(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Primer viaje en torno del globo"

McKEW PARR COLLECTION 




MAGELLAN 

and the AGE of DISCOVERY 




PRESENTED TO 

BRANDÉIS UNIVERSITY • 1961 



VIAJES CLÁSICOS 

EDITADOS y ANOTADOS 
BAJO LA DIRECCIÓN DK 

J. DANTÍN CERECEDA 



SE HAN PUBLICADO: 

1 y 2. — Speke (J. H.): Diario del descubrimiento 

de las fuentes del Nilo. Con grabados y un 

mapa. Tomos I y II. 
3 y 4. — BouGAiNViLLE (L. A. de): Viaje alre- 
dedor del mundo. Con grabados y mapas. 

Tomos I y II. 
5 y 6. — Bernier (F.): Viaje al Oran Mogol 

Indostán y Cachemira. Con grabados y un 

mapa. Tomos I y II. 
7. — La Condamine (C. de): Viaje a la América 

meridional. Con vma lámina y un mapa. 

Un volumen. 
8.— Matthews (J.): Viaje a Sierra Leona, en 

la costa de África. Con un mapa. Un tomo. 
9 y 10. — Darwin (C): Diario del viaje de un 

naturalista alrededor del mundo. Dos tomos, 

con grabados y niapas. 
11, 12 y 13. — CooK (J.): Relación de su primer 
viaje alrededor del mundo. Tres tomos, con 
grabados, láminas y mapas. 
14, 15 y 16. — CooK (J.): Viaje hacia el Polo 

Sur y alrededor del mundo. Tres tomos, con 

grabados, láminas y mapas. 

17. — NúÑEz Cabeza de Vaca (ALVAR): 
Naufragios y Comentarios de... Un volumen. 

18. — Fernández de Navarrete (M.): Viajes 

de Cristóbal Colón. Un volumen, con un 

mapa del derrotero de los cuatro viajes 

del inmortal navegante. 
19 y 20.— Hernán Cortés: Cartas de relación 

de la conquista de Méjico. Dos tomos, con 

grabados. 
21 y 22.— López de Gomara: Historia general 

de las Indias. Dos tomos. 
23._PiGAyETTA: Primer viaje en torno del Globo. 

Un tomo. 

EN PRENSA: 
Ross (JOHN): Narración de un segundo viaje en 
busca del paso del Noroeste. Dos tomos. 
t^ CiBZA DE León (PEDRO): La crónica del Perú. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 



LOS GRANDES VIAJES CLÁSICOS 



VOLÚMENES PUBLICADOS POR «CALPE» 

1 y 2. — Speke (J. H.)> Diario del descabrimiento de las fuentes del 

Nilo. — Dos tomos, con grabados y un mapa. Cada tomo, 4 pesetas. 
3 y 4. — BouGAiNviLLE (L. A. de). Viaje alrededor del mando. — Dos tomos, 

con cartas y grabados. Cada tomo, 3,50 pesetas. 
5 y 6. — Bernier (F.), Viajes al Gran Mosrol, Indostán y Cachemira. — 

Dos tomos, con grabados, láminas y cartas. Cada tomo, 3 pesetas. 

7. — La Condamine (C. de), Viaje a la América meridlonaL — Un tomo, con 
una lámina y un mapa, 3 pesetas. 

8. — Matthews (J.), Viaje a Sierra Leona, en la costa de África. — Un 
volumen, con un mapa, 2,50 pesetas. 

9 y 10. — Darwin (C), Diario del viaje de nn naturalista alrededor del 
mondo. — Dos tomos, con grabados y mapas. Cada tomo, 4 pesetas. 

11, 12 y 13. — CooK (J.), Relación de su primer viaje alrededor del man- 
do. — Tres tomos, con láminas fuera de texto y mapas. Cada tomo, 4 pésetes. 

14, 15 y 16. — CooK (J)> Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mun- 
do. — Tres tomos, con 32 grandes láminas fuera de texto y mapas. Cada tomo, 
4 pesetas. 

17. — NúÑEz Cabeza de Vaca (Alvar), Naufragios y Comentarios de^. — 
Un tomo, con mapas, 4,50 pesetas. 

18. — Fernández de Navarrete (M.), Viajes de Cristóbal Colón. — Un tomo, 
con un mapa, 4 pesetas. 

19 y 20. — Hernán Cortés, Cartas de relación de la conquista de Méji- 
co. — Dos tomos, con grabados. Cada tomo, 3,50 pesetas. 

21 y 22. — LÓPEZ de Gomara (F.), Historia general de las Indias. — Dos to- 
mos. Cada tomo, 3,50 pesetas. 

23. — PiGAFETTA (A.), Primer viaje en torno del Globo. — Un tomo, con 
grabados, un mapa y láminas fuera de texto, 3,50 pesetas. 



EN PRENSA 

Ross (John), Narración de nn segundo viaje en busca del paso del 
Noroeste. — Dos tomos. 

MuNGO Park, Viches por las regiones interiores de África. 

CiEZA DE León (Pedro), La crónica del Perú. 

DuMONT D'Urville, Viaje alrededor del mundo. 

Camerón, a través del África. 

ScHWEiNFURTH, En el corazón del África. 

BuRTON (R.), Aventuras en el Dahomey. 

Clavijo (Ruy González de), Vida y hazañas del Gran Tamorlán. 

BoNNEviLLE (B. L. E.) Las Montañas Rocosas. 

Hernández (Luis), Relación de Omagua y El Dorado. 

Clapperton, Viaje al África central. 

WooD Rogers, Viaje alrededor del mundo. 

La Perouse, Viaje alrededor del mundo. 

Carver (Jonathan), Viajes por el interior de América septentrio- 
nal, 1766-1768. 

Caillié (Renato), Diario de un viaje a Tumbnctu y a Yenne, en el 
África central. 

Dampier (Guillermo), Nuevo viaje alrededor del mundo, 1697. 



Papel expresamente fabricado por La Papelera Española. 



EDICIÓN DEL IV CENTENARIO 



PIGAFETTA (ANTONIO) 



PRIMER VIAJE 

EN TORNO DEL GLOBO 

VERSIÓN CASTELLANA 

DE 

FEDERICO RUIZ MORCUENDE 



Con dos g:rabados, un mapa y dos láminas 
fuera de texto. 



^ 



MADRID 
C A L P E 



ES PROPIEDAD 
COPYRIGHT BY CALPE, MADRID, 1922 



Gráficas Reunidas, S. A. — Madnd. 



índice 



Páginas 

Nota biográfica acerca de Juan Sebastián del Cano. . . xi 

Nota biográfica acerca de Hernando de Magallanes. . xiii 

Nota biográfica acerca de Antonio Pigafetta xv 

Prefacio del traductor francés 1 

Libro primero. — Partida de Sevilla hasta la salida del 

estrecho de Magallanes 39 

Libro II. — Desde la salida del estrecho hasta la muerte de 

Mag-allanes, y nuestra partida de Zubu 69 

Libro III. — Desde la partida de Zubu hasta la salida de 

las islas Malucco 119 

Libro IV. — Regreso a España desde las islas Malucco.. . . 171 
Vocabulario de los pueblos en que el caballero Pigafetta 

hizo escala durante su viaje 187 



i <>cv7f^n 




Derrotero del primer viaje en torno del Globo por Magallanes y Juan Sebastián del Cano. — Escala de 1 : 225.000.000. 



Juan Sebastián Elcano, o Del Cano, nació en Guetaria (Guipúz- 
coa) hacia 1476 (?) y murió (a horda de la nave Santa María de 
la Victoria) en Malasia a 4 de agosto de 1526. 

En 1519 fué reclutado por Magallanes para la expedición que 
había convenido al Maluco, o islas de la Especiería, y nombrado 
maestre de la nao Concepción. 

En 27 de septiembre de 1519 salía del puerto de Sanlúcar de 
Barrameda, y al mando de Magallanes, la escuadra siguiente: Tri- 
nidad, mandada por Magallanes; Concepción, por Gaspar de Que- 
sada; San Antonio, por Juan de Cartagena; Victoria, por Luis de 
Mendoza, y Santiag-o, por Juan Serrano, con un total de doscien- 
tas treinta y siete personas. 

El relato de Pigafetta que en el texto se contiene, único des- 
criptor de la expedición — aparte de muy interesantes derroteros, 
como el de Albo — , contiene un diario bastante circunstanciado 
del viaje, y no hemos de repetir aquí cuanto ya nos dice el relator 
del Primer viaje en torno del Globo. 

Muerto Magallanes en la isla de Mactán, fueron nombrados 
jefes de la expedición Duarte de Mendoza — muerto en Cebú — 
y Gonzalo Gómez de Mendoza, capitán de la Victoria, cuyo mando 
tomó Del Cano. Al cabo fué jefe de la expedición el propio Del 
Cano, que navegó los mares de las Malucas, el mar de las In- 
dias, y can pericia sin par y valor indomable dobló el Cabo de 
Buena Esperanza, y a 6 de septiembre de 1522 entraba en Sanlú- 
car, para rendir su viaje en Sevilla dos días más tarde, regresando 
sólo diez y ocho hombres de los doscientos treinta y siete que em- 
barcaran con Magallanes. 

El emperador Carlos V recibió a Del Cano en Valladalid y le 
concedió uso de escudo de armas con atributos de las especias y 
encima yelmo cerrado y por cimera un globo terráqueo con la 
inscripción Primus círcumdidisti me. 



XII NOTA BIOGRÁFICA 

Fué Del Cano comisionado por el emperador para decidir con 
los del rey de Portugal acerca de la pertenencia de las Molucas 
conforme a la línea de demarcación trazada por Alejandro Vi. 
Más tarde fué nombrado guía y piloto mayor de la expedición de 
Loaisa, y en 24 de julio de 1525 salió la expedición de La Coruña 
con rumbo a las Molucas. Formábanla siete naves y cuatrocientos 
cincuenta hombres. Atravesar el estrecho de Magallanes costóles 
arduos trabajos, de resultas de los cuales Del Cano quedó en tér- 
minos de tal desfallecimiento, que a 4 de agosto de 1526, y en 
pleno océano Pacífico, murió el primero que en la Historia diera la 
suelta al mundo. 



Hernando de Magallanes, marino portugués al servicio de Es' 
paña, acaso naciera en Oporto por el año de 1470, y murió en 
Mactán (Filipinas) a 27 de abril de 1521, en lucha con los indí- 
genas. 

Estuvo varios años en las Indias orientales: con Alfonso de 
Alburquerque, en el ataque a Goa; con Diego de Sequeira (1509), 
en su expedición a Malaca; con Dahreo y Serrano, en el descubri- 
miento de las Molucas. 

Se trasladó después a África, y en la toma de Azamor una lan- 
zada recibida en una pierna lo dejó cojo para toda su vida. Hon- 
damente disgustado con el rey de Portugal, por entender que no 
estimaba debidamente sus servicios, renunció la nacionalidad por- 
tuguesa y pasó a España. Pensaba sería fácil, dada la redondez 
del Globo, hallar por el Oeste un camino para las islas de las Es- 
pecias, siguiendo dirección contraria a la de los portugueses, que 
iban por el Cabo de Buena Esperanza. 

Entrevistóse en Valladolid (marzo de 1518) con el emperador 
Carlos V. Firmó con el emperador y su madre, D.^ Juana, una» 
capitulaciones (22 de marzo de 1518), en que estaba en germen el 
proyecto y arreglo de la expedición. Se tardó año y medio en avi- 
tuallarla, y, al cabo, en septiembre de 1519 salía de Sanlúcar de 
Barrameda. Pigafetta relata en su manuscrito las vicisitudes de 
esta expedición, y, admirador de Magallanes, lo sigue con detalle 
hasta que la vida del navegante portugués acaba, en 27 de abril 
de 1521. 



Francisco Antonio Pigafetta, navegante y escritor italiano, nació 
y murió en Vicenza (1491-1534). Era de noble estirpe, originaria 
de Toscana. 

Vino a España en 1519 acompañando a monseñor Francisco 
Chiericato, que la corte de Roma enviaba de embajador a Carlos V, 
y noticioso de la expedición que en Sevilla armaba Magallanes, 
pidió permiso al embajador y al rey para embarcarse en ella. Con- 
cedido el permiso, Magallanes lo embarcó como sobresaliente en la 
nao Trinidad. Fué Pigafetta uno de los diez y ocho que regresaron 
de esta expedición celebérrima. Pigafetta escribió el relato del pri- 
mer viaje que los hombres realizaran en tomo del Globo. Nos he- 
mos limitado a traducir la edición Amoretti, respetando igualmen- 
te sus notas. 



PREFACIO DEL TRADUCTOR FRANCÉS 



§ I. En el siglo XV los italianos eran casi los úni- 
cos que comerciaban con los géneros que Asia sumi- 
nistra a Europa, particularmente especias, tales como 
pimienta, canela, clavo, jengibre, nuez moscada y otros 
productos vegetales, tan buscados siempre, y aun hoy 
solicitados, más por sus virtudes que por su agradable 
sabor. Dichas drogas provenían de ciertas islas situa- 
das cerca del ecuador, desde las cuales sus habitantes 
o sus vecinos las transportaban a la parte de las Indias 
que está entre estas islas y Europa, y los mercaderes 
de Europa iban a recogerlas allí. Antes que los árabes 
hubiesen ocupado y devastado el Egipto, el comercio 
se hacía por el mar Rojo, como en tiempo de los feni- 
cios. Desde las orillas de dicho mar se transportaban 
las mercancías a las riberas del Nilo a lomos de came- 
llos, después de haber ensayado en vano el cavar ca- 
nales navegables. Conducíanlas por el Nilo en barcos 
a los puertos del Egipto, donde los navios de Venecia, 
de Genova, de Amalfí y de Pisa iban a cargar; y cuan- 
do los árabes, por intolerancia religiosa, por despotis- 
mo político, o, mejor dicho, por una anarquía siempre 
favorable a los piratas, cerraron totalmente el paso al 
comercio en el golfo Arábigo, los mercaderes tuvieron 
que ir al golfo Pérsico, desde el cual, por el Eufrates, 
por el Indo y por el Oxus, llevaron los géneros de la 
India al mar Caspio o al mar Negro, y desde éstos al 
Mediterráneo, adonde los italianos iban a buscarlos 
para repartirlos por todas las costas de Europa y el in- 
terior, hasta las glaciares regiones de la Moscovia y de 
Noruega, donde tenían sus factorías. 

PIGAFETTA 1 



2 PIGAFETTA 

§ II. Se comprende fácilmente que el precio de 
estos géneros debía de ser muy bajo originariamente, y 
que la necesidad de pagarlos muy caros era una conse- 
cuencia de los gastos de transporte y de los riesgos 
que se corrían, ya en el mar Rojo, ya en los desiertos, 
además de la ganancia con que se quedaban aquellos 
por cuyas manos pasaban. Sabemos por un tal Barto- 
lomé Florentino, negociante, que residió veinticuatro 
años en las Indias, al fín del siglo XV, que pasaban 
por doce manos diferentes antes de llegar a nosotros, 
y que cada uno ganaba el décuplo por lo menos (1); 
pero sobre todo el monopolio elevaba excesivamente 
el precio. 

Cuando los insociables árabes hubieron anulado to- 
talmente el comercio del mar Rojo, los genoveses se 
asociaron al emperador cismático de Constantinopla 
para establecer el comercio exclusivo en la parte del 
mar Negro, por Tartaria y Persia; y cuando el sultán 
del Egipto, después de haber sojuzgado a los árabes, 
abrió de nuevo el camino del Nilo, los venecianos, sus 
aliados, se apoderaron del comercio de los genoveses 
y fueron los únicos que suministraron a Europa entera 
géneros de la India. En fín, por un lado o por otro el 
monopolio hacía tributarias de los italianos a todas las 
naciones. Añádase a esto que hacia mediados del si- 
glo XVI los moros, después de conquistado las islas que 
casi exclusivamente producían las especias, aumentaron 
el precio, pues conocían su valor mejor que los indí- 
genas (2). 



(1) Así se encuentra anotado en el mapamundi de Behaim, del 
que hablaré en el párrafo XII. 

(2) Los historiadores nos hablan de la invasión de los musul- 
manes en las Molucas; tenemos un testimonio en nuestro mismo 
autor: Sonó forsi cinquanta anny — dice — chequesti morí habi- 
tarlo in Malucho príma li habitavano gentillL (Pág. 203.) Trans- 
cribo literalmente las palabras del manuscrito de Pigafetta, y así 
lo haré, siempre que haya ocasión, para dar idea de su estilo. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 3 

§ III. El afán de lucro y el deseo de disminuir las 
difícultades y los riesgos hicieron concebir diversos 
proyectos para encontrar medios de proporcionarse las 
mercancías de las Indias de primera mano. Esto suce- 
dió en la época del renacimiento de las letras y cuando 
el arte de la imprenta, recién inventado, había ya es- 
parcido más las luces que los antiguos nos transmitie- 
ron acerca de la navegación y de la figura de la Tierra. 
Se sabía que algunos navegantes fenicios, saliendo del 
mar Rojo, habían entrado en el Mediterráneo, con el 
mismo navio, por el estrecho de Gibraltar (1); por 
consiguiente, se conjeturaba que del océano Atlántico 
se podía llegar por mar a la desembocadura del mar 
Rojo, y, navegando al Este, arribar a las islas de las Es- 
pecias. 

Sabíase, además, sin duda ninguna que los antiguos 
habían conocido la esfericidad de la Tierra y la exis- 
tencia de los antípodas, que en el tiempo de la igno- 
rancia habían sido consideradas, no sólo como un 
error antifílosófíco, sino como una herejía. Los viajeros 
que, siguiendo las huellas del veneciano Marco Polo, 
habían recorrido todas las costas del Asia, se asegura- 
ron de que la Tierra formaba una curva del Este al 
Oeste; y los portugueses, que al comienzo del siglo xv 
visitaron todas las costas de Guinea, añadiendo sus 
conocimientos a los de los navegantes del norte de 
Europa, habían demostrado, por la elevación y el des- 
censo de la estrella polar y del Sol, que la Tierra for- 
maba una línea curva del Norte al Sur; que, por consi- 
guiente, tenía figura esférica, y que podía darse la 
vuelta. Todo ello estaba muy de acuerdo con las ob- 
servaciones de los astrólogos, quienes, a pesar de pro- 
ponerse el fin ridículo de adivinar el porvenir, habían 
hecho, sin embargo, grandes progresos en astronomía. 



(1) Heródoto, lib. IV, cap. IV; Estrabón, lib. I, y otros, que 
pueden verse en Riccioli, Geogr., lib. III, cap. XX. 



4 PIGAFETTA 

Asimismo habia relatos, aunque obscuros y vagos, de 
algunos marineros que pretendían haber sido transpor- 
tados a las islas situadas entre Europa y América y aun 
hasta un nuevo continente, del que, incluso el nombre, 
todo era todavía desconocido. He aquí las bases sobre 
las cuales se fundaba la esperanza de llegar, saliendo 
del estrecho de Gibraltar, inmediatamente a Malucho 
(así se llamaba entonces a las islas de las Especias, que 
hoy denominamos Molucas), costeando África y sin- 
glando en seguida al Este, o atravesando el océano 
Atlántico hacia el Oeste. Había tal persuasión de no 
encontrar ningún obstáculo en esta última ruta, que los 
más célebres geógrafos de este tiempo no separaban 
en sus mapas por ningún continente, sino simplemente 
por el Océano, sembrado de algunas islas, las costas 
occidentales de Europa y África, del Asia oriental. 
Aportaré pruebas en el párrafo XII. Era éste un error, 
sin duda, pero muy perdonable a los geógrafos de la 
época, porque aunque los antiguos habían medido con 
bastante exactitud la circunferencia de la Tierra (1) y 
dejado también reglas bastante ciertas para determi- 
nar la longitud de los lugares, se hacía de ellas muy 
poco caso por no entenderlas bien. A consecuencia de 



(1) Aristóteles (De Ccelo, lib. II) habla de ello como de cosa 
conocida. Parece que los matemáticos de Egipto habían medido 
un grado en [la latitud de Menfís, esto es, a 30° de latitud boreal, 
cuando determinaron la posición y tamaño de las pirámides, porque 
cada uno de los cuatro lados de la Gran Pirámide tiene de anchura 

— de grado; de modo que se debe conjeturar que dividieron el 
500 

2 
grado en mil partes, y han dado a cada lado de la pirámide j-qqq 

(Venini, Delle misuri francesi, opuscul. Scelti, tomo XX, pág- 98). 
Se sabe, además, que Hiparco, tres siglos antes de la era vulgar, 
había determinado la longitud y la latitud de muchas estrellas en 
el cielo, y que Ptolomeo, en el siglo ii, tleterminó por su método 
la posición geográfica de muchos lugares de la Tierra con una pre- 
cisión que supone observaciones astronómicas. (Robertson, An 
historical disquisitíon concerning antieni India, sect. II.) 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 5 

esta ignorancia del tamaño de la Tierra y de las longi- 
tudes, se imaginaba que deberían encontrarse en se- 
guida al Occidente las islas, de las que sólo al Este y 
al Sur se conocía la distancia. 

§ IV. Esta idea embargaba el espíritu de Cristóbal 
Colón, que acumulaba a los conocimientos teóricos y 
prácticos de la navegación las luces que había recogi- 
do de otros navegantes y todo el valor necesario para 
las grandes empresas. Convencido de la esfericidad de 
la Tierra, no hallaba la menor dificultad en atravesar el 
océano Atlántico con la ayuda de la brújula, de la que 
conocía no sólo la declinación, sino también el medio 
de corregirla (1). Pidió a los genoveses, sus compatrio- 
tas, que no tenían otro medio que éste para reanimar 
su comercio, navios para la ejecución de su proyecto; 
pero los genoveses, ocupados en pequeñas especula- 
ciones y atormentados sin cesar por las facciones do- 
mésticas que les sujetaban tan pronto a los reyes de 
Francia como a los duques de Milán, rechazaron sus 
proposiciones. Se dirigió entonces al rey de Portugal, 
que tampoco le escuchó, porque no creía que se pu- 
diera llegar a las Molucas sino doblando el África; y 
únicamente España, después de largas y repetidas so- 
licitudes, se determinó a confiarle algunos navios. No 
obstante. Colón no tocó mas que en las islas de Amé- 
rica, de la que sus sucesores descubrieron el continente, 
acariciando en vano la idea de encontrar un camino 
al oeste de Méjico y por el istmo de Panamá (2). 

§ V. La navegación de Colón originó disputas en- 
tre los españoles y los portugueses sobre algunas de las 



(1) TiRABOSCHi, Storia della letter. ¡tal., tomo VI. Sin embar- 
go, el conocimiento de la desviación no debía ser muy común en- 
tonces, puesto que lo ignoraban los pilotos de la escuadra de Ma- 
gallanes. 

(2) Léase Fernández de Navarrete, Viajes de Cristóbal Co- 
lón, volumen número 18 de la colección de Viajes clásicos editada 
por Calpe. 



b PIGAFETTA 

islas descubiertas, y aun más sobre las tierras que se 
esperaba descubrir después. Los portugueses, cuando 
emprendieron sus navegaciones por las costas de Áfri- 
ca, habían tenido la previsión de aprovecharse de la 
opinión, generalmente admitida entonces, que el suce- 
sor de San Pedro podía, como vicario de Jesucristo, 
disponer de los reinos que no pertenecían a potencias 
cristianas. Los papas Martín V, Eugenio IV y Nicolás V 
habían ya concedido a los portugueses el imperio de 
todo el territorio que acababan de descubrir en las cos- 
tas de África. Alejandro VI, al cual, después del viaje 
de Colón, España y Portugal presentaron al mismo 
tiempo sus pretensiones, trazó una línea que, pasando 
por los polos, cortaba en dos el globo terráqueo. La 
isla de Hierro, una de las Canarias, donde Ptolomeo 
había fijado el primer meridiano, era el punto por el 
cual pasaba esta línea, que se llamó línea de demarca- 
ción» Dio, pues, el papa a los portugueses todo lo que 
pudiesen conquistar al este, y a los españoles, todo 
lo que descubrieran al oeste de esta línea. Pero cuan- 
do los portugueses se apoderaron del Brasil y quisie- 
ron comprender esta comarca en la parte oriental de 
la línea, se alejó 30° al oeste de la isla de Hierro. 

§ VI. Mientras que España extendía al Oeste sus 
conquistas, tanto como los crímenes y crueldades de 
sus caudillos, los portugueses, guiados en 1497 por 
Vasco de Gama, doblaron el cabo de Buena Esperan- 
za, que Díaz, acompañado del navegante veneciano 
Cadamosto, había descubierto en 1455 (1). Costearon 
el África oriental y las islas que están entre este con- 
tinente y Asia, y llegaron a Calicut, que era la factoría 
del comercio de las especias. A continuación, no sin 
sostener combates y guerras, tanto con los indígenas 



(1) Este cabo había sido dibujado en 1450 por Fr. Mauro, ca- 
mandulense del convento de Murano, cerca de Venecia, sobre un 
mapamundi que yo vi en 1790 y que aun está en dicho convento. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 7 

como con los moros, que habían invadido una gran par- 
te de este país, alargaron su navegación hastas las islas 
Molucas; y en 1510 fundaron un establecimiento para 
monopolizar casi exclusivamente el comercio de la pi- 
mienta y los clavos de especia, que no se obtenían 
apenas mas que en estas islas (1). 

§ Vil. Los establecimientos portugueses en las In- 
dias tenían entonces por gobernador y virrey al duque 
de Alburquerque, quien por su talento y su valor ha- 
bía sabido hacer abortar todas las empresas de los 
venecianos, los cuales eran los aliados de Solimán el 
Magnífico e hicieron grandes esfuerzos para conservar 
en el mar Rojo el comercio, que los portugueses que- 
rían transportar a Lisboa (2). Después de este virrey 
fué cuando Magallanes emprendió su expedición para 
pasar cinco años en las Indias (3). Era un hidalgo por- 
tugués, y había cultivado las ciencias, habiéndose ocu- 
pado preferentemente de todo lo relativo a la navega- 
ción, estudio muy de moda a la sazón entre los caba- 
lleros portugueses; y emprendió este viaje para darse 
a conocer en la corte y obtener un empleo adecuado a 
sus talentos. Desde Calicut fué a Sumatra, donde tomó 
a su servicio un esclavo. Parece ser que no alargó su 
viaje hasta las Molucas, aunque así lo dicen Angera, 
Ramusio y otros escritores (4), porque si hubiese llega- 
do allí habría sabido que están bajo la línea equinoccial, 
y no hubiera ido a buscarlas, como lo hizo, a los 14° 
de latitud septentrional. De las Indias regresó a Lisboa. 
Durante este tiempo, Alburquerque había enviado a 
las Molucas a Francisco Serrano, pariente y amigo de 



(1) Si hemos de creer a nuestro autor, éste encontró en 1521, 
en las Molucas, a Pedro de Lorosa, quien le dijo: Como ja sedizi 
anni stava ne la India ma X in Malucho, e tanti erano che Malu- 
cho stava discoperto asco sámente. 

(2) RoBERTSON, loe. cit., sect. 4. 

(3) Petri Anglerii, Opus. epist, epíst. 767. 

(4) Hist génér. des voyag., tomo I, pág. 126, edición de París. 



8 PIGAFETTA 

Magallanes, con orden de erigir allí un fuerte, lo que 
no ejecutó porque todos los reyes de estas islas, con 
insensata ambición, pretendían que se levantase en su 
territorio (1); y Serrano, queriendo someterlos a todos 
al mismo tiempo, se proclamó soberano, aunque sólo 
con el título de pacificador. Ya veremos de qué mane- 
ra fué la víctima de su ambición. 

§ VIH. Ignoro qué derecho podría tener Magalla- 
nes a las mercedes de la corte; pero sus acciones prue- 
ban que poseía tanto valor como conocimientos, a 
pesar de que diga lo contrario el jesuíta Maffei, quien 
le acusa de tener más vanidad que mérito (2). Si hemos 
de dar crédito a nuestro autor, debemos reconocer la 
moderación de las pretensiones de Magallanes, pues 
se limitaban a pedir al rey un aumento de paga de cien 
reis mensuales, según algunos autores, o de medio 
cruzado, según otros. Hay, no obstante, motivo para 
creer que durante su servicio a Portugal dio pruebas 
evidentes de valor y habilidad, puesto que el rey de 
España le hizo caballero de Santiago y le confió el 
mando de una escuadra. 

§ IX. Según dice Maffei (3), Magallanes, durante 
su estancia en Portugal, estuvo en correspondencia, 
tan frecuente como la distancia le permitía, con su 
amigo Serrano, quien le invitó a volver a las Indias y 
aun a llegar hasta las Molucas, indicándole la distancia 
que les separaba de Sumatra, isla para él muy cono- 
cida. Pero si se nos permite hacer conjeturas y tratar 
de adivinar las causas por los efectos, hallaremos que 
es verosímil que Magallanes se quejase a Serrano de 
los pretendidos agravios recibidos en la corte de Lis- 
boa; que Serrano, tal vez amenazado por el virrey, al 
cual no había obedecido en la construcción de la for- 



(1) Hist. génér. des voyag., tomo I, pág-. 125, edición de París. 

(2) Hist. rer. indic, lib. VIII. 

(3) ídem id. id. 





g^fe^ ^ 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 9 

taleza, le propuso dar estas islas a España y le pro- 
porcionó al mismo tiempo los luminosos datos que 
pudo adquirir de los habitantes de las islas más orien- 
tales sobre la posibilidad de encontrar el cabo del 
continente descubierto por Colón, y de doblarle o 
quizás encontrar algún estrecho, pues ya los portugue- 
ses poseían el Brasil, descubierto por Cabral en 1500, 
en cuya comarca había pasado cuatro años Juan Car- 
vajo, de quien habla frecuentemente Pigafetta, y en 
donde Juan de Solís, que buscaba un paso a las In- 
dias, fué asesinado con sesenta hombres de su tripu- 
lación y comido por los caníbales (1). 

§ X. Acaso no es improbable que Magallanes tu- 
viese por estos medios algún conocimiento de un paso 
del mar Atlántico al mar de las Indias; pero, según co- 
municó confidencialmente a Pigafetta y a sus compa- 
ñeros de viaje, fué de otra manera como él llegó al 
estrecho. Mientras que pretendía su ascenso en la corte 
de Lisboa continuó estudiando la geografía y la nave- 
gación, de manera que, según nuestro autor, llegó a 
ser uno de los más hábiles geógrafos y navegantes de 
su tiempo (2). Por esta fama se le permitió examinar 
todo lo que hasta entonces se había coleccionado so- 
bre dichas materias y que se guardaba cuidadosamente 
en la tesorería. El infante D. Enrique, el cual fué el pri- 
mero que proyectó los viajes para el descubrimiento 
de países nuevos, y los príncipes que le sucedieron 
habían reunido todas las noticias y los mapas que era 
posible procurarse por medio de los geógrafos, los na- 
vegantes y los astrónomos, que con la esperanza de re- 
compensas iban allí a depositar sus descubrimientos. 
En esta tesorería fué donde Magallanes encontró un 



(1) Léase LÓPEZ de Gomara, Historia general de las Indias, 
en la colección de Viajes clásicos editada por Calpe. 

(2) Egli piii giustamente che homo fossi al mondo carteava et 
navigava. 



10 PIGAFETTA 

mapa de Martín de Bohemia, sobre el que estaba dibu- 
jado el estrecho por el cual se pasaba del mar Atlán- 
tico al que en seguida fué llamado Pacífico. 

§ XI. Para estar ciertos de que Magallanes buscó 
este paso porque lo había visto dibujado en el mapa 
de Martín de Bohemia, basta con leer lo que sobre el 
asunto dice Pigafetta. Anotamos sus propias palabras 
tal como se leen en nuestro manuscrito (1). Es extraño 
que se haya negado esta verdad, que puede encontrar- 
se en el extracto del libro de Pigafetta, publicado en 
francés por Fabre y en italiano por Ramusio (2); pero 
aun es más extraño que esta verdad, tan honrosa para 
Martín de Bohemia, o, mejor dicho, Behaim (3), haya 
sido negada por Murr cuando se proponía hacer su 
elogio (4). No está de más hablar aquí de esta cues- 
tión, que tiene íntima relación con el punto más inte- 
resante de la navegación que me propongo publicar. 
Otto, en una memoria inserta en el segundo volumen 
de las Transactións philosophiques de la Société de 
Philadelphie, ha querido probar, entre otras cosas, que 
Colón no fué quien descubrió América, ni Magallanes 
quien encontró el estrecho, para llegar, atravesándole, 
a las Indias por Occidente, sino que el mérito de estos 
descubrimientos se debe únicamente a Martín Behaim, 
de Nuremberg. Efectivamente, este Martín Behaim era 
uno de los más grandes geógrafos de su tiempo, y fué 
uno de los primeros que en 1492 hizo un mapamundi 



(1) // oapitano genérale che sapeva de dover jare la sua navi- 
gazione per uno streto molió ascoso, como vite ne la thesoraria del 
re de Portugal in una carta fata per quello excelentissimo huomo 
Martin de tíoemia, mando due navi, etc. 

(2) Véase párrafo XXIII. 

(3) Es cierto que su verdadero nombre era Behaim. Cluverius 
dice que se le apelaba de Bohemia porque sus antepasados eran 
originarios de este reino, o porque él se estableció allí a causa del 
comercio. 

(4) Notice sur le chevalier Martin Behaim, célebre navigateur 
poriugais, avec la description de son glohe terrestre. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 11 

terrestre, que leg-ó a su patria, donde todavía se conser- 
va; también fué uno de los primeros que pasaron la 
línea con el famoso navegante Santiago Cano, en 1484; 
estuvo casado con la hija de Huerter, feudatario de la 
isla de Fayal, una de las Azores, en donde pasó mu- 
chos años, haciendo de vez en cuando viajes a Europa; 
siendo estimado y consultado por los sabios de su tiem- 
po, así como por la corte de Lisboa, tuvo todos los 
medios para adquirir los más raros y extensos conoci- 
mientos geográficos de su siglo. Sin embargo, se pre- 
tende, sin razón, probar que Colón descubrió América 
después de Behaim, como lo ha demostrado el conde 
de Carli, fallecido en 1795 (1). Apoya Otto su opinión 
en una Crónica de Nuremberg, en la que se dice «que 
descubrió las islas de América antes que Colón, y el 
estrecho que tomó en seguida el nombre de Magalla- 
nes antes que Magallanes mismo»; y en el testimonio 
de Hartmann Schedel, quien dice que Magallanes y 
Cano, navegando, se encontraron en otro mundo. Pero 
Carli hace notar que la Crónica de Nuremberg no es 
contemporánea, y Murr ha comprobado que las pala- 
bras de Schedel han sido intercaladas en su manuscrito 
por otra mano. En efecto, no se las encuentra en la pri- 
mera edición de su obra, que tenemos en nuestra bi- 
blioteca. Hay que añadir que la frase In alterum orbem 
accepti sunt puede interpretarse en el sentido de que 
pasaron la línea. 

§ XIl. Con menos fundamento aún, Murr pretende 
que Martín Behaim no tuvo nunca la menor idea del 
estrecho de Magallanes. Habiendo tenido ocasión de 
visitar los archivos de sus herederos, no encontró, se- 
gún dice, ningún rastro de este documento. Además, 
en su globo terráqueo, que donó a la villa de Nurem- 
berg, puede verse claramente — añade Murr — que 
Martín Behaim no sospechó siquiera la existencia de 



(1) Oppuscoli scelti di Milano, tomo XV, pág^. 72. 



12 PIGAFETTA 

América. Este globo, del que Murr ha publicado el 
hemisferio que comprende la parte occidental de Euro- 
pa y de África y la parte oriental de Asia; este globo, 
digo, permite ver que en este tiempo se creía poder 
ir por mar directamente desde las islas Azores a los 
reinos de Tungut, de Cambalu y del Tibet, no encon- 
trando mas que la isla del Catay en todo el Océano 
que había de recorrerse. Se imaginaban que desde 
las islas Canarias podía llegarse a la isla de Antilia, y 
por esta razón Colón denominó Antillas a las islas que 
encontró más acá de América. De las islas de Cabo 
Verde, en el globo de Behaim, se iba, sin encontrar 
tierra ninguna, a Cipango (el Japón), que Marco Polo 
había dado a conocer en Europa, y del que también ha- 
bla Pigafetta, que creía haber pasado a poca distancia 
de allí. Del Japón se iba a Cambaya, y, volviendo al 
Sur, a la grande y pequeña isla de Java, situadas sobre 
el mismo meridiano. Se ve, pues, que en el globo de 
que hablamos no hay detalle ninguno sobre América. 
Sin embargo, todo esto demuestra que en 1492 Be- 
haim no conocía América, y que, por consiguiente, no 
podía facilitar datos a Colón, que partió este mismo 
año; pero no prueba en modo alguno que desde este 
período hasta el año 1506, que fué el último de su 
vida, no pudiese conocer todo lo que se había descu- 
bierto hasta entonces y trazarlo sobre un nuevo mapa. 
Sus viajes, su correspondencia con todos los sabios, 
sus cargos y empleos en la corte de Lisboa y, sobre 
todo, su estancia en las Azores le suministraron los 
medios, como ya hemos observado, de adquirir las lu- 
ces que el azar o las investigaciones proporcionaban a 
los navegantes. Varenius (1) pretende que Núñez de 
Balboa conoció en 1513 la existencia del estrecho en 
cuestión por las corrientes que sólo se producen en 
un canal abierto por los dos extremos y nunca en una 



(1) Geogr. gener., cap. 12. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 13 

bahía. ¿Por qué cualquier otro navegante no pudo ha- 
cer la misma observación en tiempos de Behaim y co- 
municársela a éste? Murr opina que esto es muy posible, 
pero pretende que no sucedió, y que Marco Antonio 
Pigafetta fué quien difundió en su Itinerario, publica- 
do en Londres en 1585, la fábula del descubrimiento 
de América por Behaim, y añade que ig-nora si se men- 
ciona a Martín Behaim en la Relación del Congo de 
Felipe Pigafetta. Puede juzgarse, por la manera en que 
se expresa, que apenas conocía Murr los nombres y los 
títulos de los otros dos Pigafetta (Marco Antonio y 
Felipe), y que no tenía la más remota idea de nuestro 
caballero Antonio Pigafetta, ni de su Relación del 
descubrimiento de las Indias, ni de los extractos que 
del mismo se publicaron, y que tampoco había leído el 
Itinerario de que habla, porque en él no se nombra 
para nada a Martín Behaim. Felipe Pigafetta no le cita 
ni en su Relación del Congo, impresa en Roma en 1591, 
ni en su Itinerario de Egipto, cuyo manuscrito se halla 
en la biblioteca de mi amigo el Sr. Malacarne, profesor 
de cirugía en Padua, según dicho señor me lo ha co- 
municado por escrito. No debe, pues, dudarse de que 
Magallanes hubiese podido ver dibujado el estrecho en 
el mapa de Martín Behaim; pero es preciso decir que 
no se fió por completo, o que el mapa en cuestión era 
bastante inexacto, pues de no ser así, ni hubiese des- 
tacado al navio Santiago para reconocer la costa en 
que naafragó buscando el estrecho en el grado 52, ni 
tampoco se hubiera determinado a remontarse hasta el 
grado 75 si aquél no le encontraba. 

§ Xlll. Volvamos a la historia de Magallanes y a 
nuestro autor. Sea por vengarse de las injusticias que 
él creía haber recibido, tal vez para conseguir el ade- 
lanto que solicitaba, Magallanes pasó a España para 
ofrecer sus servicios a Carlos V, con objeto de dirigir 
una escuadra corriendo siempre al oeste de la línea de 
demarcación hasta las islas de las Especias, que se co- 



14 PIGAFETTA 

nocían más por los relatos de los italianos que habían 
navegado por ellas al Este, que por las relaciones de 
los portugueses establecidos allí desde hacía diez años, 
pero que ponían extremo cuidado en tener ocultos los 
descubrimientos que habían hecho, hasta el punto que, 
según dice Castañeda, se habría ignorado andando el 
tiempo el viaje de Gama, si éste no se hubiera tomado 
el trabajo de escribirle y publicarle por su cuenta (1). 
Carlos V, o, mejor dicho, el cardenal Cisneros, su pri- 
mer ministro, regente de España en su ausencia, escu- 
chó favorablemente el proyecto de Magallanes, quien 
le convenció de la posibilidad de ir por el Oeste, ase- 
gurándole al mismo tiempo que las islas de las Espe- 
cias estaban en la parte del Globo perteneciente a Es- 
paña por la línea de demarcación, porque sin esto el 
cardenal virrey no hubiera nunca consentido que se in- 
vadiese un país que el papa había dado a otros. Para 
persuadirle de que las Molucas estaban en el hemisfe- 
rio español, Magallanes no sólo tomó por testigo a 
Cristóbal Hará, quien, teniendo en las Indias casas de 
comercio, decía que estaba seguro por las instruccio- 
nes de sus factores de la verdadera posición geográfica 
de estas islas (2), sino que apeló a la autoridad del fa- 
moso astrólogo Ruy Faleiro, que compás en mano de- 
mostraba sobre el mapamundi que las islas estaban si- 
tuadas más acá de 180° de longitud occidental de la 
línea de demarcación. Como aun dudase el cardenal 
Cisneros, Faleiro dio a Magallanes un métofllo para 
calcular la longitud, a fin de no sobrepasar la línea (3). 
Para desvanecer todo escrúpulo hubiera podido Falei- 
ro embarcarse con Magalles; pero como se preciaba 
de astrólogo, se excusó diciendo que preveía que esta 



(1) Historia della conquista delle Indie orientali, prefacio. 

(2) Epístola de Massimiliano Transilvano, presso Ramusio, 
tomo I, pág. 348. 

(3) Castañeda, loe. cit. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 15 

navegación le sería fatal. Lo fué, efectivamente, para el 
astrólogo Martín de Sevilla que marchó en su lugar, sin 
prever que debía ser asesinado, como le acaeció en la 
isla de Zubu. 

§ XIV. Tenemos una prueba de la importancia de 
las investigaciones sobre las longitudes hechas durante 
esta navegación, en la descripción que voy a publicar. 
Apenas la escuadra estuvo en el mar Pacífico cuando 
el caballero Pigafetta consideró como un deber el se- 
ñalar en su diario, no solamente la latitud, sino la lon- 
gitud de la línea de demarcación; y para evitar toda 
equivocación advirtió que ésta se hallaba a 30° al oes- 
te del primer meridiano, situado a su vez a 3° al oeste 
de Cabo Verde (1). Explicándose con tanta precisión, 
es extraño que Fabre, que dio un extracto de su rela- 
ción, no le haya comprendido, y que en lugar de decir 
grados de longitud de la línea de demarcación^ diga 
siempre de la línea de su partida, o grado de longitud 
del cual partieron; y allí donde debía indicar la posi- 
ción de esta línea tal como la señaló nuestro autor, 
diga y XXX grados del meridiano, el cual está a tres 
grados más al oriente que el cabo de Buena Esperan- 
za. Como se ve, carece de sentido semejante manera 
de expresarse. Al traducir Ramusio a Fabre, omitió 
todo esto con razón, y hay que perdonarle cuando, por 
seguir literalmente el texto, en lugar de decir longitu- 
dine dalla linea di divisione, dice longitudine dal luogo 
donde si eran partiti; por consiguiente, aumenta en un 
error de 40° la longitud señalada por Pigafetta. 

§ XV. Pero los portugueses, interesados en deter- 
minar la verdadera longitud de las Molucas, acusaban 
a los españoles, no solamente de error, sino también de 
mala fe; y Pedro Mártir de Anglería, gentilhombre mi- 
tanes e historiógrafo de la corte de España, contaba 



(1) La linea de la repartitione e trenta gradi longi dal meridio- 
nale; el meridionali e tre gradi al levante longi da Capo Verde. 



16 PIGAFETTA 

con bastante g^racia en una de sus cartas (1), que ha- 
biéndose escogfido veinticuatro astrónomos y pilotos, 
tanto portugueses como españoles, después de haber 
silogismado mucho, concluyeron que no se podía de- 
cidir la cuestión más que a cañonazos; sin embargo, 
Carlos V calculó que valía más vender a Juan III, rey 
de Portugal, en las 150.000 doblas que ofreció, sus 
pretendidos derechos sobre las Molucas, y se las ce- 
dió. Además, es cierto que estas islas, situadas por Pi- 
gafetta entre los 160° y los 170° de longitud al oeste 
de la línea de demarcación, están realmente más allá 
de 180°; por consiguiente, pertenecían a Portugal en 
virtud de la bula del papa Alejandro VI. Sea como 
fuere, el rey de España, persuadido de que Portugal 
le había usurpado lo que le pertenecía, y dispuesto ya 
a encomendar a Esteban Gómez unas carabelas para 
emprender nuevos descubrimientos, no en confiar a 
Magallanes una escuadra para esta importante expedi- 
ción, quien, con el fin de salvar todos los obstáculos, 
escogió a Gómez para que mandase uno de los navios, 
elección de la que pronto tuvo que arrepentirse. 

§ XVI. Mientras se trataba de este importante asun- 
to en la corte de Madrid, Antonio Pigafetta, gentilhom- 
bre de Vicencio, estaba en Roma, donde todos los italia- 
nos que tenían talento y aspiraban a hacer fortuna acu- 
dían, sobre todo en los buenos tiempos de León X. Era 
de familia hidalga originaria de la Toscana, y probable- 
mente hijo del Mateo Pigafetta, doctor y caballero, que 
ocupó frecuentemente cargos en la administración pú- 
blica de su patria (2). Tan ávido de gloria como de 



(1) Epístola 797. 

(2) Ángel Gabriele de Santa María, Biblioteca e Storia de 
scrittori Vicentini, vol. IV, pág. 1. «Hice investigaciones en Vicen- 
cio para obtener datos sobre la persona y familia de nuestro via- 
jero, pero sin lograr mucha luz. En un manuscrito que tiene por 
título Genealógica Storia delle famiglie nobili vicentine, vol. II, se 
lee que era hijo de Domitio qm. Antonio y de Bartolomea Maros- 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 17 

fortuna, se propuso buscar una y otra en los países le- 
janos del nuevo mundo que Colón y Américo Vespu- 
cio acababan de descubrir, y donde muchos italianos 
habían ya adquirido renombre y riquezas. Siguió a Es- 
paña a su conciudadano Francisco Chiericato, enviado 
como orador o embajador a Carlos V, para comenzar 
desde aquí sus viajes. Todo salió a medida de sus de- 
seos, y puede verse en la carta dedicatoria de su obra 
cómo obtuvo del emperador la licencia de embarcar 
en la escuadra de Magallanes. 

§ XVII. Pigafetta no era ciertamente muy sabio, 
aunque Marzari, historiador vicentino, nos dice que era 
célebre en toda Europa por sus excelentes conocimien- 
tos en filosofía, matemáticas y astrología (1); mas ha- 
bía estudiado la geografía y la astronomía necesarias 
para entender el manejo del astrolabio y determinar la 
latitud de los lugares; conocía también bastante la teo- 
ría de los fenómenos celestes para poder hacer las ob- 
servaciones astronómicas, por las cuales se juzga sobre 
la declinación del imán, de la singladura de un navio y 
de las longitudes. Puede formarse idea de sus conoci- 
mientos en esta parte por su Tratado de navegación. 



tica, y que fué elegido jurisconsulto en 1470, lo que no concuerda 
con el caballero Antonio, a menos que el jurisconsulto no sea su 
padre Domitio. En lo que respecta al caballero Antonio, sólo hay 
dos líneas en el epitafio que el caballero Capra, heredero de los 
bienes de Felipe Pigafetta, hizo poner en la iglesia de dominicos, 
en la que se lee: PhiLippus Figafeta,.. Peregrinandi cupidas, et An- 
tonii gentilis sui eq. hierosoiim., qui primas terrarum orbem cir- 
cumiit, glorias emulas, abditis simas regiones adivit, etc. Aun existe 
en Vicencio su casa, en la calle de Luna; es de estilo gótico, y fué 
construida por sus antepasados en 1481; pero a su vuelta hizo 
adornar la puerta con un festón de rosas, en el que mandó esculpir 
estas palabras: II. Nest. Rose. sans. espine, quizás aludiendo a la 
gloria conquistada por su circunnavegación y las penalidades su- 
fridas en ella. Debo estos pormenores a los condes Francisco de 
Thiéne y Francisco de San Giovanni, a los cuales me complazco en 
testimoniarles aquí públicamente mi reconocimiento. > 
(1) Storia di Vicenza, alV anno 7480. 



PIGAFETTA 



18 PIGAFETTA 

§ XVIII. El afán de instruirse igualaba al saber de 
nuestro autor y aun le sobrepujaba. Tenemos una prue- 
ba en el estudio que hizo, durante su viaje, de los di- 
ferentes idiomas de los pueblos que visitó, hasta el 
punto de formar vocabularios más o menos extensos 
a medida que encontraba ocasión (1). 

Procuraba enterarse siempre de las cosas por sí mis- 
mo, y así lo demostró en frecuentes ocasiones durante 
la realización de las misiones particulares de que fué 
encargado cerca de los reyezuelos de las islas que la 
escuadra visitó. Veremos por su relato que nunca dejó 
de recorrer los campos para examinar el cultivo de las 
principales producciones del país, de las cuales escri- 
bió la historia natural lo menos mal que pudo, sin la 
precisión de un botánico, es cierto, pero con toda la 
exactitud de un hombre de buen sentido. No limitán- 
dose a lo que se presentaba ante sus ojos, se esforzaba 
en instruirse sobre las comarcas donde la escuadra no 
anclaba, por los indios que voluntaria o forzosamente 
navegaban con él. Es preciso, por tanto, convenir en 
que no tenía conocimientos bastante extensos de His- 
toria natural y de Física para apreciar debidamente 
cuanto veía y para distinguir la verdad de las fábulas 
y mentiras que le contaron sobre cosas prodigiosas, 
sobre los orejones, sobre las amazonas, sobre los pig- 
meos, etc., de los que con la mayor buena fe hizo ri- 
diculas descripciones. 

§ XIX. Pero aunque no fuese hábil físico ni buen 
naturalista ni excelente astrónomo, como lo son, gene- 
ralmente, los navegantes de nuestros días, Pigafetta es- 
taba lejos de merecer el injurioso desprecio con que le 
quiso cubrir De Paw, quien le llama un exagerado ul- 
tramontano, crédulo e ignorante, que, sin empleo y sin 
carácter, hizo su excursión en el navio Victoria (2). 



(1) Véase el párrafo XXXII de esta Introducción. 

(2) Recherches sur les Américains, tomo I, pkg. 289. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 19 

Pero ¿puede hacerse el menor caso de las injurias de 
De Paw? No hay mas que leer sus Recherches sur les 
Américains para ver que es un escritor que, por las 
aserciones aventuradas, por no decir algo peor, y sin 
conocer los asuntos de que habla, como dice Per- 
netty (1), desde el fondo de su gabinete no se propo- 
nía mas que escribir un libro que pudiera complacer a 
los seudofílósofos, ya por la novedad de un ilusorio 
sistema sobre América, ya por la maledicencia y la re- 
ligión. Por otra parte, no conocía mas que el miserable 
extracto de la obra de Pigafetta, hecho por Fabre, y 
condenó a la obra y al autor como si la hubiese exami- 
nado completa. Es verdad que otros escritores, entre 
los cuales está el célebre Tiraboschi, han hecho poco 
caso de la relación del viaje de Pigafetta; pero esto 
fué porque se imaginaron que no había escrito mas que 
lo que Fabre y Ramusio publicaron. 

§ XX. Pigafetta merece elogios, sobre todo por 
el cuidado que tuvo en anotar día por día todo lo que 
veía, todo lo que oía decir y todo cuanto les sucedía a 
él, a sus compañeros de viaje y a la escuadra; tuvo ade- 
más la suerte de no estar nunca imposibilitado para es- 
cribir, y mientras toda la tripulación sufrió largas en- 
fermedades, él disfrutó siempre de una salud bastante 
fuerte para hacer diariamente sus observaciones; de 
manera que cuando a su vuelta llegó a las islas de 
Cabo Verde y preguntó qué día era de la semana, no 
se podía persuadir de que se había equivocado un día 
entero, habiendo llevado con regularidad su diario. Pi- 
gafetta no es el único que se haya sorprendido de ha- 
ber perdido un día al dar la vuelta al mundo; esta pér- 
dida, de la que no había duda, parecía entonces tan 
inexplicable, que más bien se pretendía, dice Angle- 
ría (2), que nuestros navegantes no habían dado la 



(1) Prefacio a la disertación sobre los Recherches. 

(2) Epístola 770. 



20 PIGAFETTA 

vuelta a la Tierra, hasta que los astrónomos, y el carde- 
nal Contarini el primero, demostraron que esto debía 
suceder a todos los que daban la vuelta al Globo sin- 
glando constantemente de Oriente a Occidente. 

§ XXI. Al cabo de tres años, de los doscientos 
treinta y siete hombres que formaban la tripulación y 
de cinco navios que componían la escuadra, no se vie- 
ron, dice Anglería (1), llegar de vuelta a Sevilla, de 
donde habían salido, mas que diez y ocho hombres y 
un solo navio ruinoso y acribillado de vías de agua. 
Entre los diez y ocho hombres estaba Pigafetta. Cada 
uno se creyó en el deber de contar todo lo que le ha- 
bía sucedido, tanto más cuanto la corte de España que- 
ría publicar la relación de un viaje tan importante, por- 
que nadie antes que estos navegantes había dado la 
vuelta al mundo. Pedro Mártir de Anglería, a quien 
acabamos de citar, del Consejo de Indias por el empe- 
rador, que había ya escrito la historia de la navegación 
de Cristóbal Colón (2), fué el encargado de recoger 
todos los datos que podían lograrse del mísero resto 
de la tripulación. Probablemente pondrían en sus ma- 
nos todos los diarios que se encontraban a bordo del 
navio, sobre todo de los que habían perecido; mas 
parece ser que Pigafetta guardó el suyo, porque él 
mismo dice que fué a presentarse al emperador en 
Valladolid (3), y es presumible que le ofrecería una 
copia de su propia mano, guardando las notas origi- 
nales. 

A las órdenes que el emperador dio a Anglería para 



(1) Epístola 767. 

(2) Petri Martyris ab Anglería. De rehus Oceanicis et orbe 
novo, 1516. 

(3) Pariéndome da Seviglia andai a Vagliadolit ove apresen- 
tai a la sacra majestá de D. Cario, non oro ne argento, ma cose 
da essere assai apreciad da un simil Signore. Fra le alire cose li 
detti uno libro scripto de mia mano, de tucte le cose passate de 
giomo in giorno nel viaggio nostro. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 21 

que escribiese la historia de esta expedición se unie- 
ron las peticiones del papa Adriano VI, al cual le unía 
gran amistad desde que éste ocupó en la corte la plaza 
de preceptor de Carlos V. Escribió, pues, Anglería esta 
historia, y él mismo dice que envió su manuscrito a 
Roma al papa, quien quería hacerlo imprimir a todo 
lujo; pero que no llegó a la Ciudad Eterna hasta des- 
pués de la muerte del pontífice (1). Ramusio (2) añade 
que este manuscrito fué pasto de las llamas o perdido 
para siempre en el terrible saqueo que la capital del 
mundo sufrió en 1527. 

§ XXII. El mismo Ramusio, uno de los primeros y 
más sabios compiladores de navegaciones y viajes, dice, 
además, a este respecto, que casi se hubiera perdido el 
recuerdo de esta magna empresa si un hábil y gentil- 
hombre vicentinOy llamado el señor Antonio Pigafetta, 
no hubiera hecho una relación curiosa y detallada, de 
la que, como veremos en seguida, hizo un extracto en 
francés, que tradujo también al italiano, para insertarlo 
en su colección. Este libro existe en la bibloteca Am- 
brosiana de Milán, y, al parecer, no solamente es in- 
édito, sino que ni aun ha sido conocido por los que es- 
cribieron la historia de la pasmosa expedición. No es 
el diario propiamente dicho tal como Pigafetta lo pre- 
sentó al emperador, sino una relación muy extensa que 
escribió, estando en Italia, para obedecer los ruegos 
de Clemente VII, al cual se presentó en Monterosi a 
su vuelta (3), y a los del gran maestre de Rodas, De 
Villers Lisie- Adam, al que se dirige frecuentemente en 
la relación. Como en este libro añade Pigafetta a su 
nombre el título de caballero, puede deducirse que le 
escribió después del 3 de octubre del año 1524, día 



(1) Epístola 797. 

(2) Discorso sopra il Viaggio fatto dagli Spagnuoli intomo al 
mondo, tomo I, pág-. 346. 

(3) Véase la Epístola dedicatoria. 



22 PIGAFETTA 

en que fué nombrado caballero (1). Pero si tenemos 
pruebas de que la obra la escribió algunos años des- 
pués de la vuelta de su viaje, hay también motivos para 
creer que el caballero Pigafetta tenía delante las notas 
originales mientras la redactaba, porque dice repetidas 
veces oggi (hoy) copiando lo que había escrito el mis- 
mo día del suceso. Además, no le hubiera sido posi- 
ble, siguiendo el orden del tiempo más que el de las 
cosas, conservar la memoria de una infinidad de obje- 
tos para él nuevos y de acontecimientos extraordina- 
rios, que algunas veces he unido, sin alterarlos, para dar 
más continuidad y conjunto a la relación del autor. 

§ XXIII. Después de haber escrito su libro para el 
gran maestre de Rodas y de haber presentado al so- 
berano pontífice una copia, de la que habla Paulo Jo- 
vio (2), envió otra a la reina Luisa de Saboya, regente 
del reino por su hijo Francisco 1 (ocupado entonces 
con la desdichada guerra de la Lombardía, donde fué 
hecho prisionero), a la cual se había presentado Piga- 
fetta cuando regresó a Italia para ofrecerle algunos pro- 
ductos del otro hemisferio. La reina dio a traducir al 
francés el libro al parisiense Antonio Fabre, que tenía 
reputación de ser un excelente filósofo y de saber ita- 
liano porque había residido mucho tiempo en Padua; 
pero éste, por evitarse molestias (per fuggir la fatica^ 
como dice ingenuamente Ramusio), hizo solamente un 
extracto, y omitió quizás lo que no entendía; el resto 
fué impreso en francés con muchas faltas (3). A pesar 
de todos estos defectos, Ramusio, que, como ya he di- 



(1) Véase el Ruólo genérale de' cav. gerosoliminis, di Fr. Bar- 
tolomeo del Pozzo, Torino, 1714, donde hay que notar que el autor 
no pone mas que los nombres, las dignidades y los cargos de los 
otros caballeros; pero al hablar de Pigafetta, después de haber 
dicho comendador de Norsia, añade: célebre por sus viajes en las 
Indias. 

(2) Historia sui iemporis, lib. XXXIV. 

(3) Ramusio, loe. cit. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 23 

cho, quería insertar en su gran colección esta primera 
navegación, la tradujo al italiano y la publicó con otras 
dos relaciones de menor importancia (1). 

§ XXIV. No he podido averiguar lo que haya sido 
de las copias que el autor presentó a otros grandes 
personajes. El célebre presidente De Brosses, que ha 
recogido con tanto cuidado como inteligencia todo lo 
que ha llegado hasta nosotros relativo a los descubri- 
mientos de los europeos en las tierras australes, hablan- 
do de la relación de Pigafetta, dice claramente que se 
perdió (2). Parece que en tiempo de Montfau9on esta 
relación no existía entre los manuscritos de la biblio- 
teca real, porque en su catálogo (3) no menciona más 
que el título de la obra francesa, esto es, del extracto 



(1) Me había fiado de Ramusio, quien se expresa de tal manera 
que hace creer que fué el primero que pensó en traducir al italiano 
el Extrait du voy age de Pigafetta hecho por Fabre y la carta de 
Maximiliano Transilvano; pero después he averiguado que Ramu- 
sio no hizo mas que copiar una traducción impresa en Venecia 
en 1536, en 4.° menor, con el título de // viaggio fatte dagli spa- 
gnuoli átomo al mondo, MDXXXVL No cambió mas que muy pocas 
palabras. Abrevió el discurso preliminar, suprimió los números de 
los ciento catorce capítulos en que Fabre había dividido la obra, 
y añadió los títulos de los capítulos en que la dividió. Copió las 
más torpes faltas, puesto que tradujo la palabra veilles por vele, 
que significa ^arííes. (Véase el párrafo XXXIV de mi Introducción.) 
También hay alguna diferencia en lo que dice acerca de la infíbu- 
lación de los habitantes de Zubu, como haré notar. Falta decir que 
ningún bibliógrafo conocía esta traducción, que nuestra biblioteca 
acaba de adquirir por una dichosa casualidad. 

(2) Navigation aux Terres Australes, tomo I, pág. 121. 

(3) Bibliotheca bibliothecarum, pág. 185, b. in bibliotheca regis, 
núm. 10.270. Existen actualmente en la Biblioteca Nacional de 
París dos manuscritos de una traducción francesa del Voyage d'An- 
toine Pigafetta: uno, en papel, que parece el más antiguo, con el 
número 10.270; el otro, en vitela, con el número 4.537. Este pro- 
viene de la biblioteca de la Valliére. No tienen fecha, y no consta 
que sea la traducción de Fabre que cita Amoretti, y de la cual son 
diferentes hasta en el título: Navigation et descouvrement de la 
Indie supérieure faicte par moy Antoyne Pigaphete, vicentin, che- 
vallier de Rhodes. 



24 PIGAFETTA 

de Fabre, y hubiera citado, sin duda, el título italiano 
si hubiese encontrado el original. El P. Angfel Gabriel 
de Santa María, que ha escrito en muchos volúmenes 
la historia literaria de Vicencio, dice decisivamente que 
hay una copia en el museo Saibanti, en Verona, y otra 
en la biblioteca del Vaticano, en Roma; pero lo mismo 
que la primera, no existe allí ni estuvo nunca, como me 
ha asegurado mi amigo el Sr. Delbene, secretario de la 
Sociedad italiana, que se ha tomado la molestia de in- 
vestigar en los catálogos antiguos y modernos de este 
museo; en cuanto al segundo, acabo de recibir una 
nota de monseñor Marini, director de la biblioteca del 
Vaticano, en la cual me comunica que, después de 
haber hecho las buscas necesarias, no sólo no ha en- 
contrado esta obra entre los manuscritos de esta biblio- 
teca, sino que está seguro que tampoco existe en las 
bibliotecas Urbina, Palatina, Ottoboniana, Capponia- 
na, etc. 

Es preciso, además, conjeturar que las copias eran 
muy raras, y que ni aun la familia del autor poseía nin- 
guna, puesto que Felipe y Marco Antonio Pigafetta, 
de los que hemos hablado en el párrafo XII, autor el 
último de una historia de las Indias orientales, no men- 
cionan ni el viaje ni la obra de su hermano Antonio, lo 
que hace suponer que no la habían leído (1). 

He visto en la historia de Castañeda (2) que este es- 
critor consultó un diario de este viaje, en el que los 
grados de longitud estaban marcados muy diferente- 
mente, por lo que dice, de lo que pretendían los espa- 
ñoles para extender sus derechos por la parte Oeste; 
y Maffei (3) nos enseña también que el español Barros 
había escrito la misma historia, basada en los relatos y 
diarios de los marineros. Ignoro la suerte de los dia- 



(1) Loe. cit. 

(2) ídem id. 

(3) ídem id. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 25 

rios de que se sirvieron los historiadores; pero es muy 
cierto que no se publicaron nunca. 

§ XXV. Podría suponerse que nuestro manuscrito 
es el mismo que presentó el autor al gran maestre de 
Rodas, porque está bastante bien escrito, en caracteres 
de la escritura llamada entonces cancilleresca (1), en 
buen papel, en folio menor; los mapas están ilumina- 
dos, y está apropiadamente encuadernado. Podría 
creerse también que es la copia que ofreció al papa, 
pues, según dice Paulo Jovio, Pigafetta (al que por 
error llama Jerónimo) le ofreció, tanto por escrito como 
en pintura, las cosas más notables de los países que 
había visitado (2). Añádase a esto que nuestro sabio 
bibliotecario Sassi, quien en 1712 hizo el catálogo de 
nuestros manuscritos, escribió en la portada de éste: 
«Es, quizás, el original.» Sin embargo, a pesar de todas 
estas conjeturas, opino que nuestro manuscrito no es 
mas que alguna de las copias que fueron presentadas 
a las personas ilustres de que acabamos de hablar. He 
aquí en lo que fundamento mi opinión: 

1.° En la portada, y a la cabeza de la epístola de- 
dicatoria, el nombre del autor está escrito Pigafeta; al 
final de la carta se lee Pagapheta, y al fín del Tratado 
de navegación pone Pigaphetta. 

2.** El manuscrito está tan plagado de faltas de or- 
tografía, de lenguaje, de sintaxis y de lógica, que fre- 
cuentemente no tiene sentido ninguno, como podrá 
juzgarse por los pasajes que algunas veces citaré en las 
notas. 

3.° Un tercio del volumen está en blanco, lo que 
hace sospechar que esta copia estaba destinada a al- 
gún aficionado que deseaba añadir otras cosas, y que 



(1) La escritura cancilleresca se parece un poco a la que hoy 
llamamos financiera. 

(2) Malta admiranda observandaque posteris pictura et scriptís 
adnotata deposait, etc. Loe. cít. 



26 PIGAFETTA 

el caballero Pigafetta no la vio, pues al menos habría 
corregido las faltas más burdas y no hubiese, proba- 
blemente, añadido su Tratado de navegación; y, caso 
de hacerlo, no hubiera olvidado el poner en esta última 
parte la figura a la que remite al lector, y que no está. 

§ XXVI. Pero aunque este manuscrito no haya sa- 
lido directamente de manos de Pigafetta, no es menos 
precioso, puesto que fué escrito en la época en que 
vivió el célebre navegante, como acabamos de ver, y 
que, además, es auténtico, como puede juzgarse por su 
concordancia con todo lo que sabemos de esta nave- 
gación y de los países de que habla. Esta concordancia 
se nota particularmente en los vocabularios. Por otra 
parte, hasta los errores y las fábulas que en él se en- 
cuentran prueban la buena fe del escritor, que nos ha 
trasladado todos los relatos que se le hicieron y ex- 
puesto los fenómenos tal como se presentaron a sus 
sentidos. En fin, este manuscrito es único. No he po- 
dido descubrir de dónde el cardenal Federico Borro- 
meo (nombre siempre esclarecido para las ciencias, y 
sobre todo por la biblioteca que fundó) obtuvo este 
manuscrito. Diré solamente que en el interior de la 
cubierta se leen estas palabras, roídas en parte por la 
polilla: Ce livre est da chevalier de Fórrete; y coma 
sabemos por la historia de Malta que en tiempos del 
gran maestre Villers Lisie- Adam y de Pigafetta había 
dos caballeros jerosolimitanos apellidados uno Forret 
y otro De la Forest (1), es probable que perteneciese 
a cualquiera de los dos. 

§ XXVll. Ahora bien: la que voy a publicar es la 
traducción de este manuscrito. Le he traducido en 
buen italiano, por decirlo así, de su lengua original, 
que es una mezcla de italiano, de veneciano y de espa- 



(1) Filiberto de la Forest vivía en 1513, y Juan de Foret esta- 
ba sitiado en Rodas en 1522. (Bosso, Istoria della sacra religione 
e illma. milizia Gerosolimitana, parte II.) 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 27 

ñol, porque si le hubiese dado a la estampa tal y como 
está, en lugar de instruir deleitando, este viaje hubiera 
seguramente enojado y repelido al lector. Del italiano 
le he traducido al francés; pero en las notas frecuente- 
mente he transcrito pasajes exactamente como están 
escritos en el manuscrito. He puesto los mismos nom- 
bres que el autor ha dado a los países nuevos que vio, 
indicando en las notas los que tienen actualmente. 
Por la misma razón he dejado en la obra los errores 
de Pigafetta sobre los objetos de Física y de Historia 
natural, contentándome con advertírselo al lector. He 
expuesto más decorosamente ciertas costumbres que 
el autor por sí mismo ha oído contar. No ignoro que en 
las narraciones de nuestro viajero hay frecuentemente 
cosas inútiles y algunas veces absurdas; pero diré, como 
el presidente De Brosses (1), que sobre todo se siente 
la curiosidad de saber cómo han sido vistas las cosas 
por el primero de todos que las ha visto, y que es ne- 
cesario respetar las observaciones de los más antiguos 
viajeros, aunque a menudo carezcan de un recto jui- 
cio (2); y como los autores célebres han hecho llegar 
hasta nosotros, aun en los extractos, las faltas e inexac- 
titudes de sus escritores, pienso que era preciso seguir 
su ejemplo al publicar este viaje. 

§ XXVIll. Falta hablar de los mapas que adornan 
nuestro manuscrito. Hay veintiuno, en los que Piga- 
fetta delineó la América meridional y todas las islas 
del mar Pacífico y de las Indias orientales donde an- 
claron nuestros viajeros, las que vieron al pasar o, al 
menos, les fueron indicadas como situadas en su ruta. 
Estos mapas están coloreados: el mar, en azul; la tierra, 
en color de hollín; las montañas son verdes, y las casas 
o chozas, blancas. En uno de los mapas hay una piragua, 
embarcación usada por estos pueblos, con dos hom- 



(1) Loe. cit., tomo I, pág. 97. 

(2) Tomo I, prefacio. 



28 PIGAFETTA 

bres, y en otro se ve el árbol que produce el clavo de 
especia. Para que el lector pueda formarse una idea 
de estos mapas, reproduzco cuatro, dibujados e ilumi- 
nados fielmente seg^ún los originales. El primero repre- 
senta la América meridional; el segundo, las islas de los 
Ladrones, junto a las cuales está la piragua que antes 
he mencionado; el tercero, la isla de Zubu, con casas, 
y la de Matam, donde pereció Magallanes; el cuarto, 
las islas Molucas, con una parte de Gilolo y un árbol 
de clavo de especia. El primero y el último están redu- 
cidos casi a la mitad de su tamaño; los otros, cerca de 
una tercera parte. Por estos mapas, así como por los 
otros, que he creído inútil hacer copiar, se ve que todo 
está falto de exactitud; pero también se ve que el autor 
ha puesto los objetos tal como los ha visto o como le 
han sido descritos. Esto nos revela por qué en sus ma- 
pas el Norte está abajo y el Sur arriba, de manera que 
sería necesario darles la vuelta para ver los lugares en 
la posición que los geógrafos les dan comúnmente (1). 
§ XXIX. Para dar una idea del modo que el caba- 
llero Pigafetta dibujó sus mapas, y para hacer inteligi- 
ble toda la obra, he añadido dos mapas y una vista del 
estrecho de Magallanes, tal como los han dado los mo- 
dernos, con el fin de poder compararlos con el dibujo 
que hizo el autor. El primer mapa, que va al fin de esta 
obra, es un planisferio terrestre en el que está indicado 



(1) Otros geógrafos antiguos, y particularmente Ramusio y 
Urbano Monti, han puesto en la misma posición en sus cartas a 
los lugares de que hablan. El último, al que citaré con frecuencia, 
era un gentilhombre milanés que en 1590 dibujó e hizo grabar un 
gran mapa geográfico que comprendía toda la tierra conocida de 
su tiempo. Está compuesto de sesenta y cuatro hojas que, for- 
mando cuatro elipsoides, parecen destinadas a cubrir un globo. 
A cada hoja añadió el autor una descripción muy extensa de la 
historia política, religiosa, civil y natural del país representado. 
Toda la obra estaba preparada para imprimirse; pero, sin embar- 
go, no se publicaron mas que las planchas. Este manuscrito se 
encuentra en nuestra biblioteca, y Sassi habla de él. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 29 

por puntos el viaje de Pigafetta. El segundo mapa 
permite ver de una ojeada el conjunto de mapas del 
manuscrito, en los que nuestro viajero representó el 
archipiélago de las Filipinas y de las Molucas, desde 
las islas Marianas hasta la de Timor; e igualmente he 
indicado por puntos la ruta que el barco siguió en 
medio de tantas islas, que forman, por decirlo así, un 
laberinto en un mar que asusta, aun hoy, a los más 
atrevidos navegantes. A primera vista, los mapas de 
Pigafetta parecen dibujos faltos de sentido o, al me- 
nos, inútiles para la geografía, puesto que no se en- 
cuentra ninguna relación entre un mapa y otro y no 
tienen marcados los grados de longitud y latitud. Pero 
cuando se reúnen todos los mapas, colocándolos suce- 
sivamente según el autor habla de las islas en ellos 
representadas, se ve que pueden formar uno solo, y 
que Pigafetta, con una exactitud mayor de la que puede 
esperarse para su tiempo, ha suministrado el primero 
de los materiales para la geografía de estos mares. Yo 
mismo he reunido, no stn paciencia, todos estos mapas, 
reduciendo sus dimensiones, conservando, no obstan- 
te, sus proporciones tanto como me ha sido posible, 
encerrando en un solo cuadro todo el archipiélago, no 
omitiendo más que las islas de los Ladrones y las islas 
Infortunadas, demasiado alejadas de las otras. Este 
mapa debe el lector tenerlo presente para seguir la 
ruta de Pigafetta desde el momento que abandona las 
islas de los Ladrones hasta que vuelve a entrar en 
el océano Asiático, que él llama Laut-Chidol, o mar 
Grande. Los puntos indican la singladura de los barcos 
y los sitios en que anclaron. Para colocar las islas en 
su verdadera posición geográfica he utilizado los ma- 
pas de Robert y de Bellin, en los que tienen frecuen- 
temente los mismos nombres o, al menos, poco dife- 
rentes. No ignoro que hay errores en la posición de 
las islas, y que su arrumbamiento no está de acuerdo 
algunas veces con la latitud y la longitud dadas por el 



30 PIGAFETTA 

autor; pero sé también que estos errores no son raros 
ni aun entre los navegantes y los geógfrafos de nuestros 
días, que tienen tantos medios para determinar la ver- 
dadera posición de los lugares. Es preciso observar, 
además, que de todas las islas que Pigafetta dibujó no 
vio mas que una parte, y que trazó a menudo sus ma- 
pas siguiendo los datos de los isleños, y sobre todo 
de los pilotos indios que navegaban en el mismo barco 
que él. En una palabra, hizo alguno de sus mapas 
como el padre Cantova en 1722 trazó el de las islas 
Carolinas (1) y como el célebre Cook ha publicado 
actualmente el mapa de las islas del mar del Sur sobre 
las indicaciones del otaitiano Tupia (2). 

§ XXX. Este método, por inexacto que sea, tiene 
la inapreciable ventaja de que las islas fueron indica- 
das por Pigafetta con los nombres que les daban los 
indígenas, lo cual es útilísimo para la geografía, casi 
ininteligible en seguida cuando cada navegante ha que- 
rido, ya por ignorancia de la verdadera denominación, 
ya por vanidad o por adulación, dar a las comarcas 
descubiertas un nuevo nombre tomado de los santos, 
sus reyes, sus amigos o protectores y su propio país; 
lo cual ha lanzado a la geografía en la confusión y en 
la incertidumbre, como puede comprobarse compa- 
rando los mapas publicados por los diferentes pue- 
blos que se establecieron sucesivamente en las islas 
del Sur. 

Muchas veces la diferencia del nombre sólo consiste 
en la pronunciación, lo que no sorprenderá a los que 
saben que el mismo nombre, pronunciado por las mis- 
mas personas, ha sido entendido y escrito diferente- 
mente por los navegantes de nuestros días, tales como 



(1) Histoire genérale des voy ages, tomo XV, pág. 77, edición 
de Holanda. 

(2) Léanse los Viajes de James Cook, volúmenes 11, 12, 13, 
14, 15 y 16 de la colección de Viajes clásicos editada por Calpe. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 31 

Bougainville (1), Cook, Anderson, Forster, etc. Sin 
embargo, para que se comprenda mejor a nuestro 
autor, he añadido a los nombres que cita los adopta- 
dos por otros geógrafos, tanto antiguos como moder- 
nos, lo que nos ofrece al mismo tiempo una prueba de 
la veracidad de su narración. 

§ XXXI. Desde este punto de vista, para confirmar 
y esclarecer lo que dice Pigafetta he añadido en notas, 
a los nombres dados por el autor a los animales y a las 
plantas, los nombres adoptados por los naturalistas, y 
que he tomado, generalmente, de Linneo. He tratado 
también de rectificar las faltas en que frecuentemente 
ha incurrido, sobre todo cuando ha querido hablar de 
fenómenos que él había visto o de que le habían ha- 
blado. 

§ XXXII. Pigafetta, como ya he dicho, procuró for- 
mar vocabularios de los pueblos nuevos a medida que 
los visitaba; pero he creído que sería más útil y menos 
enojoso para el lector encontrarlos todos reunidos al 
fin del viaje, de modo que pueda apercibirse de las re- 
laciones entre las diferentes lenguas. (Véase el discurso 
que he puesto al frente de la colección.) 

Doy de él un extracto, rogando que se lea el discur- 
sito que le precede, para que se vea cuánto interesa a 
la historia de la astronomía y de la navegación, aun por 
sus errores. 

§ XXXIII. Después de todo lo que acabo de expo- 
ner, pienso que no se juzgará inútil mi trabajo, aunque 
tengamos ya en otras colecciones una relación de este 
viaje. Todo lo que sabemos de éste ha sido general- 
mente por el libro de Fabre que ya mencioné en el pá- 
rrafo XXIII. Pero Fabre no publicó mas que un extrac- 
to, puesto que él mismo dice: Aquí acaba el extrac- 
to de dicho libro, traducido del italiano en francés. 



(1) Léase Bougainville (L. A. de), Viaje alrededor del mundo, 
en la colección de Viajes clásicos editada por Calpe. 



32 PIGAFETTA 

Debo añadir que el extracto de Fabre es malo; que ha 
omitido muchas cosas para evitarse la molestia de 
traducirlaSy como le dice muy bien Ramusio; que ha 
cometido muchos errores que no están en el original, 
así como ya lo he observado en el párrafo XIV con 
respecto a la línea de demarcación. Podría citar otras 
muchas notadas al comparar el extracto de Fabre con 
nuestro manuscrito. Daré una muestra, copiando la pri- 
mera página del extracto: 

«£/ viaje y navegación a las islas Molucas, descrito y hecho por el 

gentilhombre Antonio Pigafetta, vicentino, caballero de Rodas, 

comenzó dicho viaje el año mil quinientos diez y nueve, y la vuelta 

fué en mil CCCCCXXII, el octavo día de septiembre. 

CAPÍTULO PRIMERO 

El primer capítulo contiene la carta, y cómo cinco navios salieron 
del puerto de Sevilla. El principal capitán era Fernando de Maga- 
llanes. Y los signos que hacían por la noche los navegantes, por 
medio de hogueras, los unos a los otros para que supiesen qué te- 
nían que hacer. Y el orden que llevaban los navios. Y de las guar- 
dias o centinelas que hacían en ellos.» 

Comparando este pasaje con la traducción que yo 
publico, se verá que Fabre dice de una manera ininte- 
ligible y en pocas líneas lo que Pigafetta expuso clara- 
mente en nueve páginas. No pretendo, sin embargo, 
con este ejemplo hacer creer que el extracto está en 
todas partes tan reducido como en la primera página; 
pero, en general, es demasiado conciso, muy obscuro 
y poco exacto. 

Fabre, y después Ramusio, dividieron la obra en mu- 
chos capitulitos; pero yo no los imitaré, pues esta divi- 
sión no se encuentra en nuestro viajero. No obstante, 
parece que Pigafetta cortó su narración según las esta- 
ciones de su viaje, y, siguiendo su ejemplo, dividiré 
igualmente en cuatro libros la traducción, la cual con- 
fío en que será mirada como una nueva obra, intere- 
sante, instructiva y honrosa para Italia. 




JUAN SEBASTIAN DEL CANO 

Fragmento del cuadro que la Diputación de Guipúzcoa ha 
encargado al eminente pintor Elias Salaverría. 



VIAJE 
ALREDEDOR DEL MUNDO 

por el Caballero 

ANTONIO PIGAFETTA 

Gentilhombre de Vicencio. 

Publicado en italiano por primera vez, seg-ún un manuscrito de la 
Biblioteca Ambrosiana, de Milán; con notas, por 

CARLOS AMORETTI 

Bibliotecario y doctor del Colegio Ambrosiano; 
ex secretario de la Sociedad Patriótica de Agricul- 
tura y de las Artes; de los XL de la Sociedad Ita- 
liana; miembro del Instituto de Bolonia. 

Y traducido en francés por el mismo. 



PIGAFETTA 



NAVEGACIÓN Y DESCUBRIMIENTO 
DE LA INDIA SUPERIOR 

hecha por mí, 
ANTONIO PIGAFETTA 

Gentilhombre vicentino y Caballero de Rodas. 

Dedicada al muy excelente y muy ilustre señor 

FELIPE DE VILLERS LISLE-ADAM 

Gran Maestre de Rodas. 



Como hay personas cuya curiosidad no sería satisfe- 
cha oyendo contar simplemente las cosas maravillosas 
que he visto y las penas sufridas en la larga y peligro- 
sa expedición que voy a describir, sino que querrían 
saber también cómo llegué a superarlas, no prestando 
fe al éxito de una empresa semejante si ignorasen los 
menores detalles, y creído que debía exponer en pocas 
palabras el origen de mi viaje y los medios por los que 
he sido lo bastante dichoso para realizarse. 

El año 1519 estaba yo en España en la corte de 
Carlos V, rey de Romanos (1), con monseñor Chieri- 
cato, entonces protonotario apostólico y predicador del 
papa León X, de santa memoria, que por sus méritos 
fué elevado a la dignidad de obispo y príncipe de 
Teramo. 



(1) Carlos V fué elegido emperador el 28 de junio de 1519; por 
consiguiente, no era mas que rey de Romanos cuando Pig-afetta 
llegó a Barcelona. 



36 PIGAFETTA 

Por los libros que yo había leído y por las conversa- 
ciones que tuve con los sabios que frecuentaban la casa 
del prelado supe que navegando por el Océano se 
veían cosas maravillosas y me determiné a asegurarme 
por mis propios ojos de la veracidad de todo lo que se 
contaba, para a mi vez contar a otros mi viaje, tanto 
para entretenerles como para serles útil y lograr al 
mismo tiempo hacerme un nombre que llegase a la 
posteridad. 

La ocasión se presentó en seguida. Supe que se aca- 
baba de fletar en Sevilla una escuadra de cinco navios, 
destinada a descubrir las islas Molucas, de donde nos 
vienen las especias, y que D. Fernando Magallanes, 
gentilhombre portugués y comendador de la Orden de 
Santiago, que ya más de una vez había recorrido el 
Océano con gloria, había sido nombrado capitán gene- 
ral de esta expedición. Llegué inmediatamente a Bar- 
celona para solicitar de su majestad el permiso de ir en 
este viaje, y me lo concedió. Desde allí, provisto de 
cartas de recomendación fui a Málaga en barco, y de 
Málaga me trasladé a Sevilla por tierra, donde esperé 
tres meses antes que la escuadra estuviese en situación 
de partir. 

A mi vuelta a Italia, Su Santidad el soberano pon- 
tífice Clemente Vil (1), al cual tuve el honor de pre- 
sentarme en Monterosi y de contarle las aventuras de 
mi viaje, me acogió bondadosamente y me dijo que le 
daría un gran placer si quería regalarle una copia del 
diario de mi viaje; fué para mí un deber el satisfacer lo 
mejor que me ha sido posible la voluntad del Santo 
Padre, a pesar del poco tiempo de que entonces yo 
disponía. 

Lo he escrito todo en este libro, y a vos, monseñor, 
os le ofrezco, rogándoos que lo hojeéis cuando los 



(1) Clemente VII, de la casa de Mediéis, fué elegido pontífice 
en 1523 y murió en 1534. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 37 

múltiples cuidados de la isla de Rodas (1) os dejen 
bastante vagar para ocuparos de él. Es la única recom- 
pensa a que aspiro, monseñor, quedando enteramente 
a vuestra devoción. 



(1) Los turcos acababan de adueñarse de la isla de Rodas, 
y preocupaban entonces los medios de reconquistarla o de esta- 
blecerse en otro sitio la Orden de los Caballeros de San Juan de 
Jerusalén, para lo cual el emperador Carlos V les dio en 1530 la 
isla de Malta. Esperando esto, la Orden se había establecido en 
Viterbo. 



VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO 

POR EL CABALLERO 

ANTONIO PIGAFETTA 



LIBRO PRIMERO 

Partida de Sevilla hasta la salida del estrecho de Magallanes. 



1519* — Proyecto de Magallanes. — El capitán ge- 
neral Fernando de Magallanes (1) había resuelto em- 
prender un largo viaje por el Océano, donde los vien- 
tos soplan con furor y las tempestades son muy fre- 
cuentes. Había resuelto también abrirse un camino que 
ningún navegante había conocido hasta entonces; pero 
se guardó muy bien de dar a conocer su atrevido pro- 
yecto, por temor a que se tratara de persuadirle por los 
probables peligros que tendría que correr y por no 
desanimar a su tripulación. A los peligros anejos natu- 
ralmente a esta empresa podía añadirse una desventaja 
más para él: los capitanes de los otros cuatro navios 
que debían estar bajo su mando eran sus enemigos por 
la única razón de que ellos eran españoles, mientras 
que Magallanes era portugués. 

Señales. — Antes de partir redactó algunos regla- 
mentos, tanto para las señales como para la disciplina. 



(1) Pig-afetta escribe Magaglianes; los portugueses Maga* 
Ihaens; los españoles, Magallanes; y los franceses, Magellan. 



40 PIGAFETTA LIB. 

Para que la escuadra navegase siempre de conserva (1) 
estableció para los pilotos y contramaestres las reglas 
siguientes: 

Su navio debía siempre preceder a los otros, y para 
que no se le perdiese de vista durante la noche lleva- 
ba una antorcha de tea, llamada farol, atada a la popa 
de su buque; si además del farol encendía una linterna 
o un trozo de cuerda de esparto (2), los otros barcos 
debían hacer otro tanto, a fin de asegurarse por ello de 
que le seguían. 

Cuando encendía otros dos fuegos, sin el farol, los 
navios debían cambiar de dirección, ya para moderar 
su marcha, ya por ser el viento contrario. 

Cuando se encendían tres fuegos, era para quitar la 
boneta, que es una parte de vela que se coloca sobre 
la vela mayor cuando hay mar bella para aferrar mejor 
el viento y acelerar la marcha. Se quita la boneta cuan- 
do se teme la tempestad, porque entonces es necesa- 
rio arriarla para que no estorbe a los que deben car- 
gar la vela. 

Si encendía cuatro fuegos era señal de que había 
que arriar todas las velas; pero cuando estaban plega- 
das, las cuatro luces ordenaban desplegarlas. 

Muchos fuegos o algunos bombardazos (3) adver- 
tían que estábamos cercanos a tierra o en bajos fondos 
y que teníamos, por consiguiente, que navegar con mu- 
cha precaución. Había otra señal que indicaba cuándo 
se debía arrojar el ancla. 

Guardias. — Se hacían tres cuartos cada noche: el 
primero al anochecer; el segundo, llamado raedora, a 



(1) De conserva: juntos. (N. del T.) 

(2) Esta cuerda se llama en español strenghe, y se hace de es- 
parto macerado en agua, seco después al sol o al humo; es muy 
apropiada para este uso. (En español se llama estrenque. N. del T.) 

(3) Pig-afetta dice siempre bombardas; pero es sabido que en 
aquel tiempo se llamaba también así a los cañones, y que se los 
cargaba frecuentemente de piedras en vez de balas. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 41 

media noche, y el tercero, a la madrugada. Toda la tri- 
pulación estaba dividida en tres cuartos: el primero, a 
las órdenes del capitán; el segundo, a las del piloto, y 
el tercero, a las del contramaestre. El comandante ge- 
neral exigía la más severa disciplina a la tripulación, a 
fín de asegurar con ella el éxito del viaje. 

10 de agosto. — Salida de Sevilla. — El 10 de 
agosto de 1519, lunes por la mañana, la escuadra, lle- 
vando a bordo todo lo necesario, así como su tripula- 
ción, compuesta de doscientos treinta y siete hombres, 
anunció su salida con una descarga de artillería, y se 
largó la vela de trinquete. Descendimos por el Betis 
hasta el puente de Guadalquivir, pasando cerca de San 
Juan de Alfarache, antiguamente ciudad de moros muy 
poblada, en la que había un puente, del que no quedan 
vestigios, excepto dos pilares bajo el agua y de ios que 
hay que guardarse, y para evitar el riesgo se debe na- 
vegar por este lugar con pilotos, aprovechando la ma- 
rea alta. 

Agosto de 1519. — Sanlúcar. — Continuando 
descendiendo por el Betis, se pasa por cerca de Coria 
y de otros pueblos, hasta Sanlúcar, castillo que perte- 
nece al duque de Medina Sidonia, y puerto en el 
Océano, a diez leguas del cabo San Vicente, a 37° de 
latitud septentrional. De Sevilla a este puerto hay de 
diez y siete a veinte leguas (1). 

El capitán a bordo. — Algunos días después, el capi- 
tán general y los capitanes de los otros navios vinieron 
de Sevilla a Sanlúcar en chalupas, y se acabó de apro- 
visionar a la escuadra. Todas las mañanas se saltaba a 
tierra para oír misa en la iglesia de Nuestra Señora de 
Barrameda, y antes de partir, el capitán ordenó que toda 
la tripulación se confesara; prohibió además rigurosa- 
mente que embarcase en la escuadra ninguna mujer. 



(1) La legua de que habla nuestro autor es de cuatro millas 
marítimas, como se verá claramente a continuación. 



42 PIGAFETTA LIB. 

20 de septiembre. — Partida de Sanlúcar. — 
26. — Tenerife. — El 20 de septiembre partimos de 
Sanlúcar, navegando hacia el Suroeste, y el 26 llegamos 
a una de las islas Canarias, llamada Tenerife, situada en 
los 28° de latitud septentrional. Nos detuvimos tres días 
en un sitio a propósito para hacer aguada y carbonear; 
en seguida entramos en un puerto de la misma isla al 
que llaman Monterroso, en donde pasamos dos días. 

Árbol que da agua. — Nos contaron un fenómeno 
singular de esta isla, y es que en ella no llueve nunca, 
y que no hay ninguna fuente ni tampoco ningún río; 
pero que crece un gran árbol cuyas hojas destilan con- 
tinuamente gotas de un agua excelente, que se recoge 
en una fosa cavada al pie del árbol, y allí van los insu- 
lares a tomar el agua, y los animales, tanto domésticos 
como salvajes, a abrevarse. Este árbol está siempre en- 
vuelto en espesa niebla, de la que sin duda absorben 
el agua las hojas (1). 

3 de octubre. — Islas de Cabo Verde. — El lu- 
nes 3 de octubre nos hicimos a la vela directamente 
al Sur. Pasamos entre Cabo Verde y sus islas, situadas 
en los 14° 30* de latitud septentrional. 

Sierra Leona. — Después de haber navegado mu- 
chos días a lo largo de la costa de Guinea, llegamos al 
grado 8 de latitud septentrional, donde hay una mon- 
taña llamada Sierra Leona. Tuvimos vientos contrarios, 
calmas chichas y lluvia hasta la línea equinoccial; y el 
tiempo lluvioso duró sesenta días, contra la opinión de 
los antiguos (2). 

(1) Esto es un cuento viejo. Los sabios pretenden que esta Isla 
es la Plaviala o la Ombrion, citadas por Plinio (lib. VI, capítulo 
XXXVII), poniéndolas entre las Canarias, y dice que en la primera 
sólo se bebe agua de lluvia, y que en la segunda no llueve nun- 
ca; mas que los habitantes recogen el agua que destilan las ramas 
de un árbol. Los navegantes que después visitaron esta isla no ha- 
blaron del fenómeno. 

(2) Los antiguos creían que no llovía nunca entre los trópicos, 
y por esta razón se imaginaban que esta región era inhabitable. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 43 

Hacia los 14° de latitud septentrional sufrimos mu- 
chas ráfagas impetuosas que, unidas a las corrientes, 
nos impidieron avanzar. Cuando las ráfagas soplaban, 
teníamos la precaución de amainar las velas, y ponía- 
mos en facha el navio hasta que el viento cesaba. 

Tiburones, — Durante los días serenos y calmosos, 
unos peces grandes a los que llaman tiburones (perros 
marinos) nadaban cerca de nuestro navio. Estos peces 
tienen varias hileras de dientes terribles, y si por des- 
gracia encuentran un hombre en el mar, le devoran en 
el acto. Pescamos muchos con anzuelos de hierro; pero 
los grandes no son del todo comestibles, y los peque- 
ños no valen gran cosa (1). 

Fuegos de San Telmo. — Durante las tempestades 
vimos frecuentemente lo que se llama Cuerpo Santo, 
esto es, San Telmo. Una noche muy obscura se nos 
apareció como una hermosa antorcha en la punta del 
palo mayor, en donde flameó por espacio de dos horas, 
lo que fué un gran consuelo en medio de la tempestad. 
Al desaparecer, proyectó una lumbrarada tan grande, 
que nos dejó, por decirlo así, cegados. Nos creímos 
perdidos; pero el viento cesó en aquel instante (2). 



(1) Hay muchas clases de tiburones. El célebre Spallanzani^ 
profesor que fué de la Universidad de Pavía, es el naturalista que 
estudió mejor a este pez, particularmente en lo relativo a la forma,, 
disposición y uso de sus dientes (Viaggi alie due Sicilie, tomo IV). 
Tenemos en el museo de nuestra biblioteca una cabeza de tiburón» 
cuya garganta tiene dos pies y medio de abertura perpendicular» 
con cinco filas de dientes, cada uno de pulgada y media de largo. 
En el mismo museo poseemos algunos dientes fósiles de tiburón» 
que tienen tres pulgadas de largo, por lo que puede imaginarse a 
qué enorme animal pertenecieron. Es probable que Septala encon- 
trase estos dientes en las colinas del Tortonois (véase Mus. Septal., 
pág. 225), en donde yo mismo encontré algunos cuando han recons- 
truido el castillo. 

(2) En todos los tiempos se han visto estos fuegos en la punta 
de los mástiles durante la tempestad, y se les ha considerado siem- 
pre como un signo de la protección del cielo. Los idólatras veían en 
ellos a Castor y Pollux, y los cristianos a sus santos, y, sobre todo» 



44 PIGAFETTA LIB. 

Pájaros raros. — Vimos pájaros de muchas especies. 
Algunos parecía que no tenían cola; otros no hacen 
nido porque no tienen patas, pero la hembra pone y 
empolla sus huevos en la espalda del macho, en medio 
del mar (1). Hay otros, llamados cagacela o caca-uccello 
(el estercorario), que viven de los excrementos de otros 
pájaros; he visto muchas veces a uno de estos pájaros 
perseguir a otro insistentemente hasta que el otro ex- 
pelió al fín un excremento, sobre el que se arrojó ávi- 
damente (2). He visto también peces voladores, y otros 
pescados apiñados en tan gran cantidad que parecían 
formar un banco en el mar. 

El Brasil. — Después de pasar la línea equinoccial, 
al aproximarnos al polo antartico perdimos de vista la 



a San Telmo, Cuando había tantos fuegos como mástiles, además 
de San Telmo se creía que aparecían San Nicolás y Santa Catali- 
na. Los marineros ingleses, poco amigos de los santos, forjaron de 
este fenómeno un duendecillo, al que llaman Davy Jones (DixoN, 
Voyage autour da monde, 1785-88). En nuestro siglo, los físicos 
han descubierto que esta luz no es otra cosa que el efecto de la 
electricidad, la cual, más o menos abundante, tan pronto positiva 
como negativa, se agita con mayor o menor vivacidad; y como la 
electricidad es la causa de la tempestad, es natural que cese en el 
momento en que los fuegos desaparecen de lo alto de los mástiles. 
De esta manera se explican físicamente los fenómenos que admi- 
raba el caballero Pigafetta en estos fuegos, y de los cuales habla 
frecuentemente. 

(1) Se creía antiguamente que el ave del paraíso, de la que ha- 
blaremos en el libro ÍII, careciendo de patas, no anidaba, y que la 
hembra empollaba sus huevos en la espalda del macho; pero el 
autor se refiere a otra ave acuática que tiene las patas muy cortas 
y cubiertas de plumas, de manera que parece que no las tiene, y 
aunque anida en tierra, la madre transporta sobre su espalda a los 
polluelos apenas salen del cascarón. Bougainville vio estos pájaros 
en las islas Malvinas. (Tomo I, pág 117.) 

(2) Las cagacelas o estercorarios (Larus parasitiis, de Linneo) 
son aves de rapiña que, no siendo anfibios, acechan para alimen- 
tarse de pescado a que los anfibios salgan del agua con su presa; 
entonces los persiguen hasta que les abandonan la pesca, de la que 
se apoderan. La presa que dejan caer es la que, equivocadamente, 
se ha tomado por su excremento. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 45 

estrella polar. Dejamos el cabo entre el Sur y el Sur- 
oeste y enfilamos la proa hacia la Tierra del Verzino (1) 
(el Brasil), en los 23° 30' de latitud meridional. Esta 
tierra es una continuación de la en que está el cabo 
San Agustín, a los 8° 30' de la misma latitud. 

Ananas, azúcar, anta. — Aquí nos aprovisionamos 
abundantemente de gallinas, de patatas, de una espe- 
cie de fruto parecido a ia pina de pino, pero que es 
dulce en extremo y de un gusto exquisito (2), de cañas 
dulces (3), de carne de anta, la cual es parecida a la 
de la vaca (4), etc. 

CambioSf patatas. — Hicimos también ventajosísi- 
mos cambios: por un anzuelo o por un cuchillo nos 
dieron cinco o seis gallinas; por un peine, dos gansos; 
por un espejito o un par de tijeras, el pescado sufi- 
ciente para comer diez personas; por un cascabel o por 
una cinta los indígenas nos traían un cesto de patatas, 
nombre que dan a los tubérculos que tienen poco más 
o menos la figura de nuestros nabos, y cuyo sabor es 
parecido al de las castañas (5). Cambiamos asimismo 
a buen precio las figuras de los naipes: por un rey de 
oros me dieron seis gallinas, y aun se imaginaban ha- 
ber hecho un magnífico negocio. 



(1) Ei verzino, o madera del Brasil, es el nombre de la madera 
roja que se importaba antes de Asia y de África, y que ahora se 
trae casi únicamente del reino al que ha dado su nombre, a causa 
de la abundancia de sus árboles. Américo Vespucio, que estuvo en 
ella en 1502, cuando dio su nombre a América, dice que encontró 
infinito verzino e molto buono. (Bartolozzi, Ricerche storiche 
salle scoperte d' Amerigo Vespucci.) 

(2) Este fruto es la anana (Bromelia ananas, de Linneo), tan 
conocido hoy; se parece efectivamente al fruto del pino. Los espa- 
ñoles le llaman pina de América, y los ingleses, applepine. 

(3) Son las cañas de azúcar (Arando saccharifera, de 
Linneo). 

(4) El anta (Tapir americanas, de Linneo) es como un cerdo 
g-rande. 

(5) La batata o patata es el solanam, o, mejor dicho, el Helio- 
tropium taberosum, de Linneo. 



46 PIGAFETTA LIB. 

13 de diciembre. — Entramos en este puerto (1) 
el día de Santa Lucía, 13 de diciembre. 

Estaba entonces a mediodía el Sol en nuestro cénit, 
y sufríamos con el calor mucho más que al pasar la 
línea. 

La tierra del Brasil, abundante en toda clase de pro- 
ductos, es tan extensa como España, Francia e Italia 
juntas; pertenece al rey de Portugal. 

Los brasileños. — Los brasileños no son cristianos, 
pero tampoco son idólatras, porque no adoran nada; 
el instinto natural es su única ley. — Su longevidad: 
Viven muchísimo tiempo; los viejos llegan ordinaria- 
mente hasta los ciento veinticinco años, y algunas veces 
hasta los ciento cuarenta (2). — Sus costumbres: Van 
desnudos del todo, lo mismo las mujeres que los hom- 
bres. — Sus casas: Sus habitaciones consisten en an- 
churosas cabanas, a las que llaman boi, y se acuestan 
sobre mallas de hilo de algodón llamadas hamacas, 
colgadas por los dos extremos de gruesas vigas. La 
chimenea está en la tierra. Uno de estos 60/5 alberga 
algunas veces hasta cien hombres con sus mujeres y 
niños, y, por consecuencia, hay en ellos siempre mucho 
ruido. — Sus barcos: Los llaman canoas y están hechos 
de un tronco de árbol ahuecado por medio de una 
piedra cortante, usada en vez de las herramientas de 
hierro, de las cuales carecen. Son tan grandes estos 
árboles, que en una sola canoa caben treinta y aun cua- 
renta hombres, que bogan con remos parecidos a las 
palas de nuestros panaderos. Al verlos tan negros, des- 
nudos completamente, sucios y calvos, se les hubiera 
tomado por marineros de la laguna Estigia. 



(1) En seguida se llamó Rio Janeiro. 

(2) Vespucio cuenta la misma cosa; dice también cómo por 
medio de guijarros le calcularon sus años, y cómo le probaron su 
longevidad presentándole el hijo, el padre, el abuelo y el tatar- 
abuelo, todos vivos. (Lettres d'Americ Vespuce, en Bartolozzi, 
loe. cit.) 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 47 

Antropófagos. — Los hombres y las mujeres son tan 
recios y están tan bien conformados como nosotros. 
Comen algunas veces carne humana, pero solamente 
la de sus enemigos. No es por apetito ni por gusto por 
lo que la comen, sino por una costumbre que, según 
nos dijeron, empezó entre ellos de la manera siguien- 
te: Una vieja no tenía mas que un hijo, que fué muerto 
por los enemigos; algún tiempo después el matador 
de su hijo fué hecho prisionero y conducido a su pre- 
sencia; para vengarse, la madre se arrojó como una 
fíe'ra sobre él, y a bocados le destrozó la espalda; tuvo 
el prisionero la doble suerte de escapar de manos de 
la vieja y evadirse y de volver entre los suyos, a los 
cuales mostró las huellas de las dentelladas en su es- 
palda, y les hizo creer (tal vez lo creyó él también) que 
los enemigos habían querido devorarle vivo. Para no 
ser menos feroces que los otros, se determinaron a co- 
merse de verdad a los enemigos que aprisionaban en 
los combates, y los otros hicieron otro tanto; sin em- 
bargo, no se los comen en el campo de batalla, ni vivos, 
sino que los despedazan y los reparten entre los ven- 
cedores; cada uno se lleva la parte que le corresponde, 
la seca al humo, y cada ocho días se come un pedazo 
asado. Esto me lo contó nuestro piloto Juan Carvajo (1), 
que había pasado cuatro años en el Brasil. 

Tinte y tatuaje, — Los brasileños, hombres y mujeres, 
se tiñen el cuerpo y sobre todo la cara de un modo 
extraño y de diferentes maneras. Tienen los cabellos 
cortos y lanudos y no tienen pelo sobre ninguna parte 
del cuerpo, porque se depilan (2). 

Vestidos, — Llevan una especie de chaquetilla tejida 
con plumas de papagayo, y dispuestas de forma que 

(1) En nuestro manuscrito se le llama unas veces Carruaio y 
otras Caruaio; pero no cabe duda que es Juan Carvalhos, de quien 
hablan Castañeda y otros autores de la época. 

(2) Muchos pueblos salvajes hacen hoy lo mismo, sirviéndose 
de conchas bivalvas por no tener pinzas. 



48 PIGAFETTA LIB. 

las plumas más grandes de las alas y de la cola forman 
un círculo sobre los ríñones, lo cual les da una apa- 
riencia pintoresca y ridicula. 

Adorno de los labios. — Casi todos los hombres 
tienen el labio inferior horadado con tres agujeros, por 
los que pasan cilindritos de piedra de dos pulgadas. 
Ni las mujeres ni los niños llevan este incómodo ador- 
no (1). Añádase que van completamente desnudos por 
delante. Su color es más aceitunado que negro. Su rey 
se llama cacique. 

Hay en este país infinitos papagayos; por un espfe- 
jito nos daban ocho o diez. También hay gatos moni- 
llos muy lindos, amarillos, parecidos a leoncitos (2). 

El pan. — Comen un pan blanco y redondo, que no 
nos gustó, hecho con la medula o con la albura que 
que hay entre la corteza y la madera de cierto árbol (3) 
y que tiene alguna semejanza con la leche cuajada. 

Animales. — Hay cerdos, que nos parecieron tener 
el ombligo sobre la espalda (4), y unos pájaros gran- 
des cuyo pico parece una cuchara, pero que carecen 
de lengua (5). 

Libertinaje de las muchachas. — Algunas veces, para 



(1) Vespucio (Lettera al Gonfalón. Soderíni, en Ramusio, 
tomo I, pág. 131) vio estos cilindros a los habitantes del Brasil. 
Cook se los vio a los habitantes de California, y Stedman a los de 
Surinam. Keate (An account of the Pelen Islands) cree que estos 
cilindros fueron al principio de maderas aromáticas, y que los pa- 
saban a través del cartílago de la nariz para disfrutar continua- 
mente de un olor agradable. 

(2) Especie de monos que en el Brasil se llaman aquiqui. 
(Hist gen. des voyages, tomo XX, pág. 552.) 

(3) Todos los navegantes que han viajado por el Sur hablan 
del sagú, pan hecho con la medula de una clase de palmera. Se le 
llama palmito (Stedman, Voyoge á Surinam, tomo II, pág. 226.) 

(4) Este cerdo es el pécari o tajacu, que tiene una glándula dor- 
sal creída ombligo para los primitivos exploradores de Indias. 
(Nota D.) 

(5) Son las espátulas (Anas rostro plano ad verticem dilátalo, 
de Linneo). 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 49 

conseguir un hacha o un cuchillo de cocina, nos ofre- 
cieron por esclavas una y aun dos de sus hijas (1). 
Castidad conyugal: Pero no nos ofrecieron nunca a sus 
mujeres; además, no hubieran éstas consentido entre- 
garse a otros hombres que no fuesen sus maridos, por- 
que, a pesar del libertinaje de las muchachas, su pudor 
es tal cuando están casadas, que no toleran nunca que 
sus maridos las abracen durante el día. Están encarga- 
das de los trabajos más penosos, y se les ve frecuente- 
mente bajar de la montaña con cestos colmados de 
carga sobre la cabeza; mas no van jamás solas; les 
acompañan sus maridos, que son muy celosos, armados, 
con las flechas en una mano y el arco en la otra. — Ar- 
mas: Este arco es de madera del Brasil o de palmera 
negra. Si las mujeres tienen hijos, los llevan suspendi- 
dos del cuello por medio de una cuerda de algodón. 
Podría decir otras muchas cosas acerca de sus costum- 
bres, pero las pasaré en silencio para no ser demasia- 
do prolijo. 

Credulidad, — Estos pueblos son extremadamente 
crédulos y buenos, y sería fácil convertirlos al cristia- 
nismo. La casualidad hizo que concibieran por nosotros 
veneración y respeto. Reinaba desde hacía dos meses 
una gran sequía en el país, y como en el momento de 
nuestra llegada el cielo se desató en lluvia, la atribuye- 
ron a nuestra presencia. Cuando desembarcamos para 
decir misa en tierra, asistieron en silencio y con aire 
de recogimiento, y viendo que botábamos al mar nues- 
tras chalupas, que estaban amarradas al costado del na- 
vio, o que le seguían, se imaginaron que eran los hijos 
del buque y que éste les alimentaba. 

Robo extraño de una muchacha. — El capitán gene- 
ral y yo fuimos un día testigos de una extraña aven- 



(1) Esta manera de pensar y obrar, que a nosotros nos parece 
muy extraña, es común a todos los habitantes de las islas del mar 
del Sur. (CooK, Viaje hacia el Polo Sar y alrededor del mundo.) 



PJGAFETTA 



50 PIGAFETTA LIB. 

tura. Las jóvenes venían frecuentemente a bordo del 
navio a ofrecerse a los marineros, para obtener algún 
regalo; un día, una de las más bonitas subió, sin duda, 
con dicho objeto; pero habiendo visto un clavo de un 
dedo de largo y creyendo que no la veían, lo agarró y 
se lo introdujo prestamente entre los dos labios de sus 
partes naturales. ¿Quiso esconderlo? ¿Quiso adornar- 
se? No lo pudimos adivinar (1). 

27 de diciembre de 1519. — Pasamos trece días 
en este puerto (2); en seguida emprendimos de nuevo 
nuestra ruta y costeamos el país hasta los 34° 40' de 
latitud meridional, donde encontramos un gran río de 
agua dulce. — Caníbales: Aquí habitan los caníbales 
o comedores de hombres. Uno de ellos, de figura gi- 
gantesca y cuya voz parecía la de un toro, se apro- 
ximó a nuestro navio para dar ánimos a sus camaradas 
que, temiendo que les queríamos hacer mal, se aleja- 
ban del río y se retiraban con sus efectos al interior 
del país. Por no perder la ocasión de hablarles y de 
verles de cerca, saltamos a tierra cien hombres y les 



(1) Ni Fabre ni Ramusio hablan de esta aventura; pero, en 
cambio, dicen que en el momento en que los navios se acercaron a 
la costa pusieron en tierra a unas mujeres esclavas que estaban 
embarazadas y que se encontraban en los barcos; que salieron so- 
las completamente, parieron, y cogiendo a sus hijos en brazos vol- 
vieron a los buques. Pigafetta no dice de esto ni una palabra, por 
lo que no parece posible. Además, hemos visto que Magallanes 
había dado órdenes rigurosas para que ninguna mujer fuese a bordo 
durante el viaje. 

El autor pone aquí una lista pequeña de palabras brasileñas, 
que nosotros añadimos al vocabulario del fin del viaje. 

(2) Los salvajes con que al presente se topara Magallanes en 
la costa del Brasil eran de la gran familia Tupi-guarani. Vivían en 
ranchos temporales y mudables (tabas); cultivaban algodón, maíz 
y mandioca o cazabe. El jefe guerrero — morubixabá — , de auto- 
ridad omnímoda en tiempo de guerra, venía condicionado en tiem- 
pos de paz por las decisiones de un consejo (uhimongaba). Eran 
antropófagos y polígamos, y reconocían un poder superior, llama- 
do Tupa (¿Quién eres?), y muchos espíritus malignos con super- 
vivencias del remoto chamanismo asiático. (Nota D.) 



1 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 51 

perseguimos para capturar algunos; pero daban tan 
enormes zancadas, que ni corriendo ni aun saltando 
pudimos llegar a alcanzarlos. 

Cabo de Santa María, — Este río contiene siete is- 
litas; en la mayor, que llaman cabo de Santa María, 
se encuentran piedras preciosas. Antes se creía que no 
era un río, sino un canal por el cual se pasaba al mar 
del Sur; pero pronto se supo que no era mas que un 
río que tiene diez y siete leguas de ancho en su des- 
embocadura (1). — Muerte de Juan de Solís: Aquí es 
donde Juan de Solís, que, como nosotros, iba al des- 
cubrimiento de tierras nuevas, fué comido por los caní- 
bales, de los cuales se había fiado demasiado, con 
sesenta hombres de su tripulación. 

Pingüinos. — Costeando esta tierra hacia el polo 
Antartico, nos detuvimos en dos islas (2) que encon- 
tramos pobladas solamente de gansos y de lobos ma- 
rinos. Hay tantos de los primeros y tan mansos, que en 
una hora hicimos una abundante provisión para la tri- 
pulación de los cinco navios. Son negros y parecen 
estar cubiertos por todo el cuerpo de plumitas, sin 
tener en ias alas las plumas necesarias para volar; y, en 
efecto, no vuelan y se alimentan con peces; son tan 
grasosos, que tuvimos que desollarlos para poder des- 
plumarlos. Su pico parece un cuerno. 

Vacas marinas. — Los lobos marinos son de dife- 
rentes colores y del tamaño casi de una vaca, aseme- 
jándose su cabeza a este animal. Sus orejas son cortas y 
redondas, y sus dientes muy largos. No tienen piernas, 
y sus patas, unidas al cuerpo, se parecen a nuestras 



(1) El río de que se trata es el de la Plata, en el que Solís, su 
descubridor, murió devorado por caníbales. (Nota D.) 

(2) Se detuvieron en Puerto Deseado, donde hay dos islas, 
llamada una isla de los Pingüinos y la otra isla de los Leones. 
Pigafetta llamó a aquéllos gansos y a éstos lobos. Los primeros 
son los Aptenodita demersa, y los segundos, la Phoca ursina, de 
Linneo, llamada comúnmente vaca marina o foca. 



52 PIGAFETTA LIB, 

manos y tienen uñas pequeñas; pero son palmípedos, 
esto es, que sus dedos están unidos por una membrana 
como las patas de un ánade. Si pudiesen correr serían 
temibles, porque mostraron ser muy feroces. Nadan 
muy deprisa y no comen mas que pescado. 

Enero de 1520» — Sufrimos una terrible tempes- 
tad en medio de estas islas, durante la cual los fuegos 
de San Telmo, de San Nicolás y de Santa Clara se de- 
jaron ver muchas veces en la punta de los mástiles, y 
al desaparecer, al instante se notaba la disminución del 
furor de la tempestad. 

19 de mayo 1520. — Puerto de San Julián. — 
Alejándonos de estas islas para continuar nuestra ruta, 
llegamos a los 49° 30' de latitud meridional, donde 
encontramos un buen puerto, y como el invierno se 
aproximaba, juzgamos a propósito el pasar allí la mala 
estación. 

Un gigante, — Transcurrieron dos meses sin que 
viéramos ningún habitante del país. Un día, cuando 
menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantes- 
ca se presentó ante nosotros. Estaba sobre la arena 
casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo, 
echándose polvo sobre la cabeza (1). El capitán envió 
a tierra a uno de nuestros marineros, con orden de hacer 
los mismos gestos, en señal de paz y amistad, lo que 
fué muy bien comprendido por el gigante, quien se 
dejó conducir a una isleta donde el capitán había baja- 
do. Yo me encontraba allí con otros muchos. Dio 
muestras de gran extrañeza al vernos, y levantando el 
dedo, quería sin duda decir que nos creía descendidos 
del cielo. — Su figura: Este hombre era tan grande 
que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura (2). De 



(1) Los habitantes de las islas del mar del Sur se echan agua 
en la cabeza en señal de paz. (CoOK, Viaje hacia el Polo Sur y 
alrededor del mundo.) 

(2) Monsieur de Paw, del cual he hablado en la Introducción 
(párrafo XIX), para sostener su sistema sobre América, que, según 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 53 

hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, ex- 
cepto los ojos, rodeados con un círculo amarillo, y dos 
trazos en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, 
escasos, parecían blanqueados con algún polvo. — Su 
traje: Su vestido, o, mejor dicho, su manto, estaba he- 



él, es un país nuevo surgido de las aguas, donde la Naturaleza está 
degradada, no queriendo admitir la existencia de gigantes patago- 
nes, cosa que argumentaría contra su sistema, dice que Pigafetta 
no vio bien a estos hombres y que aumentó mucho su verdadero 
tamaño natural, para tener maravillas que contar. Pero Paw no me- 
rece ciertamente tanta fe como Pigafetta, que ha sido un testigo 
ocular siempre fiel y seguro cuando se refiere a lo que él mismo 
vio. Halló que los brasileños eran de la forma y estatura ordinaria 
del hombre, y dijo: Sonó disposti homini e femine come noi. Así, 
cuando asegura que los patagones eran gigantes, hay motivo para 
creer que le parecieron de una estatura gigantesca. No se puede 
suponer razonablemente que se equivocara, puesto que vivió mu- 
cho tiempo con ellos, confrontó sus dimensiones con las suyas pro- 
pias, habló frecuentemente con ellos, aprendió muchas palabras de 
su lengua, y le sorprendieron su voz, su peso, su fuerza y la enor- 
me cantidad de comida y bebida que necesitaban; de manera que 
todo estaba proporcionado a su tamaño. He aquí las palabras exac- 
tas de nuestro viajero: Vene uno de la statura casi como uno gi- 
gante nella nave capitanía... Haveva una voce simile a uno toro... 
Fugendo facevano tanto gran passo, che noi saltando non poteva- 
no avanzare li suoi passi... Vene uno homo de statura de gigante... 
Questo era tanto grande che li davamo alia cintura e hen disposto, 
haveva la faza grande et dipinta... Certamente questi giganti core- 
no piu che cavalli... Ognuno de li due che pigliassemo mangiava 
una sporta de bescoto, et heveva in una fiata mezo sechio de hac- 
qua et mangiava li sorgi senza scorticarli. Podría, sin embargo, 
permitirse a Paw tener dudas sobre las aserciones de nuestro autor, 
si no hubieran sido confirmadas por otros viajeros. El célebre pre- 
sidente De Brosses {Navig. aux Terres Austr., tomo II, pág. 324) 
ha recogido todos los testimonios de los que han visto a los pata- 
gones y que han hablado de ellos como de hombres de un tamaño 
extraordinario. Los navegantes que estuvieron allí después de apa- 
recer su obra, tales como Biron, Wallis, Carteret, Cook y Forster, 
han confirmado todos esta opinión, después de haber examinado 
bien a esta raza monstruosa, sobre la existencia de la cual había mu- 
chas dudas. Es cierto que Winter y Narbourough, y últimamente 
Bougainville, han dicho que los patagones no tienen más de seis pies 
y medio de altura; pero ¿debe preferise su aserción negativa a tan- 



54 PIGAFETTA LIB, 

cho de pieles, muy bien cosidas, de un anima! que 
abunda en este país, como veremos a continuación. — 
Animal extraño: Este animal tiene cabeza y orejas de 
muía, cuerpo de camello, patas de ciervo y cola de ca- 
ballo; relincha como este último (1). Llevaba este hom- 
bre también una especie de zapatos hechos con la mis- 
ma piel (2). — Armas: Tenía en la mano izquierda un 
arco corto y macizo, cuya cuerda, algo más gruesa que 
la de un laúd, estaba hecha con un intestino del mismo 
animal; en la otra mano empuñaba unas cuantas flechas 
de caña pequeñas, que por un extremo tenían plumas 
como las nuestras y por el otro, en lugar de hierro, una 
punta de pedernal blanco y negro. Con pedernal hacen 
también instrumentos cortantes para labrar la madera» 
Se le hacen regalos. — El capitán general mandó 
darle de comer y beber, y entre otras bagatelas y ba- 
ratijas, le regaló un espejo grande de acero. El gigan- 



tes testig-os positivos que hablan de lo que han visto, examinado y 
medido? De Brosses ha hecho notar que pueden conciliarse estos 
testimonios a pesar de las contradicciones que parecen ofrecer. Los 
habitantes de las costas más meridionales de América no son to- 
dos de g-igantesca estatura, sino únicamente los individuos de al- 
gunas tribus tienen esta talla alta. Como no habitan siempre en el 
mismo sitio, ha sucedido que algunos navegantes no los vieron Pi- 
gafetta, que los vio, pudo hablar con conocimiento de causa (*). 

(1) Este animal es el guanaco (Camelas huanacus, de Linneo), 
semejante al que los naturalistas denominan llama y vicuña, es- 
pecie de camello o de oveja, muy conocido por su preciosa lana. 
La descripción que da el autor de este animal conviene perfecta- 
mente al guanaco, y todos los navegantes dicen que los patagones 
se visten con su piel. Tenemos en nuestro museo una pata de este 
animal, que tiene un exacto parecido con la descripción hecha por 
Buffon {Supplém., tomo VI, pág. 204). Tiene la pata un pie y doce 
pulgadas de largo, aunque está cortada por bajo de la rodilla. 

(2) Por estos zapatos, que hacían parecerse los pies del gig'an- 
te a las patas de un oso, Magallanes los llamó patagones. 

(*) Los patagones, chonek o maken, esto es, hombres, son de alta talla (1,73 
a 1,83 metros\ no tanta como en un principio se supuso. Estaban en los últimos 
grados del salvajismo, carentes de organización social. Comían moluscos y lobos 
marinos, a más de guanacos, con cuyas pieles sin adobar se cubrían escasamente. 
(Nota D.) 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 55 

te, que no tenía la menor noción de este utensilio, y 
que, sin duda, veía por primera vez su fígfura, retroce- 
dió tan asustado que derribó a cuatro de nuestros hom- 
bres que le rodeaban. Se le regalaron cascabeles, un 
espejito, un peine y algunas cuentas de vidrio; en se- 
guida, y acompañado por cuatro hombres bien arma- 
dos, se le volvió a poner en tierra. 

Ceremonias. — Su camarada, que había rehusado 
subir a bordo, viéndole volver, corrió a avisar y a lla- 
mar a los otros, quienes, al apercibir que nuestros hom- 
bres armados se aproximaban, se pusieron en fila, sin 
armas y casi desnudos; pronto comenzaron su danza y 
su cántico, levantando el dedo índice hacia el cielo, 
para darnos a entender que nos consideraban como a 
seres descendidos de lo alto; nos enseñaron también 
unos polvos blancos en pucheros de arcilla, no tenien- 
do otra cosa que darnos de comer. Los nuestros les 
invitaron por señas a que pasasen a los navios, y ofre- 
cieron ayudarles a transportar lo que quisieran llevar 
consigo. Vinieron, en efecto; mas los hombres, que no 
tenían más que su arco y sus flechas, habían cargado 
todo sobre sus mujeres, como si fuesen acémilas (1). 

Las mujeres. — Las mujeres no son tan grandes como 
los hombres, pero, en compensación, son más gordas. 
Sus tetas, colgantes, tienen más de un pie de longitud. 
Van pintadas y vestidas del mismo modo que sus ma- 
ridos, pero se tapan sus partes naturales con una piel 
delgada. Nos parecieron bastante feas; sin embargo, 
sus maridos mostraban estar muy celosos. 

Cacería. — Trajeron cuatro animales de los que he 
mencionado, atados con una especie de cabestro; mas 
eran pequeños y de los que utilizan para atrapar a los 
grandes, para lo cual atan a los pequeños a un arbusto; 



(1) Es observación general de todos los países y tiempos que 
cuanto menos civilizados son los hombres, tanto más maltratadas 
son las mujeres. 



56 PIGAFETTA LIB. 

los grandes vienen a jugar con ellos, y los hombres, 
ocultos en la espesura, los matan a flechazos. Diez y 
ocho habitantes del país, hombres y mujeres, habién- 
doles invitado nuestros hombres a acercarse a los na- 
vios, se dividieron en dos grupos, diseminándose por 
las cercanías del puerto, y nos divirtieron cazando de 
este modo. 

Otro gigante. — Seis días después, estando nuestra 
gente atareada en hacer leña para la provisión de la 
escuadra, vieron a otro gigante vestido como los que 
acabábamos de dejar y armado igualmente con arco y 
flechas. Al aproximarse se tocó la cabeza y el cuerpo, 
elevando en seguida las manos al cielo, gestos que imi- 
taron los nuestros. El capitán general, al que se avisó, 
envió el esquife a tierra para conducirle al islote que 
había en el puerto, y en el que se había construido una 
casa para establecer en ella una fragua y un almacén 
para algunas mercaderías. 

Amigos de los españoles. — Este hombre era más 
grande y estaba mejor formado que los otros; tenía 
también los modales más dulces; danzaba y saltaba tan 
alto y con tanta fuerza, que sus pies se elevaban mu- 
chas pulgadas en la arena. Pasó algunos días con nos- 
otros. Le enseñamos a pronunciar el nombre de Jesús, 
el padrenuestro, etc., y llegó a recitarlo tan bien como 
nosotros, pero con voz fortísima. En fín, le bautizamos, 
poniéndole el nombre de Juan. El capitán general le 
regaló una camisa, una chaqueta, unos calzones de lien- 
zo, un gorro, un espejo, un peine, algunos cascabeles 
y otras bagatelas. Se volvió con los suyos muy conten- 
to, al parecer, de nosotros. A la mañana siguiente trajo 
al capitán uno de estos grandes animales (1) de los que 



(1) En donde puede estudiarse cuanto toca al guanaco y sus 
costumbres es en Darwin (C), Diario del Viaje de un naturalista 
alrededor del mundo, tomo I, en la colección de Viajes clásicos 
editada por Calpe. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 57 

hemos hablado y recibió otros regalos, por los que nos 
trajo a su vez más animales; pero después no le volvi- 
mos a ver, y sospechamos que sus camaradas le mata- 
ron por haber estado con nosotros. — Otros gigantes: 
Al cabo de quince días vimos venir hacia nosotros 
otros cuatro gigantes; venían sin armas, mas supimos 
en seguida que las habían dejado escondidas entre la 
maleza, en donde nos las mostraron dos de ellos que 
aprisionamos. Todos estaban pintados, pero de diver- 
sas maneras. 

Junio de 1520* — Dos de los gigantes son cap- 
turados por la astucia. — El capitán quiso retener a 
los dos más jóvenes y mejor formados para llevarlos 
con nosotros durante nuestro viaje y conducirlos des- 
pués a España; pero viendo que era difícil prenderlos 
por la fuerza, se valió de la astucia siguiente: les dio 
una gran cantidad de cuchillos, espejos y cuentas de 
vidrio, de manera que tuvieron las dos manos llenas; 
en seguida les ofreció dos grillos de hierro, de los que 
se usan para los presos, y cuando vio que los codicia- 
ban (les gusta extraordinariamente el hierro), y que, 
además, no podían cogerlos con las manos, les propu- 
so sujetárselos a los tobillos para que se los llevasen 
más fácilmente; consintieron, y entonces se les aplica- 
ron los grillos y cerraron los anillos, de suerte que de 
repente se encontraron encadenados. En cuanto se die- 
ron cuenta de la superchería, se pusieron furiosos, re- 
soplando, bramando e invocando a Setebos, que es su 
demonio principal, para que viniese a socorrerlos. 

Se intenta aprisionar a las mujeres. — No contento 
con tener a estos hombres, el capitán deseó coger a 
sus mujeres, para llevar a Europa esta raza de gigantes, 
a cuyo efecto ordenó arrestar a los otros dos para obli- 
garlos a guiar a nuestra gente al lugar en que vivían 
sus mujeres; apenas bastaron nueve hombres fortísimos 
de los nuestros para atarlos y ponerlos en tierra; uno 
de ellos consiguió libertarse, y el otro hizo tan gran- 



58 PIGAFETTA LIB. 

des esfuerzos, que para sujetarle tuvieron que herirle 
ligeramente en la cabeza; mas al fin les obligaron a 
conducirles donde estaban las mujeres de los dos pri- 
sioneros. Estas mujeres, al saber lo que les había suce- 
dido a sus maridos, lanzaron tan estridentes gritos que 
las oímos desde muy lejos. El piloto Juan Carvajo, que 
capitaneaba a los nuestros, viendo que se hacía tarde, 
no se preocupó de prender entonces a la mujer a cuya 
mansión le condujeron; pero puso centinelas y se quedó 
allí vigilando toda la noche, durante la cual llegaron 
otros dos gigantes, los cuales, sin manifestar asombro 
ni disgusto, pasaron con ellos el resto de la velada; 
pero al alba, después de cuchichear algunas palabras 
con las mujeres, en un instante todos emprendieron la 
fuga, hombres, mujeres y niños, corriendo éstos aún 
más ligeramente que los otros, abandonando su choza 
y todo lo que contenía; uno de los hombres se llevó 
consigo a los animalitos que les servían para la caza, y 
otro, escondido entre la maleza, hirió en el muslo con 
una flecha envenenada a uno de los nuestros, que 
murió en seguida (1). 

Aunque nuestros hombres dispararon sus armas de 
fuego contra los fugitivos, no pudieron atraparlos, por- 
que no corrían en línea recta, sino zigzagendo, y con 
la velocidad de un caballo desbocado; nuestra gente 
quemó la choza de los salvajes, y enterró al muerto. 

La medicina de los gigantes. — Aun siendo salvajes, 
tienen estos indios una especie de medicina. Cuando 
están enfermos del estómago, por ejemplo, en vez de 
purgarse, como nosotros, se introducen una flecha en 
la boca todo lo que pueden, para excitar el vómito, y 
arrojan una materia verde mezclada con sangre (2). 



(1) Sabido es que los salvajes envenenan sus flechas, y nuestros 
viajeros tuvieron más pruebas que ésta. 

(2) Debry ha dibujado un patagón en esta actitud; se ve cómo 
ing-urgita una flecha para curarse, vomitando la indigestión. Algu- 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 59 

El color verde proviene de una clase de cardos de que 
se alimentan. Si les duele la cabeza, se hacen una cor- 
tadura en la frente, y hacen lo mismo en cualquier 
parte del cuerpo en que sienten dolor, con el fin de 
que salga una gran cantidad de sangre del sitio donde 
sufren. Su teoría, explicada por uno de los que apri- 
sionamos, explica su práctica: el dolor — dicen ellos — 
le causa la sangre que no quiere permanecer en tal o 
tal parte del cuerpo; por consiguiente, haciéndola 
salir, el dolor debe cesar. 

Sus costumbres. — Llevan los cabellos cortados en 
aureola como los frailes, pero más largos y recogidos 
por un cordón de algodón alrededor de la cabeza, y 
en el cual colocan sus flechas cuando van de caza. Si 
hace mucho frío, se atan estrechamente contra el cuer- 
po sus partes naturales. — Su religión: Parece que su 
religión se limita a adorar al diablo. Pretenden que 
cuando uno de ellos está muriéndose, aparecen diez o 
doce demonios cantando y bailando a su alrededor. 
Uno de los demonios, que alborota más que los otros, 
es el jefe o diablo mayor, y le llaman Setebos; los pe- 
queños se llaman Chelele, Los pintan y representan 
como a los habitantes del país. Nuestro gigante pre- 
tendía haber visto una vez un demonio con cuernos y 
pelos tan largos, que le cubrían los pies, y que arroja- 
ba llamas por la boca y por detrás (1). 

Julio de 1520. — Usos. — Estos pueblos se visten, 
como ya he dicho, con la piel de un animal, y con esta 
piel cubren también sus chozas, que transportan aquí y 
allá, donde más les conviene, no teniendo punto de 



ñas veces los salvajes ante sus ídolos se meten una varita en la 
boca para demostrarles que no tienen nada impuro dentro del 
cuerpo. 

(1) La religión era el chamanismo, que todavía practican mu- 
chos pueblos, y especialmente mongoles siberianos. Léase Orjan 
Olsen, Los soyotos: Nómadas pastores de origen mongol, en la 
colección de Viajes modernos editada por Calpe. 



60 PIGAFETTA LIB. 

residencia fijo, estableciéndose, como los bohemios, 
tan pronto en un sitio como en otro. Se mantienen 
ordinariamente de carne cruda y de una raíz dulce que 
llaman capac. Son muy glotones; los dos que cog^imos 
se comían cada uno un cesto de bizcocho por día, y se 
bebían medio cubo de ag-ua de un trago; devoraban las 
ratas crudas sin desollarlas. Nuestro capitán llamó a 
este pueblo patagones. Pasamos en este puerto, al que 
llamamos de San Julián, cinco meses, durante los cua- 
les no nos sucedió ningún accidente, salvo los que aca- 
bo de mencionar. 

Complot contra Magallanes. — Apenas anclamos en 
este puerto, cuando los capitanes de los otros cuatro 
navios tramaron un complot para asesinar al capitán 
general. Los traidores eran Juan de Cartagena, vee- 
dor (1) de la escuadra; Luis de Mendoza, tesorero; An- 
tonio Coca, contador, y Gaspar de Quesada. El com- 
plot fué descubierto: el primero fué descuartizado, y 
el segundo, apuñalado. Se perdonó a Gaspar de Que- 
sada, que algunos días después meditó una nueva trai- 
ción. Entonces, el capitán general, que no se atrevió a 
quitarle la vida porque había sido nombrado capitán 
por el mismo emperador, le expulsó de la escuadra y 
le abandonó en la tierra de los patagones, con un sacer- 
dote (2), su cómplice (3). 

Naufragio de un navio. — Nos sucedió en este sitio 



(1) Vehador o veador, en antiguo portugués, significaba el 
administrador de un conjunto de hombres; en español se le llama 
veedor, de la palabra veer, que significa ver o inspeccionar. Algu- 
nos escritores han pretendido demostrar que Juan de Cartagena 
era obispo; pero Pigafetta no hubiera olvidado el mencionar esta 
circunstancia, y Magallanes no le hubiera castigado tan cruelmen- 
te si hubiese ostentado esta dignidad. 

(2) Este clérigo era Sánchez Reina. 

(3) Cuando Gómez, mandando el navio San Antonio, después 
de haber abandonado a Magallanes en el estrecho, pasó de nuevo 
por el puerto de San Julián, recogió a los dos a bordo y los llevó 
otra vez a España. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 61 

otra desdicha. El navio Santiago, que se había desta- 
cado para reconocer la costa, naufragó entre los esco- 
llos; sin embargo, toda la tripulación se salvó de mila- 
gro. Dos marineros vinieron por tierra al puerto en que 
estábamos para hacernos saber el desastre, y el capi- 
tán general envió inmediatamente algunos hombres 
con sacos de galleta. La tripulación permaneció duran- 
te dos meses en el sitio del naufragio para recoger los 
restos del navio y las mercancias que el mar arrojaba 
periódicamente a la orilla, y todo este tiempo se les 
envió viveres, aunque la distancia era de cien millas y 
el camino incomodisimo y fatigoso, entre espinas y ma- 
lezas, entre las que había que pasar la noche, no te- 
niendo más bebida que el hielo, al que había que ma- 
chacar, cosa que costaba gran trabajo. 

Animales del país. — En cuanto a nosotros, no es- 
tábamos mal en este puerto; había una clase de maris- 
cos muy largos, mas no son comestibles; otros conte- 
nían perlas, pero pequeñísimas. Encontramos también 
en las cercanías avestruces (1), zorros, conejos, mucho 
más pequeños que los nuestros, y gorriones. Asimismo 
hay árboles de los que se extrae incienso. 

Toma de posesión. — Plantamos una cruz en la cima 
de una montaña cercana, a la que llamamos Monte- 
Cristo, y tomamos posesión de esta tierra en nombre 
del rey de España. 

21 de agosto de 1520. — Salimos, en fin, de 
este puerto, y costeando a los 50° 40' de latitud meri- 
dional, vimos un río de agua dulce (2), en el que en- 
tramos. 



(1) El avestruz de América es mucho más pequeño que el de 
África. Los brasileños le llaman manduguacu, y Linneo, Struthio 
rhea. 

(2) Es el río de Santa Cruz, que Coolc situó en los 51° de la- 
titud meridional. Le llamaron así porque entraron en él el 14 de 
septiembre, día de la exaltación de la Cruz (Véase el Anoyme 
portugais, en De Brosses.) 



62 PIGAFETTA LIB. 

Septiembre de 1520. — Tempestad. — Toda la 
escuadra estuvo a punto de naufragar a causa de los 
furiosos vientos que soplaron y de la mar gruesa. Pero 
Dios y los cuerpos santos (esto es, los fuegos que res- 
plandecían en la punta de los mástiles) nos socorrieron, 
salvándonos. 

21 de octubre de 1520. — Pasamos allí dos me- 
ses para repostar a los navios de agua y de leña; nos 
aprovisionamos también de peces muy cubiertos de 
escamas y de dos pies y medio de largo, comestibles 
y sabrosos; pero no pudimos pescar la cantidad que 
hubiéramos necesitado (1). Antes de abandonar este 
lugar, el capitán ordenó que todos y cada uno confe- 
sásemos y comulgásemos como buenos cristianos. 

Cabo de las Once mil Vírgenes. — Estrecho. — Con- 
tinuando nuestra ruta hacia el Sur, el 21 de octubre, 
hacia los 52° de latitud meridional, descubrimos un 
estrecho que llamamos de las Once mil Vírgenes, por- 
que fué en el día que la Iglesia les consagra. Este es- 
trecho, como pudimos apreciar en seguida, tiene cua- 
trocientas cuarenta millas de largo, o sean ciento diez 
leguas marítimas de cuatro millas cada una, y media 
legua de ancho, poco más o menos, y desemboca en 
otro mar, al que llamamos mar Pacífico. Está el estre- 
cho rodeado de montañas muy elevadas y cubiertas de 
nieve; es muy profundo, hasta el punto de que, aun 
estando bastante cerca de tierra, no encontraba el an- 
cla fondo en veinticinco o treinta brazas. 

Mapa del estrecho por Martín de Bohemia. — Toda 



(1) Es cierto que mientras la escuadra estaba en este río, el 11 
de octubre hubo un eclipse de Sol, del que hablan todos los que 
han escrito acerca de la historia de esta naveg-ación, y que está 
anotado en las tablas astronómicas. Asimismo pretenden que Ma- 
gallanes se aprovechó de este eclipse para determinar la longitud. 
Mas Pigafetta no dice nada, ni debía decirlo, porque este eclipse, 
visible para nosotros, no pudo serlo en el extremo meridional de 
América. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 63 

la tripulación creía firmemente que el estrecho no tenía 
salida al Oeste, y que no sería prudente el buscarla 
sin tener los grandes conocimientos del capitán g^ene- 
ral, el cual, tan hábil como valiente, sabía que era pre- 
ciso pasar por un estrecho muy escondido, pero que 
había visto representado en un mapa hecho por el ex- 
celente cosmógrafo Martín de Bohemia (1) y que el 
rey de Portugal guardaba en su tesorería. 

En seguida que entramos en sus aguas, que se creía 
que no eran mas que una bahía, el capitán envió dos 
navios, el San Antonio y la Concepciónj para averi- 
guar dónde desembocaba, mientras que nosotros, con 
el Trinidad y la Victoria, les esperamos a la entrada. 

Borrasca. — Por la noche sobrevino una terrible bo- 
rrasca que duró treinta y seis horas y nos obligó a 
abandonar las anclas, dejándonos arrastrar a la bahía a 
merced de las olas y del viento (2). Los otros dos na- 
vios, tan sacudidos como nosotros, no pudieron doblar 
un cabo (3) para venir a reunírsenos, de modo que, 
abandonándose a los vientos que les impelían conti- 
nuamente hacia el fondo de lo que suponían bahía, es- 
peraban encallar de un momento a otro; pero en el 
instante en que se creían perdidos vieron una pequeña 
abertura (4), que tomaron por una ensenada de la bahía, 
en que se internaron; y viendo que este canal no esta- 
ba cerrado, continuaron recorriéndole y se encontraron 



(1) Véase la Introducción, párrafo XI y siguientes. 

(2) Véase para la topografía del estrecho de Magallanes el 
mapa de Bougainville, en el Viaje alrededor del mundo, tomo I, 
volumen 3 de la colección de Viajes clásicos editada por Calpe; 
iluminada damos la parte meridional de América, tal como se en- 
cuentra dibujada y pintada en el manuscrito de Pigafetta. El di- 
bujo está lejos de ser exacto; mas los geógrafos del siglo xvi no 
lo hacían mucho mejor, como puede cualquiera convencerse exa- 
minando la geografía de Horteiius. La bahía de que habla aquí Pi- 
gafetta es la bahía de la Posesión. 

(3) Cabo de la Posesión. 

(4) Primer canal. 



64 PIGAFETTA LIB. 

en otra bahía (1), en la cual prosiguieron su ruta has- 
ta que se encontraron en otro estrecho (2), del que pa- 
saron a otra bahía mucho más grande que las prece- 
dentes. Entonces, en vez de ir hasta el fín, juzgaron 
conveniente de volverse para dar cuenta al capitán ge- 
neral de lo que habían visto. 

24 de octubre de 1520. — Dos días habían pa- 
sado sin que viéramos reaparecer a los dos navios que 
se enviaron para que buscasen el fondo de la bahía, 
por lo que creímos que habían naufragado a causa de 
la tempestad que acabábamos de soportar; y viendo 
una humareda a lo lejos en tierra, conjeturamos que 
los que habían tenido la fortuna de salvarse encendían 
hogueras para anunciarnos su existencia y su angustia. 
Pero mientras estábamos en esta incertidumbre sobre 
su suerte, los vimos venir hacia nosotros, singlando a 
toda vela y con los pabellones desplegados, y cuando 
estuvieron más cerca tiraron bombardazos y prorrum- 
pieron en exclamaciones de júbilo. Hicimos nosotros 
lo mismo, y al saber que habían visto la continuación 
de la bahía, o, mejor dicho, del estrecho, nos juntamos 
todos para seguir la ruta, si era posible. 

Gómez abandona la escuadra, — Al entrar en la 
tercera bahía de que acabo de hablar, vimos dos des- 
embocaduras o canales: uno al Sureste y otro al Sur- 
oeste (3). El capitán general envió los dos navios, el 
San Antonio y la Concepcióny por el del Sureste para 
reconocer si salía a mar abierto. El primero zarpó en 
seguida, y reforzó las velas sin querer esperar al se- 
gundo, pues quería adelantarle, porque el piloto tenía 
la intención de aprovecharse de la oscuridad de la no- 
che para deshacer el camino recorrido y volverse a 



(1) Bahía 5oucau/í. 

(2) Segundo canal. 

(3) El canal al Sureste es el que se encuentra cerca del cabo 
Monmouth, llamado Detroit Supposé en el mapa de Bougainville. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 65 

España por la misma ruta que acabábamos de hacer. 
Este piloto era Esteban Gómez, que odiaba a Maga- 
llanes por la única razón de que cuando éste vino a 
España para proponer al emperador el ir a las islas 
Molucas por el Oeste, Gómez había pedido, y estaba 
a punto de conseguir, para una expedición el mando 
de unas carabelas. La expedición tenía por objeto el 
hacer nuevos descubrimientos; mas la llegada de Ma- 
gallanes dio lugar a que se rehusara su petición y que 
no pudiese conseguir mas que una plaza subalterna de 
piloto; pero lo que más le irritaba era estar a las órde- 
nes de un portugués. Durante la noche se concertó 
con los otros españoles de la tripulación. Encadenaron 
y hasta hirieron al capitán del navio, Alvaro de Mez- 
quita, primo hermano del capitán general, y así le con- 
dujeron a España. Contaban también con llevar vivo a 
uno ,áe los dos gigantes que habíamos aprisionado y 
que estaba a bordo de su navio; pero supimos a nues- 
tro regreso que murió al acercarse a la línea equinoc- 
cial por no poder soportar el calor. 

El navio la Concepción, que no podía seguir de 
cerca al San Antonio, no hizo mas que cruzarse en el 
canal para esperar en vano su vuelta. 

Río de las Sardinas. — Habíamos entrado en el 
canal Suroeste con los otros dos navios, y continuando 
nuestra navegación, llegamos a un río que llamamos 
de las Sardinas (1), a causa de la inmensa cantidad que 
vimos de estos peces. Anclamos allí para esperar a los 
otros dos navios, y pasamos cuatro días; pero durante 
este tiempo se envió una chalupa muy bien equipada 
para que reconociese el cabo de este canal que desem- 
bocaría en otro mar. Los marineros de la chalupa vol- 

(1) Los navegantes posteriores no mencionan este río, el cual 
desciende probablemente de la Tierra del Fuego. No hablan tam- 
poco de las sardinas que sorprendieron a nuestro autor por su 
gran cantidad, lo que no es extraño, porque estos peces, en sus 
emigraciones, permanecen muy poco tiempo en el mismo sitio. 



66 PIGAFETTA 



LIB. 



vieron el tercer día, y nos comunicaron que habían 
visto el cabo en que terminaba el estrecho y un gran 
mar, esto es, el Océano. Todos lloramos de alegría. 

Cabo Deseado (1). — Este cabo fué llamado el De- 
seado porque, en efecto, deseamos verle largo tiempo. 

Viramos en redondo para reunimos con los otros 
dos navios de la escuadra, y no encontramos mas que 
la Concepción. Se preguntó al piloto Juan Serrano qué 
le había sucedido al otro barco, y nos respondió que 
le creía perdido, porque no le había vuelto a ver desde 
el momento en que embocó el canal. 

Busca del navio «San Antonio*. — El capitán general 
mandó entonces buscarle por todas partes, pero parti- 
cularmente en el canal donde había penetrado; envió 
a la Victoria hasta la desembocadura del estrecho, or- 
denando que si no le encontraba plantasen en un sitio 
alto una bandera (2), al pie de la cual debían poner, 
dentro de una olla, una carta que indicase la ruta que 
íbamos a llevar, para que pudiese seguir a la escuadra. 
Esta manera de avisarse en caso de separación había 
sido convenida en el momento de nuestra partida. 

Más señales para el navio perdido. — Pusiéronse 
otras dos señales semejantes, en sitios elevados, en la 
primera bahía y en una islita de la tercera (3), en la 
cual vimos muchos pájaros y lobos marinos. El capi- 
tán general con la Concepción esperó el regreso de la 
Victoria cerca del río de la Sardinas, e hizo plantar 
una cruz en otra islita, al pie de dos montañas cubier- 
tas de nieve, en donde el río tiene su origen. 

Proyecto de Magallanes. — En caso de que no hu- 



(1) El cabo Deseado forma el extremo occidental de la costa 
meridional que costeó la chalupa; pero los navios navegaron cerca 
de la costa septentrional, y se alejaron de América en el cabo Vic- 
toria, llamado así del nombre del navio que le dobló primero y 
que volvió solo a Europa. 

(2) La montaña que Boug-ainville llamó el Padre Aymón. 

(3) La isla de los Leones. 



I PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 67 

biéramos descubierto el estrecho para pasar de un mar 
a otro, el capitán general había determinado continuar 
su ruta al Sur hasta los 75° de latitud meridional, don- 
de durante el estío no hay noche, o, al menos, muy 
poca, como no hay día en el invierno. Mientras estuvi- 
mos en el estrecho no tuvimos mas que tres horas de 
noche, y fué en el mes de octubre. 

Noviembre de 1520* — Descripción del estre- 
cho. — La tierra de este estrecho, que a la izquierda 
se vuelve hacia el Sureste, es baja. Le dimos el nombre 
de estrecho de los Patagones (1). Cada media leg-ua 
se encuentra un puerto seguro, con agua excelente, 
madera de cedro, sardinas y abundantísimos mariscos. 
Había también yerbas, algunas de las cuales eran amar- 
gas, pero otras eran comestibles, sobre todo una espe- 
cie de apio dulce que crece junto a las fuentes, del que 
comíamos a falta de mejores alimentos (2). En fin, yo 
creo que no hay en el mundo mejor estrecho que éste. 

Peces voladores, — En el momento que desembo- 
camos en el Océano, fuimos testigos de la caza curio- 
sa que algunos peces daban a otros peces. Los hay de 
tres clases, esto es, doradillas, albícores y bonitos, que 
persiguen a los llamados golondrinas, especie de peces 
voladores (3). Estos, cuando son perseguidos salen del 
agua, despliegan las aletas natatorias, que son bastante 
largas para servirles de alas, y vuelan a la distancia de 
un tiro de ballesta; en seguida vuelven a caer en el 
agua. Durante este tiempo sus enemigos, guiados por 
su sombra, los siguen, y en el momento en que se zam- 
bullen de nuevo en el agua los cogen y se los comen. 



(1) Como es sabido, se le llamó en seguida estrecho de Mag-a- 
llanes, del nombre de este navegante. 

(2) Apium dulce; Cook le encontró también, asi como mucha 
coclearia, y a causa de esta abundancia de yerbas antiescorbúti- 
cas creyó preferible el paso del estrecho al del cabo de Hornos. 

(3) Trigla volitans, de Linneo. Probablemente, el pez de que 
habla el autor es el Exocetus volitans. 



68 PIGAFETTA LIB. I 

Estos peces voladores tienen más de un pie de largo 
y son un alimento excelente. 

Vocabulario patagón. — Durante el viaje entretuve 
lo mejor que pude al gigante patagón que llevábamos 
en nuestro navio, y por medio de una especie de pan- 
tomima le preguntaba el nombre patagón de muchos 
objetos, de manera que llegué a formar un pequeño 
vocabulario (1). Estaba ya tan acostumbrado, que ape- 
nas me veía coger la pluma y el papel, venía en segui- 
da a decirme los nombres de los objetos que alcanza- 
ba su vista y de las operaciones que veía hacer. Nos 
enseñó, entre otras cosas, el modo de encender lumbre 
en su país, frotando un pedazo de madera puntiagudo 
contra otro, hasta que el fuego prende en una clase de 
medula de árbol que se coloca entre los dos pedazos 
de madera. Un día que le mostré la cruz y que la besé 
delante de él, me dijo por señas que Setebos entraría 
en mi cuerpo y me haría reventar. — Muerte del gigan- 
te: Cuando se sintió en las últimas en su postrera en- 
fermedad, pidió la cruz, la besó, y nos rogó que le bau- 
tizáramos, lo que hicimos, poniéndole el nombre de 
Pablo. 



(1) Daremos este vocabulario a continuación del viaje. 



LIBRO 11 



Desde ia salida del estrecho hasta la muerte de Magallanes, 
y nuestra partida de Zubu. 



28 de noviembre de 1520. — Salida del estre- 
cho. — El miércoles 28 de noviembre desembocamos 
del estrecho para entrar en el gran mar, al que en se- 
guida llamamos mar Pacífico, en el cual navegamos du- 
rante tres meses y veinte días sin probar ningún ali- 
mento fresco. — Mala alimentación en el mar Paci- 
fico: La galleta que comíamos no era ya pan, sino un 
polvo mezclado con gusanos, que habían devorado 
toda la substancia y que tenía un hedor insoportable 
por estar empapado en orines de rata. El agua que nos 
veíamos obligados a beber era igualmente pútrida y 
hedionda. Para no morir de hambre llegamos al terri- 
ble trance de comer pedazos del cuero con que se ha- 
bía recubierto el palo mayor para impedir que la ma- 
dera rozase las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto 
al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que ha- 
bía que remojarle en el mar durante cuatro o cinco 
días para ablandarle un poco, y en seguida lo cocía- 
mos y lo comíamos. — Penuria extrema: Frecuente- 
mente quedó reducida nuestra alimentación a serrín de 
madera como única comida, pues hasta las ratas, tan 
repugnantes al hombre, llegaron a ser un manjar tan 
caro, que se pagaba cada una a medio ducado (1). 



(1) No es raro que el hambre fuerce a los marineros a comer 
ratones y el cuero de los cables. En 1540, una rata valía cuatro 



70 PIGAFETTA LIB. 

Escorbuto. — Mas no fué esto lo peor. Nuestra ma- 
yor desdicha era vernos atacados de una enfermedad 
por la cual las encías se hinchaban hasta el punto de 
sobrepasar los dientes, tanto de la mandíbula superior 
como de la inferior, y los atacados de ella no podían 
tomar ningún alimento (1). Murieron diez y nueve, en- 
tre ellos el gigante patagón y un brasileño que iban 
con nosotros. — Enfermedades: Además de los muer- 
tos, tuvimos de veinticinco a treinta marineros enfer- 
mos, que sufrían dolores en los brazos, en las piernas 
y en algunas otras partes del cuerpo; pero curaron. En 
cuanto a mí, nunca daré demasiadas gracias a Dios 
porque durante todo este tiempo, y en medio de tantas 
calamidades, no tuve la menor enfermedad. 

Mar Pacifico. — Durante estos tres meses y veinte 
días recorrimos cuatro mil leguas poco más o menos 
en el mar que llamamos Pacífico, porque mientras hici- 
mos nuestra travesía no hubo la menor tempestad (2). — 
Islas Infortunadas: No descubrimos en este tiempo 
ninguna tierra, excepto dos islas desiertas, en las que 
no encontramos mas que pájaros y árboles, por cuya 
razón las designamos con el nombre de islas Infortu- 
nadas, No encontramos fondo a lo largo de estas cos- 
tas, y no vimos mas que muchos tiburones. Están a dos- 
cientas leguas una de otra. La primera está a los 15** de 
latitud meridional; la segunda, a los 9° (3). Según la 



escudos en la escuadra de Pizarro. Las tripulaciones de Bougain- 
ville (tomo II) y de Cook (Tercer viaje, tomo I) comieron tam- 
bién cuero. 

(1) Efectos del escorbuto. 

(2) Quirós, Bougainville y Cook no fueron ciertamente tan di- 
chosos. 

(3) Pigafetta no nos da los datos suficientemente precisos para 
determinar la posición de las islas Infortunadas. Hay en nuestra 
manuscrito una figura por la cual se ve solamente que la segunda 
está al noroeste de la primera; pero leyendo su relación y supo- 
niéndola exacta, hallaremos que pertenecen a las islas de la So- 
ciedad, al norte y al nordeste de Otaiti, pues Pigafetta dice que 



jl PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 71 

singladura de nuestro navio, que tomamos por medio 
de la cadena de popa (la corredera), recorrimos cada 
día de sesenta a setenta leguas; y sí Dios y su Santa 
Madre no nos hubiesen concedido una feliz navega- 
ción, hubiéramos todos perecido de hambre en tan 
vasto mar. Pienso que nadie en el porvenir se aventu- 
rará a emprender un viaje parecido (1). 

Enero de 1521. — Si al salir del estrecho hubié- 
ramos continuado corriendo hacia el Oeste por el mis- 
mo paralelo, hubiéramos dado la vuelta al mundo, y, 
sin encontrar ninguna tierra, hubiésemos llegado, por 
el cabo Deseado, al cabo de las Once mil Vírgenes, 
puesto que los dos están en el 52° de latitud meri- 
dional. 

El polo Antartico. — El polo antartico no tiene las 
mismas estrellas que el Ártico; se ven allí dos aglome- 
raciones de estrellitas nebulosas, que semejan nubécu- 
las, a poca distancia una de otra (2). En medio de estas 
aglomeraciones de estrellitas se descubren dos muy 



saliendo del estrecho navegaron por el Noroeste cuarto Oeste; en 
seg-uida en dirección del Noroeste hasta la línea equinoccial, que 
pasaron por el 122° de la línea de demarcación, esto es, por el 152*' 
del primer meridiano. Luego si desde este punto trazamos una línea 
del Noroeste al Sureste, pasará entre las islas de ¡a Sociedad al 
norte y después al este de Otaiti. Las islas Infortunadas debían, 
pues, encontrarse sobre esta línea. Por consiguiente, Jaillot y No- 
lin las han colocado fuera de su verdadera posición geográfica. 
Sin embargo, no están mal ios nombres que les dieron de San Pe- 
dro a una y de Tiburón a otra, porque el Anónimo portugués les 
da los mismos. El Transilvano dice que nuestros navegantes se de- 
tuvieron allí dos días para pescar. 

(1) Cincuenta y seis años transcurrieron antes que otro nave- 
gante diese la vuelta al Globo. Drake, en 1578, fué el primero 
después de Magallanes que atravesó este mar. 

(2) Dos nubéculas, esto es, dos aglomeraciones de estrellas se- 
ñalan los astrónomos en el polo austral: una encima y otra debajo 
de la Hidra. Se ven cerca del polo muchas estrellas que forman la 
constelación del Octante; pero como estas estrellas son de quinta 
o sexta magnitud, parece ser que las dos estrellas grandes y bri- 
llantes de que habla Pigafetta son la f y la p de la misma Hidra. 



72 PIGAFETTA LIBé 

gfrandes y muy brillantes, mas cuyo movimiento es poco 
aparente; las dos indican el polo Antartico. Aunque la 
aguja imantada declinase un poco del verdadero Nor- 
te, sin embargo buscaba siempre el polo Ártico, pero 
no giraba con tanta fuerza como cuando está hacia su 
propio polo. Cuando estuvimos en alta mar, el capitán 
general indicó a todos los pilotos el punto adonde 
debían ir, y les preguntó qué ruta puntuaban (1) en sus 
cartas. Todos respondieron que puntuaban según las 
órdenes que les había dado; replicó que puntuaban 
falsamente, y que era preciso ayudar a la aguja, porque, 
encontrándose en el Sur, para buscar el verdadero 
Norte no tenía tanta fuerza como cuando estaba diri- 
gida hacia el Norte mismo. — Constelación de la Cruz: 
Estando en alta mar descubrimos al Oeste cinco estre- 
llas muy brillantes, colocadas exactamente en forma 
de cruz (2). 

Navegamos entre el Oeste y el Noroeste cuarto 
Noroeste hasta que llegamos bajo la línea equinoc- 
cial a 122° de longitud de la linea de demarcación (3). 
Esta línea de división está a 30° al oeste del meridia- 



(1) Puntuar, esto es, utilizar la punta de un compás para en- 
contrar el aire del viento que ha de soplar para llegar al lug-ar don- 
de se quiere ir, siendo conocido el Norte por la brújula. Ayudar a 
la aguja es añadir o quitar grados en su dirección para hallar la 
verdadera línea meridiana, por medio de procedimientos de que 
hablaremos en el Tratado de Navegación al fin de este Viaje. 

(2) Dante (Purgat., lib. I) habla de esta cruz en los versos si- 
guientes: 

«r mi volsi a man destra, e posi mente 
air altro polo, e vidi quattro stelle 
non viste mai fuorché alia prima gente. 
Goder pareva il ciel di lor fíammelle 
Oh! septentrional vedovo sito, 
poiché privato sei di mirar puelle!» 

(3) Línea ideal que, partiendo el Globo en dos hemisferios, 
separaba las conquistas de los portugueses de las hechas por los 
españoles, según la bula del papa Alejandro VI. (Veáse la Intro- 
ducción, párrafo V.) 



H PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 73 

no (1), y el primer meridiano está a 3** al oeste del cabo 
Verde. 

Cipangu. — En nuestra ruta pasamos cerca de las 
costas dos islas muy elevadas, una de las cuales está 
en los 20° de latitud meridional y la otra en los 15*. 
La primera se llama Cipangu, y la segunda, Sumbdit- 
Pradit (2). 

Después que pasamos la línea navegamos entre el 
Oeste y el Noroeste cuarto Oeste. En seguida corrimos 
doscientas leguas al Oeste, después de lo cual cambia- 
mos de nuevo de dirección, corriendo a cuarto de Sur- 
oeste hasta que estuvimos en el 13° de latitud septen- 
trional (3). Esperábamos llegar por esta ruta al cabo 
de Gatticara, que los cosmógrafos han situado bajo 
esta latitud; pero están en un error, porque este cabo 
se encuentra 12° más al Norte. Es preciso, sin embar- 



(1) Esto es, el primer meridiano. 

(2) Cipangu es el Japón, que tiene este mismo nombre en el 
globo de Behaim, donde se dice que es la isla más rica del Orien- 
te. Sumhdit-Pradit es quizás la Antilia del mismo globo, llamada 
también Septe-Ritade. Pero en dicho globo estas dos islas están 
en el hemisferio boreal, una hacia los 20° y la otra hacia los 24**. 
Ramusio (tomo I, tab. ÍII) sitúa Cipangu hacia los 25°; pero en el 
mapa XIX de Urbano Monti encuentro Sumbdit en los 9° de lati- 
tud meridional. Delisle, ignoro con qué fundamento, las coloca en 
los 17° y 20° de latitud meridional. Sin embargo, debe observarse 
que Pigafetta no dice que estuvo en ellas, sino que pasó a poca 
distancia, esto es, que creyó haberse aproximado; como Marco Polo 
había hecho creer que Cipangu era la isla más oriental del mar de 
las Indias, por consiguiente, nuestro navegante, yendo por Occi- 
dente, debia encontrar la primera; pero no habiéndola encontrado, 
se imaginó haber pasado a poca distancia de ella. De vuelta en 
España (libro IV) habla de Sumbdit- Pradit como de una isla situa- 
da cerca de las costas de la China. 

(3) Con estos datos he marcado en el mapa el camino que re- 
corrió la escuadra desde el estrecho hasta las islas de los Ladro- 
nes. Tracé una línea del cabo Victoria hacia el ecuador por el 
Oestenoroeste cuarto Noroeste. En seguida, partiendo del 122** de 
longitud de la línea de demarcación bajo el ecuador, de Noroeste 
al Sureste, tracé una línea que encuentra a la primera y forma co« 



74 PIGAFETTA LIB. 

go, perdonarles este error, puesto que ellos no han vi- 
sitado estos parajes como nosotros (1). 

6 de marzo de 1521. — Islas de los Ladrones. — 
Después de haber corrido setenta leguas en esta direc- 
ción, estando hacia el 12° de latitud septentrional y por 
el 146° de longitud, el 6 de marzo, que fué un miérco- 
les, descubrimos al Noroeste una islita, y en seguida 
otras dos al Suroeste. La primera era más elevada y 
mayor que las otras. El capitán general quería detener- 
se en la mayor para aprovisionarse de víveres y refres- 
cos (2); pero no fué posible, porque los isleños venían 
a nuestros barcos y robaban tan pronto una cosa como 
otra, sin que pudiéramos impedirlo. Pretendieron tam- 
bién obligarnos a amainar velas y conducirnos a tierra, 
y con gran destreza nos arrebataron el esquife, que es- 



ella un ángulo obtuso en el sitio en que la escuadra cambió de di- 
rección. Más allá del ecuador, en el hemisferio septentrional, tracé 
una línea por el Oestenoroeste cuarto Oeste, de un largo de ocho- 
cientas millas hasta el 13° de latitud Norte, y desde allí hasta las 
islas de los Ladrones. Reconozco que, no siendo completamente 
exactos los grados de longitud, lo demás es poco cierto; pero esta 
línea al menos no ofrece ninguna dificultad y parece tener algún 
fundamento. El camino de Magallanes trazado por los otros geó- 
grafos es totalmente imaginario. 

(1) El cabo Cattigara, que nuestro autor llama Gatticara, es- 
taba, según Ptolomeo, a 180° de longitud de las islas Canarias y 
al sur del ecuador; pero Magallanes sabia que estaba al norte, y, 
efectivamente, lo está, a los 8° 27' de latitud septentrional; por 
consiguiente, para llegar a este cabo se había imaginado que de- 
bía encontrar las islas Molucas. Hoy se llama cabo ComOrin. Ves- 
pucio se equivocó aún más en la latitud, porque le creyó un cabo 
occidental del continente al cual dio su nombre. (Bartolozzi, locu- 
ción citada.) 

(2) La isla en que ancló Magallanes es probablemente la isla 
de Guahan, que Maximiliano Transilvano llama Ivagana. Podría 
creerse que es la isla Rota, donde Jorge Manriques, comandante 
de un navio de la flota de Loaisa (que en 1526 fué del Perú a las 
Marianas), encontró a Gonzalvo de Vigo, uno de los marineros de 
Magallanes, que se estableció allí voluntariamente; pero este Vigo 
pudo pasar a la isla Rota desde Guahan. (De Brosses, tomo I, 
pág. 156.) 



H PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 75 

taba atado a nuestra popa. Entonces el capitán, irritado, 
saltó a tierra con cuarenta hombres armados, quemó 
cuarenta o cincuenta casas, así como muchas de sus 
canoas, y les mató siete hombres (1). De esta manera 
recobró el esquife, pero no juzgó conveniente dete- 
nerse en la isla después de estos actos de hostilidad. 

En el momento en que salíamos a tierra para casti- 
gar a los isleños, nuestros enfermos nos rogaron que si 
matábamos a alguno de los habitantes de la isla les 
llevásemos sus intestinos, pues estaban persuadidos de 
que les servirían para curarse en poco tiempo. 

Perfidia de los isleños. — Cuando los nuestros he- 
rían a los isleños con sus flechas (que éstos no cono- 
cían), atravesándoles de parte a parte, los desdichados 
intentaban arrancárselas de sus cuerpos, lo mismo por 
un lado que por otro, después de lo cual mirábanlas 
con sorpresa, y frecuentemente morían de la herida, lo 
que nos causaba compasión. Sin embargo, cuando vie- 
ron que partíamos nos siguieron con más de cien ca- 
noas, enseñándonos pescado como si quisieran ven- 
dérnoslo; pero cuando estuvieron cerca de nosotros 
nos tiraron piedras y huyeron. Pasamos a toda vela por 
en medio de ellos, pero supieron esquivar con gran 
habilidad el choque con nuestros navios. Vimos tam- 
bién en las canoas algunas mujeres que lloraban y se 
arrancaban los cabellos, probablemente porque había- 
mos matado a sus maridos. 

Costumbres. — Estos pueblos no conocen ninguna 
ley y no siguen otra norma mas que su propia volun- 
tad. No tienen rey ni jefe. No adoran a nada y van 
completamente desnudos. Algunos llevan larga barba, 
los negros cabellos anudados sobre la frente cayéndo- 



(1) El autor de la Hisfoire genérale des voy ages dice que los 
isleños conocieron entonces el fuego por primera vez, y cita a Pi- 
^afetta, el cual no dice nada. Parece más bien que no conocían el 
uso de las flechas. 



76 PIGAFETTA LIB. 

les hasta la cintura. Llevan también sombrerillos de pal- 
ma. Son fornidos y recios. Su tez es de color aceituna- 
do, pero nos dijeron que nacen blancos y se vuelven 
morenos con la edad. Se colorean con arte los dientes, 
pintándoselos de rojo y de negro, lo que pasa entre ellos 
por una belleza (1). — Las mujeres: Las mujeres son pá- 
lidas, de buena talla y menos morenas que los hombres- 
Tienen los cabellos muy negros, lacios y tan largos que 
arrastran sobre la tierra. Van desnudas como los hom- 
bres, aunque a veces cubren sus partes sexuales con una 
tira estrecha de tela, o, mejor dicho, con una corteza 
blanda como el papel, que se extrae del tallo de la pal- 
mera. No trabajan mas que en sus casas y hacen esteras 
y cestas con hojas de palmera y otras labores semejan- 
tes para los usos domésticos. Unos y otras se untan los 
cabellos y todo el cuerpo con aceite de coco y de sé- 
seli (2). 

Este pueblo se nutre de aves, de peces voladores, 
de patatas, de una especie de higos de medio pie de 
largo (3), de cañas de azúcar y de otros frutos pareci- 
dos. — Casas: Sus casas son de madera, cubiertas de 
tablas sobre las que extienden hojas de sus higueras de 
un largo de cuatro pies (4). Tienen habitaciones bas- 
tante decentes, con vigas y ventanas, y sus lechos, muy 
cómodos y blandos, son de esteras de palma finísimas, 
extendidas sobre paja. — Armas: No tienen más arma 
que unas lanzas guarnecidas en la punta con una espi- 



(1) El uso de ennegrecerse ios dientes se practica aún en las 
islas Pelew, cerca de las Marianas. Sus habitantes hacen con yer- 
bas una especie de pasta que se aplican durante algunos días so- 
bre los dientes, a pesar de las molestias que les produce. (Keate, 
An account of the Pelew islands, pkg. 314.) 

(2) Especie de simiente oleaginosa muy común en China. Es el 
Raphanus oleifer sinensis, de Linneo. 

(3) Estos higos son las bananas o frutos de la Musa (Masa pa- 
radisiaca). En lo sucesivo emplearé el nombre de banana, en lugar 
del de higo, que usa el autor. 

(4) Son las hojas del bananero o plátano. 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 77 

na de pescado puntíagfuda. Los habitantes de'estas^ is- 
las son pobres, pero muy diestros, y, sobre todo, hábi- 
les salteadores, por lo cual les llamamos islas de los 
Ladrones (1). 

Canoas. — Su diversión favorita es pasearse con sus 
mujeres en canoas semejantes a las góndolas de Fusina 
(cerca de Venecia) (2), pero son más estrechas; todas 
están pintadas en negro, en blanco o en rojo. La vela 
es de hojas de palmera cosidas, y tiene la forma de una 
vela latina. Está siempre colocada a un costado, y al 
opuesto, para equilibrarla, y al mismo tiempo para sos- 
tener la canoa, sujetan una gruesa viga puntiaguda por 
un extremo con pértigas entrecruzadas (3). Así navegan 
sin peligro. El gobernalle semeja a una pala de panade- 
ro, puesto que es una pértiga al extremo de la cual suje- 
tan una tabla. No diferencian la proa de la popa, y por 
ello tienen un timón en cada punta. Son buenos nada- 
dores y no temen aventurarse en alta mar como los del- 
fines (4). 

Tan maravillados y sorprendidos quedaron al ver- 
nos, que pensamos que hasta entonces no habían visto 
otros hombres que los habitantes de sus islas. 

16 y 17 de marzo de 1521. — El decimosexto 
día del mes de marzo, a la salida del Sol, nos encon- 



(1) En seguida se llamaron islas de las Velas Latinas, por e\ 
gran número de embarcaciones que por allí pasaban, y en tiempo 
del rey de España Felipe IV se les llamó Marianas, en honor de su 
esposa, María de Austria. Noorth observa que, aun en su tiempo 
(1599), merecían apropiadamente el nombre de islas de los La- 
drones. 

(2) Gondolitas largas y estrechas con las que los de Fusina 
van a Venecia. 

(3) Es el balancín, muy bien ideado por estos pueblos para no 
zozobrar, teniendo barcos muy estrechos con velas de esteras bas- 
tante pesadas. Anson y Cook elogian grandemente la construcción 
de estas embarcaciones con balancín o batanga. 

(4) Quizás por ello se denomina isla de los Nadadores a una 
situada cerca de las Marianas. 



78 PIGAFETTA LIB. 

tramos cerca de una tierra elevada, a trescientas leg^uas 
de la isla de los Ladrones. Nos apercibimos pronto 
de que era una isla, a la que llaman Zamal (1). Detrás 
de esta isla hay otra deshabitada, y en seguida supimos 
que la llamaban Humunu (2). El capitán general deci- 
dió tomar tierra a la mañana siguiente para hacer agua- 
da con más seguridad y disfrutar de algún reposo des- 
pués de un tan largo y penoso viaje. Hizo armar en 
seguida dos tiendas para los enfermos y ordenó que se 
matase una marrana (3). 

18 de marzo de 1521. — Visita de los isleños. 
El lunes, 18 del mes, por la tarde vimos venir hacia 
nosotros una barca con nueve hombres. El capitán ge- 
neral mandó que nadie hiciese el menor movimiento 
ni dijera la menor palabra sin su permiso. Cuando sal- 
taron a tierra, su jefe se dirigió al capitán general, tes- 
timoniándole por gestos el placer que tenía al vernos. 
Cuatro de los más adornados de entre ellos perma- 
necieron cerca de nosotros; los demás fueron a llamar 
a sus compañeros, que estaban ocupados pescando, y 
volvieron con ellos. 

El capitán, viéndolos tan pacífícos, hizo que les die- 
sen de comer y les ofreció al mismo tiempo algunos 
gorros rojos, espejitos, cascabeles, bocacíes (4), algu- 
nas joyas de marfíl y otras bagatelas semejantes. — Pro- 



(1) En los mapas más modernos se la denomina Samar, y está 
situada, efectivamente, a los 15**, que hacen un poco menos de tres- 
cientas leguas marinas, al oeste de Guahan. Prevot, fiándose del 
extracto de Fabre, dice que Samar no está más que a treinta le- 
gxias de las Marianas (tomo X, pág-. 198). 

(2) Humunu, que se llamó en seguida la isla Encantada (His- 
toire general des voyages, tomo XV, pág. 198), está situada cerca 
del cabo de Guigan, de la isla de Samar. 

(3) Había, sin duda, cogido esta marrana en la isla de los La- 
drones, donde todos los navegantes posteriores han encontrado 
muchos cerdos. (De Brosses, tomo I, pág. 55.) 

(4) El bocací es una clase de tela muy usada antiguamente. 
(Veáse Du Cange.) 



11 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 79 

dados de la isla: Los isleños, encantados con la cor- 
tesía del capitán, le dieron pescado, un vaso lleno de 
vino de palmera, que ellos llaman uraca^ bananas de 
más de un palmo de largo, otras más pequeñas y más 
sabrosas y dos frutos del cocotero (1). Al mismo tiem- 
po nos indicaron por gestos que entonces no tenían 
nada más que ofrecernos, pero que al cabo de cuatro 
días volverían y nos traerían arroz, que ellos llaman 
umai, nueces de coco y otros víveres. 

Cocoteros. — Las nueces de coco son los frutos de 
una especie de palmera de la que obtienen su pan, su 
vino, su aceite y su vinaorre. Para conseguir el vino 
hacen en la copa de la palmera una incisión que pe- 
netra hasta la medula, de donde brota gota a gota un 
licor parecido al mosto blanco, pero un poco más agrio. 
El licor cae en un recipiente de caña del grueso de la 
pierna, que se ata al árbol, y que es preciso vaciar dos 
veces al día, por la mañana y por la tarde. El fruto de 
esta palmera es tan grueso como la cabeza de un hom- 
bre y a veces más. La primera corteza es verde, tiene 
dos dedos de espesor y está compuesta de filamentos 
que usan para trenzar cuerdas con las que amarran sus 
barcas. Después hay otra segunda corteza más dura y 
más espesa que la de la nuez, la cual queman para ex- 
traer un polvo que usan. Hay en el interior una medu- 
la blanca, de un dedo de espesor, que se come a guisa 
de pan con la carne y el pescado. En el centro de la 
nuez y en medio de esta medula se encuentra un licor 
h'mpido, dulce y corroborativo. Si después de haber 
echado este licor en un vaso se le deja reposar, toma 
la consistencia de una manzana. Para obtener el acei- 
te se deja pudrir la medula con el licor, en seguida se 
cuece, y de ello resulta un aceite espeso como la man- 



(1) Cocos nucífera, de Linneo. Tenemos en nuestro museo 
muchos frutos del cocotero, de los cuales alg-uno es más grueso 
que la cabeza de un hombre; otros tienen la corteza filamentosa. 



80 PIGAFETTA LIB, 

teca. Para conseguir el vinagre se deja reposar el licor 
sólo, y exponiéndole al sol se vuelve ácido y semejante 
al vinagre que se hace con vino blanco. También nos- 
otros hicimos un licor que se parecía a la leche de ca- 
bra (1), raspando la medula, remojándola en su mismo 
licor y pasándola en seguida por un lienzo. Los coco- 
teros se parecen a las palmeras que producen los dáti- 
les (2); pero sus troncos no tienen tantos nudos, aun- 
que tampoco son lisos. Una familia de diez personas 
puede subsistir con dos cocoteros, haciendo agujeros 
alternativamente cada semana en uno y dejando repo- 
sar el otro, a fin de que un derrame continuo no le se- 
que haciéndole perecer. Nos dijeron que un cocotero 
vive un siglo completo. 

Los isleños se familiarizaron tanto con nosotros, que 
por este medio pudimos aprender los nombres de mu- 
chas cosas, y sobre todo de los objetos que nos ro- 
deaban. Por ellos supimos que su isla se llamaba Zu- 
luán. No es muy grande. Eran corteses y honrados. 

Productos de la isla, — Para demostrarnos su amis- 
tad llevaron en sus canoas a nuestro capitán a sus al- 
macenes de mercancías, tales como clavo de especia, ca- 
nela, pimienta, nuez moscada, maclas (3), oro, etc., etc., 
y por sus gestos nos dieron a comprender que los 
países hacia los cuales dirigíamos nuestro rumbo sumi- 
nistraban abundantemente todos estos géneros. El ca- 
pitán general les invitó a su vez a que subiesen al navio, 
en el que instaló todo lo que asombrarles podía por la 
novedad. En el momento en que iban a marcharse 
mandó disparar una bombarda, lo cual les espantó so- 



(1) En 1864, un misionero aprendió en Cowley a hacer de esta 
manera la leche de coco, que encontró excelente. (De Brosses, 
tomo II, pág. 55.) 

(2) Phcenix dactylifera, de Linneo. 

(3) Macias. Nuestro autor la llama matia: es la segunda corteza 
de la nuez moscada, que tiene cuatro; es muy apreciada por su sa- 
bor aromático. (Macis officinalis, de Linneo.) 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 81 

bremanera, de tal modo, que muchos estuvieron a pun- 
to de arrojarse al mar para huir, pero fácilmente se les 
persuadió de que no tenían nada que temer, y así nos 
dejaron tranquilamente y satisfechos, aseg-urándonos 
que volverían repetidas veces, como antes habían pro- 
metido. — Oro: La isla desierta en la que nos había- 
mos establecido la llamaban Humunu los isleños, pero 
nosotros la denominamos la Aguada de las Buenas Se- 
ñales (Acquada da li buoni segnali), porque en ella 
encontramos dos fuentes de agua excelente y descu- 
brimos los primeros indicios de oro en este país. — 
Frutos: Se encuentra también coral blanco, y hay árbo- 
les cuyos frutos, más pequeños que nuestras almendras, 
semejan a los piñones del pino. También hay muchas 
especies de palmeras, de las que unas dan frutos co- 
mestibles y otras no producen nada. 

17 de marzo de 1521* — Archipiélago de San 
Lázaro. — Habiendo notado a nuestro alrededor el 
quinto domingo de Cuaresma, que se llama de Lázaro, 
unas cuantas islas, les dimos el nombre de archipiélago 
de San Lázaro (1). Está situado a 10° de latitud sep- 
tentrional y a 161° de longitud de la línea de demar- 
cación (2). 

22 de marzo de 1521. — Regalos de los isle- 
ños. — El viernes, 22 del mes, los isleños cumplieron 
su palabra y vinieron con dos canoas llenas de nueces 
de coco, naranjas, un cántaro con vino de palmera y 
un gallo, para que viésemos que tenían gallinas. Les 



(1) Se les llamó después islas Filipinas, del nombre de Felipe 
de Austria, hijo de Carlos V. 

(2) Las Filipinas están situadas entre los 125° y 135° de longi- 
tud occidental de la isla de Hierro; por consiguiente, entre los 195° 
y los 205° de la línea de demarcación. Este archipiélago no está, 
pues, en los 161° de longitud de esta línea. Ignoro si al determi- 
nar la longitud Magallanes y su astrólogo San Martín obraron de 
buena fe, o si lo afirmaron así para encontrar las Molucas más 
acá de los 180°. Sin embargo, es cierto que antes de Dampierre se 
equivocaban en 25° en la longitud. (De Brosses, tomo II, pág. 72.) 



82 PIGAFETTA LIB. 

compramos todo lo que trajeron. Su jefe era un viejo; 
tenía pintada la cara y llevaba en las orejas pendientes 
de oro. Los de su séquito llevaban brazaletes de oro 
en los brazos y pañuelos alrededor de la cabeza. 

Pasamos ocho días cerca de esta isla, y el capitán 
saltaba diariamente a tierra para visitar a los enfermos, 
a los que llevaba vino de cocotero, que les sentaba 
muy bien. 

Grandes agujeros en las orejas. — Los habitantes de 
las islas cercanas de la en que estábamos tenían tan 
grandes agujeros en las orejas y el extremo de ellas tan 
alargado, que se podía por ellos meter el brazo (1). 

Costumbres. — Estos pueblos son cafres, esto es, 
gentiles (2). Van desnudos, no teniendo más que un 
trozo de corteza de árbol para ocultar las partes natu- 
rales, que algunos de los jefes cubren con una banda 
de tela de algodón bordada en seda en los dos extre- 
mos. Son de color aceitunado, y generalmente metidos 
en carnes. Se tatúan y se engrasan todo el cuerpo con 
aceite de cocotero y de jengeli, para preservarse, según 
dicen, del sol y del viento. Tienen los cabellos negros, 
y tan largos que les pasan de la cintura. Sus armas son 
machetes, escudos, mazas y lanzas guarnecidas de oro. 
Usan como instrumentos de pesca los dardos, arpones 



(1) Todos los navegantes hablan de las grandes orejas de los 
pueblos nuevamente descubiertos. El autor cuenta, además, cosas 
fabulosas. 

(2) Después de haber conquistado los mogoles las Indias, estos 
países fueron habitados por dos naciones diferentes, es, a saber: 
los moros y los indíorenas, a los que nuestro autor llama tan pron- 
to cafres como gentiles. Los moros recibieron este nombre porque 
son mahometanos, como los moros de España. Las dos naciones se 
encuentran aún hoy en muchas de estas islas, casi todas sometidas 
a los europeos; mas los gentiles disminuyen de día en día de po- 
blación y de poder y casi no habitan más que las montaíías. (SoN- 
NERAT, Voyage aux Indes, tomo I, pág. 35.) A los moros les sucede 
lo mismo en el centro de África. (Voyage de Mungo-Park dans 
l'intérieur de V Afrii,ue.) 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 83 

y redes semejantes a las nuestras. Sus embarcaciones 
se parecen también a las que utilizamos nosotros. 

25 de marzo de 1521. — El autor en peligro. 
El lunes santo, 25 de marzo, corrí un grandísimo peli- 
gro. Estábamos a punto de hacernos a la vela, y yo 
quería pescar; habiendo puesto el pie sobre una ver- 
ga mojada por la lluvia, para hacerlo más cómoda- 
mente, me escurrí y caí en el mar sin que nadie me vie- 
se. Afortunadamente la cuerda de una vela que pendía 
sobre el agua apareció ante mis ojos; me agarré a ella, 
y grité con tanta fuerza, que me oyeron y me salvaron 
con el esquife, lo que, sin duda, no hay que atribuir a 
mis merecimientos, sino a la misericordiosa protección 
de la Santísima Virgen. 

Cénalo, Abarien. — Partimos el mismo día, y go- 
bernando entre el Oeste y el Suroeste pasamos por 
medio de cuatro islas llamadas Cénalo, Huinangan, 
Ibusson y Abarien. 

28 de marzo de 1521. — El jueves, 28 de mar- 
zo, habiendo visto durante la noche hogueras en una 
isla, por la mañana pusimos proa hacia ella, y estando 
a poca distancia vimos una barquita, que se llama ¿>o- 
lotOy con ocho hombres, aproximándose a nuestro na- 
vio. — Lengua malaya: El capitán tenía un esclavo na- 
cido en Sumatra, a la que antiguamente llamaban 7a- 
probana (1); probó a hablarles en la lengua de su país; 
le comprendieron (2) y se colocaron a alguna distan- 
cia de nuestro navio; pero no quisieron subir a bordo 
y aun parecían temer el acercarse demasiado. El capi- 
tán, viendo su desconfianza, lanzó al mar un gorro rojo 
y algunas bagatelas atadas a una tabla. Las recogieron 
demostrando una gran alegría, mas se marcharon pron- 

(1) La Taprobana de los antiguos es la isla de Ceilán, no Su- 
matra. 

(2) Desde las Filipinas hasta Malaca, se habla en todas partes 
la lengua malaya. No es, pues, extraño que a un hombre de Malaca 
le entiendan en Filipinas. 



84 I' 1 G A F E T T A i. IB. 

to, y supimos en seg-uida que iban presurosos a adver- 
tir a su rey nuestra llegada. 

Dos horas después vinieron hacia nosotros dos ba- 
langués (nombre que dan a sus barcos g-randes) llenos 
de hombres. El rey estaba en el más grande, bajo una 
especie de baldaquino de esteras. Cuando el rey estu- 
vo cerca de nuestro navio, el esclavo del capitán le 
habló algunas palabras, que comprendió muy bien, por- 
que los reyes de estas islas hablan muchas lenguas, y 
ordenó a algunos de los que le acompañaban que su- 
biesen a nuestro navio; pero él permaneció en su ba- 
langué, y tan pronto como los suyos regresaron, partió. 

Isleños de Butuan. — El capitán acogió afablemente 
a los que subieron a-bordo y les hizo también algunos 
regalos. Habiéndolo sabido el rey, antes de partir 
quiso dar al capitán un lingote de oro y una cesta llena 
de jengibre; pero el capitán, agradeciéndoselo, rehusó 
aceptar el presente. Al anochecer, la escuadra ancló 
cerca de la casa del rey. 

29 de marzo de 1521. — Visita del rey, — Al 
día siguiente el capitán mandó a tierra al esclavo que 
le servía de intérprete para que dijese al rey que, si 
tenía algunos víveres que enviarnos, se los pagaríamos 
bien, asegurándole al mismo tiempo que no veníamos 
hostilmente, sino como amigos. El rey mismo vino al 
navio en nuestra chalupa, con seis u ocho de sus prin- 
cipales personajes. Subió a bordo, abrazó al capitán y 
le regaló tres vasos de porcelana llenos de arroz crudo, 
cubiertos con hojas, dos doradas muy gordas y otras 
cosas. A su vez el capitán le ofreció una túnica de tela 
roja y amarilla, hecha a la turca, y un gorro fino rojo. 
También regaló algunos objetos a los hombres de su 
séquito: a unos les dio espejos; a los otros, cuchillos. 
En seguida mandó servir el desayuno, y ordenó al es- 
clavo intérprete que dijera al rey que quería vivir fra- 
ternalmente con él, lo que pareció complacerle en ex- 
tremo. 



n PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 85 

Astucia del capitán. — Puso en seg^uida delante del 
rey telas de diferentes colores, paños, coral (1) y otras 
mercancías. Le enseñó todas las armas de fuego, in- 
cluso la artillería gruesa, y mandó tirar algunos caño- 
nazos, de que se espantaron los isleños. Hizo armarse 
a uno de los nuestros con todas las piezas de la arma- 
dura, y ordenó a tres hombres que le diesen sablazos 
y le apuñalasen para demostrar al rey que nada podía 
herir a un hombre armado de esta manera, lo que le 
sorprendió mucho, y volviéndose hacia el intérprete le 
hizo decir al capitán que un hombre así podía comba- 
tir contra ciento. 

«Sí — respondió el intérprete en nombre del capi- 
tán — ; y cada uno de los tres navios lleva doscientos 
hombres armados de esta manera.» Se le enseñó des- 
pués separadamente cada pieza de la armadura y todas 
nuestras armas, mostrándole la manera de servirse de 
ellas. 

Después dé esto le condujo al castillo de popa, y ha- 
ciéndose llevar el mapa de marear y la brújula, le expli- 
có, siempre con ayuda del intérprete, cómo había en- 
contrado el estrecho para llegar al mar en que estába- 
mos, y cuántas lunas había pasado en el mar sin ver 
tierra. 

El rey, extrañado de lo que veía y oía, pidió licen- 
cia al capitán, rogándole que enviase con él a dos de 
los suyos para que viesen asimismo algunas particu- 
laridades de su país. El capitán me nombró juntamen- 
te con otro para que acompañase al rey. 

El autor va con el rey. — Cuando pisamos tierra, el 
rey elevó las manos al cielo y se volvió en seguida ha- 
cia nosotros, que hicimos otro tanto, así como todos 
los que nos seguían. Tomóme después el rey de la 



(1) Ramusio dice cuchillos (coltelli), lo que parece más verosí- 
mil, pero nuestro manuscrito pone corali; sabido es que frecuente- 
mente los navegantes traficaron ventajosamente con el coral. 



86 PIGAFETTÁ LIB. 

mano, y uno de los principales hizo lo mismo con mi 
camarada, y de este modo lleg-amos bajo un cobertizo 
de cañas en el que había un balangué de cerca de cin- 
cuenta pies de largo, semejante a una g^alera. Nos sen- 
tamos en la popa, y procuramos hacernos entender por 
gfestos, porque no teníamos intérprete. Los del séquito 
rodeaban al rey, en pie, armados con lanzas y escu- 
dos. — Merienda: Nos sirvieron en seguida un plato 
de carne de cerdo, con un gran cántaro lleno de vino. 
A cada bocado de carne bebíamos una taza de vino, 
y cuando no la apurábamos del todo (lo que apenas 
sucedía) se vertían las sobras en otro cántaro. La taza 
del rey estaba siempre cubierta, y nadie se atrevía a to- 
carla mas que él y yo. — Ceremonias al beber: Siem- 
pre que el rey quería beber, elevaba las manos al cielo 
antes de coger la taza, dirigiéndolas después hacia nos- 
otros, y en el momento que la cogía con la mano de- 
recha, extendía hacia mí la izquierda con el puño ce- 
rrado, de manera que la primera vez que hizo esta ce- 
remonia creí que me iba a dar un puñetazo; en esta 
actitud permanecía durante todo el tiempo que bebía; 
notando yo que los demás le imitaban en esto, hice 
otro tanto con él. Así tomamos nuestro refrigerio, y 
no pude por menos de comer carne, aunque fué un 
viernes santo. Antes que llegase la hora de cenar, di al 
rey muchas cosas que para este efecto llevaba conmigo, 
y al mismo tiempo le pregunté el nombre de muchos 
objetos en su lengua; quedaron muy sorprendidos al 
vérmelos escribir. 

Cena. — Llegó la cena; trajeron dos grandes platos de 
porcelana y otro con cerdo cocido en su propio jugo. 
Hubo las mismas ceremonias que en la merienda. Des- 
de allí pasamos al palacio del rey, que tenía la forma 
de una pila de heno. Estaba cubierto con hojas de ba- 
nano, sostenido y aislado del suelo a bastante altura 
por cuatro gruesas vigas, por lo cual necesitamos una 
escalera para subir. 



11 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 87 

Cuando estuvimos en él nos hizo sentar el rey sobre 
esteras de cañas, con las piernas cruzadas. Media hora 
después trajeron un plato de pescado asado, cortado 
en trozos, jengibre recién cogido y vino. El hijo ma- 
yor del rey vino y su padre le hizo sentarse a mi lado. 
Sirvieron después otros dos platos, uno de pescado en 
salsa y otro de arroz, los cuales comí en compañía del 
príncipe heredero. Mi compañero de viaje bebió sin 
tasa y se embriagó. 

Sus luces están hechas con una especie de goma que 
extraen de un árbol (1), a la que llaman anime, envuel- 
ta en hojas de palmera o de higuera. 

La cama. — El rey, después de habernos hecho se- 
ñales de que deseaba acostarse, se fué, y nos dejó con 
su hijo, con el que dormimos sobre una estera de cañas, 
apoyando la cabeza en almohadas de hojas de árboles. 

30 de marzo de 1521. — A la mañana siguiente 
vino el rey a verme muy temprano, y tomándome de la 
mano me condujo al cobertizo en que habíamos cena- 
do la víspera, para desayunarnos juntos; pero como 
nuestra chalupa había venido a buscarnos, di mis excu- 
sas al rey y partí con mi compañero. El rey estaba de 
muy buen humor; nos besó las manos y nosotros a él. 

Su hermano, que era rey de otra isla (2), nos acom- 
pañó con tres hombres. El capitán general le retuvo 
hasta la hora de comer y le regaló algunas bagatelas. 

El rey de Butuán. — El rey que nos acompañó nos 
dijo que en su isla había pepitas de oro tan gruesas 
como nueces, y aun como huevos, mezcladas con la 
tierra, cribando ésta para encontrarlas, y que todos sus 



(1) Seguramente resina. 

(2) Veremos a continuación que los reyes de que se trata po- 
seían dos países en la costa oriental de la isla de Mindanao, de los 
cuales uno se llamaba Butuán, y conserva aún el mismo nombre, y 
el otro Calagán, y ahora Caragua. El rey de Butuán lo era tam 
bien de Massana o Mazzana, que es, probablemente, la Limassava 
de Bellin. 



88 P I G A K E T T A LIB. 

vasos y platos y hasta algfunos adornos de su casa eran 
del mismo metal (1). — Sus vestidos: Estaba muy bien 
vestido según la moda del país, y era el hombre más 
guapo que vi entre estos pueblos. Sus cabellos negros 
le caían sobre la espalda; un velo de seda cubría su 
cabeza, y llevaba en las orejas dos pendientes de oro 
en forma de anillo. — Adornos: De la cintura a las 
rodillas le cubría una tela de algodón bordado en seda; 
llevaba al costado una como daga o espada con largo 
mango de oro; la vaina era de madera muy bien traba- 
jada. Sobre cada uno de sus dientes relucían tres mo- 
tas de oro (2), de manera que se hubiera dicho que sus 
dientes estaban sujetos con este metal. Se perfumaba 
con estoraque y benjuí. Su piel, aceitunada, ostentaba 
dibujos en colores. 

Residía ordinariamente en una isla en que están los 
países de Butuán y de Calagán (3); pero cuando los 
dos reyes querían conferenciar juntos, lo hacían en la 
isla de Massana, en la que estábamos entonces. El pri- 
mero se llamaba raja (rey) Colambu, y el otro, raja Siagu. 

31 de marzo de 1521. — Misa dicha en tierra. 
El domingo de Pascua, último día de marzo, el capi- 
tán general envió a tierra muy temprano al capellán 
con varios marineros para que preparasen lo necesario 
para decir misa, y al mismo tiempo despachó al intér- 
prete con el fin de comunicar al rey que iríamos a la 
isla, no para comer con él, sino para celebrar una cere- 



(1) Sonnerat (tomo II, pág. 117) habla también de Mindanao 
como de una isla en que abunda el oro. Por esta razón se ha creído 
que las Filipinas eran las islas de Salomón. 

(2) Fabre y Ramusio dicen que en cada dedo tenía tres sorti- 
jas de oro, pero en nuestro manuscrito se lee claramente: in ogni 
dente haveva tre machie doro che parevano fosseno legati con oro. 
Esto parecerá menos extraño sabiendo que en Macassar, isla poco 
lejana de las Filipinas, algunos se arrancan los dientes natura- 
les para substituirlos con otros de oro, (Hist, gen. des voyages, 
tomo XV, pág. 97.) 

(3) Esto es, Mindanao. 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 89 

monia de nuestro culto; el rey lo aprobó todo y nos 
mandó dos cerdos recién sacrificados. 

Bajamos cincuenta hombres, sin la armadura comple- 
ta, mas armados, sin embargo, y vestidos lo mejor po- 
sible. En cuanto nuestras chalupas tocaron a la orilla, 
se dispararon seis bombardazos en señal de paz. Salta- 
mos a tierra, donde los dos reyes, que habían salido al 
encuentro, abrazaron al capitán y le pusieron en medio 
de ellos. 

Fuimos así formados hasta el lugar en que se diría 
la misa, que no estaba muy lejos de la orilla. Antes de 
comenzar la misa, el capitán roció a los dos reyes con 
agua almizclada. En la oblación fueron como nosotros 
a besar la cruz, y en la elevación adoraron la eucaris- 
tía con las manos juntas, imitando siempre lo que ha- 
cíamos. En este momento los navios, previa señal, hi- 
cieron una descarga cerrada con la artillería. Después 
de la misa comulgaron algunos de los nuestros, y en 
seguida, por orden del capitán, ejecutamos una danza 
de espadas que agradó muchísimo a los dos reyes. — 
Se planta la cruz: Inmediatamente mandó traer una 
gran cruz con los clavos y la corona de espinas, delan- 
te de la cual nos prosternamos, imitándonos también 
los isleños. Entonces el capitán, por medio del intér- 
prete, dijo a los reyes que esta cruz era el estandarte 
que le había confiado su emperador para plantarla allí 
donde pisase, y que, por consiguiente, quería elevarla 
en esta isla, a la cual el santo signo sería además favo- 
rable, porque todos los navios europeos que en ade- 
lante la visitasen conocerían al verla que a nosotros 
nos habían recibido como amigos y no harían ninguna 
violencia ni a ellos ni a sus propiedades, y que en el 
caso de que alguno de ellos fuese hecho prisionero, no 
tendría más que mostrar la cruz para que en el acto le 
pusiesen. en libertad. Añadió que era preciso colocar 
la cruz sobre la más elevada cima de las cercanías, a fin 
de que todos pudiesen verla, y que cada mañana de- 



90 PIGAFETTA LIB. 

bían de adorarla, pues siguiendo su consejo ni el rayo 
ni las tormentas les ocasionarían daños. Los reyes, que 
no dudaban de ningún modo lo que el capitán acababa 
de decirles, le dieron las gracias y le aseguraron por 
el intérprete que estaban muy satisfechos y que ten- 
drían un gran placer en ejecutar lo que acababa de pro- 
ponerles. 

Religión, — Les preguntó cuál era su religión, si eran 
moros o gentiles, y respondieron que no adoraban a 
cosa terrestre, e hiciéronle comprender, elevando las 
manos juntas y los ojos al cielo, que adoraban a un 
Ser supremo que llamaban Abba, lo que complació a 
nuestro capitán. Entonces, el raja Colambu, elevando 
las manos al cielo, dijo que hubiera deseado darle al- 
gunas pruebas de su amistad. El intérprete le pregun- 
tó que por qué tenía tan pocos víveres, y él respondió 
que la razón era porque no residía en esta isla, adonde 
solamente venía para cazar o para reunirse con su her- 
mano, y que su residencia ordinaria la tenía en otra 
isla, donde vivía también su familia. 

El capitán dijo al rey que, si él tenía enemigos, que 
se juntaría gustoso a él con sus navios y sus guerre- 
ros para combatirlos. El rey respondió que, en ver- 
dad, estaba en guerra con los habitantes de dos islas, 
pero que no era ocasión oportuna para atacarlos, y le 
dio las gracias. Acordaron que al mediodía se plan- 
taría la cruz en la cumbre de una montaña, y la fiesta 
terminó disparando nuestros mosqueteros formados en 
línea de batalla, después de lo cual el rey y el capitán 
general se abrazaron y volvimos a nuestro navio. 

Terminada la comida saltamos a tierra sin armas, en 
jubón, y acompañados de los dos reyes subimos a Ja 
cima de la montaña más elevada de los alrededores y 
plantamos la cruz. Durante la ceremonia, el capitán in- 
sistió en enumerar las ventajas que de ello resultarían 
para los isleños. Adoramos todos la cruz, incluso los 
reyes. Al descender atravesamos por extensos campos 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 91 

cultivados y llegamos al cobertizo en que estaba el 
balangué, donde nos sirvieron unos refrescos. 

El capitán general preguntó cuál era el puerto cer- 
cano más a propósito para avituallar sus navios y trafi- 
car con sus mercancías, y le dijeron que había tres, a 
saber: Ceylon, Zubu y Calagán (1), pero que Zubu era 
el mejor; y como le vieron decidido a ir allí, le ofrecie- 
ron pilotos para conducirle. Acabada la ceremonia de 
la adoración de la cruz, el capitán fijó nuestra partida 
para la mañana siguiente, y ofreció rehenes a los reyes 
para responder de la vuelta de los pilotos. Los reyes 
consintieron. 

ly 2, 3 y 4 de abril. — Recolección del arroz. — 
Por la mañana, ya a punto de levar anclas, el rey Co- 
lambu dijo que de buena gana nos serviría de piloto él 
mismo; pero que tenía que permanecer allí unos días 
para la recolección del arroz y otros productos de la 
tierra, y rogaba al mismo tiempo al capitán que le hi- 
ciese el favor de enviarle algunos hombres de la tripu- 
lación para acabar más pronto el trabajo. El capitán le 
mandó, efectivamente, algunos de los nuestros; pero 
los reyes habían comido y bebido tanto el día prece- 
dente, que ya por hallarse indispuestos, ya a consecuen- 
cia de la borrachera, no pudieron dar ninguna orden, 
y nuestras gentes no hicieron nada. Los dos días si- 
guientes trabajaron mucho y acabaron la tarea. 

Usos y costumbres, — Pasamos siete días en esta 
isla, durante los cuales tuvimos ocasión de observar sus 
usos y costumbres. Se pintan el cuerpo y van desnudos, 
cubriendo solamente sus partes naturales con un trozo 
de tela. Las mujeres llevan una faldeta de corteza de 
árbol, de cintura abajo. Sus cabellos negros les llegan 



(1) Ceylon es la isla de Leyte, que Pigafetta ha dividido en dos, 
llamando a la parte septentrional Baybay, que es el nombre de un 
puerto; Calagán es Carag^ua, en la isla de Mindanao, y Zubu es la 
isla de Sebu, de la que hablará mucho el autor. 



92 F 1 G A F E T T A LIB. 

algunas veces hasta los pies. Las orejas, horadadas, se 
las adornan con aretes y pendientes de oro. — Areca: 
Son buenos bebedores, y mascan continuamente un 
fruto llamado areca (1), parecido a una pera. — Betel: 
Le cortan en pedazos y le envuelven en hojas del mis- 
mo árbol, llamado betre (2), que semejan a las de la 
morera, mezclándolo con un poco de cal. Después de 
haberlo mascado bien lo escupen, y su boca se pone 
toda roja. Todos los isleños mascan el fruto del betre, 
pues, según ellos, refresca el corazón y morirían si no 
lo hiciesen. — Animales: Los animales de esta isla son 
los perros, los gatos, los cerdos, las cabras y los po- 
llos. — Vegetales: Los vegetales comestibles son el 
arroz, el mijo, el panizo, el maíz, las nueces de coco, 
la naranja, el limón, la banana y el jengibre. También 
hay cera. — Oro: El oro abunda, como lo prueban dos 
sucesos de que fui testigo. Un hombre nos trajo un ta- 
zón de arroz e higos, y pidió en cambio un cuchillo. 
El capitán, en vez del cuchillo, le ofreció algunas mo- 
nedas, entre ellas una dobla de oro; pero las rehusó y 
prefirió el cuchillo. Otro ofreció un grueso lingote de 
oro macizo por seis hilos de cuentas de vidrio; pero el 
capitán prohibió expresamente el hacer este cambio, 
temiendo que por ello comprendiesen los isleños que 
apreciábamos más el oro que el vidrio y las otras mer- 
cancías. 

La isla de Massana está a 9° 40' de latitud Nor- 
te y 162° de longitud occidental de la línea de de- 
marcación, y a veinticinco leguas de la isla de Hu- 
munu (3). 

Desde allí, dirigiéndonos al Sureste, partimos, y pa- 
samos por entre cinco islas, que se llaman Ceylon, 

(1) El uso de mascar la areca (Areca cathecu, de Linneo) en- 
vuelta en hojas de betel continúa aún. 

(2) Es el betel, 

(3) Limassava está ciertamente en la latitud indicada por el 
autor; pero hay un gran error en la longitud. 



11 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 93 

Bohol, Canigán, Baybay y Gatigfán (1). — Murciélagos: 
En esta última vimos murciélagos del tamaño de águi- 
las. Matamos uno y nos lo comimos, encontrándole 
un sabor a pollo. — Añades: Hay también pichones, 
tórtolas, papagayos y otras aves negras y grandes como 
una gallina, que ponen huevos tan gordos como los del 
ánade y que son comestibles. Nos dijeron que la hem- 
bra pone sus huevos en la arena, y que el calor del sol 
basta para incubarlos. De Massana a Gatigán hay veinte 
leguas. 

6 de abril de 1521* — Poloy Ticobón y Pozón. — 
Partimos de Gatigán dejando el cabo al Oeste, y como 
el rey de Massana, que quería ser nuestro piloto, no 
podía seguirnos con su piragua, le esperamos cerca de 
tres islas llamadas Polo, Ticobón y Pozón (2). Cuando 
nos alcanzó, le hicimos subir a nuestro navio con algu- 
nos de su séquito, lo que le gustó mucho, y llegamos 
a la isla de Zubu. De Gatigán a Zubu hay quince 
leguas. 

7 de abril de 1521. — El domingo, 7 de abril, 
entramos en el puerto de Zubu. Pasamos cerca de mu- 
chas aldeas, donde vimos casas construidas sobre los 
árboles. Cuando estuvimos cerca de la villa, que tiene 
el mismo nombre que la isla, el capitán mandó izar to- 
dos los pabellones y amainar velas, y se disparó en 
descarga cerrada toda la artillería, lo que causó gran 
alarma entre los isleños. 

Embajada al rey. — El capitán envió entonces a uno 
de sus discípulos, con el intérprete, de embajador al 
rey de Zubu. Llegados a la villa, encontraron al rey 
rodeado de una inmensa multitud, alarmada por el es- 
truendo de las bombardas. El intérprete comenzó por 

(1) Bohol ha conservado su nombre. Canigán y Gatigán se en- 
cuentran en los mapas antiguos, y particularmente en el mapa XVIII 
de Urbano Monti. Bellin puso estas islas sin nombre. I 

(2) Polo y Pozón, islas que se ven también en los mapas de 
Monti y de Ramusio, pero demasiado alejadas una de otra. 



94 PIGAFETTA LIB. 

calmar al rey, diciéndole que era una costumbre nues- 
tra, y que este estrépito no era mas que un saludo en 
señal de paz y amistad para honrar al mismo tiempo al 
rey y a la isla. Con ello se aquietó todo el mundo. El 
rey, por intermedio de su ministro, preguntó al intér- 
prete qué podía atraernos en su isla y qué queríamos. 
El intérprete respondió que su amo, comandante de la 
escuadra, era capitán al servicio del rey más grande de 
la Tierra, y que el objeto de su viaje era llegar a Ma- 
lucco; pero que el rey de Massana, en donde había to- 
cado, le hizo grandes elogios de su persona, habiendo 
venido para tener el placer de visitarle, y al mismo tiem- 
po para avituallarse, dando en cambio nuestras mer 
cancías. 

El rey mandó que le dijeran que le daba la bienve- 
nida, pero que al mismo tiempo le advertía que todos 
los navios que entraban en su puerto para comerciar 
debían empezar por pagarle un impuesto, y para probar- 
lo añadió que no hacía cuatro días que este tributo le 
había pagado un junco (1) de Ciam (2), que compró es- 
clavos y oro; llamó en seguida a un comerciante moro 
que venía también de Ciam con el mismo fín para que 
él atestiguase la verdad de lo que acababa de anticipar. 

El intérprete respondió que su amo, por ser capitán 
de un monarca tan grande, no pagaría impuestos a nin- 
gún rey de la Tierra; que si el rey de Zubu quería la 
paz, traía la paz; pero que si quería la guerra, le haría 
la guerra. El comerciante de Ciam, aproximándose en- 
tonces al rey, le dijo en su lenguaje: Cata roja chita, 
esto es: «Señor, tened cuidado. Estas gentes (nos creían 
portugueses) son los que han conquistado Calicut, 
Malacca y todas las Grandes Indias.» El intérprete, que 
había comprendido lo que el comerciante acaba de 
decir, añadió que su rey era mucho más poderoso por 



(1) Junco, navio grande. 

(2) Siam. 



11 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 95 

SUS ejércitos y por sus escuadras que el de Portugal, 
de que el siamés acababa de hablar; que era el rey de 
España y el emperador de todo el mundo cristiano, y 
que si hubiera preferido tenerle más por enemigo que 
por amigo, habría enviado los bastantes hombres y na- 
vios para destruir por completo su isla. El moro con- 
firmó al rey lo que acababa de decir el intérprete. El 
rey, encontrándose confuso, dijo que lo trataría con los 
suyos y a la mañana siguiente daría la respuesta. Entre- 
tanto, hizo servir al diputado del capitán y al intérpre- 
te un desayuno de muchos platos, todos de carne, en 
vasos de porcelana. 

Después del desayuno, nuestros comisionados vol- 
vieron a bordo y relataron todo lo que les había suce- 
dido. El rey de Massana, que, salvo el de Zubu, era el 
más poderoso de estas islas, saltó a tierra para anun- 
ciar al otro rey las buenas disposiciones del capitán ge- 
neral para con él. 

Al día siguiente, el escribano de nuestro navio y el 
intérprete fueron a Zubu. El rey salió a su encuentro 
acompañado de sus jefes, y después de que se senta- 
ron delante de él, les dijo que, convencido por lo que 
acababa de saber, no solamente no pretendía ningún 
impuesto, sino que, si se le exigía, estaba presto a ser 
él mismo tributario del emperador. — Tratado conclu- 
so entre el capitán y el rey: Se le contestó que no se 
pedía otra cosa que el privilegio de tener el comercio 
exclusivo de la isla. — Ceremonia en señal de amistad: 
El rey accedió y les encargó que asegurasen a nuestro 
capitán que si quería ser verdaderamente su amigo no 
tenía mas que sacarse un poco de sangre del brazo de- 
recho y enviársela, y que por su parte haría otro tanto, 
lo cual sería la señal de una amistad leal y sólida. El 
intérprete aseguró que todo se haría como deseaba. El 
rey añadió que todos los capitanes, sus amigos, que ve- 
nían a su puerto le hacían regalos, y que en reciproci- 
dad ellos recibían otros; que dejaba al capitán la elec- 



96 HIGA F E T T A LIB. 

ción de ser el primero en dar los regalos o en recibir- 
los. El intérprete respondió que puesto que, al parecer, 
concedía tanta importancia a esta costumbre, no tenía 
mas que comenzar; el rey consintió. 

9 de abril de 1521. — Mensaje del mercader 
moro: El martes por la mañana, el rey de Massana vino 
a nuestro navio con el comerciante moro, y después de 
haber saludado al capitán de parte del rey de Zubu, 
dijo que traía el encargo de prevenirle que el rey se ocu- 
paba en reunir todos los víveres que podía encontrar 
para regalárselos, y que por la tarde le enviaría a su 
sobrino con algunos de sus ministros para establecer la 
paz. El capitán les dio las gracias y les hizo ver al mis- 
mo tiempo un hombre armado de pies a cabeza, dicién- 
doles que en caso de que fuera preciso combatir todos 
nos armaríamos de la misma manera. El moro tembló 
de miedo viendo a un hombre armado de este modo; 
pero el capitán le tranquilizó, asegurándole que nues- 
tras armas eran tan ventajosas a nuestros amigos como 
fatales a los adversarios. Que estábamos dispuestos a 
aniquilar a los enemigos de nuestro rey y de nuestra fe 
con la misma facilidad con que nos enjugábamos el su- 
dor de la frente con un pañuelo. Esto lo dijo el capi- 
tán en tono fiero y amenazador, para que el moro lo 
contase al rey. 

Embajada al capitán. — Efectivamente, después de 
comer vimos venir al sobrino (1) del rey, que era su 
heredero, con el rey de Massana, el moro, el goberna- 
dor o ministro y el preboste mayor, con ocho jefes de 
la isla, para concertar un tratado de paz con nosotros. 
El capitán les recibió con mucha dignidad: se sentó en 
un sillón de terciopelo rojo, dando sillas de la misma 
tela al rey de Massana y al príncipe; los jefes se senta- 
ron en sillas de cuero y los otros en esteras. 

Alianza. — Preguntó el capitán, por el intérprete, si 



(1) El heredero presunto del trono. 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 97 

era su costumbre hacer los tratados en público, y si el 
príncipe y el rey de Massana tenían los poderes nece- 
sarios para concluir un tratado de alianza con él. Res- 
pondieron que estaban autorizados y que se podía ha- 
blar en público. El capitán les hizo comprender las ven- 
tajas de esta alianza, rog-ó a Dios que la confirmase en 
el cielo y añadió otras muchas cosas que les inspiraron 
amor y respeto por nuestra religión. Preguntó si el rey 
tenía hijos varones, y le contestaron que no tenía mas 
que hijas, de las cuales la mayor era la mujer de su 
sobrino el enviado como embajador y que a causa de 
este matrimonio se le consideraba como príncipe he- 
redero. — Sucesión de los hijos: Hablando de la suce- 
sión entre ellos, supimos que cuando los padres tienen 
cierta edad, sin consideración ninguna el mando pasa 
a sus hijos. Esto escandalizó al capitán, que condenó 
esta costumbre diciendo que Dios, creador del cielo y 
de la Tierra, ordenó expresamente que los hijos honra- 
sen a su padre y a su madre, amenazando con el casti- 
go del fuego eterno a los que transgrediesen este man- 
damiento; y para que se compenetrasen mejor con la 
fuerza de este divino precepto, les explicó que todos 
estamos igualmente sujetos a las leyes divinas, porque 
todos descendemos de Adán y Eva. — Comienza la 
conversión: Continuó exponiéndoles otros pasajes de 
la Historia Sagrada, que agradaron a los isleños, exci- 
tando en ellos el deseo de instruirse en los principios 
de nuestra religión, de tal manera que rogaron al capi- 
tán que cuando marchase les dejara uno o dos hombres 
capaces de enseñarles y que los honrarían debidamen- 
te; pero el capitán les dio a entender que la cosa más 
esencial era que se bautizasen, lo que podían hacer an- 
tes de su partida; que no podía ahora darles ninguna 
persona de su tripulación, mas que volvería otra vez 
trayendo sacerdotes y frailes para que les instruyeran 
en los misterios de nuestra santa religión. Testimonia- 
ron su satisfacción después de estos discursos, afirman- 



98 PIGAFETTA LIB. 

do que les contentaria recibir el bautismo, pero que 
antes querían consultar al rey sobre el asunto. Les advir- 
tió el capitán que no debían bautizarse solamente por 
el temor que pudiéramos inspirarles o por la esperanza 
de obtener ventajas materiales, pues su intención era 
no inquietar a ninguno de ellos porque prefiriese con- 
servar la fe de sus padres; sin embargo, no disimuló 
que los que se hiciesen cristianos serían los preferi- 
dos y los mejor tratados. Todos exclamaron que no 
era por miedo ni por complacencia su deseo de abra- 
zar nuestra religión, sino por impulso de su propia vo- 
luntad. 

El capitán les prometió darles armas y una armadura 
completa, según la orden que recibió de su soberano, 
advirtiéndoles al mismo tiempo que deberían también 
bautizarse sus mujeres, sin lo cual tendrían que sepa- 
rarse de ellas y no tener relaciones carnales con ellas, 
so pena de caer en pecado mortal. Habiendo sabido 
que pretendían tener frecuentes apariciones del diablo, 
lo que les causaba mucho miedo, les aseguró que si se 
hacían cristianos, el diablo no se atrevería a presen- 
tarse ante ellos hasta el instante de la muerte (1). Los 
isleños, convencidos y persuadidos de todo lo que aca- 
baban de oír, respondieron que tenían plena confianza 
en él, por lo que el capitán, llorando de ternura, los 
abrazó a todos. 

Alianza con España. — Tomó la mano del príncipe 
y la del rey de Massana y dijo que por la fe que tenía 
en Dios, por la fidelidad debida al emperador su señor, 
y por el hábito (2) que llevaba, establecía y prometía 
paz perpetua entre el rey de España y el de Zubu. Los 
dos embajadores prometieron lo mismo. 



(1) Candish y Noorth (Hist gen. des voy ages, tomo XV, pági- 
na 222) hablan del miedo que los habitantes de Filipinas tienen a 
la aparición del diablo. 

(2) Probablemente el hábito de la orden de Santiago, de la 
que era comendador. 



11 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 99 

Regalos del rey. — Después de esta ceremonia se 
sirvió el desayuno, e inmediatamente los indios presen- 
taron al capitán, en nombre del rey de Zubu, grandes 
cestas llenas de arroz, cerdos, cabras y gallinas, excu- 
sándose de que el regalo que le ofrecían no fuera digno 
de tan gran personaje. 

Regalos del capitán, — Por su parte, el capitán ge- 
neral dio al príncipe una tela blanca finísima, un gorro 
rojo, algunos hilos de cuentas de vidrio y una taza de 
vidrio dorado (1). No regaló nada al rey de Massana, 
porque acababa de donarle una túnica de Cambaya (2) 
y otras cosas. También hizo regalos a todos los que 
acompañaban a los embajadores. 

Pigafetta lleva los regalos al rey. — Después que se 
fueron los isleños, el capitán me envió a tierra con otro 
para llevar los regalos destinados al rey, los cuales con- 
sistían en una túnica a la turca de seda amarilla y vio- 
leta, un gorro rojo, varios hilos con cuentas de cristal, 
todo en un plato de plata, y dos tazas de vidrio dorado 
que llevábamos a la mano. 

El vestido y los adornos del rey. — Llegados a la 
villa, encontramos al rey en su palacio acompañado de 
un gran cortejo. Estaba sentado en el suelo sobre una 
esterilla de palma. Desnudo del todo, excepto las par- 
tes naturales cubiertas con una tela de algodón, un velo 
bordado a mano alrededor de la cabeza, un valioso 
collar y en las orejas grandes aretes de oro rodeados 
de piedras preciosas. Era pequeño, gordo y pintado 
caprichosamente a fuego (3). A su lado, sobre otra es- 
terilla, había dos vasos de porcelana con huevos de 
tortuga, que estaba comiendo, y delante tenía cuatro 



(1) Estos pueblos aprecian mucho el vidrio. 

(2) Cambaya, una de las ciudades más comerciales de la India, 
particularmente en telas. 

(3) Hoy los salvajes no usan el fuego para tatuarse; pero se 
hacen incisiones en las que vierten líquidos colorantes, o se apli- 
can jugos cáustico!. 



100 PIGAFETTA LIB. 

cántaros de vino de palmera, cubiertos con plantas 
aromáticas. En cada uno de los cántaros había una caña 
hueca, por la que chupaba cuando quería beber (1). 

Después de saludarle, el intérprete le dijo que el capi- 
tán, su amo, le daba las gracias por el regalo que le hizo, 
y a su vez le enviaba algunas cosas, no como recompen- 
sa, sino como muestra de la amistad sincera que aca- 
baba de concertar con él. Terminado el preámbulo, le 
pusimos la túnica, le colocamos el gorro sobre la ca- 
beza y le presentamos los otros regalos que para él lle- 
vábamos. Antes de ofrecerle las tazas de vidrio, las 
besé y las puse sobre mi cabeza, y el rey hizo lo mismo 
al recibirlas. En seguida nos invitó a comer con él los 
huevos y a beber con las cañas, y mientras comíamos, 
los que estuvieron en el navio le contaron todo lo que 
el capitán dijo relativo a la paz y la manera en que les 
exhortó a abrazar el cristianismo. 

Música. — El rey quería que nos quedásemos tam- 
bién a cenar, pero con su permiso nos excusamos. El 
príncipe, su yerno, nos condujo a su propia casa, en 
donde encontramos a cuatro muchachas que tocaban 
a su manera una extraña música: una golpeaba un tam- 
bor parecido a los nuestros, pero puesto en el sue- 
lo (2); otra redoblaba alternativamente en dos timba- 
les, empuñando sus manos sendas clavijas o macitos 
con una punta guarnecida con tela de palma; la tercera 
hacía lo mismo en un timbal más grande, y la cuarta 
manejaba diestramente dos cimbalitos que producían 
dulces acordes. Llevaban tan bien el compás, que se 
veía que eran muy inteligentes en música. Los timba- 
les, que son de bronce o de otro metal, se fabrican en 
el país del Sign Magno (3) y les sirven también de 



(1) La costumbre de beber por cañas la observó también Noorth 
entre estos pueblos. 

(2) Aun hoy, los tambores y los címbalos son los principales 
instrumentos músicos de los habitantes de las islas del Sur. 

(3) El Sinus Magnus, de Ptolomeo, que es el jrolfo de China. 



II PRIMER VIAJÉ ÉN TORNO DEL GLOBO lOÍ 

campanas; les llaman agón. Tocan, además, los isleños 
una especie de violín con cuerdas de cobre. 

Desnudez de las muchachas. — Estas muchachas eran 
muy bonitas y casi tan blancas como los europeos, y 
no por ser ya adultas dejaban de estar desnudas; algu- 
nas, sin embargo, llevaban un trozo de tela de corteza 
de árbol desde la cintura hasta las rodillas; pero las 
otras estaban completamente desnudas; el agujero de 
sus orejas era muy grande, y le llevaban guarnecido de 
un cilindro de madera para ensancharle y redondear- 
le (1); tenían los cabellos largos y negros, y un velillo 
ceñía su cabeza. No llevan nunca sandalias ni otra clase 
de calzado. Merendamos en casa del príncipe y volvi- 
mos en seguida a nuestros navios. 

10 de abril de 1521. — Entierro. — Murió uno 
de los nuestros durante la noche, y volví el miércoles 
por la mañana con el intérprete a casa del rey a pedirle 
permiso para enterrarle y que nos indicase el sitio. El 
rey, al que eacontramos rodeado de un numeroso cor- 
tejo, respondió que puesto el capitán podía disponer 
de él y de todos sus subditos, con mayor razón podía 
disponer de su tierra. Añadí que para enterrar al muer- 
to teníamos que consagrar el lugar de la sepultura y 
plantar una cruz. El rey, no sólo dio su consentimiento, 
sino que prometió adorar la cruz. 

Para inspirar a los indios una buena opinión de nos- 
otros, consagramos según los ritos de la Iglesia, y lo 
mejor que fué posible, la plaza de la villa, destinándola 
a cementerio de los cristianos, y enterramos en segui- 
da al muerto. El mismo día por la noche enterramos 
a otro. 

Comercio. Pesas y medidas, — Desembarcamos mu- 
chas mercancías y las almacenamos en una casa bajo la 



(1) Cook (Viaje hacia el Polo Sur y alrededor del mundo) ex- 
plicó la manera de dilatar los agujeros hechos en el lóbulo de las 
orejas, por medio de cilindros elásticos de hojas de cañas. 



102 PIGAFÉTTA LIB. 

protección del rey y la custodia de cuatro hombres que 
el capitán dejó allí, para traficar al por mayor. Este 
pueblo, amante de la justicia, tiene pesas y medidas. 
Sus balanzas son un palo de madera, pendiente en me- 
dio de una cuerda; a un lado un platillo suspendido de 
tres cordelitos, y al otro un peso de plomo equivalente 
al del platillo, y al que añaden pesas equivalentes a las 
libras, medias libras, etc., después de poner las mercan- 
cías en el platillo, para hacer las pesadas. Tienen tam- 
bién medidas de longitud y de capacidad. 

Se entregan apasionadamente los isleños al placer y 
a la ociosidad. Ya dijimos cómo tocan los timbales, y 
añadimos que también tocan una especie de dulzaina 
muy parecida a la nuestra y a la que llaman subin. 

Casas. — Hacen sus casas con vigas, tablas y cañas, 
y tienen habitaciones como nosotros. Están construidas 
sobre estacas, de manera que debajo hay un espacio 
vacío que sirve de establo y de gallinero, para los cer- 
dos, las cabras y las gallinas. 

Aves que matan a las ballenas. — Nos dijeron que 
en estos mares hay unas aves negras, semejantes a los 
cuervos, que cuando una ballena aparece en la super- 
ficie del agua esperan que abra la garganta para lan- 
zarse dentro y van derechas a arrancarle el corazón, 
que arrebatan para comérselo. La única prueba que nos 
dieron acerca de esto es que se ve al ave negra co- 
miéndose el corazón de la ballena, y que se encuentra 
la ballena muerta sin corazón. Llaman al ave negra la- 
gan; tiene el pico dentado, las plumas negras, pero 
tiene la carne blanca y comestible (1). 

12 de abril de 1521. — Tráfico. — El viernes 
abrimos nuestro almacén y expusimos nuestras mercan- 

(1) Este es uno de los cuentos que Pigafetta oyó y que cuenta 
de buena fe. Sin embargo, se ha observado que muchas aves viven 
de la carne de las ballenas muertas y lanzadas por las olas sobre 
la orilla. Un cuervo que haya entrado en la garganta abierta de 
una ballena muerta, tal vez dio origen a este cuento. 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 103 

cías, que los isleños admiraron extrañados. Por objetos 
de bronce, hierro y otros metales nos daban oro. Nues- 
tras joyas y otras bagatelas se convertían en arroz, en 
cerdos, en cabras y otros comestibles. Por catorce li- 
bras de hierro nos daban diez piezas de oro, de un va- 
lor equivalente a ducado y medio cada una. £1 capitán 
general prohibió que se demostrase demasiada codicia 
por el oro; sin esta orden, cada marinero hubiera ven- 
dido todo lo que poseía para procurarse este metal, lo 
que hubiera arruinado para siempre nuestro comercio. 

14 de abril de 1521. — Bautismo del rey de 
Zubu, — Prometió el rey a nuestro capitán abrazar la 
religión cristiana; se fíjó para la ceremonia el domingo 
14 de abril. Se aderezó, al efecto, en la plaza ya con- 
sagrada un tablado adornado con tapicerías y ramas 
de palmeras. Saltamos a tierra cuarenta hombres, más 
dos armados de pies a cabeza, que daban guardia de 
honor al pendón real. Al pisar tierra los navios dispa- 
raron toda la artillería, lo que asustó a los isleños. £1 
capitán y el rey se abrazaron. Subimos al tablado, en el 
que había para ellos dos sillas de terciopelo verde y 
azul. Los jefes isleños se sentaron en cojines, y los 
otros en esteras. 

Ventajas para el rey de hacerse cristiano. — Hizo 
el capitán decir al rey que, entre las muchas ventajas 
de que iba a gozar haciéndose cristiano, tendría la de 
vencer más fácilmente a sus enemigos. El rey respon- 
dió que estaba muy contento de convertirse, aun sin 
beneficio ninguno; pero que le agradaba el poder ha- 
cerse respetar de ciertos jefes de la isla que rehusaban 
sometérsele, diciendo que eran hombres como él y no 
querían obedecerle. Entonces el capitán mandó que 
los trajeran, y les dijo que si no obedecían al rey como 
soberano, los haría matar a todos y confiscaría sus bie- 
nes en provecho del rey. Con esta amenaza todos los 
jefes prometieron reconocer su autoridad. 

A su vez el capitán aseguró al rey que a su vuelta 



104 P [ G A F E T T A LIB. 

a España volvería a su país con fuerzas mucho más con- 
siderables, y que le haría el más poderoso monarca de 
aquellas islas, recompensa merecida por haber sido el 
primero que abrazó la religión cristiana. El rey dio las 
gracias levantando las manos al cielo, y le rogó insis- 
tentemente que dejase algunos hombres con él para 
que le instruyesen en los misterios y deberes de la re- 
ligión cristiana, lo cual prometió el capitán; mas a con- 
dición de que le confíase dos hijos de personajes de 
la isla para llevarlos con él a España, donde aprende- 
rían la lengua española, para que a su vuelta pudiesen 
dar una idea de lo que hubieran visto. 

Después de haber plantado una gran cruz en medio 
de la plaza se pregonó que cualquiera que quisiese cris- 
tianarse debería destruir todos sus ídolos, colocando 
la cruz en su lugar. Todos consintieron. El capitán, to- 
mando al rey de la mano le condujo al tablado; vis- 
tiéronle enteramente de blanco, y se le bautizó con el 
rey de Massana, el príncipe su sobrino, el mercader 
moro y otros muchos, hasta quinientos. Al rey, que se 
llamaba raja Humabon, se le puso el nombre de Carlos, 
por el emperador; los demás recibieron diversos nom- 
bres. Se dijo en seguida misa, después de la cual el 
capitán invitó al rey a comer; pero éste se excusó y nos 
acompañó hasta las chalupas, que nos volvieron a la 
escuadra; al llegar dispararon otra descarga cerrada. 

Bautizo de la reina. — Acabada la comida fuimos a 
tierra muchos con el capellán para bautizar a la reina y 
a otras mujeres. Subimos con ellas al tablado, y yo mos- 
tré a la reina una imagen pequeña de la Virgen con el 
niño Jesús, que le agradó y enterneció mucho. Me la 
pidió para colocarla en lugar de sus ídolos, y se la di 
de buena gana (1). Se puso a la reina el nombre de 
Juana, por la madre del emperador; el de Catalina a la 



(1) La casualidad o el cuidado de algún indígena que la mira- 
ría como un ídolo la conservaron hasta 1598, en que, habiendo 



lí PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 105 

mujer del príncipe, y el de Isabel a la reina de Massa- 
na. Bautizamos este día más de ochocientas personas 
entre hombres, mujeres y niños. 

Los vestidos de la reina. — La reina, joven y bella, 
vestía por completo de tela blanca y negra; se tocaba 
con un gran sombrero de hojas de palmera en forma 
de quitasol, y en la copa, también de las mismas hojas, 
una triple corona la asemejaba a la tiara del Papa; no 
salía nunca sin ella. Llevaba la boca y las uñas teñidas 
de un rojo muy vivo. A la caída de la tarde el rey y la 
reina vinieron hasta la orilla en que estamos anclados, 
y oyeron complacidos el estruendo inocente de las 
bombardas, que tanto les había asustado antes. 

22 de abril de 1521. —Religión, — Durante todo 
este tiempo bautizamos a los indígenas de Zubu y 
de las islas adyacentes. Sin embargo, hubo una aldea 
en una de las islas en que los habitantes nos desobe- 
decieron; la quemamos y plantamos una cruz porque 
eran idólatras; si hubieran sido moros, esto es, maho- 
metanos, hubiésemos plantado una columna de piedra 
para representar el endurecimiento de su corazón. 

El capitán general bajaba a tierra todos los días a 
oír misa, a la que acudían muchos nuevos cristianos, 
para los cuales hizo un catecismo explicándoles mu- 
chos misterios de nuestra religión. 

La reina oye misa, — Un día, con pompa extraor- 
dinaria, vino la reina a oír misa. La precedían tres jó- 
venes, que llevaban tres de sus sombreros; vestía una 
túnica blanca y negra, y un gran velo de seda a rayas 
de oro cubríale cabeza y espaldas. Acompañábanla mu- 
chas mujeres, que llevaban un velillo bajo un sombrero, 
sueltos los cabellos, desnudas hasta los pies, excepto 
una tela de palmera que les ocultaba las partes natura- 



vuelto los españoles con misioneros, la encontraron y la expusieron 
a la veneración; por ello pusieron el nombre de ciudad de Jesús a 
la que coQstr\iyeron.(Hist genérale des voyages, tomo XV,pág. 35.) 



106 PICAFETTA LIB. 

les. La reina, después de haber hecho una reverencia 
ante el altar, se sentó sobre un cojín de seda bordada, 
y el capitán le roció a ella y a su séquito con agua de 
rosas almizclada, olor que agrada infínito a las mujeres 
de este país. 

Juramento de los jefes al rey, — Con el fin de que el 
rey fuese más respetado y obedecido aún, nuestro ca- 
pitán general le hizo un día venir a misa vestido con su 
túnica de seda, y mandó que trajeran a sus dos herma- 
nos, llamados uno Bondara, que era padre del prínci- 
pe, y el otro Cadaro, con muchos jefes llamados Si- 
miut, Sibuaia, Sisacai (1), Magalibe, etc. Les exigió 
juramento de obediencia al rey, y después que le be- 
saran la mano. 

Juramento del rey a España. — Inmediatamente el 
capitán hizo jurar al rey de Zubu que permanecería so- 
metido y fiel al rey de España. Jurado que hubo, el ca- 
pitán general depositó su espada delante de la imagen 
de Nuestra Señora, y dijo al rey que, después de tal 
juramento, debía morir antes que faltar a él, y que él 
mismo estaba presto a perecer mil veces antes que fal- 
tar a sus juramentos por la imagen de Nuestra Señora, 
por la vida de su señor el emperador y por su hábito. 
En seguida le regaló una silla de terciopelo, advirtién- 
dole que debía hacerla llevar por un jefe delante de él, 
adondequiera que fuese, y la manera de conducirse. 

Joyas para el capitán. — El rey prometió al capitán 
acatar exactamente lo que acababa de decirle, y para 
demostrarle su adhesión personal mandó preparar las 
joyas que quería regalarle, y que consistían en dos pen- 
dientes de oro muy grandes, dos brazaletes y dos ajor- 
cas de oro, adornados con piedras preciosas. Estas 
alhajas son el adorno más bello de los reyes de estas 
comarcas, que van siempre desnudos y descalzos, no 



(1) Parece que el prefíjo si o ci en nombres propíos es un título 
de honor. 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 107 

llevando, como ya he dicho, más vestido que un peda- 
zo de tela desde la cintura a las rodillas. 

Continúa la idolatría, — El capitán, que había con- 
minado al rey y a los otros neófitos a quemar sus ído- 
los, cosa que todos habían prometido, viendo que no 
sólo los conservaban sino que les hacían sacrificios se- 
gún su antigua costumbre, se lamentó de la desobe- 
diencia y les regañó. No pretendieron negarlo; pero 
creyeron disculparse diciendo que no hacían los sacri- 
ficios por ellos, sino por un enfermo, cuya salud espe- 
raban de los ídolos. El enfermo era el hermano del 
príncipe, considerado como el hombre más sabio y 
más valiente de la isla, y su mal había llegado hasta el 
punto de perder el había hacía cuatro días. 

Curación milagrosa. — Oyó el capitán el relato, y 
animado de un santo celo, dijo que si tenían verdadera 
fe en Jesucristo, quemaran todos sus ídolos y bautiza- 
sen al enfermo, que curaría, pues estaba tan convenci- 
do de ello, que apostaba la cabeza a que lo que pro- 
metía sucedería inmediatamente. El rey asintió. Fuimos, 
entonces, con la mayor pompa posible, en procesión 
desde la plaza en que estábamos a la casa del enfermo, 
que encontramos, efectivamente, en tristísima situación, 
inmóvil y sin poder hablar. Le bautizamos, y a dos de 
sus mujeres y diez hijos. El capitán, inmediatamente 
después del bautismo, le preguntó qué tal se encontra- 
ba, y él respondió repentinamente que, gracias a Nues- 
tro Señor, ya estaba bien. Fuimos todos testigos de 
vista de este milagro, dando gracias a Dios, especial- 
mente el capitán. Dio al príncipe una bebida refres- 
cante, enviándosela a diario hasta que se restableció 
por completo, y al mismo tiempo le mandó un colchón, 
sábanas, un cobertor de lana y una almohada. 

Destrucción de los ídolos, — Al quinto día sanó el 
enfermo y se levantó. Su primer deseo fué quemar 
en presencia del rey y del pueblo un ídolo al que ve- 
neraba grandemente y que algunas viejas guardaban 



108 PIGAFETTA Ufe. 

con mucho cuidado en su casa. Mandó derribar muchos 
templos que había a orillas del mar, en los que el pue- 
blo se reunía para comer la carne consagrada a los ído- 
los. Todos los indíg^enas aplaudieron su resolución y 
se dedicaron a destruir ídolos, incluso los de la casa 
del rey, al grito de ¡Viva Castilla!, en honor del rey 
de España. 

Su figura. — Los ídolos de este país son de madera, 
cóncavos o vaciados por detrás, con los brazos y las 
piernas separadas y los pies vueltos hacia arriba; la 
cara grande, con cuatro colmillos semejantes a los del 
jabalí (1); generalmente están pintados. 

Bendición del cerdo, — Puesto que hablamos de ído- 
los, voy a contar a vuestra señoría algunas de sus ce- 
remonias supersticiosas, entre ellas la bendición del 
cerdo. Comienzan redoblando grandes timbales; en se- 
guida traen tres grandes platos: dos llenos de pescado 
asado, tortas de arroz y mijo cocido, envueltos en ho- 
jas, y otro con telas de Cambaya y dos tiras de tela 
de palma. Extienden en el suelo uno de estos lien- 
zos, y aparecen dos viejas con sendos trompetones de 
caña (2). Se colocan sobre la tela, saludan al Sol, y se 
envuelven en los otros paños que había en el plato. 
La primera vieja cubre su cabeza con un pañuelo, atan- 
do las puntas en forma de cuernos, y con otro pañue- 
lo en la mano, baila y toca la trompeta, invocando de 
vez en cuando al Sol. La otra coge una de las dos tiras 
de tela de palma, toca la trompeta, y volviéndose ha- 
cia el Sol murmura algunas palabras. A continuación, la 
primera coge la otra tira, arroja el pañuelo de la mano, 
y las dos tocan las trompetas y danzan un buen rato al- 
rededor del cerdo, que yace en el suelo bien atado, 

(1) Visnú, en una de sus encarnaciones, es representado con 
cara de jabalí. (Sonnerat, tomo I, pág. 161.) 

(2) ^ Entre los instrumentos músicos de los indios, Sonnerat en- 
contró y dibujó un trompetón igual a los que aquí menciona el 
autor. 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 109 

hablando y respondiendo en voz baja al Sol respectiva- 
mente. Coge una taza de vino la primera sin dejar de 
bailar ni de dirigirse al Sol, y finge beber cuatro o cin- 
co veces, vertiendo el líquido sobre el corazón del 
cerdo. Deja la taza y toma una lanza, que blande, siem- 
pre bailando y hablando, amagando al corazón del cer- 
do muchas veces, hasta que, al fin, le atraviesa de parte 
a parte con golpe rápido y certero. En seguida de 
arrancar la lanza, curan la herida, cerrándola con yerbas 
salutíferas. Durante la ceremonia alumbra una antorcha 
que la vieja que atravesó al cerdo apaga al final metién- 
dosela en la boca. La otra vieja moja su trompeta en 
la sangre del cerdo, y con ella toca y mancha la frente 
de los asistentes, empezando por su marido; pero no 
lo hizo con nosotros. Acabado todo, se desnudan las 
viejas, comen lo que había en los dos platos, e invitan 
a hacer lo mismo a las mujeres, pero no a los hombres, 
y chamuscan y afeitan al cerdo. Nunca comen carne de 
este animal que no hayan purificado antes de esta ma- 
nera, y solo las viejas pueden realizar esta ceremonia. 
Ceremonias fúnebres. — Cuando muere un jefe se 
celebran también singulares ceremonias, de las que fui 
testigo. Las mujeres más respetadas del país fueron a 
casa del muerto, cuyo cadáver estaba en una caja, alre- 
dedor de la cual innumerables cuerdas, sujetando ra- 
mas de árboles, formaban una especie de muralla, de 
la que pendían telas de algodón en pabellones, bajo 
los que se sentaron las mujeres dichas, cubiertas con 
un trapo blanco. A cada mujer le daba aire con un aba- 
nico de palma una criada. Las demás, con semblante 
triste, se sentaron alrededor de la habitación. Una cor- 
tó lentamente con un cuchillo los cabellos del muerto. 
Otra, que había sido su mujer principal (porque, aun- 
que cada hombre puede tener tantas mujeres como le 
plazca, una sola es la principal), se tendió sobre él de 
modo que puso su boca, sus manos y sus pies sobre la 
boca, las manos y los pies del cadáver, y mientras la 



lio PIGAFETTA LIB. 

primera cortaba los cabellos, ella lloraba, y cuando se 
paraba la primera, cantaba. Alrededor de la habitación 
había muchos braseros, en los que a menudo se echa- 
ba mirra, estoraque y benjuí, que esparcían un olor muy 
ag^radable. Duran estas ceremonias cinco o seis días, 
con el cadáver en casa, yo creo que con el deseo de 
embalsamar al muerto con alcanfor para preservarle de 
la putrefacción. Se le entierra en la misma caja, clavada 
con clavijas de madera, en el cementerio, que es un lu- 
gar cerrado y cubierto con tablones. 

Pájaro de mal agüero. — Me asegfuraron que todas 
las noches, de madrugada, venía un pájaro negro, del 
tamaño de un cuervo, a posarse sobre las casas, y con 
sus gritos espantaba a los perros, que aullaban toda la 
noche, no cesando de ladrar hasta el alba. No quisie- 
ron nunca decirnos la causa de este fenómeno, del que 
todos fuimos testigos. 

Infibulación, — Añadiré otra observación sobre sus 
extrañas costumbres. Ya dije que van estos indios des- 
nudos por completo, salvo un paño de tela de palmera 
para cubrir sus partes naturales. Todos los hombres, 
viejos y jóvenes, tienen una especie de infibulación en 
el prepucio, por la cual pasan un cilindrito de oro o de 
estaño, del grueso de una pluma de oca, que le ho- 
rada de alto a bajo, con una abertura en medio para 
dejar paso a la orina, y en los extremos con dos cabe- 
zas parecidas a las de nuestros clavos grandes, algunas 
veces erizadas con puntas en forma de estrella. 

Me dijeron que no se quitaban nunca este adorno, 
ni aun durante la cópula, que eran las mujeres quienes 
lo querían, y asimismo ellas preparaban la infibulación 
de sus hijos desde la infancia (1); ignoro lo que habrá 

(1) En la primera traducción del extracto de Pigafetta, se lee: 
Grandi et picoli hanno il membro bucato da una parte all'altra 
appresso il capo, e in quel buco hanno messo come una verghetia 
d'oro grossa come una penna d'oca; i altri mettono come una stel- 
la acata sopra la testa del membro par d'oro. 



H PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 111 

de cierto, pero a pesar del extraño aparato, todas las 
mujeres nos preferían a sus maridos (1). 

Productos de la isla, — Abundan los víveres en la 
isla. Además de los animales ya citados, hay perros y 
gatos, que también se comen. Produce arroz, mijo, pa- 
nizo y maíz, naranjas, limones, cañas de azúcar, nueces 
de coco, calabazas, ajos, jengibre, miel, vino de pal- 
mera y otras cosas, y mucho oro. 

Hospitalidad. — Cuando bajábamos a tierra, fuera 
de día o de noche, encontraba siempre indios que nos 
invitaban a comer o beber. Cuecen a medias solamen- 
te sus guisos, y los salan excesivamente, lo que les 
obliga a beber mucho y frecuentemente, chupando con 
cañas huecas el vino de los vasos. Pasan cinco o seis 
horas ordinariamente a la mesa. 

Las ciudades y sus Jefes, — En esta isla hay muchas 



(1) He abreviado mucho por decencia; sin embargo, doy a con> 
tinuación el original del manuscrito: Grandi etpicoli hanno passa- 
to il suo membro circa de la testa de luna parte a laltra con uno 
/ero de oro hovero de stanio grosso como una penna de ocha e in 
uno capo e laltro del medesimo fero alguni anno como una stella 
con ponte soura li capi altri como una testa de chiodo da caro as- 
saissime volte lo volfi vedere da molti cosi vequi como joveni per- 
ché non lo poteva credere nel mezo del fero e un buto per il qualle 
urinano il fero e le stelle sempre stanno ferme. Loro dicono che le 
sue moglie voleno cussi et se fossero de altra sorte non uzariano 
con elli. Quando quesii vogliono azare loro medesime lo pigliano 
non in ordine... Questi popoli uzanno questo perché sonó di debile 
natura... A tuete da sey anni insu apoco apoco li aprono la nata- 
ra per cagione^ etc. No debe sorprender la lubricidad de las muje- 
res de este país que han imaginado esto, después de leer en los re- 
latos de los viajeros cuáles son sus costumbres y su industria en 
este respecto. (Veáse la carta de Américo Vespucio en Ramusio, 
tomo I, pág. 131; y Paw, Recherches sur les Américains, parte I.) 
Noorth y Candisch, que viajaron por el mismo mar en 1600, y en- 
contraron la misma costumbre; pero dicen que se podían quitar el 
cilindro, y les contaron que esta infíbulación la imaginaron las muje- 
res para impedir la pederastía. (Hist. genérale des voy ages, tomo X, 
pág. 357.) La moda debe haber pasado, porque los navegantes mo- 
dernos no hablan de ello. 



112 PIGAFETTA LIB. 

ciudades, con personajes respetables que son sus jefes. 
He aquí algunos: Cing-apola, sus jefes son Cilatón, Ci- 
guibucan, Cimaninga, Cimaticat, Cicambul; Mandani, 
que tiene por jefe a Aponoaan; Lalan, cuyo jefe es Te- 
ten; Lalutan, jefe Japall; Lubucin, jefe Cilumai. Todas 
nos obedecían y nos pagaban un tributo. 

Matan. — Cerca de la isla de Zubu hay otra llamada 
Matan, con un puerto de igual nombre, donde ancla- 
ron nuestros navios. La ciudad principal de esta isla se 
llama también Matan, y sus jefes eran Zula y Cilapu- 
lapu. En esta isla estaba la ciudad de Bulaia, que nos- 
otros quemamos. 

26 de abril de 1521. — Zula contra Cilapula- 
pu. — El viernes, 26 de abril. Zula, uno de los jefes de 
la isla de Matan, envió al capitán a uno de sus hijos 
con dos cabras, para decirle que si no le enviaba todo 
lo que le había prometido no era culpa suya, sino de 
Cilapulapu, el otro jefe, que no quería reconocer la au- 
toridad del rey de España; mas que si el capitán que- 
ría socorrerle, solamente con una chalupa de hombres 
armados, a la noche siguiente se comprometía a com- 
batir y subyugar completamente a su rival. 

Bajamos a Matan. — Con este mensaje, el capitán 
se determinó a ir en persona con tres chalupas. Rogá- 
mosle que no fuese; pero contestó que un buen pastor 
no debe nunca abandonar a su rebaño. 

Salimos a media noche sesenta hombres armados 
con casco y coraza. El rey cristiano, su yerno el prín- 
cipe y muchos jefes de Zubu, con bastantes hombres 
armados, nos siguieron en balangués. Llegamos a Ma- 
tan tres horas antes del alba. No quiso el capitán ata- 
car entonces, sino que envió a tierra al moro para que 
dijese a Cilapulapu y a los suyos que si querían reco- 
nocer la soberanía del rey de España, obedecer al rey 
cristiano y tributar lo que se le pedía, serían conside- 
rados como amigos; pero, si no, que reconocerían la 
fuerza de nuestras lanzas. Los isleños no se amedren- 



11 PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 113 

taron con nuestras amenazas, y respondieron que tam- 
bién las tenían, aunque fuesen de cañas y de estacas 
aguzadas a fuego. Suplicaron sólo que no los atacára- 
mos de noche, porque esperaban refuerzos y serían 
muchos más después; fué un ruego capcioso para enco- 
rajinarnos y que les atacásemos inmediatamente, espe- 
rando que caeríamos en los fosos que cavaron entre la 
orilla del mar y sus casas. 

27 de abril de 1521. — Combate. — Esperamos 
el día, efectivamente, y saltamos a tierra con agua has- 
ta los muslos, pues las chalupas no podían aproximarse 
por los arrecifes. Eramos cuarenta y nueve, porque de- 
jamos a once guardando las chalupas. Necesitamos an- 
dar por el agua un rato antes de ganar tierra. 

Los isleños eran mil quinientos y estaban formados 
en tres batallones, que apenas nos vieron se lanzaron 
contra nosotros con un ruido horrible; dos batallones 
nos atacaron de flanco y el tercero de frente. Nuestro 
capitán dividió su tropa en dos pelotones. Los balles- 
teros y los mosqueteros tiraron desde lejos durante 
media hora, causando al enemigo poco daño, porque 
aunque las balas y las flechas, atravesando las delgadas 
tablas de los escudos, les hiriesen algunas veces en los 
brazos, esto no les detenía, porque no les mataba instan- 
táneamente como se habían imaginado; al contrario, les 
enardecía y enfurecía más. Confiando en la superioridad 
del número, nos arrojaban nubes de lanzas y estacas 
agudizadas a fuego, piedras y hasta tierra, siéndonos 
muy difícil defendernos. Algunos lanzaron estacas con 
punta de hierro contra nuestro capitán general, quien, 
para alejarlos e intimidarlos, ordenó que incendiáse- 
mos sus casas, lo que hicimos inmediatamente. Al ver 
las llamas se enfurecieron y encarnizaron aún más; co- 
rrieron algunos a sofocar el incendio y mataron a dos 
de los nuestros en la plaza. Su número parecía aumen- 
tar, así como la impetuosidad con que nos acometían. 
Una flecha envenenada atravesó la pierna al capitán. 



PIGAFETTA 



114 PIGAFETTA LIB. 

que mandó la retirada en orden; pero la mayor parte 
de los nuestros huyeron precipitadamente, quedando 
sólo siete u ocho con el capitán. 

Muerte de Magallanes. — Comprendiendo los in- 
dios que sus golpes a la cabeza o al cuerpo no nos da- 
ñaban por la protección de la armadura, pero que las 
piernas estaban indefensas, a ellas nos tiraron flechas, 
lanzas y piedras, tan abundantes que no pudimos re- 
sistir. Las bombardas que llevamos en las chalupas eran 
inútiles, porque los arrecifes impedían acercarse bas- 
tante. Nos retiramos lentamente, combatiendo siempre, 
y estábamos a tiro de ballesta, con agua hasta las ro- 
dillas, cuando los isleños, siempre a nuestros alcances, 
volvieron a coger y nos arrojaron hasta cinco o seis 
veces la misma lanza. Como conocían a nuestro capi- 
tán, contra él principalmente dirigían los ataques, y por 
dos veces le derribaron el casco; sin embargo, se man- 
tuvo firme mientras combatíamos rodeándole. Duró el 
desigual combate casi una hora. En fin, un isleño logró 
poner la punta de la lanza en la frente del capitán, 
quien, furioso, le atravesó con la suya, dejándosela cla- 
vada. Quiso sacar la espada, pero no pudo, por estar 
gravemente herido en el brazo derecho; diéronse cuen- 
ta los indios, y uno de ellos, asestándole un sablazo en 
la pierna izquierda le hizo caer de cara, arrojándose 
entonces contra él. Así murió nuestro guía, nuestra luz 
y nuestro sostén. 

Al caer, viéndose asediado por los enemigos se vol- 
vió muchas veces para ver si nos habíamos salvado. No 
le socorrimos por estar todos heridos; y sin poderle 
vengar, llegamos a las chalupas en el momento en que 
iban a partir. 

A nuestro capitán debimos la salvación, porque en 
cuanto murió todos los isleños corrieron al sitio en 
que había caído. 

Pudo socorrernos el rey cristiano, y lo hubiera hecho 
sin duda; pero el capitán general, lejos de prever lo 



II PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 115 

sucedido, cuando pisó tierra con su gente le ordenó 
que no saliese del balang-ué y que permaneciera como 
mero espectador viéndonos cómo combatíamos. Lloró 
amargfamente al verle sucumbir. 

Elogio de Magallanes. — Pero la gloria de Maga- 
llanes sobrevivirá a su muerte. Adornado de todas las 
virtudes, mostró inquebrantable constancia en medio 
de sus mayores adversidades. En el mar se condenaba 
a sí mismo a más privaciones que la tripulación. Versa- 
do más que ninguno en el conocimiento de los mapas 
náuticos, sabía perfectamente el arte de la navegación, 
como lo demostró dando la vuelta al mundo, lo que 
nadie osó intentar antes que él (1). 

La desdichada batalla se dio el 27 de abril de 1521, 
que fué un sábado, día que escogió el capitán por te- 
nerle particular afición. Ocho de los nuestros y cuatro 
indios bautizados perecieron con él, y pocos volvieron 
a los navios sin heridas. 

Imaginaron al fin protegernos con las bombardas los 
que en las chalupas quedaron; pero por estar tan dis- 
tantes nos hicieron más daño que a los enemigos, los 
cuales, sin embargo, perdieron quince hombres. 

Rehusan devolvernos el cuerpo del capitán, — Por 
la tarde, el rey cristiano, con nuestro consentimiento, 
envió a decir a los habitantes de Matan, que si querían 
devolvernos los cadáveres de nuestros soldados muer- 
tos, y particularmente el del capitán, les daríamos las 
mercancías que pidiesen; pero respondieron que por 
nada se desprenderían del cadáver de un hombre como 
nuestro jefe, y que le guardarían como trofeo de su vic- 
toria sobre nosotros. 

Gobernadores de la escuadra. — Al saber la pérdida 



(1) Mag-allanes no dio mas que la mitad de la vuelta al mundo; 
pero Pigfafetta dice con razón que la dio casi entera, porque los 
portugueses conocísn muy bien lo que faltaba de la ruta de las 
islas Molucas a Europa por el Cabo de Buena Esperanza. 



116 PIGAFETTA LIB. 

del capitán, los que estaban en la ciudad para traficar 
hicieron transportar inmediatamente las mercancías a 
los navios. En su lugar elegimos dos gobernadores: 
Odoardo Barbosa (1), portugués, y Juan Serrano, es- 
pañol. 

Disgusto del intérprete. — Enrique, nuestro intérpre- 
te, el esclavo de Magallanes, resultó ligeramente herido 
en el combate, lo que le sirvió de pretexto para no ba- 
jar a tierra, donde se necesitaban sus servicios, y pasa- 
ba el día entero ocioso, tumbado en su estera. Odoar- 
do Barbosa, gobernador del navio que antes mandaba 
Magallanes, le reprendió severamente, advirtiéndole 
que, a pesar de la muerte de su amo, continuaba siendo 
esclavo, y que a nuestra vuelta a España le entregaría a 
doña Beatriz, viuda de Magallanes, amenazándole con 
azotarle si inmediatamente no bajaba a tierra para el 
servicio de la escuadra. 

Conjuración contra los españoles. — El esclavo se 
levantó tranquilamente, como si no hubiera oído las in- 
jurias y amenazas del gobernador, y una vez en tierra 
fué a casa del rey cristiano, a quien dijo que esperába- 
mos partir a poco, y que, si quería seguir su consejo, 
podría apoderarse de los navios con todas sus mercan- 
cías. El rey le escuchó favorablemente, y urdieron jun- 
tos la traición. Volvió en seguida el esclavo a bordo, 
y mostró más actividad e inteligencia que antes. 

1 de mayo de 1521* — La traición. — La maña- 
na del miércoles primero de mayo, el rey cristiano en- 
vió a decir a los gobernadores que tenía preparado un 
regalo de piedras preciosas para el rey de España, y 
que para dárselas les rogaba que viniesen a comer con 
él, acompañados de algunos de su séquito. Fueron, en 



(1) Odoardo Barbosa había estado ya en las Molucas, por el 
Cabo; dejó una Relación de las Indias muy interesante (Ramusio, 
tomo I, pág. 288). Uno de sus compañeros escribió también una 
Relación abreviada del mismo viaje. 



1! ¡PRIMER VÍAJE EN TORNO DEL GLOBO 117 

efecto, veinticuatro, entre ellos nuestro astrólogo, lla- 
mado San Martín de Sevilla. Yo no fui porque tenía la 
cara hinchada por haberme herido en la frente una fle- 
cha envenenada. 

Sospechas. — Juan Carvajo y su ayudante volvieron 
inmediatamente a los navios, sospechando la mala fe 
de los indios al ver, según dijeron, que el enfermo 
curado milagrosamente conducía a nuestro capellán a 
su casa. 

Asesinato. — Apenas habían terminado sus palabras 
cuando oímos gritos y ayes. Levamos anclas en segui- 
da y nos acercamos a la costa, disparando muchos 
bombardazos contra las casas. 

Juan Serrano, abandonado. — Vimos entonces 
cómo conducían hasta la orilla del mar a Juan Serrano, 
herido y agarrotado. Rogó que no disparásemos más, 
porque le asesinarían. Le preguntamos qué les había 
sucedido a sus compañeros y al intérprete, y respon- 
dió que a todos los degollaron, excepto al esclavo, 
que se pasó a los isleños. Nos conjuró a que le res- 
catásemos por mercancías; pero Juan Carvajo, su com- 
padre, con algunos más, rehusaron intentar siquiera 
su rescate, y no consintieron que las chalupas se apro- 
ximaran a la isla, porque el mando de la escuadra 
les correspondía por la muerte de los dos goberna- 
dores. 

Juan Serrano siguió implorando la compasión de su 
compadre, diciendo que en cuanto nos hiciésemos a 
la vela le asesinarían; y viendo, al fin, que sus lamenta- 
ciones eran inútiles, lanzó terribles imprecaciones, ro- 
gando a Dios que el día del juicio final hiciera dar 
cuenta de su alma a Juan Carvajo, su compadre. 

Partida de Zubu. — Pero no le hicieron caso y par- 
timos, sin haber tenido nunca noticias de su vida o de 
su muerte. 

La isla de Zubu es grande; tiene buen puerto, con 
dos entradas, una al Oeste y otra al Estenordeste. Está 



118 PIGAFETTA LIB. II 

a 10° de latitud Norte y a 154° de longitud de la línea 
de demarcación. En esta isla tuvimos noticias acerca 
de las islas Malucco, antes de la muerte de Magalla- 
nes (1). 



(1) En el manuscrito de Pig-afetta hay aquí un vocabulario de 
los ¡sleííos de Zubu, que daremos al fin del viaje. 



LIBRO III 

Desde la partida de Zubu hasta la salida de las islas Malucco. 



Isla de Bohol. — Dejamos la isla de Zubu y ancla- 
mos en la punta de una isla llamada Bohol, a diez y 
ocho leguas de Zubu. — Quemamos un navio: Viendo 
que las tripulaciones, disminuidas por tantas pérdidas, 
no eran suficientes para los tres navios, decidimos que- 
mar uno (la Concepción), después de transportar a los 
otros dos todo lo que podía sernos útil. — Panilongón: 
Pusimos rumbo al Suroeste, costeando una isla llama- 
da Panilongón, cuyos indígenas son negros como los 
etíopes. 

Seguimos la ruta y llegamos a una isla que se llama 
Butuán (1), donde anclamos. 

Alianza con el rey. — El rey de la isla subió a nues- 
tro navio, y para darnos una prueba de amistad y de 
alianza se sacó sangre de la mano izquierda y untóse 
con ella el pecho y la punta de la lengua; nosotros hi- 
cimos lo mismo. — Pigafetta va solo con él: Cuando 
se marchó fui solo con él para ver la isla. Entramos en 
un río (2), en donde encontramos muchos pescadores 
que ofrecieron pescado al rey, el cual, como todos los 
indígenas de estas islas, iba desnudo, sin más que un 
trozo de tela para cubrir las partes sexuales, cuya tela 
también se quitó; los personajes de la isla que iban con 



(1) Parte de Mindanao. 

(2) Río que forma la bahía de Chipit. 



120 PIGAFETtA Lie. 

él hicieron lo mismo; empuñaron los remos y comen- 
zaron a bogar cantando. Pasamos de largo muchas 
casas situadas a la orilla del río, y a las dos de la ma- 
drugada llegamos a la del rey, que estaba a dos leguas 
de distancia del sitio en que habíamos anclado. 

Cena. — Cuando entramos nos salieron al encuen- 
tro con antorchas de cañas y hojas de palmera arrolla- 
das e impregnadas con la goma llamada anime. Mien- 
tras preparaban la cena, el rey, con dos de sus muje- 
res, bastante bonitas, y dos de sus jefes, vaciaron un 
gran vaso de vino de palmera, sin comer nada. Me in- 
vitaron a beber; pero me excusé diciendo que había 
ya cenado y que no bebía mas que una vez. Al beber 
hacían las mismas ceremonias que el rey de Massana. 

Sirvieron la cena, compuesta solamente de arroz y 
de pescado muy salado, en tazones de porcelana. Co- 
mían el arroz a guisa de pan. — Cocción del arroz: El 
arroz le cuecen así: ponen en un puchero de tierra, 
parecido a nuestras marmitas, una hoja grande que 
cubre enteramente su fondo; echan agua y arroz, y lo 
tapan, dejándolo cocer hasta que el arroz tiene la du- 
reza de nuestro pan, y lo sacan en trozos. De este modo 
cuecen el arroz en todas las islas de estos parajes. 

Camas. — Terminada la cena, el rey mandó que tra- 
jeran una estera de cañas, con otra de palmera y una 
almohada de hojas. Eran mi cama, en la que me acosté 
con uno de los jefes. El rey se acostó en otra parte 
con sus dos mujeres. 

Excursión por la isla. — Al día siguiente, mientras 
preparaban la comida, hice una excursión por la isla; 
entré en muchas casas, construidas como las que ya 
habíamos visto, y noté que tenían muchos utensilios 
de oro, pero pocos víveres. Volví a casa del rey, y 
comimos arroz y pescado. 

Visito la casa de la reina. — Traté de hacer com- 
prender por gestos al rey que deseaba ver a la reina. 
Me hizo signos de que le agradaba, y nos encamina- 



ííi PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO líl 

mos a la cima de una montaña, donde estaba la mora- 
da de la reina. Hícele al entrar una reverencia, que me 
devolvió; me senté cerca de ella, que estaba tejiendo 
esteras de palma para una cama. Toda la casa la ador- 
naban vasos de porcelana pendientes de las paredes, 
así como cuatro timbales: uno muy grande, otro me- 
diano y dos pequeños; la reina se entretenía tocándo- 
los. Tenía para servirla esclavos de ambos sexos. Pe- 
dimos permiso para retirarnos, y volvimos a casa del 
rey, quien me hizo servir un desayuno de cañas de 
azúcar. 

Minas de oro, — Encontré en la isla cerdos, cabras, 
arroz, jengibre y todo lo que vimos en las otras. Pero 
lo que, sin embargo, abunda más es el oro. Me señala- 
ron, por gestos, unos vallecitos, dándome a entender 
que en ellos había más oro que pelo teníamos en la 
cabeza; pero que, no teniendo hierro, se necesitaba un 
gran trabajo para explotarlo, y habían renunciado a ello. 

Castigo de los malhechores, — Por la tarde pedí 
que me llevasen a nuestros navios, y el rey, con algu- 
nos de los personajes de la isla, quiso acompañarme 
en el mismo balangué. Durante el descenso por el río 
vi a la derecha, en un montículo, tres hombres suspen- 
didos de un árbol, y a mis preguntas respondieron que 
eran malhechores. 

Esta parte de la isla, llamada Chipit, es una prolon- 
gación de la misma tierra que Butuán y Calagán; va 
por sobre Bohol y limita con Massana. El puerto es 
bastante bueno. Está a los 8° de latitud Norte, a 167° 
de longitud de la línea de demarcación y a cincuenta 
leguas de Zubu (1). Al Noroeste yace la isla de Lo- 
zón (2), a dos jornadas; es grande, y a ella vienen to- 

(1) Es la isla de Mindanao, que nuestro autor escribe Maing- 
danao. En el mapa de Bellin, como en el de nuestro manuscrito, 
se ven los puertos de Chipit, de Butuán y de Calagán. Se extien- 
de más allá de Bohol, y limita su punta septentrional con Massana. 

(2) Luzón o Manila. 



122 PIGAFETTA LIB. 

dos los años seis o siete juncos de los pueblos llama- 
dos lequies (1), para comerciar. Más adelante hablaré 
de Chipit. 

Junio de 1521* — Cagayán. — Partimos de esta 
isla, y navegando al Oestesuroeste anclamos junto a 
una isla casi desierta. Los pocos habitantes son moros 
desterrados de una isla llamada Burné (Borneo). Van 
desnudos como los de otras islas, y sus armas son cer- 
batanas, carcajes llenos de flechas y una yerba para 
envenenarlas. Tienen también puñales con mang-os de 
oro y piedras preciosas, lanzas, mazas y coracitas de 
piel de búfalo. Creyeron que éramos dioses o santos. 
Hay en la isla grandes árboles, pero pocos víveres. 
Está a 7° 30' de latitud septentrional y a cuarenta y 
tres leguas de Chipit. Se llama Cagayán (2). 

Penuria de ¿a tripulación, — Desde esta isla, si- 
guiendo el mismo rumbo Oestesuroeste, llegamos a 
otra mayor, que encontramos bien provista de toda 
clase de víveres, lo que fué una fortuna para nosotros, 
porque estábamos tan hambrientos y tan mal aprovi- 
sionados, que estuvimos muchas veces a punto de 
abandonar los navios y establecernos en cualquier tie- 
rra, para terminar en ella nuestros días. 

Esta isla, llamada Palaoán (3), nos proporcionó cer- 
dos, cabras, pollos, gallinas, bananas de muchas clases, 
algunas de un codo de largo y gruesas como el bra- 



(1) En la lámina III de Ramusío se lee al oeste de Luzón (que 
escribe él Pozón): Canali donde vengono gli Lequii. 

(2) En la lámina III de Urbano Monti, la isla de Cagayán, ro- 
deada de islitas, está marcada en la misma dirección. Igualmente 
cercada de islas está en el atlas de Robert. 

(3) En los mapas antiguos, Palaoán está al noroeste de Ma- 
nila; por consiguiente, esta isla no se encontraba en la ruta de 
nuestro viajero, porque Manila ;está al nordnordeste de Cagayán. 
En esta ruta se encuentra la isla de Paragua o Paragoia, y leo 
Palaoán en un globo de cuatro pies de diámetro perteneciente a 
la familia Cusani, en cuya casa he tenido la dicha de vivir desde 
hace casi treinta años; aprovecho expresamente esta ocasión para 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 123 

zo; otras de un palmo de larg-o, y otras más pequeñas, 
que eran las mejores; hay también nueces de coco, 
cañas de azúcar y raíces parecidas a los nabos. Cue- 
cen el arroz en cañas huecas o en cuencos de madera, 
conservándose éste mejor que el cocido en marmi- 
tas. Obtienen del arroz, por medio de una especie 
de alambique, un vino más fuerte y mejor que el de 
palmera. En una palabra, fué para nosotros esta isla 
una tierra de promisión. Está a los 9° 20' de latitud 
septentrional y a 171° 20' de longitud de la línea de 
demarcación. 

Alianza con el rey. — Nos presentamos al rey, que 
concertó alianza y amistad con nosotros, y para garan- 
tía, con un cuchillo nuestro se pinchó en el pecho, sa- 
cándose sangre, con la que se mojó la frente y la len- 
gua; nosotros repetimos la misma ceremonia. 

Costumbres, — Los indígenas de Palaoán van des- 
nudos como todos estos pueblos, pero les gusta ador- 
narse con sortijas, cadenas de latón y cascabeles; pero 
lo que más les gusta es el alambre, al que atan sus an- 
zuelos. Casi todos cultivan sus propios campos. 

Armas. — Tienen cerbatanas y gruesas flechas de 
madera de un palmo de largo y con arponcillo; en otras 
la punta es una espina de pescado, y en otras de caña 
envenenada con cierta yerba; el contrapeso no es de 
plumas, sino de una madera muy blanda y ligera. En la 
punta de las cerbatanas sujetan un hierro, y cuando se 
les acaban las flechas la usan como lanza. 

Riña de gallos. — Crían unos gallos grandes, que no 
se los comen por superstición, pero los adiestran en 



testimoniarle públicamente mi reconocimiento. Este globo, lo 
mismo que otro celeste, los hizo, hacia mediados del siglo xvii, 
el padre Silvestre Amangio Moroncelli di Fabriano monje celes- 
tino. En el mapa adjunto al viaje de Macartney, se lee cerca de 
esta isla Palawan o Paragua, lo que prueba que Palaoán y Para- 
gua o Paragoia no son mas que el mismo nombre, o dos nombres 
diferentes de la misma isla. 



124 p i G AP nt t A Ltó» 

combatir, haciendo apuestas y ganando premios los pro* 
píetarios de los vencedores. 

Desde Palaoán, con rumbo Suroeste, después de na* 
vegar diez leguas, reconocimos otra isla. Al largo de 
la costa nos pareció subir (1). La costeamos cincuenta 
leguas al menos (2) antes de encontrar fondeadero. 
Apenas anclamos se desencadenó una tempestad, el 
cielo se obscureció y vimos el fuego de San Telmo 
sobre nuestros mástiles. 

9 de julio de 1521. — Embajada del rey. — Al 
día siguiente el rey envió una linda piragua, con la 
popa y la proa doradas. En la proa flotaba un pabe- 
llón blanco y azul, con un penacho de plumas de pavo 
real en el tope del palo. Venían en la piragua músicos 
que tocaban cornamusas y tambores, y otras muchas 
personas. — Regalos: La piragua, que es una especie 
de fusta o de galera, remolcaba dos almadías, que son 
barcos de percadores. Ocho personajes viejos de la 
isla subieron a bordo y se sentaron sobre un tapiz que 
les habíamos preparado en la popa. Nos ofrecieron un 
cuenco de madera cubierto con un paño de seda ama- 
rilla lleno de betel y de arec, raíces que mascan con- 
tinuamente, con flores de azahar y jazmín; dos jaulas 
llenas de gallinas, dos cabras, tres vasos de vino de 
arroz destilado y cañas de azúcar. Hicieron el mismo 
regalo al otro navio, y después de abrazarnos, nos pi- 
dieron licencia y se marcharon. 

El vino de arroz es tan claro como el agua; pero tan 
fuerte, que muchos de nuestra tripulación se embo- 
rracharon. Le llaman arach, 

15 de julio de 1521. — Otros regalos del rey. 
Seis días después el rey nos envió otras tres piraguas 



(1) Esto es, ir contra la corriente. 

(2) Fabre señala diez leguas y Ramusio dice cinco leg-uas; en 
nuestro manuscrito se lee claramente cincuenta, y ésta es la distan- 
cia verdadera. 



ni PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 125 

muy adornadas, que, al son de cornamusas, timbales y 
tambores, dieron una vuelta alrededor de nuestros na- 
vios, saludándonos los hombres quitándose y agitando 
sus gorros de tela, tan pequeños que apenas les cubre 
la coronilla. Correspondimos al saludo con una salva 
de las bombardas, sin carga de piedras. Nos trajeron 
muchos platos, todos de arroz, ya en trozos oblongos 
y envueltos en hojas, ya en forma cónica de panal, ya 
en tortas con huevos y miel. 

Después de habernos entregado los regalos en nom- 
bre del rey, nos dijeron que le agradaría que hiciése- 
mos en la isla provisión de leña y de agua y que po- 
díamos traficar cuanto quisiéramos con los isleños. 
Regalos para la corte: Nos determinamos al oírlo a ir 
siete para entregar nuestros regalos al rey, a la reina y 
a los ministros. Los del rey consistían en una túnica a 
la turca de terciopelo verde, una silla de terciopelo 
violeta, cinco brazas de paño rojo, un gorro, una taza 
de vidrio dorado, otra también de vidrio con tapadera, 
un tintero dorado y tres cuadernos de papel; los de la 
reina: tres brazas de paño amarillo, un par de zapatos 
plateados y una caja de plata llena de alfileres; para el 
gobernador o ministro del rey, tres brazas de paño rojo, 
un gorro y una taza de vidrio dorado; para el rey de 
armas o heraldo que vino con la piragua, una túnica a 
la turca de paño rojo y verde, un gorro y un cuaderno 
de papel; a los otros siete personajes que le acompa- 
ñaron les hicimos también regalos, tales como algunas 
varas de tela, un gorro o un cuaderno de papel. Cuan- 
do todos estuvieron preparados entramos en una de 
las tres piraguas. 

Ceremonias. — Al llegar a la ciudad tuvimos que 
esperar dos horas en la piragua a que vinieran dos ele- 
fantes cubiertos con gualdrapas de seda y doce hom- 
bres con sendos vasos de porcelana cubiertos de seda 
para colocar en ellos los regalos. Montamos en los ele- 
fantes, y precedidos de los doce hombres portadores 



126 PIGAFETTA LIB- 

de los vasos con los regalos, llegamos a casa del gober- 
nador, que noS'dió una cena de muchos platos. — Camas: 
Pasamos la noche acostados en colchones de seda re- 
llenos de algodón, con sábanas de tela de Cambaya. 

16 de julio de 1521. — El palacio real. — La ma- 
ñana del día siguiente transcurrió sin que hiciésemos 
nada en la casa del gobernador. A mediodía fuimos al 
palacio real montados en los mismos elefantes y prece- 
didos de los hombres con los regalos. Desde la casa 
del gobernador hasta el palacio real, todas las calles 
estaban guardadas por hombres armados con lanzas, 
espadas y mazas, por orden expresa del rey. 

Entramos en el patio del palacio, echamos pie a tie- 
rra y subimos por una escalera acompañados del go- 
bernador y algunos oficiales; en seguida entramos en 
un gran salón lleno de cortesanos, a los que llamare- 
mos barones del reino. Allí nos sentamos en un tapiz 
con los regalos cerca. 

Al extremo de este salón había otra sala, un poco 
más pequeña, tapizada con paños de seda, en donde al- 
zaron dos cortinas de brocado que nos dejaron ver dos 
ventanas que daban luz a la sala. Había allí trescientos 
hombres de la guardia real, armados con puñales, cuya 
punta apoyaban en el muslo. — El rey de Borneo: Al 
fondo de esta sala había una gran puerta oculta con 
otra cortina de brocado, que alzaron igualmente, y en- 
tonces vimos al rey sentado ante una mesa, con un niño 
y mascando betel. Detrás de él no había mas que mu- 
jeres. 

Modo de hablarle, — Uno de los cortesanos nos ad- 
virtió que no se permitía hablar al rey; pero que si que- 
ríamos decir algo podíamos dirigirnos a él, quien lo di- 
ría a un cortesano de categoría superior, quien lo diría 
al hermano del gobernador, que estaba en la salita, el 
cual, por medio de una cerbatana colocada en un agu- 
jero del muro, expondría nuestras peticiones a uno de 
los oficiales principales cerca del rey, el que se las diría. 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 127 

Reverencia y mensaje. — Nos advirtió que debíamos 
hacer tres reverencias al rey, elevando juntas las manos 
por encima de nuestras cabezas, y levantando alterna- 
tivamente los pies. Después de las tres reverencias que 
nos habían indicado hicimos saber al rey que pertene- 
cíamos al rey de España, que deseaba vivir en paz con 
él y no pedía otra cosa que poder traficar en su isla. 

Respuesta del rey. — El rey mandó que nos respon- 
diesen que estaba contento de que el rey de España 
fuese su amigfo, que podíamos aprovisionarnos en sus 
estados de madera y de agua y traficar libremente. 

Ofrecimos después los regalos que le llevábamos, y 
a cada cosa que recibía hacía un leve movimento de 
cabeza. Nos dieron a cada uno paños de brocatel, de 
oro y de seda, poniéndonoslos sobre la espalda, a la 
izquierda, y quitándolos en seguida para guardárnos- 
los. Nos sirvieron un desayuno de clavos de especia y 
canela, después de lo cual dejaron caer las cortinas 
y cerraron las ventanas. 

Lujo de los cortesanos. — Todos los que estaban en 
el palacio real llevaban a la cintura paños de oro para 
cubrir las partes naturales, puñales con mango de oro 
con perlas y piedras preciosas, y muchas sortijas en los 
dedos. Montamos de nuevo en los elefantes, y volvimos 
a casa del gobernador. Siete hombres, con los regalos 
que nos dio el rey, nos precedían, y cuando llegamos 
nos los entregaron, colocándonoslos en la espalda 
como habían hecho antes. Dimos de propina dos cu- 
chillos a cada uno de los siete hombres que nos acom- 
pañaron. 

Inmediatamente llegaron a casa del gobernador nue- 
ve hombres con sendos platos de madera, en cada uno 
de los cuales traían diez u once tazones de porcelana, 
con carne de diferentes animales: de vaca, de capón, 
de gallina, de pavo y de otros, con muchas clases de 
pescados; sólo de carne había más de treinta platos 
diferentes. 



128 PIGAFETTA LIB. 

Cena. — Cenamos sentados en el suelo sobre una 
estera de palma. A cada bocado bebíamos en una taza 
de porcelana del tamaño de un huevo el licor destila- 
do del arroz. Comimos también arroz y otros platos 
preparados con azúcar, con cucharas de oro parecidas 
a las nuestras. 

Nos acostamos en el mismo sitio que la noche antes, 
y mientras dormíamos lucieron dos velas de cera blan- 
ca en dos candelabros de plata y dos garandes lámpa- 
ras de aceite de cuatro mecheros. Hicieron guardia 
dos hombres toda la noche. 

17 de julio de 1521. — La ciudad de Burné, — 
Al día siguiente volvimos a la orilla del mar, en donde 
encontramos dos piraguas para conducirnos a nuestros 
navios. 

La ciudad está construida en el mar mismo, excepto 
la casa del rey y las de algunos jefes. Se compone de 
veinticinco mil hogares o familias (1). Las casas son de 
madera, sobre gruesas vigas para aislarlas del agua. 
Cuando sube la marea, las mujeres que venden mercan- 
cías atraviesan la ciudad en barcas. Protegiendo el pa- 
lacio real hay una gran muralla de gruesos ladrillos, 
con barbacanas a manera de fortaleza, sobre la cual se 
ven cincuenta y seis bombardas de bronce y seis de 
hierro; dispararon muchas veces durante los dos días 
que pasamos en la ciudad. 

El rey, que es moro, se llama raja Siripada. Es muy 
gordo, y tendrá unos cuarenta años. Le sirven solamen- 
te mujeres, hijas de los principales habitantes de la isla. 
Nadie puede hablarle mas que por medio de una cer- 
batana, como nos obligaron a hacerlo. Tiene diez es- 
cribas, dedicados únicamente a escribir lo que le inte- 
resa, en cortezas muy delgadas de árbol, que llaman 



(1) Parece exagerado el número. Actualmente no hay más de 
dos o tres mil casas. {Hist genérale des vot/ages, tomo XV, pági- 
na 138.) 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 129 

chiritoles. No sale nunca de su palacio, salvo para ir 
de caza. 

19 de julio de 1521. — Alarma. — La mañana 
del 29 de julio, que fué lunes, vimos venir hacia nos- 
otros más de cien piraguas, dividadas en tres escua- 
dras, y otros tantos tungulisy que son sus barcos pe- 
queños. Como temíamos que nos atacasen a traición, 
inmediatamente nos hicimos a la vela, con tanto apre- 
suramiento que nos vimos obligados a abandonar un 
ancla. Nuestras sospechas aumentaron cuando nos fija- 
mos en muchas embarcaciones grandes, llamadas jun- 
cos, que el día antes anclaron alrededor de nuestros 
navios, por lo que tuvimos miedo de que nos asaltasen 
por todas partes. Nuestra primera precaución fué des- 
embarazarnos de los juncos, contra los que hicimos 
fuego, matando a mucha gente. Cuatro juncos llegaron 
a nuestra proa; los otros cuatro se salvaron varando en 
tierra. — El hijo del rey de Lozón, prisionero: En uno 
de los juncos que cogimos estaba el hijo del rey de la 
isla de Lozón, que era capitán general del rey de Bur- 
né y venía de conquistar con los juncos una gran ciudad 
llamada Laoé (1), construida en una punta de la isla, ha- 
cia la gran Java. En esta expedición saqueó esta ciudad 
porque sus habitantes preferían obedecer al rey gentil 
de Java en lugar del rey moro de Burné. 

Puesto en libertad. — Juan Carvajo, nuestro piloto, 
sin advertírnoslo, le puso en libertad, cohechado, como 
después supimos, por una fuerte suma de oro que le 
prometió. Si hubiésemos retenido a este capitán, el rey 
Siripada nos hubiera dado por su rescate cuanto hubié- 
semos querido, porque le temían formidablemente los 
gentiles, que son enemigos del rey moro. 

Ciudad de los gentiles. — En el puerto en que está- 



(1) Laoe no es una ciudad, sino una islita cerca de la punta 
meridional de Burné. Pigafetta, como no estuvo en ella, compren- 
dió sin duda mal lo que le dijeron acerca de esto . 



PiaAKKTTA 



130 PIGAFETTA LIB. 

bamos, además de la ciudad en que manda Siripada, hay 
otra habitada por g^entiles, construida igualmente en el 
mar y mayor que la de los moros. La enemistad entre 
los dos pueblos es tan grande, que no pasa día sin dis- 
turbios y combates. El rey de los gentiles es tan pode- 
roso como el de los moros, y no es tan vano sin em- 
bargo; me pareció fácil introducir entre los suyos el 
cristianismo (1). 

Supo el rey moro el daño que hicimos a sus juncos 
y se apresuró a hacernos saber por uno de los nuestros 
que sus embarcaciones no iban contra nosotros, sino 
para guerrear contra los gentiles; y para probarlo nos 
enseñaron algunas cabezas de éstos últimos, muertos 
en la batalla. Hicimos decir al rey que, siendo así, debía 
devolvernos los dos hombres que estaban en tierra con 
nuestras mercancías y el hijo de Juan Carvajo; pero el 
rey no quiso acceder. 

Así fué castigado Carvajo con la pérdida de su hijo 
(que nació durante su estancia en el Brasil), que hubie- 
ra recobrado sin duda en cambio del capitán general, 
al que libertó por oro. 

Moros prisioneros. — Retuvimos a bordo diez y seis 
personajes de la isla y tres mujeres, que esperábamos 
conducir a España para presentarlas a la reina; pero 
Carvajo se las apropió. 

Agosto de 1521. — Costumbres y supersticiones. 
Los moros van desnudos como todos los habitantes de 
estos parajes. Aprecian sobre todo el azogue, el cual 
beben, pretendiendo que preserva la salud y cura las 
enfermedades. Adoran a Mahoma y siguen su ley; por 
esta razón no comen cerdo. Se lavan la parte posterior 
con la mano izquierda, que no usan nunca para comer, 



(1) Los portugueses introdujeron allí el cristianismo, que se 
mantuvo hasta el 1590. (Sonnerat, loe. cit.; donde dice también 
que los moros forzaron a los g-entiles a abandonar la orilla del mar 
y a retirarse a las montañas.) 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 131 

y no orinan de pie, sino en cuclillas. Se lavan la cara 
con la mano derecha; pero jamás se frotan los dientes 
con los dedos. Están circuncisos como los judíos. No 
matan cabras ni gallinas sin antes dirigirse hacia el Sol; 
cortan la punta de las alas a las gallinas y la membrana 
de las patas e inmediatamente las hienden en dos; no 
comen ningún animal que no hayan matado ellos mismos. 

Productos de la isla. — Esta isla produce alcanfor (1), 
especie de bálsamo que destila gota a gota de entre la 
corteza y la madera del árbol; las gotas son pequeñitas, 
como las briznas del salvado; si se deja el alcanfor ex- 
puesto al aire se evapora insensiblemente. El árbol que 
lo produce se llama capor. Hay también canela, jengi- 
bre, ciruelas amarillas, naranjas, limones, cañas de azú- 
car, melones, calabazas, rábanos, cebollas, etc. Entre 
los animales hay elefantes, caballos, búfalos, cerdos, 
cabras, gallinas, ocas, cuervos y otras muchas clases 
de aves. 

Perlas enormes del rey, — Dicen que el rey de Bor- 
neo tiene dos perlas tan gruesas como huevos de ga- 
llina y tan perfectamente redondas, que, puestas sobre 
una tabla completamente lisa, no pueden estar quietas. 
Cuando le llevamos los regalos di a entender por señas 
que deseaba mucho verlas; prometió enseñárnoslas, 
pero no las vimos; algunos de los jefes me dijeron que 
ellos las conocían. 

Tráfico. — Los moros de este país tienen una mone- 
da de bronce perforada para ensartarla; en el anverso 
lleva cuatro letras, que son los cuatro caracteres del 
rey de la China; le llaman pici (2). En nuestro tráfico 
nos daban: por un cathil (peso de dos libras) de azo- 
gue, seis tazones de porcelana; por un cuaderno de 



(1) El mejor alcanfor viene ahora de Borneo (Hist. genérale des 
voy ages, loe. cit., pág. 140.; 

(2) El pici, que hoy llaman peda, es la moneda más pequeña 
de las Indias Orientales. 



132 PIGAFETTA LIB. 

papel recibíamos aún más; el cathil de bronce valía un 
vasito de porcelana; tres cuchillos, un vaso más grande; 
un bahar (peso equivalente a doscientos tres cathiles) 
de cera, por ciento sesenta cathiles de bronce; por 
ochenta cathiles, un bahar de sal, y por cuarenta cathi- 
les, un bahar de anime, especie de goma con la que 
calafatean los barcos, pues en este país no hay brea. 
Veinte tabiles hacen un cathil. Las mercancías más bus- 
cadas son el cobre, el azogue, el cinabrio, el vidrio, los 
paños de lana, las telas y, sobre todo, el hierro y los 
espejos. 

Juncos, — Los juncos de que hemos ya hablado son 
sus mayores embarcaciones. He aquí como son: las 
obras vivas, hasta dos palmos de las obras muertas, 
están hechas de tablas unidas con clavijas de madera 
y su construcción es bastante sólida. En la parte supe- 
rior son de cañas gruesas, que sobresalen fuera del 
junco para hacer contrapeso (1). Soportan los juncos 
una carga tan fuerte como nuestros navios. Los mástiles 
son de cañas también, y las velas, de corteza de árbol. 

Porcelana. — Viendo tanta porcelana en Borneo, 
procuré tomar algunas notas sobre ella. Me dijeron que 
la hacen con una tierra muy blanca, que se deja en el 
suelo durante medio siglo para retinarla, por lo que 
tienen un proverbio que dice que al padre se entierra 
por el hijo. Aseguran que si en uno de estos vasos de 
porcelana se echa veneno, en el acto se vuelve in- 
ofensivo. 

La isla de Burné (Borneo) es tan grande, que para 
dar la vuelta a ella con una embarcación se tardarían 
tres meses. Está a los 5° 15' de latitud septentrional y 
a 176° 40' de longitud de la línea de demarcación (2). 

(1) Es el balancín. El texto no dice que las cañas de bambú 
sobrepasan las bordas del junco; pero es preciso creerlo, puesto 
que nuestro autor dice que sirven de contrapeso. 

(2) En esta latitud está la punta septentrional de Borneo. La 
longitud no es exacta, como puede verse en un mapa. Tuvo cuida- 



Itl PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 133 

Salida de Borneo. — Al salir de esta isla volvimos 
atrás para buscar un lugar a propósito para carenar 
nuestros navios, pues uno tenía una vía de agua, y el 
otro, falto de piloto, había chocado con un arrecife, 
cerca de la isla llamada Bibalón (1), aunque, gracias a 
Dios, pudimos ponerle a flote. Corrimos otro gran pe- 
ligro: un marinero, al despabilar una luz, tiró inadver- 
tidamente el pabilo encendido sobre una caja de pól- 
vora; pero lo retiró tan pronto que la pólvora no se 
prendió. 

Captura de una piragua. — En la ruta encontramos 
cuatro piraguas; capturamos una cargada de nueces de 
coco para Burné, pero su tripulación se salvó en un 
islote; las otras tres escaparon por detrás de otros 
islotes. 

Cimbombón. — Entre el cabo norte de Burné y la isla 
de Cimbombón, a 8° T de latitud septentrional, encon- 
tramos un puerto muy cómodo para carenar nuestros 
navios; pero como nos faltaban muchas cosas necesa- 
rias para ello, tuvimos que emplear cuarenta y dos días. 
Todos y cada uno trabajábamos lo mejor que sabía- 
mos: unos de una manera, otros de otra. Lo más fati- 
goso era ir a buscar madera en los bosques, porque el 
terreno estaba cubierto de zarzas y arbustos espinosos 
e íbamos descalzos. 

Jabalíes. Cocodrilos. Tortugas. — Hay en esta isla 
grandísimos jabalíes. Matamos uno cuando pasaba a 
nado de una isla a otra; tenía su cabeza dos palmos y 
medio de larga, con gruesas defensas (2). También se 



do Píg-afetta de señalar en el dibujo de la isla de Borneo su viaje 
a cincuenta leguas de la punta al puerto, y Laoe en la punta meri- 
dional de la isla. No oyó hablar de los otros países, y dio a la isla 
forma triangular, colocando las dos ciudades situadas sobre la 
bahía. 

(1) Hoy Balaba. 

(2) Es el babirusa (Sus-babirussa, de Linneo), que sabe nadar, 
y cuyo hocico alargado está armado con largas defensas. (Véase 



134 PIGAfETTA Llfi. 

encuentran cocodrilos anfibios, ostras, mariscos de todas 
clases y tortugas muy grandes; de éstas cogimos dos; 
sólo la carne de una pesaba veintiséis libras, y la de la 
otra, cuarenta y cuatro. Cogimos también un pescado 
cuya cabeza, parecida a la de un cerdo, tenía dos cuer- 
nos, el cuerpo revestido con una substancia ósea y 
sobre el dorso una especie de banquillo; no era muy 
grande. 

Hojas animadas. — Lo que hallé más extraño fueron 
unos árboles cuyas hojas, al caer, se animaban. Son se- 
mejantes a las de morera, o más largas, con pecíolo 
corto y puntiagudo, y cerca del pecíolo, a ambos lados, 
tienen dos pies. Si se les toca, se escapan; pero al par- 
tirlas no sale sangre. Guardé una durante nueve días 
en una caja, y cuando la abría se paseaba alrededor; 
opino que viven del aire (1). 

Septiembre de 1521. — Captura del gobernador 
de Palaoán. — Al dejar esta isla, mejor dicho, el puer- 
to, encontramos un junco que venía de Burné. Le hi- 
cimos señas para que se detuviese; pero como no quiso 
obedecer, le perseguimos, le cogimos y le saqueamos. 
Conducía al gobernador de Pulaoán, con uno de sus 
hijos y su hermano; le emplazamos a que en el término 
de siete días pagase por rescate cuatrocientas medidas 
de arroz, veinte cerdos, otras tantas cabras y ciento cin- 
cuenta gallinas. No sólo dio todo lo que pedíamos. 



la descripción de este animal en Voyage par le Cap de Bonne-Es- 
pérance et Batavia á Samarang, á Macassar, á Amboine et á Su- 
rate, par Stavorinus, tomo I, pág. 254, en el que también está di- 
bujado.) 

(1) Otros viajeros han visto hojas semejantes y las han exami- 
nado mejor. Algunos creen que las hojas se movían por un insecto 
en ellas alojado. (Hist gen. des voyages, tomo XV, pág. 58); otros 
han notado que no son hojas, sino una clase de saltamontes cu- 
biertos con cuatro alas de forma oval y de cerca de tres pulgadas 
de largo, replegadas las alas superiores de tal manera que seme- 
jan exactamente una hoja obscura con sus fibras. (Stedman, Voya- 
ge á Surinam, tomo II, pág. 261.) 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 135 

sino que añadió espontáneamente nueces de coco, ba- 
nanas, cañas de azúcar y vasos llenos de vino de pal- 
mera. Para corresponder a su generosidad le devolvi- 
mos una parte de sus puñales y fusiles y le dimos un 
estandarte, una túnica de damasco amarillo y quince 
brazas de tela; a su hijo le regalamos un manto de paño 
azul, etc., y su hermano recibió una túnica de paño 
verde. Hicimos también regalos a los que les acompa- 
ñaban, de manera que nos separamos buenos amigos. 

Cagayán y Chipit, — Retrocedimos y volvimos a 
pasar entre la isla de Cagayán y el puerto de Chipit, 
navegando al Este cuarto Sureste para buscar las islas 
Malucco. Pasamos cerca de ciertos islotes, donde vimos 
el mar cubierto de yerbas, aunque había gran profun- 
didad; nos pareció estar en otros parajes (1). 

Dejando Chipit al Este, reconocimos al Oeste las 
dos islas de Zoló (2) y Taghima (3), donde, según nos 
dijeron, se pescan las perlas más bellas. — Perlas del 
rey de Zoló: Allí encontraron las ya citadas del rey de 
Burné; he aquí cómo las poseyó: este rey se había ca- 
sado con una hija del rey de Zoló, quien le dijo un día 
que su padre tenía dos gruesas perlas; envidioso el rey 
de Burné, una noche salió con quinientas embarcacio- 
nes llenas de hombres armados, se apoderó del rey de 
Zoló, su suegro, y de dos de sus hijos, y les libertó a 
condición de que le darían dichas dos perlas. 

Cavit, Subaniriy Monoripa. — Singlando al Oeste 
cuarto Nordeste costeamos dos lugares habitados que 
se llaman Cavit y Subanín, y pasamos cerca de una isla, 
también habitada, llamada Monoripa, a diez leguas de 
los islotes mencionados. Los habitantes de esta isla no 
tienen casas; viven siempre en sus barcas. 



(1) Stedman, casi en la misma latitud, encontró el mar cubier- 
to de yerbas en el océano Atlántico. (Tomo III, pkg. 211.) 

(2) Bellín le llama /o/o, y Cook, Sooloó. 

(3) Hoy Basilán. 



136 PIGAFETTA 



LIB. 



Butuán y Calagán. — Las ciudades de Cavit y Su- 
banín están en las islas de Butuán y de Calagán, don- 
de crece la mejor canela. Si hubiéramos podido dete- 
nernos hubiésemos cargado el navio; pero no quisimos 
perder tiempo para aprovechar el viento, porque tenía- 
mos que doblar una punta y pasar algunos islotes que 
la rodeaban. Navegando vimos isleños, que se aproxi- 
maron a nosotros, dándonos diez y siete libras de ca- 
nela por dos grandes cuchillos de los que cogimos al 
gobernador de Pulaoán. 

Octubre de 1521. — Canelo. — Puedo describir 
el canelo por haberlo visto. Tiene cinco o seis pies de 
altura y el espesor de un dedo. Nunca tiene más de 
tres o cuatro ramas; su hoja semeja la del laurel; la ca- 
nela que usamos es su corteza, que se cosecha dos ve- 
ces al año; la madera y las hojas verdes tienen igual 
sabor que la corteza; le llaman cainmana (de donde 
viene el nombre de cinnamomum), porque cain signi- 
fica madera, y mana, dulce. 

Octubre de 1521. — Maingdanao. — Con rumbo 
al Nordeste llegamos a una ciudad llamada Maingda- 
nao (1), situada en la misma isla donde están Butuán y 
Calagán, para averiguar exactamente la posición de las 
islas Malucco. 

Captura de un bignadai. — Encontramos en la ruta 
un bignadai, barco parecido a una piragua, y nos deci- 
dimos a capturarle; pero como hicieron alguna resis- 
tencia, matamos siete hombres de los diez y ocho que 
componían su tripulación. Estaban mejor formados y 
eran más robustos que los que hasta entonces vimos. 
Eran jefes de Maingdanao, entre los cuales estaba el 
hermano del rey, que nos aseguró que sabía muy bien 
la posición de las islas Malucco. 

Por sus noticias cambiamos de rumbo, poniendo la 



(1) Maing-danao es Mindanao, ciudad situada cerca de un lago, 
del mismo nombre de la isla. 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 137 

proa al Sureste. Estábamos entonces a 6° 7' de latitud 
Norte y a treinta leguas de distancia de Cavit. 

Los Benayanos, antropófagos. — Nos dijeron que 
en un cabo de esta isla, cerca de un río, había unos 
hombres velludos, grandes guerreros y excelentes ar- 
queros, armados además con dagas de un palmo de 
largo, y que cuando cogen a algún enemigo, se le co- 
men el corazón crudo, con zumo de naranja o de limón. 
Les llaman Benayanos (1). 

Ciboco, etc, — Encontramos con rumbo al Sureste 
cuatro islas llamadas Ciboco, Biraham-Batolach, Saran- 
gani y Candigar (2). 

26 de octubre de 1521. — Tempestad. Luces 
eléctricas. Devoción a San Telmo. — El sábado 26 de 
octubre, al anochecer, costeando la isla de Biraham- 
Batolach, sufrimos una borrasca, durante la cual reco- 
gimos velas y rogamos a Dios que nos salvase. Vimos 
entonces en el tope de los mástiles a nuestros tres san- 
tos, que disiparon la oscuridad durante más de :dos 
horas: San Telmo en el palo mayor, San Nicolás en el 
de mesana y Santa Clara en el trinquete. En reconoci- 
miento de la gracia que nos concedieron, prometimos 
a cada uno un esclavo, y les hicimos ofrendas. 

Sarangani. — Prosiguiendo la ruta entramos en un 
puerto que hay en medio de la isla de Sarangani, hacia 
Candigar; anclamos cerca de unas casas de Sarangani, 
donde abundan las perlas y el oro. Está el puerto a 
5° 9' a cincuenta leguas de Cavit. Los habitantes son 
gentiles, y van desnudos como los demás pueblos de 
estos parajes. 



(1) Benayán, cabo septentrional de la isla del mismo nombre, 

(2) En el mapa de Bellin no encuentro mas que dos islas, de 
las cuales una tiene el nombre de Saranga. En la nota de las ochen- 
ta y dos isla que en 1682 pertenecían al rey de Ternate se cita a 
Sarang'ani. (Hist. genérale des voy ages, tomo XI, pág-, 17, edición 
de Holanda.) Esta isla tiene un excelente fondeadero para aprovi- 
sionar los barcos. 



138 PIGAFETTA LIB. 

28 de octubre de 1521* — Nos detuvimos allí 
un día, y a viva fuerza cogimos dos pilotos para que 
nos condujesen a las islas Malucco. — Cheava, Ca- 
viaOf etc.: Por su consejo navegamos al Sursuroeste, y 
pasamos por entre ocho islas, mitad habitadas y mitad 
desiertas, que forman como una calle. He aquí sus nom- 
bres: Cheava, Caviao (sic), Cabiao, Camanuca, Cabalu- 
zao, Cheai, Lipan y Nuza; al final de éstas nos encon- 
tramos enfrente de una isla bastante bella (1), pero 
teníamos viento contrario y no pudimos doblar la pun- 
ta, dando bordadas durante toda la noche. — Nuestros 
cautivos se salvan a nado: Aprovechando esta ocasión, 
los prisioneros que cogimos en Sarangani saltaron del 
navio y se escaparon a nado, con el hermano del rey de 
Mindanao; pero, según supimos después, su hijo no pudo 
sostenerse sobre las espaldas del padre, y se ahogó. 

Sanghir. — Siendo imposible doblar la punta de la 
isla grande, pasamos de largo cerca de muchos islotes. 
La isla se llama Sanghir y tiene cuatro reyes: raja Ma- 
tandatu, raja Laga, raja Bapti y raja Parabú; está a 3° 30' 
de latitud septentrional y a veintisiete leguas de Sa- 
rangani. 

Noviembre de 1521. — Chéoma, Carachita, et- 
cétera. — Navegando siempre en la misma dirección 
pasamos cerca de cinco isFas: Chéoma, Carachita, Para, 
Zangalura, Ciau (2), distante la última diez leguas de 



(1) Las islas aquí mencionadas pertenecen al grupo en que los 
geógrafos modernos sitúan a Kararotán, Linop y Cabrocana, des- 
pués de las cuales se encuentra Sanghir, que es la isla bastante 
bella de que habla el autor. Al sursuroeste de esta isla hay mu- 
chos islotes, de los que habla Pigafetta más adelante. Cabiou, Ca- 
balousu, Limpang y Noussa se citan en la nota de islas pertene- 
cientes en 1682 al rey de Ternate. 

(2) En el atlas de Robert hay aquí muchos islotes, y entre ellos 
Regalarda y Siapi, nombres que tienen alguna semejanza con Zan- 
galura y Ciau o Siau. Sonnerat habla también de esta última. En 
la nota de las islas del rey de Ternate se lee Karkitang, Para, 
Sangalouan, Siau. 



III PRIMER VIAJÉ ÉN tORNO DEL GLOBO 139 

Sanghír; vimos allí una montaña bastante extensa, pero 
de poca elevación; su rey se llama raja Ponto. 

Paghinzara. — Divisamos la isla de Paghinzara (1), 
en la que hay tres altas montañas; su rey se llama raja 
Babintan. A doce leguas al este de Paghinzara, además 
de Talaut, dos islitas habitadas: Zoar y Mean (2). 

6 de noviembre de 1521* — El miércoles 6 de 
noviembre, después de pasar estas islas, reconocimos 
otras cuatro bastante altas, a catorce leguas al Este. 

7 de noviembre de 1521* — Vemos las islas 
Malucco. — El piloto que cogimos en Sarangani nos 
dijo que eran las islas Malucco. Dimos gracias a Dios, 
y en señal de regocijo disparamos toda la artillería. No 
debe extrañar nuestra gran alegría al ver estas islas, 
si se tiene en cuenta que hacía veintisiete meses me- 
nos dos días que corríamos los mares y que habíamos 
visitado una infinidad de islas, buscando siempre las 
Malucco. 

Impostura de los portugueses. — Los portugueses 
han propalado que las islas Malucco están situadas en 
medio de un mar innavegable a causa de los arrecifes 
que se encuentran por todas partes y de la atmósfera 
nebulosa y empañada de espesas nieblas; sin embargo, 
es todo lo contrario, y nunca, hasta las mismas Maluc- 
co, hubo menos de cien brazas de agua. 

8 de noviembre de 1521* — Llegada a Tadore. 
El viernes 8 de noviembre, tres horas antes de la pues- 
ta del Sol, entramos en el puerto de una isla llamada 
Tadore (3). Anclamos cerca de tierra, con veinte bra- 
zas de agua, y disparamos toda la artillería. 

9 de noviembre de 1521. — Visita del rey, — A 
la mañana siguiente vino el rey en una piragua y dio la 



(1) Paghinzara, Talaut y Mahono están en la nota dicha. 

(2) Zoar y Mean están en el lugar en que Robert situó a Sa- 
rambal y Meyán. 

(3) HoyTidor. 



140 PÍGAFETTA LIB. 

vuelta en torno de nuestros navios. Salimos a su en- 
cuentro en las chalupas para testimoniarle nuestro re- 
conocimiento; nos hizo entrar en su piragua y nos colo- 
camos a su lado. Estaba sentado bajo un quitasol de 
seda, que le cubría enteramente. Delante de él, en pie, 
un hijo suyo llevaba el cetro real; dos hombres con 
sendos vasos de oro llenos de agua para lavarse las ma- 
nos, y otros dos con dos cofrecillos dorados llenos de 
betre (betel). 

Nos dio la bienvenida, diciéndonos que desde hacía 
mucho tiempo había soñado que algunos navios debían 
venir de países lejanos, y que para asegurarse de si el 
sueño era verdadero había examinado la Luna, en la 
cual había notado que, efectivamente, arribarían, y que 
era a nosotros a quien esperaba. 

Subió en seguida a bordo y todos le besamos la 
mano. Le llevamos al castillo de popa, donde, por no 
agacharse, entró por la abertura de encima. Allí le sen- 
tamos en una silla de terciopelo rojo y le pusimos una 
túnica a la turca de terciopelo amarillo, y para demos- 
trarle mejor nuestro respeto nos sentamos en el suelo 
enfrente de él. 

Acogida del rey. — Cuando supo quiénes éramos y 
el objeto de nuestro viaje, nos dijo que él y todos sus 
pueblos tendrían gran alegría siendo amigos y vasallos 
del rey de España; que nos recibiría en su isla como a 
sus propios hijos; que podíamos bajar a tierra y estar 
en ella como en nuestras casas; y que, por amor a nues- 
tro soberano, era su voluntad que desde aquel día en 
adelante su isla dejase el nombre de Tadore y tomase 
el de Castilla. 

Regalos al rey. — Le regalamos la silla en que esta- 
ba sentado y la túnica que tenía puesta; una pieza de 
paño fino, cuatro brazas de escarlata, una túnica de bro- 
cado, un paño de damasco amarillo, otros paños indios 
tejidos en oro y seda, una pieza de tela de Cambaya, 
muy blanca, dos gorros, seis hilos de cuentas de vidrio, 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 141 

doce cuchillos, tres espejos grandes, seis tijeras, seis 
peines, algunas tazas de vidrio doradas y otras cosas. 
A su hijo le dimos un paño indio de oro y de seda, un 
espejo grande, un gorro y dos cuchillos. Cada uno de 
los nueve personajes que le acompañaban recibió un 
paño de seda, un gorro y dos cuchillos. También rega- 
lamos un gorro, un cuchillo, etc., a cada uno de los de 
su séquito, hasta que el rey nos advirtió que no diésee 
mos más. Dijo que estaba disgustado por no tener nada 
que regalar digno del rey de España, mas que le ofre- 
cía su persona. Nos aconsejó que aproximásemos los 
navios a las habitaciones, y que si alguno de los suyos 
osaba durante la noche intentar robarnos, que le matá- 
semos de un balazo. Después partió muy satisfecho, 
pero no quiso inclinar nunca la cabeza, a pesar de las 
muchas reverencias que le hicimos; disparamos la arti- 
llería cuando salía. 

Vestidos del rey. — Este rey es moro, esto es, ára- 
be, de unos cuarenta y cinco años de edad, de buen 
aspecto y fisonomía. Sus vestidos consistían en una 
camisa muy fina con mangas bordadas en oro; un paño 
le cubría desde la cintura hasta los pies; un velo de 
seda ceñido a la cabeza, y sobre el velo una guirnalda 
de flores. Su nombre es raja sultán Manzor. Es un 
gran astrólogo. 

10 de noviembre de 1521. — Curiosidad del 
rey. — El domingo 10 de noviembre tuvimos otra en- 
trevista con el rey, quien nos preguntó cuáles eran 
nuestros sueldos y qué ración nos daba a cada uno el 
rey de España. Satisficimos su curiosidad. Nos rogó 
también que le diésemos un sello del rey y un estan- 
darte real, pues quería, según dijo, que tanto su isla 
como la de Tarenate (1), en la que se proponía procla- 
mar rey a su sobrino Calanogapi, fuesen en adelante 
tributarias del rey de España, por quien en lo futuro 

(l) Hoy Ternate, 



142 PIGAFETTA LIB. 

combatiría, y que si por desdicha sucumbiese a sus 
enemigos, iría a España en uno de sus barcos, llevando 
consigno el sello y el estandarte. Nos rogó en seguida 
que le dejáramos algunos de los nuestros, que le serían 
más preciados que todas las mercancías, las cuales 
— añadió — no le recordarían tanto tiempo como los 
hombres al rey de España y a nosotros. 

Viendo nuestra prisa por cargar los navios con cla- 
vos de especia, nos dijo que los de la isla no estaban 
bastante secos para nuestro objeto y que los buscaría 
en la isla de Bachián, en donde esperaba encontrar 
cantidad suficiente. 

No hicimos ninguna compra aquel día, porque era 
domingo. El día de fiesta de estos isleños es el 
viernes. 

Detalles sobre las islas Malucco. Gobiernos, — Os 
será sin duda agradable, monseñor, conocer algu- 
nos detalles sobre las islas en que crecen los árboles 
que producen los clavos de especia. Son cinco: Tare- 
nate, Tadore, Mutir, Machián y Bachián (1). 

Tarenate (Ternate) es la principal. El citado rey do- 
minaba casi completamente en las otras cuatro. 

Tadore (Tidor), en la que estábamos, tiene su rey 
propio, así como Bachián. Mutir y Machián no tienen 
rey; su gobierno es popular, y cuando hay guerra entre 
los reyes de Tarenate y Tadore, ambas repúblicas de- 
mocráticas suministran combatientes a los dos parti- 



(1) Se creía que dichos árboles no crecían mas que en estas 
cinco islas, llamadas propiamente las Molucas; pero en seg-uida se 
encontraron en otras muchas, a las cuales, por esta razón, se ex- 
tendió también el nombre de Molucas, de manera que con él se 
comprenden todas las islas que hay entre las Filipinas yjava. Los 
holandeses, para tener el comercio exclusivo de los clavos de es- 
pecia, trataron de destruir, por fuerza o astucia, todos los árboles 
de este género; pero no lo consiguieron. Después de la revolución 
francesa, hubo muchos cambios en el mar del Sur. Pigafetta dibu- 
jó las Molucas, y junto a ellas un árbol del clavo, que apenas se 
parece a los naturales. 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 143 

dos. Toda la provincia donde crece el clavo se llama 
Malucco (Molucas). 

Francisco Serrano. — Al llegar a Tadore nos dije- 
ron que ocho meses antes había muerto un tal Francis- 
co Serrano, portugués. Era capitán general del rey de 
Tarenate, que estaba en guerra con el de Tadore, al 
que obligó a dar su hija en matrimonio al rey de Ta- 
renate, exigiendo además, en rehenes, a casi todos los 
hijos varones de los personajes de Tadore. 

Con este arreglo hicieron las paces, y del matrimo- 
nio nació el nieto del rey de Tadore, Calanogapi, ya 
mencionado. Sin embargo, el rey de Tadore no per- 
donó jamás sinceramente a Francisco Serrano, y juró 
vengarse de él. 

Serrano muere envenenado. — En efecto, algunos 
años después Serrano se dispuso un día a ir a Tadore 
para comprar clavos de especia, y el rey le envenenó 
con un tósigo preparado en hojas de betel, no sobrevi- 
viendo mas que cuatro días. Quiso el rey hacerle fune- 
rales y entierro según los usos del país; pero tres criados 
cristianos que tenía Serrano se opusieron. Al morir 
Serrano dejó un hijo y una hija, niños, que tuvo con 
una mujer con la que se casó en Java. Toda su fortuna 
consistía en doscientos bahars de clavos de especia. 

Invitación de Serrano a Magallanes para venir a 
Malucco. — Serrano fué gran amigo y creo que parien- 
te de nuestro desdichado capitán general, y fué quien 
le decidió a emprender este viaje, porque durante la 
estancia de Magallanes en Malaca supo por sus cartas 
que Serrano estaba en Tadore, donde se podía hacer 
un comercio ventajoso. Magallanes no olvidó lo que 
Serrano le escribió cuando el difunto rey de Portugal, 
D. Emanuel, rehusó aumentar su sueldo en un tes- 
tón (1) al mes, recompensa que creía sobrado merecida 
por los servicios prestados a la corona. 



(1) £1 testón valia medio ducado, y el ducado, un z«qui. 



144 PIGAFETTA LIB. 

Proyecto de Magallanes. — Para vengarse vino a Es- 
paña y propuso a su majestad el emperador ir a Ma- 
lucco por el Oeste, obteniendo el real permiso. 

El rey de Tarenate envenenado por su hija — Diez 
días después de la muerte de Serrano, el rey de Tare- 
nate, llamado raja Abuleis (1), que se había casado con 
una hija del rey de Bechián, declaró la guerra a su 
yerno y le expulsó de su isla. Su hija intervino como 
mediadora entre su padre y su marido, y envenenó a 
aquél, que sobrevivió solamente dos días a la ponzoña. 
Murió dejando nueve hijos: Chechili-Momuli, Jadore- 
Vunghi, Chechilideroix, Cilimanzur, Cilipagi, Chialiu- 
chechilin, Cataravajecu, Serich y Calanogapi. 

11 de noviembre de 1521. — Visita de Chechi- 
lideroix. — El lunes 11 de noviembre, Chechilideroix, 
uno de los hijos del rey de Tarenate que acabamos de 
mencionar, se acercó a nuestros navios con dos pira- 
guas, en las que había músicos con timbales. Vestía 
una túnica de terciopelo rojo. Supimos que traía con- 
sigo la viuda y los hijos de Serrano; sin embargo, no 
se atrevió a subir a bordo, ni tampoco le invitamos 
nosotros a ello sin el consentimiento del rey de Tado- 
re, su enemigo, en cuyo puerto estábamos, a quien pre- 
guntamos si podíamos recibirlo, contestándonos que 
éramos dueños de hacer lo que quisiésemos. En este 
intervalo, Chechilideroix, viendo nuestra incertidum- 
bre, concibió algunas sospechas y se alejó, por lo que 
tuvimos que ir a buscarle con la chalupa, regalándole 
una pieza de tela india de seda y oro, algunos espejos, 
tijeras y cuchillos, que aceptó de mala gana, y partió. 

Manuel. Pedro Alfonso de torosa. — Tenía con 
él un indio que se había hecho cristiano, llamado Ma- 
nuel, criado de Pedro Alfonso de Lorosa, que después 



(1) Cuando Brito o Breo fué enviado de gobernador a las Mo- 
lucas en 1511, el rey Abuleis reinaba en Ternate con el nombre de 
raja Beglid. 







Fig. 1/ — Mapa de la América meridio- 
nal, según Pigafetta. Se advierten el 
cabo de Santa María, el río de la Plata 
— descubierto por Juan de Solís — , la 
región patagónica, el mar Océano, el 
cabo de las Once mil Vírgenes, el estre- 
cho patagónico, el cabo Deseado y el 
mar Pacífico. 



10 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 147 

de la muerte de Serrano había venido de Bandán a 
Tarenate. Manuel hablaba el portugués; subió a bordo 
y nos dijo que los hijos del rey de Tarenate, aunque 
enemigos del rey de Tadore, estaban dispuestos a aban- 
donar a Portugal para incorporarse a España. Escribi- 
mos por su conduelo una carta a Larosa invitándole a 
venir a vernos sin el menor temor. A continuación ve- 
remos cómo aceptó. 

Costumbres del rey de Tadore, — Informándome de 
las costumbres del país, supe que el rey puede tener 
para su placer tantas mujeres como le parezca; pero 
una sola es su esposa, y las demás, esclavas. — Su se- 
rrallo: Tenía fuera de la ciudad una gran casa, don- 
'de vivían doscientas de sus más bonitas mujeres, con 
igual número de criadas. El rey come siempre solo o 
con su esposa en una especie de estrado elevado, des- 
de donde ve a todas las otras mujeres, sentadas alre- 
dedor, y después de haber cenado, escoge la que com- 
partirá su lecho aquella noche. Cuando el rey termina 
su comida, sus mujeres comen todas juntas si él lo con- 
siente, y si no, cena cada una en su habitación. Nadie 
puede ver a las mujeres del rey sin su permiso especial, 
y si algún imprudente se acercara a su habitación, de 
día o de noche, le matarían en el acto. Para proveer el 
serrallo real, cada familia tiene la obligación de dar 
una o dos hijas. El raja sultán Manzor tenía veintiséis 
hijos, ocho varones y diez y ocho hembras (1). Hay en 
la isla de Tadore una especie de obispo (2), que tenía 
cuarenta mujeres y muchos hijos. 

12 de noviembre de 1521* — Tráfico, — El mar- 
tes 12 de noviembre el rey mandó construir un cober- 



(1) Forster (CooK, Tercer viaje, tomo V, pág. 356) observa 
que donde los hombres, y aun los animales, son polígamos, nacen 
más hembras que machos; lo que puede explicarse muy bien por 
las moléculas orgánicas de Buffon. La familia del rey de Tador sir- 
ve para probar este aserto. 

(2) Esto es, un mu/ti. 



148 PIGAFETTA LIB. 

tizo, que acabaron en un día, para nuestras mercancías; 
allí llevamos todo lo que destinábamos para cambiar, y 
quedaron guardándolo tres de los nuestros. El valor de 
las mercancías que íbamos a dar en trueque de clavos 
de especia se fijó de esta manera: por diez brazas de 
paño rojo de buena calidad debían darnos un bahar de 
clavos; el bahar equivale a cuatro quintales y seis libras^ 
y cada quintal pesa cien libras; por quince brazas de 
paño de clase mediana, un bahar de clavos; por quin- 
ce hachas, un bahar; por treinta y cinco tazas de vidrio, 
un bahar (todas las tazas de vidrio las cambiamos así 
con el rey); por diez y siete cathiles de cinabrio, un 
bahar, y lo mismo por otro tanto de azog-ue; por veinti- 
séis brazas de tela, un bahar, y de tela más fina sólo < 
dábamos veinticinco brazas; por ciento cincuenta cu- 
chillos, un bahar; por cincuenta pares de tijeras o por 
cuarenta gorros, un bahar; por diez brazas de paño de 
Guzzerate (1), un bahar; por un quintal de cobre, un 
bahar. Llevábamos una gran partida de espejos; pero 
se quebraron la mayor parte en la travesía, y el rey se 
apropió casi todos los que habían quedado enteros. 
Parte de estas mercancías provenían de los juncos que 
apresamos. Hicimos, como se ve, un tráfico muy ven- 
tajoso, no sacando, sin embargo, todo el provecho que 
hubiéramos podido, porque deseábamos apresurar en 
lo posible el regreso a España. Además de los clavos, 
hacíamos a diario buena provisión de víveres; los in- 
dios venían sin cesar con sus barcas para traernos ca- 
bras, gallinas, nueces de coco, bananas y otros comes- 
tibles, que nos daban por cosas de poco valor. — Agua 
caliente: También nos aprovisionamos de un agua ex- 
cesivamente caliente, pero que expuesta al aire duran- 
te una hora se ponía muy fría. Dicen que esto provie- 



(1) Guzzerate era un reino de los indios sometidos al rey de 
Cambaya, de que habla Barbosa, compañero de Pigafetta. (Véase 
Ramusio, tomo I, pág. 295.) 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 149 

ne de que el agua mana de la montaña de los árboles 
del clavo (1). Reconocimos por esto la impostura de 
los portugueses, que quieren hacer creer que falta por 
completo el agua dulce en las islas Malucco, y que 
deben ir a buscarla muy lejos en otros países. 

13 de noviembre de 1521. — Prisioneros en li- 
bertad. — Al día siguiente el rey envió a su hijo Mos- 
sahap a la isla de Mutir para buscar clavos y que pu- 
diéramos prontamente acabar nuestro cargamento. Los 
indios que habíamos capturado en la travesía hallaron 
ocasión de hablar al rey, quien se interesó por ellos, y 
rogó que se los entregásemos para enviarlos a sus 
países acompañados de cinco isleños de Tadore, que 
tendrían en el camino ocasión para elogiar al rey de 
España, y conseguirían que el nombre español fuese 
querido y respetado por todos estos pueblos. Le en- 
viamos las tres mujeres que esperábamos presentar a 
la reina de España y todos los hombres, excepto los 
de Borneo. 

El rey nos pidió otro favor: que matásemos a todos 
los cerdos que teníamos a bordo, por lo que nos ofre- 
ció amplia compensación en cabras y en volatería. Le 
complacimos una vez más, y los degollamoá en el en- 
trepuente para que los moros no se apercibiesen, por- 
que sentían tal repugnancia por estos animales, que 
cuando por casualidad encontraban alguno, cerraban 
los ojos y se tapaban la nariz para no verlos ni olerlos. 

Relato de Lorosa. — La misma tarde, el portugués 
Pedro Alfonso de Lorosa vino a bordo del navio en 
una piragua. Supimos que el rey le envió a buscar para 
advertirle que, aunque él fuese de Tarenate, debía guar- 
darse muy mucho de mentir en las respuestas a nues- 
tras preguntas. Efectivamente, cuando vino nos dio 



(1) Se ha observado que muchas islas del mar del Sur son vol- 
cánicas; por consiguiente, este agua caliente será sencillamente un 
agua termal, y no un agua calentada por los árboles del clavo. 



150 PIGAFETTA 



LIB. 



todas las noticias que podían interesarnos. Dijo que 
estaba en las Indias hacía diez y seis años, diez de los 
cuales los pasó en las islas Malucco, adonde llegó con 
los primeros portugueses, que verdaderamente se ha- 
bían establecido allí desde diez años antes; mas que 
guardaron el más profundo silencio sobre el descubri- 
miento de estas islas; añadió que hacía once meses y 
medio un gran navio vino de Malaca a las islas Ma- 
lucco para cargar clavos de especia e hizo su carga- 
mento, pero que el mal tiempo les retuvo algunos meses 
en Bandán. Procedía el navio de Europa, y el capitán 
portugués, que se llamaba Tristán de Menezes, dijo a 
Lorosa que la noticia más importante por entonces era 
que una escuadra de cinco navios, al mando de Fer- 
nando Magallanes, había partido de Sevilla para ir a 
descubrir las Malucco en nombre del rey de España; y 
que el rey de Portugal, tanto más disgustado de la ex- 
pedición, cuanto que aquél era uno de sus subditos que 
buscaba su daño, envió navios al Cabo de Buena Espe- 
ranza y al cabo de Santa María (1), en el país de los 
caníbales, para interceptarle el paso en el mar de las 
Indias; pero que no le habían encontrado. 

Supo eri seguida que pasó por otro mar y que iba 
a las islas Malucco por el Oeste, y ordenó a D. Diego 
López de Sichera, su capitán en jefe en las Indias (2), 
que enviase seis navios de guerra a Malucco contra 
Magallanes; mas que a Sichera llegó la nueva de que 
en este tiempo los turcos preparaban una flota contra 
Malaca, y se vio obligado a mandar sesenta barcos de 
guerra al estrecho de la Meca, en la tierra de Judá (3), 
los cuales encontraron las galeras turcas encalladas a 



(1) Cabo septentrional de Río de la Plata. 

(2) BoiSMELÉ, Histoire de la marine, dice que López de Siche- 
ra fué a las Indias en 1518. 

(3) Después Idda, en el mar Rojo, puerto utilizado para el co- 
mercio de la Meca. Esto se refiere a la desdichada expedición que 
Solimán el Magnífico emprendió, a instigación de los venecianos. 




Fig. 2.' — Isla de los Ladrones, según 

Pigafetta. La barca está emparejada con 

otra a modo de balancín o batanga. 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 153 

ia orilla del mar, cerca de la bella y fuerte ciudad de 
Adem, y las quemaron todas. Esta expedición impidió 
al capitán general portugués hacer lo que le habían 
encargado contra nosotros; mas poco después envió a 
nuestro encuentro un galeón a dos manos de bombar- 
das (1), mandado por el capitán Francisco Faría, por- 
tugués; no llegó el galeón a las islas Malucco, porque, 
ya por los arrecifes que hay cerca de Malaca, ya por 
las corrientes y vientos contrarios que encontró, tuvo 
que volver al puerto de donde había salido. Lorosa 
añadió que, pocos días antes, una carabela con dos jun- 
cos habían venido a las islas Malucco para obtener 
noticias sobre nosotros; los juncos esperaron en Ba- 
chián para cargar clavos de especia, llevando a bordo 
siete portugueses, los que, a pesar de las amonesta- 
ciones del rey, no quisieron respetar ni a las mujeres 
de los indígenas ni a las del mismo rey, y fueron todos 
asesinados. Al saber esta noticia el capitán de la ca- 
rabela juzgó oportuno partir a toda prisa y volverse a 
Malaca, abandonando en Bachián los dos juncos con 
cuatrocientos bahars de clavos y mercancías bastantes 
para cambiarlas por otros ciento. 

Comercio de Malaca. — Nos dijo también que anual- 
mente van muchos juncos de Malaca a Bandán a com- 
prar macis y nuez moscada, y desde allí a las Maluc- 
co para cargar clavos. En tres días se hace el viaje de 
Bandán a las islas Malucco, y en quince se va de Ban- 
dán a Malaca. Este comercio, decía, es, entre el de 
estas islas, el que rinde más beneficio al rey de Portu- 
gal, por lo cual tiene gran cuidado en ocultárselo a los 
españoles. 



contra los establecimientos de los portugueses en las Indias, para 
atraer al mar Rojo el comercio que la naveg-ación de los por- 
tugueses por el Cabo de Buena Esperanza había anulado. Los ve- 
necianos les proporcionaron para ello maderas de construcción 
y armas. (Robertson, Disquis. on ant. India, sect. III.) 
(1) Con dos fílas de cañones. 



154 PIGAFETTA LIB. 

Lo que Lorosa acababa de decir era en extremo in- 
teresante, y procuramos persuadirle a que se embarca- 
se con nosotros para Europa, prometiéndole grandes 
gajes de parte del rey de España. 

15 de noviembre de 1521. — El viernes 15 de 
noviembre el rey nos dijo que iba a Bachián para apo- 
derarse de los clavos de especia que los portugueses 
habían dejado, y nos pidió regalos para los goberna- 
dores de Mutir, a los cuales se los entregaría en nom- 
bre del rey de España. Se divirtió mucho en nuestro 
navio viéndonos manejar las armas: la ballesta, el fusil 
y el bersil (1), que es mayor que un fusil; tiró tres ba- 
llestazos, pero no quiso ni tocar los fusiles. 

Giailolo, — Enfrente de Tadore hay una isla muy 
grande llamada Giailolo (2), habitada por moros y gen- 
tiles. Los moros tienen dos reyes, y, según nos dijo el 
rey de Tadore, uno tenía seiscientos hijos, y el otro, 
quinientos veinticinco. Los gentiles no tienen tantas 
mujeres como los moros, ni son tan supersticiosos; la 
primera cosa que encuentran por la mañana es el obje- 
to de su adoración durante todo el día; su rey se llama 
raja Papua, es riquísimo en oro y habita en el interior 
de la isla. Crecen entre las rocas cañas tan gruesas 
como la pierna de un hombre, llenas de un agua exce- 
lente para beber (3); compramos muchas. La isla de 
Giailolo es tan grande, que una canoa apenas puede 
dar la vuelta completa en cuatro meses. 

16 de noviembre de 1521. — Visita del rey de 
Giailolo. — El sábado 16 de noviembre, uno de ios 
reyes moros de Giailolo vino con muchas embarcacio- 
nes a bordo de nuestros navios. Le regalamos una tú- 
nica de damasco verde, dos brazas de paño rojo, algu- 
nos espejos, tijeras, cuchillos, peines y dos tazas de 



(1) El bersil es una especie de gran ballesta. 

(2) Gilolo. 

(3) Bambú, caña que contiene naturalmente un licor muy bueno. 



IJI PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 155 

vidrio dorado, que le gustaron mucho. Nos dijo muy 
graciosamente que, puesto que éramos amigos del rey 
de Tadore, debíamos serlo suyos, porque amaba a éste 
como a un hijo. Nos invitó a ir a su país, asegurándo- 
nos que nos rendiría grandes honores. Este rey es muy 
poderoso y respetadísirao en todas las islas cercanas; 
es de bastante edad y se llama raja Jussu. 

17 de noviembre de 1521. — Al día siguiente, 
domingo, por la mañana, el mismo rey volvió a bordo, 
deseoso de ver cómo combatíamos y disparábamos las 
bombardas, lo que ejecutamos con gran satisfacción 
suya, porque en su juventud fué muy guerrero. 

El mismo día bajé a tierra para examinar el árbol del 
clavo y ver cómo produce su fruto. He aquí lo que ob- 
servé: tiene una gran altura y su tronco es de grueso 
como el cuerpo de un hombre, más o menos, según su 
edad; sus ramas se extienden mucho hacia el medio del 
tronco, pero en la copa forman una pirámide; su hoja 
se asemeja a la del laurel, y la corteza es de color acei- 
tunado; los clavos nacen en la punta de las ramitas, en 
grupos de diez a veinte; da más fruto en un lado que 
en otro, según las estaciones; los clavos son al princi- 
pio blancos, al madurar rojizos y al secarse negros; se 
cosechan dos veces al año, la primera por Navidad y la 
segunda por San Juan, esto es, poco más o menos, ha- 
cia los dos solsticios, estaciones en que el aire es más 
templado en este país; que en el solsticio de invierno 
es más cálido porque el Sol está entonces en el cénit. 
Cuando el año es cálido y hay poca lluvia, la cosecha 
de clavos es en cada isla de tres a cuatrocientos bahars. 
El árbol crece solamente en las montañas, y perece 
cuando se le trasplanta al llano (1); la hoja, la corteza 
y la parte leñosa del mismo árbol tienen un olor y sa- 
bor tan fuertes como el fruto, el cual, si no se coge en 



(1) Los holandeses comprobaron que el árbol del clavo crece 
muy bien en las llanuras. 



156 PIGAFETTA LIB. 

plena madurez, engorda tanto y se pone tan duro, que 
no sirve de él mas que la corteza; no hay árboles de 
clavo mas que en las montañas de las cinco islas Ma- 
lucco, y algunos en la isla de Giailolo y en el islote de 
Mare, entre Tadore y Mutir, pero sus frutos no son tan 
buenos; dicen que la niebla le da cierto grado de per- 
fección; lo cierto es que a diario vimos una niebla, en 
forma de nubecitas, rodeando tan pronto una, tan pron- 
to otra de las montañas de estas islas; cada habitante 
posee algunos árboles, que vigila y recoge los frutos, 
pero sin pensar siquiera en el cultivo; en cada isla se 
llama de modo diferente a los clavos: gomode en Ta- 
dore, bongalavan en Sarangani y chianche en las islas 
Malucco. 

Nuez moscada. — También produce la isla nuez 
moscada (1), parecida a nuestras nueces, tanto por el 
fruto como por las hojas. La nuez moscada, cuando se 
la cosecha, semeja al membrillo por su forma, color y 
pelusilla que la cubre, pero es más pequeña; su prime- 
ra corteza es tan espesa como el pericarpio de nuestra 
nuez; debajo hay una tela delgada, o mejor dicho, de 
cartílago, bajo la cual está el macis, de un rojo muy 
vivo, que envuelve la corteza leñosa que contiene la 
nuez moscada propiamente dicha. 

Jengibre. — Produce asimismo la isla, jengibre, que 
comimos verde como si fuera pan; no nace en un árbol, 
sino en un arbusto con tallos a flor de tierra de un pal- 
mo de largo, parecidos a los pimpollos de las cañas, a 
los que también se asemeja en las hojas, aunque las del 
jengibre son más estrechas; no sirven para nada los ta- 
llos; sólo se aprovecha la raíz, que es el jengibre usual 
en el comercio; el jengibre verde no es tan fuerte como 
el seco; para secarle se espolvorea de cal, pues de otro 
modo no podría conservarse. 

Casas. — Las casas de estos isleños están construidas 



(1) Myristica officinalis, de Línneo. 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 157 

como las de las islas vecinas, aunque no tan elevadas 
sobre la tierra, y rodeadas de cañas en forma de seto. 

Mujeres y hombres, — Las mujeres de este país son 
feas; van desnudas como las de las otras islas, cubrien- 
do sus partes sexuales con un paño hecho de corteza 
de árbol; los hombres van igualmente desnudos, y a 
pesar de la fealdad de sus mujeres, son muy celosos; 
se enfadaban mucho al vernos llegar a tierra con las 
pretinas abiertas (1), porque se imaginaban que esto 
podría inducir a malas tentaciones a sus mujeres; hom- 
bres y mujeres van descalzos. 

Paños de corteza de árbol. — Sus telas de corteza de 
árbol las hacen del siguiente modo: cogen un trozo de 
corteza y ¡a ponen en agua hasta que se ablanda; la gol- 
pean después con una especie de látigos para exten- 
derla a lo largo y a lo ancho, según creen conveniente, 
hasta que parece una tela de seda cruda con hilos en- 
trelazados interiormente, como si fuese tejida (2). 

Pan de madera. — Con la madera de un árbol pa- 
recido a la palmera hacen su pan, así: toman un trozo 
de esta madera y la quitan ciertas espinas negras y lar- 
gas; en seguida la machacan y hacen un pan al que lla- 
man sagou; llevan provisión de este pan en sus viajes 
por mar. Los isleños de Tarenate venían diariamente 
con sus canoas a ofrecernos clavos de especias; pero 
como esperábamos que el rey los trajera, no quisimos 
comprarlos de los otros isleños, contentándonos con 
tomarles víveres; los indígenas de Tarenate se lamenta- 
ban mucho de esto. 

24 de noviembre de 1521. — La noche del 
domingo 24 de noviembre volvió el rey al son de tim- 
bales y pasó por entre nuestros dos navios. Le saluda- 



(1) Esto se refiere al antiguo traje españoL 

(2) Hoy se hace una clase de tela, o mejor dicho, de paño de 
corteza de árbol de la misma manera, como puede verse en la des- 
cripción que da Cook (Primer viaje, tomo II). 



158 PIGAFETTA LIB. 

mos con salvas de las bombardas para testimoniarle 
nuestro respeto. Nos dijo que, a consecuencia de las 
órdenes que dio, nos traerían, durante cuatro días, una 
considerable cantidad de clavos. 

25 de noviembre de 1521* — En efecto, el 
lunes nos trajeron ciento sesenta y un cathiles, que pe- 
samos sin descontar la tara. Descontar la tara es tomar 
las especias a menos peso del que realmente tienen, 
porque entonces están frescas; pero después, indefec- 
tiblemente, disminuyen en peso y en calidad al secarse. 
Los clavos enviados por el rey eran los primeros que 
embarcábamos y constituían el principal objeto de 
nuestro viaje; disparamos la artillería, al almacenar los 
primeros, en señal de regocijo. 

26 de noviembre de 1521. — Invitación del 
rey. — El martes 26 de noviembre nos visitó el rey 
para decirnos que, saliendo de su isla, hacía por nos- 
otros lo que nunca hicieron sus predecesores; pero 
que le placía determinarse a darnos esta muestra de su 
amistad al rey de España y a nosotros, a fin de que 
pudiéramos cuanto antes partir hacia nuestro país y 
volver en poco tiempo con más fuerzas para vengar la 
muerte de su padre, a quien mataron en una isla lla- 
mada Buru (1), y cuyo cadáver echaron al mar. Añadió 
que era costumbre en Tadore, cuando se cargaban cla- 
vos en un navio o en un junco por primera vez, que el 
rey diese un festín a los marineros y a los mercaderes 
del barco, y al mismo tiempo rogar al cielo para que 
llegasen felizmente a sus casas. Esperaba aprovechar 
la ocasión para dar un banquete al rey de Bachián, que 
venía a visitarle con su hermano, para lo cual hizo lim- 
piar las calles y los caminos. 

Rehusamos. — Nos inspiró la invitación sospechas, 
porque supimos que en el lugar en que hacíamos la 
aguada tres portugueses fueron asesinados por isleños 



(1) Bouro, de que se hablará después. 



ni PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 159 

ocultos en un bosque vecino. Además, frecuentemente 
conferenciaban los de Tadore con los indios que hici- 
mos prisioneros, de modo que, a pesar de la opinión 
de alg-unos de los nuestros, que aceptaron gustosos la 
invitación del rey, el recuerdo del funesto festín de 
Zubu nos hizo rehusarla. Sin embargo, enviamos al 
rey nuestras gracias y excusas, rogándole que viniese 
lo antes posible a los navios, para entregarle los cua- 
tro esclavos que le prometimos, pues nuestra intención 
era partir en cuanto hiciese buen tiempo. 

Vino el rey el mismo día y subió a bordo sin mos- 
trar la menor desconfianza, diciendo que entre nos- 
otros se hallaba como en su propia casa, asegurándonos 
que le era muy sensible una partida tan repentina y tan 
poco corriente, porque todos los navios empleaban 
ordinariamente treinta días en completar su carga, y 
nosotros lo hicimos en mucho menos tiempo; añadió 
que si nos ayudó hasta saliendo de su isla para que 
cargásemos más pronto los clavos, no pensó con esto 
acelerar nuestra marcha, a más que la estación no era 
propia para navegar en aquellos mares, porque hay 
rompientes cerca de Bandán, y que también podría- 
mos encontrar algunos barcos de nuestros enemigos 
los portugueses. 

Cuando vio que todo lo dicho no bastó para rete- 
nernos, repuso: «jEstá bien! Os devolveré lo que me 
habéis dado en nombre del rey de España, porque si 
partís sin darme tiempo para preparar a vuestro rey 
otros regalos dignos de él, todos los reyes vecinos 
dirán que el rey de Tadore es un ingrato, por recibir 
beneficios de un rey tan grande como el de Castilla 
sin enviarle nada a su vez. Dirán también que partís 
tan precipitadamente por miedo a una traición mía, y 
toda mi vida llevaré la afrenta de traidor.» Entonces, 
para asegurarnos contra toda sospecha que pudiéramos 
tener de su buena fe, mandó que le llevasen su alcorán; 
le besó devotamente y púsole sobre su cabeza cuatro 



160 PIGAFETTA LIB. 

O cinco veces, mascullando entre dientes ciertas pala- 
bras que eran una invocación llamada zambehan. Des- 
pués dijo en voz alta, en presencia de todos, que jura- 
ba por Alá (Dios) y por el coran, que tenía en la mano, 
que sería siempre un fiel amigo del rey de España. 
Profirió todo esto casi llorando y con tal aspecto de 
sinceridad, que le prometimos pasar quince días más 
en Tadore. 

Dímosle el sello del rey y el estandarte real. Supi- 
mos a poco que algunos de los personajes de la isla 
le aconsejaron, efectivamente, que nos asesinase a 
todos, con lo que hubiera conseguido la benevolencia 
y el reconocimiento de los portugueses, que le hubie- 
sen ayudado mejor que los españoles a vengarse del 
rey de Bachián; pero el rey de Tadore, leal y fiel al 
rey de España, con el cual había jurado la paz, res- 
pondió que nada le induciría a tal perfidia. 

27, 29 y 30 de noviembre de 1521.— El miér- 
coles 27 el rey mandó pregonar un aviso para que todo 
el que quisiera nos vendiese libremente clavos; apro- 
vechamos la ocasión y compramos gran cantidad. 

El viernes vino a Tadore el rey de Machián con mu- 
chas piraguas; pero no quiso saltar a tierra porque su 
padre y su hermano, desterrados de Machián, se habían 
refugiado en esta isla. 

El sábado vino el rey a los navios con el gobernador 
de Machián, su sobrino Humai, joven de veinticinco 
años, y al saber que no teníamos paño, envió a buscar 
a su casa tres aunas de paño rojo y nos las dio, para 
que, con otros objetos que aún teníamos, pudiésemos 
hacer al gobernador un regalo digno de su rango, como 
lo cumplimos; a su partida disparamos muchos bom- 
bardazos. 

1, 2, 4, 5 y 6 de diciembre de \S2\.— Fiesta 
de Santa Bárbara. — Compramos a poco precio clavos 
de especia. — El domingo, primero de diciembre, se 
marchó el gobernador de Machián; nos dijo que tam- 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 161 

bien el rey le hizo algunos regalos para que cuanto 
antes nos enviase clavos. 

El lunes el rey hizo fuera de su isla otro viaje con 
el mismo objeto. 

El miércoles, día de Santa Bárbara, para festejarle, y 
en honor del rey, que había regresado, hicimos una 
descarga cerrada de la artillería, y por la noche que- 
mamos fuegos artificiales, que divirtieron mucho al rey. 

El jueves y el viernes compramos muchos clavos que 
nos ofrecieron muy baratos, porque sabían que estába- 
mos a punto de partir; nos dieron un bahar por dos 
aunas de cinta y cien libras por dos cadenitas de latón, 
que no costaban más que un márcelo (1); y como cada 
marinero quería llevar a España, cambiaron todos hasta 
sus ropas por clavos. 

7, 8 y 9 de diciembre de 1521. — Visita de los 
hijos del rey de Tarenate. — El sábado, tres hijos del 
rey de Tarenate, con sus mujeres, hijas del rey de Ta- 
dore, vinieron a los navios. El portugués Pedro Alfon- 
so iba con ellos. Regalamos sendas tazas de vidrio do- 
rado a los tres hermanos, y a las mujeres, tijeras y otras 
bagatelas; también enviamos algunas baratijas a otra 
hija del rey de Tadore, viuda del rey de Tarenate, que 
no quiso subir a bordo. 

El domingo, día de la Purísima Concepción de Nues- 
tra Señora, disparamos con gran regocijo bombarda- 
zos, bombas y cohetes. 

El lunes por la tarde el rey vino a bordo con tres 
mujeres que llevaban su betel. Debo advertir que sola- 
mente los reyes y los miembros de la familia real tie- 
nen derecho a llevar consigo mujeres. El mismo día 
volvió por segunda vez el rey de Giailolo para ver el 
manejo de la artillería. 

Como el día fijado para nuestra partida se aproxima- 



(1) Monedita de Venecia que el dogo Nicolás Marcello acuñó 
en 1473 y que valía unos diez sueldos franceses. 



PIGAFETTA 



162 PIGAFETTA LIB. 

ba, el rey nos visitaba con frecuencia y se le veía ver- 
daderamente conmovido, diciéndonos, entre otras cosas 
lisonjeras, que le parecía ser cual un niño de pecho a 
quien su madre va a destetar. Nos rogó que le dejára- 
mos algunos bersiles para su defensa. 

Aviso del rey. — Nos advirtió que no navegásemos 
durante la noche, por los escollos y arrecifes que hay 
en este mar; y cuando le dijimos que nuestra intención 
era navegar día y noche para llegar lo más pronto po- 
sible a España, nos respondió que en ese caso no podía 
hacer nada mejor que pedir y mandar que rogasen a 
Dios por la prosperidad de nuestra navegación. 

Lorosa viene a bordo. — Durante este tiempo, Pedro 
Alfonso de Lorosa vino a bordo con su mujer y todos 
sus efectos, para volver con nosotros a Europa. — Che- 
chilideroix quiere llevársele: Dos días después, Che- 
chilideroix, hijo del rey de Tarenate, vino con una ca- 
noa, repleta de hombres armados, y le invitó a que se 
fuera con él; mas Pedro Alfonso, sospechando su mala 
intención, se guardó muy bien de ello, y nos advirtió 
que no le dejásemos subir al navio; seguimos su con- 
sejo. Después supimos que Chechili, gran amigo del 
capitán portugués de Malaca, tenía el proyecto de apo- 
derarse de Pedro Alfonso y enviárselo. Cuando vio 
frustrado su intento, gritó y amenazó a los de la casa en 
que se alojó Lorosa, por haberle dejado partir sin su 
permiso. 

15 de diciembre de 1521* — Casamiento de 
una hija del rey. — El rey nos previno de que el rey 
de Bachián iba a venir con su hermano, que debía ca- 
sarse con una de sus hijas, y nos rogó que hiciésemos 
en su honor una descarga de artillería. Vino, en efecto, 
el 15 de diciembre por la tarde, y cumplimos lo que el 
rey pidió, aunque sin disparar la artillería gruesa, por- 
que los navios estaban demasiado cargados. 

El rey de Bachián, con su hermano, el futuro esposo 
de la hija del rey de Tadore, vinieron en un gran bar- 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 163 

co, con tres filas de remeros a cada lado; ciento veinte 
hombres en total. Estaba el barco adornado con mu- 
chos pabellones de plumas de papagayo, blancas, ama- 
rillas y rojas; mientras bogaban, los timbales y la músi- 
ca acompasaban el movimiento de los remos. En otras 
dos canoas estaban las muchachas que debían presen- 
tar a la esposa. Nos saludaron dando la vuelta alrede- 
dor de nuestros navios y del puerto. 

Etiquetas y ceremonias. — Como la etiqueta no per- 
mite que un rey pise la tierra de otro, el rey de Tadore 
visitó al de Bachián en su propia canoa. Este, al verle 
llegar, se levantó del tapiz en que estaba sentado y se 
colocó al lado, cediendo el sitio al rey de Tadore, el 
cual, por cortesía, tampoco quiso sentarse en el tapiz 
y se puso al otro lado, dejando el tapiz en medio de 
los dos. Entonces el rey de Bachián ofreció al de Ta- 
dore quinientos patolles, como compensación por la 
esposa que daba a su hermano. Los patolles son paños 
de oro y seda fabricados en China y muy apreciados 
en estas islas; vale cada uno tres bahars de clavos, 
poco más o menos, según el trabajo y el oro que tenga; 
cuando algún personaje del país muere, los parientes, 
para honrarle, se visten con estos paños. 

16 de diciembre de 1521* — El lunes el rey de 
Tadore envió una cena al de Bachián; llevábanla cin- 
cuenta mujeres, cubiertas de paños de seda desde la 
cintura a las rodillas, yendo de dos en dos, con un 
hombre en medio, con sendos platos grandes, en los 
que había otros platitos conteniendo diferentes guisos; 
los hombres llevaban grandes vasos de vino; diez mu- 
jeres de las de más edad hacían de maestras de cere- 
monias. Llegaron en este orden al barco y presentaron 
todo al rey, que estaba sentado sobre un tapiz bajo un 
dosel rojo y amarillo. 

A su regreso, las mujeres se juntaron a algunos de 
nosotros, a los que la curiosidad impelió a ver el con- 
voy, y no pudieron librarse de ellas sino después de 



164 PIGAFETTA LIB. 

hacerles algunos regalitos. El rey de Tadore nos en- 
vió en seguida víveres, tales como cabras, cocos, vino 
y otros comestibles. 

Este mismo día pusimos en los navios velas nuevas, 
sobre las que pintamos la cruz de Santiago de Galicia, 
con esta inscripción: EsTA ES LA FIGURA DE NUESTRA 
BUENAVENTURA. 

17 de diciembre de 1521. — Regalos al rey, — 
El martes dimos al rey algunos de los fusiles que 
cogimos a los indios cuando nos apoderamos de sus 
juncos, y algunos bersiles, con cuatro barricas de 
pólvora. 

Embarcamos en cada navio ochenta toneles de agua; 
la leña la tomaríamos en la isla de Mare, cerca de la 
cual íbamos a pasar, y adonde el rey había enviado 
cien hombres para prepararla. 

Alianza con el rey de Bachián. — El mismo día, el 
rey de Bachián obtuvo permiso del rey de Tadore para 
venir a tierra y pactar una alianza con nosotros. Le 
precedían cuatro hombres con largos puñales en la 
mano; dijo, en presencia del rey de Tadore y de todo 
su séquito, que estaría siempre pronto a ponerse al 
servicio del rey de España; que guardaría para él solo 
los clavos de especia que habían dejado los portugue- 
ses en su isla hasta la llegada de otra escuadra espa- 
ñola, y no los cedería a nadie sin su consentimiento, y 
que por medio de nosotros iba a enviarle un esclavo 
y dos bahars de clavos; hubiera gustosamente dado 
diez, pero nuestros barcos estaban tan cargados, que 
ya no soportaban más. 

Aves del Paraíso. — Nos dio también para el rey de 
España dos pájaros muertos muy hermosos; tenían el 
tamaño de un tordo: la cabeza, pequeña; el pico, largo; 
las patas, del grueso de una pluma de escribir y de un 
palmo de largo; la cola, parecida a la del tordo; sin 
alas, y en su lugar largas plumas de diferentes colores, 
parecidas a penachos; las plumas, obscuras, salvo las 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 165 

de las alas; no vuelan mas que cuando hace viento; 
dicen que vienen del Paraíso terrestre, y les llaman 
bolondinata, esto es, pájaro de Dios (1). 

Extraña costumbre del rey de Bachián. — Repre- 
sentaba el rey de Bachián unos setenta años. Nos con- 
taron de él una cosa muy extraña: siempre que iba a 
combatir a los enemigos, o cuando iba a emprender 
algfo de importancia, se entregaba antes dos o tres ve- 
ces a los placeres de uno de sus criados destinado a 
tal fin, así como César, según el relato de Suetonio, 
acostumbraba a entregarse a Nicomedes. 

Brujos. — Un día el rey de Tadore envió a decir a 
los nuestros que guardaban el almacén de nuestras 
mercancías, que no saliesen durante la noche, porque 
había isleños que por medio de ciertos ungüentos to- 
maban la figura de un hombre sin cabeza; de este modo 
se paseaban por la isla, y cuando encontraban alguno 
a quien no querían, le tocaban untándole la palma de 
la mano, por lo que el hombre caía enfermo y moría 
al cabo de tres o cuatro días; si encontraban tres o 
cuatro personas a la vez, no les tocaban, pero poseían 
el arte de aturdirías. Añadió el rey que era preciso 
velar para conocer a estos brujos, y que ya habían 
prendido a muchos. 

Casa nueva. — Antes de habitar una casa nueva re- 
cién construida encienden alrededor una gran hoguera 
y celebran muchos festines; en seguida cuelgan del 
techo una muestra de todo lo bueno que produce la 
isla, y están muy persuadidos de que así no faltará en 
ninguna ocasión nada a los que han de habitarla. 



(1) El caballero Pigafetta fué quizás el primero que enseñó a 
los europeos que el ave del Paraíso (Avis paradisiaca, de Linneo) 
tiene patas como las otras aves, pues tan persuadidos estaban 
antes de que no las tenían (porque se las cortaban a todos los que 
empajaban para venderlos), que el gran naturalista Aldovrando 
(De Avibus, tomo I, pág. 807) vitupera a nuestro autor, que al 
hacer la descripción se las atribuye. 



166 PIGAFETTA LIB. 

18 de diciembre de 1521. — Retrasamos la par- 
tida por tener una vía de agua el « Trinidad» . — El 
miércoles por la mañana todo estaba dispuesto para par- 
tir. Los reyes de Tadore, de Giailolo y de Bachián, así 
como el hijo del rey de Tarenate, vinieron para acom- 
pañarnos hasta la isla de Mare. El navio Victoria des- 
plegó velas el primero y ganó el largo, donde esperó 
al Trinidad; pero éste levó anclas con mucha dificul- 
tad, y los marineros descubrieron que sufría una vía de 
agua en la cala. Volvió a anclar entonces el Victoria 
donde estaba antes. Se descargó en gran parte el Tri- 
nidad para buscar la vía y taponarla; pero aunque se 
le acostó de babor, el agua entraba cada vez con más 
fuerza, como por un caño, sin que pudiéramos encon- 
trar la vía; este día y el siguiente dimos a las bombas 
sin cesar, pero sin éxito. 

Se busca la vía de agua en vano.— Llegó la noticia 
a oídos del rey de Tadore, y vino al navio para ayu- 
darnos. — Buzos: Mandó que se sumergiesen cinco de 
sus buzos, acostumbrados a permanecer mucho tiempo 
bajo el agua; trabajaron más de media hora sin encon- 
trar el agujero por donde entraba el agua, y como, a 
pesar de las bombas, el agua subía siempre, envió a 
buscar al otro extremo de la isla a tres buzos más há- 
biles aún que los primeros. 

19 de diciembre de 1521. — Proyecto de aban- 
donar al « Trinidad». — Volvió al día siguiente de ma- 
drugada. Bucearon los hombres en el mar, con la cabe- 
llera flotante, porque se imaginaban que el agua al en- 
trar por la vía arrastraría sus cabellos, indicándoles así 
el lugar del agujero (1); pero después de una hora su- 
bieron definitivamente a la superficie del mar sin en- 

(1) Pudo suceder esto que el autor cuenta; los cabellos flotan- 
tes hubieran sido seguramente atraídos por el agua que entraba 
en el barco, al acercarse a la vía. Ahora se ponen estopas en una 
vela que se pasa bajo el barco; el agua arrastra adentro las esto- 
pas, y de esta manera se sabe dónde está la vía de agua. 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 167 

centrar nada. El rey pareció que se afectaba vivamente 
con este contratiempo, hasta el punto de que se ofre- 
ció él mismo para ir a España y relatar al rey lo que 
nos sucedía; pero le respondimos que, teniendo dos na- 
vios, podríamos hacer el viaje con el Victoria solo, que 
no tardaría en partir aprovechando los vientos del 
Este que empezaban a soplar; durante este tiempo 
carenarían al Trinidad, el cual podría aprovechar en 
seguida los vientos del Oeste para ir a Darién, al otro 
lado del mar, en la tierra del Diucatán (1). Dijo enton- 
ces el rey que tenía a su servicio doscientos cincuenta 
carpinteros, a los que emplearía en este trabajo bajo la 
dirección de los nuestros, y que aquellos de nosotros 
que se quedaran en la isla serían tratados como sus 
propios hijos. Pronunció estas palabras con tanta emo- 
ción, que a todos nos hizo derramar lágrimas. 

Se aligera el « Victoria*. — Los que tripulábamos el 
Victoria, temiendo que su carga fuese excesiva, por lo 
que podría abrirse en alta mar, decidimos enviar a tie- 
rra sesenta quintales de clavos, y los llevamos a la casa 
en que se alojaba la tripulación del Trinidad. Hubo 
algunos, sin embargo, que prefirieron quedarse en las 
islas Malucco mejor que volver a España, ya por temor 
de que el navio no resistiera tan largo viaje, ya porque 
el recuerdo de lo que sufrieron antes de llegar a las 
Malucco les amedrentase, pensando que morirían de 
hambre en medio del Océano. 

21 de diciembre de 1521.— Salida del « Victo- 
ria».— K\ sábado, 21 del mes, día de Santo Tomás, nos 
trajo dos pilotos, que pagamos por anticipado, para que 
nos condujeran fuera de las islas. Nos dijeron que el 
tiempo era excelente para el viaje y que debíamos 



(1) El Yucatán, en América, cerca del golfo de Méjico, donde 
está el istmo de Darién. Sin embargo, el navio permaneció en Ti- 
dor y fué apresado por los portugueses. (Hist genérale des voya- 
ges, tomo XIV, pág. 99.) 



168 PIGAFETTA LIB. 

partir cuanto antes; pero tuvimos que esperar a que 
nos trajesen las cartas que nuestros camaradas que se 
quedaban en las Malucco mandaban a España, y no 
pudimos levar anclas hasta el mediodía. Entonces, los 
barcos se despidieron con una descarga recíproca de 
la artillería; nuestros compañeros nos sigfuieron en su 
chalupa tan lejos como pudieron, y nos separamos, al 
fin, llorando. 

Juan Carvajo quedó en Tadore con cincuenta y tres 
europeos. Nuestra tripulación se componía de cuaren- 
ta y siete europeos y trece indios. 

Cargamos madera en Mare. — El gobernador o mi- 
nistro del rey de Tadore vino con nosotros hasta la 
isla de Mare, y apenas llegamos allí, cuando cuatro 
canoas se acercaron, cargadas de madera, que en me- 
nos de una hora pasó a nuestro navio. 

Productos de las islas Malucco, — Todas las islas 
Malucco producen clavos de especia, jengibre, sagú 
(que es la madera de que se hace el pan), arroz, nue- 
ces de coco, bananas, higos, almendras más gordas que 
las nuestras, granadas dulces y agrias, caña de azúcar, 
melones, cohombros, calabazas, un fruto que llaman 
comilicai (1), muy refrescante y del tamaño de una san- 
día, otro fruto parecido al melocotón, que llaman gua- 
ve (2), y otros vegetales comestibles; también hay aceite 
de coco y de ajonjolí. De animales útiles tienen cabras, 
gallinas y una especie de abeja no más grande que una 
hormiga, que hace su colmena en los troncos de los 
árboles, donde deposita su excelente miel. Hay muchas 
variedades de papagayos, entre otros unos blancos que 
llaman catara, y otros rojos llamados nori, que son los 
más apreciados, no sólo por la belleza de su plumaje, 
sino porque pronuncian más claramente que los otros 



(1) Especie de ananas o pina de América. 

(2) Guayaba, fruto del guayabero. {Psidium pyriferum, de 
Linneo.) 



III PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 169 

las palabras que aprenden. Un papag^ayo vale un bahar 
de clavos. 

Conquista de las islas Malucco, — Apenas hace cin- 
cuenta años que los moros conquistaron y habitan las 
islas Malucco, adonde llevaron su religión. Antes de la 
conquista de los moros no había mas que gentiles, los 
cuales no se preocupaban casi de los árboles del cla- 
vo. Aun se encuentran algunas familias de gentiles, que 
se retiraron a las montañas, lugares muy convenientes 
para el desarrollo de dichos árboles. 

Posición de las islas Malucco. — La isla de Tadore 
está a 27' de latitud septentrional y a 161° de longitud 
de la línea de demarcación. Dista 9° 30' de Zamal, pri- 
mera isla de este archipiélago, al Sureste cuarto Sur. 

La isla de Tarenate está a 40' de latitud septen- 
trional. 

Mutir está exactamente bajo la línea equinoccial. 

Machián está a 15' de latitud Sur. 

Bachián, a 1° de la misma latitud. 

Tarenate, Tadore, Mutir y Bachián tienen altas mon- 
tañas piramidales, en que crecen los árboles del clavo. 
Bachián no se divisa desde las otras islas, aunque es la 
más grande de las cinco. Su montaña con los mencio- 
nados árboles no es tan alta ni tan puntiaguda como 
las de las otras islas; pero su base es más ancha (1). 



(1) El autor pone aquí el vocabulario de las Molucas, que nos- 
otros damos al fín del viaje. 



LIBRO IV 

Regreso a España desde las islas Malucco. 



Diciembre de 1521o — Muchas islas, — Los pig- 
meos de Cafi. — Continuamos nuestra ruta, pasando por 
entre muchas islas, llamadas: Cayoán, Laigoma, Sico, 
Giogi, Cafí, Laboán (1), Tolimán, Titameti, Bachián (2), 
de la que hemos ya hablado; Latalata, {abolí, Mata y 
Batutiga. Nos dijeron que en la isla de Cafí los hom- 
bres son pequeños como pigmeos; están sometidos al 
rey de Tadore. Pasamos al oeste de Batutiga y pusi- 
mos rumbo al Oeste Suroeste. Al Sur vimos muchas 
islas. Aconsejaron los pilotos molucenses que ancláse- 
mos en algún puerto para no chocar durante la noche 
con los islotes y los arrecifes. Navegamos al Sureste, 
y anclamos junto a una isla que está a 3° de latitud Sur 
y a cincuenta y tres leguas de distancia de Tadore. 

Antropófagos. — Esta isla se llama Sulach (3); sus 
habitantes son gentiles y no tienen rey; son antropófa- 
gos, y hombres y mujeres van desnudos, sin más que 
un pedacito de corteza de árbol, de dos dedos de lar- 
go, delante de las partes naturales; cerca de ella hay 



(1) Laboán o Labocca, considerada hoy como formando parte 
de Bachián. (Hist. genérale des voyages, tomo XI, pág-. 14.) 

(2) Bachián, una de las cinco principales islas Molucas. Casi 
todas estas islas están marcadas en el mapa XVIII de Monti, que 
no dice sobre qué datos las dibujó. Muchos de los nombres de es- 
tas islas figuran en la nota de los dominios del rey de Ternate. 

(3) Xulla, de Robert, y Xoula, de los mapas holandeses. 



172 PIGAFETTA LIB. 

otras islas cuyos indígenas comen carne humana; se 
llaman Silán, Noselao, Biga, Atulabaón, Leitimor, Te- 
netum, Gonda, Kayalruru, Manadán y Benaya (1). 

Costeamos las islas de Lamatola y Tenetum. 

Después de recorrer diez leguas, desde Sulach, en la 
misma dirección, anclamos junto a una isla grande lla- 
mada Buru, donde encontramos víveres en abundancia: 
cerdos, cabras, gallinas, cañas de azúcar, nueces de 
coco, sagú, unos platos compuestos de bananas, a los 
que llaman canali, y chicares^ que aquí les llaman nan- 
ga. Los chicares (2) son frutos parecidos a la sandía, 
pero su cascara está llena de nudos; dentro están lle- 
nos de semillitas rojas parecidas a las pepitas de me- 
lón, sin cascara leñosa, de una substancia medular como 
las judías blancas, pero más grandes, muy tiernas y con 
sabor a castañas. 

Comilicai. — Encontramos otro fruto en forma de 
pina, pero de color amarillo, blanco por dentro, y al 
cortarle tiene alguna semejanza con la pera, pero mu- 
cho más tierno y de un sabor exquisito; le llaman co- 
milicai. 

Los habitantes de esta isla no tienen rey, son genti- 
les y van desnudos como los de Sulach. La isla de 
Buru está a 3° 30' de latitud meridional y a setenta y 
cinco leguas de distancia de las islas Malucco (3). 

Ambón, — A diez leguas al oeste de Buru hay una 
isla mayor que confína con Giailolo; llámase Ambón; 
está habitada por moros en la costa y por gentiles añ- 



il) El autor, como escribió los nombres con los datos que le 
daban los pilotos, es frecuentemente inexacto. Cita diez islas y no 
dibujó mas que seis, y de las diez, cuatro vuelve a mencionarlas 
más adelante. Leytimor no es sino una península unida a Amboine. 

(2) Quizás la Cucúrbita verrucosa, de Linneo. 

(3) Boug-ainville llama Boero a esta isla, la coloca en la mis- 
ma latitud, y en su mapa XVII ha puesto Sulla, Boero, Kilang y 
Bonoa, que son: Sulach, Buru, Kailaruru y Benaya, de nuestro au- 
tor. (Léase BouGAiNViLLE (L. A. de), tomo II de su Viaje alroftedor 
del mundo, en la colección de Viajes clásicos editada por Calpe.) 



IV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 173 

tropófagos en el interior. Los productos son los mismos 
que en Buru. 

Entre Buru y Ambón hay tres islas rodeadas de es- 
collos: Vudia, Kailaruru y Benaya (1), y a cuatro leguas 
al sur de Buru está la de Ambalao (2). 

A treinta y cinco leguas de Buru, al Suroeste cuarta 
Sur, se encuentra la isla de Bandán, con otras trece. En 
seis de ellas hay macis y nuez moscada; la mayor es 
Zoroboa, y las pequeñas, Chelicel, Saniananpi, Pulai, 
Puluru y Rasoghin (3); las otras siete son: Univeru, Pu- 
lan, Baracán, Lailaca, Mamicán, Man y Meut (4). Culti- 
van sagú, arroz, cocoteros, bananeros y otros árboles 
frutales; están muy cerca unas de otras, y habitadas por 
moros que no tienen rey. Bandán está a 6° de latitud 
meridional y a 163° 30' de longitud de la línea de de- 
marcación. Se hallaba fuera de nuestra ruta y por eso 
no fuimos a ella. 

Zolor, Nocemamor y Galián. — Desde Buru, al Sur- 
oeste cuarto Oeste, después de recorrer 8° de latitud, 
llegamos a tres islas cercanas unas de otras: Zolor (5), 
Nocemamor y Galián. 

10 de enero de 1522. — Tempestad. - Mientras 
navegábamos por estas islas sufrimos una tempestad 
que puso en peligro nuestras vidas, e hicimos el voto 
de ir en peregrinación a Nuestra Señora de la Guía si 
nos salvábamos. — Mallua: Con viento en popa nave- 
gamos hacia la isla de Mallua, bastante elevada, en don- 
de anclamos; pero antes de llegar tuvimos que luchar 

(1) En el atlas de Robert se ven aquí las islas de Menga, Ke- 
lam y Bone; en el mapa de los holandeses (Hist genérale des vo- 
yages, tomo XI), las de Manipa, Kelam y Bonoa. 

(2) Actualmente Amblau. 

(3) Eq el mapa holandés: Guananapi, Puloay, Pulorhun y Ro- 
singen. 

(4) El Recueil des voyages pour iétablissement de la Compagnie 
des Indes, tomo II, pág. 213, habla de las islas de Vayer, Tonjon- 
burong y Mamuak. 

(5) Solor en los mapas modernos. 



174 PIGAFETTA LIB. 

contra las corrientes y las ráfagas que soplaban de las 
montañas. 

Usos y costumbres de sus habitantes. — Los indíge- 
nas de esta isla son salvajes, más parecidos a bestias 
que a hombres, antropófagos, y van desnudos, con un 
trocito de corteza de árbol tapándoles las partes sexua- 
les; pero cuando van a combatir se cubren el pecho, la 
espalda y los costados con pieles de búfalo adornadas 
con corniolas y colmillos de cerdo, atándose por detrás 
y por delante rabos de piel de cabra (1). Llevan los ca- 
bellos levantados sobre la cabeza por medio de una 
peineta de caña con largos dientes, que pasan de lado 
a lado; envuélvense la barba en hojas, encerrándola en 
estuches de caña, moda de que nos reimos mucho. En 
una palabra, son los hombres más feos que encontra- 
mos durante todo nuestro viaje. 

Tienen sacos hechos con hojas de árboles, en los 
que guardan su comida y bebida; sus arcos y flechas 
son de cañas. En cuanto nos divisaron sus mujeres, 
avanzaron contra nosotros, arco en mano, en actitud 
amenazadora; pero con algunos regalitos nos hicimos 
amigos pronto. 

Animales y productos, — Pasamos quince días en 
esta isla para carenar los costados de nuestro navio, 
que habían sufrido mucho. Encontramos cabras, galli- 
nas, pescados, nueces de coco, cera y pimienta; por una 
libra de hierro viejo nos dieron quince libras de cera. 

Pimienta. — Hay dos clases de pimienta: larga y re- 
donda; el fruto de aquélla se asemeja a las flores amen- 
táceas del avellano, y la planta, como la hiedra, se en- 
laza igualmente a los troncos de los árboles, pero sus 
hojas se parecen a las del moral; llámase luli. La redon- 
da crece de la misma manera, pero sus frutos nacen en 
mazorcas como las del maíz y se las desgrana también 



(1) Las corniolas a que alude el autor parecen ser conchas uni- 
valvas, etc. 



IV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 175 

lo mismo; llámase lada. Los campos están cubiertos 
con pimenteros formando bóvedas. 

Tomamos a nuestro servicio en Mailua un hombre, 
que se encargó de conducirnos a una isla en la que 
abundaban muchísimos víveres. Mailua está a 8° 30' de 
latitud meridional y a 169° 40' de longitud de la línea 
de demarcación. 

Arucheto. — Pigmeos. — Nos contó nuestro piloto mo- 
luqués que en estos parajes hay una isla, llamada Aru- 
cheto, cuyos habitantes, hombres y mujeres, no tienen 
más de un codo de alto, y con orejas más largas que 
todo el cuerpo, de tal manera que cuando se acuestan 
una les sirve de colchón y la otra de manta; van des- 
nudos y rapados; su voz es áspera, y corren ágilmente; 
habitan en subterráneos, y se alimentan de pescado y 
de una clase de fruto blanco y redondo como los con- 
fites, que encuentran entre la corteza y la madera de 
cierto árbol, al que llaman ambulón (1). Hubiéramos 
ido de buena gana a esta isla, si los escollos y las co- 
rrientes no lo hubiesen impedido. 

25 y 26 de enero de 1522. — Conseguimos 
víveres. — El sábado 25 de enero, a las veintidós (dos 
horas y media), partimos de Mailua, y después de na- 
vegar cinco leguas al Sursuroeste, llegamos a la gran isla 
de Timor. Fui a tierra solo para tratar con el jefe de la 
población, llamada Amaban, para obtener algunos ví- 
veres; me ofreció búfalos, cerdos y cabras; pero al 
fijar las mercancías que daríamos en cambio no nos 
pusimos de acuerdo, porque él quería mucho y nos- 
otros teníamos ya muy pocas cosas que dar. Tomamos 
la resolución de retener en el navio a otro jefe llamado 



(1) Es notable que ya en Estrabón se lea esta fábula burda 
(Geogr., lib. XV), el cual la copia de Megasteno, uno de los capi- 
tanes de Alejandro Magno. Aun hoy estos isleños se divierten 
contando a los extranjeros cosas maravillosas. A Cook le quisieron 
hacer creer que en una isla eran tan fuertes y grandes los hom- 
bres, que fácilmente hubieran transportado su navio. 



176 PIGAFETTA LIB. 

Balibo, que de buena fe había subido a bordo. ~ A la 
fuerza: Le dijimos que si quería recobrar la libertad 
debía procurarnos seis búfalos, diez cerdos y otras 
tantas cabras; temiendo que le matásemos, ordenó in- 
mediatamente que nos llevasen lo que pedíamos, y 
como no poseía más que cinco cabras y dos cerdos, 
nos dio siete búfalos en vez de seis; le enviamos libre 
a tierra, muy contento de nosotros, porque le regala- 
mos una tela, un paño indio de seda y algodón, varias 
hachas, cuchillos indios y europeos y unos espejos. 

Usos y costumbres. — El jefe de Amaban, en cuya 
casa estuve, no tenía a su servicio mas que mujeres, 
que iban desnudas como las de las otras islas; en las 
orejas llevaban aretes de oro con flequitos de seda, y 
en los brazos, hasta el codo, brazaletes de oro y de 
latón; los hombres, también desnudos, con collares de 
chapas redondas de oro, sujetos los cabellos con pei- 
netas de caña, adornados con aretes de oro; algunos 
llevaban en las orejas el cuello de una calabacita seca. 

Sándalo blanco y otros productos. — El sándalo 
blanco sólo se encuentra en esta isla. Hay búfalos, 
cerdos, cabras, gallinas, papagayos de diferentes colo- 
res, arroz, bananas, jengibre, cañas de azúcar, naran- 
jas, limones, almendras, judías y cera. 

Ciudades. — Anclamos en un sitio en que había al- 
gunas ciudades habitadas con sus jefes; en otra parte 
de la isla, en cuatro poblaciones, llamadas Oibich 
(que es la mayor), Lichsana, Suai y Cabanaza, vivían 
los cuatro reyes, que eran hermanos. Nos dijeron que 
en una montaña cercana a Cabanaza había mucho oro, 
con cuyos granos compran los indígenas cuanto ne- 
cesitan. Los de Malaca y Java hacen aquí todo el 
tráfico de madera de sándalo y cera. Encontramos un 
junco que llegó de Lozón para comerciar en sándalo. 

Usos y creencias. — Estos pueblos son gentiles. 
Nos dijeron que, cuando van a cortar el sándalo, el de- 
monio se les aparece en diferentes formas y les pre- 



IV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 177 

gunta muy cortésmente si necesitan algo; pero, a pesar 
de esta cortesía, su aparición les da tanto miedo, que 
caen enfermos durante algunos días (1). Cortan el sán- 
dalo en ciertas fases de la Luna, para que sea mejor. — 
Comercio: Las mercancías apropiadas para cambiarlas 
por sándalo son: paño rojo, telas, hachas, clavos y 
hierro. 

La isla, completamente habitada, se extiende mucho 
de Este a Oeste; pero es muy estrecha de Sur a Norte. 
Está a 10° de latitud meridional y a 174° 30' de lon- 
gitud de la línea de demarcación. 

Mal de Job, — En todas las islas de este archipiéla- 
go que visitamos reina el mal de Job, y sobre todo 
aquí, donde lo llaman for fr anchi, esto es, enfermedad 
portuguesa (2). 

Islas cercanas a Timor. — Nos dijeron que a la dis- 
tancia de una jornada al oestenoroeste de Timor está 
la isla Ende, en la que hay mucha canela; habitada por 
gentiles, sin rey. Cerca se extiende una cadena de islas 
hasta Java la mayor y el cabo de Malaca. Se llaman 
Ende, Tanabutón, Crenochile, Birmacore, Azanarán, 
Main, Zubava, Lumboch, Chorum y Java la mayor, a la 
que los indígenas llaman Jaoa. 

Las mayores poblaciones del país están en Java, y la 
principal es Magepaher, cuyo rey, el raja Patiunus Sun- 
da, cuando vivía, se le reputaba como el monarca más 
grande de las islas que hay en estos parajes. Cosechan 
mucha pimienta. Las otras islas son: Dahadama, Gagia- 

(1) Bomare dice que los que cortan el sándalo (Santalum álbum, 
de Linneo) caen enfermos por los miasmas que exhala esta madera. 

(2) Si el mal de Job era el virus venéreo, según la opinión ge- 
neral, le encontramos en las Molucas y en las Filipinas al comienzo 
del siglo xvi; y como allí le llamaban mal portugués, debemos 
creer que fueron los portugueses quienes le llevaron. Verdad es 
que la palabra franchi servía para designar a todos los europeos; 
pero también es cierto que solamente los portugueses habían lle- 
gado entonces a las islas del mar del Sur. Sin embargo, el mal de 
Job podría ser asimismo la lepra, tan común en Asia. 

PIGAFETTA 12 



178 PIGAFETTA LIB. 

mada, Minutarangam, Ciparafídain, Tubancressi y Ciru- 
baya. A media legua de Java la mayor están las islas 
Bali o pequeña Java, y Madura de la misma extensión 
las dos. 

Costumbres de Java. ~ Las mujeres se queman con los 
cadáveres de sus maridos. — Nos dijeron que es cos- 
tumbre en Java quemar los cuerpos de los personajes 
que mueren, y que su mujer favorita la queman viva en 
la misma hoguera; adornada con guirnaldas de flores, 
cuatro hombres la conducen en una silla de mano por 
toda la ciudad, y con aspecto tranquilo, sonriendo, ani- 
ma a sus parientes, que lloran su próximo fin, diciéndo- 
les: «Esta noche voy a cenar con mi marido, y después 
me acostaré con él.» Ya junto a la pira, les consuela de 
nuevo con frases parecidas y se arroja a las llamas, que 
la devoran. Si rehusase hacerlo, la mirarían como a una 
mujer deshonesta y mala esposa. 

Cascabeles en el prepucio. — Nuestro viejo piloto 
nos contó una costumbre aun más extraña: cuando los 
jóvenes se enamoran de alguna mujer y pretenden sus 
favores, se atan cascabelitos entre el glande y el pre- 
pucio, y van así bajo las ventanas de su querida, a la 
que excitan con el tintín de los cascabeles; aquélla 
exige que no se los quiten. 

Isla habitada por mujeres. — También nos dijeron 
que en la isla Ocoloro, más abajo de Java, no hay mas 
que mujeres, a las que fecunda el viento; cuando paren, si 
es varón le matan inmediatamente; si es hembra, la crían; 
matan a los hombres que se atreven a visitar su isla. 

Historia fabulosa de unas aves colosales y un árbol 
gigantesco. — Nos contaron otras historias. Al norte 
de Java la mayor, en el Golfo de China, que los anti- 
guos llamaron Sinus Magnas, hay, según decían, un ár- 
bol enorme, llamado campanganghi, donde se posan 
ciertas aves, a las que denominan guruda, tan grandes 
y tan fuertes que pueden elevar un búfalo y hasta un 
elefante, y le llevan volando al lado del árbol llamado 



iV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 179 

puzathaer; el fruto del árbol, al que designan con el 
nombre de buapanganghi, es mayor que una sandía. 
Los moros de Borneo nos dijeron que habían visto dos 
de estas aves, que su rey recibió del reino de Ciam; no 
puede nadie aproximarse al árbol por los torbellinos 
que en torno de él forma el mar hasta la distancia de 
tres a cuatro leguas. Añadieron que todo lo que nos 
contaban lo supieron del modo siguiente: Un junco fué 
arrebatado por estos torbellinos cerca del árbol, donde 
naufragó; perecieron todos los hombres, excepto un 
niño, que se salvó milagrosamente sobre una tabla; gateó 
por el árbol y se ocultó bajo el ala de una de estas co- 
losales aves, sin que lo notase; a la mañana siguiente, 
el ave descendió a tierra para arrebatar un búfalo, y en- 
tonces el niño, de un salto, se salvó. Así supieron la 
historia de las aves y de dónde venían los grandes 
frutos que frecuentemente se encontraban en el mar. 

Febrero de 1522 • - Malaca. - Aves, - Camogia. 
Chiempa. - Ruibarbo. - El cabo de Malaca está a 1° 30' 
de latitud Sur. Al Este hay muchas ciudades y villas, a 
saber: Cingapola, sobre el cabo mismo; Pahán, Calan- 
tán, Patani, Bradlini, Benán, Lagón, Cherigigharan, 
Trombón, Jorán, Ciu, Brabri, Banga, Judia (residencia 
de Siri Zacabedera, rey de Ciam), Jandibún, Laún y 
Langonpifa. Todas construidas como las nuestras y su- 
jetas al rey de Ciam. Nos dijeron que a orillas de un 
río de este reino hay grandes aves, que sólo se alimen- 
tan de carroñas, pero que no las comen sin que antes 
otras aves hayan devorado el corazón. 

Más allá de Ciam está Camogia, cuyo rey se llama 
Saret Zarabadera; después, Chiempa: su rey es el raja 
Brahanu Martu. Crece en este país el ruibarbo (1), que 



(1) La descripción que da Pigafetta del ruibarbo está lejos de 
la exactitud; pero hay que tener en cuenta que al autor le refería 
estos cuentos un moro que iba en el navio. Fabre añade que no 
lo creía. 



180 PIGAFETTA LIB. 

recogen así: un grupo de veinte o veinticinco hombres 
pasa la noche en los bosques, subidos a los árboles 
para librarse de los leones y de otras fieras, y al mismo 
tiempo para olfatear mejor el olor del ruibarbo, que el 
viento lleva hacia ellos; por la mañana se dirigen al 
lugar de donde el olor venía y buscan el ruibarbo hasta 
que lo encuentran. El ruibarbo es la madera podrida 
de un árbol grueso que adquiere su olor con su misma 
putrefacción; la mejor parte es la raíz, aunque el tron- 
co, llamado calama, tiene las mismas virtudes medi- 
cinales. 

CocchL ~ China. - Viene después el reino de Cocchi; 
el rey se llama raja Siri Bummipala. Inmediatamente se 
encuentra la Gran China, cuyo rey Santoa, raja, es el 
más poderoso príncipe de la tierra. Dependen de él 
setenta reyes coronados, y, a su vez, de cada uno de 
éstos, otros diez o quince. El puerto de este reino es 
Guantán (1), y entre sus numerosas ciudades, las dos 
más importantes son Nankín y Comlaha, en la que el 
rey reside. 

Cerca de su palacio están sus cuatro principales mi- 
nistros, en las cuatro fachadas orientadas a los cuatro 
puntos cardinales; cada uno da audiencia a todos los 
que de aquella parte vienen. 

Todos los reyes y señores de la India mayor y supe- 
rior tienen la obligación de poner, en señal de depen- 
dencia, en medio de la plaza la estatua en mármol de 
un chinga, animal más fuerte que el león, que también 
está grabado en el sello real; y todos los que quieren 
entrar en su puerto deben llevar sobre el navio la 
misma figura en marfil o en cera. Si alguno, entre los 
señores de su reino, se niega a obedecerle, desuéllanle, 
y su piel, seca al sol, salada y empajada, la ponen en 
lugar ostensible de la plaza, con la cabeza baja y las 
manos juntas sobre la cabeza, en actitud de zonga, esto 



(1) Cantón. 



IV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 181 

es, de reverencia al rey (1). No está nunca visible para 
nadie, y cuando quiere ver a los suyos se hace llevar 
sobre un pavo real hecho con mucho arte y ricamente 
adornado, acompañado de seis mujeres vestidas exac- 
tamente como él, de modo que no se le puede dife- 
renciar de ellas. En se.^uida se coloca dentro de la 
figura de una serpiente llamada naga, soberbiamente 
decorada, que tiene un cristal en el pecho, por el cual 
el rey ve sin ser visto. Se casa con sus hermanas, para 
que la sangre real no se mezcle con la de sus subditos. 
Rodean a su palacio siete murallas, y en cada recinto 
hay diariamente de guardia diez mil hombres, que se 
relevan cada doce horas. Cada recinto tiene una puerta, 
y cada puerta, su guardián; en la primera hay un hom- 
bre con un gran látigo en la mano; en la segunda, un 
perro; en la tercera, un hombre con una maza de hie- 
rro; en la cuarta, otro con un arco y flechas; en la 
quinta, otro con una lanza; en la sexta, un león, y en 
la séptima, dos elefantes blancos. Tiene su palacio se- 
tenta y nueve salas, constantemente alumbradas por 
antorchas, y en las cuales no hay más que mujeres 
para el servicio del rey. 

Se emplea un día, al menos, para dar la vuelta al 
palacio por fuera. En un extremo del mismo hay cuatro 
salas, donde los ministros hablan con el rey; en la pri- 
mera las paredes, la bóveda y el pavimento están ador- 
nados con bronce; en la segunda, con plata; en la ter- 
cera, con oro, y en la cuarta, con perlas y piedras pre- 
ciosas. Ponen en ellas el oro y todas las riquezas que 
tributan al rey. 

Yo no he visto nada de todo lo que acabo de con- 
tar; pero escribo estos detalles simplemente según el 
relato de un moro que me aseguró haberlo visto. 

Los chinos son blancos y van vestidos; tienen, como 



(1) Bruce (Voy age aux sources du Nil) vio más de una vez en 
Abisinia a los personajes rebeldes castigados de esta manera. 



182 PIGAFETTA LIB. 

nosotros, mesas para comer, y en sus casas se ven cru- 
ces, aunque ignoro el uso que de ellas hacen. 

Almizcle. — De la China viene el almizcle; el animal 
que le produce es el castor^ especie de gato parecido 
a la civeta, que se alimenta con un árbol dulce, del 
grueso de un dedo, llamado chamara. Para extraer el 
almizcle de este animal se le aplica una Unta o sangui- 
juela, que se aplasta cuando está repleta de sangre, la 
cual se recoge en un plato para secarla al sol durante 
cuatro o cinco días; así mejora. Cualquiera que alimen- 
te un castor tiene que pagar un tributo. Los granos de 
almizcle que llevan a Europa no son mas que pedaci- 
tos de carne de cabrito mojados en el verdadero al- 
mizcle. La sangre sale algunas veces en grumos, pero 
se purifica fácilmente. 

Siguiendo la costa de China se encuentran muchos 
pueblos, a saber: los chiencis, que habitan las islas en 
que se pescan las perlas y donde hay también canela; 
los lecchiiSf que habitan la tierra firme cercana a estas 
islas; la entrada de su puerto está atravesada por una 
gran montaña, por lo que hay que desmantelar los jun- 
cos y navios que quieran entrar en él. El rey de este 
país se llama Moni, y obedece al rey de la China, pero 
él tiene bajo su obediencia a veinte reyes. 

Catai. — Su capital es Baranaci, donde está el Catai 
oriental. 

Han es una isla alta y fría, en que hay cobre, plata 
y seda; su rey es el raja Zotru. Mili, Jaula y Gnio son 
tres países muy fríos del continente. Friagonla y Frian- 
ga son dos islas en las que hay cobre, plata, perlas y 
seda. Bassi es una tierra baja en el continente. Sumb- 
dit-Pradit es una isla riquísima en oro, donde los hom- 
bres llevan una gruesa ajorca de este metal en el tobi- 
llo. En las montañas vecinas habitan pueblos que matan 
a los padres cuando llegan a cierta edad para evitarles 
los males de la vejez. Todos los pueblos citados son 
gentiles. 



IV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 183 

11 de febrero de 1522* — Salida de Timor, — 
£1 martes 11 de febrero, por la noche, salimos de la 
isla de Timor y entramos en el gran mar llamado Laut- 
ChidoL Con rumbo al Oestesuroeste dejamos al Nor- 
te, a la derecha, por miedo a los portugueses, la isla 
de Sumatra, llamada antiguamente Taprobane; Pegu, 
Bengala, Urizza, Chelim, en la que viven los malayos, 
subditos del rey de Narsinga, como los de Calicut; 
Cambaya, habitada por los Guzzerates; Canamor, Goa, 
Armus (1) y toda la costa de la India mayor. 

En este reino hay seis clases de personas: nairi, pa- 
nicali, franai, pangelini, macuai y poleai. Los nairi son 
los principales o jefes; los panicali son los ciudadanos; 
estas dos clases conviven juntas. Los franai cosechan 
el vino de palmera y las bananas; los macuai son pes- 
cadores; los pangelini son marineros, y los poleai 
siembran y cosechan el arroz (2). Estos últimos habi- 
tan siempre en los campos y no entran nunca en las 
ciudades. Cuando se les quiere dar alguna cosa, se tira 
ésta al suelo y ellos la recogen. Cuando van por los 
caminos, gritan continuamente: ;?o, po, po, esto es: ¡cm- 
dado! Nos contaron que un nairi, al que casualmente 
tocó un poleai, se hizo matar para no sobrevivir a tan 
gran infamia. 

Abril de 1522* — Cabo de Buena Esperanza. — 
Para doblar el Cabo de Buena Esperanza nos elevamos 
hasta los 42° de latitud Sur, y tuvimos que permanecer 
nueve semanas enfrente de este Cabo, con las velas 
recogidas, a causa de los vientos del Oeste y del 
Noroeste que tuvimos constantemente y que acabaron 
en una horrible tempestad. El Cabo de Buena Espe- 
ranza está a 34° 31' de latitud meridional, a mil seis- 



(1) Ormus. 

(2) Estas clases, llamadas castas, existían ya en la India en 
tiempo de Alejandro, y aun continúan. (EsTRABÓN, Geogr., lib. XV; 
DiÓDORO, lib. II; SoNNERAT, Voyage aux Indes.) 



184 PIGAFETTA LIB. 

cientas leguas del cabo de Malaca. Es el más grande 
y peligroso cabo conocido de la tierra. 

Proyecto de quedar en Mozambique. — Algunos de 
nosotros, y sobre todo los enfermos, hubieran querido 
tomar tierra en Mozambique, donde hay un estableci- 
miento portugués, porque el barco tenía vías de agua, 
el frío nos molestaba mucho y, sobre todo, porque no 
teníamos más alimento que arroz ni más bebida que 
agua, pues toda la carne, por no tener sal con qué sa 
larla, se pudrió. Sin embargo, la mayor parte de la tri 
pulación, esclava más del honor que de la propia vida 
decidimos esforzarnos en regresar a España cualesquie 
ra que fuesen los peligros que tuviéramos que correr 

6 de mayo de 1522.— Paso del Cabo.— Final 
mente, con la ayuda de Dios, doblamos el terrible 
Cabo; pero tuvimos que aproximarnos a él a una dis- 
tancia de cinco leguas, sin lo cual nunca le hubiéramos 
pasado. 

Junio de 1522. — Observaciones sobre los cadá- 
veres. — Navegamos en seguida hacia el Noroeste, du- 
rante dos meses enteros, sin descanso, y en este inter- 
valo perdimos veintiún hombres, cristianos e indios. 
Hicimos una observación curiosa al arrojarlos al mar: 
los cadáveres de los cristianos quedaban siempre cara 
al cielo, y los de los indios, boca abajo, cara al mar. 

9 de julio de 1522. — Islas de cabo Verde. — 
Carecíamos completamente de víveres, y si el cielo no 
nos hubiera concedido un tiempo favorable, hubiése- 
mos muerto todos de hambre. El miércoles 9 de julio 
descubrimos las islas de Cabo Verde, y anclamos en 
la que llaman Santiago. 

Mentimos para no ser detenidos. — Como sabíamos 
que allí estábamos en tierra enemiga y que sospecha- 
rían de nosotros, tuvimos la precaución de que los de 
la chalupa que enviamos a tierra a por víveres dijeran 
que recalábamos en este puerto porque nuestro mástil 
de trinquete se rompió al pasar la línea equinoccial; 



IV PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 185 

perdimos mucho tiempo en componerle, y el capitán 
general, con otros dos navios, continuó su ruta a Es- 
paña. De tal manera les hablamos, que creyeron de 
buena fe que veníamos de las costas de América y no 
del Cabo de Buena Esperanza; dos veces recibimos 
la chalupa llena de arroz en cambio de nuestras mer- 
cancías. 

Nos damos cuenta de haber ganado un día. — Para 
ver si nuestros diarios eran exactos, preguntamos en 
tierra qué día era de la semana, y nos respondieron que 
jueves, lo cual nos sorprendió, porque según nuestros 
diarios estábamos a miércoles. No podíamos persua- 
dirnos de que nos habíamos equivocado en un día, y 
yo menos que ninguno, porque sin interrupción y con 
mucho cuidado marqué en mi diario los días de la se- 
mana y la data del mes. Supimos pronto que no era 
erróneo nuestro cálculo, pues habiendo navegado siem- 
pre al Oeste, siguiendo el curso del Sol, al volver al 
mismo sitio teníamos que ganar veinticuatro horas sobre 
los que estuvieron quietos en un lugar; basta con re- 
flexionar para convencerse. 

La chalupa detenida con trece hombres. — Volvió 
la chalupa a tierra para cargarla por tercera vez, y como 
tardaba, nos dimos cuenta que la retenían, sospechan- 
do por las maniobras de algunas carabelas que inten- 
taban apresar también el navio, y decidimos hacernos 
a la vela inmediatamente. 

Continuamos el viaje. — Supimos que se apodera- 
ron de la chalupa porque uno de los marineros des- 
cubrió nuestro secreto, diciéndoles que el capitán ge- 
neral había muerto y que nuestro navio era el único de 
la escuadra de Magallanes que volvía a Europa. 

6 de septiembre de 1522* — Llegamos diez 
y ocho a Sanlúcar. — Gracias a la Providencia, entra- 
mos el sábado 6 de septiembre en la bahía de Sanlú- 
car, y de sesenta hombres que componían la tripulación 
cuando salimos de las islas Malucco, no quedábamos 



186 PIGAFETTA LIB. IV 

mas que diez y ocho, la mayor parte enfermos. Los de- 
más, unos se escaparon en la isla de Timor, otros fue- 
ron condenados a muerte por los crímenes que come- 
tieron, y otros, en fin, perecieron de hambre. 

Longitud del viaje, — Desde nuestra salida de la 
bahía de Sanlúcar, hasta el regreso, calculamos que 
recorrimos más de catorce mil cuatrocientas sesenta 
leguas, dando la completa vuelta al mundo, navegando 
siempre del Este al Oeste. 

8 y 9 de septiembre de 1522é— Llegada a Se- 
villa, — El lunes 8 de septiembre echamos anclas junto 
al muelle de Sevilla y disparamos toda la artillería. 

El martes saltamos todos a tierra, en camisa y des- 
calzos, con un cirio en la mano, y fuimos a la iglesia 
de Nuestra Señora de la Victoria y a la de Santa María 
de la Antigua, como lo habíamos prometido en los 
momentos de angustia. 

Desde Sevilla fui a Valladolid, donde presenté a la 
sacra majestad de don Carlos V, no oro ni plata, sino 
algo más grato a sus ojos. Le ofrecí, entre otras cosas, 
un libro, escrito de mi mano, en el que día por día se- 
ñalé todo lo que nos sucedió durante el viaje. 

Dejé Valladolid lo más pronto que me fué posible 
y llegué a Portugal para relatar al rey Juan lo que ha- 
bía visto. Pasé en seguida a España, y luego a Francia, 
donde regalé algunas cosas del otro hemisferio a la 
regente, madre del cristianísimo Francisco 1. 

Regresé, por fín, a Italia, donde me consagré para 
siempre al excelentísimo e ilustrísimo señor Felipe de 
Villers risle-Adam, gran maestre de Rodas, a quien 
también entregué el relato de mi viaje. 

El caballero Antonio Pigafetta. 



VOCABULARIOS 

de los pueblos en que el 

CABALLERO PIGAFETTA 

hizo escala durante su viaje. 



PREFACIO DEL TRADUCTOR FRANCÉS 



Es una g^ran desventaja, sin duda, para el hombre 
que viaja por países lejanos, no poder expresar sus de- 
seos o sus ideas, viéndose obligado a indicar lo que 
siente por signos, siempre insufícientes y con frecuen- 
cia equívocos. Para evitar este inconveniente, los nave- 
gantes han tratado de proporcionarse intérpretes o un 
vocabulario de los pueblos que visitaban, y cuando no 
le había, han procurado formar uno. 

Cuando Magallanes concibió el proyecto de ir al 
mar del Sur por el Oeste sabía muy bien que Juan Car- 
vajo, que pasó cuatro años en el Brasil, y su esclavo 
Enrique, natural de Sumatra, le ayudarían grandemen- 
te, uno en las costas de América y otro en las de las 
Indias; pero no tenía vocabulario para la parte más me- 
ridional de América, ni para las islas del mar del Sur. 

Este vocabulario no existía. El primero a quien se le 
ocurrió compilar uno fué el caballero Pigafetta; pero 
parece que no pensó en ello hasta que había ya des- 
embocado del estrecho de Magallanes, puesto que del 
Brasil no recogió mas que diez o doce nombres; y aun- 
que pasó muchos meses en la bahía de San Julián, tam- 
poco pensó en formar un vocabulario del lenguaje pa- 
tagón hasta que navegaba ya tranquilamente por el mar 
Pacífico, donde, quizás ocioso, pasaba el tiempo ha- 
ciéndose dictar por el patagón que llevaban a bordo 
los nombres de las cosas que veía o de las que podía 
acordarse. 

Es probable que en las islas Marianas hubieran sido 
mejor recibidos los españoles si hubiesen podido decir 



190 PIGAFETTA 

a los indígenas sus pacífícas intenciones y el mal y el 
bien que podían hacerles. En el barco de Magallanes 
había un esclavo de Sumatra, pero no hablaba más que 
la lengua malaya, que no se extendía entonces, ni ahora 
tampoco, más allá de las islas Filipinas (1). Pigafetta 
no pudo recoger ninguna palabra de las islas Marianas. 

En las Filipinas sintió más de una vez el disgusto de 
no entender la lengua de los pueblos que las habitan, 
porque, aunque el esclavo Enrique fué su intérprete, 
tuvo nuestro autor que tratar solo con los indígenas en 
varias ocasiones; y esto sucedió continuamente cuando 
el esclavo les traicionó y abandonó en Zubu. Fué el 
encargado de tratar con el rey de Chipit, en la isla de 
Mindanao, después con el de Borneo y con todos los 
de las islas en que anclaron los españoles, particular- 
mente con los reyes de las Molucas. 

De esta manera Pigafetta compuso un vocabulario 
de ciento sesenta palabras en Zubu, y otro de cuatro- 
cientas cincuenta en las Molucas. ¿Por qué Fabre, que 
dio todas las palabras brasileñas y casi todas las de los 
patagones, no copió ni una sola de las Filipinas y sólo 
cuarenta y seis de las Molucas? Quizás para evitarse 
la molestia, como lo ha hecho notar su traductor Ra- 
musio. 

Pigafetta colocó las palabras recogidas al fin de la 
descripción de los países a que pertenecen; pero he 
creído más conveniente reunirías todas aquí, al fin del 
viaje. He puesto en dos columnas contiguas las de las 
Filipinas y las de las Molucas, para que se vea mejor la 
analogía. El autor las escribió según las aprendía; pero 



(1) El capitán Wilson lo experimentó al naufragar en las islas 
Pelew en el mes de agosto de 1783, entre las Marianas y las Fili- 
pinas. Su intérprete, Tom Rose, que hablaba el malayo, no pudo 
hacerse comprender mas que por medio de otro malayo que le sir- 
vió de intérprete en su lengua porque había residido algún tiempo 
en Pelew. (An account of the Pelew Islands, por G. Keate, pág. 22, 
edición de Basel). 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 191 

pienso que era más útil colocarlas por orden de mate- 
rias, excepto los verbos, que no son casi susceptibles 
de este arreglo. Si Pigafetta hubiera recogido más pa- 
labras brasileñas, las habría yo colocado al lado de las 
patagonas, para que se notase mejor la relación entre 
estas palabras y las que dio el padre Hervás (1). 

Todos los que han fijado su atención sobre las len- 
guas del mar del Sur han observado que el mismo 
idioma se encuentra en casi todas las islas, al menos 
en las que se extienden desde la Nueva Zelandia hasta 
California; y Forster (2), para probar esta aserción nos 
ofreció un cuadro de los nombres que los habitantes 
de las diferentes islas dan a los mismos objetos; nom- 
bres que se parecen y que indudablemente tienen una 
raíz común. 

Comparando este cuadro con las notas de Pigafetta, 
se notará tal analogía, que no se podrá dudar de la 
verdad de lo que él dice relativo a este asunto; pero 
para que se pueda juzgar más sabiamente, añadiré á las 
dos columnas de Pigafetta otras dos, una de las pala- 
bras recogidas por Forster, otra de las malayas reuni- 
das por David Haex para uso de los establecimientos 
holandeses y traducidas al latín para el uso de la Con- 
gregación de la Propaganda (3). 

De esta identidad o analogía del lenguaje, algunos 
escritores deducen que estos pueblos tienen un origen 
común, y juzgan que sus emigraciones se han hecho 
del Asia hacia el Oriente. Pigafetta creyó que los re- 
yes de las islas del mar del Sur habían estudiado las 
lenguas extranjeras; pero se equivocó, sin duda, en esta 
conjetura como en otras muchas, siempre que quiso 
explicar fenómenos físicos. 



(1) Delle lingue delV America, pág. 16. 

(2) CooK, Segundo viaje. 

(3) Dictionaríum malaico-latinum. Roma, 1631. 



VOCABULARIO BRASILEÑO 



Rey Cacich. 

Bueno Tum. 

Casa Bou 

Cama Hamac. 

Peine Chipag. 

Cuchillo Tarse. 



Cascabeles Hanmaraca . 

Tijeras Pirame. 

Anzuelo. Pinda. 

Barco Canee. 

Mijo Maiz. 

Harina Hui. 



VOCABULARIO PATAGÓN 



Demonio (grande) .... Setebos. 

Demonio (pequello) . . . Cheléale. 

Nubil Benibeni. 

Casado Babai. 

Joven Calemi. 

Guía Anti. 

Tuerto Calischen. 

Cabeza Her. 

Ojo Oter. 

Cejas Ochecel. 

Párpado Sechecel. 

Nariz Or. 

Fosas nasales... Oresche. 

Boca Chian. 

Labios Schiaine. 

Dientes.. For. 

Lengua Scial. 

Barbilla Secheri. 

Barba Archiz. 

Orejas Sane. 

Garganta Ohumez. 

Cuello . . Scialeschiz. 

Espaldas Pelles. 

Pecho Ocha. 

Corazón 7o/. 

Senos Otón. 

Cuerpo GecheL 

Partes del iiombre. . . . Sachet. 



PIGAFETTA 



Partes de la mujer. . . . Isse. 

Culo Schiaguen. 

Nalgas Hoii. 

Testículos Sachancos. 

Muslos Chiave. 

Rodilla Tepin. 

Pierna Coss. 

Tobillo... Ti. 

Talón Tire. 

Planta del pie. . . Caotschoni, 

Uña Colmi. 

Brazo Riaz. 

Sobaco. Salischin. 

Mano Chene. 

Palma de la mano. Canneghin. 

Dedo Cori. 

Pulso Holion. 

Perro Holl. 

Lobo. Ani. 

Oca Cache. 

Grajo Cleo. 

Pez.. Hoi. 

Ostra Siameni. 

Raíz que sirve de paR.. Capac. 

Paño. Terechai. 

Cinturón Catheckin. 

Gorro Aichel. 

Rojo Faiche. 

13 



194 



PIGAFETTA 



Negro Oinel. 

Amarillo Peperi. 

Sol Calexchem . 

Estrellas Settere. 

Fueg-o Gialeme. 

Agua HolL 

Nieve Theu. 

Humo Giache. 

Mar Aro. 

Viento Oni. 

Huracán Ohone. 

Oro Pelpeli. 

Joya Sechey. 

Marmita Aschame. 



Escudilla Etlo. 

Flecha Seche. 

Ir Rei. 

Coito Hor. 

Combatir Ohomagst 

Cubrir Tiam. 

Cocer Irocoles. 

Pedir Gheglie. 

Rascar Gechare. 

Comer Mechiere. 

Olfatear . . , Os. 

Mirar Conne. 

Venir Hai. 



VOCABULARIO DE LAS ISLAS DEL MAR DEL SUR 



Español. 



Filipinas. 



Dios Ahba .... 

Mezquita 

Sacerdote 

Devoto 

Ceremonias 

Cristiano 

Idólatra 

Moro. 

Turco • 

Hombre Barán. . . . 

Mujer Parampuán. . . 

Niño Canacana. 

Nubil Ugan .... 

Casado Sudababloí. 

Viejo Tua 

Padre Bapa 

Madre 

Hijo 

Hermano 

Abuelo 

Suegro 

Yerno 

Primo 

Discípulo 



Molucas. 


Malaca. 


Islas 
vecinas. 


Allá, 






Meschit 






Maularía. . 


Lehe. 




Mussai. 






Zambahean. 






Nacerán. 






Cafre. 






Islam.. . . , 


Isalam. 




Rummo. 






Oran 


Orang. 




Porompuán. . . 


Parampuái. 






Bongiang . 


Ñongare. 


Fatua 


Tutva. 




Papa 


Bappa. 




Mama. Ambui . 


Ibu. 




Anach 


Anac. 




Sandala . . 


Sandara. 




Nini 


Nini 


Buno. 


Mintua . . . 


Mintutua. . 


Tometua. 


Minantu. . 


Menanton. 




Sopapa. 






Lascar, 







PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 

Español. Filipinas. 



195 



Amigo . . . 
Enemigo.. 

Rey 

Reina . . . . 
Señor. . . . 
Esclavo. . . 
Escribano. 
Intérprete. 
Alcahuete. 



Raja. 



ttombre adornado Pixao. 

Grande Bassal . . 

Pequeña 

Cabeza Cápala.. . . 

Cabellos Boho.. . . 

Frente Guai. . . . . 

Ojo Matta . . . . 

Cejas . Chilei. . . . 

Párpados Pilac 

Nariz Ilón. < . . . . 

Boca Baba 

Labios O/o/. . . . . . 

Dientes Nipin . . . . 

Encías Leghex. . . 

Lengua Dilla 

Lenguaje 

Palacio 

Barbilla Silán 

Barba Bongot. . 

Bigotes 

Mandíbula Apin 

Oreja Detengan. 

Garganta Lioch . . . . 

Cuello Tangip. • . 

Espaldas Baga 

Lomo Malacan. . 

Pecho Dugan . . . 

Corazón 

Senos 

Ombligo Pusut. . . . 

Estómago 

Cuerpo Tiam 

Partes del hombre. . . . Utim 

Partes de la mujer. . . . Billat . . . . 



Molucas. 


Malaca. 


Islas 
vecinas. 


Sandara. . 


Canda. 




Sanbat . . . 


Sobat 




Raja 


Raja 


Ragiá. 


Putli 


Patriz.... 


Putri. 


Tuán 


Tuán. 




Alipin. 






ChiritoLes . 


Surat tulis. 




Qlorobaza.... 


Jurebassa . 




Zoroan- 






pagnoro. 


Suroang. 




Bassal. . . 


Besar. 




Chechil . . 


Kilsgil 




Capaila. . . 


Tacupo. 
Rambut . . 




Lambut. . . 


Buc. 


Dai 


Daia. 




Matta 


Matta. 




Chilai. 






Cenin. 






Idón 


Ilón 


Edén, Idóng. 


Mulut 


Mulut. 




Beberé... 


Bibir. 


Olou. 


Gigi 


Ghigi.... 


Enichio. 


Issi. 






Lada 


Lida. 




Baasa. 






Langhi. 






Agai 


Dagou. 




Jangut .... 


Jangut.... 


Giangot. 


Missai. 






Pipi. 






Talingo . . 


Talingo . . 


Telinga. 


Laer 


Leher. 




Tundan.. . 


Tinglo. 




Diard. . . . 


Bakow. . . 


Tua. 


Balacan. 






Dada .... 


Dada. 




Atíi 


At. 


Aotu. 


Sassu 


Susu. 






Lusat. . . . 


Pita. 


Parut .... 




Paraca, 


lundum 






Boto. 






Buthi. 







196 



Español. 



PIGAFETTA 

Filipinas 



Testículos ..... Boto 

Nalgas . ■ Samput . . 

Muslos. . . Pana 

Rodillas . Tuhud . . . 

Piernas. 

Hueso de la pieria.. . . Bassag. . . 

Pantorrilla Bittis 

Tobillo BolboL... 

Pie 

Talón Tiochis. . 

Planta del pie.. . Lapalapa. 

Uña Coco 

Sobaco Hot. 

Brazo Bochen. . 

Codo Sicu 

Mano Chamat. . 

Palma de li mano Palari. 

Dedo Dadlo.... 

Pulgar 

índice 

Dedo medio 

Anular 

Meñique 

Sangre 

Vena 

Pulso Molangai. 

Piel 

Frío 

Caliente 

Gordo 

Flaco 

Bueno 

Elefante 

Caballo 

Búfalo 

Vaca 

León 

Ciervo 

Cerdo Babui. . . . 

Cabra Candín. . . 

Oveja 

Perro .. 

Liebre 

Gato 



Molucas. 


1.;. 1 Islas 
Malaca. vecinas. 




Boapelet 


Buri 


Pantat. 


Taha 


Paha Pía. 




Lutut. 


Mina. 




Tula. 




Tilurcaci. 




Buculali. 




Batís 


Bítis. 


Tumi 


Tumit. 


Empacaque. 
Cucu. 




Langan. . . 


Língan. 


Sícu 


Sícon. 


Tangán . , 


Sangan. 


Idun. 




Iduntangan... 


Iboutangan. 


Iduntungun. 




¡dungerí. 




Idunmani. 




IduncaJioghlm. 




Dará 


Dará. ... Toto. 


Dovese. . . 


Urat. 



Culit. 

Dínghím. ' Dingín. 

Panas. . . . Pannas. 

Gamut . . Gomoc. 

Golos. . . . Gutus. 

Main. . . Maic. 

Gagia ... Gagía. 

Cuba Cuda. 

Carban... Carbón. 

Lamba . . . Lembu. 
U riman. 

Roza Roussa. 

Babi Babi Babui. 

Cambín . • Cambang. 

Birí. 

Cuín. 

Buaya. 

Cochln, Putír Contsing . 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 



197 



Español. 



Gato almizclero 

Rata 

Animal del almizcle. . 

Pájaro 

Oca 

Añade 

Gallo 

Gallina 

Huevo 

Carne 

Pez 

Pez rojo Timuán. 

Pez de colores.. . Panap-sapun. 

Cangrejo Cuban. 

Carcoma Capan lotos. 

Pólipo Calabutón. 

Sanguijuela Linta. 

Serpiente Üllat 

Abeja Aermadu 

Cera Lelin. . . . 

Miel Gula. 

Trigo Dana . . . 

Panizo Humas. 

Mijo Batat. 

Trigo de Turquía. Ma'is. 

Arroz Barax. . . , 

Torta de arroz. . Tinapai. 

Nabo 

Patata 

Coco Lupi. . . . ' 

Banana Saghin . . . 

Chiaccare (sic). . . 

Calabaza Baghin. 

Melón 

Sandía 

Caíía de azúcar. . Tubo 

Vino Nionipa. 

Vinagre Zeluca. 

Aceite de coco . . 
Aceite de ajonjolí. 

Naranja Acfua. 

Ajo Laxima. 

Jengibre Luya 

Ruibarbo 



Filipinas. Molucas. 


Malaca. 


Islas 
vecinas . 


Mozán. 






Tiens 


Tivo. 




Castore.. . 


Casthouri, 




Bolón. . . . 


Bourong.. 


Elo. 


Itich 


Itich. 




Ansa 


Ansa. 




Sambuagao. 






Monah... Acabatina... 


Agam. . . . 


Moa. 


Silog. .... Talor .... 


Telur. 




Dagni 


Daging. 




Issida .... /can 


Icán 


Isda. 



Lilling. 



Gandun. 



Bugax. . . . Bras. 

Ubi. 

Gumbili . . 

Biazzao, NIor. 

Pisan .... Pissang. 

Mendlcal, SIcu. 



Gomóla. 



An timón 
Labu. . . . 
Tabú . . . 



Antimón. 

Labo. 

Tebu Etu. 



Mignach. 
Lana-linia. 



Ahia. . . 
Caluma. 



Ahia. 



198 



Español. 



PIGAFETTA 

Filipinas 



Pimienta redondel .... Manissa. . 

Pimienta larga . . 

Nuez moscada . . . 

Clavo de especia . Chianche . 

Canela Mana .... 

Civeta 

Sal Acin 

Yerba venenosa. . 
Madera de l«s castores. 

Dulce 

Amargo 

Vestidos Abaya . . . 

Paño 

Seda 

Tela Baladán. 

Una braza 

Medida 

Velo Capas. 

Gorra 

Camisa Sahún .... 

Sombrero 

Rojo 

Negro 

Blanco 

Verde 

Amarillo 

El mismo Slama-siama. . 

Corto 

Igual 

Villa 

Castillo 

Casa Balai 

Cojín Ulimán. . . 

Estera Jaghican. . 

Marmita 

Plato de madera . Dulam . . . 
Plato de barro . . 

Cuba 

Escudilla Taga .... 

Porcelana Mobulut. 

Cuchara. Gandan . . 

Cuchillo Copol, SuBda.. 

Tijeras Catle 

Peine Cvtlel, Mlsamls 



Molucas. 


islas 
Malaca. vecinas. 


Lada 


Lada Ava. 


Subí. 




Buapala.Gologa 


1 Palla. 


Ghianche . 


Cinche. 


Cainmana . . . 


Cayumaols. . . 


Jabat 




Garansira. 


Garan. 


Ipu. 




Comorin. 




Manís. 




Azón. 




Chebun . . 


Chenines. 


Cain. 




Sutra .... 


Sutra. 


Dapa. 




Socat. 




Dastar. . ■ 


Distar. 


Baín . 




Sundun- 




Mira 


Mera. 


Itán 


Itam. 


Pute 


Puti. 


Igao 

Cunin . 


Igiu. 




Slama-siama . 




Sandach . 


Pandach. 


Casi-casi. 




Naghiri. . . 


Negri. 


Cuta . . . 


Cotta. 


Ruma .... 


Ruma Balai. 


Bantal... 


Bantal. 


Tical. 




Prin. 




Dulam. . . 


Dulang. 


Pingam. . . 


Pingan. 


Calimpan. 


Balunga. 


Manchu, 




Sandoch. . 


Sondoch. 


Ficao .... 


Pissau. 


Cuntim. . . 


Conting. 


Sussri . . 


Sisir. 



PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 

Español. Filipinas. 



199 



Espejo 

Sortija 

Joya . . . 

Perla Mutiara. ■ 

Madreperla Tipai. 

Caeitas de vidrio Tacle, Balus. . 

Cascabel Colófl-colón . 

Abanico 

Cornamusa Subin. 

Timbal 

Cuerda de violin. Gotzap . 

Aguja Dagu .... 

Hilo . 

Martillo 

Clavo 

Mortero 

Pilón 

Balanzas Timban. 

Peso TahiL 

Cepos 

Horca. Boíl. 

Carta 

Papel 

Pluma 

Tintero 

Madera Tatamue. 

Anzuelo 

Cuerda 

Seda, pelo 

Cebo 

Red. Pucatlaya. 

Cañita Bombón . . 

Caña Canagán . 

Cerbatana. ..... 

Arco Bossug. • 

Flechas Ogón .... 

Carcaj 

Coraza Baluti. 

Broquel Calassán. 

Lanza Bancán. 

Espada Calix, 6alada«. 

Estilete Compilan. 

Manga 

Mundo 



Molucas. 


Malaca. vecinas. 


Chielamin 


Gieremin. 


Sinsin . . . 


Sintsing. 


Premata . 


Permatta. 


Mutiara. 




Manich . 




Girín glrín. 




Chipat. 


e .. 


Agón. 




Talan . . . 


Giarong. 


Pinial. . . . 


Benang. 


Palme, Coibasi. 




Paca 


Pacu. 


Lozón. 




Atan 


Antang. 



Balangu. . Barraga. 



Surat .... 
Cartas , . . 
Calam., . . 
Padantam. 

Matacaine. 
Trinda. 
Capia . 
Umpán. 



Simpitán. 
Boscón . 
Damach . 
Bolo. 



Qeie, Paáán.. 
Calix, Goloc. 
Dagarián . 
Bumi . . . . 



Surat. 

Charlas. 

Calam. 



Cail... .. GagL 



Boulo.^.. Bambú. 



Bantang.. Tac. 
Bumi. 



200 



P IGAFETTA 



Español. . 


Filipinas. 


Molucas. 


Malaca. 


Islas 
vecinas. 


Fuego. . . 




Appi 


Api. 




Humo 


Assu 


Asap 


Assap. 




Ceniza 




Ahu 


Abu 


Aldao. 


Agua 


Tubin .... 


Tuhi 


Etanbang . 


Tubig. 


Sol 


Adío 

Songo t. . . 


Mutahari. 
Bulan.... 


Matahari . 
Bulai 


Intai. 


Luna. 


Bulan. 


Estrellas 


Balan, Bantar. 


Bintam. . . 


Bintang. 




I luvia • 1 1 • » . • 




Unjau. . . . 
Guntur., . 
Songai . . . 

Tan 

Bullan . 
Alli 

Patán-patán. 


Ugiang. 
Gontor. 
Songhei. 
Tawon. 

Hari 






Tari . . . . . 




Río 




Año • . 


Mene. 
Verna. . . . 




Mes 




Día 


Mará. 


Aurora. 




Mañana 




Tarde 




Mallamanl. 
Calamari. 


Calamarín. 




Ayer 




Anteayer 




Lirza. 






Mediodía 




Tambahalll . . 


Tangahari. 




Noche 




Mallán. . . 


Malam. 




Mar 




Laut.. . . . 
Labuán. 
Buchit tana. 


Laut. 




Puerto 




Tierra firme 




Isla 




Polán 

Qonumbuchlt. 


Polón. 




Promontorio .... 




Montaña 




Gonum.. . 


Gunung. . 


Mona. 


Barcos grandes . . 


Balangai . 






Hurugán. 


Barquitos 


Boloto . . . 


Parao, Prao. 






Navio 


Benaoa. . . 


Capal. . . . 


Cappal. 




Galera 




Gurap. 






Lancha, bote. . . . 


Sampán . . 




Sampac. 




Popa 




Biritán. . . 


Boritán. 




Proa 




Allón. 

Tián 

Simbulaya. 
Layan. 


Tiang . 




Mástil 




Cofa 




Verga 




Vela 




Leyer .... 


Layar .... 


Evier. 


Remo 




Darin .... 


Dayong. 
Sau. 




Ancla 




Sau 




Cable 




Danda. 
Tongol. 






Pabeiláa, bandera 




Bombarda 




Badil. 






Viento 




Anghin. . . 


Angin. 




Norte 




Trapa. 







PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 



201 



Español. 



Filipinas. 



Sur 

Este 

Oeste 

Nordeste... .... 

Suroeste.. 

Noroeste 

Sureste 

Oro Baloain . 

Plata Pirat..... 

Hierro . . Batan . . . 

Cobre... Bucach.. 

Plomo ... 

Alambre 

Azogue 

Cinabrio 



Piedra 

Verdad 

Mentira , 

Dolor 

Salud 

Beso 

Agalla 

Viruela 

Ahora.. .... 

Antes 

¡Buenos días!.. . . 

(Respuesta) 

¡Buenas tardes! . 
(Respuesta) ... 

Sí 

No 

Ciertamente. ... 

Poco 

Mitad . 

Mucho . 

Aquí 

Allí 

Lejos 

Cuanto 

Uno Uso.. 

Dos Daa . 

Tres 7o/o. 

Cuatro Upat 



Alupalan , 



Malucas. 

Salatán., . 
Timor. . . . 
Baratapat. 
Utara, 
Berdaga. 
Bardant. 
Tungara. 
Amax. . . . 

Pila 

BacL 

Tombaga. 
Tima .... 
Canat. 

Raza 

Galugasa - 
dalingán. 

Bata 

Benar. . . . 
Dusta.. . . 
Sacher... . 

Bai 

Salap . . . 
Codis .... 
For franchi. 
Saracán . . 
Satucali. . 
Salamailcum. 
Allcum salam . 
Sabal chaer. 
Chaer sandat. 
Ca,Ue... 
Tida, Le. 
Zengu. . . . 
Serich. 
Sotana. 
Bagna. . . . 
Sini ...... 

Sana 

Jau 

Barapa. . . 
Sarus ... 

Dua 

Tiga 

Ampat. . . 



Malaca. 

Salatán. 

Timor. 

Barat. 



Mas. 

Perac. 

Bessi. 

Tima. 

Rassa. 



Bata. 

Benar. 

Dustahan. 

Sacar. 

Baic. 

Sium. 

Cudis. 

Sacatán. 

Sacali. 

Salamat 



Be,Ta. 

Tida. 

Songo. 



Baniac. 

¡ni. 

Sanna. 

Giau. 

Barappa. 

Sa Isa. 

Dua Dua. 

Tiga , . . . . Toro. 
Ampat, , . Apat. 



202 



PIGAFETTA 



Español. 

Cinco 

Seis 

Siete 

Ocho . 

Nueve 

Diez 

Veinte 

Ciento 

Doscientos. . . . , 

Mil 

Dos mil , 

Diez mil 

Veinte mil 

Cien mil 

Doscientos mil. 

Dos cosas 

Sentarse 

Tener 

Golpear 

Beber 

Cazar 

Cohabitar 

Combatir 

Comerciar .... 

Cocinar 

Coser 

Danzar 

Pedir 

Dar 

Dormir , , , 

Escribir 

Oír 

Fatigar 

Gozar 

Levantar 

Comer 

Navegar 

Pagar 

Hablar 

Peinar 

Llevar 

Tomar 

Mirar . .. 

Despertar 



Filipinas. 


Molucas. 


Malaca. 


Islas 
vecinas. 


Lima 


Lima 


Lima. 


Rima. 


Onom 


Anam. . . 


Onam. 


Onón. 


Pitto 


Tuga 


Tuju . 


Tiddo. 


Guala. . . . 


Dualapán. 


Dualapán. 


Varu. 


Ciam 


Samhelán. 


Sambilán.. 


Iva. 


Polo 


Sapolo.. . . 


Sapolo..., 


Polo 




Duápolo. . 


Duapulo. 






Saratus. . . 


Ratos. 






Duaratus. 








Salibu. . . . 


Ribus. 






Dualibu. 








Salacza. 








Dualacza. 








Sacati. 








Duacati. 








Malupo. 








Duado... . 


Duodoc. 






Ada 


Adda. 






Bripocol . 


Pucol. 




Mimlocubil... 




Minom. 




Hagabalal. 








Tiam 


Amput. . . 

Guzar. 

Biniaga, 

Azap. 

Banam. 

Manari. 

PanghiL 


Tali. 






Ambil. Mlnta.. 


Ambil, Bry. 






Tidor. 








Mangara.. 


Menjurat. 






Tac 


Itia. 






Carajar. 








Mamain. 








Pandan.. . 


Ancat. 




Macan.. . . 


Macan. . . . 
Belayar. 


Necal, Macen. 


Malán. 




Bayari . . . 


Bayar. 






Cata 


Catía. 




Monsugut 








Palatur. . . 


Biriacan. 








Na, Ambil. 


Ambil. 






Liat 


Niata 


Liat. 




RaBunchen. . . 


BMflén acal. 





PRIMER VIAJE EN TORNO DEL GLOBO 203 

Español. Filipinas. Molucas. Malaca. vecinas. 

Esquilar Chuntincb . . . Qotiog acái. 

Matar Mati Matte . . , , Mattiacán, 

Venir ... Dinama . . Datang. 

Robar Maochluri Mantsiuri. 



FIN 



318223 



COLECCIÓN CONTEMPORÁNEA 



Los meiores novelistas modernos. 



Obras escogidas entre lo más selecto de la producción lite- 
raria DE NUESTROS DÍAS Y PUBLICADAS POR «CaLPE». 

Marcelo Proust. — Por el camino de Swann* — Dos tomos. 
Cada uno, encuadernado, 6 pesetas; en rústica, 5. 

Miguel de Unamuno. — Tres novelas ejemplares y un 

prólogo* — Encuadernado, 4 pesetas; en rústica, 3. 

Tomás Mann. — La muerte en Venecia y Tristán.— En- 
cuadernado, 6 pesetas; en rústica, 5. 

Antón Chejov. — El Jardín de los Cerezos y Cuentos.— 

Encuadernado, 6 pesetas; en rústica, 5. 

Leonardo Coimbra. — La Alegría, el Dolor y la Gracia. 

Encuadernado, 6 pesetas; en rústica, 5. 

Enrique Mann. — Las diosas. — Tomo I. — Diana. — En- 
cuadernado, 6 pesetas; en rústica, 5. 

Ana Vivanti. — Los devoradores. — Dos tomos. Cada uno, 
encuadernado, 5,50 pesetas; en rústica, 4,50. 

Juan Giraudoux. — La escuela de los indiferentes. — 

Encuadernado, 5,50 pesetas; en rústica, 4,50. 

Alejandro Arnoux. — El «cabaret». — Encuadernado, 5,50 pese- 
tas; en rústica, 4,50. 

Elscipión Sighele. — Eva moderna. — Encuadernado, 6 pese- 
tas; en rústica, 5. 

— La mujer y el amor. — Encuadernado, 5 pesetas; en 
rústica, 4. 

Tomás Hardy. — La Bien Amada. — Encuadernado, 5 pesetas; 
en rústica, 4. 

Francis Jammes. — Rosario al sol. — Encuadernado, 5 pese- 
tas; en rústica, 4. 



Emilio Clermont. — Laura* — Encuadernado, 5 pesetas; en rús- 
tica, 4. 

Israel Zangwill. — Los hijos del Ghetto* — Dos tomos. Cada 

uno, encuadernado, 5 pesetas; en rústica, 4. \ 

Valery-Larbaud. — Fermina Márquez* — Encuadernado 
^,50 pesetas; en rústica, 3,50. 

Eugenio d'Ors. — Oceano^afía del tedio e Historias 
de Las Esparragueras* — Encuadernado, 4 pesetas; en rús- 
tica, 3. 

Arturo Schnitzler. — Anatol y «A la Cacatúa Verde». — 

Encuadernado, 4 pesetas; en rústica, 3. 

Raúl Brandáo. — La farsa* — Encuadernado, 4 pesetas; en rús- 
tica, 3. 

Lafcadio Hearn. — El romance de la Vía Láctea* — En- 
cuadernado, 4 pesetas; en rústica, 3. 

— Kivaidan* — Encuadernado, 4 pesetas; en rústica, 3 

Julián Benda. — La ordenación. — Encuadernado, 4 pesetas; 
en rústica, 3. 

]eromo y Juan Tharaud. — Un reino de Dios* — Encuaderna- 
do, 4 pesetas; en rústica, 3. 



VIAJES 
MODERNOS 



SE HAN PUBLICADO: 

Ansorge (W. J.): Bajo él sol africano. Un vo- 
lumen con 123 fotograbados y 14 láminas. 

Chabcot (Dr. J.): El «Pourquoi-Pas ?» en el 
Antartico. Un volumen con 121 fotograba- 
dos, 43 láminas y 3 mapas. 

HaviIíAND (M.): De la <ttaigaf> y déla «tundra». 
Un volimaen con numerosos fotograbados. 

Otto Sverdrup: Cuatro años en los hielos del 
Polo. Tomos I y II, con más de 100 foto- 
grabados, 50 láminas y cartas en color. 

Orjan Olsen: Los soyotos. Nómadas pastores de 
renos. Un volumen con 65 grabados. 

BoYD Alexander: Del Niger al Nilo. Tomo I, 
con 99 fotograbados y 27 láminas. — El 
tomo II contiene 98 fotograbados, 24 lámi- 
nas y un mapa. 

EN PRENSA: 



SvEN Hedin: TransTiimálaya. Dos volúmenes 
con numerosos grabados. 

Erland Nordenskjóld: Exploraciones y aven- 
turas en América del Sur. 

Algot Lange: El Bajo Amazonas. 




COMPA.<ilA ANÓNIMA O 

Í.IBRERIA PUBUCA 

CIONK3 Y CDI- 

CIONE6 



Pigafetta» Antonio 



199730