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RAZÓN Y FE 



TOMO XXV 




RAZÓN Y FE 



REVISTA MENSUAL 



REDACTADA POR PADRES DE lA COMPAÑÍA DE JESÜS 



CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA 



ANO NOVENO ^^ TOMO XXV 



SEPTIEMBRE-DICIEMBRE, 1909 



Beatushomo, quem tu erudieris, Domine, ct 
de lege tua docueris eum. 

PS. XCIII, 12. 







MADRID 

¡(edacción: J/lárlires de jfilcalá, 8. — jfidministración: plaza de Santo domingo, Ik-* 

e Apartado de corraos, 38t5. . 



RESERVADOS LOS DERECHOS DE PROPIEDAD LITERARIA 



riP 



Est. tip. «Sucesores de Rivadeneyra». — Paseo de San Vicente, 20.— MADRID 



jSlH PATRIA V 6IM FS! 



m. 



lENTRAS se estaba imprimiendo en Madrid nuestro último ar~ 
tículo (1), donde probamos que el odio á la Religión católica se junta, en 
extranjeros y nacionales, con el odio á España, nación católica por su 
mismo desenvolvimiento histórico; hemos asistido en Barcelona á una 
espantosa confirmación y comentario práctico de nuestras asevera- 
ciones. 

¡Eterna ignominia para nuestros republicanos, anarquistas, anticleri- 
cales, revolucionarios: nombres distintos que vienen á significar, en este 
país, una misma cosa! En los momentos en que la patria concentraba en 
jyielilla sus miradas y sus fuerzas, para defender, junto con el honor de 
su pabellón, las esperanzas de su porvenir y las garantías de su sig- 
nificación europea; en el mismo día en que nuestros hermanos teñían 
una vez más con su sangre generosa, en el suelo africano, esa ban- 
dera patria mil veces ensangrentada y nunca rendida: los hombres 
sin patria y sin /e, los apóstatas de nuestra Religión y renegados de 
nuestra historia, han vuelto contra el corazón mismo de nuestra patria 
catalana y española sus armas parricidas, han profanado el noble solar 
de Cataluña, y han cubierto de oprobio á Barcelona, ayer orgullo de 
nuestra civilización, emporio de nuestro comercio, centro activo de 
nuestra industria...; hoy teatro de asesinatos, desolaciones, incendios y 
salvajadas, cuales no se habían producido en Europa ya ha cerca de 
medio siglo, y ¡ante los que palidecen las profanaciones de la Setembrina 
y las abominaciones de la Commune que oprimió á París más duramente 
que el hierro de los prusianos! 

¿Por qué vamos al África á combatir la salvaje ferocidad de los rí- 
fenos, si tenemos en la más hermosa de nuestras ciudades levantinas ca- 
bilas más feroces y mil veces más abominables y punibles? ¿Cómo nos 
defenderemos del odio y violencia de los extranjeros, si llevamos en el 
seno una víbora que atisba el instante propicio para clavarnos su en- 
venenado diente en el corazón? 

Desde este Colegio de San Ignacio, donde escribimos, hemos visto 
surgir y extenderse sobre la vasta ciudad, coronada de ordinario con 
los penachos de vapor de laboriosas fábricas, nubes funestas de humo, 
producidas por el incendio de los templos de Dios, de los asilos de la 
caridad y de la inocencia, de los establecimientos de educación y 
enseñanza religiosa. 



(1) Razón Y Fe, t. XXIV, pág. 466. 



6 ¡SIN PATRIA Y SIN Fe! 

Tres días mortales han fatigado nuestros ojos los rojizos fulgores 
del incendio, mientras atormentaban los oídos y afligían el corazón las 
repetidas descargas. ¡Se mataba villanamente en las calles de Barcelona á 
los soldados de quien la patria espera la defensa de su honor, de su se- 
guridad é independencia! (1). 

1 

La revolución se urdió en los conocidos centros, donde impunemente 
se congregan á la luz del sol, y á ciencia y paciencia de las autoridades, 
los hombres sin patria y sin fe; los que apellidan la libertad para matar 
la facultad de hacer el bien; los que vitorean al ejército y disparan ale- 
vosamente contra el soldado; los que erigen Casas del Pueblo para per- 
vertir al pueblo y precipitarlo en el crimen y en la ruina. 

Parece que se había celebrado una reunión previa,* y hecho un nume- 
roso alistamiento de foragidos (20.000 dicen), y el lunes 26 de Julio, gru- 
pos de ellos obligaron á suspender el trabajo de las fábricas, prohibieron 
la circulación de carruajes, y acribillaron á balazos los tranvías, volcando 
y destrozando varios de sus coches. 

Entonces comenzó la vandálica faena de! espíritu destructor. 

Los RR. PP. Escolapios tenían un colegio secular (2), bajo la advo- 
cación de San Antonio, en el barrio del mismo nombre. Apenas hay en 
España otro centro docente tan benemérito de las clases populares; pues, 
situado en medio de una barriada pobre, en su mayor parte de trabaja- 
dores y menestrales, daba gratuita educación é instrucción á millares de 
hijos del pueblo. 

Este colegio hubo de ser, no obstante, el primer blanco de la furia de 
esos salvajes de la civilización, que pretenden difundir la peor de las 
barbaries, presupuestando una cultura enemiga de la fe, y por ende, ene- 
miga de la patria española. 

En vano rechazaron los PP. Escolapios los primeros intentos de los 
incendiarios y lograron extinguir el fuego; los bandidos sacrilegos repi- 
tieron una y otra vez sus conatos, apoyados por las soeces turbas, hasta 
que los religiosos se vieron obligados á abandonar aquella antigua mo- 
rada de la piedad y el saber, para pasto de las llamas y el salvajismo. 

El método seguido por los sicarios en casi todos los edificios reli- 
giosos ha consistido en echar por delante grupos de mozalbetes, casi 
niños (3), provistos de petróleo y otras materias inflamables. Estos gru- 



(1) Escrito este artículo, casi mientras se desarrollaban tan lamentables acaecimien- 
tos, adolece de lo iricompleto de la información de aquellos tristes días. Hoy, al corre- 
gir las pruebas, la pintura nos resulta muy pálida, pero no tenemos ya tiempo ni alien- 
tos para rehacerla (12 de Agosto). 

(2) Se estaban disponiendo á celebrar su centenario. 

(3) ¿Alumnos de las Escuelas Modernas? La enseñanza de éstas forma presunción 
afirmativa. -■.■■■'. 



¡SIN PATRIA Y SIN Fe! 7 

pos, á quien álrigian prudentemente personas que no eran del pueblo ni 
del país (pues algunos daban sus órdenes en buen castellano), estribaban 
en el apoyo moral del populacho, que se agolpaba, recibiendo con 
aplausos y rechiflas. cada uno de sus éxitos ó bestiales hazañas. 

El colegio de los PP. Escolapios era un edificio vasto y sólido; por 
lo, cual, mientras las llamas iban haciendo lentamente su obra destruc- 
tora, los incendiarios y ladrones, acompañados de mujeres perdidas, en- 
traban en los claustros y aposentos, y arrojaban para atizar el fuego los 
libros, vestidos y muebles de los religiosos; y á cada objeto notable, sa- 
crilegamente abrasado, la chusma brutal prorrumpía en alaridos y 
aplausos. 

¡No todo se ha perdido! Los defensores de la mora! neutra sacaron 
el arca de caudales del colegio, y se repartieron públicamente su con- 
tenido, como salario por la obra de cultura que estaban ejecutando. Tam- 
poco faltaron mujercillas que solicitaban la posesión de algunos objetos 
(colchones, mesas, ropas), y la obtenían de la magnanimidad de los eje- 
cutores de aquella obra redentora. 

Casi simultáneamente con el colegio de los PP. Escolapios, se vio 
atacado el convento de !as monjas Jerónimos, situado al extremo de la 
calle del Carmen, en la plaza del Padró. Dicha comunidad, conocida an- 
tiguamente con el nombre popular de les Margaridoyes (las Margaritas), 
alcanzó del Papa Sixto IV (1471-1484) un breve pontificio concedién- 
doles vivieran como verdaderas religiosas con el hábito y regla de San 
Jerónimo. Al principio habitaron en una casa adjunta á la capilla de San 
Lázaro (entonces de Santa Margarita); la cual permutaron en 1484 con 
el hospital de San Matías, cediendo á los leprosos su antiguo domi- 
cilio. 

El nuevo monasterio de las Jerónimas tenía, por consiguiente, más de 
cuatro siglos de fecha, se hallaba enriquecido con inestimables monu- 
mentos y recuerdos históricos, entre los cuales se contaban no pocos de 
la permanencia en Barcelona de Nuestro Santo Padre Ignacio de Lo- 
yola (1). ¡Había sobrevivido, pues, á tantas revoluciones y violencias 
civiles y extranjeras; á los sitios, bombardeos é incendios que sufrió la 
capital del Principado durante más de cuatro centurias; para sucumbir 
en los comienzos del siglo XX, siglo de cultura sin Dios, de ilustración 
sin fe, de altruismo sin caridad...; siglo de bellas palabras y denomina- 
ciones, mas cuyos hechos eclipsan y disculpan las mayores atrocidades 
de la barbarie! 

Las monjas Jerónimas, pobres mujeres indefensas, han visto su mo- 
nasterio incendiado; se han visto echadas á la calle, en una ciudad cuyas 
nuevas vías desconocían, después de largos años de clausura; y cuyas 
costumbres les eran todavía más desconocidas;- ¡porque ellas nacieron y 



(1) Véase el libro de P. Creixell, San Ignacio en Barcelona, cap. IV. 



8 ¡SIN PATRIA Y SIN FÉ! 

pasaron su niñez en una Barcelona culta, pacífica y cristiana, y se ha- 
llaban hoy lanzadas en medio de una orgía de caníbales! 
' jPero no! Los caníbales y las razas más degradadas del mundo, si 
clavan el diente en las carnes frescas de sus víctimas recién degolladas, 
reverencian con sagrado horror los cadáveres que yacen en los sepulcros. 
¡La hazaña de profanar los restos momificados de los difuntos, estaba re- 
servada para nuestros modernos salvajes; los cuales han abierto las se- 
piílturas de las religiosas, extraído los cuerpos secos y podridos, y pa- 
seádolos en procesión macabra, con befas y escarnios que sólo pueden 
nacer del sectarismo, cuando anida en cabezas preparadas por una incul- 
tura de cafres! 

En medio de esa embriaguez de pasiones bestiales y diabólicas, sólo 
ha parecido quedar despierto el espíritu de los sectarios, para mezclar 
con el insulto y la profanación las más burdas é inverosímiles ca- 
lumnias. 

Los profanadores de los sepulcros, ladrones é incendiarios, han pre- 
tendido cubrir tan inauditas abominaciones con un pretexto de huma- 
nidad absurda. Si pegaban fuego á los conventos; si echaban á la calle 
desnudas á las religiosas; si les robaban de entre las manos las limosnas 
de que vivían... ¡hacían todo eso en bien de las mismas religiosas, para 
librarlas de los suplicios que en los mismos conventos padecían! 

Se pondera (no sin alguna razón) la ignorancia de nuestro pueblo» 
y para demostrarla, se exagera el número de los analfabetos. Para probar 
la ignorancia y estupidez en que sume al mísero pueblo la maliciosa 
seducción de los sectarios, basta saber que se ha encontrado quien crea 
las patrañas que se han urdido sobre los tormentos monásticos, demos- 
trados, según ellos, en los desenterrados cadáveres. 
• Pasearon uno de éstos, atado con una soga y taladrado con grandes 
clavos. Sólo que, las personas que no estaban ebrias, advirtieron que el 
cadáver era muy antiguo y la soga y los clavos eran nuevos. Se pre- 
tendió que las momias tiesas por su aridez eran de monjas emparedadas 
en pie. Mas luego hizo notar alguien que estaba en su juicio, que la po- 
sición inclinada de las cabezas daba evidente testimonio de haber es- 
tado apoyadas en el féretro sobre una almohada. 

Ha alcanzado singular celebridad, y ha sido visitada por millares de 
personas, en el arruinado convento delasJerónimas,/¿7 cama del tormento, 
donde se torturaba á aquellas desgraciadas, recientemente libertadas con- 
tra su voluntad por los piadosos incendiarios y ladrones. La tal cama pa- 
rece haber estado empotrada en el suelo, por haber sido destinada á una 
pobre loca. Constaba de una especie de somier elemental, formado de 
una plancha con orificios, por los cuales la fantasía delirante ó calum- 
niante ha hecho pasar las llamas con que se tostaba á la monja sobre ella 
espetada. Naturalmente, no hay rastro de fuego, ni cosa que lo valga (sino 
el que han puesto en el monasterio los incendiarios); pero esto no im- 



¡SIN PATRIA Y SIN Fe! 9 

pide que muchos estólidos sectarios hayan hecho acto de fe sobre la 
autenticidad de la cama del tormento. 

Otras calumnias, todavía más inverosímiles, son de índole tal, que la 
honestidad nos impide reproducirlas. 

La profanación de los sepulcros continuó en el incendio del convento 
de las Capuchinas, edificio humilde, modernamente construido en la 
parte más exterior del ensanche. Sus religiosas fueron llevadas al 
Hospital clínico, donde se las empleó en curar y servir á losnumerosos he- 
ridos del paisanaje que allí se conducían. Y han estado aquellas 
pobres monjas, privadas de su hogar, admirando á los médicos y 
practicantes por la asiduidad y excelencia de su servicio como enfermeras; 
pero admirando mucho más á todos los hombres reflexivos, al verlas 
cuidar con caridad cristiana á los compañeros de los que incendiaron su 
morada y profanaron y escarnecieron á sus hermanas difuntas; y por ven- 
tura, cicatrizar las heridas del cuerpo, de algunos de aquellos mismos 
que tan insanables heridas les infirieran á ellas en el alma. 

Á este mismo género de cristiano heroísmo pertenece otro episodio, 
que por esta causa pondremos aquí. 

• Los PP. Franciscanos, que habitaban junto á una iglesia en cons- 
trucción de la calle de Santaló, avisados del peligro, procuraron ponerse 
en salvo. 

El P. Guardián (P. Usó), como solícito superior, cuidó de enviar á sus 
religiosos de dos en dos, saliendo el último con el P. Brugulat el martes 
por la tarde, ambos vestidos con su sagrado hábito. 

Á poco trecho se divisó un grupo de mozalbetes, que dispararon con- 
tra ellos sus pistolas; y habiendo los Padres emprendido la fuga, á pocos 
pasos, el P. Usó se sintió herido y llamó á su compañero, que le prece- 
día, exclamando: «¡Padre! Me han muerto. ¡Pero yo íes perdono!* 

Al volver la esquina hallaron una puerta abierta, y una buena mujer, 
que les acogió y cerró, despistando á los perseguidores. Llevado después 
por los de la Cruz Roja á una Casa de Socorro, falleció el P. Usó á las 
cinco de la madrugada del miércoles, en brazos del P. Brugulat. Éste lo- 
gró disfrazarse, y su primer cuidado fué ir á celebrar el santo sacrificio de 
la Misa, para que Dios acogiera á la víctima y se apiadara de sus verdu- 
gos y de nuestra pobre ciudad. 



II 

Pero no era precisamente contra las monjas y frailes, ni contra los 
colegios ó conventos, contra quienes se dirigía la furia salvaje de los 
incendiarios. ¡Todo lo que lleva el nombre de Dios y sirve para tributarle 
el debido culto, ha sido igualmente odioso para ellos! 

Por eso la tea incendiaria se ha cebado también en los templos parro- 



10 ¡SIN PATRIA Y SIN Fe! 

quiales, sin, arredrarse ante la antigüedad, ni respetar los tesoros de valor 
artístico. 

No hace mucho que Nakens (de quien nos han dicho estaba estos 
días no lejos de Barcelona, en compañía de Ferrer, el famoso director y 
colega de Morral en la Escuela Moderna) tuvo la imponderable sereni- 
dad de dirigir una hoja al clero secular español, incitándole á luchar 
contra el clero regular, y ofreciéndole, para semejante lucha ¡«el valor de 
su invencible brazo»! 

¡Al venir á los hechos, han demostrado los sectarios, cómo distinguen 
entre uno y otro clero; pues, mientras pegaban fuego al colegio de los 
PP. Escolapios, incendiaban los templos parroquiales, comenzando por 
el de San Pablo del Campo, uno de los más insignes por su antigüedad, 
y recientemente restaurado con muniñcencia y arte exquisito, dignos de 
la Barcelona cristiana! 

Esta iglesia, que fué de monjes Benedictinos, y se hallaba fuera de las 
antiguas murallas (de donde le vino el sobrenombre del Campo), después 
de varias vicisitudes y de los atropellos del año 1835, había sido con- 
vertida en parroquia. ¡Era uno de nuestros templos románicos más anti- 
guos y notables; y de hoy más será, con sus ruinas calcinadas, un testigo 
elocuente de la índole de la cultura sin Dios, y de las simpatías de Na- 
kens y comparsa hacia el clero parroquial! 

El mismo día que la de San Pablo, era pasto de las llamas la parro- 
quia de San Pedro, que fué en otro tiempo del monasterio de las Puel-las 
(ó doncellas), fundado por el Conde de Barcelona, Suñer, en el siglo X. 
Las religiosas de aquella antigua fundación han escapado al furor de los 
incendiarios, gracias á haberse trasladado hace años á este hospitalario 
pueblo de Sarria, donde escribimos. 

Las parroquias de San Cugat (Cucufate), Santa Madrona, San Andrés, 
del Clot; la antigua iglesia de la Ayuda (servida por PP. Capuchinos), 
el antiguo y nobilísimo monasterio de Valldoncella, de monjas Bernardas, 
verdadero archivo y museo de preciosos recuerdos; la hermosa iglesia 
de las Adoratrices y otro gran número de templos del Señor, han^ sido 
incendiados de la manera más aleve. 

En casi todos estos templos y conventos, los salteadores juntaron 
con el incendio los robos más escandalosos y las befas más sacrilegas de 
los objetos del culto cristiano. Ha habido imágenes de la Virgen Santí- 
sima arrojadas sacrilegamente á las hogueras. Crucifijos destrozados á 
hachazos y quemados, y uno de ellos, de gran tamaño, plantaron en una 
barricada, poniéndole por sombrero un vaso de inmundicia. 

Al párroco de San Juan de Gracia le exigieron primero que entregara 
todos los objetos y vasos preciosos, y luego quemaron su iglesia, De 
yalldoncella y otros conventos, salían mujeres cargadas con cestos de 
ropas y objetos de valor. Y ha sido una de las más repugnantes notas, 
el desenfreno y crueldad mostrados por las mujerzuelas, las cuale? per- 



¡SIN PATRIA Y SIN FE! U 

seguían con los más abominables insultos á las religiosas fugitivas, di- 
suadiendo á los vecinos piadosos que se mostraban dispuestos á hospe- 
darlas, amenazándolos con incendiar sus moradas. 

Ni los Hermanos Salesianos, que, siguiendo el ejemplo de Dom Bosco, 
su fundador, recogen y educan á los niños abandonados, para hacer de 
ellos artesanos de provecho; ni los Hermanos Maristas, que tan relevantes 
servicios prestan á la educación é instrucción mercantil y técnica de los 
hijos del pueblo; ni aun las mismas Hermanitas de los pobres, han hallado 
gracia ante los facinerosos, que están deduciendo con fuego y sangre, en 
las calles de Barcelona, las consecuencias prácticas de las coctrinas sos- 
tenidas por los anticlericales en los Parlamentos y mítines, y uno y otro 
día propaladas é inculcadas en el populacho por una prensa criminal. 

Había en uno de nuestros barrios obreros (Poblé sec) un convento de 
Hermanitas de la Asunción^ las cuales cuidan y sirven á los pobres 
enfermos, acudiendo á las casas de ellos y ejerciendo en las mismas todos 
los oficios de verdaderas madres y siervas, por puro amor de Dios y sin 
admitir de sus favorecidos ni un vaso de agua. Con tales obras de cris- 
tiano heroísmo habían logrado ablandar el corazón y atraerse las volun- 
tades de muchos obreros, aun de los de cascara amarga. Pero no les ha 
valido en el día del salvajismo, y han visto su morada invadida, robada 
y entregada á las llamas (!)• Otro tanto ha cabido en suerte á las sa- 
crificadas Siervas de María, que hace años perseveraban en su penoso 
empleo de velar á los enfermos. 

Un sacerdote, beneficiado de Santa Madrona, había reunido muchos 
obreros, fundádoles un Círculo Católico, y les prestaba en él toda clase 
de beneficios. En pago le han quemado el Círculo, su casa y cuanto 
tenía y la parroquia donde poseía su beneficio, dejándole pobre de so- 
lemnidad. 

Idéntico pago han obtenido los esfuerzos de los congregantes de 
María Inmaculada, que con una constancia y abnegación pasmosas 
había fundado el Centro de San Pedro Claver. Escuelas gratuitas para 
los hijos del pueblo, clases nocturnas y dominicales para los obreros, 
salón para recreaciones populares; ¡todo ha sido objeto de la vandáHca 
furia de nuestros progresivos civilizadores! 

Ni la caridad, ni la abnegación, ni la inocencia, han sido parte para 
detener á los salteadores é incendiarios. ¡Sólo se han detenido donde se 
ha encarado valerosamente contra sus cobardes pechos el cañón de un 
fusil! 

Aunque el tumulto de las revoluciones es de suyo inmoral y aborre- 
cible, todavía se hallan á veces en los hombres furiosos, perturbadores 



(1) Como una religiosa echase en cara á los incendiarios su ingratitud y crueldad, 
acabaron ellos por contestar: «que eran mandados y tenían que cumplir sus órde- 
nes»... ¿Quién se las habrá dado? 



12 ¡SIN PATRIA Y SIN FE! 

del orden social, cualidades naturales que producen asombro, y templan 
con la admiración estética del arrojo y la osadía, las repugnancias del 
sentido moral. Pero en los caribes que han vejado á Barcelona estos 
días, la cobardía y vileza han corrido parejas con la rabia salvaje y sacri- 
lega maldad. 

En la noche del martes 27 dirigiéronse numerosos grupos de sica- 
rios á incendiar el Colegio del Sagrado Corazón, que la Compañía de 
Jesús tiene en la calle de Caspe, entre las de Lauria y Claris. Apagaron 
el alumbrado de la calle, y aproximáronse sigilosamente á ambas puer- 
tas, procurando encenderlas con paja empapada en petróleo y por medio 
de una bomba de materias inflamables. Pero esperábanlos dentro algu- 
nos individuos de la Benemérita, acompañados de buen número de Con- 
gregantes de María Inmaculada; de esos jóvenes admirables, de quien 
bien podemos decir lo que San Bernardo de los primitivos caballeros del 
Temple: que son corderos al tañido de la campana y leones al sonido de 
la trompeta. 

Certificados, pues, de que se estaba perpetrando un atentado incen- 
diario, hicieron fuego sobre la vil canalla; y aunque no se sabe que co- 
rriera la sangre, corrieron los pies de los asesinos con tanto ahinco, que 
dejaron despejada la calle (1). 

Á la noche siguiente volvieron al intento; pero traían ya tanto miedo 
en el cuerpo, que no fué necesario disparar las armas, porque los ahu- 
yentaron con unos cuantos estornudos. 

Esta condición de los modernos sectarios, cuyas dos raíces son igno- 
rancia y corrupción de costumbres, de las cuales puede brotar la cruel- 
dad salvaje contra los débiles ó indefensos; pero no el valor y la sereni- 
dad ante el peligro; debe aleccionarnos para lo porvenir á los católicos, 
y generalmente á todos los que aman el orden, porque tienen algo que 
perder en el desorden. 

Si con un Gobierno como el que se halla en estos días al frente de 
nuestro país, ha podido darse el caso de que una ciudad de más de medio 
millón de habitantes no tuviera apenas millar y medio de hombres de 
armas para su defensa; de suerte que la propiedad, las leyes, la religión 
y la inocencia, se hallasen á merced de unas cuantas docenas de asesinos 
cobardes; menester será que los hombres honrados piensen seriamente 
en ponerse en defensa para repeler por sí mismos, cuando fuere necesa- 
rio, la avilantez criminal de esos canallas sin patria y sin fe, empujados 
y dirigidos por los corifeos del anticlericalismo. 

Así lo hemos sentido prácticamente en esta ocasión, y así lo hemos 
ejecutado en parte con el éxito más Usonjero. 

(1) En San Andrés, solos ocho HH. Maristas, provistos de carabinas, detuvieron á 
los salteadores dos días y dos noches. Al tercer día, creyendo que toda Barcelona, y 
por ventura España, estaba en poder de los republicanos, abandonaron su Colegio» 
que fué objeto del saqueo más vergonzoso. 



¿SIN PATRIA Y SIN FE! 13 

Ya hemos dicho cómo se libró de los incendiarios el Colegio d€l 
Sagrado Corazón, el que más ganosos estaban de arrasar. En este pue- 
blo de Sarria, sembrado de villas donde la población barcelonesa busca 
el aire puro, que falta en verano en sus húmedas calles; y no menos 
poblado de colegios y casas religiosas; al ver que la barbarie de los 
incendiarios iba subiendo como una creciente marea; que iban siendo 
acometidos é incendiados el Seminario y las Siervas de María de la calle 
de la Universidad, los Frailes de la Granja, las Concepcionistas, las Mag- 
dalenas, los Paúles y los Hermanos de la Doctrina Cristiana, de la carre- 
tera de Sarria; y sobre todo, al ver ya envuelto en llamas el hermoso 
Colegio de Loreto, se tomaron precauciones para la defensa (1). 

Las religiosas, que en gran número habitan en estas amenas alturas, 



(I) Para completar en alguna manera la nota de los edificios incendiados, inserta- 
mos el siguiente recorte de La Vanguardia de 6 de Agosto de 1909: 

«Los EDIFICIOS QUEMADOS.— He aqui un resumen de los edificios totalmente destruí- 
dos durante los días 27 y 28 de Julio último: 

«Iglesia de San Antonio Abad y colegio de las Escuelas Pías; iglesia parroquial de 
San Pablo; convento é iglesia de San Vicente de Paúl; iglesia parroquial y convento 
de las Jerónimas; convento de las Siervas de María; convento é iglesia de Religiosas 
Arrepentidas; convento é iglesia de las Magdalenas; iglesia y residencia de los Misio- 
neros del Sagrado Corazón; iglesia parroquial de San Pedro; convento de PP. Francis- 
canos (Santaló); iglesia de San Cucufate; capilla de Marcús; Colegio de las Concepcio- 
nistas; iglesia y convento de Capuchinos de Nuestra Señora de la Ayuda; iglesia de 
los Agonizantes; iglesia parroquial de Santa Madrona; templo de Santa Madrona (an- 
tiguo); convento de religiosas Cistercienses (Valdoncella); convento de Salesianas; 
convento de la calle de La Granja; Colegio de Salesianos; Colegio de Hermanos de la 
Doctrina Cristiana (calle de Tapiólas); convento de la plaza de Blasco de üaray 
(colegio); convento-colegio del Remedio; convento de la calle de Blay; Centro Ca- 
tólico de la calle de Tapiólas; iglesia parroquial de San Juan; convento de la calle 
del Ángel; convento de la calle del Sol (Gracia); Colegio de los Hermanos de la 
Doctrina Cristiana (Sarria); Colegio de Religiosas de Nuestra Señora de Loreto 
(Sarria); Colegio de Religiosas del Niño Jesús; convento de Carmelitas (calle de San 
Francisco); iglesia parroquial de San Andrés de Palomar; iglesia y Colegio de los Her- 
manos Maristas (San Andrés); Colegio de monjas del paseo de Santa Eulalia; Co- 
legio de Madres Escolapias; Asilo de monjas de la calle de Mallorca; Sociedad 
Católica Obrera de San Pedro Claver; iglesia parroquial de Santa María del Taulat; 
iglesia de la plaza del Clot; iglesia de San Pedro Pescador (barriada de Pekín); iglesia 
de San Joaquín; Colegio de Hermanos Maristas (Guinardó); Colegio de monjas de 
la Rambla (Horta); iglesia parroquial de Horta; iglesia y convento de la calle de Roger 
de Flor. Total, 48. 

»Los revolucionarios intentaron quemar, entre otros, los templos del Pino, Santa 
María del Mar, San Francisco de Paula, Nuestra Señora de los Ángeles y la residencia 
de los jesuítas de la calle de Caspe; pero no lo consiguieron. 

»A1 Seminario intentaron varios asaltos, logrando quemar una de las puertas. El 
edificio y la iglesia se salvaron del siniestro, así como el convento de Montesión^ gra- 
cias á la oportuna llegada de las tropas. 

»E1 convento llamado de las Arrepentidas también sufrió los ataques de las turbas, 
pero á pesar de que fueron rociadas las puertas con petróleo y de que comenzaron á 
arder, pudo sofocarse el fuego momentos después de iniciado.» 



Í4 ¡SIN PATRIA Y SIN FE! 

salieron de sus conventos y colegios, y repartiéronse por las casas del 
pueblo; y lo propio hicieron parte de los religiosos, vistiéndose de pai- 
sano muchos de ellos. 

Por la tarde vino á aliviar nuestra ansiedad la llegada de una sección 
de caballería. Cerró la noche, clara con la luna casi llena, y apacible en 
extremo por la tranquilidad del aire, y hecha, al parecer, por Dios, para 
convidar á los hombres al sosiego, á amarse unos á otros y gozar de 
aquella apacibilidad de la Naturaleza, después de un día de fatiga y de 
lucha. 

Pero á la serenidad halagüeña del cielo contradecía la obstinación de 
los malvados. Por todas partes la vasta llanura que se extiende hasta el 
mar cubierta de edificios, se veía sembrada de incendios, cuya luz rojiza 
en medio de la ciudad, obscura por la falta del alumbrado, contrastaba 
con el hermoso halo de luz que la envuelve en las noches pacíficas. 

Todavía acrecentó nuestro sobresalto un vivo fuego de fusilería enta- 
blado por las tropas que nos custodiaban, por el lado del Colegio de las 
Madres del Sagrado Corazón. ¡Y así transcurrió aquella noche funesta, 
para dar lugar á un día todavía más triste! 

En medio de estas tribulaciones y temores, aumentados por las exa- 
geradas noticias que á cada hora de Barcelona se recibían, nos conso- 
laba ver la resignación de tantos religiosos echados de sus celdas, y el 
eminente ejemplo de caridad que ha dado este cristiano pueblo. ¡Que tal 
es la inagotable fecundidad bienhechora del Cristianismo, que hace brotar 
una flor de virtud al lado de cada espina de sufrimiento! 

¿A qué ánimo versado en los Ejercicios espirituales de San Ignacio, 
podía dejarse de ofrecer en tal ocasión aquella viva imagen que propone 
el Santo en el ejercicio de las Dos Banderas? Allá abajo se extendía la 
inmensa ciudad «como un gran campo de Babilonia», sumido en tinieblas 
físicas, y todavía en más profundas tinieblas morales; y sobre ella, «en 
una gran cátedra de fuego y humo», vomitado por los incendios, asen- 
tábase «horrible y espantoso» el espíritu del mal. 

Arriba, en los suaves declives de los montes, bajo un cielo puro y 
placidísimamente iluminado por la luna llena, surgía el espíritu del Cris- 
tianismo, inspirando los más hermosos actos de las virtudes evangélicas: 
recogiendo al fugitivo, dando de comer al hambriento y de beber al 
sediento; vistiendo con prestados trajes á los que había desnudado de 
sus sagrados hábitos la furia de la revolución; y sobretodo, consolando, 
alentando, y hasta esparciendo la alegría, que acompaña siempre á la 
resignación y nace de la buena conciencia, en medio de los mayores 
desastres. 

Las Comunidades religiosas, Barcelona cristiana, la España católica 
y la Iglesia toda, conservarán, en medio de la amargura de su corazón 
lacerado, el dulce recuerdo y agradecimiento al vecindario de Sarria, 
por los actos de Virtud de que ha hecho verdadero alarde. 



¡SIN PATRIA Y SIN Fe! Í5 

Ricos y pobres han andado como á porfía en generosidad y abnega- 
ción, habiendo casa que acogió diez y hasta veinte religiosas ó religiosos, 
reteniéndolos amorosa y casi celosamente, cuando otras invitaciones los 
requerían á mejorar las circunstancias materiales de su alojamiento. 

A los que echen en cara á Cataluña las salvajadas de las turbas incen- 
diarias, no les podrá oponer otro mejor descargo que la hospitalaria 
caridad de este cristiano pueblo, verdadero representante del espíritu y 
tradición catalanes (1). 

El domingo, 1.° de Agosto, estaban cerrados los templos de Barce- 
lona, interrumpido en ella el público Sacrificio, como en otra desolada 
Jerusalén. 

En cambio, en Sarria, acudían los seglares y las religiosas dispersas 
á oir misa y recibir la Sagrada Comunión en las iglesias y capillas de 
este pueblo, refugio de la perseguida fe y depositario de las esperanzas 
de un porvenir más halagüeño. 

III 

Resta ya que, levantando los ojos de los hechos concretos, reflexio- 
nemos brevemente sobre sus causas y efectos inmediatos. 

Acerca de las causaSy nos ahorran sus mismos autores el trabajo de 
discurrir. 

Parece éste uno de aquellos acertijos burlescos, que nos proponían 
en nuestra niñez:— ¿Cuál es el árbol que produce peras y se llama peral? 

¿Quiénes son los causantes de un incendio, que han estado predi- 
cando é inculcando hace años, parte de los actuales representantes de 
Barcelona en las Cámaras legislativas, y poseedores de más de la mi- 
tad de los asientos en su Concejo municipal? 

Ellos han excitado asiduamente al populacho, en sus discursos y en 
sus periódicos, á quemar las iglesias y los conventos; ellos son los ada- 
lides de esas mismas turbas de sicarios, que han incendiado ahora los 
conventos y las iglesias. ¿Quién será, pues, el autor moral y el respon- 
sable de esos incendios? 

¿No son por ventura unos mismos los que con su voto electoral han 
hecho á esos hombres diputados y concejales, y los que con su tea in- 
cendiaria han puesto por obra el programa de esos politlcoSy como se 
dice ahora, en lugar de llamarlos facinerosos y violadores de sepulcros? 

Cotéjense las peroraciones y escritos de esos sectarios, con el catá- 
logo de horrores perpetrados estos días en Barcelona, y no se hallará 
más discrepancia sino faltar en la ejecución algunos de los artículos del 



(1) No menores actos de cristiana caridad y fortaleza han ejercitado muchos cató- 
licos en Barcelona, acogiendo á los religiosos en sus casas, á pesar de las amenazas 
de l03 incendiarios. ¡Mientras llega el día de las divinas recompensas, á todos envia- 
mos desde estas páginas la expresión d€ nuestro más vivo agradecimiento! 



16 ¡SIN PATRIA Y SIN Fe! 

proyecto (1). A pesar de lo cual, mientras los ejecutores han sido acribi- 
llados á balazos, y se ven ahora aprisionados en número crecido, tal vez 
para ser luego justísimamente ejecutados, los verdaderos autores del 
crimen; los que han dirigido á su perpetración esos instrumentos semi- 
inconscientes, permanecen impunes, y se ampararán mañana con su par- 
lamentaria inmunidad, para continuar esgrimiendo la espada de dos 
filos de su propaganda impía é inmoral, hiriendo con un filo á la Reli- 
gión, y asesinando con el otro á la patria. 

Hace años que Pérez Galdós formuló ese programa, y excitó pública- 
mente á los incendios que hoy nos afligen, y nos deshonran á los ojos 
del mundo civilizado. En su Electra se dice: «Hay que pegar fuego á esta 
casa.» (2) Hoy se ha pegado fuego á esas casas. ¿Quién es el incitador de 
tales crímenes? ¡Vergüenza da confesarlo! Ese hombre ha sido celebracjo 
por gran parte de las personas que se tienen por amigos del orden y 
hasta por cristianos; su obra, literariamente soporífera, se ha paseado por 
todas nuestras ciudades como un símbolo de las aspiraciones del partido 
liberal. Lo cual no impedirá que una buena parte del partido liberal abo- 
mine de las salvajadas de Barcelona, y se rasgue las vestiduras con 
farisaica indignación, sin perjuicio de continuar glorificando á Galdós 
y su obra nefanda, que es una de las chispas que han producido este in- 
cendio criminal y sacrilego. 

Lerroux, la hechura del partido liberal sagastino en Barcelona— el 
adalid de la unidad de la Patria (¡oh sarcasmo!)— contra el separatismo 
de los catalanes, ha dicho en todos los tonos, que haría arder á Barce- 
lona por sus cuatro costados. ¡Y poco antes de que sus partidarios 
pusieran por obra ese número de su programa, el Gobierno español de- 
cretaba una amnistía, para que pudiese ir al Congreso ese hombre vio- 
lento, á representar— investido de la inmunidad parlamentaria— las aspi- 
raciones de esas turbas de foragidos que le han hecho el Emperador 
del Paralelo (3). 

Estos son hechos públicos, indiscutibles. 

También se ha asegurado estos días, que en cierta reunión de per- 
sonas influyentes, encaminada á restablecer el orden, un prohombre de 
la pandilla lerrouxista se comprometió á volver á Barcelona la tranqui- 
lidad, bajo determinadas condiciones.— Luego ese prohombre tenía en 



(1) El domingo, 25 de Julio, El Diluvio y El Progreso excitaban claramente á las tur- 
bas al incendiD de los conventos. El primero, reproduciendo un artículo de Pi y Mar- 
gal!, y el segundo, trayendo á la memoria los crímenes de 1835. El suelto *Remember^ 
terminaba, hablando de la corrida de toros: «Pero ¡ay! que el gran cartel de la corrida 
de esta tarde no tendrá [como aquella del 35] un epilogo de liberación.* 

(2) Electra, acto último, escena V. 
Marqués: Emplearemos medios eficaces.., 
MXxiMo: Eflcacísimos, sí: pegar fuego á esta casa, 

(3) Oportunamente reproducía La Veu de Catalunya del 7 del corriente (Agosto, 



jSIN PATRIA Y SIN FE! 17' 

SU mano las voluntades de esa plebe soliviantada; luego conocía, por lo 
menos, los secretos de su organización; luego sabía los resortes que ha- ' 
bían de ponerse en juego para detenerlos... ¡y con todo eso, dejó que 
prosiguieran sus vandálicos atentados!... ¡Y ese hombre vive!.. Vivtt? 
Immo vero...! y se prepara por ventura á formular interpelaciones y exi- 
gir responsabilidades, y usar de los otros recursos de la farsa liberal! 

¿Y buscaremos todavía los autores de esos atentados, que lastiman ' 
el corazón y hacen caer la cara de vergüenza á toda Cataluña? 

Pero hay que ahondar todavía más. Claro es como la luz del día, 
quiénes son los que han empujado al incendio á esas turbas populares 
envilecidas. Pero, ¿quiénes son los que las han hecho descender á ese 
grado de envilecimiento y de barbarie? 

Ese populacho, á quien hay que acorralar ahora y acribillarlo á bala- 
zos como á una manada de bestias carniceras, es una parte del pueblo 
español; de ese pueblo generoso, sufrido, heroico, mientras conserva la 
fe y el espíritu cristiano. 

La mayor parte de esas gentes vinieron de sus aldeas á Barcelona, 
traídos por su pobreza, en busca de un jornal. Pero aquí los recibió la 
irreligión y el espíritu revolucionario. Comenzaron por apartarlos de 
toda práctica religiosa; los rodearon de una atmósfera de corrupción 
moral; llenaron sus cabezas de los más insensatos delirios, é inflamaron 
su corazón y su carne con las concupiscencias más bestiales. 

Sólo así preparados, se hicieron materia apta para recibir sus crimi- 
nales ideas, é instrumento á propósito para ejecutar sus designios van- 
dálicos. 

Y ese mismo pueblo miserable, víctima de todos los sofismas y 
engaños, es el que más pesadamente está sufriendo las consecuencias 
próximas de este crimen social. Súfrenlas en el cuerpo, acribillados á 
balazos en las barricadas; súfrenlas en la hacienda, privados de sus jor- 
nales y desposeídos aun de los socorros de la beneficencia, cuyas fuentes 
ciegamente han secado. Súfrenlas en el alma, en la religión y en la cul- 
tura, privados de las escuelas populares, de los templos y de las obras 
sociales que en el arrebato de su furor diabólico han destruido. 

¡Tales son los frutos de esa propaganda impía, obscena, bestial, que 
á ciencia y paciencia de los gobiernos y de los hombres honrados, hace 
un siglo está minando nuestra nación! 



1909), las siguientes palabras dirigidas por Lerroux á sus «bárbaros», en Septiembre 
de 1906: «Jóvenes bárbaros de hoy, entrad á saco en la civilización decadente y mise- 
rable de este país sin ventura; destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el 
velo de las novicias...; penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con 
sus papeles, para que el fuego purifique la infame organización social... 

•Hay que hacerlo todo nuevo, con los sillares empolvados, con las vigas humeantes 
de los viejos edificios derrumbados... 

•Seguid, seguid... No os detengáis ni ante los sepulcros, ni ante los altares...» . 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 2 



18 ¡SIN PATRIA Y SIN Fe! 

¿Qué se puede esperar de esos hombres sin fe, apóstatas de Dios y 
de la patria? 

Si la razón no lo hubiera demostrado de antemano con evidencia, 
bastaría para ponerlo de bulto ante los ojos, el espectáculo que en estos 
momentos ofrece Barcelona. 

Los hombres honrados vuelven al tráfico de la vida ordinaria cabiz- 
bajos y como abrumados por el peso de una afrenta nacional, como si 
vagamente resonara en sus almas el eco de la universal execración con 
que la Humanidad presente y futura abominará los crímenes sacrilegos 
que han manchado el solar de nuestra patria catalana. 

Y el corazón del sacerdote siente brotar sollozos de dolor, en que re- 
percuten los inmortales lamentos del profeta, testigo de la desolación 
de su ciudad querida: 

¡Oh hermosa Barcelona! ¿Por ventura no te ha sobrevenido esta des- 
dicha— qu¿a dereliquisti Domínum Deum /üí/m— porque has abandona- 
do al Señor tu Dios? 

F¿1¿¿ Mempheos et Taphnes constapraverunt te usque ad verticem. 
¡Los extraños, cuyas abominaciones acogiste en tu seno, te han profa- 
nado hasta la coronilla de la cabeza!... 

Qaam vilis facta es nimis, iterans vías tuas. ¡Hasta qué extremóte 
has envilecido, persistiendo en apartarte de Dios por seguir tus errados 
caminos! 

¡Tu orgullo te ha cegado! ¡Desvanecido te has en tu hermosura, y has 
olvidado al Dios de tus padres! 

¡Pero Dios no se ha olvidado de ti! 

¡Aquí se han hecho insensatas campañas contra el Ejército, y el Ejér- 
cito te salva, y te hace posible en estos momentos recobrar la respira- 
ción y volver á la normalidad! 

¡Te has preferido vanamente á tus hermanas, las demás provincias 
españolas; y ellas acuden ahora enviándote la flor de su juventud para 
romper tus cadenas! 

¡Has desdeñado la Monarquía histórica, y ella extiende hoy sobre ti 
su manto protector, para que á su sombra renazca tu paz y tu prospe- 
ridad! 

Razón tenemos, pues, 'para humillarnos bajo la poderosa mano del 
Señor, y golpear nuestros pechos con profunda contrición. 

Él nos hiere piadosamente con estas calamidades, por habernos apar- 
tado de Él, y en volvernos humildemente á Él está nuestro remedio. 

Jerusalem, Jerüsalem; convertere ad Dominum Deum íuuml 

¡Barcelona, ciudad prevaricadora! ¡Conviértete al Señor, que es tu 
Dios! 

Sarria, 2 de Agosto de 1909. 

Ramón Ruiz Amado. 



Nuevas orientaciones de la moral. 



8 



es innegable que las ciencias en general y en especial la filosofía 
han sufrido en estos últimos años honda transformación, también lo es 
que á este influjo no ha podido sustraerse la filosofía moral. Tres años 
hace que M Gsell dirigió á muchos ñlósofos de Francia esta pregunta: 
¿Se puede establecer una moral sin Dios? ¿Es posible fundar actualmente 
una moral popular sobre la única base de la razón? Las respuestas 
fueron tantas y tan diferentes, que las hubo para todos los gustos. 

Y á la verdad, es cosa que pasma ver cómo se han multiplicado en 
nuestros días las hipótesis acerca de las bases de la ética ó moral filosó- 
fica. Sin hacer mención de los nombres de Bentham y Stuart Mili, de 
Hume y Spencer, de Kant, Hobbes y Schopenhauer, que tiempo ha son 
conocidos como portaestandartes de sendas concepciones morales, apa- 
recen hoy en escena nuevos heraldos de la moral, predicando unos la 
moral de las ideas-fuerzas, dando otros á la suya el pomposo nombre de 
moral cientíñca, éste pregonando el sentimentalismo estético de Ra- 
vaisson ó el sentimentalismo místico de Secretan, proclamando aquél la 
moral del anticlericalismo, quién haciéndola depender de la opinión pú- 
blica, quién basándola en la ley de la solidaridad, sin faltar quienes 
hayan pretendido suprimirla, bautizándola con el nombre de amoralismo, 
y aun erigir en sistema, en nombre de la ciencia, algunos tipos de inmo- 
ralismo. Con razón ha dicho Baylac: «Los ensayos de moral se multi- 
plican de algunos años á esta parte, tanto que apenas hay profesor de 
filosofía que no tenga un sistema particular» (1). En una palabra: hay 
tantas escuelas, y dentro de cada escuela tantos colores y matices, que 
forman una gama completa, si acaso no fuera más exacto decir que la 
filosofía moral, al separarse de la moral evangélica, se ha convertido en 
un verdadero campo de Agramante. 

Pero, aparte del modernismo, entre los conatos de síntesis moral rea- 
lizados últimamente, los que merecen especial atención, ya que no por la 
verdad ó bondad de su sistema, por su novedad al menos ó por su in- 
genio, por la gravedad de sus fatales consecuencias y aun quizá por la 
extravagancia de su concepción, son, á nuestro juicio, las teorías que 
vamos á exponer en este artículo. Bien quisiéramos extendernos en al- 
gunas de ellas; pero entre examinarlas detenidamente, lo cual nos 
ocuparía varios artículos, ó dar de una sola vez una idea breve pero su- 
ficiente para conocer su naturaleza, finalidad y consecuencias, prefe- 



(1) Baylac, Revae de Philosophie, Septembr., 1907, pág. 257. 



20 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

rimos lo segundo. Y si la importancia misma del asunto no fuera sobrado 
motivo para que le consagráramos algunas líneas, moveríanos á ello la 
relativa conveniencia de completar con estas nuevas orientaciones los 
varios aspectos de la moral modernista, á saber: el independiente, el de 
evolución inmanente y de utilitarismo pragmatista, de que hablamos en 
otro número de la Revista (1). 



MORAL DE LAS IDEAS-FUERZAS 

Entre las nuevas concepciones de moral filosófica, la que se presenta 
revestida con más arreos de sistematización es la moral de las ideas- 
fuerzas de Fouillée. Los lectores de Razón y Fe podrán recordar fácil- 
mente en qué consiste la psicología de las ideas-fuerzas (2); ahora vamos 
á describir brevemente su construcción moral. M. Fouillée rechaza 
todos los sistemas éticos por ser unilaterales, por estar, como él dice, 
fundados en principios de determinadas escuelas, y pretende levantar 
una moral omnilateral, en que entre algo de todas las escuelas, del kan- 
tismo, platonismo, evolucionismo, etc.; pero todo puesto en juego por la- 
fuerza de la idea. 

El punto de partida de su moral es el análisis de la conciencia y de la 
idea misma de moralidad. La conciencia es, para él, «la condición de toda 
experiencia y la experiencia primordial». Ella ha de ser consultada como 
principio de toda ciencia, y en derredor de ella se han de agrupar todas 
las demás formas de experiencia. De este modo, dice Fouillée, la moral 
viene á ser el «complexo de consecuencias prácticas deducidas principal- 
mente del análisis de la experiencia interna». La materia que abarca la 
moral es, al decir del mismo, cuádruple: sujeto, relación de sujetos entre 
sí, objeto y relación del sujeto con el objeto; de ahí que el cuadro de la 
moral comprenda cuatro partes: 1.^ el primado teórico y práctico de la 
conciencia; 2.^ su íntima sociabilidad, ó, como él dice, el altruismo de la 
conciencia; 3.^ la jerarquía de los valores ideales, que son las ideas- 
fuerzas directrices del pensamiento y de la acción; 4."*, el ideal persuasivo 
que se impone al sujeto pensante. Estas cuatro partes, añade, se pueden 
expresar, bien que inadecuadamente, en otras tantas proposiciones: 
«1."* La idea-fuerza de moralidad está ligada al primado de la conciencia 
de sí: Yo pienso, luego yo poseo un valor moral. 2^ La idea-fuerza de 
moralidad crea valores objetivos y los clasifica: Yo pienso, luego yo va- 
loro los objetos. 3."* La idea-fuerza de moralidad, por el mero hecho de ser 
concebida, se realiza: Yo pienso, luego yo realizo el ideal. 4.^ La idea- 
fuerza de moralidad funda la verdadera sociedad: Yo pienso, luego yo 



(l) Razón y Fe, Mayo de 1909: <^La Moral evangélica y la Moral del modernismo». 
<2) Ibíd., julio de 1933: «Valor trascendental de las ideas». 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 2l 

comienzo á crear en y por la sociedad humana la sociedad universal de 
las conciencias» (1). 

Como se ve, oXfac-totum de esta moral es la idea, la cual no se ha 
de considerar como una representación ó simple reverberación del ob- 
jeto, sino como generadora y constituyente de su objeto, de la moral 
misma. Los caracteres de esta moral casi se desprenden de lo dicho: son 
la inmanencia, la evolución, la autonomía y el desinterés. Y en efecto, 
fundada sobre la conciencia y la moral de las ideas-fuerzas, excluye todo 
principio y norma moral trascendente; poseyendo la idea su gran resorte 
de la fuerza, ella por sí misma va evolucionando, siendo generadora y 
automotriz, razón por la que se basta á sí misma y se constituye autó- 
noma y rechaza todo agente ó entidad superior y extrínseca, legislativa; 
y como la idea no es inmóvil, sino expansiva; ni egoísta, sino esencial- 
mente altruista; ni mera receptora ó representación pasiva de su objeto, 
sino productora del mismo y de su bondad intrínseca; he ahí por qué 
resulta también desinteresada. 

Y ¿cómo se introducen aquí el deber y la obligación, propios de la 
moral? Sencillamente; el deber sale de la idea del deber; ^lla es quien lo 
engendra, pero sin que la idea del deber signifique un mandato ni pre- 
suponga una obligación propiamente dicha. Esta moral no reconoce las 
ideas de obligación y deber estrictamente tales cuales proclama la moral 
tradicional, ni admite el imperativo categórico de Kant; en su lugar pone 
el xúQ^diX-persuasivo. Porque bajo la acción impulsiva del pensamiento, 
dice Fouillée, el supremo inteligible se transforma en supremo amable, 
y desde entonces decimos que él debe ser, que debe ser realizado. El 
debe (le doit) es una idea-fuerza, la más poderosa de todas, y cuya 
verdad se funda en otra realidad, que es el querer. De ahí que yo debo 
signifique en el fondo yo quiero...; más aún: yo debo significa también yo 
quiero el deber, yo acepto el deber, porque esto es más conforme al ideal- 
supremo de mi voluntad, de mi inteligencia y de mi sensibilidad. En 
otros términos: la persuasión, y no la obligación, es el móvil de esta 
moral: he ahí otro de los aspectos bajo el cual presenta Fouillée el des- 
interés de su moral (2). 

Gustosos alabamos en la moral de las ideas-fuerzas el tesón con que 
Fouillée mantiene los derechos de la conciencia y de la dignidad perso- 
nal contra los que no ven en el hombre más que un producto de la 
sociedad; como también es digno de loa el que no siga la corriente 
de muchos filósofos modernos que rebajan el nivel y categoría de la 
ética al orden físico ó fisiológico. Lo que no se puede aplaudir es cierta 
obscuridad en que quedan envueltos algunos pensamientos; lo cual es 



(1) Morale des Ídées-Forces, París, 1908. Préface. M. Fouillée reconoce que el sen- 
tido de estas fórmulas queda algo obscuro. 

(2) Fouillée, í¿?/í/., ch. I, I-XVIII. 



22 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

bastante corriente en quienes se esfuerzan por presentar como verda^ 
deros conceptos que no lo son. Mucho menos se puede alabar la idea 
fundamental del sistema: es á saber, que la idea de la moral produzca 
ó realice la moral: esto no pasa de ser un sueño y una fantasía de Foui- 
llée. Él mismo confiesa que en la moral de las ideas-fuerzas queda la 
duda de cómo la idea puede tener ese poder objetivo (1). 

Pero supongamos que estuviera revestida de tan gran poder: ten- 
dríamos tantas especies de moral como individuos hay, ó poco menos, 
por ser tan diferentes las ideas individuales sobre la moral, sin que en 
un mismo individuo sea tampoco siempre la misma. Pero hay más: en 
esta moral no puede haber libertad, como moral engendrada en fuerza 
de la idea, que es fatal. Y si Fouillée nos responde, como responde, que 
es libre bajo otro aspecto, á saber, en cuanto se funda en la persuasión 
y no en la obligación, podremos replicar que una moral apoyada en la 
mera persuasión, carece de sanción suficiente para mantener en vigor 
los principios de la moral. ¿Quién será capaz de exigir, en nombre de la 
sola persuasión, el sacrificio de la vida ú otros grandes sacrificios, que, 
de grado ó por fuerza, acepta á veces el hombre para no infringir la 
ley moral? Además, una cosa es la idea y persuasión de la libertad, y 
otra el hecho de la libertad: la primera no basta para lo segundo. 

MORAL SOCIOLÓGICA Y SOLIDARIA 

La moral de Fouillée gravita demasiado, como se ve, hacia la psico- 
logía; la de Durkheim y Lévy Bruhl queda, como veremos, absorbida por 
la sociología. El punto de partida de la moral sociológica, en sentir de 
ellos, que son sus principales representantes, es que «los hechos mora- 
les son hechos sociales y varían en función de éstos» (2). «Si se le quita 
al hombre, dice Durkheim, todo lo que recibe de la sociedad, no queda 
más que un ser reducido á la sensación» (3). De ahí que para ellos la 
vida moral comienza y termina donde comienza y termina la social, ó, 
mejor dicho, queda encerrada dentro de ella; no existe otra moral que 
la reclamada por el estado social del tiempo y del medio en que se vive; 
no hay más autoridad moral que la misma sociedad y la conciencia mo- 
ral colectiva ó la opinión pública, y el método moral se reduce á obser- 
var los hechos morales desde el punto de vista meramente experimen- 
tal. Por tanto, la ciencia moral no debe en manera alguna investigar lo 
que debe ser, sino lo que es. De ahí que, al preguntarse cómo ha de 
constituirse la ciencia moral, respondan los partidarios de la moral socio- 
lógica: de ninguna manera; no hay problema moral, como no hay pro- 



(1) Fouillée, 1. c, pág. 382. 

(2) Lévy Bruhl, La Morale el la Science des moeurs, pág. 14. 

(3) Bulletin de la Société de Philos., Avril, 1906, pág. 132. 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 23 

blema físico ó problema fisiológico (1). Bastan estas líneas para sinteti- 
zar la moral de Durkheim y Lévy Bruhl. 

Ahora bien: si es verdad que la observación de los hechos en moral, 
como en otras muchas ciencias, es necesaria, no es posible conceder 
que sea suficiente. Después de los hechos vienen los juicios morales; 
dados los actos, ha de preguntarse el moralista: ¿por qué el género hu- 
mano llama buenos á unos actos y malos á otros? ¿Cuál es la norma de 
esta clasificación? ¿Cuál debe ser el acto para ser moralmente bueno? 
Es un hecho que tales juicios morales los formulan los hombres para 
apreciar la conducta propia y la ajena. Es, por consiguiente, gratuito y 
falso afirmar que no hay problema moral. «Cuando un centinela, por 
ejemplo, pregunta Fouillée, se halla en la alternativa de da; el ale-ta, 
exponiéndose á un balazo, ó callarse y ocultarse dejando que el ene- 
migo se apodere de la posición y sacrifique á sus camaradas, ¿no se 
plantea un problema moral concreto?» (2). 

Además, para el carácter obligatorio de las leyes, esto es, para obli- 
gar eficazmente á su cumplimiento, se requiere sanción, ya que no en 
absoluto y universalmente, al menos para la mayor parte de los hom- 
bres inclinados poderosamente al mal; requiérese un principio superior 
capaz de obligar y exigir sumisión; y para esto no basta observar los 
hechos. La base de esta obligación tampoco puede ser la opinión colec- 
tiva y el estado social del tiempo en que se vive. Si así fuese, el infanti- 
cidio hubiera sido moral en algunas tribus y épocas; y algunos mons- 
truos de la historia, que realizaron verdaderos horrores, aplaudidos por 
la opinión pública de su tiempo, hubieran sido más morales que los hé- 
roes cristianos que sucumbieron resistiendo á ella; serían más morales 
que Jesucristo, cuya muerte fué juzgada por la opinión pública de su 
tiempo como locura de la cruz. Estas ideas, que ante el recto sentido 
moral son verdaderas aberraciones, han sido, con todo, profesadas por 
los partidarios de esta moral. Así, Mr. Bayet, entusiasta propagandista 
de ella, afirma expresamente: «Las formas que reviste la idea del bien 
son múltiples, contradictorias y cambiantes. El bien es en cada país, en 
cada instante, lo que las conciencias colectivas, implícita ó explícita- 
mente juzgan ser bueno... El bien es hoy lo que las conciencias colecti- 
vas juzgan ser bueno; será mañana lo que mañana juzgarán ser 
bueno» (3). No necesita comentarios (4). 

Otro de los graves defectos de esta hipótesis es identificar la socie- 



(1) Lévy Bruhl, ibid., pág. 263. 

(2) Los elementos sociológicos de la Moral, versión castellana, Madrid, 1908, pá- 
gina 299. 

(3) L'idée de Bien, París, 1903, pág. 228. 

(4) Véase, si se quiere, Razón y Fe, Mayo de 1909, «La moral evangélica», donde se 
demostró la inmutabilidad de la moral. 



»24 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

dad con un organismo, y al individuo con una célula. Pero, aunque ofre- 
cen algunas semejanzas, las diferencias son demasiado grandes para 
que se les pueda confundir. Porque, como dice el mismo Spencer, la 
sociedad ó el organismo social no posee una conciencia colectiva, un 
sensorium commune, no tiene más conciencia ni más sensación que la 
de sus individuos; el centro psíquico se halla en cada una de las unida- 
des, no en el todo; ó, como dice Hoffding, en el organismo social son 
los individuos, y en el organismo viviente son los órganos centrales los 
, que experimentan el placer y el dolor. Por otra parte, las células que 
.constituyen el organismo de un hombre no tienen aisladas, sino por su 
unión con el conjunto, vida propia, mientras que el hombre la posee por 
sí mismo. Mas, si el hombre no fuera propiamente más que una célula 
del organismo social, desaparecerían los derechos y deberes individua- 
les, siendo así que en el orden genético y cronológico son antes los de- 
rechos y deberes individuales que los de la sociedad. Ni ¿quién puede 
negar que la misma perfección social resulta de la perfección de los in- 
dividuos? 

* 

* * 

No son pocos los escritores que barajan indistintamente los nombres 
de los que enseñan la moral sociológica con los que figuran al frente de 
la moral solidaria; pero los principales representantes de ésta son: M. Bou- 
glé y M. Bourgeois. La doctrina del primero puede resumirse en estas 
tres proposiciones: 1." «La moral solidaria no es metafísica ni confesio- 
nal.» 2."" «Así como en la ley de la gravitación buscamos el modo de 
establecer el equilibrio de nuestros edificios materiales, así en la ley de 
la solidaridad es donde hemos de buscar el medio de poner en equili- 
brio las cosas morales y sociales; es decir, la justicia.» 3."" La solidari- 
dad es la expresión de un «deber que todo hombre tiene en presencia 
de sus semejantes, de un deber más lato (étendu) que el deber de justi- 
cia, pero más riguroso y más obligatorio que el deber de caridad» (1). 

Esta doctrina ha sido erigida en sistema por M. Bourgeois. He aquí 
sus principios fundamentales. La solidaridad es un hecho, así entre las 
células que componen el individuo como entre los individuos que for- 
man el cuerpo social, la solidaridad en el tiempo y en el espacio, con 
nuestros contemporáneos y nuestros abuelos. «La solidaridad aparece 
• én todas partes» (2), dice M. Izoulet en Biología, con el nombre de inter- 
dependencia de las células; en Sociología, con el de interdependencia 
de los seres humanos; y en el mismo sentido añade M. Bouglé: «Econo- 
mía política y Biología mezclan sus aguas en el solidarismo* (3) 



(1) Bouglé, Essai d'une philosophie de la solidante, pág. 234. 

(2) Izoulet, Cité moderne, pág. 443. 

(3) Le Solidarisme, 1907, pág. 15. 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 25 

Este hecho del solidarismo moral se apoya, al decir de sus patronos, 
en la hipótesis de la deuda social y del casi-contrato. He aquí por qué. 
El hombre es deudor á sus antepasados, porque, cuando se presenta en 
la escena de la vida goza de un gran capital acumulado por las genera- 
ciones que le precedieron. Es deudor á sus contemporáneos, porque el 
hombre es un ser social, y la asociación supone un cambio continuo de 
servicios. Es deudor á las generaciones futuras, porque como la huma- 
nidad no trabaja sólo por cada uno de nosotros, tenemos el deber de 
conservar y aun de aumentar y transmitir á los venideros nuestro capi- 
tal. «Las aptitudes de nuestro cuerpo, los instintos..., las palabras de que 
nos servimos..., todo eso es la obra lenta del pasado, se halla á nuestra 
disposición y se nos incorpora. Desde el momento en que el niño es un 
ser distinto, es un deudor... Deuda es su sustento... Deuda su lenguaje... 
Deuda el libro y la herramienta... Y cuanto más avance en la vida, más 
crecerá su deuda...» (1). He ahí la deuda social. ¿Dónde está el casi-con- 
trato? El hombre, por el mero hecho de aprovecharse de las ventajas de 
la sociedad, acepta implícitamente sus cargos. ¿Es este un contrato? 
Expreso no, pero sí presunto. Porque suponiendo que los hombres al 
nacer pudieran entenderse para regular las condiciones del contrato, lo 
harían en el sentido indicado: tal es el casi-contrato de los solidaristas. 
¿Y en qué grado obliga? Menos que la justicia y más que la caridad. Es 
un deber más extenso que el de justicia, y más riguroso que el de la ca- 
ridad; un deber tal, que la sociedad puede prescribirlo y sancionar su 
ejecución. 

No cabe duda de que hay algo de verdad en esta teoría. La solidari- 
dad bien entendida es un hecho comprobado. En muchos órdenes de 
vida son los unos solidarios de los otros. En Biología las células son 
solidarias entre sí, dividiéndose el trabajo y conspirando juntas á la for- 
mación del organismo; en Fisiología se observa lo mismo: «el borracho 
de la comedia dejefferson, dice W. James, á cada nueva recaída en su 
vicio se excusa diciendo: ¡esta vez no se cuenta!...; pero resulta contada 
de todos modos, porque en el fondo, entre sus células y fibras nerviosas, 
las moléculas la cuentan, la registran y la almacenan para servirse de 
ella contra él á la primera ocasión en que la tentación se reproduz- 
ca...» (2). En Economía las horas de trabajo y los salarios de un país 
influyen en otro, y en Moral todo acto de virtud produce, como dice 
Fonsegrive, una onda de bien que en círculos concéntricos se va extea- 
diendo por la humanidad. ¿Dónde se podrá encontrar solidaridad más 
perfecta que en la Iglesia católica? ¿No es ella la que, al decir de Mas- 
sillón (Sermón sobre el perdón de las injurias), hace de los cristianos 
«los miembros de un mismo cuerpo, los hijos de un mismo Padre, los 



(1) Bourgeois, So/ManYé, pág. 118. 

(2) W. Jamas, Los ideales de la vida, trad. cast., 1904, t. II, pág. 67, 



26 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

herederos de un mismo reino, las piedras de un mismo edificio, las partes 
de un mismo todo»? «La carmelita descalza, añade Brunetiére, que llora 
en su convento por los pecados del mundo, los destruye. El fraile que 
mendiga por los caminos, rescata á la mujer adúltera con el precio de las 
humillaciones que padece. Se establece en la sociedad católica una cir- 
culación de perpetua caridad. Los vivos rezan por los muertos, los muer- 
tos interceden por los vivos... Y del centro á la circunferencia de ese 
círculo infinito... no hay nadie en quien no repercutan para herirle los 
pecados y para consolarle los méritos de las demás» (1). Magnífica 
demostración de la solidaridad cristiana es la Comunión de los San- 
tos, y una de las verdades más profundas de la misma es el dogma 
del pecado original y el de la justificación, verdad expresada por San 
Pablo, cuando dice: «Todos nosotros somos miembros de un solo 
cuerpo... Así como por la caída de uno solo todos los hombres cayeron 
en la condenación, así reciben todos su justificación por la justicia de uno 
solo. Así como todos mueren en Adán, así reviven todos en Cristo.» 

Pero la moral solidaria de Bouglé y de Bourgeois adolece de graves 
defectos. 

Ante todo, la moral solidaria en boca de sus patronos tiene una 
significación equívoca ó ambigua. «Puesto que somos solidarios, sacri- 
fiquémonos los unos por los otros, dirán los altruistas; puesto que somos 
solidarios, sirvámonos de los otros en beneficio nuestro, dirán á su vez 
los egoístas» (2). Por eso dice P. Burean que la tal solidaridad «se presta 
lo mismo á las combinaciones ingeniosas del sacrificio y del amor, que 
á los cálculos cínicos del egoísmo» (3). Claro está que la solidaridad de 
suyo parece indicar la idea de altruismo; pero en las miras de los que se 
llaman solidarios entra también el egoísmo: lo dice la experiencia. 

Concedida su parte de verdad á la solidaridad como hecho, hay que 
negársela á la solidaridad como deber, porque ni la pretendida deuda 
social ni el llamado casi-contrato son bastantes á transformar el hecho 
de la solidaridad en deber de la solidaridad. Toda deuda supone moral 
y jurídicamente un acreedor; y pregunta Brunetiére: «¿Dónde están los 
herederos de Gutenberg y los derechohabientes de Stephenson? Á 
falta de ellos, ¿quién tiene derecho á cobrar ese crédito?» No se puede 
señalar el heredero, á no ser que se diga que lo somos todos y ninguno; 
pero siempre será imposible determinar nuestra parte de deuda y nues- 
tra parte de crédito. Ni la deuda de la sociedad á los grandes bienhecho- 
res de ella por su santidad, ciencia ó heroísmo es deuda legal ó de jus- 
ticia; significa tan sólo deuda de gratitud, admiración ó reconocimiento. 

Otro tanto se puede decir del casi-contrato. Éste, así en Moral como 



(1) J. Brunetiére, La Science et la religión, pág. 82. 

(2) Palabras de M. Fouillée. Los elementos sociológicos de la Moral, pág. 381. 

(3) Paul Bureau, La crise morale des temps nouveaux, 1907, ch. IX. 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 27 

en Derecho, no tiene significación ni valor si no recae sobre hechos vo- 
luntarios de los contrayentes. El hombre, ni nace libremente ni acepta 
libremente el compromiso que proponen los solidaristas, y de muchos se 
presume que lo rechazarían^, especialmente aquellos que reciben de sus 
padres una naturaleza enclenque ó viciada, ó una posición sumida en la 
miseria. De modo que la solidaridad en muchos casos podrá ser un 
hecho, pero en la acepción de sus patronos está lejos de ser un derecho 
ó un deber. «El odio y la tiranía, dice Seailles, son formas de la solidari- 
dad, como lo son la concordia y el amor» (1). Por eso la solidaridad, eri 
vez de ser norma de conducta, en vez de ser un deber, nos pone á veces 
en la obligación de oponernos á ella y de no aceptarla en modo alguno, 
como en los casos de odio y de tiranía. Esto sin contar con que los par- 
tidarios de la moral solidaria la exageran, aun como hecho, negando la 
libertad > ligando con los lazos del determinismo el influjo mutuo de 
las acciones solidarias. Este determinismo, por otra parte, no basta para 
establecer la obligación moral ó el deber; porque el deber de la solida- 
ridad, como todo deber, supone una ley superior al hombre, según se verá 
en el párrafo siguiente. 

MORAL CIENTÍFICA 

Así como Fouillée sustituye la idea de deber con la de ideal persua- 
sivo, así otros la reemplazan con la de algún principio estético, ó la de- 
claran incomprensible ó adulteran su concepto: tales son los que han 
dado á su Ética el nombre de moral científica. ¡Como si la Ética, si ver- 
daderamente es tal, pudiera no ser científica! Pero ya se ve en qué sen- 
tido toman ellos la palabra ciencia, para quienes no hay más ciencia que 
la positivista ó meramente experimental. La moral, pues, llamada cien- 
tífica es un legado del positivismo, el cual, si como sistema y como 
forma de doctrina ha pasado de moda, ha dejado en herencia su espí- 
ritu, que vive y palpita en muchas concepciones modernas. 

M. Gaultier, después de relegar al olvido, así el imperativo categórico 
como la idea del deber y de la obligación, pregunta: ¿cuál ha de ser la 
base del nuevo edificio moral? Y responde: «este principio ha de ser de 
naturaleza y sentido estético, el placer causado por la consideración de 
cualquier suceso de la naturaleza, independiente del placer sensual é in- 
teresado» (2). 

Otros admiten la idea de obligación y de deber, pero la interpretan 
mal, diciendo que yo debo significa yo estoy dispuesto, pronto á deter- 
minarme, á punto de hacer. M. Guyau se atreve á negarla, pretendiendo 



(1) Gabriel Seailles, Les affirmations de la Conscience moderne, 1903, pág. 182. 

(2) Veas 2 en Rev. Augustinienne, 15 de Junio de 1905, el juicio d¿ la obra Les Rai- 
sons de l'idéalisme, par J. de Gaultier. 



28 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

fundar una moral sin obligación y sin sanción, y M. Bayet llega á afir- 
mar que la idea del deber se ha hecho incomprensible (1). 

Ahora bien: una de las ideas fundamentales de la moral es la idea de 
la obligación y del deber: «bueno, malo, virtud, vicio, lícito, ilícito, de- 
recho, deberj obligación..., son palabras que emplea el ignorante como 
el sabio en todos tiempos y países, y este lenguaje es perfectamente 
entendido por todo el linaje humano, sean cuales fueren las diferencias 
en cuanto á la aplicación del significado á casos especiales» (2), El 
concepto de obligación, como el mismo nombre lo dice, envuelve un lazo 
ó vínculo, y así la concibe todo el mundo, y si es así, no se podrá encon- 
trar en el hombre mismo la razón última de la obligación. ¿Cómo ha de 
ser el hombre la razón última de un vínculo que á él mismo se le im- 
pone? Si la obligación procediese del hombre ó de otro inferior á él, 
¿por qué razón no habría de poder violarla? Y caso de que pudiera vio- 
lar la obligación, la obligación no sería tal. Por tanto, 1^ obligación se 
presenta al hombre con carácter de necesidad moral y de superioridad. 

Como los fenómenos físicos están sujetos á sus respectivas leyes, así 
nuestros actos morales obligatorios lo están á leyes morales. La diferen- 
cia está en que la naturaleza física no depende de nosotros, y no la po- 
demos alterar; el cumplimiento de la moral, sí, ya que podemos infringir 
la ley. Alguien ha dicho que una ley que se infringe no es ley, no es ex- 
presión de una obligación; mas no es así. La infracción deja intacta la 
naturaleza é inmutabilidad de la ley moral. El que comete, v. gr., un adul- 
terio, infringe la ley moral, es decir, no la cumple en el orden de los 
hechos; pero no la quebranta en el sentido de que con la infracción haya 
cesado en aquel momento de regir la ley contra el adulterio. Cierto que 
la derogación de la ley física es imposible por un agente ó fuerza del 
mismo orden, porque la ley se funda en la necesidad del orden físico, 
mientras que la infracción de la ley moral es y tiene que ser físicamente 
posible, porque la ley moral se funda ó presupone la libertad; pero no le 
es permitido al hombre infringirla; le está positivamente prohibido, obli- 
gado como está á guardar el orden moral impuesto por una voluntad 
superior, es decir, por Dios. 

Porque como la voluntad divina al crear al hombre le asignara un 
fin proporcionado á su naturaleza específica, dióle ipso fado una regla 
para sus acciones, y el hombre está obligado á proceder según esa regla, 
ó sea, conforme á su naturaleza específica. Esta voluntad superior, divina 
es inviolable, debe ser respetada. He ahí cómo el deber moral significa 
«sujeción de la criatura libre al orden moral» (3) establecido por Dios. 

Por tanto, así la idea de obligación como la del deber suponen en el 



(1) Guyau, (.a Morale scientifigue, pág. 119. 

(2) Balmes,£f /ca, c. 1. 

(3) Balmes, ibid., p. 56. 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 29 

hombre una ley que le sujeta, como expresión de una voluntad superior, 
de una autoridad soberana, de un legislador invisible, que no es ni puede 
ser otro que Dios, que habla en la razón y en la conciencia del hom- 
bre. De Él recibe órdenes á que no puede faltar sin faltar á su deber. Y 
para evitar toda duda, todo equívoco, el mismo Dios se ha dignado for- 
mular en el Decálogo los deberes esenciales del hombre para con Dios, 
para consigo y para con el prójimo. Estas leyes del Decálogo constitu- 
yen el Código de la moral natural. Ellas son obligatorias, porque son 
expresión de la voluntad divina, que tiene derecho absoluto, esencial, 
incondicional de mandar á su criatura. Ellas son universales, porque se 
imponen á todos los hombres sin excepción. Ellas son inmutables, según 
se dijo en otro número de la Revista (1). 

De lo dicho se desprende claramente: 1.°, que las ideas de obligación 
y del deber son fundamentales y necesarias para constituir el orden mo- 
ral y la Ética; 2.°, que no son ideas incomprensibles; S."", que la idea de 
obligación no se ha de confundir con la de estar dispuesto ó pronto á 
hacer una cosa; 4.°, que la razón última de la obligación moral no se ha 
de buscar en el hombre, sino en una voluntad superior á él, en Dios. De 
donde se infiere á su vez, que la moral llamada científica está muy lejos 
de ser científica ó racional y de ser la expresión de una verdadera moral. 
Esto, considerado el aspecto de obligación y de deber; que si nos fijára- 
mos en la falta de sanción suficiente que presenta dicha moral, sacaría- 
mos la misma conclusión. Porque negar toda sanción ó contentarse con 
un principio de placer estético para exigir en su nombre el cumplimiento 
de los grandes preceptos, es desconocer por completo la naturaleza de 
la moral y del hombre, tan inclinado al mal. 

Además la moral científica, contenta con su ciencia, es decir, con la 
positivista, se limita á observar los hechos, los actos en sí, sin cuidarse 
para nada de la intención con que se ejecutan los actos, y confiesa ade- 
más paladinamente su impotencia para resolver el problema relativo al 
destino del hombre. Ahora bien: sin la intención no se puede apreciar la 
responsabilidad moral y jurídica, y el destino final del hombre es una de 
las cuestiones más fundamentales de la moral. Respecto de esto último, 
hasta el mismo Renán está en contra de la moral científica, cuando dice: 
«Estoy más convencido que nunca de que la vida moral tiene un fin su- 
perior... Desde el momento en que el sacrificio se convierte en deber, ya 
no veo límites en el horizonte que se abre ante mí. Como los perfumes 
de las islas del mar Eritreo que vagaban sobre la superficie de los mares 
y caminaban delante de los barcos, ese instinto divino es para mí un 
augurio de una tierra desconocida y un mensajero de lo infinito.» No 
tratamos ahora de probar la vida futura y la inmortalidad del alma, que 



(1) Véase Razón y Fe, Mayo de 1909: «La Moral evangélica y la Moral del moder- 
nismo». 



30 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

es cuestión psicológica; lo que decimos es que el hombre no puede ne- 
garse á investigar cuál es su destino final, y que la moral que se declara 
impotente para resolver ese gran problema no merece en modo alguno 
llamarse científica. Cuánto más sublime aparece aquí la Ética tradicio- 
nal y cristiana, que demuestra y resuelve sin vacilaciones que el hombre 
viene de Dios y vuelve á Él para vivir una vida futura é inmortal san- 
cionada con premios y castigos correspondientes á los méritos ó demé- 
ritos contraídos por él en esta vida. 

AMORALISMO É INMORALISMO 

De suprimir ó adulterar la verdadera idea del deber y de la obliga- 
ción moral á negar la idea misma de la moral no hay más que un paso, 
y este paso lo han dado los partidarios del amoralismo moderno. El 
amoralismo ha revestido dos formas, la de hedonismo y la de voluntad 
de potencia. El hedonismo, psicológicamente considerado, se levanta so- 
bre estas dos bases: 1.^ que el placer es el único objeto final de nuestra 
actividad; 2.^ que él es su único motor inicial. En conformidad con ellas 
el hedonismo ético erige en sistema la doctrina del placer, como único 
valor de las acciones voluntarias, como único fin que debe pretender la 
voluntad. De ahí las dos consecuencias, que son como la expresión de 
esta hipótesis: Nada en el mundo tiene ni puede tener valor antes de 
haber producido alguna sensación de goce, algún sentimiento de alegría. 
Todo valor asignado á un objeto ó á una acción representa un placer ó 
actual ó pasado, ó la anticipación de un goce futuro. Esta forma de amo- 
ralismo es antigua y muy conocida, y ha sido mil veces refutada. 

El nuevo aspecto de amoralismo es el que lleva el nombre de «volun- 
tad de potencia» . Fouillée, uno de los que más detenidamente lo han estu- 
diado y refutado, lo atribuye principalmente á Nietzsche (1). El amora- 
lismo de Nietzsche ofrece tres aspectos: metafísico, psicológico y moral; 
la brevedad y el fin que nos hemos propuesto en este artículo nos obligan 



(1) La filosofía de Nietzsche ha sufrido varias transformaciones. La primera, bajo la 
inmediata influencia de Schopenhauer, se contiene principalmente en sus libros: El 
nacimiento de la tragedia, Las consideraciones inactuales, Schopenhauer como edu- 
cador. La S2s:un.ia (1375-1879) está expresada en su obra positivista, titulada Humano, 
demasiado humano. La tercera 0880-1884) está sintetizada en Aurora, Asi habla Zara- 
tustra, Pensamientos sobre el retorno de lo semejante y La gaya ciencia, en que apa- 
rece fenomenista metafisico á lo Taine. La cuarta (1885-1889) no expresa propiamente una 
transformación, sino una expresión sistemática y completa de su doctrina. A este pe- 
fíodo pertenecen: Mis allá del bien y del mal. La genealogía de la moral, La voluntad 
depotencia y el Antecristo. El último periodo de Nietzsche representa el abandono de 
la teoría del superhomo, que no significa ya una especie verdadera nente sobrehumana 
superhominem, sino solamente una humanidad más fuerte y dominadora. Véase Foui- 
llée, El Moralismo de Kant y el Amoralismo contemporáneo, versión castellana de 
González Carreño, 1908. 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 31 

á ceñirnos al último aspecto. Nietzsche rechaza el hedonismo y lo susti- 
tuye con la «expansión de la potencia». «¿Por qué, pregunta Nietzsche, 
luchan entre sí los árboles de una floresta virgen? ¿Luchan acaso por la 
felicidad? No, luchan por la potencia.» Y añade: «Lo que el hombre quiere, 
lo que quiere la más pequeña porción del organismo viviente, no es sino 
un aumento de potencia.» «El tener fines é intenciones, el querer, en 
suma, equivale á querer ser más potente» (1). Esta es la idea directriz 
del amoralismo de Nietzsche. Alrededor de ella agrupa unas cuantas 
ideas formando una amalgama con las de Schopenhauer, de Herbart, de 
W. James y de Fouillée. «El placer, dice, no es más que el síntoma del 
sentimiento que ha alcanzado la potencia.» Con esto y con que la «vo- 
luntad de poder» reemplace á la «voluntad de vivir», ya aparece un 
aspecto del voluntarismo de Schopenhauer». «El placer, añade, es la 
percepción de una diferencia», y el dolor un obstáculo, un juicio nocivo: 
he ahí también un aspecto del intelectualismo de Herbart. Pretender, 
como pretende, que la idea de lo nocivo es la que causa el dolor, mas no 
viceversa, que del dolor surge la idea de lo nocivo, se parece mucho á 
la hipótesis de W. James, según el cual no lloramos porque sentimos 
dolor, sino que sentimos dolor porque lloramos. Querer «edificar, como 
el dice, un orden moral sobre una escala graduada de las fuerzas», ó 
cotizar todos los valores morales por el grado que ocupan en la escala 
de las potencias y de las fuerzas, se asemeja no poco á la hipótesis de 
las ideas-fuerzas de Fouillée; es, como se lo dice el mismo Fouillée, «vol- 
ver por todos los caminos á su ley de las ¿deas-fuerzas». 

Dejando á un lado la síntesis de las ideas de Nietzsche sobre la gene- 
ración y la vida, que está saturada de un crudo materialismo, y viniendo 
á las consecuencias amoralistas de su doctrina, establece en el orden 
que sigue estas afirmaciones, que no necesitan comentarios: 1.^ Que no 
debe condenarse naí/a. Partiendo del fatalismo y determinismo universal, 
«en el que todo se encadena de una manera absoluta», afirma que conde- 
nar alguna cosa sería condenarlo todo; condenar un parricidio sería 
condenar la naturaleza entera. 2.^ Refiriéndolo todo á la voluntad de 
potencia, ó á una misma potencia de energía inicial, establece que los 
actos buenos y malos tienen el mismo valor. \Como si en los actos buenos 
y malos sólo se atendiera al gasto de fuerzas musculares ó á las ca- 
lorías que produce en el organismo un esfuerzo masó menos enérgico de 
la voluntad! De ahí pasa á la tercera afirmación, que es más extravagante 
aún, cuando dice: «la moral es toda ella tan inmoral como cualquiera otra 
cosa»; la moralidad es una forma de inmoralidad, ó lo que es lo mismo, 
que el ser justo, por ejemplo, es ser inmoral. Y se lanza á velas desple- 
gadas en medio del inmoralismo cuando proclama que el progreso tiende 
hacia la inmoralidad. Avanzando un poco más, hace la cuarta afirmación 



(1) Nietzsche, Volonté de puissance, II, pág. 302 y sig. 



32 NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 

la condenación del hombre bueno. El hombre bueno, dice, inventa acciones 
que no existen: las acciones santas, las no egoístas; inventa facultades 
que no existen: el alma, el espíritu, el libre albedrío; inventa seres que 
no existen: los santos. Dios, los ángeles; inventa un orden de aconteci- 
mientos que no existe: el orden moral, con la recompensa y el castigo. 
Cierra esta serie de errores y horrores con la quinta y última afirmación, 
que es la apoteosis del hombre malo. «Al hacer más malo al hombre, dice 
Nietzsche, se le hace mejor.» Que es como decir: criad Nerones y ten- 
dréis Vicentes de Paúl. Doctrina es ésta en que, más que los errores, que 
son gravísimos, aparece el desequilibrio intelectual del autor. Verdad 
es que Nietzsche se limita á meras afirmaciones, y, como dice Fouillée, 
«desde el momento en que se oprime un poco un pensamiento de 
Nietzsche, estalla como una burbuja de jabón» (1). 

* 
* * 

Como sea verdad, y verdad muy comprobada, que abyssus abyssum 
invocat, no parecerá extraño que del amoralismo se haya pasado al in- 
moralismo. Dicho se está que no vamos á examinar aquí la naturaleza de 
la inmoralidad, sino que vamos á considerar el inmoraüsmo bajo otro as- 
pecto. M. Palante, colocándose en el punto de vista del influjo que la 
moral puede ejercer en la conducta humana, distingue dos tipos de inmo- 
raüsmo. Consiste el primero en suponer que ese influjo, si no es del todo 
nulo, es al menos muy débil; al segundo, por el contrario, le atribuye un 
influjo poderoso, casi tiránico y odioso (2). 

En cuanto al primer tipo, el filósofo francés Bayle escribía en 1862 
que la moral ejerce tan insignificante influjo en el hombre, que éste hace 
siempre aquello á que su temperamento le incita (3). Fourier opina que 
la moral nada contribuye á dominar los vicios. «La moral, dice, cuando 
manda á las pasiones se puede comparar al jefe bárbaro á quien el Rey 
de Inglaterra hizo esta pregunta: «¿Os obedece bien vuestra gente?» El 
jefe respondió: «¿Por qué no, si yo les obedezco á ellos?» (4). El Conde 
de Gobineau no concede ningún valor á la moral, y afirma que el temor 
de Dios no es ningún obstáculo para ser asesino (5). Gourmont (6), 
Barres (7),Maeterlinck (8) y Guide (9) participan de las mismas ideas. Y 
J. Dumas, al hablar de las condiciones biológicas del remordimiento, dice 

(1) Fouillée, obra citada, pág. 356. 

(2) Palante, Rev. philos., Mars, 1908, pág. 274. 

(3) Bayle, Pensées diverses sur le Comete, table des matiéres. 

(4) Fourier, Théorie des quatre mouvements, pág. 188. 

(5) Gobineau, Rev. de Deux Mondes, 1»' Juin 1907. 

(6) R. de Gourmont, Epilogues, segunda serie, pág. 41, 

(7) M. Barres, Lejardin de Bérénice, al fin. 

<8) Maeterlinck, L'Inielligence desfleurs, pág. 155. 
<9) A. Guide, L'lnmor aliste, pág. 82. 



NUEVAS ORIENTACIONES DE LA MORAL 33 

que una inyección de cafeína basta á cambiar el tono de la conciencia 
moral de un hombre y abolir ó matar en él todo remordimiento (1). 

El segundo tipo de inmoralismo está representado por Stirner, el cual 
concede á la moral un influjo extraordinario en la conducta del hombre. 
Cree que nunca se exagera cuando se habla del poder de las ideas mo- 
rales. Es muy conocido el célebre y patético pasaje de la joven que hace 
dolorosamente el sacrificio de la pasión al deber. Stirner, como Corneille, 
representa la lucha de la pasión con el deber; sólo que mientras Cor- 
neille exalta el triunfo del deber, Stirner detesta esta victoria, injuria al 
vencedor y convoca furiosamente al instinto vencido á nuevas revueltas. 

¿Cuáles son las diferencias entre ambos tipos de inmoralismo? El 
primero participa más del carácter psicológico que del ético, el segundo 
al revés. La actitud de Bayle es tan reposada ante el insignificante poder 
de la moral, que no piensa en irritarse contra ella; en cambio la de Stirner 
es la de un revolucionario. Aquél admite grados, pues su influencia, 
aunque débil, tiene al fin algún valor, más ó menos considerable: medir 
este influjo es problema de dinámica mental. Éste ofrece un carácter 
absoluto, porque Stirner ataca á toda moral. El inmoralismo del primer 
género no es forzosamente antisocial, y si conduce al egotismo, es á un 
egotismo especulativo; el del segundo género es claramente antisocial. 

¿Cuál de estas concepciones, pregunta M. Raíante, es la expresión 
más exacta de la verdad psicológica, ética y social? Según él, la res- 
puesta debe variar, habida consideración de los individuos. Los hay tan 
débiles, tan apáticos, tan timoratos, que apenas tienen resorte interior, 
ni grandes pasiones, ni grandes deseos. En éstos, dice, la moral ejerce 
un influjo extraordinario, y la concepción de Stirner viene á ser psicoló- 
gicamente exacta. Por el contrario, hay naturalezas tan vigorosas, que 
en ellas influye sólo superficialmente la moral, y en éstas la concepción 
de Bayle se ajusta á la verdad psicológica. Pero existe además una ca- 
tegoría media, quizá la más numerosa, la de aquellos que reúnen á la vez 
pasiones- bastante vivas y un vivo sentimiento del deber. En esas almas 
estalla el conflicto entre el deber y la pasión, esas son las víctimas de la 
moral, almas inquietas «cogidas en la tela de araña de la hipocresía». 

Nosotros no respondemos de la exactitud y conformidad de estos 
tipos con la realidad, antes bien, creemos que en el primero se peca por 
carta de menos y en el segundo por carta de más. Vese además que 
ambos están inspirados en el determinismo,sin tener en cuenta el arranque 
de la libertad y del dominio de sí mismo para sobreponerse en uno ú 
otro sentido, aun sin hacer ahora mención de la soberana eficacia de la 
gracia divina. También es una falsa apreciación la de suponer en abso- 
luto que la clase media, descrita por Palante, sea víctima de la moral. 

E. Ugarte de Ercilla. 



(1) J. Dumas, Rev. philos., Octobre, 1906 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 



LORENZO HERVÁS 

SU VIDA Y SUS ESCRITOS (1735-1809) 



VvoNOCiDAS son las elocuentes palabras con que el P. Carlos Borgo, 
desde el pulpito de Reggio, predicaba las glorias de San Ignacio de Lo- 
yola en su fiesta de 1781 y la patética imagen de aquel sacrificio de la 
Compañía de Jesús, que á su amor de padre exigió, según dijeron, la paz, 
el bienestar de las naciones. 

«Paréceme ver, decía, á la Hija magnánima de Ignacio en el trance en que Su San- 
tidad Beatísima le intimaba, que en rehenes de la paz universal era menester que diese 
su vida en sacrificio. Acaso tan hermosa, pero no más esforzada, adelantóse hacia el 
tremendo altar la virgen hija de Jefté. La virgen Hija de Ignacio en oyendo el precio de 
su muerte, no hizo cuenta de su vida. Brilló su noble frente y resplandecieron sus ojos 
más apacibles que nunca con la nueva luz, que desde el alto asiento de la gloria le in- 
fundía Ignacio, luz de obediencia y luz de celo. Dobló sus rodillas ante el venerando 
pie de Clemente con aquel sosiego y serenidad con que solía tantas veces acercarse al 
mismo trono á recibir victoriosas palmas por los reinos conquistados á la Iglesia y 
— por Vos (dijo), por Vos, oh Padre Santísimo, nací, por Vos moriré contenta.— Y en di- 
ciendo estas palabras, desprendió el reluciente yelmo, guarnecido de rica y eterna pe- 
drería de innumerables mártires y confesores, y lo colocó en el regazo de Clemente, 
junto con aquel escudo de diamante con que de tantos dardos enemigos defendiera la 
fe y autoridad de Roma, diciendo:— Con estos arneses, Padre mío, podrá ser que ar- 
méis otra hija más afortunada, pero no más fiel.— Quitóse del dedo el anillo nupcial de 
su amado Jesús; tres veces besó su adorado nombre y— oh Padre beatísimo, dijo, que 
no deis á nadie esta joya; guardadla Vos para memoria no ingrata de este día.— Desci- 
ñóse luego del cinto virginal la espada y— con esta (añadió) ¡oh Dueño y Padre mío! 
he comprado hasta hoy para vuestro reino la ventura y la paz á precio de victorias; si 
hoy es menester comprarla á costa de mi vida, tomad esta misma espada y comprad 
esa paz con mi cabeza. Os recomiendo, sí, mis prendas más queridas, que quedan huér- 
fanas y sin arrimo; los pequeñuelos más desamparados de vuestro pueblo; la juventud 
estudiosa, esperanza flaca y vacilante de la Iglesia; la cristiandad del Paraguay, la más 
amable é inocente manada de vuestro rebaño.— Dijo, é inclinó al golpe su cabeza. Tem- 
blóle, creo, á Clemente su brazo, al fin de Padre, mas su corazón de Rey no cedió en 
esfuerzo al de Jefté sobre su hija degollada.— £/ fecit ei sicut voverat. (Judie, 11, 39.)» 

Pues, cuando tras pocos años esa virgen guerrera, dejando los hielos 
de Rusia, donde su cuerpo había conservado misteriosa y oculta vida, 
otra vez se acercó al trono pontificio y de los pies de Pío VII se levantó 
el 7 de Agosto de 1814 con nueva vida, recobrados su escudo, su yelmo, 
su anillo y su espada; era natural sintiera el deseo de recoger la heren- 
cia de santidad y sabiduría que le dejaba la antigua Compañía, ya que 
en adelante iba á ser la nueva Compañía de Jesús. 

De los muertos en su seno antes de 1773, la herencia estaba ya incor- 
porada á la antigua Compañía, pues como buenos hijos, al morir habían 



LORENZO HERVÁS 35 

ido dejando sus trofeos sobre el regazo de su bondadosa madre que les 
sobrevivía; de los que aun quedaban en vida el 1814, aguardó la Compa- 
ñía que ellos mismos volvieran á depositar sus propias glorias entre los 
brazos de una madre que de nuevo les brindaba con su amor; quedaba 
una tercera clase de bienes, pertenecientes á los que habían trabajado y 
muerto entre esas dos memorables fechas. Á estos últimos nadie podía 
presentar más legítimos títulos que la restablecida Compañía. 

Á formar este cúmulo de espirituales riquezas, contribuyeron indivi- 
duos de todas las principales lenguas y naciones; contribuyeron no poco 
los españoles, entre éstos, para la segunda y tercera clases de las tres 
dichas, una muchedumbre considerable de Abates que con su zapato de 
hebilla, calzas, calzón corto y ajustado, chupa, casaca, collarín, corbata, 
peluca y sombrero de tres candiles, habían hecho generosamente tres sa- 
criñcios, los mayores que se pueden exigir, de mirar como extraña á su 
propia madre, extraña á su propia patria y extraña á su propia lengua; 
á quienes los italianos han llamado, con el título doblemente glorioso 
aunque de diverso modo, de expulsos de España y literatos en Italia. 

De los frutos que produjo la santidad de esos expulsos, sólo Dios es 
justo apreciador, como fué testigo; de los frutos que produjo la sabidu- 
ría de esos literatos son testigos sus escritos y apreciadores los más 
eminentes hombres de letras. 

«Ciertamente, decía el Sr. Menéndez y Pelayo en el artículo que luego 
citaré, ciertamente que en la lista interminable de los jesuítas españoles 
que desde 1767 á 1814 escribieron poco ó mucho, abundan, como en 
todas partes, las medianías estudiosas y los autores de escritos efíme- 
ros... Pero todavía, y dicho sea en honra de nuestros expulsos, el número 
de los que se levantan sobre este nivel es harto considerable.» 

Entre éstos figura el P. Andrés (1740-1817), creador de la historia li- 
teraria, el primero que intentó trazar un cuadro fíel y completo de los 
progresos del espíritu humano; Hervás y Panduro (1735-1809), padre de 
la ñlología comparada y uno de los primeros cultivadores de la etnogra- 
fía y de la antropología; el P. Serrano (1715-1784), elegantísimo poeta 
latino; Llampillas (1731-1810), el apologista de nuestra literatura contra 
las detracciones de Tiraboschi y Bettinelli; Nuix (1740-1783), que justi- 
ficó contra las declamaciones del abate Raynal la conquista española en 
América; Masdeu (1744-1817), que tanta luz derramó sobre las primeras 
edades de nuestra historia; Eximeno (1729-1808), filósofo sensualista, 
matemático no vulgar é. ingenioso autor de un nuevo sistema de estética 
musical; Garcés (1733-1805), acérrimo purista, enamorado del antiguo 
vigor y elegancia de la lengua castellana, dique grande contra la inco- 
rrección y el gahcismo; el P. Arévalo (1747-1824), luz de nuestra histo- 
ria eclesiástica y de las obras de nuestros Santos Padres y poetas cris- 
tianos; el P. Arteaga (1747-1799), autor del mejor libro de estética que 
se publicó en su tiempo, historiador de las revoluciones de la ópera ita- 



36 LORENZO HERVÁS 

liana, hombre de gusto fino y delicadísimo en toda materia de arte, sobre 
todo en la crítica teatral; el P. Aymerich (1715-1799), que exornó con 
las Flores de la más pura latinidad un asunto tan árido como el episcopo- 
logio barcelonés; el P. Pía (1745-1817), uno de los más antiguos proven- 
zalistas; el P. Gallisá (1731-1811), discípulo y digno biógrafo del gran 
romanista y arqueólogo Finestres; Pequeño (1743-1811), el restaurador 
de la pintura pompeyana é historiador de la pantomima entre los anti- 
guos; Colomés (1740-1807) y Lasala (1738-1806), cuyas tragedias admi- 
raron á Italia; el P. Isla (1703-1781), cuya popularidad de satírico, nunca 
marchita, y el recuerdo del Fr. Gerundio bastan; Montengón( 1745- 1824), 
secularizado el 1769, único novelista de entonces; el P. Aponte 
(1737-1815), maravilloso helenista, restaurador del gusto clásico en Bo- 
lonia; el P. Pou (1727-1802), por quien Heródoto habló en lengua caste- 
llana; los matemáticos Campserver (1722-1798) y Ludeña (1740-1820); 
el P. Alegre (1729-1788), insigne por su virgiliana traducción de Ho- 
mero; el P. Landivar (1731-1793), cuya Rusticatio mexicana recuerda 
algo de la hermosura de estilo de las Geórgicas; Clavijero (1731-1787), 
el historiador de la primitiva Méjico; Molina (1740-1829), el naturalista 
chileno; el P. Maceda (1744-1805), apologista de Osio; el P. Terreros 
(1707-1782), autor del único diccionario técnico que España posee; el 
P. Lacunza (1731-1801), peregrino y arrojado comentador del Apoca- 
lipsis; el P. Gusta (1744-1816), controversista incansable, siempre 
envuelto en polémicas con jansenistas y filosofantes; el P. Pons 
(1730-1816), que cantó en versos latinos la atracción newtoniana; el 
P. Prats (1749-1825), ilustrador de la inscripción de Rosetta y de la rít- 
mica de los antiguos; Prat de Sabá (1733-1810), bibliógrafo de la Com- 
pañía y fecundísimo poeta latino; Diosdado Caballero (1740-1829), que 
echó las bases para la historia de la tipografía española; el P. Gil 
(1745-1807), indicador y defensor de las teorías de Boscowich; y tantos 
y tantos otros que aun aguardan un diligente y desapasionado bió- 
grafo (1). 



(1) Éstas frases, huelga casi decirlo, están al pie de la letra tomadas de la Historia 
de los Heterodoxos españoles, III, 145. 

Para la bíbliografia de esos expulsos véase la copiosa lista que cierra el prólogo del 
Catálogo razonado de obras anónimas y seudónimos de autores de la Compañía de 
Jesús pertenecientes á la antigua Asistencia española, por el P. J. Eug. de Uriarte, 
I, págs. XXI-XXXII. 

Como libros sobre la materia, puede consultarse la menjoria de Victorio Cian L'im- 
migrazione dei Gesuiti spagnuoli letterati in Italia, con los reparos que puso la Civiltá, 
ser. 16, t. V, pág, 152, y las añadiduras propuestas por el Sr. Menéndez y Pelayo en el nú- 
mero correspondiente á Enero de 1896 de la Revista Critica de Historia y Literatura 
Españolas, Portuguesas é Hispano-Americanas; con nuevos apéndices en la traduc- 
ción del trabajo de la Civiltá: Jesuítas expulsos de España, literatos en Italia, de An- 
tonio de Madariaga, S. J. 

Noticias más ó menos extensas se hallarán en los cursos de Literatura, Filosofía..., 
V. gr., Historia de las Ideas estéticas en España, t. III, vol. 2.", pág. 99. 



LORENZO HERVÁS , 37 

El segundo de esta lista, que fácilmente se pudiera triplicar, va á la 
cabeza, de este modesto trabajo, porque de Lorenzo Hervás y Panduro 
me voy á ocupar; no para escribir una detenida Memoria de su vida^ 
sino sus hechos principales; pues ni tengo datos suficientes, sobre todo 
de su residencia en Italia, ni el cariño al asunto elegido me ciega hasta 
el extremo de pensar que sea útil una investigación detenida sobre la 
vida de un sujeto que vivió en España y en Italia como otros muchos je- 
suítas, primero, ex-jesuítas después, aunque con más acomodo, en este 
segundo período, que muchos de sus hermanos por sus particulares 
prendas y circunstancias (1). 

La vida, además, de Hervás son sus escritos. En éstos, no todos, ni 
todo tiene el mismo valor; pero cuando más ó menos conscientemente 
Hervás, puesto en especialísimas circunstancias para estudios á que te- 
nía especialísima disposición, logra prescindir del carácter enciclopédico 
de su siglo, Hervás resulta digno de estudio, y este estudio, nuevo y 
provechoso. 

«El afán de las empresas enciclopédicas fué carácter común en los 
hombres más señalados del siglo XVIII... Cuando esta ambición recaía 
en espíritus ligeros y superficiales, engendraba compendios y libros de 
tocador. Cuando los autores eran hombres serios y de muchas letras, tra- 



(1) Fermín Caballero, en el primer tomo de sus Conquenses ilustres, intentó hacer 
esa completa biografía en su Abate Hervás (Madrid, 1868). 

Es libro imprescindible, más como único en su género, que por su valor intrínseco, 
pues se detiene en menudencias impertinentes, y no examina á fondo la materia. Ni 
aun siquiera supo el autor aprovechar la mejor fuente para su biografía, cual es, sin 
duda, el tomo de Cartas, que tuvo entre manos. 

El mérito del Sr. Fermín Caballero, en lo referente á Hervás, está, no en haber es- 
crito esta biografía, sino en que procuró impedir se destruyeran ó quedaran descono- 
cidas las obras de Hervás; por esto, con plena justicia, va unido su nombre al de su 
ilustre paisano, y en varias de las papeletas de la Biblioteca Nacional (sección de ma- 
nuscritos) se nota que aquel escrito de Hervás fué regalado por Caballero. 

Aunque en esto padeció D. Fermín un error gravísimo, siendo quizá causa de una 
pérdida irreparable. Dice, en efecto (pág. 14), que reconociendo los papeles de Hervás 
vio «que una parte eran borradores de obras ya mpresas, como la Historia de la vida 
del hombre y el Catálogo de tas lenguas...», y los devolvió «al interesado como de 
escasa importancia». Sin advertir que hay notable diferencia entre lo impreso y manus- 
crito, á causa de las correcciones y omisiones de los censores. Por esto, si el intere- 
sado al oir que eran de escasa importancia aquellos papeles los destruyó, como era 
natural, la pérdida no ha podido ser más funesta é irreparable. 

Es, por último. Caballero acreedor al agradecimiento de los aficionados á Hervás 
por haber arreglado y conservado los dos retratos que existen del célebre Abate. El 
uno, dibujado por Domingo Cardelli y grabado en cobre por José Ximeno, va al frente 
de algunos ejemplares de la Historia del hombre y Viaje estático; el otro, hecho restau- 
rar por Caballero y regalado á la Academia de la Historia, se debe al pincel de Angélica 
Kauffman; de él se sacó el grabado que acompaña la biografía hecha por Caballero. 
Cf. pág. 170. El original pintado por Kauffman sigue en el Museo de la Academia de la 
Historia, con el núm. 605; una buena copia que la Academia encargó para la familia de 
Hervás, está hoy en poder de los Padres de la Compañía de Jesús de Madrid. 



38 LORENZO HERVÁS 

zaban planes cuya sola enumeración asusta, y se ponían á desarrollarlos 
en muchos y abultados volúmenes, hasta que la vida ó la paciencia les 
faltaban... No se hacía la historia de tal ó cual literatura particular, sino 
que se investigaban (al modo del Abate Andrés) los orígenes y progre- 
sos de toda literatura^ tomada esta palabra en su acepción latísima... 
Otros con nada menos se contentaban que con trazar la Idea del uni- 
verso ó la Historia del hombre, como lo hizo en más de veinte tomos el 
doctísimo Hervás y Panduro, que á lo menos fué digno de tener tan altos 
pensamientos, puesto que supo más que otro hombre alguno del si- 
glo XVín, y hasta adivinó y creó ciencias nuevas.» (Historia de los He- 
terodoxos, III, 326.) 

Frases son éstas que alguno quizá tendrá por paradójicas, si se con- 
tenta con pasar los ojos por el índice de las obras italianas, v. gr., Storia 
delta vita dell'uomo; no tanto si hojea las españolas, y exactas si con pa- 
ciencia mira el conjunto de las obras de Hervás, examina lo que nos ha 
quedado de lo inédito, conjetura cuánto se ha perdido y se da cuenta de 
las ideas que brotaban de aquella cabeza, cómo ingenuamente confesaba 
que no hacía sino abrir una senda para que luego otros abrieran camino 
real. Cf. Catálogo,}, 122 (1); que «del artificio de estas [lenguas] apenas 
he dado idea, pues para empezar á darla con la debida extensión y cla- 
ridad, necesitaría escribir largos tratados en que con exemplos se pu- 
siera á la vista la varia y artificial formación de las partes de la oración 
en los idiomas, el diferente orden que tienen en el raciocinio y la gran 
diversidad que existe en los elementos alfabéticos y en la pronunciación 
de las palabras». Escuela, I, 126. 

Verdaderamente en Hervás se cumple lo que Leibnitz decía de sí á 
Plació en carta de 21 de Febrero de 1696: Qui me non nisi editisno- 
vit, non novit 

Justo es, pues, examinar en este sentido la vida y los escritos de Lo- 
renzo Hervás, levantando así un modesto monumento á su memoria en 
el primer centenario de su muerte, ocurrida en Roma el 24 de Agosto 
de 1809 (2). 



(1) Cito abreviadamente las obras de Hervás; muchas son conocidas de los lectores, 
de todas me ocuparé en la segunda parte de este traha\o.— Catálogo, es el Catálogo de 
las lenguas; Escuela, la Escuela de Sordo-mudos; Viaje ó Viaggio, es el Viaje estático 
al mundo planetario, en castellano ó en italiano; Storia ó Historia, la Historia de la vida 
del hombre, en italiano ó en castellano; Biblioteca, es la Biblioteca jesuítica. 

(2) En el «Libro in cui si scrivono H Nomi de'Defonti che si seppeliscono nella 
Chiesa del Gesú dall'anno 1792 a lutto il T^ro 1847» se dejó escrito: «El día 24 de Agosto 
de 1809 entregó su alma á su Creador, en el Colegio Romano, el Muy Reverendo Señor 
D. Lorenzo Hervás, ex jesuíta español, bibHotecario de N. S. el Papa Pío Vil, después 
de penosa y larga enfermedad, recibidos los Santos Sacramentos de la Eucaristía y Ex- 
tremaunción; hechas las acostumbradas exequias, fué sepultado en la sepultura de los 
Sacerdotes del lado del evangelio del altar mayor.» 



LORENZO HERVÁS 39 

Las fuentes biográficas del presente trabajo, son: 

1.° Un grueso tomo de Cartas, conservadas por la familia de Hervás, 
y ahora en nuestro poder, á saber, escritas por el Abate á su primo An- 
tonio Panduro, y escritas al Abate por diversos personajes, entre éstos, 
por no pocos de los que fueron sus hermanos en religión, y conserva- 
ban de él agradable recuerdo. 

2.° Las obras de Hervás, ya impresas, ya inéditas. 

3.*" Como bibliografía especial de Hervás, he podido utilizar los 
apuntes del P. Uriarte, S. J., que generosamente ha puesto á mi dispo- 
sición. 

4.° Algunos documentos del Archivo de Simancas, leg. 5.065 y 5 066; 
'del Archivo Histórico, leg. 3.240 y 3.911; de la Academia de la Histo- 
ria.— Censura de libros, leg. 9, 12 y 14. 

S."" La citada biografía de Caballero. 

6." Considera á Hervás como filólogo, entre nosotros, el excelentí- 
simo Sr. D. Antonio Balbín de Unquera, en su trabajo, que no he logrado 
ver. El P. Hervás y la filología comparada, conferencia dada el 21 de 
Abril de 1885, y extractada en el Boletín del Círculo Filológico Ma- 
tritense (1885), y reúne algunas consideraciones y citas de extranjeros 
al principio del segundo tomo, el Dr. A. Amor Ruibal: Los problemas 
fundamentales de la filología comparada. 

No incluyo las diversas enciclopedias y diccionarios que pudiera citar, 
porque, más que fuentes, son meros aljibes de aguas harto cenagosas, 
en no pocos casos. 

I 

LORENZO hervás: SU VIDA 



PRIMER PERIODO 



Desde su nacimiento al extrañamiento de los jesuítas 
españoles (1755-1767). 

Sumario: 1. El Horcajo y la casa García de Hervás.— 2. Vocación de Lorenzo para la 
Compañía de Jesús.— 3. Estudios ordinarios.— 4. ¿Hervás es enemigo de la Escolásr 
tica?— 5. Hervás maestro.— 6. Su espíritu de observación. 

1. Nació Lorenzo Hervás en el Horcajo, villa de la orden militar de 
Santiago y de la jurisdicción eclesiástica de Uclés, el 10 de Mayo de 1735. 
Fueron sus padres Juan García de Hervás (f 16 de Agosto de 1736) é 
Inés Panduro (f 9 de Noviembre de 1777); de su madre guardó siempre 
Lorenzo dulce memoria, como puede verse frecuentemente en las cartas 
á su primo Antonio, y en la Biblioteca, artículo Hervás y Panduro (Lo- 
renzo), le dedicó estas líneas: «Murió con fama correspondiente á su 



4G LORENZO HERVÁS 

santa vida y alta contemplación, en la que, tal vez, de noche continuaba 
por más de ocho horas» (1). 

La casa de Hervás fué de pobres labradores, y así no es de extrañar 
que al volver Lorenzo á su pueblo en 1799, después de dejar los honores, 
amigos, y conveniencias literarias de Italia, Horcajo le pareciera estre- 
cho. Fácil sería trazar el círculo de objetos y personas que rodearon 
la niñez de Hervás con sólo seguir su correspondencia de años poste- 
riores con su primo, pues no sin motivo, aunque con alguna exageración, 
dice de ella Caballero (pág. 45): que «cuanto sabía [Hervás] déla vida 
doméstica y aldeana, que era muchísimo, lo iba suministrando, á dosis, 
en cada una de sus cartas... Lecciones sobre educación de los hijos, 
sobre comida, bebida y vestidos, sobre labranza y especulaciones enla- 
zadas con ella; obras de casa, comodidades racionales, modo de tratar 
á los señores, manera de hacer limosna; hasta sobre la ortografía de las 
contestaciones que le daban, la forma de la letra..., nada, nada falta. Re- 
cogiendo y ordenando los párrafos referentes á esta didáctica epistolar, 
pudiera formarse una guía del labrador, una colección de máximas de 
moral lugareña, de provechosísima utilidad en la pedagogía». 

Con estos consejos procuró Hervás poner remedio á las necesidades 
que conocía; procurólo también con su dinero cuando hecho Abate, ó 
como diría el P. Isla, en una de sus cartas de vísperas de Navidad 
de 1773: «Monsieur l'Abbé, convertido en tal por virtud de cierta trans- 
migración que no conoció Pitágoras y en fuerza de una especie de me- 
tamorfosis que se le escondió al tomitano Nason», pudo disponer del 
fruto de sus obras, de las larguezas del Marqués de Ghini, cuyo palacio 
habitaba y cuyos pleitos defendía, y de otros no pocos amigos y favore- 
cedores. 

Esto, como suele suceder, llevó la desunión y la discordia entre los 
parientes, llegando á escribir el 3 de Abril de 1799 al primo Antonio, el 
más favorecido por el Abate Hervás: «Olvida todos los parientes; yo voy 
al Horcajo como si no los tuviera. Si son bárbaramente inciviles, hu- 
yelos y considéralos como extraños, no haciendo caso de ellos, ni dán- 
doles más que como á próximos lo que manda la santa religión.» 

Palabras duras, pero que no extrañarán al que considere la desunión 
que causa el dinero aun entre deudos, y que fueron precedidas de un 
para ti solo al primo que bien pudiera servir de eficaz remedio para 



(1) La fe de bautismo y el árbol genealógico de Hervás pueden verse en Caballe- 
ro, páginas 217, 221. 

Se empeña éste (pág. 22) en sostener que el apellido paterno Garda queaó pros- 
crito en toda la parentela. No está en lo cierto; pues aunque es verdad que nuestro 
Lorenzo siempre se firmó Hervás, no tuvo dificultad en escribir en la Biblioteca que su 
padre fué García de Hervás; en el Catálogo, V, 260, que él era de la familia García de 
Hervás; Gabriel García Hervás se firmaba su hermano en 2 de Febrero del 73, y Gabriel 
Hervás en 30 de Abril del mismo año. 



LORENZO HERVÁS 41 

todos los parientes y personas reñidas por semejantes causas: «A lo que 
me dice [tío Alejandro] de pleitos, respondo que cuando yo salí del 
Orcajo dejé parientes pobres, mas cristianos en paz de Dios y después 
que se han enriquecido ha entrado la discordia del diablo, etc. Que el 
primer paso debe ser reconciliarse con Dios y entre sí, y que para este 
fin no hai mejor medio que por ocho días, tú, el tío Alejandro y su hijo 
Antonio hicierais los ejercicios espirituales, retirados en un convento, bajo 
la dirección de un religioso docto; que con la dirección de éste el tío 
Alejandro ponga ó diga lo que en conciencia se le debe; se elegirá en 
Madrid persona eclesiástica docta á quien se dé el papel, y tú ú yo res- 
ponderemos á sus peticiones.» (Carta de 18 de Enero de 1791.) 

Si procuró Hervás favorecer á su familia, no dejó olvidados á los 
pobres, harto necesitados, de su pueblo. Léanse sus cartas, v. gr., de 30 de 
Junio, 16 de Septiembre, 30 de Noviembre de 1805... En la de Noviembre 
escribía: «Una de las obras de caridad más necesarias en el Orcajo es 
hacer algunas casas para pobres que viven como bestias en cuevas con 
indecencia y con casi necesidad de ser malos. Yo había pensado apro- 
vecharme del sitio que hai entre la hermita de Santa Ana y el camino de 
la derecha, y tirando una pared paralela á la hermita y casa, hacer allí 12 
casas de pobres á lo menos. Esto es, hacerlas de piedra y de dos altos, 
y de este modo se acomodarían 12 familias.» 

Y más tarde (15 de Junio de 1806): «Aunque yo tengo intención de 
hacer testamento, por si acaso no lo hiciere, dejo á tu cargo y conciencia 
y de tus herederos mi voluntad, que es ésta: Del dinero que he puesto ó 
pondré en tu poder y de la mitad del valor de mi impresión [obras im- 
presas] se hará un capital; lo administraréis tú y tus herederos primo- 
génitos; gozaréis la cuarta parte de la renta del dicho capital y daréis á 
los pobres las otras tres cuartas partes; primeramente á los niños y niñas, 
pagándoles las escuelas y dándoles entre año algunas limosnas para que 
asistan á la escuela; en segundo lugar, á los pobres totalmente huérfanos; 
en tercer lugar, á los huérfanos pobres de padres; en cuarto lugar, á 
viejos y enfermos pobres.» 

Qué estabilidad se dio á estas limosnas, sobre todo á aquel pensa- 
miento tan benéfico de dotar de hogar á los pobres, no es fácil averiguar, 
ni Caballero lo averiguó estando sobre el terreno; quizá paró todo en 
la renta de alguna tierra comprada (1); de todos modos, pudo escribir 
Hervás: «Yo he deseado corresponder al Señor con pensar en los pobres, 
pues de este modo seremos ricos en esta vida y en la futura, y yo atri- 



(1) Entre las disposiciones testamentarias que conservamos de Hervás, escritas de 
mano del P. Ramón Diosdado Caballero, su heredero fiduciario junto con el Cardenal 
Antonio Despuig, además del dinero y fruto de los libros, se habla de la renta de un 
terreno comprado con dinero de Hervás para los pobres. Véase en nuestro archivo el 
legajo intitulado: Italia. P. Diosd. Caballero y otros padres. Núm. 3.° Testamentaría 
del Ab. Hervás. 



42 LORENZO HERVÁS 

buyo á las limosnas los bienes que Dios ha dado á la casa.^> (Carta á An- 
tonio Panduro, de 30 de Junio de 1805.) 

Esto era Horcajo, esto la casa García de Hervás, donde se crió 
nuestro Lorenzo; estrecha esfera de donde bien pronto salió para po- 
nerse en ocasión de lograr los ricos caudales de su alma. 

2. Dice Caballero (pág. 23): que «nuestro Abate careciendo de legí- 
tima y aspirando á seguir carrera literaria que no podía costear su 
madre enferma y recientemente viuda (1); sin vocación propia é impul- 
sado por el Abad su tío, se entró jesuíta en Madrid á 29 de Setiembre 
de 1749, cuando únicamente contaba catorce años y cuatro meses de 
edad», y más adelante (pág. 103) al trasladar el pasaje del Viaje (que 
va aquí en nota) y las reflexiones que suscitaron en la mente del Abate 
la vista de Madrid, Alcalá y Horcajo, añade por su cuenta Caballero: 
«Largo ha sido el traslado; merecerá no obstante disculpa á quien con- 
sidere que encierra... sucesos importantísimos de su vida y una con- 
fesión que hace la apología del penitente. Si entró jesuíta sin una vo- 
cación verdadera, sin ella supo ser un jesuíta perfecto» (2). 

La culpa de esa penitencia y confesión es, según la mente de Ca- 



(1) Esto es manifiestamente falso; pues el esposo había muerto, como dijimos con 
palabras del mismo Lorenzo, en 1736. 

(2) He aquí el pasaje aludido; acaban Hervás y su compañero Cosmopolita la ter- 
cera jornada de su Viaje (H, 28^), y aquél dice á éste: 

«He hablado estáticamente arrebatado, Cosmopolita; he vuelto ya en mí, y veo que 
ya estamos sobre la población, que es centro de los inmensos dominios españoles... 
Su vista y la de sus países circunvecinos despiertan en mi memoria ideas antiguas, que 
ya no me acordaba de haber sido mías. Ve y observa hacia el austro y á la distancia de 
catorce leguas en el principio de aquella llanura, que en el antiguo romance de los es- 
pañoles debió de llamarse Marca, y hoy, por corrupción de nombre, se llama Mancha; 
ve, pues, una no despreciable población, cuya largura le hace parecer mayor que es; y 
desde ella, considerada en el vértice de un triángulo casi isósceles, fíngete dos líneas 
hasta los ángulos de su basa, que sean Madrid y la universidad Complutense. En la pe- 
queña área de este triángulo tienes el pequeñísimo espacio de mis correrías en la in- 
fancia, niñez, pubertad y juventud. En el centro de la población, llamada Orcajo, está 
el terrón que al aparecer á la vista [vida?] mortal me recibió; sin perderlo de vista 
crecí hasta el principio de la pubertad, en el que fui trasplantado á Madrid y después á 
la universidad Complutense, para que mi mente se formase primeramente según el es- 
píritu de la religión y después según el de la sabiduría; porque en vano se busca ésta, 
quando para hallarla no se conoce anticipadamente el norte de la religión. Las ciencias 
que con empeño aprendí, nada sirvieron para los fines á que las dirigía, pues que des- 
tino superior de insondable é infalible providencia aceptó la intención del sacrificio y 
repudió la oferta de la víctima sacrificada. Un caos inmenso veo interponerse entre el 
tiempo presente y aquel en que yo habitaba en estos países... Las nuevas especies, que 
en mi fantasía brotan á vista de los objetos que los excitan, se representan lánguida- 
mente como en un profundísimo sueño.» 

Las palabras que más hacen al caso y sonaron á los oídos de Caballero como con- 
fesión, sin duda, son aquellas de intención del sacrificio y oferta de la victima sacrifi- 
cada, en que cualquier otro verá lo contrario, á saber: el pesar de no haber seguido en 
el estado de victima ofrecida y sacrificada á Dios por los votos religiosos. 



LORENZO HERVÁS 43 

ballero, más haber entrado jesuíta, que haber entrado jesuíta sin voca- 
ción; pues no pudo figurarse el malogrado seminarista y aprovechado 
progresista D. Fermín Caballero, que un paisano suyo y tan ilustre, de 
otro modo que forzado hubiera podido caer en la tentación de ingresar 
en la Compañía de Jesús. 

En verdad que si fué culpa, fué felicísima culpa; pues aunque perdió 
la Mancha en nuestro Lorenzo un industrioso expendedor de anís y de 
cominos, cultivo preferente del Horcajo, según Caballero (pág. 26), que 
con su caballejo y unas alforjillas de varios senos recorriera gran parte 
del reino y llegara á Portugal y por la vía del Norte se alargara hasta 
Bayona de Francia; ganó España al P. Hervás, cuya fama y escritos 
recorrieran más de un reino, llegaran más allá de Portugal y se alarga- 
ran algo más que hasta Bayona de Francia. 

Por lo demás, cómo se despertó en el niño Lorenzo la vocación reli- 
giosa á la Compañía de Jesús, nos lo cuenta él mismo cuando, ya hom- 
bre y sin vínculo alguno externo con la Compañía, por aquellos años 
destruida, escribía su Biblioteca, y hablando en tercera persona decía en 
el artículo Hervás, redactado ó retocado «en el presente año de 1799»: «No 
habiendo visto jamás á los jesuítas, y en la edad de doce años, oyendo 
una vez hablar de ellos á un religioso reformado de San Francisco, con- 
cibió deseo de entrar en la Compañía de Jesús; lo manifestó á su madre, 
la cual, después de dos años, suplicó al noble y sabio Sr. D. Rafael Cha- 
cón, amigo de los jesuítas, que lo condujese al colegio jesuítico más 
vecino , que era el de Villarejo de Fuentes, cuyo Rector, el religiosísimo 
Josef de Peñaranda, 'e acogió tiernamente, y del Provincial Bernardo 
Granados prontamente obtuvo la licencia para que entrase en el novi- 
ciado jesuítico de Madrid, como lo efectuó á 29 de Septiembre 
de 1749)) (1). 



(1) He aquí otro pasaje de las cartas, que tuvo á su disposición Caballero, y que 
encierra también algo de confesión, en cuanto lo permitían en España los que tanto 
habían criticado la obediencia ciega y perinde ac cadáver de los jesuítas; responde 
Hervás á una carta de D. Manuel Garcés de Marcilla, escrita en Molina de Aragón á 8 
de Noviembre de 1800, preocupado por la educación de su hijo; es el borrador de la 
respuesta escrito al dorso de la carta: «No me molesta, más me favorece Vm. con la 
suya... En la religión que por gracia divina profesamos elegí aquel estado que más 
im[med¡atamen]te se dirige para ayudar y servir á los próximos y principalmente á 
aquellos que, iluminados celestialmente, desean y anelan guías y directores para mexor 
acertar. Si yo para tan cristiano fin soi útil, Vm. me tiene á su servicio, persuadido que 
sirviéndole sirvo á Nuestro Dios. Su divina Magestad ha excitado en Vm. el vivo co- 
nocimiento de su obligación paternal con su hijo; este conocimiento ha sido fecundo 
de los deseos de satisfacer á ella... No dude Vm. que el Señor corresponderá á sus 
deseos... Vm., pues. Señor mío, con livertad me escriba cuando á dicho fin y al servi- 
cio del Señor crea convenir, y procuraré satisfacerle en cuanto la escasez de mis luces 
alcance...» 

Vemos que si Hervás dejó de ser jesuíta, porque cesó su religión, supo fuera de 
ella ser un perfecto jesuíta. 



44 LORENZO HERVÁS 

La vida de Hervás puede encerrarse en estas tres palabras: aprender, 
enseñar y escribir, pues aunque en ocasiones ejercitó el sagrado minis- 
terio, como en los alrededores de Cuenca y en la peste de Cáceres, eso 
fué como de pasada (1). 

3. Los estudios ordinarios de la Compañía cursólos Hervás en Al- 
calá desde 1752 á 1760 (2). En ellos, si hemos de creer al P. Luengo en 
su Diario (26.", 546), no sobresalió mucho, pues hablando de la obra que 
escribió Hervás en defensa de la teoría de Bolgeni sobre la caridad, 
dice que «algunos de sus amigos y condiscípulos tienen un concepto 
mui moderado de su doctrina Theológlca, pues quando la estudió no 
sobresalió en ella, y después por el curso de más de treinta años (escribe 
Luengo en 1792) no ha podido pensar en cosas theológicas». 

Esto no quita que tuviera Hervás dos actos de Teología, uno en Al- 
calá el 1759 y otro luego en Madrid, como escribe en su Biblioteca; del 
primero conservó Hervás ingrata memoria (3). 

Dotado de especial ingenio para ciencias de positiva observación, y 
oyendo la muerte de su profesor de Astronomía el P. Tomás Cerda 
(1718-1791), no es de extrañar se renovase en su alma toda la admira- 
ción y cariño de discípulo y que le dedicase las páginas 20-23 del tomo 
tercero del Viaje, donde están aquellas palabras que en vida le dirigió y 
que casi escandalizan á Caballero (29): «Padre Cerda..., yo estoy per- 
suadido á que los matemáticos tenemos en nuestra cabeza un mundo 



(1) Véanse datos curiosos sóbrela peste en Cáceres el 1764 en la Historia, III, 247; 
VII, 84. 

(2) ídem IV, 233, nota 2: «Entre los intérpretes insignes españoles [de Sagrada Escri- 
tura] hay no pocos jesuítas; y de éstos dio algunos la cátedra doméstica de Teología exe- 
gética en su Colegio Complutense, á cuya memoria por haber estudiado yo en él desde 
el año 1752 hasta el de 1769, consagro la siguiente noticia de sus profesores escritúra- 
les.» Enumera, naturalmente, á Gaspar Sánchez, Juan Mariana, Cristóbal de Castro, 
Juan de Azor..., notando que los comentarios inéditos de éste sobre los Cánticos están 
«en quatro tomos en quarto... en la biblioteca del Colegio Romano». 

(3) Es el paso que se suele traer para pintar á Hervás opuesto á la forma silogís- 
tica; aunque, como se verá, sólo es opuesto á la usada en la clase de Fr. Toribio, in- 
signe profesor de Fr. Gerundio de Campazas. Copia, traducidas de Vives, las cláusulas 
contra el desorden en las disputas De causis corrupt. artium, lib. I, cap. VII (ed. de Va- 
lencia de 1785, t. VI, pág. 50): «¿Quántos inconvenientes resultan de estas disputas? 
Gritos rabiosos, amenazas, contumelias; y faltando las palabras, se ha visto venir los 
disputantes á las manos, á bocados y bofetadas. ¿Y es este el ejercicio de la sabidu- 
ría? ¿Esta es la profesión de la venerable doctrina?» Y continúa Hervás: «Á la verdad 
no se pueden oír sin escándalo, desprecio ó risa algunas disputas, en que personas 
eclesiásticas ó religiosas vocean, manotean y patean como desesperados, sin respetar 
su carácter ni el de los oyentes. El silogizar es ya lo mismo que hablar incivilmente... 
El silogizar es método bueno para proponer brevemente una dificaltad; más tres ó á 
lo más quatro silogismos bastan para proponerla. El año de 1759 defendí en Alcalá de 
Henares un acto teológico, en que debían argüir diez maestros; y el primero (que era 
uno de los mayores sabios de la Universidad) me puso más de quarenta silogismos. 
De este modo las funciones literarias se hacen pesadas y escuela de especulaciones 
comúnmente inútiles.» Historia, t. II, pág. 52. 



LORENZO HERVÁS 45 

diverso del que vemos y totalmente diferente del que en la suya tiene el 
común de los hombres He estudiado por siete años la Filosofía y Teolo- 
gía, y me parece que todo su estudio en tanto tiempo no ha dado á mi 
razón natural idea tan clara del Supremo Criador, como la que en un 
mes he logrado con el estudio astronómico.^ 

4. Pero dicho esto, pues no hay razón de ocultarlo, no es justo dejar 
de advertir que es inexacto presentar á Hervás como enemigo de la 
Escolástica, debidamente entendida, ó despreciador de los estudios filo- 
sófico-teológicos, aunque más inclinado y dispuesto para otros estu- 
dios, trató mejor de otras cosas, y escribiendo obras teológicas buscó 
más en ellas la parte positiva que la escolástica. 

He aquí lo que dice del método escolástico (Historia, IV, 315): 

«Esta crítica reproducimos actualmente los católicos, aprobando el 
métodoescolástico enlosque hacen buen uso de él, y reprobando el abuso 
de los que con palabras bárbaras, silogismos encadenados y distinciones 
continuas é inoportunas de términos nada significantes, desfiguran la 
doctrina teológica. Los católicos, con los heterodoxos verdaderamente 
críticos, alabamos el escolasticismo y la latinidad de la teología de Pe- 
tavio y de aquellos autores que más se le asemejan. Confieso que en 
el vulgo literario de algunos países católicos prevalece el abuso del es- 
colasticismo; mas este abuso no se debe llamar general, porque es muy 
particular y está ya casi para desaparecer. Entretanto los heterodoxos 
críticos desengañen á su vulgo literario, alaben claramente el buen uso 
del escolasticismo y vituperen solamente el abuso.» 

Y al hablar de la Metafísica de Suárez, dice (ídem, III, 100): «Enciclo- 
pedia de todas las especulaciones metafísicas, que se hallan en los libros 
escolásticos de mayor renombre, es la gran obra que de metafísica escri- 
bió el Dr. Francisco Suárez. Este insigne autor reduxo al mejor orden 
de metafísica las qüestiones principales..., se empeñó en notar las opi- 
niones de todos los metafísicos y en impugnar las contrarias á la suya, 
aunque sean extravagantísimas, y de este modo hizo una obra volumi-r 
nosa en que es necesario leer muchísimas cosas inútiles para encontrar 
las útiles que propone el autor. Si éste hubiera escrito su metafísica po- 
niendo en ella solamente las opiniones que defiende, su obra se hubiera 
hecho más común, y con suma utilidad hubiera reformado prontamente 
el estudio metafísico.» 

Paladar, pues, que sabe gustar las doctrinas de Suárez, podrá sentir 
predilección por uno ó por otro estudio, estará tal vez en algunas cosas 
mal purificado, pero no se puede justamente llamar estragado (1), 



(1) No negaré que en más de una página de las obras de Hervás se hallen quejas 
contra el método de enseñanza usado en su tiempo, planes de reforma más ó menos 
decisivos. No es ocasión de tratar aqui si aquéllas eran del todo justas y éstos del todo 
acertados; pero de eso, hasta ver en todas esas novedades, novedades peligrosas ó 
vitandas, hay un abismo, que la suspicacia de D. Joaquín Lorenzo Villanueva saltó. 



46 LORENZO HERVÁS 

5. Terminados para Hervás los estudios, que pudiéramos llamar or- 
dinarios en la Compañía de Jesús, supone Caballero, en su deseo de pon- 
derarlo todo (pág. 29), que aun antes de ordenarse de sacerdote «debió 
descubrir claramente su afición á las ciencias exactas [y] se dedicó á 
ellas en la Corte y con gran provecho. Aprendió matemáticas y astro- 
nomía con el famoso profesor jesuíta P. Tomás Cerda, maestro á quien 
consagra recuerdos en sus escritos». 

El lugar citado es el siguiente fWa/e, III, 20): 

«Sobre esta renovación de ideas, siempre correspondiente á la no- 
vedad y grandeza de los objetos..., permite. Cosmopolita, que yo breve- 
mente hable de la que con admiración un poco graciosa experimenté en 
los primeros meses del estudio astronómico. Hacía yo éste con el mayor 
ardor y empeño baxo de la instrucción de D. Tomás Cerda, ilustre y 
honradísimo sabio... Mi fantasía, algo desenfrenada con el ardor juvenil, 
corría curiosa y aceleradamente por los inmensos espacios que en las 
regiones celestes le descubría el estudio astronómico, y desde los pri- 
meros meses que en éste me ocupé, me parecía vivir en otro mundo. En 
estas circunstancias, hablé á mi maestro una vez así: «Padre Cerda... He 
estudiado por siete años la Filosofía y Teología...» Á las palabras que se 
copiaron antes sigue la larga y prudente respuesta del maestro (1). 

Esta conversación debió tenerse sin embargo en Italia ó si acaso en 
Madrid, cuando Hervás después de enseñar latín y moral estuvo en la Cor- 
te enseñando Geografía y sin tiempo para dedicarse á las Matemáticas. 

Llegado el tiempo de la enseñanza, nuestro Lorenzo tuvo clase dela- 



porque habiendo impugnado en su Catecismo del Estado, la introducción á la His- 
toria de la vida del hombre, de Hervás, y logrado su prohibición, temió cobardemente, 
reconociendo asi la superioridad del adversario, dejar libre la pluma de Hervás. Alguien 
hubiera dicho que Villanueva había leído las palabras de Hervás á su primo, de 27 de 
Noviembre de 1793: «Mucho te has inquietado con Villanueva por su desvergonzada 
y satírica impugnación; esto no se remedia á bofetones ni á desvergüenzas, mas á ra- 
zones buenas y cristianas; á su tiempo las daré yo y le responderé... bien y como me- 
recen su malicia é ignorancia.» 

Luego hablaremos de esto al ocuparnos entre los escritos de Hervás de su Historia. 
Aquí sólo quiero notar los principales pasajes, además de la impugnada Introducción 
en que Hervás propone esas quejas y esos planes, serán útiles las citas al que deteni- 
damente estudie el movimiento literario, filosófico, científico y teológico del siglo XVIII, 
ya se examine abstractamente, ya reflejado en alguna institución docente como sería la 
Universidad de Alcalá, ya agrupando los hechos alrededor de un hombre. Ese hombre 
seguramente no sería Hervás. 

Quejas y planes en los estudios de latinidad: Historia, II, 104; de Filosofía: ídem, III, 
13, 28, 38, 44, 100, 105; de ciencias: Viaje, IV, 280; de las ciencias sagradas: Historia, IV, 
280. En general, sería útil leer atentamente lo que Hervás llama el Hombre en las cien- 
cias, que comprende el capítulo IV del Hbro IV, tomo II, el tomo III y gran parte del IV 
en la Historia de la vida del Hombre. 

(1) Tomás Cerda fué profesor de Matemáticas en Cervera, Barcelona y Madrid, 
donde recibió el nombramiento de Cosmógrafo del Real Consejo de Indias. En la Bi- 
blioteca, articulo Cerda (Thomas), dice Hervás: «El Sr. Cerda, mi maestro de Materna- 



LORENZO HERVÁS 47 

tinidad en Cáceres (Historia, III, 242). Enfermó con ocasión de auxiliar á 
los apestados en 1764, y fué destinado en su convalecencia á Huete, con 
alguna ligera clase de Moral (1); luego á Madrid, donde enseñó Metafí- 
sica en el Seminario de Nobles; cf. Historia, III, 76 y 105; y Geografía: 
cf. Biblioteca, artículo Hervás; siendo además Director mayor en el 
mismo Seminario. 

Muchas son las ocasiones en que hablan del Seminario de Nobles las 
obras de Hervás, ya italianas, ya españolas; sabemos que se juntaron en 
aquél 120 alumnos (2); que hubo por aquellos años un cambio en los 
estudios, que desgraciadamente no se indica (3); y otras noticias no des- 



ticas, con quien algunos años he vivido en Italia...»; y en el artículo Hervás: «Habiendo 
concluido los estudios de Filosofía y Teología, instruyéndose al mismo tiempo en 
Jas lenguas eruditas y en las matemáticas (que después estudió por cuatro años)...» 

De donde se saca: 

I.'' Que Hervás estudió las lenguas eruditas (latín, griego y hebreo) y las Matemá- 
ticas en Alcalá. 

2." Estudió luego cuatro años de Matemáticas, no en España, pues los empleos de 
Hervás desde 60 al 67 no dan lugar, sino en Italia, donde vivió con Cerda y fué su dis- 
cípulo. La conversación que se refiere en el texto debió, pues, tenerse en Italia. 

De estos estudios de Matemáticas, hechos en Italia,procedieron los elementos cos- 
mográficos escritos en italiano, y el curso de Matemáticas empezado en 1769, ambos 
inéditos. 

3.° Como Hervás enseñó Geografía en Madrid, en donde estaba el P. Cerda, no 
hay dificultad en que privadamente aprendiera aquél con éste, y empezara á escribir la 
Cosmografía, que llevó consigo á Murcia y dejó en su aposento con un billete que 
decía: Estos papeles pertenecen al Sr. D. Antonio Fontes Paz. Cf. Biblioteca. 

(1) Estando en Cáceres, dice Hervás en su Biblioteca: «Con la asistencia á un hos- 
pital militar en las guerras con Portugal, del que él solo [Hervás] cuidaba en lo espi- 
ritual y temporal, enfermó grave y pertinazmente, con recaídas, por lo que fué nom- 
brado maestro de Teología moral en Huete, y no convaleciendo bien, pasó á Madrid.» 

(2) Storia, I, 168: «lo stessonegli anni scorsi trovadomi nel real CoUegio de'Nobili 
di Madrid (ove si contavano cento e venti alunni, che in gran parte erano sotto la mía 
direzione) compresi benissimo...» 

Dato que falta en la obra española correspondiente, I, 332. La dirección que tuvo 
Hervás en el Seminario, no es como la entiende Caballero (33), desconocedor de las 
costumbres jesuíticas y empeñado en rodear á Hervás de gloria propia ó ajena, estar al 
frente..., sino subordinada, como el mismo Hervás pone, ///s/í7r/a, IV, 359: «Parte de mi 
juventud y virilidad he empleado en la enseñanza cientifica y en la dirección subor- 
dinada de un numeroso é ilustre Seminario de Nobles.» Cf. Cartas familiares del padre 
José Francisco de Isla (León, 1903) pág. 191 nota sobre los estudios de la Compañía de 
Jesús en Villagarcia de Campos. 

(3) Después da poner algunas noticias sobre el Ratio Studioruní, termina la nota 
(Historia...W, 303): «Yo, aunque español, no dexo de conocer, que España ha venerado 
tenazmente con alguna superstición la antigüedad filosófica y teológica. Los jesuítas de 
Madrid desde el 1750, en mi tiempo tuvieron varias consultas para renovar esta anti- 
güedad, y no se atrevieron á efectuar la renovación sino en los colegios de nobles que 
estaban á su dirección. Este temor provino del imperio que el partido contrario tenia 
en los estudios públicos, y de no querer dar causa á nuevas inquietudes (sobre las 
muchas que desde dicho año empezaron á tener) con una empresa trabajosa que 
tendría por premio la contradicción.» 



48 LORENZO HERVÁS 

preciables (1). Quiero notar solamente lo que refieren sobre los ejercicios 
militares, en que se adiestraban los alumnos del Seminario de Nobles. 
Storia..., I, 199, y mejor en la española. I, 356: 

«Estando [siendo] yo Director mayor del Seminario de Nobles, que en Madrid te- 
nían los Jesuítas, procuraba que los Seminaristas saliesen á paseo, siempre que el 
tiempo lo permitía. La experiencia me había hecho conocer, que convenía tener siem- 
pre ocupados á los niños en las horas de recreación; y por esto hacía que todos juga- 
sen, ó se ocupasen en alguna cosa; y para obligarlos, yo mismo me unía con ellos en 
los juegos que me permitían mis circunstancias. Para ocupar la fantasía de los Semina- 
ristas y divertirlos, con toda utilidad, hice que aprendiesen el exercicio mihtar y los 
proveí de toda especie de utensilios militares, poniendo en ellos versos é inscripcio- 
nes doradas. Las horas de recreación, en que no se podía salir á paseo, se ocupaban 
en el exercicio militar, que muchos Seminaristas con la dirección y gran actividad de 
su compañero el señor Marqués Don Joseph de Ovando, aprendieron en pocos días, 
empleando gustosamente en su instrucción hasta el último minuto délas horas de des- 
canso... (2). En los paseos con relox en mano, la tropa infantil se empeñaba en cami- 
nar una ú dos millas, contándose el número de pasos simples ú doblados, para obser- 
var su correspondencia exacta con el tiempo. La niñez desea variedad y novedad en 
susexercicios; por lo que yo cada día pensaba en condecorar 'la comparsa militar. 
Convidaba á algunos señores para que su presencia animase la tropa, y entre ellos me 
honraron algunas veces el Excmo. Sr. Conde de Fernán-Núñez y el Sr. D. Anto- 
nio Idiáquez, que se dignaron mandar el exercicio, admirando su destreza y exactitud 
militar. En algunos días la comparsa militar se hacía con la asiste.ncia de los que sabían 
tocar instrumentos músicos; en otros se variaban los exercicios militares, y siempre 
se pensaba en alguna invención de fusiles, bombas, etc., que sin uso de pólvora y con 
muelles elásticos pudiesen figurar vivamente los utensilios militares (3). Yo confieso in- 
genuamente que experimenté útilísimos para la educación física, civil y moral estos 
exercicios, que después debí abandonar poco á poco porque la emulación antijesuí- 
tica empezó á prever en la tropa infantil las semillas de un exército invencible y ex- 
terminador de reynos. En estas circunstancias yo promoví otros exercicios dentro y 
fuera del Seminario para ocupar y fatigar con moderación la niñez. Fuera del Semina- 
rio proponía paseos largos rodeando á Madrid ó encaminándome á sitios algo lexos. 
Valiéndome del favor del señor Loinaz, llevaba los Seminaristas á su gran jardín y 
huerta, que están cerca de Madrid y abundaban de liebres; y se ejercitaban en correr 
tras de ellas. Dentro del Seminario ocupaba á los Seminaristas en juegos de exercicio 
y movimiento del cuerpo, principalmente en el útilísimo d© la pelota, con el que, ha- 
ciendo diferentísimas posturas corporales, se exercitan todos los músculos.» 

Poco tiempo antes que esa emulación antijesuítica se desbordase en 
España, llegó Hervás á Murcia para enseñar Filosofía. Aquí le cogió la 
orden de destierro, embarcándose en Cartagena, con los demás Padres 



(1) Historia..., I, 340; Storia..., I, 195, 196, etc. 

(2) En el pasaje italiano: «Fra questi miei allievi ritrovavasi S. E. il Signor Márchese 
Don Qiuseppe di Ovando, instruit'O nel militare esercizio. Proposi il mió pensiero a 
questo Signorino... Corrispose egli generosamente al mío progetto, supplendo col 
denaro ad alcune spese utili per la maggior forinalitá...» 

(3) Para formar mejor idea de este ejército infantil, téngase entendido que los alum- 
nos del Seminario de Nobles de Madrid tenían traje negro, con su espada, banda roja 
y el nombre de Jesús en ella. 

Cf. Razón y Fe, t. XXI, 73, nota. 



LORENZO HERVÁS 49 

y Hermanos de la Compañía que formaban la provincia de Toledo (1). 

De este modo harto providencial iba á encontrar Hervás (que qui- 
zá no había pensado aún en estudios lingüísticos) su verdadera voca- 
ción, el tema de los escritos que le habían de hacer inmortal, fundador y 
padre de la lingüística moderna; pues en el convoy, que mandaba la fra- 
gata del Rey Sania Rosalía, se encaminaba á Italia y allí podría tratar 
con aquellos misioneros, que, arrancados de entre los brazos de sus in- 
dios con brutal violencia, se vengaron de España dando los materiales 
que Hervás necesitaba para crear una ciencia nueva (2). 

6. Pero ya antes de salir de España se iba desarrollando en el alma 
de Hervás el instinto de observación detenida, de comparación atenta, 
el afán de lograr las ocasiones que se le iban presentando. 

De residencia en Cáceres, procuró Hervás hacer una visita á las anti- 
güedades de Mérida; «yo hice, decía, una visita á la ciudad de Mérida 
para observar los [monumentos romanos] que había en ella; y según las 
noticias que adquirí, con poco coste y trabajo se pueden descubrir en 
Mérida monumentos romanos para formar varios tomos en folio»: His- 
toria, II, 217. Los pocos meses de estancia en Murcia no fueron inúti- 
les para Hervás (ídem, VI, 105). 

«A últimos de Diciembre de 1766 llegué á la ciudad de Murcia para 
enseñar la Filosofía, y salí de ella para Italia al principio de Abril; no obs- 
tante el poco tiempo que estuve en dicha ciudad, porque el comercio de 
franceses de Madrid, de donde yo había salido para ir á Murcia, me favo- 
reció con cartas de recomendación para que sus corresponsales en Mur- 
cia, me iluminasen con las noticias que yo deseaba tener...», «inferí que 
calculado y distribuido entre los habitantes de Murcia y su campo el 
valor de los frutos terrestres del año 1766, tocaban treinta escudos de 
oro á cada habitador; de donde inferí, que en una ciudad de no gran 
luxo, como entonces era Murcia, y en que no eran caros los géneros de 
primera necesidad, debía crecer algo la población, mas con límites es- 
trechos y por pocos años, porque el pequeño número de propietarios 
haría que el pueblo experimentase presto la miseria, aunque no cre- 
ciese el luxo». 

Como las anteriores se podrían encontrar otras pruebas de este espí- 



(1) Historia, VI, 105. El arresto de los jesuítas en Murcia dio ocasión años atrás á 
varias hermosísimas cartas, que se conservan entre las Cartas de Hervás, ya que están 
á él dirigidas. Julián Martín de Retamosa tropezó, leyendo la Historia del hombre, 
escrita por Hervás, con la mención de este arresto, y se animó á escribirle declarando 
su amor á la Compañía, y cómo había tomado parte en aquel atropello, pero de mala 
gana y forzado por la obediencia militar. 

(2) Es de advertir que Hervás no estuvo en misiones extranjeras, y así el viaje á 
América que algunos autores suponen, es un puro error perdonable en Diccionarios y 
Bibliotecasanteriores á la biografía de Caballero (pág. 77), imperdonable después, como 
en el reciente libro de Amor y Ruibal. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV. 4 



50 LORENZO HERVÁS 

rltü de observación (cf. Historia..., I, 366) seguramente pertenecientes 
al primer período de la vida de Lorenzo Hervás; aunque muchas más 
sin comparación en los años sucesivos; en esto hubo dos grandes 
bienes: el primero que sembró sus numerosos escritos de curiosidades 
peregrinas, y el segundo que poco á poco iba formando su espíritu para 
lo que después había de ser. De lo primero daré alguna prueba al 
examinar los escritos, de lo segundo en el período siguiente de su vida, 

E. Portillo. 
(Continuará.) 



Fuerza expansiva del sistema de IRaiffeisen 

(Las Cajas rurales en Italia.) 



Á GUISA DE PRÓLOGO 



<5. 



'ONTRA la introducción del sistema de Raiffeisen en España se ale- 
gaba tiempo atrás su condición de planta exótica difícil, si no imposible, 
de aclimatar en nuestro suelo. Confesamos paladinamente que nunca 
pudimos alcanzar la fuerza de este argumento. El sistema de Raiffeisen 
se había paseado triunfante por toda clase de países; habíase acomodado 
á las razas más diversas del Oriente y del Occidente, del Septentrión y 
del Mediodía, germánicas, célticas, eslavas, latinas... ¿Qué carácter, decía- 
mos para nuestros adentros, será el de la raza española que, sola entre 
las civilizadas, ha de ser refractaria á las Cajas rurales? ¿Qué campesi- 
nos engendrarán nuestros montes y nuestros valles, tan diferentes del 
resto del planeta? ¿Será excelencia ó degeneración de la raza constituir 
excepción tan singular? Por lo demás, ¿es el carácter español tan único 
que ninguna diferencia exista entre los habitantes de las distintas regio- 
nes de España? ¿Serán de igual temperamento el navarro y el andaluz, 
el catalán y el extremeño, el castellano y el gallego? Pues ¿cómo se 
habla del carácter español cual si fuese uno mismo en todas las provin- 
cias? Porque si es en algo diferente ¿quién sabe? quizá las instituciones 
reñidas con el carácter y la situación económico-social del Sud hagan 
amigable consorcio con los moradores del Norte, y, por tanto, no pueden 
condenarse en globo las Cajas rurales. ¿Cuántas instituciones, aun eco- 
nómicas, nacidas en el extranjero no se han aclimatado en nuestra patria? 
Por hablar de una sola, que guarda cierta analogía con las Cajas rurales, 
¿no son acaso los Montes de Piedad de importación extranjera? ¿No 
nacieron en la Italia de la Edad Media? Se dirá que en España no son 
cosa nueva ahora, que han encanecido ya en nuestro suelo. Enhorabuena; 
pero todas las cosas viejas fueron en un principio nuevas, y contra ellas 
podí'a entonces oponerse el escrúpulo de la novedad. 

Pero el argumento Aquiles de la oposición era la solidaridad ilimi- 
tada. Á esto sí que no se allanarán nuestros campesinos, se objetaba. 
Buenos son ellos para aventurarlo todo por el vecino. Cada uno mire 
por sí, exclamarán. ¿Quién será tan bobo que con todos sus bienes salga 
fiador de los demás? Este argumento nos dolía más porque nos repre- 
sentaba al campesino de todas las provincias españolas como soberana- 
mente egoísta, desconfiado, receloso. Bien que no acabábamos de darle 



52 FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 

crédito. Examinábamos la historia de las Cajas de Raiffeisen, y hallába- 
mos que también en el extranjero se había esgrimido esa arma contra 
las Cajas rurales; también allí se había ponderado la dificultad de meter 
en la mollera del labriego la mancomunidad ilimitada. Mas la práctica 
demostró bien pronto que no era el buen aldeano tan palurdo, ni tan 
envidioso, ni tan suspicaz como se le había pintado. ¿No ocurrirá lo 
mismo en España?, nos decíamos. La experiencia convence que no nos 
engañábamos. Así que, hoy por hoy, es menos necesario persuadir á los 
españoles con el ejemplo de fuera. Con todo eso, no sería inútil, antes 
sumamente provechoso, declarar la fuerza expansiva del sistema y su 
poder de adaptación á toda clase de gentes. ¡Con qué gusto trazaríamos 
la historia de la fundación y progresos de una institución que, nacida en 
Alemania el 1869, contaba á fínes de 1907 eii doce países diferentes unas 
27.000 Cajas con dos millones de socios, y aun más. Recorreríamos, por 
el orden de fundación de la primera Caja, Alemania (año 1869), Itaüa 
(1883), Austria (1885), Suiza (1887), Bélgica (1892), Francia (1893), Ser- 
via (1894) Reino Unido y sus Colonias (1894), Holanda y sus Colo- 
nias (1895), Rusia (1896), Bulgaria (1899), para detenernos, finalmente, en 
España (1901). 

El viaje sería largo, demasiado largo. De sobra hemos entretenido á 
nuestros lectores con las Cajas rurales; fuerza es poner punto final. Mas 
no podemos resignarnos á dar por concluida esta materia sin reseñar, 
más que sea con toda brevedad, las vicisitudes por que han pasado las 
Cajas rurales en Francia y en Italia. Son naciones hermanas, y la histo- 
ria es harto instructiva para condenada al silencio. 

Respecto de Italia, nos mueve también un sentimiento de justicia, el 
deseo de reparar el olvido de algunos escritores, que, tratando de la mate- 
ria, no tienen recuerdos más que para Wollemborg y Luzzatti, dejándose 
en el tintero al que más que ellos ha contribuido á fundar Cajas rurales: 
el presbítero Cerutti. 

Es cosa que da grima ver cómo algunos pretensos informadores que 
se las echarán sin duda de imparciales y anunciarán á son de bombo y 
platillos sus informaciones, como la última palabra de la exactitud, de la 
diligencia y de la probidad, son tan ciegos ó tan obcecados que no ven ó 
no quieren ver, ó si lo ven no quieren hacer constar los méritos de los 
católicos en la institución de las obras sociales. Para que se vea que no 
hablamos de memoria, vamos á citar un hecho referido por Veggian (1): 

«El Conde de Chambrun, fundador ha pocos años del Museo Social, envió algunas 
comisiones con el fin de estudiar las condiciones económico-agrarias de todas las 
naciones de Europa. Como fruto de los estudios de la Comisión que visitó á Italia por 
encargo del Museo Social, salió á luz un grueso volumen (La Prévoyance sociale en 
Italie-Lerp. Mabilleau-Paris, Colin e Comp. 1898), el cual habla de todas las institu- 



(1) // movimento sociale cristiano^ pág. 578, nota 2. Vicenza, 1899. 



FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 53 

ciones de crédito liberales, pero no tiene una sola palabra para las instituciones de cré- 
dito católico (Bancos y Cajas rurales).» 

No nos importa averiguar la causa de tamaño silencio; pero ¿no es 
verdad que es significativo? Ea, pues, veamos de indagar los primeros 
pasos y el crecimiento de las Cajas de Raiffeisen, tanto de las católicas 
como de las neutras (1). 

ORIGEN DE LAS CAJAS RURALES ITALIANAS. WOLLEMBORG 

En Italia apenas se conocían las Cajas rurales de Raiffeisen hasta 
que el senador A. Rossi dejó correr la pluma largamente en elogio de 
ellas (2). Por aquel tiempo se hacía por orden del Gobierno una infor- 
mación para preparar una ley agraria, y como resultado de la suya sobre 
los campesinos de la provincia de Venecia publicó el economista Emilio 
Morpurgo á principios de 1882 una obra, que si descubría tristísimas 
llagas y dolencias, no atinaba con los remedios eficaces (3). 

El sentimiento producido en la prensa por esa información movió á otro 
economista, A. Keller, á leer en la Real Academia de Ciencias, Letras y 
Artes de Padua una Memoria, en que, después de examinar la situación 
descrita por Morpurgo y los medios por éste propuestos para remediarla, 
concluía proponiendo como la solución más acertada la adopción del 
sistema de Raiffeisen, cuyo origen, organización y excelencias prego- 
naba, é implorando al efecto auxilio eficaz para una primera tentativa, que 
deseaba se hiciese á la mayor brevedad. 

No se hizo esperar el ensayo. Un joven doctor, León Wollemborg, 
de raza judía, natural de Padua, movido al parecer por las palabras de 
Keller, estudió el lado práctico del sistema, y como tenía algunas fincas 
en Loreggia, pueblecillo de la provincia de Padua, donde solía pasar 
algunos meses, fundó allí el 20 de Junio de 1883 la primera Caja rural 
italiana, según los principios de Raiffeisen. De 2.995 habitantes se alista- 
ron como socios 17 modestos terranientes, 17 colonos (fittaiuoli), el 
médico, el secretario del municipio y el mismo Wollemborg. Las opera- 
ciones de la Caja comenzaron con 2.000 liras ó pesetas prestadas á 
módico interés por los ricos del lugar. Á los seis meses, esto es, á fines 
de Diciembre de 1883, los préstamos hechos á los socios habían ascen- 
dido á 7.510 pesetas, y los depósitos entregados á la Caja á 7.507,98. 

Con tan felices auspicios animóse Wollemborg á propagar el sistema. 
Los agoreros de desdichas, siempre dispuestos á derramar en el ánimo 
el tósigo del pesimismo, augurábanle siniestro fracaso. «De todos lados, 
escribe Wollemborg, se me repetía que mi tentativa era imposible, mas 

(1) Véase Civiltd Cattolica, 15 de Diciembre de 1894. 

(2) Del crédito popolare nelle odierne associazioni cooperativa. Firenze, Bar- 
bera, 1880. 

(3) Le condizioni dei contadini nel Véneto. Roma, Forzani, 1882. 



54 FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 

yo murmuraba, por lo bajo, la hermosa frase de Carlyle: toda noble em- 
presa es imposible al principio.» 

Contra viento y marea siguió adelante su camino fundando otrasl 
Cajas, casi todas en la provincia de Venecia; de suerte que en Abri 
de 1892 eran ya 72. Para difundir su conocimiento publicó desde 1885 
un periódico, y en 1888 instituyó en Padua la Federación de las Cajas 
italianas y Asociaciones afines, con el fin de suministrar informes úti- 
les para la fundación y administración de las Cajas, ayudarlas con 
obras y consejos, guiarlas por el recto sendero, crear un centro común 
de acción para la propaganda y la defensa, así como para solicitar del 
legislador las reformas necesarias. No fundó una Caja central, aconse- 
jando que para los préstamos necesarios ó los depósitos excedentes se 
recurriese á los bancos ordinarios; ni siquiera constituyó sociedad alguna 
para la compra al por mayor de los objetos agrícolas. La mayor parte de 
las Cajas rechazaron de propósito, con altivez, el apoyo ofrecido por 
los grandes propietarios, según refiere el lugarteniente de Wollemborg, 
Carlos Contini. 

«Sin embargo de esto, dice La Civiltá Cattolica, y dando á Wollem- 
borg el aplauso que merece como introductor de las Cajas rurales en Ita- 
lia, fuerza es reconocer que no les dio aquel sello cristiano que imprimió 
en las suyas Raiffeisen; cosa natural, dada su religión. Limitóse, por 
tanto, á invocar la civilización, la dignidad humana, la religión universal 
del bien, tomando como fórmula redentora: todos por cada uno, cada 
uno por todos; glosando de este modo aquella máxima evangélica tan 
hermosa: Amarás al prójimo como á ti mismo.» Á la caridad cristiana, 
que constituía para Raiffeisen el alma del sistema, sustituyó Wollemborg 
la probidad natural. No es que positivamente excluyese de sus fundacio- 
nes al espíritu cristiano, sino que lo dejaba al albedrío de los socios ó á 
la influencia del clero, al cual no se mostraba hostil, sino todo lo con- 
trario. Eran, pues, las suyas cajas neutras. 

LAS CAJAS RURALES CATÓLICAS 

Esta falta de fundamento religioso, como lazo de unión de todas las 
voluntades, había de ser causa de excisión, como de hecho aconteció en 
la Caja rural de Gambarare, en la provincia de Venecia, para gran bien 
y progreso de la misma institución. El párroco de dicha población, ani- 
mado por el buen suceso de la Caja rural de Vigonovo, pensó fundar 
una á su vez, dirigiéndose con este fin á Wollemborg. Constituida la Caja, 
pero compuesta de elementos heterogéneos en sus ideas y aspiraciones, 
convirtióse pronto en campo de batalla. Los unos, por ser liberales, no 
querían saber nada del párroco, por más que fuese el fundador, ni del 
presbítero Luis Cerutti, que tenía oficio de secretario y consejero, hos- 
tilizando de mil maneras la autoridad de entrambos. Los católicos, que 



FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 55 

eran el mayor número, mantenían firmes sus derechos y defendían á los 
sacerdotes. Fué aumentando la discordia hasta el otoño de 1891. Enton- 
ces, como hubiese de elegirse un consejero, fué propuesto un liberal por 
el voto unánime de la presidencia, á excepción del de Cerutti, el cual, 
con noble valentía, declaró verse obligado á negar su voto por no ser 
posible que quien no es cristiano y católico reúna las cualidades morales 
exigidas por los estatutos, mucho menos para formar parte de la pre^ 
sidencia. 

Alegráronse los católicos con esta franca declaración y el 14 de 
Enero de 1892, al procederse á confirmar la elección, fué derrotado el 
liberal. De 112 votos, 12 salieron en blanco, 16 á favor del liberal, 84 por 
un nuevo candidato de principios netamente católicos, sostenido por el 
párroco y el vicario. La presidencia presentó la dimisión, y todos los 
liberales dejaron la Caja, que, reorganizada el 6 de Abril, cobró mayor 
fuerza y prosiguió tranquilamente sus operaciones con espléndido suceso. 

PROGRESO DE LAS CAJAS RURALES CATÓLICAS 

Este fué el principio de la primera Caja rural católica. En tanto, el pres- 
bítero Cerutti, entregóse con ardor á librar de las manos de los judíos la 
obra de Raiffeisen y encargarla á los católicos. Peroró á este fin, con for- 
tuna, en el Congreso católico de Vicenza en Septiembre de 1891, y cuanto 
prosperó su obra, tanto desmereció la de Wollemborg. No es que los 
liberales dejasen de moverse, sino que les faltó el apoyo del clero. Para 
vencerle y traerle á su causa llegaron á solicitar de eminente eclesiástico 
una recomendación para con los curas. Todo en vano. La Obra de los 
Congresos, los Obispos y el clero todo prefirieron hacer el bien con las 
propias fuerzas católicas, antes que con el auxilio de un partido liberal, 
por moderado y cortés que se presentase. 

La primera conferencia para propagar la institución se tuvo— al decir 
de Veggian— en Paderno, de la provincia de Treviso! Diéronle vigoroso 
impulso los Congresos católicos de Genova (1892), Roma y Pavía (1894), 
Turín (1895), las asambleas regionales y diocesanas, los periódicos La 
Vita del Popólo, UOperaio Caüolico, etc. Para facilitar la propaganda 
se constituyeron dos juntas, una para la región véneta y otra para Lom- 
bardía. La segunda sección de la Obra de los Congresos instituyó á este 
mismo fin una subcomisión, cuya presidencia confió al apóstol de las 
Cajas rurales católicas D. Luis Cerutti (1). 

Pero el testimonio que más alientos hubo de infundir á Cerutti vino 
de la suprema autoridad apostólica. En nombre de León XIII le feUcitó 
por su obra el Cardenal Secretario Rampolla en 10 de Marzo y en 4 de 



(1) Veggian, El movimiento sociale cristiano, pág. 567. 



56 FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 

Mayo de 1894, y al soplo favorable de la apostólica aprobación, fueron 
prosperando más y más cada día las Cajas católicas. 

En 1894 vio por primera vez la pública luz el boletín de las Cajas de 
Cerutti, titulado La Cooperazione Popo lar e. Acudían las Cajas para sus 
negocios á los bancos ordinarios, mas, aunque hallaron favor al prin- 
cipio, «era fácil prever— dice La Civiltá— que tarde ó temprano el espí- 
ritu de partido y el hastío usual contra todas nuestras empresas (esto es, 
las católicas) suscitaría dificultades y pondría en peligro el crédito; así 
que era preciso hacerse de ellos independientes». Surgieron, pues, ban- 
cos estrictamente católicos. El primero, en orden de tiempo y de impor- 
tancia, fué la Banca caüolica S. Libérale, de Treviso, alrededor de la 
cual se agruparon las Cajas rurales de Venecia, á excepción de las de 
Vicenza, que constituyeron unión aparte. Más tarde se fundó una Caja 
central domiciliada en Parma. 

Desde 1894 «inteligentes apóstoles de estas modestas instituciones 
populares de crédito iniciaron activísima propaganda en todas las regio- 
nes de Italia; propaganda afortunada, así por el número de las Cajas ru- 
rales que fueron fundando rápidamente, como por la importancia de los 
beneficios que difundieron. La usura recibió tremendo golpe, el ahorro 
popular incremento notabilísimo, la agricultura poderoso impulso para 
resurgir y acarrear á los propietarios y cultivadores más abundantes 
provechos» (1). 

En la época del Congreso de Milán de 1897 se contaban 705 Cajas 
rurales católicas en Italia. Un año después publicaba el Dr. D. José Mi- 
cheli, de Parma, una diligente estadística en que figuraban 904. En 1905 
las Cajas adheridas á la Unión económico-social católica llegaban 
á 1.092, de las cuales concurrieron á la famosa exposición de Milán de 
dicho año 914, que reunían 100.715 socios, ó sean unos 110 por Caja 
como promedio. No todas las 914 dieron completos informes de sus ne- 
gocios. Hiciéronlo únicamente 844, con los siguientes resultados, hasta el 
31 de Diciembre de 1905 (2). 

Depósitos de ahorros Liras (pesetas) 282.318.37,77 

Préstamos activos >> » 290.419.50,28 

Préstamos pasivos » « 6.655.291,64 

Fondo de reserva >> >> 692.620,94 

En 1906 las cooperativas de crédito rural italianas ascendían á 1.461, 
de las cuales las católicas estaban, respecto de las neutrales, en la pro- 
porción de siete á uno (3). 

Según los informes de Medolago Albani, secretario de la Unión eco- 



(1) 2.783 istituzioni cattoliche economko-sociali aW'Esposmone di Milano. Bergamo, 
1906, págs. 13/14. 

(2) ídem id., pág. 34. 

(3) G. Fay, Cooperation at home and abroad. King, London, 1908. 



FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 57 

nómico-social de los católicos italianos, á los comienzos de Mayo 
de 1907 se contaban cerca de 1.400 Cajas católicas de Raiffeisen; unas 
500 en Venecia, 200 en Lombardía, otras tantas en Romanía, 130 en Pia- 
monte, 170 en Sicilia, 60 en las Marcas, 80 en la Emilia, etc. La Campa- 
nia venía en último lugar con cinco. 

OFICIOS DE LA CAJA RURAL. — CAJAS OBRERAS 

Las Cajas rurales italianas no suelen ser simplemente cajas de ahorros 
y préstamos, sino que, á imitación de las alemanas, se encargan también 
de comprar simientes, abonos, máquinas agrícolas para provecho de los 
socios. Muchas, señaladamente las más distantes de los centros princi- 
pales, son también cooperativas de consumo para proveer á los socios 
de comestibles y vestidos. 

Las Cajas rurales han contribuido mucho á la fundación de seguros 
de ganados y de cantinas cooperativas. La cantina toma prestado á la 
Caja rural, que le abre cuenta corriente y se encarga de todo su movi- 
miento de fondos. Hace de ordinario anticipos directos á los socios en 
proporción del número de quintales de uva entregados á la cooperativa, 
por las tres cuartas partes del valor de la uva, establecido aproximada- 
mente según la riqueza del mosto en azúcar. 

Además de las Cajas rurales, hay un centenar de cajas obreras fun- 
dadas en los principios de Raiffeisen (1). 

FEDERACIOiNES Y BANCOS 

Buen número de Cajas rurales están unidas en Federaciones dioce- 
sanas, de las cuales había 23 en Mayo de 1907, según la cuenta de 



(1) Como ejemplo típico, razón es conmemorar los frutos de la actividad del funda- 
dor de las Cajas católicas italianas, Mons. Cerutti. en el pueblo de Murano, de 
donde es párroco y síndico á la vez. La Caja obrera católica, que comenzó con 12 so- 
cios, llegó, después de diez años, á 367. Cuenta con un capital de 84.000 liras (pesetas) 
y un movimiento de préstamos como de 54.000 pesetas anuales, los más para casas 
populares. La Caja hizo propaganda á favor de la Caja nacional de pensiones, en la 
cual inscribió 255 socios, ganando la primera medalla de oro por la propaganda y dos 
premios en dinero en los años subsiguientes. En 20 de Diciembre de 1903, un grupo 
de socios de la Caja promovió una cooperativa de consumo que, habiendo empezado 
con 8.000 liras de capital, posee hoy 17.000, con tal organización, que los socios perci- 
ben notabilísimos provechos. Últimamente fundó Mons. Cerutti una fábrica de vidrio 
que tiene 132.000 liras.de capital y 350.000 de producción anual que se vende por entero. 
Los géneros principales son botellas para medicinas, licores y cerveza; emplea 143 
obreros, de los cuales 70 son muchachos. Esta es la obra más importante, porque salvó 
la fe de la población. Hay además las casas obreras y los cinematógrafos morales y 
populares, en que puso todo su conato el admirable sacerdote, y que han dado esplén- 
didos resultados. (Rivista Internazionale, Enero de 1909, pág. 156.) 



58 FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 

Medolago; las otras seguían adheridas á los Consejos de obras diocesa- 
nas. Finalmente, estaban todas afiliadas, no á" una Unión general espe- 
cialmente creada para las Cajas rurales, sino á la Unión económico- 
social de católicos italianos, cuyo domicilio social se halla en Bérgamo. 

De las cien Cajas obreras que dijimos, 16 están federadas en una 
unión particular que tiene su centro en Venecia. Las demás entran en 
los mismos grupos que las rurales. Así la Unión de Bolonia se intitula 
Unione delle casse rurali e popolari deíla diócesi di Bologna. 

Grande ayuda han prestado á las Cajas rurales los Bancos católicos. 
Á la mencionada Exposición de Milán concurrieron 79 de los adheridos 
á la Unión económico-social. Muchos han tomado el nombre áo. pequeño 
crédito, á semejanza del Piccolo crédito bergamasco, que fué el primero 
en llamarse de ese modo, porque al fundarse en 1892 se propuso ayudar 
con preferencia á la pequeña propiedad, á la pequeña industria y al pe- 
queño comercio. Algunos de los mejor organizados han instituido, de 
acuerdo con las Uniones agrícolas, la cuenta corriente agrícola, forma 
de crédito ingeniosa que permite al agricultor tener abierto por todo el 
año agrícola un crédito correspondiente á sus necesidades. 

Pero entre todos los Bancos ha merecido bien de las Cajas rurales el 
de Bérgamo. Á él deben su fundación en esta provincia, habiendo sido 
la primera la de Martinengo, parroquia de unos 6.000 habitantes, el 19 
de Febrero de 1893. Nada puede dar mejor idea de la acción del Banco 
que el opúsculo de UAction Populaire, traducido al castellano con el 
título de El catolicismo social práctico en Bérgamo. He aquí algunos 
párrafos: 

«¿Trátase de establecer una Caja rural en una aldea? Pues se empieza por dar á los 
habitantes, por uno de los individuos de la Unión de las instituciones católicas, una ó 
más conferencias, en las cuales se expone el objeto del nuevo establecimiento de cré- 
dito, su manera de funcionar y los beneficios que reporta. Tras de esto, ábrese discu- 
sión, y todo el que quiere emite su parecer. Asi preparado el terreno, los labradores 
no tardan en decidirse y constituir su Caja rural, siempre por acta notarial. 

»Como la Unión cuenta entre sus individuos más de una docena de notarios, el acta 
de creación es gratuita. Para dirigir y administrar el nuevo organismo elígense siempre 
personas capaces, solventes y reconocidas en la parroquia por sus arraigadas ideas 
católicas. 

«¿Que no se encuentran estas personas en la localidad? No importa: el Banco 
suple la falta, enviando uno de sus empleados, que enseña á los futuros encargados 
de la administración y contabilidad de la Caja todos los detalles comerciales: modo de 
llevar los libros, redacción de estados de situación, balance anual, etc.; este mismo 
empleado tiene la obligación de abrir en el Banco una cuenta corriente proporcional 
á la importancia de la Caja, desde 5 á 20.000 pesetas, al 4,75 por 100 de interés. La Caja 
puede, pues, desde el primer día abrir préstamos al 5,50 por 100 (1). 

«Además, cuando las cantidades impuestas en las Cajas rurales exceden de lo que 
éstas necesitan, se las faculta para colocar el metálico sobrante en el Banco Católico, 



(1) // Movimento CattoUco, pág. 77. 



FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 59 

el cual concede en estos casos al dinero de las Cajas interés superior al que abona á 
sus propios imponentes. 

«Prodúcese así un cambio continuo, una circulación sin fin de numerario entre el 
Banco y las Cajas rurales, y el profesor Rezzara pudo con legitimo orgullo escribir: 
«Este desarrollo del crédito popular es el terror de los usureros, que son en determi- 
«nadas regiones causa principal de la emigración de los labradores. Nuestras Cajas ru- 
«rales pusieron en fuga á estas aves de rapiña.» 

»Así sostenidas, las Cajas rurales aumentaron rápidamente. En 1899 había 64 en 
toda la provincia de Bérgamo; paríenecían á ellas 3.618 labradores; el capital con que 
funcionaban ascendía á 1.391.017,79 pesetas, los reembolsos á 698.771,58 pesetas y á 
692.246,21 pesetas el activo en circulación. Concediéronse en ese mismo año 5.888 
préstamos, importantes 1.205.565,16 pesetas, y las adquisiciones colectivas, hechas por 
23 Cajas rurales,'importaron 254.259,39 pesetas. 

«Desde entonces hasta 1904 abriéronse en la diócesis 16 nuevas Cajas, con lo 
cual elevóse á 83 el número de éstas. Para imprimir á estos pequeños Bancos rús- 
ticos la marcha más conveniente, preservarlos de todo riesgo de pérdida y aun de mal- 
versaciones voluntarias, porque es preciso preverlo todo, la tutelar Unión de las insti- 
tuciones católicas montó el servicio de inspectores mercantiles, los cuales, elegidos por 
pluralidad de votos por las Cajas mismas, entraron en funciones el 2 de Enero de 1897, 
y visitaron las Cajas todas sin mis remuneración que el reembolso de gastos de viaje. 
Estos inspectores son cuatro, dos sacerdotes y dos seglares. 

»Más ricas que las francesas, gracias al Banco Católico, las Cajas rurales de Bér- 
gamo hicieron en grande lo que en menor escala hacen sus similares de Francia: com- 
praron colectivamente simientes, abonos, máquinas agrícolas y organizaron las coope- 
rativas de seguros del ganado. 

» En cuatro años las Cajas rurales italianas invirtieron en estas adquisiciones 
254.259,39 pesetas, resultando los artículos, comprados en grande, pagados al contado 
y bonificados por el descuento, en precios muy económicos. Funcionando en esto 
como cooperativa de consumo, la Caja recibe las mercancías y las distribuye entre sus 
imponentes, quienes las pagan al contado ó á plazos, dejando en este último caso un 
pequeño interés para la Caja. Para tales compras el único intermediario es la Unión 
Católica Agrícola, de que luego hablaremos, y las garantías que debe dar á la Caja el 
labrador á quien se concede un préstamo sirvieron de origen á la idea de asegurar el 
ganado, el cual vino de esta suerte á convertirse en base hipotecaria del crédito. 

»La Unión de las instituciones católicas redactó estatutos paralas cooperativas de 
seguros del ganado, y éstas hiciéronse bien pronto populares. 

»En 1897, 45 Cooperativas de esta clase reunían 82 parroquias, con 9.394 cabezas de 
ganado aseguradas. Las pérdidas de animales ascendieron á 355, y el valor de éstos, 
62.470,04 pesetas, fué puntualmente pagado á sus dueños. 

»No debemos omitir, al hablar de estos seguros, un hecho social que, como al señor 
Rezzara, parécenos elocuente ejemplo de una transformación en el modo de ser de la 
propiedad. En la diócesis de Bérgamo el ganado de los arrendatarios era casi siem- 
pre, no de la propiedad exclusiva de éstos, sino también, y por mitad, de la del dueño 
de las tierras, lo cual dificultaba el seguro. ¿Qué hacer para convertir al medialista en 
amo único del ganado? 

»Se saUó del apuro muy ingeniosamente: la Caja rural y la Cooperativa de seguros 
de una parroquia compraron el ganado necesario para sus asociados, y he ahí á éstos 
hechos de pronto propietarios provisionales. Las bestias se entregaron á los arrenda- 
tarios, mediante el pago por éstos á la Caja del 5 por 100 del costo de adquisición; y 
como los asociados tienen en la Caja rural cuenta corríente, fueron reembolsando 
á ésta poco á poco. Una vez abonadas las tres cuartas partes de la deuda, el asociado 
es propietario incontestable del buey ó la vaca que tenía en depósito; el resto del valor 
del semoviente lo pagaba en cuatro, seis, ocho meses ó un año. Metamorfosis notable 



60 FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 

de la propiedad y exención afortunada de una de tantas servidumbres como pesan 
sobre el labrador pobre. 

LA UNIÓN CATÓLICA AGRÍCOLA 

»En Bérgamo, donde todas las obras adoptan la forma cooperativa y de federación, 
no podían permanecer por largo tiempo aisladas las sociedades rurales. 

»En Junio de 1894 empezó á funcionar la Unión Católica Agrícola, constituida por 
acta notarial. También en esto se echa de ver el espíritu inteligente y práctico de los 
italianos; porque esta Unión agrícola, que agrupó todas las asociaciones de crédito 
rural, es á la vez sociedad financiera. 

»E1 lazo, más ideal que efectivo, que liga á la Sociedad de agricultores de Francia 
con los Sindicatos agrícolas del mismo país, no pareció bastante á los italianos. La 
Unión, tal como ellos la entienden, es una sociedad cooperativa de capital ilimitado, 
que puede, por medio de este capital, obrar con toda eficacia. No quedan, á pesar de 
ello, desatendidos los intereses morales: la Unión representa la clase de agricultores y 
tiende á defenderla, favoreciendo, por medio de conferencias teóricas y prácticas, la 
fertilización de los terrenos; pero se erigirá en sociedad comercial para adquirir má- 
quinas agrícolas, simientes, plantas y abonos; se transformará en granja modelo, á fin 
de aquilatar extensos terrenos y cultivarlos con sujeción á los mejores procedimien- 
tos; agregará á sus múltiples cometidos un pequeño ministerio de Instrucción pública, 
y abrirá escuelas teórico-prácticas en beneficio de los agricultores en general y de los 
obreros del campo en particular (1). 

»La Unión Católica Agrícola es hoy la gran proveedora de toda la región, y á ella 
dirigen sus pedidos las Cajas rurales. En 30 de Junio de 1897, es decir, á los tres años 
de su fundación, había comprado por cuenta de sus adheridos: 

«Trigo para sembrar, 6.195,63 pesetas; superfosfatos, 40.138,94; abonos para maíz, 
9.888,10; nitratos de sosa, 7.182,43; sulfatos de amoniaco, 933,90; cloruros de potasa, 
1.527; escorias Thomas, 33.588,25; abonos de la fórmula Golari, 9.014,53; yeso, 120,55; 
simientes de forrajes; 397,34; máquinas agrícolas, 240,50. Total, 109.227,17 pesetas (2). 

»La Unión publica un Boletín, que envía gratis á las asociaciones católicas adheri- 
das, en el cual se inserta amplia información agrícola.» 



LAS CAJAS RURALES EN EL CONGRESO DE CREMONA 

La importancia de las Cajas rurales católicas, y su benéfico influjo en 
la población agrícola recibieron espléndido testimonio de los mismos que 
ven con ojeriza su condición religiosa. Así se hizo en el VII Congreso de 
\os Bancos populares italianos, reunido en Cremona en 1907(3). Son esos 
Bancos fundación del judío y conocido hacendista italiano Luis Luzzatti, 
quien en 1863 estableció el primero en Milán, y después acá con singular 
constancia ha seguido propagándolos. Tomó por norma los de Schulze- 
Delitzsch, aunque modificándolos y acomodándolos á los italianos. Pues 
en ese Congreso se reconoció como hecho incontestable que los servi- 
cios de los Bancos populares y los capitales por ellos empleados en el 



(1) Estatutos de la Unión bergamense, tít. I. 

(2) // Movimento Cattolico, pág. 20. 

(3) M. le Comte de Rocquigny, Les Congrés Coopératifs de Crémone. (Le Musée 
social. Mémoires et documents. N.° 1, 1908.) 



FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 61 

desenvolvimiento económico de la nación, han aprovechado hasta ahora 
mucho menos á la agricultura que á la. industria y al comercio, y que 
para remediar esta deficiencia lo que precisamente falta son Cajas rura- 
les que vivan con los labradores en contacto más inmediato que los 
Bancos. 

De otro sistema de sociedad local de crédito, existente en Italia hace 
unos quince años, se habló también en el Congreso de Cremona. Consti- 
túyenlo las Cajas neutras llamadas Casse agrarie, establecidas primero 
en la provincia de Parma por la Caja de ahorros y propagadas más re- 
cientemente por la Caja de ahorros de Coni. Estas Cajas, á diferencia 
de las rurales, no gozan de autonomía real ni reciben depósitos; son sim- 
ples organismos locales de la Caja de ahorros, instituidos para ayudar al 
progreso agrícola, completando la acción del sindicato y de la cátedra 
ambulante de agricultura. Las Cajas agrarias del Apenino Parmesano 
en total quince, forman una federación domiciliada en Langhirano. 

Mas para que se vea cuánto sobrepujan en número las Cajas católi- 
cas, vamos á extractar los datos presentados en el mismo Congreso de 
Cremona, por donde se verá que ellas solas son más que todas las otras 
Cajas rurales y Bancos populares juntos: 

Cajas rurales católicas 1.461 

Cajas rurales Woll^mborg 127 

Cajas agrarias 20 

Bancos populares (de Luzzatti) ... 829 

¡Loor al clero católico, que ha sido el más activo propagador de las 
Cajas rurales católicas! 



LAS CAJAS RURALES Y EL ESTADO 

Si las Cajas católicas italianas fueron siempre favorecidas por los 
curas, los Obispos y el Papa, no así por la administración civil, que á 
veces les hizo sentir el p2so de su hostilidad. Sometidas á las prescrip- 
ciones del Código de Comercio, necesitaban para constituirse la homo- 
logación de los tribunales, que á las veces la denegaban cuando, á su 
parecer, era la tendencia de las Cajas evidentemente católica. 

También con el fisco hubieron de averiguarse. En 1897 se estableció 
enTurín una jurisprudencia tan amenazadora para las Cajas, que en24de 
Enero de 1893 se tuvo en Parma una importantísima reunión de coope- 
radores católicos, en la cual, después de madura discusión, se aprobaron 
los estatutos de una sociedad civil particular con que se había de sus- 
tituir la forma cooperativa allí donde la hiciesen imposible las persecu- 
ciones del fisco ó el arbitrio de los magistrados. Pocas fueron las Cajas 
que de dicha forma se aprovecharon; en 1903 más de las nueve décimas 
partes conservaban todavía la forma jurídica comercial. 



62 FUERZA EXPANSIVA DEL SISTEMA DE RAIFFEISEN 

En Mayo de 1898, en tiempos del ministerio Rudini-Zanardelli, cuando 
alborotos y motines revolucionarios ensangrentaron la península, ciertos 
prefectos, entre los cuales se señaló el de Mantua, disolvieron muchas 
Cajas rurales, quizá para que, mostrándose fieros con la derecha, disi- 
mulasen mejor los golpes asestados á la izquierda. Una circular ministe- 
rial de 27 de Mayo revocó estos decretos, multiplicándose desde enton- 
ces sin molestia las Cajas rurales. 

CARÁCTER RELIGIOSO DE LAS CAJAS ITALIANAS 

Cualquiera que sea la enemiga de los liberales contra el carácter re- 
ligioso de las Cajas, empéñanse en conservarlo los católicos, y no sólo 
en las Cajas, sino en las otras instituciones económicas. En la Relación 
histórico-estadística, varias veces citada en estos apuntes, se dice á este 
propósito (1): 

«El carácter cristiano-católico impreso en todas y cada una de las 
instituciones adheridas á la Unión central y mantenido constantemente^ 
si en alguna parte pudo dificultar la fundación de alguna institución eco- 
nómica, en la mayoría de los casos ha sido uno de los principales coefi- 
cientes de vitalidad, de prosperidad, de administración regular. 

»La práctica ha demostrado que el principio religioso-moral, común 
á todos los socios, es fuerte vínculo de unión, elemento de una actividad 
más concorde, freno para evitar irregularidades, abusos, quebranta- 
miento de la ley, y medio eficacísimo de elevación moral y civil de los 
socios. 

»Se ha visto también por la práctica que el principio confesional no 
ha sido ni es obstáculo á la fundación de instituciones económicas, aun 
cooperativas, ni causa ó pretexto de rozamientos ó de luchas con insti- 
tutos regidos por otros principios ó simplemente neutros... 

y> Particularmente en las instituciones de crédito el principio religio- 
so-moral ha sido y es medio eficacísimo para asegurar la prosperidad 
moral, y hasta agente principal de su florecimiento económico, de arte 
que algunas podrán ser señaladas entre los beneméritos cooperadores 
del resurgimiento agricoía-industrial de las respectivas provincias.» 

N. NOGUER. 



(1) 2.783 istituzíoni cattoliche, etc., págs. 10/ 11. 



IMPRENTAS DE LOS ANTIGUOS JESUÍTAS 



EN 



EUROPA, AMÉRICA Y FILIPINAS 



F, 



lEL la Compañía de Jesús á la consigna recibida de su fundador, San 
Ignacio de Loyola, ha procurado en todos tiempos, con la divina gracia, 
fomentar la mayor gloria de Dios en la santificación de sus hijos y en la 
de los prójimos. Para esto la norma ha sido preferir, según las circuns- 
tancias lo permitían, los ministerios más universales, más duraderos y 
de fruto más sólido, desentendiéndose de las obras, aunque buenas, que 
impiden otras más importantes. 

Así, aunque el arte de la imprenta parece á primera vista menos aco- 
modado á los ministerios sacerdotales y apostólicos, y aun incompatible 
con ellos, sin embargo, desde muy á los principios vieron los jesuítas 
en él un arma poderosa contra el error y la maldad, y en defensa de los 
sagrados intereses de la Religión cristiana; y movidos de estos fines no- 
bilísimos, pusieron en todas las partes del mundo tipografías en mayor 
número del que generalmente se cree. 

Las establecieron en varios de sus colegios con la mira de propor- 
cionar fácilmente á los discípulos libros escogidos de texto y de sana 
doctrina, que de otro modo sólo con grandes dispendios de tiempo y di- 
nero y no leves dificultades hubieran adquirido ¿rayéndolos de lejanas 
tierras, si es que en ellas existían. Al propio tiempo, teniendo prensas en 
casa y todo el material tipográfico necesario, era dado á los profesores 
imprimir los libros que ellos mismos componían, reproducir los de otros 
autores, acomodándolos á la capacidad y alcance de los discípulos, y re- 
imprimir los autores clásicos expurgados de lo que podía mancillar la 
pureza de la fe y las buenas costumbres de los alumnos. 

Otras imprentas estableció la Compañía de Jesús para estampar obras 
domésticas, destinadas á su uso exclusivo, acerca de su legislación inte- 
rior y prácticas piadosas, ó enderezadas al buen gobierno de la vida 
común, y otros libros en que se consignan su historia, privilegios y de- 
más cosas concernientes á una orden religiosa. Es verdad que también 
se dieron á la estampa muchas de estas obras en imprentas públicas de 
varios reinos, por la dificultad que entonces había en las comunicacio- 
nes, mayormente en las internacionales, y en el giro de la moneda. 

En las naciones infestadas de la herejía, por ser al principio escasas 
en número las tipografías católicas y muchos y por demás perniciosos 



64 IMPRENTAS DE LOS ANTIGUOS JESUÍTAS 

los libros que divulgaban los disidentes, se vieron precisados los hijos 
de San Ignacio á refutar aquellos errores, y fomentar y consolidar la ins- 
trucción religiosa y la piedad cristiana por medio de libros que salían de 
sus prensas; de éstas veremos que se establecieron muchas en el Norte 
de Europa para beneficio de tan necesitadas comarcas. 

Tanto en las naciones católicas cuanto en los protestantes, fueron las 
imprentas jesuíticas auxiliares poderosos para difundir entre los fieles el 
conocimiento y amor del Criador y de su sacrosanta Religión, fomentar 
la piedad, favorecer el culto é impedir muchas ofensas de Dios y la per- 
dición de innumerables almas. 

Finalmente, auxiliaron en su grandiosa empresa á los varones apostó- 
licos las imprentas que ellos crearon en el extremo Oriente y el Occi- 
dente, siendo en general los jesuítas los primeros en poner tipografías 
en los países de infieles ó de los nuevos cristianos, reproduciendo por su 
medio gran multitud de obras escritas en las lenguas propias de cada 
región, para anunciar el Evangelio con sus dogmas y preceptos, refutar 
las sectas y moralizar los pueblos según las enseñanzas y mandamien- 
tos del divino Redentor. Por medio de los libros suplían la falta de Mi- 
sioneros y completaban la grande obra del cultivo espiritual de los 
neófitos. 

Creyendo, pues, que el conocimiento de los frutos obtenidos por este 
singular ministerio de las imprentas de la Compañía de Jesús, contribuirá 
en alguna manera ádar la gloria al Autor de todo bien, que se dignó to- 
mar á los jesuítas por instrumentos de sus divinas misericordias, hemos 
recogido y puesto en orden los datos esparcidos en muchas obras, que 
incidentalmente han tratado este asunto. 

Dado este primer paso, no dudamos que otros completarán la his- 
toria de las imprentas jesuíticas con nuevos documentos que se habrán 
escapado á nuestra investigación. 

ITALIA 

Roma.— Precedió con el ejemplo el colegio universal, que toda la 
Compañía tenía en la Ciudad Eterna. Pudiera ser que se hubiera resuelto 
el plan de adquirir una imprenta en tiempo de San Ignacio; pues habiendo 
muerto el Santo fundador el 31 de Julio de 1556, á fines del mes siguiente 
la estaban instalando, según se lo comunicaba el P. Juan de Polanco al 
Provincial de Sicilia, P. Jerónimo Doménech. El mismo P. Polanco, 
tratando de los sucesos del tiempo de San Ignacio, da la noticia con estas 
palabras: «Se empezó á poner este año [1556] en nuestro Colegio una 
prensa con los tipos necesarios para imprimir libros» (1). Y ciertamente 



(1) Hoc anno in Collegio nostro prelum cum typís necessariis ad librorum impres- 
sionem instituí coeptum est. Chonicon Soc. Jesu, año 1556, núm. 88, t. VI, pág. 33, en 
la colección Monamenta Histórica Soc. Jesu. 



EN EUROPA, AMÉRICA Y FILIPINAS 65 

no es nada probable que el prudente P. Diego Laínez, á quien se admi- 
nistró el sacramento de la Extremaunción el día en que se dio sepultura 
al cadáver de San Ignacio, se diera tanta prisa en adquirir una imprenta, 
que antes de terminado el mes estuviera á punto de funcionar. Cuánto 
más que su cargo de Vicario General más propio es para ejecutar lo de- 
terminado por su antecesor, y remitir al siguiente los negocios que ad- 
miten espera, que para tomar nuevas resoluciones y emprender cosas 
desusadas. 

Por el mismo tiempo ideaban poner otra imprenta en Mesina, y ade- 
más una fábrica de papel, los jesuítas de Sicilia, como diremos poco des- 
pués; y para llevarla á cabo escribió el P. Doménech á San Ignacio el 
día 4 de Agosto de 1556, ignorando que el Santo había fallecido cuatro 
días antes. A esta carta contestó el P. Polanco, en italiano, en nombre 
del P. Laínez, con fecha 31 de Agosto; y respecto á la tipografía le decía 
estas palabras: «De la imprenta me dice el P. Vicario que avise á 
V. R. que aquí empezamos á poner en orden una, y la hemos probado 
estampando esos epitaños que aquí incluyo, y tendremos diversas clases 
de letra. Si parece bien á V. R., la podrán asentar también en Mesina, y 
servirá para Sicilia y acaso también para otras partes^ no coincidiendo 
en imprimir los mismos libros que en esta de Roma, sino de común 
acuerdo. 

»De la fábrica de papel también parece ¡sería muy al caso; y fabricán- 
dose bueno y á precio arreglado, nos podríamos nosotros ayudar, sur- 
tiéndonos de ahí» (1). 

No satisfaciendo á los Padres de Roma la letra por ellos adquirida, 
trataron de obtenerla de mejor clase, y para conseguirlo escribió el 
P. Polanco, también en italiano, al P. Pascasio Broet, Provincial de la 
Provincia de Francia, el 15 de Septiembre de 1556 y el 22 de Febrero de 
1557, suplicándole les proporcionase de París y Lyón matrices para 
fundir la letra (2). 

Quedó la imprenta del Colegio Romano bien surtida de letra, pues 
salieron de sus prensas gran multitud de obras latinas en octavo, para el 
uso exclusivo de los jesuítas, haciéndose de algunas de ellas repetidas 
ediciones. Los libros principales fueron los siguientes: Constitutiones; 
Regülae; Compendium privÚegiorum; Compendium facultatum et indul- 
gentiarum; Decreta Congregationum generalium; Formulae Congrega- 
tionum; Exercitia Spiritualia; Director ium; Ratio atque institutio stu- 
diorum; Litterae annuae; Litterae Apostolicae, etc., y papeles sueltos. 



(1) Registro oficial de las cartas de Roma, t. IV; Epistolae Italiae, 1556-1557, fo- 
lio 156 v. 

(2) Registro oficial, t. V; Germán. Gallia^ 1556-1559, folios 60 v. y 94 r. Respondió 
el P. Broet, en italiano, el 3 de Enero y el 4 de Febrero de 1557. Epist. PP. Paschasii 
Broé'ti..., páginas 118 y 121, en la colección citada Monum. Hist. Soc. Jesu. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 5 



66 IMPRENTAS DE LOS ANTIGUOS JESUÍTAS 

como Assertiones. También se imprimió alguno que otro libro para los 
colegios, como el titulado M. Valer ¿í Mariialis epigrammata. 

Cuando la imprenta tomó mayor vuelo fué durante el generalato del 
P. Claudio Aquaviva (1581-1615), estampándose aquellos años más 
crecido número de obras. 

De éstas, la principal, de que pudiera justamente gloriarse cualquiera 
imprenta de las mejores, es la llevada á cabo en 1606 con el título Con- 
stitvtiones Societatis lesv. latinee, et hispance, cvm earvm declarat oni- 
büs. Romae, In Collegío eiusdem Societatis. MDCVÍ. Superiorvm per- 
missv. El tamaño es en folio mayor, de 0,405x0,275'""i. La ejecución tipo- 
gráfica no pudo menos de ser obra de algún cajista muy inteligente y 
laborioso, porque cada página tiene dificultades especiales que vencer. 
Las pares contienen el texto latino de la traducción oficial de las Cons- 
tituciones, y las impares el castellano, compuesto por San Ignacio, uno 
y otro de redondo. En ambos textos las Declaraciones, añadidas por el 
mismo San Ignacio, van puestas alrededor del texto, de suerte que en 
cada página se hallan las correspondientes á ella. Hay además en cada 
una de las páginas dos ladillos en las partes opuestas de la caja: el uno 
contiene la numeración de los párrafos y las llamadas que remiten á las 
Declaraciones: el otro ladillo los lugares paralelos de las Constituciones 
y del Examen. En el texto hay dos ciases de llamadas, que indican la 
palabra ó frase á que corresponden las Declaraciones ó los lugares pa- 
ralelos. Todas las páginas esián orladas. Hay que ver el libro para hacer- 
se cargo de su mérito tipográfico. 

El papel es magnífico, los tipos grandes y hermosos. Consérvanse 
pocos ejemplares de esta obra monumental. El que tenemos delante al 
escribir estos apuntes se halla ricamente encuadernado, con encuader- 
nación de la época, en piel encarnada, con elegantes adornos dorados, y 
en el centro de ambas tapas el nombre de JHS, rodeado de estrellas y 
llamas. 

Ignoramos quiénes estuvieron al frente de la imprenta del Colegio 
Romano. Sólo sabemos, por carta del P. Polanco al P. Pedro Canisio, 
escrita el 5 de Agosto de 1559, que entonces tenían un impresor 
alemán, entendido en su arte, pero desconocedor del latín, y que los es- 
colares de la Compañía se encargaban de corregir las pruebas (1). 

La experiencia enseñó que pedía la imprenta mayor cuidado y per- 
sonal más numeroso de lo que al principio se había creído (2). 



Carecía en 1564 la Ciudad Eterna de calcografía árabe, cosa nada 



(1) P. Braunsberger, Beati Petri Canisii, Societatis lesu, epistulae et acta, t. II, pá- 
gina 496. , 

(2) Carta del P. Ganísio al P. Victoria, 7 Oct. 1559; Braunsberger, 1. c, pág. 528. 



EN EUROPA, AMÉRICA Y FILIPINAS 67 

extraña, pues hasta entonces sólo se habían impreso en aquella lengua 
tres obras en todo el mundo. 

Queriendo, pues, la Santidad de Pío IV dar á conocer á los orientales 
el Concilio Tridentino, suministró dinero para que adquiriese la Compa- 
ñía los tipos árabes necesarios. El P. Juan Bautista Eliano, por otro 
nombre Romano, natural de Alejandría, en Egipto, conocedor del hebreo, 
árabe, turco, latín, italiano, castellano y otras lenguas, hizo la traducción 
del texto latino al arábigo, y se dio á la estampa en la tipografía del Co- 
legio Romano (1). 

El P. Sommervogel, que parece no haber visto esta obra, pues sólo 
la indica someramente, anuncia dos ediciones de la Profesión de Fe, com- 
puesta por el Concilio Tridentino, traducida por el P. Eliano, é impresa 
en árabe, y luego en árabe y latín, en dicha imprenta del Colegio Romano 
el mismo año 1566 (2). 



A los veinte años de funcionamiento, la imprenta del Colegio Romano 
vióse dotada de tipos hebreos, con grande ahorro de tiempo de los jó- 
venes jesuítas dedicados á estudiar la lengua santa, y no pequeño 
ahorro de dinero, evitando traer de lejos los libros necesarios para el 
curso de hebreo (3). 

Mesina.— Muy desde los principios vio la Compañía de Jesús en el 
humilde, penoso y entonces despreciado ejercicio de enseñar á la juven- 
tud, un ministerio fructuosísimo, de que dependía en gran parte la rege- 
neración social en la instrucción religiosa y moralización de los pue- 
blos, tomando por base la enseñanza y educación de los jóvenes. 

Gobernaba con admirable prudencia el valenciano P. Jerónimo Do- 
ménech, con el cargo de Provincial, á los jesuítas que gloriosamente 
trabajaban en la isla de Sicilia en los Colegios de Mesina, Palermo, 
Monreal, Siracusa y Bibona, y en el recién fundado en Catania. Tropezó 
desde luego con la dificultad de adquirir para los discípulos libros de 
texto en número suficiente, y de tal naturaleza, que con la enseñanza 
literaria y científica no les inoculasen el error ó la inmoralidad. Subidos 
eran los precios de los libros, difíciles los transportes, y complicada la 
transmisión de la moneda á partes remotas. 

Ocurriósele cortar de raíz todas estas dificultades creando una tipo- 
grafía propia, que, además de los libros de texto, podría estampar obras 



(1) P. Sacchino, Hist. Soc.Jesa, p. II, I. VIII, núm. 40; P. Juvencio, Epitome Hist S.J. 
t. II, pág. 130-131. 

(2) P. Sommervogel, Bibliothéque de la Comp. dejésus, t. III, col. 380. 

(3) «Jam uero iuuandis Hebraicae linguae studiosis instituía est Hebraica typo- 
graphia ad omnia non paruo cum t¿mporis tum pecuniarum compendio coaimódius 
imprimenda.» Laurentius Tertius, Litterae Annuae Provinciae Romanae, 1577. 



68 IMPRENTAS DE LOS ANTIGUOS JESUÍTAS 

de piedad, con que mantener y fomentar en muchos fieles la vida del 
espíritu. Para esto ninguna ciudad mejor que Mesina, cuyo puerto se 
prestaba al envío de libros á todas partes. Difícil era la empresa, en 
aquellos tiempos más que en los nuestros, pero no imposible. 

Trató el proyecto el año 1556 con el entendido y celoso Virrey de 
España en aquella isla, D. Juan de Vega, quien, no sólo le aprobó, sino 
además tomó por su cuenta procurar que la ciudad ayudase á pagar los 
gastos de la instalación. De la voluntad del Ayuntamiento no dudaba, 
pues favorecería éste cuanto redundaba en bien común, y la idea era 
honrosa y útil para Mesina. 

Como complemento propuso al Virrey el P. Doménech poner fábrica 
de papel, pues no la había entonces en toda la isla. 

Ambos planes fueron aprobados generalmente, y con el intento de 
facilitar la ejecución del primero, proponíase que el Colegio se hiciese 
cargo de una tipografía existente en la ciudad. Pero el intento del ani- 
moso valenciano era más vasto. Pretendía adquirir.tipos latinos, griegos 
y hebreos en Francia, Bélgica, Alemania ó Venecia, los mejores que se 
encontrasen, ofreciendo desde luego el Ayuntamiento el dinero nece- 
sario. 

Tocante á la fábrica de papel, puesto que la había en Bolonia y Fa- 
briano, indicó el P. Provincial que se llevase de allí algún operario in- 
teligente en el ramo, á quien pagaría la ciudad el salario. 

En una cosa no estaban acordes el Provincial y el Virrey, y era en 
el precio que se debía poner á los Hbros. Quería el celoso Padre que se 
vendieran lo más baratos que se pudiese, sin computar el jornal de los 
jesuítas empleados en la imprenta. Pero el prudente Juan de Vega, con 
miras no menos elevadas, era de parecer que se ganase algo en la venta, 
pues así se podrían dar algunos libros gratis á los discípulos pobres. 

Como ambos deseaban acertar, indicó el Virrey al P. Doménech que 
propusiese el caso á San Ignacio, y se siguiese en todo su parecer. Así 
lo hizo. Escribió, como antes dijimos, al Santo fundador el 4 de Agosto 
de 1556, ignorando que el 31 de Julio había ido San Ignacio á recibir en 
el cielo el premio debido á sus relevantes méritos. Fué elegido Vicario 
general de la Compañía el P. Diego Laínez, entonces gravemente enfer- 
mo. Después de convalecido y de haber despachado los negocios más 
urgentes, contestó por medio de su secretario, el P. Juan de Polanco, á 
31 de Agosto, la carta antes citada, añadiéndole: 

«Bien está que se tasen los libros en precio moderado para que de 
las ganancias puedan participar los pobres, y se pague el jornal de los 
que trabajen en la imprenta; y aunque se ganase algo más, no habría 
inconveniente, con tal que no se falte á la edificación. 

» Nosotros pensamos encargar á los Padres que vengan á la Congre- 
gación, que traigan de París y Lyón algunas matrices para fundir aquí 
los tipos.» Hasta aquí la prudente respuesta de Roma. 



EN EUROPA, AMÉRICA Y FILIPINAS 69 

De la imprenta de Mesina no tenemos más datos. 

Palermo.— También la capital de Sicilia tuvo imprenta jesuítica, 
por lo menos de 1732 á 1735, según consta por dos libros que llevan 
este pie de imprenta: «Palermo, nel Real Collegio Carolino, appresso 
Stefano Amato.» «Palermo, nella stamperia del Regio-Imperial Collegio 
de' Nobili, della Compagnia di Gesú, presso Stefano Amato.* 

De estos y de otros muchos pies de imprenta parece deducirse que 
se realizaron en varias partes los deseos manifestados al P. Victoria: 
que la imprenta estuviese á cargo de persona de fuera de la Compañía, 
y, á poder ser, fuera del Colegio. 

Cecilio Gómez Rodeles. 

(Continuará.) 



OUservaciones solire ll flpstolano Eiiceríslíco He Ssd Ignacio^ 



tlíNTRE los varones apostólicos que más han contribuido con sus 
ejemplos y palabras á iniciar entre los fieles un movimiento de retorno 
hacia la Comunión frecuente y diaria, que estuvo en uso entre los fieles 
de los primeros tiempos de la Iglesia, merece, sin duda, un puesto dis-; 
tinguido nuestro Padre San Ignacio de Loyola, de quien dice el Brevia- 
rio Romano en la lección e."", del día 31 de Julio: «...Concionum ac Sa- 
cramentorum frecuentia ab ipso incrementum accepere.» 

Y entre las obras que instituyó é inspiró San Ignacio para restaurar y 
fomentar entre toda suerte de fieles esta frecuencia de Sacramentos, no 
ocupa, por cierto, el último lugar el libro que hizo escribir al P. Cristóbal 
de Madrid, y que se publicó por vez primera en Ñapóles, el año 1556, con 
este título: «De frequenti usu sanctissimi Eucharistiae sacramenti libel- 
lus» (1). 

De él decía el P. Ferreres, por Junio de 1906, en el Comentario Ca- 
nónico-Moral sobre el decreto «Sacra Trideritina Synodus», publicada 
en esta revista: «Es todo el opúsculo tan conforme al decreto de Pío X, 
que todavía hoy su publicación sería oportunísima, y en él se hallarían 
reunidas las autoridades de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres, 
la práctica de los primeros cristianos y las más sólidas razones teológi- 
cas que en favor de la comunión frecuente pueden alegarse» (2). 

Así es, en verdad, como cualquiera puede convencerse con sólo re- 
correr sus páginas, que si no «encierran en sí toda la gloria eucarística 
de la Compañía de Jesús» (como alguien con marcada exageración ha 
dicho), son, al menos, fiel eco y trasunto del espíritu eucarístico de San 
Ignacio. Y esta última razón ha sido la que ha movido principalmente, 
primero al P. Cros, á emprender la directa traducción de esa obrita (3), 
y luego al P. Bock á reimprimir fielmente su texto latino (4). Pero am- 



(1) Cf. Sommervogel: Bibliothéque, etc., V, 278: «editus hoc anno (1556) Neapoli, et 
Caesaraugustae vulgatus» (Orlandini, Hist. S.J., lib. XVI, núm. 46). «Le P. Polanco dans 
une leUre de 20 dejuillet 1556 dit: «quídam amici illum Neapoli imprimendum curave- 
runt.» 
(2) Razón y Fe, t. XV, pág. 242, núm. 72. 

3) Cf. Études„2ld]n\x\ 1908: «Saint Ignace de Loyola et la Communion Quolidienne.* 
El P. Cros dice en nota, al pie de la pág. 752: «Les pages quisuiventformentlapréface 
d'une traduction, préte á paraitre, de l'opuscule rédigé sous l'inspiration de saint Ig- 
nace, par le P. Chistophe de Madrid, S. J. De frequenti usu sanctissimi Eucharistiae 
libellus. 

(4) De frequenti usu 1 Sanctissimi Eucharistiae Sacramenti | libellus 1 per R. P Chri- 
stophorum Madridium 1 ... Romae, in aedibus Societatis Jesu \ 1557 | denuo, praemissa 



OBSERVACIONES 71 

bos Padres, no satisfechos con esto, para que resulte más interesante é 
instructiva la lectura del libro del P. Madrid (1), y por ella se haga más 
patente el sentir de San Ignacio sobre la Comunión frecuente y coti- 
diana (2), han hecho preceder sus respectivos trabajos de un interesante 
prólogo en que se estudia la historia ó la labor eucarística del mismo 
Santo. 

Merece mil plácemes el P. Bock por la reimpresión del librito del 
P. Cristóbal de Madrid, que ha sabido presentarnos en buen papel, 
caracteres nítidos y conveniente distribución por capítulos y números, 
todo ello precedido de un copioso índice que facilita sobremanera la 
pronta averiguación de cualquier punto que en él se contiene. El texto 
va enriquecido además con numerosas notas, en que, ó se indican el 
tomo y la columna de la colección de Santos Padres, de Migne, de los 
textos patrísticos que aduce el P. Madrid, ó se aclara algún pasaje del 
autor, ó se hace notar su conformidad con la doctrina enseñada por San 
Ignacio en algunas de sus cartas, ó con las enseñanzas últimamente 
emanadas de la Santa Sede sobre la comunión frecuente y diaria. 

No hay por qué decir la viva satisfacción que en nuestro ánimo ha 
producido la atenta lectura de esta nueva edición de la obrita del Pa- 
dre Madrid, que es, al fin y al cabo, una nueva gloria eucarística de Es- 
paña y de la Compañía de Jesús, que tanto se distinguieron en siglos 
pasados en la gloriosa cruzada en favor de la comunión frecuente. Y ya 
que con gusto cedemos al P. Bock el mérito de haber reimpreso esme- 
radamente en nuestros días el opúsculo eucarístico del P. Cristóbal de 
Madrid, abrigamos, en cambio, la satisfacción de que nadie se atreverá 
á arrebatarnos la gloria de que un español, y un meritísimo escritor de 
esta revista, ha sido el que, con dos años de anticipación al P. Cros, ha 
llamado la atención sobre ese opúsculo, analizando brevemente su doc- 
trina, y recomendando al mismo tiempo su reimpresión (3). 

Ahora nos permitirá el P. Bock que, no por manía de contradecir, 
sino para evitar que se deslicen exageraciones ó inexactitudes, hagamos 
algunas pequeñas observaciones acerca del prefacio que ha añadido al 
texto primitivo del P. Madrid sobre el Apostolado Eucarístico de San 
Ignacio, las cuales podrán aprovecharse, si parecieren justas, en las si- 
guientes ediciones. 

El autor confiesa ingenuamente al principio del prólogo, que muchos 
datos que en él aduce no se deben á su propia investigación, sino á la 
de otro hermano suyo en religión, que con humilde modestia ha querido 



praefatione ! de eucharistico apostolatu S. Ignatii de Loyola, 1 editus a P. Bock, S. J. | 
Viennae Austriae. I 1909 I Sumptibus Ordinis. . , 

(1) P. Cros, 1. c. ! 

(2) P. Bock, Praef. X. 

(3) P. Ferreres, !. c, pág. 241. 



72 OBSERVACIONES SOBRE 

quedase oculto su nombre (1). Y al fin del mismo prólogo, al decirnos 
que el ejemplar de que se ha valido para la reimpresión del librito euca- 
rístico del P. Madrid, es el perteneciente al archivo de la provincia To- 
losaná «in residentia Tolosana S. J.» (sic) «unde nobis RR. Patres no- 
stri» «opusculum hoc rarum etpretiosum» «novis typis edendum peraman- 
ter miserunt, grato animo nostro sic admodum sibi devincto», declara en 
nota que los Padres de la misma residencia son los que le proporciona- 
ron los puntos culminantes que en él debía tratar (2). 

Ahora bien: comoquiera que el artículo del P. Cros, á que en esa 
nota alude, se publicó en 20 de Junio de 1908, y el prólogo del P. Bock 
está firmado en Sarajevo el día 31 de Julio del mismo año, ocurre pensar 
que el P. Bock apenas tuvo más que el tiempo necesario para traducir 
al latín los documentos que se le remitieron en francés, sin poder con- 
sultar por sí mismo las fuentes ni el texto original de esos mismos docu- 
mentos que aduce. Y á nuestro modo de ver, este es el defecto capital 
de que adolece el prólogo, debido á la prisa con que lo ha compuesto, 
fiado en demasía en la escrupulosa exactitud con que, á su juicio, debie- 
ron transcribirse los documentos que, «con caridad fraterna», le fueron 
remitidos. De ahí cierta vaguedad y falta de precisión en algunas citas; 
de ahí también algunas discrepancias en los mismos textos latinos que 
aduce, y poca fidelidad en la traducción de algunos textos que en el ori- 
ginal están escritos en castellano. Apuntemos algunos ejemplos: 

1.'' Dice el P. Bock (praef. XI-XII), hablando de la frecuencia de Sa- 
cramentos que San Ignacio promovió con sus exhortaciones en Manresa 
confirmándola con el propio ejemplo: «Ceterum Ignatius hortando alios 
suo ómnibus exemplo praeibat. Loquens enim de se ipso»: <^Quovis, in- 
quit, die Dominico secundum novam consuefudinem suam Peregrinas 
confitebatur et communicabat, quod nunquam praetermisit.» Y en nota 
dice: « V. Acta quaedam P. N. Ignatii de Loyola... a Ludovico Consalvo 
ex eiusdem ore Sancti excepta.^ Cualquiera pensará que las palabras que 
el P. Bock pone entre comillas son traducción directa del texto original 
castellano, ó al menos reproducción exacta del Acta quaedam P. N. Ig- 
natii, publicado en latín el año 1873 en París. Nada de eso. He aquí lo 
que dicen dichos textos: 

Castellano Latín 

{Mon. Ignat, S. IV, 1. 1, c. III. n. 21, p. 50.) (C. II, n. 21, p. 28.) 

« Perseveraba siempre en sus sólitas «Nunquam autem ab incaepto more de- 

confessiones y comuniones cada do- sistebat confitendi communicandique sin- 
mingo.» gulis Dominicis diebus.» 



<1) «Fraternae caritati cuiusdam Patris S. J. complura documenta perutilia et in hac 
praefatione contenta referimus accepta, hac tamen conditione, ut ipso sic postulante, 
nomen eius omnino taceremus in afferendis his documentis eorumque fontibus.» 
(Praef. IX.) 

(2) «Summa quaedam capitain hac praefatione nobis tractanda praebuerunt iidem 
Patres nostri. V. Étiides, 1908, t. CXV. págs. 752-765.» (Praef. XXXIV.) 



«EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO» 73 

Como ven nuestros lectores, nada se dice aquí, ni antes ni después de 
los párrafos aducidos acerca de «secundum novam consuetudinem». Por 
eso llama todavía más la atención que continúe el P. Bock diciendo: 
«Nec sine ratione commemorat ^novam consuetudínem suam*, quam mo- 
nachus quídam Benedictinus in Monte Serrato ipsi praeter morem tum 
fere ubique vigentem permiserat et confessarius ex Ordine S. Dominici 
Manresae degenti mendico liberam reliquerat» (praef. XII. n. 1). Sospe- 
chamos que el P. Bock, en vez de ceñirse al texto de Acta quaedam,.., que 
cita en nota, no ha hecho sino copiar y traducir libremente lo que es- 
cribe el P. Cros en el artículo citado de Études, pág. 753: «Ce fut le 25 
mars 1522 qu'il commenga de communier tous les huit jours et de précher 
aux autres la communion fréquente. Ce fut, dit-il lui-méme, «ma coutume 
nouvelle». Un moine de Montserrat venait de luí conceder cette extraor- 
dinaire mesure de communion...» 

Como el P. Cros no aduce las fuentes de donde ha sacado los hechos 
y testimonios que presenta, por «no embarazar, dice, las pocas páginas 
de su artículo, ó prólogo á la traducción del libro del P. Madrid, con 
referencias que sus lectores presentes no aguardan», no sabemos dónde 
ha encontrado esa frase hecha de San Ignacio, ni nos saca de mucho apuro 
el consejo que nos da en otra parte de leer los tomos de Monumenta, en 
donde resplandecen muchos hechos instructivos referentes al apostolado 
eucarístico de Ignacio y de la Compañía, con esta indicación en nota: 
Monumenta histórica Socittatis Jesu. París, Picard. 29 volumes, grands 
in-8 de prés de 800 pages, ont deja paru, et la publication se poursuit» 
(1. c, pág. 760, not. 1). 

Creemos, sin embargo, que si el P. Cros no tiene otro fundamento 
para atribuir esa frase á San Ignacio que el Acta quatdam del P. Gon- 
zález de Cámara, ha ido un poco más allá de lo justo, corroborando 
una simple conjetura suya con un dicho formal de San Ignacio, que 
no se encuentra ni en el texto latino de Cámara, publicado en París, 
ni en el texto castellano fielmente reproducido en Monumenta^ de Ma- 
drid. 

Y es de notar que el P. Cámara, ni siquiera dice expresamente que San 
Ignacio comulgara en Montserrat: «Llegado á Monserrate, se confessó 
por escritto generalmente, y duró la confessión tres días, y concertó con 
el confessor que mandasse recoger la muía, y que la espada y el puñal 
colgase en la iglesia en el altar de nuestra Señora. Y este fué el primer 
hombre á quien descubrió su determinación, porque hasta entonces á 
ningún confessor lo abia descubierto. y> 

«La bíspera de nuestra Señora de Mar^o en la noche, el año 22, se fué 
lo más secretamente que pudo á vn pobre, y, despojándose de todos sus 
vestidos los dio á vn pobre, y se bestió de su deseado vestido, y se fué 
á hincar de rodillas delante el altar de nuestra Señora, y vnas ve- 
zes desta manera, y otras en pie, con su bordón en la mano, pasó 



74 



OBSERVACIONES SOBRE 



toda la noche. V en amaneciendo se partió por no ser conocido...» (1). 
De esta relación del P. Cámara creemos que se puede conjeturar, no 
falto de todo fundamento, que San Ignacio tomó la costumbre de confe- 
sarse con alguna frecuencia, antes de confesarse en Montserrat, quizá 
desde que salió de Loyola; pues así se explica mejor que el P. Cámara 
diga que hasta que se confesó Ignacio en Montserrat, «á ningún conf es- 
sor... abia descubierto... su determinación» («de ir á Hierusalem» y de 
«las hazañas que abía de hazer por amor de Dios») (2). 

2." En la pág. XIII, hablando el P. Bock del apostolado eucarístico de 
Ignacio, en Barcelona, cita un trozo de la carta de Antonio Gou, diciendo 
en nota: «Tota plañe apostólica epistula..., habetur in hispánico originali 
in Epistolis mixtis I, 279-281. (Monum. hist. S. ].).» Está bien citado el 
lugar de Monumenta; pero en vez de traducir el texto castellano de esa 
carta, no ha hecho el P. Bock sino seguir al pie de la letra el texto 
francés del P. Cros, como es fácil de comprobarse con el siguiente 
cotejo: 



TRADUCCIÓN DEL P. CROS 

«Lorsque nous com- 
mengames, nous n'étions 
guére que sépt ou huit. 
Aujourd'hui,gráce á Dieu, 
nous sommes nombreux, 
et le nombre va toujours 
croissant, spécialement 
dans les deux grandes pa- 
roisses de Santa Maria 
del Mar et del Pino.» 

(Études, 20 Juin 1908, 
t. 115, pág. 754.) 



TRADUCCIÓN DEL P. BOCK 

«Initio vix septem octo- 
ve numero eramus. Ho- 
die, Deo sint laudes, per- 
multi sumus, ac numerus 
in dies crescit, praesertim 
in duabus magnis paro- 
chiis (De Santa Maria del 
Mar et del Pino).« 



TEXTO DE MONUMENTA 

«Porque cuando nosotros 
comengamos ácomulgaraquí 
juntos, no éramos más de 
7 ó 8, y después en breve 
tiempo crecieron mucho, y 
oy día por la gracia del Se- 
ñor va creciendo más el nú- 
mero, que pienso yo que en 
breve por aqueste medio 
será Dios muy glorificado en 
esta ciudad. 

»Ya van los que comulgan 
con sus obras diciendo quién 
son entre sus parrochianos, 
en particular los de la parro- 
chia de Santa María de la Mar 
y del Pino, y assí la gente no 
tiene boca para mormurar de 
la obra, esto es, que no sea 
buena, antes parece que el 
pueblo está atónito y de- 
seoso de seguir.» 

Con sólo comparar entre sí estos textos, se ve en seguida que el 
P. Cros, de dos párrafos de Monumenta, ha hecho uno solo, sin indicar 
siquiera con unos puntos suspensivos que estaba truncado el texto de 
la carta, y cambiando además algo el sentido de la frase. Ya se ha hecho 
notar en otro niímero de esta misma Revista (y nosotros habíamos no- 



(1) Monumenta Ignatiana, Series quarta, 1. 1: «Acta P.Ignatii ut primum scripsit P.Lu- 
douicus Gonzalesexcipiens ex ore ipsius Patris», cap. II, núms. 17-18, pág. 47. El texto 
latino de Acta quaedam..., editado en París en 1873, dice: «Adventante die, sumpta sacra 
Eucharistia, ah'útne agnoscevetüT» {pág. 23, núm. 18). Pero el texto castellano nada 
dice, como hemos visto, de la comunión. 

(2) L. c, núms. 16-17, pág. 46. 



EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO> 



75 



tado ya antes), que haya veces diferencia notable entre el texto caste- 
llano de algunas cartas ó documentos y la traducción que de los mismos 
publica el P. Cros(l). 

3.° Para hacer ver cuan arraigadas estaban por ese tiempo las 
preocupaciones contra la comunión frecuente, aduce el P. Bock, en la 
pág. XIV, núm. 2, un dicho recogido por Fr. Estrada (2), poniendo 
en nota: «V. Cartas de San Ignacio, II, pág. 517.» En ese tomo y en esa 
página de las Cartas de San Ignacio, se encuentra ese dicho; pero no 
como lo trae el P. Bock, traduciendo el texto francés del P. Cros (Elu- 
des, 1. c, pág. 755), sino como á continuación lo transcribimos: 



P. CROS 

«Vingt ans plus tard (3) 
scandaíisée du mouve- 
ment de communion heb- 
domadaire que les prédi- 
cations des fils d'Ignace 
propageront á Valladolid 
une piense dame s'ecrie- 
ra: «Gráce á Dieu, il n'y a 
»pas d'hérétique dans no- 
»tre malson; nous ne com- 
«munionstousqu'unefois 
»ran!>> 



CARTAS DE SAN IGNACIO 

«Sabe el Señor que digo la 
verdad, y es que estando yo 
en cierta casa de un caballero 
casado, harto católico., como 
se tratase de los luteranos, te- 
niendo ella entendido que lle- 
vaban la vida de los teatinos, 
dijo delante de mí, con grande 
exclamación y suspiro: «¡Oh! 
«¡Gracias sean dadas á Dios, 
»Padre Abad, que nunca en 
»esta casa dimos en comulgar 
ȇ menudo, sino de tarde en 
tarde!» Esto dijo la devota 
mujer, porque le pareció que 
si hubiera frecuentado el Sa- 
cramento, hubiera caído en 
la herejía.» 



P. BOCK 

«Quam sinistre quídam 
hac aetate, praeconceptis 
ducti opinionibus, de fre- 
quentior^ Communione 
iudicarent, docuit praeter 
alias, etiam publicas incri- 
minationes contra Igna- 
tium eiusque socios iac- 
tatas, «p/a» quaedam ma- 
trona, quae, elapsis exinde 
triginta annis, cum Pa- 
tres S. J. Vallisoleti Com- 
munionem hebdomada- 
riam promoverent, Deo 
publice gratias egit, quod 
domi suac' nuUum homi- 
nem haereticum haberet, 
quum omnes domestici 
sui nonnisi semel in anno 
ad S. Communionem ac- 
cederent.» 

No se necesita saber mucho castellano ni haber vivido largos años 
en España para caer en la cuenta de que «nunca dimos en comulgar..., 

(1) Aquí advertiremos de paso que aunque en Monumenta se pone esta carta de 
Antonio Gou, como fechada en 16 de Mayo de 1546, debe, sin embargo, ponerse como 
escrita en 16 de Mayo del año anterior. Así lo dice el P. Gabriel Álvarez, en el capi- 
tulo VIII del libro II de su Historia ms. de la provincia de Aragón: «La fecha es de Baiv 
celona á 16 de Mayo 1545»; y así se colige de lo que el mismo Gou dice más abajo re.- 
firiéndose á la carta que el P. Araoz les escribió en Valladolid «á 1.° de Abril de 1545» 
para animaries á sobrellevar las persecuciones que les acarreaba el frecuentar los Sa- 
cramentos: «Estos días recibimos vna carta del Sr. Licenciado (así le llamaban al padre 
Antonio de Araoz) muy espiritual (que es la que pusimos arriba), en la qual nos anima 
á la paciencia en las persecuciones.» Las palabras que están entre paréntesis son las 
que ingiere el mismo P. Álvarez, y con ellas se refiere á la carta del P. Araoz, que copia 
al fin del capítulo anterior, y que termina así: «De Valladolid á l.'^ de Abril de 1545. 
Vuestro en Christo.— Araoz.» 

Y claro está que una carta escrita en Valladolid, no habla de emplear más de un año 
en llegar á Barcelona. Puede verse también copiada esta carta en Monumenta, Ep. Mixt., 
J, págs. 205-209. 

(2) Fr. Luis Estrada, abad del Monasterio de Huerta. 

(3) No <^vingty>, sino trente deux ans plus tard, debiera decir, pues lo primero ocu- 
rrió en 1526, y esto en 1558. 



76 



OBSERVACIONES SOBRE 



sino de tarde en tarde^, no equivale á «nous ne communions... qu' une 
fois l'an». 

El P. Gabriel Álvarez, en todo el cap. LXXIII del lib. 11 de su Historia 
manuscrita de la provincia de Aragón, copia á la larga esta carta que 
Fr. Luis de Estrada escribió en 1558 al P. Alonso Román, rector del 
Colegio de Zaragoza, y en cuanto al dicho de esa devota mujer, lo pone 
así: «¡Oh, gracias sean dadas á Dios, Padre Abad, que nunca en esta casa 
dimos en comulgar á menudo, sino de tarde en tarde!» Esto dijo la 
devota mujer, porque le parecía que si hubiera frecuentado el Sacra- 
mento^ ya ella y su marido hubieran caído en la herejía...» También 
había aducido el mismo dicho el P. Ferreres, tal como se encuentra en 
las Cartas de San Ignacio, pero tomado del P. Astrain, primero en 
Razón y Fe (1), y luego, en él opúsculo aparte que publicó en 1907, del 
mismo «Comentario Canónico-Moral sobre el decreto Sacra Tridentina 
Synodus» (2). 

4." En la pág. XVI, núm. 3, siguiendo al P. Cros, dice el P. Bock que, 
por no escandalizar á los venecianos, dejaron los primeros compañeros 
de Ignacio de comulgar todos los días, como lo vinieron haciendo en su 
viaje de París á Venecia, no sin que su comunión semanal excitase 
también una grande admiración en aquella ciudad; de modo que, 
según escribe el P. Rodríguez, en su Memorial «De origine et pro- 
gressu S. J.», escribían de ellos que habían llegado á Venecia unos 
hombres que comulgaban cada ocho días. No es exacto que el P. Rodrí- 
guez diga precisamente de ellos tal cosa, sino que lo refiere en general 
de cualquiera persona que se atreviese á comulgar cada ocho días. Com- 
paremos los textos: 



P. BOCK 

«Venetias vero cum 
pervenissent, vel hebdo- 
madaria Communione 
suatantam populiadmira- 
tionem moverunt,ut quí- 
dam velut rem inauditam 
nuntiarent, advenisse ali- 
quos homines, qui singu- 
lis diebus Do miniéis 
S. Communionem reci- 
perent.» 



P. CROS 

«Mais á Venise leur 
communion hebdomadai- 
re, des qu'elle fut connue, 
stupéfia la ville entiére, 
d'oú Ton écrivait, comme 
grande nouvelle: «II est 
»arrivé íci, quelques hom- 
»mes quicommunienttous 
«les dimanches h 

(Études, 1. c, pág. 756.) 



p. rodríguez 

«Quamvis a meo instituto 
alienum forte videatur, scien- 
dum est tamen, quo tempore 
ad eam patres accesserunt, 
adeo a frequentatione sacra- 
mentorum eucharistiae, et cri- 
minum confessionis alienam 
fuisse, ut si quis forte octavo 
quoque die conscientiam sor- 
dibus expiasset et sacram sy- 
naxim sumpsisset, statim in 
ore ac sermone omnium ver- 
saretur, amicique, qui in alus 
agerent locis, per literas fie- 
rent certiores, quasi nouum 
aliquid et inusitatum in ea 
contígisset.» 

(Monum. Hist. Soc. Jes.: 
Ep. PP. Paschasii Broeti... et 
Sim. Rodericií; De orig. et pro- 
gressu Soc. Jesu, pág. 477.) 



(1) L.C., pág. 517, núm. 101. 
<2) Pág. 57, núm. 101. 



«EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO* 77 

5.° En las págs. XVIH-XIX copia el P. Bock un buen trozo de la carta 
que escribió San Ignacio á los azpeitianos, sobre la Comunión frecuente, 
citando, en nota: «Cartas de San Ignacio, I, p. 94-5.» Lo curioso aquí es 
que hasta se ponen palabras y frases enteras en castellano, de manera 
que uno estaría á punto de creer que el P. Bock no ha hecho sino ir 
traduciendo directamente el texto castellano de las Cartas; pero á poco 
que se repare en el orden con que están colocadas algunas cosas, etc., 
se echa de ver que el P. Bock ha seguido más bien el texto francés del 
P. Cros, incurriendo en la misma libertad de alterar el orden de algu- 
nos párrafos, sin dejarlo traslucir ni aun por medio de algunos puntos 
suspensivos. Esta libertad que el P. Cros se tomaba en la versión 
de esta carta publicada en su artículo citado de Études (págs. 757-758), 
y que nosotros advertimos é hicimos notorio á otros, mucho antes 
que el P. Portillo le hiciera parecidas advertencias en lo tocante á 
la versión de las Cartas de San Francisco Javier; fué la que nos abrió 
los ojos para no creer á ojos cerrados (como hasta entonces lo había- 
mos hecho) todo lo que veíamos citado entre comillas por el diligente 
y crítico escritor P. Cros, S. J., y nuestras ulteriores investigaciones nos 
han confirmado en la prudente desconfianza de sus comillas. Nótese 
el siguiente cotejo de los textos: 

P. BOCK P. CROS CARTAS DE SAN IGNACIO 

«Quod si integre non «Si nous ne ie pouvons «...; y si en todo no pode- 

possumus, faciamus sal- faire entiérement, faisons- mos, á lo menos en parte, 

tem ex parte. Confiteamur le du moins en partie; con- confesándonos y comunican- 

et communicemus semel fessons-nous et commu- donos, como arnba dije, una 

singulis mensibus. Indul- nions une fois chaqué vez en el mes. Y quien más 

gentiae communicantibus mois. Les indulgences ac- adelante querrá pasar, sin al- 

concessae tantae sunt, ut cordéesauxcommuniants guna duda, irá conforme á 

earum valorem appretiare sont si riches, que je ne Nuestro Criador y Señor...»^ 

non possim...» saurais en estimer assez 
la valeur...» 

Pues ¿y donde está lo de «les indulgences accordées aux commu- 
niants», «indulgentiae communicantibus concessae?, dirán, quizá, nues- 
tros lectores, al notar la discrepancia del texto castellano. Sí, también 
está en el texto castellano de esa carta, pero dos páginas antes del 
primero de esos párrafos que acabamos de copiar, y no del modo que 
dicen los PP. Bock y Cros: 

«...; y ofreciéndose una grande obra que Dios Nuestro Señor ha hecho por un 
fraile dominico, nuestro muy grande amigo y conocido de muchos años, es á saber, 
en honor y favor del Santísimo Sacramento, determiné de consolar y visitar vuestra^ 
ánimas in Spiritu Sancto, con esa bula que el Señor Bachiller lleva, con las otras indul- 
gencias que en la bula rezan; que son tantas y de tanta estima, que yo no lo sabría 
estimar ni encarecer.» (Cartas de San Ignacio, I, págs. 91-92.) 

También el P. Bock, en la misma pág. XVIII, después del primer 
párrafo que copia de esa carta, pone entre paréntesis las palabras caste- 



78 OBSERVACIONES SOBRE 

llanas de la carta de San Ignacio, como sigue: «Todos y todas comul- 
gaban cada día»; pero el texto castellano dice: «Tomaban cada día el 
Santísimo Sacramento todos y todas...» 

6.° En la pág. XX, después de hablar de la frecuencia de Sacramen- 
tos que promovieron en Parma los PP. Fabro y Laínez, el año 1540, 
afirma dos cosas el P. Bock acerca del B. Fabro, casi con las mismas 
palabras con que las dice también el P. Cros. (utudes, 1. c, pág. 758): 

P. Bock. P. Cros. 

«Quirecedensexhac urbe sacerdotibus «11 y laissa une nombreuse confrérie 

discipulis suis scriptam reliquitinstitutio- qui s'imposa la loi de communier « au 
nem, in qua ínter alia haec leguntur: »/77C»//zs, tous les dimanches», et Le Févre 
«Cávete, ne umquam omittatis confiteri et recommende aux confréres de n'y man- 
«communicaresa/femquavis hebdómada.» quer jamáis, li leur écrit: «G rdez-vous de 
Immo ipsam quotidianam Communionem »jamais manquer de communier, au moins 
hos Patres iamiam ausos esse commen- »une fois chaqué semaine!» En parlant 
daré, patet ex gravi tempestate brevi post ainsi, lui et les autres disciples d'Ignace 
exorta, «cuius occasio fuit quaedam Julia ouvrent aux ames le chemin de la com- 
»Zerbini, valde devota Patribus nostris, munion fréquente et quotidienne, mais ils 
»quae in infirmitate sua quotidie commu- se gardent encoré de diré á personne: 
»nicabat...». «Communiez tous les jours.» Pour avoir 

. donné á une piense femme de Parme le 
conseil d'agir ainsi, le P. Le Févre y sou- 
leva une vraie tempéte.» 

No sabemos de dónde han sacado que el B. Fabro hubiese fundado 
una Congregación que se impusiera la ley de comulgar al menos cada 
ocho días, y que el Padre les escribiese que se guardasen de no hacerlo 
así, ni menos que el B. Fabro hubiese aconsejado á su devota Julia Zer- 
bini, como afirma el P. Cros, que comulgase cada día. Dos citas pone 
en nota el P. Bock. («Epist Mixtae, I, 584. Cf. Chron., S. J., I, 127.> ) 

Ahora bien: en el lugar citado de las Epist Mixtae, ni una sola pala- 
bra se encuentra que haga alusión á dicha cofradía y á las instrucciones 
que el B. Fabro les envió; pero en cambio desde la página siguiente, 585, 
hasta la pág. 587, hay un documento que en 1647 el H. Teólogo Julio 
Grimaldi, S. J., dirigió á Roma al P. Bartoli, en el cual le dice: 

«Ho fatto ogni diligenza possibile per haver cognitione delle 2 congregationi, delli 
quali é chiamato institutore in questa cittá il P. Fabro nell'Istoria della sua vita.» 

Y de sus diligencias resulta que la una, llamada «della Carita» fué 
fundada «nel anno 1500», cuarenta años antes que partiese de Parma el 
B. Fabro. Por lo cual concluye el H. Grimaldi: 

«Potrebbe esser che ¡1 P. Fabro, uenendo á Parma, habbia fatto qualche bene in 
detta congregatione, o riformandola, o promovendola; ma di questo non s'é trovata 
alcana memoria.» 

Y en cuanto á la segunda, que primeramente se llamó «compagnia di Giesú», y 
después «compagnia di S. Giovanni decollato», por haberse trasladado á «la chiesetía 
et oratorio di S. Giovanni decollato», dice que la formaron por el año de 1540 «2 mila- 
nesisecolari, persone di molto zelo», á los cuales se unieron «li suddetti sacerdoti, 
asciati per sui successori del P. Fabro et Lainez». 



«EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO» 79 

Y así también concluye: 

«Questo é quanto ho trovato del P. Fabro et del P. Lainez nel libro dell'institutione 
di detta com.agnia, di cui quelli paiono fondatori molto remoti, se bene essa nel cata- 
logo di sui institutori li nomina nel primo luogo.» 

Hay que advertir además que en los dos documentos citados siempre 
se habla en términos generales de la «frecuencia de Sacramentos» que 
promovieron en Parma los PP. Fabro y Lainez, y de la que introdujeron 
en la cofradía «di S. Giovanni» los sacerdotes que allí dejaron dichos 
Padres para mantener esta costumbre piadosa: 

«... detti Padri nostri predicauano ogni festa la mattina..., et introdussero in molti la 
frequentia de santi sacramenti.» (Epist. Mixtae, I, pág. 584.) 

Y el H. Grimaldi dice también: 

«Persuadevan particolarmente lafrequenza dei SS. Sacramenti, la quale comíncló 
ad usarsi con molto concorso. Doppo due anni furono i detti Padri richiamati a Roma, 
et assió le sante opere, qui comiciate, nella loro lontananza non perissero, lasciarono 
in vece sua alcuni devoti sacerdoti, acció le promossero e mantenessero.» (Ep. Mix- 
tae, I, pág. 586.) 

Y más abajo, contando cómo á la invitación hecha por «aquellos dos 
celosos milaneses» para fundar «una compañía dedicada á enseñar la 
doctrina cristiana», accedieron de los primeros, los sacerdotes «lasciati 
per sui successori del P. Fabro et Lainez», dice que 

«... fondarono la detta compagnia... impiegandosi poi tutti frequentemente, tanto in 
insegnare la dottrlna christiana, quanto in altre opere pie, come l'emosinare per li 
poweri, freguentare le communione», etc. (Ibid., pág. 586.) 

No parece, pues, «la ley de comulgar á lo menos cada semana», y 
menos como impuesta por el B. Fabro. 

Veamos ahora qué nos dice el Chron. S.J. del P. Polanco, en el t. I, 
pág. 127, núm. 67, que es el lugar á que alude en su segunda cita el 
P. Bock: 

«Cum etiam Parmae gravis tempestas contra eos Sacerdotes esset exorta, qui, 
Patrum Laynez et Fabri doctrina instituti, per Sacramentorum frequentiam et pías 
meditationes multos de populo in spirituali aedificatione promovebant, et infamia, qua 
perstringebantur, in magistrorum atque adeo in Societatis dedecus, et divini honoris 
imminutionem redundaret, effectum est opera Ignatii,ut per publicam sententiam Romae 
latam, ái eorum innocentia et adversariorum calumnia constaret.» 

Como se ve, menos aún es lo que puede sacarse de este pasaje del 
Chronicon S. /, para ninguna de las afirmaciones de los PP. Bock y 
Cros respecto al B. Fabro. Ni es más favorable á esas aserciones otro 
pasaje del mismo Chronicon en que el P. Polanco habla expresamente 
de los ministerios apostólicos de los PP. Fabro y Lainez en Parma el 
año 1540. En este pasaje, omitido por el P. Bock, y que es el de la pá- 
gina 82, núm. 13, dice el P. Polanco:, 



80 OBSERVACIONES SOBRE 

«Ineunte anno 1540, iisdem Patribus in Parmensi vinea laboraníibus, per confessio- 
nes generales etfreqaentiam Sacramenti Poenitentiae et Eucharistiae eo inductam... 
fructum spiritualem valde auxit Dominus.» 

¿Será por lo menos exacto y del todo averiguado que el B. Fabro 
aconsejase á su devota (Julia Zerbini) que comulgase cada día, como 
parece afirmar rotundamente el P. Cros? Confesamos ingenuamente que 
no lo sabemos. Sólo diremos que el Chronicon Soc.Jesu, en los pasajes 
ya citados , nada dice acerca de este punto, y que del primero de los 
dos documentos insertos en las Epist. Mixtae, I, páginas 583-585, tam- 
poco se deduce que Julia Zerbini comulgase ordinariamente cada día, 
y menos aún que así lo hiciese «por consejo del B. Fabro». He aquí 
sus palabras textuales: 

«..., detti Padri nostri predicauano ogni festa la matina, ... e introdussero in molti la 
frequentla de santi sacramenti, se bene ció da molti era preso in mala parte, come cosa 
nuoua; e talmente, che per questo si leuó contro di Padri una tempesta e persecutione, 
dalla quale fu capo un certo P. Giuliano, dell'ordine d'Heremitani; et l'occasione fu una 
certa Qiulia Zerbini, molto diuota de nostri Padri, che per communicarsi ogni giorno 
in una sua infirmitá e essersi diuolgato che, mentre si communicaua, non prendeua 
alcun cibo, diede molto che diré alia cittá, et ando il rumore tant'auanti, che per ordine 
di Monsignore III.'"» Cardinale di S. Fiore, all'hora uescouo di Parma,*il vicario suo ne 
formó un processo, ...» («Alcuni Ponti per indrizzo dell'historia della Compagnia di 
Parma.— Del 42.» Ep. Mixtae. I, pág. 584.) 

Aquí se habla de cierta persecución suscitada en Parma contra los 
PP. Fabro y Laínez «con ocasión de una tal Julia Zerbini, muy devota 
de esos Padres, y que por comulgar todos los días en ayunas in una sua 
infirmitá... dio mucho que hablar á la ciudad». Pero ¿en qué año sucedió 
esa persecución? El año 1542, como se desprende del encabezamiento 
de ese documento y por la fecha «28 d'Agosto del 1542», que lleva el 
oficio que remitió el Cardenal de S. Fiore al Cardenal Cambara, rogán- 
dole mandase formar causa y dar la sentencia, como se hizo al fin el 30 
de Diciembre de 1543. 

Y si el origen de esta persecución del año 1542 fué el que «Julia 
Zerbini comulgase en ayunas todos los días en cierta enfermedad 
suya», ¿cómo es de creer que así lo hiciese por consejo del B. Fabro, 
que había ya salido de Parma en 1540? Más creíble se nos hace que esto 
lo hiciese con aprobación ó consejo de aquellos piadosos sacerdotes 
que dejaron en Parma los PP. Fabro y Laínez para que promoviesen y 
sustentasen la práctica de la frecuencia de Sacramentos que ellos habían 
introducido en aquella ciudad y que por eso hiriese de rechazo á nuestros 
Padres aquella persecución, que derecha y primariamente se había levan- 
tado contra los sacerdotes sus discípulos. Así lo indica el P. Polanco en su 
Chronicon Soc.Jesu (I, pág. 127, núm. 67), á que remiten en este lugar 
los Padres de Monumento, y que nosotros hemos copiado más arriba. 

De todos modos, si hubiese algún otro documento que pusiese de 



«EL APOSTOLADO EUCARÍSTíCO DE SAN IGNACIO» 81 

manifiesto lo contrario, sería bueno que lo adujesen los PP. Bock y 
Cros, para corroborar sus aserciones acerca de este punto. 

7.° Para corroborar con un ejemplo más el laudable empeño de nues- 
tros primeros Padres de introducir y promover, no sólo la comunión se- 
manal, sino también la comunión diaria, añade el P. Bock en la pág. XXI: 
«Similem fructum, adiuvante iuvenili Estrada (Strada), B. Petrus Fa- 
ber inde ab a. 1540 consecutus est Brixiae concionibus suis et associa- 
tione sacerdotum, quae paulatim per urbem illam et dioecesim Com- 
munionem quotidianam fidelium utriusque sexus promovebat, ut patet 
ex causa Episcopi Brixiensis a. 1587, per Decretum Sixti V dirempta.» 

Bien pudo ser que el uso de la comunión diaria que el año 1587 se 
veía ya consolidada desde hacia algunos años (jam abhinc aliquot 
anuos) en la ciudad y diócesis de Brescia, se debiese en parte ala acción 
de los sacerdotes formados espiritualmente por el B. Fabro; pero ni en 
elfolium de la Sagrada Congregación del Concilio en que se expone el 
sentido de la consulta al Obispo de Brescia, ni en la carta que en 24 de 
Enero de 1587 envió en respuesta la Sagrada Congregación al mismo 
Obispo (1), se hace ni remotamente mención de tal asociación de sacer- 
dotes. Por otra parte, al decir que sólo desde hacía algunos años se 
había extendido esa costumbre entre los fieles seculares de ambos sexos, 
mal puede atribuirse ese movimiento de comulgar todos los días, á los 
Padres de la Compañía, á quienes precisamente desde el año 1559 se 
les había comunicado la orden de que: «Caeterum,ut singulis diebus 
mysteria divinissima laici sumant,permitti nequáquam deberé...» (Cf. Sa- 
chini, Hist. Soc.Jes.; L. 3, A. D. 1559, núm. 7.) Creemos, pues (mientras no 
se nos aduzcan otros documentos más claros), que la costumbre de co- 
mulgar todos los días que empezó á cundir en la diócesis de Brescia por 
los años de 1580 entre los seglares de ambos sexos, no es gloria que 
deba imputarse al B. Fabro ni á ningún otro Padre de la Compañía. 
Harta honra será para la Compañía (sin querer apropiarse las ajenas) el 
haber iniciado poderosamente ese movimiento hacia la comunión fre- 
cuente, que sin cesar ha ido acrecentándose entre los fieles de la Iglesia, 
hasta llegar á la comunión diaria, que indistintamente recomienda á to- 
dos los católicos el Papa Pío X en nuestros días. 

8 ° Mayor exageración comete aún el P. Bock, y, á nuestro pobre 
sentir, agravada con un manifiesto yerro, al estampar en la pág. XXII, 
núm. 7: 

«Sed iam clarissima testimonia proferamus, quibus ipse Ignatius hoc tempore directe 
Communionem quotidianam commendabat^ eamque talibus conditionibus, quae no- 
vissimum Decretum «Sacra Tridentina Synodus» quodammodo praesagirent. Omittimus 



(1) Ni el P. Cros ni el P. Bock, aducen el texto de este documento, que puede verse 
en el opúsculo citado del P. Ferrercs, apéndice I. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 6 



82 OBSERVACIONES 

duas epístolas reciprocas S. Ignatii et S. Francisci Borgiae a P. Van Nieuwenhoff 
(II, 27-8), Orlandinum ac Ribadeneiram citante, ad a. 1542 commemoratas, nobis tamen 
parum compertas. Illud certe exinde patet, Ignatium Francisco, Proregi Catalauniae, 
consulenti de frequentiore Communione, iam tum quotidianam Communionem vefie- 
menter suasisse.» 

Las últimas palabras con que termina este párrafo, nos llenaron de 
admiración desde la primera vez que las leímos; porque teníamos ya 
hecho un estudio particular y algo detenido, precisamente acerca de este 
punto. Y nuestra admiración subió de punto cuando, habiendo consul- 
tado al P. Orlandini, nos cercioramos de que en los números 76-77-78 y 
79 del lib. III de su Historia, donde habla de la estancia del P. Araoz en 
Barcelona y de las virtudes y oración, etc., del Virrey de Cataluña San. 
Francisco de Borja, nada se dice acerca de estas cartas que se dirigieron 
mutuamente San Ignacio y San Francisco de Borja. Consultamos tam- 
bién el índice para ver los diferentes lugares en que el P. Orlandini ha- 
bla de San Francisco de Borja, pero no dimos con ninguno en que se 
hablase de la comunión diaria que le recomendó encarecidamente San 
Ignacio. 

En cuanto al P. Ribadeneira, ya teníamos antes averiguado que él no 
afirma que San Ignacio en la carta de contestación recomendase á San 
Francisco de Borja la comunión cotidiana. He aquí sus palabras (Vida 
del P. Francisco de Borja, cap. X): 

«Porque ya en este tiempo se confesaba y comulgaba cada domingo y las fiestas 
principales del año. . Pero las confesiones y comuniones tan frecuentes y ordinarias 
del Marqués daban mucho que hablar, no solamente á la gente popular, sino también 
á la devota y espiritual... 

«... Y por esto, juzgando que la persona de nuestro Padre... sería la que más luz le 
podria dar en lo que él tanto deseaba saber, se determinó luego de escribirie una carta. 
En ella... le proponía su duda, y le rogaba le escribiese lo que habla de hacer... 

»Á esta carta del Marqués respondió el B. P. Ignacio otra. En ella le decía que entre 
los otros frutos admirables que el comulgarse á menudo suele causar en las ánimas, 
es uno preservarlas que no caygan en pecado grave: ó si por la flaqueza humana ca- 
yere, darles la mano para que presto se levanten. Y que aunque no se podía dar una 
regla cierta y universal para todos; pero que de suyo es más seguro y acertado el lle- 
garse con amor y reverencia debida al Señor á menudo, que el arredrarse de él con 
temor y pusilanimidad... 

»Pero que cuanto á la persona de su Señoría, según lo que le escribió, y él había en- 
tendido por relación de otros de su oración y vida, se atrevía á aconsejarie que, con- 
fiado de la misericordia del Señor, y animado de muchas que había recibido de su ben- 
dita mano, hiciese lo que hacía y se comulgase cada ocho días.» 

Mal puede, pues, deducirse claramente de estas palabras, «Ignatium 
Francisco... iam tum quotidianam Communionem vehementer suasisse,* 

Justo Bequiriztain. 
(Se continuará.) 



boletín bíblico 



1. Jesús Christus. Vortrage auf dem Hochschulkurs zu Freiburg im Breisgau 
1908, gehalten von Dr. Karl Braig, Dr. Gottfried Hoberg, Dr. Cornelius 
Krieq, Dr. Simón Weber, Professoren an der Universitát Freiburg im Breis- 
gau, und von Gerhard Esser, Professor an der Universitát Bonn.— Jesu- 
cristo: Conferencias habidas en el curso de Estudios superiores de Fribur- 
go en Brisgovia, el año 1908 por los Doctores Carlos Braig, Godofredo 
Hoberg, Cornelio Krieg y Simón Weber, Profesores de la Universidad de Fri- 
burgo, y por Gerardo Esser, Profesor de la Universidad de Bonn.— Freiburg, 
1908. Un volumen en 4." de VIÍI-440 páginas. Precio, 7 marcos. (Herder.) 

2. Das Evangelium, vom Gotte.ssohn; eine Apologiederwesenhaften Gottes- 
sohnschaft Christi gegenüber der Kritik der modernsten, deutschen Theologie, 
von Dr. Antón Seitz.— Friburgo, 1908. (Herder.)— El Evangelio del Hijo 
de Dios: apología de la filiación divina substancial de Cristo, contra la crí- 
tica de la novísima teología alemana, por el Dr. Antonio Seitz, profesor de 
Apologética en la Universidad de Munich. Un volumen en 8.'' de XII-545 pá- 
ginas. Precio, 5,60 marcos; encuadernado, 6,40. 

3. La Arqueología greco-latina ilustrando el Evangelio, por D. Ra- 
miro Fernández Valbuena, canónigo Penitenciario de la Santa Iglesia Pri- 
mada y Prefecto de estudios del Seminario Pontificio de San Ildefonso. 
Tomo I. Toledo, 1909. Un volumen en 4.*" de X-610 páginas. Precio, 8 pesetas. 
(Rafael Gómez.) 

4. Le Cantique des Cantíques: Commentaire philologique et exegetique par 
P. JoüON, Professeur a la Faculté oriéntale, Université S. Joseph Beyrouth. — 
París, 1909 (Beauchesne). Un volumen en 12.° de Vl-334 páginas. Precio, 5 
francos. 

El movimiento en las ciencias bíblicas continúa con el mismo ardor; 
y los católicos en especial despliegan actividad infatigable. He aquí al- 
gunas entre las innumerables publicaciones recientes de importancia: 

1. Entre otros procedimientos dignos de imitación que para promo- 
ver la cultura, sobre todo entre el clero, emplean nuestros hermanos los 
católicos alemanes, uno es la de los «Cursos superiores», en los que uno 
ó varios doctores exponen en varias conferencias un tema de conve- 
niente amplitud é interés ante un público escogido, resumiendo en breve 
las conclusiones ó puntos más culminantes de la ciencia contemporánea 
sobre la materia. En 1906 hizo su primer ensayo de estos cursos la Uni- 
versidad de Friburgo, tomando por asunto la «cuestión bíblica» y encar- 
gándose de las conferencias el P. Fonck y el Dr. Hoberg. El resultado 
satisfactorio de aquel ensayo movió al celoso Prelado de la diócesis á 
repetir el otoño pasado de 1908 la tarea, como se hizo del 12 al 16 de 
Octubre, tomando por tema la persona augusta de Jesucristo, y desenvól- 



84 BOLETÍN BÍBLICO 

viéndole en 15 conferencias repartidas entre los cuatro profesores nom- 
brados en el título. 

El Dr. Hoberg explanó en dos discursos el carácter histórico de los 
cuatro Evangelios como fuentes de información sobre la persona y mi- 
sión de Jesucristo: al Dr. Weber tocó exponer la divinidad del Señor en 
el Antiguo Testamento (la predicción mesiánica), en las Epístolas de San 
Pablo y en los Evangelios, dividiendo su argumento en tres conferencias. 
El profesor Braig se encargó de desenvolver, en tres discursos, los sen- 
timientos de la incredulidad contemporánea sobre la persona, doctrina é 
institución de Jesús. Al Dr. Esser cupo en suerte explicar el dogma cris- 
tológico en su desenvolvimiento histórico y teniendo en cuenta los erro- 
res del protestantismo actual y del modernismo, consumiendo cuatro 
turnos ó conferencias. Por fin, estuvo á cargo del Dr. Krieg manifestar, 
en tres discursos, cómo Jesucristo es, en efecto, Verdad, Camino y Vida. 
La concurrencia al curso fué muy nutrida, atendiendo, sobre todo, 
á la calidad de los oyentes: más de 300 sacerdotes llenaban los espacio- 
sos salones donde los oradores exponían sus doctas producciones, á 
cuyo número debe agregarse el de no pocos seglares instruidos, ávidos 
de seguir el movimiento científico en las controversias religiosas de 
nuestros días. Y á la verdad, las aspiraciones del concurso no quedaron 
frustradas: como era de esperar de personal tan escogido como el de los 
conferenciantes, el curso en su conjunto representa una digna expresión 
de la ciencia católica en frente de la ciencia heterodoxa, que con erudi- 
ción y perseverancia dignas de mejor causa se esfuerza sin tregua ni 
descanso en demoler hasta sus cimientos más profundos la majes- 
tuosa construcción de la verdad cristiana. Los lectores reflexivos que se 
fijen en la selección y orden de las materias, podrán observar cómo en 
los temas del curso están recogidos los puntos más selectos de la con- 
troversia actual. Á la selección y distribución de la materia corresponde 
el desempeño: cada uno de los conferenciantes se ha hecho cargo de lo 
más capital que los adversarios de la verdad católica oponen en su ma- 
teria respectiva, resultando así un conjunto brillante y una apología 
completa de la doctrina profesada por la Iglesia tocante á la persona, 
prerrogativas, ministerio y obra de Jesucristo. «Ciencia, oportunidad y 
sano criterio» son los distintivos del «curso», y el virtuoso Prelado de 
Friburgo puede estar justamente ufano del brillante espécimen que su 
profesorado y Universidad acaban de dar á la faz de su patria alemana 
y de toda la Europa. Por nuestra parte enviamos al ilustre Prelado, al 
claustro universitario y al clero de la diócesis de Friburgo nuestros más 
cumplidos plácemes por el ejemplo que han dado á sus hermanos los sa- 
cerdotes católicos de todos los países. 

Alas 15 conferencias que propiamente forman el «curso» se agregan 
otras dos del Dr. Esser, cuyo argumento son el Syllabus y la Encíclica 
Pascendi de Pío X. 



BOLETÍN BÍBLICO 85 

2. He aquí un libro cuya composición ha costado seguramente á su 
autor prolongadas vigilias. La controversia más capital que hoy se ven- 
tila en el mundo entre la fe y la incredulidad es la que se refiere á la 
verdadera índole de la persona de Jesucristo. ¿Quién es este personaje? 
¿Cuáles son los atributos esenciales de su personalidad? ¿Es ésta terrena 
ó celestial, creada ó increada, humana ó divina? En una palabra, ¿Jesu- 
cristo es un puro hombre ó es Dios? Numerosos y distinguidos campeo- 
nes de la ciencia contemporánea toman parte en este solemne pugilato, 
en el que se discute el porvenir del mundo. El Dr. Seitz desciende á la 
arena comprendiendo perfectamente lo trascendental del problema, y 
colocándose desde luego en el punto de vista capital: á las alturas en que 
se halla la cuestión, el artículo culminante que absorbe todos los restan- 
tes, cuando se trata de la persona de Jesucristo, es su divinidad, su con- 
substancialidad con el Dios sumo: Jesucristo es Hijo de Dios, pero no por 
adopción, siquiera sea excelentísima, sino por naturaleza y consubstancia- 
lidad; es el Dios-Hijo. Por eso el Dr. Seitz afronta inmediata y resuelta- 
mente la dificultad capital, estableciendo que al abordar el problema 
cristológico ante todo y sobre todo debe demostrarse que Jesucristo es 
el Hijo de Dios hecho hombre, el Verbo encarnado. Todos los nombres 
que en el Evangelio y las Epístolas de San Pablo, ó en general, en el 
Nuevo Testamento, designan sustantivamente, es decir, como nombres 
personales, á Jesucristo, expresan su divinidad. Esta es la tesis del doctor 
Seitz y este el argumento de su libro. Ni sólo Bn el Nuevo Testamento: 
también en el Antiguo muchos de los pasajes que enuncian la promesa 
mesiánica aplican al Mesías predicados y atributos que expresan su divi- 
didad; así el Salmo II, así el Salmo CIX y así varios pasajes de Isaías y 
otros profetas. Cierto que para penetrar todo el alcance de aquellas 
expresiones es necesaria la luz refulgente del Nuevo Testamento; es 
decir, del cumplimiento histórico de la promesa; pero esta luz ilustra, 
ilumina, descubre lo que allí está significado, no lo fabrica, no añade 
elementos objetivos. 

El autor hace preceder á la demostración positiva de su tesis una 
nutrida introducción, donde expone la situación actual de los espíritus 
con respecto al gran problema, distinguiendo las varias escuelas racio- 
nalistas y protestantes, que ó niegan ó disfiguran la verdad bíblica, y 
notando también, no sin mucha razón, el proceder sobrado tímido y con- 
descendiente de algunos católicos, ya en el uso de las fuentes históricas 
(los Evangelios), ya en la interpretación de algunos pasajes y títulos de 
Cristo, quedándose á medio camino sin explotar todo su alcance. Sobre 
todo, se detiene en exponer ampliamente los errores de la escuela radi- 
cal (Hartmann) y los de la semirradical (Harnack). 

El Dr. Seitz refuta á los que en la designación del ámbito de las 
fuentes históricas sobre la vida de Jesucristo, se limitan á los Sinópticos, 
excluyendo, mutilando ó haciendo abstracción del Evangelio de San Juan. 



86 BOLETÍN BÍBLICO 

¿Qué motivo hay para semejante excepción? Ya sabemos cuál es el fun- 
damental que suele alegarse: «El Cristo de San Juan no es el de los Sinó- 
ticos.» Y, sin embargo, los Sinópticos proclaman en múltiples pasajes la 
divinidad de Jesús, y aun á veces emplean fórmulas de especulación y co- 
lor completamente juanista, como son las del capítulo XI de San Mateo 
y X de San Lucas; y si omiten los discursos sublimes pronunciados por 
Jesús en Jerusalén, y el milagro de la resurrección de Lázaro, ó si en gene- 
ral acentúan más el lado humano del Señor y economizan los títulos que 
hacen resaltar más su divinidad, la razón es, no una evolución objetiva 
obrada en el dogma cristiano, sino una prudente economía que condes- 
ciende con las disposiciones del pueblo judío y no quiere romper con 
él antes de la catástrofe del año 70. 

En la demostración de la tesis el Dr. Seitz se sirve de testimonios 
tomados de todos cuatro Evangelistas, esforzándose por hacer ver la 
equivalencia y paridad de alcance en los testimonios. Cuando en la intro- 
ducción se le oye abogar por la absoluta equiprobanza de los cuatro Evan- 
gelios, y más todavía, al enunciar que entre los testimonios va á propo- 
ner en primer lugar las declaraciones del mismo Cristo acerca de su per- 
sona, suscita naturalmente la idea de que va á servirse en grande escala 
del cuarto Evangelio, y sin embargo no es así; porque si bien hace uso 
de él, es con notable, quizá excesiva, moderación. Tampoco se limita, 
ni siquiera da la preferencia á los testimonios especulativos; concede 
grande importancia y explota ampliamente los que él llama testimonios 
prácticos. 

No es el libro del Dr. Seitz para leerse de corrida, y por vía de en- 
tretenimiento; es uno de esos trabajos concienzudos, fruto de larga me- 
ditación y de prolijo examen, de una materia dificultosísima. Pero e 
Dr. Seitz al emprender su obra tenía conciencia de que contaba con 
caudal para realizarla, y realizarla á satisfacción. Sospechamos que 
no pocos, aun entre los católicos, tendrán el trabajo por excesiva- 
mente abstracto; tal vez le tacharán de tendencioso; y no faltarán segura- 
mente quienes le juzguen poco critico. Pero á nosotros nos parece que 
el punto de vista en que se coloca al proclamar la necesidad del análisis 
teológico, es el único aceptable; porque, en efecto, la cuestión que se 
ventila es, sobre todo, teológica (1). No quiere esto decir seguramente 
que deje de ser crítica: ¿cómo puede dejar de serlo cuando la verdad 
dogmática enunciada por los textos descansa en la autenticidad y exac- 
titud de libros y pasajes, es decir, en datos que pertenecen de lleno al 
ámbito propio de la crítica superior y de la crítica textual? Por eso el 
centroversista católico no desdeña ni recusa un análisis histórico hecho 



(1) Escritas estas líneas leemos el juicio del Dr. Braig en el Literariche Ruadschan 
de 1.° de Mayo, que coincide en el fondo con el nuestro; y posteriormente hemos 
leído otros juicios igualmente ventajosos. 



BOLETÍN BÍBLICO 87^ 

de buena fe. Pero una vez demostrada la autenticidad y exactitud literal 
de los pasajes, analizar el alcance de sus términos pertenece de lleno al 
teólogo, el cual, en la determinación precisa del sentido de los textos, 
puede y debe hacer uso áe los criterios y tópicos propios de la teología, 
algunos de.los cuales, por otra parte, tampoco son más que críticos, como 
lo es, V. gr., el análisis del contexto, de la situación histórica, ocasión y 
fin con que fué pronunciado el testimonio, etc., etc. 

Cierto que en la discusión analítica de los pasajes cabe mayor ó me- 
nor destreza, mayor ó menor acierto en la selección de argumentos, ma- 
yor ó menor adaptación á las disposiciones de los adversar:os con quie- 
nes se discute, y puede suceder que se empleen con excesiva prolijidad 
los procedimientos teológicos descuidando los críticos; pero un lector 
prudente debe hacerse cargo de que en una controversia eminentemente 
teológica, como que en ella se discuten las bases más hondas de la cris- 
tología y del dogma cristiano, no puede pasarse de corrida el examen 
atento del texto. Decimos todo esto porque el Dr. Seitz ha dado á su 
trabajo un pronunciadísimo tinte teológico que seguramente no agrada- 
rá á aquellos exégetas, aun católicos, que se complacen en divorciar la 
teología de la crítica, y no contentos con eso, no pueden soportar un 
análisis teológico serio, aun en materias dogmáticas, sin sufrir convul- 
siones nerviosas, pareciéndoles que la ciencia católica hace un papel 
desairado ante la ciencia progresiva de las escuelas modernas. Como sí 
la crítica practicada, v. gr., por Harnack al discutir el problema cristoló- 
gico no fuera eminentemente teológica! 

A ja verdad, nadie podrá echar en cara al Dr. Seitz el desconoci- 
miento de bu época, pues las citas de escritores heterodoxos recientes 
de todos los matices, muestra una noticia extensísima de la situación 
presente en todo el ámbito de la ciencia crítico-bíblica de nuestros días; 
y más de cuatro de esos convulsionistas desearían poseer la erudición del 
Dr. Seitz en punto á noticia de notabilidadesyliteratura heterodoxa. Tam- 
poco emplea poco ni mucho el testimonio delatradición, teniendo presente 
el escaso valor que sus adversarios habían de concederle. Hemos indicado 
la parsimonia, cuando menos relativa, conque el Dr. Seitz procede, á nues- 
tro juicio, en el empleo del cuarto Evangelio, y hemos de confesar en par- 
ticular nuestra extrañeza de la brevedad con que estudia el discurso del 
capítulo V, el cual, en el pensamiento del evangelista San Juan, es indu- 
dablemente el eje, el centro y el foco regulador de todo el cuerpo de su 
Evangelio. Es evidente que las tesis del teólogo son el extracto de aquel 
discurso; y que las continuas declaraciones de la divinidad de Jesu- 
cristo en los razonamientos restantes constituyen otras tantas remisiones 
a\ mismo, como á documentación plenaria. Así, pues, creemos que una 
exposición bien razonada y amplia de aquel discurso habría dado gran 
realce al conjunto. 

Terminaremos diciendo que para nosotros es una satisfacción ver con- 



88 BOLETÍN BÍBLICO 

firmadas casi in terminís numerosas apreciaciones emitidas en nuestro 
último trabajo sobre San Juan. Tales son la interpretación que se da al 
título de Hijo del hombre; la del pasaje del capitulo XVIII del Deutero- 
nomio, y la de las palabras «aperti sunt ei coeli» en la escena del Bau- 
tismo; la explicación de los artículos propuestos por Jesús en su primera 
presentación solemne en Jerusalén; la que se da de la^legitimidad en la re- 
prensión de Jesús á los doctores por losfundamentos que para reconocerle 
como Mesías tenían en el Antiguo Testamento, enlapredicción del Bautista 
y en la voz del cielo después del Bautismo; la adjudicación del razona- 
miento de Joann., III, 13 sigg., á Jesús y no al Evangelista; la explicación 
de la escena de Joann., XX, 26-29 (1); la del alcance que se concede á las 
expresiones: «yo soy la resurreción y la vida»; la del fin atribuido á la 
oración de Jesús en la resurrección de Lázaro, etc., etc. 

3. Como lo indica el distinguido autor, tan conocido y estimado en 
toda España por su ciencia y el gran número de sus escritos, propónese 
en esta obra un fin análogo al que se propuso en la que años atrás escri- 
bió bajo el título de Egipto y Asiria, resucitados. Esta tuvo por objeto 
ilustrar el Antiguo Testamento, mediante la arqueología de los dos gran- 
des pueblos de la antigüedad con quienes estuvo más en contacto el pue- 
blo judío; en el trabajo presente pretende ilustrar los Evangelios con los 
monumentos de la arqueología, sobre todo romana. Va dividido el tomo 
en cuatro libros, de los cuales el primero comprende la introducción y 
los restantes el cuerpo de la obra. La parte introductoria expone en tres 
capítulos el estado de la cuestión, el origen y formación del canon del 
Nuevo Testamento con el especial de los cuatro Evangelios, distinguien- 
do y tratando por separado el problema sinóptico y el juanista, agregan- 
do finalmente una explicación exegético-crítica del prólogo del Evange- 
lio de San Juan. El cuerpo de la obra, de conformidad con su título, es 
una confirmación de la autenticidad del canon, basada en argumentos 
arqueológicos tomados de los monumentos (dibujos, esculturas, inscrip- 
ciones), principalmente de las Catacumbas romanas; de la filología en su 
concepto más amplio (ideología, psicología y lenguaje ó idioma propia- 
mente dicho), y de ciertos detalles históricos (el censo de Quirino), que 
han sido objeto de animadas controversias entre los críticos contemporá- 
neos. Ambas partes están tratadas con gran extensión. Después de expo- 
ner en el primer capítulo de la primera el estado de la cuestión, ó sea la 
situación respectiva del catolicismo y la crítica incrédula de nuestros 
días (Harnack, Loisy) respecto de las proporciones en que existió y debe 
admitirse desde los orígenes de la Iglesia el contenido histórico y doc- 
trinal del Nuevo Testamento, pasa el autor en el siguiente capítulo á 
demostrar la antigüedad del canon, haciendo remontar su origen á la 



(1) Aunque no convenimos en la asignación del término en la experiencia de Tomás. 



BOLETÍN BÍBLICO 89 

edad apostólica. Los argumentos están tomados naturalmente de testimo- 
nios históricos que, en orden ascendente, van desde el siglo V hasta la 
edad apostólica, dividiendo ese espacio en tres períodos: hasta el siglo II; 
en el siglo II y desde éste hasta los Apóstoles. En el primer período los 
testimonios son: el canon hipo-cartaginés, el del códice claromontano, y 
los de San Dámaso, San Atanasio, Ensebio y Orígenes. En el segundo 
el canon muratoriano y los de Tertuliano, Clemente alejandrino, San Ire- 
neo y San Justino. En el tercero los testimonios de San Ignacio M., Cle- 
mente romano, San PoHcarpo y la doctrina de los Apóstoles. Como 
los testimonios desde el siglo II al V (Clemente alejandrino. Orígenes, 
Ensebio, San Atanasio, los Concilios africanos) se remiten cons- 
tantemente al testimonio de los ancianos, y los Padres apostólicos con- 
firman la remisión, resulta perentoria la demostración del origen apos- 
tólico del canon. Por lo que hace al proceso de formación, primero apa- 
recieron los Evangelios, luego los libros restantes. En cuanto al valor 
canónico de los libros y la noticia del mismo en la Iglesia, respecto de 
los escritos por Apóstoles no había dificultad: tales libros eran de suyo 
de autoridad canónica, y bastó la firma de los autores: respecto de los 
demás, los Apóstoles los fueron declarando de igual valor á medida que 
iban escribiéndose. 

De la demostración expuesta resulta la falsedad de la tesis raciona- 
lista (Harnack, Jülicher) de que el canon sólo data de mediados del 
siglo II, y que su primer autor es Marción. 

En el capítulo III, dividido en varios artículos y secciones, se explica 
el origen especial de los Evangelios, primero de los Sinópticos y luego 
del de San Juan. Con respecto al problema sinóptico, el autor adopta 
el sistema de la mutua dependencia, aunque combinado con respecto al 
primer Evangelio en su redacción primitiva ó aramea, con el de la tradi- 
ción oral, no pasiva, ó cuyas fuentes fueran las muchedumbres, sino 
activa, ó de los predicadores apostólicos. El traductor griego de San 
Mateo se sirvió además del Evangelio de San Marcos; como éste se 
había servido de la edición primitiva aramea de San Mateo. Por lo que 
toca al cuarto Evangelio, su autor es San Juan el Apóstol, como lo 
prueba el testimonio de Tertuliano, Clemente alejandrino, San Ireneo, é 
indirectamente Papías, y San Ignacio M.; y lo confirman los caracteres 
internos del libro. La índole de éste es mixta de histórica y teológica: 
«es una obra aparte que refleja la tradición apostólica conservada de 
viva voz, interpretada y fecundada por un elevadísimo pensamiento teo- 
lógico; producto este libro de largas meditaciones y de especulaciones 
profundas, hace aparecer la historia á través de los descubrimientos del 

dogma Su fuente principal es la enseñanza oral que florecía en Asia 

menor á fines del siglo I» (pág. 187). Sigúese la exposición exegética del 
prólogo. 

La segunda parte, y principal en la intención del autor, tiene por objeto 



90 BOLETÍN BÍBLICO 

presentar una corroboración arqueológica de la tesis establecida sobre 
la antigüedad del canon del Nuevo Testamento en general, y más espe- 
cialmente de los Evangelios. El autor busca esa corroboración primero 
en los monumentos de las Catacumbas, empezando por la descripción 
de éstas y enumerando algunos símbolos del Antiguo Testamento, como 
introducción á los del Nuevo Pasando á éste, recoge, consigna y expone 
ampliamente los símbolos del pez y del buen Pastor (ya solos, ya reuni- 
dos y adicionados con el complemento del áncora); el de los Evangelis- 
tas remando en la barca de la Iglesia; el del Cordero, varios alusivos á 
la Eucaristía y á los cuatro Evangelios, con otras escenas evangélicas es- 
peciales, como la concepción y parto virginal de Cristo, la adoración de 
los Magos, etc., etc. (libro II, capítulos II y III), haciendo constar que los 
monumentos citados son en su mayoría de los siglos II y III, resultando 
así que para ese tiempo estaban ya difundidos los Evangelios. En el si- 
guiente, libro III, capítulos I y II, propónese el autor presentar una nueva 
confirmación de la antigüedad de los Evangelios por el análisis filoló- 
gico de los mismos. El estudio del lenguaje en que están escritos los 
Evangelios demuestra que Jesús y los Apóstoles no hablaron ni el latín 
ni el griego, sino el arameo; y en consecuencia, los Evangelios son ante- 
riores al contacto del cristianismo con la civilización griega, ó lo que es 
lo mismo, pertenecen á la época apostólica. A la misma conclusión nos 
conduce el análisis ideológico: el mundo de ideas en que se mueven los 
Evangelistas es arameo, no griego. En suma, el vocabulario, los giros 
sintáxicos, el caudal ideológico de los libros del Nuevo Testamento y 
sobre todo de los Evangelios denuncian pensamiento y concepción ara- 
mea, por más que la lengua en que escribieron los Apóstoles y Evange- 
listas sea la griega, á excepción del primer Evangelista. En efecto: su 
vocabulario es reducidísimo, y los términos no están empleados según la 
propiedad del idioma griego, sino simplemente como sustitución mecá- 
nica á voces arameas; en el giro y construcción de la frase no se descu- 
bre ni indicio de la rotundidad característica de la lengua helénica; en el 
mundo ideológico los conceptos son totalmente extraños á la filosofía 
griega; y en vano se buscará noción alguna dialéctica, lógica ó psicoló- 
gica tan características en la cultura helénica. 

Tal es, á grandes rasgos, el trabajo que ofrece al público la fecunda 
pluma del Sr. Valbuena, trabajo que da elocuente testimonio de su labo- 
riosidad, erudición y extensa lectura. Sus citas y remisiones bibliográfi- 
cas, sobre todo de bibliografía extranjera, son numerosísimas, y en este 
punto rivaliza seguramente, si no les supera, con los escritores que entre 
nosotros se distinguen por una lección vastísima, como es, v. gr., el 
Padre Juan Mir. En la nacional parece no haberse fijado tanto, si bien 
no deja de utilizarla, aunque no siempre la cita. 

En lo que toca al método de exposición, nos parece en primer lugar 
que podría ser más conciso abreviando los razonamientos, reduciendo 



BOLETÍN BÍBLICO 91 

las citas y también omitiendo lo accesorio en gracia de lo principal, que 
de este modo recibiría mayor relieve, y el conjunto ganaría en claridad 
y orden. Además, el libro en su conjunto excita la impresión de un tra- 
bajo compuesto algo de priesa y sin revisar con bastante cuidado la 
primera redacción. De aquí procede, á nuestro juicio, cierta imprecisión 
que indudablemente no debe atribuirse á otra causa. Al tratar del origen 
del canon no se ve con claridad si el intento del autor es vindicar crítica 
é históricamente el origen apostólico del canon Tridentino en su integri- 
dad, ó sólo probar que desde la época de los Padres apostólicos existió 
en la Iglesia cristiana un canon del Nuevo Testamento, prescindiendo de 
su amplitud y del número de libros que abrazaba. El modo de proponer 
los testimonios históricos cuya mayor parte sólo recae sobre una porción 
del canon, y algunas expresiones que el autor emplea, parecen dar á en- 
tender esto último (1). Seguramente esto basta para impugnar la tesis 
racionalista de Harnack y Jülicher, según los cuales antes de promediar 
el siglo lí no existía canon alguno completo ni incompleto de libros escri- 
tos del Nuevo Testamento. Pero no basta para la integridad de la tesis 
católica; porque, según el Vaticano, «todos los libros del canon fueron 
entregados á la Iglesia por los Apóstoles en concepto de libros sagra- 
dos y canónicos»; y en consecuencia es menester presentar pruebas 
históricas de que en efecto los 27 libros fueron reconocidos como 
canónicos desde la edad apostólica. No es esto desaprobar el primer 
procedimiento: cada escritor es dueño de señalarse los límites y el punto 
de vista que tenga por conveniente al exponer una cuestión susceptible 
de división en partes: es simplemente llamar la atención sobre la conve- 
niencia de precisar conceptos, á fin de que lectores poco habituados á 
estos problemas sepan hacerse cargo de los varios puntos de vista de 
esta controversia (2). 

Al exponer la tesis racionalista de Harnack sobre el origen del canon, 
el Sr. Valbuena emplea expresiones que tomadas como suenan no for- 



(1) En la pág. 74 se escribe: «Por lo expuesto se ve que estaba ya esbozado el canon 
de los libros sagrados del Nuevo Testamento antes de Marción... Es verdad que no hay 
un catálogo completo de libros canónicos tal como le hubo algún tiempo después y le 
tenemos hoy; pero eso no quita ni pone en la existencia de tales libros (es decir, de los 
primitivos), reconocidos ya entonces como sagrados, y citados como haciendo prueba 
plena por los escritores cristianos.» 

(2) En nuestra obvsL Jesucristo y la Iglesia Romana, parte II, t. I, páginas 637-650, 
seguimos otro método. Distinguiendo elpunto de vista protestante y el racionalista, y 
teniendo ante los ojos la tesis del Vaticano, creemos ser deudores de su demostración 
completa á la faz de la Historia, vindicando contra ambas clases de adversarios el canon 
del Tridentino y haciendo ver que sus libros todos fueron reconocidos como sagrados 
y canónicos desde la edad apostólica. Para demostrar esa proposición, ante todo ex- 
plicamos su sentido legítimo, y á continuación proponemos los testimonios históricos 
en la forma que conceptuamos únicamente adaptada á ese fin. Después pasamos (650- 
657) á exponer con más precisión y á refutar más directa y expresamente la tesis racio- 
nalista. 



92 BOLETÍiN BÍBLICO 

muían con exactitud el pensamiento del profesor de Berlín, y que éste no 
aceptaría. En la pág. 8 se dice: «Los racionalistas, hasta los más mode- 
rados, como Harnack, sostienen que muchos ó casi todos los libros del 
Nuevo Testamento no aparecieron hasta el siglo 11»; y en la pág. 69: 
«Cierto que Harnack considera como una paradoja la existencia misma 
del cuádruple Evangelio y la aceptación de él por la Iglesia tal como le 
tenemos hoy, antes de mediar el siglo II.» Harnack, en su Chronologie 
der altchr. Liter., t I, dice en el prólogo que «en el espacio de treinta ó 
cuarenta años desde la muerte de Jesús pudo formarse completamente 
todo el yacimiento histórico relativo á dichos y hechos de Jesús que 
leemos en los Sinópticos» (pág. X); que «parte antes de la ruina de Jeru- 
salén, parte hasta la época de Trajano (98), quedaban substancial- 
mente terminadas en sus tipos fundamentales las tradiciones todas cris- 
tianas en doctrinas, predicaciones y aun estatutos jerárquicos, á excep- 
ción del canon (ó codificación de libros) del Nuevo Testamento» (pá- 
gina XI). Y con respecto á las fechas concretas que atribuye á los libros, 
he aquí su opinión: las dos Epístolas á los de Tesalónica datan de 48 ó 
49; la I."" y 2.'^ ad Cor., de 52 á 53; Rom., Colos., Filémón, Efesios y 
Filip., de 57 á 59; las Pastorales en su fondo substancial, de 59 á 64; San 
Mateo, de 70 á 75; Lucas y Hechos apostólicos, de 78 á 93 (ahora de 60 
á 70); el Apocal., de 93 á 96; el Evangelio de San Juan antes de 110 (1). 

Es decir que, según Harnack, el contenido entero del canon del Nuevo 
Testamento en sus dos partes, histórica y doctrinal, y la redacción escrita 
de la mayor parte de sus libros (ó sea el cuádruple Evangelio y muchos 
escritos apostólicos) estaba terminada antes del segundo decenio del 
siglo II. 

Tampoco todos los lectores se formarán idea clara de la tesis racio- 
nalista de Harnack, Jülicher y otros sobre el canon, por no distinguirse 
con precisión entre la existencia de los libros y su canonización, ni expo- 
nerse con exactitud el sentido en que los mismos escritores entienden las 
palabras del Señor (Herrenwórte), como constitutivo único del canon 
anterior á la controversia gnóstica (2). Ni dejarán algunos de sorpren- 
derse cuando en la página 51 lean estas palabras: «El primer canon de 
que tenemos noticia es de un hereje, de Marción», y pocas líneas después 
estas otras: «El canon de Marción es una prueba concluyente de \di pre- 
existencia de otro canon católico.» 



(1) Chronol der altchristl. Liter., 1. 1, páginas 717 y 718. 

(2) La tesis racionalista de Harnack, Jülicher, Weiss, etc., sobre el canon del Nuevo 
Testamento encierran tres aserciones: 1.^ los libros <todos ó casi todos) existían 
antes de la controversia gnóstica; 2.^ pero no eran reconocidos en la Iglesia como 
Escritura, al igual con el Antiguo Testamento; 3.^ el canon cristiano en esa época se 
reducía al Antiguo Testamento escrito, y á las palabras ó sentencias del Señor como 
tales, bien se conservaran en la tradición oral, bien consignadas por escrito. Véase Je- 
sucristo y la Iglesia Romana, parte II, 1. 1, pág. 650 sig. 



BOLETÍN BÍBLICO 93 

Al exponer el proceso de formación de los libros y la noticia que de 
ellos tuvo la Iglesia, habría convenido explicar el carisma de la inspi- 
ración ad scribendum, y su distinción y separabilidad del de la in- 
falibilidad doctrinal apostólica (1). Al tratar de la autenticidad (pág. 196) 
del cuarto Evangelio, dícese también que «Harnack en su Chronologie, 
pág. 657, asiente y reconoce la aserción de San Ireneo de que Papías fué 
discípulo de San Juan, hermano de Santiago». Pero precisamente Har- 
nack toma como base de su larga, aparatosa y erudita argumentación 
contra la autenticidad del cuarto Evangelio el supuesto de que el Após- 
tol San Juan nada tuvo que ver con las Iglesias de Asia, ni puso jamás 
sus pies en esta región, ni pudo, por lo tanto, tener comunicación con los 
Presbíteros de Asia, de que habla San Ireneo, uno de los cuales era Pa- 
pías. Tal vez el Sr. Valbuena se refiere á los pasajes de Harnack en las 
páginas 668 y 678, donde, después de decir que «el problema juanista 
termina con un non liquet, concluye concediendo la posibilidad de haber 
venido al Asia el hijo del Zebedeo» (2). Sobre el carácter de especula- 
ción teológica del cuarto Evangelio, no estaría de más alguna explana- 
ción para que no se crea al autor solidario, si no de Bernardo Weiss, 
del P. Teodoro Calmes, como de seguro no quiere serlo, y á quien, sin 
embargo, copia ó extracta (3). 

Claro es que estas faltas de precisión y otras análogas no pueden 
atribuirse sino á las causas que señalamos; y la imprecisión nace de la 
celeridad con que trabaja el Sr. Valbuena, quien fiándose, no sin sobrado 
fundamento, en su erudición y fecundidad, escribe sin duda á la carrera, 
y á veces no advierte que la pluma le es infiel no reproduciendo con 
exactitud los conceptos de su mente. Si á esto se añade que tal vez por 



(1) No se descubre con bastante claridad la mente del docto escritor en este punto. 
Por una parte escribe, pág. 95: «Entre los monumentos de literatura cristiana de los 
tiempos primitivos los hay escritos por Apóstoles y por discípulos de los Apóstoles: 
respecto á los primeros, parece que no cabe dudar que formaran desde luego parte de 
la Escritura del Nuevo Testamento...; así es que la obra literaria de un Apóstol era por 
lo mismo la obra del Espíritu Santo, que hablaba por su boca ó por su pluma.» Según 
eso basta la firma ó suscripción de un Apóstol para la canonicidad de un libro. Pero en 
la pág. 85 leemos: «Que la suscripción apostólica de un libro le había de conciliar y de 
hecho le conciliaba grande autoridad no lo dudamos; pero eso no bastaba para que tu- 
viera tanta como el Antiguo Testamento, como la Escritura.^ 

(2) Véase San Juan: Estudio crítico-exegético sobre el cuarto Evangelio, páginas 39- 
47, Barcelona, 1908. Pero claro es que Harnack no puede conceder que Papías fuera con 
efecto discípulo de San Juan: sería declarar expresamente nula toda su argumentación 
precedente desde la pág. 641: ¡y eso es demasiado! 

(3) Conocida es la prop. 16 del Syllabus de Pío X. 

«Las narraciones de S. Juan no son propiamente historia, sino contemplación místi- 
ca del Evangelista; y los discursos contenidos en su Evangelio meditaciones teológi- 
cas acerca del misterio de la salud...» Cómo conciliar esta declaración con el carácter 
«de expeculación teológica y con descubrimientos dogmáticos en el 4.° Evangelio? 



94 BOLETÍN BÍBLICO 

SUS muchas atenciones confía la segunda revisión á personas no tan há- 
biles é instruidas como él, resultan explicables tales descuidos. 

Hagamos ahora alguna brevísima indicación de otra índole: En la 
explanación del argumento deducido de los monumentos, sería de de- 
sear mayor variedad de símbolos; tres ó cuatro para todo el canon y aun 
para solo el Evangelio es poco. Al exponer el argumento filológico en 
favor de la autenticidad de los Evangelios, propone, en general, concep- 
tos muy acertados y dignos de su reconocido talento; pero, ¿no podría 
haber abreviado y reducido á un solo artículo los tres de que «Jesucristo 
no predicó en latín, ni en griego, sino en arameo»? Para hacerlo ver ccn 
brevedad basta el testimonio de Papías y San Ireneo sobre el origen del 
primer Evangelio. También nos parecen algo avanzadas y absolutas las 
apreciaciones sobre la ideología de los escritores del Nuevo Testamento, 
y en general de los doctores judíos. Las Epístolas de San Pablo revelan 
un dialéctico muy sutil y habituado á la polémica: y los capítulos II, VI, 
VII y VIII de la Epístola á los romanos, penetran muy adentro en el aná- 
lisis psicológico de las facultades y actos directos y reflejos del alma, 
siendo por otra parte esta cultura indudablemente de procedencia ge- 
nuinamente judía. La voz Mammona según los mejores filólogos se 
deriva del verbo p2"i2, y el nombre mismo paua ocurre en el Génesis^ 
XLIII, 23(1). 

Pero las observaciones hechas sobre los puntos indicados, además 
de ser apreciaciones personales, no disminuyen el mérito del conjunto; y 
lo que llama la atención en el Sr. Valbuena no es que en sus escritos 
haya aveces faltas de precisión, sino que un hombre ocupado por sus 
elevados cargos en tantos y tan graves negocios, pueda hallar todavía 
espacio para estudios tan varios como suponen las múltiples obras que 
lleva ya publicadas; la mayor parte, y entre ellas la presente, de carácter 
serio y nada fácil. 

4. De dos partes consta el libro: una introducción (VI-140) y la tra- 
ducción con el Comentario (141-334). La introducción estudia el problema 
sobre la índole del argumento, la autenticidad y data cronológica del libro. 
Según M. Joüon tres son los sistemas ó escuelas en la interpretación del 
argumento: la escuela naturalista, la alegórica y la mixta. La primera, re- 
presentada en la antigüedad cristiana por Teodoro Mopsuesteno, y se- 
guida en la actualidad por el racionalismos avanzado (Siegfried, Budde), 
sólo descubre en el Cántico lo que su letra material suena: un poema 



(1) Como menudencias, pero en que alguno reparará, observaremos que á la orto 
grafía ordinaria Pesquito, para designar la versión sira, es preferible la de Peschito, que 
ocurre una vez (448), porque el sonido sch corresponde mejor á la schin, con que se es- 
cribe la voz en caldeo y siriaco. La palabra Julicher va escrita siempre sin diéresis (•), 
debiendo escribirse con ella: Julicher. Mejor le hubieran impreso el libro en Madrid. 
Pero no hacemos extensiva la advertencia á escribir las dicciones hebreas y griegas con 
caracteres propios. 



BOLETÍN BÍBLICO 95 

erótico donde se celebran las bodas de Salomón con la hija de Faraón, 
ó las de otro personaje con su consorte. La segunda, común ya entre 
los intérpretes judíos y no menos entre los cristianos, hasta la época del 
racionalismo, ve en e: Cántico una alegoría en la cual, bajo el velo de 
símbolos del matrimonio natural, se propuso describir el autor la unión 
entre Dios y la Iglesia, ó anterior al cristianismo (la Sinagoga judía); ó 
en el cristianismo (la Iglesia cristiana); ó una y otra (la Iglesia verdadera, 
primero en el Antiguo y después en el Nuevo Testamento). La tercera 
distingue en el Cántico dos aspectos ó elementos: el material y el espiri- 
tual: el material resulta del tenor gramatical é inmediato de los signos y 
tiene su valor propio y por sí, aunque no definitivo y completo, sino 
sólo instrumental y de medio, porque el escritor se propuso no detenerse 
en el sentido inmediato y material, sino significar por su medio otro sen- 
tido más elevado; bajo los símbolos ó figuras del amor humano y natural, 
el amor sobrenatural que une á Dios y á la Iglesia, que es semejante al 
que en lo natural media entre dos consortes. Á primera vista no es fácil 
distinguir la escuela mixta de la simplemente alegórica, por cuanto, 
constando el tenor de la letra en toda la extensión del libro de signos 
(términos y sentencias) del orden humano, es imposible no admitir un 
sentido ó valor del mismo orden en todo el conjunto de la pieza; pero 
M. Joüon se esfuerza por sensibilizar la diferencia, distinguiendo en el 
cuadro de los signos dos maneras de representarnos el objeto: el cuadro 
muerto, ó de simple pintura, y el vivo ó de acción. Un personaje, v. gr., 
Napoleón, puede ser representado ó por ima pintura ó por un actor: en 
el primer caso toda la razón de ser del cuadro es la simple representa- 
ción del objeto: en el segundo no; si al actor que representa á Napoleón 
le acomete un accidente, se le socorre por lo que el actor es en su perso- 
nalidad, olvidando al personaje á quien representa. Pues bien: continúa 
M. Joüon, para la escuela alegórica el tenor de las palabras y escenas 
en el Cantar es un cuadro muerto, una simple pintura; para la escuela 
mixta es un cuadro vivo. 

Él, por su parte, se adhiere á la escuela alegórica pura, impugnando 
á las otras dos. La naturalista desde luego es inadmisible, por ser his- 
tóricamente absurda la hipótesis de suponer que siendo el Cántico en su 
origen un libro profano, pasara á formar más adelante parte del canon 
judaico; pues no hay buena fe que alcance á explicarnos cómo pudo 
empezar á ser tenida por sagrada una pieza como el Cántico, mirada 
antes como profana, siendo así que si se prescinde ó niega la ordenación 
primordial del conjunto á un fin superior, nada se descubre allí que des- 
pierte idea alguna del orden religioso. De suerte que la explicación na^- 
turalista se estrellará siempre contra el hecho histórico de la admisión 
del libro en el canon judaico. También impugna el autor la explicación 
propuesta por la que él llama escuela m/xto, contra la cual, si bien no es 
leal combatirla farisaicarnente, cree M. Joüon poder urgir dos argu- 



96 BOLETÍN BÍBLICO 

mentes que conceptúa graves: el primero, el de oponerse á la tradición 
general judía y cristiana; el segundo, el de que dando al tenor material 
de la letra un valor por si, no pone bastantemente á salvo la santidad 
del libro: no sería digno del Espíritu Santo dictar una historia real ó 
imaginaria, cual es la expresada por el tenor de la letra, si se le concede 
valor propio. El profesor Joüon previene la retorsión que de este argu- 
mento podría hacérsele, recordando la distinción entre el cuadro vivo y 
el cuadro muerto y haciendo notar la gran diferencia que entre ambos 
media, de la cual resulta que mientras el primer sentido repugna visi- 
blemente á la santidad de Dios, no sucede lo mismo con el segundo. 

Por lo que hace al argumento de la alegoría, para el profesor Joüon 
es la historia completa de la alianza entre Jehová y la Sinagoga ó el 
pueblo judío en la doble fase que atravesó: su primera celebración en 
tiempo del Éxodo al salir del cautiverio de Egipto, y su renovación á 
perpetuidad después del cautiverio de Babilonia. Por eso el poema va 
dividido en dos partes: I, 5-V, 1 (después de una breve introducción 
I, 1-4); y V, 2-VIII, 14, correspondientes á las dos épocas históricas 
dichas. M. Joüon descubre en las varias secciones en que divide ambas 
partes la expresión alegórica de otros tantos episodios de la historia de 
Israel en sus relaciones con Jehová, como su marido, según se expresan 
con frecuencia los Profetas. El autor cree que esta expHcación satisface 
plenamente á los desiderata exigidos por la exégesis para la exposición 
de este dificilísimo libro. Además, añade, esta explicación es altamente 
bíblica, pues se armoniza perfectamente con las ideas del profetismo, 
donde con tanta frecuencia se propone la alianza entre Jehová y el 
pueblo escogido bajo el símbolo alegórico del enlace matrimonial. Es, 
por último, en sus rasgos principales enteramente conforme á la tra- 
dición judía y cristiana; y con respecto á los detalles, el desarrollo del 
argumento en el poema presenta sorprendentes analogías con la historia 
de la alianza: tal es, por ejemplo, la doble pérdida del esposo que expe- 
rimenta la esposa; el doble encuentro de ambos, etc., tan semejantes á la 
pérdida del arca y destrucción dejerusalén, las primeras, y las dos res- 
tituciones á Palestina en el Éxodo y los libros de Esdras, por lo que 
hace á los últimos. 

En lo que toca á la época de su composición y autor, el profesor 
Joüon hace al Übro muy reciente y á su autor un distinguido literato 
judío. Las pruebas que se proponen del origen reciente son: primera, el 
escritor conoce el cautiverio de Babilonia (V, 2-7); segunda, la angelo- 
logia; tercera, el cántico depende del Génesis y de los libros proféticos; 
cuarta, la lengua; quinta, los aramaísmos; sexta, el uso del ^' ó vi. 

Sigúese luego la versión y á continuación el comentario. 

El profesor Joüon ha puesto en la composición de su libro ciencia, 
erudición, lectura y diligencia más que común. La versión está muy bien 
hecha; es exacta, fiel y bien meditada, con conocimiento de la lengua 



BOLETÍN BÍBLICO 97 

original y comprensión exacta del sentido gramatical; y el comentario 
revela extensa y escogida lectura. Con respecto á sus apreciaciones so- 
bre el argumento, la explicación de éste, ateniéndose al sentido alegórico, 
es acertada y bien fundada en su conjunto y rasgos fundamentales, es de- 
cir, mientras se mantiene en los conceptos generales de las relaciones en- 
tre Jehová y la Sinagoga. Pero tropieza con graves dificultades desde el 
momento en que se pretende concretarlo á la historia, sobre todo si se 
quiere ver descrita en el poema la serie toda de la historia judía. Desde 
luego tiene el inconveniente de suponer que el Cántico pertenece á época 
reciente. Además, ¿qué fundamento hay para descubrir en las doncellas 
del coro á las naciones, en los hermanos de la esposa, á los egipcios; en 
las ausencias del esposo la pérdida del arca y la destrucción del templo, 
cuando las dos primeras aplicaciones son totalmente contrarias á las si- 
tuaciones históricas, y las otras al tono general del poema? Los egipcios 
no pueden ser llamados con verosimilitud alguna hermanos de la esposa 
en la época del Éxodo, ni las naciones comparadas con el coro ó cortejo 
de amigas de la esposa, pues fueron constantemente enemigas de Israel, 
y éste por su ley misma estaba aislado de todas ellas. Las ausencias del 
esposo no pueden representar en la mente del autor del cántico reproba- 
ción, pues en el poema la esposa aparece invariablemente fiel y apasio- 
nada hacia su esposo; tales ausencias no pueden representar un repudio, 
como lo representa, en expresión de Isaías, Jeremías y Ezequiel, la des- 
trucción de Jerusalén y su templo. Parecida inverosimilitud aparece en 
otras muchas aplicaciones. 

Viniendo á la data cronológica, sorprende la facilidad con que el autor 
tiene por buenos los argumentos en que apoya su opinión. El primero 
es sencillamente una petición de principio, porque el escritor conoce el 
cautiverio de Babilonia si los pasajes V, 2-7, etc., hablan de él; pero ¿por 
dónde consta eso? El segundo, además de la misma suposición, pues na- 
die concederá fácilmente que en I, 7; II, 7; V, 7 se trate de ángeles, no 
prueba origen reciente; pues los ángeles aparecen ya en la historia pa- 
triarcal, en la época de Josué, en la de los Jueces, ios Reyes, etc. El terce- 
ro supone que el Génesis es posterior al cautiverio, ó de época próxima; 
suposición totalmente inadmisible, no sólo dogmática sino críticamente) 
como lo hemos hecho ver en repetidas ocasiones. El cuarto es ambiguo, 
porque no sabemos quién depende de quién. Del quinto repetiremos la 
frase de Wellhausen: que la lengua hebrea está acostumbrada á ser tra- 
tada como cera blanda. No puede negarse que en el Cántico el lenguaje 
es singular y sui generis por varios conceptos; pero ¿quién definirá la 
antigüedad precisa de sus voces, giros y gustos geniales del autor? 
El tono general del poema supone una situación muy distinta de la aflic- 
tiva y precaria de los repatriados en cualquiera de los períodos que 
M. Joün quiera fijarse. 

La clasificación de las escuelas y la asignación de ciertos autores á 

RAZÓN Y FE. TOMO XXV 7 



98 BOLETÍN BÍBLICO 

ellas bajo los caracteres con que el profesor Joün las define tampoco 
satisfarán á todos; la distinción entre la escuela alegórica pura y la mixtQy 
sobre todo con respecto á ciertos matices de ésta, es demasiado sutil: el 
cuadro vivo en los signos de expresión inmediata lo tienen que admitir 
irremisiblemente todos, pues lo exige la naturaleza de la descripción em- 
pleada en el poema. El P. Hontheim, en especial, dudo mucho se con- 
forme con las apreciaciones de M. Joün. 

Las correcciones del sufijo de primera persona singular, por primera 
plural en 1, 1-4 no son verosímiles: ¿cómo han de pedir tal cosa en 1, 1 
ni en 1, 4^ todas las doncellas, cuando aun para la misma esposa es favor 
no común el expresado en el primer pasaje, y exclusivo de ella el del se- 
gundo? 

L. MURILLO. 



BOLETÍN CANÓNICO 



SUEVA ORGAMZAClto DE LA CURIA ROMANA DECRETADA POR PIÓ X^^^ 



ARTICULO II 



Sobre las causas que se traten disciplinar 
y administrativamente. 

(normas peculiares, cap. III, ART. Il) 

248. En las causas que en las Sagradas Congregaciones hayan de 
tratarse disciplinar y administrativamente no se admitirá liüsconíesta- 
ción, ni se oirá testigos, ni se recibirán alegatos de abogados; pero se 
oirá á las partes y se examinarán los documentos que ellas presenten. 

249. Para que las partes puedan exponer lo que les convenga se 
las avisará, ya por medio de su Ordinario, ya directamente, con arreglo 
al derecho común. 

260. Si quieren exponer sus razones por escrito, lo harán servato 
proportione, con arreglo á lo que dispone el can. 29 de la ley propia de 
la Rota. (Véase Razón y Fe, vol. 22, p. 220.) 

251. Desde el momento en que una causa se empieza á tratar por la 
vía administrativa y disciplinar en una Congregación, consintiendo en 
ello las partes ó no disintiendo, ya no pueden éstas entablar una causa 
estrictamente judicial, y mucho menos podrán hacerlo después que la 
Congregación haya dado sentencia. 

252. Sin embargo, la Sagrada Congregación podrá remitir la causa á 
los jueces ordinarios, cualquiera que sea el estado en que ésta se halle. 

N. B. Lo que sobre este punto había establecido Sixto, puede verse 
en las declaraciones que hizo en el Consistorio de 11 de Mayo de 1587, 
á saber: 

253. «Prima est, quod si ante inchoatum judicium coram aliquo judice, pars coram 
congregatione conventa, renuerit in illam consentiré, et noluerit causam a congregatione 
íerminari, tune ad judicem competentem remittatur. 

«Secunda est, quod si coram aliquo judice inclioatum fuerit judicium, et deinde 
partes concordes cong; egationem adiverint, tune congregado causam decidat, et acta 
ad se transportari faciat. 



(1) Véase Razón y Fe, vol. XXIV, p. 376. 



100 BOLETÍN CANÓNICO 

«Tertia est, quod si causa coram congregatione coepta fuerit, et deinde aliquod 
emergens supervenerit, tune nedum illa causa coepta, verum etiam illud emergens a 
congregatione expediatur. 

=»Quarta, quod si causa in ipsa congregatione decisa requirat ut super illa expedia- 
tur supplicatio vel breve, tune decrevit Sanctitas Sua, quod in ipsa supplicatione, vel 
ín ipso breve, fiat mentio causam de ordine congregationis fuisse ita terminatam.» 
Bull. Rom. Taur., vol. 8, p. 999. 



ARTICULO III 

Otros principios generales 
aplicables á todas las Congregaciones, Tribunales y Oficios. 

254. I. Es también principio fundamental para todas las Congrega- 
ciones, Tribunales y Oficios que no puedan hacer nada grave y extra- 
ordinario sin dar antes cuenta de ello al Romano Pontífice. (Const. Sa- 
pienti consilio, al final. Cfr. Razón y Fe, vol. 22, pág. 15.) 

Este principio substancialmente coincide con lo dispuesto por Sixto V 
en su Const. Immensa, § 2, con respecto á las Congregaciones: «Ita üt 
graviores difficilioresque consultationes ad nos referant.» (Bull. Rom. 
Taur., vol. 8, p. 986.) 

Dicha cuenta ó relación debe hacerse teniendo á la vista, á lo menos 
en los asuntos más difíciles, un resumen escrito del asunto, el cual se 
archivará juntamente con la resolución que recaiga, con anotación del 
día y año y con la firma del que hizo la relación. (Norm. pee, c. 5, n. 1.) 

255. II. Menos las sentencias de la Rota y de la Signatura Apostó- 
lica, dadas según su competencia, todas las demás sentencias, ya seden 
por vía de gracia, ya de justicia, necesitan ser aprobadas por el Papa, á 
no ser aquellas sobre las que se hayan comunicado especiales faculta- 
des á los Prefectos délas Congregaciones, Tribunales ú Oficios. (Const. 
Sapienü consilio, 1. c.) 

256. III. . Todos los documentos oficiales que deben imprimirse en 
nombre de los Oficios de la Curia, como son, v. gr., los folios que redac- 
tan los secretarios de las Sagradas Congregaciones, los votos de los con- 
sultores, etc. (así como también los documentos y las defensas que pre- 
sentan las partes, dado caso que se trate de causas criminales ó matrimo- 
niales que pidan especial cautela y secreto), deben ser impresos en la 
tipografía Vaticana. Los demás podrán editarse en otras imprentas apro- 
ba das por el Secretario de la Sagrada Congregación Consistorial, en 
las cuales se deberá guardar la circunspección que la naturaleza de tales 
e scritos requiere. (Norm. pee, cap. 4, n. 3.) 

Los que tales impresos reciben deben guardar el secreto que, ya por 
m andato especial, ya por la naturaleza delicada del asunto, se requiera; 
y cuidarán que después de su muerte se restituyan fielmente tales docu- 
mentos al Oficio respectivo: lo cual es igualmente obligatorio para los 



BOLETÍN CANÓNICO 101. 

oficiales de todos y cada uno de los Oficios, para los consultores y para 
los Emos. Cardenales. (Norm. pee, 1. c, n. 5) 

257. IV. En todas las Congregaciones, Tribunales y Oficios hay dos 
órdenes de oficiales: mayores y menores. También en todos (menos en 
la Rota) existe lo que se denomina Conjgreso, el cual consta del Carde- 
nal presidente y de los oficiales mayores. (Norm. gen., c. 1, n. 3.) 

Cuáles sean estos oficiales mayores y menores se dirá al tratar en 
particular de cada Oficio. 

Al Congreso pertenece el estudio y despacho de los asuntos meno- 
res del respectivo Oficio; así como el preparar los otros que ha de resol- 
ver la Congregación, Tribunal ú Oficio en pleno. (Ibid., n. 4.) (1). 

Lo demás puede verse en las Normas generales, que se hallan en 
Razón y Fe, vol. 22, p. 490, sig. 

CAPÍTULO III 

LAS CONGREGACIONES 

A) Sü constitución. 

258. Compónense éstas de solos Cardenales, como ya antes (n. 45) 
hemos indicado, en cuanto sólo los Cardenales tienen en ellas voto de- 
cisivo; pero puede tomarse la palabra Congregación en sentido más 
amplio, y entonces comprende también los oficiales mayores y menores, 
los cuales no son Cardenales. Véase además lo dicho en los números 
143, 148 y siguientes. 

259. Uno de los Cardenales ejerce el cargo de Prefecto, menos en 
el Santo Oficio y en la Consistorial, las cuales tienen por Prefecto al 
Papa. 



(1) Días feriados: Además de los domingos y fiestas de guardar, son días feriados 
para todos los Oficios: 

El aniversario de la elección y coronación del Papa.— El de la muerte del Predece- 
sor.— Los días en que se celebre consistorio público ó semipúblico.— El día de Ceniza 
y los dos precedentes.— Los cuatro últimos días de Semana Santa y el lunes y martes 
de Pascua. —La víspera de Pentecostés y el lunes y martes después de esta fiesta.— 
La vigilia de la Asunción.— El día de difuntos.— La vigilia de Navidad y los tres días 
siguientes.— El último día del año. 

En estos días suele haber un oficial en cada oficina para despachar los asuntos que 
ocurran. 

Desde el 10 de Septiembre hasta el 31 de Octubre son las vacaciones de Otoño. 
Durante ellas no deja de funcionar ninguno de los Oficios, sino que hay un número sufi- 
ciente de oficiales mayores y menores para el despacho de los asuntos ordinarios más 
urgentes. Los asuntos de mayor importancia, las deliberaciones sobre los más graves 
y^dificiles se han de diferir hasta Noviembre, á no ser que la urgencia del asunto pi- 
diera despacho inmediato, pues en este caso se proveerá meramente hasta donde la 
necesidad lo exija. (Cfr. Norm. gen., c. 5.) 



102 BOLETÍN CANÓNICO 

El principal auxiliar del Prefecto es el Secretario, que suele ser, aun- 
que no siempre, un Prelado, por lo común Arzobispo titular. En las 
Congregaciones cuyo Prefecto es el Papa, el Secretario es un Cardenal, 
el cual preside la Congregación cuando el Papa no lo hace personal- 
mente. En estas Congregaciones el Asesor desempeña la mayor parte de 
las funciones que en las otras ejerce el Secretario. 

B) Naturaleza de su jurisdicción. 

260. La jurisdicción que, con arreglo á la Const. Sapienti consilio, 
compete á las Congregaciones es ordinaria, y no delegada. Cfr. Fagna- 
ñus, in cap. Cum olim, De maj. et ob., n. 64 sig.; Wernz, Jus Decretal., 
vol. 2, n. 654; Analectaj. /?., vol. 1, col. 2.369, sig. 

261. No es ordinaria la que sólo ejercen en virtud de facultades espe- 
ciales y extraordinarias, ó aquella para la que necesitan de especial au- 
diencia ó particular mandato del Papa. 

262. Durante la vacante de la Silla Apostólica conservan las Sagra- 
das Congregaciones su jurisdicción ordinaria, de la cual pueden usar 
libremente en la concesión de gracias de menor importancia. En cuanto 
á los asuntos más graves ó controvertidos, si pueden éstos diferirse no 
los resuelven, sino que los difieren hasta que haya nuevo Papa. 

263. Pero si el asunto no sufre dilación, entonces el Sacro Colegio lo 
remitirá al Prefecto y á algunos de los Cardenales de la Congregación 
á que pertenezca tal asunto, ó á la cual probablemente lo hubiera come- 
tido el Papa, los cuales, después de estudiarlo y discutirlo, resolverán 
provisionalmente, hasta que sea elegido nuevo Papa, lo que estimen 
más acertado y más conforme á derecho. 

264. Así consta de la Const. de Pío X. Vacante Sede Apostólica 
(25DÍC. 1.904), art. 23-25. 

«Sacrae Congregationes, eadem Sede vacante, nullam potestatem habent in lis, 
quae Sede plena faceré et expediré non possunt msi fado verbo cum SSmo. vel ex 
audientia SSmi.y vel vigore specialium et extraordinariarumfacultatum, quae a Roma- 
no Pontífice earumdem Congregationum Praefectls vel Secretaríis concedí solent». 

265. »Facultates vero quae ipsis per Litteras apostólicas attributae sunt, et proinde 
tamquam ordinariae atque ipsarum Congregationum propriae censentur, eae morte Re- 
maní Pontiflcis non extinguuntur. 

266. vVolumus tamen ut his facultatibus ordinariis Sacrae Congregationes solum- 
modo in iis gratiis concedendis, quae minoris momenti sunt, libere, pro rei opportu- 
nitate, utantur. In iis vero expediendisdefiniendisque negotiis quaegraviora vel contro- 
versa esse videntur, illud statuimus, ut, si res talis sit, quae in aliud tempus differri valeat, 
futuro Pontiflci reservetur omnino: sin autem nullam admittat moram, tune S. Collegio 
Goncedimus ut commitere possit negotium Praefecto et aliquot alus Cardinalibus ejus 
Congregationis, ad quam Pontifex illud examinandumverisimilitercommisisset,qui, ne- 
gotio accurate discusso, ea desuper decernere possint, per modum tamen provisionis, 
doñee eligatur Pontifex, quae, juxta datam sibi a Domino prudentiam, juribus et ratio- 
nibus ecclesiasticis custodiendis ac tuendis apta et consentanea censuerint.» (Cfr. Acta 
Pii X, vol. 3, p. 251-252.) 



BOLETÍN CANÓNICO 103 

267. Sin embargo, si no se trata de cosa grave y urgente, no suelen 
despacharse asuntos con la firma del Cardenal Prefecto, durante el Con- 
clave. Card. De Laca, Relatio Curiae Romanae, disc. 3; Analecta J. /?., 
1. c, col. 2.371, slg. 

268. Los asuntos que sólo suelen llevar la firma del Secretario (véase 
el núm. 294) continúan despachándose aun durante la vacante de la 
Sede Apostólica. Lega, 1. c, n. 28 (p. 26). 

N. B. Cuando ocurra un asunto y se dude de la Congregación á 
cuya jurisdicción pertenezca, toca á la Sagrada Congregación Consis- 
torial resolver y fallar dicha duda. (Const. Sapienti consilio.) 

Pero si la duda recae sobre si el tal asunto es ó no de la competencia 
del Santo Oficio, esta Congregación, y no la Consistorial, es la llamada á 
resolver y dar el fallo. (Norm. pee, c. 7, n. 6.) 



D) Modo de proceder, 

269. Las resoluciones se toman en las Congregaciones por mayoría 
de votos, y si hay empate se difiere la resolución y se responde Dilata. 

270. Es costumbre que el Cardenal que asiste por vez primera á la 
Sagrada Congregación se abstenga por modestia de dar su voto. Lega, 
De judiciis, vol. 2, n. 104 (p. 111). 

271. Como las Congregaciones proceden á manera de tribunales co- 
legiados, requiérese para la validez que asistan cuando menos tres Car- 
denales. (Sixto V, Const. Immensa.) 

272. El Santo Oficio puede proceder aunque sólo asistan dos Carde- 
nales, con tal, por supuesto, que ambos convengan en la resolución que 
debe darse al asunto. (S. Pío V, motu pr. Cumfelicis, año 1566.) Véase 
más abajo el n. 327. 

273. Para los asuntos que por su gravedad han de tratarse en la Con- 
gregación plena, escribe el Secretario un foliOj en el que presenta en 
compendio la cuestión, con las razones que deben tenerse presentes, 
para la resolución, así como un breve sumario y las dudas que deben 
resolverse. (Norm. pee, c. 4, n. 2.) 

274. Además, para los asuntos más graves debe pedir el parecer de 
uno ó dos Consultores, el cual se añadirá al folio. (Ibid.) 

El voto de los Consultores es sólo consultivo, no deliberativo, aun- 
que suele tenerse siempre en mucha consideración. Ejercen gratis su 
oficio. Lega, De judiciis, vol. 2, n. 94 (p. 98). 

275. Todos estos documentos se han de imprimir y entregar á los 
Emos. Cardenales por lo menos diez días antes de aquel en que haya de 
reunirse la Congregación. (Norm. pee, c. 4, n. 4.) 

276. En los asuntos más graves suele pedirse el voto corporativo de 
todos los Consultores reunidos. Algunas Congregaciones suelen habi- 



104 BOLETÍN CANÓNICO 

tualmente tener tales reuniones. (Norm. pee, c. 4, n. 6.) Véase el nú- 
mero 323. 

277. En la Congregación plena el primero que habla es el Cardenal 
ponente, ó relator, si lo hay; el último el Cardenal Prefecto ó el que 
hace sus veces; los demás Cardenales hablan por orden de antigüedad. 
(Ibid.^n.l.) 

278. Los acuerdos, sean por unanimidad, sean por mayoría de votos, 
deben escribirse en seguida, leerse y aprobarse inmediatamente antes de 
levantarse la sesión. (Ibid., n. 8.) 

279. Si el asunto es de tal naturaleza que para su valor deba darse 
cuenta de él al Papa, si Su Santidad modificare el acuerdo de la Sagrada 
Congregación se les notificará esto, para que les sirva de norma, á los 
Emos. Cardenales en la reunión plenaria próxima. (Ibid., c. 5, n. 2.) 

280. Si ninguna cosa obsta, las sentencias de las Sagradas Congre- 
gaciones se publican inmediatamente por orden del Secretario en la res- 
pectiva secretaría, y de ellas se da copia impresa ó manuscrita á todos 
los Cardenales de la Congregación presentes en Roma. (Ibid., c. 4, n. 9.) 

281. Contra las sentencias de las Sagradas Congregaciones, como 
Tribunales Supremos que son, no se da apelación propiamente dicha; 
sino solamente beneficio de nueva audiencia, el cual debe pedirse dentro 
de diez días desde que se publicó la sentencia. (Ibid., n. 10.) 

282. El conceder ó negar dicho beneficio, según lo pidan las circuns- 
tancias, pertenece al Cardenal-Prefecto, después de haber oído el pare- 
cer del Congreso; pero si la sentencia lleva la cláusula et amplias (non 
proponatur), la concesión toca á la Congregación plena, (fbid.) 

E) Costas. 

283. En cuanto á las costas de las causas que se tratan en las Sagra- 
das Congregaciones, por lo general cada parte paga las suyas. 

Pero en las causas en que una de las partes sea declarada en contu- 
macia ó rebeldía, si después quiere que se vuelva á ver la causa, deberá 
ó justificar su contumacia, ó depositar una cantidad conveniente de di- 
nero para pagar los nuevos gastos que se originen á la Sagrada Congre- 
gación y á la otra parte. 

284. El mismo depósito previo debe exigir el Cardenal Prefecto á la 
parte que temerariamente pretenda que la causa se vea en Congregación 
plena. {Ibid., c. 4, n. 1 1 .) 

F) Congreso y Congregación plena. 

285. En cada Congregación pertenece á ésta en pleno la resolución 
de todas las cuestiones ó dudas relativas á la interpretación del derecho 
el examen de las controversias administrativas y disciplinares más gra- 



BOLETÍN CANÓNICO 105 

ves, ya por su naturaleza ya por razón de las circunstancias; el de las 
gracias y facultades de mayor importancia; de las extraordinarias en 
sí ó en cuanto al modo, y todas las instrucciones y prescripciones de 
carácter general y público. 

«In sacris ómnibus Congregaííonibus communiter judicio Patrum Cardinalium, 
quibus ipsae constant (vel, uti vulgo dicitur, plenae Congregationi), est reservata solu- 
tio dubiorum omníum aut quaestionum de jure interpretando; examen controversia- 
rum ordinis administrationem ac discipiinam spectantis, vel per se vel adjuncta gravio- 
rum; disceptatio de gratiis ac facultatibus majoris momenti, iisdemque vel per se vel 
rationi modi insuetis; acta deníque omnia publici ordinis atque communis, sive prae- 
ceptiones ea sint sive praescriptiones.» (Norm. pee, c. 2.) 

286. Al Congreso corresponde preparar los asuntos que han de lle- 
varse á la Congregación plena; cuidar de la ejecución de las decisiones 
después que hayan sido aprobadas por el Papa; aplicarlas á los casos 
análogos cuando la cosa es clara, obvia y sin género de duda; conceder, 
con arreglo á la potestad recibida del Papa, las facultades, gracias é in- 
dultos que sean de costumbre y no ofrezcan dificultad; cuidar de que las 
cosas todas de la Congregación procedan rectamente según las normas 
generales y particulares y con arreglo á lo prescrito por la Constitución 
Sapiente consilio. 

«Ad Congressum pertinet ea praeparare quae ad plenam Congregationem erunt de- 
ferenda; deliberata exsequi post approbationem Summi Pontificis; eadem casibus aptare 
similibus, ubi res perspicua sit, obvia, nullique objecta controversiae; largiri, pro po- 
testate á Pontífice Máximo facta, facultates, gratias, indulta, quae consueta sint et faci- 
lia; providere ut quae in Officio geruntur, omnia rite procedant secundum normas tum 
communes tum peculiares hujus legis, et Const. Sapienti consilio,» (Ibid.) 

287. El Congreso suele reunirse una ó dos veces por semana en casa 
del Cardenal Prefecto. 

288. Los asuntos menores que no ofrecen ninguna dificultad se re- 
dactan en forma por los oficiales de secretaría y se despachan con la 
firma del Prefecto y del Secretario. Si ofrecen alguna dificultad se discu- 
ten en el Congreso, y después de la conveniente deliberación se despa- 
chan; pero si del examen y discusión aparece que la cosa es más grave, 
se reserva para la Congregación plena. 

289. Nótese que tanto las resoluciones de la Congregación plena 
como las del Congreso se expiden con el nombre y autoridad de la Sa- 
grada Congregación. Cfr. Lega, De judie, vol. 2, n. 96. 

G) El Secretario y Subsecretario. 

(NORM. PEC, C. 6.) 

290. Pertenece al Secretario el cuidado de que los asuntos se des- 
pachen con la prontitud y diligencia convenientes, según las normas tra- 
zadas. 



106 BOLETÍN CANÓNICO 

291. Á él toca de un modo particularel estudio de los asuntos, en es- 
pecial el de los más graves, y el cuidado de que se escriban las cartas y 
rescriptos que á ellos se refieran. 

292. Encarga á los Consultores el estudio de las causas ó posiciones 
para que den su voto, y los convoca cuando lo juzga oportuno y los 
preside. 

293. Asiste á las Congregaciones de los Cardenales, anota en forma 
las resoluciones, y hace relación al Papa en los días que para eso se le 
señalen. 

294 En ausencia del Cardenal Prefecto, tócale á él presidir y go- 
bernar el Congreso. Generalmente suscribe las actas de la Congregación 
con el Cardenal Prefecto. 

295. Debe entregar al Director de Acta Apostolicae Sedis los de- 
cretos de la Congregación que deben promulgarse, y, con el consenti- 
miento del Prefecto, los que sea útil divulgar, firmándolos en ambos 
casos de su mano, ó haciéndolos firmar á otro oficial de su orden para 
que hagan fe. 

296. Tanto si ha de comunicar ó enviar algo á otro Oficio, como 
siempre que ocurra algo grave ó urgente debe avistarse con el Cardenal 
Prefecto. 

297. El Secretario tiene también cuidado especial de la parte eco- 
nómica, y resuelve si los despachos deben entregarse antes ó después de 
cobradas las tasas ó expensas. 

198. El Subsecretario ó sustituto ayuda al Secretario en lo que este 
le encarga y le suple en ausencias y enfermedades. 



COlfSTITüCM ^COMMISSÜM NOBIS», POR LA QUE PÍO X COPEM El «YETO= 
m LA ELECCiOl DEL ROMASO PONTÍFICE í^) 



F) El veto hoy más que nunca carece de fundamento razonable. 

12. Si, como hemos visto, el veto nunca ha sido un derecho legí- 
timo, sino una extralimitación de la autoridad civil, hoy, como observa 
Pío X, dicha intrusión está más que nunca, por efecto del cambio de cir- 
cunstancias, destituida de todo fundamento de razón y de equidad. 

73. Porque de parte de la Santa Sede las cosas han cambiado nota- 
blemente. 

Compréndese de algún modo que cuando el Papa tenía en su mano 
toda la fuerza material que los Estados Pontificios y las alianzas con 
otros príncipes ponían á su disposición, se preocupara políticamente de 



(1) Véase Razón y Fe, vol. XXIV, p. 501. 



BOLETÍN CANÓNICO 107 

las cualidades del futuro Papa, España, por ejemplo, que tenía en Italia 
tantos estados y tan grandes intereses, á los cuales podía perjudicar ó 
favorecer mucho, en cuanto era Soberano temporal, el Pontífice que re- 
sultara elegido, como más de una vez lo demostró la experiencia. 

74. Lo mismo puede decirse hasta cierto punto de Austria, y también 
de Francia, á lo menos por la enemiga que ésta siempre tuvo contra Es- 
paña y por sus pretensiones sobre diversos estados de Italia. 

75. Mas ahora que el Papa, á ciencia y paciencia de esas mismas na- 
ciones, se ve inicuamente desposeído de todos sus Estados y prisionero 
en su propio palacio, ¿qué razones pueden justificar tales intrusiones, 
como no sea la de ayudar á los verdugos del Padre Santo en la conso- 
lidación del inicuo despojo, é impedir á la augusta víctima la justa rei- 
vindicación á que tiene derecho sacratísimo? 

76. Por parte de los Gobiernos no es menor el cambio de circuns- 
tancias. En aquellos príncipes, por lo común sinceramente católicos, 
muchos de los cuales pusieron al servicio del catolicismo cuanto eran y 
cuanto tenían, y cuyas leyes estaban inspiradas en los principios cris- 
tianos, bien pueden presumirse sinceras intenciones de procurar el bien 
de la Iglesia, aunque en el modo se extralimitaran. 

77. Así se ve que un Carlos V, por ejemplo, escribió á los Carde- 
nales congregados en el Conclave de 1549: «Proinde Rev. Paternitates 
Vestras summopere et hortamur et obtestamur, ut huic reí omnem curam 
et cogitationes omnes impendant, atque Dei imprimís causa, deposito 
omni humano affectu in deligendo novo Pontífice hunc solum praestare 
velint (quicumque tándem ille talis est), qui mérito Ecclesiae Dei utilis et 
commodus censeatur.» Eisler, 1. c, pág. 47. 

78. Felipe II, en 8 de Enero de 1560, decía á su Embajador que no 
nombre ni excluya á ninguno de los que fueren aptos, y termina con estas 
palabras: «Se cono2ca por todos que no queremos otra cosa que el bien 
público y que la elección se haga con la libertad que se requiere y sin 
tener respeto á ningún interés temporal.» Cfr. Ferreiroa, 1. c, vol. 9, 
pág. 194. 

Todavía son más hermosas las que el mismo Felipe II escribió al 
Duque de Sesa, Embajador en Roma, con fecha 31 de Diciembre de 1590: 
«Para llegado el caso, habéis de tener entendido, como ya lo sabéis de 
otros, que lo que yo desseo es que se elija y presida en la Iglesia de Dios 
el que ubiese de ser mejor para ella, y éste habéis de procurar que salga 
y desviar el que se entendiere que no conviene al bien público, yendo 
siempre con esta máxima: que no se ha de tener por bueno para mi, por 
otros respetos, el que no lo ha de ser para la Iglesia y el bien de la cris- 
tiandad. Porque además que se han ya puesto de manera las cosas que 
se ha hecho causa común la de la Iglesia con la mía, quando fuera lo 
contrario prefiriera yo el buen govierno delta á mis particulares, con 
ayuda de Nuestro Señor. Mas pues Él ha sido servido que anden estas 



108 BOLETÍN CANÓNICO 

dos cosas juntas, confío también de su bondad que el que se entendiere 
que ha de andar muy á una conmigo, siendo bueno en las demás partes, 
no le dexará de importar esta calidad para el bien común. ^> Cfr. Hinojosa, 
Los despachos de la diplomacia pontificia, vol. 1, p. 414, nota. 

Por su parte los teólogos consultados por el Rey y por el mismo Em- 
bajador decían expresamente en 1574: «Pero porque ésta es materia pe- 
ligrosa y ocasionada á mucho daño de las consciencias, y por su interesse 
particularmente suelen los hombres atropellar la razón y ley de Dios, ó á 
lo menos dexarse engañar teniendo por mejor lo que les es á ellos más útil, 
por tanto, débense sumamente advertir dos cosas. Una, cuanto á la in- 
tención, que en todas maneras se procure el bien de la cristiandad antes 
que el particular interesse, porque si por fines particulares se excluyese 
el que es más conveniente á la Iglesia, ó se incluyese el que es menos 
inconveniente, sería sin duda grave ofensa de Dios y de la Iglesia é in- 
justicia contra el excluido. La otra advertencia, cerca de los medios, es 
que de tal modo se pongan, que dexen en su entera libertad á los elec- 
tores; de suerte que les conste claramente que su príncipe sobre todo 
pretende el servicio de Dios, y que si juzgan ser contra su consciencia 
dar su voto al tal ó quitárselo al tal, no es la intención de Su MagA que 
hagan en modo alguno contra su consciencia, ni se tendría por de- 
servido quando, siguiendo el dictamen de su consciencia, no hizieren lo 
que se les pide. En esta parte, podría ser que los embaxadores exce- 
diesen poniendo más fuerza de la que sufre la libertad de juezes y elec- 
tores, mayormente en acto tan importante á la cristiandad.» Hinojosa, 
l.c.,pp. 417-418. 

79. También en el Conclave de 1657, en que fué elegido Clemente XI, 
dijo el Embajador francés en nombre de Luis XIV, que éste no excluía á 
nadie y sólo deseaba ver la tiara en la cabeza de quien «per i sentimenti 
pii e desinteresati possa governare la Chiesa con la giustitia necessaria 
tra le corone e lontano de tutte le partialitá fatigare airaccrescimento 
della sola gloria di Dio». Cfr. Eisler, 1. c, c. 312. 

Véase también lo. que en 8 de Marzo de 1730 escribía Carlos VI de 
Austria al Sacro Colegio reunido en Conclave para dar sucesor á Bene- 
dicto XIII: «Ne alium, nisi quem nos vosque jugiter optamus, vigilantem 
ac zelotem pastorem, providum ac pacificum cathedrae Petri antistitem, 
equum, justum et timoratum ómnibus unum Patrem, morum sanctitate, 
animi moderatione, doctrina et sapientia fulgentem eligatis, qui tem- 
porum felicitati consulere adque singula protinus erigere adque restau- 
rare valeat.» Cfr. Eisler, 1. c, p. 321. 

Seis días antes había escrito Felipe V de España, manifestando, entre 
otras cosas, que había mandado hacer rogativas públicas para el feliz 
éxito de la elección del futuro Papa. Ibid. 

80. Pero ¿qué móviles favorables al catolicismo pueden impeler á 
mezclarse en la elección del Papa á unos Gobiernos inficionados del 



BOLETÍN CANÓNICO ' 109 

virus del liberalismo y complacientes con los carceleros del Papa? 
De éstos no siempre será temerario sospechar que siguen las teorías 
de los regalistas del siglo XVIII, manifestadas por Galiani, el cual, con 
ocasión del Conclave en que fué elegido Clemente XIV, escribía á Ta- 
nucci en 13 de Febrero de 1769: «Todo Papa es enemigo nuestro; será la 
instrucción de V. E. al buen Orsini.» Y en 20 del mismo mes añadía: 
«Francia, según su costumbre, querrá mezclarse en hacer un Papa, cre- 
yendo hacer uno bueno y á propósito, como si tales Papas pudiesen exis- 
tir... Cuanto más hombre de bien sea el nuevo Papa, más daño hará.» 
Cfr. Ferreiroa, 1. c, vol. 10, p. 350. 

81. Hoy, claro está, que Francia no pretenderá ese derecho, hallán- 
dose en abierta rebelión con la Iglesia. Pero ni España ni Austria tienen 
ya sombra de razón para reclamarlo. 

82. ¿Cómo va en España, por ejemplo, á querer inmiscuirse en la 
elección de la cabeza de la Iglesia un Moret ó un Canalejas ó un Ro- 
manones, cuando sean poder, siendo su programa de libertad de cultos 
y acariciando proyectos tan hostiles á la misma Iglesia? 

83. Nótese además que estas naciones, hoy nada escrupulosas, im- 
ponen el veto, no porque tal vez juzgan que esto es conveniente para los 
intereses de sus subditos católicos, sino por complacencias diplomáticas 
para con sus aliados, con lo cual veríamos al Gobierno de Austria impo- 
ner el veto por exigirlo así Italia ó Alemania; lo que equivale á dejar in- 
miscuirse en el gobierno de la Iglesia á sus más acérrimos enemigos y á 
los mismos herejes declarados. 

84. Además, ¿sus Gobiernos no se llaman liberales? ¿No están procla- 
mando á cada paso el principio de libertad é independencia y el de no 
intervención? ¿No acusan falsamente á la Iglesia de querer inmiscuirse en 
los asuntos del Estado, y le niegan, con título de independencia del poder 
civil, la legítima intervención que le corresponde en los asuntos de fuero 
mixto? Pues sean consecuentes y dejen en libertad á la Iglesia, y no quie- 
ran inmiscuirse en asunto que á todas luces es extraño á su compe- 
tencia. 

85. Á este cambio general de circunstancias se debe indudable- 
mente la extrañeza que causó en todo el mundo el veto pronunciado en 
el último Conclave (1). Á todos pareció, dice el Cardenal Mathieu, una 
especie de anacronismo chocante, sólo comparable con los planes y pro- 
cedimientos más anticuados que se hayan podido jamás echar en cara á 
los que vienen de un largo destierro sin haberse enterado de lo que du- 
rante él ha ocurrido en la patria. 

(1) He aquí el texto tal como lo publicó el Card. Mathieu, que asistió al Conclave: 
«Honori mihi duco, ad hoc officium jussu altissimo vocatus, humillime rogare Ve- 
stram Eminentiam, prout Decanum Sacri CoUegii Eniinentissimorum Sacrae Romanae 
Ecclesiae Cardinalium et Camerarium S. R. E. ut ad notitiam suam percipiat idque noti- 
ficare et declarare modo officioso velit: nomine et auctoritate suae Majestatis Aposto- 



lio BOLETÍN CANÓNICO 

*Nous ne voulons pas ajouter une dissertation á toutes celles qui ont déjá été edi- 
tes sur le veto. Nous constaterons seulement qu'il produisit sur les cardinaux d'abord, 
et ensuite sur tous les juges compétents l'effet d'un anachronisme choquant, compa- 
rable aux propos et aux procedes les plus arriérés qui alent jamáis été reproches aux 
revenants de l'emigration.» 

Cfr. Vidal (Gabriel), Du veto d'exclusion, p. 158 (Toulouse, 1905). 
(Continuará.) 



SAGRADA CONGREGACIÓN DEL CONCILIO 



No consta que el Clero Castrense de España esté obligado 
á aplicar la Misa pro populo. 

A esta Sagrada Congregación propuso el limo. Obispo titular de 
Sión, como Provicario general castrense, lo siguiente: «Castrensem clerum 
hispanicum, vi dudum receptae consuetudinis, festis quibusque diebus 
Missam applicare pro populo, quum se minime exclusum putet a gene- 
rali praescriptione, facta iis qui curae vacant animarum. Verum cum 
gravi et rationabili dubio circa praedictam obligationem det locus, tum 
natura ipsa privilegiatae jurisdictionis castrensis, tum in clero castrensi 
defectus canonicae institutionis parochorum, tum demum carentia hujus- 
modi obligationis in Bullis institutionis castrensis, Episcopus orator im- 
plorat hac de re declarationem juris constitutivam.» 

Propuesta en 22 de Mayo del corriente año dicha duda bajo la si- 
guiente fórmula: An clerus castrensis in Híspanla teneatur Missam pro 
populo applicare in casu, la Sagrada Congregación contestó: Ex dedu- 
ctis non constare de obligatione. 

OBSERVACIONES 

I."" Aunque la Sagrada Congregación se limita á declarar que de los 
datos aportados no consta de tal obligación, parécenos que los capella- 
nes castrenses pueden tuta conscientia dejar de aplicar la Misa pro po- 
pulo, mientras no venga nueva declaración en contrario. 

2.^ Es cosa extraña que en el folio del limo. Secretario, ó en 
el voto del primer Consultor, tal como aparece en Acta A. Sedis, vol. 1, 



licae Francisci Josephi Imperatoris Austriae et Regis Hungariae, jure et privilegio anti- 
quo uti volentis, veto exclusionis contra Eminentissimum Dominum meum carJinalem 
Marianum Rampolla del Tindaro. 

«Romae, 2 Augusti 1903. 

»t J- Card. PuzYNA.» 

(Cfr. Vidal, 1. c, p. 156, 157.) 



BOLETÍN CANÓNICO 111 

pág. 553, se lea: «lam vero, ceteris praetermissis, auctores non desunt, 
quibus arrisit sententia deobligans capellanos castrenses hispanos ab 
applicanda Missa, v. gr., Mack (sic), Tesoro del sacerdote, 12 
ediz., p. 447; Moran, Theol. mor., lib. 6, tract. 4, p. 343; Várela, Lux 
canónica, n. 4, t. 3.» Decimos ser esto extraño, porque precisamente 
los tres únicos autores que ahí se citan en favor de que el clero castrense 
español no está obligado á aplicar la Misa pro populo, dicen todo lo 
contrario, es á saber, afirman que sí que está obligado á dicha aplica- 
ción. Véase también Martínez, Manual del Clero Castrense, p. 44. 

¡. B. Ferreres. 



EXAMEN DE LIBROS 



The Catholic Encyclopedia. — Enciclopedia católica, obra internacional de 
consulta sobre la constitución, doctrina, disciplina é historia de la Iglesia cató- 
lica, editada por Ch. G. Herbermann, doctor en Filosofía y Derecho; 
E. A. Pace, doctor en Filosofía y Teología; Conde B. Pallen, doctor en Fi- 
losofía y Derecho; T. J. Shahan, doctor en Teología; J. Wynne, S. J., con el 
concurso de una numerosa colaboración. Quince tomos en folio menor. Volu- 
men I, Aachen-Assize; vol. II, Assize-Brownr; vol. III, Brow-Clancy; vol. IV, 
Cland-Diocesan. Con aprobación de la Autoridad eclesiástica. Nueva York, 
Robert Appleton Company. 

Esta Enciclopedia, que honra verdaderamente á los católicos norte- 
americanos, y puede servir de indicio de su gran pujanza intelectual y 
material, se propone ofrecer á sus lectores entera y autorizada informa- 
ción, en toda la esfera de los intereses católicos, así en lo tocante á la 
acción como á la doctrina. Cuanto la Iglesia enseña y ha enseñado; 
cuanto hizo y continúa haciendo por los intereses y bienestar de la Hu- 
manidad; sus procedimientos antiguos y modernos; sus luchas, sus triun- 
fos y los éxitos de sus hijos, no sólo para su inmediato provecho, sino 
para extender y ahondar toda verdadera ciencia, literatura y arte: todo 
eso cae dentro del plan de la nueva Enciclopedia católica, la cual no se 
ciñe, por consiguiente, á las cosas eclesiásticas, sino abraza cuanto los 
católicos han hecho, así para fomento de la moralidad y beneficencia, 
como también para el desarrollo intelectual y artístico del humano linaje. 
En una época en que se pretende demostrar, que los principios católicos 
son una remora para el progreso de la cultura, atiende especialmente á 
consignar todo lo que los católicos han llevado á cabo para adelantar 
cada uno de los ramos de los humanos conocimientos. 

Aun cuando es muy difícil, en el examen de una obra de este género^ 
descender á la apreciación particular del valor científico de cada uno de 
sus innumerables artículos, la Enciclopedia católica nos ofrece en esta 
parte una cualidad, que en gran manera nos facilita su estimación; como- 
quiera que en ella todos los artículos van firmados por su autor, y basta 
pasar los ojos por la lista de colaboradores que contribuyen á la 
composición de cada tomo, y se enumeran al principio de él, para con- 
vencerse de que los editores han tenido solicitud de acudir, no sólo á 
personas de los países de cuyas cosas se trata, y de las profesiones á 
que cada uno de los artículos atañe, sino aun á las más concretas espe- 
cialidades de reconocida eminencia en cada punto particular. Así, para 
no alegar sino un ejemplo, nos ha producido grata sorpresa encontrar. 



EXAMEN DE LIBROS 113 

acerca del seudo-Dionisio, un artículo de nuestro hermano y amigo el 
P. J. Stiglmayr, profesor del Colegio Stella Matutina de Feldkirch, que 
anteriormente había dedicado á dicho punto de crítica histórica y teoló- 
gica un estudio muy apreciado en Alemania. Aun cuando no pertenece 
todavía á los tomos que aquí examinamos, podemos adelantar asimismo 
que, para la historia del célebre monasterio de las Huelgas de Burgos, se 
ha acudido á su docto capellán é historiador D. Amancio Rodríguez, el 
cual ha facilitado un substancioso extracto de sus estudios acerca de 
tan interesante fundación, para servir de base al correspondiente ar- 
tículo. 

En los puntos referentes á la Historia de la Compañía de Jesús en 
España, ha colaborado el eruditísimo historiador y muy querido hermano 
nuestro P. Antonio Astráin, S. J., cuya Historia de la Compañía de Jesús 
en la Asistencia de España anda ya en su tomo III; en puntos de Histo- 
ria de España han contribuido el R. P. Fidel Fita y D. Eduardo de Hino- 
josa, ambos de la Real Academia de la Historia; y también nosotros he- 
mos tratado algunos temas referentes á nuestra patria, aunque sin otro tí- 
tulo sino el de que sabe más el necio en su casa que el cuerdo en la ajena. 
En las materias que á España se refieren, hallamos además las firmas del 
R. P. Tirso López, de la Sagrada Orden de San Agustín; la de los Obis- 
pos mejicanos Rmos. Sres. Montes de Oca, Orozco y Jiménez y Plan- 
earte y Navarrete; la del canónigo ecuatoriano D. Tomás Alvarado; de 
D. Manuel García Osuna, de Córdoba; de los PP. Pódeles, Pablo Her- 
nández y Nazario Pérez, S. J., á par de otros apellidos tan españoles 
como los de D. Ventura Fuentes (Nueva York), D. Feliciano Herrera 
(Honduras), López Marcilla (Méjico), etc., etc. 

Los nombres que actualmente gozan mayor celebridad en materias 
de erudición, historia, estudios bíblicos, etc., etc., desfilan en los regis- 
tros de colaboradores de cada tomo: Battandier, Besse, Benigni, Camp- 
bell, Fischer, Fitzgerald, Gasquet, Gietmann, Goyau, Leclercq, Schaefer, 
Vacandard, Otto Willmann, Beccari, Brunetiére, Cabrol, De Smedt, 
Gerard, S. J.; Hagen, Kurth, Maas, Horace Mann, Portalier, Baumgarten, 
Maher, Ojetti, Prat, S. J.; Vermeersch, y otros muchos, menos conocidos 
para nosotros, tal vez por ser menos afines á nuestros estudios. 

En tan prestigiosas firmas, que no van sólo en la portada como ala- 
barderos, sino cada cual al pie de sus artículos, respondiendo de ellos 
y autorizándolos con su nombradía; se halla el más elocuente encomio 
que pudiéramos hacer del carácter serio y científico de obra de tan 
grandes alientos. 

Las condiciones materiales son de primer orden: excelente papel, 
impresión esmeradísima y abundancia de oportunas ilustraciones dividi- 
das en tres clases: viñetas intercaladas en el texto, láminas fototipiadas, 
mapas y láminas en colores. Estas ilustraciones no son tan numerosas 
como las de alguna otra Enciclopedia reciente, pero su adaptación al 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 8 



114 EXAMEN DE LIBROS 

carácter de la obra excluye toda sospecha de haberse utilizado ajenos 
atavíos. 

Finalmente, para facilitar la adquisición de tan magnífica obra, se 
ofrecen cuatro formas de contrato: A, pagando desde luego todo el 
precio; B, pagando la mitad por adelantado y la otra mitad á los seis 
meses; C, en cuatro trimestres, y D, por volúmenes publicados, hacién- 
dose concesiones y rebajas proporcionadas, según la forma de contrato. 
El precio fuerte de la obra, encuadernada en tela, será de 90 dollars; en 
piel(3/4Morocco), 120, y enpiel de lujo (Full Morocco), 225 dollars. Cada 
tomo suelto cuesta: en tela seis dollars, y en piel ocho ó 15, respectiva- 
mente. 

R. R. A. 



Biografía del limo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Agustino 
Recoleto y Obispo de Pasto (Colombia), muerto en opinión de santi- 
wcíu. escrita por el R. P. Fr. Toribio Minquella y Arnedo, de la misma 
Orden y Obispo de Sigüenza. Con las debidas licencias. — Luis Gili, editor, 
librería católica internacional, Balmes, 83, Barcelona, 1909. Un volumen 
en 4.° de XVI-486 páginas. 

Varias veces hemos tenido el gusto de hablar del limo. Sr. Moreno, 
Obispo de Pasto, y siempre con elogio. Pero el mejor y más cumplido 
es el qne hoy podemos consignar después de leída la Biografía que 
acaba de publicar su limo. Hermano el Sr. Obispo de Sigüenza y apo- 
yado en testimonios particulares de los Padres de la Compañía de Jesús 
de Pasto; y es que no sólo el limo. Sr. Moreno se muestra por sus escri- 
tos « ferviente y observante religioso, celoso misionero y prudente y 
vigilantísimo Pastor, dotado de claro entendimiento, carácter enérgico, 
doctrina sana y tierna piedad», como decíamos al dar cuenta de sus 
Cartas, Pastorales, etc. (1), sino también hombre de oración y penitencia, 
«ejemplo de excelente cristiano, de perfecto religioso y de humilde, 
prudente y valerosísimo Prelado, según escribe el limo. Sr. Minguella, 
verdadero apóstol y verdaderamente santo, como se le ha llamado jus- 
tamente, sin dar, claro es, á esta palabra más alcance del que puede 
tener, según la apreciación de cuantas personas le conocieron y trataron, 
dejando á nuestra madre la Iglesia el derecho exclusivo de calificar á sus 
hijos de venerables, beatos y santos» (pág. 128). 

La biografía no es tan completa como algunos desearían, por las 
razones que apunta el ilustrísimo autor en la pág. VIII; pero expresa lo 
bastante para que pueda conocerse el bello carácter moral del Prelado, 
para justificar la frase del mismo autor, al decir que trataba de publicar 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXII, pág. 371. 



EXAMEN DE LIBROS 115 

«la admirable vida de aquel santo varón» (1) y para mostrar con cuánta 
razón se ha estampado en la lápida que cubre su sepulcro en la iglesia 
de su convento de Monteagudo (Navarra), donde éste murió, el siguiente 
epitafio: «Hic jacet Illmus. et Rdmus. Dominus F. Ezequiel Moreno 
Diaz, hujus Collegii Filius ac Rector Episcopus Pastopolitanus in Co- 
lumbia scientiae clarus virtute clarissimus catholicae veritatis propu- 
gnator strenuus ex hac domo ad superos evolavit die XIX Augusti 
anni MCMVI. Oremus pro eo vel ipse pro nobis oret» (2). 

Se divide toda la obra en tres partes. Comprende la primera la vida 
del limo. Moreno, desde su nacimiento hasta su consagración episcopal; 
llega la segunda hasta la muerte del venerable Prelado y la reseña de 
manifestaciones de duelo, alabanzas y vituperios^ que son alabanzas^ 
que con tal motivo tuvieron lugar. La tercera parte trata de las virtudes 
teologales y morales del siervo de Dios y de algunos casos extraordina- 
rios de conversiones y curaciones (cap. IV) atribuidas á su intercesión, 
refiriéndose en la última, hora una curación verdaderamente extraordi- 
naria acaecida este mismo año á 26 de Enero en Granada. 

Toda la obra, muy bien impresa por cierto, con ilustraciones y un 
facsímile del Prelado, se lee con edificación y gusto por la calidad de 
las virtudes y de los hechos que se refieren y por la variedad de los tes- 
timonios ingenuos con que se confirma la narración. Bien poco ha puesto 
el autor de su cosecha, aunque sí escogido, dejando hablar á los que 
conocieron y trataron personalmente al biografiado, y copiando algunos 
trozos de cartas íntimas de éste, en que se revela espontáneamente la 
hermosura de su alma. La parte principal de la biografía se dedica á re- 
señar el apostolado episcopal del limo. Sr. Moreno en Pasto. 

«Pudiera decirse, escribe el insigne autor, que todos los capítulos an- 
teriores de la primera y segunda parte de esta biografía eran el preám- 
bulo de la vida del R. P. é limo. Sr. Moreno. Había venido al mundo... 
para ser lo que la divina Providencia quería que fuese. Obispo de Pasto.* 
Á Pasto y á toda Colombia se consagró por entero el celoso y santo 
Pastor, llegando á merecer el calificativo de Salvador de Pasto (3), y 
aun de la república, por su intervención decisiva para dominar la suble- 
vación del 5 de Octubre de 1904, por la que le felicitaron las autorida- 
des civiles y el mismo jefe del Estado Sr. Reyes (4). La narración de 
los sucesos se va entrelazando con la exposición de las enseñanzas y 
avisos de sus escritos pastorales. Algo indicamos en Razón y Fe al dar 



(1) Razón y Fe, t. XXII, I. c. 

(2) Aquí yace el limo, y Rmo. Sr. Fr. Ezequiel Moreno Díaz, Hijo y Rector de este 
Colegio, Obispo de Pasto, en Colombia, esclarecido en ciencia, muy esclarecido en 
virtud, valeroso defensor de la verdad católica. Desde esta casa voló al cielo el día XIX 
de Agosto de MCMVI. Roguemos por él, ó él ruegue por nosotros. 

' (3) Véase en la pág. 281 el testimonio del P. Justo Reyes, S. J. 
(4) Véase págs. 384 á 386. 



116 EXAMEN DE LIBROS 

cuenta de ellos; pero léanla toda con atención, considérenla despacio 
nuestros lectores y los fieles todos y no se arrepentirán. Algunos, sin 
duda, se formarán idea muy distinta de la que corre todavía sobre el ca- 
rácter del gran Obispo de Pasto. Se le ha presentado siempre ó casi 
siempre como intransigente en absoluto, según indica el limo. Sr. Min- 
guella; intransigente en la doctrina y en los procedimientos, tenaz é in- 
flexible en sus juicios, duro en su trato y aun poco respetuoso con las au- 
toridades. Nada más falso; lo contrario es la verdad. Se muestra, sí, enér- 
gico en el cumplimiento de su cargo pastoral con todos, pero sumamente 
atento con las autoridades, como se ve en su correspondencia, y lleno 
de mansedumbre, caridad cristiana y amor paternal para con sus dioce- 
sanos, no reñido con la prudente severidad en ciertos casos. Fué intran- 
sigente en la doctrina cierta de la Iglesia, no en los procedimientos ni en 
las cosas opinables; defensor acérrimo de la verdad, cuando pensaba 
estar en posesión de ella; pero ante todo amante de la misma y deferente 
al juicio de los otros, si le parecía mejor. Como prueba de lo primero, re- 
fiere el limo. Minguella lo que á continuación copiamos: «Reunióse en 
una población de Colombia una junta ó conferencia de varias personas 
eclesiásticas, y entre ellas el limo. Sr. Obispo de Pasto.— Al tratar— nos 
dice el que por escrito nos facilitó la noticia,— al tratar sobre el modo que 
convenía usar con los llamados liberales, si era más ventajoso ir á ellos 
de frente en la forma que siempre lo hizo el P. Ezequiel, ó bien de una 
manera velada, indicó otro insigne Prelado que lo segundo le daba á él 
mejores resultados. Á esto contestó el P. Moreno las siguientes palabras, 
que indican su grande amor á Dios y á las almas, y dicen también 
que, á pesar de haberle anunciado la experiencia que los paños calientes 
ningún efecto producían en esta clase de enfermos, sin embargo, no pre- 
tende imponer su pensamiento, sino que fija su mirada en Dios y en las 
almas, prescindiendo de su juicio y buscando sólo la gloria divina. Ilus- 
trisimo señor, le dice, los Obispos nada debemos pretender sino llevar 
almas á Jesucristo; si su señoría salva más almas obrando asi, siga en 
esa forma, ya que procediendo de ese modo consigue el fin de nuestra 
misión.^ 

Lo segundo arriba indicado se muestra bien en la carta autógrafa, 
hasta hoy inédita, que recibimos de Su Ilustrísima el año 1903, y que he- 
mos conservado cuidadosamente como recuerdo precioso de un varón in- 
signe, ó, si se quiere, como reliquia de un santo. Público fué y lo re- 
cuerda el ilustrísimo biógrafo, que el Sr. Obispo de Pasto, alabando la 
parte teórica de la obra célebre de su hermano en religión, el limo. Casas, 
Vicario de Casanare, las enseñanzas déla Iglesia sobre el liberalismo, no 
estaba conforme con determinados puntos de la parte práctica, que le 
parecían demasiado benignos, y escribió unas Instrucciones para refu- 
tarlos. El que esto escribe lo sabía, al tener que dar cuenta de la obra 
del limo. Sr. Casas, aunque no hubiese entonces leído las Instrucciones^ 



EXAMEN DE LIBROS 117 

que se publicaron primero en Pasto y luego en Barcelona (1). Así es que, 
para guardar el debido respeto á los dos Ilustrísimos escritores, juzgó 
conveniente exponer con la mayor exactitud que le fué posible y con cierta 
extensión, la doctrina teológico-moral sobre los puntos debatidos, de la 
cual se pudiera fácilmente deducir lo que no parecía tan exacto ó com- 
pleto en uno ú otro de los insignes contrincantes (2). Por eso hubimos 
de tratar principalmente las cuestiones acerca «del uso ordinario de la 
palabra liberal y sobre la obligación de abandonar el partido liberal y 
protestar, según los casos» (3). Pues bien: de este abandono del partido 
liberal (4) trata con especialidad la carta mencionada, que es del te- 
nor siguiente: 

«J. M. J. 

»R. P. Pablo Villada.— Madrid. 

»Mi estimado Padre en Jesucristo: He conocido á V. R. hace tiempo, 
por sus obras, y ahora me he ocupado mucho más de V. R. con motivo 
de la obra del limo. Sr. Casas, y del folleto que escribí contra algunas 
de las cosas que ese ilustrísimo señor enseña sobre práctica, que venían 
á echar abajo las que por aquí habíamos enseñado y practicado con 
hermosísimos resultados. 

»No me acordé de decir en mi folleto de un modo claro, que admito 
con V. R. que un individuo, colocado en circunstancias especiales, no 
esté obligado, por de pronto, á abandonar el partido liberal, si nada hace 
que sea malo de suyo, lo que es difícil, como dice V. R. He mandado esta 
advertencia á Barcelona, donde imprimen mis InstruccioneSf y Dios quiera 
que llegue á tiempo. 

» Según entiendo, parece que está escribiendo de nuevo el ilustrísimo 
Sr. Casas (5). Tiene párrafos en la obra á los que se agarró V. R. para 

(1) Véase Razón y Fe, t. VI, pág. 385. 

(2) Véase Razón y Fe, t. V, pág. 62 y sig. 

(3) Razón y Fe, t. V, pág. 69 y sig. 

(4) Sobre este punto, para hacer ver con mayor claridad y eficacia la conclusión, hu- 
bimos de notar la diferencia esencial entre secta (la religión falsa enseñada por algún 
hombre famoso: la secta de Lutero, etc., según el Diccionario de la Academia) ó asocia- 
ción determinada liberal (v. gr., una sociedad de propaganda del error liberal) y un par- 
tido político liberal. Aquélla, por su misma naturaleza, se especifica por un fin particu- 
lar, de que no pueden menos de participar los que la componen, quienes se declaran 
así sectarios ó liberales; éste, el partido político, si lo es en verdad aunque sea liberal, 
abarca el fin general de la gobernación de la sociedad política, el cual comprende mu- 
chos fines particulares buenos, subordinados á la prosperidad pública de la nación. 
Quienes, por tanto, se adhieran á ese partido, no teniendo ellos en su programa doctri- 
na alguna condenada, podrían lícitamente al hacerlo, separar los fines honestos y 
meramente políticos ó administrativos de los malos y político-irreligiosos, adhirién- 
dose sólo á los primeros y no admitiendo los segundos; separación aue no puede 
hacer el que se adhiere á una secta ó asociación particular. 

(5) Omitimos algunas líneas que se refieren á determinadas personas. 



118 EXAMEN DE LIBROS 

aminorar el mal efecto que pudieran causar ciertas cosas que dice; pero 
¿quién no ve lo que dice sobre ciertas cuestiones? 

» Adiós, Padre mío: me están esperando sus hermanos para que vaya 
á la «tres horas»; es hoy Viernes Santo. Que me encomiende mucho, 
mucho á nuestro buen Jesús, y esté seguro que le ha de corresponder su 
afectísimo en el mismo Jesucrito, S. S., t Fr. Ezequiel, Obispo de Pasto.* 

De gran consuelo sirven siempre las oraciones de los siervos de Dios. 
Que el santo Obispo de Pasto «ruegue por nosotros», como se pide en 
su epitafio. 

P. ViLLADA. 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



BIBLIOTECAgDE PSICOLOGÍA 
[EXPERIMENTAL 

1. Bibliothéque de Psychologie experimén- 
tale et de Metapsychie: Directeur, Ray- 
MOND Meunier, Travail et Folie par les 
Drs, A. Marie et R. Martial, 1 vol. 
XI- 111 pages in-16. Prix, 1 fr.5G.— Le Ha- 
chich, par Raymond Meunier, 1 vol. 219 
pages in-16, avec 3 planches, 3 fr.—L'Evo- 
lution psychique de VEnfant, par le 
Dr. BouQUET, Ivol. lV-111 pages in-16, 
lfr.50.— Bloud, éditeur,^?, Saint-Sulpice, 
Paris (VI), 1909. 

2. Essai sur la Psychologie de la main, 
parN.VASCHiDE,directeur-adjoint du La- 
boratoire de Psychologie pathologique 
de l'Ecole des Hautes-Etudes, avec 37 
planches hors texte, 1 vol. in-8.° V-504 
pages, 12 fr. broché, 13 fr. 50 relié. Mar- 
cel Riviére, éditeur, 31, rué Jacob, Pa- 
ris, 1909.— ¿'i4/2/7ee Psychologique, pu- 
bliée par AlfredBinet, 14«année, 1 vol. 
in-8° VI-500 pages, 15 fr.— Masson et 
Oe, editeurs, 120, Boulevard:Saint-Ger- 
main, Paris, 1908. 

3. Introduction physiologique á l'étude de 
La Philosophie, par J. Grasset, avec 47 
figures dans le texte, 1 vol. in-8° 368 
pages, 5 ír.—L'Esthétique Experimén- 
tale Contemporaine, par Charles Lalo, 
agrégé de Philosophie. 1 vol. in-8° XV- 
208 pages, 3 fr. 75.— F. Alean, éditeur, 
108, Boulevard Saint-Germain, Paris, 
1908. 

4. Estudios psiquiátricos, por el Dr. Ro- 
dríguez-Ponga. Opúsculo en 8.° menor 
de 128 páginas.— Imprenta helénica, á 
cargo de Nicolás Millán, Pasaje de la 
Alhambra, núm. 3. Madrid, 1909. Precio, 
0,50 pesetas. 

5. Psicología experimental y metafísica, 
por el Dr. D. Gregorio González Pi- 
NiLLOS, opúsculo en 12." de 151 pági- 
nas.— Madrid, 1909, librería de los Suce- 
sores de Hernando, calle del Arenal, 11. 

1. El trabajo y la locura y el Ha- 
chich son estudios que propiamente 
pertenecen á la Psiquiatria; La evolu- 
ción psíquica del niño es asunto de 
Psicología pedagógica. El primero es un 
trabajo de inducción en que de las en- 



fermedades observadas en los trabaja- 
dores y de la proporción en que á ellas 
contribuyen las condiciones del oficio, 
las taras individuales, el alcohol, la in- 
fección, la miseria fisiológica y las auto 
y exo-intoxicaciones, se trata de deter- 
minar, no el grado de locura que se 
haya podido originar del trabajo en 
cada caso concreto, sino solamente 
una cierta relación general entre éste 
y aquélla, á saber: la parte que corres- 
ponde al trabajo en el Complexas etio- 
lógico, el número de obreros que pa- 
decen psicosis en comparación con el 
número total de obreros en general y 
de los de algunas profesiones en espe- 
cial. El examen másconcienzudo de este 
interesante trabajo está expresado en 
los cuadros estadísticos, que compren- 
den, por una parte, la estadística, por 
profesiones, de las enfermedades men- 
tales comprobadas en los obreros asi- 
lados en Villejuif, del total de enfer- 
mos desde 1884 á 1900 y de la mitad 
próximamente desde 1900 á 1907; y 
por otra, el tanto por ciento de enfer- 
mos en cada profesión: las industrias 
agrícolas dan á los asilos un contin- 
gente de 5 por 100; las de productos 
químicos, 1,12 por 100, y los S. P. (sir 
profesión), 4,55 por 100. 

— ¿Qué es el Hachich? ¿Cómo lo es- 
tudia el autor? ¿Qué conclusionec 
saca? Tales son los tres aspectos que 
se ofrecen á la consideración del que 
lee el segundo de los libros arriba 
mencionados. El Hachich es un pro- 
ducto tóxico que se extrae de la flo- 
ración del Cannabis indica, y se fu- 
ma, á semejanza del opio, ó se in- 
giere en el estómago en pildoras y ex- 
tractos. M. Meunier lo estudia desde 
el punto de vista químico, geográfico 
é histórico, examinando en sendos ca- 
pítulos las preparaciones orientales y 
productos farmacéuticos, los tomado- 
res del Hachich, la em.briaguez hachí- 
chica, las investigaciones y teorías 
neuro-biológicas, la locura hachíchica, 



120 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



el hachich— el delirio— y la locura, y la 
acción terapéutica del hachich. De 
todo lo cual deduce el autor varias 
conclusiones, siendo las principales 
que el hachichismo crónico origina la 
locura; que el hachich es un veneno 
que ataca á la corteza cerebral y al 
bulbo y pone al individuo en un in- 
tenso estado de sugestibilidad, y que 
la intoxicación por el hachich se pres- 
ta para las manifestaciones del fondo 
subconsciente. 

—El estudio de la Psicología del 
niño ofrece dos dificultades: una ge- 
neral y otra especial. Procede la pri- 
mera de las relaciones, aun no del todo 
conocidas, entre el alma y el cuerpo; 
la segunda proviene de que el niño 
en muchas de sus manifestaciones sen- 
sitivas y conscientes aparece inferior á 
los mismos animales, por no estar aún 
suficientemente desarrollados su en- 
tendimiento y su conciencia. Pero de 
esto mismo fluye en parte el interés 
de este trabajo, porque como la cons- 
titución del niño no ha de perma- 
necer en estado estático, conviene ir 
observando la gradación sucesiva de 
su desarrollo psíquico. Esto es lo que 
ha hecho el autor, examinando en par- 
ticular el estado del niño al nacer, sus 
primeras manifestaciones vitales, el 
desarrollo de los sentidos, marcha y 
lenguaje, hábito, memoria, vida afec- 
tiva, imaginación, fetichismo, imita- 
ción y la evolución de las ideas esté- 
ticas y morales del niño. 

Estos tres trabajitos son fruto de 
mucha observación y repetidas expe- 
riencias; todos tres interesantes, prác- 
ticos, obra de laboratorio y de docu- 
mentación, con datos preciosos y ma- 
terial muy utilizable. 

2. La mano ofrece á la observación 
científica y filosófica ancho campo de 
investigaciones. El arte para las ma- 
nifestaciones de la delicadeza y de la 
elegancia, la medicina para la evolu- 
ción de los procesos mórbidos, la qui- 
romancia para sus adivinaciones y la 
psicología para el estudio del sentido 
muscular la han tenido siempre pre- 
sente. M. Vaschide la considera desde 
el punto de vista experimental, y ha 
escrito sobre ella una monografía llena 
de erudición, informada de espíritu 
analítico y enriquecida con abundan- 



tes datos de la ciencia, psicología, me- 
tafísica, estética, fisiología y medici- 
na, haciendo ver el valor y significa- 
ción de la mano ante estas ciencias. 
Claro está que sería un error creer en 
las tonterías de la quiromancia, que 
por las líneas de la mano pretende 
adivinar la suerte futura y los más de- 
licados matices del carácter; pero hay 
que reconocer que la mano, bien exa- 
minada, puede suministrar argumen- 
tos para inferir, si no con certeza, con 
visos de probabilidad, algunas propie- 
dades del individuo. Porque ello es 
así, que la mano, sobre ser uno de los 
órganos principales del hombre, ofre- 
ce tales diferencias en cada individuo, 
que apenas se encontrarán dos cuyas 
manos tengan la misma precisa con- 
figuración. Y así como la fisonomía 
revela en parte los sentimientos, y la 
grafología, también á veces y en parte, 
el estado de ánimo, tranquilo ó agita- 
do, así la mano, más que en sus líneas 
en sus movimientos puede inducir á 
conjeturas relativamente aproximadas 
de los afectos y pasiones, carácter y 
temperamento. Así sucede que para 
orar se juntan naturalmente las manos, 
para expresar cólera se amenaza con 
la mano levantada, el horror se expre- 
sa con cierta forma de la mano, etc., y 
hasta el hábil operador quirúrgico y el 
diestro violinista muestran con las ha- 
bilidades de su mano las aptitudes de 
su inteligencia y las bellezas de su 
gusto estético. De donde fácilmente 
se infiere que el libro de M. Vaschide 
es de sumo interés y actualidad, y está 
tan concienzudamente trabajado, que 
resultad másacabado que hasta ahora 
hemos leído sobre esta materia. 

— Entre los libros franceses que in- 
forman acerca del movimiento psico- 
lógico experimental figura en primera 
línea L'Année psychologique. El pre- 
sente, que comprende á la 14' année, 
contiene 14 trabajos originales. «El 
desarrollo de la inteligencia en los ni- 
ños», por A. Binet y F. Simón, es un 
estudio práctico, basado en la psicolo- 
gía y de un fin pedagógico. «Las ideas 
de los físicos sobre la materia», por 
L. Houllevique, más que trabajo psico- 
lógico, lo es de cosmología. P. Souriau 
trata de La enseñanza de la Estética», 
reclamando en la clase de filosofía una 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



121 



enseñanza más completa de estética. 
E. Borel se ocupa en el estudio del 
cálculo de las probabilidades bajo el 
aspecto lógico, matemático y psicoló- 
gico. A. Binet echa una mirada á la 
«evolución de la enseñanza filosófica», 
y hace un «ensayo de quiromancia ex- 
perimental». F. Rauh estudia las rela- 
ciones de la Moral con la Biología, y 
G. Cautecor el pragmatismo: «el hecho 
biológico no se debe confundir con el 
moral», y el pragmatismo no tiene «ni 
problema definido, ni método en la 
discusión, ni solución precisa». Tales 
son los principales artículos del libro, 
sin que nosotros participemos de to- 
das las ideas y apreciaciones en ellos 
contenidas. Las memorias originales 
ocupan 431 páginas; el resto, hasta la 
página 500, lo llenan los diferentes 
análisis bibliográficos. 

3. La Introducción fisiológica al 
estudio de la filosofía del Dr. Grasset, 
es un libro en que el autor ha colec- 
cionado las conferencias dadas á los 
alumnos de la Universidad de Mont- 
pellier. Su fin no fué otro que prepa- 
rarlos en los conocimientos fisioló- 
gicos más directamente relacionados 
con los psicológicos, y viceversa. Por 
eso estudia primero el sistema ner- 
vioso, pasa al examen de las funciones 
psíquicas generales, las especiales de 
la vida individual, de la vida social y 
de la vida de la especie, localización 
anatómica de. los centros psíquicos, el 
problema fisiopatológico de la respon- 
sabilidad y la terapéutica de las fun- 
ciones psíquicas. Al fin, en la tercera 
parte de la obra, analiza el elemento 
psíquico en combinación con el ele- 
mento, ora motor, ora sensitivo ó sen- 
sorial. Dentro de este cuadro agrupa 
M. Grasset las cuestiones relativas al 
lenguaje, la emoción y la mímica, la 
función sensitivo-motora general, la 
orientación y el equilibrio, la visión, el 
oído, el gusto, el olfato y las funciones 
de nutrición. Todas las cuestiones las 
trata el autor, no como en un simple 
manual de psicología fisiológica, sino 
con cierta novedad en los varios pun- 
tos de vista que estudia. Lo más origi- 
nal de este libro, y que le ha dado cier- 
ta celebridad, es el famoso polígono 
con que trata de exponer, á su manerala 
distinción entre el psiquismo superior 



é inferior. Según él, estos dos psiquis- 
mos, gráficamente representados en el 
polígono, se hallan condicionados por 
dos grupos de centros nerviosos dis- 
tintos, demostrando que la localiza- 
ción de las funciones psíquicas supe- 
riores se adapta mejor á los hechos y 
se recomienda como principio de inves- 
tigación. Francamente, creemos que la 
concepción es ingeniosa, y sirve para 
la más fácil inteligencia de estas cues- 
tiones, algo obscuras; pero los argu- 
mentos en que la apoya no pueden 
llamarse demostrativos. De todos mo- 
dos, el intento del autor revela un es- 
fuerzo loable y una aptitud nada 
común para sensibilizar los misterios 
psicofisiológicos. 

—El autor de la Estética experi- 
mental y contemporánea se propone 
examinar el método y las investiga- 
ciones de la escuela experimental es- 
tética, representada por el célebre 
psicólogo experimental Fechner. Exa- 
mina los tres aspectos de la estética 
experimental, á saber: hedonismo, em- 
pirismo y experimentación y sus leyes 
respectivas, y deduce en conclusión 
que dicha estética experimental no 
pasa de ser una de las fases necesarias 
para llegar á constituirse la estética 
integral científica. No cabe duda, para 
quien haya leído la Estética experi- 
mental, de Fechner, que el psicólogo 
de Leipzig se muestra deficiente en al- 
gunos puntos por su exclusivismo, por 
su indeterminación y por su criterio; 
es más feliz cuando trata de ordenar 
metódicamente y sintetizar los hechos 
y las experiencias. También en la obra 
de M. Lalo hay que distinguir dos 
partes: la expositiva y la crítica. En la 
primera hay orden, método y fidelidad 
en reproducir los pensamientos de 
Fechner; comprende siete capítulos: la 
estética experimental, principios mate- 
riales y formales del placer, los tres 
métodos de la experimentación esté- 
tica, condiciones de la objetividad de 
la experiencia, principio indirecto del 
placer y combinaciones diversas de 
las leyes estéticas. La segunda abarca 
el estudio de la originalidad de la es- 
tética experimental, valor estético de 
la experimentación exacta, del placer 
y de la asociación. Es de advertir en 
esta crítica que si Fechner exagera el 



122 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



valor del aspecto psicológico como fac- 
tor de la estética, M. Lalo parece dar 
demasiado valor al elemento socioló- 
gico. 

La psiquiatría, ó ei estudio de lo 
que se llaman perturbaciones del 
alma, es sin duda uno de los estudios 
más interesantes. En Alemania prin- 
cipalmente se ha cultivado mucho este 
terreno. No ha mucho que dimos 
cuenta de un opúsculo de esta índole 
que con este mismo título Stórungen 
der Sede (perturbaciones del alma) 
recibimos de nuestro compañero en la 
Universidad de Leipzig P. Bessmer. 
En España hasta ahora han salido 
pocos trabajos de esta naturaleza. El 
presente es como el primer paso que 
el autor da en un camino, que poco á 
poco y de año en año trata de reco- 
rrer. Contiene tres partes: la primera 
trata de la monoidea ó unidad psí- 
quica; la segunda de la aplicación clí- 
nica de la teoría monodeica (leyes de 
irradiación y proyección psíquicas), 
concepto de la psicosis; la tercera 
comprende las historias clínicas. En la 
monoidea el autor se limita á exponer 
ligeramente y como por encima al- 
gunas nociones psicológicas; termi- 
nando con un esquema de la concien- 
cia psicológica, parecido al polígono 
de Grasset. Las leyes, que llama de la 
monoidea, sobre todo algunas, están 
todavía bastante lejos de llegar á la 
categoría de tales; pero es bueno el 
intento del autor de agrupar de algún 
modo los hechos. El verdadero campo 
de los trabajos de psiquiatría es la ter- 
cera parte; el autor explora por vez 
primera ese terreno: ahí es donde 
puede ir demostrando su habilidad: 
primero, en reconocer tendencias y 
caracteres psíquicos, y segundo, en la 
seguridad, rectitud y profundidad de 
interpretación. En lo primero hemos 
tenido ocasión de admirar á uno de 
los más celebrados psiquiatras alema- 
nes; en lo segundo, pareciónos ha- 
llarla deficiente. 

El título de Psicología experimental 
y metafísica equivale en este opúsculo 
al de psicología inferior y superior, 
pues el autor no trata de explicar las 
experiencias psicológicas, y menos las 
de laboratorio. La pretensión del autor 
parece mucho más modesta que la de 



escribir sobre psicología experimental, 
en el sentido novísimo de la palabra, 
comoquiera que se limita á desflorar 
algunas nociones de fisiología, que sir- 
ven de preparación para el estudio de 
la psicología inferior, los conceptos 
más elementales de la vida sensitiva, 
intelectiva y volitiva, y á indicar, en lo 
que llama psicología metafísica, las 
tesis principales de la psicología su- 
perior, como son la substancialidad, 
simplicidad, espiritualidad, inmortali- 
dad del alma, etc., etc. La sencillez y 
sobriedad con que expone las nociones 
hacen el libro recomendable. 

E. U. DE E. 

La Compagnie dejésus en Belgíque; aper- 
gu historique á roccasion du 75^ anni- 
versaire de l'érection de la province 
belge (3 Décembre 1832—3 Décembre 
1907).— Imprimerie Scientifique Charles 
Bulens, rué Terre-Neuve, Bruxelles, 
1908. En 4.° de 216 páginas. 

Para celebrar una fiesta de familia, 
el 75 aniversario de su establecimiento 
como provincia religiosa belga, los 
Padres de la Compañía de Jesús en 
Bélgica idearon publicar este libro, que 
les sirviera de recuerdo, de estímulo, 
de acción de gracias y de argumento 
para responder á los que les pregun- 
taran qué había hecho en Bélgica la 
Compañía de Jesús. 

Perfectamente impreso é ilustrado, 
más que libro es un sumario de un 
libro, en que, con la natural división 
de período antiguo y moderno de la 
Compañía, se nota su establecimiento, 
casas y obras en Bélgica y sus glorio- 
sas misiones extranjeras para el perío- 
do moderno; sin que falten oportunas 
estadísticas de los sujetos, misiones... 

Ojalá aparezca pronto el libro que 
dé la suficiente extensión á este su- 
mario. 



Princesse de Sayn-Wittgenstein. Souve- 
nirs (1825-1907).— París, P. Lethielleux, 
rué Cassette, 10. En 8.° de 182 páginas, 
3,50 francos. 

Llegando ya á los límites de la vida, 
como la ilustre Princesa reconoce, 
tiene el gusto de repasar en su mente 
los sucesos principales de su existen-^ 
cia, unos alegres, otros tristes. 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



123 



Unida la Princesa á la primera no- 
bleza rusa, tuvo ocasión de ver de 
cerca muchas cosas de ordinario ocul- 
tas, que ahora el lector lee con sumo 
gusto, disintiendo tal vez sobre juicios 
formados sobre ciertas personas, v. gr., 
sobre Dupanloup, ya que la amistad 
suele ser mala consejera del entendi- 
miento. 



Tres discursos históricos del R. P. Fidel 
Fita y Colomer, S. J., individuo de nú- 
mero de la Real Academia de la Histo- 
ria. Segunda edición.— Madrid, estable- 
cimiento tipográfico de Fortanet, Liber- 
tad, 29;í1909. En 4.° de 156 páginas.» 

Los discursos pronunciados^en oca- 
siones y sitios diversos son: un pane- 
gírico de la Inmaculada Concepción- 
predicado en la Catedral de Barcelona 
el 8 de Diciembre de 1874; el elogio de 
León XIII, pronunciado en una velada 
de 3 de Marzo de 1903, y el elogio 
asimismo de la esposa de Alfonso VIII, 
Doña Leonor de Inglaterra, leído ante 
la Academia de la Historia el 1.° de 
Noviembre de 1908. 

Mas lo que supera á las tres piezas 
en interés y mérito es la memoria 
histórico-jurídica, que sigue al pane- 
gírico, sobre el tít. II, lib. I de las 
Constituciones de Cataluña y la Co- 
lección diplomática que la acompaña. 

E.P. 



La mujer perfecta, por el R. P. V. Mar- 
CHAL, Misionero Apostólico. Nueva 
traducción por S. P. Vicens y Mar- 
có.— Barcelona, Gustavo Gilí, editor, 
MCMIX. 

Otros antes de ahora han elogiado 
ya esta obrita de extraordinario mérito 
y general aceptación. Pero quizá no le 
hayan tributado toda la alabanza que 
merecen las interesantes materias que 
trata, su oportunidad para nuestros 
tiempos y la manera tan delicada con 
que procede en su desarrollo el celoso 
y prudentísimo autor. 

Es un libro que deben tener y medi- 
tar todas las señoras católicas, y muy 
en particular todas las madres cris- 
tianas. 



Mehr freude. (¡Más alegría!). Una saluta- 
ción de Pascua, por el Dr. Paul Wil- 



HELM von Keppler, Obispo de Rotten- 
burg. Primero á cuarto millar, en 8.'' 
con VI y 200 páginas.— Hender, Fribur- 
go, 1909. En rústica, 1,80 marcos; en 
tela, 2,60. 

Este hermoso y provechoso librito 
es una tirada aparte del último capí- 
tulo de la obra del Sr. Obispo de 
Rottenburg Aus Kunst und Leben (Del 
arte y de la vida). La alegría, tan ne- 
cesaria para el espíritu y aun para el 
cuerpo humano, va desapareciendo del 
mundo, merced á las prematuras con- 
gojas que, en grandes y chicos, pro- 
duce una cultura tan refinada como 
mal orientada. Es, pues, necesario fo- 
mentar la alegría, y para ello recorre 
el autor las razones que tenemos los 
cristianos para estar alegres, y los ca- 
minos para recobrar esa alegría que 
nos roba el moderno desequilibrio de 
nuestra sociedad. 

Platiques de comunió, de Lluis Banús, li- 
cenciado en Teología y Rector de Sant 
Cristófol les Fonts. — Luis Gilí, Barce- 
lona, 1909. En 8.°, con 218 páginas, dos 
pesetas. 

La necesidad de predicar al pueblo 
la palabra de Dios en su propio idioma, 
y el natural deseo del clero catalán de 
extender al lenguaje oratorio el rena- 
cimiento de todos los géneros litera- 
rarios en Cataluña, va moviendo á pu- 
blicar sermones catalanes que ayuden 
á vencer la dificultad, no pequeña, de 
expresar en un lenguaje correcto las 
ideas tomadas comúnmente de autores 
ascéticos que escribieron en otros 
idiomas. En este concepto ha prestado 
un buen servicio á sus compañeros en 
el ministerio pastoral, el licenciado 
D. Luis Banús, publicando sus bre- 
ves Pláticas de Comunión, en número 
de 50, en cada una de las cuales se 
desarrolla un texto acomodado de la 
Sagrada Escritura. 



Ames Juives, par Stéphen Coubé. Un tomo 
en 12.°'con XLVII y 390 páginas. — Le- 
thielleux, París, tercera edición, 3,50 
francos. 

Esta novela fendenciosq, con tenden- 
cia agriamente antisemítica, se ha 
propuesto mostrar en la Historia 



124 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



evangélica la génesis de ese judaismo 
pérfido que se esfuerza por continuar 
la obra del Gólgota, ensañándose en la 
Sagrada Eucaristía y en todo lo que 
ve ungido con la Sangre de Cristo. 
Reservando nuestro juicio sobre este 
movimiento antisemita, que no nos es 
simpático por ser campaña de odios, y 
de odios á carga cerrada contra una 
raza, hemos de manifestar nuestros 
escrúpulos acerca de la licitud de atri- 
buir, en una novela, á personajes his- 
tóricos, por muy aborrecibles que sean 
(Judas, Caifas, Anas), crímenes graves 
que no se sabe cometieran, y aun al- 
gunos que es inverosímil que hayan 
cometido. No faltan en este libro pá- 
ginas bellas y conmovedoras; pero el 
predominio concedido á los caracteres 
perversos le da el aire de caricatura 
de la narración evangélica. Además, 
aunque la novela histórica puede in- 
ventar pormenores y acciones secun- 
darias, tratándose de la Historia evan- 
gélica no parece bien se prescinda 
tanto de la verdad, aun contradicién- 
dola en pormenores, como, v. gr.: que 
Judas no sabía de antemano el lugar á 
donde Jesús se retiró á orar (Jo., 18, 2, 
Sciebat), que á más de los 30 dineros 
se le ofrecieron unos jarrones de oro; 
que las santas mujeres fueron al sepul- 
cro el sábado, etc. Literariamente, de- 
muestra el libro que, se puede ser tan 
notable orador como lo es el abate 
Coiibé sin tener dotes de novelista. 

Lecturas recreativas del Apostolado de 
la Prensa; en hermosos tomos en 8.° 
de 300 á 500 páginas, cada tomo una pe- 
seta.— Madrid, 1909. 

Aunque de ponerse caro algún gé- 
nero literario, ninguno debíamos de- 
sear se encareciera más que la nove' a, 
cuya lectura produce generalmente, 
por lo menos, una pérdida conside- 
rable del tiempo precioso que todos 
los cristianos necesitamos para cosas 
de tanta trascendencia; en la ineludible 
hipótesis de que se publiquen novelas 
baratas, y ante la tremebunda tesis de 
que las más de las que se publican y 
leen por todo género de personas son 
inmorales, hechas para socavar las 
creencias y arruinar las costumbres de 
sus lectores; no se puede desconocer 
que cae bajo la esfera del Apostolado 



de la Prensa surtir á los contumaces 
lectores de novelas de un pasto abso- 
lutamente inocuo, ó por lo menos, no 
tan nocivo; pues el daño de la pérdida 
de tiempo, exaltación desmedida de la 
fantasía, disipación del ánimo y otros 
que sería largo enumerar, apenas 
pueden evitarse en el género nove- 
lesco. 

Las obras oportunamente escogidas 
para dar principio á esta nueva sec- 
ción del Apostolado de la Prensa, son: 

Los njvios (I promessi sposi), de 
Manzoni, traducción de D. Gabino Te- 
jado; dos tomos. Víctimas y vercugos, 
cuadros de la revolución francesa, por 
D. Gabino Tejado; dos tomos. Fabio- 
la, ó la Iglesia de las Catacumbas, por 
el Cardenal Wisemann. La gran amiga, 
por Pierre L'Ermite, traducción de don 
V. Orti y Escolano. La mujer fuerte, 
por D. Gabino Tejado. Ángela, por 
Conrado de Bolanden. Simón Pedro y 
Simón Mago, por el P. Franco, S. ].Ben- 
j amina, por el P. Franco, S. J. Mis 
prisiones, por Silvio Pellico. Las vela- 
das de San Petersburgo, ó Coloquios 
sobre el gobierno temporal de la Pro- 
videncia, por el Conde de Maistre. 

Las dos últimas obras salen del gé- 
nero novelesco á que pertenecen las 
demás, y por ser todas ellas de cono- 
cido mérito literario y moral, nos cree- 
mos dispensados de entrar en más 
extensas consideraciones. 

Quisiéramos poder elogiar tan'in- 
condicionalmente otra publicación no 
menos económica, dirigida por D. Sa- 
turnino Calleja, de la cual hemos reci- 
bido cuatro fascículos que contienen la 
hermosa novela de costumbres cantá- 
bricas Amaya ó los Vascos en el si- 
glo VIII, de D. J. Navarro Villoslada, 
y Brígida, por Carlos Frontaura. Por 
desgracia, en La novela de ahora, que 
alcanza ya la tercera época de su exis- 
tencia, no ha presidido siempre la se- 
lección severa que nos daría facultad 
para recomendarla, como sin duda 
hemos de recomendar el precioso libro 
de Navarro Villoslada. 

Biblioteca Patria. Trozos de vida. Cuen- 
tos originales de Concha Espina de 
Serna.— Tomo LV. (Fuera de concurso.) 

Trozos de vida es otro de los bue- 
nos libros que incesantemente viene 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



125 



publicando la Biblioteca Patria. Palpita 
tanto interés en estas cortas narracio- 
nes, que se comprende sin dificultad 
la razón de haberse puesto el título 
que llevan estos cuadros y escenas de 
la vida real, que tales deben llamarse 
más bien que cuentos de invención y 
fantasía. 



Colección de cuentos morales, escritos 
por D. Francisco Fatou Lucas, maestro 
de primera enseñanza normal y direc- 
tor de la escuela pública de niños de 
Ubrique (Cádiz), con un prólogo del 
Loo. D. Luis Montoto y Rautens- 
TRAUCH. Con licencia eclesiástica.— Se- 
villa, 1909. 

Conocido es el Sr. D. Francisco 
Fatou Lucas por sus bellas cualidades 
de escritor y pedagogo. Pero aspira á 
más: aspira á ser apóstol de la niñez, 
y para conseguirlo pone en manos de 
los niños estos hermosos cuentos mo- 
rales, muchos de los cuales han sido 
justamente premiados en certámenes 
de la Asociación de Maestros de pri- 
mera enseñanza, que lleva el nombre 
de San Casiano y se halla establecida 
en Sevilla. Esta edición económica va 
enriquecida con numerosas ilustracio- 
nes, muy á proposito para niños. No 
podemos menos de recomendar efica- 
císimamente esta obrita , verdadera 
joya literaria, de grato solaz y purísima 
doctrina, y ¡ojalá contribuya su lectura 
á desterrar tantos cuentos insulsos y 
de neutra moralidad como andan en 
manos de la niñez! 



Elisardo Sayans. Intermezzo. 
1909. 



Corufta, 



Elisardo Sayans es un joven literato, 
poeta y polemista. En el estadio de la 
prensa periódica ha luchado y sigue 
luchando con denuedo por los fueros 
de la religión y de la verdad. Muestra 
de ello son los artículos que ha colec- 
cionado en su opúsculo Intermezzo. 



Vida futura, por Gonzalo Cordero Dá- 
viLA. Poema.— Cuenca (Ecuador), 1908. 

Palabras de aliento y cordiales en- 
horabuenas merece ese joven de diez y 
ocho años, que tan bien sabe sentir y 



tan castamente expresar el fuego que 
ha prendido en su puro corazón. De- 
seamos que el novel poeta ecuatoriano 
vea venturosamente realizadas sus no- 
bles aspiraciones, para bien de la reli- 
gión, de la patria y de las letras, y que 
le acompañe en la dicha el varonil y 
cristiano prologuista D. Remigio Ta- 
mariz Crespo. 

Recuerdo del colegio. Lecturas amenas y 
edificantes dedicadas á la juventud de 
los colegios católicos, por la Madre 
María Loyola, Religiosa profesora del 
convento de Santa María de York 
(Inglaterra). Publicado bajo la dirección 
del P. TuRSTON, de la Compañía de 
Jesús. Traducido del inglés por el 
P. Juan Mateos. Con las debidas licen- 
cias.— Luis Gilí, editor, Barcelona, 1909. 

El título de la obra y los nombres 
que en ella figuran recomiendan su 
oportunidad y conveniencia, y son la 
mejor garantía del acierto con que se 
ha llevado á cabo. Su lectura convence 
al lector de que es un excelente libro 
educativo que merece recomendarse 
por su fondo y por su forma. 

El Clasicismo poético de Manuel de Ca- 
banyes. Oración inaugural del curso 
académico de 1908-1909, leída en el Se- 
minario Conciliar de Barcelona por el 
Dr.D. íosé María Baranera, presbítero, 
catedrático de Literatura preceptiva.— 
Barcelona, 1909. 

Con vasta erudición y sano criterio 
examina el ilustrado catedrático de 
Barcelona las distintas acepciones en 
que suele tomarse la palabra clasicis- 
mo, y al adjudicar al insigne poeta de 
Villanueva y Geltrú lo que tiene de 
honroso y elevado esta escuela, vin- 
dica al propio tiempo para la Iglesia 
católica y para los siglos de fe el sen- 
timiento de la belleza y el haber ino- 
culado en el fondo y forma de la poesía 
el esplritualismo cristiano. 

R. R. C. 



Le Soc. Sindicatos agrícolas. Vademécum 
del propagandista. Tercera edición.— 
Zaragoza, 1909. Precio, 1,25 pesetas (Bi- 
blioteca de La Paz Social). Un tomo en 
8.° de VIII-299-VI páginas. 

La recomendación que hicimos de la 
edición anterior puede repetirse con. 



126 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



creces á favor de ésta, que es la terce- 
ra, considerablemente aumentada en 
su parte práctica. En seis meses se 
agotó la primera edición, en ocho la 
segunda y esperamos que la tercera 
exigirá pronto una cuarta. 



Sindicatos y Cajas rurales: su administra- 
ción y contabilidad, por el P. Luis Chal- 
BAUD Y Errazquin, S. J.— Barcclona, Ofi- 
cina de Trabajo de la Acción Social Po- 
pular, Duque de la Victoria, 12 y 14, prin- 
cipal; 1909. Un tomo en 8.° de 408 pági- 
nas, 3 pesetas. 

P^Mil plácemes al P. Chalbaud y á la 
Acción Social Popular por un libro que 
debe estar en todos los Sindicatos y 
Cajas rurales, pues será el hilo de 
Ariadna que los guíe en el laberinto de 
la administración y contabilidad, tan 
importantes para el progreso y éxito 
feliz de esas instituciones. Hemos di- 
cho laberinto, no porque en sí lo sea 
la contabilidad, sino por la poca ó nin- 
guna noticia que de ella tienen á veces 
los que la necesitan, de donde se sigue 
la dificultad que sienten para llevar las 
cuentas. El libro del P. Chalbaud es 
guía que tiene muy en cuenta estas di- 
ficultades, enseñando las cosas más 
menudas á los más rudos y proponien- 
do estatutos, modelos y formularios 
que no hay sino copiar ó pedir impre- 
sos. 



Lesindustries á domicile en Belgique. Vo- 
lúmen'X.—Étade statistique desfamilles 
ouvriéres comprenant des ouvriers d 
domicile. (Office du Travail, Belgique.) 
Un volumen en 4.« de CLXXVII-381 pá- 
ginas. Precio, 4,50 francos.— Bruxelles, 
1909. 

Este volmen es digno complemento 
de los nueve anteriormente publicados 
sobre las industrias á domicilio en Bél- 
gica. Propónese la descripción estadís- 
tica de la composición de las familias 
obreras que por la profesión de algu- 
no de sus miembros se relacionan con 
las industrias estudiadas Dor el Institu- 
to belga del Trabajo en los nueve to- 
mos dichos. Estas familias son 60.898. 
j-L los cuadros estadísticos que llenan 
381 páginas precede un análisis donde 
sé trata del fin que se proDuso en esta 
obra el Instituto del Trabajo, de su 



ejecución y extensión; se estudian la 
composición de las familias obreras y 
los grupos profesionales en ellas, con- 
cluyéndose en los Annexes con un cua- 
dro de la industria á domicilio en Bélgi- 
ca. Analyse y Annexes tienen CLXXVI 
páginas. Es libro que recomendamos 
no sólo á los profesionales, sino á cuan- 
tos de algún modo se interesan en las 
cuestiones sociales y estadísticas.! 

L'Association dans les Métiers et Négoces 
Belges en 1908. (Supplément au Bulletin 
de V office des Métiers et Négoces 1909.) 
Bruxelles, 1909. Un tomo en 4.° de 184 
páginas. Precio, 0,60 francos. 

U office des Métiers et Négoces ha 
reunido en este opúsculo una porción 
de datos referentes á las asociaciones 
profesionales y económicas formadas 
entre artesanos, patronos de la peque- 
ña industria y detallistas. Trae la lista 
de las asociaciones agregadas, por lo- 
calidad primero y después por profe- 
siones, la de los museos profesionales 
(6) y de los periódicos profesionales de 
la pequeña burguesía (45). 

Consejo provincial de Agricultura y Ga- 
nadería de Toledo. Proyecto de Asilos 
agrícolas colonizadores, por Tomás 
Costa Martínez, jefe provincial de Fo- 
mento. Un folleto de 70 páginas en 4.° 
Madrid, 1909. 

El Sr. D. Tomás Costa Martínez, jefe 
provincial de Fomento, propone trasla- 
dar al campo los asilos de beneficen- 
cia provincial, para bien de la agricul- 
tura y de los mismos asilados. Varios 
Consejos provinciales de Agricultura y 
Ganadería, personas respetables y pe- 
riódicos han manifestado su parecer 
sobre el proyecto, ya adhiriéndose, ya 
poniendo reparos; pero reconociendo 
todos los nobles intentos del autor. 
Todo esto se hallará en el folleto que 
anunciamos y que merece atenta con- 
sideración. 

Las huelgas en Barcelona y sus resultados 
durante el año 1907..., por D. Miguel 
Sastre, miembro consultor de la Acción 
Social Popular (Volksverein hispano- 
americano). (Quinto año.) Un tomo en 
4.° de 169 páginas. Una peseta. 

Conrinuando el Sr. Sastre en su me- 
ritísima labor, nos da otro volumen so- 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



127 



bre las huelgas en Barcelona, pero au- 
mentado con nuevas secciones, tales 
como la de la Bolsa del Trabajo, insti- 
tuida en el Fomento del Trabajo Nacio- 
nal, y otras. 

En la Introducción hace constar algu- 
nas inexactitudes de las estadísticas 
del Instituto de Reformas Sociales so- 
bre huelgas y accidentes del trabajo en 
Barcelona. También nota algunas defi- 
ciencias de la Administración, que ha- 
cen desconfiar de los datos oficiales. 

Las lachas del periodismo, por Salvador 
MiNQuijóN. Un volumen en 4.° de IX-314 
páginas, 3 pesetas. (Biblioteca de La 
Paz Socza/.)— Imprenta de Salas, Zara- 
goza. 

[$.;E1 autor del libro tiene hechas sus 
pruebas, como dicen en el periodismo; 
así que habla por ciencia propia, aun- 
que acrecienta su propio caudal con el 
de muchos otros periodistas, sobre 
todo franceses. El libro es interesante 
y sugestivo. 

N. N. 



Pensamientos escogidos de Santa Teresa 
de Jesús, entresacados de sus coras y 
distribuidos según el orden de los Ejer- 
cicios Espirituales de San Ignacio, por 
el P. Jaime Pons, S. J. Con licencia.— 
Barcelona, G. Gili, Universidad, 45; 
MCMVIII. 

Feliz idea, y felizmente realizada, 
nos ha parecido la idea del P. Pons en 
este librito, cuya lectura recomenda- 
mos eficazmente, seguros de su utili- 
dad. Los avisos, en particular, mere- 
cen ser aprendidos de memoria, como 
otros tantos apotegmas religioso-mo- 
rales, y practicados cuidadosamente. 



Reflexiones y oraciones para la Sagrada 
Comunión, por el autor de los Avisos 
espirituales; traducción del francés por 
el P. Dionisio Fierro Gasca, Escolapio. 
Con licencia.— Barcelona, Q. Gili, calle 
de la Universidad, 45; MCMIX. Dos to- 
mos en 8.° de 554 y 450 páginas, 6 pese- 
tas los dos tomos. 

Otra excelente obra, llena de doc- 
trina y unción santa, nos ofrece el 
docto y piadoso autor de los Avisos 
espirituales. Su materia no puede ser 



más provechosa y agradable: la Sa- 
grada Comunión. Además de los ejer- 
cicios que se ponen para oir devota- 
mente la Misa y los actos para la 
Sagrada Comunión, que constan en uno 
y otro tomo, los ejercicios preparato- 
rios á la misma son sesenta, treinta en 
cada volumen, con muy jugosas consi- 
deraciones y reflexiones, que suelen 
versar sobre textos ó pasos de la Sa- 
grada Escritura. 

De la traducción nada hay que decir 
sino elogios, sabiendo que el traductor 
es el P. Fierro Gasca, ya conocido de 
nuestros lectores. 

P. V. 



MoNS. NiccoLó Marini. L'Immacolata 
Concezione di Maria Virgine e la chiesa 
greca ortodossa dissidente. — Roma, 
tipografía del Cav. V. Salviucci, 1908. 
En 4.° de 172 páginas. 

El autor, en medio de sus ocupacio- 
nes como secretario de la Signatura 
Apostólica, ha hallado tiempo de de- 
dicar á Nuestra Señora este libro, que 
no puede menos de serle agradable; 
pues tiende á mostrar la fe de la Igle- 
sia rusa, aun disidente, en el dogma de 
la Inmaculada Concepción, mereciendo 
á la vez los más vivos plácemes del 
Vicario de Cristo, comunicados en 
carta autógrafa de 26 de Octubre 
de 1938. 



Conférences de N.-D. de Paris. Exposi- 
tion de la Morale catholique, VI, Le 
Vice et le Peché. II. Leurs effets, leurs 
formes, leurs remedes. Conférences et 
Retraite. Caréme, 1903. Par E. Janvier. 
Deuxiéme édition.— Paris, P. Lethielleux, 
libraire-éditeur, 10, rúa Cassette, 10. En 
4.° de 433 páginas. Precio, 4 francos. 

En el quinto tomo de las Conferen- 
cias explicó el R. P. Janvier los carac- 
teres que constituyen la malicia del 
pecado y las causas que los producen. 
En el sexto trata en seis Conferencias 
y cinco Instrucciones de sus efectos, 
sus formas y remedios; al principio 
trae una carta de alabanzas al autor 
del Cardenal Merry del Val y al fin dos 
apéndices, uno de autores consultados 
y otro de notas aclaratorias. 

Las mismas virtudes y dotes que 
hicimos notar que resplandecían en el 



128 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



volumen anterior, se echan también de 
ver en el presente, es, á saber: clari- 
dad de lenguaje, pureza de doctrina, 
solidez en el discurso, precisión en los 
conceptos y tersura en la exposición. 
Conoce el ilustre dominico bien las 
enseñanzas de Santo Tomás; ha estu- 
diado maduramente los grandes ora- 
dores franceses; ha leído muchos auto- 
res modernos, de cuyas sentencias se 
aprovecha discretamente; ha penetra- 
do en las entrañas de la actual socie- 
dad, descubriendo sus gustos, sus afi- 
ciones, sus debilidades, los vicios que 
la carcomen, los anhelos y ansias que 
la devoran y los errores funestísimos 
en que se ve engolfada. Con gustarnos 
todas las conferencias, la quinta, sobre 
la eternidad de las penas, es la que 
más nos ha complacido. En ella hemos 
hallado varios argumentos nuevos ex- 
celentemente presentados, que, á no 
dudarlo, harán mella aun en entendi- 
mientos poco avezados á discurrir y 
no exentos de prejuicios. 

La claridad, pues, y el raciocinio se- 
guro y severo son las prendas que 
abrillantan estos discursos; pero no se 
busquen aquí, porque no se encontra- 
rán, acentos de vehemente elocuencia, 
ideas grandiosas y sublimes que arre- 
baten y enajenen, figuras de deslum- 
brador colorido, cuadros de palpitante 
interés y expresiones de fuego que 
dejan huellas indelebles en donde 
caen. Además el horizonte teológico 



en que se espacia el orador parece 
bastante reducido, como puede infe- 
rirse de los autores de Teología con- 
sultados y de ciertas ideas (v. gr., pá- 
gina 137) (1) moldeadas en las forjas 
de una exclusiva escuela. 

Pero sin género de duda que estas 
Conferencias producirán copioso fruto 
en los oyentes de estos tiempos y 
serán una ejecutoria que colocará al 
P. Janvier entre los grandes oradores 
que han glorificado el pulpito de Nues- 
tra Señora de París. 

A. P. G. 



(1) Nos ha sorprendido lo que dice el 
R. P. Janvier en la pag 390, nota 3.'^, hablando 
de la famosa cuestión de la coexistencia en el 
hombre, potentia Dei absoluta, del pecado y 
de la gracia. «Ciertos maestros, entre los que 
se cita á... Suárez, Ripalda, no admiten la tesis 
porque no creen que el pecado sea opuesto á 
la gracia por naturaleza, sino por consecuen- 
cia de una disposición extrínseca de Dios.» 
Esto es inexacto. Suárez no la admite, porque 
la necesidad intrínseca que la gracia posee de 
expeler al pecado no es esencial, sino conna- 
tural, ó no es efecto primario, sino secundarlo. 
Véase Opera Omnia, edición de Vives, pági- 
nas 97 y 250. Ripalda se expresa así: «Indubi- 
tatum secundum estmihi: gratiam justificantem 
habere aliquam oppositionem ex natura reí 
(hoc est, ortaní ex naturis ipsis rerum) cum 
actu peccati, prout morallter includit malitiam 
ac injuriam gravem Dei. Hoc clare concluditur 
ex Triden., sess. 6, cap. 7, post cujus decretum 
mérito statult Suárez, supra temerarium esse 
gratiae justificanti aliquam oppositionem ex 
natura reí cum peccato negare...» De Ente 
Supernaturali, Parisiis apud Victorem Palmé, 
1870, pág. 726, núm. 189. Véase el núm. 203, 
pág. 728. 



NOTICIAS GENERALES 



Madrid, 20 de Julio.-20 de Agosto de 1909. 

ROMA.— Cómo muere un modernista. Tyrrell, uno de los hiero- 
fantes del modernismo, se presentó al juicio de Dios el 15 de Julio por 
la mañana. Vivo, levantó bandera de rebelión contra la Iglesia; muerto, 
ha servido de bandera á sus secuaces para vomitar injurias contra la 
autoridad eclesiástica. Feneció en Storrington, diócesis de Southwark 
(Londres), en casa de una fervorosa modernista llamada Maud D. Petre, 
que le hospedaba, y de la cual fué constantemente vigilado en el lecho 
de muerte, en compañía del Barón von Hügel, otro corifeo de la secta. 
Apenas había exhalado el alma, cuando la señora Maud D. Petre envió 
al Times una carta con todos los visos de manifiesto, publicada el día 
siguiente 16, y enderezada á persuadir que el difunto había muerto cató- 
lico sin necesidad de retractar sus errores. Según L'Osservaíore Romano 
(30 de Julio de 1909), la camarilla modernista rodeó el lecho del infortu- 
nado Tyrrell «para hacerle imposible, ó por lo menos muy difícil, una 
palabra ó una señal cualquiera de retractación». El Obispo de South- 
wark, una vez bien examinado el caso, prohibió dar al difunto sepultura 
eclesiástica, «por no haber obtenido de él, cuando se hallaba en estado 
de hacerlo y á pesar de repetidas solicitaciones paternales, ninguna 
prueba de arrepentimiento». Rechazado del cementerio católico, fué el 
cadáver inhumado en el protestante. Allá se dirigió la comitiva fúnebre, 
compuesta de unas treinta personas. Señores y señoras llevaban coro- 
nas de flores, y á manera de preste los dirigía un sacerdote católico, 
l'abbé Brémond, modernista él y otro tiempo hermano en religión del 
difunto. Á despecho de la prohibición eclesiástica, Brémond recitó las 
preces públicas sobre el cadáver, lo bendijo con agua bendita y por 
conclusión de la mascarada pronunció una apología de Tyrrell. No es, 
pues de maravillar que fuese castigado por el Obispo de Southv^^ark con 
la suspensión a divinis. La conducta firme del Prelado en todo este 
asunto sacó de quicio á la camarilla modernista, demostrando así, como 
dice L'Osservatore Romano, poseer aquellas notas características del 
espíritu sectario: la doblez y la mala fe. 

Libros modernistas proiiibidos.— Por decreto de 2 de Junio 
de 1909 la Sagrada Congregación del índice condenó varios libros de 
Turmel, Herzog, Murri, Sostene Gelli (seudónimo de Murri) y Fortu- 
nato Russo.— Turmel se ha sometido. Cuanto al libro prohibido de Mu- 
rri, Battagiie d'oggi, al decir del semanario neoyorquino America 
(7 de Agosto de 1909), había estado á la venta durante diez años, y en 
algunos seminarios se usaba públicamente como lectura espiritual y se 
daba como premio á los alumnos más aprovechados. 

RAZÓN Y F£, TOMO XXV 9 



130 NOTICIAS GENERALES 

El clero y los cinematógrafos.— El Cardenal-Vicario de Roma, 
enterado de que había eclesiásticos, así regulares como seculares, que 
frecuentaban los cinematógrafos públicos, «donde no pocas veces se 
ofende ala religión y la moral», ha prohibido, por expresa voluntad del 
Papa, que se siga en adelante esa conducta, amenazando, de lo contrario, 
con las penas canónicas, inclusa la suspensión a divinis. 

La Santa Sede y el matrimonio mixto del infante D. Al- 
fonso de Orleans con la princesa Beatriz de Coburgo.— L'Os- 
servatore Romano del 21 de Julio hace saber oficiosamente lo que sigue: 
«Rueda por los diarios la noticia de que en la iglesia católica de Co- 
burgo se celebró la ceremonia del matrimonio religioso católico entre el 
príncipe Alfonso de Orleans y la princesa Beatriz de Coburgo, y que 
después de tal ceremonia se dio en el Castillo de Callenberg la bendi- 
ción según el rito protestante. Estamos autorizados para declarar que la 
Santa Sede es enteramente extraña al hecho.* 

I 

ESPAÑA 

La campaña de Melilla. — La opinión pública y la guerra. No se 
puede negar que por varias y diversas causas era al principio la opinión 
pública enemiga de la guerra. Abatía los ánimos de muchos el recuerdo de 
Cavite y Santiago; influía en algunos el sentimiento pacifiquista, que en 
muchos es egoísmo y en algunos sentimentalismo modernista; disuadía á 
otros el ansia de reconstitución nacional, que sólo en la paz es posible; 
repugnaba á no pocos ir á defender, como creían, intereses y empresas 
de extranjeros; mientras no faltaba quien tenía la persuasión de no valer 
el Rif una gota de sangre española. Difícil era hacer penetrar en las cabe- 
zas de muchos que la dignidad é independencia nacional estaban intere- 
sadas en que ninguna Potencia europea, mucho menos Francia, asentase 
su dominación más allá del Estrecho. Lo cual no quiere decir que esa 
penetración pacífica y fementida civilización de Marruecos no sea para 
nuestros vecinos, los verdaderos provocadores de la cuestión marro- 
quí, un pretexto no más para quitar al Mogreb sus riquezas en bene- 
ficio exclusivo de unos cuantos industriales, comerciantes y políticos, 
dándole, en cambio, con algunas migajas de bienes materiales, la incre- 
dulidad y los vicios de la nación explotadora. Fué preciso que corriese 
en abundancia sangre española por las vertientes del Gurugú para que 
reaccionase el espíritu público en España con sentimientos bélicos.— 
Protestas y algaradas. El llamamiento de los reservistas atizó el fuego 
de la indignación, en el cual soplaron los periódicos bullangueros, con 
que, enardecido el pueblo, promovió en algunas partes algaradas opo- 
niéndose á la marcha de las tropas. En Madrid se intentó por todos los 



NOTICIAS GENERALES Í3l 

medios sublevar al batallón de Figueras en la estación del Mediodía, ó, 
por lo menos, hacer que resistiese pasivamente la orden de marcha. El 
Ministro de la Gobernación, liándose, como dijo, la manta á la cabeza, 
estableció rigurosa censura para los periódicos acerca de lo referente 
á la guerra y al orden público. 

Combates.— Entretanto se estaban librando en el Rif porfiados y 
sañudos combates. El enemigo es temerario, sufrido, pertinaz; está en 
admirable posición para defenderse; posee excelentes tiradores y en los 
últimos tiempos ha adquirido también gran copia de fusiles, aun de 
los mausers. Nuestra línea de defensa era muy extensa y escasas nues- 
tras tropas; las más, bisoñas ó con poca instrucción. Así, pues, aprove- 
chando los rífenos la ocasión, quisieron el 21 y el 23 flanquear y envolver 
las fuerzas más distantes, aislándolas de la plaza. No lo pudieron conse- 
guir, aunque muy á costa nuestra. En el combate del 20 al 21 perdimos 
al capitán de artillería D. Alfredo Roger; en el del 23 al coronel D. Ve- 
nancio Álvarez Cabrera y al teniente coronel D.José Ibáñez Marín. Pero 
la refriega más formidable fué la del 27, en que mientras una columna 
custodiaba un convoy á la segunda caseta, la brigada del general Pintos 
atacaba rápidamente y á la carga las alturas del Gurugú. Después de una 
épica lucha, hubieron de replegarse nuestras fuerzas, siendo acometidas 
entonces por un alud considerable é impetuoso de rífenos. En esta acción 
cayeron gloriosamente el general Pintos, los tenientes coroneles de ca- 
zadores de Arapiles y las Navas, Sres. Ortega y Palacios, gran número 
de oficiales y muchísimos soldados. Desde entonces no ha habido otro 
combate; pero todos los días tirotean los moros nuestros convoyes de 
aprovisionamiento, causándonos pocas pero sensibles bajas. Nuestras 
baterías cañonean las gargantas y barrancos del Gurugú, para lo cual 
ayudan las indicaciones del globo que desde el 3 de Agosto se eleva 
á veces en nuestro campamento. Peñón y Alhucemas han sido hosti- 
lizados frecuentemente. En el último punto los moros disponen de al- 
gunos cañones. 

La prensa extranjera, especialmente la francesa, inventa mil patrañas 
sobre la guerra y nuestra situación interior. Al partido colonial francés 
le trae muy preocupado nuestra acción en Marruecos, que quisiera exclu- 
sivamente para Francia. 

Envió de refuerzos.— Ldi impresión del desastre del 27 fué enorme en 
España, y ya no se pensó más que en excitar el celo del Gobierno para que 
á toda prisa mandase el mayor contingente de tropas á Melilla para de- 
fender nuestra bandera y socorrer á los combatientes. Desde el 1 1 de Julio 
al 10 de Agosto se han enviado, en efecto, varias expediciones, que, al 
decir de una comunicación del Ministro de la Guerra, «comprenden en 
conjunto una fuerza total de 22.170 hombres de infantería, 1.000 de caba- 
llería, 2.224 de artillería, 674 de ingenieros zapadores, 400 telegrafistas, 
113 del tren de aerostación y alumbrado de campaña, 111 de ferrocarri- 



132 NOTICIAS GENERALES 

les, 904 de administración militar y 228 de sanidad militar, que suman 
27.598 hombres. El ganado lo componían 1.856 caballos, 265 muías de tiro 
y 2.749 mulos de carga, que suman 4.870. Además de todo el material 
correspondiente á las distintas unidades y de las municiones de reserva, 
llevan 23 ametralladoras, 20 cañones de tiro rápido y 36 de montaña, que 
suman 56; dos globos, uno cometa y otro esférico; 18 estaciones ópticas, 
12 eléctricas, ocho telefónicas, ocho acústicas, 18 teléfonos de alta voz 
y 128 kilómetros de cable, seis proyectores, y tiendas de campaña para 
34.000 hombres. Todo esto sobre las fuerzas de las diversas armas y 
cuerpos, material y servicios de la guarnición de Melilla, que se habían 
aumentado en el interior». «La Compañía Trasatlántica ha efectuado los 
transportes por mar con toda regularidad, sin que haya ocurrido el 
menor accidente, y llevando en litera á los individuos de tropa.»— ¿í7 
redención á metálico, se ha suspendido por real decreto mientras dure 
la campaña. Han sido llamados á las armas los excedentes de cupo de 
1908. Se organiza una división de 16.000 hombres, que otros hacen subir 
á 24.000 para acudir á África en cuanto sea menester. 

La Marina.Se han hecho obras de dragado en la Mar Chica, por 
efecto de las cuales se ha unido ésta con el Mediterráneo por la Restinga 
hasta nivelarse las aguas. Se establecerá en Mar Chica una batería flo- 
tante y un barco aljibe. La escuadra se dividirá en dos secciones: una, 
á las órdenes del contralmirante Sr. Morgado, estará siempre á dis- 
posición del general Marina; otra, compuesta de seis cañoneros, re- 
primirá el contrabando desde Cabo Tres Forcas hasta Tánger. Que- 
darán siempre dos barcos de reserva. 

Voluntarios. - Hermosas iniciativas se han despertado para la gue- 
rra. Varios aristócratas han sentado plaza de soldados. El bizarro tenien- 
te de navio D. Francisco Arderíus ha solicitado la organización de un 
regimiento, á semejanza de los «Rough Riders» ingleses. Constará de 750 
plazas: 500 para aristócratas jóvenes que contribuyan individualmente 
con 5.000 pesetas para equipo, armamento y otras atenciones de cam- 
paña; 250 para los que no disponiendo de esa cantidad se obliguen á 
prestar todos los servicios mecánicos de esa fuerza. La Diputación de 
Vizcaya ha pedido permiso al Ministro de la Guerra para formar una 
sección, que se llamará «Contraguerrilla de Vizcaya», compuesta de 200 
hombres, cuyo equipo, armamento y sueldos pagará el erario provin- 
cial. En algunas partes se han presentado varios voluntarios del 
pueblo. 

La caridad y la guerra.-Hsiy verdadera emulación por socorrer á 
los soldados en general y en particular á los heridos, á las familias de 
los difuntos, y más especialmente á los reservistas. Una Junta benéfica, 
presidida por la reina D."" Victoria, y de la que es secretaria la Conde- 
sa del Serrallo, allega recursos para socorrer á las familias de los sol- 
dados muertos y á los heridos. Otra Junta, presidida por la reina doña 



NOTICIAS GENERALES 133 

Cristina, y de la que es vicepresidenta la Marquesa de Squilache, reúne 
fondos á favor de la Cruz Roja y de los reservistas. El Gobierno ha 
concedido cincuenta céntimos diarios á las familias de los reservistas.— 
El clero y la guerra. El clero ha demostrado una vez más su patriotismo 
al par que su caridad. Escojamos algunas muestras. En todas las diócesis 
se reza en la Misa la oración pro tempore helli; se han hecho rogativas 
por iniciativa de los Prelados, cosa de notar, pues el Estado no se ha 
encargado esta vez de pedir oraciones; el Obispo de Málaga ofreció el 
Seminario con treinta camas para otros tantos enfermos; el Arzobispo de 
Sevilla, el Seminario y el Palacio Episcopal; el Cabildo de Málaga comu- 
nicó al Gobernador militar los siguientes acuerdos: 1.°, encargarse de la 
asistencia material y espiritual de los heridos y enfermos; 2."", ceder el 10 
por 100 de sus haberes á los reservistas casados y con hijos; 3.", susti- 
tuir á los capellanes castrenses que pasen al Ejército de operaciones. 
Los PP. jesuítas de la misma ciudad han cedido su Colegio para hospi- 
tal militar. Los sacerdotes de Madrid han ofrecido su hospital. El Arzo- 
bispo de Zaragoza, abrió una suscripción á que ha cooperado con entu- 
siasmo el clero. Los capellanes castrenses de Melilla se han coronado 
de gloria en la famosa jornada del 27, no sólo auxiliando á los solda- 
dos espiritualmente, sino supliendo á los oficiales y salvando los res- 
tos de las compañías. 

La situación de Marruecos.—Vn cambio brusco, muy notable en las 
actuales circunstancias, ha ocurrido en Marruecos. Muley Hafid, cuyo 
reinado parecía estar en la agonía, revive de pronto y adquiere recur- 
sos bastantes para derrotar completamente al Rogui el 16 de Agosto, 
con escarmiento cruel de los prisioneros. Dícese que envía una comisión 
á los rífenos para obligarles á desistir de la guerra contra España. 

El prólogo de la revolución en Cataluña. — Prólogo fué efectiva- 
mente el que se escribió en Cataluña durante la semana trágica, como se 
llama á la última de Julio; prólogo que, si Dios no lo remedia y los hombres 
no escarmientan, tendrá más tarde su confirmación y epílogo. De los su- 
cesos de Barcelona se habla largamente en el primer artículo de fondo, y 
lo que allí se dice se puede repetir, en proporción, de muchos pueblos de 
Cataluña. No es posible enumerarlos todos. En Sabadell ardieron el Con- 
sistorio, la iglesia de San Félix, con la rectoría, y el convento del Sagrado 
Corazón. En Manresa fué apedreada, saqueada é incendiada la Adminis- 
tración de consumos y entregadas á las llamas las casillas del ramo; sa- 
queados é incendiados los conventos de monjas Capuchinas y de Siervas 
del Sagrado Corazón y el convento-colegio de San Francisco ó de la En- 
señanza; alevosamente asesinado el honrado alcalde de barrio D.Joaquín 
Cardona, cuando iba á reunirse con el somatén. En Granollers incen- 
diaron las turbas el convento é iglesia de los Menores conventuales, co- 
metiendo profanaciones y sacrilegios imposibles de describir. Como 
Viesen el día siguiente que no había ardido una Virgen de Montserrat, que 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 9* 



134 NOTICIAS GENERALES 

en el altar mayor se veneraba, la hicieron añicos y arrojaron al fuego. 
En San Felíu de Guíxols, en Palamós, en Calonge, en San Adrián de 
Besos... alumbraron los incendios el programa de civilización y cultura 
con que regenerará á España la república. 

Del cúmulo de hechos narrados se sacan notas bien tristes. El des- 
amparo de los religiosos ha sido grande; en algunas partes el somatén,© 
el vecindario honrado, se opuso á los sediciosos, pero en otras nadie es- 
torbó sus desafueros. Hemos visto abajo los instintos desatados de la fiera 
azuzados por el espíritu satánico de los directores; más arriba, en las clases 
burguesas, con honrosas excepciones, la apatía y el miedo durante los in- 
cendios, la indiferencia después, cuando no la malquerencia del egoísmo 
que reniega de la víctima por haber sido causa, aunque involuntaria, de 
sobresalto: manifestaciones del sanchopancismo dominante y de la indi- 
ferencia religiosa que, descendiendo de las alturas de la política sin Dios, 
pasando por los organismos sociales, termina en el escepticismo ener- 
vante y egoísmo feroz de los individuos. ¡Ay de los pueblos que, re- 
pudiando el reinado de Cristo, escogen como única norma de su vida 
pública un pedazo de papel llamado Constitución^ fabricado por ese 
mentecato anónimo de la soberanía popular! 

En todos los pueblos de Cataluña ha andado la mano del lerrouxismo 
y de la conjuración judaico-masónica, empeñada en descatolizar y arrui- 
nar á España. Sabido es que la masonería, para mejor alcanzar su fin, 
prefiere la república, contentándose mientras tanto con la monarquía 
liberal y parlamentaria. Lo que no puede tolerar de ningún modo es la 
monarquía tradicional, con su espíritu radicalmente antiliberal y genuina- 
mente católico. 

Muchas han sido las protestas, entre las cuales se ha de mencionar la 
del Ayuntamiento de Barcelona, que no quisieron suscribir los lerrouxis- 
tas por no ser posible apreciar todavía los sucesos. ¡Si serán escrupulo- 
sos los muy taimados! Ciertos periódicos liberales comienzan á desfigu- 
rar los hechos, á escamotear las causas, hasta á culpar á las víctimas 
más ó menos embozadamente. Entre las declaraciones hechas, han sido 
famosas las del senador por Romanones y diputado por Lerroux, Sol 
y Ortega, quien no sólo atenúa, sino que llega casi á idealizar los incen- 
dios. Digno colector de estos desahogos ha sido El País. 

El 17 de Agosto se levantó en Barcelona el estado de guerra, mas no 
se restablecieron las garantías constitucionales. 

II 

EXTRANJERO 

AMÉRICA.- Méjico. Horrendo terremoto ha conmovido á Mé- 
jico Central desde el Atlántico al Pacífico en una extensión de 1.000 



NOTICIAS GENERALES 135 

millas cuadradas. Chalpancingo ha sido destruido y Acapulco parcial- 
mente arrasado. 

Colombia.— Ha quedado extinguido el movimiento revolucionario, 
que nunca revistió gran importancia. 

Chile. — Por oponerse el Presidente á la prórroga de la conversión 
metálica, el Gabinete presentó la dimisión. 

EUROPA. — Portugal. Mitin , tumultos en la Cámara y otros ex- 
cesos. Convocada por la Junta liberal se realizó el 2 de Agosto una ma- 
nifestación popular con el fin de pedir á las Cortes la expulsión de las 
Órdenes religiosas. Organizada en la plaza de Camoens, se dirigió al 
palacio del Congreso, donde entregó al Presidente, Silva Amado, dos 
exposiciones. Al salir de dicha plaza eran los manifestantes unos 12.000, 
según la cuenta de O Portugal, diario católico; bien que no falta perió- 
dico republicano que, poco escrupuloso con los ceros, los hace ascender 
á 150.000. Durante el trayecto los apóstoles de la libertad hacían violen- 
cia á los tenderos que tenían abiertas las tiendas, obligándoles á cerrar- 
las en señal de adhesión. La manifestación tuvo un epílogo escandalosí- 
simo en la Cámara, á mayor gloria del sistema parlamentario y honra 
de los republicanos, los cuales, al ser rechazada la urgencia de una pro- 
posición del Sr. Brito Camacho, promovieron un alboroto tan descomu- 
nal, con vivas desaforados á la república, coreados en las tribunas por 
ciudadanos y ciudadanas de la futura Jauja republicana, que el presi- 
dente hubo de suspender la sesión y la fuerza pública desalojar las tri- 
bunas. Anudada la sesión media hora después, el Sr. Brito Camacho 
pidió la urgencia para restablecer la legislación contra las Órdenes reli- 
giosas. Rechazada la proposición, los republicanos, agitándose cual 
energúmenos, repitieron el escándalo con imprecaciones furiosas, gol- 
pes estrepitosos, aullidos y aclamaciones á la república, contestadas 
por los monárquicos con vítores á la monarquía; hasta que, después de 
bien desgañitados todos, cerró el Presidente de golpe y porrazo la 
sesión, y las tribunas fueron otra vez despejadas manu militari,— Te- 
rremotos. En la región de Ribatejo se sucedieron por varios días sacu- 
didas sísmicas acompañadas de fuertes ruidos subterráneos. El fenóme- 
no, que se registró el 2 de Agosto, fué de tal intensidad que los habitan- 
tes de muchas poblaciones abandonaron sus hogares para pasar la noche 
en el campo. 

Francia.— Lí7 papeleta de presencia. Las votaciones del Parlamento 
francés solían dar unos totales de 400 á 500 votos. Di j érase que los di- 
putados tomaban muy á pechos el oficio, asistiendo puntualmente á las 
sesiones, cuando menos para votar en pro ó en contra. Pues no había 
nada de eso. Todo ese cúmulo de votos no era más que obra de una 
veintena de jefes que por tradición antigua votaban por sus partidarios, 
mientras éstos pasaban el tiempo donde les venía en gana. Este escán- 
dalo era todavía más inaguantable desde que los padres de la patria, en 



136 NOTICIAS GENERALES 

dos sesiones memorables, se adjudicaron una sinecura de 15.000 francos 
anuales... por no hacer nada, ni siquiera votar personalmente. Pero si tal 
expediente reportaba muchas comodidades, tampoco dejaba de acarrear 
peligros, como sucedió este año en una de las sesiones en que se aprobó 
un voto de confianza al Ministerio. El día siguiente una manga de dipu- 
tados, á quienes los jefes habían hecho votar en pro, subieron á la tri- 
buna para manifestar que su intención hubiera sido votar en contra. Era 
cuestión que interesaba á los electores, y por ende, á la reelección del 
diputado que los representaba. Bien es verdad que la protesta prepós- 
tera era inútil, con lo cual podían los diputados jugar á dos manos, dando 
satisfacción al Ministerio con el voto delegado en el jefe y lisonjeando á 
los electores con la tardía protesta. Las protestas, empero, de la sesión 
mencionada dieron motivo al bonapartista Lasies para proponer que en 
adelante sólo valiesen los votos dados en persona. Así se resolvió, y 
aun se hizo más. En lo futuro, los diputados han de firmar una papeleta 
de presencia al principio de la sesión, «á manera de malos empleados 
incapaces de cumplir con su deber sin la amenaza del castigo», que son 
palabras de L'Echo de París. Ni el descrédito del Parlamento pudo subir 
á más, ni el crédito de los diputados bajar á menos. La proposición de 
Lasies contribuyó á la caída de Clémenceau, quien se vio acorralado por 
Delcassé cuando se hallaban ausentes muchos amigos, cuyos votos, apro- 
vechados por los jefes, le hubieran sacado á paz y salvo, si hubiese con- 
tinuado la antigua corruptela. 

Clémenceau derrotado. — Su caída le vino á Clémenceau como suele 
venir la muerte, de improviso; pero, más que morir á manos del adversa- 
rio, se suicidó con su ciega soberbia é intemperancia. Continuaba el de- 
bate acerca de la Marina; iba ya á concluir, saliendo Clémenceau una 
vez más á flote é indemne. Pero Delcassé, presidente de la Comisión 
investigadora, le seguía los alcances, ansioso de vengar antiguos agra- 
vios. Tomando pie de la anarquía en la Marina, descargó golpe tras 
golpe contra Clémenceau, quien, saliendo de estampía, disparó ciego de 
cólera contra su rival, con tan mala fortuna que, errando el tiro, en vez 
de dar en Delcassé, hirió á los diputados y al amor propio nacional, ca- 
lificando el Acta de Algeciras de la mayor humillación de Francia. 
Pronto hubo de ver en la votación adversa de una proposición ó voto de 
confianza cuánto importa á los hombres públicos tener frenillo en la len- 
gua. Los mismos que pocos días antes le habían manifestado su adhe- 
sión, le acompañaron ahora con silbidos al salirse del salón para presen- 
tar incontinenti á Fallieres la dimisión del Ministerio. — Un socialista 
Presidente del Consejo. La herencia del Gobierno ha pasado á manos de 
un sucesor digno de Clémenceau. Todos saben— dice L'Univers— que la 
persona de Clémenceau, comparada con la de Briand, puede considerarse 
cual la de un santito. Como político, Briand fué representación del anti- 
militarismo, de la anarquía, de rabioso anticlericalismo. En el poder fué el 



NOTICIAS GENERALES 137 

más enconado y metódico perseguidor de la Iglesia, autor de la odiosa 
ley de separación y de tantas otras providencias arbitrarias y tiránicas. 
Del Ministerio de Clémenceau se conservan en el nuevo seis ministros, 
entre los cuales se halla Viviani, aquel socialista que se gloriaba de 
«haber apagado las estrellas». Los nombres de los entrantes son significa- 
tivos: Millerand, socialista; Juan Dupuy, antiguo director de un periódico 
cuya única razón de ser ha sido siempre arrastrar cada día por el lodo 
una nueva sotana, como si dijéramos EL País, de Madrid. Tres golpes 
hábiles ha dado Briand ó los directores judío-masónicos que se lo hayan 
inspirado. Para adormecer á los capitalistas ha nombrado ministro de 
Hacienda á Cochery, el adversario más declarado del impuesto sobre la 
renta que tanto turbaba á los pudientes. Para halagar á los patriotas ha 
roto con la costumbre de entregar á hombres civiles las carteras de Gue- 
rra y Marina. Como si quisiese trabajar de veras en la defensa naval, ha 
nombrado ministro de Marina al almirante Boué de Lapeyréce, y con el 
nombramiento del general Brun para el ministerio de la Guerra parece 
asegurar á los que ven con espanto los progresos del antimilitarismo. Lo 
malo es que el general Brun fué el organizador de las Mutualidades de 
regimiento, añagaza con que todos los soldados son afiliados á la maso- 
nería. Con el flamante Ministerio presentóse Briand á la Cámara, donde 
con frases melosas, vagas, ondeantes, predicó armonía y paz, mas para 
el bloc. Esto no obstante, no han faltado los eternos candidos, aun entre 
los católicos, dispuestos á una expectación benévola. 

Inglaterra.' 'Nuevos acorazados. El 26 de Julio declaró el ministro 
de Marina en la Cámara de los Comunes que el Gobierno había acordado 
la construcción de cuatro grandes acorazados complementarios, de tipo 
nuevo, más potente que el Dreadnought. El armamento principal estará 
formado por cañones de 34,2 centímetros; en velocidad y blindaje serán 
superiores á todos los acorazados construidos y proyectados hasta el 
presente. El programa ordinario de nuevas construcciones para 1910 
consignará seis acorazados, que con los cuatro complementarios se- 
rán 10. 

Alemania.— Espléndida manifestación de fe y de amor á la Euca- 
ristía dio el Congreso euciristico de Colonia, comenzado el 4 de Agos- 
to y al cual han asistido muchos españoles presididos por el Obispo de 
Pamplona. Concurrieron á la procesión de clausura 4 Cardenales, 43 
Arzobispos y Obispos y más de 40.000 personas. 

Creta.— La cuestión cretense trae al retortero á las potencias inte- 
resadas. Notas cambiadas entre Grecia y Turquía, aquélla humillán- 
dose y ésta mostrándose cada vez más fiera y belicosa; obstinación 
de los cretenses en mantener la bandera griega en la Canea; solicitud 
de las potencias para evitar el conflicto armado: todo ha parado hasta 
ahora en que el 18 las compañías de desembarco de las divisiones nava- 
les bajaron á tierra, derribaron la bandera de un disparo de fusil, y de- 



13S VARIEDADES 

jando un destacamento donde antes ondeaba la bandera helénica, se 
volvieron á sus barcos respectivos. 

ASIA.— Japón. So pretexto de mejorar una insignificante vía férrea, 
casi un tranvía, desde Antung á Mukden pretende el Japón establecer 
en Mandchuria, tierra china, un cuerpo de ocupación militar fuerte, por 
lo menos, de 4.000 hombres. La China, ha tenido que ceder á las refor- 
mas proyectadas; pero declara que no tolerará el envío de nuevas tro- 
pas japonesas. 

N. NOGUER. 



VARIEDADES 



ooivEisioisr ^i:bil.ioj^. 



Del carácter histórico de los tres primeros capítulos del Génesis: 

I. Utrum varia systemata exegetica, quae ad excludendum sensum 
litteralem historicum trium priorum capitum libri Céneseos excogitata et 
scientiae fuco propúgnala sunt, solido fundamento fulciantur? 

Resp. Negative. 

II. Utrum non obstantibus Índole et forma histórica libri Céneseos, 
peculiari trium priorum capitum inter se et cum sequentibus capitibus 
nexu, multiplici testimonio Scripturarum tum Novi Testamenti, uná- 
nime fere sanctorum Patrum sententia ac traditionali sensu, quem, ab 
israelítico etiam populo transmissum, semper tenuit Ecclesia, doceri pos- 
sit, praedicta tria capita Céneseos continere non rerum veré gestarum 
narrationes, quae scilicet obiectivae realitati et historicae veritati res- 
pondeant; sed vel fabulosa ex veterum populorum mythologiis et cosmo- 
goniis deprompta et ab auctore sacro, expurgato quovís polytheismi 
errore, doctrínae monotheisticae accommodata; vel allegorias et sym- 
bola, fundamento obiectivae realitatis destituta, sub historiae specie ab 
religiosas et philosophicas veritates inculcandas proposita; vel tándem 
legendas ex parte históricas et ex parte fictitias ad animorum ínstructio- 
nem et aedificationem libere compositas? 

Resp. Negative ad utramque partem. 

III. Utrum speciatim sensus litteralis historicus vocari in dubium pos- 
sit, ubi agitur de factis in eisdem capitibus enarratis, quae cristianae relí- 
gionis fundamenta attingunt: uti sunt, inter caetera, rerum universarum 



VARIEDADES 139 

creatio a Deo facta in initio temporis; peculiaris creatio hominis; forma- 
tio primae muüeris ex primo homine; generis humani unitas; originaüs 
protoparentum felicitas in statu iustitiae, integritatis et immortalitatis; 
praeceptum a Deo homini datum ad eius obedientiam probandam; divini 
praecepti, diabolo sub serpentis specie suasore, transgressio; protopa- 
rentum deiectio ab illo primaevo innocentiae statu; nec non Reparatoris 
futuri promissio? 
Resp. Negative. 

IV. Utrum in interpretandis illis iiorum capitum locis, quos Patres et 
Doctores diverso modo intellexerunt, quin certi quidpiam definitique tra- 
diderint, liceat, salvo Ecclesiae indicio servataque fidei analogia, eam 
quam quisque prudenter probaverit, sequi tuerique sententiam? 

Resp. Affirmative. 

V. Utrum omhia et singula verba videlicet et phrases, quae in prae- 
dictis capitibus occurrunt, semper et necessario accipienda sint sensu 
proprio, ita ut ab eo discedere numquam liceat, etiam cum locutiones 
ipsae manifestó appareant improprie, seu metaphorice vel anthropomor- 
phice usurpatae, et sensum proprium vel ratio tenere prohibeat vel ne- 
cessitas cogat dimittere? 

Resp. Negative. 

VI. Utrum, praesupposito litterali et histórico sensu, nonnullorum 
locorum eorumdem capitum interpretatio allegorica et prophetica, prae- 
fulgente sanctorum Patrum et Ecclesiae ipsius exemplo, adliiberisapien- 
ter et utiliter possit? 

Resp. Affirmative. 

VII. Utrum, cum in conscribendo primo Céneseos capite non fuerit 
sacri auctoris mens intimam adspectabilium rerum constitutionem ordi- 
nemque creationis completum scientifico more docere; sed potius suae 
genti tradere notitiam popularem, prout communis sermo per ea ferebat 
témpora, sensibus et captui hominum accommodatam, sit in horum inter- 
pretatione adamussim semperque investiganda scientifici sermonis pro- 
prietas? 

Resp. Negative. 

VIII. Utrum in illa sex dierum denominatione atque distinctione, de 
quibus in Céneseos capite primo, sumi possit vox Yóm (dies), sive sensu 
proprio pro die naturali, sive sensu improprio pro quodam temporis 
spatio, deque huiusmodi quaestione libere inter exegetas disceptare li- 
ceat? 

Resp. Affirmative. 

Die autem 30 lunii anni 1909, in audientia ambobus Rmis. Consulto- 
ribus ab actis benigne concessa, Sanctissimus praedicta responsa rata 
habuit ac publici iuris fieri mandavit. 

Romae, die 30 lunii 1909. -Fulcranus Viqouroux, P. S. 5.— Lauren- 
tiusJanssens, o. S. B. 



OBRAS RECIBIDAS EN LA REDACCIÓN 



AiTA Agustín Cardaberaz. Jaincoaren 
serbitzari audiaren Berri Laburrac— Du- 
rango, N. F. Elosu. 

Almanaque de la Familia Cristiana 
PARA 1910.— Benziger & C^, Einsiedeln. 

Alocución pastoral sobre los sucesos 
DE Melilla, por el Sr. Obispo de Máfaga. 

Asuntos económicos y fiscales. J. M. Ri- 
vas Groot.— Bogotá. 

IIibliophoros. Vol. I. Fase. IV. -M. Bret- 
schneider, Librarius, Romae. 

Biblioteca bibliográfico-auoustiniana 
del Colegio de Valladolid, ordenada por 
el P. A. Blanco.— Tipografía de Cuesta. 

Caja dotal para las Escuelas domini- 
cales. P. O, Gil.— Madrid. 

Crónica del Congreso Nacional de 
HuRDANÓFiLos.— Plasencia, 14 y 15 de Ju- 
nio de 1908. 

El deber de los católicos en política. 
D. B. de la Cruz. 0,45 francos.— B. Her- 
der, Friburgo. 

Fortschritte in der Loreto-Kunde, 
von G. Kresser.— Linz. 

Historia de la Pasión de Jesucristo. 
M. Mir, presbítero. Tercera edición, 7 fran- 
cos.— B. Herder, Friburgo. 

JosECHO. Echeita-Tar José Manuel-Ek. 
Biskai-ko euskeraz iratziriko. Irakurgeya, 
— Durango, N. Elosu. 

■-.A Adoración Nocturna, por D. A. de 
la Cuesta. 25 céntimos.~F. Elosu, Durango. 

La Comunión cotidiana, por el P. R. Vi- 
lariño, S. J.— La Editorial, Zaragoza. 

La Inmaculada en Lourdes, por don 
B Florit.— Madrid, 1909, 

Las Musas delante de Jesús, por J. de 
Frezáis.— Roma. 



Les premieres pages du Pontificat du 
Pape Pie IX. P. R. Ballerini, S. J.— 
M. Bretschneider, éditeur, Rome. 

Los últimos Sacramentos, por don 
R. Fernández. Novena edición.— F. Elosu, 
Durango. 

Manual del Catequista. Segunda edi- 
ción. 2 francos.— B. Herder. 

Meditationum et c o n t e m p l a t i o n u m 
S. Ignatii de Loyola Puncta. F. de Hum- 
melauer, S. J. 4,25 francos.— B. Herder, Fri- 
burgo. 

Memorias de la Real Academia de Cien- 
cias Y Artes de Barcelona. Volumen Vil, 
números 16 y 17. Volumen VIII, núme- 
ros 1-3. 

Monografía de la Sociedad Altos 
Hornos de Vizcaya de Bilbao. 1909. 

ÜOBLE, militar Y MENDIGO, por cl Pa- 
dre Marci. Númcro 182 de Lecturas Cató- 
licas. --Libreña Salesiana, Sarria-Barce- 
lona. 

Nuevo hospital de Basurto. Su histo- 
ria.— Bilbao. 

■■anegíricos sagrados, del P. Pablo 
Señeri. Traducción española. — A. C. Vi- 
llar, editor, Madrid. 

Précis de Psychologie, par W. James; 
traduit par E. Bandín et G. Bertier. 10 fr.— 
M. Riviére, éditeur, París. 

Ííeminario de Granada. Curso periodís- 
tico de 1908-1909. 

Storia della Compagnia di Gesú in Ita- 
lia. P. P. Tacchi Venturi, S. J. Vol. I, 15 
1.— Roma-Milano, A. Segati & C. 

Teatro y moralidad. J. M. de Echáva- 
rri.— Valladolid. 



Colecciones completas 

de t^fíZÓfi V FE 

Desde Septiembre de 1901 á fin de Agosto 1909, van publicados 
XXIV tomos de 556 páginas cada uno. Los pocos ejemplares completos 
que quedan los ofrecemos al precio de 140 pesetas en España y 170 
^n el extranjero, franco de porte. 



NUESTRA PETICIÓN 



«Es preciso castigar la propaganda por la idea para no tener que 
castigar tardíamente la propaganda por el hecho. No se podrá detener 
los brazos que ejecutan, si se deja libres á las cabezas que ordenan, di- 
rigen y mandan.» Así se expresan los venerables Prelados de la provin- 
cia eclesiástica de Burgos en su protesta por los sucesos de Barcelona al 
Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros. Y por eso «acudimos 
hoy respetuosamente, dicen, á V. E. suplicándole que, á fin de que el or- 
den social, cuya defensa le está encomendada, no se perturbe y los de- 
rechos de los ciudadanos estén sólidamente garantidos, se adopten las 
medidas necesarias para que la prensa no abuse de su poder, convir- 
tiéndose en instrumento, el más eficaz, de difamaciones y de motines y 
sediciones». 

Movidos por tan noble ejemplo y del dado asimismo por los Señores 
Obispos de otras provincias eclesiásticas y por varias entidades, publi- 
caciones y asociaciones católicas, nos dirigimos á las mismas Cortes, 
donde se ha de tratar el asunto, y ojalá lo hagan otros muchos, pidiendo 
una ley represiva de la propaganda antisocial y antirreligiosa. Y con 
tanta mayor razón lo hacemos, cuanto que da pie para reclamarla la 
misma Constitución del Estado, la cual, al otorgar á todo español «el 
derecho de emitir libremente sus ideas, ya de palabra ya por escrito» 
(art. 13), exige, para este y para los otros derechos individuales, que se 
ejercite «sin menoscabo de los derechos de la nación, ni de los atributos 
esenciales del poder público» (art. 14). 

I 

Pero es indispensable repetirlo y dejarlo aquí bien asentado: para 
que la ley represiva satisfaga las exigencias apremiantes y sentidas del 
orden social, es menester que comprenda, además de la propaganda di- 
rectamente antisocial, la propaganda irreligiosa é impía. Ya lo hemos 
visto en Barcelona: los enemigos de la sociedad lo son ante todo de la 
Religión, y no creen poder destruir los fundamentos sociales sin echar 
antes por tierra los religiosos. De aquí su odio preferente, su encarniza- 
miento privilegiado contra las iglesias y los conventos y contra todo lo 
que lleva el sello de la cruz, aunque sea para derramar con la caridad 
por ella infundida toda suerte de beneficios de alma y cuerpo sobre la 
misma clase proletaria. De aquí también que los maestros y jefes de la 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 10 



142 NUESTRA PETICIÓN 

revolución social encuentren en las ideas religiosas su mayor obstáculo 
para ganar en la clase ínfima de la sociedad prosélitos, que luego hayan 
de lanzar á la calle como fieras para el incendio y la rapiña, y exponer- 
los como ánima vil, y á veces casi inconsciente, á las balas de los mausers. 
Por esto trabajan y se desviven para arrancar la fe á la masa del pueblo 
con la propaganda activa de mentiras y patrañas contra la Iglesia y sus 
ministros, contra los religiosos y religiosas y contra todo lo que suena 
á Dios y al alma inmortal. Primero incrédulos y ateos, y luego revolu- 
cionarios. Este es el plan. «No sabíamos que hubiese esto aquí», dijeron 
en Barcelona unos miserables, que asaltaron un asilo de niños escrofulo- 
sos, dirigido por los Hermanos de San Juan de Dios, y no pudieron menos 
de conmoverse, á pesar de su fiereza, al ver el espectáculo de aquellos 
niños desgraciados. ¿Qué habíais de saber, infelices, si los maestros á 
quienes oís, os llenan la cabeza de mentiras, y los papeles que leéis y de 
que os saturáis, os revuelven los sesos con ideas y embustes que os llevan 
hasta el delirio? El hombre que no cree en un Dios vengador, el hombre 
para quien el alma muere con el cuerpo, reduciéndose á la nada, que no 
tiene, por lo tanto, un cielo que esperar ni un infierno que temer, es ma- 
teria dispuesta para el vicio y el crimen, si es que de ellos espera alguna 
ventaja, riqueza ó placer sin temor de la justicia humana; y se dejará 
llevar fácilmente á todos los desmanes y á todas las revoluciones por los 
que le prometen un paraíso en la tierra, en cambio de la pobreza en que 
gime y del trabajo con que tiene que ganar el pan. La Religión es el ante- 
mural de la sociedad. Y siendo así, ¿cómo es posible que puedan estar 
tranquilos los ciudadanos, aun suponiendo que se reprima la propaganda 
abiertamente antisocial, si al mismo tiempo se deja impune la propa- 
ganda contra la Religión? Y no importa que se la ataque de una manera 
aparentemente razonada y con aire de serena imparcialidad, sin el acom- 
pañamiento de burlas y ultrajes, que suele ser ordinario. Porque de 
cualquiera que se haga, el efecto de la propaganda irreligiosa siempre 
es el amortiguar, cuando no matar del todo, las creencias, sobre todo en 
la clase del pueblo ignorante, y á veces con mayor eficacia cuando se 
usa de una moderación aparente; con lo cual— ya lo hemos dicho— se 
echa por tierra el principal valladar que hay contra la disolución de las 
costumbres y la revolución social. Aquí también, cuanto haga el Gobierno 
en ese sentido, tiene su apoyo en la Constitución, contra cuyo artículo 11 
va la propaganda irreligiosa, según lo hicimos ver en otra parte (1). 

No hacen falta otros razonamientos donde tan alto habla el recuerdo 
y la impresión dejada en los ánimos por hechos tan horribles y brutales, 
que están íntimamente relacionados en la conciencia de todos con la 
propaganda de las sociedades y de las reuniones revolucionarias, de es- 



(1) «La punibilidad de las ideas», sección 2.^ cap. VI, art. 2.°, y véase «Reclamacio- 
nes legales», por el P. Villada, cap. IV, segunda sobre la propaganda religiosa. 



NUESTRA PETICIÓN 143 

cuelas tales como la Moderna de Barcelona y sus afines, de la prensa en 
folletos y periódicos y en libros tales, por no citar otros como los textos 
<le la misma Escuela Moderna. Hasta en representaciones como la Elec- 
tra, se ha excitado al incendio de los conventos, diciendo: «Hay que pegar 
fuego á esta casa», y la casa era un convento. Y ¡todo esto se ha tolera- 
do! Y ¡todavía hay quien diga que para remediar lo de Barcelona no hay 
sistema como el régimen de libertad! Pues ¿qué había de suceder sino lo 
que ha sucedido? En el artículo publicado el mes último en esta revista 
por el P. Ruiz Amado pueden verse, entre otras consideraciones, las exci- 
taciones de El Diluvio y El Progreso, este último órgano de Lerroux, el 25 
de Julio de este año, es decir, la víspera del comienzo de los atentados. 

«Desde el Evangelio hasta el Contrato social, dice Bonald, todas las 
revoluciones, que han cambiado en bien ó en mal el estado general de 
Ja sociedad, no han tenido otra causa que la manifestación de grandes 
verdades ó la propagación de grandes errores» (1). Y podemos añadir 
que desde el Contrato social se ha visto y estamos viendo ahora lo 
mismo con la propaganda republicana, socialista y anarquista. Y siem- 
pre sucederá así, porque siendo el hombre al cabo un ser racional, y aun 
teniendo en cuenta todas las deficiencias y excepciones nacidas de la 
libertad, la regla general siempre será que se guíe por la razón para el 
bien ó para el mal, según la ilumine la verdad ó la ofusque el error; y lo 
que se dice de los individuos se debe decir aun con mayor motivo de 
las colectividades. 

Se han sembrado las semillas de la irreligión y del ateísmo; se ha 
logrado obscurecer en las inteligencias del pueblo las verdades más 
fundamentales del orden moral y social, se han excitado todas sus con- 
cupiscencias y todos sus odios contra los religiosos y los sacerdotes, 
contra las autoridades y los capitalistas, contra todo lo que signifique 
algo en la sociedad; ¿qué extraño es que de. ese caos revuelto de todos 
los errores y de ese hervidero de todas las malas pasiones salgan luego 
toda clase de desmanes, las violaciones sacrilegas de las personas y de 
las cosas sagradas, los asesinatos y los incendios, los robos y los 
saqueos? 

Y si esta vez no se ha ido contra los poseedores del capital, no ha 
sido más que por una táctica diabólica para así adormecerlos cal- 
mando sus alarmas y temores; mas ¡ay de ellos si se duermen en una 
estúpida apatía é indiferencia! Porque los que hoy incendian los tem- 
plos, mañana incendiarán sus fábricas y establecimientos y palacios, 
envolviendo en un odio común á la Iglesia y á los ricos, tanto, que una 
de las razones porque los proletarios seducidos aborrecen á la Iglesia, 
es porque dicen que ampara á los ricos. Y después de todo— lo que ellos 
dirán,— ¿qué sacamos con reducir á pavesas unas cuantas iglesias y con- 



(1) Théorie du pouvoir poUtique et religieux, Paris, 1843, 1, pág. 5. 



144 NUESTRA PETICIÓN 

ventos, si con eso no mejoramos nuestra suerte, ni se disminuye en un 
adarme nuestra miseria, y si, mientras nosotros carecemos de lo necesa- 
rio, vemos á nuestro lado á los ricos abundar en todo á costa de nues- 
tros sudores, provocando nuestra vida de malestar y privaciones con el 
espectáculo de su lujo y de sus delicias? En una de las circulares ocupa- 
das á Ferrer (véase La Época 12 de Septiembre) se dice: «El militarismo 
y el clericalismo son los verdugos de los hombres... Acabemos con los 
brazos, que luego será fácil decapitar al monstruo.» 

Se ha dicho, como para excusar ó atenuar la gravedad y trascenden- 
cia de los hechos criminales, que no ha sido todo ello más que una ma- 
nifestación anticlerical. Si así es— respondemos,— eso nos da una medida 
y norma para saber lo que es el anticlericalismo; pero, ¡cuidado, mucha 
cuenta!, porque esos enemigos de curas y frailes, lo son también encar- 
nizados de todas las clases sociales, fuera del proletariado, y, por lo 
tanto, de la vuestra , á que pertenecéis vosotros los intelectuales^ que 
hacéis ahora el oficio de encubridores. Es lo que les habéis enseñado, y 
en prueba de ello aun se han recordado con esta ocasión ciertas palabras 
de Lerroux, que le muestran tan enemigo de toda la organización social 
actual, y en las que excita abiertamente á la destrucción de la propiedad. 

Y esto basta hoy por toda razón para que la autoridad tome á pechos 
y como cosa la más apremiante la represión de la propaganda irreligiosa 
y antisocial; la luz de los incendios, ó sea la influencia de tal propaganda 
en los desórdenes sociales que lamentamos. 

No hacen falta más razones, que si necesario fuera, no sería difícil 
encontrarlas en contra de una libertad tan absurda como es la libertad 
ilimitada para la emisión del pensamiento, ya sea de palabra ó por me- 
dio de la imprenta. Mirando de frente y sin temor una libertad hoy tan 
acatada y casi adorada como si fuese un ídolo, veríamos que no es sino 
un ídolo despreciable, que no es una libertad sagrada é intangible, sino 
que, lejos de esto, es una libertad justiciable y punible, cuando lanza al 
público ciertas ideas. Y esto, no sólo por su complicidad en el delito 
cuando ha sido impulsora de consecuencias materiales tan abiertamente 
criminales como las que hemos visto, sino en sí misma, por lo que en sí 
tiene de culpable y antisocial en el hecho mismo de propagar ideas que 
perturban el orden social en lo que éste tiene de más valioso y elevado, 
que es su elemento intelectual y moral. Bastaríanos para ello extractar 
algo de lo que hemos publicado sobre este asunto, que ya no es poco, 
dentro y fuera de esta revista (1). 

Durante los años que llevamos dedicados á este estudio hemos po- 



(1) «Punibilidad de las ideas», sección primera, parte general. «La propaganda anar- 
quista ante el Derecho», y los artículos de Razón y Fe, Octubre y Diciembre de 1908, Fe- 
brero y Abril de 1909. Pueden verse también los artículos sobre «La libertad de im- 
prenta y la legalidad vigente de España», Razón y Fe, 1904, Enero... 



NUESTRA PETICIÓN 145 

dido observar que los partidarios de la libertad del pensamiento no se 
dignan de ordinario presentar razones que la abonen, sino que se con- 
tentan con afirmaciones gratuitas ó con frases declamatorias: ¡La libertad 
del pensamiento! ¡Oh! ¡La libertad de la prensa! La libertad del pensa- 
miento y de la imprenta, su órgano principal, es un derecho innato é 
inalienable, es una libertad ilegislable, el instrumento más eficaz del pro- 
greso. La emancipación del pensamiento es la gran conquista de los 
tiempos modernos. Así que bien está que se empleen todos los medios 
de coacción contra los atentados de la calle, con tal que no se toque á 
la libertad del pensamiento. Las ideas son indiferentes é inofensivas, el 
pensamiento es impecable é impunible. 

Si menester fuera, haríamos ver que no hay tal derecho inalienable, 
ni tal independencia absoluta é ilimitada del pensamiento, ni semejante 
libertad ilegislable. Porque el pensamiento, aun antes de que se encarne 
en la palabra hablada ó escrita, está sujeto á leyes divinas; mas después 
que arrostra la publicidad, como en nuestro caso, no sólo sigue ligado 
con ellas, sino que además entra bajo la jurisdicción de las leyes huma- 
nas, en cuanto las pida la conservación y defensa del orden social , no 
sólo material, sino también intelectual y moral. ¡Instrumento del pro- 
greso! Que lo diga la anarquía que reina en las inteligencias aun de 
muchos de los llamados intelectuales; que lo digan los avances de la 
irreligión y de la impiedad, del socialismo y del anarquismo. Pues para 
saber y convencerse de si las ideas son ó no inofensivas, no hay más 
que mirar el cuadro que ha ofrecido á nuestra vista la bella ciudad con- 
dal, y antes la Commune de París, y antes todavía la revolución del 93, 
fruto sangriento y monstruoso del filosofismo francés. Sí, es menester afir- 
mar una vez más: hay ideas punibles, hay propagandas criminales; esta 
es la enseñanza que nos da el resplandor lúgubre de los incendios de 
Barcelona. Propagandas criminales, no sólo por ser causantes de graví- 
simos daños y violaciones de derechos, sino porque de ellas es respon- 
sable ante Dios el propagandista desde que tales ideas concibió y aprobó, 
abusando de su libertad, y es responsable ante la sociedad desde que las 
arrojó como víboras en medio de su seno. 

II 

Mas ¿qué es lo que ha de comprender la ley que pedimos? Fácilmente 
se pueden trazar sus líneas generales con lo que dejamos dicho. Claro está 
que si la ley ha de castigar la propaganda de ciertas ideas, con mayor 
razón habrá de hacerlo con las inducciones al delito, que se acercan más 
á la acción criminal, y con las apologías que lo alientan y encubren, ya 
sean las inducciones y las apologías directas ó indirectas. La ley que el 
año pasado propuso el Gobierno á las Cámaras hablaba de represión de 
la propaganda anarquista, si bien no de un modo completo. Estaba to- 



146 NUESTRA PETICIÓN 

mado el texto de la ley de 1896, que fué más feliz que la de 1908, puesto 
que nació sin dificultad y vio la luz pública como ley aprobada y sancio- 
nada, mientras que la de 1908 no ha pasado todavía de proyecto; aun 
está en el período de gestación. Mas como aquella ley era temporal, por 
el mero hecho de haber transcurrido el tiempo cesó de existir. Habiendo- 
pasado el proyecto del año último al informe de la Comisión parlamen- 
taria del Senado, suprimió ésta lo referente á las ideas, y con esta muti- 
lación se presentó á la deliberación de las Cortes; mas aun á pesar de 
ella, levantó una tempestad increíble dentro y fuera del Senado. Esto na 
obstante, se aprobó en el Senado, mas el Gobierno aplazó su discusión 
en el Congreso. No es, pues, un proyecto retirado, sino solamente apla- 
zado. Hoy, en vista de la impresión producida por los acontecimientos 
es de esperar que la ley no encontrase tan gran oposición, y que el 
Gobierno también por su parte se sentiría animado á arrostrar la que 
hubiese contra su proyecto, y aun acaso á completarle. 

Ya dejamos dicho que para satisfacer la necesidad social, la repre- 
sión no ha de limitarse á las ideas anarquistas, ni aun sólo á las ideas 
abiertamente antisociales, ó sea, á las que miran directa y manifiesta- 
mente los fundamentos sociales, sino que ha de extenderse á las ideas 
irreligiosas é impías, que también socavan indirecta, si bien no menos 
eficazmente, el cimiento más hondo de la sociedad. La represión debe 
ser judicial y gubernativa, así como lo es la de los atentados contra la 
moral pública, y comprender, además de la prensa, los centros y las aso- 
ciaciones, aunque sean de recreo, las reuniones, las escuelas, los teatros,, 
en una palabra, toda clase y manera de propaganda. 

Concretando más, nos atreveríamos á proponer por ahora y por lo 
que hace á la imprenta, para que pueda servir como de guía ó como de 
cierta norma y pauta general, la ley de 7 de Enero de 1879, y nótese que 
se dio después de la tolerancia de cultos introducida por la Constitución 
de 1876, y que no está refrendada por ningún ministro reaccionario, sino 
por el Sr. Romero Robledo. Para no alargarnos, extractaremos lo que 
más hace á nuestro caso. 

«Art. 16. Constituye delito de imprenta: 

»1.° Atacar directamente ó ridiculizar los dogmas de la Religión deí 
Estado, el culto ó los ministros de la misma, ó la moral cristiana. 

»9.° Defender ó exponer doctrinas contrarias á la organización de la 
familia y de la propiedad, ó que se encaminen á concitar unas clases 
contra otras, ó á concertar coaliciones con el mismo objeto. 

»11. Provocar á la desobediencia délas leyes y de las Autoridades 
constituidas, ó hacer la apología de acciones calificadas por las leyes de 
delitos ó faltas.» 

Esté bien seguro el Gobierno de que nuestro deseo y súplica es tam- 
bién la súplica y el deseo de todos los buenos católicos y de todos los 
demás ciudadanos reflexivos, aun del campo liberal, quienes, á pesar de 



NUESTRA PETICIÓN 147 

SUS prejuicios en favor de una falsa libertad, no habrán podido menos 
de ver á qué extremos conduce una propaganda desenfrenada. Este de- 
seo y petición ha tenido ya, según hemos dicho, su expresión pública; 
pero conviene de todas maneras que la tenga mayor en la prensa perió- 
dica, sobre todo católica, y fuera de ella, en exposiciones y protestas de 
las asociaciones, círculos, cámaras, corporaciones ó de ciudadanos no 
asociados que reúnan sus firmas para este fin. ¿Quién no recuerda las 
manifestaciones que se hicieron el año pasado contra el proyecto de ley 
sobre el terrorismo? Pues otro tanto y más se debe hacer en favor de la 
represión de la propaganda, con mayor razón y con mejor derecho. No 
todo lo ha de hacer el Gobierno; necesita éste el apoyo de los ciudadanos, 
y en cosa tan racional y tan requerida por el bien de la nación, nada más 
justo que el prestarle este apoyo. 

V. MlNTEGUIAGA. 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 



€, 



s imposible, para cualquiera persona reflexiva, dejar de conocer la 
gravedad de los criminales atentados que se han llevado al cabo en Bar- 
celona, y en otras poblaciones de Cataluña, en la última semana de Julio, 
¡semana que la prensa ha designado con el epíteto de trágica; pero que 
se llamaría con propiedad infinitamente mayor, criminal, sacrilega, van- 
dálica; semana de retroceso desde los más brillantes esplendores de la 
civilización á los mayores horrores de la barbarie! 

Gravísimos son los acaecimientos de fin de Julio, desde cualquiera 
punto de vista que se los considere, ya se atienda á la imprevisión incon- 
cebible del Gobierno, en dejar desguarnecida una ciudad de más de medio 
millón de habitantes, en medio de la cual anidan los autores de los aten- 
tados anarquistas; ya se pondere la infinita villanía de los republicanos, 
aprovechándose del compromiso internacional de la patria, para sacar á 
flote sus absurdos y nefandos designios; ya se mire, finalmente, á la enti- 
dad misma de los daños inferidos y de los crímenes perpetrados. 

Pero por mucho que lastimen nuestro corazón de católicos los templos 
de Dios profanados sacrilegamente; por mucho que nos duelan tantos 
colegios y establecimientos de beneficencia y tesoros artísticos consu- 
midos por las llamas; por mucho que subleve nuestros sentimientos de 
humanidad la violación de los sepulcros, y haber visto los fúnebres des- 
pojos de la muerte hechos objeto de salvajes escarnios y materia de im- 
béciles calumnias; hay todavía otra cosa que nos ha herido más sensi- 
blemente, al ahondar, después de la catástrofe, en las purulentas llagas 
sociales por ella descubiertas. 

No tanto nos ha contristado la salvaje alegría de las hordas lerrouxis- 
tas en la destrucción de los tesoros científicos y monumentos históricos, 
ni la indiferencia bestial con que las gentes olvidadas de Dios, y hundi- 
das en el cieno de los vicios, han asistido á los incendios como á un 
curioso espectáculo; cuanto nos ha asombrado y afligido la actitud de 
una gran parte de la población, que reserva para su uso particular las 
denominaciones de personas honradas, de gentes de orden, de clases con- 
servadoras. ¡Conservadoras (según se ha visto ahora) de su propio y 
cuidadísimo cutis, amantes del orden que da tranquilidad para hacer la 
digestión; honradas con aquella elemental honradez del baturro, que se 
tiene por virtuoso porque no roba ni íl^ta.J 

Esas numerosísimas clases de la sociedad se han estado en sus casas, 
cerradas con tres cerrojos, mientras dominaban en las calles los incen- 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 149 

diarios y ladrones, ó se andaba á tiros en las barricadas; y en cuanto se 
les ha pasado el susto, han dado fe de vida, no para dejar oir las protes- 
tas de su honradez indignada, ni para reclamar el restablecimiento y 
afianzamiento del orden moral, ni para preocuparse por la conservación 
de nuestras instituciones y monumentos históricos; sino para lamentarse 
en sus corrillos ásperamente del excesivo número de religiosos; del exce- 
sivo número de monjas; áo. la imprudencia con que se meten en los barrios 
donde no se los ama; de la temeridad con que provocan, con sus obras 
religiosas y benéficas, á los impresionables lerrouxistas, y acaban con la 
longanimidad y paciencia de los tolerantísimos republicanos y anticle- 
ricales de todos los matices, hasta venir á motivar explosiones y des- 
ahogos populares, como los que en estos días lamentamos. Y los lamen- 
tamos por el daño causado en tantos monumentos y edificios de la capi- 
tal del Principado y otras poblaciones catalanas; ¡pero sobre todo, deplo- 
rémoslos por el pésimo rato que nos han dado, interrumpiendo nuestros 
viajes de veraneo, teniéndonos tres días sin pan tierno ni carne fresca, 
sin contar los sustos, carreras y molestísimo encerramiento en nuestras 
cómodas habitaciones! 

Es verdad que la causa próxima y criminal de tales desmanes han 
sido los furibundos lerrouxistas, á quienes una propaganda violenta ha 
llenado de ardientes odios sectarios. Pero comoquiera que el objeto de 
tales odios sean los frailes y monjas, tampoco se debe negar que son 
éstos, por lo menos, la causa ocasional remota de nuestra perturbación. 
¡Y como no es cosa fácil echar de Barcelona toda esa hez de anarquis- 
tas, socialistas y sans-culotes de todo género, que aborrecen á los frai- 
les y monjas, bueno sería que los frailes y monjas se redujeran á tan 
corto número, y vivieran tan disimuladamente, que los sans-culotes no 
los echaran de ver; con lo cual, á ellos se les calmarían los nervios, y 
nosotros evitaríamos semejantes sinsabores! 

¡No es que seamos nosotros irreligiosos, ni aun poco religiosos! ¡Eso 
no! Nosotros somos personas honradas, gente de orden, clases conserva- 
doras. Queremos que haya religiosidad en el pueblo, pues esto es una 
garantía del orden social; queremos que la gente se confiese, para que 
no nos robe, ó nos restituya lo robado; queremos que haya cierto número 
de curas, que prediquen al pueblo la sumisión y la paciencia; pero, des- 
pués de todo, ¿para qué nos hacen falta tantas monjas? ¿No les parece 
á ustedes que verdaderamente hay demasiadas monjas? 

I 

Para hacernos cargo de esta cuestión, permítasenos que, en primer 
lugar, prescindamos de todos los criterios sobrenaturales ó religiosos; 
pues tales criterios serían indudablemente de ninguna eficacia para las 
personas de orden á quienes semejante cuestión ha podido ocurrirse. No 



150 EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 

propondremos, pues, las excelencias del estado religioso, ni su espiri- 
tual superioridad sobre el estado seglar. Al preguntarse, si las monjas 
son muchas ó demasiadas, se propone sencillamente un problema de 
estadística, y con la estadística, con el censo en la mano, vamos á plan- 
tearlo y resolverlo. 

Conforme al censo de la población de España de 1900, había en nues- 
tra Península, islas y posesiones adyacentes, un número de 9.087.821 
varones; y en la misma fecha y territorios se contaba un número de 
9.530.265 hembras; es decir, que hay en nuestro país un exceso de 442.444 
personas del sexo femenino, á las cuales, salvo el principio de la mono- 
gamia, está por la naturaleza imposibilitado el contraer matrimonio; que 
están por naturaleza excluidas de la vocación ordinaria de la mujer para 
esposa y madre. 

¿Qué ley, justicia ó razón puede, por consiguiente, vedará esas 442.444 
irredimibles solteras reunirse en habitaciones comunes, y hasta dar á 
esas viviendas el nombre de conventos ó monasterios? ¿Por qué no podrán 
llamarse conventos las moradas donde convienen esas desamparadas 
doncellas, en lugar de vivir en triste aislamiento, cada una en su casa? 
¿Qué dificultad hay para que se llamen monasterios, pues en ellas viven 
esas mujeres solitarias ó privadas de marido? 

Ahora bien: si esas 442.444 mujeres españolas incasables se reunie- 
ran de veinte en veinte para llevar esa vida familiar ó común, única que 
les está concedida, darían para España un contingente de 22.122 con- 
ventos, número evidentemente muy superior al de los que actualmente 
existen, no siendo el de 20 desproporcionado para estimar el termina 
medio de las moradoras de cada una de las casas religiosas. 

Pero hay más: esa desigualdad numérica entre los sexos de las per- 
sonas que constituyen nuestra población, se agrava muy notablemente 
por el crecido número de los varones que no deben, ó no pueden, ó no 
quieren contraer matrimonio. 

El sacerdocio católico, llevando consigo la obligación indispensable 
del celibato, deja por este concepto sin colocación un número de jóvenes 
del otro sexo, igual al número de sacerdotes necesarios para el culto y 
gobierno de la Iglesia. El mencionado censo de España arroja un total de 
33.275 clérigos célibes, en sólo el clero secular ó parroquial; á los cuales 
han de añadirse los que componen los diferentes institutos del clero regu- 
lar, cuya cifra (á nuestro parecer, muy baja) fija el citado censo en 12.121. 
Quedan, pues, otras 45.396 mujeres excluidas del matrimonio, por efecto 
del celibato religioso ó virtuoso de los varones. 

Pero (para que nadie se altere, protestando contra ese género de celi- 
bato) son más sin comparación las personas del sexo femenino á quie- 
nes priva de toda esperanza de entrar en otro estado que el religioso, el 
celibato vicioso ó indiferente. 

Consultado el censo, nos da en este concepto un total de 149.275 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 151 

solteros de más de cuarenta años; por consiguiente, más de 150.000 sol- 
terones, hombres refractarios á las seducciones de Himeneo (¡aunque no 
todos ellos lo sean á las de Venus!). Como los célibes eclesiásticos de uno 
y otro clero no llegan á 50.000, resulta que son más de 100.000 los varo- 
nes que, por otros motivos, se niegan á casarse, cerrando su hogar á 
otras tantas mujeres dispuestas para desempeñar en él el papel de legí- 
tima compañera de su vida. 

Sumando, pues, las 149.275 solteras forzosas, por el celibato virtuoso 
ó vicioso de otros tantos hombres, á las 442,444 solteras irredimibles, por 
el exceso numérico del sexo femenino, arrojan un total de 591.719 don- 
cellas perpetuas, ó sea, más de medio millón de personas del sexo débil 
sin opción á constituirse una familia natural. 

¿Qué razón sólida pudiera, pues, oponerse á ese medio millón de vir- 
genes, si naciera en su ánimo el propósito de hacerse monjas? ¿Qué 
quiere decir, para una joven, hacerse monja, sino formarse wm familia 
espiritual; un hogar donde no tendrá esposo, ni hijos nacidos de su seno; 
pero donde tendrá personas que desempeñen para con ella todos los 
cuidados y atenciones de una familia honesta, que la acompañen en su 
soledad, la consuelen en sus tribulaciones, la cuiden en sus enfermeda- 
des, la auxilien en sus menesteres, y creen en torno de ella ese ambiente 
de amor y de familiaridad que es el más importante de los bienes que 
se hallan en el propio hogar doméstico? 

Todo individuo humano, por efecto de su sociabilidad, y de sus 
mismas necesidades físicas y morales, tiene derecho estricto á consti- 
tuirse una familia. ¿Quién se atreverá á negar, ni siquiera á discutir este 
principio? Pero es un hecho ineludible, que hay en nuestro país más de 
medio millón de doncellas que no pueden (con imposibilidad absoluta ó 
relativa) constituirse una familia física; luego hay que reconocerles el 
derecho de formarse unsi familia moral; que es lo que buscan y obtienen 
ingresando en una familia religiosa, nombre el más adecuado de las 
congregaciones monásticas. 

Discútase, si se quiere, el origen del derecho de asociación, en cuanto 
mira á otros fines honestos de la vida. Pero en toda sociedad constituida 
sobre bases jurídicas, y con doble motivo en las sociedades que pro- 
claman la completa libertad de asociarse, será siempre una abominable 
tiranía privar á la persona humana, y sobre todo á la mujer, doblemente 
necesitada de amor y auxilio, de la facultad de formarse un hogar moral, 
un hogar donde halle lo que su debilidad y su corazón más imperiosa- 
mente reclaman. 

Pero esto es cabalmente lo que se niega á la mujer, cuando se coarta 
su libertad de entrar en una asociación religiosa; comoquiera que, en la 
sociedad presente, sólo por excepción puede hallar la mujer, fuera del 
matrimonio, otra satisfactoria manera de proveer á esas necesidades de 
su vida íntima. 



152 EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 

Mas digamos de paso que, al fundar la necesidad de los conventos, 
en la de proveer de un hogar propio á las doncellas á quienes está ve- 
dado aspirar al matrimonio, no pretendemos en manera alguna decir 
«que las jóvenes que entran en los monasterios, lo hagan precisamente 
y en la mayoría de los casos, por imposibilidad de casarse». Tal supo- 
sición sería absurda, y fácilmente se la refutaría alegando innumerables 
ejemplos de jóvenes pretendidas por muchos para esposas, las cuales se 
acogieron, sin embargo, á los monasterios, desdeñando los halagos más 
lisonjeros déla fortuna y felicidad mundanas. Pero no es menos cierto 
que, si esas jóvenes hubieran aceptado los matrimonios que se les 
ofrecían, hubieran por el mismo caso excluido del tálamo conyugal á 
otras que, gracias á la vocación de las primeras, son hoy esposas de los 
que en otro caso hubieran sido maridos de aquéllas. 

¡Son éstas, como dicen, habas contadas! Hay en nuestra nación más 
de medio millón de doncellas sobrantes, parte por no haber donceles, 
parte por no doblegarse 150.000 de éstos al yugo familiar. Por consi- 
guiente, si algunas de las casables no hubieran preferido el convento, 
otras tantas de las actualmente casadas hubieran tenido que resignarse á 
vestir santos. 

Debe considerarse, pues, como uno de los factores inevitables de 
nuestro estado social, ese medio millón de solteras, y hemos de con- 
venir en que, la mejor manera de colocarlas, moral y socialmente con- 
siderado, es abrir para ellas todos los conventos necesarios; aunque, á 
razón de 20 monjas en cada uno, se necesitarían 25.000 monasterios. 

Ahora bien: de esos 25.000 monasterios de derecho, corresponderían 
1.250 á cada millón de habitantes de nuestro censo, ó sea, uno y un 
cuarto á cada mil habitantes; por consiguiente, á la población de Barce- 
lona corresponderían de derecho 750 conventos, y á la de Cataluña dos 
mil y quinientos. ¡Como sea, pues, indudablemente muy inferior á ése 
el número de las casas religiosas que de hecho existen, es gran sandez 
é injusticia lamentarse del excesivo número de monjas! (1). 



(1) Aunque las cifras que hemos dado adolecen del defecto de todos los cálculos 
estadísticos, para obviar algunas objeciones que pudieran oponérseles hemos de hacer 
observar: que si bien el exceso de 442.444 hembras sobre el número de varones en 
nuestro censo, comprende las niñas que mueren antes de la edad nubil (las cuales, por 
tanto, no podian aspirar al matrimonio), también en el número de los varones (maridos 
posibles) se comprende el de los que mueren antes de la pubertad y edad viril. Por 
tanto, pueden compensarse ambas inexactitudes. En cambio, no contando, como ha- 
cemos, sino los solterones de más de cuarenta años, despreciamos un número muy 
considerable de hombres que no se prestan á contraer matrimonio. En comparación 
de esta cifra de célibes, que despreciamos, resulta insignificante el de bigamos (per- 
sonas que contraen sucesivamente más de un matrimonio); fuera de que se halla 
además repartido entre uno y otro sexo. Por estas razones creemos que nuestros 
cálculos ofrecen toda la exactitud que se puede alcanzar en los de semejante natu- 
raleza. 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 153 



II 



Quien haya seguido nuestros raciocinios, se persuadirá fácilmente de 
la superficialidad de ciertas apreciaciones que hacen las personas del 
mundo, acerca de las particulares vocaciones religiosas que llegan á su 
noticia. 

Cuando una joven agraciada, y por añadidura, de buena posición, 
renuncia á los partidos que se le ofrecen, y entra en un convento; suelen, 
las personas que no ven más allá desús narices, levantar indignadas pro- 
testas. ¿Cómo? ¿No es un pecado contra la Naturaleza; no es un crimen 
de odio contra la Humanidad, encerrar entre las tapias de un monasterio 
tantos atractivos, y segar en flor un porvenir tan Heno de risueñas espe- 
ranzas? ¿Para qué marchitar bajo un fúnebre velo monacal, una belleza 
que podía haber hecho la felicidad (¡es frase de cajón!) de un marido y 
de toda una familia? 

Pero ¡señoras y caballeros quejumbrosos! ¿Pensáis lo que decís? ¡Si 
esa joven lindísima no se hubiera hecho monja por su espontánea vo- 
luntad, otra menos linda hubiera tenido que escoger, con espontaneidad 
menor, la vida del convento! ¡Si esa rica heredera hubiese consentido en 
casarse con cualquiera de los pretendientes que aspiraban á su blanca 
mano ó á sus rubios millones, hubiera tenido que poner en conserva su 
doncellez otra de dote menor, aunque enriquecida por ventura con no 
menores dotes! Y ¿quién os ha dicho que las segundas no harán la feli- 
cidad de su marido tan bien como las primeras? Por de pronto, la vo- 
cación, ó el deseo de casarse, no deja de ser uno de los indicios de la 
aptitud para ser y hacer feliz en el matrimonio. 

¡No olvidemos que hay medio millón de doncellas, las cuales no 
pueden entrar en la cuenta de las casadas, sino bajo precisa condición 
de que otras tantas renuncien al tálamo conyugal, degrado ó por fuerza! 
Pues, siendo esto así, ¿qué disposición más suave de la Providencia pudo 
imaginarse, que haber cien ó doscientas mil jóvenes que se retiren es- 
pontáneamente de esa lucha por el marido, que tiene, para innumerables 
mujeres, el lugar de la lucha por la existencia? 

Y ya que de esto tratamos, bueno será hacer observar, que lo que 
pasa en la concurrencia matrimonial, acontece, ni más ni menos, en todos 
los demás ramos de la social competencia por los premios de la habi- 
lidad, del talento y de la fortuna. ¡Cada joven que abraza la vida reli- 
giosa, es un émulo que, sonriendo amigablemente á sus competidores, 
les deja libre el palenque de la vida y felicidad mundanales! 

Para no salir de mi propia casa, entre los hermanos de religión que 
tengo actualmente en la Compañía de Jesús, hay uno que, cuando Dios 
le llamó al estado religioso, era coronel de Estado Mayor, y estaba para 



154 EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 

ascender á general de brigada. Otro era ingeniero militar, y acababa de 
ascender á capitán. ¿Creen ustedes que el coronel que ascendió en lugar 
del primero, y el teniente que ocupó la vacante del segundo, tuvieron 
razón para quejarse amargamente del excesivo número de las vocaciones 
religiosas? Tengo otros compañeros que debían heredar un título nobi- 
liario, otros muchos más á quienes estaba destinada una pingüe fortuna. 
¿Serán sus hermanos segundos, en quienes recayó la primogenitura y la 
herencia, los que se lamenten razonablemente de que haya tanto fraile 
y tanta monja? 

Y este género de ejemplos es muy visible; pero hay un infinito nú- 
mero de otros casos no muy desemejantes, siquiera sean más difíciles de 
comprobar. La inmensa mayoría de los religiosos pertenecen á la clase 
media, ¡y como en las congregaciones religiosas no se admite cualquiera 
zoquete (siquiera por la cuenta que les trae), los más de los que ahora 
son sus individuos, serían, si no los hubiera secuestrado la religiosa vo- 
cación, temibles rivales de los que luchan en la actualidad tan encarni- 
zadamente por resolver el problema de la existencia! Unos son ó serían 
ingenieros y arquitectos, que disputarían á los demás las empresas y 
construcciones; otros emplearían todos sus talentos y energías en le- 
vantar una casa de comercio ó un establecimiento industrial; muchos son 
ó serían médicos, que aumentarían la ya innumerable pléyade de espe- 
cialistas, y dificultarían la vida de los que ahora se la ganan; ¡y un nú- 
mero casi infinito somos y seriamos abogados, y acabaríamos de llenar y 
obstruir todos los arcaduces y desaguaderos de la carrera, que aun sin 
nosotros está suficientemente abarrotada! 

¡Cuántos que son ahora registradores, notarios, empleados, perio- 
distas, etc., etc., están muy ajenos de pensar, que deben esa modesta po- 
sición, con que viven ellos y sus familias, á haberse hecho fraile fulanito 
ó menganito, el cual, de haber seguido otro rumbo, hubiera sido su vic- 
torioso contrincante en unas oposiciones, ó disfrutaría actualmente esa 
más ó menos pingüe breva, que por su religiosa vocación quedó vacante 
y accesible para el que ahora la chupa! 

Por más que no sean fáciles de contar, no es menos indiscutible que 
están contados los cubiertos que puso la Fortuna en este mezquino 
banquete de la vida; y es menester que un convidado se levante ó renun- 
cie á su plato, para que pueda gozar de él otro, el cual no seria de los 
convidados si no precediera la renuncia del primero. 

Pues qué, ¿imaginan ustedes que yo me estaría á estas horas te- 
cleando por amor de Dios en mi máquina de escribir, y llenando cuar- 
tillas ^raí/s en favor de las monjas, si la religiosa vocación no me hu- 
biera apartado de otras más interesadas y lucrativas pretensiones? ¿Ó 
piensan ustedes que todos los religiosos somos cojos y mancos, y que, 
si consideraciones de otro orden superior no nos contuvieran, renuncia- 
ríamos así como así á los deleites, á las comodidades, á los honores, y 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 155 

nos estaríamos en nuestro rincón, dejándoles á ustedes repartirse muy á 
su sabor los bienes de la Naturaleza y de la fortuna? 

¡Nada menos que eso! El censo dice que hay en España 12.121 reli- 
giosos. ¡Mas yo les digo á ustedes que, si no los hubiera, habría 12.121 
hombres más, de más constancia, de más moralidad, y por ende, de más 
energía y no de menos talentos que sus coetáneos, los cuales se lanza- 
rían al combate por la existencia, colmando los escalafones de las carre- 
ras cerradas, y disputando palmo á palmo el terreno de las carreras 
libres, invadiendo la industria y el comercio, y arrancando el mendrugo 
de pan y dejando fuera de combate á una gran parte de los que ahora 
viven y medran! 

Pero volvamos ya á las monjas, y reconozcamos que, aun prescin- 
diendo de toda consideración espiritual, aun fijándonos puramente en 
las razones sociales, los conventos vienen á resolver en parte e\ problema 
feminista; y si no lo resuelven del todo, es por la sencilla razón ¡ de no 
haber suficiente número de conventos, ni estar dispuestas á vivir en ellos 
todas las mujeres que, por motivos sociales y económicos, convendría 
que en ellos viviesen! 

¿Á qué se reduce el famoso problema feminista, despojado de la 
hojarasca fútil de disertaciones y peroraciones utópicas? Se reduce á la 
dificultad de colocar honestamente al crecido número de mujeres que no 
€ncuentran su natural colocación como esposas y madres en una familia 
legítima. Por eso no existe el problema feminista en las sociedades donde 
está admitida \di poligamia; pues en ellas la mujer queda reducida á la 
condición de ganado, y ningún género de ganaderos se ha quejado jamás 
de la excesiva abundancia de las reses. 

Tampoco existiría el problema feminista donde el número de varo- 
nes, física, moral y económicamente aptos para contraer matrimonio, 
fuese igual ó superior al de mujeres nubiles. Pero semejante equilibrio 
no existe, y amenaza faltar cada día más. 

En primer lugar no existe, por la superioridad numérica del sexo 
femenino, no sólo en España, sino en toda Europa y en todo el Occi- 
dente (al contrario de lo que en Oriente se observa). En segundo lugar, 
á medida que aumenta la corrupción de costumbres (y, por desgracia, no 
se ha hallado ni está en camino de hallarse la asepsia moral, como se ha 
descubierto la asepsia clínica), aumenta en todas las naciones el celibato 
vicioso y e\ forzoso. No hay sino recordar la decadencia de Roma, con 
sus leyes contra los contumaces celibatarios, á lo cual se agrega ahora 
el considerable número de jóvenes, que se incapacita para el matrimonio 
por las enfermedades contraídas en los excesos de una vida crapulosa. 
Si las cosas continúan de este modo (y por ahora no vemos indicio nin- 
guno de remedio), se habrán de poner ciertas enfermedades vergonzosas 
y hereditarias entre los impedimentos del matrimonio, so pena de preci- 
pitar la raza en la podredumbre y la degeneración. 



156 EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 

A todo lo cual se añaden los impedimentos económicos, que obligan 
á la mayoría de los jóvenes á diferir su matrimonio excesivamente, con 
lo cual los desvían de la vida de familia. Hay mil razones físicas y mo- 
rales, que hacen sin comparación más difícil al hombre contraer matri- 
monio de los treinta á los cuarenta que de los veinte á los treinta. 

De todas esas causas nace la innumerable muchedumbre de las jóve- 
nes que se ven condenadas á perpetua soltería, las cuales, ó entran en 
los conventos, donde los hay, ó no tienen más remedio sino lanzarse á 
competir con los varones en el ejercicio de todas las carreras que en 
progresión creciente les abren las costumbres y las leyes. Esto se ve cla- 
rísimamente en los países protestantes, donde la mujer célibe no tiene el 
refugio de los monasterios. 

En los Estados Unidos especialmente, la invasión femenina en todas 
las esferas de la actividad social se presenta con caracteres alarmantes, 
que dan mucho que pensar á los hombres que todavía se permiten el 
lujo de esta operación mental. Si en Francia, en España, en Italia, en 
una palabra, en las naciones donde florece todavía la vida religiosa cató- 
lica, se siente mucho menos la gravedad de ese daño, se debe sin duda 
en gran parte á que los monasterios ofrecen á muchos millares de jóve- 
nes, alejadas del matrimonio voluntaria ó involuntariamente, el asilo de 
una familia moral, donde sumamente se facilita su existencia. 

¿Quién será tan ciego que no entienda esto, ó tan absurdamente sec- 
tario que lo niegue? La vida común es económicamente la más ventajosa 
para toda clase de personas. Ni los soldados podrían sustentarse fuera 
de los cuarteles con la reducida pensión con que en ellos se los man- 
tiene, ni las jóvenes podrían vivir en sus casas, ni siquiera en ruines 
casas de huéspedes, con la renta del dote, siempre muy reducido, con 
frecuencia insignificante, con que se las admite en los conventos. 

¿Qué puede hacer una joven de la clase media: una huérfana de un 
hombre de carrera ó de un modesto propietario rural, sin otros recur- 
sos que una dote de 4 ó 5.000 pesetas? Si no tiene vocación religiosa, 
habrá de meterse en un escritorio, excluyendo de él aun joven del otro 
sexo, ó sustituirle en el mostrador de una tienda, ó consumirse (si tiene 
menos habilidad para tales menesteres) trabajando noche y día en 
labores femeninas para ganar una peseta, con la cual y la renta de 
su caudal mezquino apenas podrá sufragar á sus más apremiantes nece- 
sidades. 

Mas permitid á esa joven que se asocie con otras 20 de sus mismas 
costumbres; pongan sus dotes en común; empléense en comunes traba- 
jos, absteniéndose además de todo gasto superfluo en el vestir, en la 
habitación y en los mil caprichos y fruslerías de que apenas puede care- 
cer en el mundo la vida femenina; herédense además mutuamente, de 
suerte que vayan acumulando un patrimonio social, y con todo esto go- 
zarán de las ventajas morales de la sociedad doméstica, y podrán pasar 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 157 

SU vida pobremente, pero libres de las miserias y peligros morales y 
sociales de una pobre mujer aislada é indefensa. 

¿Puede haber algo más legítimo que esa asociación de los débiles? 
¿Puede haber algo más ventajoso para ellos? Pues, eso es, considerado 
desde el punto de vista económico y social, el monasterio^ el convento... 
¡llamadlo, si os empeñáis, gineceo! 

La mujer célibe es un ser digno de la particular solicitud de toda 
sociedad civilizada. El Autor de la Naturaleza hizo á la mujer para com- 
pañera del varón, y, por consiguiente, el celibato la priva naturalmente 
del complemento y finalidad natural de su vida. La mujer es toda sensi- 
bilidad y ternura, y el celibato la desposee del objeto natural de esos 
afectos que brotan de su corazón con tanta espontaneidad como nacen 
las flores en las orillas del arroyo y las aguas destilan del seno de las 
nubes. 

El Autor del orden sobrenatural proveyó á las mujeres, á quien el 
celibato privaba de la familia natural, de otra familia sobrenatural, donde 
puedan hallar todas las afecciones más íntimas y puras. ¿Qué mayor 
crueldad puede haber, que arrebatar al sexo débil uno y otro de sus des- 
tinos? 

No consideréis á la mujer en la lozanía de su juventud y en el esplen- 
dor de sus atractivos. Esa edad privilegiada apenas abraza un tercio de 
la vida, y si la niña sería infeliz faltándole el amparo de sus padres y 
naturales protectores, todavía es más desgraciada la mujer adulta y an- 
ciana, destituida del apoyo que le destinaba la Naturaleza y del refugio 
que para suplirlo le deparó la Religión. 

Esto olvida un feminismo aturdido é insensato, el cual, si lograre dar 
ocupación y sustento á las mujeres jóvenes, nunca podrá llenar el in- 
menso vacío que se abre en el alma femenina, cuando comienza á decli- 
nar el día de su existencia, si no acuden á llenarlo las afecciones del 
hogar natural ó los santos afectos de la vida religiosa. 



III 

Pero hasta aquí hemos considerado la cuestión que nos ocupa sola- 
mente bajo un aspecto negativo. Nos hemos limitado á poner ante los 
ojos el hecho de que existe medio millón de doncellas perpetuas, y á 
demostrar que, entrándose en los conventos no dañan á nadie, antes se 
retiran de una concurrencia, ya sin ellas harto encarnizada, contribu- 
yendo con esto á evitar el problema feminista. 

Aun cuando las monjas se entregasen en sus monasterios á un ocio 
completo; aun cuando no orasen ni procurasen su perfección moral, ó 
aun cuando sus oraciones y ejemplos fueran enteramente inútiles; nada 
tendría que oponerles la sociedad laica, antes debería estarles muy agra- 

RAZÓN Y FE. TOMO XXVI 11 



158 EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 

decida porque la desembarazan de una dificultad no pequeña. Pero en 
realidad de verdad hay algo más. 

Y en primer lugar, los cristianos hemos de creer y profesar que 
vale mucho la asidua oración de los justos; y que los que viven fuera 
de los conventos, y la sociedad en general, reciben del Cielo innumera- 
bles bienes naturales y sobrenaturales por las plegarias de esas almas 
puras que se dan á la oración y mortificación en el silencio de los 
claustros. 

Además, aun naturalmente, la sociedad alcanza grandes provechos 
por los ejemplos de virtud que le dan las personas entregadas á cultivar 
la perfección evangélica. No hay mayor antiséptico para las costumbres 
de una sociedad, que esa sal de la tierra, que se halla en las instituciones 
monásticas. Y por lo que se refiere particularmente al sexo femenino, 
ninguna mayor garantía puede tener un pueblo, de la santidad del tálamo 
conyugal, que el florecimiento de la vida religiosa. 

En otra parte lo hemos dicho, y no está de más repetirlo aquí. Las 
jóvenes que en su primera edad se han acostumbrado al espectáciilo de 
la castidad perfecta de las vírgenes del Señor, y por ventura han sen- 
tido el atractivo de su hermosura, tendrán mucha mayor facilidad en 
observar escrupulosamente sus deberes de esposas, que las que, desde 
su primera infancia, no acariciaron otro ideal sino el de una felicidad 
sensitiva, que las más de las veces se les frustra, ó no corresponde á sus 
ilusiones, en el matrimonio. 

Y con esto tenemos dos soluciones á una vanísima objeción, que á la 
vida monástica oponen los imperitos ó los sectarios. La mujer que se 
mete en un convento, no da hijos á la patria (¡digámoslo así, con todo 
ornato de palabras!). En primer lugar, esas 591.719 solteras forzosas 
que arroja nuestro censo, ¿cómo quieren ustedes que den hijos á la 
patria? Mas de ese número se sacan las religiosas, como ya tenemos re- 
petidamente demostrado. 

En segundo lugar, en los países donde florece la vida religiosa, y por 
ende la moralidad, abundan los hogares fecundos, y la patria se ve co- 
piosamente proveída de numerosa prole. No es el celibato religioso, 
sino la corrupción del matrimonio y el celibato vicioso, propios de las 
sociedades desmoralizadas, lo que disminuye la población; y es mejor 
para la patria la familia que da á la Religión uno ó dos de sus cinco ó 
seis hijos, que la familia que se funda sobre el pacto implícito ó explícito 
del hijo único, ó todo lo más, de los dos hijos. 

Por otra parte, los monasterios, aun los de vida más contemplativa, 
no son estériles, sino fecundísimos en obras de caridad y beneficencia 
con los prójimos. 

En este punto necesitamos ceñirnos mucho; pues, á poco que dejá- 
ramos correr la mano, nos saldría, no ya un artículo prolijo, sino un 
voluminoso libro. 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 159- 

¿Dónde nació y vivió durante muchos siglos, la educación de la 
mujer, sino en los monasterios de monjas? Las cuales fueron, no sólo las 
personas, casi únicas de su sexo, dotadas de literaria instrucción, sino 
las únicas maestras de las niñas en los siglos que nos precedieron. 

Y en el siglo en que vivimos, no se han limitado las religiosas á ésta 
y otras obras compatibles con el encerramiento de los claustros; antes 
han salido de ellos para atender á todas las miserias y sufrimientos de la 
Humanidad, multiplicándose sus institutos en la medida en que se multi- 
plican los dolores de nuestra sociedad enferma. 

No se han contentado con abrir hospitales donde recoger á los enfer- 
mos y ancianos, orfanotrofios y cunas donde recibir á los hijos á quienes 
echa al arroyo el vicio sin piedad ó desampara la prematura muerte de 
sus padres; ¡han ido á los campos de batalla á vendar las heridas de los 
soldados, ó recibir su postrer aliento, haciendo con ellos el oficio de una 
madre ó una hermana ausente; han ido á todas las moradas donde se 
sufre, para sentarse á la cabecera del enfermo, para suplir los oficios del 
ama de casa; para esparcir el perfume de la resignación y el consuelo, 
donde no había sino la rabia de la impaciencia y el furor de la deses- 
peración! 

¿Qué dolor, qué miseria humana, no ha hallado una de esas institu- 
ciones monásticas, que tomara el cuidado de su alivio? Y ¿diremos que 
hay demasiadas monjas? ¿No hay por ventura más miserias que necesi- 
tan lenitivo? ¿No hay más ignorantes que necesitan religión? ¿No hay 
más afligidos que necesitan consuelo? 

Y aunque así no fuese, ¿era esto suficiente motivo para justificar el 
despojo de mujeres indefensas, el incendio de sus moradas y el robo de 
sus modestos haberes? De todo lo cual se han hecho en cierto modo 
cómplices, los que al día siguiente de tan vandálicos atentados han pro- 
curado atenuar su salvaje criminalidad, saliendo con esa absurda cues- 
tión sobre el excesivo numero de monjas! 

Los que se esfuerzan por paliar la barbarie inaudita, manifestada por 
los revolucionarios de Barcelona en el incendio de los conventos y casas 
religiosas, ponderan que los tales bandidos — respetaron la propiedad 
privada,— y por lo que toca á las monjas, las trataron ¡hasta con urba- 
nidad! En efecto: hubo alguno de esos cafres que llevaron su simiesca 
cortesanía hasta ofrecer el brazo á las religiosas á quienes echaban de 
sus moradas para ponerles fuego. 

¡Quisiéramos saber cuan agradecidos quedarían los dueños de las fá- 
bricas y almacenes de comercio, á los que les volaran con dinamita sus 
edificios, y entregaran á las llamas su hacienda, si al propio tiempo les 
saludaran y hablaran con la más exquisita urbanidad!— «Tenga usted la 
amabilidad de salir de su establecimiento, mi señor don Torcuato; no 
venimos más que á pegarle fuego; ¡dispense usted la molestia!» 

¿No es añadir la befa al latrocinio, el hablar con urbanidad de pala- 



160 EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 

bras á quien se roba y despoja, con brutal violencia de obra, de las 
cosas más necesarias para la vida? 

Pero se ha respetado, añaden, la propiedad privada. — ¿Por ventura 
son los conventos y casas religiosas- pertenencia del primero que quiera 
reducirlos á pavesas? ¿Qué son esos edificios y ajuares, sino los dotes 
reunidos de honestas doncellas que han ido á buscar en esos pacíficos 
retiramientos, el ambiente moral, el hogar amoroso que no les fué dado 
encontrar en el seno de una familia de otra índole? 

¡Delito es, indudablemente, todo atentado injusto contra la propiedad 
particular; pero el despojar á pobres mujeres de los edificios donde 
tienen su vivienda, y de los objetos más necesarios para su honesta 
vida, pasa de latrocinio y entra de lleno en la criminalidad de asesinato! 
Pues, ¿qué diferencia hay entre sofocar á una persona apretándole el 
cuello, ó privándola del aire respirable? ¡Podrá ser la primera forma más 
brutal; pero no es menos homicida! 

Aun cuando se tratara de las mujeres más viles, aun de las rameras 
encenagadas en las sentinas del vicio, sería inhumanidad quemarles sus 
viviendas y condenarlas á morir de inanición, despojándolas de los habe- 
res adquiridos como precio de sus torpezas. ¿Qué será someter á igual 
tormento á las más puras vírgenes, á las más nobles almas, que despre- 
ciaron todos los halagos del mundo para vivir entregadas solamente al 
culto de la virtud y al ejercicio de la caridad que derraman sobre sus 
prójimos? 

¡Crimen es éste que sólo puede inspirarlo un infernal fanatismo! 
¡Crimen de aquellos que el hombre reflexivo apenas puede explicar por 
el desorden de las pasiones bestiales; antes le conducen á creer en la in- 
tervención de un poder demoníaco, cuyas sugestiones obsesionan á los 
miserables, que por una vida impía se han sujetado á su infernal in- 
fluencia (1). 

Y las circunstancias de los atentados cometidos en Barcelona y otras 
poblaciones de Cataluña son tales, que indican bien de dónde procede la 
saña que en ellos se ha explayado. Porque ¡no se han dirigido sólo 
contra las monjas, cuyo número se pretende ser excesivo; no se han li- 
mitado á los institutos religiosos; sino hanse extendido á los templos pa- 
rroquiales, á los hospitales y asilos de ancianos y niños huérfanos, á los 
círculos de obreros, á todo aquello que lleva el sello cristiano, á todo lo 
que se ordena al culto y particular servicio de Dios! 

¿Había por ventura excesivo número de templos? ¿Había excesivo 
número de hospitales y asilos para los desgraciados? ¿Había excesivo 
número de instituciones católicas para moralizar y dignificar al obrero? 
¡Con todo eso, ha habido demasiados para los sectarios que los handes- 



(1) Véase Razón y Fe, 1. 1, «Por qué se odia á los religiosos». 



EL EXCESIVO NÚMERO DE MONJAS 161 

truído con el fuego! Luego es una insensatez buscar la causa de tales crí- 
menes en el excesivo desenvolvimiento de las congregaciones religiosas; 
y las personas que expresan ó abrigan semejantes ideas, ¡dan muestra 
de los enormes desatinos que puede inspirar el miedo, ó de la ruin ca- 
lidad de los sentimientos y creencias que profesan! 

Es absurdo decir que haya excesivo número de religiosos, desde el 
momento que todos los que lo son han abrazado ese estado libremente, 
y libremente perseveran en él; comoquiera que las leyes civiles están 
hoy siempre prontas á reconocer y amparar cualquiera apostasía. Pero 
es doblemente insensato, por cuanto su existencia viene á remediar una 
verdadera necesidad social, aliviando el problema del exceso de pobla- 
ción, que ha preocupado con frecuencia á los estadistas; y resolviendo el 
problema, feminista, que actualmente constituye una de las dificultades 
más graves de las sociedades modernas. 

Y los atentados contra los conventos, no sólo no tienen menor crimi- 
nalidad que los dirigidos contra la propiedad privada, sino envuelven 
las circunstancias agravantes de encaminarse contra la religión, y contra 
la misericordia debida á la debilidad del sexo, y á la virtud imbele é in- 
defensa. 

R. Ruiz Amado. 



Historia de las Keíigiooes 



1. Un libro interesante ha publicado el Obispo de Alinda, monseñor 
A. Le Roy, intitulado La Religión de los Primitivos, ó sea de los pueblos 
que, al decir de algunos, conservan el modo de ser de los aborígenes del 
mundo (1). Su examen nos va á dar ocasión de hablar de la historia de 
las religiones y sincretismo religioso, materia á que hoy día se atribuye 
extraordinaria importancia. «Quien la ignora, escribe monseñor Le Roy 
en el prólogo, ignora una parte de la Teología.» Y en el primer Congreso 
Científico internacional de católicos, en Abril de 1891, el abate Peisson 
terminó su memoria sobre el Estado actual de la ciencia de las reli- 
giones, con estas conclusiones: «Que los clérigos la estudien cada vez 
más; que se creen cátedras de ellas en los Institutos católicos, y que al 
tratado de Religión en los Seminarios mayores preceda, como prólogo 
necesario y obligado, una historia de estos nuevos estudios.» 

2. Pero ¿qué pretende esta ponderada y novísima ciencia? Pues no 
otra cosa que testiñcar y explicar, contesta el Prelado de Alinda, la 
creencia religiosa, ese hecho universal tan antiguo como el hombre, pe- 
culiar y característico suyo, y que, á pesar de los pronósticos de malos 
agoreros, subsiste floreciente y subsistirá hasta que desaparezca de la 
tierra la raza humana. Según Goblet d'Alviella, comprende dos partes: la 
hierografia, 6 descripción de las religiones conocidas y de su desenvol- 
vimiento, y la hierologia, ó cotejo y relación de las mismas con la deduc- 
ción de las leyes porque se rigen. 

3. Que con afán y empeño inusitados, desde que Max Müller fundó 
el edificio de la Historia de las Religiones, como quiere Chantepie de la 
Saussaye, aunque otros le contradicen, se ha dedicado una falange de 
aficionados á este estudio, es imposible negarlo ó desconocerlo. Hay cá- 
tedras de esta ciencia en no pocas ciudades principales; se han escrito 
innumerables libros, conforme se infiere de la larguísima lista de ellos 
que trae el erudito autor, en la que omite, como era de presumir, los es- 
pañoles; infinitos artículos en distintas publicaciones; existen varias re- 
vistas cuyo fin y blanco es tratar exclusivamente de este asunto (2); se 
han creado museos de objetos religiosos, como el de Guimet, abierto en 

(1) La Religión des Primififs,paiT Mgr. A. Le Roy,Evéque d'Alinda, Supérieur general 
des Peres du Saint-Esprit. París, Gabriel Beauchesne et Ci«,Édlteurs, Ancienne Librairie 
Delhomme et Briguet, Rué de Rennes, 117, 1907. En 8.°, VIII-518 páginas. Precio, 4 
francos. 

(2) V. Dufourcq, Histoire compairée des Religions Paiennes et de la Religión 
Juive, pages 2-13. 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 163 

Lyon en 1878 y trasladado á París en 1888, y celebrado los Congresos 
de Chicago, en 1893; Stokolmo, en 1897; París, en 1900; Basilea, en 1904, 
y últimamente el de Oxford, del 15 al 18 de Septiembre de 1908, al que 
asistieron al pie de 500 personas. 

4. No estará de sobra el advertir que el Congreso masónico parisiense 
de 1907, en su sesión del 29 de Septiembre, significó el anhelo de la 
Orden de que se propagara entre los niños de las escuelas semejantes 
estudios, poniendo en sus inocentes manos compendios de la Historia de 
las Religiones, tan perniciosos como el del masón Lahy. No es sorpren- 
dente que abriguen esos deseos; porque no hay sino abrir los ojos para 
ver la justicia con que en su libro Les Religions acaba de indicar el abate 
Brouselle que la incredulidad intenta hacer de esta ciencia una formi- 
dable máquina de guerra contra el catolicismo (1). 

5. Pero nos atrevemos á pronosticar que va á obtener escaso fruto; 
pues analizando severa é imparcialmente sus obras y trabajos se echa al 
punto de ver lo torcido de sus procedimientos, lo vano de sus deduc- 
ciones y lo mezquino y poco lisonjero de los resultados. Elogie la His- 
toria de las Religiones y levántela á las estrellas William James: con ella 
acaecerá lo que con otras ciencias muy alabadas por lo que parecían 
tener de anticatólicas: estuvieron algún tiempo sobre el celemín; después 
se desvanecieron á manera de fuegos fatuos, sin dejar de sí el menor 
rastro. 

LO TORCIDO DE SUS PROCEDIMIENTOS 

6. Con sobradísima razón insiste el Sr. Obispo de Alinda en mani- 
festar el desvariado procedimiento que emplean en esta materia la ma- 
yoría de los escritores incrédulos. Parten de principios falsos; estriban 
en hechos inciertos; raciocinan y discurren desdichadamente, y, en fin, 
revelan supina ignorancia de la Religión católica, contra la que pretenden 
enderezar sus baterías. 

7. Incontables son los sistemas modernos que han intentado explicar 
el origen de las religiones: mas en casi todos esos sistemas se presu- 
ponen como inconcusos dos axiomas. El primero es la negación de lo so- 
brenatural. Mr. A. Réville, que rechaza los dogmas como aprioristicos, 
no titubea en contradecirse, asentando, al modo de axioma indiscutible, 
que nada hay de sobrenatural, que son partos de la fantasía el milagro y 
el misterio. El segundo es el de la evolución ó desarrollo. La evolución, 
dice Mr. Reinach, se designa como la ley de los estudios religiosos, 
porque ella es la ley del género humano. Pero con esto se va abierta- 
mente contra la naturaleza de la ciencia de las religiones. Esos axiomas 



(1) El abate Labourt dice lo mismo: Cours supérieur d'instruction religieuse, París, 
1909. Avertissement. 



164 H.STOiíiA ü^ LAS RELIGIONES 

no deben ser principios ó puntos de partida, sino, á lo más, conclusiones. 
Lo que se pretende es descubrir y hallar hechos, examinarlos á la clara 
luz de la razón, reunirlos bajo una divisa en géneros y especies, y á la 
postre deducir las leyes á que se someten ó las consecuencias, sin pre- 
vención de ningún linaje. Me encuentro que hay un lugar en el que, 
merced á un influjo que se dice sobrenatural, los huesos rotos se solidi- 
fican inmediatamente, los cariados pierden su roña, los pulmones lasti- 
mados recobran su ser primitivo, úlceras del rostro se cicatrizan, aber- 
turas de llagas y heridas se cierran; niños, doncellas, mujeres, varones, 
obreros, empleados, enfermos pobres y ricos, hombres de todas edades 
y condiciones á la faz de todo el mundo hallan la salud apetecida... Y 
salen los materialistas y racionalistas diciendo, sin molestarse siquiera 
en examinar los hechos: no, no hay en ellos cosa de sobrenatural; lo sa- 
bemos perfectamente; lo sobrenatural es un mito. Precisamente eso se 
debe demostrar por los hechos, según dictan las leyes de la historia; y 
mezclar un principio de metafísica kanciana ó naturalista, como argüía 
Brunetiére, es destruir esas leyes... A no dudarlo, así los negrillos y 
bantús como todas las tribus del África, admiten y proclaman la exis- 
tencia de un Ser superior á todo lo creado, al que se denomina con nom- 
bre especial, y que se diferencia de los elementos naturales, de las 
sombras, de los manes, de los espíritus, y se acerca al Dios vivo y per- 
sonal de los europeos. No puede ser, grita Réville: porque la idea de un 
dios al modo judaico ó cristiano, nació poco á poco;se fraguó lentamente, 
mediante la regla y cánones del progreso, y esos pueblos sumidos en la 
barbarie ó el salvajismo tienen que ser animistas ó fetiquistas. Ya se 
supone la tesis; se empieza por donde debía finalizarse. 

8. Bien es verdad que se alegan hechos en abundancia abrumadora. 
Mas aquí ocurre algo muy original. No pocos de ellos ó son falsos, ó se 
interpretan mal, ó se confunden entre sí, ó se presentan incompletos. 
Falsos. Baldv^in, Spencer y F. J. Gillen testifican con toda seriedad 
que en la tribu de los Aruntas, en la Australia, no se vislumbra forma 
superior de religión, siendo sus individuos perfectamente ateos. Pues 
Mr. Strehlow, peritísimo en costumbres australianas, ha demostrado con 
razones incontestables la falsedad de esas afirmaciones. Con no menos 
desenfado que los anteriores aseguraba Tylor que los jesuítas en 1633 
introdujeron entre los indios de la América del Norte la fe en el Kitchi- 
Manitou ó gran espíritu. Falso, responde Lang: mucho antes de esa época 
varios viajeros, cuyos testimonios alega, hallaron entre aquellos indios 
esa creencia, que venía, al menos en parte, de tiempo inmemorial (1). Mal 
interpretados. En ocasiones se interpreta como indudable en un sentido, 
y acaso con recta intención, lo que entraña otro distinto. El abate A. Bros, 



(1) Anthropos. Revista internacional de Etnología y Lingüística. Tomo III, páginas 
567, 575, 819. 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 165 

siguiendo las huellas de MM. Réville, Tylor y Frazer, señala por materia 
de culto entre los negros objetos diversos que reputan animados y los 
miran como dioses: así el Morimo entre los Cafres y el Waka entre los 
Gallas, que parecen representar el cielo fecundo y lluvioso. Si los Gallas, 
que se irritarían al oirse calificar de negros, leyeran estas obras, respon- 
derían que Waka es el Ser Supremo, tan real y personal como el Alá de 
los árabes y el Jahvéh de los judíos. Basta haber hablado con ellos para 
convencerse de que entienden por Waka, no el cielo material y extenso 
que constituye la bóveda del firmamento, sino el personificado, esto es, 
el Gran Espíritu que lo habita (1). Lo mismo cabalmente que acontece 
entre los civilizados. Segismundo el héroe de La vida es sueño, de Cal- 
derón, contesta á Rosaura con aquella célebre décima, que la saben de 
coro los niños: «Apurar, cielos, pretendo -Por qué me tratáis así.— ¿Qué 
delito cometí— Contra vosotros naciendo?...» Y Heraclio en la Exaltación 
de la Cruz, del mismo poeta, pronuncia aquella bellísima cuarteta: «El 
madero soberano, — Iris de paz, que se puso -Entre las iras del cielo — 
Y los delitos del mundo» (2). Trastrocados. La equivocación, no leve, en 
que se ha tropezado en esta materia, es el haber confundido lastimosa- 
mente la mitología y magia natural y preternatural con la religión; el 
haber cambiado los frenos tomando una cosa por otra. Según Guyeau, 
de quien no difiere Winckler, «la religión ensayó desde luego la reso- 
lución de problemas físicos». La religión no, la mitología sí, responde el 
P. Lagrange. Aquélla reconoce un soberano único y seres superiores so- 
brenaturales en el mundo invisible, rindiéndoles adoración; ésta intenta 
rasgar el velo de lo desconocido en alas de la fantasía. No se confundan 
los términos (3). Pues para la escuela sociológica de Mr. Durkheim, 
como notan A. Bros y O. Habert, «entre los dos órdenes de hechos má- 
gicos y religiosos existe más que una semejanza exterior, hay una iden- 
tidad real; los unos y los otros tienden al mismo fin» (4). Eso es lo 
mismo que querer pasar por de buena ley la moneda falsa; es como si 
defendiéramos que las actuales cartomanceras y adivinas de París, que 
venden amuletos y talismanes muy recomendados en el periódico Matin, 
practicaban la verdadera religión ó no se distinguían de los que la prac- 
tican. Cierto es, según testifica el Prelado de Alinda, que entre los sal- 
vajes la magia está entreverada con la religión y puede compararse al 
musgo que abraza el árbol secular hurtándole la savia; pero no lo es 
menos que se señalan doce caracteres distintos y perfectamente deter- 
minados que separan la religión de la magia, y que mientras aquélla se 



(1) Véase lo que sobre la palabra cielo dice compendiosamente en su obra La cos- 
mogonía mosaica, Barcelona, 1906, pág. 88, el P. Juan de Abadal, S. J. 

(2) Véanse otros ejemplos curiosos de torcidas interpretaciones en Anthropos, 
pág. 1.095. 

(3) Études sur les religions sémetiques. París, 1903; páginas 28-38. 

(4) L'Univers, 16 Junio 1909, segunda hoja. 



166 HISTORIA DE LAS RELIGIONES 

endereza, como lo ha definido el lenguaje vulgar en dos palabras, al ser- 
vicio de Dios y reconoce un Ser Soberano, dueño del mundo y padre de 
los hombres, á quien se debe acatamiento, la otra procura atraer á su ser- 
vicio con malas artes y sortilegios las fuerzas de la naturaleza ó captarse 
el poderío de los manes y espíritus inferiores. Incompletos. Lo que pasma 
y fuerza á concebir desventajosa idea de estos historiadores de las reli- 
giones es, que presentan los hechos truncados é incompletos. En el haci- 
namiento de noticias encaminadas á probar la creencia en los pueblos 
primitivos de la personificación de los objetos materiales, de los es- 
pectros, de las almas, de los tótem, se omiten y desfiguran cuidadosa- 
mente las que atañen á la noción de Dios. Es el modo de proceder de 
Spencer, Tylor, Tiele, Réville, como lo ha patentizado, con no escaso 
ingenio, Andrew Lang en su obra The Making of Religión, sobre la que 
se ha guardado significativo silencio. ¿Por qué conducta tan poco caba- 
llerosa? Porque no les conviene; porque entonces sus teorías caerían por 
su base, como una estatua á la que se quita el plinto del pedestal en que 
se sustentaba. Si apareciera desde luego el concepto de un Ser Supremo 
vivo y personal, ¡adiós su evolución! Luego hundámosla en la sima del 
olvido, aun cuando la verdad histórica, herida en sus mismas entrañas, 
proteste airadamente (1). 

9. No suelen pasar generalmente estos escritores, de que hablamos, 
sus raciocinios por el alquitara de la lógica; por eso emplean muy co- 
múnmente dos sofismas que los dialécticos apellidan de non causa pro 
causa, y de fallada fictae universalitatis ó syllogismus pseudographus. 
Hoc post hoc; ergo propter hoc. Apenas tropiezan con un rito en las reli- 
giones antiguas que parece asemejarse á otro de la católica ó tener cierta 
analogía, siquiera sea remota con él, luego deducen que el uno es causa 
ú origen del otro. ¡Cuantos casos pudieran citarse! (2). Para E. Burnouf, 
Cristo es dios del fuego de los indios, porque el cordero ó personifica- 
ción del fuego salido del frotamiento de dos palos, prodújolo Twastri, 
especie de carpintero divino, que como dios indiano, tenía su Aíaia ó 
compañera celeste. Esta fábula, secretamente enseñada entre los hebreos, 
se aplicó á la persona de Cristo, hijo de José y María, clavado en la 
cruz, esto es, en dos palos y considerado como el Cordero pascual (3). 
Pues W. Robertson Smith, J. B. Ferons y Salomón Reinach descubren en 
el sacrificio del animal tótem y la participación de la carne de la vícti- 
ma, la explicación de la Misa y Comunión cristiana. Sí, algún viso tiene; 
aunque las segundas difieran del primero radicalmente en cuanto á la 
forma propia y elementos; pero ya no se requiere más para fallar que 



(1) Antr hopos, páginas 365-563. 

(2) Véase Praelectiones Scholastico-dogmaticae..., auctore Horatio Mazzella. Editio 
tertia. Romae, 1904, núm. 290, pág. 318. 

(3) La Religión católica vindicada de las imposturas racionalistas, por el P. José 
Mendive, de la Compañía de Jesús, cuarta edición, 1897, pág. 92. 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 167 

Cristo, los Apóstoles ó cristianos de las primeras edades se apropiaron 
tales ritos gentílicos con el fin de fabricar dichos dogmas, ó que éstos no 
vienen á ser sino aquéllos un poco transformados, limados y bruñidos. 
Ni son menos audaces y aventurados en sacar conclusiones universales 
de hechos particulares é inducciones imperfectas, no obstante el consejo 
que les daba Max Müller (1), al que tampoco él se atuvo, que se preca- 
vieran de no incurrir en prematuras generalizaciones. Ve en algunas tri- 
bus W. Robertson Smith que el animal tótem es sacrificado; y se apre- 
sura á concluir que el sacrificio no es más que un rito totémico, aunque 
la experiencia enseña que el totemismo no se ejercita entre todas las 
gentes que usan sacrificios. Advierte Mr. Frazer que los pueblos de la 
Austria central estudiados por MM. Spencer y Gillen, y los indios de 
Méjico descritos por M. Preuss, apenas conocen más que la magia (2), 
y saca la deducción de que toda religión procede de ella, sin reparar 
que en otras tribus degeneradas pudo suceder, lo que es más natural y 
verosímil, que la magia proviniera, ó mejor dicho, fuera como una carroña 
y tumor maligno de la religión (3). 

10. La prudencia dictaba que antes de entregarse de lleno á estudios 
tan delicados se tuviese preciso y distinto conocimiento, así de la religión 
en general como de la católica en particular, para no desfigurarla; por- 
que si se la desquicia es fácil presentarla como reñida con la experien- 
cia. Ne ignoraia damnetur, repetimos con Tertuliano; no se la condene 
sin conocerla. Mas á esto se ha atendido poco, según se echará de ver 
en algunos ejemplos cogidos al azar y que podrían multiplicarse hasta 
lo inverosímil. En la Encyclopédie des sciences religieuses, en la palabra 
Adoration, J. Monod escribe lo siguiente: «La Virgen (en la religión cató- 
lica) es objeto de una adoración especial, llamada la Adoración perpe- 
tua.» Con saña reconcentrada atestigua Tylor que el catolicismo conser- 
va, como joyas, ritos que dirían mejor con épocas bárbaras; que es 
odioso al sabio, ya porque mira á destruir los fueros de la ciencia libre, 
ya porque la casta sacerdotal extiende su señorío al campo de la inteli- 
gencia, de tal suerte, que en nuestros días (en 1870) un Obispo viejo ha 
osado, en virtud de no sé qué inspiración infalible, definir sentencias sobre 
estudios que exceden sus conocimientos y capacidad intelectual (4). El fa- 
moso Salomón Reinach, en un artículo sobre la evolución en Teología, da 
por averiguado que la Apología católica se apoyó durante siglos en el ma- 
nifiesto círculo vicioso de fundar la autoridad de la Iglesia en las Escri- 
turas y la de las Escrituras en la de la Iglesia, como si esa objeción no 



(1) Historia de las Religiones, por Max Müller. Traducción de L. Terán. Madrid, 
pág. 406. 

(2) Z,'í//2/ver5, 16Jun. 1909. 

(3) V. Zigliara, Propedéutica ad Sacram Tlieologiam. Editio quinta. Roma, 1906, 
pág. 218. Conclusio prima. 

(4) Anthropos, pág. 335, nota. 



168 HISTORIA DE LAS RELIGIONES 

hubiera sido mil veces deshecha, pulverizada y aventada y no se hallara 
su solución en todos los manuales de Teología (1). Réville compara á 
los amuletos las medallas benditas, en cuyo metal encuentran los católi- 
cos secretas virtudes, y nos enseña que éstos sostienen una revelación 
primitiva para establecer el dogma de la infalibilidad de la Iglesia. En 
fin, para no alargarnos en demasía, Frazer, en su libro Adonis, Attis, 
Osiris, pone á cargo del catolicismo el que en Bélgica se coma el día de 
ánimas el soul-cakes, costumbre de los paganos, que juzgaban que al 
cabo de cada año las almas de los muertos se hallaban presentes y las 
regalaban con un festín (2). 

LO VANO DE sus DEDUCCIONES 

11. Se comprende sin mucho trabajo que no serán de muy grande 
peso las deducciones que se colijan de procedimiento tan manco y defec- 
tuoso; pero examinadas en sí mismas, se entiende todavía mejor que no 
sólo contra la revelación, pero ni aun contra el modo tradicional de ex- 
plicar los hechos encierran valor alguno positivo. 

12. El argumento rey, que diría el P. Gracián, sacado de la historia 
de las religiones contra la católica, y al que como á potente foco conver- 
gen otros varios, se reduce á que ésta se origina de diversos cultos (3). 
Delátalo á voces dicen su misma esencia, que se compone de muchos ritos 
que se hallan en flor, en germen ó en todo su ser en las religiones dise- 
minadas por el mundo. De ellas los extrajo, cual solícita abeja, el catoli- 
cismo, perfeccionándolos después y constituyendo un cuerpo de doctrina. 
Arriba indicamos lo que sienten E. Burnouf, Smith, Ferons y Reinach, 
acerca de algunos dogmas. Frazer opina que la divinidad de Cristo es el 
panal elaborado con los jugos libados en las supersticiones babilónicas, 
pérsicas, índicas y romanas; y en una palabra, todos los racionalistas uno 
ore, como afirma Mazzella (4), con perfecta unanimidad, apoyados en 
los rasgos y analogías entre la verdadera religión y las falsas, achacan 
á aquélla tan bastardo y espúreo nacimiento. 

13. No es reciente esta dificultad, y aun Mazzella divisa vestigios de 
ella en el filósofo Celso (5). En el siglo XVIII Voltaire buscó en esas 



(1) Por ejemplo, Wirceburgenses, Theolog., II, pág. 232; Hurter, Theologia genera- 
lis, núm. 265; Mazzella, Praelectiones, I, núm. 331; Lorini, Introductio in Sacram Theo- 
logiam, núm. 373; Mendive, Institutiones, \.^ pars, pág. 329; Saiz Ruiz, Synthesis..., nú- 
mero 438; Miguel Blanc, Theologia Generalis, núm. 334, etc., etc. 

(2) The Irisch Ecclesiastical Record. January, 1907. 

(3) G. Van Noort, Tractatus de Vera Religione. Editio altera, Amstelodami, 1907, 
núm. 74. 

(4) Loe. cit., números 289 y 290. Véase también la Historia de la Civilización de am- 
bos continentes, obra eserita por Bonifacio Seviñe y Miqueláiz. Madrid, 1899, pág. 632. 

(5) ídem, núm. 288. 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 169 

conexiones y enlaces un ariete demoledor del cristianismo; y por cierto 
que tradujo en francés un pretendido Ezar-Veda, henchido de tales ana- 
logías, que supuso ser cuatro siglos anterior á Alejandro Magno, y que 
resultó obra del célebre misionero jesuíta del siglo XVII Roberto de 
Nobili, conforme comprobó Ellis (1). Sin embargo, no se ha de negar 
que se ofrece ahora con nuevo aparato científico y muchedumbre de 
ejemplos. Pero todos sus esfuerzos se estrellan contra la roca de la ver- 
dad. En general y en particular (2), se han triturado cuantos argumentos 
se amontonan en pro de semejante hipótesis. Indicaremos nosotros, ya 
que no es posible otra cosa, algunas contestaciones generales que ex- 
pone con su sobriedad y nervio acostumbrados Van Noort (3). Primero: 
no se entiende cómo pudo formarse por ese método una religión univer- 
sal con un sistema de doctrinas maravillosamente entretejidas. Segundo: 
ni cómo el cristianismo originó contradicciones y persecuciones rabio- 
sas, siendo así que de suyo tendía á atemperarse y aun á convertir en 
sangre propia los cultos ajenos. Tercero: ni cómo Cristo y los Apóstoles 
ó cristianos de los primeros siglos conocieron religiones extrañas y re- 
motísimas y tuvieron arte de despojarlas de lo ridículo y extravagante y 
asimilarse lo más puro y acendrado. Cuarto: ni cómo los misterios y 
dogmas cristianos puedan poseer su propia forma y elementos caracte- 
rísticos esenciales, de modo que, cotejados con las doctrinas que se miran 
como sus fuentes y raíces, la semejanza es vaga y meramente externa; 
la desemejanza incomparablemente mayor, verdadera y real. Por último, 
diremos con Mazzella (4), que mientras quede en pie que Cristo fué legado 
de Dios, no destruyen los adversarios el origen divino de la religión; pues 
pudo el cielo auxiliarle é inspirarle para que eligiese y compaginara los 
elementos útiles, buenos y verdaderos esparcidos en otros cultos, for- 
mando una religión propia cuya predicación se confirmara con milagros. 
14. No se ha conseguido tampoco enflaquecer el modo tradicional de 
explicar las mencionadas analogías y hechos. Los antiguos atribuíanlos 
universalmente á una de tres causas: á la naturaleza humana, á la revela- 
ción primitiva, á la intervención diabólica. Á la naturaleza humana, por- 
que muchas verdades teóricas y prácticas, muchos ejercicios y ceremo- 
nias del culto son tan naturales al hombre, que no es maravilla se vean 
en todos los confines habitados de la tierra y en la verdadera y falsas 
religiones; v.gr., el sacrificio, cierta confesión y expiación de los pecados, 
el canto religioso, etc. El cristianismo ni prescinde de la naturaleza, ni 



(1) Pawlicki P. Stefano, Le Origini del Cristianismo. Roma, 1882, pág. 8. 

(2) Véanse Pesch, Praelectiones dogmaticae, t. I, números 310-356; Mazzella, I. c, 
núm. 293; Mendive, La Religión..., 1. c; Egipto y Asirla resucitados, por D. Ramiro Fer- 
nández Valbuena. Toledo, 1895. Primera parte, páginas 33, 69, etc. 

(3) L.C. 

(4) L. c, pág. 319, núm. 290, nota. 



170 HISTORIA DE LAS RELIGIONES 

profesa que todos los ritos que encierra sean sobrenaturales (1). ¿Qué 
opone á este discurso la historia de las religiones? Lejos de oponer nada 
de consideración, más bien lo confirma. Monseñor Le Roy, estribando 
en su larga experiencia de veinte años y en el estudio constante de los 
escritos de autores que pasan por lumbreras en esta ciencia comparada, 
nos da cuenta y razón de los sacrificios morales, de las expiaciones, de 
los cantos religiosos de los primitivos, como flores vistosas y brotes 
espontáneos de su naturaleza...; luego en esto no destruye, sino ratifica la 
explicación tradicional. 

15. Otros hechos se explicaban por la desfiguración de la revelación 
primitiva. Esta revelación abarcaba el monoteísmo y un número de verda- 
des harto difícil de precisar; pero al correr de las edades sufrió un des- 
arrollo progresivo, por especial providencia divina, en el pueblo esco- 
gido (época patriarcal, mosaica y luego cristiana) y regresivo y muy 
desigual en los demás. En Occidente y Oriente el monoteísmo degeneró 
en politeísmo, después en antropomorfismo é idolatría; entre los bárba- 
ros y salvajes, cuya historia es un caos, como declara De Broglie, se 
adulteraron las narraciones primeras, abrillantándoselas con el ropaje de 
la fábula y galas y errores fantásticos é ilusorios; sin embargo, no las 
destruyeron. El abate A. Bros, haciéndose en parte eco de los voceros de 
la incredulidad, asegura, que hoy día esa suposición se desecha general- 
mente. ¿Qué razones aduce? Dos principales: primera, las razas decaí- 
das no sobresalen por la tenacidad de su memoria. Los negros del Congo 
formaron en el siglo XVI una cristiandad de doce millones; ahora no se 
busque entre ellos huellas de creencias católicas. Segunda, las analogías 
son pocas y sin importancia, ni vale la pena de que en ellas intervenga 
la Providencia. Escasa fuerza, á la verdad, encierran estas razones. Por 
endeble y fugaz que se finja la memoria, cuando las enseñanzas encarnan 
en hechos prácticos y las historias son deslumbradoras y se archivan en 
el seno de las familias ó se incorporan y entallan en monumentos más ó 
menos rudos, se mantienen frescas siempre, y su relación se vincula al 
modo de ser y á la vida de las tribus. Al ejemplo hay que poner no flojos 
reparos: primero, la cifra parece exagerada; segundo, la inmensa mayo- 
ría de esos negros no tenían de cristianos sino el nombre, ó no recibieron 
instrucción ó fué harto somera y así se olvidó presto; tercero, aquí trope- 
zamos con la funesta generalización, en el Congo... luego en todas partes; 
olvido de la religión cristiana... luego de todas las creencias. Lo que evi- 
dentemente es falso; porque en Ambaca (detrás de Loanda) los negros 
conservan hace años y años sus principios católicos y escritura, á pesar 
de carecer de sacerdotes. En cuanto á la escasez y desinterés de las ana- 
logías, hemos de responder que aunque no desconocemos, con el Padre 
Pesch, que algunos católicos han ido por ventura más alia de la raya de 



(1) Van. Noort, 1. c. 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 171 

lo justo, todavía es innegable que existen varias. El Prelado de Alinda 
apunta doce tan capitales que son las zanjas en que se cimentan la moral 
y religión. Todo ello sin apelar al recurso de la Providencia, que en 
determinados casos por fines especiales puede de mil modos hacer que 
no se borren los rastros de la primitiva revelación. Otra objeción pone 
Réville: no pudo existir tal revelación, como lo significa el estado de 
abatimiento y postración de las razas primeras. Pero aquí se parte del 
principio engañoso de la evolución; á mayor cultura, religión más aca- 
bada; no de los hechos que deben ser el único norte para Réville, y los 
hechos dan que pueblos atrasadísimos en cultura, como los pigmeos 
actuales, sobrepujan religiosa y moralmente á pueblos tan adelantados 
como griegos y romanos. 

16. Ritos hay, como el de la manera de confesión en algunos pueblos 
gentiles (1) y otros análogos, bien extraños y sorprendentes. Fundán- 
dose los autores antiguos en aquella idea de Tertuliano de que el demo- 
nio es la simia ó mona de Dios (2), y considerando su señorío en gentes 
privadas de la lumbre de la fe, y separadas de todo comercio cristiano, 
creyeron que les inspiró algunos de esos ritos que son caricaturas y paro- 
dias de los dogmas instituidos por Jesucristo (3). ¿Se ha echado por 
tierra esta hipótesis? Con burlas punzantes y dicterios de dudoso gusto, 
sí; con pruebas, que son las que hacían al caso, no. Lo indudable es que 
el Obispo de Alinda habla repetidas veces y como testigo ocular, aunque 
siempre tímida y veladamente, del trato de los hechiceros y brujas con 
espíritus malos, de los que reciben inspiraciones y noticias de secretos 
que por el camino ordinario es difícil averiguarlos. No merece, por tanto, 
la opinión tradicional, cifrada en esta comunicación diabólica patentizada 
de mil modos, ni los desdenes compasivos con que se la mira, ni los 
denuestos y dictados más ásperos y desabridos del diccionario. Persiste 
en todo su vigor y lozanía, y persistirá hasta que con hechos se la 
desautorice. 

LO POCO LISONJERO DE LOS RESULTADOS 

17. ¿Es completamente estéril é infecundo el estudio de la historia 
de las religiones? ¿Se han obtenido de él bienes sin cuento? No demos 
oídos ni al canto épico entonado por William James en loor de esta cien- 



(1) Véase en Tres relaciones de antigüedades peruanas. Madrid, 1879, la anónima, 
pág. 165. 

(2) La Théologiede Tertullien, par Adhemar d'AIés, páginas 158, 159. 

(3) Véanse Historia eclesiástica indiana, por Fr. Jerónimo de Mendieta, O. S. F., Mé- 
jico, 1870, páginas 97-107, y la Historia Natural y Moral de las Indias, por el Padre 
José de Acosta. El título del capítulo XI del libro V de esta obra dice así: «De cómo el 
demonio ha procurado asemejarse á Dios en el modo de sacrificios, religión y sacra- 
mentos.» Edición de Madrid, 1792, pág. 27. 



172 HISTORIA DE LAS RELIGIONES 

cia, ni á las diatribas de sus enemigos. Juzguemos de los resultados, y 
sin salir, por supuesto, de su esfera propia, esto es, de lo que pertenece 
á la religión de los pueblos primitivos, ó que como tales se consideran, 
aunque sin fundamento alguno ó con bien escaso fundamento. 

18. Dichos resultados ha resumido monseñor Le Roy en estas frases: 
«En los diversos sistemas que pretenden explicar el origen de la religión, 
en los de Tylor, Frazer, W. R. Smith, y aun en los francamente doctrina- 
rios y ciegamente materialistas de Girard de Rialle, A. Lefévre y Letour- 
neau se hallan observaciones exactas, conjeturas juiciosas, deducciones 
ingeniosas, teorías parciales innegables y, sobre todo, multitud de hechos 
que deben contarse como meras adquisiciones.» Desentrañemos el sen- 
tido de estas palabras, poniendo á la vista, en términos propios, lo que 
han llevado á cabo los cultivadores de estos nuevos estudios. Puédese 
conceder generosamente que han contribuido á esclarecer los conceptos 
de la Exogamia, ó regla de buscar esposas fuera de su parentela; de las 
Sociedades secretas, funestísimas por su tiranía en las poblaciones de los 
salvajes; del taíuage, ó pinturas y mutilaciones de los primitivos; de los 
mitos, ó fabulosas narraciones sobre el origen de los dioses y costumbres; 
de la magia, ó arte de servirse de las fuerzas de la naturaleza y con- 
quistarse el influjo de los espíritus; del tabú (1), ó prohibiciones religio- 
sas; del totemismo, ó dedicación de un clan ó familia á una especie, las 
más de las veces, de animales; del shamanismo, ó ceremonias con que 
los prestidigitadores procuran aplacar el enojo de los espíritus; de los 
amuletos y talismanes, género de salvoconductos para preservarse de 
sucesos siniestros; del naturismo, ó adoración de las cosas inanimadas 
de la naturaleza, con sus divisiones de litolatría, hidrolatría, dendolatría, 
astrolatría, etc., del animismo, ó culto de los seres que rodean al hombre 
á los que se cree dotados de alma; del fetiquismo, ó reverencia á un objeto 
en que habita un espíritu; del politeísmo, ó reconocimiento de muchos 
dioses; del henoteismo, ó catenoteismo, ó elección por protector de un 
dios entre múltiples, á quien el adorador atribuye una supremacía rela- 
tiva (2); de la antropolatria, ú homenaje á Dios bajo la forma humana, y 
de la idolatría, ó acatamiento de las imágenes como seres divinos. 

19. Mas aquí se han detenido casi todos, ganosos de acreditar sus 
teorías, haciéndose reos de graves omisiones; porque estudiando afano- 
samente lo secundario, han desdeñado lo más esencial: la organización 
general de la familia, la creencia en un Dios, que brilla en el alma del 
hombre como en el fondo del cielo las estrellas; los fundamentos de la 



(1) Icardi del Villar, en su Historia descriptiva y filosófica de las Religiones, Barce- 
lona, pág. 559, los llama también tambú ó tapú. 

(2) De Harlez entiende por henoteismo el reconocimiento de un Dios, cuya natura- 
leza no se conoce determinadamente. El P. Zigliara, que aprueba esta definición» 
rechaza la de Max Müller. Propedéutica, pág. 222. Véase también Van Noort, De Deo 
uno et trino, núm. 49. 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 173 

moral, la inmortalidad del espíritu humano, el pensamiento de un más 
allá, las manifestaciones del culto, sacrificio y oración. 

20. Ni se vaya á pensar que, aun en lo que han investigado, su origi- 
nalidad es tan absoluta y completa que no hayan tenido precursores de 
ninguna clase. Recuérdese que esta ciencia comparada de las religiones 
se funda en hechos; y los antiguos, ¿ignoraron por ventura los hechos que 
han dado pie á esas explicaciones? Sin miedo de ser desmentidos, afir- 
maremos que serán contados los que los desconocieron, pareciéndonos un 
tanto hiperbólica la locución de monseñor Le Roy sobre las nuevas ad- 
quisiciones. Léanse si no las infinitas historias (1) que de la conquista 
temporal y espiritual del nuevo mundo y de las misiones entre indios y 
negros compusieron los españoles, á las que ni alude siquiera nuestro 
insigne autor, y se hallarán casi todos minuciosamente referidos y ex- 
puestos varios con exquisita precisión. La diferencia, á no dudarlo, está 
en que los antiguos no compararon unos hechos con otros, ni los clasifi- 
caron, ni los llamaron con nombres tan adecuados, ni constituyeron un 
estudio y ciencia propia, como han realizado los historiadores de las reli- 
giones. ¿Se ha de estimar esto por un resultado gigantesco? Los que se 
prometían descubrir horizontes. inacabables en donde resplandeciesen 
astros nunca soñados ni imaginados, extensísimos campos cubiertos de 
bosques seculares y vegetación tropical, mundos nuevos con riquísimos 
é inagotables mineros, ¿se darán por satisfechos y contentos con tales 
invenciones? 

21. Pero aun estos frutos, que no son para ponderarse en extremo, 
tuvieron su contrapeso en el fracaso de las hipótesis. Ya de suyo esa 
variedad de sistemas, que se suceden al modo de las hojas de los árboles 
y de las olas de los mares, ese tejer y destejer de la tela de Penélope, 
argüiría, según advierte Van Noort (2), falta de fundamento científico. 
«Os ha acontecido lo mismo que á los arquitectos ignorantes, exclama- 
remos con San Hilario (3), á quienes sus propias obras desagradan siem- 
pre; no hacéis sino edificar y destruir.» Mas esos indicios de incon- 
sistencia y liviandad en las teorías convierte en pruebas irrecusables la 
acerada lógica del Obispo de Alinda al sacar del estudio de las Religio- 
nes de los Primitivos las siguientes conclusiones: Primera: Para el primi- 
tivo existe distinción entre el mundo visible é invisible, el alma es in- 



(1) Léase, por ejemplo, la carta de D. Marcos Jiménez de la Espada al Conde de 
Toreno, que va al frente de las Tres relaciones de antigüedades peruanas, que he- 
mos citado, ó el «Catálogo de las obras y manuscritos que deben consultarse para la 
historia de América latina, y particularmente del Perú», del Sr. Mendiburu, en su Dic- 
cionario Histórico-biográfico del Perú, Lima, 1874, y se verá la asombrosa fecundidad 
de los españoles que escribieron sobre los indios. 

(2) L. c, pág. 103. 

(3) Contra Const., núm. 23. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 12 



174 HISTORIA DE LAS RELIGIONES 

mortal, hay espíritus superiores al hombre. Luego falsa la teoría de los 
viejos materialistas Petronio, Stracio, Lucrecio y la de los positivistas 
Comte, Schutlze, Riall, que en pueriles temores ó en fetiches deificados, 
sin otros conocimientos en el orden espiritual, colocaban la religión ori- 
ginaria. Segunda: Creen las razas degradadas en un Ser Supremo, crea- 
dor del mundo, padre de los hombres; de donde brotan el sacrificio y en 
general el culto y su organización. Creencia que si no es, como parece 
más lógico, la primera que amanece en la mente del salvaje, cuyos ojos 
miran escritos en los cielos con caracteres de luz el nombre del Señor, 
al menos no se demuestra que sea posterior á otra ninguna. Por tanto, 
se deshacen como humo las cavilaciones de Preuss, Vierkandt, King, 
Frazer, Hubert, que derivan la religión de la magia; las argucias de Révi- 
lle, inventor del naturalismo, las fantasías de Lubboc, mantenedor del 
ateísmo como punto de arranque en el desenvolvimiento de las religio- 
nes; los ensueños de Herbert Spencer y Alien, para quienes el fecundo 
manantial de todo está en la veneración de los ghost, ó almas de los di- 
funtos, y el sistema clásico de Tylor, base del mítico de Usener y del 
pan-babilónico de Winckler, cuyo primero y primordial principio es que 
á la idea de Dios personal, inasequible al salvaje, debía preceder la 
animación de los seres mundanales. Tercera: Florece en todos los pueblos 
y en individuos solitarios el sentimiento de la moral, cimentado en la 
distinción del bien y del mal, en los efectos espontáneos de pudor, jus- 
ticia, responsabilidad y reconocimiento más ó menos explícito de la con- 
ciencia; de aquí nacen los mandamientos y prohibiciones, la noción del 
pecado, con su sanción ejercida por autoridad visible é invisible. Por 
donde los delirios de la escuela sociológica de Durkheim, que en la so- 
ciedad encuentra el origen de la moralidad, quedan desvanecidos; ya que 
tales sentimientos están entrañados y esculpidos, como en piedra ó 
bronce, en la conciencia de todos. Cuarta: La familia, importantísima en 
los aborígenes, viene á ser el sostén del edificio religioso y social, y al 
propio tiempo que mira á mantener la pureza de sangre y propias tradi- 
ciones, da lugar al nacimiento del sacerdocio. Ridicula y extravagante 
es, por consiguiente, la concepción de Le Bon, que consideraba á las pri- 
meras sociedades á la manera de rebaños de antílopes discurriendo por 
los bosques; errónea la idea de que el totemismo de Smith y Reinach 
constituya la piedra angular de las creencias religiosas; pues presupone 
formada la familia, con su fe en los espíritus, á los que intenta ganar por 
medio del pacto mágico establecido con el tótem (1). 



(1) The American Catholic Quarterly Review, pág. 304, April, 1909, dice: «La teoría 
del tótem, del profesor W. R. Smith, ha caído en descrédito entre los cultivadores de 
esta ciencia (de las Religiones); ni siquiera consideran al tótem como objeto religioso, 
al menos en su origen.» 



HISTORIA DE LAS RELIGIONES 175 



LA OBRA DE MONSEÑOR LE ROY 

Tales son las conclusiones que se deducen de este estudio imparcial, 
severo, concienzudo, práctico, eruditísimo, bien pensado y ordenado, del 
Prelado de Alinda. Poco importa que á veces, en ciertos capítulos, sea 
el ilustre autor algo confuso por amontonar demasiadas noticias y aludir 
á muchedumbre de escritores, señal, por otro lado, de su copiosa lectura; 
poco importa que se adviertan en el libro frecuentes repeticiones, que 
podrían haberse evitado sin que ni el fondo ni los argumentos sufrieran 
menoscabo alguno; poco que se muestre no tan versado en la literatura 
española y algo blando al impugnar á escritores heterodoxos demasiado 
pagados de su saber: nadie dejará de reconocer que monseñor Le Roy 
ha prestado un excelente servicio á la causa del catolicismo con su obra 
magistral, de primera mano, que debe considerarse como una de las me- 
jores en la materia. Á los destellos brillantes que despide, aparecen fla- 
cos, débiles y rastreros los raciocinios de los más de los cultivadores de 
la Historia de las Religiones: desatentadas sus hipótesis y contradictorias 
entre sí sus teorías; se ve que los hechos en que pretendían apoyarse se 
tornan contra ellos, al modo de aquellos dardos que en Covadonga, 
según Mariana, se revolvían contra las huestes agarenas al dispa- 
rarlos contra los cristianos, y, por último, en medio de ese flujo y reflujo 
de sistemas resplandece la Religión católica, siempre la misma, firme, in- 
conmutable, inconmovible, cimentada en la roca indestructible contra la 
que no prevalecerán, según está escrito por el dedo del Altísimo, todos 
los poderes del abismo. 

A. Pérez Goyena. 



La ínsipia de los perepos Se Santiago fle Compstela. 



€ 



L presente año jubilar será uno de los más memorables y gloriosos 
para la Jerusalén de Occidente, como llamaron nuestros antepasados á 
Santiago de Compostela. De todas las partes del mundo cristiano acuden 
cada día innumerables peregrinos á visitar el venerado sepulcro del in- 
signe Apóstol y Patrón excelso de España. 

La antigua basílica, en donde reposa el santo cuerpo de uno de los 
Apóstoles más queridos del Señor, del hijo del trueno, de Santiago el 




Mayor, oye resonar en sus espaciosos ámbitos los himnos de alabanza 
que en su loor entonan millares de almas de las regiones más apartadas 
del mundo, pero unidas siempre por el lazo indestructible de la fe más 
pura y ardiente. 

Todos estos peregrinos, después de haber satisfecho su devoción á 
los pies del bendito Apóstol, y después de haber dado una y otra vez el 
último abrazo de despedida á la imagen del Santo en su precioso y 
riquísimo camarín, llevan, según la costumbre inmemorial, al volver á sus 
hogares una insignia, como testimonio irrecusable de su estancia y 
visita al glorioso sepulcro de Santiago de Compostela. Y como recuerdo 
de este año santo, en el cual tantos miles de romeros ostentan con santo 



LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 177 

orgullo sobre sus pechos la preciosa insignia de su peregrinación á 
Santiago, vamos á dedicar un breve estudio á examinar esa insignia 
célebre, considerándola bajo tres diversas significaciones: la etimoló- 
gica, la simbólica y la malacológica ó científica. 

I. SIGNIFICACIÓN ETIMOLÓGICA DEL «PECTÉN» 

¿Qué señal es esa imprescindible que todo peregrino muestra como 
prueba de haber visitado el glorioso sepulcro del Santo Apóstol de 
España? Es un Pectén, llamado vulgarmente la concha de Santiago, ó 
la concha del peregrino. Y entre tanta variedad de conchas de gasteró- 
podos y pelecípedos como enriquecen las costas de Galicia, sólo el 
Pectén fué siempre la preferida, la clásica, la concha oficial, por decirlo 
así, la que los romeros ostentan como señal distintiva de su peregrina- 
ción á Compostela. La palabra pectén entre los latinos, como entre los 
griegos el sustantivo xTet?, parécenos ser un radical, del cual han de- 
ducido varias formas gramaticales en ambas lenguas. Y si la palabra 
española peine, como la francesa peigne, con todas las acepciones y 
con todos sus compuestos, se derivan de la palabra latina pectén, el radi- 
cal pectén será una palabra original y primitiva. Parece que los latinos 
fueron los que inventaron el vocablo pectén, con todas sus formas grama- 
ticales diferentes, aunque en el fondo semejantes; y á ellos se deben las 
múltiples acepciones en que han tomado esa palabra, tanto en el sentido 
propio como en el sentido figurado, pudiendo observarlo recordando 
algunas de las muchas que con verdadera profusión se hallan en los 
escritos. 

1." En el sentido primitivo de la palabra, pectén significa peine, ins- 
trumento de aseo y objeto imprescindible de tocador. Los griegos y 
romanos procuraron con exquisito cuidado estos instrumentos para la 
limpieza y adorno de sus cabellos. Tenían el batidor y escarpidor, rarus 
pectén, y el peine fino, pectén denso dente, como escribe Tibulo: 

Tu ne putas illam pro te disponere crines? 
Aut tenues, denso, pectere dente comas? (1). 

Anthony Rich en su obra trae un grabado de un peine fino, denso 
dente, hecho de boj, con el lomo de marfil y lleno de incrustaciones de 
oro, formando caprichosos dibujos (2). 

Y los latinos se valían de ese instrumento, no sólo para desenredar 
sus cabellos y alisarlos, dándoles formas variadas y llamativas sobre la 
frente y las sienes, sino como objeto de adorno, que eran verdaderas 
peinetas de concha, de las que nos habla Ovidio, diciendo que había 



(1) Tibulo, Elegías, lib. I, elegia IX. 

(2) Anthony Rich, 1859, Dictionnaire des antiquités romaines et grecques, pág. 464. 



178 LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 

mujeres aficionadas á hermosear su cabeza con la tortuga de Cillenea. 
Los artistas depilatores, además de entresacar las canas del cabello, 
empleaban el peine para cortar y arreglar con sumo estudio la barba, en 
lo que consumían los romanos más tiempo del que debiera gastar un 
hombre en semejantes cosas, propias tan sólo de la vanidad afeminada y 
mujeril é indigna de aquellos varones preclaros, que calificaban á una 
barba mal peinada de ¿mpexa, y á los cabellos en desorden de intactum 
buxo, como decía Juvenal en la sátira XIV. Del ejemplo: 

Sed caput intactum buxo, naresque pilosas 
Adnotet, et grandes miretur Laelius alas. 

2.° De igual modo el nombre Peden significa en el sentido propio 
carda ó peine para cardar. Los más antiguos en este arte de preparar las 
lanas y toda materia textil fueron los egipcios y los hebreos, de donde la 
tomaron tal vez las naciones que los conquistaron. El Profeta Isaías, 
cerca de setecientos años antes de Jesucristo, escribía en su inspirado 
libro: Confundentur qui operabantur linum, pedentes et texentes subtilia. 
Isaías, cap. XIX, v. 9. 

S."" También el nombre Peden significa marisco, pescado de concha. 
Entre los antiguos cuyos escritos se conservan parece ser el primero 
que haya hablado del Peden, separándole de los otros moluscos, el in- 
mortal Horacio, cuando dice: 

Sed non omne mare est generosae fertile testae. 
Ostrea Circeiis, Miseno oriuntur echini; 
Pectinibus patulis jactat se molle Tarentum (1). 

Plinio, después de Horacio, describe y explica con toda claridad el 
mismo Peden, de suerte que no pueda confundírsele con ningún otro 
molusco, citando los pectenes de Tíndaro en Sicilia, los de Salona en 
Dalmacia, los de Altium en Venecia y los de la isla de Pharos cerca de 
Alejandría (2). 

Y no sólo en sentido propio, sino también los antiguos usaron el 
nombre Pectén en sentido figurado, como lo hacían al referirse á las 
fibras de la madera, á cierta especie de danza frecuentada en Samotra- 
cia, pectine amazonio; al orden de los versos de un poema, á las cuerdas 
de la lira y algunas más que se pudieran enumerar. 

II. SIGNIFICACIÓN SIMBÓLICA DEL «PECTÉN» 

Todos los pueblos de la antigüedad, dice el abate Martigny, pusieron 
gran cuidado en adornar las tumbas de las personas queridas que cerra- 
ban los ojos á la presente luz, depositando al lado de sus restos mortales, 



(1) Horacio, Sátiras, lib. II, sát. IV. 

(2) Plinio, Historia Natural, lib. IX, cap. 51-6, cap. 52-1 y 2, cap. 74-5, etc. 



LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 179 

los objetos que habían sido de su uso y servicio mientras vivieron en la 
tierra. Los primitivos cristianos adoptaron también de algún modo esa 
costumbre, pero santificándola con el aliento divino del espíritu vivifi- 
cante y purísimo de la religión del Crucificado (1). Por eso se han hallado 
en diversas ocasiones peines de marfil y de boj en las sepulturas cris- 
tianas, que debían tener un significado muy expresivo para aquellos que 
representaban por ese único emblema las ideas que llenaban su mente y 
los sentimientos que guardaban en lo más recóndito de sus corazones. 
Boldetti ha dado á conocer tres de esos peines, que se encontraron 
en alguno de los antiguos sepulcros que pertenecieron á la primitiva 
Iglesia (2). 

El caballero Comendador De Rossi, cuya autoridad en esta materia es 
de grandísimo peso, afirma estos hechos, declarando que se veían peines 
grabados en los mármoles de los antiguos cementerios, y que con fre- 
cuencia se hallaban trozos de peine entre la cal ó ;el mortero que había 
servido para cerrar las tumbas de las necrópolis cristianas (3). El peine 
de marfil fué un objeto que se conservaba con gran cuidado, como 
parte integrante del mobiliario de la primitiva Iglesia. Así lo afirma 
expresamente Du Cange: Peden, inter ministeria sacra recensetur, quod 
scilicet. Sacerdotes ac clerici antequam in Ecclesiam procederent crines 
pecterent (4). 

¿Qué otra significación se le puede dar al peine que conservó la 
Iglesia en su liturgia, sino la que recuerda y expresa una idea esencial- 
mente simbólica, que tuvo siempre, como lo prueban terminantemente las 
palabras del antiguo pontifical de París, citadas por Dom Claudio de 
Vert, tesorero de la Abadía de Cluny? 

«Episcopus vel Sacerdos missarum solemnia celebraturus... dum se 
pectinai dicat: intus exteriusque caput nostrum, totumque corpus et 
mentem meam, tuus Domine, purget et mundet Spiritus almus» (5). 

Pide al Señor que le limpie y purifique de toda mancha del cuerpo y 
del alma, expresando al usar ese instrumento el deseo de aparecer puro 
y sin mácula ante la Divina Majestad, para ejercitar santamente los 
divinos misterios. Así lo han entendido los autores de arqueología sa- 
grada, como lo testifica el insigne historiador de la S. M. I. Composte- 
lana, cuando dice: <E1 peine es símbolo de aseo, limpieza y purificación y 



(1) L'abbé Martigny, 1865, Dictionnaire des antiquités chrétiennes, pág. 466. 

(2) Boldetti, 1720, Observazioni sopra i cimeterí de Santi Martiried antichi Chris- 
tiani di Roma, pág. 503, Pl. III, f. 22. 

(3) El Comendador Juan Bautista de Rossi, 1881, In Bulletin d'archéologie chré- 
tienne. El mismo autor en la Roma Soterranea, t III, pág. 305. 

(4) Du Cange, Glossarium mediae et infimae latinitatis. Art. Pectén. 

(5) Dom Claudio de Vert, Explication littérale et historique des cérémonies reli- 
gieuses, t. II, páginas 338, 340. 



180 LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 

SU simbolismo es ya muy antiguo» (1). De estos peines litúrgicos, prosigue 
el sabio arqueólogo antes citado, se conservan aún varios ejemplares 
muy notables: entre ellos el de San Lupo, Obispo Sens; el de San Gozlin 
ó Gauzelin, de Toul; el de San Aubert, de Tongres; el de Guillermo, de 
Saint Brieuc, y los que custodian en el monasterio de Celanova, de Gali- 
cia. Parece confirmar este simbolismo espiritual del Peden (peine) 
usado por los cristianos de los primitivos tiempos, la inscripción publi- 
cada por Marangoni (2), y hallada en el cementerio cristiano de Trasón, 
en Italia. Sobre la cal que cerraba un lóculo se halló embutido un peine 
de marfil, y debajo se leía: 



RUFINA HISPIRITUS TUUS IN BONO PECTINE 

La expresión In Bono Pectine que á los ojos de algunos arqueó- 
logos, como dice M. Armellini (3), ofrece dificultad en su interpretación, 
se facilitaría sobremanera al ver la presencia de un peine de marfil sobre 
la inscripción de Rufina; pues siendo el peine símbolo de purificación es- 
piritual y corporal, al colocar aquel emblema sobre una tumba cristiana, 
debía ser, sin duda, con la idea simbólica que el peine representaba, es 
decir, como señal de purificación. Y en este sentido la frase In Bono 
Peciine, podía tomarse por un testimonio de la muerte de Rufina en es- 
tado de limpieza, bien purgada y purificada, como si dijera en estado de 
gracia. Así lo explica A. Locard (4). Es, pues, innegable que el Peden 
(peine), instrumento de limpieza, se consideró siempre como símbolo de 
purificación en la religión cristiana. 

¿Podría decirse otro tanto del Pectén, significando la concha del pere- 
grino? Algún autor hay que no tiene por extraña esa idea atribuida á la 
concha del romero, llamada Peden, por la idea general de limpieza que 
representa esa palabra, y por una misteriosa relación que la une siempre 
en la significación, en la figura y algunas veces hasta en el uso con el 
peine, emblema universal de purificación (5). Lo que no puede ponerse 
en duda es que todos los romeros en la Edad Media adornaron sus ves- 
tidos siempre, y sin excepción, en el Mediodía de Francia con el Peden 
máximas ó el Pectén jacoboeus, en la Mancha con el Pectén varias y en 
España con el Peden máximas de Linneo... Y llama poderosamente la 
atención que, en medio de una fauna malacológica tan rica y variada, 
haya sido el Pectén la concha preferida, la oficial, la clásica de los pere- 
grinos, teniendo á la mano en los mismos sitios y con igual abundancia 



(1) Don Antonio López Ferreiro, Arqueología Sagrada. Santiago, 1889. 

(2) Marangoni, Cose chenUlesche, pág. 454. 

(3) Armellini, Descrizione populare degli cimiteri Cristiani di Roma, pág. 142. 
<4) A. Locard, Coquilles des Pélerins, pág. 75. 

(5) A. Locard, Coquilles des Pélerins, páginas 77-78. 



LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 181 

conchas tan elegantes, como el Trochas máximas 6 la Haliotis íaberca- 
lata, y tan hermosamente decorativas como el Cardiam ó la brillante y 
nacarada Anomia de Linneo... Fué además el Pectén^ concha del peregri- 
no, el principal distintivo de ía devoción al glorioso Apóstol Santiago, 
dentro y fuera de España; y en todo tiempo se estimaron tanto las conchas 
legítimas de Santiago, que para asegurar su autenticidad los Prelados 
compostelanos, como el Arzobispo D. Pedro Suárez de Deza, se vieron 
precisados á tomar providencias severísimas, á fin de evitar las falsifica- 
ciones que introducían muchos concheiros (1), comerciantes sin con- 
ciencia que salían al paso á los romeros para ofrecerles conchas fabri- 
cadas por ellos, con perjuicio de los derechos de la Iglesia de Santiago, 
que gozaba del exclusivo privilegio de hacerlas y venderlas en su histó- 
rica ciudad. Es notable el documento que á este propósito pone en el 
apéndice V del tomo V de su obra monumental el virtuoso y ejemplar 
sacerdote D. Antonio López Ferreiro, gloria de la Iglesia Compostelana. 

III. SIGNIFICACIÓN MALACOLÓQICA DEL «PECTÉN» 

Hemos dicho al principio de este escrito que la concha con que se 
adornaban los peregrinos que venían á Compostela era un Peden (2). 
Esta insignia tan apreciada tuvo en cada nación su nombre peculiar (3). 

Pero estas denominaciones, originadas de las valvas del molusco á 
que pertenece, muy similares á otros de diversa especie y del lugar á 
donde iban los peregrinos á visitar al Apóstol de España en Compos- 
tela, se han generalizado hasta nuestros días, persistiendo en nombrar á 
esas conchas con el único nombre de conchas de Santiago. Hemos oído 
no pocas veces llamarlas con su nombre genérico verdadero de Pectén^ 
añadiendo equivocadamente el específico de jacoboeas. No es extraña 
semejante equivocación en quienes no se hayan dedicado á estudios es- 
peciales. Por eso creemos oportuno en el presente trabajo hacer un 
examen de la insignia de los romeros de Santiago en este año jubilar, 



(1) Don Alfonso X dispuso: «Á todos los conceios dellas villas que son en el ca- 
mino de Santiago desde Logroño fasta León» (año 1260). Habíanse quejado el Arzo- 
bispo y Cabildo compostelanos de «muchos omes en nuestros logares et yaderredor 
que fazen los sennales de Santiago destanno et de plomo et los venden á los romeros 
que vienen et que van pera Santiago». Manda el Rey que «los sennales de Santiago 
non se fagan nin que se vendan en otro logar, si non en la villa de Santiago ó los man- 
daren fazer el Arzobispo et el Cabildo de Santiago». Estos sennales eran medallas en 
forma de conchas ó con conchas impresas. 

(2) Existen en Galicia del género Pectén las especies siguientes: Pectén maximus, 
Linneo; P. varius, Lin.; P. pusio, Lin.; P. opercularis, Lin.; P. tigrinus, Müller; P. striatus, 
Müller; P. similis, Laskey; P. testae, Bivona; P. vitreus, Chemnitz; P. pes-lutrae, Lin. 

(3) En 1547 vemos que la llamaban ya Coquille de Saint Jacques, Grande Pélerine, 
en Provenza; The Mediterraneam Seallop, en Inglaterra; Saint-Jacobsmantel, en Bél- 
gica; Die Jacobsmuschel, en Alemania; Peregrina, en España, etc.. 



182 LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 

que ha de ser de tantos recuerdos para los que hayan ido y vayan á pos- 
trarse á los pies del Patrón invicto de España, y conserven ese piadoso 
objeto, emblema de la ferviente devoción al hijo del trueno, nuestro 
amadísimo Apóstol. 

La concha de Santiago es el Peden máximas, de Linneo. Por su des^ 
cripción se puede observar claramente la variedad de sus caracteres, 
que la distinguen completamente del Pectén jacoboeus, con la que se la 
confunde de ordinario. El Pectén máximas, de Linneo, es pues, una 
concha de gran tamaño, bastante sólida, oblicuamente redondeada, con 
el diámetro antero-posterior, más largo que el umboventral, de valvas 
desiguales entre sí, cubiertas de soleos radiales con estrías, y de costillas 
en número de 12 ó 13 plano-convexas, que parten simétricamente del 
ápice umbonal hasta el borde ventral; adornadas de estrías más visibles 
en la región dorsal: la valva izquierda en la parte exterior es aplanada, 
con una depresión antes del gancho y suavemente elevada en su parte 
media, de color rojo-obscuro ó datilado claro ó amarillo borroso y man- 
chado desigualmente de tonos castaños y blancuzcos, algo violada cerca 
del nate: en lo interior es más regularmente plana, algo prominente de- 
bajo del ápice; la impresión muscular es redondeada y situada en la 
parte anterior de la valva; el color es leonado más ó menos subido en 
toda ella, excepto entre el espacio comprendido entre la región dorsal 
y ventral, que es blanco; la valva derecha es convexa, blanca general- 
mente en los individuos adultos; las aurículas son iguales, sulcadas obli- 
cuamente y á las veces presentan cierta granulación; las dos valvas se 
unen por el ligamento, que es interno, situado debajo de la parte media 
del borde cardinal é inserto en una foseta triangular; su constitución 
aparente es gomosa, blanda y flexible, cuando está tierno y húmedo, 
pero duro y quebradizo depués de seco; en los senos de los bordes an- 
terior y posterior de ambas aurículas está el falcrum, ó pie de las valvas 
en forma de diente y de color blanco; la longitud de la concha llega 
á 135 milímetros (1). El Pectén jacoboeas de Linneo es: 

Una concha de buen tamaño, algo sólida, de forma oblongo-ahuevada, 
de lados iguales, de valvas desiguales; la izguierda es plano-cóncava; 
las costillas son 14-16 elevadas, superiormente redondeadas y casi 
planas hacia el margen; borrosamente sulcadas; los intersticios de las 
costillas están elegante, apretada y concéntricamente acanaladas; man- 
chada de color rojo-claro ú obscuro-terroso ó rojo-castaño ó de un solo 
color y á la vez con zonas desiguales de tonos más vivos; la valva de- 
recha es convexa, sus costillas son cuadrangulares, sulcadas, con pe- 



(1) Entre las iconografías malacológicas que representan con perfección el Pectén 
máximas de Linneo se pueden citar: Donovan, 1800, Brit. Shells, II, pl. XLIX; Forbes 
et Hanley, 1853, Brit. molí., pl. XLIX; Hidalgo, 1870, Molí, marín., pl. XXXIII, fig. t., 
pl. XXXIV, fig. t. 



LA INSIGNIA DE LOS PEREGRINOS DE SANTIAGO DE COMPOSTELA 183 

quenas escamas; los intersticios con estrías poco visibles, blanca, y cerca 
del ápice roja, alguna vez con manchas blanquecinas; las aurículas son 
iguales. Su longitud llega á 125 milímetros. La simple comparación de 
los caracteres del Peden máximas y del Peden jacoboeus demuestra 
la diversidad de ambas conchas, de modo que no pueden confundirse. 
Además, la habitación del Peden maximus es el mar Océano principal- 
mente, y en las costas de Galicia se conocen con el nombre vulgar de 
Vieiras. Los pescadores gallegos la encuentran desde 8 á 25 brazas de 
profundidad en fondo de arena. 

La habitación del Peden jacoboeus es el mar Mediterráneo, y no se 
halla fuera de sus aguas. 

Tomás Arguelles. 



Olijetiviflaa fie la sensación extenia ei las mpresiones eléctricas 



(1) 



R 



ERMOSAMENTE dicc uii sabio profcsoF de la Universidad Católica de 
Lille, M. H. Dehove, que el gran escándalo de la Sicología moderna es 
la percepción inmediata del objeto, y, por tanto, la objetividad de la sen- 
sación externa. 

Ya Juan Müller (a. 1826), fijando su atención en las impresiones anó- 
malas de los sentidos, ó sea en todas aquellas causas exteriores que, sin 
constituir el sensible propio de la potencia orgánica, determinan equiva- 
lente sensación, caminó al sujetivismo al formular la conclusión, un tanto 
peregrina de que los objetos exteriores poco ó nada importan para espe- 
cificar las sensaciones, sino la sustancia corpórea y especial que en 
cada nervio reside: la luz, el sonido, el olor, etc., no es propiamente algo 
que esté fuera de nosotros; el nervio raquídeo es el que luce, el que 
suena, el que asimismo se huele y se gusta, se palpa y se lastima; haya 
luz por fuera ó no la haya, poco importa; lo que importa para ver es que 
el nervio óptico se impresione; como eso se tenga, sea mediante las ondas 



(1) ¥\]EíiTES.— Filósofos escolásticos: Aristóteles, De sensu et sensili. (Nos referimos 
á la clásica traducción latina y parafraseada de Silv. Mauro, S. J., nuevamente editada 
en París (1886) bajo la dirección de A. Bringmann, S. J.) Sus comentadores: Santo To. 
mas, QQ. DD. De anima, a. 13; Duns Escoto (opera t. 3.°); Suárez, De an., 1. 3.° y 5°- 
c. 5°; Toledo, In II De an., q. 32, in III, q. 2; Boedder, Psychol. ration., n. 55; Rmo. Farges, 
Théorie de la perception inmediate. Congrés... des catholíques (París, 1891), páginas 
157-175); Rmo. Mercier, Psychol, (a. 1892), en la pág. 124, propone la importancia de la 
cuestión que vamos á estudiar; Til. Pescfi, Inst. Psychol., n. 554-560; H. Dehove, Sur la 
perception extérieure (Revue de philos., t. 9.°, págs. 430-443, 580-595; t. 10, págs. 71-90, 
186-199); Urráburu, Inst. Philos., t. 5.°; Comp. Psychol., n. 406; Vander Aa, Cosmol., 
prop. 37, obj. 6.° 

Sicofisiólogos: E. Becher, Uber die Sensibilitát der inneren Organe (Zeitsch. für 
Psych. u. Phys. d. Sinn., t. 49, págs. 341-373); Bonnier, L'audition (1901); Theories de l'Au- 
dition(Journel de Physique, 1896, págs.578-592);y. C/z. Bose, De lageneralité des phenom, 
moléc. produits par l'electricité (Congrés intern. de Physique, París,' 1900, t. 3.°, páginas 
561-585); Cajal, Textura del sistema nervioso (t. 1.°, 1899; t. 2.", 1904); Manual de Histo- 
logía normal (1905); Garteu, Die Veránderungen der Netzhaut durch Licht (Graefe-Sae- 
misch, t. 3.°, c. 12, 1908; Helmholtz, Optique Physiol.. traduite par E. Javal et N. Th Klein 
(1867); Keller, Sammel referat über die Neuerscheinungen des Akustik... (Archiv für 
die Gesamte Psychol., 1. 13, págs. 43-11); Sergueyeff, Le sommeil et le systéme nerveux 
(t. 2.", 1890); Sidney Alrutz, Unterzuchungen über die Temperatursinne (Zeitsch. für 
Psych. u. Phys. d. Luin., t. 47-48); /?. Tigerstedt. Lehrbuch der Physiol. des Menschen 
(Leipzig, 4 aufl., t. 1.°, 1907; t. 2.°, 1908); R. Weismann, Die Lehre von den spezifischen 
Sinnesenergien (1895); Wundt, Grundzüge der Phys. Psych. (t. 1.°, 1908; t. 2.^ 1902), 
Zeitschrift für Psychol. und Physiol. des Sinnesorgane, t. 48, págs. 290-298; t. 50, pág. 154, 
etcétera, pág. 453, etc. 



OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 185 

luminosas, sea por corriente eléctrica, sea al tacto y fricción, el resultado 
siempre será el mismo: la visión de luz y colores. Tanto que si el mismo 
estímulo que excite el nervio óptico logra, cual sucede con la corriente 
eléctrica, estimular el nervio acústico, podremos con el mismo objeto, 
con la misma excitación, tener dos sensaciones muy diferentes: visión en 
el nervio óptico, audición en el nervio acústico, y semejantemente gusto 
en el nervio gustativo, dolor en el nervio del tacto. ¿Se pretende prueba 
más clara que la diferencia de las sensaciones no está en la diferencia de 
objetos exteriores ni de externas impresiones, sino que es intrínseca, suje- 
tiva, dependiente sólo de la naturaleza y condición del nervio herido? 

Los escritos de J. Müller (1), aunque no descubrían hechos antes ig- 
norados—Aristóteles y sus comentadores escolásticos, los físicos como 
Newton (1706), Sulzer (1752), Volta (1800) y principalmente Purkinje 
(1823-1825) los habían ya conocido y publicado,— dieron ocasión á críti- 
cas diferentes, en que unos, como Aubert, veían en Müller el perfeccio- 
nador de Kant, cuyas categorías quedaban así en los diversos nervios 
materializadas; otros, como Bohmer, consideraban á Kant y Müller como 
dos escritores de sistemas distintos, que no podían el uno con el otro 
completarse. Ello es que Müller formó escuela, á que pertenecieron hom- 
bres de la fama de Helmholtz, quien á su vez arrastró consigo una legión 
de fisiólogos. 

Cuéntase entre este número el clásico Roberto Tigerstedt, quien des- 
pués de enumerar con su maestro, aunque no sin recelo, las siguientes 
modalidades en la sensación externa: sensaciones de presión y contacto, 
sensaciones de calor y frío, sensaciones del gusto, olfato, oído y vista, 
estampa y pretende probar empíricamente la proposición siguiente: 

«La diferencia hondamente apreciable en las percepciones de los 
diferentes sentidos, en modo alguno depende, como la experiencia enseña, 
de la diferente clase de impresión exterior con que la sensación se excita, 
sino total y exclusivamente depende del nervio sensorial que la impre- 
sión recibe» (2). 

Enfrente de esta proposición oponemos la nuestra: «Dos son las cau- 
sas de toda sensación, aun en las impresiones eléctricas, y de sus diferen- 
cias: el órgano con su virtud sensitiva y el objeto exterior (3): entre las 
cuales hay la diferencia capitalísima que, siendo la primera absolutamente 



(1) Las obras de Müller son: «Zur vergleichenden Physiologie des Gesichtssinnes 
(Leipzig, 1826). «Uber die phantastischen Gesichts-erscheinungen» (Coblenz, 1826). 
«Handbuch der Physiologie» (Coblenz, 1838). 

(2) «Der tief eingreifende Unterschied zwischen verschiedenen Sinnenhang, wie die 
Erfahrung ergibt, ganz und gar nicht von der Art des ausserens Eindruckes, durch den 
die Empfindung erregt, ist, ab, sondern ist ganz allein und ausschliesslich durch den Sin- 
nesnerven bestimmt, der von dem Eindrucke getreffen werden ist», t. II, pág. 71. 

(3) Es ya proverbial en la filosofía escolástica la frase de San Agustín: «Ab utroque 
enim notitia paritur, a cognoscente et cognito.» De Trinit, 1. 9, c. 12, n 18, etc. etc. 



186 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

insustituible, no lo es la segunda, que entre las energías exteriores cuenta 
con alguna que la remeda en la virtuosidad del objeto y el sensible 
propio. 

I 

El hecho principal en que el citado fisiólogo hace cimentar su pro- 
posición es el de que la corriente eléctrica ó la presión, etc., excita, con 
ser idéntica, diversas sensaciones en los diferentes sentidos. Antes de 
inquirir la interpretación de este hecho hay que contestar con Lotze que 
las ondas luminosas son inactivas para el oído, gusto y olfato, y aun 
entre las luminosas, las infrarrojas, por más que en cantidad suficiente 
hieran la retina, no la impresionan; que asimismo las sonoras son imper- 
ceptibles á la vista, olfato y gusto; que las térmicas no se sienten ni por 
la vista, ni por el oído, ni por el gusto, ni por el olfato, y, finalmente, que 
las excitaciones propias del gusto y olfato no impresionan la vista, oído, 
ni tacto. De donde muy bien colige Weismann cuan exageradamente 
afirma Fick estar suficientemente probada por unos pocos hechos anor- 
males (que, según este mismo autor, debieran para ser probativos distri- 
buirse en cinco series para cada uno de los cinco sentidos) la tesis de la 
irritabilidad de cada uno de los nervios sensitivos con toda (!) clase de 
excitaciones; el grado de probabilidad de esta tesis, dijo Fick, es el que 
alcanzan ordinariamente las otras recibidas en la Fisiología. 

A nombre de la Fisiología protestamos ser muy exagerada tal aprecia- 
ción, verdaderamente indigna de un crítico y más indigna aún para escrita 
en libro de texto. De ser verdadera la supuesta tesis, ¡qué algarabía y 
barullo turbarían la quietud y orden de nuestras sensaciones! Justamente 
pone atención Weismann en que los aludidos hechos son anormales, 
singulares, que generalmente necesitan un lujo de medios experimenta- 
les, que no se hallan en mano de todos, por lo cual la mayor parte de los 
hombres, con hacer uso diario de las excitaciones periféricas de los sen- 
tidos, pasan de este mundo con poca ó ninguna noticia de las otras irre- 
gulares y anómalas. 

¿Acaso la misma Fisiología no es ya la primera en establecer con el 
vulgo la inconmovible distinción de los cinco sentidos externos? Y aun, 
avanzando más allá de lo justo, los multiplica, asignando el suyo aun 
para los sensibles comunes del tiempo y extensión. Ella escudriña si en 
cada sentido externo hay sus nervios y aparatos especiales y heterogé- 
neos apropiados á los objetos diversos, que dentro del ámbito de cada 
sentido se distinguen. Fisiólogos como Brix, Goldscheider, v. Frey 
Alrutz... han señalado en la superficie del cuerpo humano los puntos que 
sienten el frío (criótopos, 250.000), los que sienten el calor (termótopos, 
30.000), los de sentir la presión (tiponótopos 500.000, sin contar la cabeza) 
y los de sentir el dolor (algótopos, de 2 á 4 millones). Y en el gusto ¿no 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 187 

se distinguen zonas para las sensaciones de acidez, amargor y dulzura, 
señalando la punta de la lengua para el sabor dulce y el salado, la base 
y paladar para el amargo, los bordes laterales para el ácido, por exten- 
derse preferentemente en esas zonas los nervios específicamente diferen- 
tes, en sentir de algunos, entre ellos Tigerstedt, apropiados cada nervio 
á cada uno de los cuatro sabores elementales? ¿Y en la vista no discuten 
si entre los conos y bastoncitos hay alguna diferencia fisiológica en orden 
á los colores, y no es célebre la teoría de Young-Helmholtz del triple 
nervio óptico ajustado á la triple componente de la escala cromática? 

Si pues hay tal correspondencia entre el nervio y órgano sensitivo 
con el objeto y sensible propio, ¿cómo se afirma que el objeto para 
nada entra en la especificación de las sensaciones? Si cada objeto sen- 
sible es sólo capaz de impresionar un solo sentido y aun á éste parcial- 
mente, de ahí llamársele sensible propio; entre el sentido y el objeto hay 
una relación íntima que no puede lógicamente desatenderse. 

Precisamente da cuenta el Ángel de las Escuelas (1) de la clasifica- 
ción de los sentidos externos admitida por sabios é ignorantes, par- 
tiendo de que la diferencia específica de la sensación se ha de tomar de 
la diferencia específica de las excitaciones, advirtiendo que ésta ha de 
considerarse desde su punto de vista sicológico, á saber, de su mayor ó 
menor elevación sobre la materia inanimada, y no del puramente mecá- 
nico que en la regularidad y frecuencia de las vibraciones pretende fun- 
dar Wundt. 

En efecto: aplicando ese doble principio profundamente filosófico, 
desde luego aparece que la excitación más grosera y materializada es la 
del choque y contacto cuantitativo de dos cuerpos, la que se usa entre 
las acciones físicas del mundo inorgánico, la que brota de la misma 
cuantidad, accidente en que se manifiesta principalmente la materia. 
Para recibir ese influjo de contacto cuantitativo en nuestro cuerpo, hay 
en las papilas de la piel, particularmente en la cara palmar y en el pul- 
pejo de los dedos, en las regiones profundas de la piel, en el dermis 
labial y en el de la conjuntiva, etc., corpúsculos de 30, 40, 50 [a, y aun de 
uno á dos milímetros de longitud por 20 á 30 de anchura (corpúsculos 
de Meissner, de Krause, de Paccini). Todos ellos de forma de pelota, 
dispuestos á recibir el golpe y en comunicación con plexos ramificados 
de nervios que avisan al organismo acerca de los cuerpos extraños que 
tienen poder de alterarlo y desorganizarlo. (Cajal.) 

Es el sentido del tacto el más ínfimo de todos, imprescindible para 
todo animal, á fin de ponerle en aviso y asegurarlo contra los riesgos 
que corre y de los bienes que le aprovechan (2). 



(1) QQ. DD. De anima, a. 13. Véase también á Duns Escoto, t. III, páginas 495-498. 

(2) El calórico radiante no se siente hasta que se calienta el tejido contiguo al ter- 
mótopo, y entonces hay choques de unas partes orgánicas en otras. 



188 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

«Quia igitur hujusmodi sensibilia immutant nos etiam materialiter 
agendo, materialis autem immutatio fit per contactum, necesse est quod 
hujusmodi sensibilia contingendo sentiantur; propter quod potentia sen- 
sitiva comprehendens ea, vocatur tactus.» 

De aquí se sigue que la sensación experimentada en su finísima der- 
mis por la lombriz de tierra al contacto de la luz, es sí verdadera sensa- 
ción, en que el sistema nervioso funciona y en que hay un conocimiento 
y no meramente una reacción ceMar fototáxica; pero no es sensación 
luminosa y de visión: lo que el animalillo siente en las acciones foto- 
químicas es un malestar, un dolor producido por la alteración del tejido, 
y por eso huye á esconderse: su organismo se halla bien á la intensidad 
luminosa comprendida entre 0,0011 y 0,012, bujía Kercel. 

Sentido superior al tacto es el áe\ gusto, al que hacen mella los sabo- 
res, no precisamente por la cantidad de movimiento del cuerpo sólido ó 
líquido recibido en la lengua, sino según la disociación que éste sufre en 
la saliva. De una y otra parte hay alteración: el alimento y la bebida en 
la insalivación y masticación emprenden la serie de transformaciones 
eslabonadas en la digestión fisiológica; el organismo se altera en cuanto 
que el mismo alimento y bebida excitan la segregación glandular, y en 
el tejido glandular hay fibras nerviosas que parten del gran simpático, 
constituyendo plexo tupido, cuyas trabéculas ó haces de fibrillas com- 
plejamente entrecruzadas, van dividiéndose y ramificándose hasta termi- 
nar en finísimas hebras que acaban libremente en la cara externa de los 
corpúsculos glandulares. (Cajal.) 

«Quod materialis immutatio annexa sit tam ex parte sensibilis quam 
ex parte sentientis... pertinet ad gustum; licet enim sapor non immutet 
organum sensus faciendo ipsum saporosum, tamen haec immutatio non 
est sine aliquali transmutatione tam saporosi quam etiam organi gustus 
et praecipue secundum humectationem.» (Santo Tomás.) 

Al olfato ya no van moles de sólidos y líquidos, sino partículas in- 
visibles, vapores tenuísimos, los cuales llegando á la mucosa nasal supe- 
rior, quedan apresados en los apéndices libres, en que chocan y se con- 
densan, finísimos, no vibráctiles, y extendidos casi horizontalmente por 
la capa de mucina que moja exteriormente el epitelio. Las glándulas tubu- 
losas de Bowmann, esparcidas por el dermis de la mucosa, alteran quí- 
micamente las partículas olfativas, que por su finura no alteran el órgano 
olfatorio; sólo se impresionan sensoriamente las células bipolares de la 
mucosa, que se continúan cada una con su nervio olfatorio propio é in- 
dependiente en todo el trayecto, hasta perderse con arborización libre 
en el bulbo. (Cajal.) 

«Quod transmutatio materialis anexa sit solum ex parte sensibilis... 
secundum resolutionem et alterationem quamdam sensibilis... accidit in 
sensu odoratus.» 

El sentido del oído ya no recibe dentro de sí el cuerpo sonoro, sino 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 189 

la ondulación mecánica en que va su virtud sensible; y ya se admita que 
la conducción acústica se refuerce por resonancia en la membrana baci- 
lar, en las fibras de Corti, en la zona arcuata, en la zona pectinata; ya 
se considere la conducción directa sin resonancia, aumentada por la 
fuerza viva de los otolitos (á lo menos para la trepidación y rumores); 
bien se atienda á la oleada del líquido laberíntico que tal vez sube á 
mayor ó menor altura por la rampa del caracol; bien á la tirantez que 
la membrana basilar sufre con la desigualdad de presiones en el líquido 
laberíntico; ora se considere la diferencia de presiones laterales que las 
ondas estacionarias causan en las membranas; ora se les imagine á los 
ciliares en que terminan las células nerviosas, hiriendo y golpeando 
como palillos de tambor la membrana de Corti, lo cierto es que el oído 
es un aparato cuyas membranas suspendidas, cuyas palancas articula- 
das, cuyos filetes nerviosos, abandonados en el seno de líquidos, gozan 
de condiciones aventajadísimas de perfectísima sensibilidad mecánica. 
(Bonnier.) 

«Transmutatio... solum ex parte sensibilis... secundum loci muíatio- 
nem... accidit in auditu.» (Santo Tomás.) 

De lo dicho no se sigue que el oído sea un sentido mecánico, sino 
que la conducción del sonido externo debe hacerse mecánicamente; por- 
que estando las células auditivas internadas en el organismo, la ondula- 
ción externa debe propagarse conforme á su modo cuantitativo y mecá- 
nico de obrar, general á toda energía del mundo inorgánico; pero la 
audición no es mecánica; no se oye ni la presión del líquido laberíntico, 
ni la vibración de las fibras de Corti, ni la tensión de la membrana basi- 
lar, ni la dureza de la membrana de Corti en que el ciliar nervioso choca. 
La prueba está en la multiplicidad de las hipótesis de los sabios antes 
citados para el mecanismo de la excitación. Lo que oímos es el sonido, 
el cual está en el trueno que retumba, en el cañón que dispara, en la 
campana que voltea, en el timbre eléctrico que vibra, etc.; pero en la 
ondulación mecánica que en el oído entra, llega la virtud del sonido in- 
mutativa de la célula auditiva. 

El último grado de elevación en los sentidos alcanza la vista, propor- 
cionalmente á la excelencia de su inmutación: en la cual hay, sí, inmuta- 
ción regulada mecánicamente en la córnea, humor acuoso, cristalino y 
cuerpo vitreo; pero de mecánica tan elevada y noble, que con razón ó 
sin ella se ha ideado el éter interatómico para esas ondas cuya elastici- 
dad cuenta por billones las vibraciones y por mieras las longitudes de 
sus ondas. Llega á la retina el rayo luminoso, y ya no hay que pensar en 
inmutaciones mecánicas y comunes á la materia inanimada. La contrac- 
ción y deformación de los conos, bastones y células epiteliales son fenó- 
menos propios de células organizadas; la elaboración y decoloración de 
la púrpura retinal no tiene semejanza en el arte fotográfico; las corrien- 
tes eléctricas de la retina, apreciables con galvanómetros y electróme- 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 13 



190 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

tros capilares, en su origen, conservación, leyes de aumento y disminu- 
ción á la exposición de la luz, indican regirse por un principio vital y 
superior á la materia inanimada. La vista será, pues, el sentido más 
elevado sobre la materia, y, por tanto, el más conoscitivo. 

«Sunt autem alia sensibilia quae immutant sensum absque materiali 
immutatione annexa, sicut lux et color, quorum est visus; unde visus est 
altior quam omnes sensus et universalior.» (Santo Tomás.) 

He aquí la conveniencia recíproca que entre el objeto sensible y la 
potencia orgánica sensitiva existe. El objeto entra, pues, con mucho en 
la clasificación de las sensaciones. 

II 

Una corriente eléctrica, se dice, que circula por los nervios centrípetos, 
excita en éstos, mientras vaya pasando, sus sensaciones características. 
Luego...— ¿Luego, qué? 1.° Que el nervio no es sólo conductor, sino aun 
parte integrante del órgano sensitivo, dado que la misma sensación se 
experimenta, interrumpidas las comunicaciones con los extremos peri- 
féricos (Grützner, Langendorff, Biedermann). 2.° Y es lo que nos hace al 
caso: que la corriente es virtualmente múltiple; al circular por los nervios 
produce en ellos el objeto sensible, y con él determina la sensación pecu- 
liar. Este segundo corolario tratamos de probar, uno á uno, en cada 
sentido. 

Tacto de la presión (1). — Las excitaciones eléctricas pueden apli- 
carse á los nervios y músculos en la doble forma de corriente unipolar 
ó alterna de una frecuencia inferior á 10.000 períodos por segundo. 
Igualmente en la materia inorgánica y organizada los choques y vibracio- 
nes eléctricas modifican las moléculas y células con variaciones en la 
conductibilidad eléctrica, y aun en los músculos hay contracciones 
patentes á simple vista. Estudiar tales cambios y modificaciones molecu- 
lares en los cuerpos organizados é inorgánicos es, á juicio de Bose, uno 
de los más arduos problemas de Física y de Fisiología. 

Á nuestro propósito basta indicar ligeramente algunos resultados. El 
efecto obtenido por las excitaciones eléctricas depende de la constitu- 
ción del tejido, que cuanto más irritable, tanto antes hace manifiestos los 
cambios en él ocasionados. La corriente debe atravesar longitudinal- 
mente el nervio y músculo, y no transversalmente: en hombres con vida 
claro es que las corrientes se aplican con electrodos que descansan sobre 
la piel en los puntos más próximos á los nervios y músculos que se estu- 
dian. En los músculos, tanto lisos como estriados, y en los nervios moto- 
res ocurren contracciones continuadas, si la corriente es constante; rít- 



(1) Véase Bose y Tigerstedí, II. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 191 

«micas, si las corrientes son intermitentes; pero la contracción puede ir 
subiendo hasta un máximo para bajar luego que cese el estímulo eléc- 
trico, á no ser que la fatiga detenga la reacción del músculo. Fatiga en 
los nervios motores apenas hay, aunque sí en sus terminaciones, las 
cuales se cansan primero que la sustancia del músculo, por más que el 
músculo se canse mucho antes que el nervio motor. Cuando las excita- 
ciones se suceden muy rápidamente, se produce en los músculos el estado 
llamado tétanus, cuya curva representativa es una hipérbola que va 
acercándose á la asíntota; no obstante las alteraciones en la conductibi- 
lidad eléctrica indican que aun entonces la curva es interminable. (Kro- 
necker y Stiling.) Tanto en los nervios como en los músculos la repeti- 
ción del estimulo hace crecer la irritabilidad, tanto, que una corriente 
insuficiente acaba muchas veces por irritarlos. 

Así queda evidenciado que la excitación eléctrica determina choques 
interiores en los mismos tejidos, y, por lo tanto, existe mecánicamente el 
órgano táctil de la presión. 

Tacto del dolor.— Las contracciones musculares y las irritaciones de 
los nervios periféricos y las excitaciones de los centros, medula espinal 
y oblongada y ganglios cerebrales, no pueden menos de causar dolor y 
alterar la sensibilidad dolorosa, ya acrecentándola (hyperalgesia) ya 
abajándola (hypalgesia). 

Mas, ¿qué es el dolor? Más fácil es sentirlo que definirlo. El dolor, 
como toda sensación, es un conocimiento del objeto representado: sólo 
que el elemento de la afección sujetiva aquí domina, porque precisamente 
el objeto real conocido en la sensación dolorosa es, ó la modificación y 
desorganización del protoplasma celular, especialmente del muscular y 
del nervioso («Dolor est sensatio disconvenientiae et solutionis continui», 
dice Toledo, ó sea «la impresión de desorganización», que define Cajal), 
ó es, con más propiedad, el objeto y cualidad sensible que por ese movi- 
miento protoplásmico y esa desorganización nace y se desarrolla fisioló- 
gicamente en los tejidos. («Quapropter dicendum, indolore non calorem 
tantum vel frigus sentiri, nec solam divisionem aut commotionem, sed 
qaalitatem inde resultantem , quae dolorifera qualitas dici potest.» 
Suárez.) 

Para explicar un poco esta definición, que es la que más nos place, 
convendrá recordar una de tantas observaciones del hábil experimen- 
tador V. Frey. La excitación dolorosa, excitada mecánicamente en el 
algótopo, depende en grado sumo del tiempo de la excitación, y viene 
siempre con más ó menos retraso, que puede ser de muchos segundos 
cuando la excitación es débil; crece sucesivamente en intensidad hasta 
un máximum, obtenido el cual, baja gradualmente: con que la sensación 
dura mucho más que la excitación. De ahí que oscilaciones mecánicas ó 
eléctricas en número de cinco por segundo, aplicadas en un algótopo, 
•dan sensación de dolor continuado. 



192 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

La sensación táctil, en cambio, excitada en el tiponótopo al contacto 
del hilo metálico capilar, aparece en seguida, pronto se debilita y á poco 
cesa. Por eso el tiponótopo cuenta en un segundo más de 130 pulsacio- 
nes del objeto distintamente. 

Estas y otras circunstancias de la sensación dolorosa explica, sin 
suponer absurdo alguno, la definición suarista. Sin absurdo alguno; 
porque si la vibración mecánica de la membrana del fonógrafo es capaz 
de producir tanta multitud de sonidos como el oído hieren, y tan fuerte- 
mente, ¿por qué la vibración y alteración fisiológica del protoplasma vivo 
no podrá producir, y aun en grado intenso, el dolor objetivo que percibe 
la facultad en el algótopo y nervios sensíferos residente? Explícanse con 
tal definición las circunstancias del dolor: a) Su retraso, porque no hay 
sensación sin previo objeto, y el objeto de la sensación dolorosa debe 
primero brotar por medio del proceso fisiológico irritado ó por la presión 
directa ó eléctrica ó por la acción de las enzymas de los líquidos que 
bañan los tejidos, iniciada en la rotura de éstos ó de los capilares sanguí- 
neos, y por otras causas diferentes, calor, sustancias químicas, etc., etc. 
b) LdLgran sensibilidad del algótopo al menor contacto, en que se funda 
el cuidado de pulimentar y redondear las superficies de los objetos de 
frecuente uso; porque no es el contacto ni presión lo que ahí se siente, y 
porque con ligerísimas causas puede iniciarse el proceso fisiológico 
origen del dolor objetivo, c) Su marcha gradualmente ascendente y des- 
cendente: es carácter de la reacción fisiológica consiguiente á la irritabi- 
lidad celular, d) Explica también la variedad de dolores, por ser múltiples 
los irritantes celulares, varias las reacciones fisiológicas que en los teji- 
dos se originan y varias en consecuencia las cualidades doloríferas pro- 
ducidas (1). 

El órgano con que sentimos el dolor objetivo, si se trata del tejido 
nervioso, es «toda fibra sensitiva, ó sea nacida en los ganglios raquídeos 
ó craneales (la cual), es susceptible de generar dos impresiones: la ordi- 
naria ó específica, correspondiente á su tonalidad particular, la cual es 
provocada por estímulos moderados y específicos; y la extraordinaria^ 
que cabría llamar impresión de desorganización, causada por toda clase 
de estímulos destructores, y que representa algo así como el grito de 
alarma con que avisa á la conciencia el protoplasma nervioso, cuya 
desintegración físico-química se inicia». (Cajal.) (2). Pero si se trata del 
dolor objetivo nacido en las células no nerviosas, lo más probable es que 
hay algótopos destinados á impresionarse con él y transmitir su impresión 
y sentir el dolor. 

Con esto fácilmente se sobreentiende cuan buena coyuntura hallan 
las excitaciones eléctricas para causar dolor con las contracciones mus- 



(1) Véase Suárez, De Mysteriis, d. 33, 1. 2. 

(2) Textus, c. I, pág. 444. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 193 

Guiares y modificaciones nerviosas arriba descritas. Para mayor abun- 
dancia, será bueno recordar cuánta eficacia tiene, según la moderna elec- 
troterapia, en nuestro organismo toda clase de corrientes eléctricas. 
Keating-Hart desorganiza con la fulguración tejidos enfermos, provo- 
cando disociaciones electrolíticas. Nagelschmidt obtiene con las corrien- 
tes de Arsonval, dispuestas bipolarmente, convulsiones musculares que 
hacen esperar su empleo terápico para el sistema muscular. Einthoven 
con ellas logra impresionar los nervios, á pesar de su rapidísimo período 
de casi un millón de vibraciones por segundo. Y todos los médicos con- 
vinieron en el Congreso internacional de sicoterapia celebrado en 
Roma (Octubre, 1907), que á lo menos influyen en el sistema simpático, 
regulando las contracciones vasculares, la segregación glandular, los 
centros de temperatura, etc. 

Tacto de temperatura. — Experimento antiguo es que se excita por 
medio de la electricidad un tronco nervioso sobre un punto cualquiera; 
las fibras de temperatura en él contenidas, pueden irritarse directamente 
sintiéndose, en consecuencia, frío ó calor localmente en tales ó cuales 
partes excéntricas respecto al punto ocupado por el electrodo. (Sergue- 
yeff.) Más reciente es el experimento hace un año publicado por E. Be- 
cher, el cual, tratando de estudiar la sensibilidad táctil del tubo diges- 
tivo, introducía en éste, y con las precauciones convenientes, uno de los 
reóforos del hilo secundario, mientras tenía el brazo izquierdo dentro de 
agua tibia, donde estaba el otro reóforo. En todo el tubo digestivo sen- 
tíase claramente sensación táctil, que en la garganta estimulaba la tos; 
en la parte superior del tubo picaba con escozor; en la parte baja del 
tubo había ardor. Esta sensación de ardor.se extendía por el tubo, esta- 
bleciendo entre las paredes de éste y el reóforo contacto suficiente. 

Y se pregunta: ¿Hay en estos casos calor y frío objetivos que al paso 
de la corriente eléctrica se produzcan? ¿Cómo debe interpretarse la sen- 
sación de ardor? 

Para responder debidamente sirve el cuadro de Alrutz, quien, estu- 
diando de propósito el tacto de temperatura, deslinda así los límites de 
las sensaciones térmicas en el dorso de la mano: 

Límites ^ ^ Sensadon 

J^riú doloroso Saisadm^filo nmiindes Sensación 3e xcdar Setisaáondc aitbr de (jaemadurcí 

I I jÍ" I I 4?"! 



Admitiendo la distinción real de los termótopos, criótopos y algóto- 
pos, tenemos que los termótopos sienten el calor del tejido contiguo y 

(1) Esta línea punteada hemos añadido para denotar los lindes de la sensación pa- 
radójica (42°— 75^') que en los criótopos tiene su asiento. 



194 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

del cuerpo extraño (el hilo metálico capilar ó temperator), sin otra sen- 
sación concomitante en la extensión 33,3°— 36°— ; con las sensaciones 
concomitantes de ardor y quemadura dolorosa á mayores temperaturas. 
Con los criótopos sentimos el frío, sin otra sensación concomitante entre 
los límites 32,8°— 12°; de ahí para abajo se añade la sensación dolorosa. 
En las sensaciones dolorosas de ambos extremos entran en juego los 
algótopos. Lo singular en el trabajo de Alrutz es que la sensación de 
ardor es peculiar á los criótopos, con lo cual se añade una nueva sen- 
sación paradójica de frío observada por v. Frey. 

Los fundamentos de la opinión de Alrutz, entre otros, son: a) la topo- 
grafía de la sensación ardorosa, que es tanto más perceptible cuanto la 
zona abunde en criótopos; b) el retraso de O^^^-filb que entre la excita- 
ción de ardor media; cuando el retraso en la sensación de calor es sola- 
mente de Oseg-,241, ó sea dos veces y media menor; c) la separabilidad 
de la sensación de dolor; así en el labio superior, aplicado el temperator 
de 35,5° á 48,5°, sólo se tiene sensación de ardor: si el temperator mide 
51°, entonces al ardor se une el dolor. 

La distinción sicológica es la indicada en su tiempo por el Cardenal 
Toledo. La sensación del calor es la que representa el calórico del ob- 
jeto extraño y del tejido contiguo; en la sensación de ardor se reconoce 
el calor inherente al mismo nervio. Todo nervio termosensitivo es capaz 
de sentir ardor, pero especialmente el nervio criotópico, por irritarse antes 
y más fuertemente. Cuando la alteración del protoplasma nervioso viene 
á ser más honda, llega á sentirse calor que abrasa y duele. 

Con estos prenotandos, aparece en las excitaciones eléctricas pro- 
ducción sufíciente de calor, frío y ardor reales. 

De calor.— Las excitaciones eléctricas hacen funcionar los músculos; 
el juego muscular es fuente de calórico, no sólo en animales de sangre 
caliente, sino aun en los de sangre fría. (Tigerstedt.) Aun las corrientes 
Tesla elevan en muchos grados la temperatura de la superficie del 
cuerpo. (Sommerville-Glascow.) 

De frío (¿paradójico?).— Una excitación térmica de 40° para arriba 
produce una súbita contracción en los vasos musculares, á que sigue una 
dilatación; y pregunta Alrutz: ¿podrá contracción tan momentánea 
excitar los criótopos para sentir su frío paradójico? Y responde con los 
hechos que extractamos. Cuando la excitación térmica corresponde á 
una temperatura 33°— 43°, se dilatan los vasos musculares; pero un des- 
censo súbitp de temperatura desde los 40 á los 35° los encoge. (Amitin.) 
Estímulo térmico en el antebrazo modifica el volumen en los vasos de 
la mano; generalmente el estímulo frío trae disminución de volumen, au- 
mento el estímulo caliente; mas la temperatura superior á 40° reduce el 
volumen. (Lommel y Matthes.) Un baño de 40° produce disnea no de 
otra suerte que un frío intenso. (Balz.) La acción refrescante délos baños 
se debe al funcionamiento de los nervios criótopos. (Goldscheider.) Re- 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 195 

cordando que los cambios de volumen en los vasos sanguíneos modifi- 
can la velocidad de las acciones oxidantes provocadas por el curso san- 
guíneo, tendremos explicada una de las causas del frío paradójico. Otra 
puede ser la mayor evaporación cutánea, cuya importancia no podemos 
amplificar en atención á la brevedad. Tercera causa puede ser originarse 
f. c. m. contrarias en la corriente nerviosa: observación de Biedermann 
es que el enfriamiento producido en la superficie epitelial de la lengua al 
contacto de un hierro, es debido á una corriente de f. c. m. contraria á 
la que existía en la glándula salival. 

La sensación de ardor es naturalísima al paso de las corrientes: los 
nervios no pueden menos de irritarse y alterarse con toda clase de co- 
rrientes, faradaica, sinuosidal, etc., más ó menos, según su intensidad, 
intermitencias y cambios de dirección, como es fácil preverlo en gene- 
ral, ya se admita que la propagación de la corriente en los nervios y 
músculos sea por acciones y transportes electrolíticos, ya se haga por 
descargas sucCvSivas, como en los cohesores de Brauly, ya por conduc- 
ción continua, como en los alambres metálicos. Hecho consignado por 
Hornung es que cuando el número de períodos llega á la frecuencia de 
las centrales eléctricas (2.400—3.000 por minuto=4.800— 6.000 cambios 
de polo), suele el paciente sentir ardor ingrato en la piel, que se mitiga 
usando el transformador dinámico que reduzca el período á 800—1.500. 
(Reiniger.) 

José M. de Ibero. 

(Continuará.) 



Eli VlflO DÜÜCE PMt^ñ IVIISAS 



§ I 

PRELIMINARES 

1. El motivo de escribir estas páginas son las noticias que de dife- 
rentes regiones de España he tenido sobre la manera de fabricar el vino 
para el Santo Sacrificio; noticias motivadas por una consulta que me hizo 
una familia muy cristiana, la cual, para proceder con mayor seguridad en 
asunto de tanta trascendencia, fabricaba en su propia casa el vino de 
Misa para uno de sus individuos que es sacerdote. El resultado de esta 
consulta fué venir en conocimiento de que el método empleado no da 
materia lícita, aunque sí válida, para el Santo Sacrificio, y como con tal 
ocasión se me dijera que este procedimiento seguían los vinicultores más 
concienzudos de todo aquel país, los cuales garantizaban como vino de 
absoluta confianza el por ellos fabricado, resolví hacer indagaciones por 
diversos puntos de la Península, y escribir algunas páginas que ayudaran 
á los interesados á conocer el vino legítimo y exigirlo á los cosecheros, 
y á los agricultores les diera la pauta según la cual podían proceder 
para quedar tranquilos en sus conciencias. 

2. Ni se crea que será aplicable sólo á los puntos consultados, por- 
que en otras partes de España y del extranjero se siguen prácticas aná- 
logas. Hago caso omiso de las mil sofisticaciones á que se presta el 
asunto, motivadas por el prurito de vender mucho vino, muy dulce y á 
muy buen precio. 

3. Porque, por un lado, lo desagradable que suele ser al paladar el 
vino seco tomado en ayunas, y por otro, el sabor atractivo del vino dulce, 
han hecho que éste se emplee en muchas partes como materia ordinaria 
para el Santo Sacrificio; y si el vinicultor va puramente en busca de su 
negocio, no reparará en prometer y dar vino blanco de fuerza y tan dulce 
como se quiera, añadiendo para ello el alcohol y el azúcar que sean 
necesarios. Pero si quiere ser fiel á su conciencia, y ésta es tan delicada 
como el caso se merece, no dejará de encontrar sus dificultades para 
proporcionar vino legítimo, dulce y de fuerza. 

4. Mi objeto es, pues, estudiar el problema de la fabricación del vino 
de Misas desde el punto de vista químico, viendo qué operaciones dejan 
intacto y cuáles cambian el producto, de suerte que, considerado cien- 
tíficamente según los adelantos modernos, deba considerarse como vino 
legítimo de Misas ó no, en el verdadero sentido de la palabra. 

5. Pero como las cuestiones relativas á la materia de los sacramen- 



1 



EL VINO DULCE PARA MISAS 197 

tos dependen exclusivamente de la voluntad de Nuestro Señor Jesucristo, 
que pudo fijar tal ó cual substancia en particular, revestida de determi- 
nados accidentes ó condiciones más ó menos extrínsecas; y siendo la 
Santa Madre Iglesia la única, la fiel, la infalible intérprete de la voluntad 
de Jesucristo, á ella corresponde definir ó fallar si son ó no aplicables y 
cuánto, según la mente de Jesucristo, los recientes descubrimientos quí- 
micos relativos á la naturaleza, fabricación, mejoras y conservación del 
vino para las Misas. Por tanto, á su infalible criterio someto cuanto 
indicaré en este sencillo estudio, que he emprendido con el único fin de 
evitar tantos abusos como entiendo que se cometen, unos inocente, otros 
maliciosamente, en asunto tan grave y tan inmediatamente ligado con la 
honra y culto de Cristo nuestro bien. 

6. Es cierto que los modernos inventos se apoyan sobre datos y 
hechos cien veces comprobados, y que deben, por tanto, admitirse como 
verdaderos; pero repito que esto no basta para que se les aplique ya 
desde luego lícitamente á la elaboración del vino de Misas, sino que 
conviene que preceda el fallo aprobativo de la Esposa de Jesucristo; la 
cual, como Madre bondadosa que es, gusta de que se le expongan con 
su verdadera fuerza las razones que militan en favor del moderno pro- 
greso, para bendecir sus continuos y notables descubrimientos y some- 
terlos gozosa al servicio de Dios Nuestro Señor. Á nosotros, sus hijos, nos 
toca acatar y cumplir los decretos ya dados y estar dispuestos á recibir 
con humildad sus enseñanzas. 

§11 

NATURALEZA DEL VINO 

7. El vino propiamente dicho es una bebida alcohólica resultante de 
la fermentación del mosto ó zumo de las uvas, ora vaya acompañada del 
hollejo, semillas y escobajo, ora no. El vino completo debe, pues, conte- 
ner alcohol. En términos más amplios, se toman también como vinos 
los líquidos procedentes de la fermentación alcohólica de otros frutos, 
como las manzanas, las peras, etc. Que para tener vino, como tal, se 
necesite como requisito esencial la fermentación, es indudable. Así lo 
entiende el común sentir de las gentes y así hablan los autores. «Le vin 
proprement dit est la liqueur alcoolique qui resulte de la fermentation 
du jus de raisin.» (A. G., Dictionn. de Wurtz, t. III, pág. 680.) «La loi 
définit le vin: le produit immédiat de la fermentation naturelle des raisins 
frais.» (Astruc, Le vin, pág. 39.) Si se quiere, es algo exagerada esta defi- 
nición, porque también la uva que no es frais... da vino por fermenta- 
ción...; pero de todos modos se ve la exigencia de la fermentación para 
obtener vino verdadero. «La fermentation du jus de raisin donne le vin.» 
(Ozar, Lesferm. indusír., pág. 137.) 



198 EL VINO DULCE PARA MISAS 

«La fermentación, operación esencial de la vinificación...» (Fuster, 
Eletn. de agrie, III, «Industrias», pág. 37), etc. 

8. La naturaleza alcohólica del vino es debida á la presencia de una 
substancia fermentecible, la glucosa, en sus dos formas isoméricas (1), la 
dextrosa y la levulosa, las cuales, por virtud de ciertos microorganismos 
ó fermentos, se transforma en etanol (alcohol etílico, ordinario ó de vino, 
espíritu de vino), y anhídrido carbónico, principalmente. 

El alcohol etílico procede, pues, del azúcar de las uvas. De aquí 
que la uva en agraz será poco apta para fabricar el vino, porque aunque 
la uva ya desde el comienzo de la formación del grano contiene algo de 
glucosa, sin embargo, es muy pequeña su porción; ésta va creciendo 
hasta la completa madurez, pasando desde el centro del grano á su peri- 
feria; en cambio, al mismo paso va decreciendo la proporción de los 
ácidos contenidos en los granos, que puestos al principio en la parte 
más próxima á la película, se internan poco á poco, á medida que la madu- 
ración adelanta. La cantidad de glucosa que contiene la uva varía entre 
10 y 30 por 100; la de ácidos varía también, y, por tanto, la relación 

-^^^ oscila entre j^ y 2^' de ordinario; si baja hasta -' es señal de que la 

uva está aún en agraz. Esta relación es muy estimada como indicador de 
la calidad de la cosecha y de la uva. 

10. De aquí la costumbre lógicamente fundada de que la vendimia se 
realice cuando la uva está ya en sazón, la cual depende de la naturaleza 
de las cepas, de las condiciones del terreno y de las circunstancias de 
temperatura, humedad, etc., que suelen ser variables no pocas veces 
hasta en un mismo paraje. En los países más septentrionales la vendimia 
se tiene que retardar, y aun entonces la uva no adquiere ordinariamente 
el grado de madurez y dulzor que caracteriza la de nuestros campos 
meridionales. 

11. Con uvas que se dejan desecar en la misma vid, ó que se ex- 
tienden, ya cortadas, sobre cañizos, se fabrican á veces vinos licorosos 
pues la pérdida del agua produce una notable concentración del mosto 
mayor riqueza sacarina y por ende alcohólica. 

§111 

LA FERMENTACIÓN Y SUS PRINCIPALES TEORÍAS 

12. Al definirse antiguamente el vino de vid, como no se conocía el 
por qué de la fermentación, se entendía ésta en el sentido obvio de la 

(1) La dextrosa (aldosa) y la levulosa (cetosa) son dos formas isoméricas, porque 
su molécula se compone de los mismos elementos en especie y en número (Ce H12 Oe); 
pero su carácter químico difiere parcialmente, pues la dextrosa es lo que se dice un 
aldehido, y la levulosa es una acetona, aunque ambos compuestos convienen en su 
múltiple carácter alcohólico. 



EL VINO DULCE PARA MISAS 199 

palabra fervere, es decir, ebullición, puesto que se observaba el espon- 
jamiento de la masa, la producción de burbujas y el desprendimiento de 
gases. 

13. Andando el tiempo, vinieron á estudiarse las causas de semejantes 
fenómenos, que no parecían tener razón alguna de ser, pues el mosto se 
manifestaba homogéneo y libre de toda causa que pudiera determinar su 
enturbiamiento y descomposición. 

14. Lo oculto y obscuro del fenómeno hizo creer á Berzelius que era 
debido á una fuerza particular, pero muy extendida, que llamó catalítica, 
la cual presidía la destrucción de la glucosa, como dirigía y ejecutaba 
otros muchos fenómenos, por ejemplo, el de la síntesis del agua mediante 
el musgo ó negro de platino, en presencia de la mezcla oxhídrica. (Véase 
Berzelius, Traite de Ch., I, pág. 111, París, 1845.) 

15. Para Lavoisier (Traite élément. de Ch., I, pág. 150, 1789) el 
azúcar era un óxido complejo: por la fermentación se escindía en dos 
partes, oxidándose una á expensas de la otra, dándonos anhídrido car- 
bónico, mientras ésta quedaba reducida á alcohol; de igual opinión se 
hizo eco Gay-Lussac (Ann. Chim., 95, pág. 318.) 

16. El hallazgo del ácido succínico por Ch. Schmidt en 1847, su con- 
firmación después y el nuevo hallazgo de la glicerina por Pasteur, así 
como los de otros alcoholes superiores, el propílico (Chancel, C. /?., 37, 
pág. 410), el butílico (Wurtz, ídem, 35, pág. 310), el amílico (Pelletan, 
Ann. Ch. et Phys., 30, pág. 221), el caproico (Faget, C. /?., 37, pág. 730), 
no definían nada nuevo sobre la naturaleza de la fermentación. 

17. Sólo cuando Liebig, por un lado, estableció su teoría química de 
la fermentación, por la que el fermento es una substancia nitrogenada en 
vías de alteración y dotada de vibraciones intramoleculares, que se co- 
munican á las materias fermentescibles, y cuando Pasteur, por otro, 
asentó su doctrina vitalista, según la cual la alcoholización del azúcar es 
un efecto real de la nutrición celular, no un mero producto accidental de 
la vida, se pudo decir con verdad que se comenzó á estudiar á fondo la 
cuestión. 

18. Posteriormente inició Berthelot (Ann. de Ch. et Phys. (3), 51, 
pág. 326) la opinión de que la fermentación, á lo más, era debida á se- 
creciones de la levadura, y que aun podría realizarse sin ella. (Ibid. (3), 
50, pág. 322.) 

No entraré en detalles sobre la disputa entablada entre estas lum- 
breras científicas, pues me llevaría sin necesidad demasiado lejos. 

19. Sólo diré, por lo que atañe á nuestro asunto, que, tanto en una 
opinión como en la otra, se supone la existencia de una causa extraña á 
la masa fermentable, es decir, de una causa, el fermento, que presencia, 
dirige y realiza la destrucción del azúcar, sin quedar formando parte de 
los productos resultantes. Esto es de una importancia suma para la re- 
solución de nuestro problema. 



200 EL VINO DULCE PARA MISAS 

20. Porque si el fermento no queda en la masa del vino, como cons- 
titutivo del mismo, se desprende que, sin alterar la substancia del vino, 
podré: lo primero, realizar la alcoholización de la glucosa utilizando sólo 
el fermento, que naturalmente acompaña á la uva; ó bien, segundo, in- 
troduciendo mayor masa de fermento de la misma ó análoga especie; ó 
bien, tercero, destruyendo, si me conviene, el que preexistía en la uva, y 
añadiendo después fermento que logre el mismo resultado que aquél. Y 
esto no sólo debe entenderse de la sustitución de los fermentos figu- 
rados (es decir vivos), por otros figurados, sino también por otros cua- 
lesquiera, ora deriven de éstos, ora no tengan con ellos ningún pa- 
recido. 

21. Las modernas diastasas, zimasas, enzimas ó fermentos solubles ó 
no figurados, son secreciones múltiples celulares descubiertas en órga- 
nos y líquidos animales, así como en semillas y jugos vegetales: de 
naturaleza compleja, albuminoidea, pero cuantitativamente desconocida, 
están dotadas de una actividad catalítica (1) asombrosa, en general ace- 
lerante de las reacciones; á ellas se atribuye hoy la acción directamente 
fermentativa. 

22. Estas secreciones aparecen en las células según las condiciones 
en que se tiene que realizar su nutrición, y su producción va vinculada á 
la vida anaerobia (2) de la levadura: en esta vida es en la que la zimasa 
abunda, y la producción de alcohol crece considerablemente: se dice 
entonces que el poder-fermento de la levadura es grande, es decir, que 
devuelve bajo forma de alcohol gran parte del azúcar (glucosa) des- 
truido. 

23. Pongamos un ejemplo que aclare la cuestión anterior. La saca- 
rosa (azúcar de caña ó remolacha) tiene por fórmula C^^ H22 0^^'. 
cuando se la hidroliza, es decir, cuando se le da una molécula de agua, 
se convierte en Cj, H24 Oj,: desde este momento deja de ser sacarosa 
y pasa á ser dos moléculas de glucosa (el azúcar de la uva, Cg H12 Og) 
en sus dos formas isómeras, dextrosa y levulosa. Ahora bien: este trán- 
sito de la sacarosa á glucosa, llamado inversión de la sacarosa, se 
puede realizar de varias maneras. 

1) Mediante la levadura misma del mosto: de suerte que si á un 
mosto se le añade sacarosa, al terminar la fermentación tumultuosa, ve- 
remos que á poco se reanuda la efervescencia, á la manera que si hubié- 
ramos puesto verdadera glucosa: la levadura, pues, ha transformado la 
sacarosa previamente en glucosa y levulosa, y sólo entonces ha fer- 
mentado, pues la sacarosa de suyo no es fermentescible. 



(1) Se dice que un cuerpo obra catalíticamente en una reacción, cuando influye en 
ella activándola (ó retardándola), al parecer, por su sola presencia, puesto que al fin de 
la reacción se encuentra dicho cuerpo el mismo que al comienzo. 

(2) Las vidas anaerobia y aerobia son las que tienen lugar en ausencia y en presencia 
del aire, respectivamente. 



EL VINO DULCE PARA MISAS 201 

2) Por medio de los ácidos diluidos, especialmente minerales: es pre- 
cisamente uno de los casos más interesantes de catálisis y más estu- 
diados ya desde Wilhelmy en 1850, y cuya realización está indicada 
claramente en ecuaciones matemáticas, expresiones de la velocidad de 
transformación. 

3) Por cierto producto llamado ¿nvertasa, perteneciente al grupo de 
los enzimas ó fermentos solubles, ya citados. Á este tercer modo viene 
á reducirse el primero, pues los modernos experimentos deducen que las 
levaduras realizan la inversión de la sacarosa mediante la invertasa que 
ellas segregan. 

24. Resultado: en todos estos casos la causa determinante queda 
extrínseca á la glucosa separada; por todos los caminos se llega al 
mismo término. Si el producto final, la glucosa (dextrosa levulosa), des- 
pués de bien purificada, se presenta al químico para que lo analice, su 
fallo será que es el mismo producto; ni se preocupa del modo de prepa- 
rarlo, ni lo podrá averiguar, si en su preparación se han tomado las 
debidas precauciones; lo que puede asegurar es que semejante cuerpo 
es sacarosa invertida: químicamente, pues, la inversión es la misma, 
única, específicamente considerada. 

25. Este es el caso del vino. La fermentación alcohólica de la glucosa 
puede hacerse de varios modos, que van á parar al mismo resultado 
sübstancialmente, sin que las causas determinantes sean particioneras de 
la masa final producida: á lo sumo, habrán consumido más ó menos ma- 
teria fermentable con ó sin provecho. Luego la operación químicamente 
es la misma, y tanto deberá llamarse vinificación la fermentación del 
mosto que brota espontánea en el lagar al exprimir el jugo de las uvas, 
como la que presupone la evaporación previa de parte del agua, á fin 
de aumentar la dosis de glucosa: lo mismo si se utilizan los saccharo- 
myces traídos del campo con los racimos, como si á éstos se añaden otros 
del país ó importados de fuera: lo mismo, finalmente, si en un mosto 
previamente esterilizado, introduzco levaduras artificiales vivas, que si 
en su representación introdujera su zimasa, ora provenga de la levadura 
misma destrozada entre arena de cuarzo, cual la obtuvo Büchner, ora de 
cualquier otra parte. 

§IV 

CONCLUSIONES IMPORTANTES 

26. De donde concluyo: I) Todo aquello que cambie la naturaleza 
de la fermentación vinosa (por ejemplo, adición de bacterias ó myco- 
dermas), ó altere la composición natural de cada vino, debe excluirse de 
su fabricación. Por tanto, debe prohibirse la adición de yeso, sacarosa, 
glucosa, colorantes y decolorantes, tanino, bisulfitos y anhídrido sulfu- 



202 EL VINO DULCE PARA MISAS 

roso (líquido ó gas); antisépticos en general; la mayor parte de los cla- 
rificantes (gelatina, sangre, creta, mármol, cascaras de huevo, conchas, 
crémor tártaro, etc.). 

27. La razón del cambio de naturaleza es, en efecto, la que hace ile- 
gítimo el vino agrio y análogamente la que no permite añadir carbonato 
ó bicarbonato sódico, carbonato de calcio ó tartrato neutro de potasio 
al vino acescente. El avinagrado ó picado del vino es debido á una can- 
tidad mayor ó menor de ácido acético procedente de la oxidación del 
alcohol que ha ocasionado el mycoderma aceti en contacto con el aire: 
si se introduce carbonato sódico, por ejemplo, se produce acetato sódico, 
que queda en solución, y anhídrido carbónico que se desprende con 
efervescencia. El vino queda, pues, alterado substancialmente. Pero 
además hay en los vinos una acidez natural (véase núm. 9), formada 
principalmente por el ácido tartárico y tánico, en menor escala por el 
acético y en mucho menor aún por el cítrico, málico, etc. Como todos 
estos ácidos reaccionan inmediatamente con el bicarbonato, se trans- 
forman en las sales correspondientes, desaparecen en todo ó en parte 
(según la cantidad de carbonato añadido), y, por tanto, queda alterada 
por nuevo concepto la composición del vino. 

28. El vino modificado, pues, de esa manera es materia grave ó leve- 
mente ilícita, lo mismo que el acescente, según el grado de alteración 
que ha sufrido; y tan profunda podría ser, que fuese también materia 
inválida. (Véanse los autores de Moral.) 

¿Cuándo tendrá esto lugar? Digo que cuando la acescencia del vino 
lo hiciese materia ilícita, seguirá siendo materia ilícita aun después de 
neutralizado; y si el vino fuese tan agrio que se le reputase materia invá- 
lida, sería también inválida aunque se le hubiera quitado toda la acidez, 
mediante el carbonato sódico ú otro compuesto cualquiera. La razón, 
repito, es obvia. Porque la neutralización de la acidez no sólo no quita 
al vino el defecto de su alteración (que suponemos lo hacía materia ilí- 
cita ó inválida), sino que se le aumenta porque añade nuevas substan- 
cias extrañas que antes no tenía, y hace pasar á sales los ácidos naturales 
del vino (1). 

29. II) Todo cuanto, científicamente estudiado, coincida con el 
método natural de la vinificación, será químicamente lícito, y aun en 
casos más ó menos generales, recomendable. Aquí se incluye: a) ante 



(1) Las rúbricas que se leen en el Misal romano, relativas á los defectos del vino, 
son las siguientes (tit. IV): 

1. Si vinum sit factum penitus acetum, vel penitus putridum, vel de uvis acerbis, 
seu non maturis expressum, vel ei admixtum tantum aquae, ut vinum sit corruptum, 
non conficitur Sacramentum. (Luego estas materias son inválidas.) 

2. Si vinum ceperit acescere, vel corrumpi, vel fuerit aliquantum acre, vel mustum 
de uvis tune expressum... conficitur Sacramentum, sed conficiens graviter peccat. 
<Luego tales materias son válidas, pero gravemente ilícitas.) 



EL VINO DULCE PARA MISAS 203 

todo, la pasteurización del vino; b) la concentración por el frío del mosto 
ó del vino (1); c) la concentración del mosto ó del vino por el calor y 
el vacio; d) la concentración del mosto por sólo el calor moderado, al 
baño maria, no á fuego directo. Pero téngase presente que este mosto 
no es vino completo, sino sólo incoado, y, por tanto, materia ilícita 
(aunque válida), si la necesidad no urge: si se le ha calentado sobre 
los 55° C. es casi seguro que todas sus levaduras han perecido: es pre- 
ciso, pues, hacerle fermentar para que sea materia lícita, para lo cual se 
puede seguir uno de estos procedimientos: a') la adición de este mosto 
concentrado (y frío) á otro mosto natural, que ya fermenta ó va á fer- 
mentar; b') la adición de levaduras del país ó extrañas, multiplicadas arti- 
ficialmente; c) la adición de zimasa ó alcoholasa, si se llegara á expender, 
debidamente preparada por centro científico de autoridad y confianza. 

30. El Cardenal Gennari, en sus Quistioni teologico-morali, I, 2.^ ed., 
Roma, 1907, pág. 118, propone el caso de añadir el mosto al vino cocido 
(éste en corta cantidad, la quinta ó sexta parte), y resuelve en favor de 
la licitud, con tal que todo fermente; y añade además la condición de 
que el mosto debe ser de uvas no acidas, sino maduras (2). De la misma 
manera aboga en favor de la condensación de todo el mosto, siempre 
que defacto tenga lugar naturalmente la fermentación de dicho caldo, 
según el decreto de la Congregación del Santo Oficio de 6 de Agosto 
de 1895 (3). 

31. Aquí puede ofrecer alguna dificultad el sentido de la palabra 
naturalmente. Pero parece el más obvio el de que la fermentación tenga 
lugar en la forma en que de ordinario se realiza; es decir, mediante las 
levaduras (ó sus representantes, si no son ellas las que inmediatamente 



(1) Sobre el empleo del frío para concentrar y clarificar los vinos, se leerán con 
^usto las memorias de Caries, Haas, Pini, Tellier y Birkett, presentadas en el primer 
Congreso internacional del frío, tenido en París del 5 al 12 de Octubre de 1908. Dichas 
memorias se encuentran en el tomo III de las Actas del Congreso, que acaban de pu- 
blicarse, páginas 29, 49, 54, 65 y 273. 

Como resumen práctico para nuestro objeto, puedo decir que no sólo la clarifi- 
cación del vino dulce, sino especialmente la concentración del vino por el frío intenso 
ha dado grandes pasos; especialmente esta última ha logrado evitar las pérdidas de 
alcohol que antes con razón se le achacaban. La aplicación del frío artificial sigue, sin 
embargo, sólo del dominio de las grandes industrias enológicas. 

Las pérdidas de alcohol las evita el sistema patentado Monti, de Turín. Este autor 
habló ya en el quinto Congreso de Química, de Berlín (1903), sección IX, vol. IV, pá- 
gina 446; en el sexto Congreso, celebrado en Roma (1906), vol. IV, págs. 145-149, y en 
el primer Congreso del frío citado acaba de recibir nuevos plácemes. El mismo Con- 
greso ha emitido un voto en favor de la congelación de mostos y vinos para obtener 
su concentración. (Tomo I, pág. 639.) 

(2) Esta condición consta de la Rúbricaantes citada, nüm. 1. (Véase la notaal núm 28.) 

(3) Ad Archiep. Tarracon., 6 aug. 1896. Lícere (utivino ex musto obtento, quod ante 
fermentationein vinosam, per evaporationem igneam condensatum est); dummodo de- 

coctio huiusmodi fermentationem alcoolicam haud excludat, ipsaque fermentatio natu- 
raliter obtineri possit, et de facto obtineatur. (A. S. S., vol. XXIX, pág. 319.) 



204 EL VINO DULCE PARA MISAS 

la producen). En este sentido, los tres medios que acabo de insinuar, 
estarían incluidos en las palabras del decreto. 

32. Si la palabra naturalmente suena espontáneamente, los medios 
indicados quedan excluidos por el decreto. Pero entonces el decreto 
haría á la fermentación solidaria de determinadas levaduras, numérica- 
mente tales, lo cual no es en manera alguna creíble, porque la vinifica- 
ción, sin género de duda, no es operación propiamente individual, sino 
especifica, y aun genérica, hablando con más propiedad; no es, pues, tal 
ó cual individuo el que hará que tal mosto sea convertido en vino, sino 
la levadura alcohólica en general. Esta verdad no debe perderse de vis- 
ta, porque es la que ha de ayudar á decidir muchas cuestiones relativas 
á este asunto. 

33. Se me podrá objetar que lo que se ha de pretender en el caso es 
que la levadura, aunque no sea numéricamente tal, sea la que existía de 
suyo en la uva. Pero esto es, en realidad, exigir las levaduras individua- 
les, que casualmente se encontraban en los granos de la uva. Además, 
según lo que acabamos de citar del Cardenal Gennari, es lícita la adi- 
ción de la quinta ó sexta parte de mosto cocido al mosto restante, que 
fermenta naturalmente. Pero todo el mundo ve que para el mosto cocido 
(que ha perdido sus levaduras naturales) la única fermentación que queda 
posible es la debida á levaduras extrañas, á saber, las que tenía el 
mosto no cocido: luego resulta que aquel mosto cocido pasará á ser 
vino legítimo, merced á levaduras que no son las suyas. Ni vale decir 
que por esto se limita la cantidad de mosto á la quinta parte, para que la 
mayor parte arrastre á la menor; porque, en primer lugar, la quinta parte 
no es tan pequeña como á simple vista parece, y además, porque sea lo 
que fuere, siempre queda en pie que hay vino licito de Misas que no ha 
fermentado con su fermento natural. 

34. Pongamos otro caso. Tomo un decalitro de mosto, lo hiervo 
durante una hora. Todas las levaduras han perecido, puesto que húme- 
das no resisten los 65" durante un cuarto de hora. En estas circunstan- 
cias retiro el mosto del fuego, lo dejo enfriar y lo coloco (en su propio 
recipiente, sin cubrir) en una bodega donde está fermentando el mosto 
natural. En esta ocasión pululan en las bodegas por todas partes innu- 
merables levaduras, y por lo mismo es cierto que el mosto cocido fer- 
mentará y pasará á ser vino. 

35. No creo que haya nadie que diga que este vino no se puede usar 
lícitamente para la Misa. Es, en efecto, fruto de vid, con color, olor, 
sabor, composición de vino legítimo: ha fermentado por sí solo. ¿Qué 
más se le puede pedir? Y sin embargo, ha fermentado con levaduras que 
no eran las suyas, pues de las suyas, ni una siquiera le ha quedado des- 
pués de una ebullición de una hora. Luego no es de esencia para que un 
vino sea materia lícita del sacramento que haya fermentado con sus 
propias levaduras. 



EL VINO DULCE PARA MISAS 205 

36. Ahora pregunto: ¿Qué más tienen de artificial para este decalitro 
de mosto esterilizado las levaduras que yo puedo cultivar en caldo esco- 
gido, respecto de las que se han reproducido naturalmente en la bodega, 
mientras ha estado realizándose la fermentación del mosto de la restante 
cosecha? ¿Por ventura no proceden tales levaduras en ambos casos por 
procreación natural de otras levaduras? ¿No son ambas extrínsecas al 
mosto esterilizado? ¿Qué dificultad se puede oponer á los cultivos artifi- 
ciales de las levaduras escogidas, de que antes hemos hablado, que no 
tenga idéntica retorsión en el caso que acaba de exponerse? Luego la 
adición de cultivos seleccionados al mosto, hervido en todo ó en parte, 
produce una fermentación que cumple absolutamente con cuantos requi- 
sitos señala nuestra Santa Madre la Iglesia, y por lo mismo se arguye 
química y filosóficamente que semejante adición tiene en su favor, es 
decir en favor de su licitud, sólidos argumentos. 

37. III) La Santa Madre Iglesia, siempre bondadosa para con sus 
hijos, á la par que solícita por conservar incólume el tesoro que le ha 
confiado su divino Esposo, ha permitido ya (S. Off., 30 jul. 1890) que 
se pueda añadir al mosto flojo, mientras fermenta ó inmediatamente 
después de terminada la fermentación tumultuosa, la cantidad de alco- 
hol puro extraído del vino necesario para impedir que el vino resultante 
se agrie ó se corrompa. La dosis total ha de ser de 12° de alcohol (1), y 
si la clase de vino que se maneja suele llegar á mayor fuerza, permite 
hasta dosis total de 18°, si corre riesgo de corromperse en caso de tener 
menor graduación. (S. Off., 6 aug. 1896) (2). 



(1) Ad Episc. Massilien. (30 juL 1890). (A. S. S., voL XXIIl, pág. 699.) 
Responsio. «Dummodo spiritus (alcool), extractus fuerit ex genimine vitis, et quan- 

titas alcoolica addita una cum ea quam vinum de quo agitur, naturaliter continet, non 
excedat proportionem duodecim pro centum, et admixtio fíat quando vinum est valde 
recens, nihil obstare quominus idem vinum in Missae Sacrificium adhibeatur.» 

(2) Ad Archiep. Tarracon., 6 aug. 1896. 

«L Attentis noviter deductis, dummodo in casu proposito spiritus extractus fuerit 
ex genimine vitis, et quantitas alcoolica adiungenda, una cum ea quam vinum de quo 
agitur, naturaliter continet, non excedat proportionem septendecim vel octodecim pro 
centum, et admixtio fíat quando fermentatio tumultuosa, ut aiunt, defervescere incepe- 
rit; nihil obstare quominus vinum in Missae Sacrificium adhibeatur.» (A. S. S., voL XXIX, 
pág. 319.) 

N. B. Á este mismo decreto se refiere el decreto dado en 22 de Mayo de 1901. 
(A. S. S., vol. XXXIV, pág. 256.) 

Adviértase que anteriormente se había negado la adición de análoga cantidad de al- 
cohol. Así en decreto expedido en 15 de Abril de 1891 al mismo Prelado Tarraconense, 
se decía: 

«Vinum dulce quod pro Missae Sacrificio adhiberi solet in Híspanla, spiritum ultra 
proportionem duodecim pro centum naturaliter continet. Quaeritur. 

»!. Utrum decem partium spiritus pro centum commixtio, ut ex experientia con- 
stat, omnino ad vini dulcís conservatíonem necessaria continuarí possit. 

»II. Utrum vinum ita confectum adhiberi possit in Missae Sacrificio. Resp. Negativa 
in ordine ad Missae Sacrificium.» (A. S. S., vol. XXIX, pág. 572.) 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 14 



206 EL VINO DULCE PARA MISAS 

38. IV) Si por razones especialísimas no bastase este medio de 
conservación de un vino, por ejemplo, que debe transportarse á país 
lejano, caluroso, etc., no veo inconveniente, desde el punto de vista qui- 
mico, en que al elaborarlo, se concentrase extraordinariamente el vino 
mediante aparatos á propósito, con los cuales sólo se quitase 50 por 100 
de agua, dejando la misma, por lo demás, la composición química del 
vino (alcohol, extracto, materias sápidas y olorosas, etc.), y después en 
el término de su destino añadirle una cantidad conveniente, siempre me- 
nor, ó á lo más igual, de agua destilada. 

39. Ya sé que este punto se presta á abusos; pero aquí prescindo de 
ellos, pues los abusos no hacen falsa una opinión que de suyo sea ver- 
dadera. Sólo trato de exponer el caso químicamente, aunque, como he 
dicho ya al principio, la solución química no basta para cuestiones que 
necesitan el fallo de la Iglesia. Y químicamente entiendo que no cambia 
la naturaleza de un vino si se le deja tal y como sale de la fermentación, 
ó bien si se le evapora convenientemente en el vacío y después se le 
restituye el agua destilada que ha perdido. Las razones son éstas: 
1) Los ensayos hechos sobre este particular han conducido á la conclu- 
sión de que la concentración de la parte acuosa en el vacío no altera en 
nada las cualidades del vino: sólo resulta haberse escapado una insigni- 
ficante porción de ácidos volátiles, que es despreciable respecto de la 
masa total del vino. 2) El agua que contiene el vino no está combinada 
con los cuerpos que lo forman, sino sólo mezclada: luego su separación 
parcial no altera de suyo la naturaleza del vino. Como, por otra parte, la 
adición ulterior del agua evaporada no altera tampoco las substancias 
remanentes del mismo, puede decirse con verdad que este vino es el 
mismo substancialmente que el que había resultado sin previa evapora- 
ción. Téngase también presente que el agua destilada en todas partes es 
químicamente la misma; y, además, que el agua contenida en el vino, no 
es tanto producto sintético de la vid, cuanto líquido absorbido del exte- 
rior; es el vehículo de los principios nutritivos, el disolvente más impor- 
tante de los compuestos minerales que la planta toma del suelo, la base 
para la realización de los fenómenos osmóticos celulares y el medio más 
necesario para la germinación y el desarrollo de las plantas. 

40. Este problema ha sido estudiado y resuelto industrialmente 
en 1892 por Baudoin y Schribaux, profesores del Instituto Agronómico 
de Francia, sirviéndose del método de Roos. El metal que mejor se 
presta á tal concentración es el aluminio químicamente puro; el platino 
y el oro, además de su precio elevado, presentan el serio inconveniente 
de ser atacados por el vino durante la operación. Téngase, sin embargo, 
en cuenta que el procedimiento, aunque ingenioso, resulta difícil y caro. 

41. He dicho por razones especialísimas; pero dudo que tal caso 
se presente, y aunque se ofreciese, es mejor y más fácil el transporte de 
las pasas adonde convenga, con las cuales se fabrica pronto y sin temor 



EL VINO DULCE PARA MISAS 207 

de equivocarse (porque la Iglesia lo permite) el vino necesario, aun en 
los países más distantes y sometidos á los climas más desfavorables 
para la conservación de las bebidas alcohólicas. (Véase el núm. 70.) 
Otra solución sería también en casos tan excepcionales pedir á la Sa- 
grada Congregación una especial facultad para poder aumentar la dosis 
de alcohol que se hubiera de añadir al vino: por ejemplo, hasta obtener 
20 ó 22 ó más grados centesimales totales, si tanta fuerza alcohólica se 
juzgara necesaria para la conservación del vino. (Véanse los números 37 
y 84.) 

42. V) Si por razones también particulares de premura de tiempo 
ú otras análogas fuera preciso clarificar el vino, creo que podrían em- 
plearse sin dificultad los siguientes clarificadores: a) La albúmina ó 
clara de huevo /resco, en la razón de dos claras por 100 litros de vino: 
se toma la precaución de batirlas bien y mezclarlas mediante agitación 
continua con un litro de vino, lo cual todo se echa en seguida en el vino 
restante, agitando también durante toda esta operación. Esta pequeñí- 
sima cantidad de albúmina se coagula y precipita toda en presencia del 
alcohol, de los ácidos y del tanino, arrastrando á la par todas las subs- 
tancias que hay en suspensión, b) Tampoco (jueda nada en el vino si se 
emplea la arena silícea, previamente lavada con ácido clorhídrico y 
después con agua y desecada, c) Es recomendable por la misma razón 
la pasta de papel, á razón de 100 gramos por 100 litros: la pasta se hace 
machacando bien, entre agua, en un mortero, papel de filtro blanco; se 
deja reposar, se decanta toda el agua, se pone en suspensión dicha pasta 
en tres ó cuatro litros de vino y se añade, mediante agitación al vino; 
después de sedimentado, se puede trasegar el vino clarificado. 

43. VI) Pero no se eche en olvido que existen medios para acele- 
rar la clarificación del vino blanco, sin que introduzcan ninguna subs- 
tancia ajena al vino, ni aun en mínima cantidad, y, por tanto, éstos deben 
preferirse en nuestro caso, á ser posible. Tales son: a) la rodadura y 
fuerte agitación de los toneles, dejándolos después en reposo; b) la 
acción del calor, que ayuda á coagular las albúminas allí existentes; 
c) el frío, que produce análogo resultado; d) sobre todo la presencia 
de suficiente cantidad de tanino: aquí este medio es de escasa aplica- 
ción, porque el vino blanco se hace en ausencia de las semillas y del 
escobajo, que son las partes más ricas en tanino de todo el racimo, y, 
por tanto, es mucho más pobre en ácido tánico que el vino tinto. 

Eduardo Vitoria. 
(Concluirá.) 



La regeieracion fle m pneWo por la cooperación. 



R 



AY al Norte de Italia un territorio de unos 6.300 kilómetros cuadra- 
dos conocido con el nombre de Trentino, de su capital Trento, famosa 
en la historia por el Concilio Ecuménico allí celebrado desde 1545 á 1563. 
Aunque políticamente es de Austria, pertenece etnográficamente á Italia, 
ya que italiana es casi toda su población, de 366.000 habitantes, é ita- 
liano el idioma que se habla. 

Ramificaciones de los Alpes lo cubren en gran parte, dejando entre 
sí dilatados valles cruzados por diferentes ríos, siendo el rey de todos 
éstos el Adigio, que despeñándose del collado de Reschen en los Alpes 
Réticos, engrosado por multitud de arroyos procedentes de los glaciares 
y aumentado con los caudales del Rienz y del Grudner, corre de Norte á 
Sur por el centro del país, adonde acuden á pagarle tributo, por la dere- 
cha el Noss, que atraviesa los valles de Solé y de Añone, y por la iz- 
quierda el Avisio, el cual, desatándose de los glaciares de la altiva Mar- 
molata, penetra, á manera de barranco por lo regular, en los valles de 
Fassa, Fiembre y Cembra, hasta caer como torrente en el cauce princi- 
pal á tres kilómetros de Lavis. Sigue al Adigio en importancia el Brenta, 
que, saliendo del lago de Caldonazzo, fertiliza el gracioso valle de 
Sugana. 

Por esta disposición geográfica del territorio se echará fácilmente de 
ver que la población ha de ser máximamente rural. La cría de ganado, 
el cultivo de la vid y del gusano de seda eran sus labores principales, 
bien que con mezquinos rendimientos. Carecía de industria, de exporta- 
ción y aun de transportes que no fuesen los primitivos. Conjurábanse 
contra su bienestar la naturaleza y los hombres: aquélla con violentas 
tempestades, á cuyo empuje llegaba el labriego á dos dedos de la ruina, 
éstos estrujándola con la usura ó vendiéndole los bastimentos al precio 
fijado por la codicia de negociantes dueños absolutos del mercado. Lo 
peor de vida tan miserable, con serlo tanto la presente, era que para lo 
futuro no se descubría esperanza de remedio. Mas hallólo un hombre de 
gran corazón, un sacerdote, un párroco. Su obra la describe en el nú- 
mero de 15 de Mayo último el nuevo semanario católico neoyorquino 
América, de cuyos datos principalmente nos queremos servir aquí, por- 
que, á la vez que estímulo y consuelo de los católicos españoles, será 
para todos uno de esos argumentos prácticos que tanto abundan en la 
apología de la religión cristiana. 

Lorenzo Giretti(l) (que así se llamaba el párroco) entendió que lo más 
urgente era suprimir el intermediario, poniendo en contacto al puebla 



LA REGENERACIÓN DE UN PUEBLO POR LA COOPERACIÓN 209 

con los industriales 6 productores. Nacida y como de molde para ese fin 
parecióle la cooperación; y he aquí que funda cooperativas de consumo 
con el nombre de Familias Cooperativas, Mas la experiencia le enseñó 
bien pronto que le faltaba un punto de apoyo, una base, es á saber, el 
crédito. ¿Dónde hallar esa institución de crédito bastante sólida y flexible 
á la vez que fuese el nervio, el alma de las familias cooperativas? 
¿Dónde? En las Cajas rurales de Raiffeisen. La primera Familia Coope- 
rativa sentó sus reales en Santa Croce el 28 de Septiembre de 1890; 
la primera Caja rural se abrió en 1893. El cimiento de la regeneración 
del Trentino estaba echado. El generoso párroco podía ya tranquilo ce- 
rrar los ojos á la luz de este mundo para abrirlos á los resplandores de 
la gloria. Y así fué que en 1898, desatada de los lazos del cuerpo, voló el 
alma al cielo, acompañada de las bendiciones de todo un pueblo agra- 
decido. 

Desde 1890 á 1894 el progreso fué escaso. En 1895 sólo había 37 Fa- 
milias) en 1896 bajaron á 33; pero á fines de 1900 subieron hasta 136 y 
en 1907 á 244, con un número de 31.500 socios, que representaban otras 
tantas cabezas de familia. La Familia Cooperativa es asociación de res- 
ponsabilidad limitada. Cada socio se suscribe por 12,50 francos. Unos 
pocos guarismos expresarán el incremento de los negocios en el espacio 
de diez años. Ya es sabido que sin números no se pueden declarar estas 
cosas. *%íÜ 

En 1896 el capital suscrito era de 188.750 francos; mas en 1906 era 
de 1.569.625 francos. Asimismo el capital de explotación sumaba en 1896 
un total de 1.337.500 francos y en 1906 nada menos que 9.200.000. El 
ahorro efectuado en la compra de mercancías antes de 1897-98, cuando 
la institución estaba todavía en pañales, llegó á 1.295.000 francos; hoy, 
en un solo año ya iguala casi este número, pues anualmente es 
de 1.250.000. Ni dejan de llegar á los no asociados las ventajas de la 
cooperación, pues los comerciantes se ven forzados á vender á los mis- 
mos precios de la cooperativa, si no quieren quedarse con las manos va- 
cías y sin clientela. 

No menos próspero que el de las Familias cooperativas fué el suceso 
de las Cajas rurales. La primera, como se ha dicho, se estableció en 1893; 
á fines de 1907 eran 156, con un total de 18.000 socios. Ninguno puede 
serlo si no es católico honrado. Veamos también el aumento de los nego- 
cios en el lapso de diez años. ~~_ ^ 

En 1896 los préstamos fueron de 292.000 francos, ó sea un promedio 
de 215 por socio; en 1906 montaron 9.208.750 francos, ó 555 por socio. 
También en estas Cajas rurales se nota la misma singularidad que en las 
de otras naciones, conviene saber, que los depósitos son mucho más 
considerables que los préstamos, es decir, que las Cajas rurales obran 

(1) Guetti dice América; Revista internazionale le llamó Qiretti. 



210 LA REGENERACIÓN DE UN PUEBLO POR LA COOPERACIÓN 

todavía más como cajas de ahorro que como cajas de préstamos. En 1896 
los ahorros depositados fueron 728.625 francos; mas en 1906 la enorme 
suma de 20.266.250 francos. ¡Y pensar que en buena parte esta ingente 
cantidad habrá sido recogida céntimo á céntimo en la ruda labor del 
campo, desenterrada del inútil rincón en que yacía, hurtada acaso á los 
entretenimientos del juego ó de la bebida ó á otras diversiones y pasa- 
tiempos! 

No se acaba todo con las Familias Cooperativas ni con las Cajas 
rurales. Hanse formado además unas 20 asociaciones de viticultores, 
una compañía para el suministro de luz eléctrica, una unión de carpin- 
teros, otra de herreros y algunas más. 

En 1896 las Cajas rurales y las cooperativas formaron una Federa- 
ción, con domicilio social en Trento. Propónese promover los fines pro- 
pios de las asociaciones federadas, estimular el ahorro y la mutuali- 
dad, establecer la inspección y tutelar los derechos morales, materiales y 
legales de los asociados. Compónese de un Consejo de las Cooperativas, 
con su presidente, y de otro Consejo de las Cajas rurales, con el suyo. 
Los dos Consejos se juntan en Congreso general y eligen el Consejo fe- 
deral. En 1896 constaba de 87 sociedades y 27 Cajas rurales. A fines 
de 1907 el número había ascendido á 243 cooperativas, 155 Cajas rura- 
les, ocho sindicatos profesionales ó trades unions y otras siete asocia- 
ciones. El total de socios era de 48.900. 

Habiéndose resuelto que la contabilidad fuese uniforme en las Cajas 
y en las Cooperativas, se abrieron cursos al propósito, los cuales desde 
1896 á 1906 fueron frecuentados por 621 alumnos, con tanto aprovecha- 
miento, que solos 53 fueron hallados menos aptos. Pónese gran empeño 
en el examen de cuentas de las asociaciones federadas, como bien claro 
lo dice el número de los realizados entre 1896 y 1906, que fueron 902 y 
argüyeron un total de 3.935 días de labor. Sólo en 1907 hubo 167. Tanto 
es el crédito de que en este punto goza la Federación, que el Gobierno 
austríaco se vale de ella para verificar la contabilidad de otras socie- 
dades. 

No podían faltarle á la Federación dos elementos importantes: un 
órgano en la prensa é instituciones centrales de cooperación y de cré- 
dito. El primero lo tiene en La Cooperazione Trentina, revista trimestral 
muy bien editada; lo segundo vamos á especificar ahora. 

En 1898 se fundó una sociedad de responsabilidad limitada con el 
título de Banca Cattolica Trentina. Es el Banco central encargado de 
recibir los excedentes de las Cajas rurales y de las cooperativas. En 
diez años ha tenido que establecer en el Trentino 21 sucursales de las 
casas centrales de Trento y Rovereto. A fines de 1908 tenía en depósito 
26.250.000 francos. Entre otras obras, ha construido un ferrocarril eléc- 
trico en el Val del Noce, que es el primer ferrocarril que los italianos 
sujetos al Austria han hecho por sí solos sin ayuda de alemanes. 



LA REGENERACIÓN DE UN PUEBLO POR LA COOPERACIÓN 211 

De la Banca Cattolica salió la Banca Industríale, que empezó en 1908 
con un capital de explotación de 1.250.000 francos, y ha hecho ya mucho 
por el Trentino. 

Las diversas cooperativas sintieron á su vez la necesidad de consti- 
tuir un sindicato central que comprase á precios módicos y vendiese 
luego á las cooperativas afiliadas con ligera ganancia. De ahí nació en 
1900 el SindacatoAgricolo-Industríale, que en pocos años ha reunido 260 
sociedades. En 1904 edificó magníficos almacenes y oficinas en Trento á la 
vera de la estación del ferrocarril. Su capital de garantía es de 461.250 
francos, con un capital desembolsado de 93.750. En 1907 hizo negocios 
por más de 6.250.000 francos con sus propios bastimentos, vestidos, 
utensilios domésticos y agrícolas, maquinaria, etc. Habiendo comenzado 
con solo un vendedor y un mancebo, tenía ya á los diez años 24 vende- 
dores y 20 mancebos. 

También los alfareros han constituido sus hornos cooperativos, y ta- 
les, que amenazan con una revolución en la alfarería. Baste decir que en 
un valle nada más, y en solo un año, ha ganado el pueblo con su horno 
250.000 francos. Actualmente hay más de diez é irán aumentándose en 
adelante. 

Gracias á la cooperación es hoy el Trentino una de las comarcas 
más florecientes del mundo y de las más avanzadas en el movimiento 
cooperativo. Fruto es éste de la actividad católica. El clero, dolido de 
la miseria y de las necesidades del pueblo, se entregó con el alma y la 
vida al remedio de los males por medio de la cooperación. Con él junta- 
ron sus esfuerzos la juventud universitaria y la prensa: aquélla con lec- 
turas y conferencias, ésta con el diario Trentino y el semanario popu- 
lar Squilla, periódicos muy leídos, como que el segundo despacha 20.000 
números; cosa notable en una población de 360.000 almas. 

Otra causa de prosperidad ha sido la integridad de los administra- 
dores y la firmeza en la selección de empleados. El socialismo no puede 
levantar cabeza en el Trentino. El pueblo, reconociendo en el clero y en el 
partido católico sus mejores aliados, envió el 14 de Mayo de 1907 á la 
Cámara de Viena los candidatos escogidos por dicho partido, conocido 
oficialmente con el nombre de Partido popular trentino. 

El pueblo halla mucho más grata la religión desde que debe su sal- 
vación económica á sus compatricios católicos. 

N. NOGUER. 



OUservaciones sotire "El Hposlolano Eucarísííco de San IgDacío" 



(Conclusión.) 

9." En la pág. XXV, cítase también un hecho, referido por el P. Cros 
en su artículo de Études (1. c, p. 760, nota 2), que no sabemos si es tan 
cierto como estos autores suponen, al decirnos: 

P. BOCK P. CROS 

«Anno 1551 P. Laynez aliud etlam eius- «En 1551, reforma le couvent des car- 

dem Ordinis monasterium ab Angelis vo- mélites de Florence et parvint á y établir 
catum Florentiae ita reformavit, ut monia- la communión quotidienne.» 
les illas quotidianam Communionem ipso 
usu doceret.» 

Y el P. Bock pone luego en nota: «V. Bolland., 27 Mai, in vita 
S. Mariae Magdalenae de Pazzi.» 

Cuando por vez primera leímos esta aserción en Études, nos llamó 
poderosamente la atención, y al punto procuramos cerciorarnos bien de 
este hecho, que no deja de ser bien singular, de modo que justamente 
podía escribir el P. Cros á renglón seguido: 

«A cette date, on n'eút pas trouvé, dans l'Europe entiére, un monastére qui, sous 
cet aspect, ressemblát, méme de loin, au monastére florentín» (1. c, pág. 760). 

Y aun nos parecía más admirable que el P. Laínez dejase de buenas á 
primeras establecida la comunión cotidiana en un monasterio que aca- 
baba de reformar. Para salir de dudas consultamos la Vida del P. Laí- 
nez, escrita por el P. Boero, y vertida al castellano por el P. Ignacio 
Torre, S. J. (Barcelona, 1897); y aunque en lo referente á la corta 
estancia que hizo en 1551 el P. Laínez en Florencia nada se dice de sus 
ministerios espirituales en los conventos de esa ciudad, en cambio, al 
tratar de su permanencia en la misma en el año 1547, dice el P. Boero lo 
siguiente: 

«Al mismo tiempo que con tanta asiduidad atendía al cultivo del pueblo, no se des- 
cuidó de ayudar y promover en el espíritu los monasterios de las vírgenes consagra- 
das á Dios, enfervorizándolas en la adquisición de las virtudes con los Ejercicios espi- 
rituales y con exhortaciones acomodadas á su estado. Pero donde fueron más fruc- 
tuosos sus trabajos fué en el monasterio de las Carmelitas, llamado de Santa María de 
los Ángeles. Habiendo encontrado allí una comunidad de religiosas dispuestísimas á 
recibir toda buena dirección, se dio á cuidarias con mayor solicitud, amaestrándolas 
acerca del modo de orar mentalmente, de hacer el examen general y particular, y de 
renovar cada año el espíritu con los Ejercicios espirituales y otras prácticas devotas. 
Á petición de ellas, se lo puso todo por escrito, y añadió prudentísimas reglas y pres- 
cripciones, que observadas puntualmente por aquellas esposas de Cristo, avanzaron 



OBSERVACIONES SOBRE 213 

cada día más en la vía de la perfección, y dieron de sí tan buen olor á toda la ciudad, 
quede allí á pocos afios se disputaron por unirse á ellas muchas jóvenes de la primera 
nobleza florentina, entre las cuales se contó el gran Serafín del Carmelo, Santa Marta 
Magdalena de Pazzi, que ahora veneramos elevada al honor de los altares.» (Lib. I, cap. VII, 
páginas 158-159.) 

No pude deducir de este pasaje que el P. Laínez reformase dicho 
monasterio de los Angeles, ni menos que dejase establecida entre sus 
monjas la comunión cotidiana. Afortunadamente, el P. Bock cita la 
fuente de donde ha sacado esa noticia, poniendo en nota: «V. Bolland, 
27 Mai, in vita S. Mariae Magdalenae de Pazzi» (1). Pero cuando pen- 
sábamos ver en ese lugar el testimonio convincente de la doble afirma- 
ción de los PP. Bock y Cros, hemos sufrido una pequeña decepción al 
leer en el «Comentario previo» que los PP. Bolandos ponen antes de 
la versión latina de las dos vidas de la Santa, escritas en italiano por el 
presbítero D. Vicente Puccini y por el P. Virgilio Cepari, S. J.: 

«Ex eo tempore (1591) Societatis nostrae Sacerdotes, qui jam inde ab anno 1551 
coeperant monasterii illius Virgines permissu S. Ignatii curare; tum ipsi (Mariae Magda- 
lenae de Pazzis) tum alus ibidem Virginibus, in sacra Confessione extraordinarie 
audiendis constanterfuerunt adhibiti; in eoque caritatis officio hodiedum perseverant, 
máximo cum ipsarum solatio et fructu: quae et S. P. N. exercitia spiritualia sub eorum- 
dem directionem quotannis obeunt, exemplo ipsius sanctae Matris, ea primum in seipsa 
expertae, sub R. P. Virgilio Cepario.» (Die vigésima quinta Maii, pág. 643, núm. 2.) 

¿Cómo puede deducirse de este pasaje de los PP. Bolandos que el 
P. Laínez reformó el convento de los Ángeles de Florencia, y que en él 
llegó á establecer la comunión cotidiana? 

Bien es verdad que en varios capítulos de la vida de la Santa, escrita 
por Puccini, aparece la costumbre que en aquel convento había de co- 
mulgar todas las monjas cada día (no se dice desde cuándo); lo cual fué 
una de las razones más principales que indujo á Santa María Magdalena 
de Pazzis á preferir aquel monasterio; pero ni una sola vez se dice ó se 
insinúa que esa costumbre la introdujesen nuestros Padres^ y menos 
aún el P. Laínez, de quien no se hace mención alguna. 

Más explícito es el P. Cepari en la vida que escribió de Santa María 
Magdalena de Pazzis, y que los Bolandos traen vertida en latín, después 
de la de Puccini. Aquí se encuentran algunas frases que han podido dar 
ocasión á las afirmaciones de los PP. Cros y Bock, aunque, á nuestro 
parecer, sin suficiente fundamento. 

Al tratar el P. Cepari de las dudas que abrigaba la Santa sobre el 
Monasterio que debía escoger para vivir en él como religiosa perpetua- 
mente, dice: 

«Verum quia multum laudari a Patre Rectore audiebat monasterium S. Mariae An- 
gelorum, non tantum propter perfectissimam vitae communis observantiam et studium 



(1) Es equivocación del P. Bock ó delvque le ha enviado esa cita. Debe decir: «Die 
vigésima quinta Maji.» 



214 «EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO» 

speciale perfection¡sinternae;sed etiam quia ibi quotidie mane communiteraReligiosis 
suscipitur sancííssimumAltaris sacramentum; decrevit illuc experiundi causa ingredi.» 
(Bolland., 1. c, pág. 722, núm. 26.) 

Y después de describir en los números 27, 28 y 29 el origen de la 
fundación de dicho monasterio, su sujeción al Ordinario, confirmada por 
Breves de León X en 1520, y de Pío V en 1567; hasta que, después del 
Concilio Tridentino, fueron modificadas sus Constituciones por Pío IV 
en 1564, «et a Paulo Papa V anno 1610 magis restrictae, atque ad arctio- 
rem observantiam ipsismet postulantibus reductae»; de modo que «Hac 
ratione conservatus fuit semper locus in magna observantia», en el nú- 
mero 30 añade: 

«Multa enim subsidia spiritualia idem locus a nostra Jesu Societate accepit. Etenim 
cum S. Ignatius anno 1551 rogatu Principum Florentinorum Cosmi de Mediéis etuxo- 
ris Eleonorae de Toleto, Collegium desiderantium, Pisis Florentiam misisset P. Jaco- 
bum Laynez, Roma vero ac Patavis alios Patres; neo ilii haberent adhuc comparatum 
sibi locum, domuncuiam conductam acceperunt circa hoc monasterium. Defecerat au- 
tem eidem per istud tempus Confessarius suus extraodinarius: quare, curante Nobili 
Matrona Marietta Gondi, Sanctimonialibus illis pie affecta, rogati fuerunt Patres, earum 
audiendis confessionibus tantisper operam commodare. Hoc vero ipsi eo fecerunt liben- 
tius,quod et earum ecclesia utebantur ad Confessionum, Praedicationumque ac aliarum 
functionum exercitium, et libenterconferebant aliquidad promovendum Matrum ipsa- 
rum spiritum. Quia vero erant omnes magnae perfectionis viri, magnum in monasterio 
fervorem excitarunt; et observantiam regularem, quam optime constitutam repererunt, 
magis magisque confirmarunt, per usum orationis frequentibus (sic) Communionis et 
spiritum mortificationis: idque non obiter, sed moróse: siquidem adannum usque 1552 
in pió isto opere perseverarunt. Quia tamen Societas, ex sui instituti propria ratione, 
abstinet a cura Monacharum, scrupulo sibi ducebant boni isti Patres tamdiu retiñere 
occupationem istiusmodi; sed Sor Dianora et Sor Victoria Contugi, quae habebant 
patrem tune temporis medicum Julii Papae III, eo mediante impetrarunt a Sua Sanctitate, 
ut Patres coepta prosequerentur, quemadmodum fecerunt de consensu S. Ignatii usque 
ad annum 1553. Tune assignatus Societati est locus, quo hodieque situm est Collegium, 
juxta ecclesiam S. Joannis, quae, quia párvula erat S. Joannini dicebatur. Huc immigran- 
tes Patres, destiterunt ordinarias Matrum confessionis (sic) audire: quae tamen eiga 
Societatem gratae beneque affectae manserunt; et vicissim Societas eas libenter fovet, 
subministrandis quoties opus est Confessariis extraordinariis, et concionatoribus ad 
pias exhortationes.» (Páginas 722-723.) 

Nos perdonarán los lectores que hayamos transcripto tan por extenso 
todo este pasaje del P. Cepari. Nos ha parecido conveniente hacerlo, 
puesto que él ha sido, sin duda, el fundamento de la doble aserción de 
los PP. Cros y Bock. Pero aun suponiendo, por ahora, que no hay nin- 
guna inexactitud en todo lo que aquí narra el P. Cepari, no vemos aún 
cómo de todo ello se saca que «según dicen los Bolandos en la Vida de 
Santa María Magdalena de Pazzis, el P. Laínez reformó el convento de 
los Ángeles y llegó á establecer en él la comunión cotidiana». Si así lo 
hubiese creído el P. Cepari, buena ocasión se le presentó aquí para afir- 
marlo en términos claros. Pero no lo hizo, ni pudo hacerlo. Y decimos 
que no pudo hacerlo, porque el P. Laínez, que en 1551 pasó á Florencia 



OBSERVACIONES SOBRE 215 

para fundar el Colegio, no fué el P. Diego Laínez, á quien se refieren los 
PP. Cros y Bock, sino su hermano el P. Cristóbal Laínez, junto con el 
P. Luis Coudret, que fué su primer Rector, y otros catorce ó quince Pa- 
dres y Hermanos que de diversas partes envió San Ignacio á Pisa y á 
Florencia. Cuando llegaron éstos á Florencia, el último día de Noviem- 
bre de 1551, hacía más de cuatro meses y medio que el P. Diego Laínez 
había marchado, junto con el P. Salmerón, al Concilio de Trento (10 de 
Julio de 1551), y no volvió á ella hasta mediados del año siguiente. To- 
dos estos datos, y otros más, referentes al Colegio Florentino pueden 
verse en el Chronicon S. J. del P. Polanco, II, Anno '1551 (páginas 
174-185, números 20-40), y Anno 1552 (pág. 509-516), donde se cuentan 
las cosas de modo algo distinto de como las narra el P. Cepari, y no 
hay nada sobre la reforma del convento de Santa María de los Ánge- 
les y sobre la comunión cotidiana que allí dejase establecida el Padre 
Laínez. 

10. ¿Y qué decir, por último, de lo que el P. Bock afirma categórica- 
mente en la pág. XXVI, núm. 9: 

«De conatibus igitur perpetuis Ignatii primorumque sociorum prudenter promoven- 
dae frequentioris, immo quotidianae Communionis non est dubitandum. Quod si 
saepius scandali vitandi causa necesse fuit, fidelium desideria eucharistica aliquantulum 
cohíberi, minime hoc ideo fecerunt Ignatius eiusque socii, quasi per insignium virtutum 
exercitium frequentior Communio prius merenda esset»? 

El P. Ferreres había dicho antes que nadie, acerca de este punto: 

«No sabemos si estos virulentos ataques dirigidos por personas católicas y aun re- 
ligiosas contra la frecuencia de sacramentos bastarán á explicar el tiento con que San 
Ignacio se andaba para conceder la comunión con mayor frecuencia que cada ocho 
días» (1). 

En cambio, el P. Cros, como respondiendo tácitamente á estas dudas 
del P. Ferreres y de otros muchos que sienten de la misma manera, dice 
categóricamente que sí; que esas persecuciones contra la comunión fre- 
cuente que por doquiera se levantaban en los malos tiempos que alcanzó 
San Ignacio, son causa más que suficiente para explicarnos la cautela con 
que procedió el Santo en no recomendar y alabar expresamente en el libro 
de los Ejercicios, etc., la comunión cotidiana, de que era ardiente parti- 
dario. «Pour vouloir mieux faire, on eút tout ruiné» (2), dice el P. Cros. Y 
á continuación añade: 

«De lá telles réponses d'Ignace á ses fils, qui surprendraient d'abord, et que les neces- 
sités du temps exigeaient de son zéle méme pour la restauration de la communion des 
premiers síécles (3). 



(1) Comentario canónico-moral sobre el decreto Sacra Tridentina Synodus, pág. 58, 
núm. 101, y Razón y Fe, 1. c, pág. 517, núm. 101. 

(2) L. c. pág. 762. 

(3) Ibid. 



216 «EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO» 

Como ejemplo de una de esas respuestas, pone la siguiente: 

«Ceux qui veulent communier tous les jours, ne les empéchez pas; mais exhortez-les 
á le faire moins souvent. Tous les jours, je le toléreraís, mais j'aimerais mieux encoré 
de trois en trois jours...; et il recommande de veiller á ce que les communiants ne 
donnent ancune prise au scandale pharisaíque des adversaires» (1). 

Y luego, diciéndonos que: 

«De Plasencia, Ignace , prés de mourir, regut les ligues suivantes»: «Nous táchons de 
fermer la bouche aux contradícteurs, en veillant á ce que les personnes qui commu- 
nient le plus souvent soient d'une vertu notoire», 

concluye así: 

«Est-ce á diré que Saint Ignace ne voulait la communion fréquente, ^í/of/í//e/7/2e, que 
pour de telles ames? Nous savons le contraire» (2). 

Pero, con perdón sea dicho de un escritor tan diligente como el 
P. Cros, creemos que los ejemplos y razones que aduce no bastan 
para desvanecer las dudas que uno puede abrigar acerca de la mente de 
San Ignacio sobre la comunión cotidiana concedida indistintamente á 
todos los fieles. Lo que sí aparece claro por la carta que escribió á Sor 
Teresa Rejadella, es que San Ignacio estaba seguro de que «no ay orde- 
nación ni escritura alguna de la nuestra sancta madre yglesia, ni de los 
santos doctores escolásticos ni positivos, que no puedan comulgar cada 
día las personas que fueren movidas por devoción» (3). Y por esto la 
decía: 

«Esto todo seyendo así, avnque no vbiese tantas buenas señales ni tan sanas mo- 
ciones, el bueno y entero testimonio es el propio dictamen de la conciencia, es á 
saver: después que todo os es lícito en el Señor nuestro, si juzgáys, apartada de peca- 
dos mortales claros, ó que podáis juzgar por tales, que vuestra ánima más se ayuda y 
más se inflama en el amor de vuestro criador y señor, y con tal intención os comuni- 
cáis, hallando por experiencia que este santísimo manjar espiritual os sustenta, quieta 
y reposa, y conserbando os aumenta en su mayor seruicio, alabanza y gloria, no dubi- 
tando, os es lícito, y os será mejor comulgaros cada día» (4). 

Pero esta doctrina que San Ignacio juzgaba conveniente reducir ala 
práctica en personas tan espirituales y de tanta perfección como era Sor 
Rejadella, no opinaba el Santo que debía aplicarse de igual modo á to- 
dos los fieles, como afirman los PP. Cros y Bock. Los cuales, quizá, no 
osaran hablar tan categóricamente acerca de este punto, si hubiesen po- 
dido leer la carta que el P. Polanco escribió, por comisión de San Ignacio, 
al P. Esteban Baroello, en 29 de Diciembre de 1554, y que dice así: 

«..; prouedete uoi di la come conuiene, tenendo certo che la mente di N. P. é, che, 
si alcana persona maritata si comunicasse ogni giorno, doueria essere continente ex 



(1) L.c, pág.763. 

(2) Ibid. 

(3) Monumenta Ignatiana, s. l.^ 1. 1, Epist .73, pág. 275. 

(4) Ibid. págs. 275-276. 



OBSERVACIONES SOBRE 217 

consensu, et altrimenti nongiudica douersifrequentare in tal modo questo sacramento. 
Ma di questo forse in breue si dará qualche ordine uniuersale, come anche d'altre cose 
conuenienti» (1). 

Y aquí pondremos término á estas observaciones sobre el Aposto- 
lado Eucarístico de San Ignacio, que nos ha parecido conveniente dejar 
consignadas por escrito, á fin de que no se introduzcan ó no se arraiguen 
y tomen cuerpo ciertas exageraciones ó inexactitudes, que fácilmente 
pudieran reproducirse de buena fe por muchos piadosos autores, fiados 
demasiadamente en la autoridad, de mucho peso sí, pero no infalible, del 
diligentísimo P. Cros, á quien somos los primeros en apreciar y respetar 
por sus muchos trabajos históricos. Y lejos de concebir ningún temor de 
que por ellas se haya de resentir en lo más mínimo el ánimo del P. Cros, 
abrigamos, por el contrario, la más segura confianza de que él será quien 
más que ninguno apreciará nuestras pobres observaciones, ya que, con 
justa razón, es ardiente celador de no permitir que se introduzcan nin- 
guna suerte de falsedades ó de leyendas en las vidas de los Santos. 

Ni creemos haber derogado en nada á la legítima gloria de N. P. S. Ig- 
nacio, si de nuestras observaciones resultase que no se pueda llamarle á 
boca llena con el glorioso renombre de Apóstol de la Comunión coti- 
diana, Pues, fuera de que los Santos no necesitan de nuestras erróneas 
ó exageradas alabanzas para su verdadera é incomparable gloria; cree- 
mos que ninguno podrá al menos negar á N. P. S. Ignacio el mérito de 
haber sido el que más contribuyó á sacar á los fieles de la perniciosa 
rutina que les tenía sujetos á la práctica de la comunión anual, y haber 
merecido, con igual ó mayor derecho que otro ningún Santo, el título de 
Apóstol de la Comunión frecuente, Y esta gloria sube de punto si se 
considera que San Ignacio comenzó á practicar y recomendar la comunión 
de cada ocho días en una época en que, como ya escribía el P. Gabriel 
Álvarez á principios del siglo XVII, «era más que ahora cada día» (2). Y 
con razón; pues, 

«tan nuevo era en aquel tiempo comulgar más que una vez al año, no liabiendo 
peligro de muerte, que si alguno quería comulgar más á menudo, por excusar murmu- 
raciones, se iba á comulgar á las hermitas del campo; porque no causaba esto menos 
admiración (dijo después uno de los oyentes de San Ignacio, en Alcalá, al P. Miguel 
Pérez), que si vieran volar á un buey» (3). 

Pero no por esto se arredraba el corazón magnánimo de Ignacio, 
antes las mismas persecuciones parece le daban mayores fuerzas para 

(1) Monumenta Ignatiana, s. 1.^, t. VIII, fascic. II, Junio 1909, Epist. 5.053, pág. 206. 

(2) Historia ms. de la Provincia de Aragón, lib. I, cap. IV. 

(3) P. García, Vida de San Ignacio, lib. I, cap. VII, pág. 145, tercera edición. Barce- 
lona, 1890. El P. Alcázar dice también, que Ignacio y sus compañeros en Alcalá «se 
vieron necesitados, para excusarla nota, á ir mudando de Iglesias, y á valerse de las 
hermitas del campo.» (Crono-Historia de la Compañía de Jesús en la provincia de 
Toledo, cap. III, p. I., p. XIX.) 



218 «EL APOSTOLADO EUCARÍSTICO DE SAN IGNACIO» 

proseguir adelante en su laudable empeño de propagar por todas partes 
el uso de la comunión frecuente, y excogitar nuevos medios para reba- 
tir las argucias del enemigo mortal de nuestras almas, y cerrar la boca 
de los que con falso celo se oponían al movimiento siempre creciente en 
favor de la frecuencia de Sacramentos. Por esto hacía escribir al P. Al- 
fonso Román, Rector del Colegio de Zaragoza, el 8 de Noviembre 
de 1554, haciendo alusión, sin duda, al librito del P. Cristóbal de Madrid, 
que más tarde le fué remitido: 

«De la contradicción que hay al freqüentar los santos sacramentos en essa cibdad 
no nos marauillamos, porque también en otras partes se haze la mesma resistencia, pro- 
curando el demonio ympedir uno de los mayores y más efficaces medios que para 
defenderse del y ayudarse en toda virtud tenemos en la santa yglesia, que es el destos 
sacramentos de la confessión y comunión. Y assy acá se ha hecho un trattado con dili- 
gencia, fundando en razones y auctoridades y exemplos de santos esta bendita vsanza, 
que en todas partes donde reside nuestra Compañía se vsa. Y si no fuéssemos tan 
ocupados, podríase embiar allá vna copia, en special si se juzga ser necesaria» (1). 

Por esto no se nos hace del todo inverosímil lo que dice el P. García: 

«El Cardenal de Lugo contó en Roma recién ido de España, ser en ella tradición 
que un día del Corpus se le mostró á Santa Teresa de Jesús una procesión en el cielo, 
en que después de los coros de los ángeles y santos, por su orden, vio debajo de palio 
un sacerdote revestido que llevaba en la mano el Santísimo Sacramento, y á su lado 
iba la Virgen, y que le fué dicho á la Santa por un ángel, que el sacerdote era San Ig- 
nacio, á quien se hacía aquella honra por la frecuencia de comulgar» (2). 

No recordamos bien si esto es precisamente lo que representa un 
cuadro eucarístico que hace muchos años vimos con frecuencia, en una 
de las sacristías de la Catedral de Buenos Aires, donde también se con- 
servan muchos otros grandes y hermosos cuadros, pertenecientes á la 
antigua Compañía. Sea de ello lo que fuere, no se. puede al menos dejar 
de reconocer que uno de los servicios más señalados que San Ignacio, 
por sí y por medio de sus hijos, prestó á la Santa Iglesia, fué el renovar 
y acrecentar entre los fieles la frecuencia de los Santos Sacramentos. 

Y esta gloria eucarística de San Ignacio ponía de relieve el Cardenal 
Relator Francisco M."* del Monte, en el consistorio secreto que se cele- 
bró delante de Gregorio XV, el día 19 de Enero de 1622, como prepara- 
torio de la solemne canonización del Santo, diciendo: ^Administró asi- 
duamente los Sacramentos de la Penitencia y Comunión, y exhortó á los 
mismos á todos los fieles, é introdujo la frecuencia de dichos Sacramen- 
tos y de las Misas, lo mismo que de los sermones y lecciones sacras en 
los templos» (3). 

Por lo cual, recurriendo este año el tercer centenario de la Beatifica- 



(1) Monumenta Ignatiana, s. 1.^, t. VIII. Fascic. I, Mayo, 1909, págs. 13-14. 

(2) L. c, lib. V, cap. XVIII, pág. 599. 

(3) Cf. Bolland. Acta Sanctorumjulii, t. Vil, p. 613, n. 1061. 



OBSERVACIONES 219 

ción de N. P. San Ignacio de Loyola, creemos que de ninguna manera po- 
demos acabar mejor estas observaciones sobre e\ Apostolado Eucarístico 
de San Ignacio, que copiando á la letra las palabras que el Patriarca 
Beato Juan de Ribera pronunció desde el pulpito en Gandía el día 13 de 
Mayo de 1607, cuando se estaban haciendo las diligencias para la Bea- 
tificación del Santo: 

«Siempre he tenido muy asentado este pensamiento, que el mayor testimonio de la 
santidad del Beato Padre Ignacio, es la religión que el fundó, tan santa, con un ejem- 
plo tan universal cual ha dado al mundo tan extraordinaria mudanza en las costumbres, 
tanta frecuencia de los santos sacramentos, que en tiempo de nuestros abuelos cuando 
mucho se allegaban de aflo á año al Santísimo Sacramento, sin haber en toda la cris- 
tiandad quien más á menudo se llegase, y entonces con tan poca luz y aparejo, y agora, 
es frecuentado tan á menudo por tantas personas que tratan de cosas de devoción y 
oración adonde la Compañía está...» (1). 

Justo Bequiriztain. 



(1) Carta del P. Miguel Julián al P. Ribadeneira, apud P. Astrain: Historia de la asis- 
tencia de España, I, lib. II, c. XXII, págs. 664-665. Cf. también P. Ferreres; 1. c, pág. 56, 
núm. 99. 



NOTICIAS CIENTÍFICAS 



Una visita al Instituto Pastéate, de Pafís, 



H 



L pasar por París para el Congreso internacional de Psicología, de 
Ginebra, hame parecido conveniente visitar el tantas veces y tan mere- 
cidamente celebrado Institut Pastear. Dos razones de actualidad me han 
movido á ello: la de haber sido honrado este año con el premio Nobel, 
de Stokolmo, el subdirector del Instituto M. Metchnikoff, y la de haber 
yo escrito para el número de Razón y Fe, que saldrá precisamente 
cuando envío estas cuartillas á España, un artículo contra la generación 
espontánea, que en nombre de la ciencia fué victoriosamente combatida, 
muerta y sepultada por el insigne biólogo y fundador del Instituto. 

Bien se verá que no trato de escribir un artículo, sino una sencilla 
relación, en que necesariamente habré de prescindir de muchos porme- 
nores que no hacen al caso. 

El Instituto Pasteur está destinado al estudio de las ciencias aplica- 
das á la biología, bacteriología, terapéutica, higiene, etc., y al trata- 
miento preventivo de la rabia. Delante de la fachada y sobre un pedes- 
tal de piedra se levanta una estatua de bronce que representa al joven 
pastor Jupille luchando con un lobo rabioso. Jupille fué uno de los pri- 
meros inoculados según el método de Pasteur, y es hoy uno de los por- 
teros del Instituto. 

Este Instituto fué en un principio de modestas dimensiones, pero se 
ha agrandado, se ha desarrollado, se puede decir, como se desarropan 
los microbios que Pasteur trató de combatir. Este aumento y desarrollo 
es debido á la suscrición nacional, en que se recogieron más de dos 
millones y medio de francos, y á otros grandes donativos de insignes 
bienhechores. El Instituto se compone de varios edificios, que están 
emplazados en medio de hermosos jardines. El director general es 
M. Roux, y M. Metchnikoff es subdirector. 

1 . Instituto bacteriológico. —Ocu^di un área de 1 1 .000 metros, y consta 
de dos cuerpos de edificio paralelos, unidos por un tercero perpendicular. 
En su parte anterior están instalados los servicios generales, en la pos- 
terior los laboratorios. En el lado izquierdo, según se entra, está la mag- 
nífica cripta, de elegante estilo bizantino, que contiene los restos de Pas- 
teur (1822-1895). La bóveda y las paredes están lujosamente decoradas: 
aquélla con las alegorías de la Fe, Esperanza, Caridad y ciencia; en 



NOTICIAS CIENTÍFICAS 221 

éstas, elevadas sobre doce soberbias columnas de mármol, se hallan 
representados con figuras en mosaico los principales trabajos de Pas- 
teur. El lado derecho del piso bajo está destinado al servicio de la rabia. 
Hay tres salas para los enfermos: una de espera, otra para el examen de 
las mordeduras é inscripción, y la tercera para las inoculaciones; para 
las señoras y niños hay sala reservada. Las hay también para archivos, 
curas y preparaciones. En el ala izquierda hay varias piezas para clases, 
laboratorios, cámaras oscuras para la fotografía microscópica y disec- 
ción de animales. 

El primer piso está todo él destinado á trabajos prácticos y cursos 
de microbio técnico. El centro de la biblioteca, espaciosa sala y bien ilu- 
minada, lo ocupa un busto de Pasteur, rodeado de otros seis que repre- 
sentan á los principales bienhechores del Instituto. La biblioteca es rica 
en boletines, archivos, revistas de medicina y tesis de ciencias para el 
doctorado; entran en ella cosa de 150 revistas del ramo. En el laboratorio 
bacteriológico, muy claro y capaz, llaman singularmente la atención los 
innumerables ratoncillos blancos que han de servir para las experiencias. 

En el segundo piso no hay laboratorios de enseñanza para los alum- 
nos, sino privados y de investigación, donde los mismos directores y 
profesores preparan sus trabajos originales: toda el ala derecha de este 
piso está bajo la dirección de M. Metchnikoff. 

El funcionamiento de los servicios está dividido en cuatro secciones: 

a) Servicio de las vacunas, que comprende la preparación de las vacu- 
nas anticarbonosas y contra le rouget (escarlata) del cerdo, de la maleína 
y tuberculina. Los beneficios obtenidos por las dos primeras vacunas han 
sido notables: han disminuido la mortandad por carbón de los animales 
bovinos, de 5 por 100, á H; la de las ovejas y carneros, de 10 por 100, á 
1 por 100; la de los cerdos, de 20 por 100, á 1 i por 100. Los beneficios 
reportados á la agricultura francesa pasan de 20 millones de francos. El 
método de atenuación del virus y de inmunización de los animales fue 
descubierto en 1880 por MM. Pasteur, Roux y Chamberland, así como 
el de las vacunas contra le rouget de los cerdos lo fué por Pasteur y 
Thuillier. La maleína sirve para diagnosticar pronto el muermo; una cir- 
cular del Ministerio de la Guerra ha declarado obligatorio su empleo en 
el ejército francés. Asimismo la tuberculina, descubierta por Koch, sirve 
para revelar la existencia de la tuberculosis en los animales bovinos 
que la padecen. 

b) Servicio de la rabia, cuyo fin es evitar el contagio de la rabia, ó 
del agente patógeno de la rabia en las personas mordidas por perros ra- 
biosos, inyectando con una pequeña jeringa de Pravaz el virus rábico 
atenuado. Desde que Pasteur leyó el 2 de Marzo de 1886, ante la Aca- 
demia de Ciencias de París, su Memoria sobre la vacuna de la rabia, se 
han presentado anualmente, por término medio, en aquel establecimiento 
más de 1.500 personas mordidas, cifra que va aumentando, á pesar de 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 15 



222 NOTICIAS CIENTÍFICAS 

los nuevos Institutos antirrábicos fundados en Francia y fuera de ella, y 
mientras las estadísticas anteriores á la fundación del Instituto señalaban 
una mortalidad de 15 por 100 de las atacadas, el tratamiento de la va- 
cuna las ha reducido á5 por 1.000. El tratamiento dura de quince á 
veinte días, según la gravedad de la mordedura. 

c) Servicio del microbio técnico: comprende dos series de cursos 
anuales de microbio técnico, que constan, respectivamente, de 48 leccio- 
nes, con sus trabajos prácticos correspondientes; la primera serie es en 
Noviembre-Diciembre, la segunda en Febrero-Marzo. De entre los que 
asisten á estas clases los hay que son meros oyentes, y los hay inscritos 
á los trabajos prácticos; éstos abonan 50 francos anuales. 

d) Servicio de Metchnikoff: se compone de científicos y profesores 
que preparan trabajos originales bajo la dirección de Metchnikoff; entre 
estos trabajos figuran en primera línea los de \2i fagocitosis; ahora tra- 
bajan mucho en la tuberculosis. Además de dirigir estos trabajos de la- 
boratorio, M. Metchnikoff, da lecciones en los cursos del microbiotécnico. 
Él ha sido el representante de Francia en el centenario de Darwin, cele- 
brado en junio en Cambridge, y de que oportunamente di cuenta en Razón 
Y Fe. En el discurso que pronunció, manifestó ser transformista radical á 
lo Darwin, y aun más, y es, por confesión propia, materialista y ateo; pero 
que prescinde de cómo se explica el origen de la vida y del pensamiento. 
Ha escrito Études sur la nature humaine y Essais optimistes, y son fa- 
mosas las desarmonías que atribuye al cuerpo humano, diciendo que en 
él sobran algunos órganos y faltan otros, que el coecum es, además de 
inútil, perjudicial, con otras desarmonías que él cree encontrar en el ins- 
tinto de conservación, en los órganos de la digestión y de la generación. 
Lo cual es tanto más raro, cuanto que estas desarmonías las cree hallar 
sólo en la naturaleza humana, que es precisamente la obra más admirable 
de la creación visible. 

2. Instituto seroterápico. — Comprende cuatro secciones: en la primera 
se preparan los líquidos de inoculación, ó sea el suero antidiftérico, an- 
titetánico, antiestreptocóccico y antipestilencial; en la segunda se hace la 
inmunización de los caballos, esto es, la inoculación del virus obtenido 
por cultivo para preservar su organismo de ciertas enfermedades; la ter- 
cera se dedica á la distribución y venta del suero, y la cuarta á su em- 
pleo. Empléasele, bien como preventivo bien como curativo, en las di- 
versas intoxicaciones contra el bacilo de Loeffler, la angina y garrotillo 
ó crup diftérico. Gracias al uso del suero, la mortahdad por difteria en 
París ha disminuido notablemente, bajando del 40 por 100 al 10 por 100. 
La media anual de la mortandad, que de 1890 á 1894 llegó á 1.432, des- 
cendió á 354 en el período de 1895 á 1899. También el suero anti tetánico 
ha prestado grandes servicios como preventivo en ciertos casos de heri- 
das y llagas, tanto que su uso se ha hecho obligatorio en la milicia por 
una circular del Ministerio de la Guerra. El suero antiestreptocóccico es 



NOTICIAS CIENTÍFICAS 223 

medio preventivo ó curativo en la fiebre puerperal y otras enfermedades 
humanas; asimismo el suero antipestilencial es preventivo y curativo, y 
fué empleado con éxito hace algunos años durante la epidernia de Oporto, 
con inoculaciones preventivas por espacio de veinte días á las personas 
que vivían en un hogar de peste; con inoculaciones curativas en la piel 
al principio de la enfermedad; en la vena en caso de agravarse la enfer- 
medad. 

3. Instituto de Química biológica.— Es un gran edificio, separado del 
bacteriológico por lo ancho de una calle; dispone de una pieza principal 
en forma de hermosa galería. En el piso bajo está la fuerza motriz, con 
tres generadores destinados á la calefacción por vapor, á la luz eléctrica 
y al movimiento de las máquinas y aparatos, que ocupan el piso primero 
del hall. Alrededor del este hall central, y en comunicación con él, están 
la sala del curso y los laboratorios. Dos de éstos, los más próximos á la 
galería de las máquinas, están destinados al examen de los líquidos or- 
gánicos. Cada uno de ellos constituye una sala rectangular capaz para 
unos 30 alumnos de trabajos prácticos. Hay también cuartos ó departa- 
mentos privados para trabajos aislados ó incomunicados. El laboratorio 
general de Química biológica es capaz para 96 operadores; en él pueden 
manipular en verano los candidatos; en el invierno se destina para curso 
práctico de análisis de productos fisiológicos y patológicos y materias 
ahmenticias. Tiene también su biblioteca, más que grande, escogida en 
revistas y archivos. 

Anejos á este Instituto están el laboratorio de Estudios superiores, el 
servicio de fermentación y el laboratorio de Química agrícola. El labora- 
torio de Estudios superiores tiene su personal diseminado en los varios 
servicios en que son recibidos. Le están reservadas dos salas indepen- 
dientes, bajo la vigilancia directa del jefe de servicio, que es actualmente 
M. Bertrand. 

La parte del edificio situada en el extremo del ala izquierda está des- 
tinada á las industrias de fermentación, á la enseñanza y aplicación de 
los conocimientos científicos á la práctica industrial. En la planta baja 
se halla la parte mecánica y práctica del servicio. Encima de ella está el 
laboratorio del jefe de servicio y de los preparadores, que viene á ser 
un como burean ú oficina de consultas. En el piso superior hay un gran 
laboratorio de investigación, en que pueden trabajar 20 alumnos para es- 
tudiar la teoría y la práctica de las operaciones industriales, los diversos 
métodos de fabricación del vino, cerveza, sidra, etc., el análisis de las 
primeras materias y el manejo del microscopio. 

Al lado de los servicios de seroterapia se halla el laboratorio de Quí- 
mica agrícola, para examinar la fisiología y patología vegetales. A la 
verdad, está bien que el estudio de la célula vegetal no se separe del de 
la animal: comprende dos salas de trabajo. 
4. Hospital Pasteur.— Es otro gran edificio, destinado, según la 



224 NOTICIAS CIENTÍFICAS 

mente del donante que lo hizo construir, al tratamiento de las enferme- 
dades de microbios según los métodos de Pasteur, y señaladamente á la 
aplicación del nuevo tratamiento antidiftérico. Las diversas partes del 
hospital se comunican entre sí por galerías cubiertas. En el servicio de 
consulta se separa ante todo á los enfermos contagiosos de los que no 
lo son. Para los primeros hay una serie de pequeñas habitaciones; los 
segundos son llevados á una gran sala de espera para ser allí examina- 
dos. No hay para qué decir que los pisos de este edificio están ocupados 
por el personal de enfermeros, farmacia, fotografía y cámara oscura 
para el servicio de oftalmología y otología. Se compone de dos pabello- 
nes enteramente semejantes. Cada uno comprende una parte rectangular 
central. La parte anterior del primer piso está ocupada por el servicio 
de la cirugía; detrás, á derecha é izquierda, hay dos habitaciones, una 
para el uso del cloroformo y esterilización de los instrumentos, otra para 
los exámenes ú observaciones microscópicas rápidas. El segundo piso 
lo habita el internado del servicio. La parte central del pabellón se com- 
pone en cada piso de 12 habitaciones. No descendemos á más porme- 
nores. 

Tal es el Instituto Pasteur, mirado en conjunto; obra de iniciativa 
privada, no depende del Estado ni está bajo su tutela; ha producido 
grandes beneficios á la ciencia y al hombre, y promete producirlos en 
adelante. A su imitación se han erigido en varios países otros Institutos 
que llevan el nombre de Pasteur y están dirigidos en su mayor parte por 
los que fueron discípulos del gran biólogo: tales son los de Lille, de 
Constantinopla, Tananarive, San Luis de Senegal, etc., siendo uno de los 
mejores y mejor montados el Instituto Pasteur que el año pasado visita- 
mos en Utrecht. 

E. Ugarte de Ercilla. 



Gabinetes Rettodinátnieos. 



I 

Líos recientes y rápidos progresos de la Aviación, al mismo tiempo 
que levantan un grande entusiasmo en el espíritu de la masa popular, 
encauzan las investigaciones científicas hacia un campo que está casi 
sin explorar, campo dilatadísimo y del que la Aviación ha de reportar 
seguramente el impulso que le es debido para su completo desenvolvi- 
miento. Hasta hace muy poco tiempo, puede decirse que los inventores 
se han dejado llevar, en gran parte, del genio de la propia inspiración, 
sin basarse en sólidos y claros principios que hubieran debido suminis- 
trarles las investigaciones aerodinámicas. 

Los hermanos Wright, después de haber trabajado en sus comienzos 
conforme á los datos que les suministraban las tablas que sobre la pre- 
sión del aire estaban entonces en uso, hallan por experiencia que son 
erróneos los tales datos, y que lo que hay de verdad se halla tan mez- 
clado con el error, que no tienen más remedio que prescindir de todo 
principio empírico y dejarse guiar por los datos que les suministre la 
práctica experimental. El mismo Chanute, tan benemérito en la escuela 
de la Aviación, después de haberse dado durante bastantes años al estu- 
dio teórico del problema, animado por los éxitos de Lilienthal, abandona 
los papeles y cifras algebraicas por el campo de experimentación, confe- 
sando poco después que en unos meses de práctica había obtenido re- 
sultados más positivos que todos los que pudo conseguir en los veinte 
años de trabajos teóricos. 

Resultados tan absurdos, al parecer, no dependen de otra cosa que de 
lo poco que actualmente sabemos respecto á los coeficientes prácticos, 
de lo poco que se conocen los principios y leyes fijas en que apoyarnos 
para la aplicación del cálculo á las superficies sustentatrices y para hallar 
el trazado exacto de la hélice integral. Y si es cierto que en medio de 
estas obscuridades es mucho lo que se ha hecho y adelantado, es evi- 
dente que hubieran sido muchos más los progresos en este difícil pro- 
blema si la seria investigación científica hubiera venido á dar un poco 
de luz en medio de tanta sombra como rodea á esta naciente ciencia. 

Es, por tanto, de absoluta necesidad la creación inmediata de gabinetes 
aerodinámicos, en donde esta rama de la mecánica gaseosa sea estudiada 
con gran detenimiento, ya que de ello dependen un sinnúmero de pro- 
blemas, al presente obscuros y que son de grandísima trascendencia en 
la locomoción aérea. Es necesario que el ingeniero sepa al fin las reglas 



226 



GABINETES AERODINÁMICOS 



fundamentales á que debe ajustarse la construcción de un aeroplano y 
los coeficientes numéricos que en cada uno de los casos le es necesario 
aplicar. 

II 

Afortunadamente, algo práctico se ha hecho ya en esta materia. Sin 
hacer mención de los laboratorios particulares, como el del profesor 
Zahm y de Loessl, en Austria, y el de Langley, en América, algún tanto 
abandonado desde la muerte de tan ilustre profesor, casi todas las 
naciones poseen ya parques de aerostación militar y cuentan con gabi- 
netes más ó menos perfeccionados. En Italia la brigada de aerostación 
está dotada de un crédito importante, poseyendo un laboratorio para 
ensayos aerodinámicos. En Francia acaba de hacerse un esfuerzo gene- 
roso, debido á la iniciativa de su Aero-Club, y hoy día son muchos los 
miles de francos reunidos por suscripción á fin de levantar en París un 
laboratorio de aerodinámica. Mientras tanto se prosiguen en Francia los 
estudios de este género en un pequeño laboratorio, en donde el Sr. Ra- 
tean, ingeniero de minas, ha instalado el aparato que lleva su nombre, y 
con el cual pueden hacerse las más principales investigaciones aerodi- 
námicas. 

El objeto principal de este aparato es poder colocar las superficies 
que se quieren experimentar, ya sean éstas sustentatrices ya propulsoras, 
bajo la acción de una corriente de aire perfectamente homogénea; lo que 
se obtiene por medio de un ventilador eléctrico que inyecta el aire en un 
gran túnel prismático cuadrangular. Después de algunos tanteos, se con- 
sigue la homogeneidad en la corriente y el que los filetes de aire salgan 
sensiblemente paralelos, salvo los que se escapan por los bordes del 
tubo. Esto obtenido, se coloca la superficie que tratamos de analizar á 



%/f 




una corta distancia de la salida del aire, á fin de que los filetes obren 
libremente y no bajo la acción de las presiones laterales que pudieran 
tener dentro del tubo; pudiendo de esta suerte hallarse en poco tiempo 
datos y cifras de inestimable valor. 



GABINETES AERODINÁMICOS 



227 



Este aparato se halla actualmente instalado en Levallois-Perret. La 
corriente de aire es producida por un ventilador helicoidal, V (fig. I.""), 
de lm,20 de diámetro, accionado por un motor de 25 caballos. Este ven- 
tilador inyecta el aire en la cámara C, de lm,60 de lado, con paredes 
muy lisas, á fin de evitar remolinos y obtener filetes perfectamente para- 
lelos. La cámara C tiene en un extremo una salida piramidal, ^,que mide 
70 centímetros en su base menor. La velocidad del aire se mide por medio 
de un tubo Pitot, en combinación con un manómetro de agua, llegando 
esas velocidades á unos 35 metros por segundo. No muy distante de la sa- 
lida existe el bastidor A, sumamente ligero, y cuyo peso es equilibrado por 
medio de dos flotadores sumergidos en dos recipientes de agua.En la parte 
media del bastidor se hallan dos planchetas, £", capaces de poder ser 
inclinadas á voluntad mediante sus correspondientes tornillos depresión. 
Llevan estas planchetas ranuras especiales, en las que se ajustan perfec- 
tamente las piezas ó super- 
ficies que se quieren ensa- 
yar, con ángulos de inci- 
dencia variables. Ahora 
bien, al soplar el aire en 
una dirección sensiblemen- 
te horizontal, A B (fig. 2."), 
choca obücuamente sobre 
la superficie de experimen- 
tación 5 S, formando con 
ella el ángulo a y ejerciendo 
una presión O /?, que se descomponed su vez en la componente vertical 
O P, opuesta á la acción de la gravedad, y capaz, por consiguiente, de 
levantar un peso, y en otra componente horizontal, O //, que es una resis- 
tencia hacia el avance. Esto en las superficies planas, pues en las curvas, 
O /?, ó coincide con la vertical ó se aproxima mucho á ella. El aparato 
está dispuesto de tal manera que simultáneamente y con gran facilidad 
nos puede dar el valor de estas dos componentes. Al efecto, el bastidor A 
(fig. I."*) lleva fijos á su parte media dos brazos horizontales, F, articu- 
lados á los soportes verticales G, que á su vez descansan sobre dos cu- 
chillas de acero, //. En cada una de las experiencias se determina la 
componente vertical, colocando pesos simétricos en los platillos /. La 
componente horizontal se mide poniendo igualmente pesos en los platillos 
y, atados á cada uno de los balancines K, que forman un cuerpo con los 
soportes verticales Q. Antes de cada una de las experiencias es nece- 
sario hacer coincidir el centro de presión de la superficie con el centro 
O del bastidor, para lo cual es preciso hallar con anterioridad el sitio en 
que se encuentra este centro en los diversos ángulos de ataque que 
puede formar la superficie de estudio. 

Por este sencillo método experimental se puede hallar con bastante 




228 GABINETES AERODINÁMICOS 

exactitud la presión que ejerce el aire sobre una superficie fija, si bien 
., en la práctica sucede todo lo contrario, es decir, que no es la superficie 
la que está fija, sino más bien ésta es la que se mueve en un aire relati- 
vamente estacionario. Puede decirse, sin embargo, que en ambos casos 
las presiones son exactamente iguales, pues las fuerzas que entran en 
juego tienen velocidades relativas exactamente idénticas. Los resultados 
no han podido ser más satisfactorios, pues las fórmulas halladas para la 
presión horizontal y la presión vertical son muy semejantes á las que 
M. Soreau presentó hace algún tiempo á la Sociedad de Ingenieros ci- 
viles de Francia. 

III 

Como se ve, el aparato de M. Ratean es digno de figurar en todo 
gabinete aerodinámico. En la actualidad puede decirse que Francia no 
posee aún un completo gabinete para esta clase de estudios. No sucede 
¡o mismo en Rusia, cuyo Instituto Aerodinámico de Koutchino puede 
servir de modelo para todos aquellos que se traten de crearen lo futuro. 
Erigido merced á la prodigalidad de M. Riabouchinsky, es en su género 
un edificio completo, con dependencias para el alto personal y los nume- 
rosos subalternos. Contiene, entre otras cosas, talleres completos para 
mecánica de precisión, arreglo y ajuste de las grandes superficies sus- 
tentadoras, con instrumentos adecuados para el caso, entre otros, un 
torno americano sistema Pittles; otro para trabajos delicados, marca 
Kupper; máquinas Cincinnati, perforadores eléctricos, etc., etc. Todos 
estos aparatos son movidos por una máquina de vapor de 90 caballos, 
que sirve también para mover una dínamo productora de una corriente 
continua de 175 amperios y 115 voltios. El material de precisión desti- 
nado á las investigaciones aerodinámicas ha sido construido en esos 
mismos talleres, y consta de un aparato de precisión para ensayos de 
hélices aéreas, un túnel cilindrico de 14 metros de largo por 1,20 de 
sección, provisto de un ventilador, para experiencias de presión del 
aire en movimiento, sobre superficies fijas, algo parecido al sistema de 
M. Ratean, pero aproximándose más al indicado por el coronel Renard; 
posee además un aparato del profesor Joukosky, instalado en una mag- 
nífica torre del edificio, cuyo objeto no es otro que el estudio de la re- 
sistencia del aire sobre diversas formas de superficies; sin que falten 
los globos-sondas, cometas-aeroplanos para estudios meteorológicos y 
fenómenos de la alta atmósfera. 

El programa que este magnífico laboratorio trata de desarrollar en 
sus investigaciones aerodinámicas, está compendiado en los tres puntos 
siguientes, que á su vez se subdividen en otros secundarios. Son: I. Es- 
tudios sobre la resistencia en el aire, a) Determinación de los coeficien- 
tes de resistencia, b) Determinación del centro de presión, c) Determi- 



GABINETES AERODINÁMICOS 229 

nación del poder ascensional y del efecto útil en las hélices aéreas. 
d) Estudio de las aletas de propulsión/ej Estudio de la estabilidad en los 
aeroplanos. II. Aplicaciones prácticas que se pueden sacar de las leyes 
sobre la resistencia del aire, a) Construcción de helicópteros, b) Cons- 
trucción y estudio de cometas-aeroplanos de diferentes sistemas, c) Cons- 
trucción y estudio de aeroplanos, d) Elevación de pesos considerables 
mediante cometas- aeroplanos, e) Señales que se pueden hacer á dife- 
rentes alturas, mediante cometas- aeroplanos, f) Fotografías obtenidas 
mediante las cometas-aeroplanos en sus aplicaciones al arte militar y 
topográfico. III. Estudios científicos de las diferentes capas atmosféricas. 
Este programa no es sino algo de lo mucho que se puede ver y estu- 
diar en un buen gabinete de aerodinámica. Sus utilidades prácticas 
quizás parezcan al presente, si no quiméricas, cuando menos prematuras 
y aun exageradas; sin embargo, aparte de que no faltan quienes pien- 
sen lo contrario, el tiempo, gran maestro de la verdad, en un porvenir 
no lejano, demostrará, según creemos, cuánto se ha descuidado este 
ramo de la aerodinámica, de la que la locomoción aérea pudiera haber 
obtenido ya rápidos progresos, á los que tiene indiscutibles derechos por 
ser uno de los problemas más grandiosos de cuantos ha dejado el Señor 
al alcance y dominio de la sabiduría humana. 

Enrique Ascunce. 



boletín canónico 



Sueva or(;aizaci6eí de la curia romam decretada por pío x^*> 



ARTÍCULO PRIMERO 
Cjongregación del Santo Oficio. 

(Véanse los números 8, 14, 107, 116, 132 y 189.) 

299. Es la primera en dignidad entre todas las Sagradas Congre- 
gaciones. 

§1 

su CONSTITUCIÓN 

300. Esta Sagrada Congregación tiene por Presidente ó Prefecto al 
Papa. (Sixto V, Const. Immensa; Pió X, Const. Sapienti consilio.) El 
número de los Cardenales de que consta depende de la voluntad del 
Romano Pontífice, lo cual téngase por dicho en las demás Congregacio- 
nes. Secretario suele ser uno de los Cardenales más antiguos, no preci- 
samente el Decano del Sacro Colegio. Cfr. La Gerarchia cattolica y 
Acta A. Sedis, vol. 1, p. 109. 

301. Los Oficiales mayores del Santo Oficio, después del Cardenal- 
Secretario, son el Asesor y el Comisario. 

Tiene esta Congregación sus consultores nombrados por el Papa y 
además algunos calificadores. (Norm. pee, c. 7, art. 1, n. 1.°, 2.° Cfr. Be- 
ned. XIV, Const. Sollicita ac provida, Qá^ Julio de 1753, §3: Bull. Be- 
ned. XIV, vol. 4, p. 51.) Á estos últimos se les pide alguna vez que den por 
escrito la calificación, nota ó censura teológica que, á su juicio, merezca 
alguna proposición, libro ó escrito (2). 



(1) Véase Razón y Fe, vol. XXV, pág. 99. 

(2) Qualificatores praebent juramentum Secreti in aedibus S. Officii in manibus 
Commissarii, praesente uno Notario; et ita pariter praebent qui non sunt Consultores, 
nempe Secundus Socius, Summista, Relator, Notarii, Archivista, et Procomputista, et 
inservientes. 

Consultores omnes emittunt jurameiitum Secreti in prima Congregatione feriae 
quartae post eorum electionem, coram Cardinalibus genuflexi, et postea sedent pro- 
prio loco. 



BOLETÍN CANÓNICO 231 

302. El Asesor suele ser un Prelado secular que prepara los negocios 
del Santo Oficio de una manera análoga á como los preparan los secre- 
tarios de otras congregaciones. 

303. El Comisario es de la Orden de Santo Domingo, y suele tener 
dos compañeros de la misma Orden, los cuales se designan con el nom- 
bre de primero y segundo compañero. Cfr. Acta A. Seáis, vol. 1, p. 110. 
Suele el Comisario preparar é instruir las causas criminales que debe 
fallar el Santo Oficio. 

304. Entre los consultores figura siempre el General de los Padres 
Dominicos, el Maestro del sacro Palacio, también Dominico, y (por privi- 
legio de Sixto V) un sacerdote profeso de los Menores Conventuales; 
todos los cuales son como consultores natos. 

305. También son consultores el Promotor fiscal y el abogado de 
los reos. El Notario y varios sustitutos pertenecen á los oficiales meno- 
res. (Cfr. Paulo ni, Const. Licetah initio, § 4; Colomiatti, vol. 1, p. 809; 
Acta A. Seáis, Yol I, p, no.) 

306. El Santo Oficio extiende su jurisdicción á todas las religiones 
del mundo, sin limitación de territorio alguno. (N. pee, c. I, 1.° a,) 

§11 

su COMPETENCIA 

307. I^e está encomendada a) la defensa de la fe y costumbres; b) lo 
relativo al privilegio Paulino y á los impedimentos de mixta religión y 
disparidad de culto; c) lo referente á las indulgencias. 

308. Cuando sea dudoso si un asunto es ó no de la competencia del 
Santo Oficio, á esta misma Congregación toca resolverlo y no á la Con- 
sistorial. (Ibiá., c. VII, a. 1, 6.°) Véase el n. 268, A^. B. 

A) La áefensa áe la fe y áe las costumbres. 

309. Por consiguiente, á ella sola queda exclusivamente reservado, 
además de cuanto se refiere á la doctrina dogmática, el juzgar sobre la 
herejía y demás crímenes que inducen sospecha de herejía. 

310. Para lo cual tiene competencia aun en el fuero contencioso- 
criminal. 

311. Y así procede contra los herejes cismáticos, apóstatas de la fe, 
magos, adivinos, sortílegos, contra los que abusan de los sacramentos 



Itemque Cardinales in Congregatione feriae quartae, prima post eorum nominatio- 
nem, jurant coram alus Cardinalibus sistentes proprio loco. 
Caput Notariorum praesens est juramento et actum redigit. 
(Ex actis S. Officii Colomiatti, vol. 1, p. 810, nota (2). 



232 BOLETÍN CANÓNICO 

(Sixto V, Const. Immensa); contra sus secuaces, fautores, defensores; 
contra los que les prestan pública ó privadamente, directa ó indirecta- 
mente auxilio, consejo ó favor (Paulo III, Const. Licet ab initio^ 21 
Jul. 1542: Büll. Rom, Taur., vol. 6, p. 344; Pío IV, Const. Pastoralis 
officii, 14 Oct. 1562: Büll. Rom. Taur., vol. 7, p.237, sig.), aunque sean 
Obispos, Arzobispos, Primados, Patriarcas ú oíros inferiores (Sixto V, 
Const. Immensa; Pío IV, Const. cit. y Const. Romanas Pontifex, 6 
Abril 1563: Bull. Rom. Taur., vol. 7, p. 249). 

312. Los Cardenales quedan exentos de la jurisdicción del Santo 
Oficio (contra lo que afirma Russo) y sus causas son juzgadas por el 
Romano Pontífice. Véase Sixto V, Const Immensa. 

313. Entiende en las causas (1) de solicitación (Pío IV, Const. Cum 



(1) Recuérdese que los Superiores Regulares no pueden, bajo ningún pretexto de 
cualesquiera privilegios, inmiscuirse en las causas sobre fe y costumbres pertene- 
cientes al Santo Oficio, sino que, si en ello delinquen los Religiosos, deben éstos ser 
inmediatamente denunciados a! Santo Oficio, como cualesquiera otros fieles. 

Esto fué declarado primeramente por el Santo Oficio en 23 de Enero de 1901, con 
ocasión de una consulta del P. General de los Capuchinos. Alegó éste un privilegio 
que había sido concedido por la Santa Sede á la Orden en 3 de Julio de 1625 (Bull. 
Capuce, vol. 1, pp. 73 y 74), en cuya virtud «concedebatur facultas procedendi contra 
suos subditos in Causis ad Sanctum Officium spectantibus in locis, ubi haereses impune 
grassarentur, et Sanctum Officium Inquisitionis, necper Inquisitores, nec per locorum 
Ordinarios exerceretur», y propuso la duda «utrum in hocce privilegio comprehende- 
retur etiam casus sollicitationis ad turpia in Confessione», etc. 

La Sagrada Congregación contestó en 23 de Enero de 1901 que el privilegio no sólo 
no comprendía aquel caso, sino que carecía de todo vigor: «Negative, et privilegium 
de quo sermo, non existere.» Cfr. Analecta Eccles., vol. 9, p. 154. 

Poco después el Santo Oficio publicó el siguiente decreto de carácter general: 

Decretum: quo edicitur nullo titulo nulloque praetextu pertinere ad Supe- 
riores Regulares causas agnoscere subditorum in rebus ad S. Officiorum spe- 
ctantibus. 

Feria IV, die 15 maji 1901. 

In Congregatione Generali Sacrae Romanae et Universalis Inquisitionis, Eminentis- 
simi ac Reverendissimi Domini Cardinales in rebus Fidei et morum Inquisitores Gene- 
rales sequens tulere Decretum: Uti pluries a Summis Pontificibus sancitum est, in rebus 
ad S. Officium spectantibus nullo modo ad Superiores Regulares pertinere subditorum 
suorum causas agnoscere, nulloque proinde titulo aut praetextu posse vel deberé, nisi 
de expresso S. Congregationis mandato de his inquirere, denunciationes recipere, 
testes interrogare, reos excutere, judicium instituere, sententiam ferré aut alia quavis 
ratione vel modo in eis sese immiscere vel manus apponere: sed quos Religiosi Viri 
ex suis subditis vel confratribus vel etiam superioribus hujusmodi criminum (prae- 
sertim quod ad abusum Sacramentalis Confessionis spectat), reos vel suspectos no- 
verint, strictim teneri, absque uUa cum alus quibuscumque communicatione, nulla petita 
venia, nullaque fraterna correptione aut monitione praemissa, eos S. Officio aut locorum 
Ordinariis incunctanter denuntiare. Ne vero sanctissimae hae leges ex ignorantia vel 
malitia (quod Deus avertat) negligi aut infringí contingat, Superioribus grave onus in- 
cumbere eas, quo opportuniori putaverint modo, ad subditorum suorum certam et di- 
stinctam identidem deferre notitiam earumque ab eis plenam observantiam urgere. 



BOLETÍN CANÓNICO 233 

sicut nuper, 16 Abril 1561: Bull. Rom. Taur., vol. 7, p. 126; Gregorio 
XV, Const. Uníversi Dominici gregis, 30 Ag. 1622: Bull, Rom. Taur., 
vol. 12, p. 731; Benedicto XIV, Const. Sacramentum poenitentiae, 1 
Junio 1741: Bull. Rom. Prat., vol. 1, p. 24), y también contra confes- 
sarios, exquirentes nomen complicis (Benedicto XIV, Const. Suprema^ 
7Jul. 1745; Ubi prímum, 2 jun. 1746; Ad eradicandum, 28 Sept. 1746; 
Apostolici minisierii, 9 Dic. 1749: Bull. Ben. XIV, vol. 2, p. 25, 66; vol. 3, 
p. 46). 

314. Extiende igualmente sus atribuciones á la proscripción de libros 
inficionados de perniciosas doctrinas (Benedicto XIV, Const. Sollicita 
ac provida, 9 Jul. 1753: Bull. Bened. XIV, vol. 4, p. 51; Pío X, Const. Sa- 
pienti consilio), como diremos al tratar de la Sagrada Congregación del 
índice. 

315. Por el motu propio Cum inter, de 27 de Agosto de 1564, Pío IV 
concedió á los Cardenales del Santo Oficio la facultad de tener y leer 
libros prohibidos de herejes, y de dar licencia á otros para lo mismo. 
(Bull Rom. Taur.,Yo].7,p,30\,s\g.) 

B) Privilegio Paulino^ impedimentos de mixta religión y disparidad 

de cultos. 

316. No obstante hallarse establecida la congregación especial de la 
disciplina de los Sacramentos, á la que pertenecen las dispensas de los 
impedimentos matrimoniales, quédale, sin embargo, al Santo Oficio ín- 
tegra la facultad de conocer en lo relativo al llamado privilegio Paulino 
y á los impedimentos de la disparidad de cultos y de mixta religión, así 
como también todo lo referente á la doctrina dogmática del matrimonio 
y de los otros sacramentos. 

317. Juzga, por consiguiente, de la existencia ó no existencia de tales 
impedimentos. Concede dispensas de disparidad de cultos, con las cláu- 
sulas acostumbradas (1), y de mixta religión. Juzga sobre las condiciones 



Quae omnia Sanctissimus Dominus Noster Leo Divina Providentia Papa XIII, in 
audientia R. P, D. Commissario Generali, die 17 ejusdem mensis et anni impertita, be- 
nigne approbare et confirmare dignatus est. 

L. ^ S. I. Can. Mancini, S. R. et U. I. Notarías. 

(Acta S. Sedis, vol. 34, p. 383, 384.) 

(1) He aquí un ejemplar auténtico de estas dispensas: 
«Beatissime Pater, 
Aloysia D., catholica, dioecesis Taurinensis, ad pedes Sanctitatis Vestrae provoluta, hu- 
millime implorat dispensationem ab impedimento disparitatis cultus, ut matrimonio 
uniri possit cum judaeo Alexandro T. 

Causae sunt: forma civilis ab an. 1867 facta; nulla spes prolis; nullumque periculum 
perversionis mulieris; eique vir promittit omnimodam libertatem profitendi catholicam 
religionem. Cautiones. 



234 BOLETÍN CANÓNICO 

en que puede tener lugar el privilegio Paulino y concede dispensas 
sobre alguna de las interpelaciones. 

318. La Congregación para los Negocios de los ritos orientales 
puede en los países sujetos á la Propaganda Fide conceder dispensas de 
mixta religión y de disparidad de cultos; pero no tiene facultad alguna 
en lo relativo al privilegio Paulino (1). (S. C. Consistorial, 12 Nov. 1908, 
ad VI: Acta A. Seáis, vol. 1, p. 148.) 



C) Lo referente á indulgencias. 

319. Al Santo Oficio le está confiada también toda la materia de in- 
dulgencias, tanto en la parte doctrinal como en lo referente al uso (y 
concesión) de las mismas. 



Feria V,die 19 febr. 1891. 

Sanctissimus D. N. Leo Divina providentia PP. XIII, in audientia R. P. D. Assessori 
S. O. impertita, remisit preces prudenti arbitrio et conscientiae R. P. D. Ordinarii Tau- 
rinen., qui, attentis ómnibus, praevia separatione per aliquod tempus arbitrio Ordi- 
narii, si abque gravi damno fieri possit, ut pars catholica rite disponatur, dispensare 
valeat infra fines suae dioecesis, facta etiam potestate subdelegandi si opus sif, Aloy- 
siam D. catholicam ab impedimento disparitatis cultus, ut valide, licite et legitime ma- 
trimonium contrahere possit cum judaeo Alexandro T,, dummodo cautum sit condi- 
tionibus ab Ecclesia praescriptis, praesertim de amovendo a conjuge cathoUco 
perversionis periculo, de conversione conjugis judaei ab illa pro viribus curanda, ac 
de universa prole utriusque sexus in catholicae religionis sanctitate omnino baptizanda 
et educanda, et dummodo, ñeque ante ñeque post matrimonium coram parodio catho- 
Uco initum, partes adeant ministrum acatholicum. Juxta instructionem alias datam ma- 
trimonium celebretur privatim extra ecclesiam et absque ullo ritu ecclesiastico. Con- 
trariis quibuscumque non obstantibus. 

I. Mancini, S. R. et Univ. Inq. Notarías. 
Cnutíones: 
' La sottoscritta, cattolica, desiderando contrarre matrimonio con Alessandro T., ebreo, 
promette con giuramento: 

; 1.", di fare battezzare ed educare cattolicamente tutta la prole d'ambo i sessi, che 
sará per venire da tale matrimonio; 2°, di fare quanto la carita e la prudenza suggeris- 
cono per ricondurre la comparte alia vera religione. 

In fede, Torino... Luigia D. 

II sottoscritto, ebreo, desiderando contrarre matrimonio con Luigia D., cattohca, 
promette, con giuramento: 

1.^ di lasciare battezzare ed educare cattolicamente la prole di ambo i sessi; 2.°, di 
lasciare piena liberta alia comparte cattolica nell'esercicio della propria religione. 

In fide, Torino... 

Alessandro T. 

(Véase Colomiatti, 1. c, vol. 1, pp. 749-750, nota.) Véase también p. 755. 
' (1) VL Utrum Congregatio pro negotiis rituum orientalium valeat etiam in posterum 
concederé dispensationes matrimoniales mixtae religionis ac disparitatis cultus. Resp. 
Ad. VI. Affirmative, excepto tantummodo privilegio Paulino, quod pertinet ad Con- 
gregationem S. Officii. 



BOLETÍN CANÓNICO 235 



D) Cambios de competencia. 

320. La materia de indulgencias era antes propia y peculiar de la 
Sagrada Congregación de Indulgencias y sagradas Reliquias. Dicha 
Congregación hace poco que fué unida á la de Ritos (véase el n. 133), y 
ahora, en virtud de la Constit. Sapienti consilio, queda extinguida, y la 
materia de indulgencias se confía al Santo Oficio, quedándole á la Sa- 
grada Congregación de Ritos lo referente á sagradas Reliquias. 

321. Por el contrario, todo lo relativo á los preceptos de la Iglesia, 
como abstinencias, ayunos, fiestas de guardar, quítase al Santo Oficio y 
se traslada á la Sagrada Congregación del Concilio; lo referente á la 
elección de Obispos corresponderá en adelante á la Sagrada Congrega- 
ción Consistorial; la dispensa de los votos emitidos en Religión ó en los 
Institutos religiosos, á la Sagrada Congregación de Religiosos.| 

§ HI 

MODO DE PROCEDER 

I 

322. En la tramitación de asuntos concernientes al dogma y á la 
moral, y en el juicio de los crímenes de herejía ó sospecha de herejía, 
y en todo lo que se refiere á la dispensa de los referidos impedimentos 
matrimoniales (n. 313), el Santo Oficio procede según la antigua cos- 
tumbre, salvo lo dispuesto en la Constit. Sapienti consilio, que no sea 
compatible con la disciplina del Santo Oficio. 

N. B. La indicada manera de proceder, propia del Santo Oficio, 
como también el Reglamento para su administración temporal, se pon- 
drán cuanto antes por escrito, y revisados por los Cardenales, los some- 
terá el Cardenal-Secretario á la aprobación del Papa. (Normae pee, c. 7, 
a. 1, n. 6.) 

323. Todos los lunes ¡suelen reunirse en 'el mismo palacio del Santo 
Oficio (antes se reunían en el convento de los PP. Dominicos de la 
Minerva) el Comisario, Fiscal, Notario, juntamente con los otros consul- 
tores, bajo la presidencia del^Asesor, y discuten y resuelven consultiva- 
mente los asuntos por mayoría de votos. Esto es, propiamente el Con- 
greso (véase el n. 319) del Santo Oficio. Cfr. Bened. XIV, Constitución 
Sollicita, 9 de [ulio de 1753, § 4. (BaíL Ben. XIV, vol. 4, p. 51.) 

324. De estas discusiones y resoluciones da cuenta á los Cardenales 
en la Congregación del miércoles el Asesor, ó en su defecto el Comi- 
sario. (Ex actis S. Officii, apud Colomiatti, vol. 1, p. 810, nota 4.) 

325. Las reuniones de la Congregación en pleno tiénense en el pala- 



236 BOLETÍN CANÓNICO 

cío del Santo Oficio los miércoles, y es la única Congregación que en 
dicho día las tiene. (Ibid., c. 4, 1.°) 

326. Los jueves suele el Asesor dar cuenta á Su Santidad de las re- 
soluciones tomadas el miércoles por la Sagrada Congregación. 

Á veces los asuntos de más gravedad vuelven á ser tratados el jueves 
en el Palacio Vaticano por el Santo Oficio, presidido personalmente por 
el Papa, y éáta se llama Congregatio coram Sanctissimo, ó Congrega- 
üo feriae quintae. Cfr. Colomiatti, 1. c, p. 813. 

327. Pío IV Motu propio Cum Nos, a. 1564 (Bull. Rom. Taur., vol. 7, 
p. 298), decretó que se tenga por hecho por toda la Congregación lo que 
hace la mayor parte de los Cardenales que asistieren. 

Éste fué confirmado por San Pío V por otro Motu proprio Cumfelicís 
a. 1566 (Bull. Rom. Taur., vol., 7, p. 502), por el cual estableció que 
bastan dos Cardenales, si por ausencia de los otros constituyen ma- 
yoría. 

328. El mismo San Pío V, por el Motu propio Inler multiplices, de 
21 de Diciembre de 1566 (Bull. Rom. Taur., vol. 7, p. 499), decretó que 
las sentencias ya dadas ó que se den en lo futuro en favor de los reos 
de herejía por cualesquiera jueces contra el estilo ó disposición del Santo 
Oficio, jamás puedan pasar á ser firmes, sino que el Santo Oficio podrá 
examinarlas nuevamente, aunque tales sentencias estén confirmadas con 
letras apostólicas, cualesquiera que sean las cláusulas en éstas conteni- 
das, excluyendo al Santo Oficio. 



329. En cuanto á la parte disciplinar y de gracia en lo referente á las 
Indulgencias, el Santo Oficio ha de proceder conforme á las normas 
prescritas en la Constitución In ipsis, de Clemente IX, fecha del 6 de 
julio de 1669, la cual se mantiene en pleno vigor. 

330. Por tanto, «resolverá toda dificultad y duda que surgiere en las 
indulgencias, oído, sin embargo, el Papa en las cosas más graves y difí- 
ciles; corregirá y enmendará de plano todos los abusos que en ellas se 
introdujeren; remitirá á sus propios jueces las causas que exijan forma 
judicial; prohibirá la impresión de indulgencias falsas, apócrifas é indis- 
cretas; reconocerá y examinará las ya impresas, y después de referirlo 
al Papa, las rechazará en su nombre y usará moderación en conceder 
indulgencias». 

331. Queda igualmente en pie el Decreto de la Sagrada Congrega- 
ción de Indulgencias, aprobado por Benedicto XIV el 28 de Enero 
de 1756, y por Pío IX en 14 de Abril de 1856, esto es: «Que cuantos en 
adelante obtuvieren concesiones generales de indulgencias están obliga- 
dos, so pena de nulidad de la gracia obtenida, á presentar el ejemplar de 
dicha concesión á la Secretaría de la Sagrada Congregación.» 



BOLETÍN CANÓNICO 



237 



332. Para las materias de esta sección hay libro de protocolo y ar- 
chivo aparte. Hay también un Oficial mayor, con el título de Sustituto 
y algunos consultores especiales. 

Los Cardenales, consultores y oficiales, en cuanto tratan resuelven ó 
despachan lo referente á indulgencias, no están sujetos al secreto del 
Santo Oficio, sino al general (1) de todas las Sagradas Congregaciones. 
(Norm.pec.,c.7,2i.\,n.\\.) 

333. El Congreso, para tales asuntos, constará del Cardenal -Secre- 
tario, del Asesor, Comisario y Sustituto de indulgencias. (Véase el 
n. 323.) 

334. Las peticiones de indulgencias, las dudas y las cuestiones que 
se propongan deben, después de ser registradas en el protocolo, trans- 
mitirse al Sustituto para su primer examen. 

335. Si, conforme á lo dispuesto en el cap. 11 de las Normas peculia- 
res (véase el n. 285, sig.), se trata de gracia que, según la práctica co- 
rriente, suele habitualmente concederse, ó de dudas y cuestiones cuya so- 
lución es obvia y clara según los principios admitidos, el asunto podrá 
resolverse en el Congreso, según las facultades que el Papa juzgare con- 
ceder. De lo contrario, el asunto se ha de tratar en Congregación ple- 
naria, con folio de oficio, redactado por el Sustituto, y con uno ó varios 
votos de los consultores. De la resolución tomada se debe hacer rela- 
ción al Papa. 

336. Deben ser expedidas por Breve las indulgencias perpetuas, y 
entre las temporales aquellas que se refieren á toda una diócesis, pro- 
vincia, región, ó á la Iglesia universal, así como también las facultades 
perpetuas de aplicar indulgencias á algún objeto piadoso. Para este fin 
el Sustituto debe pasar las comunicaciones oportunas al Canciller de 
Breves. 

337. Las cartas y rescriptos de indulgencias expedidas por el Santo 
Oficio han de llevar la firma del Cardenal -Secretario ó de otro de los 
Cardenales de dicha Congregación, y además la del Asesor, ó, en su de- 
fecto, la del Sustituto de indulgencias. 

338. Uno de los Notarios sustitutos tasa los rescriptos de dispensas 
de los impedimentos de disparidad de culto y mixta religión y los de 
concesión de indulgencias, y otro cuida de repartir las cartas y rescriptos 
y de exigir las tasas. (Ncrm. pee, art. 1, n. 4, 5.) 

(Continuará.) 



(1) Véase la fórmula de este juramento en Norm. com., cap. III (Razón y Fe, volu- 
men XXII, pág. 492). 



RAZÓN Y FE, TOMO XXV 



16 



238 BOLETÍN CANÓNICO 

ÍOMLTAS SOBRE EL DECRETO «M TEMERÉ' 



DISPENSA DE IMPEDIMENTOS Y CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO «IN EXTREMIS» 

De Portugal hemos recibido la siguiente consulta, que traducimos 
de aquella lengua: 

«Un simple sacerdote asistió á un matrimonio ¿n extremis. Los con- 
trayentes no estaban unidos civilmente ni vivían en concubinato; pero 
por la celebración del matrimonio se impedía el mal uso del patrimonio 
perteneciente al enfermo, y se extinguía un odio antiguo de familia. 

»Entre los contrayentes mediaban dos impedimentos dirimentes, am- 
bos de derecho eclesiástico, y el sacerdote dispensó de tales empedi- 
mentos en virtud del decreto Ante editum, de 14 de Mayo de 1909. 

»¿Es válido dicho matrimonio?» 

Respuesta.— T^nQmos por válido, saltem probabiliter, dicho matri- 
monio. 

Las razones son: 

I."* Porque dado caso que no existieran dichos impedimentos, el sa- 
cerdote podría probablemente autorizar dicho matrimonio (suponiendo, 
como suponemos, que no se pudo recurrir al párroco ni al Ordinario), ya 
que por la celebración de este matrimonio se logra, como se dice, extin- 
guir un odio inveterado de familia. Luego los contrayentes contribuyen 
con el matrimonio á reahzar, por lo menos, una obra buena de consejo. 
Es así que el que realiza una obra buena de consejo, conscientiae consu- 
lit, atiende á su conciencia. Luego el matrimonio se celebró ad consulen- 
dum conscientiae, como pide el decreto Ne temeré. Cfr. Vermeersch, n. 73. 
2."* Porque parece probable que, en virtud del decreto Ante editum, 
el sacerdote puede dispensar en los matrimonios in extremis de todos 
los impedimentos dirimentes de derecho eclesiástico, exceptuando los 
consabidos de presbiterado y afinidad en línea recta ex copula licita (y 
tal vez el de clandestinidad cuanto á los dos testigos), siempre que 
pueda asistir á dichos matrimonios, con arreglo al art. VII del decreto 
Ne temeré, puesto que al tal sacerdote se le concede que in iisdem rerum 
adjunctis, pueda conceder las mencionadas dispensas. 

En este sentido más moderado queremos que se entienda la interpre- 
tación del decreto Ante editum, que dimos en Razón y Fe, vol. XXIV, 
p. 373, n. 5, y 374, n. 9, y así la damos en la cuarta edición del opúsculo, 
nn. 582 d, 282 h. 



BOLETÍN CANÓNICO 239 

SI SE PUEDE CONTRAER MATRIMONIO 

SIN LA PRESENCIA DEL PÁRROCO, CUANDO ÉSTE SE NIEGA Á ASISTIR 

POR TEMOR Á LAS LEYES MILITARES (1). 

«Facundo, ingresado en Caja como soldado, no halla párroco que se 
arriesgue á casarlo; se encuentra, pues, en la imposibilidad, ^e/zera/á los 
infinitos de su clase, de recurrir al párroco, y opina que por derecho na- 
tural, en este caso, puede contraer clandestinamente, y en efecto, con 
este ánimo se lleva á su novia, que consiente en tal contrato marital. — 
Su compañero Alvaro aquilata menos, y por hallarse en las mismas cir- 
cunstancias, ya que no puede casarse in facie Ecclesiae, vive con su novia 
con ánimo marital. Ambos dicen que viven tranquilos en conciencia. 
Porque el párroco predica con insistencia y energía contra esta calami- 
dad de lo que él llama amancebamientos, se creen injuriados todos los 
Facundos y todos los Alvaros, que son muchos, de la parroquia. Si en 
algún caso, por evitar el pecado, el ¡párroco procede al matrimonio de 
algún Facundo ó Alvaro, tal vez merecerá por esto un proceso de la Curia 
eclesiástica. 

»¿Qué se ha de sentir de esa imposibilidad general de una clase nume- 
rosa? ¿qué de la legitimidad de la unión marital de Facundo y de la de 
Alvaro? ¿qué de la predicación injuriosa del párroco y del proceso que 
se le puede seguir por la Curia eclesiástica? 

» ¡Lástima que tanto silencio se guarde sobre una legislación que sólo 
prohibe y castiga la creación de familias legítimas, y no se mete con las 
ilegítimas que se crean estos mismos subditos! 

»¿No le bastaba á la legislación militar prohibir sin penar, y, por con- 
siguiente, sólo desconocer estas familias ilegales, pero no en conciencia 
ilícitas, quiero decir, los matrimonios canónicos de los comprendidos en 
Caja, etc.?» 

Respuesta.—Son muy prudentes y atinadas sus observaciones, y más 
de una vez se han ocupado los Prelados en ese triste asunto, que toca 
también el Sr. Obispo de Jaca en su preciosa obra El Derecho Espa- 
ñol, § XIV. A estas dificultades se alude en los nn. 234 y 416 del 
opúsculo. 

No obstante ser tan mala y tiránica dicha legislación, por mi parte 
tengo por nulos dichos matrimonios clandestinos; aunque alabana al pá- 
rroco que se prestara á legitimar dichas uniones, cuando son concubina- 
rias ó se teme con fundamento que se ¡llegue hasta el concubinato. Mucho 
más alabaría al Provisor que las autorizara, y sé de algún Provisor que 
solía legitimarlas. 



(1) Á quiénes ¡y por cuánto tiempo les prohiban el matrimonio dichas leyes puede 
verse en Mach-Fer reres, Tesoro del Sacerdote, n. 652, pp. 635, 633, vol. 2. 



240 BOLETÍN CANÓNICO 

El párroco no debe temer proceso de la Curia eclesiástica, sino del 
fuero de guerra (Cfr. Código de justicia militar, aa. 293 y 332; Código 
civil, a. 493; Mach-Ferreres^ Tesoro del Sacerdote, n. 658); pero creo 
que se podría decir de él que padecía persecución por la justicia. 

He dicho que tengo por nulos dichos matrimonios, y evidentemente 
lo son en estos casos propuestos, ya que los contrayentes no los cele- 
braron por lo menos delante de dos testigos. Aunque tales matrimonios 
se contraigan con la presencia de dos testigos, creo también que son 
nulos, por faltar la presencia del párroco, aunque el P. Ojetti, n. 122, y 
el P. Vermeersch, De Religiosis, vol. 4, p. 272, parecen en casos análo- 
gos inclinarse á la validez. Piensan que en estos casos se cumple lo que 
previene el art. VIH, pues aunque el párroco se halla físicamente pre- 
sente, pero moralmente dicen no lo está, puesto que no puede asistir al 
matrimonio (1). Y por eso creen que el art. VIII dice: si no puede acu- 
dirse al párroco (si parochus... haber i non possit), y no dice si el párroco 
estuviese ausente. 

Ambos se apoyan también en la Instrucción dada para la isla de Cu- 
razao, que puede verse en la nota del n. 581 h. de nuestro opúsculo. 

Nos fundamos para pronunciar la nulidad de dichos matrimonios: 
1.°, en que en nuestro caso no hay imposibilidad general para toda una 
región, sino particular para algunas personas de dicha región ó regiones, 
y así parece no cumplirse el art. VIII; 2.°, en la respuesta ad VII dada por 
la S. C. del C. en 27 de Julio de 1908 (véase Razón y Fe, vol. 22, pág. 88), 
en donde en un caso en el que el contraer delante del párroco ofrece 
mucha mayor dificultad y afecta á muchísimas más personas que en el 
nuestro, juzgó la Sagrada Congregación ser obligatoria la presencia del 
párroco, y facultó á los Prelados para dispensar en este punto. Y no sólo 
en este caso es más dih'cil que en el nuestro recurrir al párroco y afecta 
á muchísimas más personas, sino que, además, las dificultades aquellas 
del Imperio Chino son perpetuas; las de nuestro caso sólo duran algunos 
años para cada sujeto. 

En cuanto á la Instrucción dada para la isla de Curazao, además de 
tratarse allí de una imposibilidad perpetua (como la ley) y en el nuestro 
sólo de imposibilidad temporal (mientras están sujetos al fuero de gue- 
rra, lo que sólo suele durar tres años y un día), debe decirse que no pa- 
rece constar suficientemente que allí no haya intervenido dispensa de 
la ley. 

Véase también la nota de la pág. 229 del dicho tomo 22, de Razón 
Y Fe. 



(1) «Porro videtur mihi impossibilitas ista non referencia tantummodo ad casum, in 
quo parochus physice impossibilitetur, ut ita dicam, assistere, sed etiam ad casum, in 
quo aliunde ex gr. ex imperio legis poenas minitantis, prohibetur ab assistendo.» 
Ojetti, 1. c, n. 122. 



BOLETÍN CANÓNICO 241 

SAGRADA CONGREGACIÓN DE LOS SACRAMENTOS 



DECLARACIÓN SOBRE EL DECRETO «ANTE EDITUM» 

Compuesto ya todo lo que antecede, llega á nuestras manos Acta A. 
Seáis, de I.'' de Septiembre, y en ella hallamos (pág. 656) el siguiente 
decreto de la Sagrada Congregación de los Sacramentos, que confirma 
la interpretación que en la consulta de Portugal, que antes hemos copia- 
do, habíamos dado el 20 de Agosto. 

VENETIARUM 

De facúltate dispensandi ab impedimentis matrimonialibus imminente mortis periculo. 

In plenario coetu a S. Congregatione de disciplina Sacramentorum, habito die 13 
mensis augusti anno 1909, dirimendum propositum est dubium, «utrum facultas dispen- 
sandi ab impedimentis matrimonialibus imminente mortis periculo in casu art. VII de- 
creti Ne temeré, facta per decretum hujus S. Congregationis die 14 Maji 1909, valeat 
dumtaxat pro concubinariis; an etiamsi non agatur de concubinariis, sed alia adsit causa 
ad consulendum conscientiae et (si casus ferat) legitimationi prolis?» Cui dubio Emi. 
Patres responderunt: «Negative ad primam partem, ajfirmative ad secundam.» 

Die antem 15 praefati mensis et anni SSmus D. N. Pius Papa X, audita relatione 
R. P. D. Secretarii ejusdem S. Congregationis, supra relatam Emorum. Patrum declara- 
tionem ratam habere et confirmare dignatus est. 

Datum Romae ex aedibus ejusdem S. Congregationis, die 16 mensis augusti 
anno 1909. 

L. t S. D. Card. Ferrata, Praefectus. 

Ph. GiusTiNi, Secretarias. 

Por consiguiente, siempre que el sacerdote asiste á un matrimonio 
en las circunstancias que determina el art. 7.° del decreto Ne temeré 
puede conceder las dispensas mencionadas en el decreto Ante editum^ 
(véase Razón y Fe, vol. 24, p. 372), aunque los contrayentes no vivan 
en concubinato, ni estén casados civilmente, basta que celebren el matri- 
monio ad consulendum conscientiae et (si casus ferat) legitimationi 
prolis. 

Confiamos que esta mayor amplitud que se concede ahora á las fa- 
cultades otorgadas en 1888, será pronto comunicada expresamente á los 
párrocos y á los Ordinarios. 

Juan B. Ferreres. 



EXAMEN DE LIBROS 



Primer Sínodo diocesano de Madrid-Alcalá, convocado y presidido por 
el ExcMO. Y RvMO. Sr. D. José María Salvador y Barrera, y celebrado en 
la Santa Iglesia Catedral-Basílica de esta Corte en los días 10, 11 y 12 deFe- 
orero de 1909.— Madrid, imprenta del Asilo de Huérfanos, calle de Juan 
Bravo, núm. 5; 1909. Un volumen en 4.° de 781 páginas. Se puede comprar 
en la Secretaría de Cámarajá 9 pesetas, y 10 en pasta. 

Cuantos tuvimos la dicha de presenciar la celebración del Sínodo 
diocesano de Madrid-Alcalá en los ¡días 10-12 de Febrero último, con- 
servaremos indeleble el grato recuerdo de tan grandiosa y edificante 
solemnidad. Porque era realmente de gran edificación contemplar tan 
numeroso y venerable clero de la diócesis (1) reunido devotamente en la 
Catedral con su Prelado, para implorar las luces del Espíritu Santo, y 
junto con él trabajar, sin descanso alguno apenas, para «procurar la 
guarda y custodia de la Santa Fe Católica, la conservación y defensa de 
la integridad del dogma y pureza de la doctrina católica, la fiel obser- 
vancia de las leyes de la Iglesia y la corrección y disciplina, en fin, de 
las costumbres que tanto han menester siempre de protección y amparo, 
y singularmente en estos tiempos de tantas inquietudes y atrevidas rebel- 
días contra la Iglesia Santa y la misión divina que viene ejerciendo entre 
los hombres; para defensa y guía de la vida cristiana enfrente de las ase- 
chanzas de la malicia y concupiscencias humanas...»; que son los fines se- 
ñalados á estas Asambleas por la misma Iglesia, como elocuentemente 
expuso el Excmo. Sr. Obispo en la primera sesión. (Véase pág. 47.) 

Desde el año 1885, en que, segregada de la Archidiócesis de Toledo, 
fué canónicamente erigida (25 de Julio) esta diócesis de Madrid-Alcalá, 
ha venido rigiéndose por las Constituciones toledanas de 1682. Mas, 
como observa en la Introducción el Dr. Luis Pérez Estévez, Canónigo- 
Secretario, y Secretario asimismo del Sínodo, «los cambios y vicisitudes 
de los tiempos, las diferencias de usos y costumbres y otras muchas 
causas hacían necesaria la formación de unas nuevas Sinodales que, 
conservando todo el espíritu y piedad de las antiguas, vinieran á ser la 
más segura y completa norma á que hubieran de ajustar su conducta en 
estos tiempos y circunstancias el clero y fieles de esta diócesis». Y en 
efecto, las Constituciones Sinodales y demás documentos contenidos en 
el volumen publicado con el epígrafe que encabeza estas líneas, pueden 
justamente considerarse como una guía muy segura de la vida cristiana 
para todos los fieles, y un manual muy completo de la vida parroquial y 
sacerdotal para el clero de la diócesis. Ocupan las Constituciones el es- 



(1) Véase la lista de los señores asistentes al Sinodo, al final del libro, pág. 751. 
E n ella aparecen sobre 300 sacerdotes del clero catedral y parroquial. 



EXAMEN DE LIBROS 243 

pació principal de la obra. Consta ésta de los preliminares (circular 
anunciando la celebración del Sínodo, programa ó índice de materias 
—comisiones para el estudio de las mismas,— edicto de convocación, acta 
de sesiones, etc., págs. 13-86, las Constituciones, págs. 87-569 y los apén- 
dices, págs. 573-740, en tipo de letra menor). Éstos son en número de 20, 
muy interesantes, algunos aun para los simples fieles, como los referentes 
al arancel de derechos para las parroquias de Madrid y para los expe- 
dientes matrimoniales, y la Constitución Apostólica y decretos sobre la 
prohibición y censura de libros, etc. Las Constituciones están distribuidas 
en seis libros, cada uno de los cuales se divide en varios títulos^ y agru- 
padas en ellos se ponen las Constituciones correspondientes, ya sean 
doctrinales ó dogmáticas, ya disciplinares. Así, las de los tres primeros 
títulos del libro primero son doctrinales, excepto la I."" del título se- 
gundo, sobre la profesión de fe que por mandado de la Iglesia deben hacer 
los sujetos que han de desempeñar ciertos cargos; las otras en general 
son disciplinares. El número total de las Constituciones sinodales as- 
ciende á 266. 

Bastaría indicar las múltiples materias importantísimas sobre que 
versan, tales como se resumen en el índice, para mostrar cuan completa 
es la obra realizada por el clero y principalmente por el Prelado matri- 
tense. Ya que la falta de espacio no nos lo permite, trasladaremos 
siquiera los epígrafes de los libros y de sus títulos, que dan alguna idea 
de la obra. Libro I. De la Santa Fe católica. Sus títulos son seis: Déla 
revelación— De la fe y de la doctrina de la Iglesia— Errores opuestos á 
la fe— Peligros de perder la fe— Medios de conservar y robustecer la 
fe — De la vida cristiana. Libro II. De los Sacramentos, sacramentales é 
indulgencias. Títulos: Del Bautismo— De la Confirmación- De la Peniten- 
cia—De la Eucaristía— De la Extremaunción— Del Orden— Del Matri- 
monio—Sacramentales- De las indulgencias. Libro III. Del culto. Títulos: 
Del culto público y solemne— Santificación de las fiestas — Cultos espe- 
ciales (al Santísimo Sacramento, Sagrado Corazón de Jesús, á la Santí- 
sima Virgen, San José, Via crucis)—De los templos con relación al 
culto — De las procesiones- De los sufragios solemnes. Libro IV. De las 
personas eclesiásticas: De los Obispos— Del Cabildo catedral— De los 
Arciprestes— De los Párrocos y sus auxiliares— De otros cargos eclesiás- 
ticos-De los Seminarios— De las comunidades religiosas— Archicofra- 
días, cofradías, hermandades y asociaciones- De la provisión de ciertos 
cargos eclesiásticos. Libro V. De los bienes eclesiásticos: De las cosas 
sagradas y benditas — De los cementerios — De los bienes temporales de 
la Iglesia — Acervo parroquial — Registro diocesano de la propiedad. 
Libro VI. De la Curia, Título 1.° De la Curia de Gracia— 2.° De la admi- 
nistración diocesana— 3.° De la Curia de Justicia— 4.° De la delegación 
de capellanías- 5." De otros jueces, al tenor de lo dispuesto por el Santo 
Concilio de Trento. 



244 EXAMEN DE LIBROS 

Por este breve resumen se echa de ver cuántos puntos se tratan en 
esta obra que son de interés general para todos los fieles en nuestros 
tiempos, y que desearíamos poder copiar; v. gr., las Constituciones sobre 
el peligro de perder la fe con el trato de los acatólicos, las escuelas pro- 
testantes, laicas y neutras, secta masónica, socialismo, etc., malas lec- 
turas, espectáculos públicos. Por regla ordinaria, además de la doctrina 
de la Iglesia y de la disciplina general, y la concordada, si ha lugar, y 
además de la doctrina de los Doctores, aun modernos, v. gr., sobre la 
muerte real y aparente, se atiende en las Constituciones Sinodales á lo 
que, consideradas las costumbres y todas las circunstancias de la dióce- 
sis, parece más conducente á los fines arriba propuestos. Por eso tal 
vez se determina para la diócesis lo que en el derecho común no apa- 
rece suficientemente determinado. Así, se prohibe á los diocesanos «la 
lectura de cualquier libro que, tratando de religión ó costumbres, no 
lleve la aprobación eclesiástica», aunque por derecho común se prohi- 
ben, sí, determinados escritos cuando se publicaren sin la debida licen- 
cia; pero no basta que una obra cualquiera se edite sin la necesaria 
licencia para que por ello haya de tenerse ciertamente por prohibida su 
lectura ó retención. 

Notaremos una que otra errata, ó equivocación material, por si á 
alguno no le es fácil salvarla: En la pág. 543, línea 5, se pone Occidente, 
en vez de Oriente; página 248-5.°, ó dos, en vez de y dos. 

No hemos de terminar estas cortas líneas sin unir nuestra cordial y 
entusiasta feHcitación á las tributadas al Excmo. Sr. Salvador y Barrera 
por la obra magna que, con el favor de Dios y la cooperación de su 
clero, ha tenido la satisfacción de llevar á cabo para bien espiritual de 
esta su amada diócesis de Madrid-Alcalá. «Esperamos, dice el mismo 
Sr. Obispo, después de inculcar la obediencia para la ejecución de las 
nuevas Constituciones, que ha de ser venturosa y fecunda en frutos de 
salud y vida para esta porción de la grey cristiana que Nos ha tocado 
regir, la obra que hoy terminamos.» 

P. ViLLADA. 



Christus Lux raundi. Die Parabeln des Herrn im Evangelium, exege- 
tisch und praktisch erláutert, von Leopold Fonck, S. J., Dr. Theol. et phil., ord 
Prof. der Theol. an der Univers. Innsbruck.— Innsbruck, 1909 (Rauch-Pustet). 
Las Parábolas del Señor en el Evangelio, explicadas exegética y prác- 
ticamente por L. FoNCK, de la Compañía de Jesús, doctor en Teología y Fi- 
losofía, profesor ordinario de Teología en la Universidad de Innsbruck. Un 
volumen de XXXÍV-936 páginas en 4."^ Precio: en rústica, 6. marcos; encua- 
dernado, 8,40. 

El P. Fonck, antes profesor de la Universidad de Innsbruck, hoy 
de la Gregoriana, y nombrado director del nuevo Instituto bíblico, ha 
consagrado con preferencia sus desvelos al esclarecimiento de las Para- 



EXAMEN DE LIBROS 245 

bolas del Señor, argumento cultivado también por Jülicher y Loisy. Son 
en número de 72 las propuestas y explicadas por el autor del presente 
volumen. La obra, naturalmente, no es de carácter polémico, ni crítico, 
sino sencillamente didáctico, y de aplicación al pulpito y á la instrucción 
ascética, aunque en cada sección tiene cuidado el escritor de consig- 
nar, si las hay, las variantes del texto. El orden de la exposición es el 
siguiente: después del texto original, el de la Vulgata y la versión ale- 
mana directa de la letra, se explican las voces ó expresiones que 
necesitan declaración; propónese luego el pensamiento culminante del 
pasaje; á continuación el sentido de la parábola, y, por fin, sus apli- 
caciones prácticas con el empleo que de la misma han hecho los ora- 
dores y ascetas católicos. El conocimiento de la geografía, fauna y 
flora de Palestina, asuntos sobre los que el P. Fonck ha hecho profun- 
dos estudios, visitando dos veces ese país, ha habilitado al autor para 
tratar su argumento con excepcional competencia. Merced á ésta, no 
pocos pasajes, difíciles y hasta paradójicos para quien no posee esos 
conocimientos, resultan fáciles y sumamente naturales bajo la pluma del 
docto profesor de la Universidad Gregoriana. Esa competencia le pro- 
porciona también ocasiones de corregir las inexactitudes de Jülicher. 
Sin embargo, si bien hace notar en ocasiones los descuidos y deficien- 
cias de este escritor en punto á la geografía, fauna y flora de Palestina, 
así como su exagerado antialegorismo, el tono que domina la obra es el 
de simple exposición, acentuando muy poco la nota apologética: la mejor 
apología de la literatura evangélica en esta materia como en muchas 
otras, es su explanación sencilla; pues ella hace resaltar en la narración 
un conjunto de cualidades históricas, geográficas, religiosas, étnjcas y 
locales de toda especie, un sello de majestad, elevación, sencillez, 
sobriedad y exactitud que está pregonando la genuinidad de cada pieza. 
La exposición es clara y exacta, dando á cada parábola su sentido y 
alcance propio: esta circunstancia y la de añadir en las principales pará- 
bolas una ó más sinopsis de sermones y meditaciones, ya que brotan es- 
pontáneamente del texto, ya tomadas de escogidos autores, cuyas obras 
se citan, y de las que se intercalan también largos pasajes, hacen la obra, 
además de interesante, altamente apreciable y de gran utilidad para el 
ministerio sacerdotal. Los predicadores, los directores espirituales y los 
que se ocupan en proponer al clero los ejercicios espirituales hallarán en 
el libro del P. Fonck un verdadero y copioso arsenal, donde podrán pro- 
veerse de excelentes materiales para uno y otro ministerio. Cualquiera 
sección ó cualquier punto del Evangelio es de sumo interés para el pre- 
dicador evangélico y suministra útilísimas lecciones para la vida cris- 
tiana; pero entre todos los demás argumentos ofrece este de las parábo- 
las enseñanzas de singular provecho para la instrucción de los fieles por 
la amenidad y carácter práctico y eminentemente popular con que en 
ellas se exponen artículos de doctrina los más capitales. Ya desde los 



246 EXAMEN DE LIBROS 

primeros siglos de la Iglesia hicieron notar los Padres, entre ellos Oríge- 
nes, el tesoro inestimable que está encerrado en las Parábolas evangéli- 
cas; y el conocimiento exacto de su significado pone en manos del minis- 
tro del Evangelio los ejemplos más adecuados para sensibilizar y hacer 
accesibles las verdades más elevadas y difíciles de la fe y de la moral 
cristiana. La parábola del grano de mostaza manifiesta la eficacia y fecun- 
didad de la doctrina evangélica; la de la levadura, lo rápido de su propa- 
gación; la del tesoro escondido y la perla preciosa, el valor inestimable 
de la fe y la gracia; en otras se pone de relieve, ya la dignación y bondad 
de Dios, ya la ingratitud de los hombres, ya la raíz del mérito en las 
obras, ya la necesidad de éstas. Como las parábolas versan sobre el 
reino de Dios^ el autor distribuye la materia, ordenándola en tres gru- 
pos: parábolas que explican el reino de Dios en su formación, en su 
ser, sus efectos; parábolas que se ocupan en los miembros del mismo 
reino y sus deberes; parábolas que declaran cuál es la cabeza de ese reino 
y cuál su relación á los miembros. El trabajo del R. P. Fonck por lo 
completo, erudito y acertado de su análisis y exposición, es una con- 
tribución excelente á la exégesis católica en un argumento que no ha sido 
tratado de propósito, sobre todo en nuestros días, y con arreglo á los 
adelantos actuales, por ninguno ó casi ninguno de los doctores católicos. 

L. MURILLO. 



La unión hispano-americana en el Pilar de Zaragoza. Relación his- 
t'rica por el P. Manuel Traval, S. J.— Eugenio Subirana, editor y librero 
pontificio. Barcelona, 1909. Un hermoso volumen de 148 páginas. Dos edi- 
ciones: económica, 2 pesetas; la de lujo, 3,50. 

Este libro es un digno monumento dedicado á la memoria de uno de 
los días más gloriosos de nuestra cara patria. Día fué de dulces y per- 
durables recuerdos para España el 29 de Noviembre del año pasado. El 
triunfo moral alcanzado por nuestra patria en aquella memorable fecha 
colmó de alegría á todos los hijos legítimos de esta hidalga nación. Diez 
y nueve naciones hispano-americanas, iluminadas por los fulgores de 
una estrella no menos misteriosa que la de los Magos, se lanzan á través 
de los mares y vienen á ofrecer al Vicario de Cristo, no ya oro, incienso 
y mirra, sino lo que estiman sobre todos los tesoros del mundo, las 
nobles banderas que simbolizan el amor patrio de sesenta millones de 
americanos. La estrella que los guía es la lumbre esplendorosa de aquel 
bendito Pilar, cuna de su fe y oriente de su civilización. Por esto aquellos 
esclarecidos pabellones tremolados por hijos amantes de María y de 
España, vuelan gozosos desde el Vaticano al Pilar de Zaragoza, y, pa- 
seados en triunfo por las calles y plazas de aquella -heroica ciudad, son 
depositados por manos de dos insignes Prelados ante el trono de María. 

No era razón que un acontecimiento de tanta trascendencia y, cuya 



EXAMEN DE LIBROS 247 

noticia hizo estremecerse de santo júbilo á todos los buenos españoles, 
quedara sepultado en el olvido; ni que España se hiciera sorda á la noble 
exhortación del gran orador chileno, el limo. Sr. D. Ramón Ángel Jara, 
Obispo de Ancud y alma de esta gloriosa empresa, cuando al terminar su 
elocuentísimo discurso, pronunciado al pie del monumento erigido á los 
mártires de Zaragoza, dirigía estas frases á la apiñada y conmovida mu- 
chedumbre que le rodeaba: «Sí, señores, guardad la memoria de este 
día, porque es anillo de oro que deja abrazados para siempre á los hijos 
y á los nietos de la vieja España sobre el corazón déla Virgen del Pilar.» 
He aquí lo que se ha propuesto y ha conseguido el autor de la obra que 
examinamos. El P. Traval se ha propuesto mantener encendido en los 
corazones españoles «la llama del más intenso amor á la patria», con el 
recuerdo «de un hecho gloriosísimo acaecido ha poco en España: la 
unión hispano-americana en el Pilar de Zaragoza». Para esto ha reunido 
por orden cronológico los datos más interesantes referentes á tan fausto 
suceso, formando con ellos una historia completa, verídica y de sabor 
altamente religioso y patriótico. 

Grata impresión recibe el lector al abrir el libro y ver su linda por- 
tada esmaltada con los vivos colores de los veinte pabellones de España 
y sus hijas las diez y nueve naciones americanas que en el Pilar son rica 
diadema de María, y aquí del título de la obra. Después de sobria 
introducción y dedicatoria al Romano Pontífice Pío X, narra el autor el 
origen de tan feliz idea, que brotó del corazón hidalgo de un Prelado, cuya 
caridad, como la del Corazón deífico, no reconoce límites ni fronteras. 
El Jubileo sacerdotal del Sumo Pontífice fué la ocasión providencial que 
hizo cristalizar aquella grandiosa idea. Noventa y dos Prelados de otras 
tantas diócesis la prohijaron con el mismo entusiasmo con que fué con- 
cebida por Monseñor Jara. El Episcopado español la aplaudió, y varios 
Arzobispos y Obispos tomaron parte en Roma y Zaragoza en tan so- 
lemnes festejos. Los documentos que se cruzaron entre los Prelados his- 
pano-americanos con tal ocasión, la exposición de los mismos á Su 
Santidad, con la narración del feUz éxito de estas gestiones, constituye la 
primera parte de este libro. 

Sigúela descripción circunstanciada de la bendición de las banderas 
por el Vicario de Cristo en el palacio Vaticano, la llegada de los Pre- 
lados y banderas á Zaragoza, su paseo triunfal por las calles y plazas 
de la invicta y gloriosa ciudad, su oblación solemnísima á la Virgen del 
Pilar en su augusto templo, y, finalmente, los agasajos con que después 
de tan espléndida manifestación de amor y gratitud á la madre patria 
fueron obsequiados en Zaragoza y Barcelona los insignes Prelados. 
Digno remate de todo fué la ovación tributada á los mismos por la ciudad 
condal en su despedida. 

Dan notable realce á este hermoso libro los elocuentísimos discursos 
de los Prelados y del Sumo Pontífíce, las vistas y retratos de los princi- 



248 EXAMEN DE LIBROS 

pales personajes que figuran en la narración y los primores artísticos que 
demuestran el esmero y buen gusto del editor de esta obra. 

Terminaremos estos renglones con las palabras del autor del libro, 
que recomendamos á nuestros lectores: «No debe echarse en olvido esta 
íntima Í//2/Ó/7, representada por sesenta millones de habitantes. Conviene 
enaltecerla, darle toda la publicidad que justamente se merece, como un 
pequeño tributo de amor y gratitud á las naciones hispano-americanas 
y á monseñor Ramón Ángel Jara, obispo de San Carlos de Ancud 
(Chile), que llevó al cabo tan hermosa ¡dea de paz y unión bendecida 
por Su Santidad el Papa Pío X, y para que, al tener exacto conocimiento 
de tan grandioso y patriótico acontecimiento, los nobles pechos de tantos 
millones, repartidos entre las diez y nueve jóvenes repúblicas ameri- 
canas, se enardezcan cada día más en el amor de la madre España.» 

F. Cervós. 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



La gloria del martiri. (Després de la per- 
secució del últim Juliol.) Carta-Pastoral 
del Ilmo. Sr. Dr. D. Joseph Torras y 
Bages, Bisbe de Vich.— Vich, imprenta 
de Anglada, 1909. Un volumen en 4.° 
de 24 páginas. 

Nutrida de sólidas enseñanzas y vi- 
brante celo, la Carta-Pastoral del ilus- 
trísimo Prelado demuestra con evi- 
dencia que los horrendos atropellos 
de la última semana de Julio en Cata- 
luña son debidos exclusivamente al 
odio contra Dios, contra Cristo y su 
Iglesia; conforta á los perseguidos que 
han tenido la dicha de participar del 
gremio de los mártires y los exhorta 
á rogar por sus perseguidores y á tra- 
bajar en provecho del pueblo. 

N. N. 



Enrico Rosa, S. J. L' Encíclica «Pascendi» 
e il modernismo. Studii e commenti. Se- 
cunda edizione corretta e accesciuta. — 
Roma, Cm/fd Cattolica,v\a di Ripet- 
ta, 246; 1909. Un volumen en 4.° de VII- 
471 páginas. 

Al publicarse por vez primera en la 
Civiltá los artículos de que principal- 
mente se compone la obra que tene- 
mos el gustó de anunciar, llamaron 
justamente la atención de los sabios y 
merecieron elogios á la prensa cató- 
lica. Esto nos excusa la nueva reco- 
mendación á una obra que el eminen- 
tísimo Cardenal-Secretario de Estado 
de Su Santidad califica de insigne: 
«l'egregia opera sul modernismo del 
P. Rosa, S. J.», dice en la carta al Padre 
director de la Civiltá, 22 de Junio de 
1909. 

Después de los preliminares sobre la 
condenación del modernismo, comenta 
el docto P. Rosa la Encíclica Pascendi, 
siguiendo el orden y consideración del 
modernista filósofo creyente, teólogo, 
critico é histórico, apologista y refor- 
mador. El apéndice primero es análisis 
y sumario de la Encíclica Pascendi; el 



tercero inserta el decreto Lamentabili 
con un artículo sobre su importancia 
y un breve análisis del mismo de- 
creto. 



Juan Antonio Zugasti, S.J. El Santo Ma- 
rinerillo. Con las licencias necesarias. 
Segunda edición.— Imprenta y librería, 
«La Propaganda Católica», Santander, 
1909. En 8.° de 43 páginas. 

El Santo Marinerillo es un joven 
novicio de la Compañía de Jesús, cuya 
vida, y especialmente la heroica cons- 
tancia en seguir á los Padres expulsa- 
dos por Carlos III, se refiere en esta 
conferencia. Se lee con el interés de 
una novela y con la piedad y edifica- 
ción de una historia santa. Pruébenlo 
leyéndola nuestros amigos. 



Estudio critico sobre el probabilismo mo- 
derado ó verdadero probabilismo de 
San Alfonso, por el R. P. Cipriano 
Arribas, O. S. A., licenciado en Sa- 
grada Teología y profesor de Moral en 
el Real Monasterio de El Escoria!. Ter- 
cera edición corregida. Con licencia. — 
Barcelona, G. Gili, editor, calle de la 
Universidad, 45, MCMIX. En 8.° prolon- 
gado, 208 páginas, 2,50 pesetas. 

Es obra seria y bien escrita, que lo- 
gra poner en claro el punto fundamen- 
tal que se propone demostrar, á saber: 
que conviniendo del todo ó casi del 
todo, especialmente en la práctica, los 
llamados equiprobabilistas y los que 
el docto autor llama probabilistas pu- 
ros ó simples, conviene mucho que 
cese toda polémica y convengan en los 
términos, como convienen en las ¡deas, 
tomando todos el nombre de probabi- 
listas moderados, y estableciendo esta 
doctrina en las obras de Moral, en 
los libros de texto que en adelante se 
escriban. De la segunda edición hici- 
mos merecidos elogios (véase Razón 
Y Fe, t. XVI, pág. 255) y algunos lige- 



250 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



ros reparos. En ésta sólo queremos no- 
tar que el probabilismo simple no es, 
como dice el autor, pág. 202, «que se 
puede seguir una opinión probable, 
aunque la contraria lo sea mucho más», 
ni verdaderamente más probable sig- 
nifica mucho más probable ni cierta- 
mente más probable (véase Bucceroni, 
citado en Razón y Fe, pág. 256). En 
la nota de la pág. 204 hubiera conveni- 
do mostrar cómo hay contrasentido ó 
falta de lógica, en afirmar que los pro- 
babilistas, siguiendo la sabia doctrina 
de Santo Tomás (y de San Alfonso), 
«nuUus ligatur per praeceptum aliquo 
juris», ni mediante si«scientiae illius 
praecepti», lógicamente enseñan que la 
falta de ciencia ó conocimiento del pre- 
cepto tanto se da cuando hay sólida 
probabilidad contra la existencia de la 
ley, como cuando se da la misma pro- 
babilidad en favor de la cesación de 
aquella ley que en algún tiempo exis- 
tió y que ya probablemente no existe. 



Aequiprobabilismus ab ultimo funda- 
mento discussus. Auctore Guillelmo 
Arendt, Societatis Jesu sacerdote.— 
Romae, ex officina polygraphica in pla- 
tea dicta della Pigna, n. 53, MCMIX. Un 
volumen en 4.'^ menor de 128 páginas. 

Parecía que después de tantos es- 
critos publicados en estos últimos 
años por equiprobabilistas y probabi- 
listas, especialmente por los redento- 
ristas Ter Haar y Wouters y los jesuí- 
tas Lehmkuhl y el mismo Arendt, entre 
otros, nada útil quedaba por decir 
acerca del equiprobabilismo. Y sin 
embargo, esta nueva obra del Padre 
Arendt contiene puntos de vista, ob- 
servaciones críticas y datos de gran 
utilidad, con que se vindica juntamente 
la honra de los acusados de laxismo 
por defender el probabilismo simple 
(distinto en teoría del equiprobabilis- 
mo), y se esclarece toda la cuestión 
desde sus últimos fundamentos al últi- 
mo fundamento. 

Especulativamente hace ver la fal- 
sedad ó, á lo menos, lo gratuito del 
supuesto principal del P. Wouters, por 
el que cree triunfar de sus adversarios 
cuando para los entendidos confiesa 
implícitamente su derrota, según frase 
enérgica del autor. 



En cuanto á la interpretación de las 
reglas de San Alfonso, muestra cómo 
el Santo no se contradice en sus escri- 
tos sobre este sistema moral, si se en- 
tiende debidamente la frase opinio 
certe probabiiior en contra de algunos 
modernos equiprobabilistas. La obra 
es digna de estudio, y en particular el 
apéndice, con el argumento de pres- 
cripción, la práctica de la curia romana 
y la serie continua de teólogos (jesuí- 
tas) de la Sagrada Penitenciaría, años 
1569-1909. 

Acaba de ser nombrado el P. Arendt 
en sustitución del P. Palmieri, q. s. g. h. 



Sobre esponsales y matrimonios clandes- 
tinos. Comentarios al decreto Ne te- 
meré, por el R. P. Manuel de Arrian- 
daga, Misionero Hijo del Corazón de 
María. Nueva edición corregida y au- 
mentada. —Madrid, administración de 
las revistas Ilustración del Clero y El 
Iris de Paz, Buen Suceso, 18; 1909. Un 
tomo en 8.° d¿ 208 páginas, una peseta. 

Este comentario, cuya primera edi- 
ción se publicó en Ilustración del 
Clero, es uno de los más recomenda- 
bles por lo completo que es en medio 
de su relativa brevedad. No sólo con- 
tiene las declaraciones de la Santa 
Sede hasta el 27 de Julio de 1898, sino 
la discusión de múltiples cuestiones 
debatidas últimamente entre los co- 
mentadores, que cita con cuidado el 
P. Arriandaga y juzga con imparciali- 
dad. Al desechar una opinión ó elegir 
otra lo hace generalmente por motivos 
graves. No le tiene, á nuestro juicio, 
para atribuir contradicciones á los Pa- 
dres Ferreres y Vermeersch; ni nos pa- 
rece bien la nota del núm. 98, en que 
indica que los herejes públicos no pue- 
den autorizar los matrimonios. El co- 
mentario es claro y bien ordenado, con 
un paralelo ent e la antigua y nueva 
disciplina, y formularios conforme á la 
legislación canónico-civil vigente en 
España. 



Bibliothéque Apolegétique. (8^ volume.) 
La Théologie scolastique etla transcen- 
dance da surnaturel, par H. Ligeard, 
professeur d'Apologétique á l'école de 
Théologie de Lyon-Francheville. 1 vo- 
lume in-16 de VIll-138 pages, 1 fr. 50; 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



251 



franco, 1 fr. 75.— Librairie Gabriel Beau- 
chesne et C" , rué de Rennes, 1 17, Paris. 

Esta nueva obra del docto profesor 
de Apologética H. Ligeard es de 
oportunidad manifiesta contra el mo-' 
dernismo, á quien combate victoriosa- 
mente en una de sus más fundamenta- 
les teorías, la de la inmanencia de lo 
sobrenatural. Lo hace exponiendo con 
precisión é imparcialidad las enseñan- 
zas de las escuelas tomista, que abarca 
la suaresiana, escotista y agustiniana 
sobre las «recíprocas relaciones de la 
actividad natural y de la vida sobre- 
natural»; y haciendo de ellas discreta 
aplicación á la Apologética, que con- 
viene explanen hoy día los católicos, 
lejos siempre de la doctrina inmanen- 
tista, abiertamente opuesta á la cató- 
lica defendida por los escolásticos. El 
apéndice sobre la potencia obedencial 
nos parece en su punto. En la pág. 47 
podrá parecer menos propio decir que 
el término de la actividad natural es 
un fin sobrenatural, cuando sólo se ha 
hablado del apetito innato, pág. 41, que 
no es actividad, sino mera inclinación 
ó peso de la naturaleza. 



The decree on daily communion. A histo- 
rical Sketch and Commentary by 
Father Juan B. Ferreres, S. J.,professor 
of moralTheology and canon law trans- 
lated by H.Jiménez, S. I. Sand and Co., 
London, 15, King Street, covent garden, 
1903. 

El opúsculo del P. Ferreres sobre la 
comunión frecuente, de tanta acepta- 
ción en España, ha merecido ser fiel- 
mente trasladado al inglés por el P. Ji- 
ménez, y elegantemente impreso por 
Mr. Sand. Sale enriquecido con una 
carta del Cardenal Merry del Val al 
autor y dos apéndices, uno sobre el 
triduo anual para la propagación de la 
comunión diaria y otro sobre la Misa 
de media noche en la Vigilia de Na- 
vidad. 



Chsfs d'oeuvre de la litterature religieuse. 
NicoLE, Le prime, Des défauts des gens 
de bien, Des moyens de profiter des nou- 
veau sermons. Pensées sur divers sujets 
de moral letres choisies. Introduction 
par H. Brémond. Deuxiéme édition. 
j. Barbey d'Aurevilly, L'internelle con- 



solatión, Sainte Térése, Pascal, Bossuet, 
Saint Benoir Labre, Le Curé d'Ars.— 
Bloud et C'«, 7, place Saint-Sulpice, 7, 
Paris, 1909. Dos tomitos de la colección 
S. et R. (Ciencia y Religión). Precio, 
0,60 francos. 

En la colección de obras maestras 
de la literatura francesa se ha pro- 
puesto el diligente editor Sr. Bloud in- 
cluir las de algunos autores poco co- 
nocidos ú olvidados respecto de sus 
obras de carácter religioso, y que, sin 
embargo, merecen conocerse y estu- 
diarse literariamente por los amantes 
de la literatura francesa. Tales son 
las de Nicole y de Barbey d'Aurevilly, 
arriba anunciadas. 

José Burch y Ventoi, presbítero. Datos 
para la historia del tradicionalismo po- 
lítico durante nuestra revolución.— L\- 
brería católica internacional, Luis Gili, 
Balmes, 83, Barcelona, 1909. Un volu- 
men en 4." de 294 páginas, 3 pesetas. 

La obra del Sr. Burch Ventoi res- 
ponde cumplidamente á su título. Está 
bien concebida y bien desarrollada. 
Su método no puede ser más claro y 
sencillo. Expone en la primera parte 
la doctrina católico-política enseñada 
por la Iglesia; en la segunda lo que el 
ilustrado autor llama verdadera polí- 
tica tradicionalista, y en la tercera 
«la desviación de la verdadera políti- 
ca tradicionalista» mantenida por la 
escuela de Balmes. En las tres son los 
documentos los que hablan y suminis- 
tran los datos de la historia, siendo 
pocas relativamente las notas y obser- 
vaciones, pero sí substanciosas, que 
añade el autor. Creemos que leída 
esta obra con la buena intención con 
que aparece escrita, contribuirá eficaz- 
mente á la restauración gloriosa de la 
patria, que todos deseamos con el au- 
tor, por medio de la fiel aplicación de 
las normas dadas por la Santa Sede á 
católicos españoles. 

El problema religioso en España, por 
José de los Perales y Gutiérrez, pres- 
bítero.— Madrid, imprenta «El Membre- 
te», León, 28; 1909. Un tomo en 4.*^ de 
V-462 páginas, 4 pesetas. De venta en 
todas las librerías. 

Es una obra digna de leerse con 
atención y estudiarse detenidamente» 



252 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



Su objeto no puede ser de mayor ac- 
tualidad é importancia, el problema re- 
ligioso en España. Se le considera en 
todos sus aspectos, estudiándose sere- 
na é imparcialmente la viva realidad. 
Sobre los diversos puntos que toca 
hace el discreto autor muchas y muy 
atinadas observaciones, fruto de su 
propia consideración y de las ideas 
manifestadas competente aunque pri- 
vadamente por otros, como lo expresa 
respecto de uno de los puntos princi- 
pales, cap. XXI, acerca de los proble- 
mas internos del Catolicismo en Es- 
paña. 

Tal vez se note alguna vaguedad y 
falta de orden; tal vez alguna locución 
impropia ó inexacta, v. gr., la guerra 
es anticristiana, pág. 295; no todo lo 
que propone, v. gr., omitir en la pren- 
sa el nombre de liberalismo como error 
condenado por la Iglesia, parecerá 
bien á todos; pero creemos que en ge- 
neral ha de parecer acertado el juicio 
del autor en las muchas conclusiones 
que sienta y en otras que indica con di- 
versas preguntas. Son dignos de espe- 
cial atención los capítulos XXIX-XXXI, 
sobre la unión ó coalición de los cató- 
licos y sobre el estado económico del 
clero. 

P. V. 



Rerum Aethiopicarum Scriptores Occi- 
dentales Inediti a saeculo XVI ad XIX, 
curante C. Beccari, S. I., vo!. VIII y IX. 
Patriarchae Alph. Méndez, S. I. Expe- 
ditionis Aethiopicae libri /K. — Romae, 
1908, 1909. Excudebat C. de Luigi. 

Propuesto ef P. Alfonso Méndez 
para Patriarca de Etiopía por Feli- 
pe IV y elegido por Urbano VIII, fué 
consagrado en Lisboa en 1623. Llegó 
á Goa en 1624, y el año siguiente entró 
en Etiopía, donde trabajó gloriosa- 
mente, no sin graves dificultades, con- 
tradicciones é intrigas de hombres 
perversos. Desterrado en 1633, ence- 
rrado por un turco en una mazmorra, 
y rescatado por crecida suma de di- 
nero, fué á Goa, donde vivió hasta su 
muerte, acaecida el 29 de Junio de 1656. 

En los cuatro libros de su Expedi- 
ción Etiópica compendia los sucesos 
referidos por sus antecesores los 
PP. Páez y Almeida, añadiendo datos 



nuevos, y describe su viaje desde Euro- 
pa, y cuenta los sucesos de su patriar- 
cado, destierro, cautiverio y perma- 
nencia en Goa. Añade la relación de 
lo sucedido en Etiopía durante su au- 
sencia, sacándolo de testigos orales y 
documentos fidedignos. 

Va precedido el tomo VIII de una 
erudita y sobria pero copiosa intro- 
ducción del editor, en que resume el 
contenido de la obra, da á conocer su 
gran mérito y de su autor, sin descono- 
cer sus defectos, citando las copiosas 
fuentes históricas. El método seguido 
en estos dos tomos no difiere del de los 
anteriores. (Véase Razón y Fe, Enero 
de 1909, pág. 112.) 

C. G. R. 



BIBLIOGRAFÍA FILOSÓFICA 

1. Filosofía. Elementa Philosophiae 
Aristotelico-thomisticae, auctore P. Jos. 
Gredt, o. S. B., in Collegio S. Anselmi 
de Urbe Philosophiae Professore. Volu- 
men 1: Lógica, Philosophia Naturalis. 
Editio altera, aucta et emendata. XXV- 
496 pags. in 8.°— Herder, Friburgi Bris- 
goviae, 1909. Precio: 9,25 francos en 
rústica, 10,75 encuadernado. 

El autor se propone poner en mano 
de los alumnos un libro escrito con 
claridad, concisión y sólida doctrina, 
de tal manera que, oída la explicación 
del profesor, puedan aquéllos no sólo 
entender las cuestiones en él tratada?, 
sino también encomendarlas á la me- 
moria. El autor puede tener la satis- 
facción de haberlo conseguido. Este 
libro contiene las materias del primer 
año, de los dos en que los alumnos de 
la Academia de San Anselmo, de Roma, 
terminan el curso breve de Filosofía. 
En él se estudian las cuestiones prin- 
cipales de Lógica, Cosmología y Psi- 
cología inferior; al hablar de la canti- 
dad de la sensación y de su mensura- 
bilidad, aunque se limita á ligeras in- 
dicaciones, nos agrada el criterio del 
autor. La obra está bien presentada, 
con dos clases de tipos, grandes y pe- 
queños, y con el gusto con que sabe 
hacerlo la casa de Herder. 

2. LÓGICA. Essais sur la Connaissance, 
par Georgé Fonsegrive. Un volumen 
en 12." de 273 páginas. Precio: 3,50 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



253 



francos.— Librairíe Lecoffre, J. Gabalda 
etO«, Paris, 1909. 

El libro comprende cuatro seccio- 
nes: Lo incognoscible en la filosofía 
moderna; Generalización é inducción; 
El kantismo y el pensamiento con- 
temporáneo; Certeza y verdad. Des- 
cendiendo más en particular, el pensa- 
miento filosófico desarrollado por el 
autor va tocando las cuestiones prin- 
cipales y de más actualidad sobre la 
ciencia, el conocimiento, la verdad, las 
leyes, métodos y principios, para de- 
ducir qué es lo que sabemos ó pode- 
mos saber de estos casos , si nuestros 
conocimientos son meramente relati- 
vos ó absolutos, si las ciencias son 
concepciones puramente sujetivas ó 
tienen fundamento objetivo y cuál es 
la trascendencia de nuestros conoci- 
mientos en el orden científico y meta- 
físico. Cuestiones todas, como se ve, 
de palpitante actualidad en el campo 
de la filosofía, y que el autor ha sabido 
tratar con verdadero interés, no pre- 
cisamente para resolverlas, sino más 
bien para indicar el camino que él cree 
se debe recorrer para llegar á su so- 
lución. En lo cual es de notar que el 
autor se aparta un poco del dogmatis- 
mo tradicional; y aunque combate al 
criticismo moderno, lo hace de modo 
que el ataque va á veces suavizado 
con ciertas manifestaciones de sim- 
patía. 

3. Cosmología ó Filosofía de la natura- 
leza, a) Cuestiones filosófico - cientí- 
ficas, por D. José Hernández Martínez, 
doctor en Filosofía y Sagrada Teología 
y profesor del Seminario de Tarazona. 
Un volumen en 8.° de 422 páginas.— 
Tarazona, imprenta de Félix Meléndez, 
Viscontí, 4; 1909. Precio, 3,50 pesetas. 

«Bajo el título de Cuestiones filosó- 
fico-cientiftcas, dice el ilustrado pro- 
fesor, doy á luz unos cuantos artículos 
que escribí siendo alumno de la Uni- 
versidad Gregoriana de Roma, y unos 
pocos más que he escrito después... >> 
Con esta confesión del autor no tiene 
el crítico derecho á exigir ni extraor- 
dinaria profundidad en la materia ni 
una esmerada y gradual trabazón y 
orden en el curso de las cuestiones. 
El volumen está dividido en tres li- 
bros: en el primero se estudian al- 
gunas materias concernientes al len- 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 



guaje; el segundo trata de la belleza, 
cuantidad y universo; el tercero se re- 
monta á lo infinito. La lectura es 
amena, el estilo más bien retórico y de 
amplificación que didáctico y de rigor 
científico. Comienza con las cuestiones 
de más humilde categoría, como las 
del artículo y el nombre, y termina con 
las trascendentes de lo infinito y de lo 
eterno. 

b) La decadenza di una Teoría, per Giu- 
seppe Tuccimei, Dott. in Scienze natu- 
ral!, ecc— Roma, Federico Pustet. En 
12.« de 150 páginas, 1,60 liras. 

En este opúsculo, pequeño en di- 
mensiones, pero lleno de doctrina, 
trata su autor de demostrar, con ar- 
gumentos sacados de la observación 
y de la experiencia, que la teoría de la 
evolución está ya tocando á su ocaso. 
Comprende sólo tres capítulos: sín- 
tomas de la decadencia, experiencia y 
observaciones recientes, tentativas 
para retardar su caída y ruina. Vienen 
luego apéndices y notas. Como sobre 
la evolución tendremos ocasión de ha- 
blar detenidamente en uno de nuestros 
artículos, nos creemos dispensados de 
exponer aquí de pasada nuestro pa- 
recer. Sólo diremos que el doctor Tuc- 
cimei es muy conocido por sus nume- 
rosas publicaciones científicas, y es 
escritor que pule y lima mucho los 
conceptos y discursos. 

c) La Fe y las Ciencias Naturales, por 
J. GuiBERT, Superior del Seminario del 
Instituto católico de París. Traducción 
de la tercera edición francesa por José 
PuGÉs. Un volumen en 8." menor de 305 
páginas.— Gustavo Gilí, Barcelona 1909. 
Precio, 3 pesetas. 

Hállanse recogidas en este libro ocho 
lecciones de Apologética, explicadas 
por el autor durante el segundo semes- 
tre de 1907 en el Instituto Católico de 
París. Cada lección tiende á resolver, 
y resuelve cumplidamente, un conflicto 
que los incrédulos creen hallar entre 
la ciencia y la fe. Origen y orden del 
mundo, la evolución, la biología, el 
determinismo, el origen del hombre, 
la Biblia y la ciencia: tales son los 
puntos que Mr. J. Guibert trata con 
claridad, interés y lógica irrefutable. 
La traducción no desmerece del ori- 
ginal, y el tomo está presentado con el 

17 



254 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



gusto estético que caracteriza á la 
casa editorial de G. Gili. La obra, pues, 
resulta muy recomendable á los qne 
se dedican á la Apologética. 

4. Psicología. L'Intellectualisme de Saint 
Thomas. Thése presentée á la Faculté 
des Lettres de TUniversité de París, par 
PiERRE RoussELOT. Un vol. in-8.° de 259 
pages.— París, Alean, Boulevard Saint- 
Germaín, 108. 

El intelectaalismo de Santo Tomás 
es un trabajo de altos vuelos; talentos 
medianos pecarían de audaces si se 
lanzaran á empresas tan difíciles como 
el describir, en la forma en que lo ha 
hecho el autor, el intelectualismo de 
Santo Tomás. Esto, juntamente con el 
análisis y confrontación de textos y 
criterio de interpretación que se reve- 
lan en la obra, dicen mucho en favor 
del autor: in magnis voluisse sat est. 
Pero en este trabajo hay más que vo- 
luisse; hay también realización, pues 
aunque no sea una obra acabada, es 
muy digna de ser presentada aun á las 
personas más cultas del ramo. El fin 
que se ha propuesto es excelente: de- 
mostrar, contra los injustos ataques de 
los adversarios de Santo Tomás y del 
escolasticismo, que el intelectualismo 
del Angélico Doctor no es un intelec- 
tualismo estéril, árido y de puras abs- 
tracciones, sino de vida palpitante, real 
y de fecunda efectividad. Algunos re- 
paros han hecho los críticos á este 
trabajo. Nosotros nos permitiremos 
aconsejar al autor por si tiene que 
hacer otra edición— bien lo merece,— 
que haga una distinción que puede 
servirle de clave, á saber: que el as- 
pecto de intelectualismo que atribuye 
á Santo Tomás, no es aspecto ex- 
clusivo ni aun el característico, si se 
quiere; pero se encuentra real, verda- 
dera y sobradamente en las obras y 
mente del Ángel de las Escuelas. Y ya 
con esto hubiera conseguido igual- 
mente su laudable propósito, y, por 
otra parte, hubiera evitado el que al- 
guna revista le dijera— no sin exage- 
ración — que el intelectualismo que 
atribuye á Santo Tomás, más que de 
éste, es de la concepción sujetiva del 
autor. 

5. Teodicea. Dieu et Science, par J. de la 
Perriére. Dos volúmenes en 8.° menor 



de 344 y 369 páginas. — Libraírie catho- 
lique, Emmanuel Vítte; París, 14, rué de 
l'Abbaye; Lyon, 3, place Bellecour, 1909. 
Príx, 7 fr. 

Estos dos libros contienen nume- 
rosas cuestiones de Ontología, Cosmo- 
logía, Biología, Psicología, Antropo- 
logía, Etnografía, Prehistoria, etc. 
Describir la mentalidad de un hombre 
de fe, su armonía con un hombre de 
ciencia, y cómo ésta acerca al hom- 
bre á Dios: he ahí el noble fin que se 
propone el autor. Trata generalmente 
las cuestiones con maestría, y la obra 
viene á ser útil á los sacerdotes y apo- 
logistas. Es obra que supone mucha 
lectura y cultura en el autor. Pero 
permítasenos decir que algunas veces 
se echa de ver cierta falta de unidad 
y de método, así como también es lás- 
tima que el autor esté poco informado 
de lo que era la «poderosa corpora- 
ción de los jesuítas» en tiempo de su 
extinción. 

6. Ética, a) Die Ethik des heiligen Augu- 
stinus (La Etica de San Agustín), ven 
JosEPH MAUSBACH,Doktor derTheologie 
und Professoran der Westfálischen Wíl- 
helms-Universitat ín Münster. Zwei Bán- 
de, ín 8.° (XXI-442 und Vll-402 bezíe- 
hungsw. S.).— Herder, Freíburg i. Br., 
1909. Precio (de los dos tomos), 15 
marcos. 

San Agustín, así como es el gran 
maestro de la Patrología, así baña con 
la luz, de sus enseñanzas los campos 
de la Ética cristiana, en especial las 
cuestiones fundamentales de la mora- 
lidad y del impulso religioso. El fin del 
autor ha sido exponer los principios 
morales del gran Doctor de Hipona 
para que sirvan de base, de confirma- 
ción y de ,luz á las cuestiones mo- 
dernas de Ética. Está enriquecida la 
obra con muchas citas tomadas de 
obras científicas y oratorias de San 
Agustín, lo que supone un gran trabajo 
en el autor de estos dos tomos. El 
primer tomo, titulado Orden moral y 
sus fundamentos, estudia los principios 
y normas de la moralidad, y el punto 
de vista en que se coloca el Santo res- 
pecto de la vida natural, de la cultura 
y de la ascética. El segundo, apelli- 
dado Facultad moral del hombre y su 
realización, se eleva á las altas cues- 
tiones agustinianas de la gracia, libre 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



255 



albedrío, pecado original, juicio de la 
moral pagana, etc. Lleva al fin dos 
índices, uno de autores y otro de ma- 
terias. Es un trabajo serio y concien- 
zudo que honra al autor. 

b) Las morales independientes y la moral 
evangélica. Ensayo de síntesis cristiana 
por M. J. Brugerette, profesor, licen- 
ciado de Historia y de Filosofía. Tradu- 
cido de la cuarta edición francesa y 
precedido de un prólogo del Conde de 
Rascón. Opúsculo de 78 páginas en 12.*^ 
Madrid, Centro de publicaciones cató- 
licas, librería religiosa, Pontejos, 8. Pre- 
cio, 60 céntimos. 

En este folleto se ofrece al público 
un bonito trabajo acerca de varios as- 
pectos de la moral heterodoxa en pre- 
sencia de la moral evangélica. Con- 
tiene dos partes: en la primera se 
contraponen las morales filosóficas á 
la evangélica, en la segunda se pon- 
dera la antítesis entre la moral evan- 
gélica y la científica. La traducción 
está bien hecha; el prólogo es atinado 
y está saturado de espíritu y unción 
evangélica. 

. Historia de la Filosofía, a) Die Ge- 
schichte der Scliolastischen Methode 
(Historia del método escolástico), nach 
den gedruckten und ungedruckten Que- 
ilen dargestellt, von Dr. Martin Grab- 
MANN, professor der Dogmatik am bi- 
schoflichen Lyzeum zu Eichstátí. Erster 
Band: Die scholastísclie Methode von 
ihren ersten Anfángen in der Váterlitera- 
tur bis zum Beginn des 12 Jahrhun- 
derts. El método escolástico desde sus 
comienzos en laliteratura patrística has- 
ta principios del siglo XII. 353 p. in 8"". 
Herder, Freiburg i. Br., 1909. M. 5,60. 

En cualquiera de los manuales de 
Filosofía escolástica se podrá encon- 
trar brevemente expuesto el método 
escolástico; pero el autor ha querido 
estudiar la cuestión desde el punto de 
vista histórico, punto de vista en cier- 
to modo original. El presente volumen 
es el primero de la serie que el autor 
piensa publicar: en él se estudian los 
fundamentos y curso del método esco- 
lástico desde la época de los Santos 
Padres hasta el comienzo del siglo XII. 
Abarca cinco secciones: Introducción á 
la historia del método escolástico; sus 
comienzos en la patrística; Boecio, el 
primer escolástico; tradición y exten- 



sión del movimiento patrístico y boe- 
ciano en los albores de la Escolástica; 
San Anselmo, padre de la Escolástica. 
Para este hermoso y concienzudo tra- 
bajo el autor ha utilizado los manus- 
critos de algunas universidades nacio- 
nales y extranjeras. 



b) Essai Historique sur les rapports 
entre la pfíilosophie et la foi, de Béren- 
ger de Tours á Saint Thomas d'Aquin, 
par Th. Heitz, docfeur és-lettres. Un 
vol. in-8° de XV-176 pages. Prix, 3 fr. 50. 
Librairie Víctor Lecoffre. J. Gabalda et 
jC*e, rué Bonaparte, 90, Paris. 

El problema de las relaciones entre 
la filosofía y la fe, aunque es de suma 
trascendencia, ha sido tratado y re- 
suelto muchas veces bajo su aspecto 
científico, pero pocas desde el punto 
de vista histórico; á llenar esta laguna 
viene oportunamente el presente vo- 
lumen, y ofrece la ventaja deque con- 
sidera una de las épocas más impor- 
tantes, á saber, la que transcurrió des- 
de Berenguer de Tours hasta el Doctor 
Angélico, ambos inclusive. M. Heitz 
expone las tendencias generales de 
cada autor notable, tales cuales apare- 
cen en los textos originales. Demues- 
tra al mismo tiempo cómo en el fondo 
de las especulaciones teológicas de 
los teólogos del siglo XI y Xll se en- 
cierra el problema de las relaciones 
entre la ciencia y la fe; cómo de etapa 
en etapa se van precisando las nocio- 
nes de «ciencia» y de «fe», apareciendo 
clara y fijamente determinada en el 
siglo XIII la distinción formal de estas 
dos clases de conocimiento Es una 
labor que recibirá merecidos plácemes 
de cuantos se dedican á la Historia de 
la Filosofía. 

8. Filosofía social. La Philosophie sú- 
dale de Renouvier, par Roger Picaro. 
Un vol. in-8" de 344 pages.— Paris, li- 
brairie Marcel Riviére. Prix, 7 fr. 50. 

Sabido es que Renouvier trata de 
rejuvenecer el criticismo de Kant, sien- 
do uno de sus principales representan- 
tes en Francia, y dicho se está que 
el criticismo kantiano no lo podemos 
nosotros admitir. Pero en esta obra 
no se trata del criticismo del filósofo 
de Koenigsberg;se trata de cfar á cono- 
cer la personalidad filosófico-social de 



256 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



Renouvier y la originalidad de su sis- 
tema, sistematizando las ideas espar- 
cidas del filósofo francés, y poniendo 
de relieve la unión del pensamiento 
filosófico de Renouvier con sus ideas 
morales y político-sociales. Es, pues, 
un trabajo histórico más bien que crí- 
tico, y Mr. Picard tiene el cuidado de 
advertir que no mezcla ni une sus 
ideas con las de Renouvier. La labor 
de Mr. Picard es útil para la Historia 
de la Filosofía, se distingue por la cla- 
ridad y se lee con interés. 

E. U. DE E. 



juicio, pericia consumada, de que tan 
gallardas muestras tiene dadas en sus 
libros, persigue en todos los terrenos, 
histórico, económico, filosófico, á los 
más famosos defensores del socialis- 
mo agrario, Emilio de Laveleye y En- 
rique George, belga el primero y nor- 
teamericano el segundo. Siempre aten- 
to á poner al corriente su obra, utiliza 
los más recientes escritos é investiga- 
ciones, dándonos en la parte histórica 
una idea clara y sucinta de las céle- 
bres malandanzas del Dr. McGlynns 
con la Santa Sede. 



Le Chómage, par M. Philippe de Las 
Cases, avocat á la Cour d'appel, docteur 
en droit. 1 vol. in-12. (XVl-191 pages.) 
Prix: 2 fr — ^Librairie Víctor Lecoffre, 
J. Gabalda et C^s rué Bonaparte, 90, 
París. 

Uno de los problemas sociales más 
importantes, y no de los más fáciles, es 
el del paro, como se dice ya entre nos- 
otros. Propúsolo en Francia como 
tema de concurso la Academia de 
Ciencias Morales y Políticas, y M. Phi- 
lippe de Las Cases mereció ver pre- 
miada su obra, la cual publica ahora 
la Biblioteca de Economía Social edi- 
tada por Lecoffre y Gabalda. El lau- 
reado autor, antes de investigar las 
causas y estudiar el remedio, se cer- 
ciora del mal con encuestas hechas 
personalmente en Francia y en las 
otras naciones, señaladamente en Ale- 
mania. Asentada esta sólida base, defi- 
ne el mal, expone sus causas, propone 
ios medios de prevenirlo y de curarlo 
y en nueve capítulos estudia en sus 
variados aspectos el seguro contra el 
paro. Bastan estas someras indicacio- 
nes para que nuestros lectores se ha- 
gan cargo de la importancia y utilidad 
del libro. 



Das Privatgrundeigentum und saine 
Gegner (La propiedad privada del suelo 
y sus adversarios), por el P. Víctor Ca- 
THREiN, S. J. Cuarta edición, enteramen- 
te refundida y aumentada. Un tomo en 
8." de VIII- 162 páginas.— Herder, Fri- 
burgo de Brisgovía, 1909. Encuaderna- 
do, 2 marcos; en rústica, 1,60. 

El P. Cathrein con aquel su conoci- 
miento claro de la materia, solidez de 



Die Frauenfrage (El feminismo), por el 
P. Víctor Cathrein, S. J. Tercera edi- 
ción, revisada y acrecentada. Un tomo 
en 8.° de VIII-240 páginas. En rústica, 
2,40 marcos; encuadernado, 2,90.— Her- 
der, Friburgo de Brisgovia, 1909. 

Suelen algunos con mejor deseo que 
prudencia navegar en el mar alborota- 
do de las cuestiones sociales del día 
sin piloto y sin brújula, con que no 
pocas veces dan al través y naufragan 
desdichadamente. Una de las más agi- 
tadas controversias de nuestros tiem- 
pos, una de las que muchos y, sobre 
todo, muchas resuelven más con el 
corazón que con la cabeza, es la que 
llamamos nosotros feminismo, y los 
alemanes, si es lícito trasladar su ex- 
presión al pie de la letra, la cuestión 
de las muferes (Die frauenfrage). Pues 
quien desee brújula y piloto, es decir, 
normas precisas y seguras lea el exce- 
lente libro del P. Cathrein, que le ins- 
truirá soberanamente y con brevedad 
sobre la mujer en la historia; la mujer 
y la familia; la participación de la mu- 
jer en la vida industrial y económica; 
la formación y ios estudios de la mujer; 
la mujer y la política; la actividad ca- 
ritativa de la mujer; el problema feme- 
nino y el culto de la Madre de Dios. 

N.N. 



Opúsculos de la casa Bloud, de París. 
En 16.° Pertenecen á las diversas seríes 
comenzadas: 

1.^ Historia de las religiones: Notions 
sur les Religions de l'Inde, Le Vedisme 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



257 



Louis DE LA Vallée Poüssin. Dc 128 pá- 
ginas, 1,20 francos. 

Danse las principales nociones y ex- 
plicaciones de la religión de los vedas. 

2.^ Cuestiones históricas: Les Croisades, 
Adrien Fortín. De 62 páginas, 0,60 
francos.— Les Assemblées da Clergé et 
le Protestantisme, L. Boürbon. De 128 
páginas, 1,20 francos. 

Es útil, sobre todo, el segundo 
opúsculo, porque, recorriendo las di- 
versas asambleas del clero en Francia, 
se va notando, sacándolo de los Pro- 
cesos verbales, cuánto hicieron por 
oponerse á la extensión y arraigo del 
protestantismo en Francia. 

3.^ Litúrgica: La Dédicace des Églises, 
Le Pallium, Jules Baudot, bénédictin 
de Farnborough. Cada uno de 64 pági- 
nas, 0,60 francos. 

Con mucha sencillez, pero con sólida 
erudición, encierra el primero la parte 
litúrgica é histórica de la dedicación de 
las iglesias, y el segundo de la insignia 
arzobispal que llamamos el palio. 

4.^ Hagiográfica : Les livres de Saint Pa- 
trice, apotre de l'Irlande, Georoes 
DoTTiN. De 64 páginas, 0,60 francos.— 
Ifioretti, les petites fleurs de la vie da 
petit pauvre de Jesús -Christ, Saint 
Franjáis d'Assise, Arnold Goffin. De 
144 páginas, 1,20 francos. 

En el primer opúsculo se reprodu- 
cen, con su introducción, traducción y 
notas, los diversos escritos atribuidos 
á San Patricio y que dan mucha luz 
sobre su acción apostólica en Irlanda; 
y en el segundo la encantadora narra- 
ción de algunos hechos de la vida de 
San Francisco, que como florea lias es- 
parcen un olor suave y agradable. 

E. P. 

Études de Philosophie et de critique 
religieuse. Art et Apologétique, par 
A.-D. Sertillanges , Professeur á l'Ins- 
titute Catholique de Paris. — Paris, Li- 
brairie Bloud et O^, 7, place Saint -Sul- 
pice, 7; 1909. Reproduction et traduc- 
tion interdites. En 8.° de 334 páginas. 

Hermoso y muy bien escrito aparece 
este libro, que, si no es notable por su 



volumen, lo es por la materia de que 
trata. Arte y Apologética, ó relaciones 
entre estas dos materias, he aquí el 
asunto que desenvuelve el autor de la 
siguiente manera: Excitar el sentimien- 
to religioso, glorificar y comentar los 
hechos religiosos, expresar y predicar 
á su modo los dogmas religiosos, tal 
es el triple objeto que asignamos al 
arte. Convirtiendo estas proposicio- 
nes, afirmamos que en el cristianismo, 
y singularmente en el catolicismo, el 
sentimiento religioso, al modo que en 
él resplandece, los hechos religiosos, 
según allí se descubren, y el dogma re- 
ligioso, conforme aquél lo predica, su- 
ministran al arte su materia más sor- 
prendente y sus más altas inspira- 
ciones. 

Lo más admirable de esta obra nos 
parece la viveza, galanura y esplendor 
con que se realzan los temas que con- 
tiene, demostrando Mr. Sertillanges 
prácticamente y á las claras lo que vale 
el arte cuando diestramente se lo em- 
plea. Conocedor de la Teología, hábil 
dialéctico, erudito en las bellas artes 
y en la historia, amante de Santo To- 
más de Aquino se muestra el esclare- 
cido autor; pero, ante todo y sobre 
todo, artista. Ideas que acaso no sal- 
gan de la esfera de lo vulgar, las re- 
viste con tan bellas figuras y tan mag- 
nífico ropaje de rica fraseología, que 
excitan la admiración y cautivan el 
interés. Tal vez, por sintetizar dema- 
siado, se puedan poner ciertos concep-^ 
tos en tela de juicio; tal vez se podría 
suprimir alguna alusión benévola á 
determinada novela modernista; tal 
vez á los españoles disgustará que 
apenas se haga caso de sus prodigio- 
sos artistas, pero estas son pequeneces 
que no empañan el innegable mérito 
del presente libro. 

A. P. G. 

Gramática de la Lengua griega, compues- 
ta por los profesores del Colegio de 
Nuestra Señora de Veruela, de la Com- 
pañía de Jesús.— Madrid, 1910. Adminis- 
tración de Razón y Fe. Un hermoso 
tomo en 4.° con XV y 394 páginas, 6 pe- 
setas en rústica y 7,50 en pasta. 

Después de someterla á ocho años 
de experiencia, en un colegio donde 
se estudia el griego con ardor y éxito 
pocas veces superado, se han resuelto 



258 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



los Padres profesores de Veruela á dar 
al público su Gramática griega, ador- 
nándola con todos los primores tipo- 
gráficos que se pueden desear y hallar 
en los libros mejor presentados en el 
extranjero. 

La impresión clara, los tipos griegos 
grandes y elegantes, la increible abun- 
dancia de paradigmas, índices y ejem- 
plos (en los cuales vence á todas las 
gramáticas elementales que conoce- 
mos), contribuyen poderosamente á 
hacer este libro en sumo grado prác- 
tico, como lo han pretendido sus au- 
tores. 

Según debe hacerse en los libros 
elementales, si, por una parte, nada se 
ha puesto que no esté conforme con 
los últimos adelantos de la Lingüística 
general y clásica, por otra, se ha evi- 
tado el escollo en que muchos tropie- 
zan ahora, de querer dar razón de todo 
á los principiantes, confundiéndolos y 
aburriéndolos con la multitud de reglas 
y excepciones, ó con teorías sobre su 
alcance, antes de introducirlos en lo 
más esencial y primero, que es el co- 
nocimiento de la lengua que estudian. 

La obra de los profesores verulen- 
ses tiene, por esta causa, en lo exte- 
rior, el aspecto de una gramática á la 
antigua; sin que por eso deje de ser 
modernísima en lo acendrado de la 
doctrina filológica y metódica. Con 
buen acuerdo se ha separado del mé- 
todo, por muchos ahora seguido en el 
estudio de la sintaxis de los casos, no 
aglomerando en sendos capítulos to- 
das las construcciones en que se em- 
plea cada uno de ellos (como lo hacen 
Curtius, Kaegi y muchos otros moder- 
nos), sino agrupando las reglas sobre 
el uso de los casos, en la sintaxis del 
nombre, del verbo, etc., y estudiando 
juntas las construcciones de lugar, 
tiempo, instrumento, etc. La síntesis 
de las diferentes aplicaciones de cada 
uno de los casos gramaticales, puede 
hacerse luego fácilmente, valiéndose 
del índice alfabético. 

Más discutible es la elección, al tra- 
tar del uso de los modos del verbo; en 
el cual los profesores verulenses han 
preferido el antiguo método que se 
fija en las conjunciones, al moderno 
que parte de las relaciones lógicas. 
In dübiis libertas, y aunque hemos pre- 



ferido el otro camino, no tenemos bas- 
tante causa para reprender el ajeno. 

En lo tocante á los dialectos, se li- 
mita esta Gramática, á fuer de elemen- 
tal, al dialecto Homérico y al Pindárico, 
cuyo conocimiento ayudará también 
para leer los trágicos. Como base de 
la Morfología general, se toma el dia- 
lecto ático de Jenofonte, Platón y De- 
móstenes, sin preocuparse por las va- 
riantes del griego alejandrino; pues 
realmente, los alumnos versados en la 
lectura de dichos clásicos, no tendrán 
seria dificultad para leer el Nuevo 
Testamento ó las obras de los Padres 
griegos. 

La Gramática de Veruela es, á nues- 
tro juicio, como libro de texto, la me- 
jor que poseemos actualmente en Es- 
paña, y marca un verdadero progreso 
en el camino de los estudios helénicos, 
tan poco cultivados en nuestra patria, 
á pesar de haberlo sido de Arias Mon- 
tano y del autor de la Políglota Com- 
plutense. 

R. R. A. 

La Foi Catholique, par H. Lesétre, Curé 
de Saint-Etienne du Mont. Troisiéme 
édition.— París, Gabriel Beauchesne et 
O^, Editeurs Ancienne Librairie Del- 
homme et Briguet, rué de Renes, 117; 
1909. Tous drots reserves. Depót a 
Lyon, 3, Avenue de TArchevéché. 
En 8.°, X-497 páginas. Precio, 3,50 fran- 
cos. 

Puede considerarse este libro como 
una pequeña apología, ó mejor, expli- 
cación metódica de algunos capítulos 
de la doctrina cristiana. En los 30 que 
comprende se tocan materias tan im- 
portantes como la revelación, la fe. 
Iglesia, Trinidad, divinidad de Jesu- 
cristo, vida sobrenatural, sacramentos 
y novísimos. El autor las expone, dando 
la doctrina suficiente para que se en- 
tiendan, sin entrar en polémica ni con 
los racionalistas y modernistas que las 
atacan é introducen nuevas teorías, ni 
mucho menos con los católicos que, 
coincidiendo en lo esencial, difieren en 
el modo de explicarlas, según perte- 
nezcan á una ú otra escuela. Brilla esta 
obra por su método, claridad, sencillez 
y naturalidad y por los copiosos testi- 
monios de Concilios y Pontífices en 
que estriban los argumentos. Nos han 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



259 



gustado particularmente algunos pen- 
samientos (páginas 7, 69, 196, 448), 
ciertas comparaciones (86, 105, 256, 
292) y lo.que se dice sobre las Fórmu- 
las de la fe (106). Otras cosas no nos 
han complacido tanto. En ocasiones se 
nos figura que el autor es demasiado 
breve, y de aquí que resulten sus ex- 
plicaciones un poco imperfectas y 
como truncadas. Dos puntos hemos 
hallado expuestos con algo de vague- 
dad. Refiérese el primero á la transmi- 
sión del pecado original (138y 139). No 
vemos bien cómo salva Mr. Lesétre la 
justicia de Dios al hacer que nazcan 
los hombres con el reato de la culpa 
original. El segundo atañe á la ciencia 
de Cristo, que, al decir del autor, se 
limitó al fin y al cabo á las cosas de 
este mundo, que le venían por la ex- 
periencia cotidiana (174): pues Cristo 
no sólo tuvo ciencia experimental, sino 
beatífica y también infusa, de la que ni 
mención se hace. Acaso no sean éstos 
defectos, sino ilusión nuestra. Pero 
tal ilusión ó realidad no ha de impedir 
que reconozcamos la utilidad que sa- 
carán del libro los que con reflexión lo 
lean. 

A. P. G. 



R. P. Alberto M. Weiss. La Ciencia prác- 
tica de la vida; traducción de la décima 
edición alemana por el Dr. Modesto 
Hernández Villaescusa.— Herederos de 
Juan Gili, Barcelona, 1909. Un volumen 
en 4.° de 470 páginas. 

Obra también de índole apologética, 
aunque de mayor extensión en el cua- 
dro de materias que comprende. El 
R. P. Weiss imprime á todas sus obras 
un sello personalísimo: la concepción 
y estilo son una mezcla de serio y jo- 
coso, patético y humorístico, pesimista 
y jovial, que no tiene parecido en nin- 
gún otro escritor. También este libro 
participa de esas cualidades; pero no 



tanto como otras producciones suyas, 
por el giro pecuh'ar que en ésta ha 
dado á su pensamiento. El libro es una 
serie de reflexiones, parte en forma de 
apotegmas, parte de racetillas, sobre 
puntos los más interesantes de con- 
troversia y apolo";ética contemporá- 
nea. El fondo está inspirado en el cri- 
terio más sano, el espíritu más recto 
y el celo más sincero de la gloria de 
Dios y bien de las almas. Todo el libro 
es altamente recomendable; pero entre 
las muchas y muy variadas lecciones 
que merecen especial atención, citare- 
mos el párrafo XVII del cap. XI: en él 
está retratada al vivo la conducta de 
gran número de bautizados que, lla- 
mándose católicos, sólo sirven de es- 
torbo á la marcha y operaciones del 
verdadero ejército católico. 



MoNS. DE Camus. Los Orígenes del Cristia- 
nismo; traducción del Dr. J. B.^ Codina 
Y FoRMOSA. Parti l.^ volúmenes II y III. 
Barcelona, 1909. Dos volúmenes de 477 
y 469 páginas en 4.", respectivamente.— 
Herederos de Juan Gili. Precio, 6 pese- 
tas cada tomo. 

Con los volúmenes II y III da fin la pri- 
mera parte de la gran obra de Mons. Ca- 
mus, que comprende la Viia de Jesu- 
cristo. El tomo II abraza desde la pro- 
mulgación de la Ley Nueva, ó Sermón 
del Monte, hasta la última subida á Je- 
rusalén, y el III desde ésta hasta la 
Ascención. Va agregada una Carta geo- 
gráfica de Palestina, para orientación 
del lector y comprobación del relato 
histórico. Nada hemos de añadir á lo 
ya dicho al anunciar el primer tomo 
sobre el mérito del original y versión 
de esta obra y la oportunidad de su 
publicación. Con muy buen acuerdo, la 
Carta no va fija, sino separada, para 
que el lector pueda cómodamente te- 
nerla siempre á la vista. 

L. M. 



NOTICIAS GENERALES 



Madrid, 20 de Agosto.— 20 de Septiembre de 1909. 

ROMA.— Jubileo Episcopal de Su Santidad. El 16 del próximo 
mes de Noviembre se cumple el quincuagésimo aniversario de la Consa- 
gración episcopal de Pío X. Según // Giornale d' Italia, se preparan 
solemnes fiestas para celebrarlo dignamente, y al Vaticano irá con ese 
motivo una peregrinación francesa que organiza la piadosa asociación 
de Nuestra Señora de la Salvación de París.— Acta Apostolicae Sedis. 
Entre los documentos que publica el último número aparecen una carta 
pontificia elevando á Vicariato apostólico la misión del Kenna en el 
África Oriental inglesa y un decreto de la Sagrada Congregación de 
Ritos concerniente á la introducción de la causa de beatificación y cano- 
nización del siervo de Dios P. Pablo Capelloni, sacerdote profeso de 
la Compañía de Jesús, que nació en Roma el 21 de Febrero de 1776 y 
murió en Ñapóles en 1857.— Congregación de Ritos. Reunióse el 24 
de Agosto esta Sagrada Congregación para deliberar sobre los siguien- 
tes asuntos: la aprobación de los Oficios y Misas del Beato Juan Rasbro- 
kio, Canónigo seglar; la traslación de San Paulino, Obispo de Ñola, 
la Beata Juana de Arco, y bienaventurado Federico de Ratisbona, lego 
profeso de la Orden de la San Agustín; la revisión de los escritos del 
venerable Cosme Carbognano, ó sea Gomislas Keumengian, sacerdote y 
párroco armenio, y la sierva de Dios Luisa de los Ángeles Monteagudo, 
dominica del convento de Santa Catalina de Arequipa. — Fiestas en 
honor de San Anselmo. Del 4 al 8 de Agosto se celebraron en Aosta 
grandes fiestas para solemnizar el octavo centenario de San Anselmo. 
Asistieron todos los Prelados del Piamonte, los Abades benedictinos, el 
Arzobispo de Westminster y el Obispo de Clifton. Inauguróse el Con- 
greso Mariano y se descubrió una estatua en bronce del Santo Doctor, 
colocada en una de las plazas de la población. Su Santidad, por medio 
del Cardenal Merry del Val, contestó al telegrama de adhesión del Epis- 
copado subalpino en estos términos: «Conmovido el Padre Santo por los 
afectos de filial devoción de ese Episcopado, le envía especial bendición 
apostólica, que anhela sea presagio de la celestial y divina.» — Cambio 
de representantes rusos en el Vaticano. En sustitución de Mr. Sa- 
zanow, ministro de Rusia en el Vaticano, que dimitió por causa de salud, 
ha sido nombrado Mr. Boulatrel. A pesar de las noticias que propalan los 
periódicos anticatólicos con siniestra intención, de que se habían resfria- 
do las relaciones entre Rusia y la Santa Sede, es lo cierto que éstas han 
mejorado de un modo notable desde el arreglo interino de la cuestión de 
Wilna, ó sea desde hace un año próximamente.— Instituto Bíblico. 



NOTICIAS GENERALES 261 

Según escriben de Roma, regresó á aquella capital el R. P. Funck, S. J., 
para preparar la inauguración del nuevo Instituto Bíblico. Desea Su San- 
tidad que esta fundación se convierta en un verdadero Instituto interna- 
cional de primer orden. La apertura del Instituto se verificará en los 
grandes locales del Colegio Leonino, en donde quedará interinamente 
establecido. Se asegura que el sitio definitivamente elegido es el antiguo 
palacio del Banco Romano, que la Santa Sede ha adquirido reciente- 
mente y que se encuentra entre la Minerva y corso Vittorio. Tenemos la 
satisfacción de anunciar que uno de los profesores de Sagrada Escritura 
nombrados para ese centro de enseñanza, es nuestro distinguido compa- 
ñero en Razón y Fe P. Lino Murillo, profesor de Escritura del Seminario 
de Madrid, harto conocido de nuestros lectores por sus numerosos artícu- 
los. El nuevo cargo no le impedirá honrar con sus escritos, como hasta 
aquí, las páginas de nuestra revista. — Asociaciones católicas de de- 
porte. En Milán organizó la Asociación católica italiana gimnástica un 
concurso internacional de Gimnasia. Estuvieron representadas 101 socie- 
dades y pasearon las calles de la ciudad 3.000 gimnastas. Con el fin de 
deslustrar el Concurso, la Federación italiana neutra convocó á los suyos 
para otro concurso en Várese; pero su fracaso ha sido manifiesto, pues 
no consiguió que se reunieran arriba de 24 asociaciones y 900 gimnas- 
tas. La medalla de oro que ofreció Su Santidad lleváronla las sociedades 
francesas.— El Papa consolando á los católicos barceloneses. En 
el Boletín Oficial del Obispado de Barcelona se insertó una carta, fecha 
del 12 de 'Agosto, del Emmo. Cardenal Vives y Tudó al limo. Sr. Cortés, 
Obispo titular de Eudoxia, en la que le decía, entre otras cosas:... «Nues- 
tro bondadosísimo Padre y Pastor Supremo Pío X se dignó manifestar- 
me lo mucho que sufre pensando en las tribulaciones de tantos sacerdo- 
tes, religiosos y religiosas perseguidos por turbas desalmadas, y me 
encargó que de su augusto nombre dirigiese palabras de aliento á V. S., 
como Prelado Ordinario de la ciudad y diócesis, que más cruelmente han 
experimentado los horrores de la impiedad cosmopolita, y en la persona 
de V. S. á todos los Prelados diocesanos y Superiores religiosos y á sus 
respectivos subditos perseguidos, añadiendo merecidos elogios para 
las personas que tan generosamente han acogido á los religiosos y reli- 
giosas, y comunicando algunas facultades extraordinarias que Su Santi- 
dad se digna conceder al Ordinario de Barcelona y demás Ordinarios de 
Cataluña, que en tan excepcionales circunstancias las necesitan.» 

I 

ESPAÑA 

Notas de actualidad. — La guerra de Melilla. — £/ avance. 
El 27 comenzó felizmente el avance de nuestras tropas, ocupando sin 
dificultad el zoco de El Arbaa. El 31 obtuvieron los españoles una vic- 



262 NOTICIAS GENERALES 

toria, derrotando en Addara á la harca que allí había acudido para levan- 
tar en armas á las cabilas de Quebdana. Según el parte oficial, la Arti- 
llería hizo grandes estragos en el enemigo, que en su huida fué atacado 
por un escuadrón de caballería. Este triunfo ha producido excelentes 
efectos en el Ejército. Posteriormente se han apoderado los nuestros de 
la posición de Mayen-Mohu-Ibrahim, hacia la alcazaba de Zeluán. El tele- 
grama del general Marina decía así: «Confirmo á V. E. sumisión á España 
de región Quebdana y parte de la Ulad-Settut, hasta inmediaciones 
Zeluán.» Tenemos, pues, una faja de 150 kilómetros de la región del Rif 
sometida á nuestras armas, habitada por cabilas indomables, á causa de 
su vida nómada y de su barbarie y fanatismo.— A^wevos refuerzos. Para 
reforzar el ejército de África y la línea de operaciones hasta el Muluya, 
partió, al mando del general Álvarez Sotomayor, una nueva división 
de 11.000 hombres, compuesta de los regimientos de Infantería del Prín- 
cipe, Cuenca, Guipúzcoa y Burgos, cada uno de 1.600 plazas, de dos 
escuadrones del regimiento de Alfonso XIII, del décimo regimiento mon- 
tado, que maneja cañones Schneider, y de las secciones correspondien- 
tes de Ingenieros, Administración y Sanidad.— Los honderos. Para utili- 
zar la invención, debida al coronel Burguete, de unas balas explosivas, 
poco menores que las de Artillería de montaña, que producen, al estallar, 
estragos en 15 metros á la redonda, el batallón de cazadores de Chi- 
clana ha elegido 40 hombres forzudos, procedentes de las serranías de 
Ronda y cordilleras de Toledo y Extremadura, que las dispararán con 
hondas de cáñamo retorcido. Á cada compañía se han destinado 10 hon- 
deros, y á cada hondero se han entregado 50 balas. — Donativos y soco- 
rros. De todas partes se reciben donativos y socorros para el sosteni- 
miento de la guerra y alivio de nuestros soldados. Por no citar más que 
algunos, diremos que el Duque de Tovar entregó al Ministro de la Gue- 
rra 80.000 pesetas; el Marqués de Riera entrega mensualmente 1.000 pese- 
tas; la colonia española de la Habana ha recaudado 50.000 pesetas; la 
Junta patriótica española de Méjico, 15.000; los españoles del Río de la 
Plata, 10.000; la suscripción de la Junta central asciende á unas 600.000 
pesetas; las Hermanas de la Caridad de Santa Ana han ofrecido al 
Gobierno una sala con 10 camas para los heridos, corriendo á su cuenta 
la asistencia y manutención: igual ofrecimiento han hecho, para mayor 
número de heridos, los jesuítas de Málaga, etc., etc.— Los sucesos de 
Barcelona. — Prisión de Ferrer. En Alella una pareja del somatén se 
apoderó el 1.° del revolucionario Francisco Ferrer, reclamado por la 
autoridad militar con motivo de los infaustos sucesos de Barcelona. 
Según el Fiscal del Supremo, el alma de las algaradas y desmanes de la 
Ciudad Condal, encaminados contra el Gobierno constituido y orden 
social, fué el amigo y compañero de Morral. En su finca de Mas Germi- 
nal se han encontrado varios documentos, entre ellos una circular, cuyo 
resumen hace así A B C: «Expulsión de las Órdenes religiosas. Disolu- 



NOTICIAS GENERALES 263 

ción de la Magistratura, Ejército y Marina. Derribo de las iglesias y con- 
fiscación de los Bancos y bienes de los hombres públicos.» AI final de 
este escrito hay unas líneas de Ferrer, que dicen: «Adjunta una receta 
para fabricar panclastita. » En otra proclama que han publicado los 
periódicos afirma el feroz anarquista que desea encontrar 300 hombres 
«dispuestos á jugarse la cabeza», para poder decapitar á la familia real 
y sus ministros, ó hacer que se hundan los edificios que los cobijan, pro- 
moviendo de esta suerte la revolución. — Amigos de Ferrer. Extranje- 
ros. En Francia, Inglaterra é Italia se está haciendo una verdadera cam- 
paña antiespañola, trabajando por desprestigiar á nuestra justicia, que, 
no en uso de su derecho, sino en cumplimiento del deber, pretende escla- 
recer los hechos para castigar á los criminales de Barcelona. En París 
se ha constituido una Comisión para protestar contra la conducta 
seguida por el Gobierno español en la capital del Principado. Espa- 
ñoles. Lerroux se adhirió á un mitin de anarquistas celebrado en defensa 
de Ferrer, y entre los papeles de éste se encontró una carta de aquél, en 
que se decía: «Busquemos al pueblo, y digámosle: viven del Estado el 
rico, el cura, el soldado y el juez, que te roban las dos terceras partes de 
un producto que es tuyo. Lucharemos hasta conseguir que los hombres 
no necesiten leyes ni Gobiernos, ni Dios ni amo.» El lugarteniente de 
Lerroux, el senador por Guadalajara Sr. Sol y Ortega, ha sido acu- 
sado, según El Imparcial, por uno de los Juzgados de Barcelona de 
haber tomado parte en la sedición é inducido al incendio de templos y 
casas religiosas. Giner de los Ríos, el diputado lerrouxista, conferencia 
con los prohombres liberales, y ha conseguido que todos, al decir de un 
periódico, desde D. Pío Gullón hasta Lerroux, clamen contra las perse- 
cuciones horrendas de que son blanco los pobres incendiarios de los 
conventos y asesinos de los religiosos y sacerdotes. En tan noble tarea 
no podía faltar la ayuda desinteresada de los periódicos del trust, en 
cuyas acciones parece, si se ha de creer á El Mundo, que tiene parte 
Ferrer.— Medidas acertadas. El Gobernador civil de Barcelona ha man- 
dado cerrar más de 120 escuelas y centros radicales y ácratas. Los 
detenidos hasta el 24 de Agosto eran 990. Sesenta jueces militares instru- 
yen procesos en Barcelona, que se elevan á unos 1.000, y á algunos más 
los de la provincia. En Valencia ha sido también cerrada la Escuela ra- 
cionalista y desterrado su director, en cuyo poder se hallaron nnmerosas 
hojas contra la Religión y la Patria: igu^l suerte les ha cabido á las 
escuelas laicas de Vizcaya. — Protestas contra los atentados de 
Barcelona. Multitud de Prelados, como los de las provincias eclesiás- 
ticas de Zaragoza, Burgos, Granada, Tarragona, Sevilla, etc., no pocas 
corporaciones seglares é infinidad de particulares han protestado ante 
el Gobierno y la nación contra los salvajes atropellos de Barcelona. 
Últimamente, á instancia de una señora de la aristocracia, se ha promo- 
vido una protesta que irá suscrita por millares de firmas: para eso se 



264 NOTICIAS GENERALES 

ha nombrado una Comisión encargada de recoger adhesiones, y se han 
repartido por toda España 30.000 circulares y otros tantos pliegos.— 
Política periodística. El lunes 13 se reunieron los representantes 
de 13 periódicos madrileños para protestar contra la aplicación de la 
censura que ejerce el Gobierno. Nombróse una Comisión, que fué á 
exponer sus quejas á S. M. el Rey, y enviáronse por diversos puntos 
varios periodistas para atraer á su partido y miras interesadas á los 
periódicos de provincias. El Sr. La Cierva remitió á los gobernadores 
un telegrama, en que manifiesta que las declaraciones hechas en la corte 
por diversos directores de periódicos, protestando contra las restriccio- 
nes que se suponen establecidas en daño de la prensa, son apasionadas 
é injustas. 

Disposiciones y reales órdenes.— En la Gaceta de 29 de Agosto 
se publica una real orden de Guerra disponiendo se celebren exequias 
y sufragios por las clases é individuos de tropa que fallezcan en activo. 
Otra del mismo Ministerio, de 1.° de Septiembre, autorizando á los re- 
clutas para comer y dormir en sus casas. En la del 29 de Agosto un 
real decreto de Hacienda acerca del timbre y libros de contabilidad; en 
la del 10 de Septiembre otro de Gobernación sobre elecciones de dipu- 
tados. En el Diario del Ministerio de la Guerra del 31 de Agosto vio la 
luz una disposición concediendo á las familias de los militares muertos 
en acción de guerra, á partir del 9 de Julio, ó fallecidos á consecuencia 
de heridas, una pensión que se regulará por el empleo que tenía 
cada uno. 

Fomentos matQrialQs.— Asamblea de Diputaciones provinciales, 
Én Santander se reunió el 30 el Congreso de las Diputaciones provin- 
ciales, bajo la presidencia de D. Críspulo Ordóñez, presidente de la Di- 
putación de Santander. Su primer acuerdo fué felicitar á cuantos luchan 
á la sombra de nuestra gloriosa bandera en las inhospitalarias costas 
africanas, y protestar contra los desmanes de Barcelona. La quinta y 
última sesión se tuvo el día 5, determinándose que la próxima asamblea, 
ó sea la cuarta, se verifique en Valladolid. — Escuela Superior del Ma- 
gisterio. Se celebró el día 1.° la inauguración de la Escuela Superior del 
Magisterio, asistiendo el Ministro, Subsecretario y Jefe de sección del 
Ministerio de Instrucción. Pronunció un discurso el Sr. Rodríguez San 
Pedro enalteciendo la importancia de la nueva Escuela, cuyo fin no es 
otro, dice, que formar buenos maestros y buenos ciudadanos.— Gra/2 Via 
de Madrid. La Gaceta del 2 de Septiembre publicó el anuncio de su- 
basta de la Gran Vía y el pliego de condiciones facultativas para la 
ejecución de las obras. El concurso terminará el 12 de Noviembre 
próximo,— Congreso esperantista internacional T>t\ ^ al 11 se celebró 
en Barcelona, bajo la presidencia de Dr. Zamenhof, un Congreso interna- 
cional del esperanto. Asistieron 1.400 congresistas, que representaron á 
33 naciones. Quedó aprobada la proposición creando el Consejo ínter- 



NOTICIAS GENERALES 265 

nacional para ayudar pecuniariamente á las corporaciones denominadas 
Komitato y Komitata Kongresa Komitata. El próximo Congreso se tendrá 
en Washington y el siguiente en Amber es.— Museo Sarasate. En la finca 
que poseía en Biarritz el artista español Sarasate se verificó la inaugu- 
ración del Museo Sarasate, hacia mediados de Septiembre. Concurrió 
selecto y numeroso público, se pronunciaron varios discursos, y en el 
concierto que se tuvo tomaron parte la pianista Berta Marx, el violon- 
cellista Hekking y nuestros compatriotas Bordas y Arbós. — Juegos flo- 
rales en Salamanca. El 15 se verificaron en el patio del Colegio de Irlan- 
deses de Salamanca, hermosamente decorado, los Juegos florales, á los 
que asistió, en representación de la reina D/ Victoria, la infanta D/ Isabel. 
Sentáronse á su derecha el Cardenal Primado de Irlanda Monseñor 
Logue, los Prelados irlandeses de Cloyne y Dromore, el de Salamanca 
y Plasencia, y á su izquierda las autoridades civiles y militares. Pro- 
nunció el discurso, en sustitución del Sr. Moret, designado como mante- 
nedor, el senador liberal Sr. López Muñoz. También habló el poeta por- 
tugués Eugenio de Castro, y leyeron los poetas laureados Rueda y Ro- 
mano sus poesías premiadas. La función resultó solemne y esplén- 
dida. 

Noticias religiosas. — Patriótica Pastoral. Lo es la que ha publi- 
cado el Sr. Obispo de Sión saludando á los soldados que combaten va- 
lerosamente en las asperezas del Rif. El ilustre Prelado, al propio tiempo 
que patentiza su amor al Ejército y su esperanza en la victoria, promete 
que todos los viernes aplicará la Misa por el eterno descanco de los que 
mueren en la guerra.— ¿a Cruz de Tierra Santa en Covadonga. El día 5 
se colocó en el santuario de Covadonga la Cruz que llevaron los pere- 
grinos á Tierra Santa. De todas partes acudieron gentes á la fiesta, 
yendo sólo de Oviedo más de 400 personas. Realzaron las solemnidades 
con su presencia los Prelados de Oviedo, Valencia y el P. Nozaleda, y 
el ilustre Magistral de Covadonga pronunció una elocuentísima plática.— 
Peregrinaciones españolas á Lourdes. El 17 salió de Tudela y Pamplona 
la segunda peregrinación navarra á Lourdes. Presidíanla los Prelados de 
Pamplona y Tarazona. De Barcelona saldrá el 20 la que todos los años, 
desde hace treinta, se veriñca. Sin duda, que, por razón de las circunstan- 
cias, ha de verse muy concurrida. — Plausible idea. Algunas señoras de 
Barcelona, contristadas y heridas en sus religiosos sentimientos por la sa- 
crilega destrucción de tantos templos incendiados, han propuesto la idea 
de una Liga femenina española de reparación de los ultrajes inferidos al 
Corazón de Jesús, cuyo objeto inmediato sería recaudar fondos para la 
reconstrucción de las iglesias. Con esta ocasión hase indicado el pensa- 
miento de ediñcar en el Tibidabo, dominando sobre Barcelona, el Tem- 
plo Expiatorio al Sagrado Corazón, á la manera que la Francia penitente 
edificó en París el de Montmartre. Nuestra humilde opinión es que lo 
más urgente en Barcelona parece la reedificación de los templos parro- 



266 NOTICIAS GENERALES 

guíales, á fin de que el pueblo no abandone sus prácticas religiosas, con 
lo que fácilmente vendría á perder la fe. 



EXTRANJERO 

AMÉRICA. — Méjico. Terribles inundaciones han asolado las re- 
giones septentrionales de la república. Un telegrama de Monterrey par- 
ticipa que el número de víctimas es, poco más ó menos, de lO.COO. Mu- 
chos lugares han sido devastados, y millares de buitres se ciernen en los 
alrededores para cebarse en los cadáveres insepultos. Las personas que 
se salvaron de la catástrofe, ó se mueren de hambre ó se ven forzadas á 
aumentarse de hojas y raíces de árboles. Toda la cosecha ha quedado 
destruida y las pérdidas materiales son enormes; algunos las calculan en 
75 millones de pesos. 

Perú-Bolivia.— Terminó la tirantez de relaciones entre Perú y Boli- 
via, causa de no escasas inquietudes en las dos repúblicas y en la Ar- 
gentina durante los últimos meses. Telegrafían de La Paz que el 17 se 
firmó el protocolo bolivio -peruano, en que se zanjan todas las cuestio- 
nes pendientes entre los dos países firmantes, y, por tanto, la concer- 
niente á las fronteras, que dio margen á la sentencia arbitral del Sr. Fi- 
gueroa Alcorta, Presidente de Buenos Aires. 

Chile.— Según telegramas recibidos el 14 en Londres, el nuevo Go- 
bierno chileno quedó constituido en la forma siguiente: Interior, D. Ismael 
Tournal; Negocios Extranjeros, D. Agustín Edwards; Justicia é Instruc- 
ción, D. Emiliano Figueroa; Hacienda, D. Manuel Salinas; Guerra y Ma- 
rina, D. Aníbal Rodríguez, y Obras públicas, D. Eduardo Delano. 

Buenos Aires.— Importantes leyes ha votado la Cámara de los 
diputados de esta república. Una de ellas concierne á los trabajos de 
regadío que se ejecutarán con el producto de la venta del ferrocarril 
andino y la emisión de 25 millones de pesos oro en títulos del 5 por 100. 
Otra autoriza la emisión de 18 millones de pesos papel al 5 por 100 para 
los gastos que ocasionarán la traída de aguas potables y el alcantari- 
llado de Buenos Aires. Una tercera concédela construcción de un puerto 
en Mar de la Plata, cuyo coste se hace subir á 12 millones y, por fin, 
aprobó el Parlamento el proyecto autorizando la unión de los ferroca- 
rriles argentino y paraguayo. 

Estados Unidos.— Dos norteamericanos se disputan la gloria de 
haber llegado al polo Norte. El 21 de Abril de 1908, según los perió- 
dicos, logró el Dr. Cook colocar allí el pabellón de Norte América. 
Cuando más entusiasmados estaban los sabios con la noticia y el famoso 
explorador recibía distinguidos honores del Gobierno danés y felicita- 
ciones de todas partes, recibióse un radiograma del comandante 



NOTICIAS GENERALES 267 

Peary, que decía: «Bandera norteamericana plantada en polo Norte. - 
Firmado, Comandante Peary.» De aquí se originó recia contienda entre 
los dos viajeros, procurando cada cual desacreditar á su adversario y 
patentizar su triunfo. Los científicos también se han dividido, favore- 
ciendo unos á Cook, otros á Peary y no pocos burlándose de las afirma- 
ciones de entrambos. Mr. Taff quiere que el pleito se someta á un 
tribunal de hombres competentes, y que su fallo se acepte en el mundo 
sabio. 

EUROPA.— Francia. No hace mucho declaró el Ministro de Ha- 
cienda que al presupuesto de 1910 le faltan 200 millones de ingre- 
sos. Para obtenerlos ha creado nuevos impuestos sobre los artículos 
de lujo y los capitalistas. Los tabacos, alcoholes, que no son artículos de 
primera necesidad, y el total de las herencias, resultan cargados con ma- 
yores gravámenes que hasta aquí. El proyecto provocará protestas, y 
son muchos los diputados que censuran esas medidas.— La situación del 
Gabinete presidido por Briand no parece firme, pues tropieza con no 
cortas dificultades en la política y administración. — El 29 falleció en 
París en la paz del Señor, á los setenta años de edad, el famoso escritor 
y polemista P. Du Lac, de la Compañía de Jesús. 

Inglaterra.— El Gobierno liberal que preside Mr. Asquith se en- 
cuentra en no flojo aprieto. Necesítanse 400 millones de pesetas para 
atender á los gastos de la defensa nacional; pero, ¿de dónde se sacan? El 
Ministro de Hacienda pretende gravar los grandes capitales: la Cámara 
de los lores, formada de capitalistas, rechaza esa imposición. No se ve, 
pues, otro remedio que disolver el Parlamento y convocar á nuevas elec- 
ciones, en las que se tendría que decidir la cuestión de los poderes del 
Senado, que tantos disgustos produce á los Gobiernos; lo que signifi- 
caría un trastorno constitucional en la nación. Los conservadores se 
oponen también á los proyectos del Gobierno y abogan por un protec- 
cionismo aduanero, que, á su juicio, permitiría reforzar los ingresos. 

Alemania.— Grande es el entusiasmo que ha despertado en Ale- 
mania el globo dirigible Zappelin, modelo III, en su viaje desde Friedris- 
chshafen á Berlín. La llegada á esta capital estaba señalada para el 28 
de Agosto; pero por el mal tiempo y haber sufrido varias rupturas la 
hélice propulsora, no pudo llegar sino el 29 por la mañana. Siendo el 
tiempo favorable, vuela con la velocidad de un tren. El número de los 
que presenciaron el espectáculo puede inferirse de las siguientes no- 
ticias: En los registros de los hoteles y fondas de Berlín constó medio 
millón de huéspedes; los tranvías eléctricos llevaron en los días del sá- 
bado y domingo 1.450.000 y 1.650.000 viajeros, respectivamente: los di- 
ferentes ómnibus fueron utilizados por 780.000 personas. Todos los te- 
jados, por poco que se prestasen para ello, se vieron llenos de curiosos 
y en las calles principales hubo ya á las ocho de la mañana tal concu- 
rrencia que apenas podía transitarse. 



268 NOTICIAS GENERALES 

Austria -Hungría. — El Congreso internacional de Medicina se 
inauguró en Budapest el 2 de Septiembre, con una alocución del archi- 
duque José y un discurso del conde Apponi, ministro de Instrucción 
pública de Hungría. Más de 4.500 médicos, pertenecientes á todas las 
naciones, se reunieron en la capital húngara. Se distribuyó el Congreso 
en 21 secciones, cada una con su presidencia y vicepresidencia. Llamaron 
la atención los informes del Dr. Guido Baccelli, sobre la introducción de 
los medicamentos en las arterias; del profesor de Viena Franz, acerca de 
la tuberculosis entre los jóvenes militares; del profesor de Londres 
Rosfhord, en orden al cáncer, y del Dr. Kanflaman, de Roma, referente 
al diagnóstico del cólera. 

ÁFRICA. —Marruecos. El 25 de Agosto cayó en manos de las 
tropas imperiales el célebre Bu Hamara, ó sea el Roghi, que por varios 
años ha mantenido viva la insurrección en el imperio de Marruecos. 
Encerrado en una jaula de hierro, colocada en un camello, le introduje- 
ron los imperiales en Fez para que pudiera burlarse de él á su sabor el 
populacho; después fué recluido en el palacio del Sultán. Terribles han 
sido las crueldades que cometió el Sultán con los partidarios del Roghi,. 
hasta el punto de que han tenido que intervenir las potencias para ha- 
cerle entrar en razón. Muley Hafid se disculpó como pudo y prometió 
moderarse. Con todo, se corre que el mismo día de la representación de 
las naciones al Sultán, fué ejecutado el Roghi, sin que á ciencia cierta 
se sepa el género de muerte que le dieron. 

OCEANÍA.— Islas Filipinas. Nuestra correspondencia. Manila^ 
6 de Agosto de 1909. 

Ha vuelto á aparecer el cólera en provincias, aunque no en proporciones alarman- 
tes. Según los informes dados, la causa del recrudecimiento del mal es la mala alimen- 
tación de las clases trabajadoras por la suma miseria que padecen. En prueba de ello, 
se ha dado el caso de proveer á los pobres de una localidad afligida por la epidemia 
de arroz en abundancia, y mejorar repentinamente el estado sanitario de la misma.— El 
Gobernador general interino ha recorrido varias islas del archipiélago, con objeto de 
enterarse por sí mismo de las necesidades del país. En todas partes ha sido bien reci- 
bido, y en Zamboanga, capital de la provincia mora, sujeta á un Gobierno militar, le 
han pedido con mucha instancia les concedan el régimen civil. Con la pacificación de 
los sublevados en Dávao y con la muerte del pirata Yakari y siete de sus partidarios 
en un combate, en el que tuvieron las tropas del Gobierno tres muertos y unos veinte 
heridos, se ha restablecido la calma en Mindanao é islas cercanas.— La nota más sa- 
liente de este periodo ha sido la celebración del día español. Los naturales han rivali- 
zado en entusiasmo con los mismos españoles, y los americanos han presenciado la 
fiesta con muestras de aprobación. En Manila fué notable la fiesta religiosa, en la que 
pronunció un sermón entusiasta y elocuente el R. P. Fr. Francisco García, O. P. En la 
recepción celebrada en el Casino Español lució sus galas oratorias y su amor á España 
el insigne periodista D. Manuel Rávago, y se leyó una poesía de D. Jesús Bahnori, en 
donde hay conceptos hermosísimos para nuestra madre patria. Las noticias que se 
reciben de provincias respecto del día español no pueden ser más gratas y consolado- 
ras. Para obsequiar al Sr. Rávago por su discurso del día español se ha celebrado un 
banquete, al que han asistido, S2gún el diario español El Mercantil, unos doscientos 



VARIEDADES 269 

comensales, filipinos en su mayoría, figurando entre ellos diputados y otras personas 
de representación en el país. 

ASIA.— China. De nuestro corresponsal en aquel imperio. Zi- 
kawei, 11 de Agosto de 1909. 

1. El famoso empréstito chino de capitales alemanes, ingleses, franceses para la 
construcción de la vía férrea de Cantón á Han K'eou y de aquí á Se-tch'oen no acaba 
de realizarse, porque los americanos y rusos quieren tener su parte en él. Por otro lado, 
los personajes más distinguidos de las provincias son contrarios al empréstito, pues 
desean que no se empleen sino capitales chinos.— 2. Meses y meses han estado nego- 
ciando los japoneses con la China para que la vía estrecha que construyeron en Ngan- 
tong y Muckden durante la guerra, se convirtiese en ancha y ordinaria, por ser impor- 
tante bajo el punto de vista estratégico y comercial. Los chinos ponían mil obstáculos 
á la terminación del asunto, y el Japón, al fin, sin consentimiento de la China, comenzó 
los trabajos. Al instante el Gobierno chino ordenó á sus delegados que reanudasen 
las negociaciones, mostrándose conciliadores. Se espera que los nipones las acepten, 
pero... sin interrumpir los trabajos. El golpe al prestigio chino es duro, mas habrá que 
devorarlo sin abrir la boca. Buen ejemplo para otras naciones.— 3. Por decreto de 1 1 de 
Julio es declarado el Emperador generalísimo de las tropas de mar y tierra, y se ordena 
la formación de un Consejo de Estado Mayor para tratar de asuntos miUtares; y en la 
previsión de que el Emperador no pudiera ponerse al frente del ejército, se le sustituye 
por el Príncipe Regente.— 4. Sigue adelante el proyecto de una Universidad inglesa en 
Hong-Kong para los chinos. Como muestra de aprobación del proyecto el Wai-ou-pou 
(Ministro de Negocios Extranjeros) ha prometido la suma de 10.000 táels. La suscrip- 
ción alcanza hasta la fecha un millón de dollars. Á propósito de estudios: hay 5.000 es- 
tudiantes chinos en el Japón: á la mitad de ellos les pagan los estudios las provincias 
á que pertenecen. 

A. Pérez Goyena. 



VARIEDADES 



Protestas contra los sucesos de Barcelona. — Son ya mu- 
chas, como arriba se indicó (1), las que se han elevado á los poderes 
públicos. Entre todas nos ha parecido trasladar aquí la del limo. Sr. Vi- 
cario Capitular de Barcelona, ya por ser la primera que, según enten- 
demos, publicó la autoridad eclesiástica, ya porque en ella se expresan 
las ideas que de un modo ó de otro se han reproducido en otras pos- 
teriores: 

Protesta elevada por el limo. Sr, Vicario Capitular al 
Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros.- Excmo. Sr.: La 
extraordinaria gravedad de los tristes acontecimientos ocurridos durante 
la semana próxima pasada en esta ciudad y diócesis de Barcelona, me 



(1) «Noticias generales», págs. 260, 262, y el primer artículo, pág. 141. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXV 18 



270 VARIEDADES 

impone el penoso deber de llamar la atención de V. E. sobre los ultrajes 
y violencias de que ha sido víctima la Religión del Estado, y los daños 
morales y materiales sufridos en consecuencia por las personas y bienes 
religiosos. 

La huelga general iniciada en nuestra ciudad el 26 de Julio, con el 
villano y antipatriótico pretexto de protestar contra la campaña de Ma- 
rruecos, tomó desde sus comienzos el carácter anárquico y preferente- 
mente antirreligioso, que desde mucho tiempo venía preparándose en 
mítines y reuniones y en insolentes artículos de la prensa populachera, 
empeñada en negar á los católicos, no solamente los derechos que les 
reconocen las leyes civiles y concordadas, sino aun los respetos que por 
los sentimientos más rudimentarios de humanidad se imponen á los 
pueblos menos civilizados. 

Estas constantes excitaciones á la persecución contra las personas 
religiosas y al incendio y saqueo de sus propiedades y de sus bienes 
hallaron ocasión favorable de traducirse en actos de horrible vanda- 
lismo, merced al desenfreno de las turbas que con el indicado pretexto 
se lanzaron al motín. Como consecuencia de esa indescriptible perturba- 
ción, que sumió á los pacíficos barceloneses bajo el imperio del terror y 
el triunfo de la anarquía del 27 al 30 de Julio último, han sido incendia- 
das doce iglesias parroquiales, algunas de ellas totalmente destruidas, 
profanadas por modo horripilante sus imágenes, saqueados todos sus 
bienes, quemados varios archivos, con daño incalculable de la sociedad 
y de las familias, sin que pudieran librarse de la general devastación 
preciosas joyas del culto y arte cristiano, como la iglesia de San Pablo 
del Campo, elevada á la categoría de monumento nacional. La misma 
suerte ha cabido á otras treinta iglesias y casas religiosas, que han que- 
dado total ó parcialmente derruidas, y entre las cuales se contaban 
grandes establecimientos de instrucción y beneficencia, patronatos cató- 
licos de obreros y otras importantísimas instituciones de acción social. 

Muchas comunidades religiosas, especialmente de mujeres, han que- 
dado sin otro albergue que el que les ha proporcionado la caridad de 
algunos particulares; abandonados están sus educandos, dispersos sus 
pupilos, errantes sus huérfanos y asilados de uno y otro sexo... 

¡Los cementerios particulares de las comunidades de clausura han 
sido teatro de las más repugnantes profanaciones; y la ciudad de Barce- 
lona hubo de presenciar con horror el bárbaro y sacrilego espectáculo 
de ser paseados por sus calles y plazas, hasta las mismas Casas Consis- 
toriales, los cadáveres despojados y los esqueletos mutilados de las que 
fueron vírgenes consagradas al Señor, en cuyos restos se cebó el impío 
furor y la obscenidad del populacho! 

Y lo más grave, Excmo. Sr., es que buena parte de esos monstruosos 
crímenes fueron perpetrados en presencia de los agentes de la autoridad, 
que en muchos puntos por espacio de dos días contemplaron impasibles 



VARIEDADES 271 

esas vandálicas escenas de incendio y de pillaje. Sólo la Guarcia civil 
resistió con valor y tenacidad dignos de todo elogio desde los primeros 
instantes; pero ¿qué representaba el número relativamente escaso de sus 
individuos ante las colosales proporciones que tomó en un día el movi- 
miento revolucionario? 

Verdad es que las urgentes atenciones de la guerra de África habían 
distraído gran parte de las fuerzas que componían la guarnición de esta 
plaza; verdad es que las restantes fueron repetidas veces solicitadas por 
los halagos y cantos de sirena de las turbas amotinadas; pero aun reco- 
nociendo estas circunstancias como atenuantes (y sea dicho sin ánimo 
de concretar la responsabilidad en persona alguna determinada), el he- 
cho es que los intereses sagrados de la Religión católica que el Estado 
debe amparar por todos los medios, así represivos como preventivos, 
quedaron impunemente, durante dos días cuando menos, á merced de los 
enemigos de la Iglesia, de la Patria y de la Monarquía. 

Ante la gravedad de los ultrajes y perjuicios sufridos por esta dió- 
cesis, no puedo eludir el imperioso deber de elevar á la consideración 
de V. E. la más respetuosa pero enérgica protesta contra actos tan inca- 
lificables de salvajismo, que merecen ponerse en parangón con los sacri- 
legos desmanes de 1835, de tan trágicos y vergonzosos recuerdos en la 
historia de nuestra Patria. Es necesario de toda urgencia, Excmo. Sr., que 
sea contenido en sus propias fuentes ese torrente devastador del anar- 
quismo, antirreligioso y antisocial, que está asolando nuestra ciudad en 
todos los órdenes de su vida; es necesario que descargué todo el rigor de 
la ley penal contra esos padres del crimen que desde las columnas del 
periódico están provocando sin cesar y directamente á las masas al in- 
cendio, al pillaje y al asesinato; es necesario proceder con toda energía 
á disolver esas sociedades secretas y á impedir la celebración de esos 
mítines públicos donde se fraguan las grandes conspiraciones contra el 
orden social y de donde salen en un momento millares y millares de des- 
almados para lanzarse sin freno á la perpetración de los crímenes más 
horrendos. Excmo. Sr.: á grandes males grandes remedios; y los males que 
están afligiendo á nuestra ciudad son de lo más grave que haya podido 
sufrir cualquiera de las capitales españolas en el decurso de varios siglos. 

Sin perjuicio de incoar, como serán incoados á la mayor brevedad, 
los oportunos expedientes para la reparación ó nueva construcción de 
los edificios eclesiásticos perjudicados, á tenor del real decreto de 13 de 
Agosto de 1876 y en virtud de lo establecido en el art.36 del vigente Con- 
cordato y en el 13 del Convenio adicional de 1859, me permito adelantar 
una consideración que no dudo será apreciada por el Gobierno de Su Ma- 
jestad en todo su alcance. Doce iglesias parroquiales, de Patronato de 
la Corona, absolutamente indispensables para el servicio de sus 281.000 
feligreses, y varios establecimientos de beneficencia y de enseñanza 
gratuita para millares de desvalidos ó hijos de familias obreras, des- 



272 VARIEDADES 

truídas en cuatro días por haberles faltado en el momento crítico la pro- 
tección que tenían derecho á esperar del Gobierno, preocupado en ver- 
dad en aquel instante por otras atenciones de carácter nacional, bien 
merecen, Excmo. Sr., que se considere la catástrofe de Barcelona como 
otra desgracia de la Nación, y que los presupuestos nacionales contribu- 
yan á reparar el daño material experimentado, siquiera queden sin posi- 
ble reparación tantos otros intereses de orden más alto. No dudo que el 
Gobierno de Su Majestad sabrá apreciar esta reclamación por tantos 
títulos justificada, echando así un velo sobre la triste memoria de esas 
escenas de destrucción que han cubierto de ignominia á Barcelona, á Ca- 
taluña y á España entera. Dios guarde á V. E. muchos años. Barce- 
lona, 6 de Agosto de 1909.— Excmo. Sr.: El Vicario Capitular, S. V., 
f Ricardo, Obispo de Eudoxia. 

Real orden de la Presidencia al limo. Prelado diocesano. — 
Presidencia del Consejo de Ministros.— limo. Sr.: Al execrar V. S. I., en 
su escrito del 6 del corriente, los crímenes perpetrados en Barcelona 
durante los últimos días de Julio, coincide con la protesta indignada de 
España entera. 

Cánsale además al Gobierno dolor vivísimo que no se lograse impe- 
dirlos, y con toda decisión ha puesto y pondrá cuantos medios dependen 
de su mano para que en justicia sean castigados los culpables, y no su- 
fran nuevo quebranto la seguridad y la tranquilidad públicas. 

En estos empeños deben secundarle cuantos no tengan contaminados 
el ánimo ó la voluntad; urgiendo ahora, por no mirar atrás, que hallen 
los Tribunales el concurso social indispensable para sus indagaciones y 
para sus reparadores veredictos. 

Atiende y atenderá el Gobierno á combatir con la eñcacia mayor po- 
sible las causas originarias del mal; mas no puede imponer al Estado la 
reparación material de los daños y estragos que llegaron á causar los 
delincuentes, según conocerá el claro juicio de V. S. I. 

Otra cosa es, y muy conforme con sus deseos, que dentro los ex- 
pedientes que se sirve anunciar, sean tenidas en consideración las ex- 
cepcionales circunstancias al aplicar cuanto remedio consientan las 
disposiciones vigentes y los recursos destinados á necesidades seme- 
jantes. 

De Real orden lo digo á V. S. I. para su conocimiento y efectos con- 
siguientes. Dios guarde á V. S. I. muchos años. Madrid, 12 de Agosto 
de 1909.— A. Maura.— Sr. Obispo de Barcelona. 

Instituto Católico de Artes é Industrias, dirigido por Padres de 
la Compañía de jesús (Madrid, Alberto Aguilera, 25).— Para responder 
á las muchas preguntas que continuamente se hacen acerca de este Ins- 
tituto, único en su género que tiene la Compañía de Jesús en España, y 
para darlo á conocer á quienes pudiera interesar su noticia, nos ha pa- 
recido conveniente publicar estos datos. 



VARIEDADES 273 

I. Lo QUE ES ESTE INSTITUTO.— El ¡nstítuto CatóUco de Artes é Indus- 
trias es una Escuela industrial donde pueden adquirir una sólida for- 
mación los jóvenes que deseen consagrarse á trabajos relacionados con 
las industrias mecánicas y eléctricas. 

II. Grados de enseñanza que comprende.— Tres grados comprende 
esta enseñanza: la del obrero, la del perito y la del ingeniero. Para la en- 
señanza del obrero hay de siete á nueve de la noche escuelas gratuitas 
de aprendizaje, donde los alumnos aprenden la teoría y se ejercitan en 
la práctica conveniente para los oficios de ajustadores, forjadores, ma- 
quinistas, electricistas y fundidores. 

Durante el día se tienen las clases correspondientes á la carrera de 
Perito mecánico-electricista, y para los que vayan terminándola y mues- 
tren disposición se proyecta establecer una ampliación de los estudios, 
á fin de que puedan los alumnos obtener el grado superior de Ingeniero 
mecánico-electricista. 

III. Carácter de la enseñanza.— El carácter de la enseñanza es 
eminentemente práctico. Ni en el número de las asignaturas ni en la ex- 
tensión de las materias se tiene otra norma que dar al alumno lo necesa- 
rio y conveniente para las aplicaciones prácticas propias de la industria. 
Por esto en las Matemáticas, Mecánica y Electricidad tienen grande im- 
portancia los ejercicios de resolución de problemas industriales. En los 
trabajos de dibujo, laboratorio y prácticas de taller se invierten varias 
horas diariamente, siguiendo en esto el ejemplo de las escuelas prácticas 
industriales del extranjero. El Francés se aprende hablándolo y oyéndolo 
hablar, no sólo en las explicaciones de clase, sino en las horas de taller, 
de Tecnología y de Dibujo. La enseñanza teórica se da por ingenieros 
españoles y la práctica por técnicos, en su mayoría belgas, que han ejer- 
cido largo tiempo su profesión en la industria extranjera. 

IV. Materias que se cursan. - Para obtener el grado de Perito las 
asignaturas fundamentales son: Aritmética y Álgebra, Geometría y Tri- 
gonometría, Geometría analítica y descriptiva. Mecánica general y 
aplicada. Electrotecnia y Dibujo. El Dibujo comprende: ejercicios á mano 
alzada, dibujo geométrico, dibujo de proyecciones, dibujo mecánico, di- 
bujo de construcción y dibujo eléctrico. Además de estas asignaturas 
hay clase de Religión, de Francés, de Economía y Legislación industrial, 
de Física general, de Química general é industrial y manejo de tablas y 
formularios. 

V. Talleres y laboratorios. Todos los alumnos que aspiran al 
grado de Perito han de pasar por los talleres de modelado, fundición, 
forja, ajuste, máquinas-herramientas, construcción y reparación de dína- 
mos y motores eléctricos, y por los laboratorios de Química, de genera- 
dores de fuerza mecánica y energía eléctrica, de medidas eléctricas y de 
instalaciones eléctricas. Todos estos talleres y laboratorios ó están ya 
instalados ó se instalarán en breve. 



27,4 VARIEDADES 

VI. Años de estudio.— La carrera de Perito mecánico-electricista 
podrá hacerse en cuatro años. La ampliación para el grado de Ingeniero, 
caso de establecerse, podrá cursarse en dos ó tres años. 

VIL Preparatoria.— El grado de bachiller, bien hecho, es buena pre- 
paración para la carrera. En el mismo ediñcio existe el Colegio destinado 
á la enseñanza de un bachillerato, en seis años, sin sujeción á los planes 
ofíciales, y que podrá servir de excelente formación previa para los que 
más tarde deseen seguir en el Instituto la carrera industrial. 

El número de plazas para esta carrera es limitado, y se obtiene el in- 
greso en ella mediante ejercicios de oposición que se tendrán en el mes 
de Septiembre. Versarán éstos sobre puntos de Aritmética, Geometría, 
Dibujo á mano alzada y Catecismo, con arreglo á los programas que po- 
drán obtenerse en la Secretaría del Instituto. Para que puedan dispo- 
nerse á este examen, los que no hubieren aún cursado las materias que 
se requieren, hay clases preparatorias en el mismo Instituto. 

VIH. Edad de los alumnos. — Para entrar en el curso preparatorio, 
los alumnos han de ser mayores de doce años y menores de quince. 
Para comenzar el primer año de carrera han de tener cumplidos los ca- 
torce y no pasar de diez y siete. Esta regla general, por circunstancias par- 
ticulares, puede admitir excepción. 

IX. Gastos. — En el Instituto no. hay sino alumnos externos y medio- 
pensionistas: los externos satisfacen mensualmente 15 pesetas, si no es- 
tudian en el Instituto, y 20 pesetas si tienen en él tiempo de estudio, 
siendo de cuenta del alumno los gastos de libros, herramientas, material 
de dibujo, gastos de laboratorio, etc. Prácticamente suelen los gastos to- 
tales ascender hasta 20 ó 25 pesetas mensuales. Los mediopensionistas 
satisfacen 100 pesetas mensuales, y tendrán desayuno, comida y me- 
rienda. 

X. Horas de entrada y salida.— Los alumnos entran á las ocho de 
la mañana y salen á las doce y media: vuelven á las dos y media y salen 
á las seis y media. 

XI. Casa-pensión para los de fuera de Madrid.- Para los alumnos 
que no son de Madrid hay una casa de confianza, establecida con inde- 
pendencia económica del Instituto, pero bajo su inspección y vigilancia. 

Los domingos y días de ñesta, después de cumplir con sus prácticas 
religiosas, se concede á estos alumnos un rato de salida por la mañana 
y otro por la tarde, habiendo de estar en casa antes de anochecer. El pu- 
pilaje es de tres pesetas y media diarias. 

XII. Exámenes y títulos.— Hay exámenes trimestrales orales, y es- 
critos, casi todos los meses. Se califica por puntos buenos, siendo 20 el 
máximum que puede obtenerse y 8 el número que corresponde á la cali- 
ficación de suspenso. Las notas de estos exámenes influyen en la nota de 
fin de curso. Mensualmente se comunica á los padres el resultando de 
estos exámenes. 



OBRAS RECIBIDAS 



2t5 



Los títulos que al fin se obtengan no son oficiales, sino privados; pero 
es de notar que tampoco reconoce el Estado los títulos de los ingenieros 
dados en el extranjero, y no por eso dejan de ser buscados y estimados 
los que los poseen. 

XIII. Para quiénes puede ser útil esta carrera. — Supuesta la falta 
de personal competente práctico que en España hay, y que con grandes 
gastos se hace venir del extranjero, y el desenvolvimiento que las in- 
dustrias mecánica y eléctrica van teniendo en España, no es aventurado 
afirmar que es. carrera de porvenir. En efecto, puede ser útil: 1.° Á los 
hijos de industriales que tienen gran parte de su capital invertido en ma- 
quinaria. 2." Á los hijos de capitalistas que se sienten con vocación para 
emplear el capital en industrias, para las cuales pueden servir de base 
sólida los estudios y prácticas de esta carrera. 3." Á los jóvenes dispues- 
tos y de iniciativa que, sin capital ni industria propia, puedan montarla 
asociándose á capitalistas como socios industriales. 4." Á los que tienen 
fincas y posesiones de jabor, para entablar en ellas, montar y dirigir la 
maquinaria agrícola. 5." Á los de menos iniciativa, para ocupar plazas 
bien remuneradas en las industrias existentes; á más de que, en el caso 
más desfavorable, como montadores ú obreros competentes no dejarían 
de estar más bien retribuidos que muchos médicos, abogados, etc. 



OBRAS RECIBIDAS EN LA REDACCIÓN 



/tCTAS Y Memorias del primer Congre- 
so DE NATURALISTAS ESPAÑOLES (ZaragOZa, 

7-10 Octubre 1908). Extracto. Arañas de la 
familia de los argiópidos observadas jun- 
to á la desembocadura del Miño, por el 
P. Franganillo Balboa, S. J.~Zaragoza, 1908. 

A LA BANDERA ESPAÑOLA, pOr J. EspañOl. 

Imprenta de Archivos. 

AlCOY EN EL XXV ANIVERSARIO DE LA 

MUERTE DE CASIMIRO Barello.— Tipografía 
de la Buena Prensa, 1909 Panegírico del 
ilustre penitente en sus honras fúnebres 
del XXV aniversario, por el P. Juan María 
Sola, S.J. 

Amor de madre (colección de poesías), 
por el P. A. Risco, S. J. 2,50 pesetas— Le- 
ganitos, 27, segundo derecha, Madrid. 
^Antídoto, por el P. A. Gallerani, S. J.; 
traducción de la duodécima edición ita- 
liana por D. A. Piaggio, presbítero. 3,50 
pesetas.— L. Gili, Barcelona. 

Apología popular de la fe cristiana. 
Tomo I, por J. L. de la Paquerie; traduc- 
ción por el P. M. Coco. 4 pesetas.— Luis 
Gili, Barcelona. 

Catecismo completo del escapulario 



del Carmen, por Fr. S. M.'' Besalduch. 
Una peseta.— L. Gili, Barcelona. Ajustado 
á los decretos vigentes de la Sagrada Con- 
gregación. Contiene varios ejercicios de- 
devoción á la Virgen. 

Cedularios para Catálogos y otros 
artículos para bibliotecas. — Madrid, 
Ayala, 15. 

Christus ein Gegner des Marienkultus? 
J. Von Dr. B. Bartmann. M. 3.— B, Her^ 
der, Friburgo. 

Her einheimische klerus in den heiden- 
lándern, von A. Huonder, S. J. M. 4,20.— 
B. Herder, Friburgo. 

Die Menschenopfer der alten Hebraer 
und der benachbarten Vólker, von E. Ma- 
der.— M. 5,60.— B. Herder, Friburgo. 

Dios, principio de la ley moral, por 
P. Vallet; traducción por J. de Hinojosa. 
0,60 pesetas.— Librería Religiosa, Ponte- 
jos, 8, Madrid. 

Dos cartas sobre el principio de auto- 
ridad.— Tipografía Excelsior, Panamá, 
1909. Exponen con erudición y claridad 
la doctrina teológica sobre tan importan- 
te materia.. 



276 



OBRAS RECIBIDAS 



El alma del hombre, por J. Guibert; 
traducción de J. de Hinojosa. 0,60 pesetas. 
Librería Religiosa, Pontejos, 8, Madrid. 

El catolicismo ante la actual litera- 
tura FRANCESA, por J. de Hinojosa. 0,60 
pesetas.— Librería Religiosa, Madrid. 

El Principado. (Diario.) Año I, núm. \. 
Gijón, L" de Septiembre. «Su fin principal, 
es, dice, contrarrestar los efectos perni- 
ciosos de los malos periódicos, propagan- 
do los principios católicos por los mis- 
mos medios con que aquéllos propagan 
sus errores», y cuidando preferentemente 
de la información. En los números hasta 
ahora publicados cumple el valiente pe- 
riódico su palabra, y ya se ha hecho notar. 

Enciclopedia universal ilustrada eu- 
ropeo-americana. Cuadernos 116 á 125.— 
José Espasa é Hijos, editores, Barcelona. 

Frivolidades, por V. Aza. 2 pesetas.— 
Herederos de J. Gilí, Barcelona. 

ClACETA DEL SUR.— Númcro extraordi- 
nario con dibujos y fotograbados, dedi- 
cado á Nuestra Señora de las Angustias, 
Patrona de Granada. 

Gramática elemental y Ejercicios 
(ExERCARo), por L. de Beaufront; traduc- 
ción por A. Galant y P. Marcilla. 1,25 pe- 
setas.— F. Fe, Madrid. 

Guía escolar de España. Julio de 1909. 
Unión Ibero-Americana, Madrid. 

Introducción al estudio de la Socio- 
logía. Tomo II, por L. Garriguet; traduc- 
ción por R. de Iranzo. 60 céntimos.— Li- 
brería Religiosa. Pontejos, 8, Madrid. 

Juan del Encina-León, por E. Díaz Ji- 
ménez. 2 pesetas.— V. Suárez, Madrid. 

La Ciencia en la acción, por el P. J. M. 
Llovera, C. C. 50 céntimos.— Acción So- 
cial Popular, Barcelona. 

L'ACiÉRO-cÉMENTATfON. 3, Rue de Metz, 
París. 

La Communion fréquente et quotidien- 
NE, par le P. J. B. Ferreres, S. J.; traduction 
de l'espagnol par un anclen directeur de 
Séminaire.— París, Rue Bayard, 5. 

La comunión frecuente y diaria y las 
Congregaciones Marianas, por el P.Justo 
Beguíriztaín, S. J.— Madrid, Razón y Fe, 
1909. Todas sobresalieron siempre en la 
práctica saludable de la comunión fre- 
cuente, mostrando así su devoción al San- 
tísimo Sacramento. 

La cooperación en la Agricultura, por 
A. Castroviejo. Segundo volumen.— Bi- 
blioteca Agraria Solariana, Sevilla. 

La Corona de María. Número extraor- 
dinario dedicado á los proceres del 10 de 
Agosto de 1809.— Qmio. Es notable el 
último documento del Sr. Obispo, Invita- 
ción patriótica. 

La Iglesia y el trabajo manual, por 
M. Sabatier; traducción por J. de Hinojo- 
sa. 0,60 pesetas.— Librería Religiosa, Ma- 
drid. 

La Revelación ante la razón, por 



F. Verdier; traducción por A. Machuca, 
presbítero. 0,60 pesetas.- Librería Reli- 
giosa, Madrid. 

La Sagrada Eucaristía, por el Licen- 
ciado D. P. Mir, presbítero.— Palma de 
Mallorca. 

La Semana. Se publica los miércoles. 
Ocho páginas en folio menor. Su lectura 
en los números que hemos visto es ins- 
tructiva por la información, y piadosa. 

Las morales independien fes y la moral 
evangélica, por M. I. Brugerette; traduc- 
ción del Conde de Rascón 0,60 peseta^.— 
Librería Religiosa, Pontejos, 8, Madrid. 

Las razones actuales de la creencia, 
por F. Brunetiére; traducción de J. de Hi- 
nojosa.— Librería Religiosa, Madrid. 

Las Religiones Chinas, por el P.J. Hos- 
pital.— L. Gilí, Barcelona. 

L'IGNORANCE ACTUELLE en MATIÉRE RELl- 

gieuse, por P. Barbier. 0,75 fr.— P. Lethie- 
lleux, édíteur, París. 

L'Inspection du Travail, par L. Delpé- 
rier. N.° 206 de L'Action Populaire. O f r. 25. 
Reims. 

LOIS DES DISTANCES DES SaTELLITES DU 

SoLEiL, por Delauney.— Gauthíere.-Villars, 
París. 

Los ORÍGENES DEL CRISTIANISMO, pOr 

Mons. Le Camus; traducción del Dr. J. B. 
Codina. III. Primera parte: La Vida de 
Nuestro Señor Jesucristo. Volumen III. 6 
pesetas.— Herederos de J. Gilí, Barcelona. 

Los Patronatos de jóvenes obreros, 
por el Dr. D. M. Julia.— Valencia, Tipogra- 
fía Moderna. 

Maná cotidiano. Devocionario, por el 
P. F. J. Trovarellí; traducción del doctor 
C. Martínez. Una peseta.— Herederos de 
J. Gíli, Barcelona. 

Manual completo de la Lengua inter- 
nacional, por J. Casares, A. Galán y 
P. Marcilla. 0,50 pesetas.— F. Fe, Madrid. 

Manuale christianum. 6 pesetas en Es- 
paña.— Herederos de J. Gilí, Barcelona. 

Mens sana in corpore sano. Prospecto 
del Colegio Universitario de Panamá, fun- 
dado en 1905.— Panamá. 1909. 

■■OR LAS víctimas DE LOS TERREMOTOS DE 

Italia. Oración fúnebre, por el P.J. M. So- 
la, S. J.— Murcia, 1909. Es, según se lee en 
el Boletín Eclesiástico de aquella dióce- 
sis, «seniida, sublime, profunda y grandi- 
locuente oración fúnebre». 

PRAELECTIONES DOGMATICAE, Ch. PcSCh, 

S. J. Editio 4.^ T. I. M. 7.— B. Herder, Fri- 
burgo. 

Programa de estudios del Seminario- 
Colegio DE San Carlos, dirigido por los 
PP. Paúles.- Cebú, 1909. 

¿4ÍUÉ ES LA FE?, por F. Mallct; traduc- 
ción por A. López. 0,60 pesetas.— Libre- 
ría Religiosa, Pontejos, 8, Madrid. 

¡Quedaos en casa! Primer tomo. Núme- 
ro 183 de Lecturas Católicas.— Librería 
Salesiana, Sarria-Barcelona. 

(Continuará.) 



LORENZO HERVÁS 

SU VIDA Y SUS ESCRITOS (1735-1809) 



I 

LORENZO HERVÁS: SU VIDA 
SEGU.NDO PERÍODO 

El primer destierro (1767-1798). 

Sumario: 1. El P. Hervás en Forlí.— 2. El abate Hervás en Cesena.— 3. Sus estudios 
lingüísticos: plan, ocasión y medios.— 4. Ocupaciones en Roma.— 5. Distinciones 
honoríficas. 

1. Al levar anclas y salir del puerto las naves que conducían hacia 
Italia álos jesuítas españoles en 1767, bien pudieron quedar éstos, gra- 
cias al decreto de expulsión, sin patria y sin hogar, expuestos á las in- 
clemencias del tiempo, del mar y de los hombres, apenados con las 
deserciones de algunos, animados por la heroicidad de otros, que prefirie- 
ron el destierro en la alternativa de optar entre la patria y la religión; 
pero no pudo romperse el vínculo sagrado, que tenía unidos á aquellos 
religiosos entre sí y con la Compañía de Jesús (1). 

Salieron de España desterrados, pero quedaron jesuítas. El vínculo 
de los votos religiosos, fuera del alcance de Carlos III y sus ministros, 
vino luego á romperse á los pies de Clemente XIV al golpe inexorable 
del breve Dominas ac Redemptor. 

Llegados aquellos religiosos expulsos de España y sus posesio- 
nes, en número de más de 5.000, á los Estados pontificios, después de 
las peripecias que no es del caso referir, urgía colocarlos de modo que 
conservasen lo más posible las agrupaciones que habían formado hasta 
entonces con el nombre de provincias. Los religiosos, que componían 
la llamada en España provincia de Castilla, pudieron colocarse á fines 
de 1768 en la campaña de Bolonia, con la mayor parte de la pro- 
vincia de Méjico; en la ciudad de Ferrara, los demás de Méjico, con 
las provincias de Aragón y Perú; en Imola, la de Chile; en Faenza, la 
del Paraguay y algunos como destacamentos de otras provincias. En 
Rímini se reunió la de Andalucía; las dos provincias de Santa Fe y Quito, 



(1) Parece negar verdad tan palmaria Caballero en su Abate Hervás; y así supone á 
nuestro Lorenzo llegado á Italia de treinta y dos años, de hoy más, peregrino en el 
mundo, aislado y de su propia cuenta; era jesuíta, va á ser abate (pág. 37); á la página 
siguiente, no obstante, nos cuenta que Hervás en 1769 hizo el cuarto voto como je- 
suíta. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 19 



278 LORENZO HERVÁS 

en algunas ciudades y pueblos pequeños de la Marca de Ancona y del 
Ducado de Urbino; la provincia de Filipinas se estableció en Bagnaca- 
vallo y, por fin, la de Toledo en Forlí (1). 

Entre estos religiosos de la provincia de Toledo iba nuestro Hervás, 
quien ponderando años después en su Viaje (II, 283) los males que veía 
extenderse por Europa, que «antes maestra de la virtud y de la sabiduría, 
ha querido ser discípula del vicio y del delirio», afirma con dolor: 

«Estos males por contagio se van extendiendo por varios principados de Europa, 
en la que se conserva aún virtuosa y sabia la hermosa Italia,... en la que la religión 
santa fabricó para sí la más augusta y sagrada habitación, poniendo por adorno á sus 
murallas las ciencias, las bellas artes y la humanidad, que es el fundamento de la reli- 
gión civil. La Italia á mi, náufrago entre las fieras olas á que como desecho de mis na- 
cionales fui arrojado, me dio ayuda y benigno asilo, en que después de haber temido 
[tenido?] ayrado el Cielo contra mi y después de haber experimentado un tumulto de 
ejicadenadas desgracias, vivo en dulce retiro y calma; porque de mí desapareció ya la 
memoria de los males padecidos y del bien perdido.» 

Pero mientras todos estos males no acabaron de llover sobre las ca- 
bezas de los expatriados, continuaron éstos su vida religiosa en Italia 
con el orden que en España, según las difíciles circunstancias lo sufrían; 
así, Hervás profesó solemnemente en 1769 (2); y quizás continuó su in- 
terrumpido curso de Filosofía, pues sabemos que también en Italia la en- 
señó, así como las Matemáticas (3). Sin embargo, su principal ocupación 
en estos primeros años antes y después de 1773, fué el estudio detenido 
de las Matemáticas, Astronomía y el escribir entre las obras italianas las 
que tienen marcado carácter enciclopédico (4). 



(1) Cf. El V. P.José Pignatelliy la Compañía de Jesús en su extinción y restable- 
cimiento, por el P. J. Nonell, S. J., I, 331. 

(2) Biblioteca, v.° Hervás; el P. Uriarte, cuya muerte deja entre los bibliófilos espa- 
ñoles un vacío que difícilmente podrá llenarse, nota en sus manuscritos que profesó 
Hervás en Cesena el 2 de Febrero. 

(3) ///síor/a. III, 76: «Al explicar la Metafísica, que según Redhlamer enseñé en el 
Seminario matritense de Nobles, y según Mako en Italia...» Sobre enseñar las Mate- 
máticas, véase la nota siguiente. 

(4) En la Biblioteca dice de sí mismo: «El autor en 1769 empezó á escribir un curso 
matemático, y efectivamente concluyó un tomo de Geometría superior y de Trigono- 
metría esférica; otro de fluxiones ó de cálculo infinitesimal; otro de curvas, y otro de 
arquitectura civil. La escritura de estos tomos y la enseñanza de las matemáticas fue- 
ron su ocupación hasta la mitad del año 1773; mas conociendo que sus circunstancias 
no le permitirían hacer ni procurar las expensas de la costosa impresión de libros ma- 
temáticos, abandonó la empresa del empezado curso.» 

Sobre el estudio de la Astronomía y trato con el P. Cerda se habló en el párrafo 
anterior, tomándolo del Viaje III, 2C-23. 

En la Biblioteca se nota entre las obras de Hervás: «6. Elementos cosmográficos. 
Un volumen en 4.° Esta obra entra en el título de la obra grande que el autor escribió en 
italiano... El autor la había escrito en italiano y suspendió su publicación á instancias 
del Señor Frey Don Antonio Panduro...» 



LORENZO HERVÁS 279 

2. Hecho Hervás de religioso abate, quedó á la merced de su fortuna, 
que de ordinario le fué más próspera que á muchos de sus antiguos her- 
manos, y con razón el P. Luengo (Diario, XLIII, 121), al anotar años 
después su muerte, podía decir: Hervás «era tenido comúnmente por 
hombre, ya que no digamos rico, á lo menos que podía tener algún 
caudal > (1). 

El refugio habitual de Hervás por muchos años desde 1774 fué Ce- 
sena y la casa de los Marqueses de Ghini, donde era tratado como de 
la familia y defendía sus pleitos (2). Á Cesena dedicó su primera obra 
italiana; pues, como dice en su Historia (VI, 104): «El magistrado de 
Cesena imprimió una larga memoria (que yo á sus instancias hice sobre 
sus [de Cesena] ventajas y desventajas temporales) y la presentó al 
Papa y al Colegio Cardenalicio» (3). En Cesena escribió en gran parte 
é imprimió todos los 21 tomos de sus obras italianas (4). En Cesena, por 
último, con la ocasión que luego diré, empezó Hervás á trabajar con ar- 
dor, nunca disminuido hasta su muerte, en los estudios lingüísticos. 

La cadena, que ataba á los expatriados jesuítas al territorio pontificio. 



b 



(1) No fué mucho el dinero que dejó en su testamento, unos 850 escudos. En vida 
reunió bastante más, que empleó en sus estudios, en su familia y en los pobres. 

(2) En la carta que prece&e á la Vida de San José, del P. José Ignacio Vallejo (Ce- 
sena, 1774), escribe el P. Hervás desde Cesena, 24 de Septiembre de 1774: «La necesi- 
dad de buscar alivio al quebranto de mi salud, que me ha obligado á interrumpir el 
estudio y abandonar mi retiro en Forlí, me ha ofrecido la gustosa concurrencia con 
Vm., que al mismo tiempo ha llegado á ella [Cesena], con el fin de dar á pública luz la 
vida del glorioso San Josef.» 

Á su primo Antonio decía Hervás en 20 de Febrero de 1777: «Mantenido con apar- 
tamento, mesa, criado, etc., en casa del Marqués de Ghini, cuyos pleitos gravísimos 
defiendo con feliz éxito...» Al volver por segunda vez á Italia contaba parar en Cesena, 
donde «tengo casa como propia, esto es, apartamento magnífico en el palacio del Mar- 
qués de Ghini...; el Marqués presente y su padre han hecho obligación jurada de darme 
vivienda, mesa, coche, etc., como al primer hijo de la casa». Carta de 2 de Junio de 1801. 

Así, no es de extrañar el agradecimiento que conservó Hervás ásus bienhechores. 
Cf. Viaggio (IX, 235). 

(3) Lo primero, no obstante, que veo impreso de Hervás es la carta sobre la Vida 
de San José, del P. Vallejo; en la Biblioteca es llamada breve discurso del Abate Hervás 
sobre dicha vida. 

(4) Los 17 primeros tomos tienen la dedicatoria firmada en Cesena: 
I, Cesena, 10 de Agosto de 1778. 

XVII, Cesena. IV Idus Augusti 1784. 
XVIII, Roma, 15 de Agosto de 1785. 

XIX, Cesena, 31 de Diciembre de 1785. 
XX, Roma, 21 de Junio de 1787. 

XXI, Roma, 10 de Agosto de 1787. 

El tomo sobre la caridad, aunque extraño por su materia á los anteriores, es mirado 
por el mismo autor como tomo XXII de sus obras italianas, Cf. Revolución, I, 169; está 
impreso en Fuliño en 1792 y con dedicatoria en Roma, 30 de Mayo del mismo 1792. 
Supone Caballero (pág. 41) que debió estar Hervás para eso en Fuliño; la cosa podrá 
ser verdad, pero la razón no es eficaz. 



280 LORENZO HERVÁS 

no era tan corta que les impidiera viajar dentro de él, aunque con cier- 
tas trabas. Así vemos que Hervás habla de sus viajes por Italia durante 
el tiempo de la impresión de sus obras en Cesena (Historia, II, 71); de 
su estancia en Bolonia (Idea, XVII, 191, y Catálogo, VI, 83), donde creyó 
eran suizos los paisanos que hablaban el bolones, que él no entendía, 
aunque bastante bien impuesto en la lengua toscana. 

Estas saHdas de Cesena fueron transitorias, y con razón pudo decir 
en el tomo VI de la Historia (pág. 104), que en Forlí y Cesena había 
habitado quince años, á saber, desde 1768 á 1783 ó 1784, próximamente. 

No mucho después pasó á Roma, «la siempre grande, augusta y ma- 
jestuosa Roma, que sobre todas la poblaciones se distingue quantum 
lenta solent inter viburna cupressi..., centro de nuestra Religión Chris- 
tiana, madre de los que afortunadamente la profesamos y patria común 
de todos los terrícolas». Viaje, (II, 283), no sólo para consultar la Biblio- 
teca de Propaganda Fide como consta en el tomo XIX (páginas 92 y 163), 
sino para fijar su morada en la Ciudad Eterna, que no dejó hasta el 17 de 
Octubre de 1798, pues escribiendo el principio del Catálogo (I, 74), de- 
dicado el 15 de Febrero de 1798, podía decir que hacía ya catorce años 
tenía su residencia en Roma (1). 

3. Pero antes de seguir á Hervás á la ciudad de. los Papas, dejando 
Cesena, es preciso hablar ya de los trabajos lingüísticos que le hicieron 
inmortal, pues en Cesena, como dije, se comenzaron, cayendo Hervás en 
la cuenta de lo que dejó repetidas veces escrito, á saber, la capital im- 
portancia y singular abandono en que yacían estos estudios (2). 

Cualquiera que haya manejado un poco las numerosas obras del 
abate Hervás, habrá advertido que hay entre las italianas y castellanas 
marcado paralelismo. La razón es obvia; desde 1785 se dedicó, por insi- 
nuación de su tío materno Frey D. Antonio Panduro, á traducir en 
español lo escrito antes en italiano, mas no como mero intérprete, 
sino como verdadero autor. Cf. Biblioteca; Historia, I, XXIII; Catálo- 
go, I, 63 (3). 



(1) En Roma no debió domiciliarse Hervás hasta 1785. Pues desde Roma le escri- 
ben sus amigos en Enero (XVII, 109), en Marzo (XVII,48); en Agosto dedica desde 
Cesena el tomo XVII; desde Cesena envía á Azara sus obras en 23 de Septiembre, y, 
por fin, en el Catálogo (I, 202) expresamente dice que el abate Felipe Gilii, misionero 
antes en el Orinoco, «correspondió prontamente á mi deseo y petición, y en carta con 
fecha de 25 de Marzo de 1784 desde esta ciudad de Roma, de la que yo en dicho año 
estaba ausente, me escribió...» 

(2) Cf. Idea, XVII, 14, 91; XVIII, 10; XXI, 26; Escuela, I, 68; Historia, I, Introducción, 
pág. VIII; Catálogo, I, 27; en la Introducción á esta última obra se notan (art. IV-VIII) las 
diversas épocas por que han pasado estos estudios y los diversos autores que aníes 
de Hervás han escrito sobre ellos. 

(3) Entre las obras italianas y las españolas de Hervás hay que colocar un ejemplar 
de aquéllas que, como dice el P. Uriarte, se guarda en la biblioteca del colegio de Lo- 
yola, con «numerosas añadiduras, enmiendas y cambios muy substanciales..., de su 
puño y letra». 



LORENZO HERVÁS 281 

Por esto, para conocer las primeras ideas de Hervás hemos de acu- 
dir á las obras italianas, y á las castellanas para notar su progresivo 
desarrollo. 

Cinco son las obras impresas en italiano y exclusivamente dedicadas 
al estudio de lenguas; ocupan los tomos XVII, XVIII, XIX, XX y XXI de 
su Idea dell' universo, y forman, según frase del mismo autor, la Storia 
delle tingue, á saber: Catalogo dette tingue conosciute e Notizia detla 
loro af finita e diver sita. —Origine, Formazione, Meccanismo ed Armonía 
degl'Idloml. — Aritmética delle Nazioni e Divisione del tempo fra 
V Orientan.— Vocabolario Poligloto con Prolegomeni sopra piii di CL 
Lingue.—Saggio Pratico delle tingue con prolegomeni e una raccolta 
di orazioni Dominicali in piii di trecento tingue e dialetti (1). 

La primera de estas obras, dedicada, con una larga inscripción latina, 
á los infantes gemelos Carlos y Felipe, está fechada en Cesena el IV de 
los Idus (el 10) de Agosto de 1784; la última lleva la misma fecha de 1787 
y está dedicada á Pío VI. Ocurre, pues, preguntar: 1.° ¿Son estas obras 
continuación de las anteriores, de modo que formen los 21 tomos una 
obra, la Idea delV Universo? 2.° Dado caso que no sea así, ¿cuándo y 
cómo vino á Hervás idea de escribirlas, apartándose de su plan ó dán- 
dole mayor extensión? 

En cuanto á lo primero, aunque sea de suyo harto vago el programa 
de la Idea delV Universo, y en decir del P. Luengo (Diario XXI, 629), como 
tiene 21 tomos, lo mismo podría tener «ciento, si el autor tuviese gana y 
vida para escribirlos, porque baxo de dicho título, como es claro, se puede 
escribir de todas las cosas que hai en el cielo y en la tierra»; sin em- 
bargo, el mismo autor desde un principio dejó trazados los principales 
límites de su obra, siendo el primero en confesar que la materia de suyo 
era latísima (2). 

En el prólogo, v. gr., de toda la obra (I, 7), fechado en Cesena el 10 
de Agosto de 1778, dirigiéndose á su magnífico favorecedor el mar- 
qués Nicolás Ghini, dice que va á tratar «del hombre, del cielo y de 



Como en la segunda parte me pienso ocupar, Dios mediante, de las obras de Lo- 
renzo Hervás, en esta primera sólo de ellas noto lo que puede dar alguna luz sobre 
la vida del autor. 

(1) Estos son los títulos de las cinco obras publicadas aparte; en los tomos que 
forman la colección italiana, ó no llevan título particular ó lo tienen muy reducido. 

(2) Al terminar la primera parte decía el autor (VIII, 217): «Ecco, caro Leggitore, 
fornita la Storia della vita dell'Uomo, prima parte della Idea deW Universo. Quest'opera 
cominciata da me col disegno solo di distrar la mente da molti motivi d'afflizione, che 
bene spesso mi assalivano é stata poi continuata non solamente ad oggetto di procu- 
rarmi lo stesso solliero, ma eziandio di far alcun bene a'miei confratelli in Gesucristo... 
Taluno per avventura desidererebbe, che io avessi trattato con maggior estensione le 
materie, posto che un argomento cosi vasto... mi presentava un campo assai ampio e 
spazioso, ma questo desiderio é insaziabile; mentre Topera, ;che si vorrebbe a soddis- 
forlo, sarebbe interminabile.» 



282 LORENZO HERVÁS 

la tierra», de modo que en la parte dedicada al hombre ofrezca «una 
exacta relación de la concepción, nacimiento, vida, muerte y de cuanto 
puede decirse que sea el hombre» (pág. 9). Después del hombre dirige 
Hervás su vista al cielo, y admirado de su grandeza, propone un viaje 
extático «en que, volando invisiblemente con el espíritu por los inmensos 
espacios del cielo, pueda en pocos momentos trasponer distancias infini- 
tas y observar cuerpos de inconmensurable grandeza» (pág. 9); y como 
el argumento del Viaje (pág. 10) «puede excitar la curiosidad de muchos 
que deseen entender con mayor fundamento cuanto en él se dice, por esto 
el Viaje extático irá precedido de un tratado de Elementos cosmográficos 
que pueda satisfacer no sólo al que lea dicho Viaje, sino también al que 
quiera leer la última parte de esta obra, que será la Historia de la Tie- 
rra» (1). Con esto, la Historia de la Tierra quedó hecha cuarta parte; «en 
esta Historia hablo del principio del orbe terráqueo que habitamos, y de- 
muestro-no ser tan antiguo como algunos creen; utilizando para ello la 
Historia Sagrada y profana, la tradición universal de las naciones, la re- 
ciente invención de las artes y otras solidísimas razones naturales. Des- 
pués considero la magnitud da la tierra y su figura, penetro hasta lo más 
recóndito de sus entrañas, observo la admirable variedad de las cosas 
que se encuentran escondidas á nuestras miradas; discurro luego por su 
superficie, haciendo reflexión sobre los mares que la rodean. Por último, 
me ocupo de las alteraciones á que desde su creación ha estado sujeta 
la tierra, y no dejo de considerar la población de la especie humana, aun- 
que de esto se hablará en la Historia de la vida del hombre. Después de 
todo esto, contemplo también la magnitud de la atmósfera que nos en- 
vuelve, su figura, peso, extensión y principales meteoros que en ella ad- 
miramos... Questa é... la idea genérale di tutta la opera esposta colla 
brevitá propria di questo luogo» (pág. 10). En donde es de advertir la 
parte tan insignificante que se concede á la población del globo ó pro- 
pagación de los hombres, y eso como cosa tratada ya en Storia della 
vita deiruomo (VI, pág. 178). 

Este mismo plan se repite al principio del Viaggio (2). Y aquí tene- 
mos la extensión que pensaba Hervás dar á su obra, por lo menos hasta 
el 1 de Febrero de 1781, en que firmó la dedicatoria del primer tomo del 
Viaggio. 



(1) Estando tan clara la mente del autor, y no menos claro el título general de la 
obra: Idea deW Universo, che contiene la Storia della vita dell'Uomo, Elementi Cosmo- 
grafici, Viaggio estático al Mondo planetario e Storia della térra, es más de maravillar 
creyera Caballero ser Elementi Cosmografici titulo general para las dos partes Viaggio 
y Storia della térra (pág. 85). 

(2) Tomo IX, pág. 9: En cuanto á la historia de la tierra, que es el punto principal y 
en que se incluyó luego la historia de las lenguas, dice: «Riguardo alia térra saper ci con- 
viene il suo principio, antichitá, figura, grandezza, superficie, ['interiore di essa, le dife- 
reníi parti, onde si compone, per esempio l'acqua, i minerali e la popolazione, con cui 
dagli uomini viene abbellita.» 



LORENZO HERVÁS 283 

Pocos meses después se empezaba la publicación de la Sforia della 
Terra, y, según lo prometido, trata su primer tomo de la creación, expo- 
niendo los dos primeros puntos del programa, principio y antigüedad 
de la tierra. El segundo tomo ó parte se ocupa también de la creación, 
pero no en general, sino en especial, y siguiendo los libros sagrados y 
tradiciones más racionales, describe la creación de nuestros primeros 
padres, su estado de inocencia y su ruina (XII, 3). 

Los tomos XIII y XIV, impresos en 1783, explican la figura, magnitud, 
superficie y elementos de la misma tierra, según el consabido plan, pro- 
metiendo al fin del último (XIV, 243) que «en este año de 1783 se dará 
fin á la impresión de esta obra: Idea deír Universo», porque en realidad 
bien poco faltaba para darla por concluida. Cuando he aquí que el 23 de 
Marzo de 1783 aparece el tomo XV, dedicado á la ilustrísima señora 
marquesa Mariana Ghini; Hervás da una inusitada amplitud á su obra, 
y promete comenzar «la historia más útil de la tierra, cuya relación voy 
describiendo, después de haber expuesto en los precedentes tomos 
aquellas materias que, por relacionarse con el orden físico, pueden con 
razón decirse que contienen la historia física de la misma tierra... Ahora 
bien: siguiendo yo el espíritu y curso de la historia terrestre, y querien- 
do reducirla á justos términos, me creo en la obligación de tratar las 
principales épocas y acontecimientos, de los cuales los primeros han de 
ser aquellos memorables del diluvio universal, fábrica de la torre de Babel 
y castigo impuesto en su construcción» (pág. 5). Y aquí tenemos á 
Hervás, que, olvidado de todas sus promesas y planes, toma un rumbo 
nuevo en un mar sin riberas, confesando que en parte ya lo había nave- 
gado; es decir, que había tratado del diluvio en el tomo XIV (tr. 2.'', 
cap. IV, art. 5.°); pero también tenemos á Hervás que advierte haber sido 
el castigo de los soberbios fabricadores de la torre la confusión de las 
lenguas, de donde se originaron los idiomas, y en este punto empieza 
sus estudios favoritos. Por esto Hervás concluye en el tomo XVI breve- 
mente lo que debía decir sobre la repoblación del globo por Noé y sus 
hijos, y abre en él XVII la Historia de las lenguas (1). 

La Historia, pues, de las lenguas en Idea delVUniverso, es un injer- 
to, que siendo de especie diversa, de más valor y con propia vida, dejó 
secar el árbol en donde prendió. Porque al lado de los cinco tomos últi- 
mos, los anteriores no merecen leerse. 

El tomo XV, impreso en 1783, es digno de especial estudio, pues en 
su preparación, y no antes, se encontró Hervás con los materiales de sus 
estudios lingüísticos entre las manos (2). En este tomo, como en todo 



(1) En la portada del tomo XVII se leen por vez primera las palabras Historia de 
las lenguas: Idea delVUniverso che contiene la Storia della vita... e Storia della Terra 
e delle tingue, 

(2) No creo haya alusión alguna en los catorce primeros tomos italianos á estudio 



284 LORENZO HERVÁS 

período de transición, se nota cierto desorden é inexactitudes que mani- 
fiestan claramente cómo Hervás iba concibiendo un plan vasto y gran- 
dioso, sin tenerlo aún fijo y determinado (1). En sus últimas páginas, no 
obstante, hallamos casi formado del todo el plan de la Historia de las 
lenguas, y con él la respuesta dada por el mismo Hervás á la segunda 
pregunta que se propuso de cuándo y cómo empezó sus estudios sobre 
lenguas. Dice Hervás (XV, 172): 

«Sobre la confusión de las lenguas, ó más bien, sobre el origen de los idiomas que 
aparecieron por primera vez en la fábrica de la torre de Babel, se hacen por los autores 
muchos y variadísimos discursos... Yo, por ahora, sobre estas cuestiones... brevemente 
diré que la confusión de la antigua y única lengua hablada entre los hombres en el 
tiempo del Diluvio, y el origen de los nuevos idiomas resultantes en la misma confu- 
sión, son hechos que aunque no se contaran en la Historia Sagrada, ni se hallasen indi- 
cados en la tradición de los pueblos, se deducirían indudablemente y aparecerían evi- 



de lenguas que tuviera Hervás entre manos, ni siquiera donde la materia le podía su- 
gerir esas ideas, como años después se las sugería... Verbigracia, en el tomo I, pág. 127: 
Tempo in cui I' infante incomincia a parlare, se c'é idioma naturale all'Uomo, e sulla 
diversitá degVidiomi; VI, 178: Propagazione del genere amano; XI, 24: Invenzione dei 
Caratteri scriturali. 

Siendo muy de advertir: 1.°, que en 1785, al dar cuenta en su prospetto della Storia 
della vita dell'uomo, del capítulo VIH del libro II (donde está el primer pasaje aquí se- 
ñalado), en seguida habla de sus estudios lingüísticos (pág. 6, columna 2.^); 2.'^, que la 
misma idea de la propagación del género humano le lleva en el tomo XV á considerar 
la confusión de las lenguas y su diversidad, y 3.", que á la invención de los alfabetos 
se hace alusión al fin del tomo XV, donde expone el programa de sus estudios lingüís- 
ticos, como en el texto se dirá en seguida. 

Si alguno tuviera aún alguna duda de esto, considere que.las obras españolas escri- 
tas después del tomo XV, constantemente hablan de lenguas, v. gr., la Historia y la 
Escuela, lo mismo que á partir del tomo XV las obras italianas; v. gr., XVI, 8, 60, 
90; XVII, 2, 91...; XX, 9, donde se dice expresamente: 

«Le míe circostanze e ristrettissime facoltá lontaníssimo mi tengono dal potere 
sperare questi vantaggi necessarj a ben riuscire nella quasi temeraria impresa della 
storia delle Hngue, che nel tomo XV dell'Idea dell'Universo, e poi in altri tomi promisi 
di publicare.» 

(1) No deja de ser curiosa la confrontación de las referencias del tomo XV á los 
tomos que habían de seguirse, XV, 90: «Giacché per non interrompere il discorso ho 
tralasciato di notare tali nomi [del sol, luna... en diversas lenguas] e mesi che,., ho rac- 
colto coH'occasione di radunare notizie particolarissime che nel tomo XVI sí metteranno 
sulla moltitudine delle lingue, e sul loro vario e mirabíle artifizio...» Ahora bien, sobre 
la muchedumbre de las lenguas trata el tomo XVII, y sobre el artificio el XVIII; el XVI 
no se ocupa de eso. En el XV, 141, se promete «traduzione letterale del Pater noster'm 
molte lingue Madri, che si metterá nel tomo XVI». Pues bien: tales traducciones se 
ponen en el tomo XXI. Nótase el mismo error en las citas al tomo XVI de las páginas 
148, 172, 173, 174. 

De modo análogo se hallan en el tomo XV citas del tomo XVII, que no le correspon- 
den; V. gr., XV, 55, 148, 150, 152, 155. 

Estas equivocaciones no son casuales, sino que pretendió indudablemente incluir 
en el tomo XWltodo lo referente á lenguas, y en el XVII lo perteneciente á la dispersión 
de los hombres, población del mundo, establecimiento de las más antiguas y famosas 
naciones, que en parte va en el XVI, tal como ahora lo tenemos, cf. XV, 148. 



LORENZO HERVÁS 285 

dentes, considerando y observando con atención la muchedumbre de las lenguas que 
hay en el mundo esencialmente diversas, ya por la variedad de sus palabras, ya por la 
notabilísima diferencia de su peregrino y admirable artificio. Si en la confusión de las 
lenguas acaecida en la construcción de la torre de Babel no hubieran nacido nuevos y 
diferentísimos idiomas, en todas las lenguas de las naciones se descubrida alguna rela- 
ción de unas con otras, se hallarían ideas relativas á aquella primera y única lengua... 
así como todos los alfabetos de las naciones, por proceder de un mismo origen, nos 
ofrecen en el orden de las letras, como se notó en el tomo XI, capítulo III, § I [pág. 24, 
clara relación entre sí, aunque se encuentren alterados en la figura ó forma de los carac- 
teres. De aquí que la muchedumbre y variedad admirable de las lenguas que hasta 
ahora existen (habiendo perecido muchísimas), sin asemejarse en nada, son prueba 
concluyente del hecho de la confusión de las lenguas narrado por Moisés. Esta prueba 
aparecerá verdaderamente eficacísima y sorprendente cuando se presente á la vista un 
ensayo de la muchedumbre y variedad admirable de las lenguas; por esto yo, con tra- 
bajo y fatiga grande, he procurado formar un tal ensayo, y con este fin he reunido la 
oración del Padre nuestro en más de sesenta lenguas, de las cuales más de cuarenta son 
lenguas madres (1). He recogido también los numerales de muchísimas naciones y los 
elementos gramaticales de no pocas lenguas desconocidas de los europeos. Mi pensa- 
miento, que era vastísimo,. pues se extendía á dar alguna idea de más de cien lenguas 
madres, de cuya existencia tengo noticia cierta, se hubiera efectuado perfectamente 
diez y seis años ha, cuando llegué á Italia con los demás compañeros jesuítas españo- 
les, de cuyo singular conocimiento y pericia en las lenguas hubiera podido aprove- 
charme (2). Al presente no tengo esta ventajosísima ocasión, puesto que en este tras- 
curso de años han pasado á mejor vida, y al goce del premio de sus fatigas, más de 
doscientos Misioneros de naciones bárbaras, en cuyas lenguas bien pocos españoles ó 
americanos instruidos encuentro en Italia.» 

Y lo que dice Hervás al principio de su tarea, lo confiesa desde la 
primera página del Catálogo (italiano) y lo repite á cada paso en sus 
demás obras, y sobre todo en la más acabada del Catálogo (castellano), 
dando así la gloria á quienes de derecho en gran parte pertenecía (3). 

En este Catálogo tenemos además indicados los medios con que 
contó Hervás para sus estudios sobre lenguas. 

Pues en el art. IX de la Introducción, recordando que en artículos 



(1) En el avviso de la pág. 2 del tomo XVII se promete la oración del Padre nuestro 
en doscientas lenguas al menos; en el tomo XXI cumple lo prometido con el Saggio 
Pratico delle tingue... e una raccolta d'orazioni Domínícali in piú di trecento tingue e 
diatetti. 

(2) En el tomo XXI (dedicado, como ya se notó, en 10 de Agosto de 1785) viene á 
decir lo mismo: 

(Pág. 56.) «Sonó poco piú di due anni, che mí venne il pensiere di scrivere la Storla 
delle lingue coU'oportunitá, che mi dava... II pensiere m'é venuto un poco tardi perche 
in 18 anni dalla loro venuta sonó morti piú di dugento.» 

(3) Dejo á los que quieran recorrer las páginas del Catátogo italiano y castellano el 
gusto de encontrar por silos nombres propios de esos misioneros. 

Justo es, no obstante, confesar, y Hervás no lo niega, que otras personas, y sobre 
todo religiosos de otras Órdenes, también le ayudaron con sus obras ó escritos. 
Cf. Catátogo, I, 206; Historia, I, 128; Viaje, IV, 7...; y entre sus cartas se halla una de un 
tal Jácome Capistrano de Moya, que se profesa discípulo y afectísimo de la Compañía 
de Jesús y ofrece á Hervás libros y datos para la «vastísima obra de la Paleografía 
universal». 



286 LORENZO HERVÁS 

anteriores había discurrido del modo de conocer el número, afinidad y 
diversidad de las naciones por medio de las lenguas, sobre la manera útil 
con que se deben observar esas mismas lenguas, la utilidad religiosa, 
civil y científica de esta observación, las ideas con que otros autores se 
han dedicado á estos estudios, junto con sus principales obras, entra á 
proponer los medios y circunstancias que él ha tenido para escribir 
esta obra: 

«En la exposición de todos estos asuntos habrá conocido claramente el lector que 
para la formación de la obra presente he debido consultar los libros gramaticales de 
las lenguas, ó á los que las hablaban ó entendían á lo menos... Yo, pues, he procurado 
leer y aun comprar (sin temor de la incomodidad á que me exponía la estrechez de mis 
limitadísimas facultades) libros gramaticales de cuantas lenguas he tenido noticia. Esta 
me hizo conocer que de poco número de ellas había libros impresos, y que, por tanto, 
debía yo suplir la falta de éstos consultando á los que hablaban ó entendían los mu- 
chísimos lenguajes de que nada se ha impreso. Para esta consulta me han ofrecido mis 
circunstancias presentes la ocasión más ventajosa que hasta ahora ha habido en el 
mundo y que difícilmente se logrará otra vez en los siglos venideros. Esta ocasión ha 
sido y es la de hallarme en Italia en medio de muchedumbre de jesuítas sabios, antes 
dispersos por casi toda la faz terrestre para anunciar el Santo Evangelio aun á las na- 
ciones más remotas y bárbaras, y ahora compañeros míos envueltos en la misma des- 
gracia, que arrancándonos del seno de la patria nos ha arrojado á las playas de Italia. 

»En ésta, rodeado yo de zelosos y sabios misioneros de casi todas las naciones 
conocidas del mundo, he podido fácilmente consultar á unos de palabra y á otros por 
escrito, pidiendo á cada uno las palabras que de la lengua de la nación de su misión 
pongo en mi vocabulario polígloto y en otros tomos, y alguna noticia de su artificial 
gramática. Con la dirección de varios de dichos misioneros he formado algunas gra- 
máticas y otros me han favorecido formándolas. Estos manuscritos y las muchas car- 
tas con que los misioneros han respondido á mis preguntas y dudas sobre las lenguas 
y naciones que las hablan, forman parte preciosa de mi pequeña librería políglota (1). 

»Á esta ciudad de Roma, que ahora como centro del catolicismo es patria común 
de todo el orbe catóUco..., concurren freqüentemente forasteros de gran número de 
naciones de todo el mundo, y en los catorce años de mi residencia en ella he procu- 
rado informarme del carácter de aquellas lenguas que los dichos forasteros sabían ó 
de que tenían noticias que yo no había logrado...» 

Quede, pues, asentado que si Lorenzo Hervás y Panduro merece 
con justicia el nombre de padre y fundador de la Filología comparada, 
que alguno ha pretendido negarle (2), por confesión del mismo Hervás 
los desterrados ex-jesuítas españoles le proporcionaron los materiales 
necesarios. 
4. De residencia Hervás en Roma, donde pudo firmar el 15 de Agosto 



(1) De estas cartas sólo conservamos entre las de Hervás una del P. Ignacio Mon- 
tenegro, escrita desde Genova el 5 de Julio de 1783, con el Padre nuestro en holandés 
y dinamarqués, y otra del P. Petisco, del 22 de Mayo del mismo año, con el Padre 
nuestro y numerales en vascuence. 

(2) Cf. Biblioteca histórica de la filología castellana, por el Conde de la Vinaza, 
pág. XXV, y Max Müller, Lectures on the Science, of language (en Abril, Mayo y Junio 
de 1861), páginas 135 y 136. 



LORENZO HERVÁS 287 

de 1785 la dedicatoria del tomo XVIII, fácil es prever las ocupaciones que 
llenarían su vida. 

Convencido como estaba de que sus estudios lingüísticos, así como 
la Historia, no podían prosperar sin conocer los documentos que se 
guardan en bibliotecas y archivos, cf. Historia, II, 407, sus principales y 
constantes visitas fueron á las bibliotecas de Roma y al archivo de Pro- 
paganda Fide, junto con la continua comunicación por cartas y de pala- 
bra con los misioneros y otras personas que le podían dar alguna luz; 
siendo no pocos los que, como afirma expresamente de los ex-jesuítas 
Camaño, Velasco, Gilii y Clavijero, sufrieron sus frecuentes y raras 
preguntas (XIX, 92). 

Sobre esto tercero se ha dicho algo, aunque no todo lo que podría 
decirse; v. gr., sabemos por el Catálogo (III, 51) que para tener algunas 
palabras sobre el lenguaje cimbro escribió á quien pudiera instruirle; 
y dudando sobre la semejanza entre el croato, ilírico ó dalmatino, bohe- 
mio, polaco y moravo, un religioso franciscano, «el P. Zaidler, moravo, 
conventual de San Francisco y actualmente penitenciario de San Pedro 
en esta ciudad de Roma, me ha hecho la siguiente advertencia: el mo- 
ravo entiende perfectamente al bohemio; bastante bien al húngaro escla- 
vón; menos bien al polaco, menos al croato y al dalmatino y mucho me- 
nos al ruso y al moscovita». Catálogo, III, 138. 

Á este cuidado de aprovechar las ocasiones de instruirse iba unido 
un diligentísimo espíritu de investigación personal de que hay numero- 
sas pruebas en todos sus escritos. 

En más de una ocasión pudo decir con legítimo orgullo (Escuela, I, 
32 y 35), refiriéndose á estudios médicos á que era inclinado, «sobre las 
causas de la sordera en los que nacieron sin falta de oído largamente 
tratan los anatómicos y físicos, mas ninguno de ellos (según mis noticias 
y he observado más de cien obras de famosos físicos) ha indagado la 
causa de la sordera en los que nacen sordo-mudos», y «en circunstan- 
cias de haberse impreso en italiano un libro, que reproduxe con nuevas 
observaciones en castellano sobre la anatomía físico-filosófica del hom- 
bre, he examinado á lo menos cincuenta obras diversas de los más famo- 
sos anatómicos y no me acuerdo haber leído alguna noticia sobre la 
anatomía de la cabeza de los sordo-mudos». 

Esta investigación era sostenida por el deseo insaciable de acudir á 
las verdaderas fuentes; por esto, aunque alaba en la Revolución (I, 226) 
de crítica y excelente la historia del Calvinismo de Maimbourg y su re- 
lación sobre las rebeliones y guerras que causó, «mas yo de este autor 
[dice] nada me sirvo y ni aun he querido observarlas en su historia, por- 
que he determinado decir... lo que he observado en los manantiales más 
puros de la historia». 

Después de preguntar á los misioneros vivos, nada más útil que pre- 
guntar á los muertos, cuyos testimonios escritos guardaba el Colegio de 



288 LORENZO HERVÁS 

Propaganda (XIX, 163): «Buscando documentos para descubrir la afini- 
dad de algunas lenguas orientales, tuve la suerte de leer en la biblioteca 
del Colegio de Propaganda algunos manuscritos donde los misioneros 
habían notado los nombres que ellos no entendían, pero sí sabían eran 
usados en dos naciones orientales para designar los días de la semana y 
los meses del año.» Y en el Viaje (IV, 7) tiene cuidado de notar que 
«las obras manuscritas de Hanxleden [Juan Ernesto Hanxleden, S. J.] 
están en la biblioteca del Colegio de Roma llamado de Propaganda fide; 
en dicha biblioteca las he leído». 

No eran solos los libros ó manuscritos del colegio urbano ó de Pro- 
paganda los que utilizaba Hervás, y así, hablando del Derecho canónico 
ó eclesiástico de España en su Historia (IV, 131), dice: 

«Los códices romanos son los siguientes: el exemplar del códice 
Lucense (cuyos índices están en la biblioteca del Escorial)... Este códice 
está en el núm. 4.887 de la biblioteca Vaticana. En ésta, al núm. 1.341, 
se halla el códice llamado Heduense ó Agustodonense... En el núm. 575 
de la dicha biblioteca Vaticana hay otro códice imperfecto que pertene- 
cía al Monasterio de San Martín de Maguncia... En el núm. 1.338 he 
visto y observado un gran códice de pergamino en folio...», etc. 

Pero no es preciso revolver las obras de Hervás para mostrar su 
diligencia en acudir á las bibliotecas romanas, cuando una de sus obras 
lo prueba sola bien claro. 

Me refiero al «Catálogo de manuscritos de Escritores Españoles y 
Portugueses, existentes en siete bibliotecas insignes de Roma, que son 
las siguientes: I, Angélica; II, Barberini; III, Casanatense; IV, Corsini; 
V, Jesuítica; VI, Vallicellana; VII, Zelada», y á los «Códices que de 
Colecciones canónico-españolas hai en las bibliotecas de Roma»; obras 
ambas que forman parte ó complemento de la Biblioteca Jesuitico-espa- 
ñola de Hervás, fechada en Roma el 2 de Abril de 1794 y aumentada 
hasta 1799. 

En la introducción al Catálogo de manuscritos hay noticias que no 
merecen desconocerse. 

«Mi venida á esta ciudad de Roma y mi establecimiento en ella no tuvieron otro fin 
que el de poder aprovecharme del tesoro de sus muchas y excelentes bibliotecas; y 
apenas empecé á observarlas cuando advertí que en ellas se depositaba de escritores 
españoles muchedumbre de preciosos manuscritos...; al Señor Bayer, Prefecto de la 
Real Biblioteca de Madrid... escribí, proyectándole [proponiéndole] que con la rara y 
ventajosísima ocasión de hallarse en esta ciudad de Roma muchedumbre de ex-jesuitas 
españoles instruidos en toda clase de ciencias, se podria pensar en valerse de ellos con 
poco gasto para observar y trasladar los manuscritos que, depositados en dichas bi- 
bliotecas, se juzgarían convenir y ser útiles á los intereses de la nación española... El 
aviso de mi proyecto no tuvo ni aun el mérito de lograr respuesta... y... determiné em- 
prender por mí solo la laboriosa y útil tarea de observar á lo menos el número y la 
calidad de los manuscritos que de escritores españoles existen en las bibliotecas ro- 
manas.» Grande ha sido el trabajo por la falta de los Índices. «El Índice de manuscritos 
que he hallado más completo es de la biblioteca Vallicellana...; esta biblioteca contiene 



LORENZO HERVÁS 289 

un tesoro de manuscritos pertenecientes á la historia eclesiástica de España; los ma- 
nuscritos de las demás bibliotecas pertenecen á diversos ramos de literatura, entre los 
que el teológico es el más abundante.» 

En la introducción á los Códices expresa que, recogiendo los que 
pertenecían á colecciones canónicas guardados en las bibliotecas de 
Roma, ha querido dar alguna ilustración á la obra manuscrita de Burriel 
sobre los códices que se guardan en España, cuando llegue el deseado 
tiempo de publicarse este insigne trabajo sobre nuestra antigua legisla- 
ción canónica. 

Estas ocupaciones literarias de Hervás, continuadas con incansable 
diligencia hasta su salida de Roma, dieron por resultado sus mejores 
escritos. En Roma acabó la colección italiana de sus obras; empezó á 
publicar en castellano sus diversas partes por separado, notablemente 
mejoradas y aumentadas. Allí escribió la Escuela de sor do-mudos, ia 
Biblioteca; arregló el Arte de escribir y la Paleografía y otras muchas 
obras; del mismo Catálogo decía en el tomo IV, pág. 3: 

«Habiéndole [el tomo III] enviado á España en el año 1798 para que 
se diera á la pública luz, luego en 17 de Octubre del mismo año salí yo 
de Roma para la misma península, en donde esperaba escribir el pre- 
sente... Mas hallándome en ella falto de los apuntamientos y libros que 
para continuar dicha obra había preparado... me ocupé en escribir otras 
obras...» 

En medio de estas ocupaciones halló Hervás tiempo para asistir á las 
disertaciones de Anatomía del Sr. Flajani, protocirujano de su Santidad 
(Historia, III, 319), estudio á que se sentía inclinado y de que dio pruebas, 
sobre todo, en su Hombre físico ó Anatomía humana f Isleo-filosófica; se 
ocupó en recoger libros sobre lenguas para los trabajos del Sr. Pallas (1); 



(1) Catálogo, I, 64: 

«El año 1785 el Señor Santini, agente imperial de la corte de Petersburgo en esta 
ciudad, tuvo orden de su corte para enviar á ella todas las obras que los jesuítas habían 
pubhcado en Italia sobre las naciones americanas y asiáticas y principalmente sobre 
lenguas. Estas obras que por encargo de dicho agente yo recogí, debían servir de ma- 
teriales al señor Pallas, famoso literato y viajador por todo el imperio rusiano, para 
que hiciera una confrontación ó cotejo de todas las lenguas conocidas. No he visto 
aún esta obra, que sé haberse empezado á publicar antes del año 1789...» 

Al comunicar en el tomo XVIII (pág. 12) el mismo proyecto del Sr. Pallas, termina 
Hervás el párrafo: «II Signore Pallas conta coll'assistenza del Ministero Russiano, ed io 
soltanto colle míe prívate fatiche dovendo scrivere tutto dapperme e fare dapper me 
solo tutte le ricerche.» 

Al escribir, no obstante, las Hneas del Catálogo gozaba de doble pensión, concedida 
en 1787. Informando Azara en 15 de Junio de 1785 sobre el asunto, daba este testi- 
monio de Hervás: «Es de buenas costumbres y muy aplicado á las ciencias.» 

Sabido es que la pensión anual concedida á los ex-jesuitas era de 100 pesos, de 15 
reales, para los sacerdotes y escolares, y 90 páralos coadjutores, correspondiendo á 
cada trimertre 375 reales vellón para los unos, y 337 reales con 17 maravedises para 
los otros. Cantidad á todas luces insignificante. 



290 LORENZO HERVÁS 

hizo en Abril de 1792 un viaje á Ñapóles, pudiendo examinar las excava- 
ciones que por entoncen se llevaban á cabo en Pompeya (1); y en el 
mismo Roma no quedó insensible ante las obras de arte ó de la antigüe- 
dad. Cf. Historia, V, 95. 

Así pasaron los años para Hervás, sin que apenas amargaran su vida 
sino los disgustos de familia, que en otra parte se insinuaron y no es del 
caso relatar por menudo, y las dificultades no ligeras que encontró en la 
impresión de sus obras en España (2). De éstas tratará la segunda 
parte, haciendo ver cómo las fué venciendo, gracias á la protección 
decidida del Duque de Montemar, su antiguo alumno en el Seminario de 
Nobles; de Tomás Bernad, Barón de Castiel, y de D. José Cistue, fiscal de 



Á esto se añade la gravísima dificultad que á veces se sentía en los Estados pontiü- 
cios, y sobre todo en Roma, de cambiar las cédulas por dinero efectivo; véase en el 
Archivo histórico (Estado, 3.906) una carta de Azara al Duque de la Alcudia, de 30 de 
Septiembre de 1795, y una representación, con la misma fecha, á D. Diego de Gardo- 
quí. En ambos documentos hay cláusulas que sin duda representan más el espíritu 
descreído del Ministro que la verdad; pero en otras se pinta, sin exageraciones, un 
estado de la hacienda pública lamentable; la suerte de los ex-jesuítas causaba lástima 
al mismo Azara. 

Léese en el segundo documento: «Todos los empleados del Rey en este Estadol 
todos los Jesuítas y todos los pagos que se hacen para las expediciones, padecemos 
un agravio tal, que si no se remedia será imposible tirar adelante.» No queremos 
aumento de sueldo, «se trata solamente de proporcionarnos el modo de poder vivir, ya 
que con las cédulas en que se nos paga es imposible. Un solo hombre, sin otra ocupa- 
ción, no me basta á mí para recoger la moneda de cobre necesaria para el gasto de mi 
casa y paga de familia pagando el 16 i por 100 de premio... Los pobres Jesuítas, con la 
miserable pensión de 6 escudos [mensuales] los sacerdotes, y de 5 i los legos, es impo- 
sible que puedan sufrir el menor descuento. Pagándoseles como se les paga de tres en 
tres meses, se les da á los que están en Roma una cédula de 18 escudos; con ella nó 
hallan quien les dé ninguna cosa por menor y se ven obligados á cambiarla como 
pueden con la pérdida acostumbrada.» 

Con esto podemos conjeturar que Hervás, aun con su doble pensión, no andaría 
muy holgado para gastos de sustentación, libros, copistas, propinas... 

Véase sobre la riqueza de Roma en tiempo de Pío VI, la Civiltá, 1906, t. II, pági- 
nas 44, 586; III, 56, 274; IV, 129, 433; 1907, t. I, 657. 

(1) En carta de 18 de Abril, á su primo, anuncia Hervás su ida á Ñapóles. Sobre 
Pompeya, véase El hombre fisico (I, 56, nota d). 

No eran empero, muy del gusto de Hervás los viajes como medio de instrucción, 
sobre todo tratándose de gente muy moza y sin una persona discreta y sabia. Cf. Sto- 
ria, II, 51; Historia, II, 78. 

(2) Es típico el párrafo de una carta de 11 de Noviembre de 1790; hele aquí: «Sigo 
yo con el mismo [estado de salud], gracias al Señor, que en la Italia me ha preparado 
una especie de paraíso, en que no conozco el menor mal corporal, y si es verdadero 
lo que me dicen todos los conocidos, no doy pruebas sino Hgerísimas del efecto de 
los años; á la verdad, muchos que no me han conocido sino poco tiempo me dan 
cuarenta años de edad, mas tengo cincuenta y cinco cumplidos. La vida literaria me 
acomoda y la distribución de comer y dormir me conserva. Como comúnmente á las 
cuatro de la tarde, no ceno jamás y duermo una vez sola, esto es, ocho horas por la 
noche. El comer tardísimo es aquí común, y yo más de la mitad del año como en con- 



LORENZO HERVÁS 291 

la Cámara de Indias. A éste enviaba, en carta á Antonio Panduro en 10 de 
Noviembre de 1790, «los dos tomos impresos de la Historia del Hombre, 
suplicándole que los reciba como obsequio y no como correspondencia á 
los favores que sin conocerme me dispensa, dándome motivo para apli- 
carle las palabras del Salvador al Centurión: Non inveni tantam fidem in 
Israel, por Israel debo yo entender España». 

5. Antes de pasar al tercer período de la vida de nuestro Hervás, que 
comienza cuando en 1798 pudo volver á su patria, levantado el des- 
tierro por real orden de 11 de Marzo de 1798, justo es notemos las prin- 
cipales distinciones con que en Roma se vio honrado; algunas insinúa 
Caballero con no poca indecisión (páginas 46 y 71). 

La principal distinción para un autor es la estima de sus obras, el 
verse citado con honor de amigos y desconocidos. De estas citas y ala- 
banzas copia algunas el mismo Hervás en el principio de su obra manus- 
crita Respuesta apolegética (que, como veremos, está en la Biblioteca 
Nacional); hizo esto para defender y acreditar sus escritos, que encon- 
traban seria oposición en España. En esta Respuesta hay una noticia 
interesante: «Sepa también el censor que los manuscritos inéditos del 
autor sobre lenguas, &, se han querido comprar á caro precio, pues el 
Sr. Pallas, consejero imperial de Rusia, escribió al Sr. Gilii para que 
redujese al Autor á venderlos, y el primer Ministro de Rusia escribió 
al Sr. Santini, agente de Rusia en Roma, para que págase quanto pidiese 
el autor, que no quiso venderlos para hacer el servicio de regalarlos á 
España». 

Fué Hervás grande admirador de Humboldt (Catálogo, V, 220), y 
según Caballero (pág. 137), citando al P. Ramón Diosdado Caballero, 
que á su vez lo supo del mismo Hervás, no pudiendo continuar las pro- 
yectadas gramáticas de las principales lenguas americanas, confió á 
Humboldt este cuidado, regalándole sus manuscritos. «Por este medio, el 
filólogo prusiano Juan Cristóbal Adelung, en el tomo de su Mithri- 
dates, 1806, y. el sajón Juan Severino Vater, continuador de la misma 
obra, 1807-1817, aprovecharon las Gramáticas abreviadas del escritor 
español, citándolo con merecido elogio.» En los apuntes del P. Uriarte 
veo escrito que aún se guardan en la Biblioteca imperial de Berlín, nú- 



vites, los que me distraen del estudio y de[l] continuo pensar á que estoy acostum- 
brado.» 

Por esto dos años más tarde decía á su primo: 

«Si, como es voz pública, se publica el decreto de vuelta de los ex-jesuítas, nos vere- 
mos, quizá, primero en Madrid que en el Orcajo; pues yo en ninguna ciudad de España 
puedo tener libros para escribir sino en Madrid, y aun en éste no hallaré la mitad de 
los que hallo aquí y necesito.» 

«Si viniere orden para ir á España... sentiré dejar esta ciudad, que excede tanto á 
Madrid como éste al Orcajo; yo ya me creía romano para siempre, mas estol dispuesto 
para ser otra vez español.» 18 de Julio de 1792. 



292 LORENZO HERVÁS 

mero 24 de la colección de Humboldt, Elementi gramatical: della lingua 
guaraní, por el abate D. Lorenzo Hervás y Panduro, escritos en italiano, 
con notas en español del autor y otras de Humboldt. 

La Real Academia de las Ciencias y Antigüedades, de Dublín, hizo 
á Hervás su socio en 1785, y á esta Sociedad dedicó Hervás reconocido 
el tomo XVIII de sus obras italianas (1). En 1786 le abrió sus puertas la 
Academia de la Etrusca de Cortona (2), y los últimos años de su resi- 
dencia en la Ciudad Eterna pudo Hervás agregar á su nombre en la 
portada de las obras (v. gr., Historia, V): Teólogo del Eminentísimo 
Señor Cardenal Juan Francisco Albani, Decano del Sagrado Colegio y 
Canonista del Eminentísimo Señor Cardenal Aurelio Roverella, Pro- 
Datar io del Santo Padre. 

Azara, no obstante, en una carta dirigida á Floridablanca sobre las 
obras del abate Hervás y fechada el 7 de Noviembre de 1787, al firmar 
había puesto de puño propio esta 

«P. D. Esperando un poco, este autor irá á la casa de locos, y ya 
poco falta, basta leer su obra.» 

Si Hervás hubiera leído esa frase, al verse honrado en Italia con las 
distinciones dichas, hubiera podido repetir también: Non inveni tantam 
fidem in Israel, por Israel debo yo entender España. 

E. Portillo. 
(Continuará.) 



(1) En la dedicatoria, firmada en Roma el 15 de Agosto de 1785, decía: «L'accoglienza 
che dal benigno vostro compatimento é stata data alie mié produzioni, e la vostra 
singolare bontá nel distinguermi di proprio moto ne'mesi scorsi coH'onorevole 
aggregazione al vostro illustre corpo, da me exigono, che... vi offerisca questo tomo...» 

(2) En el tomo XX, pág. 110, al hablar de la lengua eírusca: «A questa impresa mi 
spingea non solamente l'impegno di'trattare di tutte le lingue conosciute, ma ancor un 
altro per me nuovo estimólo, ed obbligazione di'significare allilustrisima Accademia 
Etrusca la mia gratitudine per avermi distinto di proprio moto coll'aggregazione al suo 
ilustre corpo, facendo, che per mezzo del chiariss. Socio Etrusco Sig. Márchese Cuzzio 
Venuti la patente dell'aggregazione ed il primo avviso dell'onore compartitomi mi 
giungessero insieme.» 

Esto se escribía en 1786, pues hablando luego (pág. 111) de la consulta hecha al 
ex-jesuíta Lanzi, dice que éste le enseñó su ensayo sobre la lengua etrusca y otras 
antiguas de Italia «che si pubblicherá sul principio del venturo anno 1787», aunque en 
el tomo XIX (Cesena, 1786) no pudo poner aún Hervás junto á su nombre este segunda 
titulo honorífico. 



Las misiones católicas entre infieles. 



Una de las páginas más consoladoras de la historia eclesiástica con- 
temporánea es la de las misiones católicas entre infieles. Casi aniqui- 
ladas hace un siglo, se presentan hoy tan llenas de vida como en sus 
mejores tiempos, como en los días de los Apóstoles, como en la época 
de las misiones benedictinas entre germanos y eslavos, como en los dos 
siglos que siguieron al descubrimiento de América y de las Indias Orien- 
tales. 

Á mediados del siglo XVIII las misiones, aunque decaídas algún tan- 
to, conservaban aún una buena parte de su anterior grandeza; pero 
desde el año 1759, en que fueron expulsados los jesuítas de Portugal, la 
decadencia fué rapidísima. Con la expulsión de la Compañía de Jesús de 
los dominios portugueses, franceses y españoles, perdieron las misiones 
más de 3.000 misioneros, que en vano se procuró suplir con nuevos ele- 
mentos; y en 1773 lograron los impíos ministros de las Cortes borbóni- 
cas completar su obra destructora, arrancando á Clemente XIV el breve 
de extinción de la Compañía. En 1789 estalló la revolución francesa, 
que casi logró acabar con los misioneros de esta nación. Siguieron pocos 
años después las guerras de la Independencia en las repúblicas hispano- 
americanas, y las luchas civiles y persecuciones religiosas que allí se 
sucedieron y acabaron de arruinar las misiones de casi toda América; 
mientras que las guerras y revoluciones europeas, y las persecuciones 
contra las Órdenes religiosas, secaban casi por completo las fuentes de 
misioneros. Al finalizar el primer tercio del siglo XIX las misiones cató- 
licas presentaban el aspecto de un inmenso montón de ruinas. 

Poco á poco empezaron á remediarse tantos estragos; y las misiones 
católicas comenzaron su obra de reparación, lentamente en el segundo 
tercio del siglo XIX, y después cada vez con más rapidez, hasta que en 
nuestros días el entusiasmo por las misiones se va apoderando uno tras 
otro de todos los pueblos católicos. Las Órdenes religiosas antiguas 
y las nuevas Congregaciones, el clero secular y los católicos seglares 
rivalizan en celo por las misiones, y el número de misioneros y de neó- 
fitos, en progresión creciente cada año, nos hace esperar triunfos mayo- 
res para el porvenir. 

Una ligera ojeada (1) por las actuales misiones catóUcas nos dará 
una idea de su organización y florecimiento. Después en un segundo 



(1) Para mayor amplitud puede consultarse la obra de Fried. Schwager, Die Katho- 
lische Heidenmission der Gegenwart, Steyl, 1907-1909; la obra no está aún terminada, 
pero es excelente y, según creemos, única en su género. 

Como complemento puede consultarse el hermoso Katholischer Missionsatlas, de 
K. Streit, Steyl, 1906. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 20 



294 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

párrafo trataremos de lo que se trabaja entre los católicos de Europa y 
América por las misiones. 

I 

ESTADO ACTUAL DE LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

América.— Comencemos nuestra reseña por las misiones de Amé- 
rica, empezando por la América latina. Estaba ya ésta á mediados del 
siglo XVIll casi del todo ganada para el Catolicismo y la civilización, 
cuando los trastornos que acabamos de indicar, no solo impidieron los 
progresos de las misiones, sino que hicieron que muchas tribus de indios 
ya convertidos, pero todavía poco firmes en la fe, volvieran á su antigua 
vida de salvajes. Después han ido los misioneros ocupando poco á poco 
sus antiguos puestos, y es de esperar que la evangelización, tan brusca- 
mente interrumpida en el siglo XVIII, quedará felizmente terminada en 
el XX. Las actuales misiones en la América latina comprenden cerca de 
un millón de católicos; pero de éstos una buena parte son de origen euro- 
peo, ó mestizos, ó indios convertidos antiguamente, etc. Precisamente 
por esta mezcla de tan diversos elementos es por lo que las misiones 
de la América latina son las más deficientes en sus estadísticas, sin que 
sea posible determinar el número de neófitos, ó sea de infieles conver- 
tidos en los últimos tiempos al Catolicismo; sin embargo, bien se puede 
asegurar que se acercan á medio millón. Faltan asimismo datos para 
calcular, siquiera aproximadamente, el número de infieles que aún que- 
dan en la América latina; pero se conjetura que será de poco más de dos 
millones, de ellos unos 600.0C0 en el Brasil, 350.000 en el Perú, 250.000 
en Bolivía, 200.000 en el Ecuador, etc. 

Aunque, como se ve por estas cifras, la misión entre los infieles de 
la América latina no tenga, ni con mucho, la importancia de las grandes 
misiones de Asia y África, es, sin embargo, muy digna de atenderse, 
para acabar de ganar para Jesucristo estas regiones de tanto porvenir. 
Por razones fáciles de comprender, es esta misión la preferida por los 
religiosos españoles. 

^ Fuera de la América latina, existen en América algunas misiones de 
indios en los Estados Unidos, en el Canadá y demás posesiones ingle- 
sas, y en las posesiones holandesas. Desgraciadamente, el sistema de 
exterminio de la raza india, seguido por los anglo-sajones, ha reducido 
la' población indígena á unos cuantos centenares de miles, de los cuales 
son católicos unos 200.000. 

Mucho más importante que esta misión es la de los negros de los 
Estados Unidos, como que su número pasa de ocho millones. Es cierto 
que una buena parte de ellos, por lo m^os de cuatro á cinco millones, 
pertenece exteriormente al Protestantismo; pero tanto entre los negros 
infieles, como en los otros que llevan el nombre, y nada más que el nom- 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 295 

bre, de protestantes, se podría hacer mucho fruto. Mas los católicos 
norteamericanos no han trabajado en esta misión como lo pedía su im- 
portancia; de aquí que el número de negros católicos norteamericanos 
apenas llegue á 200.000. Últimamente parece que se va cayendo en la 
cuenta de la falta cometida, y sobre todo desde el último Congreso cató- 
lico de Chicago se nota en este punto una actividad que promete me- 
jores tiempos para la infeliz raza negra de los Estados Unidos. 

Nada menos que unos 1.000 sacerdotes misioneros, aparte de unos 
300 religiosos no sacerdotes y de más de 1.000 religiosas (1), están con- 
sagrados á la instrucción de los neófitos americanos y á la envangeliza- 
ción délos infieles que aún quedan en aquel continente. El número de ope- 
rarios es sin duda respetable, pero todavía no es suficiente para la com- 
pleta evangelización de América; tanto más, cuanto que por la escasez 
de clero allí reinante se ven obligados los misioneros á atender también á^ 
los cristianos antiguos, y por otra parte, las distancias enormes de aque- 
llos territorios dificultan extraordinariamente la misión. 

Las misiones entre los míz/zo/Tzeía/zos.— Interpuestos entre la Europa 
cristiana y los pueblos paganos de África y Asia, viven los mahometanos, 
que durante muchos siglos fueron el obstáculo principal de las misioneS) 
católicas y el enemigo más formidable del Cristianismo. Todavía son los> 
infieles más difíciles de convertir, y sabido es el proselitismo que aún 
despliegan entre los negros del continente africano y hasta en la India y^ 
las islas del Extremo Oriente; pero ya no pueden ejercer sino en casos 
aislados aquella propaganda armada, á la que deben el ser una religión 
de 230 millones de adeptos. Hay escritores, y no pocos, á quienes trae 
preocupados el panislamismo con su misterioso centro de propaganda de 
Dscharabub, sus agentes extendidos por el norte y centro de África y 
sus atrevidos planes de arrojar del África á los cristianos; hasta hay 
quienes temen que el movimiento panislamista se extienda por todos los 
pueblos musulmanes y produzca una conflagración universal; pero, al me- 
nos por ahora, nos parece que hay en esto más de fantasía, que de ver- 
dadero peligro. Algo más cierto es que el Mahometismo, como el Bu- 
dismo y el Brahmanismo, empieza á vacilar en sus cimientos ante la luz 
que le viene de Europa. Verdad es, y muy triste, que esta luz no es la 
luz verdadera del Cristianismo, sino los engañosos fuegos fatuos de la 
moderna incredulidad. Por eso es deber de los católicos aprovechar es- 
tos momentos tan críticos, y para conquistar esos pueblos infieles, luchar 
con las mismas armas que la moderna incredulidad, la escuela y la 



(1) En aquellas misiones donde no, existen aún estadísticas posteriores, tomamos 
IOS datos estadísticos de la preciosa Obrita del P.Krose.S. ]., fCatholische Missions- 
statistik, Freiburg i. Br., 1908. Las tablas estadísticas del P. Krose pueden verse repro- 
ducidas en el libro que acaba de publicar el P. Esteban Sacrest, O. P., Catecismo doc- 
trinal y apologético sobre el Estado Religioso, Madrid, 1909, páginas 370-411 y 456. 



296 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

prensa. No ha dejado de conocer el Protestantismo lo crítico de estas 
circunstancias, cuando entre los 33 millones de mahometanos de Turquía, 
Persia y Egipto empiezan á dominar ideas que han de transformar radi- 
calmente aquellos países, y los 62 millones de la India y los 20 de la 
China se encuentran en medio de una de las evoluciones más profundas 
que registra la Historia. Por eso en la Conferencia que celebraron en 1906 
en el Cairo 62 delegados de las sociedades de misiones protestantes, se 
resolvió emprender en gran escala la evangelización de los pueblos ma- 
hometanos; y efectivamente, los protestantes están desplegando una 
activa propaganda en este sentido, y sus escuelas y demás centros de en- 
señanza en Egipto, Siria, el Asia Menor, etc., se multiplican con rapidez 
vertiginosa. 

También, gracias á Dios, las misiones católicas establecidas en Egipto, 
en todo el Imperio turco y en Persia han tomado en los últimos tiempos 
un vuelo sorprendente. Los centros de enseñanza: escuelas de niños, co- 
legios, escuelas de artes y oficios, etc.; así como los establecimientos be- 
néficos: hospitales, casas de huérfanos, casas para peregrinos, etc., se 
han ido multiplicando á la par que las iglesias y conventos. Es ver- 
dad que todo este movimiento progresivo ha tenido por objeto, más el 
conservar á los católicos en la verdadera fe y el atraer á ella á los cis- 
máticos, que el convertir á los mahometanos. Pero también á éstos se ha 
extendido la influencia bienhechora de la misión: las conversiones par- 
ciales de mahometanos se suceden sin interrupción, y la influencia indi- 
recta que se ejerce sobre ellos, desterrando prejuicios y ganando volun- 
tades, es una preparación á la conversión que merece promoverse con 
todo empeño. Además, todo lo que sea robustecer el elemento católico 
en estas regiones, es asimismo una preparación indirecta para la misión 
entre los mahometanos; y en este punto no se puede negar que ha 
habido progresos, y muy notables: baste recordar los millares de cismáti- 
cos, coptos, armenios, nestorianos, etc., que han ingresado en el seno de 
la Iglesia católica, sobre todo desde el Pontiñcado de León XIII. El nú- 
mero de católicos, sólo en Persia, la Turquía asiática y Egipto, pasa ya 
de 1.300,000; sacerdotes católicos hay allí más de 3.000, entre ellos unos 
900 misioneros europeos; los religiosos no sacerdotes son más de 2.200, 
y mayor es aún el número de religiosas. A las escuelas y demás centros 
de enseñanza de estas misiones asisten unos 100.000 alumnos. 

Con los mahometanos de la India y de la China se trabaja desgracia- 
damente muy poco; ni puede ser de otra manera, dada la escasez de ope- 
rarios apostólicos en aquellas extensas regiones. Es una verdadera lás- 
tima, pues los 62 millones de mahometanos de la India constituyen el 
grupo más numeroso, y los 20 millones de la China el menos fanático de 
esta secta. Más abandonados aún están los restantes mahometanos del 
Asia, pues no se ejerce con ellos casi ninguna misión. Únicamente en 
Mindanao tenemos una excepción, y muy brillante. Un Padre jesuíta es- 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 297 

pañol, que todavía trabaja en aquellas misiones, logró á fuerza de pa- 
ciencia y de caridad, despertar entre los moro^un movimiento en masa 
hacia el Catolicismo, y varios miles de ellos abrazaron en poco tiempo 
nuestra santa religión. 

Un ensayo feliz de misión entre los musulmanes es el que han hecho 
los Padres Blancos (fundación del Cardenal Lavigerie) entre los cabi- 
leños de Argel, estableciendo en aquellas montañas varias residencias 
con escuelas, hospitales, etc. En realidad, la instrucción y la caridad cris- 
tiana son los medios más eficaces para iluminar el obscurecido entendi- 
miento y ablandar el duro corazón del musulmán. La labor es en verdad 
dificultosa, y más aún por la guerra que hacen al Cristianismo las auto- 
ridades francesas; mas á pesar de todo, los Padres han logrado ganarse 
el corazón de aquellos cabileños, y en 1906 tenían ya allí 13 residen- 
cias con 804 católicos y 163 catecúmenos, 17 escuelas con 844 ni- 
ños, y 17 establecimientos benéficos cuidados por 92 Hermanas Blan- 
cas. Los convertidos, que han pasado antes por una larga prueba, 
se distinguen por su sólida piedad y su celo, y los Padres abri- 
gan fundadas esperanzas de llegar á convertir pueblos enteros. También 
en el Sahara han empezado los Padres Blancos con el mismo método 
que en Argel, y tienen ya unos pocos convertidos y 480 niños en sus 
escuelas. 

En Marruecos, que tanto interés tiene para España, es tan escasa la 
libertad que se concede á los misioneros, que los franciscanos españoles, 
encargados de aquella misión, apenas pueden hacer más que ejercitar su 
ministerio con los europeos y preparar el campo para mejores tiempos. 
En nuestra colonia de Río de Oro no sabemos que se haya intentado 
hasta el presente la fundación de ninguna misión. 

k¥mck.- Misiones entre los idólatras.— Además de los 44 millones 
de mahometanos extendidos hacia el norte del continente africano, 
se encuentran en el centro y el sur unos 130 millones de infieles en- 
vueltos en el más grosero fetichismo. Todavía reinan entre ellos, más de 
lo que vulgarmente se cree, el canibalismo y el sacrificio de víctimas hu- 
manas, la poligamia y la caza y comercio de esclavos; miles de hombres 
perecen cada año en la bárbara prueba judicial del veneno, y miles de 
niños mueren violentamente, víctimas de los infames hechiceros; y tras 
esto, los animales feroces, las serpientes venenosas, la terrible enferme- 
dad del sueño, el clima abrasador. Mas todas estas dificultades no han 
hecho sino avivar el celo de los misioneros. 

La misión del África central y meridional, casi muerta en el si- 
glo XVlll, empezó de nuevo con modestos y penosos principios en el se- 
gundo tercio del siglo XIX, sostenida principalmente por los intrépidos 
misioneros de la Congregación del Espíritu Santo. Vinieron más tarde 
los grandes viajes de célebres exploradores, como Livingstone y Stan- 
ley; la repartición de los territorios africanos entre las naciones euro- 



298 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

peas (mientras los Gobiernos españoles perdían el tiempo en cuestión- 
cillas de partido); el movimiento antiesclavista, cuyo principal héroe fué 
el Cardenal Lavigerie. Aprovecharon estas favorables circunstancias los 
misioneros, y fueron también repartiéndose para el trabajo las diversas 
regiones africanas, llenando siempre en creciente número los claros que 
el clima producía en sus filas. Empecemos á recorrer las principales mi- 
siones africanas, siguiendo la costa al sur de nuestra colonia de Río 
de Oro. 

Desde el Senegal hasta nuestras posesiones del golfo de Guinea se 
extiende una larga zona, en su mayor parte de clima mortífero para los 
europeos. Fuera del pequeño territorio de la Guinea portuguesa, en todas 
partes hay establecidas misiones florecientes. Ninguna de ellas está to- 
davía muy desarrollada, puesto que la mayor, formada por el Vicariato 
apostólico de Senegambia junto con la Prefectura del Senegal, sólo 
cuenta 19.500 católicos. Sin embargo, todas han vencido felizmente las 
dificultades propias del principio de una misión, y en todas son cada día 
más numerosas las conversiones. Otro de los frutos principales de mu- 
chas de estas misiones es el contener los progresos del Islam, que, á no 
ser por los misioneros, se haría pronto dueño de casi todas estas regio- 
nes. Los principales operarios apostólicos de este espinoso campo son 
los Padres de la Congregación del Espíritu Santo y los Sacerdotes del 
Seminario de Misiones africanas de Lyón. 

Bien merece siquiera una breve mención la misión de la Guinea es- 
pañola, que desde 1857 fué regada durante 13 años con los sudores de 
los jesuítas españoles y hoy está dirigida por los celosos Hijos del Inma- 
culado Corazón de María. En 1898 eran allí los católicos 2.897; en 1908 
subían ya á 6.963. En cambio, ¡con qué sacrificios tan costosos habían 
comprado nuestros compatriotas estos progresos! Desde que se encar- 
garon de la misión en 1883 hasta 1908, habían pasado á.la misión 213 
religiosos, y de ellos habían muerto allí 52 (la gran mayoría antes de los 
cuarenta años de edad); además habían vuelto á España 84 enfermos y 
muerto de ellos 20; total, entre muertos y enfermos, 136. 

Á continuación de la Guinea española vienen el Congo francés, el 
Congo belga y las posesiones portuguesas de Angola con el pequeño te- 
rritorio de Cabinda. En el Congo francés, cuyos habitantes pasan de siete 
millones, y en las posesiones portuguesas con cuatro millones, nos 
encontramos con siete distritos de misiones dirigidas por los Padres de 
la Congregación del Espíritu Santo. Estos misioneros veteranos de África 
van dando á sus misiones un impulso que abre el corazón á las más 
lisonjeras esperanzas. Las magníficas plantaciones y dilatados pastos 
que se extienden junto á sus residencias, y que, cultivadas por los alum- 
nos de la misión, acostumbran á un trabajo inteligente á aquellos pue- 
blos atrasados y perezosos; sus bien dirigidos talleres, donde los naturales 
aprenden todo género de oficios, y al mismo tiempo que se instruyen en 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 299 

las verdades de la fe, se aseguran un porvenir material, han sido justa- 
mente alabadas aun por muchos europeos no católicos. Entre estos siete 
distritos se cuentan ya por lo menos 50.000 católicos (se entiende, pres- 
cindiendo de los católicos antiguos); millares de catecúmenos se prepa- 
ran para abrazar el Catolicismo, y los niños, que en número de más de 
10.000 frecuentan sus escuelas, forman una base sólida para el porvenir. 

No menos halagüeño es el estado de las misiones del Congo belga, 
vastísimo territorio poblado sólo por unos 15 millones de habitantes. En 
1885, después de las célebres exploraciones de Stanley, se puso el Estado 
del Congo bajo la soberanía del Rey de Bélgica. Pocos años antes habían 
penetrado allí los Padres Blancos, que después quedaron con sólo el Vi- 
cariato del Congo Superior, siendo ocupado lo restante del territorio, 
desde 1888 en adelante, por los misioneros de Scheut, Jesuítas, Sacerdo- 
tes del Sagrado Corazón, Premostratenses, Redentoristas, Padres de la 
Congregación del Espíritu Santo, Trapenses, Franciscanos y Misioneros 
de Mill-Hill. El número de todos estos misioneros es de 281. Hay ade- 
más 108 religiosas, que cuidan de 26 hospitales, dirigen las escuelas de 
niñas, etc. Los católicos indígenas del Congo belga pasan ya de 60.000; 
los catecúmenos son más aún, de 80 á 90.000. 

El territorio africano que nos presenta un aspecto verdaderamente 
triste es el sur del África, nombre con que suele designarse la región 
comprendida entre el cabo de Buena Esperanza y los ríos Cunene y 
Zambeza. El clima es de los más sanos de África; una excepción es el 
territorio de la misión del Zambeza, dirigida por Padres de nuestra Com- 
pañía de Jesús: en aquel mortífero suelo murieron 37 jesuítas en los 
veinte primeros años de la misión. El Protestantismo, introducido en 
gran parte del sur del África por los colonos ingleses y boers, pudo 
hacer grandes progresos entre los negros, mientras que los católicos, 
parte por haber sido en algunos sitios coartados en su libertad de acción, 
parte por falta de recursos, parte también por no haber prestado á este 
territorio la atención que merecía, están en una minoría casi insignifi- 
cante: 30.000 negros católicos habrá en el África meridional, mientras 
que los negros protestantes pasan de medio millón. Es cierto que el pro- 
testantismo de muchos de estos negros es muy superficial, pero esto no 
quita el que sean un obstáculo formidable para la misión católica, tanto 
más cuanto que ellos son los principales representantes de la llamada 
agitación etiópica. Y aunque todavía no ha logrado ésta penetrar entre 
los negros católicos, es por sus ideales y por su activa propaganda su- 
mamente peligrosa para la población indígena del sur y del centro del 
África. La agitación etiópica, ó lo que pudiéramos llamar el partido 
negro, ha sido fruto principalmente de las violentas predicaciones de los 
negros metodistas emigrantes de los Estados Unidos, y su fin es unir á 
los negros contra los blancos. En el movimiento han entrado una gran 
parte de los negros protestantes del sur de África y no pocos gentiles. 



300 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

y aunque un tanto contenidos hoy los agitadores por la falta de recursos 
y por la energía del Gobierno inglés, no ha desaparecido ni con mucho 
el peligro de graves trastornos políticos, que traerían también con- 
secuencias lamentables para la misión. Un síntoma consolador, en 
medio de tantos males, es la mudanza obrada en los boers durante la 
guerra con los ingleses. Los boers, como calvinistas, habían sido siem- 
pre muy intolerantes con los católicos; pero al ver en la última guerra 
la caridad y el espíritu de sacrificio de los Padres Oblatos de María In- 
maculada y de las Hermanas de la Sagrada Familia, se cambió su manera 
de pensar para con los católicos. Hoy son, tanto los Padres como las 
Hermanas, muy estimados entre los boers, de los cuales se han conver- 
tido ya varios centenares al Catolicismo, y sin duda serían mucho más 
numerosas las conversiones si no fuera tan reducido el personal de la 
misión. 

En frente de las posesiones portuguesas del África meridional se en- 
cuentra la isla de Madagascar, con tres millones de habitantes, cuyas 
misiones ofrecen una historia muy variada. Después de las inútiles ten- 
tativas hechas en los siglos anteriores para establecer allí una misión, y 
de no pocos esfuerzos sin resultado para lo mismo, desde el año 1830 
al 1861, consiguieron por fin los misioneros establecerse en la isla, y la 
misión, confiada á los Jesuítas franceses, fué prosperando, á pesar de las 
trabas que le ponía el Protestantismo, declarado entonces religión del 
Estado en Madagascar. Ya el año 1882 contaba la misión católica con 
80.000, entre bautizados y catecúmenos. Hoy día, aun después de haber 
cedido á los Padres de la Congregación del Espíritu Santo y á los La- 
zaristas dos distritos, uno al norte y otro al sur de la isla, la misión de 
los Jesuítas tiene 174.533 católicos y 258.000 catecúmenos; las escuelas 
de la misión son 1.253, con 62.961 alumnos. El personal del Vicariato lo 
componen dos Obispos, 183 sacerdotes, 72 reliosos no sacerdotes, 94 
religiosas y 1.609 maestros de escuela. Los misioneros residen en sus 
estaciones principales, pero van recorriendo las estaciones secundarias, 
dando misiones, instruyendo de un modo especial á los catecúmenos y á 
los niños que se preparan para la primera comunión. Al frente de cada 
estación secundaria está el catequista, que instruye á los fieles, espe- 
cialmente á los niños, en las verdades de la fe, dirige las oraciones reza- 
das en común, y ayudado de un consejo de personas principales, forma 
una especie de ayuntamiento patriarcal del pueblo. Los catequistas, que 
suelen ser á la vez maestros de escuela, son formados por los misioneros 
con mucho esmero, y para que conserven el espíritu que recibieron en 
su educación, cada mes, generalmente el primer viernes, acuden á la 
estación principal más próxima para recibir la sagrada Comunión y 
tratar con los misioneros, y cada año hacen los ejercicios espirituales de 
San Ignacio. 

Volviendo de Madagascar á la costa oriental del continente africano, 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 301 

las principales misiones que allí encontramos son los dos Vicariatos del 
Zanzíbar central y septentrional, que dirigen con el celo que ya hemos 
visto los Padres de la Congregación del Espíritu Santo. Más de 17.000 
católicos hay ya en los dos Vicariatos, y sus 7.200 catecúmenos y más 
de 7.500 niños que frecuentan sus escuelas, nos muestran cuanto pode- 
mos esperar de esta misión. 

Por fin, terminaremos nuestra reseña de las misiones africanas con 
las establecidas por los Padres Blancos en el interior del África, á orillas 
de los grandes lagos Victoria-Nyansa, Tanganika y Nyassa. Estos intré- 
pidos misioneros emprendieron la misión en 1878 en medio de grandes 
trabajos, pues para llegar á estas regiones se necesitaban en aquel tiempo 
meses enteros de viaje. Las persecuciones y destierros por parte de los 
Reyes de Uganda fueron tan poca parte para arredrar su celo, como 
los obstáculos de todo género que ponían á la misión protestantes y 
musulmanes. Otra prueba mayor aún se ha añadido en los últimos años, 
la enfermedad del sueño, que ha despoblado comarcas enteras del África 
central. Pero tampoco este formidable enemigo ha conseguido otra cosa 
que poner más de maniñesto la caridad inagotable de los misioneros. 
Seis Vicariatos regentan allí los Padres Blancos, y en todos ellos reco- 
gen con sus sudores el ciento por uno; citaremos los cuatro principa- 
les. Subiendo hacia el norte del río Zambeza, se encuentra el Vicariato 
de Nyassa, á orillas del lago de su nombre; tiene 2.649 católicos y 34.447 
catecúmenos; más arriba está, á orillas del lago Tanganika, el Vicariato 
del Congo Superior en el Congo belga, con 5.504 católicos y 27.372 
catecúmenos; finalmente, más al norte y á orillas del gran lago Victoria- 
Nyansa, encontramos los Vicariatos de Nyansa meridional, con 9.650 
catóUcos y 10.281 catecúmenos, y Nyansa septentrional, llamado general- 
mente de Uganda, (1) con 98.009 católicos y 112.579 catecúmenos. 
Nueve son las misiones africanas de los Padres Blancos: la de los cabile- 
ños de Argel, la del Sahara, la del Sudán occidental y los seis Vicariatos 
del África central; y entre todas tienen 127.178 católicos, fruto sin duda 
extraordinario para tan pocos años; pero lo que da mayores esperanzas 
son sus 197.632 catecúmenos; sus 245 hospitales, lazaretos, casas de 
huérfanos, etc., donde el año último fueron cuidadas 885.494 personas; 
sus 840 escuelas, con 22.052 niños y 10.074 niñas; sus 440 misioneros, 
190 religiosas y 1.495 catequistas. Y ¿qué diremos del fervor de los neó- 
fitos dj estas misiones del África central, cuyos habitantes están ya de 
suyo mejor dispuestos para ser buenos cristianos, por no haber llegado 
hasta ellos los vicios que suelen reinar en los negros de la costa? Basta 



(1) Á Uganda pertenece también el floreciente Vicariato del Alto Nilo, dirigido por 
los misioneros inojleses de Mill-Hill, con 18.847 católicos y 13.707 catecúmenos. El nú- 
mero de protestantes en todo Uganda es de 164.000, el de mahometanos 40.000, el de 
idólatras 330.000. 



302 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

hojear las revistas de los Padres Blancos para encontrar en seguida ac- 
tos admirables de estos buenos neófitos, que son muchas veces un ejemplo 
para el mismo misionero. Sólo traeré un ejemplo de la misión de Ugan- 
da, de ese pueblo inteligente y simpático de los Bagandas. Veamos cómo 
celebran la Pascua estos fervorosos émulos de los primeros cristia- 
nos (1). 

Ya antes del Domingo de Ramos acuden por todos los caminos á la 
estación principal, donde viven los misioneros, hombres mujeres y niños 
por familias en grupos de 10 á 12 personas. Hay quienes para celebrar 
la Pascua con sus misioneros han tenido que hacer un viaje de tres y 
cuatro días; y ¡por qué caminos!, á veces por pantanos, á veces con el 
agua al pecho. Los neófitos traen sobre la cabeza alimentos para varios 
días, bananas, etc.; los de mejor posición traen también una gallina ó un 
cabrito para celebrar la Pascua con sus parientes y amigos. Muchas 
mujeres traen además á sus niños más pequeños á la espalda. Pronto se 
levantan alrededor de la iglesia numerosas cabanas de toda especie; 
pero, á pesar de todo, tienen que dormir muchos al aire libre. Todos estos 
cristianos han observado la Cuaresma con un rigor propio de los prime- 
ros cristianos; nadie come carne desde el Miércoles de Ceniza hasta Pas- 
cua y no prueban bocado fuera de -la comida ordinaria que hacen por la 
noche; hasta cuesta trabajo á los misioneros el persuadir á las madres que 
tomen al mediodía un par de batatas. Para el Domingo de Ramos se han 
reunido alrededor de la iglesia unos 3.500 cristianos, y aquel mismo 
día, á las cinco de la tarde, empiezan los santos ejercicios, que duran 
hasta la mañana del Domingo de Pascua. Desde que se da la señal para 
comenzar los ejercicios hasta la Pascua, el silencio de toda aquella mul- 
titud es completo, el recogimiento admirable. Todos asisten cada día á 
tres pláticas ó meditaciones y un via-crucis, y en los tiempos interme- 
dios se les ve rezando el rosario ó haciendo largas visitas al Santísimo. 
Todo el tiempo libre lo emplean los Padres en oir confesiones, y no hay 
que decir, después de semejante preparación, que son un gran consuelo 
para los misioneros. Llega, por fin, el gran día de la Pascua; 7.000 cris- 
tianos se han reunido para celebrarla; la iglesia es incapaz de contener 
á la multitud, y se celebra la Misa al aire libre. ¡Qué gratos deben ser al 
Cielo los cánticos piadosos de aquella fervorosa multitud!, y, sobre todo, 
¡cómo deben regocijarse los ángeles en las comuniones de aquellos bue- 
nos cristianos! Pues no hay que decir que comulgan todos los que han 
podido confesarse. Después de la Misa solemne reina entre aquellos fie- 
les una alegría indescriptible: todos se felicitan las Pascuas y van en 
grandes grupos á felicitárselas á los misioneros. Solamente hay unos 



(1) Vid., entre otras, la relación del P. J. Saane en Afrika-Bote, Tréveris, Mayo 1909, 
páginas 170-171. 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 303 

que no pueden estar satisfechos del todo en medio de la alegría general, 
los que no han podido comulgar; los tres misioneros no han podido en 
las dos semanas precedentes oir á todos en confesión, y todavía se que- 
dan á esperar su vez unos 2.500, en cuyas confesiones tendrán que em- 
plear los misioneros los días restantes. 

El número actual de cristianos ganado en África por las misiones 
católicas contemporáneas, esto es, prescindiendo de los católicos afri- 
canos ganados en las misiones antiguas, y mucho más de los de origen 
europeo, es, por lo menos, de 720.000. El número de catecúmenos no se 
puede precisar, pues faltan estadísticas de no pocas misiones; pero, con- 
tando sólo los datos conocidos, nos dan ya 556.281; de modo que bien 
se puede asegurar que los catecúmenos pasan con mucho de 600.000- 
En estas misiones trabajan 1.842 sacerdotes, 1.357 religiosos no sacer- 
dotes, 3.668 religiosas y mayor número de catequistas; las iglesias y ca- 
pillas son 3,418; en sus casas de huérfanos tienen acogidos más de 
10.000 niños, y hay además otros 374 establecimientos benéficos; los 
centros de enseñanza son 3.392, con unos 200.000 alumnos. Y lo más 
consolador de todo es, que las misiones africanas han tomado de unos 
años á esta parte un vuelo inmenso, de modo que se pueden esperar 
mayores triunfos para el porvenir. Sin embargo, es preciso confesar que 
al lado de las misiones católicas van creciendo también en grandes pro- 
porciones las misiones protestantes. Las considefaciones que parecen 
consolar á algunos católicos, de que la conversión de los infíeles al 
Protestantismo es muchas veces superficial, de que es más cómodo y 
fácil ser protestante que católico, etc., son muy verdaderas y muy á pro- 
pósito para empleadas en la polémica con los protestantes; pero no bas- 
tan para tranquilizar á los verdaderos católicos, que deben contribuir 
con todas sus fuerzas al triunfo de las misiones católicas en África y en 
todas partes. En África se está librando una gran batalla entre el Protes- 
tantismo y el Catolicismo. Al paso que van las cosas, cree Schwager (1) 
que en cincuenta años el África, prescindiendo de la parte mahometana, 
será en casi su totalidad cristiana; pero cuál ha de ser el Cristianismo que 
ha de preponderar, si el falso de los protestantes ó el verdadero de los 
católicos, eso está aún indeciso. Los misioneros católicos son incompara- 
blemente superiores á los protestantes en celo y en espíritu de sacrificio; 
pero son pobres, y muchas veces están faltos de iglesias, de escuelas, 
de catequistas, etc. En cambio, los protestantes tienen recursos abun- 
dantes y pueden emplear todos los medios de propaganda; escuelas, ca- 
tequistas, médicos, etc. Quiera Dios mover á aquellas naciones católicas, 
que no acaban de entrar con decisión en el movimiento general de las mi- 



(1) En la obra citada; II. «D/e Mission im afrikanischen Weltteil»^ pág. 217. 



304 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

siones, para que decidan la batalla en favor del Catolicsimo. Hágalo Dios 
sobre todo con España, con esta nación que, por sus tradiciones, por su 
posición geográfica y su clima, y por las energías que en ella se ateso- 
ran, podría ser, si se decidiese á ello, el principal apóstol del continente 
africano. 

(Continuará.) 

Hilarión Gil. 



Eli ViHO DÜÜCE PRlt^R JVlISñS^'^ 

BT^O 

§ V 

LAS LEVADURAS ARTIFICIALES Y EL VINO 

44. El mosto fermenta, pues, merced á ciertos vegetales de constitu- 
ción sencillísima, monocelular, que pueden reunirse en tres grupos: 1) las 
levaduras ó saccharomycetes (Meyen, 1837); 2) las bacterias ó schi- 
zomycetes; 3) los mycodermas. Haremos caso omiso de los dos últimos 
grupos, pues son puramente perjudiciales en la elaboración y conserva- 
ción del vino. 

45. De las levaduras, aunque hay algunas inútiles ó nocivas, porque 
impiden ó debilitan el rendimiento alcohólico, hay otras, como el sac- 
charomyces apiculatus, el pastorianus y sobre todo, el ellipsoideus, 
que son beneficiosas, porque con ellas el tanto por ciento de alcohol, 
procedente del azúcar descompuesto, es grande. Las levaduras de un 
país suelen ser distintas de las de otro; cada una contribuye por su parte 
á dar al vino de cada comarca su sello, su quid especial. 

46. Pero prescindiendo de las pequeñas variantes que pueden pre- 
sentar las especies, en general, puede decirse que la levadura del vino es 
una célula ó saquito ovalado, transparente, formado por una envoltura 
celulósica, que encierra un líquido más ó menos espeso, el protoplasma, 
de naturaleza muy compleja, y en el cual se ve una nueva y diminuta ca- 
vidad, mal llamada vacuola, pues no está vacía, sino llena de un líquido 
hialino y muy refringente. 

47. Estas células cuya multiplicación ordinaria se hace por gemación 
y sólo en circunstancias criticas por esporulación (Rees, Botan. Zeítung, 
1869, núm. 7); (Engel, Théses de VAcad. des Se, París, 1872), poseen 
una fecundidad asombrosa, pues se calcula que cada una engendra otra, 
en el espacio de diez á treinta minutos. Si suponemos, para simplificar, 
que se necesita un cuarto de hora para la producción de otra nueva célula, 
se ve que una célula única dará origen, al fin de la primera hora, á 16 cé- 
lulas hijas; al fin de la segunda hora existirán 256; al cabo de la tercera, 
4.096, etc.; lo cual conduce á la procreación de muchos millones al cabo 
de las veinticuatro primeras horas. Hágase el cálculo, si se gusta de ello, 
en el supuesto de existir ya en el comienzo de la fermentación princi- 
pal, muchísimos individuos-fermentos, y se comprenderá por qué en diez 
ó catorce días (y en países cálidos muchos menos) ha terminado la trans- 
formación de casi toda la glucosa del mosto en alcohol ordinario, con 



(1) Véase Razón y Fe, vol. XXV, pág. 196. 



306 EL VINO DULCE PARA MISAS 

abundante desprendimiento de anhidrido carbónico, según la ecuación 
química 

CeH.^Os = SCaH^.OH -f 2C0, 

glucosa. etanoL anhídrido carbónico. 

De suerte que por cada descomposición de 180 gramos de glucosa 
se producen teóricamente 92 gramos de alcohol y unos 45 litros de gas 
carbónico (prescindiendo de las trazas de glicerina, ácido succínico, etc., 
que acompañan). 

48. Por lo dicho se ve que al agricultor le interesa disminuir el nú- 
mero y la energía vital de las levaduras flojas ó malas, y aumentar y ro- 
bustecer las beneficiosas. De aquí que cuando un cosechero se empeña 
en obtener una misma marca de vino, aparte del empleo de la uva pro- 
cedente de cepas de la misma calidad, se vea precisado á realizar la fer- 
mentación de su mosto, mediante la misma ó las mismas razas de leva- 
duras. Por esto en regiones vinícolas rodeadas de frutales ó de bosques, 
es sumamente difícil llegar á esa meta, á causa de las múltiples levadu- 
ras salvajes que son transportadas por el viento y los insectos á los ra- 
cimos, y con éstos al lagar. Sólo á fuerza de empeño y, sobre todo, aña- 
diendo considerables masas de su levadura predilecta, comprada de otros 
países ó cultivada artificialmente con gérmenes puros, en mosto debida- 
mente esterilizado, es como se logra dominar la invasión forzosa de aquel 
ejército de obreros endógenas, cuya labor ó es deñciente ó dañina. 

49. Hoy está averiguado que no se obtiene'una buena casta de vino 
empleando sólo una clase de saccharomyces; pero también se tiene por 
cierto que no pocas razas de saccharomyces, y sobre todo las bacterias 
y los mycodermas, perjudican á la buena vinificación. Será poco menos 
que imposible desentenderse en absoluto de semejantes adversarios, es 
verdad; pero se puede logra reducirlos á una expresión mínima ó al me- 
nos obligarles á trabajar en condiciones tan desfavorables (de tempera- 
tura, acidez, asepsia, etc.), que los resultados de su labor sean casi im- 
perceptibles. El campo de acción quedará, pues, de la levadura selecta, 
útil. 

50. Si además la raza de fermento empleada y dominante es propia 
de un vino de calidad superior, comunicará al nuevo mosto cualidades 
sobre todo aromáticas y sápidas más ó menos semejantes al caldo en 
cuyo seno se multiplicó. Por eso es hoy cosa frecuente el transporte de 
levaduras á distintos países. Pasa en esto algo parecido á lo que sucede 
con los fermentos de los quesos, que siendo diversos unos de otros, pue- 
den ser llevados á regiones diversas donde producirán análogos resul- 
tados: el queso de Holanda, el mahonés, el gruyere, pueden hoy fabri- 
carse en todas partes. 

51. El procedimiento empleado para la preparación de semejantes le- 
vaduras seleccionadas, ora sean indígenas, ora exóticas, es el siguiente. 



EL VINO DULCE PARA MISAS 307 

52. Por de pronto, el mosto-madre debe obtenerse con racimos sanos, 
selectos, maduros, descobajados, bien estrujados; se le esteriliza á unos 
65° y se le pone en un recipiente á propósito, tonel ó cono, bien lavado 
con agua hirviente. 

53. Como la acidez del mosto, aunque algo perjudicial á los saccha- 
romyces, lo es mucho más á las bacterias y mycodermas, viene á ser al 
fin de cuentas más bien útil que dañosa á la buena levadura; por lo cual 
si el mosto no dosifica unos 10 gramos de ácido tartárico por litro, hay 
que acidificarlo hasta llevarlo á este tipo. En este líquido se siembra la 
levadura escogida. 

54. Si se toma la precaución de calentar suavemente á unos 25° una 
parte de este mosto, y se le añade al restante (un par de hectolitros en 
total), la fermentación se manifiesta á las seis ú ocho horas, y si se airea 
la masa, para que la multiplicación se active, es preciso ya al cabo de 
día y medio ó dos días añadir más mosto, porque el anterior ha perdido 
toda su glucosa, destruida por la proliferación de las levaduras: adición 
que conviene repetir cada día, ó con más frecuencia, si no se quiere que 
el líquido quede empobrecido y la multiplicación del fermento se pa- 
ralice. 

55. Á los cuatro ó cinco días se pueden ya extraer 100 litros de este 
mosto avivado, que se echarán en un tonel donde haya 40 ó 50 hectoli- 
tros de vendimia. Mientras tanto, se pueden añadir al primitivo mosto- 
madre, para compensar el que se ha sacado, otros 100 litros de nuevo 
mosto selecto y perfectamente esterilizado por el calor, no por los anti- 
sépticos. Con esto se tiene un semillero inagotable de fermentos alcohó- 
licos escogidos. 

56. La aplicación de los fermentos nuevos data de unos veinte años, 
y se extiende más cada día: sus resultados son satisfactorios y sus ven- 
tajas incalculables. Con ellos se obtiene, con mostos previamente esteri- 
lizados, una fermentación rápida, regular, enérgica, que acaba con la 
casi totalidad del azúcar y con gran rendimiento alcohólico, casi todo 
etílico, por no estar presentes otros organismos maléficos. Las oposicio- 
nes, que en un principio se levantaron contra su uso en la viniñcación, 
han ido desapareciendo poco á poco, y hoy no sé si se hallarán perso- 
nas peritas en la materia que se atrevan á sostener químicamente la 
tesis contra el empleo de las levaduras seleccionadas. 

57. El interés de los agricultores y de los consumidores, la salud 
pública y, por lo que á nuestro asunto toca, la severa obligación de ofre- 
cer para el Sacrosanto Sacrificio no mostos, sino vinos verdaderos y selec- 
tos, como destinados a realizar 16 más grande que fenem'os enelmundo,la 
consagración de la preciosísima Sangre de nuestro adorable Redentor, 
deben estimularnos á aceptar, favorecer y difundir estos nuevos y segu- 
ros procedimientos de viniñcación, una de las más hermosas aplicacio- 
nes cientíñcas modernas que han de hacer abandonar, tarde ó temprano. 



308 EL VINO DULCE PARA MISAS 

las prácticas rutinarias empleadas hasta ahora en las explotaciones 
agrícolas. 

58. Si, andando el tiempo, se llegase á aislar la cimasa y obtenerla 
pura, no vemos tampoco inconveniente, como ya hemos dicho antes, que 
se la pudiera aplicar á la fabricación del vino de Misas, sobre todo pre- 
supuesta su actividad catalítica muy acentuada; ya porque la cantidad 
de ella que sería necesaria debería ser muy pequeña, ya porque sería lo 
mismo para el caso añadírsela al mosto ab extrínseco, que dejar que la 
segregara la levadura en su vida anaerobia, como dijimos que lo hace: 
de cualquier manera que sea, la diastasa sigue siendo un producto ex- 
traño al mosto, como lo es la célula que la segrega, y á las cuales (por 
lo mismo que fueron desconocidas hasta hace poco) podemos fundada- 
mente sostener que nunca fué intención de la Iglesia considerar como 
una parte integrante del vino; pues en realidad de verdad no lo son, 
como nos consta, al menos de las levaduras, ya que se las encuentra 
precipitadas entre las heces del mosto fermentado. 

§ VI 

EL VI BLANCH.— EL VINO BLANCO. — EL VINO DE PASAS 

59. El vino resultante de la fermentación completa de la glucosa 
del mosto se llama seco: se contrapone á éste el dulce, que conserva 
parte de la glucosa, sin haber sido transformada en alcohol; y si la con- 
sistencia de éste es algo espesa, se apellida vino licoroso ó de licor. 

Los vinos dulces se fabrican á veces quitando al mosto parte de su 
agua, mediante la evaporación á elevada temperatura (vinos cocidos): 
si se recoge el mosto así concentrado, resulta lo que los catalanes lla- 
man vi blanch; añadiendo alcohol al mosto natural, sin fermentar, resul- 
tan las mistelas. 

60. Respecto de la esterilización por temperatura, que, como he 
dicho, es aquí la única recomendable, se tropieza con el inconveniente 
de que haciéndola á fuego directo, y llevada hasta la ebullición y con- 
centración de un tercio ó más, el vino sabe á cocido (1). No soy parti- 



(1) Este procedimiento de decocción ó arropado del vino es conocido desde tiem- 
pos muy antiguos. Así ya Virgilio nos habla de él en el libro primero de sus Geór- 
gicas, vv. 295-6: 

Interea, longum cantu solata laborem 
Arguto, coniux percurrit pectine telas: 
Aut dulcís musti Vulcano decoquit huniorem 
Et folils undam trepidi despumat aheni. 



Mientras que con sus cantos aliviando, 
La molesta labor, su esposa activa 
Teje sus telas con sonoro peine: 
Ó recociendo al fuego el dulce mosto, 
Con hojas el caldero hirviente espuma. 



Ramón de Siscar y de Montoliu. 



EL VINO DULCE PARA MISAS 309 

dario de hacer hervir el mosto, y menos de ponerle en contacto del 
fuego directo: hágase dicha concentración al baño maría ó mediante el 
vapor de agua. Algunos, como Kayser y Barba, evitan el gusto á cocido 
calentando sólo á 65" de un solo golpe y al aire libre. Tyndall lo hace 
á 50"" tres veces, en atmósfera de anhídrido carbónico. Kühn calienta una 
sola vez en vaso cerrado. Otros esterilizadores modernos emplean el va- 
por de agua sobrecalentado. Hay aparatos bastante perfectos, entre los 
que podemos citar el de Pastor. Otro procedimiento estriba en hacer la 
evaporación acompañada de un gran vacío, método para mí muy reco- 
mendable (aunque resulta caro), porque á la vez que se concentra el 
mosto, no se le da gusto á vino cocido, su composición queda más ase- 
gurada contra las alteraciones y no se maltratan tanto las levaduras; pu- 
diendo, por tanto, con mayor probabilidad fermentar espontáneamente 
después de frío. 

Á este método creo, pues, que debe tenderse, en el caso de querer 
concentrar el mosto. 

61. La composición del vino es sumamente compleja, pues com- 
prende principios minerales y orgánicos: algunos de éstos son olorosos, 
otros colorantes; varía extraordinariamente de una clase de cepas á otra, 
y aun en una misma planta de un año á otro, ó según que se adelante 
ó atrase la vendimia, etc. De aquí la dificultad de poder asegurar algu- 
nas veces si un vino es ó no es natural; aunque esto no obsta para que 
un análisis detenido del mismo descubra en la generalidad de los casos 
las adiciones de substancias extrañas, como el agua, el alcohol, la saca- 
rosa, las glucosas, los antisépticos, los colorantes artificiales, etc. Nada 
digamos de los cambios que pueden ocasionar las enfermedades á que 
se ve sujeto el vino después de elaborado, ora porque estaba averiado 
el mosto de donde procedió, ora por la mala conservación del mismo 
vino. 

62. No hay que confundir el vino arropado con el pasteurizado: el 
primero, en sentido riguroso, no es verdadero vino, sino mosto muy con- 
centrado al que se ha añadido ó no alcohol: si la concentración no ha 
sido excesiva y se ha hecho fermentar después, se tiene el verdadero 
vino dulce. En cambio, el vino pasteurizado es verdadero vino, ya aca- 
bado y sometido á una temperatura de unos 60", ora sea dentro de bote- 
llas, ora en las mismas pipas. La pasteurización tiene por blanco impe- 
dir en el vino el desarrollo de las enfermedades (ó su continuación si ya 
están incoadas), matando los gérmenes por la elevación de la tempera- 
tura. El vino pasteurizado es, pues, un vino legítimo, si lo era antes de 
calentarlo. El empleo de la pasteurización está aprobado por la Iglesia 
(S. Off., 4 de Mayo de 1887), prefiriéndolo al encabezamiento (adición 
de alcohol), como medio de conservación de los vinos (1). 



(1) Ad Episc. Carcasson. (4 maii 1887). (A. S. S., vol. XXIII, pág. 572.) 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 21 



310 EL VINO DULCE PARA MISAS 

63. Otro criterio más cauto hay que tener acerca del mosto calentado, 
como acabo de indicar, y sobre lo cual se ha de llamar la atención de los 
señores sacerdotes y de los cosecheros, porque indudablemente muchos 
son víctimas de un error triste, aunque sin mala voluntad. 

64. En muchas regiones de Cataluña se llama vi blanch al mosto her- 
vido á fuego directo durante mucho tiempo, tanto, que se le llega á 
quitar una tercera parte ó casi una mitad del agua que contiene. Así me 
lo dicen varias cartas de cosecheros honrados y timoratos, á quienes he 
preguntado sobre este particular. Este mosto concentrado sin fermentar 
es el que se expende con la mayor buena fe en muchas partes del Prin- 
cipado como vino legítimo de Misas, y este es el error lamentable: el 
vi blanch, fabricado en la forma dicha, no es vino legítimo para Misas. 
Es simple mosto, y aun me atrevo á decir menos que mosto. Porque 
siquiera el mosto natural exprimido de las uvas, que la Iglesia considera 
por materia válida, aunque ilícita fuera de caso de necesidad, tiene en 
su favor el hecho de contener vivos los gérmenes de la fermentación, 
gérmenes que, viniendo con los racimos, manifestarán su actividad al 
poco tiempo, si el mosto queda en contacto del aire: como, por otra 
parte, ignoramos el tiempo preciso, pero siempre corto, que tarda en 
iniciarse la fermentación, puede decirse con verdad que el mosto es vino 
incoado, y por esto la Santa Madre Iglesia lo admite como materia váhda 
y en casos gravísimos también lícita. (Rubr. Miss., tít. IV, núm. 2.) 

65. En cambio, el vi blanch de Cataluña no tiene de su parte tanta 
razón para que se le tenga por vino, ni siquiera incoado, porque además 
de que inmediatamente después de exprimido se lleva á las calderas de 
calefacción (y, por tanto, es sumamente dudosa la fermentación inci- 
piente), se le somete á una larga ebullición, con lo cual no es posible 
que quede ninguna razón probable que justifique la permanencia de los 
microbios vivos necesarios para la fermentación vínica. No obstante, 
como el vi blanch es verdadero zumo de uvas, debe ser tenido como ma- 
teria válida. 

66. No quiero ocultar dos razones que pudieran justificar aparente- 
mente el título de verdadero vino aplicable al vi blanch de los catalanes: 
la primera es que la opinión corriente sostiene que los jugos azucarados 
vegetales pueden fermentar espontáneamente con producción abundante 
de levadura (cuyos gérmenes allí preexistían), con tal que estén en con- 
tacto del aire algún tiempo; la segunda es la opinión de Berthelot 
(Ann. de Chim. et Phys., (3), 50, pág. 322), quien al obtener, al cabo de 
algunas semanas, la fermentación de una mezcla de gelatina (una parte), 



Ad vini corruptionis periculum praecavendum, dúo remedia proponuntur: 

L Vino naturali addatur parva quantitas d'eau de vie. 
II. Ebulliatur vinum usque ad sexaginta et quinqué altitudinis gradus. 
Resp. Praeferendum vinum prout secundo loco exponitur. 



EL VINO DULCE PARA MISAS 311 

glucosa (10 partes), bicarbonato sódico (cinco partes) y agua (100 par- 
tes), privada de aire por una corriente de anhídrido carbónico, sostuvo 
que toda materia análoga á la albúmina puede hacer igual papel que el 
fermento vivo, con tal que se la coloque en condiciones convenientes. 

67. Pero por poco que se analice el estado de nuestra cuestión, se 
verá que desaparecen en absoluto las condiciones, no sólo favorables, 
sino aun las indispensables á la fermentación; pues aparte de que por la 
ebullición se coagulan las albúminas, sólo en el caso de haber presentes 
esporos de las levaduras, los cuales resisten mejor á las altas tempera- 
turas, se podría creer que había allí levaduras. Pero tratándose en nues- 
tro caso de un asunto relativo á la materia de un sacramento, no nos 
hemos de apoyar en una probabilidad tan tenue, á lo menos para ser- 
virnos de ella de una manera usual y corriente en la elaboración del vino 
dulce para Misas. 

68. No se confunda el vi blanch de los catalanes con el vino blanco 
del resto de España y el vin blanc de los franceses. Porque estos dos 
últimos son vinos verdaderamente tales, pues se les supone siempre fruto 
de alguna fermentación. «Los vinos de baja fermentación, ó vinos blan- 
cos, dice el Dr. Fuster (Elementos de Agricultura, III, Industrias, pá- 
gina 36)..., proceden de la fermentación de mostos en los que se han 
separado el hollejo y el escobajo.» «Los vinos blancos, escribe Abela 
(Programa razonado de Agricultura, 1881, pág. 441), resultan de la 
fermentación del zumo de la uva, sin mezcla de ningún cuerpo extraño.» 
Véase también Hidalgo en su Tratado de la fabricación de vinos, 1880: 
en cuantas ocasiones habla de vinos blancos, dulces, etc., supone que 
ha habido fermentación. Y Paccottet (Vinification, pág. 210) añade: 
*Le vin blanc a une fermentation toujours lente, rarement complete...» 
Puede leerse todo el capítulo Vinification en blanc, y se verá que ni por 
asomo hay una expresión, lo mismo que en toda la obra, que haga tener 
al mosto cocido por vino blanco. 

69. Aunque parezca difícil poder precisar la fermentación esencial 
que autoriza para llamar á un mosto vino, para nuestro caso entiendo 
que es muy sencillo, pues nos basta que el mosto haya fermentado, poco 
ó mucho. Así parece que se desprende del caso propuesto á la Sagrada 
Congregación sobre el uso del vino de pasas, puesto que allí es induda- 
ble que la fermentación, al cabo de ocho ó diez horas de exprimido el 

íjugo, es incompletísima, la casi totalidad de la glucosa está intacta y la 
cantidad de alcohol producido es insignificante. Y, sin embargo, la Iglesia 
ha decretado (S. C. S. Off., 22 de Julio de 1706; S. Off., 10 de Abril 
de 1889) que semejante zumo es materia válida y también lícita, con tal 
que se conozca que es verdadero vino, por su color, olor y gusto. 
(Véase Gury-Ferreres, Comp. Theol. Mor., II, núm. 279 bis; Lehmkhul, 
Theol. Mor., II, núm. 119, nota 1; Card. Gennari, Consultazioni morali- 
acnoniche-liturgiche, I, pág. 534.) 



312 EL VINO DULCE PARA MISAS 

70. Exponiendo el Cardenal Gennari la manera de elaborar licita- 
mente el vino de pasas, dice que se añade á un peso dado de éstas otro 
peso igual de agua, se deja todo unas ocho ó diez horas, se exprime 
y se filtra el líquido resultante. En diferentes dudas propuestas á la Santa 
Sede (4 de Septiembre de 1850, 7 de Mayo de 1879, etc.), la Sagrada 
Congregación del Santo Oficio ha remitido siempre al citado decreto 
de 1706(1). 

71. Algunos creen preferible poner las pasas en maceración en el 
agua, y, una vez henchidas, separarlas del agua restante, exprimirlas bien, 
recoger el zumo, etc. No se puede negar que este método evita mejor 
cualquier exceso de agua; pero hablando en puridad, presupuestas tantas 
variedades de uvas, unas más, otras menos aguajinosas, y, sobre todo, si 
se tiene en cuenta que, en general, la cantidad en peso de agua corres- 
pondiente al mosto extraído de las uvas frescas es de 70 á 80 por 100, 
creo que no sólo se puede añadir á las pasas su peso de agua, sino tam- 
bién el doble, sin peligro ninguno de alterar la naturaleza del vino re- 
sultante. 

72. Esta licitud en el empleo y en el modo de elaborar el vino de 
pasas da, á mi entender, una confirmación al caso hipotético propuesto 
en el núm. 38; porque el agua añadida á las pasas ó al vino muy evapo- 
rado se encuentra en iguales condiciones: en ambos llega ab extrínseco, 
en ambos se pone dentro de cierta justa medida, en ambos hace el 
mismo papel, el papel de mero disolvente; en ambos se obtiene olor, 
color y sabor de vino, como la Iglesia demanda. La cuestión, pues, estu- 
diada químicamente, es en todo análoga: ni creo que haya dificultad 
alguna que se oponga á un caso que no pueda retorcerse contra el otro. 
Únicamente queda la determinación de la Iglesia, que ha aprobado ya el 
uso del vino de pasas y no ha aprobado aún el del vino muy evaporado 
y después justamente diluido. Y no sin razón: lo primero, por el gran 
peligro que hay en estas licencias, si se llega á facilitar su uso; lo se- 
gundo, porque ya existe con las pasas el medio fácil y seguro de procu- 
rarse vino apto, en las misiones, países lejanos, cálidos, etc.; lo tercero, 
porque el método para concentrar el vino sin alterar su composición es 
recentísimo, como he dicho, costoso en su ejecución, caro en sus resulta- 
dos, y, por tanto, no llevado aún á la práctica: su resolución, pues, ha ca- 
recido, hasta ahora, de razón suficiente, hubiera traído inconvenientes y 
ninguna ventaja. « 

La misma elaboración del vino de pasas que propone el Cardenal 
Gennari (2) autoriza a fortiorí la modificación que he propuesto para 
el uso del vi blanch de los vinicultores catalanes, dejándolo al mismo 

(1) Utrum liceat celebrare cum vino facto ex uvis passis? Resp. Licere, dummodo 
liquor ex colore et gustu dignoscatur esse verum vinum. (S. C. S. Off., 22 de Julio de 
lim.) (A. S. S., vol. XXV, pág. 441.) 

(2) Confornie al decreto de 1706. (Véase núin. 69.) 



EL VINO DULCE PARA MISAS 313 

tiempo dulce, con el dulzor debido á su glucosa natural. Para ello bas- 
tará hacerlo fermentar suavemente de alguna de las maneras dichas en 
el núm. 29. Porque, como por un lado, el tanto por ciento de glucosa habrá 
aumentado mucho con la concentración, y por otro, la glucosa en exceso 
debilita la acción fermentativa de las levaduras, tendremos como resul- 
tado que dicho mosto evaporado, al mismo tiempo que pasará á la ca- 
tegoría de verdadero vino, porque habrá fermentado, quedará aún dulce, 
por la cantidad de glucosa allí remanente, puesto que la fermentación no 
es completa. 

73. Esto pasa también en nuestros países meridionales, donde á la 
elaboración del vino dulce no precede la concentración por el calor, sino 
que el mosto natural, exprimido de buena uva, sana y bien madura, se 
coloca en los toneles, dejándolos casi llenos y sin otro respiradero que 
la piquera. En estas condiciones la fermentación es lenta y limitada. 
«Para vinos dulces, dice Abela (Programa razonado de Agricultura, 
1881, pág. 436), el mosto marque 20" glucométricos, (otros autores seña- 
lan otra graduación). Esta concentración del mosto origina una fermen- 
tación moderada ó lenta, que al llegar al 15 ó 20 por 100 de alcohol, 
permanece con el resto de azúcar sin descomponer.» 

74. Algún fabricante de vi blanch teme hacer fermentar su mosto 
cocido porque pierde dulzor y el vino desmerece en el mercado. Claro 
está que ha de perder dulzor, como que la vinificación se hace á expen- 
sas del azúcar. Pero esta razón no tiene ningún peso para vender mosto 
en vez de vino. Por nuestra parte, no seamos exigentes los sacerdotes 
hasta el extremo de necesitar vino de Misas dulce como un jarabe: bás- 
tenos que no sea seco, y con esto facilitaremos su elaboración legítima 
para la materia del más admirable de los sacramentos, evitaremos mu- 
chos abusos y haremos un digno servicio á Dios nuestro Señor. 

75. Por lo demás, es bueno hacer observar aquí una cosa de no pe- 
queña importancia, y es que el medio de la desecación parcial de la uva 
antes indicado, ora se haga sobre cañizos, ora suspendida en locales 
ventilados ó calentados artificialmente, ora en la misma cepa, permite 
tener mostos muy azucarados, sin sabor á cocido, aptos para fermentar 
por sí solos, y que, aun después de la fermentación, quedarán dulces y 
darán un vino exquisito y puro, cual se puede desear para el Santo Sa- 
crificio. Es cierto que su elaboración es más costosa, pero todo trabajo 
empleado en escoger la uva de mejor calidad, la más sana y más madura, 
y en tratarla y trabajarla con exquisito cuidado, debe considerarse insig- 
nificante, atendido el fin altísimo á que se ha de destinar el producto de 
su fermentación. Y aun con sola una diligente selección de la uva, sin 
necesidad de desecarla artificialmente, se llega, á no dudarlo, á fabricar 
un vino puro y excelente que merece ser ofrecido á Dios en el Misterio 
de la Fe (1). 

(1) Ejemplos que nos estimulen á ser verdaderamente cuidadosos en la prepara- 



314 EL VINO DULCE PARA MISAS 

76. Á esto hay que tender, á ser posible. De modo que cuanto esta- 
mos diciendo en este escrito se dirige á corregir defectos del vino, des- 
graciadamente muy extendidos, y hacer siempre lícita su elaboración, 
caso de querer ó tener necesidad de seguir aplicando el mismo procedi- 
miento de la concentración por el calor. Porque es cierto que en gran 
número de países de clima frío la madurez excesiva, necesaria para 
fabficar los vinos licorosos, no se consigue con facilidad. Lo que preten- 
demos es sencillamente hacer notar que el modo como se fabrica el v¿ 
blanch conduce, per se, á obtener una materia ilícita para el Santo Sacri- 
ficio, y qué por tanto pide que se le modifique y complete. Y digo que 
conduce p^r se á dar materia ilícita, porque creo que en algunos casos, 
per accidens, la da lícita. Porque si los cosecheros fabrican el vi blanch 
al mismo tiempo y en los mismos locales en que elaboran el vino ordi- 
nario, es muy probable que caigan algunas levaduras en el mosto ya 
hervido y frió: levaduras que, pasando las semanas y los meses, produ- 
cirán una fermentación, aunque sea muy lenta, que podrá bastar, á mi 
entender, para que aquel vi blanch sea materia lícita. (Véanse los núme- 
ros 34, 35, 36 y 69). De todos modos no basta esta probabilidad, sino 
que hay que cerciorarse de que aquel licor hervido ha fermentado, lo 
cual se reconocerá por la presencia natural de alcohol. Pero lo que se 
puede suponer que suceda á los cosecheros, no es fácil concedérselo á 
los particulares, sobre todo sacerdotes, que fabrican sólo vi blanch para 
la santa Misa, pues todas las razones están en contra de la ulterior y 
necesaria fermentación del mosto cocido. (Véanse los números 29 y 85). 

77. Para los vinos de uso corriente el cuánto de la fermentación varía 
considerablemente, pues los secos han consumido todo su azúcar, los 
dulces sólo una parte. En unos y otros la fermentación dura meses y aun 
años. Es un hecho, en efecto, que el alcohol de un vino nuevo, que varía 
entre 50 y 150 milésimas de su peso total, aumenta con rapidez los días 
inmediatos á la fermentación tumultuosa; pero si este vino se deja en re- 
poso y se dosifica su alcohol, después de varios meses se verá que la 
suma final excede á la anterior. Y es que la acción del mismo alcohol 
producido ha debilitado, pero no extinguido, la actividad diastásica de 
la levadura, lo cual hace que aun después de terminada la fermentación 
tumultuosa y la inmediata lenta, quede un depósito, siquiera sea peque- 
ño, de glucosa, que irá sintiendo la acción del fermento remanente, ya 
que éste no cejará en su trabajo demoledor, aunque lento y beneficiosa 



ción del vino que ha de servir en el santo Altar, pueden sernos, entre otros, el de San 
Remigio, Obispo, que plantó una viña especial para hacer vino excelente dedicado al 
Santo Sacrificio; el de San Wenceslao, Duque de Bohemia, que fabricaba con sus pro- 
pias manos el vino, y limpiaba el trigo que servía para la Santa Misa. En un códice 
árabe se lee que el vino se ha de hacer de uvas selectas, que se expriman con las ma- 
nos y no con los pies. (Véase Ephemer. Liturg., 1887, I, pág. 326.) 



El, VINO DULCE PARA MISAS 315 

para el hombre, durante su vida anaerobia en los toneles ó en las 
botellas. 

78. No hay que creer, sin embargo, que este aumento de dosis en el 
alcohol del vino ha de ser ilimitado, no; en cuanto se agote la glucosa, 
cesará aquél; más aún: aun existiendo una porción de glucosa, puede 
quedar fija y aun disminuir la dosis del alcohol, ya por las pérdidas que 
inevitablemente se suceden á causa de la continua evaporación de aquél 
á través de los toneles ó de los tapones de las botellas, ya también por- 
que una parte de él se esterifica bajo la acción de los ácidos que se en- 
cierran en el vino, y se aldehifica ó acetifica bajo la influencia del oxígeno 
del aire ó de las oxidasas que más ó menos acompañan á los vinos. 

79. Hoy es un hecho corriente la adición de productos extraños al 
vino, unos para mejorarlo, otros para ocultar sus defectos; es decir, unos 
legítimos, desde el punto de vista comercial ó higiénico, y otros fraudu- 
lentos y perjudiciales á la salud. Pero nadie duda que semejantes caldos 
no se pueden llamar simplemente vinos en todo el rigor de la expresión; 
serán vinos alcoholizados, azucarados, glicerinados, etc., es decir, vinos 
en sentido restrictivo, no vinos simplemente tales. 

80. Claro está que tratándose de materias destinadas al consumo or- 
dinario, poco importa, y aun tal vez serán convenientes semejantes alte- 
raciones, siempre que no sean antihigiénicas. Pero en asunto tan delicado 
como el que dice relación con la materia destinada á los Santos Sacra- 
mentos de la Iglesia, cualquiera alteración profunda substancial la vol- 
verá ilegítima, y por poca que ella sea la hará ilícita, grave ó levemente, 
según el cuánto de dicha alteración. Téngase esto bien en cuenta, porque 
no es tan raro encontrarse con vinos que por una ú otra razón no hayan 
sentido los efectos de la alteración en su materia primitiva. ¿Cuáles de 
estos cambios serán lícitos? ¿cuáles ilícitos? Esto es lo que hemos procu- 
rado indicar en estas páginas, y que para mayor claridad y provecho 
resumimos aquí como remate de esta sencilla exposición. • 

§ VII 

81. OPERACIONES QUE PUEDEN HACERSE EN LA FABRICACIÓN DEL VINO 

DE MISAS 

1. Pasteurizar el vino. (Véase números 29, 62.) 

2. Concentrar el mosto ó el vino por el frío. (Núm. 29.) 

3. Concentrar el mosto ó el vino por el calor suave, acompañado del 
vacío. (Números 29, 85.) 

4. Concentrar el mosto por el calor fuerte, con tal que después se le 
haga fermentar, añadiéndole mosto natural ó levadura artificial. (Nú- 
mero 29.) 

5. Sembrar levaduras alcohólicas, del país ó extrañas. (Números 
29, 32, 33, 34, 35, 36.) 



316 EL VINO DULCE PARA MISAS 

6. Clarificar con clara de huevo, papel puro ó sílice (lavada con áci- 
dos y agua). (Núm. 42.) 

7. Añadir alcohol de vino puro á los vinos flojos que corren riesgo 
de corromperse, siempre que se haga con la medida y en la forma pres- 
crita por la Iglesia. (Números 37, 84.) 

§ VIH 

82. OPERACIONES QUE NO SE PUEDEN PRACTICAR EN LA ELABORACIÓN 

DEL VINO DE MISAS. (Númcros 26, 27, 28.) 

1. El petiotizado: añade azúcar aguado al mosto bueno ó al del orujo. 

2. La chaptalización: añade azúcar aguado al mosto débil, y para 
contrarrestar la acidez, le mezcla carbonato calcico. 

3. La gallización, análoga al petiotizado: añade agua y azúcar al 
mosto prensado. 

4. El encabezamiento del vino (vinage de los franceses): añade al- 
cohol. (Véase VIl-7 y IX-84.) 

5. La scheelización: añade glicerina. 

6. La clariñcación por otros medios que los dichos en 1, 6, pues todos 
ellos introducen cuerpos extraños permanentes. 

7. El enyesado: con el cual se busca realzar el color del vino tinto. 

8. El uso de los colorantes artificiales. 

9. El uso de los antisépticos, que preservan de la acción de las bac- 
terias. 

10. El tañado, sulfitado y bisulfitado. 

11. La adición de agua, fuera del caso hipotético explicado en el 
texto. (Números 38, 39, 40, 41 .) 

12. La adición de glucosa, sacarina, etc. 

13. La acetificación artificial, mediante el ácido tartárico ó cítrico, 
para favorecer la disolución de la materia colorante y estorbar la acción 
nociva de las bacterias. 

§ IX 

DOCTRINA DE LA IGLESIA 

83. La Iglesia en diferentes Concilios, Lateranense IV (cap. Flrmi- 
ter)y Florentino (decr. Unionis) y Tridentino (ses. 13), definen que sub 
ratíone validitaüs, la materia remota del Santísimo Sacramento de la 
Eucaristía son sólo el pan de trigo y el vino de vid; concuerda la tra- 
dición perpetua de la Iglesia latina y griega, el sentir unánime de los 
Santos Padres y teólogos y la práctica universal. 

84. La Iglesia permite añadir á un vino flojo, que por lo mismo corre 



EL VINO DULCE PARA MISAS 317 

riesgo de perderse, tanta cantidad de alcohol de vino puro de vid, que 
el vino resultante contenga 12 grados centesimales, adición que se ha 
de hacer en vino recién fabricado. (S. Off., 30 de Julio de 1890). (Véase el 
núm. 37, 1). Si el vino en cuestión es ya naturalmente de mayor gra- 
duación, se le puede añadir alcohol vínico puro, hasta que marque 18 
grados, á condición de que tal adición se haga apenas termine la fermen- 
tación tumultuosa. (S. Off., 5 aug. 1896). (Véase el núm. 37, 2). Esta fa- 
cultad, según el Cardenal Gennari (op. cit., pág. 229), dice relación al 
caso en que los vinos han de transportarse á países lejanos, en cuyo 
viaje corren riesgo de corromperse. También tiene aplicación al caso de 
que la uva de un país sea pobre en azúcar. Es, en efecto, interesante á 
este propósito el decreto dado en 25 de Junio de 1891 ad Vic. Ap. Tche-li, 
Meridio-orient. (A. S. S., vol. XXIX, pág. 573.) 

Proponía el Vicario apostólico la adición de azúcar de caña al mosto 
del país (pobre en glucosa), para que al fermentar, la cantidad de alco- 
hol resultante fuese suficiente para evitar la corrupción del vino. La res- 
puesta fué la siguiente: 

«Vino pro Sacrosancto Missae Sacrificio addendum potius esse spiritum 
seu alcool, qui extractus fuerit ex genimine vitis, et cuius quantitas una 
cum ea, quam vinum de quo agitur naturalitcr continet, haud excedat 
proportionem duodecim pro centum. Huiusmodi veroadmixtio fíat quan- 
do fermentatio, sic dicta tumultuosa, defervescere inceperit:» et ad men- 
tem: 

«La mente é che nonpotendoi missionarii procurarsi da loro stessi lo 
spirito di vino destinándolo dal vino del paese, ne estraggono il vino, 
oppure mescolino l'uva passa coll'uva del paese, faciéndola insieme fer- 
mentare.» 

Con idénticas palabras se contestó en 6 de Agosto de 1896 al Mustrí- 
simo Sr. Obispo titular Camacense, auxiliar del Rmo. Obispo de Marian- 
na en el Brasil, quien acudió con igual demanda y alegando las mismas 
razones. (A. S. S., vol. XXIX, pág. 316-7.) 

85. También permite condensar el mosto por evaporación á fuego, 
antes de la fermentación vinosa, con tal que no se impida la fermenta- 
ción, sino que ésta pueda lograrse naturalmente, y en realidad se obtenga. 
(S. Off.. 5 aug. 1895 y 24 maji 1908; Acta S. Seáis, vol. XXIX, páginas 
317, 19; ibid, XXXIV, pág. 256.) (Véase núm. 30, 2). 

86. La misma Congregación del Santo Oficio llama la atención de 
los Reverendísimos Prelados para que vigilen y manden vigilar á sus 
subditos diligentemente acerca de las materias, harina y vino, que se 
utilizan para el Santo Sacrificio, ya que por la malignidad de estos tiem- 
pos apenas hay substancia que, proporcionada por el comercio, inspire 
suficiente confianza. (Litt. Encycl. S. C. de Prop. Fide, 10 martii 1861; 
S. C. S. Off., 9 julii 1881; ibid., 30 aug. 1901; A. S. S., vol. XXXIV, pá- 
gina 318.) 



318 EL VINO DULCE PARA MISAS 

87. Finalmente, las Rúbricas del Misal (tít. IV, núm. 2) admiten como 
materia válida, aplicable sólo en casos de necesidad (Julio I, Papa, in 
cap. 7, dist. 2 de Consecratione), el mosto: dando la razón de que en 
substancia es vino, aunque no perfecto, por no haber aún fermentado. 
(Véasenúm. 28, (1), 2). 

§X 

88. BIBLIOGRAFÍA QUÍMICA QUE PUEDE CONSULTARSE 

Wurtz, Dictionn. de Chim.pure et appL, I, págs. 1.440-1.450; III, pági- 
nas 680-712; ler Suppl, págs. 807-828; 2e Suppl., t. IV, págs. 102-129. 

Dr. J. Konig, Die Untersuchung landwirtschaftlich und gewerhlich 
wichtiger Stoffe. Berlín, 1906. 

E. Kayser, Microbiologit agricole et industrielle. Paris, 1909. 

F. Hoefer, Histoire de la Physique et de la Chimie. Paris, 1872. 
Atti del VI Congresso ínternazionale di Chimica applicata. Roma, 

1906, vol. IV, Sección 6.*, B. 

A. Gautier, La Chimie de la cellule vivante. Paris, 1899, pág. 34 y 
siguientes. 

P. Schutzenberger, Traite de Chimie genérale. Paris, 1885, vol. IV, 
pág. 351 y siguientes. 

E. Boullanger, Distillerie agricole et industrielle. Paris, 1909. 

F. Malvezin, Le viellissement ariificiel des vins et spiritueux. Pa- 
ris, 1903. 

Pasteur, Étude sur le vin. Paris, 1866. 

H. Astruc, Le vin. Paris, 1901. 

E. Ozard, La pratique des fermentations industrielles. Paris, 1903. 

Magnier de la Source, Analyse des vins. Paris, 2^ edit. 

Wagner, Fischer y Gautier, Química industrial, II, pág. 766 y si- 
guientes. Edición española. Valencia, 1905. 

P. Paccottet, Vinification. Paris, 1908. 

E. Pozzi-Escot, N ature des diastases. Paris, 1903; Les diastases et 
leurs applications. Paris, 1900. 

E. Diederich, Uaction diastasique dans les fermentations industriel- 
les. Paris, 1906. 

Hidalgo Tablada, Tratado de la fabricación de los vinos. Madrid, 
1880. 

A. Béchamp, Les microzymas. París, 1883, Conférence 6e , pág. 268 y 
siguientes. 

Premier Congrés International du froid. Paris, 1908, vol. III, varias 
notas. 

Eduardo Vitoria. 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 



El día 5 de Octubre hizo un año que en Tirnovo, antigua é histórica 
capital de Bulgaria, se proclamó la independencia búlgara, cumplién- 
dose el 12 del mismo mes la fecha anual de la entrada del zar Fernando 
en la nueva capital, Sofía. Como desde entonces periódicos y revistas 
han venido hablando de este acontecimiento, también nosotros, que 
escribimos sobre otro hecho simultáneo acaecido en los mismos Balka- 
nes, á saber, la anexión de Bosnia y Herzegovina al imperio austro-hún- 
garo (1), queremos consagrar á éste algunas líneas, ahora sobre todo 
que se ha celebrado en Tirnovo y en Sofía el aniversario de la inde- 
pendencia y de la coronación del Zar. 

Cierto, no podemos hablar del país búlgaro de visa, como hablamos 
de Bosnia y Herzegovina, por más que nos habrá faltado muy poco para 
haber podido divisar la frontera búlgara desde las cumbres que dominan 
los alrededores de Sarayevo y miran hacia Novibazar; pero hemos pro- 
curado leer lo mejor y lo más reciente que sobre aquella región se ha 
escrito, y aun con ocasión del VI.° Congreso internacional de Psicología 
que acaba de celebrarse en Ginebra, hemos podido conocer á algún lite- 
i^ato búlgaro y tratar con bastante intimidad á un joven simpático de 
Macedonia, publicista y muy conocedor del país búlgaro. Dicho sea esto 
para satisfacción de los lectores, á quienes no se les ocultará cuan difí- 
cil es escribir sobre tan lejanas y no muy conocidas regiones sin incu- 
rrir en alguna ligera inexactitud geográfica, histórica ó de apreciación. 

Y al hacerlo, seguiremos el método adoptado por algunos escritores, 
quienes han examinado la cuestión búlgara, no bajo todos sus aspectos, 
sino desde algún que otro punto de vista determinado. Así M. L. Ama- 
net en la Revue Augustinienne ha estudiado principalmente el estado de 
Bulgaria bajo el yugo turco y griego; J. Roberkoff en varios números de 
La Croix ha descrito el movimiento literario de Bulgaria durante el rei- 
nado de Simeón (888-927); D. Joaquín de la Llave, así en su Conferen- 
cia dada en la Real Sociedad Geográfica, como en sus «Notas de viaje», 
publicadas hace poco en Nuestro Tiempo, se ha fijado singularmente en 
el aspecto militar y geográfico de aquel'país; D.Vicente Vera ha expuesto 
en La Ilustración Española y Americana algunas fases de la naciona- 
lidad búlgara; el Sr. Amador (E.) ha hecho en Cultura Española algunas 
consideraciones sobre los búlgaros, y antes que todos ellos M. S. Vai- 
Ihé había escrito para uno de los grandes Diccionarios franceses un estu- 
dio muy detenido sobre la Iglesia búlgara, en su triple aspecto de cismá- 
tica griega, griega unida y latina. Nosotros, así como dedicamos un par 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXIII, pág. 59. 



320 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

de artículos á la anexión de Bosnia, así consagraremos á este asunto otro 
par, para señalar las principales etapas del principado y realeza búlgara, 
esbozar la figura de la Gran Bulgaria, que los búlgaros deleitosamente 
dibujan ya en su fantasía, y apuntar una de las soluciones de la cuestión 
balkánica, íntimamente relacionada con la de Bulgaria. De este modo 
tocaremos lo pasado, lo presente y lo futuro: lo pasado, brevemente y con 
el principal objeto de llegar á grandes jornadas, y sin grandes soluciones 
de continuidad, hasta nuestros tiempos; lo presente, para consignar el he- 
cho de la independencia y hacer en pocas palabras su historia; lo futuro 
con más detención, pues, aunque desconocido, ofrece para nosotros más 
interés, y despierta más curiosidad en la política y diplomacia europea, la 
cual en sus múltiples conjeturas, barajando de mil maneras las hojas his- 
torico-geográficas del Mapa de los Balkanes, no acierta aún á predecir 
la suerte futura de estas regiones. Y todavía queda dilatado campo de 
investigación para quien quisiese escribir un buen artículo sobre la Etno- 
grafía del pueblo búlgaro. 



LO pasado: PRINCIPADO DE BULGARIA 

El antiguo principado, nuevo reino de Bulgaria, está emplazado en la 
península de los Balkanes. Confina al Norte con Rumania, formando el 
Danubio casi toda la línea fronteriza; al Este con el Mar Negro; al Sur 
y Sudoeste con Turquía, y al Oeste con Servia. 

Si hemos de creer al doctor Zenoff, escritor búlgaro que ha publi- 
cado varios folletos sobre aquellas tierras, ya en el siglo II había búl- 
garos en dicha región. Según otros, quien dio nombre á Bulgaria fué un 
pueblo de origen asiático que en el siglo VII se estableció en aquella parte 
de los Balkanes y adoptó la lengua eslava, y hacia el año 669 fundó el 
«reino de los búlgaros», bajo la regencia de Asparuch. Boris, que subió 
al trono en 852, se apoderó de la Rumania actual y extendió sus dominios 
hasta la Transilvania y Macedonia. La edad de oro, á lo que parece, de 
las glorias literarias y militares de Bulgaria fué la de Simeón (888-927), 
quien tomó el título de Basíleus (rey ó zar) y dilató las fronteras de su 
reino hasta Valaquia, hasta Andrinópolis y hasta Corinto. En su tiempo 
florecieron y dieron nombre á Bulgaria Constantino, Juan el Exarca, 
Gregorio Mnich y Tchernorizetz Herabi, los mejores literatos que cono- 
ció aquel Estado en la Edad antigua y media. 

En tiempo de su hijo, el zar Pedro (927-969), comenzó la era de la 
decadencia; Pedro fué derrotado por el rey Nicéforo Focas y por los 
rusos deSviatoslav, que invadieron sus estados. De995 á 1018 fué la época 
de las desesperadas luchas que Bulgaria tuvo que sostener con los bi- 
zantinos: en la quinta campaña quedó sometida al imperio de Bizancio. 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 321 

Y aunque á principios del siglo XIII ó fines del XII, bajo el reinado de 
Isaac II, dos boyardos ó nobles, Juan y Pedro Asen, lograron libertar á 
su país de la sujeción á los Emperadores de Oriente y formar una dinas- 
tía propia, otra vez en 1391 fué dominado por los turcos otomanos; pe- 
sado yugo que ha tenido que soportar hasta nuestros días. Solamente 
en el siglo XVIII, cuando la Puerta extremó sus procedimientos de rigor, 
Bulgaria pidió el auxilio de Rusia, y Catalina II, que había conseguido 
varios triunfos contra el turco, se declaró protectora de todos los cris- 
tianos habitantes en el imperio de los Sultanes. 

Á principios del siglo XIX, gracias á los escritos de Paisii y de So- 
poni, comenzó el sol á brillar sobre los campos de Bulgaria con más es- 
plendores de gloria literaria, y lisonjeras auras de esperanza y liberación 
orearon por un momento aquellos campos, cuando los herzegovinos, her- 
manos de lengua y cristianos como ellos en religión, se levantaron de- 
nodadamente contra los turcos. Pronto se disiparon tan halagüeñas ilu- 
siones, porque como los búlgaros secundaran la acción de Bosnia y 
Herzegovina contra Turquía, la Puerta envió á Bulgaria unos cuantos 
batallones que cometieron verdaderos horrores, conocidos con el nombre 
de massacres ó matanzas de Bulgaria. Cuentan que pasaron de 15.000 los 
muertos y de 100 las aldeas destruidas. Proceder tan inhumano excitó las 
iras de Rusia, que declaró la guerra á Turquía. 

Era el año de 1876 cuando el ejército ruso, atravesando el Danubio, 
llegó á las puertas de Plewna, la gran fortaleza de los turcos en Bul- 
garia, cerca de Tirnovo. Las tropas de Osmán Bajá rechazaron por tres 
veces los ataques de los rusos; pero éstos al ñn, con la cooperación de 
los rumanos, consiguieron tomar la fortaleza; con esto terminó la guerra, 
y en virtud del Tratado de San Estéfano se formó la Gran Bulgaria^ la 
cual, aunque no llegó á ser reino, sino sólo principado, abarcaba en 
extensión la Bulgaria propiamente dicha, la RumeHa oriental y la 
Macedonia, hasta el Mar Egeo. El Congreso de Berlín modiñcó nota- 
blemente las cláusulas de este Tratado relativas á Bulgaria, quitán- 
dole toda la parte de Macedonia, desde Bellova hasta Salónica y orillas 
del Vistriza. La Macedonia volvió á ser provincia de Turquía, y tam- 
bién la Rumelia oriental quedó como tal, bien que regida ésta por un 
gobernador cristiano, nombrado para seis años por el Sultán. 

El 29 de Abril de 1879 se reunió en Tirnovo la asamblea de notables 
búlgaros, y fué elegido príncipe de Bulgaria, con el nombre de Alejandro ¡, 
el príncipe de Battenberg. Nació en Verona el 5 de Abril de 1857, y con- 
taba á la sazón veintidós años; era el tercer hijo del príncipe Alejandro 
Emilio de Hesse, casado éste morganáticamente con la condesa Julia de 
Haucke, y era también sobrino, por parte de la Zarina, de Alejandro II, 
Emperador de Rusia. El Príncipe aceptó al principio la tutela rusa, cuyo in- 
flujo pronto se hizo sentir, como que eran rusos el Ministro de la Guerra 
y gran parte de la oficialidad del ejército búlgaro. Este influjo rusófilo se 



322 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

notó singularmente en 1881, cuando el Príncipe fué á los funerales de 
Alejandro II, y al volver ordenó que se suspendiera el régimen constitu- 
cional y parlamentario, sustituyéndolo con el autocrático al estilo de 
Rusia. Estas manifestaciones de afecto á Rusia no le bastaron, sin em- 
bargo, para llegar á ser, como ahora se dice, persona grata á su primo 
Alejandro III; eso sí, fueron más que suficientes para enajenarse las vo- 
luntades y simpatías de muchos "búlgaros, que veían con malos ojos la 
ingerencia rusa. La situación de Alejandro de Bulgaria se hacía cada vez 
más insostenible, no hallando como no hallaba apoyo ni en los búlgaros 
ni en los rusos; decidióse, pues, á dar un golpe de Estado, despidiendo á 
todos los jefes rusos, excepto al Ministro de la Guerra, y llamando para 
la presidencia del Consejo de Ministros á Karaveloff, con el fin de resta- 
blecer la constitución de 1879. 

Así continuaron las cosas hasta 1885. Este año ocurrió un suceso tras- 
cendental. La Rumelia oriental, que nunca dejó de mostrar su afecto á 
Bulgaria, creyó llegado el momento de realizar sus aspiraciones rom- 
piendo sus lazos con Turquía y uniéndose á Bulgaria, y el 17 de Se- 
tiembre se levantó en armas contra el gobernador turco Gabriel Pacha, 
y se dio en Filipópolis, capital de la Rumelia, el grito de ¡viva el príncipe 
Alejandro! El gobernador nombrado por el Sultán fué expulsado y en- 
viado á Constantinopla, y sin efusión de sangre, fué proclamada la unión 
de la Rumelia á Bulgaria; el 20 se leyó en Tirnovo una proclama en que 
Alejandro I se titulaba «príncipe de las dos Bulgarias». El golpe era 
atrevido y demasiado ruidoso para no alarmar á las potencias, como- 
quiera que alteraba una de las cláusulas del Tratado de Berlín. Y real- 
mente protestaron Turquía, Servia y Grecia, y señaladamente Rusia, que 
incitó á Turquía á reconquistar su provincia rebelde; pero Inglaterra in- 
fluyó en favor de Bulgaria y no estalló la guerra. Con todo, el Zar mandó 
llamar al Ministro de la Guerra de Bulgaria, que era ruso, y á toda la ofi- 
ciaHdad rusa que aún permanecía en aquellos dominios. 

Pero lo que no hizo Turquía hízolo Servia. El rey Milano, alegando 
que se alteraba el statu quo de los Balkanes, y aprovechando la circuns- 
tancia de que los búlgaros habían dejado desguarnecida la frontera 
servia, por atender, como era natural, al otro extremo de la frontera 
turca de la Rumelia, declaró la guerra á Bulgaria el 14 de Noviembre, é 
invadió con sus tropas el principado. Mas éste movilizó las suyas con 
tal rapidez que, mandadas por el mismo príncipe Alejandro, derrotaron á 
los servios en Sliwnitza, y, tomando la ofensiva, invadieron á su vez la 
Servia, batieron al enemigo en Pirot y hubieran proseguido su marcha 
victoriosa hasta Belgrado, á no haber tropezado con el veto de las po- 
tencias y con el de Austria en especial, que las amenazó con la inter- 
vención armada si pasaban adelante. Firmóse, pues, un armisticio el 2 
de Diciembre, como preliminar del Tratado de paz celebrado en Bu- 
carest el 3 de Marzo de 1886, al que poco después se siguió, á petición 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 323 

de Rusia, una conferencia en Constantinopla. La conclusión de todo fué 
que el príncipe Alejandro, juntamente con Bulgaria, gobernara por cinco 
años la Rumelia. 

Fué ésta una señalada victoria para el ejército búlgaro, por el heroísmo 
de sus tropas y por la táctica de sus improvisados oficiales, pues con la 
retirada de los oficiales rusos el ejército había quedado casi acéfalo. 
Este hecho, con ser y todo tan glorioso para el Príncipe, no fué, sin em- 
bargo, bastante á ganarle el entusiasmo de todos sus subditos; y era 
porque había dos bandos rivales con tendencias antitéticas: el rusófilo, 
manejado por las intrigas de Rusia, cuyos ejecutores eran Zarakoff, 
agregado militar en Sofía, y Karaveloff, y el rusófobo, más numeroso y 
popular, representado por Estambuloff. Tanto pudieron los rusófilos, 
que antes de un año, el 20 de Agosto de 1886, hubo un pronunciamiento 
en Pernik, y al grito de ¡viva Rusia!, los revolucionarios se dirigieron á 
Sofía, penetraron en el palacio del Príncipe y le obligaron á abdicar y 
salirse del país: Karaveloff quedó al frente del Gobierno provisional. 

Pero tampoco se durmió Estambuloff, quien sin pérdida de tiempo 
promovió la contrarrevolución en Tirnovo, y al frente de las tropas rume- 
liotas entró en Sofía, derribó á Karaveloff y telegrafió al príncipe de 
Battenberg, que se hallaba en Darmstadt (Alemania). Alejandro volvió 
inmediatamente á Bulgaria, se presentó en Rustchuk, y el día 3 de Sep- 
tiembre hizo su entrada triunfal en Sofía, aclamado por el pueblo y 
el ejército, desde donde se apresuró á telegrafiar al Zar de Rusia; éste, 
por toda respuesta, le contestó que abdicara, y, en efecto, Alejandro ab- 
dicó definitivamente, y cuatro días después, el 7 de Septiembre, se retiró 
al lado de su padre, que estaba en el castillo de Jungenheim, cerca de 
Francfort, en Alemania. En 1888 se casó, según el rito católico, con una 
vienesa, tomó su antiguo título de Conde de Hartmann y se naturalizó 
en Austria. En 1891 ingresó en el ejército, obteniendo el mando de un re- 
gimiento, cargo que le duró sólo dos años, pues en 1893 murió en Gratz: 
su cuerpo fué trasladado á Bulgaria y sepultado en Sofía. Al renunciar y 
retirarse Alejandro de Battenberg, se había formado en Bulgaria un 
triunvirato de regencia por Estambuloff, Karaveloff y Mutkusoff. Habían 
pasado algunos meses, y la asamblea de notables, reunida en Tirnovo, 
eligió príncipe de Bulgaria á Waldemar de Dinamarca; pero el Príncipe 
danés no lo aceptó, por lo que ofrecieron la regencia del principado al 
joven Fernando de Sajonia-Coburgo. 

11 

LO presente: del principado á la realeza 

Fernando de Sajonia-Coburgo nació en Viena el 26 de Febrero 
de 1861. Su abuelo, el duque Fernando de Coburgo Saelfeld, se casó 
en 1816 con una rica princesa de Hungría, María Antonieta de Cohary, 



324 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

se estableció en la capital de Austria y á los dos años de su matrimonio 
entró en el seno de la Iglesia católica romana. El segundo hijo del 
Duque, Fernando de Coburgo Cohary, contrajo matrimonio en 1843 con 
la princesa Clementina de Orleans, y de este enlace matrimonial nació 
el actual Zar de Bulgaria. Fué educado en sus primeros años en el pala- 
cio de sus padres en Viena; á los diez y siete años fué, en compañía de su 
hermano mayor, al Brasil; vuelto á Europa, fué enviado en 1883, en repre- 
sentación de su casa, á la coronación de Alejandro III de Rusia; prestó 
algún tiempo servicio en un regimiento de húsares austríaco, y lo res- 
tante lo pasó al lado de su madre en el palacio de Viena y en el castillo 
de Ebenthal. 

En 1886, cuando Fernando tenía veinticinco años, recibió la visita de 
la Comisión búlgara que venía á ofrecerle la jefatura del principado. 
Con este motivo celebráronse varias conferencias privadas por ambas 
partes y con algunos Gobiernos de Europa. Turquía y Rusia parece que 
se oponían á reconocerle como tal; pero contaba con el apoyo de Ale- 
mania y Austria, y las negociaciones diplomáticas, hábilmente conduci- 
das por su madre, hicieron también que Inglaterra le prestara decidido 
apoyo; así que cuando la Sobranié búlgara, en sesión de 7 de Julio 
de 1887, le eligió por unanimidad de votos Príncipe de Bulgaria, Fer- 
nando contestó que estaba dispuesto á consagrar su vida á la salvación 
y felicidad del pueblo búlgaro, con tal que la Puerta ratificase su elec- 
ción. Turquía no se dio priesa en responder, pero ni Fernando aguardó 
á tener contestación, seguro de que las potencias no pondrían dificulta- 
des, y preparó su marcha para Sofía, entrando en ella el 22 de Agosto 
de 1887. El Príncipe no fué cumplimentado por los representantes de las 
potencias extranjeras, pero fué aclamado por todo el pueblo. 

Á los seis años, es decir, el día 20 de Abril de 1893, el Arzobispo de 
Luca bendijo en el castillo de Pianore, cerca de Viareggio, su enlace con 
la princesa María Luisa de Borbón-Parma. Según un artículo de la 
Constitución búlgara, el sucesor del trono debía pertenecer á la religión 
griega ortodoxa, mas como el Príncipe y la Princesa eran católicos ro- 
manos, Estambuloff, Presidente del Consejo de Ministros, se encargó de 
conseguir que la Sobranié modificase ese artículo, estableciendo que los 
hijos nacidos de este matrim.onio estaban dispensados de pertenecer á 
dicha religión, bien que no los hijos de la generación siguiente. 

El 30 de Enero de 1894 nació el heredero del trono, príncipe Boris, 
que fué bautizado el 4 de Febrero por Mgr. Menini, Vicario apostólico de 
Filipópolis. Protestaron muchos Obispos ortodoxos, y aun se negaron á 
nombrar á Fernando en las preces públicas, porque seguía siendo cató- 
lico romano y hacía también bautizar al heredero en la Iglesia católica 
romana. A estas protestas contestó Estambuloff condenando á tres años 
de prisión al metropolitano ortodoxo Mgr. Clemente, por la intemperan- 
cia de su lenguaje contra el Príncipe: lo que produjo naturalmente cierta 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 325 

tirantez de relaciones, y Estambuloff hubo de dimitir á los pocos meses. 
Desde entonces comenzó á prevalecer el influjo de Rusia, tanto, que 
poco después aparece Mgr. Clemente á la cabeza de una Comisión búl- 
gara enviada á Rusia á dar satisfacción al Zar por la conducta ingrata 
que el principado había observado con sus libertadores rusos; el mismo 
Fernando consintió dos años después que el Príncipe heredero fuese con- 
firmado en la iglesia ortodoxa por el exarca José, en presencia de todos 
los metropolitanos búlgaros y de un enviado extraordinario de Rusia. Con 
esto rompió los lazos que le unían á la Iglesia católica romana; añádase 
que después de la muerte de su primera esposa, acaecida el 19 de Enero 
de 1899, dejándole cuatro hijos, Fernando contrajo segundas nupcias el 
día 1.° de Marzo de 1908, en el castillo de Osterstein, con la princesa 
Leonor de Reuss-Kostutz, de la dinastía y casa, luterana en religión. 

Por lo que hace á las relaciones de Bulgaria con Turquía, cierto que 
Abdul-Hazid confirmó á Fernando en su jefatura de Príncipe de Bul- 
garia y gobernador general de la Rumelia; pero esto no bastaba 
para satisfacer los deseos del Príncipe y del principado, ansiosos de 
recabar su completa independencia. El 12 de Septiembre de 1908 el Mi- 
nistro de Negocios Extranjeros de Turquía dirigió una invitación á los 
diplomáticos extranjeros residentes en Constantinopla, y prescindió del 
Comisario Imperial otomano, Guechoff, representante de Bulgaria, dán-^ 
dolé á entender que la Puerta seguía considerando á Bulgaria como tri- 
butaria suya. Esto ofendió á los búlgaros y Guechoff se retiró de Cons- 
tantinopla. 

Sólo habían pasado algunos días, cuando á este incidente sucedió 
otro más grave, casual ó artificiosamente preparado. La vía férrea, que 
partiendo de Estambul pasa por Filipópolis en dirección á Sofía, perte- 
nece á Turquía ó Compañía de ferrocarriles orientales, desde Bizancio 
hasta Bellova, pequeña estación dentro del territorio búlgaro, unos 100 
kilómetros antes de llegar á Sofía; desde Bellova hasta la frontera servia 
la línea es propiedad del Gobierno búlgaro. El 18 de Septiembre los em- 
pleados de la Compañía se declararon en huelga, pidiendo aumento de 
salario, y la circulación de trenes quedó interrumpida. Y mientras el 
Gobierno turco gestionaba con la Compañía la solución del problema, el 
Gobierno de Sofía determinó que si continuaba la huelga, tomaría pose- 
sión de la vía férrea que se extiende dentro de su territorio, porque la 
seguridad del país no le permitía dejar ese trozo de ferrocarril en manos 
extranjeras. Fernando se hallaba á la sazón en Budapest, escuchando 
los brindis del emperador Francisco José; y antes que el Príncipe 
búlgaro abandonara la capital de Hungría, ya sus consejeros habían 
ordenado ocupar militarmente el trozo búlgaro del ferrocarril. 

Protestó la Puerta, mas Fernando se disculpó con su Gobierno, el 
cual mientras tanto había movilizado su ejército, manifestando que es- 
taba dispuesto á todo. Y en efecto, Bulgaria juzgó oportuno el momento 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 22 



326 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

para desligarse por completo de Turquía y proclamar su independencia. 
Hízolo así el 5 de Octubre, cuando Fernando entró por las puertas de 
Tirnovo y fué proclamado Zar de Bulgaria. De Tirnovo volvió el Zar el 
12 del mismo mes á Sofía, á cuya entrada se elevaba un arco triunfal con 
corona de rey; allí se detuvo, y sin bajar de su caballo, oyó el discurso del 
Alcalde, quien, conforme al uso eslavo, le ofreció el pan y la sal tradi- 
cionales. 

En medio de entusiastas aclamaciones, la comitiva regia siguió su 
marcha hasta la plaza del Parlamento, cerca de la estatua ecuestre 
levantada en honor del Zar libertador, Alejandro II de Rusia: esperábanle 
de uniforme los voluntarios de la guerra ruso-turca, los heroicos defen- 
sores del paso de Chipka. Al discurso de uno de estos «opattchenzi» res- 
pondió el Zar diciendo cuan grande era la gratitud del pueblo búlgaro 
para con ellos y para con el emperador Alejandro II, y añadió: «Fieles á 
las tradiciones de nuestros abuelos y al testamento del Zar libertador, 
hemos confirmado con el acto de 5 de Octubre la independencia del Es- 
tado creado por el Zar de Rusia.» Luego se dirigió á la catedral ortodoxa, 
San Kral, á cuyas puertas, bajando del caballo, abrazó al Obispo cismá- 
tico, y después de oir su discurso y haber asistido al Te Deum, volvió á 
palacio. Los festejos continuaron hasta las altas horas de la noche para 
conmemorar el restablecimiento del antiguo reino de Bulgaria. Con esto 
quedó el principado erigido en reino y Fernando coronado con la co- 
rona de Zar. 

III 

LO futuro: de Bulgaria á la gran Bulgaria 

La independencia actual no es ciertamente el término de las aspiracio- 
nes de Bulgaria: los búlgaros aspiran á la Gran Bulgaria. ¿En qué se fun- 
dan ellos para esperarlo ó nosotros por suponerlo? El Tratado de San 
Estéfano extendió las fronteras de Bulgaria hasta el mar Egeo, esto es, 
agregó á Bulgaria la Rumelia y Macedonia: he ahí la Gran Bulgaria. Este 
hecho ha sido y será para los búlgaros una razón histórica de no poco peso 
para realizar— si pueden— algún día ese ideal por ellos tan acariciado. 
La traslación misma de la capital, de Tirnovo á Sofía, parece indicar que 
está hecha, entre otros fines, con esa finalidad; porque así como aquélla 
era y es el punto céntrico de Bulgaria, ésta lo es y sería de la Gran Bul- 
garia. Añádase que los búlgaros no pierden ocasión de extender su in- 
flujo por Macedonia. Desde luego obtuvieron del Sultán la creación de 
varios Obispados búlgaros en aquella región, como el de Melnik, Es- 
trumnitza y algún otro, con el establecimiento de agentes comerciales 
en Monastir. Para hacer más eficaz su predominio en ella, la han dividido 
en varias circunscripciones escolares: Ochrida, Dibra, Monastir, etc. 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 327 

Mas para apreciar si es realizable y en qué grado el ideal búlgaro, 
hay que tener presente la aspiración de Grecia, Servia y Austria á Ma- 
cedonia. Repetidas veces se ha escrito que servios y griegos resuelven 
la cuestión macedónica, dividiendo esta provincia en tres partes: una 
para los búlgaros y las otras dos para ellos, respectivamente; pero que 
los búlgaros la resuelven diciendo que Macedonia debe permanecer una 
y entera, razón por la que ha dicho Mr. Rene Piñón que «en este mo- 
derno juicio salomónico Bulgaria aparece como la verdadera madre». 
Estas apreciaciones nos parecen hoy inexactas. Al resolverse la cuestión 
macedónica no creemos que esta región permanecerá una y entera, sino 
que será dividida, mas no en todas esas partes, ni en esas solas ni de ese 
modo. Veámoslo: 

Macedonia lleva ante todo el sello helénico. El helenismo fué eí que 
cual ningún otro factor extraño influyó en la antigüedad en esta parte de 
los Balkanes. Realmente, las clásicas tradiciones griegas, sus cantos idíli- 
cos, los discursos de sus oradores, las escuelas de sus filósofos, los acen- 
tos bélicos de sus guerreros y la celebridad de sus personajes históricos, 
en una palabra, la Grecia antigua, con su abolengo, con sus dinastías ma- 
cedónicas y con el brillo de sus glorias literarias, llena y rebasa las fron- 
teras de Macedonia. En la Edad Media, Grecia fundó en ella escuelas he- 
lénicas, y aun al comenzar el primer tercio del siglo XIX las había en gran 
número, lo que ha hecho exclamar á Kallostypi, escritor griego de nues- 
tros tiempos: «Macedonia es la hija digna de Aristóteles». ¿Qué extraño, 
pues, que los griegos hayan conservado vivas las esperanzas de formar 
con sus vecinos de Macedonia un solo Estado? Y tan grandes debieron 
de ser estas esperanzas, que en la carta etnográfica de Grecia y Turquía 
presentada por el Syllogos de los Estudios griegos de Atenas, los límites 
helénicos están trazados de modo que abarcan una gran parte de Mace- 
donia. «Macedonia, ha dicho el citado escritor, es el fundamento de la 
Helada unida y grande; Macedonia es el baluarte de la libertad griega.» 

Lástima que tan bellas concepciones no ofrezcan hoy por hoy nin- 
guna probabilidad de realizarse. Los tiempos han cambiado tanto, que el 
antiguo esplendor griego ha sufrido un eclipse total, y la debilidad de 
Grecia es cada vez mayor. El movimiento patriótico de 1897 no fué po- 
tente para anexionarse la isla de Creta, como no lo ha sido el de 1909, 
y si entonces salió Grecia descalabrada en los campos de Larisa, ahora 
ha recibido una humillación diplomática: ambos contratiempos de parte 
de Turquía. Si á esto se añade que dentro del mismo reino helénico ha 
habido estos días pronunciamientos militares, fácilmente se compren- 
derá que Grecia no está á la sazón para pensar en expansiones territo- 
riales por Macedonia, en las que necesariamente tendría que habérselas 
con la Puerta. 

Así como Grecia presenta para la formación del panhelenismo mace- 
dónico los títulos de abolengo, así el pueblo servio, «el músico y el can- 



328 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

tor de la raza eslava», que dice un escritor, ha soñado muclio tiempo en 
la formación de la üran Servia. ¿Qué motivos podría alegar para tamaña 
empresa? ¿Títulos de raza? Cierto que la numerosa población servia 
esparcida por Bosnia y Herzegovina, por Bulgaria, por Montenegro, por 
Macedonia, etc., sirve de base á los cálculos y aspiraciones de Servia; 
pero este título que siempre puede serlo de unión y solidaridad, no puede 
ella utilizarlo hoy, como en seguida se verá, para su hegemonía de la 
Gran Servia. ¿Superioridad y diferencia de población? Mucho menos; 
tan reducida es ella, que si los otros Estados son pequeños, el suyo 
apenas pasa de dos millones y medio de habitantes, siendo mayor en 
extensión Bosnia -Herzegovina, y notablemente mayor la población y 
extensión de Bulgaria. 

No deja de llamar la atención que la pequeña Servia tenga esas pre- 
tensiones de Gran Servia. Ofrécesenos que comenzó á acariciar esta idea 
cuando en el Tratado de Berlín fué ella la favorecida con el título de reino, 
aventajando en esto á Macedonia, Bosnia y Herzegovina, que quedaron 
como meras provincias, y aun á Montenegro y Bulgaria, que no pasaron 
de la categoría de principados. Sin duda que para estas fechas habrá 
abierto los ojos para ver la realidad sin ilusiones ópticas, tal y como es 
en sí. Porque sobre no haberse acreditado Servia de muy serena y repo- 
sada, ni en la cuestión turco-búlgara de 1885, ni en la anexión de Bos- 
nia al imperio austríaco en 1908, resulta que aquellas dos provincias — 
Bosnia y Herzegovina— han pasado á ser definitivamente austríacas; que 
Bulgaria es ya reino y reino mucho más fuerte que ella; que Montenegro 
está próximo á erigirse en reino, si hemos de creer á las agencias tele- 
gráficas, según las cuales las potencias signatarias del Tratado de Ber- 
lín piensan honrar al príncipe de Montenegro en el cincuentenario de su 
gobierno con el título de Rey, y que para Macedonia — otra vez Mace- 
donia— queda, además de Bulgaria, otro pretendiente aun más fuerte: el 
imperio austro-húngaro. Por tanto, no puede Servia contar con la coo- 
peración de estas provincias ó Estados para erigirse en Gran Servia. 
Quisiera ella para sí las probabilidades que tiene Austria para intervenir 
en Macedonia. 



Por de contado, Austria no puede ocultar sus aspiraciones al puerto 
de Salónica. Y es así, que no teniendo más salidas marítimas que algunos 
puertos del Adriático, hace algún tiempo que su Drang nach Osten se 
va torciendo hacia el Sur-Drang nach Süd: ahí está el último hecho, la 
anexión de Bosnia, que está señalando el camino de Salónica; tanto más, 
cuanto que Austria tiene ya construida la vía férrea que conduce de 
Sarayevo á Novibazar; es decir, hasta cerca de Mitróvitza, á donde llega 
el ferrocarril de Salónica. Verdad es que el Gobierno austríaco ha dicho 
no ser su intención extender sus fronteras más allá de Bosnia, y en prueba 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 329 

de ello ha retirado las tropas que ocupaban la Rascia; pero también lo 
es que al mismo tiempo se ha apresurado á dejar terminada la vía férrea 
que la atraviesa; y no hay para qué decir que siendo ésta propiedad suya 
alegará títulos más que suficientes para intervenir cuando le plazca en 
aquella región. Por consiguiente, Austria ejerce como nación su influjo 
real y verdadero más allá de Bosnia; este influjo por ahora no pasa de 
Novibazar; pero todo parece indicar que pasará. 

Por de pronto, en la persuasión de todos está que el sueño dorado 
de las expansiones austríacas es llegar hasta Salónica. No es para menos. 
Sin pasar por tantas tierras extrañas (Turquía, Bulgaria y Servia), sin 
necesidad de dar el gran rodeo de los Dardanelos, Mar de Mármara y 
canal de Constantinopla, y aun sin tener que atravesar ó recorrerla línea 
de Uskub-Nísch-Belgrado, el ferrocarril de Novibazar-Mitróvitza-Saló- 
nica pondría el mar Egeo en comunicación directa con la capital de Bos- 
nia y, mediante ésta, con tres grandes ramales austríacos: 1.", con el de 
Eslavonia á Budapest y Viena; 2.", con el de Croacia á Gratz, Munich ó 
Ratisbona; 3."", con el de Carniola á Italia: posición ventajosísima para 
las naves austríacas y las comunicaciones del interior con el exterior, 
especialmente con Port-Said y el Oriente. No es extraño que Austria 
sueñe con Salónica. 

La dificultad está en obtener ese puerto; pero si es difícil, no es inve- 
rosímil que lo consiga. En efecto, Macedonia y Albania apenas han cono- 
cido tiempos de paz desde que están bajo el yugo de los Sultanes de Cons- 
tantinopla; sus revueltas son continuas y no hay esperanzas de que cam- 
bie este estado de cosas hasta que las potencias europeas obliguen 
resuelta y eficazmente á la Puerta á introducir en aquellas provincias las 
mejoras tantas veces prometidas, ó mejor dicho, hasta que los cristianos 
de ambos vilayatos dejen de sentir sobre sus espaldas la pesada mano 
de los musulmanes. Ahora bien, no hay que pensar en esas mejoras, dada 
la conducta de los turcos, que prometen siempre que se les aprieta, pero 
no se apresuran á cumplir lo prometido. Lo peor es que, aparte de otros 
motivos, á proceder así les impele su mismo carácter y espíritu, refrac- 
tario en sumo grado á todo cambio, aunque éste se llame progreso. Mucho 
menos hay que esperar de ellos mejoras verdaderamente notables y que 
notablemente alivien la situación de los cristianos. Por otra parte, los 
cristianos de Macedonia y Albania son por sí solos impotentes para con- 
trarrestar la fuerza del Gobierno turco. ¿Qué hacer? ¿Durará siempre ese 
estado de cosas? No es verosímil, y no porque lo haga cambiar la acción 
de las grandes potencias, cuyo celo no es tanto como para romper lan- 
zas y desfacer entuertos por el solo amor desinteresado del débil y de la 
justicia, sino porque probablemente no tardará en intervenir en Macedo- 
nia la acción combinada é interesada de Austria y Bulgaria. 

¿Y cómo no? La independencia de Bulgaria y la anexión de Bosnia 
no han sido más que el primer paso; pues así como han sido simultáneos 



330 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

estos dos hechos, así lo serán, es de creer que lo serán, otros dos hechos: 
la extensión de Bulgaria por una parte de Macedonia, y por otra parte 
de la misma la de Austria. Ambas esperan sin duda una ocasión propicia 
que no tardará en presentarse. Desde luego, esperarán á que se relegue 
un poco al olvido el asunto de los dos hechos consumados, á fin de que 
se vaya calmando la irritación de Turquía. Mas después ambas hallarán 
abierta la puerta para entrar é intervenir en los asuntos de Macedonia: 
en primer lugar, Austria para poner su ferrocarril de Sarayevo á Novi- 
bazar en comunicación con Mitróvitza, luego para comprar toda la línea 
hasta Salónica y, finalmente, para protegerla; en segundo lugar, Bulga- 
ria para defender los intereses de los cristianos búlgaros que en gran 
número residen en Macedonia, casi siempre en lucha con los mahome- 
tanos. 

Porque es de saber ante todo que la línea férrea que sube de Saló- 
nica en dirección al Kosovo no llega á Bosnia, muere en Mitróvitza. Pues 
bien, sin afirmar de plano qué es lo que sucederá, y mucho menos qué 
es lo que deba suceder; sin ser muy lince, es dado predecir lo que, poco 
más ó menos, puede fácilmente suceder. He aquí cómo: Austria pediría á 
Turquía se le permitiese prolongar la línea de Novibazar hasta Mitró- 
vitza. Esta petición parece muy razonable, porque el trecho que falta por 
cerrar es muy pequeño, y por otro lado, mientras no se construya ese 
ramal, gran parte del comercio de Hungría, Eslavonia, Croacia y Bosnia 
con el Oriente se ve precisada á dar un rodeo muy grande, bajando por 
el Adriático y pasando por el Jónico hasta llegar al Archipiélago, rodeo 
que en nada favorece á las aduanas de Turquía. Es, pues, de presumir 
que la Puerta accedería á los deseos de Austria, porque no es de creer 
que por mantener independiente ó incomunicada esta parte de la fron- 
tera, ó por no perjudicar en algo el tráfico de Uskub'á Nisch, donde em- 
palma esta línea con la de Constantinopla á Belgrado, habría de oponer 
la Puerta una resistencia invencible. En todo caso, los buenos oficios del 
Ministro de Hacienda de Austria acabarían por resolver las pequeñas 
dificultades que podrían surgir, y la línea se construiría. 

Más que para el hecho mismo de la construcción, serían necesarios 
los servicios del Ministro de Hacienda austríaco para que fuese Austria 
y no Turquía quien hiciese ese ramal. De suyo corresponde á ésta, por- 
que es territorio suyo; mas como ha sido el ejército austríaco el que 
hasta hace poco ha ocupado los alrededores de Novibazar, y Austria 
tiene mucho interés en que ese trocito de vía férrea sea de su pertenencia 
para ir acercándose á Salónica, es de suponer que el Ministro de Ha- 
cienda de Viena, con hábil y generosa mano, inclinaría la balanza de 
parte de Austria, allanando los altibajos rentísticos ó financieros. Y he 
aquí cómo los austríacos tendrían á Sarayevo en comunicación directa 
con Salónica, y, lo que es más, con línea propia hasta Mitróvitza. Un 
esfuerzo más, una nueva habilidad diplomática, y los trenes austríacos 



LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 331 

entrarán en Salónica, ostentando en sus vagones y berlinas las águilas 
bicípites imperiales. 

Para hacer eficaz este nuevo esfuerzo, el Gobierno austríaco no care- 
cería ciertamente de medios, siendo uno de los más obvios, al parecer, 
el comprar la línea; á lo cual no sería el Gobierno del Sultán quien más 
resistencia opusiese, pues sabido es que para los turcos apenas hay 
cuestión insoluble si median muchos doblones de oro, y en verdad que 
Austria les podría pagar bien esta línea. Más oposición hallaría el pro- 
yecto en la susceptibilidad y recelo de las grandes potencias, especial- 
mente de las más próximas, como Italia y Rusia; pero siendo este asunto 
de carácter privado, por decirlo así, entre los Gabinetes de Viena y Cons- 
tantinopla, no cabe duda de que las dificultades serían resueltas sin 
complicaciones internacionales con otras potencias. Y todavía, en lugar 
de comprar toda la línea, le sería más fácil á Austria conseguir en ella 
alguna participación, mucha ó poca, y aun esto le bastaría para sus 
fines, porque lo que le importa es poder intervenir en ella como en cosa 
total ó parcialmente suya. 

Hasta ahora, como se ve, el negocio va sin grandes dificultades, y con 
muchas probabilidades de buen éxito. Pues lo que resta es mucho más 
fácil. En esa línea ocurriría el día menos pensado lo que ha ocurrido en 
el trozo búlgaro del ferrocarril de Viena á Constantinopla; por cualquier 
accidente ó huelga podría quedar interrumpida la circulación de trenes, 
y el Gobierno austríaco, por la razón patriótica del decoro nacional en 
los servicios públicos internacionales y la seguridad y regularidad de las 
comunicaciones, reclamaría imperiosamente la zona de tierra que bordea 
la línea para poner la libre circulación de los trenes á cubierto de todo 
accidente; y dicho se está que para llevarlo á cabo no escogería la oca- 
sión menos favorable, sino aquella en que, alborotados los cristianos búl- 
garos de Macedonia contra Turquía — como lo están casi siempre, — se 
exigiría á la vez la intervención de Bulgaria. Con empujar, pues, á ésta 
hacia una parte de Macedonia y avanzar ella por las orillas del Vardar 
hasta Salónica, veríamos repetido el caso de 1908 de la acción combi- 
nada ó simultánea de ambas naciones. 

¿Cuál sería la actitud de Turquía? La misma, á nuestro humilde modo 
de ver, que la observada actualmente en el doble hecho de la anexión 
de Bosnia é independencia de Bulgaria. Y no podría ser otra. Porque,, 
deseosos siempre los cristianos de Macedonia y Albania de sacudir el 
yugo turco, aprovecharían gustosos esta ocasión para unirse á los búl- 
garos en caso de guerra; y claro está que, restadas estas fuerzas á Tur- 
quía, y sumadas á Bulgaria, habría más probabilidades de que la victo- 
ria coronara los esfuerzos de ésta. Es esto tanto más verosímil, cuanto 
que ni aun ahora se ha atrevido Turquía á medir sus fuerzas con Bul- 
garia, y eso que ésta no se hallaba en conjunción con los macedonios y 
albaneses. No hay para qué ponderar que esta resignación le sería al 



332 LA INDEPENDENCIA DE BULGARIA 

pueblo turco aún más necesaria enfrente de Austria. Con esto y con que 
Bulgaria, por una parte, y Austria por otra, dieran á la Puerta, como se 
los darían, unos cuantos millones en concepto de indemnización, queda- 
ría esta nueva y doble cuestión resuelta, lo mismo que acaba de resol- 
verse la anterior. 

En conclusión, Bulgaria quedaría erigida en Gran Bulgaria, abar- 
cando dentro de sus dominios, total ó parcialmente, la región de Mace- 
donia que se extiende desde la parte oriental de Salónica hasta ó hacia 
Andrinópolis; y la faja de tierra que ciñe el territorio comprendido entre 
la Rascia y Salónica, ambas inclusive, entre dos líneas que bajaran casi 
paralelamente desde las fronteras oriental y occidental de la Rascia á 
uno y otro lado de Salónica, la tomaría para sí el imperio austríaco. Ya 
está la cuestión resuelta, á gusto, sin duda, de Bulgaria y Austria; pero, 
¿y las otras potencias? ¿Qué actitud tomarían las potencias europeas? 

E. Ugarte de Ercilla. 



GABRIEL Y GALÁN 



ñ 



CABAN de publicarse sus obras completasen dos elegantes tomos, en 
que se han incluido, además de las composiciones poéticas, algunos 
artículos en prosa que estaban inéditos. 

Pocos poetas habrán recorrido el camino de la gloria con la rapidez 
de Gabriel y Galán. Fué un sol traspuesto cuando apenas nos habíamos 
dado cuenta de su salida. Cuatro años nada más pasaron desde la apa- 
rición de El Ama hasta la muerte de su autor; pero ellos fueron suficientes 
para inmortalizar su nombre y darle un puesto honroso entre los escrito- 
res de principios de este siglo. 

Tres cosas, en mi opinión, forman á los grandes artistas: gran caudal 
de dotes naturales, acierto en la propia vocación artística y familiaridad 
con los grandes maestros en el género. Sin lo primero, todo trabajo es 
estéril; sin lo segundo, faltará la espontaneidad y pureza en las produccio- 
nes; sin lo tercero, se desconocerán muchos recursos del arte y ordina- 
riamente será imperfecta la forma. Por este último punto, acaso acaso, 
flaquea un poco la musa de Gabriel y Galán. Dotado de una naturaleza 
poética privilegiada, había dado, á no dudarlo, con su género propio: la 
poesía del campo y del hogar llenos de Dios; pero limitada su lectura, á lo 
que parece, á un corto número de autores, no suficiente á proporcionarle la 
riqueza y variedad de formas que le eran necesarias, lucha de vez en 
cuando con la dificultad de verter en un molde ajustado sus pensamien- 
tos, y contrista el ánimo ver cómo disuelve entonces ideas llenas de poesía 
en mares de versos que, por fuerza, resultan flojos y cansados. 

He bebido la ambrosía de la noche 
Sobre el lomo de la céltica montaña... 
Más arriba, los luceros de diamante; 
Más arriba, las estrellas plateadas; 
Más arriba, las inmensas nebulosas. 
Infinitas, melancólicas, arcanas...; 
Más arriba. Dios y el éter...; más arriba. 
Dios á solas en la gloria con las almas. 

Esto es hermoso; pero está dicho de una manera algo lánguida y des- 
mayada. Cuánto mejor lo dice Zorrilla en solos dos versos de maravillosa 
intuición poética: 

Señor, yo te conozco: la noche azul serena 
Me dice desde lejos:— Tu Dios se esconde allí. 

De este mismo defecto fundamental nacen las construcciones inelegan- 
es y las repeticiones cansadas de un mismo giro en que, tal vez, le vemos 



334 GABRIEL Y GALÁN 

incurrir. Sin embargo, en las más de las ocasiones acierta de lleno con la 
forma propia; y cuando tal sucede, sus versos fluyen como un hilo de 
dorada miel, que, espontáneamente y sin esfuerzo alguno, se destila de la 
que hinche el corazón del poeta. 

Como doradas gotas 
De dulce miel, que del panal fluyeran, 

y que éste fabricaba del jugo de tres flores perfumadísimas: el amor á su 
Dios, á sus campos y á su hogar: 

No se puede soñar sin amores; 
No se puede crear sin su fuego... 



Volar sil 5i;3 nías, 
Vivir sin su aliento. 

Consecuente con estos principios, cantaba lo que amaba y nada más: 

Porque el alma sincera 
Lo que siente no más es lo que canta. 

Por eso logró imprimir en sus obras un sello personalísimo; y, por ser 
original, lo es hasta en su metro predilecto, aquél en que está escrita El 
Amüy caprichosa mezcla de endecasílabos y heptasílabos asonantados, 
que de ordinario maneja felicísimamente, llegando en ocasiones á arran- 
carle maravillosas armonías imitativas: 

La brisa de la tarde 
Meneaba amorosa la alameda, 
Los zarzales floridos del cercado, 
Los guindos de la vega, 
Las mieses de la hoja, 
La copa verde de la encina vieja: 
¡Monoritmica música del llano, 
Qué grato tu sonar, qué dulce era! 

Los mismos versos, tan alados y fugitivos, van llevando nuestros ojos 
detrás de la brisa, hasta verla acariciar el último ramito del cercado; y 
en los dos endecasílabos finales se siente ese bienestar que produce siem- 
pre en el corazón una tarde como la que aquí se describe. 

El libro titulado Castellanas, que tal vez sea el mejor de los cinco en 
que se dividen las obras poéticas, se halla al principo del primer tomo, 
trayendo á su frente El Ama, como la más indicada para introducirnos en 
el regio alcázar, ya que es antigua conocida de los lectores, pues no es 
dudoso que, para la mayor parte, sonarían juntos por primera vez los 
nombres de El Ama y de Gabriel y Galán. 

Muchos no conocen á Galán más que por El Ama, y algunos quieren 
que ésta sea la mejor de sus producciones. Lo que para nadie puede 
ofrecer duda es que El Ama es una composición, de un lirismo tan sano 



GABRIEL Y GALÁN 335 

y honrado, tan humana y cristianamente sentida, tan dulcemente versifi- 
cada, tan simétrica en la disposición de sus partes, tan rica en elementos 
descriptivos y, por último, de un claro-obscuro tan sorprendente, que ella 
sola bastaría á dar nombre de poeta á su autor, como bastan las famosas 
Coplas á dársele á Jorge Manrique, y la canción A las ruinas de Itálica á 
Rodrigo Caro. 

No seré yo quien empiece á leer El Ama cuando asuntos más serios 
me reclamen; pues cierto estoy que, á pesar de saberla de memoria, no 
podría dejarla de la mano hasta el último verso. Y no es ella la única 
composición de este autor con que esto me sucede (que es para mí una 
especie de argumento experimental de la belleza de una obra literaria), 
sino que hay otras, por ejemplo, Regreso, que, después de leídas cien 
veces, vuelvo y revuelvo sobre ellas y siempre con nuevo gusto. 

Para un artículo largo de critica literaria habría sólo con El Ama, 
pues en ella se tornan bellezas hasta los mismos defectos característicos 
del autor, como son la difusión y redundancia, juntos con cierta unifor- 
midad de giros, no siempre muy poéticos. En El Ama nos agrada ver esa 
amarga complacencia con que se nos lleva dos veces por todos los rin- 
cones de la alquería: la una, para mostrárnoslos llenos de la luz y del ca- 
lor que irradia la amable persona del ama. 

La vida en la alquería 
Giraba en torno de ella; 

la otra para verlos tristes y sombríos, como un desierto sin agua, sin pá- 
jaros y sin flores: 

La vida en la alquería 
Se tiñó para siempre de tristeza. 

En El Ama, mejor quizás que en ninguna otra composición de Galán, 
aparece esa naturalidad y sencillez admirables que nunca le abandonan: 
aquí los versos son el ropaje, honesto, sí, pero el indispensable para cu- 
brir las ideas: 

El alma se empapaba 
En la solemne, clásica grandeza, 
Que llenaba los ámbitos abiertos 
Del cielo y de la tierra: 
¡Qué plácido el ambiente! 
¡Qué tranquilo el paisaje, qué serena 
La atmósfera azulada se extendía 
Por sobre el haz de la llanura inmensa! 

He aquí la difícil facilidad cuyo mérito no alcanzan los que nunca 
han tomado la pluma entre sus dedos. Claro es que esta virtud toca en 



336 GABRIEL Y GALÁN 

los linderos del prosaísmo, y así, no es extraño que alguna vez pague 
Galán su tributo al 

In vitium ducit culpae fuga si caret arte, 

diciéndonos, por ejemplo: 

Todo lo pudo la mujer cristiana, 
Logrólo todo la mujer discreta; 

lo cual no se puede negar que es prosa pura. 

Estos tropiezos son más frecuentes en otras poesías suyas, aunque 
no tanto como algunos creen. En El Ama casi me da remordimiento 
haber notado dos versos, que son los únicos que pueden tildarse de pro- 
saicos entre más de trescientos, casi todos como la muestra: 

¡Que me anime pretende! Y él no sabe 
Que de su choza en la techumbre negra 
Le he visto yo escondida 
La dulce gaita aquella. 
Que cargaba el sentido de dulzuras 

Y llenaba los aires de cadencias: 
¿Por qué ya no la toca? 

¿Por qué los campos su tañer no alegra? 

Y el atrevido vaquerillo sano 
Que amaba á una mozuela 

De aquellas que trajinan en la casa, 
¿Por qué no ha vuelto á verla? 
¿Por qué no canta en los tranquilos valles? 
¿Por qué no silba con la misma fuerza? 
¿Por qué no quiere restallar la honda? 
¿Por qué está muda la habladora lengua 
Que al amo le contaba sus sentires 
Cuando el amo le daba su licencia? 



El velo del dolor me ha obscurecido 
La luz de la belleza: 
Ya no saben hundirse mis pupilas 
En la visión serena 
De los espacios hondos, 
Puros y azules de extensión inmensa. 
Ya no sé traducir la poesía 
Ni del alma en la medula me entra 
La intensa melodía del silencio, 
Que en la llanura quieta 
Parece que descansa. 
Parece que se acuesta. 



He copiado estos últimos versos porque, fuera de ser bellísimos, está 
expresada en ellos una nota de las más salientes de la lira de Galán, que 



GABRIEL Y GALÁN 337 

es la quietud solemne de las grandes inmensidades de los campos y de 
los cielos: 

Resbala sobre mí, sin agitarme, 
La dulce poesía en que se impregnan 
La llanura sin fin, toda quietudes, 
Y el magnifico cielo, todo estrellas. 

Si por esto parece Galán á muchos un poeta demasiado abstracto, 
es que no se hacen cargo de que no hay poesía lírica más concreta que 
la que sabe traducir en palabras y reproducir en el ánimo del que la oye 
aquellas impresiones bellas, tan misteriosas y recónditas, que no sólo no 
hubiera acertado á explicárselas cuando las sintió ante la naturaleza, 
pero que aun casi ni se da cuenta de haberlas sentido, hasta que las ve 
revelarse en el fondo de su alma al mágico conjuro del artista. Cuando 
hace falta ser concreto de otro modo y proceder por ideas singulares, 
sabe decirnos Galán, sin salir de El Ama: 

Y mugirán los tristes becerrillos. 
Lamentando el destete en la pradera, 

Y la de alegres recentales dulces 
Tropa gentil escalará la cuesta 
Balando plañideros 

Al pie de las dulcísimas ovejas, 

Y cantará en el monte la abubilla, 

Y en los aires la alondra mañanera 
Seguirá derritiéndose en gorjeos, 
Musical filigrana dé su lengua. 

Termina El Ama con cuatro versos que, bajo una corteza vulgar, 
encierran el secreto de ese perfume de resignación y de esperenza cris- 
tiana que exhalan por todos sus puntos y comas los libros de nuestro 
poeta: 

Pero yo ya se hablar como mi madre, 

Y digo como ella. 

Cuando la vida se le puso triste: 
—¡Dios lo lia querido así; bendito sea! 

En este punto fundamental Gabriel y Galán es la antítesis de Núñez 
de Arce. Para éste todo es duda: 

Hoy que mi frente atónito golpeo 
Y con febril deseo 
Busco los restos de mi fe perdida. 
Por hallarla otra vez radiante y bella 

Como en la edad aquélla 
¡Desgraciado de mí! diera la vida... 



tinieblas: 



Voy espantado sin saber por dónde; 
Grito, y nadie responde 
Á mi angustiada voz; alzo los ojos, 
Y á penetrar la lobreguez no alcanzo; 



338 GABRIEL Y GALÁN 

Medrosamente avanzo, 
Y me hieren el alma los abrojos... 
y desesperación: 

¡Y está la playa mística tan lejos! 
Á los tibios reflejos 
Del sol poniente se colora y brilla: 
La tempestad arrecia, el bajel arde 

Y es tarde, es ¡ay! muy tarde 
Para alcanzar la suspirada orilla. 

En Galán todo es fe: 

Tú, feliz compañía 
De la fe, del amor y del trabajo, 
Las tres que el alma mía 
Virtudes altas á la vida trajo... 
todo es luz: 

Porque el que puso en el cielo 
Un sol que calcina el llano, 
Pone una sombra en el suelo, 
Como en el dolor humano 
Pone de la fe el consuelo... 

todo resignación, como en los últimos versos de El Ama que dejamos 
transcritos. A Núñez de Arce las propias desgracias le llevan á des- 
esperar: 

¡Yo sí! feliz si lograra. 
Después de mis desengaños, 
Echar hacia atrás los años 
Que el destino me depara: 
Pero ¡ay! que el tiempo no para 
Ni tuerce su curso el rio, 
Ni vuelve al nido vacío 
El ave muerta en la selva. 
Ni quiere el cielo que vuelva 
La esperanza al pecho mío. 

Y las desgracias de la Patria le arrancan remedos de ovación que tienen 
dejos de blasfemias: 

¡Sálvanos! Cristo ¡sálvanos! si es cierto 
Que tu poder no ha muerto. 



Si en esta confusión honda y sombría 

Es, Señor, todavía 
Raudal de vida tu palabra santa... 



Galán ante sus propios dolores sabe decir: 

Pero á mi cuando la pena con su látigo me azota 
No me arranca ni un lamento de grosera indignación: 
Por la misma herida abierta que caliente sangre brota 
Brota el bálsamo tranquilo de la fe del corazón; 



GABRIEL Y GALÁN 



339 



Y por eso, cuando siento que rugiendo se adelanta 
La borrasca detonante que me quiere aniquilar, 
Ni su rayo me acobarda, ni su estrépito me espanta. 
Porque sé donde arrimarme, porque sé donde mirar. 



Y ante los dolores de la Patria: 

¡Señor! ¡mi Patria llora! 
La apartaron ¡oh Dios! de tus caminos, 
Y ciega hacia el abismo corre ahora 
La del mundo de ayer reina y señora 
De gloriosos destinos... 

¿Quién que de Ti se aleje 
Camina en derechura á la grandeza? 
¿Ni quién que á Ti te deje 
Su brazo puede armar de fortaleza? 

¡Salva á España, Señor! ¡Enciende el dia 
Que ponga fin á abatimiento tanto! 
¡Tú, Señor de la vida y de la muerte! 
¡Tú, Dios de Sabahot tres veces santo, 
Tres veces inmortal, tres veces fuerte! 

Núñez de Arce se encierra en las negruras de su aposento para de- 
sangrarse á solas con las espinas que le rompen el alma; mientras que 
Galán se echa al campo á henchirse del júbilo de la naturaleza y á com- 
partir con ella su propio interno regocijo: 

¡Cuántas noches de horror conmigo á solas ¡Qué dulce es presidir desde el repecho 



Ha sacudido con su soplo ardiente 
Los tristes pensamientos de mi mente 
Como sacude el huracán las olas! 
¡Cuántas, ay, revoleándome en el lecho 
He golpeado con furor mi frente, 
He desgarrado sin piedad mi pecho, 
Y entre visiones lúgubres y extrañas, 
Su dieníe de reptil aspe. o y frío 
He sentido clavarse en mis ent'-añas! 
¡Noches de soledad, noches de hastío, 
En que lleno de a gustia y sobresalto 
Se agitaba mi ser en el vacío. 
De fe, de luz y de esperauza falto! 
¿Y quién mantiene viva la esperanza 
Si dondequiera que la vista alcanza 
Ve escombros nada mis? 

Los versos de Núñez de Ares dan frío en el alma; los de Galán la 
templan para las luchas de la vida. El uno S2 declara cobardemente ven- 
cido: 

Hijo del siglo, en vano me resisto 

Á su impiedad ¡oh Cristo! 
Su grandeza satánica me oprime... 

el otro, lleno de valor cristiano, tiene: 

Para el mal que á la lucha me provoca 
Los de luchar inacabables modos: 



La propia sementera 

Si el cielo es transparente, fresco el aire, 

Húmeda y fértil la esponjada tierra. 

El sol templado, la simiente sana. 

Robustas las parejas. 

Alegres los gañanes. 

La tonada de arar sentida y lenta. 

Sabroso el pan de casa 

Y el agua del regato limpia y fresca! 
La mente embebecida 

Se Cirga entonces de memorias bellas; 
Del lado del hogar me vienen todas, 
Que el hogar es el cielo de la tierra: 
La paz de mi vivir me las regala 

Y ea paz el corazón las paladea. 



340 GABRIEL Y GALÁN 

Para el Dios de la Cruz mi fe de roca, 
Y el amor de mi alma para todos. 

Por Último, el lector asiduo de Núñez de Arce, y más si es joven, se 
expone á dejar entre sus versos , 

Su fe inmortal, como el vellón la oveja, 
enredada en las zarzas del camino; 

y tal vez un día, con el alma abrasada por el fuego de aquellas estrofas 
que han corrido sobre ella como oro, sí, pero como oro hirviendo, se 
verá precisado á exclamar en el paroxismo de la desesperación: 

Pero hoy ¿dónde mirar? Un golpe mismo 
Hiere al César y á Dios. Sorda carcoma 
Prepara el misterioso cataclismo, 
Y, como en tiempos de la antigua Roma, 
Todo cruje, vacila y se desploma 
En el cielo, en la tierra, en el abismo... 

mientras que leyendo á Galán: 

Calientan las entrañas 
Generosos deseos de ser bueno. 
Ansiedades extrañas 
Á que antes era el corazón ajeno: 
Misteriosas y nuevas impresiones 
Que tienen escondido 
Del alma en los más Íntimos rincones 
Su delicioso nido. 

Volviendo á El Ama, digo que dos composiciones, y las dos perfectas, 
podrían hacerse de ella, correspondientes á las dos partes tan marcadas 
de que consta. Podía haberse contentado su autor con celebrar el idilio 
que de su alquería había hecho el Ama, ó cantar la tristeza en que todo 
se tiñó con su muerte; pero su gran acierto ha estado, en aguardar á que 
la luz llegase á lo sumo del resplandor, para lanzar sobre ella unas som- 
bras que, por la fuerza del contraste, parecen llegar al colmo de la ne- 
grura, y en haber sorprendido ese profundo espejismo psicológico, mer- 
ced al cual parece como que la naturaleza, respetuosamente asombrada 
ante el dolor del hombre, esconde á su vista las galas con que se ador- 
naba cuando le veía dichoso, y se le presenta cubierta con sus ropajes 
de luto ahora que le ve desgraciado. Y así el que primero decía: 

El alma se empapaba 
En la solemne clásica grandeza 
Que llenaba los ámbitos abiertos 
Del cielo y de la tierra, 

dice después en dos versos incomparables: 

El velo del dolor me lia obscurecido 
La luz de la belleza. 

Despidámonos de El Ama dándole el parabién porque el Señor le 
deparó un poeta que supo acercarse á ella con alma de fuego y fantasía 



GABRIEL Y GALÁN 341 

de flores, no á enrojecerla con lúbricos cantares, ni á manchar su blanca 
vestidura con el lodo que salpican las cuerdas de un arpa obscena, sino 
á recrear su corazón y abrillantar su pureza con uno de los himnos más 
sublimes, que al casto amor de la mujer ha salido de la boca de los mor- 
tales. 

¡Gloria á Gabriel y Galán! que tan elocuentemente ha demostrado á 
cuantos se precian de poetas y á los hombres todos, que, para ver el 
amor por su lado verdaderamente bello es preciso subir hasta perder 
de vista la torpe envoltura de corrupción que nos acerca á los brutos, 
para mirar tan sólo los resplandores del alma que nos aproxima á los 
ángeles! El Ama de Galán está fundida en el molde de la mujer fuerte 
que nos da la Escritura. 

Luis Herrera Oria. 
{Continuará) 



RAZÓN Y FE, TOMO XXV 33 



LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 



£L APÓSTOL DEL RAIFFEISENISMO EN FRANCIA 



u 



N nombre resume la historia de las Cajas de Raiffeisen en Francia: 
Luis Durand. Este egregio abogado de Lión, colaborador de Le Play en 
la Reforme Social, no solamente ha sido el fundador de las Cajas de 
Raiffeisen en su patria, sino su incansable propagandista, su escudo, su 
apoyo, toda su alma. Su influencia, trascendiendo más allá de las fron- 
teras de su patria, se ha sentido señaladamente en España. De ello pueden 
dar fe el autor de la primera monografía española sobre las Cajas de 
Raiffeisen, Díaz de Rábago, y el fundador de las primeras Cajas, D. Luis 
Chaves. 

El entusiasmo de Durand no fué una de esas llamaradas que brotan 
al calor del sentimiento, sino el resultado de estudios tan extensos como 
profundos, el fruto de una reflexión serena sobre todos los sistemas 
principales de crédito conocidos en Europa y de las condiciones de su 
adaptación á Francia. La ocasión de esos estudios fué la siguiente: Era 
Durand miembro del Consejo de Legislación de VUnion des syndicats 
agricoles du Sud-Est, cuando Méline presentó al Parlamento francés un 
proyecto de ley de crédito agrario. Habiendo recibido de la sociedad á 
que pertenecía el encargo de escribir una Memoria sobre la importantí- 
sima materia que iba á ser objeto de discusión entre los diputados, de- 
dicóse con ardor á la investigación y examen de los distintos sistemas y 
leyes de crédito agrícola de las principales naciones, sin dejar en olvido 
nuestra patria, de cuyos Pósitos escribió cumplido elogio; viajó por el 
extranjero; revolvió libros; trabó amistad y entabló correspondencia con 
los economistas más eminentes, y como fruto de esa labor inmensa dio 
á la estampa en 1891 el voluminoso tomo en 4.° mayor, titulado Le crédit 
agrícola en France et a Vétranger, libro monumental — al decir de Díaz 
de Rábago,— «inmenso arsenal de datos, apreciados con finísimo criterio, 
y que ha colocado de un golpe á su autor, M. Durand, por voto unánime, 
en la cátedra de autoridad inconcusa en la materia» (1). 

Mas entre todas las instituciones de crédito estudiadas por Durand, 
una especialmente arrebató su admiración y excitó su entusiasmo, pare- 
ciéndole la única que daba cumplida satisfacción á las exigencias del 
crédito agrícola, la única que demostraba con los resultados de la prác- 
tica realizar á maravilla el ideal: las Cajas rurales de Raiffeisen. Lleno 



(1) Crédito Agrícola. Las Cajas rurales de préstamos, sistema |Raiffeisen, ^por don 
Joaquín Díaz de Rábago, pág. 7. 



LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 343 

de alborozo y henchido de esperanza, ya no pensó más que en hacer á 
sus compatricios partícipes del tesoro hallado. Para acomodar el sistema 
alemán á la legislación francesa, escogió, como la más propia de la índole 
cooperativa, la forma de sociedad en nombre colectivo^ de capital varia- 
blCy regida por la ley de 24 de Julio de 1867. Desde entonces estaba de- 
cidida su vocación. El apóstol del raiffeisenismo surgía en Francia con 
todas aquellas cualidades que requiere el apostolado, vivo entusiasmo, 
celo ardoroso, actividad incansable, constancia invicta, hermanadas con 
las otras dotes de ciencia, prudencia, habilidad y tino, sin las cuales se 
estrellan los mejores deseos. 

LUIS DURAND Y EL «CENTRE FÉDÉRATIF DU CRÉDIT POPULAIRE» 

Por mediación del Padre capuchino Luis de Besse púsose en.relación 
con un grupo de excelentes católicos que, reunidos en sociedad con el 
nombre de Centre fédératif du crédit populaire, se habían propuesto in- 
troducir en Francia los Bancos de anticipos de Schulze-Delitzsch, modi- 
ficados por Luzzati, quien había suprimido de ellos la solidaridad ilimi- 
tada, y así reformados los promovía en Italia desde 1863. Pensó Durand 
hacer admitir el sistema de Raiffeisen, siquiera como una sección del 
Centre fédératif. Había logrado ya en varios Congresos interesar á la 
opinión pública, cuando ocurrió un hecho que historiadores franceses 
de las Cajas de Raiffeisen pasan en silencio, tal vez por entender lo exige 
así en su patria la prudencia; pero que á nosotros nos obligan á narrar los 
fueros de la verdad, la imparcialidad de la historia y la prudencia verda- 
dera que de lo pasado saca documentos y enseñanzas para lo futuro (1). 

Solía el Centre fédératif celebrar anualmente un Congreso, á fin de 
inculcar y difundir mejor el crédito popular. Mas como por ser católicos , 
los propagandistas imprimían naturalmente á su obra el sello católico, 
hubieron de incurrir en la animadversión de la masonería, la cual, disi- 
mulando por el pronto, no creyendo todavía prudente enarbolar el estan- 
darte de la guerra, prefirió izar bandera blanca, entrando en tratos y 
presentando á sus enemigos el olivo de la paz: estratagema de que fre- 
cuentemente han sido víctimas los candidos católicos. Fundaron, pues, 
los masones la Société nationale pour la Propagation du crédit popur- 
laire, y cuando en Abril de 1893 reunió el Centre fédératif el Congreso 
de Tolosa, enviaron á éste dos delegados, Rouzés y Benoit-Lévy, con 
encargo de proponer cortésmente al Consejo la alianza de las dos socie- 
dades para una acción común en favor del pueblo. Pero Benoit-Lévy no 
pudo disimular su condición de masón y de judío, exigiendo, como base 
indispensable de la unión la neutralidad; y á fin de que nadie pudiera 



(1) Véanse: Civiltá Cattolica, 20 de Octubre de 1894, pág. 165 y siguientes; Baíletin 
mensael de I' Union des Caises Rurales et Ouvriéres, Avril, 1900. 



344 LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 

llamarse á engaño, convocó para la víspera del Congreso á junta solemne 
en el templo masónico á todos los hermanos tres puntos (HH.*.) de la 
ciudad. No era él únicamente el masón; éralo además el otro delegado, 
según se parece en el anuncio siguiente de La Dépéche de Toulouse, del 
2 de Abril de 1893. Dice así: 

«Se invita á los francmasones de Tolosa á la sesión que se celebrará en la sala de 
las fiestas del Templo mas.: el martes 4 de Abril á las ocho de la noche. Orden del dia: 
Conferencia sobre el Crédito popular en Francia, por los Sres. Lourtiers, senador; 
Benoit-Lévy, abogado; Ireneo Blanc; Adriano Durand, publicista; Rouzés; todos ellos 
presidentes ó miembros de diversas Logias de Paris. Podrán asistir á la sesión cuales- 
quiera personas, con tal que vayan acompañadas de un francmasón.^ 

El mismo periódico, en su número del 5 de Abril, precisamente el día 
de la apertura del Congreso, hacía la siguiente reseña de la sesión de la 
víspera: 

«Ayer hubo en el Templo masónico la conferencia anunciada. Presidia el Sr. Noel 
Parfait, consejero municipal, venerable de la Logia La Parfaite Harmonie. El conferen- 
ciante Sr. Rouzés demostró con moderación pero con energía cuan deplorable sea que 
el elemento reaccionario (léase católico) se haya apropiado desde el principio, sin com- 
petencia, el movimiento que se iba formando en favor de las cooperativas de crédito, 
cuales son los Bancos populares... Por esta causa, dice el orador, hemos venido al 
Congreso de Tolosa; pocos somos, pero muy decididos á indicar lo que á nuestro juicio 
se ha de hacer para impedir esa conquista, que sería ruinosa á las instituciones.* 

Más adelante, reseñando el discurso de Benoit-Lévy, escribía: 

^Concluye (Benóit-Lévy) levantándose contra el intento de conquista realizado por 
los reaccionarios y clericales; importa luchar contra su influencia para impedir que 
los capuchinos conquisten los electores por medio del crédito; trátase de impedir á una 
confesión meter mano en ana obra que ha de ser independiente.» 

Era, pues, notorio el designio de la masonería. Con todo esto, los 
delegados Rouzés y Benoit-Lévy, que en la tenida masónica tanto habían 
abominado de los reaccionarios y clericales, fueron de los clericales y 
reaccionarios galantemente admitidos en el Congreso, al cual venían 
ellos á despojar de todo carácter reaccionario y clerical. Eligióse una 
comisión, compuesta del P. Capuchino Luis de Besse y de los Sres. Ros- 
tand, Rayneri y Luis Durand, para que en nombre del Centro tratase 
del acuerdo entre las dos sociedades. Durand lo combatió con energía, 
aunque sin fruto, por causas que se calló la Comisión; mas sin saberlo 
él, en la última sesión general del Congreso se anunció la alianza del 
Centre fédératif con \a Société Nationale, sobre estas bases: I."" las dos 
sociedades llevarán el nombre común de Centre fédératif du crédit po- 
pulaire en France, conservando cada cual su autonomía como dos ramas 
de un mismo tronco; 2.^ cuando haya de tomarse alguna resolución en 
común, se reunirán los Consejos de entrambas en comisión general; 
3/ se publicará un Boletín ó periódico en nombre de las dos sociedades 
reunidas y por personas designadas por la Comisión general. 



LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 345 



LA «UNIÓN» DE DURAND 

Durand, no pudiendo, por ser ya tarde, protestar en el Congreso, 
procuró sacar del mal paso á los compañeros, multiplicando sus esfuer- 
zos meses arreo, hasta que, viéndose impotente para romper la infausta 
alianza, se retiró del Centro para trabajar por su cuenta, con auxilio de 
otros amigos católicos enteramente adictos á la causa de Raiffeisen. 
Lentos y difíciles fueron los principios. La primera Caja se fundó en 
Langé en Marzo de 1893. Era párroco del pueblo el abate Ragú, quien 
desde el Congreso de Bourges ardía en deseos de introducir en su parro- 
quia una caja rural. Vivos é impacientes habían de ser los deseos cuando 
la fundó con tres socios únicamente. Uno se encargó de la dirección, 
.otro de la contabilidad y el tercero de la inspección; un verdadero cua- 
dro de oficiales sin soldados; pero ¡á qué no arrostra el celo! La segunda 
Caja se fundó el mes siguiente en Bagnéres de Bigorre, mas no fué rural 
sino obrera. Así, desde el principio se instituyeron las dos clases de Cajas 
de que constan las fundaciones de Durand. Con las dos constituyóse al 
punto la Unión des caisses rurales et ouvriéres á responsabilité illimitéet 
con domicilio en Lión y con Durand por presidente provisional. Audacia 
se necesitaba, al parecer, para instituir una Unión de solas dos cajas. ¿No 
era eso una miniatura de organización y cosa baladí? No es, pues, de ex- 
trañar que lo celebrasen con risa los émulos de Durand; pero éste, más 
perspicaz que todos ellos, echó de ver que sin un lazo de unión, sin un 
centro común de consejo y de propaganda, ni se extendería ni echaría raí- 
. ees en Francia el sistema de Raiffeisen. El caso es que mientras la Unión^ 
vencidas las primeras dificultades, cogía vigoroso vuelo, iba rastreando 
la junta de masones y católicos. A fínes de Mayo de 1904, un año después 
de las primeras fundaciones, escribía á Díaz de Rábago el Sr. Durand: 

*Ved los resultados: nuestra Unión ha agrupado bajo la bandera de la libertad 59 
Cajas Raiffeisen: nuestros adversarios, con la ayuda de subvenciones, con el concurso 
de funcionarios, prefectos, profesores de agricultura, etc., no han fundado más que 
tres» (1). 

Mucha indigencia era ésa para la flamante sociedad católico-masó- 
nica. Pues para ocultarla y engalanarse con las plumas del pavo real, 
publicó en su Boletín del Crédito Popular la lista detallada de las Cajas 
.adheridas á la Unión de Durand, tomándola del Boletín de ésta, pero sin 
mencionar la una ni el otro. A la Société Nationale pertenecían muchos 
notorios francmasones, cuyo nombre citaba Naudet en lajustice sociaíe 
de 5 de Mayo de 1894. El Boletín del Crédito Popular, órgano de las 
amalgamadas sociedades, había de evitar, por ley de su institución, toda 



(1) Díaz de Rábago, obra citada, pág. 10. 



346 LAS CAJAS RURALES EN ^FRANCIA 

dea religiosa. Dirigíalo el citado masón Benoit-Lévy y el católico señor 
Rayneri, designados por los dos consejos, el masón y el católico. Como 
es natural, no vio más la luz el eco en la prensa del primitivo Centre fédé- 
ratif, titulado la Unión económica, donde el Capuchino P. de Besse inser- 
taba de cuando en cuando artículos ardorosos en pro del bien religioso 
y económico del pueblo. La Société Nationale se disolvió en 1896. Con- 
seguido ya su fin no tenía razón de ser. 

LOS CATÓLICOS Y LA «UNIÓN» DE DURAND 

La ganancia de la secta no consistió solamente en la excisión de los 
católicos, sino también en las sospechas que se deslizaron contra el sis- 
tema de Raiffeisen. El Boletín del Crédito Popular, escribía La Civilfá en 
el número citado, «aunque no hace guerra abierta á las instituciones de 
Raiffeisen, antes bien les muestra simpatía y benevolencia, sube, no obs- 
tante, á las nubes la solidaridad limitada como único remedio de las cla- 
ses agrícolas, ponderando, en cambio, con manifiesta mala fe los peligros 
del sistema contrario, á fin de apartar de él á todos». Todo era duda y 
confusión en el campo católico, hasta que los copiosos frutos de la obra 
de Durand y la esterilidad áe\ Centre fédératíf abriéronlos ojos délos 
buenos. Pronto se declararon por Durand el clero, el Conde de Mun con 
su Obra de los Círculos, los Congresos católicos, la Sociedad de agri- 
cultores de Francia, varios sindicatos agrícolas, el Sillón, la Juventud 
católica y otras sociedades; innumerables periódicos de París y de provin- 
cias le secundaron en la propaganda; felicitóle el Arzobispo de Lión; el 
Obispo de Tarbes le honró aceptando la presidencia de un Congreso raif- 
feisenista regional; finalmente, en 13 de Mayo de 1895 el Cardenal Ram- 
polla le trasmitió la bendición y alientos de León XIII, quien antes había 
dado ya al abate Fontan, uno de los primeros colaboradores de la Unión^ 
preclara muestra de su gozo por el concurso aportado á una obra «tan 
maravillosamente acomodada á las necesidades de nuestra época». En 
fin, en la Encíclica de 8 de de Septiembre de 1899, dirigida á los Obis- 
pos y al Clero de Francia, recuerda con satisfacción el Soberano Pontí- 
fice los esfuerzos de los sacerdotes por «introducir reformas en el orden 
económico y social» y menciona especialmente «las Cajas rurales». 

LA «UNIÓN» EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE PARÍS (1900) 

En otro campo han sonado también los aplausos. Méline, siendo Pre- 
sidente del Consejo de ministros, y Deschanel en Julio de 1897, en la Cá- 
mara de diputados, pagaron espléndido tributo á la utilidad fecunda de 
las Cajas rurales. En 1900 el Jurado de la Exposición Universal de París 
galardonó con honrosísimas recompensas á la Unión de Lión, á sus cola- 
boradores y á sus grupos. Helas aquí: 

Clase 103 (agrícola): 



LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 347 

Medalla de oro á la Unión de Lión. 
ídem id. al grupo regional de Doubs. 

ídem id. á Fournier-Sarlovéze, presidente del grupo regional de Hau- 
te-Saóne. 

Medalla de plata al grupo regional de Hautes-Pyrénées. 

Medalla de bronce al grupo regional de Gers. 

ídem id. al grupo regional de Loire-Inférieure. 

Clase 104 (obrera): 

Medalla de oro á la Unión de Lión. 

LUCHAS DE LA «UNIÓN» CON EL FISCO Y LOS GOBIERNOS JACOBINOS 

Contrasta con tantas muestras, de simpatía con tantos aplausos y 
recompensas, la conducta de los Gobiernos jacobinos y masónicos que se 
han ido sucediendo en Francia. Mientras desde el principio favorecieron 
con subsidios á la flamante sociedad instituida por obra de los masones, 
permitiéndole de este modo hacer tiradas numerosas del Bulletin da Cré- 
dit Populaire y difundirlo por Francia entera; mientras en todo tiempo 
han sido generosos con otras sociedades de crédito agrícola, derramando 
á manos llenas las subvenciones; se han mostrado, al contrario, acérrimos 
enemigos de Durand, negando á sus Cajas, como quien dice, el agua y el 
fuego, inventando mil argucias, impertinencias y chinchorrerías para pri- 
varlas de los auxilios que según ley y según conciencia les debían. Ni ha 
dejado de ser bastante franco algún ministro para descubrir la hilaza, 
cual hizo Rúan al declarar que no concedería dinero á las Cajas de Du- 
rand, «á la vez rurales, obreras y confesionales». Como sin duda no igno- 
raba el ministro que la inmensa mayoría de las Cajas de la Unión eran 
rurales, y que sólo éstas reclamaban el derecho á la subvención legal, 
bien se ve que la verdadera causa de la negativa era el último adjetivo. 

Estas contradicciones no fueron remora al progreso de las Cajas 
rurales. Más aún: Durand es enemigo de esa intervención del Estado, que 
se emplea en distribuir socorros en metálico, y así por esta causa como 
porque las Cajas de su Unión se bastan á sí mismas, hubiera podido des- 
preciar las tacañerías é ilegalidades de los Gobiernos jacobinos. Si no lo 
hace así, es por la razón que exponía él mismo en 1902, conviene á saber, 
«porque en un país libre, los ciudadanos tienen obligación de defender 
sus derechos y de no dejarse poner fuera de la ley» (1). Y continúa: 

«Por principio, pues, es por lo que deben las Cajas reclamar su parte en las sub- 
venciones del Estado. Pero en realidad son por sí mismas asaz poderosas, tienen 
garantía suficiente y crédito bastante para no necesitar de nadie. Por esto son libres 
é independientes, y aun en el caso de recibir subsidios del Estado, nada ceden de su 
independencia, por hallarse siempre en disposición de devolverlos, sin compromiso de 
su funcionamiento, el día en que se quisiera hacerles sentir ásperamente el yugo. 

»De aquí que los adversarios de la acción social católica no amen las Cajas rurales. 



(1) Démocratie Chrétienne, Enero de 1902, pág. 547. 



'348 LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 

Advierten que se les escapan á toda presión; advierten que las Cajas pueden asegurar 
asimismo la libertad de las obras que en ellas estriban; y la actividad que despliegan 
para es polear el crédito agrícola en otra dirección, el empleo que para conseguir su 
intento dan á la suma de 40 millones (1), enorme para nuestro presupuesto en déficit, 
la violencia que hacen á la legalidad, todo muestra la importancia que atribuyen á la 
realización de su plan.» 

Más grave que esas contradicciones fué la tempestad que se levantó 
en 1897 al imponer el fisco á ciertas Cajas el pago de la patente comer- 
cial. No queremos narrar la historia harto larga, aunque curiosa, si no 
divertida. Vayamos solamente al éxito (2). El 24 de Diciembre de 1897 
un dictamen del Consejo de Estado fundaba en tres razones la obliga- 
ción de la patente: I."* la Caja demandante (la de Sermérieu) no se limita 
á pedir los capitales estrictamente necesarios á la realización de los 
préstamos contraídos por sus miembros, sino que recibe depósitos á tér- 
mino y á la vista; 2.^ se encarga de operaciones que entran en el ejerci- 
cio de la profesión de banquero (estas operaciones eran descontar paga- 
rés á la orden, cosa apenas usada, bien que autorizada para casos excep- 
cionales por los Estatutos); 3.^ destina el excedente de la reserva á una 
obra extraña á la Sociedad. 

La resolución del Consejo de Estado fué triturada punto por punto 
por egregios jurisconsultos. Increíble parece que cuerpo tan eminente 
ignore la esencia de la profesión de banquero, juegue con los vocablos 
de empréstito y depósito, confunda los pagarés á la orden comerciales 
con los que no lo son, ^vea lucro donde hay expresa renuncia á todo 
lucro. 

La patente la han de pagar los que procuran el crédito al público 
para realizar un beneficio sobre el público, no los que se asocian para 
procurarse el crédito á sí mismos realizando una economia; éstos ni son 
banqueros ni ejercen ninguna profesión comercial. ¡Bonita profesión la 
de prestatarios que renuncian á todo reparto de beneficios! 

De hecho, los depósitos aceptados por la Caja rural de Sermérieu no 
eran sino empréstitos contratados por ella. El Consejo de Estado nada 
hubiera tenido que reprenderle en este punto si, acomodando el nombre 
á la realidad, hubiese la Caja empleado el vocablo vulgar de empréstitos 
en lugar del de depósitos usado en el comercio. ¡Juego de palabras! 

Que un uso cualquiera del pagaré á la orden sea comercial, es equi- 
vocación inconcebible en gentes del oficio, mucho más en los que han 
de ser la flor y nata de la jurisprudencia, pues debieran saber que en 
Francia (y lo mismo pasa en otras partes) sólo es comercial el pagaré 
cuando lleva la firma de un comerciante ó versa sobre una operación 
comercial, no cuando mira á operaciones que nada tienen que ver con 



(1) El Banco de Francia, al tiempo de]la renovación de su privilegio, se compróme 
tió á entregar al Estado 40 millones de francos para fomento del crédito mutuo agrícola. 

(2) Véase Durand, La caisse rarale, la caisse ouvriére... 2'^«,édition, páginas 50-53. 



LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 349 

el comercio y está firmado por agricultores, que era el caso de la Caja 
rural. 

Tampoco vale una razón especiosa alegada por el Ministro de 
Hacienda y que sirvió de fundamento al Consejo de Estado. No limitando 
los estatutos el importe de los depósitos que puede recibir la Caja á la 
suma estrictamente indispensable para atender á las peticiones de prés- 
tamos de sus socios, argüía el Ministro que podía la Caja procurarse un 
capital que excediese á las necesidades de sus operaciones puramente 
mutuas y susceptible de servir á especulaciones financieras productivas 
de verdadero beneficio comercial. Á lo cual respondió el abogado de la 
Caja rural que si bien los estatutos no limitaban los préstamos que se 
podían aceptar, no podía la Caja de ningún modo entregarse á las 
especulaciones incriminadas por vedárselo terminantemente los mismos 
estatutos. Ya hemos dicho varias veces en esta revista que el sistema de 
Raiffeisen excluye por principio tales especulaciones. 

Pero, sobre todo, fué chocante condenar á la Caja de Sermérieu como 
empresa lucrativa, precisamente por repudiar el lucro. En las sociedades 
cooperativas ordinarias los excedentes de la reserva suelen repartirse 
entre los asociados á título de devolución de lo percibido de más; pero la 
Caja rural de Sermérieu, para ajustarse más estrechamente á la idea co- 
operativa, excluyendo todasombra de codicia, quiso evitar esos exceden- 
tes, ordenando á los administradores disminuir el tipo del interés caso 
que se produjeran; y para incitarles y como forzarles á hacerlo así, dis- 
puso que si de cualquier modo los hubiese, se aplicaran á una obra de 
utilidad general, sin que ninguno de los socios pudiera aprovecharse de 
ellos personalmente. La obra á que se habían de aplicar en tal supuesto 
era la escuela privada del pueblo, dirigida por las Hermanas. ¿Cabe 
menos espíritu comercial, mayor desinterés? No; es decir, sí, según el 
Consejo de Estado, en cuyo concepto es ello argumento evidente de la 
profesión de banquero ó comerciante y, por tanto, de sujeción á la pa- 
tente. Convengamos en que hay opiniones singulares. 

Por extraño é inicuo que fuese el decreto, había que cumplirlo. El 
golpe era certero. Si el 1.° de Enero de 1908 se lograba imponer la 
patente á las Cajas, se ponía en balanzas su existencia, y tal vez se 
las obligaba á liquidar con pérdida. Para guarecerse del chubasco que 
á todas las Cajas amenazaba, fué preciso modificar los Estatutos. Por 
dicha, estaba alerta Durand, el presidente de la Unión de Lión, quien el 
mismo día 24, en que se dio el decreto, mandó aviso á los directores de 
las Cajas para reunir el 30 del mismo mes de Diciembre asamblea ge- 
neral extraordinaria á fin de hacer la reforma antes del 1.° de Enero. En 
una circular posterior indicaba qué clase de modificaciones habían de 
introducirse. Algunas Cajas, por no recibir á tiempo esta circular, se di- 
solvieron; otras, aunque prevenidas oportunamente, prefirieron hacer 
otro tanto antes que arrostrar la malquerencia del Estado; algunas de 



350 LAS CAJAS RURALES EN FRANCIA 

las disueltas se reconstituyeron luego con sus [antiguos socios. El hu- 
racán empero descuajó más de 200 Cajas. El número de las afiliadas|en 
vísperas del decreto del Consejo de Estado era de 633. En las estadísti- 
cas de 1899 confiesa la Unión que 206 Cajas se habían disuelto por 
efecto de aquel decreto; 86 no habían respondido al cuestionario. 

Otras dificultades de menor cuantía, procedentes de los tribunales, ha 
tenido que superar la Unión de Lión, sin contar las que le acarrea la hos- 
tilidad del grupo rival de que antes hablamos. Lo cierto es que capeado 
aquel recio temporal de la patente, siguió boyante su curso, como nos 
demostrarán los números, después que hayamos explicado brevemente 
la naturaleza y organización de la Unión. 

NATURALEZA Y OFICIOS DE LA «UNIÓN» DE DURAND (1) 

El rápido bosquejo histórico en las anteriores páginas trazado ex- 
presa de algún modo la importancia incomparable de la Unión,lmas no 
explica suficientemente su naturaleza, su estructura, su vida íntima. 
Fuerza es, pues, añadir dos palabras al propósito. 

Procuró Durand desde el principio ayudar á las Cajas rurales con 
instrucciones prácticas. No contento con acomodar los estatutos á la 
legislación francesa, entendió que faltaba á los fundadores y adminis- 
tradores, poco familiarizados de ordinario con las formalidades y pre- 
ceptos legales, un comentario práctico, una guía segura y que era menes- 
ter enseñarles la manera de administrar la sociedad, los medios de pro- 
curarse dinero, las condiciones exigibles á los prestatarios, la organización 
de una contabilidad sencilla al alcance de los agricultores. Para todos 
estos fines redactó el Manual práctico para uso de los fundadores y 
administradores de las Cajas rurales, que está hoy en la sexta edición. 

Mas no bastaba la letra muerta de un Manual. Ocurrían, sobre todo 
á los comienzos, nuevas dudas, vacilaciones, dificultades; los fundadores 
y administradores necesitaban á cada instante consejo, información, á 
veces también estímulo y aliento. Formalidades legales, timbre, registro, 
interpretación de los estatutos, contabilidad, administración... ¡cuántas y 
cuántas cuestiones dignas de seria reflexión y estudio! La mayor parte 
de los fundadores, aunque abrasados de celo y llenos de abnegación, 
estaban poco preparados, por sus estudios anteriores y por sus habi- 
tuales ocupaciones, para resolver los problemas teóricos, jurídicos ó de 
otro género que se ofrecían, y hubieran tal vez desfallecido si una mano 
amiga no los hubiese confortado, si un como consejo técnico y conten'- 
cioso no estuviera á su lado para ilustrarlos. Mas aun allí donde se pu- 
siera al frente persona capaz y de suyo suficientemente ilustrada, no 
pudiera apreciar siempre la naturaleza exacta de las dificultades ó pre- 



(1) Véase Durand; La caisse rurale, la caisse ouvriére, páginas 44 y siguientes. 



LAS CAJAS RURALES EN [FRANCIA 351 

venirlas con la misma facilidad que un centro común á donde afluyen de 
todas las partes de Francia las consultas, dudas y dificultades, las expej 
riendas, observaciones y estudios. Un centro semejante había de ateso- 
rar, naturalmente, el saber y la experiencia de muchos, y ser, por consi- 
guiente, más apto para discernir entre las dificultades las que eran de 
carácte