estas aguas se las hiciera correr por un terreno arado 
de 200 metros de ancho, este terreno sería llevado por las cre- 
cientes. Y si esta zanja de 0.70 m. ha llegado á tener 15 ó 20 me- 
tros de anchura, es de suponer lo que ocurriría precediéndose de 
la manera indicada. 

El estudio del señor Figueroa se refiere al estiaje de marea baja, 
donde ha encontrado unos 40 metros cúbicos de agua. Los datos 
que presenta, representan un volumen de 1.750 m. c. 

El resultado práctico del estudio del señor Figueroa, es la cons- 
trucción de un canal que, arrancando de la Loma Verde, vaya á la 
desembocadura del Salado. Si se quisiera hacer un canal navegable, 
en mi opinión, la sección que debería tener ese canal sería una sec- 
ción cónica, de un cono larguísimo ; porque, como ha dicho el 
señor Figueroa, las diferencias en las corrientes de las aguas de- 
penden de las resistencias que ofrecen las diversas naturalezas del 
terreno, pero son siempre en proporción del perímetro mojado ; y 
en un cono, los perímetros ó sea el contorno, disminu}'e en pro- 
porción de la distancia. 

Tomemos la base en la desembocadura. A medida que la distancia 
disminuye, los perímetros y la sección disminuyen como el cua- 
drado del radio ; la marea que entra encuentra menor resistencia á 
su curso ; pero como el volumen es mucho mayor, se produce una 
especie de tumefacción, y entonces entra mayor caudal de agua y> 
sobre todo, hay mayor corriente. 

Es esto lo que se observa en la naturaleza. Hay puertos donde 
convergen dos costas, en las cuales, la marea es mucho más alta 
donde encuentra más puntos salientes y resisterites. Uno de los 



— 22 



ejemplos más conocidos es el del canal de la Mancha : en Saint 
Malo, la marea sube 14 Í metros más ó menos, y en Cherburgo, 
en la'misma bahía, sólo sube 6 ó 7 ; es decir, hay 7 metros de dife- 
rencia de nivel sólo por la configuración convergente de las costas 
.y por el fondo que se levanta. 

Así que para hacer un canal en estas condiciones, habría que 
hacer las pendientes continuas y las secciones disminuyendo hacia 
arriba. Es esto lo que se ha proyectado en el río Guadalquivir, en 
España, así como en Francia, en Alemania y, últimamente, para 
ampliar el puerto de Brest, que, según los franceses, el defecto 
que tiene es que el canal se ha acortado demasiado y la corren- 
tada es muy fuerte. 

Sr. Presidente. — Prevengo al señor Ingeniero Huergo que ha 
excedido el tiempo que fija el reglamento para la réplica. Sin em- 
bargo, la asamblea puede resolver si continúa con la palabra. 
— Se vota y resulta unanimidad. 

Sr. Huergo. — En el fondo del asvinto no estoy de acuerdo con 
el señor Figueroa. 

Sr. Figueroa. — Debo observar que yo no he proyectado nin- 
gún canal; únicamente he estudiado la rectificación del Salado 
desde Loma Verde en derechura al mar, no á la desembocadura. 
Sr. Huergo. — Perfectamente. 

Yo hago presente que, no teniendo ningún dato sobre el terreno, 
porque todo él lo he visto cubierto por las agvias, sin embargo ha 
de tener 5 ó ó metros de altura ; y entonces, con esa altura, para 
dar desagüe á las aguas de lluvia en las grandes inundaciones; se 
necesita, en mi opinión, un canal de 150 ó 200 metros de ancho ; y 
fijo esta anchura, porque en esta cuestión de construcciones creo 
que las fórmulas deben venir muy posteriormente á la idea que 
uno se forma de la naturaleza de la obra que debe ejecutarse. 

Cualquiera que venga á la República Argentina, ve un país llano, 
sabe que sus llanuras se prolongan debajo del Río de la Plata y 
que no va á encontrar grandes honduras sino á una gran distancia ; 
cruza á la República del Uruguay, de terrenos ondulados, ve el 
Cerro de Montevideo y sabe que inmediato á tierra va á encontrar 
islas y grandes honduras ; así es que al instante, al primer golpe de 
vista, determina qué clase de obra se ha de hacer; después vienen 
las fórmulas. 

Lo que necesita el Salado principalmente, y mucho más en la 
parte superior, es librarse ante todo, de las aguas de lluvia,, de las 



inundaciones ; y eso, en mi opinión, no puede hacerse sino con un 
canal que tenga 150 ó 200 metros de anchura. Si los gobiernos no 
pueden llevarlo á cabo, que se autorice á los vecinos á hacer los 
trabajos, que al fin y al cabo, aun cuando gasten un peso en sacar 
1,000 metros cúbicos de tierra, no habrán gastado mucho. 

Pero ¿ qué es lo que va á buscarse con un canal de navegación, 
sea aquí ó en otro punto ? Yo no lo veo. Desde que estos terrenos 
son inundables, la población densa no va á ir allí por muchísimos 
años, mientras esté expuesta á ser destruida por una inundación ; 
el hombre irá á poblar en las pequeñas alturas, y no habrá ninguna 
población comercial ni industrial. Si se quisiera llevarla hacia arriba, 
tenemos que el Salado empieza en una gran bahía, como puede 
verse en el plano, y va en dirección Noroeste, mientras que la boca 
del mismo río queda al Sudeste de Buenos Aires ; entonces habría 
qvie barrear el Salado, para tener siquiera dos medios de navega- 
ción : las embarcaciones que vinieran allí, deberían ser chatas, para 
poder traer un buen tonelaje, y llegando á la boca del Salado ten- 
drían que ser embarcaciones de quilla, para poder navegar de allí 
á Buenos Aires, que por muchos años será forzosamente el punto 
de concentración de toda la producción del interior y de la costa 
del mar hasta Bahía Blanca, porqvie Bahía Blanca tiene su región 
propia, á la cual sirve, y está llamada á ser un gran puerto. El puerto 
de La Plata es una sucursal del de Buenos Aires; en cuanto éste ten- 
ga un buen canal de acceso, aquél no tendrá razón de ser; será mejor 
destinarlo á apostadero de buques de guerra. 

Yo no veo, pues, como decía, cuál es el objeto de estudiar y 
proyectar un canal de navegación en el Salado. Ese canal quedaría 
hecho simplemente con regularizar las vueltas del río, permitiendo 
entonces que las mareas entren y salgan libremente, es decir, hacer 
un cauce regular para que las mareas suban hasta la parte más 
alta ; pero, en mi opinión, este proyecto debería tener por base 
únicamente librar de inundaciones á esos terrenos. 

Sr. Figueroa. — La indicación que he hecho respecto de ese 
canal, no es más que una incidencia ; y todo lo demás que he 
expresado, excepto lo relativo al método que expongo como un 
ensayo, es también incidental. 

Naturalmente, mi demostración no ha tenido por objeto conven- 
cer sobre si debe ó no establecerse un canal de navegación en el 
Río Salado. 

§R. HuERGO. — Perfectamente, Pero éstas son consideraciones 



— 24 — 

que podemos hacer, porque aquí estamos reunidos con el objeto 
de hacer algo útil al país, y para dar algunas bases que puedan 
servir también en cualquiera otra parte de la América del Sud. 
Así es que estoy simplemente emitiendo opiniones, y refiriéndome 
con especialidad á las altas aguas decrecientes, al máximo volu- 
men del Río Salado, mientras que el señor Figueroa se ha referido 
al mínimo ; y yo creo que convendría el estudio de ese río, relati- 
vamente á la construcción de obras económicas, mientras el 
Gobierno no pueda hacer obras definitivas ; creo que el Gobierno 
podría tener en cuenta esto : que es conveniente abrir la desem- 
bocadura, dragar el banco de fango y conchilla que hay allí, hasta 
la profundidad que sea posible, para el mejor desagüe; que con- 
vendría dar á ese punto doce pies de agua, para hacer posible la 
entrada de naves en el futuro. 

Tenemos una costa larga y brava desde la Patagonia hasta el 
puerto de La Plata ó de Buenos Aires ; en ese espacio no hay, 
después de Bahía Blanca, ningún punto de refugio, y muchas veces 
vienen los buques á embarcar á esa bahía ó á Atalaya ; de manera 
que la desembocadura del Salado sería el único punto de refugio 
para las embarcaciones menores, costeras, entre la parte más 
poblada de la República y la Patagonia, 

Debo hacer presente, que el Río Salado ha sido ya levantado en 
su desembocadura. Aquí tengo un plano del capitán Pope, levan- 
tado en 1847 ; y en el punto de descarga de las aguas, existía antes 
una batería, que creo fué construida para defenderse de la escua- 
dra francesa durante el bloqueo de 1846. Posteriormente, en 1853, 
con motivo del sitio de Buenos Aires, vino mucha hacienda 
embarcada en la boca del Salado. Así es que ha sido más tarde 
que se ha abandonado la navegación de ese río, navegación que 
no se ha extendido más, porque el Ferrocarril del Sud cruza el 
Salado á 50 kilómetros arriba, aparte de 3 ó 4 vías más que lo 
cortan á la altura de Junín. 

He terminado. — (Aplausos). 

Sr. Silveira. — Voy á hacer algunas breves observaciones, por- 
que, aunque no he estudiado propiamente el trabajo presentado 
por el señor Figueroa, sin embargo, me he ocupado anteriormente 
del Río Salado, precisamente con motivo de las inundaciones á 
que se ha referido el señor Huergo. 

Yo creo que esta cuestión debe encararse bajo dos formas: 
la I.^ referente ala navegación del Salado; la 2.% á la defensa 



de ese ño, de su cuenca, propiamente dicho, de las inunda- 
ciones. 

Respecto á la navegación de ese ño, creo, como el señor Inge- 
niero Figueroa, según parece desprenderse de su estudio, que es 
la construcción de vm canal lateral la que correspondería, dada la 
forma sinuosa de su curso, porque ese canal lateral seria mucho 
más corto. 

En cuanto á la defensa de las inundaciones, no creo, como el 
señor Ingeniero Huergo, que bastaría con la rectificación del curso 
del Salado, porque el dato mismo que él ha dado, referente á la 
cantidad de agua acumulada en las dos inundaciones que yo 
conozco — la de 1877 y la de 1885 — demuestran que esa rectifica- 
ción no daría resultado alguno. 

Lo que, á mi juicio, habría que hacer, y en ello se fundaron los 
estudios de los señores Lavalle y Medici, es establecer lateral- 
mente el curso del Salado, envolviendo toda esa serie de pequeñas 
vueltas que tiene diques longitudinales. De esta manera se defen- 
dería de las inundaciones laterales, estableciendo un cauce 
máximo de más ó menos 200 metros de sección. 

He hecho estas observaciones, porque me parecían oportunas. 

— Se resuelve dar por terminado el debate sobre el trabajo del 
señor Ingeniero Figueroa. 

El Ingeniero Bonnemaison presenta el trabajo del señor Villa- 
rreal, titulado : 



Nomografía ó construcción de tablas gráficas 



Por FEDERICO VILLARREAL 

Doctor en Ciencias matemáticas, Catedrático de la Facilitad de Ciencias y Profesor 
de la Escttela de Ingeniería de Lima. 



1. Representación de funciones. — Se llama funciófi á toda 
cantidad variable, cuyo valor depende de los valores arbitrarios de 
otras cantidades, que se llaman variables independientes. Esta 
dependencia puede expresarse de dos modos : 



— 26 — 

I." Analíticamente. — Cuando se da la ecuación que las enlaza; 
por ejemplo : 

e = — o- t 2 

que da el espacio e, de que cae en el vacio un cuerpo en el 
tiempo t, siendo el valor de la gravedad g. 

2." Geométricamente. — Cuando se da el lugar geométrico á 
que satisfacen las variables ; por ejemplo : la parábola de la figura 
i.% en que las abscisas indican la altura de caída, las ordenadas el 
tiempo, cuando el parámetro de esa curva es dies dividido por la 
gravedad, siendo la ecuación 



2. Cálculo de las funciones. — Cuando se da el valor de las 
variables independientes, se obtiene el valor de las funciones por 
tres procedimientos : 

I." Por cálculo directo. — Ejecutando las operaciones numé- 
ricas ; asi en Lima se tiene e = 4'895 t ^ y para 5 segundos el 
cuerpo ha caído de 4'895 X 5 ^ = 122^375. O bien verificando 
las construcciones geométricas, así llevando en la figura i.* sobre 
el eje de ordenadas 5 veces la unidad de tiempo y trazando la 
abscisa « 6^ se encuentra que tiene I2'2 unidades, que son 122 
metros por haberse trazado las alturas con una escala dies veces 
menor. 

2° Por tablas. — Las que pueden ser numé- 
ricas teniendo dos columnas : una para el valor 
de la función y otra para el valor de la variable 
independiente, se llaman tablas de simple en- 
trada, como la de la caída de los cuerpos en 
Lima; ó bien con .varias columnas cuando hay 
dos variables independientes, se llaman de doble 
entrada, }\di\\kríd.o?,Q el valor de la función en la 
intersección de una columna vertical con la hilera 
horizontal, que encabeza los argumentos ; así en la tabla siguiente 
bajando de 9'79, gravedad en Lima hasta enfrente del tiempo 5 
segundos se encuentra la altura iziT^.-^'je^, 



t 


e 


I 


4m895 


2 


19 . 580 







44 . 055 


4 


78 . 320 


5 


122.375 


6 


176 . 220 



- 27 - 





9' 78 


9 '79 


9 '80 


9 '81 


9 '82 


9' 83 


I 


4.8.90 


4.895 


4.900 


4-905 


4.910 


4-915 


2 


19.560 


19.580 


19.600 


19.620 


19.640 


19.660 


3 


. 44.010 


44-055 


44.100 


44-145 


44.190 


44-235 


4 


78.240 


78.320 


78.400 


78.480 


78.560 


78.640 


5 


122.250 


122.375 


122.500 


122.625 


122.750 


122.875 


6 


176.040 


176.220 


176.400 


176.580 


166. 7Ó0 


176.940 



O bien por tablas gráficas, encontrándose el valor de la función 
en lalínea que pasa por la intersección de las líneas que corres- 
ponden á las variables independientes ; así en la tabla figura 2.^, 
la recta vertical 9'79 corta á la horizontal 5 de los tiempos entre 
las- lineas 100 y 125 de las alturas y muy cerca de esta última, una 
sexta parte de su separación que representa 25 metros, luego, 
quitando 4 a 125, se tiene 121 metros para el valor buscado. Para 
tener los valores intermedios en las tablas, se. ejecuta una interpo- 
lación, usando la regla de tres ó las diferencias de orden superior 
en las tablas, numéricas y la simple vista ó bien el doble decímetro 
en las tablas gráficas. 

3.° Por mecanismos. — Para lo que se han construido muchas 
máquinas aritméticas para hacer las operaciones numéricas; así 
como un gran número de aparatos registradores, que trazan las 
•curvas que representan las funciones. 

3. Cálculo gráfico. — Este cálculo se ejecuta de dos maneras : 
I." Por depurados. — En que se hace uso de construcciones, 
como se nota en los procedimientos de la Geometría Descriptiva 
y en los de la Estática Gráfica, derivadas de las proposiciones de 
la Geometría pura. 

2." Por abacos. -- Como se llaman las tablas gráficas en que 
basta la simple lectura, como se observa en los Planos acotados 
y en las Curvas de nivel, valiéndose para el trazo de estos abacos 
de los conocimientos de la Geometría Analítica. 

La ejecución de las tablas numéricas demanda mucho más 
tiempo que el trazo de las gráficas y aunque éstas sean menos 
exactas, aquéllas están expuestas á más errores, que son menos 
frecuentes en los abacos. Como se sabe, la teoría de las diferencias 
y el desarrollo en serie de las funciones facilita el cálculo tabular 
numérico y como en la práctica es suficiente la aproximación 



— 28 — 

gráfica, vamos á exponer los diferentes métodos que. sirven para 
trazar los abacos ó sea el cálculo tabular gráfico, que es lo que 
se llama Nomografía, 

4. Historia. — El uso de las curvas de nivel ó de igual cota es 
más antiguo que la Geometría Analítica de Descartes. 

Bassantin, en 1557, las usaba en sus estudios scbre el movi- 
miento de los astros; este sabio era escocés. 

El P. Juan Fraxcisco, en 1665, en las cartas de desecamiento 
de Holanda indicaba las pendientes del terreno por curvas de 
igual nivel. 

Felipe Buache, en 1737, trazaba en un mapa las líneas de igual 
profundidad del mar de icen 10 brazas y en 1752 generalizó esta 
idea fecunda para representar los relieves del globo por proyeccio- 
nes acotadas de las líneas de nivel. 

Ducarla, profesor de Genova en 1780, extendió y simplificó la 
notación de Buache en la expresión del nivel de las cartas terres- 
tres y marinas. 

PouCHET, en 1795, usó los planos acotados para la traducción 
gráfica de las tablas numéricas de doble entrada ; pero no veía en 
sus líneas de igual elemento, las proyecciones de las intersecciones 
de las superficies por planos paralelos. 

DuPAiNTRiEL, en 1804, indicó este método como nuevo para 
expresar en los planos las dimensiones horizontales y verticales de 
los objetos. 

D'Obenheim, en 1814, usaba implícitamente las curvas de igual 
cota en la resolución de los problemas de Balística, 

PiOBERT, en 1825, hacía uso de las superficies topográficas para 
traducir gráficamente los resultados de las experiencias. 

Terquem, en 1830, estableció dogmáticamente la relación que 
existe entre una tabla numérica á doble entrada y la representación 
de una superficie por curvas de igual cota. 

Allix, en 1840, ha dado la tabla gráfica á doble entrada para 
representar las curvas de nivel determinadas por la ecuación 
x'^ y = a. 

Lalanne, en 1842, mostró que la superficie de un semiperfil de 
terraplén, en función de la cota sobre el eje y del declive del terre- 
no, es dada por la ecuación de un hiperboloide, cuyas secciones 
horizontales parabólicas, proyectadas sobre un plano horizontal y 
acotadas formaban una tabla gráfica que podía reemplazar á las 
tablas numéricas; generalizó este método para diversas aplicado- 



— 29 - 

nes, y en 1846 inventó el método anamórfico para reemplazar las 
curvas por rectas. 

Massau, en 1884, generalizo el principio de anamorfosis geomé- 
trica en su memoria sobre la integración gráfica y sus aplicaciones. 

Lallemand, en 1885, inventó el método exagonal, el de elimi- 
nación y el de las escalas binarias, 

D'OcAGNE, en 1884, publicó el método de los puntos isopletos, 
y en 1891 el de los puntos doblemente isopletos, empleando los 
dos principios fecutidos de geometría : el de dualidad y el de ho- 
mografia ; finalmente en i8gi, reunió estos métodos en un cuerpo 
de doctrina, llamándolo Nomografía. 

5. Principio general. — Sea la función fi ( x, y, a ) = o, dan- 
do valores sucesivos á rt se trazan las líneas correspondientes, cada 
una se marca con el respectivo valor de a, se llaman éstas, líneas 
de igual elemento, de igual cota ó isopletas u ; del mismo modo 
se construyen las isopletas b de la función f-2 ( x, 3^, b ) = o y las 
isopletas c de Í3 { x, y, c ) = o. Si se elimina x, y, entre las tres 
ecuaciones, se obtiene la función f ( a, b, c ) = o, cuyos valores 
correspondientes a, b, c, están indicados por la intersección de las 
tres isopletas en un mismo punto ; se tiene así el diagrama de la 
figura 3. De modo, que si a = 2, b = ^ siguiendo estas líneas se 
cortan sobre la isopleta c, := 5, que son los valores correspon- 
dientes. 

I." LÍMITES. — Los valores que se toman para a, b, c para trazar 
las curvas isopletas, se limitan en los valores prácticos y se dife- 
rencian unos de otros en la aproximación que se desea ; así para 
la gravedad, en la figura 2.^ se toma de 9'78, que es la gravedad en 
el Ecuador á 9'83 que se tiene en el polo y van de centímetro en 
centímetro. 

2° Escala. — ^ La que se elige para las abscisas x y para las or- 
denadas y puede ser diferente, consultando la claridad, en la 
figura i.^ se ha tomado para el espacio e una escala diez veces me- 
nor que para el tiempo t, eligiéndose de tal modo, que la interpo- 
lación gráfica se pueda hacer á simple vista, con la aproximación 
deseada y limitándose el abaco á la parte útil de la práctica. 

Así pues, para construir la tabla gráfica de las funciones de dos 
variables independientes f ( a, b, c ) = o, se eligen arbitrariamente 
dos funciones : fi ( x, y, a ) = o fo ( x, y, b | = o para las isopletas 
a y b, luego eliminando con la función dada las cantidades a, b, 
se tiene la ecuación fs ( x, y, c ) = o ; para construir el curso de 



— 30 — 

isopletas c. Tal es el principio general para el tra^o de los 
abacos. 

6. Método ordinario. — Dando la función í {a,o, c) = o; 
lo más sencillo es hacer x = a, isopletas a, equidistantes y paralé- 
las al eje de ordenadas ; y = h, isopletas h, equidistantes y para- 
lelas al eje de abscisas ; sustituyendo f ( x, y, c ) = o, que da para 
las isopletas c, generalmente lineas curvas, que se trazan por puntos. 
Por ejemplo : c = a&, da c = xy hipérbolas, como se ve en la;, 
figura 4.'* que es una tabla de multiplicar. 

I." Escala binaria con paralelas. — Despejando tendremos: 
c = F ( a, b ) ; haciendo y = &; :r == c ; resulta sustituyendo x =: F 
( a, y ) ; de manera, que las isopletas a son en general lineas 'cur- 
vas; las isopletas b rectas equidistantes paralelas al eje de abscisas 
y las isopletas c de la función, son dadas por rectas equidistantes 
paralelas al eje de ordenadas, ó sea por segmentos del eje de 
abscisas, de manera que este eje sirve de dos escalas : una para 
trazarlas isopletas a y otra para tener los valórese. Se llama 
escala binaria con paralelas. 

Por ejemplo : c = ab, daría x = ay rectas que parten del origen 
para las isopletas a, como se ve en la figura 5.^, que es otra tabla de 
multiplicar. 

2.° Escala binaria con radiantes. — En la misma ecua- 
ción c = F ( a, b ), se puede hacer y = b x, x = c, tendremos 

x = F(a,^. 

Las isopletas a son en general lineas curvas, las isopletas b rectas 
que irradian del origen y los valores de la función, que son las iso- 
pletas c también resultan rectas equidistantes paralelas al eje de 
ordenadas ó sea en segmentos del eje de abscisas, que sirve tam- 
bién de doble escala y se llama escala binaria con radiantes. 

Por ejemplo : c = ab daría x2 == ay parábolas, que tienen por 
eje el de ordenadas, como se ve en la figura 6.% que es una tercera 
tabla de multiplicar. 

Asi en este método ordinario, dos 'cursos de isopletas son siem- 
pre líneas rectas y el tercero en casos particulares puede también 
ser de rectas ; pero en general son líneas curvas. ■ ■ ' 

7. Método anamórfico. — Como una de las series de líneas^ 
isopletas, está representada en el método ordinario, generalmente 
por curvas, es conveniente transformar el sistema, para que todas 



— si- 
sean rectas cuando esto sea posible, ó bien en círculos que tam- 
bién son fáciles de construir, y en general, en otra curva más fácil 
de trazar, como por ejemplo las secciones cónicas, y en la realiza- 
ción de estas ideas consiste el método anamórfico. 

i.° Tres sistemas rectilíneos. — Para que los tres cursos de 
isopletas sean rectas, sus ecuaciones deben tener la forma si- 
guiente : 

y = X. Fi ( a ) + fi r a ) y = x. Fg ( b ) + f^ ( b ) 
y = X. Fs ( c ) + fa ( c ). 

Para conocer la forma, que debe tener la función de a, b, c, en 
este caso, eliminemos X, j» ; igualándolos valores de v, despejan- 
do X, é igualando los dos valores de esta variable : 

^ ^ f 1 ( a ) - f 2 ( b ) _ f 1 ( a ) - fa ( c ) 



F2(b)-Fi(a) F3(c)-Fi(a). 

Quitando los denominadores, simplificando y sacando factores 
comunes, resulta, conservando sólo la inicial de función 

Fi ( f2 - fa ) + F2 ( fs - fi ) + Fs ( fi - fO = o 

que es la forma buscada de las funciones, que pueden llamarse t)i- 
regladas ; tomando las derivadas parciales y eliminando las seis 
funciones arbitrarias, se tendrá la condición analítica que la carac- 
teriza, para conocer si una función dada de a, h, c se puede poner 
bajo de esa forma y que el abaco estuviera representado por la 
figura 7." 

A. Tres grupos paralelos. — Para que los tres grupos de iso- 
pletas estén compuestos de rectas paralelas, es preciso que Fi ( a ), 
F2 ( b ), F3 ( c ), sean constantes, llamándolas respectivamente: ni, 
'^ P) y ordenando se tiene : ( n — p ) fi ( a ) + ( P — ni ) f2 ( b ) 
+ (m — n)f3(c)=o introduciendo las constantes en los signos 
de las funciones, resulta la forma general para este caso 

U{a) + Í2{b) + h{c)^o 

tendremos para las isopletas «^ x = fi ( a ), rectas paralelas al eje 
de ordenadas, pero no equidistantes ; para las isopletas b, y = ío ( b ), 



-ac- 
recías paralelas al eje de abscisas, pero no equidistantes ; para las 
isopletas c, sustituyendo resulta x + y + fs ( c ) = o, rectas per- 
pendiculares á la bisectriz de los ejes ; pero tampoco equidistantes, 
lo que daría al abaco la forma de la figura 8.'' 

B. Tres grupos radiantes. — Para que los tres grupos de 
isopletas sean radiantes de rectas, es necesario que fi ( a ), fg ( b )> 
fs ( c ), sean constantes, llamándolas respectivamente in, n, p, se 
tiene o=(n — p)Fi(a) + (p — m)F2(b) + (m — n)F3{c) 
introduciendo las constantes en el signo de las funciones, resulta 
como en el caso anterior : 

. Fi ( a ) + F2 ( b ) + Fg ( c ) = o 

tomando para las isopletas «^ y = x. Fi ( a ) + A, rectas radiantes, 
que parten de la ordenada A ; para las isopletas bj tomaremos 
y := X. F2 ( b ) — A, rectas radiantes, que parten de la ordenada 
— A, sustituyendo 

Y — A Y+A , ^ , , 
—— + -^^í^ + Fs { c ) = o. 



es decir, para las isopletas c se tiene y = — J x. F3 ( c ), recías 
radiantes, que parten del origen de coordenadas, lo que da al 
abaco la forma de la figura g.^ 

C. Tres grupos cualesquiera. — Tomemos la forma general 

F4 ( c, b ) + Fó ( c, b ). Fi (a ) + fi ( a ) = o 
que, haciendo 

y = F4 ( c, b ) X = F5 ( c, b ) 

daría sustiíuyendo las isopletas a por la ecuación y + x. Fi ( a ) 
+ fi ( a ) = o ; para que la eliminación de c y 6 den para esías isople- 
ías íambién líneas recías debe íenerse y-l-xF2(b) + f2{b)=o; 
y + xF3(c) + f3(c)=o sacando de aquí los valores de x, y 



00 



en que sólo se han puesto los signos de las funciones, recordando, 
que el Índice 2 es una función sólo de b, y el índice 3 es una fun- 
ción sólo de c. He allí pues, la constitución de las funciones 
F4 ( c, b ) y F5 ( c, b ), para que la eliminación sucesiva de c y de ¿> 
den para estas isopletas líneas rectas. Sea por ejemplo : 

b {b-c) + (b- i)Fi (a) + (c-b2)fi(a) = o 
haremos 

b ( b — c ) b — 1 



y = 



c — b2 



luego las rectas isopletas a son 

y + X Fi ( a ) + fi ( a ) = o 

de la segunda sacaremos el valor de 

b=x + b — 1 

c = 

X 

y sustituyendo en la primera 



b ( bx — b2 X — b + I ) 

y=:-^ T— l^-b^x-b, 

b — I 



tenemos las isopletas b que son rectas : y + b^x + b^o y sus- 
tituyendo b2 X + b = — y en el valor de 



y 



luego las isopletas c también son rectas y -f- ex + i ■= o por- 
que poniendo F3 =1= c, Fj = b^ , f2 = b, fs = i, para el valor de x, 
se encueiitra que el valor de y se deduce de la constitución que he- 
mos encontrado para F4 ( c, b ) y las isopletas b, c, también se de- 
ducen de su forma general rectilínea. El diagrama es la figura 7."' 
D. Escalas binarias anamórficas. — Si F3 ( c ) es cero la forma 
general de las funciones trir espiadas se convierte en 



T. II 



- 34 - 
Fi ( f2 - f3 ) + Fs (fs - fi ) = o 

despejando fs , tendremos la forma : 

Fi Í2 - F2 fi 



f3-= 



Fi — F2 



que es la constitución, que debe tener una función de a, b, cuando 
el primer miembro sólo está constituido por una función de ca- 
para que las isopletas a, b sean líneas rectas ; en efecto, haciendo 
X = fs ( c ) y sustituyendo podemos tomar 

Fi Í2 — F2 fi f2 — fi 



; y = 



Fi — F2 ' •' Fi — F2 

y despejando en la segunda f2 y sustituyendo en la primera 

x = yFi(a) + fi(a) x = y F2 { b ) + fa ( b ) 

se tienen las isopletas a, b, en que el eje de las x sirve de escala 
para el trazo de estas isopletas rectilíneas y también para los valo- 
res de las isopletas x = fs ( c ), que son rectas paralelas al eje de 
ordenadas pero no equidistantes, resultando que se tiene en la 
función fs ( c ) = F4 ( a, b ) cuando se satisface á la constitución 
encontrada, la forma general de las escalas binarias anamórficas, 
como lo indica la figura 10.* 

i.° Con paralelas si Fi(a), fi(a) son infinitas, porque divi- 
diendo ambos términos de la constitución por Fi ( a ) se tiene 
la forma general 

fs ( c ) = f2 ( b ) + F2 ( b ). f ( a ) 

de las escalas binarias anamórficas con paralelas, siendo las 
ecuaciones de las isopletas. 

X 3= í 3 ( c ) ; y = f ( a ) ; X = y . F2 ( b ) + f 2 ( b ) 

siendo el diagrama el de la figura 11. 
2." Con radiantes se tendrá cuando fi ( a ) es cero, siendo enton- 
ces la forma general de esta constitución 



f3(c) = 



— 35 — 

Fi ( a ) X Í2 ( b ) 
Fi(a)-F2(b) 



para las escalas binarias anamórficas con radiantes, siendo las 
ecuaciones de las isopletas : 

X = f3 ( c ) X = y Fi ( a ) x = }• Fg ( b ) + Í2 ( b ) ; 

tomando entonces el abaco la forma de la figura 12. 

3.° Con paralelas y radl\ntes. — La fórmula anterior se 
convierte en la siguiente : fa ( c ) = Fi ( a ) X F ( b ) cuando 
f2 ( b ) y F2 ( b ) son infinitas, dividiendo la mencionada forma, 
ambos términos por F2 ( b ) ; ó también 

si ambos términos se dividiesen por f 2 ( b ) entonces las ecuacio- 
nes de las isopletas st)n en el primer caso :x^f3(c)x=:yFi (a) 
y =: F ( b ), y en el segundo supuesto serían : 

x = fs ( c ) X = 3^ F] ( a .) }- 



f(b) 

resultando á la vez, la escala binaria con paralelas y con radiantes 
anamórfica, figura 13. 

E. Producto de funciones. — Finalmente, cuando se tiene 
Fi (a). F2 ( b ). F3 ( c ) := I tomando los logaritmos resulta: 
log. Fi ( a ) + log. F2 ( b ) + log. F3 ( c ) =: o abaco de rectas 
paralelas no equidistantes, perpendiculares á los ejes de orde- 
nadas, al eje de abscisas y á la bisectriz de estos ejes, tomando 
para las isopletas las ecuaciones x = log. Fi ( a ) y = log. F2 ( b ) 
X + y + log, F3 ( c ) = o. 

Por ejemplo : c =^ a b l?i ecuación logarítmica será : 

Log. c = log. a + log. b. Las isopletas son .v = log. a ; 
y = log. b y + X = log. c que da el abaco de la figura 14, no- 
table bajo el punto de vista histórico, porque fué el primero en 
que se hizo uso del método anamórfico y es una cuarta tabla de 
multiplicación. 

2." Un sistema de segundo grado. — Siguiendo un desarrollo 



- 36 - 

semejante, se tendrá la forma, que debe tener la función, para que 
las isopletas sean secciones cónicas, y como en el método ordi- 
nario dos series son rectilíneas, habrá solamente ventaja, cuando en 
el método anamórfico se conserven dos cursos de isopletas en 
líneas rectas, luego deben ser : y = x. Fi ( a ) + fi ( a ) y = x. 
Fs ( b ) + f2 ( b ) y2 = X.2 F3 ( c ) + x. fs ( c ) ; de las dos pri- 
meras sacamos : 

_ fi - f2 F^ fi - Fi fg . 

^ — T?. _ p. y F, - fi ' 



sustituyendo en la tercera, tendremos la forma buscada : 

¡F2fi-Fif2P = (fl-f2)^ F3+(fi-f2) (F2-F1) fs 

será con parábolas cuando F3 sea nulo, con elipses cuando sea 
negativo, con hipérbolas cuando sea positivo, lo que dependerá 
de los valores de c. 

A. Hipérbola equilátera y círculo. — Si F3 tiene el valor 
constante imo las isopletas c serán hipérbolas si esa unidad es 
positiva ; en lugar de hipérbolas equiláteras serán círculos si la 
unidad es negativa ; siendo la constitución de estas funciones 

( fi - f2 ) ( Fj - Fi J 

B. CÓNICA REFERIDA AL CENTRO. — Si en la forma general no 
existe X en la ecuación de las secciones cónicas en el último tér- 
mino, entonces las curvas de segundo grado, no están referidas á 
la tangente de uno de sus vértices, sino á su centro, en cuyo caso 
sólo pueden ser hipérbolas ó elipses, convirtiéndose la constitución 
en la siguiente : 

I F2 fi - Fi f2 i' = ( fl - f2 )2 F3 + ( F2 - Fi )2 fs . 

C. Caso de hipérbola equilátera y círculo. — Si F3 es la 
unidad positiva se tienen hipérbolas equiláteras, si es la negativa 
resultan círculos, que entonces están referidos á su centro y supo- 
nen la siguiente constitución á la función de a, b, c 



— 37 



F2 f, - F, f, - 7 1 f 1 - f2 - 

^^ = f 3 ( C 

1 F. - F. ¡2 ^ 



D. Dos SISTEMAS RECTILÍNEOS PARALELOS. — Si Fi = A Fo = 

B, constantes, los dos cursos de isopletas rectilíneos serian parale- 
los y las cuatro constituciones serían 

( B fi - A fo )2 = ( fi - f, )2 Fa + ( fi - f2 ) fs 
( B fi - A f, )2 = ( fi - f2 )2 Fs + ís 

la primera referida á la tangente en el vértice, la segunda al centro 



f3 ( ^ ) _ (Bf. -Af.)^^(f. -f.)3 



f3(c 



f 1 - f. 
( B f. - A f2 ;2 - ( f, - f, )2 



para hipérbolas equiláteras y para círculos, la primera teniendo 
por eje de ordenadas la tangente al vértice y la segunda este eje 
pasa por el centro de las curvas. 

E. Dos SISTEMAS RECTILÍNEOS RADIANTES. — Si fi = A, f2 = B 

constantes, los dos cursos de isopletas rectilíneos serán radiantes 
de los puntos, cuyas ordenadas son A _y B ; la constitución de las 
funciones en los distintos casos son 

( A F2 — B Fi )2 = Fs + h ( F2 — Fi ) para el eje tangente y 
( A F2 — B Fi )2 = F3 + fs ( F2 — Fi )2 para los ejes en el centro. 
Para hipérbolas equiláteras y círculos 

h(c) = 'lAIlZ^±'l±^ fs ( c ) = ¡^^-_!Z_'J!i^' 

F2 - F, ( Fí - F, )a 

siendo C una constante cualquiera, enlazada con A y B por la rela- 
ción C = A — B. 

F. Un sistema paralelo y otro radiante, — Finalmente si 
Fi = A constante el sistema de isopletas a es de rectas paralelas ; 
fg = B constante, el sistema de isopletas b es de rectas radiantes 
y llamando P = A B tendremos la constitución para este caso ; 



¡ F2 fi - p r = F3 fi ' + fi h F2. 

Cunndo la sección cónica es cualquiera referida á su tangente en 
el vértice. Para que esté relacionada á su centro^ se tendrá : 

i F2 fi - P I' = F3 fi ' + fa F2 '. . 
Para la hipérbola equilátera y para el circulo : 

f, F2 F2 ^ 

8. Método exagonal. — Para las funciones triregladas, cuando 
los sistemas de isopletas son rectas paralelas, pueden suprimirse di- 
chas rectas, sólo conservando las escalas lineales sobre una recta 
perpendicular á cada sistema, de esta manera se evita la confusión 
de tener tantas líneas trazadas y para encontrar los puntos corres- 
pondientes de la función f ( a, b, c ) = O, se usa un papel trans- 
parente en que se trazan las direcciones de las isopletas, este papel 
se llama indicador para orientarlo se conserva en el abaco parte 
de un sistema de isopletas, como se ve en la figura 15 donde se ha 
trazado en elementos lineales la posición del transparente ó indi- 
cador ; de manera que para a = 5, & = 4 resulta que c = 12. 

Desalojamiento. — Las escalas lineales tienen la ventaja que se 
pueden desalojar, con tal que conserven su paralelismo y un 
punto correspondiente. Así en la figura 15, puede ponerse la escala 
de las isopletas c en la posición A' B' en lugar de la bisectriz A B, 
lo que es conveniente cuando la graduación vuelve sobre sí misma, 
evitando de este modo la confusión. 

Fraccionamiento. ~ Además estas escalas se pueden fraccionar, 
como se ve en la figura 16, que las partes A B, C D, E F se pueden 
poner arbitrariamente en A' B', C D', E' F' conservando el punto 
correspondiente O' ; después desalojarlas en A" B", C" D", E" F", 
con tal que O" sea el punto correspondiente de los valores que 
marcan las perpendiculares bajadas de dicho punto sobre las tres 
escalas lineales, se notará que la escala de a está formada por las 
rectas N C y C" D" ; la escala de h es entonces M A y A" B" y 
por último la escala de c está formada por las rectas P E y 
E" F" ; así pues la colocación de dos escalas fraccionadas puede 
ser arbitraria y levantando perpendiculares de sus valores A" y C" 



— 30 — 

se tiene en su intersección el punto correspondiente O" de donde 
se traza la tercera perpendicular que lleva el valor E" de la otra 
isopleta y la escala fraccionada de ésta principiará de un punto 
cualquiera de esa perpendicular y aun ponerse en E'" F'" sobre la 
misma línea en que está su primera parte P E. 

I." Ejes rectangulares. — Como la forma de estas funciones de 
tres sistemas paralelos es fi ( a ) + f2 ( b ) = fs ( c ) se tiene en la 
figura 15 X = fi ( a ) y = f2 ( b ), para las isopletas a y b, que son 
perpendiculares á los ejes y tienen la misma escala sobre dichos 
ejes rectangulares, como por ejemplo para la isopleta DB se tiene 
el valor AD = fi ( 7 ) y para la isopleta GB el AG = f 2 ( 8 ) ; pero 
las isopletas c qvie tienen por ecuación x + y = fa ( c ) el pie B de 
la isopleta perpendicular sobre la bisectriz tiene por coordenada 

AB AB 

X = GB = AB. sen 45 = — — ; y = DB = AB. sen 45 = 



V-2' ■ ------ ^o- y^, 

sustituyendo en su ecuación, resulta : 

2.^ = f3(c) luego AB = Aí¿-^ 

para la escala de estas isopletas c, tomadas sobre la bisectriz ; por 
ejemplo, para la isopleta EF se tiene el valor 

fs ( 18 ) 

es decir: que no se toma sobre la bisectriz el valor que arroja 
fs ( c ) sino que hay que dividirlo por la raíz cuadrada de 2, ó sea 
multiplicarlo por o'jo/i, que en realidad es una transformación 
de coordenadas, siempre rectangulares, siendo el eje de abscisas la 
bisectriz, tomando las fórmulas conocidas : x = x' eos. A — y' sen A 
y = y', eos A + x'. sen A cuando A = 45." ; sen A = eos A y sus- 
tituyendo en la ecuación de la isopleta x + y = fs ( <" ) resulta 

2 x'. eos 45 = fs ( c ) x' = -y=-- 

2. Ejes exagonales. — Busquemos la inclinación que deben 



— 40 — 

tener los ejes coordenados, para que las escalas sobre dichos ejes 
y sobre la bisectriz de ellos, sea la misma, figura 17. Sea OX, O Y 
los ejes, OZ la bisectriz, que forma con cada uno el ángulo A ; to- 
memos la recta OM, que forma con la bisectriz el ángulo B y pro- 
yectando M sobre cada eje tendremos : 

X = OM. eos ( A + B ) = OM ( eos A. eos B — sen A. sen B ) 
y = OM. eos ( A — B ) = OM ( eos A. eos B + sen A. sen B ) 
X -f y = 2. OM. eos A. eos B Además sobre la bisectriz re- 
sulta z = OM. eos B luego x + y = 2z. eos A para que la escala 
sea la misma 2 eos A = i ; eos A = i A = 60°. De modo que 
los ejes deben formar el ángulo de 120'' y para las funciones 
fi ( a ) + fa ( b ) = fs ( c ) tomando x = fi ( a ), para las isopletas a, 
y == fa ( b ), para las isopletas h perpendiculares á los ejes que for- 
man 120° se tiene x -f y = z = fs ( c ) para las isopletas c perpen- 
diculares á la bisectriz, sólo dejando las tres escalas lineales. El 
indicador está formado por tres ejes que forman entre sí 60° por 
lo que estos abacos se llaman exagonales. 

La tabla gráfica queda reducida á las escalas a, h, c que tienen 
por origen puntos correspondientes, de donde se toman los valores 
de las funciones f 1 , fa , fs ; pero escribiendo lo que vale la variable 
Independiente a, b ó c. En la figura se indica que el valor a = 2, 
b = 4., corresponde al c = 6, señalado por los ejes del indicador, 
que se han puesto en elementos lineales. 

Escalas en forma de triángulo. — En estos abacos se tiene la 
notable propiedad, que la proyección de una recta sobre la bisectriz, 
es igual á la suma de las proyecciones de la misma recta sobre los 
ejes y que éstos en unión con dicha bisectriz, forman por su des- 
alojamiento un triángulo equilátero, lo que simplifica la colocación 
de las escalas lineales. 

3.° TÉRMINOS ADICIONALES. — Algunas veces las fórmulas tienen 
términos adicionales, que sólo se toman en consideración, cuando 
los valores át ay b están comprendidos en ciertos límites ; la forma 
general de estas funciones es c = F ( a, b ) + Fi ( a, b ) = ci + cg. 
Tomando la parte principal ci ^ F ( a, b ) se construye el abaco 
exagonal, es decir fg ( ci ) = fi ( a ) + fg ( b ) graduando los ejes 
y la bisectriz por x = fi ( a ) y = fg ( b ) z = fg ( ci ) fraccionando 
y desalojando las escalas lineales para claridad y después cg = Fi 
( a, b ) tomando las mismas isopletas x = fi ( a ) y = fg ( b ) que sus- 
tituyendo darán las curvas isopletas C2 = F2 ( x, y ) cuya gradua- 
ción se llama escala adicional que sólo se traza en su parte útil. 



— 41 — 

Se ve en la figura i8 la forma de estos abacos, si el centro del 
indicador cae fuera de esa parte central, el valor buscado es úni- 
camente ci ; pero si cae dentro, se le agrega el valor que señala la 
isopleta central ; así en la figura i8, está marcado que para 
a = y, b = 12, se tiene ci = i8 y en la parte central C2 = ,5. 
Luego el valor buscado es c = 18 + 5 = 23. 

9. Método de puntos isopletos. — La idea de suprimir las 
isopletas, sólo conservando las escalas lineales perpendicvilares y 
una orientación, únicamente es aplicable para las funciones trire- 
gladas, compuestas de tres sistemas de rectas paralelas^ que en 
realidad se han reemplazado por puntos sobre el soporte, que les 
sirve de escala. Aplicando, en general, el principio geométrico de 
dualidad , que á toda recta de una figura corresponde un punto 
en otra figura y recíprocamente, se puede reemplazar cada sistema 
de rectas cualesquiera, por una línea de puntos correlativos, 
entonces el punto de intersección que en el primer abaco corres- 
ponde á los valores simultáneos a, b, c, se transforma en el segundo 
abaco en una recta, quedando la tabla gráfica reducida á sólo tres 
líneas, generalmente curvas, de puntos isopletos, figura 19. To- 
mando entonces el valor a y el valor b, basta unirlos con una regla 
ó con un hilo para conocer el c; así en la figura, para a = 3, 
b = 7, se encuentra c = 4. 

A. Método de las envolventes. — Sea la isopleta rectilínea 
y = X. Fi ( a ) + fi ( a ) tomando la derivada, respecto de « o = x 
F'i ( a ) + f'i ( a ) eliminando a entre estas dos ecuaciones, se tiene 
la curva envolvente Fi ( x, y ) = o donde las rectas isopletas a son 
tangentes y los puntos correlativos isopletos a son los puntos de 
contacto, los que se gradúan buscando una de sus coordenadas 
por ejemplo : 

fi(a) 
F'i(a) 

dando valores á a y trazando para cada una de estas abscisas, la 
ordenada y, donde corte ésta á la envolvente, se escribe el valor 
particular de a. Sea y = xa^ — a ; la derivada o = 2 x a — i : 
luesfo 



— ; sustituyendo v = 

2 x ■ ■ 4 X 2 X 



— 42 — 

lo que da para la envolvente la hipérbola equilátera, referida á sus 
asíntotas : 

I 

para graduarla, sacamos de la derivada 

I 
2 a 

que da los pies de las ordenadas, que cortan á la hipérbola en el 
punto isopleto de cota a^ figura 20. Lo mismo se ejecuta para las 
. b, c, constituyéndose así el abaco de puntos isopletos por el método 
de las envolventes. 

B. Coordenadas paralelas. — En coordenadas rectangula- 
res X = a y = & representan un punto M figura 21 y := mx + n 
una recta A'B'; pero en coordenadas paralelas u=^ a' v = h' 
representa al contrario una recta CD ; ii = pv + q un punto N. 
Podemos, pues, hacer uso de esta correlación, para transformar las 
rectas isopletas en líneas de puntos isopletos, tomando para eje de 
las X la recta que une los orígenes de las w y de las f y para eje de 
las y la perpendicular levantada en el punto medio de EB ; que 
llamaremos 2h, 

Para construir un punto, cuya ecuación es u = pv -{- q, haciendo 
V = o, tenemos la recta : v' = o u' = q que en coordenadas rec- 
tangulares pasa por B (y' :^ o, x' = h ) A ( y" = q, x" = — h ). 
Su ecuación será para AB 

y __ x — h 
q — 2h. 

Haciendo ti = o tendremos otra recta 

u" = o v" = -^- 

p 

que en coordenadas rectangulares pasa por los puntos 

E(y'=o,x' = -h)F(y" = -i, x" = h). 

P ' 

Su ecuación será para EF 



— 4.S — 

p y X + h 

q — 2 h' 

Estas dos rectas se cortan en un pimto, cuyas coordenadas rec- 
tangulares son : 

N(x = hP+-^,y = 1-) 

p — I P - I ' 

representando el mismo punto en coordenadas paralelas por la 
ecuación ti = pv + q. Tales son las fórmulas de transformación 
de un sistema para otro, dividiendo por q, y sustituyendo las coor- 
denadas it', v" se tiene para el punto N : 

u V 

V + -7^ = ' 

en coordenadas paralelas á los orígenes, semejante á lo que se tiene 
para la recta en coordenadas rectangulares al origen. También 
tenemos : 



PE = + h -^-í^ PB -= + h 

p — I 



que da para la razón de los segmentos PE con PB la cantidad p. 

Transformación analítica. — Teniendo pues, los puntos isople- 
tos en coordenadas paralelas zí = f. Fi ( a ) + fi ( a. ) se construye 
cada uno usando las coordenadas rectangulares 

. ^^^ Fi(a)+ I ^ fi(a) 

"^ ' El ( a ) - I • El ( a ) - I 

la variación de a en estas ecuaciones, dará los sistemas de valores 
para colocar el punto isopleto de cota a. La eliminación de a 
entre esas mismas ecuaciones da el lugar geométrico de los puntos 
isopletos en coordenadas rectangulares ; pero no tendrá la gradua- 
ción. Tal es el segundo método que se llama por transformación 
analítica. 

Por ejemplo : ii = ■va'^ — a para construir estos puntos isopletos, 
tenen^os : 



— 44 — 
a2+ I 



y 



a2 — I 



dan las coordenadas rectangulares de cada punto de cota a. 
De la primera ecuación sacamos 

"" ~X-h 

sustituyendo en la segunda resulta : 

x2 y2 

= I hipérbola, 

h2 \ 

cuyos semiejes sonhyi; cuando h = | la hipérbola es equilá- 
tera. 

C. Transformación geométrica. — Un tercer método para 
construir estos abacos es la transformación geométrica^ cuando se 
tiene la tabla gráfica de rectas isopletas, se tiene el punto correlativo 
tomando dos puntos de la recta (x — fl^y = &) (x' = c^y' = fi?) 
y se trazan las dos rectas correspondientes ( u = a, v = b ) ; 
( u' =: c, v' = d ) donde éstas se cortan se tiene el punto isopleto 
de la misma cota que la recta elegida. 

Por ejemplo, en la figura 22, á la recta AB se toma el punto 
B { X = a^ y = o ) y se construye la recta correlativa DE ( n = a^ 
V ^= o). Después se toma el punto A ( x = o, y = 6 ) y se cons- 
truye la recta correspondiente FG {n := o, v = b) que se cortan 
en el punto M buscado, que corresponde á la recta AB y tiene la 
misma cota 4. 

D, Principio de homografía. — Además del principio de dua- 
lidad que transforma las rectas en puntos correlativos hay otro 
principio de homografía que transforma las figuras, de manera que 
los puntos que estaban en linea recta se corresponden en la figura 
homográfica, en otros puntos también en linea recta ; para esta 
transformación se cambian las coordenadas x, y por las x\ y' de- 
finidas por las fórmulas : 

yj _ ax + by + c , _ a^x + bV + c^ 

dx 4- ey + f ^ ~ dx + ey + f 

Por ejemplo al punto te = va^ — a corresponde el punto 



x = h 



— 45 — 
a2+ I 



a-^ — I 



este se puede transformar homográficamente, supuesto que hemos 
sacado 

a¿= -- 

X — li 

haciendo x' = a^ ; es decir : poniendo para hi transformación 
homográfica : 



X — h ' X — h ' 

Se tiene sustituyendo los valores anteriores de x y de v los si- 
guientes para x', y' x' = a^ ; y' = J a, valores sencillos indepen- 
dientes de h, que sirven para construir los puntos isopletos de 
cota a, cuyo lugar geométrico se tiene eliminando a entre los valo- 
res x', y' y2 = ¿ X parábola, en lugar de la hipérbola anterior. 

En general los puntos isopletos a, cuj^a ecuación es : 

/^ - V. Fi ( a ) + fi ( a ) ; 
que por el pi'ina'pio de dualidad, se tiene para la construcción : 

"^ 'Fi(aj-i' • Fi(a)-i' 

se tiene por el prbicipio de liomogvafía, haciendo : 

, _ x-f h , _ iiy 

"" ~ X - h ' ^ X - h 

la transformación más sencilla : 

f 1 ( a ) 
x' = Fi(a);y' = --i^. 

E. Dos series de puntos en una misma curva. — Algunas 



_46- 

veces, la misma curva geométrica, lleva dos series de puntos isople- 
tos con distinta graduación, por ejemplo : una parábola puede 
tener en una parte los puntos isopletos fl, y en otra parte de la mis- 
ma curva los puntos isopletos b, entonces deben considerarse como 
diferentes soportes y aún colocar los números de las graduaciones 
á distinto lado, cuando las escalas lleguen á confundirse. Otras 
veces las curvas están muy inmediatas ó se cortan en ángulos muy 
agudos, entonces pueden dilatarse las ordenadas para aumentar 
la separación, lo que equivale á tomar una escala, mayor ; pero por 
el principio de homografía, se puede tomar una recta cualquiera y 
dilatar proporcionalmente en sentido perpendicular ú oblicuo los 
puntos de todas las curvas de puntos isopletos ; así se puede tomar 
x' = Fi ( a ) y' = fi ( a ), que equivale á la transformación : 

X + h , 2 hy 



■y 



- X - h ' X - h 

De modo, que en lugar de las rectas isopletas de la transforma- 
ción anamórfica, y = x. Fi (a) + fi (a) ; y .= x. F2 (b) 7}- f2 (b) ; 
y — X. Fg (c) + h (c) se pueden construir los puntos isopletos : 
X Fi (a), y = fi (a) ; X = F2 ( b ), y = fs (b) ; x = F3 (c), y = U{c) 
de la transformación homográfica. 

10. Método de eliminación. — i." Con una isopleta co- 
]VJÚN. — Cuando hay más de tres variables se puede usar el método 
de eliminación. Sea: í{a, b, c) = 0,íi {d, e, c) =0 que elimi- 
nando c, se tiene la función F ( a, b, d, e ) = O con cuatro 
variables, tomando y = c una isopleta común para las dos funciones 
primeras, se pueden construir los dos abacos de esas funciones por 
el método ordinario, uno en seguida de otro, conservando el 
mismo eje de abscisas, como se ve en la figura 23. Luego: cuando 
a ^ 2, & =: 5, íí = 8, se busca donde se cortan a, h, se sigue la 
isopleta c hasta que corta la d eiitonces la isopleta e, que pasa 
por esta intersección da g = 3 ; se notará que no hay necesidad 
de graduar la isopleta c. 

Tampoco es necesario que las isopletas de eliminación c sean 
líneas rectas, pueden ser curvas, con tal que sean las mismas para 
ambos abacos, porque superponiéndolos, trazando uno de ellos en 
papel transparente, se puede proceder del mismo modo y para 
evitar equivocación, se puede usar tinta de un mismo color para 
la isopleta común y otros colores para las isopletas de cada abaco. 



- 47 - 

2." Con dos isopletas comunes. — Según el principio general 
de la construcción de tablas gráficas, se pueden elegir arbitraria- 
mente dos series de isopletas rectilíneas, las que pueden ser comu- 
nes á los dos abacos ; pero tomando en general dos isopletas 
comunes cualesquiera para los dos abacos, se puede proceder de 
este modo : 

Sean f ( a, b, c ) = O, fi ( d, e, c ) = O, las dos funciones ; to- 
mando arbitrariamente las isopletas 

h ( X, y, c ) = O ; fs ( x, y, ¿^ ) = fs ( x, y, e ) = O 

se tendrá para el primer abaco las isopletas U ( x, y, a) = O y 
para el otro abaco, eliminando c, e, las isopletas % ( x, y, d ) =: O 
en todo cuatro sistemas de isopletas figura 24 : uno que es para 
las c sin graduar otro para b y e con graduación común ; y dos 
sistemas para a y para d^ con graduación diferente. Se pueden 
usar colores de tinta diversa para los cuatro sistemas. Si « =:; 3, 
6 = 7, ^ = 5 se sigue a, b, hasta el corte por c^ se continúa por 
éste hasta el corte e que es el del mismo sistema que b y de la 
intersección se prosigue por d que da el valor 9 buscado. 

Caso de senes rectilíneas. — Si una de las funciones es tri- 
reglada, usando el método anamórfico se tienen tres ecuacio- 
nes rectilíneas, dos de éstas pueden tomarse comunes para la 
otra función quedando sólo un sistema curvilíneo, habiendo tres 
rectilíneos, en algunos casos pueden ser los cuatro sistemas recti- 
líneos, 

Generalisación del método. — Puede continuarse la eliminación, 
si se tiene : 

fi(a,b,c) = f2(d,e,c) = fg ( f, g, e ) = O 

con tal que cada función tenga una variable común con la anterior : 
puede tomarse un sistema de isopletas comunes para c y g ; otra 
común para e y b ; es decir arbitrariamente f4 ( x, y, c ) = fi ( x, 
y, g ) = O f5 ( X, y, e ) ^ f5 ( X, y, b ) = O la eliminación de b 
y c de la primera ; e, c de la segunda g, e de la tercera quedan 

fe ( X, y, rt ) = O f7 ( X, y, d ) = O fg ( x, y, f ) = O 

tres sistemas distintos para a, d,f en todo cinco cursos de iso- 



— 48 — 

. 1 f,^/^íAv, TTC/? h d /'p-') = Ode cinco variables y 

pletas para la función )í! ya,o, ii,j , t, ] ^ ^ j 

así se puede seguir. . , , •, j 

Dos variables comunes. - Este método da el valor de dos, 
tres .... funciones, de tres, cuatro variables independientes, enla- 
zadas por una variable común ; pero nada se opone que hayan dos 
variables comunes. Por ejemplo : 

y^gte = i gt2. tomando los logaritmos 

l^g_ y ^ log. g _|- log. t. log. 2 6 = log. -f 2 log. t. haciendo dos 
cursos de isopletas comunes, se puede elegir 

X — log. t y ^ log. g sustituyendo se tiene 
y = — X + log. v; y = — 2 X + log. 2 e. 

Resultando el abaco de la figura 25, en que las isopletas t son 
paralelas al eje de las y ; las isopletas g, paralelas al eje de las x ; 
las isopletas v paralelas, perpendiculares á la bisectriz de los ejes ; 
y las isopletas e indicadas en elementos lineales, también son para- 
lelas, haciendo con el eje de las v un ángulo, cuya tangente es i. 
Para "■ = S 7 t = 4, se cortan por donde pasan 1; = 20 ^ = 40. 

3.° Con puntos isopletos. — La eliminación se puede también 
ejecutar, cuando la función es trireglada con los sistemas de pun- 
tos isopletos. Sea fi ( a, &, c ) = O Í2{d,ej c) = trazando las 
líneas de puntos isopletos, cuando se da a, b, d se tiene uniendo 
a, b por una recta, que ésta determina un punto de c, el que, 
unido por otra recta con el valor d, se logrará determinar lo que 
vale e, como se ve en la figura 26. 

Así, a — 3, & = 7, í¿ ^ 10. La recta que une 3 y 7, corta á c en 
el punto n y la recta que une n y 10, corta en e = 2 que es el 
buscado. 

Dos lugares comunes. — Se pueden tomar dos lugares comunes 
de puntos isopletos para las dos funciones, en cuyo caso, en lugar 
de cuatro curvas graduadas y una sin graduar, solamente habría 
tres curvas con graduación y una de éstas con dos escalas, proce- 
diéndose como antes. 

Dos variables comunes. — Si las dos funciones tienen dos va- 
riables iguales, entonces, las cuatro líneas de puntos isopletos se 
gradúan, sirviendo la misma escala para las dos funciones en las 
variables comunes ; en este caso la recta que une dos puntos de 



— 49 — 

dos cualesquiera de las cuatro escalas, determina en las otras dos 
los valores correspondientes ; es decir: que todo sistema de cuatro 
puntos en línea recta indica las cuatro cotas que satisfacen á las 
dos ecuaciones. 
Por ejemplo :V = gt; e==igt2. tomando los logaritmos : 

log. V = log. g + log. t . log. 2 6 = log. g + 2 log. t. 

pondremos en coordenadas paralelas 

II = log. g V = log. / 

resultando para los puntos isopletos V, e las ecuaciones: 

u = — V + log. V ; u = — 2 V + log. 2 e 

tendremos para la constr acción en coordenadas rectangulares las 
fórmulas siguientes 

X = — // ; X = h ; x = o ; x = - ; y =: log. g ; y = log. t ; 

o 

loo^ 2 P 

y = ilog.V;y = Í^^. 
o 

La primera representa una escala sobre las ii ; la segunda la 
misma sobre las v ; la tercera sobre una recta paralela en el punto 
medio y la cuarta otra paralela á un tercio del intervalo, figura 27. 
Así para g = 5, í = 4 ; uniéndolos corta á v = 20; ^ = 40 que 
son los valores buscados. 

11. Método de las escalas binarias. — La eliminación grá- 
fica, á pesar de tomarse isopletas comunes, requiere muchas series 
de líneas, las que disminuyen haciendo la eliminación con los pun- 
tos isopletos ; pero también pueden suprimirse usando las escalas 
binarias en combinación con los abacos exagonales. 

Svipongamos se tenga c = f ( a, b ) : c' = fi ( d, e ) c" = fg ( g, h ), 
y que se construyan los tres abacos de escalas binarias con parale- 
las, de modo que los valores c, c', c", son dados por segmentos del 
eje de abscisas ; coloquemos estos tres ejes coin''idiendo con las 
tres escalas lineales de un abaco exagonal, de manera que se 
correspondan los orígenes en el punto O, estando c sobre la bisec- 



- 5^ - 

triz y c', c" sobre los lados del ángulo de 120", como se tiene 
c = c' + c" tendremos también f ( a, b ) = fi ( e, d ) + Í2 ( g, h )• 

Que representa un abaco con seis variables, por el punto donde 
se cortan a, b, se hace pasar una linea del indicador, por donde se 
cortan d, e la otra línea y la tercera caerá sobre el abaco de 
g^ h, de modo, que donde se corta h con el tercer eje del indica- 
dor 'pasará la isopleta g, que se busca, como se nota en la figura 
28 donde se ha marcado en elementos lineales la posición de los 
ejes del indicador para a = 4, & = 2 í? = 7, ^ = 9, /^ = 5 y se 
ha encontrado ^ = 20. 

Si sólo hay dos escalas binarias se tiene el abaco para cinco 
variables y si únicamente hay una escala binaria se tendrá el 
abaco para cuatro variables. 

A. Sumar elementos binarios. — Estas funciones se llaman 
elementos binarios, porque en cada función sólo entran dos 
variables y se pueden sumar las que se quieran ; en la figura 29, 
se tiene OA — OB + OC resbalando el indicador sin dejar la 
línea A m hasta que m B tome la posición m' D se tiene : 

OE-OD+OA=OD+OB+OC 

resbalando el indicador sin dejar la línea m' E hasta que m' A 
tome La posición m" F se tiene 

O G == O F + E=:OF + OD + OB + OC 

y así sucesivamente ; ahora bien, si O B, O C, O D, O F, O H, son 
escalas binarias con paralelas, se tendrá el abaco de 

O H = fi (a, b) + f2 (c, d) + fs (e, g) + f4 ( h, i ) + fg ( m, n ) + 

que se llama suma gráfica de elementos binarios ; para evitar 
confusión, se pueden fraccionar y desalojar convenientemente los 
soportes de las escalas, como se ha hecho con O G, colocándola 
en O H. 

B. Multiplicar elementos binarios. — También se pueden 
multiplicar , tomemos la función c = i{^a,b) haciendo x = c, 
y=,&;;x;=.f ( a, y ); tendremos las tres isopletas que forman un 
abaco de escalas binarias con paralelas que da x = f ( a, & ). 

Sea ahora la otra función c' ^ fi ( d, e ) ; haciendo y' = c' x' ; 
x' = e. y' ■= x', fi ( d, x' ) se tendrá otro abaco de escalas binarias 
con radiantes que da y' = x'. fi ( d, e ). 



_ 51 — 

Si se hacen coincidir los ejes de las x y el origen de coordena- 
das la variable x, será la misma en los dos abacos y se tendrá 
eliminándola y' = f ( a, b ) X fi ( d, e ). 

Sea después otra nueva función c" ==: fo ( g, h ) hagamos 

x" = c"y";y" = h; x" = y" f^ ( g, y" ) ; 
quedará un tercer abaco de escala binaria con radiantes, que da : 

x" = y"f,(g,h). 

Haciendo coincidir el eje de las v" v' el origen de este nuevo 
abaco, la coordenada y será la misma y eliminándola resultará 

x" = f ( a, b ) X fi ( d, e ) X f2 ( g, h ), 

y asi sucesivamente, lo que dará la tabla gráfica de la figura 30 
que da el producto gráfico de funciones de elementos binarios. 
En la escala binaria con paralelas b tenemos el valor 

ow = c = f ( a, b ). 

En la escala binaria con radiantes resulta 

y' ( í A \ ^ y' "^ ^^ 1 

c = — - ^= ii ( d, e ) ; pero tenemos -— - = ; luego 

X X n o 

;» ;; = y = c X C = f ( a, b ) X fi ( d, e ). 
En la otra escala binaria con radiantes también se tiene 



c"^Y = Í2{g,h) 



pero, atendiendo á que 

x" p' q p q 



y o q m n 

resulta p q = xi = m n X c" = c c'. c" que es el producto de 
las tres funciones. 



. — 52 - 

C. Combinación general binaria. — En general, si se cons- 
truye la isopleta F ( x, y, a ) = O y sobre los ejes de coordenadas 
se construyen otros dos abacos de escalas binarias, coincidiendo el 
origen x = fi ( b, c ) y = f2 ( g, h ) sustituyendo estos valores se 
tiene la función F j fi ( b, c ), fg ( g, h ), a ¡ = O que representa una 
combinación general de elementos binarios. 

En conclusión se observará, que estos diversos procedimientos 
se fundan en la eliminación gráfica. 

12. Método de los puntos doblemente isopletos. — Los 
elementos binarios abrazan multitud de fórmulas usuales y se puede 
hacer intervenir una misma variable en dos ó más elementos, con 
tal que esta variable no sea la incógnita, porque ésta debe estar 
siempre representada en el abaco por una sola serie de lineas 
isopletas ; pero algunas veces dicha variable es la que precisamente 
se busca y por lo mismo no debe formar varias series distintas. 
Por ejemplo : x^ + ax^ + bx + c = o. Se puede tomar x^ + ax2 
por un elemento binario, cuyo valor lo daría una escala binaria ; 
bx formaría otro elemento binario, que también se representaría 
por otra escala binaria ; c sería dado por una escala lineal ; pero 
X no puede deducirse de este abaco así constituido, porque hay 
dos series de isopletas para su valor. 

A. Tres y dos sistemas. — El método de los puntos doble- 
mente isopletos, permite construir los abacos que se resisten al 
método de las escalas binarias ; si se tienen las ecuaciones de tres 
puntos en coordenadas paralelas, cada uno de ellos con dos pará- 
metros, por ejemplo : 

u + v Fi ( a, b ) + fi ( a, b ) == o ; u + V F3 ( m, n ) + fs ( m, n ) = o ; 
u + V F2 ( d, c ) + f2 ( d, c ) = o. 

Dando un valor á bj se puede construir la curva de los puntos 
isopletos, que resultan haciendo variar a y la numeraremos con la 
cota b ; así tendremos una serie de isopletas h. Después dando 
un valor fijo á a, se puede construir la curva de los puntos isople- 
tos, que se obtienen haciendo variar 6 y se numerará con la cota a ; 
así tendremos otra serie de isopletas a ; de manera que resultan 
dos sistemas de curvas numeradas, como en la figura 31, cada 
intersección es un punto doblemente isopleto, que satisface á la 
ecuación primera. Lo mismo se tendrán otros dos puntos doble- 
mente isopletos para las otias dos ecuaciones y los tres puntos, 



— sa- 
que estén en línea recta, satisfacen á la ecuación, cuya constitu- 
ción es : 

Fi ( f2 - fs ) + F2 ( fs - fi ) + F3 ( fi - fa ) = o 

porque, ésta en coordenadas rectangulares, es una función trire- 
glada y la intersección de estas tres isopletas rectilíneas, tienen 
por correlativa una recta en las coordenadas paralelas, la que 
une los puntos correlativos de aquellas isopletas ; luego poniendo 
el extremo de la regla ó de un hilo en la intersección de ab 
y el otro extremo en la intersección de cd, se ve donde esta recta 
corta á la in dada y la n, que pasa por ese punto, dará el valor 
buscado. 

B. Caso de ini sistema. — De este modo, se tiene la resolución 
de ciertas ecuaciones de seis variables, que pueden reducirse á 
cinco ó á cuatro, si desaparece la n y también la d ; en el último 
caso, se tienen dos curvas de puntos isopletos y dos series de 
curvas, que dan los puntos isopletos dobles, como se ve en la 
figura 32 ; donde para m = 4, c = 3, a = 12 resulta que 6 = 9; 
como se indica en elementos lineales. 

C. Desalojamiento. — Cuando hay tres series de puntos doble- 
mente isopletos y el abaco se superpone, resulta mucha confusión, 
la que se evita transladando los sistemas ; pero al hacer un cálculo 
gráfico hay que volver á poner los puntos de que se hace uso en 
su verdadera posición, figura 33, en que se llevan los puntos A, B, 
á su posición a, b para tener el c doblemente isopleto. 

D. Solución por tangentes comunes. — El principio de duali- 
dad no se puede aplicar, cuando las líneas isopletas son curvas en 
coordenadas rectangulares, porque sus puntos están relacionados 
á las tangentes de otra curva en coordenadas paralelas y la solu- 
ción, que ordinariamente se da por la intersección común de tres 
isopletas, estaría entonces representada por la tangente común á 
las tres nuevas curvas, cuyo trazo no sería muy expedito ; sin em- 
bargo, según el principio general de la construcción de tablas 
gráficas, siempre dos series de isopletas son arbitrarias, las que se 
pueden, en todo caso, tomar rectilíneas y en la correlación están 
representadas por puntos isopletos sobre dos curvas, de modo que 
la recta que los una sea tangente á la curva que representa la otra 
serie de isopletas, figura 34 ; uniendo los puntos b — ¿\, a = ^ la 



— 54 — 

recta es tano-ente á c = 3. Para que este método sea favorable, es 
preciso qvie la nueva curva, sea de una construcción más fácil, que 
la que resulta para el método ordinario de intersecciones. 
I." Coordenadas tangenciales. — ^q2í la función que se quiere 

construir f ( a, b, c ) = o. Para el método ordinario lo más 

sencillo es hacer ^ = a,y ^ b, entonces las otras isopletas son 

curvas, cuya ecuación es f ( x, y, c ) = o. 

La ecuación de una recta en función de sus coordenadas en 

el origen, es en el sistema de coordenadas rectangulares : 

- + ^. = I ; haciendo --. = m ; — = « . 

resulta : mx + ny = i, 7 para construir esta recta, basta que se 
den los valores de m = a^n ■= b, que son las ecuaciones de 
una recta en coordenadas tangenciales ; teniendo la ecuación 
f ( X, y, c ) = o de una linea en coordenadas rectangulares 
se transforma en coordenadas tangenciales, buscando su tan- 
gente y en ésta se hace : 

X = O, Y = - ; Y := O, X = \- 

eliminando x, y entre estas dos ecuaciones y la ecuación f 
( :r^ y, c ) = o se tendrá ésta en coordenadas tangenciales F 
( m, n, c) = o. 

Por ejemplo: y2 = F ( c ). x^ + 2f ( c ). x; ecuación de las seccio- 
nes cónicas. Como la tangente de una curva es : 

Y-y = ^(X-x); 

sacamos, derivando la ecuación dada : 

A A r? I Nij r/ x^y X. F(c)-|-f(c) 

y.dy = x.dx, F ( c ) + dx. f ( c ) -^ =: ^^ — '—- ^ — '- ; 

^ ' ^ ^ dx y 

sustituyendo en la tangente y simplificando, resulta : 

Yy = Xx. F ( c ) + ( X + X ). f ( c ). 

Haciendo: X = o, Y = - y después Y = o, X = - se tienen 
las dos ecuaciones 



— 55 — 
y = nxf(c) o = x i F(c) + m.f(c) i +f(c) 

que dan los valores de x, y 



F ( c ) + m. f ( c ) ' F ( c ) + m. f ( c ) 

sustituyendo en la ecuación de la curva 

j n. f ( c ) j2 + 2m. f ( c ) + F ( c ) = o 

que es la ecuación de las secciones cónicas en coordenadas tan- 
genciales tt.77i ; siendo parábola cuando F ( c ) es nula ; elipse si 
es negativa; hipérbola cuando es positiva; circulo si F ( c ) = — i. 

Sea : a b'-^ = a. f ( c )2 + 2 b.2 f ( c ). En el método ordinario, 
tomaríamos : x ^ « ; y = ¿> ; x y2 = x ( f c )2 + 2 y2 f ( c ) las 
isopletas c serian curvas de tercer grado. 

Mientras que, si hiciéramos 

x==^^; y = i; i = y2 (f c)2 + 2 x f (c); 

las isopletas c serían parábolas de segundo grado, curvas más 
fáciles de trazar, en este método anamórfico. 
Pero en coordenadas tangenciales se tiene : 



m = - ; n = -; i = n- ( f c )2 -f 2m f ( c 
a b 



Para construir estas isopletas, transformemos en coordenadas 
rectangulares, que la fórmula de transformación es : nix -\- iiy 
= I de la cual sacamos : 



I — ny 
tn = ; 

X 



sustituyendo 



I =n2(fc)2 + 2.- ^. f(c¡ 



-so- 
para sacar la envolvente, derivemos respecto de n . 

y y 

o = nf(c) ; n = — — — r : 

^ X X. f ( c ) 

sustituyendo en la anterior 

I = ll + 2. ^-1^~-^ ó sea x2 + y2 == 2 X. f ( c ) 

X2 X2 

circuios, más fáciles de trazar que las parábolas y como se ve por 
la transformada ( x — f c )2 + y2 = ( f c )2 tienen por radio f (c), 
son tangentes al eje de ordenadas y su centro está sobre el eje 
de abscisas. Para las isopletas a tenemos 

I 

Wí = - 

a 

sustituyendo en mx + wjy = i x + nay — a = o ; derivando 
ajy = o jj» == o, que es el eje de abscisas, se gradúa por 

I 
a 

Del mismo modo, el eje de ordenadas, cuya graduación se haría 
por 

I 

el abaco tendría la forma de la figura 35 ; de manera que 
& = 4, a =: 6, la recta que los une es tangente al círculo mar- 
cado c = 3. 

2.° Coordenadas paralelas. — La ecuación de una recta en~ 
función de sus coordenadas en el origen es en el sistema de 
coordenadas rectangulares 

X' ^ y' ' 

haciendo : x' = í;' ; y' = iC , se puede construir el punto corre- 
lativo en coordenadas paralelas, trazando las dos rectas 
v = v\ w = o y i; = o, u = u' y buscando su intersección, que 
tendrá por ecuación este punto : 



— 57 



V u 

v' u' 



en este sistema de coordenadas cuyos ejes tomaremos paralelos 
al de las y, distando -\- h y — h y pasando el de las .r por 
los orígenes de u y v. 

Teniendo la ecuación f ( x, y, c ) = o, de una línea en coorde- 
nadas rectangulares, se transforma en coordenadas paralelas, 
buscando la tangente, y en ésta se hace : X = o, Y = u ; después 
Y =: o, X = V ; eliminando x, y entre estas dos ecuaciones y la 
ecuación f ( x, y, c ) = o, se tendrá en coordenadas paralelas. 

Por ejemplo : y2 = x.^ F ( c ) + 2 x. f ( c ) hemos ya encon- 
trado la tangente Yy = Xx. F(c) + (X + x)f(c); ha- 
ciendo X := o, Y = u y después X = v, Y = o se tienen las 
dos ecuaciones : uy = x. f ( c ) o = vx. F ( c ) + ( v + x ) f ( c ) 
que dan los valores 

V. f ( c ) _ V ( f c )2 



vF(c) + f(c) -' u(vF(c) + f(c)) 

sustituyendo en la ecuación dada 

V (fc)2 + u2¡vF(c)+2f(c)!=:0 

que es la ecuación de las secciones cónicas en coordenadas 
paralelas ti, v. Es parábola cuando F ( c ) es nula, elipse si 
esta función es negativa, //?^e>¿?o/rt cuando es positiva; círculo 
si se reduce á menos una. 

La ecuación del ejemplo anterior a b^ = a. ( f c ) 2 
+ 2 b.2 f ( c ) haciendo en coordenadas paralelas 



V = - ; u = ,-; I = u2 ( f c )2 + 2 V f ( c ). 
a b 

Para construirla, tomemos la ecuación del punto en ambos sis- 
temas : 

X= h -— ; y = -í: — ; u = p v + q 

p-i p-I 



- 58 - 
eliminando p, q, tenemos de las primeras : 

X -1- h 2 h y 

sustituyendo en la tercera : 

u(x — h) = v(x + h) — 2hy, 
que es la ecuación de transformación : 
_u(x — h) + 2hy 

Sustituyendo en la ecuación, que se quiere construir y buscando 
la envolvente; para lo cual diferenciando : 

dv 

I = u2 ( f c )2 + 2 V f ( c ) ; da : o = u. ( f c )2 + — f ( c ) 

que da la derivada : 

__ == _ u. f ( c ) ; 

también derivando la ecviación de transformación : 

dv X — h X — h 

— - = — -; luego — — = — u. f ( c . 

du X + h X + h 

Por otra parte de la ecuación primitiva sacamos 

V. f(c) = i|l-fu.fcl2Í = ^""^ 



( X + h )2 

sustituyendo estos valores en la ecuación de transformación : 
( X — h )2 2 X h 

- ^-n-,— = — rr - ^ hv. f ( c ) 

X + h X -f- h 

simplificando resulta ; x2 -f h2 = 2 h y. ( x + h ). f ( c ) que so^ 



— 59 - 

hipérbolas : cortan al eje de las ii, haciendo x = — h en el 
infinito y al eje de las v, haciendo 

X = h en V = 



2.f(c)' 

no cortan al eje de las x y á las ordenadas si, en el punto 



I 

y = 



2.f(c) 

que da la misma ordenada en el origen de las y y de las v des- 
pejando X se tiene : 

x = hiy.f(c)+ t/y2(fc):.>+2yf(c)-i|; 

luego las asíntotas son x = h j y. f ( c ) + y. f ( c ) + i I ; es 
decir : x = — h x = 2 h y. f ( c ) 4" 1^- Siendo el centro de la 
curva 



X = — h ; y = 



f 



como se ve en la figura 36. La tangente C D indica una solución 
del abaco. 

3.° Dos FUNCIONES CON DOS VARIABLES COMUNES. — HcmOS vistO, 

que si se tienen dos funciones con dos variables comunes : 
f ( a, b, c ) =: o ; fi ( a, b, g ) = o se pueden tomar isopletas 
idénticas para los dos sistemas x = a; y = b; f(x, y, c) = o; 
fi ( X, y, g ) = o. Entonces los puntos comunes á las cuatro 
isopletas dan la resolución de las dos ecuaciones. También 
hemos visto, que en el caso de ser triregladas las dos funciones, 
al transformarse en puntos isopletos, la solución es entonces 
encontrada por la recta que une cuatro puntos, m\o en cada línea 
de puntos correlativos; si sólo una de las funciones es trireglada, 
entonces la recta que une los tres puntos da el cuarto por su 
tangencia con la otra serie de isopletas figura 37. 
La recta que une a = 3, 6 = 5, corta á la línea de puntos iso- 
pletos c = 9 y es tangente á la curva ¿^ = i ; pero sería muy 
incómodo que la rectíi fuese á la vez tangente á dos series de 



— 6o — 

isopletas, como sería el caso, en que ninguna de las dos funcio- 
nes primitivas fuese trireglada. 

E. Cuatro funciones de primer grado con ocho variables.— 
Si se tuviesen las cuatro ecuaciones en coordenadas paralelas 
u + V. Fi ( a, b ) + fi ( a, b ) = o ; u + V. Fs (g, h) + fs (g, h) = o ; 
u + V. Fa ( d, c ) + f2 ( d, c ) = o ; u + v. F4 (m,n) + fi (m, n) = o. 

La eliminación de u, v, conduce á dos ecuaciones, cuya consti- 
tución es 

Fi ( f2 - fs ) + F2 ( fs - fi ) + F3 ( fi - f2 ) = o; 

F2 ( f3 - f4 .) 4- F3 ( f4 - fs ) + F4 ( f2 - fs ) = o 

que contienen ocho variables, siendo cuatro de ellas comunes y 
teniendo cada ecuación seis variables. Además las cuatro ecua- 
ciones, se pueden combinar de tres en tres, dando cuatro constitu- 
ciones, siendo pues las otras dos : 

Fs ( f4 - fi ) + F4 ( fi - fa ) + Fi ( f3 - f4 ) = O; 
F4 ( fi - f2 ) + Fi ( f2 - f4 ) + F2 ( fé - fi ) = O 

dando seis de estas variables ; pero siempre, á lo menos, una de 
cada sistema binario, se pueden encontrar las otras dos, constru- 
yendo un abaco con cuatro sistemas de puntos doblemente ií--0- 
pletos. 

Bien se ve, la complicación de una tabla gráfica semejante, la que 
puede reducirse á siete variables, seis, cinco y cuatro ; en este 
último caso, no hay puntos doblemente isopletos, teniéndose dos 
ecuaciones con cuatro variables, entrando en cada ecuación tres de 
éstas, dando dos de ellas se encuentran las otras dos, como ya 
hemos visto, en el ejemplo v = gt ; e = \ gi^ . 

En el caso general, que se dan las seis : a, b, d, c, g, rn; donde 
se corta a con b y d con c, se une por una recta, la que corta á g, 
en el punto que determina h y también corta á m, en el punto que 
sirve para determinar n. 

F. Cuatro funciones que no son de primer grado. — Si las 
cuatro funciones en u, v no son de primer grado, aún en el caso 
más sencillo de sólo contener cada una, una variable, la solución 
sólo seria posible por tangentes comunes ; pero como la elimina- 
ción de u, V conduciría á dos ecuaciones en que hay dos variables 
comunes y éstas se pueden tomar, según el principio general, arbi- 



— 6i — 

trarias y, por lo tanto, rectilíneas, tendremos dos líneas de puntos 
isopletos que unidos darían la tangente común para los otros dos 
cursos de curvas. 

G. GeneraliBadón de varios sistemas. — La unión de varios 
puntos doblemente isopletos y que hemos indicado para cuatro 
ecuaciones de primer grado en ti, v, se pueden generalizar para 
cualquier sistema de elementos binarios. Así cinco ecuaciones 
darían tres funciones con dies variables, y como 5 de 3 en 3 da 10 
combinaciones habría 10 funciones de una constitución análoga á 
la que hemos dado, y teniéndose 7 variables, pertenecientes cuando 
menos, una á cada elemento binario, se encontrarían las otras tres 
variables. 

Tomando n ecuaciones de primer grado en n, v, entrarían 11 
elementos binarios, conteniendo 2n variables. El número de 
ecuaciones distintas de la eliminación serían n — 2, y el número 
total 

n ( n — I ) ( n — 2 ) _ 
1.2.3 

las variables que se darían serían ¡i + 2, perteneciendo, cuando 
menos, una á cada elemento binario y se determinarían n — 2 va- 
riables. 

Se disminuye la confusión: i." Usando tinta de color distinto 
para los sistemas de isopletas. 2.° Trazándolos en papeles trans- 
parentes para superponerlos y 3." Dándoles una translación ; pero 
esto último es menos expedito que los otros dos medios. 



CONCLUSIÓN 

Las numerosas tablas construidas para resolver los problemas de 
Aritmética, Algebra y Geometría ; así como las que se usan en 
Mecánica general y aplicada, en Astronomía y Física, son suficien- 
tes para indicar la importancia de la Nomografía. 

Sr. Balb'ín. — La memoria del Profesor de la Universidad de 
Lima, Doctor Federico Villarreal,que acaba de leerse, versa sobre la 
Nomografía, ó sea el arte de construir tablas gráficas ó abacos, 
como los llamó Lalanne, para efectuar los cálculos usuales. 



— 02 — 



Esta teoría ha alcanzado desarrollos importantes en estos últimos 
aaos, gracias á los trabajos originales de Massau, Lallemand y 
D'Ocagne; al primero se le debe el principio de la anamorfosis geo- 
métrica (1884); al segundo el método exagonal, el de eliminación 
y el de las escalas binarias (1885;; y al tercero el método de los pun- 
tos isopletos (188 i) y el de los puntos doblemente isopletos (1891), 

El nombre de Nomografía, con que hoy se distingue esta rama 
de los conocimientos, se debe al citado geómetra D'Ocagne, quien 
ha tenido el mérito de reunir todos los métodos indicados y los 
trabajos fragmentarios de sus predecesores Lalanne, D'Obenheim, 
Terquem y otros, en un cuerpo de doctrina, fundando una teoría 
general (1891 y 1894). 

Los abacos ó tablas nomográficas, tienen por objeto efectuar los 
cálculos usuales, y presentan, sobre las tablas que se usan ordina- 
riamente, las ventajas siguientes: 

I.'' Las operaciones son más fáciles de efectuar, están expuestas 
á menos equivocaciones y requieren menos tiempo; 

2.^ El resultado del cálculo aparece bajo una forma más patente, 
ó digámoslo, más tangible. 

En Europa, los abacos han sido empleados de ordinario, de diez 
años acá, para el cálculo de los movimientos de tierra en las vías 
férreas y caminos, para los trabajos del servicio de la nivelación 
general de la Francia, para el cálculo de las cañerías en las distri- 
buciones de agua y obras de saneamiento, para el cálculo de las 
operaciones comerciales de intereses, empréstitos y anualidades, y, 
en fin, para diferentes cálculos de Física, Mecánica y Astronomía, 
que sería largo enumerar, y que todos ustedes conocen. 

El autor de la memoria de que nos ocupamos, ha puesto á con- 
tribución todos los trabajos indicados, tanto teóricos como prác- 
ticos, y expuesto los principios de la Nomografía en el estado actual, 
con claridad, concisión y orden didáctico. Desde este punto de 
vista, el trabajo del distinguido Profesor de la Universidad de 
Lima, con cuya amistad me honro, puede ser de verdadera utilidad 
para divulgar una doctrina tan importante, principalmente en la 
carrera del ingeniero. 

No es desconocida en nuestra Facultad de Ciencias la impor- 
tancia y conveniencia de esta teoría, aunque no se la aplique en 
toda su extensión. En virtud de estas consideraciones me adhiero á 




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- 63 - 

la conclusión formulada por el autor, á saber : que las numerosas 
tablas construidas para resolver los problemas de Aritmética, 
Algebra y Geometría, así como las que se usan en la Mecánica 
gefieral y aplicada, en Astronomía y Física, son suficientes 
para indicar la importancia de la Nomografía; tanto más, 
cuanto que esa conclusión es la aceptada por eminentes profesores 
que la emplean en varios institutos de la Europa. 

— Habiendo el señor Bonnemaison propuesto el nombramiento 
de una comisión especial que dictamine acerca del trabajo leído, y 
después de una discusión entre dicho señor y los señores Honoré 
y Balbín, dice el 

Sr. Presidente. — Se va á votar las conclusiones á que ha lle- 
gado en su trabajo el señor Villarreal y alas que ha asentido el señor 
Doctor Balbín. 

— Se vota y resulta afirmativa general, levantándose en seguida 
la sesión. 



Vy 



SEGUNDA SESIÓN 



13 de Abril de i8g8 

Leída y aprobada el acta de la sesión anterior, dice el 

Sr. Balbín. — En la sesión pasada, en que el señor Ingeniero 
Figueroa leyó su prolijo trabajo titulado : « Estudios hidráulicos 
en el rio Salado, manifestaron los señores Ingenieros Huergo y 
Silveyra, valiéndose de sus observaciones propias, juicios atinados 
y por más de un concepto dignos de consideración sobre su ré- 
gimen, especialmente en épocas de grandes crecientes, sobre la 
rectificación de las curvas y recodos, sobre el endigamiento de las 
aguas para encauzar la inundación y sobre la navegabilidad en 
condiciones normales. Pero, por el conocimiento que he adqui- 
rido del asunto después de esa sesión, he llegado á dudar de si la 
discusión ha versado sobre el tema capital que constituye el tra- 
bajo del señor Ingeniero Figueroa. 

Descartando todos los pequeños detalles que pudieran obscure- 
cer el asunto, y dejando de lado esas minucias técnicas que acom- 
pañan á todos los trabajos de esta índole, me ha parecido que el 
señor Figueroa ha querido exponer por un método especial el estudio 
de los ríos y en particular del Salado, el cual, si no me equivoco, 
podría formularse en pocas palabras, como si» fuera un teorema, 
en esta forma : « Dado un río natural, rústico y esencialmente irre- 
gular en lo que se refiere á la naturaleza del terreno que forma el 
cauce, las secciones mojadas, radio medio y pendiente de fondo, 
calcular un río teórico que lo reemplace, dejando en él subsisten- 
tes los elementos producidos y desenvueltos por la naturaleza del 
lugar en el curso del tiempo ». 

Esta es, señor Presidente, la observación que deseaba hacer, en 
uso de las disposiciones reglamentarias. 

T. II á 



— 66 — 

Formulada por el señor Figueroa la moción de pasar su me- 
moria leída á una Comisión especial que dictaminase sobre los re- 
sultados prácticos á que podría conducir, y después de un debate 
en que tomaron parte los señores Figueroa, Clérici y Balbín, es 
rechazada. 

El señor Enrique Legrand presenta el siguiente trabajo : 



Prismas reiteradores aplicados al Sextante 

Tengo el honor de someter á la consideración de este Congreso^ 
un sistema muy sencillo, ideado y aplicado por mí, para facilitar 
las observaciones nocturnas con el Sextante. 

Todos los que usan el Sextante en tierra, conocen la dificultad 
que ofrece de noche la lectura de los ángulos y el conseguir la 
perfecta coincidencia del índice con las divisiones del limbo. Si no 
fuese por esa dificultad, creo que se generalizaría mucho el uso 
de dicho instrumento, porque él puede dar resultados de alta pre- 
cisión aplicando ciertos métodos en los cuales no se piden al 
Sextante valores angulares absolutos, sino valores de comparación. 

Entre estos métodos, que logran la perfecta compensación de 
todos los errores instrumentales, son los más conocidos el de 
Gauss ( series de alturas iguales de tres ó más estrellas ), y el de 
las alturas correspondientes, muy recomendable para la determi- 
nación del tiempo local. Es especialmente la aplicación del pri- 
mero de estos métodos que he tenido en vista; pero el procedi- 
miento que voy á indicar, puede también emplearse con ventaja 
para el método de las Rectas de altura ( Sumner's Method), el 
de las alturas correspondientes y, en general, para la observación 
de toda serie de alturas de un astro situado á cierta distancia del 
meridiano. 

Consiste dicho procedimiento en la interposición entre los dos 
espejos, en el lugar que ocupan los vidrios de color, de una serie 
de prismas cuya desviación vaya aumentando del uno al otro en 
una proporción tal, que asegure, en el caso de la velocidad verti- 
cal máxima de los astros, el tiempo necesario para reemplazar un 
prisma por el siguiente. 



-67 - 

Supongamos tres prismas que desvíen, bajo la incidencia nor- 
mal al plano de simetría, el i." de lo', el 2° de 20', el 3.° de 30'. 
Observemos un astro al Este. Llevemos antes de interponer prisma 
alguno, las imágenes directa y reflejada á proximidad una de otra, 
y esperemos su contacto como de ordinario: es un primer top. 
La altura observada es dada por la graduación, previas las co- 
rrecciones del error del índice, excentricidad, etc. 

Ahora: en vez de hacer mover la alidada para una segunda al- 
tura, interpongamos el prisma número uno que desvía el rayo 
reflejado por el espejo grande de 10' hacia arriba. La imagen re- 
flejada se separará primero de la imagen directa, para venir, al 
cabo de veinte á treinta segundos, á coincidir de nuevo con ella. 
Es el segundo top : la doble altura que le corresponde, será la 
lectura anterior más el ángulo de desviación del prisma. 

Para la tercer altura reemplazaremos el prisma número uno por 
el número dos, y así sucesivamente. 

Se ve, pues, la ventaja del sistema: con una única lectura de án- 
gulo, se han podido observar ya con tres prismas,, una serie de 
cuatro alturas ; pero pueden interponerse tres prismas á la vez , 
aún para estrellas de tercera magnitud ; se tendrían así siete ob- 
servaciones, á saber : 

Prismas : o — i— 2— 3— 1X3 — 2X3— 1X2X3- 

Tenemos, pues, que en lugar del trabajo, tan engorroso de no- 
che, de lograr la perfecta coincidencia del índice con las divisio- 
nes de la graduación, basta aquí, para pasar de una altura á otra, 
reemplazar un prisma por el siguiente. Si se hacen combinaciones 
de prismas, el ayudante, que deberá haberlas inscripto de antemano 
en su cuaderno, dictará, después de cada top, la combinación si- 
guiente, á fin de evitar toda confusión. 

Además de la sencillez de este método de observación nocturna, 
para el cual huelga toda clase de iluminación, debe considerarse 
también la perfecta exactitud que resulta para la igualdad de las 
alturas observadas, salvo un movimiento de la alidada indepen- 
diente del sistema y que, por lo demás, es fácil tener en cuenta. 



A fin de demostrar prácticamente el uso de los'prismas, sé ame per- 
mitido transcribir algunas observaciones de mi Cuaderno de notas. 



68 — 



DETERMINACIÓN DE LA DESVIACIÓN DE LOS PRISMAS 

He aquí los resultados provisorios obtenidos en un solo día por 
la yuxtaposición de las dos imágenes de un objeto terrestre distan- 
te ( 5000 metros más ó menos ). 

Esta medición de desviaciones equivale, en suma, á la determi- 
nación del error del índice que corresponde á cada prisma ; puede 
hacerse con el rigor que se quiera, por medio de numerosas alite- 
raciones. 

A más de los prismas del espejo grande, el Sextante empleado 
lleva también prismas delante del pequeño espejo, en el lugar de 
los correspondientes vidrios de color. Las letras G{ espejo grande ) 
y P ( pequeño espejo ) servirán para distinguirlos. 



Cuadro de las desviaciones 

G N.° I 10 reiteraciones Desviac. — Q'So" , „ 
^ ^, „ 1 1 '40" 

G » 2 4 » — 2i'3o' ^^/ 

G » 3 8 » -33'37" , .,L 

P » I 6 » — i4'28" ^, „ 

P » 2 4 » — 28'43" ^^^-^ 

Nota. — Se ve que P, número i, debe colocarse, para un astro 
al W, después y dejando en su lugar G, número 3. La desviación 
I4'28", se agregará así á la anterior de 33'37". 



II 

ALTURAS CORRESPONDIENTES 

Desde hace algunos meses aplico el Sextante, provisto de sus 
prismas, para el estado de mi cronómetro, por las alturas corres- 
pondientes de sol. 

Las observaciones que siguen, han sido hechas sobre una azotea 



-69- 

de Montevideo. El horizonte de mercurio estaba colocado sobre 
una pared. Como se comprende, el lugar de observación deja 
bastante que desear, debido á la trepidación causada por la cir- 
culación de vehículos. 

Debo decir dos palabras respecto de la excentricidad del Sex- 
tante empleado, la que es de una magnitud extraordinaria y pro- 
viene de un mal arreglo del instrumento, intentado en vista, 
precisamente, de una reducción de la excentricidad primitiva. Esta 
alcanza ahora á doce minutos para los grandes ángulos. 

La posición geográfica del lugar de observación, es : 

Longitud 3^ 54ra ios , 7 W de París. 
Latitud 34° 54' 23" S. 



Primer ejemplo 



Enero 22 de 1898. — Sextante montado sobre un pie, sistema Perrin 



BORDE SUPERIOR 



Prismas 


Mañana 


Inter- 
valos 


Tarde 


Inter- 
valos 


Media 


d 


G 


P 


3 
2 
1 






1.2 
1.2 
1.2 
1.2 

2 

1 



21" 32"" 19', 2 

32 49 . 5 

33 19 . 5 

33 44 . 

34 21 , 5 
34 58,5 

21 35 37 , 2 


30', 3 
30 . 
24 ,5 
37 - 5 
37 ,0 
38.7 


2" 51"' 24', 5 
50 54 . 
50 24 , 5 
50 0,0 
49 22 , 
48 44.2 
48 7.0 


3o\ 5 
29 ,5 
24 . 5 
38 , 
37.8 
37 ' 2 


o" 11" 51', 85 

51 . 75 

52 , 00 
52 , 00 
51 . 75 
51 . 35 
51 , 60 


0°, 09 
, 01 
, 24 
, 24 
, 01 
, 41 
, 16 


Lect. 104" 59' 20" 


198*, 


105" 0' 0" 


197'. 5 


o'" 11™ 51', 76 





Error del cero : + 4' 3o" ( aproximado ) ^^^^^^ _ ^,^^ ^ ,^^^j^^^^^^^ ^ 
Excentricidad : + 11' 50" ( » ) 



70 



Segundo ejemplo 



Enero 28 de 1898. — Sextante á mano 





BORDE 


SUPERIOR 
















Prismas 


























Inter- 




Inter- 












Mañana 






Tarde 




Media 




d 








valos 


valos 




G 


P 


















3 


1.2 


b in S 
21 29 41 


5 


39'. 


^ 56 31 . 


38', 


1 -.ni <;s 
13 6=^ 


25 


o^ 61 





2 


30 20 


3 


37 , 5 


55 53 , 


37 , 


6 


75 


, 11 





I 


30 S8 





38 , 


55 16 , 


37 . 


7 


00 


, 14 








31 36 





29 , 


54 39 . 


31 > 


7 


50 


, 54 


2 





32 5 





31 , 


54 8,0 


29 • 5 


6 


50 


, 36 


I 





32 36 





25 , 


53 38,5 


26 , 


7 


25 


. 39 







Lect. I 


33 I 
01'' 49' so" 







53 12 , 5 


198', 5 


6 


75 


, 11 




i99'> 5 


101° 49' so 


13 6 


85 





Correcciones : las mismas que el 22. 
Estado deducido : + 3s,7 ( atraso ). 

Discusión. — Para este último ejemplo he calculado la altura 
G.o, P.o de la tarde, en función del ángulo horario ( según resulta 
del estado) de la latitud y de la declinación. Mientras la altura 

observada, reducida al centro, es 50° 40' 13" 

La calculada es igual á 50° 45' 53" 

De donde la semi-excentricidad 5' 40" 

Excentricidad total: +11' 20", en vez de la adoptada 11' 50". 

El azimut es, á 2^ 53^ 128,5 del cronómetro, igual á 75° 4' 10" NW. 
Con la declinación — 18° 2' 10" podemos calcular las variaciones 
de altura correspondientes á la del ángulo horario. Se encuentra asi: 



Intervalo entre o y G núm. i ( mañana y tarde 2^^,$ ). 
Desviación verdadera ( véase antes ) 9' 50" ; i = 4' 55",o 

» deducida del ejemplo 5' 3",o 

Diferencia + 8",o 

Intervalo entre G núm. i y G núm. 2 ( 30^,25 ). 

Desviación verdadera ii'4o";J= 5' 5o",o 

» deducida del ejemplo 5' 59",6 

Diferencia -j- 9",6 



— 71 — 

Intervalo entre G núm. 2 y G núm. 3 ( 30^,0 ). 

Desviación verdadera 12' y" ; ^ = 6' 3",5 

» deducida del ejemplo; 5' 5Ó",5 

Diferencia — j"p 



III 



MÉTODO DE GAUSS 

Nota. — Me veo precisado aquí, á hacer una observación en 
cierta manera análoga á la que he hecho respecto de la excentri- 
cidad. El pequeño nivel Perrin, destinado á facilitar la observación 
de estrellas, no ofrece en el instrumento en uso, tornillos de co- 
rrección, y he debido, para que seríale la horizontalidad cuando 
las dos imágenes están en el campo del anteojo, hacer muy grande 
el error de índice. Me ha parecido útil hacer al lector esta ad- 
vertencia, á fin de que no extrañe la magnitud de esta corrección, 
bien que en nada influya sobre la exactitud de los resultados. 



Ejemplo 

Marzo i8 de 1898. — Sextante á mano. Mismo lugar de observación. Latitud 
exacta : 34° 54' 22", 5— determinada por numerosas series de observaciones con 
el anteojo cenital ( Método Talcott ). 



Prismas 


Y HydH ( U'J 


a Virgin is (E) 


Procyon ( W) 


G 


p 








gh 26m 44S 


gh 58m 46s,5 


joh 20™ 32^ 


I 





27 59 


58 22 


21 5 


2 





29 32(?) 


57 50 


21 43,5 


3 





30 53 


57 20 ( ? ) 


22 20 


3 


I 


32 48 


56 44 


23 7 


3 


2 


34 39 


56 5,5 


23 56 


3 


1.2 


gh 36™ 28S 


gh 55111 30S 


lOh 24™ 35S 



— 12 — 

Lectura ( antes y después de las observaciones ) 74° 25' 20". 
Eri-or del Índice : — 2° 55' 20". 
Marcha del cronómetro :+ 1^,5 por día. 

Latitud deducida 34° 54' 3o",7 

Latitud exacta • 34 54' ^2 , 5 

Diferencia.... 8".2 

Señor Presidente — Como el interesante trabajo del señor Le- 
grand ha sido presentado recién hoy, y, por consiguiente, no han 
podido tomar conocimiento de él los señores congresales, que- 
dará en secretaría á disposición de los que quieran' estudiarlo. 



Geometrías imaginarias ó no euciidianas 



Por FEDERICO VILLARREAL 



Historia 

I. Postulado de Euclides. — Trescientos años antes de la era 
cristiana, en Alejandría y bajo el reinado de Ptolomeo Lago, el in- 
signe matemático Euclides compuso sus célebres Elementos de 
Geometría, que hasta hoy sirven de texto con muy pequeñas trans- 
formaciones. 

Tanto el criterio de igualdad por medio de la superposición, 
como sus definiciones y postulados, se han discutido por los geó- 
metras de todos los tiempos; pero principalmente en este siglo la 
discusión del postulado V. ha conducido á conclusiones inespera- 
das. Como se sabe, ese postulado lo enunció Euclides así: Si una 
recta corta á dos rectas, formando los ángulos interiores del 
mismo lado, de manera que sumen menos que dos rectos, es- 
tas rectas prolongadas al infinito, se cortarán del lado en que 
los ángulos valen menos que dos rectos. 

De la discusión ha resultado, que no es posible nvodificar lo 



— 73 — 

afirmado por Euclides y que tenía razón Newton de quejarse, por 
haberse dedicado á otras obras de matemáticas antes de haber es- 
tudiado y meditado los Elementos de Euclides; así como La- 
GRANGE, que decía que la Geometría era una lengua muerta desde 
Euclides, que el que no estudiaba esos Elementos para saber 
Geometría, se parecería al que aprendía latín ó griego en la obras 
modernas escritas en estos idiomas. 

2. Demostraciones directas. — Se ha pretendido, sin conse- 
guirlo, demostrar directamente el postulado de Euclides, ya to- 
mando el caso particular en que uno de los ángulos interiores es 
recto y el otro agudo y bajando de esta oblicua perpendiculares á 
la secante, ya como Legendre, reduciéndose á la consideración de 
los biángulos; otros como Bertrand, de Genova, fundándose en la 
relación de ciertas magnitudes infinitas, en que el ángulo es un in- 
finito de segundo orden, y el biángulo, espacio encerrado por la 
secante y dos paralelas, es un infinito de primer orden; y algunos, 
como Lamarle, han querido demostrar el postvilado de Euclides, 
considerando la rotación de una recta alrededor de un punto mó- 
vil; pero todas estas demostraciones, ó son falsas, ó implícitamente 
suponen un postulado, consecuencia inmediata del que se desea 
demostrar. 

3. Demostraciones indirectas. — Una segunda vía, que tampoco 
ha dado buen resultado, consiste en demostrar una de las conse- 
cuencias del postulado, como la proposición: que por un punto 
sólo se puede trasar una paralela á otra recta dada, ó bien el 
famoso teorema que los tres ángulos de un tridngido rectüineo 
valen juntos dos rectos. Legendre demostró que la suma no 
pasa de dos rectos, y que si existe un solo triángulo en que esa 
suma valga dos rectos, lo mismo sucedería en todos los triángulos 
rectilíneos posibles; pero no pudo pasar más allá. 

El mismo geómetra pretendió la demostración directa, partiendo 
de los triángulos que tienen un lado y los dos ángulos adyacentes, 
respectivamente iguales, y creyendo que el tercer ángulo era inde- 
pendiente de ese lado, lo que motivó una viva discusión; lo mismo 
que la otra demostración que dedujo, construyendo una serie de 
triángulos, en que dos de los ángulos tendían á cero. 

Otros matemáticos, admitiendo que el área de un plano indefi- 
nido equivale al espacio encerrado por cuatro ángulos rectos, con- 
sideraron los ángulos externos de im triángulo, haciendo girar 
cada lado prolongado alrededor de su vértice hasta confundirse 



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con el lado inmediato; ó bien estudiaron el espacio encerrado por 
los lados del triángulo prolongados indefinidamente por ambos ex- 
tremos; pero tanto estas demostraciones como la de Canter y otras, 
carecen del rigor matemático, ó bien suponen postulados menos 
claros que el de Euclides. 

4. Geometría de Lowatschewski, — Los geómetras del Norte 
de Europa, á principios de este siglo, dieron un ataque tremendo 
al postulado de Euclides, que si bien resistió impertérritamente, 
se conmovió hasta los cimientos el edificio geométrico, á tal punto, 
que los matemáticos, emocionados, temieron por la estabilidad de 
verdades seculares, cuya exactitud se cree eterna. 

En efecto, el matemático ruso Lowatschewski, de Kazan, se 
dijo: si el postulado depende de los demás axiomas geométricos, 
admitiendo éstos y negando aquél, debe llegarse á proposiciones 
contradictorias. Como la consecuencia inmediata del referido pos- 
tulado, es que por un punto sólo se puede trazar una paralela 
á una recta dada, el geómetra ruso admitió, que por un punto se 
pueden trazar muchas paralelas á una recta dada. Las conse- 
cuencias eran contrarias á las déla Geometría de Euclides, así: los 
tres ángulos de un triángulo valían menos de dos rectos; las 
tres perpendiculares en el medio délos lados de un triángulo 
pueden ser paralelas, y así multitud de teoremas, que aunque dis- 
tintos de los actuales, sin embargo no tenían contradicción entre sí. 

Tanto el matemático húngaro Juan Bolyai, como Gauss en su 
correspondencia con Shumacher, admitieron las consecuencias ló- 
gicas del geómetra ruso; se llamó á esta Geometría imaginaria y 
se promovió la cuestión de cuál era la verdadera, si la del mate- 
mático alejandrino ó la del ruso, y además, siendo las consecuen- 
cias infinitas: ¿quién podía asegurar que no viniera la contradic- 
ción en la nueva Geometría? 

5. Geometría de Riemann. — La cuestión no había terminado 
y avanzó inmensamente, cuando Riemann, geómetra alemán, acep- 
tando las ideas de Lowatschewski, tomó como postulado que ^or 
un pimto no se puede trazar ninguna paralela á una recta 
dada. He allí una tercera Geometría, distinta de las anteriores, 
cuyas consecuencias son también diferentes; así: los tres ángulos 
de un triángulo valen más de dos rectos; existen puntos de que 
se pueden bajar muchas perpendiculares á una recta; hay casos 
en que: por dos ptmtos pueden pasar muchas rectas; es decir: 
que las rectas de esta Geometría siempre se cortan en dos puntos. 



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Este segundo ataque, dirigido contra el postulado de Euclides, 
no sólo fué ineficaz, sino que enderezando el edificio geométrico, 
mostró que sus bases tienen la suficiente estabilidad, y en lugar de 
seguir el consejo que dá Félix Dauge en su Metodología Mate- 
mática, de evitar hablar á los principiantes en términos que les 
haga creer que la Geometría no reposa sobre bases inatacables, es 
mejor la opinión de H. Poincaré, que es necesario demostrar que 
la Geometría euclidiana no tiene nada que temer, ni de las expe- 
riencias nuevas, ni de las hipótesis del porvenir, 

6. Geometría esférica. — Los trabajos de Riemann, á media- 
dos de este siglo, han inspirado la mayor parte de las investigaciones 
recientes, entre las cuales pueden citarse las de Beltrami y de 
VON Helmholtz, así como la tarea que otros se han impuesto, de 
dar á conocer estos resultados, como J. Houel que ha traducido del 
alemán el Estudio sobre la teoría de las paralelas por Lowats- 
CHEWSKi, y del italiano el Ensayo de interpretación de la Geo- 
metría no euclidiana, por E. Beltrami. 

Los primeros indicios de explicación los proporcionó, como 
hemos dicho, la Geometría de Riemann, porque sus teoremas 
referidos á las rectas, son los mismos que se conocían para 
los círculos máximos de una esfera, pues no es posible por 
un punto de la esfera trazar un círculo máximo paralelo á otro, 
siempre se cortan en dos puntos diametralmente opuestos, y del 
polo de un círculo máximo se le pueden bajar infinidad de círculos 
máximos perpendiculares; finalmente, hace siglos que se sabe, que 
en un triángulo esférico los tres ángulos valen más de dos rectos; 
siendo el exceso esférico, igual al área del triángulo dividida por 
el cuadrado del radio de la esfera. 

Las necesidades de la Astronomía, Geodesia y Navegación ha- 
bía obligado, desde la más remota antigüedad, á estudiar los trián- 
gulos esféricos, pero éstos no son las únicas figuras que se pue- 
den considerar sobre la esfera; solamente á fines del siglo pasado, 
los geómetras del Norte de Europa se ocuparon de resolver sobre 
la superficie de la esfera, cuestiones análogas á las que se proponen 
sobre el plano. 

Lexell, en las actas de San Petersburgo, trató de las propiedades 
de los círculos descriptos sobre la esfera, análogas á las que tienen 
los círculos construidos sobre el plano, indicando el elegante teo- 
rema, sobre la curva, lugar geométrico, de los vértices de los trián- 
gulos esféricos, que tienen la misma área é igual base. Fuss, en dos 



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memorias, resolvió algunos problemas de la Geometría de la esfera 
y estudió la elipse esférica, lugar geométrico del vértice de los 
triángulos que tienen la misma base, siendo constante la suma de 
los otros dos lados; demostrando que es la línea de curvatura de 
los conos de segundo grado; cuando esa suma vale una semicir- 
cunferencia, la curva es un círculo máximo. Estos estudios se con- 
tinuaron por SCHUBERT. 

La Geometría esférica quedó estacionaria hasta mediados de este 
siglo, en que Sorlin, mediante la teoría de \^?, figuras suplemen- 
tarias, dedujo el teorema, que por esa dualidad, corresponde al 
de Lexell; del mismo modo Magnus, de Berlín, demostró que en 
la elipse esférica, los dos arcos de círculo máximo, traz-ados de 
los focos á un punto de la curva, forma ángulos iguales con el arco 
máximo tangente en ese punto. 

Desde 1810, algunos geómetras habían resuelto diferentes cues- 
tiones en la Geometría de la esfera y habían buscado sus análogas 
en el plano; así, Lhuilier, de Genova, ha encontrado en los trián- 
gulos esféricos rectángulos, el teorema de Pitágoras sobre el 
cuadrado de la hipotenusa, y ha determinado el centro de las 
medias distancias de un triángulo esférico. Gergonne, ha dado el 
teorema, que cuando la suma de dos lados opuestos es igual 
á la suma de los otros dos lados, el cuadrilátero es circuns- 
criptible al círculo, propiedad que, como se sabe, corresponde 
también al cuadrilátero rectilíneo, Gueneau d'AuMONT, encontró 
que la suma de dos ángulos opuestos del cuadrilátero , es 
igual á la simta de los otros dos ángulos, cuando el cuadrilátero 
esférico está inscripto en el circulo; teorema, no solamente aná- 
logo al del cuadrilátero rectilíneo, sino que es una consecuencia 
de la teoría de las figuras suplementarias. Steiner, usando la misma 
teoría, ha demostrado que la envolvente de las bases de los 
triángulos que tienen la misma superficie y un ángulo igual, 
es una elipse esférica, y ha reconocido en esta elipse dos arcos de 
círculo máximo, que tienen la misma correspondencia que las 
asíntotas en la hipérbola plana. 

El mismo geómetra alemán Steiner, en su memoria sobre la 
Transformación y división de las figuras esféricas por medio 
de construcciones gráficas, y Gudermann, en su Geometría esférica 
analítica, por medio de transformaciones algébricas, han tratado 
de pasar, por vía de analogía, de las propiedades de las figuras pla- 
nas á las traza,das sobre la superficie de una esfera, y como ha- 



— 11 — 

ciendo el radio infinito se convierte la esfera en un plano, resulta 
que la Geometría plana es un caso particular de la Geometría 
esférica; todos los teoremas de ésta, tienen sus correspondientes 
en aquélla, haciendo el radio infinito. 

Como no es posible representar materialmente ideas abstractas, 
se forman schemas sobre las que versa el razonamiento; así, traza- 
mos en una pizarra dos rectas paralelas; pero realmente no son las 
rectas geométricas que sólo tienen longitud, ni tal vez son verdade- 
ras paralelas; pero las consideramos como tales, y si esto sucede en 
la Geometría plana, con más razón son puras indicaciones las fi- 
guras esféricas que por medio de curvas arbitrarias trazamos sobre 
un plano y sobre las que razonamos al tratar de la Geometría es- 
férica. 

De allí resulta la interpretación de la Geometría de Riemarui, 
que trazando rectas sobre un plano, sus razonamientos versaban 
realmente sobre la Geometría esférica, representando dichas rec- 
tas círculos máximos y, por lo tanto, no estaba en contradicción 
con la Geometría de Euclides, en que las rectas representan lí- 
neas distintas de los círculos máximos, ó si se quiere, estos mismos 
círculos en el caso particular de que su radio es infinito. 

7. Geometría pseudo-esférica. — Faltaba interpretar la Geo- 
metría de Lowatschewski, de lo que se encargó Beltrami; par- 
tiendo de la superposición, como criterio de igualdad, resulta: que si 
la superficie en que está trazada la figura, es extensible, se cam- 
biará la magnitud; si &■& flexible , se alterará en cierto modo la forma, 
conservando el área y las longitudes; luego admitiendo, que las fi- 
guras estén construidas sobre superficies ^^x/6/^s é inextensibles , 
se puede aphcar la superposición, como lo hizo Euclides, sin que 
sea necesaria la rigidez, de donde se deduce que la Geometría 
plana no cambia, hasta cierto punto, considerando el trazo sobre 
superficies desarrollables, como las cilindricas y cónicas; además, 
la flexibilidad no varía en nada la forma, en aquellas superficies 
uniformes en todas sus partes y que los matemáticos llaman de 
curvatura uniforme. Como se sabe, Gauss demostró el famoso teo- 
rema sobre las superficies flexibles en que es constante el producto 
de los radios de curvatura de las secciones principales. 

Dos figuras iguafes, trazadas, cada una, sobre dos superficies 
flexibles correspondientes, se pueden superponer; por ejemplo : 
un triángulo construido sobre un plano y sobre un cilindro ; pero 
una de ellas tien,e que deformarse ; solamente se conserva inalte- 



- 78 - 

rabie del todo, cuando las superficies flexibles tienen iguales los 
radios de curvatura de las secciones principales; esta superficie es 
la esfera, y entonces el producto citado es i? 2_ 

Cuando R es infinito, se tiene el plano, y las figuras trazadas 
sobre él constituyen la Geometría de Euclides. Cuando R es real 
y finita, resulta la esfera, y las figuras contruídas sobre ella, forman 
la Geometría de Riemann. Finalmente, si R es imaginaria y por 
lo mismo su cuadrado negativo, aparece la superficie llamada 
pseudo-esfera, y las figuras, formadas sobre esta, dan lugar á la 
Geometríade Lowatschewski, como lo demostró BELTRAMi,que en 
estas superficies los ángulos de un triángvilo valen menos que dos 
rectos, y el defecto esférico es igual al área del triángulo dividida 
por el cuadrado del radio, y que trazando una linea geodésica, 
existe siempre por un punto cualquiera de la superficie una asín- 
tota que separa las líneas secantes de aquellas que no cortan á la 
referida línea geodésica; todas pasan por ese punto, y el geómetra 
ruso las consideró como paralelas, supuesto que prolongadas al 
infinito no cortaii á la geodésica; estas curvas del espacio las repre- 
sentó como rectas sobre el plano, de manera que sus razonamien- 
tos realmente se referían á las pseudo-circunferencias, que son 
hipérbolas equiláteras, trazadas en un plano perpendicular al plano 
de una circunferencia ; en este plano trazaba Lowatschewski 
sus rectas representativas de esas hipérbolas equiláteras normales. 

8. Otras geometrías imaginarias. — Después de los importan- 
tes trabajos que acabamos de citar, se han explorado dos vías : la 
primera se encamina á los principios fundamentales de la Geome- 
tría y por lo tanto se dirige á la Filosofía de las ciencias; la 
segunda lleva por objeto generalizar las interpretaciones que se 
han dado á las Geometrías no eiiclidianas y por lo mismo su 
dirección es puramente matemática. 

Asi algunos geómetras, considerando que la rotación en su plano, 
de la mitad de un arco de círculo, alrededor del punto medio, no 
coincide con la otra mitad, por encontrarse entre sí las concavi- 
dades ó convexidades y como para demostrar que se puede siem- 
pre levantar en un punto una perpendicular á una recta, se considera 
una recta móvil alrededor del punto, primitivamente confundida 
con la recta fija y después gira hasta coincidir con la prolongación; 
admitiendo como posible la rotación y rechazando que se pueda 
continuar hasta que las dos rectas se confundan en la prolonga- 
ción, han constituido una cuarta Geometría, tan coherente como 



- 79 — 

las tres anteriores ; pero sus teoremas son mucho más extraños que 
los de LowATSCHEWSKi y de Riemann ; tal como una recta real 
puede ser perpendicular á sí misma; las oblicuas que equidis- 
tan del pie de la perpendicular son desiguales. Lo que ha 
motivado una discusión reciente en 1889 por los señores Renou- 
viER, Léchalas y Calirión bajo el nombre de postulado de 
perpendicularidad. 

El mismo Riemann ha constituido una infinidad de geometrías 
diferentes, según la manera como se defina la longitud de una 
curva. Como el número de axiomas implícitos en las demostracio- 
nes clásicas es mayor que el necesario, sería bueno reducirlos al 
mínimo ; pero entonces se presenta la cuestión : primeramente, si 
es posible esa disminución, y en segando lugar, si el número de 
axiomas necesarios y el de geometrías imaginables no es infinito ; 
pero SoPHUS Lie ha demostrado el siguiente teorema, admitiendo : 
1.° El espacio de n dimensiones; 2." El movimiento de una figura 
invariable es posible ; 3.° Se necesitan p condiciones para deter- 
minar la posición de esta figura en el espacio ; entonces : el número 
de geometrías compatibles con estas premisas será limitado y 
siendo n dado se puede asignar k p un límite superior, y por con- 
siguiente es finito el número de geometrías de tres dimensiones; 
muchas de las geometrías de Riemann son puramente analíticas, 
y no se prestan á demostraciones análogas á las de Euclides. 

H. PoiNCARÉ discutiendo la naturaleza de los axiomas geomé- 
tricos, llega á la conclusión que no %ovl juicios sintéticos, ni he- 
chos experimentales, porque sería imposible negarlos y no cabe 
la experiencia sobre rectas y circunferencias ideales. Según ese 
geómetra son convenciones, y la elección en todas las posibles es 
guiada por los hechos experimentales ; pero permanece libre 
solamente limitándola á la necesidad de evitar contradicción, es 
decir, que los axiomas de geometría son definiciones disfra- 
zadas. 

9. Geometría de las superficies. — La segunda vía, como hemos 
dicho, se refiere á la Geometría de las superficies ; como se sabe, 
en cada punto de una superficie se puede trazar generalmente un 
plano tangente y una normal, trazando planos que pasen por ésta» 
resultan diferentes secciones nc^rmales; se llaman principales las 
que tienen mayor y menor radio de curvatura, y según el teorema 
de EuLER se expresa el radio de curvatura de vma sección normal 
en función de los radios de las principales, llamándose el punto un 



ombligo, cuando todas las secciones normales tienen igual curva- 
tura ; en cuanto á las secciones oblicuas, mediante el teorema de 
Meunier, se determina su radio de curvatura, porque es la proyec- 
ción del radio de la sección normal que pasa por la misma tan- 
gente. 

Tomando dos puntos sobre la superficie, se concibe que entre 
ellos se puede trazar u.na linea que sea la más corta, la que se 
llama linea geodésica, cuyo plano osculador pasa por la normal. 
Cada superficie tiene una Geometría propia, las líneas geodésicas 
corresponden á las rectas del plano y á las circunferencias máxi- 
mas en la esfera. Existen propiedades comunes para todas estas 
geometrías ; así, el lugar geométrico de todos los puntos que equi- 
distan de uno de la superficie, es normal á las geodésicas que 
forman los radios, y si se traza la curva que corresponde á la elipse 
ó hipérbola, la línea geodésica tangente es la bisectriz del ángulo 
de las geodésicas, que forman los radios vectores. 

Ya hemos dicho que la geometría de la esfera y de la pseudo- 
esfera han sido estudiadas detenidamente, lo mismo la Geometría 
del hiperboloide de una hoja ha sido considerada desde 1847 por 
Plucker, y por Chasles en I8Ó1. En Jas superficies de segundo 
grado, el producto de la perpendicular bajada del centro sobre el 
plano tangente, multiplicada por el diámetro de la sección central, 
paralelo á la tangente de la geodésica, es constante; este producto 
es el mismo para todas las líneas geodésicas que pasan por un 
ombligo ; las geodésicas que unen un punto cualquiera á dos om- 
bligos hacen ángulos iguales con las líneas de curvatura que 
pasan por este punto, y el referido producto tiene el mismo valor 
para todas las geodésicas tangentes á la misma línea de curvatura, 
y así multitud de propiedades, que representándolas sobre el plano, 
conducen á teoremas que no coincidirían con los de la Geometría 
de EuCLiDES ; aunque otros estarían en conformidad, porque las 
líneas de curvatura, las líneas geodésicas, las líneas de nivel y las 
líneas de máxima pendiente gozan de muchas propiedades comu- 
nes con las rectas, que las representan en el plano. 

10. Geometría más cÓMODA.^De lo anterior se deduce, en 
conclusión, que ninguna geometría puede ser más verdadera que 
otra, únicamente pueden ser más cómodas y bajo este punto de 
vista la Geometría de Euclides es y será la que ofrezca más como- 
didades, ya porque es más simple, ya porque se acoordina bastante 
bien con las propiedades de los sóhdos naturales. 



— 8i — 

Se ha querido apelar á la Astronomía para decidir entre las tres 
geometrías principales ; porque, si la de Lowatschewski es ver- 
dadera, la paralaje de una estrella lejana sería finita, en la de Rie- 
MANN sería negativa y en la de Euclides tendería á cero ; pero 
aun admitiendo que la Astronomía indicase algo sobre esto, toda- 
vía quedaba la naturaleza de la trayectoria luminosa, y sería más 
ventajoso admitir que ésta no era rigurosamente línea recta, que 
cambiar la Geometría de Euclides; por consiguiente, ésta no tiene 
nada que temer de ulteriores experiencias. 

II. Plan DEL tema.— Para indicar el estado délas Geometrías 
no euclidianas, nos vamos á ocupar : i." Demostraciones geomé- 
tricas ; 2." Definiciones generales ; 3.° Figuras elementales ; 4." 
Trigonometría ; 5." Áreas ; 6." Círculo ; 7.° Geometría analítica ; 
8." Secciones cónicas esféricas; g.° Geometría del espacio. 

Hemos elegido el método analítico para esta exposición didác- 
tica, para poder abrazar las tres Geometrías en fórmulas generales, 
pues de otra manera era necesario demostraciones geométricas 
especiales para cada una y para dar idea del método geométrico 
semejante al usado por Euclides; exponemos primeramente las 
Demostraciones geotnétricas de la pseudo-esférica, ya que son 
más conocidas las construcciones gráficas de la Geometría esférica. 



II 
Demostraciones geométricas 

12. Definición de paralelismo. — Todas las rectas trazadas 
en un plano por un mismo punto, se distribuyen, respecto á una 
recta situada en el mismo plano, en dos clases : rectas que cortan 
á la recta dada, y rectas que no la cortan. Se llama paralela de 
la recta considerada, á la recta que forma el límite común entre 
esas dos clases de rectas. 

Sea la recta B C,y del punto A, bajemos la perpendicular A D, 
y á ésta elevemos la perpendicular A H. En el ángulo recto 
H A D, admitamos que hay rectas, como A E, que cortan á B C, y 
rectas, como A J, que no la cortan ; necesariamente al pasar de 
las rectas A E, á las A J existe la recta A F que separa las dos 
clases, la que llamaremos paralela á B C, bajo el ángulo F A D, y 

T. II 6 



— 82 — 

á la distancia K'D = d. El ángulo de paralelismo F A D lo in- 
dicaremos Y>or P (d). 

Como el ángulo P ( d) es menor que un recto, formando al otro 
lado de A D el ángulo G'A D = P (d), también A G' será para- 
lela á la prolongación D C, de manera, que en esta hipótesis hay 
que distinguir el sentido del paralelismo. 

Todas las rectas comprendidas en el ángulo F A G' son secan, 
tes, las que están en el ángulo G A F' prolongadas por A también 
son secantes ; pero las rectas que están en los ángulos G A F y 
G' A F' no cortan á B C, por más que se prolonguen, es decir, 
que hay muchas paralelas trazadas por el punto A á la recta B C. 

Si el ángulo de paralelismo P(d) es recto, entonces sólo 
existe la paralela H H', porque se desvanece el ángulo F A G de 
las no, secantes. El ángulo de paralelismo no puede ser obtuso, 
porque entonces la recta límite prolongada por A cortaría á B C ; 
en este caso no existe ninguna paralela. 

El carácter delparalelisino, cuando el ángulo es recto ó agudo, 
es que la línea llega á ser secante por la menor desviación hacia 
el lado donde está situada la paralela. Partiendo de esta consi- 
deración, LoWATSCHEWSKi demostró entre otras, las siguientes pro- 
posiciones. 

13. Teorema I. — Una linea recta conserva el carácter del 
paralelismo en todos sus puntos. 

Sea la recta A B paralela á C D en el punto A, de donde se ha 
bajado la perpendicular A C. 

Tomemos el punto Q, bajemos la perpendicular Q P, tracemos 
la recta Q N, que se desvía lo menos posible de Q B, tomemos 
una parte cualquiera Q M y tracemos A M, que desviándose en 
el punto A, será secante y cortará á la paralela en D. 

Ahora bien, la recta Q M ha entrado en el triángulo A C D, ya 
cortó al lado A D en M, no puede cortar á A C, porque habiendo 
cortado á Q P en Q, que está fuera del triángulo, no puede volver 
á cortarla dentro de él ; luego cortará el tercer lado C D, y por lo 
mismo es secante, y Q B es todavía paralela en Q. 

Sea en segundo lugar el punto S, bajemos la perpendicular S T, 
tomemos A F tan pequeño como se quiera y tracemos la recta 
S F, que se desvía de la S B; construyase el ángulo B A D igual á 
A S F y A D cortará á C D por desviarse en el punto A de la 
paralela A B. 

Ahora bien, la recta S F ha entrado al triángulo ACD, ya 



- 83 ~ 

cortó á A C en F, no puede cortar á A D por la igualdad de los 
ángulos, luego tiene que atravesar al lado C D en X, y por lo 
mismo es secante, y S B es todavía paralela en el punto S á la 
recta T D. 

14. Teorema II. — Dos rectas son siempre recíprocamente 
paralelas. 

Sea A B paralela á C D, y bajemos la perpendicular A C, de- 
cimos que también C D es paralela á A B, es decir, que trazando 
la recta C E, que se desvía de C D, corta á la recta A B. 

En efecto, bajemos la perpendicular A P y como A C es hi- 
potenvisa del triángulo rectángulo A C P, será mayor que A P. 
Hagamos girar el ángulo B A P, hasta que A P coincida con A Q, 
entonces A B toma la posición A L, y habiéndose desviado en A, 
corta á la paralela en D. 

La recta C E, toma la posición Q H perpendicular á A C, y 
como está dentro del triángulo A C D y no puede cortar á C D 
por la igualdad de los ángulos rectos en Q y en C, tendrá que 
cortar al lado A D en L ; volviendo la figura á su primera posi- 
ción, A D coincide con A B y Q H cae sobre C E, y el punto L 
estando sobre las dos rectas, resulta que C E corta á A B, y por 
lo tanto C D es paralela á A B en el punto C. 

15. Teorema III. — La suma de los tres ángulos de iin trián- 
gulo no puede pasar de dos rectos. 

Sea el triángulo ABC; admitamos que los ángulos A B C + 
BAC + ACB>2R. Tomando C E = E F= = B C, cons- 
truyamos los triángulos C D E, E G F,.... iguales á A B C como te- 
nemos en el punto C, que ACB-|-DCE + ACD = 2 R, ten- 
dremos también suprimiendo D C E = A B C, que B A C ^ A C D 
luego B C ^ A D, llamemos d la diferencia ; resulta que B C — 
AD= ¿?. 

Como los triángulos A C D, D E G...... son también iguales, su- 
poniendo que haya n, resulta que la diferencia B Y — A X = « d ; 
tomando n suficientemente grande se puede llegar á // í^ ^ A B + 
Y X = 2 A B, entonces tenemos BY — AX;>AB -j-Y X, es de- 
cir, BY^AB + AX + XY, la recta mayor que la línea que- 
brada, lo que es absurdo; luego también es imposible que A B C + 
B A C + A C B mayor que dos rectos. 

16. Teorema IV. — Si existe un solo triángulo en el cual los 
tres ángulos valgan dos rectos ^ en todos los triángulos posi- 
bles, también la suma de los tres ángulos valdrán dos rectos. 



I." Sea el triángulo A C B, en que se realiza CAB + ABC + 
A C B = 2 R, construyamos el triángulo BCE=ACB, de ma- 
nera que tenemos los ángulos ABC = BCEyACB = CBEy 
los lados AB = CE y AC=:BE; prolonguemos los lados de 
modo que BF = AByCD=AC, y unamos E con D y con F. 

Como en el punto B los tres ángulos valen dos rectos tendre- 
mos : ABC + CBE + EBF = 2R, de allí resulta el ángulo 
EBF = CAB, y por lo mismo los triángulos E B F y C A B 
iguales ; repitiendo lo anterior para el punto C, resulta que tam- 
bién los triángulos D C E y C A B son iguales; es decir, que los 
cuatro triángulos son iguales. En el punto E tenemos el ángulo 
DEC = ABC; CEB = CAB; BEF = ACB; y sumando re- 
sulta D EC + CEB + BEF=2 R, y por consiguiente D F 
es una linea recta. 

Luego el triángulo D A F que tiene los lados dobles del A C B, 
el ángulo A común, elD=:CyelF = B; también sus tres ángulos 
valen dos rectos y del mismo modo se pueden formar triángulos 

que tengan los lados 4, 8 veces mayor, sumando siempre sus 

tres ángulos 2 rectos. 

2° — Si un triángulo tiene un ángulo común con el que sus ángulos 
suman dos rectos, también los ángulos de aquél sumarán dos recios. 

Sea B A C el triángulo que tiene el ángulo común con P A Q ; 
duplicando sucesivamente los lados del primero, llegaremos al 
triángulo A M N, que tiene los lados mayores que el P A Q y ade- 
más por la demostración anterior, los ángulos A + M + N = 2R. 

Tracemos la recta M Q y sumemos los ángulos de los tres trián- 
gulos APQ, PQM y MQN, tendremos que se reducen á los 
ángulos en P, más los ángulos en Q, más los ángulos del triángulo 
A M N, que valen dos rectos ; luego todos valen seis rectos, es decir : 

APQ+AQP+PAQj 
MPQ + MQP + PMQU=6 R 
Q M N + M Q N -f M N Q 1 

y como cada suma parcial no pasa de dos rectos, es preciso que 
cada una valga los dos rectos, es decir, que los ángulos del trián- 
gulo APQ valen dos rectos. 

3-° — Con estos dos lemas, vamos á demostrar, que los ángulos 
de un triángulo cualquiera, ah c, valen dos rectos si esta suma es 
la de los ángulos de un triánofulo ABC. 



— o,-, — 

Como los ángulos de abe, no pasan de dos rectos, cuando 
menos un ángulo de éste debe ser menor que uno del A B C, en el 
caso de que los tres ángulos no sean respectivamente iguales. 

Sea el ángulo & « c << B A C, entonces construyamos el ángu- 
lo 6 «/= B A C y tracemos la recta cualquiera b f. Entonces el 
triángulo A B C y el 6 rt /, tienen el ángulo A común ; luego los 
ángulos del triángulo b «/valen dos rectos. 

Ahora bien, los triángulos abf y ab ¡n, tienen el ángulo en b 
común, luego los ángulos del triángulo a b ni valen dos rectos. 
Finalmente, los triángulos ab my b a c, tienen el ángulo en a co- 
mún, luego los tres ángulos del triángulo abe valen dos rectos. 

17. Teorema V— Por un punto se puede trazar una recta, 
que haga con otra recta dada un ángulo tan pequeño como se 
quiera. 

Del punto A bajemos la perpendicular A B á la recta dada B C. 
Tomemos un punto D cualquiera y tracemos la recta A D, en se- 
guida, tomemos D E = A D y tiremos la recta A E. En el triángulo 
A D E, la suma de los ángulos es 2 R — a -\- ib, que debe ser me- 
nor ó igual que dos rectos 2 R ; luego: 

2 b — a<C = y b <C= ~. 

Después tomemos E F igual á A E y sacaremos que 

y asi sucesivamente, de modo que los ángulos a,b, c van siendo 

cada uno, cuando más la mitad del anterior ; por consiguiente, se 
puede llegar á vm ángulo tan pequeño como se quiera. 

18. Teorema VI — Si dos perpendiculares á una misma rec- 
ta son paralelas entre si, la suma de los ángulos de un trián- 
gulo rectilíneo valen dos rectos. 

Sean A B y C D perpendiculares á A C y que sean paralelas, de 
modo que el ángulo de paralelismo B A C es recto. 

Tomemos los puntos E, G y tracemos las rectas A E y A G, sea 
la suma de los ángulos del triángulo rectángulo AGE igual 2 R — a, 
y la de los ángulos del triángulo AEG igual 2 R — 3> entonces 
la suma de los ángulos del triángulo A C G que abraza los ante- 
riores, suprimiendo los en E que valen 2 R, será 2 R — a — ¡3. 

También tenemos parala suma de los ángulos del triángulo A C G 



— 86 — 

el valor R — a-\- b-\-R, igualando con lo anterior resulta a + 3 
= a — b. 

Acercándose A G á la paralela A B, el ángulo a tiende á cero y 
por el teorema anterior b también tiende á cero en el limite ot + ¡j 
= o ; luego a = o y 3 ^ o y los tres ángulos del triángulo rectán" 
guio A C E igual á 2 R, cuando el ángulo del paralelismo es recto 
y cualquiera que sea la distancia A C. 

19. Teorema VII — Si el ángulo de paralelismo no es recto, 
los tres ángulos de un triángulo rectilíneo valen menos que 
dos rectos. 

Razonando como antes, tenemos los ángulos del triángulo A C E 
igual á 2 R — a, los del triángulo AEG igual á 2 R — P, de donde 
los del triángulo rectángulo ACG:=2R — a — g- 

Pero también tenemos para los ángulos del último triángulo : 
'^ { d) — «+ b -\-V^; é igualando con lo anterior, resulta : a + 3 
=a — b + R — P ('fi? j ; en el límite se tiene que a + íj = R — F (d ); 
luego ot y 3 no son nulos y depende su valor de la distancia d, y los 
tres ángulos del triángulo AGE valen menos que dos rectos y 
todavía menos los del triángulo rectángulo A C G. 

La hipótesis del teorema anterior es el fundamento de la Geome- 
tría euclidiana y de la Trigonometría plana, y la hipótesis de este 
teorema puede ser igualmente admitida sin conducir á contradic- 
ción en los resultados, es la base de la Geometría no euclidiana 
y de la Trigonometría pseudo-esférica, 

20. Teorema VIII — Dado un ángulo agudo cualquiera se 
puede hallar una distancia tal, para que ese ángulo sea el del 
paralelismo. 

Sea A B C el ángulo agudo dado ; tomemos un punto Q y baje- 
mos la perpendicular Q P, hagamos P P' = B P y levantemos la 
perpendicular P' Q' ; hagamos P' P" = B P' y tracemos la perpen- 
dicular P" Q" ; siguiendo así, llegaremos á un punto C, en que la 
perpendicular C N no cortará á B A. 

En efecto, los ángulos del triángulo B Q P valen 2 R — a ; los del 
triángulo igual Q P P' también valen 2 R — a ; luego los del trián- 
gulo B Q P' valdrán 2 R — 2 a y los ángulos del triángulo rectángu- 
lo B P' Q' valdrán menos que 2 R — 2 a, porque hay que añadir los 
ángulos del triángulo Q P' Q' que valen menos que dos rectos, y 
suprimir los dos rectos de los ángulos Q. 

Del mismo modo los ángulos del triángulo Q' P' P" valen menos 
que 2 R — 2 a por ser igual al anterior, y los del triángulo B Q' P" 



- 87 - 

valen menos que 2 R — 4 a, y con más razón los del triángulo rec- 
tángulo B P" Q". 

Continuando asi, llegaremos á un triángulo que sus ángulos val- 
gan menos que 2 R — 2 w a, tomando n bastante grande, la per- 
pendicular á B C no cortará á B A, pues se tendría un triángulo 
cuya suma de ángulos seria negativa. 

Si esta perpendicular es C N, que no corta á la B A, habrá una 
T U que separa las secantes de las no secantes y ésta será la para- 
lela ; pues trazando la T Z desviada y bajando de Z la perpendicu- 
lar P" Q", que es secante, la recta desviada T Z, que ha entrado al 
triángulo B Q" P", cortará á la B A, 

Cuando disminuye la distancia B T = ¿?^ el ángulo del paralelis- 
mo ABC aumenta ; si d tiende á cero ese ángulo se acerca al rec- 
to, y cuando d tiende al infinito, el ángulo de paralelismo se acerca 
á cero. 

21. Teorema IX — En la Geometría no eiiclidiana, no puede 
haber semejanza sin igualdad. 

Si los triángulos A B C y B A E tienen igual el ángulo en A, como 
los ángulos del primero valen 2 R' — a y los del B C E valen 2 R — ¡3, 
sumando y restando los dos rectos del punto C, los ángulos 
del triángulo B A E valen 2 R— a — ¡3, y por consiguiente no pueden 
ser equiángulos y la semejanza no existe. 

22. Teorema X — En la Geometría imaginaria se pueden 
disminuir los tres ángulos de un triángulo indefinidamente , 
aumentando los lados. 

Sea A C una recta y del punto D las paralelas D E y D F, trazan- 
do las secantes D A y D C, se forma un triángulo ; pero acercando 
las secantes á las paralelas, los ángulos de la base A y C disminu- 
yen indefinidamente. 

Ahora bien, aumentando la distancia D B, el ángulo del parale- 
lismo B D F y B D E puede disminuir hasta cero ; luego los tres 
ángulos pueden decrecer indefinidamente. 

23. Otros teoremas. — Del mismo modo se pueden demostrar 
los siguientes teoremas : 

i.° Cuando dos rectas paralelas se prolongan, su distancia va 
disminuyendo hasta cero, de modo que presentan el carácter de 
asíntotas. 

2° Dos rectas paralelas á una tercera son paralelas entre si. 

3." En un triángulo, las perpendiculares levantadas en el punto 



medio de cada lado no se encuentran, ó se encuentran en un 
mismo punto. 

4." Si dos de las perpendiculares anteriores son paralelas, tam- 
bién lo es la tercera. 

5.° Si una circunferencia se divide en n partes iguales y se tra- 
zan las tangentes, éstas se cortan y forman un polígono, cuando 
el radio es pequeño; pero si el radio es bastante grande las tangen- 
tes no se cortan. 

6° El ángulo externo de un triángulo tiene por limite dos rec- 
tos, menos el doble del ángulo de paralelismo. 

Bastan estos ejemplos para tener una idea de esta Geometría; en 
cuanto á la de Riemann, es suficiente considerar las demostracio- 
nes comunes que se dan de los triángulos esféricos, si en lugar 
de trazar curvas los indicásemos por líneas rectas. 



III 
Deñniciones generales 

24. LÍNEAS. — Se llama linea de curvatura uniforme la que 
coincidiendo dos cualesquiera de sus puntos, se pueden hacer 
coincidir todos los demás : si la uniformidad es real^ se llama cir- 
cunferencia; si es ideal, se denomina pseiido-circunferencia, si 
la curvatura es nula, se tiene la línea recta. 

Por dos puntos pueden pasar muchísimas líneas de curvatura uni- 
forme, las que se pueden dividir en grupos de igual curvatura ; si 
ésta es real ó ideal, el grupo comprende infinidad de líneas, si es 
nula, el grupo sólo abraza una sola. 

Los sistemas de igual curvatura se dividen á su vez en dos, 
atendiendo á su propiedad métrica, uno de magnitud mayor y otro 
menor; si la curvatura uniforme es real, todos los puntos son rea- 
les, pero si es ideal ó nula hay siempre un punto en el infinito, y 
todas las tres tienen un grupo en el infinito, que por consiguiente 
les es común. 

Todas las líneas de curvatura uniforme son cerradas, tomadas 
en su totalidad; la recta se cierra en un punto en el in- 
finito. 



- 89 - 

25- Superficies. — Cuando los dos sistemas de igual curvatura 
uniforme, que pasan por dos puntos, se confunden, es decir, que 
métricamente son iguales, porque las líneas están divididas por 
mitad, todas ellas forman una superficie de curvatura uniforme, 
es la que está constituida por líneas de igual uniformidad; si ésta 
es real, la superficie se llama esfera; si es nula, se denomina plano; 
si es ideal, se tendrá la superficie pseudo-esf erica. 

En este caso, por dos puntos de una superficie uniforme sólo 
pasa una línea que tenga igual curvatura, que las líneas genera- 
trices de la superficie ; pero si esos puntos dividen en dos partes 
iguales á esas líneas, entonces pasan infinidad que están sobre 
dicha superficie, porque son sus generatrices; si la curvatura 
uniforme es real, existen sobre cada línea uniforme, muchísimos 
pares de estos puntos ; si es nula, es preciso que uno de estos 
puntos esté en el infinito y el otro puede ser cualquiera para que 
la igualdad se verifique en las dos partes de la línea uniforme, lo 
que equivale á decir, que por dos puntos de un plano sólo pasa 
itna recta, y que por un solo punto pasan muchas, porque este 
punto y el que está en el infinito, que cierra el plano, son los conju- 
gados por donde pasan multitud de líneas de curvatura nula. 

Las superficies uniformes se llaman de curvatura positiva, si 
las generatrices son de uniformidad real; nula, si las generatrices 
son de esta clase, y curvatura negativa, si las generatrices tienen 
uniformidad ideal. 

26. Volúmenes. — La distancia entre dos puntos de una su- 
perficie de curvatura uniforme se mide por la generatriz que pasa 
por aquellos puntos, porque es la más corta ; pero si los puntos 
están en el espacio, la distancia se mide por la recta, esto es, por 
la línea de curvatura nula, porque es la única en su grupo y ade- 
más es la más corta de todas las líneas uniformes. 

Se llama radio la mitad de la distancia en el espacio de los dos 
puntos por donde pasan todas las generatrices completas de una 
superficie de curvatura uniforme ; este radio es real para la esfera, 
infinito para el plano, ideal para lapseudo-esfera. 

Aumentando el radio de un modo continuo, se engendran su- 
perficies vmiformes que constituyen el espacio ; si el radio es real 
ó ideal, cada superficie sucesiva tiene curvatura positiva ó nega- 
tiva distinta, desde cero hasta más ó menos infinito ; pero si el 
radio es infinito, todas las superficies que engendran el espacio 
son planas. 



— 90 — 

Se puede tomar como origen de los radios, es decir, como centro, 
los puntos de una línea de igual curvatura y engendrar el espacio 
nuevamente por diferentes sistemas de superficies, que se cortan 
mutuamente, según líneas de curvatura uniforme: rectas, si la línea 
de los centros está en el infinito; circunferencias reales ó ideales j 
si aquel lugar geométrico es finito. 

Además, se puede tomar una segunda línea de curvatura uni- 
forme, como lugar de nuevos centros, y por esta tercera genera- 
ción del espacio, cortar á los anteriores sistemas de superficies en 
líneas uniformes; éstas cortan á las anteriores en dos puntos, que 
pueden ser reales ó ideales para las superficies esféricas y pseudo- 
esféricas, es la intersección de tres esferas; ó bien estar esos pun- 
tos en el infinito, es la intersección de tres planos. 

zj. Geometría general. — La Geometría general, es pues la 
esférica, y todo teorema ó problema de ésta tiene su correspon- 
diente en la Geometría plana; basta hacer el radio infinito y apli- 
car el método infinitesimal ; lo mismo se puede hacer para la 
Geometría pseudo-esférica, con suponer el radio ideal y aplicar el 
método exponencial, de esta manera se nota el enlace filosófico 
de los números : tt (pi) razón del diámetro á la circunferencia ; e 
base de los logaritmos neperianos ; el primero enlaza á la recta con 
la circunferencia, el segundo á esta última con la pseudo-circun- 
ferencia, como vamos á ver en el siguiente desarrollo, que aunque 
ligero, porque no se trata de constituir una obra completa de Geo- 
metría, es suficiente para que se comprenda la ventaja de tratar 
las matemáticas bajo su aspecto general. 



IV 
Figuras elementales 

28. Ángulos. — Cuando dos líneas de curvatura uniforme de 
una superficie se cortan, forman un ángulo, que es la abertura 
que abrazan los lados; por superposición se demuestra la igualdad 
de los ángulos esféricos. 

Al cruzarse las líneas se forman cuatro ángulos, que son iguales 
los dos pares opuestos por el vértice ; los adyacentes son gene- 
ralmente desiguales ; se concibe la existencia de un cruzamiento 



— 91 — 

en que se constituya la igualdad de los adyacentes, en cuyo caso, 
todos los cuatro son iguales y se llaman ángulos rectos ; k los 
menores se les denomina ^.§'«<fos^ á los mayores obtusos y á ambos, 
agudos y obtusos, se les llama oblicuos. 

29. Triángulos. — Cuando tres líneas de curvatura uniforme 
de una superficie se cortan mutuamente, se encierra una parte que 
se llama triangulo, se concibe que los tres lados sean desiguales, 
que es el escaleno, que dos sean iguales, isósceles j que los tres 
lados sean iguales, equiláteros. Considerando los tres husos esfé- 
ricos, se llega á la fórmula : 

A + B + C — 2 R = — 

r2 

en que A, B, C representan los ángulos del triángulo, R al recto, 
T el área del triángulo y r el radio de la esfera; cuando es real 
este radio, los tres ángulos de un triángulo valen más de dos 
rectos; cuando r es infinito, se tiene en el plano que los tres 
ángulos valen dos rectos, y cuando r es ideal, resulta para la 
Geometría imaginaria, que los tres ángulos de lui triángulo 
valen menos que dos rectos. Se concibe, en general, que un trián- 
gulo pueda tener á lo menos un ángulo recto, rectángulo; ó un 
obtuso, obtnsangulo; ó todos agudos, acutángulo. 

30. Clasificaciones. — Como las líneas de curvatura uniforme 
son cerradas y siempre se cortan en dos puntos por donde pasa 
un sistema de generatrices de la superficie, resulta que siempre 
hay dos sistemas de ángulos iguales respectivamente, opuestos por 
el polo, siendo en general, cuatro agudos iguales y cuatro obtusos 
también iguales, y en particular los ocho ángulos rectos. En el plano 
un sistema está en el infinito, porque allá se encuentra el otro polo. 

Lo mismo para los triángulos, habiendo tres líneas de curvatura 
uniforme, hay seis intersecciones y dividen á toda la esfera en ocho 
triángulos, que en virtud de la fórmula anterior son iguales dos á 
dos, triángulos polares, y los cuatro triángulos desiguales, tienen 
cada uno un lado y un ángulo de los otros tres ; si el triángulo tiene 
dos ángulos iguales, resultan tres sistemas: imo de cuatro triángulos 
iguales y dos sistemas polares; si los tres ángulos son iguales, se 
convierten los ocho triángulos en dos sistemas de cuatro triángulos 
iguales cada uno. 

En la esfera, además, como los tres ángulos de un triángulo valen 
más de dos rectos, puede haber dos ángulos rectos, birectángulo. 



— 92 — 

resultando dos sistemas de cuatro triángulos iguales, y también 
puede tener un triángulo tres ángulos rectos, trirectdngiilo, en 
cuyo caso todos los ocho triángulos son iguales. 

De todo esto carece la Geometría plana por tener un polo en el 
infinito ; allá está el triángulo polar, lo mismo que un ángulo ó un 
lado de los otros seis triángulos, y por valer precisamente los tres 
ángulos dos rectos no hay birectángulo, ni trirectángulo ; ni menos 
dos ó tres ángulos obtusos, como sucede en la esfera, donde existen 
todos los casos posibles. 

La fórmula para los ángulos apreciados en grados, es : 

T 2R 

A + B + C — 2R = — . — 

T.° Si el área del triángulo T = 2 ir r^ , mitad de la esfera: 

A-f-B-fC — 2R = 4R, como este es un límite, resulta que 
los ángulos de un triángulo no pasan de seis rectos. 2." Si el trián- 
gulo T = TT r2 , cuarta de la esfera: A + B + C — 2R=2R, es 
otro límite para la pseu.do-esfera, para que la suma no sea negativa, 
los tres ángulos llegan á ser nulos. 3.° Si el triángulo T = i ti r^ , 
octava de la esfera, A + B + C — 2R = R, la suma de los án- 
gulos en la Geometría imaginaria valen un recto y es imposible la 
existencia de los triángulos rectángulos, que sólo existen para 
triángulos pequeños. 

31, Igualdad de triángulos. — En la igualdad de triángulos 
se tienen cuatro casos: 

I." Cuando son iguales respectivamente los tres lados de dos 
triángulos ; 2° Cuando lo son dos lados y el ángvilo comprendido; 
3.° Cuando se tiene un lado y los dos ángulos adyacentes; y 4." 
finalmente, cuando son iguales los tres ángulos respectivamente ; 
este último caso se deduce del triángulo suplementario, que se 
forma trazando círculos máximos, cuyos polos son los vértices; sus 
ángulos son suplementos de los lados y recíprocamente. 

La Geometría plana carece del cuarto caso, que se transforma 
en la teoría de la semejanza, que no admite la esférica ni la 
pseudo-esférica, sino en superficies distintas de la misma clase. 

La Geometría ideal, también tiene su particularidad ; como los 
tres ángulos valen menos de dos rectos, pueden disminuir indefi- 
nidamente los tres, lo que no sucede en las otras dos geometrías ; 
pero en la esfera pueden hacerlo los tres ángulos exteriores. 

Si en la misma esfera no hay semejanza sin igualdad, puede 



— 93 - 

haber ésta sin ser posible la superposición, constituyendo la teoría 
de la simetría, cuando dos triángulos están á distintos lados de 
una linea de curvatura uniforme, formando con ésta los ángulos 
iguales, porque al voltear, queda lo cóncavo ó bien lo convexo 
enfrente, lo que no sucede en el plano por no existir diferencia en 
la forma de las caras. 

Por lo demás, es común para las tres geometrías, la relación 
entre lados y ángulos, oponiéndose los mayores á los menores de 
esos elementos ; lo mismo que la igualdad de dos ó tres lados 
arrastra la de los ángulos opuestos y al contrario. 

32. Paralelismo. — Pasemos al paralelismo, considerando el 
triángulo rectángulo esférico, siendo los catetos las lineas de cur- 
vatura uniforme h, c, se tiene por la Trigonometría esférica: 



tang - 



tang. B = 



sen 



siendo B el ángulo del paralelismo ; cuando h sobre r varía de cero 
á un cuadrante, B cambia de o" á 90" ; cuando b sobre r varía de 
un cuadrante á dos, B también cambia de go° á 180° ; luego B ha 
formado todos los ángulos posibles y la hipotenusa a siempre ha 
cortado al cateto h ; así no existen paralelas en la Geometría 
esférica, porque dos líneas de curvatura uniforme ó igual siempre 
se cortan en dos puntos. 

Cuando r es infinito, los dos términos del quebrado son nulos, 
y por la teoría infinitesimal podemos reemplazar esos infinita- 
mente pequeños por otros, que son los arcos, y suprimiendo en 
ambos términos la r : 

b 
tang B = -. 

Fórmula de la Trigonometría plana, cuando b es infinita, B es 
recta, cualquiera que sea la distancia c, el ángulo del paralelismo 
es recto y sólo hay nna paralela por un punto en la Geometría 
plana. 

Cuando /' es ideal, tendremos por la teoría exponencial, por 
las fórmulas de Euler : 



_2b 

bii— e"" c iÍt ~"7 ] 

I +e ' 
sustituyendo en el quebrado, simplificando y haciendo b infinita, 

_2b 

2 I — e '' ^2 
tang. B= — -^ -^^ tang. B= -^ -^ , 

e^-e ' I +e ' e^-e ' 

de manera, que el ángulo B es agudo cuando las líneas a, bj son 
paralelas y depende del valor de c, cuando éste tiende al infinito, 
B disminuye hacia o" y cuando c tiende á cero, B marcha ha- 
cia 90°. Siendo B generalmente agudo, toda línea que forme un 
ángulo mayor, será paralela ; luego existen muchas paralelas 
por un punto en la Geometría pseudo-esf erica. 

33. Polos. — Si la Geometría esférica de dos dimensiones 
carece de la teoría de las paralelas con líneas de igual curvatura, 
tiene en su lugar la teoría de los polos, que son los puntos equi- 
distantes de la línea de curvatura uniforme, de donde se pueden 
bajar muchas perpendiculares ; dos perpendiculares á una tercera 
se cortan en los polos, la línea uniforme que pasa por los polos 
tiene éstos sobre la polar de aquéllos ; si los polos se mueven 
sobre una línea de curvatura uniforme, las polares respectivas se 
cortan en los polos de aquélla. 

En la Geometría plana, los polos de una recta están en el infi- 
nito, y todo punto del plano tiene por polar la recta del infinito. 
En la Geometría pseudo-esférica los polos son reales, porque la 
circunferencia de curvatura mayor paralela á una línea generatriz 
tiene por radio : 

b 

r= r. sen. — 

r 

siendo b la distancia al polo ; cuando ;' es infinita, reemplazando 
el infinitamente pequeño y simplificando resulta : r' = b circun- 
ferencias reales que existen en el plano. Cuando r es ideal, se 
tiene para las secciones, por el cálculo exponencial: 

b 



l(e-^-e--). 



- 95 - 

34- Polígonos. — Hemos dicho que tres líneas de curvatura 
uniforme de la esfera, se cortan en seis puntos, estando cuatro de 
ellos en cada linea ; si fuesen cuatro las líneas de curvatura 
uniforme, habría doce puntos de intersección, habiendo seis de 
éstos en cada generatriz ; en general, n líneas se cortan en n 
(n — I ) puntos, conteniendo cada generatriz 2 (n — i ), En el 
plano y en la pseudo-esfera se reducen á la mitad, por estar una 
intersección en el infinito. He allí la teoría de los polígonos 
completos. 

Si un punto de simple intersección se confunde, necesariamente 
lo acompañan 2 I7i, siendo ni el número de líneas que pasan ya p(jr 
el otro punto confundido ; en el plano y pseudo-esfera es la mitad. 

En la Geometría general de dos dimensiones, existen polígo- 
nos polares, suplementarios y simétricos, desde que se pueden 
descomponer en triángulos por diagonales ; pero no existen polí- 
gonos semejantes ni figuras de lados paralelos, como el trape- 
cio, paralelógramo, exágono regular, etc., que tienen uno, dos ó 
más pares de polos conjugados en el infinito, en la Geometría 
plana y en la ideal. 

Los ángulos tienen por valor : 

Siendo S, la suma de los ángulos; n, el número de lados; R, valor 
de un ángulo recto; P, área del polígono; r, radio de la esfera. 

S + C = 27rR + ? 

1-2 

C es la suma de los ángulos centrales ó externos, lo que se dedu- 
ce del número de diagonales que es \ n (n — 3 ), siendo en cada 
vértice n — 3. Como el número de triángulos es // — 2, las con- 
diciones que determinan un polígono son zn — 3. 

En la Geometría general se tiene que la suma de los ángulos 
de un polígono es mayor que tantas veces dos rectos, como 
lados tiene el polígono menos dos ; en la Geometría plana es 
igual y en la Geometría ideal es menor, de manera que en esta 
última debe ser pequeño P, es decir, el polígono, para que sea 
posible su existencia. 

35. Figuras suplementarias. — Para el triángulo suplementario 
se tienen los lados por la fórmula : 



-96- 

T 
a -\- b -{- c — circunf. = — ; 

lueo-o la suma de los tres lados es menor que la circunferencia 
o-eneratriz en la Geometría esférica; es igual ala circunferencia 
en el infinito para el plano y es mayor en la Geometría pseudo- 
esférica. 
Generalmente, para los polígonos suplementarios resulta : 

, P 

^_4R = __ 

donde p es el perímetro, trazando todas las diagonales, parten de 
cada vértice contando los lados n — i ; en la figura suplementaria 
cada lado pasará por los n — i polos respectivos, los que unidos 
forman los triángulos suplementarios. 

36. Polígonos inscriptos y circunscriptos. — En las superfi- 
cies esféricas se pueden trazar líneas uniformes de una curvatura 
mayor que las generatrices, es decir, que éstas son las de mayor 
radio, por lo que se llaman circuios máximos ; este límite no existe 
en la Geometría plana, porque el radio es infinito ; tienen por cen- 
tro los polos del círculo máximo que les es paralelo ; los polos no 
están equidistantes, forman dos grupos de distancias iguales. 

En estas circunferencias menores se concibe su división en par- 
tes iguales, y como por dos de estos puntos pasa una generatriz 
distinta, resultan los polígonos regulares inscriptos, y constru- 
yendo los arcos tangentes, resultan los polígonos regulares cir- 
cunscriptos formados por líneas uniformes generatrices, aunque 
en la pseudo-esfera pueden estas tangentes no cortarse con los 
radios prolongados. 

Se pueden demostrar las distintas propiedades del círculo ; así la 
cuerda de curvatura uniforme y los arcos que unen sus extremos 
con el polo, forman un triángulo isósceles, los ángulos de la base 
son iguales y los complementos con los arcos tangentes también son 
iguales, de donde se concluye que esas tangentes también lo son; 
luego el cuadrilátero esférico en que la suma de los lados opues- 
tos es igual, es circimscriptihle, como lo demostró Gergonne. 
Sumando los ángulos en la base de los triángulos isósceles, se de- 
duce que la suma de los ángulos opuestos es igual en el cua- 
drilátero esférico inscripto; es el teorema de Gueneau d'Aumont. 



~ 97 - 



V 



Trigonometría 

37. FÓRMULA FUNDAMENTAL. — De la Trigonometría esférica se 
deduce la rectilínea por el método de los infinitamente pequeños y 
l'á. ideal Y>i)r el método exponencial. 

Tomemos la fórmula fundamental 

eos a =: eos b. eos c -\- sen b. sen c. eos A 

reemplazando los cosenos por los senos, deteniéndonos en los cua- 
drados al extraer la raiz y al ejecutar la multiplicación, suprimiendo 
en ambos miembros la unidad y cambiando el signo 

sen- a =; sen^ b -1- sen^ c — 2 sen b. sen c. eos A, 

reemplazando los infinitamente pequeños desde que el radio es in- 
finito 

a^ = b^ + c- — 2 b c. eos A, 

que es la fundamental de la Trigonometría plana. 

38. TeoreMx\ de Pitágoras. — Tomemos la fórmula de los trián- 
gulos rectángulos esféricos: 

eos a = eos b. eos c. 

Elevando al cuadrado y reemplazando por los senos supriiniend(-> 
la unidad 

sen- a = sen- b + sen- c — sen- b. sen- c, 

que es el teorema de Pitágoras. Por el método infinitesimal, el 
último término es de cuarto orden, que desaparece ante los ante- 
riores, y tomando los arcos por los senos, se tiene : 

a2 = b-' + c^ ■ 

T. 11 ' ' 



-98- 

Transformando 

eos a = eos b eos e, 

en suma da 

eos a = I I eos ( b + c ) + eos ( b — e ) j 

y eomo el método exponencial da 

, r xi I — xi ^ 
eos x = 5Ve -f-e j 

se tiene, poniendo por x la a, b, c, la fórmula 

a, — a W b + c, b — c, — b — Cj^c — ta\ 
e +e =He +e +e +e )■ 

39. Valor de la hipotenusa. — Comparando las tres trigono- 
metrías, reemplacemos en la fórmula : 

eos a = I eos ( b + c ) + i eos ( b — c ) 

por sus desarrollos en serie, y despejando «2 pQj- el método de 
retroceso de series de Newton, resulta : 

b2 C2 b2 c2 ( b2 + C2 ) 



3 r2 45 r* 

Cuando r es infinito, queda el teorema ya citado ; cuando r es 
ideal, el segundo miembro es positivo ; luego : el cuadrado de la 
hipotenusa es igual á la suma de los cuadrados de los catetos 
en la trigonometría plana, es menor en la esférica y mayor en 
la trigonometría ideal. 

El último término de la fórmula general, reemplazando el pro- 
ducto de senos por la suma de cosenos : 

j I eos ( b — e ) — \ eos ( b -j- c ) | , eos A. 
Haciendo igual desarrollo, resulta aproximadamente 

í ^ ,bc(b2 + e2)| 

— 2 b c + ^— — '-1 , eos A. 

f o r^ 1 



— 99 - 
de manera, que á la fórmula fundamental de la Trioonometría 



b2 c2 b c ( b2 + c2 ) 

3 r2 6 r2 ' 

para la esférica, resulta que debe ser menor y para la ideal mayor 
la fórmula 

a^ :=: b2 + c2 — 2 b c, eos A 



VI 

Áreas 

40. Área del trIxÍngulo. — Se ha citado la fórmula que da el 
área del triángulo, la que se deduce del huso esférico, que, respecto 
de la esfera, es como el ángulo del huso á cuatro rectos : 

H _ A 

Tomando los tres husos, cuyas partes corresponden á un trián- 
gulo, sumando y teniendo presente que los tres husos indicados 
forman media esfera y dos triángulos, se tiene 

E + 4T_ A + B + C 
2~E ~ 4R 

Como la esfera equivale á ocho triángulos trirectángulos, se 
obtiene : 

T A + B + C — 2R 



U R 

siendo U el área de un trirectángulo, fórmula sencilla para apre- 
ciar el área de un triángulo esférico, en partes de un triángulo 
trirectángulo, que es la unidad natural, como el ángulo recto lo es 



— lOO — 

para los ángulos ; pero en el plano que es infinito, también lo es su 
octava parte, y como se ha deducido, es preciso que los tres ángu- 
los del triángulo rectilíneo valgan dos rectos. 

41. Área de un polígono. — Para el área de un polígono es- 
férico, llamando S la suma de ángulos : 

P _S — 2(n — 2)R 

siendo n el número de lados ; para el polígono regular, siendo A 
el ángulo suplementario 

P _ 4 R — n A 
"ir ~ R ' 

Los polígonos regulares de un mismo número de lados tienen su 
ángulo variable; el límite mayor de 180° da para el suplemento 
A = o ; el área es la mitad de la esfera, confundiéndose el polí- 
gono con la^ circunferencia máxima; el límite menor es el ángulo 
de los polígonos planos 

2R(n- 2)^^p^ 4R 



n 



da para el suplemento : 

4R 



= A 



el área es cero, confundiéndose el polígono con el punto ó polo 
de la esfera. 

A cada polígono corresponde otro que completa la esfera ; su 
área es 

P' _ 2 (n + 2) R — S 
Ü "~ R ■ 

Cuando el polígono es re^'ular, se tiene la fórmula 

F __ 4 R + n A 
Ü"~ R 



— lOI — 

para la suma de ángulos S y para el suplemento A son los mismos 
que antes. 

42. Cuadrilátero. — Para el cuadrilátero general esférico, re- 
sulta el área 

Cu_ A-fB + C +D — 4R 
U " R • 

Cuando se puede inscribir en un círculo, cuya condición hemos 
dado, se tiene 

Cu _ A + C — 2 R 

el cuadrilátero suplementario se puede circunscribir. 
Cuando es regular, se tiene el área 

Cu A — R 

= 4 



U ^ R 

Finalmente, hay tres cuadriláteros, que tienen uno. dos ó tres 
ángulos rectos, cuyas áreas respectivas son : 

A 4- B + C — 3 R A + B — 2R A-R- 
R ' R ' R~" • 

El que tiene dos ángulos rectos adyacentes, los lados que lo for- 
man pasan por el polo de ese lado ; cuando es inscriptible, su área 
se reduce á 

A — R 



R 

pero si los ángulos rectos son los opuestos, el cuadrilátero no es 
inscriptible; el que tiene tres rectos^ los lados pasan por los 
vértices de un triángulo trirectángulo. 

Los cuadriláteros suplementarios son, respectivamente, los que 
tienen uno, dos ó tres lados iguales á un cuadrante. De modo que 
se pueden clasificar los cuadriláteros esféricos en irregulares, re- 
gulares, inscri]itiblcs y rectangulares, que tienen, respectivamente, 



— I02 — 

por suplementarios los cuadriláteros irregulares, regulares, circuns- 
criptibles y rectiláteros. 

43. Valor numérico de la unidad. — El triángulo trirectán- 
o-ulo es la octava parte de la esfera que tiene por área cuatro circu- 
ios máximos; luego, U — 1' 5 7 o 8 r^, que sirve para reducir las 
fórmulas anteriores en medidas cuadradas; como en la Geometría 
ideal es negativo r^, basta cambiar el signo al nvimerador del se- 
o-undo miembro; en la geometría plana los ángulos solos no bastan. 

44. Teoremas sobre el área de los triángulos, — Tomemos 
la fórmula T=A + B + C — 2R, que se llama el exceso esférico, 
su mitad será : i T = | (A + B) — (R — i C), el seno y el coseno 
serán sen | T = sen I (A + B). sen i C — eos H^ + B). eos \ C 
eos I T = eos |(A + B). sen i C + sen | (A + B). eos 1 C y re- 
cordando las fórmulas de Delambre : 

sen \ (A + B) _ eos i (a — b) eos I (A + B) _ eos |(a + b) 
eos I C eos I c sen I C eos | c 

se obtiene fácilmente: 

sen I b. sen ^ a 

sen l,¡-= = — . sen C 

eos \ c 

eos I b. eos I a + sen I, b sen I a. eos C . 

• eos ^ T = ■ — '■ —^ ^ 

eos \ c 

La primera sirve para determinar el área de los triángulos recti- 
líneos, usando los infinitamente pequeños. En la segunda se puede 
simplificar, llamando m la línea que una la mitad de los lados b, a 
por la fórmula fundamental de la Trigonometría esférica, se tiene : 
eos m = eos \ T. eos \ c ; luego : todos los triángulos esféricos 
que tienen igual área é igual base, el arco que une los puntos 
medios de los otros dos lados es igual. 

Si dividimos las dos fórmulas y se simplifica, se tiene la fórmula 
en tangentes: 

1 rr. tang i a. tang I b. sen C 

tang I T = 



I + tang i a. tang \ b. eos C 



podemos eliminar el ángulo C, usando la fórmula: eos a = eos a. 
eos b + sen a. sen b. eos C, obteniéndose : 



— I03 — 

, _ eos a + eos b + eos e + i 

eos i T =: _- 

4 eos I a. eos I b. eos k c ' 

que es la fórmula de Euler. 

Poniendo el valor 4 (A + B) = R — i (C — T) cu las fórmulas de 
Delambre, antes citadas : 

eos |(C — T) _ eos I (a — b) sen ^ (C — T) _ eos i (a + b) 
eos h C eos | c sen | C eos h c 

comparando sumas y diferencias de estas dos proporciones, redu- 
ciendo todo en tangentes y multiplicándolas, llamando zp el perí- 
metro, se tiene la fórmula : 

tang^ í T = tang i p. tang i (p — a), tang h (p — b). tang h (p — c) ; 

es la fórmula de Lhuilier, de Genova, de donde se puede sacar por 
el método infinitesimal la fórmula conocida de la Geometría plana. 



VII 
Círculo 

45. CÍRCULO circunscripto. — Vamos á detenern-os un poco más 
de lo que hemos indicado de un modo general, para que se note la 
conexión, supuesto que muchas fórmulas de Geometría plana soi\ 
límites comunes de varias que corresponden á la Geometría general. 

Considerando el círcido circunscripto á un triángulo, tracemos 
los arcos que van á los vértices bajados desde el polo, cc^mo se for- 
man triángulos isósceles resultaii las condiciones: 

A = M + N; B = M + P;C = P + N; 

sumando y despejando 

M = HA + B + C) - C =: R - (C - i T); 

luego 

eos M = sen (C — i T) = sen C. eos i T — eos C. sen \ T, 



— I04 — 
sustituyendo los valores de h T, resulta : 

eos I b. eos ^ a ^ 

eos M = ; —■ sen C 

eos I c 

V en el triángulo isósceles, que tiene la base c, bajando el arco per- 
pendicular y llamando r' el radio del círculo circunscripto se tiene: 

tang h c sen h c 

tansf r' = 



eos M eos I b. eos | a. sen C 

eliminando el ángulo C, sacado del valor de sen | T. 

tang h a. tang h b. tang | c 

tang r' = — ^-^ ^^^ • 

sen h i 

46. CÍRCULO INSCRIPTO. — Para el círculo inscripto, tracemos 
los arcos que van al contacto, y como las tangentes trazadas de un 
punto son iguales, resulta : 

a = m + w ; & = 7;/ + q c — c\-\- n, 

sumando y despejando 

m = \ [a -\- h '\- c) — c =.p — c 

v el triángulo rectángulo da 

tang. r " = sen (p — c). tang I C, 

eliminando C, por la fórmula que da el ángulo, conociendo los tres 
lados, resulta : 

sen (p — a), sen (p — b). sen (p — c) 

tang- r " = ^ 

sen p 

47. CÍRCULO EX-iNSCRiPTO, — Para el circulo ex-inscripto , to- 
cando al lado c, tenemos las tangentes iguales ; 



— I05 — 

\ 

a -jr >n = b -\- H = t 
siendo c = ;;? + // 

luego 2 t = 2 p tang (r. c) = sen p. tang i C 

y lo mismo para los otros dos circuios ex-inscriptos 

tang (r. a) = sen p. tang. | A tang (r. b). = sen p. tang. }, B. 
Eliminando las tangentes de los ángulos, resulta : 

sen p. sen (p — b). sen (p — c) 
tang2 (r. a) ^ t" ^i ^ VF , 

tang^ (r. b) = 
tang- (r. c) ^= 



sen (p — a) 




sen p. sen (p — a), sen (p - 


-0 


sen (p — b) 




sen p. sen (p — a), sen (p - 


-b) 



sen (p — c) 

Multiplicando estas tres relaciones y extrayendo raíz cuadrada, 
resulta 

tang (r. a), tang (r. b). tang (r. c) = sen^ p. tang r ", 

Luego el producto de las tangentes de los tres radios de los 
circuios ex-inscriptos es ignal tí la tangente del radio del circulo 
inscripto^ imiltiplicado por el seno cuadrado del seniiperiinetro 
del triángulo, y también 

tang. r " = sen p. tang i A. tang I B. tang i C. 

Todas estas conclusiones se verifican en la Geometría plana y en 
la ideal, usando los métodos tantas veces repetidos 

(/'. a) ir. b) ir. c) = p -'/'". 

48. Altura y segjvientos de la.s bases. — Si el punto medio del 
lado de un triángulo equidista de los tres vértices, es evidente fjue 



— lOÓ — 

si ese punto se toma como polo, el círculo menor pasa por los tres 
vértices y se saca fácilmente 

sen.2 I a = sen.2 ^ b -f sen.2 | c . 

que se convierte en el teorema de Pitágoras en la Geometría 
plana, donde el ángulo A es recto; mientras en la Geometría general 

T 
A = R-|-. 

Si en este triángulo se baja la altura h y llamamos s^ s' los 
segmentos aditivos ó sustractivos que constituyen el lado a, se 
tiene : 

sens. sens' , , , , , 

tang 2 h = tang 2 4 h = tang I s. tang I s , 

eos 2 I a 

que ambas dan una misma relación en la Geometría plana, porque 
un mismo límite puede servir para varias cantidades variables y 
otras veces el límite se convierte en una identidad, no resultando 
entonces ningún teorema en la Geometría plana; por ejemplo, en 
el triángulo que consideramos se tiene: 

I + eos a = eos b + eos c, 

que en el límite daría 2 := 2, es decir, que no tiene correspon- 
diente en la geometría del plano. 

El arco mediano, es decir, que une un vértice con el punto 
medio del lado opuesto, tiene por expresión, llamándole in, 

eos b + eos c 

eos m = , 

2 eos \ a. 

ó bien transformando la suma del numerador en un producto : 

eos H b + c ). eos H b — c ) 

eos m ^ ^^-^ ^^ 

eos I a. 

49. Cuerdas y secantes. — Si en un círculo menor, se trazan 



— I07 — 

dos arcos de circulo máximo, que se corten dentro ó fuera de 
aquel círculo, llamando a' a" los segmentos de uno, b' b" los 
segmentos del otro, aditivos ó sustractivos, se tiene : 

eos 3 a', eos i a" eos i b'. eos ib" 
eos I a eos i b ' 

que corresponde á la intersección de dos cuerdas ó de dos secan- 
tes y aún para el caso de ser uno de los arcos tangentes 



„ , eos i a . eos I a 

eos 2 i t = 



eos 5 a 

y también usando tangentes en lugar de cosenos : 

tang h a', tang é a" = tang | b'. tang I h" 

para el caso del arco tangente se convierte en 

tang 2 1 t. = tang h a', tang | a", 

de donde se pueden pasar á las relaciones conocidas de la Geo- 
metría plana ; todavía se pueden obtener las relaciones 

sen a', sen a" sen b'. sen b" 



eos 25a eos 23 b. 

V en el caso del arco máximo tangente, resulta 

sen b'. sen b" 



sen. 2 t = 



eos. 2 1b ' 

a, b, representan los arcos totales; suma, si la intersección es 
interior; diferencia, si es exterior, 

50. Sistema armónico. — La circunferencia de círculo máximo, 
bisectriz de uno cualquiera de los ángulos de un triángulo esfé- 
rico convexo ó del suplemento de este ángulo, divide al lado 
opuesto en el primer caso en dos segmentos aditivos, y en 
el segundo caso en dos segmentos sustractivos menores que 
una circunferencia, cuyos senos son respectivamente propor- 



— io8 — 

cionales á los senos de los dos lados, terminando en las extremi- 
dades no comunes de los dos segmentos ; se llama un sistema 
armónico; Wsxn.mxáo'D,!)' las intersecciones, y B C la base del 
triángulo, se tiene 

sen B D sen C D sen B D' sen C D' 



sen c sen b sen c sen b 

VIII 

Geometría esférica analítica 

51. Primer SISTEMA de coordenadas. — Un punto de la esfera 
se puede fijar de varias maneras, que se llaman sistemas de coor- 
denadas; tracemos dos lineas de curvatura uniforme, rectangula- 
res en O, que llamaremos ejes ; sea P un punto de la esfera del 
que bajaremos perpendiculares 

P M = ?/ ; P N = V, 

que determinan sobre los ejes 

O M = X ; O N = y. 

Se ha formado un cuadrilátero trirectángulo. 

Pueden tomarse como coordenadas x^ te, como se usa en Geo- 
grafía, donde se llaman longitud y latitud ; en Astronomía, as- 
censión recta y declinación ; en Geodesia, azimut y altura. 
Por ejemplo : la ecuación de una línea de curvatura mínima, que 
pasa por el origen, llamando A el ángulo que hace con el eje de 
las .r^ será 

( I ) tang II = tang A. sen x 

de la cual se puede pasar á la Geometría plana por los infinita- 
mente pequeños y á la Geometría ideal por los exponenciales. 

Si no pasa por el origen, sino que corta al eje de las x á la dis- 
tancia a, tendremos su ecuación ; 



— I09 — 
tang II = tang A. sen (x — a). 

Si cuando .v = o es ti ^^ b, sustituyendo y dividiendo elimi- 
naremos A: 

tang u sen x 

+ — = eos X 



tang b tang a 

que es la ecuación en coordenadas al origen. Si se quiere la línea 
que pasa por el punto u' x', tendremos 

tang u sen { x — a ) 



tang u' sen ( x' — a ) 

Como segundo ejemplo, la ecuación de un circulo menor cuyo 
polo es o, tendremos por el teorema de Pitágoras 

sen2 r = sen^ .v + sen^ // — sen- x, sen=^ //. 

52. Segundo sistema de coordenadas. — Pueden tomarse 
como coordenadas x, y ; así para la línea que pasa por el origen 

tang X tang y 

eos A = :r. sen A == 

tang o P tang o P 

la ecuación en este caso resulta : 

( 2 ) tang j\' = tang A. tang x: 

son las coordenadas usadas por Gudermann y por Graves. Ele- 
vando al cuadrado los anteriores y sumando, tendremos la ecua- 
ción del círculo menor : 

tang2 r ^= tang^ x + tang=^ y. 

53. Tercer sistema de coordenadas. — Si se admiten como 
coordenadas i(, v, tendríamos para la línea de curvatura mínima 
uniforme que pasa por el origen, las ecuaciones 

sen u . _ st^^n y 

sen A = eos A — p ^ 

sen oP sen o i 



— lio — 

dividiéndolas, será la ecuación del lugar 

( 3 ) sen zí = tang A. sen v; 

coordenadas citadas por Salmón. La ecuación del círculo menor 
se obtendrá elevando al cuadrado y sumando : 

sen^ r = sen^ u + sen^ v. 

Se notará la diferencia que hay con la Geometría plana; en ésta, 
las ecuaciones de la recta en los tres sistemas tiene la misma forma, 
lo mismo el círculo, que evidentemente se deducen de las anterio- 
res por los infinitamente pequeños ; las fórmulas para transformar 
estas coordenadas, son 

tang u tang y sen u sen y 

tang A = 



sen X tang x sen v tang v. 

54. Coordenadas polares. — Pueden usarse coordenadas po- 
lares ; un punto estará determinado por el ángulo que hace la línea 
de curvatura mínima con otra que se toma para referencia y por 
la longitud del radio vector, es decir : A^ b. 

La ecuación de una de esas líneas, que pasa por el origen, es 
A =^ cons t ; y la de un círculo menor, 6=cons t. Para otro sistema, 
B^ a^ cuyos polos distan c sobre la línea de comparación, da para 
la transformación de coordenadas las tres fórmulas principales de 
la Trigonometría esférica. 

Este sistema se emplea en Astronomía, con los nombres de ángu- 
lo horario y distancia polar ; ó bien asirnuty distancia senital ; 
y también longitud y colatitud. Se puede fijar una línea de 
curvatura mínima, dando las coordenadas de su respectivo polo. 

55. Coordenadas trilineales. — El triángulo esférico tri- 
rectángulo, ó uno cualquiera, puede formar un sistema de coor- 
denadas trilineales : 

I." Si de un punto se baja normalmente el arco B, la distancia 
absoluta al plano de una línea de curvatura uniforme, será: 

h = sen. B. 

Si A es la perpendicular al otro lado del triángulo esférico, ten- 
dremos 



— III — 

a =■ ssn A. 

Y para la tercera, 

c = sen C. 

Eu la Geometría plana, en virtud de los infinitamente pequeños, 
se tendrá 

¿> = B; a — K ; c ~ C. 

2." Las ecuaciones de los tres lados del triángulo esférico fvmda- 
mental, serán 

a = o , ¿> = o, c := o , 

porque las distancias son nulas. 

3." La línea de curvatura uniforme, que pasa por la intersección 
de a , b , da. 

sen B sen A 

sen M = sen N = - 

sen d sen d 

eliminando d^ resulta : 

sen B sen M 



sen A sen N 



K 



por ser constantes los ángulos M, N, que hace con los arcos funda- 
mentales; de modo que la ecuación es b — Ka; para otra línea 
b — K' a = O ; el cociente de K entre K' ; es decir, la razón 
constante 

sen B sen B' K 



sen A ' sen A' K' 



se llama la rasón anavniónica délos cuatro arcos esféricos, que 
pasan por la intersección de a y 6; porque si un quinto arco los 
corta, llamando los segmentos Q, P, comprendidos entre los arcos 
fundamentales y la primera línea de curvatura uniforme y S, T, los 



112 



ángulos correspondientes, que hace con b, a, resultan las relaciones: 

sen P sen N sen Q sen M 



dividiendo 



sen d sen T ' sen d sen S 



sen Q sen M sen T 



sen P sen N sen S 

con la segunda linea de curvatura uniforme, tendremos : 

senQ' senM' sen T 
sen P' senN'' sen S ' 

porque S y T son los mismos; dividiendo, obtenemos : 

sen Q senQ' _ sen M senM' _ K 
sen P ' sen P' sen N ' senN' K' ' 

de donde la propiedad notable de la Geometría de posición, que 
dice : Si cuatro líneas de curvatura uniforme parten de un 
mismo punto y las corta una quinta línea cualquiera en los 
puntos : a, b, c, d se tiene : 

sen. b a sen. c a 

-— : = const. 

sen. b d sen. c d , 

Además, se dice: que esos cuatro puntos están en razón anarmó- 
nica, lo mismo que los ángulos que hacen entre sí : 

sen. b O a sen. c O a 
sen. b U d sen. c O d 

4." Si las ecuaciones de los dos planos que pasan por las inter- 
secciones son 

b — K a = o b + K a = o ; 

entonces la razón anarmónica es menos uno, en cuyo caso se llama 
rasón armónica. 



— 113 — 

5-" Si las ecuaciones de los tres lados del triángulo fundamental 
son, como hemos dicho, 

a = o , b = o , c = o ; 

las de los tres arcos, que pasan por los tres vértices son : 

ni a = n b ~ p c , 

que se cortan en el mismo punto, cuyas ecuaciones son dos de las 
siguientes 

in a — n b := o ; n b — p c = o; pe — in a ^ o . 

Estos tres arcos cortan á los lados opuestos del triángulo funda- 
mental y los arcos que pasan por esas intersecciones dos á dos, 
tendrán por ecuaciones : 

ma — n b -i- p c ^^ o; n b — p c -\- in a = o ; p c — in a -\- n b =^ o; 

que agregando, respectivamente, 

2 yi b , 2 p c , 2 ni a , 

se tiene la linea 

in a -}- n b -{- p c — o ; 

de manera, que las tres intersecciones de ¡os lados correspon- 
dientes de este nuevo triángulo y del triángulo fundamental, 
están sobre una misma línea generatriz de la esfera. 

6," Las ecuaciones a = b =:^ c, representan las tres bisectrices 
que se cortan en un mismo punto. 

7.° Bajando la altura sobre a del triángulo fundamental, se tiene 
h = m c , para la recta que pasa por el vértice opuesto ; como te- 
nemos las ecuaciones 

sen M I sen N i 

eos B eos d eos C eos d 



T. II 



- 114 - 

luego m, razón de los genos M y N, es igual á la razón de los cose- 
nos B , C ; luego 

b. eos B = c. eos C = a. eos A 

son las ecuaciones de las tres pei'peiidietilares que en un trián- 
gulo esférico se cortan en un mismo pimto. 
8.° Para las medianas tendremos las ecuaciones 

sen M señé a sen N sen I a 



sen B sen d ' sen C sen d 

luego /;/, razón de los senos M y N, es igual á la razón de los senos 
B , C ; por tanto : 

b. sen B = c. sen C = a. sen A 

ecuación de las tres medianas que en un triángulo esférico se 
cortan en un mismo punto. 

9.° Por lo demostrado anteriormente de un modo general, las 
tres bisectrices, ó las tres alturas, ó las tres medianas, los arcos 
que pasan por las intersecciones dos á dos de los lados opuestos, 
cortan á los lados respectivos del triángulo en tres puntos que 
están sobre un mismo arco máximo. 

10." En un liaz armónico, si el punto B es medio del arco AD, 
el punto C conjugado está sobre un arco que forma 90° con el 
arco en que está B ; porque en este caso, las ecuaciones son: 
b — rt = o ; b -j- a := o : la primera es la bisectriz interior ; la otra, 
la bisectriz exterior, que forman un ángulo de 90". Así, pues, las 
medianas, b sen B = c sen C, b sen B — c sen C forman un ángulo 
de 90° ; por consiguiente, el círculo máximo : 

a sen A + b sen B + c sen C = O 

pasa por los tres puntos distantes 90° del punto medio de cada 
lado ; si en estos puntos se levantan perpendiculares, sus polos 
están sobre aquel círculo ; luego, esas normales se cortan en un 
mismo punto, que es el polo del círculo máximo referido. 

ii.° Es necesario tener presente que a, b, c satisfacen á la ecua- 
ción a' a + b'b + c'c = 2 T, en que a', b' , c' son los lados del 



- 115 - 
triángulo rectilíneo T, de manera que, en general, 

T b'. b , a' c' 

72 ~ ^^^ Tr '^^^^ V + ^^^^ —' sei^ ^' + sen — . sen c 
i- 2r r 2x 2T 

siendo b', a', c' los lados del triángulo esférico"; b, a, c las coorde- 
nadas trilineales esféricas. 

IX 
Secciones cónicas esféricas 

50. MÉTODOS EMPLEADOS. —Las liucas de segundo orden, que 
pueden trazarse sobre una esfera, se pueden estudiar: i." Como 
intersección de un cono de segundo grado con una esfera, la ecua- 
ción es de cuarto grado; pero si el vértice del cono coincide con el 
centro de la esfera, la intersección se convierte en dos líneas simé- 
tricas iguales ; basta estudiar una de ellas, que solamente es de se- 
gundo grado. 2." También se puede tomar la ecuación general 
de segundo grado y hacer el estudio de estas curvas. Uno y otro 
método se han puesto en práctica y se han encontrado las propie- 
dades generales de estas líneas, que haciendo el radio infinito, se 
tienen las correspondientes á las secciones cónicas planas, y to- 
mando el radio ideal, á las que pueden llamarse secciones cónicas 
pseiido-esf ericas. 

^y. Elipse esférica. — Purn \-d elipse esférica, se tiene 

sen - u sen ^ v 
sen 2 a sen ^ b 

que se convierte en un círculo, cuando a = b. En general, esa 
ecuación da dos elipses simétricas, separadas por le — 2 b, y 
he — 2 a, llamando c la circunferencia máxima, variando i( desde 
a hasta cero. 

Si b = ^ c, la ecuación se reduce á sen ti = sen a eos v, que 
representa una circunferencia máxima, y tomando el signo menos, 
otra que se cruza, convirtiéndose en el plano en dos rectas para- 
lelas ; si también se tuviese a = \ c, las dos circunferencias coin- 
ciden y lo mismo si a = o. 



— lió — 

58. Hipérbola esférica. — Para la hipérbola esférica se tiene : 
sen 2 u sen 2 v 



sen 2 a sen 2 b 

en la cual varía 11 desde a hasta \ c, para que v tome valores de 
cero hasta 

sen b 

sen V = , 

tang a 

que no podría construirse, porque entre las coordenadas ii, v, hay 
un límite en que v debe ser menor que \ c — 2 ii ; así cuando 
a ^= b, este límite es 

4 sen* u — 3 sen^ v. = sen^ a. 

59. Secciones del cono. — Se tiene una idea más sensible de 
estas secciones, considerando el cono, que tiene un vértice en el 
centro de la esfera. Si el cono es elíptico j la intersección se compo- 
ne de dos curvas cerradas. Si el cono es hiperbólico , los dos pla- 
nos asintóticos cortan á la esfera, según dos círculos máximos que 
abrazan á las intersecciones, que también son dos curvas cerradas 
tangentes á dichos círculos. Si el cono es parabólico, el plano tan- 
gente á los vértices da un círculo máximo tangente á las interseccio- 
nes en sentido contrario, que deben cerrarse á los 90" cortando á 
ese círculo y formando una curva cerrada. 

60. CÓNICAS EN COORDENADAS TRILINEALES. — El cono en Coor- 
denadas trilineales puede representarse por ab =^inc^ ; a, b son 
planos tangentes al cono, c el plano de contacto si esa ecuación 
representase una cónica esférica, entonces a, b son arcos máximos 
tangentes; c, arco máximo de contacto, y quiere decir: que el pro- 
ducto de los senos de los arcos perpendiculares , bajados de un 
punto cualquiera de la cónica esférica sobre dos de sus arcos 
tangentes, están en una rasón constante con el cuadrado del 
seno del arco perpendicular, bajado del mismo pimto sobre el 
arco del contacto. 

Si tomáramos la ecuación ac = m. b. d del cono, éste pasa por 
las intersecciones de los planos a con b y d; c, con los planos b y 
d, y esa ecuación dice: que el producto de los senos de los arcos 



— 117 — 

perpendiculares, bajados de un punto de la cónica esférica 
sobre dos de los lados opuestos de un cuadrilátero inscripto, 
están en una razón constante con el producto de los senos de 
los arcos perpendiculares bajados sobre los otros dos lados. 

6i. Arcos cíclicos. — Cualquiera que sea el cono de segundo 
grado, existen dos direcciones en que la sección es un circulo, se 
llmnim planos cíclicos, si tomamos la ecuación r^ = m.ab; ay b 
son estos planos que en la esfera son círculos máximos, luego el pro- 
ducto de los senos de los arcos perpendiculares, bajados de un 
punto de una cónica esférica sobre los dos arcos cíclicos, es 
constante. La forma de la ecuación indica que los arcos cíclicos de 
las cónicas esféricas son análogos á las asíntotas de las cónicas pla- 
nas. De aquí se deduce, que si varios triángulos esféricos tienen una 
base constante, y el producto de los cosenos de los otros dos lados 
también es constante, el lugar del vértice es una cónica esférica, 
cuyos arcos cíclicos son los círculos máximos que tienen por polos 
los extremos de la base dada. 

62. Conos recíprocos. — Se llaman conos recíprocos, cuando 
cada arista del uno es perpendicular á un plano tangente del otro ; 
y se llaman rectas focales del cono, dos rectas en que la sección 
perpendicular á una de ellas, tiene por foco la intersección de la 
otra y los planos cíclicos de un cono son perpendiculares á las rec- 
tas focales del cono recíproco ; luego el producto de los senos de 
las perpendiculares bajadas de los dos focos sobre una tangen- 
te d la cónica esférica, es constante, lo que se nota considerando 
la cónica esférica determinada por el cono recíproco de un cono 
dado. 

63. Tangentes y arcos cíclicos. — Si un círculo máximo corta 
á una cónica esférica en los puntos M y N, y á los arcos cíclicos en 
los puntos A y B, se tiene A M == B N, y recíprocamente, las dos tan- 
gentes trazadas de un punto cualquiera á una cónica esférica, hace 
ángulos iguales con los arcos que unen ese punto á los dos focos. 

Como caso particular cuando M y N coinciden, se tiene, que la 
porción de tangente á una cónica esférica interceptada entre los 
dos arcos cíclicos está dividida en dos partes iguales por el punto 
de contacto, y recíprocamente, las rectas que juntan un punto cual- 
quiera de vma cónica esférica á los dos focos, forman ángulos igua- 
les con la tangente en este punto. 

Ó4. La elipse é hipérbola esférica no se diferencian. — Sea 
2C el segmento, del arco tangente comprendido entre los dos arcos 



— lis — 

cíclicos, con los que forma los ángulos A, B ; las perpendiculares 
bajadas del contacto sobre los cíclicos son, 

sen d == sen A. sen c sen d' = sen B. sen c, 

pero el triángulo esférico, que tiene por base 2 c \ los ángulos en 
la base A. B, la Trigonometría esférica da 

sen.2 c. sen A. sen B = — eos S. eos ( S — C ) ; 

como el producto sen d. sen d' es constante y c es dado porque 
es el ángulo que forman los arcos cíclicos, S es también constante, 
luego : todo arco tangente á tina cónica esférica forma con los 
arcos cíclicos un triángulo, cuya área es constante. Recíproca- 
mente, la suma de los arcos que juntan un punto cualquiera de 
ima cónica esférica á sus dos focos es constante. 

De aquí resulta, que se puede considerar una cónica esférica como 
una elipse ó una hipérbola, porque las rectas focales encuentran 
cada una á la esfera en dos puntos diametralmente opuestos; si to- 
mamos por focos dos de estos puntos en el interior de una de las 
curvas cerradas, la suma de las distancias focales es constante ; 
pero si una de estas distancias la contamos á partir del pvmto dia- 
metralmente opuesto, como entonces f P = i8o — f P, la diferencia 
es constante. 

F P + f P = cons t. FP — fP = FP + fP — i8o = const. 

Lo mismo podemos decir: que un arco tangente variable hace con 
los arcos cíclicos ángulos A, B cuya diferencia es constante, si re- 
emplazamos uno de los ángulos considerados con su suplemento y 
el arco tangente hace con los radios vectores ángulos iguales como 
en la elipse, ó bien es la bisectriz como en la hipérbola y todo lo 
contrario con el arco normal; así pues, en general no hay dife- 
rencia en las cónicas. 

65. Arco director, cuadrilátero focal. — También se deduce, 
que el seno de la distancia de un punto de una cónica esférica á un 
foco, está en una razón constante con el seno de la distancia del 
mismo punto á un cierto arco director. 

Dos tangentes variables cortara á los arcos cíclicos en cuatro pun- 
tos, que están sobre un círculo. En efecto, sean L, M las dos tangen- 



— 119 - 

tes, R la cuerda de contacto, la ecuacicín de la cónica esférica, puede 
escribirse L M ^ R2 y debe ser idéntico con a b=:r^, por consio-uien- 
te, a b — L M es idéntica con r^ — R^ . Esto último representa un 
círculo menor, que tiene el mismo polo que R, y la forma de la pri- 
mera hace ver que este circulo está circunscripto al cuadrilátero a L, 
b M. Recíprocamente, los radios focales de dos puntos de una cóni- 
ca esférica, forman un cuadrilátero esférico en el cual se puede 
inscribir un círculo menor. Se puede concluir de esta propiedad que 
la suma ó la diferencia de los radios focales es constante, ya que la 
suma ó la diferencia de dos lados opuestos del tal cuadrilátero es 
igual á la suma c, diferencia de los otros dos lados. 

06. Otras propiedades de las cónicas esféricas — Finalmente, 
si dos cónicas esféricas son dadas teniendo los mismos arcos cíclicos, 
el segmento que la curva exterior intercepta sobre una tangente á la 
otra curva, está dividida en dos partes iguales por el punto de con- 
tacto, el área comprendida por la tangente y la curva exterior es 
constante. 

Del mismo modo, si dos cónicas esféricas tienen los mismos focos, 
y si de un punto de la cónica exterior se trazan tangentes á la cóni- 
ca interior, estas tangentes están igualmente inclinadas sobre la 
tangente trazada á la cónica exterior en el punto considerado, y el 
exceso de la suma de las dos tangentes sobre el arco que abrazan 
sobre la cónica interior es constante. 

Cuando varios triángulos esféricos tienen áreas iguales y un lado 
común, están situados en un mismo hemisferio, determinado por la 
prolongaci()n de la base, los puntos medios de los lados no comu- 
nes pertenecen todos á un mismo círculo máximo y los vértices 
están sobre una circunferencia menor paralela al de los puntos 
medios ; es el teorema de Lexell. 

Recíprocamente, la envolvente de las bases de los triángulos que 
tienen una misma área y un ángulo común, es una elipse esférica, 
como ya lo hemos dicho; es el teorema de Steiner. 

En la elipse esférica, que estudió primero Fuss, resulta, que si la 
longitud de los radios vectores suman una semicircunferencia de la 
esfera, la curva que resulta es siempre un círculo máximo, cual- 
quiera que sea la distancia de los focos. 

El círculo máximo, que pasa por los puntos medios, que antes se 
ha dicho, corta á la base á 90" del punto medio de dicha base; y si 
llañíamos P este punto y se lleva HP igual á la distancia de los 
puntos medios, I P igual á la mitad de la base sobre los círculos 



— I20 



respectivos, se tiene : eos i T = eos I H ; es decir, que I H es la 
mitad del exceso esférico ; es el teorema de Gudermann. 



Geometría del espacio 

67. Dos PUNTOS — La figura más sencilla del espacio es la en- 
cerrada por lineas de curvatura uniforme, que pasan por dos pun- 
tos, es la engendrada por un segmento circular, girando al rede- 
dor de la cuerda, hay dos distintos que se confunden cuando se 
engendra la esfera; además, puede considerarse el espacio compren- 
dido entre ellos y también cuando ambas superficies son de distinta 
curvatura. Estos cuerpos no existen en la Geometría plana. 

68. Tres puntos — Si son tres puntos, por ellos pviede pasar 
una superficie esférica cualquiera, formando cuerpos lenticulares, 
ambas caras convexas iguales ó desiguales, ó cóncava-convexa, de 
superficies de curvatura desigual ; la intersección en ambos casos 
son círculos, pudiendo ser la primera una esfera. Tampoco existen 
en la Geometría plana. 

69. Cuatro puntos — Si son cuatro puntos, por cada tres pue- 
de pasar una superficie de igual curvatura uniforme ; en la Geome- 
tría plana es el tetraedro, y también puede resultar una esfera pa- 
sando por los cuatro puntos. 

70. Poliedros — Más de cuatro puntos del espacio dan naci- 
miento á los poliedros, formados por superficies de igual curva- 
tura imiforme, que en lugar de triángulos esféricos sus intersec- 
ciones son polígonos, qtie son planos en la Geometría plana. 

71. Un punto y una circunferencia.— Combinando super- 
ficies de distintas curvaturas vmiformes, se tienen otros cuerpos. 
Sea, en primer lugar, un punto y una circunferencia, se pueden con- 
cebir muchísimos conos, cuya superficie lateral sea una superficie 
engendrada por líneas de una misma curvatura uniforme y la 
base formada por otra superficie de igual curvatura. En la Geo- 
metría plana resulta el cono, cuya base es un círculo plano. En el 
caso general, tanto la superficie lateral como la base pueden ser 
cóncavas ó bien una cóncava y otra convexa, formándose así 
cuatro formas distintas. 



— 121 — 

72. Dos CIRCUNFERENCIAS IGUALES.— En segundo lugar dos circun- 
ferencias iguales y paralelas, se puede concebir muchos cilindros 
cuya superficie lateral sea engendrada por líneas de una misma cur- 
vatura uniforme y las bases formadas por superficies de igual cur- 
vatura, que pudiendo las tres ser cóncavas ó convexas resultan 
seis, que se reducen á uno para lineas de curvatura nula, que co- 
rresponde á la Geometría plana. 

73. Dos CIRCUNFERENCIAS DESIGUALES.— En tercer lugar dos 
circunferencias desiguales y paralelas, que dan los conos trunca- 
dos, que pueden haber seis distintos, si las generatrices son líneas 
de curvatura uniforme, redviciéndose á uno, si la curvatura 
es nula. Este es el caso general, que exceptuando á los casos en 
que entran ángulos, ó sea cviatro ó más puntos, puede compren- 
der el actual á todos los anteriores. 

Conclusión — Basta esta ligera exposición, para comprender los 
grandes desarrollos á que se prestan las teorías, que se han indica- 
do de una manera lo más lacónico posible y suprimiendo muchas 
otras, que harían mucho más extenso el presente tema; pero lo 
que se ha dicho es suficiente para apreciar la importancia de la 
Geometría de la esfera, de la que se deduce inmediatamente 
todos los teoremas de la Geometría plana y de Euclides; asi 
como los de la Geometría imaginaria ó no euclidiana. 

Sr. Balbín. — La memoria del catedrático de la Universidad 
de Lima, Doctor Federico Villarreal, que constituye la orden del día, 
versa sobre las Geometrías no euclideanas, es decir, sobre esas 
geometrías que no se fundan en el postulado V de Euclides, cuya 
consecuencia inmediata es, que por im punto sólo se puede tra- 
zar tina paralela á una recta. 

La primera, en el orden de los tiempos, es la Geometría del ruso 
Lobatchefski {1829^1856), en la cual se admite que por un 
punto se pueden trazar muchas paralelas á una recta dada. Las 
consecuencias que dimanan de esta hipótesis, ó más bien postulado, 
son enteramente contrarias á las de la Geometría ordinaria ó eu- 
clídea ; así, los tres ángulos de un triángulo valen menos de dos 
rectos ; las mediatrices de los lados de un triángulo pueden ser 
paralelas, y muchas otras proposiciones, que aunque distintas de 
las ordinarias, no tienen contradicción sin embargo entre sí y se 
deducen lógicamente del postulado admitido. 

A la geometría que acabo de indicar, siguió la del alemán Rie- 



— 122 — 

mann, cuya idea fundamental fué esbozada en 1854, y publicada 
con todos sus desarrollos en 18Ó7. Riemann tomó como postulado, 
que por un punto no se puede trasar ninguna paralela á una 
recta dada. He ahí una geometría distinta de las otras dos, cuyas 
consecuencias son también diferentes ; así, los tres ángulos de un 
triángulo valen más de dos rectos ; existen puntos de que se pue- 
den bajar muchas perpendiculares á una recta dada, etc. 

Además del postulado V, la Geometría de; Euclides se funda en 
el postulado VI, que dice : dos rectas no encierran espacio. De 
ahí, pues, se desprende: i." que en la Geometría de Lobatchefski, 
no se admite el postulado V, pero sí el VI, que subsiste necesaria- 
mente, porque su rechazo implicaría la existencia del postulado 
V ; 2." que en la Geometría de Riemann no se admite el postulado 
VI, pudiendo deducirse como consecuencia de proposiciones an- 
teriores. 

Las tres geometrías indicadas, la euclideana, la de Lobatchefski 
y la de Riemann, tienen una multitvid de proposiciones comunes, y 
son precisamente las que no depeiiden de los postulados enuncia- 
dos, las cuales constituyen el cuerpo de doctrina actualmente de- 
nominado Metageonietria ó Geometría general. 

La existencia de estos tres sistemas geométricos distintos, tiene 
una importancia transcendental bajo el punto de vista filosófico, 
pues ella implica la destrucción de una de las bases fundamentales 
de la « Crítica de la razón pura », de Kant, probando la inanidad 
de lo que se ha dado en llamar iuiperativo geométrico. 

La Geometría de Riemann ha inspirado la mayor parte de las in- 
vestigaciones recientes, entre las cuales merecen citarse las de Bel- 
trami, Helmholtz, Houel, Lexell, Fuss, Steiner y Gudermann. y 
de ellas resulta, con todo el rigor de la lógica, la exphcacióu, 
y por lo tanto, la interpretación de esa geometría, tan distinta de la 
ordinaria. Riemann observó desde el principio, que sus teoremas 
referidos á las rectas, son los mismos que se conocían para los 
círculos máximos de una esfera, y partiendo de esa base los geó- 
metras que he citado, llegaron, después de un trabajo de medio si- 
glo, á la interpretación de la Geometría de Riemann, á saber : 
« que trazando rectas sobre un plano, los razonamientos versaban 
realmente sobre Geometría esférica, representando dichas rectas 
círculos máximos, y por lo tanto no estaba aquella geometría en 
contradicción con la Geometría de Euclides, en que las rectas re- 
presentan líneas distintas de los círculos máximos, ó si se quiere, 



Fh 



// 




A 




f C 




Fl6. i A 





fl6. 6 




r c 









I 



— 123 — 

estos mismos círculos en el caso particular de que su radio es in- 
finito ». 

En cuanto á la interpretación de la Geometría de Lobatcliefski, 
los trabajos del matemático italiano Beltrami han sido concluyen- 
tes, llegando á este resultado universalmente aceptado, que 
« cuando el radio de una esfera es imaginario y por lo mismo su 
cuadrado negativo, aparece la superficie Wanvcida pseiído-esf era, y 
las figuras trazadas sobre ésta dan lugar á la Geometría de Lobat- 
chefski, » 

Además de las geometrías cuya exposición acabo de hacer á 
largos rasgos, hay otras no menos interesantes, que el Doctor Villa- 
rreal menciona en el trabajo que discutimos, con erudición y com- 
pleto dominio del asunto, á saber : i.° la geometría fundada en el 
postulado de perpendicularidad ; y 2° geometría de las superfi- 
cies ; pero creo excusado tratar de ellas, ni siquiera someramente, 
porque lo que he manifestado, quizás abusando de vuestra pa- 
ciencia, me parece más que suficiente para hacer comprender el 
alcance é importancia del trabajo del matemático peruano. Sin 
embargo, debo agregar que su trabajo, que él llama modestamente 
una exposición didáctica, es dignu de consideración por más de 
un concepto y está llamado á divulgar en Hispano-América, esas 
bellas é importantes teorías. Además, está escrito con todo el ri- 
gorismo matemático, claro y preciso, y en un estilo científico inta- 
chable. 

En virtud de estas consideraciones, me adhiero á la conclusión 
formulada por el autor, á saber : « que de la Geometría de la es- 
fera se deduce inmediatamente todos los teoremas de la Geometría 
plana ó de Euclides, así como las de la Geometría imaginaria ó no 
euclideana » ; y pido á la Asamblea se digne prestarle su aproba- 
ción, tanto más cuanto que esa conclusión es la aceptada univer- 
salmente por los geómetras modernos. 



— 124 — 



Proyecto de desagües para la ciudad de Santiago 



- Por el Ingeniero VALENTÍN MARTÍNEZ 

Miembro del Consejo Superior de Higiene Publica, Jefe de la Sección de Hidráulica, 
Puentes y Caminos de la Dirección General de Obras Públicas, Miembro Honorario 
de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Fiscal 
Superior y Arbitro e?i la construcción de los desagües de Iquique, etc. 



Santiago, Agosto 8 de 1896. 

Señor Intendente : 

Con fecha 21 de Enero de 1893, tuve el honor de remitir á la 
Ilustre Municipalidad los planos y presupuestos de la obra de des- 
agües para la zona central de Santiago. 

Este trabajo fué sometido á la consideración del Consejo de 
Obras Públicas, el cual, presidido por el Ministro del ramo, y ase- 
sorado por los Ingenieros consultores del Gobierno, le dio su apro- 
bación unánime. 

La Ilustre Municipalidad le prestó igual aprobación, pero dificul- 
tades económicas han aplazado la realización de tan importante 
obra. 

Considerando V, S. y la ilustre Corporación que tan dignamente 
preside, que tratándose de la salud y de la vida de los habitantes, 
todo sacrificio que se haga para protegerlas será altamente justifi- 
cado, han resuelto emprender la obra. 

Con tan laudable propósito, V. S. ha tenido á bien pedir al que 
suscribe, revise los planos y presupuestos de la zona central, y 
los complete con los de las otras dos zonas : ultra Mapocho y ul- 
tra Alameda, trabajo que hoy tengo el honor de elevar á manos 
de V. S. 

Constituyen el proyecto las siguientes piezas: 

i.° La memoria justificativa. 

2." Las principales bases de cálculo. 

3." La lista de los precios unitarios. 

4." El análisis de los mismos. 

5.° El pr esupuesto detallado para cada zona. 



- 125 - 

6." Un pliego de condiciones para una licitación pública. 

7.° Aspecto económico y preceptos de ordenanza que deben 
seguir á la aplicación de la ley que hace obligatorio el ser- 
vicio de desagües. 

8." Un plano de conjunto, á la escala de i á 10.000, que mues- 
tra las curvas de nivel, de metro en metro, y el trayecto 
de las acequias dentro de las manzanas. 

9.° Un plano de conjunto, á la escala de i á 5.000, que mues- 
tra el trazado de las obras. 

10. Una serie de perfiles longitudinales de cada calle, con las 
indicaciones suficientes para servir de planos de ejecución. 

11. Un plano detallado de las entradas de visita de las cañe- 
rías y. colectores; de los resumideros; de las chimeneas de 
ventilación; del sifón Geneste y Herscher, aparato de lavado 
automático de las cañerías; y por fin, de la sección ovoide 
de los colectores. 



Queda á las órdenes de V. S. 



V. Martínez, 

Ingeniero. 



INTRODUCCIÓN 



«La salud pública es el pedestal en que 
reposa la felicidad del pueblo y el poder 
del Estado». 

(DlsRAELí, citado por Chadwick.) 



Lo que decía el gran INIniistro es más que una verdad, es un 
axioma; como que la protección de la salud pública es el primer 
deber de los municipios. 

La vida no tiene precio, ha dicho el célebre higienista Baldwin 
Lathan, y el hombre jamás hará lo bastante para protegerla contra 
los numerosos peligros que la rodean. 

Ya no es posible permanecer indiferente ante los progresos rea- 
lizados por la ciencia sanitaria en protección tie la salud y de la 

vida. 

Las condiciones de salubridad en que se han colocado pueblos 



— 126 — 

más adelantados que el nuestro, han hecho bajar la mortaUdad en 
una proporción muy notable: de 37 á 20 por mil, en Berlín; de 30 
á 21, en Washington (i). 

Hoy día la mortalidad es aún menor. 

Según el Profesor Parkes y los trabajos de Buchanan, citados 
por Wazón, 21 ciudades de Inglaterra han visto disminuir la mor- 
talidad en más de un 45 por ciento, y el cólera se hizo inofensivo. 

Según el Doctor Lievin, la ciudad de Dantzik, cuya mortalidad 
por fiebre tifoidea era de 99, ha bajado en 7 años á 7 por cien mil 
habitantes. 

Francfort, en 11 años y por la misma causa, ha disminuido su 
mortalidad de 89 á 11 por cien mil habitantes. 

Para apreciar mejor aún los beneficios que resultan en pro de 
la salubridad pública y privada, citaremos el hecho bien probado 
hoy día en Berlín, de que en las casas unidas ya á la canalización 
de desagües, sólo se presenta un caso de fiebre tifoidea por 48 ha- 
bitaciones, mientras que en las que todavía no lo están, son seis 
veces más numerosos. 

Entre nosotros la mortalidad pasa de 50 por mil, á pesar de la 
benignidad de nuestro clima, lo que prueba hasta la evidencia 
las malas condiciones de salubridad en que vivimos, en especial 
con la infección á domicilio que reparte el inmundo cieno de las 
acequias, con la saturación permanente del suelo por falta de dre- 
naje y, consiguientemente, con la impureza del aire por los virus ó 
fermentos de enfermedades zimóticas, cuya localización se mantie- 
ne á causa de la falta de hábitos de aseo de nuestro pueblo. 

El saneamiento se impone, pues, con fuerza irresistible. 

Londres, París, Marsella, Francfort, Varsovia, Brooklyn, Nueva 
York y tantas otras ciudades beneficiadas como Berlín, nos trazan, 
con la sanción de la experiencia, el rumbo qvie debemos seguir 
en protección de la higiene y salubridad de nuestras aglomeracio- 
nes urbanas. 

Saneamiento y salubridad son correlativos de causa y efecto, no 
pudiendo existir salubridad sin saneamiento, aunque éste sea sólo 
una parte de las exigencias de la higiene pública y privada. 

El drenaje de la habitación, ó sea la canalización hermética des- 
tinada á conducir en el más breve tiempo las aguas usadas y ma- 



(l) Prolst: Rapport sur ¿'assatnisse!/tení des villes. 29 de Agosto de 18 



-^ 127 — 

terias fecales, es la condición si)ie qua non del saneamiento; y su 
alejamiento, sin estagnación posible, fuera del recinto habitado, 
es su complemento indispensable. De ahí la necesidad de una red 
de drenes, tan vasta como la ciudad misma. 

Sólo con una canalización hermética, quedará al abrigo de toda 
contaminación el suelo que pisamos, el agua que bebemos y el 
aire que respiramos. 

Pero esta canalización no sería completa si sólo tuviese en vista 
el alejamiento de las aguas servidas de la habitación; se necesita 
también considerar las aguas lluvias, las cuales pueden llegar á ser 
tan impuras como las de los colectores, como lo ha demostrado el 
análisis hecho en París por M, Marié Davy. 

Las aguas lluvias que corren superficialmente por las cunetas 
de las calles, deben ser conducidas igualmente fuera del recinto 
urbano, ya sea por canalización especial, ó bien por la misma ca- 
nalización que conduce las aguas de residuo. 

De aquí la distinción que se hace entre el «sistema separado» 
{sepárate system) y el «todo á la cloaca» (tout á Végout). El 
sepárate system tiene su fundamento en la circunstancia de que 
las aguas de residuo de la habitación son una fracción muy peque- 
ña de las aguas lluvias, y, por consiguiente, si el «todo á la cloaca» 
exige una canalización tan costosa, se debe únicamente á la canti- 
dad de las aguas lluvias, bastando una canalización muy pequeña 
para las aguas de residuo, si se dejan escurrir las aguas de lluvia 
por las cunetas de las calles hasta el colector más próximo. 

El coronel Warring, que implantó el sepárate system en Men- 
phis, y los Ingenieros que han preconizado este sistema, han lla- 
mado la atención, con mucha justicia, sobre dos puntos, dice el 
distinguido higienista M. Durand Claye: l." La vía que siguen las 
materias debe calcularse en proporción del cubo normal de esas 
materias, y no presentar dimensiones exageradas, que favorecen el 
depósito de cuerpos sólidos y pastosos; 2.° Conviene colocar en 
diversos puntos de la red depósitos de agua que suministren, fuera 
del cubo normal, golpes de agua regulares, que aseguren un lavado 
metódico y enérgico. 

Y agrega en seguida: «Estimamos que el drenaje racional de una 
ciudad de tipo normal, que cuente de 20 á 500 mil liabitantes y 
aún más, debe reposar sobre una canaUzación mixta de cañerías y 
de alcantarillas.» 



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ELECCIÓN Y DESCRIPCIÓN DEL SISTEMA 

Siguiendo los preceptos del célebre Ingeniero sanitario M. Du- 
ran Claye, he proyectado para el saneamiento de Santiago el sis- 
tema mixto: esto es, el toiit á l'égout en los colectores; el sepárate 
system en las cañerías, y aproximándome al sistema Warring, en 
puntos bien justificados. 

La más seria y más justa preocupación del Ingeniero que pro- 
yecta un sistema de desagües para vina ciudad, consiste en evitar 
la posibilidad de obstrucciones en las cañerías, obstrvicciones que 
pueden llegar á tener inconvenientes muy serios, y, en todo caso, 
desagradables. Es, pues, natural que se trate de alejar cuanto se 
pueda esa posibilidad de obstrucciones y sus inconvenientes, ma- 
yormente si por ese medio se consiguen otras ventajas. 

En Santiago pasarán muchos años antes que sus calles se en- 
cuentren en todo tiempo barridas y lavadas, como sucede hoy en 
el barrio central de París, y todos sabemos la cantidad de barro, 
arena, basura, bostas de animales, etc., que las aguas lluvias arras- 
tran en un fuerte chubasco. Hacer que pasen por resumideros 
estas aguas así cargadas de materias en suspensión, y con la velo- 
cidad con que bajan por las cunetas de las calles, en la esperanza 
de que se decanten en un tiempo inapreciable, para que entren 
puras á las cañerías, es una ilusión; entrarán como llegan, cargadas 
de materias y susceptibles, por consiguiente, de obstruir las cañe- 
rías. Vale más que sigan su curso hasta el colector más próximo, 
donde no hay inconveniente en recibirlas. 

Tiene, además, esta manera de ver, dos ventajas muy aten- 
dibles. 

Mientras no estén nuestras calles debidamente pavimentadas, un 
completo aseo es cosa poco menos que imposible. Es, pues, una' 
ventaja dejar que las aguas lluvias que lavan la calzada, llevando 
á las cunetas los detritus orgánicos é inorgánicos, los arrastren 
hasta el colector más próximo, es decir, en una longitud de 500 
metros, á lo sumo. Hoy se las ve correr distancias que son dies 
veces mayores, sin graves inconvenientes. 

Y siendo el volumen de las aguas lluvias, en término medio 50 
veces mayor que el de las aguas del drenaje doméstico, la cañería 
puede ser de pequeño diámetro, circunstancia que favorece el 
arrastre de las materias pastosas, pues es sabido que para la misma 



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cantidad de agua, el poder de arrastre es menos enérgico en una 
cañeria, á medida que su diámetro aumenta. 

Por todas estas razones me he apartado, como lo dije más arri- 
ba, del sistema tout á l'égont, en el punto que me ocupa, esto es, 
en dejar que las aguas lluvias que corren por las calles, incluso las 
que provienen de los primeros patios de las habitaciones, sigan su 
curso hasta el colector más próximo, en vez de llevarlas al mismo 
colector por intermedio de las cañerías. 

No podría ser una objeción la de que las aguas lluvias pueden 
ser un auxiliar para la limpia de las cañerías, porque ese auxiliar, 
además de tener los inconvenientes apuntados más arriba, viene 
cuando menos se piensa, y por consiguiente, muy poco racional 
sería el sistema que debiese funcionar, contando con las aguas 
lluvias para sus limpias. Podría suceder que pasasen las cañerías 
muchos meses depositando materias que concluirían por obstruir- 
las, si no recibiesen el aseo que les darán las limpias periódicas y 
perfectamente regulares con que nos proponemos dotar el sistema 
de desagües. 

La casa chilena, por otra parte, con su disposición en patios, y 
por la circunstancia de que las aguas del primer patio se quedan 
en resumideros, ó van á la calle, así como las de los patios interio- 
res se van á la acequia, permite echar en el desagüe doméstico las 
aguas del segundo patio, aguas que, por venir de los techos, son 
claras, y no hay inconveniente en recibirlas, con la interposición 
de un sifón hidráulico. 

Sentado esto, paso á describir el sistema que creo preferible, 
atendidas las condiciones de pendiente, de buen servicio de lava- 
do de las cañerías, y de perfecta ventilación de la red. 

Colectores y cañerías. — La zona central y la zona ultra Alame- 
da, tienen dos pendientes: una de Oriente á Poniente, que es la 
mayor, y otra de Norte á Sur, menor que la anterior. Una y otra 
pendientes disminuyen á medida que nos alejamos del ángulo 
Nordeste hacia el Sudoeste, en dcnde se ha proyectado el desagüe 
común de las dos zonas. 

Está, pues, indicado el sistema por simple gravitación, y el re- 
lieve del suelo aconseja, naturalmente, formar la red de los des- 
agües, disponiendo los colectores en la dirección Norte-Sur, por 
necesitar éstos de menor pendiente que las cañerías. 

De esta suerte hemos conseguido tener en los colectores veloci- 
-dades de arrastre siempre mayores que om.óo, conforme al pre- 

T. II 9 



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oepto del ingeniero sanitario BaldwinLathan, y enlas cañerías, velo- 
cidades de arrastre mayores de ira.io; y si en éstas hemos tenido 
una que otra excepción, hemos subsanado el inconveniente, aumen- 
tando en ellas el número de golpes de agua de los aparatos de lavado. 

Los colectores de la zona central, se vacian todos en el colector 
emisario de la Alameda, y los de la zona ultra Alameda, en el co- 
lector emisario de La Aguada, y ambos colectores emisarios se 
reúnen en un tronco común que va á desaguar en el zanjón de La 
Aguada, cerca del puente del ferrocarril de Melipilla. Este canal, 
que seria la cloaca máxima de los desagües de Santiago, conduci- 
ría á terrenos admirablemente apropiados para servir de campo de 
depuración de las aguas, campos muy superiores á los de Géne- 
revilliers en París. 

Las secciones de estos colectores, como puede verse en los pla- 
nos de detalle, son todas visitables. 

En la zona ultra Mapocho, se tienen también dos pendientes: 
una de Oriente á Poniente, y la otra de Sur á Norte. 

La red del desagüe está formada por colectores que van de Sur 
á Norte, y se vacían en un colector emisario que lleva los desagües 
al lado Norte del molino de la Estampa, cerca de terrenos apro- 
piados para un cultivo intenso. 

Completan la red del desagüe, cañerías de primer orden, que 
van á vaciarse en los colectores; cañerías de segundo orden, que 
desaguan en las de primer orden, y por fin, cañerías de tercer 
orden, que se vacían en las de segundo, y que constituyen el 
drenaje doméstico. 

No hay duda que aumentando el número de colectores de la 
red, y disminuyendo, por consiguiente, la longitud de las cañerías^ 
se alejarían más las posibilidades de obstrucción, y se disminuirían 
sus inconvenientes con la subdivisión en un mayor número de 
porciones aisladas é independientes; pero raciocinando así, llega- 
ríamos á perseguir el ideal realizado en París, de tener una red de 
alcantarillas visitables, tan extensa como la ciudad misma, sistema 
que, por su elevadísimo costo, debe admirarse pero no imitarse,, 
como que hasta hoy no ha sido imitado por ninguna ciudad del 
mundo. Al contrario, hay la tendencia á aumentar la proporción 
de las cañerías, disminuyendo la de los colectores, como se acaba 
de hacer en BerHn y como se está haciendo en Marsella. Eso sí, 
que las precauciones tomadas en estos casos para mantener siem.- 
pre limpias las cañerías, son mayores. 



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Es preciso, pues, buscar un límite que realice el máximum de 
efecto útil con el menor costo y con la menor suma de molestias, y 
esto es lo que constituye la parte esencial de una solución racional 
confiada al ingeniero, cuya misión es amoldarse á las reglas del 
arte sin alcanzar un costo excesivo. 

La cuestión es compleja, y sólo el ingeniero, inspirado en la ar- 
monía del conjunto, puede ver plenamente justificada la solución 
que debe realizar el máximum de efecto útil con el menor costo po- 
sible. 

Secciones y pendietites, — A parte de la resistencia, que no de- 
be faltar en ningún caso, preocupa vivamente al ingeniero la natu- 
raleza de las paredes, de los colectores y cañerías, la sección de 
escurrimiento, el perímetro mojado de la misma, la pendiente ; por 
depender de todas ellas las mejores condiciones de escurrimiento 
de los líquidos, de arrastre de las materias densas y pastosas y de 
duración de las obras. 

Determinados los máximos de las aguas usadas y aguas lluvias 
que cada sección debe escurrir; determinada la pendiente máxima 
de que se puede disponer; determinada, por fin, la naturaleza de 
las paredes, lo que queda es una mera aplicación de las fórmulas 
que el uso ha sancionado. 

En atención á que las cañerías y colectores deben colocarse á 
bastante profundidad á fin de recibir en perfectas condiciones el 
desagüe doméstico, se acepta sin restricción el tubo de loza vidriada 
para las cañerías y la mampostería de ladrillo estucada para los co- 
lectores. Se realizan así excelentes condiciones de escurrimiento á 
causa de la ausencia casi absoluta de roce opuesto por las paredes. 
El vidriado de los tubos impide también su destrucción por los 
ácidos grasos, que tan funesta acción tienen sobre los metales: el 
fierro fundido, por ejemplo, cuyo empleo algunos preconizan. 

Sólo los tubos de vidrio, cuya fabricación, según parece, llegará á 
hacerse corriente, podrán reemplazarlos con ventaja. 

En cuanto á los colectores, no negamos que la aplicación del sis- 
tema Monier ó Cotancin pudiera reemplazar á la mampostería de 
ladrillos. A este propósito, se podría autorizar á los proponentes, 
en una licitación, el reemplazo de la albañilería estucada de los co- 
lectores por el sistema Monier ó Cotancin ; que consiste en un 
esqueleto de fierros perfilados ó redondos bañados en mortero de 
cimento Portland. 

En todos casos, la sección debe ser la ovoide, que permite con- 



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centrar las aguas mínimas, que son las del drenaje doméstico, en 
una pequeña sección capaz de llevar en suspensión las materias 

pastosas. 

El ovoide más perfecto es el aplicado en los desagües de Franc- 
fort. 

Cúmplenos tratar aquí una cuestión que, aunque halagüeña, lo es 

sólo en apariencia. 

Hay quienes desearían ver implantado el sistema de desagües 
por gravitación en nuestra ciudad de Santiago, con proporciones 
que no sólo basten para su objeto primordial sino también para 
alojar en la cavidad de sus bóvedas las diferentes redes de los dis- 
tintos servicios ya establecidos y por establecerse, como son, la red 
de cañerías del agua potable y agua contra incendio, la red de ca- 
ñerías del gas de alumbrado, la red del servicio telefónico, las futu- 
ras redes del alumbrado eléctrico, etc. 

Las objeciones en contra son de tal peso, que bastará su enuncia- 
do después de la consideración de que sólo en París se ha llevado 
á efecto aquel ideal, sin que haya merecido los honores de ser imi- 
tado por ninguna otra ciudad del mundo. 

Como las cañerías de toda magnitud y distintas redes se desarro- 
llan en todas las calles, sería necesario que el alcantarillado, no 
obstante sus vastas proporciones, fuese tan extenso como la ciudad 
misma. 

¿ Qué valor no tendría semejante alcantarillado de tal longitud, si 
las secciones de los colectores deberían ser tres ó cuatro veces ma- 
yores para contener sobre el nivel de las aguas máximas las 
distintas redes mencionadas y permitir la libre circulación de los 
agentes del servicio, como sucede en el boulevard Sebastopol de 
París ? 

Se da como razón una temida remoción de los pavimentos de las 
calles, pero se olvida que los distintos servicios domésticos necesi- 
tan de esa remoción, además de la consiguiente perforación de la 
bóveda de la alcantarilla. Es esta una verdadera paralogización que 
sólo se explica suponiendo que con la alcantarilla queden de una 
vez instalados todos los servicios; pero entonces ¿dónde estaría la 
temida remoción de pavimentos ? 

Pendientes, —r Como se ha dicho más arriba, las pendientes de 
los colectores y cañerías en toda la red son suficientes para produ- 
cir con aguas mínimas y por simple gravitación las velocidades que 
ios ingenieros sanitarios han fijado como necesarias: o™6o en los 



colectores y 1^10 en las cañerías, sin contar con los golpes de agua 
que periódicamente dan los aparatos de lavado de que hablaremos. 
Sólo excepcionalmente nos ha faltado en una que otra cañería la 
pendiente necesaria, pero hemos suplido esa deficiencia con un es- 
currimiento forzado por mayor número de golpes de agua de los 
mencionados aparatos. 

Aunque sea incidentalmente, debemos tratar aquí otra cuestión 
promovida por los que desean que el confortable de nuestras habi- 
taciones se conserve tal cual es desde el tiempo de la Colonia, 
quiero decir, que los aparatos sanitarios, como escusados, orinales, 
baños, etc., queden donde hoy están en el 2." ó 3.^'" patio. 

Y consecuentes con este orden de ideas, dicen que las cañerías de 
primero y segundo orden deberían ir por dentro de las manzanas 
aprovechando el curso de las acequias, en vez de ir por el eje de 
las calles. 

Pero las razones en favor de este ideal no resisten á la más ligera 
observación; pues sus iticonvenientes son insubsanables y de ningún 
resultado práctico y ni siquiera económico. 

Basta echar una mirada al trazado que muestra el plano de las 
acequias, que adjuntamos á esta memoria, para convencerse de la 
imposibilidad material de seguir su curso con las cañerías. Su curso 
es tan caprichoso y con tantos codos y desvíos, que la pendiente se 
hace casi nula, razón por la cual no deberían llamarse acequias sino 
receptáculos de inmundicias. 

Las cañerías establecidas según ese trazado no tendrían la pen- 
diente exigida para el arrastre de las materias pastosas, y por con- 
siguiente, cada codo de los infinitos que tienen las acequias sería el 
sitio obligado de depósitos y obstrucciones. La cañería debería 
removerse tal vez con más frecuencia que la limpia de las acequias! 

No se explica esta paralogización sino concediendo que se aban- 
done la idea de llevar por las acequias las cañerías y estableciéndo- 
las al través de las manzanas, rectas como en el eje de las calles ; 
pero en tal caso no pasarían por los puntos en que hoy están los 
servicios y vendrían á cortarlos comedores, dormitorios, etc., de las 
habitaciones propias y ajenas, lo que higiénicamente es inadmisible. 

No hay ejemplo de que ciudad alguna haya implantado un sis- 
tema de desagües en esas condiciones en que dos costados de cada 
manzana tengan el derecho de echar sus desagües á través de las 
habitaciones de más abajo ; ni es posible imaginar siquiera que una 
ley pueda autorizar semejante servidumbre. 



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« Hay un principio, ha dicho el célebre higienista inglés Robert 
Rawlinson, con el cual no se debe jamás transigir, sea en la cons- 
trucción de un palacio ó de un cotaje, y es que ninguna cañería del 
desagüe se establezca debajo de una parte cualquiera de la habi- 
tación. » 

El verdadero confortable consiste en tener los aparatos sanita- 
rios, el escusado, el baño, etc., no en el 2." ó 3.ei' patio, sino lo más 
cerca posible de los dormitorios. Ahora bien, como la habitación 
moderna tiene su mayor densidad cerca de la calle donde el edifi- 
cio se eleva de dos ó tres y más pisos y donde se, encuentra tam- 
bién la cochera de los ricos propietarios, se sigue que el drenaje 
aumenta sus ramificaciones viniendo de adentro para afuera, donde 
debe naturalmente estar el colector ó cañería receptora del des- 
agüe doméstico. 

Por otra parte, toda habitación tiene una salida á la calle y por 
consiguiente por allí puede ir el tronco del drenaje sin imponer 
servidumbre á su vecino. 

En fin, ni siquiera un pretexto de economía se podría aducir en 
favor, puesto que la longitud de cañería necesaria para recibir los 
desagües de los cuatro costados de vina manzana sería en el mejor 
de los casos de dos cuadras, que es precisamente lo que necesita 
cuando se llevan por el eje de las calles donde sirven á dos frentes 
á la vez. 

Lavado. — Hemos dicho más arriba, que la más justa preocupa- 
ción del ingeniero encargado del establecimiento de un sistema de 
desagües es la de evitar la posibilidad de obstrucciones. Un cálculo 
bien hecho de las secciones, de los perímetros mojados y de las 
pendientes, es ya una primera seguridad. Otra seguridad es la 
elección de paredes lisas é inatacables por los ácidos, lo que obte- 
nemos con los tubos de loza vidriada. 

Pero eso no es bastante; á ciertas horas del día el escurrimiento 
de las aguas del drenaje doméstico es casi nulo y las materias pas- 
tosas adheridas á las paredes acabarían por obstruir las cañerías. 

Para alejar en absoluto estas obstrucciones, se hace indispensable 
un sistema de lavado especial, por golpes de agua de una duración 
más ó menos larga, según la importancia de la cañería. 

El aparato que lo realiza es el sifón Geneste y Herscher de 500 
litros de capacidad, que se llena con un hilo de agua, calculado 
para producir en un tiempo dado el número de golpes que se de- 
sea y que se ceba gracias á una ingeniosa disposición. 



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En una cañeria de 0^20 por ejemplo, cada golpe de agua equi- 
vale á un émbolo líquido de ló metros de longitud, el cual puede 
repetirse las veces que se quiera con sólo un mayor gasto de agua, 
y ¿ qué importaría ese mayor gasto en una ciudad acostumbrada á 
consumir sólo 50 litros por habitante y por día y que tendrá pron- 
to á su disposición 300 ? 

Se puede, pues, sin inconveniente, aumentar el número de gol- 
pes de agua previstos y que son los siguientes: 

Para las cañerías de más de i por ciento de pendiente, 4 veces 
al día. 

Para las cañerías cuya pendiente oscila entre 9 y 10 milímetros 
por metro, 6 veces. 

Para las cañerías cuya pendiente oscila entre 8 y 9 milímetros 
por metro, 8 veces. 

La cañería del drenaje interior sería lavada por los pequeños 
golpes de agua que da cada uno de los aparatos sanitarios cada vez 
que se usan, sobre todo el excusado, que por cada visita debe dar 
un golpe de 15 litros, conforme á lo prescripto por los ingenieros 
sanitarios ingleses y americanos. 

Sería, sin embargo, de desear que cada drenaje doméstico 
llevase en el origen del tubo tronco un aparato Geneste y Hers- 
cher, que un hilo de agua llenaría tantas veces al día cuantas 
se requiera ó fuera necesario para conseguir un esmerado aseo. 

En los colectores el lavado se hace por medio de compuertas 
automóviles del tipo Francfort. 

Como dato ilustrativo agregaremos, que en esta ciudad bastan 5 
obreros para mantener un lavado perfecto en la red completa de 
los desagües y que en París, con sus grandes cloacas, se necesita de 
1.200 fontaneros, y eso que todavía es sólo parcial el uso del todo 
d la cloaca. 

Ventilación. — No basta procurar un escurrimiento fácil y segu- 
ro á "las aguas de residuo, es menester también conducir el aire 
viciado de toda la red de cañerías y colectores á las regiones su- 
periores de la atmósfera, después de mezclarse con el aire fresco y 
puro destinado á oxidar las materias orgánicas, que quedan aheri- 
das á las paredes de las cañerías, y destruir ó por lo menos ate- 
nuar los virus ó microbios de enfermedades contagiosas ( cólera, 
tifus, difteria, etc. ) y que tienen su origen en las materias en putre- 
facción ó en los excrementos de los enfermos. 

Es preciso, sobre todo, que jamás el aire viciado penetre en la 



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habitación. Por eso hemos dicho en otra parte que un sistema ra- 
cional de desagües exige una canahzación hermética y completa- 
mente impermeable para que los gases viciados no puedan esca- 
parse á la habitación por los orificios destinados, á recibir los 
residuos domésticos, del tocador, del baño, de la cocina, del patio, 
de la caballeriza, del excusado, etc. 

Sifón. — Es preciso, pues, colocar en cada uno de esos orifi- 
cios aparatos que realicen esta doble condición : siempre abier- 
tos para la evacuación de los residuos que deben ir al drenaje, 
siempre cerrados para los gases y el aire viciado de la red del 
desagüe. 

El aparato que realiza esta doble condición es el sifón hidráu- 
lico. Es un simple tubo en S que se coloca de modo que presente 
una de sus aberturas hacia arriba y que comunica con la taza ó 
embudo de evacuación, y la otra hacia abajo que comunica con 
el ramal del drenaje. La válvvila hermética la forma el agua que 
puede contenerse en su rama cóncava. En el momento de derra- 
marse el liquido en la rama descendente, la inmersión que forma 
trampa está deprimida ordinariamente de 011^07. 

La práctica ha demostrado la eficacia del sifón hidráulico al 
mismo tiempo que los graves peligros de las aberturas libres inte- 
riores. 

Es preciso no obstante, evitar el sifoneo directo y el sifoneo por 
inducción. El primero se opera por los golpes de agua que dejan 
vacío el sifón y de consiguiente el drenaj comunicado libremente 
con la habitación. El segundo se opera por la mayor presión de 
los gases interiores en circunstancias determinadas y que pulveriza. 
el agua que forma válvula hermética. 

Desde este segundo punto de vista es, pues, indispensable pro- 
curar á los gases del drenaje comprimidos por cualquiera causa 
escapes fáciles y numerosos, como se ha hecho con tanto éxito en 
Brooklyn, cuyo ejemplo hemos imitado estableciendo una libre res- 
piración de la red por chimeneas de ventilación y disponiendo que 
todo sifón sea ventilado en corona por un tubo que va á las regio- 
nes superiores de la atmósfera. 

La ventilación en corona estableciendo la discontinuidad de las 
dos ramas del sifón evita también el primer sifoneo. 

Chimeneas de ventilación. — La introducción del aire puro en 
la red y la expulsión del aire viciado se ha realizado también en 
Brooklyn con éxito completo. En la red de cañerías y de colecto- 



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res se hallan distribuidas á corta distancia entradas de visita con 
tapa de claros por donde entra el aire puro. Estas entradas alternan 
con otras de tapa hermética en que se encuentra una ramificación 
hacia una chimenea que se levanta contra el muro del edificio más 
próximo hasta más arriba del techo y que produce el tiraje de los 
gases viciados. 

Este tiraje está activado por un pequeño aparato neumático mo- 
vido por el viento y que con un sistema de paletas en hélice tiende 
á hacer el vacio en la chimenea. 

Entradas de visita. — Como ya lo hemos dicho, se han pro- 
yectado entradas de visita en los colectores y en las cañerias. Las 
primeras sirven para manejar las compuertas con que se dan 
los golpes de agua para el lavado. Esta operación se hace en Franc- 
fort con el agua del drenaje acumulada delante de la compuerta, la 
cual se suelta bruscamente por medio de un mecanismo especial 
de escape que un hombre gobierna fácilmente, volviendo la com- 
puerta á su lugar por medio de un engranaje. 

En todos los puntos de descarga de una cañería de segando or- 
den, en las de primer orden se ha proyectado también una entrada 
de visita ( véase el plano de detalles ). 

Hay también entradas suplementarias siempre que la distancia 
de las anteriores pasa de 125 metros, con el fin de investigar ó de- 
terminar los puntos en que una obstrucción se haya producido. 

Favorables condiciones del subsuelo. — La hondura á que se 
establecerá la red del drenaje varia entre 2y 4 metros. Se cortará, 
pues, vm subsuelo virgen que no ha sido removido por ninguna 
causa. Este subsuelo está formado, como todos sabemos, de un con- 
glomerado compacto compuesto de piedrecillas rodadas, arena y 
arcilla. Se podrá, pues, cortar á pique sin temor de derrumbes. 
Nuestro precio de excavación consulta, no obstante, un blindaje 
para impedir todo accidente. 

Por otra parte, las primeras manifestaciones de la napa de agua 
subterránea no se notan antes de 8 metros de profundidad, y por 
consiguiente no se tendrán los inconvenientes que han sido tan 
l^olestos en otras ciudades y que sólo gracias á un drenaje especial 
en"sJ radier de las alcantarillas ha sido posible su construcción. 

Todo esto manifiesta que el plazo para la terminación de los tra- 
bajos puede ser relativamente corto, pudiendo establecerse faenas 
en tantos puntos como se quiera sin sujeción por desagües obligados, 
porque se trabajará siempre en seco. 



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Hay una circunstancia, sin embargo, que imprime un rumbo obli- 
gado á la marcha de las faenas : 

En la zona central y ultra Alameda los trabajos deben comenzar 
en el ángulo S. O., y en la zona ultra Mapocho deberán comenzar 
en el ángulo N. O., que son al mismo tiempo los puntos de des- 
agües de los colectores emisarios. 

La razón es obvia, puesto que las acequias que forman nuestro 
actual sistema de desagües no podrán borrarse sino á medida que 
puedan ser reemplazadas por el nuevo sistema, y este estado de 
cosas no puede progresar sino de aguas abajo hacia aguas arriba. 
En vista de esta consideración, se puede fijar 5 años como plazo 
máximo para la duración de los trabajos, los cuales sin embargo 
podrían ejecutarse en tres. 

Aguas de riego derivadas de las aguas de la ciudad. — Las 
aguas de las acequias tienen hoy un aprovechamiento fuera del re- 
cinto urbano. 

La Quinta Normal de Agricultura, por ejemplo, aprovecha de las 
aguas del Galán, yendo en su totalidad á constituir el riego de los 
fundos Lagunas, Coronel, etc. Será, pues, necesario pensar en 
mantener esos derechos que tienen su origen en tomas del Mapo- 
cho ó en regadores del Maipo. 

Ninguna dificultad se divisa para conseguir ese resultado, intro- 
duciendo en las alcantarillas esas aguas y extrayéndolas desde un 
punto convenientemente elegido. 

La diferencia consistirá tan sólo en el abono que llevarán esas 
aguas. Hoy día son materias en putrefacción que no constituyen 
abono inmediato y sí, por el contrario, un raquitismo en las horta- 
lizas, una pésima calidad en los vinos, sobre todo en los tintos, etc., 
según la opinión del acreditado Ingeniero don José P. Alexandri. 

Al contrario, las aguas que se dará después, serán las fertilizan- 
tes aguas del Mapocho ó del Maipo mejoradas en su curso á través 
de la ciudad con el verdadero abono de los drenajes públicos y 
particulares, sin materias pútridas que hoy constituyen el cieno de 
las acequias, resultado de una prolongada estagnación. 

La obra no sería completa si el Municipio, en protección de la 
salud pública, no dictase las ordenanzas relativas al mejor servicio 
de aseo y salubridad que debe procurar la red del desagüe y que 
hará bajar la mortalidad á un 20 por mil como en otras ciudades 
que no tienen un clima tan benigno como el nuestro. 



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ANEXOS 

I. — ASPECTO ECONÓMICO 

a) — EMPRÉSTITO 

Tratándose del saneamiento de una ciudad, el camino para 
llegar á la realización de las obras no podría ser otro que el em- 
préstito garantido por el Fisco y servido con las rentas municipa- 
les, y en especial con el producido de la contribución sobre dere- 
cho á los desagües que la ley ha hecho obligatorios. 

El Municipio, en efecto, tiene el deber de velar por la higiene y 
salubridad pública, con la imposición de la menor suma de sacrifi- 
cios, y debe, por consiguiente, buscar los medios de realizar esa 
grande obra en las mejores condiciones posibles. 

Por otra parte, una empresa exigiría beneficios pecuniarios que 
el Municipio no busca, porque la obra es de interés público, como 
que es la más importante de las obras que pueden emprenderse en 
protección de la salud y de la vida. 

Pero es lógico hacer participar de los sacrificios, así como de 
las ventajas de tan grande obra, á toda una generación, manco- 
munando un bienestar que será de perpetua bendición para los 
que hoy se empeñan en realizarla. 

El empréstito, amortizado en largo plazo y garantido por el Fis- 
co, es, pues, á nuestro juicio, el ideal de la realización de la obra 
que nos ocupa. 

Hemos encontrado que la construcción de los desagües costaría 
la suma de ^ 4.492.865,02 de 17 J peniques. 

Las condiciones en que se han llevado á cabo los últimos em- 
préstitos del Gobierno, nos autorizan para creer que no habría 
dificultad para obtener ese empréstito al 5 por ciento de interés y 
uno por ciento de amortización. De esta suerte haríamos extensivos 
los sacrificios á toda la presente generación, puesto que el capital 
sería amortizado en 37 años. 



— 140 



b) — MONTO DE LA CONTRIBUCIÓN POR DESAGÜES 

El monto de la contribvición por desagües deberá satisfacer el 
servicio de la deuda y la conservación de las obras. 

El servicio de la deuda, como acabamos de verlo, tiene por 
anualidad el 6 por ciento del costo de implantación del siste- 
ma, ó sea : 

$ 4.492.865,02 X 0,06 = I 269.571,90. 

Los gastos de administración y conservación son difíciles de 
apreciar; pero, teniendo en vista el reducido gasto de los des- 
agües de Francfort, que he visitado, y cuyo sistema me ha servido 
de modelo en muchos puntos, creo no alejarme de la realidad 
presupuestando una suma igual al 15 por ciento del servicio de la 
deuda, ó sea % 40.435,78. 

Tenemos, pues, que la contribución por desagües deberá alcan- 
zar á la cantidad de : 

I 310.007,68. 

Por otra parte, la ley que hace obligatorio el uso de los des- 
agües, autoriza una contribución que, en conformidad á las tasa- 
ciones hechas para el cobro del impuesto de haberes, ascien- 
de á: 

% 460.898,71, 

cantidad muy superior al monto del servicio de la deuda, au- 
mentado en un 15 por ciento por administración y conserva- 
ción. 



C) — DRENAJE DOMÉSTICO 

El establecimiento de los distintos servicios de la habitación 
podría ser contratado por la misma empresa constructora ó por 
otra distinta, previa licitación pública y conforme á una lista de 
precios unitarios. 



— 141 — 

El pago de la implantación de esos servicios, podría hacerse en 
un plazo prudencial, de seis meses ó un año, á fin de dar faci- 
lidades al vecindario, como se ha hecho en tantas otras ciudades. 



II. — ESTUCO INTERIOR DE LOS COLECTORES 

a) — BARRIO CENTRAL 

a) — Colectores de i'"50 X i™oo. Todos los colectores de 
I ""50 X i™oo de sección, llevan al interior un estuco de 15 mili- 
metros de espesor hasta el nacimiento de la bóveda solamente, 
salvo los de la Alameda de las Delicias, desde la calle Manuel 
Rodríguez hasta la calle Bulnes, que van estucados completamente 
al interior. 

b) — Colectores de i"8o X i"20. Estos colectores llevan es- 
tuco en todo el perímetro interior. 

b) — BARRIO ULTRA ALAMEDA 

Los colectores del barrio ultra Alameda van estucados al inte- 
rior, del modo siguiente : 

a) — Los colectores de 1^20 X o™8o hasta el nacimiento de la 
bóveda. 

b) — Los colectores de i™50 X i™oo, hasta el nacimiento de la 
bóveda, salvo el de San Ignacio, desde la calle Pedro Lagos hasta 
la Avenida Penitenciaría; el de la calle Conferencia y el de la 
calle Antofagasta, que llevan estuco en todo el perímetro in- 
terior. 

c) — Los colectores de 1^65 X i"io, de i"95 X i"30, los 
circulares de i^gs y los de 1^95 X o'^oo, van completamente es- 
tucados al interior. 

BARRIO ULTRA MAPOCHO 

Todos los colectores van estucados al interior hasta el naci- 
miento de la bóveda solamente, excepto el colector que va en 
continuación de la calle del Panteón, desde la Avenida de la Inde- 
pendencia hasta las Hornillas, y el colector-alcantarilla, ala desem- 
bocadura, que llevan estuco en todo el perímetro interior. 



142 



III. — BASES DE CALCULO 

1° Población. — Se ha fijado como base de cálculo una pobla- 
ción de 300.000 habitantes, distribuida como sigue : 

a) — Barrio Central 100.000 habitantes 

b) — » Ultra Alameda 150.000 » 

c) — » » Mapocho 50.000 » 

2° Superficie por desaguar. — La superficie por desaguar re- 
sulta ser de 1.900 hectáreas, distribuida como sigue : 

a) — Barrio Central ,.... 570 hectáreas 

b) — » Ultra Alameda I.QIO » 

c) — » » Mapocho 320 » 

3.° Cantidad de agua su7ninistrada. — Se ha supuesto que se 
deriva hacia la ciudad la cantidad de 300 litros por habitante y por 
día, los cuales se descomponen como sigue : 

a) — Pérdidas inevitables 50 litros 

b) — Consumo en riego de plazas, jardi- 

nes y ornamentación 100 » 

c) — Consumo en la habitación 150 » 

4.° Consumo por segundo. — Se ha supuesto que los 150 litros 
por habitante y por día, son consumidos en 10 horas, ó se^ en 
36.000 segundos, lo que da: 

150 

—- =: 0,00416 de litros por segundo. 

36.000 

5.° Consumo por segundo y por hectárea. — La población 
media por hectárea es : 

300.000 

= 158 habitantes 

1.900 

De consiguiente, el consumo por segundo y por hectárea es : 



— 143 — 
158 X 0.00416 = o,6ó litros. 

á." Agua de lluvia. — Se ha tomado como base de cálculo la 
cantidad de agua caída durante la fuerte lluvia de tempestad 
ocurrida el 17 de Julio de 1877, cuya duración fué de 10 horas, 
dando el pluviómetro la cantidad de 93 milímetros. De consi- 
guiente, la cantidad de agua caída por segundo y por hectá- 
rea es : 

0.093 X 10.000 

r^-7 — r-r-? — = 25 litros 8^3. 

10 X 60 X 60 ^^ 

7° Coeficiente de reducción. — En atención á que no toda el 
agua caída llega á los colectores, por razón de la inhibición y eva- 
poración ; en atención al tiempo que demora en llegar á los co- 
lectores; en atención al vacío de éstos, etc., etc., es costumbre 
adoptar un coeficiente de reducción que hemos tomado como en 
los desagües de Berlín, igual á 0,5. 

El agua por evacuar por hectárea y por segundo es, pues : 

25,833 X 0,5 = 12 litros 91Ó 

8." Gasto total por hectárea y por segundo. — Este gasto es, 
pues : 

12,91o + o,6ó litro = 13 litros 576. 

Es también el gasto, que se ha introducido en la fórmula que da 
la sección de los colectores. 

En cuanto á las cañerías, recordaremos que ellas están destina- 
das á conducir sólo las aguas usadas del menaje y las que provie- 
nen de los techos del 2.° patio. 

A fin de tener un gran margen para el aumento futuro de la po- 
blación, que sólo entra en los cálculos por una fracción de litro 
por segundo y por hectárea, hemos dado á las cañerías capacidad 
para 4.3 litros por segundo y por hectárea, en vez de o,ó6 que 
corresponde al consumo máximo de agua potable, para una pobla- 
ción de 300.000 habitantes. 

9." En el cálculo de los colectores y cañerías, hemos adoptado 
las acreditadas fórmulas de Darcy y Bazin. 



— 144 — 
— = b ; Q = oj u 

112 

en que : R = radio de la sección 
i = pendiente 
u = velocidad media 
Q = gasto por segundo 
co = sección mojada 
b = 0,00056. 

En los colectores ovoides, tipo de Francfort, tendremos : 

U2 

sección completa del ovoide Ai 4^0 r2 

en qu£ : R = —- = 5 = 0,568 r 

perímetro completo del ovoide y ,Oí\.l T 



A = 0,00'0I5 



r , 0.03 ^ 



Las demás letras tienen la misma significación que anteriormente. 
Los radios del ovoide Francfort, son: 

r = radio de la bóveda 

— = radio del radier 

4 

Q 

— r ^ radio de los costados del ovoide : 
3 r = altura del ovoide. 



IV. — PLIEGO DE CONDICIONES ESPECIALES 

Artículo 1° Las obras de que se trata en el presente pliego de 
condiciones, están destinadas á la implantación de un sistema com- 
pleto de desagües en las tres 'zonas en que el canal del Mapocho y 
la Alameda de las Delicias dividen la ciudad de Santiago, esto es: 
la Zona Ultra Mapocho al norte del canal de este nombre; la Zona 
Central, entre el Mapocho y la Alameda ; y, por último, la Zona 
Ultra Alameda, al sur de la Alameda de las Delicias. 



— 145 — 

Art. 2." La licitación que se abrirá para la construcción de estas 
obras, se hará en vista de una propuesta á precio alzado, que se 
cubrirá con el producto de un empréstito y en la forma que se 
indicará en el presente pliego tie condiciones. 

Art. 3." El precio alzado de la propuesta, será por el total de las 
obras, con las franquicias que la ley concede para la internación de 
los materiales destinados á ellas. 

Art. 4.° La propuesta deberá hacerse con estricta sujeción á las 
condiciones impuestas por este pliego y á los planos aprobados 
por la Dirección General de Obras Públicas y por la Ilustre Muni- 
cipalidad. Se harán por escrito en pliego cerrado y se acompa- 
ñarán de : 

a) Un depósito bancario á la orden del Tesorero Municipal, por 
un valor igual al i por ciento del monto de la propuesta. 

b) De una escritura de fianza por un valor igual al 5 por ciento 
de la propuesta. Esta fianza deberá ser previamente calificada 
por el Tesorero Municipal, si no se dispone otra cosa. 

A fin de subsanar ciertos inconvenientes que resultan en la prác- 
tica, el pliego cerrado que contiene la propuesta se deberá deposi- 
tar hasta cinco dias aiites del día en que se abrirán las propuestas, 
y el pliego que contiene el depósito y la fianza, dentro de los cinco 
días últimos. 

c) De una lista de precios unitarios de materiales y de obra de 
mano modelada por la que acompaña á este pliego, debiendo ella 
servir para constituir el precio alzado y para el abono por obra 
hecha al darse los estados de pago. 

d) De certificados de competencia y señas del domicilio del pro- 
ponente. 

Art. 5." Se abrirán las propuestas en presencia de los interesa- 
dos que concurran, del Director de Obras Municipales y de las 
personas que designe la Ilustre Municipalidad, en la oficina, día y 
hora señalados de antemano, y se levantará un acta que firmarán 
los proponentes y el Director de Obras Municipales. 

Art. 6." Las propuestas se calificarán atendiendo á la com- 
petencia del proponente, al más bajo precio y al plazo estipulado. 
La Administración se reserva el derecho de desechar todas las pro- 
puestas, si lo estima conveniente. 

Art. 7.° Aceptada que sea una propuesta se avisará por escrito 



T. II 



10 



— 146 — 

al interesado, quien deberá reducir el contrato á escritura pública 
dentro de los diez días siguientes á este aviso, firmando él por sí, y 
el funcionario que se designe, en representación de la Ilustre Muni- 
cipalidad. 

Art. 8." Dentro de los 15 días siguientes á este aviso, deberán 
llenarse los requisitos de firmar los planos y este cuaderno de con- 
diciones, fijar residencia, nombrar apoderado, etc. 

Art. 9." Dentro de los cuatro meses siguientes al mismo aviso, se 
iniciará la construcción, para lo cual se dará oportuno aviso al inte- 
resado, con la entrega del trazado de las obras que el contratista 
solicite desde luego, de los planos y especificaciones, etc., levan- 
tando actas triplicadas y firmadas por el contratista ó su represen- 
tante y por el ingeniero ó funcionario que hace la entrega. Un 
ejemplar se dará al contratista, otro quedará en poder del inspec- 
tor de la obra y el tercero se remitirá á la Alcaldía. 

Art. 10. Si transcurridos los plazos de que hablan los artículos 
anteriores, no se hubieran llenado los requisitos que se expresan, 
se entenderá que el interesado desiste de su propuesta, á cuyo 
efecto se declarará administrativamente sin más trámite y sin recur- 
so para el interesado, que el depósito de i % ingresa á Tesorería 
Municipal por vía de pena por el atraso ocasionado. 

DEL CONTRATISTA 

Art. II. El contratista deberá dirigir personalmente los trabajos 
ó nombrar un apoderado de acuerdo con la Administración. En 
todo caso, el contratista ó apoderado deberá tener residencia fija 
en la ciudad. 

Art. 12. Siempre que el contratista crea necesario hacer reclamo 
ó solicitudes que tengan relación con su contrato, deberá hacerlo 
por escrito, dirigiéndose á la oficina ó persona encargada de la 
vigilancia de los trabajos. Se entenderá que renuncia á todo recla- 
mo á que pudiera tener derecho, si después de transcurridos 15 días 
no lo hubiere hecho en la forma indicada. 

Art. 13. No podrá el contratista subcontratar la obra ó parte de 
ella, ni traspasar á ningún título el contrato sin la debida autori- 
zación. 

Art. 14. Aceptará todas las órdenes de servicio que se le dirijan 
por la oficina ó por el Director de la obra y que tuvieran en 
vista : 



— 147 — 

■ a) Alterar los planos y especificaciones, aumentando ó disminu- 
yendo las obras, siempre que estas alteraciones no importen más de 
un 20 por ciento del valor de la propuesta. 

b) Cambiar materiales de mala calidad y remover empleados ú 
operarios que no sean prenda de garantía y buena ejecución de las 
obras. 

Art. 15. En caso de desavenencia entre el contratista y el Inge- 
niero Director de la obra, decidirá el Intendente de la provincia, y 
si su fallo no satisface, decidirán arbitros nombrados porcada parte, 
y en caso de desacuerdo, un tercero nombrado por la Corte. 

RESOLUCIÓN DEL CONTRATO 

Art. 16. La Administración tendrá derecho á rescindir el con- 
trato, en los casos siguientes : 

á) Cuando el contratista se resistiere á cumplir las órdenes escri- 
tas del Director de la obra y siempre que estas órdenes no sean 
motivo de algún reclamo que necesite el juicio pericial de arbitros. 

b) Cuando después de iniciados los trabajos permanecieren para- 
lizados por más de la quinta parte del plazo fijado para su termi- 
nación. 

c) Cuando terminado el plazo, sin estar terminada la obra, no 
hubiere ejecutado el contratista los cuatro quintos del trabajo con 
tratado. 

d) Cuando los aumentos de las obras pasen del 20 por ciento del 
valor del contrato y el contratista no acepte la aplicación de los 
precios estipulados en su lista. 

Art. 17. Resuelto el contrato, se continuarán las obras por Admi- 
nistración ó por nuevos contratos, por cuenta y riesgo del contra- 
tista, pudiendo éste inspeccionar los trabajos. 

DE LA EJECUCIÓN DE LAS OBRAS 

Art. 18. Al iniciar los trabajos, recibirá el contratista copias auto- 
rizadas de los planos y especificaciones. La ejecución de las obras 
deberá, erí todos casos, hacerse conforme á las reglas del arte y 
con estricta sujeción á los planos y á estas especificaciones. 



— 148 — 

Art. 19. En la instalación de las faenas, que el contratista deberá 
hacer enteramente á su costa, se consultarán en lo posible las 
mejores condiciones de seguridad, tanto para los transeúntes como 
para los obreros, estableciendo parapetos donde se necesiten. 

Art. 20. Las partes de obras que resulten defectuosas ó ejeciita- 
das con materiales de mala calidad, serán demolidas y reemplaza- 
das por el contratista, sin derecho á remuneración de ningún 
género. 

DE LOS PAGOS 

Art. 21. Los estados de pago se harán con fecha i.° de cada 
mes, en vista del trabajo ejecutado y con aplicación de los precios 
unitarios de la propuesta. El valor de los materiales al pie de obra, 
podrá anticiparse por estados especiales con reducción de un 50 
por ciento. 

Este anticipo se descontará de los estados de trabajos en que 
esos materiales hayan sido empleados. 

Art. 22. En cada estado de pago se hará una retención de un 
10 por ciento, para responder de la buena ejecución. Estas reten- 
ciones se devolverán una vez recibidos los trabajos á entera satis- 
facción de la Administración. 

Art. 23. Los aumentos ó disminuciones de obras, se tomarán en 
cuenta consultando los mismos precios unitarios de la propuesta. 

DE LAS MULTAS 

Art. 24. El contratista pagará una mvüta diaria de si termi- 
nado el plazo no hubiese terminado las obras contratadas. 

RECEPCIÓN DE LAS OBRAS 

Art. 25. Una vez concluidas las obras, se procederá á la recep- 
ción provisoria. La definitiva tendrá lugar un año después y sólo 
entonces se devolverán las retenciones y se cancelará la fianza. 

Art. 26. Si durante la recepción provisoria ó sea en el año de 
prueba, se creyese necesario, para imponerse de la calidad del tra- 
bajo, deshacer alguna parte de la obra, el contratista tendrá la 
obligación de rehacerla inmediatamente. El costo de este trabajo 
no le será abonado si resultan efectivos los defectos presuntos. 



— 149 — 

La recepción definitiva constará de un acta levantada por dupli- 
cado y firmada por ambas partes, en la que se deje establecido que 
el trabajo se ha ejecutado en buenas condiciones y las observacio- 
nes si hay lugar, que se hubiere creído necesario estampar, 

MATERIALES 

Art. 2"]. Todos los materiales serán de la mejor calidad y exen- 
tos de defectos capaces de comprometer la solidez ó duración de la 
obra. Serán sometidos, á expensas del contratista, á todas las 
pruebas que la Administración juzgue necesarias. 

Art. 28. Ladrillos. — Los ladrillos serán perfectamente amolda- 
dos, con aristas vivas, bien cocidos, sin ser vitrificados, duros, sono- 
ros, sin grietas, y tendrán el grano fino, apretado y homogéneo en 
su ruptura. 

El empleo de ladrillos quebrados sólo se tolerará en los lugares 
y en la proporción indicada por la dirección de los trabajos. El 
ladrillo aprensado será preferido. 

Art. 29. Piedra. — La piedra de las canteras próximas á Santiago, 
deberá ser de aristas vivas en su quebradura y de las dimensiones 
de simple ó doble bolón, como se pida. 

Art. 30. Arena. — La arena debe ser limpia y áspera al tacto, 
indesmenuzable al apretarla en la mano, no tan fina que el cedazo 
de 120 mallas por centímetro cuadrado deje pasar más de un 25 
por ciento, ni tan gruesa que sea rehusada por el cedazo de 60 
mallas por centímetro cuadrado. 

Art. 31. Cal. — La cal será de alguna de las mejores del país: de 
la «Cuesta de Prado», de «Lo Aguirre», de «Lo Espejo», ú otra de 
igual fuerza. Será suministrada en estado de cal viva, sin mezcla 
de materias extrañas. 

Art. 32. Cimento. — El cimento será del llamado Portland y de 
fragua lenta. Su finura será tal, que el residuo que deje al pasar por 
un cedazo de 4.900 mallas por centímetro cuadrado, sea inferior á 
un 15 por ciento. 

Toda mezcla al peso, hecha con i de cimento por 3 de arena 
lavada y seca, deberá dar bloques que, sumergidos durante seis 
días en agua, después de un día de seca, tengan á la tracción una 
resistencia superior á 8 kilogramos por centímetro cuadrado. 

Art. 33, Mezcla ordinaria.— Lz. mezcla ordinaria deberá hacer- 
se apagando la cal con dos días de anticipación, con el agua sufi- 



— I50 — 

cíente para que no queden partes vivas. Deberá harnearse antes de 
su empleo. La proporcióii de la mezcla deberá ser de un volu- 
men de cal por 3 de arena lavada, debiendo la mezcla ser perfec- 
tamente batida con poca agua. 

Art. 34. Mésela hidráulica. — La mezcla hidráulica se compon- 
drá de dos volúmenes de cimento por 5 de arena lavada (trabajos 
de desagües de Varsovia) ; pero en los estucos la proporción será 
de I de cimento por 2 de arena lavada y arneada. 

Art. 35. Mamposterla. — La piedra debe bañarse en la mezcla y 
comprimirse fuertemente. — Los morrillos de simple y doble bolón, 
ocupan en mamposteria llena, los seis décimos del volumen total, y 
a mezcla los cuatro décimos. La mezcla debe ser hidráulica. 

Art. 3Ó. Hormigón y eonereto. — Los guijarros rodados y la 
piedra chancada, deberán lavarse, y su tamaño no debe exceder de 
m. 0.05, ó mejor dicho, deben pasar por una criba de m. 0.05 de 
claro. La proporción deberá ser de 2 de mezcla hidráuhca por 5 
de guijarros ó de piedra chancada. La compresión debe hacerse 
por capas de m. o. 10 y debe ser esmerada. 

Con el ladrillo chancado y fuera de agua, puede usarse la mezcla 
ordinaria en la confección del concreto, pero sólo en casos previs- 
tos ó con la aquiescencia de la Dirección de los trabajos. 

Art. 37. Alhañileria. — El ladrillo debe colocarse saturado de 
agua, y la mezcla que lo baña debe ser lo más seca posible, pero 
no tanto que apretada en la mano deje de formar pan. El grueso 
de mezcla será de m. o.oi. 

Se usará con el ladrillo, mezcla hidráulica en los colectores, y 
mezcla ordinaria en los demás casos, siempre que la construcción 
no esté sumergida en agua, en cuyo caso deberá usarse mamposte- 
ria hidráulica ó concreto hidráulico. 

Art. 38. Estuco. — Es absolutamente prohibido extender el estu- 
co sin haber limpiado previamente las junturas. Hecho esto, se lan- 
zará con fuerza la mezcla hasta formar una delgada capa que cubra 
ala manera de enrocado la superficie por estucar. Luego, después, 
se extenderá u.na capa reglándola convenientemente, repasándola 
al flatacho y por fin afinándola. 

Se le dará un espesor de i y medio centímetro y se evitará cui- 
dadosamente que reciba los rayos del sol mientras dure la traba, la 
cual se tratará de retardar manteniendo húmeda la superficie. El 
estuco interior se extenderá hasta el arranque de las bóvedas. 
Art. 39. Chapa. — Toda bóveda deberá ser cubierta con una 



— 151 — 

capa de mezcla hidráulica, aplicada como el estuco interior y con 
idénticas precauciones. 

Art. 40, Rellenos ó terraplenes. —Tod,^^ relleno de zanja deberá 
apisonarse por capas de m. 0.30 y con las precauciones requeri- 
das. La tierra sobrante será transportada á los puntos que la 
Administración indique, pudiendo el contratista usar de ella como 
le convenga. 

La calzada será deshecha á la vez en la menor extensión posible, 
y en todo caso el trabajo debe concluirse por pequeñas secciones, 
á fin de dificultar el tráfico lo menos posible. En consecuencia, 
una zanja no podrá permanecer abierta si no se pone trabajo activo 
en ella y con todas las precauciones necesarias, tanto de día como 
de noche, para evitar accidentes. 

La piedra y adoquines que el contratista saque de su lugar, serán 
las que deberá colocar de nuevo íntegramente, siendo él solo res- 
ponsable de la falta que pueda notarse al tiempo dereadoquinar ó 
reempedrar. 

Art, 41. Todo readoquinado será hecho sobre capa de arena. 

COLOCACIÓN Y UNIÓN DE LOS TUBOS DE LOZA 

Art. 42. La colocación de los tubos de loza deberá hacerse des- 
pués de haber emparejado y apisonado el lecho que debe reci- 
birlas, de modo que todo hundimiento posterior sea imposible. En 
seguida, se colocará una capa de arena de m. 0.05 de espesor. 

Hecho esto, se presentará el tubo con el empalme ó cazoleta 
dirigido en contra de la corriente, y el otro extremo del tubo se 
embutirá en el otro empalme del tubo ya colocado, después de 
haber limpiado con escobillas el interior de ambos tubos. La pene- 
tración de uno en otro debe dejar m. 0.005 de huelga y debe guar- 
dar una distancia perfectamente uniforme. Hecho ya lo anterior, 
se introduce un cordón de filástica bien alquitranado, se la com- 
prime con calafate y por último se introduce la brea y arcilla plás- 
tica hasta llenar la cazoleta y formar reborde. 

Concluida la operación de la empaquetadura, el obrero limpiará 
cuidadosamente la unión de todo exceso de mezcla, alisando la 
juntura á fin de evitar en lo posible la solución de continuidad 
entre uno y otro tubo. Verificada esta operación por el Inspector 
Fiscal, se procederá á rellenar los costados, comprimiendo la tierra 
con bastante energía, pero con las precauciones requeridas. 



152 



ESTABLECIMIENTO DE LOS COLECTORES 

Art. 43. A menos que el terreno sea bastante firme para man- 
tenerse á pique, es obligación del contratista blindar las paredes de 
la zanja con tablones, colocados á una distancia igual al ancho del 
tablón y mantenidos á distancia por zoquetes. 

Preparada la zanja, á la profundidad necesaria, se colocarán 
sobre capa de arena los bloques de asiento de los colectores, y se 
rellenarán los costados, apisonando enérgicamente. Sólo entonces 
se colocará la cimbra ovoidal, que servirá para construir las paredes 
del ovoide y por fin la bóveda. Concluida la albañileria del ovoide, 
y después de transcurrido el tiempo indispensable para la traba del 
mortero, se rellenarán los costados de la zanja hasta el nacimiento 
de la bóveda, apisonando enérgicamente y con las precauciones 
requeridas. 

Es entonces cuando puede principiarse á la vez, si se quiere, el 
estuco interior y la chapa del estrado de la bóveda, pudiendo ter- 
minarse el relleno de la zanja 36 horas después de extendida la 
chapa. 



RECEPCIÓN DE MATERIALES 

Art. 44. Los cañones quebrados ó trizados, y los pedazos de caño- 
nes, no podrán emplearse bajo ningún pretexto. Sólo se admitirá 
en la canalización de una cuadra, un trozo de cañón cuidadosa- 
mente cortado al largo. 

Art. 45. Todos los materiales deberán recibirse por el funcionario 
encargado de esta operación, antes que el contratista pueda poner- 
los en obra. 

Art. 46. El empleo de materiales rehusados, dará lugar á una 
multa igual al doble de su valor, sin perjuicio de la demolición de 
la obra en que ellos hayan sido empleados. 

Art. 47. Todo material rehusado deberá sacarse, á costa del 
contratista, á dos kilómetros, por lo menos, del recinto de los tra- 
bajos, 

Art. 48. La recepción de los materiales no envuelve la irrespon- 
sabilidad del contratista por desperfectos que sean el resultado de 
la mala calidad del material. 



— 153 — 



TRAZADO DE LAS OBRAS 



Art. 49. Antes de empezar los trabajos en una calle, el contra- 
tista efectuará el trazado de las obras, y establecerá bastantes pun- 
tos de referencia, á los cuales se referirá exactamente la altura del 
fondo de los cauces. Esas operaciones serán verificadas, si hay lu- 
gar, por un agente de la Administración. El contratista pondrá á 
disposición de este agente los instrumentos y el personaLnecesario, 
para asegurarse de que el trabajo está conforme á los pMnos. 

Art. 50. Los trabajos que no se hayan ejecutado conforme á 
las reglas de la buena construcción, como también aquellos para 
los cuales no se haya empleado materiales que tengan las cualida- 
des requeridas, serán demolidos y reconstruidos á expensas del 
contratista. 

También podrá obligarse al contratista á demoler y á reconstruir 
á su costa los trabajos ejecutados sin autorización, ó en los cuales 
se hubiese empleado materiales desechados, como también aquellos 
en que por falta del contratista no se hubiese podido ejercer la res- 
pectiva vigilancia. 

Art. 51. El contratista no podrá interrumpir ni entorpecer la 
circulación de la vía pública, ni el fácil curso del agua, sea en ca- 
nales de riego, sea en las acequias, sin que para ello haya sido for- 
malmente autorizado. 

Será obligado á establecer á su costa comunicaciones provisio- 
nales, en cada local donde sea necesario, conformándose á cuanto 
le será prescripto por la Administración. 

Colocará y mantendrá, mientras duren los trabajos, barandas só- 
lidas á lo largo de los cortes, donde el paso sea peligroso, y alum- 
brará de noche esos lugares. 

Si es preciso, la Administración tiene el derecho de hacer ejecutar 
de oficio, con urgencia y sin aviso previo, de cueiita del contratista, 
las medidas que juzgue necesarias para la seguridad del tráfico, 
como también de los obreros. En todo caso, el contratista será civil- 
mente responsable de todas las desgracias que resulten por haber 
descuidado las medidas de precaución que sean necesarias ó prcs- 
criptas por los reglamentos de policía. 

Art. 52. El trabajo de noche es estrictamente prohibido. En 
ciertos casos, sin embargo, la Administración podrá exigir que el 
trabajo se continúe sin interrupción de noche y de día. El contra- 



— 154 — 

tista tomará entonces las medidas necesarias para que el trabajo de 
noche siga con todo cuidado y actividad, así como también el tra- 
bajo diurno. 

Art. 53. El contratista cuidará de mantener las cañerías de gas, 
de agua potable y otras que encuentre en el desarrollo y en la 
vecindad inmediata de la obra en construcción, y será responsable 
del daño que pueda resultar á esas cañerías por la ejecución de los 
trabajos. 

Art. 54. La Administración se reserva formalmente la facultad 
de ordenar, durante la ejecución de las obras, las modificaciones 
que juzgue convenientes en los trabajos proyectados, mediante 
orden escrita del Ingeniero Inspector. 

Art. 55. Si una cañería encuentra en algún punto de su trayecto, 
un suelo de mala calidad, deberá éste ser reemplazado ó solidifi- 
cado á satisfacción de la Administración. 

Art. 56. Será de cuenta del contratista la demolición de las alba- 
ñilerías y cualquiera otra construcción que encuentre en los cor- 
tes, y soportará los gastos que resulten de todas las medidas ne- 
cesarias para cuidar del fácil curso de las aguas caseras y de lluvias, 
en toda la extensión de la obra por construir. 

Art. 57. Es obligación de la empresa establecer las uniones de 
los colectores y cañerías con los servicios domésticos y públicos, 
dejando cerrada la comunicación con un tapón de madera perfec- 
tamente ajustado. 

Art. 58. El precio alzado de la propuesta que haga el contra- 
tista, deberá ser el resultado de sus propios cálculos y operaciones. 
No podrá establecer reclamo alguno por causas de errores ó faltas 
que puedan reconocerse en el presupuesto, debiendo éste conside- 
rarse como simple dato ilustrativo. 

Art. 59. El cambio que se ha tomado para la composición de 
los precios, es de 17,5 peniques por peso. Será el cambio que 
se tomará en cuenta al hacer la apreciación de los materiales de 
procedencia extranjera, que sea necesario valorizar por cualquier 
causa no prevista. 



— 155 — 



V. — MUNICIPALIDAD DE SANTIAGO 

PROYECTO DE DESAGÜES 
(Sesiones de la Comisión y Proyecto de Acuerde) 

Sesiones de la Comisión especial de desagües, en 12 y 13 de 
Agosto de 1896. 

Se abrieron estas sesiones presididas por el señor Intendente, 
con asistencia del señor primer alcalde. Luco Lynch, del señor tercer 
alcalde. Carrasco Bascvuián, de los señores regidores Ojeda, Ma- 
rambio, Nieto, Garces Puelma, Arrate, Espejo, Salinas Herrera y 
del Director de Obras Municipales. 

Después de examinar detenidamente el proyecto del Ingeniero 
don Valentín Martínez, el señor Intendente manifestó la buena vo- 
kmtad del Supremo Gobierno para coadyuvar ala ejecución délos 
desagües de la ciudad de Santiago. 

Después de discutir varias indicaciones del señor Intendente, de 
los señores alcaldes y de los regidores señores Nieto, Ojeda, Ma- 
rambio y Garces Puelma, la Comisión arribó á las conclusiones si- 
guientes : 

I." Aprobar el proyecto del Ingeniero don Valentín Martínez, á 
fin de que sirva de base para la contratación de las obras, sin per- 
juicio de que se pueda aceptar después otro, en propuestas públi- 
cas, que satisfaga mejor las condiciones higiénicas y de ejecución; 

2," Proponer á la Ilustre Municipalidad solicite del Supremo 
Gobierno que tome á su cargo la contratación y ejecución de 
los trabajos, bajo su garantía, y en la forma que juzgue más con- 
veniente ; 

3.° Expresar al Supremo Gobierno que la Ilustre Municipali- 
dad fijará oportunamente la cuota que se exigirá á los vecinos para 
el pago de estos servicios, cuando y cómo sea necesario, dentro de 
las atribuciones que para ello le otorga la ley número 342, de ig 
de Febrero de 1896, después de conocer el costo de la obra, aún 
cuando sea aproximativamente; 

4.° Solicitar de la Ilustre Municipalidad, que recabe del Supre- 
mo Gobierno, que se reduzca la amortización al uno por ciento 
anual, y que el interés que se abone á los contratistas sea no más 
de cinco por ciento, también anual; 



- 156 - 

5." Que la recaudacióa de la contribución que se fije, se haga 
por la Tesorería Municipal de Santiago, por la Fiscal ó por los 
contratistas ; 

6." Que una vez terminada la cancelación de la deuda contraída 
con motivo de la realización de los trabajos de desagües, éstos 
pasen á ser de propiedad municipal; 

7.° La Ilustre Municipalidad podrá hacer amortizaciones extra- 
ordinarias y adquirir las obras por su precio de costo actual, sin 
tomar en cuenta el valor comercial. — (Firmados): — José Alber- 
to Bravo. — Eduardo Carrasco B. — Polidoro Ojeda, — San- 
tiago Polloni. — Manuel H. Concha. — Raimundo Valdés. — 
litan de Dios Correa I. — Manuel A. Ríos. — Miguel Arrale 
L. — Julio Novoa. — Alfredo Pedregal. — Alberto Luco Lynch. 
— Pedro A. Herrera C. — Benjamín Marambio. — Rodolfo Sa- 
linas. — ' Alvaro Garces Puehna. — Hermógenes Espejo. — 
Francisco Landa. — Carlos Ovalle. — Moisés G. Huidobro. — 
Manuel A. Fuensalida U. — José Arce. — Jorge Dan Ewing. 

Santiago, 14 de Agosto de 1896. — En tabla. — Proveído por la 
Ilustre Municipalidad en sesión de hoy, — (Firmado): — F. Se- 
gundo Lopetegui. 

Ilustre Municipalidad : 

Una de las obras de más vital importancia para la salubridad, 
comodidad y acaso ornato de una extensa y populosa ciudad, como 
nuestra capital, es sin duda alguna la implantación de un sistema 
completo y perfecto de desagües. Las ventajas de este sistema son 
reconocidas por todos los higienistas, y la práctica ha podido ma- 
nifestar de un modo evidente, en las principales ciudades del viejo 
y nuevo mundo, que su instalación significa la disminución de la 
mortalidad en una proporción considerable. 

La Ilustre Municipalidad de Santiago se ha preocupado, con 
el interés que se requiere en una obra de esta naturaleza, en estu- 
diar los medios de dotar á la capital de la República con esta me- 
jora local, que cambiará por completo su estado sanitario, que ya 
por su clima y topografía está llamada á ser una de las más salubles 
del mundo. 

Sin embargo, varios son los factores que han inñuído para que 
este problema no haya tenido una solución práctica hasta el pre- 
sente. 

La Municipalidad pretérita, como sabe la Ilustre Corporación, 



— 157 — 

encomendó al Ingeniero señor Valentín Martínez el estudio 
de un sistema de desagües para la zona central de la ciudad, com- 
prendida entre el río y la Alameda, y el Municipio actual, al iniciar 
sus tareas, pudo imponerse de que ese proyecto, aprobado por 
comisiones especiales de la Dirección de Obras Públicas y del Con- 
sejo Superior de Higiene, y completo para la zona estudiada, era 
insuficiente, por no abarcar el extenso y populoso barrio de ultra 
Alameda ni el importante de ultra Mapocho. 

Actualmente, podemos anunciar que este inconveniente ha des- 
aparecido, pues mediante el celo é interés desplegados por nuestro 
Intendente y el Ingeniero señor Martínez, tenemos un estudio com- 
pleto de desagües conforme á los sistemas más modernos, implanta- 
dos con éxito en varias ciudades, y que puede servir de base para 
las propuestas y contratación de una obra de tan vital importancia. 

Además, existía un serio inconveniente para que el actual Muni- 
cipio abordara la cuestión de que nos ocupamos, pues se carecía 
hasta hace poco, de una ley que permitiera el cobro de una contri- 
bución proporcionada á los servicios que prestase un sistema racio- 
nal de desagües. Esa ley ha sido promulgada, y en ella se han fija- 
do los límites dentro de los cuales los mvmicipios designarán, según 
sus recursos y necesidades, el monto de aquella contribución. 

Otro de los inconvenientes con que se tropezaba, era la falta ab- 
soluta, por parte del Municipio, del capital necesario para afrontar 
por su cuenta la ejecución de esa obra, ó bien, las dificultades que 
resultarían de ofrecer la responsabilidad de la Corporación en 
obra de tal entidad. 

No obstante, el vivo interés que el actual Municipio ha manifes- 
tado por implantar este servicio, ha encontrado una amplia acogi- 
da por parte del Supremo Gobierno, y mediante su poderosa co- 
operación, estimamos que podemos llegar á una fórmula que será, 
sin duda, la solución de tan importante problema de interés público. 

Por último, se ha impuesto á nuestro estudio la oportunidad de 
ejecución de la obra, en vista de la situación económica del país. 
Después de un detenido examen, y considerando que su realiza- 
ción, en algunos meses más, daría trabajo á centenares de opera- 
rios que hoy no encuentran el pan para sus familias, y que los ca- 
pitales, casi en su totalidad, quedarían radicados en Chile, dando 
impulso á numerosas industrias durante y después de su ejecución, 
no hemos vacilado en proponer que el proyecto se lance cuanto 
antes, para que á la brevedad posible entre en vías de ejecución. 



- 158 - 

No nos puede detener la consideración de que, por el servicio 
de desagües, se imponga á los vecinos un gravamen de instalación 
y una nueva contribución, ó, más propiamente, el pago de un ser- 
vicio, porque ese gravamen puede hacerse insensible distribuyen- 
do su pago en cierto número de años, y esta contribución ó pago 
de servicios, no necesita llevarse á los límites que autoriza la ley, ya 
que con mucho menos puede ofrecerse un interés suficiente si la 
obra se ejecuta por licitación, y, además, esa contribución sería 
menos onerosa en las clases poco acomodadas. 

Tenemos muy presente, por último, que todo sacrificio, si lo hu- 
biere, debe hacerse en Chile, como se ha hecho en todas partes, 
para librar de la muerte y de la enfermedad, con sus consiguientes 
cortejos de miserias y destrucción, á todos los habitantes, y muy 
especialmente á la clase proletaria. Al efecto, no debe olvidarse 
que Santiago es una de las ciudades más mortíferas del mundo, en 
razón de la falta de higiene pública, así como una de las menos 
gravadas por contribuciones, ya sea tomando en cuenta los capita- 
les en ella radicados, ya sea con relación al número de habitantes. 

Con los antecedentes expuestos, creemos que es llegado el caso 
de que la Ilustre Corporación se pronuncie sobre la cuestión 
de tan vital importancia, y al efecto tenemos el honor de someter 
á consideración el siguiente 



PROYECTO DE ACUERDO 

i.° Aprobar el proyecto de desagües para la ciudad de Santiago, 
presentado por el Ingeniero don Valentín Martínez, con fecha 8 de 
Agosto corriente, á fin de que sirva de base para la contratación 
de esta obra, sin perjiíicio de aceptar otros proyectos ó las modifi- 
caciones que la Ilustre Municipalidad estime convenientes en vista 
de las propuestas que se presenten para la ejecución de dicha 
obra; 

2." Solicitar del Supremo Gobierno, que tome á su cargo la con- 
tratación y ejecución de los trabajos, bajo su garantía, y en la for- 
ma que juzgue más conveniente para los intereses locales y muni- 
cipales; 

3.° Designar oportunamente, y en vista del valor real ó aproxi- 
mado de la obra, la cuota que por el servicio de desagües pueda 
la Ilustre Corporación imponer á los vecinos, en virtud de la ley de 
19 de Febrero del corriente año, de modo que el interés de los ca- 



- 159 - 

pítales invertidos no sea superior al 5 por ciento anual, al entre- 
garse instalados los servicios, ni el 7 por ciento anual, en tiempo 
alguno, cualquiera que sea el monto de la contribución; 

4.° Fijar como amortización acumulativa para la adquisición de 
la obra por la Ilustre Municipalidad, el i por ciento anual sobre el 
capital invertido, quedando facultada dicha corporación para ha- 
cer las amortizaciones extraordinarias que estime oportunas; y 

5.° Manifestar al Supremo Gobierno que, no obstante ser inter- 
vención y contratación de la obra la percepción de la contribución 
por el servicio de desagües, podría hacerse por las oficinas muni- 
cipales, ó en cualquier otra forma que aquel determine. (Firmado): 
Alberto Luco Lynch, Miguel Arrate L., Polidoro Ojeda, Eduardo 
Carrasco B., M. G. Huidobro, Alvaro Garces Puelma, Francisco A. 
Gaete, F. Landa Z., Benjamín Marambio D., S. Polloni, H. Espejo, 
M. A. Ríos, Jorge Dan Ewing, Nicanor Moreno, R. Salinas, Jeróni- 
mo Plaza, Carlos Ovalle B., Pedro A. Herrera G., J. de D. Correa 
Irarrázaval, Carlos Reyes E., Raimundo Valdés, J. Ramón Nieto, 
Julio Novoa G., Alfredo Pedregal, Manuel A. Fuenzalida U., José 
Arce, Enrique Morandé y José Toribio Lira. 

Certifico que la precedente es copia del original del expediente 
del caso, que existe en la secretaría municipal. — Santiago, 27 de 
Octubre de 189Ó. 

F. Segundo Lopetegui, 

Prosecretario. 



Ley que autoriza á las municipalidades de la República, cuya población 
exceda de cinco mil habitantes, para establecer como obligatorio el 
servicio de desagües. 

Ministerio del Interior. 

Ley núm. 342. 

Santiago, 19 de Febrero de 1896. 

Por cuanto el Congreso Nacional ha prestado su aprobación al 
siguiente 

PROYECTO DE LEV: 

Artículo i.° Autorízase á las municipalidades que funcionen en 
ciudades y villas, cuya población exceda de cinco mil habitantes. 



— i6o — 

para establecer, como obligatorio, el servicio de desagües por me- 
dio de alcantarillas ó cañerías. 

Art, 2° Los propietarios de inmuebles situados dentro de los 
barrios en que se coloquen dichas alcantarillas ó cañerías, quedan 
obligados: 

a) A instalar y mantener dentro de sus propiedades, y á su 
costa, las cañerías y demás aparatos que el servicio de desagües 
requiere; 

b) A permitir á los agentes que la autoridad local designe, la 
inspección de los servicios particulares, para cerciorarse de su re- 
gular funcionamiento; 

c) A cegar, dentro de sus propiedades, los pozos ó depósitos 
destinados á excusados. 

Art. 3.° Los propietarios pagarán por el servicio de desagües, la 
cuota que fije la respectiva municipalidad. Este gravamen no ex- 
cederá de un tres por mil al año, sobre el valor de la propiedad, 
computando según el avalúo que rija para el cobro del impuesto 
de haberes; pero podrá elevarse hasta seis pesos anuales, cuando 
el valor de la propiedad baje de dos mil pesos. Si este valor excede 
de cincuenta mil pesos, por el exceso solo podrá cobrarse en la 
proporción de uno por mil, y en ningún caso el gravamen anual 
subirá de quinientos pesos. 

Art. 4." La obligación que impone el artículo anterior, se hará 
efectiva en cada edificio ó sección de edificio destinado á una ha- 
bitación ó servicio independiente; pero no se tomarán en cuenta 
las varias aplicaciones que dentro de ellas se hagan para el uso de 
las mismas familias ü ocupantes del lugar gravado. 

Art. 5." La municipalidad hará los trabajos á que se refiere el 
artículo 2° de esta ley, por cuenta de los propietarios, cuando 
éstos no los hicieren. Si la propiedad valiere menos de dos mil 
pesos y su dueño careciere de recursos, el trabajo se hará por la 
municipalidad, sin cargo á los interesados. 

Art. 6." Cuando los desagües sirvan barrios construidos en ce- 
rros ó terrenos muy accidentados, podrán los propietarios que no 
tuvieren acceso directo á las cañerías matrices, atravesar con sus 
cañerías particulares las propiedades intermedias, si de ello no se 
sigue grave daño á los dueños de éstas, y previa la correspondiente 
indemnización. 



— lól — 

Art 7.° Se declaran libres de derechos, los materiales que se 
importen del extranjero para la construcción del servicio principal 
de desagües en las poblaciones. El Presidente de la República 
fijará en cada caso la cantidad á que se extiende la liberación, en 
vista de los presupuestos de las obras y del informe de la Dirección 
de Obras Públicas. 

Art. 8° Autorízase á las municipalidades para que puedan con- 
tratar con empresas particulares la construcción y explotación de 
los servicios de desagües, debiendo sujetarse esos contratos á las 
condiciones establecidas en la presente ley, y pudiendo extender- 
se hasta treinta años su duración. 

Y por cuanto, oído el Consejo de Estado, he tenido á bien apro- 
barlo y sancionarlo; por tanto, promulgúese y llévese á efecto como 
ley de la República. 

Jorge Montt. 
Osvaldo Renjijo. 



Proyecto de ley presentado por el Ejecutivo para que se autorice al Pre- 
sidente de la República para contratar la ejecución de los desagües 
de la ciudad de Santiago. 

Conciudadanos del Senado y de la Cámara de Diputados : 

Las malas condiciones de salubridad de esta capital, de que da 
testimonio el movimiento extraordinario de defunciones, no obs- 
tante su clima templado y las facilidades para la vida que en ella 
se obtienen, dependen en gran parte del pésimo sistema de des- 
agües que se mantiene desde la era colonial, agravándose día á día 
con el ensanche de la p.oblación, sus perniciosas consecuen- 
cias. 

Aunque la idea de reemplazar el servicio actual de acequias por 
un sistema bien combinado de alcantarillas, se ha propuesto desde 
hace arios, no se ha logrado llevar á efecto esta obra, cuyos bené- 
ficos resultados no es posible poner en duda y cuya facilidad de 
ejecución es manifiesta. 

Construida la ciudad sobre un plano inclinado con pendiente 
constante y uniforme, permite que se haga el escurrimiento de los 
desagües por simple gravitación en todas partes, sin recurrir á los 
medios dispendiosos de extracción artificial, que recargan no sólo 

T. II " 



— rbz — 

el costo de las obras, sino también el mantenimiento de un ser- 
vicio regular. 

Recientemente se ha formado por el Ingeniero jefe de la sección 
de Hidráulica de la Dirección de Obras Públicas, don Valentín 
Martínez, un estudio completo délas obras que deben ejecutarse 
para establecer el desagüe en todos los barrios, aun los más apar- 
tados de la capital, y las conclusiones á que llega, demuestran no 
sólo la posibilidad de llevar á cabo en condiciones ventajosísimas 
este trabajo, sino también la pequenez de su costo con relación á 
los inapreciables beneficios que está llamado á producir. 

De los planos principales del proyecto del señor Martínez, que en 
copia se acompañan, y del presupuesto total de la obra, que tam- 
bién se agrega, resulta que con un gasto de sólo cuatro millones 
cuatrocientos noventa y tres mil pesos de nuestra moneda, podrá 
realizarse el desagüe completo de esta ciudad, suprimiéndose las 
actuales acequias que constituyen un foco permanente de infección 
y son causa principal de nuestra extraordinaria mortalidad. 

Es verdad de que, aparte de la canalización matriz, será necesa- 
rio qvxe se invierta alguna considerable suma por los propietarios, 
para establecer en sus casas los servicios interiores. 

Pero, á pesar de esto, es indudable que tales sacrificios son pe- 
queños al lado de la utilidad que un sistema regular de desagües 
habrá de proporcionar al vecindario. 

La ley de 19 de Febrero del presente año, ha autorizado á las 
Municipalidades para costear el servicio de desagües por medio de 
alcantarillas, creando una contribución especial que pueda llegar 
hasta el 3 por mil del valor de la propiedad urbana. Estimado el 
producido de este impuesto en Santiago, según se ve en el estado 
adjunto, hay motivo para afirmar que excederá de 470 mil pesos al 
año ; de modo que se asegura con este ramo de entradas, una 
suma anual que equivale á más de un 10 por ciento del capital que 
se requiera para la ejecución de los desagües. 

Realizada esta obra con capitales extranjeros, y asegurado el rein- 
tegro de éstos con la garantía que el rendimiento del mismo ser- 
vicio habrá de proporcionar, no hay duda alguna de que podrán 
obtenerse condiciones satisfactorias, que permitan atender al ser- 
vicio de las obligaciones que se contraigan, sin otros sacrificios de 
fondos públicos ó sólo con la destinación de una corta Suma de la 
que hoy esta afecta á los servicios municipales. 

La Municipalidad de Santiago, con laudable interés, ha procu- 



- i63 - 

rado dar impulso á estos trabajos; pero comprendiendo sus miem- 
bros que es preferible para su conveniente realización, aprovechar 
el crédito del Estado, han manifestado el deseo que sea el Go- 
bierno quien tome á su cargo la ejecución de las obras de des- 
agües, según se desprende del documento adjunto, subscripto por 
28 de los 30 miembros que componen aquella Corporación. 

El Gobierno por su parte, estima conveniente esta forma de pro- 
cedimiento y acude con tal objeto solicitando la autorización ne- 
cesaria. 

En mérito de lo expuesto y oído el Consejo de Estado, tengo el 
honor de someter á vuestra consideración el siguiente 

PROYECTO DE LEY : 

Artículo I." Autorízase al Presidente de la República para que 
contrate, por medio de propuestas públicas, la ejecución de los 
trabajos de desagüe de la ciudad de Santiago, con arreglo á los 
planos formulados por el Ingeniero don Valentín Martínez ü otros 
que juzgue más convenientes. 

Art. 2.° El Presidente de la República fijará las bases para las 
propuestas, celebrará á nombre del fisco el respectivo contrato y 
velará por la conveniente ejecución de las obras. 

Art. 3.° El total producto del impuesto de desagües autorizado 
por ley de 19 de Febrero último, se destinará permanentemente á 
cubrir los intereses y amortización de las obligaciones que con- 
traigan para la ejecución de las obras, no pudiendo disminuirse la 
cuota máxima del impuesto que la ley fija, sino en cuanto exceda 
de la cantidad que anualmente deba invertirse en dichos intereses 
y amortización. 

Si el producido del impuesto no bastare para el objeto expre- 
sado, se reducirá el déficit de los fondos que las tesorerías fiscales 
perciban, por cuenta de la Municipalidad, por la contribución de 
haberes, conforme al artículo 41 de la ley de 22 de Diciembre 
de 1891. 

Art. 4.° Mientras no esté amortizado un cincuenta por ciento de 
las obligaciones que se contraigan para la ejecución total de las 
obras, podrá el Presidente déla Repúbhca retener la administración 
del servicio de desagües y percepción del impuesto respectivo, ó 
contratar con una empresa particular este servicio, en los términos 
que indica el artículo 8.° de la ley de 19 de Febrero último. 



— 104 — 

Amortizada aquella cuota, pasará la administración á la Munici- 
palidad. 



Santiago, Agosto 28 de ig 



Jorge Montt. 
O. Renjifo. 



MODELO 

DE UNA AUTORIZACIÓN PARA EJECUTAR LOS TRABAJOS 
DE DRENAJE DE UN INMUEBLE 

Santiago, de 189.. 

Visto el articulo .... de la ordenanza de fecha de 189.., 

se concede la autorización para ejecutarlos trabajos del desagüe del 

inmueble calle número...., en contestación á la solicitud 

dirigida el día y despachada con las correcciones hechas 

al proyecto presentado. 

La ejecución de los trabajos deberá someterse á las condiciones 
siguientes : 

I." Antes de salir del inmueble el tubo tronco del drenaje, estará 
provisto- de un sifón hidráulico en una cámara de visita. Esta cá- 
mara deberá tener i metro de largo por o™6o de ancho. 

2.° El tubo tronco de la habitación deberá colocarse á una pro- 
fundidad de al llegar ala cámara de visita y no podrá esta- 
blecerse sino después de terminada la rainificación interior. 

3." Los tubos de loza serán colocados á una profundidad mínima 
de o™8o. En los demás casos y en especial en el atravieso de los 
muros, deben reemplazarse por tubos de fierro. 

4.° Las uniones deben empaquetarse con un- cordón de filástica 
y una mezcla de brea y arcilla en los tubos de loza, y con filástica, 
brea y plomo derretido y calafateado, en los tubos de fierro. Los 
tubos de caída de los segundos pisos serán de fierro y podrán unir- 
se con estopa y pasta de minio. 

5.° Las cañerías secundarias no deben unirse á ángulo recto sino 
tanjencialmente y por uniones especiales con las cañerías principales. 



- 16,5 - 

ó." Los tubos de ventilación deben ser en lo posible verticales y 
en ningún caso con elementos horizontales. 

7," Estos tubos, que deben tener omio de diámetro para los water 
closets y omo5 para los demás aparatos sanitarios, deben ser de 
fierro ó de zinc y deben sobrepasar el techo de un metro por lo 
menos, 

8.° Los tubos de caida de las aguas lluvias de los techos del se- 
gundo patio deberán llevar sifón. 

9.° Los resumideros deberán ser cubiertos con una rejilla de 
fierro con claros de omoi á lo más y la taza deberá llevar una tram- 
pa con inmersión de o^o;. Deberán establecerse en el punto más 
bajo del patio. 

10. Habrá llaves de agua potable para el uso de los fregaderos 
de cocina, lavaderos, etc. El agua para los water closets procederá 
de estanques ó cisternas automóviles, ó por lo menos, si no hay 
estanques, aquello debe estar arreglado para dar un golpe de agua 
que permita el lavado perfecto de la taza. 

11. Todos los cierres herméticos deben ser visitables. 

12. Si cada alojamiento no estuviese provisto de los diversos 
aparatos necesarios para las aguas usadas, se deberá establecer por 
lo menos uno, para que sea usado en común. Si está establecido en 
el patio deberá estarlo á una altura cómoda sobre el nivel del suelo. 
En este caso se dispondrá en forma de embudo de fierro fundido, 
esmaltado ó alquitranado de o'^30 por lo menos de diámetro y pro- 
visto de una rejilla de claros de o™oi á lo más y de un tubo de 
caida con inmersión de o^iio. Este embudo será de sacar y poner. 

13. Los water closets y orinales de patio deben estar al abrigo de 
la helada. 

14. La evacuación de las aguas industriales ó de fábricas, que no 
puede ser autorizada sino por permiso especial, estará sometida á 
las siguientes reglas : 

a) Las aguas que provienen de fábricas que elaboran cobre, 
bronce, etc., ó de farmacias, laboratorios de química, etc., que con- 
tienen ácidos en disolución, bases ó sales, deben conducirse á un 
resumidero de i metro de hondura debajo del tubo de desagüe. 
Las materias disueltas no deben sobrepasar la proporción de un 
décimo. 

b) Las aguas de condensación no deben tener una temperatura 
superior á 37 grados centígrados. 

18. En todos los establecimientos que suministran en gran canti- 



— i66 — 

dad materias grasas ó jabonosas, como ser: lavanderías, cocinas de 
restaurant, mataderos, etc., deberá intercalarse en la cañería espe- 
cial de desagüe un condensador de grasa. Estos aparatos serán vi- 
sitables y de fierro fundido y esmaltado. Su altura mínima será de 
0^175 y sus dimensiones en plano de 0^35 por 0^25. Los tubos de 
salida de estos depósitos deberán estar provistos de cierro hidráu- 
lico, con inmersión de o™io á lo menos. 

19. En los establecimientos que emplean la arena para limpiar ó 
pulir, como fundiciones de cobre, cocinas de restaurant, etc., debe- 
rán establecerse resumideros con depósito para la arena. 

20. La administración se reserva el derecho de hacer, instalar es- 
tos depósitos cuando lo estime conveniente. 

21. La unión de la canalización interior del inmueble con el dre- 
naje público no podrá hacerse sino cuando todas las disposiciones 
se han encontrado conformes con las prescripciones de la Prefectura 
de Policía. 

22. Los trabajos del drenaje, so pena de ejecución de oficio y 
por cuenta del propietario, deben llevarse á cabo en el plazo de 
seis semanas, á contar desde la fecha de esta autorización. Antes de 
poner en servicio el drenaje, todas las materias que pvidieran que- 
dar en los tubos, cascote, tierra, arena, greda, etc., deberán sacarse 
cuidadosamente y por completo. 

Firmado : 



— 167 — 
I. — Barrio Central 



ESPECIFICACIONES 



CANTIDAD 



Precio 

por 
unidad 



Parciales 



17. — Desmontes 

En los colectores 

En las cañerías 

2 'Yo por desgaste de herramientas 

b. — Terraplenes 

En los colectores 

En las cañerías 

I "fo por desgaste de herramientas 

c. — Acarreo de desmontes 
Con 20 'Yo de foisonnenient 

d. — Pavimentación 
Readoquinado y reempedrado 

e. — Cañería de Greda 

(largo útil m 0.75) 

Cañerías de »¿ 0.20 de diámetro 

» » » 0.25 » » 

> » » 0.30 » » 

» ' 0-35 » 

Uniones »■ » 0.20 por w 0.15 

» » » 0.25 » » 0.15 

i , » 0.30 » y 0.15 

> » 0.35 >. » 0.15 

/. — Colectores 

Albañilería de ladrillo 

» ■> concreto 

Estuco 



88.820,5 m-' 
177.059,4 ^ 



59-577,1 
173.390,9 



49.143 
34.208 

399 

421 

6.702 

4.665 

55 
58 



11.551,27 m-^ 

2.446,80 » 
67.132,67 m- 



$ 


$ 


0,87 


77. 273, «3 


0,49 


86.759,11 




3.280,65 


0,25 


14.894,28 


0,25 


43.347,72 




582,42 


1 ,00 


32.911,80 


0,60 


52.800, — 


2,06 


101.234,58 


2,76 


94.414.08 


3,68 


1.468,32 


5,07 


2.134,47 


3,47 


23.255.94 


4,50 


20.992,50 


5,75 


316,25 


8,10 


469,80 


25,04 


289.243,80 


22,70 


55.542,36 


1,50 


100.699,01 



167.313,59 



58.824,42 



39.493,90 



52.800,- 



244.285,94 



445.485,17 



1 68 



I. — Barrio Central (Conclusión) 



■ 


CANTIDAD 


Precio 

por 
unidad 


SUMAS 


ESPECIFICACIONES 


Parciales 


Totales 


g. — Empaquetaduras 

En las cañerías de m 0.20 

» » » » » 0.25 


55.845 
38.873 

544 
576 

24 

3 

313 

154 
175 
173 


$ 

0,50 
0,55 
0,60 
0,70 

500 

565 

110,60 

143,98 
83,34 
66,96 


27.922,50 

21.380,15 

326,40 

403,20 





» » » » » 0.30 




» » » » » 0.35 


50.032,25 






h. — Aparatos especiales 

Entradas en los colectores de m 1.50 
por m 1.00 


12.000, — 

1.695,— 
34.617,80 

22.172,92 
14.584.50 
11.584,08 




Entradas en los colectores de m 1.80 
por m 1.20 




Aparatos automáticos : 

Geneste y Herscher de 500 litros.. 
Entradas de visita con chimenea de 

ventilación 




Entradas de visita herméticas... . 




Resumideros 


96.654,30 






10 % por ganancia del contratista é i 
5 % por quiebra de cañones y otros 




1.154.889,57 
115.488,96 


mprevistos 






57.744,48 








Total 0.... 






1.328.123,01 



Asciende el presente presupuesto á la suma de un millón trescientos veintiocho mil 
ciento veintitrés pesos un centavo. 



— 169 — 
II. — Barrio ultra Alameda 







Precio 


SIMAS 


ESPECIFICACIONES 


CANTIDAD 


por 














unidad 


Parciales 


Totales 


a. — Desmontes 




$ 


$ 


# 


En los colectores 


173.007,43 m"' 
136,416,33 > 


0,87 
0,68 


150.516,46 

92.763.10 

4.865,59 




En las cañerías 




2 % por desgaste de herramientas 






248.145.15 


b. — Terraplenes 










En los colectores 


81,702,89 » 
131.312,14 » 


0,25 
0,25 


20.425,72 

32.828,03 

532,54 




En las cañerías 




t % por desgaste de herramientas 


53.786,29 


c. — Acarreo de desmontes 










Con 20 % de foisonneriient 


115 690.47 . 


I , — 


115.690,47 


115.690,47 


d. — Pavimentación 










Readoquinado y reempedrado 


122.090,0 m^ 


0,45 


54.940,50 


54.940,50 


<?. — Cañeria de Greda 










(largo útil, m. 0.75) 










Cañerías de m. 0.20 de diámetro 


123.808 


2,06 


255.044,48 




» • 0-25 « » 


3.765 


2,76 


10.391.40 




» » 0.30 » » 


1.398 


3,68 


5.144,64 




Uniones » » 0.20 por w. 0.15 


16.882 


3,47 


58.580,54 




» » » 0.25 » » 0.15 


512 


4,50 


2.304,— 




» » » 0.30 . ' 0.15 


196 


5.75 


1.127, — 


332.592,06 


/. — Colectores 










Albañilería de ladrillo 


27.901,89 m^ 

11.262,91 » 

175-132.89 n»' 


25,04 

22,70 

1,50 


698.663,32 
255.668,06 
262.699,33 




» » concreto 




Estuco 


1,217.000,30 



lyo 



II. — Barrio ultra Alameda (Conclusión) 



ESPECIFICACIONES 



CANTIDAD 



Precio 

por 
unidad 



Parciales 



Totales 



g. — Empaquetaduras 

En las cañerías de ni. 0.20 140.690 

» » » » » 0.25 4,277 

» » " " ' 0-30 I.S94 

A. — Aparatos especiales 

Entradas en los colectores de m. 1.20 

por fii. 0.80 

Entradas en los colectores de ?/i. 1.50 

por m. 1.00... 

Entradas en los colectores de m. 1.65 

por m. 1. 10 

Entradas en los colectores de m. 1.95 

por wz. 1.30 

Entradas en los colectores de m. 1.95 

(circular) 

Entradas en los colectores de m. 1.95 

por m. 3.00 

Aparatos automáticos: 

Geneste y Herscher, de 500 litros 
Entradas de visita con chimenea de 

ventilación 

Entradas de visita herméticas 

Resumideros... 



492 

260 

333 
230 



10 % por ganancia del contratista é imprevistos.. 
5 % por quiebra de cañones y otros imprevistos. 



0,50 
0,55 
0,60 



400, — 

500,— 

525,— 

650,— 

750,— 

.100, — 

110,60 

143,98 
83,34 
66,96 



70.345,— 

2.352,35 

956,40 



12.500, — 

525,— 

1.950,— 

5.250,— 

1.100,^ — 

54.415,20 



37.434 
27.752, 
15.400, 



80 



73.653,75 



2,252.966,95 

225.296,70 
112.648,35 



Total $. 



2.590,912,— 



Asciende el presente presupuesto á la suma de dos millones quinientos noventa mil 
novecientos doce pesos. 



— 171 — 
III. — Barrio Ullra Mapocho 





CANTIDAD 


Precio 

por 
unidad 


Sl'MAS 


ESPECIFICACIONES 


Parciales 


Totales 


a. — Desmontes 
En los colectores 


38.027,38 m^ 

39.297,12 » 

22.916,26 » 
37.826,32 . 

19.898,30 . 

36.676,40 m^ 

33.772 

2.831 

4.620 

386 

5.360,57 m^ 

1.138,55 ^ 

31,068,32 m^ 

38.392,00 
3.217,00 


% 

0,87 
0,68 

0,25 
0,25 

1 ,00 

0,45 

2,06 
2,76 
3,47 
4-50 

25,04 

22,70 

1,50 

0,50 
0,55 


33.083,82 

26.722,04 

1.196,12 


$ 






2 % por desgaste de herramientas 


61.001 .98 


b. — Terraplenes 
En los colectores 


5.729,06 

9-456,58 

151 .86 








1 % por desgaste de herramientas 


15.337,50 


c. — Acarreo de desmontes 
Con 20 ^ de foisonnetitent 


19.898,30 


19.898,30 






(/. — Pavimentación 
Readoquinado y reempedrado 


16.504,38 


16.504,38 






e. — Cañería de Greda 

(largo útil m 0,75) 

Cañerías de ni 0.20 de diámetro 

" » 0.25 . » 

Uniones » » 0.20 por m 0.15 

» » 0.25 » » 0.15 


69.570,32 
7.813,56 

16.031,40 
1.737,— 


95.152,28 


/. — Colectores 


134.228,67 
25.845,08 
46.602,48 




» » concreto.. 

Estuco 


206.676,23 


g. — Empaquetaduras 


19.196,— 

1.769,35 




. » » » » 0.25 


20.965,35 



— 172 — 

III. — Barrio Ultra Mapocho (Conclusión) 





CANTIDAD 


Precio 

por 
unidad 


SUMAS 


ESPECIFICACIONES 


Parciales 


Totales 


h. — Aparatos especiales 

Compuertas en los colectores, de m 1.50 
por m 1. 00 

Aparatos automáticos : 

Geneste y Herscher de 500 litros.. 

Entradas de visita con chimenea de 
ventilación... 


10 

141 
92 

H2 

53 

180,— m» 

130,- » 

60,00 » 

1.243,77 m^ 

75,00 m-** 
94,50 » 
533,00 » 
1.549,5 ' 

nprevistos 


# 

500,— 
110,60 

143,98 
83,34 
66,96 

25,04 

22,70 

22,00 

1,50 

22,70 

22,00 

1,50 

0,87 


5.000,— 

15.594,60 

13.246,16 
9.334,08 
3.548,88 


% 


Entradas de visita herméticas . 




Resumideros 


46.723,72 






i- — Colector alcantarilla 

en la desembocadura 

Albañilería de ladrillo 


4.507,20 

2.951,— 
1.320,— 
1.865,62 




» » concreto 




Mampostería.. 




Estuco.. 


10.643,82 




y. — Canal (tajo abierto) 
Concreto 


1.702,50 

2.079,— 

949,50 

1.348,06 




Revestimiento mampostería . 




Estuco.. 




Desmontes 


6.079,06 




10 % por ganancia del contratista é ii 


498.982,62 
49.898,26 


5 % por quiebra de cañones y otros 


imprevistos 






24.949,13 








Total $.... 






573.830,01 



Asciende el presente presupuesto á la suma de quinientos setenta y tres mil ochocientos 
treinta pesos un centavo. 



— 1/3 - 



Presupuesto total 

a. — BARRIO CENTRAL : ( comprendido entre 

Cerro Santa Lucía, rio Mapoclio, Matu- 

cana y Alameda) % 1.328.123,01 

b. — BARRIO ULTRA ALAMEDA » 2.590.912, — 

C. — BARRIO ULTRA MAPOCHO » 573.830,01 

Total... $ 4.492.865,02 

Asciende el presente presupuesto de los desagües de la ciudad 
entera, á la suma de : Cuatro millones cuatrocientos noventa 
y dos mil ochocientos sesenta y cinco pesos dos centavos. 

Nota — Si la I. Municipalidad determinase sustituir la cañería 
de Lota por cañería inglesa que vale 50 % más, deberá aumen- 
tarse el presupuesto total en $ 336.075,14, lo que da en suma 
la cantidad de $ 4.828.880,16. 



— 174 — 

Estado que demuestra el número de casas de las zonas de la ciudad de Santiagl 
en que va á establecerse el servicio de desagües, en conformidad á las tasa- 
ciones hechas para el cobro del impuesto de haberes, con la contribución que 
corresponde á dicho servicio. 



SUBDELEGACIONES 


Núm. 
de 


Menores 
de 


Núm. 
de 


De $ 2.000 
á 


Núm. 
de 


De § 10.000 
á 


URBANAS y RIRALES 


casas 


$ 2.000 


casas 


10.000 


casas 


20.000 




1 Urbana 


26 


52.000 


147 


778.178 


57 


772.628 




2 » 


4 


8.000 


57 


367.100 


68 


887.200 




3 ' 


3 


6.000 


26 


158.200 


28 


403.400 




4 » 


— 


— — 


5 


42.300 


12 


180.700 




5 » 


2 


4,000 


64 


191.800 


60 


970.000 


6 » 


14 


28.000 


150 


880.766 


145 


2,046,180 


Zona del Centro.,.^ 7 s 


5 


10.000 


129 


660,890 


145 


1,140.098 




8 » 


42 


84.000 


296 


I. 368 ,262 


99 


1.457.286 




9 » 


16 


32.000 


216 


1.019.937 


75 


996.285 




10 » 


9 


18.000 


131 


1.186,696 


106 


1-563.304 




11 » 


102 


204 000 


290 


1.452.636 


45 


617. 3Ó9 


'12 » 

1 


lOI 


202.000 


226 


1.169.541 


46 


615.910 


U3 ' 


43 


86.000 


36 


109.000 


11 


162,800 


ÍH » 


144 


288.000 


316 


1.326,813 


28 


437.379 




24 Rural 


4 


8.000 


20 


115.273 


11 


101.318 


Zona del Mapocho. 


15 Urbana 


98 


196.000 


401 


1.871.495 


107 


1.318.116 




16 ■> 


93 


186,000 


383 


1.761.753 


114 


1.443.673 




25 Rural 


4 


8.000 


39 


216.683 


11 


160.646 




17 Urbana 


26 


52.000 


223 


1.050.511 


38 


531.165 




18 » 


88 


176.000 


438 


1.930-350 


181 


1.262.092 




xg . 


94 


188.000 


502 


2,519.024 


160 


2.311.846 




20 » 


16 


32.000 


210 


1.250.147 


155 


2.149.608 




21 » 


15 


30.000 


196 


1.939,696 


118 


1.684.807 


Zona del Sur 


22 » 


84 


168.000 


165 


758.590 


58 


722.345 




23 » 


— 


— 


47 


317.426 


117 


1.452.299 




24 .. 


14 


28,000 


222 


1.349-778 


144 


2.113.769 




25 ' 


27 


54.000 


157 


951.740 


80 


1.133.128 




26 . 


133 


266.000 


495 


1.053.924 


75 


1.046.750 




27 » 


271 


542.000 


301 


1-319-536 


45 


604.885 




8 Rural 


69 
1-547 


138.000 


73 
5.961 


283.507 


18 
2.357 


238.640 




$ 3.094.000 


$29.401.552 


# 28.411.857 



— 175 — 

Estado que demuestra el número de casas de las zonas de la ciudad de Santiago 
en que va á establecerse el servicio de desagües, en conformidad á las tasa- 
ciones hechas para el cobro del impuesto de haberes, con la contribución que 
corresponde á dicho servicio. — (Conclusión). 



Núm. 


De $ 20.000 


Núm. 


De $ 30.000 


Núm. 


De § 40.000 


Núm. 


De S £o.coo 


de 


á 


de 


á 


de 


á 


de 


para 


casas 


30.000 


casas 


40.000 


casas 


50.000 


casas 


arriba 


26 


629.333 


5 


171.800 


2 


85.300 


4 


359.800 


30 


732.400 


22 


734.050 


24 


989.700 


58 


4.388.174 


19 


482.400 


16 


552.300 


18 


798.950 


93 


15.475.360 


8 


205.314 


19 


695.920 


7 


325.400 


112 


23.678.953 


4- 


1.073.689 


38 


1.356.398 


31 


1.450.150 


166 


17.962.943 


70 


1.806.000 


52 


1.854.400 


44 


2.032.834 


136 


13.121.731 


61 


1.522.916 


45 


1.573.220 


26 


1.074.616 


46 


3.764.087 


57 


1.415.550 


19 


647.746 


14 


620.015 


18 


1.810,159 


25 


608.800 


16 


496.702 


10 


168.000 


30 


2 .410.100 


42 


1.011.736 


28 


977.489 


II 


499.600 


18 


1.552.368 


15 


364.050 


7 


235.900 


4 


59.232 


3 


374,600 


20 


481.762 


1 


30.600 


5 


238.700 


8 


505.575 


10 


246.300 


6 


202.063 


2 


85.800 


3 


523.300 


19 


475.663 


— 


- — 


4 


178.406 


6 


364.964 


2 


50.292 


19 


638.818 


— 


— — 


— 


— — 


45 


1.098.889 


12 


422.848 


14 


617.981 


20 


2,490,675 


35 


865.348 


— 


— — 


5 


223.657 


8 


479.050 


3 


71.138 


10 


271.070 


- 


- - 


2 


269.795 


10 


240.177 


11 


371.700 


I 


43.360 


2 


145.500 


18 


455.660 


7 


232.800 


2 


92.000 


5 


416.040 


48 


916.063 


48 


1.679.314 


4 


197.600 


5 


427,300 


115 


1.613.433 


18 


360.965 


17 


700.845 


17 


3,022.815 


62 


1.578.683 


17 


598.580 • 


16 


771.354 


36 


3.581,268 


32 


788.852 


31 


898.920 


11 


480.500 


28 


3.408,600 


62 


1.527.840 


40 


1.397.633 


2 + 


1.096.655 


51 


4.390.724 


76 


1.855.907 


14 


497.880 


16 


715.514 


36 


3.043.866 


25 


607.000 


13 


483.702 


■^3 


578.400 


29 


2.931.630 


16 


391.675 


6 


220.472 


5 


214.010 


4 


247.721 


14 


322.921 


3 


loo. 700 


— 


- 


5 


563.560 


9 


212.509 


12 

535 


414.889 


2 
332 


95.710 


4 


532.900 


1.015 


$23.652.300 


$ 19.098.779 


$ 14.426.289 


953 


$ 111,829,150 


Se 


rebajan los av 


ilúos may 


ores de S 400.00 


D porque 


el limite de la coi 


itribución 




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omprende 












» 5,184,768 




















$ 106.644,382 


C 


ONTRIBUCIÓN : ) 


3 por loe 
1 por loe 


)0 118.084. 

30 106.644, 


777.... 35 
382.... lo 


4.254.33 
6. Ó44. 38 







$ 460,898,71 



Emilio Yávar. 



— 176 — 

Sr. Sagastume. — El proyecto de desagües de Santiago, por 
el Ingeniero Valentín Martínez, que acaba de leerse, demuestra 
que á nuestros hermanos de ultra cordillera les preocupa, cual 
merece, el problema de la disminución de la alta cifra de mortalidad 
de sus ciudades y especialmente de su capital. 

En cuanto puede uno formarse idea de un proyecto por la 
somera aunque metódica y clara exposición contenida en el folleto 
cuya lectura hemos escuchado, yo lo creo bien estudiado ; habién- 
dose introducido en él, con acierto, los últimos adelantos de esta 
rama de la ingeniería, llamada Ingeniería Sanitaria. 

En el anexo III, página 26, se manifiesta haber tomado como 
base de cálculo la cantidad de agua caída durante la fuerte lluvia 
de tempestad ocurrida el 17 de Julio de 1877, cuya duración fué 
de diez horas, dando el pluviómetro la cantidad de 93 mm. De 
consiguiente, la cantidad de agua caída por segundo y por hectá- 
rea es 

0,093X10000 

^•'^ = 25 litros 833. 



10X60X60 



Circunstancias locales explicarán la diferencia marcadísima 
entre este valor y el que ha servido de base para el cálculo de la 
sección en los conductos de tormenta de esta Capital. 

El ex-Ingeniero Jefe de las Obras de Salubridad, don Carlos 
Echagüe, en su memoria correspondiente al proyecto de conducto 
general de desagüe para descarga de los de tormenta, manifiesta 
que el valor de la lluvia máxima considerado por el Ingeniero Bate- 
man, — 38 m.m. por hora — es pequeño, y que se han registrado 
lluvias mucho mayores: 

En Diciembre 29 de 1867 40 m.m. en 45 minutos, ó sea 53 ni.m. por hora 

» » 28 de 1885 35 m.m. » 45 » ó sea 47 m.m. » > 

» Febrero 11 de 1888 52 m.m. » 75 » ó sea 42 m.m. » » 

» Enero 31 de 1894 20 m.m. » 15 » ó sea 80 n.m. » » 

Tomando esta última cifra, resulta que la cantidad de agua flu- 
vial caída por hectáreay por segundo, es de 222 litros ó sea 8 veces 
más que la admitida en el proyecto que analizo. 

En Berlín, dice Durand Claye, en donde las lluvias son frecuen- 
tes pero poco abundantes, el suelo arenoso y con escasa pendien- 



— 177 — 

te, se ha calculado las secciímes de las cloacas en la hipótesis de 
una lluvia de 21 m.m. por hora, de los que J solamente llegarían 
aellas; lo que da un volumen de 21 litros 185 por hectárea y por 
segundo. 

El señor Martmez, admite como coeficiente de reducción |, 
llegando así á 12,9 litros por hectárea y por segundo, en tanto que 
en el proyecto mencionado del señor Echagüe, se tomó § como 
valor de ese coeficiente. 

De estas diferencias resulta que los colectores de la capital chi- 
lena serán de un diámetro y coste pequeños, comparados con nues- 
tros conductos de tormenta, aun cuando el área á desaguarse — 1.900 
hectáreas, — difiera poco de las 2.007 comprendidas en los distritos 
I á 29 del proyecto de Bateman de 187Ó,— que excluía la Boca y 
Barracas — 400 manzanas aproximativamente (Ó7Ó hectáreas). 

Paréceme que el consejo dado por el autor, de que en las cloa- 
cas domiciliarias deba establecerse aparatos que efectúen varias 
descargas automáticas para la limpia de la cañería, es un exceso 
de precaucóin que hacen innecesarias las buenas pendientes de 
que se dispone y los 15 litros de agua que se descargarán cada vez 
que se haga uso del water-closet. 



En lo relativo á la renta que las obras producirán, es acertadí- 
sima la previsión de que ella baste para servir la deuda que para 
ejecutarlas se contraiga, con más los gastos de explotación, y que 
no suceda lo que en Buenos Aires, donde el producto líquido de 
las obras de salubridad (unos 3.000.000 fg, el año 1897) no alcanza 
para cubrir el servicio de la deuda, que importa i. 912. 500 § oro 
por año. 

Sr. Figueroa. — La diferencia que ha hecho notar el señor 
Ingeniero Sagastume, entre las alturas de aguas de lluvia en Buenos 
Aires y en Santiago de Chile, se explica por la diferencia de lati- 
tud ; en este último punto llueve mucho menos, y cuanto más se 
avanza hacia el Norte, el descenso de la altura de agua llovida es 
cada vez mayor, al extremo de que en Antofagasta, en Iquique y 
en el Callao mismo, más al Norte del litoral peruano, la lluvia natu- 
ral es sólo una garúa casi imperceptible. 

Quería dar esta explicación. 

Sr. INIoRANDi. — Me parece que el señor Figueroa, hablando 
del agua de lluvia en Chile, se refiere á los promedios anuales ; y yo 

T. II 1- 



- 178 - 

creo que, en este caso, lo que debe tenerse en cuenta no es ese 
promedio, sino la cantidad de lluvia arrojada en un golpe de agua, 
porque entiendo que, para esta clase de obras de ingeniería, lo 
que sirve de base es la cantidad de agua que cae en minutos, en un 
cuarto ó en media hora. 

Los datos que suministran las publicaciones de Chile y que 
constan en el Observatorio de Colón, me parece que suministran 
cantidades superiores á los que registra el trabajo que acaba de 
leerse. 

A los datos que ha presentado el seiior Ingeniero Sagastume, 
podría, por mi parte, agregar algunos originales del Observatorio de 
Colón, que aumentan en cierta proporción las cifras por él indicadas. 

Por ejemplo: En la lluvia de 9 de Abril de 1886, en 14 horas 
cayeron 187 milímetros de agua; y en esa misma lluvia, en menos 
de 13 minutos cayeron 17 milímetros. En la última lluvia, de 8 ó 9 
del mes pasado, en Colón, han caído 32 milímetros de agua en 
media hora, arrojando un total de 137 milímetros en 7 ó 7 ^ horas. 

Es cuanto tenía que decir. 

Sr. Sagastume. — Estoy en un todo conforme con lo que 
acaba de manifestar el padre Morandi, y creo que, efectivamente, 
es eso que llamamos golpes de agua ó aguaceros, lo que se debe 
tomar como base para estos cálculos. Y es precisamente lo que 
ha hecho el señor Ingeniero Echagüe : él se ha dicho que es para 
las lluvias de corta duración pero de grandísima intensidad que 
deben servir los caños de tormenta. 

Sr. Aguirre. — Estos golpes de agua que, indudablemente? 
son la base para el cálculo del diámetro de las cañerías, dependen 
exclusivamente de las condiciones locales. 

Yo deseaba citar un dato tomado en los Observatorios de la India 
Inglesa. Allí, si mal no recuerdo, se ha observado la caída de 78 
á 80 centímetros de agua en menos de 24 horas ; es decir, la caída 
media anual en Europa, se ha producido allí en un solo día. 

Este es un dato que probaría que la caída de agua no obedece 
á ninguna ley, y que no pueden establecerse líneas de igual caída 
para golpes de agiia, como las que se pueden establecer con res- 
pecto á las caídas medias anuales, y á las que se refería el señor 
Ingeniero Figueroa; es decir, dividiendo un territorio en zonas, en 
las cuales oscilaran las caídas medias dentro de ciertos límites. 

Creo que, con respecto á estos trabajos, lo que hay que tomar 
por base son los golpes de agua, que son puramente locales. Tal- 



— 179 - 

vez las observaciones de Montevideo no pueden aplicarse en Bue- 
nos Aires. 

Sr. Sagastume. — En ese sentido, yo decía que circunstancias 
locales explicarían el hecho. 

Sr. Figueroa. — Quiere decir, entonces, el señor Ingeniero 
Martínez ha tenido en cuenta esos golpes de agua en circunstan- 
cias locales ; quiere decir que los golpes de agua son reducidos 
allí, es decir, están en relación con la altura media anual de agua, 
que corresponde á una región bastante al Norte de Buenos Aires. 

Sr. Morales. — Estoy completamente de acuerdo con la 
indicación del padre Morandi, referente á la necesidad de tener en 
cuenta la caída de agua en un tiempo dado ; y tengo entendido 
que en las primeras obras que se hicieron en esta ciudad, no se 
tuvo en cuenta sino un promedio; y tan es así, que en algunos 
barrios se han producido inundaciones parciales, que no ha sido 
posible evitarlas, porque los caños de tormenta eran insuficiente 
para el caudal de agua que recibían. 

Sr. Sagastume. — Efectivamente, ha sucedido eso; por ejem- 
plo, en la calle Rivadavia y 24 de Noviembre, y creo que en la 
calle Ecuador también. Pero habría que observar que esos pun- 
tos están en el límite del radio de las obras. 

Sr. Morales. — Sucede lo mismo en la Avenida de Mayo, 
en una depresión fuerte que se nota á la altura de la calle San 
José. 

¿Por qué no se evitó ésta cuando se abrió la Avenida de Mayo? 
Porque una comisión, de la que formaba parte el señor Ingeniero 
Villanueva, presidente entonces de las Obras de Salubridad, mani- 
festó que interceptando el desagüe de la calle San José, donde 
antes había un tercero, sería necesario que esa agua que pasa por 
encima de la calle, fuera recibida en el caño que existe en aquel 
punto, en que se acumularía el agua de una gran zona de la ciudad. 

Es lo que quería decir. 



Tratamiento de las basuras de la ciudad de Buenos Aires 

Por MIGUEL TEDÍN 

Ingeniero civil. — Miemb7-o del Concejo Míinicipal 



La solución del problema de la eliminación de los residuos que 
diariamente se producen como resultado de la vida urbana, es el 
complemento necesario de las obras de salubridad que se han lle- 
vado á cabo y cuyos beneficios en el orden de la higiene se han 
podido palpar en los pocos años qvie tienen de funcionamiento. 

Si bien es cierto que las materias que éstas eliminan son las que 
constituyen el más grave peligro para el desarrollo de las enferme- 
dades infecto contagiosas; — no lo es menos que las basuras y des- 
pojos que se recogen de las calles y de las habitaciones, son ele- 
mentos nocivos para la salud pública, y en determinadas circunstan- 
cias pueden constituir verdaderos agentes para la propagación de 
aquéllas. — Y así como se han invertido grandes capitales y se ha 
puesto en servicio la ciencia de los ingenieros y de los higienistas 
para la ejecución de los trabajos que han dado por resultado la 
eliminación de las materias llamadas cloacales, — así también de- 
bería dedicarse igual atención á la de los residuos urbanos. 

La ciudad de Buenos Aires existió desde su fundación asentada 
sobre sus propios excrementos; — dejando á la acción lenta del 
tiempo y de la tierra que los volviera inocuos, hasta que una peste, 
que causó terribles estragos en sus habitantes, le obligó á empren- 
der los trabajos necesarios para hacerlos desaparecer á medida 
que se producen, sin que puedan contaminar el aire ni el agua. 

Idéntica cosa sucede con las basuras : — Desde muchísimos años 
son recogidas por procedimientos que dejan mucho que desear en 
cuanto á la higiene y ornato de las calles, y son arrojadas en un 
sitio contiguo á la población donde se descomponen bajo la ac- 
ción del sol y de la humedad hasta que termina su evolución, y por 
un proceso lento y elemental se produce su combustión incomple- 
ta, esparciéndose en la atmósfera, desde la superficie del suelo, to- 
dos los gases y humos que se desprenden de ella. 

Los higienistas podrán decir la cantidad y la calidad de elemen- 
tos nocivos que de allí se desprenden y los gérmenes patógenos 



— I8i — 

que contienen.— Para el ingeniero basta saber que es necesario 
destruirlas para que investigue cuáles son los medios más conve- 
nientes de hacerlo, sea bajo el punto de vista higiénico, sea bajo 
la faz económica . — Este es el objeto de este breve estudio. 

Las basuras de la ciudad de Buenos Aires se forman principal- 
mente de residuos de frutas, verduras, carne y restos de alimentos 
preparados;— de huesos, cenizas, papeles, trapos, maderas, latas, 
fierros, cueros, etc; — es decir, de materias auto-comburentes y de 
otras que no lo son. — Contienen, además, una cierta cantidad de 
humedad, que debe ser considerable, dada la naturaleza del suelo 
y las condiciones de la atmósfera en que se desarrollan los produc- 
tos que sirven para la alimentación. 

Las sustancias vegetales y animales que hay en ellas, contienen 
ázoe, ácido fosfórico y carbonatos de potasa y de cal en cantida- 
des variables, lo que desde luego indica que su aphcación á la 
agricultura como abono sería una solución del problema, — sería 
volver á la tierra los elementos que se le han arrancado por los 
cultivos, realizaado el principio de circulación que es ley de la 
creación. 

Pero esta solución, tan racional en teoría, parece no ser posible 
en la práctica, ó á lo menos no ser la más económica. 

La utilización de las basuras para la agricultura, ó su mezcla con 
la tierra para su descomposición, requiere la existencia de campos 
de extensión considerable y una manipulación laboriosa. 

Los primeros sólo pueden conseguirse á distancias más ó menos 
grandes de los centros de población, lo que implica gastos de trans- 
porte, y lo segundo, que las tierras tuvieran necesidad del abono 
á fin de que éste tuviera un valor comercial y la manipulación ó 
entierro no fuera en pura pérdida. 

Bajo estos dos aspectos, los resultados serían negativos para la 
aplicación de este sistema, pues es evidente que sería necesario 
transportar las basuras por ferrocarril á distancias más ó menos 
largas, y que los agricultores no le asignarían valor,' alguno dada la 
clase de cultivos extensivos en su mayor parte que en la actuali- 
dad se efectúan y la riqueza natural de las tierras. 

En París se aprovecha una buena porción de las basuras ven- 
diéndolas como abonos; — pero aún allí mismo, sólo pueden ser 
empleadas en terrenos situados á un radio no mayor de cincuenta 
kilómetros del punto de producción, porque á mayor distancia los 
fletes recargan su precio de tal manera que no conviene á los 



I«2 



agricultores su adquisición. — El valor comercial de una tonelada 
puesta en los wagones, es de f. 0.75 á f. 1.50.— En Buenos Aires 
seguramente no tendría valor alguno. 

Por otra parte, dadas las malas condiciones de los caminos desde 
las estaciones de los ferrocarriles hasta los terrenos de labranza, 
en la mayoría de los distritos rurales en donde pudiera intentarse 
la utilización, es muy presumible que los agricultores no las acep- 
taran ni aún gratuitamente, por la dificultad que ofrecen los trans- 
portes. — Esos terrenos deben además abarcar una gran extensión 
á fin de que la mezcla se haga en proporciones convenientes para 
no saturarlos demasiado, y como la producción de residuos es 
permanente y los abonos son intermitentes, sería necesario la 
formación de depósitos en diversos puntos 3^ en cantidades limita- 
das para que no se conviertan en focos de infección; — lo cual, 
como es consiguiente, daría lugar á gastos considerables que no 
serían compensados con los beneficios que pudiera dar la materia 
que se pretende utilizar. 

Descartado por estos motivos el procedimiento agrícola para 
la destrucción de los residuos urbanos, se presenta al estudio el de 
la utilización de sus propiedades auto-comburentes; — pero antes 
conviene recordar, aunque sea ligeramente, el que se usa en las 
ciudades marítimas, como Nueva York. 

Las basuras eran en un principio recogidas por los métodos or- 
dinarios y transportadas á sitios determinados de los muelles de la 
costa de los ríos Hudson y Este, que como se sabe desembocan en 
el mar, y cargadas en barcos especiales, los cuales las transportaban 
y descargaban á unas treinta ó cuarenta millas de la ciudad; — pero, 
como se produjeran reclamos de las poblaciones costeras por los 
despojos que arrojaban las mareas, se ha decidido últimamente 
hacer una clasificación de aquéllas : utilizando las materias que no 
sufren descomposición, para terraplenes; — quemando las que son 
fácilmente combustibles y fabricando abonos con las restantes, por 
medio del vapor y de procedimientos químicos. 

En Buenos Aires se habría podido pensar en que el caudal y la 
corriente de las aguas del Río de la Plata ofrecen un ancho lecho 
para hacer desaparecer las basuras, sin que ofrezcan un peligro 
para la higiene de las poblaciones litorales; — pero, aparte de los 
perjuicios que pudiera ocasionar á la industria de la pesca, la ope- 
ración requeriría un dock especial y la construcción de barcos 
adecuados, todo lo cual representaría un capital considerable, cuyo 



— I{ 



desembolso no sería justificado desde que hubiera otros sistemas 
de llegar al mismo resultado con menos costo . 

En cuanto á los procedimientos químicos ó mecánicos para la 
fabricación de abonos artificiales, inútil será pasarlos en revista, 
puesto que es evidente que no pueden intentarse razonablemente 
todavía en este país, donde no tienen aplicación. 

No siendo, pues, económicos ni prácticos los procedimientos 
agrícolas y químicos de destrucción de las basuras, conviene estu- 
diar el de la cremación, tanto bajo su faz higiénica como bajo la de 
sus resultados económicos. 

Este procedimiento se inició en Inglaterra en las ciudades me- 
diterráneas, y ahí ha alcanzado un gran desarrollo, lo mismo que 
en los Estados Unidos; á tal punto que suman más de veinte mi- 
llones los habitantes de las poblaciones que se libran de sus resi- 
duos por medio de él. 

Consiste en someter las basuras á temperaturas que varían de 
300 á 600 centígrados, con lo cual se destruyen no solamente to- 
dos los gérmenes orgánicos, sino también los gases y humos que 
se desprenden de la combustión. 

Como es natural, diversos sistemas se han puesto en práctica, 
desde los más elementales, — como el de empapar con petróleo una 
parte de las basuras y una vez que ha dado principio la combustión 
dejar que el fuego se propague por sí mismo al aire libre, — hasta los 
hornos más perfeccionados, en donde la temperatura se eleva has- 
ta 2000 centígrados, produciendo la perfecta combustión de las 
materias sólidas, humos y gases. 

En principio general, las instalaciones ú hornos crematorios que 
sirven para ello se componen de una plataforma en donde se des- 
cargan directamente los carros colectores ; — de un enrejado al 
través del cual pasan después que se han extraído el fierro, latas, 
cueros y en general las materias gruesas incombustibles y utiliza- 
bles ; — de una cámara de disecación con pendiente fuerte, de 
manera que descienda por su propio peso, y de un hogar á parrillas, 
donde se consumen por el calor del fuego que previamente se ha ini- 
ciado con carbón y continúa alimentándose con las mismas basuras. 

Los humos y gases salen del crematorio por caños que los di- 
rigen á una cámara de expansión, donde se depositan las cenizas 
más pesadas, y los demás salen á la atmósfera por una chimenea 
de cuarenta á cincuenta metros de alto. 

En la parroquia de Shoreditch, en Londres, se han establecido 



hornos crematorios en donde los residuos son arrojados directa- 
mente de los carros colectores á cámaras cerradas, de donde pasan 
paulatina y automáticamente á los hornos de combustión. 

Los crematorios ó celdas, como generalmente se les llama, se co- 
locan en grupos de seis, opuestas dos á dos, y tienen poco más ó 
menos i metro 50 centímetros de ancho por dos metros 75 centí- 
metros de largo ; 3 metros 65 centímetros de altura y 2 metros 30 
centímetros de superficie de parrillas. — La combustión se opera 
constantemente sin otro combustible que las basuras, debiendo ha- 
cerse la alimentación á brazos. 

Hay diversos tipos de crematorios, en los cuales se han introdu- 
cido distintos perfeccionamientos, sea para la remoción mecánica 
de las basuras, sea para hacer pasar al través de ellas corrientes de 
aire caliente para secarlas ; para aumentar el tiraje de la chimenea 
y para la disposición de las celdas y puertas' de cierro ; — siendo 
las más generales las denominadas de Fryer Warner, Whitey y 
Horsfall. 

Inoportuno sería en este caso entrar en la descripción minuciosa 
de cada uno de ellos, porque requeriría numerosos planos ilustra- 
tivos de descripciones que tomarían demasiada extensión, y, por 
otra parte, todo eso no sería suficiente para formar un juicio pre- 
ciso respecto al funcionamiento de cada uno y de su superioridad 
respecto de los demás. — Es esta una cuestión eminentemente ex- 
perimental, y es solamente la observación y comparación de los 
resultados de unos y otros la que determinará el criterio favorable 
á un sistema. 

El costo del primer establecimiento se calcula generalmente de 
334 mil pesos oro por cada celda, incluido el terreno, y su trabajo 
equivale á la unidad de 10.000 habitantes. — Así pues, cada crema- 
torio de seis celdas puede costar de 18 á 24 mil pesos y consumir 
los residuos de una población de 60 mil personas, ó sean 40 to- 
neladas próximamente, en cada veinticuatro horas. 

La ciudad de Buenos Aires, que produce actualmente 530 tone- 
ladas de basuras cada veinticuatro horas, ó sean kilos 0.710 por 
habitante, necesitaría doce crematorios para deshacerse de sus re- 
siduos urbanos, con un costo de 21Ó.000 á 288.000 pesos oro. 

Esta suma parecerá elevada á primera vista, si sólo se tiene en 
cuenta que al presente no se invierte capital alguno para la crema- 
ción imperfecta y antihigiénica qvie se hace ; — pero será insigni- 
ficante al lado de los grandes capitales ( cerca de treinta millones 



- i85 - 

de pesos oro ) que se han invertido en las obras necesarias para 
deshacerse de las materias cloacales, siendo aquéllos su comple- 
mento indispensable. 



La combustión de una masa tan considerable de materia sólida 
representa una cantidad de calor que, utilizado convenientemente, 
puede transformarse en fuerza motriz con aplicación inmediata á 
las necesidades de la misma ciudad. 

No es posible indicar el valor calorífico de una unidad de basu- 
ras en esta ciudad, desde que no se han hecho experimentos para 
determinarlo, y variando, como es natural, en cada locahdad, según 
los hábitos de las poblaciones, sistema de alimentación, indus- 
trias que se ejercitan, etc. ; — pero, á los efectos de señalar la im- 
portancia que tienen y su posible aplicación económica, tomare- 
mos las cifras que se han obtenido en algunas ciudades inglesas, 
seguros de que las que aquí se consiguieran no habrían de variar 
entre límites muy distantes. 

Tres elementos contienen las basuras, que deben ser considera- 
dos en este cálculo: primero, la parte combustible; segundo, la parte 
incombustible y tercero la humedad; las cuales, por regla general, 
se encuentran en la siguiente proporción: 

Combustible 50 % 

Incombustible 25 » 

Agua 25 » 

Si se toma un kilogramo de basuras y se somete á la combustión 
en un horno, se tendría : 

Primero. — Que el calor que teóricamente se necesita para eva- 
porar kilogramos 0.25 de agua desde 20" — centígrados es 
533+8o_^j^Q calorías. 

Segundo. — Que el calor que se pierde para reducir á escorias 
la parte incombustible, ó sea kilogramos 0.25 de basuras, es igual á 
0.8 de kilóg. de carbón. 

Siendo el valor calorífico del carbón de piedra, igual á 7000 ca- 
lorías, se tendrá ^^= 875 calorías de pérdida. 

Habiéndose encontrado prácticamente, que el poder calorí- 
fico de las basuras es igual á la mitad de el del carbón, se tiene 



— i86 — 

que el poder calorífico de un kilogramo de ellas equivale á 

'-?-( 150 + 875) = 2475. 

Ahora si se utiliza la combustión para producir vapor mediante 
calderas de un tipo apropiado y convenientemente dispuestas, de 
manera que un kilo de carbón de piedra produzca diez kilogramos 
de vapor, se tendrá la siguiente proporción: 7000 : 10 = 2475 : x 

= 3>5o- 
Lo que significa que un kilogramo de basuras puede evaporar 

kilogramos 3.53 de agua. 

Aplicando este cálculo á las 530 toneladas de basura que se ex- 
traen diariamente, y deduciendo de ellas el 10 ^ que no debe en- 
trar en el crematorio por ser formado de materias incombustibles, 
se tendrá : ( 530—53 ) 1000 X 3,53 = ^-577,9^0 kilogramos de agua 
evaporada en 24 horas ó sea 65.746 kilogramos por cada hora. 

Como la evaporación de 11.50 kilogramos representa [25 X 0.46 
= kilogramos 11.50 ] un caballo de fuerza, los -7^= 57^7 caba- 
llos de vapor. 

Se ve, pues, que las basuras importan una cifra considerable 
como poder motor y como valor económico, y que el proceso de 
la cremación, al cual se ha objetado de destruir elementos que pue- 
den ser benéficos á la tierra, acrecentando su. poder de producción 
y que, por lo tanto, tienen un valor económico, queda justificado, 
porque transformando en fuerza y luz la potencia eléctrica que 
puede generar el calor de la combustión, se obtiene un valor co- 
mercial más inmediato é importante que por el proceso agrícola. 
— Por otra parte, tiene la ventaja de satisfacer completamente el 
objetivo principal que se tiene en vista en los diversos tratamien- 
tos de los residuos urbanos, que es destruir de una manera rápida 
y completa todos los gérmenes nocivos á la salud pública que 
ellos contienen, con la menor molestia para los habitantes. 

Como se comprende, los resultados obtenidos por el cálculo son 
puramente teóricos y son, por lo tanto, susceptibles de variar con- 
siderablemente, á causa de que entran factores cuyo valor sólo 
puede determinarse experimentalmente, puesto que se modifican 
según las localidades, clima, época del año en que se efectúa la 
operación y perfección de los aparatos crematorios ; — pero aún 
colocándose en las condiciones más desventajosas y suponiendo 
que sólo se obtuviera el 75 % del poder calorífico que arroja el 
cálculo, se tendrían siempre 3.288 caballos de potencia motriz para 
ser utilizados en los servicios urbanos. 



- i87 - 

La aplicación más inmediata que puede dársele, es la de o-ene- 
rar electricidad con destino al alumbrado público, á la tracción de 
ferrocarriles urbanos y de coches automóviles ; — pudiendo ade- 
más servir para mover las máquinas de los establecimientos indus- 
triales, ventiladores de teatros y edificios públicos, y para las dis- 
tintas aplicaciones que cada día se dan á aquel elemento en las 
necesidades de la vida. 

Pero la más práctica es, sin duda, la del alumbrado y la tracción 
eléctrica. 

Veamos ahora los servicios que pueden efectuarse con el vapor 
generado por la combustión de las basuras que actualmente se ex- 
traen. 

Se sabe que un caballo de vapor equivale á 73Ó watts eléctricos; 
de manera que con los 3.288 caballos de vapor producidos por la 
combustión de las basuras y deducido el 16 % que se calcula como 
pérdida por las resistencias de los dinamos,se tendría que el efecto 
útil equivaldría á 2.033 küo-watts. 

Si se aplicara esta potencia eléctrica al alumbrado público, por 
medio de lámparas incandescentes de un poder luminoso equivalen- 
te á 16 bujías, y aceptando que el gasto sea de 60 watts por cada 
una y deduciendo un 20 % por la resistencia de los conductores, se 
tendría que podrían mantener 27.107 faroles del poder luminoso 
indicado. 

Si en vez de lámparas incandescentes se usaran de arco voltaico 
de ocho amperes de intensidad de corriente, y de un poder lumi- 
noso de 1.500 bujías, las cuales consumen 360 watts, se podrían 
alimentar 4.518 lámparas; probablemente todo lo que requeriría la 
ciudad para la iluminación de sus calles. 

Aplicada la misma fuerza á la tracción eléctrica y sabiendo que 
el consumo medio de cada vehículo ordinario con el sistema tro- 
lley equivale á 50 caballos de vapor, y admitiendo que el efecto 
útil de los conductores represente sólo el 80 % de la fuerza des- 
arrollada por los dinamos, se tendrá una potencialidad igual á 2.Ó31 
caballos, con los que podrían tenerse en marcha 51 vehículos á la 
vez, lo que representa un servicio de bastante consideración. 

Como la combustión de las basuras debe ser continua y de con- 
siguiente la producción de vapor, sería necesario combinar su uti- 
lización de acuerdo con las necesidades de las industrias que de- 
ben usar la energía eléctrica.— El alumbrado, por ejemplo, sólo 
necesitaría de un determinado número de horas durante la noche 



y la tracción durante el día y una cierta fracción de la noche. — En 
el caso de que una y otra consumieran por sí solas toda la poten- 
cialidad eléctrica, sería siempre posible suplir la cantidad de vapor 
necesaria durante las horas de trabajo simultáneo, con calderas y 
máquinas complementarias, resultando siempre una inmensa eco- 
nomía por la utilización de calor de los hornos crematorios ; ó 
almacenando el calor cuando no fuera necesario su gasto. 

Nos hemos extendido sobre este punto de la aplicación comercial, 
no tanto por lo que ello puede importar á los intereses económicos 
del municipio, sino para demostrar que el sistema de cremación no 
es gravoso como se ha considerado siempre ; razón por la cual no 
se ha puesto en práctica desde muchos años atrás, cuando ya se 
conocían los resultados obtenidos en las ciudades inglesas. Pero su 
importancia mayor y que prima sobre toda otra, es la de la higie- 
ne pública, pues con ella desaparecen gérmenes de infección que 
contaminan permanentemente la atmósfera, á tal punto, que el 
profesor Maisels, de Odessa, enuna comunicación dirigida al último 
Congreso Internacional de Medicina, reunido en Moscou, propone 
que se adopte como medida internacional la cremación de los 
cadáveres y de las basuras, como medio de combatir el desarrollo 
de tifus, escarlatina, cólera y otras enfermedades infectocontagiosas. 



El servicio de la limpieza pública se efectúa actvialmente por una 
administración dependiente del gobierno comunal y está dotado de 
un tren de vehículos y del personal respectivo que funciona con 
regularidad. Las basuras son recogidas de las casas y calles, en 
carros abiertos que recorren éstas en toda su extensión, ocupando 
cinco horas de la mañana por término medio. 

El espectáculo que ofrecen durante este tiempo es el más re- 
pugnante y antihigiénico que es posible imaginar, á tal punto, que 
durante la estación calurosa constituye una verdadera mortifica- 
ción para el olfato y la vista una excursión matinal por la ciudad. 
Sólo el hábito ha podido familiarizar á la población con él, lo que 
explica que no haya interesado tanto la atención como debiera, 
para hacerlo desaparecer. La administración municipal que resol- 
viera convenientemente este problema en todos sus aspectos, se 
haría acreedora seguramente al reconocimiento público. 

Como se ha indicado anteriormente, la cantidad de residuos que 



— i89 — 

se extraen cada día alcanza á 530 toneladas, equivalentes á 1.097 
metros cúbicos; empleándose en este trabajo 269 vehículos, un 
personal de 304 hombres y 917 animales de tiro. 
El costo de extracción es de $ 2.22 por tonelada. 
El recorrido que efectúan diariamente los vehículos es de 219 
cuadras como máximum; 123 como mínimum y 157 por término 
medio, contando desde que salen de sus depósitos hasta el regre- 
so á ellos. 

De todos los puntos de la ciudad convergen para su descarga á 
un sitio situado al extremo Sud Oeste, el cual dista próximamente 
sesenta cuadras de la plaza de la Victoria, ó sean de 7 á 8 kiló- 
metros. 

La forma irregular de la superficie edificada no permite ex- 
presar en una fórmula matemática la proporción en que se reduci- 
ría el recorrido de los vehículos; pero la observación del plano 
permite suponer que si en lugar de un depósito se establecieran 
dos, tres ó más vaciaderos, la distancia á recorrer disminuiría en 
proporción inversa del aumento. Así, si se situaran uno al Norte» 
sobre la costa del río, y otro al Oeste, en la proximidad de los 
terrenos de la Chacarita, podría reducirse próximamente el recorri- 
do á una tercera parte, ó sea un térmiiio medio de 50 cuadras. 

Esta sola modificación importaría un beneficio considerable pa- 
ra el municipio, no sólo por la economía pecuniaria que pudiera 
representar en cuanto al número y conservación de los vehículos, 
sino también porque disminuría la presencia de ellos en las calles, 
con lo que ciertamente ganaría su ornato. 

En idéntica proporción disminuiría el tiempo empleado en la 
operación; de manera que, en vez de cinco horas que se invierten 
en la recolección y transporte, sólo se necesitarían de dos ó tres. 
Ello importaría una reducción en los salarios del personal ocupado 
en la limpieza, que representan ^ 172.7Ó8 anuales, ó por lo menos 
su utilización en otros servicios municipales. 

El capital iiivertido en vehículos y bestias de tiro está represen- 
tado para los primeros por $ 119.596 y por $ 10Ó.148 para los se- 
gundos, ó sea un total de $ 225.744. 

Estas mismas cifras serían susceptibles de disminución una vez 
que el menor recorrido de los vehículos permitiera hacer dos ó más 
trayectos en un mismo día, y lo sería también, como consecuen- 
cia, los gastos de manutención de las bestias de tiro, que importan 
% 155 anuales por cada una. 



— IQO — 

No es posible establecer á priori cuál sería el importe total á que 
ascienden las sumas que pueden economizarse con la nueva orga- 
nización que sufriría el servicio de limpieza, si se establecieran tres 
depósitos ó vaciaderos para los desperdicios de la ciudad; siendo, 
por otra parte, una cuestión exclusivamente práctica sobre la cual 
sólo podría pronunciarse con autoridad la administración que co- 
noce íntimamente los resortes de este servicio ; pero es evidente 
que representaría una suma que compensaría ampliamente el ma- 
yor costo que tuviera la cremación y aún los intereses del capital 
que hubiera de invertirse en los hornos. 

Este capital estaría representado del modo siguiente : 



En el vaciadero Sud Oeste, cuatro hornos de seis cel- 
das cada uno y de diez toneladas de capacidad por 
celda, ó sean 24 celdas á $ 5,000 oro c/u $ 120.000 

Dos hornos de 6 celdas para el vaciadero Norte, á 

$ 5.000 c/u » 60.000 

Dos hornos de 6 celdas para el vaciadero Oeste, á 

$ 5.000 c/u » 60.000 

% 240.000 

Imprevisto 10^ » 24.000 

Total... $ 264.000 

Como se ve, el capital necesario para efectuar las instalaciones 
que han de librar diariamente á la ciudad de sus residuos, es in- 
significante con relación á los beneficios que ellas han de produ- 
cir en el sentido de su higienización y con relación á sus recursos 
económicos. — Sólo una negligencia culpable y quizás el hábito de 
presenciar el estado actual de cosas, ha podido impedir que se 
aborde resueltamente el problema, venciendo los inconvenientes 
de relativa y poca importancia que se han opuesto y que han ser- 
vido de pretexto para cubrir aquéllas, ya que de ninguna manera 
la justifican. 

El sistema de recolección de las basuras es igualmente antihi- 
giénico y rudimentario. — Los vehículos que se emplean son pesa- 
dos armazones de madera, arrastrados por bestias, á los que, con- 
sultando la economía de personal, se les ha dado una capacidad 
de 3 á 4 metros cúbicos. — Como consecuencia de esas condicio- 
nes, su marcha es lenta y permanecen en las calles desempeñando 
su tarea hasta cinco horas durante la mañana. No hay para qué 



— igi — 

repetir lo que antes se ha dicho respecto del espectáculo que 
ofrecen. — Por otra parte, después de algún tiempo de uso se ha- 
llan tan impregnados de materias en putrefacción, que por sí mis- 
mos constituyen focos insalubres. 

Para salvar estos inconvenientes, seria necesario que las cajas 
de los vehículos fueran construidas con láminas de hierro, de ma- 
nera que fuera posible su lavado diario y su desinfección por agen- 
tes químicos, cuando las circunstancias lo reclamaran;— que estu- 
vieran provistas de tapas tan herméticas como fuera practicable, y 
que fueran de báscula, á fin de ser descargadas directamente sol)re 
los hornos. — Que su peso y capacidad fuera tal, que permitiera 
una marcha rápida, de modo que su presencia en las calles fuera lo 
más corta posible (dos horas, de 5 á 7 en verano, y de 6 á 8 en in- 
vierno ), como el medio de reducir á su mínimum las molestias de 
la población. 

Con estos elementos sería posible realizar el servicio de limpieza 
en condiciones que si no son la perfección, serían á lo menos las 
más favorables para la higiene y el ornato de la ciudad. 

En cuanto á las diversas instalaciones que se han propuesto \- 
que se usan en varias ciudades para depositar las basuras en cajas 
empotradas en la vereda ó en el muro de la calle de las habitacio- 
nes, á fin de que la extracción pueda hacerse durante la noche, 
constituyen por sí un problema que, no por ser de detalle, deja de 
revestir bastante importancia y, por lo tanto, es necesario que para 
su solución se tenga presente las condiciones generales de la edi- 
ficación y las de las calzadas, la naturaleza de las basuras, las con- 
diciones climatéricas y muy principalmente los hábitos de la po- 
blación. — Por nuestra parte, nos limitaremos á indicarlos, no 
teniendo la experiencia necesaria para proponer la mejor solución. 



En el estudio que acaba de hacerse, no se pretende presentar 
novedad alguna sobre el importante problema de la ehminación de 
los residuos urbanos, el cual viene siendo desde varios años mo- 
tivo de gran preocupación para las autoridades edilicias y tema 
de estudio de los ingenieros é higienistas. — Se ha querido única- 
mente llamar la atención sobre él, presentando en síntesis los di- 
versos procedimientos que se han puesto en práctica, y señalando 
sus ventajas é inconvenientes para que el Congreso Científico, con 



— 192 — 

la autoridad profesional que sus miembros invisten, aconseje las 
medidas que á su juicio sea conducente adoptar para librar á la 
ciudad de Buenos Aires de sus residuos. 

En nuestra modesta opinión éstas serian las siguientes : 

I." La realización de estudios teóricos y experimentales respecto 
del sistema más perfecto y económico de hornos cremato- 
rios, con utilización del calor que desarrollan para la pro- 
ducción de vapor á emplearse como generador de potencia 
eléctrica para las necesidades urbanas. 

2.° Estudios de los lugares más adecuados para el estableci- 
miento de los crematorios y iisinas de electricidad, teniendo 
en cuenta la economía del recorrido de los vehículos colec- 
tores y las aplicaciones de la fuerza que se genere. 

3." Concurso de vehículos que mejor satisfagan las necesidades 
del servicio de limpieza, con relación á la higiene y á su so- 
lidez y facilidad de trabajo. 

Si el problema fuera convenientemente resuelto bajo estos tres 
aspectos, se habría dado un gran paso en el sentido de la higieni- 
zación de esta gran ciudad; y si bien es cierto que se hubiera sus- 
traído á la tierra elementos de riqueza que han debido volver á 
ella, permitiendo que la naturaleza en su inmenso y misterioso la- 
boratorio transforme en una hermosa flor de delicado perfume ó 
en una fruta de grato sabor, el repugnante contenido de un cajón 
de basuras, también es cierto que permitirá al genio del hombre 
transformarlo en brillante foco de luz que ilumine los esplendores 
de la belleza ó en poderosa fuerza que multiplique su actividad, 
contribuyendo eñcazmente al bienestar y progreso de la humanidad. 

Sr. Silveyra. — A la sola lectura del interesante trabajo de 
seiior Ingeniero Tedín, se me ocurre hacer algunas indicaciones, 
no observaciones, al proyecto. 

Estoy de perfecto acuerdo en que las basuras deben cremarse, 
dado nuestro estado actual y las condiciones de la industria agrí- 
cola entre nosotros; pero me parece que podría simplificarse la 
forma de la cremación. ■ 

Teniendo la cremación las varias ventajas que ha indicado el 
señor Ingeniero Tedín, creo, y sería un punto motivo de estudio, 
que ella debiera efectuarse en las mismas casas donde se producen 



— 193 — 

las basuras. Esto que se hace con mucha gencrahdad en las casas 
de Buenos Aires, podría erigirse en una obligación para los pro- 
pietarios, imponiéndoles la construcción de un pequeño horno cre- 
matorio en cada casa. De esta manera se eliminarían todos los 
inconvenientes que ofrece el transporte de las basuras á gran dis- 
tancia del centro de las ciudades, se suprimirían los muchísimos 
gastos que habría que hacer para llevar á cabo este proyecto y se 
realizaría el mismo resultado. No se aprovecharían esos residuos 
en la producción de luz eléctrica ó en otras industrias ; pero de 
todos modos se eliminarían muchísimos de los inconvenientes que 
hoy se tocan. 

El establecimiento de motores destinados á la producción de 
luz eléctrica ó á cualquier otra industria, trae también aparejados 
muchísimos inconvenientes y no es sino un medio indirecto. 

Me parece que, entre los diversos sistemas, debería estudiarse el 
de la cremación de las basuras en las casas. Y no se diga que sería 
un inconveniente la vigilancia que él exigiría, porque de la misma 
manera que hoy se obliga á los propietarios á construir obras de 
salubridad en ciertas condiciones, las que son revisadas de cuando 
en cuando á efecto de obtener su mejor func: ¡namiento, así 
también podría obligársele á tener un pequeuo horno crema- 
torio. 

También á los conventillos ó casas de inquilinato se les obliga á 
establecer baños. Pues de la misma manera se les podría obligar á 
tener un pequeño horno crematorio que elimine todas las ba- 
suras. 

Esta es una indicación que hago, por si se estudia la cuestión, 
que tal vez merecería tomarse en consideración. 

Sr. Morales. — Yo no he leído el trabajo del señor Ingeniero 
Tedín ; pero así, prima facie, estoy completamente de acuerdo 
con las conclusiones á que llega: creo que el método de elimina- 
ción de las basuras que debe emplearse, es la cremación^ y creo, 
como él, que no debe hacerse un solo horno, como se pensó al 
principio y para lo cual llamó á licitación la municipalidad de 
esta capital. 

Precisamente una de las razones que debe tenerse en vista es la 
relativa al transporte de las basuras. Los carros que llevan los residuos 
de la parte Norte de la ciudad tienen que cruzar ésta íntegramente. 
Creo, entonces, que por lo menos debe haber dos hornos conve- 
nientemente ubicados, tal vez tres, para limitar el costo de trans- 

T. II ^^ 



— 194 — 

porte y evitar el desagradable espectáculo que ofrecen los carros 
de conducción. 

La municipalidad llamó á licitación, hace cuatro años, para la 
construcción de un horno crematorio de basuras, dejando á los pro- 
ponentes la libertad de emplear el sistema que juzgasen más con- 
veniente. Tuvo lugar la licitación, y se nombró una comisión para 
que dictaminase cuál era la propuesta que merecía ser aprobada. 
Esa comisión se expidió y se celebró el contrato respectivo con la 
empresa que obtuvo la obra. Desgraciadamente, no se empezó la 
construcción, porque sobrevino un pleito con la municipalidad; 
parece que el proponente no tenía la intención de hacer la obra. 
Ese pleito continúa aún, y la municipalidad no puede hacer nada 
mientras él no termine. 

No creo que sea práctica la idea que ha indicado el señor Inge- 
niero Silveyra, por más que él ha afirmado que podría construirse 
los hornos crematorios en las casas, en las mismas condiciones que 
las obras de salubridad. Y me parece difícil, primero, por la 
naturaleza misma de la cremación, tratándose de barrios donde la 
edificación es compacta ; y, segundo, por el control que requeriría 
esa operación, porque muchos propietarios tendrían interés en 
hacerla bien, pero otros no, y sería necesario practicar una fisca- 
lización diaria, para evitar que los residuos mal quemados consti- 
tuyesen un peligro para la salud pública. 

Por otra parte, del punto de vista económico, yo creo que la 
construcción de estos hornos no ocasionará ninguna erogación á la 
municipalidad. En la licitación que he mencionado, algunas de las 
propuestas no exigían desembolso ninguno á la municipalidad ; 
por el contrario, se le ofrecía una suma que iba en aumento á me- 
dida que transcurrían los años, con la sola concesión de poder 
utilizar los residuos. 

Yo creo, por consiguiente, que si la municipalidad llama á lici- 
tación para la construcción de dos ó tres hornos, obtendrá la eco- 
nomía inmediata de todo el personal, del costo que representa la 
cremación actual, en la forma defectuosa que se hace, y tal vez en 
el transporte, porque es posible que la empresa que construya las 
obras se haga cargo de él gratuitamente. 

Sr. Tedín. — Voy á agregar algunas palabras sugeridas por el 
informe del señor preopinante, referente á que se llamó á licitación 
para la construcción de un horno crematorio. 

Yo creo qae la resolución de un problema de esta naturaleza, 



- 195 - 

no debe ser dejado á la iniciativa privada, á las empresas particula- 
res, y que tratándose de la higiene, de la seguridad pública, deben 
hacerlo las autoridades encargadas de velar por ella, empleando 
los mejores sistemas, los más perfeccionados, y sin tener en cuenta 
una economía que puede refluir en perjuicio del buen éxito de la 
operación. 

Por eso he creido que el procedimiento que debe seguirse para 
llegar á este resultado sería el de hacer estudiar por empleados es- 
peciales de la administración pública, comisionados con ese obje- 
to, y sobre cuya competencia y honorabilidad se tendrían las prue- 
bas más perfectas, los sistemas más adecuados de hornos, envián- 
dolos á estudiar directa y prácticamente cómo funcionan esos hor- 
nos en los países en que están establecidos ; y en presencia de los 
estudios que ellos presenten, hacer la construcción directamente 
por la administración municipal, de manera á evitar los proce- 
deres de un empresario, que trata siempre de conseguir el 
mayor provecho posible, muchas veces con perjuicio de la hi- 
giene. 

Sr. Aguirre. — El problema de la combustión de las basu- 
ras está ya resuelto, y más que de higiene, es un problema de 
física. 

La basura tiene un poder calorífico muy superior al necesario 
para evaporar la cantidad de agua que ella contiene. Entonces, el 
problema se reduce á esto : ¿ Cómo se puede aprovechar ese po- 
der de combustión que tiene la basura ? 

Ese problema está ya resuelto : la solución consiste en una com- 
binación de los hornos de inyección de vapor y los hornos fumí- 
voros ; es decir, se emplean hornos fumívoros, con inyección de 
vapor. Y está resuelto en estas condiciones : el horno no produce, 
con los productos de la combustión, no solamente humo anti- 
higiénico, pero ni siquiera incómodo. De manera que los hornos 
crematorios no deben establecerse en las afueras de la ciudad, 
sino en el centro, justamente para ahorrar el transporte. 

El problema fué resuelto primero en Londres ; las revistas fran- 
cesas del año pasado se han ocupado del asunto. En aquella ciu- 
dad se establecieron hornos crematorios en el centro de los barrios 
populosos y ricos, es decir en el South-Kensington, hornos que 
consumían las basuras produciendo una fuerza de 40 á 50 ca- 
ballos. 

Esos hornos se reprodujeron en otras ciudades de Inglaterra; 



. — 196 — 

Iqs estudió una comisión alemana y en seguida fueron empleados 
en Alemania, de manera que el año pasado existían más de 50 
ciudades alemanas que tenían esas instalaciones. 

A consecuencia de esto fueron estudiadas en Francia; y me refiero 
á las revistas del año pasado en que se dan todos los detalles. 

Así, pues, las basuras se pueden quemar — y es esto una ventaja 
evidente — produciendo una cantidad de calor bastante aprecia- 
ble. En el procedimiento de la quema debe tomarse en cuenta lo 
siguiente: r." que los productos de la combustión no deben 
tener mal olor siquiera, es decir, deben ser los hornos fumívoros; 
2." debe haber una inyección de vapor para llevar los productos 
de la combustión al punto en que se va á utilizar el calor. 

También los carros tienen que ser de una construcción especial y 
en lo posible automáticos, para disminuir la mano ele obra necesa- 
ria para cargar las parrillas. 

En estas condiciones creo que deben aceptarse la conclusiones 
á que llega el señor Ingeniero Tedín, pero con esta pequeña modi- 
ficación : que los hornos deben ser establecidos en la ciudad, 3' 
aún en el centro de cada distrito, precisamente en las mejores con- 
diciones para distribuir la fuerza eléctrica. 

Además, creo que sería necesario estudiar qué composición tie- 
ne la basura de Buenos Aires, que, por nuestros hábitos de despil- 
farro, es un poco diferente de la de las ciudades europeas. 

Sr. Tedín. — Nada tendría qu.e observar á lo que ha dicho el 
señor Ingeniero Aguirre con respecto á los sistemas empleados, 
que son más ó menos los que yo he indicado. ¿ Pero cuál de ellos 
es el más conveniente para esta localidad ? Eso es lo que tiene que 
ser materia de un estudio especial. 

Respecto á la ubicación de los vaciaderos en el centro de la 
ciudad, es un punto que me parece muy objetable. Cualquiera sabe 
experimentalmente que las basuras producen por sí solas un espec- 
táculo muy repugnante y un olor intolerable ; y si durante el día 
se acumulasen en el centro de una manzana poblada estos residuos 
que deben ser quemados durante las 24 horas del mismo, se des- 
prenderían mayores olores y no creo que los vecinos lo tolerarían 
de buena voluntad. Por eso he indicado que se hagan en puntos 
tan inmediatos como sea posible de la ciudad, pero fuera de la 
parte poblada. 

Sr. Aguirre. — Creo que el problema quedaría resuelto estu- 
diando cajas herméticas y cargadores automáticos de los hornos. 



- 197 — 

con lo cual no se haría más que ad(^ptar uno de los tantos méto- 
dos de carga automática que se emplean hasta para los hornos que 
consumen carbón. Aún podría, con los datos en general conocidos, 
usarse un sistema por el cual la basurn fuera directamente del carro 
al depósito, sin estar en contacto con el aire para nada. 

Sr. Tedín. — Sería muy difícil llegar á ello, porque previamente 
hay que hacer una clasificación de la basura, para extraer de ella la 
parte combustible y la parte utilizable, á menos que se adoptase el 
sistema de arrojar al horno todo lo que se recoge en las calles, 
como se hace en algún barrio de Londres ; entonces se perdería el 
valor comercial que tiene la explotación de los residuos. 

— Habiéndose resuelto dar por terminado el debate y siendo 
las 6 p. m., se levanta la sesión. 



TERCERA SESIÓN 



14 de Abril de 18 



— Reunidos los señores congresales, declárase abierta la sesif'ni, 
_y una vez leida y aprobada el acta de la anterior dice el: 

Sr. Soulages. — Voy á presentar dos observaciones: á la memo- 
ria del señor Legrand, sobre prismas reiteradores aplicados al sex- 
tante, y á la del señor Tedín, sobre quema de basuras en la ciudad 
de Buenos Aires. 

Refiriéndome á la primera, la del señor Legrand, considere- 
mos la trayectoria de un rayo luminoso que llega en la di- 
rección indicada por la ñecha]^ E y la dirección de la visual 
directa á la imagen de dicha estrella en el 
horizonte artificial, indicado por E', 

Cualquiera que sea la posición del ins- 
trumento con respecto á esas dos direc- 
ciones E y E', tenemos siempre que el án- 
gulo leído es independiente del ángulo 
de incidencia sobre cualquiera de 
\ los dos espejos, y del espejo chi- 

\ co en particular. 

Por otra parte, sabe- 
mos que la desviación A 
de un rayo luminoso á 
través de un prisma es : 
i -|- i' — A, siendo A el 
ángulo del prisma, i el 
ángulo de incidencia, i' el de emergencia, como i' es función de i; 
A también es función de i y por tanto varía con i y de consi- 
guiente co}i el ángulo de incidencia sobre el espejo chico. 

Como la interposición del prisma tiene por efecto modificar el 
ángulo de las visuales directa y reflejada, en A, resulta que el án- 
gulo que corresponde á la segunda posición de la estrella depende 




\. 



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■%. 



— 200 — 

también del ángulo de incidencia sobre el espejo chico; y varía 
entre ciertos limites, que será fácil calcular, que tal vez pueden dar 
margen á un error inadmisible. 

Es decir, que en todo rigor no se puede aplicar el método si no 
tiene retículo el anteojo; que de noche se deberá iluminar. 

2° El prisma dispersa el rayo de luz considerado, lo que produ- 
ce una dilatación de la imagen en el sentido de la dispersión. 

De ahí una segunda causa de error para observarla coincidencia. 

Se podría fácilmente calcular un límite superior de este error, 
para juzgar de su importancia. 

En resumidas cuentas, creo que no hay que insistir demasiado 
sobre el grado de exactitud que permite alcanzar el método. 



Voy á referirme ahora á la memoria leída por el señor ingeniero 
Te din. 

Una de las conclusiones á que llegó el señor ingeniero Tedín, es 
que deberían establecerse varios hornos ó usinas en barrios excén- 
tricos, ó centrales según la opinión del señor ingeniero Aguirre. 

La posición de estas usinas estarían determinadas por la condi- 
ción de hacer (¡ne la expensión de los gastos de transporte sea un 
mínimo, ó que .; efectuara el trabajo en un tiempo determinado ó 
por otras consideraciones. 

Lo que quería observar es que por la disposición especial de 
casi todas las ciudades sudamericanas y particularínente de 
Buenos Aires, que consiste en que se dividen en barrios, en toda 
la extensión de los cuales las calles son respectivamente para- 
lelas á dos direcciones normales entre ellas, resulta que todos 
los problemas que se relacionan con economía en los gastos de 
transporte, á cualquier punto de vista y con cualesquiera restric- 
ciones que sean, pueden ser resueltas matemáticamente de un 
modo sencillo, lo que es impracticable en los casos de ser cual- 
quiera la disposición de las calles. 

Sr. Legrand. — Tengo que contestar las observaciones del señor 
preopinante acerca de los prismas. 

No podría asegurarse que hay diferencia entre la observación 
hecha sin prismas y la hecha con uno ó más prismas, porqu.e estos 
no producen dispersión alguna, son construidos en condiciones de 
ser perfectamente acromáticos, 



— 20I 



Ahora, en cuanto al cambio de incidencia, que el señor Soulages 
dice que puede producir un error, me bastará decir que como bs 
prismas están colocados en el lugar que ocupan los vidrios de color 
del sextante, los rayos de luz atraviesan esos prismas bajo una inci- 
dencia constante, cualquiera que sea la altura del astro ; es decir 
cualquiera que sea esta altura, el rayo que sale reflejado por 
el espejo grande atraviesa esos prismas según una dirección 
perpendicular al eje; de manera que desaparece también la causa 
de error. 

Sr. Tedín.— Según la exposición que ha hecho el señor Soula- 
ges, parece que fuera imposible establecer una fórmula matemática 
de la economía en el recorrido para el transporte de basuras, en el 
caso de establecerse dos ó más puntos de descarga. 

Efectivamente, sería eso sencillo si hubiera en esta capital una 
población regularmente repartida; pero, dadas las condiciones irre- 
gulares en que se ha hecho la edificación; — la extensión que ha 
tomado en algunas partes y lo poco desarrollada que se nota en 
otras, — sería sumamente difícil llegar á una fórmula precisa, mate- 
mática, y por eso había hecho simplemente un cálculo de observa- 
ción sobre el plano de la ciudad. Creo que tal vez tomando una 
serie de puntos, estableciendo una serie de cálculos, podría llegarse 
á vina fórmula matemática; pero tratándose de un caso práctico, me 
ha parecido inútil hacerlo. 

Sr. Raffinetti. — Voy á decir pocas palabras respecto al 
agregado de prismas reiteradores al sextante, hecho por el señor 
Legrand. 

No he tenido tiempo de estudiar detenidamente la cuestión; pero 
el señor Legrand ha explicado en un lenguaje muy apropiado, y en 
pocas palabras, el objeto de la modificación. Después de la reu- 
nión de ayer, el distinguido catedrático de topografía de la facultad 
de ciencias exactas, Ingeniero Emilio Palacio, objetó al señor Le- 
grand que ya se habían aplicado prismas de esta naturaleza á otros 
instrumentos, como el teodolito, y para comprobarlo nos hizo pasar 
al gabinete de topografía, donde pudimos ver un prisma que podía 
adaptarse al objetivo del teodolito, obteniendo las mismas reitera- 
ciones que el señor Legrand aplica al sextante. No conocía yo esa 
nueva aplicación, como tampoco la conocía el señor Legrand, 
según el mismo lo manifestó, lo cual no es extraño, puesto que 
ni él ni yo nos ocupamos de los instrumentos portátiles de topo- 
grafía en sreneral. 



— 202 — 

Es fácil darse cuenta de que estos prismas aplicados al sextante 
no pueden producir absolutamente inconvenientes, puesto que es- 
tán en el mismo lugar en que ocuparían los vidrios de color. 

Muchas veces estos vidrios de color pueden estar mal construí- 
dos y, sin embargo, no ser defectuoso el sextante, porque hay me- 
dios para subsanar esa deficiencia. Por otra parte, es fácil demos- 
trar que el error que se puede cometer por esa causa es mviy peque- 
ño, en cualquier caso. 

Ahora bien: esos prismas aplicados al sextante, son de mucha 
utilidad para la determinación de un instante físico dado, por cuanto 
vienen á sustituir á los instrumentos reiteradores ó repetidores con 
limbo y alidada. Así, por ejemplo, este nuevo sistema es muy 
aplicable, como indica el señor Legrand, al método de Gauss, para 
la determinación de la latitud por medio de tres estrellas de altura 
igiial, es decir, determinando el instante físico en que esas estrellas 
llegan á una altura fijada de antemano. En los sextantes ordina- 
rios, se fija el limbo y el nonius previamente, con el tornillo de coin- 
cidencia, y se espera que la estrella llegue á la altura dada, es 
decir, que se confundan las dos imágenes, en cuyo momento se 
anota la hora. 

Entonces, esto vendría también á ser un complemento de los ins- 
trumentos reiteradores ó repetidores, para la determinación de los 
instantes físicos; en lugar de tener la observación de un tiempo 
dado, se puede tenerlo en tres, cuatro ó cinco, según los prismas 
que se interponen, y de esa manera podría llegar á que el promedio 
del error no sea apreciable. 

Por estas razones, creo que la modificación ideada por el señor 
Legrand es de muchísima utilidad, tanto para los agrimensores 
como para los que se ocupan de cuestiones de geodesia ó astro- 
nomía. 

Sr. Palacio. — Los prismas han sido aplicados en numerosos 
instrumentos para fines análogos al que ha aplicado el señor Le- 
grand en el sextante ; es decir, de producir casi mecánicamente 
por su interposición en un sistema óptico, una desviación constan- 
te del rayo luminoso para una posición dada del prisma. 

Citaré únicamente un caso, que es el del prisma diastimométri- 
co aplicado á los teodolitos, para utilizarlos en la medida indirecta 
de las distancias. 

Este prisma, cuya desviación es próximamente ^^, es decir, más ó 
menos de 35', se coloca delante del objetivo del anteojo de un teo- 



— 203 — 

dolito cualesquiera, y por la disposición á charnela que tiene, se 
puede observar con ó sin el prisma, á voluntad. 

Leyendo sobre una mira la graduación que corresponde al hilo 
del retículo, sin el prisma primero y con el prisma después, nos 
dará una diferencia debida á la desviación del prisma, y como esta 
es conocida, se podrá deducir la distancia. 

En la aplicación de que nos ocupamos, se trata de producir las 
mismas desviaciones con fines análogos, pero en un instrumento 
diferente, con objeto de evitar el hacer las lecturas sobre el círculo 
para cada contacto, deduciendo éstas de las primeras lecturas y 
de los valores de' las desviaciones angulares, que producen los 
prismas interpuestos, cuyos valores se han determinado con exac- 
titud. 

Debo observar á propósito de esta aplicación, lo siguiente : 
I." Siendo la velocidad del movimiento en altura de un astro, di- 
ferente según su distancia al meridiano, se deduce que los prismas 
empleados para las observaciones lejos del meridiano, no conven- 
drían para las observaciones meridianas, de modo que su aplicación 
sería limitada para observaciones especiales. 

2° Por las mismas razones anteriores, me parece no podría con 
ventaja práctica aplicarse los mismos prismas á estrellas cuyas de- 
clinaciones fueren muy diferentes. 

3.^ La interposición de estos prismas produce una pérdida de 
luz que sería desventajosa para las estrellas de pequeña magnitud, 
que es necesario observarlas con anteojos de mayor aumento que 
el ordinario del sextante. 

4.° Para poder apreciar las ventajas y la exactitud de este proce- 
dimiento, sería conveniente un estudio detenido de la influencia que 
estos prismas pueden tener sobre los errores instrumentales del 
sextante. 

Tratándose ahora de la aplicación de estos prismas al sextante, 
para un método especial, es natural que podrá adoptarse prismas 
cuyas desviaciones angulares sean tales, que las observaciones de 
los contactos se produzcan á intervalos de tiempo determinado de 
antemano, como más conveniente. 

Terminaré haciendo notar que, en mi opinión, es una disposición 
ingeniosa y digna de ser presentada en este Congreso. 

Sr. Legrand. — Me permitiré agregar dos palabras más. 

En realidad, como ha dicho el señor Ingeniero Palacio, estos 
prismas más bien son aplicables á métodos especiales. Por ejem- 



— 204 — 

pío, si se aplica el sextante á tomar circunmeridianas, no sirve, hay 
que leer el nonius, porque en un intervalo largo de tiempo la altura 
no tiene variaciones sino de segundo orden; pero es aplicable para 
todos aquellos métodos en que se toman alturas iguales de estre- 
llas, ó también para otros, como las lineas de altura que con- 
siste en observar una serie de alturas de una estrella en cualquier 
orientación y otra serie de alturas en una orientación más ó menos 
perpendicular á la primera, es decir, con una diferencia azimu- 
tal de go°; método que es excelente para la determinación' de la 
latitud. 

Con este sistema se facilita mucho la observación durante la 
noche, porque en vez de observar con una serie de alturas, se 
observa una estrella con los prismas y luego otra estrella en las 
mismas condiciones. 

Si en una estación no ha podido observarse el sol, con el cual 
es fácil suplir los prismas, puesto qvxe de día se puede leer la gra- 
duación, en ese caso se observa de noche una estrella en alturas 
correspondientes, y entonces el uso de los prismas facilita mucho 
la operación. Y no entra en gran consideración la situación ni la 
declinación de la estrella, porque si inconvenientes presentara el 
empleo de los prismas, igual cosa sucede con la graduación, puesto 
que se observa una serie de alturas haciendo caminar la alidada de 
división en división del sextante, y estas divisiones representan un 
intervalo más ó menos largo de tiempo, según la orientación }' 
situación de la estrella. 

Por lo demás, agradezco muchísimo al seíaor Palacio los térmi- 
nos en que á mí se ha referido. 

Sr. Duclout. — Pero ¿cuál es la opinión del señor Legrand 
sobre la observación del señor Palacio, relativo á la orientación de 
los prismas? 

Sr. Legrand. — No quisiera molestar á los señores presentes, 
mostrándoles el cuaderno de notas que tengo aquí, pero puedo sí 
decir que á este respecto tengo una experiencia de casi un año. 

Es muy cierto que la posición de los prismas puede causar un 
error ; pero como la montura de esos prismas es metálica y viene á 
aplicarse al sextante, lo mismo que los vidrios de color, sobre una 
placa metálica, el pequeñísimo error qvie puede producirse es infe- 
rior al error de observación, á lo menos según la experiencia que yo 
he hecho con estos prismas. 

Sr. Palacio. — Pero la cuestión sería esta : determinar teórica- 



— 205 — 

mente la influencia que esos pequeños errores tienen sobre la me- 
dida angular. Porque mientras esa determinación no se haga, no 
podemos conocer la bondad del sistema. 

De manera que seria conveniente hacer ese estudio teórico. 

Sr. Legrand. — No cabe dentro del programa del Congreso lo 
que voy á proponer ; pero si alguno de los presentes se interesa en 
experimentar este sistema, yo me ofrezco con mucho placer para 
comprobarlo por la experiencia, comparando, por ejemplo, el 
tiempo local deducido por una serie de alturas del sol, observadas 
de mañana y de tarde, con el estado del observatorio de La Plata. 
Es el mejor medio de comprobar el sistema, aunque en realidad un 
solo experimento no constituiría prueba, pero ya daría una idea. 

— En seguida se da lectura á la siguiente memoria : 



Observaciones del señor Alejandro E. Bunge respecto al trabajo leído 
por el seño'' Miguel Tedi'n 

Leído el trabajo del señor Miguel Tedín sobre el tratamiento y 
utilización de las basuras de la ciudad de Buenos Aires en la sesión 
de ayer, se hicieron algunas observaciones. 

Observó el señor Silveyra que, en vez de recoger el gobierno las 
basuras, sería conveniente que obligara al pueblo á quemarla en 
cada domicilio, exigiendo á todos la construcción de un horno ade- 
cuado y varios en las casas de inquilinato; haciendo notar que su 
indicación tenía por objeto pedir que en caso de que este asuntóse 
estudiase, se tuviera en cuenta este sistema, que él creía conveniente. 

Se le objetó que esto traería muchos inconvenientes : como la 
dificultad de su inspección ; que no todos podrían quemar todas 
sus basuras por su naturaleza, etc. 

Hay sin embargo un inconveniente mucho más importante que 
creo digno de notar antes de que se estudie ese sistema. 

Hace ya muchos años que en Inglaterra, Francia y otras nacio- 
nes europeas se viene tratando de impedir la emanación de esos 
gases y vapores malsanos, de los hornos de cremación de basuras, 
aun cuando éstos debieran permanecer fuera de los centros de 
población, por sus consecuencias antihigiénicas. Se ha llegado á 
vm resultado satisfactorio. 



— 2o6 — 

Ahora bien: estos hornos son complicados por sus inyectores de 
vapor, siendo difícil su manejo. Es evidente, pues, que no se podría 
colocar en cada domicilio un horno de esta clase y que el humo 
tendría que producirse y ser libertado. 

Esto traería consecuencias fatales para la población ; hay que 
soportar ya por desgracia el de las cocinas, para que tengamos en 
cada casa otra salida más de humos más malsanos todavía. 

Estos humos, que contienen siempre partículas minerales cuando 
bajan por su mayor densidad, son aspirados con el aire, lo que trae 
consigo la tuberculosis, como lo demostró ayer el Doctor Gaché en 
la sección de medicina de este Congreso. 

Hago esta observación para pedir que no se tenga en cuenta 
este sistema en caso de que se hagan estos estudios, por las malas 
consecuencias que traería consigo, sí tuviera éxito en sus pocas pro- 
babilidades; ó bien que se tengan en cuenta conjuntamente con él. 



La segunda observación que deseaba hacer con respecto á este 
trabajo, es la siguiente : 

Observó el señor Aguirre al señor Tedín que el problema con- 
sistía, no en buscar los mejores parajes fuera de la ciudad para los 
hornos de cremación; el modo de aprovechar el calor desarrollado, 
etc., sino sencillamente en estudiar la naturaleza de las basuras 
para emplear los hornos más convenientes de los tantos sistemas 
que ya se usan, basados en la inyección de vapor de agua que im- 
piden el desprendimiento de humos malsanos; que éstos se podríaii 
instalar en cada municipio, lo que traería el ahorro en el transpor- 
te, la fuerza distribuida, etc., etc. 

A esto observó el señor Tedín que sería antihigiénico, porque 
las basuras desprenderían miasmas malsanos mientras estuviesen 
depositadas para ser cremadas. 

Dijo el señor Aguirre que este inconveniente se salvaba usando 
carros y depósitos perfectamente cerrados, que funcionasen auto- 
máticamente. 

A esto observó el señor Tedín que por el hecho de ser necesa- 
rio separar muchas cosas de la basvira por su utihdad, por no ser 
combustibles, etc., no se podrían usar depósitos en esa forma; y 
con esto se dio por terminado el debate. 

Quedó, pues, suspenso el proyecto del señor Aguirre por este 



— 207 — 

último inconveniente. Sentimos no haber hecho uso de la palabra 
para exponerlo que nos pareció conveniente al respecto; pero 
como tal vez sea de alguna utilidad, hemos decidido observarlo en 
esta otra forma que marca el artículo 5." del reglamento. 

La idea es la siguiente : 

Si el gobierno obligase al pueblo á poner en distintas divisiones 
de un cajón ó varios cajones los residuos, según su naturaleza, se 
podrían tratar y utilizar las basuras del modo que proponía el 
señor Aguirre- 

Esto no sería difícil conseguir y al cabo de cierto tiempo ni ha- 
bría necesidad de exigirlo puesto que sería una costumbre que se 
arraigaría después de las primeras multas. 

Esto traería muchas buenas consecuencias. 

l.° Se inculcarían en el pueblo sentimientos de orden y ahorro 
de que tanto necesita el nuestro. 

2.° Evitaría un gran gasto de obreros sin menguar el número de 
éstos, puesto que con ello se levantarían muchas industrias; unos 
aprovecharían los papeles, otros los huesos, otros las latas, etc., 
que vemos hoy sin uso se puede decir; esto haría levantar ó nacer 
ciertas industrias y los obreros no dejarían de trabajar, sólo deja- 
rían de hacerlo con gasto del gobierno. 

3.° Los residuos así separados, casi no serían basura y tendría- 
mos más limpieza é higiene- 

4.° Lo que el pueblo no utilizase, sería recogido por el gobierno 
de una manera fácil, cómoda, higiénica y económica, pudiendo 
utilizar gran parte de ellas en las industrias y el resto cremarlo en 
el centro de la ciudad, etc., etc. 

Hago esta observación en vista de que puede ser útil en caso de 
que estos asuntos se estudiasen, y la idea iniciada por el señor Te- 
dín podría ser realizada de una manera fácil en la forma indicada 
por el señor Aguirre. 

Sr. Tedín. — Pido la palabra. 

En el trabajo que tuve el honor de leer en la sesión anterior \(> 
llegué á hacer tres conclusiones. 

Es de práctica general en los Congresos, y ha sido esta la idea 
cuando se inició el actual, que cuando se presentase un trabajo que 
tuviera una idea práctica, el Congreso ó las secciones de él se pro- 
nunciasen respecto de las conclusiones á que se arribara, porque 
sería esta la manera de que llevase ese trabajo la aprobación del 



— 208 — 

Congreso, su apoyo moral, á fin de que algún día se pudiera tradu- 
cir en una forma práctica. 

Yo pediría á la Asamblea que, si lo tiene á bien, se pronunciase 
sobre esta cuestión, si no haciendo votos, en una forma general, 
diciendo, por ejemplo, que el Congreso Científico Latino Ameri- 
cano vería complacido que se realicen los estudios que se indican 
á fin de llegar á la solución que más convenga. 

— Apoyado. 

— Se vota la indicación del señor Ingeniero Tedín, yes aprobada 
por afirmativa general. 

Sr. Presidente. — El señor Ingeniero Huergo tiene la palabra. 



Los dos canales de acceso al puerto de Buenos Aires 

Señor Presidente: 
Señores: 

El día 17 del presente mes cumplirán doce años desde que el 
Excmo. Gobierno de la Nación tuvo á bien aceptar la renuncia de 
director técnico dé las obras del puerto de Buenos Aires, que ele- 
vé con fecha 5 de Enero del mismo año de 1886, declinando toda 
responsabilidad por el resultado de las obras que se proyectaba 
ejecutar, extendiendo las ya realizadas. 

Yo había tenido la dirección técnica de las obras durante diez 
años, aumentando, con escasos elementos, la profundidad de ac- 
ceso al puerto, de 0.30 m. en aguas bajas ordinarias, á la de Sm.QO 
(19 1/2 pies), permitiendo con esto amarrar al único y primitivo 
puerto de abrigo — el Riachuelo — á buques de 23 pies de calado, 
como el Regina Margherita, en donde antes sólo podían hacerlo 
buques de cabotaje de 4 á 5 pies de calado. 

Hasta principios del presente siglo, no se habían hecho otros 
trabajos de puerto en Buenos Aires, sino el valis amiento del 
antiguo canal de entrada al Riachuelo con palos clavados á cada 
25 ó 30 pasos, para indicar la traza y mayor profundidad del cauce, 
como refiere el sabio francés, señor Luis Feuillée, cuando arribó 



— 209 — 

á este puerto en 1707— y el pequeño muelle construido postenor- 
mente, para el servicio del Arsenal, en Barracas. 

Hasta 187Ó sólo se habían construido como 400 metros de 
muelles en el interior del Riacliuelo, y tres cortos muelles salientes 
en la ribera del Río de la Plata, para el servicio de lanchas de alije 
y buques de cabotaje. 

Las ideas habían cambiado desde 1707, en que el gobernador 
de Buenos Aires negaba al sabio Feuillée el permiso para compo- 
ner el timón descompuesto de la nave que le conducía en misión 
científica del Rey de Francia. 

El país entero reconocía que el comercio 3' las vías fáciles de 
comunicación son, quizá, los agentes más poderosos de la riqueza 
y libertad de las naciones; y en vez de rechazar á los buques ex- 
tranjeros, exigía se les diera acceso fácil, estadía cómoda y segura, 
y medios rápidos y económicos para hacer sus operaciones. 

Después de ciento veinte años de proyectos y discusiones, se 
empezó, en 9 de Noviembre de 1876, la construcción de un verda- 
dero puerto de abrigo para la ciudad de Buenos Aires, bajo el 
modesto nombre de Obras de Canalización del Riachuelo. 

La única, pero grave dificultad, consistía en la ejecución y con- 
servación de un canal de navegación para los grandes buques, 
desde el agua honda del río hasta la ribera de la ciudad, y ella era 
conocida y discutida en el país como en el extranjero. 

Entre otras opiniones, en 1875 el Ingeniero del puerto de Mar- 
sella, señor Barret, en su obra L'aménagement et la construc- 
tion desports de cotnnierce, decía respecto del puerto de Buenos 
Aires: 

« Nul autre port ne présente vm exemple plus intéressant des 
difficultés que l'art de l'ingénieur rencontre si souvent.» 

« Buenos-Ayres est, aprés Rio Janeiro, la ville la plus commer- 
^ante de l'Amérique du Sud, et l'entrepot naturel du traffic des 14 
provinces de la Confédération Argentine et des produits du bassin 
de la Plata...» 

« L'importance actuelle de Buénos-Ayres augmente rait assuré- 
ment si ce port pouvait étre rendu accesible aux navires d'un ton- 
nage moyen, et si sa rade présentait moins de dangers. Une tenta- 
tive dans ce sens, si elle véussissait, donnerait un essor prodí- 
gieux (i la prospévité toujoiirs croissante de cette ville, une des 
principales places de commerce du Nouveau Monde.» 

En 1878, el distinguido Ingeniero Mr. Edwin Clark, publicaba 

T. II '"* 



— 2IO — 

SU Visit to South America, realizada en 1877, en la cual, después 
de consideraciones técnicas sobre las dificultades para la cons- 
trucción de un puerto para Buenos Aires, terminaba asi: 

« Es evidente, de lo que ya hemos dicho, que la posibilidad de 
dragar y mantener un canal profundo en un estuario sujeto á cam- 
bio tan incesante, debe de ser un problema que requiere la más cui- 
dadosa investigación, y no hay datos existentes al presente, qvie 
puedan autorizar á cualquier ingeniero prudente la expresión de 
una opinión positiva al respecto, aunque toda evidencia está, has- 
ta hoy, en contra de la posibilidad de su ejecución. El experi- 
mento que actualmente se hace en el Riachuelo, si se lleva á cabo 
juiciosamente, no puede menos de arrojar considerable luz al res- 
pecto.»' 

El resultado de este experimento fué: que por decreto de 21 de 
Noviembre de 1878, el gobierno habilitara el puerto de la Boca 
del Riachuelo « para operaciones de carga y descarga para buques 
de ultramar; » que el Honorable Congreso diese la ley de 28 de 
Octubre de 1881, ordenando la expropiación de las obras, que hasta 
entonces se habian hecho por la provincia de Buenos Aires; que 
por lo mandado por el articulo segundo me cupiera el honor de 
presentar el proyecto de obras definitivas para el puerto de Bue- 
nos Aires, y que el calado de los buques que frecuentaban el Ria- 
chuelo aumentara de 4 á 5 pies, en 1876, al de 23 pies, en 1885, y 
el tonelaje' total de registros de los mismos, en ese período, de 
284.505 toneladas, al de 2.200.774. 

El volumen primitivo para dar al canal de entrada al Riachuelo 
y á éste, como puerto, 100 metros de anchura y 21 pies de pro- 
fundidad, subía á 7.700.000 metros cúbicos. 

En los primeros seis años, hasta el i.° de Enero de 1882, con 
una draga de 70 y otra de 12 caballos de fuerza nominal, se dragó 
un volumen de 2.563.195 metros cúbicos. 

El relleno no era hasta entonces considerable, y estando defen- 
didos por malecones laterales los primeros 450 metros de la playa, 
la mayor parte procedía del lecho del Riachuelo, arrastrado evi- 
dentemente por las corrientes de las avenidas de lluvia, como era 
natural, desde que se aumentaba artificialmente la pendiente. 

Aumentado el tren de dragado en los años 1883 y 1884, el vo- 
lumen de excavación ascendió: 



— 211 — 



En 1883 1.554.020 metros cúbicos 

En 1884 I-Ó05.325 » 

En 1885 2.136.075 » 

Sea en tres años ... 5.355.420 metros cúbicos 

Confrontados los planos levantados en 1884, en cin-o año el ca- 
nal de entrada al Riachuelo tenía solamente siete kilómetros dv 
longitud, con los levantados en 1882, se estimó que en esa extensión 
había tenido lugar un relleno equivalente á 500.000 metros cú- 
bicos por año, como consta del informe del Departamento de 
Ingenieros, de Septiembre de aquel año. 

El experimento en grande escala recién empezaba, y el rellenn 
se atribuyó, en su mayor parte, á una causa conocida: á la acción 
de la masa de agua puesta en movimiento contra los costados de 
un canal angosto por el paso de los grandes vapores. 

En los últimos meses de 1884 y en 1885 ^^ canal se extendió 
hasta el kilómetro 14; y para evitar las frecuentes recorridas de 
dragado y continuo cambio de anclas de las embarcaciones, así 
como para el completo estudio del problema que se resolvía, se 
llevó la excavación, entre los kilómetros 8 y 12, á la profundidad 
de 28 pies debajo de aguas bajas ordinarias. 

Ya en 1877, al empezar las obras, se había hecho vm experimen- 
to en menor escala, dragando una extensión de 800 metros á la 
profundidad de 4,50 metros en vez de los 2,70 metros del proyecto 
inicial, « con el objeto de hacer experiencias sobre la conserva- 
ción del canal, en condiciones semejantes á las requeridas por 
iin canal navegable para buques de ultramar. » 

En este experimento, á profundidad de 15 pies, no se notó 
depósito alguno de las arenas laterales ni disminución aprecia- 
ble en la profundidad, como lo declaró la comisión que «para 
estudiar los trabajos de canalización ejecutados en el Riachuelo», 
nombró el Poder Ejecutivo de la provincia en 30 de Julio de 1887, 
en su informe de 12 de Octubre del mismo año. 

El dragado ejecutado á 28 pies, dio un resultado muy diferente: 
en un término de cuatro meses, la profundidad disminuyó á 23 y 
22 pies, lo que demostraba un enorme relleno, dependiente de la 
mayor profundidad é independiente de la superficie lateral. 

En toda la longitud del canal se observaba que los costados se 
corrían por su pie, y que, en su centro, se conservaba siempre 
mayor profundidad relativa. 



— 212 — • 

Este modo de relleno del canal no era en manera alguna un fe- 
nómeno especial al lecho del Rio de la Plata, y que se presentara 
por primera vez á los ingenieros en la experiencia de trabajos de 
esta naturaleza. 

Veinte años antes, en 1865, el Ingeniero Eugéne Flachat se ha- 
bía hecho cargo de la objeción que se había presentado para la 
travesía del lago Mensaleh, en las obras del canal de Suez, por la 
existencia de una capa de arcilla fluida, de muchos metros de es- 
pesor, demostrando qne si el hecho eventual del corrimiento de 
las arcillas fluidas hacia la excavación ocurriera, él no revestiría, 
de ninguna manera, carácter grave en la ejecución, pues «criada 
seria más fácil que depositar los desmontes del terreno de El- 
Guisr sobre dos terraplenes espaciados de 150 metros^ sirvien- 
do al canal de ribazo^ dique y muro de retención; agregando: 
este procedimiento nada tiene de nuevo...» 

Poco tiempo después, el canal atravesó el lago de Mensaleh, y 
los taludes cortados en esa arcilla, con la inclinación de dos de 
base por uno de altura, se mantuvieron en perfecto estado, 
mientras las riberas de arena menuda causaban, con taludes de 
10 por I, muchas mayores dificultades en la conservación del 
canal. 

En los trabajos del canal de Suez se previo que las arcillas flui- 
das pudieran correrse y rellenar con mayor ó menor rapidez las 
excavaciones que se hicieran, indicándose, antes de empezarse los 
trabajos, los medios rápidos y económicos de salvar la dificultad 
impidiendo los escvirrimientos. 

En los proyectos de obras de puerto para Buenos Aires, toda la 
discusión versó, por muchos años, sobre el arrastre del fondo del 
río hacia el canal, por las corrientes y por la acción de las olas. 
En mi proyecto de 29 de Diciembre de 1875 demostré la inmovi- 
lidad del lecho del río, por acción de las olas, á mayor profundi- 
dad de 9 pies en aguas bajas, admitiendo, sí, ésta en la playa, y 
por la acción del paso de los buques donde la ola rompe, por 
cuya razón proyecté malecones de defensa. 

Sabido era que la mayor parte del lecho del Río de la Plata con- 
siste en una gruesa capa de arcilla blanda, pero nunca se tomó en 
consideración si ésta se escurriría de los costados hacia el fondo de 
un canal que en él se abriera. 

Sin embargo, como en mi opinión existía la eventualidad, como 
en el canal de Siiez y en tantas otras obras, el primer trabajo que 



efectué, al empezar la obra fué el de excavar un trozo del canal á la 
profundidad de 4,50 metros (15 pies) después de los 8 pies de agua, 
'■^con el objeto de hacer experiencias sobre la conservación del 
canaU, como lo dice el informe de la comisión de 1877, antes citado. 
La experiencia demostró que si habla escurrimiento á la profun- 
didad de 15 pies él no era de importancia. 

En 1882 á 1884 el dragado ejecutado en una extensión de 7 ki- 
lómetros hasta de 20 á 22 pies, para conservar la de 17 á 18 pies, 
demostró un relleno anual de 500.000 metros cúbicos, sin que que- 
dara evidenciado lo que provenia de la acción del paso de los 
grandes vapores y lo que provenía del escurrimiento de la arcilla. 
El dragado ejecutado á 28 pies de profundidad en 1885, y el 
relleno subsiguiente, de más de 2 pies en un solo mes, puso en evi- 
dencia, sin dar lugar á la menor duda, que la arcilla se escurría por 
los pies de los taludes hacia el fondo del canal, aumentando de un 
modo notable en proporción á la profundidad. 

Se hacía, pues, necesario limitar el dragado á la menor profun- 
didad posible, consistente con el de poder mantener los 21 pies de 
profvmdidad ordenada por la ley, y sobre todo, buscar los medios 
económicos de disminuir el volumen de relleno, evitaiido el es- 
currirniento. 

En este estado las obras, me vi en la imprescindible necesidad de 
separarme del puesto de Ingeniero director de las mismas. 

El gobierno había contratado, en Diciembre de 1884,1a construc- 
ción de diques en la ribera de la ciudad, según propuestas presen- 
tadas en 1882, y la construcción de dos canales de entrada al puerto 
de Buenos Aires. 

El proponente, señor Eduardo Madero, había dicho en las bases 
presentadas al Honorable Congreso con fecha 26 de Junio de 1882: 
« Se proyectan dos canales de entrada y salida, porque está reco- 
nocido que en los puertos artificiales como éste, que tienen que 
responder á las dobles exigencias del movimiento comercial y 
militar, si se abriera un solo canal angosto, sucesos inesperados 
podrían ocasionar serias consecuencias ; pues de la demora de un 
día, de una hora, en la entrada ó salida de una escuadra, de un 
buque ó de un convoy, puede depender la suerte de una nación. 
Por otra parte, la excavación de dos canales no es lo que recarga 
más el costo de esas obras ». 

En los considerandos del contrato de 4-19 de Diciembre de 1884, 
el Poder Ejecutivo expresó lo siguiente: 



— 214 — 

«Con estos antecedentes se consideró que el presupuesto pre- 
sentado por el señor Madero y del que resulta que el costo de 

LOS DOS CANALES DE ENTRADA ( UNO DE LOS CUALES ESTÁ TRA- 
BAJÁNDOSE POR EL gobierno) de los diques, dársenas, malecones, 
rellenaniiento de terrenos, almacenes, pescantes y demás acceso- 
rios NO excederá de 17.513.600 pesos, es admisible como punto 
de partida para los arreglos futuros ». 

Tomado como base el presupuesto presentado de 17.513.Ó00 
pesos oro, incluyendo el costo de ejecución del canal de entrada 
al Riachuelo que estaba trabajándose por el gobierno, se estipuló 
por el artículo 10 : 

« I." Que el costo de las obras propuestas en ningún caso exce- 
derá para el gobierno de los recursos votados por la ley de 27 
de Octubre de 1882 , es decir, de 20.000.000 de pesos oro moneda 
nacional, en « obligaciones de puerto », calculadas á este solo 
efecto, al precio que tenían en Londres, en la fecha de la ley, los 
fondos argentinos de la misma renta y amortización. 

« 2." Que si al verificarse y aprobarse los presupuestos defi- 
nitivos, se suprimiesen algunas de las obras propuestas, el 
VALOR DE ÉSTAS DEBE DEDUCIRSE, para dejar establecido el máxi- 
mum del costo, á los efectos del inciso anterior ». 

Comprendido en lo estipulado en este artículo, el 8." declara : 
« que los precios unitarios que deben fijarse en los presupuestos 
para el dragado de los diques y canales, para terraplenes y 
para muros á construir, no podrían pasar de los siguientes : 

Metro cúbico de dragado : pesos 0,3107 moneda nacional oro 
sellado. 

Metro cúbico de terraplén: $0,3193 moneda nacional oro sellado. 
Es decir, que el metro cúbico de dragado, puesto en terraplén, 
no podría pasar de pesos 0,63 oro sellado. 
El artículo 12 establecía: 

« Queda también entendido y acordado que, una vez aprobados 
los planos, estudios definitivos y presupuestos detallados, el volu- 
men á pagar por excavaciones, terraplenes y muros, será el deter- 
minado por las secciones y perfiles de los planos que apruebe el 
gobierno, no haciéndose mayor pago ni admitiéndose reclama- 
ción alguna, aun cuando los constructores tengan que mover 
mayor volumen para dar á los canales, diques y terraplenes 
las dimensiones fijadas, ó que tengan que hacer mayor traba- 
jo en los muros » . 



— 21.:; __ 



Un año después, en 12 de Diciembre de 1885, los Ingenieros 
señores Hawkshaw, Son y Hayter, empleados del señor Madero, le 
presentaron una especificación para la ejecución de las obras, 
estableciendo condiciones entre el señor Madero, sus Ino-enieros 
señores Hawkshaw, Son y Hayter y el, contratista señor Tomás A. 
Walker, designados al principio de ella por : el concesionario, los 
higenieros y el contratista. 

En esa especificación, que debía ajustarse á las condiciones téc- 
nicas de ejecución de las obras, comprendidas en el contrato del 
señor Madero con el gobierno, dentro del costo de 17.513.600 
pesos oro del presupuesto presentado y dentro del máximum que 
en ningún caso debería exceder para el gobierno de 20.000.000 de 
pesos oro, los mencionados Ingenieros suprimieron para el contra- 
tista señor Walker la obligación de terminar el total del canal del 
Riachuelo, que se estaba entonces y sigue hoy trabajándose por 
el gobierno, y redvijeron el canal del Norte de más de 20 kilóme- 
tros de longitud á la de qSoo metros, comprendido entre la dársena 
Norte y su punto de cruzamiento con el del Riachuelo. 

La especificación establecía que, « si en los canales ó dársena 
se depositare fango, sea que dicho fango se deposite por suspen- 
sión en el agua del río ó se escurra de los taludes, ó se deposite de 
otra manera, se pagará al contratista la remoción de dicho fango 
según la tarifa de precios por metro cúbico de dragado », y también 
que : « la obra á realizarse debe ser pagada de acuerdo con la tari- 
fa de precios a(7«¿ adjunta ( hereto annexed). 

Dos días después, en r4 de Diciembre de 1885, el concesionario 
señor Madero elevaba una traducción de la especificación, en la 
cual se traducía the Contractor, el contratista ( señor Walker), por 
el concesionario ( Sr. Madero ), y la tarifa de precios aquí adjunta, 
¡lereto annexed, por tarifa de precios que se adjuntará ; pero 
haciendo la observación y salvedad siguientes : 

«Adjunto también áV. E. el texto inglés de la especificación,— 
en cuyo idioma me la han pasado los ingenieros, — ^«ra que se 
pueda subsanar cualquier error de traducción en que haya po- 
dido incurrir, particularmente en ciertas voces técnicas.» 

El gobierno, invocando el cumplimiento del contrato de 19 de 
■Diciembre de 1884, al aprobarlos planos definitivos por decreto de 
7 de Abril de 1886, aprobó también la especificación en estos tér- 
minos: 

«En cuanto á la especificación, se consideró: 



— 2IÓ — 

i.° Que todas las obligaciones y derechos entre los constructo- 
res y concesionario, rigen entre éste y el gobierno.» 

Por este considerando, y sin subsanar los errores de traducción, 
se suprimieron para el concesionario la terminación del canal de 
entrada del Riachuelo que sigue trabajándose por el gobierno en 
su totalidad y la mitad longitudinal del canal del Norte, sin dedu- 
cirse su costo del presupuesto de 17.513.Ó00, ni del máximum de 
20.000.000 de pesos oro del artículo io.°. Se cambió también así 
lo estipulado respecto á la medición del volumen á pagar según 
secciones y perfiles de los planos aprobados, pagándose des- 
pués, hasta Abril de 1898, todo el mayor volumen que se ha tenido 
que mover para dar á la mitad de uno de los canales las di- 
ní ensiones fijadas. 

Pero, al adoptarse las condiciones expresadas en la especifica- 
ción, el precio de la tarifa que se adjuntaba por el metro cúbico 
de dragado, y que se desprende del discvirso del señor Haj'ter, en 
la sesión de i." de Marzo de 1887 en el Instituto de Ingenieros 
Civiles de Londres, no ha constituido una obligación ni derecho 
entre el gobierno y el concesionario á quien se le ha pagado un 
precio 20 % mayor ó sea el de 0,63 pesos oro estipulado, medido 
por las secciones y perfiles de los planos, en el contrato de 19 de 
Diciembre de 1884. 

El hecho único en el mundo de la construcción de un segundo 
canal de entrada desde un mismo punto al mismo puerto, de 20 
kilómetros cada uno de longitud, cortados en un lecho de arcilla 
ñuida que ya se sabía que se escurría en proporciones enormes á 
medida del aumento de la profundidad; la obligación del conce- 
sionario de construir el canal que «bajo la dirección del ingeniero 
Huergo» «estaba trabajándose por el gobierno» ; el sistema de 
obras con que ese segundo canal era acompañado; de muelles, en 
pasajes angostos y cortas extensiones en las cabeceras de los di- 
ques, inútiles para el comercio, muelles construidos río de por 
medio con la ciudad, de difícil acceso, esclusas que limitaban la 
futura profundización del puerto y que estorbaban con los puen- 
tes giratorios el movimiento de los buques por agua 5^ el de ferro- 
carriles por tierra, y las irregularidades que, en mi opinión, se 
introducían en el cumplimiento de la ley y del contrato de 19 de 
Diciembre de 1884, me ponía en la imprescindible obligación de 
declinar toda responsabilidad en lo futuro, y como lo expresé en 
mi renuncia del 5 de Enero de 1886, consideré que «faltaría á mis 



— 217 — 

deberes si continuase en mi puesto y si al retirarme guardase si- 
lencio sobre los motivos de mi separación.» 

Impugné por la prensa diaria, y en conferencias, el sistema de 
obras proyectadas y especialmente la introducción en ellas del se- 
gundo canal de entrada: el canal del Norte. 

El Departamento de Ingenieros, en el único informe que produjo, 
que lleva la fecha del 25 de Febrero de i88ó, posterior al con- 
trato de 19 de Diciembre de 1884 y presentación de la espe- 
cificación, manifestó que: «Considera innecesario ese segundo canal 
y cree que su supresión permite introducir en el proyecto modifi- 
caciones ventajosas bajo muchos puntos de vista», como lo de- 
mostró enseguida. 

Una asamblea de más de cuarenta ingenieros, reunida espontá- 
neamente en interés de la cosa pública, llegaba en la discusión á 
la conclusión de que: «No son necesarios para el servicio del puer- 
to de la capital de la República dos canales de entrada», demos- 
trando los inconvenientes del sistema de obras consiguientes, por 
su excesivo costo, la dificultad para el movimiento marítimo, las de 
acceso para los ferrocarriles y para el ensanche futuro de las obras, 
lo que hizo constar en acta de fecha 30 de Marzo de 1886. 

La discusión por parte de los ingenieros terminó en aquel año; 
y á pesar de ella, y de que el mundo científico y comercial había 
demostrado el gran interés que despertaba la completa solución de 
la construcción de un puerto para Buenos Aires, aquélla no se ha 
dado, pues los vapores correos de gran calado se ven obligados á 
hacer sus operaciones en el puerto de La Plata, por falta de pro- 
fundidad de agua en el acceso al de Buenos Aires; mientras, se 
han invertido hasta hoy alrededor de 35.000.000 de pesos oro en 
vez de los 17.513.Ó00 del presupuesto de costo tomado como pun- 
to de partida, y de los 20.000.000 que en ningún caso debería exce- 
der para el gobierno, sin que las obras aumentadas importen el 
valor de las obras suprimidas. 

Prosiguiéndose la hostilidad á las obras del Riachuelo, aún des- 
pués de mi separación, los ingenieros directores de ellas pronto 
renunciaban á la ingrata tarea y se sucedían continuamente. El 
canal, por falta de recursos y estudio, perdió de la profundidad de 
19 i pies que tenía á principio de 188Ó á la de 16 y 17 que tuvo 
en los años siguientes y á la de 18 pies que tiene en los últimos años. 

La hostilidad á las obras del Riachuelo se originó por el conce- 
sionario desde 1883, y su fundamento, con el cual se ha querido 



— 2I« — 

ustificar la construcción del canal del Norte, era que éste no se 
embancaría por depósitos y que el canal del Riachuelo por su 
mala dirección se embancaba continuamente. 

El gobierno hizo la declaración oficial categórica, por medio del 
señor Ministro del Interior, en la sesión del senado de 28 de Octu- 
bre de 1891 en estos términos claros y precisos: 

«El canal del Riachuelo no sigue la corriente de las aguas y, por 
esa razón, toda la vida ha de ser una hipoteca, pues estando 
construido en ese sentido, se comprende con qué jacilidad las 
aguas depositan arenas y fango en el canal,- y apenas pasa una 
draga y lo limpia, vuelve á quedar obstruido. Este canal j repito, 
ha de ser una hipoteca permanente, mientras no se termine el 
puerto Madero, con el canal del Norte proyectado. y> 

Era inútil argumentar con gentes que ignoraban, en cuestiones 
de esta naturaleza, hasta la definición de la línea recta. 

La dirección de las corrientes del Río de la Plata tenía tanta in- 
fluencia sobre el relleno del canal, como la tenía en la eventuali- 
dad de que se escurriera la arcilla en el lago Mensaleh del canal 
de Suez, en muchos de los canales de Holanda y en tantas otras 
obras hidráulicas en todas partes del mundo, y como la tiene en 
los derrumbamientos y escurrimientos en numerosas vías férreas, 
que tienen lugar aún 50 años después de construidas. 

El canal del Riachuelo, como cualquier otro en el Río de la 
Plata, está cortado sobre una muy gruesa capa de arcilla fluida y 
ésta se corre por su pie en proporción del espesor de la capa que 
se corta, por razón de su peso y fluidez. 

Esto estaba bien determinado en 1885, y el ingeniero señor 
Constante Tzaut expuso en i8go que el canal se llenaba por el pie 
de los taludes, estimando que el relleno anual de los años anterio- 
res había sido de 1.250.000 metros cúbicos, comprendido el corres- 
pondiente al interior del Riachuelo. 

El director técnico de las obras del Riachuelo en los últimos 
años, organizó en 1893 «una cuadrilla permanente de levantamien- 
to de perfiles, la que se ocupó exclusivamente del sondaje del ca- 
nal en toda svi extensión >. y de cuyos resultados da conocimiento 
su informe de 1° de Octubre de 1S96, en el que llega á las siguien- 
tes conclusiones: 

« I." El relleno se produce por arrastre de arena en el primer 
kilómetro, y por escurrimiento de la capa de arcilla en el resto 
del canal.... 



— 2ig — 

« 2." El relleno se produce con una velocidad que crece en ra- 
zón directa de la profundidad del canal.... 

« 3.° Ambos canales de entrada al Puerto ( el del Riachuelo y el 
del Norte ) se rellenan especialmente por escurrimieuto del barro 
que forma la segunda capa del fondo del rio, y que á corta distancia 
de la costa no hay capas sólidas en qué fundar obras serias 
para impedir este relleno.... 

« 4.° Que es inútil, por ahora, tratar de mantener el canal 
con más de 19 1¡2 pies de profundidad referido al cero del 
Puerto, y que con esta profundidad pueden entrar diariamente bu- 
ques de 22 pies de calado. 

« 5." Que sería altamente imprudente seguir la descarga del ma- 
terial de dragado, como se hace actualmente en el Rio de la Plata, 

POR LAS SERIAS MODIFICACIONES QUE SE PRODUCEN POR ESTA CAUSA 
EN EL LECHO DEL RÍO. 

« O." Que debe aumentarse el actual tren de dragado de las 
obras del Riachuelo. 

« 7." Que la adquisición de estos materiales costará ^ 940.000 
Oro, etc. ». 

El referido Ingeniero ha efectuado en verdad un trabajo de mé- 
rito indiscutible ; pero, en el fondo, él pone en cantidades medidas 
el volumen y proporciones del relleno, lo que en globo se conocia 
desde 1885, sin que entonces se pudiera medir lo que recién se 
producía en grande escala, puesto que recién se dragaba á gran 
profundidad, y sin que fuera necesario conocer ese volumen varia- 
ble para poner remedio á su producción. 

De mediciones directas hechas en el relleno del canal del Norte 
{ sin tráfico alguno de buques ), á 15 | y 18 pies de profundidad en 
término medio, y por mediciones hechas en el canal del Riachuelo 
á profundidades de 19, 20, 21 y 22 pies ( con todo el tráfico de bu- 
ques del puerto de Buenos Aires), resulta que para cada uno de 
los dos canales en una longitud de 10 kilómetros, que es la que 
tiene el canal del Norte, el relleno anual es : 

Relleno en m.3 

15 i pies de profundidad 430.000 

18 » » » Ó50.000 

19 » » » 550-000 

20 » » » 1.003.000 

21 » » » 1.Ó74.000 

-.-> » » » ,- 2.434.000 



— 220 — 

Estos volúmenes representan sólo una aproxim ación, pues el re- 
lleno varía constantemente con la profundidad, y también con el 
número y calado de los buques que pasan. 

A una profundidad de 23 pies, mantenida constantemente, debe 
corresponder el relleno de 3.500.000 metros cúbicos. 

Un hecho averiguado es : que el canal de entrada al Riachuelo 
sólo se ha conservado con 18 pies de profundidad en los años de 
189Ó y 1897 y que el relleno medido ha sido : 

Metros cúbicos 

En 1896 de 879.740 

» 1897 » 874.197 

que exceden del volumen dado en el cuadro anterior. 

« Hasta fines de Diciembre de 189Ó era (el relleno ) de i. 619. 164 
metros cúbicos, es decir, que en el mes de Enero se ha produci- 
do un relleno de 307.528 metros cúbicos, cantidad elevadisima 
que viene á corroborar la idea antes apuntada que la profundidad: 
excesiva acelera la velocidad del relleno, aumentada ahora por 
el paso de los buques que entran por el canal del Norte desde 
el mes de Enero pasado » . 

Este relleno, en un mes, corresponde á uno de 3.690.000 metros 
cúbicos en un año ! Es evidente que, una vez producido, los talu- 
des se han extendido, y mientras el dragado no se efectúe otra vez 
hasta los 23 pies, el volumen. del relleno disminuirá. 

El enorme volumen de relleno producido en un mes tiene fácil 
explicación. Mientras no pasaban buques por el canal del Norte el 
relleno no podía ser tan considerable, pero es conocido en todo el 
mundo '^de la ingeniería lo que pasa en los canales de nave- 
gación. 

Así se expresaba al respecto el Ingeniero Vander Sleyden en el 
Congreso Internacional de Navegación Interior, reunido en París 
en 1892 : 

« Todo cambia desde que se admiten los buques á vapor en un 
canal. No hay taludes naturales bastante estables para mantenerse 
contra la acción corrosiva de las olas y corrientes producidas por 
el pasaje de los buques y el movimiento rotatorio de la hélice. Es 
necesario entonces, protejer los taludes por revestimientos empe- 
drados, hileras de pilotes y palplanchas ú otras obras. » 

En verdad, un vapor introducido en un canal, es un tizón intro- 



— 221 — 

elucido en un depósito de pólvora : hay un derrumbe instantáneo, 
todo se conmueve á su alrededor. 

Pero no hay obra de puerto en el mundo, comparable— por su 
costo de construcción, por la existencia de dos canales de entrada, 
por su modo de ejecución, ni por el costo de conservación de cada 
uno délos canales,— con el puerto de Buenos Aires. 

En las obras de canalización del Clyde, de fama universal, en 
excavaciones á mano desde 1770 hasta 1824 y, por dragas á vapor 
desde 1824 hasta 1884, período de 114 años, se había invertido la 
suma de 3.620.000 pesos oro. 

En la grandiosa obra del Tyne, desde 1838, se han dragado en 
un período de 45 años 46.000.000 de metros cúbicos con un costo 
de 5.631.000 pesos oro. 

En los canales de entrada al puerto de Buenos Aires se han 
dragado en 21 años 21.308.849 metros cúbicos, y el costo asciende 
á la suma de 7.248.683 pesos oro. 

Hay que distinguir que en el canal de entrada del Riachuelo se 
ha efectuado el dragado de 14. 811.464 metros cúbicos en 21 años, 
con un costo de 3.445.209 pesos oro; mientras en el canal Norte 
se ha dragado sólo en 5 años 6.497.388 metros cúbicos con un cos- 
to de 3.803.474 pesos oro. 

Pero hay aun que observar, que tratándose de conseguir 19 | pies 
de profundidad en el canal del Riachuelo, y de llegar á los 21 en 
el medio canal del Norte, que debió tenerlos, según contrato, el 
31 de Marzo de 1893, sin obtenerse estas profundidades, se han 
dragado en el año de 1897 : 

En el del Riachuelo 1.517.703 metros cúbicos 

En el del Norte 2.685.913 » » 

Que forman un total de 4.203.616 metros cúbicos 

El costo respectivo en el dragado del citado año ha sido : 

En el canal del Riachuelo 254.176,56 pesos oro 

En el medio canal del Norte 1 .441.758,18 » » 

Que h^n un total de 1.695.935.74 pesos oro 

Y los buques de mayor calado hacen sus operaciones en el puer- 
to de La Plata ! 

Frecuentan el Río de la Plata muchos buques de 24 pies de ca- 



— 222 — 

lado, y si el canal de entrada del puerto de Buenos Aires no estu- 
viera sujeto á la acción de las mareas, la profundidad que debería 
tener para que los buques gobernaran bien debería ser, como en 
todos los grandes canales, de más de 2 pies mayor, ó sea de 20 
pies. 

Dadas las condiciones de las mareas y la longitud de 20 kilóme- 
tros, el canal debe tener por lo menos dos pies más de la profundi- 
dad á que él empieza ó llega en el Río de la Plata, pues en éste no 
hay peligro de que un buque gobierne bien ó mal, mientras en el 
canal puede ser causa de su completa pérdida y de la destrucción 
de otros. 

La menor profundidad que debe considerarse necesaria para el 
canal de acceso al puerto de Buenos Aires, es la de 23 pies en 
aguas bajas ordinarias, sin que esto salve la dificultad de que aun 
buques calando 21 y 22 pies no puedan llegar á él ó salir de los 
diques en algunos días del año. 

Ahora bien: para mantener regularmente 10 kilómetros de los 
dos canales de entrada actuales á la profundidad de 21 pies, habría 
que efectuar el dragado á 22 y 23, lo que representaría como mí- 
nimum un relleno anual no menor de 4.500.000 metros cúbicos 
con un costo anual no menor de 1.500.000 pesos oro ; y para la 
profundidad de 23 pies, el relleno anual no bajaría de 8.000.000 de 
metros cúbicos y su costo de dragado subiría alrededor de 3.000.000 
de pesos oro. 

Todo esto sujeto á esta terrible eventualidad : el día que se sus- 
penda por cualquier causa el dragado permanente, los canales se 
llenan, la profundidad desaparece. 

El relleno de 4.500.000 metros cúbicos anuales representa el del 
conjunto de una docena de los puertos principales de Europa de 
mayor relleno : Hamburgo, Bremenhaven, Liverpool, Dunkerque, 
el Clyde, Saint-Nazaire, el Havre, Amberes, etc., y el de 8.000.000 
de metros cúbicos representa el relleno anual de un centenar de 
puertos en el mundo. 

En aquellos puertos puede asegurarse que el costo del dragado 
es de 30 por ciento menor que en el canal del Riachuelo, y de 80 
á 85 por ciento menor délo que se ha pagado por el dragado en el 
canal del Norte. 

Resulta de lo expuesto, que Buenos Aires exige imperiosamente, 
para que no quede como hasta hoy en el rango de puerto de se- 
gundo orden aun en el Río de la Plata, que se construya un canal 



22?, — 



de acceso de la profundidad mínima de 23 pies, de carácter per- 
manente, libre de eventualidades. 

El canal, en estas condiciones, debió empezarse á efectuar en 
1886, en seguida de conocerse la enorme proporción del relleno, á 
medida que creció la profundidad. 

En aquella época se objetó principalmente la ejecución de un 
segundo canal, y ella se ha llevado á cabo contra la opinión cons- 
ciente del país; se observó la inconveniencia de las esclusas y su 
inutilidad, por su longitud de 80 metros para buques de 120 y 130 
metros de eslora, y una de las esclusas se alargó á 135 y la otra á 155 
sin que hasta hoy se haya esclusado en ellas un solo buque. Se ob- 
servó la construcción del malecón exterior de pino de tea, y la mitad 
de la extensión se cambió en malecón de concreto, y la otra, cons- 
truida de pino, está ho}' podrida y se cae á pedazos. Se observó 
que entre la ciudad y los diques quedarían inmensos lagos y pan- 
tanos infectos, y á pesar de las garantías dadas de que no había 
temor de que se formaran pozos, ellos existen en toda su primitiva 
extensión. Se observó que resultarían miles de metros de muelles 
inútiles para el comercio, y puentes giratorios que estorbarían la 
circulación y hoy lo palpa todo el que tiene que hacer opera- 
ciones en las obras realizadas. 

No se observó la falta de abrigo de las suestadas de la dársena 
Norte, y en ella hay « tanta marejada como en pleno río » y «un 
buque no podría atracar al murallón, porque estaría chocando con- 
tinuamente y concluiría por averiarse ». 

No se dijo que el puerto de Buenos Aires requería indiscutible- 
mente un canal de acceso de 23 pies de profundidad estable y 
permanente, ni se demostraron los diferentes medios económicos 
de ejecutarlo, y se ha perdido parte de la profundidad ya obtenida 
manteniéndose sólo la de 16 á 18 pies ; se han malgastado muchos 
millones de pesos oro, y se ha llegado á una época en que sería 
necesario malgastar algunos más, cada año, para obtener un acceso 
de profundidad inadecuada. 

Ha sido reconocidamente inútil manifestar ideas provechosas 
para la mejor construcción del puerto de Buenos Aires, y los que 
lo han hecho han sido tratados como enemigos recalcitrantes del 

progreso del país. 

Ha sido necesario esperar doce años para que los hechos se pro- 
duzcan; para que se dé por terminada la construcción del medio 
canal del Norte; se pueda comparar, como se ha procedido en la eje- 



— 224 — 

cución de éste y del canal del Sud, y se pueda apreciar en números 
redondos el enorme relleno en ambos y el ruinoso gasto de con- 
servación. 

Durante ese intervalo todas las obras del puerto han sido libra- 
das al servicio público, pero todo el tráfico de la navegación se ha 
hecho por el inconcluso canal del Riachuelo, demostrándose prácti- 
camente la inutilidad del canal del Norte. La solución del acceso 
al puerto ha quedado en duda, apuntándose la idea de limitarla á 
19 y medio pies á causa de los crecidos gastos que requiere la con- 
servación de los canales á la de 21 ; el canal del Riachuelo ha des- 
mejorado en profundidad, y los buques de mayor calado han sido 
obligados á servirse del puerto de La Plata con descrédito para el 
país y con recargo de gastos para la mercadería y para los pasa- 
jeros. 

Afortunadamente, la oportunidad de la nueva discusión del pro- 
blema ha concurrido con la reunión de esta Asamblea, representa- 
tiva de lo más ilustrado y competente de la América Latina en 
cuestiones de esta naturaleza; lo que me ha obligado á redactar la 
memoria ,cuyo resumen hago y me proporciona el alto honor de 
pedir su juicio sobre punto de tan vital importancia para el país. 

Señores : El obscurantismo reina en este país respecto á la eje- 
cución de un canal de acceso al puerto de Buenos Aires, y, en 
general, á la de canales de navegación en el Río de la Plata; y 
como habréis comprendido, por lo que ya he expuesto, se trata del 
A, B, C de la ciencia y de la práctica universal en la construcción 
de puertos y canales. 

He citado las palabras del Ingeniero Flachat en 1864, á propósito 
de las obras del canal de Suez, y del medio sencillo de impedir el 
escurrimiento eventual de la arcilla fluida del lecho del lago Men- 
saleh : nada más fácil que depositar los desmontes del terreno de 
El-Guisr sobre dos terraplenes espaciados de 150 metros sirviendo 
al canal de ribazo, dique y tniivo de retención. Este procedimien- 
to NADA TIENE DE NUEVO ». 

He citado las palabras del Ingeniero Vander Sleyden en el Con- 
greso de Navegación celebrado en París en 1892. En terrenos des- 
agregables, « es necesario proteger los taludes por revestimien- 
tos empedrados, hileras de pilotes y palplanchas ú otras obras ». 

No es, pues, novedad, ni hay escasez de medios para retener el 
escurrimiento de los terrenos fangosos, desde los de los muros de 
retención de tierra, arena, piedra, enfaginado, pilotes y palplan- 



— 225 — 

chas, encajonados, cribworks, etc., hasta los de murallones de pie- 
dra labrada, cuyos ejemplos podrían citarse por docenas en todas 
partes. 

Voy á recordar á ustedes sólo dos ejemplos importantes: Uno 
por el gran calado y tonelaje de los buques que lo navegan, y el 
, otro porque es conocido de la mayoría de los señores que forman 
esta Asamblea. 

El primero es el canal del gobierno de Alemania, llamado de 
Kiel, comunicando los mares Norte y. Báltico. La profundidad de 
agua es de 9,87 metros (39 pies ingleses); y cruzando más de 20 
kilómetros de terrenos fangosos, el escurrimiento de las masas 
laterales se ha impedido extrayendo el fango á cierta distancia de 
los taludes, hasta el mismo nivel del jondo del ca:ial. Y ya que 
, he mencionado al canal de Kiel, permítaseme una pequeña digre- 
sión. 

Un diario de esta ciudad, sin cuya \ bmllante defensa ! no se 
hubiera llevado á cabo el canal del Norte con su cortejo de males, 
cerrando los ojos para no ver la curva del canal del Norte á la mis- 
ma SALIDA DE LA DÁRSENA NoRTE, curva de 850 metros de des- 
arrollo, y ángulo de las tangentes de 150", juzgaba en Febrero de 
188Ó al trazado del canal de entrada al Riachuelo con dos curvas 
con ángulos tangenciales de i5o°37' y I57°52', desarrollos de 772. óo 
metros y 1.025 metros^ radios de 2.000 y en profundidades de 17 
y 19 \ pies, en estos términos : 

« Para concluir, no está de más que digamos que en la discusión 
de este asunto del puerto, nuestras consideraciones para con el 
señor Huergo han llegado á tanto !! que habiendo visto hace mes 
y medio el plano de la bahía levantado por el Ingeniero Hawk- 
shaw y sus ayudantes, y hoy en poder del Departamento de Inge- 
nieros, plano según el cual el canal del Rl\chuelo lleva un 

RUMBO EQUIVOCADO QUE LO ALEJA INDEFINIDAMENTE DEL AGUA 

PROFUNDA !!' hemos reservado el hecho tan fácil de explotar, 
hasta oír el dictamen del Departamento ó la palabra del señor 
Huergo ». 

El canal de Kiel, comunicando dos marej, tiene : 

Metius de desarrollo 

Curvas de ó. 000 metros de radio 4.820 

» » 5.000 » » » 5-5-<^ 

'. 3.000 >' " » 11.910 



T. II 



15 



— 226 — 

Metros de desarrollo 

Curva de 2.500 metros de radio 3-770 

» » 1.700 » » », 1.990 

» » 1.500 » » » 3.000 

» » 1. 000 » » » 3.210 

Total de curvas.... 34.220 

El ancho general del fondo del canal, fuera de los apartaderos, 
es de 22 metros; su longitud total de 98.650 kilómetros, de la cual 
en CURVAS 34.2Ó0 kilómetros, ó sea el 34,6 por ciento de la lon- 
gitud total. 

El ancho general del fondo es aumentado en las curvas de menos 
de 2.500 metros de radio, con la anchura calculada por la simple 
fórmula: 

26 — R 

lOÜ 

es decir, variando desde un metro para las de 2.500 de radio 
hasta 16 para las de i.ooo metros de radio. 

El canal de Kiel es el gran canal estratégico de la nación ale- 
mana, construido recientemente para la defensa de esa nación, y 
que está en explotación por grandes y pesadas naves de guerra ; su 
anchura máxima en las curvas de 1000 metros de radio, es de 38 
metros. 

El canal del Riachuelo se construía para buques de un calado 
máximo de 24 pies, para buques de la mitad del peso de los ante- 
riores; su anchura mínima en las dos curvas de 2.000 metros de 
radio, era de 100 metros. No está en explotación en el segundo 
tramo porque, á pesar de dictámenes del departamento y de la pa- 
labra del señor Huergo, el diario aludido ha explotado lo del rumbo 
equivocado, la terrible dificultad de la navegación en esas curvas 
y la credulidad pública^ y seguía explotándolas en su número del 7 
del corriente en el que se encuentra que es indicación oportuna 
que se acceda á la sohcitud de los señores Madero para ejecutar el 
dragado del canal Norte en toda la longitud proyectada (debió 
decir suprimida ), que se comprometen á concluir en cuatro 
meses. 

La diferencia que hay entre la ejecución del tramo exterior del 
canal del Riachuelo y del canal del Norte es, según el dictamen del 
Departamento de Ingenieros de Mayo 12 de 1897: Que el canal del 



— 227 — 

Riachuelo exige el dragado de 450.000 metros cúbicos, cuyo costo 
puede estimarse á razón de diez centavos oro por metro cúbico 
medido en excavación, y que el canal del Norte exige el dragado 
de 880.000 METROS CÚBICOS, que se comprometen á ejecutar á razón 
de CUARENTA CENTAVOS ORO por mctro cúbico medido en chatas; 
computando barro y agua. 

El plano número 1 1 muestra el trazado de los dos canales y 
como ellos, cortan las curvas de nivel del fondo del Rio de la 
Plata. 

Volviendo al estudio del problema que trataba, el segundo ejem- 
plo es el del canal de entrada al puerto de La Plata. 

Este canal está excavado entre dos malecones espaciados de 300 
metros, formados por una escollera á piedra perdida y una estruc- 
tura superior de madera, sobre pilotes enterrados en la arcilla. 

La naturaleza del lecho del Río de la Plata en el canal del puerto 
de La Plata, es la misma que en el canal de entrada al Ria- 
chuelo. 

Toda la estructura superior de madera es inútil para la conser- 
vación del canal; los pilotes enterrados en la gruesa capa de arci- 
lla impedirían, en pequeña proporción comparativa, que ésta por 
su naturaleza viscosa fluyera hacia el canal; pero es la escollera la 
que ha evitado casi totalmente el escurrimiento de la masa fluida, 
actuando como cualquier material no fluido actúa en casos seme- 
jantes. 

El material fluido ha sido en parte desalojado, levantándose 
sobre la superficie lateral del terreno natural y en parte com- 
primido, vsñen\.x-á's, la gran masa exterior encuentra en la escollera 
un tnuro de retención que no le permite avanzar, sino por los in- 
tersticios que las piedras dejan, hacia la cuneta del canal. 

El proyecto primitivo era el de formar las escolleras hasta un 
metro de altura sobre el nivel de aguas bajas ordinarias. Las em- 
barcaciones conductoras, á medida que han llegado, han arrojado 
la piedra entre el kil. 4,500 y 4,900 sin más criterio que el de llegar 
con ella hasta un metro de altura; la piedra ha ido bajando en el 
lecho fangoso, desalojándolo, y se ha suspendido el trabajo cuan- 
do la altura ha subido á im. 70. El lecho del río era de arcilla 
blanda. 

En el trayecto entre los kilómetros 4,900 y 5,600, más ó menos, 
la escollera se ha llevado hasta tres metros de altura en la suposi- 
ción que ella penetraría en el terreno; pero en este trayecto el lecho 



— 22b — 

es visiblemente un banco de arena que ha resistido el peso de la 
escollera sin hundirse. 

En seguida, el lecho va cambiando de naturaleza, hasta que es 
totalmente de arcilla en el kilómetro 6, y la arcilla ha ido penetran- 
do continuamente á mayor profundidad. 

La escollera no tiene influencia alguna sobre el banco de arena, y 
la arcilla inferior sigue fluyendo hacia el canal. Con los tempora- 
les, los remolinos la levantan y la depositan á corta distancia, 
mientras las escolleras bajan lentamente, de om.8o á im. 20, de 1889 
á 1895, mientras en los puntos en que el lecho es de arcilla, la pie- 
dra va penetrando á medida que se va poniendo, hasta que el 
fondo comprimido resiste á la presión, y en los cinco años apenas 
desciende de om. á 0,30 m. 

En una longitud como de 4.000 metros se han empleado más de 
600.000 toneladas de piedra, lo que representa, en término medio, 
75 toneladas por metro corrido; pero mientras sobre los bancos se 
habrán puesto 50 ó óo, en la profundidad fangosa del kil. 6,00 la 
escollera ha tenido ym. 20 de altura sobre el lecho primitivo y ella 
ha absorbido un peso enorme de 300, 400 ó 500 toneladas. 

Así, las secciones en los kil. 4,600, 5,100 y ó, 100, muestran la 
enorme diferencia del volumen de arcilla exptilsada por el hundi- 
miento de la escollera ó de la arena expulsada por remolinos de 
las aguas. 

Toda la estructura superior de madera y toda la escollera arriba 
del fondo natural, está demás y sólo la parte dentro del lecho es la 
que retiene el escurrimiento de la arcilla, actuando como muro de 
retención. 

La naturaleza de las obras que deberían hacerse para obtener un 
buen canal de acceso al puerto de Buenos Aires, de carácter esta- 
ble y de una profundidad correspondiente á las seguridades que 
exige el tonelaje de los buques que navegaa al Río de la Plata es, 
pues, simple cuestión de economía en la elección de los materiales 
que deberían emplearse en ellas. 

La elección del sistema de obras y de los materiales no ofrece 
dificultad. Habría gran conveniencia en dar al interior del puerto, 
libre de esclusas, una profundidad también de 23 pies, dragando la 
tosca de 25 á 26 pies para dejar llenar después el lecho por un par 
de pies de material blando, sobre el cual descansarían los grandes 
vapores en las bajantes extraordinarias. Toda la tosca que se ex- 
cavara con tal motivo y que podría hacerse subir á 1.500.000 tone- 



— 229 — 

ladas, se depositaría á un lado y otro del canal, á 125 ó 150 metros 
de su eje, desalojando la arcilla fluida y formando un muro de 
retención para la masa de arcilla exterior. Esto sería beneficiar el 
interior del puerto y, aunque beneficiaría también enormemente la 
conservación del canal, no es un gasto que pueda considerarse 
aplicado á él. 

En los trayectos en que se eacuentre una capa de arena capaz 
de resistir un considerable peso de tosca, una tablestacada en las 
mismas líneas, profundizada á un nivel de cuatro pies debajo del 
fondo del canal, serviría igualmente de muro de retención. 

Los dos medios combinados, construyendo una tablestacada de 
10 kilómetros de longitud de cada lado, asegurará eficazmente la 
mantención de 23 pies de profundidad con un gasto insignificante 
de conservación. 

En el puerto de La Plata el relleno anual ha sido, muy aproxi- 
madamente medido, de 10.000 metros cúbicos por kilómetro y por 
año, y no veo razón alguna para que en el de Buenos Aires fuera 
mayor; pero aunque fuera el doble, el volumen alcanzaría para los 
diez kilómetros á 200.000 metros cúbicos, y el gasto anual á razón 
de 0.20 pesos oro por metro cúbico, de 40.000 pesos oro. 

En cuanto á la conservación de los últimos diez kilómetros hasta 
el agua honda, sería necesario hacer una experiencia de la canti- 
dad de relleno á la profundidad de 24 ó 25 pies, y según el resul- 
tado de ella, prolongar los depósitos de tosca y las tablestacadas 
hasta donde se considerara económico con relación al costo del 
mantenimiento de la profundidad de 23 pies. 

El costo de las dobles tablestacadas de diez kilómetros y la cons- 
trucción de 20 plataformas para valizar la ruta, que en cualquier 
momento pudieran servir para alumbrar el canal de noche, no 
alcanzaría á importar un millón de pesos oro. 

Los grabados que anteceden muestran los sistemas de la tables- 
tacada y demás detalles. 

Si las razones expuestas— para llegar á las conclusiones de que 
el acceso al puerto de Buenos Aires debe limitarse á la construcción 
de un solo canal; de la mayor anchura económicamente posible, y 
con profundidad de 23 pies en aguas bajas ordinarias, de carácter 
permanente y sin gasto de consideración para su conservación, por 
el empleo de menos de un millón de pesos por una sola vez y el 
ahorro de dos ó tres millones de pesos oro por cada año sucesivo 
—las encontrara la asamblea con interés suficiente para merecer la 



— 230 — 

discusión, agradeceré profundamente que se presenten á ellas 
todas las objeciones posibles, para que se haga plena luz en este 
asunto, hoy tan importante para este país y que mañana podrá serlo 
en las obras de las mismas naciones hermanas aquí represen- 
tadas. 

Sr. Bahía. — Pido la palabra. 

Me ha conmovido profundamente la gran ovación que se ha dis- 
pensado al señor Ingeniero Huergo, un amigo á quien comprendo, 
á quien quiero y á quien admiro. Pero, sin embargo, me voy á 
permitir decir la verdad, lo que pienso sobre su libro y sobre su 
personalidad. 

No me he ocupado jamás de trabajos de hidráulica, y no sería 
ciertamente yo quien viniera aquí á analizar detenidamente el libro 
del señor Ingeniero Huergo, del punto de vista técnico. De nin- 
o-una manera. Me limitaré á ciertas generalidades para fundar una 
forma de resolución. 

La obra del señor Huergo, ante todo, es un magno trabajo histó- 
rico. Nadie más preparado, nadie más autorizado, nadie más obli- 
gado, señor Presidente, que el Ingeniero Huergo para escribir la 
historia de la construcción del puerto de la segunda ciudad del 
mundo latino. 

Ese libro contiene grandes y fecundas enseñanzas para los pue- 
blos y los gobiernos de la América Latina; porque los pueblos, 
señor Presidente, con sus exigencias nerviosas, con su fiebre de 
progreso, y muchas veces, lo diré, con la desconfianza de sus hom- 
bres facultativos, conducen á los gobiernos á cometer errores gra- 
vísimos en el concepto y en la ejecución de las obras públicas. 

La obra del señor Huergo, bajo su faz histórica, no puede ser 
juzgada por esta asamblea, por la sencilla razón de que ha tenido 
él forzosamente que rozar cuestiones administrativas, que sería 
violento tratar ante los distinguidos huéspedes que nos honran con 
su presencia. 

Bajo su faz de utilidad, es decir, bajo su faz científica, que pro- 
cura las mejoras necesarias al puerto de Buenos Aires, — que es un 
hecho consumado, aunque adolezca de ciertos defectos, — esa 
cuestión, señor, necesita un estudio de gabinete, un estudio serio, 
porque tendríamos que considerar detalles, planos, números, etc., 
lo cual no podemos hacer en una ni en varias sesiones de este 
Congreso, 



2.^1 



Por estas razones, señor Presidente, yo voy á formular este pro- 
yecto de resolución: 

, El Congreso Científico Latino Americano, considerando el ex- 
tracto del libro que ha presentado el señor Ingeniero Huergo, re- 
suelve: 

I." Considera de gran utilidad para el país la obra citada; 2.° 
Considera necesario que los poderes públicos y las reparticiones 
técnicas permanentes del Estado tomen en consideración ese 
trabajo. 

Yo creo que sin entrar en detalles, esta resolución honra al 
país y al señor Ingeniero Huergo, porque es indudable que las 
reparticiones técnicas lo llamarán á su seno, leerán su trabajo, 
oirán sus consejos, y llegaremos, por el esfuerzo común, al resul- 
tado más satisfactorio para los intereses materiales del país. 

Señor Presidente: la personalidad del señor Ingeniero Huergo 
goza del raro privilegio de no ser discutida por sus contemporá- 
neos. Y si he de manifestar lo que veo en el porvenir, diré que un 
día en las calles de la Boca del Riachuelo se ha de levantar una 
estatua que diga al extranjero: Este es Luis Huergo, el primero que 
condujo los buques de alto bordo á las orillas de la ciudad; éste es 
Luis Huergo, una de las figuras más puras de su época ! 

He dicho. — (Aplausos). 

Sr. Duclout. — Pido la palabra. 

Dada la importancia del trabajo del señor Huergo, si fuera po- 
sible, teniendo en cuenta que ya es un poco tarde^ yo pediría que 
se suspendiera esta discusión hasta mañana. De esta manera, los 
que nos interesamos por la parte técnica del estudio del señor 
Huergo, podríamos tomar conocimiento más detallado del trabajo 
que nos ha leído, y esto quizás podría ocasionar una discusión 
algo interesante sobre las partes puramente técnicas de las con- 
clusiones á las cuales llega. 

Por estas consideraciones, hago moción para que se levante la 
sesión, y para que mañana se haga la discusión de este estudio, ó 
para que pasemos á otro asunto, si no se levanta la sesión. 

— Apoyado. 

Sr. Tedín. — El reglamento prevé ese caso. Dice que todas las 
objeciones á un trabajo pueden presentarse al día siguiente, así 
como las conclusiones escritas. 

Sr. Presidente. — Cuando está agotado el debate, pero el señor 
Duclout solicita se suspenda el debate. 



— 232 — 

Sr. Tedín. — Pero si hubiera quien quisiera hacer observacio- 
nes, yo creo que no habría inconveniente. 

Sr. Presidente. — Está á la consideración de la asamblea la 
moción del señor Ingeniero Bahia. 

Puede redactarla. 

Sr. Bahía. — El Congreso Científico Latino Americano reconoce 
de verdadera utilidad el libro del señor Luis A. Huergo, sobre el 
puerto de Buenos Aires, y considera necesario que los poderes 
públicos y las reparticiones técnicas del país lo tomen en cuenta. 

Sr. Duclout. — Entonces la proposición del señor Bahía im- 
porta el que no se discuta la memoria del señor Huergo. 

Sr. Bahía. — Mi objeto no es evitar una discusión sobre este tra- 
bajo; pero creo que, dado el cúmulo de detalles que entraña y su 
importancia trascendental, su estudio inmediato no permitiría 
llegar á ningún resultado práctico. 

Ahora, si se quiere hacer discusión científica, que siempre es 
interesante, no me opongo; pero no llegaremos á un resultado 
práctico; y de esto estoy plenamente convencido, porque ninguna 
de las personas aquí presentes puede distinguir los planos y deta- 
lles que se han colocado en la pizarra, ni estudiar los números que 
nos presenta el señor Huergo. De manera que la discusión sólo 
podría versar sobre generalidades. 

El objeto de mi proposición es que las reparticiones técnicas, de 
una de las cuales forma parte el señor Duclout, estudien este 
trabajo, llamen á su seno al señor Huergo, y de esta manera creo 
que se hará algo de provecho para todos. 

Es por esto que yo he creído que es completamente incon- 
ducente ningún debate sobre una cuestión tan compleja y tras- 
cendental, siendo así que para poder emitir una opinión sobre 
este trabajo sería necesario hacer estudios muy completos, que no 
podemos hacer aquí. 

Sr. Duclout. — Sentiría que no se pudiera discutir un trabajo 
tan interesante, porque yo creo que hay aquí varios ingenieros, entre 
otros los señores Balbín, Silveyra, Barabino y otros, que han tenido 
ocasión de intervenir en estas cuestiones, y podríamos llegar con 
la discusión, á conclusiones técnicamente interesantes, que ya veo 
esbozadas en mi pensamiento, pero que no puedo expresar ahora. 

Entonces, rogaría á los compañeros que no apoyen la moción del 
señor Ingeniero Bahía, no porque no participe de sus ideas, sino 
para que podamos discutir la parte técnica del asunto, que es tan 



— 233 — 

interesante, y que no se ha discutido desde hace 14 años, qué es lo 
que ha transcurrido desde que el señor Huergo lo llevó á la discu- 
sión pública, y sobre cuya parte técnica creo que es necesario 
hacer la luz. 

Sr. Gallardo (A.) — Pido la palabra. 

Considero que la moción del doctor Bahía no traduce plena- 
mente la importancia que debe darse á este asunto que nos tiene 
aquí reunidos. 

En primer lugar, el reconocerle esta importancia, así, platónica- 
mente, no creo que le agregue un ápice de autoridad y de fuerza 
al trabajo del señor Huergo, que tiene suficiente importancia en sí 
mismo, para que nosotros le agreguemos nada con esta declara- 
ción teórica, en términos tan generales. 

Por otra parte, la recomendación de su estudio á las reparticio- 
nes técnicas por parte del Congreso no tiene eficacia de ningún 
género. El Congreso Científico no tiene autoridad ni fuerza 
administrativa de ninguna clase, y las reparticiones técnicas, con ó 
sin el voto del Congreso en este sentido, lo tomarán ó no en cuen- 
ta, según lo juzguen más conveniente; aunque no votemos estas 
conclusiones, es seguro que ha de haber reparticiones laboriosas 
que se ocuparán de un trabajo de tan transcendental importancia; y 
si votamos, como no tenemos medios coercitivos ni facultades para 
hacer cumplir nuestras resoluciones, con esta votación no conse- 
guiríamos resultado alguno. 

Estoy más bien de acuerdo con las indicaciones del señor Du- 
clout. Considero que la Asamblea, sin descender á los detalles de 
construcción ó de procedimiento especial para las obras propues- 
tas por el señor Huergo, puede en términos generales, avocarse la 
resolución de un problema de la magnitud del que se trata, y hacer 
ciertas indicaciones generales, sí, pero concretas, y no tan vagas 
como las que ha propuesto el señor Bahía, que podría el Congreso 
someter á la consideración del gobierno, quien en seguida las haría 
estudiar por las reparticiones técnicas que administrativamente 
están encargadas de informar en última instancia sobre las cuestio- 
nes de esta naturaleza. Pero, precisamente, debemos aprovechar 
esta circunstancia de encontrarnos en un terreno tan neutral como 
éste, en donde una cantidad de Ingenieros perfectamente prepara- 
dos en estas cuestiones, puede decirse, casi todos los que se han 
ocupado de estos estudios, se encuentran reunidos, y pueden 
expresar sus opiniones con toda franqueza y amplitud, sin las mil 



— 234 — 

dificultades que impone la forma administrativa de tratar estas 
cuestiones, pudiendo, como digo, expresarse una cantidad de cosas 
que no se podría decir en documentos oficiales; y cuando conta- 
mos, además, con el concurso de distinguidos ingenieros de los 
países vecinos, no debemos dejar pasar esta oportunidad para 
hacer una discusión, todo lo general que se quiera, pero que indi- 
que los rumbos generales á que podrá sujetarse ulteriormente el 
estudio de esta cuestión. 

Naturalmente, si aquí vamos á determinar los detalles de este 
problema: cómo se han de hacer las tablestacadas, á qué distancia 
se han de fijar, su punto de apoyo, etc., sería absolutamente impo- 
sible: no podríamos llegar á ponernos de acuerdo. 

Pero creo que en los términos generales en que ha planteado la 
cuestión el señor Huergo, que él ha establecido con toda altura, 
podemos perfectamente bien dar una opinión general sobre ella y 
por lo menos llegar á decir al país si conviene ó no seguir en el 
camino en que hoy se está, ó si se debe buscar una solución más 
económica y más definitiva, y no dejar las cosas tal como están, 
aconsejando meramente una conclusión más ó menos platónica, 
consideración que las oficinas técnicas, por otra parte, se estarán 
haciendo desde hace mucho tiempo, porque es de suponerse que 
el problema no será nuevo para los directores de esas oficinas y 
que no será el trabajo del señor Huergo el que, les venga á revelar 
que el canal de entrada se rellena. Así que no agregaremos abso- 
lutamente nada, mientras que con conclusiones más generales y 
concretas, por lo menos se encaminaría á la opinión pública en un 
sentido más determinado, quedando la resolución detallada y de- 
finitiva, como digo, á cargo de los trámites ordinarios del gobierno- 
En este sentido estoy en contra de la moción del señor Doctor 
Bahía y apoyaré la del señor Ingeniero Duclout, de acuerdo con 
las ideas que ha manifestado, ó alguna otra que satisfaga esta opi- 
nión general que se manifiesta. 

Sr. Bahía. — En mi espíritu no ha entrado ptoponer una resolu- 
ción para quedar bien con el señor Huergo; lo he hecho guiado 
por mi espíritu práctico, tal como entiendo las cosas; pero ya que 
se quiere poner la cuestión en el terreno científico, un Profesor de 
la Universidad no ha de oponerse, y retiro mi moción. 

Sr. Morales. — Aun cuando sería inoficiosa la discusión una 
vez que ha sido retirada la moción, sin embargo sería conveniente 
sentar precedente para casos análogos, 



— 235 - 

Este punto está previsto en el reglamento. En las mismas órde- 
nes del día se dice: Consideraciones sobre los temas del día 
anterior. 

Y hasta precedentes hay. La memoria del señor Tedín fué 
votada ayer, en el sentido de aprobar sus conclusiones, y, sin em- 
bargo, en la sesión de hoy se han hecho consideraciones respecto 
de ella. 

Yo creo que no puede impedirse, por medio de una votación, 
hacer observaciones que están dentro del reglamento. 
' Sr. Silveyra. — Yo creía que la moción del señor Bahía excluía 
toda discusión, y en ese sentido hemos estado por que se reabra el 
debate. Si la indicación no excluía esa discusión, nada digo; pero 
de todas maneras la moción ha sido retirada. 

Sr. Presidente. — Está en discusión el trabajo del señor Huergo. 

Sr. Duclout. — Entonces, vuelvo á insistir en mi indicación: que 
se postergue la discusión de este asunto para mañana, continuán- 
dose con la orden del día. 

— Se aprueba esta moción. 

En seguida disertó el señor Ingeniero Carlos Honoré sobre 
«Teoría de las funciones isocronoperiódicas y sus diagramas». 

(No se publica su trabajo, porque el autor lo ha retirado en razón 
á no estar concluida su redacción.) 

Sr. Presidente. — Habiendo pasado con exceso la hora de se- 
sión, queda clausurada. 



CUARTA SESIÓN 

(mañana y noche) 



i6 de Abril de lí 



En Buenos Aires, á i6 de Abril de 1898, reunidos en el local de 
sesiones los señores congresales presentes, (i) se declara abierta 
la sesión, leyéndose el acta de la anterior. 

Después de proponer el señor Huergo una amplificación á dicha 
acta, en vista de la gran importancia de la cuestión relativa al 
canal de entrada al puerto de Buenos Aires^ se produce un exten- 
so debate en que toman parte el mocionante y los señores Du- 
clout, Bonnemaison, Babia, Michaelsson, Silveyra y Otero, y se 
resuelve que cada uno de los señores que tomaron parte en el 
debate redacte la versión de sus palabras, la que será agregada al 
acta leída, que es aprobada. 

Prosiguiendo la discusión del asunto pendiente, dice el 

Sr. Huergo. — Voy á ser lo más breve posible, porque estoy 
tomando más tiempo del que suponía, y no es justo que queden 
postergados los demás trabajíjs. 

Esta cuestión de impedir el escurrimiento de los costados de un 
canal cortado en un lecho de arcilla, como he dicho en sesiones 
anteriores, no es una novedad en ninguna parte. 

En todas las naciones europeas y en Estados Unidos hay innu- 
merables terrenos arcillosos, cuyo escurrimiento en canales excava- 
dos sé ha impedido por mías construcciones ú otras. He citado 
uno de los casos más fáciles, el del canal de Kiel, el gran canal 
estratégico de la más poderosa nación militar, que se acaba de 
construir con 9™/;o de agua. He traído la opinión de Flachat, rcs- 

(1) Las nóminas de presencia figuran en los extractos de las actas ciiie aparecen al final. 



^ 238 - 

pecto de las arcillas fluidas que pudieran encontrarse en el lago 
Mensaleh, en el canal de Suez, en el que seria cuestión de echar 
tierra para evitar el escurrimiento. 

Yo he dicho que aquí se echaría tosca, que se saca en pedazos 
hasta de medio metro, en blocks, y que es casi tan dura como la 
piedra. Esta tosca desplazaría, como ha sucedido en el puerto 
de La Plata, la arcilla blanda de los costados, se excavaría en el 
medio y se obtendría lo que en el puerto de La Plata, en el cual 
materialmente no hay relleno. 

Si á los ingenieros salidos de la Facultad de Matemáticas ó á 
los que han revalidado su título en ella se les hubiese propuesto 
que estudiaran el problema, habrían ido á los libros, habrían en- 
contrado un centenar de ejemplos y habrían propuesto un sis- 
tema, ú otro, de impedir, simplemente, que fluyeran las arcillas 
hacia el canal. Como hace veintiún años que se está removiendo 
el lodo de los canales, les parece que es una cosa nueva porque^no 
se han preocupado del asunto. Yo tengo la conciencia de que el 
95 por ciento de los ingenieros adscriptos á la Facultad de Mate- 
máticas habrían resuelto el problema con economía comparado 
con lo gastado en los doce años anteriores, en que se ha estado 
dragando cantidades tan considerables, que ya he dicho que en 
sólo el año pasado se habían invertido 1.695.000 pesos oro por 
dragado. 

El señor Silveyra decía: La limitación á 19 A pies es por 
ahora. Pero ese ahora debió ser hace doce años. Todas las nacio- 
nes europeas que en 1886 entraban sus buques con más facilidad 
que en 1898, están mirando al puerto de Buenos Aires, para ver 
qué resultado tiene la construcción no de un puerto, sino de dos, 
para que lleguen los buques sin golpearse en el canal y sin vararse 
todos los días, como refieren las noticias de los periódicos. 

El señor Bonnemaison decía que se le había hecho conocer que 
en el año anterior habían entrado al puerto de Buenos Aires 5.000 
vapores de ultramar. Yo debo decirle que lo han informado mal. 
El número de buques entrados el año pasado, ha sido de 1.080, 
grandes y chicos, de 15 á 22 pies de calado; de éstos, hay 850 que 
calan menos de 20 pies y sólo 150 que calan de 20 á 22 pies; de 
los primeros, calan entre 17 y 19 pies sólo 535 buques. 

El señor Duclout decía que los buques que iban á La Plata 
eran 6 ú 8 únicamente. 

Sr. Duclout. — Los de 25 ó 26 pies. 



— 239 — 

Sr. Huergo. — Son los mayores los que van ; no sé el cala- 
do exacto. Pero lo que puedo decir es esto : que si hubiera en 
Buenos Aires acceso al puerto, muy raro sería el buque que fuera á 
La Plata, porque los de importación no traen absolutamente carga 
alguna para La Plata y los de exportación reciben muchísima carga 
de. los rios Paraná y Uruguay en buques de cabotaje que atravie- 
san por frente á Buenos Aires para ir hasta La Plata; de manera 
que les sería más cómodo y más barato venir directamente á Bue- 
nos Aires. 

En el año 96 todo el movimiento del puerto de Buenos Aires, 
hecho exclusivamente por el canal del Riachuelo, fué de 8.1 15.547 
toneladas de registro. El efectuado por el puerto de La Plata fué 
de 2.600.000 toneladas de registro. Lo que quiere decir que el 
tonelaje de registro de este puerto equivale al 32 por ciento del de 
Buenos Aires. 

Las mercaderías introducidas y exportadas por el puerto de 
Buenos Aires sólo ascendieron á 2.544.894 toneladas, y en el de 
La Plata, á 703.000, lo que representa el z'] por ciento de la cifra 
anterior. 

Si el puerto de Buenos Aires tuviera un buen acceso, puede 
decirse que inmediatamente aumentaría de 2 J millones de tone- 
ladas de registro ; lo que es muv importante, no sólo para la renta, 
porque aumentaría el interés del capital invertido, sino para los 
mismos buques. 

Yo he deseado que esta discusión se hiciera lo más lata posible 
y que se me hicieran todas las objeciones. Si hablo en contra de 
obras en ejecución, no es para herir susceptibilidades. La mía no 
se ha de herir con ninguna manifestación que se me haga, porque 
todo lo que busco es la verdad, es el interés del país: los amigos 
desaparecen en pocos años y se entierran, y el país subsiste para 
siempre ; yo doy mis opiniones para el presente, y las doy para ciue 
me juzgue la posteridad. — [Aplausos). 

Se han indicado las obras que están en construcción en el puer- 
to de Buenos Aires, para defender de las sudestadas la superficie 
del canal del sud. Yo he pedido á uno de los señores presentes, 
que me dé una idea de lo que son esas obras, porque he vivido 
durante doce años retirado de las obras del puerto, sin mezclarme 
para nada en ellas, y recién cuando se habló de la formación de 
este Congreso, he creído que debía volver á interesarme en la 
cuestión; así es que no sabía qué obras se hacían. 



— 24Ó •— 

Las defensas se hacen á 350 metros de distancia del talud sud. 
Yo encuentro este grave inconveniente : un buque que navega, 
lleva por delante una masa de agua levantada, que va hacia los 
costados del canal ; detrás del buque viene una ola del agua que 
se precipita á llenar el vacio que él deja, ola que en el caso de bu- 
ques pequeños, es bastante más alta que la popa de éstos, á punto 
que se ve claramente que la embarcación cala más que estando 
simplemente á flote. 

Además, la hélice produce también un movimiento que va á los 
costados. Hay, pues, tres corrientes en direcciones diferentes, que 
forman remolinos que todo lo conmueven en el fondo y en los 
costados. Entonces, cerca de la entrada al Riachuelo, donde el 
banco es alto, sucederá lo que dice Richard que sucede en el 
canal de Suez, y lo que los holandeses observan en sus canales: 
que estas olas formadas por la marcha de los buques vendrán 
hasta el pie de la defensa, y al retirarse ó bajar otra vez ;al cauce, 
vendrán descoloridas y cargadas pesadamente con la materia del 
fondo; de modo que el banco lateral tenderá á llenar el canal. No 
me parece que es una solución aceptable. 

Respecto al sistema que he indicado para defender los canales, 
es el empleado en tantas otras partes, y es el empleado también 
en La Plata, con la única diferencia que en vez de poner piedra, 
que es muy costosa, yo digo: toda esa tosca que se tira injátil- 
mente al río, que se ponga á los costados del canal, desalojando la 
arcilla y evitando que se corra al fondo del canal. Es un material 
mejor que la piedra, porque no pesando tanto como ella, pesando 
probablemente 2.000 á 2.100 kilos, desalojará menos cantidad que 
la piedra y, por consiguiente, no se necesitará tanto volumen. 

Las tablestacadas ofrecerán también mayor seguridad. Por- 
que en todas las extensiones cubiertas con una gruesa capa 
de arena, no se sabe cuánto peso se necesitaría para compri- 
mir la arena hasta más abajo del fondo del canal. Entonces las 
tablestacas puestas á 4 pies abajo del canal, de un lado y otro, evi- 
tarán que la masa exterior de arcilla fluya siempre ; tendría que 
pasar 4 pies debajo del lecho del canal para volver á subir.' 

El señor Silveyra objetó que se producirían socavaciones. Pero 
esas socavaciones se producen por hallarse los pilotes aislados, 
antes que se rellene el interior. Entonces las olas encuentran 
resistencia en los pilotes ; forman remolinos j levantan masas de 
arena y las echan fuera. 



— 241 — 

Esto no es una novedad en el Río de la Plata. Y en Italia hay 
un ingeniero que ha sostenido la idea de mantener, en cauces de 
poca importancia, una entrada más fácil poniendo dos muelles 
laterales á claraboya. Recuerdo que hay una entrada á un arroyo 
muy pequeño — el Righi Bigi — en el que se han puesto dos hi- 
leras de pilotes á cada lado de la entrada, en la playa; entonces los 
remolinos causados por las aguas, á la salida, al encontrar los pi- 
lotes levantan la arena y aumentan de cierta profundidad el agua. 

Pero la tablestacada que propongo está cortada á flor de 
tierra ; de manera que no hay cómo formar esos remolinos. Por 
el contrario, en la arena, cerca de la costa, donde es imprescin- 
dible esta estacada, quizá podrían formarse remolinos arriba y 
levantarse el agua en poca profundidad ; pero entonces podría 
echarse tosca hasta cubrir y hacer pareja la parte superior de la 
estacada. 

Respecto á si esta estacada se mantendrá ó no, los señores 
Duclout y Silveyra han manifestado sus dudas. 

Yo he mostrado anoche el plano número 14, ya de una época 
posterior á mi dirección en las obras del Riachuelo, en el cual se 
ve que en 1887 existían á lo largo del canal 7 plataformas, para 
poner en ellas las escalas de marea, plataformas que consis- 
tían de I, 3 ó 4 pilotes, y servían para que las dragas vieran á qué 
profundidad debían dejar los cangilones. 

Puesto que las obras habían principiado en 1876 y en 1887 se 
seguían colocando esos pilotes, quiere decir que se mantenían. 
Y, efectivamente, se mantenían 2, 3 y 4 años. Yo he visto una 
plataforma que sufrió un choque de un buque, quedó torcida por 
seis ú ocho meses, y luego otro buque la echó abajo. Cuando el 
señor Duclout ha ido á las obras del Riachuelo, el año 91, ha 
encontrado parado solamente un pilote de 60 pies de longitud. 
Ese pilote estaba en ló pies de agua ; y como la escala tenía que 
estar arriba de las altas mareas, la extremidad superior del pilote 
estaba á 30 pies sobre el nivel del lecho natural del terreno ; lue- 
go, quedaba 30 pies abajo y otros 30 pies arriba del lecho. 

Decía el señor Duclout que después se cayó ese pilote. Y yo 
digo que si se le corta á flor de tierra, no sé cómo podría caerse. 
Yo considero el pilote caído, pero caído verticahnente. Colocada 
la estacada continua hasta 4 pies debajo del nivel del lecho del 
canal, ella no puede caerse, ni trasladarse hacia el canal, porque 
no habría empuje sensible en ella. 

T. II ^^ 



— 242 — 

El señor Ingeniero Otero decía que era muy interesante saber 
si los fondos se conservaban por el paso de los buques ó si el 
paso de los buques destruía los fondos. 

Todo es relativo: es según la altura de los costados del canal, 
según el grado de fluidez que va á adquirir la arcilla una vez que 
los buques empiezan á conmoverla con las corrientes encontradas 
que su marcha desarrolla. Que la hélice ó la rueda de un buque 
remueve la arcilla y pone á flote una parte disuelta, no hay la me- 
nor duda. El señor Otero, que reside en Montevideo, habrá visto 
allí cientos de veces lo que yo he visto una ó dos docenas de ve- 
ces : que siempre que se mueve un buque en la bahía, un vapor 
á hélice ó á rueda, alrededor de él sale flotando la arcilla. 

En el paso de Punta Piedras, en el trayecto de Buenos Aires 
y La Plata al mar, dice la carta del Almirantazgo, que hay 19 pies 
de agua ; y los pilotos principales, los más prácticos de Buenos 
Aires, dicen que hay pasajes que tienen 20 pies, por lo menos, 
que han sido formados por la remoción producida por las hélices de 
los buqvies. Y se comprende perfectamente bien : una vez puesta 
en movimiento la arcilla, así como sus partículas se conservan á 
flote dentro del puerto de La Plata, dentro del puerto de Buenos 
Aires y dentro de la dársena de San Fernando, por mucho tiempo 
sin depositarse, es claro que una vez puesta en movimiento allí tam- 
bién se conservan á flote y son llevadas por las corrientes. De modo 
que hasta sería muy conveniente que el gobierno argentino fijara 
una ruta entre los 22 y 23 pies de agua, de los dos lados del paso. 

Yo no dudo que esto pudiera ser ventajoso. En otras épocas, 
para ahondar el lecho del río se han empleado vapores con garfios 
de fierro, con el objeto de remover el fondo, y que las corrientes 
los transportaran. Estoy seguro que si en el Paraná se pusieran 
chatas flotantes con maderos en forma de palizadas que dirigieran 
la corriente en cierta distancia, para enangostar la anchura del río, 
se podría hacer un dragado muy barato. Pero nosotros no estamos 
todavía para estudiar ciertas cuestiones. Por ejemplo: se sabe que 
los terrenos de la ribera izquierda del Paraná, por Corrientes ó 
Goya, se están derrumbando continuamente; pero nadie se preo- 
cupa de estudiar el hecho. En mi opinión, no sería nada difícil 
atar hileras de árboles, contra los cuales pegase la corriente, que 
sería desviada al otro lado. 

En el Chaco, también he visto derrumbarse las barrancas, con el 
paso de los buques, el río Paraná está allí desviándose para un 



— 243 — 

lado, volviendo al otro y llevando montones de tierra al Río de la 
Plata, con perjuicio de la futura navegación de éste y con perjuicio 
de la navegación actual del Paraná. Las corrientes naturales soca- 
van las barrancas y remueven el fondo de los ríos, lo mismo lo ha- 
cen las corrientes violentas que producen la marcha y las hélices 
de los vapores. 

Así es que, indudablemente, las hélices remueven el fondo, y si 
hay corriente, ella lleva algo de los materiales que lo forman, si los 
costados del canal son de poca altura; mientras que cuando son al- 
tos, la trepidación del lecho, causada por la marcha de los buques, 
hace más fluida la masa y es causa de que fluya con mayor rapi- 
dez hacia el canal. 

En Montevideo, yo creo que la cuestión de la conservación del 
fondo y taludes de un canal no ha de ofrecer tantas diñcultades 
como aquí, porque la arcilla es más consistente, y porque el canal 
de entrada tendría una corta extensión entre los 15 y 23 pies, de 
manera que los costados en su punto más alto solo tendrían 8 pies 
de altura. 

Quería dar esta explicación, pues me parecía que debía atender 
la observación del señor Ingeniero Otero. 

Sr. Otero. — ■ No fué mi objeto hacer observación, sino sim- 
plemente indicar la importancia de la cuestión, porque al igual de 
ésta hay muchísimas otras de igual valor. En la exposición del se- 
ñor Ingeniero Duclout ha habido datos muy importantes, como 
por ejemplo, los referentes al dragado del puerto de Buenos Aires. 

Sr. Huergo. — He terminado. Y pido disculpa á los señores 
presentes por la demasiada extensión que me he tomado en esta 
y otras sesiones. 

Sr. Duclout. — Yo creo también que en estos asuntos no 
son los individuos los que se toman en cuenta, porque se entie- 
rran con más ó menos acompañamiento, pero la cuestión queda 
en pie y las obras también. 

Voy, pues, á dar explicaciones sobre algunos puntos. 

La colocación del malecón á 300 metros del eje del canal respon- 
de á la razón siguiente : 

Cuando comencé á estudiar el relleno del canal, comparando 
perfiles, lo primero que se me ocurrió fué ver cuál era el talud na- 
tural que toman esos terrenos del canal. Al efecto, el señor Inge- 
niero Girado hizo este trabajo : marcó sobre el papel de calcar los 
perfiles tomados en varias distancias. De esta comparación de 



— 244 — 

perfiles resultó una pendiente determinada, en la cual, después de 
algún tiempo — un año ó año y medio— se mantuvo más ó menos 
bien el talud; y resultó que, en el primer kilómetro, colocando á 
300 metros del eje del canal la solera interior del malecón, este 
malecón quedaba á 15 ó 20 metros más al sud de la arista superior 
del talud que se iba á formar. 

Yo no he querido hacer una obra de defensa, para impedir el 
escurrimiento de los materiales del canal, sino una obra de de- 
fensa para impedir la entrada de la arena al canal; porque, como 
lo ha explicado el señor Huergo y como lo puede ver cualquiera 
que vaya allí, la arena no se escurre, sino que por la marejada, por 
los vientos, viene la ola, se transforma en ola de translación, forma 
una especie de torbellino espiral, y lleva la arena al canal. Por con- 
siguiente, basta una defensa superficial, basta que en la superficie 
del banco de arena haya un obstáculo : este obstáculo dejará pasar 
el agua, pero no el agua inferior, que está muy cargada de arena. 
Entonces se proyectó una defensa así : dos pilotes 
verticales, una contraficha y un pequeño pasadizo 
para poder revisar la obra, rellenando el inte- 
rior con faginas y con piedra, de manera que la 
creciente pudiera pasar encima del malecón de 
defensa, que este malecón produjera una pertur- 
bación mínima en el régimen de la marea y en 
las corrientes en la vecindad del canal y, sin 
embargo, impidiera el paso de la arena. 

Ahora, si este malecón se situara cerca del 
canal, tendría que soportar el empuje de las 
piedras, que puede ser bastante fuerte, lo que obligaría á hacer 
una construcción resistente ; mientras que colocándolo donde se 
ha hecho, no tiene que soportar empuje de las arenas ; por 
consiguiente, puede hacerse una construcción más sencilla, como 
la efectuada, que viene á costar 350 pesos moneda nacional por 
metro corrido de muelle. 

En cuanto á la objeción de que los vapores al pasar echan sobre 
el muelle un volumen de agua igual al que desplazan, y con la 
misma velocidad vuelve á encauzarse, produciendo una corriente 
muy violenta de ida y vuelta, es evidente, y está fundado en un 
principio ; pero el día que esté terminada esta obra en el primer 
kilómetro de canal, la ola de translación será muy pequeña, por- 
que el buque que pase encontrará un volumen de agua igual á la 




— 245 — 

mitad de la sección del canal (100™ X 6™ 50) + el triánoulo.... que 
tiene casi 300 metros de base ; de manera que la depresión y la 
elevación serán muy pequeñas. 

Paso ahora al punto relativo á la tosca. 

He manifestado al señor Presidente que la tosca, cuyo empleo 
propone el señor Huergo para rellenar las defensas laterales, no es 
el material más apropiado, porque, actuahnente, para el dragado 
de la tosca, se arman las dragas con garfios que la rompen, y el 
balde mismo agarra una muy pequeña cantidad, 10 ó 15 centí- 
metros cuando más. Por consiguiente, sale completamente desme- 
nuzada, tanto en nuestras dragas como en las del puerto Madero. 
Esa tosca puede verse en las calles que ha rellenado la empresa 
Madero. Es rarísimo, actualmente, que las dragas saquen pedazos 
grandes, porque no hay más que ciertas partes donde la tosca tiene 
bastante resistencia. Por otra parte, aquí se llama tosca á cualquier 
cosa. Hay varias especies de ella. La tosca á que hacía referencia 
el señor Huergo existe en la entrada de los malecones; ahí tenemos 
una tosca que es verdadera piedra. Más adelante del Riachuelo, 
hay una tosca que casi puede sacarse á balde, y en otras partes sale 
menos dura. Por consiguiente, la razón que yo tengo es que, se- 
gún el señor Huergo, se emplearía material arcilloso desmenuzado, 
con concreciones calcáreas adentro, que es de poco peso ; por 
consiguiente, siendo ese peso igual al de la arcilla que desaloja, 
ejercerá una compresión muy pequeña sobre el fondo y será muy 
poca la arcilla desalojada. 

Además, el volumen de tosca á emplearse lo considero muy su- 
perior al necesario. 

Por ejemplo: en el puerto de La Plata se han empleado en el 
canal óoo-ooo toneladas de piedra; pero ese canal está en condi- 
ciones muy distintas de los nuestros : como lo ha hecho ver el señor 
Huergo en uno de los perfiles, el canal de La Plata tiene, hasta 
casi la mitad de él, un terreno bastante duro ; así ha resultado tam- 
bién de perforaciones que hemos hecho. Entonces, sería más bien 
el volumen á emplearse hasta la extremidad del canal , el que ten- 
dríamos que tomar en cuenta; y ese volumen creo que no exce- 
dería de 250 ó 300 metros cúbicos por metro lineal, ó sea 250,000 
metros cúbicos, más ó menos, por kilómetro, y en 10 kilómetros se- 
rían 2 V2 millones de metros cúbicos, que considero como mínimum. 

Y la prueba es esta : los canales, defendidos de esta manera, que 
pe han construido en Holanda, tienen un volumen de tierra de 



— 24t) — 

6o m. de base por 30 m. de altura, es decir, 1.800 m.^ por me- 
tro lineal de defensa, en lugar de 250 que yo empleo. En cuanto 
al canal de Kiel, no recuerdo bien, pero creo que tiene 20 m. de 
base por 12 de altura; es decir, el colchón formado de cada lado 
tiene 240 metros cúbicos, ó sea 500 m.^ por metro lineal ; cantidad 
también superior á la que yo calculo. Y este canal de Kiel no fué 
hecho en el agua, fué hecho en tembladerales, que lo atraviesan, 
porque está cortado en tierra firme; en esos tembladerales, antes 
de dragar el canal se hicieron zanjas laterales que se fueron relle- 
nando con arena, las que tomaron más ó menos esta forma; y 
una vez llegado el colchón á su posición de equilibrio, se dragó en 
medio, para formar el canal, también en condiciones más favora- 
bles que las nuestras. 

Respecto de las tablestacas, yo había manifestado la opinión de 
que no tendrían resistencia suficiente, no para resistir el empuje de 
la arcilla, — porque creo, como el señor Huergo, que no habrá em- 
puje de la arcilla, dada la manera como están colocadas las tables- 
tacas^ — pero para resistir el transporte, porque, para mi, este banco 
de arcilla se mueve, todo él es una masa de gelatina que se mueve, 
en la cu.al, si se colocan pilotes ó tablestacas, se acercarán ó sepa- 
rarán unos de otros, si no están perfectamente ligados entre sí. El 
pilote que hemos clavado se cayó; salía más ó menos 4 pies del 
nivel del agua; tenía 16 pies abajo del agua. 

Sr. Huergo. — Entonces la escala de marea estaba debajo del 
nivel de las aguas, si estaba á 4 pies el pilote. 

Sr. Duclout. — Pero la escala pasaba, probablemente. 

Sr. Huergo. — Estaba hasta arriba. Yo las he visto durante diez 
años. 

Sr. Duclout. — Perfectamente: estarían á 30 ó 40 pies; pero el 
pilote ha caído. 

Ahora, ¿cómo ha caído ese pilote ? Ha caído sobre la costa ; 
está enterrado en el barro. 

Sr. Huergo. — Está bien asegurado el pie del pilote. 

Sr. Duclout. — Ahora, ese pilote, si hubiera habido un movi- 
miento en el terreno, si no hubiera tenido punto de apoyo en un 
terreno firme, que lo sostuviera, se hubiera ido con el terreno mo- 
vedizo. ¿Yáqué profundidad se puede encontrar ese terreno 
firme ? Tenemos la práctica de los constructores del puerto, que 
acaban de colocar valizas en varios kilómetros del canal de entra- 
da : en el kilómetro ^ han colocado pilotes á 98 pies de profundi- 



— 247 — 

dad, es decir, á 30 metros, y á 98 pies no se está todavía en terreno 
firme, porque, bajo un peso de 930 kilogramos, que al principio 
hace entrar un metro, cada golpe de martinete hace penetrar el 
pilote todavía un centímetro, es decir, que la resistencia inferior es 
casi nula, porque si la penetración es sólo de un centímetro, es de- 
bido á la fricción lateral. Entonces, si hay una tablestaca clavada 
en el barro, sin punto firme, en 90 ó 100 pies, se irá con el barro. 

Esta es una impresión mía, que debería verificarse por experi- 
mentos. 

Además, sobre esta cuestión de tablestacas y su colocación hay 
detalles prácticos; pero creo que será mucho más interesante que 
los exponga el señor Michaelsson, que ha tenido la amabilidad de 
hacerme ver un trabajo suyo, muy importante, sobre esta clase de 
obras. 

Respecto á la conservación de los fondos del Río de la Plata, no 
creo que pueda hacerse por el paso de los buques, porque en el 
modelo que tienen aquí á la vista, se puede ver que la extremidad 
del canal propuesto por el señor Huergo y prolongado posterior- 
mente en su trazado, creo que por el señor Ingeniero Candiani, 
iba á dar á fondo de 21 pies; y estos sondeos hechos por el señor 
Candiani están verificados por los sondeos tomados por los se- 
ñores Hawkshaw y Hayter, Ingenieros del puerto, que han lle- 
gado al mismo punto que el señor Candiani con 21 pies de agua; 
y hoy nosotros tomamos sondeos con relación á la misma escala 
de marea y encontramos que no hay más que 20 pies; los señores 
constructores del puerto hacen, por su parte, sondeos para la pro- 
longación del canal Norte, que se propone actualmente en direc- 
ción recta hacia la rada, y van á encontrar también 20 pies. De 
suerte que en este período de 12 años, del 87 ala fecha, ha habido 
una disminución de profundidad en la extremidad del canal, en la 
rada, que es de tierra muy fluida; disminución que llega á cerca de 
un pie. 

Es esto lo que tenía que explicar. 

Sr. Huergo. — Voy á agregar algunas pequeñas observaciones. 

La sección del canal de Kiel es para un canal de 9^87 de profun- 
didad de agua. No es extraño que resulte un volumen de tierra ó 
arena de 240 metros cuadrados de sección. 

En el canal de entrada al Riachuelo, el término medio de la altu- 
ra de los taludes sería S-^dO. Entonces la sección de tosca que se 
requeriría, sería muchísimo menor que la de 12 metros de altura 



— 248 — 

para llegar hasta el fondo del canal. De manera que el cálculo aun 
de 200 ó 300 toneladas por metro, es á simple vista exagerado. 

En cuanto á que toda la masa de arcilla fluida va á correr hacia 
el canal, diré que desde que el señor Duclout está de acuerdo en 
que puede decirse que no hay empuje horizontal, apreciable en la 
parte superior, una tablestaca á 4, 5 ó 6 pies debajo del lecho del 
canal y con pilotes introducidos por lo menos 8 pies debajo de ese 
nivel, resistirá fácilmente á un empuje mínimo. Me parece que será 
suficiente para creer que la tablestacada subsista en esa forma, 
observar que ella está en un solo lienzo de 10 kilómetros de lon- 
gitud, con tablas machimbradas y con longrinas superiores sujetas 
con bolones y tuercas. 

Sr. Duclout. — Voy á dar un detalle á que ha hecho referen- 
cia el señor Bonnemaison. 

El movimiento de vapores de 22 pies de calado, en 1896, ha sido 
el siguiente: entrados, 33; salidos, 85. De 23 pies: entrados, 7; sa- 
lidos, 23. 

Veleros: hay 7 entrados con 22 pies, y 3 salidos; 3 de 24 pies 

Sr. Huergo. — ¿ Y el número de buques varados en el canal ? 

Sr. Duclout. — No pasa de uno por semana. 

Sr. Huergo. — Me basta. 

Sr. Duclout. — Yo no podría dar el dato exacto; pero el se- 
ñor Ingeniero Darquier, aquí presente, puede darlo. 

Vapores de más de 23 pies, entrados y salidos en 1896: entrados, 
39; salidos, 69. 

Y se explica: estos buqiies vienen aquí en su mayor parte á car- 
gar; entran más vacíos y salen más llenos. Los buques de gran 
calado cargan aqiTÍ hasta 21, 22 ó 23 pies, y si tienen más calado 
van á La Plata y cargan allí el resto, aumentando aparentemente 
el tonelaje de registro de aquel puerto. 

Sr. Huergo. — Lo que no hace mucha diferencia, porque aquí 
la relación de la carga de los buques, á las toneladas de registro, 
es como de 31 por ciento, y en La Plata es 26.7 por ciento. Y si 
esos buques van de aquí á La Plata, á tomar carga, es porque aquí 
no tienen agua bastante ni aun los que llegan. 

Sr. Presidente. — Se van á votar las conclusiones á que llega 
elseñor Ingeniero Huergo en su trabajo. 

— Se vota y resulta negativa. 

Sr. Huergo. — Yo creo que la conclusión no es cuestión de di- 
nero sino de sistema. Así es que me parece que se podría redactar 



— 249 — 

en este sentido: Si deberla limitarse á un solo canal, con la mayor 
anchura posible y con 23 piesMe hondura, buscando los medios eco- 
nómicos de retener el escurrimiento de las arcillas laterales del canal. 

Sr. Duclout. — Voy á aclarar un punto. 

Nosotros estamos aquí reunidos en congreso científico, formamos 
una entidad propia, personal, pero no tenemos ninguna influencia, 
ninguna atingencia directa con el gobierno ni con los organismos 
de la administración. Por consiguiente, yo me pregunto: ¿ qué re- 
sultado práctico puede tener una orden del día votada por el Con- 
greso Científico Latino Americano, indicando al gobierno que al 
Congreso le parece que debe hacer tal ó cual cosa, sobre todo 
cuando los puntos en discusión se deben limitar á ideas, no á can- 
tidad de pesos ? 

Pintonees, yo digo: ¿ no estaría más dentro de la índole de un 
congreso, no sería más propio de un congreso votar una orden del 
día haciendo indicaciones á los congresos que le van á seguir ? 

El señor Huergo decía hace un momento: Esta es cuestión para 
de aquí diez años. 

Yo, ante el éxito que ha tenido este Congreso, supongo que el 
año entrante tendremos otro en alguna de las capitales de América 
Latina, y por mi parte me haré un placer en asistir á él si no tiene 
lugar en un punto muy lejano; y ¿por qué no votar una orden 
del día en que se resuman las ideas del señor Huergo, manifestan- 
do que el Congreso vería con placer que en las reuniones del 
próximo congreso se trajesen estudios detallados, y si fuera posible, 
experimentales, sobre la manera de contener la entrada del relleno 
al canal y sobre la conveniencia que pudiera haber en la supresión 
de uno de los canales ? Y digo detallados, porque concurren mu- 
chísimas cuestiones que se podrían estudiar por particulares ó por 
cualquiera que pueda disponer de todos los datos oficiales. Sería 
una indicación que tendría cierto efecto, cierta sanción: la sanción 
propia de un individuo que quiere tomar una resolución porque 
así le conviene á él; resolución que, si se publica, se conocerá é 
importará decirle al gobierno: El Congreso estima que usted no 
hace lo suficiente, é incita á sus propios miembros á hacer, por la 
iniciativa privada ó por los medios oficiales que tenga, estudios en 
este sentido. Sería una medida de ahento á los jefes de repartición 
que intervienen en estos asuntos. 

De acuerdo con estas ideas, he redactado un proyecto que pido 
sea leído, 



— 250 — 

— Se lee: « Que la conservación de dos canales para el puerto de 
la capital requiere un dragado tan elevado, que el Congreso cree 
interesante se presente ens us próximas sesiones estudios detallados 
y, si fuere posible, experimentales, sobre la manera de contener el 
relleno de esos canales y sobre la conveniencia que pudiera haber 
en suprimir uno de ellos, dando, en cambio, al otro un ancho y pro- 
fundidad ordinaria suficiente para las necesidades déla navegación». 

Sr. Duclout. — Debería agregarse que el Congreso agradece 
al señor Ingeniero Huergo el tan interesante trabajo que nos ha 
presentado. 

Sr. Figueroa. —Propongo una nueva orden del día, que puede 
leerse. 

— Se lee: 

Considerando : 

i.° Que la hondura del canal de acceso al puerto de Buenos Aires 
no responde en la práctica á las exigencias de la navegación ; 

2..° Que el calado de los buques tiende á aumentar progresiva- 
mente, tanto en la marina mercante como en la de guerra ; 

3.° Que la hondura de 21 pies en marea baja, mínimum de sus 
exigencias, tan sólo se realiza en los canales de acceso a puerto 
de La Plata. 

Sr. Otero. — No hay contradicción entre las dos indicaciones, 

Sr. Figueroa. — Lo que deseo es que se hagan estudios en el 
futuro, para obtener una solución radical del problema, en lo que 
afecta al puerto de Buenos Aires. 

Sr. Barabino. — Las indicaciones que acaban de hacerse des- 
truyen por completo el trabajo del señor Huergo. Por consiguiente, 
voy á hacer esta proposición: «El Congreso Científico Latino Ame- 
ricano cree de utilidad pública para las naciones del Plata que sus 
gobiernos fomenten el estudio hidrográfico y geológico de este río ; 
uniformando en lo posible los métodos de observación y dándose 
recíprocas facilidades con este objeto. » 

Sr. Aguirre. — Todos los presentes reconocemos el mérito in- 
discutible del trabajo del señor Huergo; pero creo también que 
no podemos votar las conclusiones á que él arriba, sin dedicarnos 
á un estudio que la mayor parte de nosotros no ha hecho, porque 
hemos tenido que asistir á otras secciones del Congreso ó por 
ptras ocupaciones, 



— 251 — 

Esta es la razón por que apoyaré la moción del señor Duclout. 

Sr. Otero. —Deseaba manifestar más órnenos lo que acaba de 
decir el señor Ingeniero Aguirre. 

Yo puedo hablar con cierta imparcialidad. En una asamblea de 
esta naturaleza é importancia, muchas personas no pueden formar 
opinión rápidamente, y resultará lo que es lógico : que se man- 
tengan en vina situación de expectativa, y tal vez aparezca recha- 
zado el trabajo del señor Huergo, como pareció insinuarse hace un 
momento, cuando el mérito del trabajo es indiscutible. 

Lo que corresponde en este caso, es que el Congreso agradezca 
especialmente ese^trabajo, dada su importancia, é invite á tomarlo en 
consideración; seguramente, los poderes públicos y las reparticiones 
que intervienen en esta clase de obras, han de tomarlo en cuenta. 

No puede votarse el trabajo, con peligro de hacerlo fracasar, lo 
que seria una injusticia. 

De manera que hay tres mociones sucesivas: i.°, la relativa á 
los poderes públicos ; 2°, relativa á la manera como debe tratarse 
este asunto en el futuro congreso ; 3.°. un voto de agradecimiento 
al señor Huergo por su importante trabajo. 

Sr. Duclout. — Con respecto al proyecto de resolución pre- 
sentado por el señor Figueroa, debo decir que los estudios á que 
él se refiere se hacen en la actualidad con personal especial nom- 
brado por el gobierno. La octava parte del trabajo está ya hecho. 
Actualmente estamos frente á Banco Chico, con los estudios ó tra- 
bajos hidráulicos que se extenderán más allá de nuestra jurisdic- 
ción ; y sería conveniente obtener el concurso de la República 
Oriental, para completar el estudio geológico y cartográfico del 
Río de la Plata. Así es que, por mi parte, pediría que se votara una 
resolución en este sentido : que el Congreso cree conveniente que 
los gobiernos de ambos países presten las mayores facilidades á 
los Ingenieros encargados de llevará cabo estos trabajos. Porque 
el problema del Río de la Plata no sólo es interesante del punto 
de vista internacional, para ambas naciones, sino del punto de 
vista del ingeniero, porque no hay en el mundo más que un Río 
de la Plata, por sus condiciones excepcionales, y es interesante, 
científicamente, su estudio. 

— Se aprueba la indicación del señor Ingeniero Duclout. 

— A moción del señor Ingeniero Huergo, se resuelve reunirse á 
la noche para escuchar la lectura de la memoria presentada por 
q1 señor Michaelsson. 



252 - 



SESIÓN DE LA NOCHE 



Sr. Michaelsson, — Señor Presidente, señores: Después del 
importante trabajo de que el señor Huergo nos dio cuenta en una 
délas anteriores sesiones, y de la brillante discusión que con ese 
motivo tuvo lugar, este pequeño estudio que voy á leer ha perdido 
la poca novedad que podía haber tenido, pero en cambio ha 
adquirido la autoridad que le faltaba, pues los señores ingenieros 
han apoyado muchas de las ideas que desarrolla; así es que me 
felicito por ese cambio de falta de novedad y aumento de auto- 
ridad. 

He estudiado en mi trabajo el plano general que aprobó el 
Gobierno por medio de una comisión presidida por el señor Inge- 
niero Castro. Por ese plano vemos que el día que se construya el 
canal, tendremos que preocuparnos tanto como ustedes de la 
conservación de su profundidad. Es con ese motivo que he 
exp uesto el plano á que he aludido. 

Cuando me propuse concurrir á este Congreso, pensaba hacerlo 
con un trabajo más completo, en que se tratara de los canales que 
dan acceso al Puerto Madero. Con ese objeto solicité datos á la 
Comisión organizadora del Congreso, pero ésta me indicó como 
fuente donde podía obtenerlos, á la Empresa del Puerto Madero; 
como esos datos son delicados para ser dados á todo el mundo y 
una Empresa no lo hace de buena gana, no los solicité y tuve que 
limitar este estudio á la "^Conservación de los fondos en los ca- 
nales dragados en el limo». 

Hecha esta aclaración, voy á dar lectura á mi trabajo : 



La erosión de las costas y los arrastres de los ríos Paraná y Uru- 
guay abastecen los materiales de que están formados los bancos y 
altos fondos que existen en el Río de la Plata, y que en conjvmto 
constituyen su delta, actualmente en formación. 

Las aguas del Paraná y del Uruguay, al penetrar en el Plata, 
ei^cuentran uri cauce de ^lucha mayor amplitud, lo que hace dis- 



-Oó — 



minuir la intensidad de la corriente y determina la precipitación 
de los materiales más densos, que las aguas traían en suspensión. 
Esta sedimentación ó depósito no es, sin embargo, uniforme; donde 
existen altos fondos, los frotamientos aumentan y hacen perder á 
la corriente parte de su velocidad, lo que, además de favorecer el 
depósito de las materias en suspensión, encauza las aguas en los 
canales profundos, donde el fenómeno inverso tiene lugar. Aquí 
los frotamientos disminuyen, aumenta la velocidad de la corriente, 
lo que no sólo impide toda sedimentación, sino que corroe los 
fondos, conservando la profundidad de las aguas. Con el trans- 
curso de los siglos los bancos se transformarán en islas y se obser- 
vará en el Río de la Plata lo que se observa hoy en el Paraná, 
donde las innumerables islas existentes fueron en otros tiempos 
altos fondos del estuario de ese río, según lo han comprobado 
Darwin, D'Orbigny y otros. 

Hemos dicho que las aguas del Paraná y del Uruguay al pene- 
trar en el Plata, sólo se desprenden de la parte más pesada de su 
carga. Los limos, que requieren un estado de completa quietud 
para depositarse, continúan en suspensión y son arrojados al 
Atlántico. Sin embargo, cuando las aguas que los llevan alcanzan 
sitios al abrigo de las corrientes y de los vientos, se depositan y for- 
man los fondos de limo que se observan en las ensenadas y ba- 
hías. 

Cuando las aguas del Río de la Plata no están agitadas por los 
vientos, los limos se depositan también en todo el estuario, dos 
veces cada 24 horas, y en los momentos precisos en que la corrien- 
te del río es vencida por la del flujo de la marea y cuando ésta á 
su vez es dominada por el reflujo. Se deposita, pues, en los fon- 
dos del estuario una capa uniforme de limo, cuya uniformidad 
desaparece al soplo del primer temporal, porque las olas remue- 
ven los fondos con tanta mayor violencia cuanto menor es la dis- 
tancia que los separa de la superficie de las aguas. Los limos que 
se depositaron sobre los bancos de arena serán totalmente puestos 
en suspensión, mientras que sólo lo serán parcialmente aquellos 
que se depositaron en los canales profundos, debido á que nues- 
tros temporales, aún los más violentos, sólo levantan olas de dos á 
tres metros de altura. De aquí resulta el hecho bien conocido por 
los que navegan en las aguas del Plata : los fondos de limo señalan 
los canales navegables, los fondos de arena anuncian la proximi- 
dad de los altos fondos. 



— 254 — 

Hasta aqui, únicamente hemos considerado los factores que 
intervienen constantemente en la formación del delta del Río de 
la Plata: otros, sin embargo, y de singular energía, intervienen 
ocasionalmente ?imY)\\2^Tíáo ó modificando los efectos de las corrien- 
tes. Nos referimos á los vientos del 2° y 3.ei' cuadrantes. 

El viento SE. se opone á la corriente del Río de la Plata, la 
paraliza y hasta la invierte, determinando una intumescencia de 
las aguas en el tercio superior de su curso, las que se esparcen 
sobre los terrenos bajos de su margen derecha, produciendo inun- 
daciones más ó menos importantes. Si el viento persiste, y con él 
la paralización de la corriente, llegará un momento en que la dife- 
rencia de nivel establecerá una corriente de fondo hacia el Atlán- 
tico, y naturalmente las aguas se escurrirán por los canales exis- 
tentes, donde la acción del viento es menos sensible á causa de la 
mayor profundidad. Si el viento cesa, se restablecerá el equili- 
brio primitivo y la totalidad de las aguas represadas se arrojarán 
al Océano, eligiendo también en su carrera el camino por donde 
encuentren menos resistencia (frotamientos), es decir : los canales 
navegables. En uno y otro caso, la violencia de la corriente con- 
tribuye de una manera eficaz á conservar, y tal vez á aumentar en 
ellos la profundidad de las aguas. El viento SE. aunque no es 
tan violento como el Pampero, es más frecuente y pertinaz que 
éste ; además, las olas que forma son más amplias y tienen mayor 
altura porque nacen en el Océano y penetran ya formadas en el 
estuario, recorriendo el río en toda su longitud. A su libre pro- 
pagación se oponen los bancos Inglés, Ortiz y Chico, dando por 
resultado la disminución de la ola en altura y amplitud y la trasla- 
ción de las arenas en el sentido en que la ola-corriente las im- 
pulsa, modificando parcialmente la forma y ubicación de los altos 
fondos. 

El viento SO., aunque más violento que el SE., tiene menos 
acción sobre la parte superior del río, porque su dirección es trans- 
versal al cauce, y porque la poca profundidad de las aguas y la 
pequeña distancia relativa que separa ambas márgenes se oponen 
á la formación de grandes olas. Sin embargo, la forma del banco 
Ortiz y la ubicación de las innumerables playas de arena y méda- 
nos que existen en la margen izquierda del Río de la Plata, son, 
en parte, la resultante de la acción de este viento. 

Con todo, donde su acción es más poderosa es al Este de la 
línea que une Punta Piedras con la Punta Espinillo. Aquí la dis- 



—■ 2 



00 



tancia que separa ambas márgenes ha cuasi triplicado, y la ula 
que ha empezado á formarse en la Bahía de Samborombón, llega á 
las costas del Cerro con suficiente altura y amplitud para socavar 
los fondos y conservar una profundidad de 9 metros al canal que 
separa el banco Ortiz del banco Inglés. 

La intumescencia de las aguas que produce sobre la margen 
izquierda del rio, establece una fuerte corriente hacia el Atlántico, 
lamiendo la costa y socavando los fondos por efecto de la corriente 
y de la ola. Esto explica las profundidades de 8 y 9 metros que 
acusa la sonda en la vecindad de Montevideo, y la de 13 metros 
que existe entre la Isla de Flores y el banco Inglés. Este banco 
y el de Rouen fijan el Umite extremo del delta del Río de la Plata. 



II 



Por el régimen de las aguas que á grandes rasgos hemos tratado 
de describir, vemos que la acción de las corrientes y de los vien- 
tos es totalmente distinta cuando actúan sobre fondos de arena ó 
sobre fondos de limo. 

En el primer caso, si la corriente es fuerte se producirán arras- 
tres de fondo, los que, debido á la densidad de la materia, se pre- 
cipitarán en la primer depresión que en su camino encuentren. 

Los fuertes vientos, por intermedio de las olas, producen efec- 
tos análogos. Cada ola pone arenas en suspensión, las que, de- 
bido á su peso, se precipitan nuevamente en cuanto los efectos de 
la ola cesan, pero obedeciendo en su caída al impulso que la ola 
les imprimió. Este efecto de la ola-corriente, que Cialdi fué el 
primero en describir, es altamente perjudicial á la vida de un canal 
dragado en fondos de arena y expuesto al embate de las olas. En 
la barra del Mersey, sin embargo, se han obtenido buenos resul- 
tados dragando un canal de z\ pies en aguas bajas, que da acceso 
en todo tiempo al puerto de Liverpool, á buques de ese calado. 
Esto encuentra su explicación en que la marea tiene allí gran am- 
plitud (las de zizigias alcanzan á 9,in45) Y q"^ cada onda de marea 
introduce, por término medio en el estuario, 500.000.000 de yar- 
das cúbicas de agua, lo que constituye una gran ayuda á los nos 
Mersey y Weaver, que sólo aportan de 2^^ millones de yardas 
cúbicas en 12 horas. 



— 256 — 

Sobre fondos de limo, la acción de la corriente y de las olas es 
distinta. 

Una corriente de 0^50 por segundo, ú olas de 1^. de altura, 
ponen limos en suspensión, los que debido á su extrema tenuidad 
y poca densidad, continuarán en ese estado hasta que la causa 
que los impulsó haya cesado por completo. Una pequeña agita- 
ción de las aguas ó una débil corriente obstaculiza la sedimenta- 
ción; hecho que se observa después de haber cesado los efectos 
de un temporal. Los limos para depositarse no sólo requieren 
completa quietud, sino que ese fenómeno también requiere tiempo, 
como fácilmente puede comprobarse en la bahia de Montevideo, 
en sitios al abrigo de toda agitación ó corriente, donde las aguas 
conservan por muchas horas el color característico que los limos 
le imprimen. 

¿ Qué efectos producirán las corrientes y las olas sobre los talu- 
des y fondo de un canal dragado en el limo ? 

Para fijar ideas, supongamos un canal de 2 metros de profundi- 
dad, cuyo eje sea transversal á la dirección de la corriente y ex- 
puesto al embate de las olas. Estas removerán los fondos, pon- 
drán limos en suspensión, los que, merced á la agitación de las 
aguas, serán llevados por la corriente al Océano ó á un sitio abri- 
gado^ donde se depositarán. Indudablemente la ola socavará con 
preferencia los taludes del canal, á causa de su estado de equilibrio 
instable ; la resultante será en definitiva un talud de suave pen- 
diente, pero sin detrimento de la conservación de la profundidad 
en el canal mismo, porque la ola no produce sobre esas materias, 
tenues y liviaxias, arras t yes de fondo, sino que, como hemos dicho, 
las pone en suspensión y en ese estado las acarrea. 

Si la agitación de las aguas cesara en momentos que no exis- 
tiera corriente alguna^ los limos en suspensión se depositarían, 
indistintamente, fuera y dentro del canal. Si al cesar el oleaje 
existiera una corriente normal á su eje (caso el más desfavorable), 
la corriente con su carga se deslizaría sobre las aguas tranquilas 
existentes en la depresión del canal, así como se deslizaron sobre 
los fondos adyacentes, donde, no obstante, los frotamientos eran 
mayores. Es probable que la corriente arrastre parte de las aguas 
que existen en el canal, siendo reemplazadas por aguas tvirbias; 
pero esto implicaría el establecimiento de una corriente en la zona 
de contacto de ambas aguas, la que, como hemos visto, obstaculi- 
zará la sedimentación. 



257 



Vemos, pues, que los canales abiertos en fondos de limo, nada 
tienen que temer de las olas ni de las corrientes ; los aterramientos 
que tales causas puedan producir, en nada harán exceder los gas- 
tos que comunmente demanda toda obra para su conservación. 



Si con aguas absolutamente tranquilas, excavamos en fondos 
de limo, un pozo de algunos metros de diámetro y de uno ó dos 
metros de profundidad, vemos que la excavación pronto desapa- 
rece, rellenándose nuevamente el pozo excavado. Este restableci- 
miento del nivel primitivo del fondo, es tanto más rápido cuanto 
menor es la profundidad de la excavación practicada, porque los 
limos son tanto más fluidos cuanto más próximos están del agua 
cpie los cubre. —La resistencia que ofrecen á la presión vertical, 
casi nula en la superficie, aumenta rápidamente con la profundi- 
dad, al pvmto que en la bahía y rada de Montevideo, á los 2^65 de 
profundidad, resisten á una presión de i kilogramo por centíme- 
tro cuadrado. — Esto es debido á que las capas de limo más pro- 
fundas no están en contacto con el agua, y á la cohesión y compa- 
cidad que han adquirido por efecto de las presiones que por es- 
pacio de muchos siglos han soportado. 

Dada la naturaleza de los limos, la acción que sobre ellos ejer- 
cen las corrientes y las olas, y la poca resistencia que ofrecen á la 
presión en la zona en que están en contacto con el agua, se com- 
prende que no sean ni las olas ni las corrientes, las causas deter- 
minantes de los aterramientos de los canales dragados. La causa 
de estos aterramientos no puede ser otra sino la gravedad, la que, 
ejercida sobre materias más densas que el agua, y de relativa 
fluidez, determina presiones laterales cuyo efecto es un constante 
acarreo de limos hacia la depresión del canal. 

Así como las tierras se mantienen en equilibrio con un talud de 
45°, y los líquidos requieren la horizontalidad para mantenerse en 
ese estado, así también existe una inclinación intermediaria bajo 
la cual los fondos de limo adquieren el estado de reposo. 

En el caso que la experiencia demostrara que la inclinación de 
ese talud es demasiado pequeña, antes que dragar para obtenerla, 
conviene combatir las presiones laterales que son la causa, y opo- 
nerse al avance de los limos que es el efecto. 

A ese fin, propongo: la consolidación de los fondos laterales 

T. II *' 



- 258 - 

d ¿os cana/es dragados en reemplazo de los diques más ó menos 
elevados que generalmente se emplean. Estos, además de su in- 
útil y elevado costo, sólo ofrecen graves inconvenientes á la nave- 
gación y á la conservación del régimen y profundidad de las 
aguas, dentro y fuera del canal. 

Por un procedimiento análogo, aunque mucho más ingenioso, 
ha conseguido en Francia, el Ingeniero don Luis Dulac, elevar 
edificios hasta de treinta metros de altura sobre terrenos fangosos, 
verdaderos tembladerales, donde el terreno resistente se encontraba 
á profundidades imposible de ser alcanzadas económicamente. 



III 



El problema á resolver es el de la consolidación de los fondos 
laterales al canal dragado, para impedir que los limos adyacentes 
lo invadan por efecto de las presiones laterales. 

La solución que á primera vista ocurre, es la construcción de 
dos diques de piedra perdida, sumergidos en el lodo, paralelos al 
eje del canal, y colocados á una distancia prudencial de los ta- 
ludes del mismo; pero esta construcción adolece del defecto de 
ser de elevado costo á causa de la enorme cantidad de piedra que 
sería necesario emplear para que ésta emergiera del fondo de 
limo y se mantuviera en esa posición. 

Para evitar el inconveniente señalado, propongo se aprisione la 
piedra en cajones de celosía justapuestos los unos á los otros, y 
cuyas dimensiones responden al largo de los postes de ñandubay 
que comunmente se expenden en el comercio. Las dimensiones 
de cada cajón serían : 21^80 de largo por i™8o de alto, y 2^60 de 
ancho en la parte superior y 2™02 en la inferior, como pviede 
verse en la Fig. i. 

Cajones iguales aunque invei'tidos y sin fondo han sido emplea- 
dos por el Ingeniero don Víctor Benavidez en las obras de canaliza- 
ción del arroyo Las Vacas. Esos cajones con la piedra que con- 
tienen, descansan sobre banquetas de piedra y emergen cuando 

el río Uruguay está bajo. Han resistido á las mayores crecientes 

Con corriente de 3 millas por hora se formó, en uno de los diques 
con ellos construidos, un vertedero de 0^60 de alto, sin que su- 
frieran en lo más mínimo. 



- ^59 - 

Los cajones de las dimensiones indicadas tienen una capacidad 
de 7^» 347. Ese volumen de piedra en morrillo pesa 11,755 kilos, 
peso excesivo para cajones de la construcción indicada. 

Por eso es necesario llenarlos en el agua, á medida que se van 
colocando, con lo que se reduce á 4.408 kilos el peso á que deben 
resistir. 

Colocados en su sitio, su carga se repartirá á razón de 0^078 
por centímetro cuadrado, la que no es excesiva como fácilmente 
puede comprobarse por los diagramas de resistencia de los fon- 
dos de la rada de Montevideo que adjunto se acompañan.— Si en 
la práctica esa carga resultara excesiva y los cajones se hundieran 
en el lodo, fácilmente se obviaría el inconveniente, pues bastaría 
disminuir, hasta que fuera necesario, la cantidad de piedra en 
ellos contenida, y guarnecer sus costados laterales, paralelos al ca- 
nal, con ramas de sauce y mimbre. La piedra les dará la estabili- 
dad necesaria, y las ramas impedirán el tránsito de los limos hacia 
la depresión del canal. 

El costo de cada cajón colocado en su sitio, es de | 20 oro, 
aproximadamente. A este precio hay que agregar el costo de la 
piedra, variable en cada localidad, y cuya cantidad varía también 
con la resistencia que ofrecen los fondos de limo. — SuiDoniendo 
que costara $ 8, resultaría que cada metro lineal costaría $ 10, ó 
sean $ 20 por cada metro lineal de canal dragado. 

Si por causa de la débil resistencia de los limos, hubiera que 
reducir en exceso la cantidad de piedra contenida en los cajones, 
al punto que peligrara la estabilidad de los diques con ellos for- 
mados, podría aumentarse la resistencia á las presiones laterales, 
enclavando en el lodo pilotes contra los cuales se apoyarían los 
referidos cajones. 

En esos casos los cajones de celosía podrían ser útilmente re- 
emplazados por balsas de fagina de 30 metros de largo por la mi- 
tad de ancho, como se ve en la Fig. 2, y que se cargarían de la can- 
tidad de piedra necesaria para que los diques con ellas formados 
emergieran ligeramente de los fondos de limo. Estas balsas pueden 
construirse fácilmente con ramas de sauce y mimbre, como lo de- 
muestra el modelo que acompaño, el que ha sido formado por el 
señor Sinke, empleado de la Comisión que dirige los trabajos de 
canalización del arroyo Las Vacas.— Su construcción y colocación 
es sumamente económica, sólo requieren la existencia de la ma- 
teria prima en la localidad en que han de emplearse; si no existiera 



II 


X 30 = 330 


Xo, 


50 = 165 


lO 


X 30 = 300 


Xo, 


50 = 150 


9 


X 30 = 270 


Xo, 


50 - 135 


8 


X 30 = 240 


Xo, 


50 — 120 


7 


X30 = 210 


Xo, 


50 = 105 



— 2Ó0 — 

es fácil obtenerla en un plazo relativamente corto ( tres años ), ha- 
ciendo los plantíos necesarios en terrenos adecuados. En cuanto 
á su duración, puede decirse que no tiene límite. He visto en el 
puerto de Calais, con motivo del ensanche de los diques de ac- 
ceso, extraer faginas que habían estado sumergidas por más de 
cien años y cuyo estado de conservación era tan perfecto como el 
día en que se emplearon. 

La presión por centímetro cuadrado y el costo por metro li- 
neal de diques construidos con balsas de rama para la consolida- 
ción de fondos de limo, sería : 

I.'' Paginada = 15^ X 30 = 450^2 X 0^50 = 225^3 

2. » 

4.^ » 

5.^ 

1 800^2 900^3 

Cada faginada está construida dejandb huecos en su superficie, 
con el objeto de alojar en ellos la piedra necesaria para fondearla. 
Estos espacios libres constituyen el 25 % del volumen de cada 
faginada. 

Tendremos, pues, que la balsa colocada en su sitio, estará cons- 
tituida por 0751^3 de rama y 22^^^ de piedra, que forman el total 
de 900^3. 

La piedra sumergida pesará: 225™3 X 600 kilos, que es igual á 
135.000 kilos, los que se repartirán en los 450™^ de la base de la 
balsa á razón de 300 kilos por metro cuadrado, ó sea 0^03 por 
centímetro cuadrado. 

Presupuesto : 

Rama y mano de obra, 6751^13 á $ 0.95 c/u $ 641.25 

Piedra, 225^3 X 1.600 k = 360 t. á $ 0.50 c/u » 180.00 

Remolque, fondeo é imprevistos » 168.75 

Costo por balsa de 30™ de largo # 990.00 

Por metro corriente -tj; = $ 33-00 

ó sea ^ 66.00 por cada metro lineal de canal dragado. 



— 201 — 

Otro medio económico que propongo para obtener la consoli- 
dación de los fondos laterales á los canales drao-ados es el si- 
gviiente : 

Las palmas del Paraguay se pudren más rápidamente que otras 
maderas si están sometidas á la alternativa de humedad y seque- 
dad ; por esta razón, las que se clavan en tierra se pudren rápida- 
mente á raíz del suelo. Si en vez de enclavarlas en tierra se em- 
palman á otro palo que emerja del suelo, se conservan en buen 
estado durante ocho ó diez años. Del mismo modo si se sumero-en 
totalmente en el agua ó en el fango, de modo que no les alcance 
el aire, su conservación, como la de todas las maderas, ha de au- 
mentar considerablemente. 

Las palmas de 7 á 8 metros de largo, cuestan cada una $ 1.30 
oro. Si fuera posible enclavar totalmente en el lodo dos filas de 
ellas, á cierta distancia y paralelamente á los taludes del ranal, 
conseguiríamos retener, en parte, los avances del limo. 

Con todo, el resultado sólo sería medianamente satisfactorio 
porque los limos se escurrirían por los espacios más ó menos 
grandes que quedarían entre una y otra palma, por la dificultad 
de enclavarlas justapuestas las unas á las otras. 

Para obviar este inconveniente, pueden ligarse antes de ser 
sumergidas, 5 ó 10 palmas entre sí por medio de aros de palastro, 
y colocarlas en su sitio de manera que los extremos de cada serie 
se cubran recíprocamente, como lo indica la Fig. 3. 

Si en la práctica este sistema diera buenos resultados, sería de 
una economía extrema, pues el metro lineal no costaría arriba de 
$ 8.00 oro, ó sean $ 16 para la conservación de la profundidad de 
cada metro lineal de canal dragado. 

Si la conservación de las palmas en el limo fuera deficiente, po- 
drían ser reemplazadas por tirantillos de pino de tea de 6 X 9 
pulgadas ; pero, en ese caso, sería más económico y creo daría 
mucho mejor resultado, fondear balsas de fagina de 4 metros de 
ancho, 2 de alto y 50 de largo, y fijarlas en el lodo por medio de 
pilotes de madera dura clavados en tresbolillo. 

De las cuatro soluciones propuestas, conceptúo que la que dará 
mejores resultados en la práctica, es el empleo de balsas de fagina 
y piedra. 



— 2(i2 — 



CONCLUSIONES 



Resumiendo todo lo expuesto, resulta : que cualquiera que sea 
el sistema de construcción que se adopte parala protección y con- 
servación de la profundidad de canales dragados en el limo, esas 
construcciones deben responder al principio de que los aterra- 
mientos se producen por efecto de las presiones laterales y no 
por efecto de las olas ó las corrientes. 

Ellas deben tener por único objeto la consolidación de los 
fondos laterales del canal, de donde resulta que deben estar 
sumergidas en el lodo, con lo que se obtiene gran economía, y 
la enorme ventaja de no alterar el régimen de las aguas, ni el de 
los fondos. 

Sr. Presidente. — Está á consideración de la Asamblea el trabajo 
del señor Ingeniero Michaelsson. 

Sr. Huergo. — Me felicito mucho de haber oído al señor Michael- 
sson, cuyo estudio había visto hace dos ó tres noches. En la teoría 
estamos completamente de acuerdo ; en la práctica, observo algu- 
nas contradicciones. En la práctica, es evidente que el movimiento 
de los limos se efectúa por escurrimiento y por la gravedad que 
son dos fuerzas, una horizontal y otra vertical, que tienen una resul- 
tante que da en definitiva al pie de los taludes y se corren en 
líneas paralelas. 

Respecto á Buenos Aires, la cuestión varía, porque hay gran 
cantidad de arena y el método de las parplanchas es el mejor ; 
además, tenemos la tosca gratis. 

Sr. Michaelsson. — El único método que dará , resultado es el 
de las balsas, que en todas partes del mundo lo ha dado. Además, 
en el método de las parplanchas hay gran dificultad en su coloca- 
ción, i Cómo coloca los bolones ? 

Sr. Huergo. — No hay dificultad, porque se tienen especies de 
cuñas de goma que el buzo las da vuelta, y bolones que se han 
colocado de antemano. Tendríamos un verdadero mamparo que 
no permitiría pasar el limo de un lado á otro. Los palos atajarán 
algo. Las palmas y cualquier cuerpo que intercepte el movimiento 
de la arcilla beneficiará la conservación del canal. 

Estas construcciones que ha referido el señor Michaelsson, pue- 
den socavarse por debajo y ser llevadas por la corriente. Pero 



KiW O 



Perfil longitudinal del Canal 

S -4 5 6 7 g 9 




Bali 



Perfi! transversal del Canal 
KÜ: 1600 



fiaHza 







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Uisposicion propuesta 

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— 203 — 

como la idea es eminentemente práctica, recomiendo su estudio 
á los jóvenes ingenieros. 

Sr. Honoré. — Señor Presidente : he oído con placer la diserta- 
ción del señor Ingeniero Michaelsson, sobre proyecto de protec- 
ción del canal de entrada del puerto de Montevideo. He oído citar 
la experiencia del señor Benavídez en la barra del arroyo de las 
Vacas, que tenía excelente navegación dentro del banco de entrada; 
fué estudiado durante el ministerio del señor Castro, se colocaron 
dos escolleras con éxito completo, se dragó el banco, y se ha obte- 
nido la prolongación del arroyo de las Vacas en la corriente del Río 
Uruguay y con entrada protegida. 

Sr. Michaelsson. — Esas escolleras emergen de las aguas del 
Uruguay cuando están bajas y tienen desde 2 metros hasta 0,20 de 
alto. No hubo necesidad de hacer escolleras sobre el banco. 

Sr. Honoré. — Creo que si en estas circunstancias se hicieran las 
construcciones que indica el señor Michaelsson, tendrían éxito por 
una razón muy sencilla: la corriente del arroyo, que produce una 
acción mecánica sobre los taludes. Creo que las circunstancias de 
haberse producido allí puntas artificiales, da al canal las condicio- 
nes naturales para la conservación de su profundidad. Este efecto 
de las puntas del Río de la Plata es muy notable. En las puntas 
de la costa Sud del Plata ( Quilmes, Lara, etc. ), su existencia y 
prominencia bastan para que se noten profundidades relativamente 
grandes. En la costa oriental es mucho más acentuado el efecto de 
las puntas; por ejemplo, la Punta Brava, Guaraní y el Cerro de 
Montevideo. Estas prominencias están caracterizadas por un acer- 
camiento de las curvas de nivel. Hay que tener en cuenta esta pro- 
piedad en la construcción de los proyectos de puertos ; yo mismo, 
en un proyecto de Puerto en Montevideo, que hice hace años, indi- 
qué como paraje más adecuado, la punta que hoy ocupa, donde 
es lógico que se han de producir los efectos naturales. 

Sr. Huergo.— Me parece que esos efectos no se notan en las 
proximidades del río Santa Lucía. 

Sr. Honoré.— Sí, porque el arroyo de Santa Lucía desemboca 
en una ensenada y en las puntas ; en estas condiciones no se pro- 
ducen los mismos efectos dinámicos é hidráulicos que en las exalta- 
das del Rio de la Plata. En los puertos construidos en todo paraje 
que no sea en las puntas, las que he mencionado, será de interés 
para el ingeniero el aumento del fondo en el canal de entrada. Yo 
creo que el trabajo del señor Michaelsson es aplicable en el río 



— 264. — 

Paraná y en todos los parajes que se puedan producir puntas arti- 
ficiales, é invito á los ingenieros jóvenes y á los que no lo son, á 
aplicar el sistema. 

Tengo la seguridad de que á la entrada del puerto de Montevideo, 
una vez construido, no será necesario hacer el canal dragado ; al 
poco tiempo, forzosamente se hará la profundización natural; si 
esto no sucediera, llegaría el momento de aplicar la teoría de Mi- 
chaelsson ú otra. 

Me ha preocupado y he estudiado este asunto, y he puesto todo 
mi caudal científico á servicio de mi país. Me felicito de haber oído 
á mi colega y espero que los esfuerzos de la juventud argentina 
tengan resultados proficuos para nuestras naciones. 

He dicho. 

(El señor Honoré volvió á hacer uso de la palabra). 

No participo de las opiniones de mi colega acerca de los arras- 
tres de los aluviones. Charqui no hizo estudios en ríos como el 
nuestro y los trabajos que se harán más adelante crearán las dos 
ciencias : la Dinámica Aluvial y la Estática Aluvial. 

Sr Presidente. — Si no hay quien haga observaciones al trabajo 
leído, el señor Morales tiene la palabra. 



Pavimentación de la ciudad de Buenos Aires 



Por el Ingeniero Doctor CARLOS M. MORALES 



Puede decirse que por los afirmados de una ciudad es posible 
juzgar de su grado de adelanto en materias edilicias. El mejora- 
miento de los pavimentos es, pues, materia de preferente atención 
en todo centro poblado de importancia. 

Fácilmente se comprende cuánto encierra esta cuestión para 
Buenos Aires, cuyo desarrollo excepcional ha sobrepasado todo 
cálculo en estos últimos años y cuyo tráfico no es inferior, en la ac- 
tualidad, al de las principales ciudades del viejo mundo. 

El aspecto que ofrecía esta ciudad á los que á ella llegaban trein- 
ta años ha, no podía ser más desfavorable, y á ello contribuía, en 
primer término, sus detestables empedrados, pues á más de la f^^ 




ESCALA 1400 





ESCALA i: 500 



— 205 — 

edificación de entonces, muchos recordarán que el tener que tran- 
sitar, aún por sus calles centrales, representaba una verdadera i'/« 
criicis. 

Mucho falta por hacer para corregir todo lo malo; se ven todavía 
muchas calles con el antiguo empedrado común que tenían las 
centrales, y parece imposible que se haya podido transitar exclusi- 
vamente por encima de ese hacinamiento informe de piedras irre- 
gulares. 

Así puede calificarse, en efecto, el primer empedrado que se cons- 
truyó en Buenos Aires, formado por piedras de todos tamaños, 
asentadas sobre una delgada capa de arena del río. 

En el año 1865 ó i8óó se construyeron los primeros adoquina- 
dos, lo cual pareció entonces — y lo era en efecto— un gran adelanto 
para .la viabilidad; me refiero al adoquinado común, asentado como 
el anterior, sobre una base de arena del río. Dos años más tarde se 
construyeron los primeros caminos macadamizados. 

Si se exceptúa setenta cuadras pavimentadas con madera en los 
años 1888-89 y ^^ Is-S q^ie me ocuparé más adelante, estos tres sis- 
temas de afirmado han sido los empleados en esta ciudad hasta 
hace cinco años. 

Hasta cierto punto se explica que años atrás se hayan construido 
esos afirmados; en primer lugar, el tráfico era muchísimo menor de 
lo que es ahora, por lo que el adoquinado resistía mucho más y se 
conservaba en mejores condiciones; en segundo lugar, teniendo 
que construir las obras de salubridad, fué necesario zanjear todas las 
calles, removiendo completamente el subsuelo, lo que hubiera oca- 
sionado serios gastos si los pavimentos hubiesen estado construidos 
sobre base de concreto. Pero, terminadas las obras de salubri- 
dad y habiendo aumentado inmensamente el tráfico en estos 
últimos años, se hacía necesario buscar la solución definitiva del 
problema relativo al mejor sistema á adoptar y al plan á seguirse 
en la transformación de los antiguos afirmados por los nuevos á 
construirse. 

El año 1893 se empezó la reforma construyendo los primeros 
adoquinados de granito con base de concreto. El resultado, como 
es natural, tenía que ser bueno, y comprendiendo que el punto de 
partida para la transformación de los afirmados era la construcción 
de una buena base, cualquiera que fuese el material que se emplease 
en la superficie, se pidió al Honorable Concejo Deliberante la san- 
són de una ordenanza, por la cual se hiciese obligatorio el uso dej 



— 266 — 

concreto ú hormigón en toda la ciudad. Esa ordenanza fué sancio- 
nada con fecha 20 de Junio de 1895, y dice asi: 

Artículo I." Los adoquinados que en adelante se construyan en 
la zona limitada por las Avenidas Caseros desde el puerto hasta la 
de Jujuy, ésta y la de Centro América hasta el rio, y ya sean de 
piedra ó de madera, llevarán una base de concreto de doce á quin- 
ce centímetros, formado con piedra machacada, cimento portland 
y arena oriental ó de Martín García, y se tomarán las juntas con 
material impermeable. 

Art. 2.° Los adoquines de granito ú otra piedra adecuada, serán 
labrados en forma de paralelepípedos regulares de 0^15 de largo, 
Qi^io de ancho y o°ii5 de alto, con la tolerancia de un centímetro 
en más ó menos como máximo. 

Art. 3.° Los pavimentos que se construyan fuera de la zona in- 
dicada en el artículo 1°, serán con adoquines de piedra ó de ma- 
dera, sobre una base deo™i2 á 0^15 de hormigón, formado por 
cascote machacado, portland, cal del Azul y arena del río, de Martín 
García ú oriental, debiendo llenarse sus juntas con material im- 
permeable. 

Art. 4.° Los adoquinados que se construyan en la Boca del Ria- 
chuelo ó cualquier otro punto, sobre terraplenes de 0^50 ó más de 
altura, podrán ejecutarse. 

Art. 5.° Autorízase al D. E. para convenir ad-referendum con 
los empresarios que tuviesen contratos pendientes de adoquinado 
común, la sustitución de este sistema por los de base de concreto. 

Art. 6." Comuniqúese. 

Esta ordenanza se ha cumplido fielmente y desde entonces se 
han construido 444 cuadras de granito, madera ó asfalto, sobre base 
de concreto ú hormigón. 

Vamos á analizar los diferentes sistemas que hemos esbozado li- 
geramente. 



Pavimentos de granito 

Ya he dicho que el primer pavimento que se construyó en esta 
ciudad, estaba formado por piedras de todas formas y tamaños, las 
que iban asentadas sobre una capa de arena del río de o°^20, cuan- 
do no sobre la tierra directamente (fig. i). Se comprende que este 
afirmado perfectamente permeable y dadas las malas condiciones del 



— 267 — 

subsuelo que aquí tenemos, cediese con las primeras lluvias, dando 
por resultado que las calles quedasen en estado intransitable. 

Creo inútil insistir sobre este sistema, abandonado ya desde hace 
más de diez años. 

Se empleó también el empedrado común con trotadoras forma- 
das por losas de granito de 0^50 de ancho por i™30 de largo. Esas 
trotadoras, dispuestas en dos filas paralelas, tienen por objeto faci- 
litar la tracción de los vehículos que ruedan sobre ellas. (Fig. 2). 

Este sistema, muy usado en Italia, especialmente en Turin, ha 
dado aquí algún resultado, pero las trotadoras no resisten un trá- 
fico excesivo de carros y obligan á continuas reparaciones, pues 
cuando salen de su sitio son un serio obstáculo para el tráfico. Su 
empleo aumenta el costo del empedrado en ochenta centavos "% 
por m. c. En las calles que se reemplaza este afirmado por otro me- 
jor, estas trotadoras, convenientemente labradas, suministran un 
excelente cordón de vereda. 



Macadam. — También se empleó el macadam en ciertos caminos, 
como los que conducen á Flores, Belgrano y Palermo. 

A este respecto debo manifestar mi opinión contraria en absoluto 
á este sistema. En una ciudad como Buenos Aires en que la piedra 
es cara y el subsuelo tan poco resistente, el macadam resulta exce- 
sivamente costoso, tanto en su construcción como en su conserva- 
ción. En la Avenida General Alvear, que conduce á Palermo, no 
obstante estar prohibido el tráfico de carros, que sería causa prin- 
cipal para su deterioro, hay que mantener un personal numeroso 
ocupado constantemente en su conservación. 

Para tenerlo en buen estado, hay que regarlo constantemente, no 
siendo tan sencilla como parece esta operación, como habrán 
notado los que por él transitan; si el riego es excesivo, se forma 
barro; si poco, se seca en seguida, levantándose nubes de polvo. 

En otras localidades donde abunda la piedra y donde el suelo 
sea más resistente, quizá no présente todos los inconvenientes que 
hemos apuntado; pero en Inglaterra misma, donde tanto se ha usa- 
do, muchos reconocen el inconveniente que presenta por su exce- 
sivo costo de conservación. 

Además, el costo de construcción es elevado; puede estimarse en 
9 $ '% el m. c. Si se emplea el sistema Telfort, esto es, poniendo 



— 268 — 

como base del macadam un empedrado común y sobre éste las 
capas sucesivas de piedra quebrada, el costo, como se comprende, 
es mayor, pues asciende á 13 $ ")¿ el m. c. Sin embargo, con esto 
no se evita el desgaste en la parte superior y, por consiguiente, la 
conservación permanente que hay que hacer, sin lo cual se destru- 
ye rápidamente, como sucedió en la calle Rivera, de la Avenida 
Canning hacia el oeste. 

El costo de conservación por m. c. y por año, es de ochenta cen- 
tavos °)¿; por tanto, el solo trozo de la Avenida Alvear, entre la 
Recoleta y Palermo, demanda un gasto anual de ochenta mil pesos 
moneda nacional, y nótese, como he dicho, que en esa parte sólo 
se permite el tráfico de carruajes, estando prohibido en absoluto el 
de carros. 

Desechamos, pues, este sistema. 



Adoquinado común (Fig. 4). — El adoquinado común, que fué el 
que se empezó á construir hace más de treinta años, está constituí- 
do por una capa de arena del río, que apenas alcanza á om20, so- 
bre la cual se colocan los adoquines de granito, cuyas dimensiones 
son o™i5 de largo, o™io á o™i2 de ancho y 0™i8 á 0^20 de alto. 
Este adoquinado adolece de la falta de base, pues la arena del río 
está mezclada con una gran cantidad de barro; pero aun cuando 
así no fuese, la base de arena constituye un contrapiso muy per- 
meable, y, por consiguiente, las circunstancias ya apuntadas, esto es, 
las aguas de lluvia, las malas condiciones del subsuelo y el tráfico 
excesivo, son causas suficientes para que se destruya rápidamente; 
por eso ha sido prohibido su empleo por la citada ordenanza del 
20 de Junio de 1895. 



Adoquinado inglés. — El año 1883 el ex-intendente don Tor- 
cuato de Alvear, que inició y llevó á cabo gran parte de las mejo- 
ras que han transformado el aspecto de Buenos Aires, hizo traer 
una cantidad de adoquines de Inglaterra para hacer un ensayo. Se 
colocaron en la calle del Parque ( hoy General Lavalle ), y en se- 
guida se nombró en comisión á los Ingenieros Valentín Balbín y 
Eduardo Aguirre, para que le informaran sobre las ventajas que 



— 2Ó9 — 

presentaría el uso de ese material. Dichos señores informaron que 
los adoquines, ingleses no eran superiores á los fabricados en el 
país, pues por su excesiva dureza se pulían con más rapidez que 
éstos, quedando el pavimento excesivamente resbaloso. 

No obstante, algo se aprovechó de este ensayo ; las dimensiones 
de los adoquines importados eran distintas de las usadas hasta en- 
tonces y se comprobó que permitían la construcción de adoquina- 
dos en mejores condiciones; dichas dimensiones eran: largo o" 15, 
ancho omo8, alto 0^20. Además, los adoquines estaban mejor 
cortados. Por esto se designa en la actualidad con el nombre de 
adoquines ingleses á los que tienen esas dimensiones, para distin- 
guirlos de los comunes, empleados primitivamente. 

Este afirmado, construido con adoquines ingleses, adolecía del 
mismo defecto que el anterior: la falta de base ; así es que poco se 
adelantaba con la modificación apuntada. Dio mejor resultado en 
cuanto á la duración, la medida que se adoptó entonces, de llenar 
las juntas entre los adoquines con una mezcla de asfalto fundida 
con bleck y arena, la que se echaba en caliente. Esto impedía^ por 
cierto tiempo al menos, que el agua, penetrando por las juntas, 
aflojase el subsuelo y facilitase la formación de baches; sin em- 
bargo, en la época de fuertes calores se perdía en parte este tra- 
bajo, porque el cimento se ablandaba éiba corriéndose lentamente 
hacia las cunetas, como puede observarse aún hoy en ciertas calles 
en que se empleó ese material. 



Adoquinado con base de concreto (Fig. ó). — El año 1893 se 
construyéronlos primeros adoquinados de granito con base de con- 
creto. Este está formado por una mezcla de § de metro cúbico 
de piedra quebrada, J parte de arena oriental y doscientos kilos 
decimento portland. Las mismas proporciones empleó la compa- 
ñía Franco Argentina, de afirmados de madera, en las 70 cuadras que 
construyó. Son las que con poca diferencia se emplean en otras 
ciudades para formar la base de los afirmados de granito, madera 
ó asfalto. 

Después de preparado el suelo con el bombeo que debe tener el 
afirmado, se consolida con un cilindro á vapor de diez toneladas, 
operación muy necesaria, pues en las primeras cuadras en que no 
se tuvo esta precaución, se ha notado que el afirnuido ha cedido en 



— 270 — 

algunas partes. Se coloca luego el concreto preparado, como se ha 
dicho, con un espesor de 12 centímetros, y sobre éste una capa de 
arena oriental, que debe tener ocho centímetros después de apiso- 
nado el firme. Sobre ésta se colocan los adoquines llamados ingle- ' 
ses, de modo que su mayor dimensión quede normal al eje de la 
calzada y á juntas encontradas, y se procede al apisonamiento. 
Finalmente, se toman las juntas con la mezcla antedicha ó con un 
mortero formado con una parte de portland y tres de arena oriental. 

Este último procedimiento, para tomar las juntas, no ha dado 
resultado; el mortero no tiene suficiente resistencia para mantener 
unidos los adoquines, y en poco tiempo salta ese material. La 
mezcla de asfalto, bleck y arena que he indicado, como más elástica, 
resiste mejor; la creo mejor que el portland. 

Este afirmado puede considerarse excelente para las calles de 
gran tráfico pesado, por su gran resistencia y duración. Dos incon- 
venientes presenta, sin los cuales no habría que recurrir á los pavi- 
mentos lisos y sería un sistema umversalmente aceptado. 

El primero y principal es el ruido y la gran trepidación que se 
nota en él, debido á su rigidez. 

Este defecto llega á hacerse sumamente molesto, sobre todo para 
el tráfico de carruajes, cuando hay que recorrer sobre ellos distan- 
cias considerables. 

El antiguo adoquinado común no presenta este inconveniente, 
porque construido sobre una base de arena del río, no tiene la ri- 
gidez del asentado sobre una base de concreto ; pero lo que ha 
hecho más notable este inconveniente, es el contraste que pre- 
senta con el pavimento liso, á cuya comodidad, como sucede siem- 
pre en casos análogos, fácilmente nos acostumbramos, costándo- 
nos vernos privados de ella. 

Otro inconveniente que presenta el adoquinado de granito, es 
que, después de un cierto tiempo de uso, no muy largo por cierto, 
los adoquines se pulen y se ponen excesivamente resbalosos, sobre 
todo en los días de calor ó de invierno poco húmedos, lo contra- 
rio de lo que sucede con los pavimentos lisos, que es cuando son 
más resbalosos. Este defecto de los adoquinados de granito se 
hace más notable entre los rieles de los tranvías. 

El costo del m. c. de este pavimento es de 12 $ moneda nacional. 

Los gastos de conservación son insignificantes. 

Un punto débil presenta este afirmado, en cuanto á su construc- 
ción: es la dificultad de colocar en condiciones de estabilidad la 



— 271 — 

fila de adoquines contigua á lus rieles de los tranvías. Se habrá 
observado, en efecto, que á lo largo de los rieles los adoquines por 
lo general están hundidos ó levantados. 

Esto es debido á un defecto de colocación que se indica en la 
Fig. II. El riel Gowen, que es el que se coloca ahora sin durmien- 
tes, obliga por la forma y dimensiones de su sección, á cortar el 
adoquín de modo que asienta sobre su cara más pequeña, y las 
ruedas de los carros y carruajes que generalmente buscan las vías, 
apoyan sobre la cara superior y los mueve fácilmente. 

Se ha tratado de evitar esto, disponiendo los adoquines longi- 
tudinalmente, esto es, con su dimensión mayor paralela al riel 
(Fig. 12 ); pero nada se ha conseguido debido al plano inclinado 
que forma la base del mismo. 

Creo que este inconveniente se evitará en parte asentando el 
adoquín que va contra el riel, directamente sobre el concreto. 

Otro defecto que se ha notado en los primeros adoquinados de 
granito que se construyeron sobre base de concreto, es que se for- 
man depresiones á lo largo del cordón de las veredas. Esto es de- 
bido á que el agua que corre por las cunetas filtra entre el concreto 
y el cordón y añoja el subsuelo, luego los carros que en las calles 
angostas, principalmente, van por lo general rozando con una rueda 
el cordón, hunden el concreto en esa parte (Fig. 9). Este defecto 
se ha corregido en absoluto, colocando el cordón sobre una base 
de concreto, de modo á rodearlo en su parte inferior, como se 
indica en la Fig. 10 ; de este modo se evita la filtración del agua. 
Se ha observado también que en algunas calles este afirmado ha 
cedido algo donde se han excavado zanjas ó se han hecho excava- 
ciones ; en cambio, en el afirmado de madera no hay ejemplo de 
que haya cedido el concreto. Sin embargo, es el mismo en uno y 
otro, igual espesor é iguales proporciones, como son también los 
mismos los pesos que soportan. Esto es debido, en mi concepto, á 
que en el pavimento Hso los vehículos ruedan sin trepidaciones, 
puede decirse que se deslizan suavemente, mientras que en el de 
granito la rodadura se produce con una cierta trepidación, hay 
choque al pasar de un adoquín á otro y las ruedas van golpeando 
sobre los adoquines, lo que aumenta, como es sabido, enorme- 
mente la intensidad de la fuerza representada por el peso del ve- 
hículo. Creo, pues, que debe aumentarse el espesor del concreto 
en los pavimentos de granito. 

Finalmente, se llegaría atener un adoquinado perfecto, salvo el 



— 2']2 — 

inconveniente de la rigidez, si los adoquines fuesen cortados en 
forma de paralelepípedos perfectos como los de madera. De este 
modo, puestos los adoquines de manera que se toquen, la junta 
desaparecería y presentarían una superficie que sin ser más resba- 
losa que la de los actuales adoquinados, permitiría un movimiento 
más suave para los vehículos. Además, dando á la cara lateral 
una sección cuadrada, esto es, adoquines de o™io de ancho, 0^15 
de largo y 0^15 de alto, se podría con un gasto mínimo darles 
vuelta una vez que la cara superior se hubiese pulido, operación 
que podría repetirse hasta cuatro veces, de manera que se tendría 
un pavimento perfecto por muchos años, y aun después de estas 
operaciones podría picarse los adoquines. 

La razón por lo que no se ha construido ya el pavimento en 
esta forma, es su excesivo costo de construcción. En efecto, en un 
ensayo que se pensó hacer no se pudo obtener adoquines tallados, 
como he dicho, á menos precio de 25 $ ■% el ciento y como en un 
m. c. entran setenta adoquines, resultaba que el m. c. de adoqui- 
nado venía á costar más de 20 $ '%, precio excesivo, sobre todo 
si se tiene en cuenta que este afirmado no se construye en las 
calles más centrales, donde la propiedad es más valiosa; pues en 
éstas se emplea el pavimento liso, de acuerdo con el plan que más 
adelante indicaré. 

Creo, no obstante, que debe hacerse todo esfuerzo para que en 
adelante los afirmados de granito se construyan con adoquines 
como los que he indicado. 



Adoquinado CON BASE DE HORMIGÓN. —Para los barrios apar- 
tados donde la propiedad es menos valiosa y el tráfico menor, se 
ha empleado un adoquinado de granito más económico que el que 
acaba de ser descrito, pero también muy durable (Fig. 5). 

En éste se reemplaza el concreto por un hormigón formado por 
§ partes de metro cúbico de escombro quebrado, \ parte de 
arena del río y 200 kilos de cal del Azul. 

Se coloca este hormigón con un espesor de 0^112, después de 
haber pasado el cilindro ; sobre e] hormigón va una capa de arena 
del río de ©mío de espesor y sobre ésta los adoquines, que por lo 
general son de los llamados comunes. El resultado obtenido 
hasta ahora con este afirmado, ha sido excelente ; hay calles que 



— 273 — 

tienen más de dos años de pavimeiitadas y se conservan en per- 
fecto estado. La calle de Rioja, que conduce á los actuales mata- 
deros y que tiene un gran tráfico de carros, ha sido pavimentada 
con este sistema y se conserva en perfectas condiciones. El costo 
de construcción es de 9.50 $ 1% el m. c. 

Resumiendo : para las calles de gran tráfico pesado, optamos 
por el adoquinado de granito con base de concreto ; para los 
barrios apartados, por el de granito con base de hormigón. 



Pavimentos de madera 

No me ocuparé de los ensayos hechos con anterioridad al año 
1888, tales como los de la calle Cuyo entre San Martin y Recon- 
quista, y Suipacha de Cangallo á Rivadavia, porque, mal cons- 
truidos, no dieron resultado. 

Puede decirse que el uso de la madera para los afirmados 
empezó en esta ciudad el año citado de 1888, cuando se aceptó la 
propuesta de la sociedad Franco-Ar¿-entina, de afirmados de 
madera. Esta empresa contrató la pavimentación de 200 cuadras 
al precio de 7.70 ^ oro por m. c. y 0.70^ oro por m. c. y por año 
de conservación, estando á cargo de la empresa la conservación 
durante 10 años. Como se comprende, este precio era sumamente 
alto, pues en los 10 años el m. c. venia á resultar á 14,70^ oro. 

La forma de construcción de este afirmado era la siguiente : Se 
colocaba primero la base de 0,^12 de concreto^ formado, como se 
ha dicho, para el adoquinado de granito. Como los adoquines 
deben asentarse sobre una superficie perfectamente lisa, se cubría 
el concreto con lo que aquí llamamos la. chapa, y que es una capa 
de espesor de mortero formado por una parte de portland y tres 
de arena fina oriental. Después de seca la chapa, se colocaban 
los adoquines tocándose por su cara menor y separadas las filas 
por espacio de un centímetro, que se llenaban con un mortero 
igual al de la chapa. 

Los adoquines eran de pino de Suecia y de las Laudes y tenían 
las siguientes dimensiones : 0,^^20 de largo, 0,^08 de ancho y 
0,^13 de alto. 

El resultado de este afirmado no fué bueno, debido á la mala 
calidad de la madera ; á los dos años de construido presentaba 
desperfectos que obligaban á empezar las reparaciones, las que, 



T. II 



18 



— 274 — 

como es natural, iban en aumento. En diez años hay que cambiar 
tres veces totalmente esta madera. 

En el Paseo de Julio, donde se descuidó la conservación, estaba 
á los cinco años tan deteriorado, que fué menester cambiar en su 
totalidad los adoquines. El concreto, en cambio, tenía la dureza 
de la roca, habiéndose producido el caso de que en una antigua 
zanja que había sido rellenada, la tierra se había asentado, que- 
dandcJ un espacio libre entre ésta y el concreto, el que vino á for- 
mar bóveda resistiendo perfectamente el tráfico de carros que cir- 
cula en esa avenida. 

Con este sistema se construyeron loo.ooo m. c. 

Aun existe parte de este afirmado, si bien renovado en su mayor 
parte y siastituído por el algarrobo. 

El año 1894 se inauguró la Avenida de Mayo, habiéndose termi- 
nado su apertura el 9 de Julio de ese año y, como es natural, se 
resolvió pavimentar las cuadras nuevas con madera. En mi cali- 
dad de Jefe de la oficina de obras públicas de la municipalidad, 
había resuelto en esa época proponer á la Intendencia el ensayo 
del algarrobo, pero no me atreví á hacerlo en la Avenida, por tra- 
tarse de algunos miles de metros cuadrados, y porque personas 
competentes me manifestaron su temor de que el algarrobo se 
pudriese con tanta ó más rapidez que el pino empleado hasta 
entonces. Se resolvió emplear el pino de tea, creyendo que en el 
peor de los casos duraría tanto como el de Suecia ó de las Laudes ; 
fué un error, como ha podido comprobarse, ese afirmado apenas 
ha durado dos años, y ha seguido deteriorándose con tal rapidez, 
que hoy, cuando aun no hace cuatro años que se construyó, y no 
obstante las refacciones que se han practicado, se hace necesario 
cambiar totalmente la madera. 

A principios de 1895 se construyeron las primeras cuadras con 
algarrobo, variándose desde lueg-o las dimensiones de los adoqui- 
nes, en el sentido de disminuir su altura áo™io. 

Había observado que al cambiar los adoquines deteriorados se 
perdía una gran parte de madera que aun se conservaba en buen 
estado; podía, pues, evidentemente disminuírsela altura sin per- 
juicio alguno (Fig. 7). 

El éxito del algarrobo lo comprueba el estado perfecto de las 
cuadras que^ como ya he dicho, tienen algunas hasta tres años de 
uso. La prueba á que se le ha sometido en las calles de Artes y 
Buen Orden, es, en mi concepto, decisiva; en efecto, el tráfico en 



— 275 



ellas es inmenso, incesante, pues hasta altas horas de la noche tie- 
nen un gran tráfico de carruajes. He hecho levantar una esta- 
dística, durante varios días, del número de vehículos que circulan 
en las 24 horas en varios puntos, y el promedio hadado el siguiente 
resultado : 



Artes entre Piedad y Cangallo r^47 

Perú entre Rivadavia y Avenida de Mayo 5318 

Avenida de Mayo entre Perú y Bolívar 7501 



con 



Resulta, pues, que la primera de éstas, que fué pavimentada 
algarrobo en Abril de 1896, ha soportado el tráfico de 3.976.310 
vehículos. Puede decirse que ha estado sometida á un frota- 
miento incesante, continuo, y á pesar de este tráfico excesivo, el 
pavimento se conserva en perfectas condiciones. Es cierto que 
las aristas se han redondeado en parte, pero puede asegurarse que 
durará el doble del tiempo transcurrido desde su construcción, sin 
que sea necesario hacer refacciones 

Después de hechas varias cuadras con adoquines de las dimen- 
siones indicadas, se pensó en disminuir éstas y al efecto se hizo un 
ensayo con adoquines de o™i5 de largo, o^oó de ancho y on^io 
de alto (Fig. 8). Al hacer esto se tenía en vista que aumentando 
las juntas, el pavimento sería menos resbaloso; además la conserva- 
ción resultaría más económica, pues como ya he dicho, al cambiar 
un adoquín se ve que gran parte del mismo está en buen estado y 
cuanto. menores sean sus dimensiones menos cantidad de madera 
buena se pierde. 

También se tuvo en vista que viniendo el algarrobo en trozos 
de dimensiones relativamente pequeñas, casi no habría desperdi- 
cios fabricando adoquines de las dimensiones indicadas. 

Los resultados obtenidos han hecho que se adopte en definitiva 
el tamaño pequeño. Puede verse también que las cuadras cons- 
truidas con estos adoquines presentan mejor aspecto que las cons- 
truidas con los grandes. 

En cuanto al costo, ya se ha obtenido economía con la modifi- 
cación, pues si bien entran 9Ó de los chicos por m. c. y óo de los 
grandes, el ciento de los primeros cuesta 4.50 $ *% y 9 $ "% el de 
los segundos. 

A este respecto haré notar que el precio de los adoquines ha ido 
gradualmente disminuyendo; así, el ciento de los chicos valía al 



— 276 — 

principio 7.50 % ^n y en la actualidad vale 4.50 $ 1%. Se explica, 
pues, que el precio del adoquinado haya ido á su vez disminu- 
yendo ; al principio el precio de las primeras licitaciones oscilaba 
alrededor de 17 $ ^ el m. c,^ mientras que en la última se ha 
llegado hasta 12.20 $ J% el m. c. 

No contentos con la disminución hecha en las dimensiones de 
los adoquines, se pensó que podría disminuirse la altura de o'dio 
á o™o6, conservando el largo de 3^05 y el ancho de o™o6. Al 
efecto, se hizo un ensayo en la pequeña cuadra de Piedras entre la 
Avenida de Mayo y Rivadavia ; en nuestro concepto el resultado 
no ha sido satisfactorio; muchos adoquines se han hundido verti- 
calmente y las filas de otros se han corrido. 

Sin embargo, teniendo en cuenta que esta disminución en la 
altura, representaría una economía de 2000 $ ^ por cuadra, no 
se ha abandonado la idea y se va á hacer un nuevo ensayo eli- 
giendo especialmente los adoquines y teniendo especial cuidado 
en la construcción, disminuyendo el ancho de las juntas y tomando 
en fin, todas aquellas precauciones que permitan formar un juicio 
definitivo. 

He dicho, disminuyendo el ancho de las juntas, y en efecto, 
esta medida ha dado un buen resultado. Al principio se dio á 
las juntas el ancho de un centímetro, pero resultaba que el mortero 
con que se llenaba esas juntas no tenía la resistencia necesaria 
para mantener los adoquines en su primitiva posición, y puede 
verse en algunas calles que se han corrido las filas dejando juntas 
sumamente anchas y otras muy angostas, lo que presenta feo 
aspecto y facilita el deterioro del pavimento. Se ha disminuido 
las juntas á 0^005, porque puede hacerse sin peligro alguno, pues 
la dilatación del algarrobo puede considerarse como nula. 

Es ésta otra de las ventajas que presenta el algarrobo sobre el 
pino. Los adoquines de pino después de un mes de inmersión en 
el agua, han alcanzado en el sentido del ancho un aumento de 
o,™ooi5 y en el del largo de 0,^002; mientras que el algarrobo ha 
permanecido invariable; esto se ha podido evidenciar en las calles 
anchas ; en la Avenida Alvear ha sido necesario suprimir hasta dos 
filas de adoquines de los que se ponen en sentido longitudinal 
contra el cordón, pues la dilatación de los adoquines de pino era 
tal, que comprimiéndolo levantaba las losas de la vereda. Y á 
este respecto se observa algo curioso; parece que, pasadas las 
humedades, en tiempo seco, los adoquines volviendo á sus pri- 



— 2-n — 

mitivas dimensiones, debieran aflojarse; pero no es así, quedan 
perfectamente unidos y vuelven á dilatarse. Me decía el señor An- 
drieux, representante de la compañía Franco-Argentina, que en 
ciertas avenidas de París han llegado á suprimir sucesivamente 
hasta cuatro filas de adoquines. Este inconveniente, como he di- 
cho, no existe en el algarrobo. 

El mortero que he indicado para tomarlas juntas, no ha dado 
resultado, el portland no une bien los adoquines de madera, si bien 
este inconveniente no es sensible como en el de «^ranito. 

Para obviarlo se está ensayando el asfalto, que hará el afirmado 
más impermeable. 

Otra observación que se ha hecho en el pavimento de madera, 
es que se deteriora con más rapidez en los parajes que por cual- 
quier circunstancia no hay tráfico alguno. Esto por lo menos se ha 
evidenciado con el pino en el Paseo de Julio. La zona contigua 
á la verja del ferrocarril, donde casi no había tráfico, se destruyó 
primero que el resto de la calle. Atribuyo el hecho á que el pro- 
ceso de la putrefacción del pino enlaparte superior, producida por 
las alternativas de humedad y sequedad, no se halla interrumpido 
por el roce de las ruedas de los vehículos y herraduras de los caba- 
llos, que contribuyen á secar los adoquines después de una lluvia. 
Una de las objeciones más serias que se han hecho al afirmado 
de madera, es que en los días de lluvia ó humedad, se pone exce- 
sivamente resbaloso. Es un inconveniente, indudablemente, pero 
que no tiene la importancia que se le atribuye. Desde luego, 
cuando el adoquín se halla perfectamente limpio, es poco resba- 
loso aun cuando esté mojado ; teniendo, pues, la precaución de la- 
varlo con mangas de riego, durante la noche, puede conservarse 
bien limpio ; también se disminuye á un mínimo el resbalamiento 
desparramando sobre él arena gruesa. 

Otra causa, aunque no lo parezca, tiende á disminuir este in- 
conveniente : al principio los caballos de los tranvías, carruajes, 
etc., no tenían la costumbre de andar sobre el pavimento de ma- 
dera, sobre todo en los días húmedos, no sabían hacerlo, hoy su- 
cede lo contrario, se han habituado : casi me atrevería á decir que 
saben patinar. Lo he observado prácticamente en un caballo que 
al principio no podía andar en el pavimento de madera aún en 
tiempo seco; entraba á él como envarado, pisaba con miedo, en 
tiempo lluvioso no podía dar un paso sin resbalar; al poco tiempo 
andaba al trote largo sobre el adoquín empapado. 



— 278 — 

Por otra parte, no creo que el algarrobo sea más resbaloso que 
el pino ú otras maderas blandas. Se habrá observado que en éstas 
se forma en los días de lluvia una especie de lama que no se ve en 
el algarrobo y que neutraliza la ventaja que podría tener el pino 
sobre aquél por su menor dureza. 

Además, como ya he dicho al tratar de los adoquinados de gra- 
nito, en éstos después de un cierto tiempo de uso existe ese in- 
conveniente, con la circunstancia agravante de que la caída de un 
animal sobre este pavimento tiene peores consecuencias, por lo 
general, que sobre el de madera. 

Otra ventaja y grande que tiene el afirmado de madera es e 
poco ruido. 

También se ha criticado á este pavimento del punto de vista 
de la higiene ; se ha llegado hasta decir que una ciudad con 
clima húmedo toda pavimentada de madera se convertiría en 
tina ciudad de fiebres malignas. Este juicio, que indudable- 
mente es exagerado, se refiere á la madera blanda. No puede 
aplicarse al algarrobo, karri, jarrah y otras análogas, cuyos incon- 
venientes, del punto de vista de la higiene son muy secundarios 

Pero todos los defectos apuntados desaparecen ante la como- 
didad que presenta el pavimento liso para el tráfico y las facilida- 
des de tracción que ofrece. Esta ventaja se impone sobre todo en 
las calles centrales y angostas donde afluye el tráfico y donde por 
consiguiente hay que facilitar la circulación cuanto sea posible 
En efecto, hoy que se puede recorrerla parte que llamamos centra 
de la ciudad y atravesarla de norte á sud por pavimentos de ma- 
dera, se aprecia cuan cómodo es y puede imaginarse lo insoporta- 
ble que sería tener que recorrer esos trayectos sobre pavimentos 
de granito. Al pasar, en efecto, de éste á aquél, se experimenta 
una sensación de bienestar, de tranquilidad puede decirse. 

Es esta la razón porque se adopta en todas partes el pavimento 
liso, y es tal su naturaleza, que se ha impuesto sin ningún género 
de duda. 

Con el fin de evitar el resbalamiento y obtener mayor dura- 
ción, se han hecho ensayos con maderas duras pero sin éxito. 
Así en la calle de Chacabuco entre Rivadavia y Avenida de Mayo 
se colocaron adoquines de quebracho, disponiéndolos alternada- 
mente á distinto nivel, creyendo que la cavidad que presentaba 
el adoquín más bajo serviría de punto de apoyo á las herraduras 
de los caballos ; pero sucedía todo lo contrario, la herradura se 



— 279 — 

apoyaba únicamente en la parte superior de los adoquines más 
altos y como éstos eran de madera dura, á la menor humedad se 
ponía ese afirmado intransitable por lo resbaloso. En los pocos 
meses que estuvo construido, hubo infinidad de accidentes, por 
lo que los mismos vecinos se presentaron á la municipalidad pi- 
diendo que se sacara ; así se hizo, poniendo el algarrobo que hoy 
existe. Además, ese adoquinado era mucho más difícil de conser- 
var limpio por la desigualdad de su superficie. 

Otro ensayo que aun puede verse es el que se hizo en la calle 
Tacuarí entre la Avenida de Mayo y Victoria. También se empleó 
la madera dura con adoquines que presentan la forma de dos pa- 
ralelepípedos superpuestos siendo el superior de menores dimen- 
siones que el inferior. Se colocan los adoquines de modo que se 
toquen por su parte inferior y en la superior queda un espacio 
libre que se llena con un mortero formado de portland y arena 
oriental. 

Los bordes de los adoquines en la parte superior son biselados 
para facilitar el asidero al casco de los caballos. No se ha conse- 
guido con esto evitar el resbalamiento, en cambio su costo es 
mucho mayor que el del algarrobo, pues el corte de una madera 
dura en la forma que he indicado, es mucho más costoso que el 
de un simple paralelepípedo. 

Hay además una circunstancia que hace, en mi concepto, ina- 
ceptable este sistema : la única razón para adoptar el pavimento 
liso, como ya he dicho, es la de ofrecer una superficie que per- 
mita la rodadura de los carruajes principalmente sin trepida- 
ción alguna, con toda suavidad, y en el pavimento de que se trata, 
se nota, no obstante su pequeña extensión, una trepidación que se 
haría muy desagradable en mayor recorrido. Esto es debido á que 
la desigual resistencia de la madera y el mortero hace que éste 
se desgaste mucho más rápidamente, quedando un espacio libre 
entre los adoquines, en su parte superior, que produce la trepi- 
dación que he mencionado. 

Además, como en el otro ensayo, se ha comprobado que este 
pavimento no se conserva tan limpio como el de algarrobo, debido 
á los intersticios que se llenan de tierra ó barro. 

No obstante el buen resultado obtenido con el algarrobo, se 
han ensayado otras maderas del país y del extranjero. 

Entre éstas se ha ensayado el karri ( Eucalytiis diversicolor ) 
que tan buen resultado ha dado en Londres y París, en la pn- 



— 28o — 

mera de las cuales ha reemplazado en absoluto el pino. El árbol 
que produce esta madera crece en el sudoeste de Australia, en las 
zonas montañosas, y alcanza alturas hasta 300 y 400 pies. Su as- 
pecto exterior presenta bastante semejanza con nuestro algarrobo, 
siendo algo más denso y obscuro que éste. Los informes de los 
ingenieros que han empleado esa madera en el pavimento en dis- 
tintas ciudades de Inglaterra, no pueden ser más favorables ; hoy 
se ha generalizado allí su uso, así como también ha empezado á 
usarse en París. 

Aquí se ha hecho un ensayo con 5.000 adoquines que se reci- 
bieron con ese objeto, se han colocado en la bocacalle de Buen 
Orden é Independencia y en el año y medio que va transcurrido 
se han conservado en perfecto estado. Sus dimensiones son o™20 
de largo, o™o8 de ancho y o™io de alto. 

Ha habido empresa que ha intentado introducir estos adoquines 
en grandes cantidades, pero me parece difícil que puedan compe- 
tir en precio con el algarrobo á pesar de las altas tarifas de nues- 
tros ferrocarriles. 

También de aquí se ha enviado á Londres y París una muestra 
de algarrobo, — cien mil adoquines á cada parte, — con el objeto de 
que sean ensayados y conocerla opinión de los ingenieros muni- 
cipales. No conozco aún el resultado que allí se haya obtenido. 

Entre las maderas del país que se han ensayado están el cedro 
y pacará de Tucumán y el coihüe de la Tierra del Fuego (Fagus 
antárticus). 

El cedro me había sido muy recomendado, y con ese material 
fué adoquinada la cuadra de Buen Orden entre Alsina y Moreno ; 
el resultado ha sido malo, á los dos años ya presentaba deterioros 
que obligaron á empezar las refacciones ; no dura más esta ma- 
dera que el pino de Suecia. Creo que con el cedro del Chaco ó 
el Paraguay se obtendrá mejor resultado, y tiene interés el ensayo 
que se va á hacer nuevamente, porque, en mi concepto, esta ma- 
dera es la menos resbalosa de las que se ha empleado hasta 
ahora. 

En cuanto al pacará y al coihüe, el ensayo que con ellos se ha 
hecho ha dado un resultado desastroso. 

Se colocaron en la misma cuadra que el karri, y al año de 
construido el pavimento con esas maderas, estaba lleno de ba- 
ches, pues los adoquines se habían podrido. 

El pacará es una madera que después de seca queda casi tan 



- 28l — 

liviana como el ceibo, absorbe gran cantidad de agua, lo que ex- 
plica el mal éxito que ha tenido. No obstante, se hizo el ensayo, 
como se hará con toda madera — no siendo muy dura— que sea 
recomendada por hombres que se hayan ocupado de esa indus- 
tria. Al algarrobo muchos le auguraban un frasaso, y, sin embargo, 
ya se ha visto que no es así. 

El coihüe parece un pino blanco. Se me dijo— y tengo enten- 
dido que es cierto— que los pilotes del muelle de Punta Arenas 
son de esta madera y que se han conservado en perfecto estado 
durante muchos años; pero el ensayo hecho demuestra que no 
sirve para pavimento. 

Quizá haya en el país otras maderas que como el algarrobo no 
sean más resbalosas que el pino y tengan tanta ó más duración 
que aquél ; ensayos posteriores lo dirán. En cuanto á las made- 
ras duras, propiamente dichas^ como el lapacho^ quebracho, urun- 
day y tantas otras quedarían pavimentos de duración indefinida, no 
se puede tomarlas en cuenta, porque debido ásu excesiva dureza se 
ponen tan resbalosas, que el tránsito por ellas se hace imposible. 

Queda, pues, por el momento, triunfante el algarrobo, y aunque 
de paso, porque salgo de los límites de este trabajo, indicaré que, 
en mi concepto, con esta madera se podrá construir un afirmado 
excelente y económico en las ciudades del interior como Córdoba, 
Salta, Tucumán, etc. 

En efecto, allí podría obtenerse el ciento de adoquines á 3 $ %, 
y como el tráfico es relativamente reducido, no habría necesidad 
de emplear una base de concreto, bastaría un hormigón de o™ 10 
de espesor formado por § partes de m^ de escombro quebrado, 
J parte de arena y 150 kilos de la espléndida cal hidráuhca de 
Córdoba, que es casi un cimento. En otra oportunidad trataré más 
detenidamente este asunto. 

Resumiendo, pues : el algarrobo es una madera que ha dado 
excelentes resultados y permite construir un pavimento liso, bueno 
y económico. 



Pavimentos de asfalto 

Después de un ensayo que se hizo con este material el año 1878 
en la calle Florida y que no dio resultado, el primero que se ha 
hecho en esta ciudad ha sido con el asfalto de Trinidad, sistema 



— 2^2 — 

Barber. Se han construido tres cuadras : calle Perú entre Alsina y 
Moreno, Alsina entre Perú y Bolívar, y Piedad entre Florida y 
San Martin. 

Sobre una base de concreto igual al que se emplea para los pa- 
vimentos de granito y algarrobo, se coloca una capa intermedia — 
binder — de 0^04 de espesor, formada por un concreto fino bitu- 
minoso y que establece una conexión conveniente éntrela capa 
superior y el concreto; sobre ésta va la capa de asfalto preparada 
según el sistema Barber y que consigte en una mezcla de asfalto 
refinado — extraído del lago de asfalto de la isla de la Trinidad — 
con arena silícea, carbonato de cal y un residuo de petróleo en 
proporciones determinadas. Estas proporciones se modifican se- 
gún el clima y tráfico de cada ciudad. 

El pavimento de asfalto construido en esta capital, tiene más de 
dos años y puede decirse que se conserva en perfecto estado, salvo 
un desgaste algo pronunciado que se ha formado á lo largo de los 
rieles. Tiene las ventajas del pavimento liso que he indicado para 
el de madera, presenta gran facilidad de tracción, y el movimiento 
de los vehículos es aun más cómodo que en éste. Produce más 
ruido que el de madera, pero mucho menos que el de granito- 

En los días de lluvia ó humedad, es algo resbaloso, pero, en mi 
concepto, algo menor que el algarrobo y así lo confirman observa- 
ciones hechas durante varios días. Sin embargo, á este respecto 
no hay acuerdo de opiniones. 

Los defensores del asfalto de Trinidad sostienen que éste es me- 
nos resbaloso que cualquier otro, aún que el granito, y se fundan 
para ello en que los pavimentos con aquel material no pueden 
adquirir el pulido que hace tan resbalosos á los de granito des- 
pués de un cierto tiempo, por cuanto la combinación del betún y 
la arena le forman una superficie granulada, no perdiéndose esta 
condición porque la mezcla es molecular y comprende toda su 
masa. 

Lo que parece indudable es que el pavimento de asfalto de 
Trinidad es mucho menos resbaloso que el de asfalto de roca, ó 
europeo, constituido por una piedra calcárea bituminosa. Hay es- 
tadísticas que comprueban esto. 

En cambio, los partidarios del karri sostienen que éste es me- 
nos resbaladizo que el asfalto, y se fundan á su vez en observa- 
ciones hechas durante varios días. 

En vista de las observaciones hechas aquí, puede asegurarse 



- 283 - 

que el asfalto de Trinidad es menos resbaladizo que la madera. 

El pavimento de asfalto es quizá el que más se aproxima á la 
perfección; pero hay una razón fundamental para que aquí se dé 
preferencia al algarrobo, y es que éste es un material del país, 
mientras que aquél hay que importarlo del extranjero. 

El empleo del algarrobo representa muchos aserraderos fun- 
cionando en distintos puntos del pais y, por consiguiente, trabajo 
para muchos hombres. Por otra parte, se sabe que los bosques de 
algarrobo en la República tienen madera más que suficiente para 
pavimentar todas sus ciudades. 

Además, es difícil que aquí pueda construirse pavimento de 
asfalto al precio que últimamente se ha obtenido para el algarrobo , 
que, como ya he dicho, ha sido de 12.20 $ ■% el m. c. 

El precio que se ha cobrado por el asfalto en las tres cuadras 
en que se ha ensayado, ha sido de 7 $ oro el m. c, estando com- 
prendida en este precio la conservación por diez años. 

Es bueno también tener presente que no es lo mismo un ensavo 
en dos ó tres cuadras, que permiten ser cuidadas con todo esmero, 
que una calle pavimentada en toda su extensión y que con los 
actuales medios de que dispone la municipalidad, tiene que ser 
descuidada en parte. Por esto había aconsejado que se pavimen- 
tase con asfalto una calle en una extensión de 15 á 20 cuadras y 
se dejase en las condiciones del algarrobo ; éste sería un ensayo 
definitivo en cuanto á su resistencia. 

Otro inconveniente que perjudica al pavimento de asfalto aquí, 
es la frecuencia con que hay que abrir zanjas en las calles centra- 
les para cañerías de gas, aguas corrientes, cables eléctricos, etc. ; 
la reposición del pavimento puede hacerse con él asfalto, pero es 
mucho más costosa que en el de madera ó granito. 

Creo, no obstante, que el día que el asfalto llegue al precio del 
algarrobo constituirá un enemigo temible para éste. 

Resumiendo, pues : el pavimento de asfalto de Trinidad consti- 
tuye un excelente afirmado, si bien por las razones que anteceden, 
debe preferirse en esta ciudad, como pavimento liso, el de alga- 
rrobo. 

Quedan por consiguiente como preferibles tres sistemas, que son 
los que actualmente se emplean en Buenos Aires : adoquín de gra- 
nito sobre base de hormigón ; id. de granito (inglés) sobre base de 
concreto, y adoquinado de algarrobo. 

Falta indicar el plan que se ha seguido para la pavimentación 



de esta ciudad, una vez resuelta la adopción de afirmados sobre 
base impermeable. 

En el mes de Diciembre de 1896 elevé á la Intendencia munici- 
pal un estudio general sobre la pavimentación de la ciudad, del 
cual voy á transcribir los párrafos pertinentes : 

« Desde luego, por la ordenanza de 30 de Junio de 1895, en la 
zona que queda fuera de la limitada por las calles de Caseros, 
Jujuy, Centro América y el Río de la Plata, debe construirse el 
adoquinado de granito con base de hormigón, y asi se hace actual- 
mente. Debe seguirse en esta forma, pues se trata de barrios 
donde el valor de la tierra no es alto y conviene emplear afirmados 
relativamente económicos; con la base que se le pone tiene asegu- 
rada una duración por muchos años, sin necesidad de refacciones. 

En esta zona se hacen, sin embargo, algunas excepciones : tales 
como las de la calle de Santa Fe, que por su gran tráfico pesado 
exige un pavimento de gran resistencia y donde se construye el 
concreto con piedra quebrada. Así también se construirá la calle 
que conduce á los nuevos mataderos y más tarde la de Corrientes. » 

« Queda, pues, la zona central queimenciona el artículo i." de la 
ordenanza ya citada y para la cual debe elegirse el pavimento que 
más convenga. El criterio que ha seguido esta oficina para acon- 
sejar la adopción de uno ú otro sistema, ha sido el siguiente : 

« En la parte más central, donde las calles son más angostas, la 
propiedad tiene mayor valor, y donde el tráfico anuye á todas 
horas, se ha adoptado el pavimento de madera, que facilita la trac- 
ción y presenta comodidades para el tráfico de los vehículos que 
se agolpan en esas calles. 

«En las calles algo más excéntricas, como por ejemplo de Uru- 
guay y San José al Oeste, de Independencia al Sur y de Córdoba 
al Norte, se emplea el granito con base de concreto, y principal- 
mente en las calles y avenidas de tráfico pesado, tales como Bel- 
grano. Entre Ríos, la Avenida Brown que lleva á la Boca, etc. » 

« Fuera de esta parte central, conviene pavimentar con madera 
las calles que sirven de comunicación á ciertas localidades espe- 
ciales, tales como la estación Constitución, el Once de Septiembre 
y otras. A esto ha respondido el adoquinado de madera en las calles 
de Artes y Buen Orden, y Defensa hasta el Parque Lezama». 

« Si el asfalto da resultado, se empleará también alternando con 
el granito y la madera. Finalmente, no debe temerse construir 
grandes cantidades de afirmado con base de concreto, pues desde 



- 285 - 

luego es seguro el éxito del de granito en cuanto á su duración, y 
si dentro de poco se viese que el algarrobo prima sobre el asfalto 
ó viceversa, es fácil, cuando llegue la época de las refacciones 
serias, cambiarla cubierta, pero utilizando la parte más costosa, es 
decir, el concreto, de duración indefinida y que sirve tanto para 
uno como para otro sistema ». 

« En ciertas calles donde existe adoquinado común y en las cua- 
les los adoquines están en buen estado, puede ponerse la base de 
concreto volviendo á colocar el mismo adoquín y cobrando á los 
vecinos la parte proporcional del costo del concreto. Creo que 
conviene ampliar la ordenanza en ese sentido. Y el día que todas 
las calles de esta ciudad tengan afirmados con base de concreto ú 
hormigón, que los haga impermeables, estará resuelto el problema 
de la pavimentación, y habrá desaparecido casi totalmente el gasto 
de conservación que tanto cuesta actualmente y que á pesar de 
esto es tan deficiente ». 

Hasta aquí mi informe, y el tiempo transcurrido no ha hecho 
sino confirmarme en las ideas que preceden. 

Ya que he hablado de la conservación de los actuales afirmados, 
debo agregar algo al respecto. Puede decirse que, en general, los 
antiguos afirmados de esta ciudad están en mal estado de conser- 
vación; esto es debido principalmente á la mala calidad de los 
mismos y luego á su gran extensión, que requeriría un personal 
numerosísimo para mantenerlos en buen estado. Existen, en 
efecto, en esta ciudad, casi cuatro millones de metros cuadrados 
de empedrado y adoquinado antiguos en cuya conservación se 
emplea un personal que demanda un gasto anual de 400,000 $ 1%. 
Es claro que estos inconvenientes irán disminuyendo á medida que 
se construyan los nuevos afirmados. 

El año 1894 había en París 8.900.400^12 ¿q pavimentos, y se gas- 
tó en total 24.193.587 francos. 

En Buenos Aires había en 3 1 de Diciembre de i8974.49Ó,564ni2.29. 
y se ha gastado menos de 2.000,000 $ >% ese año. 

Finalmente, diré que en algunas calles anchas de barrios aparta- 
dos y á fin de disminuir el costo del afirmado, se ha adoptado una 
de las dos formas indicadas en las figs. 15 y 16. En la primera se 
pavimenta una faja central de 8 m. formando grandes veredones 
de césped en las que se pone una doble fila de árboles. En la 
segunda se pavimentan dos fajas laterales de 5 m. cada una, 
dejando una faja central de 12 m. para jardín. 



— 2bÓ — 

Con lo expuesto he terminado esta memoria sobre los afirmados 
de Buenos Aires, que creo puede sintetizarse en estas palabras : 

Construir, cualquiera que sea el material que se emplee en la 
cubierta, una base sólida é impermeable, pues como ha dicho un 
ilustre ingeniero inglés «la fundación es todo en el pavimento ». 



Afirmados construidos en los varios anos que se 
expresan 



Cuadras 



Metros 



1882 






Durante este año se han empedrado 


32 




1884 






Durante este año se han construido 


130 




1885 






Adoquinado común 


75 


109.046 00 


Macadam 


4h 


8.378 00 


Empedrado común 


26 


33.368 00 


Id. mixto 


33 


68.988 00 


Totales 


138 i 


219.780 00 




1886 






Adoquinado común 


160 


182.875 20 


Empedrado id 


33 


32.654 49 


Id. mixto 


131 


234-551 57 


Totales 


324 


420.081 26 


1887 






Adoquinado de granito 


342 




Afirmado de madera 


2 




Macadam 


II 


959.792 22 



28; — 



Cuadr 



Metros ' 



Empedrado común 

Id. mixto 

Total 

I 

1888 

Adoquinado común 

Id. inglés 

Macadam 

Empedrado común 

Id, mixto 

Totales 

1889 

Se han construido duíante el año.... 

1890 

x\doquinado inglés 

Id, común 

Empedrado mixto 

Afirmado de madera 

Macadam 

Empedrado común 

Totales 

1891 

Adoquinado inglés 

Id. común 

Macadam 

Empedrado común 

Totales 



\62 



725 



116 


199.385 14 


105 


I36.3i6'65 


6 


16.743 50 


I 


2.318 99 


133 


223.007 75 



361 578.672 03 



409 



45 


63-585 14 


76 


134.348 78 


23 


44-943 14 


23 


39.825 62 


22 


49-415 59 


I 


742 52 



190 



332. 8Ó0 79 



2.540 47 

19.655 40 

3-725 62 

1.687 70 

21 27.609 19 



15 
2 
2 



288 



Cuadras 



Metros 



1892 

Adoquinado inglés 2 J 

Id. común 64 J 

Empedrado común i 

Macadam 17 

Totales 85 

1895 

Afirmado de madera 22 

Adoquinado sistema inglés 00 17 

Id. de granito base concreto 79 

Id. común 74 

Empedrado común i 

Totales 193 

1896 

Afirmado de madera 82 

Adoquinado sistema inglés 22 

Id. común 46 

Id. base de concreto 122 

Empedrado común i 

Totales 

1897 

Adoquinado común 

Id. base de hormigón 

Afirmado de madera 

Totales 169 



21 

107 
41 



3.724 07 
68.379 61 

1.320 69 
18.808 60 

92.232 97 



20.048 50 

21.574 99 

113.400 00 

84.890 31 

1.246 24 

241. lóo 64 



71.465 46 
24.709 48 

54-694 n 
209.474 52 

']22 01 



273 361.066 24 



20.064 72 
160.547 97 

40-337 73 
220.950 42 



— 289 — 
Estado general de los afirmados en los varios años 



No hay datos. 



Cuadras Metros ^ 



1884 

Adoquinado común 335.440 00 

Empedrado mixto 20.160 00 

Empedrado común 790. 4Ó5 00 

Afirmado de madera 3.610 00 

]Macad¿im 110.400 00 



1888 



Total 1.260.075 00 

1885 

1886 



Adoquinado común 4S0 

Empedrado mixto 213 

Empedrado común 732 

Afirmado de madera 3 

Macadam 43 

Total 1.471 

1887 

Adoquinado común ¡522 

Empedrado mixto 575 

Empedrado común 606 

Afirmado de madera 2 

Macadam 34 



Total 2-039 



Adoquinado común i-403 

Empedrado mixto 7^^ 



T. II 



igo — 

Cuadras Metros ^ 



Empedrado común 554 

Afirmado de madera 2 

Macadam 32 

Total 2.339 



1889 

Adoquinado común 767.629 50 

Id. sistema inglés '"^ ^ 734.318 47 

Empedrado mixto 782 1.093.676 61 

Empedrado común 533 282.593 53 

Afirmado de madera 17 35-269 32 

Macadam 145 303-542 38 

Totales 2.782 3.277.029 81 



i8go 

Adoquinado común 795.098 83 

Id. sistema inglés 868.667 25 

Empedrado mixto 788 1.099.805 96 

Empedrado común 495 222.105 81 

Afirmado de madera 39 74.297 46 

Macadam 154 380.267 75 

Totales 2.882 3.440.243 oó 



iSgi 

Adoquinado común 797.639 30 

Id. sistema inglés '^ 887.891 60 

Empedrado mixto 785 1.095.299 38 

Id. común 494 219.044 86 

Afirmado de madera 39 74-297 4'J 

Macadam 156 383-993 37 

Totales 2.895 3.458.165 97 



— 291 — 



Cuadras 



Metros ' 



1892 

Adoquinado común 

Id. sistema inglés i-44o 

Empedrado mixto 785 

Id. común ¿^g^ 

Afirmado de madera 5^ 

Macadam 173 

Totales 2.996 

1893 

Adoquinado inglés 

Id. común ^ 

Empedrado mixto 788 

Id. común 445 

Afirmado de madera 55 

Macadam 172 

Totales 3-063 

1894 

Adoquinado inglés 

Id. común 

Empedrado mixto 7^4 

Id. común 400 

Afirmado de madera 60 

Macadam 172 

Totales 3-142 

1895 

Adoquinado común 1-055 

Id. inglés 738 

Id. base de concreto 79 

Empedrado mixto 755 

Id. común 359 



801.363 37 
956.271 21 
1.095.299 38 
220.365 55 
104.684 14 
402.801 97 

3.580.785 62 



807.508 97 

1. 125.672 56 

1.099. 152 83 

169.591 25 

104.684 14 

401.912 81 

3.708.522 56 



856.578 14 

1.223.098 73 

1. 091. 1 19 04 

116.375 42 

114.219 56 

401.912 81 

3.803.303 70 



1.280.046 44 

895775 43 

95-858 30 

I-037-393 70 

471-931 05 



— 292 — 

Cuadras Metros ^ 

Afirmado de madera 80 133.76360 

Asfalto 3 2.349 50 

Macadam 170 397-049 



Totales 3-239 4-3i4-i67 98 



1896 

Adoquinado común 1.015 1.258.349 95 

Id. inglés 760 920.484 91 

Id. base de concreto 201 305.352 86 

Empedrado mixto 720 977-29Ó 22 

Id. común 292 369-496 25 

Afirmado de madera 162 205.229 oó 

Asfalto 3 2.349 50 

Macadam • 151 349-302 82 



Totales 3-304 4-387-86i 57 



1897 

Adoquinado común 995 1.238.076 94 

Id. sistema inglés 760 920.484 91 

Id. con base de concreto 308 465.90053 

Id. de madera 203 245.566 79 

Macadam 146- 335-369 26 

Empedrado común 259 332.791 60 

Id. mixto 709 956.024 76 

Asfalto « Trinidad » 3 2.349 50 



Totales 3.383 4-496.564 29 



FIRMES CON HORMIGÓN 








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FIRMES ORDINARIOS 




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p3 




QUINTA SESIÓN 

(mañana y tarde) 



i8 de Abril de i8 



Abierta á las nueve a. m. 

Sr. Presidente. — Se va á proceder á dar lectura del acta de 
la sesión anterior, 

Sr. Secretario. — (Da lectura). 

Sr. Presidente. — Está á la consideración de la asamblea el 
acta que acaba de leerse, por si hay alguna observación que hacer. 
Si no hay quien haga uso de la palabra, se va á votar si se acepta 
el acta. Los señores por la afirmativa tengan la bondad de ponerse 
de pie. 

— Afirmativa general. 

Sr. Presidente. — Se va á pasar á la orden del día. El sefior 
Ingeniero Luiggi tiene la palabra. 



Mejor tipo de embarcaciones comerciales y de guerra 

para la navegación del estuario del Plata y sus afluentes el Paraná y el Uruguay 

Por el Ingeniero señor LUIS LUIGGI 

I. — Premisas 

Medios para atravesar grandes ríos. — Allá en donde gran- 
des ríos ó amplios y profundos estuarios cortan las líneas férreas 
de un país, ó dividen los ferrocarriles ó los grandes caminos ca- 
rreteros de las naciones que tienen grandes intereses comerciales; 



— 294 — 

ó allá en donde islas importantes están separadas del continente 
por un brazo de mar, no demasiado extenso y no excesivamente 
borrascoso, pronto se manifiesta la necesidad de comunicaciones 
más rápidas y más económicas de las que no son las ordinarias, los 
buques, los que, sean á vela ó á vapor, necesitan transbordes siem- 
pre lentos, costosos, incómodos y tal vez peligrosos. 

No siempre, pero el tráfico entre las líneas férreas ó carreteras, 
cortadas por estas extensiones de agua, es bastante activo para 
justificar el enorme gasto que ocasionaría la construcción de puen- 
tes ó de galerías para unir las dos orillas. 

Son necesarios muy grandes intereses para que una nación 
haga frente á los gastos que son necesarios para la ejecución de 
tales obras de excepcional importancia. 

Es por este motivo que se necesitaron muchos años y un gran 
desarrollo en el tráfico, antes que se construyera el gran puente 
«Britannia», el primero de esta clase, que une la isla de Angles- 
ca á la Inglaterra y facilita las comunicaciones entre Londres y 
Dublín. 

Es bastante reciente la construcción del largo puente del «Saint 
Laurence» en el Canadá, el de la Nieuve Diep en Holanda, el gran 
puente de «Echernavoda» sobre el Danubio, y el de «Brooklyn» 
para unir esta ciudad con Nueva York. 

Es completamente reciente la construcción del colosal puente 
del Forth en Escocia. 

Por razones económicas similares, se necesitaron muchos aaos 
antes que se decidiera la construcción de galerías debajo del lecho 
de los grandes cursos de agua, para unir los ferrocarriles ó los 
grandes caminos de las dos orillas, y son comparativamente mo- 
dernas las galerías debajo del Támesis á Londres, del Mersey á Li- 
verpool, del Clyde á Glasgow; aquella muy importante que pasa 
debajo del estuario del Severn, cerca de Bristol, y la otra debajo 
del Saint Clair River en la América del Norte y que une las vías 
férreas del Canadá con las de los Estados Unidos. 

Necesitarán años todavía antes de que se complete la ahora sus- 
pensa galería destinada á unir los ferrocarriles de Inglaterra con 
los de Francia. 

Todas estas obras de excepcional importancia bajo el punto de 
vista de la ingeniería, requieren gastos muy crecidos que no se 
justifican sino cuando el tráfico comercial es muy crecido. 

Utilidad de los ferry boats. — En log casos ordinarios, Qn 



— 29,5 — 

lugar de los grandes puentes ó de las galerías, se precisan solucio- 
nes más modestas. 

Entre ellas la mejor es la de los/í?/'r>' boats, es decir especie de 
puentes flotantes automóviles, sobre los cuales se pueden embar- 
car trenes de ferrocarriles, ó también carros ó carruajes de toda 
clase, para desembarcarlos á la otra orilla del curso de agua. 

Estos /^rrv boats fueron empleados por primera vez en Norte 
América, donde las condiciones locales son muy semejantes á las 
de la República Argentina. 

El immenso territorio de Norte América, con una población re- 
lativa todavía escasa, y cortado por grandes ríos, por profundos 
estuarios, por grandes lagos, presentaba enormes dificultades para 
la construcción de líneas férreas desde el Atlántico al Pacífico, ó 
para unir los grandes caminos carreteros. 

No habría sido posible superar las dificultades sin la instalación 
de puentes flotantes movedizos, es decir, áeferry boats como los 
llaman los Norteamericanos. 

Es por este motivo que Norte América ofrece los ejemplos 
más interesantes de buques destinados á facilitar las comunica- 
ciones entre las orillas de caudalosos cursos de agua parangonables 
al Río de la Plata ó á sus grandes anuentes. 

La Europa desde varios años y actualmente también la Siberia, 
presentan ejemplos interesantísimos de estas instalaciones, las cuales 
en estos casos, más que por las necesidades comerciales, respon- 
den á necesidades militares, para transportar con la mayor rapidez 
y seguridad, tropas y material de guerra, de un punto á otro de 
aquellos territorios. 

Fueron justamente estas necesidades de la defensa, combinadas 
con las necesidades del comercio, que dieron lugar al infrascripto, 
de ocuparse por orden del Gobierno Italiano, del estudio detallado 
de todas las principales instalaciones de ferry boats de Europa y 
de América. Tratábase de resolver el problema de llevar rápida- 
mente de la Península á la Sicilia, masas de artillería ó de caballe- 
ría, sin recurrir al sistema, inadmisible hoy en día, del doble tras- 
bordo de tierra á un buque y de éste á tierra. 

Para bien comprender esta operación, se necesita pensar que, 
hasta hace pocos años, para enviar un escuadrón de caballería 
desde el continente á la Siciha, ó una batería de artillería de cam- 
paña, se precisaba cargar hombres y caballos, cañones y bagajes, en 
el tren y transportarlos hasta el puerto de Ñapóles, ó en aquel de 



— 296 — 

Reggio Calabria. Llegados allá, se debía hacer bajar á los soldados 
y éstos debían ayudar á hacer bajar los caballos, y después tra- 
bajar para embragar cañones y bagajes y transbordarlos con las 
grúas desde los wagones al vapor que debía efectuar el transporte 
á la Sicilia. A más, para que los caballos no se mortificaran en el 
viaje de mar, tenían que ser puestos uno á uno en un box, el cual 
venía levantado con la grúa, puesto á bordo del vapor, y bien ase- 
gurado sobre cubierta. 

Acabado el viaje de mar, se debía repetir inversamente la opera- 
ción, desembarcando sobre los muelles del puerto de arribo, hom- 
bres, caballos y materiales, para después cargar el todo sobre otro 
tren que debía transportarlos al punto de destino. 

Es fácil imaginar las dificultades, los contratiempos, las averías 
que sucedían á los caballos y al material béHco, en todos estos 
desembarques, trasbordes y embarques. Es fácil imaginar el peligro 
que con todas estas maniobras algún objeto se perdiera, ó alguna 
braga se rompiera; dejando caer en el mar box y caballos, ó parte 
de los materiales. 

Es muy fácil también imaginar el peligro de confusión en todas 
estas maniobras navales, muy poco cónsonas con las costumbres 
de los militares de tierra y sobre todo es fácil pensar el tiempo 
que se perdía en todas estas operaciones. 

Si estos inconvenientes se podían tolerar en el pasado, cuando 
sólo había buques de vela ó de vapor pero con poca velocidad, no 
se podría admitir ahora en que las guerras terrestres y marítimas 
requieren movimientos rapidísimos que podrían decirse fulmíneos. 

Para evitar todos estos inconvenientes y hacer de modo que los 
trenes cargados con tropas ó materiales bélicos pudieran andar 
directamente de la península á la Sicilia, fueron propuestos puentes 
y galerías que cruzaran el estrecho de Mesina. 

Todas estas propuestas, sin embargo, eran igualmente inadmisibles 
bajo el punto de vista del gasto enorme y por nada justificado, que 
hubieran requerido. 

El problema quedó á resolverse hasta 1893, año en el cual fué 
decidida la instalación de los, ferry boats á través del estrecho de 
Mesina, conforme á las propuestas del Almirante Bettolo, de la Ma- 
rma Itahana y á los estudios y proyectos que el que suscribe tuvo 
orden del Gobierno Italiano de efectuar. 

El servicio se inauguró en 1896, resolviendo así completamente 
el problema propuesto. 



— 297 — 

Los estudios que tuve que hacer sobre este asunto, en Europa y 
en Norte América, podrian ser útiles para contribuir á resolver el 
problema número 14, propuesto por el Congreso Científico Latino 
Americano, ya sea bajo el punto de vista comercial, ya bajo el de 
la defensa de la Nación, para concentrar rápidamente tropas y per- 
trechos de guerra desde un punto á otro del territorio, y eso á pe- 
sar de la existencia de los grandes rios, que interrumpen las comu- 
nicaciones directas entre las varias provincias. 

Es por esto que me permito, señores, exponer á ustedes el 
resultado de mis indagaciones en el orden según el cual tuve oca- 
sión de hacerlas. Añadiré en seguida, que en todas estas indaga- 
ciones siempre se ha tenido presente que cuanto se proyectaba 
para la necesidad de una eventual remota guerra debía servir 
desde luego á las necesidades urgentes, cotidianas del comercio. 
De este modo, es posible llegar á soluciones verdaderamente prác- 
ticas y útiles á naciones que, como la Italia y la Argentina, ningún 
beneficio esperan de la guerra y sólo anhelan á la conservación de 
la paz. 



II. — Diferentes tipos de «ferry boats» existentesiten Europa 
y en Norte América § 

El transporte de trenes de ferrocarril ó de carros, carruajes ó 
de grandes masas de tropas allende cursos de agua, por medio de 
ferry boats ó sea de puentes notantes movedizos, para evitar, 
donde no es posible ó no es económicamente admisible la cons- 
trucción de puentes ó galerías, convendrá examinarlo empezando 
por los ejemplos más modestos, para pasar después á los más com- 
pletos y concluir con los más perfeccionados. De esta manera se 
podrá elegir el tipo que conviene más, para resolver práctica- 
mente el problema que ahora se estudia, por lo que afecta al Río 
de la Plata y sus grandes anuentes. 

Buques para el transporte de wagones empleados sobre 
EL Rhin. — El ejemplo más modesto que se tuvo la ocasión de 
estudiar, se vio en Magonza, sobre el Rhin. En 1884, se empleaban 
alH buques capaces de transportar de 3 á 5 wagones de ferroca- 
rril de una á otra orilla del río. 

Estos wagones, en lugar de ser cargados á bordo ó descargados, 
como se usa en la mayor parte de estos casos, por medio de un 



— 298 — 

plano inclinado en forma de puente levadizo, conectado por un 
lado á la tierra y por el otro apoyado á la cubierta del buque, ve- 
nían levantados uno á la vez por medio de una grúa á vapor, del 
poder de unas 20 toneladas, y arriados á bordo de la nave. 

La operación contraria se hacia, para retirar los wagones del flo- 
tante y reponerlos sobre la vía férrea, en la orilla opuesta del Rhin. 
En término medio la maniobra de embarque de un wagón duraba 
10 minutos, y la de desembarque 8 minutos. Venía apresurada tra- 
bajando con dos flotantes al mismo tiempo, ó seala grúa tomaba un 
wagón de una nave y lo ponía en tierra, tomaba otro de tierra y lo 
ponía sobre la otra nave y así sucesivamente. En este caso se ne- 
cesitaban solamente 14 ó 15 minutos para trasbordar dos wagones- 
El movimiento del buque de una á otra orilla del Rhin se hace por 
medio de un remolcador á vapor. 

Una instalación parecida fué propuesta por el que subscribe 
para el puerto de Venecia, á fin de poder remolcar al lado de los 
buques fondeados en los canales, los wagones de ferrocarril, y 
efectuar así el trasbordo directo de las mercaderías de los buques 
á los wagones mismos. 

Sobre el Rhin entre Bingen y Colonia, se ha tenido la ocasión de 
examinar otras tres instalaciones de buques para el transporte de 
trenes ó de carros. Cada buque podía transportar de 20 á 25 wa- 
gones, y tenía una máquina á vapor la que, accionando sobre dos 
cabos metálicos, que descansaban sobre el fondo del río, de una 
á otra orilla, producía el andar del barco. La misma máquina ser- 
vía para hacer accionar ciertos cabrestantes, por medio de los 
cuales los wagones venían tirados á bordo, ó desembarcados por 
medio de un puente levadizo ó plano inclinado, que conectaba 
los rieles de la nave con los de las vías férreas que concluían á 
las dos orillas del río. 

Estas instalaciones no pueden, sin embargo, ser consideradas 
sino como expedientes propios á casos especiales muy favorables, 
como lo es el del río Rhin, donde no existen zonas muy anchas de 
agua con fuertes corrientes, ó sujetas á tempestades, como sucede 
en la mayoría de los casos. 

Ferry boats, propiamente dichos. — En lo general, para po- 
derse adaptar á todas estas circunstancias, se precisan buques á va- 
por, autónomos, los que podrán ser más ó menos grandes' y 
con propulsor más ó menos poderoso, á hélice ó á ruedas, se- 
gún los casos, y á los que los norteamericanos llaman « ferry 



~ 299 — 

boats », los franceses «bacs á vapeur » y los italianos « piro pon- 
toni » . 

Pero, para mayor facilidad de dicción, se llamarán sin míis,ferry 
boats, imitando así á los norteamericanos, quienes son los que los 
emplean en la más grande escala. 

Ferry boats de Suiza. —Los ejemplos más modestos y más 
económicos de Ferry boats, se ha, tenido la ocasión de estudiarlos 
en Suiza y propiamente sobre los lagos de Thun y de Zurich. • 

Estas naves tenían las dimensiones siguientes : 

Eslora entre perpendiculares m. 40,00 

Manga » 6,00 

Puntal » 2,32 

Fuerza de la máquina á hélice cab. loo. — 

Velocidad por hora km. 12. — 

Vías férreas en cubierta N." i. — 

Wagones que pueden ser cargados » 5 á6 

Estos buques costaron 80.000 francos cada uno. La instalaci(')n 
completa, ó sea un buque con los muelles de atraque, puentes le- 
vadizos y accesorios para el embarque y desembarque de los wa- 
gones en los dos puertos entre los que se hace el servicio, costó 
cerca de francos 120.000. 

En Suiza hay otras instalaciones de ferry boats, aun más im- 
portantes, sobre el lago de Costanza entre Friedrichs Hafen y 
Romans-Horn; sin embargo, son de tipo antiguo. 

Interesante es la instalación ejecutada sobre el Danubio á Echer- 
navoda por la misma casa suiza que hizo los ferry boats antes men- 
cionados. El ferry boat presenta las dimensiones siguientes : 

Eslora entre perpendiculares ™- 40,00 

Manga.. » 9.15 

Puntal • 2-4° 

Fuerza de la máquina á dos hélices cab. 200.— 

Velocidad por hora i^™- ^5 

Vías férreas en cubierta. N. 2 

Wagones que pueden ser cargados 8 a 10 

Estos/^ro'-&0«fe costaron cerca de francos 150.000 cada uno, 
y cerca de 200.000 teniendo en cuenta todos los accesorios, 

Esta instalación, que en 188Ó encontrábase en pleno ejercicio, 
era provisoria y tenía que desaparecer cuando hubiérase cons- 



— 300 — 

truído un puente sobre el Danubio para unir los ferrocarriles y los 
caminos carreteros de las dos orillas. 

Ferry boats de Prusia. — Otro tipo modesto pero muy intere- 
sante á&ferry boats existe entre Stralsund y la isla de Rugen en el 
mar Báltico. 

El servicio se hace mediante dos buques á vapor, de las dimen- 
siones siguientes: 

Eslora entre perpendiculares m. 35, — 

Manga » 7,40 

Calado á cargamento completo. » 1.60 

Fuerza en caballos indicados N. í.8o 

Velocidad por hora km. 15.— 

Tonelaje del buque ton's. 240. — 

Carga que puede recibir » 60. — 

Vías férreas en cubierta N. i. — 

Wagones que pueden ser cargados » 3á4 

Sobre cubierta hay también dos salones para pasajeros de i.^ y 
2.^ clase, de la capacidad de 50 personas. 

Cuando no se transportan wagones, el buque puede recibir á 
bordo de 400 á 450 pasajeros. 

Para completar la instalación hay dos muelles de embarque en 
hierro, provistos de puente levadizo también de hierro, destinados 
á hacer pasar á los wagones ó á los pasajeros de tierra á bordo y 
viceversa. 

El costo de toda la instalación ha sido el siguiente: 

Dos ferry boats á vapor y su armamento francos 295.000 

Puente de embarque á Stralsund » 30.000 

» » ■» '- Altefahr >- 28.000 

Dos puentes levadizos maniobrados por medio de 

grúa amano » 23.000 

Excavación con dragas cerca de los puentes de em- 
barque » 112.000 

Salones de espera para los pasajeros sobre las dos 

orillas » 25.000 

Gastos varios de vías férreas de unión, etc » 35.000 

Total Francos 550.000 

Esta instalación hecha para un tráfico relativamente modesto y 
limitado, funciona regularmente desde 1884. 



— 30I — 

Ferry boats de la Gran Bretaña.— En los ejemplos mencio- 
nados, la travesía se efectúa allende ríos, lagos ó brazos de mar con 
aguas generalmente tranquilas y por eso no presenta dificultades 
especiales. Las naves tienen formas chatas, propias á las a^uas 
generalmente poco agitadas. 

En Inglaterra, al contrario, hay varias instalaciones á^ ferry boats, 
que atraviesan ensenadas ó estrechos de mar, donde las naves pre- 
sentan formas marineras ó sea capaces de tener la mar agitada. 
No sufren, sin embargo, marejadas de excepcional violencia, por- 
que en este caso se interrumpe el servicio. 

Dos ejemplos de esta clase de ferry boats y muy importantes, 
se encuentran entre los puertos de South-Queensferry y North 
Queensferry y entre los de Burntisland y Grouton en el estuario del 
Forth, que se abre en la costa oriental de Escocia cerca de Edim- 
burgo. El primero de ellos sirve á unir las vías del ferrocarril 
caledoniano, separadas por un intervalo de kilómetros 2 h más ó 
menos; el segundo une las líneas North British cortadas por casi 8 
kilómetros de mar. 

Un tercer ejemplo, también muy importante, se encuentra en el 
estuario del Tay; igualmente en la costa oriental de Escocia, entre 
los pueblos de Broughty Ferry y la ciudad de Dundee, lejos, cerca de 
3 kilómetros unos de otra. 

Hay que advertir que estas instalaciones, estudiadas por el que 
subscribe en i88ó, han perdido mucho de su importancia después 
de la construcción del puente del Tay, y de aquella maravilla 
de la ingeniería, que es el gran puente del Forth, inaugurado 
en 1890. 

Estos ferry boats tienen el aspecto de grandes piróscafos á rue- 
das, de forma tal que, mientras el casco está cortado como el de 
una nave ordinaria, propia para las travesías de mar, la cubierta 
resulta por lo contrario de forma casi rectangular, para poderle co- 
locar tres y también cuatro líneas de rieles. 

La eslora de estos ferry boats varía entre los 70 y 80 metros, de 
manera que se pueden colocar sobre cada línea de 10 á 12 wagones 
de carga, y así en cada viaje se pueden transbordar de 20 á 48 wa- 
gones, según las dimensiones del buque y según que éste posea de 
2 á 4 vías sobre cubierta. 

El embarque y desembarque se efectúa por medio de gran- 
des puentes levadizos de doble vía, regulados de manera que pue- 
dan ajustarse á variaciones de marea de hasta 18 pies. En térmmo 



— 302 — 

medio en una hora se embarcan de 35 440 wagones, según que éstos 
sean cargados ó vacíos. La maniobra se ejecuta por medio de puen" 
tes levadizos y cabrestantes á vapor establecidos en tierra. 

Los ferry boats más importantes tienen las dimensiones si- 
guientes: 

Eslora entre perpendiculares m. So. — 

Manga. » iS-50 

Puntal » 3 

Fuerza de la máquina á ruedas. cab. 350 

Velocidad por hora. km. 12 

Vías férreas en cubierta N. 4 

Wagones que se pueden embarcar » 40 á 48 

A pesar de las notables dimensiones de estos buques, (i) sucede 
que, durante marejadas muy violentas, hay como ya se ha dicho 
que suspender el servicio, especialmente porque no es posible que 
las naves atraquen á los muelles de embarque. 

Otro ejemplo interesantísimo de ferry boats se encuentra en 
el sur de Inglaterra, entre Langston cerca de Portsmouth y el puer- 
to de Brading en la isla Wight. Este servicio está organizado tanto 
para fines comerciales como para la defensa del gran puerto mili- 
tar de Portsmouth, que es el más importante de Inglaterra. 

La distancia entre los dos puertos de embarque de los wagones 
es de 17 kilómetros más ó menos, de los cuales loson en mar larga 
á través del estrecho de Spithead, cruzado por fuertes corrientes 
de marea con velocidad de hasta 5 millas por hora, causadas por 
desniveles de marea de hasta 15 pies. 

Los datos principales de estos /^rry boats son los siguientes: 

Eslora entre perpendiculares m. 39.60 

Manganeta en cubierta » 7,90 

Puntal » 3.— 

Inmersión á cargamento completo » 1.80 

Fuerza de la máquina á ruedas cab. 200. — 

Velocidad por hora km. 15. — 

Vías férreas en cubierta N. 2. — 

Wagones que se pueden embarcar » 10 á 12 



(1) Para mayores detalles sobre estas instalaciones se podrá consultar la Relazione dei 
delegati al Mñiistero dei Labori Pubblici (Bompiani e Luiggi) sobre el Congreso de Man- 
chester, publicada en el Giornale del Genio Civile de 1891. 



— 303 — 

La nave ofrece en cubierta el aspecto de una plataforma rectan- 
gular cruzada de popa á proa por 4 rieles de ferrocarril, puestos á 
metros 1.50 de eje á eje, de manera que puedan servir como dos 
vías férreas capaces de 5 á ó wagones cada una. En el caso de 
que hayan pocos wagones que transportar, estos se pueden poner 
en el par de guias internas, las que constituyen así una sola vía. 
De esta manera el cargamento queda siempre uniformemente dis- 
tribuido con respecto al eje del buque. 



Los wagones pasan de tierra á bordo y viceversa, por medio de 
un puente levadizo empernado á un castillo de maniobra y que se 
puede levantar ó bajar más ó menos según la altura de la 
marea y de la inmersión de la nave. Las maniobras para el tras- 
bordo de los wagones se ejecutan por medio de cabrestantes á 
vapor, los que sirven también para mover el puente levadizo. 

El tiempo necesario para embarcar de 10 á 12 wagones sobre el 
piróscafo, ó sea para hacer un cargamento completo, es de hora y 
media más ó menos, y para desembarcarlos es de | de hora, y 
esta lentitud en la maniobra, depende de que los wagones son mo- 
vidos uno á uno por medio de órganos. 

Muy interesantes son los ferry boats para carros y carruajes 
comunes que unen las orillas de la Mersey á Liverpool, del Táme- 
sis á Woolwich, de la Clyde á Glasgow y del Itchin á Southampton. 
Pero como son similares álos ferry boats para ferrocarril, excep- 
tuando sólo que les faltan los rieles en cubierta, no es el caso de 
ocuparse detenidamente de ellos. 

Sin embargo, merece indicarse que uno de los ferry boats 
de Glasgow, el Fimieston, tiene la particularidad de que su cu- 
bierta puede levantarse verticalmente hasta 15 pies y puede arre- 
glarse su altura de modo que cualquiera que sea el nivel de la marea 
en el Clyde, la cubierta á&\ ferry boat está siempre á nivel con los 
muelles, y los vehículos pueden ir á bordo sin necesidad de puen- 
tes levadizos ú otros artificios. 

Ferry boats de Dinamarca. — La Dinamarca es en Europa el 
país que ofrece el ejemplo más interesante para el estudio de los 
ferry boats, tanto bajo el punto de vista comercial como bajo el 
militar. Y el infrascripto tuvo ocasión de estudiar estas instala- 
ciones en 1893, acompañando allá al finado Ministro de Italia, 



— 304 — 

Hon. Genala, quien deseaba examinarlos personalmente, antes de 
que se decidiera su aplicación en Italia á la travesía del estrecho 
de Mesina. 

La Dinamarca, constituida por una península flanqueada por 
numerosas islas separadas entre sí por angostos brazos de mar, 
posee ahora siete líneas de ferry boats, las que son las más per- 
feccionadas en Europa. 

Ellas permiten conectar en todo sentido los ferrocarriles del 
continente y de las islas, y permiten concentrar rápidamente tro- 
pas en cualquier punto del territorio dinamarqués. 

A más, conectan las líneas ferrocarrileras de Dinamarca con las 
de Suecia, atravesando el Gran Belt, y hoy se puede ir cómoda- 
mente de Estocolmo á Berlín, por la vía de Copenhague, atrave- 
sando sin cambiar tren, gracias á los ferry boats, los tres brazos 
de mar que cortan el ferrocarril. 

Entre lo?, ferry boats en servicio, los hay de una sola vía, y lle- 
van de 5 á 6 wagones cada uno. Ellos sirven para las líneas de 
poco tráfico. Otros destinados á las líneas principales, tienen dos 
vías y llevan de i6 á i8 wagones cada uno. 

Los primeros, en ocasión de ensayos de movilización, demos- 
traron poder transportar hasta mil soldados, pero haciéndolos 
bajar del tren, ó media batería completamente equipada, teniendo 
caballos y cañones cargados sobre wagones y los artilleros sobre 
la cubierta del buque. 

Los segundos ferry boats, á saber: aquellos para las líneas prin- 
cipales, pueden llevar casi el doble de soldados y material bélico. 

A más, entre estos ferry boats algunos van á ruedas y sirven 
para el servicio durante la buena estación; otros van á hélice, y 
están hechos de manera que puedan romper el hielo. Así, también 
durante los fríos invernales, intensísimos, el servicio de los ferry 
boats casi nunca queda interrumpido. 

El siguiente cuadro puede dar una idea del material flotante de 
que dispone el Estado dinamarqués para este servicio : 



— 305 — 



Nombre 
DEL Vapor 



Lillc Belt 

Fredcricia 

Korsór 

Nyborg 

Hjalmar 

Ingebor 

Valdemar 

Sjalland 

Dagniar 

Marie 

Krprs-Louise. 

Alexandra 

Thyra 

lylland 

Kiobenhavn.... 



1877 
1883 
1883 
1883 
1883 
1886 
1887 



1894 
1 895 



Única 
Doble 
Única 



Doble 

Única 



Doble 



Ruedas 



2 hélices 
Ruedas 



2 hélices 
Ruedas 



I hélice 
Ruedas 



140 
140 
250 
250 
i65 
166 
140 

274 
166 
140 
166 
177 
177 
171 
274 



26 - 

25 - 

34 - 
34 - 

26 - 
26 - 
31.6 
34 - 
26 - 
31.6 
26 - 
26 - 
26 - 
36 - 
34 - 



16 - 
16 - 



16 - 
12.5 

13 - 
12.6 
12.9 
12 .9 
19.2 

ló.Ó 



En servicio 



7.3 

7.3 
8.10 
8.10 
7 — 
7 - 
7 — 
9.2 
7.9 
7 - 
7. II 
7.10 
7.10 



7.3 

7.3 
9 — 
9 - 
7 — 

7 - 

8 — 
9.2 

7-9 
8 — 
7.11 
7. II 
7. II 
12.2 

9.1 



Tons 



1220 

1220 

440 

440 

540 

1445 

495 

540 

570 

582 

582 

1015 

1392 



I.H.P. 

340 
360 
1700 
1700 
600 
600 
700 
2055 
470 
700 
710 

634 
600 
1210 
2155 



13.4 
10.2 
II - 
II - 
10.8 
10.2 
12,2 
14.4 



ii esteri. 
9.900 
9.400 
;í.3oo 
ji.joo 
12.600 
12,600 
13.800 
39.400 
14.700 
15 . 200 
17.100 
17.300 
16.600 
27.100 
41.500 



Los tipos mejores de estos fe ny boats son el Alexandra, entre 
los de una sola via y el que sirvió de modelo para los ferry boats 
italianos sobre el estrecho de Mesina; y el Kióbenhavn entre los 
de dos vías, el que es también el más moderno, habiendo sido 
construido en 1895. 

En la lámina III se encuentra representado uno de estos lindísi- 
mos tipos de buques. A las noticias que se pueden sacar del 
dibujo, será suficiente añadir solamente que las máquinas son dos, 
de dos cilindros cada una : el de alta presión, del diámetro de 
m. 0.85 (34") y el de baja presión del diámetro de m. 1,53 (óo"). 
La carrera común es de m. 1.46 (58"). El vapor á la presión de 
85 libras viene engendrado por 4 calderas cilindricas. 

En condiciones normales de cargamento y con inmersión de 9 
pies, las máquinas desarrollan 1400 caballos indicados y comuni- 
can al buque una velocidad de nudos 12,9 (km. 23.942 ) por hora. 
En las pruebas de velocidad y con la misma inmersión, las máqui- 
nas desarrollaron 2155 caballos indicados, produciendo sobre la 
milla medida una velocidad de 14,4 nudos ( km. 2Ó.726). 

El piróscafo, á más de la instalación respectiva al transporte di- 



20 



— 3o6 — 

recto de los trenes ferroviarios, está dotado de cómodos salones, 
bien calentados é iluminados á luz eléctrica, con servicio de buffet 
y ofrece el mayoí confort para los pasajeros ; á más tiene grandes 
focos eléctricos destinados á iluminar las cercanías del ferry boatj 
haciendo más fácil el servicio durante la noche. 

Todos estos ferry hoats llevan exteriormente un fuerte verdu- 
guillo de madera, para proteger al casco cuando entra ó sale del 
Slip ó ensenada, para el trasbordo de los wagones de tierra á la 
nave. Y todas estas ensenadas, como también las extremidades 
de todos estos ferry boats, tienen la misma conformación, de ma- 
nera que todo buque pueda usarse en cualquiera dé los varios 
puertos dinamarqueses donde existe el servicio. 

Los slips ó ensenadas para el trasbordo de los wagones, están 
formados por un sistema de palizadas revestidas con largos trozos 
de madera clavados en el fondo y apoyados superiormente contra 
fuertes resortes espirales idénticos á los de los paragolpes de los 
wagones ferroviarios. De esta manera la construcción resulta ro- 
busta, pero elástica y puede resistir bien á los choques del buque 
cuando éste atraca ó desatraca del Slip, especialmente cuando 
hay un poco de marejada. 

La instalación viene completada por un puente levadizo, conec- 
tado por un lado á los rieles en tierra y apoyado por el otro sobre 
Vd proa, del ferry boat y está provisto de oportunos contrapesos 
para que se lo pueda levantar y bajar fácilmente. 

En algunos de los slips más modernos, el movimiento del puente 
se efectúa por medio de motores eléctricos, alimentados por los 
dinamos del ferry boat mismo, á los que se unen con conducto- 
res movedizos. Mediante este puente levadizo y gracias al pequeño 
desnivel de las mareas del Báltico, los wagones pueden ser man- 
dados á bordo ó retirados en tierra por medio de una locomotora 
común, y la maniobra puede ejecutarse con rapidez notable. En 
general, son suficientes de 8 á lo minutos para embarcar ó desem- 
barcar un tren entero de wagones. 

A este respecto pueden ser interesantes algunas observaciones 
hechas por el infrascripto sobre la rapidez y facilidad con que se 
ejecutan estas maniobras. 

Llegado por tren al puerto de «Orehoved», á las y^ 23' a.m., ob- 
servé que á las 7^ 2Ó' ya habían desenganchado cuatro coches, 
de los que uno era salón, y los hablan embarcado en el ferry boat, 
por medio de una locomotora de maniobra. Se emplearon dos mi- 



— 307 - 

ñutos para afirmar los coches á unos anillos fijos á la cubierta, 
después fueron largadas las amarras y alas 71» 29' a. m., €ífeyyy 
boat se movia hacia «Masnedo». Se emplearon as-i, en conjuntó, 
para la maniobra de embarque, 6 minutos. 

La travesía del/í?/'n' boat fué muy feliz y se llegó al puerto de 
«Masnedo» á las S^ 42' a. m. El ferry boat, á las 8^ 43' estaba 
amarrado dentro del Slip; á las 8h 44' el puente levadizo estaba 
bajado, y asegurado sólidamente á la proa del buque. A las Si» 45, 
una locomotora de maniobra llegaba á bordo para tomar los cua- 
tro coches que á las S^ 46' salían del ferry boat, y á las 8^ 49' 
estaban enganchados ya á la cabeza del tren para Copenhague. Des- 
pués fué sacada la pequeña locomotora y sustituida por una 
grande. A las 8^ 53' el tren se movía hacia la capital dinamarquesa. 

Entonces, en 10 minutos, ni más ni menos, desde el momento en 
que el ferry boat entraba al Slip, los coches habían sido desem- 
barcados, maniobrados, enganchados á una nueva locomotora y el 
tren estaba ya en movimiento para su nuevo destino. 

Análoga facilidad y rapidez de maniobra se ha tenido ocas¡(')n 
de encontrar en todos los demás ferry boats de Dinamarca. 

Durante los muchos años, desde que están funcionando, nunca 
se verificaron inconvenientes ó desgracias. El Director de los ferro- 
carriles dinamarqueses, señor Tegner, contó al infrascripto, cómo 
una vez \xn. ferry boat con seis locomotoras á bordo, fué sorpren- 
dido por un recio temporal, y tuvo que mantenerse á la capa por 
más de 16 horas, presentando la proa á las olas del mar. 

Apenas calmada la tempestad, el buque pudo volver á tomar su 
servicio y desembarcar felizmente su cargamento. 

Ferry boats de Norte América. — Pero, más que las instala- 
ciones europeas, son importantes los ferry boats délos Estados 
Unidos de Norte América, donde tuvieron su origen y donde el 
servicio se hace con una rapidez maravillosa. 

Entre los muchos ejemplos que podría extraer el infrascripto, de 
sus apuntes de viaje, dos son esencialmente interesantes, uno re- 
lacionado con el servicio de pasajeros, otro con el servicio de 
carga. 

Viajando por el tren expreso desde Washington á Nueva York, 
de la compañía Baltimore Ohio R. R-, compuesto de cuatro co- 
ches Pulmann, de un furgón correo, de un wagón de encomienda 
y una locomotora, el infrascripto llegó al puerto de Baltimore á la 
ib 5' o" p. m. en frente á la ensenada ó Slip del ferry boat. A la 



- 3o8 - 

i'^ 5' 40" el puente levadizo estaba asegurado abordo del piróscafo; 
á la i^ ó' 40", la locomotora con el furgón y el wagón de equipajes 
estaban ya á bordo sobre una linea férrea; á la i^^ 7' o" los cuatro 
coches Pulmann, enganchados á una locomotora especial de ma- 
niobra, venían también embarcados sobre otra vía férrea, paralela 
á la precedente (elferry boat era de tres vías); á las i^^S' 20" la 
locomotora de maniobra salía por el puente levadizo y el y^rry boat 
silbaba por la salida, á la i^ 8' 30" el puente levadizo había sido 
levantado y el ferry boat había quedado libre. A la i^ 8' 40", 
soltadas las amarras, el buque había empezado á moverse. 

Así, en 3' 40" desde la llegada del tren, el ferry boat había re- 
cibido á bordo el tren y se había puesto en movimiento. 

A Detroit, sobre la línea del Grand Trunk of Canadá, el in- 
frascripto presenciaba la maniobra del trasborde de trenes de carga. 
A las 4^ 26' p. m., llegaba del Canadá ven ferry boat con dos 
vías férreas en cubierta. Sobre cada una estaban 7 carros de 
tipo americano, á saber: de 20 á 25 toneladas cada uno. A las 
4!^ 27' el puente levadizo había sido colocado en su lugar; á las 
4I1 28' llegaba á bordo una locomotora y enganchaba una fila de 
7 carros; á las 4^^ 29' salía por el puente levadizo esta primera co- 
lumna de wagones. A las 4^ 31' la locomotora, con estos siete ca- 
rros, retrocedía en correspondencia de la segunda vía y engan- 
chaba la segunda fila de 7 carros. A las 4^31' 30" el enganche 
había sido ejecutado, y á las 4I1 32' o" la locomotora, con todos los 
14 wagones, empezaba á moverse. A las /[^ 32' 30" el ferry boat 
estaba vacío. 

Entonces, en 6' 30" desde la llegada del ferry boat, habían sido 
desembarcados por una sola locomotora, dos columnas de 7 carros 
cada una. 

Después de poco rato, se ejecutaba la maniobra contraria, ó 
sea á las 4^ 40' 30" venía embarcada ima columna de carros diri- 
gida al Canadá, dejando 7 sobre una vía. A las 4^ 42' 30'' la loco- 
motora, con los carros que no cupieron en la prim.era vía, retro- 
cedía á tierra y á las 4^ 43' 10" mandaba á bordo otros 7 carros, 
disponiéndolos sobre la otra vía. A las 4^ 44' la locomotora había 
salido nuevamente por el puente levadizo, y á las 4^^ 45' 30" éste 
había sido levantado. A las 4^^ 4Ó' 30" el ferry boat silbaba y em- 
pezaba á largarse, y á las á^ 48' o" estaba en movimiento. 

Esta segunda maniobra contraria, para el embarque de 14 wa- 
gones, ocupó 8 minutos, ó sea la maniobra completa desde el mo- 



— 309 — 

mentó de la llegada del /m'3' boat (desembarque de 14 wagones 
y embarque de otros 14 ) hasta el momento de la salida, dun') 22 
minutos solamente, comprendiendo en ellos 8 minutos' de des- 
canso entre las dos maniobras. 

Hay que notar que era en invierno, que la nieve y el hielo 
cubrían el muelle, y que los hombres aplicados á las maniobras 
debían de tener mucho cuidado para no resbalar y hacerse daño. 

El infrascripto temería abusar de vuestra paciencia, señores, si pa- 
sara á describir las numerosísimas instalaciones de ferry boats, 
para wagones de ferrocarril y para carros comunes, cuerpos milita- 
res, y demás servicios de transporte, que él tuvo ocasión de estu- 
diar en Norte América, y las soluciones muy vanadas que fueron 
dadas al problema. Basta sólo mencionar, que sobre el lago INIi- 
chigán hay un servicio ác ferry boat entre Frankfurt y Kervunnee, 
lejos entre sí unas óo millas, y que las aguas del inmenso lago son 
á menudo muy borrascosas ; que sobre el estrecho de Mackinaw 
se efectúa el servicio de los ferry boats, también durante el in- 
vierno, aunque algunas veces el hielo llegue á un espesor de 3 pies. 
Pero los poderosísimos /^/-ry boats á hélice, adoptados allá, llegan 
á romper esos hielos y á mantener un servicio regular. 

Baste también indicar, que donde se encuentra el servicio más 
importante de ferry boats, es en Detroit, para empalmar las tres di- 
ferentes líneas ferroviarias de Michigan con las tres correspondien- 
tes del Canadá, divididas por el río Detroit, el que lleva las aguas 
de los grandes lagos superiores al lago Erié, y que tiene cerca de 2 
kilómetros de ancho. El servicio se hace con seis poderosísimos 
ferry boats, á más de tres en reserva, y cada uno puede transpor- 
tar unos 400 wagones por día. Son, entonces 2.400 wagones diarios, 
que se concentran y se expiden desde las orillas de este río, donde 
existen centros ferroviarios tan importantes. 

Y si se considera que los wagones norteamericanos tienen un 
largo y una capacidad mayor que los de otros países, se puede 
imaginar la importancia del tráfico que allá se ha de hacer. 

La rapidez de maniobra de los trenes de pasajeros es muy nota- 
ble, y el infrascripto recuerda cómo en menos de 5 minutos desde 
la llegada del tren, el ferry boat que lo llevaba al Canadá, había 
recibido á bordo el tren, comprendida la locomotora. Durante la 
travesía del río Detroit la aduana efectuóla revisación del equipaje 
de los pasajeros. Al llegar á Windsor, sobre la orilla canadense, la 
locomotora volvió á tomar su tren y siguió el camino hacia Ottawa. 



— 3IO — 

Pero es inútil multiplicar los ejemplos y hablar de los infinitos 
fervy boats que surcan el Hudson y el East River á Nueva York, 
el Chesapeack á Baltimore, la bahía de San Francisco y muchos 
otros, y que sirven ó para el transporte de wagones o para unir los 
caminos carreteros cortados por los ríos. 

Quien tuviese deseos de estudiar en todos sus detalles este inte- 
resantísimo problema, podrá consultar la colección de opúsculos 
y de dibujos coleccionados por el infrascripto durante los viajes 
de estudio hechos por orden del Gobierno de Italia y que, reuni- 
dos en un álbum, tengo el honor de someter á vuestro examen. 

Hay dibujos de fervy boats, de todas las dimensiones posibles ; 
tipos variados de slips ó ensenadas para el transbordo de los tre- 
nes, planos de puentes levadizos en madera y en fierro, de dife- 
rentes tipos y de diferentes largos, para poderse adaptar á los va- 
rios niveles del agua del río, del lago ó del mar sobre el cual se 
hace el servicio. 

Hay también algunos tipos muy interesantes de car-floats, ó sea 
de grandes chatas para el transporte de carros ó de wagones de 
ferrocarril, las cuales por economía no tienen propulsor propio, y 
son remolcadas por vaporcitos ó por otro ferry boat á vapor. 

De estos car-floats hay un crecido número en Nueva York, y en- 
tre los tipos mejores merecen ser mencionados los del Pennsyl- 
vania Rail road, que tienen las siguientes dimensiones : 

Eslora de i8o á 210 pies 

Mangca.... » 34 » 35 » 

Puntal 7'o > 

Calado (vacíos). i'6 » 

Líneas de rieles en cubierta.. N.° 2 

Wagones que pueden transportar.. . 10 á 12 

Ferry boats rusos para el ferrocarril estratégico trajísi- 
BERIANO. — Antes de concluir no será superfino hacer mención de 
las novísimas y muy importantes instalaciones de ferry boats 
rusos, sobre el Volga y los demás ríos cruzados por el ferrocarril 
estratégico de Siberia. 

Todos estos ríos, á más de la grande anchura, de los hielos en 
invierno y de tantas otras dificultades, ofrecen el inconveniente de 
estar sujetos á crecientes enormes y las que en el Volga alcanzan 
una altura de 45 pies. 

Se estudió el proyecto de varios puentes^ pero habrían costado 



— 311 — 

más de un millón de libras esterlinas cada uno, y se hizo una com- 
paración con el costo de la instalación de ferry boats, resultando 
ésta inmensamente menos costosa. 

Fueron adoptados ferry boats de las formas ordinarias para 
ríos, y de dimensiones tales de poder transportar 24 wagones sobre 
dos lineas y demás vehículos ordinarios ó de guerra. Pero con mo- 
tivo de las grandes variaciones de nivel que sufre el Volga, y que 
como se ha dicho, alcanzan los 45 pies, estos, ferry boats presen- 
tan la particularidad de tener ascensores hidráulicos, con los que 
levantan los vehículos hasta los 23 pies, y luego, por medio de 
otros ascensores hidráulicos en tieryá, los vehículos vienen levan- 
tados de la cantidad todavía nc jsaria. 

La maniobra de embarcar 24 wagones ó de desembarcarlos, no 
requiere más que media hora. 

Todos estos ferry boats tienen tres hélices, una á proa y dos á 
popa, para poder romper el hielo durante el invierno. Tienen un 
desplazamiento de 4.200 toneladas, y las máquinas desarrollan 
4.000 caballos indicados. 

El resultado que dan es muy satisfactorio, porque hielos de un 
espesor de tres pies resultan completamente rotos, y el servicio 
puede hacerse regularmente también durante los terribles invier- 
nos que se experimentan en aquellas lejanas regiones. 

Otxos ferry boats semejantes fueron ordenados por el gobierno 
ruso, para la travesía del golfo de Finlandia y para servir afines co- 
merciales y militares. 

En fin, sin ir más lejos, en Río Janeiro hay, en la bahia, un ser- 
vicio de ferry boats á vapor entre Praya Grande y Santo Do- 
mingo, para el transporte de vehículos ordinarios y personas, el 
que presta desde años un servicio excelente. 

La conclusión de todos los estudios arriba indicados, es que los 
ferry boats ofrecen el medio más económico para conectar entre 
sí las líneas férreas ó los caminos carreteros, cortados por una 
extensión de agua, allá en donde la construcción de un puente ó 
de una galería subácuea sería imposible á causa del gasto ó de di- 
ficultades técnicas. 

Ni la magnitud de la extensión del agua, ni las grandes dife- 
rencias de nivel, producidas por las mareas en el mar ó por las 
crecientes en los ríos, bastan á obstaculizar el servicio regular y 
muy satisfactorio de esta clase de buques, verdaderos puentes mo- 
vedizos. 



— 312 — 



III, — Aplicación de los ferry boats hecha en Italia 

Ferry B OATS ENTRE Reggio CALABRIA Y Mesina. — El resultado 
de los estudios que tuve ocasión de hacer y que están expuestos 
más arriba, fué que el Gobierno Italiano — según propuesta de 
aquel Ministro de Obras Públicas, tan ilustrado y previsor, que fué 
el finado Hon. Genala — aprobara los proyectos confeccionados por 
el infrascripto para la instalación de un servicio de ferry boats á 
través del estrecho de Mesina, para conectar de esta manera los 
ferrocarriles de la península — que unen al Puerto de Reggio 
Calabria — con la red ferroviaria de Sicilia, la que llega al puerto 
de Mesina. 

Los proyectos fueron aprobados á fin del año 1893, y el servicio 
fué inaugurado á mediados de 1896. 

El estrecho de Mesina, representado en la lámina primera, no es 
muy ancho, y la distancia que media por mar abierta entre la em- 
bocadura de un puerto y la del otro, es más ó menos de kilóme- 
tros 13. Este estrecho, es bastante malo por las fuertes co- 
rrientes que lo cruzan, las que á menudo forman peligrosos remo- 
linos, por estar sujeto á recios golpes de viento y á marejadas im- 
petuosas. Estas circvinstancias explican la mala fama que desde 
los tiempos más antiguos tiene entre los marinos el estrecho 
de Mesina. Ha pasado á ser refrán la frase — Encontrarse entre 
Scilla y Cariddi — para decir que uno se encuentra en condiciones 
peligrosas. Y los temidos peñascos de Scilla y Cariddi ?,& levantan 
amenazadores sobre las dos orillas del estrecho. 

El servicio fué organizado entre los dos puertos de Reggio y de 
Mesina porque ya existían en ellos las condiciones naditicas indis- 
pensables para esta instalación, las que son aguas calmosas cerca 
de los muelles de embarque de los wagones y otros vehículos, y el 
espacio, suficiente para la maniobra de los ferry boats. A más, en 
esta posición la derrota del buque se efectúa bajo la protección de 
las poderosas baterías que defienden el estrecho, y esta circuns- 
tancia -es importante para un servicio instituido especialmente por 
razones militares. 

Tipos de ferry boats en relación con el servicio á efec- 
tuarse. — El tráfico ordinario entre la Sicilia y la Península con- 
siste principalmente en los pasajeros y las pocas mercaderías fáciles 
de deteriorarse, como hmoneSj cedros y naranjas, frutas y herbajes 



— 313 — 

tempraneros, las que pueden soportar recargos de tarifas algo ele- 
vadas con. tal que el transporte se efectúe con la mayor rapidez y 
sin estar sujetas á transbordos ó manipulaciones que causen 
averías. 

Las mercaderías relativamente pobres, como ser el azufre, el vino 
y otros productos similares de Sicilia, habrían continuado sirviéndose 
de los buques ordinarios, los cuales ofreeen tarifas mucho más limi- 
tadas que las ferroviarias. 

El tráfico en caso de guerra se proyectó hacerlo de una manera 
análoga á la que se sigue en Dinamarca, ó sea que atravesaran el 
estrecho los wagones cotí caballos, cañones y carros, mientras que 
los soldados que los acompañasen, habrían tenido que bajar del 
tren, ir al ferry hoat, y volver á subir al tren, del otro lado del es- 
trecho. 

Los cuerpos de línea podrían también bajar del tren, ir á bordo 
por escalones formados como si se tratara de pasar por un puente, 
y subir en los trenes á la otra orilla. 

En estas condiciones con un buque de dimensiones modestas, 
con eslora de unos cincuenta metros más ó menos, como se cons- 
tató en las pruebas hechas con \o% ferry boats dinamarqueses, se 
pueden embarcar looo soldados, ó también seis wagones de caba- 
llos ó de carros, juntamente con 600 soldados embarcados á pie. 

Se estableció que la travesía entre Reggio y Mesina tendría que 
ser ejecutada en 40 minutos como máximum, y adoptando áo'i ferry 
boats, se habría podido efectuar una travesía por hora. Así se 
podría satisfacer á cualquiera necesidad comercial ó de guerra á la 
que presumiblemente se hubiera tenido que hacer frente. 

Si en el porvenir, dentro de varios años, el tráfico aumentara de 
manera que fuese necesario un servicio más activo, se podrá en 
cualquier momento hacer ferry boats de dimensiones mayores y 
arreglados de modo que se pueda aprovechar de los mismos slíps 
construidos ahora. Pero, por el momento, el gasto relativo á estos 
grandes /errj' boats no habría sido justificado. 

En las condiciones normales se ha previsto de transportar un 
wagón equipaje, un wagón de mercaderías á gran velocidad, el 
furgón correo, un coche dormitorio, uno de primera clase y uno 
de "segunda.— Necesitando transportar un coche Pulmann, se habría 
sustituido un coche mixto de primera y segunda clase á los dos se- 
parados. 

No necesitará transportar las locomotoras sino en casos excep- 



— 314 — 

Clónales, porque los ferrocarriles de las dos orillas del estrecho per- 
tenecen á dos diferentes conrpañías. 

Para satisfacer á estas condiciones de servicio, se adoptó el tipo 
áeferry boat á una sola via sobre el eje longitudinal de la cubier- 
ta, representado en la lámina número 3. 

Descripción de los ferry boats. — De estos ferry boats se 
construyeron dos, gemelos y con las dimensiones principales si- 
guientes; 

Eslora en cubierta .. m. 54. — 

» entre perpendiculares , » 52.80 

Manga á la sección maestra » 8.24 

Ancho afuera délas ruedas » 15-74 

Puntal ). 3.75 

Calado con carga normal » 2.46 

Desplazamiento correspondiente ton. 607.25 

Desplazamiento por cada centímetro más de inmersuSn.. » 3.50 

Fuerza en caballos indicados IHP. 700 

Vías férreas en cubierta N. i. — 

Wagones que puede recibir » 6. — 

hos, ferry boats tienen todos los accesorios para el servicio de 
transporte de los wagones, como ser : anillos y tendedores de reten- 
ción, paragolpes de seguridad, calzos para las ruedas y todo lo que 
necesita para afirmar sólidamente los wagones á la nave y para que 
no haya peligro de que se muevan aún en el caso de fuertes ma- 
rejadas. Para los viajeros que prefieran hacer la travesía estando 
afuera de los coches, él ferry boat tiene un amplio salón para pasa- 
jeros de primera y segunda clase, con servicio de buffet y café 
dos camarotes especiales para señoras y un cómodo y bien venti- 
lado salón para pasajeros de tercera clase. A los dos lados de la 
cubierta, hay dos cómodos puentes de paseo — promenade dech 
— desde los que durante la buena estación se puede gozar en toda 
su extensión del espléndido panorama que ofrecen las dos orillas 
del Estrecho. 

Será superfino decir que el ferry boat está iluminado á luz eléc- 
trica, bien ventilado en todas sus partes y presenta todas las como- 
didades deseables para ser agradable el viaje á los muchos touristes, 
quienes, especialmente en el invierno, visitan á la Sicilia. 

En cuanto al buque propiamente dicho, no estará de más indicar 
que ha sido estudiado para que ofrezca una garantía absoluta tam- 
bién en las marejadas más fuertes. De los cálculos de estabilidad 



— 315 — 

que se encuentran en el álbum anexo, se desprende que la nave 
descargada tiene el máximum de estabilidad con la inclinación de 
40°, y aun inclinándose hasta los 85° todavía se enderezaría. Con 
cargamento completo en cubierta y con las bodegas vacías, ó sea 
en el caso más desfavorable, la nave tiene el máximum de estabili- 
dad con la inclinación de 32° y aun llegando á los 60° llevaría la 
tendencia á enderezarse todavía. Prácticamente, equivale á decir 
que la nave no puede zozobrar tampoco en las peores condiciones 
de cargamento. 

El casco presenta la particularidad de tener dos timones, uno á 
popa y otro aproa, para poder gobernar igualmente bien adelante 
y atrás, y llevados aletas laterales y una quilla muy saliente para 
disminuir los movimientos del rolido. 

En el centro del casco está el compartimiento de máquinas y cal- 
deras; lateralmente existen dos bodegas para las mercaderías que 
no fuera conveniente llevar á v^^agón completo. Hacia las dos ex- 
tremidades están los salones y los camarotes y las varias reparti- 
ciones para la tripulación y el servicio del barco. 

La máquina es de dos cilindros inclinados, de alta y baja pre- 
sión, con condensador á superficie, y el vapor viene engendrado 
por dos calderas tipo marino del diámetro de metros 3,10 y largo 
m. 3,00, cada una con dos hornos. Hay una caldereta auxiliar 
paralas maniobras y para los dinamos, bombas y demás servicios 
de á bordo. 

Durante las pruebas de velocidad y con la nave en completo 
arreglo de servicio, pero sin carga, se efectuó varias veces y sin 
esfuerzo la travesía entre Reggio y Mesina, en 30 minutos. For- 
zando un poco la máquina, se cumplió la travesía en .?6', á lo que 
corresponde la velocidad de km. 30 por hora, ó sean ló millas. En 
servicio normal se emplea 40 minutos para hacer la travesía. 

Muelles de atraque de los ferry boats. — Los muelles de 
embarque para los ferry boats en los dos puertos de Reggio y 
Mesina, son completamente iguales entre sí. Las figuras 4, 5 7 ^ 
pueden dar una idea de su posición y de su forma. Han sido esta- 
blecidos en la parte más abrigada de los puertos y donde se hi- 
ciesen fáciles las maniobras del buque, para entrar ó salir del 
Slip, ó ensenada de trasbordo de los vehículos. 

Esta ensenada es de forma trapezoidal idéntica á la de las extre- 
midades áQ\ ferry boat, y estk revestida por un doble paragolpes 
ó cojín elástico hecho con pilotes clavados en el fondo y coaligados 



— 3i6 — 

superiormente por fuertes longrinas y apoyados contra resortes 
espirales que apoyan contra las paredes de la ensenada. 

Estos cojines elásticos ó paragolpes, á más de hacer menos 
sensibles los choques que la nave sufre al entrar ó al salir de la 
ensenada, funcionan también como frenos para disminuir las osci- 
laciones del barco en caso de fuertes marejadas. A este fin, basta 
tender mucho las amarras del buque para forzarlo contra los dos 
cojines elásticos : el roce que se produce entre éstos y el verdu- 
guillo del buque, contribuye á hacer menos dañosas las oscilacio- 
nes del buque mismo. 

El puente levadizo para conectar los rieles del mu.elle con los 
áe\ ferry hoat, es de fierro y tiene de largo cerca de 15 metros, es- 
tando arreglado de modo que durante las más bajas mareas y con el 
buque completamente cargado ó también en las máximas altas ma- 
reas y con el barco completamente vacio, el puente mismo no tenga 
nunca una pendiente superior al 50 por mil. De este modo, es toda- 
vía relativamente fácil ejecutar la tracción de los wagones por medio 
de una locomotora de maniobra y hacer así el trasbordo de los 
vehículos en pocos minutos. Este puente levadizo está impernado 
en tierra sobre una fuerte base de hormigón. Está sostenido á la 
otra extremidad por cadenas que giran alrededor de poleas fijas 
sobre dos castillos, los que sirven también de guía al puente para 
que sus movimientos se verifiquen siempre en un plano vertical. 

Las cadenas de suspensión llevan unos contrapesos para equili- 
brar el peso del puente y facilitar la maniobra de levantarlo y 
bajarlo. 

Dos cabrestantes fijos álos castillos de guía del pu^ente levadizo 
y los que actúan sobre las cadenas de sostén, sirven para levantar 
y bajar el puente y hacerlo apoyar sobre ^ ferry hoat. 

El puente levadizo presenta una particularidad digna de ser 
mencionada. Está formado por dos vigas de hierro paralelas que 
sostienen los rieles y que son mantenidas paralelas por vigas trans- 
versales. Pero éstas no son rígidamente aseguradas á las vigas 
longitudinales, pero sí de manera que permitan pequeños movi- 
mientos, de modo que las dos vigas principales apoyan siempre 
contemporáneamente sobre la cubierta del buque aun cuando éste 
por las oscilaciones del mar se encuentre inclinado más ó menos 
en sentido transversal. 

Para impedir, pues, que por un movimiento anormal del buque, 
el puente pueda escaparse de la cubierta de la nave y deje caer log 



- 317 - 

wagones al agua, lleva un fuerte macho de hierro, provisto de ce- 
rrojo, y que une de una manera absoluta el puente levadizo al 
buque, pero sin entorpecer las pequeñas oscilaciones de este último. 
Resultados de los ferry boats italiaiíos. — El gasto efec- 
tuado para estas instalaciones se subdivide como sigue : 

N. 2 : Ferry boats á liras 300.000 cada una. Liras 600.000 

N. 2 : Instalaciones de embarque, con puentes levadizos especiales, cambios 

de maniobra, etc . 250.000 

Eventuales y gastos varios , 50.000 

Total Liras 900.000 

Los áos.feyyy boats fueron construidos por la casa Odero é 
hijos, de Genua, y las instalaciones de puerto, ó sea las ensenadas 
para los /^rry boats y accesorios, por la Sociedad de los Ferroca- 
rriles de Sicilia con arreglo á los planos confeccionados de acuerdo 
con el infrascripto, que funcionaba como Ingeniero consultor por 
cuenta del Gobierno Italiano. 

A esta Sociedad de ferrocarriles fué también confiado el servicio 
de los ferry boats, considerándolo como una prolongación de sus 
lineas y aplicándosele las mismas tarifas para los transportes á 
más de concederle una suma fija anual como prima de navega- 
ción. 

Estos ferry boats funcionan desde casi dos años sin haberse 
producido el menor inconveniente y con plena satisfacción del 
público y del comercio, como también de los militares, quienes 
reconocen en este servicio un poderoso auxiliar para el rápido 
transporte de tropas y materiales á través del estrecho y para 
aumentar la eficacia de la defensa entre la Sicilia y la Calabria. 

Ferry boats en las lagunas de Venecia. — Vistos los resulta- 
dos satisfactorios de esta instalación, el Ministro de Obras Públi- 
cas, Hon. Saracco, dio orden al infrascripto de estudiar un proyecto 
semejante para las necesidades del puerto de Venecia. Allá se 
precisa llevar los wagones desde la estación maritima á los almace- 
nes de la aduana del canal de la Giudecca, al Arsenal de la Armada 
ó al lado de los buques fondeados en los varios puntos más abriga- 
dos de la laguna véneta. La lámina N." 2 indica la posición de la 
ensenada para el trasbordo de los wagones y el tipo de naves á 
adoptarse para este servicio. En el caso de Venecia, como no se 
trata de recorrer sino cortas distancias en aguas casi siempre cal- 



- 3T« - 

mosasj y como para este servicio más que á la rapidez de maniobra 
hay que mirar el menor gasto posible de instalación, se creyó 
útil adoptar — en lugar de los ferry boats automóviles con máquina 
propia — simples pontones remolcados. 

En la lámina 2.% está indicado el tipo de estos pontones, pareci- 
dos á los que los Norteamericanos llaman car floats. 

De este modo, un sólo remolcador á vapor puede remolcar á 
varios pontones, dejarlos en los diferentes puntos donde hay que 
efectuar operaciones de trasborde de mercaderías entre los wago- 
nes y los buques ó almacenes, para después volver á tomarlos 
cuando el trasbordo esté concluido. Estos pontones son de una 
sola via central y llevan de 4 á 5 wagones cada uno. 

El casco tiene eslora de 30 metros más ó menos, manga de 6 
metros y puntal de m. 2,20. Sus formas, estructura y accesorios 
son idénticos á los de los ferry boats automóviles que hacen la 
travesía del estrecho de Mesina. 

El proyecto está ahora en curso de ejecución. 



Conclusiones 

De los estudios y de las prácticas aplicaciones de ferry boats 
que el infrascripto tuvo la ocasión de hacer y que tiene ahora el 
honor de exponer á ustedes, señores, nace espontánea la conclu- 
sión de que sería fácil establecer instalaciones análogas en el Río 
de la Plata y en sus grandes afluentes. Se podrá así resolver el 
problema de facilitar el movimiento comercial de una á otra orilla, 
y la concentración de tropas y especialmente de caballos, caño- 
nes y bagajes. Estos buques responderían á los dos requisitos, de 
servir á las necesidades del comercio y á la defensa del país. 

En este espléndido estuario del Plata, en los grandiosos é im- 
portantes afluentes suyos, el Paraná y el Uruguay, no hay los terri- 
bles hielos de los ríos norteamericanos y siberianos ; no hay las 
fuertes correntadas ni las marejadas de los estrechos de Dinamarca 
y de Mesina, ni del canal de Spithead; no hay las mareas de 18 
pies del estuario del Forth, ni tampoco las enormes crecientes de 
45 pies del río Volga. Aquí la naturaleza es más calmada, más 
normal, más metódica.- Por eso el problema se presenta sin gran- 
des dificultades y puede resolverse sin grandes gastos. La única 
dificultad sería la diferencia de trocha de las líneas férreas de las 



— 319 — 

dos orillas. Pero esto se puede remediar imitando, por ejemplo, 
lo que se hace en Alemania para el transporte de trenes militares 
sobre líneas de diferente trocha. 

Las condiciones de la República Argentina siendo casi idénticas 
á las de Italia, el problema podría resolverse en los dos modos que 
el infrascripto tuvo la ocasión de aplicar en su país. 

En el estuario del Plata, que podría considerarse casi como un 
brazo de mar por su gran extensión, conviene la instalación de 
ferry boats á ruedas, con casco de formas marineras, semejantes á 
los que hacen la travesía del estrecho de Mesina. 

Por el Paraná ó por el Uruguay, que no tienen un ancho excesivo 
ni correntadas ó aguas fuertemente agitadas, podrían adoptarse, 
por ahora, chatas ó car fio ais á remolque, como se usan en Nueva 
York y como se adoptarán en Venecia, ó mejor aun, — si el tráfico es 
suficiente, — convendrá adoptar ferry boats á ruedas, pero con 
fondo chato, los que se adaptan mejor á la navegación en el río. 
El único punto en que estos buques tendrían que ser diferentes de 
los adoptados en Italia, es que debería haber en cubierta una vía 
férrea de trocha ancha (m. 1,67o) y otra de trocha normal (m. 1,445) 
para poder recibir indiferentemente los wagones de las d(js tro- 
chas. 

Análogamente los puentes levadizos y las varias instalaciones 
para el trasbordo y maniobras de los wagones en las estaciones de 
las dos orillas, tendrían que ser hechas con tres líneas de rieles, 
para adaptarse á las dos diferentes trochas. Además, para servir 
también á los vehículos ordinarios, á las caballadas y tropas de 
hacienda que tanta importancia tienen en el comercio de la Repú- 
blica, la cubierta de los ferry boats será sistemada con afirmado de 
madera que ofrezca buena base al pie de los animales. 

Así, estos /e;'r>' boats funcionarían como verdaderos puentes 
flotantes y servirían tanto á los transportes por ferrocarril como á 
los por caminos comunes. Sin embargo, para los wagones de 
ferrocarril, quedarían las dificultades de diferencia de trocha. 
Hasta tanto que no se llegue— como sería deseable — á la adop- 
ción de una trocha uniforme para todas las líneas de la República, 
esta dificultad se podrá salvar de dos maneras : provisoriamente, y 
hasta tanto que el tráfico sea bastante desarrollado, se podrá 
llevar un tren de wagones de una trocha al lado de un tren de 
wagones de la otra trocha y después trasbordar la carga de^ un 
wagón al otro, inmediatamente en frente. Así se podrá hacer rapi- 



— 320 — 

damente la maniobra, evitando las confusiones y averias que suce- 
den en los trasbordos entre wagones y naves. 

Esta maniobra se efectúa diariamente entre las vías del Ferro- 
carril Central de Córdoba y Ferrocarril Central Nacional en la 
estación de Córdoba, en Rosario, en Santa Fe y Gálvez. Pero me- 
jor sería imitar lo que se practica en Alemania; esto es, disponer el 
wagón de una trocha sobre dos zorras, tipo hogies, con trocha de 
la otra red férrea. Esta solución fué ya adoptada en el servicio 
alemán para los trenes militares que tengan que recorrer los ferro- 
carriles de Rusia con trocha más ancha ó aqu.ellos de trocha an- 
gosta de la Nebenbahnes, ó sea de la red secundaria. 

Cualquiera que sea la solución que se adopte para evitar las 
dificultades de trocha, es un hecho que con la adopción de ferry 
boats capaces de transportar soldados, cañones, caballos ybagajes 
de una á otra orilla de los grandes cursos de agua argentinos, se 
facilitarían inmensamente los movimientos de tropa. Al mismo 
tiempo estos buques serían sumamente útiles para el comercio, y 
se evitarían todos los gastos, averías y pérdidas de mercaderías que 
se originan en los trasbordos entre wagones y buques; se bajarían 
las tarifas y los fletes y se daría incremento á un movimiento co- 
mercial éntrelas dos orillas de los grandes ríos, y el que no puede 
ahora desarrollarse á causa de los inconvenientes materiales y 
económicos que lo obstaculizan. 

Las fértiles provincias de Entre Ríos y de Corrientes, que forman 
la Mesopotamia argentina, tan ricas y promisorias cuanto la risueña 
tierra bíblica, no quedarían más aisladas y entrarían en la órbita 
de movimiento y de progreso de las otras provincias directamente 
ligadas por líneas férreas á la Capital Federal. 

Buques del tipo indicado, que serían preciosos en el caso even- 
tual de la defensa de la Nación, servirían desde luego á las nece- 
sidades de la agricultura, de la ganadería y del comercio, contri- 
buyendo al desarrollo de la población y de la riqueza de extensas 
y fértiles zonas del territorio argentino. — {Aplausos). 

Sr. Honoré. — He oído con placer extremo, no la primera parte, 
por haber estado ausente, sino lo esencial de la tesis sostenida por 
el Ingeniero Luiggi. Es la primera vez que oigo hablar en una capi- 
tal ó sede de gobierno americano, de un estudio propio, de un es- 
tudio que tiene por objeto el conocimiento del tipo más conveniente 
para la navegación local de la región de que se diserta y habla. 



Ji 



woo 



PLANO DEL PUERTO DE MESSINA 

¿■sra/„ l:12.SO0 



PLANO DEL ESTRECHO DE MESSINA 

Bsoala HJS.OOO 



PLANO DEL PUERTO DE REGGIO CALABRO 



Escala no/joo 




B 



PLANO DE LA ESTACIÓN MARÍTIMA DE VENECIA 



Escala MO.ooo 




MUELLE DE ATRAQUE DE LOS PONTONES PARA FERROCARRIL 



Plano 
Escala liao 




£><i..„¿ S, 



VISTA DE COSTADO DE UN PONTÓN 



VISTA DE FRENTE 




\.y 



— .S2I — 



En nuestra República se adolece de un defecto general, defecto 
inherente á la manera como se ha hecho y forma nuestra pobla- 
ción y elementos de nacionalidad. Como nuestros padres proceden 
del extranjero y nos han hablado de cosas de su tierra, han con- 
cluido por convencernos de que tenemos el deber de imitar lo que 
se hace en el viejo mundo. Yo creo que un" ingeniero y científico 
americano tiene mucho que estudiar de las escuelas del viejo 
mundo; los principios científicos, las leyes fundamentales de las 
artes y de las ciencias, tenemos que beberías en esas fueates; pero 
un defecto en que han caído los ingenieros, es una imitación servil, 
no de los principios, sino de la aplicaciones que de ellos se de- 
rivan. 

Es la primera vez que oigo á un ingeniero, de buscar tipos de 
embarcaciones para el Río de la Plata y afluentes, y francamente, 
debo decir que horizontes nuevos abre el Ingeniero Luiggi en- 
trando en este camino tan fecundo para nosotros. Si examinamos 
el tipo de barcos de que disponen las Repúblicas Sudamericanas, 
veremos que nuestros ingenieros y marinos no se han ocupado de 
resolver este problema. ¿Cuál es el tipo que" conviene á nuestras 
condiciones locales? Hemos traído tipos admirables: torpederos, 
destróyer, acorazados, cruceros, pero nada se resolvió respecto al 
tipo conveniente para el Plata, y corremos el riesgo de entraren él 
con tipos de navegación que no pueden moverse. 

No quiero citar casos ni ejemplos, porque no quiero herir sus- 
ceptibilidades, pues tanto en mi país como en la República Argen- 
tina, se han hecho adquisiciones inútiles, y felicito al señor Luiggi 
por haber abordado el estudio en esta forma. Por mi parte, he estu- 
diado esta cuestión y arribé á resultados distintos de los del Jefe de 
la Escuadra, pero eso era porque se planteaba mal el problema. En 
vez de seguir lo que dice el señor Ingeniero Luiggi, inspirándose 
en ese espíritu de imitación, se prefirió adoptar los tipos que habían 
dado resultado en el extranjero, pero que fracasaron por complct<« 
en el Plata. 

No quiero extenderme más; sólo diré que la novedad que pre- 
senta el señor Luiggi, merece el aplauso de los Ingenieros y nave- 
gantes. 

Sr. Huergo. — Pido la palabra. 

La memoria leída por el señor Ingeniero Luiggi, es interesante 
bajo un doble punto de vista: i.^El de la comunicación de las vías 
férreas por medio de ferry boats entre las orillas del Plata, Para- 



T. II 



— 322 — 

ná, Uruguay y Paraguay; 2." La cuestión de la diversidad de 
trochas de ferrocarriles existentes en la República, pues son tres : 
una de i m. 67, otra de i m. 44 y otra de i metro. Estas dos cues- 
tiones no son nuevas en el país. Se han proyectado varias líneas de 
ferrocarril en las orillas del Paraná, y en 1888, el Departamento 
de Ingenieros informaba en la construcción de una de ellas, indi- 
cando la conveniencia de adoptar ferry boats en vez de un gran 
puente. 

Yo he tenido ocasión de conocerlos, pero no en tan vasta escala ; 
ya en 1852, cruzaban en gran número de New- York á Brooklyn, 
el río Hudson, estos ferry boats. Los hay ahora en todas partes y 
de todas dimensiones, el mayor de ellos existente, es el Solano, 
que está en el estrecho de Catenin, y que tiene una velocidad de 
ocho nudos, calado de 19 pies; 130 metros de eslora y 20 de ancho; 
tiene 4 timones y puede llevar 24 coches de pasajeros, ó 48 wago- 
nes de carga con locomotora. 

He leído con interés la memoria del señor Ingeniero Luiggi, por- 
que es de gran interés, pero no se fija en un tipo de buque, el más 
adaptable al país, por poder cargar en medio de nuestros grandes 
ríos ó de costado en nuestros estrechos arroyos. Este el tipo del 
«Tinestown». 

Este buque tiene una cubierta movible que puede subir ó bajar 
de 15 pies y 3 pulgadas. 

Entre nosotros los ríos son de poco fondo en las riberas, y los 
arroyos son demasiado angostos para que los buques puedan po- 
nerse transversalmente ; entonces lo que conviene aquí, es la clase 
de buques que levantan sus cubiertas hasta la cubierta de los bu- 
ques de ultramar ó de cualquier pequeño muelle que se construya 
en la costa, lo que permite que las haciendas puedan por sí mismas 
entrar al buque, como se cargan hoy en los ferrocarriles. 

Esto de subir con pescante ó levantar de otra manera á los 
animales, uno por uno, ofrece muchas dificultades y es muy pre- 
ferible hacerlo como lo indico ; además, nuestra costa ñuvial ad- 
quiere cada día más importancia, como lo demuestra la estadística 
para los puertos del Rosario, Paraná, Santa Fe, San -Pedro, San 
Nicolás, etc., y como desgraciadamente, los grandes buques no pue-, 
den llegar á la costa, sería de gran utilidad el empleo de ferry boat, 
que fuera desde la costa al vapor, levantara su cubierta al nivel de 
los buques de ultramar y embarcara directamente la hacienda. 

En Montevideo me parece que la carga de hacienda ofrece mu- 



— 323 — 

cha dificultad. Vapores como éstos, harían la carga muy fácihnente, 
y yo fehcito al señor Ingeniero Luiggi, por haber traído esta cues- 
tión al Congreso Científico, aunque, como he dicho, esta no ha 
sido desconocida para el Departamento de Ingenieros. 

La otra cuestión, es la diferente trocha de los ferrocarriles, cues- 
tión que se discutió hace más de 2Ó años, en que estando ya la 
trocha de 1.Ó7 m., se adoptó para la construcción del Ferrocarril 
Central Argentino, desde Córdoba á Tucumán, la de i metro. 

Tenía yo en aquel tiempo mis opiniones hechas sobre los gran- 
des males que esto iba á acarrear al país, y me apresuré á publicar 
estos dos folletos ; además, solicité la opinión de muchos ingenieros 
argentinos, muchos de los cuales me dirigieron cartas, en las que 
manifestaban los grandes entorpecimientos que esto debería aportar 
en lo futuro ala República. Sin embargo, el Ferrocarril de Córdoba 
á Tucumán se construyó. Posteriormente se han construido los 
ferrocarriles de Entre Ríos y Corrientes con trocha de 1.44, como 
si con esto se quisiese aislar más de lo que están dos provincias 
argentinas de las demás. Esta construcción se apoyó en una pre- 
tendida economía, de la trocha angosta sobre la ancha, falsa, como 
se puede ver en las siguientes cifras. 

(Aquí lee unos párrafos de unos de los folletos — en que hace ver 
la diversidad de precios para la construcción de los mismos galpo- 
nes con las mismas superficies, etc., según que se trate de ferrocarril 
de trocha angosta ó ancha.) 

Con estos argumentos se probó que el ferrocarril de trocha an- 
gosta reportaba al Tesoro público un 2¡ % de economías. La dis- 
cusión se mantuvo en un tono intempestivo, debido á mis pocos 
años y á mi poca experiencia, y viendo que con esto se hacía un 
daño inmenso al país, concluía un artículo, una vez, citando unas 
palabras del Ingeniero Culman y en las que, entre otras cosas, decía: 
« Estas afirmaciones no son sostenibles por triviales y son crimina- 
les por la tendencia que tienen á extraviar la opinión pública». 

Volviendo sobre la cuestión, diré que al examinar la interesante 
memoria del señor Luiggi, se me ocurrió ver cómo se podría evitar 
esta dificultad. Uno de los medios que podría usarse sería el de 
acumular en los terminales de los puertos de los varios ferrocarriles 
de las Provmcias, wagones de diferentes trochas. Con cuatro rieles 
se tendrían en la cubierta las tres trochas, y las tropas militares 
como las haciendas irían desde su punto de embarque hasta su 
destino sin cambio de coche ó wagón, con toda la mayor rapidez y 
economía de trasbordo. 



- 324 — 

Con esto, como se ve, se suprime un trasbordo. Siento haberles 
tomado tanto tiempo, pero como se trataba de dos cuestiones de 
tanta importancia, no me contentaba con el solo aplauso á la ini- 
ciativa del señor Luiggi, y he querido hacer estas observaciones. 

Sr. Luiggi. — Agradezco á los señores Huergo y Honoré, por los 
términos lisonjeros con que han juzgado mi trabajo, y acepto todas 
las variaciones que el señor Huergo propone. 

Sr. Secretario Barabino. — Hago moción para que se dé un 
voto de gracias al señor Luiggi. — {Apoyado). (Grandes aplausos)^ 

Sr. Presidente. — Se va á continuar con la orden del día; el se- 
ñor Soulages tiene la palabra. 



Aplicación de ia Estática gráfica á los problemas fundamentales 
de la Topografía 

Por el Ingeniero EDMUNDO SOULAGES 

ADVERTENCIA 

AMeer el título, más de un lector se habrá preguntado qué rela- 
ción puede, efectivamente, haber entre Topografía y Estática 
gráfica. 

Verdad que se hubiera podido sustituir Estática por Cinemática, 
hasta por Teoría de la elasticidad, ya que en el fondo, todas esas 
ramas tienen una parte común, con la única diferencia que el modo 
de interpretar las mismas relaciones varía de una á otra. 

Elegimos Estática gráfica, porque se habla de funicular, de fuer- 
zas en equilibrio y de ecuaciones de deformación; pues la defini- 
ción de la Estática puede también comprender los sistemas que no 
son estáticamente determinados ; sería mera convención el limitar 
la definición á los sistemas estáticamente determinados, ó más ge- 
neralmente, hacer en ese sentido restricciones de un orden cual- 
quiera. 

Tal vez se pueda contestar también la propiedad de la expresión 
problemas fundamentales de la Topografía. A este respecto, 
debemos decir que se puede dividir la Topografía en dos partes : 
una descriptiva y la otra racional; la primera, tratando de los di- 



325 — 



versos instrumentos y métodos empleados, y la segunda, del modo 
de coordinar los resultados de las medidas para un objeto determi- 
nado y de la comparación de los diversos métodos al punto de 
vista de la exactitud que se quiere alcanzar. 

Esa división muy lógica, acaba de justificar lo que el título puede 
tener de heterogéneo á primera vista. 



Comprende tres partes: 

I.— Método general de cálculo de un levantamiento. 

II.— Método gráfico de comprobación de la exactitud de un le- 
vantamiento. 
III.— Nuevo método analítico para el cálculo de las superficies. 



I. — MÉTODO GENERAL DE CÁLCULO DE UN LEVANTAMIENTO 

I. Sóbrelos sistemas de puntos efi general 

El objeto de un levantamiento cualquiera, es determinar las posi- 
ciones relativas de un cierto número n, de puntos, por medio de 
longitudes y ángulos. Esas longitudes y ángulos no son forzosa- 
mente las distancias de dos cualesquiera de los n puntos ó los 
ángulos que formen entre ellas las visuales tomadas de uno de 
ellos sobre otros dos cualesquiera. 

Si consideramos el sistema de puntos representado por la figu- 
ra l : A, B, C, D, E, F, no es necesario que las distancias medidas 
sean AB, BC...., FA y los ángulos ABC, BCD.... ; se puede, por 
ejemplo, tomar la distancia ML ó NP y un ángulo como LPN con 
tal de que sean conocidas las posiciones de M sobre CD, L sobre 
BA, N sobre DE y P sobre LM. 

Cada medida de longitud ó ángulo indistintamente, será una 
condición para la determinación del sistema. 

Es fácil demostrar que las posiciones relativas de un sistenm 
de n puntos, estarán completamente determinadas con 2n-3 
condiciones. 

Las distancias AB, BC,.... ó los ángulos ABC, BCD,.... las lla- 
maremos condiciones directas, y á longitudes tales como LM, 
PN, ó ángulos como LPN, condiciones indirectas. 



— 326 — 

Las 2n-3 condiciones del enunciado que antecede, son directas 
ó indirectas, y ese número 2n-3, es á la vez el número de condi- 
ciones necesarias para determinar geométricamente el sistema y el 
número de medidas necesarias para determinarlo prácticamente. 



2. Sistemas directa é indirectamente determinados 

Si entre las 2n-3 condiciones necesarias para la determinación 
del sistema, hay, á lo menos, una indirecta, el sistema se dirá indi- 
rectamente determinado ó de segunda especie, y directamente 
determinado ó de primera especie, si las 2n-3 condiciones son 
directas. 

Un sistema de primera especie se puede construir llevando 
sobre el papel las medidas directas en un orden conveniente. 

Un sistema de segunda especie no se puede construir así direc- 
tamente, habría que recurrir á construcciones geométricas que, por 
lo general, serían muy complicadas, ó calcular analíticamente cier- 
tas coordenadas ó ángulos en función de las condiciones dadas, 
cuyos cálculos serían también muy laboriosos. 

Luego daremos un modo sencillo de resolver esos sistemas de 
segunda especie; es lo que hace más especialmente el objeto de 
la primera parte del artículo. 



3. Sistemas con condiciones superfinas 

En un levantamiento de n puntos no se toman en general 2n-3 
medidas, sino un número siempre superior ; eso, por la razón evi- 
dente que cada medida que exceda de las 2n-3 es una comproha- 
ción. No sólo tiene esa propiedad, sino otra, como luego veremos. 

Las condiciones, además de las 2n-3, son superfinas, ya que 
debe existir una relación entre cada una de ellas y las otras 2n-3. 

En Estática, sabemos que las condiciones superfluas en un siste- 
ma elástico, son como nuevos esfuerzos introducidos en el sistema, 
que á veces pueden favorecer la resistencia y otras perjudicarla. 

En Topografía, esas condiciones superfluas tienen un papel aná- 
logo : de la relación que existe entre las condiciones superfluas y 
las necesarias, se deduce una relación entre los errores; una correc- 
ción ó compensación racional, puede aumentar la exactitud del 



— 327 — 

sistema y una corrección arbitraria la perjudicará por lo ge- 
neral. Como ejemplo, basta recordar la compensación de los 
errores en los ángulos en el método ordinario de levantamiento 
poligonal. 



4. Ecuaciones de deformación 

Consideremos una poligonal cualquiera, que une entre ellas los 
puntos de un sistema dado A, B, C, D, E, F. Supongamos cono- 
cido un sistema de elementos (longitudes y ángulos) que lo deter- 
minan directamente. 

Si A, B. ...F representa en la figura 2 el sistema real de puntos \' 
elementos que han servido para determinarlo, dado que sean rigu- 
rosamente exactos. A', B' ... F' representará el sistema de puntos 
y elementos medidos efectivamente, ya que se puede siempre supo- 
ner que coinciden el punto A y una dirección cualquiera AN, 
en las dos figuras. Las dos figuras no se superponen á causa de los 
errores inherentes á las diversas medidas, cuyos valores pueden 
ser inferiores á cualquier límite fijado de antemano, pero nunca 
anularse. 

Se ve que el efecto de los errores es producir ciertos desplaza- 
mientos. 

Es fácil ver (véase los Anales de 1893) que un error en una 
longitud cualquiera, produce una traslación del punto F, por 
ejemplo, geométricamente igual al error; y un error en un án- 
gulo, produce una rotación del mismo punto al rededor del 
vértice correspondiente, igual al mismo error. 

Llamando X el error en una longitud, a', a" sus proyecciones 
sobre dos ejes cualesquiera rectangulares, que pasan por F; a el 
error en un ángulo cualquiera, d la distancia del vértice corres- 
pondiente á F; d', d" sus proyecciones sobre los mismos ejes, te- 
nemos que, indicando con A, A', A" el desplazamiento de F y 
sus proyecciones : 

(1) A' - S X' - S a d" 

(2) A" = S X" + S a d' 

Si además de los ángulos en B, C,....F, se conocieran los ángulos 
BAF v EFA, tendríamos que la suma de los errores sena tal que 



- 328 - 

(3) S a = S A — {n-2) 1 8o' 

Esas fórmulas no son otras que las fórmulas de deformación de 
los arcos, ya que se deducen de consideraciones idénticas. Por 
otra parte, la Teoría de la elasticidad no es, en substancia, más que 
Cinemática. 

Es bueno llamar la atención sobre este punto : primero, por la 
relación de identidad que existe entre los errores en Topografía y 
los desplazamientos en Elasticidad; y en segundo lugar, para seña- 
lar la anomalía, que consiste en privarse en Topografía de fórmulas 
que pueden prestar servicios inapreciables y cuyo conocimiento de- 
bería lógicamente preceder el estudio de la Teoría de la elasticidad. 

Para recordar esa analogía, llamaremos las ecuaciones (i) (2) y 
(3) ecuaciones de deformación. 



5. Antipolo y centro de rotaciones 

Recordaremos que si se mantiene fijo el extremo de un arco, el 
desplazamiento del otro extremo ó de cualquier punto unido con 
él, bajo la acción de una fuerza, es una rotación alrededor del 
antipolo de la fuerza con respecto á la elipse central del arco. 

Este enunciado es más complicado que la demostración. Es fácil 
ver que no es más que una interpretación de la propiedad siguiente 
en la figura 2 : El punto F se desplaza alrededor del centro de 
las rotaciones a^ si por un momento suponemos nulos los errores 
en longitud. Hemos estudiado las propiedades de este centro de 
rotaciones en los Anales (1893). 



ó. Aplicación de las ecuaciones de deformación en el caso de 
sistemas directamente determinados y con condiciones su- 
perfluas. 

I. Si además de medirse los elementos necesarios para determinar 
el sistema A B C... F (fig. 2) : los n-i lados A B, B C,.... y los n-2 
ángulos ABC, B CD,....se mide BAF ó EFAóAF, tenemos 
una de las dos primeras ecuaciones de deformación. 

II. Si se conocen dos cualesquiera de estos últimos elementos, 
tenemos dos cualesquiera de las ecuaciones de deformación. 



— 329 — 

III. Si se conocen estos tres elementos, tenemos entonces las tres 
ecuaciones de deformación. 

A cada uno de esos casos se les podría llamar de cierre simple 
en I, doble en II, triple en III, 

Corresponden respectivamente á un número 1,273 de condi- 
ciones superfinas. 

La ó las ecuaciones de deformación que se puedan establecer, 
dan indicaciones de utilidad acerca de la distribución de los errores, 
estudio que hemos hecho también en los Anales. 

Más generalmente, cada medida además de las 2n-3 es superflua 
y da una relación análoga á (i) (2) ó (3) en la que entra también 
un término que contiene el error en el elemento superfino. 



7, Aplicación de las ecuaciones de deformación en el caso 
de sistemas indirectamente determinados 

En este caso, las ecuaciones de deformación permiten resolver 
un sistema de un modo mucho más rápido que una construcción 
de geometría pura ó un cálculo de geometría analítica. 

El método consiste en buscar por iin método cualquiera 
gráfico ú otro un valor más ó menos aproximado de un nú- 
mero suficiente de elementos para que esté con ellos direc- 
tamente determinado el sistema ; se escriben entonces tantas 
ecuaciones de deformación como valores aproximados se han 
adoptado. 

En otras palabras, se asimilan las correcciones á errores. Vamos 
á dar dos ejemplos. 



Para determinar un sistema de 4 puntos A, B, C, D (fig. 3), se 
conocen las longitudes A B, B C, C D, D A y el ángulo AME; 
(las posiciones de M sobre A B y de E sobre C D son conocidas); 
se quiere calcular los demás elementos. 

Supongamos que por un procedimiento cualquiera se hayan 
determinado los ángulos B, C y D y que con esos valores aproxi- 
mados se ha calculado la poligonal A (M) B C (E') D' A'. 

Vamos á escribir tres ecuaciones de deformación que bastará 



— 330 — 

resolver para tener las correcciones que hay que hacer á los valores 
aproximados; sean [3, y, o esas correcciones. 

Obtenemos una ecuación escribiendo que las correcciones tendrán 
por efecto colocar E' sobre M E es decir que, si u y v son las 
distancias de B y C á la recta E' Y' normal á M E^ 

g u + Y V = E' E" 

Obtenemos dos ecuaciones más escribiendo que las correcciones 
tendrán por efecto hacer coincidir A' con A ; si x^ o; x'^ y': x", y" 
son las coordenadas de B^ C y D con respecto á X A Y^ 

¡3 X + Y x' + 5 x" = A' A" 
Y y' + o y" = A A". 

Esas correcciones ¡3, y? ^ que hacen cerrar el polígono, sumadas 
con sus signos á los valores adoptados, dan los valores buscados. 



II 

Dadas las coordenadas de 3 puntos A B C en un sistema de ejes 
X O Y, determinar las coordenadas de un punto M conociendo los 
ángulos AMB = VyCMB=V, (fig. 4). 

■ Supongamos que se hayan obtenido valores aproximados de las 
3 distancias de M á A, B, C y del ángulo B A M, sean L, N, L' y 
A esos valores que habrá que corregir de 1, n, 1' y a para obtener 
los valores exactos que daria un método directo. 

Con A L N L' se calculan B A M' B', B C M" B", tenemos, por 
ejemplo, que 

u — L eos A — N eos ( TT — A — V ) = r 
L sen A — N sen ( ti — A — U ) = s 

que dan las proyecciones r y s de B B' sobre A B y un eje nor- 
mal ; tendríamos dos relaciones análogas que darían las proyecciones 
r' y s' de B B" sobre B C y un eje normal. 
Entre las correcciones, tenemos las relaciones 



— 331 — 

a u + 1 sen A — n sen ( - — A — V ) = r 
1 eos A + n eos { - — A — U ) =r s 
— a V + 1 sen C — n sen ( - — C — V ) = r' 
r eos C + n eos ( - — C — V ) = s' 

que expresan que las correcciones a, 1, n, 1' tienen por efecto 
hacer coincidir B' y B" con B. 

En la tercera ecuación, el coeficiente de v es — a yaque tenemos 

A+ c +u +v + A bTm' B' + B c7^' M" = a - 

ó diferenciando 

d A + d C = o 

por considerarse todos los ángulos menos A y C como exactos. 

Tenemos por fin, indicando con £, í, las correcciones que hav 
que hacer á las coordenadas aproximadas de M' por ejemplo : 

£ =z 1 eos X — a L sen X 
t = 1 sen A — a L eos X 

siendo X el ángulo de A M' con O X. 

Expresan simplemente que para hacer coincidir M' con M hay 
que desplazar M' de M' D y D M. 

Se pueden escribir otros dos sistemas de dos ecuaciones, expre- 
sando que para hacer coincidir M" ó M'" con M se puede desplazar 
M" según M" E y E M y M" según M'" F y F M. 

Esas ecuaciones darían naturalmente el mismo valor para cada 
una de las coordenadas del punto M que las dos ecuaciones que 
hemos escrito. 

8. Observación sobre los puntos secundarios 

En el ejemplo I, los puntos M y E que llamaremos secundarios, 
no se pueden contar como condiciones. En efecto, siendo deter- 
minado un vector, es decir, dos puntos y la orientación de la recta 
que los une, quedan por lo mismo determinados todos los puntos 
de la recta que lo lleva, pero de nada sirven, por si mismos, para 



— 332 — 

la deteríninación del sistema : únicamente en el caso de existir 
cierta relación entre puntos secundarios y principales ó entre se- 
cundarios solos, se debe contar una condición ó más, generalmente 
tantas condiciones como relaciones. 

La definición de punto secundario se puede generalizar, por 
ejemplo, en la figura i, R determinado por CBRyBCRóT de- 
terminado por FAT y FET son secundarios ; no sirven, por si 
mismos, para la determinación del sistema considerado, si no hay 
entre ellos ciertas relaciones conocidas como, por ejemplo, de ser 
vistos de D bajo un ángulo R D T conocido, ó de ser tales que se 
ven de R, por ejemplo, bajo un ángulo conocido dos puntos cua- 
lesquiera : C R D ó D R T, etc., ó de ser conocida la distancia R T. 

Se puede por tanto definir un punto secundario , un punto 
determinado en función de los del sistema principal por dos 
condiciones. 

Si se consideran los puntos secundarios, en número de n' , incluí- 
dos en el sistema principal, no se cambia el número de condiciones 
superfinas del sistema : en efecto, si nabia p condiciones superfinas, 
es decir, 2 n — 3 + P condiciones, la introducción de los puntos 
secundarios cambia este número en 2 (n + n') — 3 + P- 



9. Observaciones importantes 

Es bueno notar la analogía que existe entre este método y el de 
la Estática, para los sistemas con condiciones superfinas. 

En Estática se suprimen las condiciones superfinas y se aplican 
las fórmulas de deformación al sistema sometido á la acción de 
fuerzas conocidas; como se conocen los desplazamientos finales ó 
totales, se deducen las fuerzas ó condiciones correspondientes. En 
Topografía se adoptan valores aproximados y se aplican las fórmulas 
de deformación; como se conocen también los desplazamientos 
totales, se deducen las correcciones. 

La teoría que acabamos de exponer, además de simplificar la 
solución de muchos problemas, tiene otra propiedad no menos 
digna de notarse, sobre todo desde un punto de vista exclusiva- 
mente práctico, es que suministra un medio elegantísimo de hacer 
cerrar un polígono con cualquier grado de exactitud, ó más bien 
dicho, de hacer á una mensura mal hecha las composturas necesarias 
de modo que parezca hecha con la requerida prolijidad. Por no 
multiplicar los ejemplos no daremos ninguno de esta clase. 



— 333 — 

n. — MÉTODO GRÁFICO DE COMPROBACIÓN DE LA EXACTITUD 
DE UN LEVANTAMIENTO 

I. Construcción 

Supongamos, primero, que se trata de comprobar si un polígono 
cierra. El levantamiento se ha hecho por el método prescripto por 
el Reglamento, es decir, que está directamente determinadf) el sis- 
tema de pvmtos constituido por sus vértices. 

Es claro que no es de una construcción directa que queremos 
hablar, pues de cualquier modo que se haga, los errores gráficos 
en los ángulos están afectados de coeficientes de infinencia muy 
grandes, como lo muestran las mismas fórmulas de deformación. 

Si no hubiera errores de ninguna clase, el polígono cerraría 
exactamente, es decir, que si se supone que los vectores A B, 
BC, .... (fig. 5) sean iguales respectivamente á vectores concu- 
rrentes o B', o C, (fig. ó), que se pueden asimilar á fuerzas ; 

dichas fuerzas estarán en equilibrio. 

Es fácil demostrar que esta última propiedad se puede interpre- 
tar de este modo : El centro de gravedad de pesos iguales con- 
centrados en A', B',.-- coincide con O. 

Por tanto, el método consistirá en trazar con un origen o, cua- 
lesquiera vectores iguales á los lados consecutivos del polígono, 
y comprobar si el centro de gravedad de pesos iguales concen- 
trados en el extremo de cada vector coincide sensiblemente con 
el origen. 

Para determinar este centro de gravedad, el método geométrico 
será generalmente más corto y más exacto que el método de la 
Estática gráfica. 



2. Propiedad característica 

Para apreciar el valor del método, hay que ver la inllucncia que 
tienen los errores gráficos sobre el resultado. 

Los errores gráficos junto con los errores inherentes á las medi- 
das, nos darán un centro de gravedad de coordenadas s t' en vez 
de darnos un centro de gravedad coincidiendo con el origen, y 
tendremos que 



— 334 — 

(i) ns =Se 
n £' = S e' 

Siendo e y e' las proyecciones del desplazamiento del extremo 
de cada vector, debido al error efectivo en longitud, aumentado 
del error gráfico, y al error en el ángulo que forma este vector 
con oX^ que es una suma de errores efectivos, aumentada del 
error gráfico. 

De (i) y (2) sacamos : 

(3) ^ = Se 

n 

(4) a'=2_e' 

n 

El denominador aumenta proporcionalniente á n; el numera- 
dor, por la propiedad de los errores gráficos y efectivos de ser in- 
distintamente positivos ó negativos, y por la circunstancia de ser 
los coeficientes positivos ó negativos y de anularse sensiblemente, 
no atanenta con n, y en todo caso no aunientaproporcionalmente. 

Podemos, por lo tanto, enunciar el resultado siguiente, algo pa- 
radógico y muy notable : 

La exactitud aumenta con el número de lados. 

En resumidas cuentas podemos decir, que si con los elementos 
medidos, el polígono debe cerrar de un modo satisfactorio con el 
cálculo, el método gráfico lo indicará inmediatamente, en atención 
á que los errores gráficos en vez de acumularse tienden más bien 
á compensarse, y sobre todo, á que no se trasmite más que la n'^ 
parte de un error cualquiera al centro de gravedad. 



3. Enunciado más explícito de las propiedades de la 
construcción 

Sea o el centro de gravedad de pesos concentrados en los extre- 
mos de un sistema de vectores concurrentes (fig. 7). A B C... M.... 

i.° Supongamos que en la longitud de un vector hay una equivo- 
cación, es decir, si por cualquier motivo se ha llevado o M' en vez 
de o M, siendo M M' =W. El centro de gravedad del sistema 
A B C... M'.... se obtendrá, agregando al sistema A B C... M.... una 



335 — 



fuerza — P en M y P en M' es decir, un par que producirá una 
traslación o, o' de o, en la dirección del vector, igual á 

W 

ó 

w 

n 

ya que S P = n si se supone P = 1. 

2° Si hay una equivocación en el ángulo de un vector o M con 
o X (fig. 8), que en vez de trazar oM, por ejemplo, se haya trazado 
o M', tenemos, del mismo modo, que el centro de gravedad del 
sistema A B C... M'.., se obtendrá, agregando al sistema A B C... 
M... un peso — P en M y P en M', tenemos, por tanto, también una 
traslación de o, igual á 



M M' 



S P 
o como M M = 2 d sen - , siendo 'f el ángulo M o M', 

'Si 

2 d sen ~ 

2 



Pasando ahora á los errores, es decir, suponiendo '.s bastante 
pequeño, podemos enunciar que : 

I." Por los errores en longitud, el centro de gravedad en vez 
de estar en el origen, sufre una traslación igual d la n" parte de 
la suma geométrica de los errores en longitud. 

2° Por los errores en los ángulos, el centro de gravedad 
sufre otro desplazamiento igual á la n'' parte de la resultante 
de las rotaciones de los puntos M alrededor de o. 



4. Observación 

En vez de tomar para deünición de la exactitud de un levanta- 
miento el modo como cieña un polígono, se puede tomar una 
definición un poco más general, por ejemplo: que dos puntos 



— 330 — 

determinados y la orientación de la recta que los une siendo cono- 
cidos, la poligonal que se trata de comprobar debe formar un polí- 
gono cerrado con dicho vector conocido. 

Una y otra definición, aunque son las que más generalmente se 
adoptan, no son más que comprobaciones parciales. Una definición 
completamente general de la exactitud de un levantamiento, nos 
haria pasar de los limites que nos hemos fijado para este artículo, y 
por otra parte hemos estudiado en esos mismos Anales (1895), una 
definición racional de la exactitud de un plano en general. 



III. — Nuevo MÉTODO analítico para el cálculo 

DE las superficies 

I. Principio del método 

Consideremos un polígono cualquiera, o ABCDEoA^ indi- 
cando con S su sviperficie, tenemos que si se unen sus vértices con 
un punto cualquiera o' del plano que no está indicado en la fig. 9 

(i) S = 2 triángulos o' B C 

teniendo esa suma tantos términos como lados tiene el polígono, y 
cada término su signo correspondiente, pues se trata de suma al- 
gebraica. 

Podemos transformar (i) en 

(2) 2 S = 2 [ B C X distancia de o' ]. 

Si consideramos, como en § II, los vectores A B, B C^ .... como 
fuerzas, podemos interpretar la relación (2) 

2 S = S momento de B C con respecto á o'. 

Es claro que si en vez de tomar el centro de los momentos en o', 
se hubiera tomado otro cualquiera, se hubiera obtenido el mismo 
resultado, ya que el sistema de vectores formando un polígono ce- 
rrado, es equivalente á un par, y el momento del par es cons- 
tante. 

Por lo tanto, podemos escribir : 



— 337 — 
2 S = momento del par 

que no depende del centro, y que podemos, por consiguiente, to- 
mar en o, para simplificar. 

Resolvamos primero gráficamente el problema, y transformare- 
mos después la construcción en fórmula. 

Sea oABCD EoAel polígono de las fuerzas, o el polo, o A, 
o B, .... o E los radios que sirven para trazar el funicular o A B' 
C D' E'. Para simplificar, se ha superpuesto el polígono de las 
fuerzas con las mismas fuerzas, lo que es posible por la circunstancia 
de formar un polígono cerrado. 

La resultante de A B, B C, C D, D E, es igual al vector A E y 
pasa por N, intersección de los lados extremos del funicular. 

La resultante de o A y E o es igual al vector E A y pasa por o. 

El momento del par es, por tanto, siendo R el valor del vec- 
tor A E, 

R X distancia de o á N G, 

ó llamando U el ángulo de A E con o X, 

R X o N. sen U, 

ó también, 

E F. O N. 

2. Resolución 

E F es conocido, ya que se ha calculado para el cierre ; vamos á 
ver como se puede calcular o N. 
Tenemos : 

oN = oA + AK + KL + LN. 

siendo K, L, N las intersecciones de los lados consecutivos del fu- 
nicular con o X. 

Supongamos que se haya calculado esta suma hasta el término 
A K inclusivamente, pongamos : 

T. II 



u = oK 
p 

y consideremos el segmento siguiente K L, 

Como tenemos, por construcción, que C K es paralela á o C y 
C L á o D, resulta que, por un conocido teorema de geometría 
proyectiva, C L y D K son paralelas ; es decir, que : 

K L es la proyección sobre o X de C D paralelamente d C L. 

Esta proyección K L se descompone en K P -|- P L 

K P es la proyección de C D sobre o X. 

L P es, como se ve por los triángulos L M P, K D S, igual á 

SK, M P 

M P es la proyección de C D sobre o Y. 

Llamando X é Y las coordenadas de D, Xj y, las proyecciones 
de C D sobre los ejes, tenemos que: 

DS=Y 

y SK=OK + oS =Up + X, 

por tanto, 

Up + X 
KL = x + -^y 

Se ve por esta fórmula, el modo de formación de los términos 
consecutivos. En cuanto al signo del segundo término será + ó — 
según que el vector igual al lado correspondiente trazado por o, 
quede á un lado ú otro de o X. 



3. Observaciones 

Si el polígono tiene n lados, tendremos que calcular n — 3, tér- 
minos análogos á K L, ya que los lados o A, A B y E o no dan 
sobre o X puntos como K, L, N. 

El cálculo de cada uno de esos términos es, como se ve, mucho 



— 339 — 

más corto que el del término correspondiente de la fórmula or- 
dinaria : 

(i) Sx(Yn+Yn + l), 

primero, porque se evita una multiplicación que no se puede hacer 
por logaritmos ; y en segundo lugar, porque se evita también su- 
mar todos los términos de la fórmula (i) ; y está demás insistir sobre 
este punto que son cálculos muy largos y especialmente sujetos á 
errores por las muchas cifras de cada término. 

La comprobación que se obtiene con el otro método de cálculo, 
por la consideración de la fórmula simétrica de (i) : 

S y (Xn + Xn + i), 

se obtiene también con este método, tomando el origen en A. 
Sr. Secretario Barabino, — Da lectura del trabajo titulado: 



Propuesta para facilitar las comunicaciones éntrelas Repúblicas 
Hispanoamericanas 

Por el Ingeniero POMPEYO MONETA 

( Delegado por Méjico ) 

El hecho de que no han llegado en tiempo los libros y docu- 
mentos que me dirigió el Gobierno de México no es excepcional, 
sino una manifestación normal de las deficiencias de los medios de 
comunicación que existen entre las Repúblicas Hispanoamerica- 
nas. Por esto es muy oportuno el problema que he formulado en 
otra comunicación. 

Deseando responder á ese llamado, propongo una medida prác- 
tica, de fácil ejecución; la que debería servir, á mi modo de ver, 
para facilitar las comunicaciones, de las cuales lamentamos la in- 
suficiencia. 

Bien conocida es la dificultad de establecer líneas de co- 
municación, marítimas ó terrestres, donde el intercambio pre- 



— 340 — 

senté ó próximo futuro es insuficiente para sufragar los gastos 
que éstas demandan. La subvenciones gubernativas vienen sólo 
cuando el intercambio puede compensar una gran parte de los gas- 
tos indispensables ; asi que la propuesta del establecimiento de 
nuevas lineas de comunicación, no tendría, en nviestro caso, nin- 
guna consecuencia práctica. 

' Las grandes lineas de navegación establecidas actualmente á lo 
largo de las costas americanas, son casi exclusivamente destinadas 
á comunicar las varias naciones americanas con Europa, y que, 
en verdad, son las más esenciales para los intercambios entre di- 
chas naciones. 

Fuera de estas comunicaciones, en el Atlántico hay una linea 
mensual entre New York y Río Janeiro, que toca también algunos 
puertos de las Antillas. 

En el Pacífico hay muchas líneas; pero sucede que los vapores 
que salen de San Francisco para el Sur, y vuelven al mismo punto 
llegan á Panamá, sin pasar nunca al Sur de ese punto ; y análoga- 
mente, los vapores que recorren la costa sudamericana del Pací- 
fico y van á Panamá, no pasan nunca al Norte del Istmo. Hay en 
verdad vapores que recorren toda, ó casi toda la costa, de Sur á 
Norte ; pero son sólo de ocasión : están destinados solamente á la 
exportación délos productos de esos países, y sólo para la época 
de las cosechas. 

Esta interrupción es, á no dudar, la causa principal de que las 
comunicaciones postales resulten tan defectuosas. 

Los comisarios y empleados postales de las varias líneas que 
van y vienen de Panamá, por regla general, no saben nunca por 
cuáles líneas seguirán sus valijas y las entregan generalmente al 
correo de Panamá. Esa oficina puede ó no, cumplir debidamente 
su misión ; puede ó no, cuidar que no haya demoras innecesarias; 
preferir ó no, las líneas más rápidas. Ninguna garantía hay á 
ese respecto. En mi experiencia he hallado las más de las veces que 
las cartas emplean casi el doble del tiempo necesario para recorrer 
las distancias, cuando no se extravían. 

La medida sencilla y eficaz que propongo es la de establecer 
una oficina internacional ad hoc, en Panamá, á expensas de los 
países interesados; oficina ala cual se dirigirían las valijas con 
todas las formalidades del caso : las recibirían y las harían seguir 
por medio de los vapores más rápidos, haciendo constatar en to- 
dos los países interesados el recibo y la remisión de las mismas. 



— 341 — 

El director del Correo, señor Caries, es el más competente para 
determinar las modalidades y disposiciones que más convinieran 
para que el servicio de la proyectada oficina resultara el más re- 
gular y expedito y correspondiera al objeto de su creación. 

Es evidente que esa nueva oficina no debería ser causa para 
aumentar las tarifas actuales; asi que mientras podrá establecer- 
se sobre un pie suficientemente amplio, sin ser muy dispendioso, 
deberá ser sostenida por las contribuciones de los diferentes Esta- 
dos y en proporción del uso que haga cada imo en particular ; hasta 
que la práctica hubiese llegado á determinar una cuota fija y 
equitativa. 

Los vapores del Pacífico, recorriendo por largo trecho la costa 
de los Estados Unidos, la de México, la de los cinco estados Cen- 
troamericanos ( Honduras, llegando á la bahía de Fonseca puede 
considerarse que prácticamente llega también al Pacífico ) ; de Co- 
lombia, del Ecuador, del Perú, tal vez de la misma Bolivia, y de 
Chile, la nueva oficina respondería á las necesidades de todos 
esos países. 

No quedaría excluida sino Venezuela, la cual podría fácil- 
mente participar del beneficio del nuevo arreglo, tratando ella mis- 
ma de ponerse en comunicación directa con Panamá, lo que le 
sería extremamente fácil. 

Yo desearía que esta simple propuesta fuese discutida por el 
Congreso, para que, en caso se la considerara práctica y oportuna, 
s e expresara á los gobiernos interesados el deseo de que fuese 
puesta en práctica, abriéndose al efecto las negociaciones relativas. 

Sr. Presidente. — Está á la consideración de la asamblea. 

Sr. Secretario Barabino. — Propongo el establecimiento de 
una oficina internacional con asiento en Panamá y que sería soste- 
nida por los países interesados. 

Sr. Huergo. — Yo haría moción para indicará la Comisión eje- 
cutiva que quedará encargada de los trabajos del futuro Congreso, 
que esta proposición cuyo alcance será vivamente apreciado por 
el comercio, una vez conocidas las palabras del señor IMoneta, se 
pubHcara, si los fondos existentes lo permitiesen, lo mismo que la 
memoria presentada por el señor INIorales, que contiene datos de 
sumo interés, y que divulgados en el país permitirán por un medio 
muy económico hacer sus afirmados con materia prima de exce- 
lente calidad á los pueblos del interior. 



— 342 — 

Sr. Aguirre. — Hay un punto que me ha llamado la atención 
y es la dificultad de hacer pequeños giros postales. Quiero saber si 
no podemos unir á la indicación del señor Moneta otra en que se 
pida álos pueblos americanos se pusieran de acuerdo para per- 
mitir los giros postales de librería. 

No tenemos conocimiento de las publicaciones científicas ame- 
ricanas por la carencia de giros postales. — Los libros del Brasil 
los recibo por vía de Hamburgo. Con estocreo demostrada la ne- 
cesidad de una reforma que permita á los qvie se dedican á la 
ciencia, obtener los libros con más ventaja. 

No sé cómo dar una forma práctica á mi indicación. Creo que 
se podrá discutir este punto cuando se discuta la moción del se- 
ñor Moneta, y que junto con la necesidad de una oficina de repar- 
tición de correspondencia se indicaran los medios para la facilidad 
de canje y compra de libros entre los diferentes pueblos america- 
nos. 

Sr. Secretario Barabino. — Entonces se podría decir que 
esta oficina tuviera á su cargo todo el servicio de correos. 

Sr. Aguirre. — Y además algo de giros postales. La dificultad 
práctica que yo encuentro es la existencia del curso forzoso en la 
mayoría de las naciones americanas. 

Sr. Huergo. — Podría incluirse en la publicación que yo indi- 
qué dala nota del señor Moneta, la indicación del señor Aguirre. 

Sr. Aguirre. — Anteriormente se hicieron en Europa sobre 
esto trabajos formales sin arribar á resultado alguno. 

La dificultad que encuentro para nosotros es el curso forzoso. 

Sr. Secretario Barabino. — Podría traer alguna conclusión 
esta tarde. 

Sr. Aguirre. — Bueno. 

Sr. Presidente. — Señores, ha terminado la sesión. 



— 043 — 



SESIÓN DE LA TARDE 



Abierta á las 2.30 p. m. 

Sr. Secretario Barabino. — El señor Silveyra presenta la si- 
guiente proposición al Congreso: 

«El Congreso Científico Latino Americano considera que 
habría verdadera utilidad en uniformar entre los países de la Amé- 
rica latina la terminología usada en las construcciones; y en 
tal concepto cree que los centros de ingenieros y establecimientos 
docentes debieran ponerse de acuerdo para llegar á obtenerlo.» 

Sr. Tedín. — Podría dejarse en Secretaría esta proposición hasta 
mañana, para meditar un poco sobre ella. 

Sr. Silveyra. — Me ha sugerido esta proposición la circunstan- 
cia de que en ésta y en otras sesiones hemos estado hablando de 
las mismas cosas con diferentes palabras, y creo que más de una 
vez no nos hemos entendido por esa causa. 

Además, me observa el señor Balbín que en otra sección del 
Congreso se ha pedido igual cosa. 

Sr. Tedín. — La idea en sí no puede ser mejor, pero en cuanto á 
la forma práctica de realizarla, quizá fuera conveniente un estudio 
detenido. 

Sr. Secretario Barabino. — Como de la unidad del lenguaje 
está encargada la Academia Española, me parece que sería el caso 
de dirigirse á ella. 

Sr. Balbín. — Me parece que no, por una razón sencilla: es la 
Real Academia de Ciencias Exactas de Madrid á quien correspon- 
dería este trabajo. 

Pero en realidad ella no se encarga de hacerlo. Son los centros 
científicos establecidos en España, como es el cuerpo de ingenie- 
ros, como el Centro de Ingenieros de Tolón, en Francia, los que 
se han ocupado del asunto. 

Sr. Silveyra. — Mi proposición se refiere á la terminología de 
las construcciones, que es una cuestión muy especial. No me 
importa cómo se llaman las cosas, sino que haya uniformidad de 
lenc^uaje en las repúblicas sudamericanas, y si se puede conseguir 
esta uniformidad con la España, que es la cuna de nuestra lengua, 

tanto mejor. ^ ^ , 

Por otra parte, no me opongo á la indicación del señor Tedin. 

para que este asunto no se discuta hasta mañana. 



— 344 — 

— Se vota la moción del Sr. Tedín, y es aprobada. 

Sr. Secretario Barabino. — El señor Tedín va á leer una me- 
moria del señor Ingeniero Pompeyo Moneta. 

Sr. Tedín. — El señor Moneta, cuyo estado de saludes delicado, 
me ha hecho el honor de pedirme que lea su trabajo sobre levanta- 
miento de la gran carta de la República, por métodos expeditivos. 
La autoridad que goza el autor, por haber realizado trabajos geo- 
désicos de gran importancia, tanto en nuestro país como en la 
América Central y Méjico, como por haber sido fundador del De- 
partamento de Ingenieros en la República Argentina, me hace 
esperar que este trabajo será de la mayor importancia y será oído 
con interés por los señores miembros de la Asamblea. 



Levantamiento de la Gran Carta de la República Argentina por 
métodos expeditivos 

Por el Ingeniero POMPEYO MONETA 
PRELIMINARES 

Que sea de altísimo interés nacional para un Gobierno poseer 
un buen plano detallado del propio territorio, es cosa tan eviden- 
te que no necesita demostración. Y como por plano detallado, 
que sirva á los objetos del Estado Mayor y del Genio Civil se en- 
tiende aquel en el cual figuran los accidentes topográficos, hidro- 
gráficos y orográficos en sus detalles principales, el aspecto del 
terreno, su vegetación natural ó clase de cultivo adonde lo hay, 
anchura, aunque sea aproximativa, de los ríos y todas las obras 
principales del hombre, como caminos, puentes, telégrafos, configu- 
ración y extensión de ciudades y poblados grandes y chicos, se 
comprende desde luego que todos los mapas de la República, aun 
los más grandes, no corresponden ni de lejos á ese programa. El 
mayor que se conoce publicado por la Dirección de Ferrocarriles, 
está en la escala de Tooé()o(i5 mientras tanto la experiencia enseña que, 
ésta no debería ser menor de xomóo • 

Las naciones más avanzadas de Europa han hecho ó están 
haciendo esos trabajos. La Suiza es tal vez el país que en esto se 



— 345 — 

ha esmerado más por la escala que ha adoptado: por los detalles, 
perfección y esmero de los grabados en que figuran todos los acci- 
dentes del suelo y de sus montañas, á pesar de ser tan accidentadas. 
Si esto se debe á la actividad y habilidad de sus autoridades mili- 
tares y civiles, se debe también á la pequenez de su territorio res- 
pecto de su población. 

Los trabajos de esta naturaleza son, diré así, obras seculares: 
tan largo es el tiempo que se precisa para llevarlos á cabo, como 
por los gastos que demandan. En los Estados Unidos el Gobierno 
de la Unión se ha puesto á la tarea desde temprano; pero tan 
grande la ha hallado respecto de sus fuerzas, que se limitó á orde- 
nar la topografía de la zona inmediata á la costa, en una anchura 
muy reducida. El Departamento denominado «Coast and Geode- 
tie Survey» fué establecido en 1807 con un plantel de 60 ingenie- 
ros y asistentes para los trabajos de campo; además 1Ó3 personas 
para la oficina encargada de los planos, grabados é impresiones. 
Los trabajos se han hecho y se hacen con toda la exactitud que 
permite el estado de la ciencia y el resultado es que en 86 años 
se ha levantado el plano de 16.708 kilómetros de costa marítima, 
cubriendo una superficie total de 95.744 kilómetros cuadrados ; lo 
que da una anchura media de 6 kilómetros de la zona plano- 
grafada. 

Si la República Argentina quisiera hacer lo mismo é hiciera 
avanzar los trabajos en la misma medida, necesitaría para cubrir su 
vasto territorio cosa de z'] siglos. 

Esta simple consideración derhuestra á la evidencia que, si el 
país pretendiera acometer un trabajo semejante, no lo dispensaría 
de la necesidad de hacer además una obra más modesta, pero que 
pueda efectuarse dentro de un límite razonable de tiempo. Basta 
y por mucho, un trabajo que sea aproximativo; pero mientras que 
se debe renunciar á la gran exactitud, se debe adoptar una escala 
bastante grande para tener á la vista todos los detalles que 
interesan. 

La carta del Estado Mayor de Italia es de j^j^jj; , sin contar 
ciertas regiones paralas cuales hay escala ^&r,-ém, de ,sJmí }' también 
mayor. La de Francia es de 5^,. En la República Argentina si 
se adoptara la escala de ,^^ empleando láminas de óo centíme- 
tros por 40, se necesitarían 1250 láminas, además de las que nece- 
sariamente se harían en escala mayor por las partes que ofrecieran 
mayor interés. 



346 



IDEAS GENERALES 

Dados estos antecedentes, y con el deseo de corresponder á las 
miras que tuvo en vista el Congreso Científico Latino Americano, 
he tratado de solucionar el problema de la construcción rápida de 
la Carta de la República Argentina. Creo tener en esto alguna ex- 
periencia: en cuanto que los estudios preliminares de las líneas 
férreas que he debido estudiar, tanto acá como en la América 
Central y en Méjico, han caído siempre en regiones muy poco co- 
nocidas, lo que me puso en la necesidad de improvisar por medios 
expeditivos el mapa de extensas zonas, empleando los instrumentos 
del viajero explorador. Es la experiencia adquirida en tales ocasio- 
nes y los resultados que he conseguido, los que me han sugerido 
los procedimientos que propongo, al mismo tiempo que me inspi- 
ran tina cierta confianza en su practicabilidad y utilidad : confianza 
que faltaría en mí y á cualquiera otra persona que se hubiera ocu- 
pado de puras teorías. 

No se debe esperar que para eso venga á presentar instrumen- 
tos ó métodos radicalmente nuevos, que podrían por sí solos cons- 
tituir argumentos de tratar aparte y detenidamente. Son solamente 
unas pocas ideas fundamentales que propongo, como para que 
sirvan de guía en la operación, y que por su aplicación oportuna 
deben conducir á la construcción de la Gran Carta de la República 
de un modo muy rápido, muy económico y de una exactitud sufi- 
ciente para los usos prácticos. 

Por supuesto que no he de entrar en los detalles de la opera- 
ción, que serían perfectamente inútiles en cuanto que me dirijo á 
personas al corriente de trabajos topográficos y geodésicos. 

En general, cuando se trata de planografar una región extensa, 
la primera idea que se presenta al ejecutor, es la de hacer trian- 
gulaciones subdivididas en diferentes órdenes, para que sirvan de 
base á los trabajos topográficos. 

Pues bien : en el caso presente se debe renunciar á esa clase de 
operaciones (salvo casos excepcionales), que demanda gastos enor- 
mes, justificados tan sólo para el caso que se pretenda conseguir 
la máxima exactitud. 

Nuestra base ha de ser completamente distinta, como paso á 
explicar. La existencia en el país de la extensa red de ferrocarri- 
les, y la todavía mayor de los telégrafos, sugiere la idea de aprove- 



— 347 — 

char de tan útiles elementos para la construcción del Mapa. El 
telégrafo que corre á lo largo de todas esas líneas, permite deter- 
minar la longitud en todos los puntos que pudiera interesar. Por 
eso yo creo oportuno fijar la base de la operación en tantos puntos 
situados sobre dichas líneas, cuya posición geográfica sería deter- 
minada con una cierta exactitud. 

Con esta idea fundamental, yo propongo organizar los trabajos, 
dividiéndolos en tres órdenes distintos. 

El primer orden será la determinación de la posición geográfica 
de un cierto número de pinitos^ distribuidos oportunamente sobre 
el terreno á lo largo de los seguimientos mencionados, (ferrocarriles 
y telégrafos), complementados á donde fuese necesario. El segun- 
do orden debe consistir en una serie de líneas ó poligonales que 
liguen cada punto del primer orden, situado sobre un seguimiento, 
con otros dos situados á un lado y otro sobre los seguimientos 
inmediatos : líneas que constituirían el gran canevás del Mapa. 

Finalmente, después de esos dos órdenes de elementos, que 
pueden considerarse como preparatorios, el tercer orden de trabajos, 
que será la topografía, propiamente dicha, con todos los detalles 
que debe llevar y que será formada por tantas áreas poligonales 
que deben llenar las mallas formadas por las líneas del canevás. 



PRIMER ORDEN DE TRABAJOS 

Como queda dicho, éste debe consistir en la determinación geo- 
gráfica de puntos oportunamente distribuidos. Para utilizar las lí- 
neas férreas hay que disponer primero de su trazado planimétrico. 
No dudo que todas las compañías los tienen completos, desde que 
han servido á la Dirección de Ferrocarriles Nacionales para ex- 
tractar todos los datos detallados que ofrece la estadística del 
año 1895. 

Con el trazado á la vista, en el cual está expresado el largo de 
los rectilíneos, los radios de las carvas en metros y los ángulos de 
las tangentes, se transforma la línea en una poligonal, sustituyendo 
á las curvas las tangentes relativas, y después se computan las or- 
denadas de las rectangulares : Este-Oeste y Nord-Sur de cada vér- 
tice. Cosa que se facilita por medio de la construcción de tablas, 
en las cuales se colocan en columnas distintas los elementos del 
cómputo que deben dar las ordenadas parciales de cada vértice 



- 348 - 

respecto al anterior y las resultantes respecto al punto de 
salida. 

Como se conoce la posición geográfica de las capitales de pro- 
vincia, es fácil ver si corresponden ó no. Y cuando la línea fuese 
muy larga, se averiguarla también la posición de uno ó más puntos 
ó estaciones intermedias. Podría haber errores, aunque no es pro- 
bable, tanto en las posiciones geográficas como en los trazados. 
En el caso habría que buscarlos por medio de averiguaciones su- 
cesivas, á fin de rectificarlos. 

Estas averigviaciones y determinaciones geográficas hay que efec- 
tuarlas de un modo metódico y uniforme. Se podrían emplear 
instrumentos muy delicados y multiplicar las observaciones para 
conseguir una gran exactitud ; pero la naturaleza de la operación, 
que debe proceder con gran expeditez, impone limitar las exigen- 
cias, en cuanto á la exactitud, á un grado discrecional. 

Para concretar las ideas, admitiré que la latitud sea determinada 
con una aproximación de 5 segundos sexagesimales, y la longitud 
con la de 2/3 de segundo en tiempo, ó sean 10 segundos en arco. 
Pero el criterio para fijar definitivamente las tolerancias, depende 
(además de la clase de los instrumentos), de la aptitud del personal 
que los emplea, y de la rapidez con que se quiere ejecutar el tra- 
bajo, y por consiguiente, debe discutirse detenidamente antes de 
fijarlo de un modo invariable, como para que sea aplicado á todo 
el trabajo, por largo que sea el tiempo de su duración. Yo he fi- 
jado la aproximación expresada arriba, porque creo que buenos 
operadores pueden conseguirla fácil y rápidamente sin muchas 
repeticiones, empleando instrumentos de fácil transporte, como 
son los sextantes y los círculos prismáticos, haciendo prescinden- 
cia de los teodolitos y altazimut, que, además de ser incómodos 
para el transporte, demandan mucho tiempo para su instalación. 
Al llegar á un punto donde se quiere hacer una observación, en 
cinco minutos uno está listo si debe servirse de un círculo y ho- 
rizonte. Si, al contrario, debe emplear un teodolito, aun supo- 
niendo que el vehículo ó el animal que lo transporta llegue junto 
con el observador, se requiere una ó dos horas, según las cir- 
cunstancias, para ponerlo en aptitud de servir, perdiendo á veces 
un día entero por no haber podido aprovechar del momento 
oportuno, y todo esto sin contar la dificultad que hay de conservar 
la horizontalidad del instrumento expuesto al sol. Por esto, tra- 
tándose en el caso nuestro, en que hay tantas observaciones por 



— 349 — 

hacerse, estoy enteramente persuadido de que convendrá más el 
empleo de los instrumentos de reflexión que de los demás. 

Con respecto á las observaciones mismas, hay que entrar en al- 
gunas particularidades. Empezando por la latitud, no hay duda 
ninguna que para las observaciones solares, cuando pueden ha- 
cerse, hay que tomar series de alturas circunmeridianas, de las que 
puede tomarse más de treinta. Según mi parecer, el observador no 
debe perder el tiempo para hacer él mismo las anotaciones sino 
que debe tan sólo dictarlas. Además, si apenas dispone de un buen 
asistente, es él mismo que debe señalar con pequeños golpes los 
segundos, teniendo á la vista el reloj. 

En cuanto á las observaciones nocturnas, el observador tiene 
todas las oportunidades : de magnitud de estrellas, de culminacio- 
nes oportunas, etc., tanto que puede fácilmente hacer la elección 
en la cual procurará siempre observar pares de estrellas, que cul- 
minen al Sur y al Norte, hacia la misma altura y á poca diferencia 
de tiempo. 

El grande inconveniente para las observaciones nocturnas es la 
dificultad de iluminar suficientemente y sin perder tiempo, el ins- 
trumento cuando se hace la lectura. 

No se puede conseguir este objeto sino contando con un asis- 
tente diligente y hábil. 

Sobre las observaciones de hora, hago las mismas recomendacio- 
nes que para las de latitud : agregando, además, que para una serie 
de observaciones de altura, en lugar de leer cada ángulo debe pre- 
pararse de antemano el instrumento á la graduación conveniente, 
variándola oportunamente en aiaticipación y por arcos iguales, con 
lo que se consiguen muchas ventajas. 

Otra propuesta que hago sobre esta clase de observaciones y 
que es de la mayor importancia, es la de seguir el método de Co- 
barrubias, el cual consiste en elegir pares de estrellas aptas para la 
determinación de la hora, que lleguen á tomar la misma altura a 
poca diferencia de tiempo, como para que el observador que ha 
tomado la primera serie, por ejemplo, sobre la estrella que se le- 
vanta al naciente, esté en aptitud de tomar la segunda sobre la 
estrella que baja al poniente á alturas iguales. Por ejemplo, supon- 
gamos que se ha tomado la serie al oriente, en que las dobles al- 
turas sean de 50°, 50^10', 50° 20'.... 51». Al poco tiempo, es decir, 
dentro de media hora ó menos, cuando fuera posible, la segunda 
serie de alturas sobre la estrella al poniente, que sean 51 - SO 5° 



— 350 — 

5o''4o'.... hasta 50°. Con la misma graduación del círculo : mismos 
vidrios del horizonte, misma refracción atmosférica, el resultado es 
de grandísima delicadeza. 

Para conseguir las diferencias de longitud, hay que transmitir 
recíprocamente las horas locales, desde las dos estaciones cuyas 
diferencias se trata de determinar. Estas transmisiones requieren un 
aparato registrador, como los que hay en todas las estaciones; en 
los cuales las tiras de papel deben recibir contemporáneamente 
las señas de los dos observadores, ó sea las horas de los dos pun- 
tos. En la estación fija, es decir, la de posición conocida, que será 
la misma para toda una sección del territorio, se emplearán los cro- 
nómetros que hacen automáticamente las interrupciones ; pero en 
las ambulantes, si el observador tiene un buen oído, podrá trasmitir 
muy bien las señas á mano y á oído, en presencia de su reloj que 
da los segundos. Como estas señas pueden ser muy frecuentes, 
podrán trasmitirse centenares de esas en unos pocos minutos. 

Respecto á los instrumentos para el observador ambulante, su- 
giero los siguientes : 

Sextante prismático del tipo Pistor y Martins de Berlín, de 15 
centímetros de radio, ó círculo de 25 centímetros de diámetro. 
Para la graduación bastarían instrumentos más chicos, pero con el 
objeto de tener un buen anteojo y que la visión de las estrellas sea 
lo más clara posible, prefiero el instrumento grande. No sólo, sino 
que tratándose de mandarlos construir á propósito, convendría un 
telescopio más poderoso del normal. Las observaciones de hora y 
de altura se hacen en tales condiciones, que el peso del instru- 
mento no es un gran inconveniente, tanto más, adoptando los 
trípodes para manejarlos; lo que les da una gran fijeza que no se 
puede conseguir á mano libre; el peso es casi indiferente. 

Horizonte á mercurio : aquel modelo que permite hacer pasar 
directamente el líquido ya filtrado desde su depósito al plato en 
que debe sendr de espejo. 

En. cuanto al reloj, habrá que buscar, al tiempo de emprender 
los trabajos, aquel fabricante que los hace mejor. Actualmente se 
hacen en Dresden relojes que dan resultados admirables. Por su- 
puesto que no será cuestión de emplear cronómetros de escape 
libre, que son demasiado delicados para el transporte por tierra y 
que por lo mismo dan resultados inferiores á los de los buenos re- 
lojes. 

Respecto de los barómetros, trataré al final del presente escrito. 



— 351 — 

No tengo la menor duda que, tratándose de la construcción de 
la Carta de la República, el Observatorio de Córdoba ha de pres- 
tarse muy voluntarioso á preparar los cálculos para las estrellas que 
conviniera observar. He visto que el mismo se ha anticipado es- 
pontáneamente, publicando las efemérides de las estrellas circum- 
polares y de las para el tiempo. Con un poco de trabajo más, podría 
completar su tarea preparando los cálculos para los pares de es- 
trellas de que he hecho mención : tanto aquéllas para la latitud 
como las para la hora. Estoy seguro que el Director, señor Thome, 
no solamente se prestará á eso sino que tendrá mucha satisfacción 
de cooperar de ese modo á un trabajo que seria de importancia 
nacional. Entiendo que lo mismo podrá decirse del señor Beuf, 
Director del Observatorio de La Plata, el cual en su Anuario da los 
datos para las elongaciones de las estrellas circumpolares del Sur. 

Lo que he dicho respecto de los ferrocarriles puedo repetirlo en 
cuanto á las líneas telegráficas ; solamente que no pudiendo con- 
tarse en general con un trazado diligente de dichas líneas, podrá 
valerse tan sólo de la oportunidad que ofrecen para la trasmisión 
de la hora para determinar las diferencias de longitud. Si hubiese 
la conveniencia de fijar la posición de algún punto de la línea te- 
legráfica adonde no hubiese estación, se deberá interrumpir la 
línea en ese punto al momento de transmitir la hora. 

Respecto al número y posición de los puntos mencionados, me 
refiero á lo que diré después tratando del segundo orden de tra- 
bajos á efectuarse. 

Las líneas telegráficas, por cuanto sean ya muy extensas, no son 
lo bastante para las necesidades de la Carta que se trata de hacer. 
Algunas, como sería la que iría á lo largo de la costa marina desde 
Patagones hasta la Tierra del Fuego, son de tal necesidad y conve- 
niencia, bajo varios otros pimtos de vista, que, á no dudarlo, por 
poco que tardara la realización de la obra que se propone, se ha- 
llará ya funcionando antes de que se dé principio á aquélla. 

Con todo, harían siempre falta muchas otras, especialmente en 
regiones poco pobladas. Por el momento no digo cuáles ni cuán- 
tas serían, porque se entenderá mejor el asunto cuando se trate 
del segundo orden de trabajos. 

Ahora me limito á ocuparme del modo de suplir esa falta. Por 
supuesto que no será construyendo á propósito nuevas líneas tele- 
gráficas, que resultarían demasiado costosas cuando se hicieran para 
* el solo objeto de la Carta. 



— 352 — 

La determinación de la diferencia de la longitud de los puntos de 
los seguimientos que llamaré supletorios, podrá hacerse por medio 
de señales de fuego, las cuales dan resultados bastante comparables 
álos del telégrafo. Su inferioridad se manifiesta solamente para los 
casos de distancias muy largas adonde no bastará una sola esta- 
ción de señales. 

Puedo decir esto porque yo he conseguido el intercambio de la 
hora por medio de esta clase de señas, con una aproximación de 
dos décimos de segundo con sólo 20 señales. Es bien sabido que 
para esto deben ser dos los observadores, lo mismo como cuando 
se trata de la transmisión de señales telegráficas : uno está en la es- 
tación de posición conocida y el otro en aquella cuya longitud se 
trata de determinar. En un punto intermedio, oportunamente 
elegido, y sobre una elevación, se hacen las señales que deben ser 
vistas en las dos estaciones. 

Como por lo general es en las regiones de serranías adonde 
faltan las líneas telegráficas, será siempre fácil encontrar allí puntos 
convenientes cuyos fuegos podrían ser observados tal vez hasta 120 
kilómetros, y como la nueva estación determinada de este modo 
podría resultar muy distante de la primera, se fijarían uno ó más 
puntos intermedios, sirviéndose de un reloj, el cual debería ser 
transportado con las mayores precauciones. 

Hasta puedo decir que, si se contara con relojes muy buenos y 
observadores muy hábiles, se podría confiar en todos sus resultados 
y suprimir las señales de fuego. En ese caso, el nuevo seguimiento 
que empieza y acaba en puntos de posición conocida se recorrería 
en una dirección, tomando la hora en todas las estaciones cuya 
posición debe determinarse y, después, en la dirección opuesta. 
Repitiendo dos ó tres veces esos dobles viajes y haciendo uso de 
dos relojes á lo menos, se podría llegar á un control perfecto de 
sus marchas y conseguir la misma aproximación que se ha fijado 
para los demás casos de transmisión telegráfica y por consiguiente 
con resultados armónicos. 



SEGUNDO ORDEN DE TRABAJOS 

He dicho que el segundo orden de trabajos debe consistir en unas 
líneas poligonales transversales que ligan un punto de un seguimien- 
to con el de otro punto del seguimiento inmediato y que debe cons-' 



tituír el canevás topográfico del Mapa. A fin de explicar en el me- 
jor modo las condiciones relativas de estas lineas, considérese el 
caso típico de dos seguimientos contiguos que corren paralelos 
próximamente y á una distancia, pongamos, de 8o kilómetros. Las 
líneas del segundo orden, ó del canevás, serán próximamente nor- 
males; pero debiendo seguir líneas que interesen en la topografía: 
como serían los caminos, canales, divisiones de cultivos, etc., (los 
ríos no se prestan para las líneas del canevás), tendrán la dirección 
que se adapta á las condiciones topográficas del terreno. Su largo 
será próximamente de 8o kilómetros, y cuando fuese necesario has- 
ta de lOO kilómetros. En cuanto á la distancia entre ellas ó sea 
la délos puntos del primer orden determinados sobre el seguimiento, 
será á lo más de 40 kilómetros, en media 30 kilómetros. Sin embar- 
go, estas distancias como las otras, deben ser subordinadas á las 
exigencias de la topografía. 

Solamente después de conocer esto, se comprenderá cuáles de- 
ben ser las reglas á seguirse para fijar la posición de los seguimien- 
tos suplementarios y sobre los mismos la distancia de los puntos de 
primer orden, y se comprenderá también cómo para fijarlos ha}' que 
tener de antemano un conocimiento general de la topografía del 
territorio sobre el cual se trabaja. 

En cuanto al procedimiento para hacer el relieve de las líneas 
del canevás, yo pienso que no hay nada mejor que el relieve ta- 
queométrico ejecutado por medio del Cleps de Porro. Instrumen- 
to imitado más ó menos bien por las otras naciones, pero que se 
construye con la mayor perfección sólo en Italia, por Salmoiraghi. 
en su establecimiento «La Filotécnica.» 

El Cleps, que se construye de tres dimensiones y tipos diferentes, 
tiene el anteojo de gran poder; las divisiones contenidas en un cubo 
metálico, de una finura excepcional: es el primero que siendo 
analítico, vino á ser realmente diastimométrico, es decir, apto para 
dar las medidas de las distancias por medio de la lectura de las 
divisiones de la estadía. 

Los resultados que da este instrumento debidamente usado, son 
muy superiores, en la generalidad de los casos, á la medida por 
medio de la cadena ó de la cinta; mientras que se alcanza eso con 
grandísima rapidez. 

Yo no quiero alargar el presente escrito entrando en las particu- 
laridades inherentes al método mencionado ; porque están descri- 
tas con todos los detalles que pueden desearse en la obra del mis- 

23 
T. II 



— 354 — 

mo profesor Salmoiraghi, «Istrumenti e metodi moderni di geome- 
tría applicata», limitándome á decir que se puede medir distancias 
de 250 metros con una precisión de j^y. 

Por supuesto que para distancias mayores la exactitud es in- 
ferior. 

Las líneas del canevás deben levantarse por medio del Cleps, 
gran modelo. Aun queriendo limitarse á visuales de 250 metros, y 
que por consiguiente, la poligonal tendría costados limitados den- 
tro de esta longitud, el instrumento permite que se haga estación 
á cada dos vértices, siempre dominando la orientación del modo 
más perfecto. De este modo el levantamiento procede muy expe- 
ditamente ; sin contar que al mismo tiempo se obtienen los niveles, 
sobre los cuales me reservo de tratar más adelante. 

En el supuesto que la transversal tenga 100 kilómetros de largo, 
la poligonal puede llegar á su término con errores acumulativos de 
alguna consideración, pero que se conocerán perfectamente desde 
que se conoce la posición de sus extremos, dentro de los límites de 
la tolerancia que se han fijado anteriormente; así que se podrán 
hacer las correcciones y descubrir la existencia de errores en el 
caso de grandes discordancias. 

Todo lo dicho es suficiente para proveer en todos los casos en 
que el terreno fuese fácilmente mensurable y sin obstáculos insu- 
perables. Pero cuando se presentan tales tropiezos, el método 
tiene que sufrir, necesariamente, modificaciones radicales. Entre 
tanto, si en una vasta planicie se presenta un obstáculo, como sería, 
por ejemplo, una sierra, entonces los seguimientos del primer orden 
deben trazarse en todo el perímetro ó límite del obstáculo, cual- 
quiera que fuese, y las transversales irán á ligarse á los puntos de 
este perímetro, mientras que la parte interior ó en serranía, deberá 
tratarse de un modo muy distinto. 

Dentro de la región montañosa, si fuese muy ancha habrá que 
trazar seguimientos con los puntos de primer orden. Pero que se 
precisen ó no tales puntos, las transversales del segundo orden, ó 
líneas del canevás, deben necesariamente ser las que siguen los 
valles, por ser más fácilmente mensurables, y en algunos casos las 
líneas de las cumbres ó las cuchillas, y se extenderá la operación de 
relieve por medio de tantas líneas de modo que el espacio com- 
prendido entre ellas sea limitado á retazos que tengan una anchura 
reducida, como podrían ser de doce, de quince ó veinte kilómetros 
á lo más, oportunamente ligadas de trecho en trecho. Conviene 



ODO 



que en las serranías sean muy cerradas las mallas del canevás, por 
la mayor dificultad que hay en detallar los terrenos muy accidenta- 
dos. Es evidente que estas medidas son aproximativas y deberán 
subordinarse á los accidentes topográficos de la localidad. 

En cuanto al modo de planografar esas líneas de serranías, es con 
mayor razón indicado el Cleps, con la diferencia que bastará el tipo 
modelo medio y tal vez el pequeño. 



TERCER ORDEN DE TRABAJO : TOPOGRAFÍA 

Una vez hecho el canevás del modo que he explicado, hay que 
pasar á la gran labor topográfica, que clasifico como del tercer 
orden y que es la que demandará la mayor suma de personal, de 
tiempo y de gastos. Es del modo de tratar esta parte del trabajo 
que la ejecución de la Gran Carta ha de resultar más ó menos lar- 
ga y costosa. Yo considero que cuando el territorio esté gubdivi- 
dido del modo que queda dicho y que el canevás está hecho con 
la aproximación que resulta por el sistema descrito, se puede pasar 
al trabajo topográfico de un modo muy expedito y con una aproxi- 
mación que ha de satisfacer las exigencias, tanto del genio militar 
como del civil. 

Como todo trabajo topográfico y levantamiento de poligonales 
se reduce á medición de distancias y de ángulos, lo que se precisa 
es conseguir estas medidas del modo más rápido y conveniente. 
Para esto propongo que las distancias sean medidas por medio de 
traqueómetros, aphcados á la rueda de un vehículo muy liviano : 
una especie de tílbury, con la caja liviana, destinada á llevar sólo 
algunos instrumentos y pertrechos, así que un solo caballo pueda 
arrastrarlo rápidamente sin mucho trabajo. 

El traqueómetro debe ser bien experimentado de antemano : 
debe ser cerrado herméticamente dentro de una primera tapa de 
vidrio y sobre ésta otra metálica, que es la sola que debe abrirse y 
cerrarse cuando se hacen las lecturas. Se puede también, para 
mayor precaución, emplear dos traqueómetros colocados en la 
misma caja robusta. 

En cada medición que se hace, el operador aplicará al resultado 
que dan los taqueómetros, un coeficiente que cambiará toda vez que 
cambíela naturaleza del terreno recorrido, para reducirlos a la 
línea recta, mientras que en realidad el camino andado habrá s,d.. 



— 350 — 

necesariamente una curva irregular, que diferirá más ó menos de la 
recta, según las asperezas del terreno. 

El operador, después de algún tiempo de práctica y de compro- 
baciones, podrá hacer esta comparación con bastante acierto. 

En cuanto á la medida de los ángulos, se podrá hacer, sea por 
medio de grafómetros, como de círculos prismáticos, que yo pre- 
fiero también, porque su empleo requiere mucho menos tiempo. En 
ese caso habrá generalmente que dividir el ángulo en dos : divisan- 
do un punto auxiliar, en cuanto que el ángulo será muchas veces 
poco diferente de dos ángulos rectos. 

Estas mediciones, para que procedan expeditamente, deben ha- 
cerse por medio de dos operadores, alternándose uno á otro, ha- 
ciendo uno las estaciones número par y el otro las de número 
impar. 

Cuando el rodado llega á la estación número i, el operador nota 
los datos del traqueómetro y después procede á ocupar la estación 
núm. 3, en el mismo tiempo que el rodado pasa á la estación núme- 
ro 2 : el operador que ya estacionaba alli, anota á su vez los datos 
del taqueómetro y sigue para ocupar la estación núm. 4, y así 
sucesivamente. Si la línea fuese breve, es decir, de fácil control, 
podría hacerse el relieve con la brújula y entonces un solo opera- 
dor bastaría para el trabajo. Por supuesto que todas las medidas 
normales para determinar la posición del puesto auxiliar, se harían 
con el mismo método. 

Por cuanto sea un pequeño inconveniente que un relieve resulte 
de las observaciones de dos personas, la celeridad que se consigue 
es tan grande, que supera por mucho los inconvenientes que pueden 
surgir de la dualidad de los operadores. El relieve de los puestos 
situados al lado de la línea medida podrá hacerse por interseccio- 
nes efectuadas desde las estaciones y los detalles generalmente á 
simple vista. No debe olvidarse la escala en que se está haciendo 
el plano. 

Yo entiendo que el trabajo conducido del modo indicado, deba 
proceder con gran rapidez : tal vez poco más del tiempo necesa- 
rio para recorrer la línea con un rodado y al trotecito. 

La gran masa del trabajo topográfico se refiere á las partes llanas 
que constituyen la mayor extensión del territorio argentino. Así 
que es sobre esta parte de la tarea que he procurado ocurrir al 
procedimiento más rápido. 

Los grandes obstáculos que presenta la llanura, son los muchos 



- 357 - 

ríos que la interceptan. Por eso he dedicado á esa parte una aten- 
ción especial. 

Hay ríos de los más grandes de la tierra, como el Paraná v el 
Uruguay, en la parte inferior de su curso. Los hay de dimensiones 
limitadas, como seria el Paraná de las Palmas, el Mini ; hay muy 
pequeños, como el Salado, que apenas son navegables con canoas y 
en ciertas ocasiones, y, finalmente, hay los rios de la Pampa, expla- 
yados con poca ó ninguna vegetación en sus orillas y que no se 
pueden navegar ni cuando tieiien agua. 

Para cada clase de tales ríos hay que operar diferentemente. 

El curso de los ríos Paraná y Uruguay ha sido determinado, en 
general, por los marinos de las naciones extranjeras, de un modo 
que satisface escasamente á las necesidades de la navegación. En 
un par de meses, á lo más, una nave de guerra habrá hecho el plano 
de centenares de leguas. Por otro lado un levantamiento diligente, 
como el que se ha hecho últimamente de un trecho del Paraná en 
las inmediaciones del Rosario, importa un gasto considerable, mu- 
cho personal y muchísimo tiempo. Habría que preguntar al inspec- 
tor de las obras hidráulicas, para persuadirse de eso. Tales estu- 
dios, que se hacen tan sólo cuando hay que hacer alguna obra de 
importancia, no pueden hacerse por todo el curso de un río. 

Es preciso adoptar un método más perfecto del primero y mu- 
cho más rápido del segundo. 

Yo propongo obrar del modo que paso á describir. 

Ante todo, el material requerido consiste en tres vaporcitos igua- 
les, oportunamente tripulados. Deben tener un largo de cerca 25 
metros y el menor calado posible. En el centro deben tener un 
palo vertical, que puede ser muy liviano, desde que no debe servir 
á sostener velamen de ninguna clase. En su parte superior, el palo 
debe tener un tablero formado de dos tablas que se crucen á án- 
gulo recto, pero dispuestas verticalmente, formando así cuatro alas. 
Cada una de éstas será pintada de modo de formar 4 rectángulos 
2 blancos y 2 colorados, separados por rectas horizontales y verti-- 
cales, á fin de que sirvan de mira bien visible hasta la distancia de 
cerca 1.800 metros. Sóbrela sección central transversal y á la al- 
tura del puente del vaporcito, habrá á los dos bordos, otros table- 
ros análogos, formando tres alas en lugar de cuatro y con las caras 
externas pintadas del mismo modo. La distancia vertical entre la 
línea horizontal que divide los rectángulos del tablero de arriba 
de los que dividen los de abajo, debe servir para medir la distan- 



- 358 - 

cia desde otro vapor, adonde los observadores por medio de sex- 
tantes ó de círculos miden el ángulo vertical que tiene por base 
la distancia mencionada de los tableros de arriba y de abajo. Se 
comprenderá fácilmente que la disposición indicada permitirá ob- 
servar de distancia el tablero de arriba y uno de los de abajo, cual- 
quiera que sea la posición del vaporcito respecto del observador 
situado sobre otro. 

En la suposición que la distancia máxima que debe computarse 
del modo indicado, sea de 1.800 metros, considero que la distancia 
vertical de 20 á 25 metros, debe bastar para dar una aproxima- 
ción suficiente para nuestro caso. 

No teniendo tiempo para entrar en las particularidades relati- 
vas, me limito á decir que la distancia mayor á medirse: la altura 
del tablero situado sobre el palo del buque, las dimensiones de 
ese tablero, las dimensiones de los instrumentos que deben em- 
plearse, el poder de sus telescopios, las graduaciones del limbo 
(esos instrumentos de|Den construirse á propósito), y aproximación 
en la apreciación de la distancia, todo esto debe ser determinado 
de una vez como un solo problema. 

De los tres vapores, dos tendrán un observador con su sextante 
y círculo y un ayudante que escribe lo que dicta el observador. El 
tercer vapor servirá solamente de punto de mira para apreciar las 
distancias, pero tendrá una sonda, porque cuando él pasa de una 
posición á la otra sucesiva debe sondear el río. 

Conocido así el material que debe servir al levantamiento del 
plano hidrográfico, he aquí cómo se debe obrar : 

Sean m n y p q, las dos orillas del río, y llámense A y B los dos 
buques que llevan los observadores, y C el que debe practicar los 
sondajes. 

Distingüese con las señas i, 2, 3.... el número de las posiciones 
que van tomando los vapores en sus estaciones sucesivas. Para 
empezar con la primera, se estaciona el buque A en Ai ; el buque 
B en Bi y el C en Ci. 

El observador en Ai toma las distancias Ai Bi y Ai Ci, por medio 
de la medida del ángulo, como ya he explicado, y el observador en 
Bi mide las distancias Bi Ai y Bi Ci ; además se miden los ángulos 
horizontales a y 3, operaciones que se hacen en pocos minutos. 
Entonces A, por medio de una señal, ordena á C de pasar á C2. 

Durante la cruzada, que procurará hacer en línea recta, hará los 
sondajes ; los cuales no es preciso sean muy numerosos, en cuanto 



— 359 — 

que el Paraná tiene un cauce muy regular ; así por ejemplo, un 
sondaje cada 40 ó 50 metros es suficiente. Es fácil comprender 
como para cada sondaje que hace C y que lo debe señalar al 
momento que tira la sonda por medio de una bandera, tanto Ai come. 
Bi pueden tomar la dirección y la distancia al vapor C, asi que aun 
perdiendo éste la dirección rectilínea, se podrá poner en el plann 
el camino efectivo Ci C2, y los sondajes en la posición en que fueron 
tomados. 

Llegado C cerca de su nuevo puesto Cg, en frente á Ai, éste 
mediante señas indicará si conviene colocarse un poco más aguas 
arriba ó abajo. Cuando habrá llegado á la posición conveniente; 
dará la orden de fijarse, y esto se conseguirá sólo en el caso indis- 
pensable, por medio de anclas ; pero en general procurará tomar 
su posición atándose á los árboles de las orillas y por medio de 
puntales y bicheros, al fondo en donde necesariamente habrá poca 
agua. Una vez fijado en su nueva posición, A tomará la distancia 
Al C2, y el ángulo y y B tomará la distancia Bi C2 y el ángulo o. 

Inmediatamente después B pasará de la posición Bi á la B2, ha- 
ciendo de paso el croquis de la orilla, y cuando se habrá fijado en 
el mismo modo indicado para C en su nueva posición, A tomará la 
distancia Ai B2 y el ángulo S, y por su parte B tomará las distancias 
B2 Al y B2 C2 y el ángulo ~. 

En seguida C pasará de la posición C2 á la posición C3, haciendo 
los sondajes como en la cruzada anterior, y cuando se habrá fijado 
en su lugar, A tomará la distancia Ai C3 y el ángulo ^ y B tomará 
la distancia B2 C3 y el ángulo 6. Con lo que habrá concluido la 
primera estación, empezando la sucesiva cuando A haya pasado á 
la posición A2. 

Del modo indicado resultarán bien determinados todos los trián- 
gulos, en los cuales de los seis elementos que los componen se 
conocerán cinco. Se verá también que la longitud de las diagonales 
que son las mayores y las más dificiles de apreciar, podrán ser 
calculadas por medio de los dos observadores A y B, y además 
podrán controlarse indirectamente por medio de los dos triángulos, 
de los cuales la diagonal es un lado común. Se comprende que 
cuando la anchura del rio fuese muy grande, se harian los lados 
sucesivos, aguas abajo, muy breves para disminuir el largo del lado 
correspondiente. Finalmente, adonde excepción íUmente no alcan- 
zara la aptitud de los instrumentos, habrá que resignarse á tomar el 
curso de las dos márgenes del rio por separado. 



— 36o — 

Como la operación de los sondajes es la que ha de tomar el 
mayor tiempo, vale la pena de abreviarla lo más posible. Por eso 
sugiero que á bordo del vaporcito C haya un guinche á vapor muy 
liviano, con una rueda de gran diámetro, que funciona como polea, 
la cual puesta en naovimiento rapidísimo, podrá levantar la sonda 
en pocos instantes. 

Supuesto al río una anchura de i kilómetro y la distancia de 
Bi á B2, ó sea el largo complexivo de los dos cuadriláteros de la 
figura I, de 3 kilómetros, supongo que una estación entera se podrá 
efectuar en 4 horas y que, por consiguiente, con sólo 3 estaciones 
que se hicieran en el día, se haría regularmente el plano de g kiló- 
metros de río. 

El Paraná y el Uruguay bien merecen una operación semejante, 
con la que se obtendría por la primera vez sus verdaderas hidro- 
grafías; las cuales deben ser figuradas en una escala de -^^^ ó me- 

J*-*-"^ 20000- 

Los brazos principales del Paraná, como el Paraná de las Palmas 
y el Miní, y los otros ríos navegables de una anchura inferior de 
trescientos metros y mayor de cien, se podrán planografar de un 
modo más expeditivo. 

Ya no serán necesarios los vaporcitos. Unas lanchas con cuatro 
remadores (nótese que la marcha general será siempre hacia aguas 
abajo) con el palo central para las señales y los tableros á los lados, 
como en los vaporcitos, pero con una altura de señales inferior 
adaptada al porte de las lanchas. 

También en ese caso dos lanchas tendrán al observador con el 
círculo, y la tercera se ocupará sólo de los sondajes, los cuales se- 
rán efectuados muy ligeramente, desde que las honduras serán muy 
limitadas. 

El modo de proceder sería el siguiente : 

Sean in n y p q las dos orillas izquierda y derecha del río ; A y B 
(lanchas que llevan los observadores) se colocarán sobre una orilla 
en Al y Bi á la distancia una vez y media la anchura del río, próxi- 
mamente, ó adonde lo indicara la forma de sus márgenes. C (lancha 
de los sondajes) se pondrá en la orilla opuesta, como á mitad 
camino entre Ai y B, 

Al toma las distancias Ai Ci , Ai y Bj y el ángulo a/ Bi toma las 
distancias Bi Ai, Bi Ci y el ángulo [3. Después Ai pasa en A2 y lue- 
go de haber tomado su puesto^ mide las distancias A2 Ci, A2 Bi y 
el ángulo y. Bi toma las distancias Bi A2 y el ángulo o. Entonces 



- 36i - 

C pasa del puesto Ci al puesto C2, tomando los sondajes. Claro es 
que si conviene, A2 y Bi toman los datos necesarios para deter- 
minar la posición de estos sondajes, á medida que se van to- 
mando. 

Establecidose C en Co , Ao toma la distancia A2 C2 y el ángulo s, 
y B toma la distancia Bi C2 y el ángulo t. Entonces B pasa desde 
Bi á B2 y así sucesivamente, obteniéndose una serie de triángulos, 
de dos de los cuales se conocen siempre cinco elementos. Ade- 
más, los lados comprendidos entre las estaciones A y B estarán me- 
didos dos veces, es decir, desde cada uno de sus extremos. 

Supuesta una anchura del rio de 200 metros, tendremos entre 
Ci y C2, cerca de 600 metros. El sondaje en las condiciones ordina- 
rias, de este trecho, tomará 25 minutos á lo más, y puestos otros 20 
minutos por todo el resto, resultarán tres cuartos de hora para los 
600 metros, que es lo sumo que debe demandar ese trabajo, ó sea 
muy holgadamente, se harán de lO á 12 kilómetros en un día. 

Puesto ahora el caso de los ríos cuya anchura no pasa de 100 
metros, que son navegables á lo menos por lanchas de 50 centíme- 
tros de calado. Entonces bastarán 2 de éstas con sus palos y table- 
ros, para las señales que deben servir para las medidas diastimomé- 
tricas. 

En ese caso, puéstose A en Ai , adonde empieza la tigura, ?> va 
hasta que da el alcance de las señas y lo permiten las curvas del 
río. Tanto A como B toman las distancias Ai Bi y después el azi- 
mut magnético. En donde no pudiera contarse con el azimut 
magnético Bi tomaría el ángulo de la visual Bi Aj con otra 
directa á un objeto cualquiera x, que no falta nunca, tanto más que 
no se precisa un rumbo muy exacto, bastando una aproximación 
de un minuto ó medio minuto. Entonces A pasa de Ai á A2 , to- 
mando algunos pocos sondajes á lo largo del talweg del rio, que 
determinará de un modo aproximativo. Una vez fijado en A2 , B 
tomará la distancia Bi A2 y el ángulo ¡3 entre la visual á x y la di- 
rigida sobre A2 y A2 , tomará la distancia A2 Bi y el ángulo v, de- 
terminado como el análogo a. 

Finalmente, hay los ríos desplayados déla Pampa, que no son na- 
vegables ni cuando están en creciente y que corren generalmente 
en terrenos desnudos, ó casi de vegetación. Algunos de éstos son 
muy anchos. 

Para su caso, yo propongo el uso del Cleps gran modelo (para 
los río anchos) con los mayores alcances que permita el instru- 



— 302 — 

mentó, que puede llegar hasta á 800 metros. Con la amplitud de 
las visuales disminuye en mayor proporción la aproximación ; pero 
ésta resulta más que suficiente para el caso. 

El operador^ con el instrumento sigue una poligonal situada sobre 
una de las orillas ó cerca de la misma; mientras que los que llevan 
la estadía para señalar los puntos de la orilla opuesta, se mantienen 
siempre sobre ese mismo lado. 

No doy mayores detalles sobre el uso del instrumento, porque 
está explicado muy hábilmente porSalmoiraghi. 

Como ya dije, los ríos, por la variabilidad de sus márgenes y 
también por tener las orillas poco accesibles en general, no pueden 
servir para la líneas delcanevás. Son, pues, puramente del dominio 
de la topografía y en sus largos cursos cruzarán muchas lineas del 
canevás, ó, cuando los ríos son muy anchos, dichas líneas llegarán 
á sus orillas; en ambos casos tendremos trozos de ríos comprendi- 
dos entre dos líneas del canevás, por lo que resultará fácil corregir 
las imperfecciones del relieve hidrográfico, dentro de los límites 
bien determinados del canevás. 

No falta ahora más que tratar del modo de hacer los detalles de 
las serranías. 

Yo creo que lo mejor es ocurrir también, para este caso, al 
empleo del traqueómetro. Para que sea practicable el uso de este 
instrumento en los lugares ásperos, será preciso hacer un atalaje es- 
pecial de una sola rueda, el cual, adaptado á la muía, debe mante- 
nerse la rueda en posición vertical : lo que no será difícil de con- 
seguir. Yo pienso que un rodado así podrá llevarse sin mucha di- 
ficultad por valles angostos, tortuosos y empinados, hasta un cierto 
grado. Los valles inaccesibles serán naturalmente de poca impor- 
tancia y entonces habrá que calcular á simple vista. 

En tales casos, el operador deberá hacer bosquejos muy diligen- 
tes. Es sobre éstos que deberá tenerse la mayor cuenta en la cons- 
trucción de los planos y grabados. 

En esas regiones, los rectilíneos serán muy breves. Allí habrá que 
dar la mayor atención al uso de aquel coeficiente deque hablé ante- 
riormente. Los ángulos se medirán del mismo modo indicado para 
los lugares llanos. 

En los valles cortos y de poca importancia, bastará determinar el 
rumbo por medio de la brújula, lo que simplificará mucho la ope- 
ración; pero son muchos los casos en montaña en que no se puede 
prestar mucha confianza á la brújula. Entonces habrá que medir 



- 363 - 

los ángulos mediarLte el circulo prismático y el ángulo auxiliar, di- 
vidiendo los ángulos grandes de la poligonal en dos, como dije 
anteriormente. 



ALTIMETRIA 

Todo lo que antecédese refiere exclusivamente á la planimetría, 
y como la carta debe ser también altimétrica y expresar las eleva- 
ciones del terreno por curvas de nivel oportunamente distanciadas, 
hay que tratar esta parte ds la tarea con la atención debida. 

Hay una circunstancia afortunada que facilita mucho esta parte 
del trabajo. La configuración sencilla del territorio argentino, con 
sus grandes llanuras y sus pocas y altas montaiías, permite que los 
movimientos de la atmósfera tengan lugar con una cierta uniformi- 
dad y por grandes masas y extensión, sin aquellas irregularidades 
provocadas por los accidentes locales, como sucede en Europa y 
en muchas otras partes, que traen consigo tantas irregulariüades en 
los movimientos barométricos. En consecuencia, las indicaciones 
del barómetro, aquí se prestan admirablemente para la medición de 
las alturas, cuando se obra con las precauciones debidas. Yo puedo 
atestiguar este hecho, porque en mis trabajos he conseguido resul- 
tados verdaderamente notables, como sería fácil comprobar; al 
punto de ser comparables con las nivelaciones hechas por medio 
de buenos niveles. Así, pues, aparte de la ventaja que ofrecen los 
ferrocarriles, cuva nivelación es bien conocida y que constituye ya 
una buena base altimétrica, será fácil proveer á esa parte del tra- 
bajo, por todos los demás puntos del territorio. Para explicar del 
mejor modo el procedimiento que debería seguirse, concreto el 
caso particular de que se trate de una sección y que ésta sea, por 
ejemplo, la que está formada por las dos provincias de Entre Ríos 
y Corrientes juntas. Durante el trabajo de campaña, se elegirán dos 
ó tres puntos, como serían Gualeguay y Posadas, adonde se esta- 
blecerían unos observatorios dotados de instrumentos autoregistra- 
dores, que indiquen la temperatura y la presión atmosférica de un 
modo continuo. 

Para los puntos del primer orden cuya posición geográfica debe- 
determinarse directamente, se hallará la altura por medio del ba- 
rómetro, en la misma ocasión en que se harán las observaciones 
astronómicas. 



— 364 — 

El barómetro á mercurio es el instrumento más difícil de trans- 
portar; pero, afortunadamente, ahora se conoce uno que es perfec- 
tamente transportable. Es el que ha ideado últimamente el capitán 
H. H. P. Deasy. 

Es un barómetro á mercurio, el cual, en lugar de tener la entera 
columna en un tubo de vidrio, está dividido en dos partes desmon- 
tables y pequeñas : la una que constituye la cámara barométrica de 
arriba, y la otra que contiene la cubeta de abajo. Cuando debe ha- 
cerse la observación, se fijan por medio de tornillos de presión á 
ima regla graduada de acero, las dos partes á la graduación conve- 
niente y se ponen en comunicación por medio de un caño elástico. 
Desmontado, es la cosa más fácil de transportar. Una descripción 
completa del instrumento, me tomaría demasiado lugar. Los que 
deseen conocerlo hallarán una completa descripción en el Journal 
ofthe Geographical Society de Londres, en el número de Agosto 
de 1897. Me limito á decir que los resultados que da son tan bue- 
nos , que no difieren prácticamente de los de un barómetro á mer- 
curio, con la ventaja de que puede transportarse con la mayor faci- 
lidad y seguridad. 

Mediante este barómetro, se determinan las alturas de todos los 
puntos del primer orden, sin contar los que pertenecen á los ferro- 
carriles cuya altimetría es ya muy conocida. 

En cuanto á las líneas del canevás ó del segundo orden, las cua- 
les se relevan mediante el Cleps, sus niveles quedan determinados 
por las mismas observaciones que se hacen por medio de ese instru- 
mento ; así que no demandan ningún trabajo especial, resultando 
que el territorio viene á ser nivelado diligentemente á lo largo de 
una extensa y fina red. 

Respecto á los demás puntos del detalle topográfico, es preciso 
servirse simplemente de barómetros metálicos, de los cuales hay 
ahora algunos excelentes. Los barómetros metálicos usados inde- 
pendientemente no dan ninguna garantía, es verdad; pero en nues- 
tro caso, en que, saliendo de un punto de altura conocida se llega 
al corto trecho ( 40 kilómetros más ó menos ) á otro punto también 
de altura conocida, los resultados serán perfectamente aten- 
dibles. 



— 305 — 



DIVISIÓN GENERAL DEL TRABAJO 

Para proceder á la construcción de la Carta, hay que hacerlo por 
secciones, por muchísimas razones fáciles de concebir. Si se divi- 
diera el territorio todo en 20 secciones, resultará cada una de la 
extensión media de 150 mil kilómetros más ó menos. Puesto que la 
distancia media de los seguimientos sobre los cuales están distribuí- 
dos los puntos del i.er orden, sea de 70 kilómetros, y que éstos 
disten uno de otro de 30 kilómetros, tendríamos que en la sección 
habría 'jz puntos cuya posición geográfica ha\- que determinar 
directamente. 

Sin descontar los muchos que pertenecen á las líneas ferrocarri- 
leras. 

Si calculamos tres días por cada punto, lo que seguramente es 
más de lo necesario, tendríamos que el entero trabajo importaría 
216 días, si es un solo observador que pasa de un punto á otro, 
además de aquel que estaciona en la estación de posición conocida 
para recibir y transmitir señales telegráficas. Habría economía 
teniendo dos observadores ambulantes, porque entonces con esos 
dos y el que está permanente en la estación conocida, se cumpliría 
el trabajo en menos de cuatro meses. 

En cuanto á las líneas del canevás, que constituyen los elemen- 
tos del 2.° orden, serían alas distancias supuestas últimamente, que 
son inferiores á la media. 72 X 70 = ,504o kilómetros, á los que aña- 
diendo un 25 °/o por el mayor recorrido, tendríamos 6050 kilóme- 
tros ejecutados mediante el Cleps. Puesto que se hagan 7 kilómetros 
por día y se descuente un séptimo por los días no utilizados, serán 
seis por día, ó sea por todo, loio días. 

Cuatro comisiones ( de un ingeniero, un ayudante y personal 
secundario y de servicio cada una) cumplirían la tarca en 252 días, 
ó sean ocho meses y medio. 

Respecto á los detalles topográficos, es demasiado arriesgado 
calcularlo por una media arbitraria : habrá vastas regiones que 
demandarán muy poco trabajo, y otras en que habrá ya mucho de 
preparado, como en la? provincias más pobladas ; y otras, en fin, 
en que habrá muchísimo que hacer. 

Pero como la naturaleza de esa labor, que es extremadamente 
sencilla, permite emplear un personal de escasa preparación y que, 
por otro lado, se pueden multiplicar las comisiones á voluntad, yo 



creo que se podría calcular un trabajo dedos años parala topogra- 
fía. £n cuanto al año para los trabajos preparatorios, como basta 
que precedan de pocos meses los de la topografía, se puede calcu- 
lar dos años y medio cada sección. 

Por las 20 secciones, 50 años. Procediendo á la vez en dos seccio- 
nes, se haría, pues, en 25 años. 

Esto sin contar con los trabajos de mesa, planos, grabados, im- 
presiones, etc. 

Parecerá ésta una tarea demasiado lenta á cumplirse; pero las 
naciones que tienen fe en supervenir, no deben arredrarse ante esa 
clase de perspectivas : el ejemplo de lo que han hecho y hacen las 
grandes naciones, debe servir de lección; como ya he explicado, se 
debe tener presente que un trabajo muy exacto importaría siglos. 
También podría conseguirse un buen resultado, planografando las 
zonas periféricas del territorio, que son las de más interés. En "ese 
caso^ en pocos años, podría decirse durante el período de una pre- 
sidencia, se podría hacer lo más substancial del trabajo. 



SISTEMA DECIMAL 

El objeto primordial de la presente propuesta, es el de con- 
seguir un determinado trabajo con la mayor economía posible 
de tiempo. Con este propósito en vista, no hay la menor duda que 
sC debe adoptar el sistema decimal para la medida de los ángulos. 
Es absolutamente irracional y efecto de pura inercia la resistencia 
que se manifiesta todavía al día de hoy, ala adopción de esta inno- 
vación. Ninguna razón hay que la justifique. No faltan para ese 
sistema ninguna de las obras auxiliares que sirva á facilitar los cálcu- 
los, como tablas de las funciones trigonométricas, naturales y loga- 
rítmicas, tablas de cálculo, reglas, discos calculadores, etc. Mientras 
tanto, el uso del sistema decimal empieza ya á ser útil desde el pri- 
mer momento, al hacer la lectura de un ángulo en que hay mucha 
menor probabilidad de equivocarse que por el sistema sexagesimal. 
En cuanto á los cálculos, la gran facilidad de hallar las medias' de 
varios ángulos y los ángulos complementarios ó suplementarios, la 
grandísima ventaj a de la disminución en las probabilidades de errar 
y la gran economía de tiempo, demuestra á la evidencíala absoluta 
superioridad del sistema. 

El profesor Salmoiraghi asegura que los cálculos con las divisio- 




n¿.í 




Tiú. 3 






Fig.2 



Fip. 3 




— 36; - 

nes centesimales, exigen la mitad del tiempo que importan l.js con 
divisiones sexagesimales. 

Sr. Secretario Barabino. — Presento la siguiente proposición: 
Que se aconseje á la Oficina General de Geodesia el estudio del 
trabajo presentado por el señor Moneta. 

— Apoyado. 

Sr. Silveyra. — Me parece que la Asamblea se ha pronunciado 
ya sobre esta clase de indicaciones, cuando el Ingeniero Bahía acon- 
sejó que se pidiese á las oficinas púbhcas respectivas el estudio del 
proyecto del seaor Huergo. Parece que habiendo declarado la 
Asamblea que no le corresponde hacer estas declaraciones, ésta 
está en ese caso. 

Sr. Secretario Barabino. — Se trata de un trabajo que no po- 
demos estudiar en una sola sesión. Por eso proponía que se to- 
mara más tiempo á fin de llegar á un resultado conveniente al país. 

Sr. Aguirre. — Creo que todos estamos conformes en aceptar las 
conclusiones de este trabajo, pero me parece que no podemos votar 
una recomendación de estudio á ninguna repartición administrati- 
va, porque puede muy bien corresponder á otra que no sea la Ofi- 
cina de Geodesia. Y hago notar esto, porque sé que el Estado 
Mayor del Ejército se ocupa, en su sección técnica, de hacer un 
levantamiento general de perfiles que coincide con los que indica 
el señor Moneta, tomando por base las líneas férreas y telegráficas. 
También la Oficina de Hidrografía ha hecho vm levantamiento de 
las costas, determinando algunas posiciones importantes, como 
faros, cabos, etc. 

Daba estos detalles simplemente para fundar mi opinión, que 
coincide con las aateriormente emitidas, creyendo que sólo nos 
resta aceptar el trabajo leído y dar las gracias al señor INIoneta. 

Sr. Secretario Barabino. — Sostengo mi moción, porque creo 
que la Oficina Nacional de Geodesia, sin menoscabar la importan- 
cia de las demás análogas de la Nación, es la que debe ocuparse 
de estos asuntos. 

Sr. Balbín. — Me parece que este Congreso no está llamado á 
aconsejar á los poderes públicos, porque así como ahora se pretende 
aconsejar á las reparticiones del país, podríamos también hacerlo 
con las de Méjico, al que representa el señor Moneta, ó las de Qui- 
to, ó cualquiera otra parte. 

Sr. Secretario Barabino. — Hemos votado en una sesión ante- 



- 368 - 

rior una indicación á los gobiernos oriental y argentino, para hacer 
estudios en el Río de la Plata. Me parece que es algo análoga á la 
que yo propongo. 

Sr. Silveyra. — La indicación á los gobiernos argentino y orien- 
tal no es análoga á la que indica el señor Barabino, porque en 
aquélla se recomienda practicar estudios en beneficio de ambos 
países, mientras en ésta se recomiendan procedimientos. 

— Se vota la moción del señor Barabino y resulta negativa, apro- 
bándose la siguiente indicación del señor Aguirre. 

La Asamblea agradece al señor Moneta, delegado del gobierno 
de Méjico, la presentación de su interesante Memoria, y acepta sus 
conclusiones generales. 

— En seguida se da lectura al trabajo del señor. Soulages, sobre 
instrumentos ópticos. 



Sobre las causas físicas 

que limitan el empleo de los instrumentos de óptica para la medida directa 
de las distancias 



Por el Ingeniero EDMUNDO SOULAGES 

I. Algunas palabras sobi'e la teoría elemental 

Si AB ( fig. I ) es la porción de mira interceptada por ios hilos 
extremos del retículo, F el foco anterior del objetivo, tenemos que, 
siendo L y L' las dos lecturas, 

FM = X (L' — L), 

, , A'B' 
X es una constante igual a 



oF 
Si N es el centro del instrumento, 

N M = N F ^- F M , 



— 3Ó9 — 

NF será constante ó no, según se mueva el objetivo ó el ocular 
para poner al punto, pero en todo caso será una cantidad que se 
podrá conocer fácilmente; la llamaremos a. 

Tenemos, por tanto, que la distancia de la mira al centro del ins- 
trumento es : 

(I) D = a + A(L'-L). 

Para suprimir esa cantidad a, se emplea la disposición conocida 
de la lente analítica, que se intercala entre N y el ocular. 

Esa lente suplementaria no cambia nada á las condiciones 
físicas de la observación, á no ser que tal vez absorbe la lente un 
poco de luz. 

Supondremos, por tanto, en lo siguiente, que se trata de un 
anteojo cualquiera de teodolito ó nivel, con retículo á propósito 
para medir distancias. 

No tendremos en cuenta la inclinación de las visuales, que nece- 
sita una corrección especial, siempre fácil de hacer, y supondre- 
mos las visuales normales á la mira. 

Si se admitiera esa teoría como exacta, resultaría que el error en 
una longitud cualquiera, dentro de los límites de visibilidad, 
sería independiente de la distancia ó constante ; basta, en efecto, 
diferenciar (i) para verlo. 



2. Resultados paradójicos 

Se admite generalmente que el taquímetro, ó un instrumento 
cualquiera con retículo á propósito, es bueno para una pequeña 
distancia, cuyo valor varía con el instrumento considerado, pero 
que, pasando de este límite, los errores aumentan tan rápidamente, 
que quitan todo valor á los resultados. 

Es este punto que nos proponemos discutir. 

Demostraremos que : 

i.° Cualquiera que sea la distancia ( dentro de los límites de 
visión distinta naturalmente, ó mientras esté bien visible ó legible 
la graduación), las observaciones son comparables etUre ellas, ó 
más bien, que el tanto por ciento del limite superior del error, 

es constante. 

2° Que para una distancia cualquiera, la causa de error tiene un 



— 370 — 

coeficiente de influencia, cuyo valor impide que el método de 
medir distancias con anteojo á propósito, se pueda emplear cuando 
se quieran alcanzar resultados exactos. 



3. Primer hecho experimental 

Tomemos un anteojo de teodolito ó nivel, y apuntando un objeto 
cualquiera, saquemos el ocular : si se coloca el ojo en el lugar que 
ocupaba el ocular, no se ve nada, ni siquiera el retículo ; si se 
aleja, manteniéndose sensiblemente, en la dirección del eje del ins- 
trumento, no se empieza á ver una imagen sino á cierta distancia ; 
antes de llegar á este punto, ha pasado la imagen por todos los 
estados transitorios que separan una mancha confusa de una ima- 
gen neta ; si se aleja cada vez más el ojo, la imagen queda siempre 
neta, hasta que deja de percibirse. Casi al mismo tiempo de ha- 
cerse visible la imagen ó desaparecer, pasa lo mismo con los hilos 
del retículo. 

Tratemos de interpretar este resultado : 

Sea AB ( fig. 2 ) el objetivo, MM' la cara graduada de una mira 
ó de un objeto cualquiera. 

Cada punto M del objeto, da lugar á un haz de radios que, des- 
pués de atravesar el objetivo, se transforma en un cono de dos 
napas AFB, QFP. 

Admitimos que es un cono como en la teoría elemental, más 
bien que otra superficie, para simplificar las explicaciones, pero se 
podría levantar esa restricción sin cambiar nada á los resultados ; 
y por otra parte, no son expresiones exactas de los errores las que 
calcularemos, sino límites superiores. 

Se ve una imagen neta solamente entre C y C". Estando el ojo 
en un punto intermedio C, se ve una imagen, porque cada punto 
del objeto entre M y M' da un punto entre F y F', y de cada uno 
de esos vértices emana otro cono, del que una parte encuentra la 
pupila del ojo en C. Resulta que para que se vea la imagen ó el 
retículo, el ángulo bajo el cual se ve de un punto cualquiera 
de la imagen ó del retículo la pupila del ojo, debe ser com- 
prendido entre ciertos límites determinados. ( Es inútil hacer ob- 
servar que esa metáfora es casi necesaria.) 

A cada uno de esos ángulos corresponden las distancias máxi- 
mas y mínimas de visión distinta. 



— 371 — 



Para las explicaciones ulteriores, será más cómodo conservar el 
ángulo que la distancia correspondiente. 



4. Segundo hecho experimental 

Desplazando el ojo en el plano C, la imagen se desplaza también 
con respecto á los hilos del retículo que están fijos, y se puede 
observar que el desplazamiento es tanto mayor cuanto más lejos 
está C de C 

Eso proviene de que el plan focal teórico FF' y el del retículo 
no coinciden nunca. Es fácil darse cuenta de ello. 

Supongamos (fig. 3) el ojo en C; si admitimos que funciona 
como una lente teórica perfecta, se ve la imagen de un punto S 
entre F y F', según CS, y el hilo del retículo, según CR. Si se des- 
plaza de C en Ci, se ven S y R bajo el ángulo SCi, R; como R está 
fijo, se puede decir que se ha desplazado la imagen. 

Conviene advertir que es una expresión que no hay que tomar 
al pie de la letra; si se habla de imagen que se desplaza en el 
plano del retículo, hay que entender que es la sección de la fami- 
lia de conos cuyos vértices están sobre FF',por el plan del retículo. 



5. Tercer hecho experimental 

Si, estando fijo el ojo en C ( fig. 4), movemos el tornillo de alar- 
gamiento, es decir, modificamos la distancia del objetivo al re- 
tículo, se nota que la imagen se desplaza con respecto á los hilos 
del retículo. 

En efecto, el objetivo en su movimiento arrastra el plan focal 
F F' y lo transporta, por ejemplo, en Fi F'i ; las distancias F F', 
Fi F'i serán casi rigurosamente iguales, de modo que el desplaza- 
miento es una traslación de la imagen en el plano del retículo. 



6. Observación importante 

Además de esa observación directa, una comprobación muy 
conocida de este hecho es que habiendo un observador estable- 
cido la coincidencia de un hilo del retículo con un punt.. cual- 



— 372 — 

quiera, esa coincidencia no será exacta para un segundo observa- 
dor, si no tiene la misma vista, es decir, si tiene que mover el 
objetivo. 

Verdad que en este caso, por el hecho de mover el objetivo, se 
introduce un elemento extraño al problema. En efecto, el movi- 
miento del objetivo no será una traslación rigurosamente normal 
al plano del retículo, sino que se complicará de una rotación al 
rededor de un eje desconocido; lo que hace que el movimiento dé 
F ó F' tampoco será una traslación simple, y se complicará también 
de la rotación al rededor del mismo eje desconocido, produciendo 
un desplazamiento correlativo de la imagen en el plano del retículo. 



7. Modificaciones introducidas por el ocular 

La introducción del ocular tiene por efecto estrechar los límites 
entre los que se puede desplazar la imagen real, para quesea 
visible. 

Vamos á buscar una expresión aproximada ó límite superior de 
los desplazamientos mencionados en § 4 y 5. Es decir : 

I. Desplazamiento debido á la posición del ojo. — ■ II. Desplaza- 
miento debido á la posición del plan focal con respecto al del 
retículo. 

Aunque I es función de II, empezaremos por I. 



8. D espías a^niento I 

Suponiendo el ojo en C ( fig. 5 ), delante del diafragma exterior 
del ocular, si se le desplaza en Ci se verá resbalar la imagen detrás 
del hilo. Si GG'C, HH'Ci son los radios extremos de un haz de 
radios emanados de un foco F que representa un cierto punto de 
la mira, y que se apoyan sobre el borde del diafragma, se verá el 
punto F desplazarse de G en H, 

GH 



GR 



será un límite del desplazamiento relativo del punto F. 

Si indicamos con — la distancia de F al plano del retículo por c, 



373 



la distancia constante CR del plano del retículo al del diafragma, 
por i la distancia de un hilo extremo del retículo al hilo medio, y 
por y el radio del diafragma, tenemos que ese desplazamiento es 
sensiblemente igual á 





U 


2 r 


I 




2 


c 


i 


(2) 


U 

i 


r 
c 





La connivencia con el hilo correspondiente del retículo, se efec- 
túa en un punto de esa región GH; por tanto, ese desplazamiento 
es un límite superior del error relativo de lectura. 



9. Sobre la expresión usual de <t enfocar-» 

Suponiendo fijo el ocular y visible el retículo, si se mueve el 
objetivo en un sentido cualquiera, la imagen se desplaza hasta que 
se hace menos neta y desaparezca; moviendo en sentido contrario 
desde la posición inicial, lo mismo pasa. Es fácil ver, en efecto, 
que para este pequeño desplazamiento de la imagen real, la ima- 
gen virtual ha recorrido una distancia equivalente á C C" del § 3. 

Por tanto, la expresión enfocar no tiene el significado que se le 
da en la teoría elemental; quiere decir co/ocar el reíicnlo en el 
interior de una cierta zona de parte ú otra del plan focal teó- 
rico, á tina distancia que varía con cada observador, y que para 
un mismo observador no puede pasar de cierto limite; repre- 
sentaremos por y esa distancia, de modo que u será el desplaza- 
miento total del objetivo que corresponde á la zona en que se 
tiene una imagen neta. 



10. Desplazamiento II 

Si en fig. 6, G representa un hilo del retículo y GF la longitud u, 
la imagen de un punto que se formaba sobre el hilo del retículo 
cuando F ocupaba la posición G, se desplazará, suponiendo fijo el 
eje en C, de G en H. 



— 374 — 
GH 



GR 



será el desplazamiento relativo, ó como ya hemos visto, el error 
relativo de lectura. 

De los triángulos CGR, FHG, se deduce, conservando las mis- 
mas notaciones que en § 8 

/ \ i I , u 

(3) u. -. - o - 

C 1 c 



II. Expresión definitiva del límite superior del error, debido 
d los dos desplasamientos 

Sumando las expresiones ( 2 ) y ( 3 ), tenemos que el desplaza- 
miento relativo resultante de la imagen, qvie es también el error 
relativo de lectura, es 

- (*) T -c- 

i representa la distancia del hilo extremo al hilo medio, y la ex- 
presión (4) representa el error relativo en una lectura. 

Para una medida cualquiera, hay que hacer dos lecturas : 

Si se consideran como independientes, se podría doblar la expre- 
sión (4) para tener el error total. 

Si se admite que no se mueve el ojo, haciendo las dos lecturas 
á la vez, la expresión { 2 ) se deberá siempre doblar, pero la ( i ) 
se debe modificar, y se ve sobre la figura 7 que será —. 

Con la primera hipótesis tenemos que, el error total relativo de 
lectura a', es sustituyendo 2r por o, 2 i por s 

Con la segunda, tenemos que 

(6) =" = 3^ 



— ó/d — 

Para dar idea de los valores relativos de esas cantidades y del 
valor de las expresiones (5) y (ó), damos á continuación las di- 
mensiones correspondientes de un anteojo ordinario, medidas 
aproximadamente y expresadas en milímetros : 

2 = 3, c = 33, o = 5, u r= I. 

La expresión (5) da 0,16, y la (ó) 0,09. 

12. Conclusiones generales 

Tenemos, prescindiendo de la constante a, ( § i ) : 

(7) dD = A (dL + dL'), 

siendo dL dL' los errores de lectura, es decir, la diferencial 
tomada en valor absoluto, tenemos también, t indicando una ú otra 
de las dos expresiones a' ó a". 

dL + dL' 
8 = = ^^ 

Por tanto 

dD =:AL J = Da 

ó 

dD _ ^ 

"d" ~ ' 

En las dos expresiones de a el coeficiente de u es una constante 
que depende del instrumento; por tanto, ellimite superior del 
error es proporcional á la longitud medida ó el tanto por cuan- 
to es constante. 

El cálculo del § II muestra que esa constante es muy grande y 
que, por consiguiente, no se debe esperar gran exactitud de un 
instrumento ordinario. 



370 — 



13. Conclusión discutible 

Hemos encontrado para a dos expresiones que corresponden á 
dos hipótesis distintas; como la realidad está encerrada éntrelas 
dos, conviene tomar a' que será siempre mayor que a", como limite 
superior. 

En la expresión de a', si en vez de atribuir á 

u o . 

sus valores limites, se consideraran como variables, daría el error 
correspondiente á la posición del ojo determinada 

o , u 

por — y del retículo por — . 

2 2 

Si se considera una gran serie de medidas hechas por un mismo 
observador, es probable que por el mismo fenómeno que da lugar 
en astronomía á la consideración de la ecuación personal ^ los va- 
lores medios de 



u 

- y 



sean respectivamente constantes; por tanto, el error efectivo será 
como el límite superior proporcional á la distancia medida, lo 
que podemos expresar de otro modo : el tanto por ciento de la 
dijerencia en longitud que un mismo observador encuentre 
con un mismo instrumento ^ en distintos levantamientos; cada 
uno de un número bastante grande de estaciones, debe ser 
sensiblemente constante en sentido y valor absoluto. 



14, Observaciones 

Ese ensayo de teoría se puede aplicar á la nivelación en general, 
ya que consiste también en leer una mira. 

Se la puede también aplicar á la medida de los ángulos, ya que 



n^i 



n^.2 



BL) 





~^^^5^-^':r-M 



Fig 



i. 3 



C^% 









fl 



■-h.^' 



Fió. i 




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5/5 






■^ 
^ 




\ '^ \\ 

\ V-i 



- 377 — 

los desplazamientos de la imagen en el plano del retículo son cua- 
lesquiera; es únicamente porque no habia necesidad de considerar 
otras, que nos hemos limitado á considerar las componentes verti- 
cales de los desplazamientos. Las componentes horizontales in- 
fluyen sobre los ángulos. 

Se podría tal vez completar esta exposición, por la consideración 
de la claridad, y también tratar de obtener valores más aproxima- 
dos para los desplazamientos de los que hemos encontrado ; pero 
como no tiene más pretensiones este trabajo que la de ser un en- 
sayo, nos hemos limitado á buscar valores, sin duda demasiado 
grandes para los límites, pero que bastan para tener idea de los 
resultados que daría una teoría más completa. 

Podemos expresar este resultado bajo otras formas : 

I." El error en tina distancia medida co)i un mismo instrn- 
¡nento por el mismo observador, es casi rigurosamente propor- 
cional al promedio de las distancias elementales que compo- 
nen la distancia total. 

2° A cada instrnmento, además de las constantes a y a que son 
constantes geométricas, lineal la primera, abstracta la segunda, 
corresponde tina constante física y abstracta, que es el coefi- 
ciente del error medio en una medida. 

Sr. Ingeniero Balbín. — Señor Presidente : El presidente de la 
reputada Sociedad Científica «Álzate» de Méjico, Doctor Joaquín 
de Mendizábal Tamborrel, matemático y geodesta de universal 
nombradía, me pide en carta de Marzo 6 último, que enseñe en el 
Congreso sus «Tablas de Logaritmos», lo que cumplo con verda- 
dera satisfacción. 

La adopción del día y del ángulo medido por la circunferencia 
como unidad, es la más lógica y al mismo tiempo la más ventajosa, 
por varias razones, á saber: i."" Si se toma el día como unidad de 
tiempo, se pasa alas ascensiones rectas, á las cuales el tiempo sirve 
de medida, sin más cambio que el nombre, cuando se toma la 
circunferencia como unidad, mientras que en el sistema llamado 
centesimal, es necesario multiplicar el tiempo por 4 ; 2." Cuando se 
emplean las tablas trigonométricas usuales para el caso de un 
ángulo que comprende varias circunferencias, lo que sucede á 
cada paso en la Astronomía, es necesario quitar previamente 
todos los múltiplos de sóo" ó 400°, mientras que tomando la cir- 
cunferencia como unidad angular, basta considerar solamente la 



- 378 - 

parte decimal del ángulo propuesto. Es una gran simplificación. 

La dificultad seria que se oponía á la adopción de la circunferen- 
cia como unidad angular, era que no se habían calculado tablas de 
las funciones trigonométricas con esa unidad. El señor Mendizábal 
ha venido á llenar ese vacío, prestando un verdadero servicio á la 
ciencia, como se lo reconocen los astrónomos y geodestas más 
re|Dutados. 

La disposición de las tablas es excelente, la impresión esmerada 
y correcta, y están exentas de error, en cuanto es posible. 

El Doctor Mendizábal ha puesto especial empeño en propagar la 
división decimal del día y de la circunferencia, y dentro de poco 
saldrán á la publicidad unas 40 tablas astronómicas y geodésicas 
basadas en esas unidades, que serán un digno complemento de las 
«Tablas de Logaritmos». 

Tal es, señores, la rica ofrenda que Méjico presenta en esta 
fiesta intelectual de Hispano-América. 

Trabajos de esta naturaleza, que implican una gran labor y alta 
ciencia, no son comunes en América, como no lo son en Eu,ropa, 
y por lo tanto pediría á la Asamblea se dignase expresar por acla- 
mación un voto de gracias á su autor, reconociendo toda la nove- 
dad, la importancia y la utilidad de su magna obra. 

— Por aclamación se acepta esta proposición. 

Sr. Romagoza. — Dio lectura de la siguiente Memoria sobre 



Hidráulica aplicada á la agricultura 

Por el Ingeniero VALENTÍN MARTÍNEZ 
(De Chile) 

Medida y distribución de las aguas de riego de caudal variable, en las 
provincias centrales de Chile 

GENERALIDADES 

La noción del riego es inseparable de la abundancia ó escasez 
de las aguas y de la manera como está constituida su propiedad. 

Por lo general, las aguas de riego son un elemento pOr demás 
contingente, puesto que svi abundancia ó escasez depende de múl- 



— 379 — 

tiples causas meteorológicas de que no es dado disponer á la mano 
del hombre. 

Este puede, sin embargo, en muchos casos, regularizar su apro- 
vechamiento por medio de obras de arte que ret-.rden en su camino 
esas eternas viajeras que del mar pasan á la atmósfera en forma de 
vapor, de ahí á las cumbres en forma de nieve y á la tierra en for- 
ma de lluvia, y por fin nuevamente al mar. 

Impedir por medio de canales, represas, etc., que esas aguas 
vuelvan al mar sin ser utilizadas, es el ideal del mejor aprovecha- 
miento de las aguas en agricultura. 

En Chile, la distribución de las aguas meteóricas, de lluvias ó 
deshielos, es bastante caracterizada en las diferentes estaciones del 
año y según la latitud. Por demás escasas en las provincias del 
norte y por demás abundantes en las del sur, ellas son suficientes 
en las centrales, aunque su condición sea una extrema variabilidad. 
Su medida y su distribución deben, pues, obedecer á esta circuns- 
tancia, sea que la entrega y consumo se haga sin limitación de 
tiempo, sea que la escasez obligue á recurrir á turnos ó tandas. 

Las siguientes líneas van encaminadas á manifestar cómo podría 
hacerse un equitativo reparto, base fundamental de toda distri- 
bución. 

Trataré primero : 

De la medida y distribución de las aguas de los canales de cau- 
dal variable, por medio de canales secundarios — Marcos. 

Y en seguida : 

De la medida y distribución de las aguas de los ríos de caudal 
variable, por medio de canales derivados— Marcadores. 



Procedimiento teórico-experimentai para la construcción de un marco 



DIVERSAS CLASES DE MOVIMIENTOS QUE PUEDEN ANIMAR UNA MASA 

LÍQUIDA 

El movimiento de un líquido puede ser permanente, variad) ó 

uniforme. 

Es permanente, cuando la velocidad de una molécula no depen- 
de sino del lugar que ella ocupa, es decir, que todas las moléculas 



- 38o - 

que pasan por un punto cualquiera del espacio ocupado por la 
masa líquida, tienen la misma velocidad en ese punto, en intensi- 
dad y dirección. 

Es variado en el caso contrario. 

Es uniforme, cuando concurren las tres circunstancias siguientes : 

I." Que el liquido se mueva en un lecho prismático ; 

2." Que este lecho sea inclinado al horizonte; 

3.° Que la superficie liquida sea paralela al fondo. 



II 

RESISTENCIAS QUE SE OPONEN AL MOVIMIENTO DE UNA MASA LÍQUIDA 

I." El agua no goza de la fluidez perfecta de los líquidos consi- 
derados en la hidrodinámica ; ella posee cierto grado de viscosidad, 
y las cosas se pasan como si entre las moléculas líquidas hubiese 
una pequeña fuerza que las mantiene ligadas entre sí. Esta fuerza 
hipotética es lo que llamamos cohesión. 

2° Las paredes en contacto con el líquido se mojan y las cosas 
se pasan como si entre las moléculas líquidas y la pared mojada 
hubiese cierta fuerza. Esta fuerza hipotética es lo que llamamos 
adherencia. 

3.° Todo cuerpo abandonado libremente en el espacio cae, como 
si una fuerza lo atrajese hacia el centro de la Tierra. A esta fuerza 
hipotética la llamamos gravedad. 

4." Todo cuerpo abandonado sobre un plañó inclinado al 
horizonte y perfectamente liso, resbala en él como si estuviera 
sometido en el sentido de su movimiento á una fuerza igual á la 
gravedad multiplicada por el seno del ángulo del plano ; pero si el 
plano no es perfectamente liso, el movimiento es contrariado como 
si hubiese una fuerza en sentido contrario. Esta fuerza en los líqui- 
dos la llamaré perturbación de las paredes. 

5.° Ahora bien : pongámonos en presencia de un canal á cielo 
descubierto, y veremos desarrollarse en él todas estas fuerzas, unas 
acelerando el movimiento, las otras retardándolo. En efecto, el 
fondo del canal es un verdadero plano inclinado, en el cual las 
moléculas líquidas tienen que moverse en virtud de la gravedad. 
Como esta fuerza es constante, el movimiento sería uniformemente 
acelerado; pero todos sabemos que esto no sucede y que apoco 



- 38i - 

■ andar, el movimiento se ha hecho permanente. Esto, que todos ve- 
mos, se exphca fácilmente : es la acción retardatriz de la cohesión, 
de la adherencia y de la perturbación de las paredes. 

Con la cohesión, la molécula a, por ejemplo, que está encima de 
la molécula b, está retardada en su movimiento, y esta acción retar- 
datriz crece con la velocidad relativa de cada una de ellas. 

Con la adherencia, el fenómeno es completamente análogo, aun- 
que depende de la velocidad absoluta de la molécula en contacto 
con las paredes. 

Por fin, con la perturbación de las paredes, las moléculas en con- 
tacto con ellas no sólo están desviadas por las asperezas, sino que 
muchas reciben velocidades opuestas, y esta perturbación, conside- 
rable á veces y que se trasmite á toda la masa, depende también de 
la velocidad absoluta de las moléculas que chocan las asperezas. 

Todo esto forma una suma de acciones retardatrices de creci- 
miento más rápido con la velocidad que la acción aceleratriz, y por 
esto es que, á poco andar, el equilibrio entre unas y otras tiene 
lugar y con él el movimiento permanente. 

Si no hubiera paredes laterales, las velocidades de todas las molé- 
culas situadas sobre un mismo plano horizontal serían iguales; pero su 
necesaria existencia lleva consigo una perturbación lateral que hace 
que las moléculas situadas sobre un mismo plano horizontal, tengan 
velocidades crecientes de los lados hacia el centro de la corriente, 
y esto constituye toda la dificultad del problema de una exacta 
repartición de las aguas en los canales descubiertos. Lo que hace 
difícil encontrar la ley de la distribución de las velocidades, es que 
ella varía con todos los elementos que pueden variar en el lecho, 
como igualmente con el volumen de agua, las circunstancias acele- 
ratrices de aguas arriba y las retardatrices de aguas abajo. 

Hasta aquí nos hemos puesto en el caso de un movimiento variado 
permanente : es el caso que sin excepción tiene lugar en nuestros 
canales y también en nuestros ríos, por lo menos en un corto espa- 
cio de tiempo. 

Es el movimiento uniforme el que se trata de obtener siempre y 
el que se toma en cuenta en la redacción de un proyecto de canal 
ó río canalizado ; pero varias circunstancias concurren para que 
no se tenga el resultado que se desea : 

I." La pronta modificación del lecho, modificación que toma á 
veces proporciones considerables. 

2." La variabilidad del gasto. Por esta causa no se tendrá el moví- 



- 382 - 

miento uniforme que se ha previsto, sino cuando el gasto sea el que 
se tomó en cuenta al proyectar la obra. 

3.° Lo imprevisto de las cantidades filtradas y evaporadas, hace 
que no se tenga el gasto que se consideró en el proyecto. 

4.° En fin, la dificultad de dar á las circunstancias aceleratrices 
de arriba y las retardatrices de abajo un valor conveniente. 

El régimen de nuestros canales es, pues, permanente. Es de notar 
también, que no se tiene la altura del movimiento dada por la 
fórmula, si las causas aceleratrices de arriba y las retardatrices de 
abajo no tienen valores determinados. Para no dejar duda sobre la 
verdad de esta aserción, voy á explicarme con un ejemplo : 

Supongamos que tenemos un canal de sección rectangular y de 
fondo AB (fig. 2) inclinado al horizonte. Supongo que este canal 
esté alimentado por una compuerta tras de la cual tenemos una 
altura de carga C, tan grande como se quiera. Es evidente que esta 
disposición puede traducir cualquier circunstancia aceleratriz de 
aguas arriba, por una mayor ó menor altura del orificio y ce una 
mayor ó menor altura de carga. Supongo también que el canal 
desemboca en un depósito cuyas aguas pueden ocupar la altura 
que se quiera. Es evidente también que esta disposición puede 
representar cualquier causa retardatriz de aguas abajo. 

Supongamos ahora, por un momento, que las circunstancias de 
arriba quedan las mismas ; esto equivale á suponer un gasto cons- 
tante por el orificio de la compuerta ; con este gasto y con la 
pendiente y sección del canal, la altura del movimiento uniforme 
queda determinada por la fórmula. Sea HH el eje de este movi- 
miento : se ve que no habrá movimiento uniforme si el agua del 
depósito inferior no se encuentra al nivel d y aún asi, la porción 
del eje HH, que se une por un resalto al eje de abajamiento ab, 
seria más ó menos limitada, según la intensidad de las causas acele- 
ratrices de arriba. Se necesitaría, pues, que las circunstancias de 
abajo tuviesen un valor determinado y en relación con las de arriba. 

Yo no supondré que el movimiento uniforme se realiza, sino que 
la distribución de las velocidades es la misma, sea que se trate de 
una altura de agua que pertenezca al movimiento uniforme ó al 
movimiento permanente. Esto no quiere decir, como se ha creído 
hasta ahora, que el gasto por dicha sección sea el mismo, por más 
que la sección y las pendientes sean idénticas. Inútil me parece 
decir que la hipótesis en que voy á fundarme, está admitida por 
todos los hidráulicos, en el estado actual de la ciencia. 



III 

FÓRMULAS DEL MOVIMIENTO UNIFORME Y OTRAS DE QUE PUEDO 
NECESITAR 

I." Paredes muy lisas (albañilería enlucida, madera acepillada) 

'I r , 0,03 ^ 

- = 0,00015.1 I +-R- J 



RI 
IP 



2° Paredes lisas (albañilería sin enlucir, tablas simplemente ase- 
rradas) : 

RI 



ür = 0'00°^9 



3,° Paredes formadas de piedra simplemente desbastadas : 
RI f , 0,25 ^ 

-^O,OO024[l + ^J 

4.° Paredes de tierra (acequias, canales, arroyos) : 

^^ ==0,00028 [ I +^] 
5.° Para corrientes que arrastran piedras : 



RI 

— = 0,0004 

U2 



6." Para la velocidad media: 

U = V — 14 /RT 

sección mojada w 

En estas fórmulas R = radio medio = perímetro mojTd^ ~ x' 
I = pendiente = seno del ángulo del fondo con el horizonte. 
U = velocidad media. 
V = velocidad máxima. 



- 384 - 



FÓRMULAS PARA DETERMINAR LA ALTURA MEDIA DE UN ORIFICIO 
CUALQUIERA ABIERTO EN PARED VERTICAL (fig. l) 



i.° Para un trapecio de bases horizontales : 



/K 



^-4.5 



[h;-h!] [pH_qH J + 3[Hj-Hjj[q-pJ 



'^ (p + q)(H,-H) 

2." Para orificio á ñor de agua : 



para el trapecio 



: K = H f- 



4 (2p + 3q)V 
-f 

4 



15' (p + q 



para el paralelogramo : K = — H 

En estas fórmulas, K es la altura del filete medio bajo el nivel 
del liquido. 

3.° Para un polígono cualquiera: 

w YJgK = co, /2gKo + Wi /2gKi +.... 

4.° Para el gasto de un orificio vertical en pared delgada: 

q = 0,967. cü. V 2 g K 

IV 

RESOLUCIÓN DEL PROBLEMA DE LA CONSTRUCCIÓN DE UN MARCO 

Descripción de un marco. — Hasta ahora, entre nosotros, un 
marco es una construcción de albañileria de ladrillo, destinada á 
repartir el gasto variable de un canal, llamado matriz ó tronco, en 
una razón dada, por medio de otros dos canales que toman los 
nombres de pasante el uno y saliente el otro. 

Me limitaré á describir el tipo adoptado por la Sociedad del Ca- 
nal de Maypo, más generalmente conocido. Por lo demás, la solu- 



- 3S5 - 

ción de nuestro problemano pierde nada de su generalidad, porque 
dejo indeterminadas las circunstancias que permiten pasar de un 
marco de cierto tipo á otro de tipo diferente. 

Según los estatutos de la Sociedad del Canal de Maypo, en la 
construcción de un marco deben observarse las prescripciones si- 
guientes : 

Art. 5,5. Para establecer un marco debe formarse en el canal un 
emplantillad<i de piedra ó de ladrillo, de ocho varas de largo, sin 
desnivel, con tres puentes colocados en el suelo, uno á cada uno 
de los extremos del emplantillado, y otro en el medio y debiendo 
ser cada uno de ellos del ancho del ladrillo. Los costados y pare- 
des del canal se harán también de cal y ladrillo, con dos ladrillos 
de ancho. 

En el centro de este emplantillado debe colocarse el marco par- 
tidor. 

Art. 56. Desde el emplantillado debe formarse al canal un plano 
de 50 varas en linea recta para arriba y con 12 pulgadas de desnivel. 

Art. 57. Al fin del emplantillado tendrá una caida igual, el marco 
saliente á la del marco pasante, cuya caida no debe exceder de 
un tercio de vara. 

Art. 59. Los marcos que se hagan nuevos y los que estén destruí- 
dos ó mal colocados, se construirán con una punta de diamante 
de piedra, que forme un ángulo de 15° con el resto de la tijera; 
por la base de atrás de la tijera será de i J varas. En la misma for- 
ma se construirán todos los marcos que fuese necesario rehacer. 

Art. óo. A cada marco deberá ponerse detrás de la punta de 
diamante, á la media vara, una escala que señale la demarcación. 

Art. ói. Los marcos deben ser de una vara de alto y de pulgada 
y media por regador, arreglados al modelo del plano que existe 
en la Junta de Directores. 

Art. Ó2. Todo marco debe tener además un plano inclinado de 
20 varas, después del horizontal, con un desnivel de 12 pulgadas ó 
menos, según la localidad de los marcos». 

Como se ve, por estas disposiciones, se han suprimido por com- 
pleto las influencias retardatrices de aguas abajo y, por consiguien- 
te, el eje hidráulico está debajo del movimiento uniforme. 

Se ve igualmente que la Sociedad da por medida del agua el 
regador. Justo es, pues, que le dediquemos una palabra á esta 
unidad de medida, como igualmente al regador legal ó regador 
chileno, del cual aquél se deriva. 

25 
T. II 



- 386 - 

El regador chileno. — Esa palabra que todos comprendemos 
como destinada á ser la unidad de medida del agua en agricultura, 
del mismo modo que la onza müanesa, el módulo de Henares, 
el módulo de Marsella, etc., llenan igual objeto en otros países, 
fué mal definida por el Senado-Consulto de i8 de noviembre de 
■1819, que le dio fuerza de ley. 

«Conformándome con lo acordado por el Excelentísimo Senado, 
en 5 del corriente, dice aquella ley, vengo en declarar por regla 
o-eneral, que el regador, loien sea del canal de Maypo ó de cuales- 
quiera otros ríos, se compondrá en adelante de una sesma de alto 
y de una cuarta de ancho, con el desnivel de quince pulgadas, el 
que se aprecia en 750 pesos, cuya venta sólo se verificará en dine- 
ro de contado ; previniéndose que así como al que necesitare más 
cantidad de agua que la que corresponde á un regador se le pue- 
de vender en mayor número los regadores, así al que necesitare 
menos, nunca podrá bajar de la mitad, que los marcos y boca- 
tomas serán de cuenta del comprador, quedando al cuidado del 
gobierno nombrar personas de su satisfacción, que señalen el lugar 
donde debe fijarse el marco y abrirse la boca-toma con el declive 
indicado. También se declaran libres los rasgos ó tránsito de las 
aguas, por cualquier terreno que pasen ó sean convenientes al 
comprador, á no ser por aquellos donde haya plantas, en cuyo caso 
éstos podrán convenirse con el propietario. Y para que llegue á 
noticias de todos, insértese en «La Gaceta Ministerial». — O'Higgins 
— Crus». 

Como se ve por el texto de la ley, el regador es la cantidad de 
agua que suministra una corriente que se ha creído determinar, 
fijando su sección y desnivel ; pero no se dice en qué longitud debe 
repartirse ese desnivel. 

El gasto ó caudal de una corriente en un tiempo dado, depende 
de su sección y de su velocidad ó camino recorrido por el líquido 
en ese tiempo ; y como es fácil comprender, dejar indeterminada la 
longitud en que debe repartirse el desnivel que se ha fijado, equi- 
vale á dejar indeterminada la velocidad. En efecto, la fuerza acele- 
ratriz que produce la velocidad de un líquido, es la componente de 
la gravedad paralela al plano inclinado en que tiene lugar el movi- 
miento, y su intensidad depende, por consiguiente, de la inclinación 
de ese plano, ó sea de la longitud en que debe repartirse el desnivel 
dado. 

Se ha creído interpretar la ley haciendo cero la longitud en que 



87 — 



0*3/ 



tiene lugar el desnivel de 15 pulgadas, es decir, que se supone prac- 
ticado en las paredes del canal un orificio de una sesma de alto y 
de una cuarta de ancho, con una presión de 15 pulgadas sobre el 
orificio. Esta interpretación me parece completamente inadmisible. 
No puede admitirse, en efecto, que haya estado en la mente del 
Senado-Consulto que esa carga de 15 pulgadas sobre el orificio 
quedaría siempre constante, conociendo, como han debido cono- 
cer, la gran variación de la altura del agua en nuestros canales. Pero 
se dirá que se ha tenido en vista dar al regador el valor de cantidad 
variable, como lo es el gasto ó caudal de agua de nuestros canales. 

Tal argumento no tiene fuerza alguna, porque toda unidad debe 
ser por su naturaleza determinada y constante, y no tendría sentido 
alguno una unidad variable, según una ley desconocida, ó variable 
por lo menos, de un canal á otro. Pero, aun suponiendo conocida 
la ley de variación de la unidad, lo que ya sería inexplicable, que- 
daría subsistente la no proporcionalidad entre las partes ; porque 
¿dónde colocaríamos el orificio en las paredes del canal de Maypo. 
por ejemplo, en que la altura del agua puede variar de cero á dos 
metros y más? ¿Seria á quince pulgadas de la superficie máxima? — 
Pero en tal caso el orificio estaría casi todo el año en seco. ¿Sería 
en el fondo ó á cualquiera otra altura? — No, porque el Senado- 
Consvilto no habría dicho quince pulgadas donde la altura puede 
variar de cero á ochenta centímetros ó más, sea que se trate de un 
mismo canal, sea que se pase de un canal á otro. 

La única interpretación posible es la de quince pulgadas por 
cuadra, pues siempre se ha medido en Chile el desnivel de un 
canal, diciendo tantas pulgadas por cuadra, ó simplemente tantas 
pulgadas, subentendiendo la palabra cuadra. 

Dicha pendiente en las aplicaciones de la práctica no ofrece 
tampoco ningún inconveniente, porque la pendiente general de 
nuestros valles es superior á quince pulgadas, de suerte que tal 
pendiente tiende á llevar las aguas á la superficie, lo que es muy 
racional y poco dispendioso, pues el canal en que el propietario 
debe conservar la pendiente legal puede ser muy corto, pudiendo 
en el resto de su aceqiua guardar la pendiente que inAs lo ron- 
venga. 

No soy, pues, partidario de los que creen que la ley del Senado- 
Consulto es una ley vacía de sentido, necesitando sólo una inter- 
pretación, y creo que la que he dado nos permite definir lo qué es 
el ves-ador chileno ó unidad legal, diciendo que «es el gasto de 



una corriente de régimen constante, cuya sección es de una sesma 
de alto (o,°i. i3g) y una cuarta de ancho (o,'»- 209), y cuyo desni- 
veles de quince pulgadas (o,"!' 348) repartidos en 150 varas (125 m.)». 

Su medida. — Para tener la medida en litros del regador chileno 
necesitamos, según las nuevas experiencias de Mr. Bazin, deter- 
minar la clase de canal por donde se escurre el volumen de agua 
que se llama regador. A este fin observaremos que, debiendo ha- 
cerse la construcción del medidor en previsión de su mayor dura- 
ción, se necesita que sus paredes sean de albañilería enlucida; pero 
como el caso práctico es que la albañilería esté desde largo tiempo 
en servicio, tomaré un promedio entre la i.^ y la 2."' fórmula de 
Mr. Bazin, de esta manera resultará para el valor del regador 22 
litros por segundo. 

El medidor ó marcador de los veintidós litros de la unidad legal, 
no lo determinó ni debió determinarlo el Senado-Consulto, porque 
esto es del dominio de una ciencia nueva que está lejos de estar 
formada y, por consiguiente, cuanto aparato se dé para medir esa 
unidad y sus múltiplos, sólo puede tener un grado de perfección 
relativo, susceptible de mejorarse cada día. 

El regador de Maypo. — Lo que se llama regador de Maypo no 
es más que una construcción ó aparato de distribución de las aguas 
del canal de Maypo, adoptado por la sociedad de este nombre, con 
el objeto de distribuir las aguas de un modo automático; pero tan- 
to la unidad como sus múltiplos, no representan de ninguna manera 
ni el regador legal ni mucho menos los múltiplos de esta unidad. 
En efecto, el único punto de contacto que el regador de Maypo 
tiene con el regador legal, es el haberle dado la misma sección de 
escurrimiento ó sea 54 pulgadas cuadradas, sin tomar en cuenta 
para nada el radio medio, el cual, introducido en la fórmula, da 
para el regador de Maypo sólo diez litros por segundo. 

Por otra parte, es imposible realizar en la práctica, en el regador 
de Maypo, el movimiento uniforme ; el verdadero movimiento que 
se produce en él es el variado permanente, como he podido obser- 
varlo, sin excepción, en más de trescientas series de experimentos 
que he practicado en diversos marcos. 

Respecto de los múltiplos de la unidad, el error de concepto es 
todavía mayor, por haber dado como medida del volumen la sec- 
ción de escurrimiento, sin tomar en cuenta el radio medio. Bás- 
tenos citar un ejemplo : para entregar 10 regadores, se da por me- 
dida una sección 10 veces mayor que la de un regador, y lo que 



- 389 - 

así se entrega, en realidad, es el volumen que corresponde á 20 
regadores. 

No es, pues, por la simple acumulación de la sección de un re- 
gador como podemos representar los derechos de agua de un pa- 
sante y de un saliente en la construcción de un marco ; se necesita 
buscar en las secciones una relación que con la misma altura de 
agua (cualquiera que ésta sea) en el pasante y en el saliente, se 
escurra por ellos volúmenes que correspondan á aquellos derechos. 
Tal es el objeto de la investigación del pei'/il de proporcionalidad 
constante, en la construcción de un marco. 

Construcción. ~^t sabe que la mala repartición de las aguas de 
caudal variable por medio de marcos, proviene de tres causas prin- 
cipales, que son : 

I-" — El haber dado la sección por medida del volumen, sin tomar 
en cuenta el radio medio, ó sea la relación entre la sección líquida 
y el perímetro mojado. 

2° — El haber inclinado sólo el saliente. 

3-° — No haber tomado en cuenta que el saliente está alimentado 
por hileros de menor velocidad que el pasante, es decir, no haber 
tomado ninguna disposición que compense el menor gasto ó volu- 
men que por esta causa resulta. 

I — Es evidente que la corrección de las secciones puede hacerse 
modificando el perfil de una sola de ellas, y en ésta, de uno solo de 
sus paramentos. 

La marcha que adoptaremos será la siguiente : tomaremos, en 
primer lugar, con el molinete, tubo de Darcy ú otro instrumento 
aforador, la distribución de las velocidades en un perfil del canal 
en el punto en que debe establecerse el marco. Construiremos un 
depurado, en el cual marcaremos la sección transversal del canal, la 
altura del agua y la posición de los hileros cuya velocidad se ha 
determinado. Si suponemos que los derechos deben guardar la 
razón de l á 4, por ejemplo, dividiremos la sección líquida, por 
medio de una vertical, en otras dos cuyos gastos ó caudales sean 
entre sí como los números i y 4. 

En un trozo de canal recto jamás sucederá que las secciones re- 
sulten entre sí como dichos números, y en el caso que suponemos, 
bien podrían resultar como los números i y 3. po^ ejemplo. Esto 
qui