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Full text of "Proyectos de Monarquia en Mexico"

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PROYECTOS DE MONARQUÍA EH MÉXICO. 



'r. ■■?^■; 1 .r^-- '.:■. ^ ' I,: 



EN PREKSA 



SUEÑO DE IMPERIO 



da Einsilo LoiaBl, 



PAUL GAULOT 

DSL LX. 

ENRIQUE MARTÍNEZ SOBRAL 

C. de ra Rea] leadanli Eipañola 

Kl « fie Octubre dt i46i en Miraroír. — El artTiiduque Femando Maiimi- 

llan*. — MítLoB sícreta del conds de Rcohberg — Guti^rra de EstrMs 

Fra^cÍB BD quiere uufla para cIIb.^ Sue-ñua de Españs.. — L» éttterttt de 14I 
Vt^ polen ctiu.—ftfjj^erj^iv de 1o« jt^fugiadoa mexicanos.-^ Lo ni'iche ric 
Nncl, — pTomesi. formaJ del Archiduque.— Efl laiTulleriaí — EI&BLprrad-vr- 

— Lb. Kuipcmliii — MCíico.— KiYoludÓQyprununCÚLniientus — ShbI» Atiii» 

— AWíWi, — Juarci,— VlirHiníin. — l-uf eKiiHujeiusí en México. — Ociip^ací n 
ric Vciacruc. — Kulraffa en Mitiics de AlmonCe, MiíATnAh, Hhco y r¿Riacl!i 
)r «I P«dtB MiiHnda.^ Ruptura de la triplo alUrra.- EJ gubierao de Juiirtí. 

— Pr-anuDCiiuiiieDCo dE Atioontc— EJ j iie -Vlayoen Fuebla.— tJ gennral Za. 
rsE™" "DiigustQ lntn; LQrrntcs y SaJágny.- Forey ^Enlrad* át lo» (rHJi 
ceiei — jLilreí M.le de M^xUu.— Triunvirato: Almuntc, LabaílJÜa y ^vAsti.^ 
Vii4. d± MuckmUÚJtiF,— Su£ viají!!.- LflCimiid^n Mcxkaea *ii Mir^Jn^r.-^ 
La canción t faritráf i No farCird! — Porfirio Dlaa cu Oaiaca. — MoíÍ- 
nllÜLDfr accpia !■ curons imperial, clc^ vlc. 

Bfemptar, rtietioa $ 1.5Ú 



I*AKA PlíOIDOBi 

-^ — ^^^ aNCEL POLa 



MÉXICO. CALLE DE TACUBA, NUMERO 36. 






Asegurada )a propiedad de esta obra conforme 
átaley. 




Un notable mexicano, don José María Hidalgo, qno per- 
teneció eii ciierEiij y alma al muerto partido del Segando 
Imperio, ha dejado ©n ei^te libro claras y precisas iiifornia- 
cioues HCprca de ins asuntos pnlEÜcoa en qae iarü direCtH 
parliclpaeión y qae son de inflonlefllable interés para Sa his- 
toiia do lít trfint^íorinaciiinBCónómícu ypolíticu tie la nación. 

iLxi Hidalgo era ingénitaJandhAsiún ¿ la forma d«£obÍernn 
moiiárquÉcu. adJiet^ión aLtsjnenle rellnadn d^tide su niiios en 
el hogar; pueu deacendia del corúa el íispiiiio! don Fraiicíscci 
Manuel Hidalgo que recibió bI Juramenta del ejército ia)|>&- 
ríal, Como consccu^ncin del plan de l¡{iitila, el cuaI consis- 
tía en observar la rolipón católica, apostólica y romana, 
soslener la independencia del imperio, conaerrar la unión 
entra europeos y americanos y obedecer al rey Peinan- 
do VH, 



Flyo do un guerrero y^uiiAanntii, coma él mismo dice, fué 
preparado para In. carrera de la» armas y ciutridn do pro- 
íiuiilHimn respeto & la reíigión CHÍtilicu, En lo primero de- 
inoatrií ftaa apCJtudca deíeiidJendoálapAtrin contra la inm- 
sióti iiortoamencjina. Iterido y prisiunurn rni laa inolvida- 
bles batallas da Padierria y Churuliasco; pm lo segundo, por 
au amor i las baratijas beniilas y su trato frecuente con 
las emiiveitcias de la Iglesia, sin excluir Ú. su v«neradi> pa- 
dre ospirilual Pío IX. 

Muy joven todavía dejó In carrorii dp Us. arm»Ft por la do 
Ir diplotnacin, queerasit verdadera vocación. Este es un 
nuovu asi>Bcto de su vida b^o «I cnal le TeremoB constan- 
temoale Irabi^ar [for el triunío de f^u causan que era ln 
r«:iUzacíón del plan ño IguaLi, el istÚB amplio programa, de 
gobiarno íanzadu i la aaciún niQxic&oa para coatiniiar el 
pa^Fido Colunia!, y el laán obstinado y sangneníJtmonto sos- 
tenido. 

Entró on luff cortes do Europa á mediados del siglo pa.sa- 
do, reveslidw de caráctor diplomático, y desde el pnmor día 
do BU preaenlicióu, no ob.'^tanle fíus pocos ftQotí. procura 
sieinpr-j flpare&or sereno, afabU, corr»cíii en el hablar y en 
el vtKitir en modo tal que en suscuarenta aüosddcitrtesania, 
jamás lle|j¡ó á satropeAr la elegancia dat perto ni \aa exigen- 
cias lie la elir{nota. De preaenciadislinguida, insinuante, de 
coíituni'bros do mundano excelente y de vida privada irre- 
prochable, tuvo Hu natural lugar en el corazúa de la in¿a 
alta nobleza; y de voluntad tan Iirnifi, qoe pudo eicclamar 
antos de Iruiuoiitar la vida; 



Dt 



— Doade mi juventud oío propuse no tocnr ni unfl carta 
de jfifvgo, ni áecir malas pat^hiA^, ni embnag^irmie, y fio Ile- 
ffíih A h edad f¡UG longo * sin haber ("¡uebranlaflo estos pro- 
pósito?, como si el juramaiilü que hice sobre mi cabeza lo 
Imbiese lieciio sobre el Evangelio. 

Esto Jiaz lie inriravilIosascuBlidadespersoiislc-? le llevaron 
desde '¡oí^ estatíioa d« los artistas, dnndci trop(^3:ú con i-l fo- 
gioíi y c6IfJii-o revulucionMÍü SíItío PpU(co. hasta las villas 
de k noblKER y los palacios reales. Fué atnígo lia Moriaóñor 
AüLonelli y, d)irante veinliseis unos, de Siitíiintidad Pió IX, 
do quioncis recibió conHtanleníftnli! incfiuivonwiniieslraade 
cariño y estimación. Ha sido ol Auícn moxicitno quo sin an- 
loRnlfi visitaLaal cardenal Anlonolli y pas;«ha sin previa ci- 
tJt i presentar sus litiniildex r^speloB i Su SaiiUdud, quien 
un Ifl permitía hasBrlo los píes, sitia I» mnno, man dándole 
aentnr á sii prosencii Tiivo Iíl dicha inofablü do limpiaf su 
conciencia á los oídos siuitnK del fnice.-ior <lo áari Pedrn y de 
mdbir en más dfl una acasión, deBpués de ser absuclto. las 
cnnfidencias do la vida angusliofa y difítiil del Infalibb. 

liníiriéndosc á uno de cstoR gotos, tííco el a-cñ'rjr Hidalgo; 
"M(^ li:tbló do í^obnraiioít, de Si)l)orann.s, <1a Prelendii^nCos á 
loa Inmos, de liorabres poUticos, de la situación prestint» 
coTnij una persona que uo áñsennlín y que siaflte un deseó J 
de flxplayarsB con quien no ha de repetir lo que Es conrisi 
pues yo alli no era nadie, ni representaba á nadie. Los que 
tian tenido la honra de ser rscibidos por Pió IX saben cuan- 
ta era su facilidad de locución, el encanta de au voz, lo acer- 



tnijo de sus reflexioiiee y aquella ÍT]QCen(e iróñl 
cun gti4 Las. hacia." 

Otm Vez, reuirdando qI FA(ia. nF arjiobiapo Labastida y éa\ 
que era su int«nción revestirle Con la Purpura, pero que lo i 
aplazaba por razones <¡ne no podía revelar, hüblá asi á Hi-j 
dalgo: "Loe siglos paearáii, y aaii cuando cnutinúen los ata-1 
qaes ála Iglesia. si>i?inpro se v&ráa(]ai nn liniobre vestido de^ 
blanco, el Vicario do Jesucristtr." 

Cuando b1 conde ds Spaar, miiñütro de Uaviera, aacó se-l 
cretftinente ddl Valicfiho ú. Pío IX y le condujo á la íorlaleza] 
do Gaotfi, clon Júsé M.iria HicEalgo, cuCno agregado á la loga-j 
ción dü México, vivió la misTiia vida qno los tepresentanHea] 
de las demás naciones, cerca do Moia di Gaita, dondo fué ase-J 
HJnado ol inmortal maesiru' de La palabra lalina. 

Cada vez que el Tapa-Uey, en sus pasóos u sus audien- 
cias llegaba » lin blu r con el señüi tlidalgo, Iti repetía, su ca-J 
riñosa frase: 

— Ecco ii mío e/im¡)<iíi)ia iii Gadn. 

La fortuna no sóiiLmenle sonrió al fiutor do asle libro enj 
BUS relauionus mundanati con las cabceas dn la Iglesia, sinoj 
que la bendición aposlülicn exlendíóse liarla su tercera go^] 
iicraciún, (Qué placidez deciuicieiicia para un buen «atólico 
degpnésiE» Lalaclu, que garantizaba su i/imunidad contra el j 
pecado! 

La eBÜmacii^n do Pió IX par don José María Hidalgo pasó I 
de los limites normules da la etiqueta pontiücia y llegó á la , 
del verdadero paalur íL su oveja, llevando su protección 



t 




sobre él hasta I4 más remota disUncia y la más prolonga 
ausencia.. 

Antes de partir ¿ Londres, removido en sd puesto diplo- 
mático, creyó su primer deber acerCBíTse á sn gran padre bb- 
piriíiml, tíirito píira despedirso de él, como pnra ppdírle sus 
cons'BJos. Eí^tRiiudíenditruéGciiiinDvedDrítyúlilpLirao! agra- 
ciado. Fio IX elevó so corazcin de creyente esbortándola en 
esta forma: 

— Vais i. un p&is pmiQgtante, yo fé I^ian ctiilfie son Tueü- 
Iros principios religiosos y VSneraCión por Is Sj-fita. Sede 
eáino la adhesión á mi Forgona; sois aun joven y necesitáis 
forlilicaros en las doctrinas rofígiosas; haced una vtfiita. de 
mi parto al Arzobispo Grant, y yo haré quo ro eBcriba al car- 
denal Wiaeinan, id á verle y que os busque un confesor. 

Apenas terminó esta eshortación, cayó de rodillas el hu- 
milde y por Rufas unciosa rodaroo abundaiiles lágrimae:, 
mientras el Papa, poniéndole la inano i^qniertia sohri? la ca» 
ieza, )e bendecía con la diestra. En seguida ievanlÓBe el 
Santo Padre y Fué á tomitr un i^amafeo qne representaba á 
San Pablo, d© escaso valor intrínseco, según afirmn el EaTO- 
rito, perO' guc lo tenfct inapreciable para él como recuerdo 
.recibido del prisionero del Vaticano. 

Kn Londres, 'en las recepcionos úfí la corle, conució ¿ la 
r«tna Victoria «o el eeplendor da bq ju^ojitud y eu belleza, 
y al príncipe Alberto, que no era declarado nún principe 
consorte; y fa,é pronto perBona grata, como io liabia sido 
en Roma. 

Este hombre ertraordinai'io.denspectOB tan variados, pe- 




á* 



^^ 




I 



ro siempre corróelo, ealUvó la amistsá de loa emperadora 
de Fninci.1^ d«! roy don Pedro do Fiirtugnl, A ciiyn corona- 
ción afií^Liój de Luis I do n»viera, i^oii «[uiau platicaba ÍAmi- 
lini'tnente en cnstellAtio; de fóabeil II, una de sus uunfiden- 
ten; de Masimüiano II, d quien hizo vis a vis va. un rígodc'>D 
bailado en el plació de la condesa !^paur, ti^iñendo por pa- 
rejuá UprinoBsn Carlota BonapArte, la qU(3,pr0nda.da de sa 
discret™ galanterin, lo reveló eate .locreto: 

— MI primo Luis Napoleón se casa con una española, la 
sartoriLa Mtjjilijn, 

Y cDtno gran mundano, educado on fil reíinnmimito de la 
sociedad romuiia, tad ne'Citnarmineníi^ artista: conoció por 
el nifble y flrudiio lihtgi la liinLoriü, de* Lodos !o« nnonimiBíi- 
tos d? rioni!)!, d<?sdc' «1 uiárntol mijjoi' labrado íiagtn la. histo- 
ria del último cascajo, como él dice donosurñoiits; fué amigo 
do! ilustro dtitpjo do Rivas, da cuyofl Isliitvs oyt'i lo qU6 frn 
aquellos tiempos dobla so.be<fS6 on materia de hteraUírn y 
en coya mesa Je esperaba siempre uti cubierto; de Martinex 
de la Ho'ia, su compañero de juventud; de Canspoainor, cu- 
yas doloras y huiuoriulaa rBcitalin. üüii eiiUiaiiLHmo; de don 
Juan ValsEiL, que abrió con un caríiio£o prologo su tioveln^ 
litulada. L(i SíkI (}« Oro: d? Gorostiza, su antiguo jofe; de, 
Prospero Morimée y oíros. 

El señor Hidalgo escribió, A más de la citada, las noveloa 
Zas fíftS iJondesas, Las Víciima/í del chic y Al Cinto por 
el sufrimietto, eu la cual se loo ph tre lineas que ol prolago- 
oÍBta 63 él. 

Fué uno do loa primaros bu¿i3piMl«»i mcxicsuogdel casli-< 



d^^ 



SJII 



lio de Miramar y de Igs (entado'rw del Hapeburgo para la 
<!orona iinpefial de México. 

Esle os el hombre á quien pf^gontamag redivivo ttn el li- 
bro á que preceden «íílas Un«&B, d&spnés de un olvido de 
más de treinta ailoe. 

Pillado al partido monárqaico, cuyo jefft decano fné don 
José María Cvuliérraz Estríida, empleó todag sus energias in- 
lelectunles, fieicas y murales, en la reaUsacíóii de .sus aspi- 
raciones. 

Creyó, sin duda de buena fe, en \a eOcacííi del plan de 
Iguata [laní el bienestar de 1% Nación; tnaiü nomo olrus ÍIu- 
bDb V tr^dorea, provocó desiLslradftiueitte la iñés grave (ker- 
turbaciñii de! progreso patrio. 

Subido t>^ de lodo mundo la naturaleza del régimon colo^ 
nial bftjo oí cual vivió el pais durante mocho tiempo, su ru- 
dvza, sus cantoB de aireii^ y su odiosa y tiialdita distinción 
do ru2a3 que lauto httn iniluidu eu nuestras vernácuia:^ gue- 
rras. £1 eapañol despreciando al criollo 6 cnutilandQ !ins de- 
rechcrs, Y uno y otro pesando so mano dura sobre el indio 
Y el mestizo, denportabon en la f:onciencia. de todos los de 
abajo el aborrecimiento á todoa los de arriba; y unidos crio- 
llos, indioe y inostizos por el sufrimiento y el anlielo de li- 
berUdp aunaron sus ealuerzos partí romperlos víejoBy ob»- 
cuí' '<mi«Dtos de yioliierno. 

I : ic'ncia do este estado anormal fné el grito de 

Dolaren, cjue al conmover al corazón nacional, forti^có ea 
•w ' ' iiio de emancipación. 

i iii-iiii<:iu« el hi:rmo£D ideal del cara 



Hidalgo, gn Si de febrero dé 1S21. don Agti&Uii de Ltarbide, 
"libertador, á qaien la nación no qúÍBO aceptar por rey," 
s«igüii solemne afirmacign áé Juárez, expidióelplad de Igua- 
la, que por lo que respecta A la part» re-lativa dsl presunto 
libro, contenia ya los gérmenes de fa-i luchas fralricidns que 
algiiieron á nueslra separapidrí fio íispncia. Kl principal de 
eaos gérniHiios fué el artículo 3^, que eatablecia qutí'el go- 
bífírno iificiut);!.] i]ebia mv uim tni>n;iri.]uitL moderada. La 
idea luanárquicü piedocninaba en aquellos tiempos en lAs 
closea directoras; por lo qye tenín que ludir con loa setl- 
timientus del pnublo. que oran domo^ráticos. Entro esla 
Oposición do intereaea pclilicoa; en esLa guerra i muerte 
de claeos, la uncioH vivió dQ3g:arrada, ya biijo el cetro del 
Tüiio Primer-Imperio, ya Lajo una constil unión ropuhlifia- 
na en que se sucedieron loe presidentes, en su raayi^ría 
usui pudores, que duraron en el ¡Hjdor lo que las veriJttras 
ffelof hera.s,y:ibaju el puiio eetúpidainenti? criminal yburdo 
de una Alleza SereoÍMÍiaa, que se descomponía en cualquie- 
ra aVenturiUa galunte Cotí c&rneras no rleam encanas ó en 
audiencias privadus en el baluarte de la prosidoncia en Pa- 
lacio, con famflias de ciertos inverecundos burócratas, íi 
por un incidente adverE^o un una lidia de gallos. 

EeU prolongada iniJsLabilidac), en que la peor parle toca- 
ba al partido colonial, sin embargo de estar sostenido y di- 
rigido por el Clero, ese perverso moaalruo, acaparador y 
famortizador de bienes nACion&les, dosc-oiillflndo do SU po-^ 
der, dosompolvó el articulo i° del plan d« Iguala, que nuW- 




rizaba b1 oírecimiento de la corona ítnparial de Meneo á_ 
cualqoier individao de Casa reinante. 

So procodimiunto fué una serifl de inMiumcíiones & los r»-* 
p rosón lan. les de las püíencias ©uroppiis, ya pnr si mistnaa 
bien prepamdas, por prelaxtoa más ó moiio* legaleá, para 
intervenir en nnesLros asuntos interiores. 

Sn propósito se logrú del todo: francsaes, ingleses y «s- 
pañul^s enviaron fuerzíts & México. Loe primeros perma- 
uederoQ en la República; los oUos sb retiraron: ruidoso 
triunfo del partido republicano, debido á la poriípicacia del 
genera.1 Prim y á la notoria hqbilidid de don MHriiiel Do- 
blado. 

Las navea de Francia, al anlir de pnflrlo para América, 
ya trafnn la Monarquía i5n ana pliegon socretns de inMnic- 
cibues, como cfoctn do las inlrigaa de loa emigrndui^ moxi- 
caiios Y de las desapoderadas ambiciónos de la cuudesa de 
Mofllijo, amiga intima y confii3ei]le del autor de este libro, 
Uita comisión mexicana ofreció la corona iinperiul de 
Mérico al Archiduque Fernando Maximiliano de Aualria, 
quien Sa aceptú, aguijoneado por el itfán de mayores gnln- 
desaa de la princesa Carlota y^medianto el frauíJnlontO sn" 
plísate del consentimiento nacional, con la venia de LbÍb 
Napoloón y la bendición do Maslaí-Ferretli. 

Despaée de m i conocidos azares, la Ropiiblica, joEticierB 
en Juárez, escribió en ci cerro de las rjimpanae, con ta sau-j 
gre de un carloviiigie, el fluis vitt^- del pasado colonial 
del partido monárquico, "heclio qiie excede en 3U grandeza 
yflu horror ShakespeArianos á todos los dramas españoles." 



XVI 

Eí^to libro es eu historift, estrila y horrada á trecho!^ eonj 
üis lágriniaiF de. uno do bus in&s sijicerus actores. 

En sus páginas s^ leerá dónde lormiiia el sa^u [j do perín- ' 
do de foi-tDaci(!iii do la Keplblíca, ijiie con la am[ii£tl& cou-' 
cedida por el gübienio de Juárez, seinbi'Ó Ifts espaTaiieikíi 1I0 
la rrateniidad [lacionnK 

En ol actuAl período, bajo la dirección SAgaz y serena áeU 
guerrero y estadista Liiie nos gobÍPrnH¡ prominenlepnrücipeí 
de a<|UBUa pa^nu^sa ubra de doiriuliciúii. tal^s mperaii/.at' »&. 
baa trocado en frutos provecbasoí^: ba tranquilizado ios eH-l 
pinliig, idejamlt; U ci^ristante ÍDquÍi>(ud de uua [lueva agt-i 
tacíón doI'Trjsíi; Im unido las volanladsf^ en )x cojicorcüa f 1 
la paz; y rcmoviondo ios antignus y tremendos procecíeroeJ 
d# subsistencia indivíáual on !a Uepública, la Im renovado.] 
badéndcila gf^TiLir liada la honradoz y ol trabajo. 

Así se lia venidü ácuinpürlapríKÜccióníranceea dclSS/;, 
deque M^xifo riocasitaba una dicijulura inteligeiile eoniQ' 
únicQ modiu fío roganeración y saliid, porgue un poder de- 1 
oíocráLico, ¡n:\\ Lraidu, impoiiinte, dividido, ilega il ser tan 
iuli¿bil para piUtamaT at pais como para proteger la persn 
na y los bienes de loíi.ejctranjeros. 

Méitlco, Junio'do 390-(. 



Benjauís qe Gvvrs, 



AUGKL [?OLA. 




Desde que las desgracias y los deaói'denes 
de México obligaron á la TCuropa á enviar sus 
fuerzas ele mar y tierra, áaqiíollas comarcas, los 
eneiDÍg:os de aquella expedición trataron de 
deanatnraiizar tas causas que las pj"odu,ii?ron. 
El desacuerdo que surgió éntrelos plenipoten- 
ciarios de las tres potencias interventoras, ape- 
nas se reuniei'uti en VeracruK, llenó de espe- 
ranzas y dio mayor brío á la actitud de sus ene- 
migos. 

Preocupada la Europa con sus propios acón- 
tecinaientos políticos, no había tenido tierapit 
ni noluntad para estudiar los de la América es- 
pañola, y de ahí la facilidad con que pudo i;q- 
Uuirse en la opinión pública en un sentido des- 
favorable á una causajustaensu origen, y que 
habría sido fecunda en sus rosultadng, ai los 
attanteeimientíjsque estaban fuera do' toda pre- 



visióa humana, de que nos ücuparemos ün día 
con la franqueis» que conviene á la verdad bis- 
tórica, no bubiesen venido á di^sítuír tan legí-| 
timas esperanzas. 

Lo que ahora iutentamos dar ¿conocer, es lo, 
ocurrido sobre el establecimiento de una mo* 
narqu'íii en México desde 1783 para que sepae-¡ 
dan apreciar raejov los liltimos acontecimiea-l 
tos, cuya narración vamos á apoyar en docu-| 
mentos oficiales. Con nuestro trabajo nos pro-; 
metemos convencer á li is enemigos de buena fe, i 
deque la expiidiciún europea, tan calumniada, I 
fué i mpues ta á laEu ropa por laa cireunatancias 
excepcionales en f|ue México se encontraba. Aj 
los que han combatidoesaexpediciíjn por pasio-j 
nes políticas ó intereses privados, que han usa- 
do de armas áe mala Ley para atacar á: las perso-j 
nalidades que aoocultabansuNesfuerzo^y sus 
esperanzas, Lea dejamos en el g-uce del triunfo 
que han alcanzado , si su conciencia no viene á| 
turbarlo. 

Luego se echará de ver que nosotros no crea-I 
moa los acontecimientos; lo que hicimos fufil 
aprovecharnos de los que se presentaron, por- 
que conducían á nuestro propósito; y no rehui-j 
mns la responsabiüdad, si la hay, de haber ase-] 
guradü á los gobiernos europeos que el sentí- 



miento monárquico existía en México. Al ver 

álaEaroi>a aparejar susíispüadras, ladijimog: 
"No os limitéis á vengar losHgraviüS que se os 
"han injerido j é, salvar nuestros intereses; 
"sed generosa y tended una rnano salvadora á. 
"la gente de bien, quens Vjendecirá si laarapa- 
"ráis, y os recibirá («in iluviade üoresygritoa 
"de alabanza." 

Tan meritoriaempresa nu habría durado más 
de seis meses, sin el desacuerdo de loa pleni- 
potenciarios europeos; pero cuando las cosas 
volvieron al estado de q ue nunca de-bieron apar- 
tarse, nuestra predicción se curaplió al pío de 
la letra- 
La historia nos ofcece ejemplos de acto3 co- 
mo loa nuestros, que han merecido de ella un 
juicio favorable; y si en nuestra pequenez no 
podemos compararnos á loa personajes que los 
han ejecutado, no les cedemos ni en bneuas in- 
tenciones ni en ijatrintismí). La lujílaterra, tan 
celosa de su dignidad y tan conocedora de sus 
intereses, envió en 16@8 á Edward Küssell, uno 
de los ilustres antecesores del que en nuestros 
días ha sido tantas veces ministro de negocios 
extranjeros de S. M- B. , para asegurar al prín- 
cipe d'Orange "que las diez y nueve vigésimas 
*'partesd.el pueblo inglés despaban un cambio 



"y se levantarían espontáneamente para alcan- 
"zarlo, si pudieran obtener eíapOT/ode unafuer- 
"za extranjera bastante para impedir que loa 
"que tomasen las armas fuesen diseminados y 
"degollados antes de haber podido organizarse 
"militarmente; añadiendo que si Su Alteza iba 
' 'ái Inglaterra á la cabeza de algunas tropas , los 
"ingleses á millares irían á agruparse á su es- 
"tandarte, y así se encontraría con fuerzas su- 
"periores á la totalidad del ejército de Ingla- 
"terra." ^ Sabido es que ese príncipe, que con 
el nombre de Guillermo III reinó después en 
Inglaterra, murió dejando al país en paz y pros-- 
peridad- 

Y en nuestros días, hemos visto á la Grecia 
emanciparse de la Turquía, gracias á las fuer- 
zas de la Francia, de la Inglaterra y de la Ru- 
sia, que después de la batalla de Kavarino es- 
tablecieron allí una monarquía con un príncipe 
extranjero. 

Y luego hemos visto emanciparse á la Bélgi- 
ca, y con el apoyo de las grandes potencias, es- 
tablecer allí una monarquía con un príncipe 
extranjero. 

No vemos, pues, por qué lo que se ha aplau- 

1 Lord Macaulay, Historia de fn'jlcUerra, tomo III, ca- 
pítulo I . 



enEaropa. lia de vituperarse en rvu:xit:n, 
pala gobernado más de cuatru sijílus pt>r hi niv 
narijufa aits absoluta que lian conocido los 
tiempos Tüodernüs: autoridad pateraal, es ver- 
dad, pero que iiaíjía establecido la obodioncia 
pasiva, ya en el orden público, ya (?b|p1 religíoau, 
arraigando on aqnelJas regiones todos los ole- 
ineotosque constituyen una sociedad monár- 
quica, coii cuyas tradiciones no puede romper- 
aeenun día para proclamar unalibertad com- 
pleta, no conocida ni preparada, sin caer en los 
desaciertos y descomposicii'io en que ha caído 
aquella hermosa parto del Niícvo Mundo. 

LoB Estados Unidos, cuyos colonos llevaron 
allá franquicias é ideas de libertad no sospe- 
chadas siquiera en la América española, que 
vivieron largo tiempo interviniendo en au go- 
bierno interior, basta el pnnto de que ya en 
1692 la asamblea de Maasachusetbs decretaba 
"que ningiin impuesto se levantaría sin su con- 
sentimiento;" los Bstadfis Unidos, decimos, 
pudieron proclamar fácilmentela república, 
y eso que al discutir secretamente en l7H7su 
constitución, muchos de sus mierabroa pedían 
quo tuviese una forma monárquica. 

Sin tener en cuenta lo cjue ha producido en 
México la república, ni los hombres ni las épo- 



cas en qiio se ha intentado establecer allí la 
monarquía, se ha querido echar sobre nosotros 
la invención de esos proyectos. Cuando ya en 
1783 el cunde de Aranda seflalaba A Cai'loa III 
líi monarquía como el úniru medio de salvar 
aquellos países; cuando Iturbíde, hbertador de 
México, secundado por jefes ospañotes y mexi- 
canos, proclamábala monarquía con un princi- 
pe extranjero: cuando esto hi aprobó e! mismo 
virrey de EspaQa; cuand" el g'eneral mexicano 
Pedraza, diputado de las cortos españolas, más 
tarde presidenta de !a República, al secundar 
á Iturbide combatía en su proclama "esas teo- 
rías brillantes de republicanismo, que no son 
realiiíables en nuestro suelo;" cuando Bolívar, 
el libertador de la América del Sur, alecciona- 
do por una funesta experiencia, intentó fundar 
allá una monarquía con un príncipe extranjero; 
cnando Chateaubriand en el reinado de Luis 
XVIII.y Villfele, en el de Carlos X, proyectaron 
establecer, el primero monarqnífis francn-ea- 
pañolas, y el segundo colocar al infante de Es- 
paflíl, don Francisco de Paula, en el trono de 
México; cuando el Brasil, que se hallaba en 
idénticas condiciones que Mi^xico, i^oza con 
el| sistema monárquico que proc'amó desde 



su independencia de puz y prosperidad;^ cuan- 
do el barón Ciprey, ministro de Luis Feli- 
pe en -México, escribía "que la monarquía era 
el único remedio que pnd ría salvar aq uel país;" 
cuando el ministro de Infílaterra en Mi^xipo 
en aquella épocíx,, Su* H. Pakenham, escribía 
también "que las cosas extrañas que allf pasa- 
ban venían á continuar ia exactitud de los jui- 
cios de los que pedían Is, monarquía;'' cuando 
el mismo Journai des Diíbnts ¡cómo cambian Jos 
tiempos! aplaudía en 1842 loa planes monárqui- 
cos de Guti^rre^ Kstrada; cuando el ilustrado 
de Mofras, enviado con una misiona .México 
por el mariscal Soult, presidente del consejo 
de ministros, volvía á Europa dicieudoque'los 
mineros, los propietarios, ios negociantes hon- 
rados, la antigrua nobleza, tudas las familias en 
que se encuentran laa virtudes espafiolas, los 
sentiinientoa de honor y de lealtad, echan de 
menos el gobierno moníirqmcí». y hacen votos 
por su restablecimiento;" cuando et general 
Paredes, presidente de la República, proyecta 
restablecer la monarquía, y ofrece el trono á 
un príncipe espaSctl; cuando el general Scutt, 
á la cabeza del ejército invasor de los Estados 

> 

1 Ilav que tener cu ciuíjiUi qtieel ¡lutnr liubl» Gii.i<i]ailo 
de ¡mi. 



unidos, entra en la capital dt; 3IéxÍGu couTa 
espada levantada, anuiicianclo "que iba 4 des- 
truir el partido monárqujiiu:" cuando Santa- 
Anna, en la plenitud del poder más fuerte quej 
liabfa habido en ^léxico, pide á la Europa un.] 
principe extranjero; cuando el partido moaár-j 
quico envía ag-entes á ofrecer la corona áunj 
príncipe de Orleans; cuando el presidente Zu- 
loaga pide la intervención extranjera; cuando] 
repite la misma siípHca el presidente Miraraóü; 
cuando Palmerston declara en el parlamento,] 
al hablar de Míxico. ''que la naturaleza del sis- 
tema republicano hace muy difíciles las re-[ 
laciones coa aquellos país&s;" cuando lord 
Cowley. embajador inglés en Parts, decía, coni 
su desdén británícu, "esa gente necesita unal 
monarquía; de otra manera tendrán siempre la* 
anarquía y el desorden;" cuando el comodoro 
inglés Dunlop eacribía á su gobierno "que la] 
monarí^uía era la finica forma de gobierno que' 
podía dar la paz y e! ord.en á México;'' cuando, 
Sir Ch. Wylce, ministro inglés alU, escriblaj 
también á su gobierno "que no veía más reme- 
dio para atiuel país que la intervención extran- 
jera y la elevación del partido moderado; " cuan- 
do los ministros de Prusla y de Bélgica escri- 
bían á sus gobiernos las tendencias luoiiúrquicaaj 



de aquel país; caando el senador francés Che- 
vatier, que ha vivido en eJ país y qut; tun mal 
ha hablado de la, República, reconoce "que los 
mexicanos que raciocinan desean el estableci- 
miento de una monarquía, ya que el curso do 
lüB sucesos no ha hecho maa que fortificar las 
opiniones monárquicas que se han manifestado 
desdeelpkndelturbide, y que las tradiciones 
que determinaron el éxito de ese plan, no se 
han perdido, razón por la cual el ejército fran- 
cés no encontraría gran resistencia, ni envene- 
naría !a guerra;" cuando el rey Leopoldo en- 
cuentra bella la empresa; cuando el mariscal 
F'orey anuncia á su gobierno que el entusiasmo 
de la pubíación rayaba en delirio eí día de su 
entrada en M'óxico, y que ese recibimiento era 
un hocho ww. ¡.(/tt/d en la hiatvrifi: cuando el que 
se hizo al Emperador Maximiliano llegó hasta 
la idolatría, y en fin, cuando el país se i>ierde 
y se muere con la República, se nos viene á 
decir que la idea do la nionjirquía, es una qui- 
mera, una imposibilidad! 

Pero ni los ejemplos de la historia, ni la olo- 
cuencia de los hechos, ni los gi'itos de la gente 
do bien, ni la serenidad de la conciencia, nada 
salva á loa autores de una empresa malograda: 
sólo se ve el mal éxito, y no hay aplauso por los 



esfuerzos, respeto por Jas creencias, simpatía 
por el silencio con que se devoran las amargn-1 
vaa y ae calla lo grave de los coraproinisos, por] 
líia envidias que se amontonau y por las ingra- 
titudes que se experimentan. Triunfad comí 
queráis, pero triunfad; entonces os veréis sa- 
ludados como discretos y entendidos, como lo 
liemos sido nosotros mismos en los raomentosl 
del triuní'o: pero sucumbid, aunque sea coj 
honra; entonces se os llamará insensatos ó im- 
previsores!. . .. 



II 



Lina grjin empresa, ha üracasadío. Pero la ca^ 
tílstrofe con «j^ue ha terminado nada puede con-i 
tra la bondad del sistema, ni contra la oportu- 
nidad con que se quiso aplicar el remedio qu( 
había de concluir con esa época de desunión 
matanza, de liigrioias y miserias. QuerlamoE 
establecer un gobierno fuerte y de progreso, 
que aplicase, en cüantt> fuese posible, cou el 
orden y e! principio de aatoi'idad, una liberte 
Ilustrada, no esa democracia como la cali ücal 
el venezolano señor Ba ral t,"agresivay callejera,] 
disimula y perseguidora, que mata en vea de vi-j 



vificar, que trastorna, sin frutro los fundamen- 
tos de la sociedad, que cifra La libertad en Üa 
tiranía de las turbas, y la igualdad en. el reina- 
do de la anarquía " 

Heraüs sido vencidos en el terreno de los 
hechos, pero no en el de la raa'm y de la justi- 
cia. Sin embargo, reconocemos que el presti- 
gia de la monarquía no podrá ya nunca jamás 
levantar ú aquellos países do la pustración y 
desorden en que se encuentran: pero las Repú- 
blicas hispano americanas tampoco hallarán 
en su sistema prosperidad alguna, y desde el 
Río Bravo al Cabo de Hornos están condenadas 
ásucnmbirásu propia debilidad. Los hispano- 
americanos que en Europa mostraran deseos 
de seg'uir el ejemplo de México ' deben ya, co- 

1- ¿yiié iniporl.aiiciü, «enorfa, no tendrfa esa exptídi- 
ci6n par» AiiuVIch, pura iiqniíllus desgraciados pafsts qiie 
han BiitriUo y niií pwtiín pufricndo ai'in en innciiii? parte» 
los hoimrtrS íle la anarqiifa, al ver qiitaqiiel pafa que Lao- 
tftB i'clacionffi tieiití^'f.n nosutros, dyndtí tnirri; la misma 
sangre que n<ir nriestras venop, liabía em-onrradn apoyo 
parabas reclainaciones, que fus diiuujrea liabían tenido 
eco, y no abrigaljaii ya veceluE úv que se JikieEe con ellos 
lo qiie hnatik entonces et había venído'Jiacíendo? 

\o, Befiíirt?, pujido decir que lie lenidu que cerrar las 
piiertaH de mí capa en Ti\rín á las inuchae perBonaa que 
veofBii :i tiuscur l¡» hiinderfl. espüñola coma ía único qiie 
toiaaba la IitJoialJva en ima cnestif'm uu grave, (ÜJs- 
eiirxo del diputado Befior ¡Mnn, embajailor de EEpaña en 
ParÍÉí. 



IS 



mo nosotros, renunciar A toda es|>prauiia cl< 
prüyectos monái-i^uicos y consolarse con sus 
buenas intiencúmes. Eu cuanto á nosotros, des^ 
pues del aliinco y perseverancia que hemos 
mostrado en. esta empresa, consagrándola tod; 
mioatra ;i-iaia, tijdus nuestras fuerzas, podrí 
Llultirnos, uüuiu tanto nos duelen las desgracia* 
qUQ bnn caído sobre cita; pero a.1 renunciar pa-j 
ra MitíniprK á inda ingerencia directa ó indirec-^ 
ta en los negocios de México, nos quedamos 
con la pobreza con que entramos en esa noblí 
empresa, no habiendo salvado de esto uaufra- 
ííio reas que la concieneia y la dignidad. 

Para la Kuropaserá otra cosa. Un día llega- 
rá en que Ins Estados Unidos, esa repúblit 
c^uc nació pigmea y es ya gigante, soñorearí 
exclusivamente en el continente americanoj 
Cuando acabe por dominar los istmos que sCi 
t>aran los dos Oceánns, y tenga así en sos mi 
nos las vías más brevea y seguras de comu^ 
nicaci6n con el Asia, que tanta importancíi 
comc-rciaj va adquiriendo; cuando düefios de li 
más abundantes minas de plata, que son las dí 
M('*xico, tengan el monopolio de ella, como tiei 
nen ya del oro, desde que arrancaron AMéxicf 
la California; cuando la población europea, qut 
atraen incesantemente, lesltevela industria 



no teng-an necesidad de enviar á la Eurojía sus 
primeraa materias, que existen lo mismo en 
México que en los Estados Unidos, en cambio 
de su industria; cuando por otro lado dooioeü 
las Antillas y el ífolfo de Mí'xico, y poblando 
esta parte del continente americano ctm esa 
raza rtue destruyo, peni ao asimila Jos pueblos 
que conquista: cuando desaparezcan loa vestí- 
g-ios dii la civilización española, como ha suce- 
dido ya en CaJifornia .y en. Nuevo México, y 
dueños en lin de aquellas riquezas, de un gran 
territorio^ de los dos mures, y de todos los ele- 
mentos para crear una marina mercante y de 
g^uerra sin rival, entonces loa Estados tTnidos 
se levantarán con más fiereza aún, y eTítende- 
i"án sus brazos hasta venir á tocar las mejilias 
déla Europal - - 

En cuanto al príaciite desgraciado que ha 
sucumbido tan dignamente, no es tiem po ahora 
de referir las desgracias que Je acora paQaron, 
ni los errores que se cometieron. Ante una 
tumba no cerrada todavía, ante el doJor que noa 
doraina, ante el recuerdo do lo que un día le 
amamos y de nuestro culto mientras le servi- 
mos, no debemos mas que doblar la rodilla y 
elevar nuestras preces al SeSor para que te 
reciba con misericordia, i Ahí se abren las car- 



14 

nes y saltan las lágrimas del corazón al pensar 
en el trágico fin de ese heroico personaje arran- 
cado á la vida por el plomo lanzado á la voz de 
mando de un niño que no supo sin duda lo que 

hacía! 

... -El nombre de Maximiliano pasará á las 
generaciones venideras que lo repetirán con 
emoción y respeto, asociando á su augusto 
nombre los de Mejía, Miramón, Méndez y de 
tantos otros que perdieron la vida al lado de su 
Soberano, con laserenidadde loa valientes, acla- 
mando el Imperio, y con la fé en la justicia de 
Dios- — J, Hidalgo. 

París, 12 de Diciembre de 1867. 



PRIMERA PARTE 



CAPITULO PRIMERO 

Praijecfo del cüiiiic de. Áranda en /7S-i —Sifuof^f'm 
de Miíñco. — Se ofrece la corono, d íasrasasi/f }íot-- 
bóriúde Austria. — Lo aprueba el uin-tr¡f. — AVv lu 
acepta España.— Curonaciófí. de Iturbide. 

Todoslosmalesde México y detoHa la Améri- 
ca espaíiola traen su oríg^en del nin^'ín casíi 
que ae hizo 9n el r^r.ado de Carlos III, de los 
consejos del prudente crmde de Aranda, que 
en una memoria presentada á S. M, en 178;] le 
decía: "Vuestra majestad debe deshacerse de 
todas sus posesiones en todo ol continente ame- 
ricano, y no conservar más que las islas de 
Cuba y Puerto Rico en la parte septentríontil, 
y alguna otra que pueda convenir en la parle 
meridional, á. tjn de que nos sirva como de ps- 
cala ó defiósito para el comercio espaaol. Para 
llevar á cabo este gran pensiimientu de una 
manera digna de EspaDa, es preciso establecfr 



Eres" infantes en América: uno como rey di 
México, oti'ucomo rey del Perú, y el tercert 
como rey de Costa Firme, tomando V. M. 
título. de emperadüi' de las InLÍJas," 

El pacto de familia celebrado con la Francii 

los antes impuso é> la España obligacioneaj 
y la trajo preocu paciones que contribuyeron 
desatender las raaones del estadiata, autor d< 
la Memoria. Eh reconocimiento de la, ¡ndepeí 
deucia de los Estados Unidos por la España 
veriticíidn también en el pi-opío año, preparí 
la de México y demás colonias españolas, se^ 
Ki'in ia predicción de Aranda, que acertó tam-i 
bien un que los Estados Unidos so harían prnn^ 
Ui dueños de la Florida á tin de dominar el gol.'j 
fo de Mt?xicf). 

La situación en que so encontraba la Araéí 
rica antes de la rcvuluciún. especialmfoto Méij 
xico, no podía ser mus L'avorable á la realía 
ción de los planos de aquel g'raii ministro. 
paz ora general, sin que nada viniese á turbar^ 
la on el pueblí* mexicano, cuyos sentimienl 
Enndatnentaies eran la reli^íión, la honradez, 
obediencia y el amor á au soberano. Dios y e| 
rcu era entiíncea su única divisa. 

El estado de las cosas en la metrópoli desd( 
18ü8 hizo presentir á muchos españoles y üm 



xícanos distinguidos que las Ideas de emanci- 
paciión surgiHan. inevltableinente de los acon- 
tecimientos de España. Para impedir mayores 
males y que se j'ompieseu los lazos íjtie laiala-n 
la España á su vasta colonia, lormarou el pro- 
yecto de realizar por sí el del conde de Aran- 
da- Tan grande y patriótico 'pensamiento se 
habría ¡levado á. cabo» si el primer grito de in- 
dependencia no hubiera sido lanzado tan pre- 
maturamente en 1810, en un pueblo delestad- 
de MichiVacán; levantamiento que fué seguid > 
de espantosos desórdenes, ensangrentando n i 
íjats que había gozado siempre de la unión, de 
la riqueza y de una paz profunda. 

Sin embargo, el apego que se tenía por el 
trono era Itan grande, que nadie se atrevió á 
hablar de Independencia sin aclamar ai mismo 
tiempo á Fernando Vil, cuyo reciente adveni- 
miento al trono habfa producido un eutusias- 
mo universal. La regencia de Cádiz, imbuida 
de las ideas liboralos, llamó á los americanos á. 
formar parte de la representación nacional, 
anunciándoles "que iban á ser hombres 11 brea y 
á cesar de verse encorvados bajo un yog-o mu- 
cho más duro mientras más distante del cen- 
tro del poder, mirados con indiferencia, vejados 
por la codicia y destruidos por la ignorancia." 



18 



Esta«i peligrosas d ocla ración es de la regoñ-1 
cía de CádJK produjeron su eferto. auraentadol 
pur la Ueífada do nuevas Lropas. i\no. [lunquej 
iban á combatir la insurrección, licMilmn el 
entuaiaemo por las ideas liberales. 

Estas y el deseo de independencia cundían] 
con rapidez suma; pei'o los horrores de la inJ 
surrección habfan fiedlo que no sóío los jefes] 
cspafioles, sino los mexicanos más diatingui-j 
dos, como Iturbtde, peleasen contraolla, hasta] 
que llegó un momento de formular un progra- 
ma político, cuya ejecución debía confiarse 
los hombres más oraínentes en el ejercito y ei 
las carreras civiles, fuesen espafloles ó raexi- 
canoK. 

Para venir á un acuerdo tan inesperado, sí 
so atiende al carácter de la luclia en los prime-' 
rósanos, contribuyó grandemente, no sólo It 
que habían cundido Ihs ideas liberales y eT| 
aisor á la Índependen<ÍM, sino la instabilidat 
de las Clisas en España. Los jefes militares es- 
panoles querían que no se rompiesen tixlos los 
vínculos con la metrópoli, y los jefes luexicaJ 
nos, al proclamar la independencia, manifes^ 
taban los mismos deseos. Todo se concilio ax 
el plan adoptado en la villa de Iguala, á cuyí 
cabeza se encontraban Iturbide y ios princíJ 



pales jefes españolea y mexicanos. Al procla- 
marse pnr todos la independoncia dft Mé-victi, 
se llamaba en prinier luyar ai trono al rey Fer- 
naado VII. ó á un príncipe de la casa de BoV- 
bón, y en dt?fecLu de ambos, que sü note bien 
estu, al arcliiduque CaL-los dc^ Austria "ú utro 
individuo de casa reinante.' " 

El uuevíi y último vii'ey de Méxieu llegó des- 
pués de la proclamación snU-mne del pian de 
Ig^uaJaf v¡6 que la independencia era un hecho 
consuraado, y creyó con i'azón que hacía un 
gran servicio á España ratiticAndoln, como lo 
hÍKO, en el tratado de Córdoba. 

Las cortos de Es\)ana mi api'obarnn ese tra- 
tado, cometiéndose así una .segunda y enorme 
falta; 6 Tturbide, olvidando que en el plan de 
Iguala habla didio que llamaba á un príncipe 
estrauíero, "p^iva precaver los atentados íu- 
nostüs de la aüibición,' 'se coronú' imprudente- 
mente, perdiendo Uieíjo su ininensí' prestigio, 
en vc« de quediir cotou jefe dfi país con un tí- 

1 .M pi'Síitart!! juramenti) del plan dü Iguala, ae ju- 
raba obseivar la Teligiín católica, npostólictt y rfmann, 
BOftttíUBí' lflind<*peiidntieiadel inipeiio, coneervaí' íji «niíjn 
eni.ce en lépeos y aiiitricanoe, y obedecer al rey Fernaniio 
Vil, ei jiiriibü la constibucián cIb las futuras coi'(*!t- niexi- 
L-anas. Eete juiaiiiento del ejíírcito iinpcilal fué itcibido 
pnr et coronel efipQíiol don Fi-anrisco Mnniicl K¡d»l;r), pa* 
^re del autor de ««toa upnntca. 



20 

tulo más modesto que le habría preparado & 
mantenerse en el poder quizá toda su vida- 
Proscrito durante catorce meses, volvió & 
México, donde recibió la muerte en premio de 
haber hecho la independencia de su patria . . . 



CAPITULO II, 

Proclamación de la repúbÜca 0(instíf.imiin. — Efetr- 

to*, del nueix> sisíema. — Número df prfsiiSenles- — 

Un escritor araericano, hijo de Buenos Aires, 
decía "íue "ios hispano-americaiios en su impa- 
cieuciade querer ser hombres antes de tiempo, 
se parecían á los nítlos enervados [.jor goces 
prematuros. No tienen de republicanos, añadía, 
masque las Eórniulas pomposas y sonoras, los 
resabios anárquicos y la altivez ingobernable." 

La historia de las repúblicas de Amérka 
justiñca tristemente esta opinión. En México, 
una vez establecida la república ó mejor dicho 
la anarquía, sus novicios iegisladoresj inspira- 
dos por el representante de loa Estados Unidos, 
adoptaron una constitución calcada sobre Iti de 
la Unión, como sí existiese la más pequera ana- 
logía entre ambos pueblos. 

El mexicano, que durante tres siglos nu ha- 
bía gozado de ninguna libertad, y que ni por 
a3orao habla podido aprenderla en loa libros, 



22 

CU ya introducción estaba prohibida severamen- 
te, se enconti'ó como por ensalmo, con que era 
soberano y que gozaba de muchos derechos, 
cuya existencia ni sospechaba siquiera- Sin 
hábitos de gobierno y sin haber disfrutado de 
las franquicias de los colonos de la libre Ingla- 
terra, la famosa igualdad repubHcana, ¿["ue sólo 
ha existido de nombre, no produjo en el pue- 
blo ninguna mejora intelectual ni material: así 
es que jamás ha ejercido autoridad alguna ni 
tenido influencia en las revoluciones, que jefes 
ambiciosos y nulos han hecho á menudeen su 
nombre. 

La proclamación de la república trajo el de- 
seo de innovarlo todo, destruyendo sin pensar 
en el porvenir, ó introdujo el caos en todos los 
ramos de la administración. La ambición de ser 
jefe del Estado, invadió á la gente mediana, y 
las rebeliones militares eran el mejor medio 
('.e escalar el poder. Contados son los presiden- 
tes elegidos legalmente. Si lo hubiesen sido 
siempre, México no habría tenido de 1824 bas- 
ta la fecha, más que diez, mientras que ha ha- 
bido treinta y cuatro. 

La autoridad, emanada de rebeliones milita- 
res, no tenía ni el tiempo ni las luces necesa- 
rias para gobernar el país: todo estudio espe*^ 



cial 6 un mérito cualquiera, eni i nnectísario pa- 
ra ocupar li>s destinos públicos. 

De ahi es que el aroor al traVijos? extinguió 
y que en. vez de beneficiar ]a& inmensas rique- 
zas del país, nadie pensase sino en los om pieos 
dt>l K'-)biei'no, afiuiíOn muy prnpia de la raza, es- 
pafiola. desdfjquelas revoluciüneaso lian pues- 
to á la orden del día- La moral pública se rela- 
jó, y la prevaricación nt> connciíj Itinife itlfruno. 
Sin tomor del castigo y descréHito, se creaban 
grandes fortunas en los puestos piíblicos. j 
el contrabandü organizado escandalosamente, 
arruinó el comercio de buena fe. En el ejército 
SG admitían con grados más 6 menos elevados, 
segián el favor de que se gosaha, á hombres cu- 
yos antecedentes los alejaban de otras partes, 
6- bien se acudía á, los pronunciamientos ]jara 
obtener un ascenso, salvo algunas y conocidas 
excepciones. Laindustrla^ las minas, la agri- 
cultura sobre todo, base de ta riqueza pública, 
estaban casi abandonadaH. Jamíis se ha cono- 
cido un plan rentístico ó financiem digno de 
este nombre. Se descuidó la educación del 
pueblo, manteniéndolo en la ignorancia y el 
desorden para sacar más partido de él. La ae- 
íTuriflnd do Ins caminos desapareció, la policía 



24 



no sehaurganigado nunca, y la juaticía no af 
ha regida por código conocido. 

En medio df este desbarajuste general, loa 
extranjeros no encontraban garantías de nin^ 
guna ciase, de !o cual resultó que los luenos es-í 
crupulmacs, cüntribnyeseu tambiéa á la dila^ 
pidación, enriqueciéndose con especulacione 
Utcitas, en las cualc*s, mucl^as veces, tomabat 
parto los funcionarios públicos, sin perjuicit 
de producir ésto á cada paso reclamacionE 
diplürafttíeas, que concluian por agravar conJ 
siflerablemente Ja deuda nacional-' 

Tanta desvergüenza, tanta corrupción pú^ 
blica, no han podido empero ciintagiar á las fs 
railias que forman la sociedad mexicana, y nc 
hace ranchos meses que hemos podido dar tea^ 
tímonío de que conservan la pureza dn las cos«; 
tumbresy otras virtudes inculcadas porlaElsJ 
pafla, en mejores días para ella y para au9 coloj 
oías de América. 

Los partidos, 6 mejor dicho, los grupos di 
hombres que habian asociado sus iateresc 
íporque coa pocas excepciones, no se ha comba^ 

1 Gmto nns es Imcer una excepción r^&pecm á loe ge 
bíernoE tan dipnoa y linnniiloB como los de loa genemleá 
]iij!itaiiiant«, Ileirera, líravo y otros, que oí'upíiron oí 
lufldceUnoa püUlicoB li hc^mbrca úb bonriidez y de v&i 
cLdod. 



tido porlalpatria ni por el triunfo de una idea), 
los partidos, decimos, habían estado, como sue- 
le decirse, cayendo y levantando, sin que la re- 
pública haya producido más que miserias y 
vergüenzas dentro, y desprecio 6 indiferencia 
ea el extranjero- 

Sin embargo, desde 1858 en que triunfó la 
demagogia disfrazada, la Europa em pezó á preo- 
cuparse de la suerte de sus nacionales y del 
cumplimiento de los tratados. El triunfo obte- 
nido en 1858 por el partido conservador, que 
buscaba ya su apoyo en la Europa, fué efímero 
gracias ala intervención de los Estados Uni- 
dos que tanto contribuyeron al triunfo de Juá- 
rez. 



CAPITULO n[ 

Triunfo de los vllr a-liberales. ^~ Tratado con los' Es- 
fados UnidoH. — Situaciónde México Ataques al 

cuerpo diplomático Expulsión del nuncio y de _ 

Ion obiapos. 

El triunfo de la demagogia, terrible azote 
con que Dios suele castigar ala humanidad, era 
doblemente funesto para México, porque ade- 
más de entregar aquella indefensa y trabajada 
socipdad, á los horrores de una turba brutal é 
irreverente, amenazaba la independencia nacio- 
niil. Juárez entraba en México precedido de un 
acto suyo que había üoi'ir.clo de indignación, al 
país entero, y escandiüizado en Europa. Du- 
rnnte su permanencia en Veracruz, había cele- 
l)'ado un tratado con el representante de los 
listados Unidos,' el único diplomático que lo 
había reconocido como gobierno, en el cual, en 
cambio de algunos millones de pesos que Juá- 
rez creía necesitar para su triunfo, concedió á 
los Estados Unidos la posesión y tránsito, (ut 

1 Mr. Mac Lañe. Tratado firmado en 1859 con Ocantpo. 



pfirpMiiam. dol istinn de Tehuantepec, gs decir, 
la vía señalada como un manantial de riqueza y 
podei'ío, por cnanto pone á la Europa en comu- 
nicación con e! Asia. El trilnsíto y pospsi6n de 
inmensos terrenos en ocho rícaa y vastas pro- 
vincias de la frontera. La cesión del Arizona, 
uno de los minerates no explotados, más ricos 
del mundo. La introducción de efectos, mer- 
cancías, productos naturales 6 manufactura- 
dos, inclusos los de algodóu, [íbyefi (U- (krecUo/i, 
lo cual acabaría con el comEírcioeuropeuen Mé^ 
xico. El derecho ari íjcrí;¿'fí!fíífi de transportar 
las trop;i.5 de los Estados Unidos, trenas y 
municiones do guerra, por las vías de Tehuan- 
tepec y Sonora, como si fuesen tropas njs- 
xicanas. El derecho de proteger por la fuer- 
za de las araias todas esas vías, su propiedad 
y derechos de tránsito, con el consentimien- 
to y cooperación de México, é nin tnio ni otro 
(joith or ipifkout tiui vonsenl aiul coopernt ion of 
MéxñX!), es decir, fjue la ocupación armada, 
de una mitad del territorio, era la cesión inme- 
diata, completa, de éi á fos Estados Unidos. 

lío se comprende cómo Juárez no veía que 
ea ese tratado iba !a pérd ida de la soberanía de 
la nación, y que ésto iba á justificaí' aun más la 
vuerra de los í^ue teofan clefecbo A d^cir que 



38 



peleaban por salvaí- la independoncia de Méxl-' 
co, lo cual tenía que acelerar su caída- 
Oigamos á. mi testigo ocular de lo que se pa- 
saba edoncea en el pials; 

■'Las turbas iuaaguraron su entrada en Mé' 
xicú asesinando á un escritor público ea si 
propio domicilio, muy justamente estimado 
la buena sociedad, y coa utras tropelías conti 
la prensa conservadora, amenazada con el in- 
cendio si continuaba sus publicaciones. Sí 
expidió una ley llamada 'iituftitoiia, aeg-ím It 
cual debían desaparpcer de este, mundo todos 
Ins que de hechu, palabra ópeasaraáentn dí^ 
sentieaen del gobierno. Empezaron los fusüa^ 
mientos, y aóio el gobernador de Gruanajuatoj 
Doblado, se lisonjeaba de haber conducido 
cadalso en su provincia, durante üd. aflo, 
de mil y quinientos reaccionarios.' 

"La historia de la constitución de 1857 es U 
de la época en que la guerra cívit ha llevac 
hasta el refinamiento sus erueldade-'*, sus ei 
menea y au devastación. Un reguero saugrien^ 
toque, empezando desdólas remotas coalSM 
del Pacffioo, no termina sino hasta las plaj 
del Atlántico; los huesos insepultos de mili 
res de víctimas que marcan por donde quiei 
1 Laprat'iiKJÍiL deOuanajtmtotiene 900,000 hubitantea 



2& 



como vastos comentarios, los teatros execrables 
de nuestras carniceríias; campos talados, ciu- 
dades incendiadas, poblaciones des^iertas, mo- 
numentos destruidos, templos despojados, mi- 
seria, llanto, orfandad, y sobre todos estos 
escombros un puñado de malhechores henchi- 
dos de riquezas y mal saciados de matanza- 
proclamando la lej del prugresoí de la civili- 
zación y de la libertad : he aquí la obra de la 
carta magna, los efectos de nuestro pacto fun- 
damental, en una x^alahra, el cuadro espantoso 
de México constituido. 

"La adminislracióa de justicia fué entreg-a- 
da á los que el pueblo elegía, sin que para ser 
magistrado se necesitase tener conocimientos 
especiales. La administración municipal se 
puso en manos de unos cuantos insensatos que 
desempedraron las calles, las convlrtÍL^ron en 
alba&ales, cuyas pútridas emanaciones pro- 
dujeron e! tifus en la población, llegando el ho- 
rror de esta situación basta haberse encontra- 
do cadáveres de párvulos y de adultos. Todos 
los fondos municipalhs desaparecieron; hasta 
las mazas, los candeleros y los tinteros de pla- 
ta del ayuntamieato. La seguridad pública des- 
apareció por completo de la ciudad y de los 
caminos- En el ejército se introdujeroa bom- 



m 



que iigiiran en las listas de (os presidie 
y en loa registros de la. policía. Unos cuanU» 
sayones á la devociún de cada corunel 6 gen( 
raí iüiprovjsadA, se encargaban do furcnjir Í( 
cu¡nli'i>!í de! ejército, apreliondiendü y a,mar 
rraado con una sola cuerda á cuantos encott^ 
traban en las calles, templos, tailoresy paseos. 
Tudas las rentas se dilapidaron, empezandí 
por los cien millonea de pesos del clero, y lae 
a!l>a.ías de los vasos sagrados sirvieron liast 
do adorno á los sombreros y á las. monturas 
algunos jefes, mientras que ea ítnpüDÍau Jí 
muerte, la prisión, el destierro ó Id CL<uñsca^ 
cjón á los que tenían algún capital que perder, 
6 Á liisi C|ue so llamaban enemlgo^í de la patrid^i 

"Los representantes extranjeros, rjue est 
ban dand" testimonio de aquella carnicería 
de aquella, barbarie, escribían á sus gobierno* 
indiíínados de aquellos escándalos, que 
cosariamente tenían que alcanüar á sus prc 
pios subditos, y aiTin af mismo cuerpo diploJ 
máticn. 

**Aiienas instalado el gobierno en el palaci< 
de M'í'xico, se publicó un libelo infamatorit 
lleno de insolencia y de insultos., contra cuan* 
las personas han representado en México 
ias cOrt«s auropeav, y DQUy eapeciialmentR c&i 



31 



tra el niinistrn de Prusia, Mv. Wagner. El 
cuerpo diplomáticii dirigü'i unti. nata coJe-ctiva 
al gobierna, qup ilis^uató niucLo á JnáreK y á 
sus ministriis. Los plenipntenciarios de líis 
nactonps amigas fiuisicroii imprimirla, povono 
se encontró un periódico ni una imprenta qiir 
quisiera echar sobre sí la responsabilidad tlp 
publicarla;^ los ministros QstranJGrijs tuvieron 
cfue apelar al recurau de impi'imii'la en una 
prensa litográíica. Con inaudita tropelía so 
expulsó al nuncio de Su Santidad y á todns los 
obispos inexicanoi?, quy pasaron buenos sustos 
al vei"8e apedreados par los llamados republi- 
canos; el secretario del nuncio fu6 herido en l;i 
cabeza Los bienes de la Iglesia no fueron na- 
cionalizados sino derrocliadoa, á lo qUfi aiiiuió 
el furor de derribar muchos templos de la ca- 
pital, expulsar y robar sin piedad jl tas monjas 
y apoderarse aún de los bienes de laa herma- 
nas de la caridad. '' 

Tal es una parte del cuadro trazado por la 
mano maestra de un mexicano, testigo ocular 
de aquellos acontecimientos, publicado on Ve- 
racruz y repví'ducido en Pavts. Antesde apun- 
tar lo que aconteció después con los roprcseii- 

piibliciijft en Vuracrwa. 



3a 

tantes europeos que pidieron la intervención 
armada, conviene conocer algo de las relacio- 
nes de esos países y de los Estados Unidos con 
México independiente. 



CAPITULO IV 

£«0 España y sus lohnias.— Error ds a^uel gohierno. 
— Knsoyo de reconquista en Ü'~y, — tlirpul^nón de 
los cupaTiules de. Méxiim. — Jíecoiiocímienlo df. la in- 
depeítd^ncm por la veina Crislina. — Trotadíts nühre 
ta deuda. — iSw violación y a^f.sinalim dt; e-.vjiaiJ'filas^ 
— (fenei'osídad de Eiipafia, — Hiim eiieitwjon. — Suk 
colonias.— Svs miri-iaJ-roa en Mt'xicu. 



La política de Espafla d arante ios ti'es siglos 
de su dommacíún on Jas inniensas colanias de 
América, fué la que debía ser, si se toma, en 
cuenta la naturaleza de su gobierno y la de los 
paises conquistados- 

Laa sociedades que se formaron en ellos no 
podían ser tratadas mejor que la misma metró- 
poli, bajn el punto de viata de la civilización. La 
líispaña dio loque tcoía, y grobernó sus colonias 
con el amor de madre. Al perderlas^ dejó su 
civilÍKación, sus hábitos» su lengua, el catt>licis- 
mn en todo su esplendor, ciudades magníficas, 
templos suntuosos, edificios públicos y en Mé- 
xico maynr ni'imero de universidades de la.s 
que tenía la misma li^'spaíia. Poro al retirar su 



S4 



beL¿Goa bandera de aquellas comaicasquerí 
cuerdan la epopeya de Hernia Cortís, dcbK 
cnnservaí' los ]az.os que interesaban, no sólo 
eu gloria, sino tarabjén á ati política é íntere^ 
ses: lo cual habi'ta logrado oyendo en 17H3 a| 
conde de Arauda, ó taiea enviando al prlncí] 
que le pedía la revolución triunfante en 1821J 

Consumada la independencia de M<''xico, ti 
Esiiaíia perdió allí toda su intluencia moral 
matprial, obstinándose en nn reconocer aquí 
Ua; pero le sucedía lo quo Pranklín docladeloí 
ingleses; 

"Que se hallaba en la imposibilidad debacei 
la guerra y eran demasiado altivos para hucei 
la paz" Sin embargo, en iy2M, liiíio un ensay( 
de reconquista, enviando una pequeña expedí] 
ción que desembarcó en Tanipico, y que fni 
vencida por las tropas de! g-eneral Santa- ADua._ 

Pocos meses antea de este acontecimient 
loB demagogos de México liabían expulsado 
todos los espafioles allí establecidos, resultan.^ 
do de esta ley bárbara é impía, que se llevart 
á Europa grandes capitales, á que siguió ona" 
gran perturbación en el comercio y por consí- 

guienteift misefia- 

. La muerte de Fernando Vil facilitó el triuu.- 
ío del partido liberal español, y la independen- 



35 



ciá de México fué reconocida [-tov lu reina un 
1H35. En el tratado celebrad» entonces sr esti- 
puló que Móxico reconocería coidü propia -y 
nacional la deuda contraída por el gobierno 
espaDoI en iMésico, quedando ambos países U- 
Ores p. qit iton pa¡y( siempre de toila r<L'^ponsabíiída(J. 
Doce afios después, el gobierno espanol obtu- 
vo del de MéxitM) en 16 17, una convenciíjn, por 
la cual 31éxico se compro nietía á crear un fon" 
do especial para eí píigo de aquella deuda, quo 
declarada pro¡yia y -navionai por el tratado do 
1836, SG convirtió en deuda extranjera, origen 
de conflictos üo terminados todavía. 

Si iiléxico cometió una falta lírmando esa 
ojnvención, eso nn le daba dei&obo de faltar á 
la fe jurada, como lo hizo, desconociendo luego 
el tratado en que habían puesto su firma el 
presidente y la reina de España, A la víoltición 
de loa tratados se siguió el horror del asesinato 
cometido en varios subditos espatioles por el 
partido demagógico en las provincias del Sur. 
Entonces el gobierno eapafiol pareció ceder á 
la irritación que esa noticia produjo en toda 
EspaDíi,, ,v anunció el envío de una expedición, 
que como tantas veces, no llegó á realizarse- 

"España, dice un escritor raexican<t, nos ha 
estado observando muy de cerca, desde hace 



más de cüati-o aflos, €n su calidad de madre 
nos lia tratado con la mjsina inaiüdita benev 
lencia, disimulando nuestros ultrajes, uuestr 
injurias y nuestra faíta de fe para el cumplí 
mieuto de los tratados. " 

La demagogia en México ha hecho siena 
alarde de despreciar el elemento espaEoI, p 
sentandlo á los españoles como usurpadore. 
del continente americanrt; acusaeíón que Si 
comprendería en boca de los indios, no en 1 
de raza espaílola, que. por va&s que digan, ni 
son simvli) que decía de sí miauío el yener; 
Terán: "Yo no me he ponsiderado nunca mai 
que como eapaflol rebeladí).*' En ese odio 
gritería contra la España no ha habido mas 
quG un arma de mal género para despertarlos 
temores de una reconquista, que ni los intere 
ses ni la lealtad de la España han hecho ven 
símil desde que reconoció la independencia. 

Además de los gloriosos recuerdos que ta' 
Espafia tiene en ¡México, la iKJsesión de las is^ 
■as de Cuba y Paertu Rico la imponían el de- 
ber de ayudarle á conservar su independencia, 
a, la vez que defendía sus derechos y salvaba 
los int*,^rescsde sus subditos. Porque sus colo- 
nias do las Antillas correrán on peligro cier 
el día que losEstadits unidos se apoderi 



os I 

i 




37 

golfo de México, pues aún suponiendo que lo- 
gre conservarlas, de nada servirá á España 
tener la llave del golfo, si no puede moverse de 
la entrada. 

Nueve representantes de España han fraca- 
sado en México; uno de ellos perdió la razón y 
murió sin recobrarla. 



CAPITULO V 

Los Estados Unidos. — Primeros ataques. — Ensayo de 

colonización francesa en Texasen 1815 — Concesio- ' 
íies de Expafia en 1819. — Proposición de compra 
de Texas. — Colonoa. — Sa rfíouelta.— Independen- 
cia de Texas.— Opinión de un americano Guerra 

oonMé.r.ico Pérdida de territorio Auxilio á los 

idtra-liberales. — Situación fjcográjica . 

Apenas consumada la independencia de los 
Estados Unidos, algunos aventureros, á cuya 
cabeza se hallaba un tal Nolland, intentaron al- 
gunas excursiones en 1801. Atacado en unos 
fortines por las tropas del virrey, fué muerto- 
aquel y dispersos sus compañeros. Pocos aaos 
después el coronel Burr, vicepresidente de los 
Estados Unidos, amenazó la provincia de Texas, 
objeto ya de su ambición, y convocó á varios 
aventureros para que se estableciesen en ella, 
lo que obligó al virrey á enviar nuevas fuerzas. 

En 1815 algunos franceses, antiguos soldados 
del ejército de Napoleón, conducidos por el ge- 
neral Lallemand y por su hermano, intentaron 



•i9 



fundar en Tesas i^na colonia paeífica que qo tar- 
dó en desaparecer por no contar con las ele- 
mentos d€ que di&poiiian los americanos del 

Uno de ellos, llamado Austin, obtuvo en lFiI9 
la primera concesión de terreno que hizo el go- 
bierno espaQol. Los colonos americanos acudie- 
ron en gi'an número, y se desarrollaron tan rá- 
pidamente, que al cabo de poco Uempo ocupa- 
ron de hecho toda la provincia de Texas. 

En 1824 propusieron los Estíidos Unidos U 
cumpra de Tesas por ruetiiu de su hábil y pa' x 
México í'uíiestu representante Mr. Foinselt. 
Rechazada esta proposicióa por el grpbJerno me- 
xicano, la política de los Estados ünitliis se re- 
dujo desde entonces á tomar posesión primero 
y discutir después, Los jefes de laemií^ración 
tesaiia, ayudados poden laanien te oun hombres, 
armas .y dinero, trataron de separar Texas do 
la provincia de t'nahuila, que se oponía & escla- 
vitud, y 80 sublevaron contra el gobierno de 
Méxioii. 

Loa colonos tésanos llamaron en su auxilio A 
loa voluntarios de los Eatados Unidos y forma- 
ron un ejército que fué batido varias veces por 
las trnpns mexicanas, hasta que al fin fueron 
éstas vencidas cuando las mandaba el general 



40 



Santa Anna, que fué hecho prisionero en Iflí 

CTi San Jacinto. 

A consecuencia de ese trianfo, Texas se dej 
claró independiente, coEstituyéndose en repú" 
blica, liawta que en 1&4G fué adaiitido como es-l 
tado. formando parte de la Unión Americana- 
El general Almonte, representante de México.] 
pidió sus pasaportes, y la guerra se declaró en- 
tre arabas trjpñblicaa. Esta anexión estaba pre- 
parada de antemano, y ya en 1837 escribía bI\ 
araericaneMr- Cbanning: "Hay crímenes qu< 
por su enormidad rayan en lo sublime. La tomi 
de Tesas por nuestros compatriotas tiene deré^ 
cho á este honor. Los tiempos modernos ni 
ofrecen ningún ejemplo de rapifia cometida poi 
particulares en tan vasta escala."' 

Eso9 partirjclftren, al obra^ así, olvidaron qü< 
Washington les dip en gii despedida: "Obseí 
vad con todas las naciones las regfa^ de la jua- 
ticia y de la buena fe. y vivid en paz con ellas-'* 

Deapné* de un ano de lucha> en que el ojéi 
cito mexicano fué batido sucesivamente» no pai 
falta de valor de sus soldados, sinopor laimpe 
rícia de loa jefes de entonces, México se vU 
arrancar casi la mitad de su territorio. En veín-í 
tidós anos de repiiblica, .México había pGrdid< 
ciento diez mil leguas cuadradas. Los Estndo£ 



41 



Unidos adcjuirieroa entonces la California y la 
provincia deNuevu México. 

El general Scott, que mandaba el ejército íti- 
voisor en 1847, aprovechó la ocasión de declarar 
& los mexicanos, "que babía un partido monár- 
quico entre ellos, y que los Estados Unidos no 
líodían consentir en queesepartido'sG levanta- 
ra y formase un gobierno que tendiese al res- 
tablecimiento de la monarciuía, y cuyo sistema 
no podían aquéllos tolerar en América. He ve- 
nido, afladfa sin rodeos Scott, para combatir á 
esa partido, he venido para destruirlo. " 

¡Asi entieriden los Estados Unidos la libertad 

y así respetan La soberanía de las naciones 1 

£ja mal llamada república había seguido arras- 
trando su miserable existencia, por supuesto, 
sieinpre en mala inteligencia con la do tos Es- 
tados Unidos, que presentaba sin cesar recla- 
maciones exhorbitanteSi hasta que en 1859 es- 
talló el movimiento inaugurado por .luárez. Ba^ 
tJdo éste en todas partes, se refugió en Vera- 
cruz, cuya plaza, una vez tomada, debía servir 
de tumba ala demagogia; pero esto no podía 
convenir é. loa astados Unidos, que hicieron 
un tratada con Juárez, por el cual en cambio 
de algunos millones que í^ste necesitaba, se- 
gún, decía, para acabar con sus enemigos, les 



42 



concedió todo lo que se baindicadn auterior* 
mente. 

A la vez que el goneiEj,! 3I¡ramÓn sitiábala] 
pkza de Veracruz por tierra, dos vapores me-i 
xicanoa debían atacarla poi' mar. Pero la vla-J 
pera del día fijado se presentó la fragata ame- 
ricana Santíoija, >■ á medía noche kg cokicci en-j 
tre los dos vapores rompiendo b)'uscamente so-j 
bre ellos un fuegt) oinrtífero. Loa vapores sej 
deXendierun lieroicanjente, pero tuvieron quaj 
ceder Ala superioridad de la fragata, que seU 
llevO á k>s Estados Unidoacon su bravo coman.-] 
daiito Marín, el cual fué enviado á una prisión] 
mientras iiue loa vapores eran dedaradnsi/iíe^ 
7í(í pri'xa pur las autoridades de la Umóu AiiiQ-' 
ricaiia. 

Xiraiuón levantó el sitio, y Juárez triunfan-] 
te en Veracruz, pudo uiantener.se allí obríindo' 
como presidente, hasta que, por la caída de 
¡ujUL»! general, le fué posible ocupar la ca- 
pital. 

Desde IB24 en que los Estados Uniclf»s echa- 
ron en Móxico la homilía republíeana, causa 
de la anarquía on que ha vivido, no se han 
apartado do su vi=t!( I-^í* ncont^ocimientos poííti- 
cus.aiustrand" 'ipat[us.v saau- 

jjji;, .,) ,,,....;,. viti^eracioDes podlü 



ÍS 



liacer mayores males al país, sin olvidar hasta 
la invasión de fílhfian, qme hasta aViora es lo Tíni- 
co en que no han acertado. 

La famosa doctrina de Monroe, tan desnatu- 
ralizada, ha servido de pretexto al intento de 
aislar completamente á la Europa de la Améri- 
ca, fuadáadoso además en que sa ííesíino nta- 
niAenip es ctnminar ec todoel continente ameri- 
cano. El territorio mexicano divide en dos par- 
tes á liis Estados XJnidiis. De Nueva Yorká 
California, ó de cualquier otropuertutlel Atlán- 
tico íl otro del Paciíticn, no puede irse sin do- 
blar p1 cabo de Hornos, ó pasar por el territo- 
rio mexicano, México tiene, pues, en sus nia- 
nus la llave del continente del Norte, del Atlán- 
tico y del Pacítico,y por tierra y por estos dos 
mares, de tiido el comercio que se hace en ellos. 

Tal cual hoy se presentan los acontecimien- 
tos de México, en on plazo no muy largo se 
apercibirán loa íjue en Europa han declamado 
contraía expedición de México, deque en las 
relaciones comerciales, que son hoy el gran in- 
terós de todas las naciones, habrá que bajar la 
cabeza ante los Kstados Unidos; pero entonces 
Aera üriii'rKttnlo Utrih\ 



CAPITULX) VI 

La Inglaterra fomenta la emancipación de. Im col 
nían. — Pra/iofícíón rfc tan cortes df. Cñdii.— hi^k 

(erra reOmioCt; ú Mr-i'tco.— I^nipréif/i(o.—~ifj)inüít 
de Palnursf'jn gijOre ?(>-« tj'jbiernoH republkafios. ■ 
Temor ti Ion Estados Uiiidu/f. — Defídén ¡jor la rm 
laf>.Jia.-^Iít^rfiset)f.ante británico. 

Pltt fué el primero que en Inglaterra mani- 
festó el dosetj de que las colunias ospañolag 
declarasfn su independencia, al estallar la r£ 
vuluciún francesa- 
La expedici6n inglesa á Buenos Aires m 
tuvij más obJHtofiHC' fomentar esa, idpa de (íinan^ 
cipación. Por eso cuando en 1810 estalló 
insurrecciñn en las cotonías españolas, la ] 
glaterra vio el momento propicio de vengara* 
del auxilio que la España había dadoá ios ata* 
ricanos del Norte, cuando se emanciparon, 
mismo tiempo que (lisniinnía el poder marí 
mo déla España. 

Así que no escuchó la proposición de U 
cortes de Cádiz que lo ofrecían, en cambio 




^ 



I 



apoyo que la Inglaterra prestase á Ja España, 
para sometei- sus colonias, la libertad de co- 
mercio prohibida i'tgurosameate hasta enton- 
ces en todas ellas. 

Más tarde, lord Canning, al recordar las 
iustrucciones dadas á lus cónsules para que 
ayudasen por todos los medios posibles á la 
independencia de las colonias españolas, se li- 
sonjeaba "de babor ilainado así un nuovo mun- 
do á la existencia. " Ea efect-j, la Inglaterra 
fué la primera nación de Europa que recono- 
ció é) -Mé'sico independiente, en cambio de un 
tratado que no podía por su naturaleza dar 
nunca á México una marina y un comercio na- 
cional. 

Ya para consolidar la iudependencia, como 
para asegurar á. la joven república la protec- 
ción de Inglaterra, losg'obiQruoade Méxice hi- 
cieron dos empréstitos, cuyo resultado fué. 
que de 100 millones de francos, /México no re- 
cibió mas que 5Í) millones. Lneg^o. ha liabidu 
tantos pastos de arreglos, de agencias, de ca- 
pitalización de intereses, de conversiones y 
convenciones, que hoy la deuda de 31ósÍco con 
Inglaterra sube á 330 millones de francos. 

lía Inglaterra no hatiucrldoconsiderar nun- 
ca esos empréstitos conuí ai fueran su propio 



crf^tlUo, i pesar de las rppeti*íaft instancias 
Jos tenedores de bonos; pero (a <lí!uda recoac 
cida poi' México en las canvenciunea diplomí 
ticas fqufí en 1803 ascendía á 2'» millonea d( 
francos), ha sido objeto constantemente dedit 
cusiónos con todos loa gobiernos de Mí^xico, 
más de una vez ha amenazado con bombardea! 
aquelloa puertos, 

Eji 1859. Lord Paimerston declaró en el parli 
mentó, al tratar de la cuestión de Mí-xicn, "qi 
el principio mismo del gobierno republipan< 
haco muy difícil para las oti-as naciones el tra- 
tar con los países en que esa forma de gobiei^ 
no SQ halla establecida.'" Pero eso no le impi- 
dió mostrarse siempre contrario al partido de 
orden en México, si bien en conversaciones 
privadas se mostraba favorable al estableci- 
miento allí de una monarquía. 

La política de la Inglaterra respecto á loa 
Kstados Unidna se reduce á no hacer nadaque 
les desagrade y así se explica su «ilencio ante 
laanexióixíle Texas, de la California y dt Nue- 
vo Jlóxico, ante la influencia de los americanos 
en el'istmo de Panamá, las invasiones de Cetv- 
tro América, la triste solución de U cueáti^ 
del Oregón, de la expulsión de Slr, Crampj 
ton, y tantas otras graves cuestiones no 




47 

sueltas tnilavla, Y eso que pensando en el por- 
venir, la InglíLtorra toni6 p(isGSÍ6n de las Fiei- 
mudaa desde 1G12 enfrente de las costas orien- 
tales de la Unión Americana, de las Bahamas, 
la entrada del golfo de Afíxico, y de la Jamai- 
ca y sus islas en las Antiiías. 

Sin embargo, el temor de una guerra con los 
Estados Unidos ha prevalecido siempre en In- 
glaterra sobre elinteri^s notorio que tiene esta 
nación de que aquellos no dominen exclusiva- 
mente en el continente americano, á lo cual se 
agrega su poca simpatía por la razn latina, La 
absorción de México ptii: los Estados Unidos, 
y por consecuencia la cxterriiinación de la ra- 
za latina, su presenta liace.tiempo á la Ingiatc- 
ria, tan inmediata é inevitable que, al manii'es- 
tar estos temores un ministro de México, en 
el Fun-ing Oí/í^ir, le respondió el ministro íoiílea; 
"¿Y qué mal habría en ollo?^' 

Después de la misión borrascosa de Mr. 
Mathews, el gobierno británico envió para 
reemplazarle á Mr. Wyke, que manifestó gi-an 
sensatez en sus primeros juicios, y cuyos pri- 
meros informes á su gobierno coutribuyeron 
no puco á que la Inglaterra tomase parte en la 
expedición armada á Veracruz- Pero como ve- 
remos ensu lugar, .^ír. Wykeee puso después 



I 



Í8 

del lado de aquellos mismos á quienes en des- 
pachos oficiales había llamado corrompidos é 
impotentes. ¡Arcanos siempre de la política in- 
glesa! 



CAPITULO VTT 

ha Francia ihirante la guerra éc. la iiulejicndeitcia. — 
Lareniinorf I,urn Fittijif.. — Gw.vra en lí^3^.—La 
Francia no tie mezcla fu h guerra eon los Estados 
Ujiiclo», — Mffhafñ'm de Mii}»>l.f.rin firifi'nAlrziro ij Bs. 
■paña en l<S''i7. — OOtieiifí la paz. 

Lii restauí'aciún se encontró eon la lucha em- 
pezada ya entre las colonias espafiolaa .y ia me- 
trópoli. Absorbida, con lo que se pasaba ea Bü- 
ropa. narla hizo pava secundar úcontrai-iar esa 
eioariLipaciún; pero lueg:t' trató en 1323 y en 
1S27 de llevar á cabo el establecimiento de una 
mnnMrquía, ctima veremos más adelante. 

Algunns afíds después, la restauración ad- 
mitió en Francia á loa cónsules de larepi'iblica 
de Mi^'xico. Luis Felipe lareennoció apAas su- 
bió al trono, como recunoció eu seguida la re- 
pública deTexas. 

En !H.18, ác(»naecuencia délas reclamaciones 
dp unos subditos franceses, l9S fclaciones sii 
mterrumpiernn entre México y Francia- Una 
escuadra francesa al nmndo del príncipe de 
Joinville, ae presentó en Veracruz, bombardeó 




y tomó cL fuurte de San Juan de üiúa, y atacáj 
A Veraci'UK sin ocupai"lc. Míxícoi?eiu(^ seiscien- 
tos mil pesos fuertes de indtMunizitción, y las 
relacinnes se restablecieron. 

La guerra de México con lií Eatatlí)^ uni- 
dos no preocupó nada al gobierno de Luis Fe- 
lipe. Es verdad que ella acontecía en 1847, en,' 
cuya ""'poca absorbía toda la atención la eues- 
ti6n de Italia; pero al tot-ntis i>adt) y debi6 pro- 
mover una demttstración diplomática contra la 
más injusta de las guerras extranjeras- Luis 
Felipe salió para el destierro, dejando el pabe- 
llón de las estrellas en el palacio de IMéxicii. 

En 1857, & punto de estallar una ^ruerra en- 
tre México y España porla cuestión de lüs cré- 
ditos y por el asesinato de varios subditos es- 
■paünles, el emperador Napoleón ofreció su me- 
diación a! presidente Cumonfort y á la EspaQa- 
Ella no fué aceptada, porque la España preten^ 
dlaqueMi^xicn reconociese previamente Jas ba- 
ses del arreglo, á lo cual se negaba México. 
Por la caída do ( nmonfort, subió al poder eí 
gteoeral Zuloaga, que se oíostró favorable á la 
España; pero antes deque se entablasen las ne" 
gociaciones, cayó á su vez, reemplazándole el 
geaeral Miramón. Ei4le,'cediendo á ]oslconse- 
jos de la, Francia, hizo celebrar un tratado ea 



51 

París, llamado Mon-Almonte, que restablecióla 
armonía con la Espafia, y por el cual fué decla- 
rado traidor, por orden de Juárez, el general 
Almonte y los que intervenimos en ese tra- 
tado. 

También con los representantes de Francia, 
durante las dos últimas dinastías, lia habido 
varias veces disgustos y rompimientos con los 
gobiernos republicanos en México: los, dos úl- 
timos ministros en México manifestaron leal- 
mente & su gobierno de 1858 & 18G1, que una 
intervención armada de los gobiernos ofendi- 
dos de la Europa podía únicamente salvar la 
vida y los intereses de sus súbditx)sy liacer res- 
petar los tratados internacionales que fueron 
celebrados con la Francia. 



CAPITULO VIII 

Proyectos de monarquía de Mr. de Chateaubriand y de 
Mr. deViüi'le. — Conf^piración del P. Arenas. — Pro- 
yectos de Gutiérrez de Entrada Meootucwn delge- 

veral Paredes. — Candidatos. — Proyectos del gene- 
ral Santa Anna.^Cañdidato¡<.~ Nuevas propcsicio- 
nes á España. — Pasos- de Álmonle é Hidalgo en 
Paríií. — IjOs gobiernos deXutoaga y Miramón piden 
la intervención europea. — Carta de Hidalgo al mi- 
nistro de estado español y sw folleto Opinión de 

la Francia. — Esperanzas perdidas. 

Las tendencias monárquicas que manifesta- 
ban las colonias españolas, hicieron entreverá 
la diplomacia francesa la posibilidad de una 
monarquía franco-española, y se llegó hasta 
pensaren el duquedeOrleans para las provin- 
cias argentinas: más tarde, las autoridades 
mismas de Colombia manifestaron públicamen- 
te ese deseó. 

A los esfuerzos de .Mr. de Chateaubriand se 
debió que Fernando VII aceptase la mediación 



53 



los principalos g:nbÍGrn(>s de Europa, "para 
Conciliar los intereses de Espaila, los de sus 
colonias y liȒi de la misma Europa." E! resul- 
tado que se proponía era la creación de monar- 
quías franco espjiñolas. aprovecbándose de la 
legítima mllueueia que la corte de Francia ejer- 
cía entonces (1833) ene) ánimo del rey Peroan- 
do. La obstinación de este monarca para no 
abandoTiar sus colonias y las intrigas de la 
Itiíftaterra impidieron llevar á cabo un pro- 
yecto que babrfií. asegurado la paz y la prospe- 
ridad de México y traída grandes ventajas & la 
Eoropa, sobre ttido á físpaüa. 

Mr. de Chateaubriand, cim el ubjettj de qui- 
tar á la Inglaterra el prcteitn que tenia para 
fomentar la emanripacióii de las culunias, ob- 
tuvo del rey de E.spanaque declarase libre el 
comercio con ellas, Así se crpía libre de las 
objeciones de la Injílaterra y en estado de po- 
der traerla á la combinación que había proyec- 
tado; pero durante eaa laboriosa n-^gociación, 
Mr- de Chateaiibriand dejó el ministerio, el 
éxito de loa insurgentes cundía rápidamente 
en América, y las colonias se transíormaron 
en república.s. 

En 1P27, Mr. de VillMo^ que había reempla- 
aado á Mr. de <'hatcaubriaiul| se firupuso rea- 



lizar el plítn tic Iguala por consejo dol raarqués 
CiDuy-Chanel. quien había contratado üii em- 
préstito para la regencia de Urg^l, trasladada 
ílespuds íi Madrid par oí duque de A'i:íulema. 
El luiírqués fué comisionado por Mr. de Vílife- 
]e para negociar con Fernando VII, á fin de 
que consintiera en que fuese emperador de 
México don Fram-isco de Paula, hermano del 
rey. S. M. se negó á ello; pero el infante e.sta- 
ba di&puesto á salir de Espníia sin permiso de 
su biírmano, .v autorizó al marqués para que 
negociase coa las autoridadeís uiexicanas, con- 
cediera títulos y empleos, iietíOL'iase un prás- 
tamu y ofreciera al gobierno inglés varias ven- 
tajas come I-cíales. Carlos X^ Á pesar de la opi- 
nión de Mr. de Villole, no quiso consentir on 
el proyecto luego que supo la resistencia de 
Fernando VII: perool marquií^s fué á Londres 
con los poderes del infante. No habtendrj que- 
rido moatrartüs previamonto á Mr. Caniiíng', 
éste se negó ú recibirle, y n(h pudo llevarse na- 
da á cabo. Un roinisterio estaba ya nombrado: 
el consejero Talleyrand debía ser ministro de 
relaciones exteriñres; el duque de Din<i, do la 
guerra; el conde dt* la Eoche-Aymon debía or- 
ganizar el ejército, y el capitán de navio Galluia, 
lii marina. El conde Belle-Ciarde, sobrino del 



55 



marisoa] aiiistriaco,et vizconde doAsticry otras 
pei'suDas aceptarun tambiéji otius empleus- 

EstOB priiyectos coincídieroTí tíon una cpus- 
pivación dlríííida en Míxicü, el miaroo aíiü do 
1H27, por un sacordi^te llamado Arenas, cuyo 
objoto era restablecer el dominio espaüol en la- 
antigua NuGva España. Arenas y otrn ecle- 
siástico fuerun fusilados. 

Desde entonces do volviii ú, haber nuevos 
proyectos de mcmai'quía, hasta julio de líH-IO. 
en ¡luo don Jasé Gutiérrez de Estrada dirínió 
al presidente de la república^ Bastamante, una 
carta' que publk^Ó, en la cual le proponía kc 
examinarasinücunvendríaconvocaí' una asam- 
blea que decidiera p' era 6 no oportuno cam- 
biar la fnrma de gobierno. Uamanda á un prín- 
eí|:e extranjero. 

Esta carta, escrita con el derecho que daban 
las leyes á tüdos los mexicanos para manifes- 
tar sus opiniones políticas, produjo mucho eni»- 
jo en las regiones subernamenUiies, y se vol- 
vió de moda, sobre todo on los funcionarios pü- 
bliros y generales del ejéreitu, hacer alarde de 
repubücauiamo, cosa nada peligrosa entonces 
y muy propia de quedar bien con el poder y 
con e] partido llamado allá malamente liberal, 
1 ViVof p| apéndice. 



5B 



La carta del señor Gntiírrez ts un documen- 
tii lleno de lógica y do sensatez, qwo valió á su 
autor ser persegutdu é insultado, no debLendu 
BU salvación mas que ala i'ug^. En aeguida vi- 
no á Ruropa, en donde su carta fué apreciada 
y Leída con el interés qne merecía nna cues- 
tión de esa importancia, y tratada tan per- 
fectamente por su autor. 

dncn años después, en diciembre de lS45, 
el general Paredes y Ai't'lllaga, tiue desde IS^t 
tenía la convicción profunda de que un trono 
pr>día sólo salvar á México de la anarquía y de 
la ambición de los Estados Unidos, se pronun- 
ció con la división do su mando contra el siste- 
ma y gobierno establecidos. Paredes convocó 
una asamblea de notables, siguiendo en estola 
costumbre del país, para (¡iie designara la per- 
sona que debía e-jí^rcet' la presidencia- Fué de- 
signado prr supuesto el miatno Paredes, que 
convocó un congreso constituyente: el partido 
monárquico cobró aliento y se puso á traba- 
jar con el ardor y seg-uridad que le daba la 
simpatía dn] poder, y estableció un periódico 
llamado I-U TU-mpo, dirigido bábilmente por 
Alamán, que publicó en él la memoria del con- 
de de A randa, ' 

1 Vt-aseel apéndke. 



Sin embargo, este plan no pudo reaiizarse^ 
portille el apoyo qtie se había prometida en Eu- 
i'opa no se le dtó tal cual se esperaba. El can- 
didato era el mfante don Enrique, hertoaao dol 
esposo de la reina de España, en cuyo país en- 
contró necesariamente el movioiientu, simpa- 
tíay Eipoyrj; pero lacaídade Paredes. áciue si- 
guió la guerra con los Estados Unidos, impidió 
lleva-rlo á. cabo, como aiíaso habría sucedido. 
No faltó entonces quien propusiese como can- 
didato á tm hijo de don Carlos, casándnlpcon 
la hija, de Isabel II, ó bien aun hijo de la reina 
Cristina. 

Disminuido el territorio, aumentada la po- 
bré?.a de la nación y e! decaimiento del partido 
monárquico, no volvió á tratarse de eato hasta 
1853. en que el general Santa Anna. facultado 
por la nación para darla la forma de gobierno 
que creyese más conveniente, resolvió pedir á 
laKiiriipa el establecimiento de la monarquía 
en México, Confió tan delicada misión al soüor 
Gutiérrez Estrada, que había iniciado, como 
homos dicho, en 1840. este pensamiento salva- 
dor; y este caballero, que conocía de antema- 
no las ideas polftícas del que esto escribe, le 
honró pidiendo al gobierno en 18ü4 se le nom- 
brase secretario de la legación en Madrid, en 



53 



vez de serto en Washing^ton. para dnnde iba á1 
saHr cuantío recibió su nombramiento para 
iMíLÜi'id y tüs Instrucciüiiea secrtitas üt?I ininís- 
tru de negocios extranjeros, señor BoníUa. 

Se i>(.'n.só fatfincips como CELnriidato en cl in-, 
fante don Juan, El seQnríJuliéri'eKtraijajócan 
actividad, pero cuando IloR-óá ^fiídrid el autor 
de esT.oa apuntos, acababa de oslallai" la revo-i 
luciúiique había conmovido á trda España; lue- 
go vino la guerra de Crimea j al año siguiente 
cajó del poder el general Santa Anna, sin em- 
bai'R'o de que contaba con un ejército nutnero- 
Bo que 36 había niantenidn ticl, lo cual dio pun- 
to á esta neg'ociación, que, contra la costum-' 
bro, so mantuvo secreta, liaata que en el inte- 
rés ÚG nuestra causa la imblicamus en 1802. ' 

En ISJiJ, aniena^íó la España con. una guen-a. 
agraviada por ia violación de los tratados y el 
asesinato de varios subditos españoles. En 
nue^ítro deseo de que no fuese una guerra de 
vcng'anza sino provechosa, el señor Gutií^rrez 
y el que esto escribe trabajaron para que. de 
acuerdo con la Francia, se salvase la nacionali- 
dad de México, estableciendo un gobierno fuer- 
te y duradero. Tratándose de una antigua co 
Imiia, la Espailano pudíar por agraviada que se 

1 Vi'iise «1 api^ndíce. 



5fl 



creyese, mirar con indiferencia la s^jerte de 
«US ]iernianoB de México, y eiseQor Pida!, que 
Rra entonces ministro dp natadn, oyó varias 
vocGs al autor de esUiñ apuntes, aceptando la 
ñipa que se habría intentado realizar, si Ins 
niinisTierios do España tuviesen más consisten- 
cia. Más tarde, y gracias & la Francia, las re- 
laciones se restablecieron entro M(5xico.v Es- 
paílik por el tratado >lon-Almante, celebrado 
en París. 

En ]Hri6. envió de .México ol partid'> monar- 
quicu á dos personas respetables, para que 
ofreciesen el trono al duque de Moiitpensier. 
S, A, ~R., sin recliazarlii. !iiai> alpunas nbservii- 
ciiinesquedejaban ver su circunspeccii'in. Siliis 
difitiultades de entonces se hubiesen allaniido. 
la Frnnciit no se habría opuesto á o.sa elewinn 
de los niexicanes^ 

En esta «'■poca, á pesar de nuesti'a modesta 
posición líficial, empezamos á tomar una partí' 
míl9 directa y aún la iniciativa, aprovechando- 
■nos de cuantas ncasíonea ae nos presentaron 
para hablar en favor de nuestra idea. 

Nuestras opinioneíi monárquicas, fundadas 
en la tradición y en las desgracias sin duento 
que la repíiblicaatrají'áMíxico, no nos liarían, 
sin embargo, desconocerlas dificultades que 



encontraría nuestro deseo de qur? la. Europa 
nos ayudase á salvar la. nacionalidad mexicana, 
constante raen te amenazada por nuestros pro^ 
piüs extravíos y por la codicia de nuestros pí 
derosos vecinos. La facilidad con que ellos S£ 
apropiaron más de 110 mil leguas de nuestrC 
rico territurin, es decir, de la mitad de la anti" 
lilla Nueva Espafia, no podía dejarnos ilusiór 
alguna de que Igua! suerte correría el que oba 
quedabii; pues que sin escavtneotarcon tantas 
desventurus, seguíamos por la misma senda 
que no3 debilitaba en el interior y nos liacfí 
ubjfto de menosptecio en el exti'anjoro. 
repetinsos. no teniamos ilusiones dequela Eu- 
ropa nos ayudase del modo úuico que podíaj 
dar un resultadu positivo, cual era una intt>r- 
vención extranjei-a que restableciese el orden 
material y diese las garantías necesarias para 
que la gente de orden pudiese con sosleg^o de-J 
cir ¡a forma de gobierno que prefería. 

Pero si nuestras esperanzas eran escasas, 
nuestra convicción era muy arraigada para que, 
al hablar de MéxicOt no manifestáramos sin' 
misterio cual era e! remedio único, á nuestro 
juicio, de aquella desastrosa anarquía. Asíqua^ 
en cuantos ocasiones fcunmos la honra de quEí™ 
se nos Imblaae de nuestro país en la corte de 



SI 



las Tunerías, é, dunde lus deberes do nuestra 
p4iSLCÍon nficml nos llovaron desde 1857, expu- 
ai 03 os con franqueza esas ítltíiis t]ue, aunque 
osuuchadas con benevolencia, no eranucogídaa 
comu u n punto de partida para la política de la 
Francia, que SI mostraba sincaros deseos de 
vernos salvados, no nos dejaba nunca duda al- 
guna de que estaba muy lejos de c\uc fuese 
ix)f los üiedioa que sugeríamos. 

Nuestras <ipimonea personales tuvieron bien 
pronto un apoyo inesperado con la entrada en 
el poder del general Zuloaga, que notiibró un 
ministerio conservador, el cual pidió oticia]- 
roeute á la Eiiri)pa que interviniese en nuestros 
asuntos, antes de que la nacionalidad acabase 
de desaparecer de una^sociedad próxima á des- 
moronarse. 

Era entonces ministro de México en París 
el genora! AJmonte y secretario el que esto es- 
oribe. Este general que desde joven hii.blii em- 
puísado las armas en pro de la independencia 
de Mi^xico, había figurado siempre en el par- 
tido liberal avanxiiclo, aunque sinaer participe 
de sus excoHiifí, En la milicia 7 en la diploma- 
cia liabtit ocupado elevados puestos, ,v se halla- 
ba desfíngaflado do que la intervención euro 
pea era el único medio de salvar la indepen- 



dt?nci:i de iMéxíco, y asegurar su prosporidad; 
grunde^íHi^Lin instituciones edecuad;t.s4uuesti'£ 
ravti y custumbres. De la desesperjiíiza. de al* 
ciiuztiiGl romediü por nosotros mismos, sui 
jíió tíu su honnidü pecho el sentiniento monár- 
quico puro, vivificadür, que le hizo renunciai 
á sus [intigUHs ídeds; confesión noble y llenf 
de abnegación tjuo resplandecerá como uno d£ 
loa -AcUifi más honrosos y meritorios de aii vij 
dii poHtieii. 

Las miras, pues, dfA nuevo gobierno niosi- 
cano fueron secundadas con cuanto empeñi 
fui posible por el general Almonte, que peí 
sinMilmente había sido bien acudido en la corte' 
(le Icis Tüllifc'fííi.s. 8Ín embargo, el sobiorno del 
gen^riii Zulnaga, si bien pedía ú. la Europs 
eapeciíilmente á Ja Francia, su asistencia, parí 
enderezar !ii. situación política de Míxico, nii 
se atrevía á hablar de cambio de forma de gt 
bienio, aunque reitlmento esa debía ser su in^ 
tención. Porque seríAsnponer á los individuuí 
del gabinete mexicano llenos de una inocencia 
que no tenían, ai se les atribuyese el designit 
de que el apoye» moi-al y material que solicita^ 
ban era para sostener en el poder á lafraccid 
áqueeflos pertenecían. 

til gobierno francés oía las razones del mid 



03 



ni'stro de México, lamentaba el estado en que 
nuestn» pHÍs st! «encontraba y nu íicultaba sus 
Bímpatlaa pui- ól, pero para tibrur tlts cualtiuier 
modu que fuese, exigía la cooperación de la In- 
glaterra, para probar de t'st.Li manera que no 
>rigabaaínbi;:ión ulguiia, ni quo taiiipncti se- 
ía una política de aventuras, 
íl representante mexicano en Londres, se- 
ñor iMnrpby, hai^Ea iguales gestiones cerca dol 
g-abinete de Saint Jaraes, el cual, sin mostrar- 
nos simpatía alguna, ni deplorar siquiera nues- 
tras desgracian, exigía para obrar la coopera- 
ción de los Estados Unidos, é- los cuales ha te- 
nido siemtfre. por razones de todos sabidas, 
una deferencia muy parecida ala sumisión y 
muy poco conforme con la altivez que muestra 
enEuE'opa. Eataexifjencia de Iri Ingluterra de 
querer que se conttise también precisamente 
con los Estados Unidos, era una manera disi- 
mulada, pero segur!), de impedir et iit;uerdn 
que se deseaba, puea sabia muy bien que los 
Estados Unidos no se cotnprometeríun á nada 
que diese por resultado salvar la indepen- 
dencia de México. Pero al mismo tiempo, y 
como quien qiiiei'e aparentar que tomaba al- 
guna iniciativa, aconsejaba lly tolerancia de^ 
cultos, como si el haberla, suprimido de todas 



m 



Tas coiistitccionea. janaás cuinpUdas, que S€ 
lian utorg!i.dü í!n Méxicd, hubíeae sido cauBüJ 
de que se persiga á nadie por sus croenciaM 
relig-iosiií*. El cuite» t>iiblkM'' de otras sectaa es ' 
una toleruncin. diynít de la époc.ti y una nocesj. 
dtid, cuando el número de extrñnjeros es tal 
que de impodirse pueda turbarse el ordea pú- 
blico; pero el gabinete ¡nglé« liiibrá visto .ví 
que á pesiir de que e! gobierno vepublicano ii< 
sólu pruclamó ia tulei-iinciUf sitiu ijup hasta re"] 
gal6 á los protestantes uno do nuestros mejo-j 
res templos, nu llegó á iibrlrse porque nadi( 
acudía 6, él. 

Era entonces el señor Calderón Collanfcesi 
ministi'O (Je estado de S- M, C. Recordando] 
nuestras relaciones particuiareacon él, duran- 
te nuestra penniínencia en Madrid, le envia- 
mos en iHüíí unos apuntes en que intentaba-^ 
OJOS probar el derecho que Espafia tenía df 
iniciar en Europa la cuestión de México, Sa- 
biendo que lii Inglatera á nii.da se prestaría sin] 
el consentimiento do li>s Estados Unidos, tra- 
tábamos de legrar siquiera que la Europa! 
arrancara á la Unión una tregua á sus amena-l 
zas 6 impaciencias respeto á Móxico. El minis-j 
tro ospafíDl, previendo que ese documentít po- 
dría serlo útil en lo venidero, lo conservó cui-] 



05 



dadosamente- Y en efecto, alg'o le fué, porqne 
ktacadn pof el diputado Olózaga, tres años des- 
pués, recuit'ió á nuestra carta para probar 
"que el primer ponsamíonto de la expedición 
á Músico, el de conservar la inte^ífidad de! te- 
rritorio, íué de los mexicanos lesidentes en 
Parí», como lo acreditaba, lo que ]e liabfa es- 
crito en 1859 la persona que más se había ncu- 
padü tle estus sucesos. " Y en upoyi) de sus 
palabras, nos honró con la lectura en el con- 
greso de los siguientes párrafos de nueati*a 
curta: 

"La España, que en su calidad de potencia 
católica pronnvvió en 1819 uncungresoeurnpcn 
para resolver la cuestión de Roma, puedo hoy, 
en su calidad de potencia que posee colgnrus 
en América, y como representante genuino de 
la raxa española que allí habita, promover que 
en el congreso europeo que va ¡I reunirse, se 
trate de la cuestión de América, ó bien enten- 
derse directamente con la Francia y la Iiiglíii- 
térra para invitar á. los Estados Unidos ó, íjue 
el protectorado en .'^léxico sea colectivo. Loa 
Estados Unidos no pueden alegar razón ni de- 
recho que justific|ue una resistencia para dejar 
que el Occidente de la Europa tome parte en 
un ttcto de tanta trascendenciiK y que también 

4 



m 



le interesa mochísimo- Así pudra la Espaflí 
asegurar de nuevos ataques é insultos aua poj 
sesiones de América, y ¿«'esítij- un gran servil 
vi-o (i 8UH heriiKmoH de ni¡u.eL vontíucnte. 

"Lo que se propone ea una cosa tan natural 
tan justiL, tan sencilla, que para llevarla acabo" 
ni se habrá de recurrir á (as amenazas, ni pre- 
sentará temores de guerra. Por grandes yM 
fuertes que sean los Estados Unidos, nunca < 
tendrán la, temeridad de querer oponerse á la 
voluntad de las grandes potencias europeas; 
como en este asunto no se trata ni de violació 
■de tratados, ni de exigimciafi ofensiüan, ni d 
conquista de territorio, los Estados Unidos n 
podrán menos de prestarse á un arreglo qu 
dé por resultado un protectoracío colectivo 
México, y el respeto á las posesiones de 1 
EspaBa." 

La política que nos tomábamos la liberta 
de aconsejar á la España, nos parecía la mái 
conveniente á sus intereses y muy propia de 
la Inciativa de una gran nación; pero sea que 
no fuese comprendida, ó lo que es más proba 
ble, que no tuviese aquel }íubierno ia decisióo 
de proponerla, ello es que obraba como si la 
Espaíla no tuviese gloriosas tradiciones e 
América, ni colonias que proteger. 



'4 



67 

Coa el título de Algimas indhaciimúH acerva de 
ta intervención tnrope<^ ert Méxic.í>, publicamos 
en aquella época uo folleto ' en que nos propu- 
simos hacer ver la necesidad para ambos mun- 
dos de esa intervención; pero en Emopa nada 
logramos con ella, y en México no di6 valor á 
nadie para tratar públicamente de esta cues- 
tión. 

Al gobierno de Zulcjaga lygió el del general 
Miraraón, cuyo ministro rejittióá los represen- 
tantes en París y Londres las ¡natmciones del 
anterioi', y el presidente Miramón escribió con- 
fidencialmente h1 seSnrGutiérrez.que se halla- 
ba establecido en Rama, para que ti'abajase 
también en e! mismo sentido. 

Por 3U parte, el partido conservador en Mé- 
xico dirigía sentidas exposiciones al empera- 
dor Napoleón y al gobierno ingles, pidiendo la 
protección de ana naciones para salvar al país 
de la disolución que le amenazaba, y muchas 
de las dignas personas que armaron e&as ox- 
posiciones ban prestado en estos iSltímos tiem- 
pos, distinguidos servicios y mostrado mucha 
inteligencia y patriotismo. 

Se ve, pues, que ni nuestras gestiones per- 
sonales desde IBá" hasta IBfil, ni las oficiales 

1 Vénee el apéndice. ' 




68 



de la legación ea París, ni las del partido coi 
servadíiL- alcinütafun éxito Klgiino cerca del ge 
bierno diii emperador Napoleón, que consumí 
oenevoloncia, pero am toda lealtatl, fiecla.r| 
constantemente que no obraría en esta cupe 
tiún sino de acuerdo con la EwpuQa y con lall 
glaterra, que tenían los misinos derechos qi 
la Francia. Esta es la verdad y conviene q«i( 
esto se tenya siefupre presente. 

Juárez triunfó en 1861 del modo que heme 
dicho. En mayo del mismo ¡iflo se tuvo la idí 
tle ofrecer la corona de México al duque d< 
Módena, cjuo acababa de perder sus Estados, 
perú no su ejército, y que tiene^ ó tenía enton- 
ces, una inmensa fortuna- Pero uu diplomáti- 
co, conocedor del carácter del duque, no3 acon- 
sejó desistiésemos de hacerle la proposición, 
sefíuro como estaba do que no la aceptaría por 
razones que nos decidieron á prescinnüir de tal 
intento- M 

La seguridad de que la Espaíia nada haría 
en América por ai sola, ni tampoco la Francia,_. 
sino de acuerdo con la Inglaterra, (jue ósta n 
se moverla .sin la venia de los Estados Unidos, 
y que ésto.s no consentirían jamás en nadaqu 
pudiese, no ¿fa favorecer las ideas monárqui 
caá, sino ni íu'm ol establecimiento de un go 



bierno fuerte y duradero, nos decidió ácesar 
en nuestras gestiones y á resignarnos á ver 
desaparecer poco á poco la nacionalidad mexi- 
cana, mortificado nuestro patriotismo y aba- 
tido nuestro corazón. En la segunda parte de 
estos apuntes veremos las causas providencia- 
les que nos movieron á volver á entíLblar la 
cuestión monárquica, y que explican el esta- 
blecimiento dtíl segundo Imperio mexicano. 



SEGUNDA PARTE 



CAPITULO I 

l¿r¡)ulfiwn dd emhajaditr dú España. ^Propo^'cionea* 
yai'.illca» dfi e,ntti tjúbún-an. — Ofiinión del almirante. 
Danlup sobre la mnnarifuiíi . — Situación de Mfxicnm 
deinTila por el mitmii'o ■infflt''<.^^l^tdfi la inierven-M 
cián crlranjera. — AlmprUnit n Ityf eo'traiijer'oíf. — E[ 
viinii^tro dfí Francia pidf la intertrc.nñón armada. 
— Amhos ■oiün'.'ííríi.s rompen sus relaciones con 
gnhii'.yno ■mp.rjcauu. 

Sontailo Juárea otra vez. por el favoi- y la| 
gracia de los Estados Unidos, en la anheladí 
silla presidencial de México, acnmpafiado di 
todos los desórdenes de que ae ha hablado en^ 
la primera parte-, uo tardó su gobierno en dar 
I ugar ¿ un serio rompimiento con ios represen^ 
tantea de Esparta. lagflaterra y Francia. 

Al entrar ea ^México, su primer cuidado fu< 
expulsar al represeatante de España, que 
nf n el elevado carácter de embajador. Este agrí 



TI 



Tior^nía á aumentar !os muchas deque seque- 
jaba España; siendo los principales el que no 
se quería reconocer el tratado 31 on -Al monte, 
las indemnizacLonos á algunos subditos espa.- 
Boles y Sos asusinatos de otros ea lua inomen- 
toa en que se celebraban las fiestas de! aniver- 
sario de la emancipación del dominio de la Es- 
paña.' 

Edtos motivoa, más que suficientes bajo si 
punto de vista de esta nación, para intervenir 
en iMóxicOf no decidieron sin embargo al go 
bierno de Madrid á tomar una actltad hostil, 
hasta que, como lo vamos A ver, los represen- 
tantes de Francia é Ing-Iaterra se decidieron á 
romper coe Juárez- Lo único que la Elspafia se 
propuso entonces fué intervenir en México 
/íficOítíOí/ie/tie, reconciliando á loa partídoa. La 
Francia y la Inglaterra se prestaban auna in- 
tervenciún meramente paeííifia, y esta seg-unda 
potencia, según sn cost-unibre. recoraendahí 
como el medio más eficaz la libertad de cultos! 
que nada tenía que ver en la lucha de los par- 
tidos. Esta indicación fué desechada como in- 
oportuna. 

El enojo del gobierno espaEsnl por el -último 
agravio» la expulsión del embajador, se calmó 

] Docuinüiitca prcttíJitttd(.is ni cutigri^eo español. 



r' 



ropoiitinamcate, y dio iugtruecionea a! ropre- 
ytíiitíLnte de Francia para reanudar tas rulacío- 
nos con Juárez y arreglar las cuestiones pen- 
dientes, lo cual no dio resultado alguno. Juárez 
pur su parte, deseando ganar tiempo, nombró 
un i-epresentante pai'a Madrid, que no llegó á 
presentarse en aquella corte. 

El gobierno inglés no lia ignorado nunca la 
situación de México ni las aspiraciones legíti- 
mas de Ingente de valer; pero sin simpatías por 
la raza latina y con resolución irrevocable de 
nu disgustar á los Estados Unidos, era natural 
que ningíin interés ie inspií'ase las desg-racias 
de México. 

Sin embargo, en estos últimios tiempos, sus 
representantes lian tenido qup hacer confesio- 
nes preciosas acerca del remedio único que te- 
nía aquel país. El almirante Duniop escribía 
oñcialmonte á su gobierno: "Si la cuestión fue- 
ra sabor cuál es la forma de gobierno que para 
el restablecimiento del orden, y de un orden 
de cosas estable^ contribuirla al bienestar de 
Míxico, no hay duda alguna deque una mo- 
narquía cojistituciunal sería la más propia 
para este resultado, estableciendo un poder 
central que consolidase la paz en la nación; 
siendo tal vez la única forma de gobierno 



73 



«ÜE PUKDA ESPEUAItSE SEME.3ANTE RESUL- 
TADO, " 

Sir CliítrlesAVyko, representante de Ing-lato- 
rra. escribía á su gobierna en inayn de 1B61:' 

"Etiti'etantoel congreso, en vez de dar fuer- 
za al gobierno para acabar con el liürroroso de- 
sorden que reina en todo lo largo y lo ancliü de 
esta tierfa, se entretiene en disputas sobre 
varias teorías deí llamado gobierno y princi- 
pios últra-libe I-ales, mientras la pai'te respeta- 
bledo la población queda entregada sin defeuaa 
á los ataques de ladrones y asesinos que pulu- 
lan en los caminos y en Jas callea de la tíapital. 
El gobierno conatitueional no puede uiantoner 
su autoridad en los varios Es,tados de la fede- 
ración, que de hecho se hacen perfeetauient(^ 
independientes; de maniera, que las mismas 
causas que disidieron la confederación de la 
América Central, y que obran aquí, produci- 
rían probablemente el mismo resultndo. 

"La -única esperanza, de luejura que puedd 
ver, se encuentra en el pequeño partido mode- 
rado que puede subir al ujimdo antes que todo 
se pierda, para salvar á au paia de la ruina que 
le amenaza- 

"Las facciones comÍjatLGntcs luchan para 
1 Doc UfuentOiS preaf!Dtfid<u al parlAmt.'atn ingJés. 



apoderarse del puder, á Kn de satisfacer su co- 
dicia 6 su venganza; entre tanto, el paf a se hun- 
do más bajfi cada día, mientras la población se 
ha bnitalizado y degradado hasta un punto que 
causa horror pI contemplar. 

"Tal es el estad» actual de los neg"ocios de 
México. V. S. comprenderá que hay poca es- 
peranza de obtener ju'^ticia de semejante pue- 
blo, excepto empleando la fuerza para exigir 
con ella lo que la persnación 6 las amenazas no 
han podido conseguir hawta ahora. " 

Véase lo que un mes después, el 25 de junio, 
escribía el mismo Sir Charles Wyke á su go- 
bierno: 

"La lectura Je inis anteriores despachos ha- 
brá iiecho ver á V. S. que no puede haber con- 
tianaa alguna en las promesas, ni aún en Jos 
comprumJiíDS formales del gobierno mexicano. 

"El capitán Aldlüim, que durante trea años 
haeatadíado bien el carácter mexicano y la 
manera de evadir i9ua compromisos tan pecu- 
liar áaus gobiernos, es de opinión que ha pa- 
sado e! tiem[>0 de lenidad, y que si queremos 1 
proteger las vidas é intereses de los subditos 
británicos, es menester emplear medidas coer- 
citivas. 

"Desde el momento en que demostremos 



7S 



noestm determinación de no permitir por más 
tiempo que los subditos británicos s^^an roba- 
das y asesmados loapunemeDíje, soreaios res' 
petados, y todos loa mexicanos sensatos apro" 
harán una medida que ellos son los primeros 
en confesar que es necesaria, á fin de poner 
término Á los excesos que cada día y cada hora 
se cometen bajo un gobierno tan corrompido 
como impotente, para mantener el orden ó ha- 
cer que se ejecuten sus propias leyes" 

Y todavía el 2& de octubre, cuando la expetli- 
ción estaba ya decretada, decía et mismo señor: 

"La experiencia de cada día tiende solamen- 
te aprobar cuan totalmente absurdo es el in- 
tentar gobernar el país con las limitadas facul- 
tades que se conceden aE poder ejecutivo por la 
presente constitución ultra-liberal, y no veo 
esperanzas de mejora, como nu venga de una 
intervencián f.rtranjtra, ó de la formación de un 
gobierno nai-ional, compuesto de los hombres 
principales del partido moderado, quienes por 
. ahora carecen del valor moral y temen el mo- 
verse, á menos que no tengan el auxilio mate- 
rial de afuera- 

"Afortunadamente, en este momento el de- 
partamento de hacienda fué ofrecido á una per- 
sona de considerablñ mérito social y poHtií 



•M 



monte, al Sr González Echeverría, y quo aca- 
baba de llegar de Europa, con el fin de arreg'Iar 
sus negocios en el país, antes de dejarlo para 
siGuipré- 

"Sin embargo, cuando elSr. KcheverriaeJía- 
mínó el estado de su departamento, cnontró 
todo en tal estado de confusión,, que rcihusú to- 
mar sobre slla narga. Entonces ra,e pidieron, 
t-cimo única esperanza, que le viese: durante 
nuestrn. entrevista, me llamó tanto la ¡itenciím 
su buen sentido connín y la clara idea que ha- 
bía formado de la situación de su país, que 
procuré persuadirle á que aceptase el pues- 
to; al principio i'ehusó. diciéndome que erade- 
masiado tardo para hacer ningún bien, j que 
estaba persuadido de que nada podía salvar ya 
á l^lésico, sino la. infervepai'v «"rtratrjrra: ^ pero 
tengTi el gusto de decir que al cabo logró que 
asintiese A mis ruegos." 

De clontle resulta que los representantes de 
la Oran Bretaüa reconocían dos cosas: 

1^ Que el orden, y la prosperidad en México 
no podían lograrse sin la forma monárquica, y 
que ésta no podría establecerse sin el apoyo de 
!a Europa al partido conservador. 

1 KsUi último dijo tatiibién p^l señor González y Kche- 
verría un París, cu miiyu de ¡■Sfll, al que eecribe estiM 
a,pu titea. 



rr 

2? QuG la intervención armada era indispen- 
sable para impedir que "los sübdit-js británi- 
tioa fuesen rubadus y asesinados impunemente, 
bajo un g-obierno tan corrompido como impo- 
tente para mantener el orden ó hacer que se 
ejecuten sus propias leyes," 

La de 17 de junio de 1861, votnda por el con- 
greso mexicano, mandí) suspender oí pago de 
las convenciones estranjeras, lo cual pu^^o tér- 
mino éi la paciencia de los representivntes de 
Inglaterra y de Francia, que roitipieron sus 
relauiones con el gobierno de Juárez- 

El gabinete inglés tuvo al fin que decidirse 
por la intervención armada, 

Veamos aliora lo que pasaba con la Francia. 

Juárez habla entrado en México en enei'u d.:: 
1861, y en mayo escribía el ministro de Fran- 
cia á su gobierno: "La formación del nuevo ga- 
binete, á cuya cabeza se halla el Sr. Zarco, ha- 
bía comenzado á tranquilizar los ánimos, ('uan- 
do repentinamente muchas tentativas de ase- 
sinatos, renovadas con pocos días de intervalo 
en las caHes de la capital han venido á arrojar 
la consternación y el espantu on la población- 
No se pasa día sin que al caer de la tarde, en 
todos los punto-s de la capital, lo mismo en 
los bari'ioa más desiertos, como en l<is más po' 



bladtis, iDuchas porsouas no sean atacadas por 
los aseainoa. Pero lo que se nuW desde un prin- 
cipio, fué que esos ataques nocturnos, coasu-' 
madns más de una vez hacia Jas siete de la no- 
che, en la calle más comercia! y frecuentada, 
se dirig-ían exclnsivamente á loa extranjeros. 
Eít pufial de los asesinos se dirigía principal- 
mente contra los franceses y los alemanes, " 

El. -S de abril: "en el estado de anarquía, ó 
mejor dicho, de descomposición social en que 
se encuentra este desgraciado país, es. muy dl- 
ñcU prever el aspecto que tomarán los aconteci- 
mientos- Una sola cosa me parece demostrada, 
la impasibilidad de quedarse en el siatu (¡ao. 

"Todo indica que nos acercamos á una nue- 
va rovoluciún. En este estado, me parece ab- 
solutamente necesario que tengamos en las 
costas do México una fuerza material bastante 
para atender, suceda lo que quiera, ala protec- 
ción de nuestros intei'e.ses." 

El 12 de junio: "Al dar cuenta á V. E. de mi 
enti'evista con el señor Guzmán, no rae queda 
por aaadir sino la i>üca confianza que tengo en 
la nueva administración; y que la posición de 
este gobierno rae parece además tan precaria, 
que creo más que nunca en la necesidad de to- 
mar sin retardo nuestras precauciones, y de 



79 



ponernos en estado de apoyar por la fuerza, si 
fuese necesario, la justicia de nuestras recla- 
maciones. No pudiemla ef gobierno discutir 
loa principios, trata evidentemente de g'anar 
tiempo, ayudado de mil astucias, y de eludir 
bajo tales pretextos el cumpHmieato de sus 
compromisos." 

El 29 de junio: "'Las demandas, los présta- 
mos forzosos, las confiscacioiies, las vejaciones 
de todas clases, están á la orden del dia; tres 
de las personas cumprondidas en el pré.stamo 
forzoso por 4R.Ü00 pesos cada una, han sido 
arrojadas ayer en !a cárciel y amenazadas ctm 
el liJlimo suplicio si antes del 7uf'/fc< (ií(/ no ha- 
blan entregado 50>i!00 pesos cada una. Los ei- 
tranjeroa, como V. E. comprenderá, no son 
respetados ni en sus personas ni en sus pro- 
piedades, y el gobierno no hace nunca caso de 
las quejas quele dirigen los representantes ex- 
tranjeros. Anteayer, un residente extranjero 
fu6 á quejarse al g:eneral Zaragom de no sé 
qué demanda forzosa y se le contestó que sin 
duda tenía razón, pero que en la posición en 
que ss bailaba g1 gobierno liabía resuelto apo- 
derarse de todo lo que conviniera, sin cuidarse 
ie las reclataaciones de los ministros extrañ- 
aros, ui de sus escuadras." 




m 



E] 5jdG julio: "Poi- lo quettica á los fondna 
robados á la convencíión francesa, después de 
liabei" ii|y;otad{í el deyarLamontu de felaclunes 
exterioroa y aún el mismo presidente, todoa 
]f>8 medios dílutori'w, despreciando los com- 
promiaos de honor contraídos conmigo on pre- 
sencia de ttidü el cuerpo diplomático por los 
seflores Guzmán y Juárez, han rehusado for- 
malmente devolvefuie ese dinero, apoyándose 
en el artículo 8^ do la convención Penauct. el 
cual condena furraalinenteeata pretensión- Es- 
toy convencidü más que nunca de qae la ÍUBr- 
za solamente podrá obligar á este gobierno 
á cntnLilir sus eomproraiaos con nosotros." 

El ministro de Francia dii'j además cuenta el 
27 de julio de 1861, de que el congreso mexica- 
no había votado en sesión secreta, y el pre- 
sidente aprobado la ley suspendiendo por dos 
aflos el pago de iaa convfnoiones extranjeras. 
Este tlespacho concluía dici'5nd'): "Sir Charlea 
Wyke y yo hemos considerado la situación ba- 
jo el mismo punto de vista, y hemos obrado de 
Completo acuoi'dti vompiendu nuestras relacio- 
nes con el gobierno mexicano. Esta determi- 
nación ha producido una profunda sensación. 
FjU polilación francesa está unánime en su in- 
dignación contra este gobierno y en su de- 



gec> de ver aplicarle un caatig-o pront*! y ejem- 
plar.^' 

El 4 de agosto: "Debo decir una palabra de 
las maniobraü puestas en juego ptir ciertas 
gentes para usiistar á ius franceses residentes 
en esta capital. Muchos de entre ellos me han 
traidí* esquelas anónimas ecliadas [Hir la ni^he 
eo sus caaaa, cüiiteniendo amenazas de muerte 
y de incendio. Nueati'oa nacionales no se lian 
dejado intimidar por estas maniobras, que to- 
dos atribuyen á los agentes subalternos del 
gobierno," 

Kt gobierno francés aprobó completamente 
la ctmducta del soñor de SaJigny, y protestó 
de un modo enérgico en su despacho de 5 de 
septiembre Cfintra la de¡ gobierno de Juárez, 
instruyendo al sefior de Salijíiiy dei acuerdo 
que iba á establecerse á este respecto entre 
los gobiernos de Francia y de Inglaterra. 

Del 20 de enerii, es decir, desde la entrada 
de Juárez en México, l:m:3ta el 11 de agosto, 
once franceses habían perecido á puñaladas y 
tres más habían sido heridos gravemente: to- 
d() después de haberlos robado. Otros fueron 
peadnA, robados y rodueidos íi prisión. 
1 llj de octubre escribía ai'm el se^ñor de Ha- 
Hgny: *'U.ih habitantei:^ iiaclficos, saqueados un 

B 



día por nn partido, al dia siííuiento pur otn 
ur^diis liuc las auli)ridiidt!s iiiisinaK, su vei 
obligados parji poner A sílIvo su exíattíneia, 
abímdünar siia propípdadps y á buscar nii reí 
fugio en !íis ífrandoa ccnlrns de población; 
cadfi instnnto rpcibo tle todas partes quejas dí 
nuestrnx naciunales, pidiondu reparaciifm d< 
nuevos utentHdos y rcclamandotinit prutíjccifii 
que "no &stáen mí inanoasegurai'Ies. . . Desd* 
hace cuarenta y '^cho huras, los agentes de h 
iLUtni'idiigt, sin har.f r caso de las representación 
nes de los estriin,ierns, echan mano de todu ít 
qup Piiouentraii. Cuntra nuest7-ns nacionales, 
sobie todo, pL'ocodca con una brutalidad y ana\ 
iDselencia anUí laa Püales no poedoj mientras 
Heg'alahora del castigo, sino recomendar &\ 
los Rilbditos del Kinperador la pacieneía y la] 
reííig'nación." 

F,\ seJlorThouvenel aminui»') en lin al setlor dé 
Saligny, tpie una división naval al míindo del 
contralmirante Jinlen de la Cír-aviíu'e iba 
presentarse en "1 golfo de Mi^sicn para obté-. 
ner las sa(.isfaccioneaqiiee>fig'ia la dignidad df 
Id Francia, añadiendo que los gabinetes d? Es- 
paña"? Inglaterra trataban taiübien en aquelj 
momento de las condiciones de una interven- 
ción común. 



83 

Hé ahí probado, coa. documentos irrefuta- 
■J)les, el verdadero origen de la intervención, 
europea en México. Los que á ella se oponían, 
mientras nosotros presentábamos la cuestión 
como de humanidad y civilización, tendrán que 
cop.venir en que en la acción de las potencias 
europeas ni hubo influencias extrañas, ni acu- 
dieron ala voz de unoartido, sino por un deber 
de dignidad que el interés de esas naciones y 
de^us subditos reclamaba imperiosamente. 




Defldc que habfaniMS iiodido convencemos 
.de qtie Ja Rspaüa. á posar de sus condiciones 
npi'ciale», no habfa de ir solu á M^xicu, y dt> 
que la Francia, en su prudoncia> quería obnu* 
rtf» ru;uerd<) con ella y con la Inijlaterfu, nos ha- 
litftro'irt encerradí> restíecto á MáxiciJ en el si- 
lencio que la cordura aconsejaba. 

Hat)6iidono8 en Biarritz, recibimos el 3 de' 
neptifiínbre de 1861 la noticia debaber rotólos 
repr&HOn tantea de Francia é Inglaterra sua 
relacionen c<jn Juárez. Dos ó tres días después 
supirnDH lie un nidtto cierto que ta Europa 3e 
dÍApüiifa f!i enviar sua fuer/^s Á, México. A 
ver que iba á ¡ntoi' venir allá, pnrqueaaí la con 
venía, Hui'gi6 en nuantros tmaideii, que habrlti] 
ocurrido A cuaUjuiora que se liubiese encon- 
trado en nueflti'ft posición. 



ss 



Compi'eud irnos que la Europa en su genero- 

sidüd na podría menos de tender una mano 
aalvadcjra á la gente de orden que iba á apro- 
vecharse del que debía producir la presencia 
de loa aliados para establecer un gobierno 
fuerte y honrado que salvase á Mésico y los 
intereses de la Eutapa y de sus subditos allá 
residentes. 

Nuestras perdidas esperanzas cobraron nue- 
vo aliento y vida ante la magnánima acogida que 
encuntrarou nuestras respetuosas indicacio" 
nes, las cuales no podían ir más allá de lo que 
consignó con tanta lucidea Mr^ Tbouveuel en 
sus instrucciones al contralmirante La Gra- 
viere, como vorenius después- 

El convencimiento que teníamos del espíritu 
que reinaba en toda la parte sana de la pobla, 
ciún, no podía dejarnos duda alíjuna de que la 
era de ios presidentes babía concluido, y que 
seríala monarquía la forma de gobierno que 
e! país adoptaría para salvarse, como la más 
adecuada á sus tradiciones. 

La. cuestión de candidato no dejaba de pre- 
sentar sus dificultades. Klegir un príncipe de 
alguna de las naciones interventoras habría si- 
do iui[>oIítico: esto salta á la vista, Lo máa na- 
tural, lo más cuerdo, lo más acertado, era vol- 



Hfl 



VGi" la vista atráw y recoi-rtar p1 plan de Iptiala' 
pvfwlanmdd iMtr Tturbide, e-n i|np so lliimaba 
al trono de M6xici.>, entre otros, & un archidu- 
que de la. casa do Austria, y los^pasoa queotraj 
vez había dado on Viena el spCor Gutiérrez con 
el mismo f>bjet(i- 

El nombre del Archiduque MaJíimillanü se 
presentaba natiiraluient? en eMta rnyuntura, 
atento A que había adquirido cierta populari- 
dad en Europa por aus Ideas de progreso y 
por sus tendoDcias durante el tiempo que go- 
bernó la Lombarílfa y la Veneeia, Tndü lo que 
de S, A, I- y R. se sabía, nos llevaba ácreerli* 
el más íV propóftitopara la reg'í'neracióii do un 
país trastornado por r-uar-pnía añns de una 
sangrienta ananiufa' 

Apenas hacía dus acos que la Francia había 
luchado con el Auj^tria. Pero el emperador Na- 
poleón ao sólo no se oponía á ese candidato, 
RÍnn que reconocía las eraudes cualidades que 
en el respiatidecían, y no ocultaba las simpa- 
tías que le profesaba. 

No creemos t;quivocanujs al asegurar que 
cualquiera que hubiese sido el príncipe elegido 
lior México, aun de esas dinastías notoriamen- 
te hostiles á la g"loriosa que reina en Francia, 
el Emperadorno se habría opuesto ásu eleccií'm; 



^7. 



L*j qnó no ba querido minea eJ Kmperador. ki 
que nos dijo dpsd'i el mocüonlfi í-fiD toJa dari- 
¿lüd, es que !a Francia uo había il(! iv á impu- 
ner á ^léxico ningún candidatn. Una cnaa era 
roconocer las prendas dol qne México intenta- 
ba proclamar, y otra el comprotuisoí-V? ponerlo 
en el tronnj por las Eueraas do la Francia. Así 
esta eueatiúTi dí.'bía ser excluaivaiüt-nk- mexi- 
cana; á liis mexicanos tocaba sondtai' :jI Archi- 
duque y lu'íjciainarla, y á Ja Francia mostrarse 
generosa pn todo iujuello ú, que no se oijusicaen 
sus intorc-ses; pera nunra lIe\'aL' d, México un, 
lilan político en Ja [lunta de soa bayonotas. 

Esta es la verdad; asi tíui'griú la candidatura 
del Arcliiduciue MuximUiano (que valió al que 
esto escribe ser llamado en son de burla iiu*;vu 
Wírrivili'), dñ origen esclusivamfnte mpxicano. 
Eso de trocar la Venecia por México es nn 
cuentrf> inventfido por la malicia ó por loa que 
Gn todas las cosas han. de ver siempre alfío do 
fK:u¡tu 6 misterioso. 

Til hombre que estaba indicado natumluienlo 
para ponerse al frente on Míxico d»-- tan meri- 
birla empresa» era el genevíil AUiionto, como 
que proficua ba las ideas monárquicaíi ,¥ acababa 
4e tt;>*iiijav por la intervención europea, de 
ord.-M .1.* (ios gobiernos seguidos de Mósito. 




m 



Había venido á Francia despuós de represen- 
tar á au [lals en Inglaterra, y tctiía la circuns- 
tancia especial do liabcr tii'mado el tratado 
que restableció las rela.f;ionBS cnn Espatla* 
Además, desde su permanencia en Eurnpa, 
todos los hombres de importancia de Móxicn-I 
estaban en relaciones con él, de quien espei'a 
ban y á quien rufíaban constantemente pidicse'l 
la intervenciión europea. Se pensó, pues, en que] 
marchase & México, pero se aplazó su viaje pa- 
ra que lia se dijera «ine entraba en su patria^ 
llevado por las fuerzas extranjeras. 

Quedaba por negociarse la candidatura del J 
Avphíduque. No nos era posible olvidar laini-¡ 
cíativa de la monarquía que en 1^40 había to-^ 
madoelsGÜor G-utiérrez de Estrada, ni nuestra! 
amistad y buenas relaciones; así que le instruí-] 
mos desdi' Biarritz de todo lo qne acuntecíí 
paranbrai de acuerdo cnn <51. El sefior Gutié- 
rrez se hallaba* casualmente en París y próxi- 
mo á volver á Roma, donde se había establecí-^ 
do- Ya se coleífirá cual sería su sorpresa y ai 
ale&ría al saber por nuestras cartas que la 
cuestión de la intervención europea y de h 
monarquía, que íl liabía solicitada» con lauda*^ 
ble consbaoeia, pero con escasa fortuna. HÁ 
encontraba resuelta de un golpe, gracias 



6A 



I 



rompimiento con Juárez de las tres grandoa 
potencias marftiimaa de laEuropa. 

El üefiorGuticrrez suspendió sn viaje álíomaj 
y (lünqxie entusiasmado con nuestras noticias 
(los manifestó, en reapuesta, su temor de que 
el Archiduque no aceptase por ccitivenir asi 
al interés del Austria, Creímos sin embargo. 
que el honor de ir á proponer la corona al Ar- 
chiduque correspondía a! seflcir Gutiérrez, que 
liacia veinte aEius liabia pruLiuesfcd la monarí^uía 
y sufrido por r^lla, y le propusimos fuese á Mi- 
ramar- A ío eual nos respondió en 17 de sep- 
tiembre "que estábil pronto á ir á Viena y Mi- 
ramar, si asi era necesario, y dirigirse al ar- 
cliidnquo Maximiliano (cuya negativa con do- 
l(>r do su foraKÓn tenía segura) en su calidad 
de raejílcanoy á nombre de sus conciudadanos, 
coino lo haWtt hecho en otras Apocas." El 20 le 
contestamos por telégrafo insistiendo en que 
fuese Á Vieüa, y en carta particular le repeti- 
mos que sus gestiones habían de ser como 
mexicano y á nombre de sus compatriotas, 
pues la Francia era extraña á esta candidatura 
y no recimocía más elección que la que resul- 
tat-a del vot*i del pueblií mexicano. 



CAPITULO Tir 

Nego<^iafianes entr¿ Frauda, fnrflalt'.vra >j ¡itpañuaa. 
tire vi 'Hodij de üiferwuir en Mt'.ric<j. —hiafnrlñn a 
íf>K KMadm Vn¿th)H.^La Et-jtaila. -^'(t pniliajíídi-r en 
Prtfí.s.^.'ir^h'l.iid (fe la Kn-jiaiTa.^ Ardi'l de. la In^ 
'flfífen'fí.— C'nii í-fnnáH jirmatfñ fii Uñiidres.^- flñntf 
fs ai'uiicifín ion (r^ns<)í)crsnoi^úÍfK(l/}Oii»irex ¡ügiítiati- 

Aprdbüda por la, Francia y por la Tnglnterriv 
larupl.iiradH siisre-presiíTitantesen México, los 
ctoa trolíiPi'Tifis se; ncupanm flp combinar su ac- 
ción pura altmnzai' la reparación de loa a^rn- 
vios que se les liabía. inff'i'idü; pero al mismo 
tiempo la Francia declarfiba' quinóse debían 
cnpirariarlus esfuerzos queliíciese el país para 
aciiliur ctm la anarquía, en lo cua! estaban iute- 
j-ffitdas tanto la Francia como la Inglaterra, so- 
bre lodo en los momentos de la jíUÉ" Til en los Es-* 
tadnsUnidos, pues cuali]uiera que I'uese el re- 
sultado de la lucha, el Norteó el Sur buscarían 
una compensación en el territorio me,HÍcano. 

1 lVe|JiK-lií>(le Mi'. TlioiiveiielaleiiiliuiiidiM'i'íi !."inii'fp. 



m 



Mr. Thouvonel anadia que el tosinstlntusdeau 
raza ínspiraliHn á Idb mexicanos á l>uscar enla 
monurquía ei roposo y la prosporiclad «jue no 
liapencontrftdíienlaa intitucinnesrepnblicanaa 
no se debia desaní pararles; apresu r indose des 
dp luego ilapai'tar toda candidatura de unpi'in 
cipe francés, y no ocultaTndo sus siiiipa.tía« por 
ano de la cana "de Austria, aunque dejando en 
todo libertad entera á los mexicanos. En el 
mismo sentida se expresó el gobierno francés 
con el di? Madrid. La Inglaterra proponía que 
para la acción colectiva se invitase al gubíenin 
de loa Estados Unidos, en lo cual ning^una difi- 
cultad encontraban ía Francia y ia Pispaña. & 
erriba,iador de Francia anuncié á 9U gobierno 
qqeel presidente del consejo de ministros y el 
ministro de escario de España estaban de acuer- 
do con la Francia. 

Antes de dar cuenta del acuerdo que al fin se 
estableció entre ios gríbiernos. conviene eono- 
cer los despachos del gobierno español y de su 
embajador en París sobre la actitud del sfi-bine- 
te de Madrid ■ 

La Espafla, que tiene un ejército britlanUM'n 
la isla de Cuba, tan próxima & Veracvuz y oon 
un clima Igual al de este puerto que cuenta tan 
yl. II-;, isas ti'adiciones en Arañvicaí que ha nu 



Si 



ratíntado su marina y sus ejércitos, y quoes la 
más interesada en el piirvenir di; 3Iéxico, tenía 
tudas las condiciones pava ir á la cabeza de una 
expediciifm, cuyo doble objeto era salvar los in- 
tereses de la Europa, y coluq de paso, cumplir 
Una misión civilizadora. 

Tenía también la ventaja de que la Francia, 
á pesar de su grandeza y poderío, la dejaba con 
Kustu y sin celo alguno eu primer Juyar en es- 
ta Bmpresa, limitiándoseá enviar suseacH adras, 
sin tropas de desRuibarco. En fin, ae abría pa- 
rn ella un liorizonte dilatado ante el cual po- 
día adquirir nuevas glorias y nuevos merecí-i 
nnentos en las reg'iones mismas que hace tres- 
cientíjs iifios vieron triunfante la Cruz del 
Gólg-ota y los pendones de Castilla. ¡Vana ilu-1 
sión (iue tardó poco en desaparecer! 

La España estaba representada en París poH 
el MeRor don Alejandro Mon, uno délos hombresl 
políticos más notables y que ha hecho grandes 
servicios á su país, En esta cuestión vi6 claro, 
desde el primer día; en ella, como en todoj 
mostraba su buen sentido y su sincero deseul 
do marcliar de acuerdo con la Francia. Si sí 
hubiese dejado á su dirección este negocio, 1«1 
Rspü na estaría Imy en Europa y en A mírica 
i-ii otra situación; pero sus esfuerzos tenían. 



flS 



qae GstrcUarsc tinte la iusonsatez dol directijr 
de la política espafiula. 

Al saber el gobierno español la actitud de la 
Francia y de la Inglíiterra, iibandonó la calma 
con que había empezado á entrar en tratoa Cfin 
elgobieniode Juárez'- El tí de septiembre di- 
rigió el seDor ^lon á su gobierno ua despacho 
telegráfico que decía; 

"La Fiuacíay lalng'Laterra vattáapoderarso 
de las aduanas do Veracruz y Tampieu, á fin 
de reintegrarse de todas luscanl-ídades ipieles 
debe México. Con este objeto, l'uerzas navales 
se dirigen sobre aquellos puntos. No parece 
se cuidan de nosotros. Yo, aunque sin instruc- 
ciones algunas de V. E., pienso hablar al iniris- 
tro en el momento que venga del campo, y 
conocer su pensamienlo. Sé que la idea fie 
una monarquía les es «^rata, la ncasiím és fa- 
vorable para una solución, poi-que todos esta- 
mos ofendidos y los Estados Unidos se encuen- 
tran muy debilitados, y mucho me alegra i-la 
QUG al menos no saliésemos perdiendo. " 

El señor Calderón Collantes, sin darse por 
entendido de este despachoy cuidando de su- 
primirlo más tarde en loa documentos proaen- 

1 l*iyniirFr> y tlnnimeutoa leidue por el HeiiJUlifir eojiallrtl 
UeriaÉiulí-x de Castro. 



tadus á las cortes', dirigió gI mismn día 
tntUoruH ih'h¡mc'ii, el siguiente telegrama al 
Sor Mnii: 

"San Iklefonso, fi de sepci^-mbre de 186!. I 
.Sírvase V, E- investigar p^r los medios quej 
_ estén á sil alcance, si ese gobifirno se propone | 
hacer alguna demostración hostil contra Móxi- 
c^■^^ enconaecu&ncia del decreto que tía prcMli.!-, 
cido laintGrropci6ti de relaciones de sn repre- 
sentante con el gobierno establecido ea aquella) 
capital. —■f'CTÍí/ej-M'n- Coll.nntrx-" 

El 7 volvió á decirel seaorministrodeestadol 
pur el telégrafo al sefior Mon : "Nuestros despa- , 
ehos de hoy se han cruzado. El gobierno de S. 
M. está resuelto á obra 1' enárgicamente. Sal' 
drá un vapor llevando al capitán general de; 
Cuba iiiRt>'iicciones terminantes para obrar 
sobre Veracrtiz 6 Tampico con todas las fuer- 
zas de mar y tierra de que pueda disponer. Sej 
enviarán buques á reforzar la escuadra, y ge' 
presentará en aquellos mares, como cumple á 
la dignidad de España. V. E. puede manifea. 
tarín á ese gobierno. Sf Ift Inglaterra y la Fran- 
cia convienen en i^roceder de acuerdo oon Es- 
patla, e& reunirán fuerzas de las tres potencias, 

1 BiEcrirao y documeutoB leídos por e! senador espafiol 
Bsnaúd«a de Castro. 



tanto para nbtonei* la repai'ación de sus á^ra- 
tÍos Como paca establecer un orden regiilar y 
«atable en México. Sí prescindon de Espada, 
el gfjbiei'nr) de la reina, que esperaba un uio- 
mentn ojiortuno para ubrar con vigor sin dar 
iiiotivi) á quB s<^ Le atribuypsiíQ miras políticas 
de ningún género, obtendrá las satisfaoc iones 
que tieue dei'eehn á rt?c]amar. empleando las 
fuerzas que posee, superiures alas Cjue se ne- 
cesitan para realizar una empresa de este gé- 
nero. Si la contestación de ese gobierno l'uesc 
conforme á los deseos que anima ul de S- M. 
de obrar colectivamente, se darán instruccio- 
nes idénticas á éstas á su muiistro en Londres, 
y V. E. queda autorizado para informarle del 
resultado de sus gestiones, para que ao proce- 
da según la naturaleza de a.c\üé\-—Cnf/kró)( ('o- 

El U dirigió ütrn el seflor Mon á Madridf que 

decía: '"Acabo de ver & M. ThouvenPl quelleyró 
del campo hace una hora. Recibió con [ilücer 
mi comunicación- Me dijo que, abundando eti 
las mismas ideas del gobierno espaQol, habla 
taimado las órdenes del emperador, j había 
escrito en el mismo sentido al gobierno de In- 
glarrera hoy. .V se proponía escribir maSaua á 
V- E. , lo q ue ya no tiacia, pues que V. £. se ha- 



90 



bfa anticipadit y Ic eran conocUlos sus desc 
Sus intfjinc iones son que las tres potoncias se 
apoderen dp laa aduanas de Veraei-uz y Tam- 
pico para el cubro de todas ]as cantidades que 
México respectivamente ¡es debe; aconsejar á 
México la necesidad de establecer un gobier- 
1^0. y a.yuda,iies á. que lo realicen de una mane- 
ra estíiblc y no sujeta á las cojiiinuas vicisitu- 
des del día. Cree que las tropas no pueden 
desembarcar hasta últimos de octubre por la 
fíebre amaiilla. En mi comunicación tomé el 
tono de ser «na cnsa renueita iwr V, E. la ac- 
ción armada, y qi;ie le daba parte para su cono- 
cimiento, al mismo tiempo que para proponerle 
si quería venir cnn nosntríis y cnn la Ing^late- 
rra., para exig'ir la satisfacción de nuestros co- 
munoa a^íraviiis con -Mi^xicn.*' 

Este despacho fué también suprimida de Loa 
dncunientos presentados á las cortes.' 

En estos días encontró el señor ílon á lord 
Covley en el ministerio de negocios extranje- 
ros, y apenas se vieron, le dijo el inglés; — "A* 
de -Méxicoíiuf liay?"— El gobierno espafiol, le 
dijCj estáj-'ansado de sufrir, no quiere aguan- 
tar más, y se dispone á tomar una resolución. 
¿Y cuáles fueron las palabras de lord Cowley? 

1 DÍBcurao del señor Mon. 



w 



Hombre aeco, hombre grave, reservado, como 
por lo general Ift son los extranjeros, y sobre 
todo los ingleses, mo contestó;— "Esa gente 
necesita una monarquía^ de otra manera ten- 
drán siempre la anarquía y el desorden," Le 
contestó "que no tenía instrucciones para ello; 
pero que me alegraría de que así lo creyera 
México, y que tal fuera el resultado; pero que 
nada más podia manifestarle mídeseo^" 

El gobierno ingles, con quién el español hei 
estado después de acuerdo en esta cuestión, 
no quería sin embargo en un principio que se 
contase con la El'ípana, pero sí con los Estados 
Unidos. 

Lord John Russell escribió al embaja,dor dé 
Francia que íjo veía con gustn que la. Espafla 
sé les uniera, poi'que suponía que iba á perse- 
guir á los ■protestanies, lo cual fué calificado de 
pnerllUlati por Mr. Tltourtínel". Elaeflor Mon era 
de opinión que la Espaüa obrase de acuerdo 
con las dos potencias, á lo que se manifestaba 
njuy bien dispuesta la Francia, la cual ae que- 
jaba, sin embargo, de la prontitud con que la 
España quería enviar su expedición sin aguar- 
dar el acuerdo propuesto por el seOor Mon. Así 

1 HÍBCQíso del aeñor Mon, 

2 neapaclujilfl Stíñur Moti. 



consta de un despecho de este seflor, que tam- 
poco se itnpríinió en los documentos presen- 
tados á las cíirtes. Et seííor rainistrn de estado 
contestó satis factoría mentó á este despacho, 

EL gobierno inKl*?** maní festó á la Espat5a qjje 
deseaba se filmase el convenio en Londres, y 
pedia we enviasen los poderes para ello al seflor 
latúriz: extrafia preiensi<5n, cuando era en Pa- 
rís donde las bases del convenio se estaban 
discutiendo. El sefíor Calderón Cuitantes creyó 
que la Francia lo deseaba bien, y manifestó 
que no tenía inconveniente. Loa diplomáticos- 
ing"lesea dirigieron este negocio tan bien, que 
lord Cowley se presentó al tnomento á, Mr. 
Tbouvenel y le dijo: ''El gobierno español está 
conforoae con el íngléí^ en que el tvstadn se ci?- 
lebre en Londres" V el ministro francés lei 
contestó; "Pues por mí i?Ht*te no teniji» incon- 
veaiente enquoseliruieen Londres ó eu París, 
sí el gobierno espatlol está conforme en ello." 
Aclarado esto, resultó que el señor Calderón 
CoUantefl accedióa! deseo del gobierno inaléa, 
creyendo que la Francia loquería, y que Mr. 
Thnuvenel, suponiendo que el señor Calderón 
Cbllantes lo deseaba, liabía también consentido 
en ello. Por este ardid, los ingleses se saliero 
con la suya. 




Ilf 



El fiabinoto inglés presentó un proyectn de' 
convenio, en el cual HcLmabíi aboiiiinoMen á las 
autoridades mexicanas, pero pretendía que la 
acción se limitase alna costas y que no 3e inter- 
viniese en el orden interior. La. Francia y la 
España dRsecharon ese proyecto, y la Inglate- 
rra cedió firmando la convención de SI ríe oc- 
tubre de 1661. 

■ Gomo se dice ^u el preámbulo, tenía por ob- 
jeto ponerse de acuerdo para proteger las per- 
sunaB y los intereses de los .subditos respecti- 
vas» r para exigir la ejecución de las obligaciu- 
nes aceptadas pcir México.— Por su artículo 
1"? se convenía en el envío de fuerzas de mar y 
tierra para ocupar el litoral mexicano. — Por el 
29 las trcH naciones se comprometían á no 
adquirir territorio alguno ni ventaja particular, 
y á DO ejercer su Influenaia sobre la elección 
do los mexicanos respecto á la forma de su 
gobierno. — Por el S^-' se nombraba una coid.1- 
Bión para la diatribución del dinero que se re- 
cobrase.— Por el 4^" se instaba á los Estrados 
Unidos á adherirse á la convención; pero esta 
proposición fué descebada más tarde por el 
gobierno de Washington, 

Fué una desgracia que la convención se hu- 
biese firmado ea Londres, porque loa í^v't^' 



100 



sentantes de Francia y de Espafta no conocían 
todos los pormenores de esta net^oclacióa, y 
no pudieron por lo mismo tener presentes las 
razones que exigían otra redacción en alg-uno de 
BUS artículos compuestoa bajo Ja vigilancia del 
gabinete de Londres. 

La. reina de Espafla ai abrir las cortes, dio 
cuenta de esta conveacÍ6ü en eatos términos; 
"Francia. Inglaterra y Espaüa, se han puesto 
de acuerdo para alcanzar las reparaciones de- 
bidas á sus agravios y las garantías necesft' 
rías de qae no se repetirán en ÍMóxico los into- 
lerables atentados que lian escandalizado al 
mundo y afrentado á la humanidad," 

El Emperador de ios franceses justificó la 
conveHCiói) en so discurso al cuerpo legislati- 
vo, llamando al gobierno de Jléxico "un go- 
bierno sin escrúpulos, que cometía atentados 
contra la humanidad y el derecho de gentes." 

La reina de Inglaterra justificaba & su vez la 
convención "por las violencias cometidas, con 
las cuales no habla sido posible obtener repara- 
ción alguna " 



TAPITULO IV 

ínfa i'ofí. ffue af^ptó el Archüi-tniur- — j 
Fra-iuUt )uan{Ff-est<i «■« o¡)inÍóii á la InQUitfrra 
yá Ui Espuílu aobre tos i)roy€ctos(hv\onunjuÍQ. ■ 
— Lo'fue sobre esto paxi/ entre d gobierno eapa- 
fioC y ftu ^-mbojador en Pari^.^íkpentina pie- 
- fíiiwwííi líe f-se god-krno. — Por t/uévone eligiiSun 
•principe eupañoL 

Kn tantt) los mexicanos en Ptiris escribían á 
México lo quG en Europa acontecía. El señor 
Gutiérrez se vio obligado á aplazar su viaje á 
Vietia, pero no descuidó, por otros medios, de' 
conocerla voluntad del Archiduque. A princi- 
pios de octubre supo que S- A. !■ aceptaría el 
trono con estas dos condiciones; 1° qué Móxi' 
coló pidiese espontáneamente, 2" que ae coi 
tas& para esta empresa, coo el apoyo de la Prai 
cía y de la Inglaterra. 

Instruido el gobierno francés de la respues- 
ta del Archiduque, se dirigió Icalmente á los 
gobiernos de España y de Inglaterra en 15 de 
octubre, manifestándoles que respecto al res- 
tableciniieato eventual de Ja monarquía en Mé- 



xico, el país debÍEv, ante todo, hacer conocer 
sus sentí mié atoa, ya por lo quetoca á la forma 
monárquica cooin sobro la eíeceión de una di- 
nastía. E! gobierno del Emperador consideraba 
esta eventualidad con üh desinterés completo, 
y dejaba desde luego fuera de toda candldatU' 
ra á los principes dü la familia imperial, no d u- 
damlo que tas otras dos potencias estarían en 
las mismas disposiciones- Y en fin. por lo quti 
tocaba á la elección de una dinastía, la Francia 
no tenía candidato que T»roponer, pero que lle- 
gando el cas.i, un arcbiduque de Austria ten- 
dría el asentimiento de laFrancia. Tal elección. 
aQadfa Mr. ThouveneE, independiente de otros 
motivos que podrían invocarse pai^a adherirse , 
á ella, tendría la ventaja de apartar de la elec- , 
cióu colectiva de laS potencias toda causa de/ 
rivalid,ad nacional, al mismo tiempo que deja-, 
ría toda su autoridad al apojo moral que estén 
llamu4as á dará la nación mexicana. En una. 
palabra, las potencias observarían en esto una 
couducUi análoga á la que Francia, Inglaterra 
y Rusia tuvieron respecto á. Gr-ucia, cuando se 
comprometieron á no aceptar para alg-uno de 
sus principes el nuevo trono erigido par sus . 
esfuerzos comunes.' 

I l*eí>píichu3 do Mr. Tlitiiivenel u los ■■Mnhnjnilort.'S frini' 
cíBWB ea Madríd'V eti Mudres. 



103 



Este despaclio de 15 de octubre fué escrito 
después de la entrevista del señor Moii con 
Mr. Thouvenel, el 13 de octubre, en cuya fe- 
cha dii5 cuenta de ella al seBor Calderón Co- 
liantes. Este seflur iiu dio ninguna Importan- 
cia á esta grave comunicación, j pasó sin con- 
testadla todu el mes- En 23 de octubre se le 
repitió en carta particular, rogándole que con- 
testase, porque convenía saber su respuesta. 
El señor mlnistru también guardíj silencio.' 

El seQor Calrlfrón Odiantes, además de la 
comunicación del aeííor Moa, tuvo conocimien- 
to de la opiniOn de! gobierno francés sobte la 
cuestión del Arclúduque Maximaüann, por el 
embajador de Francia en Madrid, que la ina- 
truyó del contenido del despacho de Mr. Thou- 
venel, de 15 de octubre ya citado." 

Viendo el señor Moa la obatinacií^n del se- 
ñor Calderón Collantea pn no contestarle sobre 
un punto de tanta importancia, y cuyo silencio 
hacía muy difícil la situación del seOor Monen 
París, le dirigió en 3 de diciombre una comu- 
nicación oficial ostensible para salvar su res- 
ponsabilidad.^ En fin, el seflor Calderón Co- 

1 Diaciireo cIl'! aeñor Mim. 

2 Dücuinentns prif mantudos í las c^tmitr^ia francas US. 
A DÍBiMirGa del señor Mon. 



liantes se decidió á. responder el 13|de di- 
ciembre, ea decir, ríos mes«s después, y eaton- 
cea, como observó muy bien en, e! senado el 
seaor Beroiudozde Castro, en vez de raanifes- 
fcar ciara y categórica-mente su opinión, dijn: 
"que 3i"por parts de alguna délas potencias se 
presentaba alguna candidatu ra, la Es paña cree- 
ría niás coníoroaecon el derecho, con Ui ti-a- 
dición y cdq la histociíi., la elección'de'un prin- 
cipe de la casa de Borbón ó intimamente en- 
lazado crin ella." 

Pero, affadimos nosotros, ¿c6mo era posible 
esta respuesta, cuando tícs' mesm anlr^s habían 
informado al señor Calderón CoHantes Ins em- 
bajadores de Espafia y deFrancia, que esta po- 
tencia declaraba que no tenia candidato que 
proponer y que opinaba que no ge eliífiese nin- 
guno eotre los príncipes délas potencias inter- 
ventoras? Hay uaáiS: en aquellos días el seHor 
diputado Castro había interpelado al seBur Cal- 
derón Collantes sobre la candidutura del Ar- 
chiduque, y el seElor ministro respondió; "Ya 
he dicho antes á S. S- y tengo el honor de 
rejjetirle, que el gobierno ííd tiene (.•onorimieiUo 
nÍ£ruíto (í/ífjiaí de esas gestiones. S. S. poírá sa- 
ber que hay en Europa mexicanos, que podrá 
haber en México ciudadanos que deseen una 



106 



Corma de g-ubiemo distinta de la que allí tie- 
nen; pera hasta este momento no ha sido eso 
^ objtíttj de la c(»munic:a(ñ6n mus iasignificante 
entre las tres potencias signatarias de la con- 
vención de 31 de octubre. Creo que no puede 
darse contestación más explícita y que S. S. 
íiuedará satisfecho." 

La verdad no puede quedarlo, pnes qne el 
seBoi* Calderón Collantes tenía conocimiento 
del proyecto por el despacho de 15 deoctubte, 
do Mr- Thouvenel, y tan es así, que alg-unos 
meses después el general Prim y el sefior mi- 
nistro de estado dijeron en el senado: "que 
el g'obierno dB la reina tenía conocimiento 
de la candidatura de. Maximiliano, que el mi- 
nistro de estado habló de ello y dió las instruc- 
ciones necesarias antes de au salida para Mé- 
xico. " 

A fines de diciembre fué el general Almon- 
te A Madrid, en donde pasó tres días para coa- 
fereticiar con los seeores O'Donnelly Calde- 
rón Collantes, Á ña de instruirles lealmentedñ 
sus intenciones y de susesperaneas, compren- 
diendo que en el interós de la España estaba 
el secundar los esfuerzos délos qiia deseaban 
salvar la nacionalidad de México- Pocos días 
después, et 22 de enero, esoribió el se&or mi- 



108 



níatro al ffenerat Pnin'la increíble comanica 
oión siguícQte: 

".Siendo claras y termiuaiiteg las iutruccio- 
nea camunicadas á V- E., nada bay que afladir 
á tíllas, pero coaviene que sepa V. E. tjw. al pa 
rcccr turna cada día taás cuerpo el proyecto 
delestablecUnitínttj de una monaniuía en Mé- 
xico Algunos de Ins naturalesde aquel país 
■resideutesóestalílícidos en Eufopa, trabajan 
ert efite sentidu; pe lo ni el gobierno del Empe- 
rador ha heohn formal proposición al de S- M. 
acorca de e.ste Síiunto, ni cabe prescindir de 
principio íuadíiineiitiil de la política espaQo 
en yVmerica, de dejar á sos habitantes eu pte- 
na libertad de establecer el g-oblerm» oiás cun- 
forme á sus neoeaidíideg y creencias. La con- 
ducta leal, moderada, generosa, cuanto pued 
serlo, de las tropas á quienes la reina ha con- 
fiado la defensa de los intereses y de ta honra, 
del palaeo tan imporbante expedición, ha de 
contribuir áestablii^car la eonfianzatiue los me- 
xicanos deben teñeron los altos sentimientos 
que animan á S- M. y á au goriierno. '" 

Y luego escribía ou carta particular al mis 
mo goneral Prim, iGÍda por este señor en e 
senado; "'Ese caballero (Almonte), que tíen 

I Diacursí) díü señor Muit, 



r 



107 



talento, me viÓ, cuando vino & esta corte, y ha 
debido decir á Vd. io que pasó en tiueitra con- 
ferencia. Creu qu8 han equivocado Vds, la di- 
rección y quo llega Vd. tarde, le dije; Vds- han 
concebidu un proyecto en París y lian ido Vda. 
á Viena á buscar la aceptación. Hay pretenden 
Vds. que sancionemos lo acordado en Paria y 
en Viena. y ao es posible," 

Híi seftor Mod, asombrado del aplomo con tiue 
el señor Calderón Cullant-es aseguraba oQoial- 
menteat general Prim, en 22 de enero, que el 
g-obierno del Emperador no había hecho la me- 
nor indicacióti acerca detproyectiodeeatableci- 
mientade unamoíiiarqilEa en México, manltes- 
tódeoticio al ministro dé estado su ijrnfuridL» 
seaUmientu, porque preveía queealxj habiade 
tr»er sensibles disgustos oa el porvenir, lo 
cual fué Lina profecia. El sefíor Mon recordaba 
todo.lo aeontecido en este punto y concluia di- 
ciendo: 

"Después de lo expuesto, V. E. comprende- 
rá que nu puede serme indiferente leer qu« V 
E, asegura no haber recibido comunicación 
aigruna del gobierno del emperador respecto al 
proyecto de establecimiento de una monarquía 
en México, i it.-u< 

"En el inpmento que este gobierno tenga co- 



lOfl 



nocímiento de la aseveración de V. E., ; 

rá serias y amargas reconvenciones, porque"' 

supondrá, en mi una omisión que no ha habido_ 

y atan podría creer que era mío y no de V. 

el déspachü de Q dediciembre, deque lé di leO-j 

tura. 

*'Ruego también á V. E. que medite cual 
á ser la conf oai6n que resultará entre laa reía-' 
Clones del general Prim y e! pien¡potencÍario_ 
francéa, cuando tengan que diacutir acerca d< 
si V. E. conoce ó ignora los designio» del em* 
perador. 

"Yo espero, Excmo. Sr., que reflexionandr 
V. E. sobre el contenido de este despacho, se 
servirá adoptar jas medidas que juzgue más á, 
propósito para evitar las consecueiictaa de 
comunicación reservada que V. E. acaba deí 
dirigir al general Prim en la partea que se.re*f 
fiere este despacho" 

Por un lado el seflor Calderón Collantes decía 
al general Prim, en 22 de enero, y?íí! al parevAr^ 
cada día tomaba más cuerpo el proyecto de unaifl 
monarquía en Móxico y por otrojal responder 
ala queja del aeííor Mon, ledecía,en6defebTe'. 
ro, que al partir el general Prim te día lae in9< 
truoGtonea oporlrtnas por eacrito y verba/ menle^.] 
1 Despacho del eefLor Mno leMo en el congreso Éap&fiol. i 



ido 

1 

1o ' 

] 

"i 

del 

i 



109 



Todavía hay más de que asombrarse. 

Héaquí lo que el representante británico 
escribía, en ,íi rk eiiern, á su gDbiernoi "El Sr. 
Calderón Collantea me envió á buscar esta tar- 
de é inquirió si podía yo darle alguita ¡wticUi 
respecto al designio que se atribuye al gobier- 
no francés de establecer una monarquía en 
Mésicücon e3 archiduque Maximiliano de Aus- 
tria. " 

Ea cuanto á la Inglaterra, su política res- 
.pecto á la monarquía estaba explicada en lo 
qií9 decía el conde Russell al represeutamte 
británico eú México, el 27 de enero; 
1 "Sé dice que un gran número de mexicanos 
invitará, al Archiduq ue Maximiliano á colocarse 
en el trono de México, y que el pueblo mexica- 
no recibirá coa gusto este cambio. Poco tengo 
queagret^r á mis iastruccíones sobre este 
punto. Si el pueblo mexicano, por ese movi- 
miento espontáneo, coloca al Archiduque «ii el 
trono de México, no hay nada en el tratado qye 
lo impida," 

Poste rioroaen te y sabiendo el gabinete de 
Madrid que la idea de proclamar emperador 
al Archiduque Maxiraílanoera grata á la parte 
9ana de México, mostró como que no quería 
contribuir á la re&ltsactón de ese proyecto, y 




sü-pimíis cln una manera privada, pero aegiira, 
que h> que 3e deseaba era on príncipe «panol 
ú otro enlazado con la familia de la reina^ ■' ' 'fl 
Para iustificar nup'ítra elección, oiwribimos^ 
en abril dp. 1662 una carta' á nuestro amigo el 
seBor tie Arrangoiz (más tarde ministro de Mfl* 
xirailifino en Londres y Bruselas), en la cií&l 
expusimos largamente ía imposibilidad de fele-j 
gir un principe espaBol, ya por Ser-tíeto con- 
trafln al tratadü de Lónclves, firmado bambiénl 
por la EspaHa. ya porque eso podría explotar-] 
se por [os republicanos do México como uní 
reconquista disfrazada; concluyendo con de-] 
mostrar tas ventajas que la misma EspaBa re * 
tiraría del es tabíoci miento de una monarquía 
en México con un príncipe que abrigaba tantas 
simpatías por la España y que eradescendi&n^ 
te de t'arlos V. .m.,.-, > 'oímiJH 

Esta carta se publicó en los diarios de Ma- 
drid y de París, y tuó atacada por uiuís y d^^ 
fendida por otros. ' 

1 Véai§e fft üarta en el «píndíCf, 



CAPITULO V 

/fMíructííojiíe ííí la ñaucía al vicm^iranti La 
Orrtfiére. -Ve la Eapañaa! (fueral Prim. — De- 
ferencia de. la Pramirt. — Repe.iitiHü salUluÚJela 
esr.itntlru eapaíiQ¡<i. — Dlfffmthi de la Fravoía '¡j 
(Uto hiQlot^mi.^Frmicla a-umcnta. mu fuer- 
«tíJí- — Dfja vite lo)* maulle el íj(fvera.t Prim. — i-¿e- 
ga(?ade [a eHcuudrtt española y toma cíe líra- 
rrii.::. 

El ininistro de negocios extranjeros de Fran- 
cia decía, eutrt' uti'iis cosas, en sus instruc- 
cioTies al vicealmiraote Juriyüi dr; La Graviére; 
■ "Las potencias aliadas tienen un interés oo- 
tnún y demasiado maníUtíal.ri de ver saJir A Mé- 
xico del estaco de disolución social en que se 
hallu. siimergidn, quo |iaralÍmL todo desarrollo 
de su propiedad, anula para sí y pava el reato 
del ranndo todas las rJiiUPías con que la Provi- 
dencia ha dotü do su suelo privilegiadoj y las 
Obliga á recnrrii' periódicamente Á expedicio- 
nes costosas para recordar á podares efímeros 
é insensatos los deberos del gobierno, Este in- 
terés debeerapenarlas ánodeaanima reñías tea- 




k 



tativas de Ja naturaleza que acabo deindicar.; 
no debéis rehusar vuestro estímulo y vuesti 
apoj'o moral, si por la pfksiciúnde losBombres 
que tomen la iniciativa de ella y por lassitnpajjB 
tías que encuentren, en ]a masa de la población, i 
presentan las probabilidades de éxito para 
establecer un orden de cosas propio par^ 
asegurar los intereses de loa residentes ex^ 
tranjeros, la protecci/jn y las frarantfas que les , 
han faltado hasta hora- " fl 

El gobierno espafiol dio por su parte las ¡ns" 
Irucciones que creyó aportuuaa, en las cuales 
encontramos lo siguiente: 

'"Podría suceder también que el gabiernrt 
insensato que manda en .México, opusiera una i 
resistencia pasiva á la acción colectiva de laflB 
tres potencias, y retirainlo sus fuerzas al inte™ 
rior, dejara que el clima y kidos Ins iacnnve; 
nientesqueaciiiopaíianá expediciones ero pre: 
didas & larga distancia, dieítinaran las tropan 
prolongasen de un modo indefinido la term 
ción de tan importante empresa. Kn este ei 
habría que buscar al gobierno (dUdontlp renidle 
se.cuakiuiera que fuese el punto, para imponer 
le una ley más severa que laque habHa de 
canzarle, si desde luego reconociera la justicii 
Ú9 lAs recia macionea de los tres gobiernos 



;< 



i] 



"Que puede suceder que la presencia de las 
fuerzas aliadas infunda aliento en las gentes 
sensatas de la república, que agenas á sus fre- 
cuentes revoliiclones, fatigadas de su frecuen- 
cia y víctinias de sus pxcíjsüs, intenten acabar 
con eUaa, y consolidar un. gobierno que sea Id, 
verdadera expresión de las necesidades del 
país, y ponga término á tantos desórdenes. Se- 
ría, sobre injusto, cruel contrariarles en tan 
patriótica empresa." 

El resultado no estuvo en consonancia con las 
promesac. del gabinete español y tas gentes sen- 
satán, á que aludía el señor Calderón C'oUantea, 
encontraron ese apoyo en otro país que no se 
llama Es paQa. 

El 1^ de noviembre, al llegar el señor Mon 
al palacio de Compiégue. le diy> el Empera. 
dor: 

"He dispuesto y coavenido con Inglaterra 
que las expediciones. se reúnan en la Habana. 
Inglaterra quería que fuera en ia Jamaica, pe- 
ro ytche creído dar gosto como se merece á \ati 
reina de España,; crefi que le será más grato 
que las expediciones se reúnan en la Habana.'" 
EJ seüor Calderón Gollan tes se limitó á respon- 
der por el telégrafo á este deferencia del Ero- 

l DiscurBo del aeíior Mon. 



Pt n iWt **cjne «ra «105- natonit qnW las es^^A^ 
drM 34 retiútes^D en la Habana, '' * 

Hattándoso aán e! s^flor Mon en fompiégoéj 
recttM0<1 Emperador 'qd despacho tel^g^ráfico 
dtí embajador en Madrid, anunciando la salida 
de U Habana para V&racraz de la exp«dtci^ es- 
pafiola. sin esperar & los aliados, El señur Molfl 
progUDtó por tetégrafo á su gobierno si errf^ 

cierto, y se le contestó que nada se sabfa de 

positÍTo, pero que si llegaba oportonamenle h 
orden al general Serrano, la expedición nosal^ 
drfa. Asi lo d¡/> el sefior >lon al Emiíoradnr 
laegíj anadie en su discurso: "Yo creo todo le 
qtie dice el wnor ministro de estado, peroei 
hechü'es'tjue la orden no llegO- ' ' 

Por sn parle el general ^Serrftno escribía 
fiobíernf'espaRoren 16 de (iieiembre: "No'me" 
hieren Eicmo- Sr. los tiros envenenados que, 
se me diriRen. .Tengo la conciencia de habei 
procedido como cumple á un espaílol lif*nradi: 
y leal en esta cuestión, como en la de VeneBue-i 
la y Santo Domingo. Enetla f^aben muy bíéi 
cli gobierno y el país caal ba sido mi coiiductaj 
que hice lo qae en mi sitaación no podía menos 
de hacer; pero ai desen que la ripinión na sí 
Cítravfe, y'comolme íig-ur<j que nn día ha de 

1 l)i:>ctnu«iitü9 pre&entadois á las curtes. 



tratarse de este asunto públicatnente, quiero 
dejar bien tijinsignado que, al hacer marchar 
la expedición aotos del arreglo definitivo del 
convenio, obedecí cumi¡liiln. y /lelm^jhte lañórú^nm 
det gobierno de K M.'' 

Fil general Serrano supo pur una carta del 
seúor Muro, aecretaL'io de la embajaíla, en Pa- 
rís, que se había tirruarlfi el convenio, y esta 
carta la recibió e! 13 de iiovierabre'. 

El gobierno español dio explicaciones á. los 
gobiernos de Panela é Infi'laterta acerca de es- 
to. El señor Istúriz comunicó desde Londres, 
el 23 de noviembre, que el gobierno iagrlés "no 
quedaba enteramente satLsfech<i de la. explica- 
ción dada por el seflor Calderón Collantes á la^ 
salida de la expedición espaüola antes del tiemí 
po coQVQnido; pero que consftntía en aceptar Ja 
declaración de que la Rspaña tuvo la intención 
de obrar conforme aJ tratado de Londres". * 

El mismo día 2'6 escribía el cnnde Kussell al 
miaiatro inglés on Madrid lo siguiente: 

' 'Aunque e! gobierno de la reina, tenga el con- 
vencimiento, después de las explicaciones da- 
das por el señor Istúriz, de que el gobierno do 
S. M. Católica ha dado órdenes á los jefes de la 

1 Discursu d«t señor Bloc. 

2 Deepacho leído por el siismu süíior. 



IIG 



Habana conformes al convenio hecho en L6n. 
dres, sin embargo, debcdeciv á V. E. que la 
cotidueta, del general Serrano puede inspi- 
rar alguna inquietud; la sa.lkla ae la expedición 
espaflnla de la Habana y la ocupación militar 
de Veracruz, prueban que una acción combi- 
nada á gran distancia dei la Europa está suje- 
ta siempre á la discreción de los cumandan- 
tes y agentes diploraáticoa respectivos. V. E. 
explicará al geueral O'Donnell que este temor 
de nuestra parte provenga de ninguna sospe- 
cha que tengamos acerca de la buena fe del 
gobierno de S. M. t'atólica; pero si creemos 
que los jefes de una expedición que obra á 
g'r&.nde distancia, deben sei' vig-ilados con cui- 
dado por temor de que mi comprometan á su 
gobierno con procederes injustiticablesí leed 
este despacha al seBor Calderón Cnllantea." 

Im salida de la expedición espafiola había 
hecho tan mal efecto en Inglaterra cuuio en 
Francia: el 10 de enero comunicaba el señor 
Mon á su gobierao el despacho telegráfico ai- 
guíente: 

"Bl emperador envía 500 íuavos á reforzar 
su expedición contra México- La desconfianza 
que le produjo la salida de la expedición espa- 
Oola de la Habana, sin aguardar las fuerzas 



aliadas, influye principalmente en esta rcaolu* 
ción. Al saber el emperador la salida de la es- 
cuadra española, exclamó: — ''Siento no haber 
mandado mayor número de tropas;" y el 18 re- 
cibía de Mr. Ttiouvenel la carta siguiente; "Mi 
querido embajador; Me apresuro á anüiicíaroa 
que convencido el emperador por las úllimaB 
noticias de la necesidad de ii' A dictar la psx á 
Mosteo tnismo, lia decidido que nuestro cuer- 
poexpedicionaríoseaumenteena, 000 hombres, 
lo que le acercará a! efectivo del vuestro, y 
compartirá más equitativamente las cargas y 
las fatigas de la guerra bajo la forma que pa- 
rece debo presentarse. Veréis en todo caso, 
on esta Biedida, una prueba de nuestra volun- 
tad de llevar á buen tin la empresa, que esta^J 
blece uttanueva confraternidad entrenueatroa 
dos ejércitos. 

"Servios recibir, mi querido embajador, las 
seguridades de mi alta consideración y de mig 
sentimientos de amistad.— '/"/íoíí.ívjiW." 

Luegoque llegó el señor MonáCompiégnele 
preguntó el Emperador quteniba á mandar laa-j 
tropas espafsolas, TnaGÍfe$tá.ndole su deseo de 
que la España fuese é, la cabeza por ser la na- 
ción más interosada. El seQorMon lo preguntó 
por el telégrafo, y se le respondió que proba- 



blemente serían ó el general Serrano 6 el gene 
ral Prim. El Emperador dijo que tenía mucha 
predíLeccióü por el ejército español, que desea- 
ba palease al lado délírancéíi, poniendo sus 
tvopas alas órdenes del general espaf5oL' 

Mientras esto se pasaba en Corapiégne. va- 
rios per¡6dict>s de Madrid protestaban contra, 
la idea de que los venccídoiea de África se pu- 
siesen á las órdenes de un í^eneral francos; lo 
oaal es una prueba ta&s de lo delicado que es 
tratar en la prensa délos asuntos diplomáti- 
cos, cuando no se conocen las negociaciones. 

£1 Valor personal del general Prim es una 
cosa que está fuera de toda discusión; pero au 
nombramiento, HotU-.iímhi ¡iwél mianio', no agra- 
dó ni en EspaQa ni en México, por las razones 
que dio el señor diputado González Bravo en el 
congreso al reprochar al gobierno ese norabra- 
miento/ 

"áPor (jué eligió, dice al general Prim, sin 
antes obtener ¡a seKuriflad de que estaba de 
todo punto conforme con sus opiniones en ese 
asunto'? ¿Ignora el señor mimstro de Estado 
que las opiniones de un hombre no pueden 

1 PiBcureo del eefior Mon- 

2 t^Düe «11 diiBCitrBo en el ecnadu. 
'A Seaión de mayo de 1802. 



Ilfl 



menos de reflejarse en los actos q ue peuden de 
8» voluntad 6 de su inteligenci;!? ¿No t;om pren- 
de el gobierno tLue esos actos, por pequeñas 
que sean, llegan á Inñuir ene] resultado gene- 
ral de un asunto?" 

Sin embargo QíucJins de loa act^s del gene- 
ral Prira en -México tienen su justificaüión en 
las convei-sacioiies. cartas particulares y co- 
municaciones det seQoi\ Calderón Cuüantes. 

La expedición espaílola llegó en diciembre 
delante de Veracruz. L^s tropas de.'Juárpz'sa 
retii-aron, y loa españolea tomaron! el castillo 
de San Juan de Ulúay la plaza!do Veracruzsin 
disparar un tiro 

El priroer inconveniente que trajo esta pre- 
cipiUición de la Espaíia, fué que el gobierno de 
Juárez pudo sorprcndei" la opinión de muchos 
anunciando que IoíJ españoles iban con la mira 
de reconquistar á íléxico. Su política fué en- 
tonces maltratar ala EspaCa, presentarla cíinjo 
usurpadora y llamar á la defenm de. ¡q. iiidcpm- 
dcTicia nacioníff á todos los oficiales del ejér- 
cito. 

>licntras estodecia de Espaüa, los órganos 
del gobiei-no trataban con ta mayor considera- 
ción & la Francia y ala Inglaterra, con laespe- 
ranfa de deteneróimpedirla saudade las fuer- 



120 

zas de éstas dos naciones y levantar al país 
contra la supuesta reconquista de la España- " 
. Varios oficiales mexicanos nos han- dicho 
que, aunque contrariosá Juárez, acudieron ásu 
llamamiento, porque al ver llegar solos á los 
españoles, creyeron, en efecto, que su intento 
era volver á poseer á México como colonia es- 
pafloki. I 



CAPITULO VI 

P-nniera confereiicUi de lo& aliados en Veracrn^— 
Su proüktiiKi. — Nota colectiva, — Disidencia por 
r't negoiüo Jecfcer. —Fcrüonfis f/uc llevaron la notu 
áMéxifíi). — Maf, p/eüto r/u'e hizo en lOHjmrfMtirios 
de la ■inimai'Jjuia. — J/wíifías del f/obi^rno. — ^u 
rejijjHCJíta á ios aliados. — i-'l. (fei)-erat Miranván. — 
El cxminintvo Xamovinia. — Doi/kcilo Pienc á cvn- 
ferenciar coft lofi aUo,dm,—Convenioíi dt laHok- 
dad> — Llegada de AltiLontp. — Del ffeneral La- 
rcji^CAo: y ífíH rofuenos fjunceHefi.—Ftf.ffUafnie.uto 
dü lioblfH. --Adkoiiáth de varios Jefe» y oFfxitalesd 
los ftlmidü df AlinouLc. — Priin se opone á f/uc sc 
am¡}are á éste. F,e jrroteffen io^ franceses- .] 

Mientras laa tropas españolas desembarca- 
ban en VeracLtz, llegaron á ese puei"to lo3 rc- 
prosentantosde Francia é Inglaterra, Mr. Du'' 
bois de Saligny y Mr. Wyke, qne natnralmen- 
te hablan salido de México después de su rotn- 
pimiento cusí el gobiemf) de Juárez. 

Pocos días después llegaron Eas escnadi'as 
francesa. 6 inglesa. Mandaba la primera el con- 
traímiranto Jurien de La Graviére, y la se- 



122 



guwda el comodoro Dunlop: ambos jefes debíai 
tomar parte también en las negociaciones qa< 
ocurriesen. 

El 13 de enero de 1H1}2, tuvieron Iíks jefes dej 
la expedición europea si] primera cunferencta-i 
En eEIa acordaron dirig-ir una proclama á los 
mexifanoa, en la cual, al quejarse de la viola- 
ción de los tratados y de la ninguna seguridad 
de sus nacionales, aSadían que no llevaban pla- 
nees de conquista 6 de restauraciones, Esta 
proclama, que llevaba reáactad&nntMpatíamPu- 
íf el general Prini,' fué firmada por todos los 
plenipotenciarios, aunque los de Francia nci¡ 
aprobaban el tono general de ella. 

En seguida se ocuparon de redactar una no- , 
ta colectiva, á que debían acompasarse loa ul- 
timatuiits de cada representante, reclamando' 
las aumas á que cada país se creía con dere- 
cho- Respecto á la nota colectiva, el acuerdo 
fu¿ completo, pero extendida ya y á punto do 
enviarla á MÓxico, convinioron los plenipoten- 
ciarios en darse cuenta reciprocamente de !« 
«jue cada uno reclamaba. En el uífituut-um de la 
Francia se pedía el pago de una fuerte suma Á 
la casa de Jecker, seífún un contrato celebrado 
dos aRos antes con el gobierno de Miramón*^ 

1 hí-am su dí^iwso en e\ avnatlo. 



El ministro inglés Mr. Wyke se opuso á> que la, 
i'^rancia reclamase el cunipiimíeiitci de na con- 
trato qno, par muy oneroso y aun leonino tiue 
fuese, nmla tenia que ver en ól, eli'epreaentan- 
to de Inglaterra. El de Bspaüa le secundó 
en esa resistencia. Suspendido por eisU cau.su 
ei envió de la nota y de Jos ultimatumií. y no 
liabiendii padido ponerse de acuerdn Ioh pleni- 
potenciarios, fué preciso redactar otra nota co- 
lectiva, el 14 de enero, en que se decía: 

"Tres gi-andea naciones no forman una alian- 
za sólo para reclamar de un pueblo, á quien 
afligen tan terribles males, la satisfacción de 
los agravios que se les hayan inferido; tres 
grandes naciones se unen, estreclian y obran 
e;i completo acuerdo para tendsr á ese pueblo 
una mano ainÍKa y generosa que lo levante, sin 
humillarle, de la lamentable postra^ción en que 
se encuentBH. 

"Kl pueblo mexicano tiene su vida propia, 
tiene sa Iii8t<"iria y su nacionalidad, es, pues, 
absurda la sospecha do que entre en los planea 
de las tres potencias aliadas el atentar é, la in- 
dependencia de Méíiico. 

"Por eso venimos á ser testigos, y sineceHa- 
rio fuese, protectores de la regeneración de 
Mésieo. Queremos asistir á su organización 




dcñoítirs, sin interreneióo aSgvtsA en ta forma 
de to ^bi^nui. ni en la administración mi 
rtor 

"A U república, sólo á eOa. corresponde 
(far cáalesHon las histituinonesqttecn&eleí 
EOOdaa á aa bteniistar y á los progpsos de 
cirilíxaclún en e! siglo XIX." 

Eí t>ritiier íiesacuerdo de los plenipotencit 
río.1 hi») necesaria apartarse de las instraccü 
noB, que les mandaban empezar por exijir 
rppíiración de los asrravíos, y tuvieron que Itmi- 
tanie al enrío de esta nota, pidiendo entre tan* 
to instracciones á sus gobiernos reapeccivoí 

B«a nota fo<5 Ifevacta á la capital de M^slc< 
por ei bi'tga'ííer espaBol Milano del Bosch. iui 
tímoflinÍKO del general Prim, petrel comandan-« 
tfThíiTTimaaot. de la inarina francesa, y pol 
otro oficial He la marina inÉT^esa. escoltados poi 
tropas mextcanas. > 

Lu priKiIaiua de los aliados Iiabía abitado ei 
Ja raiiitiil lndon Ioíü ánimos en sentidos diversos 
.V liui'.hn onrer mil conjeturas. Por un lado se 
la t'ncnntriiba poco franca, y por otro se la con^ 
nlíleraba cnnio un iictm de soberanía, laientraa 
ipiie pareoin. como quo se quería evitar la. sosiie-j 
cha dp Infi'vn/'Ti/úr'm : [a cnaX í^e confirmaba, sil 
embartfOf P'>r todncl aparato de guet-i'aqi: 



IS5 



bían despiegado las tres naciones leíinas, qae 
indicaba iban á algoraás <iiíe á pediré! cumplí ■ 
miento de lus tratados j la protecc¡6n de sus 
subditos. 

La misión de los diílegados produjo en Méxi- 
co muy maX eftíctfj en los numerOMUS partida 
rioa de la Intervención, al ver la actitud cas- tí- 
mida de ios representantes extranjeros, mien- 
tras que el gobierno, á quien iban á cuín batir, 
cobraba aliento al ver su lentitud y trataba de 
sacar ol mayor partido ée ella. El lenguaje del 
delegado español disgustó miacb(i.á lo^espafio- 
les residentes en México, é hizo desmayar á lus 
partidarios de la Intervenciún, que esperaban 
otra cosa de la üspana que iba á la cabeza de Ja 
Intervención. Jiiáre?; nombró ministro de ne- 
gocios extranjeros ú don Manuel Doblado, el fa- 
moso gobernador de Guanajuato, que se arro- 
gó todo el poder; lu comisión permanente del 
congresri io convocó de urgencia, se expulsó al 
general don Manuel Robles, que era favorable 
Jila Intervención; lacrmductade Doblado inspi- 
raba temores á los nitral i beraJes, que creyén- 
dole también favorable á aquélla, le Llamaban 
ya traklor: Juárez preparaba su huida á Zaca- 
tecas, la capital estaba silenciosa, pero los nii- 
niatrits de Prueia y Bélgica, y otros agentes ex- 




tranjoros que allí residían, daban testimonio 

mgtrulan á sus gobiernos "dol térrunoquegaj 

nabau las ideas monárquicas en todas las cía-' 

ses, y dei deseo de que las tniiias extranjeras 

llegasen hasta la capital." I 

El gübienici mexicano, es decir Doblado, que 
para nada contaba con Juárez, quien permane- 
cía encerrado en su casa, respondió á los alia-á 
dos nue no creía fuesen á esterilizar los heroi- 
cos ('¡ffiivnoH \»U-\, que el íjobtorno había hecho 
desde hace tres años para regenerarlo y darlt 
vida bajo los |n-incípios del progreso y libertt 
\sii:]\ que deseaba entrar en arreglo para satis- 
facer las recliiuianiones pendientes, y en fin in- 
vitaba á los aliados á avanzar hasta Drizaba coi 
una guardia de honor de 2,000 hombres, vpvm' 
hareóndó^e H resto tt^ lafuerm. 

Esta contestación la llevaron á Veracruz los 
delegados, acompañados deZaniaeona, qne aca- 
baba du dejar su ministerio á Doblado y que^ 
llevaba una iiiisí6n de Juíirez. 

En tanto había lleg:ado á, Veracruz el f^eneral'J 
Miramón, enemig-o natural de Juárez: pero loa 
ingleses, quele tenían muc-hí^ antipiítfa por cier- 
tos actos de su g^obiernn, le impidieron arbitra- 
riamente el desembarco, y tBvo qae volverse 
la Habana, á pesar de la intervención diíl gene* 



121 



ral Prira y de lo8 esfuerzos del ministro Mr. 
de Saligny. 

Zamacona fué bien recibido y obseq uiado por 
los aliados, excepto por Mr. Saligny: pero su 
misión perdió toda su inaportancia desde que 
se anunció el viaje de Doblado. 

No era necesario ser tan astuto como este 
personaje para apercibirse de que el desacuer- 
do, ya público, de los aliados no había de parar 
en lo de la reclamación, de la casa de Jecker. 
Sin esperar gran cosa de ta misión de Zamaco 
na, creyó que lo mejor era ir él mismo á tratar 
conloa aliados: la necesidad en que éstos se 
velan de sac-ar ¡as tropas de la zona malsana en 
la estación que iba acercándose, facilitó el de- 
seo de Doblado. 

Pusieron, pues, en conocimiento del ministro 
que, "necesitando atüraparseeo un territtjrio 
sano, las tropas aliadas iban íi ponerse en mar- 
cha paraOrizaba y Jalapa, en donde esperaban 
recibir una acof^ida amistosa; manifestando 
otra ves que habían ido allá ^ llevar una misión 
cÍTÍlixadora, y que deseaban terminarla sin de- 
rramar una gota de sangre." Doblado respon- 
dió el 6, "que noconociendo su gobierno cuál 
era la misión que Elevaban á México, por cuan- 
to hasta entonces no habían indicado mas que 



t28 



promesas vagas, 110 po<Ua. r>ermHir que adelan- 
taran las tropas iiivasoras, á menos que uo se 
conviniese en ciertas bases generales, y con- 
cluía proponicvilo enviaspn á Córdoba un comi- 
sionado á discutii- con otro del gobierno, dando 
entonces éste el pn'wíso de qae avanzaran las 
tropas GxtranJETas." LfOs aliados contestaron, 
"que su deternñnaciún no pndía ser luodiñca- 
da. pero q ue deseosos de evitar un oonflícto, in- 
vitaban & Doblado á ir pn persona á tratar con 
el genera! Prim," lo cual era precisamente lo 
que deseaba y pedía oficialmente el ministro 
mexicano. El general Prím escribió además A 
su tío político, que era ministfo de hacienda ds 
Juárez, en el mismo sentidn; pero con más 
energía, 

Reunidos en el pueblo llamado la Soledad, el 
general Prim y Doblado convinieron en los tér- 
minos de una convención, origen denuRvos dis- 
gustos que acabaron en un rorapimientci. En 
ella se consignaba por su artículo lí", que el gn- 
bierno de México no tenia necesidad del auxi- 
lio que se le ofrecía, y que poseyendo los ele- 
nienlon fie fuerza y de ojjiuión para hacer frente 
á tndo trastorno interior, los aliados se cíiloca- 
ban en el teiTcno de los tratados para formular 
sus reclamaciones. Pítr el 2?, para probar que 



fi 



no intentaban menoscabar la independencia y 
la aoberanía de México, los aliados entablarían 
tn Orizaba las negociaciones conducentes con 
loa delegados del gobierno. Por el 3^, í;e coü- 
venía^nque, durante estas negociaciones, las 
tropas aliadas ocuparían las ciudades de C&v- 
doba, Orizaba y Tehuacán. Por el 4^, se estipu- 
laba que si las negociaciones se rompían, las 
tropas aliadas evacuarían dichas ciudades y 
volverían á colocarse más allá dp las posesioneB 
fortificadas por el gobierno. Por el 5°. los h(m- 
pítales establecidos quedarían bajo la salva- 
guardia del gobierno. Y por el 6'-', se convenía 
en enarbolar ta bandera mexicana en Veracru» 
y enelcastillodeUlúa.el día en que los aliados 
se pusiesen en marcha. 

Este tratado fué ratificadn por Juárez y por 
los representantes aliadíis el 23 de febrero de 
1892. Una de las razones que se alegaron des- 
pués para consentir en tan extrañas concesio- 
nes, fué la falta de trasportes; pero el general 
Prini había resuelto este punto desde el 7 de 
febrero, atliacer el debida elogio del capitán 
general de Guba, "que con toda actividad y efi- 
cacia le iba remitiendo los elementos necesa- 
rios para emprender el movimiento '," que no 

1 IXHinmeiitoB preeeiuad'» al rnn jreso Kptifiol. 



empezó, sin embarg-o, liusta priiici píos de mar- 
zo. El 15 debían empezar ¡as negociaciones. 

Al ponerse en marcha los aliados, llegó á,Ve- 
racruz el general Almonte.acorapana-dodeotros 
mtxicanoi? distinguidos. Se había detenido en 
Paris, á fin de dar tiempo & los aliados d"e lle- 
gar hasta la capital dt- México, y que no pudie- 
se decirse queibar.ustodiado por ellos. Puesto 
que laídeaeradargíii'antías para que el país ae 
pronunciase sobre la forma de gobierno que 
prefevía, eva natural que se dejase el derecho 
y la libertad á tttdo laexicano de volver á su pa- 
tria y manifestar su opinión. Culpa suya no 
fué encontrase al desembarcar el lí* tle marzo 
con que los ctmveniná de la, Soledad habían de- 
tenido la marcha de las tropas aliadaji A la ca* 
pital, dandu con las declaraciones hechiis en 
aquéllos una fuerza moral al gifbierno de Juá- 
rez, que no tenía antes detirmarlos. 

En seguida I legiSá Voracruz el general Lo- 
rencez, que mandábalos tres milhombres que 
la Francia, había resuelto eoTÍar, luego que su-¡ 
po la salida de la escuadra ospaOola, sin espe- 
rar las de los otros dos aliados. El genera! Prim' 
habla ya salido para Drizaba y el vicealmirante" 
para Tehuacán. Mientras iban llegando laá' 
tropas del general Ltjreucez, marchó éste áOri* 



131 



eaba con una parte de ellas, sin poner obstácu- 
lo alguno á q ue viajasea al mismo tiempo él ífe- 
neral Almonte y sus amigos, aprovechándose 
de la seguridad que esas fuer?¿is daban en los 
caminos, antea tan peligrosos. 

Estando en el de Córdoba el general Almon- 
te, enconti-ó al general Taboada, qne se habfa^'j 
escapíido de las garras de Zaragoza que man* 
daba en Puebla, el cual había cogido al gene- 
ral Robles. Venía í^ste al campo francés & co- 
nocer mejor las intenciones de los aliados, y 
contribuir á salvar á su país con el apoyo ge- 
neroso qué casi milagrosamente se le ofrecía, 
Pero el general ZarugoKij le mandó fusilar e! 22 
de mará», causando este crimen lirmda sensa- 
ción en Méxicn y en Europa, en cuantos cono- 
cían las nobles prendas de Hoblea.y en lits 
qne tanto esperaban de su reconocida ilustra- 
ción y de sn patriotismo. Previendo sn des- 
gracia, entregó Robles á Taboada una carta del 
general Vidaurri, en la cual ofrecía que él y el 
expresídente Comomfort irían & ponerse de 
acuerdo con Robles para obrar. ' 

Taboada «intregó al niiaiño tiempo al general 
Almonte una protesta de adhesión de parte de 
varios generales y otros jefes de la guarnición 

1 El general Vidaiirri ha sido fiiaiJa'lo líltimatnente. 



13? 



de México, que no esperaban, afladían, sino sa- 
ber si los aliados pensaban ir á ia capital para 
pronunciarse en favor de unplaaque acaba- 
se para siompre con las desgracias del país, 
Ed tanto que esto se pensaba en Córdoba, el 
general Prim había isalídu á recibir á las puer- 
tas de Orizaba al general Lorencez, á quien ha 
blúdelas "dilicultadesycoaülctos que iban Á 
seguir de llevar consigo á Almonte. no estan- 
do dispuestas las armas de España ó Inglate- 
rra á sostener np-inejautí: aiiiraziiii.. ''* 

El general Lorencez contestó que no lo creía 
asi; pero para evitar esos conflictos, iba á dar 
orden, como Ío liizo en efecto desde Orizitba el 
24 de marzo, det^ue volviesen á Veracruz Al- 
monte y sus amigos, Coiiin nose les daba mas 
»que 20 hombres para volverá Veratrua, en los 
momentos que el gobierno de Juárez pedía se 
le entregasen á Almonte y á sus amigos para 
fusilarlos conforme á la ley movbtofhi , como se 
acababa de hacer con Robles, el general Almou- 
te manifestó que. además de pretender enviár- 
sele aun punto que empezaba á ser malsano, él 
y sus amigos iban á ser víctimas de una medida 
semejante. Entonces se dispuso quedasen en 
Córdoba, á menos que nn deseasen ellos inis- 



va 



mos ir á otra parte. Decídiérunae por esta re- 
solución, al saber el trágicn fin de Robles, pues 
no cabía en la lealtad de aquéllos, entre quie- 
nes estaban Almontey sus ainigoa, abandonar- 
los, entregándolos complacientemente para 
que fuesen fusilados.^ 

1 En el senado españr»! esdamaba algún tiempo dea- 
piive el aeñi^r Bermudcz de Cnptro: ¿"Que era el upiicral 
Ahnonte ti los ojos de Ki^pafia, ¡ipürte fie la repiita<'ii'tn dB 
que gihía y d« Ins altos cargo? que había cle^empenadoen 
Élir*)l)&? V'i i)i> le PDüOKi'd Ptqiiiern: \\i-ra no pin -do riieima 
de decÍL-i.pii' para la K^piifiíi cru el lifniilii'K qiic! hsvbía evi- 
tadu una giniria, liat-ívnd'ií'nn el s^rJIíir Moii el iriitado 
que se cimoüe con el noinbfe lie uní han perstiriss iinidiip. 
Alguna criiJsiijRi'a'Ck'iii, piii'», di'bí» liltlier pañi con üfu 
hombro, y sin eiiibtirgi.ii, i:irnl.fji úl nuK ciecliiraii iob abJer- 
tttinente inifitilí's." 



CAPITULO VH 

AíOs (fobi.er}ws de Ft'mwia, EfitaTut é Ingíaterri 
desaprueban los prÍ)n»'roH jjanox de S'</# ¡/lenipo- 
tenoiarviH. — Corrtupomi^nvia de Priiii y La 
Qraviére.—DennüUL'rdtí pur tn proteeri/m, do Air 
monte. — líPfmi'xirqttr. tic ln>i (ropní* de la luori- 
na inolena- — Los tren gobiernos 'hfaj/rueban Ion 
tratados de la Soleditrh — Sigue el desantenlv én- 
trf ¡08 pleniíKifeiictarñiH. — Conferennii flt OH- 
zfiba.-^En etia'proí.f'xf.fi. el (¡pwval Prhii a}tdra 
lOA rumorea de mlenfor noroiiarxp romo cmpfrrr- 
■ dm\—Ei prriódivo El Eoo imí: E>vhopa.—M 
OObierno de Mdj^ico pide el rtíeKtbar'j'ie de Al- 
monte. Lo>^ fro-vee-'^eff le lívotegen eúlaini^nte. — 
Monai'rjHla. ■ — Loít fraiicenea pro/anipn itr{/i¡iv 
adtlajite. — Hehumn hm fnpiiüohs y loa ifígie-ies, 
— Reembarque de las trepan españolas ^n fw; 
quep iiiolfsex. — TrlUexa en la Hahami.^Vinjt 
de Frim. á loa Estados ['nidos. 

El señor de Saliguy y los dos representantes 
iniíieses que habían pfrmanecifJn p\\ Verticvüx, 
se pusieron ea marcha para asistir á las cim- 
ferencias de Drizaba, que debían comenzar el 
15 de abril bajo muy malos auspicias por pípr- 
tíi, >':i pi>r los incidentes de qup heuius habla- 



lo, ya porque los representantes de los aliados 
conocían oficialroeats que sus gobiernos no ha- 
bían aprobadi/sus priínei'as negociaciones des- 
de VeFacruz- 

En efecto, en 7 de marafi comunicó al gene- 
ral Prim el ministra de estado, "quevlstala r/- 
«i6/e nota de DohJado, )a acción tenía que ser 
ya enérgica, y tit?cÍ3Íva, no considerando aqué- 
lla comn digna de una respaeala seria-" Más 
explícito eatuvii el ministro espanol al partici- 
parle al embajador de Frant-ia la desaproba- 
ción de su p;obierito, ''Kl señor Gah1er(^n Ci - 
liantes, escribía Mr. Barrot. participa en tod<ir* 
los puntiís de la opinión de V, E, acerca del he- 
rroT en que lian caído Los plonipottínciarioa si 
abrir neKocíaciones. cuyo único resultado po- 
sible es la pérdida de un tiempo preciosn y la 
facilidad de que el g'obiei'no de Móxico organi- 
ce medios de defensa; me ha dicho que era ab- 
surdo pedir é. un gobierno, á quion se trataba 
como enemigo, el permiso de avanzar, estímusl 
lando á Juárez á considerai-se como el gobier- 
no legitimo, reeonocit^ndole. Ío cual creaba ia 
imposibilidad de auxiliar al pueblo mexicano, 
para derribar & un pobierno tan odioso al país 
como á las potencias extranjeras y rcenipla- 
zarln por un gobierno constituido que diese ga* 



13fi 



rantía*, Tue era después de tido eí.ñ"» princif 
que las putencias aliadas se Imbíau propuesto. 
La Espafla, Ja Francia y la Infi^laterra no pue- 
den, cuoste lo que cueste, abandonar una em- 
presa para la cual han unido sus fuerzas- De- 
ben hacer en México lo que 38 han propuesto 
hacer allí. En lo (¡ue toca á España, está per- 
fectamente decidida á ello." Por su parte el 
embajador inglés en París escribió á su g-obier- 
no en 28 de febrero: "Mr. ThouveQel expresó 
BU conforiuidad con la opinión de V. E. acerca 
de la pioclaina dada al público mexicano por 
los comisionados inglés, francés y español. Me 
dijo que escribiría en ig-ual sentido á, Mr. de 
Saligny, aunque no podía hacerlo de una ma- 
nera fuerte, porque los comisionados france- 
ses se habían opuesto á la proclama y sóíamen- 
te se habían adherido á ella por no separarse 
de sus colegas." 

Respecto á la actitud de los plenipotencia- 
rios español ó inglés, al oponerse al envío del 
MÍÍintfTÍií.íii de la Francia. Mr. Tliouvenel diri- 
gió varios despachos á. loa representantes en 
Jilésjcoyen Londres, rechazando el derecho 
que se arro(íaban de discutir sóbrelas recla- 
maciones francesas, y haciendo todas las ob- 

irvacione.'i que le sugería el tenor déla con- 



vención de Londres y In iiatut'ftLoza de las ra- 
clamaciones que se pretendían discutir. "Lord 
Russell, respondió el embajador de Francia, 
no admite tampoco que las demandas formula- 
das t>or uno de los representantes de las po- 
tencias aliadas deban obtener un asentimíeato 
previo de las otros dos; aunque cree que en 
virtud de la solidaridad que liga á los g^obier- 
ros en una acción común y de la garantía recí- 
proca qae se prestan, cada uno de tas comiaa- 
rios tiene el derecbo de hacer las observacio- 
nes y de decir su opinión sobre eliiUÍjnatam de 
sus colegas." El gftbierno francés sostuvo su 
derecho, pero dio instrucciones á MrdeSalig- 
ny, aludiendo al negocio de Jecker, p^-ra que 
hiciera una distinción "entre loque reclamase 
legítimamente la protección francesa y los In- 
tereses extraaos que no tenia misión de sal- 
var. " 

La dnsaprobacióa del gobierno inglés nopa- 
do ser mas terminante. Lord Russell, sin espe- 
rarlos despachos oficiales de Mr. Wyke, le es- 
cribía en 25 de febrero: "He visto en los perió- 
dicos una copia ó traducción de la proclama de 
loa comisionados y generales de las potencias 
aliadas, focha. 10 de enero. 

"El gobierno de S. M. no puede aprobar y 




en verdad desaprueba esta prodama. El go 
bíertto de S. M. cree que el camino eia muy ex 
pedito^ Evacuado Veracruz por las fuerzas me- 
xicanas, los aliados debieron enviar á Méxicoí 
las condicíoiioa que pedían por ¡as injurias que" 
se enumeran en el preámbulo de la convención. 
Las medidas ulteriores debían depender de 1 
respuesta que se recibiese; pero si un campa 
mentó fuera de Veracruz (\ el adelantarse ha-, 
cia Jalapa era necesario por rajónos sanitaria 
6 militAresi. debió pedirse en términu* que ins- 
pirasen respeto y nn de un modo que estimu 
laíe tk la resistencia." 

El general Prim desde Orizaba estaba en co- 
rrespondencia con el vicealmirante La Gra- 
TÍére. El 17 de marzo escribía éste á aquél! 
"que esperaba que concluirían su obra de 
acuerdo, consagrándose á un objeto más noble 
que tos acreedores exigentes." "Tiene uste' 
raz6n, respondía el g'eneral, no quememos 
nuestras naves por un pretexto fútil, pero las 
nuevas cüntribucinnes íl nuestros nacionales 
las amenazas de Doblado nos obligan á marcha 
como soldados: reunámonos, obremos, y <\^x 
esto concluya. Mr. Wyke está de acuerdo con' 
migo.'' "Estoy pronto á romper con usted 1 
convención de la Soledad, respondía el vice 



n. 



'le , 

.di 



130 



álrairante, pero mi resolución es no tolerar que 
se inquiete á kis mexicanos enemigüs del í<o- 
biernor yo uo miraré mi misión como cumplida 
sino después de haberse fundado aquí una mo- 
narquíai escucharé ios consejos de usted, pero 
yo perdería todo mi preatig^io si apareciese ba- 
jo la, influencia de] general español Marche- 
mos á Puebla, pidamos una amnistía al gobier- 
no, que concluya con la ííuerra civil, para po- 
der consultar seriamente ai país. ¡Qué furor 
de guerra se liu apoderado s'jbitjimen te de Mr. 
Wyke! Eá proci.síi quo usted haya recibido pur 
la Habana noticias que no conozcti- t-Qu<5 enig- 
ma ea este?'* 

Y luego, el 20 de raarzo escribía el vicealmi- 
rante, "que si hiibfft flroaíido la convención de 
la Soledad, era comn una tregua pax'a obrar sin 
violencia sobre la opinión; pero que las nuevas 
proscripciones del gobierno mexicano le dispo- 
nían ya á ima ruptura y estaba pronto á. reple- 
garse, según loconvenido, y á hacer unanueva 
carapafía; que no desconocía los servicios del 
general Prim, pera que la expedición francesa 
no estaba subordinada á nadie, y que para lle- 
gar al fin que se había propuesto, ibaáaprove- 
charse de la simpatía que había en México pfir 
la Francia. " 



140 



Rl 20 y 21 respondía el genera] Prim, que su 
actitud enérgica y la deWyke veníade los nue- 
vos empréstitos furzosos y de las amenazas de 
Doblado, y que si no había salido para Puebla, ' 
era por la enfermedad del inglés; pero que ha- 
bía invitado á lleg-ar liasta Orizaba á loa minis-. 
tros de hacienda y de justicia pai'a tratar stri 
brelas contribuciones y laaduanade Veracruz. 

El vicealmirante deseaba que las conferen- 
cias que debían empexar el 15 de abril en Orí-I 
zaba, se tuviesen en Puebla, aunque ya temfaj 
que ellas no lleg'arían á. veriticarae, El 22 pre-| 
vino al jefe político y mili tar de Tehuacán, '^quB'j 
el general AJmonte llegaría allí el 31, y queibaj 
fi. liacer retroceder sus ti'opas, sin aprovechar- 
se de los convenios de la Soledad-" Üeclaró 
además en carta de esa fecha al general Prim,; 
"que debía velar por la seguridad de Almont 
y desús amigos, que estaban bajolaprotecciói 
de su bandera; pero insistíaenquenoveía poi 
qué no había de seguir el acuerdo enti'e los alia- 
dos, y en que sin intentar se fundase una mo- 
narquía contra el votí> de los mexicanos, tei 
misión de dejar detrás de él un gobierno fuer- 
te y duradero. " 

Aquí las cosas tomaron un aspecto más gra-J 
ve. Et general Prim y Mr. Wyke invitaron oüÁ 



rfi 



cíalmente á los representantes franoeaes á reu- 
nirse en Orizaba para una entrevista, que era 
ya indiapensable "ec vista de la actitud toma- 
da por la parte francesa de la expedición alia- 
da." Y en carta particular del mismo día 2'á, 
escribía el general Prim di vicealmirante, ' 'que 
el acto de llevar al interior del país á ios emi- 
grados políticos para cjue organicen la destruc- 
ción del grtibierno existente, no tenía ejemplo ni 
podía comprenderlo, y que desde aquel día, em- 
pezaba á hacer sun prepíi-rativon rff recTn-barf^ur, 
Mr. Wyke, añadía el general, está en todocon- 
forme conmigo. " 

El (íeneral Prim, deacuerducon los ingleses, 
fué áTeliuacAn para ver, dice en su discurso 
en el senado, si podía impedir la ruptura, para 
lo cual era preciso mandar á Veracruz á Almon- 
te y á sus amigos, "que ibansem brando lacons- 
piración, ¡a revuelta y la destrucción por todo 
el país;" pero nada obtuvo del vicealmirante, y 
eí general Prim sé volvió á. Orizaba "convenci- 
do de que la ruptura era inevitable." 

Los comisionados ingleaes^ para Iiacer ver 
boda la importancia que daban á la resistencia 
de reembarcar á Alroonte, como lo eligía Juá- 
rez, dijeron que en vista de esa protección, el 
batallón de la marina real, que estaba práximo á 



mnrekar á Oi'izaba, ae reembarcaba en seguid*. 
En lo cua! no decían la vprdad los cumisaríos 
ingleses, puesto que desdo cí r^ tle marzo, es áa- 
eir, veinticuatro días (iníe-ít de 18, decísi6n del 
reembarque de las tropas españolas, escribía 
Mr. Wyke á su gobierno: "En el despacho de 
21 de Enero me manda V. E. que no me oiwng; 
Á que se retiren las trapas de marina de Vera 
cruz cuando empiecen loa meses insalubres. 
Lejos de oponerme, me aprovecho con much 
guato del permiso que se nie da, puesque tan 
to el comodoro como yo hemos incarrído e 
^anreaponsabilidad a! permitirles que adelani 
ten hasta Oc'izaba. " 

Lord Rnssell por su parte escribía ásu etn 
bajador en París en 11 de marzo: '^Informé tam 
bien al conde de Plahautde las órdenes que ha-1. 
biamos dado y de las q ue Íbamos á dar para om-' 
barcar las tropas de raarina. al aproximarse 1 
estación epidémtea. Le demostré con los docu- 
mentos impresos en el parJamento, que eaaa, 
instrucciones no eran nuevas, sí«<> una norh 
nnncMn de nuextraa avterioree df.tej'nit.miüUntf.s.* 
LordC'owleycontestóí/ jy, de marxo: "Mr. Thou 
venel me manifestó gran sentimiento al sabe 
que se habían enviado lirdenea á Veracruz p* 
ra reembarcar las tropas de marina antes qu 






143 



llegase Ea estaclún enferma- S. E. expresó que 
tenia la esperanza de que si las fuerzas de ma- 
rina de S. M. hubiesen avanzado hacia Jalapa, 
donde el pala es saludable, se lea permitiría 
permanecer, T-« contestó que, ya recordaría 
que desde el primer instante en que se pensó 
en la exped iciún , el gobierno de S. M . habí» de- 
clarado que no podía auoiinlstrar ninguna fuer- 
za terrestre, y queíaade marina no podían per- 
manecer en tierra loa meses insalubres." 

Antes de dar cuenta de la conferencia (lla- 
mada con raz6n la catástrofe de Drizaba), ea 
Que ios píen i potenciar ios declararon rotas sü» 
reliiciones, conviene confKíer la mala impresión 
que los convenios de la Soledad liabiao causa- 
do ,on Europa y la enérgica reprobación de los 
gobiernos respectivos- El de EspaFla resx>on- 
dió al general Prim: "S. M^ la reina, nuestra 
aeíTora, se ha enterado, con todo el interés que 
la naturaleza del asunto inspira, del despacho 
de V. E. de 20 de febrero y délos documentos 
que acompaña, y como V. E, habrá recibídoya 
las diferentes reales órdenes qne se le comuni- 
caron por el anterior correo, habrá compren- 
dido fácilmente la impre.sLÓn que sus noticias 
han producido en su real Animo. 

"Si el gobierno de S. M. deseaba que se ob- 



194 



(fervara c«>n el de la repúblicatnexicana un sis- 
tema de moderación y de Uiiuplanza tan amplío 
y deaembaraja.do comn ]o permitiesen la oatu- j 
raleza de Ins hechos qne han producido la ac-^ 
ci6n combinada de las tres potencifisy !aa con- ' 
diciones propias de ese gobierno, no crefa que, 
fuese necesaria llevarlas tan lejos que pudiera^ 
hacerse concebir ai^iina duda entre lo:^ mexi- 
canos mismos, respecto á la decisión con quej 
ae prosiguieron las reclamaciones, una vezpian- 
teadafl. 

"El gobierno de S. M. da el valor que real-l 
mente tienen A laft consideraciones expuestas] 
por V. E. para demostrar la necesidad de todaE 
las gestiones practicadas antes del 20 de febre- 
ro, y de los preliminares concertados con el mí^ 
nistro de Juárez; pero toduvía considera que al- 
gunos de ellos darán lufíar en ^>^ propio país 
interpretaciones qne alienten A una resisteñcU 
más obstinada que la que se habría opuesl 
BÍ desde luegB se liubieaeti presentado Jas re^ 
Clamaciones 

"Exnminandn atentamente loa preliminaresj 
se ve que por la primera cláusula "'f! gobtei-m 
úf £>■ Bnnto Juárez («ie) adquiere una fuerz 
moral que no tenía, pues que dando fe á la pa- 
labra d«qu« posea tndoB los eleiuantos de fuen] 



za y de opinión para conservarse, se entra des- 
de luefin en el terreno de los tratadas 6 de las 
negociacioDes, Esto hubiese podido hacerse, 
omitiendo la Diauifestación que hubiera lleva- 
do consigo los incoa venientes gue se presetitan 
al primei- golpe de vista , . . . . " 

Como de costumbre, el gobierno eapafiolfué 
más explícito con el embajador do Francia en 
Madrid. En 23 de icavzo da cuenta Mr. Barrot 
deque el general O'üounell y el ministro de 
estado le han dicho, "que el gobierno de la rei- 
na ha eiperimpiitado una penosa impresión al 
tener conocimiento del arreglo de la Soledad; 
que el primero le babta leído todo el despacho 
que se escribía al general Prim, cuya forma 
coTtés no disimulaba un reproche muy categó- 
rico y la desaprobación de muchas eláosulas 
del eonveniy, sobre todo á la que consiente en 
que la bandera de Juárez üote al lado de la de 
las potencias aliadas ;quedan«l'> sentado, aüade 
el embajador, que el gobierno español couside- 
ra que los plenipotenciarios todos üg bao apar< 
tado de las instrucciones que habían recibido 
y que lian obrado contra ei espíritu de la con- 
vención de Londres; pero que el mal estaba. 
hueUu y era necesario repararlo." 

La Inglaterra no aprobó tampoco lus conve- 
lo 




t4n 



niDs de la Soledad. El embajador do Francia en*l 
I-iondres escribía el 56 de inarzn á su grnbierno:' 
''Tengo el gTJsto de poder anunciará V. E. que! 
Lord Russel] tiene la misma opinión que V. E. 
sobre la manera con tjue se han conducido lus 
negocios; porque una dÜ'erencia de oídnión en-i 
tre los gobiernos anbre la marcha seguida por 
sus comisaritis, no haría mas que .agravar crm- ' 
siderablernentc los ineonvenient^^a de la sitúa-- 
ciAn. Lord Russell no vacila en vituperar eli 
lenguaje de quf se ha nstido eon el gobii(írno 
mexicano cnnsiderándnle en oposición comple- 
ta con Ms hechos qne hicieron necesaria la con-' 
vención de Londres, 7 cree ciue si el gobierno 
de México no daba la satisfacción pedida en un 
ptnao dado, se liabiia debido recuri ir Ala fuer- 
an; que el jfobierno inglés no aprueba tarapocn 
el que se permita a! pabellón de Juárez flote al 
lado del de las tres potencias y que, en tín» tí 
gabinete inglós mira Ins hechos del mismo mo- 
do que el h'finnía," 

En Francia la irritHción fué gmBdtshna y el 
Jfonfípwr annnció con toda solemnidad, "que el 
gobierno francés desaprobaba ios convenina de 
la Soledad por ser contrarios á la dignidad de 
ía Francia," 

En taato, tnmada ya la resolución de reeiá- 



barcar las tropas españolas, lo puso el general 
Prim en conocimiento de su gubieruo, y espe- 
ró la conferencia, "nn con tranquilidad, sino 
con febril impaciencia," según dijudespuésen 
el senado. Por su parte el vicealinírante fran- 
cés comunicó á los (itrna dos crmiisarios y al 
gobierno de Juárez su resolución de retirarse,' 
eonformed lo estipiiladn en la Soledad, para el 
c-Rsti qne no hubiese avenimiento, y romper las 
hostilidades si ei'a necestirio. El ministro de 
Inglatiíri'a aéudió tato bien á Orizaba con elco- 
modüro DunUip, clespuí.s de liaber reembarca- 
lio su gente, y Mr. de Saligny im se Iiíkd espe- 
rar tampocd. 

Reunidos eu Uiizaba el y de abril, empeaó la 
conferencia por una aclaración del conde de 
Rens contra laacuaaciándept^rdidade tiempo, 
la cual había sidft causada por la falta de tras- 
portes, y que si se hubiese emprendido la 
marcha en malas condiciones, un desastre no 
hubiera, sidii diftíril, mientras que aaí han pci- 
dido llegar cada rual á su destino á esperar el 
día fijado para las conferencias del 15 de abril 
con el gobierno mexicano. Mr, de Saljgny i-es- 
pondió que él liabfa sostenido la necesidad de 
un larg*'! plazo para poder recibir nuevas ins- 
tratioiones de au gobierno. 



irt 



El general Prim sostuvo que todo caminaba 
perfectamente y debía esperarse !a satisfacción 
que se buscaba por medioa paciticoa, cuando la 
llegada del general Almonte y de otros mexi- 
canos arm,i6 la manzana de la discordia. Ana- 
dió el conde de Tleus que en una visita que le 
hizo el general Almonte, le declaró que conta- 
ba con ef intíiij) de laa tres potencias para es- 
tablecer una mona-i'gula, y que este pru.vecto 
serla muy bien recibido en México y xealizado 
antes de dos meses. Ei cimiodoro Dunlop con- 
firmó lo dicho x>ur el conde de Reus. Este re- 
plicó al general Almunte queso opinión era 
diametralmente opuesta y que no debía con- 
tar con el apoyo de la Espalla; que la repúbli- 
ca era antimonárquica y que liabia ELconsejado 
¿ Almonte que se marchase. 

El vicealmirante La Ufíivi6i-e sostuvo que 
estaba en su derecho de obrar como Je pare- 
ciese, puesti:) que conforme á los convenios de 
la Soledad, se había venido con aus tropa* al 
punta indicado en eSlos, para el caso de la rup- 
tura. 

Se suscitó la duda de sí los [¡oiuisarios fran- 
ceses podrían obrar solos confornie al tratado 
de Liondres. El inglés y ol espaflnl ei-^ían que^ 
ao- Luego se discute sobre si los franceses te- 



14.1 



nían derecho do proteger á los mexicatioa ene- 
uiigos del gv>bie>-Qo de Juárez. Los comisariou 
ijisflés y eapaQol sostienen que eaii es infringir 
el tratado de Londres: loa f rnnceRes soetíen^ 
sn derecho de inteipretarlo, y se cimtrovierte 
además si eae acto constitufa una intervención. 

Mr. de Saligny indicó las inconvenientea de 
la conciiiaciÓTT que se babía intentado, puesto 
que deadc entonces aumentaron las violencias 
y desmanee del gobierno mexicano, aserción 
que contradije von lus coinisaríns inglés y es- 
pañol. El conde de Keus sostiene que ae debía 
creer en las promesas del gobierno mexicano. 
y sobre todo esperar al l,"j de abril: pero el mi* 
niatro francés insiste en lus nuevos atropellos 
cimtra los subditos franceses (Ío cual niega el 
inglés), y en (jue el gobiorno mexitmno ha roto 
el convenio de la Snled:i.d. 

El conde de Reus pide explicaciones sóbrelo 
qne el mrnssfcrri francés dijo al coronel español 
Menduifla y al señor Cortés, cónsul de Espa' 
fia, sobre é\ disgusto con que el conde de Reufl 
vela la candidiitura del Archiduque, porque él 
mismo aspiraba á hacerse corona^r como em- 
perador de México, y aun pacece que habla de- 
clarado poseer pruebas de ello. 

K\ conde de Keus protesta enerve amenté 



nontra semejante a3everaci6n. y exige ú su co* 
lega, que dé explicaciones sobre esto; añadien- 
do que una versión tan. absuj'da en bt>ea de! 
púbJico no tendj'ía impoi'tancia, pero que tenía 
un carácter gmv-e víojeoiio de Mr. de Saligoy, 
Los comisarios franceses convinieron eu que 
habían liablad't en est sentido, pero aseífura- 
ron que s6to repitítjron locfue de público sede- 
eía; que había una carta^ QQQ también leyú el 
vicftalmiraate, escrita por una persona muy 
afecta á la candidatura del genera] Prim para 
el trono de Méxic», y que aun se hablan hecho 
insinuaciones, coiiiii ai el emperador Naxjoleón 
fuese íavüi-able á ese proyecto: que los firtícu- 
loa de Kt Em fie Europa tenían importancia por 
haber declarado el conde de Reus que ese pe- 
riódico no estampaba una aola palabra sin la 
previa apToba<'i<'ni do S. IC- ' También dijo Mr. 

1 lio aquí to quü escribíil A"¡ Evndr Euro'par 
■'Una palabrA y lK>tuijs couiliirdo. Hu^ peteuiiiHi c(i>'0 
nombre ee nii progiama; Isay itiíJividiiHlidaiIe^ que son el 
sfníboln de una gnin ii'in[jresn, v tu porsr.tia y el nombre 
del gvnerul Piiui aüii qI g^nitiorn y el prograina de esta 
espedjciúii. Mi'xifu y el mundti tínten» le lií.moi.'^en y le 
adinirati^ y niií* de un lom/ón ineiiciLiiit ftilpíta hoy con 
ei solo i'QC'ii^i'do de#u^ inaj'avilloíiíis liaxaiias. Porque te- 
nemns en é) un imbltí rajjjtán que lü firecíji y Rrjnia ha- 
hrhin elevado :í !i» catog'.u-ía de sus dtosesi, «ii tiíroe que 
en laedm] niedín habriíi aiiio el futulador de uim dinastía 
lie reyes, v qne iin dt;i hii üifibídu reaucitAr la terriblí' poe- 
^jíiidu Iu9 couiljatcade Kontero; teneinoü ahí un pnladln 



161 



[e Saligny qua le chocó una frase del íjenera! 
Pi'im, ciuiucio al decir que conííideraba abyur- 
da la canclidiitura de un prínci pe ausU'mcu, afia- 
dio que quizá tendría más prubabilidades de 
^xito "un sttldado do fortuna." 

Eil conde de Keu^dt^claró q ue aludía á uu sol- 
dado de fortuna mexicano; que jamás hablaaii- 
torizado á nadie para que pudiese imputársele 
semejante proyecto (nn- cuenta propia, ni estíL- 
ba dispuesto á toleratin; j que si bien era cier- 
to que nada publica Eí Eco df Europa sin su 
api'obación, no lo era menos que nada podíaen- 
contnirse un aquel periódico relativo á su can- 
didatura para el trono do México; suposición, 
por otva parte, que le ofendería profundamen- 
te, pues, aunque ea aqael país ae le proporcio- 
nasen todos los tesoros del mundo, apreciaba 

gJnrtOBii, que ccrujo moldado es un rayu du giiurrit, uu layu 
lii! gloi'iii, y como humbrt? üe tífladü te iiiiif Etm el Hiiiigí» 
niia HÍnceríi dw tütlíia las refi-n-mns pnlít.icas ijuh Ijacfii la 
felicidad de ¡u^ uaciniii'g. En dcindu quiera qiiü brilla su 
enjiadii. la vii."tori«.ea í^pgnru; tíii dündequÍLTíi mEiiena bu 
viix, el ti'iiinfú de la libertad y el urugi-f su del HÍglo que- 
dan nbt'gorados. tíi algo inam posible afmdir ¡i lii voQtian- 
en in&pií'iuln por la gíiitidez^i de laa pútencins aliadan. Ml'- 
xie<i fiiüuiitraria una nnevagai-aiitía en el tonde de Reus. 

"J¡t !n.n-i)e ün CufLi i l*'j'."e dtscnibartú el 18 de (jnerc. y 
TnnnLi'i :'i <:ab-iillr* (.'ii k\ muelle, escoltado por vnlieiile^p oh- 
<!Íulet! \ \>'¡v uji brillanKi e^Uxío muyor, dicigíénduse iil 
cuiii"'U'l );eii<.'raí, ndiiiímclo \\ar \a, niiiliítD'l tjue ífe cgnipíi- 
tut U "■•■iiI'MujjLiiIé', con i-xiapis. 

"Á lu ik'^du iltft Ki'liei'íil l'i'iiii, la cíiitliid Hyiaii uu us- 



152 



rfinitaiiientemAs la posición que se había 

ciuiriilf» por sí mismo en España, como que na- 
da valía tanto para él cocüo la benevolencia de 
su Soberana y la estimación de sus corapatrío- 

Loa eomisaríos franeesee observaron que na- 
da liabta en esto quB rebajase al conde de Reaa: 
repiie/j éste que semejantes aupiialaiones ei-an 
ofensivas para su bien reconocida lealtad. 

"Kl conde de Roas preguntó en sej^uida sí los 
comisarios franceses ponsfrban seguir obrando 
conforme ai tratado de Londres. Contestaron 
que s£, pero qtíe se creían libres de interpre- 
tarlo confoi'me á su deber y á su derecho. 

El secretario del plenipotenciario espaflol le- 
yó una nota de üobíadu, pidiendo quesereem- 
bai'caae al «-enerat Atmonte y sus compañeros: 
pecto de fiesl.:i / de atígffa rjiie iirj ap liabía visto hostl» 
entuntíea. S'i-i'lii prt'Bifnri^t proc.liu-t;\ eap *'f»eIo; y des- 
prn^a áa su ni "i-^icodiíonrso. eHaii.l(ítri'rii BÍ|rtiít'' su ctirao y 
íirí coiniiletucín poi- la prontilnil y la hahiliiiad de eua me- 
dí dan. 

«Para cnndenniiv luiestTíiíi observacifíiiea y liiiTOriion en* 
tendel- bien, iiiisíilnjs períoinifií^amas el péneiimit-nto de 
la expedícii'in en uno solo de. í^us repifsenkintes, en i*1 
mnrte <le Reii?; y nf>3 cH Ifcltu el liaoerío sin apnrit-iiciil 
de Yunidad jiatiotial, porque el plcnipotenciarid esimñiil, 
atingue íiaja fibradn mtínipre de nciierdo ooii Níb de lti0 
olma doH nitciviiiL'M, liílflklri fi uk'ivÍI y el ctmsejent de to- 
das las medidüíi qui^ »>' lian adojitailo: en una palabra, bI\ 
atinu (1^ lat'tnpi'fea. 

' natural es que así snccdfl, porque el cfíüde de 



ISS 



los comisariíjs franceses leyeron otra, rea^wn* 
diendo que no pudían'acceder ala demanda del 
gobierno QiexicaEo. Li>s comisarios ingleses y 
espaColes negaron su asonti miento á esa rea- 
puesta. 

El viceairairante manifesbú que en ningún 
pafs del mundo había visto un sistema de ie- 
rror semejante al del f^abierno mesiciino; que 
su opresión era udíosa; que con los más frivo- 
los pretestus se arrebataba alus padres de bus 
hijos y á éstos de su familia; 3q despojaba A 
los ciudadanos de sus propiedades y se ahoga- 
ban aCín las más tímidas manifestaciones déla 
iipíniún pública; y en fin, citó ejemplos de ame- 
nazas de fusilar mientras se estaba tratando, 
Mp. de Saligny opoyó estas apreciaciones. 

Sir. LUi. Wyke dijo que la mayoría del pueblo 

l,Íene el mismo origen que el jjnebU) certa del cual la lÜu * 
mpa HB pr'jjodJie utunr, y vs natural taiiib3t*u por utras ra- 
KOiidFt fjinii BOU exctiiflivamente pereojialee. . . , 

«Figiii'L'iiionufi :il conqiiiütadoi' ile ATricaen medio desn 
UrLIlaiiLe |ilvyiide! de&iieirerop, 9uapirtiiid[t)iiijr<¿'J iwligmy 
I» gloria, ti U cüheBA tle iinn fiblnngct flt> veteranna que Iti 
inirnu riwj ifinio ;i im díoa, CoiiteinpU-irniale ante im pue- 
blo rjiiH le invita ii loH Luinbateb', que le provoca A medir 
811 eBpmíii. y podre inos Eorinarrioe una ifJea de lo qno le hii 
(■:utíud<j Permanecer tranquilo en [reate de loe campos de 
biitalla y sftorijicar fliifi int^lintAfi (' flua hábUoe eiu foi? tü- 
tnreiífle lii p;iK, deSa jníiticin, do la bniiiaiiidnd, con el fin 
gonerohKj d^ahorrnr d Mí-xioo la efiipión de sangre. 

"Retn conducta e? nn aúianiieiite di^iin de adiuiración, 
fiinn (|i)e caiiiianl ogoinbrn i^ti Lndn la Knrnpa, en donde el 



154 



mexicano era favorable ai actual gobíerao 
que no había partidarios de la monarquía. 

El vicealmirante dij.i que ]íí. cuestióa de Lui 
monarquía era puramente accidental: que Ui 
más urgente era establecer un frobifrno moral 
y respetado que no ahogase la expresión delj 
pala; que la existencia de una mayoría rntuie- 
rada era indudable; jjeru que calialía temiendo 
qoe los aliados eran hostiles. 

El conde de Keus dijo que no habla en que 
fundñi' esa hostilidad, y que desde la Habana 
manifestó á los mexicanos que su intención era 
tratar con el gubiernu establecido en -Aléxico: 
que Xueran á México^ se constituyesen en go- 
bierno y que trataría con ellos. 

Eí vicealmirante añadió, que las personas 

díg'nas de simpatía eran aquellas que no per* 

comii' (le Kniw ea lu.W coíiocído que aquí pnr sus lia^iif^as 
ínhnlnsaa y sil valni" tan cabiilienjso. Lit Europn rerono- 
rer.i dífk-ilmRjile al Mroe de Eíí-ih y du Tttiii\n eu e! tran- 
qni'ti y prMfJente plpnipnteiiciniin dft ta VeracinK, Si el 
gtni'i'íil' Priin 9>.- hiibiene dej.vdf) llevnr por sus inslinUw 
L<*.icn-oB, el EuciDd'ii nnda Imbrín vistí di* t'simfír», pif- 
qii" no linbiese lipolin aino añadir un asiinto má^ ü fu gJV- 
U-rfii de cuadros herúkiiií, y el iniind(n;eUl Licustuitibiado 
A v-*o. 
■iLfj que pnrece nuevo en sei viiB, pb id Iierijísmci rie sn 

1 Milla [iiemoj'ia tieiiei Mr. ile Wyki-. Ya s^ li:i »ÍB)tü *n 
otni paH« qin) llamaWi á use gobierno jiiipnleiite y cih 
irunipidí), y iiue no véfii maa i'etitedio que ''In ialcrvou- 
ción pjttj-ftiíjei'a." 



tetiecSan á purtidus extremos y geiukii ¡mr 
todo el pata: tiue ese partidü aparecería el áUí 
enqtw? tuviesp libertHfl y contiaTiza, lo cual se 
lograría marchando sobre México. 

Mr. de Saligny añadió c|iie sus c'(>mpatriotas 
seguían opiimidos en Iti capital; ífue había ve- 
cibido peticiones reclamando Ja marcha de las 
tropas como única cosa para evitar ¡iu ruina 
completa, 

El comoddi-o Diinlop manifestó que losíran- 
ceaew residentes en la capital, verían iií contra- 
rio cua disguato e:*a uiafclia de las tropas, y 
Sir. Ch. Wyke aüadiifi que entre las persfmaa 
del gobierno mexicano habln, luieuibros muy 
distinguidos, y que la conducta se^uidiL irra la 
mejor para consolidar un gohiei'no aceptable 
para todos. 

[j08 comisarios ing'lt's y español manifesta 
ron que no habría arre(fIo, si sus colegas no 
obraban conforme á Ins convenios de Londres 
y de taSoleiUd. 

paciencia, y esto es un bit<n. I/U C(iiidii<:ta del cnride irle 
lieiis liíi Hervii.io cuj flíiltiniPiilií paru, di.?ipar lag diiilus del 
gubii'rno me^i^Jl^o, h'Ítio qiip liii ejeicido iiiiii irlIttL'iicii» 
miígica rii el liiinno de laa iiuljIncííUíes. 

"Eu il(^x¡i-M ilic-eii sin? Aihigí;;^, que «e el lín^tíl txterml- 
nador, el üw^c] del cniítiieln, el leúii de la bntallfl. ol íe- 
midins de lii guerra, y í|iii.' (lara hacer an retru-to, [Initicro 
le tiubriii (-itiiipaiildii ic Murt8.<> 



1^ 



Mr. de Saligny roplic6 que su infracción dé-. 
hía achacarse al gobierno mexicano. 

A esto responde Sir t'h. Wyke, refiriéndose 
al tratado de Londres, j el conde de Reus lea 
el discurso de Mr. Bülault, en que dice que el 
tratado de Londres determina la conducta ds 
los aliados. El conde snstiene el derecho de los 
mexicanos para oponerse á alterar sus ins 
títyciones por la fuerza. 

El viceaitüirantefraücía declara que no ibri- 
ea simpatías liacla un g-obierno é, quien se la 
viene á predicar paz y conctliación. y que res 
ponde coa sanguinarias e,}ecucionea y edictos 
de proacripeióiK 

Los comisarios de la Inglaterra y de Ks^ianan 
snstJGnpQ que no pueden convenir en el movi-í 
mientri retrógrado por Rer contrario á los com 
promisos recípracos. 

El vicealmirante replica que los armisticios 
ptieden rfimperse por una de las partes, y aBa- 
de que está obüigadoá retirarse encasoderup-. i 
tura y que la cree plenamente justificada.; qPtM 
su resolución no liga ásns colegas, y que acep- 
ta la responsablidad (le tal rot^dicía ante ellos ^ 
miamos, su gobierno y el mundo entero fl 

El cando de Keus dice que no puede haber" 
armisticir» dondo no ha habidoguerra, á loque. 



replica Mr. deSaü^y, que ella existe desde Ta 

lícupacíón do VoiMcriia, ¿ insiste en imirtiiar á, 
México para satvar á -stis nacionales, victiman 
cada d!a de nuevos atropeltu3 , y deelaru que no 
volverá á tratar upas con ol gobierno de Juá- 
rez. 

Los comisarios inglés y espaíiol replican á su 
vez ciue naila significa una resolución semejaii- 
t&. y que no aceptan ni subscriben esa contes- 
tación á Doblado- Al mismo tiempt» declaran, 
que si los Iranceses persisten en oponerle á la 
retirada de lus emigrados mexicanos y en no 
tomar parte en las conlerencias del 15 de ab^i^, 
se rnavcharán del territoriü mexicano, consi- 
derando esa conducta como una violación del 
tratado de Londres y de los preliminares déla 
Soledad. 

El vicealmirante francés manitiestaeiit'inces 
que cualquiera de los aliados que permanezca 
en México^ puede obrar en favor de h^s intero- 
ses de las tres potencias; pero los comisarios 
inglés y español contestan que eso compete só- 
lo é. sus gobiernas. 

Se discute liiegi> el modo y época i^n ijup las 
fuerxas inglesas y espaaolas deben evacuar el 
territorio, Kl vicealmirante ofrece lus buiíues 
franceses para trasportar las tropas españo- 



líS8 



las; pero e) conde de Keus declara que sólo lia- 
rá liso de los buques ingleses. 

Tal es la famosa acta de Oríanba, qut; tan hun- 
da imprGsifin produjo en Europa y que inau-- 
Kuri') una i'^pnca de tristeza y de cruentos sa-l 
criticiusl ..... 

El 20 saliú de Orinaba el general Prim, en- 
contrando en el camino de Veraeru?. al general 
Lürencez, que avan?¿ibacon sustropüs. Las es- 
pañolas signieron hasta aquel puerto para eoi" 
barcarse á liurdo de los buques ingleses, que 
el ccniíodoro Duniop y Sirí'h- Wyke habían fa- 
ciliíadú con tanta complacencia al líeneva! 
Pritn. En Ík- ll:ibana se viú con tristeza suma á 
lus bravos snklados espaüoles volver sin haber 
cumplido su g'loriosa rnistón, que tantas sim- 
patías había encontrado en ln isla, conocedora 
de las desgracias de Míxico y de su i'micn re- 
medio, El general Prim fué á los E-stados Uni- 
dos antes de seguir para íladrid, habiendo si- 
do muy bien recibidí y obsequiado por loa 
uinericanijs del Norte- 




Elgobiertmvífpfíftül aprueba ai oeiíei^lJ\'f.uh ^Opí- 
Víóii íle nfg/trnin il'¡ (iníadoít y tte}iii(irn-eN r'¡fi]iaf)o- 
les. — JRcwjíHTiL'eiilo 'h' fa- FniiwUi.-^ Impresiihi 
en Europa- — La Inglate^-ra apnietia la riiptufa. 
El gobierno españnt que, coint» se ha vistíj. 
había desaprobada en detalle lo becho pot' el 
general Prini, aprobó completamente su con- 
ducta después de la retirada, yin declaró así 
en la solemne discusión del senado y del con- 
greso de los diputados, El gobierno español, 
después de examinar en auronjunbiíat'unduc- 
tá del conde de Reus y tudas las fases de eslía 
negociación ; encontró q ue el conde había inter- 
pretado fielmente su política y BUS inetruccío- 
Tips. Desde entonees descrtibaraKÓ ai genei'nl 
Prim de toda i'^sponsabilidad y asumió ante la 
nación y ante la Europa la de las conaecuenciás 
de estos acontecimipntios. 

En la cámara de diputados eiclamaba el ora- 
dor demócrata sefior Rivero: "Marchábamos 
victorioaoa á .'^léyíco- ¿Dónde están nuestros 



soldadosV En la Habana; y en vez de ellos est&n 
los franceses poi- el camino épicfl y glorioso que 
recorrían Ins soldados de Hernán Cortes. Me 
cliorrea sangre el egrazon: hay üsa vergüenüg, 
patriótica que me Cubre en este momento- A 
Cortés y sua soldados It^s cupo la gran gloria; 
& nosotros la gran vergOenaa. ¿Y esta es la po- 
lítica que deíendéisV ¿Son ostos loe grandes 
Iriunfofi que preaentaisV 

''Y yo pregunto al gobisrno: lii vunlta del 
ejército espafiol, ¿es un í?ran ti-imifn? Porque 
<'l seflor uiinísirii ayer hablaba dt' la influencia 
que había adquirido Espafla desde ([ue el mi- 
nistro actual regía los destinos del país, y yn 
no creo que ha liabido desde lfs08 acá un acoo' 
tecimionto internacional que haya herido más 
y haya cansado más luto Á mi país- Si teciainos 
que hacer allí, 'ipor qué nos hemos vuelto? Sí 
no teníamos que hacer, r>por qué hemoñ ido? 
¿No sentirá nuestro ejército en ía, isla de Cuba 
.ver á los franceses ir por el camino que Her- 
nán ttortés iluatró con su epopeya':"' 

E\ diputado progresista señor Olúmga excla* 
maba: 

"Ya habéis viatu el resultado que habéis ob- 
tenido con vuestras negociaciones dipluináti* 
cas, y las uunsecubncias que nos ha traldd una 



ttl 



expedici^Sn eo la qne se fiaban tan importas* 
tes regultados- 

"Los Elstados Unidos. cíntralos cuales podía 
haberse pensado en levantar un valladar que 

contuviese la invasión de la ra^a anglosajona, 
tiene el mismo motivo de queja y odio hacía 
nosotros, que sí lu hubiésemos realizado, por- 
que bien demostrado quedaque no hasída por 
falta de deseo, sino delaconveníente inteligen- 
cia y previsión. 

"Las repúblicas americanas, que con tanto 
mfenosprecio han tratado ánuestros nacionales, 
que han violado los tratados, que han insultado 
nuestro pabellón y que podían temer at ver que 
ElspaBa por primera vez enviaba unfiexpodicióQ 
respetable y ge unía con otras potencias para 
hacerlas reconocer su superioridad en aquel 
eontjaente, aumentarán su audacia y tmüirán 
peor á los desgraciadas españoles- 

"Los partidarios conservadores, tanttj en Mé- 
xico, como en las demás repúblicas iimerica- 
Tiaa, que han sido siempre favot-ahles & los ea- 
paíinlesj se han vuelto contra \& España y ae 
declaran, y no pueden menos de declararan! 
partidarios de la Francia. 

"Y sobre todos los males materiales y sobre 
todas Ia.8 desgracias que á esto se siguen, liay 

1 1 




ua mal moral, hay un, mal qu@ siente uno en el' 
fondo de su alma y quo no tiene remedio. 
Caando ha sabido la América, cuando ha sabi- 
do el mundo entero que loa soldados espaüolea 
hablan pisado el territorio que ilustraron con 
sua admirables hazaíias Hernán Cortés y sua 
heroicos companeros, y que han abandonado 
aquel territorio, no sólo sin exigir y obtener 
satisfacción cumplida de los agravios, sino has- 
ta sin pedirla, habéis echado un borrón en la 
página más brillante de nuestra historia que 
las páginas de nuestra independencia en los 
tiempos antiguos y modernos. " 

Y el elocuente diputado seCior Ríos Koaas; 

"Ya lo sabe el conureao: to estamos contem- 
piando, y nos parece un sueño; en América se 
ha abdicado para mucho tiempo, cualquiera 
que sea la conducta ulterior del gobierno, con 
estos hoDibres ó con otros; se ha abdicado, di- 
go, para mucho tiempo La inüuencia moral, la 
infiuencia legitima que deberfan'os ejcircer, no 
sólo en México, sino en toda la América espa- 
flola; y con esa influencia se ha abdicado la de- 
fensade nuestros nacionales, de nuestros prln*- 
cipios, de nuestros intereses políticos y inat&- 
riales, la defensa, la custodia, el cultivo y el 
de^&rrollo de nuestra civilización en el mundo... 



í 



163 



» 



"Si habíamos ido allí para derribará Juárez; 
BÍ habíamos invocado la, cooperación de sug ene- 
migos; si habíamos ido prometiendo al país la 
hbertad de acción necesaria pava que derriba- 
se á aquel gobierno y para que crease lan g'o* 
'bierno nacional, el gobierno que quisiese; ai 
todo era cierto, inconcuso, notorio, cuando nos 
aliábamos con Juárez, ¿qué hacíamos? ¿Cuál era 
el resultado de nuestra actitud? Que á loa ene- 
migos de Juárez les hablamos tendido un bo- 
rribielazo. Eso pueden decir los mexieanoSj 
eso dicen; por eáo estamos liundidoa aLlí; por 
eso no podemos levantarnos en mucho tiem- 
po." 

El diputado y escritor señor Ooelloy Qiiesa- 
da; 

"Séaojos francos, y apelo á la conciencia de 
todos los hombres que han sido gobiernode mi 
palsi y podría apelar á la misma conciencia del 
señor Olózaga que ha ocupada puastoa diplo- 
máticos importantes en Europa; esta acción 
maucnraunada de la Francia, de la Inglaterra 
y de la Espaíla en los asuntos de Músico, esta 
ínterTención que no se dirigía á conquistar ni 
á dominar ni á imponer ninguna clase de go- 
bierno, sino á colocar á México en situaciún de 
poder darse un gobierno digno del siglo en'que 



vivimos, ¿no ha sido el Mío ideal de tos gobier- 
nos de nuestra patria? Un aCo y otro afio he^ 
mos deseado esa acción que han impedido, pri- 
mero, nuestras disensiones civiles, nuestra 
ioapotencia: después la indiferencia con que^ 
esas dos grandes naciones de Europa, la Fran- 
cia y la Inglaterra, habían visto las calamida- 
des de México, y por últinin, el veto de los Es- 
tados Unidos, la doctrina .Monroe" 

Eü. señor general senador marqués de Nova- 
liches : 

"Pero ya qae el ministeriopor su gusto, con 
datos como nadie, siendo el único que podía te- 
nerlos paTa poder apreciar mejor fcodo lo pasa- 
do, ha querido que pese sobre ella responsa 
biltdad, yo le diré que no se trata de cuestión 
extranjera, que no se trata de cuestión france- 
sa, que se trata sola y exclusivamente de cues- 
tión nacional, de cuestión española. ÍY quifi sa- 
tisfacción les dará á ios espalloles que habien- 
do ido á México, y pensando cruzar sus manos 
con las de sus Iierinanos I'js soldados de la rei- 
na que habían quedado en la Península, han 
visto defraudadas sus esperanzas? ¿Que satig- 
íacción les dará á los pueblos que han manda- 
do ¿ sus lujos á aquel país mortífero donde tan- 
tos han perecido? ¿Qué satisíaccióu le dará & 



166 



la nación qae ve consumirse á raudales el teso- 
ro público? Vuestra conciencia, seSores minis- 
tros, os lo dirá: vuestra conciencia os dirá la 
única satisfacción qae le queda al país-" 

Reisentido el gobierna francés de la solemne 
aprobación quo el de EspaDa había dado á lo he- 
cho por el conde de Reus, aprovechó la ocasión 
con que le brindaba la iiutadel ministro de es- 
tado español de 21 de mnyo al encargado de rie- 
gocioa en París, disculpando y aprobando al 
general Prim. 

Consideraba el gabinete de Madrid que la car- 
ta del vicealmirante La Graviére justificaba laa 
resoluciones del conde de Reus, toda vez que és- 
te había creado encontraría ofensiva & su país. 
A lo cual respondía Mr. Thouvenel: "quenoae 
debía dar tanta importacia á una carta privada, 
y que las buenas relaciones del almirante con 
el general espaüol alejaban toda sospecha, co- 
mo lo prueba la cordialidad de la respuesta á 
esa carta por el general Priui. 

* 'Que el gobierno francés habla dado pruebas 
de los buenos sentimientos i|ue siempre ha 
abrigado por la España, y que la divergencia de 
alííunoa puntos secundarios no era «n motivo 
para abandonar una empresa en que el gabine- 
te (le Madrid había manifestado tanto ardor, 



166 



que hasta parecía como que quería hacerse jus- 
ticia por slmisrao ank's de neyociai"; que el cam- 
bio cordial de ideas y las seguridades dadas por 
la España, hacían creer que las ingtruccíonea 
dadas nuevamente & loa agentes respectivos es- 
taban de acuerdo, ó iban á producir una mar- 
cha más decidida, como parecía Indicarlo lacar- 
ta dol general Prim de 51 de marzo al TÍceaími- 
rante, por lo cual no podía comprender el go- 
bierno de Fraacia el reproche del de EapaCa al 
seBor La Graviére, de querer subordinar loa 
intereses directos y personales que llevaron á 
los aliados alestablecimientoprevlode una mo- 
narquía, sobre todo despuós de las explicacio- 
nes frecuentemente enviadas á Madrid pur el 
gobierno francés y de la proclama de sus ple- 
nipotenciarios, después de la ruptura, en la 
cual, conformando sus palabras con sus actos, 
negaban toda intención de establecer un gobier- 
no que el país rechazase." 

Como el señor Calderón Collantes insistía 
mucho en que el al mirante parecía como sentir 
que la expedición tuviese un carácter demasia- 
do espaCol, Mr. Tliouvedel respondía: "que el 
almirante lo que quisodecírfué, que en ciertas 
eventualidades la acción independiente llegaría 
á ser el derecho de cada uno, y que no debía 



I 



sorprender esto, sobre todo al ver que un pe- 
riódico (El EcofJe Europa), queseimprimíaála 
vista del conde de Reus, no perdía ocasión de 
representarle como "el alma y la personifica- 
ción completa de esta empresa"; y que, ade- 
más, el mismo general Prjpi escribía 4 su go- 
bierno en 27 de febrero, "que el elemento es- 
pallbl dobía predloLn¡na.r, ya á causa de la situa- 
ción particular de la Eapalla, ya por la inicia- 
tiva toiaada porella en esta importante eui- 
presa," 

En cuanto á los hechos especíales que babliin 
motivado la ruptura, es decir, la protección 
acordada al genera! Almnnte, el niínistrn Tliou- 
venel "la encontraba justificada con las mismas 
apreciaciones heciia9 por el seQor Calderón Co- 
liantes, cuando la expulsión del general M ira- 
món; pues en 7 de marzo escribía al conde de 
Hena: "que era de temerse se turbase la buena 
inteligencia entre los aliados, si uno de ellos se 
creía con derecho de dictar contra algún mexi- 
cano medidas semejantes á las aplicadas con- 
ti*a Mirftmón; porque eso equivaldría á ejercer 
una especio de soberanía que daría lugar A de- 
bates peligrosos y á violencias difíciles de jus- 
tifi-Car, y que el representante de S. M. Cató- 
lica tenia la importante misión do proteger á 




todus ¡Ddiatintamente, y de impedir todo rc' 
que pudiese aparecer apasionado ó violento. 

"En fin. con la proposición que había hecho 
el gobierno espaflol de abrir una nueva confe- 
rencia, nada, se habría adelantado, pues basta el 
comparar las fechas para convencerse qu© no 
se hubiera impedido la ruptura.'' 

Para terminar 6í gobierno francés declAfíi- 
ba "que cada gobierno pronuncia soberana- i 
mente en todas las cueí^tiouea en que su di^i-H 
dad y sus intereses están empeñados; que no 
le toca investigar por qué ahora el gobiernoes- 
paKol adopta una política de conciliación y de 
deferencia, cuando ninguna ofensaha sido ven- 
gada, ningún perjuicio reparadopy que al cum- 
plir Bolos la tarea comenzada en común, exigi- 
rían de México garantías serias y duraderaa 
para el porvenir, al mismo tiempo que ayudaría 
al paía á salir de la anarquía que le devora, en. 
lo cual haría la Francia nn servicio & la civiliza- 
ción y á las naciones aliadas, de cuyos intereges 
no se apartaría en aquellas regiones." 

Fácilmente se colegirá, que del disgusto del 
gobierno francés participaba con energía la 
Francia entera, que se veía abandonada preci- 
pitadamente por sus aliados, después de haber- 
se perdido tantos meses tiue permitieron a 



( 



* 



1 



gobierno de Juárez fortificar puntos que la na- 
turaleza había ya hecho formidables y aumea* 
tar su ejército; mientras que Ina aliados discu- 
tían couataotemente hasta acabar en un lasti- 
moso rompimiento. La Europa entera no dejó 
duda alguna de cómo apreciaba los hechos, y 
la caída del ministerio español después de loa 
elocuentes discursos que se pronunciaron en 
las cortes españolas, mereció la aprobación gc- 
neraL 

La Inglaterra aprobó también la ruptura- 
Su egoísmo tradicional, sus pocas simpatías 
por las raza latina y por el catolicismo, el mie- 
do á los Estados Unidos, la dificultad de movi- 
lij!ar sus tropas y el regocijo del mal ajeno, 
la hicieron desaparecer de una empresa cuyo 
mal ésito Je alcanzará en su dta y ae lo harán 
sentir los Estados Unidos. 




^^^ 



CAPITULO TX 



El ejército frnncés en Orizaba- — Pnmuncmmienla 
de Córdoba y (yriznüa enfavüi' de In Interven-' 
ción. — Sp le une la brigada Gúlvez- — Proclama\ 
de Almont€. — Atoqua á Puebla. — Descalabro de 
los />-ancef>es- — .S'e ie/i une H geiser al Marques. — 
Derrotii de ¡a» furrzan mexicann^ porla-'i /í'Oíí-J 
ceibas en ifí'ixaOa- — La preima en México. — Vtt 
(ilhlH miii-Utro ingles y ne vuelve ninigo del go- 
Mervn. — Unce ron éfite un tratirdo i/tie Tioapii¿e- 
ba la luglMerra^ — SI necretarío espafíol lleva 
Mímico un proyecto de tratado, 

VolvaiDOá á México. Con arreglo á los con- 
venios de la Soledad, la fuerza francesa salió i 
de Orizaba, dejando allí á los enfermos. El ge-fl 
neral Zarag-oza, el mismci día que había dirigí-" 
do una fuerte intiraaciÓD á los aliados para que i 
no avanzaran (intimación de que no hicieroTiB 
caso), reclaraó contra la poca fuerza <iue decía" 
había quedado en Orizaba el 19 de abril, des- 
pués de algunos pequeQos encuentras de si 
caballería cun las tropas de Juárez, que fueroi 
rechazadas. 



m 



Al mismo tiempo las ciudades de Córdoba y 
Orizaba se adherían con entusiasmo á la Inter- 
vención, y el general Gálvez se unía con su bri- 
gada al ejército francés. 

El 21 dirigió el general Almonte á lea mexi- 
canos una proclama en cine les decía: 

"Al volver, pues, al seno de la patria, os di- 
ré que no vengo animado de otro sentimiento 
que el de contribuir á la pacificación de la re- 
pública y el de cooperar al establecimiento de 
un gobierno nacional, verdaderamente de mo- 
ralidad y orden, qut haga cesar para siempre 
la anarquía, y que dé suficientes garantías pa- 
ra las vidas y propiedades tanto de nacionales 
como de extranjeros- 

"ExtraHo á la sangrienta lucha que por tan- 
tos anos ha destropado á nuestro hermoso país, 
escandalEzanclo al mundo entero hasta el grado 
de llamar seriamente la atención de las gran- 
des potencias occidentales de la Europa, mis 
esfuerzos se encaminarán siempre á procurar 
la reconcihación de nuestros hermanos, y ha- 
cer desaparecer de entre ellos los odios y las 
desavenencias- Por fortuna, para conseguir 
un objetij tan noble, no tengo que desear nin- 
guna venganza, ni tampoco que pedir ninguna 
recompensa. Premiado suficientemente por la 




nación, por los servicios que era mi deber pres- 
tarle antea de sif independencia, mi único an- 
helo hoy es de poderla ofrecer el último j más 
importante, antes de descender al sepulcro, y^ 
ese servicio es el de procurarle la paz de quo 
ha carecido por tanto tiempo." 

"Almonte, díee el embajador seílor Mon, no 
se habla presentado allí con ninguna misión, 
no había manifestado au pensamiento hasta 
que las tropas espafiolas se habían embarcado, 
hasta que allí qnedaFon solas las tropas fran- 
cesas que ie habían acogido, que habían defen- 
dido su vida, que le habían libertado de sufrir 
la misma suerte que el infortunado Robles 
Pezuela." 

El general Almonte acnmpaBÓ al ejército 
francés que siguió para Puebla, cuyos cerros 
de Guadalupe y Loreto defienden natural yfi- 
cilmente aquella ciudad, que el gobierno de 
Juárez había tenido tiempo de fortificar, reu- 
niendo allí todo su ejército y todos loa recur- 
sos de que podía disponer. Era la opinión de 
algunos mexicanos, que sabían cómo se había 
tOQiadü esa ciudad en la guerra civil tantas y 
tantas veces, y aun habla alg'uno entre ellos, 
como el distinguido señor Haro, que la habla 
tomado una vez, que se debía prescindir del 



i 



asalto á aquellos cerros formidabLes y darla 
vuelta y atacar por el Carmen, punto descu- 
bierto; pero los frauceses.sin tener en cuenta el 
peligro, dieron el asalto el 5 de mayo sin éxito 
alguno. Este contratiempo obligó á los trance- 
ses á retirarse á corta distancia, al cerix> de 
Amalúcan, donde permanecieron basta el día 
8, esperando á que los atacasen las fuerzas jua- 
rlstas que los seguían á alguna distancia, pero 
no se decidieron 6. acometerlos, Lorencea se 
volvió entonces con sus tropas & Orizaba, 

El 18 vino el g-eneral Márquez con au divi- 
sión, llamado por Almoiite, íl reunírae cnn los 
franceses, derrotando á las fuerzas juaristoa 
que en Barranca Seca se oponían 4 su paso; y 
con este acto, ejecutado después del contra- 
tiempo de los franceses, probaba cuan arrai- 
gadas eran las ideas monárquicas de ese gene- 
ral mexicano, y cuanta confianza tenía en el 
éxito de una empresa que le constakja ser reci- 
bida con gozo por la parts sana de! país. El ge- 
neral Zaragoza vinoixwo después hasta Oriza- 
ba con sus fuerzas, engrosadas por una divi- 
ai4n de Gonzáles Ortega; pero los franceses 
sorprendieron ésta última y la derrotaron en 
el corro de! Borrego, Zaragoza, que ignoraba 
esa derrota, atacó sin éxito alguno á Orizaba y 



tuvo que levantar el cata po. El ejército írancéi 
86 fijó en Orizaba. 

El g-obierno de Juárez que, como hemos di 
choi al ver llegarlas tropas espaüolas en ene- 
ro, ae habia expresado fuertemente en ia pren- 
sa y excitado la opiniún contra la EspaSa, tra- 
tando con mucha con a á deración á la Francia, hi' 
zo todo lo contrario después de la retirada de 
los españoles, La política de la España fué en- 
comiada, y el discurso que el general Prim ha-; 
bía pronunciado sobre la cuestión de México, 
tres aíLüií antes en el senado, se imprimió, fué 
distribuido coa proEufiión por t-odo el patS» . 
ae volvieroQ los ataques contra la Francia. 

El ministro de Inglaterra Sír. Charles W,yk6; 
satisfeclio de ia ruptura de los aliados, se mar 
ch6 á México á proponer al gobierno de Juá 
rez un tratado especial con la Inglaterra para 
arreglarlos negocios pendientes entre ambo^ 
países. Increíble parece quee! mismo diplo- 
mático inglés, que en documentos oficiales ha- 
bía usado pocos meses antea de un lenguaj 
tan violento contra el gobiero de Juárez, 
quién llamaba coiromjñdo é ñnpoti'ntet no vien; 
do más recnedio para México que la mtervejt 
cióntextranjera, volviese á la capital, después 
de haber roto solemnemente aua relacione 



I 



13b 



con aquel gobierno 6 invitado al Buyo & onvlur 
íoeraas p«ara castigarlo. Pero fil rniiriíNoutiiiiUi 
inglés {ilvidé esto y otnm mucbaK cxmíis, mun- 
traado osa repeutíoa sít^putíb <• iotimidud omi 
el gobierno Je Jíiárez, '! no liixo uiiMUirlu 

y que le fué ríícompens iu wMiraiú6%i 

de QD tratado qu& la Inglaterra tiu «prubO. 

El secretario del pleiiipolenciurio • : ' " 
señor Ceballos. siguió tambiíitj laír; .■ 
después de la ruptura., í none uiuti •>»■ 

tentó '1 le hia(/«l lu^iiJciUü XJu 

blado, -^ ü un yubUímo \iffn ti\ 

mismo tiempo le díó cuenta en <W^ 
d« mayo, "de que hatai» tiatlftdtr A 
de loa subditos «spftOolas IrrttMl-' 
exasperacite, porU opoducu ««icuMU 
señor conde de Beo» émúé m Bi^éAé / pw* **. 
retirada de Us fseraw «<jcñAC<jtaa.*' 

El seOor Ceball» CL 'MMaA»Mi««v 

yectn de tratado q«ec¿<»aiá«r 4*' itovt 
cerrado y sellad*. 19 gM jhj — 4* li<^ 
mnstraba dúpo»i»v: ¿ *x5tímmr «•« «•; 
que estaba baeiead»«iv Kr <:% y;^ie^ 
et gabinete d« Htd^^. ^Otem^ ^ • 
más oirdora, -s^- «^ sPt#»< i 
q-je todarla n:> -^-^ '^ -JiMIViá»!* te9tmám 4^ 
tratado de Lc&d^r-ir» 



^CAPITULO X 

Impresión en Francia ¡mr el descalabro de Pue- 
bla. — Varía d-ei Emperador al general Lo-reri- 
ct!s- — JCnviode nuf.voR /uptzus- ^Laa jmwda rí| 
general Vw^il.-" (Jarla de !^apoleén á este gené- 
rate —Ilelacioneif de Froveia. ¡/ Ettpu Tin. — ReniiT^ 
cia fiel sefíor Man. — Le reemplaza en Fnrís ei 
mar<jués de la Habana. — InrülejHe de mi pre- . 
seataciúnal Enii>e.rador- — fínen deseo del mar' 
tjntfi paní twisegiitr obnindo de acuerd^y coii 
r^anoh. — Actilud de t'nta- — l>ÍsciiHiún en Es- 
paña. 

En Francia, tan acüstnmbrada á la victoria, 
habla causado hi coiim<'eióa que era natural el 
d««calabrDdePuebla:.v ítunqueenél habla que- 
dado ílesusu lumor militar, todo el país se con- 
movió. v pidió auna voz se enviasen fuerzas bas- 
tantes parahacer olvidarlo y llegar triunfantes 
Uuta México. Bjh el cuei-pD le^^lslativo se vota- 
rüu sin discusión los fundos necesarios para 
una nUQva y fuerte expedición, y se aparejaron 
aln detiiora Iob bastimentos que dcblun llevar- 
la. IilsU uot-icia fué tanto más sensible, cuanto 



qae se veía la prolongacióii de una empresa 
que habia sido objeto de laoposiclón violenta de 
la minoría de las cámaras francesas, de una 
parte de la prensa y de los que veían en esa pro- 
longación futuros compromisos para laFrancia. 
Pero por otra parte, su honor militar estaba 
empeñado, la cuestión de sus nacionales y la 
política quedaban en pie, y era preciso ir ade- 
lante para hacer constar con los resultados la 
necesidad de la expedición. 

El Emperador escribió una carta al general 
LortíDcez, en que le decía la mortificación con 
que supo el descalabro ea Puebla; que eso no 
era razón para desanimarse; que el honor del 
país estaba empefíado; que liabía hecho bien de 
pruteg-ei* al general Almonte, y que ,todos los 
que busquen un abrigo en la bandera francesa, 
tenían derecho á igual amparo; S. M. no de- 
seaba impoDev un gobierno cualquiera, sino la 
prosperidad y la independencia de ese bello 
país y la sinceridad de sus relaciones con la 
Europa, S. M. aprobábala conducta del gene- 
ral Lorencez, "aunque, decía S. M.. parecía 
que no tridos la comprendían bien," 

Sin embargo» al decidir el envío de nuevas 
fuerzas, se nombró general en jof o do la expe- 
dición al general Foreyj cofiriéndole al miamo 

12 




1 



tiempo 9U9 poderes como plenipotenciario, y 
Emperador creyó conveniente dar á conocer 
su pensamiento, como ]o hizo en la siguíentO; 
notabilísima carta: 

"Fontal neblea 11, 3 de Jul}f>del862. — ^Vlíque- 
rido General: en los momentos en que vais á 
partir para México, encargado de loft| poderes 
políticos j militares, creo útil daros á conoce 
mi pensamiento. 

*'Ee aquí la línea de conducta que debeialse 
gair: !•? dará vuestra lleg-ada'iLina proolam 
cuyas principales ideas bü os indicarán; 29 aco- 
ger con la más grande benevolencia á todos los ■ 
mexicanos que seos presenten; 3^* no prohi-J 
jai* las querellas de partido alguno; declarar^ 
que todo es proWsional hasta que se'pronun- 
cie la nación mexicana; mostrar una gran d64 
fereucla por la relÍÉ-i^a. pero tranquilizando al ' 
miscoo tiempo á Jos poseedores de bienes na 
ceonales: i'-' alimentar, pagar y armar, -confor 
me á vuestros medioH, á las tropas meicicauas 
auxiliares; dejarlas que en los combates ten- 
gan la parte más lueida; ú*? mantener la ruáa 
severa disciplina en vuestras trapas comoeu 
las auxiliares; reprimir vigorosamente todo ac- 
to ó palabra que pueda herir & loa 'mexicauosi 
porque es aecesarío no [olvidar Ja ñereza de a 



'* 
í 



179 



carácter y lo que importa al éxito de la empre- 
sa, el conciliarse aate todo á las poblaciones^ 

"Cuando lleguemos & México, será bueno 
que las personas notables de todos los mati- 
ces que hayan abrazado nuestra causa, se en- 
tiendan con vos para org"an¡zar un gubierno 
provisional. Este gobierno someterá al pueblo 
mexicano la cuestión det sistema político que 
debürá establecerse definitivamente; en segui- 
da 36 convocará una asamblea según las íeyea 
mexicanas. 

"Ayudaréis al nuevo poder para que su ad- 
ministración, sobre todo la hacienda, tengan 
esa regularidad de que la Francia le ofrece el 
mejor modelo: con este objeto se le enviarán 
hombres capaces de secundarle en su nueva 
organización. 

"El objeto que debe alcanaarse no es impo- 
ner á l(í3 mexicanos una forma de yribierno que 
les sea antipática, sino ayudarles en sus es- 
fuerzos para establecer, según su voluntad, un 
gobierno que tenga probabilidades de estabili- 
dad y puoda asegurar á. la Francia la satisEac 
ción de los agravios de que se queja- 

"Por supuesto que si pre-üeren una monar- 
quía, el interés de la Francia pide que se les 
apoye ea esa vía. 



Ido 



"No faltará quien os pregunte: ¿por qaá va-j 
mos á gastar hombres y dinero para fundar ui 
gobletno regular en México? 

"Eia el estado actual de la. civilización del 
mundo, la prosperidad de la América no es íHi 
diferente á. la Europa, porque eíia alimenta' 
nuestras fábricas y hace vivir nuestro comer- 
cio. Tenemos un interesen que la República 
de los Estados Uoidos sea poderosa y prospe- 
re, pero no tenemos ninguno en que se ampa- . 
re de todo el golfo de México y deadeallIdomi-J 
ne las Antillas y la América del Sur, y sea la 
única dispensadora de los productos del Nue- 
vo Mundo. Por una tríate experiencia vemo^ 
hoy lo precaria que ea la suerte de una indus- 
tria que está reducida á buscar á su materia 
prima un mercado único, cuyas consecuencia 
tiene que sufrir. 

"Si al contrario, México conserva su índ 
pendencia y mantiene la integridad de sute' 
rritoi'io, si un gobierno duradero se organiza 
allí con el auxilio de la Francia, habremos he- 
cho recobrar á la raza latina del otro lado dé 
Océano su fuerza y su prestigio, habremos ga 
rantizado la seguridad de nuestras colonias de. 
tas Antillas y de las do EspaBa; y esta influen 
cia, al crear salidas inmensas á nuestro come 



•á 



181 



CÍO, nos proci3rará las materias indispensables 
á nuestra ladustria- 

"México^ regenerado asií nos será siempre 
favorable, no solamente por agradecimiento, 
sino porque sus iuteresea estarán de acuerdo 
con los nuestros^ y encontrará un punto deapo- 
yo para sus buenas relaciones con las poten- 
cías europeas. 

"Hoy, pues, maestro boaor militar empefJa- 
do, la exigencia de nuestra política, el interés 
de nusstra industria y do nuestro comercio, 
todo nos icapone un deber de marchar sobre 
México, de plantear allí resueltamente nues- 
tra bandera, de establecer allf, sea una monar- 
quíat si ella es compatible cun el sentimiento 
nacional del paía, sea íL lo menos un gobierno 
que prometa alguna estabilidad,— JVn/joíeifH." 

Hé allí elevada á la altura de que nunca de- 
bió rebajarse la empresa tan malamente juzga- 
da, la empresa atribuida á miras pequetías y á 
satisfacer intereses secundarios! 

Antes de levantar la mano de esta segunda 
parte, conviene conocer y terminar lo acaecido 
despuésdel deecaiabrode Puebla entre la Fran- 
cia y la EspaTSa, mientras et ejército francés 
emprendía soEo una nueva expedición á aque- 
llas regiones. 



132 



El señor Mon, emhajador en París, habla pr( 
3entado su dimisión por hallarse en desacuer-J 
do con su gobierno sobre la cuestión de Méxi- 
co, y fué nombrado en au lugar el g-eneral Cou- ' 
cha. marqués de la Habana, persona muy dig"-^ 
na y entendida en las cosas de la América es- 
pa&ola- 

Al nombrársele, se le ocurrió al seQor Calde- 
rón Collantes decirle en sus instrucciones: 
"que su uiiaión era estrechar loa vínculos que 
unen á ambos países; declarar que en la Eapa-, 
Ha no 30 consideraba roto el convenio de Lon-J 
dres, proponer que la EspaCa y la Inglaterra! 
volviesen á enviar fuerzas de mar y de tierra.) 
para seguir obrando de acuerdo con la Pran-Í 
cia, asegurar la independencia de México, y su] 
voluntad para constituirse; sostenerlas recia-] 
maciones que cada uno de los aliados presente 
aJ, gobierno de México.'" (Enestoelgobiernoes- 
paflol acababa pordonde debióhaberempezado, , 
puesto que eso pi'odujo el desacuerdo en la pri- 
mera conferencia de Veracruz.) 

El seCor ministro croía, en fin, "que lo ocu-| 
rrido no podía ser un obstáculo para un nuevo 
acuerdoj y que ai esto no se aceptaba, la Espa- 
ña procedería con independencia, y su influen- 
cia, reconociendo 6 combatiendo al gobierno re- ; 



163 



ptibUcajDO de México, pesaría siempre en la ba- 
lanza de los düstinos de aquel püís." 

El selor marqués de la Habana presentó STis 
credenciales a! emperador Napoleón, y al res- 
ponder S, M. al discurso en que el marqués ha- 
cía una alusión delicada á las simpatías do la. 
Francia por !a España, durante !a g:uerra de 
África, le dijo, "que de la reina de España de- 
pendía sólo conservar un aliado sincercí y leal 
enSM.lmperial;'*fraseque produjo honda sen' 
sauiÓD en España, cuyo gobierno pidió explica- 
ciones sobre ella. 

Mr.'.Thauvenel dijo al marqués, "que el Em- 
perador había' lmbladn"Tnás que como amigo 
irritado, como ami^o aliigido/' y el Emperador' 
en una audiencia que concedió al nuevo emba- 
jador, que'personalmente había sidu muy bien 
recibido de S- M., le dijo'al explicarle la fra- 
se de 8U discurso, que [^¿roís motsfmi^senitjumr 
/aire pendre <m hotiane. Después de otras ex- 
píicaciones que el gobierno espaílol enconti'ó 
' 'llenas delnobleza y' elevación, " se terminó ca- 
te incidente. 

El seDor^marqués de la Habana, en su since- 
ro deseo de seguirlobrando de acuerdo con la 
Franciia y cumprendiecdo'muy bien estacues- 
tión, como lu'prttbó luego en su discuraoen el 



senado, pasó á cumplir con las órdenes de strl 
gobierno. Difícil era para el francés aceptar 
nuevos compromisos, en los momentos en que 
creía, su honor militar empeQado, cuando laj 
Francia entera pedía con rancha energía la re- 
paración del descalabro de Puebla por sus pro- 
pias fuerzas, y cuando la opinión púbUca ge ma- 
nifestaba con bastante vehemencia por el aban-j 
dono en que las tropas españolas dejaron á las . 
francesas en momentos tan difíciles é impre-j 
vistos. Mr. Drouyn deLhi]ys,que habiareem-| 
plaaadoáMr. Thouvenel, respondió á las pro- ^ 
posiciones déla Espaíia, "que se asociaba ali 
sentimiento de ésta por el desacuerdo de loaj 
plenipotenciarios y que si la Francia continua-1 
ba obrando aisladamente, era porque el honor] 
de su bandera y la protección de sus intereses 
]fi imponían esa obligación; pero que la Francia 
abrigaba la coafianza «le que la expedición quej 
por la fuerza de las cosas se encontraba llevan-] 
do aoía la car^a. tendría también un éxito ven-] 
tajoao para las otras dos potencias aliadas, 
que hacia votos porque logrado el triunl'o, vol-j 
viese el momento de entablar otras negociacio-j 
nes en unión de los aliados. " 

El g^obierno español insistió para que su enj' 
bajador hicioae ver todaslas ventajas de un nue* 



voacaerdo entre los aliados- Mr. Droujn de 

Lliu.vs volvió á responder que tan pronto como 
terminaran las operaciones niüitarea, la Tran- 
cia invitaría á que se enviase á México plenipo- 
teneiavio-s ad h<jc, que ao hubiesen mMiado en 
las antiguas negociaciones. 

Así las cosas, se trató por segunda ve?; en las 
cortes fie la cuestión de México, e:.ipezando la 
discusión etmismogeneralPriiü.'' ÜlKsat'qués 
de la Habana acudió á ocupar su puesto en el 
senado. Lo laecho hasta entonces Eu6 reproba- 
do en elocuentes discursos por hombres de es- 
tado de primera talla, como el respetable mar- 
qués de i^íiratfo^es, el marques de la Habana, 
el señor Bermúdez de ííastro y el marqués de 
Nnvaliches en el senado, y en la cámara de di- 
putados los señores Ríos Rosas, 01ózag"a, Gon- 
zález Bravo, Castro, Coello, Rivero y niuy espe- 

1 El cnni.le ile Reii>> hafifgniíio siendo consecuente con 
laa ideuR qnede-CeiuIiLien sudificiirso. íjaaperíóiiitosdtí Ja 
Habana acaban de publicar y l^a Epüca de Madrid ha re- 
|)ruiliiu¡,(Ío el 9Í(r)i¡ente docuiíientoL 

"Rxtnio. ^r. D. Benito Jiiüre?., nreaídetite de la repúbli- 
ca rte Méxieo—Bfuaeliis, lU de fluril de 1867, — Iluslire y 
reeptitablH Reílor mío: Hace unas seniaiiaa tuve el honoV 
de dirigir ¡i iiBtcdini miia Rincerafeücitaíiiiin por el triun- 
fo áe \n noble canea ile Ja níicíonalidiLd mexicana que us- 
ted tan dignamentií aimboliza. Este trinnfo no es dudoso 
va, y jiestri? horas la banderado Ina buenos debo treinn- 
laren lacapitalde id valerosa república mexicana. 



cialmente el señor Mon, que acababa de dejar la 
embajada de París, que hizo una larga ó iate- 
reaantísima narración de la manera con que ae 
condujo esta negociación, y leyí» documentos 
curiosísimos con que di6 el golpe dft t^racia. A 
aquel miaisterio, que tuvo que disolverse, sin 
que le cupiera duda de como se apreció su po- 
lítica en esta cuestióa de tanto inSorós para la 
Eíípan.a, como que en ella Iban sus gloriosas 
ti'adiciones, sus colonias y sus intereses comer- 
ciales y políticos. 

Se publicaron artículos vehementísimos, 
inspiradas por el patriotismo de los periódicos 
de España, absolutistas, moderados, progre- 
sistas y demócratas, quetodos á una condena- 
ron la política del gobierno español. 

iAh!con cuánta amargura recordamos loa 
justtís roprocbea que entonces dirigieron esos 

"PosterlTimi'iiSe lie vÍEto quf? algunos toneos liabfan 
KÍilti iiiterecptadcie, y teinieticlo qut aquella trii caria no 
huya llagado á manos df ^J^1edl, la repiln liny iMm f] niis- 
luu fía, el <le repetir ti. iii^ted, t^uilnia ^a mí füti Fracción 
li.ir el triunfo de loa Übenilep, nsí cnnio el de aaegurarlu 
la atlmiraciíin de la Europa libi^rjil al vt;r un pueblo 
que parecía extenuado por tantos años degupriii t^ivil, y 
ijue sin emburgo hjict! fíente á un nnmeríiFüí'jticiKi íijiii- 
VÍ8 y lucha un día y olio día, Jiacla arrojar a) eítranjfro 
tle! ünelo patrio, reconqnietntitío asi la indf iieiidencia na- 
cional y eus Überládes tan terriblemente amena;(adft»<. 

"Quii'da de t)eU«dc<jii diRtiuguidacunaidaracióasuafuu- 
tiaiino servidor Q. B. S. ¡A.— Juan Prim, 



ilustres senadores y diputados y la prensa al 
gabinete de su país! ¡Corre por nuestras venas 
la sangre espartóla; la EspaDa fué la patria de 
nuestros padres, siempre hemos recordado con 
orgullo sus glorias, para ella siempre hemos 
querido la felicidad, y por tener esa sanfíTe nos 
hemos visto perseguidos y separados del autor 
de nuestros días!. . - . 

Al responder, como pudo el seCor Calderón 
Coltantes, á las increíbles y lastimosas contra- 
dicciones que se le reprochaban, dijo que Mr. 
Barrot había escrito á su gobierno inexacta- 
mente sus conversaciones con el ministro de 
estado, lo cual hizo que el de Francia v'diese 
exphcaciones que el aeEor Calderón Collantes 
dio cumplidamente, así como por haber dicho, 
"que laFrancia mi podría favorecer el estable- 
cimiento do un gobierno en México sin llamar 
á la Espaüa y á la Inglaterra, " 

Esa segunda y i'iitima discusión en las cortes 
de España produjo revelaciones y documentos 
de la naturaleza que hemos citado, é hicieron 
también gran sensación en Europa, por 3o quo 
complicaban una cuestión que la escitaba vi va- 
mente.y que perdía, en simpatías al ver que 
eaas complicaciones dejaban el término de una 
empresa que pudo y debió ser obra de un solo 



18S 



invierno. La oposición francesa, apoyada en 
esos inesperados sucesos, redobló sus ataques 
' y los siguió periódicamente cada año en el cuer- 
po legislativo. 
I 



' '-X'^' 



TERCERA PARTE 



CAPITULO PRIMERO 



Süuaol'/n eii. Méxkay Orizaba, — El partido mo- 
riárquico. - — El por (¡ iié de la (lu toi'idad de A bn-on- 
te. — La desapruelja el general Fon'ej/.- — P-rocln- 
raade^att en Verarrtts. — AOuet/tícíórt de Ahuan- 
te.^^Nuevaíí medida,-; eu Mf^xim—AvUtiíd del 
cuerpo diplomático. — Ejéfciln ¡tifXVMiw. — Frif- 
vtama en Córdoba del fjeneru I Fm'ey.^Olra en 
Orinaba. — Su orden del día. — Oev-ernl Comon- 
fort — Sitio 1/ toma df Puebla- —Lan auforidadeit 
mewicaTias huyen n¿ interior. — Pronunriamieu^' 
ti) en MÁctoo por la latervencidh — Entrada del 
ejército franay-mexiamo en Méxifa.— Entumnf- 
mo (¡ue produfo. — KofablP €oinunicac.íón del ge- 
neral For$y.—(Ja-rta de Aa/ít>í*"rííi. 

Mientras el general Liorencef! recibía nuevas 
instrucciones de París, había establecido, co- 
mo hemos dicho, su cuartel general en Orizaba 
juntamente con las tropas mexicanas (.jue se lo 
habían anido- Las del gobierno republicano, 
escarmontadas con lo q ue les había pasa/lo en 




el cerro del Borrego y énOrizaba mismo, cuan- 
do atacaVou á loa franceses, y en Barranca Se- 
ca, cuando atacaron al general mcxicancí Már- 
quez, no volvieron á embestir la plaza, ni hacer 
demostración alguna contra ella. Sin embargo, 
de la fueraa moral que la Espasa y la Inglate- 
rra acababan de dar al gobierno de México, y 
de contar éste, según pretendía, con la opinión 
déla nación, mantenerse varios meses tranqui- 
lamente en un país de ocho millonea de habi- 
tantes, lo cual prueba cual era el sentimiento 
nacional en estn coyuntura. 

Las iras se volvieron contraías personas no- 
tablea sospechosas al g-oblerno y contra los 
franceses residentes en lacapital. Da gran ma- 
yoría de óstos había firmado nna enérgica pro- 
testa contra una petición que pretendía ser el 
órgano de la xíoblacióu francesa, á la que ae. 
quería hacer aparecer como hostil á la inter- 
vención de su gobierno. Los agentes de la au- 
toridad se presentaban en los domicilias de los 
franceses pura saber si liablan ó no firmado la 
protesta, amenazándolos con el destierro, como 
lo pedíanlos diarios del gobierno y las llamadas 
juntas patrióticas; y aun llegó á pedirse que los 
franceses pusiesen sua fortunas á la disposi- 
ción del gobierno y combatiesen contra las tro- 



pas de au país. El 16 de septisnibre, aniversa- 
rio de la independencia, 16 casas francesas fue- 
ron apedreadas y otras mexicanas, eainediode 
un gran tumulto, en cuyo desorden hubo va- 
rios heridos. 

A los DQexicanos distinguidos no se les trata- 
ba mejor: El Monitor EepitljUcano publicó Ja lis- 
ta de los gue hablan sido enviados á la prisión, 
adonde tambión fueron muchos de los france- 
ses residentes en México: la consternación era 
general- . 

Los partidarios de la intervención extranje- 
ra, que eran toda la parte sana del pafs. can- 
sados de vivir en el desorden y viendo marchar 
ásn paisa su perdición yruina, habían salu- 
dado con alborozo ia llegada de las tres bande- 
ras unidas: que parecían anunciar una era de 
paa y de prosperidad, bienes no conocidos de 
la presento gentración. 

Sin embargo, desde la llegada de los aliados 
ee dijo que no había partidarios del gobierno 
monárquico, es decir, del orden, puesto que no 
se habían levantado apenas llegaron aquéllos á 
Veracruz. 

A esto tenemos que responder, que si no lo 
hicieron, fué porque desde el momento en que 
desembarcó la expedición, ae lanzó una precia- 




ma en la cual se reconocía al gobierno 
rez, sin protestar contra sus decretos sangui- 
narios, dando así más fuerza aún á, ese sistema 
de tpeiTor; y bueno es repetir aquí lo que el mi- 
nistro inglés Sir Charles Wjrke escribía á sn 
gobierno, al deacribir ""Hos kwríbles dcnih'deneH 
cíe M^xivo, diiratite las cuales la parte resfretable 
de ia pob/a doliera e-ntregada uln defensa á ios ata- 
ques de los ladrones y d^e los anEíf ii IOS ij'fc jiuliilau 
en tos caminos y en las oalles df la co-pHat. No use 
mrfw rsperanzas de meji>m qve la mtervenoUSn ex- 
tranjera y fj'ieH ¡larUrlo coiificrvador *ti)a al po- 
der anteft (¡ue se pierda todo. " 

'"Véase, pues, gi tengo raiíón, aBade el sena- 
dor espaüo! señor Bermúdez de Castro, cuan- 
do digo quG ese partido e^Kiste, y que no se le 
ha dejado la posibilidad , no dig-o de desarrollar- 
se, sino ni aun para hacer su aparición." 

El seflor marqués de la Habana decía tam- 
bién en el senado espaílol: 

**Aliara bien, yo pregunto: ácuáles son las 
opiniones del partido conservador? ¿Cuáles aon 
las opiniones de este partido, á quien mi ami- 
go, et señor conde de Reus, llataó reaccionario, 
y que puede pasar aquí por un partido muy li- 
beral, quizás por el partido á que pertenece S. 
S? ¿Cuáles aon aua principios? Podrá llegar 



193 



hasta la monarquía, pero mieatras tanto no ha 
sostenido más que doa principios; la ceutrali- 
zacióa y la unidad religiosa. Pues bien, seño- 
res, yo creo que un partida en que dominan es- 
tos dos principios, en que tierie fuerza el prin- 
cipiu c entra! izador y el de unidad religiosa, non 
aubstitufp ala república la monaríiuia, cabe 
completan! en te en las ideas del señor Luzuría- 
gaydelseüor conde de Reug, No hay, pues, 
partido reaccionario. 

"El partido conservador no ha nesecitadode 
auxilios y fuerzas extranjeras para lEegar al 
IHídor; lo ganó coa sus propios puilos, al paao 
que el partido federal, recivdemoa que fui apo- 
yado por extraños, por medio de una acciún pi- 
rática. Así esÉG partido no pudo levantarse 
mientras los Estados Unidos no se decidierpn . 
á prestarle su apoyo y que la elevación do Juá- 
rez, fué debida á, aquel giiblerno:esta es la ver- 
dad." 

En tln, el diputado espaüol sefior Ríos Rosas 
exclamó; 

"El marqués de los Castillejos fué á la Haba-¡^ 
na á encargarse déla expedición, y en la Haba- 
na, como el mismo marqués lo ha declarudo 
con lealtad y con militar franqueza, so acerca- 
ron áél, según ora natural, los mexicanos con - 



m 



servadorea. los imesicanos reaccionarios, le 

niesícanoa monárquicos, como quei'áís Ilainar-' 
les, los mexicanos enemigos de Juárez, y halla-' 
ron en nuesti'o plenipotenciario ua ¡nopinadoy' 
completo desengaño, que no les era dado pre-' 
ver. Primera aparición y desaparición tle los 
mexicanos conservadores. Llega el marqués ' 
de los Castillejos á Veracruz;, y allá, en vista de ^ 
sus propios informes, por i^l testimonio da lal 
voz pública, por todos I03 testimonios que pue-' 
den invocarse y que testitican la verdad en es- 
ta ixi atería, desengaña segunda vez á ios mexi-'J 
canos enemigos ds Juárez. En sutoa, la con-l 
ducta del marqués do los Castillejos ha aiáoi 
una constante oposición, una constante repnigaj 
alas tendencias, alas miras, á los deseos délo? I 
clericales, l^-a tuofiárqnicos, los reaccionarios, 
los mexicanos enífwígos de Juárez. 

"Y se dice, si mal no recuerdo, por el inaf-' 
qués de los Castillejos, y lo repiten sus amigos ■ 
y lo manifiesta el gobierno de S M.C-, y lo de- 
clara y lo deplora el señor Aloreno Ltópez-. do se ■ 
presentaba ningún monárquico, no habla mo--' 
nárquieos. iCumo, pues, so había de establecer* 
la monarquía? 

"Nosotros, añaden, bíenliubiéramos deseado | 
la monarquía, no deseábamos otra cosa; querfa< 



195 



mos establecer la oíonarq oía, pero no habla mo- 
nárquicos. líDónde estaban loa monárquicóa? 
¿Dónde estaban? Estaban en la Habana, en Ve- 
racruz, en todas partes donde estuvo el mar- 
qués de los Castillejos, basta que el marques 
de Jos Gastillejos los expulsó de todas par- 
tes- 'il 

■'En Veracuuz ocurre el suceso de JMiramón, 
sucesoeneJ cual el comodoro inglés, obedecien' 
do los instintijs y las tradiciones del carácter 
inglés, comete un atentado con Mtramón, el 
marqués de loa Castillejos interviene pai-a im- 
pedir las consecuencias graves de aquel aten- 
tado. Pero ¿interviene para proteger á Mira- 
món'? ¿Interviene en otro sentido'-' No; basta 
deplora que iMiramón haya cometido la imprn- 
dencia de presentarse allí. De manera que se 
Tjresentan los monárquicos y son despedidos, 
y cuando se van, entonces se preg-tintarédOnde 
están los partidarios de la monarquía?" 

¿Quién podrá negar que hay un partido mo- 
nárquico en México? Cerca de ciiatro siglos 
fué monárquica aquella sociedad- "íQuí^!, ex- 
clama elocuentemente el señor Rios Rosas, ¿la 
complexión íntima, el organismo, el tempera- 
mento de una sociedad puede modíficarae en 
fluareata aüQs, basta di punto de faab«ra« d«- 



sarraigado y transformado todo para venir ú 
convertí rae como por ensalmo en una socieilad 
igual á la de los Estados Unidos? ímiKistura, 
imposibiUdadl" 

También el partido republicano do -México 
decía que no bubSa manárqnicus, y eso que el 
día que fusiló al general Koblea. toda !a pobla- 
ción de Jalapa se víatíó de lato, sin que las tro- 
pas d?I gobierno se atrevieran á castigar eata 
manifestación pública de su dolor y de sus opi- 
niones políticas. Pero como para ese partido 
no será sospechosa, la opinión délos Estados 
Unidos, recuérdese que el general Scott, at en- 
trar en la capital de México en 1847, á la cabe- 
za de un ejército invasor, decía: * 'existe entre 
vosotros un partido mooárqníco y los Estados 
Unidos no pueden cunsentíjr en que ese parti- 
do se levante y forme un gobierno que tienda 
al restablecimiento de ía monarquía en Améri- 
ca. Se venido para vumbaUr con tas at-^uasátse 
partido, he venúlo para deniruirlo." 

Que el partido monárquico existe, que la par- 
te sana de la pobEacíóii lo deseaba y lo miraba 
como su única aalvacrónj lo veremos cuando He* 
gue el momento de que pueda dar libre curso 
é. su opinión y á au entusiasmo' 

Todo parecía conspirar, emporn, paraacab? 



107 



con sus esperanzas, hasta que supo el nuevo 

envío de tropas francesas. En tanto, oí gene- 
ral Almonte habí;i sido reconocido como jefe 
supremo por las tropas mexicanas que se le 
hablan adherido, por las ciudades que se lia- 
bSan pronunciado y por los jetes, oficiales y 
demáa personajes políticos de su partido. La 
necesidad de fijar un centro de autoridad, ex- 
cluaivamente mexicano, do organizar las ren- 
tas é impuestos, de dar órdenes al ejército 
mexicano y de atender á todas las eventualida- 
des que se presentasen, hicieron consentir al 
general Almonte en formar un pequeSo gobier- 
no, de acuerda con el plan de fúrdoba, cosa na- 
da e^trafia en las costumbres de México. Era 
una medida muy provisional, desnuda de ambi- 
ción y llena de embarazos; pero era preciso 
aceptarla para evitar la confusión. 

En efecto, además de los generales Márquez 
y Gálvezque se habían unido al general Almon- 
te, !e reconcTan como jefe supremo los genera- 
lea Mejfa en el Estado de Querétaro, Lozada eu 
el de Jalisco^ SlontaHo en el de Puebla, Tacón 
en gI de México, y los coroneles Galván, Nava' 
rrete, Jiménez, CamaHo, Arguelles y González 
ea otros puntos, al mando de faerzas decididas 



por la Interveucióü y la monarquía, que tenían 
que reconocer un centro do autoridad. 

Ei general Forej llegó á Veracruz en sep- 
tiembre de 1862, y dio ei 2-4 una proclama en 
que declarabaí que no iba á, bacer la guerra al 
pueblo mexicano, sino á un panado de hombres 
sip escrúpulos y 3Ín conciencia, que para sos- 
tenerse habían tenido que vender al extranje- 
rn una parte del territorio de su paía; hacía el 
elogio de los hombres que se iiabfan unido á la 
Francia, y un llamamiento á todos los que qui- 
siesen la independencia y la integridad <le! te- 
rritorio, sin que la Francia buscante ventajaal- 
güna persona] 

En seguida suprimió la autoridad provisio- 
nal del ^neral Almonte, BÍn enterarse délas 
causas que la habían hecho necesaria, ni tener 
en cuenta que ella había prapoi-cionado los re- 
curaos necesarios á la subsistencia de las tro- 
psiiS mexicanas, y sin guardaral general Almon- 
te el miramiento que se debía á su posición é 
Úiflu^ncia, y á la simpatía notoria de que pisa- 
ba ante el gobierno francés EJ genera! Loren- 
cez no se había creído autorizado á socorrer á 
la^ tropas mexicanas (cosa prevista luego por 
el emperador Napoleón, como se ve en su carta 
al general Forey), alo cualacudió la autoridad 



general Almonte, impidiendo así que esas 
fuerzas, ya. tan llenas de ti-abaj<js, ae desban- 
dasen y se entregasen al desorden. Cua ese sí- 
naulacro de poder se desmentía además la acu- 
sación de que la Francia iba. á conquistará Mé- 
xico y establecer un gobierno colonial. 

Si el ilustre general Forey hubiese s!do tan 
ducho en la política, como to es en las armas, 
36 habría concertado con el g-eneral Almonte 
para que éste depusiese el poder, sin alarmar 
al partido monárquico representado por él; y 
de ese modo la oposición en Francia habrt:L 
quedado satisfeclia y la causa déla Interven- 
ción eu México hubiora progresado más rápi- 
damente, alejando la desconüanKa que lo ocu- 
rrido hasta entonces había hecho nacer. 

Afortiiaadameiíte el geaeral Almonte, que 
observaba desde Ov'izsLba, los primeros pasos 
del genei'al Forey, comprendió desde luegoque 
para evitar el ma! que pudiera producir la pre 
cipitaeióu del general francés en el partido que 
era su más firme apoyo, era preciso dirigirse 
á la nación, como lo biaoen una proclama, en 
que, al recordar áaus conciudadanos, que la in- 
tervención europea no tenía más objeto que 
asegurar la independencia y contribuir al es- 
tablecimiento de un gobierno sólidi>, se lamen- 



soo 



taba de Iíi3 embustes que cirtrulaban para ha- 
cer creer lo contrario y queriendo, por lo mis- 
mo, quitar todu pretexto Á los enemigos de la 
felicidad de los mexicanos, abandonaba el títu- 
lo de jefe supi'erfio que le confirió el pían de 
Córdoba, título que tío tenía más objeto que im- 
Ijedir la confusión y organizar provisionalmen- 
te las provincias y ciudades que se iban adhi- 
riendo A la Intervención, que queriendo allanar 
á ésta el camino, volvía A su primera ptísición, 
quedando á la sombra de la Intervención, ani- 
mada del mismo deseo de reconciliación y de 
alcanzar el fln bienhechor que se proponían laa 
potencias de la Europa. 

Los que no conocían en Europa el carácter 
firme del general Almonte y su abnegación, 
creían que al verse tratado como lo fué por el 
general Forey, reg:resaría á Europa, abando- 
naüdola causa de la Intervención y haciéndola 
fracasar con. su retirada; pues no cabe duda 
que siendo él el único general mexicano que en 
aquellas circunstancias inspiraba confianza á. 
las tropas mexicanas, que habían sido llama^ 
das por él jmra unirse af ejército expediciona- 
rio francés, al verle abandonar la causa de la In- 
tervención, se habrían pasado al enemigo, ó 
cuando menos, se hubieran desbandado. Mas 



201 



el genera.! Almonte, con una abnegación admi- 
rable, como acabamos de ver por su proclama, 
y con un patriotismo á toda prueba, permane- 
ció fiel á la causa í^ue había abrazado; porque 
comprendía que en ella iba envuelta la salva- 
ción de 9u patria, y á sus esíuerzíís y constan- 
cia en conservar el buen sentido en las tropas 
mexicanas (cuyos jefos y oñcíales le continua- 
ron reconociendo como jefe supremo, ailn des- 
pués de haber cesado el gobierno provisional 
deOrÍMbaJsú debió el que dichas tropas no 
dejaran de cooperar eficazmente a! triunfo de 
la Intervención y al restablecí miento del orden 

en México, 

La llegada del general Forey, en reemplazo 
del general Lo rene ez y del vicealmirante, co- 
mo plenipotenciario, y el anuncio de nuevas 
fuerzas francesas, produjeron grande excita- 
ción en el g^obierno de Juárez. Se arrestaron 
y expulsaron á los franceses residentes en Síé- 
xico, & pesar de las representaciones del mi- 
nistro de Pruaia y de otros diplomáticos; se 
suspendieron otra vez las garantías y se volvie- 
ron á decretar ias facultades extraordinarias; 
se oi'ganizaron fuerzas en las provincias y la 
guardia nacional; se desocuparon ios conven- 
tos de Puebla para ser vendidos en lotes; se 



202 



mandaron embargar y vender los bienes de lOS 
adi'ítos á la Intervenciúa y ae concentraron et 
Puebla Los cüntin^entes de tropas de las provia'! 
ciaa, al mando de los generales Gonzálea Ortej 
ga y González Mendoza. 

El general Bazajue marchó con una parte dí 
las tropas irancesas á ucupai" .Talapa, y el r< 
to del ejórpitii siguió hacia Puebla, oeupan.d< 
las poblaciunes intermedias y teniendo algunos 
encuentros con las tropas del gobierno. 

En Córdoba publicó el general Forey una" 
pi'octama, insiatienüo en (jue nu iba á atentar 
contra ia independe acia; pei'oos más notable! 
que publicó pocos días despulsen Oriza ba, pues 
filreveiareneliaquelapniüGraquedióen Vera 
cruz el 24 de septiembre estaba redactada poi 
el mismo euipGrador Napoleón, decía ol ííene-' 
ral que ya había visto bastante el pala para de- 
cir aus impresiones. Hablaba delestado do del 
sulación y ruina de las ciudades y de los cami- 
nos, del robo organizado eu ia adminisl-racióa,__ 
de la decadencia de la agriculturag del comei 
cío y de las artes, del mal uso que se habla hE 
cho de la independencia en ese país tan i'avore 
cido por el cielo, é invitaba á todos á reunirsi 
y aprovecharse de 3a ocasión que se les presen- 
taba para salvarse del abismo en que con un 



203 



paso mág caería la independencia, ú, que ae se- 
guiría !ll barbarie, concluyendo con preáentítr 
Tin cuadro consolador de lo que Méxiuo sería 
dando ua pasoatrás y es tablee lea do un gobier- 
no fuerte y honrado. 

El general Fo rey permaneció algunos meses 
en Drizaba en espera de la reunión de todas Eas 
fuerzas que habían salido de los puertos de 
Francia, y ¿principios de febrero de 1SG3 di- 
rigió una orden del tila á sus trapas, dicíéndo- 
lea que no se había perdido el tiempo; pues que 
en tanto que llegaban los medios de vencer, los 
mexicanos habían pod i doap rociar el i irden y dis- 
cipMua del ejército y que no eran el instrumen- 
to de una política de opresión, invitándole sí que 
fuese terrible en el combate y humano después 
de la victoria con los dóbilos y 3os desarma- 
dos. 

Luego que el ejército francés llegó ú. las in- 
medíacioDes de Puebla, tomó las posiciones 
que le parecieron convenientes, pus^o sitio á la 
ciudadf formó sus paralelas y tomó San Javier 
el 29 de mayo. 

El general mexicano Comonfort, que había 
sido absuelto en el congreso por una especie 
de golpe de estado que había dado tres años 
antes, fué nombrado general en jefe del ojérci- 



301 



todel centro y quiso tomar el cerro de laCró; 
de donde fué rechazado, 

El sitio de Puebla fu6 más largo de lo que & 
creía, porque los numerosos conventos y ot 
laiíohos ediflcios que encierra esa ciudFcd. setí 
de una construcción tansóüda y vasta, queca- j 
da uno parece una íortaleKa, lo cual tacilitab» 
la defensa prepartida tan amplíaraente por el^ 
Eoblerno, y porque el ojf rcito francos quería 
hacer el menor daQo posible álaciudad, evitAn; 
do los malea de un asalto- Sin embargo, des 
puéa de mes y medio de lucha, al intentar Co 
monfort introducir en la plaza víveres y muni 
Clones, fuédatíi-carle el general Bazaine en el 
punto llamado San Liorenzo, derrotándote tan 
completamente, qae el genera! Ortega, qn 
mandaba la plaza, se vio obligado á enviar par-' 
lanientarioa al campo francés. En tanto, la ca' 
ballena que estaba dentro de la plaza logró es 
caparse. El genei'al Ortega y todo el ejército 
mexicano, que defendía la ciudad, se rindió 
discreción y el 17 de mayo entró triunlante e¡ 
ella el ejército francés, cayendo en su poder 
dala artillería y armamento^ y quedando pri 
aioneros sus defensores. El reato del ejercí 
de Comonfort se retiró á México. 

EE general Porey expidió una nueva procla 



! 

tu ' 

i 



205 



ms, aJ entrar en Puebla, con las ideaos y seguri- 
dadea de costumbr>g. 

Entre lí^s varias medidas que tomó en Pue- 
bla el general Porey, las más notables son el 
nombramiento de autoridades, los decretos se- 
cuestrando los bienes do los que hacían armas 
contra la Intervención y la revisión de la venta 
de lus bienes del ayiintamiBato, 

La ciudad presentaba el cuadro más lastimo- 
su, más que por los desastres causados por 
ambos ejércitos, por la p^rolongación de las an- 
gustias de aquella rica y hermosa ciudad que. 
' olvidando sus amarguras, manifestó su gozo 
cubriendo con llores el camino de los vencedo- 
res, y su entusiasmo por el triunfo délos prin- 
cipios que la Intervención iba á establecer; mu- 
chog de los prisioneros no ocultaban sus pro- 
pias simpatías por esa causa. 

El congreso mexicano cerró precipitadamen- 
te sua sesiones el 31 de mayo, se disolvieron 
las autoridades y se marcharon al interior to- 
dos los que formaban el gobierno y otras per- 
sonas que le eran adictas» abandonando la ciu- 
da,d sin esperar á que el enemigo se moviese 
sobre ella. El ayuntamiento se disolvió tam- 
bién, Loa generales Salas y Aguilar se pusie- 
ron inmediatamente en México á La cabeza de 




un movimiento, que secnndaron milos do per 
aonas de distinción, aceptando la intervención 
europea y pidiendo al general en Jefe de las tra-_ 
pas francesas la convocación de una junta defl 
personas notables, de acuerdo con e! g-oneral 
AJmoate, en que estuvieran representadas to-^ 
das las clases de la sociedad 6 intereses nacio^ 
nales, para que decidiera sobre la forma dego* 
bierno y nombramiento del que debía estable- 
cerse eotre tantf), hasta llegar al i'égimen po 
Utico que se adoptase. Al misnii) tiempü s 
formaron cuerpos de extranjeros, bajo la auto- 
ridad de sus cónsules, para contribuir é. la ae 
guridad pública. '■ 

La alegría de la piiblaciún era manifestad 
por loa medios que á. cada uno se le ocurría e 
medio del entusiasmo general; todos velan el 
fin de tantas desgracias y miserias, y todo 
preparaban una acogida al ejército francés, 
cual nunca se había visto en aquella capital. 

El 10 de junio de 1863 hizo su entrada el ejér 
cito franco-mexicano en medio de una Huvi 
de flores, de coronas, de banderas, de arcos de' 
triunfo, de palmas victoriosas, de inscripciones^ 
y de cohetes; y más de cien mil iwrsonas oou^ 
paban los campan&rios, las azoteas, las bévedas 
d« la,» ielesias, bs balcones, loe púrticos cl« Ifti 



•1 

i 



207 



casas, llenaban \íl% oatles y plazfis de la ciudad, 
aciamaudo froníticaí^ la victoria de los aliados. 

"Ese espectáculo, dice un testigo ocular, á 
que asistimos llenos de alegría, no se borrará 
jamás de nuestros corazones ni de nuestros ías- 
tos, Cualquiera qoe sea el porvenir que nos es* 
té reservado; sea que sfi llegue ala regenei-a- 
ción del país, tina que tienden tantos nobles es- 
fuerzos, sea que por debilidad y por falta do fá 
y de constancia acabemos por desaparecer en' 
el abisma de que tan visiblemente quiere arran- 
carnos la Providencia." 

La vanguardia la formaban las tropas del ge- 
neral Márquez, venía luego el ejército francés 
y á su cabeza ei general l-'orey, teniendo & su 
derecha al g'eneral Almonte y áau iaquierdaal 
sefíor Saligny, ministro de Francia. Al llegar 
á la paerta de Ja ( atedral, se apearon de sus 
caballos y fueron recibidos, en ausencia del 
arzobispo, por el capítulo metropoJitano, que 
entonó- el 7'e. Deuvi en medio de un concurso in^ 
menso, que en tan solemnes momentos dirigió 
conmovido su vo?, agradecida al Todopoderoso 
que acababa de libertarle casi por milagro. En 
seguida se retiró el general Forey á palacio pa- ■ 
ra recibir 1 las autoridades, con los seBores Al- 
moatey Saligiuy, que fueron cubiertos do flo* 



sos 



fes, versos y coronas al atravesar la PJaza Ma- 
yor. ¡Ah! al partir La expedlcióti, asegurí 
moa que sería recibida en México por la parte . 
sana de la población con vivas y flores; aconte-J 
cimientas imposibles de prever retardáronla 
entrada en México, y eu tant<_), sin respetar 
nuestra posición y nuestro dolor, ae nos esta<M 
vo preguntando cada día por los enemigos de " 
la expedición; ¿Dónde estáu las vivas y las ílo- i 
rea ? I 

Oígase lo que el general Poi:ey, cnmandante ^ 
en jefe del ejército francés y plenipotenciario 
del emperador Napoleón, escribía á su gobier- 
no el mismo día de sn entrada en México: 

"Mélico, 10 de junio de I8ti3. Acabo de en- 
trar en México á la cabeza del ejército. Con ■ 
corazón todavía conmavidu dirijo de prisa este 
despacho á V, E. para anunciarle que la pobla- j 
ción entera de esta capital ha acogido al ejérci-B 
to con un entusiasmo que raya en deJírio. Los 
soldados de la Francia han sido ag:obia^06 lití- 
raímente bajo el peso de coronas y ramcm: lafl 
ontradadel ejército en París el 14 de agosto de 
1&5ÍI, al volver de Italia, puede solamente dar^ 
una Idea de ésta. fl 

"He asistido al Tt Ueuní con todos los oficia- ' 
lea del estado mayor en la raagntlica Cafcedral, 



209 



de esta capital, llena de una inmensa multitud; 
en seguida el ejército ha destilado ante mí con 
admirable compostura, & los gritos de iviva et 
emperador! viva la emperatriz! 

"Después deldesfile, he recibido en el palacio 
del gobiei-no á las autoridades, las cuales me 
han arengado. Esta población está ávida de or- 
den, de justicia y do verdadera libertad. En 
mia respuestas á sus representantes les lie 
prometido lodo eso en nombre del emperador- 

"Por la ocasión más próxima tendré el ho- 
nor de dar á V- E. detalles más amplios de es- 
ta recepción *i/i ígwwí enia histot-ia, que tiene 
toda la importancia de un acontGcimiento cuyo 
eco será inmenso.— El general en jefe, Fov'íii/' 

El emperador Napoleón escribió desde Pon- 
tainebleau.en 12 de íüniú. una carta al general 
Forey, dicióndole que la toma de Puebla le ha- 
bía colmado de alegría; hacía el elogio de las 
tropas francesas y repetía que el objeto de S. 
M. no era imponer un g'obierno á Aíéxíco, sino 
hacerle renacer á una vida nuevaj fundando un 
gobierno de orden y progreso. 



CAPITULO II 

Deci'f-to (¡el gctbeivl Forey et^tahltrieinhi mut fiíiita 
de gofiie'nio.' — Aso-rnM<?a de -nottihles. — I^'ociajna' 
ciún de la monarquía v dei ATt:fikliíQue',Ma¡rimi- 
l'mno. — VaioH de grado ».— Cúndela v redama- 
cián, de 1(1 monarqaia.—Saíií^facclún del gobier- 
no frartcéa. 

El IS de junio expidió el eeaeralForey un de- 
creto parala, furiiiación de unu juuta superior 
de gobierno, compuesta de treinta y cinco in- 
dividuos mexicanos, que una vezinatalada, de- 
bía nombrar á su vez tres ciudadanos que ae 
encargarían del poder ejecutivo y do dos su- 
plentes. La junta superior debería asociarse, 
para formar una asamblea de notables, á 215 
miembros elegidos sin distinción de categoría 
ni clase, la cual debería ocuparse antes que to- 
do de la forma de gobieruo definitivo en Móxi* 
co, y en seguida de los asuntos que le presen- 
tase el poder ejecutivo. Por ese mismo decre- 
to loa miembros de éste debían dividirse en seis 




ministerios; pero ese poder dobla cesar desde 
¡el momento en que la asamblea do notables pro- 
^lamase el ñobierno deüiiitivo. 

Por otro decreto del 13, y á propuesta del mi- 
aistro de Francia, nombró ot general Forey Ja 
junta suLierior de gobierno, eligiendo algunas 
de las ilastraciones del país- La junta nombró 
el poder ejecutivo, poniendo A su frente al ge- 
neral Almnnte, asociado del señor Labastida, 
arzobispo de México, y del general Salas, uno 
de Ins veteranos do la independencia, y como 
suplentes fueron nombrados el obispo Ormae- 
chea y el seaor Pavón, presidente de la cyrte 
de justicia. 

En seguida ae procedió al notnbramiento de 
la junta de notables, que se instaló el 8 de julio, 
y el lo se leyó el dictamen acerca de la forma 
de g-obierno que convenía adoptar en llóxico. 
Este trabajo fué encnraendado al señor Agui- 
lar, jurisconsulto distinguido, que respoiidió 
elocueatemente á loque de su capacidad ae es- 
peraba, escribiendo un Uu-go y razonado dicta- 
unen, que produjo houda impresión y entusias- 
mo en laasamblea, y fué leído con aprecio Ó in- 
terés en toda Europa, Su conclusión es la si- 
guiente: 

"La nación mexicana adopta por forma de 



gobierno la monarQuía mofifnuUi, hereditaria, 
con un príncipe católico. 

"El soberano tomaiá el título de emperadoi' 
do Xósico, 

"Ija corona imperial de México se ofrece áS. 
A. I.yR. el príncipe Fernando Maxioailiano, 
archiduque de Austria, para sí y sus descen- 
dientes, 

"En el caso deque por circunstancias impo- 
sibles de pi*ever, el archiduque Fernando ?ifa- 
ximiliano no llegase á tomar posesión del trono 
que se le ofrece, la nación mexicana se remite 
ala benevolencia de S. M. Napoleón III, em- 
perador de los franceses, para que le indique 
otro príncipe católico-'' 

Este dictamen fué saludado de aplausos y gr i- 
toa de júbilo, to miaiun por loa notables que por 
el público, que habíaasistido á la sesión enque 
se le dio lectura. Se aprobó unánimemente, no- 
tándose sólo que dos votos pedían que en vez de 
monarquía Tno'ín'íií?í7, se áíjese coiifitihr.cfonal. 

Otro decreto de la asamblea cambió el nom- 
bre del poder ejecutivo en liegeneia del Imperio. 

Los notables votaron manifestaciones de gra- 
titud al emperador Napoleón, al general Forey 
y al ejército franco-mexicano, á los ministros 
de Francia y Prusia, seJIorea Saligny y Wag- 



* 



ner, á los genéralos Almonte y Márquea, y á loa 
senoresGutiérrez de Estrada, Jliranda, Ajidra- 
de, Hidalgro y otras personas que habíg;n coope- 
rado al deserJace de la cuestión política. La 
asamblea decidiú tamíjíéa que el busto de Na- 
poleón III se colocaría en ja sala de sesiones 
del congreso; que se remitirla al Santo Padre 
copia del acta del 10, pidiéndole su bendición 
para iaobi-acomenEada, y que se trasladase á 
la capital el cadáver de Robles, cuyo nombre 
debía citarse en las revistas del ejército con el 
grado de general de división. 

El li3 pasó una comisión de la asamblea^ con 
su presidente á la cabeza, al palacio nacional, y 
en el salón llamado de Iturbide puso en manos 
de la regencia el acta dó sus resoluciones, fir- 
madH por todoa sns miembros. En seguida, la 
regencia, el general Forey, el serior iSaligny, la 
asamblea, el ayuntamiento y otras corporacio- 
nes fueron á. la Catedral, donde se entonó un 
solemne Te Di^urit. Los edificios públicos y par- 
ticulares se adornaron, y en la noche hubo ilu- 
minación general, Las autoridades locales ex- 
pidieron proclamas entusiastas y el general Po- 
rey publicó otra haciendo nuevo llamamiento á 
los disidentes. 

Digno de notarse es que desde antes de que 




?14 



ae reuniera !a asamblea, la opinión general se 
oxprssaba en sentidafavorableálamonarquís. 
La pvensa enipexúáhacer so elogio desde la sa- 
lida del giíbierno de Juárez, y un periódico fran- 
cés, redactado por un cmig^rado liberal quo co- 
ñuda ya bien ti país en que se había refugiado, 
escribió un artículo que causó profunda sensa- 
ción, en gI cual se declaraba por la monarquía 
y hacia un triste cuadro de la república en 
México y de loa hombres que la representa- 
ban. 

En tndaa las capitales de provincia que se ha- 
llaban libres de los repubhcanos, seaco^ó con 
entusiasmo el cambio do forma de gobierno y 
levitótiiron actas de adhesión & úl, !o mismo que 
en centenares de ciudades, villas, pueblos, ha- 
ciendas y minas, cuyas actas se fueron reunien- 
do cuidadosamente para remitirlas al archidu- 
que Maximiliano, á üd de que pudiese juzgar 
de la opinión del país <\ ue le flamaba, 

El ministro de negocios extranjeros de Fran- 
'cia escribió el 14 de agosto al general Bazaíne, 
que el voto de lu asamblea ele notables habíasi- 
do acogido con una sincera satisfacción por el 
gobierno del Emperador, felicitándose de que 
las provisiones do ésto hubiesen sido justifica- 
das por el buen sentido y patriotismo de la 



Sí 



cipe ÜEmaú': .L inm. 




CAPITULO 111 

^rsontd. li^ In regencia,— Su moderación.— ülogio 
de tu Intervt'nvhiu jurr un cxminmtru de Juá- 
rez y crítica de au pro¡)Ía nítuar.lijn. — Comisíún 
■para ofrucer la cofona al. ArcHdii^ue. — AlguiMa 
medidoH He ta rfgcncía. — TraimU) con Frcmcia 
sotare fas vünaii cíe >Sonora.-^ Cuestión de bknefí 
eclesiásticos. — Produce. ladisiíUncUi entre losre- 
ffeiites. — Éxito de las app-raciunes militaren,^ 
EnfíiBitrsmo por tos/ranceHes: — Oobkrno deJvA- 
rtt. — RtgrtHO dt los oiiwpOii deatai-ados. — Llc- 
anda y reembarque de Santa-Amia. — Regreso á 
Frcni^ia de h'o-rea como mariscal. ^Suopiíiiún 
sobre la vo' int'td del pais. 

La elección de las personas que componían 
la regencia era acertadísima. El g-enerai Al- 
monte nos es ya conocido p(>r susaervicios, pro- 
bidad s abnegación, y por el aprecio con que se 
le veía on Europa. El seRor Labastida, arzobis- 
po de México, gozaba de muclia popularidad 
por su virtud, saber, sufrimientos y por una 
ilustración que le liacia amar el progresoj tal 
cual eata palabra debe entenderse, El anciano 



318 



que todos queríamos era que poco á poco se f ue^ 
sen admitiendo en nuestru seno á l<is hombrt 
quelealmentesenos uniesen y que diesen pru( 
bas de su sinceridad, hasta acabar con la divi^ 
sión que noa afligía, Pero nunca fué nuestro ¡ni 
tentó entregarnos maniatados, so pretexto di 
reeuncili ación y de libertad á nuestros anemi-' 
gos, para que, una vez apoderados delosdestí-^ 
nos públicos y cubiertos con el manto del Im- 
perio, pudiesen ámansalvainlroducireldeaoH 
den y la descomposición. La regencia aiguióel 
camino que convenia; y tan notorio fué eat 
que el general Basadre dirigió enliunces desde' 
San Luís Potosí, & donde Juárez se había refu- 
giado, una carta 4 un amigo suyo, que la leyóá 
liis reg'enteSj on la cual esci'ibla "que Juárez 
declaque la regencia le ha<.'ta másdatSoconesaj 
moderación que con aun ejércitoa." ■ 

Pero el elogio más cumplido é imparcial que 
puede hacerse de loa bienes que pi'odujo laln-j 
tervención, al mismo tiempo que la critica m&M 
severa del gobierno republicano, se debe al se- 
Bor Zamacoua, amigo y exministrode Juárez,, 
que no roeonoció nunca al Imperio y que, sh 
■embargo, tuvo et valor y la buena fe de escribii 
á su amig'o y jefe una carta en !5 de junio dE 
1864, publicada por su autor en estos días: el 



230 



de París y Londres abrían sus arcas al nueve 
imperio, Y Ja impresión se hace más profuuds 
afiadia Zaraacona, cuando el cuadro que precf 
de se coloca junto al que presenta el gobierno' 
nacional .... Hasta el ministro de los Estadoaj 
Unidos ha abaudonado el país, y dígase y créafl 
80 lo que SG quiera» estoy seguro de que uo se 
ha llevado impresiunea favorables sobre la aij 
tuauióo delg-obierno. En el interior hemos perS 
dido los centros importantes de población. He- 
mos dejado los ánimos en términos de facilítala 

la conquista moral de la ínberve tieión im pofl 

bíacuíHen beniliccn ai, cíelo ctmndo salen úe tillas los 
defennores de la Imlepetidencia - - ■ ■ Aloa reclutas, 
entre los cuales sé cuentan personas de cierta 
posíciÚD , se les trata- como á forzados, amarráa^ 
dolos auna cuerda. Sobre la autoridad hay mu^ 
chas cosas capaces de dar al traste coa el pres- 
tigio del gobierno mejor cimentado.. ..En Moa 
terrey se acaba de alzar el espectro sanguina 
rio de la ley de 25 de enero... Pueden contarse 
con los dedos de una mano las personas qu' 
forman hoy el círculo inmediato del gobierno.' 
¿Qué amigo de la Intervención ó enemigo d 
gobierno de Juárez habría escrito juatiticaciú; 
más completa de la una y acusación más fuer 
del otro? 



i 




ocupó la regencia, fueron el tratado sobre qd 
privilegio á Francia en la Sonora y la cuestión 
délos bienea eclesiásticos. Respecto al prime- 
ro, cuando algo transpiró do él eu oí público, 
no faltó quieo dijese quelaSonoraquedaba ce- 
dida á la Francia. En lo cual habia ua gran 
error, pues ni á la Francia se le ocurrió pedir 
aquella provincia, ni ala regonola ofrecerlo. 
que se convino enti-e estay aquélla fué conc 
der el privilegin á una corapaíiía francesa pa 
que beneficianí las minas do aquella provincia, 
no amparadas, á las que^descubríese y denun- 
ciase conformo alas antiguas ordenan His de 
nería. Esta concesión era Tentajosisima, es 
cial mente para México, pues aquellas riqueza; 
eran improductivas; mientras qae una colonia 
qnelas beneficiase, además de pag-ar fuertesau,! 
mas al gobierno de México, traería la ventaji 
mucho mayor de formar uliiuna barrei'ade r; 
za latina, que no corría riesgo de confundirs 
con la angloamericana, como sucedió en 1 
frontera de Tesas, cuyo territorio se perdió 
por haber sido colonjzaflo por loslamei'icano 
del Norte- 
El Archiduque Bo aprobó ese tratado- 
La cuestión de los bienes eclesilsticos ía 
más grave j causó Ia retirada de la regenci: 



flir 

!ia, ' 
uii-^ 




con el tribunal supremo de justicia, Ác&vñS 
la opinión que sobre ella dió álos jueces; y an- 
te la actitud de sus añembros, que tambiéa lo 
hicieron caso de conciencia, la regencia se vio 
en Ift trista necesidad de nombrar otros ma- 
gistrados que compusiesen, ese tribunal. 

Al dictar Ja medida sobx'e las pagarés, la re- 
gencia, sin embarco, no preju^aba Ja cues- 
tión, lo que hacta era cederá una imperioaa 
necesidad y satisfacer además los deseos de la 
Franria, en donde se presentaba ya el nuevo 
poder como entregado a! retrorean. La cues. 
tióa quedaba, pues, intacta para que la resol- 
viera el nuevo soberano. Así lo comprendió el 
mismo Archiduque desde Miramar, cuando 
en 8 de diciembre de 1963 nos escribía: "Estoy 
aun muy poco al corriente de todos los elemen- 
tos de que se compone la cuestión tan com- 
plesa de los bienes eclesiásticos, para poder 
juzgarla. Pero á primera vista, y salvo mejor 
opinión, me parece qilo las decisiones taoiadas 
no son de una naturaleza que puedan alarmar 
ningi^Q interós, pues que ellas no prejuzgan lafl 
solución definitiva que se adoptará en su día". 

El éxito de las operaciones militares cundía 
rápidamente por todos loa puntos en que sel 
presentalsan, ya las tropas mesicanas, ya las 



i 



no «aftftladu tnosit- aJ 



tu. Un oAeíft] éél^üitiíB frvfséK QKrit^¿] 
Bftrfe saibCftaftciiie pabbc6 La fíatrit ^ 
febrenj. «o taa^éetím. '*fic tudas paxi- 
can kfr I ■■niiai á cuKstzB Uñgiiia- 
talilftn» li Krifcii UMWH J Aore^ 

3nftr?;»>=halik«diiBtadíicsiel Salfülo. Y« 
LM - >Ids1 fafthU truadcidefomarm 

miUBus-K. 1. coftliabla dMgidD & Ibb iioten- 
aÍM«ii«» Uo^lM?; nmaotBMiifpkKúItí^ 
RioB aGDnbecisúealijs áe la capital y nc deer»- 

cotDcrtokkiffas. 

raale «1 mande* de 1& regeneu «drieraD 

III |i 1 lili nhiniHii itotfCirniiln i SKnddrM-iM- 

Uu» tm láidufi loa iHialaft^l tráti%íUi liosia 
cdkpittl ovo rivMB y úbittfiaioa e^MUtAaeoe. 



226 



Eti Veracruz se líreaentó tamMéa el gene- 
ral Santa Anua- Sigiiieudu el sistema de tole- 
rancia, se le permitió dGaembarear, pero se le 
\\\zo firmar antes la promesa de no dar procla- 
inaSf según su antigua usanza, pues había con- 
cluido esa época, y sólo se permitía é. Jas auto- 
ridades constituidas. Firmó el general lo que 
se le pedía y desembarcó, pero al llegar á. Dri- 
zaba, publicó un maniñesto, lo cual autorizó & 
dictar la pronta medida de reembarcarle para 
la Habana. Desde 1861 había querido este fa- 
moso (general aprovecharse de la Intervención 
para volver á México, á ver si se le ponía en el 
mando; pero los que no teníamos confianza en 
ól. nos opusimos con éxito á que ocupase el 
puesto que tan ciierdaoiente. se dio al general 
Almontc, y lo alcanTamos ú. pesar de los es- 
fuerzos de un compatriota nuestro que, sor- 
prendida su buena fe, abogaba por él. Empezó 
ese general por reconocer en 1861 al Archidu- 
que y ensalzarle; luego, viendo que no seile ocu- 
paba, se declaró por los republicanoa;y asíes- 
l/uvo yendo de un lado A otro, con proclamas 
violentas y contradictorias, sin que nadie qui- 
siese recibirle. 

Nombrado Forey mariscal de Francia, vol- 
vió á ella, entregando el mando al general Ba- 



227 



zaine, y al partir dirigiú ana sentida despedid» 
&lu$ mexicaDos. Antes de salir escribid lU 
emperador Napoleón, en 14 de scpUeicbre de 
1B63, lo que ^^rQos á copiar nomo la justifica- 
cifio más completa y satisíactoria de nuestras 
prediccifmes; 

"Bien que la mayoría de los Estados no ha- 
ya dado aún su adhesión al Totn de la asamblea 
de notables, esta adbesión puede considerarse 
como efectiva. Basta para convencerse de ello, 
el verlo que pasa allí dcmdo los soldados de 
Juárez han dejadu el puesto á loa nuestros. 

"En el momento en quo las poblaciones so 
ven libj-es deJ temor de los primej-os, vienen 
hacia nosotros con entusiasmo, y sin que ten- 
g:amOb necesidad de pedírsela, su adtiesi6n do 
se liace esperar. 

"Ni siquiera es necesaria la presencia de 
nuestras ti-opas; basta tjTie los juaristas no es- 
tén ahí para ejecutar sus vengausas, para tjue 
la rnnnaitptia sen proclamadfi. 

"El número de las localidades qne la reco- 
nocen aumenta cada dfa sin presión alguna 
por parte nuestra; y como es fácil juzgar do la 
opinión de las proviaeías en f)Uif nu (Inta aún 
nue.>»trji. bandera, puriaquc anima á los que 
pneden comparar el régimen actual con el ftn- 



228 



tiguo, es menester concluir de esto que el día 
en que nuestros soldados aparezcan en el in- 
terior, donde se les llama á gritos como á li- 
bertadores, todo el pais, con raras excepcio- 
nes, adamará al nuevo gobierno yásu augusto 
Jefe. 

"Los habitantes de las ciudades que poseen 
y que, como en todos los países del mundo, vi- 
ven de orden y de paz, nos acogen con felici- 
dad y nos cubren de ñores; pero los cuarenta 
aBos de desorden, de anarquía, de guerras ci- 
viles que han acabado el país, lo han llenado de 
gentes que se han puesto fuera de la sociedad 
y que encuentran más cómodo vivir de robos 
y de saqueos, que ganar su vida trabajando." 



CAPl'J'L'U- IV 

FrottXUW ■fn".:(ñ:ii-< !•■ .u- L^l'.rM'iiifin--- ■"*'; ím^ - 
mi cít'iV. — i/iW((7(!M<;"" fí' Jiiii""-''- <'■ Jíf/i'M-Tiii 
#T' ZíOÍÍ«/T> — i'.-/»! ('.■(':■'?'..; • ((■ í'.<-- iVff/lMi- ? )(>■ 
<íu*-, — .4¿«rwítf- 'i- cVd- ->('t.''" .'■■ '!ir'/nr;Oii::- <1: 
Fru-ncia-^FiC"- : •\'-¡ii-:-.":i'.<. : ■ . — L:- franv-k^ 
Iki*^ pul' (í «(. t^':. — ^■:'::i'ii-- •'•■ /i'- ÍíTciÍc* í ?(■/■ 
éKter — VoU- Ú- ('-■ '.■•'Hi"i': <<■ ■■■■■i'-'tyvriTaii't-t^. — 
VutLW: tí tt'jn*ltu-- • iiinis;, ■ urv-.'iliWOi- CV'm 

Ya »€ recordara cju*! ¡ur^ EíLüü'.-s Fnidits se 
n^ürun á upiaar iJdn-- ei. f! ci.m"veniu de Líin- 
dres. Eigübiernc y -. pjebi'' dt iü I'iiiÓE han 
sido üiempre hostii-.-ft ¡'. todt ]■' que pudiosc 
salvar la na^-ionalióac. iLesicdr-a: si bien es ins- 
to recontx*!' quf' hay niuclios fiudafííinos <íis- 
tinguidas en atj u'-- i-iai> que Sf opunen á i'ine- 
vae adquisicioDet- c'ie territorio, y que aun han 
sido íavorabies. a! estahleeimiento (\o nna mit- 
narquía en México. 

La intervención europea se deoitli«.S y llevó á 



230 



cabo en los raoiiientus que los Eatados Unidos 
se lialtaban ontrcgados á una giííaiittísca. gue- 
rra civil; pero osta eircunatiincia no influyó, 
fomo ae ha creído, en .aquolla empresa, ya 
que ésto tuvo ovigen en el estado enqueseon- 
contraba México; así que la Europa no eligió 
la épnoa de interveiiír, sino que se creyó for-, 
zada á ellü' 

Kn abril do 1^63, escribía Mr. Morcier, mi- 
nistnj dn Francia en Waslñugton, que ge lia- 
liaba autariaado pava atirmar que el gobierafi 
de la Unión deseaba ardientemente evitar el 
dar al de Francia queja alguna i>or la cuestión 
mexicana, y tino nuda liaWa diclio quü pudiese 
alarmar la susceptibilidad de la Francia. 

Pero el 23 del mismo mes y año so quejaba 
seriamente el gobierno Erancés al de Washing- 
ton de que su ministro en Londres hubiese 
escrito al comanrlante de la flota ledoral, que 
dejase pasai libromente loa envíos de armas y 
municiones de guerra expedidos de Inglaterra 
á Matamoros. 

Mr. Süwai'd, ministro de neg'ocios extran- 
jeros de los Estados Unidos, dio explicaciones 
sobre este incidenti', al cüal dtfclaró ser com- 
pletamcntc ajeno: recituucicndual mismo tiem- 
po que eso documento tenía una forma hostilj 



232 



Entonces lo dijo Mr- Di'ouyn de Lhuys, que 
ao ti aba impurtancia á esos rumures, y <iue si 
Le había bablado de olios, era para precaverle 
de los de otra naturaleza, que quizá tenían el 
mismo origen. 

El gobierno de Washington no descuidaba 
sin embargo la frontera, y el general Banks 
recibió la orden de impedir que por el Río 
Grande se introdujesen en México armas y 
municiones, t>ero al mismo tiempo se le adver- 
tía de la neutralidad de ios Estados Unidos y 
de taá relaciones dipLomáttcas que aegulan con 
la república Mexicana. 

Los Estados Unidos, aseguraba Mr. Seward. 
deseaban evitar todo lo que pudiese irritare! 
amor propio de la Francia, y no pretendían in- 
tervenir en ningán sentido en México; pero 
que eso no le impedía declarar que la verda- 
dera opinión en Móxico era favorable á un go- 
bierno úoméntim y republicano; opinión que ae 
debía á. la influencia popular del país do Mr. 
Seward, y que era indispensable al progreso 
do la cinlizacióu en el continente americano, 
y en fin, que la segundad de los Estados Uni- 
dos y su manifiesto y brillante destino esta- 
ban ligados á las instituciones republicanas en 
toda la América; por lo cual habla ya advertido 



233 



& la Francia del conüicto qne podrta surgir en- 
tre elJa, Ujs Estados üoidos y Ifts d<em&3 re- 
públicas americanas. 

Lo^ acoDtecimic-ntos, empero, seguiftn en 
México el corso que hemos indicado, oosan&da 
agradable á la cámara do represeQtantes d« los 
Estados Unidos, la cual^ et 4 de abril de 1S6-I. 
en loa momentos de la aceptación de la corn- 
na por el Archiduque, adoptó por unanimidad 
una resolución contra el reconocimiento de 
una monarquía en México. 

El gobierno de Washington se apresuró fi. 
prevenir á su ministro ou Francia que instru- 
yese á este gobierno de que la cámara había 
obrado por su propia iniciativa, y que para 
que Gsc acto revistiese gI carácter de leg-isla- 
tiro, era necÉsaria la sanción del senado y la 
aprobación del presidente, el cual no pensaba 
apartarse de la política que habíaseguido has- 
ta entonces. 

Cuando se presentó Mr. Daytoná Mr. Drou- 
yn de Lhuys, le preguntó éste: ^'¿Noa trae us- 
ted la paz ó la guerra?' ' Mr. Day ton dio las ex- 
plicaciones citadas, y al dar cuenta á si] go- 
bierno de la buena impresión que habían pro- 
ducido en el francés, anadia que los comisarlos 
del Sur en Europa fundaban grandes espe- 



234 



ranzas en una mala inteligencia con la Frac 
oía, 

Como para dar mayor fuerza alas explí< 
Clones del gobierno do Washington, anunció' 
éste á 9U ministro en París, en 21 de mayo, 
que Mr. Corwiü, representante de la unión 
cerca del gobierno de Juárez, volvíanlos Es- 
tados Unidos con licencia y se bailaba ya cn la 
Habana- ■ 

Siele días despuíJs de este despacho, des- ■ 
embarcaba en Veracruzet Emperador de Mé-_ 
xico. El gobierno de Washingtun no le recono-fl 
ció, y haseg-nido recibieudocomo ministro del" 
gubierno de Juárez á la persona que éste en-, 
vio con eae carácter desde los primeroa acon-í 
tecitnientos. Dicho representante^ de cuya ac- 
tividad se ha hablado rancho, na ha tenido ja- 
más, sin embargo, relaciones oficiales con nin* 
guno de los representantes de la Europa en] 
América, cuyos g-obiernos reconocieron el Ita-j 
perio apenaa aceptó Maximiliano. 



Éft 



^^^ 



CAPITULO V 



¿Ü Archiduf^e. Maximiliano. — Su maneto en H rei- 
no Lomba rdi." — Siiraitiar. — Acf-pla la.oo' 
roña. — OpJn ■ s wjcrioaTifts r/ue í^ visUa- 
han. — fíehuMt H tmno de Grecia. — Opinión de] 
rey í>/t/X'í£/o $t^re rí de Mv-vico. — MiMón dcJ 
«i^fior" Arrnní/oiz, — Es rti-iiñda ta oomUi^m en 
Miramw. — Respuesta áel ArcJiiduque.— Veto de 
ffrarioJtfí J>fripol<Jn lll. — Vraje del Archidii(/iie d 
Vierta; Bnisilas, Paría y Ltjiuire^.—Jicifpcidjt 
líf lote vtf^zUxinog en París. — VurJve /« oomttírfn 
áUirarnor. — Se- •uplam.Ui aceptacvfm, — Dere- 
chos d^ íu «"-OToitct de Austria. — NegociacKttfn 
soljre esto. — ProUvlas. — -Aceptactért d^nitiva de 
tu fíe Mér.U'io, — Ceremonia?.^ ihirnmr-Jito fffí 
nuevo Emperador.— NmnbittmientAis di-plomáti- 
ow(. — Tratado con Franoia. — Decretos sobre em- 
préstlto y aomitUín jinaiioiera, C7i Püa'is. 

S. A- I- y R. e! Archiduque Maximiliano. 
hermano det Emperador reinante Francisco 
Joflfi, uació en Vlena el 2 Ue julio de 1832, y &n 



1S57 se enlazó con la princosii Carlüfcn,, liija do 
rey Leopoldo de Bélgica. Dí^stJuado ú la mari- 
na, empezó sus viajes á lo3 18 a0o'3> y al con-- 
cluirJos fué nombrado jeCe déla mavina sms- 
triacw. En 1857, le confió el Emperador el go- 
bierno político y militar del reino Lombardo- 
Véneto, conservando el mando de la marina. 

Xíodefido de todo el explondor que le daban 
su ilustre linaje y sus derechos eventuales al 
trono de un gran imperio, no tenía empero en 
tan importante mando la autoridad necesaria 
para g-obernar, sej^ún sus inspiraciones. La 
proximidad a! centro del poder, la facilidad do 
comunicarse instantáneamente las ideüs que 
dominaban en el g-abinote austríaco, hacían 
que el Archiduque no tuviese en realidad de 
verdad más que un mando de aparato, pues el 
que realmente fi-übernaba todo lo grande co- 
mo lo pequeño, era Mr. Bach, ministro del in- 
terior en Viona. 

Sin embargo, durante los dos anos que es- 
tuvo en Milán, en una ópoca de agitaciones y 
de una constante conspiración, el Archiduque 
se condujo de manera qaelos más ardientes, 
defensores de la emancipación italiana reco 
nocían su moderación, y aun se sabía que no 
aprobaba, el sistema adoptado, hasta el punto 



4 



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d*; iJ^X''- -- sr-or-^',.- li, ■,->.. ^■;:!-..- ,i',;. ii*;;n 



23H 



tos de gratitud quo oxperimentó,batnt>s, ú. la 
cual respondió S. A., I. el 8 de diciembre, díri- 
giéadose a! decano de nuestros monárquicos, 
seBor Gutiérrez. En su respuesta nos asegu- 
raba que siémpra le había intefesado la suer- 
te de nuestro país, y que se pondría al frente 
de él, luego que de una manera LDCuestiüaable 
pudiese conocer que tal era la voluntad nacio- 
nal. "Entonces, añadía S. A. I,, podrá sólo es- 
tablecerse eaa contíanza mutua entre el gobier- 
no y loa gobernallos, que es, á mis ojos, la base 
más sólida de los ímperioa, después de la ben- 
dición del Cielo.^' 

En el invierno de 1861 i 1862, fueron sucesi- 
vamente á Miramar los señores Gutiérrez de 
Batracia y Almonte: éste último estaba íl pun- 
to de embarcarse para México. El Archidu- 
que fué eonuciondu poco á poco á los demás 
masicanoa, partidarios de la monarquía, que 
estábamos en Europa, y á todos nos ofreció una 
benévola y exquisita hospitalidad. Una délas 
cosas que en aquella época de esperanzas noa 
causó mayor satisfacción y alegría, fué el ver 
la unanimidad con que todos juzgábamos al 
Archiduque y á su consorte. Todos eramos 
monárquicos, pero había naturalmente modi- 
ficaciones en nuestras tendencias, y lo que & 



m 





Imperio mexicano. En suma, en cnantas veces 
tuvimos la honra de ciiscutirconS. A. I-, siem 
pre había conformidad de ideas y para nos- j 
oti'os una llsob jera aprobación. ■ 

Ignal cosa acontecía cuando trataba de ma- 
terias especiales con hombres tan competen- 
tes como los seaoroa Murphy y Arrasgoiz, en 
las veces que fueron los huéspedes de Mira- 
mar. 

Idéntica impresión nos producía la archidu- 
quesa Carlota. Su instrucción, sus tendencias 
á estudiar y discutir asuntos serios» extraños 
siempre ala imaginación de una joven de 23 
años, la variedad délos idiomas que hablaba, 
su gracia en pronunciar el nutístro, la fe que 
tenia en la empresa j hx resolución de su ca- 
rácter: todo nos cautivaba y aumentaba nues- 
tras esperanzas , 

Los sensibles acontecimientos que prolon- 
garon el término de esta empresa, según he- 
mos visto, presentaron una nueva ocasión al 
Archiduque de mostrar- la cordura conque 
entonces obraba, En aquellos tristes momen- 
tos S. A. nos decía, que ellos le imponían el 
deber de ser sólo un observador quieto, pero 
simpático, de los sucesos q-ie tenían relación 
con México. Comprendíalo que en esos mo- 



ta 



mentos debfa á Is Fruncía, y no qoerfa bacer 
nada qne pudiese aumentar las díScaltades 
existentes. 

Ea aq uel tiempo so rgió la caidadel rejrOtboo . 
y la reina ATicUiriii y Lord Palmerston oscri 
bicron al rey Letipoldu para que decÍdi<'-HR al 
Arcbídoqoe á aceptar !a oorona de Grecia. 
El príncipe Maximiliano diá las gradan ptir 
esa prueba de cimtianza y rGha»6: al fni»nitfj 
tiempo se dignó ínstraimofl de esA paito, pai 
qoe nos airne^ de gnbierno, sí la oca«iói\ »« 
presentaba. 

Uno de los mexicanos que visitóal Archúlti- 
quo, fgéel señor Arranírf"riz, n 
de hacienda, c«m(M;edor du la i. . 
hombres de México, aaf como d« los RAlad<w 
Uaidoa y la Knropa. pn dondf hiihta rcslilldi 
varios ttfios. Sus informes fueron tle ífrun L,f:. 
lidad al Archiduque, que encontrad»» 
nngnuí interesen las rpspnr . 

iaua numerosas pr*?ffunta«, di - ,. 
de Inago para ocupar un piteAfo ' . »»■ 

gún la expríísión del Archií!nqu*>. 

Comoelseilor AiTangdJKlcidí"-.. ■>.. ff.. -i.^.., 

aunque la empresa notavi(>Hr< 

haría honor m1 haberla-Mn,. 

& A. !• : "(^uL> ol rey Lt^'n^i..,*! «t..,. 



242 



]o mismo, quo era uim empresa grloriosa, aun- 
que tuviese mal éxito." 

El sefioi" Arraugoiz íuó enviado á Londres 
para procurar el recoaociruieato de la regea- 
cia, rocomendado por el rey Leopoldo. Lord 
Paimorston le recibitj muj bien, y tuvieron 
una larga conversación en ingl(!'s, en la cual el 
celebre miiiiatro recoufjcieudo la exactitud de 
los razonamientos de soflor Arrangoia, convi- 
no en que ul estableciniiiíntd de un gobierno 
fuerte ora del interés del comercio ds la In- 
glatera (idea on que el rey Leopoldo aconseja 
ba se insistiese), y que íáta no debía tener 
tantos escrúpulos de recononocer á la regen- 
cia, cuando constantemente había reconocido 
Bin vacilar á todos los gobiernos de hecho de 
Méxieo. Lord Palmerston alegaba que esta vez 
se trataba do cambio de forma do g'obierno, y 
tjfreció reconocei'lo luego que la mayoría del 
paÍB lo proclamase- Por supuesto que no olvi- 
dó el célebre ministro lo de la libertad de cul- 
tos, á lo que e! sefior Arrangoiz le contestó 
como creía que etla deltiSa entenderse, 

Lacnraisión mexicana llegó á Europa á me- 
diados do sopti(?mbi'e de 1HG;í Como hemos in- 
dicado, trai;t tambitfin la misión de presentar 
al emperador Napoleón el voto de gracias déla 



il3 



asamblea de notables, ñero S. M. 'luo se íkl- 
llabaen Biarritz. 'luiso 'lue ':.a comisión, "iiast> 
primero & Miramar \ it'reíT-r a, Tii-nnajii Ar 
chiduqua 

Lacomiaión fué recibida, 'tor :^. A. :..■?!•; 
de octubre. El nresiciente u- •:;;!. p-i'i in .a.rcíci 
diacnrao, análogo á ;a ',-irn:'.nstaní-ia.. ai^mc 
respondió el Afchifinriue \f:-T,(\'> it;M ->n 's- 
pafloL, enqne, ai -íxuri^-sín' -tr. .ív.ifitiiti. 'sni^i-n- 
ba que la naci6n 'íntera iTianiíV-stüse ¡h>T':in'n 
te au voluntad . har:ipn.'n •/■¡j.-t.-ií-;- í.-í ■í>:íii¡ 

tado de las VOtí»^ )fr ;i T'A-Vi'V':!. Ifí país :l 

aceptación de! trnnn .¡lif ^n i-- ■i'r'^.'':n.' niii.- 
diraido que su intención ''"• i*- .'i''r-u'':'Mar -.m 
el ré(fimen i;onsiti^i!'';:'!nai. 

LacíDmisión -r¡\\-\i', ■', '>.,>-'.-í i;;t'')^H"íi.-í»> •:: 

AGramar iino-» -'{ín^ .i-:f<^ .■■< .;«.:i,m-i.^< .utii'-r -.-.■ 
Veláequez. .\iíni!;iv '■ lid filtre irii'.i í-.j-.w !.■ 
varios asuntóla 'if; ípi'i'V'ííti'''^) .•]'•• ^'■::\i'i:'..u i- 
Teunió lacomi'íi<'-r ■■■■ *■'■'< , j.-.-^f-t/) ■ i -;^ 
perador Nonaieón ■■■ 'f/i '•• 'í!í'''-i- ■"' ■■' ■ 
recepción ;io ÍHii,i>'!:-f .,r-.--- 
HUS de enero í^ie jí-f-j ..-ii'i^.w.r. ..\ . i ,:,;.■ i.n i:. - 

yla Ar(!hidiini:*=*a >;tv-f ' ■■v -.i,,..-...*!. ■. 

desu séquiV' ;. ■!•■>' -í'i-.-.- ■ *■■ ■'-•-'-..:■' ': • -■■(■: > 
deeateA'iaio "va ';■*•?■'■■_'!.! '■ -'•- -^■■.'■'■- ■«'■•■ ■ 'iii, 



244 



BBñoT Arrangoiz instruyó tan cumplidamente 
al emperadni* de Austria de Eos asuntos de 
Méxicu, que S. M. dijo A &■ A. I., "que enton- 
ces era cuando loa había comprendido bien." 

La actitud que tomaban las poblaciones mo- 
3Cicanas,llaDiand«>al Ari^hiduque, le decidieron 
á ir con la Archiduquesaá Londres y Bruselas 
á despedirse do sua familias, y & París, á des' 
pedirse de los empeiudores de Francia- Fiió 
una alegría para todos el vei' tantas difit;ult&- 
des allanadas, y próximo (jl día en que loí5 jó- 
venes príncipes iban á- ceüir la enrona en la 
antigua capital de Moctezuma, Todos los con- 
templaban con simpatía, todos hacían votos por 
su felicidad, especialmente en Francia, en cu- 
ya corte hubü plácemes y festejos durante su 
residencia en ella. Antes de partir el Archi- 
duque, mereció el que escribe esitos apuntes 
la insigne honra de que e! mismo príncipe 
anunciase ^SS- MM. II. que le había nom- 
brado su representante en la corte de lasTu- 
üexias. 

Los Archiduques recibierun en la embajada 
de Austria á los mexicanas y mexicanas resi- 
dentes on París^ que, con pocas excepciones, 
acudieron llenos de regocija á presentarles 
sus homenajes como sua nuevos subditos. En- 



24S 



tare áatoa se presentó el jíeneral .'vtfrndriza. -lotí 
había deí&adiíio !;i ."lindad if [^"i^-hia .;orao -rit^- 
gnndo itei líeiierai on .tjfeí T.:;xi:'-ano. "aramén 
so nregentaron ;i iS. A. 1.. rii .¡.uiiiiínca inva- 
da, varioa ieí^ ' )titiia¡i>s "r.i-.'íii?ano!4. ¡ft ,oa 
que áe iiallahan un T'vaní'-ia ,- lahían sido iifr 
choa prisioneros .-n ^-i»»:->;a. 

Laoomi.-íii'in. .:n -,iiHi»sii^n ,'a >iñ -.úiias ;i.s .uí 
taa-íiince :on:*tAhít ü:»* a ^ran ".lavoría liftl 
país bahía -iToniariiado ;.¡ .■nTh;r:i;iii;i=-- nivi^) 
á Miramar i ni^diario-j :.^ iiarr.-.. * ■>•.. >;iso 
por '.''iena. íift ¡iiitiiv.-i íí',' .Li.3;tr,.-.H ■í'íí.s. ,.iv ■ii- 
CDim'íWRfi "ambión i-n .:.o.:;t^:'a iíii,.f.Át -I .-.rri-i. 
duqiK^. iQft í-íf;.t.hn r,^ri,i,.-.nri.;., •.■.■i irrp-^lwsi .k- 
&mi1¡a. [j.iPcro .1'?!:Í'*:t." i-'^ ■-.■.. -íiíti. 

Miramar. .ipv«ni1<i»<í' ■■r' -ü ,,■: .- •■. - rr-n :'■.. i.i .:()■ 

misión 7 .i fí.fí.-J m-^i.'ün.-.-j 

la reaiirvfrri'Sn ■«( í.^?.-..- .i;.-: i ii^;-,:.5ií;:;-.i 

ro iaWÍO Sf» ^¡.riin^, --■«'■■:* ' i-'--i.ri.--.':.i ..h.' i. t,;i.;-,f':-- 

ift'ionrínídt^ '^w i «n-.-:-,-.u -r. ;-.r,' i i-.,:, .¡i .-.i ■.-,!> 
CiaL J^arr-PP ;■;" ■*'■ ■ ''"« -^ .-..■■iln í ■■.■h.íí'A 
un* >í' lOf ív.^cn.i i -.iM ;•.•:■.;!.■.(-,■.(■•:;•. • ■,:n 

aon'fcrsíQra ■ ih''.'' ■ii-i':" . '- . ! v».-.-r. .i,-:-. . 1 1 nii 

jpiCÍÓn -i »»'■•' •!»*»' ."■■" ."' ' •■■ . ti..r..'.;,t. ijL' i, 
OlB^Sft '■'.ft*íliji'-' »*l*'*''* ■ ' •'■ -■■! i-'..;í:". ,.l iiL'i'Xl.I 



I 



por sos descendientes de uno y otro sexo, pre- 
tensión alguna á la siicesi6n eveutual del trono, 
ni á participar de las dotaciouea provenientes 
del fondo patrimonial, ni á las herencias pro-, 
ducídas íííf intcstaío. La aceptación de una CO' 
roña extranjera pdr un archiduque era un te 
clin sin precedente en los anaíes de los Haps- 
bourg y esto hacía más difícil y delicada una 
solución satisfactoria para todos, yaque no ha 
bía paridad entre una archidoq uesa que se casa 
con un príncipe extranjero, y entre un archi- 
duque aceptando lina corona extranjera, ■ 

E¡ mismo día 27, llamó el ArchiduQue á su 
despacho al señor Gutiérrez de Estrada, como 
presidente de la comisión, y á los seflores Ve 
lázquez de León ó Hidalgo, designado aquél pa* 
ra ministro de Estado y éste para representan- 
te del nuevo imperio en París. Allí, en presen- 
cia de la Archiduquesa, lea instruyó S. A. I. de 
las razones que le obligaban á aplazar nueva- 
mente la aceptación definitiva de Ja corona, lo' 
cual nos aflig-ió cuanto es posibleimaginar, pues 
en los miamos momentos en que crefamos ver 
el término feliz de tantos afanes, contra tiempos 
y amarguras, veíamos levantarse un nuevo obs- 
táculo que no nos competía ni podíamos allanar. 
Sin embargo, algo alcanzaron nuestros ruegos. 



lOB pocos días llegó á Miraraíir el general 
FroBsard, ayudante li-tiL eujperadi'i' Napuleún. 

Fuei*on también á Mirnmar el archiduque 
Leopoldo, primo de S. A. I., el bai'óu de Licli- 
teníeld, presidente del consejo de Gatada, j oí 
barón Mey8enburg,subsecretiirÍQ de negocios 
extranjeros, con. el objeto de arreglar esta cuos- 
lión. Mietitms la discutían allí, volvió A Viena 
la archiduquesa Carlota, llevándose á Hidal^ío, 
cuyo viaje tenia por objeto tratar en palacio de 
esta cuestión confiada á la clara intcligisncia de 
esta seíiora. 

Nada de lo que pasó en todas estas negocia- 
Clones son do nuestra competencia, Elias se 
torminaron telizniente, á lo nienns por enton- 
ces, puesto que pudo lijarse el 10 de abril para 
la aceptación solemne dG la corona. La víspera 
fué de incóg-nito á Miraraar el Emperador do 
Austria, permaneciendo allí pocas lioras, y loa 
dos hermanos se despidieron. ' 



I Pot-os meses dcs^uÉR, en U de noviembi=e, nnniicííier 
Emperador de Austria en au discurso al Reíctorntli, que 
een aci'ptncjíJii hjibía hecho n-ei-eaLuüi un jincto tle. faviilin, 
el cual HP iijibíii firmadfi en Mínimiir elOOtíiibrit, Kl Riii- 
perndor Maxiiiiilirinij prntosló fii f^^dt; clicii'uihii* ilu ISd-í 
contra In euiinüiicaciúii ni líeiuliFriitli deesejiíirío ilr/nmi- 
lia, (;irciin''tancin de que no liabi-riunci^hccliíi itiem;iiin,,ii 
un ppru.ilií-ii eiítoriciis, y ahora iici folletninmliiiuo qiiy 
aciiOa Ui: [mblicurae en l'arífi, no Imbicseii iteciiotionoccr 



El domingo 10 rio abrí], fueron los carruajes| 
de gala de! Archiduque ¿Trieste, para llevar] 
á la comisión y á todus los mGXics.nos que qui-l 
aieron asistir á aquel acto solemne y habían lle-l 
f^dü do diversos puntos de Europa. Asistieron 
ademAs áesta ceremonia Mr. He rbert, director 
de comercio en e! ministerio de negocios ex-i 



el texto, qiieLiiui v^xpnblicnJc, yamoH tí. traducir dei íran- 
cÍB. T>ii¡e. aíí tfL protesta de ^raKimiliauo: 

"Ki" cIiíbt^iiiOtíOciiltAL- I:L peiiojí.v iniprt'ft'njn qtie noa ha 
rjiti^adu la lutnira del (jssajt! slfeniieiite, tomado de un pe- 
riódico europeo y llegado piir el ó I timo correo, reliUivoiil 
dificurscí pronunciado por gI Emp*frador de Anstría en \n 
apertura de ia^ aesioties del Heiclisrath 

"Apenas puede nvcer^e f]«i^Hn j)ucíúiit/ciitUliapii^d&Bee\ 
nbjetít de nnn uoininncnciói) oficial, sometida A tn discn- 
sión de aa parlamputn, tñn el cniíflentiiíiieiito previo de 
kiadoatlilpÉTildórca. Pndamos, ñín unibíirgd, fiSegiirar qiie 
el EmpernJor di? Mó^ilco no ha sido t^oiibultudrí un modo 
ulgiino, ríiii duda habría eidci niiía prnd^iile qiiefí! Kmpe- 
radnr del Anatríaciibi'iesa con el velo ináa e»peSL> toda lu 
(|iie te^iTa relucíón Kun un cosivenia ítitimj, arrancado í 
aa iierniano cu un uiomeuto Bupreinfii Porí|He no debe 
■perderS'B de vista que por iiiicintivíL riel Emperador de 
AiiBtrin, av ofreclú el truno de México al Archidtiqiie Ma* 
xintiliano; que la (lot-ptiiciñn du líste quediisuboidiuadaií 
la aegtii'idad á^^Ha, di} qiie ]:i inavorfa de Ja naciún le ar- 
uinba al Imperlu; que duritiiie la,s ntígoüiaíiionea, cuyole- 
tardo iuipaLÍBíilalja & la dipiilaiióii moxitana, ninguna 
llemanda ni alusiiMí atgUCLU fui' lincha rehitivartientü & I. 
enajen:icÍ6u de loB derediua de In fortuna privada dt-l Ar 
i.-!j¡duqiir; Maicitniliano, yquesúloen losdltiinos momen 
toe, cuando as liabían hi^clio promeBa^ al Emperador y 
ta di|)Uti)ción iiiex icaua, cnacLcio tíe habían contraído cóm- 
prornÍBOH con la Francia y cuando una Utígativa habría 
producido aeceHariaiaiiatu las inds graves cumplicaojoueii 



* 



249 



tranjeros de Francia, que habla ido alU á cele- 
brar e! tratado firmado el mismo día; el minia- 
tro de Bélgica en Viena. el comandante de la 
íra^ta francesa Thémí», que acompañó á los 
nuevos Soberanos hasta Veracruz, toda la casa 
oficial de los Archiduques, laa condesas Zicby 
de Metternich y Kolloaitz, damas nombradas 
para acooipañar á la joven Emperatriz hasta 
México, los condes de Zicby y el conde Hádik. 

políticas vil E«ropa y comprometida, ¡^ubreíodo, lasitua- 
cinn del Austria, entonuK^fiiéciiiindo «1 EiiiperadorFran- 
ctijCo iloñO íiuliú du su ciipitül, y acompañado d^ nutá Etiás 
(TitiiiKiacuiicL-jeroa fuá p ren pitada menle á Mimniar á]i«- 
dir il su liermanrj la iijmmcia conipletay general de todos 

"Al aiipcribir esta. incaliScfibleconvenuiún, ahí Bkjiiiera 
curarse á<- sucoiibeiiidci, el Kiiipenldor Maximililino dilba 
¿BU rMLtívapiííriít nduptivtt ti tieBtIinuuíüineni;3tqiiIvoco, 
y tí la Kiiropa tiitera la priieljíi ¡nás evidente de qitu nada 
l»tdfu detenerlu cuando se tratab;ide respetar uuaprome- 
Ba liL-cIiu pur ^1. ^incinbnrgci, \qs [iiáadistiaguídosdíplo- 
nailii'OS y loí4 jiiríacúiisiiltoa jnitB ent^ddidósquelianexn^ 
íTiitind'i Uespiiwe frfaroeme eete pitctu de familia, catín 
uiiiiniíneH en declarar que debe Bsr coneiderado como nw- 
lo é irrisorio. 

"í?íii querer extendenioe sobre la legitimidad y valide^ 
dtí loff mcdina eiri pk'üd'ja para arrancar una firma bíijo la 
ínHiienL'in íie iLOoiitecimientois, cuya gravedad pudrÉtuOB 
lincüi' rtíMaUíii- e» tiempo opwr timo, noa basUiráporel mo- 
mento indicar (iiit las dictan, después de haber obtoiiidrí 
4l tí'Jitíieiitiiiiicnto de Ina dos empt^radorea, aoii únicamen- 
te coiupetiíDlvs pura arreglar Ion dcruírlioH dt; agniifiióui que 
ijiodiíioftii un neto de la pragm¡íti(;a smiciiu; y eso, ciiaii' 
díj ellas eeiin convocadae ci>u eetu objeto y de acuerdo oon 
loH prítiDJpea intereandos, loscaale6«nelaieopr?aetiteaD 
han sido cansultadoB," 



250 



El presidente do !a coniisiÍ6n loyó conmovld 
un largo discurso, al que contestó el Archidu- 
que leyendo otro en lentTua espaütila, en el cual 
manifestaba; "que un maduro exaraon de las 
actas de adhesión le daba la conüaaza de que la 
inmensa ma.Voría del país liabia ratificado ei vo- 
to de los notables, por loque podía considerar- 
se ya como elegido del pueblo mexicano, cuyo 
trono aceptaba con el consentimiento del jefe 
de su familia; recordaba su deseo de goboniar 
constitucionalntente, liacía el elogio del empe- 
rador Napoleón y concluía anunciando que an- 
tes de sogTiirpara su nueva patria, ibaáRoma 
á recibir del Santo Padre ¡a bendición doble- 
mente preciosa para él, que iba á, fundar un nue- 
vo imperio." 

En seguida el abad de Miramar. con mitra y 
báculo, asiátido de dos sacerdotes, uno mexica- 
no, se presentó en. la sala de recepción á recibir 
el juramento que espontáneamen tequiso pres- 
tar S. M., quien, puesta la raatio sobre los Evan- 
gelios, dijo: "Yo, Maximiliano, enixierador de 
México, juro á Dios por los Santos Evangelios, 
procurar por todos los medios que estén á mi 
alcance.el bienestary prosperidadde lanación, 
defender su inde]ieudencia y conservar la inte- 
gridad del territorio.'' 



I 



Tres VGCOS fueron saludadas SS. MM. al gri- 
to de ivivael Empcrathn'! ¡vira la Empa-airizf 
gritos lanzados por corazones agradecidos, por 
patriotas sinceros y por el entusiasmo más p«- 
roque nos arrancó lúgrí mas dcgozoquc venían 
á. endulzar tantos afius de tra^bajos^comprúmi- 
sos y amarguras!.. .. 

Al prünunciftv el juramento, se wb el pahe- 
Ifóu mexicana en la torre de Miramar, que fui 
saludado por veintiún cañonazos, contestados 
por la fragata, francesa ThénúA. 

Luego SG pasó á la capilla de Miramar, en 
donde se cantóel Tr- D^-um, al que asistió oí Em- 
perador Maximiliano con el gran cordón de 
Guadalupe. 

Kl telégrafo anunc'ó á París tan grande acon- 
tecimiento, y los mexicanos agradecidos envia- 
ron "un despacho, inmediatamente despui'^s de 
la ceremonia, al Emperador Napoleón, dándole 
las gracias por su generoso auxilio y despveft' 
dimiento. 

AI presidente déla comisión, seflor Gutit^- 
rrez de Estrada, se le ofreció ta legación en Víe- 
Dft, que no aceptó. 

Para ella quedó nombrado el seSor Murph.y, 
antiguo ministro plenipotenciario mexicano; 
las legaciones en LóndresyBruaelaa se confia- 




ron at aeflor Arrang-oiz;]! de Roma, al soBopj 
Ag-uilar, y la de ParÍB á Hidalíjo. 

El general Wüll fué nombradu ayudante dt 
S. M. 

El señor Veláaquez de León, nombrado mi-" 
nistro de estado, firmó un tratado con Mr., 
Herbet el mismo día 10 ds abril. Tienen ta] 
importancia sus artículos, que vamos á dar elj 
texto de ellos: 

"Art- 1- Las tropas francesas que se hallar 
actualinente en IVÍéxico serán reducidas lo más 
pronttj posible á un cuerpo de 25,000 hombres,, 
inclusa la legión e:ttrnnjera. 

"Este cuerpo, para garantizarlos interescg 
que han niutíVEido la intervención, quedará tem-J 
poralmente en México en las condiciones arre' 
gladas por [os artícnlos siguientes: 

"Art. 29 Las tropas francesas evacuarán 
México á medida que 8. M, el Emperador dt 
Méxicu, pueda organizar las tropas necesarias 
para reemplazarlas. 

"Art. 3^ La legión estiunjera al servicio de 
la Francia, compuesta de 8,000' hombres, por' 
manG<;erá^ sin embargo, todavía durante seia^ 
aeo8 en México, después que las demás fuerzas 
francesas JiaUan a¡do llamadas con arreglo 
art. 2*? Desde este momento la expresada legiói 




as 



«xtranjeTC pasarí "" ■;'-- ricio y ú Buddo del gi> 

bremo Díosicauo ^. .:mo mexicano He r(* 

s«TK 1& facultad úe abreviar la duración del 
empleo de la. taiíióii extraiijera en México 

Art- 4'' Los puntos, del territorit» que bayan 
de ocnpar las. tropas francesas, asi como bm ex- 
pedir' ' ' :' . i ti 
loga' y I 
dtrectnaieQtC! entre S. Al. el Emperador de Alé- 
JtJco y el comandante en jeíe del cuerpo tran- 



"Art. 5V En todos ios pnatoa cuya, guarnicjijn 
aosc coniixmga f?af lustvameute de troiiofi me- 
arioanaE. el mando militar aer¿detuQtb> al co- 
muidante francéK. En ca«o de c:cpedícinn(^ 
combinadas de tropas francesas y mexicanaK, 
el mandrí suihíHof de Las fuerzas pertenecerá 
igualmente al coiuaridante francés. 

*'Art. 6? Los comandantes franceses nv po- 
drán intervenir en ramo alguno de la adminis- 
tración Uicxicaiia. 

"Art 7"^ Mientras las necesidades del cuer- 
}>■ ■ ■ . aneada di>fi me- 

B'--.- -- - ' , 'jutre Francia y oí 

puerto dv Veracruz, el costo de este servido, 
fijado eo la suma da 4üO,üO0 francos por viajo 



251 



de ida j vuelta, será á cargo del gobierno me- 
xicano y eatisfeclio eü JMósico. 
*"Art 8^ Las estaciones navales que Francia 
tDantiene en las Antillas y en el Océano PEwiífi- 
co, enviarán frecuentemente buques á mostrar 
el pabellón francés en tos puertos de ítésico. 

"Art- 9^ Los gastos do la expedición france- 
sa en Móxico. que debe reembolsar el gobier- 
no mexicanu, quedan tijatios en la suma do 270 
millones por todo el tiompü do la duración de 
esta expedición hasta e! I'--* de julio de 1864. 
Esta suma causará interés á razón de un 3% 
anual. 

"Del T'de jülio'en adelante, los gastos todos 
del ejérciLu mexicanu quedan á cargo de Mé- 
xico- 

"Art. 10, La indemniaación que debo pagar á. 
la Fi'ancia ol gnbiernLi mexicano pur sueldo, ali- 
mentu y nianutuncióa de las tropas del líucrpo 
de eji^rcito, & contar del 1" de julio de 1864, 
queda timada en la suma del ,000 francos anua- 
les por plai^. 

*'Ar(j. 11. El gobierno mexicano untregará 
inraediatanionto al gobierno l'rancéslasumado 
6G oiillones eíi títulos del empréstito, al precio 
do erotüión, & saber: hi mÜlonos en deduciún de 
la deuda mencionada en el artículo 9^ y 12 mi- 



255 



llonca en abuno de las indemnizaciones dobldaa 
& f rancüses en virtud del art- 15 de la presen- 
te convención. 

"Art. Í2. Para ei pago del exceso de los gas- 
tos de guerra y para e! cumplimiento de los 
carífüS mencionados en los artículos 7, 10 y 
14, el gobierno mexicano se obliga á pagarj 
anuamente á la Francia la suma de 25 tnilJones 
en numerario. Esta suma será abonada; pritiie- 
ro, & las sumas debidas en virtud do los expru- 
sados artículos 7 y 10; segundo, al uiontoen ín- 
teres y caiJitai de la suma señalada en el arti- 
culo Oí"; tercero, á las indemnizaciones que re- 
auiten debidamente A súbd ¡tos franceses en vir- 
tud de los artículos 14 y siguientes. 

"Art, 13- El gühiernü mexicano entregará el 
último día de cada mes en Méxicí', en manos 
del pagador general del ejército, lo debido á cu- 
brir los gastos de las tropas francesas que ha- 
yan quedado en Móxico con arreglo al art. 10. 

"Art. 14. El gobierno mexicano se obliga á 
indemni^^r á los subditos franceses de los per 
juicios que indebidamente hayan resentido y 
que motivaron la expedición. 

"Art. 15. Uuacomisión mixta, compuestade 
tres franceses y de tres mexicanos, nombrados 
por sus respectivos gobiernos, se reunirá en 



México dentro de tres meses, para examinar 
y arreglar esas Teciamaciones, 

"Art. IG, Una comisión de revisión, compues- 
ta de dos franceses y de dos mexicnnog, desig- 
nados del mismo modo, establecida en Paría, 
lirocederá á la liquidación definitiva do las re- 
clamaciones admitidas ya por !a comisión en el 
artículo precedente, y resolverá respecto de 
aquellas cuya decisión le haya sido reservada. 

"Art. 17. El ptbierno francés poiidríL en li- 
bertad á todos los prisioneros de guerra mexi. 
canos, luego que ol Emperador entre en sus 
Estados, 

"Art. 18. La presente convención será ratí-' 
ficada; y las ratificaciones serán cambiadas lo 
más pronto posible. 

"Dada en el castillo de Miraraar, el 10 de 
abril de 18G1. — Firmado: Nebref. ^Joaquín l'e- 
lázi/uez de León-" 

En esa misma fecha firmó S. M. unos decre- 
tos relativos al empréstito que se hizo en París 
y nombrando una comisión de hacienda en esa 
capital, cuya presidencia se confió al señor con- 
de de Gertniny, senador del imperio francos. 




CAPITULO VI 

Embarque de Maxiinítiano. — Llegada d Roma.— 
Áudmicia del Papa. — Misa y alocucutn de Su 
Santidad. — C^munUn- — Embarque para 0i- 
t/raltar. — ¿Por qué nv de-^iemhurcó en Es¡jafíaT 
—Honores y fiestas en OlbralUir. — Lieffiída á la 
Martiniva. — Libertad de ■prisi.oneruH, — J le^^jndti 
á Veram^ii's- 



El Emperador ^raxímiliano. inmediatamente 
después de la ceremonia,, se metió en la cama 
bastante indíspueabo; pero el 14 se embarcó en 
la fragata austríaca Ncmara^ á donde le acompa- 
ñó su hermano Luía Víctor. Las autoridades 
de Trieste le areng'aron antea de embarcarse, y 
toda la población se apiñó para saludar á los 
nuevussoberanoscontodalaefusión que les ins- 
piraba el carino que tenía á esos príncipes. La 
municipalidad, la cámara de comercio y las per- 
sonas de la sociedad de Trieste se bailaban en 
seis vapoi'es en frente de Míramar- 

EUa llegaron SS. MM. á Civita Vechia, don- 



S5a 



de f neroli recibidas por el general Montebello, 
jefe de la guarnición francesa en Roma. En la 
ciudad eterna salieron á recibirlas el carde- 
nal Antonelii y Loa representantes de Austria., 
Francia y Bélgica, varios cardenales, jefes y ofi- 
ciales de lüs ejércitos francos y pontificio, y 
muchas sefloras. 

El 19 se verificó la primera entrevista con Su 
Santidad. El 20 asistieron SS. MM. on laca- 
pilla Sixtína á la misa pontifical. Acabado el 
Evangelio, les dirigió Pió IX una tierna alocu- 
ción que conmovió á todos los oyentes, hablán- 
dolcs de las obligaciones especialea que pesan 
sobre los sobovanos de Ea tierra; de la importan- 
cia de la aceptada por Maximiliano, y deloses- 
fueraos que debía hacer para corresponderá 
las eaporanzas do Los subditos y cumplir loa de- 
signios de la. Providencia. Recibieron en esa 
misma misa SS. MM, la comunión de manos 
del Santo Padre. A medio día fué Su Santidad 
á visitar á loa Emperadores. En la tarde vol- 
vieron SS. MM. áCivita Vecbia, en donde ae 
embarcaron para Glbraltar. 

Desde que ¡Maximiliano fué á París, había ma- 
nifestadoel deseo de ir á Madrid á saludará la 
reina de Espafía, desembarcando en Valencia- 
Tal intento era muy aatisfactono á los que no 



25» 



renegamos de naeabro origen y queríciiros ol- 
vidar lo pausado en estacucstióii, estrochajido tas 
relaciones de dos países ligados por ios víncu- 
los de la sangre é intereses oomunes. De esta 
Tisita espontánea del Emperador Majíiniiliano, 
inspirada por su conocida simpatía á Españaj 
se esperaba qne esta nación enviara un buque, 
que uniéndose á la fragata Tli^mis, fuese hasta 
Veracruz, como testininnin público de la armo- 
nía con que ambos soberanos entablaban sus 
relaciones- Mas nopudoserasl.y S,M. desem- 
barcó tnGibraltar sin ir á Espaíla. ¡\íás tarde 
nombró ministro en esa corte al seBor Fació,'' 
antiguo y digno servidor de la nación. Las au- 
toridades inglesas saludaron con 21 cañonaztís 
lallegaíla del iüniperador, y hubo convites recí- 
procos y fiestas en honor de Sus Majestades. 
Los buques síg:uicrou d la Martinica, dondo 
se detuvieron algunas horas. Alli se adhirieron 
al Imperio varios prisioneros mexicanos: cua- 
tro de ellos -ie embarcanm en lu Thr.miíi para se- 
guir á México. ^Lus Emperadores llegaron á 
Veracruz el 2ft de mayo. 



^^ 




Se sabe en Méxim ¡/i. aceptación.^ Almonte lugar- 
tenUnte. — fíale, para Ferar^'uz. — Entusiasmo de 
la capital. — Dcnembavm de Ion EntpemdóveB. — 
Proclama- — -[ifr-ihimie-nto en Veracruz, en C6r- 
doba, en Orizabu- — A-iiécdola.— Tierna y senci- 
lla alocución de los iviiios-^EnLrada en Faebla- 
—LlfíQwiu á la villa <íe Guadalu'pe. — Solemne 
entrada eií México- — Algunos detalles. — Abatí- 
niieiito fie los rífJublicuiim.— Vktje del Empera- 
dor á las pvoi'iiivias lid centro- — Secibimittjito 
entunütetu en eüait- — Alejamiento de losfimda- 
dores fiel Imperio. — Se les tarhu de reacciom- 
■ríos, — No lo Hon, — 8e Itm llmnu i't la hora del pe' 
ligro, acuden y sucumben omi el Emperador. 

La primera noticia que se tavuen México de 
la aceptación definitiva de la corona, la llevó el 
vapor-correo francés llegado á Veracruzá me- 
diados de mayo- Un despacho dei ministro del 
nuevo imperio en París, de 15 de abril, anun- 
ciando el embarque de los Soberanos de Méxi- 



asi 



1 



co para so nnevo pala, y que el 17 debía pre- 
sentar al empemdur Napoleón ta carta de noti- 
ficación diGi advenimiento al, trono de Maximi- 
liano y las credenciales de tniaistro. fui^ inser- 
tado en una proclama de las autoridades nmni- 
cspate$, qoe llenó de júbilo A la capital y á to- 
das las proviücias adheridas al Inípyrio. 

Desde ese día empez<j á tener caraplJmiento 
el decreto que el Eoaperador íirmóel día de su 
aceptación, nombrando su I u-^av teniente at ge- 
neral Almonte^ durante la ausencia de Su Ma- 
jestad y cesando (a regencia en sus funciones. 

El 21 salió de México el general Almonte y 
otros funcionarios püblicos, con dirección & 
Veracruz, á recibir á los Emperadores. Unt 
salva de 10! cafionazos anunció el 28 la llegadí 
á. aquel puerto de SS. MM. El general Al- 
monte, primero, y luego los autoridades de Ve- 
rocrua, fueron á bordo ü felicitar á los Empe- 
radores. La población manifestó gran entu- 
siasmo. 

Se publicó inmediatamente ana proclama 
del Emperador, que agradó mucliístmO' En 
ella empozaba diciendo S- M. que los mexlca- 
noa le hablan deseado y que se entregaba con^ 
alegría á ese Damamiento, había patabraa de 
consuelo y de esperanza, y condula pidiendo 





la unión y que se ülvldasen las sombras pasa- 
das. 

En México, el eutusiasmtiQO conoció límites. 
Alsabei'se la llegada á Veracfuz de SS. MM, 
el pueblo y aún personas de distinción invadie- 
ron Jas torres de la Catedral y de utraa iglesias 
para repicar las campanas; muchísimas per- 
sonas de la sociedad y fuiícionarios piiblicos 
rocurriei'iin en la n<iche las calles de la capital, 
formando un alegre vítor en medio de una ilu- 
Tüinación general. El ministrcj de Francia, los 
generales franceses y el arzobispo salieron & 
sus balcones á secundar las aclama mac iones 
de esta función pública y patriótica. Se ccimu- 
nicú por el telégrafo oata demostración al mi- 
nistro de astado pM'aquela pusiese encono- 
cimiento de SS. MM., firmando el telegrama 
eí seQor Arango y Escand6n,tjna de las perso- 
nas más ilustradas do México- 

En tanto SS- MM. seguían para Córdoba. 
La rotura del carruaje liizo que la entrada en. 
esta ciudad fuese ú, las 2 de la madrugada, lo 
cual no impidió, sin embargo, que la población 
entera estuviese en pie para ver á SS- MM. 
bajólos numerosas arcos de triunfo q^ue les 
habla levantado el vecindario, que con antor- 
chas en las manos les aclamaba cubriéndoles 



■■■^^íh^^ 



con flores, con el llanto en los ojos ; la alegria 
en el corazóii. Después del Te Z>eiim. recepci&i 
de laa autoridades y otras m aestras de regoci- 
jo, aigaieron SS. MM. paraOrízaba, dando te-s- 
tímonio de la alegría de los pueblos qoe atra- 
vesaban, en donde aparecían millares de indios 
cm arcos de ñores, aclamando á sus nnevos 
sfjbe ranos. 

Igual act^da encontraron en Orizaba, cuja 
dirisa eat Benigne* el clima , fértii el guel^, cómo- 
do el sitio y Ital eí pueblo. Las autoridades y el 
vecindario salieron á recibirá SS MM. y hubo 
discursos y entusiastas aclamaciones, llega' 
do el entusiasmo hasta querer el pueblo desen- 
ganchar los caballos y tirar del coche de los 
Soberanos, quienes se opusieron enórgicamen- 
te amenazando coa bajarse j seguir á pie- El 
vecind&iMO y numerosos alcaldes de indios con 
sus insignias seguían á SS, MM.:toda» lu^ss^- 
ISoraBy caballeros de la ciudad les ^acompañaron 
constante m en te^ manifestando tunU^ji^biloquo 
los jóvenes príncipes no sabían ya como agra- 
decer. Después visitaron los eatablucitnlentna 
públicos y asistieron á todas las íiostiis qun so 
les tenia preparadas, oyendo discurs«N dr ad- 
hesión en lengua mexicana, tan admirable de 
sencillez y de ternura, que imiwrta conocer 




traducido, siquiera uao^ para apreciar los sen- 
timientos de esa raza tan humilde y laboriosa, 
y tan maltratada en nombre de la libertad: . . . 
"Nuestro honorable Emperador, aquí tienes á 
estos pobrecjll-os indios, hijos tuyos, que han 
venido á saludarte, y á que sepas que les ale- 
ffra mucho el corazón tu venida, porque en ella 
ven á manera de un arco-iria, que desbarata 
Jas nubeíi de discordia, que parece se habla ave- 
cindado ou nuestro reino. El Todopoderoso es 
el que te manda, que El te dé fuerza, para que . 
ñus salves. Aqui está esta flor: mira en ella tie- 
nes una seflal de nuestro amor; te la dan tus 
liijos del pueblo del Naranjal." 

Cuentan que en Orizaba cuatro republicanos 
quisieron hacer acto de grosera hostilidad al 
Emperador, colncándose de manei-a que se no- 
tase, que permanecían cubiertos; S- M. les mi- 
ró y les saludó descubriéndose, y ellos, sin ser 
dueños de aí mismos, se descubrieron é ín- 
cunaron. Esto nos recuerda aquel joven fran- 
cés que en París no se descubrió ante Pío VII, 
quien te dijo: 

—Hijo mío, la bendlciún de un anciano no ha- 
ce mal- 

El joven se descubrió é inclinó. 

La población de Orizaba, con las autoridades 



e- 

i 



habitantéa, coa pocas excepciones, se habían 
puesto en movimient» mucho tiempo antes pa- 
ra hacerlos preparativos dig'nos de üií pueblo . 
que coD sus corazones habla levautada un tro-fl 
ao, en que se veía el término de las desgracias' 
y el priucipio de Itt concordia y de la pros]íe-, 
ridad. 

El n de junio doscientos carruajes con seño- 
ras y quinientos sefiores á caballo salieron di 
la capital, llenosi de Biitusiasmo, & encontrar 
SS. MM-, situándose en el llano de Aragón, 
por donde los Emperadores debían pasar para 
ir á 3a villa de Guadalupe á orar ante la patro-J 
na de A3éxíco, antes de bacer su entrada en l£ 
capital Luego que SS, M !\[. ¡logaron á Aragói 
las damas y caballeros, pie Á tierra, se apiHí 
ron, en su rededor, cubriéndolas de flores yl 
de unalluvia de oro y plata, aclamándolas coaí 
frenesí: una comisión de seíloras y caballeros 
felicitaron á SS. Mil. en nombre de los habi- 
tantes de la capital, nacionales y extranjeros.^ 
La gente de á. pie, nuc era numerosísima, lle-fl 
vaba banderas impenalus. Al ver SS, MM. en 
derredor suyo á ttido lo que México encerrabs 
de distinguido, aciumáudolas en aquella llanu- 
ra con frenético entusiasmo, dieron testimonií 
de que la asamblea da notables Iiabia sido ia< 



sr 



térprete de la voltmtad nacional. 1a emocián 
seapüderó de los príncipes al recibir ht& votoe 
de ^raei&s que lae señoras presentaban & la 
Emperatriz y los caballerea al Emperador. . . ■ 
Allí arengó á SS. 5ÍM. ei sef5or Cueras, respe- 
table y entendido hombre de estado, qae ya 
c^Tcano al sepulcro puliió la lira pnr última vez 
"para celebrar en el nuevo moaarca 

m (fon eíf goberjiar, qut es iJon ian retro. 

Despaés de las arengas yaclamaciunes, con- 
ticnaroD Sus Majestades ala tÍU& de Guada- 
lupe, seg-uidas de todas las señoras y caballe- 
ros y del general AJmonte. en donde faeron 
recibidas por los arzobispos y obispos, altos 
fuDCÍonarJos y autoridades municipales, asi co- 
mo por los señores Diinistro de Francia, gene- 
ral Bazaine y otros jefes franceses. El arzobis- 
po entonó el Itominc. nafmim fac impcralori'em^ 
después de lo cual arengó el ayuntamiento. 

El domingo 12 de íunio hicieron su entrada 
en la capital del Imperio los jóvenes Soberanos. 
El quecoüozca la amenidad de los patses me- 
ridionales, la. hermosura de aquel cielo, íw]uel 
ambiente delicioso de la primavera de Múxico. 
compreaderá mejor el asiiectu que ofrecía 
aquella población animadado la alegría m&s pu- 
ra y délos sentimientos de gratitud hacia loHt 




í 



prlacipes, en quienes se fundaban tantas es 
peran^as, No sólamento la poblacii^n (le México',' 
sino multitud cíe gente de las provincias y mi- 
llares de indios, habían, venido á presenciar 
aquella magnifica entrada, tan grande y tan 
espléndida, máa que por el lujo de los adornos^ 
por el entusiasmo que reinaba, mayur aun ái- 
cen iüsanciauoiSiquQelqueencontvOIturbide 
el glorioso libertador de México. Laa flore 
y los cortinajes, los retratos de los principes y 
las banderas mexicana y francesa habían lle- 
nado el tránsito de SS. MM-, que avanzaban 
& paso lento, cubiertos de las lluvias no inte- 
rrumpidas de llores y de oro y plata, y de lafiL 
bendiciones y frenético entusiasmo de un puefl 
blo que tea miraba como sus redentores. En 
toda la carrera se levantaban arcos de triunfo 
gigantescos, dedicados unos á la paz, otros a]9 
Emperador, otros costeados por las provincias 
y en ellos se veían, ya los bustos do loa Empe- 
radores Je México y de Francia, ya los nom- 
bres de los que contribuyeron á fundar el Im-l 
perio, cun iuscripciones y versos tíernísímos, 
intérpetres todos de la delicadeza de los senti- 
mientos que los inspiraban. Los poetas todoí 
compusieron tiernas poesias celebrando la 
generación del país y las prendas de los SobeJ 
ranos. 



^ 



X>eBcribir en todos »as detallen. nqoella re- 
:i6n, es cosa poco liacederB;purqne además 
las tnucbas ceremonúis que iavíaitó el gozo 
de las ttiitoridades y de la püblacíón. eo cada 
familia se repetían loe episodios más tier- 
nos que producía es ellas el enbusiasrao. Ni la 
edud itvaiLzada, ni los acha^quas. ai Iel pobreza, 
tú el lato, ai e) llanto no enjugado Ú& las fami* 
Has de los victimas, cada fué parte á detener 
el vdsemente deseo dü conteniplitr ú suh Mu- 
oarcas- La Keneraciún q oe ya ■veía accpcaree 
con tramiuiliilad el fin de bus días, y laque da 
«I müTimientíJ y la vida se prometiaii gomr de 
otra ventura. Los qoe han presenciado aquella 
inemoruble recepciún, en que |)retendeD tfur 
sOío i^fijulty' aditnir ó arjuelU)*' nuyiuti^ys pernow- 
jt». nos recuerdan al ver eu emoción, lu que 
reliyrt-'flel <' ' ■ ^ ". ' ■ ' ' ü1 

rrem» de U'.i. ■ ■ -.■ iMiía 

de £^plo.ü»pir6 de alegría, porque veialuptu'- 
dlci6n de su imtrta, »i üd braso poderoso nu ve- 
nia á BostenerLa. 

Lus GniperadoreB uo ocultaban lu cuntuoTÍ- 
doB qne estaban ¡ú ver aquellos niUlores de 
■emblantHs, en que estaban pintadas la buena 
fe y U adboajún juntamente con d regocijo y la 
«speraniui, de cuf a actitud darían sin dada |^a- 




i 



cia,aal Altísimo iú euti'ai- en Ifl magniüca Cate 
dral, donde el arzobispo entoaó el Te Deum en 
medio de un concurso cscogrido. Luego fue-J 
ron SS. MM. á pié hasta Palacio. AlU entre^ 
multitud de felicitaciones quiso leer el general 
Mejía un discurso en nombre de la orden de 
Qaadalupe y el mismo hombre, fcm terrible en 
!a pelea y que haaahido morir como un héroe, 
no pudo articular palabrui embargado como es- 
taba por el entnsiasmo!. - . -El prefecto muni 
cipal entregó á S. M. las llaves de la ciudad. 

Imposible es concluir sin dejar denotar que 
eu estas ñestas, que son sin duda las más no- 
tables que ha visto lu generación presento de 
México, reinó el orden más completo, que na- 
die prorrumpió en gritos de venganza contra los 
vencidos. Las pocas familias que no se asocia- 
ron áesta alegría, no fueron molestadas, y lal 
ausencia de adornos en sus casas prueba la 1Í 
bertad en que se dejó á Ea exigua mÍDorta qu 
no simpatizaba con el Imperio. Este era ya una" 
verdad á los ojos de sus enemigos, los cuales,. 
vencidos tnáiS aun por ese entusiasmo de qu 
sus ojos y sus ofdos daban toBtimonio, pedían 
sólo que se les dejase tranquilos, pues creían^ 
como nosotros, que la república y sua desórd 
nea quedaban sepultados en ese día!... ¿Por qa 



Qoso Tiaje, durante el cual he recibido en cada 
ciudad, en cada pueblo y cabaQa las pruebas 
UL&s ainceras de simpatía y del entusiasmo máa 
cordía], he podido penetrarme de dos verd¡ 
des irrefra^ableg. La primera es que el Imp& 
rio 63 un hecho basado firmemente aobre 
voluntad de la inmensa mayoría de la nación 
que aobre este hecho reposa la forma de un go- 
bierno de verdadero progreso, que es el que 
responde mejor alas necesidades de las pobla- 
ciones- La seg'unda es que esta inmeusa mayo* 
ría desea U paz, la tranquilidad y la justicia; 
bienes que espera y pide con ansiedad á mi go- 
bierno, y que yo, liona de la idea de mis debe- 
res sagrados para cun Dios y para con el pue- ' 
blo que me ha elegido, estoy resuelto á darle." fl 

Y también al que escrili; estos apuntes se 
dignaba S. JU- escribirle: "Cuento con que cn^ 
Europa hará efecto el sabi-r que el SoberanoH 
puede viajar libremente pui- el interior d&l país ' 
con una pequeSa escolta." En un segundo viaje- 
de S. M. á las provincias de Oriente, á que lefl 
acompañóla Emperatrií!, tuvieron SS. MM. una ' 
ocasión más de con<:»cer los sentimientos mo- 
nárquicos del pats- He aquí lo que nos escribia 
entonces áParls el Emperador: "Mi recepción 
en todas partes ha sido cordial y entusiasta. En 






todc)s l)>e puntüM lie iiudiiio observar e3 feliK d<f«- 
arrollo de Iob nucivoB iirincipios. ... - Espero 
qae ¡ú lin k' verúo y lo c;oiiiprend«ráQ en Eun>- 
pa. Conozco bien á la vieja Europa, y puedo de- 
cir qat* nn liay Djuchos soberanos que puedan 
entrar en su5 cai^itales eii mt'dio de Icaliv-'iií 
rec«pcicmeíi y de una inmensa raasa de jiueblti, 
sin un soldado y siit unasulaguardia. Cuiuoan- 
tes de iiyer lo hemos hecho atjul. ' ' Y al luiamo 
tiempo, laKmperatriKCarlntiiDüs escribía tain- 
biíü: "La acogida que nos liicierou ou Mí^xico. 
nos arrajicV» íágriuian del trtnarój), ..." 

Aquí empieza, sio eoibiu-j^ü, un nuevo orden 
de cosaaquf pertenecen ala política Metrurda 
por el gobierno imperial do J^K'xico, historia 
pTiJpía deütro lugar y de otratt circunKbinnias. 
Cníciimente nos penuitireinoH afíadir que al 
llegar á Veracruz. el £nipe.rador tiuml)r6al ge- 
neral Alnionto gran roarÍBcal de lacorte, ''para 
dii' el palseiiteni, que le debe tantas 

v\>{ -^ «,-s, uaa prueba pVibiica de rueonoci- 
mienu^." aef^ún dice el decreto tirmado á bor- 
dude la JVtwiira el uiíaiut' día del deaembnxco 
deS. M. 

De»de entunces no volvió el geaeral Almcm- 
te ¡i tener posición alguna política, ni fué con- 
sultado sobrt- «'ll;i. Kntonctís »t! alejó ¿ius iun- 



274 



dadores del Imperio do toda iutluencia política; 
á ese partido que en Méxicu y en el exti-aujero 
era apellidado rtacninnarlo por sus enemi^us, 
queáal misrao se llamaban líberahn; vesultando 
de aquí uaa injusticia y confusión en la mane- 
ra de juzgar en Europu. al psirtídi) monáf^quíco 
do México, que en verdad lia, hecho mucho 
mal. 

Y sin embargo, puní del'ünder á ese partid», 
no discutiremos sus doctrinas y sus actos, que 
en nosotros podría tacUari^e do patcialidud. 
Dejaremiís hablar al marqués de la Habana, 
repitiendo aquí lo que ya houma dicho, y es 
que después de haber estado cerca de cinco 
años mandando en la isla dt' Cuba, lo cual le 
ponía en la necesidad y el deber de seguir paso 
á. paso los aconteciraientoa de México, decía en 
el senado espEiBol que allí no había partido i'cac- 
cionariü, y al hacer el elogio del que llama- 
ba así, añadía que ese partido podría pasaren 
Eapafía por el que en este país se llama jjro- 
g resista. 

Y más tarde el señoi' Dañó, ministro de Fran- 
cia, que ha residido dos veces en México, estu- 
vo encargado de hacer varios tratados con el 
Imperio, que nombj'ó su plenipotenciario al 
senor Lares, juriscunsuito distinguido, hom- 



bn 



|-^Q^] 



neivrnui. un cfitc^ aipnteaUe 



iig-.' <osTCSioeúopas,eli 

ouj día oela&bj xlt^ ia pnsiác slel Priacipo, 
coyL utje< mcüafcmas oon 

JttBS lúf^nmas tía Lauto que Diiie nos 
tanda. 



APBKmCE 



SíOCE^JH^NTACHaíN 



ífinria síirtla prMcnfJvila al rpy ínrím III iiiir S. E. ü imik it Jran- 
iIm, Kobre h miffm^fnm tl(i lait rii1iin¡ii« inslfüiix. dftNpii^it iv Ein- 
fct'i- llniíuJü el trjtadii du Pari^ da ITSl. 



Seílor : mí amor por la persona angaeta dfl V. Mi. el re- 
coniX-.imientin que le debo por Mmtas bnndíiilps con que 
liB qiit'ríilt} Ufitvrariiie, y el amor cjiíe \engn ¡i mi iiaÍB, me 
■ibli(;ftii ií cciiniiiiicur ¿ V. M. una iiieíiil. In ipw doy lu. ina- 
y<jr impartríincii) en l:tn pfi'BfnUin líimiiistanciaí', 

Acallo de Imcer y de tlnimí-, üii vii-tiid do Ua (.'inli^riPS y 
pníJuroe de V, M-, un tratadii d.» paz oi>ji In Ingln térra. 
tínUk iiegocincíijíi que Begi'in lúa teettmoníoa liatPiíjtTW, 
Vi^rbuliíp y porcw.ritti í\ne de parte du \'. M. lie rt't'ibidií. 
rae ]u\ (l^do motivo parn cit'er hubertude^Bmpfiliidn non- 
lariii^ i'\ svñ reiLk'*í iiite>iir¡<iiit;i^, Us. dejudd eu lui nlina, lu 
conJies» il V. JI., nii (HüiUmieiilo peiiosí». 

líü iiidiipeudenriiv de laa in'luuiiis ¡tifjIe^üB lin sidü re- 
rfidociila y psto niiíiim en p¡iríi im iin iimtivn cIp linlnr y 
d<! t^moi. lífl Frmn'ift tien<í pncas pnüeeiones i;n Ami'rií-a, 
poro liiibji-m dcbiilr» cnnstdf^iur qiielit Espuñfi, &u (iitiina 
nli;id.i, tiene tniichas, que qiiedsin ileada hoy expuestas ú 
Wrriijle» conviilsitjnes. 

Pepd« el principio, InFmncia ha obrado contríieua ver- 
diiderog inturest^s, eBtimiilandti y Fnvfjreciendu esLa ¡Dde- 
peiHleiifiíi; iniKrlifts vecvs lo Iil' dücInmiU) aeí í Jos miiiia- 
IruB di' '."^ta iJiífiíJii, ¿Qiiú cosa nu^jur ijudísi deeiiifir lu Friin- 
ciii qiiie i;I vt^r débil ufrge iniiLui>niciil:« lí \»tí j]i^k'!fi.'fl >' jI 



2^1 



BttB coIorioB, en iins guerra de partidos, la cual no podfa 
loenos quü utimcotar su poder y favorecer (ftia into -cseB? 
La antipbtííi c¡iie reina etitro Ir Fi-iincín y 1:1- Inglaterra 
ucgú al gabinett' fiancía: ilvidú que siia iiH-eretíea CLtrisÍB- 
tfun tin perniftriecertranqiiilo lísptíc'taJoi' de eata luuha, y 
lina ve.x lanzado en In nrena, nos arríLetr6 desgraciurta- 
tiieníe ootitiigo en vivliid ñe\ pjirtn du familia, :i una guu- 
rra «nteratnente contraria A uriegtra propia ujnisii. 

No me dtitendr^ aliora ¿ examinar la Lipinií'^Et do algu- 
no» iKunbi'tiF de Ept^ido, asi nRcionalfaooino extranjero», 
can L'iiyaií ideaa me hallo ciinfiiriiLO ^abro lA dificuitad de 
ojiiservJU mieetra doniiuíiciún e» ,\ mC-iicíl. JamSs po- 
atiBÍcmps tan cxlensna y coíociwlae ¡í tan grandef disten- 
cinude la tnetnjpoli ae lian podido cíoneervar por niiiclio 
licrupo. A cato dificultad, í^iift LomjiTeiide 6. todas laa oíi- 
loning, debemos afíridir otras ?speci<ilt>s que militan con- 
tm Itis posesiones espailoloa de Ultianifir, & saber: la áiñ- 
cnltad di) aocai'ivjrlíia cuando puedan (oner neccsiiltid; laa 
vejaciones de nlgnnos de Ins gobernadnrM cftiitra lus dee- 
grarimlna liab i tantea; la ditítancia do la Rntoridad Bnprt- 
ina ¿ lu que tíe'ien necesidad d(t rrcatrir para que seatien-^ 
dan ens (piejart, la que liíimiiiie m píLRnnafiog enteros an- 
tea que se baga jiiat-icia il giia redamncininí'g; lae vjaoio- 
nea rtf|iie quedan expiiealoa departe de laa aiitoridadea 
lócalos en estt! itnerinoJícn; la díficiirittd de conocer bíeii 
la verdad á imvn distaucíii: por illtimu, los medíoB que & 
ioa virreyes y «ipitaiicñ generales, en su calidad de eepa- 
floloa, no pneiloii faltar pai-a obtener detlai-acronce favo- 
rables eu Espa-fm. Todas estas «re un stand aa ao put^tltin 
dejar de liai.'isr deHL-unlenL'Jtí entre Jos habitantes déla 
Amírics. y obligarlos tí ef'írirr.arse para obtener la. inde* 
.pendencia, tan liiegrí como ae (es pri^aentc la ot^aei^'m. 



am 



Kn-enteur. yuas vi. nhgnma A- amaF^ -winiiMi ii ii iími*. 
■a- :&mÍEart' ^luri: t: m ^ue iiü^ oenpíi eabre -el teiinn de 

te-St ^ iiut^vi. T'ui^üci:. qiK- acaiíamoc lüe recaneeer. -coi 

■OBjaiÍE-ei. (ju^ ui.-exiBi.^- uinjninc otra -eu -esatío áe tm»- 

■Hta^ ptn üeíiiri:- a^l- y hz teniíic uet<eBÍdfld de xpctyv y 
4e 3w Jotfnmt 6^- cÍ-k iioi-euciaí xmíi pocterossf^ come l&Sc^ 
ptói» !■ Ji: T"niii'.-ÍL. jwrjcoiiBepuireniii6'*i>eiiflenraLT«i*- 
drü Tiu diu tn. (ju- w;ni ui. gi^iii-e. ul r- iíbo temible«ii 
<«ew vtmturíui^ í.)[vidur:: emoiiiwt ij? beiieficio* que ha 
rwáiíiclt' üír iiit- tiii! }"jieiiciac. .'"Ui'peuaarÜ niáegueíoiBU 
«L^muduciuiitíii;'. . LiuíiU^ruidaf CL)iicieiicm. hi íxeíliáad 
dt-BBtobiw-e- líu^vur pi.'biacJODtíf- sobre iiimeneoe T g rr & - 
moE, asi (■•uuf iuf v'.-ii'.ajut^ cok qut- brmáa «1 iraevojít^ 
imtraíi. aLnienli. ttgnvimwret y arMmuiot úf todae )ae na- 
«áoittx. jnnijut-io* (ii>iiibi-tí!-ci.>rreD Eiempre trSF la f ortinui. 
j^eiriíTti de U!pull'.l^ a-'f-u- veretuut- t-ou Biadio dolor hi 
exiaLmiciii u'L"rim¿iit¡'.'n. cié' i-on«^> dt que hablo. 

Eil jffltK' pri[ji'_-ii 'j> h:íi.l >'<ju^ueiu. cuando liuTH llepido 
ú engnmÚe'jerof, w^';; ¡ipi-a^^i-aree dt- laf FioriüsF para Ao- 
tnSuar «i fjulín li'.- ,Mi-.\jt-i>. íieepué*- dt- liübemoe heclio 
4e ■"«* iiiodn diljciiii'jti' e: ccjiuercjc eun la Sueva Esp»- 
Xta, Sf^jirai'ií í'- ii; cfiiiiiiirrui de «alie vasto imperio, qtff i>o 
MM »ir¿ piíeiuie dti-leudcr vuiitru una potencia formiüs- 
bfttt, eHUtbiecJdii cubre ú\ inicuo cotitiuente, y ú Jiiáe de 
if«&.Uiit¡trut>' 

X¡8tüH U5IlJ(n■e^ tul) muy ítiLUjadi-K-, eefiui-. y deben rea- 
Itarse deiiwo de pücof- ¡ifior. s' acace aoi'W no a:cunteceD 
■IpiTinrlitinlfiiiiii iixlavíü luííe ítiueeiüp ei: Duestnf Amt^ 
fien. jEfrte modo de v«i- las cusat- tínlú juañficado por lo 
qvetottcoutdcidL' en ludub iut' eiglus y en tedoe íbb im- 



282 



cionca que han conien7,odu!Í levauLai'-w. El hombre esp-l 
mismo en todas partea: Ja Lliferimifia du ltin cumas iio^ 
cambín la Düiurnleíia de tiueetroa sentimientoR: el qu( 
enciiiinCrji ut»a üLa.sii')i} de adquirir poder y de niigrande 
Cerso. BB aprüveclia dtj ella. ¿Cómo pndrciuofí, piten, uob 
otros e(?jii;rar qiití Ime aineriftinoB rr^petcn ul ruino do 1l 
Nueva Eapafln, cuando tpng:iu fucilidiid de íi ¡lodcrarBc de 
este rieoy lieimosi:» pafc" Van Kibiii pulCticJi iius íiconspjr 
tftmai' pi-ecaiiciúuas contríi ¡os niídeBriue puedan síibroví-^ 
nlr. Eít^ petü^amieoto ocupó todü. it)i uti^iiciún, deepu^'i 
do qwv i'omo miDiBtro plenípotenfiaríf) de V. M,, y con- 
tornie tí su r^nl voliint-nd y li ma instrucoioiite, ílrmá 1i 
ptiz de Parfs. Ci^tiaidcrú este iiiipottaute n^unto con toda 
Ifi al.C'iicifiíi de que any cnpait, y dyepuís de miicliaa re* 
Hexiniies debiilas A I"« ciMJ'X'iiiiíentus asf militares conio| 
polfticos ijue iii? piulido ¡idqiiirir en mi lucgn carrirn, creo] 
qnc ncj noe queda. pameviLar Jaegvimdí-f* iit'i'didañdeqLiL'í 
estamos nmcnii '.ndn?, mas que aduptiir l-I iiiedits ipm ton-| 
go p! tiomjr do pro-poner il V. JI. 

V. M. debo deabacerai! de Uüias las ¡loeesioiies qne tie-j 
ne fiobre l-I continente de las dos Amfricas, conficrvandc 
si'jlaim'j^te ¡as ¡slaa tte íjnha y Piwrtí' ííícn «n la part 
eeptentrional, y alguna otra une pueda ronvenineu lt 
parto moridional, con v\ -Aijí-Uj de que pueda eervüroc 
de (^araila Jg depÚHilo pfira el comei-fio espüñoi, 

A fin de llevar :i efecto oeie gran pensamiento de ür 
tiiauera conveniente A la J^paña, mt delien mlocar icijs 
itif:^nt€s en Amone»: el unv üynn> rey du Míxicm; v\to,\ 
re/dp! Peni, j* el tercero, de la Costa Firme. V. M. to- 
luarji f\ título de Emperador. 

Lto condiciono^ de ceta grande «'esiún, deberiín Ffir] 
quo Vi M,, y loe principes tiueucLiparitji el troQO eepafíi^li 



263 



ea clase de snceaorea de V. M., sean siempte reconocidos 
por los nuevos reyep, como jefes atiprenios de In fainilia: 
que el rey de Nueva Eápafia pEigue cnda afio, en recono- 
cimiento por la cesión del rehio, una renta anual en mar- 
cos d&platn, que deberá reiniíir^eeu barrsspara harerlaa 
amonedar en Madrid íi en Sevilla. El rey del Peni deberá 
hacer lo niit^ino en cuanto al oro, prodncto do aue poae- 
BÍones. El de !a Costa Firme envíani cada afio fh contri- 
bución en efectc'9 coloiíiales, sobre todo, en tabaco, para 
proveer los aliuauenes del reino. 

Estoe soberanos y aua hijos, deberán aíeinpre casara? 
con los infantes de Kspañíi ú de en familia. A na ve?, los 
prfncipea espaüolea se casarán con las princeEas de loa 
reiiaOe de Ultramar. Agí seestablecerá una. nnr6n rntima 
entre las cisatro coronas; y al adeveni miento & su trono, 
cadla uno de estos Boberanoa deberá hacer el jurainento 
Bolemne de llevar ñ. eíerto estas condicioneB. 

En cnanto al comercio, deber:» hacerse bajo el pie de la 
mayor reciprocidad. Las cuatro naeione? deberán consi- 
derarse corao^nidaa por ¡a alianza más estrcrha, oftiisi- 
va y defeníiiva, para su conservación y prosperidad, 

No hallándose nuestras fábricas en catado de provet-r 
& la América de todos lus objtttos manufactnradn^, Ok que 
podría necesitar, eerá preciso que la fraiii.'ia, iinestni 
aliada, le minist.raafl ledos Iosart.fcnli")3 que esln vÍ/'aemo9 
en imposibilidad de enviarle, con BXcluBÍún absoluta de 
la Inglaterra. A este efecto, loa i,re3 Boberanon, al subir 
ásue respectivos tronoe, harán tratadae fomnalt^a de cu- 
laenúo con la Eepaila y la Francia sin eatablect^r jamtis 
relaciones algunas con loa íngleFes, Por lo deniiíg, como 
dueños y soberanos de Estados nuevos, podrán harer lo 
qnc más Íes coravínieae. 



2S4 



De \ü tijecación do eete plaa, reanlUrfiiii grindísim 
ventíiisH. Lit conti-íbiición Je los trea reyes ^el Xiievi 
Mundo importaría Trnia ú Ea Espafia que [fl plata f[iio lio; 
saca de Aiuí-ricti. La poblacíijn auiueiitaiia, ptiea ceear 
liL einigmcíún contintia que hoy ee nota en eeaE poeeai 
oes. 

Tíí e[ poder de loa tres reinos de América, una vez 1! 
gadúf; por laa obügacionee que ae lian propuesto, ni el 
la Espnña y Francia en nuestro continente podrfan aer" 
vurntrarríistadoa en aquellos paí^eíi par ningiins pQttíOQÍa 
de Europa. 8e podría evitar también el engrandecimiento 
de laa colonias auglo-americanas, 6 de ciinlquitiru otra 
potencia que quiaieat; eíftablcuerae en esa parte del mun 
lio, En virtud de eeta unión con loa nuevos reinoB, 
coajei'ciíi dfl España cambiaría las produccíonee uaeion¡ 
lea con loB efectos coloaialés de que pudiéaemoa tetii 
necesidad para nuestro consumo. Por est« medio nueetra 
uiiirina mercíinte se aumeutarfa y la. marina niíliltxr ee 
haría resiietar Robre kidoa J™ marea. Laa, ialaa qob lie 
nombrado antoriormente. admltiistriüdolns bien y po- 
niéndolaa en buen estado de defensa, noa bastarían para 
nuestro cortEercto, eiti tener necesidad de otraa posesio- 
nCB; en ña, gosaríacaos de todaa las ventajaR que nos 
la posesión de la Ami^rica, sin tener que anCrir nin; 
de sus inconvenientea. 

Tulcíí Bon, aeñOr, mis ídena sobre este negocio del 
do: si ellae merecen la aprobación de V. M., entrarí m 
detenidamente & detallar sus porcrtenoreB; eiplicarí 
modo de ponerlas en priícitíca, con et secreto y i>recaiio! 
nes convenientes, de ibonerá que la Inglat^rrA no ba; 
nuda, sino cuando loy tres ¡ufantes e^C^'Q ea camino, 
cerca de A.in¿rica qu« de Europa, y ciisndo ya no pm 



[O 

rB^ 



285 



apooene. Eete ffoApe boía tecríble pan esa orgalkten ri- 
val, T prepuvrfimoe oon uitícipací¿o las medidas iiae se 
deben tomar, fara. ponenxB á cubierto <ie los ef^'tos dd 

BU cólera. 

Preciso e^ fan ao^arar la ejecución de este plau. con* 
'tax con la Francia, noeat» íntima aliada, que &> prca- 
tdril gQEtüÉa, vieodo las rmlaiju quo deben rcenJurÜi.- del 
establecimiento de m laiuilin sobre Ins tronos ^di-J Nuevo 
Muado, i£i como la protección esix-cial di' su comercio 
en todo ese hetuñferío. con exclueiún de !.i loglat^rm, 
eu implacable rival. Hace poco tíempn que llegué de ?a- 
rfs, habiendo obtenido una licencia temporal, }>ara aten- 
der & mis asuatos personales Si T. >I, lo tiene A bien 
volverú & contiíjiaar mi embajada, diciendo que niie ne- 
gocioB 90 han conoIiiMo. Gozo de ana cnnsitlemción ain 
Kraítep enesa capital; e-1 rey y !a reina me honran con sii 
afecUj, y lie observado bien y de cerca á sua ministros. 
No sé es Ule equivoco, pero espero hacerles aceptar el pro- 
yecto propuesto, y conducir su ejecucIíinVon t'l secreto y 
prudencia teiweníentes. V. M. puede contar coiimigf» pn- 
ríi las ocorreocías ulterioree de ^ste proytít-tjj, de lit ma- 
nera que agrade d V. M-, poi-que el que hu ■concebido iinii 
idea, ea más propio para ejecutarla qne euiilqtiitirn Mlrd. 
V. M. eonoce mi celo y mi fidelidad; ninguno de Ioh asun- 
tos que me ha confiado lio salido mal; tengo Hí'gnriilnd 
do que t'ste tendrá buen éxito, ai bf> de jiiKgiir por »■! desüo 
inalterable q"e («ngodo consíigrar mi rt-poso, mísJiittircj- 
g&a y mi vida en eervicio de V. M. 




rían 6 iijilicacioiies para el gubiemo que dwbií inetAlai 
Be prowifí¡i.in¡iliii(.'rite t;ou el objetu tl<: üaegurav nutimt'a ea- 
grntíii rÍBlig¡f'ni y «eUiblecer la iiiJepeHdyuci^idül Imperio 
Muxicanoí y tifiíJi-ri el título dü Junta Gubcniativa de la 
Ainírica Septcnlrinnal, propuesto por el Pr. Curoriel D_ 
jiguütín de UurbiJe al E^icnio. señor Virrey de Nueva Ea 
paña, Conde del Venadito. 

1, La Reli^iúii de la Nueva España cb y será Oatólic 
ApostiJlicti, Iíi)Tnfni]i, ein lülemncia df otra alguua- 

'¿. La Nueva l^spnña <¡-s iiulependiunW du la Antigua , 
dfl toda otra potencia, aun ña nnesCro Oontinent-e. 

3i Su Gobierno será Monarquía moderada con arreglo! 
la Constitución petiiliar y adoptublc- del Reino. 

4. Será su Emperador ol Si-, D, Fernando VII, y 
pitisunti'tudcjsi^ pejr£ü[iJi]wente nu Mi^xico dentro únl téri: 
no í|iie las Ctirtee eeilalaren ¡i prnetar el juram-eul-o, aeré 
llainados en sn í!.iao el íiereníeimo .Sr. Infante i). Carlt 
el Hr. D- Praticísco de Paula, ol Arcluduijiio CarloRii otro* 
individno do Casa reíaante quB ealtme pcrnjn i'eui<;nta_ 
elCongreen. 

9. InLC-rin las Cortease reuaen, liabri una Juüta qo 




nm 



' te-nitS por obJtiLo tal rc(iui¿ii, y li»t%r(|iio ao cuinplii con 
el plan en Uiáa Bti exteneiún. 

fj. Dielia Junta, íiue se denoTninará Guberimtiva. «lebe 
cotuponerae áe loj vocak'S que Uabla ta oartti oQcjal del 
Exciiio. fcr. Virrey. 

7. Iiileria lil Í7r. D. Fernando Vil se prfsetita en 5Itixieo 
y liat:^; el iüniak-intu. gobernar:j 1:1 Juul.il ;i nuinbfi,- de S. 
M- eii virturj del juraiiieiito de fíileEídad que le lieae 
presUi<l<^ la 5aci'>a; eíd eiuburgo de qaesi^ fuspeRderilii 
todas las úrdenes que dieTü, ínterÍG uo liayn prestada (li- 
dio juraineaw. 

8. yi eí Sr, D- Fernajido Vil nc se dignare TOnif & Mi- 
lico, inti-ríii ee resuelve t! .Enipurailorqtii: deba coruntr- 
EE>, la Junta ó la Uegi^ncia. oiaudaí!! au uotubre «Je In Nu- 
oi¿ii. 

y. EsLe Gobícruo será sosletiicío p(jr et ejúrcíto di; lus 
Tres (laraiittaB, de que eü Iiablunl despittíe. 

10. Las CorWK rf*i>l veníu la cOiitiimadLin tlt; lii Jiiula, 
íl ei debe siibetiUiírlaiiiia lívgenda, interiii llcgu la per- 
sonaque deba coronarse. 

JL LasCorWseetubleeeniti oa seguida la Constituciúti 
dtii Impelió Mexicano. 

12. Todoa Ids Jiabitarvtefi de la Nueva EBpaíin. sin dis- 
1-íiiC'iún alguna de purofteos, africanos, ni Íiulio=, aon ció- 
<l:tdano£ du e^t^i Moimr(|uCu uon rj¡K-iún ¿ todo ojiipleo, se- 
gtín su iiiOriLi> y virtud»!:. 

13. Ijis jjfCHOUíiB do todo ciudadano y siia proiiiedudcs, 
aenin reHiwUidafí y pmtpgtdaa iM)r ti Gobinrnrv, 

14. El Cleruüet'ilür y regular HcritcoriBPrvudotfn ItkIiw 
BUS fueros y preeuiínL'UL'iae. 

15. La Junta L'aidar;! di; que toáua lúa miiitia del Eutndn 
queden aio alti^radún ul^uuu, y todoH loe cuipluado» poU- 



tes 



ticos, ecle»iústicae, civiles y militares en el &Btn(1ti inunic 
eü qwe EYÍsteii en el díii. Si'iki sentii rínnuiVidfts loa qiil 
mdnififl&lBtL DO entnir en el pIíiD, 8u be ti tu yendo en 8U lu> 
e&r loaque nji'ta se d^atini^an en virtud y in(''i-ito. 

lU. Se formaní un eji'rriti"- itrrittotrtr. queso [ienoininn-' 
rA de \ñS Trea Oanintímt, poi'qiif Ixijn sii pruSt-CL-iiiH t'MrtfiJ 
lo primero, la consev i-acífun do la Religiím Ciitólicii. Ajjt*- 
tólif», Romana, ^operando di' Uxlos h>s miodns qiií* e^téti| 
á su alcQDce para iiue no liaya niezela alguna de otra sol- 
ta, y Be ataquen oputtiitiAm&nle Icrs eni-Ltiigoa qiic ^medíuvl 
dmlai-]»: losegundc, la IndejiendetiCia bLijnel Bistemaraa-J 
nifoatadg: lo tercero, In iiiuón íiiliiu» do Amoricitiios 
Europeos; puee garaiitiziiiido btisea tan fúndame niales de 
la fclieiilaiL Je Nueva España, antes cjiío uunaniitir lu íd- 
íracciúii de ellas, se sacriíiciLrá dando la vida de! priine 
al liltimo de eus individuos. 

17. Las tropas del eJL'ri;itoobi*i?rvftr¿u lu. niúai'XíiL'lailie-J 
ciplÍDO & la letra de laB ordenanzas, y ios jerca y ofíclnli- 
dad oontiniULi'án bajij el pie en Que. e^Uln hoy: os Aeei^ 
en eu9 reepeclivas tlaaea, con upciún ll loa enipleog vscwu' 
tes y que vacaren por U>e que no (inkícreii í'L'giiir sus b!tD-| 
dems ó ciinlqniera otra cmi?ii., y con opcii»» fi los que ec 
coDudcieu de neceaidad 6 conveniencia. 

IS. Lae tropas de dicho Ejercite se considemrán con» 
de linea. 

19. Lo miamo autedení con las que stgati luego eat 
plao. Lasque QQ Id dijeran, las del anterior eíateum de la 
indejiendenda que ee usan inrnedíatameute lí diclioejérJ 
cilo, y los paiaaiiosíjiie iutenteu alistarse, se coDsiderar¡lu 
L'omo tropas de milicia niiciunít!, y la íonna de todits par 
m eugnridad iaterior y exterior del reino, la dictarán la 
Cortos. 



289 



20. Lq8 empleoQ se concederán «5 verdadero luéríto, á 
virtud de ¡a7<arDaeB de be reepectivoe jefes y eni'iiO'mbre da 
la Kación pro vieianal mente. 

21. líitóriñ las Cortea se establecen, ee proceder/t en loe 
delitos con totul art-eglo á la CouetítrUCJ'Ón EspafloJ». 

22. £n el do canBp¡rscíi!Jn contra la independencia b» 
procederií iíprÍBÍón sin pasar ú. otra cosa haata que l&a 
Cortee decidan la pen» al mayorde ios delitos deepuéa del 
de lesa Majestad Divina. 

23. Se vigilara sobre los que inteuten fomentar la dea- 
unión, y ee reputan corao conspiradüree contra la Inde- 
pendencia, 

24. CoBLO lafl Corles que van d iristalarsc lian de eer 
conEtituyentcs, se hace necesario que reciban los Diputa- 
dos los poderes bastantes para el efecto; y cumo á. mayor 
abandamíenio ea de muchaimpQrtaiiciaqntíJoB elecloreH 
sepan que eoa representan tea han de ser para el Congre- 
eo de Máxico, y no de Madrid, la Junta prescribirií laa 
reglas jaetas para laa eleccionee, y aermlard el tiempo ne* 
ccEario para eíla.^ y para la apertura del Congreso, Va que 
DO puedan yerificai-ae laá eletcionea en iQar;;o. »e «tro- 
cliará cuanto sea poaíbleel térniiuu. 

Iguala, 24 de febrero de 1821.— Ee copia. "/íurWcíe. 



Treíadc» ceUhradot f» la Vitífí. t/e C-órdoba eí ?^ ihl prettntt 
mtrt It» Sra. D. Juan O'Doncjv, Ttniínte gtnmil df Uu Ejtr- 
eito» de Eijt^lía, y D. A¡futtiH de íturhiiíe, píiwtír Of/e del^ér- 
W(D Imperial Mfzíeano <lt la» Tre* Ouranilaii, 

FroDiiDciadapor Nueva E«pafia la Independencia de la 
antigua, teniendo un ejército que «ostuvíew eeteproniin- 
ciaiuieiito, decididae por é\ \ae provincias del reino, ñtía- 



290 



da. la capital en donde se imbía depuesto á laautondadl 
gUiína y cuando sólo quedaban por el gobierno europea 
liis plaziv) de Veracmz y ^capiilco. desguarnecidas y sil 
medios de refisLir & uti áitlo bieti dirigido y que duras 
nlgiín tiempo; lleg-'i al priniei- puerto «I Tenií-'iite genei'J 
J>. Juan O'Donpjú con el carácter y reprí-fieiitaci^H út 
Capltíín geneitil y tiefe superior palftíeo de este tvído, 
nombrado por S. M. C, guie» defieoaíi de evitiir los malea 
que añigeu lí Io3 pueblos ea alteraoioties de e^La oíase, yi 
tratando de conciliar los i[iti?i-&^e>ri de aiubas Espafiae, in-i 
vit^ & una entrevista al primer ÜBle del Ejército Imperial 
D. Agustín de Iturbide, en Ja qtie se discutiese el graoj 
negocio de la independencia, desatando sin minper I04 
vlncnioa que unieron á loe dos continentes. Ver¡lii.'óee li 
entrevieta en la Villa de Cúrdubu el 24 de agosto de 1321 
y coii la rtíprescníaciin de su carácter tilpriiiiero, y ladef 
Imperio Miíxicauti el ecgiinijio; deBput'B dt Imber coiií 
rejieiado detenidamente sobro lo que iniia corÍvcnJ«i'm/m 
y ülm naci/iJi, atendido el estado actual y \as líHíniB 
ucurrencías, convinieron en los artículos «iguieiitea q^ii4 
firmaioa por diiplic'tdo, para darlaa toda la conmilidaniúl 
de (jue son capuoL-t eaiu clast de ducumenio,-, funseríi 
do im ortEÍnal í-ada uuo en en pndcr para maynr tegui 
dad y va.lidacinn: 

1. KetaAmórica se conocerJ por Kaciún soberana 6 Ia4 
Ut'ptíudienti-. y ee llamartí on loeucesívo Imperio Mexi^ 
cano. 

2. El Gobierno dvl luiperiu ^eni. iiion:ltii]uicu coualit 
cionnl nimieindo. 

3. íserlí llnrimdo & reinar eu el Irupei'íu Mfxicauo (pl 
vio el jurauíentüCiní.' designa el nrl, 4 del Plan; en prir 
higar et -Sr. I>. Fernando Vlt, Hey Católico de Eapaíla, 



XUl 



porm reuimm ú uo aduilMlüa, bu hvriuauu e! bmuici- 

nji - 

ei'j 

pe iJ. 

ClIT ■■ . ■ r irú- 

ría, lioy de Luua, }' por runuacia ú noaduiiBÍ4n desale. «1 
que lap Corten del hupeiiuüeetgnarüQ. 

4o ai Eiüperadcir Sjar/i en Curtí; en tíéxian qufi *erá la 

5. Sc: iiumbriiriíu dut? ctiuiiiiiuiiailoe [lOr $1 £xOQlO. ér. 
O'l ' ■ ■ ■-:ii-iüi ú la. Corle de Eepafia ú poner 

en I. .1-^1 Sr. 1'. I'enittiidci ^'I1| c.o\ña. út- 

este tntuiiio, y l>xiu.>»ící^ii cjue Je aompariarú para qae 
sirva £¡ íi. M d<.' aiitewdQiitc, micuirae i&s Corleí< del J.iu- 
perio le ufre(%n la coroim coa ^3Úiis hts ioruoMihíúeB yga- 
raiit£as, (]iicaaiuito liv tauln íuipurtauciu exige; y BtipU- 
can (i ^- M. riiif en ti cuso óvi art. 3 se digire noticiarlo i 
Ii.«- " .-- IrilniiUie, lUiiiiadoe en el tiiísn40 

ari i-n- en ('■) w iKJtiibnuí; iulerjHjiuiíMi- 

di.' ■■' iiiiliiji- i'urii ijiie íieíi urifi fieranníi de toA íe* 

fl:i i II augu«t.i ivtwi I» tiui- venga ti ■■■nli- imperio, 

por lu qiie K iiitereea en elki la progptirídad d& umljasna- 
cioDW, y por la Hn.tiiFÍu.ecíÚQ que reeibirúa loe mexicnoos 
eniínadircatc vínculo ú lo? denüia de nmiBtoñ, mn gne 
pwlráu ■ !'ir eBimíloleti. 

W. St- ; LL)>;nU' cijoEorjjie al iwpípltw 

del pi&u ci>. ' junta cotn|iiif.9t>ii dti Jot 

hutitbreb de I .iT sus vírliidcs, por r=n> ■ 

par *U« íurt.imaH, r(^n'w?iiiaCÍÍ»ii t cf^ni-^plíi, il? itqttC'ltot 
qt» estiín deaignadpa p'T la opinión general, cuyo Qilme. 
n» «ea buüuit'C couEÍ'<.V.'iabl« para qiie 1h i-euniAn dp luvt)» 
•sagors *í ariortA en f"ii« drtprminaciOTiw, qiie fcrtn em»* 



292 



naciones de la sutoildad, y (ncullsdes que lee con< 

los aríículoe BtgTiieDtea; 

7. La junta Je que trata el articulo anterior ee lia: 
Junta proviaional guberníitiva. 

S. Berá indJA'idiiu de la Junta provisional de gobii 
el Teniente general D. Juan O'Donojú, KnconBide 
í la conveniencia de que una ptrsona de su clase 
una parte activa 6 inmediata en el gobierno, y de q 
IndiEpenaable omitir algunas de Im qua estaban señalad 
en el expreEsdo piso, en conformidad de su mígnio ^ 
ritu. ^ 

9, La Junta provisional de gobierno tendrá un Preí 
dente nombrado por ella raiemni, y cuya eleccióa rec^ 
en lino de los Ludividuos de su seno, ó fuera de él, 
reúna !a pluralidad alisoluta de sufragios; lo que qi { 
primera votación no ee verificase, se precederá ¿segí 
eacriLiinia, entrando á él loa dos que hayan reunido 
votos. 

10. El primer paso de Iñ Junta provisional degobi 
será hacer un maniñesto al públi(-'o d« su ¡□etalacjú 
motivojj que la remiteron, cun las explÍcac!oa«G que 
eidere c&nvenientes para ilustrar al pueblo eobre eu 
tereses, y nnodo de proceder en la elección de Diput 
i Cortee de que se hablani después. 

11, líB Junta provisional de gobierno nombrarden 
d4d«la e lección deauPresidenlis, una Regencia coiHpues 
de tres personas de su seno ó fuera de él, en quien r 
el poder ejecutivo, y que gobierne en nombre del 
narca, hasta que í-ate empuíle el cetro del Imperio. 
lí. Instalada la Junta provisional, gobernará in 
mente conforme A laa leyes vigentes en todo lo q; 



&93 



.86 Oponga al pisn de Iguala, y xüi&atTAB las Cortee forman 
la. Constítuci&n del E?tado. 

13. La Kegencia itiiiiedin'KnuentedeepuÓBdeiioEtLbrada 
procederá á la convocación do Cortes coníürtne al método 
que d^tiermíne la Junta prcvisional de gobiern.'O; lo que 
es aoníoruie al espíritu del Rrt. 24 del citadcrplaa. 

14. Bl poder ejecutivo remide en ]a Regencia, ol ¡egia- 
latlvo en liia Cortee; pero üonio Ka de mediar algún tiem* 
ppautes qae éetas ae re unan, para que amboa no recaigan 
eo upa Tuiama autoiidad, ejercení la Junta «I jioder le- 
gislativa; priioero, para los casos íjiie puedan ocurrir, y 
qtae na den lugar ¡1 eflperar La reuniún de las Cones; y 
entonces procedení de acuerdo con la Eegenciat segundo, 
paiB servir íi la Regencia de cuerpo auxiliar y consultivo 
an eun delerininacicuee. 

16. Toda pereona que perteuefi? (1 una sociedod, altera- 
do el EÍsten:ifl de gobierna, 6 paeaiido el puta A pi^d«r de 
otro Fífncipe, queda en el instado de la libertad natuial 
pam transladaree í'on su fortuna ¡1 'Jcnde le convenga, sin 
que haya dereclio pare privarle de esta libertad, 4 menna 
que tenga contraída alguna deuda con la g&eíedad li q,iie 
pertenecía por delito, ó de otro de loa unidoa que Mnooen 
loa publieiataá: en este caso tiftán íor europeos ftvecindn.- 
doR en Nueva Espafla y Ioh Briiiívicano^ reaídenleB en la 
Península! por consiguiente stínín i'irbitroE- á permanecer 
adoptando esta ó aquella patria, ó i pedir sn inmaporte, 
que no podrá uegárseleá, para paiir del reinoen el tienipQ'i 
que su prefije, llevando ó trayendo consigo sus familias y 
bienes; pero satisfaciendo ii la salida por los dltitno?. loa 
derechos de eiportaciún eatablecidoe, 6 que se estable- 
cieren por quien pueda hacerlo. 

IQ. No tendrá lugar la anterior aliernati va reB[)ecto de 



Ine empleados pi'ihlicos 6 müÍLares fine noto ñámente 'son 
desilfi^cloa iL la Indepeiidenci¡i MexicaDili; §)rii^ c|ii(> éelos 
necesariamente aaklrán ele este Imperio dentro det tór- 
mido cine la. Regencia presen tía, llevando bms intereaeB. y 
pagando loa dereclioadeque habla el artfculo anterior. 

17. Siendo un obstíciiioá la realiraciúxi de este trota 
ia ocupaL'iún en Ea Cfipitnl por las tropas de 1n Penfnsula, 
eeliace indl^peneatjile vencetlu; pero ouio el primer Jefe 
del Ejército Imperial, uniendo eua senttmitíntoa á los de 
la Nación Mexienna, desea no conseguirlo can la fueríi 
pai'a Jo qne le sobran reciu-sos, aiu embargo del valor 
Coastaucia de dichas tropa,B peninenlares, por la iiha ds 
medios y arbitrios para eoateneTae, contra el aistema adop- 
tado por la ííación entera, Don Juan O'Donojií se ofre 
Á amplear su auioridad, para que dicha? tropas verifi. 
qwii gil salida sin efnsii^ii 'W sangre, y por una cnpitu! 
ciíin hoiiropa,— Villa de Córdoba, 24 de agosta de 1S21. 
AffiMín d9 ¡lurhidf. — Junn O' J)Biinj ¡i.—.'Ejt copia ñel de C 
original- — Jtiiff Damio'jwz. 

Es copift fiel lie tu niig¡n;il, f\\\ig queda en eatn coman' 
dancÍFV general. — ^mí Jon'iu'u Ue //írroii, — Como A; 
dantB SeiTOtarin. — Toman lilañ-t. 



a. 

líe 




295 



Sxcmo. Sr. Presidente de la Kepüblica, 
D, Anastasio Buatamante. 



ío ignoro cu;Ln Jitfcil y ameegadi> ea dar conaejoa lí nn 
rejí á na genera], ¡gu:ilii!i(;tite que ¡i todo hombre pode- 
roso, ya poi-qne abundan de pcrsonaa ú quknes consul- 
tar, ya pitrqíieii vista de lo porvenir niiiguuo estft pene- 
ti-a-do íJti bjifiCant^í pen-elcacWn y prudencia. Y no pncaa 
veces eiiL-ede cpie Ion matos consejos salen rnejnr que loa 
bueno?; porí|\i* la mayor ¡larte ile los acaecimientos fttáii ' 
anjetoa ¡il capriciau de lu fortun», . , . , .Si yo te comnnieo 
por escrito mí iiioiio Je pensar autrn.» de la república, no 
ee CÍeitameiite porque áé un valor txceBivoii mi»' wjnee- 
jos y Iftlento, HÍno pnrriiie linlliinclcíte i.iistt'níd'.> l'uu la 
fatiga de la giiemí, oimi lot- [-ombat^!^, íub víct-i^i-iás y $1 
majido, rne ha parecid'» conveniente diirte ciieulu de lo 

que pasa en Fn ciudad No iiiesería difícil hacer ilua 

ile»i'rit;i-ióii (Itó efiOB artírnlna geneíalea; pero anK-n me 
tin pare(!Ítlo imtñr <]e Ií> tnás eseoeíal de mi proyectil, y 
que tú realice» su verdad. -Si determinas marcliar pur ^;t« 
vainino, lo demtts stíri. bien expedito. Deseo que mi plaa 
B¿a flcertadn, y aoljre Uido út.Il , Mi deseo mis efiear ee, 
quede cualfiniera rnaceray cuanto nntes, gé preston (til- 

xíliüB a la i'epública.. Yo altera te rwego y te cunjuro, 

¡oh muy indigne genc";:!' no permUaa que el gr»mlt« ñ In- 



2SW 



veniiible pueblo romuno se coiisuma d^ caducidad, y 

ga al ini pulso de ia üera dii^i'-orclia 

Porque El DO se establece la paz sobre ba^es eólidas, 

¿qué ímporLa haber sido vencido ó vencedor? 

(Sal á C\ CíS.J 

Así HB explicaba, Excmo Seilor, uno de loa mÁs graude* 
eBCFJtores de la autigüedaá, y txahnte ¡ituíoi-iador dt Ins co- 
tas dt Roiim en una ocüaión análogti á la presente. 

Hflbiándo&e dignado V- E., de Jüvitarine pum íonaar 
parte del Minbterio, dándome a^í ^sta geñatacla prueba 
de HU confianza; ya que mÍ9 circunstancias particiilarea, 
deque V. E. se lialla bien informado, no me permítíe- 
roa ocupar tan delicado pui^gto; el amor i. mi pafe y mi 
gral-itud d V, E., tue mueven á exponerle mis ideas y 
opiniones actunJeB, con reepetíto á la pri-eente sítuaciún 
de la Tcpiíblica, y á la necesidad de poner á eiia males 
el posible y oportuno remediü: acítfío me tquivoco en la 
elección del qne me sugiere mi bu-ea deseo en favor de 
nucstra£i.nguatiadapatria;maBen tal caso, ei juicio recto í; 
jluBtraJo do A', E. pndrí defietharlaa y adoptar por en 
parte laa mis co» venientes. 

Pudiera yo ser el último en defender las instituciones 
promiilgadaa en S3t), ¡«'¡o ciertamente serií el primero en 
rücnnocei conjo tina jieligroea esageraciúti, la dt-qne sólo 
á el l;ig deben atribuirse Itis males que aquejan /i 1 3 repübli- 
CD- ¿Será poEÍble. eelnndotan reciente la Uieioriade nues- 
traa aberración es, haber olvidado lo que fué eeta desven- 
turada nación mientras prevaleció aquel régimen? ¿Ha- 
bi'd quien se atreva í asegurar que el descrédito utie sobre 
ella gravita, s51o esiate desde aquelEaíechaíjOjaM que el 
HpnrenLe olvido, que nos eeforzamog por manifieetar de 



tantíis debüiáades como t^dos, m¡iB 6 meíiop, hemoe co- 
metido, autóa, y después dé aquella época, bastam pam 
borrar la íea nota de ¡umoraLid^d, de incapacidad y de ¡g- 
nomucía, qne los que nos observan nos echan en carad los 
niexícftiios independientes! 

Despnéa de una dolorosa experiencia ¡y tnii reciente y 
tan incontestable! atribuir esciuaivainente nuestras des- 
gracias A laconstitTiciúii de 836, y eaperarau inroediato y 
completo remedio únícainente del regtablecitnieata de la 
de 824, serfa una grata ilueión, que harto nos peea no po- 
der abrigar & íog que, sintiiíndo grabadoa liundamente en 
nuestrúg pechos los nialcp de la patria, estamos convenci- 
dos de tjue UJia conetituciún por sabia que sea, ea un do- 
cumento muerto ai no Imy horahrfn qu^ itt^aii, quieran y pna- 
dan jMínei- en jii'áftiea sna benéficas (Üsposic iones. Algo, 
quiíá biiHtoiitfc, reítaqub liactcen las i-odn» de nufetropaíaj 
pero i^ptnB no tardarían en hacerse ai liiibiei^a hnjuhrfx- ca- 
pacüe de tomar ti 6U carg" semejanto einpresa. ¿Y sonl jus- 
to, será iiroii veniente, será Imniano íom'>ntar nniuLtnzna 
entro loe liijiia de «ua misma madre por un ctidigo, que 
auponióndolobueno. fióioexiatirlacnnlen bu ptímt raí po- 
ca, como tin uionuiDi-ntu dií nuestra íuipulencia, de nuce- 
tras pasiones y de In falta de hombres que ba^tvu deesas 
infitltiicioneí^ una rivalidad? V algthi dereclio tiene para 
mantfeelar con tlíineKayain rebüzo eiia ojiinioupsen teta 
naati-i'ia el qtie pnode recordar, y no lio dice por envane- 
cerse, loe grandes eií'ierzos que hiao para pnikmgar la 
ex.ÍBtenL'in del cúdFgo que ahora te aspira ¡1 reaiiibleuer, 
asi contó sií poco entusiasmo por el que en eae niianio he- 
cho habría de quedar abolido. 

Oouio sin embargo de mi poca le en ninguna de las dos 
conalitucionea rivales que entre noeotroa sirven de grito 




i 



(le eiierm á 1I05 podej-oeaa paiíialídacleBí no puedo serii 
diferente í lu suerte de mi patria, rjae hli sido «I objete 
de jiiíB toptíqiias meditacíoneB en loa cuatro oflos que la' 
iieceBidad me lia obligado jí permanecer ausente d« ella; 
y como por oUo lado, desde mi regrcEO lie sido y í5oy teS' 
ligo de sil vil >leiitii situación y de Ina diferentea ideas, mj-| 
rfiB y conatos que agitan ii mÍB compatriotBJ'i mis vivoaj 
deseos por el bien de aqHíila me impulsan it oírecer d V.] 
E, loe peiitiamientoa qvie me lia iiiíjpírado I» illttma eedi- j 
ción ociiiTidfi en esta CApiínl. 

Porqne nadie me nvetitsja «n I08 fervieiiLea totoa giioj 
ba^o :1 QEid«(iiie la deuaati^^nuiisis que la nucíi^n acnba 1 
de siiijerar casi mÜiígrUFamente, no venga i Ber el Mliim 
uCror. mil sÍPriUm pacnn, de Tácito: ' un eiiceao esU'rií é in- 
fecundo en todo, menos en recriniinaciouea de presante, 
y un rfittcdtmea para lo porvenir. Yo creo que ese stioeso ■ 
encicn'ft una iltil eusefianüa, qne por lo Tuísmo que ha si-1 
do lan cijstosíi, no debe ser perdida para nosotros. l'or-] 
que, si no se ti£tab]«c^ la pas sobre bases sAlidaa ¿qaé im- 
porta haber aído venddo ó vencedor ■"' La clcí'iieertada' 
política, yue en iSa.5 y 36 fundid un 6ÍEtema nuevo de go- 
bierno aobie \ií^ mina^ de oCro, q«e siendo el primeio que 
fe fuera ú La nucii^n, la habfa rt-'gido por el Eurgo espacio 
de doce años uonsecul-ivue, entre siií hmestas consecuen- 1 
cinf. ninguna iiiils peljgroga produjo qwa In de erigir un 
Ullnr fti írenle tleoiro altar. Asi ee que ninguna aakii de- 
be.cspei-ar In república, tnientrasrodeBapareficau loBdoB 
obj*!*:*. II los cuales se rind«?n en aquellas aras respecti- 
vanieiin*, wti cuito mía ó menos puro y deainLeresaJOf pe- 
rú Meinprij ron s»ngnentoe hulocaiietos. 

1 ...(rustrí» iiirw» j paí ettdril .. 

i ...,Nigl llliii) Annaiii, cfflctp. vliiclin ovU-lsne calil rctullt?] 



2»9 



Tiempo ha qae el lie^onbento que s« abwn'itMi'en to- 
as Ibs c}«»es; <*»:• ronvenCÍmienCo generul de tridos Job 
liuioe de que tlebín liaber mi ca.[ubtri de fiofiií/rr» y de oo> 
bien que sh\ fijuree laE'opicJone^ sobi'e k'qne liabía 
tneoipiJizar i eposiautfiru. y f»obre todnegnBíimaa.- todn 
piir«cía indicar que la (.•oníLituciÚDdeSSGROSHtisEucil^loH 
VQ^e de la muyuría de ln niiciyn. 

Eí^a dtepoBÍcJiin vaga de iodos log eepCrlius en íav^r de 
sn cambio cnaiqítiem, íuf ^Éii duda 1n(]tieqi]JEÍeTOB apro- 
vechar los íiorobr<>e del IS dp Jnlio parn arrebatAr e¡ po- 
d^r qi» de otro modo no íuibieran iiodido .ibtener. Dióse 
ese golpe de mano en nnmbiií de la [?oti^t,itu':iúii de Sil; 
y is Irio indifí-rsncia enn que eee grJw íiii; acogido por 1(1 
naci6u t-nterii, Ein irxfüptour un tolo departamento, uu 
eolo puebk), nnnMD'IncorporncW'iu, im eolnindividiio, pa- 
rece deicoBtjar clamiuenU; qut? eelA ya eslingHida Ih viva 
fe que ¡ttiies et tuvitir» eu el eúdíg} ít;der»l; ucieilitiitid<i- 
nna vez imíp, qui-en polílicn n nmw pe puede retrnceder 
ll plinto de partida, ;()hl si en líiIJó al vaciarsít U (firma 
de gobieriif' (edfnvl, que por espacio de onrn afiíif liahía 
regido ;i ¡a república, htiLiJcmin poijid'i li'ginijenrsír mucfiog 
df í»". inw re^iüLieron esa ctiiabío, con lu esperanza deqae 
con B'i restablecimiento tiii'tf 6 menos oereano, y sin ue- 
ceeidad de recurrir & Ifts v/ns de hecbt>, eiempi-c- repioba- 
ttí i-íícnediiirian ipao/urto los niaiuB qui? nlribuia» it su 
ero([aci''n, iic babrj'a sidcf quizü (,ati uf*i:on8nl[idorapam 
e08 bueiiiii' patrintat aijiiella desventurada tiiti'lutiKn. Xi 
impíicn tiu' In nactím liiii Miz baju rl ri^ginit^ri lfi3enit;y 
además de que su n---' lonto n-> soría ^visible íino 

por iifíidi'? d« una V"'. otiyo líxito Dioi* ¥<'ili> «nb'» 

cuileeiia. UMiiirdariaeu irabanjctlf} nnffvo ]& liiclia entre 
loe dof opiieettjs shtemufi. líe^ultA, pues, qiionmba»> r'on':- 



300 



tÍEocIrmes han cumplido su tiempo y Ileiiado su raieión; 
ó máa bien acreditndo bu ineuficiencia parft lletinriO- 

La pugnft trabad» en Eepnfía entre el estatuto real y la 
constiim'ifin del año 12, no terminó liaeta que un cougre- 
so conviicüdo ad hoc dló una nueva k-;' fundamental, qne 
dirimiíj la competencia entre loaolroe dos cfidigos pülítU 
Cíjs;yqiie, conteiiiend-o prineiploa dtí orden y de jueta 
libertad, qitBoieiitea & eatisfncur l&s iiiiriut de la parteaeu- 
sata dtí flmbi>e purtidog, progreaíataB y eetadizo, y acepta- 
da aolemnernente poi" entmmbMi derriba los dos estan- 
dartes, qae alternutivaniente eran el pretexto y el foío 
d? interminables revokccioneg. Aei, nunque bay descon< 
tentoR ahora en aqui;! reiníj, ee tan aólo porque en ningu- 
na parte laltan hombrea mal avenidos con todo L^rdeu 
estable y regular. Pero ¡qní diferencia en fililitütS lo-9pre- 
teítoB do que pueden valerae ahora para traHt<,u-narlo, 
ciíuipiiiadoa con ese taliamijn irresietible de una cüüsiÍlu- 
ción que ae supondría- i njuatanieiite nboHiIo, y que iidé- 
ináa se aparentaría considerar como el único alivio de los 

males que aquejan ;t hi eociedadl Con una conducta 

niediarmuiente prudente observada por nn niinisterio 
püaViuiera, ee quita hiwta el último achaque de revoluclo- 
nee; y eí á pesar de esn lle^n íi e^tallai-, reparado el mi. 
nielerio, ¿qué pretexto pu^-den alegar loa revoltosos para 
tiovoUer S Inobediencia? Cuando pon^tro lado si ganan, 
tydo fie i'tíduce ¡í variar las pereanae de Íoa poderes púhli- 
cos: mientras que Riendo la pugna entre dos coiistituclo- 
nes, sobre ser eterna, el triunfo alternado de farlaunade 
ella?, flerfa k señal de trast^rnoB que conmoverfao ií la 
aociedad liaetiL en bus unís hondos funtlauninto?. 

Para alejar, pue?, todo pretexto plausible de que Pe re- 
oaRe entre nosotros porningiin paHido la nueva coneti- 



301 



tucióD (jUe se diese, importa «etncÍ4tín«i>te que tiO tonfíS 
Lpane en la forioacióii elaL-iusl congiesn, resaltfidodcuno 
^<de los (loB DÓdigüs que conviene i'aDcelftr;^nqii? Lal idea 
;b[i atribiurse eu m&nera alguna, á falUí de res})etiibi> 
rlidati y de virtudes pulitícaa, que recopQxcoeo lo&indívi- 
duog qqe compoueiL las dos cúmaraa del cuerpo le^Hlati* 
vg. kl vicio de qne podía tacharse ea obm, bí í ellas Bf> 
coafiara, nacería de circuQátiincias que no esUba en bu 
mano íiijpí-'rar; esio es, »q origen; puesto que Uno de los 
doasi&temaaquedeberfanlKJlirse, le hadado ana pueici^ti 
Que el congreso no podría cambiar. 

Por eeta rozúrii y porque es político y juato apelarála 
BOciedAd miama cuando se venUla uu objeto qui^ Uinta Id 
interesa áeIJa tqida entera; y Cli^^do se trata de formar 
un Duevo código fundamental, un nuevo pacto de ahanüa 
que todos deben atacar igualmente, no ae prevenía mro 
cainmo máa obvio que reciurtr & un congreso elegido pa- 
ra este caso especial, con el carácter de eoitatiluifrnlf ú de 
eoíit'ríiia'óíi, 

Tampoco debe perderse de viata, que en vano ae procu- 
raría conciliar los inlereBcs de la libtrtail con Icm del or- 
den público en las rtforniaa que A CHalquiera de las doB 
conEtÍtucÍout;*ae hiciesen; pneg bastaría que estuviese» 
calcadas sobre alguna de éatus, paru qtia siibBistíeee «1 mis- 
ma inconveniente quu á. todo trance conviene evitar. Loa 
revoltoaoa, á quséDea sobran aieinpro loa pri'tc-xtop, no 
nbandunaifan por eso bu gi-ilo de gwrrtuleCoiiMiCuriúH/i- 
dtrat Jt SSi, -j dv ConatUnciÓJi ceHtrat'lt SJO, tan 8ÍgiUl1cft- 
tiroparal^e díacíilos y Job deBcontenlo», que uuiica Imn 
de iaitar. 

De eatoa dos CiJdigos, ninguno puede yn Biibaietir. El 
primero, porque realablecido veudrtu í entablar una ptig» 



302 



na peligrosa con los inteni^es creados por la conetitución 

de 8.'1(¡ en una parte lie ia nacifm que uo liebe eer iJeapi-e- 
cÍiiIjEl', i'uando piidn licriribni' la primera sin grandilitiil- 
tad. y frustrar dü^piu-^ tiiaiiciiaí^mnatrisae linn hecho para 
re^tablecorlíl; y que quizá tfin sólo debe Bt\ exialencia ac< 
Lual al letaor <!?l i-c'íiiableciniiento d^ las coía* y de loa 
^W"i''i''j< de 8a:V EstoE bou ht-cli&e, cuyas causas nuts con- 
ducente íí lui nbjeiu e^ciidríriar y exponer aquí. Haptn y 
Bivlua (][it.^ «.^xmtan <fe tm modo íunegable. 

AgrL'gfise ¿esto, que ú toda restaufación Sc-ompatta iin 
peligroeo t!tquit<j Úe recr i mi Daciones odíoana y principios 
feaccionarioe, que aou el germen de otras reaccionee sin 
término. Teel.íg(j la Fratim. &í bieu es cierto que la ree- 
tiiiiracióii de los Burbouea eii el trono de bus mayores re- 
cordaba JÍ. todos loe f iudadiinos amantes de la diguid&d é 
iudtipviKWuuiu du &u parría iiii acto de la supreiuaeía ex- 
tranjera, Jebido (i los nicart's de ln Kn^rra, uo es iiiemis 
cierto que la dinastía direüta de S, I.nís y de Enrique IV 
coiitliiuaría rigitiido ludavia los det-tinoa de- íiquella pn. 
derc^sii uac'ióii, sin U imprudente exageración del priucí- 
pití müiidrqulcu para ir dcreclio ai diispntisiuo, por el pe- 
li^i-oao camino de los go¡p«e de¡ estado; del miauío modo 
que noeolros, colocado? &n una posición totJilmeute opiiCB- 
La, y en medio deja atonía 6 inanición inorftl en qiw pfl* 
rece íi»ber caído nuestra sociedad, deberjamoa reciílamo» 
de igual exageraciün tu fil prijicipio democráticu que, re- 
lajando loa vínculos que cnlaKaii laa diverauB partes del 
cuerpo político de la nación con un centro tomúii, vea- 
ddamos ¡i dfsEalIccer y morir en la máa completa disolu- 
ción soviaK Ksla a eu cnanto A la cDustitucíúii fedei'&l 
do 824. 

Heepeclo de la central de 83G, aderuñs de ñor una obra 



aos 

■, y » " .llar üu^ VfiiLAJ»'^ 

ivení' — ... -i. .w ,..jmn:c>aliimga que 

■ ú tma pBru^ > le de la nsciúii, y bv per- 

lón yue uno m;.'. n. y- u. .-■-• 'n, 

'll.íllll»l»íbilltl*ü dr UUi- !<<' '■-i 



aroeuti, lía axibU: iv. üuHi.utiU a 

iperarlut; IuüCIili :; , . .-(■ UlltíB J' 

ymi\é táeoiynt e^vtíúniia tu iiucsJ presenil. «¡ ■ ■!-' 

1¿£ y estvcil en el íüuiio, bí b? i|u>ck> pero e>i i- 

grü€<, de t:(t>Milurmii de fli, i'í>aj<. coeeíib y sli" n 

!■■ ulos. 

rtívninck'm. en- 

ibiluHch la .iiU^tt de e\i iiid{;[iL'iideji<:iii;[>h^n< justo (tüuotí- 

íiiir cu que la llt?rU)giiCÍÚDileeH?eÍPtc<i<;> ■ ■ • - .. . - . ..ih; 

típúeñtiuiieuUi inrocbron «{lenue fui- ub u.- 

" '' la rcallaaciúti d*- Piie i" ■ .tí 

. :ido trl Uelup^i. viIiTiitVult^' .!• 

HKJli !w- . i.-ii ia- 

voi del IV: iiome- 

gue L'uti lu ^üL-iTuuALriLtijt^ru: i i \¡\tí- 

iíil<]podei-osamenl£iiÍEU{iedirÍja£'L. [i.'L'<.ui'¿i;j3ta 

frl Mrrriliiriu uaLirpado. 

De Texoa, volvamos Iob ojo« ti drirarlaiui-iito úr Viia- 
tún. OiiiiijlvUt'raUpazguemit^llivitwbu. i-iiauiluuii[iu< 
Sadodt milit.-íunof'. . '.-neí era, ifniK? (mía luílus 

garrs, linbíeiMlD «idu iur^aUiíiEioute ouiharmilcMi (.'ott do** 



3CH 



tino á ^'e^acr^K, no bien Ba habfun alejado del puerto, i 
cuando bíii p)aii, til previa inteligencia «nti'e aí, y como I 
ñi hubieran ^iclo un sólo hombre, rí nueitra. tierra excla-j 
maran oñqialee y soldados; y uo tardaron muchM liWMJ 
en Tolver á pisar el suelo natal. Temei'oaoe, comoerana-] 
tural, del caBtigoá C|iiQ ee habían liei'ho acreedores, y con* 
siJerdndoBe exclufiloe de I» BOcif>dQd civil, se r^fug'iaron 
tin los bosíjuee. En medio de bu ungdstiada BÍtiíación, y 
cuajido Be crefan peniidoB, ociirrelc- al capitán Icntit], ga6j 
Bi'ft el que entre elloa hacia cabeía, nmpararae de la mm- 
titwcién de Sí^i grito de ealvación para elloa y qtio BecaD-l 
dado rápidamente por 600,000 yucaLscos, no encontró re- 
sipieneia sino en la guarsioitia de Campei-^bt;, lüodelu úa\ 
lé&lt&d, de bizaría, de subordinación y de conaLancia; \y\ 
el capitin Imán, ain pensarlo eiquiera, huyendo del caá-] 
tigo de BU deserción, «e encuentra convertido en héroe! . 
;CmUi dÍ9tí-nta hubiera sido «u auerte y la de todo el de-' 
partamento reepectlvainente, bí el restablecimiento del 
(■¿digo abolido y de tas autoridades que lo repreaentaban 
pocií antea de que dejara de regir en la repilblíca, üo le* ^ 
Iiobiera proporcionado un camino tan ftkil y tan prove- 
ohoBo para aaür de tan crítica situación. Por ese niedíc 
qa«dó pFontnmenie organizada y cunaumada la revoluciñr 
en aquella península. Verdad eaque la oferta de exención ' 
de contribuciones y otroa falaces sc'tiueloa, no oumplídoB 
después, porque no era posible cumplirlos, contrihuyeronj 
eficíiíuiente li lapopularidady al triunfo de aqui-l prunun- 
cJAmiento. Pero no ee menos cierto que no se brindó 
aquellos pueblos COn aquel cebo, sino deepiiús y como £i 
apoyo de Ja idea madre del restaUiecimiento de unu conn 
titución, que debía tener tantos partidarios, citantoB ititi 



305 



Teses hnbfa creado, y como ixmbiciones despierta siempre 
UiÓB. mUdonEil, 

Sí, puee, ninguno de íoe dos códigos que han tenido el 
tanict'üi' de íundanneiitaiea, pn-ed-e yasiibeiatirpin gi-anden 
inconveiiieiitea y desveidjijas; clArauteiite reanlia la ne- 
cesidad de recomponer líi mí'iquiníi social; y ningiín ino- 
ilio iiii^ propio at efeoto, quu el du tina i:onvi¡nc¡ún nn<ñr>- 
nal, qtie trjmínnio de coda uno de acjiíeilon Jo lítil.y íidnp- 
table, y lleiuindo loa vacíos que anibna presentan, dit'se 
ni pah iinft or^íiiii^aclúii accmiodíiicEa. á sns peen I inri.'! niv- 
cuiisiriiitíiiag; y c|ue logrando tal vezuuQcilUrli^ü ji)tei'GS(>9 
cuiiiimuji y laa convaiientCB lilicrtadeB pi^blk^ui^, con el 
orden y la estabilidad, rennviise lavidaqiie parece exl-in- 
|rnÍL'»o «n el gobierno y un el cuerpo soclilI de la niiciún. 

Auiii|iie eeta ideii titíne á su favor, lí lo C|iie yo entien- 
do, el voto de una gran mayoría de peraonaa jnícloaaí, 
piiaeídoB de un verdíuierü, iiuBtrndn y conocido piitnr.tis- 
iin>, yo lio liflgo irtiís que preaentaria al ilustrado y nm- 
cienzudo examen de los actunloü d^positiinoa de logall.og 
poderes de la nación. A éBtos locnría entrar, lli^gndn el 
CftRo, en Idh pormenoreR del modo y tiempo en qno delw- 
r(an rounirSK ese gi-nii cnerpo, íncode Incoe y du riiiid:ida? 
eeperairaas del yaaihte remedio do iiiieatros niíHee. Lo qno 
FÍ t^nusidero &nnr) wcncial al ísjto apetecido es. que se 
pon^'an ¡il frente de eate ninvimieiito Ion hombrea iinpai'' 
cíuIl-s que pueden inspirar confianjia d todua lo» piirtidoa 
pür an tolerancia de opinión, sna lucea, en probidad y de* 
nuÍ3 cualidades precisas. 

A eate propósito deberían, principalmente eudererJirse, 
tal vs mi «pinifin, todos los esfueríOB del gobierim exis- 
tente: no íflf le pide qtiu coarLe en manera alguna la Ji- 
tK'rlaii de Ina eloecí'onee, que por el cootrario religiosa- 

■2» 



30(1 



menté debe proteger; pera bI que laa dirija por medioa le- 
gales y jiietoa; que no \as deje ser ínstruinento df ningu- 
na facción; que procure encaminarlas de tal uioclo, que re- 
caigan en los hombrea capaces de deBempeí5av taicailo en- 
cargo; sin qii'E> san núiiibi'BmieDtne pueditTi exasperar il 
nin^iiriQ de i¡^ bandos b^lig^rnnte-'i. 

Acaso esta sinipie ÍTiicintiv.i bnstará para ■qneotrspplu- 
inae mejorcH y más díastras desarrolleu fetaa pensainien- 
rop, los perfeccionen y ioa vistan de colores, que proniue- 
VQi] y aseguroii hu adapi;ióri. No en otro nú objeto sino 
presentar ua punto en que ptitída Giar.!!a líi idea, hoy va- 
ga ó incierta, de loa honibree peiipadorep; ¡1 fiti da que ce-j 
ñfindo sea general ñucuiaci6ii (que nacida de! cambio ve- i 
rificado en 8SQ, ha llegado ú su colmo dce-de el líJtiiUO 
atentíido que todoB lamen t.iiu os) altan ce in ce el termino 
liarto urgente y per tatiíu tieuipo esperado, de poner el 
convenieiite y ]}oatí>le remedio á loe iJuales de lii pntrin, 

Séaine lícito copiar atpií'i Eecnio. .Sefíor. píir conchisiún, 
luH recientes palabras del diatinguido jefe de \a o]mBÍeÍórL 
tUiíáiiilea en laeJuiarade loa Jiputiidoe de Francia i por 
piLrecerrue muy acomodadas A lai< presentes cír>cnnstaii-| 
cías. 

"Bien aé (jiie los principios que prot;lairto desde esta ¡ 
tribuna no lisungean de ningiln modo las ¡jasionea polf-| 
licBs; pero no e? nienoe sierto que dimunan do uü oon-i 
víccióu, y que son loa riiáa eonformee con la rozún y con 
el buen sentido; son Ina doetrinas prácttcae, y tal vez [as' 
únicas posibles y realizables en las actunles circunstan-j 
{!iaa; eon, en ña, el lenguaje de la seguridad de mi peís.| 
de la fuerza y de la verdad de las ínslitiiciones. 

"Un tieínpo fué en que laa iiasiones podían animar] 

I Mr UdlIlAjí Uurrot. 



sor 

■-1 

nne8traad¡Bcuc¡oneBpolíticnE,hubo untiempo, lo *|Hee 
todnrfainie, enqiie a! pelallnrlnue.'ítrasgrnndee revolucio- 
nes, pudieron coosiderurEa eetna iDÍBUiaa paRÍoiifS, coma 
ona Jieciíflídiiil. CuanLlo at' trata de t;onatiinar uun revo. 
luciÚD, y de destruir lus obatúculos y las rfiaisteudiB que 
86 188 oponen, ¡ah! entoncea es cuando Iíls p)t6ici,ni^t! ¡lolí- 
ticsÉ 600 el línico inatroniento, í qut) el ligiubru piiüd« 
recurrir en el último exlrtimo. Pero iiuando una revo- 
lución está ya conauínadQ, tan sólo til buen 9<;iiLido «s eJ 
que debe dinp;ir loe negocios dí'l pala y dontiuar las ¡la- 
eiones de loa lignibres público?. 

"Yo tanibiín sé ciue me condenan las paaiuoes polí- 
ticaa de mi partido, y por 3o nusmo apelo al buen aenti- 
do de mi país " J' 

Me tundiC- por feliz. Escmo. Señor, bí mis votos, aún 
cuando no se adopten, fueren recibidos por V. E. y por 
uña ronciudadanoF, como hijus de la mji&«ana intención, 
y de mia ardientes deseos por la paz, lo unión y Iii pros- 
peridad du la repúblicu, ivsí como i^or la felicidad de 
V. E. en particular. 



1. ...''Lg UnsPB'ü qu■^ J? (itini H cctta tritiuiii;, )c le enls, ris ri 
pand p>s aiix paRsioiía iiolltliiiitii: U' Imi^'i^i' '\"<: )<: Cltiift i^Ht ilanJl 
m* convlcttuii un lafiRjiUL' tlu nvtdutt rt Ue üuna eetm u'i^íit 1h 
IniífcoKií praiítiqlii-. i:'iijt i(i IrtJitirHKii ilvit fiuni-iltJlUiL'i- iivUiflIi-H, 
D'eBC \« laiiifBKi: <te Irk ai'ciirltü iJií moii iiasi'. 4e ia fitrce el áa 
1n. v^rlli! d-BB liielitutluiie, 

"I] Tvt un Ci^iTiiiB oü la pBsalon pslltíqun p«iiviiit «iiliner iiob 
lirsuii&alori'«. l1 fuC mi ledip^ iii^iiic nii dr'iint de roh p'iunilli'H 
r£voliit1'>im. aú ven [luKelimH ítulmit une iii'L-eiittiti', Uiuixl II 

fnUt CHIMO til II>cr une ri^vi'ilutláii, iiilnurl il faut di'l.i'iiirt! li'M <jl)i<- 
teulcH. Ifs rclnlRtmicríi. icli bi'rii'. lu tiMhuíoii | dllliqiie tft le Hvlil 
lni)truiii«iit que l'li'HPiii" pula^H firi|>liiyL-T iIiiils q«e chb Ktrú- 
mas. Mkiit qijtiicl (iiic r«:vuli!tliiii 'Bt eiinHiiinmúi:'. v'v*it 1 1? Iion 
ftíiis qiif dolí iirúKFüar v\ix iilFuIriíR du p»?". i->4l li^ lian ttrn.19 
i|iil dull domiiisr led pait»>ion« de» liuiriinca [mi itiiiiies. 

Otn» lOtfn pHftl »U»i|l J" le b«*?, I"» pnHíons poliliquca me 
caiidanmenC; mnla j'eu apniOlle aü bon Hcnd &e mca Iiiys. 



308 

Quiera, pues, V. E., ñnalmente, aceptar lae protestos 
BiDceraa del profundo respeto y señalada consideración, 
con que tengo la honra de ser de V. E. ^1 máa atento 
eervidor. 

Tacubaya, Agosto 25 de 1840. 

J. M. GunÉKRBz Estrada. 



soo 



Algunas indicaciones acerca de I3 intervención europea 

en México 



Yo no 9fe quú SHürItí í'nrrei'ii esto psi-rito, mi s¡ ron él lo- 
graré mi inlentn; ul cual su diriít" :i proljiít* *iutí lii iiucin- 
imliJiuJ (Itó Mésieo tMi pvrdei'á muy proiilí» si 110 h\ eulvn 
una iiitervcnctún; eiiri)p£?¡i- Unií^itjni yo tener la elocuen- 
cia qiiií ciinniiicve, pfira iinudírlii tí hi raxóri qiiü ptifBliacio, 
y preatintür el ciiuiirn de los i^iiiIl-;:) que nos niiiena.xan idl 
ciHHo mi in]iigiuaeí<>n me lo iirosfíit!», 

(!omo giiieraqtití Bea, mi coiicifjiciii 1110 dice á voci'g 
que miBPtra uaciontiUdad dL'saparficií eí no ae evita ton lo 
qnv propongo; y en la solsmiiidnd de lí^tUia i:¡ri<imtau<;¡a«, 
me puiecf! una ct^ljardia indigna de tin lioinUre que ama 
de veras ¡i su patria, rallar lo que en tíii uoiiE:¡en(Mil iTeu 
provec!io9opflra ella, siqnifTa no ¿t-asii vn^i iiiitorii'.itdíi, ni 
enit [ueiitas baatanttfi piícii dL-^iin-iilldr el pmisiimíoMtn lait 
Cliuipliií.lfn.en(« üijmuaedebe, t-u^ndo ge trata ie loeinte- 
ri>eeB y de Iii honra de nnü nnciún. 

Mis palabras no aprin, ]iih'b, nnnrrauqiiede elotueiiHa; 
Bentii el gi'ito de dolor de un hombre que ve »g<mÍ7,iir lll 
tiftcioníiladnd á^ au patria y que se ciee con dertfho á ser 
esüit-chudo cou deferencia aun d-t; ar|uel!o9 idísiiios i^xe no 
opiuencomo él, porque cío viene ¿ defender ¡utercííes de 



rewoniia & de partido?; 3iiiii á exponer eon franqueza lo 
qnc Rree conveniente para la salvación de sn pnis; y bajo 
esiv aspecto todas las opíniuties tienen que Bei-respetadas. 
8tiTiPJantt ií iiti lioiiibre^tine íiüngriento y monbutidó ee 
ngiti) en las conviilaioiies de In agonfn, así estanioa todos 
IriB mexionnoB fiontenipíando tí nuestro pobre pilíe. y to- 
dfiB RiiB liijos tieiH»!! derntho ¿ dv'scorrflrel vrIo que tmt:i 
du ciciiltiir 3138 litridap, pí con buena fe y JeaLuiil propünen 
iiii leincdin qn(! iv- ViiPiva lí 1,1 vidíl y le aaogurtí Hii bieH' 
CBliir. 

Nu )iay para que ciitrir oit los JüIaIIcs <\('- lo^ ninlepqui:! 
preaentemente uñigcii ii México. E^ctritos eGtii» con ca- 
racteres de 8an|i'(3 kii loa campi^e, t-ti ]as callos y plnans 
de ;iqiiel]a infortmmda República: escritos estiln en l<»8 
M'inblíiiitott áo sní) liijua y con lan liígriitin^ di<< los qiitf llo- 
ran Ih pérdidíi de ena deiidciR ó dt; pua intcrcBcs. T(k1o es 
desolación y iJantii, dt'Rifiióii y iiiiiinnza, sUi que niidit' 
fixtrevciel tí'i'iiiiiio dtí tules jinguatín.s, ní ücierte A dcaig- 
íiar siquiera »! hombre qiíPi pnedii regenerar .iqnella no. 
ciediid ^apndu til) Kiia fiindiuiiíQntoa por una guerra cívíl 
tan iksgai'tadora y encarnizfida. La irnpíitencia, que bb 
notoria, en qnp 110? cni'ontraiTios, dt; harer í|ue aquella 
(-onnioviila síiciedad vuelva :1 tom:ir sn asiento, liil litiga- 
do á genei'aliMireu Uintti dvad.e Ueicu mucho tiempo, qne 
imy en ICiirtípa al finiinuiíírpe que loa Estados l'tiidoa In- 
tentan abfioiber A MéxiL'n, nadie se sorpit^nde, cuino 
qnion ve en e^sa naurpación la renlÍKacióii de un pron6atí- 
iVt L'un^qiiñ ae habían fauííliarizado. Loa mianiifiB EatiiJos 
UniduB lo pr<'en hhÍ tanibiín; y con una sarign* fría que 
revela eiinio deadi-n por la Eiirniin y gran dufliu'^eiij hacia 
los mexicanos, nralian de declarar por boitíi do en presl-' 

dente qrie ea ya ítenipodeqiiif eeocupiMiíilgrinnsdt! une 8 



31] 



r tBuTüMto e de' Nortr tW Moxíod. ta» smoAw. lar 
JMimtoaw y twi tiixí^ iiue xaiaa iii iin|ieii<v. pasu que im» 
_1Íl(ívii iiiaudjüikouankr ü iu ptúrimn iK^rüidn di» MctN 1* 
spública- 

1 . ■ . ■ur 

I*::. I^l^fr"■r•-- - , ■ i,; Une- :ii™>Trilii- nnv» 

i • iTaiicuiMiit qur- iitirc kn ) >v.> i>i<j ui •■ 

iroMOini de Ic^ Edtodo^ UqiiIu^ un &«iklu lnqui* nUUlo u 

«nuk 1' ' :>iirftnti' 

btrn, loe ■ i 1 1 SI' t" "'<■ "'" j '"' 

^n. ne pr<i; ., .i. , naii ían i^NcniKlruii, 

dtecnu) en la prensa v bb pfenru|Mi todo el iiitiudu. 8ivr- 

nienufl eiubcMiadtLuiniil*! t|W vnu n ;i)>itdr>nirw tU* Ui 
iÍl> Cubn •'< del It-Uno do VAnaimii. ptirqiic oeii InH <hn>- 
vi^ne; ú lí iitipeííir inip In Fiifvtji:i leii|rii nji ni »-nU> oti pl 

.' I. ÜUIl el udLUlItkdlIl.lt lllttJIIP 

un «• lia de i'onBPiiU r qiie la KiiNiiw w nit-aok- iti fMtnn ni 
mucho eii las coSits úe Auu'-rica, r la líuropn caIIa, ) deja 
quff obran \q» üniaAo» Va\<3íu§ tntw lc« plitscn, y nnw 
,<Bcee q<li^ peJjgni cI oqniliUrin ptiliiito iil tt»t> kl' Wtniílv ll 
gniiid4-9 uainuiifs df Kunrpu ci<ni dicKlíiriwitini'n p.'íIpiii- 
nt-íd*'! i'-Uy dv aniicl tí*U»iÍ'>i luií^nlnuí (jni- mi Brlicnlu du 
III) perii'iJicií d^ l-kritiJitr !•■' filiitemí v Ir Ilrvii i» [indir pan 
BerítHJad t<xi)lí<!lkus doülum-cUince. 



312 



Para ilesear que la Europa ioterueuga en iiuestrua dis- 
cordias y no vayamos ú purar á Jus Estjidos l'iiitíoa, no 
]ii'efiuiiU>8i)lainpnte]nieatro propio bien, sirioBl(U''!:iinis- 
iiia Eunipa, en cuyo decoro estarla eieiiipro no roaseiiitír 
Jtf;;líirac;iiDne3 como lits del prcaidoiitc; Bm-lianan- Pero á 
esla ooiisi(lei"ai!¡iJ» sífagipga una ri4iiy gr-ivedaque- itocreo 
pn«<la prescindir la Europíi; y «s e\ dnijiinio' c^djmvo ilul 
CDminentü ampiicano por Ion Estados Unidos. En iiíiigu- 
iia í-pnca podía esto serle ÍDdiferente, pem menoe la oe 
ahora qiie nrdba do nbriree si mundo e! comiircici de la 
Cliiiin; lio conviniéndole que loa )8lin<jfi, q^fmlitdamenia 
ul d« Telmanlopec, eatén li Ja jueiHíeii úq los EatíidoB Uni- 
díw como fiU3 úíiicoe ddeñoa y aefinree, 

No me detendrá aqiiT A expouüi' nifnuciosaüíentíi las 
veiiliíjas íniniJinstií^ quo resiittanín ii la Eiirc^pa si se decide 
A cjiircBr en lui^CtíiTia LnltntncirL tm Anii^'rica, y ios males 
(]1H) teiidríí que lamentar, no mny tarde, sí no varía de 
coitdiicLa cau respecto ;í los Estadoa Unidas: esto es de- 
niitsiado notario. 

I-a primera nación que yn desearla verá la cabeza de In 
iriL;;rveiiciiin en México, ea la Fíancia. Su política ex- 
l.raiiji-i'it me pareí* leal, y no puedo ni quiero ocultar mi 
MÍiniiulI», mí reepeto, y, permítutíemí; decirlo, miadinira- 
dóu ít íj, M. el emperador Liiíe Nnpüluón, Siempre lie 
(¡reído y pri30 lioy que de eu poder y goindtiza, de su jua- 
ticia y Hiiljidurfii debemos esperar graiidos bienea, ai un 
dfu, pidtéfidulo noaotfüa. y íi^cnndiíndule, se decide i'i ayu- 
dar lí nuestra regenemctó'n. Ptilvando il la vez nuestra na* 
cioniilidud. La Frnncia. fiilemiía ile lofl grandes intí^reaes 
que tíiíne que deíonder en Amócica y de su legítima in- 
daiuncia allí, debe tener por la raz-a latioii qua liabita en 
aqael continente, todas las gimpatíus de rasa y de reli- 



314 



creo, ni creeré jamils que para que ia Europa ejerza la in- 
fluencia en América, tlll i'naJ yo iu cutiendo y la deseo, 
ae» necesn-rift un« riipuira van Uie KntaJoe UnMos, conm 
dirú después, ]ifldit ai;rfa Uui íiíci I á lii lugUiterm tiomo 
librai'se de eaa tutela; paca deadií e! uioiueutoenqiie Mí- 
xico tuviese la pa/. que lia perdido y 8(* ciiltiviiso el algo- 
tlúii en aii C03ta, podríii la Inglatürm teiievlü isn bueno o 
mejor y uüíb baratn que el que Hlmra eoaeunie. Aíiildan- 
m & eeta las deimíg ventajas comercinlcs que ubtundrín 
do ojercer también feu intiüedcla en Amanea y se veril 
que no voy íuera áf ciimino aconaejilndola que s» ndliie- 
ra d este pcnisiiuij<^utu. 

Ln l'^piiñii im b'Ao tienp que tomni' parte en Iu que ae 
liílga eii Aiiii''i'ir;i por loa iiunensus intereaes que allí re- 
presenta; sint) que HU seguro qno lo vem cqu ¡uteréB y 
siuipnlín Iral/miiüBu du wilvar pueblos que tieiwn sti mis- 
innnritnMi, ccíriu que ellii desrubriú, conquísbú, civíUzó, 
publi'i y planti'j Ib priniei-a t-ru/ eti iK^uelIns 3iiagn(flcasF6 
gioue». cC'iuii) piidríü, jmep, ver con inijíreroncia qiie^ 
ae celebjufle otro culU' cu lus suberbiuB teuipliia qn« elln 
levnutú hI ciitulicisitnv, que desaparecíei'an loe Tiouibrpp 
de )ii^ c¡iid.-ide^ que elln fimdó y 1:1 rnxa qtiQ la» habita. 
en QtLe a«> lialliin tndavíu decendieutes de »U3 glorioso: 
coiiquistudunes? ¿Cómo pudn'a no Li^iimr partu onceain 
torvciición, cuando cnd.t dfii t-títil viendo ameuaüada 
inla (le Ciibn, cuya pnBÍcÍL>ti retliinian con brancó ac*n 
dtifide t'l pt-eHÍdenle de luS EstíUlos IJniduS hastil et II 
obtícuro peiorador de his plaxns piiblieas? 

IIu niivhn ni tü arriba que no ctH't, ti i he crwliío, ni en 
rc' jiiinitg C£tie pnraqiie ln Eunipa ejerza eti Am(^rira la ln 
íhiciii^ia á que livne derednv y pava que nos aynde \ mi 
var nneetrn natiionalidnd, no l« neceeitu una dsclaraci 



SIB 



tenor al Hn de la ludia mi solo ]\vB'i que enviar, iii un voJ 
liiiilai'ii) iitiís qiHí Liuiaitse ejigiiueliureu. Ko ee la Joclri- 
nit de Munrou la t]t]f! ilübriin Ceiier.titii LireeuiiT^ Itis Eattxi 
tius (.'nidos; son los tonsejüs del iliiatre y piMiilente Ws 
eliington, que lys ilecfn; "Creo qn*? en Uia Jiaciones comal 
*'uu E'>s individuos, el qiio eü iipi-ovi^etia det iiidirLiiiiin del 
"OLra, pierde tnliiiiUiinentu miÍB en Iíl u|iiiiiiin de loa| 
"hombres de lo qne gtiiia j«ir el gi^lpe del inomeuto. 
' 'ObseiTMíl con tuihls lus níLC;ii mea las rt^glas de la iUBticil 
''y lili llíi líiiena fe, y vivid en píiz con ellas." 

¡A! BÍ yü pudiese BB(;ribii:il luárgea det original: íM¿j:1-'\ 
an, Cufm, NknrafjiM, Píinamdf 

Cn-o qnc gi WasliinEt^" saliera de la tititibA pata pedh 
cnKiitii dfl cüitio ae ribeeiviin sus consiejos, volvería indig-1 
imU<J ú elln al v<;r quij en bu pafs ec profeKacL tan dietíiit09 
principios. Y ¿qui? diri5 8Í ím venliiderije antorcB de nues- 
tra íiidei>eiideiicin víitiernn lí {jédinios tiientade ío que 
lieíiioHlieclm d« ella? ;,Por ventara, al colocar Itiirbida, 
el pabellúi) ti ¡color en el palacio de Múxieci, pudo eospe- 
flliur que mí Uijus un día verían ondear q\ de las estre- 
lina en ^1 inisniu palacio? 

Uiin veí, de ajnarga recoidarmii, !■) liemos visto ya, y] 
eatauíos inminonttnuente. aiuenaíados de verli? Hindeai 
eji nuestras eiuJadea porel resto de nuestros días: fias hS-j 
griniaa aloman al rostro al pensar cii esa prií^ibilidad! 

Seinejan>e deslionia, aciuejante infortunir. lo veo « ■ 
cu distancia de nosotros; y para impedirlo no bailo otro] 
remedio qne la intervención europea. Que íeie sea iIwro,í 
que hiimiliarA en cierto modo nuesiro orgullo nacinnaí.j 
todo ea verdad; pero yo pregunto á loa que no opinen co- 
mo yo por ceas causas, ¿qué es peor, esperar iranqu'loa é\ 
que nos «barban tos Estados Udidoe, ópediríraucameD'! 



31' 



Ib la interven dún «uropea.? RecórrcLse la hístioria y pe 

varñ que TBÍA de una \'f,z la pu?. lia vuelto á las uiicíonus 
por liña intervencián cxtraila, í> pedidn ú ¡mpuegta. Yo 
no crpo, me duele crev, qiio haya mexioanoa yne iirefip- 
ran el prciteutorado aaiericano, pcirqiit no ¡Hiedo creer 
que haya liombrcp tan ciegtjB que -olvidieii la. Tniiestrft ilw 
au pírtler que noí) diemn en 1847; que olviden ol origen 
de sil rnxa, la religión que prciíeaati, el ¡diomii qui; iiean. 
sna costumbres, su Imto, su profundo desprecio liíiuia 
noBoti'OH, la altiven con que nos tratan y miib tiiiiímaH iiis- 
tituciones políücns tan nidamenti? pi-aclicadae- Kea rn- 
za. toda vigorcisa, llena de vida, de fimbiciún, de arnijif, 
sin eeCrLlpUlog, t|«e en nombrÉ: de Ia IÍb(irt;\d inipiíV' lí 
un hombre libre entrar en log sitigíj públi<;fjiíi, n<j se asi- 
ioíIh Ioe puebloB qnu coiiquiata, loa destruya Fija ati 
TÍ&ta en la riqaieza del suelo que es <^[i pi'eH», aii lügittinn 
poseeol' eS tin estorbo paiilqUe beneficie liLS rírpiezas, y íl 
la finlipatía. qne le prníesa el vencedor une la voluntad y 
la íam-'Mi de dest-ruirlo: principios propios dn lita siR^ituiíi- 
des en qne no domina el ciitúlicismo 

Que los que hoy ac^ilorniloe en la deíenfiadí^uníi exage- 
rada libertad, opinan por el pr<itcctorad« de los Estiidus 
Unidos, no tengan ía ilusiún du ereur que (¡iifKjffctirüiidiif» 
de nueatrne comarcas han de daríea partíeiiunciÓTi en In» 
cargos públicos, ni siquiera lian de trúturloe cüu alguníi 
con8idt5rariun. Si hoy sujd halagadoa, llegado ese caso ye- 
rín loa primeros que aÍ0]itan su desprecio, pueeto que ec- 
rán l(iB primeros también que intentanín niVL-lareí^ i. pmr 
ínRoIcntea protectores. V nquí conviene recordar que !-oa 
Eatndoa Unidofi, qUe tanto lisonjearon í /avaln, mit'htniK 
Contribuyó A In emancipación de Texas, prointíti.^ndnle 
hasta la presidencín de la nu«v» repúhüca, le trEvturoii con 



sia 



tanto desprecio, apenas lograron eu qbíeto, que miidó 
l¡i peeadiiiiiljn! jinctis dtus desjmt'E. Y diíÍh reüíeiitaijiente 
¿quí lili aiicediJu üon low itiexLcaiiíia ciiin Imbílan la Ciili* 
furnia y Ins demCis jirovineiae que liL-moa perJido? ¿No 
estio aitíudo ctvda rifa objeto de vejüciioneB que no termi- 
narán sino ruando doeaparezca el liltimo de nuestros com- 
patriotas? ¿Y rjué Jia siiceáido con Im riqufaitaaa niin. 
de uzogiie que allí tiorte una campzñÍA qiii: liis compró 
j5Qbiieiiiti mexicanu, y ü cuyo frente kb t?iicu*iiitra, y 
dicíiu de paEo, iin edbdito de H. M. B.7 Qiiü los tribun. 
les de- loE Estados Unidos Itan decJarado que los títiil 
de piTipiedad de esaa minas no aun válido'S, y las Iian« 
l)iir[,'.idr', protendítiodo lí la veü que ios daeílos di.- ellae en- 
turen en ül UiSüVd da Uia RgtfldoB Unidos los miiclioa mi- 
lloni's de peana fuertes que Ijan producido desde que Jas 
iq ni rieron. Y ¿que Jia sticeilidü con los terrenoa que el 
>bi(!nio mexicano vendió jí. un subdito íranw-s, taiubíín 
"en la Ciilíforttis? Qim los lii'ibuLialeij du lus Estudoe Uiii- 
doa iti lian dtíBpojadü de ellos última mente. Eb claro, cb 
lógico, que lo mismo hlirán deapuía con las tierras y de- 
' iiifís [iropiedadt'M cuyri posesión les convenga, amilau 
liis tltnlos que presenten Jos posesores. 

ÍQiie ninguno de epos de iüíb com E>atríolaB, que hoy 
haman hijos de la libertad, ere», pues, que en la nueva 
ioeicdad qne lian de formar coma por encanto loe venwj- 
fltirfs, ha de ligiimr de modt» alguno, ni Biqniera i.'jcrcii;n- 
do pruiesioiitiií honrosa?, puesto que la invaniún Eení Inti 
nipiíla y I.iin completa, que el que no logre conservar im 
crecido capital, y eeo en mcláUcó, ó morirá en Iñ niítteria, 
' íirrnutrariL Li vida mils humilde, sirviendo poco menojí 
' como eaalavoB en el íuelo que la Providencia non hn 
sdo pai'U gozarlo como señores. Porque Iti proeperí 



! noi 
I en 



. 



31t> 



deque tanto se tiablu boy, sL liega ese cuso, serfLcii loBiiii- 
tiUB, en los crueles, en \ña puertos, rn el coinei'úiCr, en laa 
cíutlndes, en \ob cumpas y va todo agnoHo qitt; la mani> 
bienliechoni de lu ProviJeiicia noe Im dado uun lantu pm- 
dígzMáaá. 

Y .«luí iiie permito dirigir igiialeí» obeervacioiicg il loa 
cuSaiius que puedan creei' c^iiu li's i;ojivi(;iie la imiüii á loa 
EEtudoB rnidoB. Trieiu l-h ver cfjiuo atgwiiosjóvtítn¡adi.iliL 
isla lie Cuba en üu mus tierna aliid van A Uta ciflegioa de 
loB Estjidoe UuidoB á ser nmnni&ntndOB con las ideas itiiÍB 
diBoIvemea, y luego viK'l ven al sena de en patria, cou huo- 
na !(:, pero tiiígafludoa^ li riueear una uiii6n quti ti&brfa dw 
ser irremisilüIdíiHf lite su perdición y en ruiffu. 

Si yo lio viera estns icuilos íau j)i6xiinog, no opondría 
yo !Í 1a iiil-ürveiicíúri dy Iub EBladus UtiidoK la iiiluri'en- 
üiún furii|.em pí m.- viera yu que tu nu duciinientoeolem- 
ne tí] presidctittf du uqiit;ll<iji li^tadoe no iiütiUaviiettíiiipa- 
tiu.^ al pnrtido de que, can mr.ón ó Bin ella, «espera ol 
protectoriido que en mi juíciu Tft á p<.'r(3ernoe: tía lioiiibre 
cjiíe «^ oíít'il iLlu-gandu no vaeílarú en agaiTarse ¿ un i^iav» 
nrdiendi*; 30 propongo npoyanioí en una ntuxi» umigu. 

Lúe qtie no opinen coma yo, que iiif pruabci] qno liay 
úU\ie iiiedii.is de eahar Jtueuti'a ij:iciuualid»d y recobrar la 
püT,, y les euipefiu iiit puliibra dv i'íiíjMllijru de que aban- 
dfciu lu ideil de I» intervunviún. Anhelucouioel que inúfi, 
ijUB lus cosan de Ml'XÍíiíi se arreglen en MíxÍctj y pr.r Mé- 
xico; pem ciinii) esto no piiedit icrcii la violencia de las 
pFtsionen polítifas que nfs «pparan y nos niatiin, íi la vea 
qtie veij un invawir oxtvnriíi y enemigo natural y encar- 
nizado de iiuc?tra riua, íipnrejado ii d<^vt>rarnos, vuelvo la 
cara á las poteniiiae dt; la raza Intina que tienen un inlO' 
r¿fl eíecLivo on nueairo biieneatar y quina tEmbién el d»- 



520 



seo de Balvarnoa. Porque nadie podrí decirme qne esaffl 
patencias AApirji» íí dumitinnios tii & vendeinoa eam su] 
pruteuvióu. ^¡iLvudti lumíLm naciuiitiltdiiii, vuelta Ib paz ál 
la Bonledail y eatablecídií una nmrclia i'^gitlar en los cci-j 
Gas, HH iiiiaii'iii m etincliiye y ooiicliiyit cnn lionray piovu- 1 
chn eiiyo y iineslro. Creo qne este debe Bcr el únípo iie- | 
gncin m-rio do que por ahora disberíjín ocuparae imestroBJ 
li(imbrue pol íUfloa. 

Teiigti para mí que éstna votos niíweonlíiaibit'n los de 
la parte stina y iruls miinf;rn»a áii In Kciciedail mexicnna; i 
(le laque Ubi* de lüeremordiinítíntoedeliaheroontribuf-] 
do al tnal que iioa devorii, pí^rinaiicücí casi muda, no oyen-] 
iloHB ináH (]ne sua gemidoa y ln« plegaria? que jiiimiiiirftal 
pie del altar, tíl, el día i|iit' la sociedad, <• mejor ditieiido, 
In verdadera uolunimt nndoitnl, pudifee liactir oir sn vUz, 
apoyada de manera que no lu tnrbastiri loa ntropellue de 
ciei'toH partidne, pHe d íii i_il mundo podría cQ[iaí!er que no 
quiere nada de lo que ee paresic-u ¡i lo qne se !e da lioj, 
tjlie 110 ea miÍB que desoliLiüóri y miíiiíi, espanto y muerte; 
y acogería la intírvejK'iúu etaopiM con un leguciio fbinoc- | 
ro, porque en (d fundo de su ctíiii'iciiiíiaaiheqiití no e» UHü 
IraiciYm !Í la patriii. V ¿C^nio liíilu i:i de eerln? Cnn mI mift- 
mo derecho y libertitd qne un libenil exaltado opine por 
la aneíaciim dn Mísícn :í los lísUdtís l'iiidr-e, opino yo 
que debemos pedir auxilio li Ja Eoiopa pura impedir awi 
anexaciúii. r.[i Lritieióu, íi el urror i?i ee 'iiiíeru, est4i.ní de 
parte de Ihr que enntribuyan ú qne pe pierda nuestra rs- 
cionalidnd, jÍ que se euclavice nueatia sociwilad, ;í quo ra 
traPturní' »d uquililjrio pülílieo y á que desapaiiiK«;u liaKtA 
vi í'at'ílii-'isiiiu de aquellas parh'R. 

Kii tumo, Ved il esa a^iislada i^íiciudad nkexicann un Le- 
liiT titiis lefugtú, yeeonoeíí loúa.H \»ft c\\\d&d«e, sino eti| 



el templo del Señor, vedla abraxadíi d la eras en cuya 
creencin tinciú y en ciiya rreeiicia iiioririí, qiiteiieü qnipm 
quosean »iib tljjJHÍnadiire& KUa podrii verconvi-rtitioe loa 
teinplofl que nos legaron ruieatme padi-ea en aailft de otro 
cnltfiqtie noaiiiiiiie iintetta fe, ni mueve nni?stro L-ora- 
zíin; ell.1 podrí ver de p preciados nucsti-us pdlt,ores y aa- 
ceidotíB; vilHperar íus votos religiosos; escarnecer ttiis 
prácticas nulp sagraidas; iieni no hnbrd poder baatimlt! en 
la tierm para nrrancar de eu corazún el catolit'iGino. que 
68 su fí y el DLoa ¡í quien adora; íiariín dfi t'iSa t^acJaViis, 
que no infieíea; vícbímna, qiie no renegitdos; ii);ii'tireíi,qiie 
íiü blaafeitios, y si be 1íi arrebatiitparasiejnprelapttKíiquu 
su religiün y costuinbreB la da derecho; A loe píi'ti del tro- 
no del Aitísimo í^cihirán ana mejores liijíe un pLernoga- 
líirdí^n, y- allí, el día del castigo, invi>imi'iíii la divina ole- 
intiodu para siia injustos opresores, que ta.u aublimea son 
Iqb prinripiús del raCaHrimnoJ 

He dicUr» que cBto es un grtlo de dolor, y así es la ver- 
ilnd, KI fBl.jir lejus de la patria no es cansa aüfifiente piii-n 
dejar úe gustitr eus amarguras. Tanibión un \s uuseni.'ia 
se siento y na llorn. T^o qw}. hb dicljrj es la inspiración de 
mi eoneieucia y nada más; la qne he repetido en presen- 
cia de alguiiop de ruis buenos amigos y fompatríotíis rti- 
eidi^ni^e en Parí;*, í<.itimpre quB l>a biabamos de las nnguíí- 
tiiiB di.' la patria, h^s que i^rean que «s desacuerdo dar A 
ItiK iiim idea uin biea sentida como nlptda y pobpe.iiipni,e 
expresada, pueilen creer que lie cedido á la voa de mi 
C'incienc¡:i, de lui^a pí>der quft In convictt6n cpie tengo dii 
mi iinlldnd. Creo en verdad qne sería un dísi de ventura 
para kl patria, nrpicl en que lo? hombrea de lodos los par- 
tidos, conociendu quién es el verdadero enemigo de Mi'- 
xiCo, se iinieran y coasintieran en \a'H\\£T'jcntvún,<x\i\s:.'i 

5.\ 



322 



&Ma qiiu piiude volvernoa la paz y asegurar nuesti'i:^ por- 
venir, alcimiilo iil enemigo cniuiin iiue un ilosiruiri BÚln- 

ificiitti ú loa parlidoe sino » la raau entera. Los que tnnto 
Funl (itiii livciiy «i pufs, ütiiiuii purdonsdos, y lúa que le 
teuii litL'lxj ¡ilgüxi bitíii cniítrut^niíii iiu dublé tru'4-itu. Sul- 
vuilu iiiibí^lrH^ioiint, t^alvudu iinudlri ii^úoiialidad, anlva- 
d» nnwti'a fazn. pmli'omos núblfineiju- imirnoB al pueta 
ibcTu pitm citJilurcou i'il qu« nhm-a y Bleinprtí quien llegui: 
A i]W**ltiw iJiagn f (tui» r(^gioti>uB 

/U ttmjar ti anconi jicmuia 
A'« ¿ij jikii/iin nritipDd'X» iJwítjnCí"», 
r^fú í[^ (.'i'u^ licí f.r'éinvta píantiula 
Y «KCíif'Am'rt í(i Itifí'jttn d<: Curvatüna, 

FarÍK, 17 do Enei-ü de ItóH. 



JrHife María Hin^ixia 



333 



Perfil d« MBximiliano y de Carlota 



A! Sr. Gutiérrez Ealrada: 

CastUio de Mira/mr, Entro 20 de I9tí3. ■ 

Muy rcBpetable y ciuerido auiigú: 

Mía pririiertís recuei-do? son pam usted. 

Anoche, Á eao de las dieí, he llegada aquí, j- li las once 
Fui prewintado alinny amable príncipe, míyaviatiiuiicaii. 
Ui, cuyu t'ünveisauión ¡itrau <5 iusliuye, uiiyaa maiieniB 
dulces y gravea tienen tal magia, q«« olvidiiiino la faiigl 
de] viaje, Ío ititfpioitiiTio de lii lium, la nt-waidud do ali- 
Dientfj, y liast'BcoiiíHíiitii'/ngiDftfjflumeiil.iieii ceriunciar jtoi' 
tal de prolongar l3 entrL'vista, al uiiaiim deatínneode la 
noclit:; porque un eatt; sLMiibl;uiU' liny sieinprc el sello de 
nna niodeGlta ^iri ignai y de xtita abnegat'iúii iiiie todo lo 
(aerifico ¡í la dicha iie iin piiebl». que el príncipe no co- 
noce todavía, y á quien ama ya sin «riibargo. 

Permítame nst^d, amigu inTo, ailadir q^e en sii elogio 
ha quedadn n^ted muy ubujo du la realidad.. Uiiuhom de 
convejBiicióii me ha deaL'ubitTtti un tepora moral (|iie nnn- 
cu sabremos aprueiai- cu todo au valor. ¿Qiió falta á ealt; 
príncipe? Hacíame yo e^ta pregunta vsyc'vAt Necs;& iwtktv 



s^ 



to l&t breves Tiora» transcurrí das, y mí corazí'n y mi ca- 
beza han reapondidn: N^oda, nfmolictamenu. nada. 

VenUijas perBoniiles Bn]i*rif i?** í la ideíi quo tmtars 
uno de dar: una iiiGtrm'ciún vailíid»; y seciindiidn por l3 
reflexión; un talento qwp PL' revela en fu Hiii;lin frentej 
una roeninria fiel haRtn ú- laR cosa;; m^ pequeñas que pue- 
den rnncernirnOSí infinilü di-liciidexa en la e.tpreeíón de 
gnn eimpatfat^ hacía las persnnjiíí de quienes habla ^i ha 
oído hablar; un vivísimo deseo ilo fonocernos li todos; la 
aihHi;ítuil del nifior amigo y del más tierno de loa pndree: 
tilles aon loa rapgos que ÍnBUflflent;einenl.e indico del mo- 
narca qne la Divina Providencia noa concede pam repa- 
rar tüntoa desaEtrefi y reencitnr lí. nuestra sociedad. 

¡Qu^ lüistigo va á ser para la Italia su alejamiento! íQuí* 
pérdida pnra £?l Anutria! ¡Qui5 desdicha parn la Europa 
entera! De ninguna manera extraílo que linya conqiiisui- 
dose todflH las simpatías, y no me sorprenderá ol univer- 
sal sentimiento que lia de cansarsu partida. Inexplicable 
será nncBÍra demencia si no sabemos apreciar el don qne 
noa hace el délo cuando todo pnivcín perdido. 

«Si voy á Mt-.xico — me ha dicho varias veces el pvínci- 
pe— nie separarú de Europa para siejaprQ y sin volver ja- 
DiiÍB íiella loa ojos; terrible eerit esto; pero no me convie- 
ne hacer laa coeaa 6. medias; mi penaamitintíi no lendríl' 
ya otro interine, ni yo obraré nUnwl s-ino como jii Imljiesi; 
uasido iiiexicjiíio. Mi coiupañiíra ha tomado la misma re- 
solución.» 

Mae ¿por qué hablar fl usted de cosas que ha visto? Por \ 
úoa ríií.oiTieH: 

I?, para renovar las inq^nü^ionefe que usted tía expeil- 
jnentado por b¡ mtBmo y unirnoe en los miemos eenti- 
mieotoff. 



32S 



2Í, para dar g lai-iia á Dioá ü tioa vo/- del don ci>o que 
nofigratificil, y (¡lie eepununoa completuní; porciuti esUl 
obni es puya y ptjrítL'ta como todu lu iiue eroaaade su di - 
viiiiiiad. 

Acitbü de aer presentado á la aiigueta Arcliiduquesa. Es 
laaíabilidad peracJii ¡lirada, lia cometiixudo por hacer el 
elogio de la lenb'Lia española, iiai; ü cíiasix de su jwentg y 
majuiatad pretiei-e & la iLiiliuiiu, aíu dibfpiiuir ileeru iiltítuu 
í?ua excelencias piKitkiis y en sello etn!iiet],t«iiiente musi- 
cal. En ECgiiida hablótue del pi-oyÉSüto qtie aoB ocupa, y 
disculpó ai joven genpi-a! MiruinÚLi de no »erla favorable, 
ai al obrar aef !qi liacfa inipulgado por uii seutiuiterito de 
patriotlamo. 

Grande es el «acrilicio qUe vaH á hacer estos príucípÉS, 
perú grande eení lanitiEiín su recoiiip<?"ea. iVii.y:i nna pa- 
rujaüngelical! ¡Cuan simpáticos eüii nutre amlwa! ¡O'uiio 
eeduffin cuiindo hablan y et: aonrfen! IJifícíl sería hullur 
príncipeíiqne I es igualaran. íDios ee ha servido de juzgar- 
oos dignos de poeeerlos duraute largos años! 

A veces pan.'ceine quasubno. iUendíto sea Dioa por todos 
sup beni'licloa! 
Reciba UHted, ct-c., etc. 



P. A, lie Lubaslliia, obispo dt' Puebla. 



3S6 



Elección tte Maximiliano 



Parfe. Abril dGlfi«2. 
Sr. D, Francíaco Arrangoií. 

Mi muy pstitnndfi amÍEo: — Hnoe riintro días tiive~el 
gusto lie i'ecibir su caria (le iistoil riel 10. En ella me di- ' 
ce usted que Llene motivos parn aufgnr.irinfi qne Ííi Espn- 
ílft no npoyni'á jamiís la candidatura Je! arubiilnqtie Mji- 
xiuiiliano para el trono de MésiCD, y que flulw listad, ein 
que le quede duila de t'lio, qne España vcrÍA couíopiiie ál 
aua desp'.ia. que se pitipuaieae un príntipe espilfiol, & qna 
la*) cosas se üevasL-ri de manera qut? at' ppnsnse oii nn\ 
príncipe que pudiese en lozarJie con la fninilm de 8. M. laj 
reina Isabel. 

Idéntica declaración me ha hecho ospontíneainente, ' 
vatiúndose de un amigo, nn» de laa personas iniÍB cono-j 
fijamente adictas al miiiiFlíirin CDoimcll. 

Cotno In cuestión de- Múxico, elevada ya pnr fortuna AÍ 
cueslírm eninpi'n, preocupa gran dejiif uto ¡09 linimos y 
está dando lugar ú tan diyetiíaa aprnciacíonee, nsnciando | 
A cadii papo la perannalidat), por mcidefta que eca, de losí 
í ríe Jiotoria y coiisiaiittnKmte nos Ueuios ocupado de e^j 



3Í27 



te asiiiiUj, voy ú apR^vei-harme de la uCa6Í<''fi L'Wi que se 
lue briüda para t'iiLtar con algimn esicii-ión ESte grave 
nsanto. 

Pero antes de discurir noeTOa do lo rjiie' pri¿st*ntiíijiiente 
acontece <'on íl, lie meneKlpí' y ha de piíiuiitiryemees- 
cpíbiT nlgimiiH Ifnoníí eo'bi'e In flciirrtdr) en osle iiegcir-in 
flpsde el piintHn y linra eu qiip, afiliadn al pnrtiJci inoiiiir- 
qnícrt, pjitipeiv li ti«bajn.r en fftvor de !n ínterveticiñn eu- 
ropea en México. 

Jliiliilndusa el gi-neral Santa-Aiiiia en I» plenitud Jhsii 
pioder Gil ).SS4, coinn í\»k riíüibaba dv tKü-fniiultado por la 
nituií'in pnm darla la fonnii di.' giibicmín qno crryfse mjfc* 
i'íOni'enienUi, pidi^ ¡í la Eiirnpa i»l (.'sl.ablpi'iinii'nl.n ilu la 
monarquía en Mi.^sü'o crin iiii principa do estirpe real. 
Coii(JútandelicadnniÍBÍón al SL^ñor don Josi' María Ciiitií- 
rrez Efítra(la,iiuet!iii valieiiteniente Itabfniíiiciailiiiín lS-10 
este penaamionto tíalvndoi*; y este (flbnIlei'Li, que fnnwiii 
vil mis ideas iyi>líticap, me bonrú pidiendo ni giibierH"j 
quedase yo El j*HS íirdeiifB seLUVttimenk'. pnrn lo piial bc 
itie uniiibríi aucrttarin en Madrid. 

Delio conaignai' aquí qiiif entíiiioea ge deseaba iin prin- 
cipe t-apafiol y que «e oíri'<?Íñ la roriiiia sil ílifiinte «Ion 
Juan, tii> inalead'i todavía. GnincídiTi (•r>n mi viaje á Ma- 
drid la rcvnlnoii'm de 1^5+, liiJ?gi> viiin la guerra de Crí- 
uita, y al tirlr> Etigiii^nli! ciLyó dcil pi^der v\. iiii&ini> ^cnerul 
Bantn Annn, l<i cnal dÍ6 piinti'i pnr ■■nt/incps á e^ta tiego- 
ciaciúLi- 

Bn I6li7 In ruptura ái" las relaiciniitts entiv b'.ípaiía y 
MíxEcH noH hÍBw creer iS lodusen una guerra. El ctíñni (iu- 
tiérref. y yo empei;.imf>9 li trabnjai' con abincn pnrn que 
nfi fiicsi' niKi R-iu.'n:i de vf-ngnní;i. Qiiería«uis liftcerlft 
pri^vecIioKi. pidiendo t.iiiibiéii lí \¡i Francia $>i luturven- 




vi6n, psra que dv acuerdo arnbaa nacione-s, galviieenTa 
□ikcioiiajidad áe ^I¿-!cic:o; puro las i'OE^ns Luinttran luego 
(itro iiapecto, y se dePÍBl.i6 de llevnr la guoria a aqLi»?lla3 
regÍt>Eies. Uasta entoTiueiS yo Imbíii HÍda. coa suiiio gusto 
uif'i. un mero ejecutor de los peusiiuiiciLloa qite me traa- 
iiiitía de^deKomaelsiiñorOutk'rrv»; {leru Iinbiendo veni- 
do á Francia en 1S57, tuve In honm y la suerte de poder 
l.oiuar in;ís di; una v€^z lu iniciativa en los coyunturttsqiit! 
se me presen tu ban iiar:i :ibtigai' pur iiiiestm idea lavoríta. 

EiiParfa ptidu i'nnowr por ni/ mieiQ'} c.kiiin i^rande y 
aiucRm t-rae! dea)i"> del limpemdür Napoieóji, por liareí-^ 
algí"' «n favor de Mi'xiwi, pero su política no le permit« 
npartttree de bu proi>Oáto di) obrar en laü íiuestcoDee de 
AirKjrioad-n acuerdo con Ja Inglmerr». Esta nación, que 
lio Im h&clio iiuni.'a nada que ptiedn desiigradur & los Eb- 
UkIos Uñidos, se negabii rntinKU mente ¡i contribuir al 
ti-nriino de la sa-ngriuiiiii íuinrqiiíu eii qui; estaba siimer- 
^idii la K{;|jiíblicu mexinina. El euiperiLdi.>r oía con bon- 
dad fiíiina los votijB y loe riie|j;oB de los nicxicanue, que 
tonto «imperaban de au poder y sabiduría; pero un la leal- 
tad de su pulíticB eiitaba no lisonjear nuestras esperan- 
zas. 

UuboiiiojnentoRen que llegamos á perder laedt! aalv&r 
la niicinnalidail niexi<íann, y t-mi que dos gobk-rnos ee- 
{TiiidciH i3(j Mi'-xii^a tuvieron ti iiatrioti^mo de [jedir, aun- 
que en vano, qiiB la Europa Ifs tfiidiese nnii mano aaU 
vadoi'a. Callauírja ya loa que gestionábamos en yute sen- 
tido, noquediíndonoB aino el grato recuerdo y Iq impert- 
ccdera gratitud de la benevolencia coa que el emperador 
Napoleón y el gobierno español liabfan ofdo nueatra&,| 
Bilplicos y Jiuestraü eaperanzaB, 

Vjirno^ á 1» ciieali'ín presente. Los horroroeoa aconte*! 



( 



32n 



cimiflntoa «luc ttiviüron Ingaren México cl año anterior 
y lo8 ««eaindalMs dtíl gobierno clenmerigio aonbamn cnn 
Ili pnctiiíjiuia de la Europa, quo ae decidiú lí enviar subub- 
ctiadraa y sne ejércitos. Los que con, tanto atiinco y bue- 
na fe IiabÜaraoa clauíado por üsa ijit.erv«nción, como «ní- 
fo iihhIío de eolvucióji, virnos renacer nuestras eoremnzas 
y ulvidaittia todos ioa G¡»8abores y riiitiea veiiganüaa qw 
P908 dtíBeoa nna atrajeron, einpezaiuoa tí tiAbaJHi' cun ul 
nrdor pi'opio de nuestra conviccióti y de nuC'SUaa eanas 
inte nejo (lias. CoinpreDdiinos, como tndoa Lo comprendie- 
ron, que reatablecitíiido loa ejércitn? vuropema el ordüii y 
la trnn(|iii]idH(l ruatenal, tcdu. la gmie de valora todn Ju 
gciibe \y.ivii\cH qtiií fíe Veía libre de loa «tro-pelloa dd lian- 
do Jumagúgico, li.ilaía úu I lia ti i fus Uir su opinión aceren 
dtí lii forma de gobiernu que convenía li Múxico. La ver- 
driílera opinión de! país iioa era bien coDocida por los 
idéntir-og iíübcos de los tres gobiernos que tiabíttn piadi- 
<3« tn ¡tiLerviindúri europeo, y por loe clamorea coiistanles 
di; Ih gentv de bien, tjue lincía ocho añoB no ruimba to&s 
qneen luiuélia la i-:alvfU!ÍÚD dt: la Bodedad mexicana. 

Para la Europa era esta curación «le gloria y de irteréa, 
aolire l.odi.i, para E^p^fia y para la FraiiL-in. De glonu, 
poi-quií salvaban la naciunalidad deMt'XÍuu, poi-(|ue atu- 
jubmi el durraniaui lento iiupio de ^aiigte (ritt-rícídar por- 
que salvaban la rusa latina y ul caLuiiciainu en aquella» 
rui^iouea, 

I>e inlerée, porque lí la Europa no puede convenir ni 
un nionit^nto (|Ue loa Eatados Unidos se apoderen de lino 
de loa paíst;? u)úe befloN y ricoa del globo: que aean dne- 
floB dti lus dos marea y se queden sefioreando en ellos 
liHHta el ptmio de «errar la pcierta d toda indUBtria y co- 
meruiu ituropeu/á. La IngliterrtL sola lia ¡jeiíaadij eu el ^o<:> 



330 



venir tonmniln poficsii'in i3e las Bermudaa en Ircnte de ' 
costnn ciriontaleB de latJniún Amenunna. y de liia BnlÉO- 
uiA» 1 In onlnidii. dfl golfo ele México, y é<± U Jaiiiaivtt 
SLLS ínUiH eii las Antilias. 

Tfxioa íliamíie, piiee, ñ gauar en latripltf expeiiifiL-ncu^ 
i-niH»ii, Pero Ins qur durante tantos afine nos habíainnri 
creído los repreaentan tna legiliinoa de la genf de nrdiT 
dt! Ml'xíco, no qn.*írfaTmis ni ptuJíamoB perder el titni¡>r, 

Utconucuiiios quo gcsUonanios lunlmoiite par» que estii 
gubierrioa se ocupañcii de la ciiesliún d<- candidato. Des- 
de el mohiento en qiiü lae tres poteneííiá luarítimae eran 
las intcrvfntitdB, coniprc;ndinios que no era cuerdo n¡ 
posible i^en^ar en un príncipe de ísas nacioneE; y al Ik 
var n'veruntmniwite esta cut-Btióii al Emperador. tQvjmoa 
In lifítii'a A-f indicai-lri así. Ea necesario dedrlfi, porque es 
Ifi vprdnd, y clLi se Ji|i dedíiguradci lasiiuiogaiDenlc allEl 
donde :sní.i dfbierii reepetarse. El Euipenidor leeiiondií'»! 
íí unestriiii (■i-epetiioaiis iudicjiciomiB. qne no tenía camlt-1 
dato y qnn íiLieptarla v\ que Mlxíco qiiiaieBt. .(amáe \\8,\ 
entrado fn cí jicnsaintento de S, M, un L'-íiiididato de SU 
propia íariiilin, lú en el nn&ptro proponer un inglés; y aü 
por nnegtro origen y iror nuestros ae^ntiiiiienloaliabcfanK 
aspiríidi' ¡i ua prínc¡|ie de la Cíisa de Kapafio, 6 enluíatlo] 
OOfi ella, nos dt-tenfa la consideracíi'in poiíticri de qu« las 
pot*iiii;i9 intei VÉ'ntoraií tr^iiían que quedar fiiern de toda] 
r(tmlii[uii.'iún qne les dejftHe una inllneneiii preferenle en[ 
MiVxicf. y laniLii*'», triste ea coníesarln, para los qm- sien- 
ten j* piensan como nosutfos, porque hay todavía uiuchaj 
gente en Mi'-xico que \\¡ niii'avía etuno una reconqnielaj 
Uieíritítada de la Ei>pufi:i. 

Era, pnep, precian bnFcn.rínei'ade las tres poteucinsnin- 
ríttma-i ni) princiije dutado dp aqucllag altaí prendas de 



dfa 



.131 



de cntendimienlo, de una virtud y saber pro. 
nna instrucción varia y dvichi> en ln goberníi- 
ci6n del estado, nnimado de principios liberales conaer" 
vndorfis, cíitóHco profundo ain fanatismo y popular en 
Europa. Y ¡qnipn mía digno de ese elogio y ruíís jiista- 
menle 7hOpiiliir en Europa, inclusa Inglaterra, que el Ar- 
(^liiduque Mnxiniiliano? 

Ciiandio el noitibrR de í?. A., .«c proniineiú en presenria 
del Emperador, .'?. M, lu^ababa de dignarae responder qiie 
no tenía enndidato, La candidatura fué» puep, propiic^stii 
al Emperador, y bueno ee que lo eepaii los que ven en ella 
unacimbinnciSn de Napoleón III para Irocar la Veneoia 
por Mrxico, lo cual no sería digno de ninguno do los dos 
Emperadores. 

I-a verílad es c[iie e! Emperador Napoleíin, conoceflnr 
■de laR relevantes prendas, del Archiduqtie, IiaetiCOHlirmlu 
muy de su grado esta caiididi\turn, y qne olvidando nn- 
blenienle qne hace dos años estaba en guerra ron el Ans- 
Iria, tiende una raanol^al ánn príncipe esclarecido y otra 
al pnís qne le pide, así como A Espafiaf le dé nna nueva 
vida. 

Este candidato ante cnyaa premias ha tenido que incli- 
narse la niiania Inglaterra, ha bIíIo pedido por el pnrlído 
conservador de Mí'Xico: lo dc^sea, lo espera con ansia, 
ciienln loa días qne tarda en Ilugary no es va poBible pen- 
sar en otra couibi nación- 

Es inenefiter no olvidur que eee partido cotiaervador 
qu« flB llama, e» todo de origen pHpaflol, que pnr no rene- 
gar dei''l w lia visto perseguido, insnltado, hoTnllladn, 
ciinndo ha tríiiníado el partido qne boy doininn, el enal 
vonliimlc HÍenipre e¡ grito do libertad con el de muera Eb- 
paíia. 81 QRi' plañido no eplnviera pereuadido de la "í^^^á- 



332 



gaa BÍuip&tííi del Archidiiq.ue por la EBpnfm, no le Iiabr^ 
dado su Voto, porqiit! ser ctifcinigo de España ea acr ene- 
mi^u de si\ lAza, y los deect'ndieutea de loa espuñolofl d9 
Mi*xiuo preferiríaQ doblar la cerviz al liero ¡/aiikin antea 
■Itiis llaiimr un pn'n^^ipe qiif! íii«ra eaeiuigo de su mzny de 
filis tradiciones. 

Rh^uIUi, pues, amigo mío, que la elección del Archidu- 
que es acertadEh y en co»aouaiic¡a con. los leBÍticnos iiiiu* 
reeea úq Españn, y qae en ei estado que eet^in laB cosas no 
ea poeiblp, aunque fjiiiBióramoe, anular lo iieclio y empe- 
zar du nueva. Loa que tal iuteutá^uios, que no lo iuteii- 
taruinot!, no8 quedarísmoíj soIob y burlsdoe. Crea uaUjd 
que {!í)no<iieudo este BBuntiO tan ú /ondOitoulo le coiiuce- 
moi', el mejor de los espufioleB no habría obrado Ab utru 
manera. 

No pnedi) levantur la mano sio afladir otras congidera- 
ciones que tanto me pi'eoeupau. Si losaliudoH van, como 
espero, hoí^ta la mpitul, ea seguro qiiu In optTiííla ae pro- 
mindará un favor del Hietemii moatírquico. El pronto 
plHUtejituielltu de la mónilT^Uía e\i México, trasrá inda- , 
dablemente movimientos análoga en Ins demás repúbli- 1 
cas iiiBpiLDo-atneriLranaa y en ellaa no pr-drí menos de to- 
rnarstí en. cuenta el mérito de ios pr/n<:ipe9 que usted me , 
nombra, tan dignos, tan cumplidoa. La inonairiuía volv^ 
ria íi püuei' líu eu asiento ;i la desventurada sociedad nie- 1 
xLcaiiji; acabaría con la impiedad y la matauza, protege- 
ría la i'üljgiíjji, y 9U3 pastorea no serian ya perseguidos y 
apedreados; el comercio adquiriría un Jjrillante desarro-] 
lio; los magiiíücaB é innumerables minas do plata. Ber^n-i 
beneSuiadaa y bus asombrosos' productos vendrían luego] 
li hacer fueute á. la deeproporciün de laetales predoBos de) 
Que la Europa eatá ameuazada; la fi^icultura con sua ñ^i 



3S3 



coa y íabiiIoHos frutos eocorrería en momentoB dadoB A I» 
Earopa consternada; loe príidnclos tan variados y riqnísí- 
nioa de aquella. tieriHT tilles conio el algodón, que aUt se 
cultiva ain esc-lavoe, muy superior ni de loa Estaítoa Uni- 
dos, serfün '111 alimento perenne de la iiidastna eampea 
y einancipnrfn il la Enn>¡>a de \a LnCcla de ta Uníún Ame- 
ricana; !a inmigrftdH.'in ti'incari.i su harnbrp y dt-fíconsiielo 
])iDr la abniídiincia y el bieMstar, y por encima de torto 
esto dominat-íA la roza latina, el liatolimmo y la lengua 
de Gervantes. 

Poro ai loa aliados lian de salir de Mi'xicn ?in dejar es- 
tablecido el gobierno moniirqnico qtie aiiliela la naoión;- 
loa Estados Unidos, aiguiendo aii potltira, tomarán iiime- 
difttainent.(" poBtsión de 10110 el país, para impedir ctut? la 
EiiH'pa vuelva ;'i poner el pie en íl, y Iííb pliertrtB so IflB 
abrirían Ing lieniagogos á rosf rva de ser luego shb prime- 
ras víctimas. Todos los frutoa dé ese suelo privilegiado 
serviríín exclusivamente al pruveclioy regalo de los Es- 
tadoií Unidos en cambio de su propia ¡Eidustriai In rasn 
espnfioifl. velada y perEegnida. i rií desapareciendo comohfi 
sucedido en la Oaliforniny BnNnevoMéxico;el proteetmi- 
tisnin apai-tíi'crií triniifantecelebraadosu rito eji Ina iiiis- 
inoB tuJJiplos levaiitndoa por nuest toe padrea al catolicia- 
mo;l<je Ketadíia Unidos.dneriop de toda la AiiiiTÍca BPpten- 
trional y dtí ioa dos mares, cerrando todo comercio jÍ la 
Enmpa, se levanlnrún gigantea parñ contemplar ufimoa 
la catilstrofe que p.n ella produciría la pK-tnr» de su in- 
iJuHtria; el equilibrio polftiru se vería amenazado por p\ 
triunfo de In (lortrina Monroe; la Eppaíia con la llftv<» del 
(lOlfo lii* Mi'xii-o, nn podri'i moverse de la enlrStla; sti in- 
fluencia y comercio a<;abarJan bien pi'pgío, y ftimqiie loa 
defensores de sna coloniíiB reno'sissett \««\lfec^^w*'!>í5'S«^- 



334 



giinto y de Numancia, por la fuerzo, de lae cosae, la ba» 
dcm de lan e&trellaa vendría al fin ii plantarse eohte sus 

Cflcoinhros. La Frauuia, ea-ii riiiüntacla de que no so a-pro- 
Vücliú la ocasión más propu-in pora salvar tan altiüfl inte- 
reses en AmÉFiíea, no se expriudrii ya i'i «n uuevo ilesen- 
gafio, y no renovará ya au expedición, de !a qiiü rci.irar; 
mucha gloria, ca verdad, peu' iiiiigúrioti-o provecho, por- 
que ha cltiolarado y Jado pruehaa do que no lo biiaea e 
esta ocasión. La Inglaterra, enemiga delcntolictamo y de' 
la raía espalíüla, verá con t.mEi'C[iLÍli(lad Ca duBaparidón 
de uiiiboa en América y la pSrdida allí del poder de I 
Eapafia. 

H¿ nhl lo que ini imagi uadón me presenta, ya halagü 
no, ya aterrador, según qiio laa purípocias de esta caeS' 
üíjii altunian en iní ániuiu. Vfiíud, i^n cinocedorde |; 
cosas de Aitiérica, me dirtí si ttjigo míún. 

En cuanto ¡i tii(, usted aabe, mi querido aiiiití<i, que en 
este aannto lie puesto tiempo lí iolIíi ini alitta, tixla mí 
isonciencia, todaa niie fuerzas, üíijfi el punto de viatü e 
pttflíí], bajo el panto de vista lücxíoaiio, nadie ni uadali. 
vejíido A probarme todavia que me he equívocadn, 
iiiunlacidfid lití la ileinagogia III) ij\« Iiace nielln alguna. 
Laiiiacdia de lysBiicesoa pudní afeütsriiie profunilameo 
Le, podrán atiligirniu cada día nuia las apitrciaci'ineB erra 
dfta qiio eueleu liacer«e de la parte que me lia Lubido en' 
estw asunto; pyro sua i|ne éate lerinÍHO proporeionáiidomu 
la ulvgría de v^t n» trono en México, sen que contemple 
yo aill la bandera dt laa ealrellaf, Dius, que^ ve mis í 
tenciones:, no me enviaiii nunca jámila el ti^rrible costígi 
del retnordimiem.o, 

Haga oateil^ m¡ buen :imigii, el uso quo goale de eSli 

curUt, V reciba usted ei cariño de bu antiguo arnigD y coni' 

paíri'oí» que bien le quiere.— J. Hidalijo. 



3- 

Í 

Ji 



335 



Cuestión de Memco 



Cuando ha, uibidn U Attiiiri^'u 
Ltaaiicl'j lia salí I' i o ol ininido en- 
tufo non loa üoliliilirs e]É(tnii>i- 
1«M linnjín pagado ul urriLurin 
qiid ilustraron oití sus aUluii- 

i'Alilvft liriv.nfiJLFi Hc?rii:iii Curtan 

y BUtt hcrüLüúS uíiiiiiijiriAros y 
tiiie IiHiII aliuiiduiiailo uijutl II- 
rrllurin, im Sftio sici íTiicir y 
Ollttilivr Butinfauíjióu i;iiii||>|[da 
lie Inn at-'rnviuS stiiu hnslii üiri 

pudlrln, hu^tid ueliurlo Jm hn- 
rn'iih4?u hi p^i^iihciajils ItrilljixLLu 
iIeEiiii.>fitr» lLí3l<priK quv Inn pA 
kfiíii-iAilu (lueatrM iiiilipviiiiciicla 
tti In» tiuijllfuíl «ulIfiAí'S y ÍIlu 
<l<TI|i}S, 



(Düteunta df-C Kítor Olázaja, dijinlado¡ 
tintiíjia Bmbcjtulor mi Parta.) 



La cuuetiún (le M(x'uiq, proloogacla itie^pL-münnieiilf 
[Hir atwntücimiuiUoB úv lotloa tíiinuciilys, Im prt;oi:iipu-ü.ii 
¿i'aiideiiJtiiiltf liie iinucio» tiii uiiibuí^ lioüiisíei'i-DS, «¡ti cine 
U.-nya elei;iiído nii aúJo dtii el íiitert^a qiip l'IIíi íiiHi.>Íi'a. 

lii nmvención dt Londres, Cliyoobjclo exi).i.\n'*íiV-.\.'<^»' 



33ü 



I» vidn y 1ob legfiimos Interenea ele los* Bilbditoa de 
I'** tiuUTix-'iaa Ínter ven totíis, eiiio alínnzar Rtroa reanl- 
liíjos i>ri»pio8 de I» grandaza de las Irea naciones, fuf n» 
Ikt pt>r ^'1 (leeuGiierdo úb loa plenipotencinno^. 

I>a Francia quedó por oeto en aquellas apartadna rpgin- 
neH til» st'ilfi protegientío á »ns aiíMÍMs, sino tíirabiío á 
lOfCpaTlnlea ir ¡tigleseeqHO. fisombvadoe, vieron vr*lver&f 
«08 «"¡t'-iTÍios y siiá naves ain liaber intentado alquiem la 
iVfllizaciún ile lr>H nltng fmce de In convención de I^on- 
drea. 

Kl gobierno fiancfí' Im explicado los íicotit.eoiniii?ntoay 
sil política de Ja nianem que ha creído conveniente para 
dtfflpejar en gituacíi'») vu aeimlo tan emvp; pero en su pru- 
dencia un IiAbr^i qnerido pin duda profundizar loRüctoB 
de los gtibiornoa extríinjeros que le dejaron ^tílo en una 
empresa, que desde ese abandono lia dado lugar ¡i nialé- 
vulaa nprednciones y en la cujil todoRjieriLÍnn que Fallaba 
[ligo por conocer, bien quo nadie pudíoae acertar que lo j 
qae fallnba pur conocer, tn-jy grave y curioso sin duda, 
se wbe ya pyr loe diapiireos de loa iluetree oradores espA- 
íioleB que publíeanioa en eate volumen. " La luz ha pe-j 
uetrndo :i travía de los que se iiabfan atjrijpado para cu- 
brirla. Tjíi verdíiíT ha triunfado, y con su triunfo í-astíga ú¡ 
(os unoH y aplaude y galardona :\ los otroa, 

N<i lijiy parn qué enrarticer la autoridad de los testtino- 
nioH que varaos á invocar. .Se trata de pei'eonajee espaíio- 
Jes muy conocidop, do dietítiguidog hombrea do CBtndoj 
qw» ctientaii una larga cíirrera Je acrieolado patdoliarao. f 

Cmnndo esia eueBüCn deje de ser de actualidad, eet 
lúcnr^ot^ no perdeniíipor eeo su interís: «on un aeonte-^ 

ÍA Usté en [I i t lijo l'lii' piiliFirariii per í u iililor i'uiriu iiiln ilcii'i.'i^i| 
I Idv illetur^o» aoUre JUtiiro pronuntiRdcE tu Ins (0il«s [¡<i'£i 
Itafla. lux rimles reiiDiúcnvoiúincii- 



cioiientoquQ encierra alavés un ejemplo que imitar y 
asa QPeeüÍBnza ((iie rGtener. 

Un Rjemplo que imitar, poi-que el patriotismOj el amor 
& Ifl verdad y una noble independencia de carácter, do- 
mina en estaa ictere«[intes peroraciones. Una eníefinnza 
quü retener, porque elJae tiacen ver io iieligroso que ee y 
los males irreparablea que acarren la falta úa plan en las 
cue5tif>nea exteriorea y de otras easaa que se desprenden 
de la vig'irosa «rgiiinemacLijn tle t<Boa dísctirsoa, y eCiino 
dsbe npartai-ge c! peneuiiLÍento de las pereoniíp, por clo- 
vadas quesean, cuando fti atravle^ ¡in hiñ alUiB ¡DterfíseB 
del estado y la honra de la njiciún en el extranjero. 

LoB dÍBCursós que vft» á leerse, aunqite tratan del mis» 
mo asunto, no dicen lus iniamaH coRag. El «¡fior eenndor 
Beriijudez de Castro, ateniéndose únicamente 4liia d<iFll- 
meiitoa oíieiale» publieadoB hasta entoncea en Mn.driil, 
rorís y Líndres, los analiíftcon unn lucidej: notabie,, y 
los aigunientoa que brotan de mi terrible lúgic:c, trituniii 
y confunden ii loe mal ¡nspímdoa directoree de la poli'tiua 
que ól combate. 

El general marqués de la Ilabaua reúne á la circuns- 
tancia de Imber nacido en La América espai^ola, la de lin- 
b*i7 gobernado dumnt© muchos años la isla do Cuba, tan 
en con tacto, sobretodo Skixico, con la Ainórica eBpaíli> 
la. Ae( que laa obeervacitrneB que hace sobre ella so-a muy 
interesantes y digoas de conocerse, A !o cual se agrega su 
reconocida capacidad comogpn'jral y estadista, y la im- 
portancia que tieiten las palabras del último embajador 
de la Reina de Espaila en la corte de Napole^^^n III. 

El eciTor Mon, tan rcBí^elado en España como estimado 
KH Francia tantos áñoa hace, y que dfjó tan bavnou re- 
ciierdoa ea loe cuatru afioa que pura bien de Iei Ecifañ» es- 

22 




tuvo aquí de su represen taiit«, presentó esta cueatiún bajol 
UQ pumo de vist¿ ÉntciesatitiaimD. y qiie Mo ú. él ei-a <)u- 
\i\ii conocer y apreciarf como que vio nacer en Paría la 
o.uestiún dfl Míxito y no df jú la eoi bajada hasta dAspüéai 
que el gabinete de Madrid aprobó 1» q»e con tani» rssónf 
Be liA llamado en el parlamento eepsitot la eat^atrn/e de j 
Orizaha:, 

La narraciíJn del aeBor Mon apoyada en documentos | 
oGmales que no sran Cohocidoe, empez^i con la tranqnili- I 
dad miauíEi que se ve dwapuntar el día, y A medida que 
nviiDZLiba, ta luz se dlTutiiI^a con ni6a ia^Tza hasta ilumi- 
nítr cou eiis resplandores todo lo que hafttfi entonces ha* 
biamos visto obecnro. 

£1 eeüor Mon hablCt porque así se lo inspiró eu conciea- ' 
cía y su, pniriotÍBmo. Haciendo 1q que liiüo, cuxiiplifi ea- ¡ 
mo buen patricio; y ai ia benevolencia en la forma con. 
qa& Se expresó hñ. podida Inítigai' un lanto la p6na que 
revela eu discurso, v (jue tanto le bonra la vrrdail, más 
fuerte qne todo, no mitigard en nada la au]argura de loa 
hombres de eátado, que por no saber serlo han atraído 
áobi'e Ei^paüa conflictos y eineabores, y destruido su legí- 
tima y ben('-fica influencia en el mundo, deeciibierto y i 
conciuiBtado por nueatroa glorioBoa aacendientíts. 

El elocuente orador eeñor Ríoa Rosas, etiyo profundo 
saber y enérgica frase da tanta vidaá3»s discursoa, no 
sSloae ocupó de los sucesos recientes, eino que eu su ca- 
ráíl^r generftlizador prífsent6 ¡í grandes y Ijellos rangos 
un cuadro de la Amírica deade eu deecubnruiento aeá, 
haciendo briltnntea rcfiexioneaen el cautpo delnbíatoria 
y dirigiendo terribles cargos lí los niiniatroa, que coomo-J 
rieron profuii da mente m¡ie de una vea & la cámara y & sa] 
\Bcc^ido auditorio. 



^^ 




I 



La sangre española que corre por uueetrae vena?, loa 
afectos de] oornaón, uiiestra cnnciencm polftira, lae glo- 
rioena liadicionea de lik Kapailaen Atníiita, todo nos lle- 
vó tici tiempo lí dteenr y ¿ i>ed¡r que nuestra ¡intiEPume- 
Iróiioli íe iJiif icEP al frente de mientra regen emciúxi. 

Eiituiicfs em la oacíún quetenl'a niáa derecho á inter- 
venir en Méxit'o y iriayorea facilidades para ello, por lA 
proximidad de la isla de Cnba 'i mieí'triig costns- 

üurante cuatro atioe eguno niiienaxando el gobierno 
espafldl con el envío de nna expedición, pero á fuerea de 
repetirlo y no inovi-rse Itegíí ¡í no ser creído. 

Al fiíi In Providenria quiso qup el iufortunio de !a so- 
ciedad mexicana at; prolongase hasta confundirse con el 
de ioB ai'ihditoa extranjero» que en Mt^xico reeiden. Llegú 
tin día en que loa íigravifii? fiiercm comuiioa A las tres 
grandes potencias Occideiuates y nniínime e! Bentimiento 
de loa tres gobiernos. 

La Reinik de Espafta aentada en el trono declaríV ante la 
representación naciona] 'iqne log tratados íinbían sido m- 
toa, menospreciados loa dertcliog, oonde nados siia subdi- 
tos lí graves atipnlados yAperptHnos ii^ligrcjg, y quu ura 
indiapeneablc dar it la ves tin líjemplo dtí saludable rigor 
y un testimonio de elevada gecieroBÍdad-n 

El Eiiiper^dcirNapoleún, ^ii un ídóiitico ?cto aoleinncr 
caliñcó al gobierno actual deMéxic-ode vn </ai-ti-rno xín er- 
crwjjuíos^ despuÍH de haber hecho publicar loa tiotablea 
dcapaclioa deeu reprt-eentaut^ en'Méx\ccij(:T\t5afe,B^'e.ivi.- 
¡aerar ioBügrav'ios que ía, Franc'ta, couwj \í3íVafc\«4 ^a^^"»» 



340 



nftcione?, habfa recibido de aquella demagogia, no veía 
iniia garantía para los ii)U>resc!> franceses, ni míis Ealvü- 
ción en iiciuellns regimiys que la ínter ve nciiSn europea. 

Lii Rpina de Inglaterra en su diacurao al Piírlamento, 
jnatififij L-nniplidsiineuie la interveticiiín, de que ya no le 
eiii dable [irt'BCindir deípiít» de las exigentes i-epresenta- 
ciones de su miníetia en Mi'Xico y de 1|1b enérglcite que- 
jas de las (^asas eiüU [jodero^iis C Influytiote» de la Ingla- 
terra. 

Cimnclo liM sobt-ranoa de las tres gr.iiiile9 potencias Oe- 
cideiitalbs, de lo alto de aus tronos y en preEencia d¿' loe 
represe 11 tant^R del país, nnuiiriaban a! mundo el origen 
y el objeto de la esi)fd¡i.-íóii, ntidiG haljiía po-dido Boepc- 
char q«e la mak-volentia dií la demagogia en Europa y 
m América liabfa de du^-ahogar yu CLiíyra en modestíis 
per&oualidudes. súlo poiqui! lian tt^uido la cunalnnría pn- 
trííitica de proclamar qiia el ¡nteréa de laEuruptt y la^U 
vaciún de! aquellos püísea demanctaban íniperioBamente 
una ínLervetición nrmíidíi, 

Hi, los intereses generales de la Europa la imponían 
tiempo ¡lace la neceeldiid dt? intervenir en Mi'xieo; pero 
no Be decidió tí ello, batata que tuvo la ob!ig;acián. Necesi- 
dad ÚobligilL'ión, interviniendo allí eítlvaba I& existencia 
pülítica de iin pueblo que octipa UUO' de lus terríLorioa 
uiúa VíLtsios y ricos del inundo. 

Ptir fortuna, el emperador Napoleón que inspira una 

elevada y jiobJe política, está lí la cabeza de una nación, 

que, pr^r íl grandeza y jior su gloria, ejerce p'-'derosa in- 

^llueni.:íu. Al ver los pro^resoe de las rasiaa anglosajona y 

ilava, kis hoiübrea de la raza latina se preguntan aeom- 

idúa, qia^ sería dL' ella ni la Providencia no hubiese 
río para tu ciistudia lum naciíjo J-ue-cVe ■s íVewtAKtwsií' 



341 



dn (]iie Ilfíva SI13 legifines ¡I pfiíaee lejanos, siempre qnc 
hay una citnea justa ó civilizador;! que liacer prevaipcer. 

|E«peramog que el ágiiilti impcnal rit» renjoiítaní el 
vueJoain dejar cumpiidii pu glorioEii inisióiil Kii In bande- 
ra de la Francia, fiímbt>lodo hi fiitTzftydiülativllízacíón, 
^dní GHcribirse eate nuevo y desiciteresado servicio :Í la 
humanidad, cuyo recuerdo ee condindirá cosí las bendi' 
cionea preaentea y las veniíleraB. 

La Inglaterra tiene tamiiiín otros ititereaea que laohli- 
gftn ii deaearyá coutribuirque Mexitio sea una. nilciiiii Uier- 
te é iudependitint«. No queremoa martillearla al rwctr- 
dar cúiuu por la neoi;sidaJ que tiene de uno de Jos prin- 
cipales productos de loa Estados Udidotí, lia pasado por 
una BeíÍB de ofensas que no habría tulerado ni aii solo 
día A ninguna nució» en Europa. 

Por eso df jamos ú. un lado las muchas razonee qiiu 
podríainoa aducir para cnnvencerb, y noa Hiiiitarnos ii 
este sencillo razonamiento. Si hoy bajfi la cerviz ante loa 
SSetados Unidos, ¿quií seiía ei contawi iJstns con pltiinen- 
toH tres veces mis fuerte.') que loa qua boy poseen? 

La España tiene nii pasado gloriono, y 8« podei'fn y laa 
gratidCít figuras de au histoiia vivirán i-n la memoriíi de 
las gentes, sin que con el transcurso de los siglos puedan 
empequeñecerse ni olvídarsi!. 

Esa corana de dos manda", ese cetro cuya pujanaa se 
aacfa aeiitir lo miscun eu Oriente que en Oeeidente, esaa 
glorías en aiiiboa heiniaíerios, esoa reinos convertidos on 
provincias, eeas conqnrstps píx'üados dt! ¡luiíiariníj qne se 
tendrían por ísbuIoEuis ei no hubiera una viva tmdiciún 
de ■ellas, llevan sin cesar la imaginüciíJn ii aquellíis tiem- 
pos, no muy remotos, en que la E-ipañn sojuEgaljfl al 
mundo. 



M^ 



Lau fiierKñs vitales de !a monarquía de Carlos V y Fe- 
lipe ir ht» IkiIjúiii aletargúelo, pero Et» ejctínguido, y hoy 
vemos sil mugnífico di'sarrolJo y levantaní ]a nación á 
ean altura que meroce sn grandeza y conviene á loa pue- 
blos du Id raza latina. 

Porque todo aunucia, — y ei se dada éclaese una mirada 
£l la carta del niuudu — una lucha de tazaa. y la laUoEi, 
qiiei'epreseiila la civilización católica, efitiideetinadailfl- 
guiai' graiideiiieiite con el iiíiaino esplendor que lo hil he- 
dió en eua mejores ¿pocas. 

Magnifico campo veíii abierto ya en In cuestión de Mé- 
xico. ¿Pof qni! fatalidad, por qué aberración loa hombres 
de ecitado [-.^jiaiiolca, que dirigían esta cuestión, cerraron 
los ojog H la liiE y echaron en un abismo la legítiioa in- 
fluencia deílii tiepaiía en el mundo por ella conquistado? 

No comprendieron que Ion niexícaiioe, descendíentos 
de li>» espnñolcft, se disponfan il eüludar con Alborozo la 
bandeni tle bu :intigua metrópoli. Porque no veían en 
ella In i'econquisMt, sino un auxiliar de su regeneración, 
de sn prosperidad y existencia; vüiau en loa aoIdadoB fiB- 
pañoles lí heniianoB que habitaban distinta cosa, y ya 
Be conteuiplabau coníuiulldoa con los deBCend¡ent«H de 
Bua propiEUj fatiüliaií, aparlaúas por elQCeiiiiQ_'y por tres 
centurias! 

Veían ya loque España no tenía littcfa niila de medio 
eigio, una política española, y batían palmas al ver que 
la inanguritbii A la par que renacía su poderío, la fuerza 
de au marina, y cuando loa victorias do sua ejércitos aca- 
baban de Ber aplaudidas un ambos mundos. 

¿Uónde estilii hoy e^as esperan/ns y esas Kimpatfae? 

Ai toc-iir ya La realidad de un gobier-nq estable y aatva- 
dor en Músico, todos presagiaba» en i'd el valladar para 



343 



defender las cabnías de la.3 AQtilLaa, el renacimiento de 
BU ÍDÚiiencia en America y de bu mayor íaerza eu Euro- 
pa, toninndo, no jjidittido, su cntegorla de gran potencia, 
aumentando eu comercio, uaegumndo la vein.coi'poii'ikcldu 
de Santo Domingo, sjilvnndo á fiue doaceniüienteB en AmiJ- 
rica, salvándose á sí mitfma, y en íin, manteniendo viva 
8U glorioEa tradicióa en el Nuevo Mundo. 

En el Bíglo XVI, Hernán Cortea, gloria de España y 
admiración del mundo, quemó eue navee en lae pJayasiie 
Veracruz, ¡nterniíndose en un reino desconocido, que 80- 
metiúcon un puilado de héroes al trono eapañol. ¡El pen- 
dón de Castilla atraves6 de hazaña en hazaña el vnsto 
imperin. mexicano, dejando en 6u cainiii.o In sangre lEe 
aua hííos corao recneudo de bus proezas y ]a Cruz del ('i'il- 
gotacomo nimbólo de bu fe! 

En el aiglo' XlXf otro puñado de gnerreros, dignos hi- 
joa de aquellos conquistadores, cei"íidíj& tfln Ins Jameies 
de África y viíitortfudua en Aiuéricii, loa soliliidoB de la 
reina cstálica, han tenido que reemburciiriíe en egae mis-^ 
mafl playas de Yemcruz, en ¡na naves de una nación ene- 
miga del catoliciamo y de las glorias ^.'^patloba! 

La expedición de 1520 conquista y eivíiizú toda nn CKjn- 
tinente, abriondo los ojos de au^ moradores A la luz del 
Evangelio^ 

El resultado de la expedición de 18G2, ha sido censu- 
rado por el Benado español, el congrearv Je loa diputadog 
y la prenea de toda EspEifiei y por la nación entera, ínfpi- 
rAndose de oee urdiente paLriütidinu que derniinu la elo- 
cuencia en todas la.'j clases de la Htíciedad, y «liya sínte- 
sis en este caso ptiedo encontrarae en las severas pulnbraa 
de un ilustre orador español, que calificó lo hecho ultima- 
mente en México de ¡{El coluo ns la nsusMctAÜ— y, M. 
ilidaljfo-. 



M4 



Huésped de Maximiliano 



Sr. D. 



Mlramar, Agoalo 24 de 1863. 



Mi querido nmigo: Aquí me tiene nsted tinnrado coi 
eerel huésped de S. A. I. y R. el ardúduguu FtiDando] 
Maximiliano. Lo estoy contemplando y oie parece ut 
Biiefiú. S£, un sneño me parece qkie la Providencia haya 
llevado siiíí favirea í nosotros liaeta inspirarnoa la e)ec-' 
ción de eete eeclarücido príncipe, nno de loa más popula- 
res ni ihiPlrn Jos du la Europa. Eeade mi permanencia en 
Itnl la rae 1 1 libia yoac OBtuinlira do lí oír sus elogios, á los naia- 
mos iütliatina cgue en eii oncono por el Austria, no se ce-j 
g!iron hasta el punto de desconocer bu mérito y el tacto, | 
prudencia y amor con que gobernó el reino Lotobardo- 
Veneío. Dotada da un corazón bellísimo, exiniisitamentaj 
benévolo y de fnnnaB que seducen por bu nntismlidad, n&l 
puede (.rabír@(jle das horas s\ii quererle. Su aíabalídad Q.U8,] 
es mucha, uu debe traducirse por debilidadj y una de las' 
coaas que más impresión me han hecho desde que eetoy 
aquí, ea ver el amor y el respeto con que ie trata» todos 



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loa que le rodean, deede los múe nltoe pcrao-najee hasta el 
último de !ob de su aervíilumbre. TíxIü Íú de esta cjisii res- 
pira orden y armoníp., y iin biaueetai* general, que tengo 
puraiut, han deechar de menos haslu las liigriujus loa 
qne aquí vivan, cuando vean partir ú bu amadíáiron prín- 
cipe. Profuüdametitie católico, y querido por esto y por 
otras mucliaa eausas d«l ilustre Pió IX, no profesa sin 
embargo ninguna de eeas ideas letrúgadus con que Be de- 
sigufin á loa que qiiiBiGraii retrotraer iaa rasaa li loa tiem- 
ptia del absülutisimíi, en qwe A los pueblos no se les daba 
ingerencia algiiua en la gobemacifin del e8tad'>. Mny 
lejos do eeo, sí cree que la rííligiúa es la mejor \}¡xse de 
toda Bociedad, y eatá itistielto á proteger y á observar la 
católica, que oa la suya; no deaconnce la «^poca en que vi- 
ve, marcha con e]la, ama e! progi*e80, detesta la tiranía, 
la exageración de los principioa, Inñ venganzas y ol retrci- 
ceao que en bu violencia persigue en vez de atraerse ¡t loa 
que por nn título cualquiera pueden ser útili:8 d la ptitria. 
Su talento es claro, au inetrutciún vastísiínn; es un ver- 
dadero bombre de estado, maduro por «1 saber y por la 
experiencia, y con todo el ardor de la juvenluil para em- 
prender pandes Cüsaa ydoítíuderen todo caso la iiido- 
peudenciu de México. Porque debe tenerse jífeaeiitü que 
desde que p¡9b el sti^lo mexíciioo, dejará de gHf austríaco; 
en nada quedará ligado, políticamente, & la Kurop»; eerÁ 
mexicano y nada mil». C'ompreDdiendocuáLtiaS'üiJ \o3 úq- 
bere»q.U8 le incmnlitíu n! aceptar la corona, aeiitiri y peu- 
aará como mexicíiho, comprendiendo como comprende, 
que el uo Laber solicitado nuestros sutragiuB, prtiebn que 
lü Providencia le destina para la regeneración dis nn pue- 
blo desgraciado. Salo eata creencia, que revela su fe y au 
corazón, puede explicar SU ida á Mi^iíicú, abaudouacdo 



mi altísima posición, la quietud do bu vida, un porvenir 
JiaJagiiefLD y liiista Ina ovilcioneS qin; recibe en 9UB VÍ.BJea 
de todos ioB pceblos de ht Eurnp:i, empezando por la In- 
glaterra; hiirmaiiu del emperador dt¡ Aiístria, q.ae con sos 
ideas liberales eatA doblando su poderío; hijo político del 
rey d(i loa bélgfis, piiiiio hermano del emperador del Bra- 
eil y primo de la reina de Inglaterra; el soberano de Mé- 
xico va rodeado do iiilluoncía yeaplendor, eíti haber con- 
ti'íifdiv ^in eiijbargü, comproinísD alguno coa nadie, por- 
que repito que no quiere ser más que mexicano deade el 
dta que acefjte la corfuia. 

Ln ftri.'liiduqiieea ee, como nated sabe, hija del rey de 
109 büiyaff.del XÍEiorde Iws monaruaí", euyaopiuiúneade 
ttinto peao en loe consejos de la Eurrvpa. 

Ijft arcliidiiquosft María Carlota tieiiu 23 añoar su talen- 
to y ?n fiüifr cautivan apenaa se tiene la difhade hablar 
con (füíi. Su instrncciiOin es muy variada y tiene mía gran 
faniliiiiírl pam Ins lenguas: habla íranciíp, alemán, ingltía, 
italiano j' espafiol, que protiuncin con mucha gracia; bo 
trnto üí diiU'^, fiu conver.sación amena y digna en todo 
dtil príiiüipe que IiemoH elegido, 

No exagero: la realidad que estoy palpando eatí confor- 
me con lr>9 elogios quetocfa Europa lia prodigado aiempre 
¡i estos príncipes. Dina les ÍIovb pronto á esaa regionea pa- 
ra qno les vean ustedes :i Ja obra y Tés fecunden lealmen- 
le, Á lín de levantar el país el la altura en qa^i hay no «e 
Imlla, porque hitBta aquí liemos tenido más apego d laa 
querellas, que ii aprovecharnos tto loa elementos con quo 
la Providencia, ha gnriqííecidy nuestro suelo, — y. /fídnfjo. 



[ 




U1 



La diputación mexicens en Míramar 



Trieste, Octubre 5 do 18Q3. 

Después de doRO Iir^ms de Cüniina de liierro llegué 6. 
Rtrosbargn, en doncltí pude npetiae visitar la iTüíEnflica 
CíitediTil gn'itica y Vipr rii t-cirro, qni3 cb una de He msía tle- 
vadfls de! mundo: w.lii la facha^ia del edificio oa dos tan- 
tos más alta que Uia i-aaf\a da cuatro pij^os (|\ie In rod&an, 
y Bobre ellu sti duataca la Lorre queparecede iiligratiii, es- 
belta y Ti^ajestnnea, hendiendo Iob aires tn. aguda piintEV 
de su rematü ti una lílevailón que fatiga la vístn. Tatii- 
bien vf en uiin de l»a pinzas la eetutiia de ÜuttHmbtirg, 
inventor ÜL' Iji ijnprontn, bastante notable por su noble 
perfucfión. 

Salí de M raahiu rgOj y ¡1 liig treinta y seU hfirafldecaini' 
no entré en Viena, cnpilal grandiosa, do 400,0110 liabitnti- 
tes, A las orillas dul DuDubiu- Visitó el palaciu.y jard¡ii*3B 
de Belvedere y en bastante rico miifeo de piritnraií: asistí 
a[ teatro á un baile de espectáculo niArAvillai^o, y como 
de Ins J/j'i .V""" rmrl'-ii, y que me gustó ciJsquo el que VÍ 
eu TarÍB en 1*1 Teatro Real de ¡a Opeía. Fuí en si-guida 



«1 paiftói'j priiicipul ilol eiupermlor, o» la mlíaica miniar 
qan tieiii; líi fama muy mtir^cidu de Ber iirta de ícls priiuQ- 
rua dfl Europa, ndiairé la poi-tentoía eatatiia JeTesBo, de 
Oiinovfi, que está en toa jardines en nna especie de tem- 
plo lubricado para elk; pa.ñ& luego á visitar loacoovenbi^l 
•l'í Cftpticltinoa y Agustiuos, en donde se )mU»D loe aepwi* 
cmH de lo3 reyea y emperiidorea de Auatria: en fin, exanñ' 
ni Ina inmimeraliles eetatuna de bronce y mírmol que 
ndontítn ]-As taenLe^, lAa iglesias, los paseoa y lOBCditiCÍua 
piíblícos, todo lo cual lue párete qim fiiií E>aBtante h 
pai'ii eulo día y medio que permanecí en Vienn. 

Salí para Trieste el dfa 1° del presente por c! tren del 
ferrocarril, y por un camino cnya coustrlicciúti aorprenj 
dtí, porque en ella se Imn vencida todo genero de diücul 
ladea: el camino, en efecto, trepa por montaiíasaltfeim 
pnpa eobre viaductos Imsta de tres árdenes de ari-OB, un 
«libre (itroa; penctrtien profundas y largas liui-ac!acÍon 
rirncücüdas bajo dy log montes; corre aobre pnentes 
bL-rbiuB levantador en antiliui-osos ríos, etc., etc. Llegué, 
pur últ-tinu, ¿ las dit-/. de 3a noche á Trieste, puerto del 
mar Adriiütico que sí'jIh diata coaa da una legua ílel casti- 
llo do Mirainar, que es la residencia de nuestro futuros 
bcrano. Nos esperaban ya en la eetación doB chambel 
neB del Ardiíduque, conde uno y mnrqn^a el otro y am- 
bas j('>venefl, alegres, de arrogante presencia y de Tuodii' 
lea liiiísimoa, loa cuales nos condujeron en cocliea pre 
TLidns al L'ferto, al suntuoso ílaíel úe Villt, en donde eel 
Uin dii'pHeatas uiiaeeplúudida comiJa y habitacionea 
lujo en que nos instalamos, Iniítil ta decirte que todolii 
Bido ¿ expenaaa del príncipe. Al dfa siguiente Iiié G 
tiúrrcz í\ verle y recoger 5ua ñrdenea para nuestra recep^ 
cí6n. MÍL-ntrae esto se arreglaba, nosotros, con uiiestrua 






3Í9 



inseparabltis chambelanes, que dos han liecUo coiiiitjiate- 
mente \a corte, -fuiínos lí visitar el arsenal y el palacio del 
caballero Revoltela, tan elegante y do tanta i'it)iieza y 
guato, t]ue los acostumbradoB i\ ver las inai-avitias de Tti- 
rÍ8, como Arrangoií y Pepe Hidalgo, quedJíron sorpren- 
didos. Lii uscalora, columnas y pavinionto del vestíbulo 
pnii dfl riiílrninl, todos !ob pieos de las innumerabk» ha- 
bilacionea, de luaderaa finna embutidas, haciendo labo- 
rea primiiroeíaa; el tapiz ile los salones, de brocatel, los 
cíelos cun bajos relieves ;, piatnras de Itb nipjortJB artie- 
tuB; estatnas, bronces, <-uiidroa inagnrjícos. En In sala 
principal liftj' nnOs rflndelAbios de cristal quo pai'CLen de 
liria Hola piez:i, porque no a» les ve juntura, de muy cer- 
ca de cuatro varas de alto; In vajilla to'la de plata y de 
las íoniias ralis paprltihoaas; los estantea lEe la librería qnti- 
piíhen caei lin^ta el techo, con vidrios de una sola pin- 
za, 6tc.f etc. Este c:iballero nos dií'» una comidu antea Je 
ayer correspondieníe á eate lujo aeiiUico, 

Llegó por fin el día 3, designado para nuestra lecep- 
ciiíin, y & laa nnce y media pai'timog de dos en doa, en<!fi' 
ches pflrfl Jliramar. Este es un vaato y lindo palacio edi- 
6cado desde aus ciniieutns por el Archiduque en un cabo 
6 lengua de tierra que se arroja hacía el mar: tiene, pue?, 
nn carácter y aiípoeto (IntcuB; [luutoB de víbLü duljciogot; y 
«e reconoce lo que puede una voluntad firme y í^niVgicn, 
CDAndo Be ven nquellas liridaa rocas A donde hc liai-e lle- 
gar escasamente y <;on grandes gastos el agua potable, 
trucados en rigueílon jardiiiee, verdea y floridos parf]utís, 
capnctiosaH enratnadas, calEes de árboles y enredaderas, 
bellos eíitanques, etc. V como todo esto se Italia Formailo 
«obre la montaña, presenta un gol[>o de vista uiA^íca^ 
j/a ee couteiiiple desde la cima, ■yaBiiioVie "iet«ÍK»^lf«* 



350 



de o, Kjuiinen'cia ú dgede el luaf. No lejos d^l cuBtillo y' 
dL-nLcoiIel jardín hay uiiagraciofaíslina habitad im que le 
arcliidiKnieg llaman bu casa de campo y que estit dividida 
tíii dos departamentos para los consortes. Eítoa aitiofl 
delidoEüs están abiertos para el público, que los rew 
rre en numerosos grupos, consiituvfíntlo el tuíis bello pO' 
seo de la ciudad de Trieste. 

Llegados los cpches á la pHeHn exterior, noe encontra- 
mos en dos (uleran ú los criadoF, que son muchos, veati- 
doB con dií^rentea y ríquísimtiB libreas, unos de rnarine- 
roH Cy realmente lo Hon), otroa de negro con bordados de 
platn y etpada al vínto, otroE con cliicpines blRUCos ¿ Ític 
GÍgniítíazules, y todop, menos los primeroH, de calzón c-or-J 
to, media de Reda y zapato bajo de oliarol. For entre to' 
dos íiobreanhan los alabiirderas, una espvcie de gigant-ea,! 
üon barba crecíd», sombrero al tres ndornado de galones] 
y pluma blaat-a, qtie inmúvilefl eonio ai fueran depiedra, 
att hallaban guardando la puerta (^on su larga alabarda, üí\ 
pareceí de plato, y el asta forrada de terciopelo cdFmésf. 
En la puerta latcriar, los empleados de categoría de la 
cnsn noH hicieron loa Jiouorea. 

Uespoéa de una corta espera se abfi6 la entrada de ur 
salúb, en clctial estaba el Archiduque, en pie, con lodo i 
air« d& no Hoberano, Su preHencia no oorreeponílió^áj; 
idea que yo tenfa formada por el retrato: es más joven 
msia BÍmpiítico. Escuchó tranquilamente lanrenga de Gü-" 
tiérren Estrada, duninto la cual nos estuvo exatitinando 
á. todos con fiua grandeB ojoB a/ules, y deepiié» Ea CQiitea- 
t6 con «na voz reposada, í^ert^? y repueita. Durante esta, 
acto, un pintor convenientemente colocado, se hftcía car^ 
go de Ja escena, para hacer del suceso un cuadro hiatórí-j 
co por encargo de H. A- 



35L 



Coaclcildo ^\ acto oñcial, ^1 Archiduque guieO que Git- 
tiiérres noB pieaentam indivídijülmenti^, y á cadn tino con 
la^mayor afabilidad, noñ fué liaciendíi nuestro líiimpli- 
micato. 

Quiso luego prese 11 taTnoa 5 la ArchiduqtieBiLr A la t'Unl 
condujo en efecto de wn Bnlún inmedlnto ni en que egtíí' 
bainos y que aalÍ6 acaiDpn.Q!(da de íjus ilarnnfi, ¡a condeea 
H., suegra de Gutiérrex, matrona cié corte y áa mi trato 
y talento recomendables, y la princesa K. La Avchidu- 
qiieaa es una de esas, personas que no pueden describirse, 
cuya gracia y símpatfaj ea decir, cuya parte moral uo gb 
dable al pintor tiasladar ni lienzo ui al fott'igríifn ftl píi- 
pe!, Pigiirate una joven pita, esbelta, lle^a de ealud y de 
vida y que respirii conteHlo y bLeiiestac, elfgFintíi^iuin, 
pero muy sencillamente ventida; frente pura y ilespejailB; 
■ojoa alegres, fasgados v "vivos, como loa de lua niexicaiins; 
boca pequeña y gmcioea, labioa fresqo? y encai'nad-oe; den- 
taduia bluitcB y lUienLida; pechn levantado, cnerpu airoso 
y en que compiLBO la soltura y majestad d-e loa movi- 
mientos; ÜSonomía inteligente y cspiritlia!, semblante 
apacible, bondiidüBo y riaiieSo y en que sin enibíirgo bay 
algo da grave, decoroso y que Infunde respeto; figúrstü 
todo CBto y ii]u<.^lio niús que e^to, y íenúnis una retrtota , 
idea de la paíncega C'nriotn. La Archiduquesa Iiíko lo mía- 
telo que su esposo, recorrió la línea lies íns miembros de la 
Ci>iuÍHti>n, babl:Índoli; á C3da imo en su lenguaje; tociin- 
dolu los puntos miis- lÍBonjeroa paraba amur propio, ó pa- 
m Bua íntereBCis, y todo con un tatto, tin deapejo y dis- 
creción admiríLbleH. A mime babló del dictamen y de 
las buenas nusenciaíi y elegios que inn prniligaban las se- 
florcB Labaetida y Muugufa; al Sr, Veliizquez, d« loa ade- 
lantos del Colegio de Minería "baio bu íL\iecc\tiii-, l^'^sKo»-- 



35S 



dún, del caiuíii'Ci de fi«rro cíe Veracruz á Méxicü; & TgléSÍtuí, 
de en paruntesco con In sefiora Corregidora de Quenjtaro, 
lina (le las Wrafnn! d» tn Independencia, e«gún había 
líMo on lu historia de don Lúeas AlomiSn, etc., etc. Debea 
agregiir rt estrt, que la conversación fué en español, que lo 
lHií>(w IjastiiTiU; bien y que lo ti»bla dsQÜo á Ifls lapronun- 
ciaci'jn en ave de Ina italianos, ccrn mucEía gmcia; pnseej 
tiimLli^ii li !n por/ección el f 'ancáH, el ¡Lalmno y el ale-| 
inin. 

Volvimoe dTriesLe y en Id noche regresamoB A Mira- 
riinr i^ coii'>t;r con los príncipes. 8c' haltaba el coatilln ea] 
fl Ink'ríor Bobei-lilamenle ilnmiíiado: espléndida faé¡Ia] 
Tix'HD por el bnen guato, pct la rígaeza de la vajilla y va- 
riíi ¡ii'l d»í los vinoH y manjürea. Durante la comídii una' 
biRinu inúsicít oijlixiula en la pieza ¡nrnediata, toca trozt» 
eBMigtdoa [1q Iük mpjoree úpems (y eato no fui; por el han- 
gnoU-', fl&loli) liaytiidoa ktndiap); ! a conversación fiiéani- 
iTiíiilii y familiar, nipodfa prardeotroEnnido, cuando todos 
y cada uno de loe dü la- Cjimilia, son aínbleg, costeeas y , 
Uen'WoloB. Vuetr» la Arcbidiiqiieaa la noche de qne hablo] 
un pi'iniwt'oao truje color de rosa con una largiifsinia y re-J 
gíil cola; lina enrona de ñmce de listan y gafa del niismc 
color «pctibradiL dc! briüatiteB, na collar de Jiolíloriosde 
un lainauíi fnbiiloso y un prendedor y pulseras eoberblaí 
tuinbii'n de bi'illaritee. Concluida la mesaeiguió la tertu- 
lia: nn buen violírt y aii excelente pianista toeai-on. va^l 
ría» piezas d@ mi-y buen gusto, y ú las nueve y medía SSí, 
AA. ae rclir&run, dejando en mi corazón nna impre^J 
8lt5u prolujidíaiiria que nunca olvidan^. De^de entonces 
lianlñ ayer (porque hoy cBtnnios :1 11, y esta carta In bb- 
toy ernK'luyendo en Vicn», de vuelta para Varíe) hemofl 
eumitlo y aluiurjiod» vn MiTivianY, &\qiit&i\<A (T^uU^rresJ 



Tlidaígo, Veláwjueí y yo, ptiee los demás regresaron hace 
algunog tllo.3. Nosotros nos quednoioa por orden del prin- 
cipe, y íjiiiere que eBtemos í eu lado íiasta sn ida íÍ ÍTéxi- 
co, para iliscutir algunos puntos y tener tieade ahora nl- 
gunos mexicaiios rjut' lo rodeen.- Todos los dfía, como 
digo, henioa comido «n Mirainar, preaeutúndoaB la Ar^ 
cliiduciuesa siempre con trfljes y ndcrtioa difitintoa, ya de 
perlas y CAlaliadüas de graiidísíiuo viili>r, ya de esmeral- 
das y brillantes, ya de ainetiatjis y brillantes, etc. En to- 
do este tiempo hemos teaido coiiíereuciai* hn^^ortajitee, 
Ayer que fué la tleaiieclida non condujeron al ferrocarril 
en tiea liijoafcimaa carrozas (la primera de ístaa tirada 
por cuatro cabalioe). loa (;biimi>e]nn«a y olrOB empleadoa 
de la Clisa, y con gran mímero do criadoa c-on luiestroe 
equipajes, con llnLcrnas y con hacims. Al entrar al wagón 
nos encoutraiijos con una gran provinsón de carnes trías, 
gallinap, pan, hotellaü de vinq, etc., y noe pus:iino9 en 
camino. 

Todavía m¿s: antenoclie, despoée de comer el Arclii- 
dilqiie, dijo que pues el tiempo estaba serenO', ealiéraraoa 
en su bote A dar iiu^ vuelta por el mar: entramos A ól Jos 
Archiduques, la Primieea y los mexicauos presentes: noB 
retiramos coino ¡i doscientas varas de la playa í Iiiío alto, 
nuestra pmbarcacií'jn. Entonces el Príncipe dio un silbido. 
con un pitfl de marino: casi ni tuiamo tiempo salieron del 
caetillo dos enonute cohetee, y 6¡uiultáneament& yeu nn 
segundo de tiempo c|uedü tluininadu él jaidfa y todo el 
frente del Palacio ron lueea de Bengala blancas, rojaa y 
V-erden, que ee reflejabíin liu la superÜLie tranquila de l^a 
ogiiSíj, como otraa tantaa franias de lo& niísmoa colores, 
quedando aeí mil veces rt^prodiicído nuestro LiialvÍdaJúV% 
pabellón nacional. Me ha dado la A.rttó^it^'atís. ■sa-^iiaí. 



354 



qiitj t't^Enitn cotno una metiioría de etia bondades para coi 
iiiigix Ulme ahora bí con esta ücogida no parece que 1c 
Pi-rnciptía Bon lo9 que qaieren obtener de nosotros un ir 
¡lortaute aervicto, ImeíndoEe osf enteramente loa pape-' 
lea: ellos que de nndie y de nadií ncceaitaú; que tienen 
cUBoto puede snÜafacer e] cuerpo y el eapCritii, fisto ts, 
dinero vii abundancia para gozar de todos los placares de 
la vida, y el amav BÜn líiuttee! que lesprofeG»n Ior austria- 
nía: ellos qne son tan felícca y que ücupau un lugar taiL, 
líncutubrjido entre todos los aoberanos de Europa; ellopj 
eil fljj, que sívben v conocen t^nto como nosotros los 9¡n^ 
9íibort!6 y pniizantee espinusque lea catán reeervadaa er 
mieatra pobre pntrini s6Io hablan de México, todo lo 
allíí lí?8 causa mi vivísimo Ínt«riís: estudian en historia 
geograrírt, iiiwetigiLii ene fustiiiiibrtís, han tomado maeB- 
tro para aprender el taparml; el Arcliidiiqneien Sii, cnan-, 
do hnbta de cosaa tocantes A loa mexicanop, dice freciuen* 
tementt; coniniicha naMiralídady bíh reparar en ello^ 
HOKoíroí debemos hacer tal (ioaa, nosotroa hob perjiídicu 
mos, etc— Ignacio Aüuilak. 



35.^ 



Regreso del arzobispo Labastíds ¿ México 



Al Sr. GittíérireK Eetrada. 



Puebla, 6 de Octubre de 1663. 

iíi muy querido umigo; Supongo que linbrñ UBteil reoi- 
bido las cartaa Que ]q dirigí ilesde la Martiiiícaí Verncrns 
y Urizaba. CoDtiDiiaiimBiiijeuC.ro viaje el 25, y hcmaa lle- 
gado í riiebla el 27, din para nosotros tan meniorable. 
Ijería i.liticiE, por no deLtir íiiipuaílile, describir ¿ u^Uíil la 
recepción que nos esperaba cíe parte, no eúlo de los tia- 
bitunlea dii Puebla, aiiio tai]ibi<^>ii tic las ijublacionea y al- 
detts de los contornos, que RÍn ninguna excitativa de las 
imtoridatlt;^ ni de los ctivas, nuaentes nuu-bús á la eazún 
de eue luligre^ías, ban venidu &. nuestro eocti^ntro y Qoa 
Iwu oírecjd'o ramoa en forma án cetros, adornadle con 
coronüá ¡inperiaies, ciibrii^ndoiios litera¡meni-e de llurue, 
Loshabit-utiteH del pufcblo dft Cliapulco, situarlo A Irea 
leguau de Pue-nte Cuionulo, nos lian manileeLado bu ale- 
gría pul' tufadlo de un cauípauiíríu umbulaute, Cuiítm de 
.entra bUob llevaban i sus oepaLdaa uuiv vi^a, itt os.'Ísi'ü.wí. 



de laa cuales petidfaíi unas cainptitias. Los tiiüos se fim 
dlan por tiirnn para tocarlas, y i?sbp repique ineaperíi 
□o cesó mientnta HubiiiiDü las cumbres de Aculzíngo, 

En este punto una ancraníi nos dirigió ¡a siguiente arun 
ga, tan iaofiiiicn cotiio elociiente; No detcamos afioi-tt *i\ 
una fiiwMci. iRjterte. 

Un inditcs que había ejdci maestro df-eS'Cuela en su pue- 
blo, en donde es actiíalrneiit* juez de paz y que tomó la 
palabra á nombre de los liabitantea de Aculzíngo, nos re- 
pitiú nmcliaa vecea que: fiahia para él viá» poesia en tnu- 
proctuión, que eji las o¡n-iu de Chaieaubriand. 

En Orizaba una pobre mujer del pueblo me hizo tloish 
Frenentándotiie un ramo cíe dore», me dljOi jHHÍre v> 
lio leiiyo ütra cosa i/tip. darie. 

El comandante de la fuerza luml de AinoKoc, ine díji 
estas palabras: dadt el IS de Mayo de ISiíiJ, ^ia en ijuii df. 
terT-aron ti sw ^frandna., tovié l/is arman y no las ht dejado h 
ta ahora. Todo lo fie pei-dido, jf no me fpieda más ipie íu vh 
para, dfffiídf.rh. 

En este pvuto ine esperaban los delegadoa de) gene 
ErinL-ourt, coniandnnte euperior de Puebla, del capftuli(í 
de la dióceeia y del aytinUimiento, y á inatancia de loa 
cuales Be npluzó la entradn solemne cu la ciudad, para el 
aigQÍente día. 

Esa entrada ae efectuó en medirt de las ilemoístrariones 
entusiastat! de una imtiensa uuichednujbre y bajo «na 
lluvia de floree, romos, coronas y poesriv", que nos caían 
de todua. partea, formando caai una nube. Laa calles es- 
taban elegantemente adornadas y llenlií de arcos triun- 
lales y de senoriis, que ocupaban \o$ zaguanes, ventan 
y balconea. Vivae BJn ña ealían de lu muchedumbre 



a 



la rieligíóq. 1m emp«rBi3ore9 de Francia y de México. 

Un hombre del ptieblo anadí6 ei;poiUií[ii!ami^ntti el de la 
emperatríx, que fué atlniüaáo íil punto; parecG que se le 
rese^-TÓ eltiltiímopara que la £mpre9)6a ííi&ra. laái pro- 
funda, 

Nada e^ Gomparable al panorama íomeDso que &e pr&< 
sentaban la vista si [Legar lí la plnKü piinuipal. Las azo- 
teas, foB ¿rbolee, las eatatiiaa y liaeía la cnpilla consagra- 
da 1:1 loa héroes l) 6 la independencia, estaban I leño a de 
eepectadorea entiiaiastaB: al dirigir rai vista A la catedral, 
uo pu^dú menoü de reci^rdar la luagaffiua iluiniuaciúiido 
Kan Pedio, y eii el dulirio de mi emoción, me i)areci6 ver 
las ciipulas, laa b&vedas y lascolumnaa de nuestra cate- 
dral íliiDiinadaB con el íuOgo de loa corazones de los fielua 
ÍDÜliiiiadoe de amor por sua pastorea y por todoe uguelloB 
que han trabnjsdo por libertar á México de la timufa üb- 
mogógica. 

El pueblo estaba eo'locado como en una eRpecie de an- 
fiteatro, que se extendía desde la entrada liasta la piusa y 
las call'íí' vecinas. Se habría creído verla plaxii de San Pe- 
dro, de [a ciudad eterna, an lae tiestas d@ Pascua. 

£1 cortejo jienetró eii la cati^dral & través de la iiiucttti- 
dumbre iMinipacta. Yu tíntunú el Tv Jíeuní, deapuéa del 
cual regreat' con el inisrao cortejo al patacío episcopal il 
donde recibí á todas lae autoridades civiles y ecloai^isti- 
ca% 

iQüéeatrogosba causado la demagogia en el país! Laa 
rellexiontía que me han asaltado il la vieía de tantas rni- 
naa, no quiero espreaarlaa; sena una crueldad aumenta!- 
un pesar m.ÍH al qtiB le ha causado á usted dsads hsCíJ 
tanto tiempo la eola idea de tantas miserias 



358 

Mié ilustres hermanoa, el arzobispo de Michoacán y el 
obispo de Oaxaca, le envfaii sus recuerdos más afectnosoa 
y todos sus amigos le dirigen expresionea Binceras, de- 
seándole, conmigo, toda clase de felicidadea.— P. A. de 
Labaatida, arzobispo de México. 



^59 



Los imperiales 



CouiisÍ'')n Meiicniía que fué ií Mirnninr lí ofrecer la co- 
rona iluMcxico al Archiduque MiixiiTiílinimtlc AupLi'Ííi: 

Don Jo0¿ M. íjuti^rrtz Eatradn, don Jo.*' Hidalga, don 
Antonio Eficandón, don TnmíiB Murphj% general don 
Adrián Woll, don Ignacio Agiiilar, don Joaquín Volfiz- 
queK de L*í)n, preabftero ilon Fraticisco Javier Miranda y 
don Ángel !gleei[is,(;umo secretai'ío. 

PrtuioNAi. i>B r.A Justa vSuraRroR hr GíimaRNo. — fiijyi;- 
ntral <Íí t(iv¡éi4n, senador, comandante m yfe del currjio n-jie- 
tUñaTuirio en México. 

En víft» del decreto ícclia 10 de .lanío, relntivo Ala 
constiCiición de una. jiinlíi etipc-riúr di> [;nbierrin: 

Segt'm ia propuGst». del Minisl-ro del EEnpei-ndor, hu Le- 
uldo li bien decretnr lo siguiente: 

Art. 1* Quedan nombrados miembroa de la Junta au- 
perioi de gobierno: 

Don .ffied Ignacio Pavón. — Dnn Mannel Die?. do Jírini- 
lia. — Dr. D. Jtiaé Bneilio Arrillaga,— Y>. 'íaiiíl.'.ffiw Xas*!*, 



— Dr, Don Francisco Javjer Miranda. — Donlgnncio Agn 
lar y Muruclio. — Dr. Don Jdbíi tíuIJauo.— Don Joaquín 
VeiitzcjueB de Leún. — Don Antonio FeriiiLiidezT^rcinjariJ fu, 
— General Mora y Villainil, — Don Ignacio Sepiílvedii. — 
IKmiJqb^ MarÍB Andra^e. — Con Joa(]uíii Cotillo fLan 
zas.— Don Mariano Dotnínguea. — Don José Guadaln 
Arrióla. —General Don Adriiln Woll, — Dnu Fernand 
Mangiiio. — Don Agapíto Muñoz. — DonJoai'- Miguel Arro- 
yo. — Pon Ttófilo Marfn. — General Don Mígttt;! Cervantes 
Velaeco. — Don Cri^pininno del Ouütíllo. — Dan Alejandra 
Arango y Eai'üTidiJii.— Don Juan Hierro Malsonado — Don 
José ]ldeCoii9o Amable, — Don Gerardo García Rojas. 
Dmi Manuel Miranda.— Don Josú López Ortigosa.— <>& 
iiei'íil Don Santiago Bliinco. — Don Pablo Vurgara. — Gen 
ral D(.n Cayetacio MíiiitAija, — Don Mannel Teja'la.— Don 
Urbano Tovjir.— Lie. Dom Antonio MonLn. — Don Miguel 
Jijnúiieií. 

Art. 2? Los tuiembroa de la jtiQta saperior arriba nom; 
brados, entrarán inmediata uien te en el ejercicio de 
íunciones. 

Art. 3'.' El KiínisUo del Emperador queda encargado 
la ejeciiciüii del preEente decreto. 

Dado en M^xicu, A 18 de Junio de 1*S3.— El getieral 
divieióti, aeiiadoi", comandante en jefe del tnierpo e 
dicipnario en México.— (Flrnaado.)— í'nrfjí. 



4 

«8 

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re-fl 

DO.™ 



POPBB KJKCUTrVO. — PeESOSAS HUR r.O COÍiIPONíIí. — I 

Junta .Superior de OoWünio Jnstaliida de coiifurmídail coj 
el decreto de 16 del corrit-nic, en Besióti de ayer ha pr 
cedido íl ta t'lecL'ifin del Poder Eiecutívo qne previene i 
art. 6" del mianio decreto, y han reanllado nombradaal 
persotiaa aiguieat^s: 



aei 



Primoro. El Escmo. Kr.Gcneral do división 
S. AlmonLe. 

treguado. Cl llsno. t¿T. don P^lugio Antonio de Lfibnfiti- 
da y Diivalos, ArzobJapo dcMósico. 

Tercem, El Escmo, Sr, Geueral de diviaiíiu don Ma^ 
riaiio Salas, 

Primer Eiip1eiil«. El tliiiD. Sr. dan Juno B. de Oriaac- 
chea. Obispo electo de Tiilancingo. 

Segundo saplpiite. Sr. Magisítiiido don TgDücto Favón, 
Presidente di? la. Suprema Curte de Justicia. 

Esta elecciOn se i>ijbliearii por Lando naci" iftl. 

Dado en el Salían de Sesiones de laJtinlii. Mt^xicu. '22 
de Junio de 18íJ3. — Ti^o-lasia Lari^, prosideme. — ACejamh'o 
Arimijo y Eicamión, setíretario. — Jos¿ Muréií Andrade, ee- 
c reta rio. 



Stícretaiía de Estado y del Peapactio de Gobernaciriii. 
— Píilacio del f^iiprenio Poder Ejeüutivci Provisional. Mé- 
xico, Junio HDdclBliS. ^-lE^l Supremo Püdei' líjeciiUvo Pro- 
VÍBionalp se hn «urvidí» diríginue el decwtu que sigue: 

Eí Supi-fmo Pa<W Kjtcuiivo Pi'oviaianal <ie ta A'íwfdít á h» 
hnlíitanti'á di ttln- nafitd: 

Que lu Junta Superior de Gobierno ha hcctio la siguien- 
te elscciún: 

Ju^TA ScPKRioB D& Gobierno. 

Avt. V," Ij:i Juma Sijpenoi'die (Jobiei'no, instalada do 
tonforniidad i^on el decreto de IS dyl presenta lia proce- 
dido il la elección de loa dosciontoe quitic-e iiidividiioa 
que dfiben frtrmar Ir naamblea dtí notables, uegáo se pre- 
viene en el nnfcnlo 10 del decreto de !6 del mismo, y re- 
fluttariin nombradas las peraon™? siguieülesT 



382 



1 Artvpdo D. Mflriaijo, djpntíitlo, empleado de lia- 
«MTida. <.ii<linajurito. 

1 Adali<l O. José, propietario, agricultor, consejero, 

Mmíco. 

3 Agtm D. líainfiti, ingeniero, nt^tiinl rcgláor. Sonora. 

i Aguilfir D, Brnüo, gen.erfll db ftrtiUei'ia, gobernfl- 
floT, Jalisco. 

5 Alvarado D, Ignacio, profesor de medicina, Mé- 
xico. 

fi Alvarez D. Manuel, piopietario. ngricultor, México. 

T Alvear D. .los¿ MarfíL, prapÍet!»i'ÍM| c-ú me reían te, 
ttgidt»!', México. 

8 Aciovas T>, José Ignai':io^ atiUgun eniplendo, Iioy 
Siibaticretório de Gobeí'nncjún, QiierL'taro. 

(I Alainún □. Juan B,, nl^ogado, piopietario, Gu&na- 
Itíto. 

10 Ariae y Oztn 13. Juan, propietario, consejero, ISé- 
ifco. 

11 Atoárate D. Miguel María, propietario, concejero, 
lobemador. MíxÍüo. 

12 Ilnrrera D. Jgnncio de la, odininietrador do la adiu^ 
nn, linín'taro. 

i;t U«r[tii]ir.o D, Manuol, mídico y catednítico, Mé- 

14 nnrnndiiirí1ii P, (JrcgoriíJ, dipínnuítico, Morelia. 
Ifi IlikrruKitii í' Mfiriano, plalero, Qnerítnro. 
in Molniann III. Podro, abogado, Zíic:itccas. 
n UliiiK'd p, MigiRi], geuoraJ, gi>bernador, Yucatá^ 
iM liiiiuitji 1), Igiuicio, jiieü. innb'ietrada. Mi'xico, 
J\i Ittintiull n, .IIiiiiiiL'l, ciuiilenÜLi de hacleuda, Miíslí 
]li'hi¡[ui« l\ ,luBC' Murta, puijiitilürio, Veracmz. 
jiüi» I'. Ji'Hi'm, plulm', d.i'vw>'Uuicntü de Mf-xiuc 



2£ CainpoB D. Mariano, erapleado de hacienda, de- 
pnrtíimento do Mímico. 

23 Cflri>enn D. j^guettri, abad de Giitidalupe, Qneré- 
taro. 

24 Carbfljal D. Vicente, propietario, empÜeado, conce- 
jero, Veíacius. 

25 CantiU» y CobD. Joflquru, emjplendo de Imciciidn, 
Veracniz. 

2tí Casaaoln D. José Mnría, Jibopado, fiscal de la corte, 
México. 

2T Carranza D. Ig;nacio, general, propietario, indua- 
trfal, .Tnlisco, 

28 Cervautea D.Javier, propietario, abogado, regidor, 
Méxiro. 

99 Cervanteay EetanilloD. Juan, diplomático, Mé- 
xico. 

30 Cordero T. Mamiel, propietario, ftbogndft, jues, 
México, 

31 Contreraa D, Mariano, nbogado, juez, magistrado,, 
San Liiie. 

32 Contrerns tí. Trinidad, sapnterOi Méxí'Cit. 

33 Cosío D. Franciflco, geneml, propietario. Nuevo 
León. 

34 Cueva D. üoaO Ramúa, propietario, CBCriliano, de- 
pnrtaniento de Mt'xico. 

35 Ciievaa D. Luis G. aenador, consejero, ministro, di- 
plomático, México. 

36 Cuevas D. Santiago, general, Colima. 

37 Crespo D. Antonio, antiguo oitipleado, Puebla. 

38 Cosío D. Miguel GoiiKálcR, propietíirio, abogado. 
regidor, Múxico. 

3!> Cflslillo D. Dioniato. abogalri, eiH>¡»\e,'B&&, í íK\?ws. 



40 Divíla, D. ^laríano, ecleaííielico, director de Inati- 
luto. Mí^xltío. 

41 DíuK de la Vega t>. Rómalo, general, gobernador, 
Yncfttín. 

42 Duarte D, Jofi¿ Uarí&nu, diputado, uooeejero, oía- 
gistrajt), Pueblu. 

43 Uuráu 1). Jo5¿ Mar^, atibaecretario de justicia, Mé- 
xicú, 

44 EuEiave D- Manuel, propietario, regíttor, Puebla^ 
i'i EciiavQ D. JiiaQi piopietai'ioi Mijxico, 

4t) Eclieveriín I>. ¿utonio, propR-taFio, agricultor, co- 
merciante, VeraCroE. 

47 Elguero D. Hilario, aijogiido, jiiea^ wnsejero, mí- 
nÍElro, Veracroa. 

■IH Elguero D. Pedro, abogado, agente fiscal, regidor, 
Veracruí. 

41) Esciidei-ü y Jíclianove D. Pedro, abogado, clípula- 
do, ogniiukor, Yucmiin. 

5Ü Eaparaa D. Ignacio, ■coronel do iiigeniuroe, Zacate- 
cas. 

51 Eeparza Macias P. José María, abogadg, loagiebra^ 
do, Agua&cn lien tea, 

55 £ápt]]uBu D. líaf&el. general, diputado, goberna- 
dor, Caliíorniaa. 

53 Eacalaute D. Felipe, induatrial, regidor, Duraugo. 

54 FernfindeB del Castillo D. Tedro, empleado, imíuíb- 
U'o, diplijmitico, Gíianojuato. 

56 Fernindes de Júiircgui D. Manuel, dipuladu. con- 
sejero, ininiatro, Querítaro. 

BIJ Forníadez D. Mariano, general, Vüracriií'.. 

57 Flores 1). Juan María, diputado, propietario, gobei^ 
'or, México. 




58 Florea D. Joaquín, propietario, couaejero, México. 

5!^ Flores Alatorre D. MáriaDo, abogado, piopi'etni'io, 
Puebla. 

80 FJorea Alatorre D. Agustío, propietario, abogado, 
comtijero, Míxico. 

f)l FoDBeca D. Urbano, propietarln, abogadoj niagií- 
tratio, México. ^ 

Í12 Franenfeld D. Joíí, propietario, agricultor, regi- 
dor, Móxico. 

tiS Galicia Chimalpopoca D. Faustino, profesor, aljo- 
gatJo, magistrado, Tlaxpala, 

G4 tijilván Rivera 11. Mariano, induatrinl, México, 

65 Gamy y Tejada D. José, propietnríof regidor, Be- 
cretnrio de gübierno, México, 

(Hí Gardida D. Toraíís, comerciante^ rcgidnr, Vera- 
crttz. 

ti7 Gírate Dr, E. Bernardo, dipoiado, conacjero, vími- 
rio capitular, Querítürn, 

6H r;,ircía D. Jiian, comerciante, Mésico. 

Ü!I García Vargas D.Miguel, propietario, dipiitailo, Ca- 
Uinn. 

"¡O García Aguirre D. Manuel, abogado, regidor, jiie», 
pref(;titn,*inagiatrado, Másíco. 

71 García Arcoa D, itavier, propietario, i'eE'á'H'j pi*- 
fticto, Mijxico. 

72 G6nie7 (le Lsmndrid D. Juan Francisco, propieta- 
rio, Sonora. 

73 GóubilIcz de la Vega D, Josa Marta, propietario, 
magistrado, diplom utico, México. 

74 üonajííez D, Ltiriaro, empleado, Agiíasc^iÜeiitep, 

75 QoD^tHei! D. José Hipólito, paipietario, eoroueU 
fenicruz. 



3(16 



7G Guiínljurtla D. Dcrnurdo, diputado, consejero, ma- 
giBtmdu, Nuevo León. 

77 Giiitiiíii D. Aléistidro, empleado, Nuevo Lofln. 
7t) Gutierre? D. Fraticiaco, platero, MC'XÍco. 
Ttí Geruián D. Diego, abogado, México. 

80 Hoto D. Pedro, regidor, corredor de niím-ero,' 

ÜBCO. 

81 Hebromar D. Mariano, comercian Le, Méíicu. 

82 Hei-niíndei U- Seveiíano, pintor, Tlaxcala. 
^3 llidflJgo Carpió D. Liiíb, profesor de medicina, 5a£ 

Luí a. 

tii IFidalgo D. Juan, antiguo etnpl(>ado, Mi;2Í<io. 

^5 Haz TJ, ManueE de lii. abogadn, pmpietaiio, Jalisco. ' 

81) Hiiici 1>. líiiií, Bubaecretariü de batjiíiíida, conse- 
je ro, México. 

87 Icaza _v ílnm D. Mariano, abogado, jiiea, rugidoi',] 
Mesico. 

83 YafiezD. Maiiano, propietario, abogado, diputado,, 
uiiuistru, Gujiuajunto. 

Sy Icaübali'L-ta D. Mariano García, prüpicUirio, Qgri-I 
ualtor, regidor, México, 

00 Igli^eiog 1>. F'raociscio, coiiiÍBarÍo de {{ii&rru, empleo-' 
do I Hcinora. 

91 Iturtiidé D. AgLislÍQ, dipiomítico, Miciioacáu. 

0"2 JiuitíiieK D, Igniael, ecltísiiistico, cubtidrático de de- 
reclio, Putbla. 

03 Jorria D. Pedro, propietario, mnat'jenj, iiiiiiiatro, ' 
Guaimjunto. 

!)4 Luma I>. JoBv Gerónimo de la. corrt'dor, YeiiLcriia.. 

'■i5 Lauda D. LuÍh, Cüm-erciiaiiie, rugidor, México. 

y6 Larrainzar U. Manuel, propietui-ii>, dipiiUido, aa-] 
nadoT, CJijupa», 



L 



3&7 



07 Lara D. Mariano, íodn-Btriul, oni^ileado, México. 
dS Liitpita D. Antonio, director del iiioutepío, Que- 
rétaro. 

99 Loscumin H. Fraociiico, propietario, coincmante, 
regidor, Veraciiiz. 
ÍOO Lonieli]! D. Manuel, ppeBbCtoro, propietario, Jaltaco. 
lOl Madrid D. Germán, regidor, abogado, México, 

105 Malo D. JoBi^ Rauíúu. diputado, sktiidQt-, couseje- 
ro, Michoac.tn. 

103 Martínez D. José GuadaUípe, gubsecretarío du go- 
bernatriún, Ta basco. 

104 Marroquí D, Joaquín, coronel, goberoador, Ta- 
baco. 

10*1 Madrigal D. Jorge, propietario, antiguo emploudu, 
VBracruK. 

106 Uauero 1>. Josa Hipólito, cúngui, Oaxttca. 

107 Marque?, U. L>eou{irdo,gep«ml, gobi'niHdor, Jaliuto. 
lOÜ Marr6iL D. lluniún, industi:1ul, Puebla. 

109 Mel¿ D. Francisco, director dtil cuerpo médico, Si- 
nalun. 

110 MejIaD. Toma?, general, gobernador, (Jutírétaro. 

111 Mtndoza D. Antonio, tejcdoi-, Tlaxcala. 

112 Miranda D.Ilafael,t!iup loado duliíicienda,TluTCala. 

113 Mior y TerdQ D. Joaquín, cotedtilico dis malemá- 
tícas, Jaliá^o. 

114 Muiites de Oca D. MnDuel, fabrictuiUi de pianos, 
Colima. 

115 Mornlea D. Jo8¿, tirador, AguagcAÍiootoB. 

116 Moi-eno Df. D. Manuel, propietario, deán de la ca- 
tedral, Múxico. 

117 Mt'tiin Ü, Antonio, regidor, propietario, depEirta- 
mentu de Uéaicü. 



118 Mora y OzUí T>. Luie, iibotíado, regiaor, departa- 
mento de México. 

119 Mora y Oxta P. 3lftn««i,(!ipl«inAtÍco, deparlninen- 
to de MÉXICO. 

12() Mura D. FrftnriECo Sompio, liiploiiiítit-o, Tamauli- 
poe. 

121 Monroy D, Josí- Lüpez, empleado tle hacienda, Zii- 

132 Medina 1>. Joac María, propietíirio, director del 
linBpital de San Andn^p, MiíXico. 

123 Mufiqs D. Liñn, propietario, médico, regidor, Mé. 
sico. 

124 MurphyD. PatrieiOj regidor, catedriítico.Veriwiroa. 

125 No riega D. Manuel, gentral, ^nbernador, I)uranEa. 
12(i Niljera D, Domingo, prefecto, Que nj taro. 
12* Nieto D. Joe6 María, propietario, iiKiedisía de GuHr 

dalnjar». Jalis^io. 

12ft NúfioíD. Gabriel, erapleado de hacienda, propie- 
tario, Veracruz. 

129 Ovíindo D. Josi'', propietario, Piielila. 

130 OctLoa D. José Maña, abogado, eclesiástico, depar- 
tamento de México, 

131 Ollofjiií U. Joeé, propietario, depnrinmento do ¿lé- 
xico, 

132 Orozcó Di-. D. José Cayetano, diptitado, í-anfinieo. 
Jalisco. 

133 Orozco y Berra D, 31anuel, aubeecretíirio de t 
mentó, Querétaro. 

134 Ortiz Cervantes D. Joaquín, propietario, industrial 
México. 

J33 Paelieco P. Josí Migue.l, díijutado, conaeiero, pr< 
pÍÉ tarín, Jafisco. 



136 Pacheco D. Pantaleóu, empleado de liaeieuda, Jb- 
lieco. 

137 Pagaxa D. Joeé, propíelario, empleado, Míxico. 
13S Pastor B. Juan N., abogado, agente fiscnl, Queré- 

toro. 

139 Paredes y Arrillaga, D. Agustín, propietario, regi- 
dor. M4x¡{». ,' 

140 PaiKclea y Arrülaga D, JoBé María, abogado, juei, 
México. 

141 Paredes y CaaliUo D. Mariano, abogado, juez, Mé- 
kíoo. 

142 Pavóa D, Fraacisco González, general, Sao Luís- 
H3 Pereda D, Joan K., diploiaátiico, México. 

144 Pérez D. Fraucisco, propietario, general, goberna- 
dor, Puebla, 

145 Peña y Santiago D, MariaqQ, propietario, comer* 
ciaitt?, Móxíc'O. 

146 Fefla D. Joaé, propietario, regidor, Querétaro. 

147 Pérez Marín D, Fernando, propieiarlo, Puebla. 
149. Piedra D. Joaií María, abogado, regidor, propieta- 
rio, departamento de Mí-xico. 

149 Piquero D, Ignacio, diputado, consejero, emplea- 
do, TI apeala, 

150 PiñayOiievaa D- Manuel, propietario, eonaejero, 
Dainietvo, departamento de México, 

151 Pifia U. Miguel, general de arUllería, Chiapaa. 

152 Portilla D. Kicoláa, general, ^bernador, Chihua- 
tina. 

153 PJiego D. Je8i5e, propietario, n^rieultor, Mé- 
xico. 

154 Primo Rivera D. Joaquín, edeeiáetico, propieta- 
rio) México. 



ém^M 



3^0 



155 Qaer^Jaau D. PdSCual, propietaria, méclico, 
üft)iiato. 

I5tí Quiñones D. Joe^, propietario', Üaxaca. 

lo7 Rada Dr. t). Agustín, etilesiitetíco^ San Luie, 

15S Haigoaa D, Felipe, aubiecretatio de goberoacióo,] 
Zacatecas. 

Ifl9 Ramirea Illino. íjr, D, Francisco, obispo da CAla>^ 
dro, Guau^ijiiato. 

16i) HíLiufrez D. ,Toaé Fernando, diputado, Benador,- 
miuistro, uiagtstmflo, Diirango. 

Ifil Rebollar D. Rafael, abogado, juei, magÍBtrad&,J 
Curacgo. 

16¿ Riva Palactoi U, Mariano, díputodor senador, ge 
bertiadüi-, miniíitro, México. 

1G3 Roa Barcena Don Jüaé Marta, nacritor pLÍblic9, Vi 
mcruz. 

\tíi Rodríguez Osío D. Wariano» antiguo empleado, Sl^i 
naloa. 

1(15 RXo dñ la Loxa D. I^opoldo, industciali México. 

I(j6 Rosales r Alcalde D. iMaiiuel, abogado, inagietra^ 
do, propietariOj México. 

i67 Rodrigue» Víillaauevn D. Josi^ María, BbogBdo,-em^ 
pieado de justicia, Oaxaca. 

IÜ9 Roblea O. Cilios, propietario, cqinqrQ, regidoi^ 
Guanajuíito. 

169 Rodríguez de 6^a Miguel D. Juan N,, dipuliuloj 
CrtasfjtiTo, prop¡et4rin. Puebla. 

170 KobledA 1>. Felipe, comerciante, regidor, Vn 
crat. : i' 

iri Ruíz D, José Marfa, antiguo empleado de ha 
da, Veracrua. ■• 

172 Eubifiofi D, Juai\FftVTOe,s.'wsp.Afi,09»»tóa 



371 



173 Hus D. José Franoiaco, diplomático, Oaxaca. 

174 Ru9si D. JoBi^ Koinán, empleado del miotflterio de 
fomento, Tamuulipas. 

175 KüÍB D. Luis, propietario, Veracruz, 
1"(J Salaza,rD. Hipólito, litíigrsfo, OüJf-acR. 
177 Salaiar Ilarregui ü, Joeí, regidor, ingeniero. Chi- 
huahua. 

1T8 Salcido D, Franoiaco ds P. general» Jalisco. 
nfi SaManeta D. Jóaé María, ex^Ennrqué» de Rayas, 
mineio Giianajuato, 

180 lanches D. Fernando, díretitoc de coiitribüciones, 
MoreÜQ. 

181 Sáneltez Castro D. Pedro, abogado, mftgifltrtido, Du- 
rango. 

1S2 SamuDÍego D. Desiderio, pi'opietai'Lo, Qaert^'tara, 

183 SúncííBz ViHavicencEíjD. Juan|Goiiierciante,Colima. 

l&i Saina Ileroaa Dr. D. José Marta, caQ>'inigo, aboga^ 
do, VerQcruz. 

Iti5 Serrano D, Joaé Rafael, abogado, Puebla. 

iSti Segura D, Sebastiiin, dipuiado, etianyador, Vera- 
cruz. 

157 Segura D. Vicente, diputado, consejero, empleado, 

158 Solares D. Ignaciu, abc^ado, jDeü, Durando. 
ISa Sáuchea Vacia D. Joaé, 4;aronsl, Veraci-uz. 
VJQ SotalíivaD. Manuel, propietario, gobernador, em^ 

picado, depÉiriamento de Máxico. 

UII iiolórzano D. Joíiquíu, general, Sinaloa. 

IftS Tiigle D. FniEtiBCo, propietario, empleado, Míxico. 

ISS, Tei'iln D. Ignacio, comerciante, México. 

194 Torree LarrftinzaTD.Joaqnfn, propietario, prefeíto. 
Puebla. 



372 



IftS Tort D. José Mana, módico. Puebla. 

IBtf Tornel D. Agiiatín, regidor, euipleado, Puebla. 

1^7 TrujilloD. Ignacio, abogado, comerciante, agricul- 
tor, Cliiripaa. 

11)8 Uiíbarri D. José Dolorea, propietario, euiplendo, 
dipComtUico, Mf-xicO. 

]ti& L'ñurie D, Maniiel, propietario, prefecto, Puebla. 

SOO Valle I). Manuel, propietario, cOTuerciaute, Onxnca. 

201 Valenzuela D, Francisco, empleado, AgimscaHen- 
tes- 

202 \VrlÍ2 D. Juan N., abogado, ^uez, diputjido, conse- 
jero, Quer-ítiiro. 

203 Velaaco D. femando A., genera!, Zacatet-as. 

204 VeláitqHezde la Cadena D. Jooquíu, empleado, fian 

205 Viilaurrntia D. Ramúii, propielario, abogado, Mé- 
xico, 

20t> Vicario D. Juan, general, gobernadorj dep&rtA- 
mento de Mísico. 

20T Viílalón D. Francisco, propietario, eBCi-ibanOt Mi- 
choacán . 

203 VillaurriitiaT). Eulogio, propietario, Méxioo. 

209 Villar y Bocanegra D. José MiirEa, prüpietorio, 
jtie2, magíBtmdo, sonador, Aguoscalientes- 

210 Villar y BocFinegra D. Francteco» ecleaiáslico, 
Agiiascalienttia. 

211 Villavicencio D, Pranciaco, abogado, magistradií, 
Taraauiipaa. 

212 Villa y Coeío D. Hermenegildo, «Upiitado, senador, 
íonaejero, come-rcíante, Veracruz.. 

813 Zaldívftr D. Joaé María^ abogado, jues, mimetro, 



373 



214 ZavaIa.D. MoQuel, general, Tamaiiüpas. 

215 Zitnbrúti D. Manuel Díaa, propietario, abogailo, di-' 

putado, juez, México. 

Art, 2? La Asnmblea se fnetalaní el lifa 8 del próximo 
mes (le Junio, 

Dado en el ealÓn de eeBionea de la Junta, & 20 de Junio 
dñlS^Z.-TfodúsioLara, preaidente. — Aí-yanUro Arangog 
Eéeandón, mcretario.—JoíÉ ATaria. Ándradf, ftecretarto. 

Por tanto, mando se imprima, publique, cireule y ae le 
dt^ el debido cumplimiento. Dado en el Palacio del Sti- 
prento Poder Ejecutivo. Sléxico', Junio 30 de 18fi3".— 
Jna7i N. Almoiií': — Jqué Mariano SaUíá, — /iííih B. Orniae- 
cAe«. — Al SubBecretario de Estado y del D^spacLo de Go- 
bernación. 

Y lo comimico A Ud. para eu inteligencia y finca con- 
Bígnientes.— El Subaecrctürio de listado y de! Despacho 
de liobernaciún,— J'oíí /. de Anieoaa. 



índice 



De Igasln A Miramar. Iturbide y Maximiliano VII 

Introducción I 

Friraera parte.— Ciipítniíi I. — Proyecto del conde de 
Arandü en 1783. — Sítwnción de Míxico. — Se ofre- 
ce la corona á las i-asaa de Borbón ó de Austria. 
— Lo aprueba ei virrey. — No lo acepta Eepnñn. — 

Coronación de Iturbide 15 

Capítulo II. — Pí-oclamacióti de la república. — Coneti- 
tncióu. — Efectos del nnevosiatfiua. — Número de 

presideotea. — Nulidad de los partEcioe ...„ 21 

Capitulo 111.— Triunfo de loa ultro-übtrnlee,— Tra- 
tado con Joe Estados Cuidos.— Situflrii'in de Mé- 
lico. — .Atisqiiea al cuerpo diplojudlicií; — Esjiul- 

Bkin del nuncio y de los obispos. 2*í 

Capítulo IV,— La España y ens colonias- — Error de 
nqneL gobierno. — Ensayo de reconquista en iSStí. 
— Expnisión de los. espadóles de M(?stco. — Reco. 
nooimiento de la independencia por la reina Cris- 
Una. — ^Tratados sobre ladeada, — Su violaQí^ft v 



3Tn 



seesinatos de espai^olea. — Generosidad de Eepa- 
ña- — Siieeueiiiigúa. — SuscoloQiaB, — Sueminiatros 
en Méxii'o 33 

CapíttiloV.— Los EfltadoB Unidos. — PrimeroB ataques. 
— Ensayo de coionización frEnceea en Texas en. 
1S15, — Conoe^íouea de Eepaña en ISlf.— Propg- 
BÍcióndeconiprBdeTesBe.— CoIonoB.~8u revuel- 
ta. — Independencia de Tesaa, — Opinión de un 
uraencano.— GueiTR con Mtxico. — Pérdida de le- 
rri torio. — Auxilio lí lo8 ultra-liberales. — Situacifin 
geográfica - 38 

Capítulo VI.— La Inglaterra fomenta la emancipación 
de los roloniaa. — rropoaición de lascO'rtieB de Ci- 
din. — Inglaterra reconoce á Músico. — Einpiíeti- 
to. — Opininjn de Palmetskín sobre Jos gobiernos 
republicanos,— Temor il loa Eptados Unidos.— 
DifBdén por larfizii latina.— Brepresentantc bri- 
■ tiínico I ..., -44 

Capitulo VU.— La Frani:ia durante lo guerra de tain- 
dependeücia.— La j-econoce Luis Felipe, — Guerra 
en 1838.— La Francia no se meada en ia goerra 
con Joa Eatadoa Unidos. — Mediación de Napoleón 
entre Sléxicu y Espafia en lFi57.— Obtiene la paz. 49 

Capitulo VIIL — Proveckis de luoiiarqufa dy Mr. de 
Chateaubriand y de Mr, de Vil I Ole. —Couepí ra- 
ción del P. Arenas.- Proyeciae de Gutiérrez de 
Eatradn, — Revolución del general Paredes.— Can- 
did&toE. — Proyectos del general Sarta Auna, — 
Candidatos. — ííuevaa proposicionea iL España. — 
PaaoB de Almonteé Hidalgo en Paríe.— Lob go- 
bieruos de Zuloaga y ilirsm6n piden la interTen- 
CJón enropea.—Cai"ta de Hidalgo al ministro de 



377 



estado eapafiol y eu folileto.— Opiuión de la Frao- 
cia. — Esperanzas perdidas 52 

Segunda parte.— Capítalo I.— Eipulaión del embaja- 
dordel^pañn. — Pmpgsicionea pacificas deeste go- 
bierno. — ^Opin¡6n del a^rairante Dunlop sobre la 
mouarcíiifa, — SiUiamu de Músico descrita por el 
ministro ingk'a. — Pideía fu lerveación extraíijera. 
— AU'optiUos :t loa extranjeros. — El iniíiiatro de 
Francia pid« la Ínter vecciún arninda. — Amb<i0 
Qiinietros rorapeu sfiá rehcionee con -el gobierno 
mexicano 70 

Capitulo II, — Cómri íturgió \n candídainríi del Archi- 
duque.— Acogiila que encontró eu Francia. ^Pro- 
yecto de (|ue Aluioiiie lue&e á México y Outi<''rrez 
de Estrada áM.raniai" ,.... S4 

Capítulo ill,— Negtjciaciúíiea entre Fruncía, Inglate- 
rra y Espafla 8obi« el modo de intefv^uir en Mé- 
xico. — Invitaoióü ú los Estadoe UnidoB.— La Eb- 
pafla.— Siieiabajador en Parfa.— Actiiuií de la 
España.— Arditi de la Inglaterra.—Convención 
firm&iln en Lotidree. — Cómo la Auuncton los t>'«e 
soberanos ú ios poderes Jegíelativoa , !K) 

Capítulo IV. — Ooiidicioneg con qus aceptó el Archidu- 
que. — La Francia manij^efta an opinión ñ laln- 
glatertíi y ¿ la EspaHa a&bre \oá proyectos de mo- 
]iai'qu£a.— Lo qne Eobre aeto pasú^ntreel gobier- 
no cepaflol y bu etubajadoren Pai-ÍB.— Repentina 
preienaión de ese gobierno.— Porqué no se eligió 
un príncipe español 101 

Capítulo V, — Instrucciones de la Francia al viceal- 
mirante La Ciraviíre,— De laEspaña al general 
Pricn..— Deíereuoia de laPranda,— Repemína aa- 



3fra 



liüft ác Ta eacttflidra e«pailol&.^IMagiisto de la 
Francia y de la Tngt^t^rra.— Francia iumenta ^as 
ínerzas.— Deja giie las mande el genenU Prlm. — 
Llegada de la escriidra eapofido y icarm de Ver** 
cni2 111 

Capftulo VI. — Plriüíeía conferenfia de I,* aliado» *n 
Veraciuí.— Sa proclama. *-->' ota ectectiva.— Pl- 
fñdencicL pOr el negoeio Jecter.— Perpoiia» que 
lleTsri:i& la nata A Músico. — Mal efecto que htxa 
eu lo^ pArtídnríog de lamonñrqnfft.— IMe^dfla del 
gubjerno. — Su respuesta á Icrs aliatloa-— El gene' 
ralMimmúii. — ElexijiinietroZQmacon».— Dtjfali 
do vienp ñ conf-erencíBi' cnn log alíadoa.— Ctn\*c- 
n ios de I H Soledad. —Llegftda de Alniont*. — Del 
g.eueral Lor^ncez y los r^íueríoe ímnceíea. — Fn- 
eilamlento de Robles. — Adhesión de varios jieíea 
y oficialiee A los planee de Almonte.— Píiinseopo- 
ne á que ee ampare ti íate. — Le profeE^n tes frftn 
CBEi-a ..,.. 

Capítulo Vil,— Loa gobienujB de Fcancía, Eupailaf 
Inglaterra desapruetan loe priuirroB pasos de siia 
plenipotertciariop.^Ccrreepondencia de Prirr y 
La GraviOi*e,— DesBcnerdo por Id proteLciüii de 
Alinoute,— Reeinbspqne de las tropue <le la Tanrh 
na inglena. — Los tres gobiernoB desaprueban los 
tratados de la í^■oI^•ditd, — Sigue el deaaciiercio en- 
tre loa plenipf'Cencianog.— Confeieam de Oriía* 
bft.,— En ella protesta el gcní^rñl Priin ijoníra lOB 
lltmores de intentar coronanie conjo einperadoj-. 
— El periódico El Esa dt Eirofa.—E] gobierno de 
M^xict' pide el reembarque de Almonte. — Los 
tmncetes le protegea s6lametite.— Monai'qul*. — 



12L 



379 



Los ífaDMeSfi propímeú Mgiiir adelante. — Rehu- 
snn loa espaRol^ y loa ¡itglews. — Reerabarqae dír 
lag tropas españolas en baquía IngloeeB. — Triate- 
KS en la Habana.— Viaje de Priui á loa KetadoB 
Unidos 13* 

Capítulo VIH.— EL gobierno e^paíiol aprueba bI ge- 
neral Pñm.— Opinión dt algunoB diputados j 
Bcnadon'ee eapanotea.— RúBetitimiento de la !Fran- 
cia, — Impresión en Enrapa. — Laln^laterra aproe- 
ba la ruptura 15S 

Capítulo IX.— El ejiirctlo francés en Orizaba. — Pro- 
niindamiento de Córdoba y Oihahe, en íavoc de 
la Intcrvendún. — íí* le unü Ja brigada Gálve». — 
PhX:1xin& de Almí^nte. — Ataque á Puebla. — Des- 
calabro de Íii9. ír&nceafiB. — S« ]ea un» et general 
Mjlrquea. —Derrota de laa fuerzas mexicanas por 
3ss frauceí^aü en Orizaba.-— La prensa en México. 
— V'a allá el ininiatro ingles y ee vnelve amigo 
del gobierno, — Hai:e con íele iiu tratado íjue no 
aprueba la Inglaterra.— El eecretario espuflol lle- 
va á Mésícif un proyecto de tratado 1"0 

<jap(lulo X. — íriipresiün en Frarcia pr^rel descalabro 
de Piiíjbla. — Caria del Enijiaraiior al general Lo- 
rencez, — Envió de nuevas fuerzas, — Lae inaniiftel 
genüial Forey,— Carta de líapoleún !Í este gene- 
ral.- Relacionea de Francia y España, - lieiinin- 
cia dei sefior Mon,— Le reemplaza fii París ei 
inarquée de la Habana. — Incidíüte de nj preB^H' 
taeii'm al Emperador. —Buen deeeo del marqnís 
para seguir obrando de acuerdo con francífl.^ — 
Actitud deísta.— Discueión en España 17fl 

iTercera parte,— Capítulo L—Situíci6n en Mén.iWi'i 



380 



Orizabn.— El paclido müniírqiiico. —El por qHií de 
la autorldAd da Alrnonte —La defiapriicbi el ge- 
neral Forey. — Proclama de éste en VeracniK. — 
Abnegación de Almonte. — Nuevas metüdas en 
^fÍKicn. — Actitud del cuerpo diplomático. — Ejér- 
cito luesicano.— Proclama ea Córdoba del gene- 
ral Forey.— Otra en Oriznba, -Su 'írden deJ dCa. 
— General Comonfort.— Sitio y toma de Puebla. 
— Lri) anUiridades mexívaiioa huyeu al interior. 
— Proimnciattiiento en MíscicQ por la Interven- 
ción, — Eiitnida del ejúruito francn-mexicano en- 
México, — Entiisirtsmo que produjo, — Notable CO- 
municaciíin del general Forey. ^Carta de Napo- 
león , 16) 

Capítulo TI.— Decreto del geueral Forey estableeien- 
do una jnntn de gobierno.— Apnmblea de nota- 
bles.— Proclamad i ím de ia monart|<ifa y del Ar- 
ch¡diic|¡je Maximilinno, — Votos de graciüB. — Cofi* 
de Ja proclamación de la monarquía. — Satisfao 
ción del gobierno francÍB 21' 

Capítulo Itt. — Peracihai de ta regenda.— Pii raodera- 
ciún. — Elogio déla Intervención poc un exminia- 
tro de Juiírez y crítica de sn propia eítuíición. — 
Comisión para ofrecer la curocaal arcliiduqne. — 
Algunas medidaH de la regencia. —Tratado cotí 
Francift sobre las miima de Sonora. — CneRtióuder, 
bienes i-clc9Íííalicoe, — Produce la dioidencin ent 
los regentes, — Éxito de las operaciones millliaree. 
— Enliisinaino por Ioh franceeee, — Cíobterno de 
Jaáieií.^RegrpEo de loa obispos dteterrados. — 
Llegada y reembarque de Sama-Anna. — Regreso 
ü FrftDi-ift de Forey cortiú mariscaL — -Su opinión 
sobre la voluntad del país 21 



S8l 



'apílalo IV.— Prot«etaa pacllicaa de lo» Ealados Tuí- 
dóe. — Sa guerra civil.— HoBtJiidad al Imperií) 
del ministro fn Liandres. — Explicaciones de loa 
lados Unidos.— Alarraae de fetos sobre ¡ne in- 
ncionea de Fraucia. — Piden explicaciones.— 
!•» Francia las pida á au ^-ez. ^Actitud de loa Es- 
tados Unid-JB. — Voto de la cámara de represen- 
tantee.— Vuelve ánqut^lloa el mintetro acredtta- 
dn cerca de Juáres.— So reconocen á Maximilia- 
no 229 

Capítulo V. — El Archiduque ¡Maxim iliano.—SLi man- 
do eu el reino Lombardo-Véneto. — Míramar. — 
Acepta la Cürona, — Opinión de los mexicaooB 
que le visitaban. ^ — Rehusa el trono de Grecia.— 
OpLnÍ6ii del rey Leopoldo aobre el d« México.— 
MÍBÍÓQ del Sr. Armngolz.— Ee recibida la coml- 
fii6n en Miramar. — Reapu^sta del Archiduque. — 
Voto de graciaa li Napoleún 111.— Viaje del Ar- 
chiduque á Vieoa, Drii&Blas, París y Loaidrea,— 
Ke'QépciÍJii de toH mexíoiinod en Paría.- Vuelve 
la comisiona Miraiuan — Se aplaza la aceptación. 
— Derechos de ia corona de Anatria.- Negocia- 
cioiiea sobre esto. — Proaestaa. — ^Aceptación defi- . 
nitiva de la de México. — Ceremonias. —Jura- 
mento del nuevo Emperador.— NouibratuieutoB 
diplomáticoe. — Tratado con Francia. — DecretoB 
sobre empréatito y comísiín financiera en Pa- 
rís 235 

tapltulo VI.— Embarque de Maximiliano.— Llegada 
á Kaina— Audiencia del Papa. — Misa y aiociidón 
de Su Santidad. — Comunión. — Elnibarqne para 
Gibraltar.- íPor qué no deíÉtobíCctEi t-o. íaiü-ii. 



3§2 



fin?— H"itnre6 y QeEtae en Oibraltar. — Llegáis 4 
la Mai'iLniua. — Libertad áe prisionera)». — Ltefoda 
ú V'eraeiui SSij 

Capítulo VIL — Ha nnbe ev. México la aceptación. — 
Alinonte lugarteniente. ^áale para Veracruz.^ — 
EiitoEiaaiiio de la capital.— Desembarco da loa 
EiiiperadoreiS.— Proclaiiift. — Becibiiniento enVe- 
racruz, en Córdoba, en OriKtiba, —Anécdota. — 
Tierna y sencilla al'rciición de ioslnilíüS. — En- 
trada en Puebla. — L legada, li la villa de tuadal ci- 
pe,— Solemne entrada en Mrtxico, — AlgiiQOB d^, 
tal les. ^Abatimiento de los republicanos. — Viaje 
del Emperador á Iíls provincias del ceutro.— Be- 
i-ibitnientQ entugíaeta en eliss.— Alfijamientode 
loe fund&ílgres del IrnpBrio. — Se 1^ tuuba de i'eac- 
cionanos, — No Jo fod. —Se lea llama ;í la liora 
del peligró, acuden y -siicumben ton el Empera- 
dor...... ,,. ,.... ~t., 

Apéndicb. — Doctimerit&ddií 

Memoria secreta preaentadtt al rey Carlos IH por 
H. E. el conde de Ar.'inda, 9i>bre la i d dependencia 
de fas coloTiiaa inglesa", deppiiéa de haber Si'ino- 
do el tratado de Paría de 17S3 27S 

Pian del Sr, Coronel P. Aguatín de Itarblde.— Ac^ 

' tículo comunicado. -" 2^( 

Exento. Sr. Frmdente deja Repdbliea, I>. Aoae- 

taeio Biislatiifinte 29É 

Algnnos indicacLODea Srcerca ds la iatervenci6n eu- 
ropea eu México- 30 

Perfil üa MaxiiDillano y de Carlota. .— 

£¡ecGÍúa de Maiimiliano.,.. •.—" 



3S 

Cnesüón de México 3M 

Hnéeped de Maximiliano 344 

La diputación mexicana en Miramar. 341 

Begreeo del arzobispo Labastidaii México. %Uí 

Loe imperiales 3fi9 





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