(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Principios de Filosofia moral: Modificados y adaptados al estudio de los ..."

This is a digital copy of a book that was preserved for generations on library shelves before it was carefully scanned by Google as part of a project 
to make the world's books discoverable online. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 
to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 
are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other marginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journey from the 
publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with librarles to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prevent abuse by commercial parties, including placing technical restrictions on automated querying. 

We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfrom automated querying Do not send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a large amount of text is helpful, please contact us. We encourage the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attribution The Google "watermark" you see on each file is essential for informing people about this project and helping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remo ve it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are responsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can't offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
any where in the world. Copyright infringement liability can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organize the world's Information and to make it universally accessible and useful. Google Book Search helps readers 
discover the world's books while helping authors and publishers reach new audiences. You can search through the full text of this book on the web 



at |http : //books . google . com/ 




ILF 



$8 15^ 



"^lltKIlET 

LIBRARY 

UMVfRSITY Of 




/ 



.7.% 





«^ 



I 

\ 




és^ 



Zrjás«^»^m<!&í 





Digitized 



by Google 



Digitized 



by Google- 




PRINCIPIOS 



álí&M^lItü laDMlL^ 



Digitized 



by Google 




kinm.vrAnH 



.¡LaÉoi'í fíma^^xíx 



'^i- 



Digitized 



by Google 



PRINCIPIOS 

ESCRITOS wsi ufeidés 

IfeDIFlGADOS T ADAPTADOS 

AL ESTUDIO DE LOS ESPAÑOLES, 

POa EL PEESBIT£RO 

CATEDBATICO DB FILOSOFÍA MOBAL Y FUNDAMK^t(JM DE 

JUEUGION Elf EL COLEGIO DE LA CALLE DEL DU^^ÚE 

DE ALBA DE MADHID. 

Aem i H M ^mñm— fo« JPsf tsffdvsHeft toa €te if ^ 
M^tofs, reil4veC4v«fa« jNtr r# 9§$é9tHm r#vto- 



llIAimil»# 

UIFSINT4 Y LISASAU, CALI«I DI CARRBTAS» ^OM. 8, 



Jt 



Digitized 



by Google 



IQANSrACK 



Es propiedad de U cesa de 
DOS iGHACfoJí^ix^dfl co- 
mercio de tíhrotrett^sta Cor- 
%o , y nadie podrá reimpri- 
iiiirU tía tu couseotimiento 
cotí «rreglo á las lejei vt- 
geutes» 



Vi • ^ 



ííl 



J 



Digitizedby Google '^ 



B¡Tioos 



D^Dlii^QI), 




la acogida que tuvieron en loglater-' 

ra los Prinéipios de Filosofía Morar 
At Williám Paley, debió de admirar á 
8ü mismo autor, dice el traductor frañ« 
eésj «Pocos libros, dice también^ ban 
Heñido en Inglaterra una fortubá mas 
«brillante, pues causó una réTolúcion 
«completa en las ideas y en la ensenan- * 
«zai' Le impugnaron algunos coií vebe- 
cfúienciaj pero c! autor ^ qué hábia me-' 
«iditado profundamente el asunto i^ue' 
«trafíiba 5 y se \C\tA cargo en su libró* 
ijde liife objccrories' toas esenciales «áqiie' 
«rcs|ió'nd^e con el mayor' acierto, guardó] 
«stl^cio,' y 'dio f fagafr á qVic cayese en-. 



\ \\ 686 



Digitized 



by Google 



Vi 

«olvido. la critica de sos censores. To- 
ndas las universidades adoptaron su obra 
«para enseiíar Iti Filosofía Moral; y dies 
«y nueve ediciones consecutivas en el 
«espacio de veinte y cinco anos^ apenas 
«han bastado para satisfacer la avidez, 
«siempre en aumento, con que se busca.»» 

Esto decia el traductor francés el 
ano de 1817: después acá, liD se cmín* 
tas ediciones se han hecho del original 
inglés^ pero sigue gozando la mayor 
aceptaciott en Inglaterra, según estoy 
informado, y también entre los espanM 
le9 que han leido la%obra, y se haUsu| 
en estado de apreciar «uméritot ^ 

Un autor pues de tanfai repatanMOili, 
tenia títulos muy justos á que sii. trabajo ; 
viese la luz pública en nuestro idionmi^ 
y yo. le hubiera traducido ínlcgramentei > 
ai no me hubiesen detenido las conside^ 
raciones siguientes;. 

1.^ Pafey trata, en BU obra mwchiif^ 
puntos que son peculiares á Inglulerra^y' 
nada adaptables á nuestra España;, y aufi. 
por esta ra^on IHrv Sf f^bent oiúúAÁ a)if 
giinos de ellos eb Sin tradttcéioñ á lalen^ 
g^ua francesa» j otros que triidi^UwM 
ga supéi-fl^Q^. Clfe||nt4c \^ firriiii^Bret^^^ 



gitized 



by Google 



UgMN^.iV^lkanA» í 4e cQDsigttle^H.cii! 
usaAoA «rlwailos. qae $e rozsin.^n, la^ 
<verdad«8 rdigimas, me hubiera sido ne-t 
eeaam abandonar > ímiMignar su. 4oc- 

Urina. „ . 4 . ' ■ «i 

3." Aun en pnntp» Doeramente ftlo-, 
•éScos» na pudi^ndo^ copio no puedo, 
aonvenúr aMM^bas .tw5«^ cqp cs*e sabio iu-., 
g\é»y oMi hubiera viijsV> en la necesidad,! 
4 de publicar una» ideas qu^ no tengo 
pnr snfieientes^ ó de 4ar. á Tarios. p«n<*. 
«miientos.d»! uitpr nn giro acomoda'^ 
1^. ¿ mi md^.dp conoieHr; lUtertad inr 
WDipatible t»m k fiMi4ad 4^ W» tra^ 

. Estas son hni n^ouea que he tenido 
para no traducir el %e.it\o, literal de Pa- 
l¡^i.:$ asi» al jnismci tíemno que tra* 
ifi^efi! reíilmente «> Ohra » la presentí» 
ipodificsida , coordinando la9, inateriA^ 
«D^^.nie ba fíH?eeidp.>»cjor, omiticn-^ 
4fi,..iiariando, aií%di9fl4<»,j « e^plicapdá^ 
1« íqiM5. Ií»,.w4p iWíoe^arí^ pw-a adopt^jr, 



* Digitizedby Google 



Vllt 

de la moral que establece l^léy , como 
lo echará de ver el que esié fsy^iliari- 
2ado con el original , ó quiera eonsAil«- 
tarle; ni yo podía desecharlos, porque 
los tengfo p)r verdaderos en el fondo, y 
son sustancialniente los mismos que he 
consig^nado en mis escritos, e inculcado 
á mis d!ScípuloseA diez cursos de Filo- 
sofía Moral qué he explicado en esta« 
bieeimientos literarios de esta corte. 

La única diferencia , que mas bien 
debe llamarse una ampliación de la doc- 
trina de Paley, consiste en que este co- 
loca la moralidad de las acciones huma- 
nas en su conformidad ú oposición con la 
utilidad general , y por conexión nece- 
saria con la i^oluntad de í>ios que quie- 
re lo que es útil á los hombres; de mo- 
do que, segnn ¿1 ^ una acción es buena 
porque es útil á l^a especie humana ^ y 
otra es mala porque es perjudicial; y yo, 
confesando con el autor que toda acción 
Terdaderamente útil al género humano 
es buena, y toda acción Terdaderamen* 
f e^ píerjudicial á lá espeieie humana es 
lá^ia, no convengo con él en que Ia«r0^ 
zóH ¡por qué la aectott útil es bnéAa, sea 
iti^ÜtUidad , y lá ra}ién p0r fué U 



Digitized 



by Google 



foifodiráil M ¿iala^ sea pmqüe e» 
yti|ailiiittl; nno que pasando nrM ade*. 
laM^ ^- estaUezco que la ra%on formak 
/MT' fii¿ mías acciones son buenas^ y« 
oln» «m malas 5 está en sv conformi*^ 
dad 4 oposición con el orden uniTersal 
é üi^spensable, sin él cnal nada puede; 
aiittir:ni conoefairse; de modo que eni 
állíniiK resoltado^ según mi modo de- 
vela i« oialiaa de las acciones es la opo^ 
sifwn á la existencia de las cosas ^ ó su 
t«iMtencm á que sean dei^ruidas; lo que 
B0.'fiiede menos de suceder subvertien- 
dose el órden^ puesto que este no esi 
#!»( eosa mas^ en hiá cosas materiales^ 
quería; aiBfveniente¿ disposición de la* 
paHés «de qué consta-una cosa; dmvie^ 
BiMfte digo*, 'para* que ^ooda cosa sea Ib' 
qim*^ encnyo supuesto ^aro está que 
MMMMPsé al orden e» oponerse á la exis-^ 
UméOiiíe. 1«» cosas. íÉ» imposible que: 
Dita ¿d^ 4e querer que existan tas con, 
saé^-iuc^ no es posible q^e deje do 
qé9H)er^:^^rden,!y*'afl£ el que se opone 
a^i^fid^A'soioÉOfé^ la v^butad deJMés. 
llfai^«Maii^'al;opdeRí*no ptíéde^ s^ perjiH 
dieipé^^no antea }¿ku. es teuy átibá Am 
MÍAM»f ««jaldo pina «jM^ 



Digitized 



by Google 



% 
al bien general de los hombres y pode- 
mos asegurar que es conforme al órden^ 
y por lo mismo buena ; y cuando tien- 
de ñ perjudicar á la humanidad, pode- 
mos asegurar que es contra el orden, y 
por esta razón mala. Ampliado asi el 

. pensamiento de Paley , sigo al autor 
constantemente en su raciocinio^ porque 
es preciso confesar que brilla en su mo- 

] do de raciocinar una exactitud que ja-- 
más le abandona. 

' Todas las acciones opuestas o con- 

formes al orden que debe reinar entre 
los hombres ^ son también opuestas ó 
conformes a otro orden mas altoj pero 
hay algunas, y no pocas, cuja confor- 
midad ú oposición con el orden infe- 
rior y secundario , ó no es ninguna ^ ó 
apenas se percibe, por su ninguna ó 
remotísima conexión con la felicidad 
general de la sociedad humana* Para fi- 
jar pues su moralidad , y para cono- 
cerla , es preciso recurrir á un orden 
mas elevado, a un orden primario, ab- 
soluto y esencial, no hipotético n¡ con- 
siguiente. Este orden se halla entera- 
mente oWídado en la obra de Paley, á 
lo menas como principio filosófico, sobre 



Digitized 



byGoogk 



c|ac dlnearrlp wcnrc» ée^ la liMMiad 4 
malicia de laa accionea» Sio embarga 
no €s menoa verdadero y ace^ario para, 
este fin iqne el orden a^uadario: iios* 
otroa le eatablecemoa y le BwáufM ^m 
la iaTeatigacion de la wc^aUa^d , con^, 
formándonos en eeta parte con la d^rt 
trina de otros autores 3, espcjeis^liH^nte 
con la de el snpíenlísimo l^iyilori ^Á. 
bien nos deammos algode el en jcusg^^^ 
tio al:iaodo de foroKar li| idea d? e9f^ 
te orden primario^ natqcedfknte ^ y^ pQfie^« 
aario^ cnjii falta ó no exis|;encia,e8 abi 
aá||k^;y nyetafisleiviic^te inf^ililej pori 
qne en últimD üepultado M>t^ qias< quer 
la eaeacia de Diok ^ * : , , 

No eóttcilip^o la dbllgáiHaiicIél saiar; 
imi niodo qpe Paley ^ y asi á. da^ ea|^» 
tidos que iMfiplti^ pnra:.e»pÍleai^|a^ 9vm 
tiUuyo-uno. i^fifoipne á laif^ id^as^ JSsíts 
<ia dicje f|l ^^\m ^xpresatti«ate a«^i?ea de, 
la coneienfna'^ .^r de los pr^i|iaa y cas» 
l%Q99' aüpqiie. itt^ÍGilsiinente se hallan 
loejiuidoa Jsstoa "di^ pnalqs en el tex|A 
4e su «hr^t yo lí^n^do^qa capítulo ap4»^ 
té para><fiia4a ^^nq de ^Uos. ^^o m», can^ 
Iforiüff «<^<^|(Jf ^pípion dí^ P4ey««|irftfca 



Digitized 



by Google 



xii 
y omUienflo lo que dice acerca ¿e la 
tolerancia relig^iosa , expong^a las razo- 
nes que hay en pro y en contra de ella. 

Estas son las imanaciones principa- 
les que introduzco en la traducción; las 
demás no recaen por lo {jeneral sobre 
la sustancia de la doctrina. 

Consultando la conveniente esten- 
sion del texto, y la comodidad del pre- 
cio ^ he omitido algunas prenociones 
de psícolog^ia y teóloga ía natural; en aten* 
cion también á que las ideas acerca de 
la existencia, naturaleza y atributos de 
Dios , se dan con la extensión suficien- 
te" en el tratadito dejos fundamentos 
de religión ; y para las correspondien- 
tes á la naturaleza, facultades y opera- 
ciones de nuestra alma , se bailan bas^ 
tantes elementos en el cuerpo de la 
obraf elementos que fácilmente pueden 
desenvolver los profesores en la expli- 
cación de las materias morales. 

Acaso algunos cebarán de menos en 
mí trabajo las autoridades y citas ^ que 
tanto abundan en otros escritos- No bay 
cosa mas fácil que ajjlomerar lestl mo- 
lí ios de otros autores que han pensadí> 
camo nosotros; mucho mas hallando ya 



Digitized 



by Google 



,liec]fo,c8te tf^jo wal^j^ «n di^eijfyi- 
tes lÜbroB. Pefo <ipin» 4ife JnyiopfincB- 
fe «B el i^ologo Daestro..Ps4ef ,, ^^s^f 
«poner ta^m^aiit^ cjitas OMno lu^.aiipg^ 
•moi^.flério ^.imerer ííuidar: «n ¡d^Iiff 

.*de la.mon^ en .^í. .ttestíiiipiuo 4íe-'>;^ 

.«po(;|a griqp ó niinanp, es jugar con JIfi 
«aff^^oii dql ]edjqr.x á,n^ jíi^^esviaif 

.•de ée . tpdps. Í«8. : prjiji^yíaa .^ijwi !(l«^ 

.«tos niOTal«8.*_ ' 

, ..:.:,. Yernas 9^b^te:, .jV,'. ' ' ' ,'. ;, 
. ;, «Cimi4p.in<i^:fip4iU|9pi^.Cii-.la;9^liO^^ 
,«dad 4e algvn ^^to¿ 4«]b!í;P>9^ ^íif.íí' 
jwa^,/9i|.iH)int)|!re:;^wiy||t4o 9e ^ ÍK^ho.i^t 
«4^tpl»riai^n^^ en ajlgp^a. .ci«>^. 9 7 

,.«/i^S|ur.'.«l aiitpr..pei:o.;fn 119 1l!A^4^ <Lii^ 
.iifoip,^. fiin4a en i^l jr^píociii|io> >n. vmr 
.«terifu». en f wi: i»p, ^ji^en,' 4e«<:vbfinwe^ 
«tñfi, Q.imo^cípuep.IliropifnM»!^ ^icliáij. 
«7. 1^ ,9il<) Á.tpdi; lfíM^^ ijqrá propio. d^ 
«diutor qpie las trata^.eí iiui49 d® ducsf^ 
jdnr y jn;^r .aeeroi. de .íi)a probabilid»- 
^des; hu^iersi yp teiúdo por inútil, «ofi 
jícoafdo me bnfawrá ^o lacily inter- 
4fiim^,el tei^to, dJlen^r laa márgfsncii 
«con cúaa, y pasajes de agveUM antoreí, 



Digitizedt)y 



Google 



'iidie cüyáél Wéas me hubiese valido.» 
Añádase á esto el perjuicio que ú 
"tai. parecer *e causa a los jóvenes cou 
"esta profasiOtí de erudición , esiiecie de 
lujó científico y liteíaiio. Siempre lie 
tireiÁk , y la practica uie confirma dia- 
'riatóénte en esta creencia, que semejan- 
te ostentación d^ saber y du lectura abru- 
iA'iíi crtténdimiénto deles jÓTcnésesíü- 
'Atiiíttés; si queremfes quelo abracé todo su 
comprensión; porque no están prtíparu- 
dos para recibir ésa eopia de doctrina, 
y ni siqáifei'a piipden i-ettínfer fn la me- 
moria él Intóeiisd catálogo de autoNís 
que se vé* cUádó» «n algunáa obras. 
Gracias si 'se conáigrítc c|tieqneden arrai- 
gados en six mente ios i»rínei píos y püb- 
tos capitales dé la' ciencia: lo Üe tiras feii 
obra' del tlerapa y dé la aplifearíon: en 
la corta edad dé los cursante^ liay que 
contar con la cápicidad de cada uno, 
con la dosaulicacion dé muchos, con Ja 
■distracción de todos. 

Es muy laudable el estilo del ad^ 
tor, que procuro yo conservar en nii 
producción } estilo estrictamente didác- 
tico; mejor se consijjue convencer al en- 
tendimiento , que debe ser fel objeto de 



Digitized 



by Google 



^ták libro de mI* Icksé^ oímI .fti' fanA 
-éd raéiociiiio y piteisién de^ léBgitajty 
-^oe na con los náonm ét br orafop'ui^ 
como quiera que siempre eogalaáuiii Id 
dificnrao ^ y: «rreii ' miMhd • para' daleitar 
-y motér. -.-*•> >/..;-. ,: 

Mfi'ho Talidb para mitrdidjorde Ik 
tmdaéc^OQ ik la:Qfar»-de ;PDlisy:;t¿bi 
feíqr^ ^ irameeú ^ptM? . Iftrw - & i¥iiiófo|; 
-p«0 lie oíaitido ^1^ la parte/ qneicbarf* 
pv^ode^ la £loaoftá poiítída> po¿ nó- aéi- 
bneargar - la^ obra '- y < bacérlá inaa < dmi i i 
aa con Ksi f^ejgflicion de tml tirátaáQ!q«iB 
no se explica en nuestras aulas al mis- 
mo tiempo que la Filosofía Afórala 
aunque Térdaderamente no es mas que 
una aplicación de esta ciencia á ideas 
y objetos políticos» Ademas, esta parte 
de la obra de Paley es todavía mas pro- 

Íia y peculiar de la Inglaterra ^ que la 
llosofía Moral, y sería necesario refun* 
diría casi toda para acomodarla á las 
circunstancias de nuestra Península; pe- 
ro be tomado de ella lo que me ba pa- 
recido que no estaría fuera de su lu- 
gar incorporado en la Filosofía Moral, 
£1 autor publicó también una Tea- 
loffia natural j y el Cuadro de lau prue* 



Digitized 



by Google 



i^M evidénihfs del crisüauismo^ Ná be 
visto üiDgfüba de estas obras; y lorsieá^ 
,tó y porqué atendido el espíritu iloso^ 
'fieo de su autor, segurameute me bubie- 
vau ser^tido de muebo para Ips Fumda^ 
mentas de religión^, ique sig^uen. á la Fi- 
•lósofía MoriaL Na obstaiite> me bé Tall- 
ado para ellos de 4^ro autor ingles , que 
.ébpiO'Oii mliebos arttculoa casi al [^edie 
^la letra, y .Confío qiíe los lectores na que- 
darán descontentos de su inodo<;de f»r 
-dtocinar. | Ojalá queden también i satia- 
fecbcis^ del todo de jni tral^joJ^ ^: x j 



Digitized 



by Google 



ím firt-t-fiTi^ ,ofu^w ojy-.nf^É f.-'ix| iruíiuoti' h 0|i 
parles: e$peculatiTa y práctica. «; ^ 






i 



Digitized 



by Google 



ÍEn cstsit se ifesignanlaii oMigáSiá«Síqnc fle.^ 

ne el hombre para consigo mUmo, para con ras 
semejantes y pra con Dios, y se esplana cuaolo 
conduce al mas exacto conocimiento de estas oblí^ 
gaciones. 



I^^QL^] 



lliaMc 



mA.^ 



'. ^ 



ftieiJ 



CAPITULO PRIMERO. 

Mortáidad de las acciones. 









se' inlrodujcr9u scmejamcs iéroaiiíafc Ttivftiíóli 



Digitized 



by Google 



1m ahtoá, pIMf Ejemplo, cMkl únn cosa irnitajaw 
ár lii repttMÍGftf qué a()ud qoe «ntrabá en pose^^ 
^Q dé aigun'tcrireno no sajelo á otro hombre^ 
y pa^ba á cüílWárk), adquiriese aieaarpre de^ 
éko j dottiitiió sditre el ud terreno, ¿ kíicieso 
svtjos los frütós. Pérqüfe de e^te modoae aniouH 
fian todos á eülltvar b iiéi^^ £¿sá taanecesa* 
Tia á la répilblifca; IhinMron fust^ jk c»te domn» 
tiío; ]r jüstida y-Vlirtüá él qne isé 1« niániuirteae 
al jnsié^ poseedor. Al contrarió^; porque conoci&f 
ron enán dáfiíoso sería á la repóUica qtiie< iia 
bómbrc perturhááe el'dáminó justo del otro y le 
kúrfase los frütdsdé ste ^mpos; por tanto, lla-^ 
maroii iiijustiieia, Hihúne^tídtíd\ y vicio e} robar 
ki hacienda de otros. Del misitio tliodo, conside*" 
Mndo cuan pi^ecíiosb es al hottíbre el refrenar 
su cólera . contener su leñígiía Y ¿«i* bestiali>s 
apetitos i dte^ti el nondlfré de tirtud á seoiejan. 
fes acciones i¡ dé Vicio i las contrarias. Se la 
tBktíat teariereí, tiendo el perjuicio y desconder* 
10 qué de los bófíiicidios, de los engafida, de los 
adulterios y otras acciones icaúbéjáisies, se sigue» 
tanto al pueblo cuanto á los partScularcs; toma* 
ron ntoltvó' para llamar TiéiosM, deshonestas é 
injiLáásr tales acdon^. Por tanto, Horacio, sec-* 
tário dé Epicurd, dej6 dicho: Ipsu queque utiU^ 
ias,justí pr&pe maitr ti ttqiá. Pero aquí no se 
controvierte si los primeros autores de estos nom* 
brés y dé las leyes, pCnsáMn seloHOiente en lo 
Ata que de ellas pódia seguirse* La dificultad es- 
tá en wr ai solanutuite k iitiUidiid lia sida en a]« 



Digitized 



by Google 



4 

jl^a.ocasvMi^ y.9Í aiio boy ,ta«)|pimfQiJaí qjffii 
hace^ ]aiMkd^l<^ j e\^)i\ts las accipnos qiüe. il^mit^f. 
moflí hoocfitds^ justan :j v¡rü\9^^. -l^ cierto, Q|ij^ 
iadoíaqufüki qu^ Gontfepe q ^|ii)fQrra enirí.bQs» 
aeaidid^ jusikík y yírív^i; :0?.»p rbj?» üt¡|, ^^pf 
Hien6$, para .el iqoipani/qu§ ?pa/f h^ ¡f^rticulAFt^ 
ycttaotaiinaa £^ ip^ljtiplIqtKín. i^nruaa níp^tblkís^ 
kísídd^iones i)w«i»fi y bswfiHas, tai))P:9^^f; $0^ 

pero .por .Otra.p0rt««/e#j ^^idRpla.^fue, lo^ WqffQ^t 
f :lo:jl>sto*if<Sí«W.la l3pt|dad;ipc\i:al,4a» la&.bvOWrr 
ob» ©perafci6n^ir;no.ii^C(5í4p, k W^ma uiUiíUfi'í 
fMuratoriJ i. s\úk qafi jtie.n^.Qlro. pri^ipíp. ;4«f 
doáde Jproce4ev 9 lo qw.^es J^^ ,9)i5Ipp,.q^e;|l?^ 
aotípne$Qo'«$ofi 4a)orakDeiiie..b^^nas pprq);ie:^g( 
iíjüle&» sino pottípt^a ra2bop«,Pue$.^ta,rasiQae3Jiii 
qxie Tamos. bujBc%iHla f. .., i;..\«, . .. 
.1 . 7(9sotroí9:d'Q<^iii]/0s <}ae..7a tnoraliduddeihfii 
MicuAus humanas ca^s^sU en síi conformi40d é 
desam/orÉ^idademil órdén^ tqrUo primaricí 4Q:t 
MttbsecífndwiOfy d^.cousi^MimU cqr\ l4¡k vpIuBff 
f0d, de Dios A \ (for^e.e^.jfljppíiijb)^ que Bm iílfe 
^de-quer^^^prdent ..., . . - ., . í • -í 
j r Mas coi<v) WP^'$fil'íowa. Cídjflaenle tipa,ide9 
claw y.dj«ti«tp d^^.lQflwyfluer^qios sig^ificair^tíK 
J3á>palabifav;^ríf^v ^vmK^xé^i psplicar , det modo 
aG0a6,sei)¿iUo.que .roe «pa.pwWe,.Ip» qiU8 yp eo.T 
4iBodo.por prdep. ,..'.»■., .n^j .'.( ;V % •..jw).^.» 
, , í,5<o baJUaSWos, aq^ij dpi ofden que; reina .^ 
IkíMa eo b;wturaltíza,íís'veasy naaterí^l, ,8n «i^ 
thujidoíWÍwr«t!iC0rpWa-y.yi4ble,^^ gi»i**^ 



- Digitized 



by Google 



; 5 

'tS^é'otiéktfúe debe blfiteVsé éfi h«'yeTaií¡oiié¿ 
'^lic nsediati cñíre* Díoá f ;fel liottíbret y ;ctt láí 
'qttc'*tteiieii eütre ^í lóá lioiiiBres que TÍvefí'*í 
ídfciedád/ ' ".''••' • • ; •'- '•'■'': -' •> 

' * 'El'orSeri, i^es\ eñ lésle sentido es desdes 
«feíiértd: priftet^Tf áSÉfeütídatio: El orden ^- 
tmriotíb'd^ mas qué ht asentía de Dios y lá eséár 
' ^SL^Aé ^ifibt^; 1^ esencia diQ 'Bk» consiste el^ ser 
infinitamente perfecto; conqne tedó lo cpaéfiia 
'iííiá|)éffcfcfcioAf pertenece? á )á esencia dé Diofe; y es, 
éhtw dtréií^'nriaf p(etfeccÍGín el xnandai^y sét ob*r 
decido,' 'y fen casb de nó serlo, qtie sea castigado 
rfqii¿iió*obédfe¿ea': eátma perfección, en un ser 
-Ifafinlto', qtteiier'q[tie Ibs'deirias sé^es =se acerquen, 
^¿íÁántó lo pétiílíita sü na1tnra)é2Si, á to kifitiita 
•pérféíxíóh. tíesétiéiíif det hombre cís ser un anl- 
ikiaV i^dotol y libreV dependiente de Dios^, y es- 
-ta dependencia Heva consigo ía necesidad de obe- 
decer^ Bíiós, sopeña de ífer cábti^do: el hom- 
*bre' tiene tbhibláa ésendahíKétíte la facultad de 
'áSsercaráé, cnanto Ib* pertíiítS^-su naturaleza, á las 
pci-Éecciótífes de Étos/Diremois, pues, que las ac- 
ciones humanas se conforman con el orden pri- 
í&arió; si^Üc-^tonToffeíftí con laf esencia divina y 
*ifeh tá'éáíticíá^del hotóbréf y ¿otao hdy tinacbr- 
*¥fefedórí*'íiéfcétófr?a'ántté ía esencia de Dios y la 
**feén¿ia diíl llótiibre^ "sfempVé qué láá' atóonés 
'tfáiír^élas'sfe ebrifórraián cbñ la eécndli'de Díóií, s, 
-•áteforntíri'tStnbíéiT con la etencia lAél hóifibrtí 



Digitized 



by Google 



15 

ftUA acciones se aoerqiia tuanto pueda á su vA-^ 
Qita peifecciofi* £t ordea aocuiidario coosisle m 
una di«fNM¡cion tal de las cosas, que con ella se 
consiga el fin que Dios se ha propuesto en criar 
al hooibre y^ oonstiluirle. en piedad. Duenaos, 
pues» qi»e el hambí^ aponnida sus acciaoes^ cw 
d ordíQ secundariQ, cuaodo I9S dirijp del modo 
coQv^aiente para que contribuyan i que se. lo- 
gre aqud fin. 

£s imposible que Dioí^ no quiera el orden 
primariof es decir,. es imposible qu^ pio^ np 
quiera mandar al homlH^, ni que. el hombre e%- 
té dependiente de su infinita superioridad 7 yq* 
limtad santísima; lo contrariot seria querer no 
ser I0 que esencíalmen|e es, infinitamente p^i^ 
fecto. También es imposible en Dios no quei^ 
que las acciones dd hombre m conformen en ío 
posible con sus infinita^ perfecciones, como si le 
fuera indiferente, que siendo él infinitamente 
veras, sea el hombre (alas; que siendo infinita* 
mente benéfico» sea el hon^bre maléfico; que 
siendo infinitamente misericordioso, sea el bw>* 
bre cruel 

Del mismo modo, es imposible que Dios qo 
quiera que el hombre acomode sos acciones cop 
el orden secundaria Seria una contradicción en 
Dios haber criado al hombre, y haberle desticm4o 
á vivir en sociedad, con a^un fin^ (;pmo es no- 
resario suponer, y no querer que el; hombre obfe 
«(.Dniormt al fin quc4 nusm9 Dios st hf prqpqesla 



Digitized 



by Google 



acoi^ode sus accioaes al oi^tUí 9«i f^iqo^rippqf^; 

Resta^iahoifa «alM^r cf5q9Q |i«eda cpQoi»]^^^ 
Itombre si sus 9(:c¡oaes.se c^nforioajar, ^ ^{ <^ 
^ orden, ya sea . el primaripi,: ]^ el s^qna^frjiq^ 
y .par cQwccu e od^» eoa 1« vai^^^^^ de Diof. ^ 

ts • , • . • • . » ; . . . • . ; . í . ' . . I 

/ CAPITULO 11 ; 



Par qui umümÉjmimmiB tUgmr áam^c» h$ 



• ' • ' . ■ . . # 

£1 padre de C^iya Toranip había., sfdo pr«s^ 
criip por Ips tnimfvínos. C¡aj|^9^;Tpraj»p« q«e»faAr 
J)ia segfudo el pitido de estc^, tpai^ü^sto» 4 Iq^ 
jold^idos iqufijperspguian i( suL^dxe, .el ^¡Q^dQ% 
de se ocultaba, dándoles al mismo t¡^iii|ip, Ja^ 
sf^ dQ,9^.<^r^l|a^,p9r<a ^^e< Ip iípftpqiespn al 
insiwjl99i^W9|lee9ci9|iM?así^pf >!^ ifMK?!^9i ^9^ <^uÁ- 
4adp«Qde,la.fo^uaaj<,vi({a de s^ WÍ9^f r^e de 
la pQcar^¡da,<)m^ ^. q^i^cd^ba, )uQ(<^ 4{ue vip..^ 
.los oficbJiQs, éqipejfó ^ pregun^rle^ si ^u. b^jo s^ 
xpodutci^ h¡en«y.fii)lBbi| P^iqpU4/Q| con su /deber ^ 
. ^lisfift^xÍQu, de fifiStg^e^ ^^][^v^&^^.büjot respondíp 
uno de Jp«./u>14^i^,,e^^p^^ 4^ien,lf)nto^il9;^, 
es el que ^,bii m^!i^^hW(^^'m^{^\VO^^^ 
hemos preso y vas á morir ;'^ y al mismo tiempo 
le atravesó el |?vj^ft <;9íi ,tei »Vf^ t^ J.^ ^ídix 



Digitized 



by Google 



pai 



Se trata ^nora de saber si refiíii^a ^sté sft> 
fcíid á tlh saliva^ síri^ esspbtienclá' y siii tnstrtiC'; 
l^n^ privado! dbdehr iníatfciá de toda cotDuúJf^ 
é^ion ton loa d^niáa ihdlvMttós'de éti especie^ f ^ 
no*^díénfdoi3é'i^s%a{étne*sér áaodífif^dóiett 
manera alguna por el ejemplo, la autoridad, la 
educación /la sin9|K^^,f^>^jb»|o, esperimenla^ 
ria, ó no I al oir esta relación, alguna parte del ' 
sentimiento de reprobación contra la conducta dt 
2Vnw>iWi|iie)éftjf>eti^ \t 

lüds que?flOrtittficn^ÍA exiálcñ^tle txn séntt'» 
do iDoral , de máximas innatas , de una concien^ 
cia natural; que son instintivos el amor de la 
'nrltid,jF el odib^dtí víáoi 6 i)íéíi b 'p^ee|i>cion 
ifi^i^va de lo ajusto y dé Ib injustb (tjodd to^ 
<vcA no í^dh" Íé^s- que modos difia-erités de espK^ 
t:áf. lá fidñsma opiíiíioh)', á'firsttan ^uela ésperK 
XDÍeritéria. ' 

^'Iios qiie niegan la eiistétacia tje^ttu séüKldto' 
i^Éoral étr*;afifmaki que no láesperlmtníiWt^á.'í* 

Como ; riufitca % ha hecho - la ieá]^¡el4eiieia , )r 
por la dificultkd de hallar' lin ^ugeto' (5ori tjikieh 
haicerta (prescindiendo ; de la iiripoáitóídad de 
proponerle? la cuestión eti Hit eas6 dioíé sé tó'^éft^- 
wntrase), paretíe c^e no '¿^«íá «fi^^í '«KW^dc 
rkaéerla , HO-sé* pnédéi^a^r íó qii¿istitt&er¡á , át- 
^o pdt W pifbbáWBdáától Aí^lá «izéA- -* ' * » ''[ 



Digitized 



by Google 



^e grárrtiud >' ' Út fidcMad eft^ 7 coiidign«0iOsf kis 
t^emplctó tonWarKMl iilsfdhtánéáíÉúiefileV ^ dclib^ 
ncióti y sm'^üé ek ello se fnezaclé-^ingiin tttté^ 
Tés personal, mucHafá veces ^ ctttíbdír y áiti peí- 
tier daíri^iíott de nüesti^aíproliaeiDti^'qiie esfli 
aprobación és unifotme y universa), pues él nsii- 
mo género de conducta.se aj^imíeba y^^esapriieiNi 
en todos tíeaipos y en todos los paii^^del nmá* 
do^ circunstancias, dken ellos, <}ue indican fnef-* 
teniente la aceicMi de tin instinto ó dé tin senfi^ 
¿o moral. '■" - . . . > 

Por ¿tro lado, á tos pdftidai^ios de) mteda 
opnestó toó les faltan respuestas á lájmayol* par¿ 
te de eslbs' argnmcnlós; ' 

Desde luego , en* cnanto á la uniformidad 
que alegan los primeros, les disputan 'el beidié; 
observando que, según las relaciones auténticas 
de historiaídores y viajeros» apenas bay algún vi- 
cio- que tío haya sancionado la ópinionr publica en 
alguna^ época 6 en algún país del mundo: que 
en unas partes eis un* deber de Ja piedad fi^al 
aliméntala á los padres ancianos, en otras pbn^r 
¿á 'á sus dias; qtie el Suicidio 'bá' pasado eA'al«- 

San tiempo por beroismó/- y en otro por «obaf- 
ía^, que? el robo, castigado por la> mayor paHe 
de las leyes', era mucbas veíces rccom^náado por 
hw leyei de fispartá; ijüetílCoEberííid libre; de fes 
•do^ sexob, áuíique ^Cotídénado porlas^ leyes y< la 
opirilMl^tiié'^tóda&4as* nkm»iesitú»i)i¿^^^ 



Digitized 



by Google 



4ln e^aUccida enire los sal^ages de los trc}pico5!, 
,ún reserva, ain d£.sgrac¡» y sin queM^ avcrgücn^ 
xen ar|ueUD& na^urailes; cjiíe algunas crímenes, 
^u^ ni aun »e pvi^cn nomhrar^ liaii teñidoras 
^feoBores ^iitrc los sábim de tienopús muy ce-- 
J«brados; que ú se alc^r» un habihuitc de las na- 
ciones civilizadas de Europa siempre que ve al- 
rededor de sí h felicidad, la tranquilidad y las 
iatisfnrcioñcs, no se alegra menos un salvage de 
América con los dolores atro(^s y con las contor-- 
#iones de una víclima que se esiá abrasando en 
^V na hoguera ; que aun enire nosotros, y en el 
estado tan perfeccionado de ronocimienfos mora- 
jos ea que al presente nos hallamos, falta mu-* 
i^lio para que estemos de acuerdo en nuestras 
opiniones y seniimienios; que se reprueba d aplau- 
de alternativam^nie el duelo, según el sexo, la 
edad o la condición de la persona que habla; que 
el perdón délas injurias y délos insultos, se mi' 
ra por una clase de personas como una magua* 
nimidad, y por otra romo una bajeza ; que en los 
ejemplos que hemos citado « y tal vez en otros 
muchos, la aprobación mora! sigue los usos é 
instituciones del (>ais en que se vive; usos é ins- 
* titucjones que ellos mismos deben su origen á la 
necesidad, al cUma, situación q circunstancias lo- 
cales del pais, ó han sido eslablecidos por la au* 
toridad arbitraria de «tgunos gobernanies ó por 
pcl capricho veleidoso de la multitud: circui>stan- 
. das lodas que se parecen muy poco á la mano 
. firme y i luí rafgp« iudelebles de la mHurale^. 



Digitized 



by Google 



11 

|)to9|ip»4€'to^«,cwio áf pesar df^eMii^ ,«- 
ctfá(ooe$,íif^9^ popde n^r qae cieriu arpones 
mlaman y fecibeoel aprecio ^ g^ro Inuna^- 
no ea ooalra|i(os¡qoo di^ otra»* y mo gieoeralimn-' 
iCp s¡ uo nnivemlaientey apr^da^ Jos advc^rsa^- 
rios del sietitido iporal dicea que la aprobsicKip 
general de la virtud* aun en los casof ^ ^ne 
no nos guie ningún inti»^ perüonalt {mede^|r- 
plicarse, sin recurrir ^ un seutido moral, ciel 
modo siguienie: 

HjabiiMiido observado en algunos casos ipe tal 
Mcion {Mi^icular nos ba sido útil, 6 h|i podido 
acrlo» la aprobamos naturalmente en nuestro ií^ 
tarior ; y este sentimienlo de aprobación acompoi- 
. fia después á la idea 6 recuerdo de aquella ai;- 
cioii, aunque ya no eídsta la utilidad partkubir 
4||ue en ella percibimos al principia 

Y esla duración del. sentimiento, después q«e 
ha cesado el motivo que lo ba producido, es uní* 
camente lo. que se ven6cii en otras cinrunstau- 
das posteriores; por ejemplo, respecto de b pa- 
flón por el dinero, que nunca es tan viva como 
en algunos viqoa ncoa y enfennos, sin iamília 
que mantener, sin amigos que obsequiar, y pa- 
ra quienes de consiguiente no es de ningún uso 
d dinero, ni tiene valor algupo real, como ellos 
mismoa lo esperimentan por lo común. Sin enp- 
bargo, na bombre de esta dase se alegra tanto 
con hM ganancias t ó se entristece tanto con las 
pérdidas que ba tenido, como el primer día qjue 
. abrió so tiendas é comp si ao propia subsisten-* 



Digitized 



by Google 



19 , . . . 

Cía depeiíálese del búén exiló dé su negociación. 

De este modo empieza el hábito de aprobar 

tiérlas acciones, y nnn vez afraigndo, no es di- 

ftcil esplicar cómo se trasmííe j pcrpciúa; porque 

£n Jo sucesU'Oj la mayor parte de las cjue aprue- 

'ban la virtud, lo hacen por áuforittad, por in-- 

mitacíon, y por un hábito de aprobar lales d tales 

piones f adqnírido desde la primera juventud, 

'y que vá recibiendo diariamente en el progreso 

de la edad un nuevo vigor, ya por la censura, 

ya por la aprobación que recibe su conducta, y 

^'ya por los libros que leen, por ks conversaciones 

que oyen, por la aplicación común de los epile- 

'tos; por el giro general de la lengua , y por otras 

mil rausas, cuyo efecto ordinario es que una so- 

-ciedad de hombres débilmenle acoinctitlos de la 

misma pasión, se la comunican bien pronto unos 

^ á otros en el mas alto grado. Tal es el caso en 

que se halla en el dia cada uno de nosotros j y 

'esta es la razón por que' son, ó imperceptibles, ó 

iiiútiles los efectos de la simpatía de que hemos 

'Hablatlo anteriormcnlc. 

*''^'' Entre las causas que hemos asignado de la 

"" ¡perpetuidad y generalidad de unos mismos sen- 

'tlmicntos morales en toda la especie Inimann, 

hemos contado la imitación. Se puede observar 

'la eficacia de esle principio, especialmente en los 

* niños. En efecto, si hay en ellos alguna cosa que 

^merezca el nombre de instinto^ es su inclinación 

d imitar. Pues bien» nada imitan ó aplican mas 

pronto loa uiilíos que las cíprcsiohcs tíc ifecto y 



Digitized 



by Google 



tros conodmientos nos' vienen ae 1^¡ iffíUwigjg^ 

^H^%.'> 3Up ».ol»;íi."(ir .f.f i.- 1 . .r.. ;ii «>í «i:;"»!íirj 
Bingapa en moral, que se pueda naina^.,íf)n^^ 

«WrfftfW |H¡w}ípíp,f;apm),«f^/;W)r^idís^ 
iWft 4«»|»eí, ,pwjj^ jípi;,iq(;qipjKal^|»)e,fiOB oirás, 

\>pfss«¥^^ m:qm<f^ fi!»jA^4<m í* io¥'gv«flij 

iÍ>ft'*«¥*il^)feiprWe5Jp.,..^.,;,,,,.í,., ,,; ,..,. vn 
Se propone también otro ar^upfff>\q,,j¡ffi^ 



Digitized 



by Google 



Hiáttúto f ii lab aeidt^Wiiú^ 




^róliif aljgtfna» acciones parficilflal'é^^ 
ddhieinbs tanlbíen Ifámr rfeábÚló déla mfsn^^ 
(uiüléa thia ho¿¡ón distíntíi tk lá áccfonqVle^é-^ 
bemób ^^obái"! iióaón ^üe ¿¡elriaaiettie tíd lieP 
BtoltÁ:ibídb. ;^ 

' * ' Pero éitáó estü ati^^tttüento tiene igual feenU. 
ftíi(tecior'i¿Ke it^ós lo^ instítitó^i jr desittemiria m* 
existencia lo mismo en los animales que en *m 
fióUbtW, iá¿ pátéce difiiéil qüte toiivkmaiii nádieL 
átttiqix«' látnbiéfa es dfficil Áítf una rtti^táisi'^ 

" Tot" ti6dasf^t^^ 1^^ í^íiéée í|M dé íHá^ 
ittitintoá, ^¿úñ sé i(|tiiére ^né ífe 'ccAcbpongA dtf 
éHbi ct' áétiiK^d^ittorat, d <|te^ é$ imposilj^' eá él 
día d%rih^Mós de las ^i^ocüpacioiiés^ yiSt hi 
hábitos. Em <MiMniéncb|m>podeflibi^f^^^ 
ttí ellos p^ra i^aciocinai' sobré mátettáü ióíidAlé^ 
Quiero deciff qne no és un fbddd seguro de pi^ 
eeder ef toinar ciertos principios bo^ euros tantéi 
itepttlsos 6 inistmtos de ti úaf^mésa, t sacar ed 
seguida conclusiones dé estob prmdptoé^ 6 im*^ 
pttisoá aceréá de ía juáffcia ó iríjustiéitt de las ác^ 
Clones, independientemente de Ctíaáqtdé^' ófxé 
consideración. 

* Aristótehtt aséntd éoitab mátiifiÉ fundamen^ 
tal y evidente por sí íñisaKí, que losbirbaMi 
$on esclavos por su üuiuralcüi', y de esté ^tnci^ 



Digitized 



by Google 



tí 

(»ré;^il<íMo ,^ ^i tío; ies' >timi)iwo. trmleifie 'siqvelUí 
íÉtá^itíli ipivk l«í ¿drtenfiaAiCBi i|tt««ego6la|t «n^ 

^ní l6N^áM)¿ {kH» Áfisióidét, pi«r«ea 4u«la^?«i^ 

rapacionesy y el uso general contribuyen mtií0 

fSdíttííidte^ ^déiuaJd)t^tlarit|BMr«ltta^I , i.' m ra 

¿e<ttó)^l*éiméimdofMÍAi«i'ktt imiMiiKvwb ser» 
^t&^fS^U^'\kkíl¡íté^'r^ «wulnis>&hp0praiU€B>il 

f«63¥tlij(rV'ritté2 Híi^sf iiemí» Ibá^ fifMMDdiiwieAiM 
^ • ->Pc«^liM64de'|i¿iciiiÁbti0Sila4xf^^ 
lhtté^v^á(te8;v||ri!g^mo^yo/M a«to0^^ Kadiñ 
M^ré$péiifí^fetó j* {mi^iB^>'^lmr (Mintdiladiuiínti^ 
cOmra^ttli^ JkiMinb^ éi4 a^rinseQlof'umfiCcreto 
MUtíltlttaiémo de h« ieoik!ten«i«^ Béootesterref 
tt(lk<4M(eiito "se pafSfhsoh\í^\kv9ií'ÚMy Iñen,^ 
áí-«l«^deHcüe»ite üiiB^CM^soasoteráe i é^éa fiÍT^v 
éetj^beer ^ "é^Ú miHdad qoc espeta ude^ucoU 
f É^iiíií; <S si hálí»^q«e el >plaocr dekcldhp eaeadb 
ftl reffiordtttilent&de b «Nicleiimiv^o**'^^Ú6'él 
misoié i*sí^'d juétvy «obro b cual iia se puédé 
«»igftflb¥^;i^atti(^e8p(sñin«ti^ i«ftinisii;ip:UeH^ 
)a$ áó¿ sfkñihmntM^ en fsie' isam el jpartidario 
¿e ló» iúnn^ioá ínoraÁM tttda tiene q¿e<dee]rle« ^ 
: Pdrqtiü si aiega'qve csiw itMimol seo otrai 



Digitized by CjOOQIC 



# 

n 

Uatas ítiáicaciones de la voltín»a3 de Dios^ y pdii 
eonstguiente de lo que tenemos que esperar desn 
pues de csla vida» respondo que esto es apelar ^ 
ima regla y un njotivo, posteriores á los mismos 
inslíntos, y que potJemos conocer ppr un cicmIio 
saas seguro; 3U 11 suponiendo que haya Jugar á 
disputar si existen ó no iií¿kí mas imlinlivas*, j 
friendo eouio es dtíicil determinar ci^ifelüs se^ 

otnTLo qué yo pienso eSi que en la filo^ofí^ 
moral, lo ra^mo que las demás ciendai^ hay ver-? 
dades erülente^ por sí miomas, que el hombre 
eonoee si o ningún raciocinio, mcisanaprenie^^Á 
lione e&pcdito el uso de su facultad cogaoscitiva; 
asi como» si lieue cspediro el. sentido de U vJslai 
necesaria meuíc ve lo lu7*^u ella mipma-ypí^pqf 
otro medio. En la mcíaíis!c3tpoí*ejeaiplQ» cual- 
quiera conoce que es irtifiositíe ífiíe una^;€&mmi$ 
y no s¿a al mismo ti&mpoi y esta verdad la cor- 
noccmos lodos, sin que preceda ninguna ípm-i 
paracion, ninguna reflexión, ningún di^^curspi 
Pues del mismo modo cualquiera conoce que &s 
malo ofender d Bíos, que es inalo h^cer dmia 
al prójimo sin razón; que ts hueno agradi^r Á 
Dios, que es buma socorrer al pnijimo: y eát^i 
tcrdadeslas- vemos lodos tn. sí mismas^ no lá» 
deducimos de ninguna otra verdad, no emplea- 
mos ningún medio para sacarlas por consecuen- 
cia: en nada influyen para conocerlas ni la ddu-í 
cacion, ni las preocupaciones » ni los hábitos, ni 
las circunstancias: conocemos que siempre y por 



Digitized'by 



Google 



M 

sÍ6i|ipT6, cuarlesquíera que sean las circunstancias* 
es malo ofender á Dios, es malo hacer daño a| 
prójimo sin razón: asi lo han conocido y lo cono- 
cen todos los hombres, en todos tiempos y en 
todas partes, lo mismo el filósofo que el rustico^ 
ri culto europeo que el cafre y el botentote, 

Ni puede menos de ser asi, porque siendo 
imposible que Dios no quiera el orden, asi pri- 
mario como secundario, y habiendo criado al 
hombre con una alma espiril nal, intelectiva y libre» 
capaz por lo mismo de acomodar sus acciones con 
el orden, necesario es que el hombre conozca lo 
que se conforma ó na se conforma con él; y 
claro está que el ofender á Dios es contra elor* 
den primario, y el hacer daño al prójimo sin 
razón, no solo es opuesto al orden primario , ^ino 
también al secundario. 

Ni este conocimiento nos viene de un instinto: 
es el producto del ejercicio de las facultades de 
nuestra alma. 

Pero no se debe inferir de aqui que todos 
los hombres podrán hacer la debida aplicación, 
6 sacar consecuencias legítimas de las primeras 
verdades de la moral. Usando el hombre recta<» 
mente de su razón, poniendo la diligencia sufi- 
ciente, no dejándose arrastrar de los sentidos, re- 
flexionando en fin, puede llegar á conocer, no 
todas en verdad, pero á lo menos las máximas ne* 
cesarlas para que no se trastorne esencialmente el 
orden. No todas hemos dicho, porque vemos que 
aun los hombres mas doctos y virtuosos dispulan 

2 



Digitized 



by Google 



18 
acerca Ae !a bondad cí malicia de algunas accio- 
nes; si bien ann en estos casos ha provisto el Señor 
que el hombre entienda fácilmente cuál debe ser 
la rcglix de su conducta para nofahar al orden» 
como veremos cuando hablemos déla conciencia. 
Admiremos la divina providencia, la cual ha dis- 
puesto que sea muy corto el número de hombres 
que pueden trastornar físicamente el orden secun- 
dario, por no poder conocer ni aun las primeras 
verdades de la moral ^ y que los demás hombres» 
como en número incomparablemente mayor, pue^ 
dan contenerlos fácil mente: tales son los demen- 
tes; y al contrario, que si es muy grande el nú- 
mero de los que no pueden conocer las verdades 
fundamentales de la moral, no puedan física- 
mente irastoniar el orden: estos son los niíios. 

Por desgracia, no siempre usa el hombre rec^ 
t amen te de su razón, y eslraviandose frecuente- 
mente en su discurso, saca de los principios de la 
moral consecuencias falsas y mousiruosns, como 
tristemcnlc nos lo enseíia la historia del Hnagc 
humana 

Supuesto, pues, que el hombre se estravia 
fácilmente en la senda de la moral, ¿cuál es la 
guía» ó Hamcse la regla, que debe seguir para no 
cstraviarsc? Dos son los medios que ha dado Dios 
al hombre para este fin, la razón, y la revelación. 
Repelimos que uf^ando el hombre debida mciiíc^ 
de su razón, no dejará de conocer, sí no todas, á 
lo menos las verdades necesarias para que se cum- 
pla la voluntad de su Criador, ó lo ijuc es lo mis- 



Digitized 



by Google 



19 
niQ^ {pra que se conserve el orden. Mas ^para es- 
to es YiecesariS que se ilustre la razón humana 
WSk todas las ideas exactas y convenientes para 
foriiiar juicios verdaderos, ordenarlos en series» 
y deducir justas consecuencias. £1 hombre depen- 
de en k adquisición de sus ideas , de la educa- 
ción j circunstancias en que se halla , esto es, de 
las costumbres públicas y privadas, del gobierno^ 
religión y demás calidades del pueblo .en que na- 
ce: SI tiene la desgracia de que estos principios sean 
tales que inspiren ep su alma erradas ideas, ha- 
rá juicios falsos y deducirá falsas consecuencias* 
Un joven se convence á las primeras observacio- 
nes de que debe reverenciad á la Divinidad. Pre- 
gunta, examina y oye que el modo de desempe- 
.fiíar esta obligación, es ofrecer en ahares impuros 
sacrificios indecentes, ú otra ridicula demostra- 
ción de temor y de respeto, A esto se persuade, y 
en este error vivirá, si una profunda meditación 
no le desengaña , ó si una luz segura é incapaz 
de error no le ilumina {Martety* 

Lastimoso es el cuadro de las costumbres pú- 
Micas que nos presenta la historia, cuando el 
hombre se vé entregado únicamente á la luz de 
k rpzon. Un tiempo hubo en que el m¡¿mo Dioa^ 
se arrepintió de haber criado al hombre, y tuvo 
que esterminar casi toda la raza humana. Se yé^ 
pues, que abandonado el hombre á sí mismo, 
nunca llega á conocer todas, las verdades mora- 
les que son necesarias pra la conservación del 
orden , por no usar, como debe, de su razón en 



Digitized 



by Google 



so ,_:. ^ 
la investigación de un objeto lan importante. De 
ffqui nace h\ nccesulad de la revelación, d de qué 
Dios manificsle íil horahre las verdades religiosas 
y morales por otro conducto que por la luz de 
la razón. Así lo ha hecho el Señor, como lo pro- 
baremos en los fundamentos de religión. 

Esta revelación es una guia segurísima, in- 
falible, y á la cual debemos atenernos siempre* 
Mas como no por eso debemos clescuitlar el ejer- 
citar nuestra rnzon, pues no nos la ha dado el 
CriacJor para tenerla ociosa; y siendo el oficio del 
filósofo buscar la verdad, su fundamento, sus 
causas y sus efeclos, ,usando de su raeionalidad, 
ó sea de las facultades de su alma, vamos á ver 
si la razón nos proporciona también algún medio 
para conocer las verdades morales, no solamente 
aquellas que se conocen por sí mismas, sino tam- 
bién las que no s<j nos presentan con esta evi- 
dencia. 

Cuando Dios crió la especie humana, desea- 
ba seguramente su felicidad, y dispuso con este 
designio todas las cosas en el orden que las vemos. 

Una invención supone un designio , y la ten- 
dencia predominante de la invención indica la 
disposición del inventor. El mundo abunda en ' 
invenciones; y todas las invenciones de que no- 
sotros tenemos conocimiento se dirigen hacia un 
objeto bienhechor. El mal existe sin duda, pe- 
ro nosotros mismos conocemos, que nunca es el 
objeto mismo de la invención* Los dientes fueron 
inventados para comer» y no para causar dolor; 



Digitized 



by Google 



m 

el que causan algunas veces es accujental á la in*- 
yencion. Al describir algunos instrumentos de 
agricultura, no se puede decir que la hoz se ha 
hecho para cortar los dedos del segador, aunque 
fiegun la construcción de este instrumento y el 
modo con que se usa , suceda aquel accidente al- 
gunas veces. Pero si fuerais llamado á describir 
los instrumentos de la tortura y del suplicio, esta 
herramienta, diríais, se hizo para estirar los ner- 
vios; esta para dislocar las junturas; esta para 
romper los huesos; esta otra para desollar las plan- 
tas de los pies: áf modo que en este caso^ el su- 
frimiento y los tormentos son el objeto mismo de 
la invención. Pues bien , nada de esto se halla en 
la naturaleza, ni en ella vemps jamás un enlace 
de invenciones hechas para ejecutar un mal de- 
signio. Si Dios se hubiera propuesto nucslra in- 
felicidad, seguramente hubiera llenado su objeto 
^formando nuestros sentidos de manera, que fue-^ 
sen para nosotros unos manantiales de tormen<r 
tos, tanto como ahora son unos instrumentos de ■ 
satisfacción y de placer, ó colocándonos en mer 
dio de objetos tan mal adaptados á nuestros ór* 
g^nos, que nos estuviesen hiriendo continuamente 
en lugar de proporcionarnos placer á' reposo. Hu- 
biera podido hacer, por ejemplo, todo loque bar 
biamos de gustar, amargo: todo lo que habiamos 
de ver, horrible; todo lo que habiamos de tocar, 
.abrasador; tpdo olor, infección; todo sonido; dis- 
cordancia. 

Dingun anatómico ha descubierto tampoco 



Digitized 



by Google 



93 . ; 

un sistema de órganos calculado con el designio 
de producir dolores ó enfermedades; pinguno ha 
dicho, al esplicar las diferentes partes dé que cons- 
ta el cuerpo humano, esto es para irritar; esto 
para inflamar; este conducto está hecho para lie* 
var la piedra á los ríñones; esta glándula sirve 
para formar la secreción ¿el humor que consti- 
tuye la gota. Si por acaso encuentra una parte 
de cuyo uso no tiene conocimiento, no por eso 
sospechará, que está colocada allí para incomodar, 
molestar ó atormentar ; conque si Dios ha hecho 
uso de su infinita sabiduría pAÉfei una invención 
favorable á nuestra felicidad, y puesto que el 
mundo se conoce ha sido dispuesto desde el prin- 
cipio con este designio, y permanece por tan lar- 
go tiempo en la misma disposición, debemos su- 
poner que subsiste también el mismo designio. 
lia contemplación de la naturaleza en su uni- 
versalidad, mas bien confunde al alma, que la 
afecta. Brilla siempre en la perspectiva un pun- 
i||* to, en el cual se detiene la vista ; un ejemplo solo 
quizás, por el cual cada hombre se siente mas 
convencido que por todos los demás juntos. A mi 
me parece que veo la benevolencia divina mas 
claramente en los placeres de los niños, que en 
ninguna otra cosa del mundo. Los placeres de los 
hombres ya formados, pueden mirarse hasta cier- 
to punto como un efecto dfe sus propios cuida- 
dos; sobre todo, si para conseguirlos se necesita 
industria, invención y perseverancia; ó si se fun- 
dan como los de la música, la pintura etc, sobre 



Digitized 



by Google 



t3' 
algunas cualidades adquiridas. Pero los placeres 
de un niño que goza salud, proceden tan mani* 
fieslamente de algún otro, cuya benevolencia se 
conoce tan fuera de duda , que cada nifio que yo 
' veo entregado á sus juegos, produce en mi alnia 
una especie de evidencia sensible del dedo de 
Dios, y de la intención que le dirige» 

Pero el ejemplo que choca mas vivamente 
á un hombre, es el verdadero ejemplo para él, 
y como apenas pueden detenerse dos en uno mis- 
mo, esto mismo prueba la abundancia de los ejem* 
píos que nos rodean. Es evidente, pues, que Dios 
quiere y desea la felicidad de sus criaturas. 

Esta misma consecuencia que nos proporcio- 
na nuestra naturaleza, y b contemplación de los 
objetos que nos circundan , la sacamos igualmente 
á poco que reflexionemos sobre la esencia y atri* 
butos de Dios. Un hombre rústico, destituido de 
las luces de la filpsofia , no formará tal vez por sí 
solo una idea exacta de la naturaleza infinita de 
•Dios ; pero no hay ninguno que desconozca en 
la divinidad la superioridad sobre todo lo que 
existe, y la bondad para con todos los seres, que 
dependen de su cuidado; ni abrigará jamás la idea 
de que pueda caber la malevolencia en un ser tan 
grande, tan poderoso é independiente. Mas el 
filósofo alcanza y está convencido de que hay un 
ser anterior á toda la naturaleza, y de esta ver- 
dad deduce legítimamente, que este ser es nece- 
sario, criador y conservador de todo lo que exis- 
te, infinito por lo mismo en esepcia y perfecciones. 



Digitized 



by Google 



Es, pues, infinitamente benéfico, y es imposible 
que haga mal, y que deje de bacer bien á sus cria- 
turas. Todo, pues, cuanto quiere que haga d 
hombre, es titil al hombre, y contribuye á su 
felicidad. 

Asi, pues, el medio de conocer por la \m de 
la razón, si nuestras acciones son conformes á la 
voluntad de Dios, y de consiguiente al orden 
tanto primario como secundario, es, en las que 
^dicen próximamente relación á Dios, considerar 
si son conformes á la infmita perfección de Dios, 
a su bondad, veracidad y luas perfecciones, y so- 
bre todo á la soberanía que le es esencial, y si son 
conformes correlativamente á nuestra esencial in- 
ferioridad y dependencia de Dios: y cuando nues- 
tras acciones dicen relación también á nosotros 
'mismos y á nuestros semejantes; considerar la 
tendencia de cada acción á proporcionar ó impe- 
dir, aumentar ó disminuir nuestra felicidad. De 
este modo conoceremos, si nuestras acciones son 
conformes al orden tanto primario como secun- 
dario. 

CAPITULO 111 

De la utilidad. 

Las acciones , pues, especialmente las que tie- 
nen por objeto á nosotros mismos, ó á nuestros 
semejantes, para juzgar si son conformes al or- 
den secundario, y de consiguiente, si son moral- 



Digitized 



by Google 



«5 
mente buenas « deiien estimarse por su tendencia; 
siempre que una aocioñ sea Terdaderamenf e útil, 
podemos afirmar que es conforme al orden, j 
por consecuencia moralmeate buena. 

Pero contra esta conclusión se ofrece una ob- 
|ecion notable; á saber, que bay muchas accicK 
oes que son útiles , y que ningún hombre de 
buen sentido conyendrá jamás en que son mo- 
ral mente buenas. Hay ocasiones en que seria muy 
üiíl la mano de un asesino. £1 pc^eedor actual 
de una gran fortuna emplea su influencia y sus 
riquezas en mortificar, corromper ú oprimir á 
cuantos están á su lado; .pero en muriendose pa- 
sarian sus bienes á un sucesor de carácter opues- 
ta. Seria, pu^ útil, hacer que desapareciese cuanta 
antes semejante hombre, puesto que de este mcK 
do toda la vecindad trocaria un peligroso tirano 
por un bienhechor sabio ^ y generoso. También 
|mede ser útil robar á un^varo^ y distribuir su 
dinero á los pobi^^, porque este dinero produ* 
ciria seguramente mas bienes empleado en ali- 
mentar y vestir una docena * de familias dcsgra-^ 
ciadas, que cerrado con tres llaves en el arca del 
avarienta También puede ser útil conseguir un 
destino, un beiaeficio, un asiento en las cortes 
por la corrupción ó por un juramento falso, por-- 
que en esta posición se puede servir al público 
con mas fruto, que en una condición privada. 
¿Diremos, pues, que estas acciones son moral?- 
mente buenas, justificando de este modo el ase- 
sinato, d robo» el soborno y el perjurio? ¿O 



Digitized 



by Google 



«7 
tetidremos que aliaiidonar nuestro principio de 
que la .utilidad es el medio para conocer la boh* 
dadinpral de una acción? 

No es necesario hacer ni lo uno ni lo otro. 

La verdadera respuesta es la siguiente: estas 
acciones á pesar de todo, no son útiles, y por ésta 
razón se conoce, que no son moralmente buenas. 

Para ver con claridad en este asunto, es ne- 
cesario observar que las malas consecuencias de 
las acciones son de dos maneras, particulares y 
generales. 

La mala consecuencia particular de una ac- 
ción es el mal que esta sola acción ocasiona di- 
recta ó indirectamente. 

La mala consecuencia general es la violación 
de alguna regla general indispensablCé 

Asi, la mala consecuencia del asesinato deque 
acabamos de hablar, es el espanto y el dolor que 
espcrimenlaria la pefi|(>na asesinada, la pérdida de 
su vida y que es tan preciosa y acaso mas para el 
malo, que para el hombre de bien; y últimamente, 
el perjuicio y la aflicción que su muerte podria 
causar á su familia, á sus amigos y clientes. 

La mala consecuencm general es la violación 
de esta regla general indispensable, que ningún 
hombre debe ser muerto por sus crímenes, sino 
por la autoridad pública. 

Así , pues , aunque esta acción no tenga ma- 
las consecuencias parficularcs, y aunque las tu- 
viera buenas, no es sin embai«go útil, á causa de 
a consecuencia general , que es mucho mas im- 



Digitized 



by Google 



portante, y que es níala^ Lo mismo se puede de*- 
cir de otros mil ejemplos c(tie pudieran presen*» 
tarse. 

> Pero como esta solación supone qne el mundo 
se gobierna por reglas generales, réstanos pro* 
bar su necesidad. 

CAPITULO IV. 

Necesidad de las reglas generales. 

Hemos dicho que Dios ha establecido y quiere 
que se conserve el orden ^secundar^io, ó lo qué es 
lo mismo, qué el hombre haga todo aquello que 
es conducente á la consecución de los fines que 
se ha propuesto su eterna sabiduría , de los cua- 
les no puede anidar separada la verdadera fclici* 
dad de la especie humana. Para ésto es necesario 
que haya reglas generales por donde pueda go-* 
bernarse el hombre. 

Es imposible permitir una acción y prohibir 
otra, sin manifestar alguna diferencia entre ellas. 
En consecuencia, todas las acciones de una misma 
especie, deben ser generalmente |)ermittdas ó 
generalmente prohibidas. Conque si la permisión 
general es perniciosa , es absolutamente necesaria 
la prohibición general. 

Asi, volviendo al caso del asesinato, el asesino 
quita la vida al rico avariento, porque le cree 
mejor muerto que vivó. Mas si se autoriza esta 
escusa en el caso presente, es necesarb autori- 



Digitized 



by Google 



36 
zarla tambieo en .&vw de todos aquellos que 
í^ren del mismo modo y por el mismo motivo; 
es decir, es necesario autorizar á lodos para ma* 
iar al primero que pasa, si se Je ticoe por inútil^ 
6 perjudicial: lo que en el hecho seria confiarla 
segundad y la y ida de cada uno al mal humor, 
á la furia ó fanatismo de su vecino; disposición 
que llenaria bien pronto el mundo de confusión 
y desdichas, y pondría fin á la sociedad, sí no 
esterminaba la especie humana. / 

La necesidad de las reglas generales en el go« 
Jbiemb humano es manilla ; ¿pero se encuen- 
tra también en la economía Divina? ¿En e^it;^ 
dislribucion de castigbs.y recompensas, de la 
icual nunca debh apartar sus c^os el moralista? . 

Respondo que, las r^Ias generales son necor 
sarías en todo gpbicrnp mora); v por gobierno 
moral entiendo tpda disposición, cuyo objeto es 
influir en la conducta de las criaturas racionales. 

Porque si de dos acciones enteramente scm^ 
^ntes, una se castiga, y otra se ,perdona ó re- 
compensa (y esta seria la consecuencia de no 
admitir reglas generalas), los seres sometidos í 
semejante clase de gobierno, no sabrían á qu^ 
atenerse, ni lo que habrían de hacer. La recom- 
pensa y los castigos dejarían de serlo; no serian 
mas que unos accidentes, como la caida de un 
rayo, el descubrímiento de una mina, el acertar 
ó errar jugando á la lotería ; producirían ya ía 
pena, ya el placer con su presencia, pero no con 
arreglo á ningún orden conocido, y no proce- 



Digitized 



by Google 



íñécAo de uíngun género pattícuTaf décbnciacta* 
tampoco podrían tener ninguna inftúenm aníe-^ 
irior sobre las acciones. 

La atención 9 pues, á las reglas genérales se 
halla contenida en la idea misma de la recom^ 
pensa y del castigo. Dé consiguiente, pues, que 
se deben esperar de la mano de Dios castigos 6 
recompensas, debemos creer que procederá en 
esta distribución por medio de reglas generales. " 

Pero en toda acción es necesario considerad 
sus efectos y consecuencias lejanas ]^ colaterales^ 
lo mismo que las inmediatas j directas ; porque 
es claro que en el cálculo de las consecuencias 
de una acción, importa poco lá distancia á que 
se encuentran. 

Para grabar esta doctrina en la mente dé loa 
jóvenes y para ensenarles á estendef su vista 
mas allá de las consecuencias inmediatas de un 
delito, voy á poner aqui algunos éjemjJos, ea 
que U consecuencia particular es comparativa- 
mente de muy poca importancia, 6 en que1á 
culpabilidad del crimen y la severidad con que 
lo castigan las leyes, se funda easi enteramente 
en la consecuencia general 

La consecuencia particular de fabricar mo^ 
neda £ilsá, es la pérdida de un duro 6 medio 
duro para el que recibe la moneda contrabecba. 
La consecuencia general (y por esta entiendo lá 
consecuencia que se seguirla si se permitiese ge« 
neralmeute esta práctica) es abolir el uso de lá 
moneda. 



Digitized 



by Google 



30 : . 

La consecuencia prllcular de falsificar una, 
Iclra de cambio, es la pérdida de una cantidad 
de dinero para el que acepta la lelra fakifica- 
da; la consecuencia general es la cesación del 
curso del papel moneda, ^ 

La consecuencia particular de robar carneros 
6 caballos, es la pérdida, para el propietario, del 
precio del carnero ó del caballo robado; la con- 
secuencia general es que no podría fertilizarse la 
tierra , ni suministrar á los mercados este ge'ne- 
ro de ganado. 

La consecuencia particular de entrar en una 
casa cuando están fuera sus dueños, es la pér- 
dida de un par de candeleros ó de algunos cu- 
biertos de plata; la consecuencia general es que 
nadie podría dejar su casa sola. 

La consecuencia particular del contrabando 
puede ser una diminución de la renta nacional, 
quizá demasiado pequeña para tenerla en cuen- 
1a; la consecuencia general es la destrucción en- 
tera de un ramo considerable de la renta públi- 
ca, un aumento proporcionado de impuestos so- 
bre los otros ramos, y la ruina de todo comercio 
abierto y honesto del artículo ilcgalmente intro- 
ducido. 

La consecuencia particular de faltar un ofi- 
cial á su palabra, es la pérdida de un prisione- 
ro, que tal vez no vale la pena de ser custodia- 
do; la consecuencia general es que se negaría á 
todas los demás este alivio del cautiverio. 

Lo que prueba incontestablemente la ¡mpor- 



Digitized 



by Google 



tancia superior de tos consecaencias generales, es 
que ^os delitos son los mismos j se castigan del 
inísaiomKxlo, aunque la consecuaacía particular 
sea del todo diferente. El delito y la suerte del 
que violenta una puerta, son siempre los misr 
mos, que haya robado cinco duros ó que haya 
robado cincuenta: la razón es que la cooseciten* 
da general es la misma en un caso que en otra 
Ck)ncluíremos e^ asunto ^de las consecuen- 
^^ con la siguiente reflexión: puede alguno ima- 
ginarse que «US acciones, con respecto al públi-* 
co, no son de mucha consideración; pero tampo- 
co ia tiene mayor el que las hace; de consiguien- 
te, si su delito cansa poco efecto en el interés 
genera!, su castigo 6 su destrucion no está en 
una escala mayor en la suma de felicidad ó des^ 
gracia de toda la especie. 

CAPITULO V. 

Be la felicidad humana. 

Una vez que la bondad 6 malicia de las ac- 
ciones humanas, ^ decir, su conformidad ó no 
conformidad con el orden secundario, y de con- 
*Í^¿!"*^ con la voluntad de Dios, se conoce en 
el bocho de ser conformes ú opuestas al bito y 
felkidad general, veamos 

1.® En qué no consiste la felicidad. 

2.^ En qué consiste h felicidad 



Digitized 



by Google 



' L La felicidad no consiste en los placeres de 
tos sentidos, cualquiera que sea la abundahcia y 
variedad con que se gocen. Por placeres de los 
fiíentidos entiendo, no solamente los deleites ani* 
males de comer y beber y el que resulra de la 
propagación de la especie, sino también los pla- 
ceres mas delicados de la música, arquitectura^ 
jardines/espectáculos magníficos, représentacichr 
nes teatrales, y en fin, aquellos en que entra la 
actividad , como la caza , la pesca etc. 

1.® íx)s placeres no duran sino muy poco 
tiempo cada tcz, y esto se verifica en todos, j 
particularmente en los de la especie mas groser?^ 
Si prescindimos de la preparación y espectativa 
que les preceden siempre, y contamos solo el de^ 
Icitc propiamente dicho, nos admiraremos al ver 
cuan corta porción de tiempo nos ocupad ; cuan 
pocas horas del dia pueden llenar de las veinti- 
cuatro de qtie coasta. 

2.^ Estos placeres pierden su fuerza con la 
repetición. Es una propiedad de la máquina, á 
la cual no alcanzamos ningún remedio, que lói 
(órganos por cuyo conducto recibimos placer, se 
fatiguen y debiliten con un ejercicio frecuente, 
r^die deja de conocer la diferencia entre un pía-* 
cer nuevo y un placer á que uno está acosf utti« 
brado; nadie conoce un placer que no llegue á 
ser indiferente, si se hace habitual 

3.^ La pasión por los deleites vivos quita el 



Digitized 



by Google 



33 
. goslo á ' íúSAb to9;dtims ; y como ést» ¿cicles no 
se presentan sínoTBTBs veees, queda et tiempo 
ca su mayor parte vacío y enojoso. 

. No bay acaso ilasion alguna que canse á los 

.liombres mayor pérdida en su felicidad,, que el 

esperar demasiado de lo que se llama plader; es 

^¿¡Fy de aquellas fraiciobes vívas>9 únicas k]ue á 

los ' o^ (kl Tuigo merecen el nondjre de^ placer. 

£1 esperar tanto de ellas ^ Ias> déstruyev'porqi|e 

, cuando se pnjsentan nos fatigamos enr^perboaitiB- 

-nos ánosotros mismos'qiiesonoios en aquellos mq- 

. mentos m«i.y felices, mas 'bien que gomamos de 

algon placer real que nazca 'naturalmente^ del 

objetos Y siempre que* hemos contado coii gozar 

de :im; pkoer estrema, nos retitamos^interiot- 

^ jnenle coiitrbtados por no baber satkfecbo niu^ 

tro deseo. Del mismo modo, cuando^ (dbgoaaca- 

.Jbftmos denobservar, se apodera de xmestraima- 

«•^nación la idea de u<i granplacer, na podemos 

léntregamoi y» ac0modarnos á aquellas ocupado* 

'>nes> apctbles y dulces , cuya con^renientie. taciedod 

y sucesión es lo único que puede propovcionaor'- 

.nos jon manantial continuo de felicidad. ' ..: ti 

• Xio que. yo be podido observar en- 'aquella 

.peffcioB del género humano entregada á lós.pU** 

i^ceres;.y que na se yé contrariada por la foitluna, 

?ni:'le h^ee-gran mdla la conciencia, concuerda 

'|^er£ectatnenlle.ix>n. esta idea. Yo:be observftdk> 

•casi ^mpve en esta dase 4Je personas una sed 

íncstinguible de variar en sus placeres; una gran 

práte del tieDÍpo. b pa^D sin dis&átarlos;.y de 

3 



Digitized 



by Google 



comigoienle' fiíalidiados; por grande que mtíiA- 
ardor :f las esperanzas con que han ppndpiado» 
se van disgustando gradualmente de aqndlosm»* 
dios placeres que han escogido, lamentan su lan- 
guidez cuando los gozan» y sin embargo padectib 
con la privación. i 

La verdad es» á lo que yo pi^iso, que hay 

. uir término á que llegan bien pronto todos los 
placeres, y del cual van siempre declinando. 4sn 
seguida. Son necesariamente de poca duracba, 

' porque los órganos no pueden conservar su emo- 
ción después de un tiempo determinado; y sr el 
hombre se empeña en compensar esta imperfec- 
cioir de la naturaleza del placer con una frecuente 
rcpetick)n, mas perde que gana en Á^ enqpeíío^ 
porque se üaitigan los órganosi y se disminuye la 
sensibilidad. 

Y> no hablamos déla pérdida de las ocasiones, 
de ta decadencia* de las ¿í;ultades» qtie> cuando 
se verifica» queda el voluptuoso, entregado á la 

* necesidad y á la desesperación; atormentado, por 
unos, deseos que nunca podrá ya satisfacer, y por 
el recuerdo de los goces que nodeben volver jamás. 

Ademas» no me negarán seguramentelos que 

han hachóla esperiencia, y acaso seráneslos «olfs. 

,los que lo confiesen, que el placer comprado con 

• el trastorno de los bienes de fortuna» sebompm 
úiuy caro, pues jamás compensan los placeres la 
continua iaquieldd y zozobra <[ue causa el tras- 
tomo de la fortuna. 

Sin embargo, estos placeres ticneh sti valor» 



Digitized 



by Google 



35 
{wrQ mpeetm>; por lo cn^l, áad como los jóve- 
nes los biii0can algunas veces con demasíadq ar- 
dor, dos vi^os los miran con indiferencia, es de- 
cir> qne son demasiado andantes de su reposo pa*-. 
Ta csacrificarle á lo que cuestan los placeres. 

II. La felicidad no consiste en estar exento 
de penas, cuidados, negocios, turbaciones y mcH 
lesíias y de aquellos males que vienen de afuera. 
A un ^tado como este acompaña ordinariameií- 
te^^no la Kbertadi sino una postración de espí- 
ritu , una especie de insipidez en todas las ideas^ 
de ansiedades imaginarias y de todas las demás 
afecciones hipocondriacas. 

Por esta razón, pocas veces logran su obje-^ 
to los que se retiran de su comercio ó de su es- 
critorio con el fin de pasar el resto de sus dias 
cómodamente y cop tranquilidad, y mucho -men- 
nos los que impelidos por algún disgusto , se en- 
derran en claustros ó en ermitas, ó dejan el 
mundo y el rango que ocupan en él, por la so^ 
ledad y el reposo. 

Cuando existe una causa esterior y coiíbcí*. 
da de ansiedades y penas, puede alejarse esia 
causa y cesar ía aflicción. Pero como aquellos ma- 
lea imaginarios que él hombre esperiiuenta , por- 
que no los padece reales y verdaderos ( males que 
tambied son penososj y por ^la razón tienen 
también su realidad), no dependen de una cau- 
sa sola, ó no fi»e puede seiSíalar cuál es, no tienen 
pot; lo común ^ni alivio ni remedio. 

Tambi» uiia pena moderada «obre la cuaj 



Digitized 



by Google 



3e 
{meda detraérsela ateocMi^^ e^ «iq talf^ (fttrjfl 
muchos. Un acceso de gota puede ^cimu^ Álvw» 
Ja melancolía. Lo misqio Sucede' coj^ 9ualt]^i]^eM 
agitación peco violentardel alma» .como ^aoa /Uar 

Suta Jiteraria, Utk pleito» una elec^iw concia- 
a» y sobre todo el jnegoi puecf ino >$e, pueden es-* 
plisar por otifo principio el gustl<> qne etké^ eJh- 
perimeolan* los hombres de gUíia.fí^rtunaydesf* 
. prendimiento. . , ^ i 

< III. laa felicidad no coiíisiste .en }a ^andeBí» 
.fin. el rango». ni en los destinos elevados*. : , . - 
. Si bisupepioridad Cue^ cau^a del placer^ re«- 
sultaria que cuanto mayor fuese la elevación» e$ 
decir, cuantas mas- personas toyíera el hombre 
bajo de si% tanto mayor sería su felicidad. Pero 
rjsálmente jiinguna salis&ccion.nos qiu^ la ^ur 
p(»iioridadv cuando, no la ^qemos ó adquirimos 
s^re los demas^ con quienes nos, comparamos 
iinmediatamente,. iEl pastor no halla niiiguQ piar 
•cer itik la superioridad que tiene sobre su masr 
tin; ni el arrendatario en la que tiene sobre el 
.paMw; ni el propietario en la qiie tiene sobre el 
^rrendatfiño, nielrey,,en&p,^n ]a.s|iperÍQri<£adao- 
bre elpri^etario. La'l^uperioítidad tio.riyalidad, 
ai llama la ateneío»'.ni e$($ita e^pliwer, y kme^ 
yor parte de lofi^boz»b)res mo hac4^n<caao^ ella. 
Pero si el mismo pa$t>pr pu^e «otrer mas 
ó luchar mejor que los otroávecums^eau aldea; 
ai el arrendatario puede presetiiar un JUebaSo 
mas lucido» sliioae mejorestcaballenas, ai pasa 
^por tener mas.ditiero ^ue los^idemaa^arr^ata- 



Digitized 



by Google 



37 
tíos ési h t6tníiTcá\ a/i el prD^iétatio tiene mas 
CT^ito y nías faVot en la corte, tina casa 'tnejor' 
arrfeglada , una fortuna mas donsiderable ^ue tiip'^ 
gunó dé los noMes de su provincia; si el Rejr 
posee un territorio mas estenso / una flota ó un 
ejercitó mas poderoso, una corte mas brillante, 
unos súliditos mas fieles, mas influencia j auto-, 
ndad ch el arrezo de los negocios dé las líacio- 
líés, que ningún otro príncipe de Europa; en 
todos estos casos, los unos y los otros esperimen- 
tan una verdadera satis&ccioñ en su superioridad. 
' La conclusión qué resulta de estas obsef vacio-- 
nes <js muy clara. Los placeres dé la ambición que* 
se suponen peculiares délo^ rangos elevados, son 
fSn eJ hecho comuíies S todas las condiciones. El* 
mariscal qué hierra ü'n caballo con mas destreza» 
y á quien hace famoso sú habilidad en diez millas 
á la redonda, creo yo que goza él placer de diá^-' 
tinguírSéysobresáKr, tan realmente como el hotn-* 
bté de estado, el goerrert) y- el literato, que ha» 
fiétiado á la Europa con la fama de su prudencia, 
de su valor, ó de su saber. 

No hay superioridad á que sé dé precio aP 
guno, sino es' la superioridad sobre un rival. Esta 
puede existir y verse siempre que hay rivales; y^ 
los hay entré \oé hombres de todos los ratígos j 
condiciones; El objeto mismo de la emulación, ÉVt 
^^ñdéza ó dignidad ; ño producen niníguna di- 
ferencia ; pues que lo que constituye el placer en 
los rivales no és lo iqúe poseen, sano Id qút uño 
posee mas que el otro. 



Digitized 



by Google 



38 

El filósofo se ríe, y con razoo, dd deqiremo 
con qnelos ricos y los grandes hablan de las(»*, 
queSas querellas y rivalidades de los pobres. No^ 
se hdcen cargo deque estas disputas y rivalidades 
son exactamente tan razonables como las suyas, 
propia^» y que tambiep es exactamente igual d 
placer ({ue el buen éxito de ellas proporciona. 

Nosotros decimos que la felkidad no conisisie 
en la grandeza; y lo prohamos ^ demostrando que: 
aun las ventajas que se suponen particulares de 
\á grandeza, los placeres de la ambición y de ¡h^ 
superioridad, son realmente comunes á todas las 
condiciones. Ahora » sobre si las diligencias y lost 
trabajos de los ambiciosos están dirigidos qondisr* 
crecion y tino, y si contribuyen mas á hi felicidad' 
ó desgracia de los que los emplean; es una cnafr-^ 
tion del todo diferente, y sobre la cual permítar 
senos dudar algún tanto. £1 placer del buen éxiílp. 
es esquisito, no es menor la ansiedad que se es-: 
perimenta cuando se busca; el sentimiento deiKK 
lograrlo es mayor todavía , y lo que es peor que 
todo, el placer no es mas que tin instante. Noso* 
tros dejamos bien pronto de volver la cabeta para 
mirar á los que hemos dejado atrás; nos empeña*» 
mos en nuevas rivalidades, y vemos presentarse 
nuevas perspectivas á nuestra vjsta; se suceden 
perpétuaqaente los combates para nosotros, siem* 
pre que resta todavía algún rival en el círculo 
de nuestros proyectos y de inj^e&tra profesión, y 
cuando ya no queda ningui^q,- sé acabaña la ve^ 
«I placer y su solicitud. .:*o j » v 



Digitized 



byGoogle 



39 

§. IL ^ 

Hemos visto en qaé no coosisle la fieUcidad; 
'vamos á cacaminár dhora en qaé' consiste; 

fka fe conducta '^e la vida» lo que mas im- 
porta es saber de- antemano lo que nos pnede 
u proporcionar algún placer, y qué phceres son 
los que deben durar. Según que nos prevenga* 
^mos con est^ eonocimienló, asi el éxito justificará 
nuestra elección. Este conocimiento es mas raro 
y mafe dificil, cpie lo que parece á primera vista; 
porque algunas vitees los pfeceres mas seductivos 
y lisongeros en la 'apariencia» Hegan á ser insípi- 
dos en la posesión: otras veces se presentan al*^ 
ganos placeres dm que no contábamos, y sin los 
cuales nos- Ilubiérámos pasado por no haber pen- 
sado en ettosi; de ^onde podemos inferir que de 
muchos no disfrutamos por esta razón. He dicho 
saber de aniemano^ porque después de hecha fe 
esperieAday es por lo coman impracticable el 
volver atrás, ó cambiar; ademas de que estas va-, 
rtociones é incértidumbres 'son muy á propósito 
para que se forme un hábito de inconstancfe, 
que destruye fe fdicidad en' todas fes coE|diciofies. 

La- diversidad original que es fácil observar ' 
en el gusto, facuhades y ooostitudon de fe especie . 
humana; y fedfversidad todavia mayor, que pro-> 
dacen/4Mih bajó estas diferentes refeciones, el 
hábito, fe moda 6 fe educación,: hacen que sea 
imposible propoaer. un pfea de fdicidad que w» 



Digitized 



by Google 



4» 

adapte á todos, ó un género de vida que sea 
universalmente deseado¿6 posible. 

Todo lo que se puede decir es, que hay una 
grací pHemwcioá á feror de aquellas condiokHies 
en que parece qáeJos hoWbrea^ .vivca xoutealeft/ 
yate^^i porque aunque kí;efttaríbr de ki felici- 
dad 4e los hombres aosea siémpbela verdadera^ 
regla para itonocer si realnMt^Ae :9on Xdioea» es á; 
lo maíK>s la inejoí.qiw tenemos? ; , > ;y. .í I 

T^nando^ pites, eiadagma.* yo oreo rque 'fat- 

feKcidad -consiste- i ;. ; < , . ^ .,..- 

L fm el-ejercioiQrdeJa^'afecMxonesjoci^^ • 

Está:elhpmbre gi^eralme»tocQotenf o ^^uanrj 
do se vé; rodeado dé oíodbosíQbjetosrdetSU.icariib 
mugerv hijos, parientes ^^aiiiigQ& ,.- r m- ?.<• 

'También jse p«ede 4:ontar>entrelas aibcc¡onca> 
doa)ésticas# y jEnirarjcooioigualpaente propio panr» 
causar cléoñtento delalnia, elípbeeiMpje i^esullaro 
de las obras de caridad y r^beoe&iancja,^ comO) 
cuando ^)cá^rreinos alguna' necesidad 'oon dinero 
con nuestra: ,asisteneiay é cbtk nuestro* iakñlo y « 
profeáouk w. . ,; ' 

, Otra cosa que rtambien coútribuye^jmueho.ér 
la felicidad es • ., • • ai: > - .u, 

. . Ué . Ejercitar nuestras facultades, tanto Im del 
akna coma las del-cueiípo^ coniel fin d¿QQAse-^ 
gttir algtín objeto interesante. . » 

Parece indudable que binguna. ^bundanck 
de^i goces acluales. pueda liaca? felis al ¡hmBQbffe de. 
uim maneta >di9ii:able:é »- "no tiene otrois :de resér*** 
^; *qifiera<detí^, sá Baí^pcffa.teii8f 4)^osvico^n-; 



Digitized 



by.Google 



dd «>ÍQonohiyan W^ffioier^ VéHdj pemxzáiáo] 
áe que es^v (toando oofll^io la akgria y yini**'' 
cidad de espíritu de los que están ocupados en» 
UB asutKa que lef intrnesa, céuj el apagamiento 
y íastküo de casi todos Idsque por siukaacíiDÍen«<; 
tose^lia^ba^ en una posieien tal,, quoinoiieneiik 
níngufia' necesidad; ó. doF los qufe Han.apuradoT 
demasiado presto todos los goces ^ sesaúdo de estk» 
manera su. imananitialv m >• . ^ 

< Este mtoleraUe*.^a«» .del ^wa^i es: lo qaeiav^ 
nBlra á> los:rÍ€os ya los grandes á dsrónáocieB rai^ 
dosasv ó a l&s mesas dejillo ;<y loa enipcSa mu^^t 
chas . veces ^p disputas y pEooedímiedtos^ cuyis' 
ádÁO' üOr/guarda > propctrcion coa ) loa taiídadoij j# 

gÉsto6*.que'^ocasÍ0Qao.i '■• . < ;;(-•: u:-'» 

:> La:^perañza; que parece tari escDokl á.ntie»^ 
tra felicidbd ; es^^ de -¿os especies : ó' se<^uede ' ha«o 
eer 'alguna cosa para ro(nsegiiir el objeto por qüei 
ae.anbela ,ió no se puede hacer nada; Solo la pri^t* 
merai tiene algún valor: la segunda puede' «con^* 
vertirse muy fácilmente en impaciencia , puesto* 
que el hombre entregado á semejante* > confianza, 
solo tiene en su arfaitrio-el aguavdjiFipasivaiDQnf 
te; y esto llega bien pronto ácser enojosa/. 

FacH es de conocer lia vei^d de Bita docirirí 
lia ropero la dificultad está> tó proourar«ft una; sé** 
ríe de ocupaciones^ fecundas; en) plaeores^/Esloi 
exige. dos cosas: discernimiento «n dcgir lo9:obr' 
jetosKÍ proyecios^ue se'adapteh á }a8:birciKislan-> 
Giasrde cada uno; y bastante pf)der sobmóiiestva* 
ioaagioacioo para ponemos cu estado^da briiar 



Digitized 



by Google 



i9 
placer^en \o$ ttiediosv^^^pae» de halier degjdo 
et o^eto, el ciíalf en e^ casó^.ae puede ya.oLvv» 
dar cuando se quiera* ^' . 

Por esta razoa los plaoeres cpie se e^penmen-p 

tan mas esquisitos cnando se gozan , no son los- 

que viden mas, sino los que son mas j^opiós pa** 

ra: cautivar el esfMcitu I y exigen mas actividad.^n 

>-d que^los busca» 

£1 hombre que busca seriaaoenle Ja fdicidadv 
en- una Tida- futura; tiene de consiguiente, una 
Teotaja infinita sobre todos los demás. Porque 
tiene siempre su mira pnesUi en un objeto deau-* 
ma importancia, que pide una adhesión y acl¡«* 
▼idad sienspre en aumento, y cuya inquisidon/ 
dura toda la vida, lo que no se puede decir de 
BMigun otro déjelo. Y aun puede proponerse 
otros muchos objetos, ademas del ob^o princi^K 
pal; pero entonces deben conducir á ¿t, deben 
estarle subordinados, y de una manera ó de otra 
referirse á ¿1, y derivar de él las satisfacciones 
que causen* 

En esta materia el empeño y bs diligencias 
que sebácea pava conseguir alguna cosa, son el 
todo; mucho mas •si los objetos son muy impor** 
tahtesr como 'jelpr^arar leyes, institucioites, ma* 
n^acturaa,2casas de beneficencia, mejoras^iiniba-. 
jo^ ]^úblicos: Wbrzarnbs por poner todo esto en; 
ejécudon, ceb nuestro crédito, destreza , diiigcn^r- 
cia y aetWidad; ó Uen, en una escala mas corta,) 
los cuidadot para^procorar un establecimieóto y 
la.fertuM'á'iUacstra &milia^ por medio detoi^asr 



Digitized 



by Google 



4a 
.ira iodusim y a^icacion, lo cml eo^sftkaye f 
reaaiiiia las ocupaciones ordíiiarias-de U fwit; 
criar un niño; s^;iair ua plan para su estaUeci^ 
miento faturo: aprender un idipqoaó unacien» 
cia; mejorar ó administrar una hacienda; traban 
jar para. conseguir un empleo: en fin ^ una^ ocu- 
pación cualquiera, si e$ inocente « como componer 
un libro, ^ificar una casa« plantar un |afdin^ 
formar^ un plantel, y aunque sea cuidar un co^ 
hombro á un tulipán» vale mas «jue no lencr 
ninguna. 

Cuando nuestra atención esta fija en los ob«* 
j^tos ó asuntos que tenemos á la Tjsta^ entonce» 
fiMDos. felices por lo concia., cualquiera que sea 
el objeto, 6 el asunto; cuando la alencion .no se 
fija en nada , y anda vagando nuestro pensamiei»^ 
tp en pos de. alguna cosa que no t^nemos>^elftn«> 
te, somos casi .sif^mpre df^graciados. . . 

IIL La felicidad depende muchode Una pru*- 
dente disposición, de nuestros bábitos^ 

£1 arte que encierra en mucba parte el se*, 
cvelo de la felicidad, huma na, tonsiste^.en idispo* 
tier los óbitos de manera qt;e mejoramos, :a¡em-> 
pre, que bagamos en ellos alguna variación^ To- 
da^, bis.babi\udes son muy semejante, ufias á oHirm^ 
porque todo lo que es hi^büaal l)^a á baeerM 
íad), muy llevadero, y ,<:asa indifercinte: taipbiwi 
es fácil volver i una j^tjgna cosfufabre,^ cu;iln 
quiera qt;e sea su natutalesui; de co^siguMenle 14^ 
:rentaja está en favor desuellos bábilos, que^auíftf 
cnapdo^^ d^an prQpprdpn^u un pl^cer^JUiM^loh 



Digitized 



by Google 



roñes nó rcciKeíi nia's gnslo m la delicadeza dé 
sus manjares, qae el riislico en su pan y sn que- 
so; mns para este es un día de fiXncioTí el dia que 
sale de lo arostumbrado, mientras que el epicú- 
reo tiene necesidad de comer opíparamente para 
estar contento. El que emplea tmloel día en ju- 
gar á los naipes, y el que lo emplea en mrínejar 
el arado, pasan el tiempo C3S¡ del rnismo modo: 
embebidos en lo que están baciendo, nada les 
falta iii nada echan de menos; uno y otro se pue- 
de decir que lo pasan bien en todo este tiempoj 
pero después, lodo lo que suspende la ocupación 
del jugador le incomoda y entristece > mientragi 
que para el labriego una interrupciort de su tra- 
bajo, es un alivio: lo cual se vé claramente potr* 
el efecto que causa al segundo un día de fieslav^ 
y al primero el dia que no tiene compañeros de 
juego: para uno es el Domingo un dia de re-** 
creo, y el otro está impaciente y desabrido d día 
que no tiene con quien jugar* El hombre qué' 
sabe vivir solo, siente que se reanima siempre 
que está en compañía , y se relira sin repúgníiñ-^ 
cía; otro que lieoe hace mucho tiempo el hábifíí 
de ver gcuíe, y de hallarse todos los días en uriíl 
numerosa sociedatl , \\o encuentra en \n compa- 
ñía ni mas vivacidad de espíritu, ni mayor satis^ 
facion interior, que el hombre retirado en el rln-^ 
con de su chimenea: basta aqui es igual la con-^ 
dicion de los dos, Pero que un cambio en el 
destino, fortuna ó situación, separe al hombre 
d«l mundo del círculo de sus conocidos, de sufi 



Digitized 



by Google 



(45 
:vií»4*»4i^f8»)teit«m».<fe mi safen jí.AjpgMIfi 

«iÍo«>CMm»!ivadMdli de; qwlaiMdi^^ p^r^ ««ft otro 
* 4l«fa hipaH'.f h. lÜMiriad. YevtiiaAl. iin%«ii«' 
■n«fc<A¡í^ yrcleiá»»md4^¿no< iabi«i<l« qjtf» bMM, 
^«cfa q«e ;1)(^HM! 4a hora; en: que p««d,a,^f^!«^ 
:a»ded' B>)sin«k,eii«a<lQi^otiAÍ0UK»4^r.4ifi» 
^pi«a y «lisfeclio»»<|onMiié} jüAÜI)!^ «S.iíUmaitr 
«o «n cigarro. lttegttí,qti« fS^M.fi^.futnm 
pava ,apf)oicoláraB< del.^íia» peq«e$ar,re«r99(fp« 
«e k preae^^^ri) fechar íb«^.(Íq 4}giiii üaerf) 
trabajo; ó -si no hay tai, lo aaQ,iii JflaMrOvioüito 
teolo cop. eaiar tranquilot ^y 4^ritM}ol«iM««ienr 
♦e^que vagae . m {tnagioadoq * (icas» «f» iBUf 
cha utílUadó placer; pero tangen «ÍA.^«$pii!ar 
peoosMnente por.dlrfb»»» inejor.,:y.<tt»Ia,»enar 
«•ntacKHfc.El que se l»ya acoaiiupbfadp ála.me- 
ditacion de libros cierrtificos y razqnadoi»^ ai ,b^- 
11a una. oo^Ia. no fdlleto iiiea «trilito, ««.pe- 
riódico^ la relación d«,nn mp caríosl», é ék dia- 
w de un viagero, percibe , un i^txst. «ú .tstM 
inaniai;e8 nue«oa; goza de e«te.vesfti«t«6iaiÍento 
iiuentca«d«rav y dtepues que ha,¿e$ado pude 
volwr fin disgasto á una lectura»»» graive. Ot»^ 
^«HQ Jee mas que obras.de imaginación ifipaaa^- 
tiempo, ó cuya curiosidad no queda sali$fedtt 
Coscón nm perpetua -tto««í^d<,a^m «t una 
«Mbña. toda la ^^«da de..ttp.libr«tovyia«<itdito- 
*wte esf« iMMapó iaienía distraerse, vm i¿m qm 
«edÉitraé<eo la n»lid«dvy coiWí fabvipcce» |M»r«a 



Digitized 



by Google 



<6 _ 
de «tal tgiMc]f; y táfdán 'limy ptíoo eii léi^;ii¡en 
proWlo láittiMeb dgoi» su provisión; y se halb éú 
hec^tso por liarte dé esta moeente recreación. 
^ ' Iki caaofo á fo'qiie las circunstancias de hi 
'feftmHl' püeáéu contribuir á la felicidad, <no es Ik 
«ventü «jM'im hoinbre'4jsfrata lo que produce 
tü pla¿ei< , sifM) el aumento de ésta' renta* Dos per^ 
4loaast de las oíales comereia una con la renta 
tle mil duros/ y ki ^áuibenta progresivamente hasr > 
la eieti mil realest y la otra. empieza con- cien mil 
reales; y su renta va descetidietidó poco á poco 
hasta iiHl\;ÁaPOs, pueden haber recibido y gasta- 
ido las misüías sumas en d curso de su vida; pe^ 
ro la satisíaccion de una y otra persona , en cttann 
to depende de la fortuna, es bien diferente. Aun^ 
qtie la' s<$rie j suma tota) de las ventas de los dos 
es exaclameiíte lainisma^ hay una diferencia 
enorme de empezar por e) uno á empezar por el 
♦otro estremo, 

IV.' .La felicidad consiste en la salud.' 
Por salud entiendo, no solamente la exendon 
de todo dolor *fí&ico, sino también aquella tran- 
quilidad , firmeza y serenidad de espíritu , que ae 
puede incluir ebn propiedad en la idea de salud, 
^es que depende de las mismas causas y cede á 
loa mismos tratamientos que nuestra constitución 

La Mlud en este líentido^ la única cosa n9h 
eacaria. Las penas, pues, los gastos,^ las^ privacio^ 
tMa/uunea^son demasiado fuertes cufttidio se tra«" 
H de la. salud. Aunque uecesiiemos, abandonar 



Digitized 



by Google 



*7 
«Ir dolttto In cgat i w , doonr pdsioitai inmoderar ' 
das, guardar un régUDCfi (asikiiosa/ó iresolvec-^ 
nos á otros sacri^os mayores ; sí coa esto pro* 
caranoos nuestra fdicidad de ua modo firae f 
noonable, á todo líos sbnieteixios con gusta 

' Guando gozamos de perfecta salud y lenemés 
d ánimo tranquilo, sentimos en tiosotros mistnoa 
una fieltcidad independiente.de todo ^oce ésterior, 
y de la cual ni nosotros mismos podemos darnos 
raat>n.i£s un placer* que ¡dogo á la Divinidad 
• ligar á nuestra* propia vida ; y que ppobabkménf* 
te oonsliluye en gran parle Ja felicidad de los ni^ 
ik)i. y de los brutos, particuJarmenteen el orden 
oías ínfimo y mas sedentario de los animales^ co^ 
ino las ostras, los mariscos y otros semejantes^ en 
los .««ales será difiícil hallar ningiin gén^o de 
distracción. 

Los' pormenores en que >yo acabo de entrar, 
^«aoarca.dela fdtoidad humana,, deben justificar 
las dos conclusiones siguientes, que .yunque se. 
hallan en la mayor parte de los libros de moral, 
no han sido tal iez apoyadas CQñ razones bas- 
tante fuertes. 

1.^ La felicidad se halla igualmente distri- 
buida en todas las clases de la sociedad. 

%^ \ ]El ¥ÍcÍQ no tiene ninguna Tentaja s^re 
la virtud, aun: oon relaicion á la felicidad en es- 
te inunda 

X ademas, aunque quiera prescindir up vi- 
cipsa de Jos remordimientos de la conciencia; y ^ 
deL,temw délcastígo que por ma$ que x empiv 



Digitized 



by Google 



4fe^ no' pueden Qienoide atorattIltaTlé^a¿1r m 
medio de los placeres mas fuertes j deiaedívet^ 
muies mas estrepitosas ; «Uvacio Ueva^tempre coiv» 
figiy mbles fisicos;^ á vdoeis irreparables, ^a Ja sa>- 
liid^ en los bienes^ eeiila reputacioii^ niales que 
atienen simple al vicioso en una £oiitiiiuasói¡uie- 
€tud y melancolía , pesanosoy padeciendo smib* 
.termision: con semejante^ vida nadie puiede ser 
.feHí.:. - '.' -. ........ :• .í -7 

f Importa, pues,' úiuchísimDa^n para nttesmi 
felicidad temporal,' el e^cicio de la - virtud. lii» 
wtud es un hábito de obrar moralméMe 'bien: 
(Una voluntad • constantes perpetua' j fesueha 4é 
fficomodar siempre' miestras^ aceiofies con el orden 
í^'la voluntad de 'Dios: el v'm\o es un hábito*^ 
obrar moraimente mal por omisión: ó/<:oinf¡síoil: 
el hábito es una disposición de hacer ú omitir 
fácilmente alguna ce»», contraída esta disposición 
por la repetición de estos á oinfeiones de tmn 
-misma especie. r * ^k d 

CAPITULO Vt ^ 

' - • • . i 

Orden primario. •' 

Segofi la idea que damos acerca Ae\ orden 
primario en el capítulo t.^i€S«videateqñe'todák 
las acciones que se oponen al orden sccú^iVfcrkit 
se op6rieti lambieti al orden primafíói'^pérqne 
romo es imposible que Oíos* ne^ quiera el orden 
«ntfe los hmibrcss, quien áeátr^ridin^se'bpotaé;, 



Digitized 



by Google 



49 
.m opone i k ^k^ifad de IKos; j ei (altar aiiij 
directam^iile al orden priixiario el oponerse á la 
vdantad de Dios, porque es obrar contra lo qUe 
e^cige la esencia de Dios', eseneiálmente superior 
al bombre, y la esencia del bombre, dependiente 
esencialmente de Dios, 

Las aoeiones que tienen por objeto ¿ los de-» 
mas bombres, se refieren inmediatamente al orde^ 
secundario, j sabiendo sí son útiles ó perjudicial 
lea, si promueven ó impiden la felicidad general, 
se conoce si se oponen, ó no, al orden y á Ja 
voluntad de Dios, si son moralmente buenas, 6 
moralmente malas. Pero en las acciones quf^ se 
refieren inmediatamente á nosotros mismos^ y 
mucho mas en las que tienen por objeto inmediato 
á Dios, se baila una relación inmediata con el 
orden primario, y remota, y aveces muy remota 
om el secundaria £1 queHpmenta solitariatoeQle 
algún vicio vergcMnzoso, sin duda se opone por 
su parte al. orden secundario, comQ se conoce 
por las malísimas consecuencias q^ se seguiímti 
. contra el bien 'general, si todos los hombres bi* 
cieran lo misma (Véanse los capítulos 3*^ .y 4^9). 
El indiferente en punto i^ religión, y qute jsolo 
asiste por puro cumplimiento i Wacto$ públííeos 
del culto, se opone también al orden secundario, 
rx>mo lo prueban las consecuencias contra el bien- 
estar del común que se seguirían de un indife* 
reotismo geiienü; una personi indiferente para 
con Dios ^ ¿se interesaría mutbopotlos hombres? 
Pero tanto en una como en otr^i acción >ié igual*' 

4 



Digitized 



by Google 



nufnte en todas fa» ie 90 cliae; ía rtíacioii cmitl 
oTclefi aecundarip es lao remota ^ que pocos bá- 
Harían en ella h oiorali4ad; parque nó todos se 
^ti^nen á pensar y sacar consecuencias de prin- 
cipios Iqakos. Attnqiie stf quiera suponer qm'no 
hay en esto la mayor dificáltad , no ée< puede 
-tiegar qué iTiene ^1 hoiilbre mas próxmío otro 
yprindipio de 1» moralidad de las acciones referidas 
j iit otr^s seiiki)antes: éste principio es la idea que 
lenemps de pios y de qosotros mismos. El hool- 
hte sin fan^liá que ^ embi;ia^ en el retira y 
' sokdad^de ' mi habitación ^ priváiiddse del don mas 
|>ree}oso conque le dotó el Criador , y quedándose 
en aquel acto inferior á los brutos, no va des* 
pues que recobra su raaon á buscar la deformi-* 
dad y torpeta de su proceder, en las consecuencias 

generales que de él se pueden seguirá los^demas 
ombres, cuando ve^ue á nadie puede afectar 
iu flaqueza, que ninguno ha presenciado: conéee 
si> al instante, que ha degradado su nobleser^y 
'«nesl^eonorin^iento se comprende ímpltcitamen|e 
kí Cdutitaéicion en que está su tonducta coa el 
oiáeti primario, es decir, con el que exigen su na* 
< tur ateta, y el Sii^premo dominio de Dios, que le 
r^^nKiiida no envilecerse. Del paismo. modo los que 
«o se euidan de reverenciar en su interior, ala- 
bar y dar gracias al Señor, ni hacer, en sume, 
-ningún ádto d^ religión; cuando se les représenla 
fia .^culpabilidad de seapejante iraaisioá no vana 
' buscarla en las; malas consecuencias que su: indí-^ 
let^pda tendrá respecto de la £elicidaíd de los de- 



Digitized 



by Google 



51 
■M boaAreSt amonitiiediataiiientey por im ! 
:^VMllienlo nalüral, en k discordancia con el orden 
pranario, en la opo^ion á lo que exige la infi- 
nita wperioridsKl de Dios, y la depeodeñciia de 
«I divina Magestad en que está necesaria y esea- 
cialmenle el hombre* Para conocer por este orín- 
áfio k malicia 0aoral de la embriaguez y dé k 
indiferencia religiosa,, apenas es necesario racio- 
nar: si no es una verdad evidente por sí misma « 
es á lo menos una verdad facilísima de conocer, 
supuesta la idea de nuestra propia naturaleza, y 
k vdca de k divinidad, aunque sea ine:»acta y en 
jmicha parte errónea como en los gentiles; ideas 
de que no podemos carecen 

Es imposible, piíes, desatender el orden pri- 
mario , si herDos ' de conocer la moralidad de las 
accionen que se dirigen directa é inmedialamente á 
Dios y á nosotros mismos, porque su relación 
con el orden secundario es tomunmenle lan débil, 
. qne'no se puede esperar que llame nue&tra aten- 
ción, ni aun que todos los hombres la perciban. 
Tampoco sé puede desatender en las acciones 
relativas á nuestros semejantes, aunque baste k 
consideración del ordéñ secundario p;tra conocer 
su moralidad, por la suma importancia de tener 
siempre á la vista el poder y la justicia de Dios; 
bien que implícitamente tenemos en cuenta el 
. cerdeo pvimario, puesto qué conocemos nuestra 
<^posicion á la voluntad do Dios, cuando obramos 
Contra el orden «ecniidarió; y el conocimiento de 
k amoralidad fundado en la idea de este órd^ 



Digitized 



byGoogle 



5SI 
leri tan (ractnoio como debe ser, rinosdetené- 
mes principalmente en esta con^eracion de ]a 
divina yoluntady y en las gravísimas consccuen«- 
das de contrariarla, no contentándonos con fijar 
nuestra atención únicamente en el tñen ó el mal 

3ue podemos hacer á los demás con nuestra con- 
ucta ; consideración ciertamente bien poco fuerte 
y eficaz por si sola para deternoinarnos á obrar 
en conformidad con lo que éxije el orden secun- 
dario, en especial cuando nuestro interés ónues^ 
tras pasiones nos indinan hacia otro lada 

Mudio conviene que los jóvenes se fiímilia- 
ricen con esta idea, porque si se les acostutnbra 
á considerar la moralidad de su conducta única- 
noente con relación á la felicidad temporal^ aun- 
que sea la general de la sociedad, bajo cuyo aspecto 
esclusivamente consideran algunos escritores la 
moralidad de las acciones humanas, muy de te- 
mer es que este freno no tenga la fuerza sufi- 
ciente para contener el ímpetu de sus pasiones» 
ni para dirigir aquellas acciones á que no pued< 
alcanzar la merza de las leyes humanas* 

CAPITULO VIL 

DelaoUigacian. 

La obligación es una consecuencia necesaria 
de la moralidad de las acciones; y asi como no 
iiay hombre ninguno que teniendo espedito el 
uso de su razón I no conozca que algunas aocio- 



Digitized 



by Google ' 



53 
nei MQ iMienn, y qmi otm «od nudas, aunque 
no arierte á espUcar doalíficamente en oue con- 
mAt sa bondad ó malicia, dd mismo modo, taoH 
poco bay ningún hombre, que si tiene espedito 
el- uso de la razón, no conqaca que está obligado 
á emitir todas las acciones malas, y á bacer algu^ 
ñas acciones buenas; si bien no todos, y acaso 
nmy pocos, aunque mereacan el dictado de filó* 
soCbs acienen á osplicar en qué consiste, ó qué es 
en sí misma la obUgadon. Efectiyamente, es mu« 
cba, la confusión que se nota en la mayor parte 
de los moralistas, cuando quieren es{Aicar lo que 
entienden por obligación, bien que esta misma 
oscuridad nace' necesariamente de la idea errónea 
ó insuficiente, que muchos á^ ellos se han for- 
mado de. la moralidad. 

lifuy prolijo seria referir ó impugnar las mu-* 
chas y diferentes definiciones de la obligación, 
que se leen en los libros de moral. Tampoco lo 
juzgamos necesario: solo sí quisiéramos que la 
idea que nosotros hemos formado de la obligación, 
fuese dará y verdadera. Vamos á esplicarla $egun 
ja concebimos. 

Entendemos, pues, por obligación la impo^ 
sibÚidad en que está d hombre de hacer ú omitir 
libremente algunas acciones sin faltar al orden, 
sin oponerse por lo tanto á la tmuntetd de Dios, 
y sin incurrir en las penas , que es imposible deje 
de imponer el Señor á los que faltan ql orden^ y 
H Oponen d su voluntad santísima. 
.' Asi cuando decimos:, yo e^oy ^gaio 4 



Digitized 



by Google 



Sí 
cumplir mi palabra, qnercm^s dceir, es imposta ; 
ble que yo deje de cumpla mi plabra, sí he de 
acomodar mis accicnníes al orden primario; esto es^; 
si he de obrar como depeddienteysumisoá Dicis» ; 
que me manda cumplirla, y si he de aromiKlar * 
mis arciones i la. infinita perfección dé Dtoe^,qoe. 
es sumamente Veraz y fiel co sus palabras* -Tam^. i 
bien es imposible que dejede cnm{Jírmipatfibra»' 
si he de conformar mis acciones con lo queexi^-^ 
el orden secundario, Ib que yo cotiózco, porque < 
i«o q¡ae el cumplimiento de mi palabra es con^ * 
forme á la tflilidad' y al bienestar, general denlos j 
hombres con quienes vivo en sociedad ^: que es > 
el medio por donde yo conozco, si mis accionosti 
se coafbitna» con el orden secundario; si he de* 
conformarme con la voluntad dcI>¡os, quequier^i 
re que. se conserve el orden secundario; yisi he 
de evitar el castigo que Dios impone á los qu¿ • 
contrarian su divina vcduntad. • ; 

Esto mismo conoce á su modo hasta-, el maa; 
rústico dé los hombres, siempre, que no tenga * 
entorpecido él uso de la racionalidad. Pregmitese: 
aunque sea á un salvage, y nos dirá que bien eo*' ' 
noce que es malo Quitar la vida sin motivo á su 
coitopaííérOy y que es imposible que se la quiléi 
sin que repruebe su acción y 1q castigue por efía 
el Diósi^uáél adora, cualquiera quesea la idea que. 
faáya concebido de la divinidad. 
'« Muchas veces creerá erróneamente qpe el mo^ 
tivoque tiene |>ara cometer un homicidio, essu^ 
ficieatepata qué Dios narepcuebt sa. acción, y 



Digitized 



by Google 



55 
le castigué por «Ha; pmo es imposibk que si iie 
ve alguna razón qae bien 6 mal tenga por )uata i 
para quitar á otro la vidki, juzgue en su interior ; 
que puede quitársela sin obrar mal, sin oponerse 
á la voluntad de Dios, y sin incurrir en e) castigo 
que merezca , aunque no* pueda esplica# con pre- 
cisión el constitutivo de la malicia moral del bo« 
micidio, ni la suficiencia ó justicia de lá raaon 
por k cual deje de ser moralmente ipalo. Pues 
bien, cuando asi juzga, conoce la obligación que 
tiene de no matar siu motivo justo, y asi lo dirá ' 
aunque tampoco sepa esplicar lógicamente lo que 
^itiende por obligación, como no sabe e^licar 
la que entiende por moralidad de las acciones , ó : 
en qué consiste su bondad ó su noalicia* 

CAPITULO VUI. 

Be la conüenda. 

' pd conocimiento qué tenemos de la mora- 
lidad de las acciones,. y de lá obligación , nace la 
condendat la cuaL es el juicio que fórnmmos de ■ 
que tal aceiofi^ es buena- ó maía^ y de. que ten^* 
mos ó noíenemosobliffdeiún de háeétta ú omitirla. 
Este juicio, comoise vé^ puede ser;es|)ecula* 
tivo, y puede ser práctica Siifá meraRBente espe* 
cubtivo , cuando juíg^mds' únicamente qde b 
accioo es buena á mala, lo-quesufaede cuandb qq 
estamos. en el caso dehaceria ú omitirla; y será 
pnKÜcQ^ si jostaódo en éliSasb de bacer.úiomitir 



Digitized 



by Google 



se 

afoeBa d<x^oh; {taganoft que teifanosobligíieioir^ 
de haéerla ú omifirla. £1 juicia pnráclíooi precede^ 
aoompaffa y se suhs^iíe á la accioki. 

Algunas veces el juicio que formamos a yer- 
dadero, otras veces es falso; juzgamos que 1a ac« ^ 
tbn es faudla ó que nos obliga^ y asi es, ó no es 
asi: en el primer caso la conciencia se llama ree-^ 
túy en el segundo errónea \ j será eimibleménte 
errónMy si poniendo los medios qué ésxin á núes* ' 
tro alcance, podemos salir del error /¿ lo que es 
lo mismo, format un juicio verdadero acerca de ^ 
la moralidad y obligación de la acdon ; y será ina» 
venciblemente errónea f cuando poniendo todos los * 
medios que están en nueslsa mano , no podemos ' 
salir delerror» : ^ 

Si estamos convencidos y seguros de que el 
juicio que formamos es Verdadero,' la conciencia 
se llama cierta ; mas no por eso será necesaria^ 
mente recta, porque podemos estar seguros de 
que nuestro, juicio es verdadero, sin que lo sea. 

Muclias veces no hay razones que feáfi^an 
fuérea bastante para determinarnos á jüágaif, pé«^' 
ro sí la suficiente para inclinarnos á juKgar: «q\ 
este caso verdaderamente no hay conetenciá, par«, 
que no hay juicio acerca de la moralidad ú obK» . 
gacion de la acción^ pero se suele decir que te- 
nemos en este tasa^auícién^íia probable^ y será- 
mas ó menos probable^ según sea mayor 6 me^^ 
ñor la fuerza de las razones que nos inclinan á: 
juzgar. Guando las rai^Hiés se fundan en d tes** 
tknonto y autoridad denlos hombres^ la probabí* 



Digitized 



by Google 



57 
]ididiW^llftna.«¡ttfrmfiM cqmiIo jM indépeo^^ 
dientlts dé toíAi «otoriáad- httoiaúa, j bs conooe^ 
niMalnicaiiietite pgr.el raciodaib» se Ilateía m* 
trki$ecá¡ Sí ¿áedia k aotorkiad espresa dd Díó^ 
no ka^F probabilidad v}ia5E certeta*— 

XaQliñeo inecde atguhas veces qüe^nó teoe-^^ 
mos nitigai^a tazón, 6 «¡ué es igpial la faerza dei 
lar rasofiei t}Ué alcancamos para iiuigar que la 
a^ión Íes boena ámala, obligatoria ó noobli^p-^ 
torib^: j pata jwgar; lo contrario. El estado éa 
qi«e ae halla bufestro entendí oofeolo en A mxtaifg 
casossé Uaifaa dttda mgatí^a: ea-A ^unoo caso, 
so baila suspenso el entendimienlOt y €a^nao éú 
equilibrio, y esta áu^ñsion se Wáatá dl4da po^ 
sii¿0a:'.j á bien en ninguno de los dos ca$otf bay 
Tfaloiente cimcienéiá; porque no bay juicio, en 
el segundo caso se Uama la conciencia duáesa. y 
también sé puede llamar en el primero; aunque 
no bay mas que una nesciencia, ó carencia total, 
de las rasone^.que pudieran determinamos d/ 
¡Indinamos a juzgar* 

£sifls divis^oei 'solo^ tienen imporlaücia con 
rriacieb i las. reglas que debemos seguir seguí», 
di estada de. nueaira coiicieocia. . ^ 

Estas reglas son las siguientes:. { 

, . Podemos sfempre,! y* en>su caso joebenpos taite* 
rierne» á Id que nos dicta una conciencia. ciertat? 
ptro también debemos poner el mayor cuidad<|. 
leu adqtLÍrír esta certeza , no fiandonos ligeramen^rt 
te de nuestro s^ber, y de nuestro jnitío: porque- 
A cjemoscgn coocienda ciqrtat pero vepcibUtr^ 

Digitized by CjOOQIC 



5g 
meijite moflea « qiBVten<nior/olifi|aiñ0ri^M 
una coM qéerealiBeattf áorfcslAjprdkibiddis obra*** * 
rao» mal si no b'bacenuxp, j^rqufe fliltamosiániMí': 
obligación que creemos^ tener; y lámbieir'si^la lii^A 
cemos, porque uos está prohibida, y do iioB';sir^: 
ve *de disculpa nuestra ^^Fa«i!eiai ó tmk^ piies^ 
lo que podemos y no querjunos saUr áaóti *^:u 

Si tenemos oondeneia probablev debeaoos se^ ( 
guír siempre «1 estremo qiie • favorece^ áia'íéyv'^ 
cuando á sü ^favor es %ual ó^fqayór Ía.tpn^baibf«} 
IJl^d^ queá Cavór ¿e lá Kbc!rta(d;'el phfúr énjccm*^ 
tfárío senrído eá qn^rer e^ptx¡saiiien¿e fallad á-^na > 
obKgacion ene) caso que ensía. Massi'es tnajiior^ 
la- probabilidad á favor de la libertad, queiá&t'*^ 
tbr de la ley, podemos seguir el estnsmo que^fii^'' 
vOt<ece á • la libertad: Qosfi púede<:ntup(nrarfbii^ 
el homWe el obrar radonalitíente, y>obra:)epn*' > 
forme á la ratoni., el que sigue la opiuioo out^^ 
tiene mas andamentos á su favor,' autique fa^' 
T^rezca á leí libertad; si' bien no obrará irroíiioi*'' 
nalmente abrazando el cst remo que favorece 4 ( 
la' ley, auáque menos probable, porque üri'liun 
en este ^^ reprueba la -raa^on,. que' sé siga b' 
opinión en que no^Hay peligro «lingunó* dé aMrL» 
tarse de la l(y.>'' /..'■. -i t. 

El que no obra conforimi;á h rawn^^'ébra 
ilial: pues bjefi, no 'obra' conforme á la' rasM'elt 
que sigue una bpiviioo favorable á laiibértdd;; 
menos probable que la que favorece i la 1^, s0-» 
lo pót*que siempre se funda emalgutut rauín, jD«* 
ríaihos qüe'ébraba prudeatenMoloíd couumiaiH 

Digitized by CjOOQiC 



59 

te <}iie «^üáese ia rsipi«il M'ittviei Mgoeiaeioo^-v 
en que epataras probable la'pérdiAi qM fe^ganuiiH. 
cia » ^lo porque babia algonft rázoa p(H*a trter 
qoe no pictderiaén' la especulación? '. 

P^ra graduar k probabíKdad extrínseca , es 
necetorio atender, na sólo ú\ inimero de loe; que 
^uen alguna opinión, sino taiábien, y princP* 
pálmente, á su saber, virtud, imparcialulad, y 
cretnlo. * 

£n la duda, con mucba mas razón se debe 
abrazar el estremp qpoe niiKla poéMa ley, ya sea 
de omisión, ya de comisión. £1 que duda si en 
un caáo detertninaido debe dar limosna i^'u^ipo- 
bre, está' obligado ádárs^: el que dodaftiften 
es ifcUo Itevar interrass por el dinéro'quie pre^ta^t 
dtebe abstenerse de llevai^Ios. Si dudamos cual ea^? 
en un caso^ nuestra obHgacion,de^ dos.\5 4nQsrq%ie : 
sé nos presentan como tales, k regla es diniplir' 
con tqdas ellas, si podemos^ y si nt», con* bque 
podamos^ porque lo contrario Os {gritar á alguna^ 
cbdocidamente. £n aquellos casos en qtie Iw es^ • 
Iremos dé la duda envuelveb obiigatUMiés con-»^ 
ti^dictorili^; T. g.obt^cio» de robat^ paratsocor»' 
rer una nlecesidad grave -y (lierenloria, y dbll^a^' 
don dé no robar ^ ni au» para e^d o^io; no ^ 
báy realmen«smasq«ie nae^oMigacion; petro^du^* 
dampos cuál <i^, y por necesidad' hemos 'do tqiie^j 
bramar alguna, cualquiera que sea el^esifeoiO' 
que adoptemos. Si tío quevMpos vevdosretieste 
cbmpromiso, debemos insin»rnosi con tiehíipo»} 
para ^iiarJadttda: ai no hácexster isasl^dé «M' 



Digitized 



by Google 



6© 

deber /«e nos loafmfa ta {nfraccion de «óa oblt- 
gaoioDt jaf robemos^ ya no rdbeopos, eo el caso 
propuesto: si robamos, porque obramos contra 
justicia; y si no robamos, porque nos esponenio$ 
á quebrantar una bbUjgacion, si la hay; todo por 
nuestra culpa, si pudiecfdo^ no nós^ hemos ins*» 
fruido con tiempo en nuestras obligapodes* 

CAPITULO IX. 

Premios y códigos. 

£a i^ano mandarta B¡6s al hombre confort 
mar sus acciones con el orden, si él hombre no 
tuviera un motivo para conformarlas» Sabido es 
que la voluntad nó se delerminavá querer, sin 
una raaon que la mueva á querer, y que no se 
retrae de querer, áa una razón que la retraiga 
de querer. Sabido es igualmente que Solo ^1 bien 
j el mal pueden mover á la voluntad, el bien á- 
querer, el mal á no queren Hay bien moral y 
bien físico: aquel es la conformidad de las accio- 
nes con.el orden y don lá voluntad de. Dios; este,> 
todas' tas cosas que placen 6 son útiles al hombre, 
consideradas bajo este concepto: pues si estas mis* 
nias'<K>sas bajo otro concepto desagradan, 6 sonl 
perjudiciales al hombre, bayo este otro concepto 
son un mal física 

La voluntad puede determinarse i querer 
movida de la bondad moral Pero tal es, en d 
estado actuaU b naturaleza dd bombns^ que 130- 



Digitized 



by Google 



61 
manmmte le mueve mas la bondad fimá que la 
bondad moral, 7 los males físicos que los males 
Biorales; de manera , que si aprehende en una 
acdon un bien físico que mueva con mucha 
fuerza á la voluntad, se determina esta á querer 
aquella acción, aunque lleve envuelta en st al«* 
guna malicia moral. Esto consiste en que el hoóH 
bre no se detiene lo que debiera en considerar 
la bondad física j la bondad moral, y dar á cada 
una su verdadero valor. Sin duda, si el hombre 
ae representara con la misma viveta el bien mo- 
ral que el bien fínico, se decidiria por el prime-* 
ro, porque tendria ms» fuerza para moverle, co^ 
mo mas análogo á su naturaleza racional, y mas 
importante para éL Desgraciadamente no sucede 
asi: los bienes y los males físicos obran repentina* 
é impetuosamente en el ánimo del hombre, y lé 
sorprenden de tal manera, que dificilmenle usa 
de su libertad para detenerse á i;ons]derarlos bien, 
y á compararlos con los bienes y males morales. 

G>mo Dios, pues, quiere sinceramente que 
el hombre acomode sus acciones con ^el orden, ha 
i^ido muy conveniente que le presentase también 
bienes y males físicos, que le moviesen i cum- 
plir con su divina voluntad. Estos bienes y estos 
males físicos, es lo que entendemos por prem¡M 
y castigos. 

Lo contrario, por otra parte, no se epmpoQe 
bien con la bondad de Dios, y con^su grandeza 
y dignidad. Mo se concibe que Dios sea bueoo 
»n límites, si no hace bien á una: alma que le 



Digitized 



by Google 



69 
iima/k obesicíce y'siih^ eon fiddicliidrm se roo^ 
cíbe k grandesEa y dignidad de ün Dios que $e 
dejase desobedecer^ o&nder é io^ullar impune- 
menie por sus crjaluras. Tampoco se concibe la 
dependencia j samision en que está el hombre 
esencialmente respecto de Dios, si pudiera des* 
preciar su divina volunta^d y sus mandatos, sin 
ser castigado. 

En to propia conducta ^ dicen algunos, lleta 
■ el hombre el premio d d castigó de sus acciones: 
contribuyendo al orden, contribuye á su propia 
felicidad, obrando contra el orden, se labra su 
propia desgracia; porque de la conservación del 
orden resulta un híén para todos, y de su per* 
turbación un mal, también para todos, bien y 
mal en que cada uno tiene sil jparte. Ademas, y 
sin contar con estos buenos ó malos efectos de 
nuestras acciones, prpceckntés de la conservación 
,ó trastorno del orden, ¿no tienen también otros 
. inmediatos respecto de nuestra salud , de nues- 
tros bienes, de nuestra reputación; ^ sobre todo» 
no siente d hombre^ cuando procede mal, las re- 
convenciones de su conciencia que le atormentan» 
y una satislaccion y consuelo inefable, cuando se 
conduce b^tiP Pues aqut tenemos él premio de 
la yirtud y el castigo del vicio. 

No hay inconveniente en afirmar que con. es- 

iOBí bienes y males fisicos, naturalmente coneitos 

:Coh las acciones humanas, premia dé algún modo 

el Sefíor las buenas y castiga las malas. También 

<y)n un estímulo sabiamente establecido por el 



Digitized 



by Google 



63 

abstea^^ol mú: .pero hap de uno y otro con- 
. ceptoMQ ipsufidentéfi. 

Soo ifisüfieiéoteft coáao eatímulo para obrar 

• bien # poí?que si él hombre no tuviera otros in- 
citativos , cuando se le presentase un • objeto útil 

• 6 halagüeño, aunque nióralmente malo, se puede 
Asegurar que tendria roas fuerza en su áninio la 
utilidad ó el atractivo presente que el testinionio 
futuro de la coodencia ó el temor dé males fisi- 
cós contingentes; es^ialmente cotí la esperanza 
de evitar ó remediar estos males^ j de sobrepo- 
nerse i las reconvenciones interiores de su alma. 
¿Qué infprésion pudieran causar al hombre unos 

. niales que sé prometiese dulcificar , ó evitar del 
lodo; ni las voces de su! conciencia que no lé ame- 
nazara con ningüa castigo? 

También son ii^uficientes cómo premios y 
castigos. ¿Creerá algufto de buena íé^ que se da^ 
ti por satisfecha U infinita m^gestad de Dios, solo 

. con que un SK^lvado.que le ha ofendido enor-» 
memento, tenga lun mero conocimiento de que 

• ba obrado'R]al,.que es á lo qiieise reduciria el 

• testimonio de su conciencia, si no fuera, acout-» 
panado delleoiorodel castigo; ó solo conque es- 
te homhre pierda unfi salud ó uno^ bienes, que 
empleaba eln bfender á su iMehbechor, máxime 

': recompensando tal ve» esta .misma pérdida. con el 
■placer que ésperioteota^n cometer otros delito»'? 
¿í por otro ladoí>diria6iosi que Dios éi^'infiñttaK 
iiieQle,lx)iidad4ad f b^^ Jfis 



Digitized 



by Google 



64 
que le amm ée conacm, y le obedieeeD, y le sir- 
ven con esmero y con alegría, ño les Ibidese otra 
bien qne darles salud y bienes tempondes/ó el 
testimonio interior de baber obrado bien? ¿Se* 
r¡a este un. premio digno de k munificencia de 
..todo un Dios? 

¿Y qué será cuando el booibre malo y per- 
verso goza de perfecta salud y se vé colmado de 
birles y satisfaicciones; y el justo padeciendo mil 
enfermedades y trabajos, bambre, desnudei, per- 
secuciones y amarguras? ¿Por ventura no es esto 
demjisiado frecuente en el mundo? Ni pifede me- 
nos de ser a^, atendiendo á la malicia de los 
bombres, y al orden de las causas naluraliís; or- 
den establecido por Dios , y que debe adorar el 
bombre , pero que seria iqapropió de su sabidu-t 
ría y de su bondad , si no tuvieran la competen* 
te compensación semejantes desigualdades. 

Las leyes civiles no bastarían para prevenir 
todos estos inconvenientes. Hay mucbísimas accio- 
nes humanas que no caen, ni pueden caer bajo 
la jurisdiccioQ dé las leyes, y sm embargo son en- 
' teramente contrarias al orden j á la voluntad de 
Dios: la bondad ó malieia de las que están suje- 
tas á la acción de la ley, no puede apreciarse de* 
bidamente por el bombre; dependen de mil cir- 
cunstancias que esceden la capacidad bumana, de 
consiguiente el hombre no puede aplicarles el 
premio á el castigo correspondiente : hay que con* 
tar también con los amcms medies que tienen 
los males para ocultar sos maldades, y pera eiv»» 



Digitized 



by Google 



65 
lar ^tasftigojcvfti.b piedad m^lenttfddi^ coi| 
^ igfiorancia ó (alta de rectitud en Joseucargar 
líos de averiguar y ^asU^r 1q3 deUto^; hay qun 
contar am Tos errores, con el poco celo, con la 
inrciaUdad y Jas pasiones de los que deben distrir 
Duir las recompensas: en fin, todas las acciones se»- 
cretas, y otras muchas que no lo son, han de quedar 
jieoesariamente sin premio ni castigo por partfK 
xlel legislador humano; y de las que pueden ser 
XNremiadas ó castigadas, unas no lo serán, y otr^ 
lo seráq do un modo incompleto y no conveniente. 
Se sigue de todo; primero, que necesariapoeur 
te ha de haber premios para las acciones buenas 
y castigo para Las malas : segundo, que en esta 
vida no hay los que corresponde haber : tereerúu 

Í de consiguiente, que después que mucre el hom-r 
re h^y otra vida en que los buenos han do ser 
isondignamente premiados, y los malos debida? 
mente castigados; es decir, conforme i lo que 
eligen la bondad y magestad de Dios, 

¿Pero esta otra vida ha de ser elcrna? Asi 
nos lo ensena la revelación, y tal es nuestro con- 
vencimiento, porque Dios se ha dignado manifesr 
larnos esta verdad, ¿Mas qué nos d¡(^ sobre tsr 
te punto la ra'¿on? . , 

La idea de uu castigo eterno nos aterra ; pe-* 
ro bien conocemos que no por imponerle el Se- 
ñor á los malvados, será injusto ni cr^ieL Ello e^ 
que las culpas cometidas contra Dios no puedcqi 
quedar sin castigo, si e) hombre no las detesta,^ 
laoip que de lugar á la mi^sricordia y al perdón; 

5 



Digitized 



by Google 



el castigo debe ser proporcionado á la cqlpa : las 
culpas graves cometidas contra Dios tienen una 
malicia infitiita» á lo menos por razón del ób* 
jeto ofendido, que es un Dios infinito: conque 
es preciso que el castigo sea también infinilo, y no 
puede ser infijiilo , si no es eterno. 

ISi esto se opone á la infinita misericordia de 
Dios; ni por esto'bay ninguna contradicción eo 
los divinos atributos: la esencia divina exige que 
Dios castigue y que peráone, pero no hay ningu*^ 
oa criatura capaz de ser siempre perdonada y siem- 
pre castigada. Ala infinita sabiduría de Dios cor- 
responde distribuir los efectos de su misericor* 
dia sin menoscabo de su dignidad : toda la vida 
del hombre es un testimonio de la misericordia 
de Dios: me)or le es al hombre no desmerecerla 
nunca, y mucho mas en el artículo de la muerte, 
que empeñarse temerariamente en penetrar los 
arcanos inaccesibles de la divinidad. 

£n cuanto á los premios, no se alcanza nin-' 
guna razón para que Dios aniquile un espíritu 
queestá en su divina gracia, ó para queconser» 
vándole la existencia , le prive después de un 
tiempo determinado, por largo quesea, déla 
felicidad qvie está disfrutando. Y aun parece que 
nada de esto se concilia muy bien con su sa- 
biduría y con sü bondad. Si Dios aniquilase á la 
alma, aunqne 'fuese después de haberla he^ho 
feliz por millares de siglos, el alma humana, un 
ser tan noble, ¿ap<izde amar y poseer á su Cria- 
dor por toda una eternidad , tendría en último 



Digitized 



by Google 



67 
rerallado el mismo .fia. que el principio de y ¡da 
cualquiera que el sea, de un jumento ,.de .una 
limaza ó de un escarabajo. ¿Para que, pues , la ha- 
bía de haber distinguido tanto de estos animales el 
sapientísimo Hacedor de todas las cosas? £1* aliña 
por otra parte tiene naturalmente un deseo cous* 
tante, inestinguible, de ser feliz; parece, puea^ 
que Dios, que asi la constituyó, obraría contra-^ 
dictoriamentCy privándola de la felicidad que pch- 
dia disfrutar , y cuyo deseo infundió en su natu- 
raleza. Fuera de esto la bondad de Dios no tiene 
h'mites: y existiendo el espíritu del hombre en un 
estado en que np desmerece los beneficios de ua 
Dios tan bueno, no se vé por qué este Dios habia 
de privarle de ellos. 

Una observación haremos de paso á los que 
niegan la espiritualidad de la alnia, si admiten la 
existencia de Dios. £1 mi^mo que según ellos ha 
podido, ha sabido, ha querido hacer á la materia 
fusible, intelectiva y libre, podrá 9 sabrá y qu^r<? 
rá también conservarla con estas cualidades, des* 
pues de descompuesto el maquinal artefacto del 
hombre, para darla el premio ó el castigo á que 
se baya hecho acreedora, supuesto que no ppr 
^r materia, ha dcj,ido de tener intctigcnioía y li- 
bertad,, para ofcoder ó agradar á Dio^v^-Cómo 
nos probarán qu^ Dios no conserva b inateria 
pensante que ha obradp libremente, para cpsti* 
garla, puesto que como sensible é intelectiva, es 
capaz de padecer ,. ó para premiarla, una ye^ que 
es capaz de satisfacciQues y placere^.^ ¿O tienen 



Digitized 



by Google 



6? . . . 
estos noalerlalistas una alma que ni goia.ní padtcíí, 
n! puede gozar ni padecer? Si no quieren conce- 
der líber lad á la malerta, aunque la concedan 
sensU^ilidad d inrelercion, se seguirá que es faUa 
su opinión- de la materialidad del alma, puesto 
que por el sentido íntimo, asi conocemos que 
ítomos libres, como que somos sensibles é inte* 
leclivos. INi comprendemos por que uo ha de 
ser libre la materia, si sienic, si piensa, enriende» 
Juzga, raciocina y quiere: la misma posibilidad se 
encontraría en la materia para la libertad, que 
para la facultad de ejercer todos estos actos, si 
la tuviera; suponer que no tiene el alma ningu- 
na facultad, y que todos sus actos son unos me- 
ros raovimicnlos maquinales, es una paradoja que 
contradice la razón y la esperiencla. 

Pero Temos , que cuando se le acaba al hom- 
bre la vida, se disuelve completamente la mate- 
ria de que se compone su cuerpo: conque no 
conserva aquella especial disposición departes ne- 
cesarias para sentir y obrar. 
^ Luego un Dios libremente ofendido por una 
crialura suya (pava el caso es indiferente quesea 
material ó espiritual), también quedarla com- 
plcí amen le desairado. ¿Y con este conocimiento 
habla de haber dado al hombre la libertad de 
ofenderle? Masen el caso de que pensara la ma- 
teria, ¿seria capaz nueslro cnlcndimicnto de co- 
nocer cuánta y de que modo estaba organizada 
h de nuestro cuerpo, para que pudiese pensar? 
¿Y SI no lo conocia, pudria tampoco llegar á co- 



^Digitized 



by Google 



69 
liocer, al al feáecerla vida del' h^mbr^ pierde If 
miena pensante ^n anterior disposición propia 
|iafa pensar» d si no adqmere otra nueva oi:gah 
jBátacion que produzca el Qii^o.eCectó? Dc$e|^ 
ganémonos, la materialidad de la alma» ó sea^ 44 
principo deí las adiciones en :^: hombre» aun cuan- 
do no fuera un absurdo, no eximifia al bom^i^ 
<de ser Iratado «A otra vida« según sus obras. 



CAPrrvLOX.,, fl 

^ •• • í » -v '. , I 

'■ ., ' i. ii . 1 •,*•:• .1 *vj 

M demebo y la oblíg^f^iou^spa' c^orni^laiivaK 
es decir, que donde quiera^qiie^iljt^dkrechQ, f^ 
^uinaF^parte/baj por ^tra^una cjiUga^pi^a^ Díjcis tie- 
4De derecho fflíra «dandar á 4odos>J^ faonabre^j^^j 
pues» todos Jos*! hoinbces! iienei>i ^bl^pcion tde 
^obedecer á Dios. Gste!derecbo>d^ Ip¿9«í^re^4€ir 
das sus crialur&s» se puede dfi&nir,: I0 ^o^fqnffít 
déd nec$$kria fm hay^cm h M^mm 4^ k^^tfp- 
nidad en que Dios mande á todas las CfMtm^' 
iforque Dios» puesto^ue es nm ^rinficiitljiíente 
^p^ectov no .seria . Bios»* si «p. V^i^iueiie .lodes^li^ 
«perfecciones en, un grado infitíto^ y es.unaipeiv 
ÍKcioií el mandar á todos \m 4^^\ ^^/ . >. 
. Respecto :de ; los bonftlH-€^ . unos, icm olr^ ,«;si 
uno tiene derecho á una.ixí^a Qi^(iil4grt#9i fsMl» 
los demás están obligados á dársela ó á no qui- 
társela. Si un propietario tiene derecho en una 
finca I los demás tienen obligación de no usur* 



Digitized 



by Google 



to 

pársela; sí tiene tlcrecho á ella, el que la tenga¿ 
está obligado á entregársela: si los padres tienen 
derecho al respelo de sus hijos; los hijos tienen 
obligación de respetar á sus padres^ y asi en todos 
los casos* 

El derecho es una cualidad de las persona^ 
<S de las acciones* 

D¿ ¡as personas f como cuando decimos, yo 
tengo derecho en mis bieíics; los padres ricnen 
derecho á ser respclados por sus hijos; el rey tie* 
fie derecho á k fidelidad de sus subditos. 

Dñ las acciones, cómo en las espresiones si- 
guientes; hay derecho para casHgar de muerte al 
asesino; no hay derecho para encerrar en la car- 
tel á un deudor desgraciado. 

En todas esias espre&Iones queremos dectp, 
<|ue es conforme al orden y á la volunlad de Dio* 
qae yo posea mis bienes, que los hijoí* respeten 
á sus padreSj que los siíbdrlós sean ficlcfi á su 
Rey, que el aseáínb «íea castigado de mucrre, y 
que nó se sepulte ed una caiTei á un deudor «les- 
graciado. 

jiff*^| derecho, pues, mía razón íjue hay para 
Tjie alguno posea , haga ó deje de hacer alguna 
4^sa, ó bitn para exigir que oíros la ¡lagan ó 
se abstengan dé hacerla; y la razón que liny pa^ 
ra todo esto, es que así es conforme al orden y 
¿ h ¥oiu0iad de Dios. - 



Digitized 



by Google 



CAPITULO Xt 
División de los derechos. i 

Los derecbos cuapdo se aplicab á las persor 

son*: 

Plaiurales 6 adveiuicios; 
. enajenables ó ioagienabl^; 

Perfecta <S impet&ctos» . 
j L . Los derechos son oat^ural^ 4 t^ventícios. 
^<, líos derechos naluralfSj^n los que per^iene^ 
€if$^n ¿un hpmbre, aun j(:u^ndo no ^xisliese ea 
cil.iQündp ningún gobieri<o ófú. 

Los dgredbio^ adventip^.s^H los que no le 
p^t^uj^riaa^ea el oiismp 1:2^. 

Son deredws naturales ^ ^} de un hombre á 
1(2 conservación de su vida; de sujs miembros» de 
su liberlad:^ dereclu> ^bre el prx>ducto de su 
trabajo persona), sobre e) usb^ |!n .oo^un con I09 
demás, del aire, de la luz, y de la agua. Si mil 
personas diferentes, de mil países diversos ,fuesei| 
arrojados á la v^ á una isla desierta, tendrian 
todos ellos desde el primer momento, tpdos estos 
derechos. 

Los derechos adventicios son el derecho de 
un Rey sobre sus. subditos; de uu general sobre 
sus soldados; el derecho de nombrar ó instituir 
magistrados, de imponer contribuciones, fallar 
unpleito, dirigir la distribución de la propiedad; 
d derecho, en suma, en un hombre 4 en una 



Digitized 



by Google' 



reunión de hombres de Jar leyes cí formar regla- 
mentos para los demás; porque ninguno de e*-* 
tos derechos existiría en la iüía nuevamenie ha- 
bitada. Ar *>>*.> "t> o » 

Se preguntará, quizás, romo se forman los 
derechos adventicios? O lo qne es lo mismo, ¿có- 
mo uíicen nuevos derechos del esiablramlentodé 
líi sociedad civil? Más, como todos los derechos» 
de cualquiera especie quesean, se fundan^ coma 
hemos visto ya, en la voluntad de Dios; y la so- 
ciedad civil no es mas que una institución pura- 
mente humana, para resolver esta dificultad es 
necesario retroceder á nuestros principios* Di6í 
quiere la felicidad de la especie humana, y la so* 
eíedad civil es favorable á esta felicidad : en con- 
secuencia, muchas cosas que son necesarias parf 
que se sostenga la sociedad civil en general, €Í 
para la dirección y conservación de las sociedades 
pnrhculares ya establecidas, son por esta ramn^ 
conformes con la voluntad de Dios ; mientras que 
sin esta razón, esto es, sin el establecimiento de 
la sociedad civil , no lo serian, 
•* De aquí procede que los derechos adventicios, 
aunque derivados inmedlatauíente de un estable^ 
cimiento humano, no son menos sagra ilos quñ 
los derechos naturales, ni la obligación (|ue pro- 
ducen, menos digna de ser respetada: los unos 
y los otros se fundan en último análisis sobre la 
misma autoridad, á saber, la voluntad de Dios. 
PtTlcnde un hombre tener derecho en un cam- 
po particular; no puede manilestar, es verdad. 



Digitized 



by Google 



pii^ dpoyar.sa derecho, atas que non regla -^ 
la sociedad civil de que es miembro; j aun esta 
regla puede ser arbitraria, capricbosa ó abrardáf. 
Sin embargo^ la misma falta habria en despojaer 
á este hombre de sü fioca con engaito ó con vio^ 
lencia; qne si le bubiese sido asignada, como en 
la partición de la tierra santa entre las doce tm 
bus^ por la designación inmediata , y p<Mr orded 
del mf^mo Dios. 

* IL Los derecboa son énagenaUes ó inagc 
Hables* ^: • 

Estos tiirmitio$ se csplican por sí miamos^ 

£1 derecho que teneiqos en la mayor parte 
de las cosas que llamamos ffrojMÚad^ txaa^x» 
%á^, tierras, dinero -^tc. é» enagenaUe: es flecir, 
quís nosotros podemos hacer que las casas, dinerb, 
'etc.. íséan una jnrfpiedad no nuestra , sino agenai. 

£1 dcírecho de un> marido sobre 6Ú mligevf, 
^e uñ amo «obre su criadi»» es general y" natii«* 
raímente inagenable« . . ' * , 

La distinción se funda en el modo^con qui^ 
se han adquirido estos derechos. 8i el derechi» 
trae origen de un contrato^ y seHmiiá á h:pfep' 
^ona por los términos espresos del contrato, ó por ' 
interpretación ordinaria de los contratos de ewe 
género (loqne viene á ser una condición espre- 
sa), ó por una condición personal aneja al dei^ 
cho, entonces el derecho es inagenable«-£n todos 
los demás caaos es enagenable. 

£1 derecho á la libertad civil es enagenable; 
aunque los hombres en la vehemencia de su amor 



Digitized 



5dby Google 



74 
por ék^jtnd len^^ge d« algunas repraieo^ 
ti9CÍooes políticas, lo ban llamado muclias vec«| 
ins^genabie. La verdadera rason q«e hay para de« 
tesiar á los- hombres que bao vendido sü Hberr 
l9d á un tirano^ es qye coa la suya propia han 
vendido^ las. roas de las veces, ó han espuestp^lá 
liberiad de otros; para lo cual seguraoienie no 
leoiau derecho. 

III. Los derechos son perfectos 6 .imperfectos. 

Los^eréthos perfectos pueden sostenerse coa 
la fuerza, ó por la autoridad de la ley, que re^mr 
plaxareála sociedad jcivil á la fuerza privada, 

. Los derechos . imperfectos no {lueden . sost^ 
Qcrse con la fuerza. 

Ejem^os de derechos perfectós.,£l derecl^ 
de uñ hombre á conservar su vida , si| persona* 
su casa; porque si es atacado ^n estos objetos^ 
puede al instante rechazar el ataque f><>r ipedio 
4e la fuerza, ó hacer que se castigue a) agresor 
por l^r ley: el derecho de un hombre: en >u for- 
tuna« sus ropas, muebles y dinero, .y en todo lo 
que s0 d^igna ordinariamente con el nombri^ de 
propiedad, porque si se lo quitan injustaiueqt^, 
puede forzar al autor de la injusticia á ja i^e^kúr 
tucion ó compensación. 

Ejemplos de derechos imperfectos. En las elec- 
ciones ó designaciones para los empleos, que 
piden ciertas cualidades, el candidato mejor caU- 
ficado tiene derecho para ser nombrado ; sin en^- 
bargo, si es desechado, no tiene ningún recurso. 
Ció puede apoderarse del de&tiuo á la fuerza, ni 



Digitized 



by Google 



75 
ImcBt que se nparetu ifijurfai por la ley: snd^ 
rechoy pues , es imperfiecta Un cecino pobre tie«^ 
ne dierechaá ser socorrida; perasi se le oi^ el 
áocorro, no debe totíaarlo á la fnersa. Un Uenr 
becbor tiene derecbo al reeonoámieolo de aqoel 
i qttieci' ha hecho el beneficio; no obstante, cí 
este es ingrato, tiene que resignarse^ 

Acaso será dificil comprender de pronto, coii^ 
una persona puede t^ier derecho sobre una cosa^ 
y no tenerle sobr^e W medios necesarios* para ob^ 
tenerla. Esla dificultad, lo intsi]»> qoe otras mur 
cima que ocarrin en la mocaK puede^ resolverse 
por la necesidad de laa^feglas generales. £1 tedor 
se» acwda»*l^ii doda, que un hombrera diee 
tener derecho sobreunatosa, cuando s$ codfarrín 
wn Im vdmdad' de ^Dhs qtie posea aquella- cosa 
De^manefra que la pregunta viene á ser asta: ¿oótno 
caconforme con k voluntad de Díos> que |in homi* 
íbi^poseff tina cosa, y no es conformeconla vof* 
iufitad de Bios que se valga de los .medios neeeáH*- 
rios pai^aubtónada ? La respuesta e^^ue^pdr^no 
«atar det«^nniiiado el objisto, ni'.lÍi6i;oí«¿tttistaíiícias 
<del derecho^ el periiaiso de osar de^aHiueqOi en eme 
^CB»o, conJacíria, por susjconsecuenciiasval'aijsmD 
^permiso «unque no hubiese. nic^ini»dQeecba<fil 
candidato, de quien hemos hablado; «tidue sin du>- 
-da derécbb Iser «legUo párá :el;Mipleo;pero su 
derecho depende de su/ cuatidadé^ coibparáliTas, 
de sus virtudes , por ejemplo, de su. S2Íbep;etc¿tie 
i9ec£sita; pues^ que alguno las compare. La existen^ 
eta, d grado, y la imporsaocia respediva de esti|s 



Digitized 



by Google 



76 .. 

rualidades son iodtteroaínadas; conque e$ néceia4 
rio que alguno las determine, Permilir á un can- 
didalo sostener su derecho con la fuerza, es hacerle 
juez de sus propias cualidades. No se puede darW 
eííia cualidad, sin dársela tamhieo á lodos los de* 
mas; lo que abrlria la puerta á preteuMones sin 
iiümcrOf siQ derecho y sin razón p á demasías y 
grandes males. Del mismo modoi un pobre tiene 
derecho á que le socorra el rico, pero ni el modo, 
lú el tiempo I ni la cantidad del socorrro^ ni l;i 
persona que debe socorrerle estáu dcteriDÍnados- 
Sin embargo, es necesario dcterminarlodas esta* 
cosas, antes que pueda sostenerse con ki fuera» 
la pretensión de ser socorrido, porque permitir 
al pobre determinarlas por ai mismu, seria espft- 
ner la propíetlad á tantas pretcnsiones de esta 
dasc^ que perdería mucho de su valor, ó mas 
bien dejaría absolutamente de ser propiedad* La 
misma observación se aplica á los demás ejem:- 
plos de derechos imperfectos; por no decir que 
en todos los casos de gratitud, aféelo, respelOtetc. 
la idea misma del deber escloye la fuerza , porque 
su cumplimiento necesariamente es voluntario; 
al que no quiere ser agradecido^ no hay Cuer^É^ 
humanas que le hagan serlo: la voluntad nopue- 
-de ser violentada* 

.1 Siempre que el derecho es imperfecto, lo es 
Jamhien la obligación. Yo estoy obligado a dar 
uii voto al candidato que lo merexca, á socorrer 
al pobre, á ser agradecido con mlü bienhechores 
pero en todos estos casos, mi obügacloiij lo mi^- 



Digitized 



by Google 



77 
mo que el derecho de cHos, íes imperfecta* • 
Llamo á estas oUígaciones imperfectas , para 
conformarme con el lenguaje común de los es^ 
criiores en este punto. Por lo demás, la voz está 
«Dál aplicada, por cuanto muchos creerán, que 
es menor delito violar un derecho imperfecto que 
un derecho perfecto, lo ciial no tiene fundaiuento. 
Que una obligación sea perfecta ó sea imperfecta» 
uA^ quiere decir si se puede emplear ó, no la 
¿lerza para hacerla cumplir; y nada mas. £1 
grado de culpa cometida cuando se quebranta 
esta obligación, es cosa diferente, y debe deter« 
minarse por circunstancias enteramente indepen<¿ 
dientes de semejante dií^tincion. Un hombre que 
por parcialidad o ligereza, ó por haber sido so^ 
bornado para dar su voto, priva á un digno 
candidato de un destino, del que dependen tal vez 
4US esperanzas y felicidad^ y que por lo mismo 
tl^ttanima considerablemente al mérito, y emula- 
^n en los demás, comete á mi parecer, uii delito 
mas gvave, que si robara un libro én una biblio^ 
leca, ó un pañuelo del bokilb; y sin embargo¿ 
en el primer caso viola un derecho imperfecto« 
y en el segundo un derecho perfecta -. ^ 

CAPITULO XIL 

JD^echos generidts de la especie humana.:^ ^ 

Por derechos generales de los hombres eiv^ 
ticiMb los derechos que pertenecen á la ^especif 



Digitized 



by Google 



7ff . _^ 

colectiTáineiite; la masa primitiva, digámoslo as», 
que después se han distribuido fbs hombres entre 
si mismos. 
Estos son: 

I. Un derecho á los frutos ó á los productos 
TCgeláles de la tierra. 

Ijas partes insensibles de la creación no pue- 
den recibir injuria; y seria ridícuk una investí-!» 
gacion sobreel derecho, cuando su uso no causa 
ninguna injuria. Pero puede ser útil observar^ 
á causa de una consecuencia que se percibirá 
bien pronto, quecomo Dios nos ha criado con 
la necesidad y el' deseo de alimentarnos, y ha 
preparado algunas cosas propias por su natura- 
leza para sustentarnos y agradarnos, podemos 
inferir con razón que todas estas cosas están des- 
tinadas para satisfacer nuestras necesidades. 

II. Un derecho sobre la carne de los animales. 
Esta pretensión es muy diferente de la pr¡« 

mera* Se necesitan al parecer algunas escusas para 
ju&tificarr el dolor y la pérdida que causamos á 
los animales, privándoles de su libertad, mutilán- 
dolos,- y poniendo término á su vida, que es toda 
su existencia; y esto por nuestra conveniencia 
ó para nuestro regalo. 

I^s razones que para ésta práctica se alegan, 
tomadas de la razón natural , son las siguientes; 
que muchas especies de animales se alimentan 
de la carne de otros, de donde podemos concluir 
por analogía, que también la especie humana 
puede s^liiiieniarse descarne: quesi áíos animaks 



Digitized 



by Google 



79 
M les dejase en plena libertad, cubrirían bien 
pronto toda la tierra, con esclosion de la especie 
numana ; y en fin, que lo que nosotros les faa-> 
cemos padecer, se recompensa bastante con los 
^ cuidados y protección que les dispensamos. 

Acerca de todas estas razones, es de obserrat 
que la analogía en que queremos fundarnos es 
muy imperfecta , porque los animales carnívoros 
no tienen otros alimentos con que sustentarse mas 
que la carne, y nosotros tenemos otros muchos: 
en efecto, toda la especie entera pudiera mante* 
nerse únicamente con los frutos, yerbas, y raices 
de la tierra , como lo hacen todavia muchos ha^ 
bitantes del Indostan. Las otras dos razones pue- 
den ser buenas hasta cierto punto. En efecto, si 
el hombre viviera solamente de vejetales, no re-¿ 
cibirian la vida un gran número de estos anima-* 
les, que cubren nuestras mesas. Pero esta razón 
de ninguna manera jubiifit^a nuestro derecho so- 
bre su vida en toda la csterision que nosotros le 
damos. Y respecto de otros, ¿qué peligro hay, 
por ejemplo, de que nos incomoden los peces por 
mas que se multipliquen en su elemento.'* O ^n 
qué contribuimos nosotros á su nutrimento y 
conservación? 

Parece, pues, dificil demostrar este derecho 
con pruebas tomadas de la luz natural, 6 del 
tn\eú de la naturaleza : le debemos mas bicfa al 
permiso que nos ha concedido Dios, señor abso- 
luto de los animales, sin que por eso- se pued» 
arjg^if; de cruel con los brutos á su Divina Má- 



Digitized 



by Google 



¿o 

geslad/* No debemos coiÉparar las sensaciones de 
los brutos con lass nuestras, para inferir lo que 
patleceráu ellos» de lo que padecería nios nosotros 
en igual caso- Los brutos tienen también sus goces 
con que recompensar lo que el hombre les liace 
padecer. Ademas debemos adorar las díspoüicio- 
. pes del Altísimo, y no abusar de ellas para ib- 
mentar nuestras prevenciones: el solo sabe por 
qué razón concedió al bombre uq dominio ab^^o-' 
luto sobre los animales, jl nosotros debemos abs- 
' tenernos de investigar sus arcanos con impertí nen- 
ie curiosidad/Hay muchas cosas cuyas causas Ig- 
noramos» lo mismo que los efectos que ban de 
producir; si lo supiéramos, bien pronto conocería- 
mos la razón suficiente de lo que abora es para 
nosotros un secreto de la naturaleza. Entre ellas 
coloco yo el e¿,t:ido de los brutos, cnyo ulterior 
dtíslino ninguno puede conocer^ ni aun adivinar/ 
(Guevara , Psychohgia^ cap, uli,^ núnu S92-) , 

Aquellas crueldades contra los animalcsS, que 
^n inútiles, y loque es pcor^ preparadas con 
premeditación por el hombre, son cierna mente 
Teprenslbles, pues no se pueden escusar con nin- 
guna razón ; y es conocidamente contra la volun- 
tad de Dios, bacer padecer sin razón ¿cualquier 
ra ser sensible. 

Se ve pues, ó por la razón, ó bien por la re-? 
salación, ó por una y otra juntamente, que la 
rnteücion de ía divinidad es que las producciones 
de b tierra se apliquen á las necesidades déla vida 
humana* Por cuya ra/.on toda profuíion , toda 



M 



Digitized 



by Google 



ría' a l^s ^^^pjos yá la voluntad de Dios, y por 
<^>P6lgu}ente,:cuÍlpabl9i ppr la fjfxismsL J^^qa qup 
todos los deoias delitos. De esta clase es ^Q.qvi^ise 
vQ^re tle' Quillelaia.^1 co^q^isfadpr ,, de tuiber 
conycnrtido veinte aldeas cu un?,bf)|sc[p?, para caza: 
ó Jo que 0s igualni^ie; malo cpA^e^ryarlas en esto 
estad(](: dejar, grandes porciones de tierra incultas, 
porque el propietario qi^e. no puede cultivarlas, 
tampoco quiere darlas á los .qi;e, tienen medios 
para ello: destruir ó dejar qu,e se pierda itii;i 
gran cantidad de algún género, para que suba 
el precio de lo demás: di$m]lni;nr ,el producto de 
]o$ a)iima1es por un consumo it^^til é impu- 
dente de la cria , como cuando para pescar $e 
usan redes demasiado estrechas , quepor lomis^, 
mo están , prohibjda^ por .|as leyes.. También se 
piiede decir lo mismo de mantener perros ó ca- 
ballo^ inútiles con el alimento propio de los raciorí 
nale$» porque el mal es el núsipp, aunque en 
m^nor escala. , ; ,. ^ 

Los hpmbres en sup planes.^e fortuna y eur 

Srandecimiento, procuran sac^r de sus prop^e- 
ades la mayor ri^nlaja posible ¡¡yc^ta ja que casi 
siempre va ac^m{iaM5(3a de las^^qne, recibe la /so- 
ciedad. Pero h¿ista a Wa no §e les,. jba. ocurrido, 
que tienen «obligpGiop 4^ aui(i)9u)ar, .qp?];^o pue- 
daiij^ ,nm^ cpp:)Hft,íe,,lfis pfoyjsiori^ ..sacando 
de íi^w propiedad^ todo Ip <|uq,pueíjaflií dar de sí; 
ie.e$ un, |)ecadp desc^i^af. .fjsjta, (Q^jjg^ipp. .. ^ 
ini>i^ if^tencioi^ ^Jl^,Di\ii>ÍK^d, ppde¡?. 

6 



y Me.e$ 
Deja 



Digitized 



by Google 



mos tainbiéil déBücir quecuanád una'tosá/ptiéi' 
de dirruía rée có¿aodafif)éhtb 'en icó&ottíi , ricy d^ 
be ¿ónvertirsé' en' propiedad escjusíva dcf^álgiAi' 
particular. ^\ ' ' 

La itítendtíü gfaúerál de la Divinidad ^qútí 
el producto dé la tierra se aplique al uso del faom^ 
bre; cuya intención sé manifiesta en la c^nsti^^ 
tucion de la natutaléia , ó si se quiere» eñ la de-' 
claracion esprei^ del mismo Dios; mas en esta! 
donación generad V 'el mismo derecho tiene un* 
hombre que olró; Coge utio dé un árlxd una 
manzana, ó un cordero de un rebano, para su 
uso y alimentó;; hace otro lo mismo, y los dos 
justifican <^ta acción ^pgv la intención general del 
supremo propietario. Hasta aqui todo vá bien. Pe- 
ro el uno nÍ3 tiene facültacl para disponer dé toda 
lá fruta del árbol, ó de todo él rebanOi é impedir 
ál otro que hága'^lb mlsrtió, fundándose en ' la' 
intención general de la Divinidad :1a razón que 
dlega noeis justa, es necesario algo mas. Necesita 
hacer ver, á lo menos con rabones probables, qué 
la Biviiíidad quiere que los álí'boíésy rebafiosse 
distribuyan entreio^ individuos;, y que sea sos- 
tenida la distribución en' ^ue ftiiída *su preten- 
sión; manifestádmelo y queda W aálfefeého : entre 
tatito debe prevalecer la inleneibn geiieral, que 
es láunica qWcí6hocemo¿, y^r fe ttiátl el de- 
i'echo qi^e yo tengo es tan bitóttti cómo el vué»-^ 
tro. Pues Wett, tín* sólo' argriníéiito nos cortdu*^ 
ce á esta presunéióií; y és qüe'es imposible^ gd--. 
sar de la3 CO^s cWndo están én cioikiutt, ó go- 



Digitized 



by Google 



83 
zar ñé éH^^ tbA la' misfáiá ventea que cuando son 
de propiedad particular^ Esto es verdad cuando 
lio' h^y biastante^para tddds, ó* cenando el objeto 
cü Cuestión e^éige cuidadosy' traba jo para pro- 
ducirlo y tonsetvailó.' Mis cüínado no existen 
estáé^i-azones, y el bb^tb por ;su naturaleza pue-» 
de^ disfrutarse por 'fodbs lids qtíé quieran, parece 
que es tina usurpación arbitraría de los derechos 
de k 'bttiúo^nidad^ liniitát su uso á un determi- 
nado úúioaero dé personal 

Si se descubriere en una tierra de .propiedad 
particulai^ un manantial de agua medicinal bas- 
tante abundante para llenar todos los usos á que 
pudiera aplicarse, quisiera yo que se di A una 
indemnización al dueño de la tierra , y una ga- 
nancia considerable al qué la hubiese descu- 
bierto; sobre ' todo , si i^ hallarla le habia cos- 
tado tiempo y trabajo. Pero dudo que pudiera 
justificarse ninguna ley humana , ó él propie- 
tario dé la tierra, si prohibiese á los demás a- 
provecharse dé aquella agua, ó la pusiese á 
tin precio ían alto que equivaliese á una prohi-' 
bicion. 

llf. Otro derecho que también se puede lla- 
mar general, porque es propio de todo el que es- 
tá en situación de alegarlo, es el derecho que dá 
la necesidad estrema. Se entiende por esté dere- 
cho el de emplear ó destruir lá propiedad age- 
na, cuando és absolutamente necesario para nues- 
tra propia conservación ; como es el de tomar 
sin contar eon la voluntad del propietario , y aun 



Digitized 



by Google 



84 
contra ella el prSpaer a^lpen;U)» el., prúner yiBs^ 
do, ó abrigo que %S;nos( presi^i>l^ criando ^aipos 
en peligro de p^ri^cei; {hqt falla 4p socorro.; !^, 
fundamento de i^s^ der^]^ ^^^^.q^e quandp^ ^ 
instituyó en un«prHidpÍ0 l^ípr^p^edad, i>o,3e,bi*^< 
zo esta institucipa p9faQU£;;f)Lije^4a causa dj& la, 
ruina de ningún bpii^biK^f ^y qu^ 9i?i^P ya i^se-^ 
guirse una consecuei^cia 4aI]^fl;loest;^ 4et)e ^cs^pa* , 
recer el derecho de prppjiedad, cppopjOpueíSlpjse^, 
guramente en este caso.¿ Ija iptei^ípUrjf, yolun- 
> tad de Dios. ¿Diremos .qme.era buen padre el 
que dejase morir de hambre á, u^ hijo, aunqiiie 
alimentase á todos los demás? Dips es padre; de; 
todos ^ hoipbresy padre ^&Li¡Ujqn(e)^te bue^py^ 
benéfico, y no es su voluntad que uo hijo ^- 
yo perezca de nece$idad, mientras J(m^^eMe;.á>lc^ 
demás suficientemente, y á miichos cpa reg^lo^ 
Pudiera muy bien hacer que á nadip le .fallase, 
\o necesario, sin que se lo diesen los deo^f^s^ ppr 
ro su Divina providenciaticne establecido ui> plan 
formado en los consejos de su infinita sabiduría^ 
en, el cual la diversidad de talentos ep losi.>bomTj 
bres, y las leyes por donde se gobierna toda la p^-r\ 
turaleza, no pueden menos de producir sus efec- 
tos propios, de donde nazca la desigualdad délas 
fortunas, desde la opulencia hasta la miseria mas. 
estrema. Pero es imposible que el autor de toda 
lo que existe se prppusiese un orden de cosas en 
que unas criaturas, suyas estuvieren nadando qn 
la abundancia, y otras debiesen perecer de necesi- 
dad. Quiere, pues, que en la necesidad estrema 



Digitized 



by Google 



85 
tenga el pobre una parle , la parte necesaria para 
no perecer, en los bienes que administra el rico: 
que administra digo, porque estos bienes son de 
Dios, único propietario y sefior absoluto de to- 
dos los bienes. ¿ O quiere el rico que el Señor 
haga cien milagros todos los dias, trastornando las 
reglas por donde se gobierna el universo, para re- 
mediar la necesidad de los pobres, y librar al ri- 
co de la carga de socorrerles? 







Digitized 



by Google 



^mwÉ ^i^mtmsü^ 



OBLIGACIONES RELATIVAS. 



SSOCZOV JPAZMXaA. 



OBlMaOSES RKLATIViS QETEKIfflADAS. 



CAPITULO PRIMERO. 
De la propiedad. 

Supongamos que se posa una bandada de 

Salomas en un campo lleno de trigo. En vez 
e tomar cada una lo que le conviene j ne- 
cesita, noventa y nueve reúnen en un montón 
todos los granos que encuentran « sin reservar 



Digitized 



by Google 



^7 
.{>ar^ sí mas que^ clest^o j \^gfa^s , y guar- 
dan este montón pra una sola /tal vez. »í^ mas 
4ébil jfipeqr de todas; se dc^^^eqi juntc^ ^1 ny)n- 
ton, y le miran mientras que la olr^^qomq¿ de^ 
vota, dispersa y destrviye cuai^tQ qujifrQi Y ¿i un 
pi<^OQ i9fi|s atvevidp,Q mas Í^mbr^/;to.,que Ips 
denlas^ « tQC2| siquiera mi,g¡r^i;)o fíe.^ft^gu^l jaiceryó, 
jtodos los, demás i^ esjchan encima ^e^i) yle haceii 
. pedasOs. iEstraño nos parecería sc^epnte. espectá- 
culo ; y sin ,em})argo, no consideramos que esto 
es lo que se halla establecida entre los hombres. 
Novata y nqeye trabajan y reunai)^ cph muehp 
trabajo upmopton de superfluidades para uno 
so)oy.$in tútjnar para.sí durant» este. tiempo mas 
qiie una pequeña* porción de las provi^pnQs mas 
.groseras, a^ui^que todas son el frutq de su tra^« 
bajOt y aquel en cuyo favor se hace tpdoesto* es 
inuchas veces el mas endeble o el mas malo de 
todos;. yn niño, una mujer, un. imbécil ó.un lo^ 
^o. Todos es¡tÁu mirando trar^quilan^enjle cómo 
se consume ó dilapida el producto de sus afanes, 
Jr^iajguj^ 4^ ellos toma o toca.unq.p9r¿e de 
¿I, Je {^r^den los dornas y, le akofcan por ladrón. 

]"/■ V''V •".' 'CAPirULp IL: y"'',.": "', 

Utilidad de, la instilación de la propi^dfíd. 

. f Se necesitan ventajas bien importantes, para 

.jlisUficar una- institución > que á primeta \iVa 

]^p:ece tan paradx3g¡i^.y tan popo patural.. ^ ,j 



Digitized 



by Google 



8^ I ^^ • 

'güieidlei'' ".' «•''"'. ■';''• '''••'; '"^ ' ■ ' • '' ■•' •■ ■ 

' I. ' ÍÁ "própiÜñaiA auiificúta las produtciones 
a¿ la tiéi^rá.: ' ' " . ^ ' 

La ueri^^lién'díinascóáio él nuestro, pro<}uéc 
poco siipi cüítiVóy y ninguti hombre qi^rría cü|* 
tlvarln,' &i'Tós',dfeícás Habhin'dc teñrer igual' ^ftt4e 
'que él'eá ta p^rodücciónl Lo' mísáió deciriios'tóh 
res[kíctb al cuidado de aúimaleí^ dótiaésticos. lia 
trúta sifvéstre y las bellotas^ lacsRÉa'niotíté&j los 
cptiejos y demás caza menor, el pescado élc^ seriati 
nuestra úhrcá subsistencia eti un pajs en que 
solo pudiésemos contar con las producciones es- 
pbntáne^s d¿ lá tierra. Tampoco seria mucho me- 
jor la ¿ondlcion ác los que habitasen eU' ofrios 
países. ItJüít tribu de salvages en el líórfe de 
Améri¿a, que apenas cuenta trescientos fadmÜres, 
se eslablcée y pa^á hambre eii una éstensioñ de 
país', que en Eurbjpa y con el cuhivo europeo, 
baslhrlá para mantener otros tantos miles de per- 
sonas. ■• ' '*' '•' '. , '< 1 . . f>: 

^ Éu' algunos paises féhilés, en c^yais'dóstás 
abanáá muchb el pescado, y en que no lái nccé^ 
sita el vestido; puede subsistir una población 
considerable sin propiedad territorial. Asi sucede 
en la isla de Otahiti. Pero en puntos menos fa- 
vorables como en ia nueva Zelanda, aanqué es- 
te género de propiedad se encuentra alh' esta- 
blecido de algún modo, los habitantes, 'por falta 
(le orden y seguridad en el establedniieñtó 'de 
las propiedades, se ven rcducidx» con frecueUda 



Digitized 



by Google 



89 
^'devorarse' «unos: á^olros' por £illai dfer subik- 
tencias.' ' '- '* .• .'•:■•>.*;.> 

' I!. I/i propiedad comérra . las produecioDes 

dtc la tierra hasta su sazón. 

• Se puede formar picio de los efiectos qtú 

Sroduciria la igualdad de derechos sóbrelas pro- 
uccione^ de la tierra por los pocos ejemplos que 
Temos en él día. Ua guindo en la órilU/ de un 
camino I un nogal en un bosque» la .yerba de 
un psto comunal , raras veces son. de alguna 
utilidad para nadie, porqué tiunca se puede es- 
perar coger el fruto madura Si se senJ^rasc tri- 
go, jamás Uegaria á sü sazón ;í os corderos y los 
temeros jamás llegárian á ser carneros 4 bueyes, 
pofque d primero que los encontrasen pensaría 
que era mejor tomarlos pai'a si, según esttfbtin, 

que dejarlos para otro. - I . ; . - - 

lil. La propiedad evita IsMs dispertas. ^ . 
La guerra y la destrucción ^ la coofosioÁíy 
el tuobulta, serían inevitables y nd tendrían fin, 
porque no habría bacante para tpdos| W'una 
regla para terminar las diseúsioács. ' !. /• > ^ 
- lY; También perfiécbiona las combdidadesde 

•la vida. "' > .-• . '.'■ V '. • •■' -".ílí :J ;í,r-. 

Ló que sucede de dos mantrpts:' 1^^ prbpor- 
Clonando i los hombres losí medioS' die idividirse 
en profesiones distintas; lo cual es itatposible, ai 
el hombre ño puede caoíibiar los produtíos de su 
arte, por los productos, que le faltan,, de otrbs 
arrtes^; y es clara que el cambib supone la propie- 
dad.^ 'n^yor múp^iero de las vehAa)as queUQVSa 



Digitized 



by Google 



90 
un estado cvüUisAq i vn estado sal vage, se^jde- 
riva de este origen. Guando un hombre se vépre»- 
cisado ¿ser su propio sastre, su carpintero; su 
cocinero, su cazador, su pescador, y á fabricar ^ 
habitación, no es de presumir que llegue" á ser 
muy hábil en ninguno de bstos oficios. Aá^^ 
hay cosa mas grosera que las I^bitaciones, mué- 
bles^ vestidos, é instrumentds dé los salvages, 
á pesar de haber empleado muchísimo tiempo en 
fabríoirlbs. 

' I{? lia propiedad anima taínbien aquellas ar- 
les que^oporcionan las comodidades de la vida, 
apropiaiido al artista el beneficio de sus descu- 
brinriéiitos, y de la perfección que les ha dado: 
sin esta apropiación jamás podrian ejercitarse los 
talentos con utilidad. 

Por todas estas razones podemos asegurar que 
los mas polines y ios Hílenos provistos en aquellos 
pafisds^to'que reinan lá propiedad y sus conse- 
(Oo^nciaSvSé hallan, con respecto á su alimento, 
^vestido y alojamiento, y á todo lo que se Uaoia 
necesidades de la vida i en mejor situación^ que 
liingu^ó^de lós^(^ habitan jaquéllas tierras^ en 
que la mayor parte de las cosas están en ccfmuií. 
'^ ; liai bblanza,' f)^<^^ se Inclina, bien considerado 
'todb/dn 'ikveüT^de: k propiedad, don un, esceso 
consiüerable íy ihanífiesto. * • ,: 

; : lia deeSgoaldad denlas propiedades eiáL el grk- 
do^^eu'que: lá vemos en casi todos Ids paisea de 
Eforo^^/es un mal si se lá considera eaab^traeto. 
Ferio ^ un nofal en parte que procede derlas! ttgbs 



Digitized 



by Google 



91 
.^l^fi h jQ^^pisition y KIuredisposicioQ déla pro- 
<|^efjbd, j|^*i;a^l^ spn conyenientes, porque incitan 
á los hombres á la industria , y á esia la hacen 
c^lí^a; ^7 luctuosa. Si exUie algia da grande des*- 
Igjo^lcb^») 'qn^^o tenga este origen^ debe cwre- 
^|c^ ]^ C3|usa de donde proceda, 

'ii,, CAPITULO lU. 

: JB!n .9»^' se funda ti derecho de propiedad. 

Habkinios aqui de la propiedld terríloríal, j 
4)sdtfiqil esplicar el origen dd ^áa propiedad d^ 
un modo conforme á la luz natural^ Porque in- 
dadablemente ía tierra estaba al principio en co* 
mun; y se trata de saber cómo baya podido qui* 
V farse á la sociedad una porción determinacQi, y 
apropiarse al primer poseedor de tal manera^ que 
tenga sobre eU^ paas derecho que los otiros; ó lo 
qfxe es mas tod^ivia^.que tenga el derecho de es- 
duir de cUa á todps Jos dema^ 

Los n^oraUst^s ^n . dado ¡diferentes espliea- 
ciones sobre est^ punl^v.y ^o esta divek'sidad 
€Sf acaso, ^uia pi<u^lKi:4e::qUie ninguna; de ellas 
^tis&ce.'- • •,) ,01 ' -..' ^ ■ " , 

Oic^n unos qu($,4iiwad^ lp$ hombre^ deyiron 

'á ün iadiv;idu9 !s^podt^aV-$Q de una< porción de 

, terreno I aba)9dW94Qti «ti derecho á atjublhifior- 

jsiQli por^un conf6pMaiien.to tácito. Gobio lel loi^ 

rHnp peiT^en^qa; i^ todos (Coleciivamenté ,j f : ab«ÍF- 

doyM^fNOi $n 4erfC^;a) fmmmo que ocvtpó^aqn^l 



Digitized 



by Google 



98 

tóf reno; llégd^ ser una jpropiedad^yá ,- ^ wUSAt 
en lo suciesivó tnv6 dctechd^rá^iíirttó¿iai;fe ¿^ 
«u pbseision. ' -^ '[ ♦ 

Ija dificultad de esta áplicádóti i(k)nsjis(te'eíi 
que jamás se puede cóncluii* que el Wllffí es cSa- 
sentír, cuando «1 que lia de conséritir^ no tiétte 
conocimiento alguno del objeto; y seguramente 
todos los hombfres debfón haber estado en este 
caso, escepto los que estuviesen próximos al sitio 
en qoe^sc^ adquiriese' ía propiedad : y sup0nér' que 
el terreno pertenecia á los hombres de las iome- 
diáciiraíeis? '^ -^etíátoís tenian facultad para dar 
*iu pósesíoti! á quién quisiesen , es suponer q'tic 
estaba' ^y^' hecha una partición de tierras; y de 
consiguiente resuelta ya la ttíéstion; 
" : Otro ajator dice,'qüe los ttiiembros y él tra- 
bajo destín hombre fe pertenecen escltisiyamen- 
te; que tirftiVándo Una poifcibñ ide tierra confun- 
de de llh modo ináe|>aráble sü trabajo con ella; 
-y qúe^pbr lo*iÁísíi5b^ llegíi:'á^'éc> desdé* entonces 
esclasivamente sityá', püékrqlüíé'itó sé: lé piiéde 
quitar' sin priveítle al mi^ffií¿ fl^i¿p5 de üi[iá cosa 
ique le pertenece^ ^dsduisá^íittíérftfe: ' ^^ 
^ ' 1?alr^ 1$ sóltói{rti Aeí'íiilMáke. Eisffe racK)c¡nb 
parece efectivamente exacto, cuando el Vátór'del 
Mffafa^jo guarda mucha' ^^^ó^tdu cS5ti»éV valor de 
fe cosa, yf maá auk M»ddó i^dd^^íu^b^y tbdo'el 
^alpr deila tod {íroéede dtáHt^^djó tbiámo. A^i 
Aw tÁtBí y la pesda , áúñqué' éitStt etí cümun; cuiín- 
-áo^fastáfln libres en los tíiontes- * en las aguas, Ite- 
l^prái«pv >en uti iñ^nte j^opidlad de quien Ías 



Digitized 



by Google 



93 

IIP9S ivalor^qiae jc^^pda :^ ,l^lla4)ai, ew lü^oriád ; y 
est&.j^iuQento dq)Val(^r^^^a.ff^.,H^fípai4 yíwr-. 

te,aii9^propífs4^4 d^/q(za4cHr ^^elpescádor, pues- 
taqoQ es el.f^pd^^tq.clf) Wítr^^jQp^saíiaJ^Por 
UiJ^úsaKkr^u>n U;.iod4^c^.ó [§1 .hierro íu>overi¡^. 
dos en utensilios, llegan á ser nna propiedad /del; 
ob«ei:oi,.porqi]je cJ yalofsde ^ jí:^ta ^scede. w íau- 
dip 9(1 denlos. mat^rial^ l^Qr , un prinfipio;iguaK 
v^qa poircfpo, de, tierra coipun. (^^e lin. hombrel. 
desfsaaj^s^9 allanase» culúyas^ y sembrase para* 
qu€( pfddnjese tr^o; le, pei::tene€eria coa bastan- 
te jostida. ]?ero es muy di^U qi^e esta esfplio^fion^ 
del modo con que ba sido africada minchas yecés»; 
ju^tifiqíye If^ toma de posesión de una grande es-, 
tf*nsion de territorio^ plantando eta él. una ban* 
dera^ grabando una inscripcipn, y baciepdo una 
publicación á las aves, y á las bestias montaraces, 
opaio lo. bacen los nayegantes en las islas que* 
descubren d^ nuevo; ó colocando nnr^^o en 
ua campOf acotando este, batiendo en .el ub for 
so^ ó plantando una haya. Nir^^n.e} b^bo de 
descuajar, cultivar y benefician un capipo; puede 
dar al primer ocupante un derecho, de' poseerle* 
perpetuamente» si hace mucho tiempo que cesó 
el cultivo y sus efectos. 

Q^ra esplicacion del derecho de pfppiedad,» 
que yo creo mucho mas acertada, es \^ siguiente, 
"^na vez que Dios ha preparado estas, cosas parai 
eli^sp de todos» ha dado en cofisecuenda á cada; 



Digitized 



by Google 



94 
uno él pérmido^ foimr'dé;é)^'to'^«^^)ifeceiSl^? 
En Tirlttá^de e^íé^'pérniísó j^tteSé tlh'hóáilM^ 
aprdpiiarse lo queneSt^sité^tá su tiád;'sin jíe3ir' 
ni aguardar e) cónseíriktiieáto de los demás; .diíl^ 
mismo tnodo qué eh íÉitl conVitef cimíé yb^béBa--* 
da con'i^idadó lo i^e rieecsitá y' íéi^c^ , síü' 'peí^^ 
dir, y sin esperar d Coriseátita^ieátó dé ld§ deiilas' 
conTÍ(k^. . ^' ' 

Pero este raciocinio nó justifica' la propiédb^l 
sino eii ia parte que el bóioíibré necesita, ó ^á tb^^ 
do inááv respecto dé uña pro^iáion sufidiétüéd^ 
los o}>jétos naturalmente necesarios • páfrá ^Svir.' 
Porque* ed él contite dé que hemo^ hablado (áiíh' 
suponiendo exacta en todas sus pattés'lá cortípar- 
patioii), bien que cada convidado pueda sénta1^-' 
se á la údésa, y comer lo que guste sin oti*ó per^í 
miso quie el del qué ha dado el convite, y siri' 
otra prueba dé este permiso que la iuvitacipn' 
general; sin embargo, no puede llenar süi boli- 
llos ó su saco, ó llevar a ^ü casa una cantidad 
considerable de comestibles para guardarlos^ pro* 
digarlosj darlos á los perros, ó convertirlos éáf 
superfluidades inútiles, especialmente, si con* e$- 
ta conducta perjudica á los cíohvidados del otro 
estremo de la mesa. 

Tales son las espKcadónes dadasi por los me- 
jores autores que han escrito sobre e$(a iiiátéiía/ 
Pero atm cuando no se les pudiera opóñér nin- 
guna objeción, temo que ninguna de ellas basté' 
para autorizar nuestras pretensiones actuales % la 
propiedad'de las tierras , n)jent|*as no se pruebe 



Digitized 



by Google 



95 
]ki^)r mq avestms Mcnes fueron Tealmente ad^ 
qiimdjp^al príneipío de alguno de lo» modos 
que* so ponen semejantes esplicaciones; y que des- 
pués i- cada transmisión, se ha guardado ystric— 
lameofe la jiisticia; porque si falta un solo ani-** 
lio de- esta ^cadena, son nulos todos los títulos ^ 
subsiguientes; ^ ,. .....;: . . r 

'£1 fundamento verdadero d^ este deretlio 
son las leyes de cada pais.- ' . . < 

^ ' La mcencion de la Divinidad: es quélas pro- 
ducxáones de la tierra se apliquen á las necesi-- 
dades del hombre; esta.iutedelon no puede cum-- 
plirse sin que se ésta^zca la pr€{>ied<i<}'; lluego 
es conforme á la voluntad de Dios el. esfablécir^^ 
miento de la propiedad^ La tierí^a no: puede di-, 
vidirse en propiedades distintas, sin conceder á> 
la ley del pais el poder para arreglar esta áivut 
sion , luego es conforme á la niismá voluntad de' 
Dios que esta división sea arreglada, por' Ja ley; 
De consiguiente es conforme á la'^luntad de> 
Dios, ó lo que es lo hiismo, es ajusto que yo po-»*^ 
sea la porción que este ¡arreglo me. designaJ \.\ 

Cualquiera giro que deis para llegar* pd^ 
medio del discurso alorí)en,de< éste derecho, es 
necesario que vengáis á parar á la voluntad de# 
Dios ^ el camiiio , puies ^ ibas / corto ; y i mas= dere*^; 
cho es el mejor. , ' • "#' ' • 

De* aquí nace que el derecho que yo tengo^ 
en mis bienes 190 depende d)éLmodo ó de la jus- 
ticia de la primera adqtiisictoh, ni de la juáida' 
de los cambios- subsiguientes entre los propieta- 



Digitized 



by Google 



96 
riós. BstoB •bienes na isonifloénefiíJisMi pi»p¡e|Mli 
mía, m bty razón para qne^fineidjsjiut^rpor^ 
que se^^ipoderarón dé el los ^ aÍ[ priudpio algvna^^ 
natur^es' de este pais, que fueron : iná& ;£aQrl«é( 
qiie..sus vedaos; 6 porque Ips.indíjepii :ftter0Oi 
despojados por un carta jiaés» d cartaí¡aés!>po^; 
un romano, este por un godo, el godo^íp^ ,¿0 
árabe:, j este por otro español; :ó porque dichos 
bienes fueron tomados sin ninguha aphridncia 
de derecho ni razoh por algún aventererof es- 
tránjero^ det'coa) ^ df^spues de itnuéhos fraudes y 
violencias, l^an venidopór último haátk'mí. 

.Tam|[>oco depende el ^j^^ho del propietario 
de la íttiltdiíd dé la ky que lo dá. Sucede algu-^^ 
náí veces que las fincasiñtuadasá la orilla izquier- 
da de un. arroyo, pertenecen al primo)énito dc/ 
uña familia,, y las que están cu la; derecha i todos 
los hijos por iguales partes, según ^ladifei^enciá 
de gobierno del pais á ique corresponden una y- 
otra brilla. El derecho dé los reclamantes con ar*: 
reglo á estas dos^leyes, es'el m^ismo^ auhque la; 
utilidad de dos reglas tan opuestas debe^ bien 
diferente.' -'{ r'-.]- ,-. ..* <..'/:•-•' 

Los principios que hedios establecido sobre 
este punttí, conducen .á una^ condusion^de queies 
fáoU abusar. Gtímo el dececbof^e). propiedad d¿M 
pende de la ley d^ pais, parece que (secsi^uequé > 
un hombre tiene (derecho) para lomarupguatdar 
todo lo quele peraiil» ti ley del paisj$;y ésib. ci». 
muchos casos autorisaária las trampas .mai criml- \ 
nales. St un! acreedor; se. ha de6Cuidado>cierteí. 



Digitized 



by Google 



91 
Wliaa&ró de afios en rec^^^r e( pago de su crér 
d^y el deudor puede reoísar pagarle: peri\ 
^ jtt6lQ $u proceder cuando e^lá persuadido de 
la realidad de k deuda? Si un joven que no ha 
ll^do á )a edad competente verifica una venia» 
puede analatla después , fundándose en su menor 
edad; pero, ¿es honesto este pretesto, cnando la 
venta es oríjtnariamente y bajo todos aspectos jus- 
ta? Hay que distinguir en este caiso, Nosotros re- 
conocemos que es Ja ley la que dehe disponer 
acerca de h propiedad, Siepipre, pues, que no» 
atengamos al objeto é ínten^^ion de la ley, estia 
ley nos justi^ca, tanto infero c(m$pitn(i<e , como 
in f^ijí kunmnOy cualquiera que sea por otra 
parte la jtisticia 6 uli|¡d$id de la mi^nqia ley. Pero 
cuando torcernos en nuestro provecho un artí- 
culo 6 egresión de la ley, dirijido hacia otro obí* 
jeto, entonces aleganios en justi^cacion de nues- 
tra conducta, no la intención de la ley sino. sus 
palabras, Alegamos la /e/ra que nada puede sig- 
nificar , porque las palabras ^iu signi^cíon ó sin 
imedeion, no tienen fuerza en justicia; mucho 
menos toteadas en tin sentido contrario á la in- 
ta^^iou d al designio del que las ha escrito ó 
proim'nciado. Apliquemos esta distinción á los 
é|^nsrplos que acabaujos de proponer. Para ga- 
rantir á lo^ hombres contra la demanda de ¡una 
deuda muy antigua, cuya carta de pag^ no es 
probable qi:ve cwiserven, feja la ley eñ cierloí gé- 
nero de tconttalí» urí lieaipo deterixiinadt]^ pasa- 
db i¿k rualf ya no letL proi^je) ó no presta ya &¡k^ 



Digitized 



by Google 



feérza para h cobéstw^^d eré^hoSi «i(b hombve 
jignora. 6 duda de la justicia de la petición , qub 
sé }e hace; puede, en conciencia recurrir á .esia 
iimitacion; porque entonces ¿i^/iVa la ley al ob-i^ 
jelúé ijm esta se dirije. Pero cuando se niega á 
-pagar una deuda de cuya realidad está couvecb^ 
cidó, no puede, como ei^ el caso anterior, fun- . 
ciarse en la intención del artículo, y en la supre-p* 
roa autoridad de la ley; para lo cual seria nece- 
sario probar, que la intención de la ley era in-^ 
«terponer su autoridad suprema^ p¿ira librar á los 
hombres aun de aquellas deudas cuya existencia 
y justicia conocen con evidencia. Del mismo mo- 
do para garantir á los jóvenes de los engaños y 
mala fe á que los espone su inespericncia, y pa- 
ra evitar otros males de mucha gravedad, la ley 
no reconoce en el caso arriba espueSto, y en otros 
varios, obligación de parte del menor, y del hi- 
jo de familia, de cumplir el contrato que celebra-;- 
ron. De consiguiente si un joven conoce que ha 
«do engañado , puede con justicia prevalerse de 
eu falta de edad para evitar los efectos del eogar 
ño. Pero si se prevale de este privilejto para.recurr 
sar una obligación justa ó un contrato equitalir 
yo, estiende el privilejio á casos que no éati?a«i en 
la intención misma de la ley , y e^ ciuyo fat^rcjo 
existe realmente semejante priviléjip, según la jti^ 
ticia natural • *;> 

Como la propiedad es el objeto principal so^ 
bre que se ejerce la justicia; ó los deberes relatí-t 
90S determinados^ hemos espuesto desde luego lo 



Digitized 



by Google 



I 99 
qpift*teiitfmi4$ qpfs úeár ^eeifa ^ es^ punta E^ 
p!Úigi4tx»ipQ$ iwga e^Qs misinos deberes con e\ mer 
|Dr pr4ea.que podaiaqis; pero antes hablaremos 
del 4^irecho de ja gnerra, que aunque corres- 
|iqnde á la .fiilosofút. política, tiene, bajo c] aspecto 
joporali bfist^te conexión. cpn la materia que var 
jqpo^ tratando; nóbaj en general otra diferencia 
l^DQ.que bajita aqui bemos considerado el derer 
chpefij^.itidividap é individuo, y abora vamos 
ÍL fxiñ^iden^lQ eptre nacipa j nación, ^ 

CAPITüU)lY. 

IkrechQ d¿ la guerra» 

A] aplicar Ips prlpcipios de la. moral á los pp^ 

rio$ de Jas naqipnes, se f ropie^a cop la dificultad 
que i<a^[un4s. veces la consecuencia particuja|r 
Jiprei^p<a,al parecer, mayor interés é importancia 
aqueta regl0,geaeraU^ En esto consiste única píen- 
le ladístincion que bay entre los estados indepep^ 
dimites,; y los individuos x]ue también, lo son* £a 
laji. relaciones, que median entre particulares, )af 
-ycfnlajp^ de la violación d^ una ley general jap)á^ 
puedan compenssir, respecto del público, ]a vio- 
j^dfi^de la.iey;. pero se puede dudar si. sucede 
Ip: misoao en ios . intereses de los imperios. fAs% 
tiadíe^ nicgar<,que eu las relaciones ^c la vida pri*? 
i;ada .deben cumplir$e las* promesas, cuandp :sop 
legitímase cualesquiera quesean losioconvenienr 
les.qpcipca^one &u cumplimiento á la una ó 4 



Digitized 



by Google 



100 
la otra parte; jiofqiíe tó cVÍáéiWe ^a^'ldfid'^ 
^e reflexione sobreesté jmtítb; ^lüe ki feH¿iéád 
^hérál sé inietesa ítíás ett lá cónseiitdcióii tlciá 
Wglá, tmecn lá álttiintictoti'áe los indifiVéríieh- 
Ifcs l^arlicüíáírtes. Pteto sS'l'a fiáéiidaÁ^éii ^tiarrláF 
üo trátadd redujese á tddo nn |)üéMóála ésé\fi^ 
Vittid; cerrase los mires, los ñiM dios poertéój^ 
dds^í)la^e las ciudades; cóndeíiasé 'líit^ paU* fértil 
it convertirse én i>n erial", ó bien le Ititércé^tá^ 
tbdos los medios de subsistir; 6 le pírí^^iJé lak 
ventajas comerciales que pudieran proporcionarle 
su clima, sus producciones jr ^situación: la mag- 
nitud del mal particular nos conduce á poner en 
cuestión la obligación de k regla general. La filo- 
sofía moral no resuelve terminantemente esta 
(duda; porque no puede a^e^urar t^tíe hhyá una 
íregla general tan rígida , q^e^járías síe "^sié 'i 
hfnguna escepcion ; pero poi* dirá- parlé nó píie^fé 
determinar antícipadatnenlte éstáá ésciípribnes. Sé^ 
]gun ella; la obligación de una léjr cualquiei^i^ 
ironoee, en úhímó resultado, por su utilidad; f 
tomó está utilidad tiene utt valor litiiítádo féih 
^iñrmiriado, sé j^üeden fingit* y atin balkír ¿ítu*^ 
tidnes, en que la fenorrtiidad del ric^ilpatficMX^ 
prcíjpóhdereálá tendencia generdhpíéro la láfeftíi 
filosofía llama t^üibién la ateúfcióü dét IthoMflálií 
hacia la inipor rancia suprenja de laá i*cglírsí gínl!^ 
l4lés, dé lá jüslltíá, y.st*bí*étod(y,de-lá fl^ 
flé lafá pfer'áónys y dé las accíori<*; y^fidé el peti¿ 
^fd ¿¡tíé hay eh (íóncedér á! qué pá*btc d'^feffe»^ 
Att (fe Coíbpártr la coiisecueíiciá^^^feíar^fe<>n''ht 



Digitized 



by Google 



f^g^iikP)^jiftcTft^}tpro^ miqrm*^ todavía de coa-:. 

lOt^u^Sesiva.' Si: Ws^raiUdo^ |pr . ejemplo « no* soa 
^ígtf«íti(9t wO!^il;!íti4o ^^jfeotajoso^, 6 cuan- 
()orjboda?i|i i)<i|ÍMiti'Uegado bfisla ^erto puato log 
IMtfBymií^te»' 4« iqu^nf^ítlois ,(lo que graduaría 
^{.^itíp,:.k$ :di^8 JbÍQa el ¿«f^iqúeoto dd.qiie se 
q)lV«i|^); .6 » «na opiaÍQi^ ^mp esla,aulor¡zada 
3^si,cgn/ik^«Qosi^a>plaK^) llegase á ser gene- 
c^ioMiiiKi admt(ídiai« fiQ.h^y medio ninguno, ó por 
nll^j^if dbbtf»)S€^yai;i^,p^.fa siempre el único me- 
^ qm^.h^ij^áüj^^^t: 4 determinar los males de 
l4igmrm4»Jlidf^4vf)9irp:haf:er cesar la desiruccioii 
df)- Jo^hOfüferee^ ^ dfK^aios que sea esle el mak* 
fi>p?.^ todos li^s.^ale^t y. que no pueda compen- 
asi|:se\con\BÍt)g|]>pa vem^ja; pero si aseguramos 
qiije .una, pérdida que afecta á lodoslos hombre$^ 
díficihvlueüte «^ r/sparará, en cuanto á la felicidad 
Comtíu 'de 1^ jespQGÍe hiimauafcon las ventajas db 
una $Qla ^naciou, que por considerable que sea 
comprada con otratcs ^ie^ipre bien poca cosa, 
•i.fle Ja compara con la totalidad de los bonoH- 
Iv^f Pücs estos son los principios en que debe- 
mos fundar el cálculo; y basta baber observado 
la eau^a de donde proceden algtinas veces núes-* 
tras dudas, cu^indo es necesaríoaplicar las reglan 
de probidad personal, á la cpud^^^^ de la^nar 
dones. , 

Cuando se trata de individuos^ es imposib)^ 
detei^fuinar cada oblig^cijoa de por sí, refiri^'r 
lióla inoH^ialaoieaH; á ^ utUidad púbüf^Y no 



Digitized 



by Google 



Sáh * pot*qtié esia ^f^eSiéloii tíi 'e(»OEkmnetíi& iMjf 
féinbta para ^lié ^tiecte dfrigir la cómieticm i élM 
también porqaé sé tlfpccert uiía tnuhíftrd de^cá^ 
sos, en que la it^ta^cjue sé sigue es tndiftt«tí«e( 
aunque siempre ék íric^pensáble <}M iia]fe¿'ilM( 
y asi en caria sociedad hay paríe mi individtlútf 
reglas pasitiva^, <^e xito ves¿ ektab)éci(ia9 MíegaW 
á ser tan obligatorias tditío; lo& gandes pi'iMif^ 
píos de la topral náiitt^h püefc lo mfñsoio se vé-í 
tífica entre las nacidncs d ^oéíedádés indépeifr* 
dientes. Ademas de la^mátxiúiad^'effnidladtitlfiu 
Versal que son comunes á loá( fndiv¡d;ttcís'yíi iéb 
estados, y que deben reblar» teÜ'(K«tótíiotti^,fett»^ 
dó pueden tener ápltcadotí, ^¿{i^ tátfibibn ietl^ 
Ire los soberanos un stetema *dó"jiiriáptñnfemfÍ4 
artificial, conocido con el nombre de kydgtM 
naciones. En esté código se hallan las reglas qttft 
determinan los derechos sobre pai^s deshtíbtlfá^ 
dos, ó nuevamente descubiertos, las rdati^aét á 
la proiieccion de los trásfugas, á los privitegiM 
de los embajadores, alas condiciones y debereí 
de la tíeütralidá<), á las inmuílidadé^ de Ids buM 
t|úes, puertos y costas neutrales^ á la distandtt 
de* Ia*costa hasta donde diíbe enteñd^se- esta itl^ 
intínidad, á lá distinción entre mercaderías -libreé 
y mercádeHas prohibidas, y á un gran ndmerd 
dfeobjeto^ de la misma clase. Con respecto á to^ 
dos estos artículos, y aun á la mayor parte d^ 
los qué abraca Ío que se llama deneño dt gm-^ 
it^; se puede observar que las regías derivan sa 
fuerza mocal {es decir , la átebeion cotí que debe 



Digitized 



by Google 



♦03 
flripQtlaV h toficieocia de ' lo» solnranos), tío ^ 
üitjniíticia intrínseca^ porqué machas son etite-^ 
T^anrieÁte arbitrarias; ni de la autoridad que há 
estableció, porque mucbas han prevalecido úni-^ 
caoiente por el uso^ sin ningún contrato pübl¡c¿( 
y aun sin origen; conocido; sino simplemente dé 
que se hallan establecidas, y de que es un debe? 
general conformarse con las reglas establecida* 
-en cuestiones y entre partes en que solamente 
ios regíamentos positivos pueden prevenir la^ 
disputas, que siempre tienen fatales consecuencia 
tÍBÁ4 Para aclarar esta observación, podemos ser*^ 
^itnos del primer ejemplo que hemos citado ar^ 
rSia. Las naciones de Europa : miran la soberanía 
de las tierras nuevamcnie descubiertas, como prd^' 
pia del príncipe ó del estado cuyos subditos las 
faan descubjerro; y en consecuencia de esta regla» 
los naV€^autcs que desembarcan en una playa 
desconocida, acostumbran á tomar posesión dd 
pais levantando áu escudo, ó desplegando su ban* 
dera en la costa desierta. Pues bien, no hay cosa 
mas imaginaria, ni menos fundada en la razón J 
la justicia, que el derecho que puede proccdor 
de scipejante descubierta , de un desembarca 
momenlánco, y de la vana ceremonia que lé 
^compafia. Tampoco existe ningún contrato, pot 
el cual se hayan sometido todos los demás hom* 
bres á semejante pretensión. Y sin embargo^ 
cuando reflexionamos que los derechos sobré 
pnises nuevamente descubiertos, no pueden arre^ 
glaifse catre bs diferentes naciones qu« ]os fre^ 



Digitized 



by Google 



104 
cnentun im um rogla {k>sMÍ¥a y cMofcUU; qiM 
lates derechos, si quedaseo indecisos, llesatiaa 
iikét. üü iháoariüaí de disj^uias las oías mi^im 
y tuinosasi que la réglá Va estábíetida tkii^ wia 
dé las pi^inciples cilaTiciildes de toda regla, á sa* 
he\^¡, la {precisión y la ceri^; y sobre todo, que 
estS^feboiiocidá, y qué nadie lidié fecüliad pam 
substUuir büra en su lU^r, áilnqUe pudiera en^ 
contraria hiepfMiuaildo rcflejcionemos sobre lor 
das estás propiedades de la regla \ 6 mas bien som- 
bre las conscctlencias que resultarían de sü abenf-f 
dono> nos Védnós préci;^dos á tonte¿erle la misr 
xnia obligación aciívá^ y la misma autot*ídad que 
á un principio de justicia natural, porq&e bdUá* 
inos en ella todais las scfiales jp5r donde se conoK 
ce la justicia misma , esto es, la importancia y la 
.\itilidad pública* El príntipe qué quisiese des* 
cebar la regla, por no haber sido establecida con 
^ regularidad, ó porque \ú justicia no presidió á 
£u formación, y que con estas disputas turbas^ 
)a tranquilidad de los pueblos, y sembrase el jér-* 
mjen de futuras guerras, no seria menos culpable 
que el que turba la paz publica violando los em*- 
fienos que él mismo ha contraído, ó atairando los 
derechos de una nación que se fundan inmedia** 
tammte en la ley natural y en los priujecos («rin- 
cipios de la equidad. La misma observación se 
jpuede hacer respectó, de las reglas que lajey de 
las naciones prescribe para los demás casos de 
^ue hemos hablado, Á saber« que la oscuridad de 
-«u orijcn y^ la arbitrariedad que se advierte en 



Djgitized 



by Google 



m 

«QSfttta ffma se' Its (Mmt^ «na vetque «al^Q €»» 

t»blécídá3.- ' ■ ■ ^- . ' * ■ . •:.< 

Tenmido plieaenle .esta dodrim ciiifil osmito 
4ela giterca^ hay 4|áe oensiderar^a eUnj^yissMii»- 
sas-y) d imdé de hmctíñlm - f ' ^ >! 

•>« L :* Iiliscausas qné JustíficanM giUnrh soo 1m 
MifiQesaS'pi'QiiiedilailaB coaíha los d€irccho& deíuin 
aaeíbn , y h tteefesidái 6e apumttfoéit; toire nadcA^ 
n^vecuias vea büaoit. tal ^.porl^,?t}fie.nin[«* 

ríiii«itado;parlw4iJart aS nirtgmiii confiÁleracioii 
tetados to^ bástante Sntrzá para atisorveisc 
4 lo^' «epates. lios <QA>)eko6 de imaiguarra josia 
iim. la *pMjíai»EÍatí I la d^eíDsa y lá réparacian* Bfc 
«B «fiHido lalo toda goem es .iefmsiva^ pom 
igue toda, glierra justa sápokié ún atavio heclMt 
que ha ptíocipiaído á hacerse^ ó queae leoieqtta 
fe haga. 

Las cansáa losufiíci^ntes de la.^erra, 6 loa 
0iol¡FOft que^o hjuslifican^ $ob laa alianaas da 
faottlía» las afectipoes ó difetendas personales de 
lQ3.prtné¡pes, las disensiones íntestitias que hay 
en d seno de olraa bactones^ la e&tem!on del \oé^ 
rkorio ó del comercio, las desgracias 6 debilidad 
accidental de una nación rival ó vecina* 

Dos consejos se pueden dar á los príncipes» 
que si se adoptasen, secarían el manantial de m- 
finitas gfierras, y enlibiarian esa ambictoa iil- 
qu^a, que subleva sin cesar la aaitad del^n^ 
fo humano contra la otra mitad^Elpriaieroes^ 
fi^iic hagan consbur suglorb yisaf^mulacion^np 



Digitized 



by Google 



• cu poseer 'mayor esténsion'de temíorio, sítib 
■ en proporcionar la nía) or folicidad que puedan 
»it lui hahilaLüeü del paisque gobiernan/* El au- 
mento tic lernlorio por medio de las conqui^laSj 
no j;ota mente no es un motivo para una guert^a 
legi'iima, sino que ni aun es de desear general- 
mente hablando. ?ío es ciertamente de desear 
cuando no añade nada el numero á los goces, 6 
á la ^guridad de los conquistadores. Con adqui- 
rir nuevas provincias ó con subyugar países nue^ 
'vos^ nada adelanta ordinariamente una nación^ 
lino tener una frontera mas csiensa que defen- 
der^ mas pretcnsiones que savtener, mas quefe^ 
Has, mas enemigos, mas rebeliones que sofocar, 
y mayores fuerzas que mantener por mar y tier- 
ra, mas objetos á que atender , j mas ser victos j 
destinos que piigar. Para sacar desemejantes ad- 
quisiciones alguna cosa que pueda recompensar 
los gastos que ocasionan, es necesario abrumar 
con impiieslos al país adquirido, ó establecer en 
él un monopolio, cuyos gastos se llevan ya lá 
mitad ; oprimiéndole para ser mal gobernado, y 
dcsl rayendo su estado primitivo pira mantener 
una débil autoridad sobre un pueblo de descon- 
tentos- ISinguna porción de pais gana en esiei 
cambio; y si el soberano cree babcr adquirido 
mas riquezas ó mas fuerzas, cuando cada paite 
de su imperio se halla mas pobre ó mas débil 
que antes, es verosímil que le engañan las apa- 
riencias, O, si es cierto que la grandeza de uti 
p incipe adquiere mas esplendor cou sus íiaa^- 



Digitized 



by Google 



tida^á üir j^ 610 a{lhdir^ttff&^ hi&Boidwli^ 

tttfrlo^bWti ^jue'semioi 4ÍiMdof «qM fe prodit 
llfittfik áduliM?ii}i^ déte <tr nao •iil)|eitt;¿benenii 
«üil «Iditeés»! r y Bo fbefuWpara el apaeUoVc»^ 
a^ «^ipévroft y tcMitMHhao*<>bleiiidoiilsnfí¿torui^ 
^iMf painel 'f^Kblesabj^ljgad^ r»f c ••- * 
9- ^^^ys-4^ etttorga» dósvaftit eh ^tl»:clL 
«MJiiofi Áe'ierrhbrio pttedé sev /uMjii^eiitvja m1 
imti pbmikM dd« pMtUIcs; Bl prknero Hcamim 
fWa i¿Biffk¥ié restablece pw «sie qiedb W 4taiitcb 
ilMiiimtes que le ^putttti éá ' te¿io del muiído. 
<£1 segiymdd jsís ^sedt» «luhdo dos^ nacíoiit$: 1U> 
Ifiítrc^és sob s^praditmmte y cada iiáade pors^ 
tüem^srad^Yediiddas'ó débiles oónifa^k»» petig^ 
qd&' las rodean / y isolo^ ptteden* €<xitaT cpn s« m^ 
-gü^ad reénieitdo sos foertas^de un-tnodo ppit» 
iiMífíeaté. En el ptitnet caso no habm moti^ 
sHfítienfe para comenzar la jgueira , pevo sí una 
<dea6idh paita bader «in buen uso de la víélonK 
^n el segundo^ la conquista llenaría el objetó de 
rttsA aUánza éde una confederación: reuniiría toi 
dos püdblos) pero mas estrei;bamente y con ttísk 
«fift^bilidad que una asóciai^ion volunMiría. Fueiia 
•de estoí^ dos casos , no veo que la estcnsíon d^ 
'mi imperio, pcrr medio de las conquistas, sea iltü 
'tii aun para Ids conquistadores. *« 

La segunda má^iúKi que se puede im&Bmtt^ 



Digitized 



by Google 



lOft 
áar á los príncipes ^T'^fio sep^irár^kvás d fm-' 
i^nor nncioua) del inieres nacional" JPpr esU:r€* 
gla se xé qué algunas veres se necesita «obtener 
d honor de la nación, para defender stis intere-^ 
íCí, Eb verdad que el valor y actividad de xlu pue- 
blo se sostienen coiiscrFando su dignidad, y qu$ 
bscoricesioneg que revelan un fcmor é debilidad 
csccslva^ aun cuando solo versen sobre puntos 
^c etiqueta, acarrean bien pronto prctcnjiioncB 
y ataques de unn Daturaleza nmcho mas sería, 
fero'nada de esto escluye nuefilra regla: quiere 
^ ^tórnente que cuando un pnnlo de lioiior 6« 
convierte en un objeto de dí.^puta entre los gor 
hiernos, ó vá á presenlar ocasión de una guerríi, 
£C le aprecie relailvainente ¿ la utilidad , y no por 
lo que él es en si mismo, ^'^La dignidad de m 
• corona, el honor de su pabellón, la gloria de 
^>sus armas," cu boca de un soberano son tér- 
minos di ploma ticos y graves, pero sujicrcn ideafi 
¿que no responde ninguna realidarL Será siem- 
pre gloriosa, si se quiere, una conquista , cualr 
quiera que f^ea la justicia de la guerra, ó el pre* 
CIO de la victoria. La iligmdad de un soberano 
no le permitirá M\\ vez abandonar las preícusiones 
que tiene á los homenajes y respetos de un pue- 
blo, par grandes que sean los gastos y sacrificios 
que haya que hacer para sostener los, por injus^ 
to que haya sido su orí jen, por inútil que sea su 
conlinuacion, aun para el misino príncipe que los 
recibe, y por roncho que mortifiquen á los pueblos 
cometidos. La ambición de gloria, cuando po c&- 



Digitized 



by Google 



«9> 

tJT'dii^fbf li {fMeno^^ IK^ é ifer ifin fot 

A baéH* ¿xtidí lié Mi :é«p#e«i9. $<v;la.4}^ieQe.avW 
d{fic«tlui#6s; ,«i ia iii^ilaín \tx pi^í^rc»: oMdft 

3ife ¿^ Ids ojos de lá sa»d polftfc? y 'de la;^rda*t 
era sabiduría son el úv^kio olíjetq é q ve mm»» 
pré débela diHj^t*$e l« glom de lás^ áralas^ ^ el 
esplendor de b- v4cforlá#Ai ,confrarro; ^;ifilefji& 
es un príti^ipió mbder^dti; drltuli los %g9^QS ^ 
hs consecaeoéias ; es 1&OT miriida apt^ de ^eniH 
prender tifnd guerra; se Ámme*cwíném'X(n^^^ 
ne; y si fcslá dírijtd^ por aqaetbs íúásAms ao^ 
Térsales de fUiícn ^ue se apfíean á bs^ tranc^H 
Clones de Id^ésItldQs, lo naidmo que\á bS'dfpjof 
iparficülaHis^ es cd verdadero principio «cjue .do^ 
ben ^egair las naciones ; aUn ncModo traspasé 
hs regláá, t!s loaiidid meñés |peltgro^«|iie.fal 0t»^ 
l^orque es tifos nDiod¿ra¡do« - -» 

II. 'Mo^ - de haeer la ^tterrÁ, SI la caasa «jr 
el fin per (pi^' se bttee la gUM^rra son joaloBt tann 
bien lo son todos los asedios «lecesarfas^^pa^ ha^ 
e«rlaf; £sie ^ e1 pri^^ que p«nde jiMtGBcar 
los tiiiriéiiiás'é^iie ew^Me a)g0«^ yÍM 

h^jewa 4^Ja ^émr por^iie^tn^ el bbcUo de ^^r Ja 
gQferra uiva c^esí/ton )le fae^noá en^re do^ parte^ 
qde- no^ rbcünbcisti saperii^ « y tena Tet que np 
tofifiefH!' en! sv ^anuralezá- la >sqp€«icion« de- un 
«9Mrál|o qtft( IkfiU^ sbs'^efecioat noliíbbe'OStVN» 



Digitized 



by Google 



Wfia la. £íier» foism», ;á sul^éiv M < 4e^t»af dcni 
total jAe)bsiqiieIa;a«pjeafQ« QJb96ryeQQas(t^cp»?>. 
Wrg04»qM lo ilícito de^k.gnerm im> autori^^ olrcift 
•díoé.de^krfencíarsSnolMq]qLíEi son; recesar ji:^ pah 
tá: cmee^TéA fio cMk . que^ se< ha { emprendido^ a| 
9b puede iim^t por pse^é^to i para }«$tj^v- Ikif^ 
kahidadei iM^huitarí^y .como a^uellasj cruf^ldadM 
éiinsttltosiqae ^^ «irveii paraaumeci^^ los^sii^ 
frímiéiilosdel.éneiiiigo^y p9r$ exasperan ^ju^odio^ 
■InAísroiiimrs» podet'^' ni .forK,arl9 á Ja wHii^Kui; 
h maettede Ida prisioneros^ los ultrajas y vejivr 
¿iMiea conque se. les aun^enla» la violación d9 
las roo^ne^^. la profanaron de los templos, Ja de»*^ 
truccio»' dejos, edificios pi^blicos, biblrmeps^ esr; 
láloas., ]^.en geoerai de iodo lo. que np sirve ni 
pal*a«l albquet ni pora Ja. defensa. Todós.dstos c$^ 
eesos'esláirprohibide^,.hosQlppotla pr^fi^iifa de 
las «naciones. civUixadas ^ sino también , por . la . }ej 
patiiríiK parque ^nD.tieiMl^% á ;aefíWr»r el fm|ó4 

Jue se consiga el ob)etO'de.)á.gnerri^» j p9fq^ 
evaa consigo lo que <cs imposible <jjiAsttficait, ni 
ea: la.goerra ni ca h w%t qw soa bs.cr.ueli^aín 
dea esivemas . y arbitraras. . . ; 
ím Ijieiie también: ^Irmódoi de $bacer Ja>|juwi^ 
•tras itetriociCMies^qiie dimaftan^ino iqmediiit^^ 
■ketile.de k leyf natund, ¿m^h^last^^td^hl^ 
g9ihT0\ pero que despnes ^prucíba la i^xq^i como 
queCavorece y ratifica* las le^es mismas de laguer^ 
rm E^tas hacen parief de liis leyes 4^ W. naciones; 
§m wtorifbd se funda en ^elmij^oPi^ prifidpú^q.ue 



Digitized 



by Google 



ti» 

lo ¿efn»i:de> esfe ihS9%<A é'S«^rt| ,4K-«I* h«cfai< 

mimio ele estar eatab!ecidsis»:ooiiaiporiacuéadó * 

ni por qaiéfi; en la e&pe^aoTUt.de que serán qh* 

iervadas niúiuaiiientef porque se b^lUn.esiflíl>)0T 

eidas; y en la utilidad gen^aral que resulta de su ob«f 

aervancia« La obligación de que todos las'oWerve% 

debe ser tanto aiay;or cuanto que si no hablan coii 

todos^ no hablan coa . ninguno. La vicdacioo d4 

la regk solo se puede castigar con la de$trucc90ii 

de ella misma. Bajo este respecto, todo el mal qna 

resulta de la pérdida de ha r^tricciones saluda^. 

bles procedentes de. la regla« debe atribuirse al 

primer agresor. Asi si» concibe )a obligación dt 

abstenerse en la guerra del veneno y del asesinar 

to. Si solo se consulla la ley natural* será difieil 

adrertir ninguna diíerencia entre este medio de 

acabar con un enemigo, j los demás que em<t 

plean sin escriipulo las naciones q:ue están en 

guerra. Si es permitido de todoft modps matar ^al 

ei^migo,; parece Jícita matarle lo mismo por uft 

medio qué. por otro; lo mismo con um .porcicti| 

de reneno que i un goipe.de capada i'por lama* 

no ide. un asesifio, que por ú aiaqúe de. unt 

trapa reglada. Porque, » se dicc> que én U|| 

. caso! se deja «^enemigo la £3ioültad.de; d^ep^eiN* 

sey tendel- oiliro no; se (^uede respcrfi^ qu^iiem^ 

moa ,po^ Jo. meno3 tan to^ di^ecbn para ^cur^a^e ni 

enemigo los medios^^ At defenderse, .o|[pt0(p9J(t 

procurar de^^rüirle. Dé osle modoae podeia dbn 

batir la cuelan, si no hubiera, Qtr!9fttegW>soq». 

bre el particular: pero si observamos que seme« 



Digitized 



by Google 



pkmtíft&liB^^máñ ptoi^j^ftl ^remite pdírtl 

kii^rkiiiejni ve^ C|^e m fñpmsín ea práeiica pró^ 
idiMh^na' ál iiwStant^ repre^lias; que U Ut>ertad 
r^f^rcMrei^é iij^Hos attmentarta por iiiia y otra 
l^rte k d^^gradei xxm so&pe0Íia¿ y ^iéiot^ per^ 
pém^, sin ailfüCfilar las fi|ef%aS| ili facilitar el 
bttefti éxito de la guerra nr per una parre mpor 
étm si se imitaba el éjetii{HO' generajniente; ló 
^tt0 nn dejitria ()e suceder tana ,ycz deliñtitado el 
MUf ItiHefivé» c}ufe Ip concfcéna; se agravarían los 
ItttftlK^ yf calamidades de la guerra , sin ningu* 
1^ 'ventslf^ pai^ ios dos pariidost si se consKlet 
ranidectriios, t<Oi^ estos efe<Msv no podremos 
ixienos 4i^ aprobar el scfithniento de execración 
^eesdfáit en el pttlbHco esos funestos e^[iedien- 
t^^ €pié oedsioi|ari$in á la sociedad a^le$ erior* 
tttes^^ 9Ín provecho y sin tíe<!esiddd, Asi, vemos 
ki fill^ líjue la ley natatal prohibe estas innova^ 
doites como otras temtás tra$gi^Mones de una re« 
l^getteraiv beneficiosa y e^ableoidt, 
- • lÁ í^iilty , ^oes , díe hacer la guerra ácbc 
tfÉMnOeerdosMelaées de límites^ no autcfiriasanm^ 
gima^liostilidad sin^ las que c^id^^ pairad qou^ 
aiguirM» oÍHekti ¿kí la'^uet'ftiv respeta las-ley^ . 
M»i^t^)c(iNí 'ba saiicitiiM^ el uso éé» Iks^ueeio^ 
i^v y^^'sí^odNi'iW raa^ 

t4iAn Idi^laWtdádcs ée la guerra!» siá et^torpe» 
t^' ky$ -offemcioties, úi dlskni>Áuir 'la^ fmttí» y 
3^furii^(dáe>J«is uac^^es beHgera«lesi^ * '^ ^ 



Digitized 



by Google 



CAPITULO V. 
De las promesas. . 

L Cómo nos corwaiceremas de- que esiamos 
obligados á cumjdir las promesas que hacemos^ 

IL En que' senlido se deben interpretar las 
promeéos. 
. IIL En que easos no obligan las promesas. 

L Cómo nos convenceremos de que estamos 
Migados á cumplir las promesas que hacemos* 
Hemos dicho que la obligación es la iippoT 
sibilidad ea ^ue estamos de hacer ú omitir cier-* 
' tas acciones sin fallar al orden, bien el primario^ 
iÑen el secundario, y de consiguiente á la voIuut 
tad de Diol) porque es impo.^ible que Dios deje 
de querer el orden en todas las cosas, Taoibieu 
hemos dicho que lo que Dios quiere resppcto 
del hombre, no puede menos de ser útil al homr' 
hrc, y conveniente para su felicidad; pero que 
debe considerarse la felicidad general de toflos 
los hombres, y no prccisamenle la particular de 
un individuo de la especie humana, pues mu^' 
d»^ veces esta podrá estar en opasicion con k fe- 
licidad general. ¿Y será conforme al orden prir 
oíano el no cumplir lo que hemos prometido? 
imitaremos de est^ modo á nuestro Dios, fider 
l¿»imp en sus promesas? Igualmente s^ria opuesr 
lo al orden secundario, como lo conoceremos cocí 
cv^lencia á poco ()ue reflexionemos sobre la^ 

8 



Digitized 



by Google* 



114 
conseenencias de fimo^nle conducta respecto de 
k felicidad general, que es un medio s^uro^ 
como hemos dicho, de conocer cuándo nuestras 
acciones se acomodan ó no con el orden secun-> 
dario. 

Los hombres, siempfe que obran racional- 
mente, obran por espectacion; es decir, que co- 
mo en este caso no pueden menos de proponerse 
algún fin, desean siempre y esperan conseguir- 
le. Pues bien 9 está espectacion, en las relaciones 
de unos hombres con otros, se funda en las 
seguridades j empeSos que recibimos de parte 
de los demás. Si no pudiéramos contar con estas 
seguridades, seria imposible formar juicio acerca 
de muchos acontecimientos futuros, ni saber co- 
iho arreglsir respecto á ellos nuestra conducta. 
Asi, la confianza en las promesas A esencial en 
las relaciones de la vida: si no se cumplen, (alta- 
rá esta confianza; faltará pues una cosa esencial 
en la vida social, y de consiguiente no podrán 
vivir los hombres en sociedad, ó vivirán muy 
infelizmente: ronquees imposible faltar al ccfm« 
pHmiento de las promesas, sin oponerse á la fe- 
licidad general. 

Tal vez se imaginarán algunos que si se sus* 
pendiese esta obligación, rcsuUarian prccaucio- 
lies generales y una desconfianp mutua, que 
producirian el mismo efecto. Mas si consideran 
cuan precisados nos vemos, á cada momento de 
-nuestra vida, á descansar en la confianza que te» 
tiemoe» en los demás; y cuan imposible úoi es dar 



Digitized 



by Google 



1<5 
un 8oIq pfiso, 6 mas Uep senfarfiar vna vey a^** 
qui^rn, sin esta firme con^fiza, saldr^q \iica 
proqlQ de su error, Yo estoy escri)>icnd(v phora 
may descuidado, j ^guro de que e) (carnicero 
me ipand^llü la ^nie que le he p^ido, que mt 
criado U traerá i que mi cociuerp )a dÍHH>ndri, 
que bailar^ la luesa puesta á la bora de cpfper, y 
que mi griadp me servir^ la comida, Sfi\\ embar- 
go, par?i estar seguro de todas estas ^o^^ uPjen- 
go nías |noti?p que la prom^sfi d^l cprpicerOt y 
el f^npeflo ordinario que hfin cqqtraidp su criado 
y los Olios. Los mismos motivos miUtau respecto 
de las relaciones mas importaute^ de la yida so- 
cial , que respecto de las mas (ami)iares, £n el 
primer C3|^, lutcrvieue fbrmalm^utci la promesa; 
se la vá, digámoslo asi, y se )a copoce; nuestro 
ejemi^p ^^^^^ P^ conocerla m el segundo, cq 
que no es tan clara y mani^stat 

II, En qt^é senfi^g dekin entefidtrse ¡as príH 
fnesaSf 

Cuapdo los tdrmiuos de ^m prpmesa prc^n- 
tan mas de un sentido, debe cumplirse la pro* 
mesa en el sentido, en que el que la ha hecbc^ 
conoce que al tiempo de hacerla la ha compren- 
dido el que la ha recibido, 

£1 que baf% una promesa equivoca no pue- 
de interpretarla en el sentido que quiera, por?- 
que de este modo escitartais espcrapiuis, que di- 
rmis no había sidp vuestro ánioMi escitar, y no 
estaríais obligado i reati^irlas» Aun mcnpsse pue** 
de iuterprclar la proKi^s^ en el sentido que la dá 



Digitized 



byCoogle 



1Í6 
el que Id i^ecibe; por<]ae éntoiieesí os veríais com^ 
prometido coii empeSos, que nutica fue VQesto*o 
ánima cotilraer. Es necesario, puies, qiie sea en 
ri sentido (porque ño' queda otro), en que el qm 
promete cree qué entiende su promesa é) que la 
recibe. 

' Este sentido nunca puede ser diferente tle la 
verdadera intención de! qué promete, cuando 'se 
hace la promesa sin reserva y sin fraude: pero 
hemos dado la regla antecedente, para quitar to* 
dos los medios dé evasión , eu el caso en que el 
sentido ordinario de urva frase, y la signifilcacion 
exacta y gramatical de las palabras no son las 
mismas; y en general en todos los casos en que 
el que promete quiei'e prevalerse, para no cum- 
plir su promesa, dé alguna ambigüedad en las 
espresiones con que la ha hecho. 

Timur prometió á la guarnición de Sebasto 
■que si se entregaba , nó se derramaría ni una go- 
ta de sangre. La guarnición se entregó, y Timúr 
hizo enterrar vivos á todos los que la componían. 
Timur cumplió su promesa en un sentido, eü 
^ue él mismo la había entendido; pero no en el 
sentido en que realmente la había comprendido 
la guarnición de Sobaste, ni en el sentido eri qué 
Timur sabia muy bien que la había entendido 
la guarnición. En este últinfo sentido, sin embar- 
go, estaba obligado Timur á cumplir su prome- 
sa según micstra regla. 

Por la espcisicíon que acabamos de hacer acer» 
ra de iá obligación de la^^ promesas, es evidente 



Digitized 



by Google 



i17 

jqpñ4tspí ^figadon se fund^ co la espectativa que 
nosotros iescilamos á sabiendas j queriendo. De 
consigoienfe, ioda acción > todo modo de cóndu-^ 
cmios'con uo individuo, en quien sabemos qué 
escita inos alguna. espectacion, es lo mismo que 
una promesa ; j produce una estricta obligación^ 
do menos que. las seguridades mas espresas. Si nos 
enbtrgamos por ejemplo, del hi)p de un parien- 
te- iluéstra, y le educamos para una profesión 1 i- 
Jberal'^ 6 quecomicHe únicamente al heredero de 
^Dua'^an fortuna , estamos tan fuertemente obli*. 
liados á colocarle en aquella profesión , ó á de-* 
^le esta fortuna, como si hubiéramos hecho una 
prooaesa firmada de nuestra mano. Del mismo \ 
modo un grande que prpteje á un cliente pobre^ 
mn Secretario de Estado, que distingue y acajricia 
á un hombre, que por su situación necesita una 
protección poderosa, contraen el empeño^ con se- 
mejante conducta, de atenderles. Tal es el fun- 
damento de las promesas fácUas. 

Se puede declarar simplemente la intención 
actual de hacer alguna cosa,; ó bien acompañar 
esta declaración con un empeño de hacerla, lo que 
constituye una promesa completa. En el primer 
caso cumple el hombre con su deber, si ha sido 
sincero, es decir, si realmente tuvo aquella inten-* 
cion cuando lá manifestó, cualesquiera que sean 
después los motivos de variarla, y la prontitud 
con que la varié. En el segundo caso ha perdido 
,1a libertad de variar la intención. Todo esto es 
muy claro; pero se debe observar que la mayor 



Digitized 



by Google 



H8 

l^rle de las'espresioncs, que en sentido riguroao 
nó tonticnen más que una declaración de nuestra 
intengioü á^lüálv nó dejart de cf^ár ál^na espe* 
ranzá , pbt el úíóÁó tm qkíé sóii entendidas ge* 
neráiihcnlé» y iieñéñ póf \o xAí^ího la füerta de 
uña protnesá aÍ)só)ülá; ^a)é$ ton las siguientes^ 
guardo para V. esta plaza ; iéñ^ itíenciún de 
dejaros esta finca en mí testamentó i pt^slb dá'^ 
ros mi voto; quiero sentiros. AúttqUe la inleo^ 
clon, el propósito 6 la voluntad se espresaki ea 
. términos ^e presenté, no podéis, sin emlbAt*gov 
apartaros de ella después *, sin faltar á la oueoá 
fe. Asi, pues, cuándo queráis matiifeslar Vttesirá 
intención presente, y restefváHto, sin ékbliál^la 
libertad de variatrlá, ¿elbeis l)ibitar vuestra espre* 
sion cóñ alguna clátisüla adicional /como tengo 
ánimo áhórá, Islnb mudo de intetttiim,ú(Ársí se** 
mejantc; Por último, tomo no podéis teüer bira 
razón para mániíesbr vuestra inteneióü ,' sind la 
de hacer nacer alguna espet'anica, toda mudanza 
inútil de una intención manifestada, engálía ^em- 
pre á alguno, y por )o mismo siemp^re es ítía^a. 

Tienen muchas personas, en eslo de p^óme* 
ter, cierta debilidad qne les ocasiona Icoh fre* 
cuencia grandes embarazos. ÍPor la confusión, per- 
plejidad y osl^uridad con que se esplican, espe* 
cialmente cuando se ven intimidados y sorprcn-^ 
didos, suscitan algunas vefcés esperanzas, y se 
atraen peticiones en que acaso no han sonado 
jamás. Esta es una falta, menos de integridad^ 
que de presencb de ánima 



Digitized 



by Google 



H9 
UL £n qi$4 coiosno tjiUgan las promesas. 
L Las procMsas no cdiligan cuando no se 
paejíen camplir. 

Pero hay que observar que el que promete 
€8 culpable de fraude, si en el momenlo en que 
bace la promesa » conoce la imposibilidad de cum- 
plirla. Porque cuanclo un bombre bace una pro* 
mesa, afirma por lo menos que cree posible su 
cumplimiento, no pudiendo nadie aceptar , ni 
aun. comprender, una promesa sin esta suposi- 
ción. Pongamos algunos ejemplos de esta clases 
Un ministro proioiete un empleo, que sabe que 
ya está dado, ó que sabe que.no está á su di&<«> 
posición. Un padre, al formar los artículos de 
un contrato matrimonial, promete dejar á su hija 
unos bienes, que sabe que solo deben quedar 
para el heredero varón de la Oatmilia. Un comer-» 
ciante promete una cargazón, ó parte de ella, 
cuando sabe, por un informe secreto, que ha 
perecido en el mar. £1 que hace la promesa , como 
en los ejemplos que acabamos de espo^er, cono^ 
ciendo la imposibilidad de cumplirla, éslá justa- 
mente obligado á dar una compensación: fuera 
de estos casos no está obligado á ello. 

Cuando el misnoo que promete hace nacer 
la imposibilidad , es lo mismo, ni mas ni píenos, 
que si fallara directamente á su palabra, como 
cuando un soldado se mutila, ^ un criado cae 
enfermo porque quiere, para rescindir un empeña 
11. Las promesas no obligan , cuando su cumt- 
plimienlo es ilegitimo^ 



Digitized 



by Google 



190 

Acfui hay átíé casos.- El primero^ chandó'las 
partes saben la ilegitimidad al tiempo de hac^se 
la promesa, como cuando un asesino prottielisiit 
qué se sirve dé él, dat la muerte á su fit^al ó á 
su^enemigo; un criado vender á su amo/dnH 
amigo prestarse á un plan de seducción^ Las par* 
fes, en estos <!:asos,.no están obligadas á xrumplit 
la promesa ^ porque ténian anteriormente cbliga^ 
cion de hacer lo totUrário. 

£1 segundo caso es cuando la ilegitimidad no 
exi&tia' ó se ignoraba al tiempo de hafer la pro-' 
mesa; i^omó cuando un comerciante promete 'á 
un stt corresponsal estvangero, etivíarle una car«> 
gazon de trigo en época cletet*minadai j antes de 
ésta época se prohibe la esportacion de granSs. 
Una muger promete, (casarse; pero antes de cele- 
brarse el'inatrimonió, descubre que el que ha de 
ser sü esposó está ya casado. £n tck}os estos casos; 
cuando nO consta lo contrario, se debe presumir 
que las pattes suponían legítimo el objeto de su 
promesa^' y se ftlndabau en esta suposición^ Lsi 
legitimidad^ pues, es una condición déla prome^ 
sa^ y faltando, cesa la obl¡g;acion de cumplirla. 

Esta regla qiie lai prúthésus son malas cuan^ 
do su cumplimiento és ilegítimo, se estiende tam- 
bién 'á las obligadones imperfectas, por la razón 
de que la regla comptende todas las obligaciones. 
Asi, si prometéis á uno alguti destino, ó vuestro 
voto en alguna elección, y después se hace inca* 
paz ó indigno de lo uno ó de lo piro, quedáis 
libre de la obligación procedente de vuestra pro- 



DigitizecLby 



Google 



121 
«Eie^ ; ó si ós ittKeisicoiéproimtido éMir jorameiH 
to^ ó de otra manera á preferir el Días digno, j 
?sie se presenta, debéis no ctiinpltr vu^slrapro- 
«lesa. ' 

Y áqui ret*mkiietldo, sobre todo á los jóve^ 
nes, ana precaución^ que si la descuidan, les oca* 
ROnará eon frecuencia grandes embarazos, y es 
no h&cer jamás promesa alguna\ cuyo cumplid 
miento pueda ¿er cohirario á sus deberes) ^rq^e 
en este caso \á obligacictf siempre debe cumplir'^ 
se, aunque á espensas de la promesa , y mnckas 
veces á costa de la reputación» 

£) puntual cumpliifniento de una promesa , 
s&> tfíira como una obligación perfecta. Varios 
caí^üistas' asientan contra lo que atábamos de de- 
cir^ que cuándo se hallan en oposición dos oblt-* 
gaCiones, una perfecta y otra imperfecta, debe 
preVal^^r la perfecta. Pero esla opinión solo sé 
funda en el sentido aparente de las palabras per- 
jtda é ittiperfuia^ cuya inexactitud para el casd 
presente bémos señalado ya. La verdad es, que 
no puede haber dos obligaciones iiicompatibles, 
y que en el momento que se contrae una verda'- 
dera obligación, cesa su contraria ó contradicto- 
ria, si la habia: dsi cuando yo me veo en la obl¡« 
gacion de no entregar á un hombre enfurecido 
su espada que tengo en depósito, porque sé que 
va á Cometer con ella un asesinato, cesa la o\A\^ 
gacion que tenia de entregársela cuando me la. 
pidiese; ó por mejor decir, nunca he tenido obli* 
gaciofi de entregársela eu el caso de pedirmcla 



Digitized 



by Google 



¡Ara fcofftiíer iCOU el^ no deBnn el hijo qoe ctl4 
obligadpt ^n su caso,, á dar limosina á un, esirap 
fio, queda Ul^re de.e&ta obligación d^e luega 
que su padre se vé en )a misma necesiddd que cji. 
e&traíío, si no tiene el hijo con quesocorre^ i loft 
dos; ó hablando en rigor, nunca tuvo el hijo obli^ 
gacion de socorrer en este caso al estrano. Gm» 
trayéudooos á la obligación procedente de las pr^ 
mesas, el qmt promete dar á otro mil rs., no e^ 
tá obligado á dárselos, f^ sabe de cierto con po^ 
terioridad á la. promesa, que los ha de empleáis 
en fomentar el vicio; antes bieft » tiene la obliga* 
cion de no dárselos, porqiie e$tá abÜgado á no 
contribuir por su parte libremente ájos vicios 
de los demás: y si supo con certeza antes de ha* 
cer la promesa, qne el dinero babia de emplear- 
^ en satisfacer una pasión criminal j ó en, come* 
ter cualquier otro delito, no es. obligatoria la 
pfomesa, antes bien desde que se hace hay obli* 
gacion de no cumplirla , porque su cumplimien*- 
lo seria ilegítimo, ó moralmeote malo,. 

Lo que hace nula la promesa, no es la ilejí* 
limidad del motivo, sino la ilejítimidad del cum- 
plimiento: asi, un regalo convenido, después 
que se dá un voto, el precio de la prostitución, 
el pago de un delito después que se na cometido, 
deben satisfacerse con arreglo á la promesa: por- 
q^ue cometido el delito, como suponemos , no de- 
jará de haberse cometido, porque se cumpla la 
promesa* 

Del mismo modo , no deja de ser obligatoria 



Digitized 



by Google 



m 

watt promesa, porque te baya be^K» por un ido« 
iivo UGJítiaio. Uo hopalMre casado , que viviendo 
su mujer se apasiona de otra, y la di palabra 
de casarse con ella en muriendo su esposa , muer-^ 
ta esta debe cumplir su jMromesa « por criminal 
que baja sido la psion que le indujo á bacerla, 
porque el cumplimienlo es kjítimo, y esta es la 
única lejitimidad que se necesita (1). 

Tampoco debe mitüirse como ilejalima una 
promesa 9 cuando el cumplimienlo no produce 
otro efecto^ áfát el qile se bübiera seguido ne* 
cesatiamemev si kio se hubiera hecho la prome- 
mesa: y este ^ el único ca^ en que la obliga- 
ción de UBa promesa > puede justificar una con* 
duela qué sin ella seria Hioralmente mala. Un pr¡« 
sioiiero j^iede recobrar su libertad , prometiendo 
no lomar las airtti&s contra quien se la dá ; por- 
que tecibietidó Iteta promesa el gobierno que la 
exije, no recibe kiáda de que mo pueda as^urar- 
se pól* sí mbmOf dando la muerte ó deteniendp 
al prisionero , pai*a quien por consecuencia es 
ino¿eble la ileUli^lidad , que seria culpable para 
otro que no se balldsié en el mismo caso, l&In em« 
bargd, ts clamo que las ¡H'oiliesas que equivalen 
á una delencion, no pueden cstenderse mas que 
i una obediencia pasiva, porque la misma deten- 
ción nb produciría otro efecto. Por esta tazou 
BO se debe faltar á las promesas de guardaír se* 

(i) Fofrt» le rnticncle, de aquellos catot, que por |«i 
leyes de Is isUiis producca impedimciilo dicimcatc* 



Digitized 



by Google* 



rreto,iauiiqti«éltiüliMcd pueda sooif a)gui[ic ven^ 
taja de* que se afeite á*cl)«s. ?^ hay en csfas pn»^ 
tnesas f l(?}íhil}idcid ^jguiin quedcsiruya la;ofal¡ga<t 
rioTij'jpdi'^Bfe como el secreto nó ha sido descii* 
Kíertó sinivcdn la condición espresa de noreve^ 
}ár)o, liada piefde el público por el cumpliim^q* 
tó de la promesa I que ^ hubiese podido ganar w 
él '\.i 

* III. ' Las promesas no o))I¡gan ant^ -de $vl 
aceptación f e^lo es> antes que las sepa aquelá 
quien se hacen; r y deeimo^ antes que bs sepa» 
porquje sí la promesa ^ ' venta josa, darnos prc* 
sumir siempre qne la acepta aquel: á quien se 
hace^ si tiene noticia de ella. .En tanto que no 
se manifiesta la promesa, no pasa de una veso* 
lucion interior en el que tiene ánimo de hacerla, 
y que puede mudaf de intención; ninguna espe^ 
Tanza ha despcrfado, ni ha engañado á nadie» 
Pero si yo declar¡o miintencion á un tercero^ 
^ sin autorizarle pa ra' descubrirla 'á la persona in- 
teresada, ¿bastará esta manifestación para obli* 
garme? No por cierto; porque yo no he. hecbo 
lo que constituye la eset\cia de una promesa ; no 
he cscitado voluntariamente ninguna esperanza. 
IV. Las promesas no obligan , cuando el que 
las ha recibido ha renunciadlo á ellas. 

Esto es evidente. Solo se puede dudar algunas 
veces quién es el que las ha recibido. Si yo pro*, 
meto á Pedro una colocación ó mi voto para Juan, 
entonces Pedro es á quien yo he hecho la pro- 
me.sa , y el línico que puede eximiruie de cum- 



Digitized 



by Google 



.125 
plírla. Béro si prometo mi velo i Juaiir por coíi:^ - 
ducto de Pedro y es decir, &i Pedro no es mas 
que d mensajero que lievaá Juan la noiicbí de 
tni promesa: si yo le digo, por ejemplo:. puedejS 
dédr ó Juan qae yo le daré ial avocación, é 
4pie cuente cotí mi voio^ 6 si Juan st ^ale de Pe* 
dro para pedirme la colocación 6 el voto, y yo 
respondo favorablemente á su demanda , enton* 
ceses Juan á quien* yo 'he hecho la promesa. 

Las promesas que se hacen á una persona 
en favor y beneficio de ofra, no et^iran por la 
muerte de la primera, porque su muerte no ha- 
ce impracticable su cumplimiento, ni se* supone 
ningún consentimiento v pi^r parle dd que ha 
muerto, por el cual renuncie á la promesa* 

V. Las promesas erróneas no obligan en der^ 
tos casos. 

L Cuando el error nace de una equivocación, 
ó superchería dt aquell quien sé han hecho. 
Porque la promesa supone evidentemente 
que és verdad lo que alega el que la solicita. Un 
naeudigo os pide una caridad , refiriéndoos qué 
«e halla en la ultima miseria; le decís que vuel^ 
va , que le socorreréis; entretanto averiguáis, que 
SKL relación no es- mas que un tejido de falsedades; 
pues esle descubrimietito os libra de vuestra pro* 
mesa« Ticiie alguno necesidad de vuesiro servicio^ 
j os refiere el asunto en que quiere que le sir«- 
vais: mas cuando os disponéis para servirle, sabéis 
que la ganaiicia'es mas»corta y el trabajo mayor 
que lo que oshabia dicho, ó alguna oU*^ circuri^ 



Digitized 



by Google 



m 

tancia importante que ignorabais: en este caso 
no os obliga vuestra promesa, 

IL Cuando e) (^^e acepta ana promesa cree 
que esta se funda en alguna suposición ; ó el 
que promete está persuadido de que aquel está 
en esa intelijeñcia ; si la suposición es falsa , la 
promesa es nula, 

£1 mejor comentaf'io de esta reglai complica** 
da , es un ejompK Recibe un padre la noticia 
de la muerte de su bijq único que se h^]\sk au- 
sente: en seguida promete sus bienes á un sobri- 
no suyo; pero sale falsa la noticia de la muerte 
de su hi)o: el padre, pues, según uuestra regla, 
está libre do la promesa, no $olo porque nunca 
la bublerá hecho, aunque pudiese hacerla por 
las leye^ si hubiera sabido que vivía su h\p\ esto 
no bosta; $iup porque c| sobrino mismo crcia que 
la promesa solo se fundaba en la suposición de 
la muerte de su primo» ó á lo menos, porque el 
lio creia que su sobrino lo entendia asi, Efectiva- 
mente, el tio no podía creer otra cosa; conque 
la promesa se fundaba en aquella condición, se- 
gún la creencia del que promete, y, como él 
penaba entonces, según la creencia de las dos 
partes, esta creencia es cabalmente la que le libra. 
]¿l fundamento de esta regla es, que ninguno 
está obligado á llenar mas que la esperanza , que 
el mismo ha hecho nacer de su propia voluntad; 
do consiguiente, cualquiera condición, á que sea 
sil ániíno someter esta esperanza , es coudicion 
esencial de la promesa. 



Digitized 



by Google 



Los errores que no pueden colocarse eq n¡o<* 
ffuna' de estas dos ctases« no anulan la obligación 
de una promesa. To prometo á un candidato 
darle mi voto: luego se presenta otro para quien 
JO hubiera reserrado seguramente mi voto, si 
yo hubiera sa^o que lo era. En este raso, lo 
mismo que en los demás que acabamos de poner^ 
mi promesa se fun4a en un erron yo no la hu« 
biera hecho, si me hubieran sido conocidas todas 
las circunstanciad, como me son ahora, Pero 
aquel á quien yo hice la promesa no sabia na- 
da de esto, ni recibió la promesa como sujeta á 
semejante condición , ó como procedente de se- 
mejante suposición; y aun yo mismo tam[kx:o 
me imajinaba , que lo pensase él asi. Este error, 
pues, que yo he cometido, debo recaer sobre 
mi , y debo cumplir m¡ promesa , siempre que 
las cualidades del candidato sean indiferentes 
para el encargo ü empico, porque si no lo sont 
y el que ha recibid* la promesa no tiene las ne« 
cesarias , claro es que él dcbia no fundar la 
esperanza de que yo le die^e mi voto sabiehdo 
que le faltaban, ni de que cumpliese mi pro* 
mesa, si, ignorándolo cuando se la di, lo ave* 
riguaba después. Un padre promete en matri<p» 
monio á su hija un dote arre|Jadoá las faculta* 
des que ¿I sé figura tener» E^minándolo mejor 
después^ halla que nó tieM tantas como creía, Eti 
este caso la promc^ es lañübien errónea, pero 
por la misma razón que hemos dado para el ca-^ 
80 antecedente» debe cumplirse, i no ser que «i4 



Digitized 



by Google 



«8 
MI eumpltmieiíto se sim que el padre iftieda^ re- 
ducido á la mendicidad y pues nunca fué su ina- 
tención en este caso señalar aquel dote á su hija^ 
ni el marido de esta lo^podia creer asi. 

En las promesas erróneas no* dejan de presen- 
tarse bastantes dificultades^ porc(le conceder que 
cualquiera equivocación, ó variación de. las cir- 
cunstancias ^ destruje la obligación de una pro* 
oiesa, es conceder una latitud, que acabaria por 
anularlas todas; al mismo tiempo que estrechad 
la obligación hasta tal punto, que en nada se dis- 
minuya por errores manifiestos y fundamentales» 
es caso muchas veces de grandes embarazos y ab- 
surdos. 

Se disputa mucho entre los moralistas, si obli- 
gan las promesas arrancadas á la fuerza ó por 
miedo. La obligación de las promesas se conoce, 
como hemos visto, por la utilidad y necesidad de 
la confianza que en ellas tienen'los hombres: su- 
|>ucsla.esta utilidad y neccsí4acl, no pueden vivir 
los hombres en sociedad sin esta confianza mutua; 
es pues contra el orden secundario que no exis- 
ta, y no puede existir, si no hay obligación de 
cumplir las promesas. Veamos, pues, si es útil, 
si és tM*cesario al género humano que obtengan 
esta confíanaa las promesas hechas por micda Ua 
ladrotí nos asalteen un camino, j viendo, que- 
po llevamos el bolin que se prometia, nos ame- 
nasa con quitarnos b .vida, y aun se prepara pa** 
ra matarnos: le procdetemos del modo mm^ so- 
lemne, que si quiere perdonarnos la vida^ ^Ita- 



Digitized 



by Google 



129 
rá tal Ah ün bolsillo de dinero destinado para él, 
en un sitió que le señalamos; y sobre la fe de 
ésta promesa nos deja libres y salvos. Nuestra \\r 
da se ha salvado por la confianza del ladrón en 
una promesa arrancada á la fuerza , y también 
puede salvarse del mismo modo la vida de otros 
muchos. He agui una consecuencia buena: he 
aqui alguna utilidad en cumplir las promesas de 
esta especie. Pero por otro lado el cumplimienfo 
de semejantes promesas favoreceria mucho el ro- 
bo, y podría llegar á ser el instrumento deestor- 
siones sin límites, y esta es una consecuencia 
mala ; y en ella se vé el gravísimo perjuicio qué 
se seguiría á todos los hombres en general de 
cumplir semejantes promesas. Asi pues, por h 
comparación de estas dos consecuencias opuestají, 
se cotioce si es conveniente á la sociedad humana, 
y de consiguiente conforme 'lal orden secundario 
y á la voluntad de Dios, que se cumplan las re- 
feridas promesas. Pero hay que contar también 
con el orden primario: sobre esto bablareoios 
luego. 

Hay otros casos mas claros, como cuando un 
magistrado manda encarcelar á un alborotador 
hasta que prometa enmendarse, ó cuando un pri- 
sionero de guerra promete, si se le dá libertad, 
volvet dentro de tanto tiempo. Eslas promesa.*?, 
dicen los moralistas, son obligatorias, porque la 
violencia ó sujeción era justa; y asi es: ¿pero que 
entendemos aqui por justa? Que era conforme. 
al orden secundario, lo cuaLse conoce por la uti-^ 

9 



Digitized 



by Google 



130 
lidad de encerrar al perturbador del reposo pür* 
blico, j de que el enemigo en guerra justa» im- 
pida , si puede, que su enemigo le haga mal : 

Por último, aunque el cumplimiento de las 
promesas es conforme al orden secundario, y por 
lo mismo á la yolunlad de Dios; y esto lo cono- 
cemos por la utilidad común, que de cumplirlas 
se sigue al género humano, se debe tener pre- 
sente que también es conforme al orden prima- 
rio, y que asi lo conocemos por la luz de la ra- 
zón. £1 orden, primario en ^ mismos consiste en 
todo aquello que es esencial para que Dios sea Dios„ 
y el hombre sea hombre: asi corresponde al or- 
den primario que Dios niande, porque Dios ^ 
infinitamente perfecto, y no lo seria si no man-, 
dase, y que el hombre obedezca, ó en el caso, 
contrario sea castigado por Dios, porque de otro 
modo seria independiente de Dios, lo que es 
opuesto á la esencia del hombre. Si Dios ha >d& 
mandar, ha de mandar lo que es conforme á su 
esencia perfectísima: Dios es por esencia fidelísimo 
en sus promesas, luego quiere y manda que el 
hombre también lo sea. Es, pues, conforme, no 
solo al orden secundario, sino también al prima- 
rio, esencial, necesario y absoluto» que el hom- 
bre cumpla exactamente las promesas que hace. 

Supuesta la verdad de esta doctrina, ocurre 
una dificultad acerca del cumplimiento de las pro- 
mesas arrancadas á la ^ fuerza. La utilidad gene* 
ral, y de consiguiente el orden secundario, pa* 
rece que abogan porque no se cumplan. Pero eci 



Digitized 



by Google 



131 
priflier lagiff , el que las hace con ánimo de que- 
brantarlas, falta desde luego á la verdad ; y de 
todos modos el que no las cumple quebranta una 
palabra que dio libremaite, como suponemos, 
porque tuvo £sicultad para no darla, prefiriendo 
morir. Parece, pues, que ni uno ni otro se con- 
forman con las perfecciones de Dios, sumamente 
veraz y fiel en sus promesas , faltando de este mcv 
do al orden primario. ¿Y habrá establecido Dios 
un orden secundario, para cuya conservación sea 
preciso que el hombre deje de acomodar sus ac- 
ciones á la perfección de la naturaleza divina? La 
razón recusa decididamente esta idea ; y saca por 
consecu^icia legítima, que 6 bien en el caso pre-^ 
senté las consecuencias generales no se oponen 
al orden secundario, ó que si se oponen, no re- 
quiere la perfección santísima de Dios una imita- 
ción tan rigorosa por parte del hombre, atendi- 
da la distancia inmensa que le separa de Dios, 
por la imperfección y flaqueza de la naturaleza 
humana, y considerando que una tal exigencia 
alentaría la injusticia é iniquidad de los malva- 
dos. £1 primer estremo de la disyuntiva nos pa- 
rece mas fuhdado. 

CAPITULO VI. 

Del voto. 

El voto es una promesa deliberada 4/ue se 
hace á Dios de cosa mejor y posible. Se entien- 



Digitized 



by Google 



139 
de aquí por cosa mejor p aquella acción buena, 
cuya centrad ictoria) 6 la contraria, si k tiene^ son 
de suyo malas ó indiferentes. Asi es materia de: 
voto el no mentir, porque la acción contradictor > 
ria es mala; hacer bien al prójimo, porque su 
contraria hacerle daño sin razón es OMtla de su*- 
yo; ayunar cuándo no está mandado ^ porque en. 
este caso el no ayunar es de suyo indiferenter es^^ 
decir, que presdndiendo de circunstancias,. ni eá 
bueno ni es malo. 

£s maleriSk de voto una acción , aunque esté* 
mandada, como no robar. También es materia dé 
voto una acción mejor que otra de la misma es- 
pecie, aunque esta sea buena*, bueno es visitar, 
consolar y socorrer á un enfermo menesteroso una 
vez á la semana, pero es mejor consolarle, visi-r 
tarle y socorrerle todos los días: lo segundo^ pues, 
es materia de voto,- sin que deje de serio también > 
lo primero. Pero no se exige que \o que se pro^ 
mete á Dios sea lo mejor que pueda darse. Ha de 
ser de cosa que tengamos por posible, porque se- 
ria una temeridad, una l)urla, prometer á Dios 
lo que supiésemos que no podiamos cumplir, 
como dar de limosna á los pobres mas de lo que 
tenemos. 

La obligación de cumplir los votos que hace- 
mos á Dios, se conoce también por la utilidad 
general que resulta de cumplirlos; porque el que 
no los cumple no puede inspirar la menor con- 
fianza, de que cumpla las palabras que dá á los 
hombres; ¿quien confia en las promesas de un 



Digitized 



by Google 



433 
hombre que no caniple las que hace á Dios? Si el 
respeto qfte debemos á nuestro' Dios, Á á temor 
de 6Ú jostida no bastan para hacernos cumplir 
los volos que le hacemos, ¿ pueden creer los de- 
mas que bastará la consideración qué Íes debe- 
mos, pera cumplir con las palabras que les danK)s? 
Se conoce, pues, sin nin^n género de duda, la 
utilidad general de cumplir religiosamente los 
votos que se hacen á Dios; de consiguiente que 
el cumplirlos es conforme al orden secundario^ 
opuesto el no cumplirlos. 

Paro también, y prinapalmente es contra el 
orden primario, faltar á Dios en una cosa tan 
esencial como es cumplir lo que se le ofrece^ Sí 
cualquier hombre se ofende , y con razón , de 
que otro le falte á la palabra que le ha dado, ¿con 
cuaufta mas razón se ofenderá el Señor, siempre 
fiel en sus promesas, de que lejos de imitarle el 
hombre , y darle el honor debido á su infinita 
grandeza, le desprecie insensatamente, negándole 
lo que le ha prometido? 

CAPITULO VIL 

Délos contratos. . 

El contrato es una promesa mutua : la obli- 
gación 1 de los contratos , el • sentido en que djeben 
entenderse, y los casos en ^e no soo oUigai^pr 
ríos , son los mismos < qoe respecto de las pro^ 
-mééais. ' ' .. . '' : ! f ;, i 



Digitized 



by Google 



134 

Del principio que hemos establecido aniet 
riormente, ^^qne la obligación de laa^promesas 
»debe medirse por la esperanza qne escita d qae 
v» promete, sabiéndolo y queriéndolo de alguna 
«manera/* resulta una regla, que dirije la inter- 
pretación de todos los contratos , y que por su 
sencillez puede aplicarse fácilmente, y con la ma* 
yor seguridad. Y es que: 

Todo lo que espera una parte^ con conocimien^ 
to de la otra y debe mirarse como una condición 
del corUrato. 

Los varios jéneros de contratos^ y el orden 
con que nos proponemos hablar de «Uos^ pueden 
presentarse á un golpe de vista del modo siguiente. 
['Venta. 
[Suerte. 
Contratos I f De propiedad que no' se 

de y Préstamo«.< consume con d uso. 

(De dinero* 
ÍServicio. 
í Traba jo......."! Comisión. • 

I Sociedad. 



CAPITULO vni. 

Contratos de i^enta. 



La regla de justicia que es necesario íocoím^ 
mutho á los que comercian, es que el vendedor 
está obligado en conciencia á descubrir los defiecr 
tos del jénero que quiere vender. Entre los difc- 



Digitized 



by Google 



las 

rentes medios de profaaif la justicia de esta regla, 
podemos emplear el siguiente. 

Me parece que cualquiera convendrá fáciU 
mente, en que es injusto é inhonesto valerse dé 
una falsedad directa para levantar el precio de 
nuestras mercaderías» dándoles cualidades que no 
tienen. Compárese con esto el cuidado de ocuU 
tar de. intento cualquiera defecto que nos consta* 
Por los motivos y efectos de las acciones, se cono^ 
ceia moralidad de cada una, y la diferencia entre 
una y otra acción: mas el motivo en Jos dos casos 
e¿ el mismo; recibir por nuestra mercancía un 
precio mayor que el que hubiéramos obtenido 
de otra manera: el efecto, es decir, el perjuicio 
que esperimenta el comprador, también es el 
mismo; porque igualmente esperimenta una per- 
dida, si el jénero que ha comprado, cuando le 
vé en su casa, le halla peor qué.k> que había crei« 
do ; sea porque le falta una cualidad con que ha-- 
bia contado, ó sea porque tiene un defecto con 
que no contaba. Si, pues, las acciones que pro* 
ceden de los mismos motivos, y producen los 
mismos efectos, son las mismas en todas sus re* 
laciones morales; seria establecer una distinción, 
donde no hay ninguna diferencia , el mirar como 
fraudulenta la acción del que^jensalza mas de lo 
que son las cualidades de lo que quiere vender, 
y como buena la acción del que oculta con cui- 
dado sus defectos. 

Lo que manifiesta cuanto vale este jénero de 
honradez i es que los defectos de muchos objetos 



Digitized 



by Google 



136 
son de tal naturaleza , que solo los puede cóno^ 
cer el que los maneja ; de modo que el compra* 
dór no tiene otra seguridad contra el engaño que 
la buena fe é iategrídad del vendedor* 

Tiene sin embargo una escepcioh esta regla, 
y es el caso en que el silencio del vendedor 
dá á entender que tiene algún defecto el objeto 
que se vende, ó en que el comprador halla una 
compensación del riesgo que corre, en la dimi^ 
nucion del precio; como cuando alguno vende úo 
caballo en pública subasta sin garantirle; e\ no 
querer dar esta garantía indica. algún defecto ocul- 
to, y lleva consigo una diminución de predo^ 
que compensa la falla. 

Se puede contar entre los que ocultan los dc«* 
fectos de sus mercaderías, á los que emplean mo-^ 
neda falsa: práctica que se escusa por un pretex- 
to vulgar, diciendo; que se ha recibido esta mo« 
neda por buena , y que es necesario deshacerse 
de ella. Esta escusa es del todo semejante á la de 
un hombre que robado en un camino, preten«> 
diese tener derecho para reintegrarse robando al 
primero que pasase. Este sin duda, no compren- 
dería la exactitud de semejante raciocinio. 

Cuándono existe ni monopolio ni cabala, el prcr 
cío corriente siempre es bueno, porque está siem- 
pre en proporción con la práctica, y con la escasez 
de las mercaderías. Asi nadie debe tener, escrúpulo 
en pedir y recibir el precio corriente: y todas estak 
espresiones: ^^los víveres estén ¡éscesivamenté ca- 
»ros« el trigo .tiene un ptccio exhorbitante^^^ f 



DigitizedbyCj o OQ le • 



137 
oirai semejantes, no suponen n¡ Ddlla de honran 
dez, ni demasía en el vendedor. 

Si el sastre <S el ropero, os pide por nn ves- 
tido roas del precio corriente, decís» que os enga^ 
na, y que no obra con honradez. Sin embargo, 
esté hombre es dueño de lo que tiene,' y. puedo 
prescribir las condiciones con que quiere desha- 
cerse de dio. Se puede, pues, preguntar, si (alta 
la honradez en esta acción, y en qué consiste esta 
falta. Todo el que abre una tienda , ó' presenta 
de cualquier modo sus géneros á la venta públi-* 
ca, se compromete por esto mismo á tratar con 
sus parroquianos al precio cxnriente, porque solo 
fundándose en la fé de este compromiso,' entra 
el comprador en su tienda, ó se. presenta para 
tratar con él; el comprador tiene esta confianza; 
el vendedor no lo ignora ; y esto basta, según la 
regla que hemos dado, para constituir una parte 
esencial del contrato, aunque ni el. comprador 
ni el vendedor hayan hablado sobre ello una pa«* 
labra* La violación de este subentendido contra-* 
to, constituye el fraude que buscámosj . !f . - • 

También puede cualquiera poner á su pton 
piedad el precio que le parezca, si astlaprévaene 
formalmente de antemana Si algilnoi os pide que 
le vendáis vuestra casa , y le respondéis qiie «sjb 
casa os gusta y os conviene para vitestro^^.nego*», 
oíos; y: qué en consecuencia no la daréis mepoá 
. de tal precio; el qae fijéis podrá ser doble det lo 
que ha costado ó de lo^ que podría valen eofuiift 
reuta pública;. sin <qwe nadie os pueda acusar de 



Digitized 



by Google 



13« 
injusticia 6 de estoTsioñ» si os consta qofi el otro 
sabe cuál es el precio corríente¿i 

Si el objetó Tendido se deteriora 6 pereceen-- 
tre la venta y la entrega, ¿es el vendedor ó el 
comprador el que debe sufrir la pérdida? Esto 
depende del modo particular con que se ha he- 
cho el contrato. Si el vendedor, ya sea espresa-* 
mente, ya sea tácitamente, ó ya sea por el uso 
establecido V se encarga de entregar al comprador 
la mercadería, debe sufrir la pérdida; como si 
faaLiendó yo comprado un servicio de porcelana, 
me preguntase el vendedor á dónde quería que me 
lo mandase^' y se rompiese en el camino. Si la cosa 
vendida se queda en casa del vendedor á ru^os 
y por conveniencia del comprador, entonces es 
este el que responde dé los riesgos; como si yo 
compro íiQ: caballo, y digo que enviaré tal dia 
por éU (lo cual no es otra cosa que pedir al ven- 
dedor el periniso de dejarle en su easa hasta aquel 
dia); entonces cualquiera accidente que pueda 
sobrevenir al caballo en este intervalo, /dfebe ce- 
der en mí ^r juicio, con tal que no haya sido por 
culpa del depositario. - 

Observaré aqui de una vez para siempre^ qvm 
una. multitud de cuestiones de esta clase se decir' 
den folaméiite por el uso; no porque ^el uso- ten*^ 
ga ninguna autoridad para alterar ¿.determinar 
la justicia ó injaÍ5t4cia deuna aceten; sinqpprqw 
se supone que las partes contratantes/^ncluyeii 
€» "SUS trates todas las condiciones, que porql 
USO' están anejas á los contratos^^de ^na- misma 



Digitized 



by Google 



i39 
tsgwi^ X^nwáo el luo e^íconocido, y no se de*- 
ipoga espfesamenie en el contrato, esta presun- 
don ^ generalmente conforme á la Yerd^^jL 

Si yo pido una cantidad de vino á un comer- 
ciante estrangero, jdesde cuándo la propiedad 
de este vioo se traspasa del comerciante a mí? 
¿Desde qne el comerciante le hiso salir de su bode- 
g9Í' ¿Desde que se embarcó en Burdeos? ¿O sola- 
oiente desde que jo lo he recibido y encerrado en 
mi casa? A todas estas preguntas no hay otra res* 
puesta , sino la que indica el uso. Por esta razón» 
taúto en conciencia » como delante de la ley, lo 
que se llama Ig costumbre de los comerciantes 
debe arregbr la decisión de los negocios mercan- 
tiles. 

CAPITULO IX. 

Contratos de suerte. * 

.Por contratos de 3niarte entiendo el j^ego, y 
lofiseguFos. .,• , j 

Lo que se dice de este genero. dje¡cg(ntratos, 
^^iie una de las partes, oo debe ^e^^iningun^ 
»iratptaja ^ sobfe la otra,V to^fido . gei^r^lj^ente, 
nr es^l^cticable ni .vcr4adiefp, f^ e^ .praf ti<;ab]/e, 
poc^ela.^rfecta igualdad 4?.^ab|lidad y dis-* 
etecion que pide esta regla, c^nD^nqt sepuede 
encontrar; Me seria imposible hacer. en concien- 
ciatpiéeu' un )u^o de naipes, ó j^gar al villar 
óá'rb.jpelota, hacer una apuesta en una corrida 
de 'Cabalk», ó hacer un contrato en >que interviú 



Digitized 



by Google 



niese asegarácfon» y esto tal ^^ez ípor itmeliosáffps, 
si tuviese que esperarla encontrar tirtaf f^ersonav 
que no fuese ni superior ni ihféVior á mi pot su 
artel su destr^a ó su discernimiento en estas ma- 
terias.: Ni tampoco semejante, igualdad es uti ns- 
quisito para la justicia del contrato Üúo de kís 
jugadores puede dar al otro su puesta ^sii gusta, 
y este puede aceptarla con justicia. Cott mas rár 
ion puede el uiio dat al otrb lina porción de^u 
puesta; ó lo qüevitife á sei* lo mistiio,^na porción 
de tantos para ganar d todo. 

La restricción Jiista es que ninguno de'ldd 
jugadores tc^ga una Ventaja que el 6lr¿ ignora: 
porqué entonces es una -ventaja lomada y no dadm 
Y aunque el éxito sea todavia incierto, vuestrií 
ventaja en la suerte tiene un valor cierto; y to- 
máis de la puesta de vuestro adversario precisa- 
mente este valor sin cjüe él tenga conocimiento 
de ello, y de consiguiente sin que consienta. Si yo 
juego ifin 'tresillo, en "qtié^tengo una ventaja res- 
pecto de mis companeros, porque tetígó uflá 
mém^iíi lirias sé^tifá , una atención mas? sosteni- 
da , y 'iíti ''cí^ócitíiiéhfd^ msis exacto de las* reg^aá 
y lanfc¿s'^dyi*^uégo, irii ventaja es legíti0ifr,»¡por** 
queTáUfeifi^o j>op utiós; medios qu^ rio ignoran 
los contráriosV j^ues saben que cuando '¿e:>p4>aeij 
á jugar conmigo', yo he de desplegar contra 
ellos todo mi talento y habiHdad. Pero si yo 
consigo una ventaja disponiendo las cartas ,>víeri-* 
do el fuego de mis contraltos, ó jjaaelehdb ieSas 
convenida^. á mi compañero, -^tií ventaja 'n©ds 



Digitized 



by Google 



Ui 
legtiiiiia4..povqtte la rQbtengo por.uqos medias,, 
que mis contrarios suponen qi)e np^us^i^é jadías. 

I^a misma distinción se aplica á todos los con- 
tratos en que entrsi ^la : siiettf^< Si yo hago una 
apuesta en una corrida de caballos, á que corre 
mas uno que^.otro^ guiandome porja.apai^icnda^. 
temperamento y. ra^a del caballo», tengo derecho 
para valerme de las vén lajas que me proporcio- 
na, ^tutop^oion: pero si) tango, una, corresponden- 
cia «earfif a cOñ los dd«8¡(0s.dei jo$ caballos, y por 
elU'isévfjqve; ¡segun.se bal visto ya en otras ^pr- 
ricbíS^r^l ó, cual caballo debe garíar; estoBi in|br- 
mea y «noítieíai» son oíros tantos, (rfiudes, porque 
loa he tenido por unos medíosi queelque,apues^^ 
ta. conmigo no. sospechaba » cuando hÍ2x>ú ac;eptó , 
la. apuesta. 

.i^'lafi especulaciones comerciales, &i yo juz- 
go :pc)x:i las apariencias generales que p^sentan 
loi negocios públicos, y trató con una .persona 
que. hácé lo mismo, tiene el cpntrato toda la le^ 
gatidad que ^.requiere; pero si tengo alguna, 
noticid reservada de los ;secretos del Estado, 9 .im, 
aviso particular de alguna medida decisiva, ó de. 
algún acbntecioiiento notable en algún p^is es-, 
trangero, no puedo aprovecharme de estás venta- 
jas oon justicia, porque lasescluye eV coi^^ato 
mismo, fundado eaJa suposición de que . yp no, 
las teüia. u í : . 

En los seguros Y en que el que asegur^jcal- 
cula sus ri^os, únicamente por la i^elacionque 
e hace la persona asegurada » es indispensable», 



Digitized 



by Google 



^ H2 
psira qtte et comrato sea táHdb, que efiftai«be¡oa' 
sea exacta y coitapleta. ' 

CAPITULO X. 

Contratos de préstamo de cosas que no se con-^' 
sumen con el uso. 

Hay préstamos ó empréstitos, en que no Kay 
obligación de volver individual é idéniicaniente- 
la cosa que se ha recibido prestada ^ sino otra 
de igual calidad y peso, cantidad 6 medida. Lá 
razón es, que todo el que pide alguna cosa pres-> 
tada, la pide y quiere para usarla, y'bi^ mu^- 
chas cosas que para el que las usa, necesariameni»* 
te desaparecen con el uso, ó porque se consumen^ 
ó disuelven, como -el pan^ el vino, eláceyté etc. 
ó porque hay. que deshacerse de ellas, como c|. 
dinero; y siendo asi, claro está que es imposible 
devolver las mismas idéntieamente tomadas; p&» 
ro sí hay obligación de volver otras de la misma-- 
calidad, y en la misma cantidad. No cumplirá eo» 
esta obligación eí que habiendo recibido prei^a* 
da una arroba de vino de superior calidad , de~ 
vudve otra arroba 'de vino de calidad inferior. 

' Péró también hay préstamos en que es precisa 
devolver la misma cosa individual é idéntica, que 
se ha recibido prestada, como un caballo ó un libro. 
Lascuestiones que^ocurren sobre este emprés- 
titOt soh pocas y sencillas. La primera es , si la 
co$a pre$tada se pierde, ó se deteriora» ¿quién 



Digitized 



by Google 



U3 

debe sufrir la pérdida ó deterioró? Si la cosa no 
se ha deteriorado mas que lo que se deteriora 
naturalmente con el uso, ó se ha deteriorado por 
algún accidente que ha ocurrido sm culpa del 
que. la usa, al hacer de ella el uso para que ha 
sido prestada, en este caso la pérdida ó deterio- 
ro debe recaer sobre el ^ue ha prestado la cosa^ 
Asi, cuando yo tomo prestado ó alquilado un 
carruage, el daño que este reciba manchándose, 
gastándose ó estropeándose, debe ser por cuenta 
de] que me Jo ha prestado ó alquilado; ó cuán- 
do me prestan , 6 yo alquilo un caballo para ha^ 
cer un viaje, y el caballo se pone cojo ó se mue- 
re, .la pérdidar debe recaer sobre el que me lo 
prestó ó alquiló. Al contrario, si el que ha reci*- 
bido prestado ó alquilado el caballo ó carruage, 
tiene la culpa del dañó que han recibido, ó 
^.ha esperimentado el daño haciendo del car-* 
ruaje ó caballo un i;^Oj para el que no habian? 
sido prestados, debe recaer la pérdida scJ^re él. 
A&if si el carruaje se volcó, ó se rompió por el 
descuido de vuestro cochero; 6 si habiendo ai*' 
quiládo el caballo para dar un' paiseo. por la ma-** 
ñaña, tenas con él una partida de caza , le ha- 
ceis saltar barrancos, ó le atáis á vuestro cabrio^- 
lé , y el caballo hace un ésCueszo , se* desuella ^ «e 
hiere, ó cae muerto mientras de ests modo le- 
estáis empleando; debéis una compensación al 
propietario. Los dos casos se distinguen por esta 
circunstancia; que en el primero el propietario' 
pi^eveeeldafiíoó elpdiigro, y de consiguiente jie 



Digitized 



by Google 



U4 

espolie á él voluntariamente, en el fiegundo no 
lo prevee. 

Puede suceder que el valor de una finca ó 
de una casa se aumente ó se disminuya tanto 
durante el tiempo del arriendo, que llegue 4 
valer mucho mas ó mucho menos que to que s0 
ha estipubdo en el arriendo. En alguno de estos 
casos puede parecer dudoso sobre quién ' debe 
recaer la pérdida ó la ventaja , según el dereclm 
natural. La regla de justicia parece que es la si- 
guiente. Si pudo preveerse y esperarse por las 
partes la alteración del valor, el arrendatario 
debe tomar sobre sí las consecuencias; y si no el 
propietario: un jardin, una viña, una mina^ una 
pesquera , pueden no dar nada , ó casi nada en 
este aíio, sin embargo el arrendatario está obliga- 
do á pagaF su arriendo. Pero si al año siguiente 
producen diez veces mas que la renta ordinaria» 
ao por eso deberá pagar mas, porque la renta es 
precaria de s¿ naturaleza, y debian esperarse es- 
tas variaciones. Si una n^arisma se cubrede agua, 
de .modo que nada produzca, el arrendatario no 
está menos obligado por eso á pagar su arri«>- 
do, porque la na arrendado con conocimiento 
del peligro. Por otro lado, si la irrupción del 
mar en un pais, adonde no se le ha visto llegar 
jamás, la variaciofi del curso de un rio, la caida 
de una roca, la erupción de un volcan, la íneur- 
sion de un ejército enemiga, un coutajio mortal 
en el ganado , á cualquiera otra desgracia de esta 
dase» ocasionan una mudanza en una posesión; . 



Digitized 



by Google 



:U5 
6 la hacen perder de su valor, debe recaer ia 
pérdida sobre el propietario. El arrendatario pue- 
de rescindir su arriendó, ú obiener una diminu- 
ción del canon. Una casa en la capital puede au- 
mentar die^ Tece$ su valor > por ¡a construcción 
de un puente ó de una calle nueva ; ó bien per- 
der en la misma proporción por causas contra- 
rias. En este caso lo mismo que en el anteceden- 
te^ debe recaer el efecto de aquella alteración som- 
bre el arrendador j tK> sobre el arrendatario. I<a 
razón en que fundamos nuestra decisión ^es^ que 
las variaciones de esta naturaleza, como no están 
previstas ni arregladas por lasr partea contratantes, 
uo son una parte 4 condioióii del contrato r eii 
consecuencia, deben producir el mismo efecto, que 
sino hubiese contrato (porque efectivamente no. 
le* hay respecto de tales mudanzas), es decir, que 
deben recaer sobre el propietario, 

CAPITULO XL 

Contratos concernientes al préstamo en dinero. 

El que recibe prestada alguna cantidad dé 
diñero está obligado á pagarla. En esto convienen 
todos; pero no todos ven, ó no lo vén bien, que 
igualmente está obligado á emplear cuantos me-? 
dios sean necesarios para ponerse en estado de^ 
pagar. ^*E1 que pagisi cuando tiene dinero <5 cuan-» 
x>db no le hace falta, hace cuanto debe hater uti 
)• hombre dé'bien;'^ jr según élse imajina, cuan- « 

10 



Digitized 



by Google 



iá6 
tó se puede exi)ir de él; pero no entran, segnn 
su ojHnion , en el círculo de siis deberes y cui- 
dados las dilijencias y medidas necesarias para 
procurarse el dinero que lia recibido prestado. Sin, 
embargo, tan obligatcMrio es uno. como otro. Ven- 
der su casa ó sus bienes, reducir sus gastos, su 
tren, y el número de sus criados, son sacrificios 
humillantes, pero que la justicia exije de ün hom- 
bre endeudado; nada le deben costar, cuando no 
tiene una esperanza razonable de pagar sin so- 
meterse á ellos, rii aun la esperanza que se 
funda en la continuación de la vida propia po- 
drá satisfacer á un hombre de bien, si puede 
t^ner un medio mas seguro de pagar; porque 
es faltar á la buena íé someter á un acreedor 
al riesgo de nuestra propia vida , cuando pode- 
mos evitarlo: cualquiera que sea el éxito de nues- 
tra conducta en esta parte, no nos dio el presta-* 
mista 6 el amigo su dinero , fiado en semejante 
seguridad. 

£1 que presta dinero, y lo mismo decimos 
de cualquiera otra cosa que preste, no puede 
exijir mas de lo que ha prestado solo por haber- 
lo prestado, esto es, cuando de prestar no se le si- 
gue ninguna pérdida ni perjuicio en sus intere* 
ses. El exijir en este caso mas de lo que se pres- 
ta , se llama usura. 

La usura es contra el orden primario, por- 
que este consiste en que las acciones del hombre 
se conformen en lo posible con la infinita perfec- 
ción de Dios: Dios eis infinitamente liberal, y ninH 



Digitized 



by Google 



147 
gana liWaliáacl se advierte por cierto en la 
conducta del usurero. Es también contra el or- 
den secundario, porque; es privar á otro, contra 
6u voluntad , de lo que es suyo; y el que tal ha- 
ce se conoce que obra contra el orden secunda- 
rio, porque se opone por su parte al bienestar 
de los demás, y de consiguióte á la utilidad jeneral. 
Ello es que el que presta no tiene derecho á 
lo que no ha prestado, cuando de prestarlo no 
se le sigue ningún perjuicio, ¿Qné título puede 
alegar para exijirlo? ^^inguno. Si se dice que con 
el diñero que presta puede obtener alguna ganan- 
cia de que se priva por prestarlo, en este casó cía-» 
ro ei que se le sigue un perjuicio en sus intere- 
ses, á saber , la pérdida de la ganancia que podía 
esperar. . Mas pra que ati^n en este caso se libre 
el préstamo de la nota de usurario, se necesitan 
tres condiciones, 

1,* Que realmente esté percibiendo el pres- 
tamista alguna ganancia lícita con el dinero que 
presta, ó bien que haya probabilidad de emplear 
el dinero de un mo^o bcitamente lucrativo, por^ 
que solo en estos casos puede racionalmente con- 
tar con la ganancia, 

^*, Que siendo probable el empleo lucrativo 
del dinero, no tenga el que lo presta otra cantil 
dad que poder emplear, igual á la que da pres- 
tada ; porque si la tiene y no le es posible em^ 
piar las dos, puede percibir la ganancia con el 
dinero que le queda» y no se priva de ella pot 
dar prestada la otra cantidad, 



Digitized 



by Google 



148 

3.* Que tk<f se exija mayor cantidad que aque* 
Ha á que asciende , ó á la que prudentemente se 
calcula que ascenderá la ganancia que deja de 
percibir el prestamista. 

Esta regla milita también respo^to de cual- 
quier otro perjuicio que se esperimente, solo por 
S restar. Asi el que tieÉe que pedir dinero á ré- 
ilos para cubrir sus atenciones, por haber pres- 
tado el que tenia á un amigo para una urjencia, 
puede exijir de su amigo la cantidad á que as- 
cienden los réditos que paga , pero no mas. 

£1 caso de la usura no es ideal, como dicen 
algunos, porque tnucbas veces no se sigue nin- 
gún perjuicio por prestar, ni siempre permiten 
las circunstancias emplear el dinero con proba* 
bilidad de ganar , y aun en algunas ocasiones es 
imposible. 

Tampoco es un título suficiente para exijir 
intereses por el préstamo, el favor que recibe 
aquel á quien se dá prestado. Si lo fuera, también 
lo seria para llevar dinero por cualquiera favor de 
otra especie que hiciésemos á los demás , en cu- 
yo caso dejaría de ser favor, ni habria obligación 
de hacer jamás un favor ó un beneficio á nues- 
tros hermanos. ¿Y seria eslo conforme á la uti- 
lidad y felicidad jdncral? Seguramente no. Pues 
si esta es la regla para conocer lo que es confor- 
me al orden secundario, y á la voluntad de Dios, 
claro está que la usura es contra el orden sc- 
ctmdario y conthi la voluntad de Dios. 

Guando el que pide prestado padece una ne- 



Digitized by CjOOQIC 



149 
cesidad estrenia* 6 grave, aunque nósea estrema, 
DO será usura el exijirle interés por la cantidad que 
se le preste, si por prestarla se sigue algún perr 
juicio al prestamista; pero falta este gravemente á 
la estrecha obligación que tiene de socorrer al 
prójimo en este caso, aunque sea con perjuicio 
propio* Ni derecho tiene siquiera para exijir del 
pobre lo que le ha dado, aun cuando el po~ 
bre se halle alguna vez en situación de poder de* 
volvérselo, á no ser que le haya dadp mas de lo 
que está obligado á darle para socorrer su nece- 
sidad. En esto se distingue ía limosna del presta- 
moc y la obligación de dar limosna subsiste^ aun* 
que de darla se nos siga, como aempre se sigue, 
algún perjuicio ó pérdida en nuestros intereses; 
á no ser que sea tanta, que nos reduzcamos a la 
misma necesidad que queremos socorrer en el 
prójimo , ó bien á una necesidad grave , aunque 
no sea tanta como la del pobre; csc^pto cuando 
la de este es estrema , pues no es la voluntad de 
Dios, que nos libremos de una necesidad, aun^ 
que sea grave, á costa de la vida de nuestro her* 
mano. 

No hay usura , cuando el que ha recibido 
prestada alguna cantidad de dinero, negocia con 
ella, y el prestamista le exije la parte de ganancia 
que corresponde á su dinero, porque es suya, en 
razón de que lo que produce una cosa es del 
dueño de la cosa: del otro será el producto de su 
trabajo, industria y habilidad. 

Esto mismo sucede en el arriendo de las tier- 



Digitized 



by Google 



150 
ras 6 cualesquiet^ fincas rdslicas. IiO qne produ- 
ce la tierra es del dueño de la tierra ; pues aun- 
que esta no produciría si no se cultivase, tam- 
poco el trabajo é intelijeneia del colono, produci- 
rían nada I 6 m^ bien no podria trabajar el co^ 
lono, si no tuviese tierra que cultivar: y asi en 
los arríendós llevan licitamente, el propietario el 
producto de la tierra, porque es snfo) y el colo- 
no el producto de su trabajo porque también es 
suyo. 

En el alquiler de las casas, una vez que es-* 
tas no son de suyo productivas, parece que el 
propietario solo tiene derecho á exijir del inqui- 
líno lo necesario para pagar los reparos, contri- 
buciones y mas cargas que pesan sobre la casa, 
cuyo importe, siendo suyo, desembolsa en fsivor 
y utilidad del inquilíno. Pero si asi fuese, resul-^ 
taria un perjuicio considerable al due&o de la 
casa, por cuanto carecería , no solo del producto 
del capital empleado en ella, producto con que 
podia contar empleando el capital ea d comer^ 
cío 6 en fincas rústicas productivas, sino hasila del 
mismo capital que había costado la casa, porque 
empleado en ella, ya no podia disponer de él pa- 
ra uso ninguuo en sus necesidades, 6 comodida^ 
des; ni pooria recobrarlo vendiéndola casa, por- 
que nadie querría comprársela ^ por no verse en 
el mismo caso: perdería, pues, el producto del ca- 
pital y d mismo capital. 



Digitized 



by Google 



151 

CAPITULO xn. 

I 

Contratos de trahajo,i^en^icio. 

El servicio en España es volantario y por 
contrató: la autoridad del amo solo se estiende á 
lo que permite una justa interpretación del con<* 
trato. El modo de tratar á los criados en cuanto 
al alimento, habitación, género y cantidad del 
trabajo que se exija de ellos, los intervalos de 
descanso y libertad que se les hayan de conceder 
etc., debe» determinarse en mucha parte por el 
- usOr Porque aunque el contrato deberia contener 
todas estas particularidades, las partes contratan- 
tes determinan algunas de las principales; y por 
un convenio subentendido, se remiten en cuanta 
á las demás á los usos conocidos^ de^ cada pais en 
semejantes casos^ 

Ningún criado tiene obligación c(e cumplir 
las drdenes ilegítimas de su amo; de ayudarle, 
por ejemplo, en placeres criminales^ ó de asistirle 
en operaciones prohibidas en su profesión,. como 
en ejercer el contrabando, ó en adulterar los ar« 
tículos de su comercio. El criado solo está ligado 
por su promesa, y la obligación de una promesa 
no recae sobre acciones ilegítimas 

Tampoco la autoridad del amo justifica al 
criado cujAndo obra mal ; porque no lél justifica- 
ría su misma promesa en que se funda aquella 
autoridad. 



Digitized 



by Google 



isa 

A los amanneDses, empleados eo algnna caja; 
aprenclíces etc., sé les debe emplear únicamente 
en la profesión ó en el comercio en que tienen in- 
tención de instruirse. La instrucción es su paga, 
y privarles de las ocasiones de instruirse, empleán- 
dolos en ocupaciones agenas de su estado, es pri- 
varles de su salario* i 

£1 ' amo es responsable de lo que hace el 
criado en el ejercicio Ordinario del empleo á que 
le ha destinado ; porque el criado obra según una 
autorización general del ailio^ que equivale exac- 
tamente en cada caso á un encargo especial. Asi, 
si yo entrego dinero al cajero de un hanquero» 
este es el responsable; pero no lo será si lo en- 
trego á su lacayo 6 ayuda de cámara, á cuyo 
cargo no está el recibir dinero. Por la misma ra- 
zón, si yo acostumbro á enviar un criado por 
géneros al fiado á casa de un comerciante, y los 
pago á su tiempo, serán de mi cuenta todos los^ 
que tome mientras esté á mi setvicio. 

Los buenos informes y atestados á favor de 
los criados, ya sean de palabra, ya por escrito, se 
dan algunas veces con tanta facilidad y Gaita de 
reflexión , que son, á mi parecer, un verdadero 
engaito para el que admite un criado, fiándose 
en taícs informes. Algunas veces se dan por indi- 
ferencia , y otras por deshacerse de un mal cria- 
do sin necesidad de una desazón. La disculpa que 
se dá del daño que se causa en este caso, es la 
peor de todas; que no se sabe á quién se engaSa4 

A este modo de proceder se opone otro quir 



Digitized 



by Google 



«y 

zá mas inju^o todafta, por cuanto la ln}asticla 
recae contra quien nú tiene medios de evitarla: 
, j es el oponeros á los adelanfamientps de un cria- 
do^ porque oo quei'eis privaros Be sus &et vicios. 
Llegar á ser un obstáculo para los intereses de 
Tuesiro criado, es recompensar muy mal su fide- 
lidad; es estimular bien poco la buena conducta 
de esta clase nurúerosa, y por lo mismo importan* 
te en la sociedad» Es una especie de injusticia, 
que si se cometiese con un igual, se reprimiría 
por las leyes del honor. 

Un padre de familia es culpable i si permite 
vicios entre sus criados, que pudiera contener con 
un buen régimen en su casa, y por una justa 
ÍQtetvencion de su autoridad. Este deber resulta 
de la obligación general de evitar, cuando pode- 
mos» qye los demás, obren mal, y de prevenir las 
desgracias , . que icausa el vicio ordinariamente; 
obligación mas estrecha en un padre de familias» 
respecto de todas las personas que están á su 
cuidado. Eb efecto, no hay autoridad mas propia 
que la «uya para conseguir un objeto tati justo 
y laudable: ninguna autoridad pesa sobre sus 
subditos de un modo tan constante é inmediato. 

Lo que ordena la religión de Jesucristo to^ ' 
catite á las relaciones y jdeberes recíprocos de los 
amos y criados, respira un aire de liberalidad, muy 
poco Conocida en aquellos tiempos en que la ser- 
vidumbre era una esclavitud : liberalidad que es 
una consecuencia de considerar al género huma- 
no bajo la felacion de los Vínculds comunes que 



Digitized 



by Google 



154 
Qaen á los hombres con su Criador, j de sus 
intereses en la otra vida. ^^Slervos, dice San Pa- 
blo (1), obedeced con respeto y temor, en la sen- 
»cillez de vuestro coraron, á los qué son vuestros 
»amos según la carne, como á Cristo; no les sir*- 
3» vais solamente cuándo os ven, como si solo os 
» propusierais agradar á los hombres^ sino cum- 
»pliendó con gusto la voluntad de Dios, como 
«siervos de Jesucristo: Servidles con afecto, co- 
» mo si sirvierais al Señor, y no á los hombres; 
^j sabed. que cada uno, sea libre, sea esclavo, se» 
»rá recompensado por el Seiíor, según el bien 
»que hiciere! Y vosotros tamlMen, los que s<hs 
»amo5, cumiplid con vuestra obligación para con 
y» vuestros criados; no os encolericéis, contra ellos^ 
30 teniendo présenle, que tenéis vosotros lo mis- 
»mo que ellos, un Señor en el cíelo, par^ quien 
y» no hay acepción de personas/^ La idea de refe** 
rir su servicio á Dios, de considerar á Dios co- 
mo que los ha colocado en ese destino, decirse á 
sí mismos que hacen su divina voluntad, y que 
de él deben esperar la recomp<£tísa,.era una idea 
nueva, que da á los amos una seguridad mucho 
mayor, que cualquiera otro principio secunda- 
rio, porque tiende á engendrar una obedkncia 
constante y de conciencia, en lugar de un servi- 
cio forzado, con el que no puede contar el amo 
cuando está ausente, y que se puede llamar con 
propiedad servicio ó la vista, río es rneuG» digna 

(t) Ad ^fhM.FL 5* 9* t 



Digitized by CjOOQIC 



155 
it atención, ni ^ menos importante la exborta* 
don qne se hace á los amos, para que se acuer** 
den d^ su propia sujeción y responsabilidad. ¡O 
cuanto alivia muchas veces esta prevención la 
suerte de los criados! 

CAPITULO XIIL 

Contratos de irabafo.^Comisioms. 

£1 que toma á su cargo los negocios de otro, 
los hace suyos propios; es decir ^ promete poner 
el mismo cuidado, atenciotí y diligeúcia que si 
fueran suyos; porque sabe que en esta inteligen- 
cia y con esta esperanza se le confian: pero no 
promete mas. Y asi, el comisionado no está obli- 
gado á visitar , inquirir, solicitar, recorrer el país» 
trabajar, estudiar etc., aunque conozca que con 
estas diligencias puede conseguir alguna ventaja 
para su comitente; sino que cumplirá con su de« 
ber, si hace todas aquellas diligencias, y emplea 
toda aquella actividad y cuidado que exije el asun- 
to, según su parecer; es decir, que él juzgaria 
convenir para el mejor éxito del asunto, si fue- 
ra suyo; aunque con el tiempo se conozca, que 
con mas actividad y perseverancia se hubieran 
conseguido mayores ventajas 

Una de las mayores dificultades en la situa- 
ción de un comisionado consiste en saber hasta 
qué punto puede desviarse de las instrucciones 
que le ha dado di comitente, cuando por haber 



Digitized 



by Google 



155 
variado las circunstancias se puede creer que esté, 
8Í estuviera presente, mudaría de resolución. La 
latitud que se conceda á los agentes en estos' ca- 
sos, será diferente, según que su encargo sea con-* 
fidencial, ó de oficio, y según exijan 6 no la re- 
gla general, y la naturaleza del servicio, una 
obediencia pronta y precisa á las órdenes que ha 
recibido. Un hombre de negocios, enviado para 
comprar una heredad, se guardará, y con fazon, 
de ofrecer por ella lo que tenia orden de ofrecer, 
si halla alguna nulidad en el título de pertenen- 
cia. Mas si ^un oficial destacado por su general 
para una comisión particular, la encuentra mu- 
cho mas dificil de desempeñar, ó mucho menos 
útil que lo que se habia creido, hasta el punto 
de coavencerse, que si el general conociese el ver- 
dadero estado de Jas cosas, revocaria sus órdenes; 
este oficial debe, sin embargo, proseguir, á todo 
evenlo, en la ejecución de las órdenes que ha 
recibido, si no puede enviar á pedir nuevas ins- 
trucciones, sin esponer la ' ejecución de las que 
tiene* 

Los objetos confiados á un agente puedea 
perderse ó deteriorarse en sus manos por algún 
accidehie. En este caso, si no recibe salario por 
su comisión, no es ciertamente responsable déla 
pérdida , porque poniendo gratuitamente su tra- 
bajo, nó es de presumir que se quiera cargar 
también con esta responsabilidad. Si el agente re- 
cibe algún interés por d desempeño de su comi- 
sión, la^resolucion de la cuestbn dependerá de 



Digitized 



byGoogte 



157 
la opinión de las partes coando hiGÍeron el coiv* 
trato; opinión que es necesario deducir princi- 
palmente de la costumbre, según la cual proba- 
blemente se formó. Toda espresioui que envuel- 
ve implícitamente una promesa » debe mirarse 
como obligatoria para el encargado, sin que ba- 
ya necesidad de recurrir á la costumbre; como 
cuando el propietario de una diligencia advierte 
que no sale responsable del dinero» bajilla y al-* 
bajas de los viajeros; por este mismo hecho sdle ^ 
responsable de lo demás : ó cuando el precio es 
demasiado alto para el trabajo, en cuyo caso una 
parte debe mirarse como el precio de una ase* 
guracion. Ademas toda precaución de parte del 
propietario para preservarse de algún peligro, 
indica que toma sobre si la pérdida; como cnan^ 
do divide un billete de banco en dos para remi- 
tirlo por el correo en dos veces. 

Generalmente hablando, si no se puede pro«- 
bar contra el comisionado una promesa espresa 
ó tácita, debe recaer la pérdida sobre el propie* 
tario. 

Puede.suceder que el ccmiisionado tenga que 
padecer en su persona ó en sus bienes por cau- 
sa del negocio que tomó á su cargo: v. g. cuan-* 
do nnt hace un viaje en beneficio de otro, pue-* 
de quedar maltratado él ó su caballo por una 
caida. ¿En este caso puede pedir una compen-- 
sacton? A no ser que asi se haya estipulado es-^ 
presamente, el comisionado no tiene derecho en 
este caso para exigir del comitente ninguna com- 



Digitized 



by Google 



158 
pensation. P(»<pie 81 no ethbtL previsto d peli- 
gro, no hay motivo psira presnnnr que el comi- 
tente se comprometiese á indemnizarle, cuando 
fte realizase: y mucho menos se puede presumir 
cuando se previese el peligro, porque cualquie- 
ra que se encarga con conocimiento, de una em- 
presa peligrosa, toma comunmente sobre sí el pe^ 
ligro,y sus consecuencias; como cuando un bom* 
bero se ofrece á sacar, por un precio determina- 
do, un baúl del qnedio de un incendio, ó el due- 
ño de una lancha á sacar .un paaagero de un bu- 
que próximo á naufragan 

CAPITULO XIV. 

, . Contratos de írabajo.'^ociedades. 

En los contratos de sociedad ó compañía, na- 
da se ofrece ^ue necesité esplicacion, sino el mo- 
do con que se debe repartir la ganancia, cuando 
uno de los socios contribuye con su dinero, y el 
otro con su trabajo: caso que se presenta con £re» 
cuencia. * 

lUgla. Sepárese del fondo total de la com«- 
panía la cantidad anticipada, y divídase el resto 
entre el socio capitalista, y el socio trabaj^or, en 
la proporción del interés ó ganancia del dipero 
con el precio ó valor del trabajo, poniendo el di- 
nero al mismo interés que hubiera tenido em- 
pleado con el mismo grado de seguridad que en 
el contrato de compañía, y el trabajo al precio 



Digitized 



by Google 



159 

que exíjir^ un hombre por el misiño trabajo j 
ia misma responsabilidad. 

Ejemplo. Anticipa den mil reales A«, pero 
no entiende nada de negociaciones; B. no tiene 
dinero, pero está criado en el comercio, j se en- 
cjarga de la negociación. Al fin del ano asciende 
el valor de los fondos de la sociedad á ciento y 
diez mil reales) ha^, pues, que repartir diez mil 
reales. Pues bien; supongamos que el interés que 
en este caso, atendidas lasL circunstancias, se pue- 
de asignar al dinero, es un seis por ciento; seis 
mil reales son de A. por el iotere's de su dinero. 
B., antes de entrar en este contrato, ganaba tres 
mil reales por el mismo trabajo empleado en la 
negociación: con que su trabajo debe estimarse 
en tres mil reales. Deben pues repartirse los diez 
mil reales en la proporción de seis á tres, es de*» 
cir, que A. debe recibir 6666 reales 22 */j mrs. 
B. 3333 reales 1 1 '/j mrs. 

Si nada se ha ganado, A. pierde su interés, y 
B. su trabajo, como es justo. Si se ha disminuido 
la masa primitiva, B., por esta regla , pierde so-* 
lamente su trabajo, como en /el caso anterior, 
mientras que A. pierde su interés, y una parte 
de su capital. Para compensar esta desventaja eyen* 
tual, se estima en 6 por iOQ él interés del dine- 
ro de A. en la división de las ganancias, cuando 
la hay. 

£s verdad que la partición de la ganancia 
rara vez se olvida en el contrato de sociedad; y 
se halla de consiguiente arreglada por una con* 



Digitized 



by Google 



160 
vención mutua. Pero para que esta convenckm 
sea equitativa, debo conformarse con los princi* 
pios de la regla que dejamos establecida* 

Todos los socios están comprometidos en lo 
que haga cualquiera de ellos en el curso de los 
negocios que tocan á la sociedad; porque bajo de 
este respecto, debe considerarse cada socio como 
ún agente |iutorizado por los^demaSb 

CAPITULO XV, 

De la mentira. 

Mentir es significar voluntariamente f:on pa«* 
labras, con acciones, ó de cualquier otro modo^ 
lo contrario de lo que se siente^ 

La mentira está prohibida por el derecho na- 
tural, por ser contraria al orden tanto primario 
como secundario, y de consiguiente á la volun-* 
tad de Dios. 

Es contraria al orden primario, porque lo 
son todas las acciones que se oponen á la infini- 
ta perfección de Dios, y una de sus perfecciones 
es la veracidad. 

£s contraria al orden secundario, como lo 
manifiestan las funestas consecuencias que tiene 
la mentira, respecto del bien de la sociedad. £s-^ 
tas consecuencias se ven, ó en los daños partí* 
eulares que con ella se causan á determinados . 
individuos, ó en la destrucción de la cpnfianza 
que es esencial á las relaciones de la vida social 



Digitized 



by Google 



l^dt esta úMüía rázon, úná' mentrra puede ser 
pemício^ en su tendencia general, y por tüff^ 
secuencia, critninal, aunque no próduisca isilíguft 
mal particular, ó perceptible, á nadi^. ; •'*;' 

Bstj falsedades, que ¿ó'*sótfíteíéíitit-as^'^ 
por lo mismo no sotí cütpa^ei, *cétíii> eüáúd^ 
tino cuenta ó escTÍ)>e iitiá 'fóbnIaV'íHti* sipdlb^ 
tina parábola, con objetó dé dai^ ^guna In^tf^i^ 
€Íon moral; los cuttnilimién!os'^tittrf63taTe#s*í- 
tíoa ó al fin de una cátala -etéi, j^orijúe' pé^r ié 
Irégüiar no se quiere decirlo ^üé^ííighificaii^ú^ 
teríalmente las palabras; ül nadie lé^én^iendb áík 

Hay mucbos que en fe conVeSrsácten*ha¿ícon- 
traido un bábito de fingir <9 exágerálr h> qué^d^ 
¿en, 6 refieren , creyendo que cüándlslos'he^hdi 
son indiferentes, y no bay pelígw4iVTefei»iri&iji 
aunque sean falsos, es mánifeksrr ' tíií^ i^s^t^ 
supersticioso hacia la verdad^vitüj^iertí éstaPcWi 

duCta* ■ •*''''' •>'í.VMf;'>..MÍ') 

Pero, en primer lugar," ;1á ^efelfw, i^^^Üi 
hemos dicbo, es contraria á la infinita pérfcíét^kK! 
de Dios, y por lo mismo no puede ser del agra- 
do de su Divina Magestad. £n segui^do lugar, 6S 
imposible determinar dé antemano con seguri- 
dad, si no hay peligro en decir una mentira^ 
P^ülái irrei?ocahih ; y muchas veces toma con el 
tiempo mucho aumento, que muda completa- 
mente su niaturaleza. Puede deber su malignidad 
i las adiciones y alteraciones de los que la hacen 
circular; pero esta malignidad debe pesar en par- 
te sobre d primero que la puso eü circulación; 

11 



Digitized 



by Google 



m 

c(mye^^\Qni);^í/ce que e¿fta quede dieCraudada 
^p0i{det%9t«^]de sú pb)etQ. Upa ^can parte de 
los pla€ere&)y;;;fpdas \2^ vefitaja^ d^ |^ cpavefs;^7 
^,P^4^pflndqi>,jáqi,^a xxinñaLfi^ en h^ veracidad 
^j^>jMe,WW?;j'>f?lifu)^^^^^ JGüeptir d^ruyp 

^l^feoda|Wnt»R,|jp}e^i3 confiaua?.,En efcqto^,^ 
i|W;^<^QyWd<>w;»iecfis%i;iaff¥ hade ycf fií^. 

J^ imypT» pwpfejíc|a4i P<?^ca,4e ^o qme debe cv^^ 
«pulido fií^J)?í,^ufti€Í ,qu<5.Jí^ljla no se corísi^e;r^. 
^8^ i ¿?^rí Jla ,T^dad ^.«iop. según. el¿;ya49 
4íkiropQí^Waiqu^ da elá lo que refiere* ^.j; 
-iKí JPiQíO. ;IW5|. í?Wft Wf ;f^ey^e que las prece- 
^íe*i>. W qj^^ J*^ Weutir?^ ^<¿bre cq$as de ppc% 
liaj^rtaaíifífci<w4^CCTica plicas que la tienen^ njiuj 
gijitíd^ 5íi?íÍi^,íioiM)cí4^ á ninguna ,p9rfoi)^ q^e 
^Lt^. ií, l^ry/Brdí4^^fiP:baga|i?las^ de ,qu^e^ se piJ^^ 
feíaTiW ^o»^jí^í?)guqa,i?9psiderac¡on. I^s dísti^ 
cíonesdíficilesy delicadas son imposibles en^qqi^ 
]J|iSf.Qca^^f)s,i%uQfse piresen^n á cáela macqento, 
oeütQp su^flcpí^níloseliabla. El hábito, p^f;^4f 
mentir»' U(na v^ forondo, Uegf fs^cl^enie has^ 
el punto de servir i los, designios do /la, iua)if^ 
6 del interés. Ademas, va siemprp.Greciepdp i;i^f 
turalmente compjpdos las demás, hábjlos. {. (. 
Los fraudes piadoso^ ^ corno se les, D^o)^ tan 
sin Tason, las pretendidas inspiraciones , )o^ 1¡^ 
brtis forjados, los milagro^ contrahechos, son ep^ 
ganos de un género mas seria Puede ser quft 
algunas veces, aunque raras, se intenten y sos;^ 
tengan con el deseo de hacer bien; pero el bica 



Digitized 



by Google 



-163 
qíle ¿e elloft sé esperase nunea les librarla 4e ser 
esencialmente malos, y ademas, para que se si- 

£aiese un bien , seria necesario que durase siempre 
t cremicia de tales embustes, lo que es casi im- 
posible; el descubrimiento de un fraude debe 
desacreditar siempre todas las pretensiones de la 
misma €lase« 

Asi como puede hsXxv faisedadts sin mentir 
n, tainbien puede baber mentiras sin falsedad* 
Haj siempre una puerta abierta para esta preyar 
ricacion, cuando el sentido literal de una frase 
es diferente del sentido popular jr usual El en- 
gañar voluntariamente es lo que constituye la 
mAuira, y engañaremos voluntariamente, cuan- 
do nuestras espresiones no sean verdaderas en el 
sentido que nosotros sabemos que se les dá, Ade- 
maS| es un absurdo sostener el sentido de una 
palabra, si está en oposición con el uso recibido; 
porque el uso, solamente el uso, ^^ el sentido 
de las palabras. 

Puede alguno hacer ^ por decirlo asi, una 
mentira, ó mentir con alguna acción; como cuan- 
do señala con la mano á un viajero, que le pre- 
gunta por tal camino, otro camino diferente, 6 
cuando un negociante cierra la pueria dp su 
casa pra hacer creer i sus acreeaores que eslá 
ausente» Bajo todos los respetos morales, y por 
consiguiente con relación á la veracidad , I9 j)^t 
labra y la acción son semejantes, la paijab^f)^ 
es oías que una especie de acción. '. ' r 

Últimamente bay también mentiras depmi- 



Digitized 



by Google 



sion. Un^utor que escribiese la kisloria de^E|«> 
paoá, y en el reinado, supongamos,. de Bo£m 
Urraca, refiriese aquellas acciones de esta Reina, 
que desaprueban varios historiadores ^ onmieni- 
'db voluntariamente los motivos j círcunstábrá^s 
ée la conducta de aquella reina, podria ser ae»-*- 
sado justamente de mentira, porque intítulando 
su libro Historia de España , contrai^ el eispeno 
Añ referir toda la verdad de los hechos/n^i'ájd 
ineti(>$ toda lá que llegase á su noticm. 

CAPITULO XVI. ; 

^ Del jurammio. 

El juramento es un acto relijioso por ti euid^ 
ponemos á Dios por testigo de que decimús la 
Hiferdad, y le im^ocamos como vengador, si fal* 
tamos á ella , d no cumplimos lo que prometekio^^ 

Las condiciones que debe tener el juramento 
para ser lícito son, verdad^ justicia y necesidad^ 
6 grande utilidad. 

' Falla á la verdad ú que afirma 6 ni^ lo 
contrario de lo que siente, y aunque no falta 
de este modo á la verdad el que diciendo lo que 
siente, afirma una cosa que es falsa, será culpa- 
ble, si antes de jurar no puso todo el cuidado j 
todos ios medios posibles para averiguar la ver- 
dad de lo que habrá de afirmar con juramento» 
* La justicia del juramento consisle en quesea 



V 



Digitized 



by Google 



165 
k'cita 4a coa qt]» se afiroia 6 se promete, 6 la 
amenaza que se hace con juramento. Asi falfará 
4 la «justicia^ del juramento, el que jure asesinar, 
á su enemigo, servir de tercero en amores cri-. 
minales, y el queafirme falsamente con juramen- 
to, haber visto á otro cometer un robo; pues 
ademas de faltar á la verdad en este caso, come* 
te la injusticia de perjudicar al prójimo. 

Falta á la necesidad el que jura , cuando por, 
dejar de jurar no falta á ninguna ley, ni de ju< 
rar se sigue alguna considerable utilidad para 
sí ó para el prójimo. 

Teniendo el juramento las condiciones nece- 
sarias, es un acto de religión; porque esta consis-* 
te en dar á Dios el culto, ó sea el honor y reve- 
tenáá que se le debe; y damos honor á Dios,^ 
eoaudo' confesamos sus infinitas perfecciones, lo 
i]4eihace el que jura debidamente; porque cono* 
ee y. confiesa su veracidad é infalibilidad, y por eso 
k pone por testigo; coafiesa su justicia y su po-* 
der ctisndó le invoca como vengador, si no dice 
la verdad, ó; no- cumple lo que promete con ju- 
randenlo, porque en vano seria invocarle, si no 
fuera justo, ó. poderoso para castigar, 
x: '£1 jurauíeuto . sin las condiciones necesarias 
es .esencialmente malo como opuesto al orden 
primario / porque o£ende á la majestad de Dios, 
pofr .ser Contrario á sus perfecciones: lleva consi- 
go-una negación ó un desprecio de la infinita 
»ftl)iduría, veracidad, justicia y poder de Dios, ne- 
gatdoD-iyidesjprdcio cootrarios también á la esen^ 



Digitized 



by Google 



^ 166 

tía del hombre f necesariamente^ inferior, sumiso^ 
y obligado á revercnckr á sn .Griadon- . . 

También es opuesto al orden secundario^ por«*> 
que el perjurio engaña k mayor confianza á 
que se pueden entregar los hombres^ pues no la 
hay mdyor que la que se funda en el juramen- 
to. Por esta ra%on las determinaciones legales que 
arreglan todos los derechos y todos los intereses 
' acá en la tierra , no pueden proceder sino sobre 
el juramento. Ademas, el perjurio ^ atendidas sus 
circunstancias, ataca los fundamentos de la repu-^ 
tacion, de la propiedad y aun de la vida. 

Los juramentos promisorios ho obligan, cuan- 
do no obligaría la simple promesa ^ y para resolver 
en los casos que ocurran, téngase présente lo que 
' «dejamos dicho de las promesas, en el capítulo 5/^ 
Mas no por eso quena exento el juramento pro-^ 
misorio de las condiciones que se exijen en todo 
juramento para ser lícito. Lo mismo decimos res«* 
pecto del juramento conminatorio. Al que pro-» 
mete con juramento dar á un necesitado mil rea^^ 
les, asi como no le obligaría la simple promesa.' 
de dárselos, si supiese que los había do emplear 
en vicios y maldades, tampoco le obligaria.én es* 
te caso el juramenta Al padre que amenazase con 
juramento tastigar á sa hijo ausente por su ma^ 
la conducta, no le obligaría el juramento, si supie-^^ 
se que su hijo se había enmebdado del todo. Noi 
seria justo llevar á efecto k promesa ni la ame-r 
naza en los dos casos, ni fue tal la intención de 
los que juraron; y aun cuando lo hubiera sidc^ 



Digiti; 



zedby Google 



ño debería ctibplirse ni h {nrbtiieísa fíMa AíñeriáH 

ia, por ser contra justicia. ' ' ' ' ' ' ^'^ 

Cuando los jurainentos tienen por objeto Há 

mayor seguridad del que loa éxtje , se deben ia- 

' terpretar y cumplir en el sentido en que los en^ 
tiende el que los exije; de otra manera no podrían 

' ofrecerle ninguna seguridad. Eslé es el sentido y 
motivo de !a regla jurare m anmiUm imponen-^ 
iís: regla que debe tenerse presenté siempre qué 
se trate de la legitimidad , ó de las obligaciones 

* de un jurainenta ' ^ 

CAPITULO XVW. 

I .... 

De las iesiamerttoSé 

La cu estíóti fundamental acerca de los tés- 
lamentos, es si son de derecho natural ó de de^ 
recho adventicio \ es decir , si pertenece á mí 

* hombre en el estado de naturaleza, ó por la ley 
natural , el derecho de disponer de su propie- 
dad para después dé su muerte, ó si le pertené-^ 
ce por las leyes positivas del' país en que vive. 

El producto tnníediato del trabajo personal 
de cada uno, stcs berra mientas, sus armas, los 
utensilios que '{abnéa, la tienda ó choza qué 
construye, f acaso 'las bestial que guarda y- alr- 
menta, le pertenecen lo mismo que el trabajo' q^'é 
ha empleado en tbdásektas cosas; es decir, son 
jiar^ é\ una ' própilááád natural y absóbifa. Eti 
' cottsecuenci'af i ^eBe , ségutí idguáói^ , dejárlás*^ á 



Digitized 



by Google 



m 

qpiieciqij]^, pifes ;^e nada limUat segan dlo^^ 
la continuación de su derecho, aun de$puea 4^ 
Sj^ laHierfe. . . 

Sin embargo, no se concibe bien cómo pue-; 
de subsistir el derecho de un hombte que no 
existe, ó en otrps términos, cómo puede un hom- 
l)re disiponer de una cosa para cuando ya no se^ 
suya; y claro es que las cosas no son de los muer- 
tps, aunque hubiq^en sido suyas cuando estaba ii 
yivos, Pero s§, pu^de esplicar el derecho de ha-f 
cer testamento de otra manera, diciendo que el 
testador hace en vida donación de lo que tiene, 
á favor del que instituye por su heredero, y como 
es libre en poner á esta donación las condiciones 
que quiera, dispone que aquel á cuyo favor la hace, 
no pueda disfrutar ni enajenar hasta su muerte lo 
^ que le dona, quedándose ademas el donante con el 
libre derechoy facultad para revocar cuando quie-i» 
i(s^ en todo ó en parte la donación. 

Fuera de esto, no pudiendo aniquilarse, los 
derechos naturales después de un cierto núme- 
ro de años, como los derechos creados por una 
ley civil, si el testador tipne por la ley natural 
^recho para disponer de sU; prppiedad por un 
§q]o momento después de su jqauerle, tiene e\ 
mismo derecho para disponer de qlla por millo- 
nes de años despue$ que haya muerdo, lo que es 
un absurdo. . . , ; ,, 

,, ] Mas aunque pueda disponer. ,^e las cosas re-* 
feridas aun para despuj^ ^^su pauerfe, ^lepdiep^ 
^o^á, la razpae^qu^^ funda sp, propiedad^ ha j 



Digitized 



by Google 



¿epropfvedad j aspedalmente Ja: territorial^ «6tií 
establecida sobre uú fundamento del jwdo dife» 
«lUft *. , ' ■ '/? 

Henao^* visto en el capítulo sobre . lá propíe^. 
dad^q^een el estado de naturaleza» eJ. dererlio! 
que tiene un bombre sobre una cierta, porcioii 
de terreno»^ procede de jque t^e necesidad de 
ella, y de ^lU. s^ sirve : este derecho pucSs, ceaa 
con d; usp y cop la necesi^d, de suerte que á la( 
miverte.d^ postor Jtuqlveá lacoamnidad^ sin 
qiie?«e atienda 4 la última voluntad del üUimó. 
propijetario,. y aun sin ninguna preferencia en 
favor de )o5 íncjividuos de su familia/cuando no 
som desp^e&de él los primeros ocupante, y le 
suceden en las mismas necesidades, y etk el mis--, 
mo uso, . 

Las antiguas opiniones de los hombres, sobre 
este punto, concordaban bastante bien; con. e$t# 
modo de considerarlo. £1 derecho de testar pQise 
introdujo en la mayor parte de los, puf^blos., síaiOi 
por .un acto positivo de la autoridad pvl^Iica: cp«^ 
mo por las leyes de Solón en G^rcciav pt)r Is^s len 
yes de las doce tablas en Roma, y sel^mepte djssrf 
pues de haber progresado consid^ahl6|nQOte ilar 
^ivilÍ22|cio^ y. la ciencia de gobierrip^ TáoUo refie* 
ire que Ips testamentos no eran coáocidos .^ntre 
)<9S. Gc^rmanos; y lo que es mas potoblé .todavi% 
^n I^ngl^t^rra nadie podia disponer, d^f$us hiefie$) 
por, mfMJUio d^l testaxnento. hasi^ c4si ^.siglpA' 
^e^poos de )a conquisa, cuando, s^^cpiiQ$jdió,es|A 



Digitized" 



by Google 



♦7« ^ 

ntefitd M^el ¿Iliiáo affb M reynádo láe Eüri^ 
qm^Vtlt.' '■ '^ ' 

Es induclable que hay machas ventá|aíí én 
que eiHitiiitié'tEll 'derecho del pr'ápiétario sóhre sus 
bienes tnki allá !d^^ü propia vida, y ítias allá del 
derecho uisturalqiíe Viene Sobre ellos. Es*a dispo* 
sioion convida á lá índustiia, ánkna paralen ma- 
trimonio^ :y asegura el respeto y ísümision ''de los 
Wjos para con sus padres. Pero és neífeárío se- 
«iíilar un hmite á W dú#ctbii'dé' esW fácühad 
La mftyoi^'esténsion qiie íák l^ye^ dé Itightét^ 
conceden á la fuerza deutí testáfmeñto; es dtíran<t- 
té la Tkk de las persóúas éxistétítes á la* ibuéíte 
del testadbr; y veinte y un aííosí después;' Cónclttl- 
doíiesie líétojpo ya no tiene fuerza el tésta'íriénto¿ 

De esta consideración, que los testamentos &bn 
abra de las lejtes civiles que les dáh todasu fuer- 
¿rt, se puede deducir la decisión de la cuestfbu 
M>bre si uri testamento, que no esiéhtcho eñfof- 
rna, es obligatorio en conciencia para' aquellos 
qíie según la ley suceden en este caso ál propie- 
tario. Hablo "dé ün testamento nulo á los ojos dé 
la ley, por falla de alguna fot-malidad que se re- 
quiere, bieh' que no haya ninguna duda acerca 
de su a-úlondad. Gomó por ejemplo, éb^ndo drt 
hombre que hace su leslamentovdeja sus Iwenes á 
1^ hijo 'cte'iu' hermana, y el ifestíafinfento' honesta 
firmado máfs^ que por dos testigos en lúgár 6¿ 
irífev si tóf eiige lá ley, ¿el híjó del hermano, ^sífeti^ 
(l^'>comd^>ld és en dignaos puiscs» el lierédéro'iá 



Digitized 



by Google 



\m o)o8 :ide la ley^ «ti oUigiíbfcn oofiji^eía I 
reagimv Ms ppéDemrom» á fiíi^ór de'M priox» 
por ircspdfDs á k ^duátad de sa rio? ¿O'^l con-» 
timó, el legaitarioeslá oMigadb en ^concieMÍai 
tí desculare esta nnlid^ á entregar h» bienes, ^n 
el'sopuesto de que* haj^ toms^io posesiob de ellos; 
al heredero segairlaley? i 

Por punto genera)^ el iieredero segnn k kf 
no está ligado por k intcmcioii delttsí^or, por- 
que esta intención es i««k; á no' ser que k per- 
sena en quien se liaHa, tengsi el deredio de dis- 
jkmer ]cle sus Taimes después de su muerte. Em- 
pero el tesiddor no puede Privar este derecho 
sino de la ley del país, y k ley no lo concede 
sino bajo ciertas condiciones con k^ cuales ño se 
lia conformado. En consecuenck, el testador no 
tiene derecho a k &eultad que pretende ejerter, 
porque no ha cumplido ks condidones necesa- 
rks para aprovecharse dd beneficio de k ley , so- 
lo en virtira de k cual deben s^uir )ds bienes 
sa destiáo. Asi, pues, el legatario que oi:!ultand(> 
este defecto del testamento, permanece en pose^ 
sien de los bienes que le han sido legados, está 
exactamente en el caso del qu^ se aprovecha de 
k ignorancia de su vecino-para privarle de su 
propiedad. £1 tal testamento no es mas^que Ufi-^ 
papel inútil, por falta de derecho éh:ik< persona 
que lo otorgó. Y no me parece que: sea <e»o ate- 
nerse á la letra de k Idy para destruir su espí- 
ritu; porque yo piemb qc|e está, mvy en k in^ 
tención; del legbladervque nip^m tcsisapeaioae 



Digitized 



by Google 



17» 
Heve i eyemcioQ fenaiido ae iratacle^^ebpíedacleri 
reales, si nei «stá conitestadoi seguí» -la» í^roia' pre^ 
cisa que exigen las leyes. SI las disposiokme» te»^ 
tameatarias :se fundasen en un derecho natural^ 
independiente de toda Gonstitucion positiva ^ hu«* 
bíera jo decidido de otro modo la cuestión; por-^ 
que entonces consideraría yo á la ley, mas bteh 
como' rehusando su asistencia ipava sosteobr el 
derecho del legatario, que. como destruyendo 6 
alterando el derecho, miamo. 

Sin embargo, quisiera yo que se tratase de 
un casoeo queniñgunacotisiderádion de piedad, 
hacia la. desgracia, de sumisión á un paríente^de 
gratitud á un blenhiechor, viniera á mezclarse-, 
^n k regla de la justicia. 

La preferencia que debemos tener respecto! 
de nuestros parientes al disponer de nuestra ha*** 
cienda (esoeptuando el caso de que los parien*-^; 
tes sean de la misma línea, que es del todo dife^ 
rente), viene, ó del respeto que debemos^ tener^ 
á la intención presunta del ascendiente de qaiea 
hemos recibido nuestra fortuna, o de la ésperati*^ 
2» que podemos habed suscitado 6 alimentado eh 
el ánimo de nuestros fiarientes. Cuantos mcnos^ 
grados medien entre el antepasado y nosotros,! 
QOíi tanta joaas certeta se puede presu'üitr cuál 
baya sido su^utencion., y tanto mayor debe ser 
el respeto con que la miremos; esto es lo que pro* 
du/ce la diferencia entre los grados de pdrenlesco^ 
Se puede presumir ii|ue la in|encion y el deseo 
día uo.padreí sor. que la:herencia que dejai des^ 



Digitized 



by Google 



nn 

*i0er%^9 cuánád añ'loidispooen ó fKniiiteiiias 
kyeiy'qiwde á lo menos en la Emilia de los ée* 
ffias iiíJQs, qoe le son Han ^ros como el inrimo* 
^éoBto. Cualquiera qne'sin: vasoa dá sja patrímóu- 
slo fuera de la faonlia de su hermana 6 de sm 
hermana, es culpable, no tanto de injusMia cdn^ 
ira estos últimos, como de ingnititnd pira con 
ao^ padre. La ddTerericia' iqoe el poseedor de los 
UtMs- debe á la fnténebnf' presenta de^sucavH* 
iMne,:debe variar también se^un ]m dftcitnstán^ 
«¡as^sig«fientest si aqu^ cawsante ^hoó su ibrtuna 
^P-su industria personal, si la adquirid porca* 
-soaüdad , ó si no hiaso mas que transmitir á otro^ 
la herencia que él mismo había recibido. 

Cuando aígono se l¿i labrado él mismo su 
forana, y nadb ha hec^ para que otros concia 
iban esperanza de heredarla, absteniéndose de 
aquellas atenciones particulares tan propias para 
engendrarla, no está sujeto á la fuerza ' de l%ira» 
zones que acabamos de esponer , j se haUa^n pie* 
isa líb€;rtad de dejar suá bienes á sus amigos, á 
establecimientos de bene^eencia ó utilidad pábli^ 
ca^ en una palabra, á quien le pai^ezca. La 'san- 
gre, el parentesco, la proximidad, y otras dosas 
seiuejanles^ no son manque modos de haUar^ qtME 
nada tienen de realidad, ni suponen por sí mis- 
mas obligación alguna. 

Hay, sin eml^irgo, una razón para atender á 
las necesidades de nuestros parientes pobres, con 
preferencia á cualquiera otra persona que se ha- 



Digitized 



by Google 



17JI 

hacemos^ nadie ^ lo hátá:/lás; hombres, p¿r m 
coaseiltilfaiento fácito^ defaa las ramas pobres dt 
las Eausiilías aconuQdadaa al .cargo de los párientea 
rkos, ppnjue supcuBiea'en' ellos una inelinadóp 
0aiural i socorrer, á los suyos antea que á los 
estranbs.: .- 

£1 no liacer testaoiento es un descuido culf* 

Sbl^ euluidoresuhfto los eiectossiguiéntesi cuan» 
quedaü las hijas y los hijos segundos 4 mer^ 
ced dd prinaagéoko: cuaindo se distribuya .woa 
fortuna personal de un modo igual cniré hijo^ 
que no están en \i miaña posición, ni tienen las 
mism^ necesidades; y últimamente, cuando pue-* 
de originarse un pleito. 

La sucesión de los intestados debe arreglarse 
por leyes positivas, porque no hay principio nin- 
guno en el derecho natural, que pueda determi- 
nar la proporción en qué deben heredar los dife* 
rentes pretendientes; ademas deque la pretensión 
en sí misma, sobre todo en los colaterales, pare-^ 
ce que tiene muy poco fundaoiento &k la ley de 
la naturaleza. Estás disposicioues deberían diri-* 
girse por el deber é inclihacion presunta del dU 
fttoto, según que estas consideraciones pueden 
tener alguna influencia en las reglas generales* 



Digitized 



by Google 



i * 

- 1 SECCIÓN BEGiniPA, 

r,''.i..l.:'. ' í¡ : ( TW T^ - ' ■■ !••< i. •.; ' f 

" OILÍfiAáo¿ KEUmAS isbÍi^ 

flU^e 4el^ii^s prestar., en general Álo^i^lp^h^ibr 
brf»;, x¿} tarópofp ^n e) ' sentido ofd wftrio !^ bpi^^ 
d04*ff^^ cof) Ips.ppbrea'^. s\iio ep, oíto.^i)iIí4p mH 
al^modado á i^uesrrp.c^jielo; e^lQ^^irf^a sigi^ír 
fiqí^rei ft^ámentoy de ¡a fdici^d de fmetí^rQs.ifitt 

I . il^o 9xírq 4 la, .caridad j^ qst^ i^eolido', eooia 
itl ;pHoc¡:pal pbj^o .eii qu^ íd4>e «jer^Ger^ela vinr 
1^ ,re^p^io de iiuest ro^ ^qoejapt^r PQrc|ue mica^ 
Ir^s.^ue la prudencifi hunp^i^ dirige la.cQnduc* 
ta qpe debeaio^ qb^ryar.pfiraí.CQa li^es&irps sur 
periores, y la : ur^iK^Piid^d. la que debemos tener 
cojoi. niiestros . igqales » fioto e) pen^aipienCQ dq 
nu^&iral obligación, y en defecto de e^e pen^^r 
miento» un ^ntimiento habitual de humanidad» 
puede hacer que nos portemos como correspon- 



Digitized 



by Google 



de con nuestros inferiores, y con los que depen- 
den de nosotros. 

Tresl|<l| |ítj^&c%^|^nC^ i$i imedli^^^e pro- 
mover fa {encielad de nuestros interiores. 

1.^ El trato quedemos-á nuestros criados, y 
mas que dependan de nosotros. 

%^ riuestra asistencia en lo ^ue dependa de 
nuests^á^frbfi^iomL f ■ :í'/ • . ■ -..' 'í':;-. '•''' 

3.^ Los socori'os en dinero. 

/ ' CA3mT}tÓ«; > 

Conducta para can íes lárhdos é inf triar t$. 

'' ÍÁ^\^^ tu- 

Tfeton'ji(>r "acertado, i^arácomódidlad y recir*éd dfe 
tíidá uno; que mientras durase el vbgé, áéádé^ 
lámase rietíipre mío de ellos con eí firidé prépíi^ 
rafr el ^alojamiento y la Comida*, qtte ótrocui*- 
dase del ^aipáge ; otro de las cabalWfas ; ^ 
que otro llevase el dinero, corriese con- él gas*. 
1^, y dirtgie^ la marcha; sin olvidar, tío obstan- 
te, qtte una vez que todos ellos, eran iguales 'S 
ittdependiéntés^al tieikipo de ponerse en ca&mó^, 
habian de quedar á su vuelta en igual estado. La 
misma atención, la misma indulgenciadla xm^^ 
loa paciencia, la misma circunspección en va'ler^ 
áe del servicio de los demás compañeros, h^mis*-' 
ma dulzura en comunicar las órdenes, el misoto 
cuidado en bacer fácil y agradable el viaje, á que 
debia contemplarse obligado para con sus com'* 



Digitized 



by Google 



.17'7 
jtolktos ¿l^e \tiá il>á dfrlgtendo, ddbémos nosotros 
á los qae en la lotería de la sociedad humana, se 
hallan frolocados bajo nnestrb poder y dependencia. 

Otra réfláción, ctya tendencia es la misma» 
es qae nosotros les debemos mucho mas á ellos» 
que ellos á nosotros. Es un error el creer que 
un hombre rico mantiene á sus criados, á su 
tendero» á sítts colonos « y á sus trabajadores : ellos 
sMÍoé;qiíe le baantienen á él: su trabajo es el 
'qué ^ba&técesu mesa» llena su guardaropa, her- 
mosea sn tren» j provee á sus diversiones. Si no 
fuera el trabajo, ninguna renta producirían las 
fincas. Todo lo* que hace el dueño es distribuir 
lo que los otros le proporcionan con su trabajo» 
y ciertamente que ésta ocupación es la menos 
importante de todas. 

Tampoco veo mejor fundada una opinión 
muy comün entre gentes de condición elevada» 
á saber: que tanto se pierde si se trata bien á las 
almas bajas y comunes» porque son insensibles á 
h suavidad, é indsipaces de gratitud. Si por almas 
bajas y comunes entienden los que se haTlán en 
una condición baja y común »' no dreeíno^ q\xe les 
afecten menos quie á los demás ios buenos trata- 
mientos y los beneficios, ni les hagan 3er menos 
agradecidos. Si sucediera lo contrario, seria esta 
una ley bien singular de la naturaleza. 

Toda incomodidad que ocasionemos á nues- 
tros criados» sin utilidad para nuestro servicio; ó 
sin itUtencion de imponerles algún castigo mere- 
cido y saludable, es manifiestamente injusta» aun- 

13 



Digiti; 



íedby Google 



178 
que fuese solo por la razpu de qiie dismipuje la 
suma de la felicidad humana., 

Por esta regla nps está prollibHio: 

1 P Mandar un trabajo ó uq ei^fjie^rQ i^útile5t 
solo por el gusto de mandar. 

%^ Insultar á questros criados con palabras 
duras, despreciativas éinjuriosas^ . ' i ,r 

3-** Negarles los placeres ínoqe^tes, .,» 

Se prohibe por esta regla taqabien I9 ^6]fif;^ 
injusta ó inmoderada^ el mal huxporhabHua],, j 
las sospechas infundadas. , *.,... ^ ¡^ 

CAPITULO iir. ; 

Socorros que puede dar un homhrz por su pro- 
fesión. 

Se debe esperar principalcoepte . este geoer^ 
de beneficencia de los que nacep las leyes, de los 
magistrados, de los que ejercen alguna profesión, 
como los médicos» los abogados j curiales, y tam- 
bién de los sacerdotes. 

1 !^ El cuidado de los pobres debe ser el prin- 
cipal objeto de todas las leyes,, por la, sencilh'sima 
razón de que los ricos están en estado de cuidar- 
se á sí mismos. 

Todo el que se dedica á reunir observaciones 
sobre la naturaleza é influencia de las leyes con- 
cernientes á los pobres; á excogitar y proponer el 
remedio de las imperfecciones y ab^$os que i^ota en 
ellas;. ó á comunicar sus ideas á los que pueden 



Digitized 



by Google 



i79 
hacerlo con mas fruto y facilidad, es un benemérito 
de una clase de la sociedad tan numerosa, que 
8U felicidad form^ una porción considerable de 
la felicidad total; El cuidado y Id actividad que 
se emplean de esté modo, son una caridad eri el 
sentido mas meritorio de esta palabra* 

S.^ De todas las profesiones particulares, la 
medicina es la que proporciona al hombre ha* 
cer mas bien á menos coste. La salud, que es 
preciosa para todos, tiene un valor sumo para 
el pobre. Los males que le aquejan, como los 
dolores, el rehumatismo, etc. 'ceden por lo comuií 
á los remedios. £n cuanto al gasto, los medica- 
mentos cuestan poco cuando se C9mpran de pri^ 
mera mano; los consejos no cuestan nada. 

3.^ Los derechos de los pobres no son tan 
complicados, como violentas y ruinosas sus que- 
rellas. Un abogado, un procurador dotado de 
los conocimientos suficientes en su profesión, tie- 
nen por lo general bastante discernimiento para 
terminar estas disputas de un modo tan sólido, 
y mucho menos dispendioso que con un pleito; 
y bien se puede decir, que en este caso dan al 
pobre veinte duros que habia de gastar en un 
litigio. Cualquiera que tenga conocimiento de 
las leyes, aunque no sea un letrado, y tenga un 
genio conciliador, y goce al mismo tiempo de la 
estimación pública, será consuhado muchas ve- 
ces en este particular, sobre todo desde que el 
aumento de gastos ha inspirado un horror tan 
grande á los pleitos. 



Digitized 



by Google 



480 
Ni el que termina como arbitro las diferen-- 
cias de los pobres es el único que ejerce este gé* 
ñero de beneficencia. Un cons^ dado con opor<- 
lunidad, y con todo el peso que le presta la re- 
putación de quien le dá, podrá evitar muchas 
dificultades y embarazos á los presuntuosos ó 
ignorantes. 

Yo no veo caridad mas grande que la que 
presenta un asilo contra la rapacidad d las per- 
secuciones dé un opresor. 

, ÍP Con buenas razones y con aquella auto- 
ridad que procede de un respecto, siempre debi- 
do, y muchas veces voluntario por fundara 
también en un carácter puro y desinteresado, se 
puede hacer mucho bien á los individuos de la 
clase mas ínfima de la sociedad, tanto en arreglar 
su conducta, como en satisfacer su corazón. £n 
este caso se hallan las ministros de la religión. 
Los párrocos como que están mas en contacto 
con sus feligreses, \o& cuales pueden acudir á 
ellos pon mas facilidad y confianza, son los que 
están mas en disposición de dispensar estos benc- . 
ficios al pueblo. £1 uso bien^ entendido de esa 
facultad constituye una de ks funciones mas res* 
pgtables de la humanidad. 

CAHTULO IV. 

Socorras en dimrq. 
I. Obligaeim di socorrer á los pobres. 



Digitized 



by Google 



Mi 

II. IffoJo de socorrerles. 

III. Pretestos con que se librara algunos de 
socorrerles. 

L Obligación de socorrer á los pobres. 
Los <jue cuentan la compasión en el número 
de los impulsos primitivo^ de nuestra naturaleza, 
sostienen cpn razón que cuando nos mueve á re* 
mediar los males de la humanidad , indica sufi-* 
cientemente la intención de la divinidad y nues- 
tra obligación* Verdaderamente se puede dedu-* 
cir la misma conclusión de la existencia de este 
sentimiento, cualquiera que sea su origen. Que 
sea un instinto, que sea un hábito, siempre es 
una propiedad de nuestra naturaleza que entra 
en el plan de Dios. La causa final de esta parte 
del plan es preparar para los desgraciados, en la 
coinpasion de sus semejantes, un remedio contra 
las desigualdades que Dios preveia ser inevitables 
á un gran número de personas, cualquiera que 
fuese la regla general, según la cual se distribu* 
yese la propiedad. 

Ademas de esto, los pobres tienen un título 
fundado en la ley natural y que se puede espo- 
ner de esta manera. Al principio eran las cosas 
comunes á todos. Ninguno podía presentar una 
donación particular del cielo ,ninjg¡unq tenia me-* 
jor derecho que su vecino á una propiedad de- 
terminada. Hubo razones poderosas para que los 
hombres se conviniesen en repartir este fondo co- 
mún; y por las mismas razones creemos que Dios 



Digitized 



by Google 



18J 
aprobó este repartimiento. Peto se hizo y se apro* 
bó semejante adjudicacioa con la esperanza y con 
la condición de que se dejase á cada uno lo ue* 
cesario para subsistir, ó los medios de procurarse 
la ¿subsistencia. Y. como no hay ley tan perfecta 
sdbrib la distribución de la propiedad que pueda 
proveer á todos los accidentes y á todas las des* 
gracias que sobrevienen, se supone que subsis- 
tián estois accidentes y estas desgracias cuando se 
hizo la repartición, y que algunos dieron á los 
denias la parte que les tocaba con la carga de 
socorrerles. En consecuencia , cuando se sostiene 
con rigor el repartimienta de la propiedad contra 
las pretensiones dé la indigencia y de la aflicción^ 
se sostiene contra la intención de los que le hi-* 
cieron y del supremo propietario'de todas lasco- 
sas, que ha hecho reinar en el mundo la abun-^ 
dancia, de modo que se alimentasen y fuesen fe-* 
lices todos los que le habitan. 

No se debilita esta obligación por la imposi^ 
bilidad de saber la causa de la miserii^. La po-*^ 
breza en muchos procede de su desidia ó de sus 
vicios, es cierto; pero no tiene mucha voluntad 
de pagar á sus acreedores, el que sabiendo de 
cierto que pertenecen á una familia, á ninguno 
de sus individuos quiere pagar. 

Aunque el derecho qiie tienen los pobres á 
ser socorridos por los ricos, no tuviese el origen 
que acabamos de asignarle, y cualquiera que sea 
la causa de la miseria del pobre, es mas claro que 
la luz , que falta al orden primario, ^1 secundario. 



Digitized 



by Google 



♦85 
j á'la vohmtaá de Dios él insénsiUe qae cierra 
«u mano á kr desgracia. ' ¿Se cimfonDárá con la 
infinita bondad, noisericordia y liberalidad de 
Dios, el que vé padecer á sti. hermano y no le 
alivia? Un avariento duro y despiadado con los 
pobres, ¿contribuye por sía parte ai bienestar de 
los individuos con quienes vive en sociedad? ¿Y 
creería que los demás no obraban mal si le tra-* 
lasen á él como él se conduce con los menes* 
terosos? 

II. JIfodo de hacer el bien. 

Suponiendo siempre la misma suma que se 
ha de empllearen^ socorrer á los pobres, tres mo- 
dos de distribuirla Uaman principalmente nues- 
tra atención. ' 

El pif-imeto, y í mi parecer uno de los me- 
jores, es dar cantidades fijas y considerables, |^ 
forma de pensión, á personas ó familias de cuyas 
circunstancias y necesidades estamos bien infor^- 
mados. Una suma algo crecida dada de una vez 
6 distribuida 'enfi^ cuatro ó cinco Oamilias, será 
de mticho -mas provecho^ que distribuida por 
reales ó po^ cuartos entre un gran número de 
• indi'vkluos, porque los que la reciban natural- 
mente la emplearán : mejor. Un pobre miserable 
creerá qu& el m^or uso que puede hacer de un 
real e$ b(eber'uA euartillo de vino á la salud del 
que se ló* dló ; pero seguramente no dará á un 
pefiK> dtti^cí el Qiiismo destino; lo guardar^ paraf 
pagaftaicasett^/para compilar unos zapato^ ó pa-^ 
ra comer algimba días. Tamlnen se puede ale^r 



Digitized 



by Google 



en apoyo 4e e$te género de caridad , <]ne las j^n* 
sienes pagadas con regularidad^ y con las cuales^ 
se puede contar á su tiempo, son el único medio 
con que podemos, prevenir una. gran parte de los 
padecimientos del pobre; el temor de la hambre. 
.2.^ Pero como esta dase de caridad supone 
qfie podemos encontrar en el circulo de nuestrosl 
conodmientos y observaciones particularesy óbje*^ 
tos dignos de una beneficencia tan dispendiosa, 
lo que no sucede á todos» hay otro modo de ha«* 
cer bien al alcance del que puede disponer de 
algún dinero; suscribirse en favor de' algún es- 
tablecimiento público de caridad. £stas limosnas 
públicas tienen la ventaja, de que el mhwo di-- , 
ñero puede proporcionar un bien mas conside-» 
rabie que einpleado en limosnas particulares. Un 
d^lon, por ejemplo, dado á un , hospital bien 
administrado y es lo suficiente para, procurar, á 
lo menos á un enfermo, médico,. cirujano» boti- 
ca, un buen réjimen, alojamiento y conveniente 
asistencia; cuando á una persona ó faíüilia costa-^ 
rian todos estos recursos acaso diez veces mas. 

3«^ £1 último medio, y en comparación denlos 
demás, el menos bueno de ejercer la benéficen- ^ 
cia, es dar limosna á los mep.dWnte& ^\a emrr 
bargo, de ninguna manera apruejfbóldí'C^^tum* 
bre de despedir sin distinción á íbod^Jo^ qu0 de 
este mpdo imploran nuestra €ar¡d[adttS0mpjante 
conducta» si se hiciera generaU ppdni^>díL*)9r<per 
recer a muchos. Los hombres sevc^q^spr^prendir 
dos á veces por ciertas ii(^es{dadosi;<!uy<3^ .reme*? 



Digitized 



by Google 



♦85 
^ Ihlgariá tarde por ptro^in^ío. AdpH&as, h$ 
resolttCÍorte$ de esta Bataralezai, nes fuerzaa á vio* 
kntar de tal maDera los seatímientos de huma-^ 
xúdad, que ea ppco tiempo podriainx)» llegar á 
sofocarlos epleramente ; consideración muy sdria 
y q3uy gi:ave.Ua hombre bueno, aunque no se 
abandolee sin reserva á sus sentimientos, presta- 
rá á lo meuos^ el oido á importunidades acompa- 
ñadas de denlostraciones formales de miseria; y 
después .de haber oido con paciencia las cuitas 
del desgraciado « no obrará según la resolución 
que hubiese toaiado de antemano so^re el par* 
ticular, sino según las circunstancias y verosimi* 
litud de l^^relacion que le ha hecho el que le 
pide. • . 

Hay otros géneros de caridad muy bien insa- 
g¡tíadoS|.pata que el dinerp que se gasta, procu,^ 
re un beneficio á muchas personas y por mucho, 
tiempo; coo^P vender á un precio bajo los comes- 
tibles p combustibles en el caso de un monopo^ 
lio ó de una carestía momentánea ; comprar bara^ 
tas ^l^unas . mercaderías y venderlas al precio á 
que han' contado ó con una ligera pérdida; ó bien 
jiumentar voluntariamente el precio de algunos 
géneros de trabajo, cuando este precio es acciden* 
jEalmeiite 4P93Uy b^jo. 

L<i>Si.gii9ndes propietarios tienen en su mano 
el faciliiiar f<l i^anlenimientp, y ppr ]o mismo el 
i^et^tafr, el establecimiento de las familias (quC; 
e$:«<no de los mas nobles objetos i que pueden, 
dirigirse! la& odíras y esfuerzos: de los rica$ y de 



Digitized 



by Google 



18é 
los grandes ), edificando cabsíSas, dividiendo con-^ 
veniehtieniéñte las laÍ)oré^, estableciendo mann-- 
facturas, descuajando campos incultos^ poniendo 
diques al mar, desecando pantanos, y' cotí otros es-^ 
pedientes que sugiera al propietario la situación 
en qué se halle. Si el producto de estas eof pre^ 
sas no paga lo que han costado, los que han he- 
cho el gasto carguen la diferencia á cuenta de la 
caridad. Se puede decir con verdad, que en casi 
todos e^tos projectos el público gianisi , cualquiera 
que sea la suerte del propietario ; y cuando se 
puede evitar que este pierda, esta ci)rcunstancia 
debe ser decisiva. 

Es tina cuestión de alguna importancia cuán^ 
do deben hacerse en secreto las obras de caridad, 
j' cuándo en público, si de este modo pueden 
hacerse alguna vez sin perder nada de su m¿ri« 
to» Nuestro divino Salvador nos encarga por una 
parte* que cuando demos limosna, no toquemos 
la trompeta, como hacen los hipócritas, para 
atraerse la estimación de los hombres, sino antes, 
bien, que no sepa nuestra mano izquierda lo que 
hace nuestra derecha , á fin de que quede en se^^ 
crcto la limosna que damos; y por otra parte 
quiere que los demás vean nuestras- buenas* obraa 
para que glorifiquen á nuestro Padre celestia]; 
Las palabras de Jesucristo se conciliati fácilmen- 
te atendiendo á ?qúe el Señor reprueba*» que 6¿-* 
mos limosna delante de ]o^áem^&, ^ d 'finée 
que h vean: pues hay otros mótivoij |](ara*^dark 
en' publico. El primero es la gloria de- Diod que 



Digitized 



by Google 



Í87 
siempre ise promueve, viendo los demás que so- 
corremos por su amor al pobre y en cumplimien^ 
to de su santísima voluntad : este motivo !o reco- 
mienda el mismo Salvador. Ademas, podemos dar 
limosna en público para manifestar que aproba** 
mos ciertos géneros de caridad, para recomendar«- 
los á los demás y para dar ejemplo. También po- 
demos proponernos que no se dude de nuestra 
caridad 9 cuando no se hallan nuestros nombres 
inscritos en las listas de suscricion á favor de los 
establecimientos de beneficencia. Siempre que es» 
tos motivos no vayan mezclados de \%nidad ú 
otro motivo bastardo, no será reprensible y aun 
^rá laudable dar limosna en público. 

Sobre este punto puede establecerse la regla 
siguiente: Cuando nuestra caridad es mayor que 
nuestra fortuna y condición, quiero decir, cuan* 
do damos mas de lo que se debe esperar natural* 
mente de nosotros, debemos hacerlo secretamen- 
te si podemos : cuando no damos mas de lo que 
se puede esperar de nosotros, y concurren los 
motivos que hemos dicho antes, debemos hacer- 
lo en público. Porque nosotros no podemos es- 
perar que nuestro ejemplo escite ¿ los demás á 
imitar una generosidad esiraordinaria , y nos e&^ 
ponemos á que juzguen que damos aquella li» 
mosna por- ostentación « ó formen otro juicio po- 
co favorable á nuesfra intención, y no glorifiquen 
á Dios por nuestra buena obra; eti cuyo caso 
faltan los motivos para hacerla en público. 

Después de haber descrito los diferentes mb- 



Digitized 



by Google 



188 
dos de ejercer la caridad , no será fuera de pro^ 
pósito examinar cierta clase de liberalidad, que 
no se puede llamar caritativa en ningún sentido 
de esta palabra. Hablo de los que dan de comer 
y beber por hacerse populares; de los que pagan 
y mantienen compañeros de sus diversiones, co- 
mo cazadores, pescadores, tiradores y otros seme« 
jantes. ]So digo yo que esto sea criminal : solo di- 
go que no es una Caridad, y que no debemos su^ 
pqner, que porque damos algo á los pobres dé 
esta manera , cumplimos, ó se disminuye la oUi* 
Unción, da dar otra limosna mas recomendada, 
ipas desinteresada y meritoria. 

IIL Prtíestos con que se libran algunos Js 
socorrtr á los pchres. 

i . / *^ Que nada les sobra con que dar limos- 
na , '^ es decir, que tienen ya destinado para sus 
u$Qs el dinero de que pueden disponer; que to- 
do üo .absQi'ven sus gastos, según el gobierno que 
han establecido en su casa. Pero jamás se pre^ 
gun^^n si pueden , si deben cercenar sus gastos y 
rcduqii^ &u plan, para poder socorrer una nece^ 
si^ad; 4 mas bien, se olvidan de que esle obje- 
to debia entrar deade luego en su plan. 

.2. **Qug tienen familia y que la caridad bien 
prd^^nada empieza por sí mismo. ** Cuando hablé- 
mps de )as obligaciones de los padres, examiua- 
femps la latilud de este pretisto. 

3i ^*Que Ja caridad no consiste en dar dine- 
ro, sinoi^n, la benevolencia ó amor al género" 
bUtijQanQr en la bondad de corazón elCk'^ Escu- 



Digitized 



by Google 



189 
chad al Apdslol Santiago. ^^Si algún hermano 6 
•hermana nuestra no tienen vestido ó no tienen 
»lo que necesitan diariamente para vivir, y al- 
aguno de vosotros les dice: id en paz, Dios quie^ 
Jira que ballets con qué abrigaros y satisfaceros» 
9 sin darles lo que necesitan, ¿de qué sirve su 



• res 



apuesta 



?w 



4. ^^Que dan trabajo á muchos pobres. '^ Sí, 
por su propia utilidad y no ^ or la de los pobres: 
en otro caso el pretesto no es malo. 

5. ^^Que los pobres no padecen tanto como 
» nosotros nos figuramos; que la educación y el 
» hábito los han acostumbrado á los maleis de su 
» condición, y hacen que los toleren sin trabajo.^ 
£1 hábito jamás acostumbrará á la naturaleza 
humana á las estremidades del frió, de la ham- 
bre, y de la sed, asi como no puede acostumbrar 
á la mano á tocar el fuego. Por otra parte, no 
se trata de saber hasta qué punto es alguno des* 
graciado, se trata de la felicidad que nosotros 
podemos procurarle. 

6. ^^Qnñ esta clase de gente por más que 
» se les dé, no lo agradecen, ni se acuerdan ja- 
»inásde quien les ha favorecido.'^ En primer 
lugar, no es asi; y en segundo lugar, nosotros 
no debemos socorrerles para que nos ló agra- 
dezcan. 

7. ^'^Que es fácil que nos engañen/' Si nos 
informamos detenidamente , no por eso será ma- 
yor nuestro mérito en dar limosna: ademas, la 
desgracia de los que piden limosna, es verdadera 



Digitized 



by Google 



190 
por lo geoéral, cualquiera que haya sídó la cau^ 
de ella. 

8. ^^Que con el dinero se fomenta la bol- 
»gazanería y la vagancia/^ Esto solo es verdad» 
cuando se ejerce una generosidad sin discerní* 
iniento y sin distinción. 

9. ^H^ue tenemos á nuestro lado bastantes á 
» quiénes dar limosna, para que la demos á, los 
»estraSoSt 6 que hay otros modos de darla iitas 
» útiles y necesarios.^ £1 valor de esta escusa der 
pende únicamente del hecho: á saber, si efecliva- 
menle socorremos á los que están allegados á 
nosotros, ó si damos limosna de cualquier otro 
moda 

i 0. **Que los pobres atienen asilos dotíd^ re* 
» cogerse/' No los hay en todas partes,; y donde 
los hay, muchas personas no pueden entrar eA 
ellos por sus circunstancias, otras tendrían que 
abandonar, ó arrastrar consigo necesariamente á 
las personas mas caras á su corazón; otras padece* 
rían una gran violencia en recibir esta clase de 
socorro; últimamente, semejante disculpa « es in- 
admisible en gran número de casos* 

Ademas de estas escusas, el orgullo, la indi-^ 
ferencia, el egoismo impiden á una mitad del 
género humano pensar en los trabajo* de la otra 
mitad. 



Digitized 



by Google 



19> 
CAPITULO V. / 

Del resepiímienfo, } 

£1 resentimieiitp se pja^e.dl^idir^a cóUtíf 
j en venganza. . ' ^ • 

En^eodo pqr coUrfíM pena qiuQ sufriólos al 
recibir unfi afrenta ó una.mjuríat y los efectos 
ordinarios que es^ta pena nos caus^. 

Por venganza entiendo la acdoa de infligir 
¿ la persona que uo^ ha injuriado ^li' ofendido, 
un^ pena mayor que la que exige un castigó >ju^ 
.to, ó una^T^paracion ?legítin;ia/ 
_ . lia cólera, .escita á la yengaoza; pero; pode- 
BIOS suspender su^ efectos,,.]» que. no podados 
desarraigar;, su principio^ si bien debeqqps esforr 
larnos^ por .ateouarle y corregirle. I)e modo quje 
nues^r^ 9^1igacion exige en <e^te puntq.dosjg^é* 
rps^d^ jit($ncion; y por lo mismo la cólera y 1^ 
yengana^ ppeden examiparse á p^rte. 

CAPITULÓ VI.' 

De la cólera. 

No^^i^mpre la cólera es imputable, porque 
en ciertas ocasiones no se puede evitar^ Pero 
siempre está en nuestra maqo dulcificar nuestro 
carácter, habituándonos á reflexiones justas y fre* 
qiepiés que nos hagan menos irritables por las 



Digitized 



by Google 



injurias, y mas fáciles ile aplacar , aunque muchas 
veces no podamos contener nuestra ira en el pri-' 
mer momento, en razón de que somos meramen- 
te pasivos en la emoción que escita en nosotros 
una afrenta 6 una injuria; y lo mas que pode- 
mos hatér es que no se áuiifettte;ni sé manifies- 
te por algún acto esterior. y- \ 
Las reflexiones siguiente eondüceii mucho 
para mitigar ntiéstra cóieira. I^a posibilidad 'de qiíe 
nos engañemos en cuanto á los motivos, por que 
hemos sido ofendidos ; muchhs* Veces tóinamos co- 
mo pruebas de malicia las ofensas ¡que ñíos hah 
hetho, no isiehdo mas que mi efecto de iiií^^i*^ 
tencia; los incitativos que han arrastrado á nues- 
tro aídversarió á hacer lo que ha heého, y la fuer- 
za con qué los mismos incitativos han óbhtdo^ifl^ 
guna? veces en nosotros mismos^ qué acaisó eisiii 
ya arrepentido y no tiene Valor ü oicasíbli dé ma- 
nifestar su arrepentimieñió; que es bien poco gé<- 
nétosó triunfar friametité; 6 desatarse^ eii inju^- 
rias contra una persona yk hüíniUádsí eti siÉt in- 
terior; que el usar de indulgencia es muy dulce, 
y que no hay ni honor, ni virtud, ni utilidad 
en cerrarla la entrada en nuestro corazón: todo 
esto habla con aquellas personas que se creen obli- 
gadas á alimentar y reanimar su indignación, 
cuando conocen que se debilita 'd\éstttigtie. De- 
bemos también acordarnos de qué los demás tie- 
nen, lo mismo que nosotros, sus pasiones, sus 
preocupaciones, sus plates favoritos, sus temo- 
res, precauciones, é intereses, sus primeros movi* 



Digitized 



by Google 



f93 
nde^tos, j s« modo de ver las cosas. Debemos 
tener presente lo que ha psado en nuestra alm^i 
puando nos han ofendido en\ina qujerella» é ima-? 
ginar que lo mismp pasa actualmente en el alma 
de nuestro contrario; cuando reconocimos nues- 
tra falta, cuantos pliativps y escusas encontrá- 
hamcis á nuestro favor, y creíamos que los demás 
debían eñcpnirar tambica; cuan profunda impre* 
siph nos causó la suavidad y superioridad de un 
tratamientc^ genaroso y de un pronto perdón por 
parte de aquel á quien injuriamos ; y cuanto rear 
nioaó la persecución nuestra cólera y enemistad^ 
y como que juslificnbia á nuestros ojc^ la conduc* 
^ que acabábamos de reprender en nosotros mis* 
'mos. Añádase á esto la indecencia de una cólera 
estravagante; como nos hace^ mientras dura, un 
ijbjeto de desprecio y diversión de los que cstá^ 
presentes; lo cual nos llena de pesar y de ver- 
güenza, cuando lo recordamos después que h^ 
pasado nuestro arrebato; los incoiivenieates y fatr 
tas irreparables á que nos conduce muchas vcce^ 
nuestro carácter irascible; las relaciones que ha 
roto; los males y embarazos en que nos ha su- 
mergido, y el amargo arrepentimiento que lleva 
siempre en pos de sí. 

Pero la reflexión mas acertada para abatir 
gsta altivez de carácter, que en todo vé pnapro* 
vocación, y hace nuestra cólera tan impctuoKi, c$ 
h que pos propone el Evangelio: á saber, que tanj^ 
bien nosotros imploramos ó debemos implorar 
pu^tro perdón <fn el tribunal de ÍDios. Flgurc- 



Digitized 



by Google 



194 
monos qne té |mblican traé^tt^ ^ásséi^Mk 
representéiúom& por lo 'mismo 'tiúmilladc»! loa 
t)jos de todo el mundo; temblani^o bsijbiá vaáiié 
ébí omniftotetite ; téíugiándooos ed éú íttUencbt>^ 
tfiáj y prdíendo perdón con el maybr encartéf- 
miento: figurémonos qtie títíá criifturir ijtie se ba-f 
lia en este estado, baBia de sát&fhtcion fué y^nb^ 
gán^ conti^a quien la b;^ ofetídfdó', désdéftá^ttá 
Mpltcas; nó bniere perdonarle: mai^ cdn'ctac* 
titud; y Ndastiga con rigor tas faíiadi faias ligéráá 
Síj^rémdnos todo esto, y apenas pddréniósl&á^ 
¿itíarhois' un ejemplar de uha arrogiaitiicm menób 
miuraí, y ínas líiipíar r ^. 

Lo esencial es babiluar^itó á ésíliíá i^éxiotoe^ 
hiíátaqítieseprbsén4en á nue^tr^ ialínápior símis*- 
tíÁhSf cuándo e^ necesario; es decü^, én él iustaó^ 
fó mismo ¿tí que recibimos alguri^ ihjiírla* ó ixt^ 
:guiia afrenta , y con bastante tuerza paira caTniár 
á paroxismo de la cólera, y producir al fin Utt 
rambio real eti 1h disposición ó própfin^óil dé lá 



De la venganza. ' 



f.'íi •. 



Es Verisáraái él bacer padecer" a oh-tí p<!yrbtí¿ 
nos ha ofendido ó injuriado, ¿léibpre í|ue el pá-^ 
3ecimiénto esceda los limites de una ' justa réf^*: 
ración, ó de un castigo legítimo. ' * ' 

Fácil es conocer cuando bacéinos pade¿éf á 



Digitized 



by Google 



Íd9 «¿fiía^t 7 no <^ éufañm f^¿f6f^t»Dos iff Tó 
hackbo^ con éf óljeto tíelte^neí^ bit castigo jus- 
to^ * ¿' irtóbir íá éébida repariicSon , & si foha^ 
tempg ípdr veiagiirtóK; póJ^e en él ^i^ínek* ¿aso 
Óbfüiúó^ ¿oú tefíüj^trfstóid; d 4 Ib ifaenóá no es^ 
XMsnmentati^bá'^áSi' én'él pataétíoHéfato Jé]^»t^ 
jíoip; en el segundóse -^ *'" • " 

. :Es ínffÜilSiTé qtíe iink pasio^/cnyo t3[)jeto 
inmédMó- y ñtíédó ts é\ snfHmieüío de los dé^ 
¿iit$, póWjiiéf tó'é!^ ¿spéiíniénfíamos placer, lii 
¿otítrá él orden' j^ritório, y contra él seiínndáHé. 
Coarta el prímer6, jpíWjfle ie' opone á lá ihfini' 
ta behcvolenctá de Dios; y contra dsegutidó, 
plirtítie contraría los designios del Criador, qne'tib 
pUfeden fnndarsé én el odio iDútuo desús t?iá^ 
'turáfs. Hayí otra^'ipásiones, y pifes plateréS',' qtít 
pueden ser, y son niúch!i¿ veSées uti orfgfetf-Sfe 
pédaf^ pat^sH Ids dornas; pero ño-ison ésfa^' d tíb^ 
to de la psion, ni Ja causa inmediata del ^Túíkti 
.'lia ven'gah^á' está probibidá en todas** ocasio- 
ric¿i én todos süi grados, y eíi fóflas sü8 íóffibái. 
Y atttf estamos obligados á cumplir fálsóbligíidcí- 
Ticsf impeffeclas, d^ifias bie¿ láá oMjjgácioií'cs'iBd- 
perfectaá no de^ii de serió ;rtópectd d^ ij¡áé liíís 
ha hecho afgúna' iofuria d iil¿btí4graiíoC S^^ 
guno nos ha ofendido y reclá'da de npstífi^os un 
socorro ért sus netíerfdadesi idébéihós^ó ncfgár^ÉÍe 
por un mc/tivo dé réseníimíenfo,-d pdr acoría?- 
nos del agravio qu^e nos ha Kécho. Sú flctechó, 
y nuestra óbllgac^ion, qiie es una tbnséctíen¿fei 
de éste dci^cího, no se alteran por, su énemistiatt 



Digitized 



by Google 



m 

^ , JEl 1g^^^ W las injüriaf po es. inppmpatiple 



conservarse. 



^^.i^.}x,:pTQ^J^^ .debe 

^cleleqpr. al oía^gistfadp 1 (?n 9Í ,'eiqi:cícia/dfi ^^^u; ojE^cic^ 
^mpoco cleife d^t^ircr al sícp5^^ox,J,ci^y^s fun^ 
fii9^íi no son. jÁ^qs.npce^^fj^sl que \si^^ jijp^ 

-ímí: ?<^.r ^i? l'S^^^Í^ .WB*^ ^9 se pro|iibef 4 ipf J^t)- 
l^i^lares cprregitjos viejos' de los ot^ps^xu^n^p 
^fu^eh^ hacerlo] pon tal quj^ esléa^segur9$^^e,gue 
^jCUó les mpeye el ,yicipfy po Ja,ÍBj^|a|j 7- flü*P 
Jps,mQtlvos de. su conducta ^ ^.esta wrte, esjtáp 
«pxentos,¿|e toda inepcia de aquel. orgpi)o»jg^€^,sp 
^OfA yjriupíft al V4!r ihumUÍado á qn au^p'r 

^,j A^i,,np,se vjoia la caruiad rebusandp .cncoii- 
Itrarse CQn.cíjerta^ pcrspn^'y^usar con ellfi^ 4^ ciej- 
Jas atencionief , ci^a^do pqr es|e ipf;<lÍ9»§q ^¿Ti^T' 
Jb¡a;y s^, desaaiiña qlguna cqstuj^nbre. viciosas ]lp)sta 
?,!??pccíe ^e discipllpa pxlrajudiciflly es. la .ijuc su- 
^e los defecto^'; 4. inspficie^cia.d^. las leye^ I^ 
^utilidad de qiie, tqdps sc^sodep contra el vicio se 
«y^ hace largo tiempo eu un caso muy potable, 
^y piidiera estendejise tanJiblen á otros muchos. 
La coalición de las mqger^s honestas para escluir 
.de su sociedad á todas las concubina^ y proslltu- 
tast conlribuye acaso mas á desalentar este v¡ck>, 



Digitized 



by Google 



• 197 

é impide á mayor número de múgerés entregarse 
á él, 'que todas las consideraciones rénñidas del 
|uicio y de la religión, cuando no se tienen, comd 
sucede xon demasiada {recuenco, con la intensi*** 
dad que se debiera. ? 

También no$ e? permitido tomar las precau-* 
cioues necesarias para no vernos espuestos á las 
injurias, ó para no escitar ^ á que se repitan. Si 
un criado ó un negociante nos ba engañado al- 
guna vez, no estamos obligados á fiarnos de ellos; 
porque seria someternos al peligro de un mal 
que no tienen derecbo á causarnos, les estimula* 
riamos á seguir en su mala conducta, y de con^ 
siguiente les causaríamos también á ellos mismos 
un gran perjuicio moral. 

Cuando no podemos favorecer mas que á 
tana persona, ó á un pequeño número de per- 
soqas, somos libres en preferir los que no nos 
ban ofendido á los que nos ban ofendido; nó bay 
ninguna razón para ío contrario. * 

Nuestro divino Salvador nos manda, tan es^»* 
trecbamente, tantas veces y de tantas manera^ 
perdonar las injurias, que se conoce la suma im- 
portancia que atribuye á esta virtud ; y aun ana- 
de una circunstancia particular y muy notable; 
y és que el perdón de las injurias, que bemos re- 
cibido de los démas, es uiia condicioif, sin la 
cual no podemos esperar de Dios, ni aun pedirle 
á su Diviha Mageslad el perdón de nuestras faltas. 

La importancia de esta virtud se conoce tam- 
bién por sí misma.'Los odiosa y animosidades^ eíi 



Digitized 



by Google 



Í?8 • 

Us jEamilias y entre los Tecio()&t qtie tarban con 
tanta íreeiieDcia la vida humana^ y son d orígea 
de la mitad de sus miserias, no proceden ^e otro 
principip, que de la falta de tolerancia, y no 
pueden cesar sino con el ejercicio de esta virtud, 

CAPITULO VUL 

Del desafio. 

, El desafio, como castigo, es un absurdo; por- 

3 se tan probable es que recaiga el castigo sobre 
ofendido i como sobre el ofensor. ?(o es menos 
absurdo como reparación : en efecto, es muy di- 
ficil esplicar en qué consiste» en este caso,. la sít^ 
fis facción; cómo puede esta reparar la injuria, 6 
proporcionar una indemnización por el agravio 
recibido. 

La verdad es que el duelo no se'considera 
bajo ninguno de estos dos aspectos. Gomo las ie* 
yes de lo que se llama honor notan d^ cobarde 
al que calla cuando le injurian, se dá y se reci- 
be un cartel de desafío sin mas designio que pre- 
venir ó destruir esta sospecha, sin odio contra 
su adversario, y generalmente sin deseo de qui- 
tarle la vida, y sin mas objeto que conservar en 
el mundo la persona ofendida su honor y repu- 
tación. 

Sobre una regla tan absurda, la única y ver- 
dadera cuestión es est^: ¿el cuidado de nuestra 
repu^tacion, cs^ ó, no cs^ un motivo suficiente. pa^ 



Digitized 



by Google 



199 
,ni justificar la acdoa de quitar la Tida á otro 
hombre? 

Dios es el ctuenoúnico y absoluto de la vida 
de todos los hombres: solo Dios puede, pues, 
privar de la vida á un hombre» solo él puede au-^ 
torizar á un hombre para ptivar á otro del ma- 
jor de los bienes.. lEsta facultad h dá Dios á la 
autoridad pública , como facultad necesaria para 
hk conservación del orden secundario. ¿Qué se- 
guridad tendría la vida del ciudadano contra el 
puñal de los malvados, si estos pudiesen quitar- 
fie|a quedando á salvo la suya? También autori- 
za, Dios á los particulares para quitar á o\%q la 
Tida, cuando es absolutamente necesario para, de* 
feoder la propia, coina veremos en su lugar, ^e^ 
?o autoriza Dios á ningún hombre para dar á 
cdtro la muerte por evitar lá nota de cobarde?' 

Si se tiene por suficiente semejante razón 
para que Dios permita al hooibre disponer del 
inayor. bien que ha concedido á los hombres;^^ si 
de este modo se cree que se conservara mejor el 
orden secundario, para que Dios delegue en ca- 
da persona privada el ^rcicio de su soberanía, 
haciendo depender la vida de los hombres, el con- 
duelo y fortiina de las familias, la felicidad en fin, 
en mucha parte de la sociedad humana , de las 
fluctu^iones del capricho y de la moda, inheren- 
tes 1 las x^piniones que $e forman en el mundo 
apei;ca de esto que se llama honor, dígalo el que 
medite el asunto con detenimiento y buena fé. 

1^ ide^ que generalmente se esplica por la 



Digitized 



by Google 



200 
palabra honor ^ no es mas qne el conjunta d^ 
prendas que adornan al hombre, y le hacen acree- 
dor al aprecio y distinción de los demás. Pero si 
esta 7dea que puede esplicarse en muy buen sen- 
tido, se adapta á cuanto el hombre quiera esten- 
derla; en una palabra, si no hay anteriormente 
una regla fija que determine cuándo esas pren- 
das tienen un uso moralmcnte bueno, ó moral** 
mente malo, sino que esto ha de depender de la 
opinión y convención de los hombres entre sí, si 
estos han de poner á su arbitrio escepciones á laá 
prohibiciones emanadas de la divinidad; enton-^ 
ees se acabó toda la moralidad, que se funda en 
la conservación del orden y en la voluntad dé 
Dios, y será preciso establecer una moralidad de 
otro género. Mas nosotros probamos que existe 
realmente la primera, sin la cual no puede ad- 
mitirse ninguna otra. 

Se dice que ^^el sentimiento que causa la ver-» 
»guenza, es un verdadero tormento, y que no 
»hay otro remedio para librarnos de él, que 
».itentar contra la vida de nuestro adversario.** 
jY qué se sigue de aqui? Los hombres padecen 
algunas veces gravísimos males por falla de di-^ 
ñero, y tío hay para* ellos otro remedio quela.des- 
truccíon de una vida que media entre la perso- 
na desgraciada, y la herencia que espera. El mo- 
tivo, en este caso, es tan fuerte, y los medios casi 
los miamos que en el caso precedente. Sin em- 
bargo, esta causa no tiene defensores. 

Si&e prescinde de la circunstauda de éspo- 



Digitized 



by Google 



201 
ner d daefista su propia vl^a, el Avi^o es un ase- 
sínala Si, se admite aquella circunstancia, ¿qué 
diferencia produce? ISinguna; sido que algunos 
imiten acaso, esté ejemplo , y la vida humana ten- 
ga alguna mas seguridad» pues que no podra 
ser acometida I sin que el agresor espotíga la su- 
ya» á lo que no todos se resuelven con facilidad. 
La esperiencia, sin embargo» nos báce Ver en 
muchos hombres bastante valor para esponerse 
á este peligro. Y aun cuando no fuera asi» seme* 
jante razón la podria alegar también un ladrón 
de un arrojo tan esforzado y desesperado» que 
no hubiese apariencia de ser iiíiitaao por mu- 
chos. 

Cuando condenamos el desafía» suponemos 
que ha sido muerto uno de los contendientes: pe- 
ro aunqVie no muera ninguno» el duelo siempre 
es moralmeiite malo, porque si un hombre no 
está autorizado para matar á otro» tampoco lo 
está para intentarlo. 

Me abstengo de aplicar al caso del dudo ct 
principio evangélico del perdón de las injurias; 
porque se puede suponer que se ha perdonado 
la injuria, y que el duelista solo se propone con- 
servar su repul?icion. Si no es asi, es evidente y 
mas considerable la criminalidad del desafío. 

Bajo este punto de vista parece inútil distin- 
guir entre el que desafía y el que admite el de-' 
safio: ambos se esponen al mismo peligro de per- 
der la vida ó quitársela al otro, y obran por la 
persuasión de que lo que hacen es indispensable 



Digitized 



by Google 



m 

para recoln^r 6 con^enr^r él hogam pn Is^^^^edad^ 
«eguñ ellos to eotiendep. 

La opíaíoQ pública se comprime 6. modifica 
ion dificultad por ]^ ipsútucioDies civijes. Por 
esta razón es cuestionable si se podrán £cNrm^r 
reglamentos que tengan la faena suficiente pa- 
j?a variar la ley del honor, que infami.con la ño- 
la de cobardía todos los escrúpulos sobre el duela 

La insuficiencia de la reparación que conce- 
den las leyes civiles por las injurias que hieren 
at hombre en su hofior y afectan 3U sensübitidad, 
escita á muchas personas á vengarse por sí mis^ 
mas. Con los procedimiesntos judiciales sobre esila 
clase de ofensas t como que solo proporcionan unai 
miseftable, indemni^cioui únicamente se consi- 
gue poner mas en ridículo al ofendido. Por otra 
parte, el rigor trascendental de las penas que se? 
nalan las leyes contra los duelistas, inutiliza sa 
aplicación y estos son males que debieran remer 
diarse« 

En cuanto al estado militar, en que se mira 
el punto de honor con una atención, y dehcade- 
¿a esquisitas, sería bueno que hubiese un tribu- 
nal de honor con facultad para prescribir aque- 
llas satisfacciones y escusas, que se quieren obte- 
ner ordinariamente por medio de un desalo: y 
aun podría eítablecerse también entre los indivi- 
duos de las demás clases el uso de llevar todas 
sus querellas al mismo tribunal* 



Digitized 



by Google 



903 
CAPmJLÓIX. 

De l^ plekq^ 

río ^ fácil d^tcrmioar desde qpé pwto cesa 
en el hombre social un dereclio natural, por inr 
' compasible con la ufUidad general ¿I? la^ocWad. 
Pero una regla q^e prolMbi^fie toda oposición á 
las injurias, tq4a 4^eftsa c^nlía jas agriones de 
otros, solo ten^tia eVefeclo de poner á los bue* 
nos bajo el pod^r de los naálo^, y «¡ilregar una 
mitad del génefo humano á las depredapones 4 
incultos de ia qtra mitad; lo que no podria me- 
nos de suceder si algunos se considefisen otJi^r 
dos por e^ta regkf que seguramente seria des- 
preciada por otros muchos. 

De todos modos, cuando el hombre usa. d? 
su derecho en esta parte, derecho que no se 1^ 
puede negar , para vindicar ó establecer i^n de- 
recho importante, para obtener una cpcpp^nsa- 
cion de algún perjuicio considerable, y para eyi-^ 
tar alguna injuria ó agravio proxiíWj solo |)ue-? 
de proponerse el' deDoapdante justicia y seguridad, 
y está obligado i escojer la via menos dispendio^ 
sa pra conseguirlo, y á consentir en cualquier 
medio pacífico de lograrlo; a^i, súpooiendp qu^ 
^té bien arreglada la legislación scü^re.lx^s árbir 
tros, debe consentir en un arbiirage, en que lo^ 
i^rbitros puedan hacer lo tíiismo qp^, pi^ede ha- 
íer. la Jgy, p lo que esto i^o puede ^f^cer : \(^ ípqr 



Digitized 



by Google 



2Óá 
trario serla causar un perjuicio jgjrave á la parte 
contraria áin utilidad alguna. 

Mas en el caso de entablarse un pleito, las 
obligaciones de Iq^ litigantes se contienen en las 
reglas siguientes: 

]So prolongar un litigio con apelaciones con* 
tra Vuestra propia convicción. 

No emprender ó sostener un pleito contra uá 
adversario pobre con la esperanza de intimidarle 
6 abrumarle con gastos, ni por la misma razón 
bacer el pleito mas largo 6 mas costosa 

No ejercer ninguna influencia sobre los tes- 
tigos con vuestra autoridad 6 vuestras promesas. 

No ocultar los documentos que tengáis en 
vuestro poder, aunque prueben contra vosotros. 

Hasta aqui bemos bablado de las acciones ci- 
viles. En los procedimientos criminales debe ol-^ 
Vldar el acusador su injuria personal y proceder 
ton el mismo espíritu y por los mismos motivos 
que el magistrado, pues el uno es- un ministro 
de la justicia, tan necesario como el otro, y am- 
bos están obligados á no dejarse llevar sino por 
ün amor imparcial del bien público, 
t Según que el castigo del delincuente es útil, 
6 su impunidad peligrosa para el común , asi es* 
#á obligado á perseguirle* en justicia aquel contra 
quien se cometió el delito, porque esta accioii 
debe, por su naturaleza', partir de la persona 
ofendida. • J 

En consecuencia, 1os grandes dcTiíos, coino 
d'fobo, kr suplantación de "firmas y-ottos seo&e'^ 



Digitized 



by Google 



mor del trastorno ó oc los gastos'quepj^e^e.cM:^ 
sionarnos la demanda, ni por una falsa vergüen- 
za ó qna compasión intempestívfi. 

Hay ciertos vicios, como la perturbación de 
la tranquilidad púdica « )a,pri^anacioD, el mono- 
polio, el establecimiento de una casa de disolución, 
J^ .pabl¡i^q0 4 la venta de libros á- pinturas 
.^i¿enas^ y otro9 muchos de la misma clase, c^ 
^ pers^iicíon pertenece igualmente á toáo^ lof 
.vec^nojs, y no puede, por coroigiiieate, iipppnír- 
^^ cqmo una obligación, á nipgunar persona de*» 
jt^rminada. .,, , ^ , 

^, No. hay razón para flue el carácter de deich: 
Jpr, sea' odioso, como lo es generalmente. Ant^ 
_bien, siempre que una denunci^a ó ^1 .cp^id^do, de 
¿ac^ ejecutar l^ ley, puede producir. jiu|i v^nta-r 




^toda imputación de interés personal^ |qepuncian- 
,do d premio cuando se conjcede 4 \(^ ^^l^r 

Pero las denuncias qu^ solo, eebattencqi;! ^^ 
i>bjeio de rexibir la recompensa que les está f^r 
Salada |( ó por sali&£»cer un odio personal,, c^tsfp 
reprobac|as por la probibiaon geuei:al de poapUr 
carjanfás artículo olguno^ de ía ley a m qjbjefp 
já que no se dirije. Tampoco hay necesidad, ni ej^ 
bueno generalmente hablandp,. denunciar aque- 
llas faltas de qjoe np se ^igne ningún perjuicib 



Digitized 



by Google 



9¡éé , 

CAPITÜLaX. 

Úé ta gratitud. 

El que e^ agradeeidose acuerda con gbstb 
de los beiiéficios que ha recibido, dá gracias par 
elloá á su bienhechor, y está disfiuestd a compla^ 
cerle en lo que pueda. El ingrato iió Imita á su 
Criador, que aun sin rtólrir ningúü benefició 
de sus criaturas, antes bien, debiéndole ellas to^ 
do lo que son y ló que tienen, ésta? siempre dis- 
puesto á colmarlas t y las e^tá efectivaioDeñté cóf- 
mando, dé beneficiosa Tatobien es rbuy perjüdf- 
tial eh la koiciedadi porque los ejemplos deiri*- 
gfatitud detienen ó desaniman la beneficencia 
Toltrntaria , inal por cierto de basta ti te conside- 
raciotí. 

Erordeii que* debe reinar entre los hombres 
páraí qué ét cumplan los designio^ del Supremo 
Hacedor y legislador de la sociedad, exije nó s6- 
Tb reglas' Jé justicia, y que se asegure su cum<* 
^ ptimiento cástl^atidó á sus infractores, sino hm- 
liien que }o$ hbmfbres cumplati con aquéllos bue^ 
nos oficios, qtte no pueden ser objeto de las le*- 
yes huitÍ3 tías, pero que sí lo, son dé la foluiitad 
de Dios.. Pues bien, no solo la éleccibh d*^ los oí>^ 
jetos en qué se han de ejercer, sino la existencia 
misma y la cstension de cslói oficios , depende en 



Digitized 



by Google 



nradha parte del ü^nocioúento que hacen nan- 
cer; y esta e9 una consiáeiracicfii de tina importan* 
da general. 

Ademas, l&bsotros estái¿í6¿^ dtíigados á ser 
agradecidos con nuestro buen Dios, y; fiuptra 
smná (Jue se W' afectada de un, sentimiento de 
géatitud para cotí el hoíoaWe , tiene .en iesto.mis^ 
mó ün e^itativo para cumplir con la-o^Ii^ácion 
que tiene, de ser agradecida , para cor> .í)jqs, \. ',* 
No es fácil definir todbis fos medios áeiQani^ 
festaf liuéstro agradecimiento , poiqué yaf lan coa 
éT cáfíaíéteír y situación del bJéñhéiéljór' y con tas^ocay 
fláones que se presentan á.la person;irC[pp está 
obligada á ser agradecida. V-.. 

' Perú es necesario observar que el reijónoci-t 
miento nunca pyede obligar á nadie 'ácon|eter 
una injusticia 6 á hacer una cosa de qué ante- 
riormente estaba obligado á abste^ierse: lió jes ih^' 
gratitud' el negarnos á ejecutar lo qué no pode-^ 
inos hacer sin el sacrificio dé nuestro d'éfcer ; toe- 




Siempre, 

delicadeza y generosidad, eí echar *Í' aJguiío en| 
caria los jbeneficios que le hemos hecHó ['wro' ma- 
nifiesta, carecer absolutamente dé estás dos bué'*^ 
ñasxüálidáÉÉ y aun de' toda probidad^/ elqué sé 
jpreválf del ascendiente que con t^áiota razónale 
dan los beneficios qué ha hecho, sobré el ánimo 
de aquel á quien ha favorecido, parifi .éscitarle o 
precisiarle á complacencias baja; e indecentes. 



Digilfced by CjOOQ le 



9W 

_ . Dd uso de la palabra^ 

Qábikv, és obrar en rigor filosiSficó y en 1¿' 
tendencia moral; porque si son unos psísmos sX 
resultada y los motivos de nuestra conduela, los 
medios de que usamos no constituyen ninguqa^ 
diferencia.^ rodemos hablar bien y bablar mal. 

' Se puede hablar mal contra el prójimo, ^.a 
dos maneras: maliciosamente é inconsiderada^ 
menie*^ 

£1 nablar mal mabao&amente , consiste en re^ 
ferir lo verdadero ó ló (ailso con intención de 
hacer daño. 

\. G)n vengo en que la verdad 6 falsedad de \^ 
que se refiere, hace que varié mucho el delito; 
pero la verdad puede llegar áser un instriimen- 
to para conseguir un intento malicioso,, lo mismqí 

2ué la mentira; y si el objeto es malo, lo$ mpr 
ios de lograrlo no pueden ser inocentes, líubla-; 
mos mal siempre que sin razón causamos ^alguu 
daílo por rn^io dé la plabra. Si buscando nues^ 
tro propio interés, procuramos conseg^rlo por 
medio de una mentira, cometemos un fraude; si 
publicamos^ con el mismo intento uú^yerdad, no 
puede iiuestra conducta graduársele cricpinaí 
sin alguna circunstancia adicional, como la.vio*^^ 
lacion dé una promesa , el abuso de la contianza^ 
que se ha hecho de nosotros, la manifestación yo- 



Digitized by CjOOQIC 



, g09 

' lanfarta de afgün ácfcclo ó (íé algún liecho áel 
prójSqso, de la cual $e le siga algún perjuicio 
en su reputación, en $us bienes ó en sus rela- 
ciones. 

Algunas veces se dirije el mal contra la per- 
sona con quien hablamos; otras veces se satisfa- 
ce el iodio 6 el resentimiento perjudicando á un 
tercero. Engendrar sospechas, encender d alimen- 
lar discordias, hacer perder á otro el favor 6 la 
estimación de su bienhechor , hacer despreciable 
6 criminal en la opinión pública á una persona 
porque la odiamos; este pérfido oficio, es pro- 
pio de la maledicencia , la cual pasa á ser calum- 
nia , si faltando con pleno conocimiento á la ver- 
dad, imputamos á otro un delito que no ha co- 
'metido, siempre con el fin de hacerle daño, £1 

£adó de culpa que encierra, tanto la simple ma- 
licencia, como la calumnia, debe medirse por la 
intensidad de la intención, y por la magnitud y 
estension d^l daño que de ellas ha resultado. 

Los disfraces con que se suele vestir la ma- . 
ledicenciá, ya encargando el secreto como precau-- 
don necesaria, ya aparentando repugnancia en 
descubrir los defectos ágenos, no hacen mas que 
agravar la culpa, pues que manifiestan un de- 
signio mas premeditado. 

£] hablar mal inconsideradamente es una 
falta muy diferente, aunque puede pro<lucir los 
mismos males que si se hiciera con malicia, y 
aunque eMos hayan podido preveerse. La dife- 
rencia consiste en que el que asi habla mal, no 

U 



Digitized 



by Google 



3i0 
lo hace con la intencioq que tiene* el que lo haqe 

maliciosamente. 

Cuando hablamos mal inconsjdera.niente» €¡stá 
el daño en no atender á las consecuencias de 
nuestra conducta; atención que no nos faltaría, 
si tuviéramos presente el bien de la humanidad, 
y nuestra obligación de no contrariarlo. P^i á 
esto ^ responde ton decir, que no ha sido nues^- 
tra intención el hacer mal. Un criado puede sqr 
muy mal criado, y no tqner .inlencipn de obrajr 
jamás contra los interesas ó voluntad de 6u amo, 
el cual sin embargo podrá castigarle con razón 
por su falta de atención ó por su .negl¡genci<% 
casi tan perjudiciales como u,na de/sobediencfa 
voluntaria. Yo no os acuso, podrá decirle, de 
tener una intención i!bffn^l dé ipcomodarme; 
pero si temierais disgustante, si tuvierais cui- 
dado de mis intereses, en una palabra, si . no os 
faltaran todas las cualidades que constituyen un 
buen criado, no solamente estaría Ujos de vues- 
tro ánimo todo designio premeditado de enojar- 
me, sino que influirian en vuestro pensamientp 
de tal manera, que no ós hubierais tomado c^ 
licencia inconsiderada quq me ha sido tan perju- 
dicial, y tendriais habitualmente cuidado cpn 1q3 
efectos y tendencia de vuestras acciones y pala- 
bras. Este ejemplo pinta bastante bien todas las 
fallas que se cometen por no ponef cuidado en 
lo que se hace, y contrayéndonos á nu.estrocas^o, 
por no reflexionar lo que se dice. 

Los informes que se dan para prevenir eur 



Digitized 



by Google 



311 
gaSos» para instmir á otro en asuntos que le 
importan, etc^ no son maledicencia, aunque por 
ellos se descubran los defectos de alguno, siem- 
pre que tío acompañe ^ estos informes la inten- 
ción de hacerle mal. 

Las alabanzas prodigadas sin distinción, es 
lo que se opone á la maledicencia; pero es el es- 
tremo opuesto: y bien que algunas veces se den 
por un esceso de candor, no son por lo común 
mas que la efusión de una inteligencia frivola, 6 
efecto de un desprecio voluntario de toda dis- 
tinción moral. 




Digitized 



by Google 



919 



«)S)M(aa(83DS!ri23 aiSlA^TAS 



Qin BSSVLTA» 



Kl CONSTÍTÜTITO BE LOS DOS SEXOS. 



El constílativo de los dos sexos es el funda- 
mento del malrimonio. 

En contraposición del matrimonio están la 
fornicación y la seducción, el adulterio, el incesto^ 
la |K)l¡gamia y el divorcio. 

Como una consecuencia del matrimonio vie- 
nen las relaciones y los deberes recíprocos de los 
padres y de los hijos. 

Hablaremos de estos diferentes objetos por 
el siguiente orden: primeramente, de la^utilidad 
pública de las instituciones matrimoniales, des- 
pués de los puntos que tienen relación con el 
matrimonio por el orden que los hemos nombra- 
do; luego del mntrimoftiio mismo, y ültimamenlc 
de las relaciones y deberes recíprocos de los pa- 
dres y de los hijos. 



Digitized 



by Google 



\ CAPITULÓ PRIM3ERO. 

De la utilidad pública de las ihstitucica£sm¿uri^^ 

nuffuales. . 

.,; .,La uiílidocl pública. de las instítuciones jnai 
|riaio[|¡ates consiste i^n, que contribiiyen á pra-r 
4u^¡r los buenos, efectos siguientes. 
. .1. £1 bi^n^tafr. de los individuo^, particular^ 
mente de la$ mugeres. £sta razón no e$ ap\icab|^ 
igualfnente á tpdos^ pero todos están obligados a 
abstenerse de desanimar á los demás para cdot 
ti^r. matrimonio;, porque es una obligación qni; 
habla con todos, no oponerse á lo que promue-^ 
¥6 la felicidad del' mayor número. 
» % , Un gran número de hijos bien tjiidadosí 
8u mejor educación, y los n^ios de prepararles 
un establecimiento conveniente para, vivir, . t 

3. La paz de la sociedad. Se cortan mucha& 
disputas asignando una muger ^r*ua hombre 
J protegiendo su derecho esclusiyo por la san-r 
clon de la moral y de la ley. , 

4. Mayor perfección en d gqbierno social, 
distribuyendo la comunidad en fracciqnes distiu*; 
tas, y estableciendo sobre cada uaa ta autoridad 
de un padre de familias, qu^ lien^ mas ascen*^ 
diente ella sola que todas ús' autoridades civiles 

Juntas. . . i..' ;). ; 

.;5. También pste mismo efecto por cua^tf 
ccu^ueutra el estado una. iiueys^ .9cg!^id^4xiF^fd 



Digitized 



by Google 



214 
la buena conclucta Ae los ciudadanos, en la solí** 
cítuá que ]x>i ammá por lá telicíclad de sus hijos, 
y üh Is^ necesidad «en que están de vivir en de- 
tértoiñájips jptinios. ^ ;» ->^ \ ^ 

6. El animar la íridustítb. 
Mejor parece que conodan la importancia d^ 
lasiüstilucióhes 'mátriíhoáialés los antiguos que 
tiósótrfesrLoik 'esparíanos óWi^ con pensil' á 
los ciudadanos átcá^arse; y los radíanos se veían . 
é¿f itüí!lff^ds á vétíficvíñó ^ót' é} Jas irium libero- 
ñim.ijíy líbttibre sin hijos h o. tenia derecho por 
íá^lé^fe toniarias mas quéíá la íaiitad dé los le^ 
gádós'hechóis/á s'u favor; es decir, soto podiá re- 
¿7Bír';eüáná'¿' ma^^íá mitad diá los bténbs dél 

^Mas tto por esto se reprUelia lá cotlducfa éú 
Vos sacerdotes' consagrados á Dibs por la coíniti- 
íiérfti^;' «i dslá se opone á la felicidad genfeíríaí; an- 
tes bien ^óhtríhüiye ñnicho á ella, porquie es tony 
¿óri^títiteiité^ tjtie algunos individuos estén Ubres 
dé'íófá'icuítfáfltís y octipaéiones que ocasiona una 
fófíiiliSÍ, ^í4¥a ^efií^eársé en instituir á los demás 
en las verdades de la religión y de la moral, pa-^ 
rn'dat fcbtís(í jósiü II Wá los que los hayan menes- 
tét*^' y-pfarit p'ódíefr'áWnder con facilidad al alivio 
j^ cáiiííúelo ae íbi 'cjüe lo necesitan. Si tío lo ha- 
Céft -asi,' eüliJá' ^'Ayá^ será, no de sti estado, que 
és'feii sí misili'ó laudable; y tan propia de un mi- 
nistro del Altísimo la puretra del cuerpo, comd 
^Vd't '*iWd es y Señor, á quién se consagra. 
i'ii^'lEÉí'iá^ftao cüjíúr éslál)' ^^¡aeilós célibes, ó diso^ 



Digitized 



by Google 



• • ; ; ■ • ^^5 

lutos Sieg6istá$/que liños pof J otros 

üór'un aqíiof á^meBído de sí nrilsmos, privan á 
m* 'sociédiaid.'de' los buenos efectos, que hemos* 
ilieíféionáclo, 4^1 matrimonio, no $o1o sin moti- 
la jjustp , ' |feto aun por mótitb^ vituperables ; la 
conducta de estos tales merece muy bien ser ob^ 
jeto de le^e^ ffepresívas de los perjuicios que cau- 
$á á 1^^ sociedad y á la moral. ' 



t)', ".r.i 



CÁKTÜLOIL 



£1, primero y el mayor mal d^ la fornicación, 
y^pór tcfji'sígúfiénfe su culpabilidad, consiste en su, 
téindeniiiii á ¿^mttíáir Á níiine<*o de los matri- 
li^Mcis, j 6br fo mismo á destruir, los efectos' 
útfl(éá/qué qéqábs ¿ümefádo en el capítulo an- 
terior; y que soh ,tán tieíésápós pata que haya y 
sé i£0nserv^ é| (iifden secutidáiio. 

"^"i'l^lÁ forñiditlbn d^s^itíimá para contraer mar 
tíHliÉóiá$6hac!Íéndó cesar 'la tentación mas fuerte 
qu^ tiene ^1 hombre para casarse. Jamás se so-- 
météíían los hdmbres á los compromisfos, gastóse 
incomodidades, del estado del matrimonio, si püdie- 
i^ñ satisfaicér de otro modo su pasión, y sin em- 
b2^t*gó SÁ someterán á todo con tal de satisfacerla. 

' ' ' jEl lector conocerá bien la magnitud de este 
mál^ isi considera la importancia y variedad de' 
los buenos efectos que produce el matrimonio, 
y si se acuerda también de que la cualidad mo*- 



Digitized 



by Google 



916 
ral y la a]al¡gfii¿Ud-4^.un cri(Den,,ge,cpno(cin oi> 
; por el efecto p^r^ícular de una Qfen3a>. ó ,de Li, 
ofensa de una persona, sino por la tendencia ,ge-i 
neral, y por las consecuencias, de los del ¡103 de )a. 
misma naturale^i. El líbertlip jppdr4 n.o conocer^, 
que la irregularidad de su coJiduc^a jje impide/ 
casarse^ porque consideraciones de otra eí^p^cie le- 
retraigan tal vez del oiátrimor^io; t^.t^BietiJ^s^á, 
difícil comprender, por qué entregándose á la sa- 
tisfacción de sus pasiones^ puede, impedir que se 
casen los demás. Fero ¿cuál seria la consecuen- 
cia, si fuese universal semejan|e. licencia? Y ¿por 
qué no había de ser universal, si fuese de sujo 
inocente ó tolerable? , , . , , , ^ , ,,. rs 

. % La fornicación supone Ja pro5tiítt^|oid.,,j;, 
la prostitución conduce y dej^i á $u$ yíctipaa^ éol 
una desgracia cierta. Muchos soa los ocíales ;qu|^^ 
la miseria, las enfermedades y los insultos acuf^, 
muían sobre esta escoria de la sociedad huiqana» 
de que están infestadas las ciudades populosas; y 
todos ellos son una consecuencia de la fornica- 
ción; cada actOf cada ejemplo de este vicio ajimea^ 
ta^ó hace mas duradero el maL 

. S. La fornicación produce un hábito indo^. 
mable de incontineacia , que arrastra á los críme- 
nes mas graves de la seducción, del adulterio, de. 
la violación, etc. También es una verdad, de cual-; 
quiera manera que se esplique, que el comercio 
criminal de los dos sexos deprava la alm^, y cor- 
rompe el carácter moral mas que ningún otro 
vicio. Aquel pronto sentimiento dól crimen^ aque- 



Digitized 



by Google 



haceja^que se Ip^mserv^ .^n caráqtef .yi|rt)ifqsp;. n^ 
ns^ypce$.$e lialW ^n la3 personas 3^pdQi[iad^.4 
^c^ placercís licenciosos. £l qu^ /se^i^tfi^ á ftn 
t?,pa«»Wf tícn? ?l corazoi^ abi^rtq.4!j»9f)pii.lq^ 
^10$ á quepuede. Terse ,ten(adp.|£qflafii^^ 
fe^riores es el primer p^^Jiícia l^jii^^o^iDAí^ 
afr^ntpsos; en W conílicipn^ f^leifadl^l^af o^pet 
itíj kinentable jcorrnpcípo fíe m^ncípi^^.q^e so; 
^píí^ta por la jnipori^iidad 4^ ia TÍ¿|?.pút>líp^ 
y p9r tí desprecio de ^^s las o^ligafjqnetrf^lit 

fip$9$ jlíDorale^. A es|^. sf^jd^ 'f^fM'^i ^^f ^ 
áÜíto del libertinwe» racedíificti ó.iii^ppsiblft qii# 
W.alma^ ^nste, los placel^ j^iteWrtuaIe$)i|i9r;il^ f 
r¿)¡gÍQ$o$;,]r esta es an^gra^f pj^rdid^^p^ l^Í!c^ 
liciaad genepl* >., . r * 

4. £ste vicio perpéijU xina enfer!(q^ad^qu« 
se puede mirar como una délas imjor^;fal;^il¡«> 
dades 4^ la especie homaiia, f cujos.^c^cctpai 4 
ío qtte se dí¿c. «e *¡enlm» h^U ea g«i«fr«cÍoBC. 
lejans^, 

Cooio esta pasión es una pasión n;|tivra), c)a« 
ro es que Dios ha querido que se satisfaga; y 
ademas* asi es necesario para que se propague j 
conserve el linage humano^ y se cumplan los de* 
^gnios de Dios: ¿pero esto se entiende con algu- 
nas restricciones f Esto es lo que vamos á jdcter* 
ipinar por consideraciones de otro género. 

Tolerar manifiestamente y aun autoritar y 
organizar las casa$ de prostitución» conf?o se ha* 
ce ep algunos paises, asi como el imponer con^ 



Digitized 



by Google 



ht ' áAó%' ÍA b)i)^ éA ^j^e}Ao únái áato'*izack>n 

del Vicio mismo, y ha coniribuído áe tal mane- 
ra, juntamente con otras causas, á corromiter la 
opinión pública, que no hay práctica ninguna, 
cuya innioralidad se conozca menos, ose repare 
menos en léllá; aunque habrá pocas cuya inmo- 
ralidad sea ot^ fácil de probar. Los legisladores 
que han firotegido los lugares de prostitución,^ 
debían hábtr previsto estos efectos» y considerar 
al úíismo tiempo que lodo lo que facílila la for- 
nlcádbn disrriinuye los rn^ftrlmonios. En cuanto, 
á !a apología ordinaria cdn que se quiere Justi- 
ñcar una disciplina tan relajada, esto es, el peli- 
gro de mayores rioalcs, si se impide con d^ma-, 
siado rigor el arbitrio de acercarse. Siafá* J;r^¿tT|ü- 
fás; tiqidbpér mbriardé^tietisar en ello'désj^^es^ue 
Itté léVcSy lói^iagí^^^^^ hubiesen hécKo ¿uánj 
fo dé' (¡jlteá pfeñdiá/ T Sobre todo, UJésjpéiricncíáj 
debería teÍM!r'd{st]^6 ^áús pretendidbs foftíóti^s^ 
pues en los paires en que las. mugeres &oú ''¿Í¡í^' 
fas, los Vdinbres ¿oh^t^'m'as' Srlrtuosbs Mó t6dos 

líoncétÁbs:- '• '''■'■' '''■^'■■^ ^''i ^ •-? > : « 

'Hay uña clase de' cohabitación ^ que se'puéd¿' 
distitíguit siti duda de un liber'tiiiage ilimitado; 
y que i^or cierta semejanza cbn el máiriióiotiio 
podrian creer algunos que participa de su Can- 
tidad ¿ inocencia ; hablo del caso en que se ha- 
lían el con¿úb'¡nari& y su concubina con la favora- 
ble circüiistancia de una fidelidad 'mútüa. Mu- 
chas veces hemos oído justificar esta conducta^ 



Digitized 



by Google 



poco más 6 ipénoá con las razotiés^líígitienfM 
'**Slenao áifefetiles en miichós fiaiSéi láá ftit^ 
i^malidades del xnatridiomot y liásla en úh tatá^ 
»mo país, entre diferentes ¿ectas,y aún i^edncieñ-* 
»dpáíá tasi nad^ en algtinrts parttó^lñí' estando 
»tamp(ícd;pfescipitas*én la Sagrada Escrhnra; itií 
• pueden ser mas queiiná fórmula ó ¿erémontá 
*de disposición humania ; jf dé consiguiente si iin 
¿hombre y una muger eñipéfían retíprocaménte 
»sú fé, y se guardan mutuamente fidelidad/ sa 
i> unión debe ser lo mismo » bajo tódóslos as^et- 
» tos morales ) que si estuvieran realmente' casa- 
»dds: porque la ^diciori ú* ómistoh; de lo que no 
3)^ es ipas que una ceremonia y no puede causar 
«ninguna difereíicia á los ojos ¿fe* ÍDíOs, ñí en 
>> la naturaleza misma ' de lo' bueiití jr de lo 



» malo/* 



A todo esto se puede responder. 

i. Si lá situación de las dos partes es la mis* 
ma que en el matrimonio, ¿por qué no &e casan? 

% En el concubinato conserva el hombre 
la facultad de despedir la mtigcr á su arbifrió, 
lo que no le permite el matrimonio, ó tenerla 
en un estado de abatimiento y depieiidencia in- 
compatible con los derechos que la daría el ma- 
trimonio; conque no es lo mismo que, este* 

3. Tampoco es lo mismo bajo ningún con- 
cepto respecto de los hijos'. 

Ademas, si las formalidades del matrimonio 
ño son mas que una mera cei^en^ohiá' ique puede 
variara , lo mismo se puede daftr de las escritü* 



Digitized 



by Google 



no 

im de. cotitrafosi ^ testauíeiitos, coQCj^nesi, ele» 
que pro^luceo sia embargo una diferencia entre 
unos mismos actos, según que están escritos, tf 
C9ire<;en de e&le^requísMo. • 

< £u cuanto á que las Santas Escrituras uo' 
determinan la ceremoiiia, la Escritura prohiíie 
)a fornicación « es decir t ia unípn del hombre 
. ^n la muger biera del matrimonio» dejando a 
las leyes de cada pais. arreglar lo conveniente para 
que haya matrimonioi como contrato civil ^ y á 
la Iglesia los ritos con que se ha de celebrar como 
«acramento^ á que lo elevó Jesucrista . 

Dejando ,á parte los preceptos de la Escritu- 
ra , la resolución mas sencilla de la cuestión pa- 
rece que es -la siguientei Es inmoral que él hop- 
}}te y la muger vivan unidos sin someterse á 
ciertas y determinadas obligaciones irrevocables, 
y sin darse mutuamente derechos civiles : si» 
pues, la ley ha ligado estas obligaciones y dere- 
chos á ciertas solenmidades, de modo que sea 
imposible adquirir estos y contraer aquellas de 
otra manera (como estamos en el caso, porque 
cualesquiera que sean las promesas recíprocas de 
las partes, solo la ceremonia del matrimonio pue- 
de hacerlas irrevocables ), llega á ser inmoral en 
el mismo grado, el que los hombres y las mu- 
gere^ cohabiten y vivan unidas sin haber llenado 
las formalidades que se requieren por las leyes^ 
para que haya matrimonia 

Puesto qiie la fornicación es un delito, todo 
lo que puede conducir á ella, ó cscitarla,,es mía 



Digitized 



by Google 



palie accesoria del delito; ooinó las conversación 
nes lascivas, já sea en féroiinos deshonestos^ já 
en términos disfrazados y encubiertosv los ranla«^ 
res, las chanzas^ los cuantos, las pinturas y los 
libros obscenos. La composición y publicación de 
tales libros^ sea por capricho^ sea por interés, pro-* 
ducen tantos males^ y tienen unos motivos tan des-^ 
pretiabl^Si que hay pocos crímenes cuyas conse^ 
cuencias sean mas funestas, y mas miserables las 
disculpas*^ qué diremos cuando el objeto de su 
publicación eá pervertir el corazón de los jóvenes? 
£1 que admite voluntariamente pensamienr* 
tos é ideas impuras^ ó las deja apoderarse de stá 
imaginación, á que se siguen naturalmente losf 
malos deseos, se espone, porque quiere, á uh peli- 
gro manifiesto é inminente decaer, y por el wt¿> 
mo hecho es criíniifiaL £1 preservativo mas pode^-^ 
roso contra este vicio tan temible, esafrrojor al' 
momento de nu^tra imaginación la menor idea^ 
deshonesta, con Ta tuiéiba' presteza cOn qué arro-" 
jamos ticia ascua de la iuáho. 

• . CAHTBIJO ti!. ^ 

£1 >¿i/i/r/ór ise'vate dé los' misníós'nráf^ 
ra apoderarse .de la'pcrsona de una niuger,' tfid 
el que róh^Éfcti hiafía para apoderarse del 'di¿é^ 
To ó de los Tienes de otro. ' *^-' 

Raras veces se completa la seducción sifi el 



Digitized 



by Google 



§93 
ausílio del fraude; y este género de fraude es 
tanto naas criminal, cuanto son mayores los ma- 
les que causa, duran roas tiempo y son mas irre- 
parables que los que produce cualquiera oiro 
fraude. 

Tres agravios se hacen en el caso de seduc- 
ción: á la inuger seducida, á su familia y al pú- 
blico, 

\P El agravio hecíio á la muger scduciJa se 
compone de la pena que padece por la vergüen- 
za que la resulta de la seducción « de la perdida 
que esperlmcnla en su reputación y en íusespe^ 
tanzas de casarse, y de la depramcion de ms prin* 
cipiQs morales* 

la pena en este caso, dche de ser muy gran- 
de, si juzgamos por los esfuerzos bárbaios que 
hacen alguna;^ mugeres para ocultar su desgra- 
cia, y comparamos esta barbarle 'con la lernura 
tan apasionada que sienten para con sus hijos en 
cualquiera otro caso. Solo la agonía del dolor 
mas insoportable puede arrastrar á una muger^ 
á una madre « á olvidar su propia naturaleza, y 
la compasión i|ue has^a, un estraMo tiene de una 
criatura inocente y desamparada, que implora 
piedad con su llanto, fls verdad, que no todas 
llegan á tanto estremo; mas cuando vemos qné 
algunas llevan hasta ese punto su desesperación, 
podemos inferir cuánto padecerán todas las que 
se bailen en esta situación* ¿Que dijftmos, pues, 
del autor de tantos malesf - 

La pérdidfi que espcrimenla ^ na muger por 



Digitized 



by Google 



felicidad de una perspnsí ^e]^f^p4?, efi grs^ jj^P 
del hopor.y de la acogida qi;^ liaUa ^oi el piupr 
do; y i)Q.es poca morufica^iohi ^nn para las^ai^ 
mas mds fuertes, verse repeKd^is dje; la sod^aft 
' de sus iguales, y do enC^MiiTar; ep el)os mas q$ie 
frialdad y desdenes. Pero, todjiyia; hay otra cosa 
peor, ?or una regU de la vida quie no síc puede 
vituperar, y es imposible variar, uns^ xp^ger que 
pierde su honestidad, pierde taiii^n.toda. pror* 
hahilidad de Casarse; á lo nienos seguñ sus ttpee 
ranzas* Eslo. se .verifica especialoiente en las conr 
dicipnesmas bajas, donde gener;a.lniente.é8táiA ipaa 
espuestas las mugeres, á soliciíaciones de est^ oa?* 
^u raleza* ASádase á ésto, que ciando la^ vida de 
una mugfír depende d^.sü r|3putacióni[ como su?* 
cede á las que tienen que servir para niantenei^ 
«^, no le resta otro recurso á la, infeliz «edu^id^t 
que inorirse de hambre 6 pros^t^ir^ p^ra vivir* 
G)ipo la virtud de las mügcres descansa pripr 
cipalmente sobre el fundamento de su castidadf 
una vez perdida, se s\gu^ tambiea casi siempqs 
la destrucción dt ms prinfifios wqrafis í conse* 
.^u^^ncia que debe leix^rse 9un cuAjodp x^. Jf^ .b%- 
ga público el delitoy ' » » '• 

ÚJ^ ^ Puede comprenderse el .^gr^via iiecbcf.á 
la familia por b aplicación d^ est^ regla. ¡ofaUblf: 
^no h^rer (;on {os d^ipas lo qiue; op. qi)|i|pe|nif 
que hagan coq.posQtrqs/' Qi^ up& diga.uti p^ 
dre.^ua hermano por cuánto qiierria qi|« ^^^ 
hija dP hermana suya padeciese e^a a&nents^, y ú 



Digitized 



by Google 



lé odisionara Ígúá\ dótor jr aflicetóa iiná ^tñv- 
'dá parcial, y aunque fuera tota) de $u fortuna; 
tjut la reflexione j que nos diga $\ no encUcn- 
ira una eiiormé diferencia entre el robo de sus 
bienes por el fraude dé ün (osario, y la ruina de 
ata felicidad por las intrigas de un seductor. 

3*^ £1 {i^blicei^ én general , pierde las ütiK* 
dades que presta el servicio de la muger en su 
verdadero destino de esposa y de madre. No es 
Acaso miiy grande la utilidad considerada de par* 
^ de üfia muger sota, pero siempre vale mu«- 
cho mas que todo el bien que puede hacer el se- 
ductor; y si esta consideración fuera suficiente 
Cra autorizar la seducción « no tendrían número 
i seducciones, y se disminuirian indefinidamen- 
te las utilidades que prestan á la sociedad las 
madres y las esposas. Ademas, la seducción pro* 
mueve y sostiene la prostitución; y cuánto es ñm* 
•temer que una muger, después de su primer sa- 
crificio, sé aÍKindone á una vida disoluta , otro 
tanto és responsable el seductor del aumento y 
-multiplicación de los males que ocasiona sü delito. 
En suma , si buscamos los efectos de la se- 
ducción en la complicación de las desgracias qué 
de ella se originan , y si es justo graduar b mag- 
nitud de los crímenes por los males que vt)lunta- 
mmeule causan los que los cometen, no setena 
dti por una exageración el afirmar, que la se- 
ducción es moralmehte peor que varios delitos 
que sé fatigan por las leyes con mucho mas rí- 
jgor que la scdnccioní misma. , 



Digitized 



by Google 



5825 
CAPITULO lY. 
Del aduhmo. 

Aquí tenemos padeciendo á una nueva per- 
sona; al esposo agraviado que se vé herido en mis 
afecciones y sensibilidad, del modo mas doloroso é 
incurable que se conoce en la naturaleza hyma- 
na. Bajo otros conceptos, el adulterio ^ por parte 
del hombre que corrompe la castidad de una mu^ 
ger casada , lleva consigo el crimen de la seduc- 
ción y produce las mismas desgracias. 

La infidelidad de la muger se agrava por su 
crueldad para con sus hijos ^ que se ven ordina- * 
riamente envueltos en la vergüenza que recae 
sobre sus padres, y siempre son desgraciados por 
las cpierellas de los autores de sus dias. 

Si se dice que estas consecuencias lo son me- 
nos del delito quede su descubrimiento» respon- 
demos lo primero 9 que jamás se deseubriria el 
delito si no se cometiese, y que cometiéndole 
nunca puedehaber seguridad dé que no se des- 
cubra; en segundo lugar, si se permite un tra-- 
to adulterino siempre que no pueda saberse (con- 
clusión á que nos conduclria* este modo de racio- 
cinar), no tendrían los casados otra seguridad en 
la castidad de su muger, sino la falta de tenta- 
ción ó de ocasión favorable; lo que probablemen- 
te diesviária á los hombres de casarse, ó baria del 
Biatriuiouio un e^ytado de tales alarmas y celos 

15 



Digitized 



byGoQgle 



226 
pra el marMo, que acabaria bien pronta por 
esclavizar y encerrar á su mugen 

La palabra con que las personas casadas se 
comprometen mutuamente á guardarse fidelidad^ 
está atestiguada delante de Dios, y acompañada de 
circunstancias solemnes y religiosas^ que la apro- 
ximan ala naturaleza del juramento. Asi, el con- 
yuge adúltero comete ün delito que se diferencia 
poco del perjurio; y la seducción de una muger 
casada es nada menos que un soborno para per- 
jurar: delito que siempre se comete, aunque no 
se descubra el adulterio. 

Toda cotiducta, cuya tendencia mani^esla, 6 
cuyo objeto sea cautivar el afecto de una muger 
casada , es una empresa bárbara contra la paz y 
virtud de una familia , aunque no se verifiqué 
el adulterio. 

La apología mas común, y aun k úflica del 
adulterio, es la trasgresion precedente del otro 
consorte. Tiene, sin duda, sus grados este delitoy 
como todos los demás, y según que se anticipan* 
los malos efectos del adulterio por la conducta^ 
del marido ó de la muger, asi se atenúa el deli-j 
to del segundo que lo comete. Pero nunca pue^' 
de esto servir de justificación, á no ser que se^ 
pruebe que la obligación de la promesa aa el 
matrimonio solo se funda en la suposición de la 
fidelidad recíproca ; opinión á que no favorecen 
ni la utilidad general, ni los términos de la pro- 
mesa, ni el designio y objeto de Dios, que ífas-^i 
tituyó el matrimonio. Ademas, la regla que se^ 



Digitized 



by Google 



intentase sostener con este prelésto*, tiene «na 
tenclenciá manifiesta á raoUiplitar ks' trasj^résio-» 
nes^ y ninguna á la enmienda >€lertrasgresor. 

Alegar que la ofensa de mía de kís partes 
provoca Já ofensa de la otra parte; y qiic esta 
última y cometiendo el deKto á su vezy 00 hace 
nías que devolver la injuria por una' especie^dct 
talion, es jugar puerilmente cbn las palabras. 

CAPITULO V. 

Incesto. 

La franqueza y libertad é intima familiaridad 
que debe rdtíar entre los casados» prodticiria una 
torpísima confusión de derechos: j obligaciones, 
si estuviese permitido el matrimonio entre ascen- 
dientes y descendientes. Lav igualdad de derechos 
que compete en muchos casos 'á' los caldos, es 
incompatiUe con el respeta y ^xbordinaciowqíue 
deben los hijos á los padres, se resentiria en su-* 
mo grado él pudor y la decencia 9 si ün padre* 
partiese su lecho con una hija, ó'una madre con 
su hijo: lo mismo decimos de abuelos y nietds, y 
de todos los parientes por linea, derecha. ' ' 

Igualmente, si se permitiese el matrimonio 
ent^e hermanos, la compañía inseparable, la lla- 
neza en el trato familiar , la simpatía j lá pasión 
harían desaparecer muchas veces del centro de 
las £amilias la honestidad y el decoro; no tendría 
freído la licencia con b esperanza de verse san-^ 



Digitized 



by Google 



228 
Clonada j santificada; y la easa de un mdre de 
familias se convertiría en una mansión ae impu- 
reza y escándalo, con todas tas funestísimas con^ 
secuencias de este vicio» 

Ademas, exije la feKcidad general , que los 
matrimonios se efectúen entre personas de dis- 
tintas familias, para que formándose alianzas. es^- 
tranas, se multipliquen los motivos de amistad, 
de donde resulten vínculos de unión, que enla- 
cen nías próximamente á todos los individuos de 
una gran sociedad, para su mayor bien y felici- 
dad, debiendo esperarse mayor cooperación al 
bienestar de cada uno>, entre panentes y afaigps, 
que eutre estranos y desconocidos. # 

Por otra parte, semejantes matrimonios nf 
son necesarios, ni presentan ninguna razón de 
conveniencia que prevalezca sobre lasque se opo- 
nen á stt permisión y la repelen con tanta fuerza. 

Asi pues> el matrimonio entre hermanos y 
con mas razón entre ascendientes y descendientes, 
está prohibido por la ley natural , por ser mani-» 
fiestamente contrario al orden secundario en e( 
estado actual del género humano. Y decimos en 
el estada actual del género humano, porque otr» 
cosa fue al principio del- mundo , cuando no ha- 
bia mas que una sola familia compuesta de pa- 
dres é hijos; y otra seria, siempre que se supon- 
ga en el mismo caso á la especie humana. £n 
estos casos el mismo orden secundario exijiriai 
la unión matrimonial entre' hijos de unos mis-* 
mos padres, á pesar de los inconvenientes que 



Digitized 



byGóogle 



229 
emiira este tiíiismq orden tteran^oosigo semejan- 
tes enlaces, porqoe de no permitirse^ se seguiría 
el mayor de todos> los inconvenienles^ qae seria 
el no poder propagarse el iinagc humano; iacoor 
ireniente que debe neoesariamenie evitarse^, ««r 
puesta la Rroluatad de Dios dé que haya faondvés 
y: pueblen la tierra* • '^ 

~i La prohibición de los casamientos! entre pa-r 
rientes coUterales mas lejanos^, e» de derecho po* 
sitivo, que sc^fiínda en \a ceneenimcia de proh*-* 
birlos, procedente de las mismas causaaque pro- 
ducen laí ikecesidad de no. permitirlos eu el prí- 
«ndr ^ladov'ai se ha de consesmr ,el orden, en la 
«odedad. Sor ésta razón ^ siempre, que por jbs cir^ 
uupstaucias cese la razonado ésta eohvebieQciaí.^ 
prepondere otra razón más inerte- de copirtoteof 
.cia :á rfavor del orden :general en levÍK^ter 1^ j^rp- 

«hibicion, puede levantarla el legüilador^ . < . , 

• » f • 

CAPITULO VL ; * . 

- . •• ' ^Poligamia* •' .' . •'» . » 

'• . " • - '- . r •-, . ij -!, oí 

£1: numero Tgual de; boml^res y txh^geros qi|^ 

por lo general vienen al imundor es uoa ^i^^lip 

de que la intención del Criador escque un homr 

fcre.no tenga mas que uoá knnger; porq:ue ^.UU 

hombre solo tuTÍera cincd h> ise» mui^erc;», cunr 

1ro ó cinco «hombres se quedarían »n>niilgu«9; 

j no pudo haber isidó ta) lattntéucion del-Qríadw. 

T si bien no es éiáctaficnte;Sgu^ '^^ AÚQift- 



Digitized 



by Google 



1 Buí Kmu ^ze^c&bjiestaidiiüma'des^aldad es: niúr 
rá«uv'i]ias!pai!ai(<|ue no se. permita la .poligamia) 
pWatt» idáro» es! ipie fveri&cada' estiai , seria mayor 
^ifMHieire/dcl hofnbfces^e^ad poátiaQ^ casnrse^ 
Bien que el esceso del número de vdrobes se osm'* 
pe^sa^idon hr £Doéite/«n ma^ornúóiedov ^e Hom- 
bras x}be^pbreice<v en) k; guenra^» ca.'Uif mitiga 
cÍ0b 7f ei&^ ott«S)*ocnDipaoioher<$^ kirafib» ^^igroste 

' iq'tanfifeÍ6ní|¿ltisce>^uaila)nl«¿oiaa'delCrí^^ 
«¿ WatiitKiaW ibasiaiit^«n'él faidioido^ iio ha^Mr 
forimf|a<)i} fir)noi(foi9ͻstque'nii^koiii1>re y t^ 
miigt!fr;iSirDio8 kubiefa'qQeridb establecer lá psí» 
^ ü^üdsimir^} li^trrhdb^tves^^ hubiera > empeoa^o f^ 
c98áj)t^é^ desden tenionces^f coh labia mas razodv 
cuanto qde'iii&^ádo dadóíá Adab^mjicbas idv^ 
geres, se hubiera propag:ado con mas rapidez la 
especie humaria^l -^ v ./i > , /, 

No solamente es contraria la poligamia á la 
constitución de la natur^^léut '^y al plan manifies- 
to de la Divinidad 9 sino que produce para los 
'mUitt^^:|^>^^ni»s y ads^múgores^ jífana la so- 
iteiedülli, riiMT malos'* eleotds siguienies: ce^oft^ üer 
-ptttáfc yinrea^oresiráAróJafc mugérestdé uh misob 
^liCa^d¿;(y^ntiie.los:hips de eslasii k di^sMm.dd 
-cfifrtnbV'6»Jg'fiéFdida(;dáe^tódo cari mism¿ 

;fkWfi|ilÍ2iui]a própeksíqn 'al deleite en cl-ricó^ qaé 
•MÍem>¿l^v^or ddisus^la^ y 

m0fttH^^[pvo!^uM<aifaeUa indokneia ¿ imbeciU-^ 



Digitized 



by Google 



231 
did 4e espirito jr^e^átterpo, qae caracterizan des- 
dei tiempos muy remotos á las naciones de orien* 
te: el enTSedmiento de una mitad de la especie 
buniana^ que eii lodos los paisas en que reina la 
poligamia, noes/mas que un instrumento de los 
placeres de lai otra mitad: la negligencia en el 
cuidada j educación de los hijos: la multiplicación 
de las d¿giacia$« y de los escesos contra la na- 
ttttalbzaii ^ue Batea de la escasez de mugeres. 
•i; EirlcooBipéasacion de: todos estos males, no 
<í&ece h poligamia ni ana sola ven la jai Con res- 
.peptoííi tti población, que se aumenta según al- 
jfgaúDsr port éste knedio, nada gana la sociedad, 
-porduer^hircuesliopí no es si un hombr^tendrá 
mas luios de ciocb mugeres que de una sola, si- 
do ki cÁQOO'tnugeres tendrán menos hijos, casada 
icadáhunatcoa» su marido , que casadas las cinco 
cóú Ufi solo marida 

- Cuando decimos que la sociedad no gana na- 
idaioon k' poligamia, hablamos en comparacioa 
i4ci;ÍHiriestado de cc^s en que el matrimonio es 
csisliuniversal. Cuando llegan á ser muy raros los 
imaitrimónios jpor causas inevitables, y de consi- 
guiente grande el número de mugeres esteriliza- 
-d(^lpor &lta de marido, puede la poligamia fa- 
itorcoer uu'^pobo la población, pero bien poco: 
.porque como en este caso se buscaria la plurall- 
dadrde mugeres; principalmente con el fin de sa« 
tisfacer la sttisualidad, ^ tomarian , no mugeres 
•en geaeraU ^itíasolo mugeres hermosas. Y aun 
este poco st disminuiría bien pronto por muchas 



Digitized 



by Google 



233 
dc<1ucciones* Porque, en prinner logar, como so- 
lamente los ricos pueden mantener muchas mu-» 
geres, en todos las países en que se permite la 
poligamia , los ricos se aprovechan de este per- 
miso, mientras que los demás viven en una in- 
continencia vaga y estéril. En segundo lugar, las 
mugeres se cuidarian menos de la virtud, sí .so-y 
lo tuviesen que conservarla para>'encQrrarla en 
un aposento del harem; si su castidad no habia 
de ser recompensada con los derechos y la^ felici* 
dad de una esposa , según se gosun en el matri^ 
monio de un solo hombre con una sola imrger, 
£n cuanto al cuidado de los hijos,: yii'iSj^ 
cstabl^miento en la sociedad, y eniuria s^tuaf 
cipn en que puedan ellos también sustenlar vaa 
familia ( que es lo que mas contribuye iá ( la 
felicidad general de la especie.), es muy díficU 
proveer á todo lo necesario para conseguirlo^ 
cuando el trabajo ó la fortuna de un solohom- 
•bre tiene que distribuirse entre veinte ó treiarta 
hijos, y cuando estos mismas hijos se dividchi 
después en cinco ó seis familias, cada una^de las 
cuales ha de constar de otros veinte ó^treínta 
individuos. . j - 

Por todas estas razones se \é que la poligá^ 
mía se opone al buen orden que debe reinar en la 
sociedad, para que se consigan los fines que sp 
propuso el Señor al destinar al hombre á vivir 
en compañía de sus semejantes: es, pues, contra^ 
ria á li voluntad de Dios; jPero lo ha sido siem^ 
pre? 



Digitized 



by Google 



933 
Sabemos que los patriarcas é^ h lej antigua 
tuvieron nmchas mngeres á nn tiempo, y que 
i^ <embai^ eran amigos de Dios. Mas en aque- 
lla ^poca estaba casi todo el linage irumano sumi- 
do en la mas repugnante idotatrlb; por donde 
quiera se hallaba oHidado ó mas bien horroTosar" 
mente pro£inado el sacrosanto nombre de Dio^ 
uua espantosa corrupción de costumbres babia 
desfigurado la hechura mas noble del Criadoc; 
eu la tierra. Bl orden primario, esto es, la con- 
formidad de las acciones del hombre conVos atri- 
Imtósdeia divinidady reclamaba la formación 
dé tija pueblo, que eá medio &*todos los pue- 
Uos, |Ktraviados misérabfemente áe la senda de 
la verdad, se condujese con rectitud y decen- 
tiil,^y''die6e1ionor y. gloría, sirviese y adorase al 
Criador. La 'mismas misericordia y santidad de 
nDios'lorequeria'Qisi; su misericordia para que 
'no se' vi^ su divina' jmsticia en la necesidad xle 
t9^gar á todo el' género humanó, que tan torpe 
'y>c«dpabteimenle' erraba' en el conocimiento y 
OUÜiplimientó de k primera de ^us obligaciones; 
«H satitidad, porque era muy conforme á día el 
^evitav* íatitígis abominaciofies con que estaba con- 
taminada toda la tiei^ra; y hasta el honor mismo 
^ia tnagestad de^Oios estaba intere^do en qiie 
B^-ívkse tan universal cómo sacrilegamente pro^ 
^fimkdo y ultrajado su adorable nombre por los 
iiijos de Adán; 

m'£dteJ)an algunos varones justos, que aun- 
que* ep corto número, conservaban el conoci-- 



Digitized 



by Google 



234 
miento del Merráádero Dios, le daban cdNto cual 
corresponí^ia é }stt riofiníta grandesEá , f se aooóio^ 
daban en^stf coodhctb moral á lojque dicta h, 
recta razoo.EoAre'^ estos escogió el S^oor á Abra^ 
han, y le consíitayd padre y cabeza ^el jjpueUó 
que destlriaba'ifpaírarpuebk) suyo; del 'pueblo' en 
quieti eé habk;dc conservar látidéaíTerda^erade 
ifiost^y á^Í€n:el mismo Señor -babiaide^-diri^ 
por stmlsóiOrlPaca que sq. áuidenfase este pueh 
bla)^el, pra muy.cónTenienie ai prindpío ja po«r 
ligamiai;f y mediando idibonor^e. interés idel mi&t 
mó Diof^'BeUanbedei'todaJ.lijs.demaakoikfiideinH- 
ciofnes. db ub úrdim .secundario, lo qae norse ppdib 
ni se puede esperar fuéifa >dé aquellas ckoivfitaá^ 

Cias. ■- í Y i.M¡*.«;; tr - ''¡'.í:-. ; •■ JyrJrm LÍ 

Ni á: es to se^c^Hine la li^flexion x¡nt beiaios bfer 
obo antes de que no por.icasarse un hombre con 
muchas mugeres .á unjtiempov se ^ainnciitai fl 
número de. los habitantes de .un pakví porque 
cuando empezaba .á ifóiunarse él púdolo esdogír 
do de Dios, no eta posible «que' las oopii^erto^cop 
quieñes^sé uniesen los pairí^ntas^ bailasen | ateos 
tantos hombres temerosos : de rDíos corilquieMs 
casarse: tan corta -em el* número de^ losr.biftmv* 

En el dia no existeof (las;dfGUnstaDcias.*eii 
que se hallaron los patriarcas, y asi. la ra^nlmh 
tural reprueba' en la actualidad la: pdtígai9iÁaipw 
aus consecuencias, íeisíidefatemeqtfeí conhjaijíasíalorí- 
den secundario ; y está efectivamente protori|>ta 
en todas las naciones cristianas. Losi piieb)0i| me* 
nos civiüaados y mas ?olupiuoSos que la «permi'^ 



Digitized 



by Google 



835 
ICD, '^ no kan conocido bien m& .miJ<^ .dT^ctos» 
din Umhxa eoBOcido, aquellos á ij^nes üicnm- 
lieeii-dtpais reformar las leyes, nd han queri- 
do r&Qunciar á sus. placeres particukres» i i. 
• : De todos modos cualqtiiera quq. sea la'de-f 
fensa qñé se liagá de la poligaotia cuando está 
aotmiza^ pc^ las leyes^ del, país; el cásarsfí con 
nwub scgsnaá.miiger durante la vida de la prn 
Batea /€n< los |M»6es donde es nulo este segundo 
HuitriniQdid^ se ..puede ,coolar. coitio uno, d[e los 
fraudés'inas pdigrósosiyirueles con que sé arr 
rdiá^^i ;una muffer su fortuna^ áu ccMcísidinH 
cion y su feliadacL ' • > 

.^:<i;/ ''^":•>7;í.*c;API^KJIiO vii- 

í ; í.^u !m,: '<'1 r: /' i.- :; . , ; ^ • - • . 

.'.. . '^ i.. • DdéÍ90rcÍp.i [ .:.: j 

Entiendo aqui por dworcio la disolucioa dd 
«fitriáioníó por la acckni y voluntad del marida 
' ;£sta facultad estaba cbnqedida al marido enf 
itre ios judíos y los griegos , y también entre, los 
gomamos hacia el fin de la: república. También 
iá tienen y ejercen' en /'el dia los turcos y Iqs 
persas* 

;: Lo que hay que- saber es» si este derecho es 
CQofGnrime.á la ky nbtural 

Y desde luego, seioEiejante derecho es .manir 
,fiestamehte incompatible éon las obligaciones que 
lieneq los padres pta con sus hijos '^obligacioQCB 
4|tte lui^ua. puedbn cunlplirse tan bien como ha-- 



Digitized 



by Google 



236 
hitando jcmtos los psiclres, y por medio de sos 
cuidados reunidos. También es ioeompatible con 
el que tiene la madre, no menos que el padrea 
á la gralitud y obsequios de sus hijos^y ádisfru-- 
tar de su compaüía ; y de uno y otro se vé pri- 
mada si es espelida de la casa de su marida 

En el caso de no poder alegáis esta raioa 
por no baber hijos, no alcanxo ninguna otra 
que pueda hacernos conocer la oposición del di-* 
vorcio con la ley natural, sino la utilidad gene-* 
ral de no peroiitirse, de donde se deduce la per-» 
turbación del orden secundario, que se seguiría 
necesariamente de su permisión. 

Porque si decimos que tos términos del con- 
trato de matrimonio ocluyen los divorcios arbi- 
trarios, se responderá que pudiera redactarse el 
contrato de modo que contuviera esta condición* 

Si defendemos con algunos moralistas, que 
la obligación de un contrato debe naturalmente 
continuar por todo el tiempo que exige el obje- 
to que se proponen, al formarle, los contrayen- 
tes, será difiüil manifestar cuál es el objetó d^ 
contrato (si se espeptua el cuidado de los hijos! 
que pueda ligar un hombre á una mugér de 
quien quiera separarse. 

Si sostenemos con algunos otros, que ségun 
la ley natural no puede disolverse un contrato^ á 
menos que las partes puedan restituirse al mismo 
estado en que se hallaban al tiempo de formarle, 
tendríamos que probar que esta es una propiedad 
indispensable y universal de todos los contratos. 



Digitized 



byGoógle 



937 
Confieso qtio jo no puedo asignar en el con* 
trato del matrimonio ningana circunstancia que 
\e distinga esencialmente de los demás contrato^. 
Mo descubro en él lo que generalmente se le 
atribuye» e^to es, una imposibilidad natural de 
que se disuelva por el consentimiento de las dos 
partes, a petición de una de ellas , d de una y- 
otra á k vez. Pero si consideramos los efectos que 
causaría una r^la cb esta dase con respecto á lá 
felicidad general^ descubriremos que semejante 
facultad trastornaría en gran manera el (Mrden 
secmadarío, y que por lo mismo no puede* ser 
conforme á la voluntad de Dios. En suma, el di^ 
Torcio es contra la ley naltural, porque se opone 
al orden que debe reinar en la sociedad Humana, 
para que tengan cumplido efecto los designios de 
Dios; y esto lo conocemos por los males que cáu- 
9aria el divorcio, contraríos :á las veiftajas que se 
siguen de la indisoluHlidad del matrimonio, que 
son las siguientes: 

L Esta cualidad tiende á conservar la paz y 
la unión entre los casados, peitpetuañdo/sus co- 
munes intereses, y hadÍBudo necesaria una iñdul* 
gencia recíproca. 

Estas dos consideraciones tienen mucho per 
,so. U.n rompimiento del vínculo conyugaren vi* 
da de los consortes produciria una separación de 
intereses. La muger tendría siempre presente k 
disolución de la sociedad en que vii^ con su má*» 
rido, y procuraría reunir un fondo' para cuan- 
do ll^se el caso: lo que .produciría el peculado 



Digitized 



by Google 



938 
por una parte^ f por otra la descoofijuQza, maleft 
que al presente turban bien poco la pat j ooa^ 
fianza de los matrimonios. 

£1 s^^tído efecto que resulta de lá indisolu-^ 

bilidad dd ixiatrimonio hasta la muerte , nopre* 

senta menos' utilidádes^^En los casados ae encuen-» 

tra necesariamente mkcha diversidad de carácter, 

de ^nio, de hábitos, gustos é incünacionesí pov 

lo cual es necesario que cada uno procure corre^ 

girsé 6 moderarse en lo que incomoda al otro, j 

hacer lo que le agrada; si quieren vivir á gusto 

y en paz. Ün hombre y una muger qué se aman 

mútbamaíite, lo hacen así sin niolgan trabap 

ni preparación; pero ei amor no es general^ nf 

dural^; y <!uando falta no hay lección, no.hajr 

delicadeza de sentimia[»l¿8^ que causen^ tanto, enr 

el hombre como én la: muger, la^mitad del dTee* 

to que resulta de esta ^sencillísima reflexión; que 

uno y otro ddi^en sacar d mejor partido qíie pue^. 

dan de su situación , y que habiendo de ser des* 

graciados uno y otro, d participar de la mistna 

micidad, ninguno de .elk>s podrá ser feliz, sino! 

cóntribuyenm á que tíimbien lo sea su consor-: 

te. Estas condescendencias, aunque arrancadas' 

al principio por la necesidad, llegan á ser con el 

tiempo fáciles y recíprocas , y aunque menos agra^ : 

dables que las que nacen de carino, proporción 

nán gener^mente á los> dos esposos una tranquil 

lidad y satisfacción que bastan para sú bienestar^ 

II. Los hombres andarían siempre buscando 

nuevos o^etos para sus deseos, si pudiesen li^^ 



Digitized 



by Google 



239 
fararse á su arbhrfo de los empeSos atttíales que 
ban contraído. Aun suponiendo que* el* tnárido, 
al tiempo de ^casarse, prefiriese su muger- á cuaU 
quiépa ptra, nadie puede contar co|i ]af diiradoía 
de esta preferencia. La posesión causa bien' pron- 
to una gran diferencia ; y no hay -otra Seguridad 
contra los atractivos de la ncívedád', que la iHhi 
posibilidad conocida de obtener el» nuevo objeto 
que ise d^ea. Si la' causa que impele los dos- áe-^ 
xos un^ hada otfOt los tuviese unidos; ¿oií la mis^ 
ma fueraia con que los atrajo, /ó' si» la mug^r pu-» 
diera volver á su integridad pei^nal^ y á todas 
las venta jas de la virginidad ; se Podría depositar 
en mauos del marido la febuhad de divorciarse 
con menos peligro de los inconvenientes que he- 
mos indicado. Pero en la actual constitución de 
la especie humana» y con el deshonor y los má-^ * 
les que recaerian infaliblemente sobre la muger 
repudiada, es indispehsable dar á la condición ání 
la muger casada' una -estabilidad mayor y mas 
segura que la duración del amor de su marido. 
Es necesario que los dos cónyuges, cada uno por> ' 
su parte, suplan pbr el sentimiento de la obliga- 
ción lo que el amor j las^fecciones personales han 
perdido por causa de la saciedad. Después de. to- 
do, la facultad de divorciarse es evidentemetite y 
considerablemente perjudicial á la muger: y pa-^ 
rece que la única cuestK>n sobre el particular fs, 
si la felicidad real y permanente de una mitad 
del linage humano, debe abandonarse á los ¿a- 
pricliQs y á la incontinencia de la otra mitad* 



Digitized 



dby Google 



240 

Hasta, aquí hemo^ considerado el divorcio c<>- 
mo dependiente de la voluntad del marido, por«- 
' que es el modo corf que se verifica en la mayor 
parte de los países en que se permite: pero las 
mismas objeciones se pueden poner, y con mu- 
cha mas fuerza, contra el divorcio por consentir 
nuenlo mutuo; sobre todo, si consideránaos la 
delicada situadon en que se ballaria cualquiera 
de las partes que no quisiese consenliF en la U* 
bertad de la otra , y la poca esperanza que^ no 
consintiendo f le quedaría de ser feliz en su ma- 
trimonio, con especial á la muger. 

Algunos (^eren ver en la ley natural una 
escepcion á favor de la parte ofendida, en el caso 
de adulterio, de impotencia absoluta, de deser- 
ción obstinada, de atentado contra la vida, de 
* crueldad afrentosa, de una demencia incurable 
etc. Cualquiera que sea el modo de entender 
^bre este punto la ley natural, el católico de- 
be ateperse á la dqttrina de nuestro Salvador^ 
propuesta por la Santa Madre Igl^ia, y cuyo es- 
posición no corresponde á la filosofía moraL Pe- 
ro convienen todos en que la ley natural no ad- 
mite como causas suficientes para el divorcio, la 
simple indiferencia, la oposición de genios é in- 
clinaciones, gustos y temperamentos, las quejas 
sobre frialdad en el aóioi* y en el trato, la ne- 
gligencia, la severidad, las exigencias y los ce-, 
los, con otras razones parecida^ á. estas; no porr 
que carezcan de importancia, sino porque* no es 
tanU que .ante ellas deban ceder las obligaciones 



Digitized 



by Google 



de lojSt casados; y porqpc ademas se pnéderí ale- 
^r cuando se quiera, pero uunca justiricar; de 
modo que darles fe implícita, y disolver el nSa- 
trimoDio siempre que una parte pretenda poder 
alegarlas con justo título, seria, en sustancia, au- 
torizar los divorcios arbitrarios y lujuriosos^ ' 

y si dos esposos eneóilgos irreccnciliableis uno 
de otro se enapeñan en qíie convcndria mas ^ la 
felicidad de ambos el romper una relación que 
habia llegado á serles igualmente odiosa, se les 

_ppdria responder, quQ si fuese general esle per- 
miso, ocasionarla el libertinage, la disensión y la 
desgracia entre millares de esposos virtuosos, fe- 
lices y tranquilos en su estado actual. Deben re- 
signarse, y conformarse, con su suerte, reflexio- 
nando .que. cuando sacrifican su felicidad parti- 
cular á la -ejecución dé una regla general y per- 
petua , la sacrifican realmente á la felif ¡dad de la 
sociedad, y á la voFuntad de Dios que ía qiiiere. 
. Algunos, motivos de un orden menos cleva- 

' do pueden justificar la (^paracipn dcl^^i^rido y 
de la muger, aunque np puedan autorizar i\na 
disolución del contrato del matrimonio- de m^^o 
que los cónyuges tengan libertad para volver á 
casarse; porque en esta libertad es donde se ha- 
llan principalmente el peligro y los malos efectos 
del divorcio. La crueldad, los malos tratamientos» 
la violencia estrema, un carácter tétrico, áspero y 
reñidor, el. espíritu de contradicción, y cualquie- 
ra otra provocación fuerte y perpetua,. autorizan 
a la partQ injiiriada para separarse de la otra aun 



\. 



Digitized 



by Google 



242 
contra su consentimiento, pero mediante una atar 
posición jurídica, para evitar los efectos de una se- 
paración maliciosa ó precipitada. Y en efecto, las 
leyes proveen lo necesario para la separación á 
mensa ei toro en estos casos, con el fin de repri- 
mir la tiranía del marido; como también en otro 
para detener los estravíos de la muger: porque 
la promesa que hacen las dos partes, al tiempo 
de contraer matrimonio, de habitar juntos, 2»e 
debe entender con una reserva tácita para Ips ca- 
, sos de que hablamos, por exigirlo asi el bien ge- 
neral de todos tos casados y de sus familias, y la 
necesidad de evitar el mal ejemplo y los escán- 
dalos, que no pueden menos de abundar en Jos 
matrimonios habitualmenle mal avenidos. 

Las disposiciones superiores, iseparando á las 
parles, aun en cuanto al vínculo del matridio- 
liio, en los casos señalados en que no pjaede con- 
traerse válidamente, no son uiia disolución del 
matrimonio, sino solamente uña declaración ju- 
dicial de que no le hay, porque al tiempo de 
contraerse existían impedimentos t[ue )e hacian 
nulo. 

CAPITULO VIH. 

Del matrimonio. 

£1 matrimonio como contrato civil se puede 
celebrar ante la autoridad civil; pero como Sa« 
era mentó se debe celebrar in facie Ecclesice^ con 



Digitized 



by Google 



-k» í4!Og^uM BDÍ ¿i 3> fpi«|í dto fW ÍBI liturgia ée 

-)':' Gonsiáeraxidb bajo de ambo^ concepto$ eJ im- 
< trimooio, hay qoe 9a}Ksr« 
*:^ 1;, Qué oUigafkmes lleva consiga» 
ri 2« Gon qué di^posiqioii de corazón se debe 
jcontraer^ • 

'' 3t ikiándo faltan lo(} cacados á la$ obliga- 

-ciqnes que contrapq poí el ipatríinonio, 

•i 1* Atendida la tialurale^ y objeto del naa- 

trimoniov al contraería \o$ casados ^e obligan á 

' guardarse una fidelidad r^íproca é inviolable^ 

-éíatuarse^ Hoiirar^, y ptocnrar el bienestar uno 

ode ^ítro enlodas las viet^iiud^ de la salud, de la 

.ffortttna,y de la ípondicíon eiiterior; y adetnas la 

^dmger ^tá bbligada á obedecer á ^u marido en 

todc^ locjue no ^ea delito, X\\ se oponga á los de- 

^^rechos que no ba' perdido por el matrimonio. La 

-nat^ralesai ha* podido bacer á I03 dps $exos, en la 

'especie huina^, ca^l ignajes en tacultadcs, y 

.perfectamente iguales en derechos ; roas papa prc- 

i^eniv las dlCpuM^ que la igualdad q una supe- 

I rioridád contestada no pod^n meno^ de suscitar, 

Iñi impuesto pios á la mugcr la obediencia á su 

9^ridp;t^ piri pote^tati^ m^i dijo el Señor á 

c todas ]a$ C93adas en la persona de la primera: y 

S. Pablo.dice que Ja mu§er esté sumisa á su m^-* 

- rÜQ mioda^ las tosas, 

% 1a condición de la vida humana, no ncs 

, i permite afirmar que es imposible casarse en con ^ 

• eícnciaf si no se prefiere b persona con quien ^e 



Digitized 



by Google 



Mi 
casa á culi1(|aiem <iba<ea')&l^lé«Bflll;!^ra;8t0ttl•- 
sideraIXlos el objeto de la institución d¿Lif||litirI- 
^morno, no tendrenbos dificiilíad' eo • alírniát que 
cualquiera que al tiempo de cDotraerle^iéiila'Wia 
repugnancia respeflode4a|)ér6pááco& quien te vá 
á casar^ ó tal afición á otray^que no |)ajede es^pc^rar 
razonablemente, y que en efecto no espera tooQr 
jamás .inclinación >á<Ia persona tati quién sc-une, 
es culpable ddaiüteidier Dios ^ i por espoDfrse^pffO- 
meditadaoiente/al' p€/ligQ6':de unía .prevaricabioo. 
.Premeditacioníquíe'se agrava por iotervenivicn 
aquel acto lasí.idea^ de X>í¿siy:d¿ reü^ton^-que^fl 
templo, el discurso del niiaistro yfl(iflaiiaaia6 ce- 
remonias de la celébiláciou ikl cjialrimoim, *Ao 
pueden menosdic despertar en losí que le contraen* 
La misma reconvención' se pm^dé hacer ántodos 
los que por interés se casaii coa cuna .'pesrlaTÍa[>sá 
quien miran ; con aversión -ó; ¿oni diígudtfciyiv 
también á los qué, sin nQÍotivo,'ab^nn(dcrfKÍD{|itú]i- 
jeto de su afección, y subsistiendo '«stá, sé ci^i 
con otra persona á quien no tieti)í]ianiii^niafe«)lp. 
También debe imputarse el deleitó de faüti^al 
hombre que en el oiomento de eatórsc,^ tieíneiel 
plan de comentar, renoval* ó cóniiimar uuaiiil- 
' triga adiorosa con otra' oioger, Y si la mxtgcr 
tiene las misaERisintaiciones^)es; claro qniecsreo 
del mismo delito. * • * . . : .* 

3. Los casados faltan á sus obligaciones v pri- 
meramente por el adulterio, y ademas, siempre 
que su conducta téngala tendencia manifiesta >4<^ 
hacer desgraciada á, Ta otra paf te> como el abao- 



Digitized' 



by Google 



^¿5 
dono y et descuido, la disipación, la prodigalidad, 
la embriaguez, el ^mal lidiliér, la avaricia, los 
celos infundados etc. 

Las leyes civiles exigen como necesario para 
lá' Validación édmainnionió ce cnanto á ciertos 
efectos civiles, el consentimiento de los padres ó» 
tutores basta ! derla edad; y en sa defecto, cuanr* 
do'le niegan* sin causa legitima, el consentimiento 
de la autoridad púMica.'En: la muger no se re* 
quiere tanta edad como en el hombre, para que 
pueda casanse sin éste consentimiento. Una y otra 
disposición estáíi bien fundadas. Los pyenes de 
corla edad necesitan de cddsejo y dirección para 
contraer un empeño de tanta- consecuencia, y mu-' 
chas veces bay causas de utilidad pública que se 
oponen á la realización de sus deseos; La dislin-^ 
cion de la edad entre los dos sexos, también es^ 
muy conveniente, porque regularmente las mu- 
geres están 'en estado de llenar los deberes inte- 
riores de esposa y de madre, antes que el bom- 
bre nueda tomar con utilidad el difícil cargo de 
arteiider á los negocios del mundo y al manteni-^ 
miento y cuidado de su familia. La constitución 
déib^do^ ^xos, indica también esta distinción' 
Con respecto á la propagación. - 



Ȓj^'/i } w . '* .V /* 



Digitized 



by Google 



S46 

CAPITULO IX. 

Ohíigaóionéi de los padres. 

Estamos ^cústuttíbrádos & mirar á la v^tod» 
icuando sus buenos afectos se l^irtunscrtbcn á la . 
casa misma ¿leí qlie la ejerce) poco mas que co^ 
mo un egoísmo refinácío. Sin embat^, es nece-^^ 
sarioxoiifesar, que el objeto Áe esta cíase de obH<>^ 
gacíones, tío es íníenoi' á ningüñ otro, ni en uti- 
lidad ni en impoHancia. ¿Y dónde, se puede pre^ 
guntar, tiene mas valor la virtud, que allí don-, 
de se ejerce ? ¿Cuál obligación es la mayor , sino 
aquella cuyas consecuencias son las mas ímpor-, 
tantes? ¿Y dónde la felicidad ó la desgracia es-, 
tan tanto en tiuestfa mano, y dependen tanto de. 
nuestra conducta , como en nuestra propia casa? 
También hay que convenir en que mejor reina- 
rá el orden y mejor se conseguirá la felicidad 
general en el mundo, si cada Cual se aplica á cui- 
dar de sus intereses y de su familia, que si por 
un esceso de generosidad fuera de su lugar, aban-, 
dona sus propios intereses para encargarse de los 
de su vecino, los cuales no podrá cuidar con tan** 
to conocimiento y oportunidad, y.de consiguien^. 
te con tan buen éxiro. Si pues, el poco aprecio 
que se hace de las virtudes de un padre está bien 
fundado, nace esto, no de la importancia que 
tiene su virtud, sino de algún defecto, ó de la 
impureza de los motivos de su conducta. No se 



Digitized 



by Google 



m 

puede negar, en efecto, que algunas veces unen 
ios padres de tal manera en su espíritu los inte- 
reses propios y los de sus hijos, que los procuran 
j promueven por un mismo motivo, y hacen de 
todos ellos un solo objeto de sus cuidados, sin 
acordarse de la obligación que tienen respecto á 
unos ó á otros. En este caso el juicio de que aca- 
bamos de hablar , no está muy lejos de la verdad. 
Asi, muchas veces, cuando vemos á un hombre 
desvelarse continuamente por los intereses de su 
propia familia, y no tener ninguna 6 casi ninguna 
virtud, ó dirijir sus cuidados de un modo opues- 
to á otras obligaciones, ó solamente hacia la fe- 
licidad temporal de sus hijos, haciéndola consis- 
tir en los entretenimientos y en la satisfacción de 
sus deseos cuando son jóvenes, y en adelantar su 
fortuna cuando tienen mas edad; tenemos moti- 
vo para creer que se halla en este caso. De e&te 
modo se puede esplicar y defender la opinión co- 
mún relativamente á estas obligaciones. G)nside- 
rando los motivos de los que cumplen con ellas, 
vemos que su cumplimiento es poco meritorio; 
pero considerando su objeto, vemos que son indis- 
pensables. Por esta razón, aunque no se haga 
muy acreedor á nuestra estimación un hombre, 
recomendable únicamente porque cuida de su fa- 
milia, pero no por los motivos que debiera, sin 
embargo, vituperamos siempre con la mayor se^ 
vcridad la negligencia en el cumplimiento de 
esta obligación, bien á causa del mal inmediato 
y manifiesto que produce , bien porque descubre 



Digitized 



by Google 



248 
una faha tolal, no solo de todlo afecto paternal, ; 
sino también de los principios morales que debeti 
suplirle cuando falta, Y si, por otra parte, el 
aprecio que hacemos de estos deberes y los elo- 
gios que damos á los que cumplen con ellos, no 
son proporcionados al bien que producen, ó á la 
indignación que causa en nosotros el ver su fal- 
ta de cumplimienro, la razón es, porque la vir- 
tud tiene mas precio, no donde produce mas bie- 
nes, sino donde es mas necesaria ; y no lo es mas 
en nuestro caso, porque muchas veces se stlplé 
por el instinto, ó por otros medios en que no tie-' 
ne parte la deliberación ni la voluntad. No obs- 
tante, un padre puede cumplir con sus obliga- 
ciones lo mismo que cualquiera puede cumplir^ 
con las suyas por motivos de conciencia; y la 
conciencia en este caso, es algunas veces nccesa-' 
ría para estimular y sostener el cariño pateraaK 
Asi se verifica, sobre todo, cuando las necesida- 
des de una familia no pueden satisfacerse sino con 
un trabajo penoso y con las fatigas del padre, y 
teniendo este que privarse de aquel solaz y de 
aquellos placeres, que con las mismas facultades 
pudiera procurarse si fuera célibe. También, 
aiin cuando es bastante fuerte la afección pater- 
nal; ó halla menos dificultades que vencer, ne^- 
cesita tener presente el padre su obligación pa- 
ra dirijir y regulariaar su cumplimiento! de otra 
manera, es muy fácil que se estravie y se pierda 
en una ternura afeminada para cóá sus hijos; ^n 
atender sin previsión á darles gustos del momen- 



Digitized 



by Google 



US 

td, y en tin Cuidado cscesiTO y superfiuo ik pro-' 
curarles lo csicrior de I a Micidíid , al mismo I lem- 
po que dcíicuidc las fuctilcs interiores de sarís- 
íaccion y de virtud. En general, siempre que un 
padre dirije su conducta por el coiioci míenlo de 
sus obligacioucís, se puede llamar cotí propiedad 
virtuoso. 

Después de estas rcnexioncs preliminares so- 
bre el puesto que deben ocupar las obligaciones 
paíernales, y su cumplimiento, en la escala de 
las virtudes bu manas, procederemos á determi- 
nar y establecer estas míírmas obligaciones. 

Cuantío los moralistas nos dicen que los pa- 
dres tienen obligación de bacer iodo Jo ífue pue- 
dan por sus bijosj van mucho mas allá de la ver- 
ííad ; porqué sí fuera as!, seria un crimen en los 
padres hacer un gasto que podían evitar, ó des- 
cuidar cualquiera ganancia que pudiera a pro- 
porcionarse. 

Las obligaciones de los padres tienen sus lí- 
mítes, lo mismo que todas las demás: se pueden 
determinar ^ si no con una precisión rigurosa, á 
lo menos por reglas de una aplicación bastante 
exacta. 

Estas reglas pueden reducirse á los puntos 
siguientes: rrmniemr a sus hijos, educarles, y pro^ 
veer razonohlemmie a su felicidad en cuanto al 
ésíado esierior. 

1 . 3ía nienimienio. 

Las necesidades de los hijos exigen indispensa- 
blemente que alguno les man tenga. Y como nin^* 



Digitized 



by Google 



250 
no tiene, deredio para imponer á los dema^ una 
carga por lo que él mismo ha hecho, se sigue 
que son los padres mismos los que deben encar- 
garse de mantener á. sus hijos« Ademas de esta 
consecuencia tan clara , el cariño que natural- 
mente tienen los padres á los b¡)os« y el cuidado 
de la naturaleza en dotar á la madre de un ali- 
mento cuyo uso no puede desconocerse^ son in- 
dicaciones manifiestas de la voluntad de Dio$. 

Por ^qfjÁ podemos conocer el crifmen de \gs 
padres que abandonan á los hijos, ó lo q^e viene 
á ser lo mismo, de aquellos que de r^ullas de su 
holgazanería , de su pasión por el vífip^ y de otros 
vicios, encierran á sus hijos en un hospicio, ó i;uan-* 
do mueren les dejan sin ningún recurso, mien-* 
tras que trabajando y economizando pudieran de<- 
jarles con que subsistir. El mismo delito comelen 
los que descuidan ó rehusan mirar por sus hijos 
naturales, dejándoles en un estado en que no pue*- 
den menos de perecer ó:seryir de carga á los de* 
mas; porque la obligación de mantener á sus hir 
)o$, lo mismo que las razones en que se funda, 
se cstiende no menos á los hijos naturales que á 
los legítimos. 

% Educación; 
La educación, en el sentido mas lato de esta 
palabra, puede comprender toda preparación qu^ 
se haga en la juventud para el re^tp de la vida; 
y en este sentido la entiend^i yo. , 

. Alguna «preparación de esta clase nec^jtan los 
bijos de todas clases ji;9f)dit[;|oncs, lH>rc|ue sin eUai 



Digitized 



by Google 



tst 

serán con el liempo aegnmiDeiíte «Abetables^ y-, 
probablemente TÍciosos,lya .|>or falta de medios co» 
que su6Ístir, ya por falta de una ocupación hone«^ 
ta y racional, qué son él remltadó del arte y del 
saber en la vida civilizada. Por e&ta ratón el que 
no tiene ni uno ni otro (y ni uno ni otro se p^c- 
de adquirir sino con el traba)6 ó con la instrud* 
don), es inútil; y el quejes inüiil es generalmente 
perjudicial á k sociedad. Laniar, pues, á un hijd 
sin educación en medio del mundo^ adem«is del 
daño que se iecausd, es hacer un agravio al resto 
de la humat^idád ; es lo mismo que laritar a la 
calle un perro rabioso, una bestia feri^ ' 

En las clases inferiores J destícottiodádasr de 
la sociedad , este principio totidena el descuido de 
los padres qué no endurecen á sus hijos con el 
trabajo y las privaciones^ haciéndoles aprender' 
algún oficio, poniéndoles á siervir 6 proporcionán- 
doles cualquie#a otra ocupafcion regular; sino que 
mas bien les permiten consumir su juventud eii. 
la ociosidad y la vagdncia^ ó eutregal*se á una vo- 
cación inútil, vana y precaria. Después de haber, 
gustado en esté gisuero de vida Ids dulzuras de la 
libertad uaturs^l , en una edad en que con tanta, 
viveza se apetece, sucede necesariamente que que-* 
dan incapaces , en lo ré&rante de^ su vida y de un 
trabajo continuado y de una atención ¿onst^ute} 
que pasan sus afiios en un combate congojoso eiv* 
tré la importunidad de la nedcsidad y «ldi«gu«la 
que ks causa cualqwera a^limcioú reguiar ;,^u¿ 
c&iá^ ^pTQütQs^ parst vakk'áiB :éi jsualesquiera ,í$i^f- 



'Digitized 



by Google 



¿ños pslr^ 9í¿kMáír& sus necesidailésjt^on tal cpie 
ito tengan- qoe sajelarse al arado, al telarV á* la 
tienda ó al escf iterk>( ... ». , 

'En la clase medía de la sociedad son inescu^^ 
sskbles los padres que nb dan á sns hijos vda 
carrera, ó no les dejan en estado de • vivir sinr 
día. En las cbses elevadsHs son reprensibles prin^ 
empálmente los padres, qne por indolencia, por; 
debilidad', ó por avaricia no se cnidan de d«r á^ 
ms hijos la educación liberal ^ese necesita para 

rsean útiles en el rango á que esSán destina^» 
XJn hombre rico que'permiteá snhijocón*-'- 
sumir la edad en que debió ediicarse;enr casar, ^ 
dri pescar, en las corridas de cabaUob, eri Icárea* 
fés, y en tantos otros pasatt^pos imitlles'^ cuanr! 
do no viciosos, priva á la'^ociedad de un'bien**' 
hechor, y la lega un enemigo. 
' Cualquiera que sea el nacimiento y cotidicioñ 
jíte un joven, siempre necesita prefvirarse de al-, 
gttn modo para pasar su vidaV ño menos los has*, 
tardos que los que pueden alimentar las mejores 
^peranias. En consecuencia, los que abandonan; 
á la suerte la educación- de sus hijos naturales, 
éontentándosQ con proveer á su subsistencia / no; 
hacen ti)as que cumplir á medias cotí su dd>a%' / 
^ 3. Para labrar iafeUeidüd de un hijo enló^ 
ipit cándeme á su estado estmor^ se necésiíatt 
tres^osas; «na situación análoga á las esperanzas 
Ifue racionalmente hay 9 icoticcbido: medios tsufin 
^idotés par^satbi&user^s necesidades deesta ^titaf* 
ciiM ; 'f W^ vipiadliN» ia cualaei pueda epoiaur^ ^ 



Digitized 



by Google 



íJ63 

iU^conáíúoií de los foiga. Uoa sHiiackiíii;4|iOv«e 

cii»ss pufidciCOfiMgiup^'^^pie. se^.p^fo^ .é;^ia;4i- 
«uacioq: ea^quei ios démas. padreal éf^ Ja^Mtiisota 
cdfMlieHm dejan á 6us.bi}os, Jle^á.lto.^p^i^liMS 
néooales^ j ann .«a.gpneralvla&^vque r^iMsiie 
Vieae^^pn.lii)o; j por conajguijettte^ri padrq.^e 
k. proporciona ¿ sus hifc:^ ciuB^.^qi^llieate 
-coif su^ddieríVí ... ; •'.. ^„.! r. ../ *:■/ < ... -.ó 

Asi ttn aldeano eustple^bien^^c^mobligl^"' 

cion; si coloca á^us bijos m& nnapafa 4e labor 

i loen Ufiia £ábrioa». después de baberlés insfroido 

séficient^siente para nna. ocupación; dib eMía^,cla* 

«c.iLos letrados» les «magistrados, loa oficiales. dl^l 

ejercito y de^la niarina^los sugetos* Ineii; educa-* 

dos ^e poseen una Í0rtfiáa«bcr€d}lai4ay i^.qtie 

'ejercen d comercio «por mayor , deben ^r.i.«^s 

< bf)t»i s^un esta regla, una carrera eii^ntífica^ppsp* 

porcionalcs plazas en el ejércúo .ó ef| la niari^a, 

: un destino, ó un* comercio en grande^ Colocado 

te(lifai)oen una situación cualquiera^ es.<iuiciesapío 

darle medios con quesufragar á los gastos que ^ui 

día son indispensables, basta que con lasgauau* 

* cias que le produzca, pueda .procurárselos. pjpr 

sí misma « - • ^ 

£n esta parte del mundo tn > que nosotros 

ViTlmos, la opinión pública ba dividido los miem-* 

bros de la socwdad ea cuatro ó cinco clases, cada 

unii de las cuales cómprenile una grande varié-* 

' dad de empicos.y profcsiottes, cuy^ eb^cion debe 



Digitized 



by Google 



di^fw ilW A{«cf«éiim di ki»|Midrai. Todo.to que 
'W paede eiiigir áe elbs. conio ab debef^tf^pctr 
*édMÍgaiefife la úóicBi' regl^ quib stAite eHo^poede 

cbi^ -un niofftlisia^ es que inoraren oonservav á 
Aús hT^sí w la clai^r & ^¿^ mtnos, eq^ que han 
^^fiaridioi) es ^déoir« en Ja fsUse eii ^que e» costumbre 
-tsólttcá^ á MtiM jóvenes ^qne liento las aitaiD»s es- 
'^peran^! que ellos; pero que también pongan 
-mii€h^^(Mp en Umitar tos dedeos y babnudes 

de sus hijos á los objetos que en lo\8ii€esÍTO pue- 
--é^n eslár "i' 'su idcanfBeyrcuando 'no tíencto me- 
"Hfos de proporcionarles lina suerte mas ¡elevada. 
^'' ^Los ritos que édocan á $us hijos pra tui 
- MnpleQ tiajo, por ahorrar los «asios de uiiá- ódu- 
'cactoíi tnaséosloia» tienen uqa economía: bien 
"fuietHidtl pr^pdsúo; porque los hijbs, una. vez 
-duelos de sU KbeHad f d4 los. bienes. de sus. pa- 
dies, jamás peraíveran en una ocupación en 
<^ue se creen degradados, y no están j^ ^tado 
de abraziarotra mejór¿ • ♦ . f .. ., 

Kn las disposiciones que los padrea hacen \ de 
' sus bieneS' para después de su mucnie, di^tien 
arreglarse! en primer lugarf según las ncce^iida- 
."des que lleva consigo la condición, respecliy a de 
<«U5 hijos en el mundo: eo segundo lugaír^ s^un 
las espéranos racionales que sus hijos hayan ior- 
mado; cuidando siempre que las ^peranzas de 
estos, no igualen é las necesidades, cuando no 
pueden satisfacer las de todos ellost Estas nece- 
sidades y estas esperanzas deben medirse por las 
reglas que 4^1 uso. ha é&Uiblecida;^ porque el uso 



Digitized 



by Google 



•^55 
ha li^íiao á lifc dfvf!i<ió8»'i^»gdj[ aé i^Viai ¿. 
Til ünaí cierta tepresertUición, uii rfcrlo ¿áíAó,* y 
un généi^o parlfcülat 'de ^ida'.' qüfe^! Ib' qüese 

' llaníiá decencia. Cada 'clase tiene stí Smed^d^y 
stó placeres paVtieulaíréá/ üh jrfvcln^(jü^^ ptí¿- 
de ictiür parle en éHós pbr fáliái dc5 )bedf«!>s de 
fófturia; está en* niü^iM posición |^afa ^r 
felk En ctíañib á'la segundS'cúhtódcfracIbri, ásii- 
lier, ló <^é un hijo puede !espérari^dc]ot)ii1a)en<^ 
té* de súi padres; 'debe esperar la suerte taúe>e 

' cri la mayor parle de los hijos que se hsinan en 

• láá mÜDías circuhstáncWque eli y nosbrros üo 
podemos llamar irrátíonal' una ésperdü^a que ba 

" imposible d'éstfuir^ . ' - 

Eíi virtud 'de ésta regliai, coii'ráwn h&ceel 
" padre una" diferencia' entre sus hrjosi ie^un qde 
•^ tienen iháá o mciíos necesidad de lo^ bienes de 
' su pádré» ^r la diferencia dé cdard 6 dé sexo, 

* déla stfuacióh Vn qué se hallan, d dé lá fortu- 
na qué hayan tenido, * ■ - . . • > 

Como hay- muy pocos empleos luci'atitbs phra 
las mugeres, y como no tienen ^ de consíguíeiife, 
sino muy pocas ocasiones^ dé^aurmeniar stt renia, 
- 'deben ser sieíUpre las ht]á& objeto de Ibs cuidados 
' especiales y dé la prévi&lort de un padre. Él estado 
del njatrimónió, cüp felicidad podrian tacional- 
inenie esperar, ñb siempre éstá'en manos' de toda* 
las que Id merecen, principalmente en un tiempo 
eti que él celibato licencioso es de moda eiílrc los 
hombres. Un padre debé« pues, en' ciirfntb pue- 
da, poiicr ó sus hijas én estado de^-teneí* una vi- 



Digitized 



by Google 



?56 

..auAque par^» ellq Je ^ea prieciso cerc^enar una p^- 
te do lo que l^abia de dar á sus hijos varones » j 
, da ríes menos d^ , íp que , esperan. Solo después de 

J^abcr prpvistqun p^dre.á las necesidades deja 

; situación respectiva de sus hijos, debe atjender.á 
lá j^unda.considpracioiV'e^ decir,. de)>e prpciirar 

..^tisfacer las e^peraipzas de .sus hijos, , 

%aí diferente, esperanza que tienen los hijos^ 

. según sean legítimos é, na turales, y. la üiilidad de 
dcsali$n^ar por lodos los medios posibles el trato 

, ilícito enjLre los .doi^ se?jQs, constituyen toda la di- 

. fcrencia que h^y qnire 1q$ hijo?, kgítim^s y los 
hijos naturales. Pero ninguna de- estas dps.razp* 

I ncs puedei:^^ en casq alguno» jiisiific^r )a condue- 
la de aquellos bombees^ que dejan ^ep el mundo 

.á sus hijos naturales sjlu, recurso, sin educación, 
y sin colocación; ó lo^qi^e es ^pdavia mas cruel» 
sin ningún medjp d^ copseryar la; situación en 
que se hallaban desde el principio; eslQ es lo 

. ipismo que dejarles entregados á una desgracia 
cierta. . 

... DesjMi^ ique un padre. ha cumplido qon la 
pbligaeion. que tiene de dejar á sus.hijos cop; que 
subsistir», puede con justicia disminuir la porción 
de alguno de ellos para casi igar alguoa falla gra- 

^ ve,, ó para contener la desobediencia y el olvido 
de la piedad filial; porque un hijo que sabe que 
se conduce mal,, y que mira con pn desprecio cri- 
oiiual la voluntad de su padre, y le llena. Volun- 
tariamente de pesadumbres, no puede ^esperar de 



Digitized 



by Google 



257 
iSt'W tnismas atenciones que si se portase como 
debía. 

También puedfs suceder que un hijo sea 
tan vicioso é incorregible, que no se pueda es- 
perar de é\ que haga de su fortuna mejor uso 
que si fuera imb^tl 6 mentecato. En éste caso, 
mirado el puofo solo bajo el aspecto moral, y con 
abstracción completa dé las leyes det pais, el pa- 
dre puede tratarle come á un fatuo ó á un loco; 
es decir, puede contentarse con proveer á su sub* 
sistencia por medio de una pensión suficiente pa- 
ra sus necesidades y placeres inocentes, quitán- 
dole la ñicultad de enagenarla. Parece qíie sólo 
en este caso puede un padre desheredar absolu- 
tamente á un hijo. 

Ni se lisonjeen los padres pra escúsarse de 
tina injusta disposición de sus bienes, con alegar 
^que cada uno puede hairer lo que quiera de lo 
«que tienc.^ Todo lo que hay de yérdadpro en 
esta espresion, se reduce á que su voluntad no sé 
vé tal vev contrariada por las leyes humanas, f, 
que será válido su testamento, por caprichoso qpe 
sea, cuando no lo contradicen las leyes. Pero es- 
lo no le libra en conciencia de las ohligacioriés 
de padre; ó no quiere decir que puede olyidar 
«nteraqsepte, sin injusticia, las necesidades ó las 
esperantos de s^ familia* por contentar un papri- 
rho, 6 por entregarse á una preferencia qué no 
se justifica por una diferencia conocida de méri- 
to, ó de posición* Aunque un padre en las rela- 
ciones ordinarias con &u familia, y en lospeque- 

17 



^\ 



Digitized 



by Google 



* 258 

ños favores, de la vi^a 4oiii|ágt¡cat no:&ieisipt« 
puede resistirse á la predilección que tiene por 
alguno de sus hijos (lo. que $íd embargo debe 
pr.ocurar, para evitar Jos celos y disgustos qaifp 
causan siempre semejantes preferencias), eslá obU- 
gadoy con todo, cuando piensa en bacer su tes- 
tamento, a subordinar su ternura á otras consi*^ 
deraciones de mas alta importancia. 

Un padre de familias está obligado á ser ecor 
nómico cuanto sea necesario para llenar toda^ esr ' 
(as atenciones que pesan sobre él Una vez ca-r 
.biertas, puede ser generoso con los estraños; no 
en otro,ca^o, porque seria dar á unos lo que cor^ 
responde á otros; puede, pues, muy bien no 
usar de liberalidades dispendiosas, porque privar 
de una cosa á los que tienen necesidad de' ella, 
para dársela á otros,. aunque también la i^ecesv* 
ten, no es aumentar en nada la felicidad gene* 
r^l; y hasta este ppn^o, y solo hasta este punto 
el protesto de tengo hijos y una numerosa far 
milia; Ja caridad bien ordenada empieza pgr 
uno mismo, puede jusi^ificar la parsimonia de un 
pqdrc en los socx>rrps que dá á los estraños, y 
servir de respuesta á los que .solicitan su caridad. 
Mas allá de estos límites , cpiQo. es menor I^ uti- 
lidad de las riquezas, también debe debilitarse 4 
proporción el deseo de reservarlas. Lo cierto e^ 
que los hijos ganan mucho menos que lo que ^ 
figuran sys padres, en cuanto á su felicidad ver- 
dadera, y. aun en cuanto á su prosperidad este- 
rtor, cmpies^ipdo con agrandes capitales. L<a mayor 



Digitized 



by Google 



By^¿»*Í9»«*w «w»fpf« rmN» w»sf^4o «w 

su trabajo y buena snert^,, fon ^a. ¡que. $« ;$iente 
§p^|b^^/Mirírjea,4«. Hft» «» por la h<;ri;qd» qué 

íja^ «Ijí4 y :k' w^ttíj: <^? ! w .^ip * «» ^ f íjr-' 

res'á todas las demás, qu,e tpdo. ]o que pi;ii^e 
^cp^.al^oa ifiQueock^ este p^^^^to^inercFe la 
j^i^yor atención por parte 4^ un p^dre. ,Cojo ji^sh 
pfdo á. la salud, la. agricultura, j en g^ne^alla^ 
q9j|qpacÍQi)es 9^tivas, rurales, ó.que^^igeu fnoyÍ7 
lQJ^U(^o, deben prdC^irse á upa ocppaqpq s^deuf 
yffi^ ^s,prfSca|U€;ioQes que d^bp tPJpoiaí* el padr^ 
i:j^f>^t9 á los ^^iiqentQs, decuso y ^ueno oe; sm 
b))9^f .lepras 4f2 trabajo y e$t^d¡o, pp, s^ i^f^Cjes^ 

g^4¿^9^P9Jí^ mya^ conoceros, cuaqdolfay pl ce- 
*4^b^p.p9r.í^ salfidi 4^ )q&bljo?.,F^rp nuncsi 
« ?s*WP(^?í dpwsia49 el esípejo coi?, qí^e de-^ 
|^nprf)cui;f^r los^.p^d^re^ q|i¡iQ ^fí se ensje^prée d^e 
W,híj9fi efijv^q 49.1? ÍPinria, que ,aui? co^sider 
¿!|ífei*plft^PP^«^M4? 4e>^^^^ es>^o 4e l9f 

Bjaran^sqíCTig^Siqpf ííene,d^h^^^ ^ :.. . 

íin iBpr.^ftflW %^í^ 1^ vvríwd^aqií.eJlas o^Vpa-, 
¥WW«*SÍ^>Wf .l««??J[»cw Af. u;?Q e$tá ligada coi^ 
tíliefljp%Í9;4í:pVp,l(ílp q'ue ^.vwfica ep el. co^ 
«?fW Jf.^B f<?^M traVajps wq s^ bpfrep' ppV 
encargo), son mejore^ que a^gaj^f;^ ^\f}^ f^^li 



Digitized 



by Google 



Í60 
qué uuo gané éi menester qtíé' ótté pfeí^i^ éÜ 
qné loque uno gana se adqüiét^'sih TetrfÍ>ií¿l6d 
y sé dá con répagiiancia; cdroo'sWcédé^ éíi'tíl'}Í2¿* 
gó, y en toda Ip que dependé'dé'^í, y ütl^k^^é^ 
predaciones de ]a guerra.'* ' * * / ^:''|*» "''' 

Mas no solo en el destina que denlos paárísi 
á sus hijos deben tener siempre en tttétftti 1á tíK 
lud, sino que el objeto preferente y constante de 
sus cuidados ha dé ser el formai'desushijb^ tíom- 
bres verdaderamente virtuosos én sus prinéipití^ 
y en toda su conducta. 

Para nosotros que crebmos que en una ^pocat 
^en otra de nuestra existencia, es decir, en está 
vida 6 en la Venidera » ó acaso en ánóbas, tiene láí 
virtud que conducirnos á la felicidad, ó acabar 
el vicio por hacernos desgraciados, pra nosó^ 
tros que observamos, ademas, que los vicioso hn 
virtudes de un hombre son por lo común el re^* 
suUado de la dirección que ha recibido en su in«^ 
(ancia y juventud, ó de la situación en que se 
halla colocado; pra nosotros, digo, y para todos 
los que no desatiendan estas consideraciones, lá 
obligación de vetar sobre la virtud de un U2jó|p 
es sin comparación mucho mas importante, tfue 
h que tienen los padres de proveer ásu dianá«^ 
tención y establecimiento. La felicidad^ délos h^ 
]os se interesa mucho mas en la viflüd, qi^cen 
os demás medios de procurarla, perqué esios 
medios solo tienen por objeto la fcficidad dé esta 
vida corta y transitoria, y la virtud lá'deeMa>^ 
da, y la de la eterna. ' 'i 



{ 



Digitized 



by Google 



Mi 

hk faimm>i ,^eí¿í e^ítPí .pirofilirap es. imprimir m 

Jb<4iiefH» )de ^u^^liiipq^l^if^^di^. que .tieoeiii; qu/^ 

lito./ctteii^ dé>qs;^91Bqiifpej^.4: un juez supremo^ 

ju^kiera j^QiQiPfB^nte; /e^itp «es,, acostumbrar- 

JN^i.ver l9$«€0Q^)ieAeias;d& sucoxuluctá en ía 

í¿éi^ ítám:\i Mas e^e «qbjeto ilnkameote lo con^ 

Wguifán ios 'padrecei jct^ndo^ miren á esas mi&- 

nts Iconsecui^nqias en lodo cuanto bacép. Ha^cer 

jíios'áJas psidr^ U jusnicia de creer que no esca<* 

itean á .sut Hi)P^ l^s l0cc)Qne3 de religión y virtud, 

f^/aqttellaa^i^bortaci^nes que cuestan poco^^pcrp 

fqnit no aj^roveícbáu mucbo» cuando el ejemplo 

j^e dán.á sus bijos está en perpetua contradicf- 

íáon con sus conejos. Un padte^ v. g., prevendrá 

;t;stt bijd de wi modo muy/^rayé y soleóme ^u 

k aparienddi contrtst la ociosead» contra el esc^er 

x80 ea la bebidai.coutra la disolución y la. esti^r 

.ira)¡;»iciat .mieifitras- que él mismo pasa toda su 

•-vida: sin hacer nada^ se embriaga todos los diaf» 

,lie balk difamado. enrre sus vecinos por alguna 

.ftmistad' escandalosa y y gasta sus bienes, quede- 

4>ieran servir para mantener y cok>car á su fapiii» 

}h^ en la crápula, en la lujuria, y en la osliei?^. 

tacion. O b¡en> discurrirá delante de sus hífos 

«obre las obliguciones é importancia de la reUgknpi 

de Jesucristo, mientras que por escusas tas ms^s 

^frivolas, y comunmente las menos, sinceras, deja 

4e cumplir tos deberes mas solemnes que le im- 

rpoue esta misma religión. O b^en, bará presente 

á sus. bijos la auiori^ptd suprema y tcrrU)le de 



Digitized 



by Google 



^r 'bifr él 'nlá»' p^fti^dd^' i«4^td(')r 'WfMttMioM 

lS;*sÜk fallos éstá'le¿lS6h;'^'S4'>pWfientá:imtu^ 
^ue escité ¿"á dóiéVa;'¿ü-á)é^la'^^<d«i ^^ofiraisÍQ^ 
próTiuncisrí*á ¿1 ^»ibt%- ¿k 'B^ Ucl^^^^^ fAiaá 
|ít-ófáno* f rfetóáH'ó á' átf Dh^triit^Mtfgfesiadv^ 
ttófetáde !á¿ deéfátódíítíés y úmmiÁ& áúiatf» 
1?^on ¿ríitíáiníá cbhttí ^ í<te"^«e )[>i<otijUittfiaaFQAl 
4<éiplétoí f auii éñ^tió;"éV i^tm^dníiKf r tiémbn 
^W J)¡6^. como ^ fu^ él tei^üáj^é^ 4ittl|'6if3K. 
^^l%ion* riáícttla^, i qtíé há''diátircadp¿ ya^ hfff^ 
lúnchó tiemfl6; I9d se ]pnéde }ügalr asi ^tií i «ba* «i 
4ttfío, pef#que ho'dejáf dte Vet^'biefiV ^l^iravé^ét 
fá fíiáiscára de üw finjgídb i*é«peW^ofr ^'4irlu4; 
cótioce que sú püdfe^stáhaélehdd tftí 'pafpel {frai- 
lado^ y tecilíe sus répTraáiéni» God^&'iaiixinÉaseii 
-^Iilócáde nnxoThédíántery'forilfilfda ttnaítVciraeslQi 
«6^itiioñ por él niHo, desfruye em^amen^ laíiir- 
^tfencia'dcl padre, tío solo' resiiticlo de UTiétiid, 
Isiiio' también respedb de ctfaiqtiiera otl^at cma, 
"ÁWn aquéllas de qué el misiüO'litjo ésfi sincerad 
lííébtt corivencida ÁI ebntrarib, una' atenckili 
^iléncibsa, pefb icónstanie á todos •!(?» deberes db 
*td'#élígron, y (][tíé sé obser-re éti toda la cotnlbe- 
tá*tlel pádi^fe', irá ejetófetydd pofco á poco uiA ib- 
'fltíeociaprofufada ^ dúi'able en el ánimo del hl- 
jb} y' será mucbo mas eficaz que aquellas repre»- 
''iíionés forÍDale^'qüb ocasionadas g^néraliíiente pqr 
ntíH ^rovocaclbh del doüíeniO) mam^tao áo 



Digitized 



by Google 



laiCr otro principio que la cólera ó el enfado, y 
pot esta raEon se reciben siempre con ditigusta 
y aun con despecho. 

Lo primero de que debe cuidar un padre, es 
de ser él mismo virtuoso; lo segundo hacer qué 
sus virtudes sean tan amables y atractivas coma 
Id permita la naturaleza de cada una. I^ míí>ma 
virtud puede incomodar^ si va acompañada dé 
itiodales ofensivos. Se pueden llevar algunas vir-' 
tudcs liasta un punto tal, ó ejercerse tan fuera 
de tiempo, que de&a minen y exasperen á los qud 
las observan y viven bajo su influenciaren lugar 
de cscitar el deseo de imitarlas y adoptarlas: los 
jóvenes, especialmente, están muy es^iuestos á estaá 
funestas impresiones. Por ejemplo, si la econo- 
mía de un padre degenera en una parsimonia 
ínlnuclosa y demasiado exigente, es casi scguróí 
que el bijo que tanto tiene que sufrir con setue-^ 
jante disposición, llegará á ser un enemigo ju- 
rado de todas las reglas de orden f moderación 
en los gastos» SI el padre tiene una devoción som-* 
fcn'a, rigorosa, melancólica; si á cada paso está tur^ 
bandolas recreaciones de sus hijos, y agobiando^. 
les en todas ocasiones con un lenguaje devoto, ci 
rouy de temer que los hijos saquen de la casa pa- 
terna una prevención decidida contra todo lo qnd 
%¡én seriedad y religión, como incompatible con* 
una vida alegre y agradable, y desplieguen en Áui 
relaciones sociales un carácter frivolo y disoluto; 

También se puede hacer alguíía cosa para 
corregir ó perlccciona% las di^pjiQ&icioaed ^ue se 



Digitized 



by Google 



964 
descubren t^n la priinera.ed^d, poniendo áJq&hiT 
JOS en la situación, menos peligvo^ para,$^ ^;» 
rácter peculiar. Asi, yo elcgiria una , vida. retirar 
As^ para un joven inclinado á placeres licenciosos: 
una condición. privada p^ra el togoso y orgullo^, 
só: una profc3¡ou lineral y la csl^ucia.^q un pue-« 
]|>lo grande para él que tuviese ún carácter. apa-* 
gado é interesado; me libraría muy bien decolo^ 
car en el e)érc¡tp á un b¡}o disoluto, corhoiaco$^ 
fumbran generalmente los padres; en el cqmcr-7 
ció á un .avaricioso, en Ja curia á un astuto: ó de 
lisongear un carácter vano, y orgulloso con títu-^ 
las fastuosos í ¿ con darle un estado de honor, y 
distincioil én el. mundo, para que su genio, &m 
serle de Jiróv^cho alguna, aumentase é hiciese 
IDas sensibles sus yerros. Del mismo modo, es de<> 
cir, según fuese la disposición o el carácter de 
Cfida uno de los hijos, asi me aecidiria yo pút la 
educación pública ó por la privadaí Un carácter 
reservado, tímido é indolente, desarrollará sus 
facultades y adquirirá mas vigor con una edu<;a* 
cion pública. Los jóvenes de un espíritu ardiente 
y de pasiones fuertes ^ estnrán mas seguros con 
una educación privada. £n las escuelas públicas 
se suele apréndéi: mas, pero también se adelanta 
mas en vicios: los talentos despejados son atendí^ 
dos y abandonados, los lentos y tardos. Goti Uria 
educación particular, no se puede llegar muj 
adelante éú la instrucción , pero es ioDas segura 
lina medianía. 



Digitized 



by Google 



a6fl 

■ :.^: CAPrrULO;.Xir. o!,!.,;L;r..:ufi 

Dfírjéchos dtlifs ^pudresiy i^'ivH 

. ..:,...;,.-:;.,..;.. ^,^ ,..v,.Hhí» '.^í 

í I^ deretho^ ile los./padl^es restillinude (us 
deberes. S¡ es un cléber en Un padrfóiorimiiá'M» 
hijos; (ocioarUs phra .uÜd, v^lar li^lsyjVJlífcó&a; 
pctntili'Ics en una Miiíacioti ^rQ{liaMpdDafc')Q0^ft«^ 
ms liecesíd^des j aconéicidbla á^sus/circlinstelBbilif» 
j. prepararles ^ta elia:t neccsHa ^efieil l»^úíiocir 
4ad sufiqie^iq para conseguirlo^ y^rfiaüii e$.1?Uecet' 
«laTQgtoteá. j disr^plíná baslañtfe fii^K^paoraLiSoi^ 
lener isujaulorídad I^ ley «ai^raliiit^TOComce 
pias.fundamemo de 1os.dereclíes.'di&.,QX) (psidrc 
respecto de sus hijos« que las oblígaoioifiib q«e 
tÍ0né:péra con ellos (baUo áqui'íuihicalDfrffte de 
jos'derecW que puedeu ^ostenerM ton^if ij&terr 
pá.) Ésta* relación que oiedia entreJo^ derefahps db 
4in padre y sus oblígactonesi jno k; d& U: f^^ropié- 
dad dk la ^persona de su hijoi Juidoinío^eioQié 
^eSorío algutio natural »' como tefiuponelcotnunr 
mente- . ' ' > \ .- -<.«. í «• 

-. Una vez que en general es neícíiark) fijhr el 
destino de los hijos antels 4].ue elfos. |)>iiedan. forr 
piar juicio (>or,5í mismos sobre Ib qute ionvicup 
para su propia felicidad» ios paíli:es tienen (}ere- 
cno pai-a elejir el que mas crean convenirles» '. 

Cotoo tambiei^ la <mbdre debe «estar obediéa** 
te al plldre^ debe cederle en autoridad* A:>i^ cuan^ 
4q bfLárdeoes soa opuestas « ^ebc obedecer al 



Digitized 



by Google 



padre. En el caso de que muera uno ú otro, la 
autoridad, lo miímiof.^e ks óMigaciones de loa 
dos padres, se reúnen en el que sobrevive. 

Pues que oéstOB ^derechos aiguén siempre á 
los deberes , pertenecen igualmente á los tutores; 
'yccnfao^délegador dé i(>s^p&dm f á^los avott , *á loa 
4MieStniS'IOtCl'}':' j .'•- •"■''] 

:G<'*f$>¿ /este- i|liandpio,'^^ que los déreisbos^ de loí 
liQNiftti (i»alt|n de sus deberes, '^ se si^ue que lo$ 
.pád«6ii''.n0tienen un d>e^eelM> natuiWI «obré la vi* 
^a^^deosvi h^; cómo se Joconcédiati^, sinirazoii; 
iar»léyé8» de > l(>5'{r0d3ánDs; • ni el 'derecho ^^e- iis«r 
*de<qnys<fe'#e]^idbid^mútír; ni el dé mandar ooiue^ 
^i«r>awci«fméni;t)|^qiie e^os derechos nunca* á6i- 
^iW>f|iei»ftaribs ^ira^ que Icís j^adres cumpbh túú 
9ttp deb««Sí¡!'-í» "^i '' ■ ; ;-'•' 

oh iPrn^^iniétnaipeiMá •, 1¿á padres no tieni^ft'dé^ 
i^b^itpit^énderd 9U9bÍjo$ por pselai^d^^ $obré 
úh «uiii* fp^tbos' (obs¿i*vat de paso , ' que ' por la 
4cf]i¡ Yia)taTafl(> kJs hijos de los ^lavo6 np Bácen e^ 
(clarmsi^fpoiH^eíiiina ¡véz^que los deret^oá M\ iS^ 
ilctf' ie >han''y(gnTdo<i[Mnr;lok padres^, jatq¿s ^eéM 
ser mas latos que los de los mismos padres;- • i* *'^ 
I ) TfiJDc^tfqai 'piírece iegtitrs^ fátnbii?nvquft Icfe pa- 
^cls^'f/^^o^^^snawralilafn , sinb' también traa^ 
qpffsém^^sa 4egíiiifna 'liutoridad<; cuando sañiíaoeik 
•tfu propia^mbicion, fiiu.dváncia -ó sos preocupa^ 
cioi^,¡á' costar vi^ifaiemetue^e la féliéidad 4e<raa 
-hijois: Se püedeKtUar' {ior ejemplo ¿a«eAto<ái$uto de 
la >aiQtoriHad j^atei^nal ^ la condudií Ae los qi|é tt^ 
!caerraá 1^* Ottikmiaitttrkf^ «^w bijaa^t k*$úá hi^ 



Digitized 



by Google 



m 

, , _. j ÍW«SíííVrf>í««gl*tti#» 

mes, óMfíáyfhWttfpóMlSoWMitli^W'^fii^ 
por motivos de o¥^/ki^'^iAé b^^)^^«i^\nttóití^\i 

^hkieñté-éátk^' T^'^> ■ • > •■ .•'■j{»«-q "-^ •>'> «"''í 

- ?r''<i) i; ,(u íl'rif/ .;y •. "•>: ■!. 'itr^rioi ík»:' •' ííIíIo 

•.:«>;•.!« »■; fi« •> -t.-iiHi-üiSO-í n •; . ; nf>r>j íi rx-ili 

-!_; 'r. o-:- . ;' •¡"iJíWMídiítos'Ai^ •''*•'"_ ^^ "- ."f 
<'.!:!ic'.i •[■■,i->:;,-. iJo f.rnei..: r..' ."..-t!!f5T;;'.;> i,»-! o? 

*' ■' tláH'fl«b¿»e«'de!'4¿»-ld^{«i!ded<MnMMat^ 
L Durantete'lílfeílWfe.'- : "• • ' .lov*- nvoul 
; ^> I». . ^&MtftMíiiy<^«dA aáttlio^-, iporo í^rseWáran 
todavia en la faiulHa del padre; • >v'^-> i«.^uu4\ 
r- 'ill. > b«$^u%^ (|Víd i^lfdo'ttdoltaB (aite«Me la 
.fattiateijel^l'e. *»''■>"■•'■ ; '■ • ' <-» "<>'» 

'■Es YÍere^rib Mfiétteii'^fite'ldB iKÍfilM''li«A'lli^ 



Digitized 



by Google 



, t»0 

oíjjlt ,( ñicfmh son i^Iio^r\pi€O^.pirs(p^0miio^ 
ídmé^mwioofiíf^tim 44 piuírt, , ,: : /ir j .nq 

Ká de su padre, están obfígadQ$o{;l^99^ (de! jb 
obligation común de ser agradecidos), á obser- 
var todos los n$g!atiK)ñ|GfS|^'. Emilia que esta-> 
bleaca el padre ; deben contribuir con su traba- 
jo, si es necesaitH^f .á^s0stjkperU;,\)lt1ii)3Ítarse al gas» 
, to que determine. La misma obligación tendrían 
4o»r.b^f.di ÍVihsm adibUi^te bn ^Utifwsi^ia, 6 
fuesen socorridos por c\S9^M^íxó.'v . í 

JUL Jfespuas que siendo aduUá^ soknjh la 
familia del padre. - í* . .í 

v.\ t>£9itMa fa<?do^,;el)deber de Jo» hiJQ$ para 
con sus padres es simplemente ^l.de la. gratitud* 
la cual no se diferencia en especie, de la que de- 
bemos á cualquiera oirq.^'iuetibccborit.pero nos 
ül^ilprtaAi» m^i quJiutftiwyer biquhech¡or:iiucs- 
'»ro¿c^cflls|áf)lre ^ 5|t<e iiÍPg6»:^tf;^L9iqciig<:^ ^E^ííflpr 



Digitized 



by Google 



ttécis^ló^ ^tervúiioé^y 'áiéteíone^ ténqn^ poíi^amé 
ikMigtÉkr á l6$ 1^1^' nuestf 0^ ^gfádlsc^^ 

tácl,*iiuVfr^iie^seá contraria á nuestra precio ^ms>í^ 
ftf y iitmMro ftafio parecer; sieilipfECi qiie h qni 
quieran no sea moralmente malo, ni enterdtmn^ 
feiocQmpaliyécon nuestro faieneslat; procurando 
^roporcionaríes satisfacciones» pre^nir mqes cl^[!M 
y sosegar sus inquietudes, as? en las cosas pequé-^ 
Báñ como en tas grandes; contribuyendo, arca 
necesario, á m mantenimiento, conveniencia y 
^comodidades; haciéndoles compacta , aunque tetiM* 
gamos que privarnos de h$ dWersióneis y plafcfe-^ 
res que mas nos gustan | cuidándoleáy asi&ti^u* 
déles con amor, re$peio y agrado en^Ms enfei«^ 
medadés y dolencias; soportando «uis fláquexas y 
debilidades, asi de ahna como ^del cuerpo, su mal 
Iramor^ sus mañeras pcíeo á la moda, ¿ksenidadM 
ó austeras, y aquellos hálitos incomoden que aa 
suelen contraer en una edad avamada* Porque^ 
¿dónde encontrarán tndutgeneia los padres an-¿ 
¿¡anos, sino en el jC»rifio é interés de sus hijo^ 

Las f ontestaciooes maa serioys que suelen ipet 
díar entre padres é hijos, son ordinariameiite $kh 
bre el matrimonio ó adbna elcccio|i de dostitio, * 

£n ningún cu» tiene derecbó el padre patia 
privar al nija de lá feiieidad áque pu^de aspii^i 
Por lo cdál, ai hay entre dos uidividuo^ dé dife^ 
renta 'M^xo un** indmaciofi' perscmai y esdui^a, 
dé 'tapoJo quería toipu de aquellaa dos peiioüi; a 



Digitized 



by Google 



tu 

vmp^QÚ^x tal á cual <lpri»p;fi$,^igi|e,qiÍ9,)iiPÍ 

tprídad* f, )^ lo» bips QQ esAia .^liig^do^ 4.<4mi^ 

rJ I^a. dificuJUad está '^p conocer c^pdo f \^s^ 
t» «fué. {mulo fi«»t9vá|i él padrQ y el hijp mfíHt^ 
cfi«Q ep los QJ0Qnpl0$ pariippUrqsiqíie pcurr^n^ , 
S^oes tacil siabbi? si el cariño de los qiie &e anaafi 
^atíauará con bastante fuers»., ó. por el; fiiei|[|pq 
i¡ii9€esar¡o para que el cumpKaiiento de ^us de^m 
s« JH^pu^e par eseQCÍal á su felíqdad por tpda la 
vida» ó $i d^}dnán,.de $er felices» en mucha, parlQ 
:pf>ñ no f^ni(JirlQ»s pei^o se puede asegjar^r quf$ 
vo suQ^deasi ea la snitad de jjp^ enlácete qqe ooc)n 
trae la gefilfí jpv^u c^n tqfvU pasiqi^ y precipitfin 
ikta,. También crec^yo qup I9 avfirsiao que mf 
Jb^jo tiene !á una profe^iQUv ofqi^ciQn ó c^rr^^i 
piT^ Teces? dííi^rá dfecedeír .árla^,i;é^lH«iou., conf- 
iaría f aai^idad en el puíP{)liuM.en(9 d^ la^ oUi^ 
^({iones que Ikva ooofiigo; ^^iptqi^lipc^ntfi cuau)lf:( 
UQrhay 'e^peuanw.d^, vaciarla y abiwiíPl^'íí^?**"*' 
que puede suceder <9lguQa;?v^z, jP^f /esia^r^a^oiM^ 
el bijó qücresptíiate opitiiW.4f|<»Uft,pft^iíeaydp7 
ana; sufeljcidad, cqmo f$5t^ obligftj^ 4:/^¥|SQar]a, 
fM« a l0.oiGnos deferir 4'^ii íro)m^4 flP^^ gdt 
s^yar frauca y lealJSQeúte, f;ii.el.(|ri|pcr,;fij^ ^^cl 
)i»tapcNy.la au9enD¡a^isiiiiuu«y^.uwi f)f^pn,gu^ 
aquellos. desaputtebau; y eu.fl «SgSR^QfJSÜ.uQA 



Digitized 



by Google 



iptm^smnam por loa^ .ikmfo m h w^^Um i 
que le hati destinado, |a h^t€e md». fiifál y Jlevn^ 
4era. Todo depende de quo el b))? baga ia espch 
ri^ntia con iúncerid^d, y no solamente ^opi el fiki 
de llegar á sa objeto por m^dip ¿tí ni^ cptppliH 
Cjeocia 6Q)lda j transitoria, £s propio dd aaior^ 
del odio^ y de todas las afeccione^ vio^iMa^^.^a^ 
gañamos con h persuasión de. que las hemo^ á^ 
sentir siempre con la misma intensión ce» que las 
sentimos cuando se forman ; y no podemos . conce? 
bir que lleguen alguna vez á debilitarse 6 á des-r 
aparecer* Lo que puede disminuir esta persuasión 
es la esperiencia de las mutaciones,, mayores to*. 
davia, que advertimos otra^ veces en . nosotros 
mismos; ó el bábilo de fiarnos de lo que; nos din 
cen nuestros padres 6 ti;itpres, ó de lo que noa^ 
enseñaíi los libros. Si los jóvenes no consiguen 
vencerse, llegan á baccrse intratables; poique ven 
claramente, y coq verdad, la imposibilidad des^ 
felices en las circunstancias qirc se les proponeUf 
fitcpdiendo á las disposiciones actuales de su almn 
y de su corazón. Cuando un hijo se ba esforzado 
de buena f¿, p^ro inúlilmcpte, por copiciliar slia 
incUnac¡0nes cop la voluntad de los que le dieroi^ 
el ser, no por eso debe perder nada de) afecto^ 
fortuna de sus padres» los cuales, cuando iicneil 
motivo para creer en la ingenuidad de sus bijo;^ 
d^)en condescender con ellos; y en lodo ca^ es- 
tá entonces el bijo en liberta para proveer á stl 
propia felicidad. 

I4QS padres no tienen derecho pra e&trccbar 



Digitized 



by Google 



i sus h{}os S cotítraer ibatrimonios que ks re-^ 
pügdátí, iii deben, dé ningún modo, conservar 
el menor reserítimíento, porque sus hijos no les 
obedezcan en este particular. Wo es lo mismo 
cuando d padre 'se resiste á que el hijo contrai** 
ga matrinioqio por Inclinación. £a el primer ca« 
so es t|)ucho tpas probable la desgracia del hijo; 
porque nos es n^ucho mas fácil vivir sin la per** 
sona á quien^ amamos, que con la persona que 
abórreGcmos. Añádase á esto qué el compeler a 
una persona á que se case, la conduce ipfalible-^ 
meqte á la prevaricación, porque el que se casa 
con repugnancia, proaaete un afecto que no tie- 
ne ni espera tcqer; y la autoridad paterna, lo 
mismo que cualquiera otra autoridad humana, 
resa desde el momento en qtie es un crimen obe* 
decerla. 

En las contestaciones de qt|e acabamos de ha- 
Mar, y en cualesquiera otras que puedan ocurrir 
entre padres é hijos, es obligación del padre pre- 
Mntar al hijo las consecuencias de su condui:ta; 
f lo oiejor que puede hacer es presentárselas con 
fidelidad, 1^ nauy común en los padres exagerar 
estas descripciones sobre toda probabilidad ; per- 
diendo cou semejantes exageraciones todo e) cr^-: 
dito para con sus hijos, y destruyendo de este 
modo su propia obra. 

Está prohibido á los padres interponer su auto- 
ridad con sus hijos, cuando estos están obligados á 
aeguir su propio parecer y no el de ningún otro; 
como ios jueces y magistrados en el ejercicio de 



Digitized 



by Google 



873- 
aa cargo; los iniSividuos .de bs cortes en sus vo- 
tos; y los electores, cuando debe darse la prefe- 
rencia á cualidades determinadas y especiales. El 
hijo puede ilustrar su juicio con las advertencias 
de su padre* 6 de cuaíq[uiera otro á quien quiera 
consultar; pero lo que últimamente ddbe defer^ 
minar su conducta, ha de ser su propio juicio, ya 
se funde en la reflexión , ya en la autoridad. 

Los hi)Os están obligados á mantener no so^ 
lamente á sus padres, sino también á sus abue- 
los* ó ascendientes mas leyanos , cuando lonece-- 
siiin. £u todos tiempos deben dar honor á sus 
padres con su buena conducta, procurándoles la 
satisfacción de ver á sus hijos virtuosos, y apre- 
eíadcKi en lá soríedad* y evitándoles la vergfienia 
y el üenlimiento ^e tener unos hijos viciosos y 
despreciados: en todas ocasiones deben defender* 
si es necesario , los intereses materiales de sus pa- 
dres, y principalmente su buen nombre: deben 
uo responderles^ ni aun mirarles jamás de un mo-^ 
do ofensivo 6 peco respetuoso; finalmente, teman 
que la .mala conducta que observen con sus pa- 
dreSf no sea<un ejemplo periiicioso para sus pro- 
pÍQ& hijos;- y' sobre todo teman la justicia de Dios, 
que ha puesto en su lugar i los padres, y que 
quiei% y itiftnda que se les ri^pete coído á tenien^ 



18 



Digitized 



by Google 



274 



Obligaciones para ^am hosútfús * mismos. ' > 

Hay muy pocas obligaciones^, cuyo^ e£fclos sis 
limitan al que cample con ellas ó tas- qfiebmiita¿ 
Acabamos de hablar de aquellas^ cuyo i cumplid 
miento ó trasgresion se refiere^ mas ó menos, á 
los demás. Amii trataremos de las q^e tiene el 
hombre inmediatamente consigo mismo, aunque 
de cumplirlas ó no cuoiplirlas, es muy dificil 
deje de s^^irse algiin resultado, que toque bien 
que indirecta d remotameufó, á Ibá demás hómr 
bres. . 

Dios es el único dueSo del hcHubre, de su 
vida, de su salud; porque él solees su hacedor^ 
él solo, por ^u esencia, es el Séíior esclusivoid^ 
todo lo que existe. Asi el hombre no tiene ningun- 
¡¿terechd, independiente de la voluntad de Dios, so-^ 
bre su vida, sobre su salud ni sobre sus mrieipbros: , 
debe, pues, conservar todos estos dpnesde su cria- 
dor , y teüerlos siempre á su disposición. £1 opor 
nerse voluntaria y Ubr^mitíite á esta con^serva^ 
cion, es un delito; es disponer, sin derecho pan( 
dio, de un depósito que nos ha confiado. el SeSoti* 
Ademas, por las consecuencias generales de np 
cuidar el nombre de su vida, de su salud, y i3e 
sus fuerzas, se conoce que semejante descuido es 
opuesto al orden secundario. ¿Pudiera contribuir 
á él un hombre muerto, un hombre enfermo, 
lisiado ü estenuado? Por todas estas razones está 



Digitized 



by Google 



obUgado el. kombre á cbi^rvar m vida j ku 
salud. , ' 

Para cumplir t(m esté deber, tiene derecho; 
y árveces obUgadoade bacer nrachas cosas;'y de 
omitir otras muchas^ Entre las primeras ocupa 
QÚ lugar preferente la defensa propia: entre las 
segundas, hablaremos en particular del suicidio 
y déla intemperancia* 

CAPITULO PRIMERO. 

Defensa propia. 

Dicen algunos que en el estado de naturale* 
xa puede cualquiera defender el derecho de me- 
nor entidad con todas las estremidades que para 
defenderlo pueda hacer necesarias la obstinación 
del agresor, con tal que sea un derecho perfecto 
y determinado. Yo lo dudo; porque dudo que 
la regla general de que cada uno puede defender 
lo que es suyo, Taiga la pena de sostenerse á tan-^ 
to precio; y porque si se atiende á laisconsecueñ- 
cía» generala, no se puede sostener que sea me- 
jor para la felid^ad de la especie hunsiana, que 
una persona pierda la Vida ó ün miembro de su 
cuerpo, que el que otra pierda de su propiedad 
el valor de dos cuartos ó de un ochavo. Sin em-* 
bargo, los derechos perfectos no se pueden couo^ 
cer sino por su valor, y es imposible determinav 
cuánto debe ser este valor, para que empiéze cl 
derecho de usar de la violencia extrema. La per* 



Digitized 



by Google 



976 
flona acoiBellda debe bfldaoeear^lo mt^ qnepue- 
da , las coDsecuencias generales de ceder, con los 
efectos particulares de b resistencia. 

$esL como quiera» este derecko, st existe en el 
e^do de naturaleata» se halla suspendido en la 
sociedad civil, donde tenemos recursos contra 1^ 
agresiones de nuestra propiedad, y porque lapas 
y seguridad de la comunidad, exigen que el cui* 
dado de prevenir, castigar y resarcir los agravios 
esté en manos de la ley. Ademas, como los indi* 
viduos se veo ausiliados^ por la fuerza pública para 
volver á entrar en su derecho, 6 para obtener 
una compensación, la justicia y la utilidad gene- 
ral piden que cada individuo se someta á la de** 
terminación de la ley, sobre la especie y medida 
de la satisfacción que debe obtener- 
Solo en un caso se pueden justificar los últi^^ 
mos estremos; cuando nuestra vida se vé acomer 
tida, y para conservarla ea necesario dar á otro 
la muerte^. Esto es evidente en el estado de natu- 
raleza, á noser que se demuestre que estame$ 
obligados á preferir la vida del agresor ala nues^ 
tra; es deeif , á amar masa nuestro enemigo que 
á. nosotros mismos, lo que no pariece un deber^ 
ni de justicia, ni de caridad. 

Pues bien y el taso no muda de especie, por** 
que vmqaos en sociedad, suponieodk»,. oomo sv^ 
ponemos» qi;ie las leyes de la sociedad no* pueden 
profef^rnos, ni, atendida la naturaleza delágra^ 
vio, ha/cer que logremos! una restitución; . 

Quieren algunos, sin embargo^! fundándose 



Digitized 



by Google 



S77 
eid los'priQGipios de la caridad crbliana, que aun 
eti' leste kráso no fedgamos derediE> para quitar la 
i^ida á nuestro 'agresor 9 porque 3e perdería sn aU 
*tiia pam'&ñeúEipre, muríeudo este en el acto de 
tdtnéier un pecado mortal, y el cristiano debe 
posponer to própta vida tenipotal á la cotadena- 
ci¿tt eterna, aunque sea de un asesino. Esta ra*^ 
zon tendria alguna fuerza, si el acometido estu- 
l^iesese^ro de ^"u salvación, pero como nó pue- 
de estarlo, ed pedirle demasiado el exigir, que 
ypon^a su '^salvación eterna en gracia de un ho- 
micida. ! /' 

' -Pera cíl» detcdho de quitar la vida al injusto 
ftgreáoT) se Vifíiita al caso eb que no tengamos 
otro medió de conservar la tiuéstrá'V como huir 
si podemos, tratar de convéncetele con razones, 
pedir socorro, desarmar á nuestro atdversano, he- 
rirle para imposibilitarle de consumar su aten- 
tado, etc. El mismo derecho tenemos, aunque el 
peligro proceda de una agresión irivoluntaria, co- 
mo cuatído ' sé equivoca él agresor teniéndonos 
por otra persona á quien quiere- asesinar ; cuan- 
do está loco; cuando una persona cae en el agua, 
y nos lleva tras de sí; é cuando se hallan dos redu- 
cidos á tal situación que es indispensable que mue- 
ra uno de ellos, como cuando en un naufragio se 
apoderan de nina tabla en que no cabe mas que 
uno: aunque i decir verdad, estos casos estremos 
que sé presentan raras veces, y que cuando ocur- 
ren no dan lugar á la reflexión, no merecen 
mencionarse, y mucho menos debatirse. 



Digitized 



by Google 



978 

El casa qa$ se aproxima ilia$ á la conservar 
«ioo de la v|4d^y q^e pai^ece )ii&úficar laaj93Í^ 
019$ e&Cceúoú4?cles, es la defensa de la cus^ídb^i 
en espacial ^ se: tqniexon fundanienlo .perderla * 
CofrúialmQnlq pofi) I9 vÍQlenQÍa;.j^.de^¡r,í6Í«seteinQ 
4tte ie6^a:seíi ,(:4pa?^:dQeM:itapQa ¡deleite eaJlapetr 
sQtia violeaija^d^i. que llegue áser pqr eiU i^i^x 
riormaiite cousentido. , . . : «i . ía 

.£0 todoi$; los demás casos en que pueda. s0r 
lieni^itidó el^bomicidio, patecfe que lo mas s?g^ 
roj.eft miraülo como autorizado por las leye^.,^1 
pnis, y al que lo comete como á un ejecuto^ d? 
la ley: como ^cu^ndo se mata á un ladr^^n. en un 
camino, ó á. jcualquií^ra qu9 inteiita introducirse 
dei noche violentamente en nuestrii casa, y.nq 
tenemos otro medio de ahuyentarle. 

Escepiuandp, pues, el caso de hallarse en 
peligro, inmediato la vida ó la castids^, ó de h^r 
ber una autorizaqion por parte de la ley, no' se 
puede quitar \f vida á ningún hpmhre. 

I40S dere<;hos de la guerra tienen su csplica*: 
cion aparte. (Pág. 90.) 

CAPITULO U. 

Suicidio. 

No hay ppnto ningupQ en la moral, en que 
aea tan necesario, como en el suicidio, atender á 
las . consecuencias generales para descubrir . :SU 
oposición al orden, y por consiguiente i la vo^^ 



Digitized 



by Google 



279 
IcKBttd de Dlofl* Se pnedon imagiiiar, j aun W 
llar ceélmeñte^en el suicidio; casos eslremosí 
en que costana mucho trabajo descubrir un mal 
efecto particular para probar por él la malicia 
mond de la acción suiciida. Los casos de esta es^ 
pecie son los que bao introducido la confusión y 
tas dudas en .e^a cuestión « creyendo algunos que 
na es contrarío al orden ni á la voluntad de Dios 
dísuicidi^^n aquellos casos en que la vida es 
éara el hombre una^ carga insoportable» y para 
tos déúias inútil y aun onerosa ; en que sus pa-¿ 
dedmientos son horrorosos » su muerte infalible» 
un alivio y descansó para los que le rodean, y 
para él un bien» puíes que se libra dé tanto pa-« 
deeer : no tiene parientes, no tiene amigos, á na*' 
die está sosteniendo; en' fin, no hay motivo aU 
gnao'para que sea ^ntidá su muerte: el suicidio; 
eil esté caso, es úq bien para el suicida y para 
losidaoias,. y no es ün mal para nadies ¿cómo 
]^ede «ér contra el orden y contra la voluntad 
de Dios? ¿Puede querer Dios que tan lo padezca 
una criatura suya sin la menor utilidad? 

£n primer lugar, hay otros muchos rastm 
ea.que*^ homicidio se pudiera justificar por csas^ 
mismas raionés ü otras análogas; y aun lo¿ vicíoi 
maagcoseros podrian hallar su justificack>h'en{ 
argumentos de la misma clase. Para el inconti-^ 
nente, un estado en que tuviese que padecer 
continua violencia» seria mas ii^oportable que 
la misma muerte: ni podría imputársele una^-^ 
tuacion tan apurada, cuando procediese del bi-*' 



t)igitized 



by Google 



ceder ui^,coa^paraciop.eiiti^.9QSa#4e.iia(w^ 
tan iqde^^rfl»ioada« <]t ^^^t^a de la6r^i:^Wse pot 
driaH; SqTí3^Vi]^l^\o$ f^^\Atk^o ^4o. difereiite^ 
según la sU^aeion 4^9 la aliña 'y la iinpresioii de 
\q9. píaJ^.;)ítí^u5Í^, qiie!.¡p8f4pní$ir ejL «jl^ci^o, en 
tales;. circim^taiiHsias, áeitt^ per^hírjp le^' io^as'á 
los Qar!áct^,e^.;hippcopdrJ9itK)s, desd^^eliJOC^^nent^Q 
que :su^ leíales realestó ia^giriaFÍ9^;puc)í?^it:yj^9iT 
cer eV^emor n^^^ipjT^l de^lA.v^Urerte^l^m^s.sjiíjreí^ 
limados U)s,J^mbr09j^ 4eiStnair^^ á. sí;0iiwapSf 
4inp cuapdii^.^p 4)p?JÍPÍdoa^ p^tu algujj^ yiofei^M^ 
p$ad4i^^; la ?^^«;]^s^ desque aq^i^aiqapsd^ 
pablar, : teq^rja que; j^plicá.rse cci ,esle jQaa<¿. ' ¿ ?ptq 
que ef^cfO ^ |^^.^«peu*r.dei?«TO íegla qu^? Jift, 
fandaí cw ^fia^pmpai5a4ioii^€«t<íe,W*trp« tp^ 
y los^^genp^V entr,0»ící dolar;q»?:^«f^«nffRf^fL4 
que nft l^|Cí^o§ipaSí,qu¿: itoag¡iia?;.flgffttrií^ 
esto m w»^ h^^^m UruMn^^ím Wm&^ 
don d^arft^(fe,de lárplíeoi^tefe{»49^.í¿:^^ ,oJ 

Igualmente, cualqui^a ftlrs^ T^ía,qUíe qpj?;» 
si^ramo^ asígi«r,jgips j5o^dPQÍm mmpT^ ^rP«m 
mitir ín4is(í|^t^fp^ntejél!^dd¡0;en;^t^ Ip^^h 
sos en que se pu^ t^m^^ qtae^^eícoijl^tef^u Jy 

Resti^r/pi)^» ^tafpintfr;m)áljseriá^^l cjfecto de 
esta permi£;ipn. Sjerja evMentenaíPjite líi fS^F^diá^ 4j* 
inuchs|$ vid^s/para la (:on)uif)tdi^,:;4gúi|ia^^ ^^ )a§ 
<ua)es tQda?ia pod^fi ser útiles íóimportani^M)^ 
aflícciou de mufihai fóns^ilias y lai^o^ternapipn d^ 
tudas: porque preci$aitaente hlibíitPvdií.vÍ7Ír 1|03 
hombres en una doutiiiua alft^'m^ solvre la'Stier49 
desús padres I. híjosi Jber«tóuio4 paFÍ^nt«$ y^^wA' 



Digitized 



by Google 



goSf nna ryfas rolOa,4(^ v/íijquIos dail^i.r^ljgtor). y 
deja ¿BoraU^eiiaQdci f^l praper di^^^p^uQ puít 
8«^ á ato.bcnnbte.^a h Mutación de; q^ff^tj^ }ai 
!ndá»6eriá':su(klen^ {^i:a jusHticarte; ^y (^ai^iíi 
la& locaras j. los vi<:io9,/f)a;menQ$ ^uej^ calaq 
noidadei d» h vida> bonyietHen (rj9cu^qteiiien{(^ 
la existencia' tn u«a caúpga pcs^Si::;' .^, , , ,.; ; .^y 

f Otra afazíHi; ttiuy . dWtinta de.M, íii)t^FÍor , ¡es. 
lá siguiédte^iMí^triis que elhoaadit^^tTyet/^ílA 
tíerraii;s\€Ó«itihua'ej^cieii4Qla viirt^^o{laqi99 
pueda, conserva la facidit9[¿l^9 ai^jpfs^rfSu^sia^Kri 
te én lari^ida fiíiAu't^^ £a|e atgumenta ii0.,prue-- 
fca estridaiíieDte ^é <e}%suicp£o sea )U^ de)Hó/ j^ 
verdad; petoo siin^s {Hre^c^íH^i^ti izkHítj^íI^ pa7 
Auaeookelerifs^víe^é á^sfertlo pi%HnQ,|^ii$e^.]tH^ 
no hnj níoguin. estad0 e»i l^i.iñ^^^bun^an^^que a<( 
sea suáeepjtiblefde a%|iu;l yittná aerivjB^,f}(,pa^jf^^ 
La piedad! misind, ]^ la^.re^igp^^^op enji^s <r^|0§ 
i qué soitam ]U0iadíPSr<iqpni^l(faQ-iin^;$PT)6$^^ 
sa j una raufipi^ion; 4: la díviiKt prov^epqiai V^V^fí 
agríidábles á Diosf; /sropfua ejemplo ¡edi^ic^iitQ 
parátos'dQnia^, y pujsden tambieuiesper^t! ía.n^^ 
noUe T^eodUipeQsa de las virtudes hma^^^^Es^ 
GáaUdadefit están* ^n?pre á disposicif^n jjl^Jqsdfih 
graciados!, y wWja njente 4^ }o^ dejsgiia^íadp?^ ; m 

■ J^tas $oo^^^radp^ie$/^Si Q^i;idujam^ 
mente 4 ({Qf?^ i^^jBcxio^; roas alt?t ié jjí|í|p9rjanteii 
HeQf)QSf4icli!0'$ki]¡teniormenre,que Dlos5.c;s el 4^fyr\ 
ño slbsj3)i|^ y úpjcp; 4? "í^í^Mí'A , yi^la; . serji , pu^ 
atentar contra los derechos de su soberanía /poph 
trariando adeptas los designios que .stik nanita 



Digitized 



by Google 



ifeibidaríá se haya propuesH> ál concedernos la vi* 
dai, el atetítar tontra ella sm eítar antdrkados por 
ti miáiüyiDiós, j no lo estamos según lo acaban 
ttidl de probar. ¿Quién' le há dicho at hombre^ 
p6r grandes qué sed n' los ttábajd^ ^ue «SJtá pade-f 
éfetido, que no los dirige d SeSofr á un fia dofH 
veniente, concebido desde lá eleTnidad én los con- 
sejos def'siliihk>ndable sabidutíá? Sería, pu»á; con- 




'páWí'ílgá.n ob]e*di 

TEodS este dtíctriííia'í fes 'aplieiblel cualquiera 
suicidio' sítf '^eécepdon. Pei*ó ^adetíias de Ic® tootií 
V0& getíéraléá; tendrá «sida Cárjo^rÜcuiat sús^con^ 
secuéntífels' p^tífía^ ^é? pueden sígt^vátte: los* df* 
berés qifé éé'aWitdbíiání las esperamá^s qué^ 
défratjd^n'; la ^^ídid aK, la* ^áíf krcion b ' ^s desgra*- 
diis'i|iié nuestra mú<8i*ié'' y' «4 naturaleza y cir^ 
cúnsktii^iáis' puedan caus^r^^á' uudsitra fiauíiHa'^ á 
tíueslrbs>'pai*iéñtes y amigos; k ocasión que da^ 
tóds *Sj[ue btt*o& So^chén de U ÉSn^^rHád de 
hw'^éíitittiiétttbs tíábrtles^ y Wíigíoso^ qáe- habia*- 
ttíÓÁ prélfesadtif,- j^ ptír ' Una • consecuencia íiecesa*^ 
rk,'de ióáos loa deínas setitijfaientds qUe tíos aní-^ 
maban ; lá liíala nota ijue atraemos sobre nues4 
tra condición, isóbre nuestro estado, ó sobre la^ 
religión que prófesafnós;''én Una palabra, otras 
mil cc^secuencias particulares, igüaláiente ma-^ 
k^ qUe resaltan Je la situación dé cada indivi- 
duo que sé suicida. 

Después de haber propuesto todas estas ra* 



Digitized 



by Google 



«6$ 
sones eontts la fegUiondad del miei^,| pateoe, 
inútil abrir una nueva discusión painaí respppdc^s 
á los argumentos que se alegan en su de^ebsaf 
pues no bañamos mas que repulir 1q; que be|iu>a 
dicho ya. Sin embargo, no podemos páisar en sin 
lencio lá objeción ique sigue, ppri^e es la n^a 
especiosa de todas. Sil negadoios, dícen^'á los ín-^ 
dividuQs el derecbo sobre su propia vida, parece 
imposible conciliar con la ley natural el dierecba 
que se arroga y ejerce el Estado sobfe la vida d<$ 
los subditos, cuando impone la pena capita). 
Porque este derecbo» lo mismo que cualquiera 
autoridad legítima en un ^tado, .i}o puedje de<* 
rivarse. sino del contrato y ;ConfieQ4Unieuto vir«* 
tnal de los ciudadanos que lo compoueu; y es 
evidente que nadie puede trasmitir á'olro por sUi 
consentimiento un derecbo qué é\ mismo no tie»; 
ne. También será dificil sostener la facultad que 
tiene, el Estado para esponer la vida de sus súb* 
ditos en. los campos de batalla ; sobre todo en las 
guerras^ ofensivas, en que no se puede aleg9r 
con alguna apariencia de ra^on el privilegio de 
la defensa personal. Y mas dificil será todavia 
esplicar, cómo el prodigar su vida en estos casos 
puede llegar á ser una virtud, cuando el con- 
servarla es el primer. deber de nuestra natura* 
leza. 

Todo este racióciaio sé £anda eoj tn error; 
& saber, que el Estado adquiere sus derecbos. sorf 
bre la vida de los subditos por el coosetitilmÜénr 
lo de estos, como una cosa que les pertenetia 



Digitized 



by Google 



á^t fel liítodpidi» y qué ban trásmhi¿k 'tolrnite- 
riáaiefite'álGrobienH>. La verdad es ^qaed Estado 
lid. faá í*e^idó este derecho^ del consentimiento 
detús'stflbdilés, tA p6f medía de este «oosenti^ 
iühtñó}'^^tíor itimediatame^tey se puede dem^ 
dd' * mtsfUo Dtos. Cofl^O' es 'titíl , : por- úo decir ia-f 
diápemable; para el bien de la comumdad, que 
el qü^ la ^gol^na atenga cba facultad^ se puede 
¿ohctü^ C6i^ rázoti que l)ios quiere que la tenga 
f que 4a ejen¿a. E^ta conclusirá es la que dá el 
dei^echó: )Qsf9me»tt& lo mfemó que cualquiera otro 
dérédbo; de modo qué si hulñéra igiukles razones 
pata inferir lo ifiÍ3iiu> respecto ¿fó los individuos, 
el suicidio seria tan pisto como la* guerra y la 
pen$ de muerte. Pero como es imposüJie demos- 
ttar que ^ derecho de vula y muerte puede con-» 
cederse á los individuos, con respecto á ^su pro^ 
pia vida, con las mismas'ventajas que al Estado 
con respecto á la vida de sus subditos, ni que se 
pueda conceder en los dos casos con la misma se^ 
guridad ; de que sea legítimo en el segundo caao^ 
no se signe que lo sea en el primero. 

CAPITUtO iir. 

i 

Intemperancia. 

' Puede haber intemperancia 6 escesoén todos 
los placeres que nos vienen por losí sentidos,. Aqui 
solo hablamos de la falta de moderación en el 
comer y beber. » 



Digitized 



by Google 



887 
Dtrei)ies <iae ¿gunb-ednié am «Meso, déan- 
do k'bdce ¿éño U comida por su mucliacatitidakáf 
si no le hace daSé,'$eviq mucho tigor estar too^ 
tandóleá'undlos boc&düsque come, para d€¿lin«- 
dar }o liecesaírio délo'supérflaov espec^lmente 
cuando ' puede soportar cómodamenlef ' C!on 'suil 
bienes -e} gasto ^de k comida, sin sei'i^vofió "it 
los deüíaiS, ni faltar á oítm aiencionesi Sip embar^' 
go, díficilmente se podrá justificar á los c^ de 
la razón la superfluidad en la comida , aunque 
se considere únicamente bajo ú concepto* db tal; 
porque siempre parece que prcBenta algiun abu^ 
de laé cosas que Dios ha dado al bcáubré para 
utilidad de todos. . < 

La maltéia moral de la destemplauzaf ení có^' 
mer. se. conoce por los malos efectos siguientes: 
1. Debilita las fuerzas y arruina la saludí^ ' 
S. Imposibilita para cuniplir' cada uno con 
las obligaciones que tiene consigo^ con los 'de- 
mas, y aun respecto de Dios; á lo menos difici]J^ 
ta el cumplimiento de todas ellas. Aun prescin-^ 
diendo de loque padece la sdlud con la crápula, 
un glotón, después de una comilona, no está 
para pensar en obligaciones; un estómago carga-' 
do y repleto solo apetece el descanso. 

3. Se priva sin necesidad á los Infelices del 
socorro que debiei^n esperar del rieo^ si em- 
pleara lo que tiene coDoo debia. '> 

4. £1 que no puede soportar el gajsto de una 
mesa opípara, contrae deudas tan poco nedeárias, 
como poco racional es el motjvo dé coutraeHaSé 



Digitized 



by Google 



S8S 

£1 eeceso en k bebida de vuios j liodret 
fíresenta mayor deforaiídad en la parle moral , j 
no meaores males eo k parte fisica. 

Es necesario distinguir el ado del háhiio: lo 
que vamfos á deár debe entenderse principallnen- 
le del hábito de embriagarse; si bien una parle 
del crimen y del peligro acompaña siempre á 
\o^ iescesos actuales y momeniánéps, y aun d 
Uído hasta cierto punto, porque el hábito, esto 
es, la propensión ó la disposkion á embriagarse 
cj[^n (acilidad y frecuencia, nace de la repetición 
de actos particulares. 

£1 imal que produce la embriaguex, y que 
debe servir de base para graduar la culpa, se 
halla en los malos efectos siguentes: 

1. La embriaguez conduce á la mayor par- 
te de los temperamentos á escesos de una cóle- 
ra descompuesta , y á-k incontinencia* 

2. Pone al ebrio en un estado en que no pue- 
^ cumplir los deberes que k son propios, ya 
por. el desorden presente de sus facultades ür. 
skas y morales, y ya también, á la krga^ por 
lina incapacidad constante procedente de un ver^ 
dadero entorpecimiento. "" 

3. Va siempre acompañada de gastos que d^ 
bibran eniplearse mejor, 

M Ocasiona infaliblemente pesadumbres y 
disgustosa la famük del borracho. 
5. i Y por último,. abrevia k vida. 
A todas estas consecueacias de la embriagues 
se debe añadir el peligro particular y el mal cfoc^ 



Digitized 



by Google 



iW9 
;»Oi¿ú'éjimifhfÍA emk*iagfiCB <^ un vípq sotml 
(j alegre, m9á ptoyio que niiígUD olrp para.w^ 
•Tatlr»* á Im demás bada él con el. ejempia; £1 
^Ibedér. st . foroia, m cumulo de auugos: este c«r* 
nhilo crece mtnraJnieQte: entre los que lo forúteii 
tbaj Dittchas.q^ie arrastran á ottos, jUegao ás^ 
iel ceotrO:de OQefqs círculos» Cada uno defiende 
^ imila i sus compdneros, basta que toda una 
.imándad se ve inficionada por el contagio de un . 
«solo ejenif^ Asi lo confirma la observación de 
que la embriaguen es un vicio hcal^^ que reina 
tftn ciertas poblaciones ó paises, sin qiae se-pueda 
•d«r óifa raaoiif sino que fue introducido por a^l- 
.gttiios qemplos particulares. A esta observación 
-acerca de Ja cualidad ó virtud comim/M/^W.deJa 
«mbriaguec^ añadiremos otra. qne se refiere arlos 
-diferentes ifialos efect^ que hemo^ enumerado. 
^s consecuencias de un vician Jp mÍMAo que los 
«sfatoma^ de una enfermedad ^ rara vck se encuen^ 
Aran todas á la vez en D^n mi^no sugeto, aunque 
rse las comprenda en una descripción general. £o 
.ei caso que eslamos tratando, puede suceder qv^ 
4a edad ó el temperamento de un ebrio 1$; pon- 
•gan al abrigo de los escesos de la cólera. é de la 
¿ficontínencia ; que las iacullade3 de. oiro puedáu 
soportar los gastos; que este no tenga, (amiNaá 
quien puedan desazonar sus desórdenes, y, que 
.aquel tenga una constitución dificil d^ alterar por 
la bebida. Pero si comprendiólos,. como debe^ 
01OS comprender , en las consecuencias de nuenr 
ira conducta los malos efectos y la tendencia dts) 

19 * 



Digitizedi 



by Google 



^990 

-sean pepr» *et iiMifidud; ise hulkiráüea thfindp 
iíbntmmñnhs |^p«as de 'lo qiiW'se^íén9si^i|iam 
dieimar «i leinfCAeftf' de sú: ÍR«éiB^ratic»a.<l^' áioL 
triKista piídiii, de¿i>te &ieiB(üfe:4«»ii|M ís^afiétáiáh 
del tiec^ y itel'difiem étzdt^ fM^MtiipwiaiicUi 
'|»9rs ti; (medi^tei^erlá muy ^dd¿ ']^mto^4 

^^€xmiívétví¿f^sí'^í\ne^íx6*dt»\^^ Ws^^iad, 
'^edeo «er^ütiditosvpaTa ttt^coApdá^MrviSbÍDo 
tienes mugc^V Hijos n) j^rietítedqUi^Wftfflií^afx^r 
4ici'0t)seiic^« y esperen |isustadt>k tu-eitTrttdéM^Qiy^ln 
i^sd, piráis* lam(lia%, de cuyo á^o 4^n'sfittiofií»- 
'f^ acbtnpañ'*He én 4n íntem{^rátíéíd(i^> efifmg, 
^1 pQdpéf'nVheriHQñOf pueden iaip«Lt<ilk*fd 'coit^tv- 
<KÓn susf ()e^2MÍutifi|ire& y mifierla. >¥ seiráijiúidi'Ysa 
:i'ec<í!fMe«cfen, éeá^^ueh peipsótia «ed^eíAnioAní^ 
já ^ÉÜko par Vi mfmediafameffte/ £íca t\xm laiiaj^-fc 
tcéfitagiadd por otroseslaboncs iuteraiedio&^lXliifas 
K»tfirst!onsíderac¡einesson kulispensables para ^utgKr 
'TitHv vetead 'de t^n ^Icb que se mira^ ordúiairw» 
'tttutejhM mas Yfidttl^iim y dulzura qup meiaeíf. 
"'''* iPré^fido {Sbprá de aquellos inteulio&^miiniidb 
^ ik aquellos ^erirados eontra la paz y segttnr 
^difd^ de les veéinos en que vienen á paitar las 
'bacátfátes de los beddóá; y de aqpeHosf efecto* 
•rtrinósos^y luortaks, que los licores í*Hertjes*p?c(^ 
Hujcén eri ciertos témperanoéntos,' porque cuando 
se trata de la ebriedad en generáis k>lo se dtíbeá 
considerar -las 'cotis^cueiicias' generales que de ella 
]se ¿Hieden seguir! .- ' ^ * 



Digitizeáby Google 



991 

-fiftsta 'qvé'pontoia éikibriagaez puede 'escusar;los 
oAdÍ||06'qtíefcoiiieta una persona 'eimbragacUi. ./ 
-^ !''' FtraTCSolvep está cuestioa empezaremos por 
HBOponer^oe'la pei^sona ebria e^táxompletamen- 
--fetpfí^da de i» cualidad de-agente aoioral, es de- 
isipv'de toda Tcfle^ioik. En este estado» eseviden- 
-lO'qne noef 4áás' oapazfqué .tia:locb de comel^r 
-km áe\ho; - auriqut 'pjiede haeer > mucho ^ ma} k> 
^misaio i{ue cMocot La única falta que se le^pue- 
^e'aArK^^t'ia oometíd en él noiDento q«e 
-^ pliso itoluntaria y libremente én sém¿janM«i« 
ififtict^n/'Y'Cbmo un honibre^ s^o es responsa- 
-Ide de;Ias cotisecneneias de ^ su acción, cuaildo las 
rhse pt(^\&ío 6 pedido; p^eveér^ ¿sta faha se^á igual 
-á-larpWibabiKdad' que atuviese de* qué hal!>ian 
'^' resultar *ée su* ^acción* aquellas consecued* 
<^Mis;' ]^ este prmdpio enana. la regla eiguien- 
f4e;'á saber» quela tulpábiVidad desuna acción» 
H»n-ün hoÉnbre émbria^dbvcs^á '1» eulpcibilidad 
i'Aé'ia misma axiofV eo ub hombrésanó» tomóla 
. probabilidad' de qué cMa acción-aserta' la const- 
-ráisncift de su emlMriaguevi esr á ia cértésar abso- 
lulá.'En Virtud de esl^ire^lav- los vicios; que son 
efectos eamciiSos áe la émfaría^^eiv ya en^ gene- 
ral, ya re^peclIVamónte i tcíl MethpevaiÁiitcr en 
-particular, son, qn todos los boibbres,.ó en los 
hombres de éste temperamento^ poco*mais^ 6 me- 
nos tan criminales como si sé' énlregaseri á elios 
con todas sus facultades y sano juicio;* 

Si la priracionde la razou noteeríiias^quépaf- 



Digitized 



by Google 



cial , la iaba ierá 3o vstm mhufafenirnirtij Por- 
'- que en el grado en que lel hotnbre dbmfK^omot- 
ve su. presencia de espíríln, «i esejnbnio gi^tSo 
' €6 responsaUe. de> sus acckinea coom ¡si iió¿ estu- 
viese ebria No merece nmgun aKvio^«» «u jom- 

- tigo sino en una: proporción exacta. i^^is^tw- 
«pecimiento de tus £u»ltades. Biéki ahéra» á'la.oiil- 

' pabilidad de ün crím^ . iMNoaetidí^ por una pev** 

' «ona .que está en su saáo .juicio ^ h^ Jlanio Ijb ciii- 

pabiKdad tntera. Un bombee ^efa el estado que 

' acabamos de supomr , se. carga con una parte^de 

- esta . culpabilidad en el momento de ^^ecMaf at- 
-gusia acción mab; y jál embriagarse se' cargd'Ccn 
e iin« jGraccion de la eulp.ilñlidad restante* pifopM- 
^ ctonarda á la probdbilidad Qv¿t teaia cb que es(a 

acción habia de ser ncm copscícuenda ^. ^a )enli« 
^ briaguez. Para poner en daro ujáestra ideft, lA- 
. pongamos que un hombrepíecde la mitad d^^siis 
. íaciutades morales! pbr haberse embriagado ^CQOío 
esté estado solo le deja h mitad de su >rk8poi^sii- 
bilidad, inoirre, cuando comete el ddiitov .én.^a 
mitad de la culpabilidad ^ Supongan&ósfiáeabie», 
que este bombre tenia- de anlemano una semi- 
ccrtect de que estandp borracho babia dfí come- 
ter este delito: esta circunstancia le hace respon- 
6able de la qaitad de lo que i^está; de modo ^ne 
se carga eon las tres cuartas partes de la culpi|- 
bilidad que recaería sobre un hombre que come- 
tiese el mismo delito en su sano juido. 

No queremos decir con esto que los casos 
particulares puedan resolverse en números» y su- 



orgitized 



by Google 



jetifrseU un éátettlo'ptiníisa Fero btees'ct prin^^ 
cfpi&f^k régb'que' debeti diríjir la aprecuicioa * 
de \ki acciones de un faomiire emlmagado* 

« £t guato al vino y á loa licores fuertes, me '^ 
pütece que es siempre un giisio adífuirido: la; 
raMñ es que se reproduce ordiDariamente^en > 
cienw tnoitieiitos y lugares; como después de * 
comer¿ pot^ia tarde, el diaée mercado, en el sir^ 
tio del mei*ciado, en tal reusiipn ó en tal cafe. Y i 
mr esla faüEon^ si pi^de réncerse alguna vez el ; 
bábilo ^ dé eflAbriagarsc > ei mudando de lugar, ' 
de situación, de Sociedad ó de profesión. De este i 
nftodOy un hombre dominado por la pasión del . 
vido^^ Como se halla libre de los vínculos qué te- 
tenían.' fueitemente ligado, dará de tiempo eo ^ 
tiempo una caída, pero se levantará bien proixta. 
£n un objeto de tanta importancia, no es mucho : 
sacrificid/cuando es necesario hacerle, el muflar ^ 
de doitHcilio y de sociedad^ auncjue po sea mas» 
que por via de ensayó, 

' £1 hábito de embriagarse se contrae común** - 
mente por una amistad muy viva, 6 por relacio*' 
nés demasiado estrechas con 'personas que ya- le 
tienen cob traído: esias compáfííasnos e^cñan cá^ > 
si iri^esistiblemente á tomar p&rte^en unos'gooe¿i 
á' que se entregan Ibs que ño» rddean tan delí-^' ^ 
cinsamenfe al parecer/ También puede procedev'i 
de 'taita dé una 'ocupación regular y de que nace^ 
sieifin^re álgun hábito petpücioso, y especiajméi) te ' 
A de que vamos; hablando; ó. en fín\ de los dis^i 
g(Uípa,ó Satjgas^que pkvtxá |Ad¿n^ jmperiosamaokv 



Digitized 



by Google 



te el ^IMo y. el rqitfeor>4ue propor^n)«ii loniUf); 
cores fuertes, y suínióí^rah filmisaioyUeailpQ utkf . 
escusa por usarlos 4iin0derada0iehte».PerQ,elJbá-TS 
hkot una Te^ adquimdo> se coofiéwii.pQriiiidtli^os 
bien: diferentes de aqpelbsá guedobe ^u^príoEi^r' j 
origen. ^Los houibreis dados á la behid^», «¡eodeQ» ^ 
en los interTalos. de sobr^&dj^ sobre;tpdjQ cii40n < 
do sé aoerca'eliiDODieatbiení qpeaaosii^mbpquimr/> 
tragarse á la bebida^ «martdabüidad é'iiofiacikécwíi 
que raras veces pied& stiporlar: elfax^írimQpfO; 
bnmano. Este ma tse alWia pc^ un b}omejk)t<^ cdi^ ^ 
la'lrepeticion dol n^lsmoVeicesO'^.^livÍQiifUQ ^etder^- 
sea con tanta 'fuerza cuando áe ha:espeíri|«^i^dafi 
muchas- veces, que és casi ii^posilfle ra$i»tíc á(|ia/ 
dcfieo tan vehemente, como sucede sieaipiseqiiie^^t 
fiieivte alguna pcna^ Todavía h<\y OPías \. porqijiQ^^pr r 
mo el licor pierde su .estüpulo .por U cjdntinu^-f 
crofi, es necesario aumentar la. dó^ p^ra {ov/^v^^ 
cir la misma^ sen^cion, y esloiacelqra.en la jnis«» 
roa proporción el progreso de los^.noales.que eaur« 
sa* ja. embriaguez. '^Cualquiera que refl^fíiolie i so- 
bre la' violei^cia del doBseo^eb ld$ MHimosi período» > 
del hábitos y :Sobre^l tórmmo faial á'qu^ ba ll^^r 
gado por habersef.dejado .arrastrar, nOf dejará def; 
fi)ap^s^bre«sie)putit9 toda «la. fuerza rde.stt atei^-f: 
cídnkS de su -voluntad, al insUiQie qWt-de^cubriau 
em sí misma uaa inoUfaadoh que se áuiD^nta <€a- ^ 
da vez mas copilá ifitempérancia ^ fm pre^criibw» 
ráí(lo>que'apaso seria: el .partido ia)¿ssegtaro)«Yiai 
regla invairi^ble resj^tofal .ii^otpp y <:antida4í^i^j 
«jueha dei^máQiU/bpbidaí CoaGm^^^m ^y^V^^^ 



Digitized 



by Google 



99« 

tidatio ¿le las reglas de esta clase y de su rigu-^ 
rosa observancia.^ I^odrá.n algunos mofarse de ellas 
y rídícuHzarfeS;' petó 'Ao .hay tímoá ique por lo 
común son muy útiles». Una resolución vaga ce- 
derá fácilmente en ocasiones estraórdinarias ^ y 
estas ocasiones estraordinarias , se presentarán 
todos los dias« AUcóátraVia^^cIv^nto mas fija es 
la regla, tanto mas nos adherimos áella;; y mu* 
chos se absféiidríaji de eséederse«m>/e)i]bcber por 
no quebrantar su regla , al paso que no se con- 
Í«ildrkrh"p0P íiibtivsDs de.'un^ drdieq .superióf. Y 
éM^>l^Wi.toii4^i^ cbnique/ düando los 4emas\salbeái 
qlii0.ttv&6 hiemo^ presciftto esta regla 9 4eQéai0siiiaft< 
«^Muá& {ltotilir;eoatira todas ilas*in€ÍfflciohAs..M ... 

¿'^f'flíay^^n^'diida una gran, díferefieia.ehtfe t!b> 
inifefalpdvavscía tocial^'y aquelktsbrutálidadiSolt*^ 
tafidÍV'<yM no dlene nceesidad de.cómpamanl icsr*; 
cUb¿k»r, ^ro'<6mom^ que la piíiawra no- coo^f 
duzca nat'tfválmente á h. segunda; ^e 'es la- laasi 
re|íugf<aMefd6gtíadQcioa.en que puede oabr la 
dignidad' de' »la' naturales hinnaftiek > 

fiíi^ÉU' £&p^íi»'no ids tan común «ste ^icío^ccKisa^ 
en<k)t¥ais patries entre personas bic;n educadaSs^L^. 
gef)«e'.dié) pueblo' suele entregarse á «él coa. bas-^i 
tati^ frecuencia; mas la buena mora) debe rew: 
Hiálren^iódas las clases de ia sociedad sin escép*} 
cAia*algntia,}y la inas inumerosa exige , por ser*-; 
l#v'«tdyor' cuidado de parte de' los encargados de» 
ytA»^ sobre lars' {Hienas costumbres y ^sinc las cüáW. 
leaíJfiO'líafy qtte:e¿pet*ar felicidad; bbjeto dé toda» 
láft/asOttüfCtQciek^huitKiiias; ': ' ., / r.J. .j 



Digitized 



by Google 



ONJCICIONIS PAiU eos DldS. 



CAPITULO I. 

Dhisian dt estas Migacicnes. . > 

En rigor j todas nuestras obligaKrkmes feon> 
oUigacíones para coii Üios, aun las que tenemos # 
respecto de nosotros y respecto de los demasié i 
porque Dios quiere que las cumplamos^ y M ; 
obligación nuestra conformar nuestras acciones 
con la voluntad de Dios, Pero hay algu^nas obKñr 
gadones que tienen i' Dios por oléelo inaiedÍA-t 
lo, y estas sa» las que se llaman en un sentidla i 
WSí^esirícío'Migiícioaés pata con Difí^. ul» 

Dificilmenle se harán ú omitarin ciertas h^* 
Clones que se refieren á Dios inmediatamente*^» 
fahar mas pronto ó mas tarde á lo. que reclama 
d orden secundario: porque el hombre qu^e np'i 
da á Dios lo que es de Dios, c&tá muy di&pws-^/. 
to á negar al hombre lo que es del hambre; pv^rt 
ro haciéndolas ú. omitiéc^olas se Calta también r 
principal y directamente al ordení primario». qs}0; 
es» i lo que exige la esencia de Dios y la esencia! 
dd hombre^ la superioridad y elctominiade pat^/ 
te de Dios, y* Ja inferioridad, depeudendli á AUr^í, 
misión y obediencia por parte, del Üombl^JUli 



Digitized 



by Google 



péesy Kid0 fuella que conoccmoi {K^rílo lui Ae 
\krsnjott\ y por ks «vcrflades que nos éis^Soílst 
revdactlout ser ki vóUnitnil do Dkis que liiig:iiiiot(*úv 
ouiitanios relativatucnfe i sik Divina MagcstaiH cs^ 
para uottoivoft una ofaflígacion para con nuesiny 
Dkk; c$ decir , que es imposible que hadamos: i¿» 
dejemos de hacer aqudla» acdones, sin &ltar al* 
orden ptmario, y de consiguiente á la v(diinlad> 
de píos, ' 

Totias aquellas acciones, tanto interiores como' 
estericres, que sob una .consecuencia necesaria* 
del conocimiento que tenemos de las infinitas per^^ 
feocióiiet de Dios, constituyen lo que llaiñánios 
cuIío.Ias aertónes csterioresde Cbte género soni 
también 'ún verdadero calió f porque con elkis, 
siempre que vayan acompasadas, como deben ir, 
de la ialeuciob interna ^cumple el hombre, todo^ 
el hombre; con 4a obligación de someterse á Dios; 
pues que no solo el alma del hombre, sino todo' 
el hombre, tii»ié ésla c^igacióiK Aquella piedad t 
stfeociosa que consiste ^en el bábifo de rea)iiocer; 
y-cont¿m(^r larábiduria y bondad del Criador,. 
sli>gria«id¿za y su poderv en todos los objetos que i 
nos rodean j ó en la historia de su gobierno y pro^ . 
vidcnciiv;'de;.retei*ir los bienes que gosamos á su* 
bcnejecjenoiay y de recqrir áél en nuestros ¡nfor* * 
tiutíosiiCB sin áiidíi muy' agradable á sus divkiosT 
ojos; es una obligación nueslta^ noble y alta. ^U^ 
disputa; pfcro no nos exime de la que tenemos 
también de someternos y dar gloria á Dios ante 
todas las criaturas con acciones csteriores. 



t)igitized 



by Google 



9SS 
:i' Ed oiníltr ló' que e^'índigntf j ofei¿iiK>. á k; 
nifagcstad de Dk»* cofisiste él respeio. Dios esú\ 
cAjetOiiqmediato. del ¿ulto y. del resfalo: la di^- 
finrehcia'i^&'en qué el ^^ímera «consiste ea hacer» 
y^el segundo en emitir*- Cüa!ndQiabhaitid& á Díoei^ 
cuando )e damps glraciafi por lüs; bienes- que nO$^ 
dispenki!, ole, pedimos lo ii^iie neioeskauraós, ya sea 
cboeLieoraobn» ya con Jfaíioeá,' hacemos un^ acto 
de culto: cuando nos abstenemos de ponerle 'por 
tescigO'^n .'necesidad I ó* de pirohtineiar su santo 
nombre en vano^cum^JiimosiUn deber de rt¿^ 

Al cdnocimiento de k obligación i]tié fehe- 
ínos de respetar' á.Diosf y dai^lc cultoy va uhtdb 
el convencimiento del premio y :á cumpUnnos coa: 
ella I y'dcl castigo, Si la. despreciamos; cpavc;nci-. 
miento que sé funda. en ^^f idea de>ta.- bondad y . 
justicia- de Dios.- Esto supucísto, y como^ürio de* 
los actos del<cüho.ei»>'la) .oración j no se-coneibe; 
como Pios bábia dé casti^n al bombre«ÍMw <K|r# 
pedirle, sif á la petición oo acbiapanára la- éspé^- 
ranza docobségiiiDlo/qiie.áé ^ide^. ni^ elfcofi-^ 
ciliar estaésperan2a4!on*la esenpal inmulábilidad* 
de Dios, dá ihárgen á una cuestión que. t^atape«ii 
naos filosóficamente eo; éli capítulo! siguSentbi por- 
la impbrtanciaiqíte' tiene ' ponerla eu. clarb pan) 
no retraernos dé lecprrír <á Dios en ouestras) 
afliccuMie5;yJñecesidades«; ' • f < ^ ^' : *:<. 

- , • ; • • , . • •.. • r . :::}tu^/A 

•;■. •*;.,...' ' / . \\ í\ .AiUs t 



Digitized 



5dby Google 



29» 

iki^ Y T^fdt^a^oB dé la, or0ciotk,segimigmlHí 
: fuideñ conoce, pim ímr0zintBaiur0Íl - / 

, Guando un bombm desea CQiAseg[iiiKi>jde<9tniv 
hQf|ibcc|>alg.iiRa cbsa^ se vale Át, Í^.^p|fca6^ ,qp*'^ 
OK». se puede observar enrtodof los.JiSipbriQSiideíj 
todo3 los ^siglos y de ;ta^ los f!aiíi^>:FiiM biep^^ 
loc4}ue eé: universal t y lo apraa^j^AaftramnVsie^ 
puede llamar natural; y paredoí ^aiuy j^rpftiaiUsI 
que Dtofi^i cotno nuestro supreatO'S^.íf<^i». quierát 
parasí Jo que por ua efec;llof onsíguiefjile<dfiiij^&-^i 
tratJQQiUnia naturaleza concedemos á^^ódost aqüeí-: 
llaa de quienes dependemos* , ..^ /.i. .« 

v^^J^vtBíñi 'la oración es un teconocíniíenlb, una> 
prc^ie^ipa ímpUciía del poder d^Dtos^ también: 
eadneo^via pat^.. conservar en< e] alma .del honj^l 
l^e UA seiitifb¡ei>toi.d0'»)a ác(:íon de Cips $obre| 
e) «ini'^erjsoj y «de lé 4ependi>ncia en que éstamot^f 
todos de. su yvqUintadr soberana.. . nt > < 
I)e)tQdosHiiHidC(^ la;obliga¿¡QiK de^o^ 
neélilmeaéxhp dé U.oracíi^,, porque no $e puc^^ 
de comprender como ba de esta[r:d. bombee 'obln^ 
gado á orar», cuando nada iesperaide.suítorácipn.' 
]Ri3nra Qomipreader ests^dmcullaojOs^pcedsQirécornr 
dav lo qitíi entendemos pdr.,obli^l»etfi:'r>]a !m?*: 
«iposibiUdad en que está, el bomhrer;dte hacer. ú» 
i^oniilic' alguna accioav^.i^i (al^r s^l: ovden, ja 
i^^mif^ptofixaoi ya secttpdafiO|ryjie.iawi%i;^te. 



Digitized 



by Google 



3bor 

»i la voluntad de Díos/^ ^ae es imposible deje 
de querer el ordeÁl Héibos dicftó'que la oración^ 
como uno de lo$ actos del culto, es omforme al 
ordéA^riaiario; 6 lo que es lo mismo/á ioqúe' 
ex¡)e l»e«eMtti de Dioá fia esencia dd hombre: 
mas &i la oración estuviera destituida de esperan- 
zftV BO TAreee que el orar serial conformé á la 
esQpda de JDios, la cual no puede eligir que pi^^ 
daWxis i Dios solo por pedirle, y aunque n^** 
«aperemos conseguir lo que le pedimos; y de con* • 
siguienrDi tatnpoco seria conforme á su divina vo* ' 
luntad^porque Dios nío quiere lo que no es con- 
forme con su esencia perfcctfsima. Tampoco se«- 
ria confonne con la esencia del hombre necesa-* 
ria mente dependiente de Dios, porque esta de«- 
pendencia no puede consistir en hacer lo que no 
exige lá esencia de Dios ni su voluntad. Luego 
pnra'que haya obligación de orar es indispensa*^ 
ble que haya esperanza de conseguir lo que se - 
pide. Supone, pues, la obligación de' orar, que 
es posible conseguir de Dios ló que le pidamesi - 
Pero contra esta esperanza ponen muchoS'la* 
objépíon siguiente : ^^si lo qué pedimos no es ma- 
nió y nos conviene, lo conseguiremos sin pedirlo; * 
» pero 61 es malo ó si no nos conviene, no fo con^ • 
^seguiremos, aunque Jo pidamos.^ £Uta objeción 
no tiene tnas¡ que una résp^iesfa , á saber, que - 
puedo 6eV:ooiñfoii^nie>á''la, sabiduría 4e Dios/con^ - 
ce lernos alguna cosi ciando se la pedimos, y no* 
s^r cot>foi<mé:«'i su^ eíabidun» oouceiyrnosla, slno' 
se la fM^tiMi.iIíesp, ^porqué razón, 5Qipn|^iita*-; 



Digitized 



by Google 



'301 

'iiiedíiaruÍQ k| onMiicni^ loGrqii^. qO . lo .serí? i ñ ' pp 

iiicdia.s^ A esta preganta, qae endura toda la 

-dOBcóita^ <leesle piinld,r€sp6Qdemos coadas pro** 

' bibilidades sigiMBleí^ . r, ' ,: / 

í 1 • Ua favor foncedido cDiandó A pi^e^ pi«jr 

de ser mas ^opiov-porJo jpi^inoiqae'se pid?, 

-para producir uiirbuei) efecto; ^n.la persona. já 

fqaien se concede. La ob&eryaci^n dc: qp^ .m«¡r 

\ chas veces no se agradéd^ lo . qué se' obMeiie , si|i 

-pedirlo, pudiera, varificiirse tumbien re^>ecfo d^ 

; ¡06 beneficios de la bondad d\vii;i^a. X .en,/^fi^f^, 

, vtatoB que joKíehas persoiibs n^ se aci^daf>. d^ 

«dar gracias i Dios por ellboueficioide l^vi^a,.^ 

,1a salud» ni de Jbs viqueías qtte^.(K>s?6nf; porque 

; Dids les ha .dadólodosesioa biei)ei.sii^ pj^d^rs^ 

' los. Fero^pougnsios i un bofnbre eli p^lig|*4>, dp 

; muerte, que pide á Dios, continstílP^?!» ríe. CQUr 

-aefrveíla .vida#y el Señor se.la €0iii^r^2i;y€ir^ims 

.oquO'Csté;lioiBbre9.eu la creencia d^ .%ue el $^90F 

ha accedido á sos ruegos, $e. mapi^^ta» sigrad$^ 

rcidu .y^niaS'joUígado* á Din^s por el nu^]i^ b^nefi- 

*c¡o que :ha>YéciSido de- su 'bondad. ^ n 

. % Buéde ser.cpnforme.á lü sabidúrpa^i( pic0 

retcner.sufr&vores hasta que se lospídania9««9h 

>ino un: medio de eslimuW^ b devo^on 'en^u^ 

«criatunls racionales, y de conserv|ir ]f V^^P^t 

el sentimiento de la dependciicia en qqe esiiii 

de su Criador. 

3. La tendencia natural de la oración, es ba*- 
xer mejor al que se :^costun>brn á orar, y que 



Digitized 



by Google 



'tfHéo la^iá^i^'divíiiaí^rft tía dkpkiii^^ 

~'^ ; ^^cí^tas 'S«itMÍ&ickfiies.iá''Ot|*aá seÉiejantes'.^ib- 
ven para disipar la apareol)e^€MtmUo¿iobieíílle 
-tfil^bué^t'^i^ita llig .}» ¿Í9íéími,>y k'iámtiftabiHdad 
Y)»e|ic{al *dt¡ Did$, tia'e» iiecesprip mas ; -porqfae 
^jMíra el t(ue'ot*íí la^et^Cistion ho esj^pei^ q^éuiiK}- 
"^cfe tf pof'tkiámdsí motiVós fiudle Díob concédetele 
<lb ^e^e'ptdé, átip mis^biiín si.es posible que 86 idé 
'lllgüñ' «lótito^'^a' qtie^bdrana<^dl»y|ad le Mor^* 
tlfíié' álgtknál gráidW cáÍHyoie '1a>*pidé9ri}«ieih& le 
'^ofigjatJ^ ^Á "tío ^e la -|lid;ese; I&va él iqnei osa, 
•l^fiíirqtf¿ e¿ntrigft M dli^t^. 7^i]9|)b(ED^ neqeaaiRo 
'f<a|i*áí la'dé^TM^n, jAi^acasífi eooiphUble «¿orirellb, 
"^ef ¡d .^M" GFfa sepa^'c^áles son k dni^k d^l-biíéa 
^•e^lM&of dé ^ oracfon^ y iuiv menps^^e kf 
Ittnga'^'pt^íltés'ei^ su ib¿)glnla09rív fu^údo^eslá 
'^(y^ndoC Lo únf^co ^^^ $e tte^elitiaresfqtie;bo^- 
Yétcd í^n^fi^a iil]p¿i»biKdád de coi^ 
-se pide éii lá owwíionr ' '• ' * ' ^* .? >>* íü! 
' i »' Xo tna^ ií|¿e prueb» la objécn^á á onevyaéíos 
respondiendo {-'e^ qu^ no i^^dé&¿ p0dir'»4| 1j^ 
%5ff tá& ' ntísmá» úwAé coii qfiíe *^ped¡aí*s á : los 
ildiribres^ á^ quienes infohmainosw nuestras ne^ 
^^id^dds y 'desecW; lesfetij^frás coni nüe^ras 
1tíipdrt!l|bidflfáésindkcrijla&; iafj^Cfenfándonos^oii 
^llod, d queriendo md^W su itiÜolcnGÍa^'*^ es¿i- 
tar su sensibilidad, prá impelerles' á qué hagiln 
lo que débieraW hacer; d. tal vea lo que no .de- 
bi^r^« No debiímos detenernos eii .p^enlaT*i 



Digitized 



by Google 



p¥ifr bi|églraa^flWcift^||fl yopfihrias. ftiH^ fcjue- las 
-coQOKca, foipási ksrigponlfñ^dcb¿6oft^|M^i]|fe 
^ooí ]plerseirenratiéiav.^bi»n -iempéSapnoií^nf tqne 
Mf fuirkd^ Aigímkii^ así ^ , oosí ha ick/ coBcedér 

'l^í¿nariip6?'f n>saÉf shntísioiai w1ttmad/jgirfe,aiedí^ 
tpre^i^ la.qiie if06'€0(meo¿: jrrifter tiltmio^ delict- 
ualQfir no;coaipárar! f(':Pio^ o6n\fe|nlftai^]Ba)é,/.fiar|i 
.tiBhri4^*vmf¡et\Qi.^íJ0eai¡ trorla^s^dci (ipaverté 

¡loiriiniiénte >oi:)ra>!en:toolow€6nr]|a ma^jot 'rectitud 
yiijntíificatícwif^ Ja {shufK^onldfejuaiho que 

íie ^diesé ^alguna t^ábta^í ó, eVc^übrdfm t ácí/slgiik 
Tfl^ttgov^ 'se 'parece^ Joiafiiaotetiá^U'r^ek'todm hf 
húfnhxm$*ifeslfcékx)ie ^]o»tílLOfi\ue jléndrUI cpha 
'^ber'«sie?Uiiifare^:loiinii»iiio qué nosoiroá áh» 
•^rav^^^^'^^vidot^caráclep del<princípe, qued^»- 
,ba todajK^iá.algaa/.il^squToif* paraiiobt^iier! áé^íA 
jc¿ni.süpl4rásjy lQgvíqnui4piqtte mo se\tonsíafAeÍM, 
sin «lias. A« mi me pascee- quei elii;arácter w o^ 
*pr«»€¡f)eíooiiÍD este, no lia ri» uiipNDeóhl^ lufcfioaciii 

^m^ ¿la-z^ohémencia j humildad db Jos ríiego^í 
prúdtibiant Qn= el ^ufd9ca9Hc< «n» Ifrl díspósicioín d¿ 
«$pírítu,i|»e« de c<i9icederle>la^qife' solicitaba trei 
suiKarisi en ¡au alma c:l senticni^ntQ fmsr profiíbi» 
úo,y d«ra^l(D dé gnilk<ud; t]uecon<eslaJCOÉcesióh 
seLT^^lvciñan también /los d^aia& 4 'snpHcerlt 
cuando deseasen conseguir^ Alguna ^gracio ^ y do 
csie modo se s^uoieniapni el-^tuor y. • sooiiiiion do 



Digitized 



by Google 



301 

'Ja glofia de) )iríncípe;<{pe no solauíeiue la m^ 
.'inoria 'de aquel acto pardcnlar de sn bondad jer 
7¡a iiBis vita j duradíera por la amíedad.cop qu^ 
»e: hab» pc^o la graeki saio qüe(|a iní«aia súr- 
-plica,mo otros respectos y había preparado de 
4al rbaacra'el'íaltna de ^ÍKjuella persona , que «e 
liafaiabeého ¿a|iaKÍde pre&lac ^rvídos queautes 
«lot sc^podí^n csperarf declla:,osle>pr]iieípe'^dlgo, 
aunque no se condujese por otros nxotivba j cou"* 
"fiiilerai^Ri^ que por la Teclitud .y uiiljdád de 
j»tt proceder^ ¿uo podría óoncederi este- hombre 
rúw fay<^r , é^ un perdón , que no concedevih Á.oiVQf 
<lcaiasi»ló>€Tguí^so, desidioso ^é indiferciile al 
«nasnib farbr/ó demasiado igooramle «dejo poder 
al»okitó del '«o))eraho^ 'para^9e«itr jpfliásáíiuplt^ 
carie? «¿No^se lo coneederiaU este, hombfe antes 
^qie á uq filósofo^ qtie trcyeiido i«fi\uti«i0fia5 
toda!» las deiliandas; qiie Sie hiciese^ al principé, 
rebalsase dar por sí naismov y desaatma^> á los 
demás para que' no' diesen ninguna oáuesllra jesr 
Icrior de giralhud:^ ninguna» setial de obediencuf^ 
IÑ dír^iesen la; menor súpHra/alsoberaíuK^ £1 
descuidar todos iestos actos ( si aleuddnaos á qtic 
las .afeccioiies ique no üc/. manlfiestau ^ tsúbs^ten 
biea>^»ocá tiempo)^¿o tardaría encansfr, una nor 
lable diminución en el cela y adhesión de lossúb- 
diuis ¿ su sobcranoi.y acaibaTÍa bic» proolopor 
iiacer qae se olvidasen sus derechos , y se .depre- 
ciase $u antoridatt Estas r^ones y oirás que tal 
vczxio alcaozarian las personas á quienes se apli* 



Digitized 



by Google 



305 
casen, podrían obrar «a el ánimo del príncipe j 
.delerminar su» acciones; mientras que, dorante 
este tiempo, no pensaba el suplicante ipas que 
en sus penas y necesidades; eu el poder y en la 
bondad, de donde únicamente podia esperar su 
^eonsuclo; y en la necesidad en que se halaría de 
^(brearse, con. su obediencia futura , por hacer 
primicia la persona del príncipe, que t^i^ sobre 
él un poder sin límites. 

Esta objeción contra la oración supone que 
nn 9cr infinitamente ^abio debe ser inexorabl€. 
•¿Pero cómo se prueba esta suposición» ¿iendo asi 
^ue la sabiduría mas completa consiste en cumt- 
-piir los designios mas benéficos por los medios 
opaas convenientes, y algunas veces el medio mas 
icopteniento para llevar á cabo un proyecto sur 
Pitamente beneficioso, es conceder favores y gracias 
cuando se piden, y suspenderlos cuando no se pidieii? 
~^. lua objeción establece también un nuevo, prinr 
<eipio Uenb de oscuridad y dificultades; á sabe?, 
4|iie nunca bay inas que Kfi Wo medio de baiser 
Jo mejor t y que la volanlad divina estsí ncces^riar 
aietite deterniioada por este único inedio, y limir 
lada á él: dos proposiciones que supcuocn un cor 
M)CÍmiento de todo, infinitamente superior a| que 
nosotros podemos tener. Pero a'nn cuaiido se sur 
^nga y áé por. cierto que la infinita perfección 
4e Dios cji^ige que el 3enpr siempre se proponga 
y h^ lo mejor, y sé valga, para hacerlo, del mcr 
4io. mejor, era necesario prob^ir que no es el mcr 
dio mejor de conseguir el fin que se ba propuesto 

'20 



Digitized 



by Google 



306 

sn eterna -sabicltiría, conceder ciertas gracias & 

'€\n\ftn se las pide, y retenerlas al que no se las 

'pide. En ^anto á la suposición 9 nos abslefiemds 

'de entrar en una cuestión tan nictafífiica y elevad 

:da/{iaciéndonos cargo de que nuestra limitada 'id- 

téligencia está infinitamente mas distante de prc^ 

fandizar en l6 íntimo ele la* etenda divina , qnt 

' nuestra vista de penetraT;en1as entrarías de la ,tieih 

ra, ó de alcanzar á ver lo qué pasaren las estrelkto 

fijas. Siii- embargo, dirémds de paso, ño qué Dios 

no puede, sino que es imposible ef^^sí mismfé, 

^que es una contradicción, que Pios^ ser infim^ 

t&Dflente perfecto, se proponga un -fin y se vaf^ 

'ga para lograrlo de unos m^ios qqe lio cdnvenh 

«ga^ con sd perfección infinita: qée entre k» 

ítífiniVos designios que puede formar éú dff iiMb 

Heñtend ¡miento, es imposible que formd itnD;>y tft 

valga: de unos medios que desdigan ^"^t^^ 

feccion: que aun bajo de este supuesto «S'iÁfini- 

.taroente libre en la formación de su^ planes, pqf»* 

que >no se concibe nmguna repugnauda^^aii^ 

parece que repugnaría á'SÜ esencia lo^con^ratño)^ 

nén que pueda forigoar ' infinitos, todotsconfbrvHéft 

á Su' perfección: que es imposible; qtle haya' tA 

proyecto m^jpr que todos los deihas-, jorque* en 

ese caso tendria llniites, y muy estrechos, su* sa^ 

l^duría: y que en cuanto á los- me^ibs^ no^h^iHat' 

tnoiá ninguna ra%on para 'establecer 'Una difei^en* 

cía, porque tampoco concebimos quenea'impcl^i^ 

ble una infinidad de medios, todos conformios 

ton la infinita perfección de la esencia divina. 



Digitized 



by Google 



307 
«ote» Uen eaamdi&moKys necesaria esta infinidad 
dé medios^ p(ñ*que lo& creemos no. tanto un ob^* 
jeto, cuanlo una creación del entendimiento di^ 
ivióo, quiecomo infinito puede crear infinitos 
medios* Entiéndase todo eslo quedando siempre 
ft;sako h autoridad 9 que respetamos, ,de aquer 
Uoft teólogo» j filósofos, en cuyo sentir la esenr 
caía iditina exige que Dios se valga , en cuan« 
l^ihatei del OEiedio mepr^ ó mas propio para 
qíio^.se'.cumplan.sus designios; lo que supone It 
HlMl^cion de medios conformes con la divina 
perfección', contra lo que nosotr^^ asentárnoslo 
mas iÑen que Dios, solo tiene un medio de eje» 
frotar sus dc&iginiosf, porque yo no concibo qué 
to el ser los medios conformes con la voluntad 
de Diosi quepan el mas y e) menos, así romo no 
caben en el paralelismo de dos luieas^de ínodo 
i|ue ese medio que se llama el mejof es coafor? 
me con las perfecciones de Dios., y los deroas no; 
diC donde se si^u^ ^úe seguu e$ia doctrina no tier 
pe Dios roas que mu Imedio de que valerse;, por^ 
€pxc respecto de JOÍieisí medios de obrar no con- 
forpnes courluifjMiluraleía divina, no son medios; 
«on unai^roolMliccIon. 

:;Se dÍQt< ianibien.que atrilMkintos á la; oraciou 
«fu tespltado, que no puede probarse cpn la e^ 
periéncia, la cual era el único medio de coiivenr 
teriioSi» Pero es necesario tener presente, que 
«tnique Dios concede muchas veces al hombre 
lo que le pide, no se lo ronceóle siempr.e; sinosof- 
lo cuaiido', iidcmas de Ja oracio.n, sin l^i 4:ualj n^ 



Digitized 



by Google 



308 
lo concedería, concurren tattAíeoótraícírcotiíP* 
tancias que aprecia la divina sabiduría, y sm \m 
cuales tampoco accede á las súplicas del hocnbiti 
Sí Dios permitiese que el resultado de la oración 
perturbase con frecuencia el orden de las causas 
segundas, establec^ido por el mísnio Dios' én d 
universo, ó que la oración produjese sué efeetcU 
con tanta regularidad como ellas, resultarla cía 
los negocios humanos una aheVacion, quérrlbafil 
niu<;:hos puntos de vista tdvlj importamcsr^r'.swia 
evidentemente perjudicial. Por ejeknplo^ ^(piJéh 
querría trabajar, pudiendo ver satisfechas sus nef 
cesidades por medio de la óracionP ¿Cuántos lio<n« 
bres querrían moderar las pasiones y los gocos^ 
de que les privan ahora las enfermedades ó el 
miedo de contraerías, si la oración re«tjluyeise ii¿» 
faliblemente la salud? En una palabra, si el re» 
sultado de la oración fuese tan constante que st 
pudiese contar con él anticipadamente, se deja 
conocer de suyo que la cond^tn de los hombres 
llegaría á ser descuidada y dosarre^kida. Asi pue^ 
tío siempre oye Dios nuestraá^WpIicas, y por car 
ia razón ignoramos nosotros, sibttando consegui-* 
mos lo que. pedimos, es porque B«^ nos ha oi^ 
do, ó si del mismo modo lo hubierattios c8nse- 
guido, aunque no lo hubiéramos pedido;»todolo 
cual entra en los planes de la sabiduría de: Bioqp 
piro el ño saber con seguridad cuándo cLScnoF 
nos ha concedido algún favor accediendo á* Doc»t» 
tras^ ruegos, no es un motivo para creer que de-^ 
yi de oir benignamente algunas teces uuestras 



Digitized 



by Google 



»09 
pelicSóQe&i ToniaiKM» aquí la palabni o/r, oír te^ 
mgnaminii^ en el sentido de conceder. 

CAPITULO HL 

Del cubo dípino* 

£1 culto puede ser privado y puede ser pii- 
Uico. £1 hombre en el retiro de su habitación pue-* 
de dar á Dios culto no solamente interno, sino 
también estemo, alabándole, bendiciéndole, dán- 
dole gracias con la boca á la par que con el co* 
raaon, arrodillándose ó postrándose en su pre*- 
lencia, ó haciendo c^lesquiera otros actos eií 
bonor de Dios, para manife&tnr su gratitud^ ó en 
reconocimiento del supremo dominio que el Se- 
fior tiene sobre nosotros. 

Igualmente puede el hombre dar culto á Dios 
acompa&ado de los individuos de su familia, prac- 
ticando con ellos, ló que pudiera practicar á sus 
sohis* 

Últimamente; se puede dar á Dios culto por 
muchos individuos ó familias reunidas, cuando 
ftsisten á los templos en que los ministros del Se-- 
Sor celebran los misterios, de la Religión, y los 
divinos oficios, acompañándoles interior y este-* 
riormente á dar gloria y honor á Dios; y tam- 
bÍ43n practicando, con ellos y á otras horas ejer«- 
cicios de piedad y religión. 

Con respecto á estas tres clases dé cultos es 
Moe^io observar desde lu€go> que áuoi|ue tor 



Digitized 



by Google 



31<» 
ck»s ellos tienen iin ólijeto ceman qtie'ttt SSos^ 
acompañan á cada uno algunas pairtkiilarkladai 
que le hacen por su parte obligatorio. 

I. Culto particular. . . ' ' 
£1 cuUo particular reanima y conserva en el 
alma las impresiones religiosals^ la soledad contri- 
Luye mucho á este efecto. Cuando un hombre se 
halla solo en la presencia de su Criador^ sé lle- 
na su imaginación de mil ideas respetuosas' acer(4 
ca de la providencia universal y presencia iovir 
sible del Señor , de su justicia y de su poder; acer-* 
ca de lo que el hombre tiene que llegar á sep 
algún dio, y sobre la iniportancia de proveer á 
su felicidad para lo futu^ prooirando agradav 
al que es el arbitro de su destino. Estas reflexión 
ncs sofocan por algún tiempo todas las demasi /y 
dejan grabados en el alma unos pensamientoé 
que no pueden menos de influir felizmenle en 
la buena conducta de la vida; disponen al bom«* 
bre para concurrir con mas frecuencia y.deviM 
cion á dar á Dios culto y gloria públicamente y 
en compañía de sus seniejantes erí los templos de* 
dicados al Señor, y se preserva de este modo stt 
corazón contra la fuerza de las afecciones péli-? 
^^«as que tanto poder ejercen en un espíritu 
vacio de las ideas religiosas. 

li. Culto damésííco. 
- .' £1 culto doméstico es muy recomendable por 
la influencia que tiene én ei ánimo de los ctíat 
áos y de las perionas* jovcfncs de; la familia ^ que 
aú tíofeo. basl^ii^e.jrdlcxíim. paca iselira^sc de^M 



Digitized 



by Google 



3cH 
vidfoUld á ffenckarse dkolró !de sus dposttniqsf 
enafclQs de devoción y religiosidad, y cuya atca«-. 
cíoa DO suele sujetarse «racho en el culto púr 
bUco. £1 ejemplo, y la autoridad de un padre yt 
i^ un maestro, suelen tener. mucha fuerza en 
c^ casa Las dckrodones particulares de los pa-^: 
dres 'i]ue no presencian los: hijos ni los cri^os^ 
na pueden servirles de ejemplo;, y acaso atribi^i-r 
Tan su asistencia á los templos á la coslundH^' 
^1 deseo de salvar las apariencias, al cuidado de; 
iu reputadon, ó á cualquier otro motivo,. meno« 
al celo por- cumplir esta obligación que tiene el 
hombre para con su Dios* Los mismos bui^po» 
efectos que produce en. un padre de familKas el 
eulto privado, pueden esperarse del cullo domésr 
tico respecto de los individuos de la familia: pe- 
ro es necesario no sobrecargarles indiscretamen- 
te con estos ejercicios de devoción: la importu-* 
i^ad j el esceso pueden causar contrarios efec- 
tos; el tedio y la aversión á los actos religiosos. : 
; IIL Culto pMUo. 

Si el cullo de Dios es nn deber religioso, et 
culto público es una institución necesaria, porque 
sin él la mayor parie de los hombres no daría 
culto ninguno á DV^ 

£1 culto público ^ nn estínralo muy pode- 
roso para que se «paantenga siempre viva en el 
^ma dei hombre la idea de Dios, la idea de su 
jgrfitideaa , de su poder y de su justicia , y de con- 
ijgttiente del respeto, sumisión y obediencia qirt 
Jltid^en^tqda&.las criatnia^ Reunidos en el lea»- 



Digitized 



by Google 



319 
pío el sabio COQ él {gooránte, d poinre dm d iri^^ 
€0» el pordiosero con el iDonaFca, todo lo igua- 
la, todo lo Uend la niagestad de Dios. Los bím-' 
nos y caóticos religiosos, lo augusto de lai cere- 
monias sagradas, el silencio y respeto de todoi 
los concurrentes, elevan al hooibfe á la cionteiiK- 
. placion de las tosas del cielo. Sin la frecuente re« 
petición de Un esj^táculo tan grandioso, con di« 
ficultad el hoifnbre, distraido fuertemente por loa 
Ojotos terrenos, se acordaría de atnar, temer f 
reverenciar á su Dios. Para conservar, pues, el 
culto interno y para facilitar el culto esterno par* 
ticular y doméstico^ es casi indispensable el culto 
publico: y ademas, sin este culto solemne no pue« 
de cumplir el hombre con la obligación de dar 
gloria á Dios bnte todas las criaturas, testifican-* 
do á la faz del universo su dependencia, sumi« 
sion y gratitud á su criador. £s pues, el culta 
publico Conforme al orden primario y á la volunir 
tad de Dios. 

£1 culto público , que de cotíitin acuerda dan 
4os hombres á Dios, criador y supremo goberna*'' 
dor del universo, tiene también una tendencia 
manifiesta á unir los hombres entre si, á prodii-^ 
cir y desenvolver afecciones generosasi 

Los ejercicios de. una devoción social, hacen 
nacer tantas reflexiones p^tétt^s^ qtie la mayor 
parte de tos hombres salen de los templos en qú€ 
se dá culto ptiblico, cocí mejores disposiciones que 
las que llevaban cuando entraron en elloa l?t&^ 
codentes todos de Un ii^uia> or^g;im> ^prepiaifriiii* 



Digitized 



by Google 



ñmt {untos para el idrmino de todas las dlsi ili- 
ciones terrenas, rccoiftindo siis Dmtuas dcbilidri-* 
des y su comuti depeudenn?i, iíii¡)loríjiido tndati 
y níclbíendo l>enrficios y ¿itisilios del mismo po- 
der Y de la misma bondad, no teniendo todoi 
ellos Mno un ínierc$que defender, un solo Señor 
á quien servir, ni que ítgüardár oías qtie un so- 
lo juicio, objeto de sus esperanzas y temores; ei 
f»£Í imposible» en esia posición, luirar á los liotti^ 
bres como ti est ranos, competidores ó enemigos, 
o no ver en ellos hijat de Una misma familia, 
reunidos delante de &u padre romtin , cuya jire- 
fcncia ddie iuspirarlcí algo de tiquella ternura 
propia de las mas dulces de nuestras rclacionei 
dtira¿ííii€;is. No liay que esperar, á la verdad, qüc 
estos efectos sean en particular fuertes y dura* 
bles; jicro la continua renovación de unos seiui- 
míen tos que puede producir natural meo le una 
reunión piadosa» iré suavizando poco á poco la 
violencia y darei&a de inucbas pasioties rencoro- 
sas, y acabará qulxá por producir una bcnevo^ 
leneía permanente y viva, "- ' 

Las reuniones para el culto piíbllco, ^wf las 
impresiones que causan , fuerzan á los hombres 
que se bailan reunidos con este objeto, á conside- 
rar las relaciones que tienen Con su criador, de 
donde nace necesariamente la idea de la iguaMad 
natural de todos los individuos de la especie hu- 
mana , la dulzura y bumauidad en los rnngo* 
elevados de la sociedad, y en las clases inferiores 
d seQlioatenlo de sus derechos. Los hombre», por 



Digitized 



by Google 



di;^Q$i(M»c$ que na<;en 9n el p^lma y cor«KOQ 4el 
hombre ,. 4ci ,iupa j^eH^. .iejev^cipn ó dba timiei^iat 
iPeJQi9dcarJk:lcr.ppi;ajto|Mispar¡tei§^ EO'efeclo, ^4 
ca;»a^ parecen (>^iii«^;i^^lCuandO;e§t^Q.«l lado.dii 
plr^js^oany grq^ii^es ) y^ por esta razoo» la ;sttpe4 
riorídad: qi^^. oqupa toda b.ia[iag¡otiCÍQa,.de un 
liomlireí, ^se des.v^.UQce p, $e re^uceá ¡sUíVí^rdadi^ 
l*a pequeíiez « cu^i^do; ^e, Ifi , compara, co» la ^isz 
laucia qu9 s^ra al .bppiibre ma&.wcunabradQ 49 
^l.$Qt infinito. Pttí^s.bíeUr.lps actps,.del culto pñ*; 
j^licQ c,ou4ui^^& .ps^turalaiel:)te á.es.ta comparácioiai; 
eii,<el t4{npl<X es donde el.pobre/levanta la c^bfO^ 
sa, <^ el templo ^$«do^4^ el rico aiir» al pcíbire 
cpa. respeto «. y el uno y cjl.oiro $e baceu aaeíot 
yefi* y e\ público gauar^:ipuf:ho eu ellp^^si ^ I5i|r 
f^uentr^n, cpp fr/eruenci{| » en ,una $it,u^¡OD -, .qu^ 
modera eu uno el scntinaiento de. su dignidad , ]^ 
de^pieria .y fortifica. en otro.i^l ánipfip.y. K cou^ 
fianza. ISo por eso recbpciendaav>s aqui nada con^ 
trá la suboi^dínaciob qu^ existe y qu^. 4ebe exis- 
|¡r; pero es ne^^qs^rio acordarse qu^ la suboti-f 
dÁuacioo de; suyo es. penosa,. que .el núq^ero de 
l0s subordinados es , i&L mayor, y de coosiguienr 
lc|j( que la pena, que causa , . no debe llevarsp$ 
m^ ^ll^i-de lo que^xije el bieu.y la tranq^ilir 
4íid:ípní}ln,.. . • : .. .,: , . ,'• ■ 

, «^IT^s.estas rawnpíi^ pmcíbau qu^ 4 cuhppi^r 



Digitized 



by Google 



fottotiof ■ .. . . • • •■.'• '.. ».<;.■. 

. - . CAEITIJLO ly. 

* : « ' Dd Hspii6 día dhüUdad. * j 

, • La Ymágí nacba del «hombTe , a^^fide uti ód 
sequé de grande y y ae penetra de un senlmñon^ 
lo de aiK>cpbroySfcinpré.i)9e ae preíeiita ent sá. 
alunóla idea deDbs. Esto proviene, en> unof 
de la refle&ioRi én otros del hábito de dar y ver 
ií otros dar á Dio» señales exteriores de siimisioii. 
Pero estabuería disposición poedcf sofocarse per 
causas opuestas, es dedr, por no detenerse ácon^ 
templar lo qué es Dios, y por aqucHa ligera fa^ 
inHiáridad con que se babk Trecueateoiente de 
Dios^'de sus alributosv de su procedencia'; de sm 
culto y de las verdades que nos ba nsirelado. 

El SeSor ha prohibido {ormaloiente pronuni 
ciar $u sonta nombre en vano; probÜMcion qut 
yá el hombre conoctapor la luido la razón, ro^ 
mo' muy conformé coti el orden fÁrimario, es dcr 
cir, con la necesidad, si Dios ha- dé- ser Dios, de 
que el hombre haUe de vn ser tan grande, del 
fñodo que corresponde á su infinita dignidad ; 6 
de quti sea , en el caso contarario , «scveramenle ca^ 
ligada -' 

Se ioma el nombre de Dios en vano cuando 
MpTOttuhcta sin motivo justo y sií^ciente^ esloeé^ 
cliando de pronunciarlo no se faa de aeguür pro* 
baUMMttte iuittgaai ]Mieii>efieciia; icono ciiaódo 



Digitized 



by'Google 



i^ada sigriSm «n W convcrsadoa^ :6 mxoéo m 
aplica á objetos que uo t^nen relacfOD con ki re* 
Kgicn y la piedad, v« g.^ para afirmar ó negar, ó 
bien para espresar nuestra alegría ó nuestro eno- 
jo: en una 'palabra, oíanlo se le nombra fuera 
de los actos de religión , ó de un discurso serío^ 
filoa6fico> teológico, ó de otro modo instructivo; 
ó fiíera de aqudtos casos en que el pronunciar^ 
le puede producir algún bien i nuestro prójimo. 

Mucho mas &lta al respeto debido á la di- 
vinidad el que toma en boca el sacrosanto nom* 
bré de Dios por juego y diversión; todavia mas» 
el que se iD<»a de tan santo nombrevy enorme^ 
mente mas, el que lo asocia con palabras ó espre* 
aioties obscenas, ? 

También es fallar al respeto que se debe á 
Dios, burlarse y ridiculizar 4as cosas que tienen 
relación con él, como la Sagrada Escritura, los 
logares, personas y ceremonias destinadas para su 
culto. Solo un hombre destituido de todo senti*^ 
miento religioso puede poner en ridiculo los ob«* 
jetos considerados: áDioKS. Nadie está dispuesto á. 
chancearse, ni se complace con las chanzas de los 
demás sobre aquellos objetos en que se interesa 
vivamente su:. corazón* Asi una alma, que "desea 
ganar el cielo, rechaza con indignación todo Ib 
que puede hacer objeto de risa y de sarcasmo 
aquellas cosas>eii qiié no-^pénsa jamás. ainasom* 
brn y sin una ;proiunda ansiedad. Solo laiesAi^f*. 
di*¿4 é'h mas loca disipación, pueden faaeén d'r 
"vidavi aua ^1 ; oíasl incondídenKlo, la !aiiiM!im«^ 



Digitized 



by Google 



3J1 

|kr>risniia de enanto tiene relacicm ccm la espcc-í 
laiJTa de una vida fulura. Cuando un espíriíu 
yii^r/esc mufa tic las superjUciones del vulgo, in- 
culta sus crédulos icmoresi su^ errores pueriles, 
sus rilois oprkliosost uo se le ocurre observar que 
Ja pTáctica mas absurda con que un débil dcvolo 
cree asegurar su felicidad en la yida íutura, ea 
mas razonable que el descuido y la indiferencia 
en esta oíateria imporlanfc, única para el hom- 
bre» Ea fin, el couocMienlo de lo que se debe i 
los inter(*ses supremos, sobre tos cuales quiere 
ífistruirnos la religión, dcl>en empellar^ auu álu» 
que Tuefioa rcspelan las preocupciouefi de los 
hombres, á guardar^ en su estilo y en sus Ji^cur* 
sos sobre materias religiosas, un decoro cuya ne- 
gligencia es una falta grave coulni el riispetoque 
debemos á Dios. p :ii . n , 

También se falta de p'tlabrai^jcon mas ra^ 
zon, al respecto debido á Dios, juraTido con fal* 
sedad, sin justicia^ y aun ^m necesidad; murniu^ 
rando de am providencia, y blas&iimndo de su 
iatito nombre y de los de sus santQsi {iliibátidole 
y dirigiéndole uuestras oraciones dislraidos loi 
pensamientos mundanos. 

Con las demás acciones, fahanios al respetó 
que se debe á Dios^ proffinsmdo sus tempUí» mni' 
tos, conduciéndonos en üIIos con liviandad y 
sin modestia , dejando de manifestar el acataiiiieu^ 
to debido á su divina Magcsiad en las ocasiones 
neccíinrias, lo que equivale á un desprecio posíti^ 
To: fLoalmentc no alistenicndaiios de todas aque* 



Digitized 



byG00g% 



BI8 

or « -h *^i'>fí Mw ' .'I }' i . 'j • ;; '%. J 

n? :.. ■♦:"■»?( ..í }J ' <>^ :.-*••:/ '» •.•• -i ," \-t\\\ ^-i 

* (1 E^''asnnf^^aílen^m h^oqspadátKi los* capiW 
Éuidr «nief iqre», irioa tohJikeauttilfalmenle^á.ini^ 
Mp^ alióme ide> IaoÍo)in^to€¡ai>'SQ|mesio quecLbooif 

♦amailifitriio» <M¿tí' esterno^oofasisie: ki ^wrdaiek»^ 
^tVTcligbo-f iwlpraguolft>8ÍiWipniedt: «olerar^(]iie 

público, un culto iodebidozen olroshéraEmofiiíi 
««'|ii»eib«to)ei^rrkIffr'ii^*e^iltí]f) qeroif»ksaii¿rior 
ée'funnv; nlf^HMij ialsill Y ilMlfáofttejqcoicibesIte 
vtoi\i|iCBrqüe!«l'iniko pnTim]ieiit&flteti^rM |[fove% 
ai olieiUiasrv'dfafélb 4^il{i«riUps»lqiH0adÍ0.c í;.ist 
fifofll^ftlfipfocfidftr ' cutir; (clavtdiM vea (ÍBte4!piintí9 
án id¿lnidci>cMnoiiinpoviaiil6v rnoslf ^ré^' , iíoiir 
Veniente fijar el seotido.entqbctjlnBBmo&dtiipflf 
4l^a9Tc<iMlnlñ^fjM^/iUJAí^^ ícon^ 

«f éraeír . in'\ ial9iittar(d(iínim ; f apifacba ¿ i jr >^ .por 
^ehíiitehoikvqiasliaira hksii^ÉI ^w^\peñmHe aik 
fiuriiliad^á<ofnM ^ra'ii«ilér*áídd)iir'dc fáoérf «ilr 
ifont TOsa; ^^ilaeácr/rrá^nWfknpi^ie c^V^ í<m 'di^ 



Digitized 



by Google 



^9 

«cknKhíiet»consig«rt«te>á«)Hk»v '>-<-• ""; ¡f íím 

ai persona prívala pue^ eoWsblílii' «fi hF^pvofef- 
sion y-ej^ncicio^de ttfi«<religMiifalb ;f qte«mi)> 
"gtona atttoridad' paeáte pet;ttii<Wlavi]p«dli^e>el pcr- 
-iiiittrk;soIa> es próptuy d«(-}a a«t(^ád/'jPietfff 'ñi» 
-se ieñÜeMe qu» 1ápet<iiiUd>«i( iétíi^ieniq elíff^lN«*«- 

y.iq«» eéh'lSlwf^d.j p¿ra>1á>«^tíridaé 'p* 
«oÍi|ií«tieH)e :á<^«ho^^'f{Sií!/fiegdi¿(p^^ ^ 




■noBeí<^ 

,pertoiift<i!ía°! ^. „.„>.^„^__.„.^ 

íés»a:lií»í»iiJeéi»,.y'tft}ytí«dbti0» d«^i«M»ti]^k 

una conlÍHtttr{rtij»k':mtf«4o»^d(^«§»dtt U^ 
los pocUt» y «kmtíés «leüít t}{#Mq<^iki^ibi- 
icaria i^'Hráfló' f ^f«ié<tcWrécíwaQbsv«4n«iiili%fltft 



Digitized 



by Google 



3fi0 

MU tamaños* inconvefiíentes pcieden proTeer lo 
kicjeésario j ja^o;€n ^e$ie parlicolar. Asi pm», las 
-pérsopaji parUciilaves deheu ser toWaoies cea 
lodo el iimiidb::aucí efi materia dereligioo. 
- 1 . «Laa aalovida¿k9..^táii en otro e9«o. La omo* 
iTÜdad é^pitiloal, ó religiosa» árquien está euco- 
iMitidada por él misólo. Dip# I9 Multad ^ilirigir 
j^ivigiUrr 8olri*e^l^( pnreí^ d^ la fé j del cuJio 
!f)ue debamos: ^ril^l^r i ftn magesiadifAnila^d^ 
ffropoher y^enseí^ar la, verdadera doctrina^ notar 
^M prescribir el «ei>rpr j^ no cuoipiiria debidíiii^eiüe 
^€ft $il .^iH^go» skvop }oi wtíám Picopil^ de sm 
AaAunitclui ,no;MEi|^i|y|eBe.<^^ adiillecak la vonr 
liadieMíe<feiiti<^ y^M^fs^tratiasen Ío»!hoinbres'6« 
4^ Cf^if^iiiiif i|i<» ^ela ptdígt^ipnqjiéitíéKíeo^da 
4ffyitftai!.p)T^í)mf«9 '$ult^ 4^^ de au WtidaÜ 

A^meMtíaimiikte kiiol^ra^M^; jaoiáit^iodi^ ia«^ 
<^l^ráiere^i^l^*QTCjrJft^wd^ lai^antidpd qr^lpo^^ada 
$K . loa ¡ietíi^f;Q^ q(^#9(ipmdft {^ol^r la; divina^^iM- 
jl9lt¥ámi:y>44f9fc«^c4f<abd9;il»>^lMM9d rtKgtosi^ 
^ÑtíüWfAm lu&Yit9i i$Íp'^dfpdi9<itQma. las r^Wf 

i^ne esh %l^ia.!dqJt9§wriM<9'»ir,9«^})e^lÁ/d 

laiMaiíii áyeriguai^^ilas liMorida^/tletopofaléi 
p«cideaV.#f)JSdH:^ dcrechor naiuraK Jhiferar ^ 
cjav^iciot de las ^/(ai^ oí ji)eli^otpieii,fa^iJiSr Tiado 



Digitized 



by Google 



3íá1 
el mundo sabe qtte sobre cMe pimío csiáii divi- 
didos lo& filósofos y políticas: noMJlro!* presenta- 
remos en resumen las razones de unos y otros. 

Masantes de entrar en la cuestión, dcWium 
advertir que ni el orden primario ni el secunda- 
rio pueden acomodarse con la profe&ion del a- 
tei$mo, ó sea con la falta de toda religión. En 
cuanto ai orden primario, claro está que el que 
cree que no hay Dios no se cuida de conformar 
sus acciones con lo que exige la esencia divina, y 
con lo que exige la esencia del hombre conside-* 
rada ea su dependencia y necesarias relaciones 
con la divinidad. En cuanto al orden secundaría, 
haremos solamente una reflexión. Si confesando 
como confiesan casi todos los hombres, que hay 
un ser superior á todo lo que existe, un señor, 
un )aei& de lodos los mortales, que tarde 6 tem- 
prano les ha de pedir cuenta de sus acciones; 
y ha de dar á cada uno su merecido^ todaviá 
vemos tantas injusticias é iniquidades, tan con* 
trarias al orden que debiera reinar en las socie- 
dades humanas para que todos susr individuos 
fueran tan felices como pueden serlo y Dios quie^ 
re que sean; ¿qué sucedería si el hombre estuvie- 
ra convencido de que nadie le puede residenciar, 
premiar, ni castigar; que la suerte del hombre 
está circunscrita dentro de los límites de esta 
Tida; que con la muerte se acaba lodo, los goces 
y las privacíoneSi las penas y los placereSj la fclici^ 
dad y la desgracia? Un hombre que estuviese 
en esta firme persuasión , obraría en su sentir, 

SI 



Digitized 



by Google 



39a 

contra 6u fMTopio bieB, f ^ lo^piiMiiókrmmMílail-^ 
mente^ si pudieada, sin c^mproteeléf m Uéor 
e$tar|jnro presckkdiese de todos^ atjBellM* ofiokui 
que^ prestan los hombres unos/á oíros eiíándo 
están; convencidos dé la vctidadlefá' moralidad^ de 
las adciones, de sas^oIiIIgacioDest.ydela&gfayísi-i 
miis consecuencias de no cumplir con ellas»; -¿1^ 
podria conser^w*se él orden en una sociedad cu-* 
yos individuos profesasen seme^tes principias 
Jjas leyes, civifesi.^ J^r^^* leyes eiviks algo cottiie--^ 
nen: pero si (altara la- espectativa de una eieroi-^ 
dad ffiVftíó desgraciada,, ¿bastarían para ^eias 
hombres se condujesen como deben cftflulricirsfit 
c4n'SjUi^i9eme)antes?'En.vano se esperaría dafdlofi 
^o^ sifecríficaaen- sus intereses perjSoaeiale^;actiuiles) 
al ii^er^srgcneral^ y i la. j^rfe qilé«n él |e^ piad¡es0 
lQ$ar «n/]o sucesivo, en todas lafitolks oeasi^i^Q» 
en jí|ii^ nada tuviesen*. que. teoper de^^partt dd.b| 
ley por catisa de ^su^ conducta. ¿Y. cuá!nta¿> MOéey 
no.&ha.este temor? ^tiánta^ veces no se baila 
el bombte. en sitüacicm dé eludir las dispbsicioofls 
de.h ley? Ademas de eslo,: hay muchas .accione» 
qji^.no^tg^n ni pueden caeitbajov la jurísdicoionr 
de hks }ejas,y qUé sin embargo ton muy opuestas 
al.IÑen geñeraV.IJay machas^ leyes, cuyas diapoár 
cioties $qn> .vé^es de difícil, y aun «de impñ^iUe 
;iplÍcaríQn> é iton, 'insüficienlés para : retraer ;á 
ríe^tas' per^sfinas de cometer delitos, y dése^fuetfóa^ 
Por . otra parte, si el hombre np .Hiríese afro 
Crimno queja ley civil, ^^¿-dedd9de,s¿.prkguiitah 
» ría 41 á sí mismo, procede. h\ l^y civil? .09 la 



Digitized 



by Google 



523 
#^ttftt^rde ál^úw áe íbU seikiejantes que 
«füiDieuña superioridad tienen sobre mi: la fuerza 
nes d útikoiílulo que pueden alegar para man-* 
ndartoe: la conveniencia pública tal vez no se 
»€onsigu« !coti <stas leyes; y de todos modos, la 
•conTehiéncia pública nada me importa, prime- 
are soy yo que los demás. Conouco que si todos 
jvbicielran estás mismas reflexiones y obraran se- 
>»gun ellas, también á mi me Áidria mal; pero 
y^t^datiá no estamos en el caso, cuando llegue, 
nKiidi^é que sucumbir á la necesidad; entre* 
^támoi ae^B la situación en que yo me encucn-^ 
i»*ttt>, puedo procurarme cumplidas satisfacciones 
i»si%i qtie IcüéíÁtí^ me loí 'puedan impedir, aun- 
pqvte tti biéúeistar >éstd1eií opbsMción' con el st^yo^ 
»y set4a ui^ lésiultída pnvai^iiié yo dé ínis pía* 
i^üSer^s; p^rque'ütí^s igualen' fi mi asi lo disponen; 
«tüa^tomás, quea¿ñ con el^lemor de iih fcas-^ 
^tigó etüfrúb de^jpíBfés de la jaoíu^te, todávia veo 
Uxjet^iítíiiéaLéá'hí[teí\']om\iiAt que yo: couque 
^ttbefaó-Wejdt^ ló'lpuedó hacer yo, para; qüieíi 
f^seoa&játote teitoor: uo eá'ñl^as que una puerilÍ7 
vdíiá.^ Gontiecuencias son estas monstruoisas y 
tié#ribles« pero- verdaderas* y tíos guian á conocer 
'túu evidencia la imposibilidad de tolerar la pro-^ 
fesi^tídel áteisnio^ si <se ha dé cdüsérvar el or^ 
t^n en h0 sodédíEid^s kumatiaá. 
"' f<ápir«áéblá ta^ asfpécto la tpleranfciá dé 
titíA rdigbn falsál En éfibcter, aunque todas ellas 
«OtiMcdmra él ótdéfi pi^iitóii'io;^pdl;^ué en lodá¿ 
<áhié S(é líllé, juas ¿ men'ói; klo'^qüe ie debe íh^ 



Digitized 



by Google 



326 
á la mejor dir^ion de sus subditos en la inte* 
ligenck y cuoiplimiemo d^e sus obligaciooes n^'- 
ligíosas; pues aunque se diga que'sü ccmdeocia 
es errónea, no por eso deja de producir obliga^ 
cion. (V^ase en la parte especulaliv;» el capítulo 
7.^ que trata de la conciencia^) 

Otros sostienen que; aun bajo este solo coil«^ 
cepto, están obligados los que mandan á impediir 
que obren contra su propia felicidad , abrasando 
una religión falsa , todos loSw que la divina pro*» 
videncia , solícita siempre de la felicidad de \os 
hombres* ba confiado á su dirección: deotriii 
manera no emplearían en su beneficio el pod^ 
que Dios les ha dado tan cumplidamente como 
reclama el verdadero interés de sus administra^ 
dos, y de consiguiente conforme á la voluntad de 
Dips^ que. quiere sinceramente la salvaron dft 
todos los hombres. 

Considerada la obligación de los gobiernos-ea 
este punto con respecto á lo que se debe, inme- 
diatamente á Dios, es imposible^ dicen unos, que 
Dios no haya querido obligar á sus lugar-tenien*- 
tes en la tierra á impedir ^ por medio de la auto** 
ridad que ha depositado en sus manos, que loB 
hombres le ofepdan faltando á la primera de siis 
obligaciones; es imposible que no haya querido or 
bVigprlos á procurar que sus subordinados leprés^, 
ten la obediencia debida en un punto tan eseí^ 
cial como es la religión: lo contrario iscfria.np 
apreciar el SeSor su dignidad y. ^u glori^. Oxto$ 
ppinan que las autoridades civiles ^okl ^tÁU ^^ 



Digitized 



by Google 



397 

ctihades toercitittts eit; materia ¿e religicm, deben ' 
limitoítve ' á toviiBefíéf ó ' castigar aqodlas fakas 'ó 
G^ceM^^ que puédeQ afectar á la sociedad en sus 
iilteresesgefierák», Jboieatando divisiones j odios 
eufr¿ kis subdito»/ ^d «irastornando ei orded díe 
Malquiera manera: que lo demás es obra de iMos 
sofoi: ^e y codciencia del hombre es un s%ra«- 
do donde' nadie debe penetrar: que iodos los 
hombres tienen itn derecho, de que seria injusto 
de$po|arlés^ para profesar iacrceuca qué les pa-r 
rezca verdadera; j dar á Dios culto •conforme á 
e^^ supuesto que eBos> y nadie por ellos, son 
i^esponsables delante de Dios del' acie^o (5 desa- 
cierto en la elección: que los gobernantes pue* 
den errar en el concepto que formen de la ^ver** 
dad de una religión, como de hecho yerran mu-*' 
chos, pues vemos que profesan linos diferente 
rdligion que otros., y no puede haber mas que 
una que sea verdadera; y que precisar á los sáb« 
ditos á que abracen laque el gobierno tiene por 
tai, es espxmerles á que abracrá el errot: que 
empefiarse en impedir el e]ercicio de k reSgion 
que abraceti los subditos, es promover la diwion 
de los ánimos^ -disturbios y desordenes en los pa¿*' 
blos, y la guerra civil con- todos sus esáxigos.^. 

Abogan también por b. tolerancia^ ten' ifeen- 
tir de sus defensores, ótrasconsideraaouesci sa.*^ 
beH la^ ventajas teiiiporales.' que de ^lla'se is%u(efi; 
iOl mayor nümefo 'de los habitantes deifO'^is yi 
el producto; de stb ¿afñtales y de su industm: hi- 



Digitized 



by Google 



t3d 

^ fügá^qtté«too qtfiéM aíbbiidboar M treenáatyy 
Mi^ deirt^ hiík* el <^ae m $e creei eóii ri^ valor 
éttficlMtetAM átnroitrar el^prfigna l^li^oo pae^ 
de - isittiükir (fat j[irofifóa una relf^ón ' falsa ; los 
ilüsijf^i^es'ífiffereses/ aún el de la ryid^j.todbs lof 
resjpétd^ y coiisideratio0eft'láiiiianas^ ion nada ea 
én coiAiKirafeton de nue&úro- Dios; Tales 6on los 
deben^ qtfe tiós'kiijpotie h reKjgidiii esta Jul^Ume 
virtud qttfi üok Kga con* la div¡o¡da¿ r . 












I ¿- > • • ■» 






- »\>r» 'Jll fi" ■' " i ' '*'Víf ».:i -."líi ,.«.. «í : . - . .1 



Digitized 



by Google 



m 



y i 



índice. 



-»MM«wa 



./• ■ 



^ ./ .'■. > 



^ftíoffh '. • f • .' .' -. •- • ^ ' • ; í. • • r ? ♦ • *.' . ^ 
Princiffios 4ie ]Ftkf(afí».m»rQf- » ' •'.'.'x- .*r .,,,•} 

Parte e^quIat«fa=r^V' ^- Pf^^^i^^^ 

las acmne^ • .-....»»>• ^ - * ♦ •> «h r ; *» 
Cap. n. Por guém^aspodfín^ lleg,^,á^fr .....■; 
• -mcerla mondidad de hi^(H:ciait(B^y .*>|«/ .,..7) 
0|V ÍH. De la utilidad. ..>,.,,,. v -lí •.yt' ..?,^} 
<% IV. necesidad dis í^.,r(i&k^^i^^fH^ . J7) 
4Íafi|. y, Dtf ,lafel¿^dodJmif*m'-^\' '.mV. <y^ 
<íap- "VJ. Ordefi,,^rüp4m9; , aí» - ía''.-. •>•:'. ', 4^ 
Cap. yn. De k.v'Í>{^fP"t<;: '=• í • ^ • ^ v*a«,\ t! 
Ciap. Vin., i^ ^,c9?»tffe^<?í»^.^;•.v/At.^•K'^•.f .«|*» 
C;^ K..PrCTMOíj: castigos. ; • r r t ••.W^mX'* 



Digitized 



by Google 



3^9 

Qip. X, Dei derecho. 69 

Cap. XI. Dwision de los derechos 71 

Qp. XII. Derechos generales de la especie 

humana* 77 

Parte práciicaJ=^ Obligaciones relaii^as.^si 

Sección primera.^^Obligacione^ relativas 

determinadas^zszCanf. I. De la propiedad. 86 
Cap. II. Utilidad de la institución de lapro^ 

piedad. f>.^r. •> •%< ^ 87 

Cap. in. En ^ue' s:e funda él derecho de 

propiedad. •....,*.• ^ 91 

Cap. IV. Derecho de la guerra. 99 

Cap. V. De las promesas. • . • • • 1 1 3 

Cap. VI. Del voto i3i 

Cap. VIL De los contratos i33 

Cap. VIII. Contratos de venta i34 

Cap. V¡L Contratos de suerte. • • i39 

Cap. X* Contratos de préstamo de cosas jue 
' no 'sé cbñáuMen con el uso. . ;. . -. • •w* '4^ 
Cap. XI. 'fífntratos Concernientes^ al presta^ ^ 

mo en atiero. \ . ; . L . .' . . ; .... . • . .- 1 4S 
Cap. XH. Contratos de traba;o.^Ser^itio. . \ 1 5 1 

(58 
Gap. XV. De^ la mentiral .-. i :\ : . . I . JU iCó 

Ca^p. xnribujtí^iMk ?-. ^.V-.- v. •. . •.^.- tcií 

Cap XVH: De m'mfaníerim:'\ :\ :'\'^. :< ífíf 

Se^cioh segt(ndti.:=Obüg¿cionésyétóí^^ "V ^ 

* '^témifuidai.t=^Cai^:%]V¿Hdi^. l'^). .". í 1^78 

CaW. Vi. CúiOuctuparU ¿6'iía& ékali¿s e^ík^ '^ ' 

feriaren. : ..... rr. Vr. . . ; V^;^\ *.') . 7 J i^B 




Digitized 



5dby Google 



m 

Cap* HI¿lfi9€*l1Ml\9lH^#^ 

i^^^jtor su pnfesioBx % . •, •. • •. •. •.•.•,•• .• tV^nt^víjS 

Ca^ lY.. Saconros ^n.díi^4^,*.f^^*, W\ ..\H J¡<c> 

Cap. Yl. \^0\4A\c4kré^\M'^\r\^)^'f ^>V- VV - » / .t,íá* 
Ga¡t VIL J)e Ja ,vengania* • .. .. .. ,. .. .. ^ t>M»v^\ ik94 

Cap. VIH. D^/ J^ío/ío • . • • . '. 198 

Cap. IX. De los pleitos ao3 

Cap. X. De la gratitud. • 206 

Cap. XI. Del uso de la palabra. • . 208 

Obligaciones reUUu^as que resultan del cons- 
titutivo de los dos sexos 21a 

Cap. I. De la utilidad pública de las instüun 

dones matrimoniales. . .•... 2i3 

Cap. II. De la fornicación. . • 2 1 5 

Cap. III. De la seducción. • • • 221 

Cap. IV. Del adulterio. 225 

Cap. V. Incesto. 227 

Cap. VI. poligamia. 229 

Cap. VIL Del divorcio. 235 

Cap. VIIL Del matrimonio 2^2 

Cap. IX. Obligaciones de los padres 246 

Cap. X. Derechos de los padres. 265 

Cap. XI. Deberes de los Ñl^os • . 268 

Obligaciones para con nosotros mismos. • . 27^ 
Cap. I. Defensa propia. • • •••••.••.• 275 

Cap. II. Suicidio. % 278 

Cap. III. Intemperancia 286 

Obligaciones para con Dio^.=: Cap. I. Dm- 

sion de estas obligaciones 296 

Cap. 11. Deber y resultados de la oración se-' 



Digitized 



by Google 



m 

' j|al0ra¿ . •.•••. . .• • ^ • .• < * #nv>V« V • \ • • •' «39 

CáflL Vi. Del respeto á^4»a¡iHttíd9d:.:^. . ^ \%S 
^ I. V% De la ioUraneia'^in niáttAi dé ^ > 



^ vV 



r:-i 



T; 



•I rí 









.A .. 



•A 'V/\ .j/ .' 



1 .-.. i\- 



,,. \ 



\.\ 



V-\ í.i^' "/w .iV. .\\.y*« VV, ' .' ., M '/.\ f .,; 'I 
I '. M.>. .\.o^.\.'V' >i\' v// ■, . 

^o.•.u:.\^^ ,A •.v\ A\ .ij.'> 

vAv■^^^-.^ 



uv..' A ./ .|»..f 



.-. .V.. 



^ '.v> v.^ L.\',\.'.\ ; ' . i.t 

\.- \ \ .vVí\ 'v\ .1 .•;. > 

^ . . y.Vr'.:'. ,ií .'- ..) 

^••^"."'.'»T^ yv.>\u\ JiJ .*,:. > 



Digitized 



by Google 



ERRATAS. 



Pág<d8 liD. 19 iíceesio^ léskse acios 
50 S3 ctmelque con lo que 



Digitized 



by Google 



' >/, rA/!/Lt 






Digitized 



by Google 



Fimg®Aiisio9ir®d ec wukbDon. 



Digitized 



by Google 






Digitized 



by Google 



PRUEBAS DE LA VERDAD 

II Li IELI€ION HATUtAL T lETILAIA. 



aeeopiladas por el presbítero DON JUAN DÍAZ DE 

SAEZA, catedrático de Filosofía moral y Fundamentos 

4& Religión en el Colegio sito en la calle del Duquer 

de Alba de Madrid. 



cov uoniCM- 






Digitized 



by Google 



'*'.n,H\ t'" f ■ r V'-«vi :■-■■ ' 

v4 V* 2; j .. i.*. .•-;- : -, \v •^■;-z. 
OAGíiav A.] se ?.Ac:.!jr.-; 



aa \tia '/ÍAÍI Yaui ln■^\U^ T.q lo -i ¡ kiUr.nr,»^',;i 

aoJntKir.lxiiri t [inoHi f.n<>>. .lii -ti» <i-.ii'. ■■■ i' ;> , J.x^í.ií 

MipxiU lab »Uu3 «I II» oíh chiMío.'» i-i ii-j it<i!'jiljit '>f. 

.biibuIC tili i.tü K il) 



^latoaiJc no9 






% 



Digitized 



by Google 



> ') iUl Hi ií\h\, lili M smK Pi. Li Mi. Ji t ' IHmiM j»] ;. 
-:»:. / í>.'rjt\7:''<ív / ! > :■>^ f.if)'^'; • •«,/■,-:»> ■• i! i; *i'itft .i# 
-•>* ! " .^» .OJK.t í í . • ^; »i'3'-.. f í •;; i' • r !) '. •!*.: y} 
•ni. 'Vjjj ..1 \^. .i'K .. • • iv { •• • * ' S . I '.l.-; llhÜ/ 

Oií'.' Ofí i^. t^.tS'llliU ■?'•'»•<:■ n ; ." .' > • ■ •) ;- .*. ;!.|l;■»' 
-*•!? 'í:j.i •.J> ¡ ;:v' > '.11 '' \" ;.;•' ..':. ;•.: -ir,'! -ai *!» :,¡ '^ 

-•'^••••^»— .fi^i'i .'•-.' 

i/*lííno!li '«Tiom r.l .!» r.í i; r,rrii " •. ;:> Wr '. r'/.í;-.' • 
í)^ fcWi '>:!•> V ,()■•.! t.-:.'.- í'') ;. .M 't.J oí) ■ . •' "• :• ) '}•: 

^^kibíMiitim^flftaiiMé^^iii^ moral 

lr«)¿léM'friawaRttr. 'tkÍá«;iii'kíA>tr«fa'<lMMfiA^ 
«tedtfl^^ki^ tatos; '^eiá«(^ctfÉ€tia^ inddo^ di<< 

d¿<lE^lHofbi %NM«l<it|ae l|MN^ Í>M<<- 



Digitized 



by Google 



n 

iostrair á los jóvenes acerca de la obligación y ne- 
cesidad de obrar conforme á las relaciones que me- 
dian entre la divimdad j el hombre, sino que tam- 
bién se les ba de manifestar e\ verdadero modo de 
cumplir con este deber; en otros términos, si no solo 
S0 ha ét probar la obligación y necesidad de que ha- 
ya religi<m entre los hombres, sino también qué es« 
y en qué consiste la religión, ó como se dice gene- 
ralmente, ^u^lMJilllQf'fNraVfl ^ P^" 
ciso descender* a^prSfflra i¿?priKSurae la religión 
de Jesttcrista — i j i m pi^ 

Esto es lo que nos proponemos en el breve tra- 
tado que sigue, considerando que puede añadirse có- 
modamente su enseñanza á la de la moral filosófica 
en el espacio de un curso escolástico, y que nWa se 
ptsk^iporrhicferlofwWJItefrt^ ftM^^pMiMm» m 

eq^f^o^i w^sotoqcw«i>^;l#i If^fia m^ÚmsJfh 

tow)esíii|iíti:»t»^ Mya¡jtsp)ífiMwH<pp«irf» p$i)rdií<|q|{b 
oif) qOiwi etotm».nB^jii$i«9^:^4mi«i^9Qi^ 

^ j^it^J^a»^)kaomi^ de)l«fi)B^t#hiM>Ift'^i4ftlfíi! 
indÍ4ar^[la#>pfimi4pa|Mii^^ ^loWf^MrS 

i«ví$bdaáiWé dbKttl|cmaliilrli«fci«ni^éí(ró4^m^^ 



Digitized 



by Google 



vn 
para qtie los carsantes, con el aoxiHo dé la YiTa vm 
del catedrático, puedan adquirir las nociones necesa** 
rías en esta materia. 

Entre los autores que he tenido presentes para la 
composicicm de mi trabajo, he consultado mas prln» 
cipalmente, por lo respectivo á la teología natural, 
la Demostración de la existencia de Dios y sus 
atributos por Fenelon, y el curso de Psychologia de 
Abarens» tom. 2.^ lee. 1011712; y para las prue- 
bas de la. existencia de la revelación en la antigua y 
en la nueva ley, á Bergier, Bailly, Pontbrian y Pa^ 
rá, y á un autor ingles que copio casi literalmente 
en muchos capítulos, porque yo no los habia de es- 
tender mejor. Si no he acertado á llenar los dese<§ de 
los sobres catedráticos y del publico, no ha sido 
por £ilta de vduntad» 



Digitized 



by Google 



1! / 



.1/. ■ .■• 






Digitized 



by Google 



sirw&Difiítiiitii^iri 



^lYJliichos hombres gráciles han escrito sobre 
h religión de un modorap^sdeconvéaceni^tan* 
laá personas de iogeiiip. feliz^ y adornadas de co«» 
iiocíaiientos hQmatíos9.qi|e s^ hallan fuerteipente 
prevenidas coplea la. religión de Jesucristo^ qní;* 
sieran conducirse en un pünlo de tanto inieré^' 
con la miinaa prudencia qu^ observan en Iqs ne-^ 
gocioft temporales» bien proiyp se' disipariap las 
'nubes que I fbriíiadas porJas preocupaciones j 
^ ks pasioneSf ofuscan desgracia^amj^nle, su 
razón; y de enemigos de la fe cristiana ,^ ^ con^ 
Vertirían en sus apologistas y defeiispres, Pero.se 
prefiere la obcecación á la ilustraqion y ql .desea-* 
gaña Los negocios, las diversiones, los placeres^ 

' •I ' ' •*- 



Digitized 



by Google 



9 

las pretensiones, las visitas, y ami el estodio^ si 
se quiere, de las ciencias humanas, se llevan to- 
do el tiempo, y ninguno queda para estudiar lo que 
mas importa saber. Se cierra los ojos sobre la vi* 
da futura , como si apartando la vista de una 
eternidad desgraciada » se consiguiera que no 
existiese/^ 

«Llega un dia en que se piensa de muy d¡s«- 
tinto modo, y entonces desaparecen todas las ilu- 
siones, todos los encantos. ISo.llay incrédulo que 
á la bora de lá'muérité'íio quisiera 'babcr tenido 
una vida cristiana. Aquellas verdades eternas que 
pasaban en su imaginación por quimeras, soo 
entonces realidades, confiesan que se ban estra-' 
viado y llaman á Dios en su ausilio: per^¡cuán 
lastimoso es que no se abran los ojos hasta el mo- 
mento en que la muerte va á cerrarlos . para 
siempre!*' f Pontbriand.J '' ' . 

Asi habla un autoi^ piadoso, y esto deben 
Considerar muy detenidamente los jóvenes á quié* 
nes dedicamos nuestro pequeño trabajo. El asuti;* 
lo e$ de la titltima importaticiá, el único para el 
hombre, él únum neceisárium^ que llama núes* 
tro Salvador: porque á la verdad, como dijo el 
imisiho Señor, ¿quid prodesi homim, sirhundum 
únii^ersum lucreiur, animoB ^ero sucedeirimintum 
paiiaiur? Quisiéramos, pues, que los jóvenes se 
prestasen con docilidad y buena intención á mé-* 
ditar atentamente las razones en que se fundi 
la religión de Jesucristo que tienen la dicha de 
profesar, para que pueda o prestar á la fe úá 



Digitized 



by Google 



d[)seqii¡o racío^aU comq ¿ux S. Pablo; no q]>^ 
qaio, ,UQa ^unai^ioQ propia del conviencúnieoto, 
Sepn tambienv que ^o siguiendo las máxima^ 
(ublioies de la, religión cr¡^iiana, podrán Jlo^^ 
á ser buenos hijos, buenos padres, buenos c\v^f 
dadanos; crisliwos f^eron aquellos sabios espa- 
cióles, gloria j ornamento de nuestra nación, qu^ 
la enpoblecieron con su sabiduría y con sus ^ 
Cfiios; y cristianos fueron también aquellos ante- 
pasados nuestros que vivieron felizmente y mu- 
rieron en pn; la verdadera religión se herma- 
pa cordialmenle con el saber, j es indispensable 
para la telicldad del hombre aun en esta vida 
mortal. 

CAPITULO PRIMERO. 

Existencia de Dios. 

La religión es una virtud por la cual dá el 
iiombre 4 Dios el culto deUdo: conque el pri- 
mer fundamento de la religión es la existencia 
4)e Dios. 

Creemos que ningún hombre ignora que 
existe un Dios, aunque no todos formen idea 
verdadera de la divinidad : haj algunos que nier 
gan su existencia , pero ya se vé que no es lo 
jnismo negarla que desconocerla. P^otros vamos 
á probar que existe Dios. : . 

Entendemos por Dios, un' ser infinitamentjc 
i)Cr{eclo:.la idea de lo que es perfección, mas 
bien se concibe que se esplica ; pero acaso. t)iC),s^-* 



Digitized 



by Google 



4 

rá una inexactitud ITarbar perfección á loda n^ 
\\Aáá;'j en esie sentido Dios reunirá en »í todas 
las reaKdades , Béus meus et omnia ; pero las reu-. 
he de un modo singular que no es de nuestro 
intento espUcar ahora. 

¡ Existe un ser infinitaoiente perfecto, porque 
existe; un ente necesario , y un ente necesario nó 
puede menos de ser infinitamente perfecto. 

I. Existe un ente necesario, es deóir, un en-^ . 
te cuya no existencia es imposible. ^ ' 

Si no existiera un ente necesario, no podrían 
existir seres conligentes: existen seres contingen« . 
tes, luego existe un ente necesario. Los seres con^ . 
¿ingenies se tocan todos unos con otros, es decir, 
que cada uno de ellos recibe su existencia de otro 
que le precede: supongamos, pues, el último, 6 
llámese el primero, de todos ellos; este, sin un 
^er necesario de quien recibiese su existencia , se- 
ria imposible, porque no nabria otro de quiea 
la recibiese, una vez que le suponemos el pri- 
mero: la naturaleza es una cadena cuyos eslabo- 
nes son todos seres contingentes, un conjunto de 
seres que dependen unos de otros: luego es nece'^ 
sario que exista uno que no reciba de otro sil 
existencia, y es imposible que rio exista, porque 
51 no existiese, de nadie recibiría su existencia d 
•primer ente contingente, y por lo tanto no exis- 
tiría; y no existiendo el primer ente contingcir- 
te, no existirían los demás, puesto que del prí- 
miíro procede el segundo, del segundo el tercero, 
y^íísi de los demaá. 



Digitized 



by Google 



5^. 
■'^ ISft se sdiva la dífic^had 4:0a ^soponer oec€-r 
saria la cpleccída tle todos los seresque coi)&t¡tu«> 
yeb la naturaleza , aunque individualmente de***, 
pendan unos de otros. ^ En qué se funda j^ta su^ 
posición? Para que la colección fuese nece^ria, 
tea indispensable que no. pudiese dejar de existir; 
mas la colección puede dejar de existir, supuesto 
que puede dejar de existir cada uno de los seres 
que la coaiponen.^Hay alguna contradiccipn, al- 
guna repugnancia en que deje de existir alguno 
de los seres que componen la colección ? ISingu- 
|ia. Pues bien ; si no hay ninguna repugnancia» 
no es oingun absurdo suponer que llegue el ca- 
sóle que no exista este ó aquel ente contipgen-* 
te que entra eu la colección; y pues que lo mis- 
mo se jpuede decir de cada uno de los seres qu^ 
la compcmenf su|K>ngamos que cada uno de por 
•í dejase de existir ; se acabó entonces la colección: 
luego QtO ^s nec^ria.. 

. No se puede negar á los seres de que se com-» 
pbnfe el upiyersó, la cualidad de contingentes, la 
cualidad de depender unos de otros, sin cerrar 
los o^ á la evidencia ; pdro se dirá: los seres con- 
tingentes dependen unos de otros en cuanto al 
IQódo de ser« no dn cuanto al ser. La materia de 
que se c^nlponen las cosas contingentes, es, sin 
que bajo d& ^ste concepto dependa una cosa d^ 
/otra, 6 reciba el scf una de otra. Verdadera^ien.T 
|o es asi, pero siempre es preciso recurriir^.,^Q 
ente ^eoessirio.de quien proceda la modificacv^i^^^ 
modade^ecdol primer ente <^ntiiigeme, ^^pe^ 



Digitized 



by Google 



6 
na de qttc, A no, ttte ptímer etife''i)tiéistfpone* 
mos conrmg;ente, fio estará Ideando c^on otro, M0 
dependerá en nada de oft^/tiáda reciblM de ofroí 
no será, pues, conitn^ente. > 

Tampoco se disuelve la dificnltad suponiendo 
infinito el número de los seres comingetites! eélár 
infinidad de seres contingentes, es manifiesiamefi^ 
te tina contradicción ; porque , si como ácafaaméil 
de probar, no repugna ea el ente contingente Ut 
posibilidad de no existir, y si no es ut^ absurdil 
suponer que no existe lo que puede dejar de extaJ' 
tir, supongamos, pues, que deja de ebcfetir und 
solo de los seres contingentes; resuttii que yá fai 
colección que resta no puede ser infifnita,'porqiSté 
)e falta algo: siendo esto asi , tam|)oco el núttié^ 
To total de la colección, antes que de^se déeitiái 
tir este ente comprendido en ella , pódiá spr ii^ft^ 
nito; porque este ente fjjue há dejado de eK%tIf 
era finito, y una cosa finita aríiadlda á otra ^ei^ 
finita, ó lo que es lo mtsilio, dos ó npuís cosas fi* 
ni tas juntas no pueden constituir uüa cosa infi^ 
nila. ' . . » 

II. Un ente necesario rio puede menos át mi 
infinitamente perfecto, ¡r t . 

El ente necesaHo ño píiede nieriós de serin* 
finito: la perfección no es mas que te tealidadt 
un ser infinito reung tdíjas lasl reifliáades, poif^ 
qtienna sola que le faltara, 'yá seria limitado, lid 
ééfia infinito; luego ^ entenec^esarioi^utie todai 
4fei^ jf)erfecciones, es itifinitattí^te' nerfe<^o.' » 
-' í ^{(adá^steñi sucede^iti'ttda^2ttaQ'rafié¡éil«- 



Digitized 



by Google 



... ^ -. 1 

te- para «fue estdla ó soceda: y no bay ninguj^ 
ra«>n so^ciente para qi;^ el ente i^cesario sea 
finito. Esta razón suficiente babia de estar, ó ea 
el úñsmo ente necesario, 6 eti algún ^t contln-i 
gente: no hay úiedio. ?^ puede estar en ningún 
ser contingente, porque entonces dependería de 
el^el ente necesai^io, y no seria necesario; tam-. 
poco puede estar en el ^tite necesario, porque, 
puesta la razón suficiente para que una cor. 
«a sea, necesariamente es, y en ese caso repug^^. 
nárta á la esencia del ente necesario el ser infin, 
nito, y no se dá semejante repugoaucia en la 
esa[icia del ente necesario. Ademas^ repugna que 
el ente contingente sea infinito; ya lo hemos pnn. 
bado; si hubiera una razón suficiente para que 
el ente necesario no fuera infinito, cualquiera, 
que ella fuese y donde quiera que residiese, tam-« 
bien repugnaria que d ente necesario fuese in^ . 
finito; conque no podría ser infinito, ni el ente 
contingente ni el ente necesario; repugnaría, pues» 
que hubiese un ente infinito: mas el entendir,, 
miento humano no concibe ninguna repugnanr^ 
eia en que exista un e^te itifinito. 

Existe, pues, un ente necesario, un ente ¡o- 
finito, un ente infinitamente perfecto: un se» 
que reúne todas las perfecciones ó realidades y el , 
todo de las realidades; y asi , es del todo sábk), 1¡*? 
kre, poderoso V benéfico, criador de tbdo, con-* 
aervador de >todo, seíior absoli;ito y supremo de 
todo. 'Bate ser tan escelen te, este ser <incompren^ . 
wbleviiíeíable, ¿s'Dioi. £1 hecho misuio de te^ 



Digiti^ed 



by Google 



8 . ^ 

«lér nosotrc» klea de DioSf prueba que enfile^ 
porque si no existiera , no podríamos tenerla. £•» 
fá prueba t que se apropió Descartes, la babm 
columbrado ya S. Agustín en el siglo IV, y la es-* 
plañó con bastante precisión S. Anselmo en el si* 
gto XI. 

^^ Señor, dice, tú que nos das á entended la 
que creemos, concédeme que yo conosEca^ cuanto 
tú sabes que me conviene conocer, que tú exiiMes 
como nosotros creemos, y que eres lo que cree* 
naos. Pues bien , nosotros- creemos que tú eres 
mna cosa tal, que ninguna otra cosa se puede 
concebir que sea mas elevada que ella. Mas esta- 
cosa tal qué ninguna otra cosa se puede concebir 
mas elevada que ella, no puede existir en el pen- 
samiento solo; porque si existiera en el pensa- 
miento solb, todavía podria concebirse existeale 
en la realidad, lo que sería una cosa mas eleva-* 
da» Conque si esta cosa tal, que ninguna otra 
cosa mas elevada se puede concebir, existiese so^ 
lamente en el pensamiento, precisamente la cosa 
que se considera cómo la mas elevada, se conce* 
biria como siendo tal, que todavk se pudiese 
concebir otra cosa que fuese mas elevada ; mas 
esto ciertamente no se puede» Luego aquella cosa 
tal, que ninguna otra cosa sé puede concebir 
mas elevada que ella , existe realmente. Y es esto 
tan verdadero , que ni aun se puede concelnr qii4 
no sea asi* Porque i la verdsid, .una cosa tal^ 
que ninguna otra cosa se puede coneebir mas 
SIevada que eUa» también es. tal, .qúá tá á^fí m 



Digitized 



by Google 



9 
pútée txmcáAr eonio iki acistenie. Ptoetbieo^ Se^ 
íkir, ^ta co6a eres tó nuestra üios/^ 

Puede verse en Abrens el uso que bícieron 
¿ñ fste raciocinio de San AnseUiio, Be$carteip 
Ifalebranche, y Espinosa/' 

Toda la naturaleza está poUirando la exis- 
tencia de este Dios: en toda ella se vé su sabi- 
duría y su poder; el orden admirable que reiim 
eu el universo está anunciando magestuosamente 
esa inteligencia vastísima, capaz ella sola de for- 
BÍar un plan casi inmenso tan coherente y ade- 
cuado. No es capaz el hombre de abrazar coa 
su limitado entendimiento ese grandioso plan: 
por magníficas que sean las descripciones que ha- 
ganK>s de las maravillas que resplandecen en la 
obra del Criador, ¡cuan distantes están de presen-, 
larlas como son en sí, cuan insuficientes soh para 
manifestarlas en toda su perfección y belleza! 
Si el hombre pudiek*a comprenderlas toilas á nu 
golpe de vista, si pudiera ver en lodo su cotn^ 
fie%o la obra del Omnipotente, se pararía es- 
tático y asombrado, la idea de Dios y de su 
grandeza llenaria toda su alma^ desaparecería: 
ante sus ojos todo lo que ahora le ocupa tarlto y 
le embelesa» Pero el hombre solo puede contem-^ 
piar las obras de Dios separadamente; solo pue«r 
3e considerarlas por partes « y auii son muy poT> 
cae y muy diminutas las j^artes que puede exami^ 
nar, siendo asi que es prodigioso el múmoro^le 
partes, aun de inconcebible magnitud^ que «ook 
poneadtódo.i^^Si l^ldri^ie ua libro! Xuefiftw 



Digitized 



by Google 



¿e tal lanMffó, ^e cada una, niiraéa ^ «erci^ 
ocupase toda la vista de un hombre, no se po^ 
driaii ver. sino mi;l á una: entonces sería iibpo- 
sible leer, y^esicabrir el sentido que haría cad%, 
oración CFentlon)*^ Pues lo mismo nos sucede 
con la grande obra del saber y poder.de Dios, 

' Por otra parte, ^Mos hombres están continua- 
mente distraídos con las pasiones que los agitan, 
y las preocupaciones que de ellas nacen ks cíer^ 
ran constantemente los ojos. Al modo que ua^ 
hombre totalmente embebido en un asunto de 
iiüportancía pasaría mucho tiempo en su gabine-^ 
te sin observar sus proporciones, ni las pinturas 
y muebles que hubiese en él; todos los ol^lo^ 
(istarián delante de sus ojos, y sin embargo, mu;» 
guño le baria impresión ; los miraría pero no loa 
vería. Del mismo modo viven los hombres: todas 
las cosas les presentan á Dios, y en ninguna partu 
le ven; y pasan la vida sin advertif esta imagen 
tan perceptible de la divinidad. También hay 
muchas que temiendo encontrar al que no bus«» 
oan, no quieren abrír los ojos, y aun aparentan 
tenerlos enteramente cerrado^ fFendonJ/^ 

No hagamos nosotros lo mismo: busquemoa 
á ntíestro Criador en sus criaturas: y ya que jvté 
pod.'imós conocerle por la idea completa del^ todq 
que tíHito escede nuestra- limitadísima capacidad^ 
ebnoKCán&oslé, siquiera, por lo poco á quepode*^ 
me$ alcanzar. Bastante e;, y mijiy bascante pars 
que quedettioi plenamente convencidos»de la ttiaf 
loiiaaak'ésé ser taá grande y^tab período*' ^| 



Digitized 



by Google 



ti 

* SI en este cuadro magnífico consMeramos 
algunas de sos parles que son oíros tantos lodoé 
paiticutarc^, y cxa muíamos con detención las par- 
tes respectivas de que consta cada uno; por ejcm- 
p!o, si en esle globo que habiL'imos, contempla- 
mos la formación y estructura de un ser vivien- 
te, de un insecto, de un león, de nosolros mismos» 
de un árbol, de una espiga, de una flor, ¿qué orden 
tan maravillosa no se presenta á nuestros ojos? 

Pero todo eso que tanto !c sorprende es obra 
del acaso, dice el ateo: ^*la materia, después de 
Haber ensayado ínfiüilas formas, de las cuales no 
resuliaba tin orden, tomó por acaso la que tie- 
ne en el din; rcsulló un orden, y este sigue cons- 
tan temen le/' Mas esto, ¿cómo se prueba? ^'^A lo 
menos, replican, no es imposible. Píos pondréis 
mucbos ejemplos que bagan %-er la difirulíad, , 
tan grande como se quiera, de que se forme 
por acaso un (odo coordinado, espeí ialtnenle si es 
algo extenso, pero nunca se demo.straráfla imposi- 
bilidad: arrojando muchas veces al aire las letras 
del alíabelo, no es imposible que formen alguna 
vez el caer una palabra , ó mía oración corla; y sí 
no es imposible respecto de un iodo pequefio y po- 
ro complicado, tampoco debe serlo respecto de un 
todo de cualquier magnitud y complicación, por- 
que el mas y el menos no mudan la especie.» 

Este sistema con llene algunas suposicioneá 
que es preciso examinar. ' r ♦ *., 

Supone 1.^, que la materia no ha tenido pníH 



Digitized 



by Google 



f« 

r Sl^ Que la matera está*datadai4c actWidad 
para moverse. 

3«^ Que puede por tí sola vanar la dfreooioii 
dé su moviaiiento. 

- La primera de estas suposiciones pugna coa 
la idea del ente necesario, cuya existencia hemos 
probado ya. Porque el ente necesario no puede 
menos de ser infinito en perfecciones, y no ló 
ieria si no kubiera creado la materia. Pugna 
también c^n la esencia de la materia, la cual es 
un ente contingente, que lo mismo puede y pu^* 
do ser que no ser, mas para un ser eterno no hu<^ 
bo anterioridad de tiempo en que no ser^ le fue^ 
pues, imposible no ser. En la eternidad no bay^ 
tiempo, no hay sucesión de momentos, porque no 
hay anterioridad, y de consiguiente ni posterioti<- 
dad; y sin anterioridad y posterioridad no puede 
haber sucesión: resulta, pues, que si la materia fue* 
ra eterna, ni aun ahora mismo pudiera dejar de e- 
xistir, poi^e como CKistiria en la eternidad, y en 
la eternidad no hay momentos, sino que es ua 
punto indivisible, si en este punto indivisible 
pudiera no existir la materia, como en el mis- 
mo punto existiría , podria no existir en el mis* 
mo punto en que existiá, y esto es una contra-? 
dicción. 

La segunda suposición es falsa, porque no 
lodo lo que es materia. se mueve, y todo se mo- 
veria, si la materia estuviera dotada de actividad; 
¿por qiié unas: partes se habian de mover, y otras 
no? Vio se v^ nitiguna razón para ello, a oo^ser 



Digitized 



by Google 



queac busqncen lallbcrtaá de loda b materia p- 
ra moverse ó no moverse; lésía que creo do de- 
fienda nadie con seriedafl, 

ISo es menos íal&a la tercera, y sin embargo 
ficria necesario liacerla, para que la materia au- 
nase alguna vez ron e! orden en que actúa tajciH 
te se halla, no habiéndole encontrado en la prí- 
mera dirección que tomó en su movimiento. Wo 
es mcnoü falsa que la anterior^ porque tampoco 
se alcanza ninguna razón que dctermitiasc la mu- 
dansta de dirección, si no se buscaba en el cono- 
cimiento y en la libertad de toda la materia, y 
este conocimiento y esta liberíad de toda la male- 
Tía es un absurdo. 

De todo lo espucsto hasta aquí, se deduce 
que hay un ser que en nada puede act circuns- 
crito, y del cual emana y depende lodo, de ma- 
nera que, SI no existiera, ninguna cosa podria 
existir: no habría causa eficicnic, y uü habiendo 
causa eficiente, no habría ningún efecto: es nc- 
cesariOj pues, que haya una causa de rodo siü 
causa de si jniama. Eü^ta causa sin causa es Dios. 
Por la esencia de esta causea tan admirable, 
tan incomprensible, se conoce que ha de ser úni- 
ca. Esta causa es neccsariamenle superior á todo, 
no puede, pues, tener igual, porque si la fu vie- 
re, ya no sería superior á todo* Luego c! poli- 
teísmo en una quimera^ un imposible. 



r * r 



•■J' T^l»» '•• 



Digitized 



by Google 



CAPITULO IL 

X)e¡a religión^ . 

SopiMisto que ba j un DÍQs«. ,y supaesfa la 
idea d^la diviDÍjilad, es evídepi,^ que el hombre 
tiene ebligacioQ de darle xuho: el^^i^aUp para no* 
^iroft es lo mismo que la relígiocu 

Entendemos por culto. todas aquellas accio- 
nes que son una consecuencia necesaria de) co* 
fiocimiento que tenemos de las perfecciones de 
pios^ V de nu^estra naturaleza y dependencia. Sai- 
bemos que Dios tiene autoridad para mandar* 
nos; la consecuencia de estis^ conocimiento es la 
obediencia; sabemos que es sumampnie bueno, 
la consecut&ncia de este conocimiento es amarle; 
^abemos que es justo j poderoso, la consecuen-* 
icia es temerle# 

En el conjunto de todas estas acciones, y en 
el bibito de ejercerlas, consiste la religión. 

Aunque la necesidad moral de la religión es 
una cosa tan patente, no han faltado algunos 
ue la nieguen, si bien reconocen la existencia 
ie Dios;. alegando que Dios qo nccesitavjde l^s 
obsequios d<íl hombre, y que el exigirlos sería 
una m<e:(quindad interesada, muy impropia de su , 
grandeza infiinita. Otros confiesan qug el hombrp 
está obligado á dar á Dios culto en su corazón, 
pero que ninguna necesidad hay de que se le dé 
lauíbicn estertor mente, porque Dio;; penetra los 



3 



Digitized 



by Google 



cÓTMonetr 7 no neceska áe esai9 m^^ífiístacic^ii^ 
eMa*k>Fes para saber lo qve pasa eti el ioteríar 
del hoflibre* Otros, eii fin» confiesan qq^ Aeb¿r 
mos dar á Dios cuUo, tanlo interno como est^r- 
no, pero que tenemos ,basíante con la razón na* 
tttral, j qué no es necesaria la revelación pár4 
eumpiir cbo este deber. La refutación de todo# 
éstos errores será el objeto de los capítulos sít 
guientes. 

CAPITULO m. 

Necesidad nw-ol de la religión, ú obligación 4$ 
' dar á Dios cultoi. 

Siéndola obligación la imposibilidad en quc^ 
6stá ét bombre de bacér ú omitir alguna acciojl 
Mn faltar al orden y á la voluntad de Dios, v¿aír 
mos si es posible que el bombre deje de dar a 
Dios culto sin faltar al orden y á«)a toli^plad d^ 
Dios. . ' V 

£1 orde^^ en último re&uliádo, consiste par^r 
el caso presente, éa todo aquello que es esencial 
á Dios y esencial al hombre. Nadie negará qué 
es esencial á Dios el mandar y el der obedecido* 
Ginque Dios monda, y la :dcsobedicucia á sus 
mandatos no puede quedar sin castigo., Si nidfír 
da, manda siempre lo que es coqforme y consir* 
guien te á sus perfecciones; manda qye lie am^ 
mos y que esperemos en él, porque es conforrbe 
y eóiísigttieate á su bondad ; manda que le te* 



Digitized 



by Google 



16 
itemoSf porqQe es fasto j onmtfiotente; muida 
qoc nos reéignemos en su voluntad, porque co* 
ino es infinitamente sabio, no pnede engafiarae 
en todo io que dispone; ni puede sernos pcr}a« 
dfcial ninguna de sñs disposiciones, porque ea 
infihítamenle bueno. Manda también que uoa 
aWengamos de todo lo que se opone á sus per-* 
lecciones:, manda no tomar' su ^santo nombre en 
Taño, porque es contra su infinita magcstad, 
digna de todo respeto: manda no jurar en falso 
por la misma razón: en (ro« manda por este or- 
den otra» muchas cosas; y si el hombre no le obe^* 
4ece^ obra en oposición á la esencia de Dios* 

También se aparta de lo 'que exige su pro- 
pia esencia. £1 hombre por sú esencia es inferior 
i Dios 9 es dependiente^ de Dios, y ^^^ sumiso i 
Dios* Es una criatura^ ha recibido del Criador 
todo lo que es j todo lo que tiene: su propia exia* 
lencia la debe en cada momento á la acción con* 
sertadora de Dios; en el instante mismo en que 
el Seíior cesase de conservarle, dejaria de exislin 
la idea de un tal ser escluje esencialpiente la idea 
de la independencia; y asi obraría el hambre 
Contra lo que elige su propio ser^ si no hiciesa 
cnanto es pro{MO de un ser dependiente y some« 
tkio á Dios, y no lo baria ai no le ob^eciesa 
cual Dios le manda; y es imposible que deje da 
mandarle que le adore, le ame, le tecpa, etc., co-* 
mo lo hemos probado ya. 

Un buen amo trata á sus criados con la ma- 
yor humanidad; les pa;ga exactamente su salaria, 



Digitized 



by Google 



i7 
Ifei 4i.el i^tneuló míSiiámae^ |es concede en m 
trabajo todos los aU^k» qne aéo raciotialest no 
•IflaotfccDa kiahon» da deacanfo; haoe que les 
^aairtaa con osoiero en sus enrermedades, j él 
-mamo K» visita «olooces j \e» coofioela; les pro- 
-¡iteciona la ipstrilccioo en algnn arte ú ofido 
tú/Af pava qne puedan vivir por sí «uando qnie- 
^n éqaff d «rvicio. Sin embargo v e$ios miados 
.06 iiitve» fidmente á m amo^ no cuidan de ms 
iótefosesv! nd. procuran darle gusto en nada, sob 
ttratan de si^ oíMnodidad y de sus div^ppes» 
-1 íU.» buea padre se desvive por la felicidad de 
m» m)0s:.lof alimenta, los viste, los acaricia, ks 
fn^povdoiM- recreaciones honestas, les dá una 
'fdkicapon! esmerada, j trabaja sin cesar pava su 
Iwíen» cnlocaooo, j pra dqavlescop que subr 
^isti# cómodamente después dn su muerte. Sifa 
«nbargo, estos hijos dan qúl ftcotimicntos a m 
^padre, le desobedecen y le deqppecian. 

Se pregunta : jqaebnsntap estos cviadm f e^ 
tíls fa^os. a^una obligaciám? Sm, necesidad dírm- 
cnrrir áia filosofía^ no habrá .nadie que rtspotfe* 
db negativamente, Pues bien: Dios es el Aiejor 
aqio y el qwfor pidre de todos; todos los hom?' 
Jires somos sus sierFqs y sua bijós, y b^moa reii- 
liido, jr estamos ponlipuaménte recibiendo de au 
munificencia y de su bondad innumerables bd^ 
nefiaos* Conque ialtiuremos á nuestra obligación, 
ai le ofendemos, y le ofenderemos, si. le.desobe* 
decemos. Debemos, pues, bacar todo cuanto nos 
mande; y llamamos cuho á loé actos con aue 

.2 



Digitized 



by Google 



18 

cnmplimos iiiqiiei)oft')ill»^t^^qf«^lt€h^ 

jetoWiiiiediatoatiiiiát|ta^Éí»r.' ^i - »í><>f <^rAni$ 

£1 culto dWiaó 6^ fiíÍAifafimi^UñbiQinQnte cdt 

lazada jcoñ la felíeídáfá ncuyp^N^Vde los^lioaabiQi^ 

y por esta Tazón se conoce' (^ to^íiiitt^lmrfim- 

iDe con el orden que debe Veitirii^vnGla^MtiQdf' 

des humanas. No V'¿ir¿e^á'e^|t)^e^tt| eofffn^^ 

romper las reladones '(^e* te^ tivie«i (oonrtlttosnm 

lo ealraftámos nosoTtds,>poi^(}ti04tttitttb«R'iqiie 4m 

'placeres esptrit'uales íoéádl^^H^M^dúi nffi^^ff'ékí- 

frutan « pero que cdanío mas^afir> ||eza¿ mdsite 

'apetece»; al contrarío dé los:>|)b^fesii(iildi¿aen«* 

te terrenos, Idscúales se a^tei^ Mh:a4Ítit om* 

ites dé lograrse, y logrados^ ctff»anr5t>ifiB«t^^^ 

ilñefn pr<^io. Eka propiedad dg los^^Wá t a ai ij^ 

pvoceden de la 'religión o))ra e» rcdoé^^hM^hMil- 

lirés sin d«tíncioñ. ¿QiMéd'dáiMUo^áJNbadstetU' 

vañn/que 'no csperimécHe'^n comu^ta^'enlisw 

aflicciones-,' una resignación' frfllnq«iia>'cfi(syMli^ 

lHijqsvuna< espera n»r en >ddas sus» ji^|nidades» 

«n'<íl¡vi)[ken itf péíia qtie le cattsan>-kÍs;rCf¡i¿iidiL 

nnntos de^ su Mriciencia ?• El tamor • de* Dio0 baee 

qijiefosf hombres se^aoien unósá'btros;«f tepior da 

-ao jiistti^acóaficne aun al niQS|d6i(inii¡iladopara 

^w» no^ibaga ^müA j '¿ sii^' semejnrnies^'la ^consideni^- 

«ion' lie lar n^isericdrdiáde'Dicís; hateáioabi^mL 

fa^ doímpBMvois.iiY ki l¿s'4idfiibresi laníÜ eada 

.utiben nariiéularyf'comO' tdd^ imi; geniéraf , <ka<- 

naiif^iucW cow el cjércfeio'dé( la*- reli^idí] ,♦ ó'séa 

«on dar á D¡6sí et'CuUo q^c iefirorrSpendeiiik 

fofeidacl geberal'^ c) inedia ^pordoÍÉde coiioccu» 



Digitized 



by Google 



tfibsV cuándo las acciones se rbñformna cdn 'él 
orden necesario en la sociedíiíl humana; ItiegÓ és 
tonfortrie á este onlen él Jar culto á Dios. : 
**^* Todos los pueblos y naciones del mondo, stis 
legisladores y filósofos, han convenido en la ohli^ 
garlón de dar cuho a la divinidad, y en la né- 
cefeídad de la religión para el buen orden de las 
Sociedades humanas. Los indianos, los chinos, los 
egipcios, los griegos y los romanos, los peruanos 
y mejicanos; Pílágoras y Platón, Solón y Litur- 
jgd com'inieron en esta obligación y necesidad, 
Aliransc los archivos de todos los pueblos, con- 
Mil tense los anilles de las naciones, léanse las re- 
laciones de los viajeros, contémplense los rtalos 
ña ios monu meólos anliguos; todo nos eslá di- 
ciendo que no hny, ni ha bnhido puchto alguno, 
|)qr bárbaro y salvaje que se le suponga, que nú 
baya dado, culto a sus Dioses. Si alguna vez los 
viajeros han creído no ver señal alguna de reli- 
gión entre algunas bordas de salvajes que han 
visitado; ú no se Informaron con bastí» nfe defe^ 
nimícnto, ó no comprendieron bien la signiüca- 
cion de sus gestos y ademanes, pue>to que no 
entendían su lenguaje; y asi ha sucedido que 
mejor informados e ¡nslruidos después en otros 
viajes, ban rectificado su primer juicio. ¿Y será 
este consenlimienlo universal un error, una preo- 
ru pación de lodo el genero humano? Creemos ptí- 
sible, y aun tenemos* por una cosa casi necesaria, 
niendrendo á la limitación de la inteligencia del 
hombre, que totla la especie bumaná padé7xa un 



Digitized 



by Google 



:en;or acerca de algon objeto f&ico^rqi^e dq.i^ 
pecessirio para m conservación:. asi se pii^e:dier 
cir qucí todos 4 casi todos Jos bocobi;e&,qf^j^rc^ 
; preocupjidamen^e por much^ siglos,^ iff^ sp mo- 
.Tia el sol, porque esta preocQp9CÍC9Q;eA aada peff 
judicaba á su conservación y bp^ien gobierno*' ^f^ 
ro en un punto en. que tanto .se interés c;l.)pí^ 
régimen j aun. la conservación d^' la scxii^d^^ 
^humana, sin Ja cual es imposible qii^ subsisticf 
ra el hombre, ¿cótúo pcylemos concebir ^u^ yeíy- 
ren lodos los hombres? ^o es oías funda^b» nsiai( 
racional, pensar que os una verdad aquelloj^ii^ 
..condben todos los hombres como muy conjbr^ 
4 su, nal,uralezd,y como necesario para su conserf 
.yacion, y que no solo lo conciben asi, sino qiff 
raímente io es? Padece el hombi:e,^ cierto^nii?Lr 
,chos errores, é ignora muchas verdades^ aun fta 
Jo que concierne á su conservación, ó al ordeii 
Ji)idispcnsable para que viva bien. en compañía de 
sus semejantes; pero estas preocupaciones^ esfco^ 
.errores, esta ignorancia, nunca recaen sobre qth^ 
.jetos esencialmente necesarios para la conserv<ar 
cíon de la spcieda^d, y por cónsigviiente de toda 
Ja. especia. Asi yeqios que el entendimiento hur 
mano ha errada en cuanto á muchas verdades re- 
ligiosas y moral^ q^e se df^dueen de los prime.- 
ras, porque. sin ellas puede, ^^b^istir, aunqiai^ 
no comq^ debiera, la sociedad de l,oshQipbres« Pe« 
ro es imposible que rtodos )qs j^ombrcs yerren 
cuando se trata de una verdad religiosa ó mor 
ral, necesaria p^rai su co^s^ry^cÍQá; ^i pudiei;? 



Digitized 



by Google 



ciftíál^, nevSna en su ttiíi^nia naturálézá'ta fe^|)ccre' 
humana un principio de su total destrucción. Sin 
religión, no puede haber sociedad , sin sociedad 
no pudiera existir el género humana En vano 
se finge una sociedad de ateos, ó de deistas sin 
religión: semejante sociedad no podrfa ser per- 
manente: lo persuaden muchas razones que es- 
planámos en la filosofía moral. Por lo mcños^ na*^ 
dlé podrá negar que la religión es en sumo gra- 
dó conveniente y útil en todas las sociedades:' 
ibas es una obligación para el hombre todo aqué-; ' 
Hoque es conveniente j útil en sumo grado' 
jkirá la sociedad; conque la religión, el cuK-' 
lo de Dios; es una obligación para todos los', 
hombres. * 

Debemos ahora esplicar la espresion de qué' 
•*Dios no tiene necesidad de los obsequios del 
>hombre'' que alegan algunos deistas para negar- 
la obligación de dar culto á Dios, ni interior, 
ni esteriormente. Para ser Dios perfecto; y comr- 

Siletamente feliz, no son necesarios los obsequios 
e los homCres; pero si Dios no ha de dejat de' 
ser Dios, es necesario que el hombre préstfe á* 
Dios todo respeto y homenaje, Ó que sea cas- 
tigado en el caso contrario. En et orden ínoral. 
¿¿necesario que el colono pobre pagüfe su pecjúie-'^ 
iíó canon al rico propietario, aunque este* tib lo' 
i^'écesite para ser rico y opuleritb:' tí 'eft ólrófe tléf- 

gitios, és imposible que, sin 'faltar al 'ofdcnf 'y''á* 
yolutirad de Dios, deje el colono' de' pag^árístf 
¿ánbii al propietario, aunque'eíteno b'neoesite^ 



Digitized 



by Google 



p?iT^^^, poderoso. ^U impopibPad,j6f jfc> ^ip, 



^CAPITULO IV. 

Obligación de dar d Dios ct^ltQ jtsierpo. 






..£1 cukp. estemo se coiopone de fpdos aque* 
líos actos estertor es propios d^l cuerpo» con los 
cujajos. damos á Dio^ el honor y la Reverencia 
qi],Q. \p debemos. tSio son una mera manifestación, 
49l,(;ulto interno; son también un verdadero 
cuUoy puesto que ellos mismos son una supaUion, 
y.^omenaje que tributamos á Dios. Pero espr^* 
ciso que sean mandados, presididos y dirigidos^ 
ppr Ja.' devoción y atención interior, para que 
puedan llamarse culto: en otro caso no serán 
ma^ q^ue una apariencia del culto. 

'!t¿^, obligación del culto estcrno se prueba 
gor las rabones siguientes. 

A.*/'Ef\ motivo por que estamos obligados 
á|dar:qult0á Dios, es el supremo dDminio que 
el Señor tiene sobrp, nosotros, fos muchos y se- 
ñalados benpficíos que nos dispensa, nuestra in7 
lenoridad, y Is^ i^ecesidad de nuestra sumisión, 
Pij.c§ J)ie¡ii : í)ips es uueíio absolvió, no solo dq 
i^i^c^tráalmap si;ip tarpbien. de nuestro ,cuerp9j^ 
le ;}|ebjemp^,,cjiaj)^j^mos y cuanto tepemQs,^no 
S0I9 i:espe;QtQ,difljaltna, sino ts^mbicn respec|Ojf|pI 
q^erpp; spnoos^^su^ sú|>ditos lambicn en^u^^toa|| 
qjjerjggj, c9pq^c.^c^ta,ipos obrigad9S:,á darle f 



Digitized 



by Google 



23 
no solo con el ^Ima, sino laroblen con el cuerpo, 
de modo que no solo el alma del hombre, MOO 
tfjilo el bombrc dé cullo á Dios. 

$: Tal es U naluralcza del hombre, que si 
no esclla con objetos sensibles y esteñorcs las po- 
tencuis y facultades de su alma, se puede asegu- 
rar que las ciercAiará muy poco, especialracnte 
aquellas cuyo ejercicio le precisa á separarse y 
privarse de los objetos placculeros y atractivos 
que cautivau su coraM>n. De esta disposición nace 
la aversión á los actos iolcrnos de religión, y 
esta aversión, se convierte cu habitual, y se forti- 
fica y aumenta cada día mas y mas, como lodo 
liábito. El hombre tiene una obligación muy es- 
trecha de procurar que bo se amortigüe ó acasd 
se estinga del lodo en su olma el cullo interno: 
luego está obligado á ejercitarse también en el 

culto eslerno. . , , . 

. El culto csierno puede ser particular ó pri- 
vado, domésllco y público. Todos tres sun obli- 
gatorios, cada uno en su caso, y según las cir- 
cuastancips. Be totlos tres hemos hablado en la 
Filosofía moral. Aquí volveremos á hablar új^i- 
cíimen te del culto público, 
oi, To¿as Us Ta7<ones que prueban la obligación. 
^mUo cslerlor, son aplicables al cullo públí-' 
09»fíxS'0:hay taaiblcu otras muy poderosas que 
qja*ifiest(in &U(,coiivcí tienda, ueccbi«la<l y obliga- 
«i(Jn...Íai. hombre cSlá obligado á dar gloria a 
DÍa*ti»nlo tiidi»s las criaturas. ¿Y c¿mo no había 
d«íC|iarW?WQ ílil»*'"**^^'**»'^ publicando la 



Digitized 



by Google 



u 

grandeza» d poder y httUdoríá dÜ Criidér«]S* 
cielo ^ esa bóveda de coldr azul tan hermoaa U^' 
chonada de estrellas; los astros^ sü pród{gioso< 
núnaero^ magnitud y brillantes , sü moTimiento 
perfetitaaienté arreglado, su marcba majestuosat' 
atiaaqui en e^te pequefio globo que oosotroa' 
biibitail]os(pequeii[0| pequeSísimoceniparadacoii' 
otros, j un punto tmuá impercepiíblié eu tuedio' 
del Universo), la estension j movimiento de Iftsí 
aguas del mar, los innumerables vivientes* qué lo ^ 
habitan^ tan diferentes eki: UimaSo y eftlructuraj 
desd^ una ostra Kaista la ballena: la tierra con' 
todas las galas de la primavera, la< pompa dé Idfc 
árboles, el verdor de tos prados» ki hefmt^sura^ 
de las flores; la multitud y Variedad d^ ios ani* 
males tan desemejantes en tamafíó cotiio el arador 
]^ el elefante^ en movilidad como el águila y b 
tortuga, en aspecto como el sapo y el jilguero:^ 
todo, todo está anunciando las glorias delsüpre- 
rxkO tlacedor; y hasta las av^illsfó^ al saludar con' 
sus gorjeos y cánticos á la aurora, publican, sit^- 
saberlo Jas maravillas qué ha obrado el Séflor,' 
d2Í]j^Ies>0£ y habilidad párá tan duke melodiai* 
£1 hombre mbmo, su organi^ci<MV, las £aicttlttt^ 
des de sU alrtia qUé le elevan * mas allá^ dé itodo 
)o «criado, y le aliréu la entrada en el ei^pfré^ 
el hombre mismo está pitbücando^ lá ciébéiií i^ifi^-* 
nita » el pdder infinito de l>iosi dutt sin' i|Üei^ri 
¿Y solo la voluntad del hombre eii la t^utt'ndlMi» 
de glorificar al ser grandes á 'quién^ glorificttí, 
tiidas las demás cosas^£l fcdm'brei^'ptir oira>^t»^ 



Digitized 



by Google 



te, eM oUig^do á amar á Dios; el qneama dis- 
tingue, alaba, y hbrira n&tiíralínfente al objeto de 
su amor á la faz de todo el mundo, tiene en ello 
un placer. "Si amanoídá á Dios, debemos Jpromover 
su culto por parte de nuestros semejantes, dán- 
doles^ éjéitípló, Y ésti^üián^Iolés i gl6Mfid|Hecon 
nuestra coíidtietSr,^ráÍó cvtsX nd Iniáarel ctíltijf 
I^rtttAkír ht el doinésliébV <)ue no j^reSttitfoti k>sr. 
demás. .- ^a 

< Él cotillo' jiüWiebfoí-talecer cíi ]¿r«i tóaftera 
el'tuho mleriio que tan (aligados estáitíosStótl-' 
sttifÉT siempre vigente en tiuestra altea. El liú^' 
menla^ ijue preslátl á Dios, réuniílcfe er ^it!»' y 
el pobre , el ^tibdltó J'é monartíá , ttcMét¿í¿ 4' 
todos l6 ipOLt S051, lo qúé^ Dios y la ctiLentá que 
tiéoen 'q fíe darte ^odos algún día i hücé ' conoéer 
aH p(^e y;al stfbdite su digtiidad, y al ricó y^^al* 
mMWtá "su^ pequenez ante el SeKor dé lodos. 

^'N0Sdti[*6s estamos obligados á amar átltn^sí-^; 
tros 'hermanfos ; debemos , ^ües , procüi*á^ ^pot ' sá^ 
fi^ieidad temporal y étema, ^ra cuyo logrdés 
wi m<edi6i muy adecuado el culto divino; qué' 
febíffflá las'pásioms y^üavizá liaspena^, títeüiíié-^i 
tdÁtelá^tátl^ttétesárí^ para la fclMíidad dé felita^tl-* 
A^}|it«sefi^va al hombre 'deí vició, requisito hiéte^' 
sario para la felicidad deld^ tídá TúturaV'Si ^ti^^ 
dülÍH»dáV'^^tt«s/'U«%bei^ro^ herma^ ^ífúa^do 

m'^Aé^íoú'h '¿iiííg«tóti dé' ptottii*-^^^' 



Digitized 



by Google 



T . , , r. . ^Jf4aje^idmom^m posibilidad, i : , - : „ 
H > ,LiiiF$(Yp)af^a es,,f¡^tnftm£e3l?cio.n hecha pf^i?, 



razón *' 



i.r 



.. . jii^^Ví iffif^iJ^^^i^^AAf {H^ede :lif8|ier« pac elijeto 
VQr4a4e$,qu^.esc^n:h qoyippitwsíaa 4^1 mim^j 
dí^efofo ]|>uoi3^c\qV ]í y^i^^ad^q^ü^ p^ede ¡Doiíipf^, 
e) bA^bfei^ir i3oe^¡o.i(Íe;I^.rd9K>n» yá,wa'^íU'^í 
4M^'y^*5;P9 clí.ficul|?¿l ^nayoríí rí^nOr.' > I .} !•, 

. . , . Rsirec» jaipp$^b\<; que foy^* haMp .^ípn ij<ifqri 

0lpf^ dQ;fU,iiaturaIi!2a,. ífciyft ii/¿ga4^,l|} pos)I^Jii^4 
de la TpMcí;^ejoft- Sin jQnil>?ffgoi,v)f^;niagap «^miQ^ 
dc¡^^^ : ,utio& a;b$oli^uimi?nt,e ;.alr<i>$ no pj^^'^que 
Qips,,p|ie4^.pP^nar.pqr ^'..Qii^plp á.)^;b^l«Oít 
algiffla¿,yer4adc^ jáe «llp^jde^cpcf^^^^jp^, 4M4|}nfl 
tp,4> la, rejigipii y,á.lp níp.w!;'sí •^jQcqi^fl.'fift b» 
pueda. n^aníe;star po\r x^ cpnducm y mi^i#Qf1ia4^ 
olfps, hqmVeSt NosQtcos ipire^f^BíPíi g?^^Stí»Wftrf 

taqto íc'UjíiofticqiwíA 9.|rqf, \,^:,^\ ;í ,.{ iíif;(| ol-ic^ 
nífiguda cosa ii^HUl PBMI*- (j5ífil> «mMli^fííSii|K!» 



Digitized 



by Google 



27 
cierto, manifestar á un ciego las bellezas, de uji. 
cuadro; o por ikcír mejor, para cl ciego no Ivi- 
bria iií podría babcr semejanie; manifeslacionl, 
Por oii?a parte, si DÍQS revcLiíie á los bombres 
tales verdades, seria para que las creyesen; mas, 
las verdades que el bonibrc no comprende, no 
son nada en el entendimiento del hombre, y 
por consecuencia ^ , no pueden ser objeto de su 
creencia. 

Empero, para creer una verdad, no es ne- 
cesario comprenderla : lo que se iiccesila para 
creerla, es saber que es verdad. Si cooi prendié- 
ramos todas las verdades en sí misrans, compren- 
deríamos las esencias de las cosas que clertamen- 
le no comprendemos. E.stamos segfuros de que el 
fuego ea una verdad, y yo por mí no compren- 
do lo que es fuego; el ciego y el sordo de naci- 
miento, saben coa certeza, por cl teslí momo uná- 
nime de los demás bombres, que bay colores y 
sonidos, aunque no comprenden ni tienen la me- 
nor idea, el primero de los colores y el seguud'oi 
de lo^ sonídosí- Los mismos dcisl as creen y con- 
* fiesan que Dios es una verdad, y sin embargo, 
Bp comprenden lo que es Dios, 
jj ^ A' esto responden qnc la r;i2on natural nos 
dpmuf^stra la verdad de la exiülcncla de Dios, pe- 
ro ,quc, op nos demuesira la verdad del mlslerlo,. 
supongamos, de la Trinidad, Pero nos demueswi 
tr^ la y^plad de la existencia del misterio, por 
■ 1a¿f pruebas irresistibles qué hay de (|uc Dios Iq: 
- ^/?í5*^l3l^*>.iy ^* ^-^f^9? porquí; ia/aiegn no|i.íl«n< 



Digitized 



by Google 



eV^W Verdad ^ átHHjtte no tompréndaiiK» á DióiQ 
dl5l ftHsfZfo mddó; debeiüios creer que^t mUterio 
tí^' ttná tbrdiidy aunque uo lo coniprendaBio^ 



CAPITULÓ Vi. 

';r*. 



' ftecesídáddeía relación. 

' - Pái^X)ue él hombre pueda cumplir debida- 
mente ton Ife obligaciones que tiene para ton 
Dios^ necesita tres cosas principales: 1»' Te- 
nef de Dios una idea que, á lo menos, no dds-^ 
dt^a de isu infinita perfección. S.^ Saber qué cía-» 
flic de culto ba de tributarle, que corresponda con 
su fn&nita grandeza y santidad; y 3.* conocer las 
verdades morales necesarias para bacer la triun- 
fad ? de bfos* Respecto de sí mismo y de sus seme*^ 
)i(ntes. • •• -■•» '-•.• - • ■ 

' Desgraciadamente la historia de todos los^pue^' 
Mb0 y de todos los siglos nos demuestra cudin las^ 
limosamente ha errado el generó humado én^ es^' 
tos puntos capitales^ calando ha teni^ f^t 'tiit)3^ 
ca guia la razón naturaK^ < > i 

< iStí cuanto al conocimiento de la divinidad, la 
razón y el universo entero estáti publicátídb slí^ 
existencia; y asi ño hay, ni ha habido' janíáS'ptié-' 
Mo alguno, por rudo y salvaje que se* Ifeí^uíeii^ 
sYiponer, que igfíóre ó haya ignorado^^Ufe éiiste 
un Dios; pero casi todo el linaje ham^nMil^^É^tf- 
do se< ha guiado ^lam^íUe por ki lua^ifcf' 6ti^ ta^.' 



Digitized 



by Google 



mn^ st lia esiravio^o roíseraUemetite m formar 
]a idea de la clivinidad, de su naturaleata y airi!- 
butos. Mas sabias los polueistas qup. los aicqs, aun 
los que se precian de filósofos, veían la exi&ícn'" 
ría de D¡os adonde quiera que no podían alcan*- 
ijarla inteligencia y fuerzas del hombre. Su ra?- 
ciocioío era lan sólido como sencillo. ^^Yo veo 
aqui, decían, un hccbo; es imposible un hecho 
sin un hacienie, no es el bombre quien ba he*- 
cboesio, luego hay otro que lo ha hecho. Para 
hacer eilo» se necesita un poder y una inlicligcn^ 
Cía superior al poder c inteligencia del boinbrc; 
luego el ser que ba Jiecho eslo, es pías qu^ el 
hombre," Hasta aqui el raciocinio era e;3taflo:el 
hombre seguía el camino recto por donde le gu¡^^ 
ba su razón; pero dejándose llevar de las apa-r 
rienqíaSi en lugar de seguir sacando consecuen^ 
fias que le condujesen al conocimiento de un 
Dios verdadero y único i lipba su atención ci> 
cada hecho aislado que observaba en la natura- 
3e7a, y en cada uno áe ellos veía una diviíildad 
diferente; lo mas que hacia era suponer una sor 
la para todos los hechos de una misma especie, 
De aqui nació aquel número casi mn número dq 
divinidades, nobles unas, sise quicret auncjua 
falsas, pero ridiculas otras, viles y aun torpes. 
Casi todos reconocían, es verdad, un dios inai 
alto que toda esta caterva de dioses^ pero ofus* 
rada ya su razón, aun á este primer dios le da:^ 
han propiedades indignas de la divinidad y le ne- 
gaban las esenciales. ISo era este uijiiíjüs cuyjfi 



Digitized 



by Google 



^^ 



'k¿i hBití^téé'.il^ eran Ítíiiá\bséí'-ítifet^eífiU^ 
•iAmsi¥oi\úV6¡ii i;(Aiemk^aé^\ós'fÍT si 'iáa» y 
tótí'iliklbpkldciMiá ; íiáhiíliMSs^'iKÍf 'otv^ ^c*^ 
ViíiéiT'Y (Jfe'tVñ¿CTiés. T^r*ila fe» eifriWÍd'afe lli W- 
'mi húaattí}'étií\N:gádii>i'¿i'yifo^. ' •' oínix.b 
"''"Nd'¥alfc»W)n ,á%ftíiós4ártriésoéWa¿ifr qtíi^Mé 
lifiUi^il'^é'kan Vérgi)nk6s»« ^ft-orést >^l> '9hmií^ 

Itó pbV;fo«Ühá/en >*ñ.T^ttéfid''ntttoéy<í'déYdl- 
'diflliá^;' ' (lÁe^- Ms' véMadés qiié ' tíüeifróir' W^ct-iü; 

«qfdil"S'¿tíif híjbi y éslds-*S"'sttá'^éscetíd4!«téÍ. 
Atiíi.éiW^^irti'éri tatt fcbWa 'úúk&if;^.ffá&^úúi 
^\íim áiiégU cí muriaój ¿ó\á iiái\d'%-mrorík 

¥tí (H'ti\\nÁm'h ÜíúMkáon ¿éiierkl con '¿(Üé (^U 
tígtf'DibkibsVícieRi *é lós'hófnbrfcá: ''^^^" " ^"•'' 
-"".S<! Vé', fiiicfeV qué '¿liírt^db ie! lMtt4ibi<c'ái"8< 
fcl^itió, tkd "Miy q\íe ésptrjit qüB l!¿gtte'S'c6n6cdr 
á.'DIóscnáííortes^ondc. •'''•; "• '"| ''"•'-' =' 
• '"De! dstá 'désgrádia hace dtft tiálntáliñérflíeJ Vk 
eilUty; tó'fl¿cir,"éV tioriori' ía'fcteriíttóla,' el hfcí- 
MUnii^ y 'Ibs ' ióbscqtiios' qné se deben '^'ía' iliWi 
fiíáéd, ha'tí de strcoíresiíofiídjcnitís á''lá Idetfqofe 
ftos fbmaekBbs de su naturaleza: los'fa'Ótbbfrés sé 
firgüi^bbh ¡Ulitis dibscs ¿nrt nccdsídhdc^'jr ^ktofn'éis 
asi sarrifieabdn' víctimas htimánas 'j^al-a' if placa fh:^ 
cuando ci*ciañ teheHos' irrilad'o^; les' oíréciafn' kia'h^ 
áai', creyendb qütí la¿'cóni¡aii'i"^í^iíc'lcs'iupói. 



Digitized 



by Google 



ViIot con neccsíclaáí deí^á^HtnCbtQi*ílíacHficaban 
el pudor y ' Li purciii á*^tia uiomuda divinidad 
pflira tencrl* príjpícía; afcómpamban clcuho con 
mil ridícufós y esita^agariles ceroíiionias, supets^ 
tic iones y torpeáis: era una láslitna tanta dcgra^ 
daoon de ta nalutalcf^i- racional '¿vA Hombre* í*í 

ou Del iniüino iDO<^^b tollo el ííiiagc hoxnaiio fS^ 
yó'eíí los errores tnm groseros acerca de b flo- 
ral El hombre conoce naJUralmetite que haíy un 
Dios, perú ubBsa como debe de i&u Vhixm^^y así 
TTio saca de csre condcimiento las coníccueñdas 
f]Ue^ deKcraí^ iambieíicono^CO' natura Imento 10^ 
dos: los tiombres ias primeras verdades de la mo- 
ral, pero domin^d^s por las pasiones, cstraviados 
por el inicrcí,: f atucinailQfi con las apariencias, 
-:sacan de ellas consecuencias monsrnMisas", porque 
auTiáudose las apariencias, el inleTcs y ks^ psio- 
nm] les impiden fulsarrectatnenlc de la razón* La 
historia de lodoí loss jiueWos escuna prueba con*^ 
TÍnccnlc de esta verdad* El perdón de las ¡nju- 
Jifis se miraba romo lina degradación; la bumü- 

* fiad como unalani ¡dad; k desírcza en el robaf 
como una babibdüd convcníenie y laudable. Se 
iciila por lícito el incesto mas repúgname á la 
nalQTaletá: se daba la macrte á los ancianos, re- 
putándolos como una carga pare la sociedad, y 
aun se obligaba á los hijos á dar la muerte á sus 
padre$ cuando ya iTO podían Irabajarí se per mi-* 
lk á las madres abandonar á sus hijos, cuindo 
rm podían -ó no querían criarlos, y aun privar-^ 
les de la vida cuando nacían cou algún 4^i^cto 



Digitized 



by Google 



4:ee»iirÍA6 .pBÍa<>camfJii'.;fy>a, ;M|9ípblig^ion黫 que 
J^ailo«,&)áaofa9 fitg9ifia»;^í Jq jpOfKideroii.y «pw- 
bl¡(Hirba> ^f Sí^ 'Dím^.t^O^úi <StSap«ieft, .«o «e .dimita 
4)avjamos<4^MfA/^^<t^ imtrujf» #p w Miibte, no 
-eifieféisiboiasegní t ; j^inéf'^iHi jefefiorouiqí lia^rd^^ 
laaibiisftde lo9 bdoibreA.^^^ iKu ; ::u ^i H : í 
.. /lyorihetbo^r^vi^/ nofcdeffiíAeitKai»» i^qcivef»- 
4iiej^dafil:bpQíArefúi|i<ii'riHnit? Í!«v dmzqtiii4)ii«r 

de.su; nátuvjdeiu 7 iilríbiifQs^fi|il9^i|^i!>i(iQii¡coúr 
«eooanMi dt^fcoMm tampoco; Ubg^ ' é: :Ci>nof!ef ^uií 
,claao de;i;iiIto debe mbuiiárk^ y por.vJilkiíQ, qiue 
•e ttirQ5?ia UstiinosiimiiMc^ f»» 4<(!pM^ .de 

la^||^rd«des''niarfild& ,: . ': (í'ií.ómk -í.; ' ■ ^...i'i; 

4QÍ«aaieQl0 al volgo^ XiOft «^lotfófoi^ ^ ío^ ^i^ÍKesIvc^ 
de). ^¿i«cn> holnanQ» vnO« e^tttvíerpii 'útml»*M 
crrop ttaWersaL'No llegaiba á. tan|<> sii tojrpesai^ 
wtoo la del poteblo igtioif^ale. y gro^con^eii iti» * 
learritas se advierte kt difercácíb qnucibajF sienofire 
enii>e un talento privilegiado I y ^ubivadoi y uo 
eotendioiieqio coman 4 rudd^ y tii-ilodi» i^a^o^ inr 
coito: pero también se vé eo .loa nmnioa ^9lPrtii^ 
el estravio de la raaon biloNinaL amn oie)ar dipr 
poesta y cultivada t oon vespecio á los (res piHMof 
priuiipalesr sin icuyo; suftoieAte i3oiiociinieiitp,,«i 
el bómbre pu^ cumplir con ios deberes q4i« 
tiene para cim Dbs, parii consigo úiismo y .para 



Digitized 



by Google 



33 
Éon £116 semejantes, á *aber;^ei Voilocítníenlo 
d© la íliviaidad, el coiicK^iiiiienlo del cuUa que 
debctnos dar á Dios, y el conbciinicnro de hs 
verdades morales; í-ii tampoco a&plraT á su ver- 
dadera íelicidad. Efeclivamenie, los escritos de 
los filósofos ]>aganos, al lado de algunas má- 
ximas morales muy sanas y T^erdaderas, contie- 
nen mil errores evÍderjlés;^eio evidentes para 
nosotros cjue no.s hallamos ¡luminados por la re- 
belación. Los admiradores aciuales de la doctrU 
na de Stíocca y de Cicerón ^ de Xenofonle y de 
O»nfuc¡o, ¿ tendrían por un elogio la compara* 
cion de sus máximas morales ron todas las de 
aquellos filósolos? ¿Adquirirían con esta compa^ 
ración el renombre de moralistas consumado», de 
tálenlos eniiiientes, escluslvamente propíos para 
la invesligacion de las verdade;* de la moral? Lo 
iBÍsmo decimos con respeto á las ideas acerca de 
, la divinidad, y de las relaciones que median eu* 
tre la divinidad y el hombre. ^*üa autor que en 
el dia de hoy escribiese sobre materias de teolo- 
gía, aunque con un talento muy mediano, se cree- 
ria gravisimamenle injuriado» lejos de recibirlo 
como un elogio, si se le dijese: yo admiro ?ues- 
Iro libro; vuestras ideas sobre Dios y sobre la re- 
ligión se hallan pcrfcciamenie al nivel de la mi- 
tología de los griegos, de la religión del Indos'- 
tan, y del sistema del Confucio/^ 

De todo lo dicho deducimos nosotros la ne- 
cesidad de la revclacíou, de una luz sobrenatn- 
Tal venida de !o alto. Y si k revelaciob era neM^ 



Digitized 



by Google 



34 

sacrosanlo DM^bre, había de ser uníiviev^IoieQle 
proOainado en loda Ja fier?a ; «i babia,d6 v^rse dea*- 
naturalii^da y^jd^gr^dada la criaiora'iiiaá noble 
cpnqKQ poblóla tierra,,^ hübi^ de Ver^.elSéSor 
i^p la necesidad de ^qtfstligar á todo el linagt baf 
mano; muy profHoera desu santidad y miserir 
cordiaaWgar á e$ia:raaa in{!^¡z nna:ipanQbienr 
h^hora para sacarla del. abismo en qi^se baBa*' 
b^ sepnlbida, y imanifeslarla por oíros medios (fue 

Kr, la )iu de la ráaon^ las verdades que neoesila* 
. conocer* , 
!Elsla sola raion era bastante para probamos 
la existencia de la reyelacion, porque Dios siem* 
pre obra. conforme i sus alribtttos. Fero la rea- 
lidad de la revelación es un punto de |anta \m* 
Ertan^ia, que no podemos di&fiensarnos de pror 
ría también con el becbo^ como lo haremos ea 
los capítulos siguientes, ,^ 

CAPITÜU>m 

Existencia' de la/rtf^tlacian. 

La revelación está consignada en el Antiguo 
y Nuevo Testamento. Probaremos primera la au-^ 
teaiícidad de uno y otro, y después, queesrvért 
dad. lo que .en. ambos se refiere. 

El Antiguo Testamento se compone de varios 
escritos^ entre.los coales se halla el Pentateuco ó 
loj^icinco libros que. escribió Moisá, y son el Gre^ 
B^, ^1 Éxodo, el Levítico, los Numetróa, .ylel 



Digitized 



by Google 



35 
Dcuterononiio. ¡También se hallan en el Antiguo 
Teslamento las Profecías. En el Pentateuco se re- 
fieran muchos milagros hechos en confirmación 
de lo' que decía MoUés, y los milagros son una. 
prueha incontrastable de Ja verdad que confir^^ 
mfiii: también )o son en sx mismas las profecías, 
si se sigue su cumptimiciito. Por esla razón es- 
cogci'enjos estas dos clases de escritos para pro- 
bar su autenticidad, y la verdad de lo que con- 
tienen, porque bastan para probar por el Anti- 
guo Testamento la existencia de la revelación. 

Entendemos aqyi por libro auténtico el que 
lia sido escrito por el autor que lleva á su frente, 
ó ^1 que comunmente se atribuye; y en el tiem- 
po en que se dice 6 se supone en él haber m^o 
escrito; y cuando no consta de cierto quien es 
su autor, consta por lo menos que se escribió en 
la época en que se dicfe escrito, y por el coatesto 
y mas circunstancias se conoce que es obra de un 
autor digno de crédito, y consta que se le dieron 
sus contemporáneos y los que á estos sucedieron* 

AnUniicidad detPmiaiéacQ. Los cinco libros ' 
deque se componed Pentateuco, fueron cscrltoí» 
porMolsiís, Asi lo confirman la tradición constante 
de la existííncia de este caudillo, y todos los escrito- 
res que la suponen, pues todos hablan de él como 
del legislador, de los judíos, y autor de los libros en 
qyese contienen las leyes de este pueblo: estos li- 
bros componen el Pentateuco, y por eso los judíos 
le llaman la Ley. Asi lo confesaron los filósofos 
CeUqj Porfirio j, y Juliano Apostata; siendo asi 



Digitized 



by Google 



36 
que mucho les iotérenlia negarlo para rehaftr b 
religión, tanto de los judíos como de los cristia- 
nos, de los cuáles eran enemigos decíarardos. Taití-* 
bien lo confesaron otros mucbos paganos ante- 
riores y po&teriores, y los mahometanos. 

Ademas, si Moisés fve efl legislador dcH 
pueblo Hebreo, según acabamos de probar, como 
estas leyes son tantas, tantos los ritos y ceremo- 
nias, tuvo necesidad de ponerlas por escrito; de 
Otra manera, aunque por una enseñanza oral 
pudiese el pueblo conservarlas en la memoria 
mientras viviese Moisés, no era creible que des- 
pués de su muerte, aquel pueblo siempre deso- 
bediente y díscolo, diese el mismo crédito i sus 
sucesores, ó se conformase con la recopilación 
que- de ellas hiciesen otros por escrito, especial- 
mente con las que le sujetaban é incomodaban^ 
y con las que llevaban consigo la pena de muer^ 
te que eran muchas, THi en el cisma de Samaria 
hubieran adoptado, como adoptaron, las diéé 
tribus las leyes de Judá contenidas en el Penta- 
teuco, sino lé hubieran teñidlo por auténtico, pues- 
to que no quisieron reconocer otros escritos' sino 
los de Moisés. Finalmente, si Moisés no es ei. 
verdadero autor del Pentateuco, ¿cómo se espH^- 
ca que todo* e) pueblo estu^ic^se desde el 4ftsmpo 
mismo de Moisés en lia creencia contraria, siii 
que á ninguno se le ocurriese siqtiierír dudar eti 
tlingun tiempo?* - v^' 

Varios hechos que refiere Moisés son tan 9^ 
oigrativos del pueblo hebreo, que^i^gün su liia^ 



Digitized 



by Google 



37 
Imia, este pueblo. & ipátn Dios distinguió tan 
teffaladamenie^ dirigiéodole é iosltuyéndole por 
si misma^ y bfcj^üdo en su iavor un gran nú«- 
merp de milágilos sisombrosos; era un pueblo de 
ingratos^ de díacolos, desobedientes, rebeldes» 
disolutos é iddlaVr^s. La nación judaica ba teni- 
do «iempre f^alainajror veneración á estecaudi*^ 
lio, dh misma dá con esto á sus palabras una 
autoridad j .un. peso irresistible. Sin embargo^ 
las tiene for su jas, y quiere m^s bien cargarse 
Gpn d baldón 7 el oprobio, que negar la auten*- 
ticidad de los escritos dé su bistoriador. G>n ne- 
jgpLí: que semejanjte historia bubiese salido de las 
manos de Moisés,, podria yindicar su bonor tan 
ultrajado y vilipendiado en ella. ¿Y dejaria de 
hacerlo, dejaria de haberlo hecho, si alguna vez 
hubiera recetado siquiera que aquella relación 
tan injuriosfsi no era obra de Moisés? Tio obstante», 
jamás ha reclamado, jamás ha protestado contra, 
ella: no hay la menor noticia ni el menor ves- 
t^io de que los que alcanzaron á Moisés, sus 
inmediatos sucesores, y las demás generaciones 
posteriores,, inclusa la que vive en nuestros días, 
haya tenido la menor desconfianza acerca de la 
autenticidad del Pentateuco; luego es auténtico. 
No está menos probada la ^autenticidad de 
las profecías. Sucun;ipl¡miento, tan patente cómo 
viéremos luego, es un embarazo insuperable para 
los judíos, obstinados en no reconocer á Jesüs 
por el Mesías pr<»netido. No es posible que res- 
pondan á las rasones de los cristianos, cuando 



Digitized 



by Google 




de Jerusalen y Aei teifiplo, k ar^ípéfsióttl'Aé' W 
judíos, sü oprobio jr ábyweioti^y; iin fení^ 
de todo esto,' sW incom^biblei dbéec&cttín, ^rotí'' 
blros muchos Whos f circumráoAiAsJ' Tódáif ^' 
tas profecías sé ¿iii!Kiplierotíre^cfam(!nfé! !f^4^ 

Ettedeti responder lb¿ judíos? JG9níio {iiííJdcn *cb^' 
onesiar su incredulidád?''Cóli»tedp,|>tóúf ífaélfí 
les sena salir de este comprdmiso; neg^hdo'I^'^ 
autenticidad de semeiantes vatí^iiñosf Cabalmé 
té nadie está en el casó dé níegaVlá .c(ín 'láí^tó^ 
derecho á ser créido, t:omo el pueblo hebíjéo^j^S 
quién se hicieron estas profecías, f qué láía duS¿-[ 
tódió éselúsivainéoté por muchos ¿iglds. Sin'éiii-í 
bargo, jamás lia "negado sú aüfentícidaií: '^eidá-:' 
pre'la ha defendido, y las ha»^iéoñservádo cbá Uí 
mayor fidelidad. Guando él filosofe pagai)o;Gél^* 
so, ique combáflitS' contra el cristiahiálfaolitite'toditóí 
lafs fnerjuis de éú ingenio, sorprerídidó lal/Vér* 'éí' 
com^^eto cumptiátiiénto de las profecías, séát^' 
vítí á negat^ sti autenticidad, y asegtaráfbá' que 
hábian sido e^Htas después de Ióá suceso^ 'qué* 
eti- ellas sé aniinciau; tos judíoá fuerotí'loSí 'pri^^ 
meros én cotítrádécWe, hafeiéndó Vter que(l3H¿- 
profécíaá toi^s se hallan conséf^ádó entre 'cllbáí 
sSñ la menofaiteratioñ, sin lá maraí i&Aiibiá^dúdál 



Digitized 



by Google- 



39 
«cerca de tii autenticMliid desáe d tiempo vismb 
en que las pubKcaren los profetas. Los ci^istia- 
nos j los judíos tienen tíendieate un gran ^tf« 
gio qttediira lia<:e mas ae t8 siglos: los crístiá-* 
nos presentan dMümentos á su rator» que per-* 
judican en sumo gradé & la causa de los judíos; 
j estos recondoen espontáneamente j aun defien- 
den su autenticidad. No se ptiedé'prese^taf un 
título mas robusto á favor de la auíteátkldád de 
ningún documento. 

Todo lo que refiere Moisés es vei^ad-; no se 
le puede tachar de impostor: es 'Verdad, porque 
hito milagros en comprobación' de 'lo que déda. 
No solamíenle biso milagros, sino que continua^ 
mente se los estaba recordando al pueblo, para 
hacerle ver la protección que Dios le dispensaba, 
y para que resaltasen mas y mas sus prevarica--' 
ciones. Ñi era posible que engaSase al pueblo 
refiriéndole sucesos que babian pasado á la vi^ü 
de lodos; ¿era acaso el pueblo hebreo un pueblo 
de estúpidois que no habia visto los hechos pro-^ 
digio^os que le recordaba Moisés, y los creia 
ciegamente; y créia ciegamente que los hábia' 
presenciado, no habiéndolos presenciado? ¿Habían 
de creer los israelistas' que habian visto -perecer 
en' una noche todos los primogénitoei eB;ipcios;' 
que eUos unsmos habian visto separarse á dere- 
nía é izquierda las afi;uas del mar rojo, qUe diófif 
mismos haUan pdsadb á -pié enjuto por en me- 
dio deláii aguas suspendidas dé un lado ^^ 
f que^habiendo acabado de pbiár/iddo»' ellúv 



Digitized 



by Google 



40 

COI) áus tropns, y volviéndose. é'jMcrt^rj|^»agu:MW* 
qoa^ó ,9iia]e«*gíclQ.(íon todo $A ejétaMo;,bft|)iaf)j 
lie cfeor^ f1ecimó5, queliabian vísfo :q$IIIs mii^^, 
villa^t cunnda Moisiís sst h$ TWbráÚK^^AteaAr- 
menie no iis hubiei^ad viisAO?. ; 'i* r» «i ; r; 

Tainpqfc^ W OMlAgfM(piidí¡wQiif^ier ohca d9 
laauperioPrinteKgeocíade MoUé^: ¿qiiiíén.|Niede 
44r lafita ^eim y esi^nsioa d «atieiidímieiitoha^ 
mano? nr 

. Tai4p<Hro. fueron ana aparieDciat.acileKigano 
de? IVfois^sl;^*^ jan pueblo qne contaba iixuia^fdé' 
dos. millonea, de personas ;.podia hacerle<i1$er qtf€» 
veia las agn^s del mar suspendidas^ como dos 
Qiontauafsir quetpaáaba por nuedio de.jsUas>^qllft 
después ,M haber, pasado airaba ;pór. el soi^oaa 
camino nn ejercita numeroso yjciuelaa agua» 
volvían á juntarse, siendo tod<> esto nada maa.qim: 
Vn íJiMion? í uS. 

Y si los i^raelí ta^ hubieran concebido lá w^9t* 
ñor sospecha de qiue nd. jeran tpdqs aqudlofrpror 
4igios mas queuína suiperfih^ría de ]V|^>í^,;.^Jbii* 
biWan consej^ildo'quee^telesiiiipnsif^selQjl^pgiin 
rosas unas/m^y in€<}m/;>diis!<iti*a3,iqiie les^i^eor 
diese contíntomeñte con la mayor aspetfe^y lea. 
casl¡g^se> miiichas veióes con¡ el 4]t¡aK)t rígoír;^ pu^^ 
Uegó el caso de pasar á cuchUk^alguííS^ ii|(^«df^ 
personas? i ••..-.:'..■ . ../ ,.-.?• '..í-/ -. .jÍ? 

JL<9s liebreos, ,pü0$^ ihahian pTesftt>Q*id<^ i\^ 
eabetdttda^los .m^gr^st qiM^rf^eimi|$Pk^^iMa{fi 
s^ i9siQ^ti£f ba^-al l^eMo ijitó Jetóos M mlp^Ah^i^^ 



Digitized 



by Google . 



- - I ^ ^ — ^- ^ ^~ ii 

le Hiaridabíi *líir leyes aí puct>Io y Tnanílesiarla 
Híuchüs verdades movales y rcüglos^is; couí|Tifi no 
podemos menos de creerlo asi^ pgrque el mila- 
gro ca abra de solo. Dios, y Dios no habla de ha* 
cer milagros para confirmar una mentira. 

Mucho menos se puede drclr que INIoiscs y. 
JosJ^radUas supusieron de consuno Iqs hechos 
Cfuc! .se leen «n lofi libios de Moiísés, ^^ Porque d 
hubicrfi sido a.HÍ| ó convinieron ron Moisés, pa-; 
T^ fraguar el engaño, algunos individuos sola.-^ 
inenle ó.tnda la nación. Si solamente algunos $q 
hubieran prestado á fraguar el engaño, claro es 
que el resto de, la nación hubiera ni'gado el asen- 
so fí su narración, lo ra!¿*mo que lo hubiera ncr^ 
gado a Moisés, sí el solo hubiera finjido los he- 
chos: los hubiera desechado, hubiera tenido i 
Moisés por un impnslor, y les quq entonces vi- 
vían hubieran maiii testado el engaño á sus Iiijos 
y á sus nielos, y estos á los suyos, que por lo 
mi^me» no hubieran venerado, como siempre han 
Tcnerado unáninieincnU todos a Moisés, como á. 
un gran Profeta* Especialmente cuando ocurrió 
el cisma de Samaría, que no fue mucho después 
de Moisés, se hubiera descubierto el engaño. Los 
Sarnaritanos para cohonestar mejor su separaciooj 
hubieran acojido con avidez un hecho que tanto 
favorecía su intento; y sin embargo, los Sama - 
rila nos ^ no menos que los judíos, veneraron siem- 
pre 4 Moisés como aun enviado de Dios/' 
^./íf «Tambiea es ¡ncreiblc que toda la nación se 
Inif^i'esG coovenído en adoptar y so^enpr el frau- 



Digitized 



by Google 



¿i , 

de. ¿ Qniétí podrá peñruadirM dé xpic tod» íém 
úacion depusiese To)utifai4attiiíiiie''«) amcrr á^l* 
Vdrdád, HáYi tiaiürál «il hóniíbi^-, f se «dbim^ á| 
un proyectó fálázr y fraiitltiléntb? Adettias de qtle 
ningún impostoi' confia fimié imiúWkUié' á'W 
iñttítitird. Por ótrá parVe, ^ litijr' lílgttnás cosas 
en- la ¿i^tóriá dé Móisd^ ^tré l^t^nteín á^los)odíM^ 
háf 'MüeKas tfids tjíue' 1(^ Úenatt 'ét 1gno»itiH 
hhf latübien itíúchas ü¿fo|{\'us á éiras ifacibbe» 
eñtihígá^áé íói- jadMs^, cu]ra'£»ts«ddd tio^irttiHé^ 
fén dejado éDlsls dé pübtteür ; -tále^' como 4aB pb^f 
gJÉs de Egí^ó, lá iAUrnt^ de bsi pfvnogáahm 
égípidos ; ; él haber stáú estos stttnergidoflf eo laa 
aguas 'del iñár Rojo; ele. ¿Y *sc podrá^ creer que 
la nación judaica , en uníbn li^onMoi^á^ srdpuso 
tantos liie<jibs que h deshonraban , y otros- qtte 
coficitaban contra ella á las demás tiacioiíés? ¿(^uién 
podrá figurarse siquiera, que por sostener ttnaf 
impostura, se habia de sujetar h nación en-* 
fera aunas leyes y ceremonias pesadas, cuando 
érá tan propensa á la idolatría j i Itf rebelióti? 
jGdmo halriaiV dé haberse conformado Mci mo^ 
tir tantois cómo nmi'iéróñ .por una causa qué Só-^ 
lo ^fundaba eti-una mentira? ¿Las trtbusdé tlu^ 
ben y Simeón, hiermáhos mayores, hubiértfti cé^ 
dídó el honor del Sacerdocio á los hijos ^dé'Léví^ 
y él cetro á' los hijos de Judá, dejándose despo^^ 
jar de sus priTilegios^ sin otro fundamentó qtie 
una falsedad y 'ficción conocida? Todo esto Ye+ 
pugna, ciertamente,. á la naturaleza y cotlstitutiTo 
del hombre. 'Y aud cuando hubiera sido piáifíMé 



Digitized 



by Google 



qtói"tóáa lá'hacioti Inifcií!?:! ttlnqbifcKlílú el frati- 
dfe, á 16 iliénos repagnn que hiibícra chindo ocül- 
io j>or mucho tiempo, Eia ¡mfKiüible<¡üesé gutir- 
cTaíe nW secreto entre íAn gratide triultiíud; ^\xq 
lo "ighdrascnabsolu lamente sus sucesores; ¿¡üc 
muchos' de ellos mismos no lo descubriesen en 
rfiedib de las enemisíádes de u'Api "ron oíros, d«' 
la'¿ sedicíoneií de las guerras íritefeiínas, de los' 
totüiénros y de !á muerte que padecieron algu* 
nás veces por la cauáa de la religíob, Siii embargo, 
jamás tal secreto se reveló, sino que tbdps los 
judíos y en tndó¿ tiempos, han Vi^'íicradb suma- 
mente su religión y á 'Motáis 'sil iegislador.** 
CBailly,) -:■'.- ' ,y- V'- ■ -;■; 

Todas estas rátótíék militan ígúálmcri^é "iké^ 
pecto de los tiempos posteriores á Moíse's. T^in- 
gun impostor hubiera podidíi ser mas feliz que 
Moisés, quien, sin eiübargo, no hubiera podido 
conseguir que prevEtleciese fe] fraude» seguh he- 
mos Tifito: tampoco to hubíérati conseguido al- 
gunos confabulados al intento, asi como no lo, 
tiubteran conseguido en tiempo de Moisés, Mu- 
cho menos toda la nación» ¿Cdmo se había d^ 
guardar un secreto eolre tantos millones de per- ^ 



sonas? 



^ 'F!ha!m(ínteV tampoco se puede sostener qué* 
estos libros hayan sido adulterados en parfé/JSqí 
hay el menor vestigid de que se baya hecho al-' 
teracíoh en los libros die los hebreos: no se halla 
eti ningún autor, ni judió, ni pagano, ni cristia- 
no: tampoco se nota en su contesto, ni en su len- 



Digitized 



by Google 



Soa^e^ j.itri opa sup(hf|dan irbilrarui^ If;i(iui/* 
ac|a« coqtri^iiia i todas las reglas, de U icr/|¡ca /. 
flui^ameniiQs de- la crecpcíf humana^ ; , 
., ^^orJaiinisiiias razones cQfi g^^,;^ prueba. 
b..a>itcptipídat^^del Peplatéuco,i |S«i,.pf^ebs( taoi*, 
bii^a que^pQ aiilónlícas Jas pfo£^&; y esta#» 
cuando ^ sigu^ &u cqmptimtentOy son jumliieii, 
uq- verdadero, jopilágro,^ una |u*ufsba djc, la, divini- 
dad de sn,ongpn. Pues.^blen. ep el T^isino Pt^r 
tateuc^ selfíe;]» atg|^^ que pq cj^mplpe^pn exacta^ 
mente;; por .e|piBp)p, la caift^vldad, de éabílonia 

Llm^bas des\iSjcircunstancJ9S| la, supremacía de 
tribu de jíqidá sobre' lag di^oias tribus, basta lar 
venida del Mesías; y los trabajos, ca$i huma- 
nao^ente ipcreiblesr;qne ba)^ian de, padece? los 
judíos. i ' , 

Pero priuclpalmeptei . dpnd.e ^ hallan las pro- 
fecías mas señalada^ y en ipayor número, es ea 
los escritos de los ProfeW; profecías, cüyocum* 
plimiento está á la. vista de todo el mundo, y. qui; 
nosotros probaremos en lo^ capítulps s^uieutes» 
donde demostraremos la a;Utentlc¡dad d^,]Snevo. 
Testamepjto, y que ^s yordad lo que en (él se ¡con- . 
tíf^ne. , . . * .. í . 

Pudiéramos probar igualmente la autentici-» 
dad de los demás libros de| Antiguo TestapaentOi 

5 ero no Jo juzgamos necesario, una'vez proba- 
a la autenticidad y verdad del Pentatev^ y de 
las profecías, para quedar convemjidos efe; \f^ exis- 
tencia de la .revelación eq el Antigua Testamento. 



Digitized 



by Google 



45 
^h 7 M^^-Jo CAPITULO VIH. 

^Tlxisttfícia de la n^eíacion en el Nuevo Tesia^ 
wenio. 

El Nuevo Tesi amento se compone de los cua- 
tro Evangelios, de las cpislolDs de los apdsroles 
S, Pedro, S- Pablo, S, Juan, Sanliago y S. Ju- 
das; del Apocalipsis de S. Juan y de los Hechos 
de los Apóstoles. Todos estos escritos son verda- 
deramente auténticos, y todo lo que contienen es 
verdad. 

Los libros de que se compone el iVk^i^o Testan 
meniOt son atifénUcos. 

No se puede dudar que estos libros se escru 
bicron por los autores á quienes se atribuyen, y 
en !a époí:a de los Apóstoles; Asi lo aseguran los 
escritores erlcMásticos que les subsiguieron inme- 
dialstmeiUé, y aun algunos que los alcanzaron, y 
aun conversaron con ellos; ni deipues lo nega- 
ron los que sucedieron á e^los; n¡ aun los here- 
jes, que para sostener sus errores, ron Ira ríos á lu 
doctrina de los Evangelios y UJas libros det ISuc- 
Tó Testamento, jamás alegaron su falla de auten- 
ticidad, medio tan espcdilo de librarse de los ar- 
gumentos de los católicos; y quisieron mas bien 
atribuir á los Apóstoles una falta de la mayor 
gravedad, asegurando que no habían enseñado la 
verdadera doctrina de Jesucristo. Tampoco lo 
pUisicTon en duda los lilósotos paganos Celso y 
j?or&r¡o en aus polémicas con los cr istia nos, lu 



Digitized 



by Google 



aquel memigo bffconfcipílf ^^ y de 

su religión, Juliano Apóstata. 

Testamento haya sido a4ufterado después oe pu- 
blicado por los Apóstoles» mientras ?ÍTÍeron, ni 
^e^pue^ d^su muertp- Tío ep. fiigi jiifi^napp^ F<!^^ 
¿;ávp0 í^ubiersifp jígnorado j^ta^noveda^j. ó, cópíi^ 
saji^iéodola, bubjeran, gt^ardado isilf npi6r 3usfir^ 
ii|0(^fo§ flucesorc;^ se^hallAl^ j^n.el.ip^isiEDpca^ 
alguDo&de .^)lo$ hal^iajp recijl^o ;|gü^^ li^rii^ 
deila,o¡i9PO,mi&ina, de.lps.Ajkfe^jfc^j^jji^^j^iija l^ 
ca babian oido también la doctrma que (<;oi^t^ 
níax^-í^?^qup siguipron ^i ¡^s^cp^lep, qj^qajo que 
ellos babian oido á los Após^o^QS^ .i^^ij[).ierm^.d^ 
su ipa^m> los efcri^Pí qi^ ello^ b^biant^ecibiiáo dé 
los Apí^ples., j quíí facfo;^ íPíífín^q % ^^fí^ í?» 
sdad sin la^mjeppr^ conlradicíon por fj^rtcí de pijiíj^- 
gufi católicO;, y lo quee;^ mas, deniog;ut^.^re- 
jp, ni p^ano^ cuando es.^arp.qja^ ejajlaflieapir 
sup]^n|^¡aq.,quc; t^úbie^,/ó j^ui^^pl^pa^j^^g s^4j- 
jese, dallos líbr,os.$^n}06 hecha ppr Ipf . ^at^^ífjps^ 
hubieraifi íqpi4^> á ío jnenos, un pi;eijétp,^att7 
§itf)p, paa^a ,^rg!iiir fiopljra Jos fupd^mwÍQS;de ^ 
rdigjg^,dcj[i?sv}ci:tólív. ó^n. '^.^ ?!^jí^' ¡^9 

ilingun hei;^}^ ; ni? p^gápip , .qp?; ^«tíi^ , ^!^4í9 
pnnás cpn^vílJps c?tól¡cpst k ^ls¡ficafíftj^j,a^ 
Evange^os^^pi de i^ii^ua otro/libr^ ^cl,;t?iiijeiv¿ 
Te^tai^eatq. ^ contrario, qt^arp^ío. los.bpr^ef ja^í^r 
^^rab¿ííi; ft^ teslocí} ,gi:afia. de AVís^.e>rpre^*,3l ipá^ 
t^nt9! erap denupcj^dasj ^j^pyjg^a^^s^.poí: J^ 



Digitized 



by Google 



47 
No duJaís que Homero haya escrtio la IWnr 
da, que la Eneida sea obra de Virgilio, que Iqs 
versos de Horacio sean producción de este poe- 
ta, ni c]ue las oraciones de Ciceroo vengrin de la 
mano del celebre orador rooiano que asi se l!a- 
' maba. Si se os pregunla , ^^en que os fundáis para 
creerlo? Me responderéis que eu el unánime tes- 
timonio de toda la antigüedad. Pues bien, los li- 
bros del Píuevo Testamento tienen esa mkma aa^ 
torídad en su favor. Pero con mucha mas razón, 
porque el asunto de estos libros era mas imporn. 
taote: como que anunciaban contener, j la mul^ 
titud creta que contenían efectivamente una doq,^ 
Irina esencial a la salvación, los bombees tuvie* 
roa mayor interés en saber, si babían sido csj 
critoá por los Apóstoles de Jesucristo, porque de 
aqui lea venia lodo su precio, ¿Qué es lo que con- 
tienen Us obras de Homero ó de Virgilio, qi*if 
haya podido coi^vldar auna Investigación tan M±r 
vera? Téngase muy presente que, bajo csle ^ist 
pecto, lo que destruirla la fe que se debe al Píucvo 
Testamento, acá baria nun mismo tiempo coiiilii 
le que se debe a lodos los libros de la antigüe^ 
dad, y se aniquilarla de un golpe la evidcnna tes7 
iiruoniat. Los bombres que en los ülr irnos tiem* 
pos han puesto en dúdala autoridad de los libros 
del ííuevo Testamento, no han reparado en lo 
absurdo de su conducta. 

Tenemos por otro parte razones muy pode- 
rosas para inferir que eu los escritos del PsuevQ 
TestameiUo no se hicieron interpolaciones ni J^i^*; 



Digitized 



by Google 



Vori c6rróá)pTdb¡;;k^^^^^ 

tras hiarnbis péi-feí^atiieme ^Q á^ttd 'ibiHMo *e¿* 

Úido en qué kiliéróáf dtíhú phiííias' díe \ik Eviáñ'* 

gellstás j ¿é los Apóstola. 'ConcIsdéaíiGíí'^ifl difi^ 

cuhádí qué lá prisa d la ighx^rátnéiá délos anKi^ 

nuén^es les haya podido faácéV^edfdr «il 'erfores d^ 

nombres, 'dé fedh^sl de lugares, ó dé alguna que 

otra palabra aisladíi ; intéOTcfnieiite á qéeHfin es^ 

lado éspuestos todos los' áétáSíS libros' ^e' fe anli'> 

güedad, mucbo mas aun ^tie ios lib^<>s del'lStt^errd 

Te^ian^enió. Sin embargo, y á pWát» S¿ 'estos ert 

rom tt|k>^ficóá, si asi puédéó llamarse i de lá 

pnVétÁ de Jos' autores cl!isid(^'Sacaitíos truáprue^ 

báí süfittetité p^ra crécf que tít han siiiridoiiQM* 

léi'píoláeióne^, nimban sido Vdrróttipido^, sino que 

existen comb^estában én'cl^ priacipio, dé^pijies que 

sáliérób.de.biántí de Süs autores. Lá bermos^nre 

dé la composición en general^ y el estilo 'partil 

cttlar' y pi^oj^íb de cada éi>¿nto, convencen al »<rí^ 

tiéb desque* la obra es dé tal 6 tal autor , que> eft 

tddá' ddüna pieza, y que lleva el sello del' ibgeúii» 

dtel|^jiie la'ba; compuesto. Asi también ,')os- A^NlfiK 

toles* de Jesúci^isto tienen ün estilo peculiar stiyot 

cuya' Tiüitaciorí ^csc^de las fuerzas de la oeipacidad 

bttmana. Eií la primera edad del Crisitanisitio"!^ 

les atribuyeron algunas bbra^, cuyos fragmento^ 

^üb^istén todaviá; pero el '(]fiiéj se ha alimentskU) 

del espíritu de sus obras, «i ¿onipa^a l^ e>Noe** 

yo Testamento los fragmeiltóá dé los escritos üal- 

tein^nte atribuidos á los Apdttolcs, balidráenlrc! 

íiWAs'y olidos una. diferendaf hol^blé. ^Íj^ botno*- 



Digitized 



by Google 



geneldad, perrolítatíniíe esta esprc&lon, la homoge- 
neidad del ISucya Teslíi menta es Ki mas fuer le 
prueba de que este ha .sido redactado por hom- 
IbrcAf-f limados del mismo e^pírilu, y de ta mis- 
^^,£fibidum, sin aiezck alguna heterogénea, 
^jj ,$^ íidemaa de esto» se rom^ en consideración 
el- profundo respefo que tcniau los criiitianos pri- 
-IbHÍvos á los escrilDs de los Apóstoles, nafla hay 
mas inv/enWmil que su intcDcion de ahei arlos, 
psta mísipa veneración es una prenda suficiente 
de su fidelidad; pero, aunque alguno de ellos hu^ 
blera querido alterarlos, le hubiera sido iniposihle 
salir con su inleoio. Sus copias se multiplicaron 
con el tiempo, exis^tian en loilas las iglesias cutre 
las manos de muchos cristianos; estos libros fucr 
Ton traducidos po&leriornicnle en diversas len- 
gua^ cu algunas naciones» por las cuales se habla 
propagado el Evangelio, Los hombres piado&03 
jcitaban pasngcs de ellos en sus escritos sobre la 
religión* íío tardaron en nacer sectas y herejías, 
los herejes y sectarios se aparcaban de la verdad, 
jiero conservaban todos los mismos libros sagra* 
dos; y ellos vinieron a ser, unos respecto de olros^ 
la salvaguardia de estos mismos libros, haciéndose 
imposible toda interpolación y alteración. La su- 
cesión de los tiempos fue aumentando la dificul- 
lad ; y el hecho es que , aua en el día , de la con- 
frontación de divi;rsos mí^nuscritos antiguos no 
resulta ninguna alteración en punto alguno de 
la doctrina del crislianismp^^n¡.^,i ninguno dé 
los deberes que recooiicnda.^^^^ ijj jrm^ ti^P 



f 



. Digitized 



by Google 



50 , r. 

La dhérdcion Jé Ida liljfbft ¿éTT^tfiÉ^^dl^^ 
íhento fía sidío mirada 'por a)gú^<is coiúó mtkW- 
sh hacedera j probable; pero ik difii%ltafd4i^ 
'sima de la ejecncióíi se veríi Icoh toda* ¿iWrdád'K 
estcí asuntó tan íchfportanté ^ óotisilOéi^tbtfiSBEk 
'atención. 'Pongamos por éjémpfo üí 'E^ti^ de 
S. Pablo á los romanos: élláítteteidáeü fe 5^1&- 
sia y recibida por divina inmediatamente despuá 
de haber sido escrita; todo *tí[*istianó ^éptíSó 
proporcronarse una copia tío déjfi dé hádértó* y 
fa leyó a su familia. £1 tino éúwó utia copia á 
•su hijo (|ue estaba en Corintó; él otto á ssoc liei*^ 
ttbno que se hallaba en Antioquíátesieá^'^j^i 
dte que estaba en Alejandría; y estos líiismo^lá 
circularon entre los cristianos t|ue residían étí su^ 
fespectivcís paises, los cuales, por sú ^pái^teV ié 
la^esuraron á remitir copia á\ sus amigos Ha títt^A 
^países: por estos medios debilt la Epístola, éil fiiái|f' 
treve espacio de tiempo, ser poseída sino delcíA- 
-^an dé los fieles, que tam^^o ^brian leerla, ^á 
ío nbenos díe un gran número de "personas. ' 
^ Mientras qué de ella se multiplicaban feo jJiát 
^n las iglesias cristianas, también debió se? tra- 
tducida en lenguas diferentes; Casi al momento 
apareció una traducción latina, y no tardaría étí 
trasladarse en las lenguas ' oridtítálés.'Toá'as estüé 
cosas debieron sfcr -ejécutadátf ^t^^p^íicíriaí i^tié 
tenía Ú' ^h ' la ' liias ^ prtifitadü Vfeh«riadott al^Hbtó 
füsú itit8fi*tóhio^á' to 'ffilíirsttó'fttt^ftidtí^«él 
fepíritu.dé^EWbsí^'EííiS^'ltíishte^^etó^^ 
que se creyesen reos iíér«tf^'^etW*á«íé4b«^ 



Digitized 



by Google 



el sentido 6 el Qsm9j,| yesería c^us^ de la atención 
mm^ esc|*apulpsíj^eii conservar hasip las tildes cJeí 
eseríío tleur^ Aptístpl, y la Epísipla cu el primer 
^t^do de su pureza prlglnql 
^ j Para majroi; i lusl ración de esla evideulc au- 
^epiíctdad, es preciso (ambf<;n que ponüídcrcojos, 
guela £pi^tól^ jqra leída en el qficlo divino pü- 
p^mcqt^;^p la>' igleijias, y hacia de elb un te;^ 
sorbía ipaeitic^ip ^c\o$ íietes.--plla era citada pp^ 
los eseritorcs cristianos eij su* tratados de devo- 
clpn. Loa ortodoxos se yaliíinde ella en sus con* 
iroversias cop losi heredes v Y e&tos sq jiervlau de 
ella también en su propia defensa. Ella servia de 
testo á lo^ q9roenlarios de los erudito^, tamo en 
l^a iglesia^, de; la Grecia, comp cu h^ romanas, 
que, por su parle, confesaban icucrla lambien 
en gr í| nd í^i ipíi ^ vcncraVion .El al lera r , puc3 , loS 
peritos sagrg^d os ^ q ;jnterpolar ,cu ellos lo ma^ 
pimioiOti^^a eiu dticla Uji^a .-^rdua enapre¿a;crá 
ou mipQ6Íl)1e que las^pllpracíoues ó ÍMle,rp(^UcIo- 
Ijeá uo^&e di^^^ eu el mqfueíjta ^^ ; .^,^ 

-.;m.i«Junj..rj.^pjjy^^j^.J¿Vj .|,,d ^f 

£os tfnJo'grés (fm*serrfieren en eI Nue^o Tésim 
menio son verdífdéros^ y de eonsigmeriíe también 

«jÍ es verdadeira la docirina* me coniiene. -^t 

* ' i ,^í .- 

La consecuepcia es legitima, Irrccuial>Ip,J^ 

milagros son (^brgi| eicluü¡,v^dcl tímnippieutc: los 

njilágros qiíc |s^ ]f|:fie; í?a e^ d r^jievo Tcsíyjuí:^^^^ 

to 5«í hicieron para confirmar la doctrina que 



Digitized 



by Google 



^2 . 

en.'á se contiene, y es impoíobte ame el Omni- 
pplente coufirü^arsé una táláeaaa. 
^; ; Se áíce ei>- éí Nueyo ;Tés<á;róM ^ esjfeííál;^ 
iCnénte en lós''Evaáge!l<)si bdé * Jesuit'ístó, coi¡ivír- 
lió el agua en víuoí'Bíó vista^ ia(.íc&'cl¿gosi fjíiié 
áÍ6s ¿ordos; cÚriS réjfioritih*améhtig''feiÍOTttte^ 
fti vcieradas ; coijr' cuico j^aWá y diíi , j^ces;'áí¿* ' í 
cóiíier á cintb mil' t^¿ójiai;. á^^ttvó'ibWé í 



aguas del mar ^f^izo que táip1)íetl.á^dút{é^ ilSa 

iPedcó; resúchó rtiüérió¿; énlré "¿^ ünó des-' 

pues de cuatrfj días áúé esíál^iá ¿éj^ltadci. Sé^rc^ 

fiiérJ que él ^ñor^hizó Ipdos estóé ';^ 'dtrító m\üp 

¿Hos* prodigios publiírameñté,' á la Vísta .'de' todb 

el Áiundo. Los' atóstoles, después 'iJe' 'haber 'su- 
til!!^ :..'- ^^^:m^-1'¿-%':^ ^íji^u ' \^^''A..%i\iá*j.^^':lJ 



favillas;; ívivíari ácÁ^ totfos fós q^^' las Iia{>iátf 
Ípf*e^enciado, y '^ub ' Ibs ¿tíisrpos 'éi& ' «(üienéjs' ]^' 
obraron', y nadie les écbó en carií 1a?felsédkd di! 
su harriacibti/ni aun, aquellos ip}ámoi'¿|tíett^ííiiai¿ 
un interés íüiijr 'grande ¿ín'ñiígar lá' rt&íídadf "M 
los hechos. Ix>s judíos^ aunque aparentaban atri- 
buirlos á inteligencias de Jesús con el príncipe 
de\>ló¿ vi^mbniosvusev aL^nnaÜMm^ ahaiñéiile eon^ 
unásvi 86ndle¿ t^u v^obi^n^ turóles AteiiiieQdo>\que 
todos cnefesene^ éh'lUego «siabán\'«(»i>vencidos 
de la .existencia verdadera de aquellos prodíjgios. 
1Paiii&(3Có los * hp^ú *n¿^do^ ^postériáí-iríéntcv pues 
Io¿ átWbuyéri Sen^eíT^fÁtid'á la'Vir^ nom- 
bre die Jehwüh'rííSié %áSi\¿l'^áhéÍi '¿\\6¿, piíédé 



Digitized 



by Google 



am-tar 4 proiTiirtí:i?r con propieilad, y cuya ycr- 
d^q^ra pronuiw:íai;iionj afiadcn, aprendió Jesús eu 
c^ leinpla dd Jerusjen, ó en el sancta saiiciormn 
q>a 3US niala$ artes: porque al mismo tiepjpo 
ijuc supouen que nadie puede pronunciarlo Viefi^ 
están en la inteligencia de que si alguno lo pro- 
nunciara, Uegaria á obrar por este medio mara- 
Ti^tas estupendas. Los filósofos paganos Cebo y 
íorfirío, y el emperador Juliano, que impugua* 
ton p>n todas sus fuerzas el cristianismo , admi- 
ten i^nriblen muchos de los milagros hechos por 
Jesucristo: y estaban ian autorizados, y eran tan 
uní v^ráal mente creidos, que 6^1 emperador Tibe-; 
rip^ propuso al Senado que se colocase á Jeí>ús^a 
el^jnúmero de los Dioses. Últimamente, basta en 
varios capí tuí 05 de el Koran se,3|Jfrjbuyo^ ,niu- 
<;líOs rollágrQS á Jesucristo, :. ^ ^, 

^*Pero yo, dice el deísta, yo no creo en mi* 
lágj-os,*' Mas esta incredulidad puede no ser una 
cosa racionaL Jamáí exije Dios de nosotros que 
^rcs^mos sin fundatíicqto. ip^ro, cuando bay?;^p>-, 
nc^ sólidas pa^^a creer, se, indigna ahamenle con-^ 
tra la incredulidad de los .hombres. Tan sujplps^^ 
á ^Via prueba rigorosa di; evláencla es4án Jos ip^" 
íágjrps, como todos los demás acontccinjiicntos 
lícuí'ridos en el curso ordinario ^^ la uaturalcza- 
Uq príncipe del oriente, habiendo oido decir á 
un embajador 4^ Holanda , que en las Provic^ci^ji 
utiidc^s se helaba el agua hasta el punto <lc pp:- 
ácr sostener caballos, , y bagajes, le respondió en- 
colerizado, que 5U relación era falsa é imposible, 



Digitized 



by Google 




jpuedé 
¿tírf tóíilfá Wtói; taino y fesVátfo' ék .tatefeé 
$ynL 'ájeái¿)ante á varios ¡áitügoiíislsís á3l ci^ttii^' 

iff¿tobV,'ciT'itidndrca de % 'tóríH tórríaa.nfr'U'vá' 
prriáíAYe', que l;i cspcriehcíji de'^irí Ti^jlibi'c.so'fÓÍ' 

¿k'todbs los horhhtési.'oé tóJos fo¿']¡íücí)Íós,'¿MÍ 
t^'a¿ los siglos: y Hq'íit^''i> lí^^'íió Ve'uió^sbí 
rd'Hbthhtó'ííb ha ,'vlito;' y'.'cV¿é: sc/to Jó"Msi' 




^Í«séi"¿¿^ h'^viclciciá, jr níjií ''¿íjflfen¿ííi' ¿ÜfKÜéfMi* 
CtífiftíJiPIÍlébsa atestígiíáfla ' es éséntí^lliiithíc ¿áy' 
tr.adrd¡naria, se necesiííi el, más alto' gra<ffli'ílb* 
dfc"évtóbhcíá]cste ^ra(1b,.piics, dqBe' exigir¿c,iuan-, 
do'^'i'ráta ele una 'rebelación lUvíáa ¡fcsta es'un^' 






pé«oj^íí¿áéio^ía^óft''el.kffilá¿?o^W 



Digitized 



by Google 



ijiy^e IV^roo tesligo» oculares del ipllágro. Iji rep^ 
nf;»9 ^Q todas c:>i»^circuii5landas confiriDa c^i 
t^l^laTuerza lápperaycioa, de un milagro, que $Í, 
^^ ^e^echa la <^\ñ4(;uci:^,lestJrnoiual,íj«c de el re-ri 
s^]U, e^ imposible que nos q^cde ya ccriídumri 
tjpdc Qosa ulgu^a^ l^iaguiiodc losacpnicclmi^iiT:, 
tQS^^autij^uos lien^ ciijSU favor lun grado tau sa^; 
¿UI-Íq^ de qvídpnc}a, copio los niilág^í>?de Jcsucri^- 
tí^¿p^4cí5us Apg^ole^i qUos r^uníjp^ las ir^es cor>- 
difloqe^, pí^ra laíjCvldewia de, que, acabarnos de 
h^fí^r; , fuciíciop- X^^ Apóstoles , ^ oías^ de hacera 
^^fl^ jqi^ágrof í^sdiejrou ua tesUmquio, mc^iant^. 
u,^ ^)qmue dpQÍaraclon en prcsetipia de sus m4r¡i 
n}¡gp&, j m doc^iuenlos c^rUo&;,y b^isla coasir;, 
sidcrar su carácter para forinnr juicio del gradoj 
de crédito q;ne se ^mpirecpp^ .Tcnciqos lanibien ta 
prtict^a c|c U,^fi^^ídi^oc¡p de las I per^quíis en cuyo 
fayor^ se, obró el pailágTp, c^íuo en jbV caso 4pl 
ciego de iiacioííemo i quien J^csucrlslo reslíiuy^i 
la-via^i^y del, c(^jp curado por, San Pedro* Pcrp^ 
el testimonio de los testigos oculares es tal, vqz ql^ 
i^as ccfusiderablc de todos- Millares d^ testigos 
oculares de estos milagros abrazaron el Evangeli9i 
esponicntlose al odio y persecución pública; uift.^^ 
cbos de ellos sofrieron una muerte cruel, y ¿loijpj 
est 9. ^fl hubiera u sufrido por sostpncr una mentí-., 
r^qíf ,Esta es una cosa conlraria ni orden .moral, 
y eslo mlstnp se^Ia un, milagro. El que pitjga los 
iiiilígrí>^ del ?íucvo TeslamcnlOj se baila m, la 
necesid^id de conceder la existencia de: otro uo 
i^qg^ tm^rtautc^ á, &ídí^^ ji íL^*^ ^^ ?SRy*l^ JJ^yjt 



Digitized 



by Google 




56 
ciUé'ttlistórKé él -tíil'ébi'ó''afc l^fab'iiifniífá'^ 

siís éDte^aiid)rentps;dé'diatiéi^,i^é' los biá|U¿ 
bottiftí^jes qae:én'ú«i^'asóid^^'íí^ .f^iiiíi^éíáíir'í 
riüdú j sensatez, «ti !éste hpiHk^^^ d)D¿hik>:ti] 
cH' Ot>^Í¿iün dii'écta i tddó!Í4o¿ '(A^HtcipiÓs' i>é 
ládores del ¿brazóii' fattm&^d ; turkis sótt^ Á¿^ _. , 
probidad, '^óHie jr feHcidádi V tótó "ilhi^iBéHíéí 
pói" sostened ühá '{ni[iio^áfi;''Nri^noV"stil'eM^' 
fiárgó.'dfe fó^ <Mé!Ítoí¿b^'déí|¿^Íániiiií^ <ltf«<WÍ> 
vtan en '^úélU ¿poca, cóñttad1)6^es^'í;é^diifl6í* 
TQüé cOh'sectt«¿ttbia'^üél^é iíit^t'^e'^ió^^^iSléií* 
biíibatfá? La ü^íca ()he fUécté'^tíií' ^;''i^ ^ 
éiiemígós üáda tavieron qú'é'<Aéfcit i^niní^^^^ 

Püira éiítablélcif t^'dé Ha Mñ6 thH'ibiá^m, 'i* 
mas biétt, -^ff^ 'dfa'mtíikriir 'h^'céí'iidirilibki'dk-fbiH 
¿tiátfrt»' del 'NiíéWT^taiífefttf.'y' líáfcé'ittiflái:^ 
líiéttte indi¿|íeaiáíble "d ' coÍMíMeráVlte cott "tóbi» 
áiéndio^n sduy éscriií^ülbSái'Eíi *lb&'trál.slffaíeÉAé^' 
iíífe't)i'oipongadíír''ütla iütiestó'' '•' o "í i!;-/.) .-» 
*" Eo'eJ'capiffúto notto del Ertl^plld^'aé SáíP 
JWan, te i4áe« la W«oríá de W<íri!^a''<ffi^tó2f> 
7»>fl?n/o; áqüiehgfeiús concedía ki VKlá. lisféiióM-^ 
bíí; fué ¿oodücidb á'1*'pfd¿eaiiiá dé los faVÍ?séóÍ!,* 
CíieoiSgos' Bb<írtóWá'de"JF¿sülíHÍíí3f f d^'iil"Atí¿i;^l-'* 
nk Se le mÍfeÍT{jgd,'-sé'lé^áAéifefó,"sé*^lfe'^oiS^ 
de Irf «ííiííebiíít . -sirf' ttue ■ ifuVifesgH'toS^'íiÁíriiólií'^-í 



HáeóSílcctóí* iflgtiná' '^úé alfe^r "^kVá p<) 

tfeslatíitítí feWerdad 'f 'rtd*d3a'^aíl'Íffilá'^(^.''éVífefe'¿ 



Digitized 



by Google 



de la curación úpuncojOi verificada por MnT 
í'dilra toi Apóstoles fueron entregad al tn^| 
bunal dli^ tos juilios, é Inlcrrogafíos en el con él 
mayor rigor; afirin'íirbn la realídaíl d^l milagro^' 
y ílcciáraron güe, en el iionfiBre iáe Jesiís Píazá-J 
reno, se había ru,ra(lo^ aqúc! hómfcre, en vlriud; 
¿¿i , notnbre de ^ áíjüef mismo Jesús , qtfc tllbi' 
hablan cruciJiéaíÍQj ¿t¿ué fesuNá» pues, de' ib^'* 
da la sustanciáctbn dé este proceso?' Los Ap<W-' 
toles vemos que eslan' á su discreción ; tos nueces 
tfeiien eii sil pórH¿r al estropeado V^ sano; esttíí' 
como magistrados revpsiidos del supremo pooer, 
estaban muy en el cas¿ de tomar todos los tnfor-* 
mesnecesoÍTios paira ía aclaración' del sucíjío: 'iV 
hubiera Habido ef más pequeño fraude, debiií¡ 
necésariameDLe descubrirse; pero, adepas de no 
resultarla mas mníima supércbéh'a, círiib tólf 
judíos abra7^in ni momento el Evangelio. ' 

' . El milagro mas eístu pendo de topos »' es la ríl- 
suneccian Áe JesucríslOp ExaraineseVéijes^ cóH 
cuidado U historia dé ote suceso, y ie liara PC-. 
cesaría la siguiente ' al lerhá tiya ; 6 Jesücristbi re* 
siicitá , '¿' robaron el cadáver siis discípulos- 
Cuanto mas se reflexione sobre .esta última suno- 
sicion , deberá aparecer mas improbable. Jesús na- 
bta 




ec^ 

en f erados dé esta íec1aráciop\ y np ¿e descü ida- 
ron en' tpmar todas tas rme^ idas para estorbar e 
impeair tona eslrafagema, o lodo acto, violento 
de parte oc sus partidarios, paré arpcbatar del 



Digitized 



by Google 



¿o 

(utacion de los Evanselíos, m cíe lo^ hecW dii*, 
los Ai>o$loies, ni por .consiguiente, para vindicar 

discipulof 4^ Jesut^nsto. ; 



Presentemos ahora todas estas pruenas^rei^niri 
das, Y vamos apreciana6las en su lusto valor, por*, 
que no es posible dejen de ser de una grande 
importa neta para un espírUn reflexivo. Los mi- 
lagros de Jesucristo y de sus Apóstoles se (livul-^ 
gíiroq en el momento por toda la círcunferen-j 
cía fie los países en que se verificaron; y tan protir-^ 
lo como se obraban^ se consigna baii en los fas- 
tos de la historia én la misma época, y en el pais\ 
mismo en que se realiscaron,;Y a presencia oc loi^j 
mrsihos sujetos que. babkn suio testigos: sonac- 
tores eii esia escena los amigos y los enemigos;^ 
a, hal^pr' Iiabiclo la superchería mas liviana^ qi?^, 
la cosa' t^s' fácil el descubrírlíi, y lo hul^iera $Jdp'^ 
íiimeJiatamente, pprc|ue ^e, uii tar(iesj:ubfUijien-j^ 
16 iban á resultar Consecuencias dq la^primera^ 
importancia. Aquí se nos prés^nU una evidenclaf 



1-1 > 'fl • ■ ; - . . ■- ,•♦ 


vy -«i.«.f[ ¿Olí :)í;¡; ^( ,-ínfí< »it 


••.ri'i, *>- <>ll r'»'!')!* 1 >.'í > 


i , í -' ^^ ; í ; : ' , í 1 1 j.\*i;'í i; í 1 1 ! <i 1 1 'j u ui 


-ílL ^¡í ¿ti >"MHlJ <<y\ J* 


í;J»ilf/í: el -Xi-S'^if r, itcíjvr 



Digitized 



by Google 



Sanitdad de tu vida y dócirinii de ^^ésuA-nío^ 
' ; cm-ácitr de esit dmno personase^ ' ' ','1 

* ' Xiá p a reza Je coütuinbres áe nueslj^p Sálvaf 
dbr, y ui sublime santidacl ác su dt^tt^iiiá^ po- 
lien el sello á la verdad Je sus milagros, ^ daii 
también á su religión el carácter de di>;Iriíi/Si a 
bn hecho portentoso, cjue á f odas luces se pre* 
serita sobrenatural, acompaíin la rantidad a Icxla 




pedí 

ta phrá que sea un verdadero inlBero: porque 
puítiera oelencrrwjspaTa reputarlo porlaJ lare- 
nüfínanria de que tíios se valiese d(í un nómbrie 
perdido y eslragado, y que ensenase una doc-^ 
trina perversa y corrompida , para hacer niilá-* 
gros, especíatroénte por mucho tipmpo, j.xjjtúé 

f>or stsleiDa. Pues bien,' Jesucristo que ti izo' mi- 
ágros para áemosirár qué'téni^ facultad paral 
perdonar Iqs pecados, t^iic era' hijo dé flios, y 
una misma cosa con él; qiie híxo muchos ^ muy 
seSídados^ y los estuvo haciendo por algunos anos, 
tuvo tamíiién u^a vida sin máiicha , y predicó 
lina doctrina santísima. / 

Oigamos la descripción que una docta jpAum^ 
hace del carácter dfi Jesucristo,' de su conducta t 
de sudona:-';- -'- míí t.-i ;.,o....;x> .?!«. ,h 



Digitized 



by Google 



Cuando pada|rdWÍM^yyyd€ los demás libros 
al Nuevo Test<imcnfo\ baslaria el carácter de Je- 

ideal, sino real y^ verdadero, es una verdad cuya 
cvicjeiicb. se mi^oslr;i eii Jas puicclad^s mUnias 
del citonrp» Jamas la , mente humana huliicra &h 

^j'i.-; , L,::i í,-^.i'i II Í4 1.1; ! j^. ■ ij ,' í^ 'J i| 1 'í 

do capa^ de concebir piro igual* iiada haJIamos 
jte l>arerulíO ep lo?; escri(os de la <in liguen íi^^iiq 
rcnuiii I*laioii u\ X^istolcles coticcpctüue» dcióm 

^fJRrJ?' írl^ííí?'''^ P^íí'r *^"''^' i"**^ >'ida fílLj 
una luiiqrle cüetIq la sujai c^ian liíag atla de los 

^.■¿f.." '|. -j.j't ^ .^ ^*^--, ^ ■ J- ^ f ■- ■' -^ 

Jitiiitp.s de la invención de los hombres^ porouc 

la iiiveiicion humana 4iene £U nrcula ün el de 

las pasiones y. doleos de Ja human^tiail* Hay aquí 

uiim. n)S£Dü con tal simctn.ii un contuieiU^ tal y 

uiil api Llud t*1ii parlicular , qu£ la copia e3 d<^ una 

sona vcrtlíulcra ' y no un rcí^alp tle Uinld&ia 

lacfoiT del niutor. iisLc es er| 




sino el de un verdaocfo persoiiaie que wvio eu 
la tierra y hiuiid, ijuc lia j>ulri(io, dicno y eje- 
cutaclo todo lo que' de el se cuenta, SI aWuoa vez 

, .111 -f'í^ \tín^.-,1ílíl'f^i(ilÍ.fAiLi 

la saflcacidad humana puedo hacer dutuicion. en* 
fre la'rVida verqaueta Y i?/K'licia^^.es «Wf duda 
én esta ocasión; porque mil circunslaijuciagsedep 
jan ver anticipadamente para daipnos la oportu* 



Digitized 



by Google 



iiiaátf'mW- fcoii^lrti fle aí¿tiiígiiíf 'ÍÜ'mi' de lá 
ólra. tiled'e üh fesífírtír/éW cí c-ilóf-' dt sú ittiáfi 
g¡ nación , s^pópér ' i|u'é' " i^u , hf^rpie ' tílita ^rñtii ral- 
itierüe y cóhfdt*iiíé 'feri tbdo ton ti cafácíer gttfc 
lé suporté, íin W'dlvérsTddd Aq circiiViíMállciá^'tfá 
"qiiié fó cdíóc&i V *y íltiinf éori re&)pfcítóf al dé áqüfcHÜ 
TÍíotf íjfciicries lé pf'riscnlíi en ' la éicéíríát ' perú ti A 
íectór rtas Veriadd eft c\ curso oVdmáno &ñ lak 
CídSis dé tófettiiitidú;- advierte ui^* Táhdlcn lo iVá^ 
iüTÍalV btro oira , y iisí' ise viene á destülflrfr la Tá*^ 
huta; pero en la vida de Jesucnsto no se Ka^ 
llÉJ^mejanté uicongruiincia , porqué bada tosa eS^ 
irá fen su propio luga/. ¿En dónde; 'fíuesV se iaíi 
taScstrarbn tanto los galileos en d aírfc deeií^ 
)rií^as€árar líi íoiposlura? En nltígüna parte,' '13 
comdcuencia , püesV es lan Icgíí ims tómb natíá^ 
ral; escribieron una historia Térdadéta/ ' '" 

^'^ La perfección dbl cai^actcr de Je¿u¿ri¿lb"cS 
blrh nuévÉi con¿ÍtlcrátTOn que imprime uña eiícíí* 
léiitía muy panicriTar al Píuevo TcsíamcrjmJEÍ- 
tá'^s la representación de un personaje llbrii^dc 
lotlo error* cscnio de todo pecado, dtí úti j^sd^ 
naje perfectamente sabio y bueno; ni este cíiBtr^ 
tef e>tá irastado cq uii pequeño númet'o de páfi^ 
sajes brillantes %1 fin de los Evatigclibs, sMá ' 
qnc és tiri^ VtSbUadb de toda la' historia d^'^H' ' 
vkla y muerte dé iJe^üs; Sé; le dolorii 'eti niü^* 
chi^Á i y ndijy d í veVsas sil áaeíones; sG Itó haéé hd HMf 
fedlít-c b'nti infinita' Ka^ifeílad Jfe íiáüt^to^, éoiltét^^^ 
éi ' ft toiíiaynieiiíé ' réíir ' isds ■ htófgos ^ arcVt^a ' ú ii* 



Digitized 



by Google 



liepf^^ini fk. jpj^íío, ¡^anj^^i^ de; Ip^.ma^jqru^f 
l^ ^lorp^qi^tos^ ó 4¿.)a?ano.4e,su:Fadre^ ó dp jsfi' 
$ Jq», j¿lv>8i„ juinas se vi5 ,c5p él Ja pías jigprfli 
|Xipiri^fuc9qpn;i;onfra pio&^^ni e).,paap pequfi;^ 
rf^i^rif^^t^y pf dAf^texíps^ ¡qjurías CQfjirai. hff 

hombres; jqi,fi^!)¡in¡t^M!fPP^f^9 ? ^"^,^^^^4 FW.'v 
£9ti^^.,por(|uc,Í)epae^tá de resignación, ^n, \f vo- 
b;|pjUi4 4^1 jc'^la^Ijto qiae .sofrió cua,n{)9 ^p^^^.Jq 
▼^cí¡(^ y le p.tfegd,,Siiicon4ii^^9.ípp,pT^scp9^,dfs 
^ato, sil disci^M) j^ las, hiJ3s de>4e¿u^^ qc(Q 
$e J^ipeniab^n i)e !\i|i pasión^ Ja* prpciop |H>r ^^^ 
^oeipígos estando pepdiente. en la, crpa^^tpd9, to^ 
do manifiesta j(;n el grado ^pfi^^ siib^ipi^f; }f nía* 
jp^j iiia$ perfecta bonds^d. Tjlingun^ pa^ipn des^ 
^reglada. se |tra^lpee en:|o o^^^^ppupiífj^, ni a^^ft 
eprpna .expresión [m^p^jprppl^j., IJÍ^gPP» JgnP"? 
Wiíi^y. epí él , uiwgnp^^rpí^ Bipgiv?aiiippt#^» 
ip^ ; ^pda ri?^pir?i ,vi?rdaid^,49<jR, «s i Pfí/ ^^'í ^Ijír 
iría. EiP.lan a4a^?^l9? P9r49^jf^« íf^::i4:?P^^^^ 



Digitized 



by Google 



65 
priDctjpJo hasta el fio» su rida es on desarrollo 
continuado de la rectitud mas perfecta y de la 
oías sublime bondad. 

¡ Qu^ trabajo no cuesta á las personas de una 
vida continuamente activa, que pasan sin cesar 
de un deber á otro, y que se ven por consecuen* 
cia lanzadas en situaciones difíciles y en tentacio- 
nes; ¡qué trabajo, repito, no les cuesta preser* 
var su conducta esenta de todo defecto! Unas ve- 
ees se les escapa una palabra precipitadamente, 
otras, una acción practicada con menos discre- 
ción, ya una reprensión sin las precauciones de^ 
bidas, ó ya también, una respuesta picante. 

Mas en los pocos años que duró el ministerio 
de Cristo, reunió un número d^ obras buenas y 
de buenos oficios, mayor que el que puede hallar- 
se en el dilatado curso de la vida de un hombre 
que muere á los setenta anos, habiendo servido 
á Dios desde su juventud. Jamás en la suya en- 
contramos imperfección alguna. ¿Quien de voso- 
tros ^ dice Jesús á sus mas crueles enemigos, y 
á vosotros también deistas, amen de vosotros me 
convencerá de pecado? Exammad con madurez su 
vida en lodos sus pormenores, y nada hallareis 
que pueda menoscabar la perfección de su carác- 
ter. Ejemplo semejante no se vé en libro alguno. 
Podrán escribirse algunas hojas de un panegírico 
sin incurrir en falta alguna; puede describirse el 
curso sosegado de una vida inactiva sin que se 
adviertan en ella defectos de consecuencia; pero 
una vida tan sumamente activa como la que el 

- 5 



Digitized 



by Google 



66 
Nuevo TestaopentQ aliilmje á 3l^Ú5, ni cx¡3te« ni 
ha existido; y esto mismo aumeota infinitameiitc 
la dificultad de trazar un carácter tan perfectot 
mas los autores de este libro han salido, sin eoH 
bargo, con su intento. "í^i en los escritos de la an* 
tigüedad, ni en los de los autores modernos, se 
halla un solo ejemplo de esta naturaleza. Demos, 
pues, una ojeada sobre los autores de este libro, 
sobre su educación, su genero de vida, su trato, 
y sus relaciones en la sociedad, y esclamaremosi 
no sin razón, ¡ab, cómo unos hombres tales, fue- 
ron los únicos capaces de ejecutar lo que niñ^ 
güno de los escritores antiguos ni modernos se 
ha atrevido á emprender, ó lo emprendió inútil- 
mente! No creo que la respuesta pueda ser otra 
que esta: Estaban enseñados por Dios» 

Pero aun tenemos que adverlu*, en el ca- 
rácter de Jesucristo, otra nueva circunstancia 
tanto ó mas estraordinaria que las referidas^ Los 
evangelistas están de acuerdo , no solo en repre- 
ientárnosle como hombre, sino que hablan tam^ 
bien de él como de uno que es mas que hombre; 
porque no solo es llamado el Hijo del hombre, 
fino también el Hijo de Dios: nueva dificultad 
para pintar el carácter de Jesús: á la perfección 
conveniente á un puro hombre, se hace ahora 
preciso añadir las perfecciones que pertenecen al 
^ Verbo que estaba al principio con Dios, el cual 
era Dios; ^^ pues, aun en esta investigación, no se 
frusts*arán nuestras esperanzas. A la condescen* 
dcncia mas amable que pudo jamáA adornar el 



Digitized 



by Google 



«irácter d% «n mortal, Yemof unMa la dignidad 
tmifoTine de seulimientos y de conducta que con- 
que al elevado rango de un bombre que es Hijo 
de Dios. Habla Jesús con cierto tono de autoridad; 
hace sus promesas con una certeza tan real de su 
poder, y derrama sus bendiciones asi como una 
persona que está autorizada para hacerlo con de- 
recho propio. En todas las cosas, en todo lugar, 
en todo tiempo conserva, sin la menor apariencia 
de orgullo, de arrogancia ó de presunción^ el 
tono de Maestro y la dignidad magestuasa de 
aquel ^^que bajó del cielo para dar vida al mun- 
do, y que era el Unigénito del Padre, lleno de 
gracia y de verdad/* 

Otra circunstancia hay tocante á Jesucristo, 
que siendo de un peso no leve, merece que se 
ponga también en la balanza, y es, que los evan-^ 
gelistas no describen el carácter de un hombre 
popular; ninguno de sus pasos son de impostor. 
Bien se vé que no es su objeto obtener la apro- 
bación 'de los judíos; estos esperaban un Mesías 
que, sometiendo todos sus enemigos, debia con- 
ducirlos á la victoria y elevarlos á todas las dig- 
nidades mundanas: sobre estos varios puntos eran 
grandes, vehementes y muy antiguas sus espe- 
ranzas , habiéndolas mamado con la leche y re- 
cibídolas por tradición de sus antepasados; los 
que tratasen de imponerles y de ganar su con- 
fianza, debian, para adular sus preocupaciones, 
prometerW todos los bienes de la tierra; y asi se 
condujeron con ellos los falsos mesías , y por eso 



Digitized 



by Google 



68 
los yemoi» á la pab^ui de los ejércitos haciendo^ 
con la espada en la mano, todos los esfuerzos .{>o* 
sibles para ensalzar la nación judaica. Í?ero Jesús 
de ISazaret marcha por un camino jamás usado^ 
por el camino que destruía justamente todas las 
esperanzas de los judíos, y arrancaba de sus ima* 
ginaciones los suenes dorados, que formaron tan- 
to tiempo sus delicias; en una .palabra, era su 
conducta diametral mente opuesta á la brillante 
perspectiva , áncora principal de las esperanzas 
que ocupaban esclusivamente el corazón de aquel 
pueblo. Pero no es esto solo: Jesús manda á los 
subditos de su reino que tengan afectos entera-* 
mente contrarios, fortificando su doctrina con su 
ejemplo; en vez de halagar el ardor de sus espe- 
ranzas, en vez de tremolar el estandarte que de- 
bía conducirlos á los triunfos y á la gloria, les 
anuncia que ^^el Hijo del hombre iba á ser 
vendido y entregado en manos de pecadores, los 
cuales le azotarían, le escüpirian en el rostro y 
le harían morir.^' Pero aun es esto poco; en vez 
de animarlos en su idea de superioridad sobre los 
gentiles, les inculca sin cesar, medíanle varios 
apólogos, la iáiportuna cuanto humilde idea de 
que también los gentiles estaban llamados á par* 
ticípar de )as 'mismas ventajas que los judíos, y 
que todos los individuos de cualquier nación de 
la tierra que recibiesen el Evangelio, deberían 
confundirse con una santa fraternidad. ¿Y esta 
"conducta es la de un impostor? ^*A quien, á 
quién puede suponerse la pérfida intención de 



Digiti^ed 



by Google 



69 
enga&ar, al personaje cuya historia se escribe, ó 
á sus mismos historiadores? 

Lejos de creer implorar el permiso de mis 
lectores, estoy bien persuadido que me agradece^ 
rán el que inserte en este lugar la no menos exacta 
y elocuente, que sublime descripción del carácter 
de Jesucristo, hecha por la pluma de un filósofo 
que no debe ser sospechoso á los incrédulos. 

^^Confesaré que la magestadde las Escrituras 
me llena de asombro y de admiración, tanto co^ 
mo la pureza del Evangelio habla directamente 
á mi coraxon. Que se lean, enhorabuena, todas 
las obras de los filósofos con toda esa pompa de 
voces, ¡pero ah, cuan pequeños, cuan despreciad- 
bles aparecen al lado suyo! ¿Y es posible que 
un libro tan sencillo y tan sublime al misino 
tiempo, no sea mas que la obra de los faombresf 
¿Es posible, que aquel cuya historia se refiere 
en él, no sea él mismo tampoco, mas. que up 
puro hombre? ¿Este tono suyo es^el de un enr- 
tusiasta, por ventura, es acaso el de uri sectario 
ambicioso? ¡Qué dulzura , qué pureza en> sus 
costumbres! jQué plenitud de gracia tan persua«r 
siva y tali afectuosa en sus instrucciones! ¡Qué 
«ublimídad en. sus máximas! ¡Qué sabiduría tan 
profunda en sus discursos! ¡Qué presencia de 
ánimo , qué agudeza , qué precisión en sus. res*- 
.puestas! ¿En dónde ^ en dónde está el hombre, 
en dónde está el sabio que sabe porljarse de esia 
manera, que sabe vivir y morir de un modo tal, 
y tan sin debilidad ni ostentación? 



Digitized 



by Google 



7e 

«Guando Piaiori nos pitila su y$Áo ideal, cu* 
bierto de todos los oprobios del ¿rimen y digno 
de todos loa prmt^os de la virtud, encada rasgo, 
en cada pincelada, vemos -delineado y pintado el 
carácter de Jesucristo: csial la semejanaa de este 
retrato^ que todos los Padi^cJs la han conocido y 
j nadie pudiera equivocarse. ;Qu¿ prcócupadon, 
qué'^régüedad no es preciso tener para comparar 
«1 hijo dé Sófronisa (Sócrates), con ( Jeiois) el 
Hijo de MarCal A Sócrates, que aiuere sin dolor 
•j sin ignominia es muy fácil sostener hasta- él fia 
«1 mismo^caiácter; y si su fácil muerte no hubiet 
ñ coronado su vida, duda ríariaos, si Sócrates, coa 
toda su sabiduría, fue otra cosaatas^que-un va^ 
«lo sofiita. Dicen qUe inventó la: teoría do la mb- 
ral; otros, sin embaído, la practicaron aniei qu« 
til>; scdamenle dijo lo que otros ya habían hecho, 
j redujo á preceptos sus ejemplos. Pero Jesús, 
f¿€n dónde aprendió entre sus compatriotas; una 
moral paú pura, y t tan sublime, de que solo él 
dio las kcciobésj y> el > ejemplo? La. muerte de Só- 
crates filoso&ndo tranquillameñte tqoú sus ami-* 
Íjros, e^ la mas dulce que pudiera dessearáe; pero 
a d^ Jesés/espirando'cn medio de los «tormentói 
mas crueles , injuriado, burlad , maldecido de 
una 'nación entera, es la mas ^horrible ^ue pui- 
diera temerse. Sócrates, al tomar la. copa empont- 
soSada , bendice ál que se la presenta* Morando: 
Jesús,* en medio de las atrocidadds'del maís bárba^ 
to soplicioy pide por sus inisitios' encamisados 
verdugos. Sí:'^ la vida y lai ihuerte de* Sóoratos 



Digitized 



by Google 



71 

ton de un sabio, la vida j la muerte de Jesús son 
de un Días. ¿P^ro podría suponerse que la his- 
toria del Etíañgelib ha sido una mera voluntaria 
ficción? Noí, amigo mío, no, ciertamente: este 
no es el modo con que se inventa , nadie finje de 
esta manera; al cotitrario, la historia de Sócra. 
fes, de que nadie duda, no está tan evidente- 
mente probada tomo la de Jesucristo. Esta su« 
|K)sii£Íon no hace otra cosa sino eludir la cuestión 
lin desatarla. El que varios hombres se hubiesen 
reunido para ftibí ¡car, de común acuerdo, una 
historia cotño esta, es mucho mas imposible de 
Imaginar; que el que haya sido uno soló el que 
'efectivamente suministró los materiales. Los au-* 
tdres']i](dios jamás hubieran podido encontrar, ni 
el tono íx\ lá náoral del Evangelio, que encierra 
y ma^hifiesta unas señales tan grandes de la ver- 
dad y una elocuencia tan asombrosa, que lo ha^ 
ceh real y* verdaderamente inimitable; y en tal 
daáo, el inventor 6 inventores, serian de un ca- 
Trtrter rtiás portenítoso que el héroe. ^^=^('Rous - 
Iséau EmitJ 

-' '¡Qué entendimiento es capaz de concebir unas 
ideas tari hermosas y tan justas! ¡La divinidad 
dtel Nuevo Testamento es tan patente como los 
rayos del sol! jPero qué corazón es necesario te- 
ncrpara resistir a tantas y tan evidentes pruebas, 
cegándose los entendimientos mas agudos hasta 
el iptiínto de concluir diciendo: Yo no creo en el 
Evartgdk>! 

'El modo nada coínun con que estriben sa 



Digitized 



by Google 



7a ^ 

vida los discípulos de Je3ucrUia, merece tamlnea 
fUíT muy considerado 9 porque ofrece una cosa 
única en su especie ; en todo el círculo ^e la li- 
teratura humana no se nos presenta semejante. 
Demasiado sabe todo el mundo que los evange^ 
listas amaban á su Maestro^, paraf que nos empe^ 
fiemos en negarlo; su reüuAcia'á toda: esperan^ 
de ventaja temporal , su total adhesión á su caur 
sa, 7 las crueles per^^uciones: que ^rieroa por 
esta razón, todo manifiesta su pimor encero- j 
ferveroso. ¡Con qué transportes^ no era de esper 
rar que nos pintasen su v¡da y su mu^r^t Per 
ro bien meditado todo, Hada d^ e^ta venimos i 
encontrar; los autores de las epístolas hablan esr 
tasiados de sus eseelentes perfecciones y de su 
amor ; lo mismo hacen los profetas ; Isaías priur 
cipalmente se esplica en unos términos tan apar 
sionados, como pudiera el mas conmovido dq Jos 
espectadores de su crucifixión. Los evangelistas» 
por el contrario, manifiesta ti una calma tan pe^r 
lecta, que el ardor humano daria á esta si^ ^n- 
gre fria, el nombre de indiferencia. vNo hai:en 
esfuerzo alguno para escitar lals pasionei^ de sus 
lectores, ni mezclan con su relación sus propisis 
sensaciones. No hay en todos los Evangelios Vlúsí 
sola recomendación en forma de panegírico epi 
favor de Jesucristo. Refieren los milagros y j^ 
maravillosas obras de Jesús sin elogio alguno y 
con un aire de tranquilidad' iti^p)¡^bl^ á. pri- 
mera vista; no tratan de dar importatida á ^Us 
acciones ni de escitar la admiración; antes: bicnt 



Digitized 



by Google 



73 
cuando hablan die ste pasión, de sui nraerte y df 
la crueldad de los jiidibs, ni puede ti^aslucirse uti 
movimiento de cólera^ mi dejan escapar la mas 
pequeña qjaeja ó iuv^ecttTa contra sus effemlgo^, 
ni espresion alguaa de compasión en favor del 
que está padeciendo, ni muestran scflíal sftgutia 
de amargara contra Judas ni contra Jos príneipRs 
de los sacerdotes. Todo lo cuentan tan desapasió^ 
nadamente, como si ningún interés tuvierárí'éil 
la narraciíMi. Cuando Xenofonte describe la tóueri- 
te de Sócrates, eii el elojio que hace de su3 vi^^ 
ludes, Y en s«is ^acrimkiaciones contra sus etíti- 
snigos, se vé !á la naturaleza que le hace espresal* 
sus sentimientos simpáticos con el moribunda 
¿Y por qué no vemos esto mismo en los biógrá»- 
íos de JeáücrislofEito.dcíbe llamar, sobre t^do, 
la atención , porque sus discípulos no eran hom- 
bres que rebozaseis sus sentimientos. Debemos, 
isin duda , confesar . que fueron guiados- por iii^ 
flujo superiprwr • ' * 

Los.'que Í3stán acostumbraclos desdé su infan- 
cia á leer el- Nuevo; Testamento, de túodú que 
su entendimiento esté familiarizado con cada una 
de sus partes^ apenas pueden formarsje una idea 
de la dificultad que hay eri determinar las divef- 
sas relaciones entre los individuos del linage hik- 
mano; con una precisión tal, que cada éual pu^- 
da reglar ,exaclamente' todos y cad» uno- dé sms 
deberes con el otro. Los escritos de los Apdátotes 
y idé los Evangelistas arrojan de sí> úna< luz tan 
clara sobre esta materia, que está unocast por 



Digitized 



by Google 



7* 
pensar qutd conocioiiánto i^ las deberes á% \oé 
hombres teltc sí^ (coDociimento que todos \oé 
hobiíantes del miii^db ciñ&tbnohaii bebido eo es- 
ta ii)i#aia fuente; aHnqitfe por ranáleis diversos)^ 
l%6 san otra cosa que unas reflexiones naturales 
que íiacbn por sí ammiss^ cóindo consultamos 
iiu^lro propio corazón» ó una producción, como 
si d¡)éraihoS| e&pootáneaidel corazón faümano, sin 
i^ulllUVa^ Mas léanse \^*in¿tíiueiones de Menú; 
reoiiírratise' las* obras de los «abios áekr antigue«- 
diüd p^gaoa eniil occidéple/y la falacia será bien 
^pMtQ dcKSCubierla. Sin «foe de^eMosi ¡de confesar 
^n : todo el mundo ^ qué hmf cosas; buenas, y biea 
.dichas en estos escrkores^r^uán defectuosos son 
.en ciettos! puntoa, cuánr injnstois en otiK^s ; y cuan 
auperstitiosos en dasi todos! '^ Qué mal fundados 
algunos 4eberes, otros qu« omtiladosv y ^^^ sil*- 
guuoá ent^ramráte omitidos! Muchas cosas man- ' 
Záá^ Mi bomo de^obligaoion rigurosa, no lo son 
en la realidad; también por lo respectivo á los 
mutuos débebes de los hombres,' tiene inmensos 
Tactos su código, de la moral; y eh lo líias im«. 
portaale.del sisteina, con respecto, quiero' decir, 
.¿Jas obligaciones del bombre para ^on Dios, y 
4 Idá dc^efes! consiguientes á esto, ¿qué^e^loque 
hulllamofiislnb ua silencio cl mas espantoso? En 
vez de deberes, apends tocamos otra cosa que una 
mole horrenda de ritos topersticiosoS| y de cere- 
^ ibonias. insignificantes, -i . '> . 
r .1 .Do.i^i el ?iuevo Testamento , no ^ asi; él nos 
n^uestra ua parfedo sistema de ]^receptos mora- 



Digitized 



by Google 



75 
les; tcuJo cuanto el Iv^mbre se debe a «> misino, 
está éü él trazado sin idéfecHo^ y sla rcdundancb; 
cilaóloi debeá sus seme^ntés en! las diverjas* re^ 
laciones qué con ellos aiant¡ene,jestá en ¿1 cht^ 
ramcnte especificado y: ordenado cow el'toiio áú 
la aúroridsid* Ninguno' puede decin, ié» injusta 
exigir de mí que me porte de esre ó del olro mo+ 
^ con mi padre^ con mi amó, con mi <:r¡ado9 
coa mi hijo. Los. deberes del hombre pái^á con 
Btos/ fasaleria mucho mafc dificil y en la quehail 
sido; ii¿i6. defectuosos Iqsipaganos, estáti esplica-í* 
4os a>n pormenor ckridad' y;<pknit!ud. No -puede 
imaginarse deber álgutio\ tuyo prséce^to no estié 
contenido en «ste Ülbrd^.o^ii áe niáiidá en dí cosa 
dguna como obligaloria-^ de la que pueda deriva 
6e , eso no es racional , eso no es un deber que 
*íiterezca la'penft de cumplirse^ I^odemós ^^fíaf 
átodó el mundo, a que nos^ cite uíniIsblo.cJcbjBr 
'para: con Dios 6 coh lo& hombres; que no esté 
incluidoeri el Nuevo «Testa toehto; ^ó á qup nps 
pruebe V que uita sola* cosa de las presentadas en 
él JcotDO deber, carenca de' razón, ó 'no deba ser 
obUgatoría. Xa .sencillez y concisión ^ perspicuidad, 
j e| tono de ¡autoridad conque se nós.especificafi 
tales obligaciones, al paso :que fortifican: la ver-» 
^ad, abren campo tambicil ! para aplicar los dé^ 
beres géberales á las circunstancias parttcálarefi. 
'La ínoralde los escritores del'Nmevo Test»- 
ménto és^uya propia., y no la han toiíisdo presu 
láda de ningune: principiaí por el, origen , dando 
Itj^- á loa pensamientos; sus preceptos aé estimf- , 



( Digitized 



dby Google 



76 
den hasU los prímeroi movimientos del corazón, 
$G nos manda la pnrexa del alma/^caalivando to-* 
do entendimiento á la oWI ¡encía de Cristo/' (9 
Cor. X. 5.) Ni podemos entregarnos á un pensa* 
miento vano, ni dejar que nazca un deseo per- 
verso, sin manchar el alma, sia cometer el pe* 
cado. 

¡Qué diferencia hay de este sistema al que 
nos dejaron escrito y nos ensenaron los sahios de 
la Grecia y de Roma! £1 miramiento por la pro- 
pia; reputación, ¡en q.ué puesto tan elevado no se 
coloró entre los moralistas pásanos, en quienes se 
descubre tanta ansiedad por la opinión agena, j 
por. h aprobación del público! El siguiente ver-^ 
so dé uno de sos jpoéts^s 'demuestra »*bien amba^ 
-cosas: ' . ; ■ ' , •* ■ 

•*Est p'ulchrum dígito monstrari, et dicier, Hic esL^ 
¡Qué bella cosa ser señalado con el dedo, y 
que digan y ^quel és!' Esta fue la misma moral 
que practicaron los fariseos. No deseaban sino ser 
vistos de los hombres, y querían mas ser de ellos 
aplaudidos que de Dio^ Pero á los tales desecha 
cuteramente el Evangelio, é inculca, en tono de 
autoridad, la propia abnegación á todos sus pro- 
fesores; máñda que tengamos la más alta consi- 
deración con lo que Dios aprueba, pero, en cuan- 
to á los hombres, skAo cuando su aprobación es 
conforme con la de Dios, y en ella se funda. Se 
mandó á los discípulos de Jesús, que hiciesen lu- 
cir su luz delante de los hombres; pero se les 
prohibió al mismo tiempo que fuese su objeto él 



Digitized 



byGpogle 



n 

de captarse su admiración ó sus aplausos, orde- 
nándoseles únicamente que lo hiciesen para que 
los hombres, al ver sus buenas obras, **glorlfi- 
casen á su padre que está en los/cielos/^ v. 

r^oe&tá manchada la. moral del Evangelio con 
esa mezcla impura que ha contaminado todos 
los sistemas humanos publicados hasta el dia. ]Ni 
el Evangelio admite el liberiinage, ni contiene 
supersticiones fiii nadie puede darse por satisfe- 
cho, cumpliendo parciaimenie sus preceptos; la« 
religiones pagana y mahometana, ¡cuántas prác« 
ticas de liberiinage no apruebauvó toleran! Nin- 
guna, sin embargo, ni aun de deseo, ni aun de 
pensamiento, permite ó tolera el Evangelio ¡Qué 
multitud de observancias supersticiosas no vemos 
en los códigos del paganismo, en el Koran, y en 
el Talmud, que es la Biblia de los Judíos mo- 
dernos! Que el enemigo mas encarnizado de Cris^ 
lo, familiarizado, no obstante, con el Nuevo Tes- 
tamento, abra este libro, y nos señale siquiera una^ 

¿Cómo, pues, los redactores de este libro han 
sido capaces de formar un sistema de moral, que 
no ha sido posible perfeccionar en mas de diez 
y ocho siglos; mientras que se descubren defectos 
&in número, y correcciones infinitas por hacer 
en los sistemas de los filósofos de la India, de la 
Grecia, y de la antigua Roma? Al dei&ta tora 
empeñarse en hallar la causa de esto por medio 
de su razón, pues el cristiano se la encontrará 
muy fácilmente: bástale responder, esta doctrina 
es la doctrina de Jcsucri^tp. 



Digitized 



by Google 



CAPITULO XI 

El cumplimento de las profecias pruébala ákí* 
nidad délo religión crisiianOé 

.Ojgdmos al dutor diado en el capítulo anle* 
ríor* 

No es cosa muy fácil el decidií* de cuál de 
las dos cosas resulta una prueba más fuerte de 
evidencia, si de los milagros,' ó de las profecías 
en favor de la divinidad de la revelación» Eslas 
j aquellos tienen sus ventajas peculiares. Los 
milagros, en la época en que seobr^iron, pro- 
dujeron un profundo convencimiento de la om*» 
nipotencia divina en favor de la verdad. Palpa- 
mos este efecto muchas veces en los mismos es- 
pectadores, cuando Jesucristo concede la vista 
á los ciegos, y la salud á los enfermos; vemos 
maravillados y asombrado^ á los circunstantesi 
dando gloria á Dios. £1 cumplimiento, por otra 
parte, de una profecía, en cuyo seijo estuvo en- 
cerrado muchos anos el acontecimiento, y del 
cual se desprende por fin para ver la pública 
luz, debe causar una impresión no menos fuerte, 
aunque de una manera diferente, sobre cualquie- 
ra clase de testigos, y manifiebta la presciencia 
y sabiduría de Dios, perfecciones que, destinadas 
á atestiguar y confirmar la religión, prueban con 
evidencia que emana de Dios. Pero cuando ve- 
moí reunidas ambas cosas, esto es^ profecías y 



Digitized 



by Google 



7f 
milagros» con «ste ftoicb objeto, ¿puede conoelMr4 
ae un grado saiperior klc evidencia je^tetna? 'i» 
. Hemos maniicstado que el Evangelio púedé 
gloriarse juslamentc de sus milagros; ah6r» mái 
nife¿>taremas qué le es* dado iguaimeále a'j^oyar 
sus títulos sobre profeciíÁ, y no ya sobce uno<S 
dos vaticinios aislado^, sino sobre un cuerpo déi 
predicciones bien compaginado eü todas. sus parr 
tes, que se estieúde por la sucesión de los siglos, 
y que. nos hace fijar' la atención sobre los rasgos 
mas singulares e importantes de los acontecimieñr 
tos particulares. Pero replica el enemigo deJ Evan- 
gelio, diciendo: sobre este asumo bay muchas 
imposturas* Háyalas enhorabuena ;¿y.qué se prue- 
ba con eso? Pues que, ¿pprqué á alguno le plu- 
go decir que sucedió una cosa que jamás, ha su- 
cedido, será esta una prueba de que ninguna 
otra relación que se haga acerca de un acontecir- 
miento pasado, debe merecer nuestra confianza? 
Lo mismo podemos decir, ni mas, ni menos, cou 
respecto á los sucesor futuros. Ademas de que, 
las falsas pretensiones sobre cualquier cosa, cons- 
tituyen á lo menos una fuerte presunción de que 
entra en ella por algo la realidad de esta misnoa 
cosa. No habría moneda falsa, si no existiera la 
legítima. Examínese y valúese el peso de estas pro- 
fecías. 

Carácter dt los Proftlas. 

Los hombres que Dios ha empleado eomo 



Digitized 



by Google 



80 
mfttniaienKiS'destt providencia para cumpKr »us 
designios, con respecto á los de las naciones de 
4a tiepra, han sido muchas veces los mas viles del 
linagie humano. 

Fero los que escogió y comisionó para que 
{uesen sus ministros en la revelación de su vo* 
luntadf f para llamar los pecadores al arrepen- 
timientOf ó á la sumisión, siempre le han sido 
parecidos, conforme lo exigia el carácter de su 
ministerio, esto es, siempre fueron altamente sa- 
bios, piadosos y santos. Reflexionando sobre este 
punto con atención, veremos que tal fue el ca- 
rácter de los profetas del Antiguo y del Nuevo 
Testamento. Si un escrito (y esto mismo convie- 
ne á cuantos tuvieron parte en la redacción de 
los libros santos), si un escrito puede probar 
con evidencia las calidades intelectuales y morales 
de su autor, debe decretarse la palma de la mas 
estremada sabiduría, y de la mas evidente virtud 
á los escritores del Antiguo y del Nuevo Testa* 
mentó. Ellos se manifiestan superiores á todas las 
inclinaciones viciosas, y á todas las especulaciones 
del amor propio. La naturaleza misma de sus 
vaticinios es una evidente prueba dé que ningua 
motivo de lucro se entremezclaba en sus funcio-- 
lies; frecuentemente ellas mismas los envolviaa 
entre mas males que bienes; mas bien Ioscondu-> 
clan á la prisión y á la muerte que á una vida 
cómoda y opulenta. No adulaban á los príncipes 
ni á los grandes, como los falsos profetas; ni 
profetizaban como ellos« cosas que halagasen sus 



Digitized 



by Google 



«1 

pasiones j alentasen íns designios, sino que les 
M^abilia fr^Afcameate el lenguage 4e 4a verdad, 
aun en el tiempo mi^oio. en que sabían que se- 
mejante lenguage iba á serles de infinito desa- 
gradof y á comprometer su seguridad individual; 
id ftra tampoco su objeto la nombradla^ ni anda^r 
teia pór:Con3Íguienle(en p<$s de ella. Pocas vecet 
los. vemos en las csi^s de los grandes, ni en los 
{Ndbcios. jr cortes de los príncipes; j aun esas es 
siwipre para manifestarles verdades atrevidas y 
Aiparga^; nó era mundano su espíritu, ni con 
ojos nfundanos miraban tampoco la figura que 
ellos mismos representaba n^ lúsensiblesá )osatrac*- 
livosde la graiideaa^del poder y de lo^ goc$s 
lerrmales^ cuantos objetos se les ofreciao á la vis^ 
la, i|o eran mirados por ellos sino en cuanto te«- 
pian relación con Dios y con la obediencia, que 
diébe prestarle el hombre. Porque la gloria de 
Dios, el reino dé Jesucristo, y la suprema felir 
eidad del homlure, eran los únicos objetos qM 
ynmo^ con evidencia baber tenido imperio sobre 
su corawo,. y haber dirijido toda su conducta. 
$e le$ presentan ocasiones de hacer mención de 
toda clase de persouas y de cosas, y de piptar to^ 
4a .sutote de acopiecimientos; pero es muy fác9 
^:iidvertir quoj ninguna, otra impresión les causa 
todo esto, sino la que dice relación al gran sisr 
team qué Dios s« propone « y al atraso ó é loa 
progresos de la perfección oioval d«l genero hu^ 
imna 



Digitized 



by Google 



8Í 
Naiatákza, pormenores,' f^mmimáefl&k^jih^ 

Muchos e^«)^re& se* liflPií'V^cl^ faofiflMn^ 
T|ue han valiclhado subesos qucf-^e háptfit^ésditti^ 
según sus conjeturas*' Esva ^oniBorinidad hf «lé¿ 
muehas veces bija de la caísualidiid^iy'efectovtftrM^ 
tle una sagaddkd esiremadal Ik eéio haa^fofikvf 
do fácilmente los etíemgds 'diel'«tÍM{ai»btB^i>«L«i 
mdtivo y una ocasión partí mitáf ias pTAfeíÉfM 
toího cosas dé poco ínómeútoi poeaf ateMidn "^é^ 
BÍn en)ba(rgo\ suficiente jja^a ad«rettfr'«iqtti nitst 
éiferencfe cnormfe/Puedc |^lWdwsc!«lopo¿áS''V¿*• 
üe^trh acotitecimícnto ^isliido, cbtno^l etemd'dé 
tiña causa existente, y puesta ya' 'm «acéioni^Léi 
profetas, no obstante, predlfeéd' lés^'sttodktjiis 'Vétl 
todos sus púrfnéMreí ; mántñ¿súx\ioá'Bt6 Ipátíhli 
t^uilsianciá9,^ieod6 parteá^esáadbltiíi de sú va^fii- 
^io* las personas, la cauSH; el»<efect?oí, ¿l'^móck^ 
los tiet]ij[)o$ y los luga»es^;4ld>i;«itia^eiile»al»llttfft 
h semeja ni» d«l caso,* y>pued<¿<dÍesdeio«|git$')aá«s^ 
gurar^e qtie éi ^tüúr (|üc acef%5 letií sü ti^ijé^uii^ 
^bre un ¿(coií»tecif^ento;aí^ládOf t^itípl^ifi:^ 
lio,' sT toda$ las' elrcüHMan^ias^frefetidlis httíbierftíl 
hecho' »^á¥te de sti ^prédfcdottviiío'iittbiewí «isígí^ 
tim feütreíi sü tum^lrftiíeifl^i^ fif < .'^^''> ohní 
^ ! Las coSás vlarlidnaéás pdif tes ptíífet^í WBtt 
púé 'iWnáfurakiia^^^ iiias>Jpfqi}a^ pára'>iftspit«&r 
desconfianza; nuevas las mas en su clase, las'^IftlM 

estraordiparias, y no pocas improbables; un gran 

ti 



Digitized 



by Google 



li^ij9^p de elW^erain ju3Uraiiep;is,l9 eont icario ck 
\o que ctebia.iiaturaínieale ;iucecler ; algunas vowg 
laf resurrección y ascensión de Jesuo^isto, y co\nQ 
la Vfinida de ^u divino espíritu sobre ^ Aposto^ 
les I e^abaa fuera del orden naturaL Muchísi- 
mos de estos acQptecimi^ntos eran esenclalmenr^ 
tdn rainales y tanJuiprobaUes, qué )a sagacidací 
hnQiana ma^ .p^q^l^ante era inipo&ible que pur 
diese preTeerlpf'f,$K)]o Dios y sus inspirados ^vjt 
dieran e]eyarseá>tainana previsión. 
;^ v'Uoa serie larguísima <}e profecías vemos, ade^ 
iDa$, que sobrepuja todas la$ fu^zas del hqm-r 
bre. Si solo abra9$ai$f;i[i las profecías un pequeño 
uámero de an^cesos y un limitado espacio de tiemf- 
pOf si no eglüyieran enla3;ad93 un^s con otr^s^isfi^ 
¿vfdencia seria de mucha m^nof fuerza * Los orá-r 
culos paganos ito, tuvieron si$teina alguno; aquí 
4 alié se aQHa.ve^^car un suceso que estaba eq 
conformidad con el oráculo; pero de esto no^ 
esperaba ningún objeto importante, ni habia un 
todo de qii)é hici^s^ par!te,^f^dacua) deestps orácu- 
los. ¡Cuan diferente de este es el cuadro que tene- 
lüOSiS^ la vista!viS\ pümero4plo« acontecimientos 
^de una extensión, sii^gulari é inmenso el p^ío^ 
4o de ti^mpaque abra;ban , como que se estieofle, a 
millares de aBos;fy>por lo que, respecta á los lu*^ 
gares, la escena en^ que deberán repi;esentarse no 
€s nada menos que toda la superficie del globo 
terrestre. £n vez de una masa heterogénea,, s^ 
pre$eQla una cadena de sucesos que se eslabclnan, 
y/qae se unei^ unos con oíros {»ra formar i^n 



Digitized 



by Google 



8Í 
giran todo. En niui palabra, las profecías forman 
una brere bt^toria preKminar de los destinos del 
género humano, señalándose en ella con toda 
claridad sus períodos mas memorables; manifies- 
tan y describen con fuertísimos caracteres las dis* 
posiciones divinas de justicia y misericordia. 

Las profecías, pues, si se consideran bajo 
este aspecto, van á adquirir ud aumento adiiiH 
rabie de evidencia. Si es posiMe que el bombreí 
echándose á conjeturar, anui^lcie algún acontece 
miento próximo, ainado y dependiente de una 
causa puesta ya en acción, es absolutamente im- 
posible que á no ser hombres inspirados por 
Dios, haya ninguno vaticinado una larga y cohh 
plicada serie de acontecimientos, cuyas causas 
por punto general no existian en la época del 
vaticinio, y cuya existencia ni la humana di atin 
la angélica perspicacia pudiera haber previsto 
jamás. 

Profecías tocardes d Jesucristo. 

Los que pretenden que las profecías sen unas 
conjeturas felices, ¿por qué no se detienen mi 
momento y toman seriamente en consideración 
la profecías del Antiguo Testaniento, que tienen 
relación y que conciernen al Mesías? Tal vea se 
encontrarán unos cien pasajes, ó quiíá algunos 
mas, que contienen alguna tosa distinta^ algo 
de particular con respecto al cuadro de sucaráo^ 
ter, de cuyos rasgos hay varios que merecen una 



Digitized 



by Google 



atenían muy Mogular, j ácX que liay algtinofi 
otros <¡ue parecen coniraíliciorios. I^ase parlicu- 
larmeote el capítulo Lili de l&aías. E.^^tosdíferen^ 
tes rasgos fueron tirados por per¡íOníiges de dis- 
tintas épocas y de pai^s díicrexit4r&. Lads üllimos 
.||ive habbron^del Meí^ias, lo venticaron algunos 
.GAglos antc^ de su venida. Los cristianos afirmao 
fC^ue todos estos vaticinios se rtíficrcn á Jesucristo: 
,c&te asuntó puede y debe examinarse con cuidado 
j1|^ diligencia. Las historias sagrada y profana nos 
ipreseotan un i>úmero considerable de héroes^ de 
.guerreros, ile políticos, de reyes, de ¿ábios y de 
.filósofos. Apliqúense, pucs^ estas profecías á cualj- 
^uiera personaje de estos que mas os guste, Eli- 
-jase á Juda^ á Pedro^á Juan, ó á Herodes, ó &\- 
-iio eo la historia profana <;scójase á Alejandro ^i 
-á Cesar ^ ó si (larcce mas á propósito, recaiga la 
. suerte sobre Sócrattó, Coí)fucio, ó Marco Anto- 
-tiino, Apltqueii^, pues, ^le^f^ldo las profecías 
odel Antiguo Testamento* Si un r^$go Ip cuadra, 
el otro no le co^ifiane, y un tercero hace yercon ' 
evidencia que ninguno dé ellos es el pcrsonage 
.tá(WÍíWíio.^.Ser53t^apí(q^^^ ^ucj;isto^ tqi^ 
estos rasgos y cien mas que hubiera, y se advertirá 
J|tfl^ipcrfe^7«i9^^ qíjieviodos 

:ii^<ÍA iH»crtrci¿r;co« Iffs 4íl0!^¿í;i,qi^ ll3ii?ase 
t9im9 fefHÍimftQ'C*»MWi^d,.fl/:qi!H5 4 ^^ gran^ 
-i^fl^ímHtdMUaome w» cot^cw^^ fort^itp 4e <ir- 
,^8lii;MQi(^8;<.«9t >ii»erep« qnCfpoP é)i,<fp yaciocirip. 



Digitized 



by Google 



«6 ' 

a^i^síó WiViéilli^ 'bá'lÁ§iid«'d« sVf mndjgÓS. 
m;d¿^!íítaHc^ dfe W Hyrtü^ált>^/'podni idilio 



^sKt(ff Uto y. ik i^e%ibñ'ésf<Mr<ÍO')i»'tioirt80«(ie8. 

tilín rir. -u. '( ,fnoit/jjí( aiip ¿tiu noí.-i -^ <oj}?.6i erifeD 

•'diá el liéidJÍK|^d«"l4^^t«feH|:>tesllff dr4tb<A»<be^, 
' ¿Oh' b a^i¿il<^é'éfi¿Wiu^e «i(Ae9ifPtW>lll3vi9b|- 



Digitized 



by Google 



1^19 M|ef4P«lk'A9^Jbi)i«l>f»e>i<^'MRti JÚempos, ¡tier-; 
-Uña simple declaracÍQi^.hecW.^n! ^r/PÍR(}S 

tí9át»^ $t»iq«lM-(i, ^R«>;»fil ,«6so>;«^'/^teraB^i){f} 
^M;tíla!»4oráei-»a>'*á9il(>«|níi^i4«^.»4«R^i4(^«t. 

•1* i»iifiiSi;^<MaJAipid|P9|PB>W^ pFme^-^ií^ 



Digitized 



by Google 



m 

que sedemiiMS por toAo d fnWv n AiijpiíiMtf^obl 
gencMl lie h Judcídi; k tgtíOfttiiriéi^ «tticta^^ 
de lo6 qtte sobrevivierotii b d{¿||K!^óar áeiioi Mi 
gttÍT06 sobre la «uperficüié ^é gldb»; ^íñm*ff^ 
maílaft catástrofes üo er* ta|^4e*''t»^6t%e» lédf 
Ut prudencia hmMna« y eMo-'tédd d^ebb^'^áiiíef 
mas, verificarse atites de que pasase ''b* jg eáfem *^ 
eión que entokices^ra; * ' í» *' j »'" íí'»'Í 

'Tan estrabrdíÁario ^fi<o>lMAiapladtf>i¿iWt^ 
dnio fue también su' iiüi^pKwltf¿kéi'^><ttií<dirt^ 
friera á un autor crist¡áiÉO'p|r«qiAd^[wÍ^gE||^ 
seii dé este singular attonttcUafenl»;« y^dgiu^^^i 
itíe^nores, pudierab respondéri0^^á mla'd«H^^ 
101" por suteli^ion ba ateMbdl> dltbiri^dt ptttihahi 
frirudés, pata faaoeír qke'e)^¿ésé«(MWrdfiii^M¿ 
e) Vatkimo. Yd yét^^'fúiái 1| ttitf ^iMii^^ittKlfiííi 
tis£M!ci6ñ etl poderos dlH)Jr á(Wv'^aillbid|iiáfQÍ3iftf 
énetuigó del EVadgelío ^'iif áKsé#^ir«ístiKptdi»^^ 
Mbf e éste punto/ 'La bistorli' jqifiaí bsf ^<Jifi^ Ji» 
sefo de la guerra de Ms>€oa^(yidááittoá^im& 
los romanos, tontiette giMcfasi^pdktfA^^ ^\k 
éatástrofe de sü nadoni y ^«0^iIé^ ie*btí(liyi 
perfectamente en estddo^^ «áótilrfr €iáti^l9«t|i^ 
fWt¿ qiiíe estiba ptofeffdMiétltp ^sidoi(40ld1ifs 
negodos, púé&f^ q«« «iMf ^lahif^M^é^^ 
7<o'tír¿a¡s, puéá,<fiíl siquiera úba'^b|bra'4e bísatf- 
té^ bft pudieren dédr los' ct^tiísÑíiosi^ileed 4a; bMtf* 
víéí de" esté jfidfo; y e<paApskVÍ¿Aí4an'^^wüi^^ 
ééifkúctkl^etíé EvangdioId^í^MttN^tílíitl 



Digitized 



by Google 



'«¿¿'^iáMiNi^tf»^^^ atoan» ¿Das&A q«d to«'fM(> 

^á¿f,stte(fdÍélfelK(i'^ 9Í> Boibi;; l> oLi-t°iu2 ucrl -^ 
-i;:>l oLía c^wl on 9ííp ,r,qo*i"i:í na fi-^dcií noaüi't 

oiiiolunliilu lo otíiiúlyjín oLr,aifi-^\nmB neisidud 



Digitized 



by Google 



lado dui»Mi[|CwlfK>¿m¡t>M^p Js4» 4^dMf 

•^bya(i^iiiii|i«MikM(bi ii^ fi«epnifi»i^W%i^ 

y han sufrido degüellos de diasdMMte9ir¿¿Qp{^ 
rincón habrá en Europa , qué no haya sido tea- 

cubierto 51|^p«|^aI^^!^gn^^lto4sK^^i»Ugion, si se ' 
hubieran amalgamado mediante el matrimonio 
4K|aT(^s)íhabb^flttoT4$fi)M ff^fKSo^^fldfttffiyían, 



Digitized 



by Google 



*^>to iSMida «fifl^ IWliisfMfeU^iWde^ p»cíiidm^ 

«Jds'^lúiMfMií^ qm Sha» *Ít6icii(mi^diiar»^s«P^a»ll^ 
^^Úv'fiqaipdl ini4ng^9»^ofMcbíltfiitspiElrMift¡ab0OÍ^ 



Digitized 



by Google 



AfK^Q^ef, ,«tt^)erJM«SMÍb^Ai99stftVP4a^ P<^ elevar 

litad con t<xki9((lilMf p^írofeo^^l^ ^qoM 

^i^mi ^MíeífMMi#í)iQil»tsiri|^<$9frJft fi|ttl$l<4e un 

.«áiAwneifeinigos; Jb^ ímb/áíeti encape cJimitff«i}ékB 
-ftáúSi^si^ 'fiíp^i>|lftro6m;^d^^C9iito 

4moQdeifiM7h^dn3Ídadb90^>s«pai^ )^(|Cispíir«i4^ 

"¡mbtíMto^r 4éspQd0i^i»kAi^ikitti6Í»iijMÍ9i^ 
¿phy^M(fc^db>4ogoft\d«^ 



Digitized 



by Google 



léraimo; está ^si^cínad^' qite^ií%árA'diaÍM^«i!<»f» 
iwrtsrán al cristianistBié jr'iiue «vsc^ida "i^tiMüir 
cobfiertcffi de gloria y de feliciditd/PbrqiijeF( s^nt- 
» cspVica uno de sus pt^tas; ^{Isatas JUÜh 7^ 
^'^Eti higarde vuestra dobfet^fifuafeny de TUes^f 
ira vergüenza, alaliaién ira 'suenen por' tarrtd 
poseerán en su tierra' denles cofiqs^leiridrátiaW' 
gría perdurable/^ Su estado actual ^«lisfe|iirieill^ 
to, ¿qué prueba tan poeo fuerte «i^roja de s^í^pi^ 
ra conjeturar la gloria fuivf a 'que les está prd» 
metida ? Guando ellos t/t tontt^ierfañ, d £vá¥igeii 
lio, destinado á producir bienes y el «ónfencií 
miento del mutido éiiteroj'ae inanifestará con 
toda su evidencia , y será conocida toda su fuer- 
«a ; j su influjo sobre los epA a^^^mrris^áfn e^ 
la incredulidad, sera dt un»' iñbusidad 4!híés|^- 
cable. .. .. ^^ -.'V -.v.;' - •-; \ :<v. 

Esta evidencia merece, en el estado actual de 
las cosas /la mas profunda atéhcké 'de piíéíe de 
aqueltos, sesn los que fueren^ qil^desdéfiía¥i'aN|Ji 
«íiitir'la religión críistiariá^^ í* > s.m j r J 

l«ed i pues , y iMitad preCqifdtf inetité MU 
bre este asQnto,: considerad eoiF<ii)adure»;.y bajó 
UU' aspeeto generalv la imttíralessa y^finiílé W'pf'G^ 
fecia; asi como* también ilos-vatii^mos ttbrt«?tiiá^^ 
res. Yo, yo mismo; iapekmdo cx)ín eonfiaíntt' á títi 
juicio sano y racional^ puiedo pr^gVHÉitarr^son "pót 
ventura las profecías un a¿»ttntO'd9gfió'dd^>rídjet3 
lo? ¿Consisten^ áca», en eoqjétuitMÍiiiciet^ad 
que pueden interpretáis 'de^r^cualqpDier nmúét0 
£1 bombre impa#dali'^i<iie iwtMstw** ni^ poiáiMl 



Digitized.by 



Google 



9* 

fMt*Í9nefar{fM^»«í¡0ibfif«sí lUle^genéfo de prueba 
4»fiMeii|eíi|áílU[i.tíd>^ c^OrkanMl tá adq«iiríérido 

nmifOiblmii^iÁta 4»r^fl» gr.i)W/C»leesta taiti^ 
^Nmtfniítftjlejan^ii/y m cmúAarñmo» d <^jeio áo 
i^9lkrfaA;f)i»i^|a^^pmfee]bfc^;el aclual «siado de una 
9r9liiipb^rle»del<riínAgQfbimiano;'j la teodenda de 
l4ii^q4¿i({iei^.4}lumQiiMfo moqal^ ¿podrá, ineiios de 
cf^tür^jiiici «iiytprcp6ndQrá(ile>eT¡denc¡a de Ja 
inspw¥:^i>ide kiaipix^las y; de la rerdad del 

nn-, ,: t•.|....t¡»CAP^TüiIiQ.XIL.• 
£/ mi^itifUmimto hitfnmo má alcanza ma», en 
«jd^OAt» tííM:ir$ligimpgr flJ(s^^morol; ifm laque \ 
contiene el Nuew Testamento. . i 

«*h Dtwfa^te loé^úkiiDcA.siglofi ha estado el moo^ 
4oi:c^.i1l<v^9ttadtf>de .perfecdoa i^nog[te$ivaf, que 
todavía crece con rápida :celimdaidr Han sacaída 
QmesfffOfrYliffvipte cpriiiddraUea Tentajo^ á lob an- 
ti^ilo^, nunfá lostmas^fanióftOfvpor'ía reapeclivé 
ájqdál^ftiafciepciafi úiilcs¿ y ^espuei; de coaoio 
r^ttll9(df JoftídéscttWiiníeiiéoa jnodernoisf loa IW 
br0S:dft^Iok.iauiÍ9UOft' :lMcn.llegad6 á ser iiisufi^ 
^i«9tea £Me^4eq^aieno aa, ha^ notado principal-' 
ilfHile.eÁ!el/cv/ií$o.a<¿ siglo XVIII. ¡Cuáutoa es- 
crítoa «ffiidos al pcindpio.de él; por obras maesrf 
iinis-iriie tuiofiíon'icoilio jfiútiles anles que teruur 
«9ke! Sil dftnáeflMk ^ri^isenle .i JaicJomaMnH; 



Digitized 



by Google 



apli^fftiqn .Ae ¥3X105" mHIaiíesrrdb ^tenrlmicrfit^ 
üiuj] ItótraHos y 'muj cullivadosi que ünícarnjeii^ 
ie seiocupan de ríucvastIcsculirimicTitóSj' y'^-* 
yoA esftjtrfcos^sedivljea enterüinenre á nfíadir cit- 
go <íe nuevo á lo que sbtcs «e había escrito, Tiín- 
^ifino ^é tamaños progi^so^ debe^cbu^amoi' iC^^ 
iravillai''^ -^ ' '■ ^'* . '^^ííh'^ííií* " ■■■ -'^tií'^íi .".'.'^ .•■♦li 
-f»ír»ps4íí8 Reflexiones dos eortducen ha turkimente 
á *pF¿gwnlMí por el eMado de las cos^ éoncér^ 
biemes á Jaf teligion, y si el iNuev^ TeAiamctuo 
se mantieifie ocupafido con firiuetfi si>Jterr!íii(¿ 
Un creeidíáioio numero^ de literatos se hfi ápti^ 
üado al estudio de los principiüs de la religión y 
clfrla monil, yá los ciencias qut tienen rclaclóti 
ron estas yconlus obligaciones y delíeres mora-i 
les. ¿Poro ha escedido alguno de ellos, por ved-* 
tura, al Nuevo Tiíala mentó, como los filóaofoá 
niodetrios se han aientapdo á los de la antigüen 
dad? ¿H^n descubierto álgun niicví> rasgo en el 
í^árá^terd» la divinidad que tío se ballé^en esfté 
libro, ó^algon nuevo debtr Jj'ue en él no sc*cof^ 
fftilga? No/Bopor cierto; después de tod^ laH 
11! veslígaciones, deanes del sobre-ausilio de, los 
ronGScimiefilos irle di«íí y ocho .siglos , no se ha ade- 
lantado supiera un paso; y la primacía i^edá 
sici¿iwe por ¿i riuervo Teslámcma ; ''^ 
X ¿^Eíivfácil cdnoí?cr que en estos üll litios tiem¿ 
pos han ^ progresado considera btcraente las 'luce^ 
en el ramo parlicular de moral que ataiKe á los 
particulares y á los indiriduo^^ bííjofel tjsperto 
principalmente de&ustrelocionessbeinles^'^ilefpueff 



Digitized 



by Google 



NiiQVDi XeslaaiciitDv y» naiiiiiiéiiie&^taiiCi^yi» let^ 
cril0i;e$itiKideMbQÍ iuio^^bnfadi^ ioat-qoe ^ en 

dos esos nobles sentiiiiientos, caya estensibn j 
f^aivilQOfSerhabvi.éiitcs adverlídóf .)t.f}tte.«e pae- 
d4^Q>:aplí«air á aíanias eosas «on cbi| nealídod una 
perfeopimid «aiprogréso'afccliydiVcriM» qoe d 
r}il9VP>írfrtainentaso$uenc kidj^Mtaacofias» jr to« 
djif bÉaitocpimanda .inedíaiite d «spírífa k)el Evanr 
l^elío. ¿;]So.és;:um cosa ^uei pasma el v^ i)iit 
ctiai»ltiSiVQees ie ha hedió un dfescobrlmíentQ úlil 
en la moral , ólras tantas bá.yamósi venido á parar 
en qne d ?i«DevQ Testaipentd cfncerraba el inismo 
principio, aunqae .no. jo. buBiésefiioi^ advertido 
h^eiUii^nlQiiiaesP Pues esto' e& lo qwk se Imymür 
<*^do»en cada sÁ^o, j ebiaes ló qiMS i»o}^ t^rw 
jgRsarseJodoii lo^ días; 7 ^ hay.ia{;<iiebor.)d«Mla 
q«ie<ea el iNiieNro Testaiiíeatp:.'eaiiale t^da^ia aii 
granmúnneto d$ prindpWisküvin^die fn0t*áK c|tM 
loi pilogrlésofi.dei siglo pro8eifilcf>]r, de < los venide;^ 
r<^,: descubriráú j «tosirisráa^iib vista ;dia loa 

¿Pero de /liiode^lrllá vmidd il I^^em^iTes^ 
inenlp ertJt !ÉÍngttlar(iprerQga4iro? Iiós:lva$ios j 
profliadiotoQnQciihíenilósdel es|iirilf|:dfi}I)|¡Ofi; qo^ 
lQ!dÍ€t4«Mnt|a¡ciittsa únkafíMonofil yisati^fa€«« 
loria; qii4 ipo^bHnoa «enalar . deobsta .manavilb» Si 
ti cflal i l tM aliift butí^ mvm^vhii^ 



Digitized 



by Google 



naana, hubiera tenido la suerte de los deiuas sis- 
temas que tuviffp}i íg!ff^m%ft» Los adelanta- 
mientos de los tiempos modernos se lo hubieran 
dWÍ9vWM «^ií^.ffta <a4f^¥ ^\^^;espftriwc«ta(Í9 
tod:^ ja^,,r^g\WW«/áeí. paginíií^Wo,vy 
en el día de hoy escri^bi^ .&i^re materias de teo- 
logía, aunque con un talento muy mediano, se 
cre^iafgr^visipji^esi,U5í W^^flp;|tJfi}9ftál^flEFibir 
Gpwo.ux^^^oÜQ,fil,xjmB ^e.,íp;4^JR$e;,,^«;a4#|irp 
yi^ésUo libro, vue^l^a.s íJeas sobi^^Il^f)f^j¡^br<; 
l^^rp^igion ^e liíUlap pcrfcctaD^enjte^:5dfai^q^,deJ?| 

d<^ajn y del si&tenia de Confncicf. ^i^cc|^i¡ia..qm^ 
$e ^^ trataba sin inju^iicp » £¡ no $e,f;o|^^)]¡^i^^&jQ()^ 
4,^l9L.que habia dejado: muy M3iB/4.;S^fbpvfíi,,fí^ 
SjftíjCuadros sobre Ja verdad j.^s^í^rfi. jí^,^i|jfjf^, 
y¿3rq unos simples pesíjaílores, ef|ífiMBaí?B*e Ujip^ 
Xñíf^^y WPS publicíiiig&p, naos faferiíSWltS* fle pan 
bfíJoiies ó tiendas.de qampaña ^f./K^dfiíi^ y.j(ijfi 
^ajLiLea, después del largo perío^p de>4i^ ffí^W 
siglos, han cabido copservafse ^ jpqg^tjerio «f;n 
pj{ejipo en materia d^. religión y. 4e,^or^l,,|{^i|) 
qjf^e fep^ í^n ^igo,^pajCÍp;4^ tiempp/hap b^ 
Hnp , i?iqi:jiera. qu^ , haj;^ ^pc^o ^ up/ W«p P?^ qn^ 
ellos! I^ que s^ enipeñap pp^ na.^mitjrquees* 
tos hombre^ estaban inspirados !pprf^|QSv^i>y^iit 
se señalarnos una razón satisfactoria 4^ ^ta su-^; 
períoridad* ^ - ., , .. ^ • ' ; = .f 



I i. 



Digitized 



by Google 



98 

•• '•"■! ' -'■• ■■■■■■^ (SMmúUQ xmj'"' ■ ^ •••■•;•>» 

mlaivideneiá de la áíaárfdaddjél Nuibó/Tü^ 
' • ytani^o, (jué resulta del hMnÚjéíájdeloá '-' 

■ -•' •í^ ';:'••■:..' Cípósides: ' V-' '" '••'• ••* *^'; 

V ,(;»:/ "iítJifi , 11": »■•• ■ ; I íi. : :-:,. > , )-.:^ f 

I Háy^ asutitÍM cuya téHáiá súfrfe una demos- 
trátitórt ítiátemdHcá. Pefó otiíós-dePitó^éha mapr* 
ittip»rí5nciá^p3rt»á^ te 'ftfíicíd'ád'diérffétifeí^i .fcumá-" 
no/Aol(y «aAíiíén nria etíd«c4a'tebráfKQí kea'ilnW 




fuiílicíé^éi^WWfl 

tniíVatJ ikl/eVideMia téslíóidiéfül «¿^'án'dU'sHhi^ 

cípíos;' a^aiíiai!» así^&6p^aftrtite/ y^^a'sp'tíJ 

nfer con- ótra^ ésjiéefe^áé pfftel/ásrÉyttty jfotíV((íJ¿rJ 
dó táii jíéffectaméhtéi dé-ljúé'iíxíste luná.tíuAaáf 
qué se Hafltf Rotíiá^, cbíftó flkíl'áxióátó , 'en la getfi 
ttiétría, qae' lo¿ tres- ángtrfós^ dé' titi tHáhgti*>| 
soh'igtStes'á 6k!ér Sh¿t(l6s réctó^^ ¿íil éoíBWP 
gór jSfiiiás héiV?sto á Romá,*'péV¿ mé Wfiero kf! 
testia]óntb'aI¿irird.'¿Eni qtíé"fconsísíe esta; carreta? 
En e! owfefrf ^é lüs coias morales de qu'e acabo de 
hacer tóefítciótt.*' • i ' . 

Dios ha establecido en el mundo fi'sico cierto 
orden que veo perpetuarse en él uniformemen- 
te. Tales son la alternativa del dia y de la noche, 
la fuerza de la atracción, gravitación etc. Esios 



Digitized 



by Google 



dfttos ,aM fKJoen' en mtado dp (fiir^r con ceríez^ 
de kte ieo($liia^& de la nalur^^sm, ¿^^o, i en al 
qpiuido npN^ftl nO'hay tanibiieo^tiHioir^Qili^^seiiie-* 
jaAl»?(¿:7^:ha]r :ialiibi(W leyes ej^^t^ecid^^ii mer 
d4a(iiteteftiya'Qon(lxáflgíi^^lo\ ^e9P$';de|(QrlQmar- 
na6,> cchiiubr^radd de exactitud^ sufic¡einte;para. 
diri)ir.jraestno» juicSo^ en materias de tA^jWopk>í! 
La ffiayob.imporiiiRncia de} níiundo mpiialLoftf ba- 
ceiCQinfiar que exp6tei.(eft é\ ^{^^bf^fm.^j ,;; ,;'j r, 
Hi .Hay €ÍeTfc<>si<pirwíi^ít)ÍQ& genj^alep (enneLootar 
WN»ijbuiiiani^4t'Contbrxne 4 :]^,pua]e3'frPC^^^6H)« 
acffciglir>niile&u:aivida y !C0pdtictax jÉitc^spó é\ 
arth^id«.la felicidad « .el >df6eO{ de, Jbti^cliawacioiii 
jfM xr&mbc\m\mfi^i^ X%ym^>ilUno^ .bao, iredr^ 
btdb^ihof I tattíibWi^!©lf»PSf>pfttíí«¥líf etique, naeeu' 
de/JoshdÍHwsoatOaflfft^'rea jiofli^i^?fes^ Hay» un 
prjbeípki^iprcd^nftnfef.y 'iwguMdlbiviíf^qiíe obrí^ 
e$mi^'el)ii|ióvft>|>9rki(^fa)0de)l)a^n)áqu.i^^ T&víónah 
que éwÍYk\^fMotíi^cU ji^ye<de ^«ia ^ la canr» 
pera í&t;]a 'vwlaxrl^c^ li2igQj4láet!vaciónes sobre un 
hombre énmiff^ Iphr ^ .ffíñdad^ i él icurso de su, 
vid^ me ofrece fjnjL;^to>pflo^: de 'su amor vehe- 
itaenle á iDio$9]i)l»|i«iii$tisea]ejinie$;;.otro conotzcá 
esdavo de W.aírnSlíMiffc^i desde isti juventud he desr 
cubieirtO'eilUU QQj^3|O0:t|a$ señales de esta pasión 
quetrl^atádo^cln i^i;Qre(ne«do coa la edad: tengo 
Tdladoa¿oU':estt)tro, áí quien subyuga la wari- 
^Vi; el úui¿o xiegociode su vida^ka sido el au-' 
mentó de sus bienes: este, á quien estoy dbser- 
vandoi'con la ^atención, mas escrupulosa, es un 
hombre entregado/ á los placeres^ de los que ha 



Digitized 



by Google 



1W 
hedió, dafanie no pocos aSos ¿e su iridb, 
como profenon; paircce qoeet oléelo i&idoé A» sm 
existencM Wsído «ntrcgarse coa conphteáriBidi' 
sos apetitos y paMmcs seosoales: teogo un attñM* 
go aotigaki, de ttoa initgtiémi i toda |MnidMi y 
en todo tiempo, j con quieo he tenido rdaeioner 
muy íoikoiis; puede «mfiárade d oro snahabe»^' 
lo coottdo; pero d vecino que tiene én&enit de 
su casa, es un soléame brib&n, que tnnnpea y en^* 
gafti cuanto poede; Guando nuestro conocinden- 
to de caracHéres seméíantes se estiende en raanr* 
de las num^oéá9 lecciones que nns^ ofrece hhis-- 
toría , podedK» pegar con bastarité etaelitvtd do 
lo que los hombres serán capAcnde liaecr; jSe 
nos presenta *ei''Mthliase ejemplo 'de un fabodire 
moderado eb'M^ilieieos y qoe>secentént»*¿an 
poco? Nadié'dWi 'qne tal hombi^^sea-Alepiidraf 
ni César. ¿'Se trata de atgi|m sngcfa qué ejsnae* 
un grande imperio > sobre sf^uiisaiDv' sobre suf) 
apetitos y pasiones? A- buen segi]^<^ñe nadSe es^ 
clame: esees sin dudalNeroo ó £i!ogibala Giiaui»' 
do leemos la relación de algnn4innO| acompa-- 
nado de algún asesinato borriblé^conletido én d 
silencio de la noche é imputado ^á Sócrates d á 
Epitecto , soltaremos el IíIm»o oem indignación^ y 
no podremos menos de esclamar: ¡Esta imjiut»* 
cion es una impostora f Todo el mundo puede 
aumentar fácilmente d número de los ejemplos 
de esta especie. 

Estos principios generales, y aun mucho mas 
todaria, los particulares y privativos que da» stf 



Digitized 



by Google 



iftl 

impulsQ 9I cctfasoa humano» consUlQjen este or- 
^en moral t que aos ipooe en estado de juz^tso- 
brb la conducta dejos hosaohtes* £n la carrera 
Hirdiiiaria de loó inegotÍQs de la vida humana, en 
JIba cosas' qtte( mfes importan . á nuestra felicidad 
:|^resente, i5Íet6p)re nos guiamos por este orden 
;moral , cuando ée irata de decidir sobre la con- 
ducta qne.ban da oliservar j las medidas que han 
de lomar tafea y tales personas; j de esta mane- 
isa nos aseguramos de su existencia j de su cer^ 
tídambre».. ¿Y por c|ué no ha de poder aplicarse 
este raciocinio al sistema del cristianismo' y ál tes- 
4¡iínonio de 'los Apóstoles? No l^ay duda eü que 
-plaedeaplicalr^ei^ pprque en lesta^materia pueden 
«dopítarse; las imsmas reglas de dialéctica y llegar 
.á .la; misma especie de evidencia^ que en las de« 
líiaS' cosas que dépepiden del testímoili<^ humano. 
.Que el. fector imparcial que trata <le conocer la 
vetdid; tenga siempre a la vista este ¡priticipio, y 
<que: calcule ]» ppr ¿edio de él, qué especie de 
iioiwhces f^efson los testigos de Jesucristo, y qué 
agrado de crédito merece su testiuionio. ! 

Calidad ¡f numero de hs testigos. 

. ¿QuéfiMicion mas importante á la felicidad 
de los* hombres pudo imajinarse jamás, que h de 
Jas personas Ibmadas á servir de testigos á Jesu*- 
cristo, atestiguando la divinidad de sU' misión cQfi 
este mundo? £1 mismo loseU^é» pero no de^eoe- 
tre los labinosi escribas ó sumos pontífices; ^mV- 



Digitized' 



by Google 



«IH 



10M 
quiera*, ^entarcsieo, podHssoBpeükdt ifue w va«* 
lia del talento j lares *()« flnps^^Apékilolds paraeilr 
gañ'ar 'al géneros 'hnimiíov ínflís lite' éieocioá derf- 
tierra a-an ¿sfa ^o6|)eeha; ^JemoristbUadidlióm** 
bres qüc faci»6h entrékNiü^dos ^dé^ lasf ;pnifesioD¿ 
comunek de la* mst^ ééth^^^Midát^dséi hémosfép 
formar de elW un "jüilí^io'pdr h^^ressa. 8e raa 
«(Mtumbrek y pói* .^u caráctet», a^at«eeiiv¡B¡fi du- 
da, candorosos «dircunspetros'^ faofWados, y>toá- 
nifiestan haber 4eido, con bastatife atención, i el 
Antiguo l^estaúaento, y mtff^diuylien'itíforiiiiiu 
dos de su contenido. ' í. • i\ >í>rí '» i 

La deposición de dos '6 tres tes^igtiis es^sufi^ 
cíente para cóínprobar ptetiatqente^lo^^tieiírjobf- 
jeto de un testimonio. Iñetó lo qw aquí se tfaia^ 
ba de atestiguar, ño era una cósa ' comtin ; ^ bsn» 
•Jesucristo ha presentado un ntímerp mayor* de 
teáigos; ha presentado dck^e; número qub'todo^ 
Convendrán ser bastante grande. Sí; puéd¿ tíafaer 
sospecha de artificio y de mléliget^ia eliilie'dwó 
tres para publicar fetsédafdea;^ entre doce^Wo^^ 
fácil que esto pueda reáfí^rse; áií^l'i nias biei|, 
la conformidad de sU testimonio debe aumentar 
en este caso la fuerza de la evld^át^ia. ' '* 

Los individuos escojidos para dar este testi- 
monio, tuvieron la mayor opottúmdttd phf^ co. 
nocer á fondo la ri^ateria que debia kiQt sb <cíbjé^ 
to. Vivieron! mas de tres años en la eompaffía dk 
Jesucristo,' quien Ips honiiaba coiY'bí'iQáfS ínltbcfH * 
áttiistad : pudierbW^ poi* < cótísigutieíit^ / adqnirit 
iin^ perfecto> conocimiento' ée isa carieiet , dé ^tfe 



Digitized 



by Google 



Íft3 

circiiiDstapqia$.4f$.$A;^muoH^J,y ^e^itodo/s \pS[ m]h^ 
gibosos (detalles que se siguierop i estOt s^e^o; 
ha^a qi^ 4l^imipente le vieran ^bir.^i^l^. 
Jesús^iio lovo co^ secreta ni reservada pam^ell^. 
JUm, filqfiofos 9i^^S05 tenían s^, doqtrina tsají^Tha 
y ,fX0í¡írica (i ); Mahom^i suponía reve^iotocis 
p^leslidlesk pai^ impedir que los.miuulis^nejije^ 
,|]ia$c;iíi^n su U^bitac^oi^ en otros AK|nieiit9$.,qi|e 
en^queVo^ en quepreqsanienf^)Qsl)ai3toha:f.na^ 
.4^4^ esto ibi^' Jesucristo; era accfisibl^ átqi^as 
horas;; sm$ di^fxulos fueron testigos de tod^ las 
prticularid^^ 4^ su conducta; é in^trt^idos efi 
todos los punt^ ¿^ su;doctrina; vivieron con él 
jeulp$,;i^r.f3Íppi^,4i^ 1^ inti^^dad mas respetuo«2^,||r 
-Ipa^^efiAj^fba.i de paodo que jamás hombre algifr 
no luvp mayoir y^ m^s oportuna comodidad qy/e 
)t^.Ap(Sstolesde Jesucristo, para el;itender toda syi 
^ocinna, y pa^a informarsiE; . de cruento decía, rela^ 
c^ con. el carácter y n:\isibn de su maestro. 

Cualidades d^ los jápósioles que 4ieron su tisti" 
mwuQ acerca de Jesucristo* 

Cuando se presentan testijgos piíra deponer 
^bre una materia de impórtamela, á dqs cosas 
4ebemos atender principalmente 'yá su capacidad, 
y á su integridad. E)xamineGpo$» pues, si. ambas 
cualidades se encuentran; en nuestros tcistigos» 



Digitized 



by Google 



g^titía. Ía bdté^a'dél "te^tíhMhki'ná ¿s ábst¥aí¿ia; 
c»;>fí,; ütia>cóletbi6h'de heéhétfj'stil^d fós^^üá^ 

d¿' teHos : twlirii'alitíetílé ' teitótStú. » NítígWte" í^tóa 
"ph^dé «vídétidaV tátitb^lá feste&^S& d¿ hi i¿apÉt^* 
diild d« Ud liláiViduo, cómo k rt^lakétótí ^é^ \in6i 
óbVá (jüe séá'^ddáécbn'piH)^ tesíigb^ de 

Jtóuc^isto'líaá f édactadó' ef 'T^úeto Té^taíWéi^, 
ftí BQtedó tíon^qtie fo han' efédNüadó dcfWá téOL 
fétiéeí ai nmndb eirtefó, qtie rio^tabab deiptd- 
vístoft sus iautotÍEis 'dé aquel grsído dé kkt^l¡g<gtíe& 
ñed^aria para desémi^enai^ tifié éíteái*gbu'" -' 

'• Petó en este negocid, tíi'cúroísáñ Itopdrta, 
p6r lo menos, fíanto cómo la wé€r«.'La*intcg¥l*- 
dád es una eosa de áb&btuta ñeéesidad ipktk t¡út 
uü testimonio se haga creíble. Si; ésto es lo Jjriil* 
¿ipal. Ahora bien, todb hombre qué busque de 
imena fé la verdad, que quiera dar !á cada cOsá 
su vetdaderb valor, ¿no conotíérá cóti^evidén-»» 
cía que si la falta de premeditación en los dis- 
cursos ó escritos, ai una larga serte' de acciones; 
una no interrumpida cadena de padecimientos, 
pueden demostrar la integridad, nunca vio el 
mundo testigos áaias sinceros qué Ids 'ApS^toles 
de Jesucristo^ Pét^o; no pocas veces; 'al pasé <|ue 
•pai^ecia qué ciertos hombres estaban dotadb^vtm 
solp de luces sufiaeñtes; sino también dé iinti 
integridad iricétítéátáMe, eW&"tátí>'^scl¿vW éei 
fanatismo, que llegaron á ser víctimas de una 
imaginación exaltada, y del mayor 'd^nfréno 



Digitized 



by Google 



tiH^ÚV, pbr lo ^é\ ¿ffan'c|úfe Idíí' Aptísloléis nfo 
fó^scn ícbposlórtó/ si . KttWeraii ádb erimiiaMpá, 
s¡ú lésljiDóbío nó hubiera sido dé * Importancia: 
fesíai reflexión es Justa, 'trías tib' piícflc apHcar&ie 
á tiiíes^rb éaso. GoiVtóhesé -la^ liíbgrafía de Ips 
Apcí$toleSy solo se encuentran én ella rasgos de 
sabiduría^ y de moderacioii: estudíense adeoK^ 
isusí esci-itós, ninguní 'ehtusiasilio aparece; una 
sensación ptcf unda réiíia ¿n ' ellos desdé el prinl. 
cipio basta el fin. La láiiterla, iáuni]üef la má^ 
sublimé dieque poedé bcujpáris© feVeritéh'dimiétitó 
T>umañó^ Miélica los ^irrebatá', líi' éstraViá jbm;is 
su^ fmágíiíátcíÓDé^. 19ay páéagbá, ^ é^ á f á 

verdad, las espresiones pintan k>^ seíítimientds 
m^B enérgicos, del alma, y, los mas fu^ertes y ye* 
fiemeñtes afectos; péVp»^¿í¿^¿*finicamc¿te ctiáti- 
do el asunto sé presta pdr* sí ioiismo,'^ aun en- 
tone^ son tos transportes de la. razón, no los ar- 
rebato^ del ehtüsb^dhro: én^ :efl¿cfo^:'¿¿' étíeo^iM 
del cristianismo; en ^ieri lidyá tódáVáf 4ih íía^I 
trá dé fran^úetó J, to«^^^ 
que los Apostóles tió fu^on ubids^'mlérU'tíüttL-^ 
siastas;" '"•• ' •■"'' ' ' "-'' ^ ' "'"'^ ''^'i "^^" ' 

Sin Káber ' IcteA^tóM* creída' 'éñ'^ft^^^ 
io mtsmo que con tanta' ffc¿Á2jeír¿fa^^ 
sobre la resurrección de J^údristb, ¿c^^óBJatts^ 
entusia¿tais;\mas sí, ^egnh lá decIaTa£iaú^^,^¿ íos 
soldados; robaron ^ fcadáver,,' su i¿isírld' áícdcMá 
debió curarlos de ibdb enttíiiakúfidv'y sf'el'bkdá-^ 
Tcr^ t^eribáñecid »en^él' 8^ífiul|;ro,'hó (íie^W briiói 
.siásmo, s^iio él fi^aude; h^caufsá qíie: ieis' ilióvlo 



Digitized 



by Google 



106 
i publicar U resurrección dif Ifsúi. Pero ,lQda la 
conducta de, )os Apóstoles está indicando su coo^ 
vicclon. de que Jpsús resij^jtó| se les apareció des- 
.pues» y le .yieron subir, á lo^ c¡elps;^y de aquí, 
aquel n^oble dr¿|or po^ \fl prppa^i<^n^dela ver- 
dad I de qife se jpostrs^rou anioiados todo el res- 
to de su v^a;; á esiollamep loshooibres enhora- 
buena entusjas^E^Q,; si )ps p\ace; p^ro su cpoducta 
y sus escrítos daipapes^rpp'c|araa)qiiie» que jamás 
indi vid uq alguno ;d/e,]la especie .hifiiD^na cstiivo 
,t 99 disimule, cqmp, los .Apóstoles, de la nota de 
entu^i^t^^.eq el.seacl^o vulgar, y. en la acepr 
cfop de d^pfecio qv^ ^r.^ algt^nas, Tece;^ á la 

$in€iri4^. y 4pif»icciqh , propia deja v^f aaq . fm 
. ^ , ; . 4 Jfsfimonio.^de^los Jpósiol^^ 

Pqr> 4íí^P<^ f*ft ía, ^conversación y por el esti- 
lo de {C^qliquierc^rjtor.yf priman los hombres sa- 
gaces lu^.iififuq exacto ^(^ft^ s^ habla ó escribe coa 
JK>c(p9lid^4.,,ó'p|^./T^i;igjijfj} ,V^^ sido eicami- 

nado por amigos y enemigos con una atención 
tgn espru|iul939f .(;omqreKI^,i^%p;Testamepta La 
inten^joq ^e^^u^ ^nei^igps ha ^iflo* por lo m^nps, 
j{r,d^.ilitentO| ep b^sca 4e de&ctosi: jest^ falta de 
^inc^r^d^d y dq hcinradi^^ es de suyo un defecto 
gravisiipo^ Y sip, embargq,, ¿cuáles han sido sos 
puevpf djescubr^ieptosP.Ca^qdo Mahoo^ ipgie- 
re j^ij ;S^ l^ór^n , passfje^ , q-U^j .contienen la or- 
dea 4 el. permiso deíxielo pa^ra la; pluralidad de 



Digitized 



by Google 



iW 
mugofes*, aomenUiíído ^ .^1 ojúmero^ < con aq«>elltis 
qae tenia y!» escogidas IsúconcfipiscQaidiaijrr .paira 
«epararbs de la éociísdad de aquellos cuyosubalpa 
teiiiia;* una sagacidad -coomn^ t^ ibas quQ sufio^Éir 
té pafra^descuinrir eiH los (faies pasajes oM)líW)6.de 
senstialidad^ ¿Se' encuentra eo loi escuitáre^ xkl 
lttie\H> 'Tebtsñziehto'íx>sa alguna pa^ecidacá estsí 
Cada Jtnca' está,' por el canlrarb^: indicando .su 
^«wH^dad^ sú desinterés y su virtud, fibiblán^sliis 
'autores con ia inayor sencillez de: susr^poeecupá- 
<noneS| d6< sos. debilidades y del s4bs idfeCQctos. £1 
libro-ent^H»: respiva. ¿1 aire nías : puvode una siq* 
ceridad perfiocia. En todas partes(«I (faíoriror á' la 
ínriqfiidad, los! mas tiernos seatimienlos^ de tk 
pre^neia y de la saafidad.de Dios» «L aspecto trf>* 
mendo deisu: hDa¿o<«ehgadokrarinadQ oon^ te^ 
«8ldiad^''eHáffi ihdícddos^jeiarBmente. BerJD ^eiüie* 
«lor áé iavida.dé'suis fa^iQces^ y 1^ |série,dA{süs 
«ctioné^^/sbn lasque d&muestrta coa inmyorjjjr 
tdoas dará luz /toda; $« sificertdad*< í . .! '".\ oh^.t 

tGonskmeia y p&¿efertmcia dé ¡Mi^ApésiokHn 
í- : • : t.i : ' 'dar su iestimaníói „ rl < !. -.•./, 

< Todos: los* Apóstoles. ae* preschtaton;conso!tesP 
iiígos de lál divina«nafsion,de Jesucristo V y lia iifc^ 
pepeioncontinuadáv un. anontras^tro^desste su 
tisstimonioi hasb^el' fia de :sas dids^./eajya:) poríisí 
niikn»un hecha de 'gcau «pesó* t!> r') .<» o re ui 
•' ! Cuando loslionibrest'dc9eibpe2bu|>or'priaip^ 
traf vcft fttttdooés de :ccmaé(nouEpo¡a, s» nuev^' csta^ 



Digitized 



by Google 



Í08 
c)o'0;Sttttae1o«ipilciá« [K)r>-»lgfin.ticiiipe prodo«- 
^3¡r]uoa «Itórdciott e^encM en $a modo de penaar 
'yÍ0bpari«y< por Gd|aáígtí¡énle^puedien prescribirse 
aig'aíltfs t^trmdóMs móineiitáneas en su condnc- 
4sí. Pero ' luego (^e s^e pasa' el prioabr iubpidlso de 
las 'pasiónes, despliegsln su Terdaderd;caráoter, j 
ae conoce lo que son en realidad. Si ad entrar en 
fiu hueva carrera, no tuvieron otvo>oi6V¡l que 
el oaUcJ >de una imaginación exabada,, ó él fuc^o 
de las^pqsionesr; «i> no se han dirigido noas que 
por el aifdbr de falsas esperanzas ; cuaddo se Ue^ 
gue á apagar esta fogosidad, y yean que se en*^ 
/ganaron en sus designios; abandonarán al ins^ 
oíanle su empresa, y se 'volverán háéia btifa . parte 
^tfe fes pvobiet^ mas vénUjasyiúsaí^oír placen Si 
fos' Ajustóles de Jesucristo huUeiraa' formado 
pkdes de elevación temporal, ó dé ñrentajisksjmuar 
danaé, muy ^óco tiempo hubiera - bas¿dó> pajrm 
que se tdeBéngsilasen. ^ «Sif su coraobu hubiera es^ 
tado hinchado de ámbicioff, pronto hülñeran ad<^ 
vertido que solo podian contar con el desprecio 
«del áitoñd^ qué los XTontemploba;; st lea hubiem 
cegado la avaricia, ¡ctoáii poco hubieran tardado 
en palpar que estaban muy lejos del camino de 
la forUmar^it faubifran ansiado coifaedyades j 
placéres,«'ild hubiera pasadoirauché táénoípo, sia 

3ue se uiouvenciesein plenameiite :dé que( nó po- 
iati.ser/estos>^ló¿^ frutos de sú /oelo ei| dar teslir 
monio en favor de Jesucristo; ésta! eonviccimí, 
•qwiiiuy iMtoilü^ debieron ^teneri, uá hi»> mudan- 
aa algunaí en w oonduota'; m Wa ferafi é quQ 



Digitized 



by Google 



♦Oft 
akibdondUearNPSiiMW, ai 'fiu capto di^teDtíbiar* 
sm srdm en :Uie¥a({ á c^lo«8ü:'éln|yra8a'>¿ocfti^) 
naaroii>< 6iV coü tina oonatanclá íiiahenibler]dleonl» 
un valor< jíimás desmenlido, liasta cli fia' ^eí tfbs> 
dia9, atestiguanclo enspresenda de todo^AjOpah-.^ 
do^i^n'^ró déia^causa deíoii Maestrb,'' ' fi • 'ri 
' Chande doof » hoai^res»>Í>ieii aea fcoiBOiparárr 
culáresv ' bien; «oonó. g^es :de. «na asodacion « 'jse* 
unen eod b intenríon de.prpfMigarji^Qa imposT 
tnraV é' í>ara^' poner en éjacncbn üa.flaU de laU^ 
aedfid^j'de inlnstíéia 4 sri. marcha éailaiilihdtfQr^. 
Ole enibodás las oénTrenoias de iéata especie» qutei 
cs( fireoW confesar seri^uiia >Iey;deI]iBundol qift«f 
cualquiera ' 'qué > sea ea el; prindpiol sú. Julíoiidladr 
y aacondialídadioiüliia^ Tendrá á<iM€federles{^opr 
el . tiempo el no» restar de.' aouerdo sobre «algunos- 
puntos/y taun» el conlraéiarsa.reet^NrocakBenia en 
ausmiras; y lo que. turo j[>ñadpio! bajá el sagPil^! 
da< dd sigilo del juratnenioí^ y coo-jeli-votode: 
pérsereranda ha^ta el úlitmq y felii^ resultado del 
k^etnjpresai^'y bajo los auspiomi del afeetoí-mas. 
puro para con todo cuanto AuviiBsé.rdacíoncoiv 
ella, vendrá á parar en una suspensión del pro- 
yecto, ^M^aiónadv^^r loa vcelo^ la eayidia^ iái qlié^ 
jas recíprocas, y por la vSe|lBiacÍQn sucesiva de los 
gefes de la empresa; y terminarái en fin, descor- 
riéndote el velo de sd désigniol y ipréseolándose 
de^Dmascarada á loa p)oa dét mando sii;!TefiQadal 
auperdieríav Fiada. que se pai«pca.á>esto.advetti* 
moa con respecto á • los JVpóstelea de>iJeancrislo: 
so testimonSo es eláHáoio idénticáiaente/el 'pri'- 



Digitized 



by Google 



♦*0i 

cario hasta el^lriiDo «UBfkira Sa xttrtc qmé. «na 
de dios liie'uri'traidor, ipero sada . tenia ^uiede»^ 
cubrii^V y:ási-3esdaiDá,cft isa agobia» ^^Yahe pe-, 
cado/spbes^'htí vendido»Ja^ngre iiMqeoie/f Par* 
Uo j Bernabé" tuVieveniíuna.'dispütáv y ^«sepa^. 
ra?oii.uiio4e otro;«pePOf paraicjuíé? ifara^lilicer 
cada nne^ separadawieble 'k>raiísflfto>qiie*anj^s béa- 
cían nanidoj^^ esto «s/ipprá. alesliguar cada cual la 
mSsíovi > dwíf a( < de Jesús^^lNaxareAO^^Sar». Pedro f. 
San {^bl<y tlivmrob itivaltercaiió^ cjs (veédad i fie* 
ro^ piogoiip'de^eHoi^ «tt>ic]:cabr de ÜdUpuiai^- 
toTp la' mas |ie^enb isaiiibva de iiiip(»st«rn»^ue. 
jjtiblioai' ,1 ni dei ^qbe iqp^operaír^ al¿j(|ontrmcfinl0;¿ 
Nada^^ <éclum>n «licarai^oíe iiitae¡ ¿oáArarío-á 
losúatéitenaide «liiiirarosa'jAeiJfiftiíaitístbt 8í?esiiápí* 
tuanios^lfiin^TentiIrack» Jttdaáp eujia depkira-, 
b)etx^onfesiiii»iftté¿ buis^^bíenijen ^ff^\Qt 4e >hi causs» 
' misma' qab*c0n>raf e^ki^i stodosJpsI demás, di^b^itr^. 
lt»k só>dSsliagaierba por iú konstadciá)«Et{<prfidir 
car al tuiiversb ccnx entrañas dcí tínaf c^dadüfer^W 
Torosa, que JesiberaeliCfislbi.. í';;i • .j t ., 

PmaUda^ék^ qm sUfr¿eri>niikttf}í^pSáíol¿S'áiautS4i^ 

SI W^Ap^stolesioótiHubiedlniiídol teakiieiile 
k> qué'daciiQy^Mí'vidái B(0'péd&aséi;:smo»n'te^ 
gido dontirma de Y''0iia8»>Pari).hdiDbrea cujjro cpi- 
razon hubiesfa et^ado poseidoi^deipasioiaesivioio- 
sas,' j^'im||Ky'ánDiiodfaiíhelo!¿dbiéseaj sid»»lQS gocei 



Digitized 



by Google 



nííirA^úosi^SíS'ttoávÚ^i^ qué 

sé ¿dfllíéti^ibfa , )á tbtál ' aplic^l^ dé sus 'átitíás á! 
négcíéios es£lmiii^léá;^'(ít4<ri'óá, en d "etirsó^ lodo 
de sus pensáiiaifetítósv I^lábtfas y.atóóhés^há^^ 
sido' en Verdad lili jpéáó' enorme' é'insó|ídrtáble. 
Porcíüe no' es el crisliánismb un fcddigó de'ojpi* 
líioñeá espéculativias'cótoo el ¡sistema de loi'filó'-! 
s¿fos, iju]é ]i)etniíie á )ói hóúihtésyinT á'sii gus- 
to. EV.Vi^l|iiiara^mo MpttófcrilSéi utó'ré^fei de i^dá 
que 'dirijfenlá* conducta, 'las infcllnáciéta'eíí'y Ids^ 
áfécto¿Í'4iástá'^odó lo tíiák ilfifteré¿ant^\fe Ibs sfen-' 
títófepíós' déVtoráTionvf (fué íHíctifca' á lóá 'hótn-^ 
Bfy¿ ijú'é^ ¿éa^;dKfirtt<«' »a^ lói^étí'éí*atf 'ibtés de 
fiéi^ cr:í^íánbs;^iSfitt lá . feítUtéif^ 
\ok pruifcipíbs^ljá *]fcvangéltó 'knl el tóVazóñ 4ímná-;! 
no, ¿^ómo liubterañ ^(^Iclóí ló*' AjffésWlés^isopor- 
laV su rtiábd^ dfe Vidaf ^Hada^rf^^ 
¿h 'ñétW\t)6$ á aWaiárló/Pb^ó estáhdoiicóüió es- 
tabapVWebos'ílíS'tes^íniu dé iáu ^fií¿áfk>,'n¿'erai 
pafa cllók íílcóbibdii/sínd ititiy dteltcíásá'^, ku'crfs^ 
t1Íní vjaSiEfyVígty dié' Jésfo^K^ era stóvé, / 

Ifgéró sil'i^ésóV]^or^ aptíendíiererr ál llevar* 

de aqüéVc^úé' c¿' Áítn!^»y 'biit¿íld^^dé*'tóí¿iótí^ 

• ' ''P^t'ó; en tántb qufe^W Jéstítírt^stb^ítíiíán'su 
pá¿, ho afe|ároifi de^iuftiV ftibtoíátíbnéi W^l ¿^ 
do á c^'íísá dri'^ii téstíÉboínd. Ett'd fctíW^'^^dé toda 
su tóí¿lbnV en Vez de bbnoré*, {íhcéreá yí^quesai, 
solo consiguieron las persecuciones taés' crueles: 
pby cáiísa de élíá; ni hubo 1ttfefhiá'#Scjtfe'iío c»^ 
iuvlei^n bspuéstbs, ni itoproperíosídé'^UeáAo fut*^ 



Digitized 



by Google 



de padi^ienips,,{^.MiQ^pt^ felafíiop. ^ }p q^^ 
sttfció ui^o |ip fillos, coatada' cop'j^u^.ipifqfjufjsff 
presjoipieis , . ^Qdi:á d^rpos uwa, ,i^ea e^fí^ 4ff i ÍH r 
sit^acifUl» ^^§ h^:vMt(l íW( ^s jCSírwíp¿ J^e s^o 
^aKil^doy sipi xmdi49 if í^ ¡cqri^^o, íi^^?* 4® ,Wier-^ 
^ fr^ueijí^^ái^flt^; ci^o jpqes r^c^b/d^, Iq^, judíos, 
cueréala ^^ojt<e$,iQ^miy( ÍW9; í^ea Y^qe^,^uí^z<>; 
ta4o coa ya^^»juipa^(.i^^ apedreado }|,tr^¥<^^ 

4>do,eii aUat.iQ^rV^a vi^ge^iqiafthas tqc^; ffj^ 
peligras de xi^ j . .pelign>a , ,de. ^4p9^^.» l?í^!€p^ 
de los de |XH pa^¡op,í peligras, de, )c^. gen^fles, ]pie-, 
ligros^n pohdad^, peligrcK/.f^n^de^p^jí^^ 
gros ea la jQo^art pplign^ entre £^lso9; hcrijpa^ps; |]^. 
pasado lra))a)0($' j miserias» much|ts.yigilia^9 h^- 
bre^ sf4 y niuQh)[|s ayunos,, frió y^ desnudea^'^.(2» 
Cor. XL ^3^ 27.).JEsíei;era el tratamiento qyere- 
cibian hs, Apóstoles, perQ^^rou imperturbables; 
porque decbn^ eUps^: nuestro ALicstro lo TaLicmó, 
cuando nos dijo, ^*sl ¿otQ ^^han perseguido á mí^ 
tambie)^.as,pe¡r^uirá|^;á yp^otros " (S, JuanXV, 
SO.) Cppi^i^er^bapis^ pec^ec^oQ como f juina <^ 
sa que debran }<$spefar, y prosegifiap; s^p¡]^re ^a 
su carrefa con ui^ celo infatigaí>le:.^^i:| amoir á 
Jesucristo^. y el inie^é^ por su cat]^, ^ paostra- 
ban en e)lpjt mas fervorosos e|i medio dfi^Xos tor- 
mentos; .nipguna de enanas miUtarpí^ ,^jg( las 



Digitized 



by Google 



113 
^sill4ífra^ :<1ft -W ;4Q3<v*itro «Icspues do su niucrte, 
Bf\tf^^ir4'^tA c^BipQ.de balaHa; i»¡uo que continua- 
c^lt bagUépcIofie hasta ci último suspiro. 3i supo- 
lli^i|i¥»s. á. «átps ho|ii1:>re& . movidos por motivos no 
pml9tk« igcófoq.^M c^iCste cs|so, una r^^izon satis- 
ia49pri^4e.i^ cpndpcta? ¿CM$ánM> mas sencillo y 
m^ oalW^l es muyenir ^u que no luviefoo otro 
IBÓvUtt^DoU, probidad, la virtud y. la fé? 

JRljBmrtír» d$ ios. Apóstoles puSQ ti sello á su 

-i í. ;.Li :;•,' T ..í. ies^iPiomo. ■ 

^nj;Ci)^il44 W iKWnhr^) sufren la ipuerte por 
Mfa^'Pt'if^^lie^itj^s.Ulia prueba d^ $a fuerte adhe- 
sf^^^L e}l^s;,y '^ilos que la sufren son personas 
|ui0jo^ ^^da^ y, áfii ía i^cjor conduela, es pr.ue- 
ll^jdi^'.^iiQ mirap.HliQt^nion coiiUo la verdad míis- 
||ia;;fp^o csí C(m^^i<HUft y awi necesario, que 
i^^l^affifietnos >cip)cf(iS9n los fuitdamentos de s\j^ 
f^^lMpis^¿§;.9^ 6e,f}Jtida ep bechos, oq.^o ^alr 
pables y numerosos, sino desemejantes,, imppr- 
j^^^e^iVy, ^pi¡^l^díi^S\pQr el tQitimoojo ua[ká|iime 
d^t Wttfjbp^^iud^MWuos; eo hceíios, rfipjio, sobre 
lo^-fiuajé^ >ea : i^iH'dJfP^i^e imposib)^ el equÍT<>- 
c^^sf^;; ^ ffitiC^^yt.^ p^artij^io debe.^r, rjf>néider 
r^o^p^H»^ sello fin^l de sij^ testimonio. Tal fue 
d.^ii^tirj^ de lo^ Apóstoles .4^ .Qr^to( y los he- 
cjio!^ 4? V^ díerim Wtim<iHÍp>^ iienen todoá lof 
S^cléres que acamilK^ de doM^ríbír^ \ , 

. (n;Si; Majoma bi^biiera mtietip pQV.asqgursu: 1^ 
1Kndi4.4f «11^ visita» ^1 cielo sóbre^li^ ^»^ia* AJhprt 
' ' 8 



Digitized 



by Google 



rae, j de las dcínas cosas rdtaís ^e <fífí>linher 
visto y oído, csla evidencia sct-ia fart liViaiili que 
el mayor crédito que piidíéra prestarse á aftt'Si¿Jéf^ 
cion, se reiluciría á deirif: este hombre' ^^va^i;^ 
qoe es itn hecho* Peró/'doandd'dóce' iioalbtiit 
nos aseguran que han vivido ma^ ^e 'treis dBos 
con Jesucristo y qtie han bido sus discirfsos^ qntt 
han visto su¿ milagros, y qué HtiflíUidb tekigtte 
de su muerte; que han hablado con él mismo 
varias veces después de sü rcsúrrteccíoiíf'iqftíe^fe 
han visto subir al cielo, que 'han recibido el Es- 
píritu Santo según su promesa; que repentina- 
Aiente se han hallado en estado m hbblairien- 
guás que nunca aprendietbh; que*'hatt b^cho 
milagros, que han curado enfermos; y'retócita^ 
do muertos; milagros, repito^ rcaltzíides por elíoi 
mismos, y con mucha frecuencia ¿ ^s poisibfe^qué 
ptldic^en engañarse sobre la' Realidad; sobré'li 
certeza de unos hechos de esta éspécieP Sobi^-^^ 
to no puede quedar ni sombra siquiera dé la^ tíAi 
mínima duda. ' ^ ': 

Puede haber habido mártires de Orgullo, quc^, 
antes de renunciar á sus sentimientos, hayah^que* 
rído sufrir la muerte, y que desafiaron a* cU(7n- 
tas invenciones pudieran imagiihirrse pafa héícet-^ 
los retroceder de sus doctrinan una t^fe énúnéia- 
das, admitiendo otras en su lugát*; Há 'halado 
también mnchoá niáriires de opinión^ ttiy^tüiíéT'^ 
te solo probaba su'convencimiénfo sttitrc^ro, ^ qiefé 
el ifuc la sufrió tintrabá su c^éenriír^coWn» la'' ver- 
dad. Pero, baáilf disttutbs, ctiáti^típeiribres^^Uñti 



Digitized 



byGoogle 



415 

los Apóstoles <le ¡Jesoctisto á estas dos clases ád 
minirisA Podetnos con razotí llamarlos márthen 
dt hechor: puede haber equivocaciones en ma- 
term de opinión; ftiás en asunlos puramente dé 
hecho el error algunas veces es imposible. Pero 
lo que dá mayor tmpottancia al martirio de los 
Apóstoles, es la reflexión de que ellos no eran 
hombi^esqUe túnese ti adhesión alguna á la creeií^ 
eki de* lales hedios», porque les inclinase á 
creerlo^' bs preocupaciones de. la in&neia, nila 
educación, ni otro^iíngun estímulo de intereses 
mundanos: su creencia debia, por el contrario, 
K^rHar* tíMfra * todáé estas , preocupaciones , cbociík* 
con todos sus iritereses', ser cdnlfaria á sus pri- 
meros hábilos, y á lodos los afectos de la juven- 
tud. ¿En dó»de, pues, iremos á büsdar la i^azon 
de este fenómeno , sino én la certeza de lo^ibe^ 
thos? ¿Dónde sirio en ella, encoínraremosun ^l04- 
tívo süficienteffíeíAe proporcionado para esplicar 
cltator sin igual, cofi que volantar¡ameal« *ar^ 
rosiraron los tormentos, hasta sufrir la diuebtf 
tíías crtiel ? He díciio, un vaW sin ' iguál\^ por* 
^ü^e estuvo siempre «ncompauado de una santa re^ 
sig^cion en la* voluntad de Dios,- de una f¿ inalf- 
téráble, 'de la firme espei^nza de la felicidaden 
6tra vidii^ de una vcnevolencia ardiente hacia ciús 
mismos verdugos, á los cuales se la demostraron 
con espresiones de la mas tierna compasión, *ilef- 
clarando que los perdonaban, y dirigiendo ¡á^Dios 
sUs fervorosas súplicas para qde no loi hiciese 
tespimsablcs de su suplicio, siuo, antes bSun^^qo^ 



Digitized 



by Google 



116 
tfkvieiie de ellos misericordia, j )os' hiciese buenos 
f fetices» ¿Y estos son los hombres impostores^ 
fioa estos son mas hion, ^Mos siervos del I>ios sAr 
tísimo, que nos anuncian el caminO:4e la salvam 
cifiAi*' 

CAPITUU) XIV. 

fi; í • / .' 

De la mdencia de la dmna €Uiiaridad del Nut* 

iM} Tesiamenioi, que resulta de algunas c^nsidertí^, 

clanes aeusorias^ las cuales fartif^cím el U^in 

moniú de los Apósteles^: 

EsimposUie que los j4 póstales hayan iw^itada 
una nueiHí religión* 

t! En la bisldria .del mundo descubro á vafio^ 
individuos que han intentado .engañará sus se- 
mejantes por medios diversos» D^alíado ha sidfq 
}a religión una fuente, fccunda^: de leiM^tiyas. de 
esta especie; j apenas hay sistema que. haya, do- 
jadtv.'de emplearíic con! este objeto^ Pero iu.ventar 
un»! religión á caso pensado, es una empre^ inr 
finitamente mais árdua> que la de valerse da y^ 
ylafestáhlccida^iljos hoi;nbk'esiVenei*st4 u^a.r^ljgíeii 
anligúa, y entonces hasta aumentar; e^fp v^^i^at 
ckmy y ladearla en i'ay^r del imppsior; i^p^ en 
caso eonlrarioi es -|yreciso>cr¿p2^K es|ía|.vepvrí^ÍQ% 
j.ko hay: cosa mas dificiU u ' 1!^ ).:. : .i ,^ 

y. iSo poner qúb un. corto ñúfliertí dejomalerjOs 
jr pesdadores de^ia'Judea hay^^n cpn^ebidoehprp? 
yeeto de formar una nueva relig^i!9ti) d^finad^ 



Digitized 



by Google 



1|7 

i ponerse en contradiecion <*on las ideas admitidas 
en todo el mundo, á suplantar el )ttdaisfflo, j 
á destruir completamente toda especie de idola- 
tría, es una cosa que parece bien distante de toda 
probabilidad. Ellos no tuvieron pretlecesores. Los 
autores de los diferentes sistemas de la miiologia 
pagana eran hombres revestidos de autoridad, 
con la espada en la mano para apoyar sus pre- 
tensiones, ó si no, eran sugetos dolados de una 
profunda sabiduría , infinitamente superior á la 
de los pueblos bárbaros, en quienes trataban de 
infundir la creencia de lo que les decian , y ellos 
los miraban como oráculos. Pero unos hombres 
colocados en las últimas filas de la sociedad, que 
ni tenian crédito de sabiduría, ni aspiraban á 
tenerlo, mirados con desprecio por los gefes de 
su nación, como hombres rústicos é iliteratos, es 
cosa muy diferente. Antes de ellote, nunca pre- 
sentó el mundo ejemplo semejante, y la historia 
( si bien es muy probable que no conocían otro 
libro sino el Antiguo Testamento), nolesofrecia 
para su feliz resultado ni un rayo siquiera de 
esperanza. Ija revelación de Dios á la nación ju- 
daica por medio de Moisés, en nada se parecia 
á su empresa , ni podia alentarlos á ella. La esen- 
cia de la religión hace aun mas inverosímil la 
suposición de una tentativa de esta especie. ^*Es 
por ventura dar una importancia demasiada á 
esta reflexión, el afirmar, que es improbable 
que semejantes hombres hayan formado un pro- 
yecto semejante.'^ 



Digitized 



by Google 



118 
Los Apósteles se candujerofí cQn^ hotnbres¡€pn'^ 
pencidos de la vtíraad de su iesiiwonio^. . ., 

lios testigos evangéUcos aseguran estar pie* 
ñámente convepcidos de que Jems es et Mesías» 
y que es la verdad misma cada circunstancia quf! 
atestiguan. ¿Qué pudo moverles á acqptar una mí^ 
sion que les obligaba á prestar su propio testimo- 
nio? He aqui una reflexión que no se pesa de-r 
bidamente, aunque de ella resulta <un^. grande 
evidencia. Cada uno de ellos tenia uu oficio, para 
ganar su vida: varios eran pescad<^r^, upo era 
publicano. Jesús los llama, diciéndoles, ^^Seguid* 
me á mí^^; y al instante todos abandonan sus ca- 
sas, sus tales cuales comodidades, y su£> proyec-r 
las; viven con él como miembros de su familia; 
reciben su doctrina de su misma boca; testifican 
fiu vida y su muerte, su resurrección y su ascen- 
sión. 

Otro testigo era ^un hombre furioso, sangui- 
nario, y perseguidor fanático del cristianismo; le 
vemos salir para Damasco, **respirando amenazas 
»y muerte contra los discípulos de Jesús;*' antes 
de llegar á su destino se le detiene en medio de 
tiu carrera, y muy poco tiempo después, le ha- 
llamos en la misma ciudad, de la cual bnbia re- 
suelto arrancar hasta las raices del Evangelio, 
predicando ya que Jesús es el Cristo, y atesti- 
guando aquellos mismos hechos que poco antes 
se afanaba, por todos los medios que estaban á 
6u alcance, en contradecir y desmentir. £1 mun- 



Digitized 



by Google 



119 
^o ipptal licnc.fius leyes^'dej aiismo itiodo qve 
el fí^kp iieqe Kis spyas: hay en ambos un orden 
p<x:ul¡;Eir de cada uqo. Los hombres, sin algún 
motivo, no abjuran su carácter, ni pueden d^ un 
golpe :des(iojarse de sus. arraigadas prcocu pacio- 
nes v. de $a&. preocupaciones favor i las, de las del 
nacifuiento» educación^ y mucho menos todavía 
de las de la religión. Este principio puede apli- 
carse i todos los Apóstoles, pero á San Pablo con 
especialidad» Una causa , sin duda, una misma cau- 
sa d^ió producir en todos ellos, y principalmen^ 
te en este úhimo una mudanza tan grande La 
historia del establecimiento ,del cristianismo en 
el universo habla de ella ep el capitulo nono de 
los Hechos de los Apóstoles, y el mismo San Pa- 
blo hace también mención eti los capítulos S2 y 
Si6 del mismo libro* ¡Cuan grande mutación fue 
efectivamente la suya! Su doctrina en la carta á 
los Romanos, capítulo 12, y en la primera Epís- 
tola á los Corintios, capítulo 13, le repi^eseula 
bien d¡MÍnto de aquel Saulo, judío fogoso, cuan- 
do se levantó de los pies de Gamaliel. ¿A, qué 
causa atribuiremos, pues, una mutación tan por- 
tentosa? A que él y los otros Apóstoles debieron 
realmente* llegarse á convencer profundamente 
de que la causa de Jesús era la causa de Dios. 

. El modo con que desempeñaron sus funcio- 
nes apostólicas, manifiesta también este mismo 
convencimiento de la verdad de su testimonio to- 
cante á Jesús. Les habia mandado su Maestro 
que fuesen á predicar á todas las naciones, ^^cm- 



Digitized 



by Google 



120 
» pecando por Jerasalen;^ obedecieron eflds, y 
pocas semanas después en el sitio mismo enr qué 
Jesús había sido crucificado, se putderon á'pre¿ 
dicar á los judíos que Jesús era el Mesías pro^ 
metido á sus padres. Su predicación consistía* en 
la narración larga y prolija de los hechos relati^ 
TOS á Jesucristo. Si su conciencia les hubiera 
arf(uido de impostura, se hubieran ido i lejanos 
paises; hubieran ido á Bizancio, á Roma , á Mar^^ 
sella, y allí hubieran predicado lo que hizo Jesús 
en Judea y en Galilea, sin que la impostura pudie« 
se descubrirse con tanta facilidad; pero, en empe* 
zar por Jerusalen, no hicieron mas que esponer 
su doctrina á la prueba y á la censura ; cada uno 
de los habitantes de esta ciudad era un juez com* 
pétente para la decisión. ¿Pudieron, pues, dar 
los Apóstoles una prueba mas evidente de su (é 
en la verdad del testimonio que daban de Jesu* 
cristo? 

Esto mismo deberá parecemos todavía mas 
evidente, si consideramos que los Apóstoles pre* 
dicaron en una época, y en una ciudad de mu- 
chísimas luces. Eran ciertamente los judíos el pué^ 
bfo mas instruido de todos, sin comparación, en 
punto á religión; y fue en medio de él, precisa- 
mente, donde dieron principio los Apóstoles á 
su misión apostólica. Los Griegos y los Romanos 
habian hecho muy grandes progresos en las cien- 
cias, en las artes, y en todo género de literatura; 
pues á todos esos pueblos se es tendieron eít se*- 
guida los Apóstoles. Predicaron en la Siria , en 



Digitized 



by Google 



viendo ai su:rotal{ilari')i/\lóidti^ áél'EVáiiglSKd 
Hedqtií derfáménte'todais las* áfxatiHeiidás de li 
JbKíetta f¿ hé aquí b que prüteba qtíe tá'tóntítoiif^ 
üfiísáisí dktaba á los Apóstoles que W piyikái-í- 
ciónrera la verdad. Porque sí es fáctí ekigafSijí 
á tHinis groseras V una nación eiviltead^^ no ^^ 
rinde stúó ala evidencia. Sc^náehte lóslíóitibi^ 
que están convencidos de que nó hüblati sirvo eá 
feíi^of de lá térdad ; jpuedéil coridücii*sií' como se 
condujeron los Apóstoles. - • • • 

2f/ ¿0^ Apóstoles Joméniaban fas pf^eoéúptíciéné^^ 
ni adidábanJai fás^iohesi * • ^' 

La preocupación es uno de los grandes in^ 
frumentos de la hütnana pcrversiáad y iñiseriM 
es un grülele que iínpidc al alma dedicarse á '\k 
investigación de ta verdad. Los hombres tienen 
preocupaciones como individuos, preocupaciones 
de sus t^eápeclivas profesiones, préocupacioneíi re-^ 
ligfosas, en todas las cuales son tanto mas* tcda*^ 
ees, cuanto élfas favorecen mas sus depravadas 
inclinaciones. Los que quieren airaersd los^hóm- 
bres, no conseguirán sn inteiitb, hutoánamente 
hablando, si nfo respfctá'rt stis preocii paciones. Pof 
este principio se eondujerótl los Jég'tóladores defl 
|)^gantsnK), cuyo éjctoplo vemos qué' siguió tató^ 
hicrt Mahoma ; su iiiiMema 'abraza una désrilcsuta^ 
da indulgeuck en'íavor de las prtíoctffabit»i;ies; 



Digitized 



by Google 



m 

|li4im« ^<^.qv^ J^traerjá «los ^ri^tí^inof^^yscoii <fue 
hfV^erstt id^clrU^ del g^^tp, 4e Ip$ paganos é ido- 
l^tr^s; en ¥63^ 4^. que Tm^ Af^S^^^oles no li^nj&tft 
pipgü&na preodupacioo ; convidan, por el contra^ 
ri^é todos ]o3 Jbombres á que renieguen de.tqdjis 
fl)¿|s; d^ las ynas, como muy perjudiciales en in- 
^xufjOi niimjero de circunstaiicias, j de las. .otras, 
f^opiode piguetes de niños,' que incapacitan el 
{lima pafa ;qu4 r^ cib^ la verdad. .... 
; \Y puál np era la tenacidad d^ las preocupa- 
ciones de los judíos y de sus diversas sectas!. Pues 
las de los gentiles no eran menos inveteradas; y 
los (i^efi^d^^u gpbierno,vSus f\l(^fas, sus sacer- 
dotes y ia multitud,, tefíiau. una parta no peque- 
ña* Un hombre asliito hubiera tratado de atraer- 
los» á itídos por la via de laxondescwdeocia , otro 
hubiera tratado de asqguranse de una parte para 
ganar el todo. Pero los Apóstoles atacan á. un 
mismo tiempo á todos; se muestran igualmente 
enemigos de las preocupaciones judaicas , que de 
las gentílicas, desentendiéndose de la fuerza con 

3ue había ido arraigándolas la serie de mas 
e diez siglos; no es, pues, ciertamente su in- 
tención, la de hombres puestos eu acecho para 
engañar; es sí, la de personas que intentan re* 
formar, y en vez de tener motivo para cooside-- 
rarlos como impostores sagaces, solo podemos dcs-v 
cubrir en ellos hombres de una integridad in- 
flexible. Si respetaron poco los Apóstoles l^s preo- 
cupación^ de los hombres i no estuvieron cierta- 



Digitized 



by Google 



m 

mAtiifiebUirse 1n(lulj|[ente«.coa sus posiotics; tCUaor 
da.«e.ti:(kta de engañar á olro, lo príasievd»e^|iON- 
lior de su parte au^ amm^ú pasiíxiei yxoticUiaiff 
«e«u opinión;, tal ha mdof sm ninguali esc^p^ 
eion, el fin y la marcha de todos los impostores 
rPero lo& A{H>stdes de Jesucristo lio supieron 4o 
c|ue. qqería decir lisonjn ; ninf^una señal ^ ep^ 
cu«nina:de ella en el Nuevo Te^iamí^nlo; y áfi^r 
j$ar de desplegar la compasión mas iterna del cnV 
men y <le. la infelicidad , á pesar de manifestar la 
condescendencia mas grande \por Ifis ilaqueaap 
humanas, jamás alimentaron ninguiüa preocups^ 
ciün de los hombres, jamás tuvieron indulgencia 
en favor de sus inclinaciones á] petado. , 

No adulan á los judíos; lo^ tratan coii la mitih 
ma igualdad que al resto de los hombres; no 
adulan á los fariseos, conduela con la que hu- 
bieran podido valerse de.su popularidad en fer 
vor de la causa de Jesucristo; antes bien, los 
acusan de destruir con sus tradiciones toda la 
'eficacia de la ley de Dios; ni adulan tampoco á 
los saduceos, pues que los acusan de increduliT 
dad y de criminalidad ( mucho menos á los ^o 
cerdotes, á quienes pintan como á ciegos que 
guian á otros ciegos; en fin, no l¡¿>onjean la mul- 
titud, sino que la escitan á no cometer ninguna 
especie de pecado , y á cumplir con todas sus obli* 
gaciones. 

Por otra parle vx^mos que no adulan mas á 
los gentiles que á los judíos. No tratan de in&i* 



Digitized 



by Google 



líü^rse eñla gracb de lU nwjistnidos'i CQSf^M 
finerificiocle raí principies » ó encómiaaéo U» me* 
itidas'd^sa adiiiiuistrar.¡on; ni tratnn de coflc^- 
liiirflé la amistad de los saecrdoles^ del paganisiiKS 
moviendo bs pueblos á que les tributen borne* 
najes j se sometan i elk»; no hacen ta corte á 
los filósofos, adoptando los dogmas de sus sectas; 
ni adulan á amigos, ni á enemigos; no á los am¡- 
gt)fc con el 'fin de ganarse su afección , ni tampo- 
co i los enemigos á fin de libertarse de su odio; 
ni para ganarse sus conciudadanos lisonjean á los 
judíos; ni para hacerles entrar en el uso de b 
Iglesia, adulan á los gentiles. 

¿Y estos son ialpostores? ¿Puede ser el ob- 
jeto de estos hombres el engañar? ¿Serian estas 
las reglas de la política humana? jGon semejante 
método, podian esperar un grande y feliz suce» 
so? Aqui hay alguna cosa sobrehumana. Es esta 
una- marcha y una conducta , que debe obligar 
á que todo entendimiento, esento de preocupa- 
ciones, reconozca que este no es el porte ordina- 
rio de los hombres cuando tratan de engañar ; y 
que por el contrario, aqui se encuentran todas las 
señales de lealtad y de buena íé que pudieran 
apetecerse, tanto en discursos como en acciones. 



Digitized 



byGóogle 



Í9% 

. ' CAPITULO XV. ...^n; r.}^í- 

Di 7a tfiidméM de I0 dífind, tíiUondad ikl NiHh 

, : 9a Tesiamenfo, ifue rtudi^ del/diz^sitoy-, • 

prop&g0€Ím4€lJ^vangdi0,, ,.' .: / 

~ irradie :fi3rá ¡^apaa& <de. 4eí:ir ^iie b reji^on 
ctisUaiKi «la ha teaido tm é;(ita:graf^>|r.fQVm 

bien lo tuvieron las sectas del paganisinQv]í'<l4iai:; 
bien lo ha tenido el Koran. Esta observación es 
)i^|fí, .^olp ^ cu^idlQ á v|qe, .^fm^e^ abstfaccíoA 
de lais^^>KC^»;5fa«ciasi, de .Ip^niedíos y 4ip ^fc cau- 
sas, la mera propagación , ni es prueba del error, 
vSM Iíi.?ver4b4. .Apenan )|9>«x^1ídQ:Jifi;pfi¡(í{:ip¡o 
loas pe%fQ«Q.^He a^uj^l tin cu^a Y^rti^diSie^tte^ 
leideduciri .^ue UD p^oy^cM> ^c^ijiiMo jTKSíMiff^:^ 
qii0.6e:4ia. jrealisi^do fe)¡8if|)ei>le *f ,y..j|u<e»..póTqu# 
el ob)^to| á qte; conducía^ ie ha xons^giMdo,*^ iit 
bfid cutnp)kl(%ki&.deseo$^e aq)U€Í)o6 .qué4Q ¿pfi 
marofi, es üua ras^oii. eviten le d<i. qiie.tt^M»^ |p 
iiprobs^ba y prpte)ian.Por jxuisccoiom): qáe^h^ya 
si()o,cst^ modo idé 4^ífcurrir., ypor.;mfi^.;cpim^ties 
qiie 9€^4> también ea nuestros diaj^ .^aut)9i>tfl$ 
raciocinios., no. 6^. d^mostrarií. jamájir^qper/alí;^ la4 
p^¡»>r|pi(f ^tribciSoWe í^ufa/íJainejQt6fal§uT^.,$<íli;^ 
1)0. Ptfcrov Auflqtto.e^ta mixjp^ s^a. falU w.Un 
sf^plidc^igen^ra)^ noí€fi^.una;i:onscr.uel)ci^ ]¿fi^m»i 
q^ube ¡en:uíagn» ca^ )a felicidad, del jé;iit<ikí|Kutdp 
o^ider^rs^ eaip^ una pme]^^ de su ;iH)f (Mi y-^do 



Digitized 



by Google 



4S« 

su mérito f ni como un» manifcsYarion evidente 
fte la intención divind-^^nsu (vívor. INos lisonjea- 
mos lie demostrar aqui el buen éxito del crislia^ 
titiiftid ki^ -este últiricró ponto de vista. C3hi$idé*- 
res« clmimporrtarida'd el<asoiito, f se verá que la 
felicidad del 'éxito, ni iBÍlila ^u favor del paga* 
nismo ni del islamismo; pero que, en nuestro 
caso, e!$le ^ito ^liz péoduce ubo per^asfon bas- 
l»t]tb 'foérte'xle que el eri^iaiñsmo éniána»'de 
Oíosi Pé^tis^ con cutd^idtt'las consideraciones st^ 
giiiefiilbes.' ' '• "-^ ■'["' ''^••' '•' *• ••» 

^ * í '. • •-/ . . ; .« • .r./' ] í . • ' i ¡lii i : I, **: 

■ *••' cttal 96 coniitM' en d Nué\H> TksiéfineniOi 

' '!'El^ íerifiV^nlsmo ésffáf enr^tad^db^gáerra con 
totfcfó la^^ '^iiíóiic^'' tido^^ d^l cdraaotv biimanff^. 
G^vfdenaf ^K orgullo, la anybícíoii y podáis la^dis- 
|Ni$idoiiesv todas las' 'inclinaciones q^e* ensah&fi 
al honil!H*e. á sus propios* ojos j- á bs 'njebos. £1 
crisliaíiísmo exije una.«$ costumbres y unn conduc- 
la dtañifitralménté opuestas á los efectos depra-^ 
vados de un corazón corrompido; ^1 desclirga su 
golpe sobre la tbiz de los sentimientos y de" Lis 
iiicliiiaciones que tienen mayor preponderancia 
én éi< corasen humano, proclamanda en alta voz& 
el amor propio no reinará en este sitio. £l£van4 
gelio nos ínanda que miremos la lelíciriad tie 
nuestro prójimo como nuestra pro|>fa' Icitcidad, 
que amemos á nuestros semejante^ domo'á'hOMH 
Iros mtsntios, consi<)erail4o siempre» el'bien pd^ 



Digitized 



by Google 



Uicoí 7 'j^eneraf ,' «ditfó '■ (nfitiítaflWíMir M^l4dr ' «I 
bi<yi05tdir ikVÁitidttal'f ^Vádé. ¥ sdbre «oidfyj ilbá 
CíH^ña que'Ilr atítórkiádde Di<^'dcfb6'ileigIái'^ábiÍ 
ft^taineiiW'jr sin rival toda 'nuestra almaf^ qtié 
debemos vivir eñ nii estado de coúktañté sumí^ 
&torKá su volunlad, o f>iira ^rrirtioft dn^tt lxA(^ 
mo^ lenguaje, ^^que le gldrHiqtfemos ed liúesflrM 
ctierpós y en Atie^l*as áiluai^ 4^e le debeM¿^'d¿ 
detfeého.** ¿Hay erf est^ teligion algavJa tíióka qué 
hjtlague y acarkíé á los grandes de^ltf iWtráVtf 
que lisonjee los deseos y pasfoneis d^lá^b^otthüd? 

'Pwsonáx por tuyú meáió $e prop^^ó ¡á tíñiüléf 

£1 futidador del erjst{akiisiiioei^'tái{'|k)b]^ 
qu^ no tetíia siqtiWa en donde reicli^ársU whé^ 
tÁ': los que escogió para testigos de sü Iniisiótl^'j 
jMiTa que fuesen sus Apóbtoles en el mugido, litt 
teritan ninguna ventaja esterior que pudiese han 
ccrlos recomendables; ninguno de eWw esl;ilbaf 
Tcr&ado en la literatura. £ran hombres sen^illdsj 
que ñi tenian relaciones de familia ¿ ni; titule^' 'rti 
aun siquiera Á de rabino entre sus conc^iudaHá^ 
nos; no figuraban entre la gente de forníia; er^h 
buenamente unos bombres llanos, sin afcctTiclon, 
pero honrados; de una piedad sin iinjimienrd;' y 
de muy buen sentido eomun, pet*o sini^uMiH^ 
cion. Ellos presentaron su teslimbnio con mérHsl 
sencHIéz y con mucho celo, con unatiernaiaftlé^ 
cion no menos por su' Maestro, que fkTT'ísid'ái^ 



Digitized 



by Google 



m 

a||hf:Wci)|iÍ9il^«G|ft,4£ ikiry^len.cpmo e\ lefign^-^ 
Í9ií5&WQ«al4*? i* (ííaMleay|y;,ppt'lojj Gri?^ jr 
WPWm»§íl«fco0i<é<i|»í<Jkífii5 iqoflCQÍppIclo de lísk)ii-T 

Apóstoles, que estamos casi para pciis^ír^ qne 

Ae augusto a los o)os.^,\€^ hombres» que exijia 
una veneración universal. Pero, si se medita co- 
»W{«^ íWWíte» Wíífejahá. ^ ^ificQiifrafT«/P<ídtMdo 
el45Wí4rpi^vft^^b¡íiiig^,4?^^ir^¡iír-. J^^pí^sc, p»5f> 
{«IW.^c^ifia »rtc|>ie^pl|í rcpijbir .sen^uí jaí^l^^hjbajtT 
Br^*.»¥fHííJ<^iíbHivÜ^; fiiobiAiíu pupblo prQpr- 
gíirtdft.4li>5ijntf^vai,r<Blig¡oí;^^ J.^fniípa^^^.fltt^ W 
^f}. fJl.n;iWKlo»;,n>ef>o» tílJps^,:^^f$íí)íj j?4,,^ fCapjiftO 

íífi il^.ifPí4wí«p ;» <;ww4lo, pwWicffM n%1^9»w^t« 

dpí^a#iipR^Q§ry fWMí4p,pM<ív^»ft d^pfa,v^ qwi 
fii'^íPí^^^íl «^ ob»ljd9h^t>ftJa.Ídft^lF/íÍ4«W»,UHr 
jtíSí^p. áifillfirtel ^Yíifté;<^¡p,;y qvíc^i.^ j^(lí9.flí;9i r^ 
i^un€¡?)»jiií^,tíultq;CQí«í|?pniai j dflj?l?ft.4j ¥pÍ^ 
Sí^p94¡J[^MiíiS^o^.í^>o. s^ li^^^^ j^i^jp díB 

©J%SiiF4ft¡íi»fiiltó pQ^epiQ^ ícffinar.iíí?s i||:if id^ 
a^K<¡IfM^;^Q:)A^ 4i«po^piqne^ «PW SlttS^ ^efiíwi es- 
an^h^o^ ^mojpu i^$4is<ift r^psi 



tr'Ul 1- 



Digitized 



by Google 



m^ím can qu$ s$ propagó d Evangelio^ 

]So puede el paganismo producir ún siulo 
isiemplo de persona alguna « que antes de la ve- 
Btda de Jé&íK^rislo, haya empleado lo que llaman- 
-¿aoá uü método raeional para convertir los ha^ 
abitantes de uq pis, ni aun los de una sola ciu- 
dad, á la fé de la mitología pagana. £1 sistema 
txi^mbinado con la infancia de la soqiedad, fue mi- 
iiadd como diviiio, y los que hicieron posterior^ 
«llienie parte de esle cuerpo político, se sometie^ 
iY>n á este sistema ^ como á una condición necesá- 
Via para gozar de protección. Mahoma, sugetó 
¿fótinguido entre áüs conciudadanos, oriundo db 
una noble y antigua familia, con los qaodales dé 
un cortesano/ atentísimo á todas la nimiedades 
^ la urbanidad, «mpezó muy pronto á ganarse 
todos aquellos que podian ayudarle á reali?^r stfs 
proyectos. Pero, echando de ver que la dulzura 
y la persuasión eran muy tristes recursos' paf^ 
baccr prosélitos, abrazó un método mas breve y 
que debia producir sucesos mas rápidos, y hí 
úitíma raiio regum, la últioaa razón de los reyei, 
la espada, fue preferida y muy bien manejada; 
£i caudillo que, armado de pies á cabe^^a , se pcr- 
nc al frente de un ejército ordenado, manifiesta 
éla^amente que en otra cosa de mayor eficacia 
qué los argumentos, reposa su confianza; y asi, 
la felicidad del suceso no es hija de la evidencia 
de la verdad. Al mirar su espada manchada con 

9 



Digitized 



by Google 



130 

la sangre de sus antagonistas, no me maravillo 
de que haga tío gran. numera deproséj^los; pe« 
ro en vex de decidirme á creer^ mi alma se lle- 
na de repugnancia y de horror^ 

Apartemos la vista de este horrible especiar» 
colo^ y contemplemos á los discípulos de, Jesucria- 
lo en su eslerior humilde arengando á la mullir- 
tud en una sinagoga, ó á un pequeño número 
de oyentes en una escuela 6 en una casa particu?- 
lar. Los discipulos del crucificado no tienen rir 
i^uezas, y por consiguiente, no piueden corromr 
pí^r con ellas: no tienen el mas pequeño influjc^ 
|io> pueden , pues, prometer la opulencia ni ht 
grandeza: ^^ predican á Jesucristo crucifiqídpb^^* 
Refieren la historia de su vida, de su muértét 
de ^u resjurreocion y de su ascensión, dcclur^p que 
,é\ es el que ha sido destinado ppra ser el &4var 
Aqt del .mundo y el Juez de yivos y muettoa. 
,ltOs griegos y los romanos ansiaban h elocuericia 
y los discursos mas elegantes, aun en las cosas 
ÍDjsis frivolas. iPero el ApcSstol que podríamos su^ 
poner capaz de semejante empresa, declara qué 
,^ su predicación no fue con palabras persuasivas 
de humano saber :'^ (i. Cor. U, 4.) y los escritos 
de los otros demuestran que sobre este par*ticu-^ 
lar no tuvieron la mas mínima pretensión. PoSTr 
que si ha existido una obra que pruebe con eyif 
dencia , que sus autores no tuvieron idea alguiia 
de pasar por elocuentes, ó por hombres inslr-ui*- 
dos en la oratoria, es sin duda el T^uevó Te^a^ 
menta Podemos considerar su estilo como. Una 



Digitized 



by Google 



til 

mufstra del nkxk) dfi* predicar de Iob Apóstoles^ 
j este su inodo. prqe^a q^e jainik les pasó por 
4a idea engafiar i los homares. ^^Nue^tra exhorta- 
ción, dicen ellos, no íue por engaSo, error ni 
unniipdicia,^ (1 T^^alonfunse^ , U, 3») Tampoco 
se yalieron los Ap^^^toles de estratag^ina alguno 
tde política , porque ni adulaban á lo$ gr9|f|des j 
Ticos, ni lisonjeaban 4 los pobres, pi usab^p w 
bajezas con los graqde^» ni ipirpab^n al bajo pue- 
blo, ni hacian alarde de erudición para engasar 
al vulgo ignorante; nipguna ventaja teinporal 
prometiaq copo alipepte par9 in^dar de religión, 
sino que, por el contrario, anuncjsibaa ^ sus 
oyeptes que *^ todos '|os qp^ qpi^ies^p vivir sao- 
iamepte , fi»egun Je^crí|»tp, bab¡aa de padecer 
p^r^ecucion/^ (2, Tifn, III, 12,) JEsto^ fuerop los 
medios de qpe se va)ierop: ;y en estos medios 
pudo acaso cab^r el cálpulo de engafiar a) niun« 
4o j de ganar pro^i^os á Isi iippo^tpra? 

De los 0bsidcidas aue $f qpifsierm (^f Evangelio. 

Xa^ espada decidia de los obstáculos que se 
oponian á la in|roduccipn de iin ^istepia pai.*- 
gamd. Mabppia pretepdi^ que ers^ csepciá) á stt 
aiision ipjppner sileppio por este piedio á ié^ 
da cóntradiccipp. Pero, ¡cuáq diferente e^ e}^s« 
pirilu del Evapgelio! ''(jas armas con qpe pe- 
leamos no son armas cárpales,— ^^Hé aqui, dice 
Jesucristo á sus Apóstoles, qu^ yo os envió pomo 
ovejas en medio de los lobos.^' Por todas partej^ ha- 



Digitized 



by Google 



138 

bia una ariniería de gmeio cálibrt' pvr^pirrstnr 
contra el Evangelio: oposición por parte de las 
preocupaciones del pueblo r adherido fuertemeii^ 
te á la religión de sus padres , cuya adbesion es^ 
taba tanto masr arraigada, cuanto era mayor sa 
ignorancia y ceguedad ; oposictoii de parte de k» 
filósofo^ y hombres ilustrados; el cristianismo no 
usa' de mas contemplaciones con las especolacio- 
ñes de los literatos , que con la superstición de lá 
multitud, por lo cual no es estraño que el orgu- 
llo de aquellos se creyese herido, ni que los mo*- 
viese á vengar el desprecio que sobre ellos se ha- 
bia derrathado ; oposición por parte de los sacer- 
dotes y de todos los que servian en el templo j 
vivián deles sacrificios, pues que veian c6i¿pro*- 
metidos^ no solamente sus bienes y su influjo, 
sino también su misma existencia. La esperiétícia 
de todos los siglos pi^esenta pruebas abundantes 
del celo con que sabrian escitar al pueblo á hk 
venganza contra los novadores. Pero el obstáculo 
mas temible.de todos, era el que presentaban \ós 
^fcs del gobierno. En el reinado del paganismo, 
no solo existia iina liga eníré él sefcerdocio? y el 
podar |>olítico, sino que también ,' por hablar con 
fltias propiedad, la religinn estalñi incorporada 
Ca el mismo gobierno; y en el imperio romano, 
por' lo menos, los primeros 'magi^itrados de la 
república desempeñaban las altas funciones del 
sacerdocio. Los emperadores tenian el título 
de soberano pontífice, y los primeros depo- 
sitarios del poder, después de ellos, poseían 



Digitized 



by Google 



133 
W^goídacleB bi^erdótál^ que áefilá seguían io'^ 
ipeáiataoiénte. '¿Cuáles nb debieron, pues, ser 
las alarons de lodos eslosi hombres, al aspecto de 
un ^sWtemav ciijo buen riesultado debía despojar*-* 
los de: sus pontificados, f de toda su influencia 
en asuffitos' de religión^ y hacerles teiner, ade- 
ntas^que iba á comj^roineter la pública tranquil 
Kdad jh ¿eguridad^é. su autoridad t;ivi1? Aho-. 
ra bim, la histbi^ de todos los siglos muestrar 
ckraoiaite hasfta'qjoé^ punto: los gefes de los £s« 
tadosTfi^iieronsieniiire- pelosos de la conservación 
delós'mafe pequ^¡0$ diges de su poder; y en d 
€;aw de que flíiadbi teáatiesen los gefds del Estado. 
ji6r sos pn^>¡as{tersoiias,losí. demás 8ubalterf> 
n€8>iifiteresa<k)s:t\ ocultando 4 . icón rprétesto de celo: 
poTTrla salud deLEsta^o y de la: pébliea tranqui- 
lidad ,^ sú temchr de perBer ' ^1$ dignidades y eino-! 
lindenlos, no debieron! descuidarse en Uatnár eu' 
su fusiliorjelífarou^.dela aMóridhd ««oponiendo de^ 
CBtfttkBodoi nn»*.diqub(jcpiitra -kisproyectos de udos^ 
lk>ipbresttab^peli^ro90S; r 

- IV'|>oct:{íañnle do'los fudío» debieron ser. me-! 
nos Ibs'obsticttlos, quetpw parte délos gentiles. 
Elq?áadó'el:^ri¿tUnismot todas kis naciones á. un 
núsmot nivel, •debió herirse e(b su raiz el orgullo 
de c^da hebreo. El prívilejio de ser el único pue- 
blo .amado' de Dios^ fue por el aniquilado. El 
iKMrror de los judío» <sabre este punto, era tan 
fuerte^ que, cuando; Sbn Pablo, en uno de sus 
sermones, aniínció. que Jesucristo le habia en« 
via^o á piceditar á>los gentiles» levantaron <la vos; 



Digitized 



by Google 



134 
7 gritabon sin^cesar: ^Qaib^ ¿ú ^gáaáio i xm\ 
tal hombre que no es justo qué vítsí/^ {Htdws- 
XXn^ Sl2») Ellos le habían escudiado en silen*-' 
cío un gt^ail rato;^ pero luego que le oyeron ha-^ 
Uar de la adittisioii de tosgehtilesy de su igúal-fi 
dad'dé t>i^ivile)io&, tib le pudieifon aguantar mas^* 
y solo deseaban saciar sü có)era en la sangre de 
aquel {>ro(anO| de aquel blasiemornTal eta el es^i 
píritu de lo que llama ttios^ «la jp1ebeventk*e k» fu-i 
dios. Con menos honi^deBiyTyopnrDaiEis entrañable < 
odio, los ÍÉariseos hacían iguat, oposición i^. porque* 
SI el cristianismo llegaba á piropagai^ ellos deUaA» 
precipitarse desde lo mas áko deia -estimácmiY^ 
en el mas profundo abismo del abatimietito^ ¡Y\ 
hay cosa én el líimdo que oponga^ iina iwisteDi^r 
cia mas ardiente ni mas vigorosa que el oifgu*^ 
lio, hijo de la superioridad «d el saber y de la' surtí 
persticiosá observancia dé los ntos> religiosos? Los! 
sacerdotes judíos haciair caása comuh conloa pa*-: 
ganos; lósdepositalríc» del poder : hacían iambiea^ 
sus esfúet^ós para oponerse al crpstianisnEiét^^iáí 
l>ten movidos dé las ráWbes ()ue Im^iimjs dé es- 
poner, sacadas de sú inter^ pei^sónal ^ <5 cedien^/ 
do en cierto rüodo á los deseos de la: mbltitiutqüéK 
á ello les óbttgaba. ikí todos estos c^s4^lilos rreiiri 
nidos ^ debe agregarse }a preociipaeion tan pro^ 
fundaittente arraigadajen tojos los éóraz6nes;x:or-r 
rornpidos , á sabéi^y el odió éóntra una rdigioa 
que exije el sacrincio del propio orgullpá los 
pies de la ttíiz de Jesús,. i}ué ordena la i^aayop. 
pureasa de 0(H»&Qn y.Ia .vidainas áriíf^ladapqiie 



Digitized 



by Google 



nmiiia, en fin, destruir tl^rthtn ¿le todas fas' 
acieiokies quecociducen «1 pecado. . ' 
~ Sobre lodo, y este no es \xn ráeioclnio merá^ 
miente especuktito, el úratamíenio' que r^i(4¿' 
Jesucristo, los Apóstoles y los ministros del cris- 
tianismo tfáe fes sobrevivieron , puede ser bsuy' 
bieiei una prueba evidente y sólida' de cuanto afir^* 
rnamos. Los improperios, laconíUcácion de biie** 
oes, el destierro, las cárceles Vílá' muerte, fueron' 
b recompensa que recibieron -déi parte de los ju-» 
dios. Los gentiles mostraron las mismas disposi--^ 
eiones hostiles, y los heraldos^'del cristianismo fue^' 
rM^ tratados por ellos con loa mismas d^recios 
y^'ljon po 'menor crueldad; Sbs^'f&lr^es resultados,^* 
en' medio de tamañas tribuldci6neá,m€$recen4ta^^ 
mar toda nuestra atención. { ^ 'tihnn ^ jf 

r • . . 'ir. 

li'.i)'. 'lí'-. : . .i ■ ' ./, ^:'- ' ••; » ^'^■^• i ■ t; 

Séétificiús que dd>iéton> hacer los que ábiñazaron' 

- .í •>;: . .-.•.: s. '^í. ? .¡ir- •.;. ^ ; r ' ; .[ 

ISo es fódl qtte aquellos' que viVeii^en pái^*^ 
ün qué el círit^tiáviismo es k religión donifüí^té,^ 
se fbrmeb unsidáíJ exacta de ¡16 qúe^^deliAgr^h' 
Mfrfir én la éj^^d^ los Apóstdlés/^qúeHdsiyuéf 
se cteverfianV'üi^á'iHiáñ dolQróso^ sacrificios se' 
▼edán precisados»^ ^Eipiíganismohábia taW estre^- 
chámente amalgamado sus ritos religiosos con los} 
iiitéi*;cses del Estado; y aún con los desahogos de 
h'vida, qub un cristiano de conciencia' delicada^ 
s^Veiá espuesto á grandes dificultadíes'y'á pade-< 
cei^ dolórosas privaciones. Sin hablar ahora de los ^ 



Digitized 



by Google 



136 
tealroé, At lo» joegos^^e las prtee^oDes l^iunfiíh-, 
les y co^s todas con tas que habia mezclado el p9t^: 
ganismo. sUs riu)s j ceremoaias, y cuya p^va- 
cio^i Bo era un sacrificio liviano, para la moltí^ 
tud; 5te habían ademas ínsiduado/las- ^uperstido^. 
nes de la idolama «o el arreglo^. 4e siid oegocioi; 
doméstÍcoS|^4htrbdacido basta en lo^ santos de* 
I^e^cts de la ÍiQ$pH^ídad y en los filatitr^pícos go- 
Qes deja aawtadíy^del parentesco. Por lo tanto» 
los redieú con,?ev)Mos debiaor sufrir infinitaren^: 
te; con la privíi^on;? totai:de los ^gioces sociales f* 
de l^s satIs&jqcI<Hie!$f)y''t€onsudos/dje sus piii!i«iEi^U¿» 
, M £raii:mlr^4<>6ii ^Oías, p0s U>das p^\m mh 
a^viersíon; ianoí;{.lp%,íjlftnian por ^téosi y, pqrcJíp^ 
en^tn'^os 4p sü#.4i<>S!^í otros lo^ difaipaten cQr> 
mo á misántropos y ppn^.á. los* bomlvrN^i q^ift 
aborrecibles del género humano. La- sociedad 
perdió para ellosf to4i3íS ftu^. attac;tívos; ^Q'^^mff^ 
seixiblantes avinaflf\^(^|Vv4,.\loi ^ue aún es peor, 
la sonrisa del ridículo ó del desprecio. Sos pa- 
rientes y^sus.amig^ leudaban i^u(^?i$ veces. con 
la pvi^t^ jEtDrJo6 o^s; fos tei^iapipor k ba^ra> 
4elrííMirfdQ¿r K W' cargó /K(»)fj(o%:iiftffn)biWft«ia4^^ 
iparuJl^iUe^ -que pudo i|aven|ta^^^,p^ipi lj,mifíi^, 
se pr€Ss^ritaban.en iplíbJiq9.,r^^LVl^Ían(jeft la, fm^e^ 
sidad de devorar j^n'f^ilenci^jli^.^ni^ipi^ <msí 
gróserosi del |)ppulaphQ*. oíír- .< í f m ; u / 

La iib presión ;<]ue^.ba.cian( esj^$: ^eAtimí^ 
en sus eneiuigós» era iin motivp ^de :pei:seQ|LCÍog( 
contra Ips cristianos bastaf ep su^ ufgpc^ y ?el%:! 
(piones de i;itergR,^Jbaq¡éndoleí §ufrir| p«rdi4i^wa- 



Digitized 



by Google 



♦37 
vHKBaseníttodos sus Arates j eof^Iratos^tefl^pcM!^*'* 
les. Loí pngaciQs, jconnarcanos suyos»^ ñas celosas 
de«U'Tdi^n; no ^eriaa trato' alguiio coa Im 
enemigos <)e sua «Dioses: mucbas/i^scesi una re«n 
^ioa sediciosa^ aia rapa^ádad dé ua m^gistyadflr 
leifr .rolbaba sus grfoerqi^: blras fueron encerrado» 
en las prisiones de loa bandidos. y <defialroad«|^ 
como indignos de participar de las ventajas coma* 
nés de la vid^ sgciál; im pbcás^fuáró^ desterra* 
dos de su país, y.sepáradoi de todo lo que mas 
amaban: algunas, aquellos que mas se distinguian 
poraá eminenlé^dai y por m icela, foeron 
entregados á lá iiteecter y cuaáleB .prirfesatant^ 
ig;uafe» 0étH>n)íentos^ fueron en vueteoeeni su lDÍi-| 
<aA prescripción: en^i^iis tormentes y suplicios sé 
eobaba mano de la rriieldad tnas esqieíisita \ y cúanrt 




espiar 

esta acusación I ó con la pérdida de ctianto po-*, 
seian^ ó comía* de la propia vida en isie^ío de lo# 
fórmenlos mas horribles. '< \ 

Tal era lá perspectiva > talk suerte de owni-i 
to$. abrazaban el Ei^aqgelió éfi los ptimetos:jlieiaír-4 
pes de su ipromuigaeion ; y Iflk esperieneilfs. diar> 
rias confitmab^ni ;6l Itemor de tales» hórrone^olf^^ 
que abfáxaronr ^el ípa^nbmbv la^ hit«eirt>n:iiqiMÍi 
sufrit ni id|üriiia<sii>.QfirebÍ0s. :I^ psosélí^ios (dft 
Miiboma veían aliicirH>'tdelaatexde bí <el cajtoHíe' 
de los bonorea ydo los placeres en Ja irida preskHf 
te.,Ticbe» á la verdad, lione lamUen ú. £«ai^. 



Digitized 



by Google 



138 

sft,<q«e m icausATi imprésiovi'eii k» sentidos^ ni 
ioh «tts resultados bs^ sensaciones de nWignná^ 
pasión terrestre, porque solo después de Umver-', 
te deben tener su cunrplímientoi ¿De quién al 
aspecto de tak» sacrificios^ se hubiera esperado^ 
qne abraz»e la tí cristianaf • < • 

El^ éxHú fdU 4d BvamgiJio y d númerú dé 

•tí'--' ' '•' «■ ' sus proséUtoi. i ; . >»- « ••• 

Cuando reflexiono con dlencláa « cuan^ ni¡«« 
yo'de cerca todo cuanto -acabo de esponer ^'tio* 
puediy figuradme, s^gun el curso otdinaria d^ 
bs ideas del /^entendimiento liunafno^ que el^cris^^ 
tianismo pudiese* tener tíii^buen 6«ieeso,tBÍ* en-*» 
ine loB jiimósv ni entre ló^ pfitganosb' Un aisiemá^ 
promtttg|adD por temejantaa nnMmeros^^coi» fora- 
nas tan poco liatá^enaís; un siAema que debía 
combatir j sobrar obstáculos tan pódenosos; y* 
que^óKigia descuentos lo abrazasen tamaSos 8a<» 
crificios, ¿qué progresos podia espiarse que b¡*{ 
ciera?' Cualquiera quei no esté versado 'en la -his- 
toria de la iglesia crbtiána;» al momeniores^n^ 
derá que no debia hacer nüogunos. Pero veamos; 
jq^ié Mcedid! efeclivámente?:Bl oaísiíia dia en que 
ie-^marboIíS 'el estandarte d^ Ip ¡cruz , vio -á tre^ 
altl personas agregarse á Ifi sociedad de los fieles^ 
focada uno délos qué le iMcedieron fue testigo 
de las nuevas conquistad del reino espiritual dé 
JeaocrUio; <y^ios|nUlare* de personas en la iúia^ 



Digitized 



by Google 



il9 

Jd^V etí CeáatfedS^piücb^ ifreyei-otí ¡e» éí. De te 
JudedVMH^^ef»d}eirotv4o^ Apóstoles iíftttékis gen- 
í^iy áb iriéi*on Icyrb^lis soei^d¿s ti4átiái]íá^ 
en Am{b(|üia, a» ^ÉféBflíi en (Wltrté , t fen' Atétías; 
y eW Ríi>t»á7 aiihfiirftánáéi^ tt¿á*>¿sí'tíIoS é riü^ 

d¿l E4ati^Uo'no'íse d(¿tttVd dé^I^á^'^dl^ir 

d^t bs ÍAj^f ol^ ; sifió H|ll« ^ faíii(P iS^ Váfiída fi 

¿Bvv^él iéftkm^qaehi&h totlqÜi^tttáoi *áttn én" 
n^á^i >dk>^|$er^ec4lti}dn«s' ' ^«it^ kórVtit^lMk A' á te 

fiií^'«n60i[igoi^ El^^n^í^'sttbid al trohd dtíitíir 
G¿sM«eá^;^y ^d' ||lbrkM'f^^ dtt^Uió álgürf^ 

¿Qué podremos y pues, decir de todas esfé^ 
cma^ Queibi^ iÁd«]^fiab}¿ que él tesfiax>n]o 
de !lo¿ A^éoelcfs ' fueie ^ inby conviticénte , f ' c}u^ 
füíese acotDpbnado dé| podelr de toa milagros, ^ 
de la küerbrieficMiia del Espirita SantOJXil -^ue^ 
esto- niegue^ 'tencediondov sirt embargo {^^iorqüe^ 
es^on hecho mnegaMé)«^e)i^u^ del* Évati^ 

geliOfila felis^propagbcion^^ una ¥el¡gíoft' qoé^ 
esbaba en oposicioo direct»! cdn los seiitíiñTehto^/ 
deposiciones y «ondutta > de todo el mundo'; uir 
suceso k¥to\Téfíáoi constante y siempreen'án^/ 
mento} 'este>tal<| repto, cvee fút U misadáHí«iMÍ^ 



Digitized 



by Google 



QUrar4fi:*perp el hombre qpi^ iodíigfii )a «lerd^d 
i^on mciericia j biien« i<¿ « y que pesa: «ron. siace^ 
ridad c^^ .uqq de &iis .^rineaore» , deWr^eono^ 
^r que eK^vaffigello,. {torr)^ que h4ce i^ ve|*dadt 
y divi|iida4 • . liit^ile denecho» toa^esoiiptibW* J 
que Wen cocw^ersfdp ^ft» sU: feli*- propigocioa . 
es Ufio d^ liM ^Mípptc^^í^toft maffiHigülaifesque; 
fiCf ^AiQ^ec^o alolPDdp mocal erv tj9do& los $i^ 
gloa/^popc^.^siefeoóoiMo i la ptiiebt-de un4> 
compaji^^^ipa, ¿sfyria aKteis0 e^lroart^é 4íni4^liíeii} 

Con|raj;ioj c0iii: l«^.p#iif«9paciou .deberft^^toibMiM^ 
(ho W99i, yfe^^nvmwtwA mfitíiawé^leJeíífiíeieTi 
la de ci^ta.f^itteH l{o.|H>/«€wpiir^ 
ni á Ul^,<^l&f , 4iM : w«eiAn$(ii ¿•anWft'j íá^pé^le4i 
cuando predicaban ei;l%i^ug^lk^¿ por^uei iserife 
lo ipUiDo qu(9 cQiftpiíüir Wefedfof de vi\»*£«e«ri 
Ea brutal top l$s,^aiM QfíS^^^^^tm^^.^^imoiyí 
deja ratou. ,'. .•', :, .>■ ..-; ,^/j;f:rih-Mj wO] 

£r principio de láíoBDü^ídie Mftfaooi^ tavO) 
idgunf seoiejanza <:oa.el «lodade^fefloédkt' de!le4> 
Apóstoles de Crista ISis/d^ |>iteseritd' ipaftaudo. ^. 
cQipbdlir únicamente pbj^medkndeJa^persaa^n^ 
aitélf acasoí se hubier^r^empfetoalepidp ageste 
iPQtQ^Ot es mafi.quej^rjal)fibte;QU6 BUjréli^oaiao 
ki^biera atraye^sado IbstUaait^a jielipiífebloi de bm 
nacimiento. Durante^ los tres poimec^ afios de^ 
ifO.naisiQpi ^'gapd haite catohea.prpséiitos éafa^ 
xj^, de su caiijsa ; «iete anos det tiii^J9 lé proporr* 
<;im^fipa ,e9C|M:taiive^|te un , eciiten^ir ^derr reciarios: 



Digitized 



by Google 



«n íel Qspicio 4e 'dibf tfffips fiieit)0t^lefilds ^ ci(k« 
^U» susiprogrésos, y eso'dentro de las soW^0Mi* 
valla» de k Meca. Tal fue el suceso felti de Ma^ 
liorna enmedio de uifás drcunslantias h» mas í^* 
vorabks 4 su eóípresaVporqae él era de ima &<^ 
mtlia noble, ^aba protegido y apadrinado por 
«tgonos dcilos prÚBcgros'siigefos de la Gmdftd,con 
(jüieTiértenia^ además t^lacbpes de paret)tesco; 
BUS inbáaks eranséducljoréséinsmuarflies, y utia 
^inkdis^ia censfuibada le dii^¡g<¡a en la elección y 
eitipleodé sus medidla; ni iam^oco ha^bia eb su 
^s una rdígion establecida que sostuviese "útik 
xorpoi*acioii de iiombrcs, cúVos intenséis pudie*^ 
:»eri estar. en ^posíctocí con sus progte^ó^; ¿uánd^ 
vio (jue la ipersuafe^íonji^ 'llenaba «us firteSi el stüé 
'déciáíio teixqo dei^u mií^ionj declaró afbier lamente 
que estába;aulofizado poi* Dios pfifra ^sci^virse de 
la espada, como de loYi itistrumento ¿e cotí ver- 
-sion;'^ desde eílfoncesíse aumentó ^ ntimeró dé 
shs prosélitos á proporción de su valor y de sii 
fortuna/ 

^' - Los litósofos de Greqia y de Roma se baila- 
TomensSCuacioóes, no del todo desemejantes ^á ios 
d« los Apóstoles. Los argumentos' eran sus aro- 
mas: de ningún genero de fuerza se sirvieron; 
pci*o sus circunstancias les eran mucho mas fa- 
vorables. Eraii admirados de lodos; de todos ve^ 
nénidos y tenidos por los primeros bombres del 
mundo. Eran en gran número, tenian en su fa- 
vor su tono de autoridad, y todo el influjo que 
de la opinión pública pudieran apetecer; erpí tam* 



Digitized 



byGobgle 



hUtei api rmUifíb» tmi^ agttdtbfe f fiiwir fiistoM 
4)«ci las' punb é inflexible máxiaias del ^müanié^ 
4ii6t ¿^ro i*uáics: fueron loi^ felices dieésos coa 
qne laei propagó snrdoclrioa* .j cómo refonnaroá 
^jUoi.ol ojund^ ¿En ¿ónáe pudieran^^ eneoiiifaiv 
#e hotnbreá i^as /eloctiente$ qué e^ogf Jaauis.d 
eiiieiidiaiieato bomaiio des^gó redurfes imjor 
;re» que los que presentaran la ingeniosidad de 
sii$< especulaciones, el atractivo de m$^ obra», ]r 
las gracias de su estiló, £llfas tuvieron , durante 
muchos áüos, todo el bccidénte^á su disposíetoin 
JUi«A generación de illósdiba sucedió á otra con 
4iacvo6 jirogre^óSf eslendlendo en todos sentidos, 
pbrA.el cttoipliotfento de sus designios, la doble 
^^flüencia de la palabra, hablada y escrita. Pero, 
cuando aparecieron los Apóstolei, >¿jcuál fue el 
fruto que vino á quedar de todos, siis trabajos? 
Sócrates tPkiton, Aristóteles, ¿en dóilde está la 
rbfoüQia pi'óducída por VAiestra filosofía? Hemos 
leído ciertamente el cambio vivificado bn la vida 
de Polemon, y de algunos otros individuos, pe^ 
ro doseaoiot» encontrar mayores resultadas Mas 
que. lodo eso consiguió Pablo {pedíanle el príoier 
sermón que predicó en Atenas, al iiHsiiio iicmí* 
po que yiiestrios cohermanos se estaban mofando 
del predicador* y poniéndole en ridículo, Sena^ 
ladnos esa nación que andaipós bu&caqdo, que 
profe^ y se condu^ra por los principios de la fi-r 
lospi^ moral. : Aun nos contenta remos con que 
nos mostrciá una ciudad! que profese vuestros 
principios. Ni siquiera podréis citar una sociedad 



Digitized 



by Google 



^ koflabrtt qvie diga : Iqs fil(jfi<>G9iv Ji^j^^t^oser 
fiado á abaoooDdrrJai idolatría, de nuq^A^Q^. con* 
ciudi^anos, y i aidorar únicaaieiite al iíer4^er<^ 
J>io$. Los jardines de la Academia, ^1 p^irlico y 
los paseos del peripato luoi producido por cier-^ 
•lo bien poco fruto, •» • 

Délas penosas y eslériles tareas de los G\ó$or 
los, pasecDos i echiur una ojeada spbre lo^JIiterar 
tos de GalUea.-Ya' estoy viendo bajo sus auspi- 
íjiicÍQs fórioiai^e en 'todas partea sociedadest . Vq^ 
que la. multitud ecba á rodar sus ídolos con des* 
.precio, renupetü á su culto idolátrico, 9 suscock* 
tuHibres inmorales, f, á todas slu iaipur^is itíüittlirf 
naciones; la veo humüdeineijite postrada eu; U 
presencia del eterno pdifa tributarle sqf adoUü'* 
Clones; crece mi asqmb^o, y no puedo m^i^os dQ 
esclamar: ^*He aquí el dedo de Dios/' Venid, v«* 
md acá, discípulos de Sdcrate^' y de^i;^ sectarios^ 
examinad y»notad la, diferencia entre la dorirrina 
de' vuestt*os salxios y latde Jesucristo crUcifi/ciirdQi 
predicada por lo$ Apdstdes.; e indiciadnos j si.oi 
es dado, Ja caiisa de esle, fenómeno, . ; ,. 

Ningún suciso feliz hubiem podido olftmer rf 
, cristitmismo á no estar fundado en la^ verdad**, 

Supon^mofi^ quib boy, en este ^no d^ Jí84£ 
doce bombr^ de costumbres irrcipi^|)sibles,..|| 
con todas 'las señales de la verdadera ¡pitídadjií se 
presentasen en Mad rid , ^sfguTs^dp* nilbliqa nui\ir, 
té^ y del modo ma^ solemne, qne;un p^ijOM^jf» 



Digitized by 



Google 



ñt cbilsUwetátficm kmfiía |>redícado» por cspcio de 
ims de tréi íaílos/por loda- la España,' jr no po- 
tá^'^aífe^' ¿n sa misnia capitM; que este niismo 
{)ersdiia|é hahia curado enfermos j re&iicitado 
niaertos; habta alimentado tarios malares de per* 
5onas con unos pocos panes j algunos peees; que 
á todo eí inundo mandaba escuchar su Vos^, co« 
mo la de aquel que había sido enviado de patit 
de Dios' páfa ^salvar el mundo; y que harta co<- 
mó cosa de dos meses qúelos gefes del Estado 
y ios' principales de entre los Sacerdotes, mnnco* 
mutiados con la multitud, y con su aprobacioo, 
habían cbns^irado contra d mencionado perso^ 
tl^je, y le habtiin quitado la vida; que habiendo 
sabido que debia resucitaf al tercer día, coloca-^ 
ttm centinelas en el sepulcro, lo que no fue ohs* 
táfcuio para que resucitase, couk) podían deponer 
kis centinelas mi^moá; que los doce; le habian vis- 
to varias veces después de su resurrección, y qu^ 
habian sido testigos de su ascensión á^os cielos; 
qué les babia impuesto la obligación de atesti-» 
guar lodos los sucesos referidos al mundo ente- 
ro; que en prueba de la verdad de su misión, 
& taismo los había habilitado para hablar varias 
lenguas que nunca aprendieron , y obrar milá- 

S*os« asi como el los obraba. Si estos hombres» 
rigii^ridose al pueblo, añadieran: vuestros ge- 
fes han cometido un crimen horrible, quitando» 
fe la vida; La antigua religión debe, al presente^ 
ceder su lujgar á la nueva ; vuestros s«ncerdotes 
no deben ya tener mas influencia ni mas autori* 



Digitized 



by Google 



US 
dad I y todo» eitáii obligaos ¿creer nuestro tes- 
tiaionio, so {^eaa 4e: Ja riva iC^efiítiaL ;Qué efecto 
debía producir un ixiodo semejante de espücarse? 
Habiendo sido aoiisadoa lodos por su boca, 
todos estarían axisiofios de v^n^rse de una acu- 
sación semejante, y el medio mas eficaz sería de- 
mostrar la falsedad de este .tesiinionioi Ademas 
de este motivo « que era común á. todos, los ge- 
fes del gobierno considerarían^ y no^in r^zon, 
esta acusación como la mas capase de compróme-^, 
tcrjsu administración, debilitando al mismo riem- 
po su autoridad á los ojosde aqilellosique abra- 
zaban el nuevo sistema , <|ue los mmrian como' 
á los asesinos >de su profeta, a mas bien, c€rn>o> 
asesinos del que se presentó c&mo hijo de Dios. 
Ijos gefe» de los sacerdotes se creerían por su par- 
te desacreditados^ j aun desvirtuados, y no sÍ0 
motiva, porque, su existencia dependería de la 
falsedad de su testimonio y se acabaría, tpda; su * 
autoridad, y representación en. el mundo ^ si es-r 
tos doce Ap6svélés decían la verdad.. Y en tales 
circunstancias, ¿dejarían piedra, por inover para 
convencerlos dé falso testimonio? ¿N^ averigua- 
rían basta lasípoias iasígnific^ntes j^ormenúres? > 
¿No se valdrían de todos los medios que puede 
inspirar la previsión humana, escitada por el mas 
imperioso de todos los intereses, á fin de que 
la verdad fuese puesta en claro ', y la palpase tor 
do el mundo? ¿Es posible que en un caso seme- 
jante pueda continuar, disfrazada, la impostura? 
Tienen entre sus manos todos los poderes, y ¿no - 

10 



Digitized 



by Google 



se valdrán de ntagnno para descorrer «I telodd 
engaño? ¿Y cuando nada es mas (aci!, porque loa 
discursos del personage se verificaron en presen» 
éia de tantos individuos, en tantos j tan diver- 
sos lugares, tiempos y ocasiones; cuando los doce 
testigos no tenian otra cosa que oponerles sino la 
verdad de su testimonio, siendo unos hombres 
sin conexiones, sin influjo j sin autoridad? Y coa 
tales datos, ¿es posible que triunfase impune- 
mente la impostura? 

Pues esta era exactamente la situación de loa 
judíos, cuando los doce Apóstoles de Jesucristo 
dieron principio á la predicación del Evangelio 
en Jerusalen. ¿'Pensáis, acaso» que no se hizo to- 
do lo posible para desacreditar el testimonio de 
los Apóstoles? Los judíos tuvieron la voluntad 
de hacerlo, debieron hacerlo, y lo hicieron. Por-* 
que los hombres de entonces no tenian ni menos 
talento, ni menos actividad para sus intereses» 

3ue los de nuestros dias« ¿Pero, qué fué lo que 
escubrieron? La feliz propagación del Evange- 
lio por una parte, y el silencio con respecto á la 
impostura, que nadie dijo haber sido desenmas* 
carada , por la otra, prueban muy á las claras que 
ningún descubrimiento pudieron hacer. La an- 
tigüedad no hace mención alguna de tal cosa: 
ninguna hacen, tampoco, los escritos de los ene- 
migos del cristianismo, tanto judíos como paga- 
nos; ninguna. Si hubieran obtenido la mas pe- 
quena prueba del engaño mas pequeño, del maa 
mínimo frauda, jcómo era posible que de un 



Digitized 



by Google 



147 
modo 6 d^ otro, no hubiese llegado esta prueba 
hasta nosotros? En las respuestas de los cristia- 
nos á Iqs paganos que atacaban al cristianismo, 
como las de Oríjenes á Celso, se baria alguna in- 
dicación; contendrían, siquiera, una refutación, 
de cualquier modo que fuese. Pero cuando el 
cristianismo se hizq el sistema dominante de la 
religión, acabarían, se replicará, con cuanto po- 
dia serle contrario. Esto, respondo rotundamen- 
te, esto era imposible! porque, aunque el cris- 
tianismo se hubiese establecido en el imperio ro-, 
mano, varias provincias del oriente no le admí«- 
tieron contó religión nacional, y en ellas hubie- 
ran hallado un asilo sus enemigos. Ademas, los 
judíos, que eran los mas acérrimos impugnado- 
res del Evangelio, restaban aun, y varios de 
ellos estaban fuera de jos limites del imperio; te- 
nian sus libros y sus documentos que no podian 
ser destruidos, y no parece que alguno lo haya, 
intentado. El Talmud que fue compuesto en uñar 
época en que era el cristianismo la religión do^^ 
minante en el imperio romano, ha llegado sin di- 
ficultad hasta nuestras manos, y nada contiene ni 
racional, ni digno de la mas ligera atención con, 
respecto á los sonados descubrimientos por los 
gefes de la nación judía , relativos á la falsedad 
del testimonio de los Apóstoles. de Jesucristo. , 
Seria en efecto imposible dar una razón del 
(eliz suceso del Evangelio, si su testimonio hu- 
biera sido convencido de falsedad. Pero reflexio- 
nemos cuidadosamente sobre este asunto > y ten- 



Digitized 



by Google 



i48 ^ 
gamos bien entqndtdo, que la controversia no erft 
sobre materias opinables, á las que se puede ád- 
henr á cansa de fas preocupaciones: aqui se tra- 
ta de cuestiones de hecbo: no ya la sola razón; 
sino los sentidos mismos son sus jueces; y cada 
individuo era muy capaz de pronunciar la deci- 
sión. El suponer que, después de bien aclarada 
la falsedad del testimonio por medio die pruebas 
irrefragables, millares de personas que tuvieron 
parte en el suplicio de Jesús, bajan después brei- 
dp en él, principalmente cuando esta isú conver- 
sión los debía ésponer a la^'animádversacion de 
sus bérmañós , á la espuísio'n de la sinagoga, á 
la privación, de sus. privilegios^, al odió desús 
amigos, á la pérdida de sus bilé.n'és, á la prisión, 
y á la muerte misma ; uiia ¿\iposiciou Aé esta es-' 
pe¿¡e es, repito, una fcbáa coñitariá al orden def 
mundo moral , y opuesta á todos los príní:ipios 
cuysk' influencia dirige la éónducta de todos los. 
hombres buenos y malos. ¿Y por qué, {Judíendo 
alegar otra, hemos de recurrir á está causa? ¿Por 
qué..? ¿TSo está sallando á la vista otra mucho 
mas obvia? ¿Por (|ué no atribuirlo' á que el tes-* 
timonio dé los Apóstoles er^ lá vei^datl *mismá? 
La verdad, pues, de la religión cristiana, por to- 
das las razones qtie llevamos expuestas, se jprue- 
ba hasta la evidíencia.. 



Digitized 



by Google 



149 
CAPITULO XVI. 

i 

Jétt rtligion católica. 

Hasta aqui hemos hablado de la reh'gion de 
Jesucristo en general; y ciertamente que su ver- 
á^^ estriba en muchos y muy sólidos fundamen- 
tos. Asi los pueblos la han abrazado sin ^violencia 
y con sinceridad, y cuenta en su seno á los filór- 
*sofos mas eminentes; á los grandes de la tierra, 
.monarcas poderosos, pueblos, naciones y conti- 
nentes enteros. 

• Pero no todos los xjue profesan la religión 
cristiana convienen en una misma creencia. Hay 
varias sociedades que reconocen la divinidad de 
Jesucristo, y se precian de seguir su doctrina, 
pero no concuerdañ unas con otras en cuanto al 
dogma, 6 en cuanto á las verdades que consti- 
tuyen la religión : y como la verdad no es mas 
que una, y no puede hallarse en proposiciones 
contradictorias, es evidente que de .tantas socieda- 
des cristianas opuestas entre sí, solo una sigue la 
verdadera doctrina , solo una profesa la verdade- 
ra religión de Jesucristo. 

Es necesario, pues, averiguar cuál de Jas di- 
ferentes comuniones ó congregaciones que se hon- 
ran con el título de cristianas, profesa la verda- 
dera doctrina de Jesucristo. Los católicos asientan 
que el divino fundador de la religión estableció 
un tribunal infalible, cuyas decisiones sirviesen 
de regla segura en la creencia y conducta de los 



Digitized 



by Google 



150 
fíeles/ que si bien b sagrada Escrítara es una 
autoridad irrecusable; no lodo lo que enseSó Je* 
sucriaio y mandó predicar á sus Apóstoles, se 
contiene en las Escrituras, y que asi, es indis*^ 
pensable atenerse también á la tradición, ya oral^ 
ya escrita, de la Iglesia; pero que tanto én el sen- 
tido que debe darse á las Escrituras, cómo en 
la esposicion é inteligencia de la tradición, cor- 
responde decidir y declarar á la autoridad esta- 
blecida por Jesucristo para este fin, y á la cual* 
prometió para siempre formal y solemnemente 
la infalibilidad; de modo que lo que esta autori^ 
dad declare y proponga, es la regla segurísima 
de nuestra fd y de nuestras costumbre^. 

Los protestantes niegan la institución y exi»* 
tencia de esta autoridad, y solo admiten por re- 
gla de la íé la sagrada Escritura, según que cada 
uno la entienda privadamente: de cuyo principio 
se sigue que Jesucristo no dejó á los hombres 
un medio seguro de saber qué es lo que real- 
mente les manda creer y practicar. Asi lo confie- 
san los mismos protestantes. ^^Nosotros conocemos, 
diceBásnage, que Dios no nos ha dado un me- 
dio infalible para dirimir las controversias que 
se susciten.^ 

Los católicos arguyen contra el principio de 
los protestantes, fundándose en la misma Escri- 
tura , y eri la tradición y creencia constante de 
los cristianos desde los Apóstoles hasta el día; 
pues si bien es cierto que en varias ocasiones se 
levantaron algunas sectas que quisieron apartar- 



Digitized 



by Google 



151 

se de la creencja universal, también lo es que al 
instante fueron impugnadas y anatematizadas por 
los Pastores y por la generalidad de los fieles. 
Tratada de este modo la cuestión, pertenece á 
la teología. Pero también los teólogos se valen 
de argumentos tomados de la razón , de los cua- 
les presentaremos algunos, una vez que solo tra- 
tamos aqui de examinar por la luz natural cuál 
es la religión que debemos abrazar. 

Dicen, pues, los teólogos católicos, y dice^ 
con razón: si el divino fundador de la religión 
crbtiana no estableció un medio infalible para 
que el hombre sepa con certeza lo que le man-^ 
da creer y practicar, no dejó medio ninguno se- 
guro para saber cuál es la religión que fundó; 
y tanto vale como si no hubiera fundado ningu- 
na. Llegado el caso de alguna disidencia entre 
los cristianos sobre la creencia ó inteligencia de 
las verdades religiosas, ca¿o por desgracia dema- 
siado frecuente desde el tiempo mismo de los 
Apóstoles, seria imposible conocer de parte de 

3uien estaba la razón, creyéndose todos con igual 
erecho para tener por verdadero su modo de 
pensar. Esto es ló que sucede en el dia con los di- 
sidentes. No solo no convienen con los católicos, 
sino que están discordes entre sí mismos en mu- 
chos puntos de su creencia. Sus profesiones de 
fé han variado en estremo desde el principio de 
su separación; ni en el dia concuerdan unos con 
Qtros el anglicano y el luterano, el calvanista y 
'el sociniano. 



Digitized 



by Google 



15ÍÍ 

^ £n vano alegan q^ué todés etlos convtenea 
etí los puntos esenciales: los católicos creen k> con«- 
trarío; ¿y códio se ajusta eáta- )$ferencia por la 
Escritura sola, si no hay una autoridad infalible 
que fije su sentido? El ínisfno derecho tienen los 
católicos que los protestantes pa*a pretender que 
dan a la Escritura sii verdadero 'Mentido, y para 
decidir por- ella- cuáles son los artículos esenciales 
de la religión. "Los protestantes han eonfesado en 
algunas ocasiones que el católico puede salvarse: 
así lo dedlatéfrón á Enrique IV los ministros pro- 
testantes que seguian su partido; y los doctores 
luteranos á la'priricesade! Volfembutel cuando 
se casó con el emperador Carlos VI: pero otras 
veces lo han negado, llenaiido de lialdones á la 
iglesia católica. ¿Y cómo se zanja est¿ punto por 
ia Escritura, si la entiende cada uno á su modo? 
Los católicos creen que fuera de su iglesia no hay 
salvación, y que los protestantes yerran en mu- 
chos artículos esenciales: ambos puntos aiegan 
los protestantes; y Seguramente que-la intéligeh- 
cia privada de la Escritura no los fijará jamás, 
-^rque cada uno, el csitólico y el protestante, se 
cree autorizado para seguir su juicio en cnanto 
al sentido de la Escritura sobre el asunto de esta 
disputa. La misma reflexión hacemos respecto de 
los griegos cimiáticos que, por miasque lo han 
solicitado los protestantes, jamás han querido, 
unirse con ellos en la profesión do 'íes reproban- 
do sus opiniones como erróneas y' falsas en lo 
esencial de la religión. ^ 



Digitized 



by Google 



153 
Es tan ibfi^nrdo el príhcipia.^lo&proteistan* 
tes, que ellos misoEíos se kan w¥> obligados á 
abandonarle ea ocasiones solesiaes. Para decidir 
acerca de una díspata qcie se suscitó en Holanda 
entre Arixñnianos j Oomarisias; se celebró un sí- 
nodo protestante en Dórdfecht el ano dé 4618; jr 
como los ar minia nos prolestnron! contra la copa^ 
petencia de aquel Tribunal, alegando d princi- 
pio adoptado por todos los protestantes ' de que 
«alo la Escritura, entendida según el espíritu 
privado de cada uno, es la regla de la fe; el sí- 
modo se vio precisado á combatir semejante prin- 
cipio con las mismas. razones con que lo fmpu ga- 
llan los católicos. Oiro .tanto hicieron los angllca- 
xios á principios del siglo XVIII apurados por los 
«ocinianof^ que torcían en favor de sus opiniones 
el sentido de la E^ritura. En su-profesion de fe 
del ano 1562 establecieron el mismo principio 
que todos los protestantes^ pero en el plan de re- 
ligión que publicaron en el ano de 1719, ad omi- 
ten la autoridad de los cuatro primeros cOnciliiOjS, 
T de los Padres de la iglesia de los cinco prime- 
ros siglos, confesando cooxOlrOs muchos proles^ 
tantcs, que la iglesia que rexTonoceen^i^l dia ppr 
cebeza visible al Romano Pontifide, era en aqu^ 
líos tiempos la verdadera iglesia; sin h^ter^e ,^rgo 
}de que; siendo asi, lainbien actyalg^e^te es 1^ .V/cr- 
dadera.SQ ip&oiat de que si dejó dé sef*\Q qn <ll siglo 
V^ no hube igWa.de .J05ucríet6r por espacio^ 
«mi aiios; ea. decir, desde el siglo \V ha^ta^el ^^glp 
XVI en ^üe^» según <eUoa, la restebl^cio J^vrtpvp. 



Digitized 



by Google 



Í54 

Este principio de los protestantes, tiene tam* 
bien el inconveniente de que las personas que 
no sepan leer, y no tengan quien les lea las Es- 
crituras, asi como la gente rústica y ruda que no 
tiene la capacidad suficiente para entender mu'^ 
chas de las verdades que lea , no tienen regla de 
fé, ni buena ni mala. La autoridad del ministro 
que se las esplique no puede prestar á nadie se- 
guridad alguna; no es, según ellos, la autoridad 
del que esplica la Escritura, sino la letra de la 
Escritura , lo que constituye la regla de fé. 

Por otra parte , es un hecho histórico que el 
cristianismo se estableció antes que se.escrib¡e$en 
sus verdades. Jesucristo predicó de viva voz, y 
encargó á los Apóstoles, y estos á sus discípulos, 
que predicasen por todo el mundo las verdades 
que les habia ^nseffado; los Apóstoles mandan i 
sus sucesores que se atengan á la tradición; de 
modo que por algunos, y aun por muchos anos, 
no se contó con ningún escrito para la instruc* 
don de las gentes. 

Aunque todos los Apóstoles predicaron y en* 
séffaron la doctrina celestial de su divino maes- 
tro, según este se lo habia mandado, de la ma« 
yor parte de ellos no nos consta que hayan escrito; 
y sin embargo, fundaron iglesias que subsistie- 
ron y conservaron por algunos siglos la doctrina 
^ue habianí tecibido de sus fundadoras, sin el au» 
silfo dé^^ sü Escritura, á lo menos en su lengua. Los 
efecritósf de los Apóstoles en su mayor parte, no se 
Iradüjieron i otros idiomas mientras ellos vivieron^ 



Digitized 



by Google 



155 
y itiuchai ¿e las versiones qut se hicieron poste<^ 
TÍormente, tardaron bástanle íiempo en gcnerali- 
«arse,c(e modo que muchas iglesias t:arec¡erou por 
«iglos enteros de las «agradas Escritoras tradu-* 
ddas eñ su lengua, y hay algunas naciones €ris«* 
lianas que todavía no las tienen. Por otra parte, 
aquellas traducciones eran manuscritas, píorque 
todavía no estaba en uso la imprenta ; por esta 
rázon eran muy poco comunes y muy costosas: 
muy pocas personas sabían leer en aquellos tiem- 
pos, y muy pocos estaban en estado de entender 
to que leyesen en unos libros que se refieren mu- 
chas veces á costumbres, objetos y circunstancias 
43e que ellos no tenían la menor idea. Todos es- 
tos hechos prueban que la Escritura sola no fue, 
por espacio de algunos siglos, la regla de fé de 
tos cristianos. 

Por las ratones que llevamos espuestas , tam« 
bien es evidente que el divino fundador de la re- 
ligión, no podía menos de instituir un medio se- 
guro de conocer cuál había sido su enseñanza y 
su voluntad; y que aunque todos supieran leer, 
y todos tuvieran á su alcance y disposición la Sa^ 
grada Escritura , nunca pudiera ser ella sola un 
medio suficiente para convencerse cada uno de la 
verdad, ni de consiguiente la regla de la fe', co» 
mo aseguran los protestantes. 

Resulta de todo, que és indispensable que 
haya en la Iglesia de Dios un tribunal infalible, 
cuyas decisiones sirvan al cristiano de guia inde- 
fectible para no errar en su creencia religiosa y 



Digitized 



by Google 



156 
en sa conducta moral. Los teólogo^ prueban que 
e&te tribunal infalible « fueroa al principio loi 
Apóstoles» con su cabeza San Pedro; y después» 
sin interrupción hasta nuestros dtas y hasta la 
consumación de ios siglos, }o^ obispbs, sucesores 
de los Apóstoles» teniendo al frente á Sr^ cabeza, 
que Ip es . también de toda la Iglesia , el obispo 
de Roma 9 sucesor dé San PedrQ« Este tribunal 
decide en materia de fe y de< cqi^tunaibres, fun- 
dándose en la sagrada Escritura y en la tradición 
divina y apostólica, ya escrita, ya oral, ya prác- 
tica. Este es el tribuna), cuyas decisiones admiten 
los mismos protestantes por lo tocante á los pri- 
meros siglos de la Iglesia , y que si alguna vez 
hubiera fallado, también hubiera faltado la Igle- 
sia de Jesucristo. Ha habido siempre, en la Igle- 
sia, dice el protestante Beausobre, una sucesión 
continuada de obispos, presbíteros y escritores 
eclesiásticos, que desdecios Apóstoles han estado 
instruyéndola las iglesias, y cuyo testimonio es 
irrecusable. La tradición, dice también, ó el tes- 
timonio de la Iglesia^ es una prueba sólida de la 
certeza de los hechos y de la certeza de la doctri- 
na. ISo ha faltado, ni puede faltar este tribunal, 
añadimos nosotros; ha subsistido siempre, sub^ 
siste actualmente y existirá basita el fin en la igle- 
sia católica, apostólica romana: luego esta es la 
verdadera Iglesia , donde se profesa la verdadera 
religión de Jesucristo, 



Digitized 



by Google 



'■■ I ". K 



índice. 



• :\ 



Advertencia. ; . . .-.•.•...-.*•.••..... *. T 

Introducción • i * 

Cap. I. Existencia de Dios. 3 

Cap. II. De la religión . 1 4 

Cap. III. 'Necesidad moral de la religión y ú 

obligación de dar á Dios culto 1 5 « 

Cap. IV. Obligación de dar á Dios culto es^ 

temo «... 32 

Cap. V. La revelación: su posibilidad. •• • • 26 

Cap. VI. Necesidad de la revelación 28*. 

Cap. VIL Existencia de la revelación 34 

Cap. VIH. Existencia de la reinelacion en el 

Nuevo Testamento ..*.,-.. 45 



Digitized 



by Google 



• 58 

Cap» IX. Las milagros ifue se refieren en el 
NueQO Testamento son verdaderos « y de 
consiguiente también es verdadera la doc^ 
trina que contiene 5i 

Cap. X. Santidad de la vida y doctrina de Je- 
sucristo*, carácter de este divino personaje. 6i 

Cap. XI. El cumplimiento de las profecías 
prueba la dwinidad de la religión cristiana*. 7 ft 

Carácter de los Profetas Jg 

Naturaleza^ pormenores y estension de las 
profecías .' Si 

Profecías tocarles á Jesucristo 84 

La destrucción de Jehssalen per los romanos • 8G 

Existencia y situación de los judíos^ forman- 
do todavía un pueblo aparte 83 

Cap. XIL El entendimiento humano no al- 
canza mas^ en cuanto á la religión y á la 
moráis que lo que contiene el Nuevo Tes-^ 
lamento.- • $4 

Cap. XIII. De la .evidencia de la autoridad 
del Nuevo Testamento^ que resulta del tes^ 
timonio de los Apóstoles 98 

Calidad y numero de los testigos. • i o i 

Cualidades de los Apóstoles (fue dieron su 
testimonio acerca de Jesucristo • • i o3 

Sinceridad y convicción propia de la verdad 

en el testimonio de los Apóstoles 106 

Constancia y perseverancia de los Apóstoles 

en dar su testimonio. • . ^ . . . 107 

Penalidades que sirfrieron los Apóstoles d 
causa dé su testimonio* ...... i 1 1 o 



Digitized 



by Google 



159 

El martirio de las Apóstoles puso el sello á 
su testimonio * ii3 

Cap. XIV. De la evidencia de la dii^ina auto-- 
ridad del Nucido Testamento^ que resulta 
de algunas consideraciones accesorias s las 
cuales fortifican el testimonio de los Apás" 
toles. — Es imposible que los Apóstoles ha- 
yan iwentado una nueiHi religión n 6 

Los Apóstoles se condujeron como hombres 
convencidos de la verdad de su testimonio. 1 1 8 

Ni los Apóstoles fomentaban las preocupado^ 
nes , ni adulaban las pasiones. 1 2 1 

Cap. XV. De la evidencia de la divina autori- 
dad del Nuevo Testamento^ que resulta del 
feliz éxito y propagación del Evangelio. . 1^5 

La esencia y naturaleza de la religión cris- 
tiana cual se contiene en el Nuevo testa-- 
mentó «....,«.•• 126 

Personas por cuyo medio se propagó el cris- 
tianismo 127 

Medios con que se propagó el Evangelio. • . 129 

De los obstáculos que se opusieron al Evan- 
gelio 1 3 1 

Sacrificios que debieron hacer los que abra- 
zaron el cristianismo « i35 

El éxito feliz del Evangelio y ti número de 
sus prosélitos i38 

Ningún suceso feliz hubiera podido obtener el 
testimonio á no estar fundado en la verdad, i ^3 

Cap. XVI. La religión católica. i5j 



Digitized 



by Google 



Digitized 



by Google 



Digitized 



by Google 






K»-^ 



V<:i45184 






Digitized 



by Google