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RAZÓN Y FE 



TOMO XXVI 



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RAZÓN Y FE 

REVISTA MENSUAL 

REDACTADA POR PADRES DE lA COMPAÑÍA DE JESÚS 



CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA 



ANO NOVENO -^^ TOMO XXVI 

ENERO -ABRIL, 1910 



Beatus homo, quem tu erudleris, Domine, et 
de lege tua docueris eum. 

PS. XCIII, 12. 





MADRID 

Redacción: JílárUres de jÑlcalá, 8. — Jidministración: Plaza de Santo Q>omingo, /*. 



RESERVADOS LOS DERECHOS DE PROPIEDAD LITERARIA 



list. tip. «Sucesores de Rlvadeneyra». — Paseo de San Vicente, 20. — MADRID 



LECCIONES 



Nos proponemos recoger aquí brevemente las principales que, á 
nuestro juicio, nos ha enseñado la experiencia pública y social, la cual, 
si siempre es de mucha enseñanza, y, como se dice vulgarmente, es 
madre de la ciencia, eslo sobre todo cuando es contemporánea; y si ade- 
más viene la razón en apoyo de la experiencia, entonces su virtud y 
eficacia son irresistibles. Ño vamos á hacer más que indicaciones. 

La bancarrota moral de la libertad de imprenta.— Esta libertad, la 
más preciada de las libertades modernas, y aun como ellas, á juicio de 
muchos, un derecho intangible, se presentó prometiéndonos con gran 
fausto que había de ser un faro de luz inextinguible para el pensamiento 
humano, y de hecho lo que ha sucedido es que no nos ha dado más que 
espesas tinieblas, sobre todo en el orden religioso, en el orden moral y 
el social, que son los órdenes de ideas más necesarias y que más enno- 
blecen al pensamiento humano. Nos prometió además que sería la guía 
segura, la palanca poderosa del buen gobierno y el freno fuerte é indis- 
pensable de las arbitrariedades de la autoridad, tanto que pretendía ser 
el instrumento necesaiio de toda prudente gobernación — instrumentum 
regni;— y también en esto hemos sido víctimas de miserable engaño. 
Porque la libertad de la prensa ha sido la remora, el mayor estorbo y el 
escollo contra el cual se han estrellado las mejores voluntades para el 
gobierno justo y provechoso de la nación. 

Nos dijo, por fin, que iba á ser la educadora del pueblo y el medio 
más suave y eficaz para formar una opinión pública sana y robusta, y lo 
que vemos que ha hecho es extraviar y corromper los corazones, des- 
pués de trastornar las inteligencias, pervertir, en una palabra, al pueblo, 
malearle, encanallarle. Bien se entiende que, al hablar en general de la 
prensa, y sobre todo de la periódica, que es la que más llama ahora 
nuestra atención, no nos referimos indistintamente á todos los periódicos, 
sino á lo que se llama la mala prensa. 

En cuanto al primer punto de la ilustración, si hoy vemos que va cun- 
diendo la indiferencia religiosa, que se ha perdido la viveza y la sencillez 
de la fe de nuestros mayores, y no sólo esto, sino que se suscitan dudas 
y se levantan nieblas sobre los dogmas más importantes de la religión y 
de la moral cristiana, sobre la Trinidad y la Eucaristía, sobre el matri- 
monio, que es fuente de la familia, sobre la autoridad divina de la Iglesia; 
si vemos que hasta ha quedado para muchos envuelta en sombras la 
misma existencia de Dios, la vida futura, el decálogo, bases irreemplaza- 



6 LECCIONES 

bles de la moral y del derecho, todo se debe á la libertad de emisión de 
toda clase de ideas, principalmente por medio de la imprenta, cuya pro- 
paganda es la más rápida, la más persistente, la más universal (1). 

Unas veces con insinuaciones pérfidas, otras proponiendo dificultades 
y sembrando dudas, cuando no con abiertas impugnaciones; ya hablando 
con seriedad, ya con estilo de broma ligera y muchas denigrando á la 
Iglesia, á los sacerdotes, á las Órdenes religiosas y sus votos monásticos 
con dicterios y con relatos calumniosos, ha logrado la prensa esparcir 
nubes sobre toda la región de la verdad, y prevenir contra ella los ánimos, 
suscitando en ellos sospechas y desconfianzas, alejándolos de la Iglesia 
y afiliándolos en partidos políticos funestos y en sociedades de perdición. 
Y no es la información donde hace menos daño el periódico, ya con las 
noticias que publica, ya con el modo tendencioso de comunicarlas. 

Veamos lo que ha pasado en Francia. Una gran parte, muy conside- 
rable, de los franceses han perdido la fe, y la apostasía y la incredulidad 
van cundiendo más de día en día en las varias clases sociales, viviendo 
en una atmósfera saturada de naturalismo ateo, que ha producido, junta- 
mente con la inmoralidad, el antipatriotismo, el antimilitarismo y un 
neomaltusianismo desvergonzado, que va disminuyendo la población y 
aniquilando la nación francesa. No fué allí más que uno el desdichado 
que con gesto arrogante y blasfemo dijo que se habían apagado para 
siempre las luces del cielo. Las luces del cielo continúan por eso, y con- 
tinuarán siempre brillando; pero la verdad es que no dan ya luz para 
muchísimos de los franceses, así ignorantes como instruidos, que viven 
en un abismo de dudas y de horribles incertidumbres sobre las cosas que 
más importa saber. Y si queremos saber la causa, ésta no es otra, según 



(1) Para muestra, según el Heraldo de Madrid, el bloque de las izquierdas ha de 
tener por fin: «Hacer laica la vida del Estado, separándole en absoluto de la Iglesia, 
rompiendo un Concor-dato vetusto; enterrar á los muertos sin permiso del cura; casar 
á nuestras hijas con arreglo á la ley civil; dejar al fuero interno la responsabilidad de 
nuestras creencias religiosas, acabar con los gastos del culto y clero; tratar á todos los 
ciudadanos bajo un pie de igualdad en cuanto á su condición religiosa, borrando del 
Código penal y de la Constitución principios incompatibles con la razón y la justicia; 
todo eso y mucho más es lo que debe hacer el bloque de la izquierda.» (Tomado de 
La Lectura Dominical, 22 Agosto 1909). — En la recomendable revista mensual Ora et 
Labora, de Sevilla (Septiembre 1909), puede verse en un interesante articulo lo que 
publicaron el mismo Heraldo de Madrid, Diario Universal, El Mundo, El Liberal, El 
Imparcial. Éste llamó al misterio de la Santísima Trinidad «politeísmo de losTrinitarios», 
y añade que se burló del sacramento de la Penitencia. Fuera de estos periódicos, entre- 
sacando algo, aunque con repugnancia, de esta literatura procaz, escribió hace algún 
tiempo (1900) La Voz del Pueblo que la clase trabajadora ha sido educada «en el seno 
de esa Celestina, que se llama Iglesia católica», y que á consecuencia de dicha educa- 
ción está aquella clase «ayuna de toda idea progresiva, sierva de la ignorancia y fusti- 
gada de continuo por el látigo de la explotación». Y si á alguno le parece que esto es 
cosa sabida y estilo frecuente en cierta prensa, esto no hará más que confirmar nuestra 
aserto. 



LECCIONES 7 

el juicio de las personas reflexivas, que la libertad de la prensa. Nosotros 
no hemos llegado todavía á tanto como los franceses; pero harto hemos 
andado ya, y vamos siempre avanzando, y la causa es la misma. 

Así es como la prensa ha ilustrado al mundo. En su afán de ilustrar, 
ha llegado hasta sentar cátedra de anarquismo; pero esto publica á voces 
y con una elocuencia especial su bancarrota en punto á pretensiones 
y relieves de ilustración. ¿Se quiere mayores avances, mayores esplen- 
dores que abolir con la pluma á Dios, á la familia, á la propiedad, á la 
moral, á las leyes y á los tribunales y á toda autoridad? Esto es, sin 
duda alguna, el ápice, la cumbre más alta de la ilustración y de la sabi- 
duría. 

Y para muestra de ello, los anarquistas incendiaron en Barcelona, 
entre tantas otras obras de arte y monumentos históricos, el notabilísimo 
Museo de Ciencias Naturales de los Padres Escolapios. Y si á lo menos 
la prensa, unánime, hubiera reprobado con indignación esta manera de 
ilustrar á los pueblos; pero no, lejos de eso, una gran parte de ella, sobre 
todo la que más levanta la voz en el campo liberal, reconoció el derecho 
de la prensa anarquista, y la admitió á la beligerancia y á la confrater- 
nidad. Esto nos parece ser una bancarrota escandalosa de la prensa 
en sus promesas de iluminar las inteligencias. Y en general, el recono- 
cimiento del derecho para la idea anarquista fué como ponerse el dogal 
al cuello el derecho de la libertad de imprenta. 

El fracaso de la ignorancia.— P evo ¿cómo podía suceder otra cosa 
con tales escritores y tales maestros? Porque al error se ha juntado en 
ellos la ignorancia. Al escuchar los prenuncios de torrentes de luz, de 
nuevos derroteros de la razón que nos había de mostrar la prensa libre, 
tenía derecho el mundo á esperar que estuviese representada, de una 
manera ó de otra, por personas instruidas y expertas, versadas en todo 
género de estudios, ó á lo menos los principales, y que hubiesen reco- 
rrido los caminos del saber que hacen al caso con aprovechamiento y 
solidez. 

De lo contrario, si cualquier osado había de poder meterse á escri- 
tor público sin ninguna previa censura ni autorización, ¿cómo era posi- 
ble que se inundasen de luz las inteligencias de los lectores? 

Porque en la prensa se escribe de todo; todo en ella se discute, y, 
por no hablar de lo demás, lo mismo se trata de Filosofía que de Reli- 
gión, de Moral, de Política y Derecho, y siempre con aire de suficiencia 
y tono magistral. Y ¿quiénes son los escritores? ¿quiénes son los maes- 
tros? ¿quiénes los representantes de la institución de la prensa libre en 
el empeño de formar la opinión pública en asuntos tan graves y trascen- 
dentales? Todo el mundo sabe quiénes son, y que, salvas excepciones, 
carecen los periodistas de caudal para tamaña empresa, siendo muchos 
de ellos jóvenes sin preparación, y sin esperanza de tenerla en la vida 
agitada del periodismo, y aun no pocas veces sin talento suficiente. No 



8 LECCIONES 

les falta de ordinario osadía y frescura; tampoco la ligereza en la pluma, 
y á veces la chispa en el ingenio; pero esto no basta para tratar digna- 
mente los asuntos, sobre todo habiendo de escribir siempre con premura 
de tiempo y con urgencia. 

Pongamos un ejemplo en las relaciones entre la Iglesia y el Estado. 
Nada más frecuente que hablar de ellas en los periódicos, puede decirse 
que es su pan de cada día; pero ¿qué es posible escribir con acierto 
sobre este asunto si no se sabe el Derecho público eclesiástico? Así es 
que todo se les vuelve á los periódicos de que hablamos, sacar á plaza 
la supremacía del Estado, entendiendo que es absoluta; de suerte que, 
por cualquier traba que se le oponga de parte de la Iglesia, aunque sea 
en materias que son ciertamente de su jurisdicción, como sucedió con 
la ley de Asociaciones en cuanto á las Órdenes religiosas, se les oye 
clamar: «¡La supremacía del Estado! ¡El Estado se halla en peligro!»— ca- 
veant cónsules.— Enixan, sin duda, aquí otros factores, pero también tiene 
su parte este de que hablamos. Esta ignorancia del periodismo había de 
ser por necesidad, como lo ha sido, en efecto, el camino de la bancarrota. 

Y, sin embargo, la mala prensa vive, y añadimos que seguirá vivien- 
do, quebrantada y todo en su crédito, por lo dicho y por lo que nos resta 
por decir, y daremos la razón de ello más adelante. Por de pronto, y sin 
contar los fracasos anteriores, desde el bloque de las izquierdas, no fué 
pequeño ni de poco ruido entre nosotros el de la famosa protesta del 
trust contra la represión del Gobierno sobre asuntos de la guerra de 
Melilla. Mas nosotros hablamos de la bancarrota moral. Continuemos. 

Prometiónos además la prensa, al inaugurarse el régimen de libertad, 
que había de ser la guía segura y el instrumento necesario del buen 
gobierno, y también en esto hemos sido miserablemente llamados á 
engaño. Porque hemos visto que ha sucedido todo al revés, que ha sido 
para ello el mayor estorbo y el obstáculo insuperable, tanto que los 
Gobiernos se han visto precisados, si es que se han sentido con fuerzas 
para ello, á desentenderse de la prensa, reprimiéndola ó despreciándola, 
desprecio que no deja de tener, sin embargo, sus peligros. Si es ó no 
auxiliar, bien se vio últimamente entre nosotros, á los comienzos de la 
campaña de África, cuando cierta prensa, y aun no de las más radicales, 
uniéndose á la socialista, se propuso ponerla obstáculos y desacredi- 
tarla, y hasta soliviantar los ánimos de los llamados á cumplir el duro 
deber de ir á la guerra; y aun después de empeñada ésta, ¿qué es lo que 
no hizo, salvos algunos intervalos, para molestar y poner tropiezos al 
Gobierno? Así cumplió en esta ocasión su oficio de ilustrarle y auxi- 
liarle: ¿qué había de hacer la autoridad sino amordazar á un consejero 
tan molesto é importuno? 

Y á la verdad, para que la prensa desempeñara en esta y en otras 
ocasiones debidamente tan noble cargo, hubiera sido menester que pro- 
pusiese sinceramente y con conocimiento de causa lo que creyera ser 



LECCIONES 9 

más conducente al bien de la nación, y que si hubiese algo que censurar, 
lo hiciera con prudente moderación, sobre todo cuando se viese buena 
voluntad en los gobernantes, y con serena imparcialidad, no valiéndose 
de dicterios é insultos, en vez de argumentos y razones. ¿Es esto lo que 
hace y lo que ha hecho hasta ahora? Todo lo contrario. La prensa es 
el órgano y el defensor de los partidos que dividen á la nación, y no de 
la nación misma; su bandera, fuera de la ministerial, suele ser la de la opo- 
sición sistemática, sin treguas, encarnizada, y habla y obra, no para dar 
luz y consejo á los gobernantes, sino para derribar y encumbrar Gobier- 
nos. Su criterio no suele ser de ordinario el de la razón que ilumina y 
dirige, sino el de la pasión que obscurece y ciega hasta denigrar y 
poner por los suelos á la autoridad. Sus juicios y determinaciones care- 
cen con frecuencia de peso y reflexión, y así como hace unos años 
impulsó temerariamente al Gobierno á enviar nuestras naves y nuestro 
ejército á la guerra desastrosa en que perdimos las colonias, con el 
mismo empeño, y hasta empleando medios indignos, se opuso, según 
hemos dicho, á la marcha del ejército español al África para una guerra 
lamentable, sí, como son todas las guerras, pero justa y necesaria. Eso, 
lejos de ser instrumento auxiliar, es ser la máquina demoledora, la sub- 
versión de todo gobierno posible de la nación. Jamás se hubiera podido 
creer, á no haberlo visto, que había de llegarse á tratar á la autoridad 
como la trata á diario la prensa de oposición. Y ¿es esta la consejera 
obligada de los Gobiernos? ¿Es esto la libertad de imprenta? Pero de 
esta falta de respeto á la autoridad nos proponemos hablar más de pro- 
pósito, si no en este, en otro artículo. 

Fácilmente se puede colegir de aquí cómo habrá cumplido la prensa 
el tercer compromiso que contrajo de ser la educadora del puelílo. Le 
ha educado, sí, mas para la rebeldía y la insumisión, y desde luego 
contra la autoridad eclesiástica. La prensa liberal tiene entrañado en su 
seno, y como formando en ella una segunda naturaleza, este espíritu de 
rebelión; pues de tal maestra, tales discípulos. Porque el liberalismo des- 
conoce ó no quiere reconocer los límites hasta donde se extiende la 
jurisdicción de la Iglesia, y suele señalarlos gráficamente, diciendo que 
no pasan del templo y de la sacristía. Así es que cuando, saliendo de ese 
estrecho recinto, penetra la Iglesia en la plaza pública y hasta en el pre- 
torio y en la tribuna política para intervenir en los consejos de las leyes 
y en la administración de justicia, en los derroteros del comercio y de la 
industria y en los asuntos públicos de la paz y de la guerra, pero siem- 
pre dentro de su esfera, sin salir de los límites de su ministerio espiritual, 
indirectamente, esto es, en cuanto sea necesario para evitar las ofensas 
de la Majestad divina, se levanta un clamoreo general en los órganos de 
la prensa liberal, surge la voz de protesta y de resistencia, y clama á la 
intrusa y á la usurpadora. Añádese el poco respeto con que trata á los 
ministros de la Iglesia. 



10 LECCIONES 

Escuela de rebeldía contra la autoridad eclesiástica; y si esto parece 
poco á algunos, decimos que lo es también la prensa á que nos referi- 
mos contra la autoridad civil. Una autoridad tan discutida y tan censu- 
rada como dejamos dicho, es imposible que sea debidamente obedecida 
y respetada. Fuera de que la rebeldía contra la autoridad eclesiástica 
había de traer, como ha traído, en efecto, por consecuencia el espíritu de 
rebeldía contra la autoridad civil. Es por el secreto lazo que existe entre 
las diversas autoridades que gobiernan al mundo, por el cual sucede que 
no se conmueven las raíces de una de ellas, y sobre todo cuando es tan 
primaria y fundamental y tan digna de respeto como es la autoridad 
eclesiástica, sin que sientan estremecerse las otras autoridades. En cam- 
bio, todo se vuelve en la prensa ensalzar los fueros de la libertad y de la 
independencia, y hablar mucho de derechos irrenunciables y poco de los 
deberes de sumisión y dependencia. El afán, por otra parte, de los perió- 
dicos de hablar de todo y de poner en tela de discusión aun lo más res- 
petable y sagrado, educa á sus asiduos lectores de las varias clases so- 
ciales en un espíritu de examen y de juicio privado, que es el veneno 
de la autoridad. Y esta es la educación de la prensa. 

Digamos algo de otro carácter. Yo no sé qué afinidades tiene la 
libertad inmoderada de las ideas con la libertad, ó mejor dicho, la licen- 
cia de la moral; serán, sin duda, las afinidades y corrientes secretas que 
se cruzan entre la inteligencia y el corazón. El hecho es que los periódi- 
cos de malas ideas no suelen ser de ordinario escrupulosos en achaques 
de honestidad. Así es que, sea con las relaciones de hechos lúbricos^ 
falsos ó verdaderos, con los folletines, con los elogios de novelas escan- 
dalosas y de actrices desenvueltas, con los anuncios y reclamos y con 
las correspondencias íntimas, la libertad de imprenta ha sido una escuela 
de corrupción. Por no decir nada de cuando se descuelgan los periódi-. 
eos hacierido la apología de acciones tan criminales como el duelo y el 
suicidio. ¡Buena manera de educar al pueblo! 

No basta. Era menester que llegase á ser la escuela del crimen. Aca- 
bamos de indicarlo; ¿pero no hemos visto además á la prensa impulsar^ 
ya de una manera solapada, ya también abiertamente, al robo, al incen- 
dio, al asesinato? Ya esta revista (1) adujo testimonios de periódicos de 
Barcelona, que en vísperas de los horribles desmanes de fines de Julia 
excitaban á las turbas al incendio de los conventos; he aquí ahora otra 
muestra de un periódico de París en un artículo publicado á raíz de la 
ejecución de Ferrer y titulado: «El sacerdote, he ahí el enemigo.» «La 
mano sangrienta de la Iglesia, decía, que ha sido parte en el proceso, lo 
ha guiado todo, y los soldados viejos (solidarás) del Rey de España na 
han hecho más que ejecutar sus voluntades.» Y designando expresa- 
mente á la Iglesia católica, aseguraba La Lanterne, que es el periódico á 



(1) Número de Septiembre (1909), «¡Sin patria y sin fe!» 



LECCIONES II 

que nos referimos, que todos los pueblos están ya convencidos de que 
«no hay libertad, ni justicia, ni civilización posible sino por la destruc- 
ción total de este poder de mentira y opresión». ¿Se quiere más para 
provocar al asesinato y á la destrucción? 

Con esto terminamos este punto, sin añadir más sobre la ¡educación! 
que dará al pueblo la prensa socialista y anarquista; y de este modo es 
como se ha desempeñado la prensa radical de su tercer compromiso de 
educar á los pueblos. 

Bancarrota de la dignidad. — El campo es fértil, abundan las pruebas 
de diverso género para poder extender una ejecutoria de indignidad 
contra la prensa radical; pero no nos hace falta romper el hilo del razo- 
namiento comenzado. Porque el mismo periódico ya citado de París 
escribía á propósito de la ejecución anunciada de Ferrer: 

"No nos atrevemos ya á esperar la gracia de Ferrer. Lo que sí espe- 
ramos es que será vengado. ¿Cómo y sobre quiénes? Sobre los verda- 
deros autores del crimen; sobre esos frailes españoles, que continúan, en 
el siglo vigésimo, la aborrecible Inquisición. 

» Seria para nosotros un motivo de alegría profunda el saber que los 
librepensadores españoles, para vengar la condenación sumaria de su 
jefe, han empleado los mismos procedimientos de justicia aplicados 
contra él, y que, fusil en mano, han matado esta ralea. Cuando hay que 
habérselas con bestias feroces, se defiende como se puede.» 

¡Y esto se permite publicar! Cerremos los ojos por un momento para 
no ver la enorme injusticia que encierran tales palabras, ni la provoca- 
ción brutal al asesinato; pero, ¿no es la mayor indignidad y bajeza el 
atribuirá los religiosos españoles la ejecución de Ferrer, y llamar «bes- 
tias feroces» á quienes son ejemplo de paciencia y mansedumbre, arro- 
jando de paso, como quien nada hace, un puñado de lodo sobre la Santa 
Inquisición? Y si sólo fuese este un caso aislado, no haría mucho á nues- 
tro propósito; pero está lejos de serlo, como no lo es tampoco el atribuir 
á las personas eclesiásticas crímenes tan inverosímiles como el regicidio 
frustrado de Morrals y otros semejantes. Para decir tales cosas es me- 
nester contar con una necedad más inverosímil aún en los lectores. 

También se ha visto, cuando las turbas amotinadas se han armado 
contra los ricos, traerlas el recuerdo y llamarlas la atención sobre los 
establecimientos religiosos para hacerles cambiar de dirección en sus 
intentos de daño y destrucción.... Y ¿dónde hay colores tan negros 
para pintar como se merece la conducta de la misma prensa en nues- 
tra última guerra de Melilla? La hemos recordado ya á otro propó- 
sito, pero no hemos hecho notar la vileza del proceder de quienes, 
no teniendo en cuenta que había cincuenta mil españoles en frente 
del enemigo derramando su sangre y dando sus vidas, en lugar de 
coadyuvar al Gobierno, según pedía el más elemental patriotismo, 
trabajaron por desacreditarle, y en lugar de levantar el espíritu de los 



12 LECCIONES 

españoles y mantener su entusiasmo, sembraron, mientras pudieron, la 
alarma y el pánico en las familias, á trueque de atraerse lectores con 
noticias sensacionales. Así esos periódicos no dejaron de buscar, aun en 
tales circunstancias, su particular política é intereses, postergando al 
interés nacional. Y cuando la autoridad les fué á la mano como debía, 
entonces fué el clamor y el protestar contra la tiranía insoportable. No 
había el temor de esta tiranía, después de levantada ya la suspensión de 
garantías, y aun antes, cuando, á luego de la ejecución de Ferrer, se 
emprendió en el extranjero una campaña increíble de calumnias é infa- 
mias contra España, y, sin embargo, no hubo protestas de esa prensa 
para defender la honra de nuestra nación. Pero ¿cómo habían de pro- 
testar los que no vieron en aquella conjuración masónico-anarquista más 
que la voz de Europa, no contra España, sino contra un Gobierno reac- 
cionario é inquisitorial? ¿Dónde ha dejado esa prensa su honor y su dig- 
nidad? Pero vemos que vamos concentrando demasiado nuestra atención 
en un punto concreto y determinado, si bien de tanta importancia y de 
tan punzante interés. Hagamos ahora notar otros indignos procederes, 
sin salir de la brevedad que nos propusimos al principio. 

Uno de ellos es el silencio que guardan sobre todo lo que puede 
redundar en alabanza y provecho de las personas y de los intereses del 
catolicismo, y, por el contrario, las atenciones, los encomios exagerados 
de los que no son católicos, y la publicación de todo lo que puede dañar 
á la causa de la verdad; la conspiración del silencio en cuanto á lo pri- 
mero, mas en cuanto á lo segundo, el pregón público y la información 
vocinglera. Los católicos, aunque sean unas eminencias, como Lappa- 
rent, por ejemplo, parece que viven para ellos desconocidos; en cambio, 
los que claudican en la fe, aunque sean unas medianías, como Loisy, son 
levantados hasta las nubes. La sinceridad, el respeto, todo se sacrifica 
al prurito de dar interés é importancia á la lectura y al afán desmedido 
de lucro. Para eso se publican telegramas, como si fueran recibidos de 
dentro ó de fuera de la nación, siendo así que fueron inflados ó del todo 
inventados dentro de la redacción. Se fingen entrevistas habidas con 
personajes, sin tener en cuenta el respeto debido á las cosas y á las per- 
sonas. Pues ¿qué decir cuando hacen pagar cara su pluma para escribir 
en favor de personas ó de intereses que no convendría recomendar, ó 
cuando, por el contrario, su silencio es también oro en ocasiones en que 
se debería hablar? Algo significa, por otra parte, y nada honroso por 
cierto para la prensa, el llamado fondo de los reptiles, y tampoco es para 
nadie un misterio lo de la prensa asalariada para fines inconfesables. No 
se puede negar que tales procedimientos son por extremo delicados y 
decorosos y muy propios de aquella dignidad tan vidriosa de que tales 
periódicos tanto alardean. Nunca ó casi nunca se retractan. Se hace cir- 
cular, á son de bombo y platillos, la noticia falsa, la calumnia ignomi- 
niosa; luego vendrá el esclarecimiento de la verdad, se hará la rectifi- 



LECCIONES 13 

cación pública en otros periódicos, se dará acaso la sentencia repara- 
dora en los Tribunales; mas para ellos como si nada hubiese habido, 
nunca rectifican por más que clame el deber, á no ser que se vean for- 
zados por la ley de Imprenta. Caballeros, ¿así entienden ustedes la dig- 
nidad? 

Un solo ejemplo. No hace todavía mucho tiempo publicaron los 
rotativos la ofensiva noticia de que el Sumo Pontífice León XIII había 
exigido al Emperador de Alemania 500.000 francos como precio de su 
avenencia en asuntos religiosos; los diarios católicos, apoyados en docu- 
mentos oficiales, hicieron ver que aquello no era más que una patraña. 
¡Como si hubiesen hablado á muertos! Los periódicos no rectifica- 
ron (1). El caso del H. Flaminio. Contra este Hermano de las Escuelas 
Cristianas divulgó una horrible calumnia la prensa de su secretario de 
Francia. El asunto se llevó á los Tribunales, los cuales declararon su 
completa inocencia. ¡Como si nada hubiese pasado! La prensa que le 
infamó, no publicó su inocencia. 

Mas ocurre ahora preguntar: si tan desacreditada está la mala prensa, 
si tan público es su fracaso, ¿cómo es que vive, cómo es que no sólo 
vive, sino que se nos presenta exuberante de vida, pujante, provocativa, 
dominadora? El hecho pide explicación; pero antes de darla debemos 
afirmar nuestra posición, asegurando el terreno que creemos haber con- 
quistado. 

La prensa, y sobre todo el periodismo, al proclamar su independencia 
y libertad, se presentó rica de promesas y como quien había de abrir 
una nueva era de bienandanza y felicidad para la tierra. Prometió que 
había de ser la luz esplendorosa del mundo del pensamiento, y el hecho 
es que ha envuelto en horribles sombras todo aquello que al hombre 
más importa saber, y que sus representantes é iluminados doctores, 
que habían de difundir esa luz, asentaron cátedra de ignorancia. Yo la 
acuso de este engaño en nombre de la verdad. Prometió que sería la 
brújula indispensable y el seguro derrotero de los gobernantes, y ha 
venido á ser su mayor tropiezo y el hada funesta que los ha conducido 
á los más peligrosos escollos. Yo la acuso en nombre del principio de 
autoridad. Dijo que asumía el noble encargo de ser la pedagoga del 
pueblo y la educadora de la opinión pública, y no ha hecho más que 
extraviar por torcidos senderos la opinión y ser el instrumento de la 
indisciplina del pueblo y de la perversión de la sociedad. Yo la acuso 
de prevaricadora en nombre de la sociedad. Por fin, la que alardeaba de 
ser el espejo y la prez de la nobleza y de la dignidad, se ha envuelto en 
el fango de toda bajeza y ha caído en la mayor degradación. Yo la acuso 

(1) Dignos son de ser leídos los libros que ha publicado sobre la prensa el sabio 
Obispo de Jaca, Sr. López Peláez, y en particular La importancia de la Prensa y 
La Cruzada de la buena Prensa; también puede leerse con provecho el interesante 
o^\xsc\x\o ¡Escándalo, escándalo!, del Rdo. P.José Dueso, del Corazón de Maria. 



1 4 LECCIONES 

en nombre de la dignidad humana. Ante el derecho, ante la conciencia 
honrada, ante el tribunal del buen sentido ¿no habré tenido, después de 
esto, toda razón para proclamar la bancarrota moral de la libertad de 
imprenta? Vengamos ahora á la explicación del hecho. 

El hecho es cierto, pero no lo es menos que, á lo menos entre nos- 
otros, no todo es prosperidades para la prensa anticlerical, porque no se 
puede negar que en esta última época ha tenido quebrantos y que hay 
muchos desilusionados y llamados á engaño, y lo que es aún más signi- 
ficativo, de su mismo seno han salido voces severas de censura y acusa- 
ción. Aun así y todo, y después de la liquidación de cuentas, hay que 
confesar que, lejos de estar amenazada de muerte, está desgraciadamente 
muy difundida la mala prensa. Consiste en que muchos, ganados ya é 
inficionados por ella á fuerza de leer á diario sofismas, calumnias y decla- 
maciones envueltas en una palabrería gárrula y petulante, estragada su 
complexión mental y moral, no aciertan á vivir y respirar en otra atmós- 
fera más pura de la verdad y del bien y de la dignidad. Se explica ade- 
más el atractivo que tiene dicha prensa envilecida y difamada para los 
que, á semejanza de aquellos de quienes habla la Escritura, dicen á los 
nuevos videntes del periodismo: «Habladnos cosas que nos gusten, ved 
para nosotros cosas falsas» (1). Esta prensa les da por el gusto halagando 
sus instintos desordenados de independencia y libertad: libertad en las 
ideas, libertad en las costumbres; fomentando las aspiraciones del pueblo 
á su mejoramiento y bienestar, aunque sean exageradas é insensatas, con 
el apoyo y el favor de lo que en ellas pueda haber de justo y razonable, 

Y también, ¿por qué ocultarlo?, sentimos en las regiones bajas de 
nucctra naturaleza una tendencia y comezón de zaherir y morder á los 
demás con la crítica acerba, sobre todo á los que están sobre nosotros 
y nos hacen alguna sombra ó coartan nuestra libertad, ó que gozan de 
una felicidad que nos parece robada á nuestra miseria, ó que, por fin, 
con los ejemplos de su virtud reprenden nuestra conducta. Y cuanto las 
personas sean más respetables, más. Sucede que los hombres virtuosos 
resisten á esta tendencia maligna; mas los que se dejan llevar de ella, 
¿qué han de hacer sino ir á las fuentes donde la satisfagan? Por esto 
buscan el periódico que les ofrece el alimento picante, la crítica teme- 
raria y la censura atrevida, la sátira mordaz, que se ceba con preferencia 
en lo mejor y lo más escogido de la sociedad. 

Duele, por fin, el confesarlo, por ser lo más triste y más digno de 
lamentarse; pero es innegable que la prensa mala se sostiene también 
con el óbolo de sus enemigos, con un concurso y cooperación de los 
buenos, que suena á traición á su santa causa, y que parece otra especie 
á^ fondo de los reptiles. Sea por una mala curiosidad, sea poruña nece- 
sidad muchas veces imaginaria de información, el hecho es que, con su 



(1) «Loquimini nobis placentia, videte nobis errores.» Isa., 30, 10. 



LECCIONES 15 

dinero y con su mal ejemplo, contribuyen los buenos á esa obra demole- 
dora de la religión y de la sociedad, que es la gran iniquidad de nuestros 
tiempos. Bien por las personas y por las asociaciones que so comprometen 
á no contraer género alguno de complicidad, negando el agua y el fuego 
á la mala prensa. Bien por los que trabajan con ardor para librar á los 
otros de tan maligna influencia, arrancando de sus manos tal instrumento 
de perdición, y que, no contentos con esto, procuran con todo género de 
esfuerzos neutralizar el poder de la prensa mala con el influjo de la buena 
y aun sobrepujar su poder, hasta llegar, si es posible, á extirparla y ani- 
quilarla, ahogando el mal con la abundancia del bien. 

V. MlNTEGUIAGA. 



El crédito popular urbano 

con solidaridad Ilimitado, 



SADíA parece aplicar al crédito urbano la responsabilidad ilimitada 
solidaria, y rayano en la temeridad extenderla no solamente, á los artesa- 
nos y regatones, sino hasta los mismos jornaleros. Que para el crédito 
rural se asocien los pelantrines y pegujaleros con los hacendados, 
enhorabuena; porque al fin y al cabo todos ellos, quién más, quién me- 
nos, algo sólido posee donde se afiance el crédito; viven en un medio 
homogéneo; se conocen unos á otros perfectamente; pueden sin dificul- 
tad vigilar el uso del préstamo. Pero que en el maremágnum délas urbes 
modernas, y para gente de posición deleznable, haya quien ose instituir 
cajas de préstamo sobre igual responsabilidad, cosa parece fuera de 
razón. ¿Dónde hallar aquí las garantías y prevenciones de la Caja rural? 
Si el saber y experiencia de los muy versados en estas materias son de 
algún momento para fallar el pleito, nadie puede olvidar la transforma- 
ción que al sistema de Schulze-Delitzsch hizo sufrir el famoso Luzzatti, 
cuando al introducirlo en Italia lo despojó de la solidaridad ilimitada. 

No desconocemos el peso de estas consideraciones; mas lo cierto es 
que en villas y ciudades se han fundado con responsabilidad solidaria é 
ilimitada cajas de préstamos y ahorros para artesanos, comerciantes, 
jornaleros, en una palabra, para la fracción más modesta del estado 
llano y para la clase propiamente proletaria. Es el que llaman unos 
pequeño crédito y otros crédito popular, así esté cimentado en la res- 
ponsabilidad ilimitada ó en la limitada. 

Para mayor claridad distingamos dos especies principales de crédito, 
según las personas á que se aplica: crédito burgués y crédito obrero; el 
primero destinado á los artesanos y comerciantes establecidos por su 
cuenta; el segundo á los asalariados que trabajan por otro. 

CRÉDITO BURGUÉS 

Utilidad del crédito.— Poco esfuerzo de imaginación se necesita para 
fingir mil casos en demostración ¿!e la utilidad del crédito popular bur- 
gués; pero como lo sucedido persuade más que lo imaginado, escojamos 
dos hechos ocurridos en Lieja; los dos insignificantes en sí, bien que de 
suma importancia para el favorecido. ¡Cuánto representan para un pela- 
gatos 100 pesetas que tira un millonario! 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 17 

Un panadero para transportar el pan á domicilio alquilaba un carre- 
tón por 30 céntimos al día. Poco dinero había de tener cuando le faltaba 
para hacerse con tal vehículo. Ello es que acude al banco popular, pide 
un préstamo de 100 francos, lo consigue, compra un carretón, término por 
entonces de sus ansias, con lo cual, ahorrando cada día los 30 céntimos, 
lleva cada tres meses á la caja el precio que antes había de pagar por 
alquiler, hasta que al año, extinguido el crédito, queda propietario del 
carretón. 

Un zapatero compraba cuero al fiado, que es tanto como decir que lo 
pagaba caro y malo. Asociase al banco, recibe un préstamo de 500 fran- 
cos, y fuerte con esta suma, paga el cuero al contado, con una rebaja del 
10 al 15 por 100 y con derecho á escoger el mejor. Su clientela, agrade- 
cida á la mejora del producto, le recomienda á otros, con lo que el buen 
zapatero extendió rápidamente su comercio, y habiendo reintegrado en 
menos de un año el préstamo, pudo mirar con cierta seguridad el por- 
venir. 

Fínjanse ahora casos de comerciantes que para alquilar una tienda y 
comprar para la reventa sacos de arroz, patatas, etc., etc., sólo necesitan 
de una mano amiga que les anticipe unas pesetas, ó supónganse preten- 
dientes que para conseguir un empleo han de depositar alguna fianza, y 
se vendrá á los ojos la utilidad del crédito para artesanos, comerciantes 
ó empleados. 

¿Para qué se necesita el crédito?— '¿\ bien se considera, el crédito 
burgués ha de satisfacer tres géneros de necesidades, á las cuales ha de 
atemperarse el préstamo: el primer establecimiento de una industria ó 
comercio; la compra ó renovación de los menesteres propios del oficio; 
el capital de explotación. 

El crédito que se solicita para fundar casa ó negocio requiere largo 
plazo para la devolución. Antes de que el prestatario se reembolse de los 
gastos hechos y gane bastante para cubrir además los intereses del prés- 
tamo necesita largo tiempo, á las veces varios años. Ajustarle cuentas 
á los tres meses usados en el comercio es como ponerle al infeliz un dogal 
al cuello. 

Más productivo es el capital empleado por el artesano en la repara- 
ción ó sustitución del material; mejora frecuentemente necesaria, no sólo 
por el desgaste acarreado por el uso y el tiempo, sino también porque 
son tales y tan frecuentes los adelantos de la técnica moderna, que si el 
industrial se descuida en detener el paso cuando corren los demás, se 
halla á la postre tan atrasado que no hay consumidor que en él se pro- 
vea. Por más que este capital no se inmovilice tanto como el empleado 
en el primer establecimiento, todavía necesita largo tiempo, mucho ma- 
yor que el término de los noventa días. 

Plazos más breves necesita el capital de explotación. Mas aquí se ha 
de contar con no pocos obstáculos, procedentes, ya del consumidor, ya 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 2 



18 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

del mismo negociante ó de las dificultades del negocio. No siempre es 
tan previsor ó hábil ó afortunado el industrial ó comerciante, ni es tan 
próspero en ocasiones el estado del mercado que pueda renovarse en 
lapso breve el capital desembolsado. Pues ¿qué si á estas causas se 
agrega el retardo de los compradores? Porque es detestable costumbre 
de personas, aun pudientes, no pagar al contado los artículos de consu- 
mo. Mientras derrochan acaso en gastos inútiles, pábulo de su vanidad, 
de sus placeres, de un lujo desmesurado, tienen á sus modestos acreedo- 
res durante meses y meses reducidos á la cuarta pregunta y abocados á 
la bancarrota. No pueden los infelices recurrir á los medios comerciales, 
á la letra de cambio, al protesto, etc., y viéndose precisados á ser pun- 
tuales en el pago de las primeras materias ó de los géneros de que se 
proveen, con tener un activo superior al pasivo, no pueden nivelar lo 
uno con lo otro, porque parte del primero está en poder de sus descui- 
dados compradores. Aunque no lleguen á este conflicto, sucede á veces 
que, por falta del numerario que se les debe, han de contemplar cómo 
huye delante de sus puertas el lucrativo negocio que con una buena oca- 
sión se les metía en casa. Para no parecer molestos, para no perder la 
clientela, no se atreven á reclamar la deuda ni á chistar, si no es que por 
una galantería suicida y por asegurar mejor al cliente se resisten á recibir 
el pago inmediato, diciendo poco más ó menos: «No se preocupe usted; 
ya lo pagará todo junto á fin de mes ó después que me haya hecho otro 
encargo.» Confían en la solvencia indudable del comprador, puesto caso 
que á veces se engañan, pues los que hacían ostentación de millonarios 
eran quizá unos farsantes empinados sobre un montón de deudas inso- 
lubles. Pero, en fin, muchos hay que más ó menos tarde pagarán, y á 
esos tales ha de concederse crédito, no sea que otros lo hagan y se 
lleven con esto los compradores. Además, ¿no es la venta al fiado una 
ventaja que ofrece el detallista contra la concurrencia de bazares y 
cooperativas donde se vende al contado? 

Concluyamos de lo dicho que, ora para completar el capital de explo- 
tación, ora para hacer frente á la falta de numerario procedente de las 
causas explicadas, importa á los comerciantes y artesanos acudir ai 
crédito. 

Añádase que la concurrencia de la industria y del comercio al por 
mayor y la que se hacen entre sí detallistas y artesanos obliga á dismi- 
nuir los beneficios. Uno de los medios de compensar esta disminución 
es comprar en las mejores condiciones, sea las primeras materias ó úti- 
les, sea los artículos de venta, para lo cual es menester dinero, y en de- 
fecto de dinero, crédito. Pero ¿dónde buscarlo? 

Instituciones de crédito.— Los bancos de comercio ordinarios no 
favorecen, por lo general, al pequeño crédito. Van tras los grandes nego- 
cios, en pos de la clientela opulenta, en busca de nombres acreditados; 
desdeñan las triquiñuelas de las pequeñas 'sumas y de las devoluciones 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 19 

fraccionadas en modestas cantidades; no suelen usar el crédito directo 
y personal que necesitan el industrial y el comerciante en pequeño. 
Fuera de esto, no siempre son asequibles al menestral ó regatón dos fir- 
mas que abonen su crédito con el banco ó si lo son no es por ventura 
sin costosos dispendios. ¿Comprarán al fiado á su proveedor? No se 
opondrá éste acaso; puede ser que lo vea con buenos ojos; que aun se 
haga su banquero para tenerlos más atados á sí, cobrándose de mil ma- 
neras el favor. Mas precisamente por esta causa no deben ellos sujetarse 
á tal dependencia, sino pagar bien y al contado para surtirse donde me- 
jor les plazca y con quien mejores tratos les procure. 

Para orillar todas esas dificultades se ha pensado en la cooperación. 
No hemos de enumerar aquí los: múltiples sistemas ideados. En el crédito 
urbano se han hecho famosos en Alemania los bancos de anticipos de 
Schulze-Delitzsch, de que en otro tiempo hablamos (1); en Italia los ban- 
cos de Luzzatti; en Francia el banco de Mentón y otros fundados á su 
semejanza. De todos éstos los únicos que estriban en la solidaridad ili- 
mitada son los bancos de Schulze-Delitzsch, los cuales si han prestado 
inestimables servicios á comerciantes y artesanos, han abierto asimismo 
la puerta á execrables abusos y por ende á lamentables ruinas. La codi- 
cia, el afán desmedido del lucro los han hecho, más que cooperativas, 
sociedades mercantiles. 

Los principios de Raiffeisen aplicados al crédito urbano.— Ahora. 
bien; para evitar estos males, ¿no se podría aplicar al crédito urbano con 
solidaridad ilimitada el espíritu cooperativo y verdaderamente social de 
las Cajas rurales de Raiffeisen? Esto es lo que se ha intentado, aunque 
moderando á las veces el rigor de algunos principios. Desde luego se 
colige de lo expuesto anteriormente cuan útil ha de ser á industriales y 
comerciantes en algunos préstamos el crédito á largo plazo y con devo- 
luciones fraccionadas. Eslo también la supresión de dividendos, porque 
sirve así para abaratar el crédito como para poner freno á la codicia 
desapoderada y al prurito de aventurarse en negocios peligrosos. La 
reserva inalienable é indivisible da fijeza á la institución, pues de lo con- 
trario podría acontecer lo que en cierta mutualidad de músicos, la cual 
al contar con 80.000 francos de reserva se disolvió para repartirlos entre 
los socios. Como dice bien Lambrechts, el pequeño crédito es un servi- 
cio social, cuyo porvenir es preciso afianzar. El participante debe á la 
institución alguna parte que asegure á los venideros servicios análogos 
y aun mejores (2). Otro de los principios fundamentales del sistema de 
Raiffeisen es que el uso del préstamo sea reproductivo, en lo cual tam- 
poco hay dificultad tratándose de los tres géneros de necesidades dichas, 



(1) Razón y Fe, t. IX, páginas 306-31 1. 

(2) Bulletin de iOf/ice des clases moyennes, 15 de Octubre de 1907, páginas 303-304 



20 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

cuya satisfacción ha de proponerse el crédito popular burgués. Señalar 
el máximum que se puede prestar á cada socio es también muy puesto en 
razón, ya que hay un límite ordinario más allá del cual ya no se trata 
del pequeño crédito, sino del grande, objeto propio de los bancos or- 
dinarios de comercio. Pero, ¿es igualmente aplicable la limitación de 
la circunscripción, la vigilancia del préstamo, la administración gra- 
tuita? 

La limitación de la circunscripción y la consiguiente vigilancia del 
préstamo demandan por lo pronto que el banco sea local. Esto supuesto, 
pueden llenarse las dos condiciones expresadas ó por lo reducido de la 
villa ó por individuación del crédito. Esto es, si la villa es de escasa 
vecindad, podrán encartarse en la cooperativa todos los artesanos y 
comerciantes, comoquiera que no hay dificultad en el conocimiento mutuo 
de las cualidades personales y de los negocios. Si la ciudad es muy po- 
pulosa, ya esto es imposible; mas puede el banco particularizarse, dedi- 
cándose á una profesión ó á profesiones muy afines, dentro de las cuales 
no es difícil á los administradores conocer bastantemente las condicio- 
nes morales y económicas del prestatario, apreciar el uso del préstamo y 
vigilarlo convenientemente. Digamos de paso qué otro medio equivalente 
ideó el Banco de pequeño crédito de Francfort. Unos doce sindicatos 
profesionales se constituyen en otras tantas juntas de descuento consul- 
tivas para su profesión. Son sindicatos de garantía mutua constituida 
en esta forma: cada seis meses pasan al Banco una Hsta, donde se 
fija el importe máximo del crédito de cada socio; si los préstamos se 
otorgan dentro de estos Umites, el sindicato respectivo sale fiador del 
socio. 

Vengamos á la administración gratuita. Onerosa é inaguantable pare- 
cerá á no pocos. Mas si algo puede el ejemplo, ahí está el de todas las- 
cajas de ahorro y de numerosos bancos de Italia, que, á pesar de los mu- 
chos negocios y considerables sumas que manejan, se glorían de esa 
clase de administración. Se ha de advertir que las cajas de ahorro, puesto 
caso que fueron primariamente instituidas para el intento que signitica 
su nombre, son, no obstante, asimismo cajas de préstamo, pues para colo- 
car fructuosamente los ahorros se dedican al pequeño crédito, viniendo 
á ser por esta causa bancos populares. Cada uno se ha ingeniado en no- 
salir de su región, haciendo refluir el dinero á las clases de donde había 
salido. Los economistas que han estudiado los bancos populares italia- 
nos, como León Say, Rostand, Rayneri, están contestes en atribuir al espí- 
ritu de abnegación y de sacrificio de fundadores y administradores 
el progreso y opimos frutos de las instituciones italianas del pequeño 
crédito. 

Notable por muchos conceptos es el Banco popular de Bolonia, pues 
siendo así que el movimiento anual de la Caja es de 182 millones de liras 
y las condiciones con que presta han de traer muy ocupada á la admi- 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 21 

nistración, es ésta, no obstante, gratuita. Para que el lector se forme ¡dea 
de la carga que pesa sobre los administradores, vamos á puntualizar 
algunos datos (1). 

El solicitante del préstamo ha de contestar al siguiente cuestionario 
que se le entrega: 

Si es V. obrero, ¿quién es su patrono? 

¿Con qué intento pide V. prestado? 

¿Por qué su proveedor no le otorga crédito, ó por qué no le place 
á usted ese crédito? 

¿Quién es su proveedor? 

Señálenos algunos de sus proveedores que puedan comunicarnos in- 
formes. 

¿Dónde piensa V. establecerse? 

¿Cuál es la condición social de los clientes que tiene V. actualmente? 
Cítenos algunos nombres. 

¿Cuál es el monto de los negocios de V.? 

¿Cuáles los beneficios aproximados? 

¿Ha estudiado V. bien las condiciones de la concurrencia? 

¿Qué cálculos ha hecho usted para determinarse á solicitar este 
préstamo? 

¿Cómo da por descontado que con este préstamo logrará mayor 
provecho? 

¿Este provecho bastará al reintegro del capital y de los intereses? 

¿Cómo nos probará el empleo del dinero? 

¿Cómo quiere que se le vigile? 

Contestado el cuestionario, hace la dirección del banco diligente pes- 
quisa sobre cada punto, presentando de todo una relación á una comi- 
sión especial, compuesta de delegados de diferentes corporaciones, en 
vista de la cual, resuelve sobre la demanda así examinada y revisada. 
Anótase la entrega del dinero al prestatario, y el comisario encargado 
escribe seis meses después un informe sobre lo acaecido á consecuencia 
del préstamo. 

La Memoria referente al año 1906, que fué año enteramente normal, 
nos informará de los resultados. Si se atiende á la profesión de los pres- 
tatarios, vese pasar por la Memoria toda la pequeña burguesía. Si se 
considera el destino del préstamo, hallamos que de 316 préstamos de 
producción 

51 se dedicaron al establecimiento de un comercio, 

183 al adelantamiento de un comercio existente, ó al aumento del 
fondo de almacén, 

20 á la mejora de herramientas manuales, 



(1) Bulleün citado, páginas 342-343. 



22 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

50 á la compra de máquinas, 

12 á reparaciones importantes. 

Los plazos para el reembolso se acomodan siempre á la naturaleza 
de la operación planeada por el prestatario. 

Si la brevedad nos lo permitiera, expondríamos las múltiples opera- 
ciones de la Caja de ahorros de Bolonia, las cuales no obstan á la admi- 
nistración gratuita. Es verdad que estas instituciones italianas no están 
cimentadas en la responsabilidad solidaria é ilimitada; pero esta diferen- 
cia nada importa para lo que venimos defendiendo á propósito de la 
vigilancia del préstamo y de la administración gratuita. 

Contra la última se arguye que aleja de la administración á personas 
muy capaces de desempeñarla cumplidamente, aunque incapaces de 
hacerlo gratis. Cierto; si la multitud de los negocios ocupase mucha 
parte del tiempo, sólo podrían entregarse de la administración los ricos, y 
aun no cualesquiera, sino los desocupados. En este caso, si á los adminis- 
tradores ó al que carga con el peso principal se cree conveniente asig- 
narle alguna gratificación, opinamos que de ningún modo habría de ser 
proporcional al giro, sino fija y determinada; de lo contrario, podría acon- 
tecer (y ojalá no hubiese acontecido) que por la codicia de ganancia 
más pingüe se emprendiesen á tontas y á locas los negocios. 

Con las precauciones apuntadas se suaviza la solidaridad ilimitada. 
Es verdad que no goza de tan firme fundamento como en las Cajas rura- 
les, donde se puede apreciar mejor la fortuna de cada socio, donde los 
bienes raíces sirven de fianza inconmovible y evidente. Esta diferencia 
es más notable si los artesanos y comerciantes hacen verdaderas opera- 
ciones de banca y de descuento; tanto que esos tales son excluidos por 
algunos del pequeño crédito. Tampoco los admite Durand, porque, en su 
sentir, por competente que sea la administración, no es á propósito la 
Caja de Raiffeisen para la circulación del papel comercial. «No pose- 
yendo, dice, en su cartera más que efectos suscritos por firmas poco 
estimadas en la banca por la falta de notoriedad, difícilmente podría 
hacerlos descontar por otro banco. No le sería posible, por consiguiente, 
competir con los bancos ordinarios, y por la fuerza de las cosas acaba- 
ría por no recoger sino la clientela de tercer orden, la desechada por los 
bancos comerciales. Sería, pues, imprudencia grave hacer de la Caja de 
Raiffeisen una especie de banco popular para uso de los pequeños comer- 
ciantes que tienen necesidad de hacer verdaderas operaciones de banca 
y de descuento» (1). 

La Caja de crédito de Enghien.—No han sido tan recelosos los co- 
merciantes de Enghien, villa de Bélgica de unos 5.000 habitantes. La 
clase modesta de los burgueses, espoleada por el abate Berger, secretario 
de la Federación agrícola del Hainaut, fundó recientemente una Unión 



(1) La caisse rurale, la caisse ouvriére, pág. 22. 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 23 

de comerciantes y artesanos, á la cual va adherida una Caja de crédito 
con responsabilidad solidaria é ilimitada. Es la única de esta clase en 
Bélgica, donde, por otro lado, son tantas las Cajas rurales de Raiffeisen. 
Del abate Berger salió la iniciativa; él expuso á los fundadores el pro y 
el contra de la ilimitación, y tomándose tiempo para deliberar los oyen- 
tes, después de varias consultas, acordaron con voto unánime adoptarla. 

La sociedad otorga á los socios préstamos de producción; les abre 
crédito determinado por el Consejo administrativo, según reglas estable- 
cidas y mediante garantía; hace para ellos toda clase de operaciones de 
descuento dentro del límite de la abertura de crédito ó de garantías es- 
peciales aceptadas por el Consejo. Recibe de los socios y de los extra- 
ños sumas productivas de intereses, que se emplean al arbitrio del Con- 
sejo de administración, y á unos y á otros abre cuentas corrientes sobre 
depósito de valores ó metálico. El fondo social se forma con partes de 
100 francos suscritas por los socios, cada uno de los cuales ha de tomar 
por lo menos una. El mínimum del fondo social es de 500 francos. Se fija 
la duración de la sociedad en treinta años, á partir del 1." de Enero 
de 1907. Los beneficios se reparten de esta suerte: L") 5 por 100 para el 
fondo de reserva; 2.") la suma necesaria para satisfacer al capital des- 
embolsado un interés del 5 por 100; 3.") una parte, que no pase de un 
tercio del beneficio total, para el fondo de previsión; 4.") del resto se 
harán dos porciones iguales: la primera se repartirá entre todos los 
socios; la segunda entre los socios que hubieren hecho operaciones con 
la sociedad á prorrata de los intereses ó adeudados ó acreditados por 
ella. El Consejo de administración puede sacar del fondo de reserva de 
los ejercicios que se salden con beneficio un tanto para el personal em- 
pleado. 

Todos los socios han de pertenecer al municipio de Enghien, á fin de 
que mutuamente se conozcan: 48 había el año pasado. La importancia 
de los préstamos hechos es variable: uno se hizo de 20.000 francos; los 
más son de 500. Las garantías se constituyen de ordinario por el des- 
cuento de recibos; rara vez con hipoteca. Los socios han de llevar en 
regla la contabilidad, tener un copiador de cartas y otro de facturas; 
todo lo cual puede ser fiscalizado por el Consejo. Se presta al 4 por 100 
y se reciben depósitos al 3,25 por 100; 25 francos es la cantidad mínima 
que se ha de ingresar en cuentas corrientes para que devengue interés. 
El Consejo de administración fué elegido por los comerciantes entre los 
de su gremio. Se compone de tres miembros, que al tiempo de renovar el 
mandato presentan una lista de elegibles para evitar toda influencia ne- 
fasta. La Caja pensaba unirse con otra cooperativa burguesa de crédito 
de Wetteren y organizar con ella una Caja central de compensación. El 
reglamento de esta central, los estatutos de la Unión de artesanos y 
comerciantes y los estatutos y reglamento de la Caja de crédito de 
Enghien pueden verse en el Manuel social de L'Action Populaire, pági- 



24 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

ñas 180-194, En nota copiamos textualmente el balance último de la 
Caja de crédito de Enghien, que nos ha procurado del director el Padre 
Bausili, de nuestra Compañía. Á uno y otro damos desde aquí las más 
sinceras gracias (1). 

N. NOQUER. 
(Concluirá). 



(1) BILAN AU 31 DÉCEMBRE 1908. 

A€TIF 

Capital non versé 4.400,00 

Comptes-courants 7.439,35 

Débiteurs 30.881,85 

Intéréts échus 192,00 

Premier établissement 208,95 

Valeurs deposées en naníissement: 

Titres 12.800 

Autres 2.200 15.000,00 

Effets, cheques et quittances deposées en garantía 9.713,56 



67.835,71 

PASSIF 

Capital souscrit 4.500,00 

Comptes courants créditears 37,891,79 

Frais généraux dus 50,00 

Nantissement 15.000,00 

Garanties 9.713,56 24.713,56 

Profits et pertes. 

Produits: 

Intéréts capitalisés 1 .051 ,30 

» échus 192,00 

» encaissés 645,20 

Change de papiers étrangers 6,60 

Encaissements 139,51 

2.034,61 

Charges: 

Frais généraux. 104,60 

Intéréts capitalisés 1.249,35 

Profits et pertes 0,30 1.354,25 680,36 

67.835,71 



Las misiones católicas entre infieles ^^\ 



Indostán. — Dejando las misiones africanas y atravesando por los 
pueblos mahometanos del Asia, llegamos á la misión del Indostán, una 
de las más importantes en la actualidad. El Indostán, con la isla de 
Ceilán, forma una inmensa península de 3.856.000 kilómetros cuadrados 
y cerca de 300 millones de habitantes, abigarrada mezcla de pueblos 
mucho más diversos entre sí que los europeos, pero unidos exterior- 
mente casi todos bajo el dominio directo ó indirecto de la Gran Bretaña. 
La religión dominante es el Brahmanismo, que cuenta con más de 200 
millones de adeptos, y sigue después el Mahometismo, con más de 62 
iTiillones. Precisamente de aquí nace la mayor dificultad de la misión en 
el Indostán; pues si los musulmanes son los infieles más difíciles de con- 
vertir, indudablemente les siguen en obstinación los sectarios del Brah- 
manismo. Esta obstinación es debida principalmente á las castas. Ni el 
clima, en general ardiente para los europeos, ni las famosas hambres y 
pestilencias que diezman las poblaciones, ni los tigres y serpientes, que 
causan tantos millares de víctimas, pueden llamarse dificultades serias 
para el misionero, en comparación de la dificultad de las castas. El 
hacerse cristiano equivale comúnmente entre aquellos infieles á perder la 
casta, y la casta es para ellos mucho más que para nosotros la patria y 
la familia; un hombre sin casta es cien veces inferior á un esclavo, es un 
reptil inmundo, á quien todos tienen derecho á pisotear, cuyo solo aliento 
basta para inficionar y hacer inmundo al más soberbio brahmán. 

Mérito sin igual es por lo mismo el de los misioneros católicos al 
haber ido avanzando constantemente durante el siglo XIX en la evange- 
lización del Indostán; y aquella Iglesia, que á fines del siglo XVIII y prin- 
cipios del XIX había sufrido, por las causas indicadas al principio, más 
quizá que ninguna otra, y que además estuvo perturbada hasta el Con- 
cordato de León XIII en 1886 por la propaganda insensata, las turbu- 
lencias y el cisma del clero goanés, presenta hoy día un aspecto conso- 
lador. Hay que confesar, sí, que los progresos son lentos; pero el hecho 
es que se progresa constantemente, y eso á pesar de la escasez de re- 
cursos y de misioneros. Hay que tener además en cuenta que en el 
Indostán se está verificando una evolución, no tan rápida ciertamente 
como la de la China, pero sin dudaradicalísima. La cultura europea, con 
todos sus vicios y todas sus virtudes, va penetrando en todo el cuerpo 
social indio; el paria ilustrado está ya muy lejos de retirarse 70 ó 90 



(1) Véase Razón y Fe, t XXV, pá?. 2')3. 



26 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

pasos del camino para no contagiar con su aliento á un presumido 
brahmán, al cual tiene quizá bajo su dependencia en alguna oficina del 
Gobierno inglés. Por eso hay que fomentar hoy más que nunca la 
misión del Indostán, pues si la misión está bien preparada, el día en que 
caigan las barreras de las castas se recogerá con abundancia el fruto de 
los trabajos de muchos años. Pero veamos el estado de algunas misiones 
principales de aquel continente. 

Al sur del Indostán y casi unida con el continente se encuentra la her- 
mosa isla de Ceilán, poblada por cerca de cuatro millones de habitantes, 
de los cuales más de la mitad son budistas, que se distinguen por su ar- 
diente fanatismo. En especial cuando la guerra ruso-japonesa tuvieron los 
católicos no poco que padecer de estos sectarios, que consideraban el 
triunfo de los japoneses como una victoria del Budismo sobre el Cristia- 
nismo. Sin embargo, las misiones católicas presentan allí un aspecto muy 
halagüeño. La isla está dividida en cinco distritos eclesiásticos: Colombo 
y Jaffna, que son los principales, al cuidado de los Oblatos de María In- 
maculada; Kandy, al de los benedictinos; Trincomali, al de los jesuítas 
franceses, y Galle, al de los jesuítas belgas. En 1885 se contaban en la 
isla poco más de 200.000 católicos, hoy pasan bastante de 300.000; en- 
tonces no llegaban los niños de sus escuelas á 20.000 y hoy pasan de 
50.000. El mismo paso han seguido los colegios, hospitales, etc. En 1830 
había 26 sacerdotes y ahora pasan de 200. Además, desde 1902 se reúnen 
los católicos anualmente en un Congreso católico, para deliberar sobre 
las cuestiones religiosopolíticas y sociales; para las primeras existe ade- 
más la asociación Catholic Union of Ceylan, y para las segundas el Ca- 
tholic Club. También la vida religiosa se desarrolla pujante entre los ca- 
tólicos de Ceilán; en ella ejerce no poca influencia el célebre santuario de 
la Virgen en Maddu, adonde acuden todos los años el día de la Asunción 
unos 25.000 peregrinos. No dejaremos á Ceilán sin mencionar el Semi- 
nario Pontificio de Kandy, fundado en 1894 por León Xlll y confiado á 
los jesuítas belgas. El objeto que se propuso León XIII fué fundar un 
seminario modelo que pudiese competir con los mejores de Europa, 
siendo además un establecimiento central para aquellas diócesis del In- 
dostán que no poseían seminario propio. Grandes eran los temores que 
se abrigaban por el éxito del establecimiento, especialmente por haber 
de acudir allí alumnos de las más diversas razas y castas. Pero los bri- 
llantes éxitos obtenidos han demostrado que tenía razón León XIII al 
fundar en él grandes esperanzas para el porvenir c^el Indostán. Según 
testimonio del conocido P. Van der Aa,ni en lo que toca al espíritu, ni en 
lo que se refiere al estudio tiene el seminario de Kandy nada que envidiar 
á los mejores seminarios de Europa. 

En el extremo sudeste de la península indostánica se encuentra la 
célebre misión del Maduré, una de las más florecientes del Indostán. 
Confiada á los jesuítas franceses en 1836, la encontraron éstos en un 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 27 

estado de abatimiento indecible, aumentando la dificultad las intrigas de 
los sacerdotes goaneses. Pero la constancia de los misioneros logró ven- 
cer todos los obstáculos; se fueron levantando iglesias, escuelas, hospi- 
tales, etc., y se consiguió renovar el fervor de los fieles é ir aumentando 
poco á poco su número, hasta lograr casi duplicarlo. Hoy cuenta la dió- 
cesis con más de 250.000 católicos, á cuyo cuidado están un Obispo y 
79 Padres jesuítas franceses, 27 Padres y 18 sacerdotes seglares indígenas. 
El último año hubo, además de los bautismos de niños cristianos y de 
4.636 niños paganos bautizados en el artículo de la muerte, 5.681 bautis- 
mos de adultos infieles y de sus niños, y 149 conversiones de herejes. La 
principal institución de la misión del Maduré es el Colegio-Universidad 
de San José en Trichinópoli, afiliado á la Universidad de Madras, y 
baluarte del Catolicismo en el sur del Indostán. Tiene 1.755 alumnos, de 
ellos 662 católicos, 15 protestantes, 990 paganos y 88 mahometanos. Á 
la ayuda del colegio se debe el que muchos católicos, que pertenecen 
en su gran mayoría á las clases pobres, hayan podido proporcionar á 
sus hijos una educación sólida y esmerada, y el que se encuentren hoy 
muchos católicos, antiguos alumnos de Trichinópoli, ocupando puestos 
ventajosos é influyentes en la sociedad; además han salido del colegio 
más de 100 sacerdotes ó religiosos. Además el fruto con los alumnos 
paganos, pertenecientes en su inmensa mayoría á la casta de los brahma- 
nes, ha sido muy notable; pues no sólo salen de la Universidad con ¡deas 
favorables al Catolicismo, y que preparan el camino para futuras con- 
versiones, sino que de ahí ha tenido principio un movimiento de conver- 
siones de brahmanes al Catolicismo que, aunque muy lento, puede tener 
grandes consecuencias. Así lo comprendieron los brahmanes, que movie- 
ron ruidosos escándalos al iniciarse en 1891 las conversiones, y hasta el 
presente persiguen con saña infernal á los convertidos. Entre todos los 
católicos del Indostán resonó un grito de júbilo al ver abierta por el 
Catolicismo una brecha en la orguUosa casta que opone una barrera casi 
infranqueable al Evangelio. Se podrá discutir si la salvación del Indostán 
ha de venir de arriba ó de abajo, es decir, ó por medio de esa casta de 
los brahmanes, orgullosa, sí, pero de superiores cualidades intelectuales, 
morales y aun físicas, ó por medio de los parias y castas inferiores, que, 
elevándose del bajo nivel en que se encuentran, quebranten con su supe- 
rioridad numérica la tiranía de las castas superiores. Lo que no se puede 
dudar es que el fervor de esos brahmanes convertidos, que, pobres y per- 
seguidos se mantienen con heroica firmeza fieles á nuestra santa Religión, 
que cada día oyen Misa y reciben en su mayoría el pan de los ángeles 
mezclados con los sudras y los parias, es un gran motivo de consuelo y 
de esperanza para la misión del Indostán. 

Al norte del Maduré se encuentran las cuatro misiones dirigidas por 
los sacerdotes de Misiones extranjeras de París; el arzobispado de 
Pondichery, con tres Obispos sufragáneos. Desde 1873 empezó para 



28 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

estas misiones un período de extraordinario florecimiento; en trece años 
aumentó el número de fieles en más de 76.000. Actualmente las conver- 
siones son poco numerosas, debido sobre todo á la escasez de personal 
y falta de recursos. Con todo, el número de católicos asciende á 313.898, 
con 273 sacerdotes, de ellos 59 indígenas. Entre los colegios de segunda 
enseñanza de estas misiones merece especial mención el de Pondichery, 
con unos 1.100 alumnos. 

En la costa sudoeste del Indostán, desde el Cabo de Comorín hasta 
poco más arriba de Goa, se extiende una serie de misiones que cuentan 
con cerca de un millón de católicos. De ellos, más de 300.000 pertenecen 
á los tres vicariatos regidos por el clero indígena del rito siro-malabar. 
Desde 1896, en que León XIII colocó al frente de estos tres vicariatos á 
Prelados indígenas, se ha aumentado notablemente el número de iglesias, 
y tampoco han faltado conversiones, sobre todo en el vicariato de 
Changanacherry, donde el término medio de conversiones ha sido casi 
de 1.000 por año. También florecen las escuelas, á las que acuden más 
de 40.000 niños. Pero hay que confesar que el clero siro-malabar dista 
todavía bastante de tener el celo de los misioneros europeos y de los 
sacerdotes indígenas de otras misiones, falta debida principalmente á las 
grandes turbulencias que agitaron estas tierras en buena parte del 
siglo XIX, y á la deficiente formación que daban al clero los monjes 
malabares. Ahora, pasadas las revueltas y educándose como se educa el 
clero en buenos seminarios, se puede esperar mucho de estos tres vica- 
riatos, pues en ellos existen dos elementos que faltan en casi todas las 
misiones: un clero abundante, como que hay allí 423 sacerdotes, y recur- 
sos económicos, pues entre los cristianos siro-malabares abundan los 
bienes de fortuna. 

En los mismos reinos de Travancor y Cochín, donde se encuentran 
esos tres vicariatos, están también enclavados el arzobispado de Verá- 
poly y el obispado de Quilón, al cargo de religiosos carmelitas. Los mis- 
mos católicos siro-malabares estuvieron hasta 1887 bajo la dirección de 
estos celosos religiosos, á los cuales deben en gran parte el haber aban- 
donado el cisma para unirse con la Iglesia católica. En sus dos diócesis 
tienen los carmelitas cerca de 200.000 católicos; á sus numerosas escue- 
las acuden 17.955 niños, y á sus colegios de segunda enseñanza 2.787 
jóvenes; los sacerdotes son 143, de ellos 108 indígenas. Cada año se 
convierten en estas diócesis bastantes centenares de infieles, y eso á 
pesar de estar la atención de los misioneros casi absorbida con el ser- 
vicio de los católicos; pero la inclinación de los gentiles hacia nuestra 
santa Religión es tal, que, como notan con razón los misioneros, si conta- 
ran con recursos suficientes, y sobre todo con más personal, se conver- 
tirían cada año muchos miles. 

Á lo largo de la costa de Malabar hallamos asimismo el obispado 
de Cochín, por lo demás sufragáneo de Goa. Entre el obispado de 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 29 

Cochín y el patriarcado de Goa reúnen 425.000 católicos, con numeroso 
clero, unos 700 sacerdotes, indígenas en su inmensa mayoría. Pero es 
muy escasa la actividad que allí se despliega para convertir infieles. 
Algo más halagüeño es el estado de los católicos, que, envueltos durante 
mucho tiempo, por culpa de sus pastores y del Gobierno portugués, en 
disidencias y hasta en un cisma con la Santa Sede, por fin, desde 1886, 
pudieron, en unión de Roma y bajo la dirección del excelente Patriarca 
Antonio Sebastián Valente, empezar una obra de sólida regeneración 
interior, que es la primera condición para trabajar con eficacia en la 
obra de la conversión de los gentiles. Lo dicho sobre Goa se puede 
aplicar á otras dos diócesis sufragáneas suyas: Damao, al norte, y Me- 
liapur en la costa oriental; entre las dos reúnen 146.000 fieles, con 158 
sacerdotes, indígenas en su gran mayoría. 

Una breve mención siquiera merece el obispado de Mangalor, al sur 
de Goa, dirigido por Padres jesuítas italianos. Llegaron éstos ala misión 
en 1878, encontrándola en gran abandono. En treinta años ha aumentado 
la misión en unos 40.000 fieles. Entre los 93.000 católicos de la diócesis 
se ve florecer la vida religiosa, y el Colegio-Universidad de San Luis, en 
Mangalor, con 500 discípulos, es de los más afamados del Indostán. Los 
sacerdotes encargados de la misión son tan sólo 42 jesuítas y 57 sacer- 
dotes indígenas; por eso quedan muy pocos que puedan dedicarse á la 
conversión de los infieles. 

Hasta ahora hemos descrito las principales misiones del Indostán 
situadas al sur de Goa; las otras misiones del Indostán central y septen- 
trional apenas merecen mención especial, exceptuando la de Calcuta, 
pues el número de católicos y misioneros en ellas es muy pequeño. En 
cambio, los territorios suelen ser enormes y muy poblados; de modo que 
estas tierras son de las más necesitadas entre todas las misiones. Como 
muestra citaremos las cinco misiones del Norte, confiadas á los religiosos 
capuchinos italianos, austríacos, franceses y belgas. Estas cinco regiones 
tienen unos 100 millones de infieles, y sólo 129 Padres misioneros. No hay 
duda que aun este último número representa un progreso respecto á los 
tiempos anteriores: en 1840 no había en todo ese vastísimo territorio más 
que seis sacerdotes. Pero es urgente el envío de nuevos operarios á esta 
viña tan poco cultivada, tanto más cuanto que en ella abundan los emisa- 
rios protestantes, que por añadidura disponen de grandes recursos. Los 
católicos son en junto 32.000. Un movimiento decisivo hacia el Catoli- 
cismo se ha iniciado en los últimos años en el arzobispado de Agrá. El 
bajá de Tajpur, hombre inteligente y reflexivo que había abrazado el Pro- 
testantismo, comenzó á tratar de religión en un viaje de Europa al Indostán 
con el capuchino italiano P. Pómulo; el resultado fué la conversión del 
bajá al Catolicismo. El príncipe oye Misa y comulga todos los días en la 
hermosa iglesia que ha edificado en Tajpur, y se espera, con fundamento, 
que no ha de pasar mucho tiempo sin que al menos los 50.000 subditos 



30 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

del bajá abracen el Catolicismo. Otra esperanza de las misiones del 
Indostán septentrional es el magnífico Colegio-Universidad de San Fran- 
cisco Javier, en Bombay, dirigido por jesuítas alemanes; cuenta con 
unos 1.700 estudiantes. 

La misión más fructuosa del Indostán es hoy día la de Calcuta, al 
cuidado de los jesuítas belgas. En 1862 encontraron éstos en la misión 
poco más de 7.000 católicos; el abandono era tan grande, que pocos 
años antes habían caído en el Protestantismo unos 3.000 católicos. La 
primera labor de los misioneros se dirigió á renovar el espíritu religioso 
de los católicos y á levantar el crédito y robustecer la influencia del Ca- 
tolicismo, y además de edifi:ar varias iglesias, levantaron en Calcuta el 
hermoso Colegio Universidad de San Francisco Javier, al que acuden 
unos 900 estudiantes. Después empezó la misión propiamente dicha. 
En 1869 entró el primer misionero católico en la región, después tan 
celebrada, de Chota Nagpur. Allí trabajaban desde 1844 los misioneros 
protestantes, y en los primeros años fueron casi infructuosos los traba- 
jos de los misioneros católicos. Pero después empezaron á ser menos 
raras las conversiones, y en el año 1885 se acercaban ya los neófitos 
á 3.000. Entonces se presentó el apóstol de Chota Nagpur, el P. Lievens. 
Comenzó éste por estudiar á fondo las leyes indígenas, para poder librar 
á los pobres trabajadores del campo, pertenecientes á la tribu de los 
Kols, una de las primitivas del Indostán, de las enormes vejaciones que 
sufrían por parte de los propietarios y arrendatarios indios. Aquellos po- 
bres trabajadores, que antes no tenían otro recurso para salir de su opre- 
sión que abandonar su patria, encontraron en el P. Lievens un abogado 
competente y decidido, á quien no arredraban las intrigas y amenazas 
de los poderosos. Si á esto se añade el celo infatigable y la caridad sin 
límites del P, Lievens, no es de extrañar que aldeas enteras pidieran el 
santo Bautismo, y que el número de católicos se elevara en siete años 
á 50.000. La muerte del P. Lievens en la flor de su edad, víctima de los 
trabajos sin cuento que tuvo que sufrir, trajo algunos años difíciles para 
la misión, pues los opresores de los Kols, por una parte, y los protestan- 
tes, por otra, redoblaron sus esfuerzos para acabar, á ser posible, con ella. 
Mas los misioneros católicos lograron contrarrestar los ataques de los 
adversarios, y aun ir aumentando el número de cristianos y catecúme- 
nos. Y he aquí que en 1907, cuando menos se esperaba, en el Estado in- 
dependiente de Jashpur, donde no había penetrado ningún misionero, 
empieza para la misión un nuevo período de conversiones en masa. Al- 
gunos neófitos de Chota Nagpur, que habían ido á trabajar á Jashpur, 
persuadieron á sus hermanos de raza, los Kols de aquel Estado, que de- 
bían hacerse católicos, y 50.000 gentiles más se agolpan para entrar en 
el redil del Buen Pastor; pueblos enteros, con música y banderas é inde- 
cible regocijo, salen á recibir al misionero, á quien no han visto nunca, 
y le ruegan instantemente que les envíe catequistas para instruirse en las 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 31 

verdades de nuestra fe. Las consecuencias de este movimiento pueden 
ser muy grandes, pues sería fácil que se extendiera á los tres millones 
que componen la tribu de los Kols; por otra parte, de esta tribu de abo- 
rígenes, entre los cuales no se conocen las castas, se pueden formar, no 
sólo buenos cristianos, sino también, con el tiempo, excelentes sacerdo- 
tes. Lástima que la escasez de misioneros no permita trabajar con la 
tribu de los Santals, asimismo aborigen y sin castas y dedicada á la agri- 
cultura, así como con los pastores del Sikkim inglés, al norte de la mi- 
sión, y con los habitantes de Orissa, al sur; en todas estas partes está el 
terreno bien dispuesto, pero faltan los operarios necesarios para un te- 
rreno poblado por 20 millones de habitantes. La estadística de la misión 
de Calcuta nos da las siguientes cifras: 101.008 católicos, 79.549 catecú- 
menos, 103 Padres belgas y dos sacerdotes indígenas; en las escuelas 
hay cerca de 10.000 niños; notable es el número de catequistas, pues 
pasan de 500; el último año, además de los millares de infieles conver- 
tidos, se convirtieron también 1.500 protestantes. 

Si consideramos en conjunto la misión del Indostán, vemos en ella, 
aparte de las dificultades externas, de las cuales la principal es la de las 
castas, dificultades interiores que retardan el desarrollo de esta impor- 
tantísima misión. La principal de estas dificultades interiores es la esca- 
sez de misioneros que reina en muchas partes, donde el mismo aumento 
de los católicos ha hecho que los misioneros tengan que estar tan ocu- 
pados con ellos, que apenas puedan atender á la conversión de los gen- 
tiles. De aquí el escaso número de catecúmenos, excepto en la misión de 
Calcuta, que tiene más que todas las del Indostán juntas. Á pesar de 
todo, es altamente consolador ver que el progreso ha sido constante 
desde hace un siglo. Á principios del siglo XIX había en el Indostán 
poco más de medio millón de católicos; hoy pasan de 2.300.000; es 
decir, que su número se ha cuadruplicado. Los sacerdotes europeos son 
más de 1.000, los indígenas 1.600. Hay además 500 religiosos no sacer- 
dotes, y unas 3.000 religiosas, de las cuales son indígenas casi la mitad; 
á las escuelas de primera enseñanza de la misión acuden más de 180.000 
niños; la segunda enseñanza y la superior cuentan con unos 30.000 
alumnos. 

Indo-China. — Á la misión del Indostán sigue la de la Indo-China, que, 
como el mismo nombre lo indica, participa de la influencia de la India y 
de la China. En la parte occidental, es decir, en las posesiones inglesas 
y Siam, predomina el elemento indio; en la oriental, ó sea en la Indo- 
China francesa, el chino. Las misiones de la parte occidental están 
aún poco desarrolladas; entre todas sólo cuentan 130.000 católicos, muy 
poco ciertamente en una población de unos 20 millones de habitantes; 
pero hay que tener en cuenta que á mediados del siglo pasado contaban 
poco más de 10.000. Especialmente fructuosos han sido los trabajos de 
los misioneros con los Carenos, pueblo atrasado, pero de muy buenas 



32 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

cualidades, que habita los bosques de la Birmania. Pero el elemento más 
sano, donde la palabra del misionero cae en terreno preparado, lo for- 
man los colonos chinos; sólo en la diócesis de Malaca han abrazado 
12.000 de ellos el Catolicismo, y los misioneros se hacen lenguas de la 
solidez y fervor de estos neófitos. Los misioneros de estas regiones 
son 225, en su gran mayoría sacerdotes de las Misiones extranjeras de 
París; á las escuelas católicas asisten más de 20.000 alumnos. 

En la Indo-China francesa, cuyo número de habitantes pasa de 20 mi- 
llones, de religión budista en su gran mayoría, encontramos «la Iglesia 
de los mártires», la Iglesia annamita, que renovó en el siglo XIX los 
ejemplos heroicos de los cristianos japoneses y de los primeros cristia- 
nos. Ya en tiempo del emperador Minh-Menh (1820-1841) murieron por 
la fe numerosos cristianos y los dominicos Clemente Ignacio Delgado, 
Vicario apostólico, y su coadjutor Domingo Henares, el Provincial José 
Fernández y otros siete más (beatificados todos en 1900). Pero ¿quién 
puede describir la furiosa persecución movida en el imperio del sangui- 
nario Tu-Duc, que se había propuesto, como él decía «arrancar de raíz 
la venenosa planta del Cristianismo»? Mas á pesar de que desde 1848 ve- 
nía corriendo de nuevo la sangre de los mártires, en 1855 se reunían ani- 
mosos en sínodo diocesano en el Tonkín central varios dominicos espa- 
ñoles y sacerdotes indígenas, y á las fiestas acudían valientes 20.000 fie- 
les. Pero de 1855 á 1852 la persecución se desencadenó más violenta 
que nunca; sólo los dominicos tuvieron en este tiempo 28 mártires, entre 
ellos nuestros compatriotas Valentín Berrio-Ociioc, Jerónimo Hermosilla 
y Pedro Almató, beatificados en 1936; más de 100 sacerdotes del clero 
indígena derramaron su sangre por Jesucristo; cerca de 100 aldeas cris- 
tianas fueron reducidas á pavesas; 10.000 cristianos de los principales 
fueron encarcelados, y más de la mitad de ellos murieron por la fe en 
todo género de tormentos: unos decapitados, otros ahogados; á éstos 
se les mataba de hambre, aquéllos eran pisoteados por elefantes, 
enterrados ó quemados vivos; se quitaban las casas y bienes á los cris- 
tianos para darlos á los paganos, y así quedaron dispersos los cristia- 
nos de 2.000 cristiandades, y 40.000 fieles perecieron en la dispersión á 
consecuencia de la miseria y los malos tratamientos. En 1871, cuando 
la persecución había pasado, se reunían en el Tonkín 40.000 cristia- 
nos para celebrar la Pascua. Mas otra vez en 1874 eran abrasadas 
por el fuego 129 aldeas cristianas y morían por su religión más de 2.000 
cristianos. Y como si aún fuera poco, estalló de nuevo la persecución 
en 1883 y 1884, y al fin se desbordó por completo en 1885: por todas 
partes se veían iglesias, conventos, hospitales y aldeas cristianas hechas 
pasto de las llamas; los cristianos que escapaban de las balas ó del fuego 
eran muchas veces abiertos en canal, atenaceados, despedazados, ente- 
rrados vivos; numerosos sacerdotes y catequistas, más de 200 religiosas 
y cerca de 40.000 cristianos recibieron la palma del martirio. Una Iglesia 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 33 

que salía triunfante de tan duras pruebas no podía menos de recibir las 
bendiciones del Cielo. Y en efecto, el número de cristianos de la indo- 
china francesa, que antes de empezar las persecuciones era de 400.000, 
asciende hoy día á 930.000. De ellos dos terceras partes están al cuidado 
de los sacerdotes de las Misiones extranjeras de París, distribuidos en 
ocho vicariatos; la otra tercera parte, repartida en tres vicariatos, está 
bajo la dirección de compatriotas nuestros de la Orden de Santo Do- 
mingo. Especialmente satisfatorio es en estas misiones el ver el gran nú- 
mero que hay en ellas de sacerdotes indígenas; de 1.026 sacerdotes, son 
indígenas 603; y lo mucho que vale este clero indígena lo tiene probado 
en las persecuciones. Además hay eri los seminarios de la misión unos 
1.500 seminaristas. Las religiosas son más de 2.800, los catequistas 1.556, 
los niños de sus escuelas cerca de 70.000. Podrá la Iglesia de la Indo- 
china francesa sufrir nuevas tribulaciones de parte de las autoridades 
coloniales francesas; podrán quizá venir sobre ella revueltas políticas, y 
cierto que la política suicida del Gobierno francés de favorecer más al 
Paganismo que al Catolicismo, hace augurar un desastre colonial; pero, 
á pesar de todo, la Iglesia annamita puede mirar con confianza el porve- 
nir: ella ha dado al Cielo millares y millares de mártires que no dejarán 
de protegerla; ella abriga en su seno misioneros y cristianos dignos de 
sus antepasados. 

Hilarión Gil. 

( Continuará.) 



RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 



OlijetMiaá fle la sensaclóii eiterna en las iiníresiones eléctricas 



(1) 



III 



G, 



usTO.— Desde que se conoció la corriente eléctrica, se formuló ya 
por el mismo Volta la objeción que vamos disipando. La acción física 
de la corriente continua estimula el sentido del gusto según el electrodo 
que sobre la lengua se aplique: si el ácido, acida; si el cátodo, astringente 
y alcalina, es la sensación provocada en el gusto (2). He ahí un caso donde 
hay sensación sin el objeto propio del sentido, pues la excitación eléc- 
trica es puramente mecánica. ¿Dónde está, por tanto, el sabor objetivo 
que debiera existir en el líquido intersticial de las papilas gustátiles? 
Aquí no hay más que contacto físico del electrodo con la lengua, y una 
corriente continua de éter impalpable, intangible, directamente insensible 
á cualquiera de los sentidos. 

La objeción no es tan seria como aparenta serlo: verdad que Fick y 
Rosenthal la tomaron en cuenta, queriendo con ella probar que no cabía 
explicar el hecho por acción electrolítica en la saliva, porque á tal hipó- 
tesis se oponían, á juicio suyo, los experimentos de Volta y Monroe- 
Depositando en la lengua una cantidad suficiente de líquido alcalino, 
quedaría neutralizada por el álcali en exceso la insignificante cantidad 
del ácido disociada por la corriente, y no obstante, persiste la acidez del 
ánodo. (Volta.) Haciendo pasar la corriente hasta la lengua, no en seguida 
de salir de los electrodos metálicos, sino interponiendo entre los electro- 
dos y la lengua trozos de carne, ya la electrólisis de la saliva no puede 
sensibilizarse á la lengua, pues sólo se manifiesta en los electrodos, y 
no obstante, las sensaciones de acidez ó de alcalinidad son iguales. 
(Monroe.) 

Ninguno de los dos experimentos parecieron concluyentes ni á Lotze 



(1) Véase Razón v Fe, t, XXV, pág. 184. 

(2) Hermann y Laserstein creyeron haber demostrado (a. 1891) que las sensaciones 
del gusto no se excitan eléctricamente cuando la corriente se aplica á los troncos ner- 
viosos, sino solamente cuando la corriente pasa á través de las terminaciones del ner- 
vio. Nagel en su clásica fisiología (a. 1905) afirma que se despiertan las sensaciones del 
gusto, cuando la corriente se aplica al ramo del nervio central gustatorio que pasa por 
las fosas abiertas del tímpano (la cuerda del tambor). Recuérdese que la cuerda del tam- 
bor y el plexo timpánico son nervios puramente gustables (Kander, 1906). — De los ex- 
perimentos de Kieson y Hahn se desprende que en la superficie interna de la epiglotis 
se originan sensaciones gustosas con las excitaciones eléctricas y las sensaciones va- 
rían con la dirección de la corriente. 



OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 35 

ni á Weber, ni á Herniann, ni últimamente á Wundt ni á Tigerstedt. Bien 
hace notar Wundt (1) que la electrólisis no se ha de poner únicamente 
en el líquido exterior, como lo suponen los objetantes; antes es más bien 
interna é inmediata al órgano del gusto la disociación electrolítica. Á 
este parecer nos adherimos plenamente. Sabido es que no puede circu- 
lar corriente eléctrica en líquido que no contenga electrolitos, ni hay 
por qué concretar la conductibilidad orgánica al armazón más sólido de 
las células constitutivas: más bien, la estructura de los tejidos y la misma 
consistencia gelatinosa del protoplasma y la abundancia de líquidos 
intersticiales hacen necesario admitir la transmisión eléctrica, aun por 
medio de los líquidos que á su paso encuentra la corriente. 

Por otra parte, las medidas hechas por Hoeber y Kiesow enseñan 
cuánto aumenta la sensibilidad del gusto con líquidos que contengan 
electrolitos disociados. Así, v. gr., en un litro de agua viene á ser percep- 
tible el sabor que le da 0,020—0,025 ion-gramo de Cl, Br, I, SO^, diso- 
ciado en las soluciones acuosas de KCl, Na Cl, Mg Clj, Na Br, Na 1, Na, 
SO4. El sabor dulce mezclado de alcalino, propio del ion OH, llega á gus- 
tarse hasta en 0,006—0,009 ion-gramo por litro de agua. 

¿Qué extraño tendrá ya atribuir el sabor ácido sentido al aplicar el 
ánodo, precisamente al ion H, que, disociado en la saliva intersticial, se 
introduce hasta dentro de las células sensoriales para herirlas con el 
sabor que le es propio? ¿y que el ion OH haga lo mismo con su sabor 
alcalino al invertirse la corriente? Aquí no hay nada más de nuevo sino el 
modo de producirse en los iones el sabor objetivo: aquí lo adquieren los 
iones del líquido intersticial, sensibiUzándose al impulso de la corriente á 
que son en extremo impresionables. 

Para mejor inteligencia de lo expuesto, hay que recordar la definición 
del sabor que Aristóteles, siempre atento pensador de las palabras y 
talento eminentemente ingenioso para formular definiciones, en su tratado 
De Sensu dejó consignado: «Sapor definiri potest passio seu qualitas pas- 
sibilis, quae in corpore húmido causatur acorpore sicco liquefacto et per 
actionem caloris commixto, habens virtutem reducendi gustum ex poten- 
tía in actum gustandi» (2). Definición adecuada en que se comprenden 
todas las causas intrínsecas y extrínsecas del sabor. La caussi formal ó su 
esencia, que está en ser una cualidad transitoria que entonces mana y 
dura cuanto dura la acción química del disolvente sobre la substancia 
diluida, cesa de ser y cesa el sabor tan pronto como pasa la acción 
engendradora; que él, como todos los sensibles, presuponen la masa en 
que radica en vibración y movimiento conveniente. El sujeto en que 
radica, que es el líquido salival, que no sólo por fuera baña el órgano, 



(1) II, 55. 

(2) Así con más palabras la traduce al latín su comentarista Silv. Mauro, S. J., t. IV, 
pág. 130. 



36 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

sino aun dentro de las papilas penetra, empapando su protoplasma: «en 
el aparato gustativo terminal, la impresión no es recibida directamente 
por los nervios, sino por unos corpúsculos intermediarios, las células 
bipolares, en un todo análogas bajo el aspecto funcional, á los bastones 
y conos de la retina y á las células ciliadas de los aparatos acústico y ves- 
tibular» (Cajal)(l). La causa e/Zc/e^íe de tal cualidad es en el caso general, 
único conocido por el Estagirita la disolución y transformación química del 
cuerpo sólido y líquido en el líquido salival, con el concurso de la tempe- 
ratura: sabido es que su mayor eficacia tiene la ptyalina, enzyma dias- 
tásica de la saliva, á los 30—45'' c, temperaturas que comprenden la del 
cuerpo humano. El caso anómalo de la excitación eléctrica enseíia que es 
íamt)ién causa eficiente la acción electrolítica de la corriente dentro de 
la misma saliva; pues siendo ésta una mezcla muy compleja de cuerpos — 
albúmina, muzina, ptyalina, rodiuro potásico, sales inorgánicas, gases, un 
si es no es de amoníaco, nitro, urea y substancias medicinales,— fácil- 
mente contiene iones, en los cuales al choque de la corriente salta el 
accidente del sabor. Si el químico, cubriendo con un velo cuanto media 
entre el proceso inicial y final, sólo atiende á los estados extremos en 
sus investigaciones metódicas, el sicólogo, por medio del aparato más 
sensible, como que este es su único destino natural— el órgano animado 
del gusto,— puede sorprender en el estado de desequilibrio y perturbación 
intermedio, el brote y existencia efímera de la cualidad sensitiva corres- 
pondiente. 

La causa final del sabor es determinar el sentido del gusto que estaba 
inerte y ocioso, y, como en términos de escuela se dice, «en potencia» y 
capacidad de gustar, pase á estar gustando. Cuan sordo es quien desoye, 
las voces de las criaturas, que en sus múltiples actividades y relaciones 
armónicas nos dicen haber sido hechas y ordenadas para servicio del. 
hombre. Unas líneas más: la corriente eléctrica no sólo pone junto á la 
potencia sensitiva suficiente objeto que la determine, sino además aumen- 
ta de manera exquisita la sensibilidad de la misma potencia que por ser 
orgánica depende del estado de entonación y vigor del nervio. Así he-, 
chos consignados por Kander, prueban que si algunas regiones de la 
lengua donde se esparcen la cuerda del tambor y el plexo timpánico, 
han perdido las sensaciones gustosas y sólo dan las táctiles que á las, 
anteriores suelen acompañar, tienen sensaciones gustosas si se excitan, 
los nervios eléctricamente. (Zeitschrift t. 44, p. 132). , 

Olfato.- No ofrece especial interés el estudio de la excitación eléc-, 
trica del nervio olfativo. Recordemos que todo funcionamiento nervioso, 
produce ácido carbónico ( Waller) y que la corriente en los nervios pro- 
duce acciones electrolíticas, evoca en un extremo reacciones acidas, etcé- 
tera (Tigerstedt), causas más que suficientes para determinar la olfación 
objetiva. 

(1) Tcxiuia, 11, e4. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 37 

Oído (1).— Rosenthal, en su disertación sobre la energía específica de 
los nervios sensoriales, afirma que las terminaciones nerviosas del acústi- 
cas por estar encubiertas no son directamente excitables por acciones 
mecánicas, químicas, térmicas; pero que lo son por excitaciones eléctri- 
,cas, á lo menos empleando corrientes continuas. Las corrientes de induc- 
•ción complican, según él, la audición con la sensación táctil del oído 
interno (2). 

Gradenigo calcula en 4 ó 6 por 100 los individuos que en sanidad perci- 
ben sonido á la excitación eléctrica del acústicas: en estado de fiebre son 
más los que así se impresionan y oyen ruido interno (3). 

Wundt añade la circunstancia, verdaderamente atendible y cuya im- 
portancia consideraremos en párrafo aparte, que los sordos y ciegos de 
nacimiento, ó quienes para los cuatro ó cinco años de edad han perdido 
uno ú otro sentido, nada sienten por impresión alguna que en las fibras y 
terminaciones cerebrales aun bien conservadas (4) reciban, bastando, 
por el contrario, el haber precedido el uso délos sentidos de vista y oído 
por un tiempo más largo para impresionarse directamente los centros 
cerebrales correspondientes (5), que excitados eléctricamente sentirán 
sonidos ó colores vivos (6). 

Bonnier no aporta nuevo dato al decir: «Tengo para mí que un sordo- 
mudo de nacimiento cuyo aparato auditivo nunca ha funcionado y en 
quien no puede explicarse por excitación alguna precedente la del apa- 
rato auditivo central, dado que haya de sentir algo, tendrá audición y 
no otra sensación cualquiera» (7). Como se habla en sentido condicional, 
nada se asegura si en efecto se da ó no tal sensación. 

He ahí los datos que hemos podido allegar para el problema cuya 
solución buscamos. 



(1) Fuentes.— Tigerstedt, Bonnier, Archiv. etc. 

(2) En Weinmann, pág. 43. 

(3) En Wundt, I, 501, nota. 

(4) Advierte Cajal: «Diversos observadores y nosotros mismos hemos notado que 
en los ciegos ó tuertos (por lesión periférica) el plexo de la estria de Gennari (en donde 
le parece que terminan las fibras ópticas) disminuye mucho en riqueza, desapareciendo 
casi todas sus fibras gruesas.» Textura, II, 882. 

(5) Véase Cajal, 11: «Corteza visual», páginas 866-884; «Corteza acústica humana», 
páginas 885-902. 

(6) Wundt, 1,363,501,502. 

(7) L'Audition, pág. 187. Bonnier participa del error de Wundt atribuyendo á la adap- 
tación la energía específica del oído. ¿Querrán decirnos cuantos asi piensan dónde y 
cómo los elementos atómicos que organizados consUtuyen el oído de un niño recién 
nacido, conservaban y adquirían la adaptación, iniciada, según ellos, hace siglos y aun 
millares de siglos? «Ce domaine est auditif de par la préformation séculaire, archi-millé- 
naire; il y a des miliers de siécles que cet organe (¿este órgano numéricamente el mis- 
mo?) ne sert qu'á cela, et ¡1 ne sert qu'á cela depuis notre naissance», pág. 186. Y aun ha- 
blando de la especie humana, ¿cuándo ha demostrado la ciencia que su aparición data 
de miles de siglos? El mejor cronómetro geológico, el de la catarata de San Antonio 



38 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

Dejando para lo que se diga en la vista estudiar la sensación audi- 
tiva en la corteza acústica incomunicada con los órganos periféricos» 
estudiaremos ahora la audición excitada eléctricamente en el acústicas 
y fibras extendidas desde la periferia á la corteza. 

Primeramente hay que distinguir con Bonnier dos estados del oído, 
el normal y el patológico, que llaman paracusia. Extractaremos casi lite- 
ralmente de su citado libro la descripción de la paracusia, pues su cono- 
cimiento nos pondrá en vías de esclarecer el problema (1). 

¿Qué es la paracusia? Una forma patológica de audición y en extremo 
rara, que precisamente aumenta cuando decae la normal, y pudiera 
decirse que proporcionalmente; cuanto disminuye la una, la otra crece y 
se manifiesta. 

Apenas si percibe el oído normal sonido que no venga de fuera; las 
vibraciones transmitidas por los medios y tejidos orgánicos más ó menos 
densos y elásticos que le rodean, no alcanzan á impresionarle. Verdad 
que si asentamos por su pie u-n diapasón en vibración lenta sobre la 
cabeza ó en los segmentos huesosos adyacentes á la oreja, todos oímos 
mejor ó peor el sonido grave que despide; pero el de oído sano le oirá 
menos bien que si vibrase el diapasón suelto al aire y cerca del conducto 
externo. Aplicado el diapasón vibrante debajo del cuello, como en la cla- 
vícula, en el codo, en las rodillas, etc., el de oído sano por el tacto cono- 
cerá la trepidación, pero sin oír sonido; el de oído imperfecto, aun sonido 
percibirá. Es que el oído se nos ha dado para oír los sonidos exteriores; 
es enfermedad oír los propios é internos: al sano las ondas aéreas, al 
enfermo las vibraciones sólidas despiertan el sentido. La impresionabi- 
lidad exagerada para oir por contacto es, según lo dicho, la paracusia. 

Conato de explicación del fenómeno es la insinuada por Bonnier: en 
oído normal, los medios de transmisión gozan de inercia inmejorable, que 
á los más ligeros vaivenes del aire exterior ceden; mas cuando en un 
punto dado de la cadena de transmisión opone la lesión orgánica un muro 
de resistencia á la propagación sonora, choca en él y se amortigua la 
externa ondulación; la vibración interna, empero, en vez de bifurcarse 



(ciudad de Minneapoli, Estado de Minnesota, E. U.), según diligentísimas medidas del 
geólogo oficial N. H. Winchell (a. 1856), da para el fin del período glacial poco más de ocho 
mil años; en número redondo, diez mil: la aparición del hombre coincide con tal período; 
y aun dado que le hiciéramos interglacial, quince mil años serían de sobra. Y de quince 
mil años á miles de siglos va mucho. La cuestión de los glaciales todavía está muy 
enmarañada para deducirse nada cierto. ¿Pero es ciencia fantasear á su antojo por 
todos esos millares de siglos? Consúltese «Los datos de la Biblia sobre la antigüedad 
del hombre», Muríllo, S. J. (Jesucristo y la Iglesia Romana, P. 2, t. 2.° pág. 424). 

(1) Páginas 150, etc., y 238, etc. Nos referimos á la paracusia de Weber; la de Willis 
al revés, exagera la audición aérea en los medios en trepidación. Personas hay que 
oyen mejor, á pesar del ruido, cuando el vehículo en que viajan corre y salta, que 
cuando se para; la trepidación del vehículo, de que participa el cuerpo entero, mejora 
en tales personas las condiciones de su transmisor auricular. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 39 

hacia dentro y hacia afuera, cual sucede en el oído perfecto y libre de 
tropiezos, teniendo en el imperfecto cerrada la puerta de salir, toda entera 
va hacia la rampa del caracol y oído interno, merced á efecto balístico y 
como choque de ariete hidráulico. 

Es claro que no siempre sucede así; lesiones del oído medio hay, que 
igualmente para fuera que para dentro cortan la transmisión, y dicho 
se está que entonces no habrá refuerzo de sonido interiormente trans- 
mitido. 

Ahora bien, es evidente que la ventaja del oído paracúsico para la 
trasmisión por contacto, aportan las impresiones eléctricas, obteniéndose 
idénticos resultados de oir rumores internos sin ondas sonoras aéreas, 

¡Quién dijera que de la audición, eléctricamente excitada, había el 
sujetivismo de sacar su conclusión acariciada y por dos vías contrarias! 
Por exceso, cuando llega á creer que en el caso general de la audición 
nunca oímos el sonido externo, sino el propio de los órganos auditivos 
que resuenan, según el sentir de la escuela de Helmholtz, como los reso- 
nadores acústicos. Por defecto, cuando con el caso anómalo de la exci- 
tación eléctrica nos objeta que tenemos audición sin sonido real ni objeto 
propio, que entonces no suena ninguno de los órganos de nuestro cuerpo. 
Mala causa debe de ser la que argumenta contradictoriamente. Cuando 
hay sonido externo cuyas ondas nos envuelven, no le oimos; oímos el 
interno de las fibras de Cortí, de la membrana basilar, etc., etc.; en cam- 
bio, las fibras de Corti, la membrana basilar y toda la serie de resonado- 
res internos enmudecen, aun cuando la corriente eléctrica los sacuda 
enérgicamente. 

Dejemos la discusión, que no nos hace al caso, para los fisiólogos 
que se están ocupando experimentalmente de ello, sobre si debe admi- 
tirse ó no tal resonancia para la sensación auditiva ordinaria; cuestión 
en que, apoyados en la veracidad y testimonio del oído, redondamente 
negamos la resonancia entendida en sentido exclusivo, es decir, en cuanto 
que sólo oigamos el sonido de los órganos propios; es evidente que los 
sonidos externos, el estampido de los cohetes, las voces de los cantores, 
los acordes del órgano, los referimos y localizamos fuera de nosotros. 
Aquí preguntamos: ¿las corrientes eléctricas son ó no capaces de pro- 
ducir ruido ó sonido real en los tejidos del organismo? La experiencia 
aboga por la afirmación con innumerables hechos, á lo menos si se trata 
del tejido muscular. 

Tetanizando un músculo por medio déla corriente eléctrica, interrum- 
pida con un diapasón, se escucha auscultando el músculo; el sonido del 
diapasón prueba que hay en el músculo contracciones y dilataciones 
sucesivas, isócronas con las vibraciones de la causa excitadora. Tapando 
con un dedo el oído y poniendo en tensión el brazo correspondiente, 
tiembla el músculo con ruido en sí imperceptible, pero se hace sentir el 
sobretono, que cuenta diez y ocho vibraciones ó variaciones por segunda 



40 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

(Helmholtz, Tigerstedt), En este caso la vibración responde á los impul- 
sos del centro cerebral (Broca), á no ser que digamos con Tigerstedt (1) 
que el murmullo ó son muscular es un son de resonancia del mismo tím- 
pano, excitado por el temblor irregular del músculo. Una sola impulsión, 
V. gr., la sístole, va acompañada de ruido muscular. Débese el rumor 
que al aplicar á la oreja un caracol de mar sentimos, aun en el silencio 
de la noche, á refuerzos y resonancias, cuando no de otros, del mismo 
rumor concomitante á la respiración, pues cesa aquél cuando no hay 
ruido externo, si nos contenemos sin respirar (Zwaardemaker). El cerrar 
del ojo no se oye en el trajín del día, pero en la quietud de la noche 
basta atender al oído para oir el parpadeo como el murmullo de una hoja 
mecida en el árbol^por el viento. Pero no alambiquemos tanto. 

¿No podrán las oscilaciones mecánicas de origen eléctrico lo que 
obtienen los espasmos musculares del aparato entrenador de la caja tim- 
pánica, á los cuales se deben los golpes irregulares que en el estado 
patológico de zumbido se escuchan? (Bonnier). ¿No son tan eficaces 
como las vibraciones del choque de la sangre en la recurva del cayado 
carotidiano, que por dar precisamente debajo del caracol, con poca 
mayor tensión en los líquidos laberínticos, repercuten con el latido sordo 
de las pulsaciones vasculares? (íd.) ¿Les será imposible, enderezando ó 
levantando algo el caracol, aumentar la tensión del líquido laberíntico, y 
hacer más sensibles las pulsaciones y ruidos musculares? 

Intensidad suficiente hay en el sonido eléctricamente producido. La 
amplitud del movimiento de las moléculas de aire en vibración sonora, 
sólo alcanza millonésimas de milímetro; es decir, es mil veces menor que 
el X óptico (Guillemin) (2). El máximo de sensibilidad de nuestro oído es 
respecto del sonido la^, en que se impresiona con una energía de 1.10"'^ 
ergios (Webster). ¿Y no habrá suficiente energía ni suficiente amplitud 
en la conmoción orgánica producida por la corriente para determinar la 
sensación auditiva? 

Deben además notarse dos circunstancias muy atendibles: I.""* Que 
no se trata de oir sonidos articulados, cuya percepción exige mucha 
mayor intensidad, principalmente por razón de las vocales. Tal vez 
100.000—1.000.000 mayor que el mínimo fisiológico (Struyken). 2.^ Que 
las excitaciones eléctricas producen oscilaciones en la atención por causa 
del influjo del centro cerebral, y las oscilaciones de la atención hacen 
perceptibles ruidos que por su debilidad apenas los podemos oir, y pre- 
cisamente se hacen oir al cesar de impresionar el oído (Eckener y 
Dunlap) (3). 



(1) 11,29. 

(2) Les premiers elcments de l'Acoustique Musicale (París, 1904), pág. 96. Véanse otras 
medidas en Archiv fur gesamte PsychoL, t. XIII, pág. m. 

(3) La explicación del hecho parece ser la siguiente: El cambio en el órgano de reci- 
bir alguna á no recibir ninguna impresión, trae un aumento en la reacción vital audi- 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 41 

Sí, con todo eso se necesita refuerzo, y refuerzo poderosísimo, y el 
mismo que en la conducción sonora puede haber en los oídos medio é 
interno, al paso de la corriente eléctrica. 

La lámina propia del tímpano, con sus dos clases de haces ó fibras 
circulares y radiales, combinadas las unas con el músculo tensor (1), 
las otras con el Stapedius (Lucae), puede entrar en juego al excitarse eléc- 
tricamente estos músculos, y sabido es que el juego del tímpano ayuda 
en gran manera la audición, aun de los tonos medios y altos, y es casi 
necesario para los graves (Schaefer y Sessous). 

Si la vía óseo-timpánica es eficaz para la conducción del sonido 
externo, ¿no contribuirá á la impresión auditiva cuando se trate de osci- 
laciones mecánicas producidas por la corriente? Los cuerpos sólidos y 
líquidos de dimensiones relativamente pequeñas dan por resonancia 
semitonos (Kretschmann); ¿quién no ve que en el edificio del oído hay 
cuerpos sólidos, huesecillos, cartílagos, líquidos sujetos á la ley de la 
resonancia semitónica? Para conciliar con la teoría de la resonancia el 
hecho de que los sonidos agudos se oyen más fácilmente que los graves, 
á pesar de la mayor fuerza viva de éstos, se ha apelado á que en la 
membrana de Corti chocan periódicamente los ciliares nerviosos más 
fácilmente arrastrados con los sonidos agudos por la membrana basilar 
(Fischer); ¿y tales choques no podrán producirse con la conmoción eléc- 
trica? Los aparatos conductores del sonido tienen por fin, según Bezold, 
el de transformar los movimientos longitudinales del aire en transversa- 
les, con que se impresionan las terminaciones nerviosas; las excitaciones 
eléctricas ahorran el proceso de transformación. Cambios de presiones 
laterales en el laberinto, ondas estacionarias en sus líquidos, tirantez de 
las membranas, roce de los otolitos, todo pueden ejecutar por sí mismas 
las corrientes eléctricas; ¿es que en tanta multitud de acciones mecáni- 
cas, ni aun contando con la tirantez de las torsiones eléctricas, no puede 
producirse sonido real? ¿Es que pudiendo cada haz -del nervio acústico 
impresionarse con las. excitaciones periódico-mecánicas, comprendidas 
entre ciertos límites (Tominga), sólo permanecen insensibles á las trepi- 
daciones excitadas con las corrientes eléctricas? ¿Es que el nervus acú- 
sticas, con la admirable cabellera de Corti y todas las células papilares 
en que se engarza, es impotente para contraerse y dilatarse al choque 
alterno ó continuo de la onda eléctrica? Tal es la fisiología nerviosa, que 
aun la corriente continua engendra en los nervios vibraciones, y tal su 
dependencia de los ganglios cerebrales, que el ritmo pocas veces coin- 



tiva en que consiste la sensación, que sólo necesita la presencia del objeto en la vir- 
tuosidad recibida en la potencia. 

(1) La contracción del tensor tympani basta á producir reunidos y aun á veces ex- 
cita también secundariamente el nervio óptico, con lo cual variando la entonación de 
éste hay variedad (generalmente disminución) en la claridad del campo visual (Fuchs, 
1893). 



42 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

cide con el de la causa excitadora (1), indicando en esta su independen- 
cia que ella se sirve, sí, de las fuerzas inorgánicas, pero como reina que 
manda, no como soldado de línea. 

Y con esto, ¿qué absurdo fisiológico hay en dar al acústicas en la 
excitación eléctrica un ritmo comprendido entre los límites de la audi- 
ción, ni qué absurdo sicológico en que una célula sensorial oiga el 
rumor de la contigua, ni qué absurdo sicofísico en que la intensidad de 
rumor tan próximo, aunque insignificante, para transmitirse con la pro- 
pagación aérea, sea para la célula sensorial que la escucha, vigorosa y 
fuerte? 

En todo esto campéala conclusión enunciada por el Cardenal Toledo, 
razonando á la verdad con experimentos análogos: «No ser necesario 
que se interponga medio alguno entre el objeto y la potencia para que 
aun los sentidos del oído y vista puedan tener sensaciones imperfectas.» 
Lo cual sostengo, dice, ya porque no veo razón en contrario, ya porque 
la experiencia lo abona. 

El aire interno (2) al oído, en circunstancias agitado, como acontece 
con un fuerte estrépito... sentimos zumbar dentro del oído, sonido que 
por necesidad toca la myringe (epithelium papilar); y, por tanto, puede 
sin necesidad de medio haber sensación auditiva. De igual modo en la 
vista... por fricción del ojo puede á obscuras verse luz interna que nece- 
sariamente está junto al sensorio... en que una parte de la pupila (retina) 
ve la luz producida con la ficción en la inmediata. No hay, pues, razón 
de no verse la luz que en la pupila (retina) salta (3). 

José M. de Ibero. 
(Concluirá.) 



(!) Tigerstedt, II, 19, 308-310. 

(2) Todavía en 1683 Du Vernay, el inventor de la teoría de la resonancia en la audi- 
ción, creía que el oído interno estaba lleno de aire. 

(3) In III De an., c. 1, q. 2, 2« concl., y el ad 2°» et ad 4'° . 



El pemiin de los pecados en la piímiilva iglesia "I 



EL LIBRO DE PUDICITIA 



€, 



^STE libro De piídicitia es un virulento ataque contra los católicos, 
escrito, como el mismo Tertuliano dice de la primera carta de San Pablo 
á los Corintios: non atramento, sed f elle (c. 14, 246, 27). 

Tertuliano combate en nombre de la secta montañista, y se dirige 
unas veces al Papa, á quien irónicamente llama pontifex máximas, 
episcopus episcoporum, psíquico; otras veces á los católicos en general, 
á quien califica también de psíquicos y afeminados. 

Al libro dio ocasión el llamado edicto de Calixto, que Tertuliano nos 
ha transmitido en estos términos: «Audio etiam edictum esse proposi- 
tum, et quidem peremptorium. Pontifex scilicet maximus, quod est epi- 
scopus episcoporum, edicit: ego et moechiae et fornicationis delicia pae- 
nitentia functis dimiito.» (c. 1, 220, 2). 

El objeto de Tertuliano es probar que la Iglesia no puede, ó por lo 
mismo no debe conceder la reconciliación á los adúlteros. Para ello se 
esfuerza por rebatir los argumentos de los católicos y aduce algunos de 
su propia cosecha. 

Los argumentos con que defienden los católicos su opinión son cinco. 
El primero es ad hominem. Los católicos echan en cara á Tertuliano el 
haber cambiado de ideas. El segundo lo deducen de la necesidad de 
hacer penitencia ante la Iglesia. El tercero de la tradición. El cuarto de 
la misericordia de Dios. El quinto del poder que legó Cristo á la Iglesia. 

La respuesta y los argumentos de Tertuliano son más bien teoréticos 
y escripturísticos. Tertuliano hace hincapié sobre todo en la justicia di- 
vina y en la necesidad de conservar intacta la santidad y la pureza de 
la Iglesia. De orden práctico aduce sólo dos. Uno, á nuestro juicio, es 
aparente nada más. El otro lo da como cierto. En la manera y en los 
términos en que está concebido el llamado edicto de Calixto parece in- 
dicar Tertuliano, y así piensan Funk y Batiffol, que el perdón ofrecido 
por el Papa á los adúlteros innovaba esencialmente la disciplina ecle- 
siástica. El otro argumento es para él seguro y de más peso. Tertuliano 
tacha á los católicos de inconsecuentes, pues concediendo el perdón á 
los adúlteros, se lo negaban, según él, á los apóstatas y homicidas, cuyo 
pecado, dice, es menor. 

La cuestión, pues, que nosotros tenemos que estudiar queda redu- 



(1) Véase Razón y Fe. t. XXV, pág. 360. 



44 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

cida á estos términos: Primero. ¿Se puede deducir lógicamente del libro 
De piídicitia que Calixto innovó la disciplina eclesiástica, concediendo 
el perdón á los adúlteros, y que Tertuliano representa á la tradición? 
Segundo. ¿Merece fe Tertuliano al afirmar que los católicos negaban la 
absolución á los apóstatas y homicidas? Veamos lo que nos dicen las 
fuentes, comenzando por la respuesta de Tertuliano á los argumentos de 
los católicos. 

Éstos le tachan ante todo de ligereza y de haber cambiado de opi- 
nión; y ¿qué responde Tertuliano? Cualquiera aguardaría de su pluma 
una rotunda negativa. Nada de eso. Al contrario: confiesa abiertamente 
que si, que tienen razón. Ve además que este cambio será un arma po- 
:derosa que los católicos esgrimirán contra él. Sin embargo, no sólo no 
se avergüenza, sino que se gloría en ello; y ¿por qué? Porque se siente 
más puro y casto que antes (quia meliorem me et pudiciorem reco- 
gnoscó). «Nadie se avergüenza de sus adelantos.» También la ciencia de 
Cristo y del Apóstol tuvo diferentes etapas (1). 

La respuesta no puede ser más extraña. Si Calixto fué el primero 
que introdujo en la Iglesia la práctica de absolver á los adúlteros, ¿por 
qué no retuerce Tertuliano el argumento contra sus adversarios? La res- 
puesta que procedía en tal caso era: «Vosotros me achacáis á mí el 
haber cambiado, y no os percatáis que vosotros habéis hecho otro tanto 
concediendo el perdón á los adúlteros, cosa hasta el presente inaudita 
en la Iglesia.» ¿Por qué Tertuliano, espíritu esencialmente lógico y ma- 
ligno, no acude á esta argumentación? Es que no podía. Sus ideas, con- 
.fiesa él mismo, habían completamente cambiado. Esta propia confesión 
es preciosa, porque nos da derecho á concluir que en el tratado De pae- 
nitentia admitió Tertuliano que se debía conceder la absolución ecle- 
siástica á los adúlteros, y al mismo tiempo que Calixto con su decreto 
• no innovó nada. 

El segundo argumento de los católicos lo conocen ya nuestros lec- 
tores. Todo el mundo, dicen, tiene que hacer penitencia ante la Iglesia. 
Ahora bien: si la Iglesia no concede el perdón á todos los penitentes, tal 
penitencia es inútil. Por otra parte, como nada se ha de hacer inútil- 
mente, ó se concede el perdón á todos, ó no se les debe obligar á hacer 
•penitencia ante la Iglesia (2). Tertuliano es el primero en reconocer la 



(1) «Erit igitur et hic adversus psychicos tltulus, adversus meae quoque sententiae 
retro penes illos societatem, quo magis hoc mihi in notam levitatis obiectent. Nun- 
quam societatis repudium delicti praeiudicium. Quasi non facilius sit errare cum pluri- 
bup, quando veritas cum paucis ametur. At enim me non magis dedecorabit utilis levi- 
tas qiiain ornarit nocens. Non suffundor errore quo carui, quia caruisse delector, quia 
meliorem me et pudiciorem recognosco. Nemo proficiens erubescit. Habet et in Christo 
scientia aetates suas, per quas devolutus est et apostolus» (c. 1, 220, 17...). 

(2) «¿>7 enim, inquiunt, aliqua paenitentia caret venia, iam nec in totum agenda tibí 
est. Nihil enim agendum est frustra. Porro frustra agetur paenitentia si caret venia. 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 45 

fuerza de esta argumentación. «Mérito, itaque opponunt, quod eiiis qiio- 
qiie paenitentiae friidum, id est veniam, in siia potestale usurpaverunt. 
Quantum enim ad illos, a quibus pacem humanam conscquitur, frustra 
agitur- (c. 3, 224, 26). 

¿Cómo deshacerse, pues, de la dificultad? Que todo el mundo tenga 
que confesar su pecado ante la Iglesia, y recibir la exomologesis no se 
atreve Tertuliano á negarlo. Más, lo juzga necesario. Á la mujer adúl- 
tera la obliga á ello, aunque no alcance el perdón de la Iglesia. *Haec 
enim erit paenitentia, quam et nos deberi quidem agnoscimus multo ma- 
gis, sed de venia Deo rescrvamus» (c. 19, 262, 25). Tertuliano no encuen- 
tra más salida que negar que la penitencia pública sea inútil y dura, aun- 
que no obtenga fruto alguno visible en esta vida. «Et si pacem hic non 
metit, apud dominum seminat. Nec amittit, sed praeparat fructum. Non 
vacabit ab emolumento, si non vacaverit ab officio. Ita nec paenitentia 
eiusmodi vana nec disciplina eiusmodi dura est» (c. 3, 225, 9...). La so- 
lución no puede ser más floja. Con esto prueba Tertuliano que es meri- 
torio confesar su pecado ante la Iglesia, pero necesario no; y precisa- 
mente de la necesidad de acudir á la Iglesia para obtener perdón de los 
pecados deducen los católicos la obligación que tiene ésta de absolver-: 
los. Lo que debía de haber hecho Tertuliano, si, como se dice, represen-, 
taba á la tradición, era apelar á ella. Además aquí se le ofrecía de nuevo 
otra ocasión hermosa de hacer ver á los católicos su inconsecuencia. 
Pues si era verdad que negaban la absolución á los idólatras y homi- 
cidas, exigiéndoles al mismo tiempo la penitencia eclesiástica, nada 
hubiera sido tan eficaz como el haber puesto de manifiesto su contradic- 
ción. La respuesta evasiva de Tertuliano nos lleva, pues, á las mismas- 
conclusiones del argumento anterior. 

Que la tradición estuviera de parte de los católicos lo reconoce el 
mismo Tertuliano. Los católicos oponían contra su nueva doctrina al 
Pastor Hermae, uno de los testigos más autorizados, miembro de la Igle- 
sia romana y estimado en todo el Occidente, y tenido algún tiempo por. 
muchos como inspirado. Tertuliano no quiere reconocer su autoridad. 
«Hermas, dice, es un libro apócrifo, como tal declarado aun entre voso-: 
tros. Hermas es, sobre todo, el Pastor de los adúlteros, Pastor moc- 
chorum. Adúltero es su escrito y por lo mismo patrocinador de los" 
católicos» (1). He ahí la suprema razón por que rechaza su autoridad. 
Hermas es un argumento formidable contra su tesis, porque representa. 



Omnis autem paenitentia agenda est. Ergo omnis veniam consequatur, ne frustra aga-^ 
tur, guia non erit, si frustra agatur. Porro frustra agitar, si venia carebit» (c. 3, 
224,21...). 

(1) «Sed cederem tibi, si scriptura Pastoris, quae sola moechos amat, divino in- 
strumento meruisset incidí, si non ab omni concilio Ecclesiarum, etiam vestrariim/ 
Ínter apochrypha et falsa indicaretur, adultera et ipsa et inda patrona sociorum» 
(c. 10, 240, 11...). 



46 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

la disciplina de la Iglesia romana, en la que antes de Calixto se conce- 
día la paz á los adúlteros. ¡De qué distinta manera le trataba el mismo 
Tertuliano al escribir su libro De paenitentia, en que copiaba de él las 
ideas expuestas en el capitulo séptimo y parte del quinto! Lo natural era 
que Tertuliano buscara la solución de la dificultad en la tradición y en 
la práctica de la Iglesia; pero como á ésta no se puede acoger, acude al 
sarcasmo. En el decurso de la polémica creyó poder oponer á Hermas 
un testimonio de San Bernabé (1). Pero el texto es de San Pablo en su 
carta á los Hebreos, y además puramente teorético, sin que toque en 
nada la cuestión del poder y disciplina. 

El cuarto argumento de los católicos es: «Dios perdona á todo peca- 
dor arrepentido, luego la Iglesia también debe perdonarlos.» Los párra- 
fos que Tertuliano pone en boca de los católicos, á pesar de salir de una 
pluma montañista, están llenos de unción, «Ceterum Deas, inquiunt, to- 
nas ei óptimas et misericors etmiseraior et misericordiae plarimas, qaam 
omni sacrificio anteponit, non tanti dacens peccatoris mortem qaam pae- 
nitemtiam, salatificator omniam hominum et máxime fideíiam. Itaqae 
et filios Dei misericordes et pacificos esse oportebit, donantes invicem 
sicat ei Christus donavit nobis, non indicantes, ne iudicemar» (c. 2, 
222, 9). 

Este argumento de los católicos lo tiene Tertuliano por el fundamento 
de su doctrina. Al objetarle: Quid si et hic responderé concipias, adimi 
qaidem peccatoribus vel máxime carne pollatis communicationem, sed 
ad praesens, restituendam scilicet ex paeniteníiae ambitu, secundam 
iííam clementiam Dei, quae mavalt peccatoris paenitentiam qaam mor- 
tem?, responde exasperado: Hoc enim fundamentum opinionis vestrae 
usqueqaaque pulsandum est(c. 18, 260, 22). 

Á propósito de este punto, ha indicado el P. Stufler que la polémica 
entre católicos y montañistas más que disciplinar era dogmática. Todos 
convenían en que á los que Dios perdonaba, debía también perdonar la 
Iglesia. Lo que se trataba de averiguar era si el perdón de Dios se exten- 
día á todos. Los montañistas lo negaban, mientras que los católicos lo 
afirmaban (2). 

La idea del P. Stufler nos parece verdadera, aunque nosotros la for- 
mularíamos de otra manera. La cuestión por sí misma era disciplinar, 
puesto que se trataba de si la Iglesia debía recibir ó no en su seno á los 
adúlteros; pero la razón principal, con que ambas partes procuran pro- 
bar su tesis, es de carácter puramente dogmático. En este sentido es 
muy cierto que la polémica se concentró sobre todo en este punto: ¿Hasta 



(1) «Extat enim et Barnabae titulus ad Hebraeos, a Deo satis auctoritati viri... et uti- 
que receptiorapud Ecclesias epístola Barnabae illo apochrypho Pastore moichorum» 
(c. 20, 266. 17...). 

(2) Zeitschrift, 1908, pág. 14... 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 47 

dónde se extiende la misericordia de Dios? De los 22 capítulos que tiene 
el libro, 13 nada menos (2, 7-19) los ocupa este argumento. 

Nada da á conocer mejor la fuerza de lógica que aquí mostraban los 
católicos como lo penoso de la refutación de Tertuliano. 

Ante todo echa mano del sarcasmo, como de ordinario. Para él son 
estas frases adulaciones de Dios, lenitivos afeminados, buenos sólo para 
dar al traste con el vigor de la disciplina (1). Aludiendo á la doctrina de 
Hermas, exhorta irónicamente al bautizado á abandonarse á su pasión, 
que Dios es bueno y le tiende sus brazos, que de adúltero se volverá 
cristiano. Hay que leer las expresiones mismas de Tertuliano, escritas en 
ese latín medio salvaje y tan característico suyo, para darse cuenta de 
la hiél que en sí encierran (2). 

Pero Tertuliano se siente agobiado por el cúmulo y peso de los argu- 
mentos de los católicos. Del Antiguo Testamento, el perdón concedido 
al homicida Nabot, al adúltero y homicida David, los ejemplos de Lot, 
Judas y Oseas (c. 6); del Nuevo, las parábolas del dracma, de la oveja 
perdida, del hijo pródigo, la absolución de la Magdalena y de la Sama- 
ritana, del incestuoso de Corinto, nada omiten los psíquicos en pro de 
su tesis (7-19). 

La refutación exigía algo más que el sarcasmo y la ironía. Del argu- 
mento del Antiguo Testamento se deshace Tertuliano diciendo que tam- 
bién fueron castigados 24.000 hombres por haber abusado de las hijas 
de los Madionitas, y sobre todo, que esto pasaba en la antigua ley, pero 
en la nueva no hay ya perdón para los adúlteros (c. 6). Esta respuesta 
es una de tantas de las que estila Tertuliano. ¡De qué distinta manera 
nos pintan la ley nueva, ley de amor, los Sinópticos y San Pablo! 

Contra los ejemplos del Nuevo Testamento organiza Tertuliano un 
ataque sistemático; pero desde un principio cae en un apriorismo tenden- 
cioso. Su primer paso es dar por cierta su tesis y luego explicar las pará- 
bolas en conformidad con ella: «jVos autem quia non ex par abolís mate- 
rias commentamur, sed ex materiis parábolas ínterpretamur, nec valde 
laboramus omnía in expositione torquere, dum contraría quaeque ca- 
veamus» (c. 9, 235, 25...). Más explícito es aún en el mismo capítulo, un 
poco más abajo: «Nunc de filio prodigo id prius consíderandum est 



(1) «Talia et tanta fulilia eorum, quibus et Deo adulantur et sibi lenocinantur, effe- 
minantia magis quam vigoraníia disciplinan!, quantis et nos et contrariis possumus re- 
percutere, quae et Dei severitatem intemptent et nostram constantiam provocent?» 
(c. 2, 222, 17). 

(2) «Age tu funambule pudicitiae et castitatis et omnis circa sexum sanctitatis, qul 
tenuissimum filum disciplinae eiusmodi veri avia pendente vestigio ingrederis, carnem 
spiritu librans, animam fide moderans, ocul um metu temperans. Quid itaque in gradu 
totus es? Perge sane, si potueris, si volueris, dum taní securus et quasi in solido es. 
Nam si qua te carnis vacillatio, animi avocatio, oculi evagatio de tenore decusserit, 
Deus bonus est: suis, non ethnicis, sinum subicit; secunda te paenitentia excipiet: erls 
iterum de moecho Ciiristianus» {c. 10, 240, 1). 



48 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

quod ufilíusy (236, 23). Y claro está, lo más útil para Tertuliano ya se 
ve lo que era. 

Pero hay aún algo más que un apriorismo tendencioso. Con razón se 
ha acentuado tanto, que Tertuliano al responder á esta prueba se ha visto 
obligado á retractar la segunda parte de su libro De paeniteniia (1). 
Nuestros lectores recordarán la insistencia con que en el capitulo octavo 
encarecía la misericordia de Dios para con los pecadores bautizados. 
Para ello se fundaba en las tres parábolas citadas del dracma, de la oveja 
perdida y del hijo pródigo; en las palabras del Señor qui misericordiam 
mavult qaam sacrificia (Oseas, 6, 6); en la exhortación que hace á los 
Tiatiros á que salgan de sus deshonestidades (Apoc, 2-20); en la parte 
que toman Cristo y la Iglesia en el dolor y en la alegría del pecador 
arrepentido, y, finalmente, en las plegarias que por él dirige al Padre 
Jesucristo. «Aeque illi cum super te íacrymas agunt, Christus patitur, 
Christus patrem deprecatur. » 

Pues bien: en el De pudicitia afirma que las tres parábolas menciona- 
das no hablan del pecador bautizado, sino del gentil (c. 7-11). «Ad hoc 
Dominus pecudis perditae restitutionem cum figurasst, cui alii configu- 
rasse credendum est quam ethnico per dito, de quo agebatur, non de 
Christiano, qui adhuc nemo?» (c. 7, 231, 1). «Perinde drachmae parabolam 
ut ex eadem materia provocatam, aeque in ethnicum interpretamur, etsi 
in domo amissam, quasi in Ecclesia, etsi ad lucernae lumen repertam, 
quasi ad Dei verbum (ibid. 232, 4). «Plus est igitur si nec expedit in 
Christianam convenir e ordinem filii prodigi» (ibid., 237, 12). 

Las palabras de Oseas (6, 6) carecen ya de valor. «Sed hoc voluntpsy- 
chici, ut Deus iusti iudex eius peccatoris paenitentiam malit quam mor- 
íem, qui mortem paenitentia maluit» (c. 10, 239, 31). Otro tanto afirma 
de las del Señor á los Tiatiros (Apoc, 2, 20). Quasi in Apocalypsi mani- 
festé fornicationi posuerit paenitentiae auxilium, ubi adangelum Thya- 
tirenorum spiritus mandat habere se adversus eum, quod teneret mulie- 
rem Jezabel, quae se propheten dicit et docet, atque seducit servas meos 
ad fornicandum et edendum de idolothytis. Et largitus sum illi tempo- 
ris spatium, ut paenitentiam iniret, nec vulteam inire nomine fornicatio- 
n/s.» Luego añade: Esta penitencia prometida á Jezabel equivale á la 
primera, porque se trata de una hereje, y si se refiere á la segunda, enton- 
ces haec erit paenitentia, quam et nos deber i quidem agnoscimus multo 
magis, sed de venia Deo reservamus (c. 19, 261, 29, 30; 262, 1. 24.). Más 
chocante es aún la contradicción de Tertuliano al asegurar que por los 
blasfemos, homicidas y adúlteros no ruega ya Cristo: Horum ultra exora- 
tor non erit Christus (c. 19, 265, 25), ni se regocija la Iglesia en su conver- 
sión, sino que se avergüenza (c. 1,222, 6). «Eumdem limitem liminis 



(1) Stufler, Zeitschrift, 1908, 26; Esser, Der Katlwlik, 1907, 196. 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EX LA PRIMITIVA IGLESIA 49 

moechis quoque et fornicatoribus figimus ieiunas pacis lacrimas profii- 
suris nec amplias ab Ecclesia quam publicationem dedecoris relaturis» 
(c. 1, 222, 6). 

Los católicos instan de nuevo con los hermosos hechos de la Magda- 
lena y de la Samaritana, á quienes absolvió Cristo. Tertuliano responde 
con desenfado: «So// Domino hoc licet» (c. 11, 241, 9). 

Los católicos replican: esta es una escapatoria. San Pablo absolvió 
al incestuoso de Corinto (2. Cor., 2, 5...); ¿cómo puede decirse que esto 
sólo es lícito al Señor? La dificultad que á Tertuliano crea este caso 
práctico es indescriptible. Desde el capítulo 13 al 19 la da mil vueltas, 
sin poder al fin desenredarla por completo. 

La primera solución que se le ocurre es que el pecador á quien 
absuelve el Apóstol en la segunda carta á los Corintios no es el inces- 
tuoso de quien habla en la primera (5, 1...), sino otro pecador deshonesto 
que había cometido un pecado menos grave y remisible. Al incestuoso 
le había excomulgado para siempre; por eso dice la Escritura: « Tradidit 
eum in interitum carnis... non in enmendationem, sed in perditionem 
tradidit satanae» (c. 13, 245, 27). La absolución, prosigue, argüiría en el 
Apóstol una ligereza, bien extraña de su carácter (c. 14, 250, 5...). Luego 
hace un examen minucioso de las dos cartas á los Corintios y acumula 
textos de otras cartas de San Pablo para robustecer su opinión. Sin 
embargo, á pesar de todo, no queda tranquilo, y al fin del capítulo 17 
llega á conceder que si de hecho el Apóstol perdonó el incesto al fiel de 
Corintio, fué una excepción, como cuando mandó circuncidar á Timoteo, 
siendo así que luego suprimió la circuncisión. 

Pero instan de nuevo los católicos: El Apóstol, es verdad, excomulga 
en algunas de sus cartas á los impúdicos, pero sin negarles por eso el 
perdón que se concede al fin de la exomologesis (1). Tertuliano se 
inquieta Sequebatiir et hoc psychicos sapere (c. 18, 259, 1...), y acude 
de nuevo á la Escritura para rebatir el ataque. Esta vez se gloría de 
poder citar al lado del Apóstol San Juan (c. 18, 19). Pero los católicos 
vuelven á urgir que sus textos no prueban más sino que á los adúlteros 
se les debe excluir temporalmente de la Iglesia, hasta que hayan hecho 
penitencia, y esto es lo que pide la misericordia del Señor. Este continuo 
recurso de los católicos á la misericordia divina le exaspera, y en un tono 
rabioso le hace exclamar: «¿Hasta cuándo vais á estar machacando con 



(1) «Sed haec, ínquít, ad interdictionem pertinebunt omnis impudicítiae et ad indi- 
ctionem omnis pudicitiae, salvo tamen loco veniae, quae non statimdenegatur, si delicia 
damnantur, quando veniae tempus cuní damnatione concurrat, quam excludit» (c. 18, 
258, 28). 

«Quid, si et hic responderé concipias, adimi quidem peccatoribus vel máxime carne 
poUutis communicationem, sed ad praesens, restituendum scilicet ex paenitentiae 
ambitu secundum illam clementiam Dei, quae mavult peccatoris paenitentiam quam 
mortem?» (c. 18, 260, 22). 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 4 



50 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

este martillo de vuestra opinión?» (18, 260, 26). Finalmente, resumiendo 
toda su argumentación, concluye que si el Apóstol, al excomulgar á los 
adúlteros, entendía hacerlo sólo temporalmente, lo debía de haber 
dicho, y que en todo caso sus palabras más favorecen su opinión que la 
de los católicos (1). 

No es nuestro intento ni conduce á nuestro fin descubrir los sofismas 
exegéticos de que abunda la argumentación de Tertuliano. Sólo llama- 
mos la atención del lector sobre lo fácil que hubiera sido soltar la difi- 
cultad, si de hecho el caso de Corinto hubiera sido una excepción, y en 
el transcurso de tiempo que corrió hasta el momento en que Tertuliano 
escribía su polémica hubiera reinado en la Iglesia el uso contrario. Tam- 
poco conviene pasar por alto otra circunstancia capital, y es que al 
famoso decreto de los apóstoles, Visum est enim Spiritui Sancto etnobis 
nihil ultra imponere vobis oneris quam haec necessaria: ut abstineatu 
vos ab inmolatis simulacrorum et sanguine etsiiffocato et fornicatione, 
a quibus custodientes vos beneagetis (Act, 15, 28...), le da intencionada- 
mente una interpretación falsa (c. 12, 241, 28...). La palabra sanguine la 
interpreta por homicidio, y todo el decreto, según él, encierra la reser- 
vación á solo Dios de los tres pecados capitales (c. 12). Hemos dicho que 
Tertuliano hace esto intencionadamente, y esto lo ha demostrado Esser 
con evidencia, poniendo de relieve que hasta él nadie había entendido el 
texto en tal sentido, y que el mismo Tertuliano en la Apologia (9) y en 
el tratado De monogamia (c. 5), escrito poco antes del De pudicitia, le 
da la interpretación común y única verdadera (2). La misma arbitra- 
riedad exegética se echa de ver en la explicación de la mayoría de los 
otros textos (c. 15-19) (3). 

Quinto argumento de los católicos: La Iglesia tiene poder para perdo- 
nar todos los pecados, luego en vano se la quiere privar de ejercerlo. 
«Seí/ habet, inquis, potestatem Ecclesia delicia donandi» (c. 21, 269, 21). 
Los católicos apelan primero al ejemplo de los Apóstoles, y segundo al 
capítulo 16, V. 18 de San Mateo. «Etego dico Ubi quia tu es Petrus, etc., 
et quodcumque ligaveris super terram, erit ligatum et in caelis et quod 
cumque solveris super terram, erit solutum et in caelis. 

La respuesta de Tertuliano adolece de los mismos defectos que las 
hasta aquí estudiadas. En el capítulo 1.° pone en duda el poder de la Igle- 
sia para absolver á los adúlteros. <^Non habet quibus hoc repromittat, et 

(2) «Debuerat enim quae damnaverat prolnde determinasse, quonam usque et sub- 
qua condicione damnasset, si temporali et condicionaii et non perpetua severitate dam- 
nasset. Porro cum in ómnibus epistolis et post fidem taiem proliibeat admitti et admis- 
sum a communicatione detrudat, sine spe condicionis ullius aut temporis, nostrae 
magis sententiae adsistit, eam paenitentiam ostendens Dominum malle, quae ante 
fidem, quae ante baptisma morte peccatoris potior Jiabeatur, semel diluendi per Christi 
gratiam, semel pro peccatis nostris morte functi» (c. 18, 261, 6). 

(1) Der Katholik, 1908, 104-8. 

(3) Ib id, 1907., 196., 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 51 

Sí habuerit, non repromittity (220, 14). En el 21 lo niega rotundamente: 
Quis autem poterat donare delicia? hoc solías ipsius (spiritus) est. Quis 
enim dimittit delicia nisi solas Deas? ei atiqae morialia quae in ipsum 
faerii admissa ei in iemplam eias?» (269, 2...). Es verdad que algunas 
líneas más abajo, al objetar los católicos que tiene poder para perdonar, 
contesta Tertuliano maliciosamente: «Hoc ego magis et agnosco ei dispo- 
no, qui ipsam paracleiam in propheiis novishabeo diceniem: poiesiEccle- 
sia donare delicium, sednonfaciam, ne ei alii delinqaani» (269, 25). Pero 
con esto no hace concesión ninguna. La palabra Ecclesia hay que enten- 
derla en sentido montañista, y como dice él luego: *Ei ideo Ecclesia qui- 
dem delicia donabii, sed Ecclesia spiriius per spiriialem fiominem, non 
Ecclesiae namerus episcoporum» (c. 21, 271, 8). Por consiguiente, este 
poder reside en la Ecclesia Spiriius, no en el Papa y en los Obispos. 
Eso sí; esta doctrina, y esto no hay que olvidarlo, no es la tradicional, 
sino una doctrina nueva traída por los nuevos profetas montañistas. Con 
esta frase se ha vendido Tertuliano á sí mismo. 

Además, al exponer el argumento de los católicos comete Tertuliano 
una omisión imperdonable, con el fin preconcebido, claro está, de dar 
más verosimilitud á su teoría. El texto más claro y apodíctico que existe 
para probar el poder de absolver en la Iglesia es el del Evangelio de 
San Juan (20, 21, 23). Á él acude sobre todo Orígenes, unos años más 
tarde. Pues bien, Tertuliano no dice sobre él ni una palabra. Y no es que 
el Evangelio de San Juan le fuera desconocido, pues en el libro adv. Marc. 
IV, 2,5, defiende su autenticidad junto con la de los otros evange- 
lios, y en el libro adv. Praxeam (25) cita el capítulo 20, 31. El fin que en 
ello ha tenido salta á la vista. 

Y ¿cómo se arregla para resolver los otros dos argumentos del ejem- 
plo de los Apóstoles y del texto de San Mateo? (c. 16, v. 18...). Con su 
arbitraria teoría de los carismas. Tertuliano distingue entre la disciplina 
y la potestad. La potestad conviene sólo á Dios; mas es el espíritu, y el 
espíritu es Dios. "Sed rarsam quid poiesias? spiriius, spiriius auiem 
Deus» (c. 21, 268, 31). La potestad se extiende á todos los pecados, la 
disciplina sólo á los menores y remisibles, de ningún modo á los mayo- 
res y, sobre todo, á los tres capitales. Por consiguiente, si los Apóstoles 
perdonaron alguna vez pecados de sola competencia divina, lo hicieron, 
no en virtud de la disciplina, sino de la potestad. *Iiaqaesi ei ipsos bea- 
tos aposiolos iale aliquid indulsisse consiarei, cuius venia a Deo, non ab 
homine compeler ei, non ex disciplina, sed ex poiesiaie fecisseni. Nam ei 
moríaos susciiaveruni quod Deas solas» (c. 21, 269, 7). La disciplina es 
necesaria para gobernar la Iglesia, y debe, por lo mismo, poder absolver 
de las faltas que contra ella se cometan. Disciplina hominem gubernai... 
Nam Ubi quae in le reaium habeani eiiam sepluagies sepiles iuberis 
indulgere in persona Peiriy> (ibid., 268, 30; 269, 5...). Para absolver de los 
pecados que violan el templo de Dios hace falta la potestad, y ésta es 



52 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

un carisma como el don de hacer milagros, pofestas adsignaf (ibid. 268). 
Sentada esta premisa, completamente arbitraria, no era difícil á Tertu- 
liano rebatir los argumentos católicos. En tono provocador apostrofa al 
Papa en estos términos: «Muéstrame ¡oh apostólico! tus ejemplos pro- 
féticos, para que conozca en ellos la divinidad y arrógate, enhorabuena 
el poder de perdonar estos crímenes; pero si á ti no ha sido legado más 
que el oficio de la disciplina y el de regir, no con imperio, sino como 
ministro, ¿quién eres tú para perdonar sin ser profeta ni apóstol ni tener 
la virtud á la que esto corresponde?» (1). 

Contra el texto de San Mateo replica que el apropiárselo el Papa á 
sí mismo es una usurpación. Estas palabras se las dijo el Señor á San 
Pedro personalmente. La prerrogativa que en ellas se contiene es un 
carisma, único suyo... «De taa nunc senientia quaero, ande hoc iiis Eccle- 
siae usurpes: si guia dixerit Petro Dominus: super hanc petram aedifica- 
bo Ecclesiam meam, ubi dedi claves regni caelestis, vel, quaecumque al- 
ligaveris vel solver is in térra, erunt alligata vel soluta in caelis, idcirco 
praesumis et ad te derivasse solvendi et alligandi potestatem, id est ad 
omnem Ecclesiam Petri propinquam? Qualis es, evertens atque commu- 
íans manifestam Domini intentionem personaliter hoc Petro conferen- 
tem? Super te, inquit, aedificabo Ecclesiam meam, et, dabo tibí claves, 
non Ecclesiae, et quaecumque solveris vel alligaveris, non quae solve- 
rint vel alligaverint» (c. 21, 269, 31; 270, 1...). Tertuliano para salvarse 
se ve forzado á falsificar el sentido de un texto clarísimo, y esto con la 
mayor desenvoltura. Ni se contenta con esto. En conformidad con sus 
ideas exegéticas, restringe este carisma de Pedro y los Apóstoles al 
poder de perdonar por medio del bautismo, no por medio de la absolu- 
ción sacramental. Lo extraordinario de la prerrogativa lo reduce á que 
ellos habían de ser los primeros en bautizar. 

¿Á qué conduce toda esta arbitrariedad exegética? Si de hecho él 
era el representante de la disciplina tradicional, ¿por qué no se escuda 
con ella? Con haber contestado que la Iglesia primitiva no absolvía á 
los adúlteros, á pesar de conocer como conocía, sin duda, estos textos^ 
hubiera hecho callar á los católicos. Pero como esto no lo puede hacer, 
combate la tesis en teoría y niega á la Iglesia la potestad de las llaves 
sobre los pecados que él llama irremisibles. 

Así suelta Tertuliano los argumentos católicos. Las soluciones no 
pueden ser ni más flojas ni más contrarias á la teoría de Funk y BatiffoL 
Estudiemos la parte positiva de su tesis y veamos si les es más favorable. 



(1) D'Ales, La Theologie de Tertullien, París, 1905, pág. 230, nota 7; pág. 519. 

(2) «Exhibe igitur et nunc mihi, apostolice, prophetica exempla, ut agnoscam divinl- 
tatem, et vindica tibi delictorum eiusmodi remittendorum potestatem. Quod si discipli- 
nae solius officia sortitiis es, nec imperio praesidere, sed ministerio, quis aut qiiantus 
es indulgere, qui ñeque proplietam nec apostolum exhibens cares ea virtute cuius est 
indulgere» (c. 21, 269, 16). 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 53 

No cabe dudar que en la primitiva Iglesia dominaba una corriente 
rigorista. El primer documento literario en que se manifiesta es Hermas, 
con su penitencia segunda, concedida sólo una vez: Tertuliano, espíritu 
esencialmente severo, siguió á Hermas en sus tiempos católicos; pasado 
al montañismo, se recrudece su severidad, y en principio lo llevó á recha- 
zar toda penitencia para los pecados cometidos después del bautismo. 
Pero lo que rechazaba en principio no lo podía realizar prácticamente, 
so pena de acabar por completo con la Iglesia visible. Tertuliano siente 
entonces la necesidad de una demarcación de límites é inventa la distin- 
ción de pecados en remisibles é irremisibles. -^Haec (delicta) dividimus 
in dúos exitus: alia erunt remissibilia, alia inremissibilia» (c. 2, 223, 29). 
Paralelamente á esta doble categoría de pecados tenían que surgir dos 
penitencias. <^Secundüm hanc differentiam delidorum, paenitentiae 
qaoque conditio discriminatur. Alia erit quae veniam consequi possit, 
in delicio scilicet remissibili, alia quae consequi nullo modo possit, in 
delicio scilicet inremissibili» (c. 2, 224, 13...). Los pecados remisibles, 
aunque mortales, nacen más bien de la flaqueza humana (cotidianae 
incursionis, c. 19, 265, 13), son como inherentes á ella, ofenden directa- 
mente al hombre y obtienen perdón eclesiástico: si así no fuera, no 
habría salvación para nadie. Por ellos ora Cristo al Padre (1). La Iglesia 
los puede perdonar septuagies sepiles (c. 21, 269, 6). Los irremisibles. 
por el contrario, encierran una malicia intrínseca especial, violan direc- 
tamente el templo de Dios. Por ellos no ruega ya Cristo, ni la Iglesia 
tiene autoridad para perdonarlos (2). 

He aquí un catálogo de ambas categorías. Remisibles: Perit igitur 
etfidelis elapsus in spectaculum quadrigarii furor is et gladiator ii cruo- 
ris et scaenicae foeditatis etxysticae vanitatis, in lusus, in convivía sae- 
cularis solleninitatis, si in offlcium, in ministerium allenae idolatriae 
aliquas artes adhibuit aut incuriosius in verbum anticipitis negationis 
aut blasphemiae impegit. Ob tale quid extra gregen datus est vel et 
ipse forte ira, tumor e, aemulatione, quod denique saepe fit, dedigna- 
tione castigationis abrupit. Debet requiri atque revocar i (c. 7, 232, 21...), 
Nam nec ipsi excídimus a qua digressi sumus distinctione delictorum: 
et hic enim illamjohannes commendavit, quod sint quaedam delicta coti- 
dianae incursionis, quibus omnes simus obiecti. Cui enim non accidet 
aut irasci inique et ultra solis occasum, aut et manum inmittere 
aut facile maledicere aut temeré turare aut fidem pacti destruere aut 
verecundia aut necessitate mentiré? In negotiis, in officiis, in quaestu, 
in victu, in visu, in auditu quanta temptamur? (c. 19, 265, 13...). Irremi- 
sibles: Sunt autem et contraria istis, ut graviora et exitiosa, quae 



(1) «Ut, si nulla sit venia istoriim, nemini salus competat. Horum ergo erit venia per 
axoratorem Patris Cliristum» (c. 19, 265, 21). 

(2) «Horum ultra exorator non erit Christus» (ibid. 25). 



54 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

veniam non capiant, homicidium, idolatría, fraus, negatio, blasphemia^ 
utique et moechia et fornicatio, et si qua alia violatio templi Dei 
(ibid.22;c.2\,269,4...). 

Que esta división artificial sea de origen netamente montañista, es 
claro como la luz. En ningún autor anterior á Tertuliano se encuentra. 
Además, si en alguna parte cuadraba, era en el libro De paenitentia, donde 
exprofeso trata Tertuliano (c. 3) de la distinción de los pecados. Allí no 
se le ocurre otra, sino en internos y externos. Es que la división en remi- 
sibles é irremisibles le era aún desconocida, como á los católicos, á quie- 
nes combate en el De pudicitia. 

Sentada la irremisibilidad de ciertos pecados, era menester probarla. 
Tertuliano se apoya ante todo en la justicia divina. Es la reacción natu- 
ral contra el argumento de los católicos, sacado de la misericordia del 
Señor. Su lema es aquí: «Qa/a etsi bonus natura Deas, tamen et iustus^ 
(c. 2, 222, 21), así como en el De paenitentia había sido el opuesto: «Ule 
est qui misericordiam mavult quam sacrificia» (c. 8.) 

La segunda razón perentoria es que hay que velar por las costum- 
bres y precaver la relajación de la disciplina: «Potest Ecclesia donare 
delictum, sed non faciam (ait spiritus) ne et alii delinquant... sed cum 
plurium malo non vult» (c. 21, 269, 25, 30). «Libertas in Christo nonfecit 
innocentiae iniuriam^ (c. 6, 228, 15). Este es el canon que él observa 
en la interpretación de las parábolas: «Puto me et materiae parabolarum 
et congruentiae rerum et tutelae disciplinarum accomodatiores interpre- 
tallones reddidisse» (c. 9, 238, 16...). Protesta de que los católicos quie- 
ran convertir la Iglesia en cueva de ladrones. La Iglesia es una virgen 
casta, púdica, santa, y así debe permanecer (c. 1.°, 220, 10...). Ya antes, 
en el libro De paenitentia (c. 7), se había mostrado Tertuliano algún 
tanto preocupado al proponer la penitencia segunda. Temía que algu- 
nos tomarían de aquí ocasión para pecar; pero como aún no había roto 
con el catolicismo, no vaciló en prometerla á todos, aunque, siguiendo 
á Hermas, la redujo á una sola vez. Aquí lo antes sostenido ya es letra 
muerta. Para algunos pecados está cerrada para siempre en esta vida 
la puerta del perdón. Esto es incurrir de nuevo en una flagrante contra- 
dicción, pero así lo exige el rigorismo montañista. 

Pasemos ya al argumento que ofrece más dificultad, y en que se apoya 
principalmente Funk. 

¿Cómo, dice Tertuliano, concedéis el perdón al adúltero y se lo 
negáis al idólatra y homicida, cuyo pecado es menor? Esta es la mayor 
de las inconsecuencias. Tertuliano hace hablar á los vicios, que excla- 
man: sigilar aut nec lilis, aut etlam nobls paenltentlae subsidia conve- 
nlent* (c. 5, 227, 19). Esta es una aceptación de personas incalifica- 
ble... (1). Por lo demás, ¿es indigno de Dios y de su misericordia, que 



(1) «Quid agís mollissima et humanissima disciplina? Aut ómnibus eis hoc esse de- 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 55 

prefiere la penitencia del pecador á su muerte, que puedan más fácil- 
mente volver á la Iglesia los que espontáneamente cayeron, que los que 
cayeron peleando? La indignidad nos obliga á hablar. ¿Recibirás más 
bien los cuerpos contaminados que los ensangrentados? ¿Qué peniten- 
cia es más miserable, la que postra á la carne mimada ó á la carne en- 
sangrentada? ¿Quién tiene más derecho al perdón, el que lo implora vo- 
luntariamente ó el que lo hace forzado. El que niega la fe, lo hace aviva 
fuerza; el que comete un pecado de fornicación, libremente (1). 

Las frases no pueden estar mejor escogidas para producir efecto ni 
pueden ser más categóricas. En claridad y aseveración sólo las gana esta 
otra: <^Hinc est, quod ñeque idololatriae ñeque sanguini pax ab Ecclesiis 
redditur- (12, 242, 26). 

¿Qué pensar de esta argumentación de Tertuliano? Dos son las pre- 
misas de que arranca. Primera. El adulterio es más grave que el homi- 
cidio y la idolatría. Segunda. La Iglesia niega la absolución á estos últi- 
mos pecados. 

La primera premisa la pretende probar Tertuliano con el capítulo 20 
del Éxodo, donde están consignados los mandamientos dados por Dios 
á su pueblo, y con el decreto de los Apóstoles. En su raciocinio se des- 
cubre el mismo espíritu sofístico que tantas veces hemos tenido ocasión 
de observar. Para Tertuliano, la señal inequívoca de que el adulterio es 
más grave que la idolatría y el homicidio, es que en ambos lugares se la 
enumera en medio de estos dos pecados, ocupando el puesto preemi- 
nente (2). Con el fin de llegar á este resultado, reduce Tertuliano los 
diez mandamientos á tres: prohibición de la idolatría, del adulterio y del 
homicidio. No hay para qué recalcar la arbitrariedad de semejante reduc- 
ción. Lo que sí conviene advertir es que, aun así y todo, el adulterio no 
está en el lugar citado (Ex., 20) en medio, sino después de la idolatría y 
homicidio. Por consiguiente, el raciocinio de Tertuliano cae por su base. 

En cuanto al decreto de los Apóstoles, ya hemos hecho notar que 



bebis, beati enim pacifici, aut, si non ómnibus, nostra esse. Idololatrem quídem et homi- 
cidam semel dañinas, moechum vero de medio excipis? Idololatrem successorem, 
homicidae antecessorem, utriusque collegam? Personae acceptatio est: miserabiliores 
praenltentias reliquísti» (c. 5, 227, 25...). 

(1) «Ceterum indignum Deo et illius misericordia, qui paenitentiam peccatoris morte 
praevertit, ut facilius in Ecclesiam redeant, qui subando quam qui dimicando cecide- 
runt. Urget nos dicere indignitas: contaminata potius corpora revocabis quam cruéntala? 
Quae paenitentia miserabilior titillatam prosternens carnem an vero laniatam? Quae 
iustior venia in ómnibus causis, quam voluntarius an quam invitus peccator implorat? 
Nemo volens negare compeüitur, nemo nolens fornicatur» (c. 22, 273, 3...). (Véase ade- 
más c. 6, 229, 4...; c. 9, 236, 27...; 238, 18...). 

(2) «Sed cum (fornicatio et moechia) ea sint quae culmen criminum teneant (c. 1, 221 
31). Pompam quandam atque suggestum aspicio moechiae, hinc ducatum idololatriae 
antecedentis, hinc comitatum homicidii insequentis. ínter dúos ápices facinorum emi- 
nentissimos sine dubio digna consedit« (c. 5, 226, 27). 



56 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

esta interpretación es falsa, y que Tertuliano sabía muy bien cuál era la 
verdadera; pero se aparta de ella porque así lo exige su tesis. 

Ahora bien, ¿qué fe merece un autor que tiene que servirse de tales 
estratagemas para defender su opinión? El que tan poco escrúpulo siente 
en falsificar los textos y su interpretación, ¿qué escrúpulo sentirá en 
atribuir á su adversario una impostura? Añádase á esto que esta aser- 
ción contradice á todas las fuentes anteriores y á su mismo escrito De 
paenitentia. 

Recogiendo, pues, todo lo dicho hasta aquí, volvemos á preguntar 
de nuevo: 1.° ¿Se puede deducir lógicamente del libro De pudicitia que 
Calixto innovó la disciplina, concediendo el perdón á los adúlteros, y que 
Tertuliano representa á la tradición? 2.° ¿Merece fe Tertuliano al afirmar 
que los católicos negaban la absolución á los apóstatas y homicidas? 

Á ambas preguntas respondemos categóricamente que no. 

En efecto, si el llamado edicto de Calixto significaba una nueva 
orientación en la disciplina, ¿por qué no se la echa en cara abiertamente 
Tertuliano? ¿Por qué, al achacarle los católicos que había cambiado de 
ideas, no rechaza la acusación indignado y la revuelve contra ellos, 
siendo así que esta era la única respuesta lógica que procedía, sino que 
lo concede y aun alardea de ello? ¿Cómo explicar que él mismo confiese 
que su doctrina es nueva, como Montano y sus profetas? ¿Por qué en el 
tratado De pudicitia se ve forzado á retractar lo sostenido en el libro 
De paenitentia, particularmente la interpretación de las parábolas? ¿Por 
qué no hizo la distinción de los pecados en remisibles é irremisibles en 
el tratado De paenitentia, donde la materia misma y el capítulo 3.°, en 
que trata expresamente esta cuestión, así lo exigían? ¿Por qué procura 
enervar con el sarcasmo la autoridad de Hermas, á quien antes había 
seguido en este punto? ¿Por qué no cita ningún texto de la tradición á 
favor suyo, sino que procura más bien probar su tesis a priori y por la 
Escritura, falsificando el sentido, y una vez, por lo menos, el texto mismo? 
¿Cómo se puede decir que el llamado edicto de Calixto cambiaba la 
disciplina, siendo así que Hermas, San Ireneo, Clemente Alejandrino, 
San Dionisio de Corinto, San Pablo y el mismo Tertuliano en sus tiempos 
católicos han practicado ó enseñado antes que Calixto la misma teoría? 

Por las mismas razones nos parece que Tertuliano no merece fe nin- 
guna al achacar á los católicos el que negaban la absolución á los após- 
tatas y homicidas. Su afirmación está en contradicción manifiesta con 
los testimonios de Clemente de Alejandría, de las actas auténticas de la 
Iglesia de Lyon sobre los mártires del 178-9, de Hermas, de San Dioni- 
sio de Corinto y de su libro De paenitentia. La acusación sale además 
de una pluma exasperada, á quien hemos cogido ya varias veces en fal- 
sificaciones palpables (1). 



(1) En el capítulo 23 dice que Calixto ha concedido el primero á los mártires el poder 



EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 57 

Sobre todo, la frase que á veces se suele aducir: Hinc est quod ñeque 
idololatriae ñeque sanguini pax ab Ecclesiis reddatur (c, 12, 242, 26), 
carece por completo de valor. Aquí habla Tertuliano de las Iglesias 
montañistas, como se desprende de todo el contexto, no de las católicas. 

Es indudable que los cargos que en toda esta exposición se han ido 
acumulando contra Tertuliano son tremendos; pero, á nuestro modo de 
ver, justificados. Algunos los ha sabido exponer Esser con tal maestría 
que han hecho retroceder á Funk y á Batiffol un paso en su teoría. Últi- 
mamente ha llegado á conceder Funk, como probable, y Batiffol como 
cierto, que en tiempo de Tertuliano se absolvía á labora de la muerte de 
los tres pecados capitales. Pero con esta concesión, arguye muy bien el 
P. Stufler, han abandonado su opinión. Pues si esto se admite en tiempo 
de Tertuliano, ¿por qué no se ha de admitir lo mismo en los dos prime- 
ros siglos en que existen testimonios más que suficientes en pro y nin- 
guno en contra? Y ¿por qué se ha de restringir la absolución al momento 
de la muerte, cuando los testimonios no determinan tiempo alguno? (1). 

Aun quedaría por elucidar cuál era el verdadero contenido del lla- 
mado edicto de Calixto, y cómo de él tomó pie Tertuliano para entablar 
su encarnizada polémica. Todos los esfuerzos realizados en este sentido 
no han podido llegar á conclusiones definitivas. Lo más probable es que 
el Papa Calixto dirigió un escrito á algunos Obispos africanos, que, 
según San Cipriano, se resistían á absolver á los adúlteros (2). Como se 
trataba sólo de éstos, el Papa no diría quizá nada de los idólatras y 
homicidas, y de este silencio se aprovecha Tertuliano para acusarle de 
inconsecuente y desahogarse contra él (3). 

Por el mismo tiempo en que Tertuliano, sostuvo San Hipólito contra 
Calixto otra controversia en que entra también de por medio la disci- 
plina penitencial. Funk creía que el testimonio de San Hipólito confir- 
maba su tesis. El texto dice: Ttpíóxo; xá -K^hc. tá? ^^íová; xoT; ávOptüitot^ c'jyxwpeTv 
énevór^asv, Xlyujv Tiaatv utC auToü áifeuOxt ái-iaptíai; (PhilOS-, IX, 12). ScgÚn Funk, 

la extensión de la palabra ■nacrtv |está bien determinada por la expresión 
anterior xá-nrí); tá; ^?ová?. El texto, pues, significaría: «Calixto fué el pri- 
mero que pensó en permitir á los hombres lo que halaga su sensualidad, 
diciendo que á todos (los deshonestos) perdonaba él sus pecados.» Pero 
esta traducción fuerza la construcción natural de la frase. La palabra 
Ttácrtv se extiende á todos los pecados. La restricción es una añadidura 
arbitraria de Funk. Basta leer el texto entero para convencerse de ello. 
Á renglón seguido continúa San Hipólito: 'O yáp -rcap' li£:cp xivi (TjvaY¿[A£vo? 

xa\ ^eyéaívo? x.taxtivó;, íX v. av átjLápxTj, t^aaív, o¿ )oYt;£xxt ah\^ i¡ á;jL2px(a,el itpo;- 



de conceder la paz á los pecadores, siendo así que en el libro Ad mar., c. 1, anterior al 
De pud., hace ya mención de esta prerrogativa. V. Zeitsch., 1908, pág. 36. 

(1) Zeitschrift., 1908, pág. 4. 

(2) Ep. 55, núm. 11, ed. Hartel. 

(3) Zeitschrift, 1908, pág. 37. 



58 EL PERDÓN DE LOS PECADOS EN LA PRIMITIVA IGLESIA 

SpáfjLot T^ Toü Ka).),(aTou (T>to).7¡. Esta cláusula es la explicación lógica de la 
anterior, como lo indica la conjunción yáp. Ahora bien, aquí se vuelve á 
repetir que á los que se agregan á la escuela de Calixto se les perdona 
todo lo que pecaren. Pero lo que quita lugar á toda duda son las si- 
guientes acusaciones que San Hipólito reúne contra el Papa Calixto. «Él 
ha hecho, dice, de la Iglesia un arca de Noé. Sus oyentes no prohiben 
ningún pecado, esparciendo que Cristo perdona á cuantos quieren ser 
perdonados. Enseña el adulterio y homicidio, y en su magnificencia 
ofrece el perdón á todos sin distinción, Tiadt o' áxpkw; irpoacpÉpov ttqv xoww- 
víxv.» San Hipólito, pues, acusa á Calixto de relajación; de conceder el 
perdón demasiado fácilmente y á todos. Por consiguiente, su testimonio 
es enteramente opuesto al de Tertuhano, según el cual Calixto excluía 
de la reconciliación á los idólatras y homicidas. Luego es un nuevo 
argumento en favor de nuestra tesis. 

En todo lo que precede hemos procurado estudiar los dos libros de 
Tertuliano y el testimonio de San Hipólito lo más objetivamente po- 
sible. Al mismo tiempo hemos ido sacando las consecuencias que el 
examen de las fuentes exigía. Al lector imparcial toca ahora juzgar si 
exagerábamos al decir al principio que la tesis de Funk es histórica- 
mente insostenible. 

Zacarías García. 



PR06BES0S iCIR ADELANTE Y HACIA ATBAS 



R. P. R. Ruiz Amado, S. J. 

Mi R. P.: Vengo siguiendo con atención los artículos por usted publi- 
cados en Razón y Fe sobre el Patriotismo, y no puedo callar por más 
tiempo, ni dejar de manifestar á usted mis desconsoladoras impre- 
siones. 

Convengo con usted en que el amor de la patria chica y grande debe 
ser racional. No niego que en el carácter de las naciones, y, por consi- 
guiente, en el de nuestra patria, ejerce un decisivo influjo el elemento 
histórico; pero en lo que no puedo convenir es, en que las naciones, 
por razón de patriotismo , hayan de vivir, permítame usted la frase, 
amarradas á su Historia, sobre todo cuando su Historia viene siendo, 
como la de nuestra pobre España, una sucesión de desventuras que nos 
han ido trasladando insensiblemente desde la cabeza hasta la cola de la 
civilización y prosperidad materiales. 

Sin desconocer el valor de algunas de las razones por usted alega- 
das, temóme no se oculte en el fondo de ellas algo de ese fatalismo 
musulmán que no pocos escritores han querido descubrir en el fondo de 
nuestro carácter, como un sedimento atávico que en nuestras venas 
depositó, al circular por ellas, la sangre moruna. 

¿Qué? Porque en lo pasado hemos sido una especie de Quijotes de 
la Historia Universal, y hemos abandonado y dejado arruinarse nues- 
tra hacienda, por andarnos desfaciendo tuertos por esos mares y cam- 
pos de Europa y de todo el mundo, ¿quiere usted que vivamos indife- 
rentes al movimiento enérgico de avance que en la actualidad arrastra 
poderosamente á todos los pueblos vivos y los lleva á un porvenir de 
riqueza, de progreso industrial y mercantil, de prosperidad y adelanto 
en todos los órdenes de la vida? 

Es verdad lo que usted dice, que nosotros sostuvimos guerras para 
afirmar contra la oleada germánico-protestante la unidad católica de 
Europa, y nos comprometimos para dar á Francia una católica dinastía 
(beneficio que nos pagó poniéndose luego de parte de los protestantes 
alemanes para destruirnos). Pero ¿quién no ve que en la moderna edad 
ya no se empeñan las guerras para sostener ideas religiosas, sino para 
apoderarse de comarcas auríferas, para conquistar puertos al comercio 
nacional y mercados á las industrias indígenas? Y ¿qué papel pudiera 



60 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

representar España en el mundo moderno, si se empeñara en seguir afe- 
rrada á sus ideales del pasado, sino el papel del Caballero de la Triste 
Figura, acariciando los ensueños de la Caballería en una época en que 
ya la Caballería había sido suprimida del mundo? 

Ya sé que no pretende usted excitarnos á bélicas aventuras, para las 
cuales no tenemos ejércitos, ni escuadras, ni, sobre todo, hacienda. Per 
no me parece menos triste ese papel de alcázar del ideal, que señala 
usted á nuestra patria. ¿Vamos á limitarnos, por ventura, á ser una espe- 
cie de museo de instituciones momias, para tener el gusto de que nues- 
tra pobreza y rutinarismo arcaico sirvan de distracción á los turistas 
extranjeros, que, hartos de las comodidades de la vida moderna, vengan 
á admirarse, con nuestro ejemplo, de la manera frugal y mísera como 
vivieron sus abuelos en tiempos pasados? 

Esas ¡deas son tanto menos perdonables en usted, Padre mío, cuanto 
que no ha pasado usted su vida á vista del campanario de su aldea. Us- 
ted ha visitado á Suiza, Francia, Alemania, Inglaterra; y animado, como 
me complazco en reconocer que usted lo está, por el sacro fuego del 
patriotismo, ¿no se ha llenado usted de santa envidia al contemplar el 
adelanto de su agricultura, de su fabricación, de sus riquezas, que nos 
hacen parecer miserable nuestro país, á la vuelta de semejantes viajes? 

Pues bien: también yo conozco esos países, y he viajado, sobre 
todo, en los Estados Unidos de América, y le aseguro á usted que, no 
menos inflamado que usted en el amor á mi patria chica y grande, lo 
que yo deseo para ella son esos progresos asombrosos de sus artes 
é industrias, esas gigantescas obras hidráulicas, esos medios de loco- 
moción que alargan la vida, abreviando el tiempo que de ella perde- 
mos aquí, en nuestros trenes de poca velocidad y puntualidad todavía 
más escasa. 

En este sentido creo debemos entender y predicar el patriotismo; y 
para esto, en lugar de aferramos á glorias imaginadas del tiempo preté- 
rito, lo que nos urge es romper con nuestras tradiciones de vano orgullo 
nacional, de pereza y falta de iniciativa, de una inacción que se pare- 
cería al Nirvana, si no le quitaran la semejanza las panderetas y casta- 
ñuelas. 

En pensar así imagino yo que consiste la verdadera orientación; y, 
sobre todo, en obrar así tengo la persuasión íntima que está el verda- 
dero patriotismo. 

Y porque no quiero fatigar á usted con mi p-'olijidad (aunque me 
quedo con hartas cosas en el buche), concluiré diciéndole, que me duele 
tanto como pueda dolerle á usted que nuestras desdichadas escuadras 
fueran echadas á pique por los yanquis en Cavite y en Santiago de 
Cuba; pero que me duele más, incomparablemente más, que después de 
esa dura lección, que debía habernos abierto los ojos, personas de la cul- 
tura de usted y pertenecientes á una Corporación tan influyente en los es- 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 61 

píritus como la á que usted pertenece, sigan esforzándose por hacernos 
mirar hacia atrás (á lo cual tenemos ya demasiada inclinación natural, 
por lo que esto favorece nuestra inercia), en vez de empujarnos con 
toda el alma á mirar hacia adelante, emulando á esas naciones que nos 
han vencido porque nos preceden en las vías de la civilización y el pro- 
greso. 

Sentiría que mi franca expansión molestara á usted, á quien, lejos de 
querer ocasionar la menor contrariedad, respeto y leo (que es una de las 
más extraordinarias muestras de aprecio que puede dar un español), y 
de quien soy, esperando sus órdenes, S. S., Q. B. S. M.,— Inocencio Roiq 
Y Negre (1). 

Sr. D. Inocencio Roig y Negre. 

Muy señor y dueño mío: Aunque la conmovedora nota del fin de su 
carta, en que me asegura usted lee mis escritos (cosa de que no pudie- 
ran alabarse muchos cariñosos amigos míos), debía bastar para obli- 
garme á responder á sus razones; las circunstancias particulares en que 
viene á mis manos su misiva, no sólo me fuerzan á contestarla muy de 
propósito, sino á confesarme obligado á usted por haberme con ella 
orientado definitivamente para continuar la serie de mis artículos since- 
ramente patrióticos, sea ó no acertado mi leal saber y entender en 
materia de patriotismo. 

¡Y para que vea usted si soy hombre de suerte! Cabalmente, par- 
tiendo de muy diferentes orígenes, y que seguramente estaban á mil 
leguas de sospechar cooperaban con usted á la producción de un artículo 
mío, habíanse dado cita en mi mesa, con la apreciable carta de usted, dos 
libros en los cuales se contiene la más cumplida contestación á ella que 
yo pudiera nunca imaginar. 

Por lo visto es usted uno de los convencidos del progreso moderno, 
y por ventura del progreso indefinido, opinión que por momentos está 
desapareciendo de la escena del mundo, donde ha campeado casi dos 
siglos, ¡y que hace usted muy bien en apresurarse á profesar, por cuanto 
es de temer que, dentro de pocos años, no será ya posible su profesión 
á nadie que como usted se tenga por persona de criterio científico! 

Pero sobre esto no seré yo quien me fatigue en responder á usted, 
porque aquí tengo encima de la mesa una novela en dos tomos, nada 
menos que del Dr. Clendábims, que se encargará de dar á usted la con- 
testación más satisfactoria. 



(1) Aunque sospecho ser esta firma más bien un símbolo que un verdadero apellido 
catalán, he obtenido del R. P. Director de Razón y Fe el permiso de publicar la carta 
que antecede, sin otra salvedad que la de que no constUnya precedente que pueda ser 
invocado en otros casos. 



62 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

Es usted asimismo conocedor de los Estados Unidos y admirador 
de sus gigantescas obras y conquistas científicas. Yo, al contrario, no 
he tenido el placer de viajar en aquel país, ni lo conozco, por consi- 
guiente, de visa; pero casualmente (si la casualidad fuera alguna cosa 
en el mundo) ha venido á toparse en mi mesa con la carta de usted otro 
libro, indígena de aquella nación, obra de uno de los más afortunados 
moralistas que recientemente le han predicado (1), y en donde confío 
hallará usted algo capaz de hacerle modificar su parecer. 

Y pues ha querido mi buena estrella que tan insignes autores con- 
currieran para escribirme el artículo, después de hacer entre usted las 
presentaciones de rúbrica, permítame usted, mi estimado Sr. Roig, que 
me retire á segundo término, y en mi halagüeña inacción española les dé 
á ustedes lugar para ponerse de acuerdo. 

Con esto soy de usted, con el mayor respeto, S. S., Q. B. S. M., — 
R. R. A., S.J. 

I 

LA MÁQUINA DEL TIEMPO 

La novela del Dr. Clendábims (2) me produce el efecto de un micros- 
copio solar hecho para agrandar desmesuradamente, y poner ante los 
ojos de todos, los vicios de la edad en que vivimos, reflejándolos sobre 
la inmensa pantalla de los siglos venideros. Este efecto es el mismo que 
pretendió el novelista inglés H. G. Wells en su The Time-Machine —La. 
máquina del tiempo, — que ha sido el cañamazo sobre que el novelista 
español ha bordado su obra, aunque con criterio diametralmente diverso. 

La base en que ambos convienen es, que el desenvolvimiento ateo- 
materialista de la Humanidad, arrastrada por la sed de placer y des- 
lumbrada por sus propios descubrimientos técnicos, ha de conducir á 
una diferenciación cada día mayor de las clases sociales, reducidas á 
sólo dos: la de los Haves y la de los Havenots, la de los habentes y la 
de los non-habentes, la de los que lo tienen todo y la de los que no 
tienen nada. ¡División no enteramente moderna, pues ya decía (si no re- 
cuerdo mal) la agüela de Sancho Panza, que el tener y el no tener eran 
los dos linajes únicos del mundo! 

Estos dos linajes estuvieron ya enteramente separados en la Antigüe- 
dad, por la esclavitud en que nacían ó á que eran reducidos los Have- 
nots, y sólo logró conglutinarlos, suprimida aquella barrera, la caridad 
cristiana. 



(1) Manhood's Morning, a book to young men between fourteen and twentyeight 
years o/ age, by Joseph Alfred Conwell, Philadelphia, Pa. Vir Co. 

(2) Elois y Morlocks, novela de lo porvenir. Narración del P. Zacarías M. Blondel, 
publicada en español por el Dr. Lázaro Clendábims. Barcelona, 1909, Herederos de 
J. Gili. Dos tomos, 6 pesetas en rústica y 8 en tela. 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 63 

Pero borrado el Cristianismo de la haz de la tierra, por el esfuerzo 
secular de los sectarios, los Haves y los Havenots quedarán entregados 
á las fuerzas económicas que mecánicamente rigen el mundo y tienden 
á separarlos. El socialismo, por medio del establecimiento de enormes 
sindicatos, vendrá á absorber todas las fuerzas productoras y acaparar 
todos los instrumentos de producción, y naturalmente, cederá esta con- 
centración en beneficio de los directores de esas complicadas máquinas. 
La clase media desaparecerá á medida que vayan desapareciendo las 
pequeñas industrias, y no habrá en la tierra sino capitalistas y proleta- 
rios; poseedores de caudales inmensos y obreros destituidos de otro 
recurso que mendigar trabajo y pan de los poseedores del capital, los 
cuales, despojados de todo freno moral y religioso que pudiera trabar 
sus apetitos, reducirán al obrero á producir lo más posible con el menor 
consumo posible, y reservarán para sí todos los deleites, acumulados y 
servidos por el creciente desarrollo del progreso material. 

Imposibilitados los obreros para salir de su condición (por no darse 
tránsito del no tener nada al tenerlo todo) (1), y lanzados cada día á 
mayores profundidades bajo tierra, adonde irán á buscar las materias pri- 
meras y donde acabarán por establecerse también para elaborarlas; se 
irán acostumbrando á vivir en la penumbra y luego en la obscuridad, 
hasta manejarse bien en ella y cobrar horror á la luz del día. En aquellas 
condiciones especiales, su organismo se irá transformando hasta conver- 
tirse en una especie de orangutanes subterráneos, cuya vida alternará 
entre el trabajo mecánico y las más brutales y desenfrenadas orgías. 

Por pasos contrarios, los habentes llegarán á formar primero una 
sociedad comunista y feminista, donde no habrá más imperio que el de 
la belleza, ni otro móvil que el del placer. La retribución de los funcio- 
narios de aquel mundo, dividido en dos tan diversas agrupaciones, con- 
sistirá en la permanencia, más ó menos prolongada según su categoría, 
€n las ciudades del placer, que alternará con la administración de las 
subterráneas ciudades del trabajo. 

Mas como los operarios de éstas irán convirtiendo su mecánica labor 
en operación instintiva, cada día será menos necesaria la administra- 
ción, y los administradores desampararán gradualmente las ciudades del 
trabajo para concentrarse en las del placer. En éstas, reducida la exis- 
tencia á los goces sensuales, el hombre degenerará aún más rápidamente 
que bajo tierra, y se irá convirtiendo en un niño grande, negligente, 
vegetarista, y, finalmente, en rebaño que triscará descuidadamente sobre 
la haz de la tierra, convertida por las ya extinguidas industrias en un 
inmenso jardín, donde los nocturnos habitantes de las antiguas cavernas 
industriales escogerán cada noche sus reses, que llevarán á sus antros 



(1) Este tránsito sólo pueden constituirlo las pequeñas industrias, condenadas á 
desaparecer. 



64 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

para quitarles la vida con exquisitos tormentos, manifestación de un 
odio atávico, y alimentarse después con sus carnes delicadas y sabrosas. 

La humanidad hermosa, diurna, vegetarista y regocijada, serán los 
Elois; la humanidad troglodita, nocturna, carnívora y rencorosa, serán 
los Morlocks, y, en último resultado, los descendientes de los Haves- de 
los opresores— se habrán convertido en rebaño de los Havenots—áe los 
antiguos oprimidos. 

¿Cómo se ha venido á conocer ese futuro destino de la Humanidad? 
Gracias á la máquina del tiempo ó Cronódromo, especie de automóvil 
que se lanza á través de los siglos con una velocidad incomparablemente 
mayor que los automóviles más perfeccionados devoran los kilómetros. 
Merced á este invento, que nada tiene de absurdo, admitido que el 
tiempo no es sino la cuarta dimensión de que hablan ahora algunos 
geómetras (ó una categoría mental, como hace más de un siglo nos lo 
dijo el filósofo de Konigsberg), Bryán se lanzó desde el siglo en que 
vivimos hasta el año 702.801 de nuestro cómputo (cruzando de un tirón 
la friolera de siete mil nueve siglos), en el cual halló á la Humanidad con- 
vertida ya en Elois y Morlocks, y pasó los sustos y desagradables sorpre- 
sas que ha contado H. G. Wells al estupefacto mundo británico. 

Pero comprendiendo luego que, para hacerse verdadero cargo del 
proceso de aquel cambio asombroso, era menester repetir el viaje, pa- 
rando en varias estaciones de él con el fin de observar la transformación 
social y física porque los hombres iban pasando, partió de nuevo en com- 
pañía de su hermano el misionero P. Zacarías: halló en el siglo XXI el cre- 
ciente desarrollo de las ciencias, de las industrias y de la organización 
capitalista, por medio de Trustes ó sindicatos, inventados en los Estados 
Unidos (pág. 69), los cuales manejaban millones de obreros y millones 
de millones de capital. Por este sistema, unos 15.000 explotadores se 
repartían la riqueza del globo, y para ellos trabajaban los 2.000 millones 
de explotados, reunidos en 62 colosales ciudades. Toda la riqueza del 
mundo estaba regida por 20 ó 25 personas, que se entendían entre sí para 
oprimir á todo el resto del género humano. 

Á nadie faltaba ya en aquel futuro período pan y trabajo; pero á 
condición de vestir la blusa del obrero, que le incapacitaba definitiva- 
mente para ascender á posición mejor. No existía el hogar ni el templo. 
Cada cual come y vive, trabajando ú holgando, según su clase. 

Otro salto del Cronódromo conduce á sus pasajeros al siglo XXIV, 
donde ya las ciudades del placer se habían organizado con el régimen 
feminista y costumbres que hacen buenos los antiguos cultos de Astarté 
y Mylitta, y los usos de las doncellas lidias; y rodando los siglos, el resul- 
tado último es, hacia el dicho año 702. 801, haberse dividido el ex-género 
humano en las dos especies zoológicas de Elois y Morlocks. 

En esto consiste la primera parte de la novela de Clendábims, cal- 
cada, como se ve por este resumen, sobre la determinista de Wells. Mas 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 65 

antes de hablar de su segunda parte, bueno será hacer también una 
estación crónica, para enterarnos de la prosperidad material que tanto 
cautivó en los Estados Unidos la atención y los patrióticos anhelos de 
nuestro paisano (y ya amigo) el Sr. Roig y Negre. 

11 

EL PAÍS DEL ORO 

Aunque el libro de Conwell que dejamos citado, es una obra educa- 
tiva, destinada á comunicar ideas no menos morales que patrióticas á la 
juventud norteamericana que está entre los catorce y los veinticuatro 
(edad á que llama Conwell mañana de la virilidad), contiene una extraor- 
dinaria abundancia de noticias sobre aquel país, tanto menos sospecho- 
sas, cuanto proceden de un ciudadano suyo, docto y nada pesimista; 
antes bien optimista en grado sumo acerca de la índole y porvenir del 
pueblo á que se gloría de pertenecer. 

Para persuadirse de esto, basta leer el verdadero himno que entona 
al pueblo angloamericano en el capítulo último de su obra. 

«Los Estados Unidos, dice, forman el hogar escogido de la raza anglo- 
sajona, la raza de la virtud, la libertad y el progreso. Esta raza, que 
América está destinada á desenvolver hasta la más alta perfección, ha 
pasado doce centurias obteniendo conquistas, creciendo en influjo y civi- 
lización, hasta venir á ser la raza sin rival y dominadora de la tierra. 

«América ha llegado á ser una Potencia mundial. Los anglosajones 
no alcanzaban en 1700 el número de seis millones de almas, mientras que 
al presente son más de 120 millones, se multiplican más rápidamente que 
todas las demás razas juntas de la Europa continental, y es posible que 
al fin de otra centuria sobrepujen el número de todas las naciones civi- 
lizadas de la tierra. 

»Son la más rica y poderosa nación del mundo; se hallan en posesión 
de una tercera parte de la tierra, y gobiernan á no menos de 4C0 millones 
de sus habitantes. Son dueños de un 60 por lUO de las vías férreas, más 
de la miíad de los telégrafos, y dos terceras partes de la marina del 
mundo. No está distante el tiempo en que esta sola raza poseerá más de 
la mitad de la riqueza de nuestro globo. (¡Ojo á la América latina!) 

»Los anglosajones son el más grande legislador y el más sistemático 
de los pueblos del mundo, y poseen el genio de la organización. (Cf. los 
sindicatos...) Sus batallas se han librado por nobles principios (v. gr., ¡la 
voladura del Mainel), y sus conquistas han sido victorias para la liber- 
tad, la verdad y la justicia. (¡Cf. la compra de las Filipinas!) 

»Los anglosajones son la nación cristiana del mundo. Son una raza 
de héroes, mártires, estadistas, poetas, filósofos, científicos, inventores, 
eruditos y bienhechores. Ellos inventaron la fuerza del vapor, el ferroca- 
rril, la navegación de vapor y el telégrafo, la imprenta perfeccionada, el 

RAZÓN Y FE, lüMO XXVI 5 



66 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

USO del éter, la máquina de coser, la de hilar el algodón, la de tejido 
mecánico y la máquina de trillar; descubrieron el valor de la hulla, del 
gas del alumbrado y la fuerza de la electricidad. 

»La raza anglosajona ha sido siempre campeón y ejemplar de las 
altas instituciones sociales... Ya cuando vivía en los bosques de la Ger- 
mania, el adúltero (como lo atestiguan historiadores romanos) era entre 
ellos enterrado vivo en el fango, y la adúltera públicamente azotada por 
las calles. De esta raza nació la Caballería, y durante mil años fué el 
adalid de las altas reformas morales y de una pura vida de familia... 

»Las dos grandes divisiones de la raza anglosajona, la Gran Bretaña 
y los Estados Unidos, son las más ilustradas, poderosas y progresivas 
naciones del mundo, y más de la mitad de la raza vive en los Estados 
Unidos. Éstos son más ricos, enérgicos y progresivos que la Gran Bre- 
taña, y más anglosajones que los ingleses, en su genio y típico carácter. 
Es evidente que el Continente norteamericano está destinado á ser la 
patria futura de la más alta expresión de esta grande raza... 

»No sólo van los Estados Unidos á la cabeza de todas las demás 
naciones, pero no hay otra alguna que acabe tan grandes cosas, ni ade- 
lante tan rápidamente. «Diez años en América, ha dicho un inglés nota- 
ble, representan medio siglo del progreso europeo», y la medida de su 
velocidad es rápida y hasta pasmosa en su crecimiento. 

»Es verdad de inmediata evidencia, que Dios designó los Estados 
Unidos como modelo de repúblicas y gran evangelizador del mundo. El 
descubrimiento de América fué el mayor triunfo de la civilización. «Toda 
»nuestra historia, dice Emerson, parece como el esfuerzo supremo de la 
»Divina Providencia en beneficio de la raza humana.» «Los americanos, 
>dice Herberto Spencer, pueden razonablemente esperar un tiempo fu- 
»turo, en que habrán producido la más grande de las civilizaciones que 
» conoció el mundo.» 

»Los ojos de todos los pueblos están puestos en nosotros. América 
es el guía, el maestro, el dechado del mundo...» 

Nos parece bastar lo citado para persuadir al lector, que no hemos 
ido á buscar á los Estados Unidos algún yanqui heredero del británico 
spleen y abismado en sentimientos pesimistas. Ya podemos, por tanto, 
volver algunas páginas hacia atrás en su libro, y leer en él las maravi- 
llas del pais del oro. 

«Los Estados Unidos (1) son la nación más rica de la tierra, y el 
rápido desenvolvimiento y acrecentamiento de sus riquezas no tienen 
semejante. Anualmente crecen éstas en 3.000 millones de dollars, lo cual 



(1) América, dice el autor; pero, con perdón suyo y de sus conciudadanos, Amé- 
rica comprende, además de su nación, el Canadá, Méjico y la América Central y del 
Sud.— ¡Es que piensan irse quedando con todo!...— ¡Pero, ¡señor!, entretanto no usur- 
pen el nombre! 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 67 

representa un aumento de más de siete millones diarios (1), y 2.000 
dollars de aumento por cada niño que llega á hombre» (pág. 287), Pero 
¿pensáis, por ventura, que en esa nación, dechado de virtudes cívicas, se 
destinan 2.000 dollars á cada adolescente que llega al momento de em- 
prender la carrera de su vida? ¡Nada menos que eso! 

El valor total de la propiedad real y personal de los Estados Unidos 
ha crecido enormemente en los últimos años y no está lejos en la actua- 
lidad de 100 billones de dollars (500.000 millones de francos) (2). El país 
es suficiente para sustentar 1.000 millones de habitantes, y los 76 millones 
que ahora lo pueblan (3) hallarían bastante sustento en cuatro de sus 
Estados, dejando cuarenta Estados vacantes. Pero ¿cómo se halla distri- 
buida esa fabulosa fortuna? 

Entre 100 personas, poseen un veinteavo (5.000 millones de dollars, 
ó sea, á razón de 250 millones de francos). 

Entre 40.000 personas son dueños de la mitad (ó sea, á razón de 
6.250.000 francos). 

Entre un millón de personas poSeen las tres cuartas partes (á razón 
de de 375.000 francos). 

El resto, entre 75 millones de personas, posee la otra cuarta parte, 
ó sea, unos 346 dollars por individuo. (Conwel no saca sino 300, 
pág. 163.) 

¡Pero éstas son cuentas del Gran Capitán! En realidad hay más de 
13 millones de familias en la nación, y la mitad de ellas no posee á razón 
de 200 dollars, ó sea, menos de 40 dollars por individuo. «Lo cual signi- 
fica, que la mitad de la población yanqui (más de 38 millones de habi- 
tantes) no tienen recursos suficientes para sustentarse y vestirse durante 
un solo invierno: ¡están abrumados por la pobreza! Estas cifras demues- 
tran que la mayor parte de los jóvenes de la nación,' comienzan su 
carrera prácticamente sin un dollar; sin dinero, sin amigos, y sin visible 
perspectiva de colocación... Son un sobrante en el mercado del trabajo. 
Si se los valuase como mercancías, su precio en dinero sería vergonzo- 
samente bajo. Sacados á subasta, la mayoría de ellos no alcanzaría el 
precio de un buen caballo, ni se podrían comparar (en valor metálico) 
con los precios que los esclavos alcanzaban en el Sur hace cuarenta 
años! (4) ¡El efecto moral de esas condiciones es devastador, aniquilador 
y deplorable sobre cuanto puede pensarse! (pág. 164). 

«Hay centenares de millares de jóvenes que llevan una vida inmoral 



(1) Así dice Conwell. Son más de ocho millones diarios. ¡Si tampoco la Aritmética 
estará allí muy lozana! 

(2) Recuérdese que el billón norteamericano, son mil millones, no un millón de 
millones, como el europeo. Al menos en esto nos aventajamos á los yanquis. 

(3) Esta cifra ha crecido después que se escribió el libro que extractamos. 

(4) En Cuba, un esclavo negro valía de ordinario 5.00J pesetas. 



68 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

y perdida, porque un sistema infame que abraza la industria, el comer- 
cio, la hacienda y todos los negocios, les niega la oportunidad de ganarse 
una sustentación honesta y respetable... La riqueza de la nación, y el 
poder que la misma posee, han conspirado contra ellos: el capital impone 
sus leyes y dicta sus condiciones; exige todos los provechos y la incon- 
dicional rendición de todos sus antagonistas. El amor del dinero y la 
egoísta codicia han venido á ser pasiones dominantes. El dinero hace 
posible el monopolio, y el monopolio es casi siempre adorador de Mam- 
món, feroz y sin entrañas; ¡y cuando lo es, los que le sirven han de pos- 
trarse á sus plantas, esperar ante sus almacenes como mendigos, y estar 
bajo su autoridad como esclavos!» (165). 

Por lo visto, al afirmar el otro autor inglés: «que diez años en Amé- 
rica, representan /72e¿//o siglo del progreso europeo», dijo más que supo; 
pues, por esa cuenta, mientras Europa ha llegado al siglo XX, los Esta- 
dos Unidos se hallan ya en el XXI, cual lo encontró Bryán en su viaje 
por el tiempo; y tal vez en España seremos todavía hombres, cuando ya 
no haya allí sino Elois y Morlocks. ¡Pero no precipitemos las ideas! 

III 

EL CAMINO DE «EL ABISMO» 

El trabajo es en cierto modo connatural al hombre, pues constituye 
un ejercicio de sus facultades naturales. En el hombre arrojado del 
Paraíso fué castigo; en el hombre redimido es merecimiento. Conforme 
á la buena ó mala organización social, puede ser instrumento de mora- 
lidad ó azote de maldición. ¿Dónde tiene más de lo uno y de lo otro? 

El progreso' industrial sólo facilita el trabajo relativamenti; esto es, 
en cuanto, á la unidad de esfuerzo personal, corresponde mayor canti- 
dad de producción; pero para que constituya un alivio del operario, es 
menester que esté regulado por una sabia organización social. ¿Quién 
duda que el operario sumido en una mina profunda, aunque esté pro- 
visto ^de todos los instrumentos más perfeccionados por la ciencia, lleva 
una vida mucho más penosa y miserable, que el labrador que, al aire 
libre y rodeado de su familia, rompe con un arado primitivo la tierra que 
cultiva con los procedimientos más rudimentarios? 

Por otra parte, no creemos pueda ponerse en duda que, todo progreso 
industrial no tiene otro fin legítimo sino aumentar la felicidad del mayor 
número posible de hombres. Por donde, si el trabajo se hace, en virtud 
de los llamados progresos de la industria, más penoso y embrutecedor 
para un número mayor de operarios, ese progreso industrial no es sino 
retroceso humano: no es progreso hacia adelante, sino hacia atrás. Y lo 
mismo que decimos del trabajo mecánico, dígase de las instituciones 
sociales que lo regulan. 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 69 

Esto es, sin duda alguna, lo que ha pretendido poner ante los ojos el 
Dr. Clendábims, en su descripción de las ciudades del trabajo del 
siglo XXIV, inspirada evidentemente en las grandes agrupaciones fabriles 
que ya existen en la actualidad en las naciones que van— según rutina- 
riamente se dice— al frente del progreso industrial. Si, pues, quisiéramos 
nosotros acudir á esas mismas fuentes de información para proseguir 
nuestro argumento, incurriríamos en una especie de círculo. 

Por el contrario, lo que sumamente nos interesa es considerar el lado 
moral y social de esas naciones que generalmente admitimos sin exa- 
men, que nos llevan tanta ventaja en los caminos del progreso, no fiján- 
donos sino en ciertos adelantos técnicos de carácter meramente mate- 
rial, y quitando los ojos del progreso moral, único verdaderamente 
humano, y directamente encaminado á la felicidad del hombre. Para 
esto nos ofrecerá el mismo autor norteamericano á quien hemos comen- 
zado á beneficiar, una abundante mies de noticias interesantísimas. 

En toda sociedad bien constituida— pro^res/vo, como dicen ahora — 
«la posibilidad de vivir una vida útil, provechosa y pacífica, debería ser 
la herencia común de todos; mas (en los Estados Unidos) esa posibilidad 
se niega á millares de jóvenes» (págs. 144-5). Y en otro lugar: «Los mo- 
dernos sistemas del negocio (business), y los medios de vivir, se hacen 
cada día más adversos para el porvenir de las nuevas generaciones... El 
camino del éxito está literalmente cubierto de gigantes (los capitalistas), 
en comparación con los cuales, los jóvenes de talla ordinaria son como 
infelices saltamontes;y esos reyes y príncipes, monopolistas y demagogos 
del comercio, se inclinan con demasiada propensión á ejercer venganza 
contra todos y cada uno de los que procuran agregarse á sus filas... Uno 
de los principales hombres de negocios de América ha dicho, «que las 
>buenas ocasiones, salvo para un cortísimo número, han pasado á la his- 
»toria. «El hado inevitable de la mayor parte de los jóvenes es pelear, 
con la pobreza y el infortunio, un combate que dure toda la vida. Y ese 
crecimiento de las dificultades, que hallan los hombres para ganar un 
modo de vivir honesto y respetable, es el más poderoso manantial de la 
inmoralidad (pág. 158). 

»Hay en nuestro país (dice), durante las temporadas de depresión de los 
negocios, centenares de millares de jóvenes que, ó no pueden hallar 
trabajo alguno, ó han de aceptar empleos donde sólo ejercitan las fuer- 
zas rudas y primitivas de su ánimo y músculos, dejando ociosos ó pere- 
zosos sus talentos é inteligencia. El 80 por ICO de los que se arruinan en 
sus negocios no lo deben á no haber lugar para ellos, sino á estar el 
lugar monopolizado por los pocos afortunados. La competencia y riva- 
lidad se han hecho tan intensas, que los que llegan de nuevo, no sólo 
hallan el éxito difícil, sino imposible... Así se ve reducida lá juventud á 
aceptar los mendrugos que caen de la mesa del capital. Mendigar tra- 
bajo es casi tan depresivo como mendigar el sustento, y millares de 



70 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

jóvenes, la flor y nata de la virilidad de América, pasan la vida andanda 
á caza de un jornal... Ese estado de los negocios hace que legiones de 
jóvenes admitan empleos ambiguos y comprometidos, para asegurarse 
el pan, techo y vestido, y los expone á multitud de lazos, de que esca- 
parían en otras circunstancias (págs. 159-60). 

La peor condición para la moralidad juvenil es carecer de hogar. 
Ahora bien: en los Estados Unidos, «legiones de jóvenes» están sin él. 
Hay en nuestra nación (dice) dos millones de jóvenes, los cuales prác- 
ticamente carecen de hogar. Muchos viajan como comisionistas, emplea- 
dos en vías férreas, buques y vapores, espectáculos ambulantes y otras 
empresas, y como jornaleros en toda clase de industrias. Hay en la 
nación 250.000 saloons (especie de establecimientos entre café y taberna 
de subida inmoralidad), y en el mostrador de casi todos ellos hay uno 
ó varios jóvenes, á quienes se exige sujeción de esclavos, largas horas 
de servicio, para los más, siete días semanales, sin dárseles tiempo de 
recreación ni desarrollo mental, ni ocasión para gozar el influjo moral y 
ennoblecedor de la vida de familia... Sus horas de descanso y sus dollars 
de sobra, se ven audazmente solicitados por una infinita variedad de 
disipaciones, sobre las que el demonio ejerce un casi absoluto mono- 
polio (págs. 149-50). 

»Y aun no es lo peor que tantos carezcan de hogar, sino que hay 
otros tantos hogares de que fuera mejor carecer. Un juez del Tribunal 
Supremo de Nueva York decía hace algunos años: «Hay en Nueva York 
»y Brooklyn una numerosa clase de población que apenas vive, y para 
»quien criar dos ó más hijos significa inevitablemente, un hijo para el 
«presidio y "una hija para el burdel.» Sólo en Chicago se calcula en 
unos 10.000 los niños sin hogar ó con hogar peor que no tenerlo. Ur» 
juez de Chicago dice. «Los más de esos niños pararán en rateros ó cri- 
»minales, y cada uno de ellos forma un núcleo para la historia del cri- 
»men» (pág. 150). 

No queremos pasar adelante sin lamentar que también en Madrid 
(único ejemplo en España) forman clase esos niños desgraciados cuyo 
único porvenir es el presidio, si no les corta el camino de él una carita- 
tiva pulmonía cogida en las frías noches que pasan casi desnudos en 
las calles, á la puerta de los cafés. Los golfos son afrenta de nuestra 
sociedad, que todavía se llama católica, y constituyen un pecado público 
que clama al Cielo contra nuestra capital. Pero su número, relativa- 
mente corto, si por una parte agrava el pecado de la sociedad que no 
los recoge del arroyo, por otra demuestra que aun no hemos progresado 
tanto como los yanquis, según lo que ellos mismos nos dicen de su 
país. 

Otro daño tocante á la vida de familia, y creciente, según parece, 
con ese mismo progreso tan cacareado, es el horror á los hijos que vie- 
jien á compartir el escaso pan; de donde se originan los medios, cada 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 71 

uno más criminal que el otro, para prevenir ó frustrar la generación. AI 
hablar de esto, los ojos se van instintivamente á Francia, de donde 
cuentan monstruosidades. Pero no le van muy á la zaga otros países 
progresivos (1). 

De los Estados Unidos dice Conwel: «Es un hecho que son demasia- 
damente pocos los bien nacidos. Durante estos tiempos modernos, una 
ceñuda protesta se ha situado en los umbrales de la paternidad, y son 
demasiados, en nuestra raza, los que vienen al mundo ¡sin que nadie los 
pida, ni los eche de menos, ni los reciba con su bendición!» (pág. 145). 
¡Bendición de Dios se llaman los hijos en las sociedades cristianas; 
mas en las progresivas, que se nos quieren dar por modelo, se los recibe 
como un azote ó una maldición, cuando no se les cierra el paso con el 
crimen! Pero este progreso no tiene siquiera el mérito de ser nuevo: el 
problema malthusiano estaba ya planteado y resuelto siglos antes de 
Malthus, por Aristóteles y Platón! 

Otro mal social que va progresando es el de la separación de clases, 
muy diferente de su razonable y cristiana distinción: «Durante jos últi- 
mos años, dice Conwell, se ha observado una muy acentuada tendencia 
en la Humanidad á dividirse entre clases anchamente separadas (wi~ 
dely)... No sólo se han ido organizando la riqueza y la avaricia, sino 
también el egoísmo y el orgullo. El rico y el pobre, el fuerte y el débil, 
el afortunado y el desventurado, el instruido y el ignorante, se van 
inclinando á vivir aparte y crecer con mayor exclusivismo... Entre esos 
extremos existe, en una ú otra forma, una guerra constante y sin tregua... 
Las líneas de batalla entre los altos y los bajos se hacen continuamente 
más visibles; y si hemos de venir á parar en que tales condiciones son 
compatibles con el espíritu de libertad, esto probaría solamente que 
nuestra cacareada libertad no es sino un equivoco de mal género» (pá- 
ginas 173-4). 

¿Quién no ve en esas líneas de combate pronunciarse la separación 
que ha de conducir, hacia el año 702.801, á las dos especies de Elois y 
Morlocks? El capital, por medio de los adelantos de la industria, se con- 
vierte en cuña que, interpuesta entre los Haves y los Havenots, los ha de 
ir se arando, gradual é irrevocablemente, hasta suprimir las clases 
intermedias: primero, la clase media, vulgarmente dicha; luego, cuando 
el trabajo se haya hecho mecánico é instintivo, el intermedio burocráti- 
co de la administración, como descubre Clendábims y da por hecho Wells. 



(1) Su Eminencia el Cardenal Mercier, en una Carta-Pastoral á sus diocesanos de 
Malinas (Cuaresma de 1909), ha publicado los siguientes datos: En 1800 había, por tér- 
mino medio, en cada hogar francés, cinco hijos; en 1860, no más tres; en 1905, sólo dos. 
Entre 100 hogares hay al presente: 11 varones celibatarios, 15 familias sin hijos, 22 con 
uno solo; 20 con dos, 13 con tres, y no más que un 18 por 100 que pasen de este número. 
En 1907 (á pesar de los progresos de la Medicina) ha habido 20.000 defunciones más 
que nacimientos; 20 nacimientos por 1.000 habitantes. 



72 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

IV 

NUESTRO EPÍGRAFE 

Con esto podemos ya justificar el epígrafe que hemos puesto al 
frente de este artículo. La ciencia (la que monopoliza actualmente este 
nombre) nos ha dicho por boca de Darwin que venimos del orangután. 
El arte nos dice ahora por boca de Wells, que vamos al morlock, espe- 
cie de orangután de las cavernas. Desde el orangután hasta el hombre 
hay un progreso hacia adelante; pero el hombre continúa progresando 
hasta volver á su punto de partida. ¿No es esto un verdadero progreso 
hacia atrás? Será, pues, necesario desde ahora, preguntar á los que 
ponderan los progresos de las naciones, de qué progresos se trata; 
pues si sus progresos son los que conducen del hombre al morlock 
ú orangután troglodita, podemos sin duda renunciar á ellos y desear á 
los que los desean, ¡que buen provecho les hagan! 

Reducido á más sencilla fórmula: allí hay progreso verdadero donde 
el hombre se hace cada día más hombre, ó sea, donde hay progreso 
moral. Sin éste, los adelantos técnicos ó industriales nada tienen de 
envidiables, pues la máquina, dotada de entrañas de acero, acaba por 
comerse al hombre, que no las tiene sino de carne; y de este hombre 
comido por la máquina no podrá quedar otra cosa sino \a fiera: el mor- 
lock, que devorará á su vez las carnes delicadas y sabrosas de los que 
le redujeron á la condición de bestia carnicera, ¡ya suceda esto de la 
manera narrada por Wells, ó ya por la más elemental que refiere la his- 
toria de las revoluciones! 

Mas no hemos de terminar este artículo sin dar salida á algo que 
hace rato nos está rebosando del pecho. Si hemos alegado, para formar 
concepto de las tendencias de la vida moderna, los documentos tomados 
de los Estados Unidos de América, conste que no lo hemos hecho movi- 
dos á ello por antipatía, ni mucho menos por espíritu vengativo. Tene- 
mos el corazón bastante grande para amar á todos los hombres, y el en- 
tendimiento bastante alumbrado para no aborrecer á ningún pueblo. En 
todos los pueblos se halla el bien y el mal, inherentes á la caída natura- 
leza humana, con sus pasiones abyectas y sus aspiraciones generosas. 

Pero acerca del pueblo norteamericano, tenemos además un particu- 
lar documento que nos hace formar de él concepto ventajoso. Este docu- 
mento es ¡que los que quisieron lanzarle contra nosotros á una guerra 
injusta, hubieron de valerse de calumnias tan groseras como la famosa 
voladura del Maine! 

El pueblo que no pudo resolverse á tomar las armas contra nosotros, 
á pesar de la superioridad de sus recursos materiales, sino persuadido de 
que iba á vengar inhumanidades y salvajadas, que calumniosamente se 
nos imputaron, no merece nuestra aversión, sino nuestra estima por sus 
buenas cualidades, ¡y nuestra compasión por sus miserias! 

(Continuará.) R. Ruiz Amado. 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 



K 



EXENTA y cuatro años, un mes y una semana hacía que los PP. Du- 
mouchel y de Vico, del Colegio Romano, fueron los primeros en salu- 
darle al recibir la Tierra su visita anterior, reconociéndole al cabo en el 
campo del anteojo astronómico tras largo tiempo de explorar en vano 
ellos y otros muchos la región del cielo por donde debía reaparecer por 
entonces; y diez meses llevaban actualmente los astrónomos de varios 
Observatorios del orbe dirigiendo á menudo en su busca, no sus ojos de 
carne, aun elevados y fortalecidos por las claras y gigantescas pupilas 
de instrumentos harto más poderosos que los de antaño, sino otros de 
cristalino no menos lince y de retina mucho más delicada é impresiona- 
ble, las cámaras astrofotográficas de sus magníficos vidrios reflectores 
ó refractores; cuando el Sr. Max Wolf, director del Observatorio astro- 
físico de Konigsthul (Heidelberg), tuvo la grata sorpresa de tropezar con 
él al examinar sus placas el 1 1 del pasado Septiembre, y el gusto de comu- 
nicar por telégrafo la noticia, mediante la oficina de Kiel, á todos los 
principales centros astronómicos del universo. Desde entonces no hay 
entre éstos quien no tenga fijo en él su pensamiento, ávido, por supuesto, 
de acecharle además con mirada escrutadora á medida que va ponién- 
dose al alcance de los medios de observación de cada uno; y entretanto 
se complacen ufanos en despertar asimismo en el vulgo entendido las 
más halagüeñas esperanzas de que también él ha de tener muy luego la 
suerte de contemplarle á ojos vistas, y sin necesidad de aparatos cos- 
tosos, en la bóveda estrellada del firmamento. 

¿Á qué obedece tan afanosa y universal curiosidad en vísperas de fenó- 
meno semejante? Sobre esto, que, según su condición y gusto, cada uno 
sin duda ve y siente á su manera, en lo que hasta ahora vemos publicado 
todos dicen algo y algunos mucho; no falta quien hasta dice demasiado, 
es decir, más de lo que es cierto y aun lícito y decoroso; pero ninguno 
lo dice todo, ni siquiera todo lo que puede satisfacer los legítimos deseos 
de la generalidad de los lectores de esta nuestra revista. Por lo mismo, 
y para contribuir á esto último en la medida de mis alcances, me ha pare- 
cido oportuno dar breve cuenta en este trabajo del resultado de serias 
investigaciones, que de antemano y á otro propósito vengo ya haciendo 
sobre el asunto. 

Un triple interés me parece que resume con exactitud los motivos de 
diversos órdenes que razonablemente pueden originar ó avivar la extra- 



74 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

ordinaria expectación del cometa que se aproxima. El interés estético y 
hasta profundamente dramático, mezclado más ó menos de religioso, 
que desde muy antiguo viene siempre ofreciendo y pudiera muy bien 
ofrecer ahora singularmente, así el aspecto mismo como, sobre todo, la 
significación y aun la simple aproximación á la Tierra de un astro de la 
naturaleza de éste ó de él en particular. El interés científico, que, sobré 
todo hoy en día no puede menos de despertar en muchos el deseo y la 
esperanza de aquilatar, barruntar ó siquiera estudiar en condiciones más 
ventajosas que las ordinarias la misteriosa constitución de esos seres 
no menos singulares que vagabundos. Y junto con todo esto, y aun á 
falta de ello, el interés histórico de que muy en especial viene siempre 
acompañado el regreso, visible ó no visible, del cometa de que al pre- 
sente se trata. 

I 

Sobre este último no hay para qué hacer aquí más que ligeras indi- 
caciones, bastantes, sin embargo, para dar á conocer ó recordar su al- 
cance. Se reduce, pues, á que el cometa de Halley es el primero cuyo 
período orbital, ó sea transcurso de una revolución completa, junto con 
los demás elementos ó caracteres de su elíptica trayectoria, por otra 
parte la más vasta y alargada de cuantas actualmente nos son conocidas 
entre los cometas de plazo fijo, fué determinado (en 1705) con suficiente 
seguridad y precisión por el astrónomo inglés cuyo nombre lleva, y con- 
firmado plenamente por las dos reapariciones consecutivas de 1759 
y 1835, como lo es ahora de nuevo por la que ya acaba de registrarse. 
Digno complemento de la teoría newtoniana de la gravitación universal, 
que por aquel entonces estaba formulando su autor en el libro De los 
Principios, y aurora de una nueva era en la astronomía cometaria. Que 
no faltaban entonces mismo astrónomos eminentes muy apegados á la 
antigua idea, que no veía en los cometas sino fenómenos meteorices, 
sublunares ó interplanetarios, exhalaciones vaporosas, que efímeramente 
nacen y mueren, ó encuentros eventuales de seres extraños que, del todo 
independientes de nuestro sistema, vagan á la ventura por el espacio. 
Pues bien, prevenciones que no había logrado disipar el genio más pe- 
netrante y atinado de algunos pocos pensadores de cada siglo ni avasa- 
llar el poderoso raciocinio y soberana autoridad de Newton, cedieron al 
cabo y para siempre ante el puntual y admirable cumplimiento de los 
pronósticos de Halley, privado de presenciarle catorce años antes por la 
muerte. Verdad es que aun quedaban desigualdades que allanar, líneas 
que rectificar y aun verdaderos vacíos que llenar. De la discrepancia 
de meses y aun años que se venía observando entre los sucesivos 
intervalos de unas revoluciones y los de otras, ni Newton supo atinar 
con la verdadera explicación, ni el mismo Halley, que la insinuó con 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 75 

acierto, estaba todavía en el caso de precisarla ni de dar por su medio 
exactitud rigurosa á sus predicciones, por falta de algunos datos indis- 
pensables. La causa eran las perturbaciones considerables que, ya por 
adelanto, ya por retraso, ejercen los planetas en el movimiento del astro, 
según las diversas posiciones que ocupan en sus órbitas respectivas, 
mientras aquél recorre su trayectoria; y á Halley, no sólo le eran total- 
mente desconocidos dos planetas y de los más importantes, Urano y 
Neptuno, sino también en parte la masa exacta de los demás. El afinar 
los cálculos á vista de estos nuevos elementos ha sido obra sucesiva de 
los astrónomos franceses Clairaut, que, ayudado por Lalande, llegó á re- 
ducir la indecisión á un solo mes en el perihelio de 1759, Damoiseau y de 
Pontécoulant, que acertaron el de 1835 con solos doce y tres días de dife- 
rencia, respectivamente: el alemán Rosenberger tampoco tuvo que recti- 
ficar sus propios resultados sino en cinco días para el paso de esta última 
fecha. Sí que anduvo por entonces la fortuna de parte de todos ellos, pues 
en ciertos períodos, como en el que ahora precisamente acaba de cum- 
plirse, todavía se atraviesan dificultades especiales (1), que han sacado 
erróneo en un mes entero el plazo señalado por de Pontécoulant para el 
24 de Mayo de este año, y hecho fluctuar entre el 13 y el 23 de Abril los 
fijados últimamente por los ingleses Cowell y Crommelin, del observa- 
torio de Greenwich, y por miembros de otros centros astronómicos im- 
portantes. En cambio, los dos astrónomos últimamente nombrados han 
tenido el singular acierto de anunciar de antemano la posición corres- 
pondiente al día y hora del descubrimiento del cometa con un error de 
solos -I-22S en ascensión recta y — 7' en declinación. 

No está de más para los lectores hacer aquí honorífica mención 
de nuestro Séneca, que, adelantándose incomparablemente á su época, 
toma también su parte y no pequeña en estos acontecimientos y está de 
tejas abajo muy de enhorabuena por ellos; pues no sólo los predijo á su 
modo con absoluta convicción, aun contra el parecer y los principios de 
su escuela, de las demás contemporáneas y de casi toda la sabia anti- 
güedad, sino que dejó apuntado para realizarlos el medio mismo que 
tan feliz resultado ha venido á producir en nuestros días.— En el libro 
séptimo de sus Naturales Quaestiones, donde con copia de datos y madu- 
rez de criterio, que aun hoy día sorprenden en gran manera, trata ex 
professo y por extenso de los cometas, ya desde el principio advierte al 
lector que «para investigar las condiciones de esos seres celestes es 
preciso ante todo procurarse una lista completa de numerosas aparicio- 
nes de los mismos observadas sucesivamente desde siglos atrás; porque 



(1) Sobre todo la de que, en este período, la perturbación debida á Júpiter, siempre 
difícil de apreciar con exactitud, ha sido precisamente casi la máxima que puede pro- 
ducir en él este planeta, mientras que en los anteriores había sido pequeña, y por lo 
mismo el error en su apreciación poco sensible en el resultado. 



76 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

la causa de no haberse dado todavía con el curso que realmente siguen, 
ni averiguado siquiera si tienen ó no alternativas constantes y leyes fijas, 
que normalicen y señalen término y día á sus idas y vueltas, es, á su jui- 
cio, lo raza vez que á cada uno nos es dado observarlos» (c. 3). Añade 
que «al decir de Apolonio Mindio, peritísimo naturalista, los Caldeos de 
hecho habían logrado ya determinar todo esto, y por de contado los mira- 
ban como verdaderos astros, como uno de tantos de esos que en el cielo 
se mueven á través de las constelaciones» (c. 4), «sino que la casi totali- 
dad de su trayectoria se nos oculta por alejarse demasiado en un sen- 
tido, internándose á través de las profundidades del espacio, y sólo se 
hace visible cuando el astro vuelve de nuevo á descender por ella hasta 
su parte más baja y cercana á nosotros; y que éste no es siempre el 
mismo, ni uno de pocos, sino que de ellos hay muchos y muy deseme- 
jantes como en rumbo, así también en tamaño y en aspecto, siendo este 
mismo más ó menos brillante según que se van situando á más ó menos 
distancia del observador, ni más ni menos que los demás astros» (c. 17), 
Y concluye «que tal es asimismo su propia convicción, y la tiene por bien 
asentada», trayendo razones en su apoyo y haciéndose cargo de las que 
se dan en contrario (c. 22 y siguientes); y al llegar á una de éstas es 
donde escribe: «Si alguno aquí me pregunta, ¿pues entonces, por qué á 
esos no se les ha notado hasta ahora curso fijo, como á los otros cinco 
planetas?, á este tal le responderé yo á mi vez: ¡Hay tantas cosas cuyo 
porqué no sabemos, sin que por esto pongamos en duda su existencia!... 
Mas viniendo á los cometas, ¿qué tiene de extraño el que todavía no se 
les vea sujetos á leyes fijas, ni nos sean conocidos sus principios y fines, 
siendo así que en total se dejan ver en el mundo tan raras veces y cada 
uno de por sí á lo mejor no vuelve á presentarse sino de tarde en tarde 
con intervalos de muchos años?... Día vendrá en que, á fuerza de tiempo 
y de sostenida atención, salga á luz todo eso que ahora se nos esconde. 
Para escudriñar cosas tan altas no basta la vida de un hombre, aun 
dedicada toda entera al estudio del cielo: ¿y nos daremos aires de com- 
petencia los que ahora empleamos en ello tan pocos años, y éstos repar- 
tidos, nada equitativamente por cierto, entre el estudio y los vicios? Ya 
se irá explicando cosa por cosa con el volver de los siglos. Llegará día 
en que lo extraño para los venideros sea el que nosotros no nos diéra- 
mos cuenta de cosas tan claras... Vendrá quien al cabo nos muestre qué 
regiones del cielo cruzan en su carrera los cometas cuando así se alejan 
de esos otros astros visibles y se van por caminos tan apartados, y nos 
diga cuál es su tamaño y cuál su constitución. Nosotros ahora contenté- 
monos con lo ya averiguado, y dejemos á los venideros contribuir con su 
tanto al esclarecimiento de la verdad» (c. 25). 

Acabamos de ver cómo el primer objeto de esta predicción, ya de por 
sí tan grandioso, ha venido á cumplirse á la letra por primera vez en el 
cometa de Haüey; y este suceso y su renovación hasta cierto punto en 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 77 

cada vuelta del astro es lo que llamé al principio el interés histórico de 
la presente. Digamos ya y cuanto antes lo que en su día puede consti- 
tuir en realidad, y aun desde ahora mismo en esperanza, el interés estético 
de su aspecto y próximo paso por nuestras cercanías, el que más afecta 
sin duda á las muchedumbres y desde luego á todos nos toca más de 
cerca y se nos ha de meter por los ojos, y por lo mismo consiente menos 
dilación en la lectura de este modesto trabajo. Hay además otra razón 
para que esto se publique inmediatamente, y es el interés mismo de la 
publicación, que sin duda se pierde ó se menoscaba dando lugar á que 
se le adelante quizá otra parecida ó mejor, y aun los mismos fenómenos 
ahora futuros á que se refiere, ó al menos alguna parte de ellos. 

II 

El fundamento de este segundo género de interés á que nos referi- 
mos está principalmente en una de tres cosas ó en todas tres á la vez: 
en lo inesperado ó sorprendente de su aparición; en lo grandioso, ó más 
aún en lo nuevo y desacostumbrado de su brillo ó de su figura; en lo 
grave de las consecuencias que cierta ó supuestamente prenuncia ó trae 
consigo. ¡Qué bien lo analiza y describe el mismo Séneca en las prime- 
ras líneas de su referido libro! «No se hallará, dice, ninguno tan tardo 
de entendimiento, tan embotado de sentido ó tan rebajado á la tierra, 
que no se alce en seguida á contemplar lo divino y aun se remonte del 
todo con el pensamiento hacia ello, por lo menos cuando en el cielo res- 
plandece de pronto alguna nueva maravilla; por más que, mientras no 
pasan por él sino las de siempre, la costumbre, no sé cómo, nos quita de- 
delante su grandeza. Así somos: ante lo de todos los días, siendo como 
es tan maravilloso, pasamos de largo sin hacer caso; y en cambio, cosas 
á veces las más insignificantes, como sobrevengan á lo menos pensado 
y en forma nueva, luego nos detienen dulcemente los ojos. Y he aquí la 
razón porqué esa ordenada muchedumbre de estrellas con que se atavía 
la inmensidad, ya de suyo tan bella, del firmamento, no llama hacia sí la 
gente; pero cuando en él "sale algo de lo común y ordinario, ya están en 
el cielo las miradas de todos. No tiene el Sol espectadores sino cuando 
desfallece, ni se fija nadie en la Luna hasta que amenaza eclipsarse; que 
entonces allí es el gritar de ciudades enteras, allí el temblar cada uno por 
sí con vano y supersticioso sobresalto. Como si no fuera espectáculo 
mucho más grandioso el que, etc., etc.. Pero, lo dicho; mientras todo eso 
no hace más que seguir su curso ordinario, ni reparamos en ello; cuando 
en algo se turba y se sale de lo acostumbrado, es cuando todo se nos 
vuelve mirarlo, y enseñárnoslo unos á otros, y hacernos preguntas: tan 
natural nos es maravillarnos más de lo raro que de lo grande. Pues bien, 
esto es precisamente lo que nos pasa con los cometas: desde el momento 
en que se nos pone delante ese reguero de fuego, con esa figura y esa 



78 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

manera de brillar nunca vistas, ya no queda nadie que no empiece á 
preocuparse de qué será, y, olvidándose de todos los demás fuegos celes- 
tes, ande preguntando tan sólo por ese otro nuevo y advenedizo, no 
sabiendo si contentarse con admirarle ó si temerse algo de su presencia; 
porque no falta bien pronto más de uno que nos venga con espantos y 
nos haga ver en él un prenuncio de graves acontecimientos.» 

Parece como que al presente, de dichos tres fundamentos, el primero 
se desvanece desde luego para los lectores con la misma divulgación de 
estos pronósticos, pues el hecho de la futura aparición de nuestro cometa, 
por esta vez, ya no les ha de ser inesperado ni, por lo mismo, sorpren- 
dente; de modo que para ellos va á perder no poco de su interés el fenó- 
meno. Y si la predicción se extiende además al segundo y al tercero, 
puntualizando ya de antemano con todos sus pormenores el aspecto que 
ha de presentar y sus futuras consecuencias, como lo muy sabido viene 
á ser para nosotros algo así como visto y manoseado, y la costumbre de 
ver las cosas «nos quita de delante su grandeza», cualquiera que ella 
sea, ¿qué va á quedar al cabo de un objeto de tanta curiosidad y expec- 
tación? ¿No seria, según esto, mejor callar á los demás lo que se sabe 
para no quitar atractivo ninguno á la sorpresa? ¿No es lo contrario 
matar de alguna manera la emoción estética de que sin ello habría de 
sentirse después embargada el alma?— No lo creo yo así, ni los lectores 
querrán pasar por ello tampoco. Y es que la emoción que tenga sólo por 
madre á la sorpresa, es decir á la ignorancia, dado que llegue á ser ver- 
daderamente estética y no puramente material y sensible, siempre será 
mucho menos noble y digna del hombre que la que es hija del exacto 
conocimiento y justa apreciación del mérito y grandeza del objeto; fuera 
de que, por lo mismo que no se auna debidamente con la razón, puede 
llevar y lleva mil veces al hombre á ridículos ó lamentables extravíos. 
Sin salir de la materia de que tratamos, ¿qué cosas no han creído y á qué 
extremos no se han entregado á vista de ciertos cometas hombres y pue- 
blos del todo ignorantes de estos fenómenos, dominada y exaltada su ima- 
ginación precisamente por la sorpresa? No es este el lugar de entrete- 
nerse á contarlo, pero sabido es que la experiencia y la historia ofrecen 
de ello campo feraz en episodios cómicos y trágicos á los novelistas de 
la ciencia. 

Pero además, como la próxima aparición fuera en su género tan obje- 
tivamente grandiosa como esas que han hecho raya en el tiempo lo 
mismo que en el espacio, á buen seguro que la sorpresa misma no sufri- 
ría ni siquiera menoscabo con la previa noticia de los astrónomos, si bien, 
gracias á ella, brotaría siempre sosegada, purificada y ennoblecida. Por 
dos razones. Lo primero, porque, por muy atinada, minuciosa y exacta 
que se suponga la predicción, todavía, si de tantas otras cosas es mucha 
verdad que no es lo mismo oirías que verlas, de ésta lo debe ser muy en 
particular en todas ocasiones. Pues qué, ¿encenderse de la noche á la 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 79 

mañana, si ya no en pleno día, en medio del cielo ó al borde del hori- 
zonte, donde momentos antes ni rastro se veía ó se barruntaba, una como 
antorcha luminosa, superior á veces en brillo á los astros más salientes 
de todo el ejército celeste y aun al mismo lucero de la tarde, envuelta en 
una especie de cabellera esfumada de luz más tenue y mortecina, pero 
que todavía se destaca sobremanera entre las estrellas y quizá entre el 
azul clarísimo del cielo que baña los alrededores mismos del Sol de 
mediodía, y seguida de una ó de varias colas no menos radiantes, que, 
ensanchándose poco apoco, se prolongan ó despliegan derechas ó encor- 
vadas hasta 30, 60, 90, 120 grados de distancia á través de numerosas 
constelaciones, dejará nunca de ser muy sorprendente, será bastante 
esperado, por mucho y bien que de antemano se anuncie? Recuerden los 
lectores lo que veintisiete años ha veíamos todos en la última 
semana de Septiembre y primera de Octubre, hacia las cuatro de la 
mañana, cuando asomaba por el oriente el último cometa verdadera- 
mente notable que se ha dejado ver en nuestro cielo de España. Aquella 
amarillenta llamarada con que la extremidad de la cola comenzaba á 
clarear el perfil del horizonte con el fulgor de un incendio; aquella 
columna gigantesca, que luego iba elevándose poco á poco ligeramente 
inclinada y cada vez más luciente, solitaria, majestuosa, solemne, en el 
confín de la bóveda ya apenas estrellada del firmamento, hasta descubrir 
al cabo más de una hora después su planta, apoyada en núcleo de fuego 
brillantísimo, perfectamente visible entre la claridad de la aurora, ya muy 
avanzada, y aun casi alcanzado por los primeros rayos del Sol naciente. 
Poblaciones enteras le habían visto días antes al lado mismo del Sol, 
reparando en él por primera vez y de pronto hacia las diez y media de 
la mañana, y distinguiendo aun entonces su cola hasta no menos de 30 
grados de distancia por la esfera celeste. ¿Pues qué sería si á la magni- 
ficencia de este apacible y halagüeño espectáculo se añadiese la particu- 
laridad inquietante de presentar figuras ó raras ó terribles ó misteriosas, 
y encima de esto viéramos el apéndice caudal fluctuar ó serpentear, esti- 
rarse y encogerse, interrumpirse y desordenarse, desaparecer de pronto 
ó multiplicar sus ráfagas, y al cometa mismo partirse todo él en dos ó 
más parecidos á creciente distancia uno de otro, y de estacionario que 
parecía durante meses enteros comenzar á moverse y recorrer tal vez en 
pocas horas la mitad ó más del hemisferio visible? No; lo nuevo, lo sor- 
prendente de pormenores como éstos, que registra á menudo la historia 
de las apariciones cometarias, no se encubre del todo ni se disimula 
gran cosa tras la palabra de un hábil calculador que previamente nos lo 
describa y asegure, dado que alguno pudiese llegar á tanto: lo que habría 
entonces sería otra sorpresa más, la sorpresa de las sorpresas; que fenó- 
meno de esa talla no hiciese más que verificar punto por punto los cál- 
culos de aquel hombre privilegiado.— Y he aquí la segunda razón de lo 
que veníamos demostrando; y es que, en efecto, la previsión de los 



80 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

astrónomos está y, según todas las trazas, estará siempre muy lejos de 
columbrar semejantes pormenores, no sólo en concepto del vulgo, sino 
á juicio de ellos mismos, que lo saben muy bien y no tratan de disimu- 
larlo. La clave de las posiciones de esos astros en un instante cualquiera 
de toda la sucesión de los tiempos está, sí, en las leyes de la atracción 
universal, de las cuales se han enseñoreado las matemáticas, si bien el 
ejercicio práctico de este dominio y soberanía les es siempre más ó 
menos laborioso y tropieza á menudo con serias dificultades; así que en 
absoluto bien pueden señalar de antemano en qué momento se encon- 
trarán aquéllos á tal ó cual distancia del Sol y de nosotros, v. gr., á 
aquella en que tiempos atrás presentaron este ó aquel aspecto; pero la 
clave de los tales aspectos, que entonces presentaron y han de presentar 
ahora, ya no está sólo, como en los planetas, en las posiciones absolutas 
ó relativas que ocupan en el espacio, sino también y más aún, á lo que 
parece, en su misma constitución y estructura y en influencias extrínse- 
cas del todo ajenas al conocido fenómeno de la atracción solar y plane- 
taria y al dominio de la ciencia astronómica. — Así que sobre este parti- 
cular el vulgo, tan malicioso de suyo con los astrónomos y amigo de 
ver fallidos sus pronósticos, bien puede apostárselas con ellos y pro- 
meterse chascos solemnes, no obstante lo que ellos digan, ó sorpresas 
emocionantes por encima de lo que auguren: ahora, si con lo mahcioso' 
quiere juntamente ser justo y razonable, no saliéndose de lo que per- 
mite una chanza festiva ó un entretenimiento divertido, preciso es que 
sepa distinguir entre lo que aquéllos dan por seguro, conjo cosa de su 
indiscutible dominio y competencia, y lo que sólo aventuran como 
probable por razones de mayor ó menor peso, que ya suelen al mismo 
tiempo exponer por lo que valgan, pero que reconocen falibles en cada 
caso. 

Y con esto de paso y como sin querer hemos dicho lo bastante acerca 
de lo segundo, que junto con la sorpresa constituye el interés estético de 
estas apariciones cometarias, á saber, lo grandioso y desacostumbrado 
del espectáculo que á las veces presentan á los pueblos. Resta ya decir 
algo de lo tercero, que son las consecuencias posibles de la llegada y 
proximidad de semejantes huéspedes á nuestras fronteras, cosa que, al 
lado de lo meramente curioso ó dramático, no deja nunca de ofrecer ala 
gente otro aspecto eminentemente práctico y un interés sobremanera 
vital é individual, que mientras dura la expectación del fenómeno es muy 
capaz de anublar y aun absorber del todo cualquier otro interés y consi-' 
deración.— No sugieren ya estos astros en el pueblo cristiano, aun el 
más medianamente instruido, la idea de una obra pasajera y portentosa- 
llevada á cabo fuera del orden natural por la intervención de! Omnipo- 
tente en señal de amenaza ó de aviso á los mortales; idea que— vaya esto 
de paso— jamás ha tenido apoyo ni mucho menos principio en la auto-' 
ridad de la Iglesia, como necia ó villanamente se complacen en inventar 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 81 

Ó divulgar algunos, y otros en copiar ciega y ligeramente (1), y sí á 
menudo en los astrólogos, sin duda por no tener éstos otra explicación 
que dar á los que, fiados en su ciencia, exigían y esperaban de ellos 
alguna; pero, en cambio, vulgarizada ya por los sabios la ley de movi- 
miento y al mismo tiempo la condición excepcional de esos aventureros 
del espacio, surge de nuevo por otro lado la misma fuente de zozobras 
y sobresaltos, y ahora ya en el vulgo erudito y con más viso de funda- 
mento precisamente en la sana y madura ciencia del día. Se dice que ese 
cometa es un astro enorme, que se nos viene acercando rapidísimamente. 
¿Se acercará tanto que su proximidad llegue á hacerse ya desde ahora 
temible? ¿Podrá encontrarnos de frente ó siquiera tocarnos de refilón? 
Y entonces, ¿qué sería de nosotros? 

Como se ve, cualquiera de los tres aspectos que acabamos de expo- 
ner es sobremanera interesante, bajo el punto de vista estético de la 
futura aparición que esperamos. Hora es ya de declarar al cabo qué es 
lo que cierta ó probablemente puede decirse desde ahora qué será para 
nosotros en concreto y bajo cada uno de ellos el cometa de Halley. 

M. Martínez. 

(Continuará.) 



(1) Á propósito precisamente del cometa de Halley, ya ha comenzado á circular por 
periódicos y revistas extranjeras, y malo será que no halle cabida muy luego en nuestra 
prensa anticlerical, la absurda paparrucha de su excomunión por el Papa Calixto III el 
año de 1456, acogida por el Diccionario enciclopédico hispano-americano (t. V, pág. 577, 
col. 3.^). Sólo las circunstancias pueden hacer necesaria la refutación de semejante 
cosa, y la han hecho más que suficientemente seis ó siete escritores católicos en poco 
tiempo. 



RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 



LA CONQUISTA DEL AIÍ^É 



II 

Precursores de la Aviación.— Tres clases de vuelo que observamos en las aves.— Dis- 
posiciones especiales de las alas en cada uno de los casos. — ¿Qué es, pues, la 
Aviación?— Ornitópteros.— Helicópteros.— Helicoplanos.— Giroplanos.— Utilidades 
y desventajas. — Aeroplanos. — Sus especies. 



D. 



UBOCHET, en la interesante obra que escribió en 1834 sobre el vuelo 
de las aves, afirma resueltamente con muchos otros opuestos á la Aeros- 
tación, que la observación atenta de la Naturaleza es el método más in- 
dicado para llegar á la completa solución del intrincado problema de la 
navegación aérea (1). 

En efecto; la multitud de variados modelos de distintas formas, tama- 
ííos y especies, desde la pequeña libélula, que agita sus azules y brillan- 
tes alas entre los juncos del lago, hasta las grandes aves de rapiña, que 








Fig. 6.* 



remontan su vuelo sobre las crestas de la montaña y describen majes- 
tuosos círculos en el aire azul, no parece sino que están invitando al in- 
genio humano á estudiar detenidamente las vivientes obras maestras en 
que tan sabiamente se hallan resueltas todas las dificultades que pueden 
ofrecerse en la navegación aérea. 



(1) «Depuis l'origine du monde, l'homme voit l'oisceau voler á ses yeux et toujours 
il a désiré l'imiter. Cependant il n'avait besoin que de penetrer las causes naturelles du 
succés de leur appareil, que d'en creer un sur les mémes principes.» (Recherches sur 
e Vol des oiseaux et l'Art. aeronautique, par M. Dubochet.) 



LA CONQUISTA DEL AIRE 83 

Por eso no es extraño que hallemos en todo tiempo pacientes obser- 
vadores del vuelo de las aves, recogiendo datos preciosos que poste- 
riormente había de aprovechar la ciencia aerodinámica. Dejando á un 
lado las leyendas fabulosas de la Mitología, la historia de la antigüedad 
hace mención de la máquina voladora ó paloma mecánica de Arquitas 
de Tarento, célebre filósofo pitagórico que vivió por los años 400 antes 
de Jesucristo. El no menos célebre ingeniero que artista Leonardo de 
Vinci (fig. 6.") (1452-1519) es de los primeros que estudió con más serie- 
dad el problema de la Aviación, fijándose en el vuelo de las aves, 
dejándonos entre sus apuntes una porción de diseños de máquinas vola- 
doras, en los que es muy 
notable la sencilla combi- 
nación de palancas y poleas 
para obtener la extensión y 
repliegue de las alas. 

Posteriormente (1680), 
el fisiólogo y matemático 
italiano Borelli, en su obra 
titulada De motii anima- 
lium, dejando á un lado 
las ridiculas teorías del 
Pjg ya aire enrarecido en los hue- 

sos y otras variadas hi- 
pótesis con que en todo tiempo ha querido encubrirse la ignorancia, 
explica la teoría del vuelo de las aves por la acción dinámica de las alas, 
siendo el verdadero precursor de la escuela moderna sostenida brillante- 
mente por Pettigrew y Marey, Senecal Ciotti, Bell y otros (1). 

No impidió pues el descubrimiento de los globos que quedasen algu- 
nos fervientes partidarios de la antigua escuela, y así en 1809 el inglés 
Jorge Cayley expone los principios mecánicos de la máquina voladora 
en una serie de artículos publicados en e\ Journal de Nícholson. En 1830 
publicó Navier sus notabilísimos trabajos sobre el vuelo de las aves. 
Mereciendo citarse también como atento observador el marino bretón 
Le Bris, quien, habiendo estudiado en sus viajes el vuelo del albatros 
y otras aves marinas, llegó á construir, mediante sus observaciones, un 
aparato de alas fijas (fig. 7."), con el cual practicó vuelos de desliza- 
miento, dejándose caer desde lo alto de una meseta, adelantándose de 
este modo á las notables experiencias de Lilienthal , Chanute, Wright y 
otros modernos. En 1860 Pouton d'Amecourt se declara abiertamente en 




(1) Hoy es generalmente admitido que los sacos aéreos de las aves, aunque estén 
en comunicación con los pulmones y oquedades de los huesos, sirven, más que para 
aligerar el peso del volador, para favorecer la ventilación de los pulmones y dificultar 
la pérdida del calor. (Véase Enciclopedia Universal Espasa, t. VI.) 



84 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



contra de los globos, y secundado por el insigne matemático Landur, el 
astrónomo Liáis y el conocido físico Babinet, redacta sus Mémoires sur 
la locomoüon aérienne sans bailón, afirmando ante todo que el ave, lo 
mismo que el insecto, vuela apoyándose en el mismo aire que atraviesa, 
siendo éste su verdadero punto de apoyo (1). 

Por otra parte, Pénaud (1875), en conformidad con lo expuesto por 
Huber y Dubochet, afirma que el vuelo no es otra cosa que un continuo 
resbalar por las capas aéreas, deslizándose con el menor ángulo de caída 
posible. No se contentó este benemérito de la aviación con observar el 
vuelo de las aves, sino que trató de imitarlo artificialmente con aparatos 
de su invención (fig. 8.''), entre los que merece citarse el pequeño aero- 
plano que lleva su nombre. Consiste en dos alas sustentadoras y una cola 
de estabilización; el motor lo constituyen varios hilos de caucho que por 
previa torsión ponen en movimiento una pequeña hélice propulsora. 
Puede decirse que á Pénaud le cabe la gloria de haberse aprovechado 
prácticamente de los estudios 
de Cayley, estableciendo la 
aviación sobre bases sólidas 
y razonables. Todos estos es- 
tudios y trabajos reciben nue- 
vos impulsos con las observa- 
ciones cronográficas del doctor 
Marey, cuyos apuntes y foto- 
grafías instantáneas vienen á 
formar un verdadero tratado 
de cinemática del vuelo, com- 
pletando su perfeccionamiento 
los trabajos de Mouillard, Lan- 
gley, Tatin, Maxim y otros 
modernos. 

No es el mismo el poten- 
cial que necesita un ave para 
iniciar el vuelo, que aquel que 
requiere para sostenerse y 
avanzar en el aire. Marey, des- 
pués de una porción de cálcu- 
los basados en sus observa- 
ciones cinematográficas del 
vuelo de las aves, halló que éstas por término medio gastan 24 ki'ogra-' 
metros por segundo y por kilogramo de peso en los comienzos de su vue- 
lo y solamente 4 kilográmetros cuando se encuentran ya en pleno vuelo- 







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Fig 8.* 
Aeroplano de Pénaud. 



<1) «Un point d'appui élastique et partant plus sur que la matiere solide, puisqu'it 
n'offre pas le danger des chocs.» 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



85 




Fit;. 9/' 
Disposición de las alas en el vuelo á vela MouiUard. 



Según todos estos estudios y observaciones, tomados de la misma 
Naturaleza, el vuelo de las aves lo podemos dividir, con Dubochet, en 
tres clases, á saber: vuelo de remo, vuelo plano y vuelo á vela. El 

vuelo de remo es 
aquel en que el 
ave se sostiene y 
avanza en el aire 
mediante el con- 
tinuo batir de sus 
alas, lo cual origi- 
na un gran consu- 
mo de energía 
muscular. De este 
vuelo están dota- 
das, por lo general, las pequeñas especies, que no necesitan vuelos muy 
prolongados para buscarse el alimento. El vuelo plano es aquel en que 
el ave, teniendo sus alas extendidas, resbala por las distintas capas de 
aire, animado de cierta velocidad, que adquiere, bien por la acción de 
la gravedad ó bien por aislados golpes de ala. Finalmente, el vuelo á la 
vela es aquel en que el ave, aprovechando los vientos ascendentes ó la- 
terales, permanece largas horas en el aire, subiendo ó bajando sin es- 
fuerzo alguno muscular y haciendo bordadas muy semejantes á las de 
una nave velera. Estos dos últimos géneros de vuelo son los más 
hermosos, y son propios de las grandes aves que se ven precisadas á 
permanecer largas horas en el aire, encontrando para ello las energías 
necesarias en la fuerza de la gravedad y en la fuerza del viento. 

Ahora bien, no se crea que el ala de las aves sea igual en las distintas 
especies. Está conformada según el vuelo de que se halle dotada, siendo 
su conformación sabiamente dispuesta para cada uno de los casos. 
Marey y Mouillard han observado que cuando las aves de rapiña 
(fig. 9.") describen en el aire las majestuosas curvas que todos admi- 
ramos, tienen las alas 
extendidas y sus extre- 
mos avanzando hacia 
adelante ó formando una 
línea recta: esta es la 
característica del vuelo 
plano y del vuelo á vela. 
Por el contrario, en las 
aves dotadas de vuelo á 
remo (fig. 10) las extre- 
midades de las alas son más fuertes y agudas que en las anteriores, 
hallándose ligeramente echadas hacia atrás. 

No es esta la única particularidad que observamos en las distintas 




Fig. 10.» 
Disposición de las alas en el vuelo á remo Mouillard. 



86 



LA CONQUISTA DEL AIRE 




clases de vuelo. Las aves de vuelo plano ó de vela (fig. 11) tienen las 
alas ligeramente arqueadas hacia arriba (A), mientras las aves de vuelo 
á remo las tienen con la curvatura sensiblemente hacia abajo (B). Su- 
cede además que las 
especies más pesadas ^~--**««5B5____^ ^ 

son, por lo general, ^^°°^ "" ' iim iiiüiiiiiü iüiüiittii ii ii iií i i ■ ' ■ ^ u .' i sammiaB, 

las que vuelan mejor 
con vuelo plano ó á 
la vela; tal sucede con 
los pelícanos y bui- 
tres, que pesan de 6 
á 10 kilogramos. De 
tal suerte que, pasan- 
do el ave de dos ó 
tres kilogramos, difí- 
cilmente puede sostener el vuelo de remo, viéndose precisada al vuelo 
plano ó de vela con una velocidad proporcionada á su masa. 

De todas estas clases de vuelos el más sencillo de imitar es el vuelo 
plano, que es el que poseen la mayor parte de las máquinas aéreas que 
tanto llaman actualmente la atención, sin que esto quiera decir que la 




Fig. 11. 

A Curvatura de las alas en el vuelo plano ó á vela. 

B Curvatura de las alas en el vuelo de remo. (Merey.) 




Fig. 12. 

Aviación excluya las otras formas de vuelo, entrando dentro de sus do- 
minios todas las variadísimas formas que nos ofrece la Naturaleza. 
La Aviación, por consiguiente, como lo indica su mismo nombre 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



87 



(avis ave), es la parte de la Aeronáutica que trata de resolver el 
problema de la conquista del aire, imitando el vuelo de las aves, me- 
diante aparatos más pesados que el elemento que trata de dominar. 
Estos aparatos los podemos clasificar en cinco grupos: ornitópteros, he- 
licópteros, helicoplanos, giroplanos y aeroplanos. 

Ornitóptero (1) es el aparato de aviación que trata de sostenerse y 
avanzar en el aire por medio de alas batientes que imitan el vuelo de 
remo. Entre los más notables que se han hecho merece citarse el dejuge 
et RoUand, cuyas alas medían cinco metros de longitud, poseyendo 
además una cola posterior trapezoidal orientable en todos sentidos. 

Otro ornitóptero notable es el de M. Adhémas de La Hault, que batía 
sus alas á impulso de un motor de 100 caballos, transformando el movi- 
miento rotativo de su eje en otro en lemniscato, capaz de comunicar á 
cada una de las alas el movimiento helicoidal la vibración en forma de oo , 
característica del vuelo de las pequeñas aves é insectos, y que da al apa- 
rato, al mismo tiempo que la fuerza propulsiva, la fuerza ascensional. 

No es difícil construir pequeños modelos de ornitópteros (fig. 12) 
que puedan servir para estudios de gabinete, á imitación del construido 
por Pichancourt. Mediante el resorte BC, de caucho (que, como se sabe, 
es un motor potente con relación á su peso), pónense en movimiento las 




Fig. 13. 
Helicóptero de Forlanini. 

dos alas, por la rotación de las excéntricas G y H. Por otra parte, el mo- 
vimiento de atrás hacia adelante se obtiene mediante los resortes lAJ y 
EQD. De esta suerte se consigue la sustentación y el avance. La mani- 
llera /^ que lleva delante sirve para la torsión del resorte BC. El conjunto 
se sostiene sobre una varilla, de la cual parten los soportes de alambre 
que hacen oficio de cojinetes. 



(1) Algunos llaman á estos aparatos ortópteros, pero la comisión de tecnología del 
Aero-club de Francia, por razones plausibles, ha adoptado desde 1907 para estos apa- 
ratos la palabra ornitópteros, propuesta por el comandante Renard. 



88 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



Helicóptero es el aparato de aviación que se mantiene y avanza 
en el aire mediante una ó varias hélices, que, girando sobre un eje ver- 
tical, dan origen á la ascensión antes que á la traslación (1). Uno de los 
más antiguos y que por su sencillez puede servir para explicar la teoría, 
es el helicóptero de Forlanini (fig. 13), construido en Italia en 1878. 

Consiste en un eje vertical AB, sobre el que giran en sentido contra- 
rio dos hélices de anchas paletas, CD y EF. El movimiento es engen- 
drado por un motor de vapor, G, de dos cilindros. La caldera consiste 
sencillamente en una esfera de metal, //, en la que se calienta el agua 
hasta que el vapor adquiere una presión de 12 atmósferas. Libre ya la 
salida del vapor, comienzan á girar las hélices, y el aparato se eleva libre- 
mente hasta la altura de 15 metros, volviendo á descender, á medida 
que la presión del vapor va disminuyendo en la caldera. Muchos de los 
helicópteros que posteriormente se han construido, no han hecho otra 
cosa que imitar, en cierto modo, el que acabamos de describir. 

El helicóptero (fig. 14) de Cornu é hijo está basado en una disposición 
muy original. En la parte inferior de un armazón triangular, ABC, lleva 
un motor que hace girar una gran rueda, que á su vez pone en movi- 




Fig. 14. 

miento, por medio de una correa sin fin, las hélices HI y JK sobre sus 
ejes respectivos .4 y C. En la parte anterior del armazón lleva dos pla- 



(1) Leonardo de Vir.ci fué el primero que ideó el helicóptero y por consiguiente el 
inventor de la hélice aérea. He aquí lo que él mismo escribe en una de sus obras junto 
á un diseño de una hélice con eje vertical: «Trovo che qnesto strumento fatto a vite 
será ben fatto, ció e fatto de tela hana stopatta i suoi pori con amido, e voltate con 
prestezza; che dette vite sifa la femmina nell'aria, e montera in alto. Peglia lo esem- 
plo da una riga larga e sottile e menata con furia sufra Varia; vendrai essere guidato 

il tuo braccio per la linea del toglio della detta asse puossene fare uno picciolo 

modello di carta, che lo stile sao sia di sottile piastra di ferro e torta per f orza, e vel 
tornare in liberta f ara volgere la vite.^ (Códice Atlántico de la Biblioteca Ambrosiana 
de Milán.) 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



89 




Fig. 15. 



nos, F y G, capaces de recibir más ó menos inclinación, mediante un eje 
horizontal. De este modo, al girar las hélices sustentatrices, los torbellinos 
de aire que éstas arrojan hacia abajo chocan con los planos inclinados, 
dando origen á la propulsión, de donde se viene á aprovechar un poten- 
cial que se pierde en la mayoría 
de los casos. Este tipo ha dado 
bastante buenos resultados en 
modelos reducidos. 

El helicóptero de Breguet 
(fig. 15), llamado también por 
su autor con el nombre de ^í- 
roplano, consiste en un soporte 
en forma de cruz, en cuyo cen- 
tro va instalado un motor de 40 
caballos. En cada uno de los 
extremos de los brazos existe 
un par de hélices de cuatro pa- 
letas, ABCD, sumando su su- 
perficie total unos 26 metros 
cuadrados, con un peso de 578 
kilogramos.Losresultados más 
satisfactorios son los que tuvieron lugar el 20 de Septiembre de 1908, en 
que el aparato, juntamente con su piloto Volumard, dejó instantáneamen- 
te el suelo, elevándose con faci lidad á metro y medio de altura. 

También merece citarse entre los helicópteros el de Dufaux, muy 
semejante al tipo Cornu, y el del americano Otto Luyties, consistente en 
dos hélices de cuatro aletas que giran superpuestas en un eje vertical, 
teniendo la hélice superior en un ángulo de ataque de 12° y de 13" la infe- 
rior, midiendo 35 pies de diámetro por 850' de superficie. El motor, 
de 20 caballos, daba una sustentación de 700 libras, pesando el aparato 
más de 1.000. 

Es sencilla la construcción de pequeños modelos de helicópteros 
(fig. 16), en los que se puedan montar hélices de distinto diámetro y ángulo 
de ataque, con objeto de estudiar cuál es la que produce mayor rendi- 
miento, siendo curiosísimos los datos que con tan sencillo aparato se 
pueden obtener. Consiste en un soporte ó bastidor, CD, cuyos extremos 
sirven de cojinetes á dos hélices, AB, que giran en sentido contrario, 
mediante la torsión de un pequeño resorte de caucho. Este sencillo apa- 
rato se eleva á varios metros de altura. 

Cierto que los helicópteros pueden suministrar grande ayuda al aero- 
plano, mejorando sus condiciones de equilibrio y estabilidad actuales; 
sin embargo, es también notorio que estos aparatos de aviación ofrecen 
en la práctica dificultades muy serias; pues siendo los helicópteros apa- 
ratos que no pueden sostenerse en el aire sino por el funcionamiento 



90 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



de SUS hélices, en el momento mismo que el motor tenga alguna avería, 
llega para el aviador su sentencia de muerte. De modo que en la actua- 
lidad el helicóptero práctico capaz de hacer el más insignificante viaje, 
sólo existe en la mente de algún opti- 
mista que recuerda al célebre Albatros, 
que tan brillantemente describe la ima- 
ginación fecunda de Julio Verne. 

Helicoplano es el aparato de avia- 
ción, mezcla de helicóptero y aeroplano, 
en el que, juntamente con superficies, 
hallamos hélices sustentadoras. Al pre- 
sente el más notable es el de Paul 
Cornu, quien, convencido de los in- 
convenientes del helicóptero, trató de 
corregirlos con la ayuda de planos sus- 
tentadores. Compónese simplemente de 
un plano de sustentación, timón de al- 
tura, en la parte anterior, y una cola de 
estabilización con timón vertical, en la 
parte opuesta. Hasta aquí como se ve, 
el aparato no ofrece nada de particular; 
mas su originalidad, estriba en sus héli- 
ces sustentadoras, que son al mismo 
tiempo propulsoras (fig. 17). Cada una 
de sus aletas E y E pueden girar en el 
cojinete A mediante la palanca FG, 
cuyo extremo G se ve obligado en su 
rotación á p asar por la garganta f/, 
capaz á su vez de adquirir la posi- 
ción horizontal ú oblicua, según se 
mueva la palanca R. De este modo, cuando la garganta H está en posi- 
ción horizontal, giran las aletas de la hélice, guardando siempre el mismo 




Fi?. 16. 



3i)íC(X«v~ Je ^t\opiAM'v 



¿04viÁ«v it ■»w»t*(OCa.tWw . 




e 1 




Fig. 17. 



LA CONQUISTA DEL AIRE 



91 




Fig. 18. 
Giroplano de Lataste. 



ángulo de ataque, obteniéndose así {aposición de sustentación. Mas si por 
medio de la palanca R se inclina en uno ú otro sentido la garganta H, 
veremos que las aletas de la hélice van aumentando de ángulo de ata- 
que durante una mitad de vuelta y disminuyen en la restante; resultando 
de aquí dos reac- 
ciones, perpen- 
diculares al eje de 
rotación, de sen- 
tido opuesto y de 
valores diversos^ 
hallándose así en 
posición de pro- 
pulsión. Este apa- 
rato no ha sido 
aún suficientemen- 
te ensayado para 
poder dar acerca 
de él unjuiciocon- 
cluyente. 

Giroplano (fig. 18) es al aparato de aviación que utiliza el movi- 
miento giratorio horizontal de su superficie sustentadora para su estabi- 
lidad longitudinal y lateral, verificándose la propulsión por una ó varias 
hélices. No cabe duda que estos aparatos, aunque hasta el presente no 
se hayan experimentado en grande escala, deben reunir muy buenas 
condiciones de equilibrio, pues en virtud de las leyes del giróscopo, su 
superficie sustentadora tiende á permanecer en el plano en que gira, 
oponiendo marcada resistencia á las causas exteriores que puedan rom- 
per este equilibrio. Un sencillo experimento nos lo demuestra. Si tratamos 
de arrojar á cierta distancia una carta ó tarjeta, veremos que instintiva- 
mente le damos cierto movimiento de rotación sobre sí mismo, que le 
hace progresar en un plano sensiblemente horizontal; de lo contrario, 
pronto pierde el equilibrio y cae. Uno de los modelos de giroplanos de 
que más se ha hablado es el de Lataste, consistente en una gran super- 
ficie de sustentación circular, á la que el mismo motor que mueve las 
hélices propulsoras, imprime movimiento de rotación sobre su eje. 

Prescindiendo de una porción de aparatos mixtos, que ninguno ó 
escaso valor poseen, vamos á dar algunas sucintas nociones acerca de 
la clásica máquina de aviación, el aeroplano, dejando para adelante 
el detallado estudio de la misma. 

Aeroplano es el aparato de aviación cuya característica principal es 
llevar planos sustentadores fijos, capaces de deslizarse en el aire con 
cierto ángulo de incidencia, mediante la tracción de una ó varias 
hélices. 

Los aeroplanos se clasifican, según el número de superficies de sus- 



92 LA CONQUISTA DEL AIRE 

tentación, en monoplanos, si poseen sólo una superficie, siendo los apa- 
ratos más parecidos á las grandes aves de rapiña; biplanos, si las super- 
ficies de sustentación están en número de dos y superpuestas; triplanos, 
si son tres el número de esas superficies; recibiendo en general, si pasan 
de éste número, la denominación de multiplanos. 

El aeroplano, en sus múltiples formas, constituye al presente la solu- 
ción más práctica del intrincado problema del vuelo mecánico, siendo 
de este tipo la mayor parte de las máquinas aéreas que existen en la 
actualidad. 

Enrique Ascunce. 
{Continuará.) 



EL R. P. LUIS SODIRO, S. J, BOTÁNICO DEL ECUADOR 



(noticia necrológica) 

No conocí personalmente al P. Sodiro, pero sí afondo por sus obras, 
de que he dado cuenta á nuestros lectores en diferentes tiempos; por 
las cartas íntimas que me dirigió durante estos ocho últimos años, y, final- 
mente, por el retrato que he visto y por los elogios que he leído tribu- 
tados á su memoria por los que de cerca le trataron. 

Dado el prestigio de tal persona, perdida ya irreparablemente para 
la ciencia, creo que mis lectores me agradecerán que se la describa con 
breves rasgos. 

El hombre.— Nació el P. Luis Sodiro en Vicencia, de la provincia 
de Venecia, en Italia el 29 de Mayo de 1836. Entró en la Compañía de 
Jesús á la edad de veinte años. En Insbruck (Tirol), donde estudió, co- 
menzaron á desarrollarse aquellas aficiones á la Botánica que le habían de 
acompañar, agigantándose, hasta el sepulcro. 

Bien formado en todas las ciencias á los treinta y cuatro años de 
edad, fué con otros Padres jesuítas alemanes á Quito para fundar la 
Escuela Politécnica que el gran García Moreno establecía para la ilustra- 
ción de aquella católica república del Ecuador. Disuelto aquel Instituto 
á la muerte del Presidente mártir, fué á Pifo á enseñar Humanidades á 
los jóvenes jesuítas que allí se forman en las letras. 

Poco después, á los dos años, regresó á Quito á regentar !a cátedra 
de Agricultura y Botánica en la Universidad Central, hasta el año 1900, 
en que una ley, que cerraba á los sacerdotes el acceso á las cátedras de 
la república, lo desterró de su Universidad amada. 

Prosiguió, sin embargo, en sus estudios favoritos, á pesar de su avan- 
zada edad y achaques, los cuales, recrudeciéndose repentinamente todos 
á la vez, lleváronlo en pocos días á recibir el premio de sus gloriosos 
trabajos el día 15 de Mayo de 1909, á la edad de setenta y tres años, de 
los cuales pasó treinta y ocho en el Ecuador. 

El sabio.— Con decir que el P. Sodiro era de las primeras figuras 
científicas de toda la América latina, formarán nuestros lectores alguna 
idea de su reputación. 

Asiduo é infatigable en su gabinete, no perdía un instante que no dedi- 
case al estudio, después de cumplidas las obligaciones de su profesión. 
Sesenta años de estudio continuado, unidos á un vasto talento y privile- 
giada memoria, formaron en el P. Sodiro aquel caudal de conocimientos 
que á tantos admiraba. 



94 EL R. P. SODIRO 

Mas como era botánico, y halló la flora del Ecuador en mantillas, 
dedicóse á hacer excursiones para recoger plantas y formar aquel riquí- 
simo herbario de miles de ejemplares que, con desinterés de sabio, legó 
á la Universidad Central del Ecuador, y constituye su mejor tesoro. Excur- 
siones tanto más difíciles, cuanto más dilatadas eran las regiones que 
exploraba y menos provistas de todo humano alivio. «Esta dificultad (me 
escribía á 6 de Diciembre de 1905) sube de punto cuando se practican 
en los bosques despoblados de las regiones calientes y húmedas, donde 
apenas se halla de vez en cuando, alguna miserable choza en que abri- 
garse la noche.» ¡Y estas excursiones, que duraban meses enteros, las rea- 
lizaba el P. Sodiro cuando frisaba en los setenta años! 

Merced á estas correrías científicas, pudo acumular inmenso material 
que diera trabajo á muchos sabios. No pudiendo estudiarlo todo el 
P. Sodiro, distribuyó generosamente parte con algunos botánicos de 
Europa, como üalfuri, de Italia; Hieronymus, de Suiza, y Engler, de Ale- 
mania, quedando todavía lo más por estudiar, aguardando las doctas 
manos de algún botánico de alientos que se encargue de su revisión y 
estudio. 

Ni era sólo botánico el P. Sodiro. Conocía á fondo, según escribe un 
admirador suyo, la Química, la Geología, la Meteorología, la Zoología, 
la Entomología, la Zootecnia y la Agronomía. 

Nacido en el país clásico de la literatura, era excelente latino y ele- 
gante humanista, por lo que «resolvía una consulta científica con la misma 
facilidad con que recitaba una oda completa de Horacio ó un canto de 
Virgilio», dice el mismo Sr. Villavicencio (1). Lo que parece exageración 
de admirador lo comprobé yo mismo, cuando comunicándome el envío 
de una de sus publicaciones, me decía al correr de la pluma, recordando 
unos versos de Catulo: 

Cui dono illepidum novum libellum? 
Navasi, tibi, namque tu solebas 
Meas esse aliquid putare nugas... 

El religioso.— Con lo dicho se deja entender algo de las virtudes 
religiosas del P. Sodiro. 

Su modestia, de verdadero sabio, la confirma el siguiente párrafo de 
una de sus cartas (26 Mayo 1902): «Ya veo que V. K. tiene sus ratos de 
buen humor. Esto lo digo, no porque haya dudado jamás de ello; pero 
una prueba tan evidente cual es la que me da en su articulito concer- 
niente á mis pobres trabajos botánicos, publicado en el periódico Razón 
Y Fe, vale más que todas las más halagüeñas suposiciones. En verdad, 



(1) Discurso de D. Alejandro Villavicencio Ponce, publicado por el diario El Co- 
mercio, de Quito, el dia 24 de Junio de 1909. 



EL R. P. SODIRO 95 

jamás me atreví á prometerme tan valiente panegirista de mis mezqui- 
nas elucubraciones. Mas ya se ve repetirse, aun en el caso presente que 
Caritas operit multitudinem peccatorum.» 

Con la más ingenua modestia exclamaba, según nos refiere el señor 
Villavicencio: «¡Qué poco he estudiado de la prodigiosa flora ecuatoriana! 
Como un asnillo cansado de fatiga, hambreando, toma al paso, en los 
bordes del camino, unos bocados de hierbas para entretener el apetito, 
así he tomado por aquí y por allí un manojo de plantas para estudiarlas; 
todo el camino está aún por recorrer!» 

«Su bondad y su carácter, me escribe el P. Mille, le granjeaban 
amigos; no creo que tuviese un solo enemigo. Ameno en las conversa- 
ciones, sin dejar de ser grave y espiritual, cuando convenía, amante de 
su vocación, se hizo amar y apreciar de los nuestros y de los de fuera.» 

Sus obras.— Desde 1874, en que publicó una Ojeada general sobre 
la vegetación Ecuatoriana, hasta su muerte, no cesó el P. Sodiro de es- 
cribir, ya artículos ó folletos científicos, ya voluminosas obras. 

Entre los primeros referiremos los siguientes, por orden cronológico: 

1877. Relación sobre la erupción del Cotopaxi, acaecida el 26 de Ju- 
nio de 1877. 

1880. Gramíneas ecuatorianas. 

1881. Una excursión botánica. En ella indica su propósito de formar 
una Flora Ecuatoriana. 

Entre las segundas están: 

1893. Cryptogamae vasculares quitenses, volumen de cerca de 700 
páginas, con siete láminas. 

1900. Piperáceas ecuatorianas. Monografía I. 

1903. Aniurios ecuatorianos. Monografía II. Con suplementos pos- 
teriores. 

1906. Tacsonias ecuatorianas. Monografía III. 

Á él se debe además la formación de un Jardín Botánico Nacional 
en la Alameda de Quito, del cual fué director y casi jardinero hasta su 
muerte. 

Sus honras.— No hay que decir la estima en que tenían al P. Sodiro 
los botánicos del mundo y las sociedades ó academias sabias á que 
pertenecía. 

La Universidad, de la que fué excluido por ley inicua é impía, le pro- 
digó siempre las más finas atenciones, dejando á su disposición el Her- 
bario, los libros de Botánica y el aposento que ocupaba cuando era pro- 
fesor en ella. 

El Gobierno sufragaba generosamente los gastos de la publicación 
de sus obras y de las excursiones botánicas que emprendía. 

Pero á su muerte fué cuando se hizo más sensible la explosión de 
afecto y admiración al sabio jesuíta. Apenas se supo en la ciudad su fa- 
llecimiento, cuando todos, católicos y liberales, conservadores y radi- 



96 EL R. P. SODIRO 

cales, dieron muestra del aprecio en que le tenían; todos los periódicos 
hablaron de él en términos muy laudatorios, considerando su pérdida 
como duelo nacional. 

El cuerpo profesoral de la Universidad se reunió en junta plena y 
acordó en señal de luto izar la bandera á media hasta, celebrar el 23 de 
Junio siguiente exequias solemnes y tener por la tarde de ese día una 
velada en que oradores y poetas celebrarían las alabanzas de su ilustre 
profesor difunto. Además, que para ese día se hiciese pintar el retrato 
del Padre y colocar en el lugar de honor del salón de sesiones. Todo se 
hizo así y salió muy lucido, asistiendo á las honras no sólo la Univer- 
sidad en cuerpo, sino también miembros del Gobierno y otras personas 
distinguidas de la ciudad. 

La prensa se asoció á los festejos y lanzó al vuelo la idea de un ho- 
menaje de nuevo género, consistente en publicar juntas, por cuenta del 
Gobierno, las obras científicas del P. Sodiro y colocar su busto en el 
Jardín Botánico; idea que esperamos tendrá en breve su merecido cum- 
plimiento. 

Así se mostrará el Ecuador agradecido á quien tanto trabajó por su 
gloria. 

LoNGiNOS Navas. 



BOLETÍN CANÓNICO 



HUEVA OKOAÜIZACION DE LA CUKIA RONAIÍA DECRETADA POR PIÓ X<'> 

Sagrada Congregación de Sacramentos. 

E) Expedición de las gracias. 

420. Se despachan por medio de Breve, redactando en la Secretaría 
de esta Congregación todas las dispensas matrimoniales de cualesquiera 
grados, con tal que sean honestas y estén sujetas á tasas mayores. Las 
demás se expedirán por medio de rescripto. 

421. Los indultos de oratorio privado se despachan también por 
medio de Breve, redactado en la sección correspondiente de la Secreta- 
ría de Estado. 

Sin embargo, á los sacerdotes ancianos ó enfermos, que sean pobres, 
se les expide en forma de rescripto y según las normas del capítulo XI 
de las Norm. com., esto es, rebajándoles la mitad ó más de la tasa. 

422. Los indultos para tener reservada la Eucaristía se expedirán por 
Breve ó por rescripto, según que la gracia sea perpetua ó sólo temporal. 

423. En el primer caso, el Breve debe recogerlo el interesado en la 
Secretaría de Estado, sección de Breves, á la que toca redactarlo, y á 
cuyo Canciller debe dar las indicaciones oportunas el Secretario ó susti- 
tuto de la Congregación de Sacramentos. 

424. Fuera de las que el Prefecto ó Secretario se hayan reservado, 
todas las demás peticiones de dispensas de impedimentos matrimoniales 
se transmiten, después de registradas en el protocolo, al Subsecretario de 
dispensas y á un ayudante. 

425. Éstos divídense equitativamente el trabajo, separando las que 
son de su competencia sobre las cuales proveen, señalándolas con las 
iniciales de su nombre y apellido; anotan si han de ser gratuitas, ó cuál 
es la tasa que ha de exigirse, y si ha de expedirse ó no en forma de 
Breve. Luego las entregan á los amanuenses para que sean despachadas. 

426. De las demás dan cuenta cuanto antes al Cardenal-Prefecto ó 
á Mgr. Secretario, para que provean oportunamente. 

427. En caso de hallarse legítimamente impedidos el Prefecto y el 
Secretario, pueden comisionar al Subsecretario para la concesión de dis- 
pensas á ellos reservadas, señalándole los límites y cautelas que estimen 
necesarias. 



(1) Véase Razón y Fe, voI. XXV, pág, 501. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 



98 BOLETÍN CANÓNICO 

428. Los documentos para las dispensas de grados menores y para 
los asuntos de menor importancia puede firmarlos el respectivo Subse- 
cretario, ó en su defecto, cualquiera de los otros dos, añadiéndose ade- 
más la firma del amanuense que como oficial extendió el documento. 

429. En las dispensas de grados mayores y en los negocios de mayor 
importancia firma el documento el Cardenal-Prefecto ú otro Cardenalde 
la misma Congregación, y además el Secretario, y en su defecto, el Sub- 
secretario respectivo ó alguno de los otros dos. 



ARTÍCULO IV 
Sagrada Congregación del Concilio. 

(Véanse los números 8, 14, 119, 121, 123, 124, 190, 191.) 

430. Ocupaba el octavo lugar en la Constitución Immensa. Según la 
nueva disciplina, es la cuarta en dignidad. 



§1 

su CONSTITUCIÓN 

431. I. El número de Cardenales que la constituyen no es fijo, sino 
que depende, como en todas las otras, de la voluntad del Romano Pon- 
tífice. Los oficiales mayores, después del Cardenal-Prefecto, son el 
Secretario y el Subsecretario, los cuales tres, por consiguiente, consti- 
tuyen el Congreso. 

Tiene sus consultores, elegidos por el Papa, algunos de los cuales 
deben ser hombres experimentados en el manejo de las cosas tempo- 
rales. También tiene un número convencional de oficiales menores. 

432. La jurisdicción de la Sagrada Congregación del Concilio se 
limita á los países sujetos al Derecho común. 

433. II. En su primera institución por Pío IV (véase el n. 8) cons- 
taba de ocho Cardenales, los cuales habían asistido al Concilio de 
Trento, ya como Presidentes ó Legados, ya como Prelados, y conocían 
bien lo que en él se había decretado. Los nombres de estos Cardenales 
pueden leerse en el Mota propio de su fundación (Bull. Rom. Taur., 
vol. 7, p. 300). En los primeros meses de 1565 aumentó el número de 
los Cardenales que la componían, llegando hasta 12, como se deduce de 
la carta de Pogiano, Secretario de dicha Congregación, al Cardenal 
Commendono, fechada en 5 de Abril de 1565 (Cfr. Zamboni, Colle- 
ctio declarat. S. C. C, vol. 1, introd., § V, p. XIV; Colomiatti, 
Codex Jur. Pont., vol. 2, p. 7; Lega, De judiciis, vol. 2, p. 185). 



BOLETÍN CANÓNICO 99 

Después el número de Cardenales debió ser mucho mayor, puesto 
que á la Congregación que se tuvo el 6 de Marzo de 1700 asistieron 21 
Cardenales, como nos dice Ursaya, Discept., tomo 1, parte 2.'*, disc. 2, 
n. 260, p. 182 (Venetiis, 1724). 

434. III. San Pió V nombró ya cuatro Cardenales de entre los que 
componían la Congregación general, y constituyó con ellos otra Con- 
gregación, que llamó particular, que se reunía con más frecuencia y podía 
despachar, como declaró Gregorio XIII en 8 de Mayo de 1576, todos 
los casos que tenían solución en lo ya antes resuelto por la Congrega- 
ción general, y todos los demás cuya solución fuera clara, á juicio de 
todos los Cardenales que la componían. Si uno disentía, el asunto se 
llevaba á la Congregación primera. Esta Congregación pequeña era 
como el Congreso de la Congregación plenaria. (Fagnaní, in. cap. Quo- 
niam, de Const. lib. 1, vol. 1, p. 119: Colon., Allobr., 1759; Zamboni, 
1. c, p. XV; Colomiatti, 1. c, p. 7; Lega, De Judiciis, vol. 2, p. 179, sig.) 

435. Fué perdiendo importancia esta Congregación á medida que al 
Prefecto y al Prelado Secretario se les fueron ampliando las facultades, 
extinguiéndose la pequeña Congregación en tiempo de Sixto V, como 
puede observarse en la Const. Immensa. (Ex actis Congreg. apud Colo- 
miatti, 1. c, p. 52.) 

436. IV. El Congreso, compuesto, como ahora, del Secretario y 
Subsecretario, bajo la presidencia del Cardenal-Prefecto, en cuyo pala- 
cio se reunía todos los sábados, fué instituido en el último tercio del 
siglo pasado por el Cardenal Próspero Caterini (1881 ), cuando era 
Prefecto de dicha Congregación. (Ex actis Congr. apud Colomiatti vo- 
lumen 2. ', p. 59.) 

437. El cargo de Secretario de esta Sagrada Congregación ha sido 
hasta ahora uno de los más difíciles é importantes, y solía elegirse para 
él á uno de los más insignes maestros en ambos derechos y de los más 
versados en los negocios, al cual desde ese cargo se le solía elevar á la 
Sagrada Púrpura. 

438. Antes uno de los cargos más importantes era el de Auditor, el 
cual ha desaparecido por haber pasado á la Rota la jurisdicción conten- 
ciosa. Ayudaba al Secretario en todas las causas contenciosas, en las 
cuales, en nombre del Secretario, redactaba los folios y era además 
como el que dirigía el Estudio establecido para los jóvenes sacerdotes 
graduados en ambos derechos ó en sólo el Derecho canónico, aunque 
para estos últimos se necesitaba dispensa. Allí se estudiaban y discutían 
las causas antes de que éstas se vieran en Congregación, y no pocas 
veces la Sagrada Congregación confirmaba las resoluciones allí adopta- 
das. Colomiatti, 1. c, p. 59; Lega, 1. c, p. 185-187. 



100 BOLETÍN CANÓNICO 



§" 



SU COMPETENCIA 

A) Disciplina del clero secular y pueblo cristiano. 

439. Está confiada á esta Sagrada Congregación la parte de nego- 
cios que se refiere á la disciplina del clero secular y del pueblo cris- 
tiano. 

440. Por lo tanto, 1.°, es propio de ella procurar que se observen 
los preceptos de la Iglesia, como son los ayunos (menos el necesario 
para comulgar, que toca á la Congregación de los Sacramentos), abs- 
tinencias, diezmos y fiestas de guardar. 

2.° Pertenecen también á su jurisdicción lo referente á los párrocos 
y á los canónigos, á las cofradías, congregaciones, pías uniones, lega- 
dos píos, pías obras, estipendios de Misas, beneficios y oficios, bienes 
eclesiásticos, montes píos, tributos diocesanos y otros semejantes. 

3.° Todo lo relativo á la inmunidad eclesiástica. 

4.° Todo lo referente á la celebración y revisión de los Concilios y 
á las reuniones ó conferencias de los Obispos. 

441. Pertenece, no obstante, á la Sagrada Congregación de Propa- 
ganda Fide revisar los Concilios que se celebren en los territorios que 
le están sujetos. S. C. Consist., 12 Nov. 1908, ad VII (1). 

B) Dispensas. 

442. Puede dispensar á los fieles de los preceptos cuya vigilancia le 
está encomendada. 

443. Dispensa también de las condiciones necesarias para obtener 
un beneficio cuya colación libre corresponda á los Ordinarios. 

444. Es propio suyo dispensar de las irregularidades ó del título de 
ordenación á los sacerdotes, no á los que aún no lo sean. (Véase lo 
dicho en el n. 386.) 

445. Á ella exclusivamente pertenece conceder: 

a) á los Cabildos la dispensa de celebrar la Misa de feria ó vigilia, 
de cantar la Misa y de aplicar la conventual por los bienhechores, can- 
tar y rezar en el coro las horas canónicas, anticipar las vísperas y com- 
pletas antes del mediodía; 

b) á los Cabildos y á los sacerdotes seculares la facultad de antici- 
par los maitines; 

c) á los sacerdotes seculares la conmutación del oficio divino por 
otras preces. 



(1) Utriim acta Conciliorum quae celebran contigerit in territorio Congregationi de 
Propaganda Fide relicto, remittenda sint ad Congregationen Concilii, R. Negative {Acta 
A. Sedis, vol. 1, pág. 150,151). 



BOLETÍN CANÓNICO 101 

446. Está facultada para otorgar la dispensa del ayuno prescrito 
antes de la consagración de las iglesias. Este ayuno es obligatorio sola- 
mente para el Obispo consagrante y para los que piden (1) la consa- 
gración. (S. R. C, 29Jul. 1780; 12 Sept. 1840: D.auth.,nn. 2.519 y 2.821.) 

447. También puede conceder facultad para tener tribuna que dé á la 
iglesia, ó abrir puerta particular para entrar en ella; puede dispensar del 
grado de doctor ó licenciado, que, por fundación ó por Derecho común, 
se requiere para algún beneficio y oficio cuya provisión toque al Ordi- 
nario. 

( Continuará.) 



SAGRADA CONGREG ACIÓN DE LOS SACRAMENTOS 

De matrimonio mulieris excisae non impediendo. 

1. Hace poco llegó á nuestras manos el original mismo de un res- 
cripto de la Sagrada Congregación de los Sacramentos, el cual juzga- 
mos de grandísima importancia por creerlo como la resolución definitiva 
en el orden práctico de la gravísima cuestión tan debatida en nuestros 
días sobre si constituye ó no en la mujer impedimento dirimente de im- 
potencia la carencia utriusque ovarii ac uteri. 

2. Copiamos á continuación tan interesante documento, omitiendo 
solamente los nombres propios: 

10.488/09. 
Emmo. Sr. Cardenal-Presidente de la Congregación de Sacramentis. 
N. N., cura párroco de San Pedro de N., obispado de O., de España, á V. Erna, con 
el respeto debido expone : que hace varios años vive en concubinato una feligresa suya 
llamada M. M.; al enterarse y querer sacarla de tan triste estado le manifestó que en una 
operación quirúrgica reciente la habían extirpado la matriz y los ovarios. Consultado 
el médico que había llevado á cabo la operación, dijo que era cierta la extirpación de 
la matriz y de ambos ovarios. ¿Puedo, por lo tanto, proceder al matrimonio, ó la con- 
sidero imposibilitada por el impedimento de impotencia? Y en vista de la extirpación 
total de la matriz y ambos ovarios, ¿puedo solicitar de Su Santidad dispensa del impe- 
dimento de impotencia para que viva cristianamente? 
Espera contestación de V. Emma. su afmo. hijo. 
3 Marzo 1909.— E. Sr.— N. N. 

3. Sacra Congregatio de disciplina Sacramentorum relatis precibus hisce litteris 
adnexis, ómnibus mature perpensis, Amplitudini Tuae respondendum censuit prou 
sequitur: Quatenus vera sint expósita detur responsum S. Congr. S. Officii diei 23 
Julii 1890 in causa Quebecen., scilicet: «Matrimonium non esse impediendum.» 
Datum Romae die 2 Aprilis 1909. 

D. JoRio, Subsecrius. 
-K (2) 
Rmo. Episcopo 

O... Arth. Mazzoni, oj5f. 



(1) Véase además el decreto de la S. C. del C. de 3 de Jul. de 1909 (Acta A. Sedis 
vol. 1, p. 623). 

(2) Aquí hay un sello en seco con las armas pontificias, en el que se lee: Sacra 

CONOREOATIO DE SacRAMENTIS. 



102 BOLETÍN CANÓNICO 

COMENTARIO 

§ I 
Antecedentes. 

4. Bien conocida es de todos los canonistas y moralistas y aun de los 
médicos, fisiólogos y legistas, la célebre controversia sobre si en la mu- 
jer debe ó no considerarse como impedimento dirimente para el matri- 
monio la carencia utriusque ovarii, aut uteri, ó á la de todas estas cosas 
á la vez. 

5. Á la cabeza de los que sostienen la parte afirmativa figura Anto- 
nelli, De conceptu impotentiae et sterilitatis, Pro conceptu impotentiae 
et sterilitatis, De mulieris excisae impotentia, Medicina pastoralis, vol. 11^ 
n. 43, seq.; con el que concuerdan generalmente, entre otros, Buccer., 
Theol. mor., vol., 2, n. 994; Casas Romae ad S. Apollinar, p. 469, seq.; 
Lehmkuhl, vol. 2, n. 744; Rosset, De matr., n. 1.408, sig.; Alberti, Theol. 
past., p. 4, n. 88 ; Santi-Leitner, lib. 4, tít. 5, n. 1 , nota; Villada, Casus, 
vol. III, p. 269, seq. (ed. I.''). Especulativamente juzga también preferible 
esta sentencia el P. Wernz, 1. c, n. 345, nota 34. Véase también el voto 
del Dr. Lapponi en la causa Albinganen., 17 de Agosto y 7 de Sep- 
tiembre de 1895 (Thes. Resol. S. C. C, vol. 154, p. 917, seq.) 

6. Niegan la existencia de tal impedimento Eschbach, que puede con- 
siderarse como el portaestandarte de esta opinión, Disp. phys. theol., 
d. 2, p. 2. cap. 3; De novo quodam sterilitatis conceptu, en Analecta 
Eccles., vol. X, p. 85, sig.; De sententia impedimenti impotentiae, ibid., 
vol. XI, p. 269; con el cual se hallan conformes, entre otros, Gasparriy 
De matrim., n. 510, sig.; D'Annibale, Summula, vol. III, n. 431 , nota 9; 
Génicot, Inst. Theol. mor., II, n. 503; Berardi, Praxis conf., vol. IV, n. 800, 
sig., y al fin del volumen, «verbo femina sine útero et sine ovariis», p. 646; 
Aertyns, II, n. 563; Theses in Coll. Lovaniensi, S. J., De universa Theo- 
logia, 29 Jun. 1904, th. 78; Laureniius, Inst. jur. can., n. 619; Elbel- 
Bierbaum,Theo\.mor.,vo\. III, p. 10, n. 270; Sebastíanelli, De rebus, 
n. 65; Nouvell^ Rev. Théol., vol. 20, p. 82; Tanquerey, I, Supp., n. 6, 
Desmet, De sponsalibus et matr., p. 337, tiene ambas sentencias por 
sólidamente probables. 

7. No puede negarse que tiene mucha fuerza en favor de la primera 
sentencia el argumento tomado de la paridad entre el varón privado 
utriusque testiculi y la mujer quae ovariis caret. Cfr. Antonelli, Pro con- 
ceptu impotential, n. 58, sig. Sin embargo, no es la paridad tan grande 
que no puedan señalarse gravísimas diferencias. Cfr, Oury-FerrereSy 
Comp. theol. mor., vol. 2, n. 856 bis. 

8. Aunque esta cuestión es de derecho natural, es indudable que el 
argumento más decisivo ha de venir de la autoridad pontificia, juez 
inapelable en esta materia de los Santos Sacramentos, y, por consi- 



BOLETÍN CANÓNICO 103 

guíente, sen de inestimable valor las decisiones de las Sagradas Congre- 
gaciones Romanas sobre este dificilísimo punto. De ahí el interés con que 
se estudian por una y otra parte y la importancia de la respuesta que 
vamos á estudiar. 

§n 

Respuestas favorables á la segunda sentencia. 

9. Conocemos cinco respuestas de las Sagradas Congregaciones 
sobre esta cuestión interesante, y todas están conformes entre sí. Todas 
fueron dadas por el Santo Oficio, menos la que acabamos de copiar. 

10. La primera dióla el Santo Oficio en 3 de Febrero de 1887, y es 
como sigue: «Num mulier N. N., cui operatione chirurgica ablata sunt 
dúo ovaría et uterus, admitti possit ad matrimonium contrahendum? Et 
re mature perpensa, eminentissimi domini cardinales una mecum Inqui- 
sitores generales decreverunt: Matrimonium non esse impediendum.» 
Cfr. Gury-Ferreres, vol. 2, n. 856 bis; Gasparri, De matr., n. 513; Rosset^ 
De matr., n. 1.412; Ball.-Palm., vol. 6, n. 865, nota. 

11. La segunda, á que se alude en el rescripto, se refiere á un caso 
análogo al nuestro, con fecha 23 de Julio de 1890 y es del tenor siguiente: 

S. C. S. Off. 23Julii \890.—Quebec.—Se una dona, cui per mano chirurgica siano state 
asportate ambedue le ovaie e l'utero, possa validamente contrarre matrimonio. 

/?. Matrimonium non esse impediendum. (Collectanea S. C. de Prop. Fide, n. 1.733, 
p. 249, edic. 2.^) (1). 

12. La tercera se lee así en la citada Collectanea (n. 1.907, p. 324): 

S. C. S. Off. 31 Juiii \895.— Westmonastenen.—\Jtrüm puella N. cui ovaría per opera- 
tionem ciiirurgicam sblata sunt, quaeque proinde, licet ceteroquin perfecta sit, proiem 
concipere nequit, matrimonium valide et legitime contrahere possit. 

R. Detur responsum ut in Reghinen. scilicet: Juxta expósita, matrimonium in casu 
non esse impediendum (2). 



(1) Antonelli, Medicina pastoralis, vol. 2, p. 334 (edic, 2.^), y en el opúsculo De 
mulieris excisae impotentia, n. 123, p. 145, trae una respuesta que dice ser de 30 de 
Julio de 1900. Suponemos ser la misma que acabamos de copiar. En otro opúsculo dice 
ser de 1890 (30 Jul.) dicha respuesta. Cfr. De Conceptu impotentiae, n. 126, p. 103. Ver- 
daderamente se comunicó en esta ultima fecha como puede verse, en Eschbach, 
Disp. phys., 1. c. (pág. 203, edic. 2.^). 

(2) Esta respuesta in Reghinen. (sin duda debe ser Regien.) parece ser substancial- 
mente la misma que en el rescripto y en la Collectanea se la llama in Quebecen. Véase 
lo que dice Rosset, De matrimonio, n. 1.410: «Haec scripseram, quando ephemerides 
vulgaverunt sequens responsum S. Officii factum Episcopo Regii Aemiliae, die 23 Jul. 
an. 1890.» «In Congregatione feriae quartae currentis mensis, discussum fuit dubium ab 
Amplitudine tua propositum supplici libello diei31 Oct. elapsi anni, videlicet: Num mu- 
lier (N. N.) cui operatione chirurgica ablata sunt dúo ovarla et uterus, admitti possit ad 
matrimonium contrahendum? Et re mature perpensa. Emi. Domini Cardinales una me- 
cum Inquisitores Generales decreverunt: Matrimonium non esse impediendum." Véase 
también lo que escribe Eschbach en el lugar citado y en su voto en la causa Monaste- 
rien: Thesaurus Res. S. C. C, vol. 158, p, 141. 



104 BOLETÍN CANÓNICO 

13. De la cuarta nos da testimonio el P. Wernz, Jus Decretal., vol. 4, 
n. 345, nota 34, por estas palabras: «Quae explicatio videtur singulari 
modo confirmar! ex novo responso S. C. Inq. a. 1902, dato atque mihi ab 
Agente episcopali in Urbe communicato. Etenim cun novus iste casus 
excisionis ovariorum ¡n S. C. Inq. propositus fuisset, antequam resp'on- 
sum daretur, a medico expetitum fuit quanam ratione illa excisio facta 
esset. Qui cum respondisset de perfecta carentia organorum non certo 
constare, tum demum prodiit responsum: Matrimonium in casa non esse 
impediendum.» 

§111 
Circunstancias notables que concurren en nuestro rescripto. 

14. De todas estas respuestas, la que hoy publicamos nos parece la 
más interesante por varias circunstancias: 

1."* Porque ha sido dada por la Sagrada Congregación de los Sacra- 
mentos. Las otras diólas el Santo Oficio, sin duda por estar esta cues- 
tión íntimamente relacionada con el dogma. El haber pasado este asunto 
á la Sagrada Congregación de los Sacramentos parece indicar que ya 
está suficientemente discutido, y que, en la práctica por lo menos, sin 
necesidad de nuevas discusiones se han de permitir dichos matrimonios. 
2.'' Porque no lleva otra firma que la del (segundo) Subsecretario, 
Monseñor Domingo Jorio, y la del oficial, Rdo. D. Arturo Mazzoni, que 
redactó el rescripto. Esto parece indicar: 1.°, que las preces se han 
visto en el Congreso y no en la Congregación plena; 2.°, que se consi- 
dera ya este punto como plenamente resuelto, y, por lo tanto, de escasa 
dificultad ó de menor importancia. 

Véase lo que, al tratar de la Congregación de Sacramentos, dicen las 
Normas peculiares (cap. 7, art. 3, n. 24). 

«In dispensationibus minoris gradus et in negotiis minoris momenti 
poterit documento subscribiré Subsecretarius ad quem pertinet res, aut, 
hoc impedito, alteruter e duobus reliquis Subsecretariis, contra posita 
subscriptione amanuensis qui documentum exaravit tamquam officialis. 

»In majoris gradus dispensationibus et in negotiis majoris momenti 
documento subscribet Cardinahs Praefectus, aut alius ejusdem Congre- 
gationis Cardinalis, contra posita subscriptione Praelati a secretis, aut, 
hoc impedito, alicujus e Subsecretariis, ut in superiore numero.» 

Además en el cap. 2, al tratar en general de las atribuciones del Con- 
greso, se dice que podrá aplicar las resoluciones dadas por la Congrega- 
ción plena á casos semejantes ubi res perspicua sit, obvia, nullique obje- 
cta controversiae. 

Recuérdese que los documentos, aunque hayan sido despachados por 
el Congreso, se expiden todos en nombre de la Sagrada Congregación, 
como lo vemos en éste. Cfr. Razón y Fe, vol. 25, p. 105, n. 286-289. 



BOLETÍN CANÓNICO 105 

S."" Porque nos consta que en este caso la extirpación del útero y de 
los dos ovarios fué completa, según testimonio del médico que hizo la 
operación. Esto se indica claramente en las preces, pues dicen que, según 
testimonio del médico que practicó la operación, era cierta la extirpa- 
ción de la matriz y de ambos ovarios, y añaden que la extirpación fué 
total. 

Esto lo sabemos además por testimonio del sacerdote que intervino 
en la legitimación de esta unión, el cual con fecha 18 de Noviembre de 
1909 nos escribía: 

«El Sr. Obispo me dijo que consultase al doctor que había hecho la operación..., á 
ver si la extirpación había sido total... El doctor no pudo ser más explícito, diciendo 
que la extirpación, tanto de la matriz como de los ovarios, habia sido completa. Ante 
respuesta tan categórica, ya el Obispo no se atrevió á ir adelante, y asi ordenó que se 
llevase la cuestión á Roma. La oficina de Preces fué la que hizo la exposición, que 
adjunta le remito, juntamente con la respuesta de la Congregación, y solución del caso 
favorable» (1). 



(1) Lo dicho queda plenamente confirmado por la copia exacta de la carta del men- 
cionado doctor, que hemos recibido después de compuesto todo lo que antecede. 
Suprimimos los nombres propios. Dice así: 

«M., 10 Agosto 1908. 
»Sr. D. N. G. 

»Muy señor mío y de mi mayor consideración: En mi poder su atenta del 24 del 
próximo pasado, en la que me interesa contestación acerca de la operada N. N., y cum- 
pliendo con mi deber profesional, debo manifestarle que es cierta la extirpación total 
de la matriz y de ambos ovarios, hecha por histerectomia abdominal, consecutiva al 
padecimiento de las neoplasias que padecía, denominado Fibromas. 

«Vea en qué otro particular puede serle útil, y tendrá una verdadera satisfacción en 
servirle quien con este motivo se ofrece suyo afectísimo seguro servidor y amigo, 
q. b. s. m.,— R. G. de A.» 
(Está rubricado.) 

Tenemos, por consiguiente, el testimonio auténtico del operador, que testifica la 
amputación total y ésta cierta. «Ceterum chirurgi tantum, qui operationem perfecerunf, 
possunt testari an fuerit ablatio radicitus totalis nec ne.» Antonelli, Medicina past., vol. 2, 
n. 647. Nótese además que la operación no está hecha por el método vaginal, que, 
según Antonelli, ofrece el peligro de dejar algún fragmento de los ovarios (cfr. 1. c. y 
De concepta impotentiae, n. 109, 130), sino por el abdominal. 

(1) También todos estos extremos quedan confirmados con la carta autógrafa del 
Sr. Notario Mayor de la Curia, que acabamos de recibir y copiamos á continua- 
ción: 

«O., 4 Diciembre 1909. 
»R. P. N. G. 

»Muy señor mío y de todo mi respeto: Contesto á sus preguntas: 
» \.^ La Sagrada Congregación no pidió más datos que los contenidos en las 
preces. 
»2." No se remitió á Roma la carta del doctor que hizo la operación. 
»3.* No se envió á Roma otro informe alguno. 
»4.^ En la otra plana va copia literal de la carta del doctor. 

«Añadiré que el Sr. Obispo, á quien acabo de hablar sobre el asunto, me dice que 
nada le han pedido de Roma, ni él hizo presión de ningún género ni recomendación 
alguna.— P. M.» 



106 BOLETÍN CANÓNICO 

4.^ Porque la Sagrada Congregación no pidió nuevos datos para dar 
su respuesta, sino que, á pesar de decirle que la extirpación había sido 
total, dijo, sin más inquirir, que el matrimonio no debía impedirse. Véase 
lo que en 24 de Noviembre nos decía el mencionado sacerdote: «No creo 
que la Congregación pidiera otros informes al Obispado, é indudable- 
mente resolvió el caso conforme á los datos expresados en las preces. 
La razón es porque, después de resuelta la cuestión, estuve hablando 
con el Notario Mayor (1) largo y tendido sobre el caso y nada me dijo 
de nuevos informes.» 

15. Parece, por lo tanto, que contra esta respuesta no puede obje- 
tarse lo que se decía contra las precedentes. Así, v. gr., contra la 
de 3 de Febrero de 1887, se oponía que, al decir sterilis effeda, «satis 
innuit ablationem non fuisse certo totalem, vel si totalis, non defuisse 
possibilitatem alicujus, etiam minimi, residui stromatis ovarici vel ovarii 
alicujus supplementarii, ex quo evaderet possibilis elaboratio novorum 
ovulurum». (Antonelli, De conceptu impotentiae, n, 130, p. 105.) En 
la respuesta de que tratamos no se emplean dichas palabras sterilis 
effecta, y en cambio se dice expresamente que la extirpación de la 
matriz y de los ovarios fué ciertamente total. 

16. Contra la de 30 de Julio de 1890, unos decían: «An autem S. Offi- 
cium intellexerit, talem mulierem esse nihilominus certo potentem, id non 
comparet.» (Rosset, De matr., vol. 2, n. 1.410.) Otros: «Dicendum est 
nonnulla adfuisse particularia casus expositi et rationes, quas nos 
omnino ignoramus, quibus illud responsum datum est.» Antonelli, 1, c, 
n. 132, p. 107. 

17. Ó, como dice el doctísimo P. Bucceroni: «Ñeque vero ullo modo 
obstant notae Responsiones S. Poenitentiariae et S. Officii, matrimonium 
non esse impediendum, in casu excisionis ovarii et uteri. Nam, ut mihi- 
metipsi declaratum est ab ipso Emo. Cardinali, S. Officii Secretario, 
Responsiones illae ad particulares casus dumtaxat datae, supponebant 
posse adhüc per se in illis casidas sequi generationem: scilicet, quate- 
nus non fuisset perfecta et absoluta uteri et ovariorum excisio, et 
absentia.» (Theol. Moral., vol. 2, n. 994, p. 391, edic. 5.^) 

18. En nuestra respuesta sabemos las circunstancias todas del caso, 
y nos consta, como constaba á la Sagrada Congregación, que la extir- 
pación fué ciertamente total, tanto con respecto á la matriz como á los 
ovarios. 

19. Refiriéndose á una y otra, escribía el P. Palmieri: «2. In his casi- 
bus non dici, quod certa esset ablatio totalis ovariorum et uteri: si 
enim tanta non est, adhuc conceptio potest habere locum. 3. Forte ratio 
responsorum fuit, quod dubitaretur adhuc de perfecta excisione: fieri 
sane posse dicitur, ut chirurgus putet ea membra penitus excisa et 
tamen aliqua pars superstes sit: quo pósito jus conjugii ineundi praeva- 
let.» {Baller-Palm., Opus. morale, vol. 6, n. 865, nota.) 



BOLETÍN CANÓNICO 107 

20. Contra la de 1902 se objetaba que no se dio sino cuando se supo 
por testimonio del médico que no constaba con certeza de la perfecta 
carencia de dichos órganos. (Wernz, 1. c, n. 345, nota 134.) 

En la nuestra testifica el médico que la extirpación fué ciertamente 
total, y nada más se le pregunta. 

§IV 

Las sentencias que suelen aducirse en favor de la primera opinión. 

21. Resulta que en favor de esta práctica tenemos cinco respuestas 
de las Sagradas Congregaciones, todas conformes, en tanto que hasta 
ahora no se ha podido encontrar una sola sentencia en que se declare 
nulo.un matrimonio solamente porque la mujer carezca de útero ó de 
ovarios, ó de ambas cosas á la vez. 

22. Es verdad que suelen aducirse cuatro sentencias de nulidad pro- 
nunciadas por la Sagrada Congregación del Concilio (Cfr. Antonelli, De 
conceptu impotentiae, n. 60, p. 50, sig.; De mulieris excisae impoten- 
tia, n. 110, p. 137), en todas las cuales la mujer útero orbata erat; pero 
en todas ellas se alegaron otros defectos in vagina, que ellos por sí solos 
pudieron ser suficientes para declarar la nulidad. 

23. Dichas causas son: in Salernitana, propuestas á la Sagrada 
Congregación en 9 de Agosto de 1862, fallada en 21 de Marzo de 1863, 
fallo confirmado en 27 de Junio del mismo año. En dicha causa, además 
del defectus uteri, se alegaba mala conformatio vaginae, la cual, según 
varios médicos, faltaba del todo la «mancanza assoluta delta vagina 
edell'utero, ed in luogo delta vagina il canale dell'uretra». Cfr. The- 
saurus, vol. 121, p. 313-358, en especial las p. 319, 320; vol. 122, p. 108, 
y 243-248. 

24. La causa Verulana, fallada en 24 de Enero de 1871 y confirmada 
en 22 de Junio del mismo año, en la cual se alegaba brevitatem vaginae, 
pues, según un médico, «/a vagina non é piu profonda di due pollici^, 
y otros dos aseguraban que era «di una lunghezza di unpollice e mezzo 
terminante in una membrana muscolare di durissima consistenza im- 
perforata*. Cfr. Thesaurus, 1. c , p. 198-200. 

25. La causa Albiganen., propuesta á la Sagrada Congregación en 17 
de Agosto y resuelta en 7 de Septiembre de 1895 (1875 escribe Antonelli 
en los 11. ce), en la cual también se alegaba que la mujer estaba -^affetta 
de obliterazione in massima parte de la vagina». Cfr. Thesaurus, 
vol. 154, p. 746-785; 916-931, en especial las p. 746, 762, 925. 

26. La causa Monasterien., propuesta el 18 de Marzo y resuelta el 16 
de Diciembre de 1899 (Thesaurus, vol. 158, p. 131-172; 898-980), alegá- 
base también: «/a vagina... non é che un piccolo sacco chiuso dall'altro 
lato, profundo 5 centimetri...»; «quod anormalis sit vagina insufficiens 
ad coitum perficiendum»; «et non sit longior 4 vel 5 centim.»; -^era una 



108 BOLETÍN CANÓNICO 

via cieca talmente corta che apena riusciva introdure ¿I primo articulo 
deír Índice delta mano destra». (Ibid., p. 160, 161, 927.) 

§ V 
Conclusión. 

27. Todo esto parece indicar claramente que el Santo Oficio entendió: 
1.°, que especulativamente es por lo menos dudoso que la carencia, aun- 
que sea total, del útero ó de los ovarios, ó de todas estas cosas á la vez, 
constituya impedimento de impotencia; 2°, que aunque especulativa- 
mente constara del tal impedimento, prácticamente siempre será dudoso 
que no quede algún fragmento de los ovarios, ó exista algún ovario 
suplementario (1); y, por consiguiente, ha adoptado como medida prác- 
tica disciplinar, que mientras el Papa no resuelva otra cosa, no se deben 
impedir los matrimonios de tales personas, cualquiera que sea el modo 
como la operación quirúrgica se haya realizado. 

Esto confirma claramente lo que en otra parte habíamos escrito: 
«Unde in praxi (nisi nova edatur declaratio) confessarius: a) non videtur 
posse prohibere ut matrimonium contrahant ii, quorum sponsa ovariis, 
vel útero simul et ovariis careat; hinc Instr. past. Eystet., n. 395, 6: «nec 
»extirpatio ovarium in mulieribus simpliciter impedit matrimonium; nam 
»saepius mérito dubium erit, num perfecta fuerit et absoluta»; b) a fortiori 
nequit prohibere ut debitum petat, vel reddat uxor, cui post contractum 
matrimonium ovarla et uterus, vel horum aliquod exsectum est.» Gury- 
Ferreres, Comp., vol. 2, n. 856 bis. 

A^. B. Nótese que tal impedimento, si existiera, sería de derecho natu- 
ral (San Alfonso, lib. 6, n. 1.095; Wernz, 1. c, n. 345; Gury-Ferreres, 1. c, 
n, 855), y, por consiguiente, en él no podría dispensar el Papa. 

J. B. Ferreres. 



(1) «Ad haec addendum, quod, sicut aliquando in viro tertius testiculus suplemen- 
íaris inventus fuit, etiam in feminis ovaría supplementaria pluries inventa fuere; ita 
doctor Kocks tertium ovarium in muliere, ob cancrum defuncta, reperiit; item evenit 
doctori Puech; et nuper doctor Beigel, ex 350 feminaruní autopsiis, 8 earum ovarium 
supplemenlare habuisse invenit; renovationem vero ovaricam ex residuo ovarii ob 
operationem doctor Weinleichner observarit in quadam puella, quae ter tantum men- 
strua jam passa fuerat. Imo praegnationes, etsi rarissimae, aliquando habitae postabla- 
tionem utriusque ovarii, satis indicant vel tertium supplentare ovarium, vel residuum 
aliquod ovaricum, quod anatomicum cultrum effugerat.» Antonelli, De conceptu impo- 
tentiae, n. 130, p. 105, 106. 



EXAMEN DE LIBROS 



Rellgiosl juris capita selecta adumbravit Raphael Molitor, O. S. B. Abbas 
S. Joseph in Guestfalia.— Ratisbonae Romae, Sumptibus et typis Friderici 
Pustet S. Sedis Apost. et Sacr. Rit. Congr. Typ. MCMIX. Un volumen en 
4.° de VIII-560 páginas, 6 marcos y 8 empastado. 

Como lo indica el título mismo de la obra que tenemos el gusto de 
anunciar, y según expone su doctísimo autor en la prefación, este libro 
no es un texto ó compendio de derecho religioso que haya de servir 
para explicar en las aulas esta parte del Derecho canónico. Entiende el 
autor por derecho religioso el estrictamente religioso ó regular y el lata- 
mente religioso propio de las modernas congregaciones de votos sim- 
ples aprobadas por la Santa Sede, y que suelen llamarse congregaciones 
religiosas. Trata sólo algunas materias, pero escogidas y de las más 
principales, dih'ciles y oportunas en nuestro tiempo, y que, sin embargo, 
los autores modernos, ó no tocan ó las tocan menos bien, dice el P. Mo- 
litor. Él las trata á fondo, con gran amplitud y copia de argumentos: 
basta recorrer el índice de las Constituciones de los Romanos Pontífices 
desde el año 643 (4 de Mayo) al 1£07 (7 de Junio), que pasan de 
400, y que el autor cita oportunamente en su obra, para poder calificar á 
ésta, por el trabajo que supone, verdadera obra de benedictino. Muchí- 
simos son también los autores consultados, aunque echamos de menos 
algunos españoles, especialmente modernos, que han tratado bien algu- 
nas cuestiones referentes al asunto. 

Más que á la práctica, que, sin embargo, también se toca, especial- 
mente en los corolarios, mira la obra del docto benedictino á los prin- 
cipios en sí, al conocimiento de la naturaleza de los objetos ó puntos 
sobre que versan los siete capítulos que componen el libro, á saber: la 
profesión religiosa, los varios géneros de profesión religiosa que exis- 
ten, naturaleza del estado religioso, significación de las palabras usadas 
en Derecho canónico para expresar alguna religión en general, v. gr., or- 
den regular, instituto religioso, compañía, etc., ó una familia singular 
ó parcial dentro de la religión, v. gr., monasterio, convento, casa reli- 
giosa, claustro, etc., y también abadía, priorato conventual, obediencia, 
residencia, colegio, etc., cuál es la potestad de régimen de las religiones, 
las varias familias de religiosos, la abadia regular. Puede decirse que 
cada capítulo agota su materia: suele empezarse con acierto explicándose 
el estado de la cuestión, siguiéndose la exposición y discusión de las 
opiniones diferentes de los doctores y estableciéndose luego la tesis, que 



lio EXAMEN DE LIBROS 

se prueba con variedad de argumentos, de autoridad y de razón, sin dejar 
de resolver las objeciones que hacen al caso. No siempre quedará con- 
vencido el lector de la eficacia perentoria délos argumentos, sobre todo 
en aquellos puntos que contradicen al modo común de hablar observado 
hasta hoy entre los autores, pero le harán pensar y servirán, como desea 
el sabio autor, para que, discutidos, contribuyan á esclarecer más las 
cuestiones. 

En el cap. I niega, contra lo que muy comúnmente dicen los doc- 
tores, que la profesión religiosa, aun la profesión solemne, sea un con- 
trato bilateral; pero entiende por bilateral, á lo que parece, sinalagmático, 
porque lo prueba alegando no estar obligada por justicia conmutativa 
la orden á sustentar al religioso que se ha incorporado á ella por la 
profesión. Mas ¿por qué no llamarle bilateral, cuando por él ambas partes, 
el religioso y la orden, contraen verdadera obligación? No es menester 
que ésta sea unívoca, puede ser análoga, cual la admiten, v. gr., varios 
autores en los concordatos, en que la obligación que contrae el Papa es 
de fidelidad solamente, y no de justicia, como la del Príncipe, en las 
materias espirituales ó mixtas objeto del concordato. 

Una de las condiciones exigidas para la validez de la profesión 
regular es que los votos sean aceptados, esto es, escribe el autor, que se 
hagan ó pongan en manos del que tiene facultad para recibirlos. Sin em- 
bargo, en las Constituciones de la Compañía de Jesús, parte V, cap. IV, 
núm. 3, se dice que los admitidos á estudiantes aprobados por la profe- 
sión regular de los votos del bienio, no los hacen ó ponen éstos en manos 
de nadie: «non in manibus cujusquam vota sua emittent». Sobre la solem- 
nidad formal del voto y del voto solemne trata con mucha extensión el 
cap. II; después de amplia discusión se prefiere á la definición del voto 
solemne expuesto por el P. Wernz, la siguiente: «Voto solemne es el que 
por tal se recibe por la Iglesia y por ley eclesiástica hace inhábil al reli- 
gioso para todo derecho personal estricto sobre las cosas puestas en el 
comercio»; lo cual, explicado llanamente en el voto de pobreza y con 
cierta sutileza en el de castidad, halla dificultades en el de obediencia, y 
no parece pueda aplicarse á todos los actos, ni lo aplica el autor, sino 
á algunos actos personales, onerosos ó útiles que caen, dice, bajo el 
comercio sub commercio sunt. La definición de Wernz, entendida en su 
obvio sentido de la inhabilidad ad actus jurídicos, voto contrarios nos 
parece que no ofrece dificultad alguna. Cuando en las páginas 125-126 
explica la naturaleza del voto religioso simple por el derecho común, 
entendemos el derecho ordinario, porque derecho común es el de la 
Compañía de Jesús, en la que el voto religioso simple de los coadjutores 
formados no sólo induce inhabilidad por privilegio para contraer válida- 
mente matrimonio, sino también para adquirir ó poseer cosas temporales, 
y esto por su misma naturaleza, declarada por el Papa, en la Compañía. 
Es notable y nos parece muy bien discutida la cuestión sobre si los votos 



EXAMEN DE LIBROS 111 

simples que ahora se hacen antes de la profesión solemne en todas las 
religiones constituyen al que los hace verdadero religioso, como es 
cierto por la Bula Ascendente Domino de Gregorio Xlll, que le consti- 
tuyen los votos simples de la Compañía, aun los llamados del bienio. 
Llamar voto religioso cuasi-solemnizado en la pág. 160 al voto simple, 
de que se habla en la 67, parece impropio, puesto que el voto de la 
pág. 67 se refiere á las Escuelas Pías cuando no eran sino congregación 
y no verdadera religión, como lo son ahora. Muy bien se expone la 
naturaleza del estado religioso (cap. III) por la estabilidad perpetua de 
los votos, principalmente del de obediencia: véase su definición (pág. 217) 
y el oficio nobilísimo del religioso, que es la más exacta imitación de 
Jesucristo (pág. 218). Se niega con sólidas razones que el religioso pueda 
Wamarse muerto civilmente y en estado de servidumbre (páginas 188-190). 
Con gran esmero y solidez se explica la jurisdicción cuasi-episcopal 
de los superiores regulares en el cap. V, y en particular la dignidad, pri- 
vilegios, etc., del abad regular en el cap. Vil, lleno de ciencia y erudi- 
ción. La distinción corriente de religionescontemplativas activas y mixtas 
le parece al autor (cap. VI) poco fundada, porque toda religión ha de tener 
por divisa el ora et labora, que decía San Benito. Tampoco aprueba la 
distinción de religiones monacales y clericales, á no ser que se explique 
por razón de los trabajos ú ocupaciones á que comúnmente se dediquen 
monjes y clérigos regulares (pág 311), y no respecto del estado y del 
sacerdocio, en cuanto tal. El índice de cosas y palabras con que termina 
la obra es también muy digno de encomio por lo copioso y ordenado 
que es y lo mucho que facilita el manejo provechoso del libro. 

P. ViLLADA. 



P. NORBERTO DEL PRADO, O. P. Santo Tomás y la Inmaculada.— Vergara, 

tipografía de El Santísimo Rosario. Librería Católica Internacional, Balmes, 83, 
Barcelona, 1909. En 4 " de 250 páginas. 

Cualquiera que lea el art. 2." de la cuestión 27 de la tercera parte de 
la Suma de Santo Tomás, creería que el Doctor Angélico habla en él, 
con su proverbial claridad, semejante, en opinión del P. Monsabré, al 
agua transparente y cristalina de los arroyos, de que la Virgen Santísima, 
que no fué santificada antes de la animación, tuvo la mancha del pecado 
original, de la cual quedó purificada seguramente antes de su salida del 
seno materno, y con grande probabilidad muy pronto después de su 
concepción pasiva. Pero no pocos autores, recurriendo, según juzga el 
P. Pesch, ad subtilissima artificia, explícanlo de tal manera, que pre- 
sentan al Ángel de las Escuelas como defensor de la Concepción Inmacu- 
lada. Con todo, fuerza es confesar que semejante sentencia tiene su pro- 
babilidad. Bastaría para demostrarlo la presente obra del docto profesor 
de Friburgo R. P. Prado, en la que, con erudición teológica de buena 



112 EXAMEN DE LIBROS 

ley, copia de doctrina tomística y estilo suelto y brillante, se manifiestan 
los fundamentos en que estriba esa opinión. Ni á esto sólo se limita el 
esclarecido dominico, sino que de la interpretación del citado artículo 
toma pie para afirmar que fuera de la Inmaculada enseñada por Santo 
Tomás se vislumbra en la historia de la Teología otra que no concuerda 
con la de la Bula Ineffabilis Deas, y tras esto responde á los reparos que 
un insigne Prelado mejicano puso á sus comentarios. Omitiendo esta con- 
testación, de la que no juzgamos, por no tener á mano los folletos á que 
se alude, examinaremos las dos cosas que se explican en el opúsculo. 
Primera: Santo Tomás sostuvo la Inmaculada Concepción definida por 
Pío IX. Segunda: Otros teólogos católicos admitían una Inmaculada 
incompatible con la sana doctrina. 

Primera parte. No hay duda de que si el Angélico defendió la Inmacu- 
lada, tal Inmaculada pasó por el Calvario; las pruebas que alega el 
R. P. Prado son contundentes; mas el punto obscuro está en lo pri- 
mero. Y aquí el modo de discurrir del sabio profesor tal vez no satisfaga 
á todos. Nos ceñiremos á señalar algunas deficiencias, sin que nuestra 
crítica arguya de manera alguna desaprobación ó aprobación de lo que 
se discute. 

Empieza el P. Prado diciendo que Santo Tomás en este artículo sólo 
intenta dejar á salvo que la Virgen fué redimida por la sangre de Cristo; 
y razona así: porque saca á relucir como prueba única y prueba decisiva 
el que los hijos de Adán necesitamos ser rescatados por la Pasión del 
Salvador. Ante todo, no parece exacto que sólo saque á relucir esa como 
prueba única, pues la conclusión se demuestra duplici ratione, y la pri- 
mera es, que la Virgen no podía antes de su animación ser santificada 
como incapaz de la gracia santificante. Después no se desprende de la 
prueba que sólo intente dejar á salvo dicha redención, porque con ese 
argumento se pueden dejar á salvo otras cosas, como la conclusión y el 
corolario del presente artículo, que los expresa de este modo Cayetano: 
«La Beatísima Virgen no fué santificada antes de la animación. Fué santi- 
ficada después.> 

Todo el nervio de la dificultad en la materia consiste en estas locucio- 
nes, que aquí y en otros escritos emplea el Santo Doctor. « Virgo (alias) 
namquam incurrisei maculam originalis culpae.» «Contraxit peccatum 
originale.» Atestigua el docto profesor que con ellas sólo pretende Santo 
Tomás significar la concepción activa de María (1). Pruébalo, entre otras 
razones, con la siguiente: El « Virgo contraxit peccatum originale» se 



(1) Duplicem, dice Horacio Mazzella, Praeleciiones, t. III, núm. 314, dístinguebant 
veteres conceptionem, activam etpassivam. Prima est ipsa actio qua per seminis com- 
mixtionem parantes prolem efformant. Altera vero est ipsa corporis efformatio... in- 
choata est efformatio corporis et ejus organizatio usque ad infusionera animae; perfecta 
habetur.cum corpori jam debite disposito infunditur anima quae a Deo creatur. 



EXAMEN DE LIBROS 113 

contrapone á <^Christiis nullo modo contraxit peccatum origínale», y lo 
mismo el «numquam inciirrisset», como se echa de ver en la respuesta 
ad secundum. «Por consiguiente, ese numquam excluye y descarta todos 
los modos de santificación ante animationem» (pág. 30). «Lo que Santo 
Tomás afirma es la necesidad de contraer é incurrir en la culpa original 
que se transmite juntamente con la naturaleza humana'> (pág. 33). Dispén- 
seme el egregio dominico; pero aun dando de barato que el nullo modo 
diga lo que él quiere y que no sea simplemente una negación; de esas 
proposiciones no se colige lógicamente su conclusión, ni el parecer del 
Santo. Son, es verdad, al menos contradictorias; pero no solamente pue- 
den ser contradictorias, sino contrarias. Pueden encerrar estas significa- 
ciones: Virgo contraxit aliquo modo... Virgo contraxit omni modo. ¿Cuál 
fué la mente del Doctor de Aquino? Aquí ciertamente no colocó la luz al 
lado mismo de la frase obscura (pág. 33). Habrá que apelar á nuevo linaje 
de argumentos para descubrirla. Mas de otro, en que se apoya el Padre 
Prado, tampoco se infiere en buena dialéctica lo que intenta. «Santo 
Tomás, dice (pág. 31), habla de la concepción activa; se prueba por los 
argumentos en contra á que responde: la Virgen 1.°) fué santa antes de 
la animación; 2.") y en su concepción; y así anteriormente á su anima- 
ción.» Sería admisible la prueba, tratándose del príncipe de los teólogos, 
en el caso en que no se pudiera rebatir á los adversarios sino tomando 
el contraxit peccatum origínale en un sentido, esto es, antes de la ani- 
mación; pero si se puede rebatirlos y deshacer sus objeciones, tomán- 
dolo en otro sentido, á saber, post animationem, ¿por qué se ha de enten- 
der el primero? Y que se pueda, no hay asomo de duda; porque si la 
Virgen personalmente contrajo ó la mancha original ó el débito, á fe que 
no fué santificada, quocumque modo, antes de su animación. Por con- 
siguiente, nada en limpio se saca de los argumentos en contra á que se 
contesta. 

Y puesto caso que con esto se enlaza, he de notar algo que es para 
mí un enigma. Testifica el sabio autor que en este artículo ni afirma ni 
niega Santo Tomás que la Virgen incurriese de hecho en pecado origi- 
nal (pág. 45). Pues entonces, ¿qué denotan las palabras <^quod sanctifi- 
catio B. Virginis fuerit post ejus animationem?» ¿Á qué el empeño de 
interpretar ese post? No hay remedio, ó ese post indica instante lógico ó 
período de tiempo. Si lo primero, ya el Angélico excluye á María de 
haber incurrido de hecho en el pecado de origen; si lo segundo, todo lo 
contrario. Tal vez prescinda el Doctor de Aquino de la significación con- 
creta de esa palabra, como quiere el P. Prado; mas no de que encierre 
alguna de las dos significaciones; no prescinde, pues, de si incurrió ó no 
incurrió, sino, á todo tirar, de si incurrió en el primero, segundo, etc., ins- 
tante de tiempo. Lo cual el mismo Padre lo declara cuando en la pá- 
gina 51 escribe: «La Virgen fué preservada de la mancha del pecado... por 
un privilegio... personal. Pues bien: este es el modo... como Santo Tomás 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 8 



114 EXAMEN DE LIBROS 

explica y enseña constantemente, dondequiera que de ella trata, la san- 
tificación de la Virgen; y por este camino llega á la siguiente conclu- 
sión: unde relinquitur quod sanctificatio B. Virginisfuerii post ejas ani- 
matíonem.» 

Por cierto que también sobre ese post se nos ocurre alguna que otra 
observación: 1/ En la página 57 escribe el P. Prado: «Por lo tanto, el 
sandificare post animationem se ha de entender de posterioridad de 
naturaleza y orden; porque, según este género de prioridad y posteriori- 
dad, distingue el Angélico Doctor diversos instantes, siempre que trata de 
la infusión del alma en el cuerpo y de la infusión de la gracia en la esen- 
cia del alma, sin que por esto se siga en buena lógica que haya que 
admitir diversos instantes ó momentos de tiempo.» No alcanzamos la 
razón: porque el post animationem ni pertenece de suyo á la infusión del 
alma en el cuerpo, ni á la de la gracia en el alma; y aunque puede formar 
un instante de tiempo con las dos, como sucedió en la Concepción 
Inmaculada; pero puede también abarcar horas, días... De San Juan Bau- 
tista se dice: post animationem sanctificatus est: y ese post comprende 
varios meses. 2.^ Son tres las razones que, según el P. Prado, movie- 
ron al Angélico á que no deslindase el tiempo de la santificación ó el 
significado del post animationem: 1." Que la Iglesia romana no cele- 
braba fiesta ni había dicho palabra acerca del asunto. 2.'' Que nada 
expreso encontró el Santo en los Padres y Doctores antiguos sobre el 
instante de tiempo de la santificación. 3."" Que no lo sabía. Pero estos 
mismos motivos existían antes, y, al decir del mismo P. Prado, deslindó 
Santo Tomás el tiempo cuando «afirmó expresamente y en términos que 
no dejan lugar á duda que (María) fué inmune de todo pecado: mortal, 
venial y original». Por consiguiente, tales razones no son suficientes. 
S."* Mas lo arduo aquí está en compaginar ese post, entendido por ins- 
tanse lógico, con lo que concede el Doctor Angélico en el libro III, 
Sent. q. 1, a. 1, que el alma de la Virgen tuvo la infección del pecado ori- 
ginal ad aliquod tempus y postmodum se libró de ella. Aquí pecado ori- 
ginal que inficiona el alma racional de María, no significa débito; porque 
es absurdísimo que la Virgen esté algún tiempo con solo débito, sin gra- 
cia ó pecado. Luego, ó se contradice Santo Tomás, ó el post no es ins- 
tante lógico. 

El anhelo del ilustre Padre dominico de traer á su favor pasajes de 
Santo Tomás parecidos al precedente, le hace incurrir en ciertas expli- 
caciones algo confusas y peregrinas. Hablando de que la Virgen fué li- 
brada por especial privilegio del pecado original contraído ó en que fué 
concebida, advierte que aquí el Angélico trata de la concepción de la 
Virgen active sumpta (pág. 45): que «esta no es la concepción decla- 
rada inmaculada por Pío IX». Pues en ese caso, reponemos: ¿qué quiere 
decir sed ab eo quodam speciali modo, ut dictum est, purgata? Por ven- 
tura ¿fué santificada antes de la animación? Porque, según el insigne 



EXAMEN DE LIBROS 115 

autor, aquí se significa que la Virgen antes de su animación ex natura 
sua, contrajo pecado original: mas el Doctor de Aquino testifica que ab 
eo peccato de ese pecado fué libertada; luego parece que la Virgen an- 
tes de su animación recibió la santificación. Para evitar esa conclusión, 
el ilustre profesor de Friburgo debe interpretar así esas frases del Santo. 
La Virgen, por su manera de ser concebida, contrajo el pecado original, 
de lo cual habla Santo Tomás en lo de cum peccato originali concepta 
fuit; pero el ab eo adjunto no se refiere á esa concepción; hay, además 
de ésta, otra pasiva por la que la persona de la Virgen contrae ó el pe- 
cado original ó el débito: ésta no menciona el Angélico, mas precisa- 
mente á ella aplica el ab eo. ¿No parece todo esto algo raro en un Santo 
Tomás, que pesa las palabras, según frase feliz de Balmes, como oro? 
Aún hay más. Ahora va á buscar, afirma el P. Prado, el Angélico, que 
en el artículo 2." no trata de si incurrió ó no María en la mancha de 
origen, hasta donde se extiende ese privilegio especial: si hasta el pri- 
mer momento, ó no tanto; es decir, si la Virgen personalmente contrajo 
ó no la mancha. Y á ese fin aduce el Doctor de Aquino los ejemplos de 
San Juan Bautista y Jeremías, santificados antes de salir á la luz del día, 
atestiguando que amplior gratia, una gracia más amplia que á aquéllos 
se otorgó á la Virgen en el seno materno. De donde concluye el P. Pra- 
do: «Cabe que María no tuviera pecado original; luego el proceso teo- 
lógico de Santo Tomás llega hasta el dogma hoy definido.» Mas aquí 
tropezamos con el mismo obstáculo que antes apuntábamos. Cabe que 
María no tuviera y cabe que María tuviera, según entienda Santo To- 
más, y no otro teólogo, el amplior gratia. Puede entenderse amplior en 
intensidad sólo ó también en extensión, y en este caso sin llegar ó lle- 
gando al primer momento. ¿Cómo lo entiende el Ángel de las Escuelas? 
He aquí la dificultad; las palabras nos dejan en tinieblas. No se debe, 
pues, deducir el proceso teológico hasta parar en el dogma; porque si 
el Doctor Angélico no comprende el primer momento (que no sabemos), 
adiós dogma. Prescindimos por completo ahora de la explicación, al 
parecer clara, que da el Sol de Aquino en el artículo 6." de esta cuestión, 
del amplior gratia, que entiende solamente de la intensidad. 

Tampoco discurre, á nuestro entender, lógicamente el P. Prado al in- 
terpretar á Cayetano (pág. 48), sino que comete, por descuido, un ligero 
sofisma. Según el célebre Cardenal, comentando la Suma, no es contra la 
fe que alguna persona praeter Christum no incurra actualiter por espe- 
cial privilegio en el pecado original..., aunque hay opiniones que, si no 
son contra la fe, son menos probables. De estas locuciones infiere el 
esclarecido autor: «La santificación de la Virgen en el primer instante 
de su animación... en nada se opone á cuanto dice y enseña Santo To- 
más en la Suma Teológica ni en sus restantes escritos, cuando habla de 
esta materia. Cayetano lo pensaba así y así lo dejó consignado en sus 
comentarios.» AKpunto se advierte el sofisma. Cayetano asegura, á lo 



116 EXAMEN DE LIBROS 

más (á lo más digo, suponiendo que atribuya lo que afirma á Santo To* 
más y no lo profiera como cosa propia), que el Doctor de Aquino no 
sostiene como de fe que alguno por especial privilegio no sea concebido 
sin pecado original; pero no que no sea contra la razón, contra lo que 
enseñan los Padres, etc.; y debe opinar aquel ilustre Cardenal y opina (1) 
que es contra lo que dice y enseña Santo Tomás el defender la senten- 
cia de la Inmaculada, aun cuando realmente no sea herejía, en sentir del 
Ángel de las Escuelas. El nombre de este Cardenal nos lleva como por 
la mano á señalar una generalización inadmisible que hace el ilustre 
profesor de Friburgo, advirtiendo que no es la única de este género que 
emplea en su obra. En la página 86 menciona el P. Prado al incompa- 
rable comentarista de Santo Tomás, que en el opúsculo De Concepta 
Virginis asienta que se dice libre del original no sólo al que se purga 
de la culpa actual, sino aun de la mancha fundada en el débito personal, 
apoyando esta aserción en el Doctor Angélico, que por muerte sostiene 
que basta entender débito ó reato en la propia persona, aunque ésta 
nunca de hecho muriese. «Principio de Santo Tomás, exclama el autor, 
que nos da el genuino sentido de sufficit intelligcre debitum in propria 
persona.» Esto es ir demasiado lejos. De que el Ángel de las Escuelas 
en determinada materia y en ciertas circunstancias asegure que hay mo- 
tivo para adoptar una explicación, no se desprende que opine que esta 
explicación se pueda, á. manera de principio, aplicar á otras materias y 
circunstancias. Habría que demostrar aquí que Santo Tomás juzgó que 
ambas materias y las demás circunstancias eran análogas, y que en su 
mente bullía esa idea al escribir las precitadas frases Virgo contraxit 
peccafum origínale, etc. De lo contrario, siempre se podrá negar rotun- 
damente que tuviera el Santo semejante intención. Y lo pasmoso es que 
el Doctor de Aquino, tan remirado en sus escritos, echa allí mano de esa 
distinción con palabras claras y terminantes, y aquí, en donde había de 
ella harta necesidad para no confundir á los lectores (2), la omite, y la 
omite siempre al hablar del pecado original de la Virgen. 



(1) Pesch, Praelectiones, t. III, pág. 190, núm. 343. «Cajetanus non solum in com- 
mentariis... docet S. Thomam... tenuisse B. Virginem conceptam in peccato originaii... 
sed de hac re proprium opuscuium scripsit ad Leonem X, in quo valde queritur quod 
multi hanc opinionem damnent quam tot sancti et inter eos S. Thomas defenderint. 
In fine rogat pontificem ut arbiter sit inter quindecim sanctos necnon innúmeros docto- 
res antiquos ex una et pavidum in causa Iiac Scotum, Franciscum Maironis, Petrum 
Aureoli, modernos et promiscui vulgi clamores ex alia parte.» 

(2) Algunos tomistas creyeron descubrir tan clara en las frases de Santo Tomás su 
opinión contra el misterio, que no podía ser más. Citaremos, entre muchos, dos auto- 
res españoles. El célebre P. Martínez del Prado, catedrático de Prima de la Universidad 
de Alcalá y provincial electo de la provincia de España, escribía en el Memorial á Fe- 
lipe IV: «Todo el mundo sabe que el Angélico Doctor lleva la opinión contraria...» (á 
la piadosa). El dominico P. Pascual Sánchez, á quien alaban La Fuente en su opúsculo 
La Enseñanza Tomistica en España, pág. 40; Vidal y Díaz en su Historia de la Univer- 



EXAMEN DE LIBROS 117 

Otros reparos podríamos ponerle, pero nos vamos alargando dema- 
siado. No hemos de callar, sin embargo, que no juzgamos conveniente 
que al investigar el pensamiento de un teólogo se desdeiie la crítica his- 
tórica; creemos que para penetrar la mente del Angélico en la materia 
se han de tener muy en cuenta el modo de hablar y sentir de sus prede- 
cesores y contemporáneos, sus discípulos, adversarios, intérpretes más 
autorizados, tradición de su escuela, el carácter del Santo y manera 
de explicarse, transparencia de su estilo, constancia en sus ideas y opi- 
niones, etc. 

La segunda cosa que hace el P. Prado es rebatir la sentencia de los 
que creen que Cristo encarnaría aun en el caso de no haber pecado 
Adán, y principalmente pretende declarar que los que tal doctrina sos- 
tienen y los que defienden el débito remoto no admiten la Inmaculada 
definida por Pío IX, sino una Inmaculada á quien Cristo no rescató con 
su preciosa sangre. La Bula Ineffabilis vino á dar la razón á Santo To- 
más y á quitársela á los partidarios de Escoto y secuaces del débito 
remoto. Con gusto nos detendríamos á examinar cada una de las prue- 
bas que alega el docto Padre; pero nos es imposible en una reseña. Di- 
remos en general que nos parece que no saca en resumidas cuentas lo 
que desea; por esta sencilla razón. Los Escotistas y los del débito re- 
moto presuponen tres cosas: 1 ."* La Virgen Inmaculada. 2.'^ La reden- 
ción por la cruz de Cristo. 3." Ó la Inmaculada antes de la previsión del 
pecado de Adán, ó la exclusión de María del pacto de Dios con Adán 
en el que de suyo debía comprenderse. Supongamos que el R. P. Prado 
demuestre que hay incompatibilidad en los dos últimos puntos. ¿Qué se 
deduciría? Nada más que lo siguiente: Ó que María Inmaculada no fué 
redimida por la sangre de Cristo, ó que las suposiciones son falsas. No 
precisamente, como lo observó muy bien el P. Caparroso, que defendie- 
ran una Inmaculada que no pasa por el Calvario, en lo que tanto insiste 
el P. Prado. Más aún: obligados los defensores de esas sentencias á 
escoger, se quedarían con lo cierto y rechazarían una opinión que no 
excede los límites de la probabiHdad. Luego lo que probaría el esclare- 
cido profesor de Friburgo es que las suposiciones deben rechazarse, 
pero de ningún modo que aparece en la historia de la Teología defen- 



sidad de Salamanca, pág. 602, y aun su adversario el P. Godínez, Triunfo de la Verdad, 
pág. 204, decía en su Vindicación del Dictamen..., que se conserva inédito en la Sala de 
manuscritos de la Universidad de Salamanca, Est. 3, Caj. 4, núm. 25: «que este Santo 
Doctor (Santo Tomás) enseña que María Santísima fué concebida en pecado original, 
es cosa tan palmaria, que me sería preciso decir á quien lo negase lo mismo que Aris- 
tóteles al que negaba que la nieve era blanca: abra el tal los ojos y véala... Podría lle- 
nar una resma de papel con la multitud de autoridades que sobre el particular se hallan 

en sus escritos, dejando las que trae en la Suma Teológica y sobre las Sentencias » 

Y en el Dictamen, según refiere el P. Godínez (pág. 144), afirma: «El decir que este Santo 
Doctor (Santo Tomás) estuvo por la inmunidad, es no querer ver la luz del mediodía, 
teniendo los ojos abiertos y claros.» 



118 EXAMEN DE LIBROS 

dida por los escotistas una Inmaculada que no es la de Pío IX. Y se nos 
figura que el distinguido autor debía haber ido en derechura al punto 
negro de la cuestión; á patentizar con sólidas razones lo irreconciliable 
de los decretos divinos en el caso de que María, predestinada para Ma- 
dre de Jesucristo antes de la previsión del pecado del primer hombre, 
estuviera, no obstante, á fuer de hija de Adán, comprendida en su volun- 
tad, como enseñan los escotistas, ó que no lo estuviera por disposición 
divina, debiendo de suyo estarlo, según opinan los del débito remoto. 
Mientras esto no se demuestre con claridad, nada absolutamente se sa- 
cará de la Bula Ineffabilis contra los partidarios de ambas opiniones. 
Opiniones que son hoy tan probables como antes de la definición de la 
Concepción Inmaculada, y por más que el P. Prado, no sin visos de 
exageración, asegura que desde que habló la Iglesia se disiparon las nie- 
blas en este punto, lo cierto, lo innegable es que la cuestión no ha va- 
riado un ápice y que muchedumbre de teólogos, principalmente de la 
escuela franciscana y ligoriana, las siguen con entusiasmo (1), sacando 
de la Bula Ineffabilis nuevos argumentos para robustecerlas. 

Vaya dicho todo esto sin rebajar el mérito del esclarecido profesor 
de Friburgo y la fama de que goza, bien merecida, á juzgar por la mu- 
cha ciencia y erudición que revela en esta obra. Á nadie admirará que, 
queriendo dar cierta originalidad á materias ya muy trilladas, se escapen 
algunas que otras afirmaciones que, consideradas serenamente, tal vez 
disientan algo de la exactitud y rigor dialéctico de las Escuelas. 

A. P. GOYENA. 



(1) Véanse, por ejemplo, lo que dicen el P. Casanova en la Revista Eclesiástica de 
Valladolid, vol. VI, páginas 218-219; vol. VII, páginas 23-27; el P. Francisco Manuel 
Malo en su Defensa Filosófico-Teológica dtl V, Doctor Sutil, Orihuela, 1889, pág. 121; 
el P.Saldes en el Praeludium de Primatii Domini N.Jesu Christi, Barcinone, 1902, pá- 
ginas 56-61, etc. (traducción de Petit-Bornaud); el P. Carcagente, Apología y Elogio del 
V. Doctor Sutil..., Valencia, 1904, tercera edición, pág. 305, nota 2.^; el P. Casajoana, 
Disquisitiones Scholastico-dogmaticae, Barcinone, 1899, vol. II, Thesis 82, 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



Carta-Pastoral que el Excmo. é Ilmo. se- 
ñor Dr. D.Juan Muñoz y Herrera, Obis- 
po de Málaga, dirige á sus amados dio- 
cesanos con ocasión de su jubileo sacer- 
dotal. — Málaga, Escuela tipográfica de 
San Bartolomé, 1909. En 4.", de 44 pá- 
ginas. 

Las glorificaciones del sacerdocio 
católico. He aquí la materia oportuní- 
sima y muy litil para todos, que ha 
escogido el V. Prelado en su Pastoral 
de Adviento para celebrar su jubileo 
sacerdotal. Instituido el sacerdocio por 
Jesucristo Nuestro Señor, y puesto en 
su Iglesia para salud de las almas, des- 
cubre en él, expone luminosamente y 
demuestra eficazmente el ilustrísimo 
autor las glorificaciones del sacerdo- 
cio, que resplandecen en el poder que 
ostenta en sus tiempos, en el amor que 
promueve en sus ministerios, en los 
esplendores en que viven sus enseñan- 
zas. La lectura es fácil y agradable, 
por la variedad de los argumentos, 
consideraciones sobre Moisés símbolo 
y representación en el Antiguo Testa- 
mento de Jesucristo y del sacerdocio 
católico, hechos históricos en confir- 
mación de las glorias del sacerdocio, 
excelencias del mismo por su natura- 
leza y en particular por el manjar di- 
vino que se nos da en la Sagrada Eu- 
caristía, á cuya recepción frecuente 
exhorta el Sr. Obispo con afecto de 
Padre y Pastor. Unimos nuestra felici- 
tación á la de sus amados diocesanos. 

Carta-Pastoral del Ilmo. y Rvmo. Sr. Doc- 
tor D. Juan Maura y Gelabert, Obispo 
de Orihuela, al Clero de su diócesis y 
alumnos de su Seminario. Tercera so- 
bre e! Modernismo.— Orihuela, impren- 
ta de Cornelio Paya, 1909. En 4." de 25 
páginas. 

Explicadas con brevedad y claridad 
la noción de la inmanencia escolástica 
positivista y panteísta, refuta eficaz- 
mente la positivista y prueba indirecta 
y directamente con las doctrinas que 
propalan los mismos modernistas que 



de ellas se deduce lógicamente el pan- 
teísmo inmanente anatematizado en 
el Concilio Vaticano. 

Exercitiorum Spritualium meditattones 
S. Scripturae verbis contextué a Nicolao 
Paiilmier, S. J. (f anno 1702). Editio- 
nem novam curavit ejusdem Societatis 
Sodalis. Aeniponte sumptibus Prioratus 
PP. Benedictorum 1909. Un volumen 
en 8." de XVI-400 páginas 2,50 francos. 
En Innsbruck, Innrain 2.^ (Tirol), y en 
todas las librerías. 

La primera edición de este precioso 
libro se publicó en latín y francés el 
año 1692 en París con el título Sacra 
Scriptura informam meditationum re- 
dacta. Después se han hecho otras 
varias, ya completas, ya compendia- 
das, muestra del aprecio que hizo el 
público escogido de la obra. Esta nueva 
edición, que recomendamos, sale tal 
cual la compuso y dio á luz el mismo 
autor. En esta forma será de gran uti- 
lidad, así á los directores de los ejer- 
cicios como á los ejercitantes. El orden 
de las meditaciones se acomoda al 
admirable propuesto por San Ignacio 
de Loyola para conducir al hombre 
desde el abismo del pecado á la cum- 
bre de la perfección cristiana; pero las 
meditaciones son mucho más copiosas 
y algunas del todo nuevas, como las 
de Sacerdotio, Statu religioso, etc. Con- 
cluye con un cántico fervoroso para 
mover al amor de Dios; y está for- 
mado, como todas las meditaciones, 
con palabras textuales de la Sagrada 
Escritura hábilmente ordenadas. 

Meditationum et Contemplationum 
S. Ignatii de Loyola. Puncta libri ex 
exercitiorum textum diligenter secutus 
explicavit Franciscus de Hummelauer, 
S. J. Editio altera recognita.— Friburgi 
Brisgoviae sumptibus Herder, MCMIX. 
Un bonito tomo en 16." de IX-496 pági- 
nas, 4,25 francos, y encuadernado 5,25. 

Aunque aumentada en algunas cosas 
y corregida en otras, esta segunda edi- 
ción permanece substancialmente igual 
á la primera, como advierte su docto 



120 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



autor el conocido escriturario P. Hum- 
melauer. Con esta excelente obra de 
ascética se aumenta gloriosamente la 
biblioteca de los ejercicios de N. S. Pa- 
dre Ignacio de Loyola. Se ha fijado el 
autor principalmente en los puntos re- 
lativos á los misterios de la vida de 
Jesucristo menos estudiados por otros 
autores, y los ha interpretado con dili- 
gencia, conforme á la mente del Santo 
Patriarca. Lo que llama praenotanda 
sobre la conexión de las meditaciones 
entre sí, es digno de especial encomio; 
es un profundo análisis, claro al mismo 
tiempo, y como el meollo de los ejer- 
cicios. 

Manuale christianum-Mecliniae.—H. Des- 
sain, MCMIX. 

Es un precioso librito en 32, hermo- 
samente presentado, impreso con ele- 
gancia y nitidez en tipos muy legi- 
bles, y contiene en corto volumen el 
Nuevo Testamento, Oficio de la Vir- 
gen y de difuntos, Ordinario de la Misa 
y el Kempis, Imitación de Cristo, todo 
en latín y con índices muy prove- 
chosos. 

Tfiomae a Kempis de imitatione Christi 
libri quatuor, textum edidit, considera- 
tiones ad cujusque libri singula capita 
ex ceteris ejusdem Th. a Kempis opuscu- 
liscollegit et adjecit HermannusGerlach. 
Editio tertia aucta et emendata.— Fribur- 
gi (in Brisgovia) sumptibus Herder. 2,40 
marcos y 3 empastado. 

Para perfeccionar esta tercera edi- 
ción ha aprovechado felizmente el se- 
ñor Werthmann la edición crítica de 
las obras de Tomás de Kempis, por el 
doctísimo Pohl (véase Razón y Fe, 
tomo X, pág. 263). Según ella, sale co- 
rregida y en muchos lugares comple- 
tada en verdad, y aumentada esta ter- 
cera edición de la Imitación de Cristo, 
muy recomendable también por las co- 
piosas y oportunas citas de los otros 
opúsculos del mismo Kempis. 

Theologiae Moralis Institiitiones quas in 
Collegio Lovaniensí Societatis Jesii, 
tradebat Eduardus Génicot, ex eadem 
Societate. Editio sexta, quam recogno- 
vit J. Salsmans, ex eadem Societate. — 
Dos tomos en 4." de 630 y 730 páginas, 
respectivamente, 12 francos. 

En otra ocasión (véase Razón y Fe, 
tomo III, pág. 401) tuvimos el gusto de 



alabar la obra moral del P. Génicot, 
por sus buenas dotes de claridad, con- 
cisión, orden y galanura de estilo, y 
aun cierta decisi' n en discutir y resol- 
ver las cuestiones actuales, por delica- 
das que sean, cuales son con especia- 
lidad las sociales, tratadas con breve- 
dad y conocimiento de causa. Esto y 
la solidez de la doctrina, con el acierto 
en las resoluciones prácticas en gene- 
ral, explican justamente la gran acep- 
tación que ha tenido la obra, logrando 
en pocos años llegar á la sexta edición. 
Esta es la que acaba de publicar ei 
P. Salsmans, ajustada á las últimas 
disposiciones de la Santa Sede, Cons- 
titución Sapienti Consiíio, decreto Ne 
temeré, etc., aumentada en la biblio- 
grafía al fin del segundo tomo y en 
los índices analíticos, con gran pro- 
vecho de los estudiantes, y con un bre- 
ve y bien trabajado resumen de las cen- 
suras (pág. 2f57). Pocas cosas ha mo- 
dificado el P. Salsmans, no porque 
apruebe todo lo del autor tal como éste 
lo expresó, sino por reverencia á tan 
esclarecido maestro. En el lugar citado 
de Razón y Fe llamamos nosotros la 
atención sobre una que otra resolución 
en particular, 

Additiones et mutationes factae in tertia 
editione Compendii Ttieologiae Moralis 
Gury-Ferreres, S. J. Eugenius Subirana, 
Pontificius editor. Un cuaderno en 4.^ 
de 60 páginas, 1,50 pesetas. 

Ha hecho bien la casa Subirana pu- 
blicando este opúsculo en obsequio á 
las personas poseedoras de las edicio- 
nes precedentes del Compendio de Mo- 
ral Gury-Ferreres, porque en él cons- 
tan las mejoras introducidas en el 
Compendio y le ponen al corriente de 
los últimos decretos de entrambos de- 
rechos. Es notable el comentario al 
decreto Ne temeré y la doctrina De Cu- 
ria romana, conforme á la constitución 
Sapienti Consiíio. 

Université Saint-Joseph Beyrouth (Syrie). 
Mélanges de la Faculté Oriéntale. III, 
fase. II, chez l'éditeur des Mélanges ou 
librairie ees Paul Geuthner, 68, rué Ma- 
zarine. 

También este volumen, como los an- 
teriores de !a Facultad Oriental de 
Berito, contiene trabajos muy estima- 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



121 



bles, sobre todo para los eruditos y 
orientalistas. Entre otros, son notables 
los relativos á las «inscripciones ára- 
bes del monte Tabor, por el P. H. Lam- 
meís»; la epístola á Constantino, es- 
crito religioso druso, publicada y ano- 
tada por los Padres O. Khalis y L. Rou- 
zeralle; dos Misiones arqueológicas 
americanas en Siria, notas y estudios 
de Arqueología oriental, etc. La biblio- 
grafía es muy copiosa. 

Bibliografía y Eucologio de los Colegios, 
dispuesto para el uso de los Seminarios 
y demás establecimientos de enseñanza. 
Segunda edición, en 16.": 15x9 Va cen- 
tímetros (XXIV y 664 páginas). Precios: 
Núm. 39: En tela fuerte, cortes dora- 
dos, 5 francos. Núm. 170: en zapa flexi- 
ble, cortes dorados, 5,75.— B. Herder, li- 
brero-editor Pontificio, Friburgo de 
Brisgovia (Alemania). 

Este eucologio, esmeradamente im- 
preso y elegantemente encuadernado, 
como refiriéndose á la primera edición 
escribía el actual Cardenal-Arzobispo 
de Toledo, es útil para todos los cole- 
giales en países de lengua española, 
porque recopila cuantas oraciones y 
prácticas piadosas, himnos, etc., antes 
era preciso registrar en multitud de 
libros diferentes. 

Notiones Archaeologiae Christianae disci- 
plinis Theologicis coordinatae. Auctore 
P. Syxto, Ü. C. R. Vol. 11. Pars Prima, 
Epigraphia.— Roma, Desclée et. Soc, 
Editores, MCMIX. En 4." de VIII-400 
páginas, 6 liras. 

En otro número de Razón y Fe se 
dio cuenta del primer tomo de esta 
importante obra del sabio P. Syxto. 

El segundo constará de dos partes: 
la primera, que hoy anunciamos, Epi- 
grafía (cristiana), y la segunda, que 
deseamos ver pronto terminada, Símbo- 
los y pinturas. Bien puede decirse que 
hasta ahora no ha salido obra tan 
completa y nueva en su género como 
Epigrafía; porque reúne en pocas 
páginas, ordenado y explicado y cote- 
jado, cuanto se ha escrito sobre monu- 
mentos escogidos, no de una ú otra 
región, sino de todas las partes del 
mundo. Sigue muy frecuentemente á 
Rossi, cuya autoridad y competencia 
nadie pone en duda; pero no siempre, 
porque, como dice el docto autor, hay 



muchas cosas que no conoció J. B, de 
Rossi, por haber sido descubiertas 
después de su muerte; y muchas que, 
salidas á luz en las otras regiones del 
orbe cristiano, el esclarecido arqueó- 
logo no las ilustró. Está acomodada la 
obra, como indica el título, al estudio de 
la Sagrada Teología, para el que sumi- 
nistra argumeitos científicos precio- 
sos. Después de tratar de las inscrip- 
ciones de fecha cierta y de exponer los 
criterios para fijar la de aquellas que 
no la expresan, pasa á explicarlas que 
contienen algún dogma católico, uni- 
dad y Trinidad de Dios, pecado origi- 
nal, etc. (Véase en particular el de la 
visión inmediata después de la muerte 
para los que mueren sin reato de culpa 
ni pena de que purificarse, y cómo se 
refleja en las mismas inscripciones las 
dudas que aquí y allí había hasta que 
se fijó la doctrina hoy definida.) En 
capítulos aparte trata de las referentes 
á la Jerarquía en sus distintos grados, 
de las que atañen á la familia y de las 
sagradas, y de los versos de San Dá- 
maso: siguen un valioso índice topográ- 
fico de las inscripciones más impor- 
tantes y dos extensos capítulos sobre 
los grafitos y los sellos. La tabla ó 
serie de Cónsules Pontífices (cristia- 
nos) y Césares, años 67-539, es de 
mucho mérito y utilidad. Es útil tam- 
bién la lista de las obras principales 
que tratan de Epigrafía cristiana ó que 
muestran algunas inscripciones. 

Crónica del Congreso Nacional de Hurda- 
nófolos, celebrado en Plasencia en los 
días 14 y 15 de 1838.-lmprenta de M. Ra- 
mos, Plasencia. Un volumen en 4." de 
196 páginas. 

Es interesante y útil, por cuanto con- 
tiene documentos que dan á conocer 
lo que ha sido por varios siglos la ig- 
norada región hurdana, lo que es ahora 
y lo que para sacarla de su increíble 
atraso se ha hecho, especialmente por 
medio de ia sociedad La Esperanza de 
las Hurdes, fundada por el hoy Obispo 
de Plasencia limo. Sr. Jarrín. Sobre 
esto es notable la Memoria del señor 
Polo Benito, Las Hurdes y La Esperan- 
za de las Hudes. Los resultados del 
Congreso, favorables á la región, se 
resumen en el párrafo último. Resulta- 
do: la enojosa cuestión iniciada por 
D. Tomás Gómez sobre orientaciones 



122 



curienses, ha sido felizmente resuelta 
por ambos ilustrísimos Prelados de 
Coria y Plasencia. 

Pues yo no le encuentro nada malo. Se- 
gunda edición. 

Contestando á la objeción que lleva 
por título y en la que se escudan mu- 
chos católicos para seguir favorecien- 
do á la prensa liberal, la hoja Pues yo 
no le encuentro nada malo es un catá- 
logo de errores publicados reciente- 
mente en El Liberal, Heraldo de Ma- 
drid, Diario Universal, El Mundo y El 
Imparcial, que constituyen el mayor 
capítulo de culpas que hasta el pre- 
sente se ha formado contra la mala 
prensa. 

Esta hoja de propaganda se vende 
á una peseta el ciento, para hacer que 
llegue cuanto antes á manos de todos 
los católicos. 

Los pedidos al secretario déla Aso- 
ciación Nacional, calle Don Remondo, 
núm, 5, Sevilla. . 

Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado 
de la lengua castellana, por Miguel 
Toro y Gómez, licenciado en Filosofia 
y Letras, con la colaboración para el 
« Diccionario bíográfico-geográfico é 
histórico» de Mariano Roso de Luna, 
doctor en Derecho. Quinta edición, 
revisada, corregida y aumentada con 16 
grabados de una plana entera, cuatro 
mapas y cuatro preciosas láminas en 
color. — Barcelona, Gustavo Gili, 45, 
calle de la Universidad, 1909. Un volu- 
men en 8." de 1.044 páginas, 8 pesetas. 

Ya al dar cuenta de la segunda edi- 
ción en Razón y Fe, t. VIH, pág. 158, 
se notaron las excelencias de este 
diccionario manual por lo completo y 
escogido, que con el diccionario de la 
lengua comprende el < de frases latinas 
y extranjeras^ y el bíográfico-geográ- 
fico é histórico. Esta quinta edición, 
además de un suplemento de persona- 
jes más recientes, contiene los graba- 
dos y láminas que indica la portada. 
Entre las páginas 332-333 está la de 
dignidades eclesiásticas y órdenes reli- 
giosas de varones. 

Antecedentes, actas y resoluciones del 
tercer Congreso nacional de los católi- 
cos argentinos, celebrado en Córdoba 
del 8 al 15 de Noviembre de 1908.— Cór- 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



doba, establecimiento tipográfico La In- 
dustrial, 1909. Un volumen en 4." de 300 
páginas. 

Es digna de leerse esta crónica del 
tercer Congreso católico argentino, y 
más dignas aún son de estudiarse 
sus conclusiones y de llevarse á la 
práctica. Versan esencialmente sobre 
la acción católica en el terreno reli- 
gioso y social: es notable sobre educa- 
ción y enseñanza la organización de la 
«Liga de Señoras católicas argenti- 
nas para defender los sagrados de- 
rechos de Jesucristo y de la Iglesia 
católica de la repiiblica Argentina y 
propender especialmente á la educa- 
ción cristiana de la niñez y á que las 
costum.bres sociales se ajusten al es- 
píritu del Cristianismo. ' Los discursos, 
que versaron principalmente sobre la 
unión y acción de los católicos, nece- 
sidad de ir al pueblo, ganándole con 
beneficios materiales y morales, y 
acerca de lo que las clases directoras 
deben hacer por él, fueron muy aplau- 
didos. Dios haga que el resultado de 
tan grandiosa y ferviente asamblea 
sea el que se propusieron sus promo- 
tores. 

P. V. 

¡Sursum corda! Cartas de la Condesa de 
Saint-Martial (Sor Blanca, Hermana de 
la Caridad), con dos retratos y una no- 
ticia biográfica; traducidas de la cua- 
dragésima edición francesa por José 
PuGÉs. Con licencia.— Barcelona, Gus- 
tavo üili, editor. 

Con este tomo inaugura el activo 
editor de Barcelona la serie histórico- 
biográfica de su Biblioteca Emporium; 
y por cierto que ha andado acertado 
en la elección, dándonos un libro inte- 
resante, ameno, impregnado de purísi- 
mos sentimientos y destinado á pro- 
ducir saludables frutos, principalmente 
entre las jóvenes y señoras de la alta 
sociedad y de las familias religiosas. 

Sermones del P. José Vinuesa, de la Com- 
pañía de Jesús.— Madrid, librería católi- 
ca de D. Gregorio del Amo, 1909. 

Comprende el presente tomo la ora- 
ción fúnebre pronunciada en la Coruña 
en sufragio de las almas de los náufra^ 
gos del crucero Reina Regente; el pa- 
negírico de San Juan Bautista de la 
Salle, predicado con motivo de su ca- 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



123 



r.onización; un discurso pronunciado 
en el Congreso Eucaristico de Lugo; 
sermón á Santa Bárbara en la función 
dedicada por los artilleros de Madrid, 
y el sermón predicado en la parroquia 
de Mondragón en la inauguración de 
los concursos de Agricultura y Gana- 
dería. A estos cinco discursos siguen 
tres conferencias sobre el trabajo, pro- 
nunciadas en el instituto de Jovella- 
nos, en Gijón, los días 3, 4 y 5 de 
Agosto de 1899. 

De estas piezas oratorias se puede 
decir con toda verdad que son otros 
tantos modelos perfectos en su géne- 
ro; algunas adquirieron notable cele- 
bridad y se imprimieron luego de ser 
pronunciadas, y la primera no sólo fué 
universalmeute encomiada, sino que 
ha pasado ya á formar parte de los 
modelos que se proponen á la juventud 
estudiosa en nuestras Antologías y 
Manuales de literatura castellana. 

Colección de opúsculos selectos. Domingo 
B. Cruz, Deán de la Concepción de 
Chile. El deber de los católicos.— Fri- 
burgo de Brisgovia (Alemania), B. Hen- 
der, 1909. En 12." de 68 páginas, 0,45 
francos. 

Propónese el docto autor en este 
discurso, pronunciado por él al incor- 
porarse en la Facultad de Teología y 
Ciencias Sagradas de la Universidad 
de Chile, demostrar que «en el tiempo 
presente es para los católicos un deber 
de conciencia el tomar parte en la cosa 
pública, y especialmente el combatir 
la política anticristiana»; y lo hace con 
argumentos de razón y de autoridad, 
tomados éstos de la Sagrada Escri- 
tura, Santos Padres, la Historia y la 
experiencia. En un apéndice se refu- 
tan las dificultades y se hace ver cómo 
se puede trabajar cristianamente en 
política. El discurso ó su primera edi- 
ción tuvo lugar, según se saca de las 
páginas 41 y 52, en tiempo de Amadeo 
en España en 1871. 

P. V. 

Mis primeras lecturas. Curso completo 
de Lectura y Moral. Grado elemental: 
Nuestros amiguitos. Grado medio: Cuen- 
tos é historietas morales, por A. Fie- 
rre, A. MiNET y la Srta. Alina Mar- 
tín. Adaptación española por Miguel de 



Toro Gómez.— París, Fernando Nathan, 
editor; Barcelona, Gustavo Gili, editor. 

En otras ocasiones, y juzgando obras 
transpirenaicas de educación, hemos 
notado ya que, á vueltas de mil primo- 
res y buenas cualidades que las reco- 
mendaban, se echaba de menos en ellas 
el espíritu sobrenatural y la genuína 
adaptación á nuestra patria. 

Algo de esto notamos también en 
estas obritas, por otra parte de mérito. 
Pero sería indudablemente mayor éste 
si entre los ejemplos morales abunda- 
sen los de moralidad cristiana y cató- 
lica (y no sólo los de una moral uni- 
versal ó naturalista). 

Además, no deja de causar extrañe- 
za el que, dedicando varios capítulos 
á tratar de los deberes de los niños, 
hasta con los animales, no haya uno 
siquiera que hable de los deberes con 
Dios ni del respeto á la Iglesia y á los 
templos, etc. 

Tampoco hemos acertado á ver en 
ellos la aprobación eclesiástica. 

R. C. 

L'education morale et ses conditions, par 
LÉON Desers, chan. honor, de París. Un 
tomo en 12." con 266 páginas, 2,50 fran- 
cos.— P. Lethielleux, París. 

El autor, conocido por sus numero- 
sas obras de instrucción apologética, 
nos da en este tontito las conferencias 
pronunciadas ante una reunión de 
maestras cristianas. Sucesivamente es- 
tudia al niño, los influjos que sobre él 
ejerce el medio social, la manera de 
sacar provecho de sus cualidades, de 
combatir sus defectos, despertar sus 
iniciativas, formar su conciencia y co- 
municarle el sentido de la bondad inte- 
ligente y el ideal moral. Acaso por ha- 
berse acomodado excesivamente á su 
auditorio femenino, el Sr. Desers se ha 
quedado muy en la superficie de los 
interesantes puntos que recorre. 

Vers les cimes. Exhortations á un jeune 
honme chrétien, par M. l'abbé Chabot, 
vicaire general, Superieur de Flnstitution 
Richelieu á LuQon (Vendée). — Paris, 
Beauchesne, 1909. Un tomo en 8.° con 
360 páginas, 3 francos. 

El autor de este librito, después de 
esforzarse por comunicar á la juven- 
tud el entusiasmo de la edad, la vida y 



124 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



la acción, procura guiarla á las cimas 
de la felicidad, del bien, de la luz, de 
la vida sobrenatural y de la Divini- 
dad. El fin que se propone no puede, 
por consiguiente, ser más laudable. Se 
nota, sin embargo, en todo el libro 
una vaguedad algo romántica, y, á 
nuestro pobre juicio, poco á propósito 
para interesar á la juventud de nues- 
tros días, la cual anda á caza de solu- 
ciones más positivas, y conviene que 
entre en la vida, muy idealista, sí, en 
cuanto á los fines, pero muy provista 
de un realismo sano en lo que á los 
medios de alcanzarlos se refiere. 

R. R. A. 

J. M, QuiRós, S. J., Antología francesa. 
Segunda edición, notablemente aumen- 
tada. Editor, Félix de Bedout.— Tipo- 
grafía del Comercio, Medellín, 1909. Un 
tomo en 8." de XXXlI-480 páginas. Pre- 
cio, 80 centavos (oro). Al por mayor se 
hacen notables rebajas. 

En vez de nuestro juicio, que podría 
parecer interesado, preferimos inser- 
tar el que en La Familia Cristiana, de 
Medellín, publicó el doctor en Dere- 
cho, ex ministro y actual senador de la 
república de Colombia, D.Antonio José 
Uribe, quien en otro tiempo regentó 
la cátedra de Retórica y de Historia 
de la Literatura Castellana en la Uni- 
versidad de Antioquia y es sumamen- 
te versado en la literatura francesa, 
como demuestra bien en su carta, de 
la cual, por ser muy larga, sólo copia- 
remos el siguiente párrafo, en que ha- 
bla de la Antología del P. Quirós: 

«En su clase es de lo mejor que conozco: 
por su ordenada distribución en géneros 
literarios, por la variedad y riqueza de las 
páginas colegidas, por el dominio com- 
pleto de la literatura francesa que seme- 
jante labor exigía y por los numerosos 
conocimientos gramaticales, históricos, 
geográficos y críticos que el lector ad- 
quiere en las notas con que V. R. ha ilus- 
trado cada una de las composiciones de 
la Antología, considero que no sólo entre 
nosotros, sino en todo Hispano-América 
el libro está llamado á prestar los más 
grandes servicios, y aun me atrevo á afir- 
mar que en Francia misma será estimado 
como trabajo de primer orden, como que, 
en mi concepto, es superior á obras simi- 
lares publicadas allá en los últimos años, 
la del abate E. Ragon, profesor en el 
Instituto Católico de Paris, por ejemplo, 
y en nada cede á trabajos tan completos 



y sólidos, para un curso superior, de alta 
critica, como el del R. P. Chauvin, del 
Oratorio, y ü. Le Bidois, de aquel mismo 
Instituto, obra esta última ciertamente ad- 
mirable.» 

N. N. 

Manual de canto gregoriano, por Julio 
8as. Edición española, notablemente 
ampliada y retocada por el antor y aco- 
modada por el P. Nemesio Otaño, S. J.— 
L. Schwann, librero-editor, Dusseldorf 
(Alemania). Precio, 1,50 pesetas. 

Esta obrita, impresa con economía y 
esmero y escrita con inteligencia nada 
común, viene, con gran satisfacción de 
los amantes de la música religiosa por 
antonomasia, á llenar el vacío que ha 
tiempo se advertía en nuestra España 
de un verdadero enquiridión, donde 
con claridad y brevedad se estable- 
ciesen normas generales, seguras y 
de sentido común, á fin de obtener 
una buena ejecución de las melodías 
litúrgicas tradicionales. Divídese en 
dos partes. La primera trata de mano 
maestra acerca de la notación, neumas 
y mora vocis, y la segunda de la tona- 
lidad, ritmo, salmodia y recitados li- 
túrgicos, esto es, de las principales 
materias sobre que puede versar el 
canto litúrgico. La obra merece todo 
linaje de alabanzas, que le tributamos 
gustosos, siquiera disten mucho del 
mérito y reputación de sus autores. 
Sin embargo, por estar informada y 
revestida en su segunda parte del espí- 
ritu y doctrina de la teoría solesmense, 
según ha indicado D. Mauro Sablay- 
rolles, O. S. B., en la revista Música 
Sacro-Hispana, creemos que ha de 
ser blanco de las iras de algunos y 
de los tiros de la teoría pothierista. 
No faltará, no, quien diga, al menos 
entre dientes,' que, según las reglas rít- 
micas del maestro Bas, el texto litúr- 
gico no tiene más acento que el fraseo- 
lógico, ó, hablando en general, que ca- 
rece de acentos; que se observa in- 
exactitud al tratar el autor de explicar 
las subdivisiones rítmicas en el caso 
de un tórculos seguido de una nota sin 
apoyo, y, más que nada, que el capítu- 
lo sobre los principales factores del 
ritmo es enmarañado y laberíntico, á 
pesar del gráfico y significativo ejem- 
plo de los dos contrarios impulsos que 
el jugador imprime á la pelota. 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



125 



Nosotros, enemigos irreconciliables 
de polémicas estériles y á veces con- 
traproducentes, antes amigos de la 
verdad y sobre todo dispuestos á obe- 
decer ciegamente cual preceptos las 
más ligeras insinuaciones superiores, 
nos limitamos por ahora á exhortar 
humilde, sincera y cariñosamente á 
todos los que se hallen en condi- 
ciones para' ello en general, y á los 
pothieristas en particular, á que sin 
demora enriquezcan la bibliografía 
gregoriana con nuevos manuales, á 
imitación del que nos ocupa, y, si cabe, 
más claros y compendiosos, en que los 
menos aptos, teniendo los imprescin- 
dibles conocimientos que el asunto 
exige, puedan, hallar modo y manera 
de interpretar digna y artísticamente 
las inimitables melopeas del tesoro li- 
túrgico. Mientras se realiza este nues- 
tro dorado sueño, felicitamos nueva y 
sinceramente á los maestros citados, 
deseando que el lisonjero éxito de su 
trabajo corra parejas con la fama y 
mérito que les son debidos. 

J. Alfonso. 

Antidoto. Cartas á un estudiante de Uni- 
versidad, utilisimas también á las seño- 
ritas instruidas, por el P. Alejandro 
Gallerani, S. J. Traducidas de la duo- 
décima edición italiana por Agustín 
PiAOGio, capellán de la Armada argen- 
tina. Un volumen, de 12 por 19 centíme- 
tros, de XXIV-598 páginas. Precio, 3,50 
pesetas.— Luis Gili, librero-editor, Bal- 
mes, 83, Barcelona, 1909. 

El Antídoto del P, Gallerani se pa- 
rece mucho á las respuestas del Pa- 
dre Franco, á las contestaciones de 
Mons. Segur y á la propaganda cató- 
lica de Sarda; pero no se confunde con 
ninguno de estos trabajos. Las Res- 
puestas del P. Franco son principal- 
mercte para el clero y seglares de al- 
guna edad; las Contestaciones breves 
y sencillas del Conde de Segur están 
escritas para el pueblo; para el pueblo 
y aun para el mundo sabio sirven tam- 
bién á maravilla los libros de Propa- 
ganda católica de Sarda y Salvany, 
pero forman una obra muy volumino- 
sa. El Antídoto está destinado princi- 
palmente á la juventud estudiosa de 
ambos sexos, y es un compendio muy 
acomodado para disipar las objeciones 
y dificultades que á diario se oyen en 



los Institutos, Universidades, Escuelas 
Normales, tertulias, salones, viajes, 
etcétera. 

¿Qué es, pues, el Antídoto? Es un 
arma defensiva y ofensiva. 

El Antídoto reúne en un haz todo lo 
que ocurre contestar cuando un des- 
vergonzado se permita objetar contra 
la verdad católica, dando un golpe cer- 
tero que inutilice y desconcierte al 
atrevido,» como dice el limo. Sr. Fray 
Marcelino, O. P., Obispo de San Juan 
de Cuyo. 

Que el Antidoto es también un arma 
ofensiva lo declara bien el Ilustrísimo 
Sr. D. Bernabé, Obispo titular de Ces- 
tro, cuando dice: El libro del P. Ga- 
llerani es un verdadero arsenal de 
pertrechos ligeros, armas de tiro rá- 
pido, adecuado á la juventud, á quien 
va principalmente destinado, y al es- 
píritu mismo de nuestro siglo, que no 
se aviene ya con la artillería pesada' 
de otra época, como la de Belarmino y 
Suárez, ni con la de Hettinger, Weiss 
y otros, que debemos reservar para 
las campañas de mayor importancia, 
cuando hay que atacar á la increduli- 
dad en sus principales fortalezas.» 

Nada podemos decir nosotros que 
exprese mejor que estos dos testimo- 
nios el doble carácter de la obra del 
P. Gallerani, ni que tenga el peso de 
tanta y tan irrecusable autoridad. Sólo 
diremos, en confirmación del título 
de la obra, que es realmente antídoto, 
porque sirve para precaver muchos 
errores, y lo es porque con él en la 
mano pueden los jóvenes estudiosos 
corregir muchas ideas erróneas. Es 
antídoto para las inteligencias en ge- 
neral, lo es para la juventud en espe- 
cial y muy señaladamente para los jó- 
venes estudiantes: Léanse, v. gr., las 
cartas XXII y XXIII, y se verá cuan 
acertadamente y con qué atractivo ex- 
pone y enseña á sostener la defensa 
del sacerdote, en la primera, y la vin- 
dicación de los frailes y jesuítas, en la 
segunda, ambas de suma actualidad y 
aplicación. 

De la bondad y utilidad de esta obra 
son excelente muestra las cartas de 
aprobación estampadas al principio de 
la misma. El estilo es sencillo, atrac- 
tivo é interesante, propio del género 
epistolar. Es muy de desear que el 
libro se difunda por los países de len- 



126 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



gua castellana, como se ha difundido 
por los de la italiana, en la que ha sa- 
lido la duodécima edición. 

E. U.deE, 

La Iglesia y el trabajo manual, por Máxi- 
mo Sabatier, del Clero de París, doctor 
en Derecho canónico. Obra aprobada 
por un Breve de S. S. León XIIL Tra- 
ducida de la sexta edición francesa por 

JriAN DE HlNOJOSA, 

Estudiando el trabajo en el pueblo 
hebreo y en los pueblos paganos an- 
tes del Cristianismo, y después de este 
en el pueblo cristiano, llega al autor á 
la conclusión de ^^ que la Iglesia es quien 
ha dado á conocer al mundo la digni- 
dad del trabajo, y es su más seguro 
defensor». 

El Catolicismo en la actual literatura 
francesa (siluetas literarias), por Juan 

DE HlNOJOSA. 

Dos poetas, un periodista-conferen- 
ciante y un novelista constituyen las 
siluetas de este opúsculo, debido á la 
pluma de un escritor, aunque muy jo- 
ven aún, ya fecundo y celebrado. Un 
poeta de vida tormentosa, Verlaine, en 
quien el catolicismo sólo se muestra 
en ráfaga pasajera que ilumina el tiem- 
po de su desgracia para reaparecer en 
la hora suprema de la muerte; el tierno 
Coppée, el cantor de los humildes; el 
batallador Brunetiére; el novelista 
Rene Bazin, en cuyas últimas novelas 
repercute el eco de los problemas so- 
ciales y religiosos de nuestros días. 

N. N. 

De Bailly-Bailliére é Hijos, Plaza de 
Santa Ana, 10, hemos recibido: 

El Almanaque de Bailly-Bailliére. Es 
una pequeña enciclopedia popular de 
la vida práctica, como dice el subtítulo. 
Reúne, en tamaño reducido y en for- 
ma amena y recreativa, una suma de 
conocimientos que representan el con- 
tenido de varios tomos. En él se en- 
cuentran los datos obligados sobre el 
calendario, año astronómico y reli- 
gioso, la agenda en blanco, con conse- 



jos para cada mes, evangelios, memen- 
to, recetas de cocina, mapas celestes 
para los doce meses del año, cuadros 
de cobros y pagos, tabla de intere- 
ses, etc. 

Después viene la historia del año, 
con multitud de grabados referentes á 
los principales acontecimientos ocurri- 
dos. En la sección de Historia llama la 
atención un interesante estudio del 
docto profesor D. Rafael Altamira so- 
bre la Historia de la Independencia 
americana, la Historia de la Confede- 
ración Helvética, etc., etc. (El cisma 
Aglipano en Filipinas, hoy no tiene la 
extensión é importancia que aqui se 
indica y se le trata con demasiada be- 
nignidad.) Las otras secciones resultan 
también instructivas y amenas; la de 
Bellas Artes, Literatura, Geografía, 
Matrimonio-hogar, Agricultura, Cien- 
cias vulgarizadoras, juegos y sport. 
Esto y la variedad de premios que 
ofrece y la participación en los bille- 
tes de la Lotería, hacen que sea muy 
popular y apreciado este almanaque. 

Agenda de bolsillo. Además del es- 
pacio en blanco, de excelente papel 
para las anotaciones diarias con el ca- 
lendario, contiene datos interesantes 
sobre correos, pesas y medidas, etc. 
Forma un tomito elegante y se vende 
á 1,50 y 2 pesetas, según sea de dos 
días en plana ó de uno. 

Agenda culinaria. Es libro muy prác- 
tico, y entre otros conocimientos útiles 
contiene una minuta de almuerzo y 
otra de comida, diferentes para cada 
día del año. Se vende á 2 pesetas en 
Madrid y 2,50 en provincias. 

Agenda de bufete. Es de gran utili- 
dad, especialmente para los comercian- 
tes, por los muchos datos útiles que 
contiene sobre modelos de recibos, le- 
tras, pagarés, tarifas de correos, telé- 
grafos, consumos, etc. Su precio varía 
de 1 á 4 pesetas, según la edición, 
pues se han puesto ocho á la venta. 
En provincias aumenta la edición 0,50. 

Memorándum de la cuenta diaria. 
Facilita el modo de apuntar bien el 
presupuesto individual y de llevar con 
orden sus negocios y diversos queha- 
ceres. Su precio, 2,50 y 3 pesetas. 



NOTICIAS GENERALES 



Madrid, 20 de Noviembre.— 20 de Diciembre de 1909. 

ROMA.— Documentos Tpontiücios.— Respuesta á los Prelados 
prusianos. Á los Obispos de Prusia, que desde Fulda, donde anualmente 
se reúnen, enviaron su felicitación al Pontífice con motivo de su Jubileo 
sacerdotal, contestó el Papa amorosamente agradeciéndoles su atención 
y manifestando la generosidad de su ánimo con palabras como éstas: 
«Habéis mencionado con elogios lo que llevamos á cabo desde que toma- 
mos posesión del obispado de Mantua hasta este día: todo cuanto veis 
de bueno hay que atribuirlo á vuestro ilimitado cariño; porque Nos no 
podemos volver la vista atrás sin sentirnos profundamente conmovidos 
por haber de rendir cuentas de nuestro ministerio al Príncipe de los Pas- 
tores. Confiamos que nos ayudaréis en nuestra empresa, no sólo con el 
cumplimiento de vuestros deberes, sino también con vuestras piadosas 
oraciones.» — Caria importante. El Vicario de Cristo remitió el 22 de 
Noviembre una carta autógrafa al presidente de la Unión Económico- 
Social italiana, de grande interés por desaprobarse en ella el proyecto 
de disimular el carácter de católica, á fin de obtener adhesiones más nu- 
merosas, aun de asociaciones que sólo se inspirasen en el concepto de 
justicia cristiana, y de lograr una representación equitativa ante los po- 
deres públicos. Dice así: «Hase leído aquí y meditado el nuevo estatuto 
para la federación de las Uniones y de las Ligas profesionales, y aun- 
que convencido plenamente de que los que han introducido la modifica- 
ción lo han hecho con excelente espíritu, todavía no podemos absoluta- 
mente admitirla y mucho menos aprobarla. Ya que nos persuadan las 
razones alegadas de que no se conseguirá el fin apetecido de hacer el 
estatuto prácticamente aceptable á catóHcos quisquillosos é inciertos, 
y de conseguir para la Federación una representación ante el Gobierno; 
pero no es leal ni decoroso el simular, cubriendo con pabellón equívoco, 
la profesión de catolicismo, cual si fuese mercancía averiada y de con- 
trabando. Con el concepto de «justicia cristiana», tomado tan extensa y 
peligrosamente, es imposible saber hasta qué punto se llegaría por el espí- 
ritu de las Ligas que se adhiriesen, y, consiguientemente, por el de las 
personas que podrían ser elegidas para la dirección. Despliegue, pues, la 
Unión Económico-Social animosamente la bandera católica, ateniéndose 
firmemente á los estatutos que se aprobaron en 20 de Marzo último.»— 
Erección de una Congregación primaria. Por letras apostólicas de 
26 de Julio de 1909 concede Pío X, á petición del Hermano Evagnio, Pro- 



128 NOTICIAS GENERALES 

vincial de las Escuelas Cristianas de la provincia de Palestina, que la con- 
gregación del Niño Jesús, fundada en Belén, se considere como la Prima 
primaria, con la facultad de agregar y afiliar á ella todas las otras del mismo 
Instituto existentes, ó que en adelante se establezcan, y comunicarles las 
gracias y priviligios que tales matrices disfrutan por concesión de la 
Santa Sede, con tal que sean comunicables. En el documento dedica el 
Padre Santo frases de alabanza muy lisonjeras y muy merecidas á los 
beneméritos Hermanos de las Escuelas Cristianas.— Discurso del Papa. 
En la audiencia que el 18 de Noviembre concedió á los peregrinos fran- 
ceses pronunció Su Santidad un hermoso discurso, en el que hizo estas 
declaraciones: 1." Que aunque suene mal á algunos oídos la palabra 
persecución contra la Iglesia, mas nadie puede desconocer que la pro- 
mueven los que han quebrantado pactos sacratísimos, arrojado de su 
patria á ciudadanos meritísimos pertenientes á Órdenes religiosas, ta- 
chado de enemigos de la república á los ministros del Santuario, que han 
abogado por la libertad y derechos de la Religión católica, y, en fin, de- 
nunciado como extraño en Francia el poder de la Iglesia, ó lo que es lo 
mismo, de Jesucristo. 2.'^ Que en la guerra implacable á los Prelados 
franceses por causa de sus Pastorales sobre la enseñanza, es claramente 
falso el pretexto que alegan de que á fuer de subditos fieles de la Santa 
Sede las publicaron aquéllos. Los males que veían producirse en las es- 
cuelas laicas con las enseñanzas y libros impíos é inmorales, su celo por 
la salvación de las almas y obligación de precaverlas de todo peligro, 
los impulsaron á dar la voz de aviso á los padres católicos. S."* Que ni al 
Pontífice ni á los Obispos de Francia intimida esa persecución desleal, 
porque no ignoran que la Iglesia es militante y que ellos representan á 
Jesucristo en la reproducción de sus sufrimientos. «Dios, exclamó Pío X, 
sabrá exigir de esos enemigos la cuenta de nuestras lágrimas.» — Muni- 
ficencia de Pío X. En la basílica de Santa Justina de Padua existe 
una antiquísima imagen, conocida con el nombre de Santa María de 
Constantinopla: el Papa quiso que se coronase la imagen, regalando, 
además de la diadema, una preciosa amatista y un collar de 280 perlas; 
pero una noche los ladrones robaron los dos últimos objetos. Hízose una 
función de desagravios, y para que en ella se estrenase, mandó de regalo 
el Pontífice una magnífica capa bordada en oro y guarnecida de meda- 
llones artísticamente bordados con seda de diversos colores. Las señoras 
de Padua, entristecidas con el robo sacrilego, comenzaron á recoger 
perlas para reemplazar á las que robaron: reunieron 32, más hermosas 
que las desaparecidas. Lo que no podía restituirse tan fácilmente era la 
amatista; pues el Soberano Pontífice acudió en su ayuda, enviando otra 
amatista preciosa, semejante á la que se llevaron los ladrones, que desde 
el primer domingo de Adviento embellece la imagen de Nuestra Señora 
de Constantinopla de la basílica de Santa Justina.~Un beato holandés. 
Á fines de Noviembre se celebró en la iglesia de San Pedro Advíncula 



NOTICIAS GENERALES 129 

de Roma un solemne triduo en honor del bienaventurado Juan Ruysbroock 
(el Rusbroquio de nuestros ascetas), cuyo culto, de tiempo inmemorial, 
ha sido confirmado por reciente decreto de la Congregación de Ritos. 
Perteneció este admirable místico á la Orden de Canónigos Regulares 
de San Juan de Letrán, que tiene su casa generalicia en aquella iglesia. 
Los flamencos residentes en Roma se han aprovechado de la ocasión de 
estos honores tributados á un compatriota suyo, para fundar entre ellos 
un Círculo de conferencias y estudios, que se inauguró el 3 de Diciem- 
bre.— Una retractación. En el Osservatore Romano apareció la si- 
guiente retractación del abate Bremond: «Movido por un sentimiento 
de plena y sincera sumisión á la Autoridad eclesiástica y por mediación 
de su Excelencia Monseñor el Obispo de Southwark, manifiesta el abate 
Bremond, que le pesa y condena cuanto hizo y dijo de reprensible con 
ocasión de los funerales del P. Tyrrell. Declara además que se adhiere 
sin restricciones á todas las doctrinas de la Iglesia, y singularmente á las 
enseñanzas del decreto Lamentabili y Encíclica Pascendí. Escrito en 
Aix-en-Provence el 5 de Noviembre de 1905. Firmado: Enrique Bre- 
mond.» 

Política italiana. - Caída del ministerio Giolitti. Por causa délos 
nuevos impuestos presentados por el Gobierno de Giolitti, á los que se 
mostraron hostiles varios grupos de diputados de la Cámara con que 
contaba el Presidente del Consejo para constituir la mayoría, tuvo el 
Gabinete que presentar la dimisión al Rey.—Subida de los conservadores. 
Aconsejado por Giolitti, llamó Víctor Manuel al jefe délos conservadores 
para que formara ministerio. Después de varios días de conferencias y 
cabildeos, por fin juró el 11 el nuevo Gobierno, compuesto de la manera 
siguiente: Presidencia del Consejo é Interior, Sonnino; Negocios Extran- 
jeros, Marqués de Guicciardini; Marina, Bettolo; Guerra, Spingardi; 
Agricultura, Luzzatti; Tesoro, Salandra; Hacienda, Arestta; Obras públi- 
cas, Rubini; Justicia, Scialoja; Instrucción pública, Daneo; Correos, San 
Ossoño.— Programa. Lo expone así // Giornaled' Italia, periódico minis- 
terial: Reorganización y ampliación de la enseñanza primaria; reformas 
económicas en la enseñanza; solución á la grave dificultad de la marina 
mercante; reforma de la administración de ferrocarriles; aplicación recí- 
proca de leyes especiales á la Italia meridional; creación de un Ministerio 
del Trabajo, y reforma de los servicios del Ministerio de Agricultura.— 
Amigos y enemigos. Apoyarán el Ministerio el centro izquierda, el cen- 
tro, la derecha y los católicos. Le combatirán los socialistas, radicales de 
la izquierda y extrema izquierda y una fracción de los partidarios de Gio- 
litti y Tittoni. 



RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 



130 NOTICIAS GENERALES 



ESPAÑA 



Guerra de Melilla.- Terminados los plazos que dio el General en 
jefe á las cabilas para que se sometieran á España, y no habiéndose 
logrado lo que se pretendía, prosiguieron nuestras tropas las operaciones 
militares. El 26 se apoderaron, después de un ligero tiroteo, que no oca- 
sionó pérdidas de gente española, de la meseta de Atlaten, que dista unos 
siete kilómetros del monte Uixam, de los puntos llamados Axis en el 
valle frente á Sengangan, y casa de Mohamed-Ben-Tabor. Son importan- 
tes estas posiciones por dominar Beni-Buifrur y Tolat, enlazándose con 
Bugen-Cein. Por testimonio del ministro de la Guerra, con estas conquis- 
tas terminó la acción militar. Urge ahora fortificar los puntos más estra- 
tégicos, y para determinarlos y proceder á las obras se nombró una 
Comisión, compuesta de los generales Larrea y Balseiro y de cuatro coro- 
neles: D. Luis Santiago, del cuerpo de Artillería; D. Vicente Fontana, de 
Estado Mayor; D. Eduardo Cañizares, de Ingenieros, y D. Luis Riera 
Espejo, de Infantería. Por el feliz término de la guerra celebraron el 5 de 
Diciembre un banquete fraternal en Melilla los jefes de las diversas cla- 
ses del Ejército; fué de importancia, porque en los brindis hubo expre- 
siones de adhesión al Monarca, que no han sentado bien á los periódicos 
revolucionarios y radicales. En cambio, éstos y todos los españoles reci- 
bieron con agrado una disposición del Gobierno. Por Real orden, que 
publicó la Gaceta del 5, se licenció á los reservistas del ejército de ope- 
raciones de África, que suben á 4.000; para sustituirlos se designaron 
2.000 hombres, sacados á prorrateo de todos los cuerpos militares de la 
Península; 1.000 ingenieros, y los que, curados de su dolencia, estuviesen 
aptos para incorporarse en las filas. Afortunadamente ha comenzado la 
repatriación de los soldados, siendo recibidos en todas partes con inde- 
cible aplauso. — Política española. Casi toda la atención política se 
ha concentrado en la constitución de las Diputaciones y elección de 
concejales de los Ayuntamientos. El 6 se facilitó en Gobernación una 
nota en que se indicaba la forma en que aquéllas han quedado consti- 
tuidas. Son 15 las Diputaciones en que presidente y vicepresidente per- 
tenecen al partido liberal, otras 15 en que dichos cargos están en manos 
de conservadores, 12 mixtas y siete todavía no formadas. No salen tan 
bien parados los conservadores en las elecciones de concejales. Según 
informes oficiales, han salido victoriosos en las poblaciones de más 
de 6.000 almas los siguientes candidatos: 1.469 liberales, 750 conserva- 
dores, 109 carlistas, 482 republicanos, 50 socialistas, 163 independientes, 
64 regionalistas, 53 católicos y 59 sin calificar. — £"/ Gobierno y la Igle- 
sia. A un redactor del Momento, de Turín, declaró el 27 el Sr. Pérez 



NOTICIAS GENERALES 131 

Caballero que su Gobierno resolverá las cuestiones religiosas de acuerdo 
con el Vaticano, y ejecutará reformas que no afecten al dogma; pero no 
supresiones, lo cual sería contrario al espíritu liberal. No debieron agra- 
dar estas manifestaciones á los liberales españoles, pues el Diario Uni- 
versal, periódico moretista, aseguró autorizadamente que el Ministro de 
Estado no hace suyas tales interpretaciones, añadiendo que, según sus 
noticias, se limitó aquél á afirmar que «el Gobierno aplicará ideas de 
amplia libertad en toda clase de asuntos..., ideas que, por ser sincera- 
mente liberales, no pueden envolver nada que signifique persecución de 
la Iglesia y falta de consideración y respeto á los sentimientos de la ma- 
yoría de los españoles». El Momento contestó á este suelto ratificándose 
en lo que había escrito y atestiguando que el Ministro le concedió facul- 
tad de publicarlo. 

Reales órdenes.-— La Gaceta del 6 insertó un real decreto autori- 
zando al Ministro de Instrucción pública para construir escuelas prima- 
rias en Madrid, destinando á ese objeto 10 millones de pesetas; la del 16 
una real orden aprobando los estatutos generales para los colegios de 
procuradores, en observancia de lo prevenido por el artículo 863 de la 
ley Provincial sobre organización del poder judicial. 

Fomentos materiales.— £/ acorazado «España». En el Ferrol Se 
colocó el 5 al acorazado España la quilla, presidiendo la ceremonia el 
Ministro de Marina, á quien acompañaron varios Generales de la Armada 
y del Ejército.— Co/z^r eso africanista. Del 9 al 15 se celebró en Valencia 
el Congreso africanista con extraordinaria concurrencia. En la sesión 
inaugural, que presidió el Sr. Labra, leyó el secretario, Sr. Alegret, la 
Memoria del progreso que han tenido las asociaciones africanistas, y 
dio cuenta de que se habían recibido 114 adhesiones, entre ellas 10 de 
senadores, y 21 de diputados. La sesión última fué presidida por el 
Ministro de Fomento. Se aprobaron conclusiones tan interesantes como 
la de establecer en Ceuta y Melilla sucursales del Banco de España, la 
reforma de las Ordenanzas de Aduanas para que nuestros buques toquen 
en los puertos marroquíes sin perder el origen de la mercancía, la conve- 
niencia de fundar la telegrafía sin hilos entre Ceuta, Melilla y Tetuán, 
aprovechando la estación radiotelegráfica de Cádiz, y la reducción délas 
tarifas terrestres y marítimas para los artículos destinados á la expor- 
tación. 

Intereses religiosos.— y4cf/zesíd/z al Prelado de Barcelona. El 5 las 
asociaciones católicas de Barcelola prestaron homenaje de adhesión 
al Rmo. Obispo de aquella diócesis. El Diario de Barcelona y El Correo 
Catalán califican de imponente la manifestación, y opinan que producirá 
provechosos resultados. Serían unos 5.000 los que asistieron al acto, en 
el que pronunció un discurso muy elocuente y aplaudido el Sr. Laguarda. 
—En honor del Obispo de Zamora. Con motivo del 50 aniversario de su 
ordenación sacerdotal, el dignísimo Prelado de Zamora ha recibido 



132 NOTICIAS GENERALES 

pruebas inequívocas del amor que ha sabido granjearse entre sus dioce- 
sanos. La Comisión de festejos organizó varias funciones religiosas, que 
se vieron muy concurridas. Vaya unida á la de los fieles de Zamora 
nuestra felicitación al insigne y celosísimo Obispo Sr. Ortiz y Gutiérrez. 
-Entrada solemne. El nuevo Prelado de Canarias, Sr. Pérez Muñoz, hizo 
la entrada solemne en la capital de su diócesis, siendo recibido con entu- 
siasmo indescriptible por las autoridades y un público que se compon- 
dría de unas 18 á 20.000 personas.— Nueva iglesia. El 3 del actual se 
inauguró en Madrid la iglesia de la Inmaculada y San Pedro Claver del 
Instituto de Artes y Oficios y Colegio de segunda enseñanza que dirigen 
los Padres de la Compañía de Jesús. Bendíjola el 2 por la tarde el eminen- 
tísimo Sr. Obispo de la diócesis; el 3, á las ocho de la mañana, celebró la 
Misa el reverendísimo Sr. Nuncio, imponiendo las insignias simbólicas y 
dando especial bendición de Su Santidad á los jóvenes de la nueva Aso- 
ciación Nacional de propagandistas católicos, y por la tarde en la fun- 
ción religiosa predicó elocuentísimamente el Sr. Obispo de Sión y dio la 
bendición con el Santísimo el ilustre Prelado Sr. Salvador y Barrera. 



II 



EXTRANJERO 

AMÉRICA.— Nicaragua.— Según los últimos partes oficiales trans- 
mitidos al Gobierno de los Estados Unidos, la revolución en Nicaragua 
adquiere mayor empuje, y Estrada, que la capitanea, extiende su domi- 
nio en las comarcas interiores de la república. Fuera de este conflicto 
interior, otro exterior con los Estados Unidos le ha nacido al presidente 
Zelaya, á causa de haber pasado por las armas á dos subditos america- 
nos, llamados Cannon y Groce. Apoya Zelaya su resolución en que 
aquéllos se aliaron á los revolucionarios, y al caer en manos de los sol- 
dados leales fueron tratados como se trata á los demás rebeldes. Parece 
que los Estados Unidos no se satisfacen con ese descargo; de aquí que 
hayan expulsado al representante de Nicaragua del territorio norteame- 
ricano y ordenado al crucero Prairie que zarpe inmediatamente para 
Colón, llevando á bordo 700 hombres de infantería de Marina. Se da 
por indudable que ese envío de fuerzas obedece al propósito de obli- 
gar al Presidente nicaragüeño á dar completa satisfacción á los Estados 
Unidos ó á dejar el poder á su émulo el general Estrada. 

Colombia. — Telegramas recibidos de Londres el 1.° anuncian 
que el Gobierno colombiano declara que no podrá pagar el cupón de 
Enero de la deuda exterior; pero se juzga que durarán muy poco las 
dificultades financieras en que se encuentra la república. Asimismo di- 
cen que rehusó el Congreso la concesión de la construcción de un 



NOTICIAS GENERALES 133 

canal á través del itsmo de Darien; no porque no sea hacedero, sino 
porque no están aún bien determinados los límites entre Colombia y 
Panamá, por la oposición de algunos Estados de la república y el 
temor de que intervengan los Estados Unidos. 

Chile- Argentina.— Las galerías del túnel transandino, cuya per- 
foración comenzó simultáneamente por ambas vertientes de la cor- 
dillera, ó sea por la argentina y chilena, ya se han unido: miden una 
longitud de 3.165 metros; lo que significa la cercana conclusión del fe- 
rrocarril que ha de atravesar todo el continente Sur. Abrióse el túnel á 
una altura de 3.190 metros en la parte de la cordillera denominada La 
Cumbre, que se levanta 3.900 metros sobre el nivel del mar. Ingenieros 
y contratistas ingleses han llevado á cabo las obras. La vía que se pro- 
yecta, y cuyos railes se empezarán á tender muy en breve, enlazará Bue- 
nos Aires y Valparaíso, que distan una de otra alrededor de 1.400 kiló- 
metros. También el Brasil intenta construir un transcontinental que una 
el Atlántico con el litoral peruviano. 

• Estados Unidos. -En el Mensaje dirigido al Parlamento hizo el 
presidente Taft constar que las relaciones de los Estados Unidos con 
las demás Potencias son satisfactorias; expresó su contentamiento por 
los resultados de la Conferencia sobre derecho marítimo de Londres; 
afirmó que la doctrina de Monroe no se puede alegar para permitir á un 
Gobierno instable que falte á sus obligaciones, bajo el pretexto de la 
ambición de los Estados Unidos; calificó de cruel la orden del presi- 
dente Zelaya de fusilar á dos oficiales norteamericanos; declaró que los 
Estados Unidos apoyan la integridad del imperio chino é intentan for- 
mar una isla artificial, en la que se construirá un fuerte, y terminó ponde- 
rando la intensa prosperidad de la república y el desenvolvimiento de los 
negocios norteamericanos. 

EUROPA. --Portugal. —Al rey de Portugal, D. Manuel, que llegó 
á Lisboa el 5, de regreso de su viaje á Londres, se le hizo en aquella 
ciudad una manifestación de cariño tan entusiasta que, á juicio de los 
periódicos de la capital del reino, pocas veces se ha visto recibimiento 
parecido. 

Francia.— El 26 de Noviembre se discutieron en el Congreso los 
presupuestos de Cultos. Al abate Gayraud, que habló de las leyes con- 
cernientes á las congregaciones religiosas y de la aplicación de la ley 
relativa a! régimen de separación de la Iglesia y del Estado, respondió 
Mr. Briand con un discurso que ha suscitado muchos comentarios, por- 
que en él se intentaba provocar un cisma entre los católicos franceses. 
«Llegará, dijo el Presidente, la hora, como acaeció en otro tiempo, en 
que la conciencia francesa se sobreponga á la conciencia de católico.» 
Muy atinadamente observa La Correspondencia de Roma que se puede 
uno preguntar: «¿Si entenderá Mr. Briand lo que es conciencia, ó si creerá 
que los demás no lo entienden?» 



134 NOTICIAS GENERALES 

Bélgica.— El 17 de Diciembre, á las dos y treinta y cinco minutos de 
la madrugada, falleció en Bruselas el rey de Bélgica Leopoldo II, con- 
fortado con los Sacramentos de la Iglesia, que pidió él mismo al apro- 
ximarse el fin de su vida. Había nacido en esa ciudad el 9 de Abril 
de 1835, y en 1870 sucedió á su padre Leopoldo I. Estuvo casado con 
María Enriqueta, Princesa imperial y archiduquesa de Austria, de la que 
le quedaron tres hijas. Según el periódico Le Soir, en su testamento 
manifiesta lo siguiente: «Muero en el seno de la Religión católica; pido 
perdón por las faltas que cometí. Dejo á mis hijas los 15 millones de 
francos que á mí me dejó mi padre. Quiero que se me haga un entierro 
sencillo.» Añade el mismo diario que «el Vaticano estaba enterado del 
casamiento religioso del rey Leopoldo con la Baronesa de Vaughan, y 
que el matrimonio se celebró en Remo». Aunque tuvo defectos como 
Rey, no puede negarse que fué amante de su pueblo, deseoso de la pros- 
peridad de su nación, y que á su política personal se debe la colonia del 
Congo. Al día siguiente de su entierro se reunieron las Cámaras para 
tomar juramento al piíncipe Alberto, proclamado nuevo Rey de los bel- 
gas, que nació en 8 de Abril de 1875, y es hijo del Conde de Flandes, 
hermano del difunto Leopoldo II. 

Inglaterra.— El conflicto que se temía en el Parlamento, se ha pro- 
ducido. La Cámara de los Lores aprobó el 30 la proposición de lord 
Lansdowne, en la que se decía que era necesaria la consulta previa á la 
nación antes de aprobar los presupuestos de Lloyd Gcorge, que encie- 
rran varias reformas trascendentales. Tomaron parte en la votación 425 
lores; 350 votaron en pro de lo propuesto por Lansdov/ne y 75 en con- 
tra. Mr. Asquith aconsejó al Rey la disolución de !a Cámara de los 
Comunes, que se cerró el 3 con un discurso de Eduardo Vil. 

ASIA. — Japón.— Tomamos de una carta del P. Bouchez, misionero 
jesuíta en Tokio: 

«Vivimos completamente de limosnas... El P. Engelen, profesor de Filosofía en un 
colegio del Misuri, vendrá probablemente solo á fines de Octubre para organizar los 
estudios, una vez aprendida la lengua. Dos benedictinos alemanes, traídos por mon- 
señor Mutel, llegaron á Corea para abrir en Seoul un establecimiento de educación á 
uso coreano. Han conseguido hacerse con un hermoso terreno, que les vendió el 
Estado á precio módico, é intentan fundar una residencia provisional. El uno de ellos 
volvióse á Alemania para allegar dineros y gente; el Superior vino á Tokio en Agosto, 
á fin de enterarse del régimen de las Escuelas, y tuve el gusto de introducirle en una 
de las Universidades, aunque, por desgracia, todos los de ella estaban en vacaciones. 
Aspiran á levantar en Corea un convento benedictino con coro y vida monástica. ¿Se 
podrá conciliar con la dirección de un gran colegio? Al tiempo. Piensan comenzar por 
el Liceo ó Escuelas Medias, con las que tantos triunfos han conseguido losmarianistas. 
Cerca de 500 coreanos frecuentan las escuelas de Tokio, aprendiendo el japonés con 
facilidad y felices resultados.» 

China.— De nuestro corresponsal. Chang-hai, 19 de Noviembre 
de 1909. 

1. Se trata de cambiar el traje nacional que los manchúes impusieron á los chinos 
conquistados y de suprimir la trenza de pelo que todo chino, bajo severas penas, debe 



VARIEDADES 135 

llevar; sin embargo, no parece llegada la oportunidad del cambio. También será abolido 
poco á poco en el palacio imperial el servicio de los eunucos, de suerte que dentro de 
seis años no quedará ninguno; pero se guarda silencio sobre la abolición de la poli- 
gamia; que el deseo de modernizarse no les ha conducido á los grandes hasta ese 
punto.— 2. En vez de disminuir los gastos del imperio, cada vez se aumentan más, y 
las entradas no los compensan; la Hacienda está exhausta, y se cavila mucho sobre la 
manera de hacer venir dinero á Pekin. Las contribuciones indirectas son numerosas; el 
Gobierno ha querido introducir el papel sellado, mas en vista de la oposición de las 
provincias, lo ha diferido para mejores tiempos. Se delibera ahora acerca de la creación 
de una Lotería Nacional, cuyos productos se repartirían por mitad entre los premiados 
y el Tesoro. No sabemos lo que resultará. 



VARIEDADES 



Exposición (1) que los Rmos. Prelados de España han diri- 
gido al Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros contra 
1 . existencia de las escuelas llamadas laicas. — Excmo. Sr.: Los 
Prelados españoles creemos cumplir deber ineludible de conciencia y 
dar alta prueba de patriotismo llamando su muy ilustrada atención y la 
del Gobierno que dignamente preside acerca de los perjuicios que oca- 
siona permitir el funcionamiento de las escuelas laicas ó de las llamadas 
neutras, y suplicándole que en manera alguna consienta se abran las que 
fueron clausuradas por la Autoridad después y oon motivo de los horri- 
bles y nunca bastante execrados sucesos de Barcelona, que constituyen 
un borrón en la historia patria y un motivo de vergüenza para la huma- 
nidad. 

Aunque tales escuelas alardeen de neutralidad en religión, son real- 
mente y de un modo necesario irreligiosas. En la enseñanza es donde 
más palpablemente se observa la verdad de Cristo: «El que no está 
conmigo, está contra mí.» El no hablar nunca de religión en la escuela 
hace que los alumnos deduzcan que las ideas religiosas inculcadas por 
sus padres y por los sacerdotes ó son anticientíficas, y, por consiguiente, 
falsas, ó son indignas de que por ellas se rija el ciudadano fuera de la 
sociedad doméstica. Aun en las naciones más elementales de la ense- 
ñanza es imprescindible tocar materias que son igualmente objeto de la 
religión y que se han de resolver en contra ó en conformidad con ella. 
Un maestro antirreligioso, aunque quiera permanecer neutral ante sus 
discípulos, no lo logrará por mucho tiempo; y los alumnos, que ven en 
él un ser superior cuya autoridad les merece todo respeto, no tardan en 
imitar su desprecio á toda religión positiva Pero la neutralidad de las 
escuelas laicas es un nombre vano, un pretexto para no alarmar y un 
lazo que se tiende á los padres de familia para que no se retraigan de 
enviar allá á los hijos. En todas partes sucede lo que en Francia, donde 
un inspector de Instrucción pública, Dequaire Grobel, escribe á los 
maestros laicos: «La escuela laica es una máquina de guerra contra el 
Catolicismo. La escuela laica tiene por objeto formar librepensadores. 

(1) «Sostenida en gran número de telegramas enviados por diferentes centros y 
asociaciones religiosas», según la nota oficiosa del Consejo de Ministros. 



136 VARIEDADES 

«Defraudaría las esperanzas que en ella fundamos si se mantuviese 
dentro de una respetuosa neutralidad... La escuela laica es un molde 
donde se mete un hijo de un cristiano y se saca un renegado.» 

Aunque no fuesen contrarias á la religión, por faltar la religión en 
ellos no podían ser morales semejantes centros de enseñanza. Enseñar 
la moral omitiendo la religión equivale á querer construir un edificio sin 
base. Inclinado el hombre al mal, necesita la creencia en un premio y en 
un castigo eternos para contenerse dentro de los estrechos límites del 
deber y caminar por los ásperos senderos de la virtud. Si no se enseña 
á respetar la autoridad de Dios, será en vano querer que respete autori- 
dad ninguna, cuando el respeto lleve aparejados sacrificios y privaciones. 
La fuerza pública y el interés propio serán los únicos frenos con que se 
intente domeñar sus pasiones; pero cuando su interés esté en pugna, á 
juicio suyo, con el de la sociedad, buscará eludir la acción de la fuerza ó 
procurará contrastarla con el petróleo y la dinamita. Pensadores nada 
sospechosos de parcialidad, pues tenían la desgracia de haber perdido la 
fe, han deplorado la inutilidad de sus esfuerzos para moralizar á la juven- 
tud despreciando las doctrinas y los métodos de esa gran educadora 
que se llama la Iglesia. 

Los omitimos porque son bien notorios á la reconocida erudición 
de V. E., y porque los hechos hablan más alto y más claro que las pala- 
bras, poniendo ante los ojos que instruir no es educar, y que dotar de 
conocimientos á la inteligencia, sin cuidarse de fortalecer y dirigir la volun- 
tad, es como poner en manos de un demente una espada, que cuanto más 
se aguza es más peligrosa. 

La estadística demuestra que el principio de que cada escuela que se 
abre es un presidio que se cierra, implica falsedad absoluta tratándose de 
las enseñanzas sin Dios. En Francia, mientras el número de delitos en 
los adultos se mantiene casi estacionario, aumenta espantosamente en la 
niñez y en la juventud, coincidiendo con el aumento de la instrucción 
laica, á la que atribuyen el gran incremento de la criminalidad observa- 
dores concienzudos y desapasionados. 

En Italia un criminalista como Garófalo ha comprobado que la crimi- 
nalidad que allí entre la juventud cunde, procede en gran manera de que, 
á diferencia de los sistemas de educación en la raza anglosajona, los 
programas de las escuelas italianas no contienen nada de enseñanza 
religiosa. 

En el Japón, donde más que en España podría haber alguna aparien- 
cia de razón para la enseñanza neutra, porque los niños pertenecen á 
familias que profesan distintas religiones, se había seguido la moda euro- 
pea de prescindir de la enseñanza de ninguna religión, sustituyéndola 
con la moral universal; pero la experiencia ha patentizado cuan funestos 
resultados de aquí se siguen, y el Gobierno se apresuró á cortar la raíz 
del mal, volviendo á imponer la enseñanza confesional como obligatoria, 
ya la budista, ya la cristiana. 

Y si esto sucede allí con profesores que no eran hostiles al culto 
divino, y se esforzaban por buscar con las luces de la razón la moral más 
pura, ¿qué resultados pueden esperarse de escuelas laicas como las 
españolas á que nos referimos, donde se impugnan y se ridiculiza las 
nociones de la ley, de autoridad, de conciencia, de virtud y de obliga- 
ciones? 



VARIEDADES 137 

Asi como de la neutralidad escolar se pasa al ateismO; de éste al 
socialismo no hay más que un paso. Bebel proclamó en el Reichstag que 
los que son socialistas en economía, son republicanos en política y ateos 
en religión. En los países alemanes, donde la enseñanza religiosa está 
más descuidada, allí es donde mayores triunfos alcanza el socialismo. Si 
las leyes del Kulturkampf fueron abolidas, debióse en mucho á que el 
mismo Gobierno se asustó de su obra y comprendió los gigantescos 
progresos que harían los socialistas en cuanto la fuerte muralla de la 
escuela católica quedase por los suelos. 

Se repite que el maestro de escuela fué quien venció en Sedán; mas 
debe añadirse que las escuelas de aquellos vencedores son profunda- 
mente religiosas y que en ellas enseñan la religión los párrocos y los 
ministros de otros cultos. Lo dijo en el Parlamento del imperio el minis- 
tro Gneist: «¿Qué se vio en el ejército alemán después de la victoria? 
Hombres que se arrodillaron para dar gracias á Dios con el cántico que 
habían aprendido en la escuela. Allí luchó la educación del pueblo alemán 
con la educación del pueblo francés; es decir, contra turbas indisciplina- 
das que no temen á Dios, contra hombres que no respetaban ni á Dios 
ni al Emperador.» 

Quien juzga que esta vida lo es todo, difícilmente sacrifica su vida 
por una patria que en nada puede favorecerle después de muerto. El que 
olvida sus deberes para con Dios, no cumple mucho tiempo los deberes 
con la sociedad. 

Si alguna duda hubiera podido caber sobre los funestísimos efectos 
de las escuelas de que venimos hablando, la dfsiparían, por manera bien 
triste y dolorosa, las espantosas escenas de que fué víctima la capital 
del Principado en la última semana de Julio, que no llamaremos vandá- 
licas, porque los vándalos no se habrían atrevido á excesos tan sin 
semejanza. Ciego ha de estar quien á la luz de las llamas de los incen- 
dios no haya visto la eficacia de las ideas disolventes y el influjo de las 
doctrinas perniciosas, nunca mayor que cuando se ejerce sobre los 
entendimientos tiernos y las voluntades débiles de los niños. Con aplauso 
de la opinión imparcial se cerraron escuelas que aunque no usaban el 
nombre de anarquistas lo eran en realidad, y encerraban grave peligro 
para el orden público, y tuvieron gran participación en las salvajes 
escenas que ensangrentaron las calles de la ciudad más populosa de 
España. 

Iguales causas producen iguales efectos. Responsabilidad tremenda 
vendría sobre quien, desdeñando lecciones tan duras y dolorosas, dejara 
á los enemigos de la propiedad, de la familia y de todo el orden estable- 
cido, abrir centros en donde, abusando de la docilidad de la juventud, la 
dispongan y preparen para un nuevo ensayo de revolución, en el que no 
se atacará ya solamente á las casas religiosas, una vez que ahora se ha 
visto que no es en ellas donde está el dinero. 

Como sabemos cuan respetuoso es V. E. con la ley, omitiremos otras 
muchas consideraciones para observar que en las escuelas cerradas con 
ocasión de los sucesos de Barcelona, como se deduce de sus mismos 
textos, se enseñaban doctrinas contrarias á la Religión católica, y la Re- 
ligión católica es la del Estado español; en ellas no se salvaba «el res- 
peto debido á la moral cristiana», límite impuesto en nuestros códigos á 
la libre emisión de las ¡deas. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 9* 



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OBRAS RECIBIDAS 



Su existencia es opuesta á la ley internacional que se llama Concor- 
dato, en cuyo art. 2!" se promete que «la instrucción en las escuelas pú- 
blicas ó privadas de cualquier clase será en todo conforme á la doctrina 
de la misma Religión católica»; y á la ley de Instrucción pública, cuyos 
artículos 295 y 296 mandan cumplir, dando reglas para ello, lo acordado 
entre las dos potestades; y á la ley fundamental ó Constitución de la 
Monarquía, en cuyo art. 11 no se permiten otras «manifestaciones pú- 
blicas que las de la Religión del Estado», y manifestación pública es la 
del profesor que en una escuela pública, delante de sus alumnos, com- 
bate todos los fundamentos del orden religioso. 

En virtud de lo expuesto, siendo de justicia, y exigiendo la ley que 
no vuelvan á abrirse las escuelas que con el nombre de modernas ó 
laicas ordenó cerrar la Autoridad legítima, lo esperamos así de la justifi- 
cación y rectitud de V. E., cuya vida guarde Dios muchos años. 

Toledo, 29 de Noviembre de 1909. 

Por sí y en nombre de losRmos. Prelados que á continuación se ex- 
presan: (son todos). 



OBRAS RECIBIDAS EN LA REDACCIÓN 



Almanaque Bastinos PARA 1910. Artícu- 
los varios. Propiedad de esta casa edi- 
torial. 

Almanaque de los Amigos del Papa. 
1910.— M. Casáis, Pino, 5, Barcelona. Es el 
de la Revista Popular, digno de los ante- 
riores, y como ellos, instructivo y ameno. 

Antología moderna orgánica española, 
coleccionada por el P. N. Otaño, S. J. — 
Lazcano y Mar, Bilbao. 

Annuaire de la Législation du Tra- 
vail. 1908.— Bruxelles. 

AsocucióN de eclesiásticos para el 
Apostolado popular.— Barcelona, L. Gilí. 
En 4.", de 63 páginas. Esta Memoria da 
idea de la índole, de la importancia y de 
los preclaros frutos de la Asociación de 
Eclesiásticos de Barcelona, la cual tiene 
ya 325 socios. Digna es de ser conocida y 
difundida en otras diócesis. 

Au SERVICE des idees ET DES LETTRES par 

E. Lamy. 3 fr, 50.— Bloud et C'«, 7, piace 
Saint-Sulpice, Paris. 

Balance higiénico de los modernos sis- 
temas DE moral, por el Dr. J. Blanc y Be- 
net.— Barcelona. 

Boletín anual del Observatorio me- 
teorológico DE Cartuja (Granada), diri- 
gido por Padres de la Compañía de Jesús. 
Año 1908. Con algunas advertencias del 
Director. Un cuaderno en folio de 144 pá- 
ginas. 

Boletín Eclesiástico. Revista de los in- 
tereses católicos en el Ecuador. Año XVI, 
Quito, Octubre 1." de 1909, n.° 18.— Cons- 
ta de 200 páginas en 4.°, con documentos 



muy variados del Clero y pueblo ecuato- 
riano. Es un homenaje glorioso al Sr. Ar- 
zobispo de Quito, limo. González Suárez, 
y una admirable protesta, por lo universal 
y autorizada, contra los ultrajes que una 
publicación soez le dirigió. 

BULLETIN DE L'ACTIVITÉ SOLAIRE, Avril- 

Mai-Juin, 1909, par R. Garrido, S. J. Ex- 
trait du Bulletin de la Société belge d'As- 
tronomie. 

Caeremoniae Missarum solemnium et 
pontificalium, G. Schober, editio altera. 
M. 3.— F, Pustet, Ratisbonae. 

Caja dotal para las Escuelas domini- 
cales, P. G. Gil, Escorial. Véase Razón 
Y Fe, t. XXIV, pág. 464. 

Carta del Sr. Obispo de Vich á los 
maestros cristianos de su diócesis. — 
Vich. 

Carta-Pastoral del Sr. D. Juan Muñoz, 
Obispo de Málaga. 

Catalogus Patrum ac Fratrum S. J., 
quí Evangelio Christi propagando in Sinis 
adlaboraverunt. Pars secunda: 1842-1908, 
addíto catalogo sacerdotum saecularium 
Missionis Nankinensis.— Chang-Hai, 1908. 

Catholiques et socialistes, par J.-H.-M. 
Clémen,0 fr. 50.— Blout et Ci«, Paris. 

CoMPOSTELA, revista literaria. Año II, 
n." 11. Santiago. Número dedicado á cele- 
brar el 25 aniversario de la Congregación 
de la Anunciada y San Luis Gonzaga en 
Santiago, con bellos artículos y precio- 
sas ilustraciones. 

Cruz y Corona, por A. Lista. 0,75 pese- 
tas.— M. Casáis, Pino, 5, Barcelona. 



OBRAS RECIBIDAS 



139 



<^hefs-d'ceuvre de la Litterature reli- 
GiEUSE. J. Barbey D'Aurevilly. O fr. 60.— 
Bloud et C^ Paris. 

■•el fondo del alma. L. Ram de Viu. 
3 pesetas —Zaragoza, 1908. 

Denys d'Alexandrie, par J. Burel. 2 fr.— 
Bloud et Ci«, Paris. 

De Sacrificio Missae. Card. Bona. 0,60 
mares.— F. Pustet, Ratisbonae. 

Devoir et Conscience, par P. GÍUet, 
O. P. 3 fr. 50.— Desclée, De Brouwer et 
€*«, Paris. 

DiE Fraoe der Riesenzellen bei der 
Entwickelung der Maus (Mus Músculos 
V. Alba), von P. J. Pujiula, S. J. (Extracto 
del primer Congreso de naturalistas espa- 
ñoles.) 

Dios. Segundo libro de Mi concepto del 
mundo, por Lasplasas.— Barcelona. 

El clero en la política, por D. A. Ló- 
pez Peláez, Obispo de Jaca. 3,50 pesetas.— 
<j. Gili, Barcelona. 

El hombre de bien. Almanaque para 
1910. Librería Salesiana, Sarria-Barcelona. 
Es un regalo á los suscriptores de las Lec- 
turas Católicas, como se hizo en anos an- 
teriores. 

El Sacerdote en el Altar, por el Pa- 
dre Chaignon, S. J.; traducción por el 
P. D. Fierro Gasea, E. P. 2 pesetas.— 
G. Gili, Barcelona. 

El soldado de plomo, por F. del Río. 
Docena de ejemplares, una peseta. — Se- 
villa. 

Enciclopedia universal europeo-ameri- 
cana.— José Espasa é Hijos, Barcelona. 
Cuadernos 126-135. 

Ensayo para reducir años, meses y días 

DE LA ERA CRISTIANA Á LA AZTECA, por 

C. Crivelli.— México. 

Erasme et Luther, par M. Claude-Hum- 
bert. 4 fr.— Bloud et C'^, París. 

Espíritu del Beato Ramón Lull, por 
J. Borras, presbítero.— Palma. 

Exposición del Dr. J. M. Núñez Pont al 
Sr. Ministro de Instrucción pública.— Ca- 
racas, 1909. 

Fisiología general, por losDres. L. Ro- 
drigo Lavín y A. Pi y Suñer. 18 pesetas.— 
G. Gili, Barcelona. 

HlSTOIRE DE L'ÉGLI;E DU III « AU XI « SIÉ- 

CLE, par A. Dufourq. 3 fr. 50.— Bloud et 
C'«, Paris. 

Historia natural (elementos), por el 
P. F. Faulin. Segunda edición.— Valladolid. 

HojiTAS ESCOLARES, por el Sr. Feno- 
Ilera. XI, La escuela y la libertad; XII, La 
escuela y la iniciativa. — Valencia, Ave- 
llanas, 2. 

Homilías apologéticas, traducción del 
italiano por A. Piaggío. 3 pesetas.— L. Gili, 
Barcelona. 

Il cattolico d'azione. (Traducción de 
la obra castellana del P. Palau, por T. S., 
S. J.)— Torino y Via Passalocquia, 4. 

1 «NOVISSIMI» NEI M0NUMENTI PRIMITIVI 



DELLA Chiesa, per il P. S. Scaglia, O. C. R. 
L. 1,60.— F. Pustet, Roma. 

Introducción general á la Filosofía, 
por J. Zaragüeta.— Madrid. 

Introduction á l'Étude des maladies 
MENTALES, par H. Schioess. 1 fr. 20.— Bloud 
et C»«, Paris. 

L,A EJEMPLARIDAD SACERDOTAL DE SaN 

José Oriol. Carta por el limo. Sr. D. J. To- 
rras y Bages.— Vich. 

La Poesie éducatrice, par A. Fessy.— 
Em. Vitte, Paris-Lyon, 

La représentation de la Madone á t.?a- 
VERS LES ages, par J. H. M. Clémenl O fr. 60. 
Bloud et C'« , Paris. 

La Revolución de Julio en Barcelona, 
por M. H. Villaescusa. Una peseta.— Here- 
deros de J. Gilí, Barcelona. 

La Sagrada Comunión, por Mons. Se- 
gur. Novena edición, traducción de don 
L. M. Dachs. 0,20 pesetas — M. Casáis, 
Pino, 5, Barcelona. 

La Santa Casa dans l'Histoire. F. Tho- 
mas, O. M. C. 7,50 fr.— Em. Vitte, Lyon- 
Paris. 

L'Ascetique moderniste, J. a. Chollet.— 
Lille. 

La Semana (de Mondoñedo), 8 de Di- 
ciembre. Número 21, dedicado á la Inmacu- 
lada. Tiene hermosas composiciones en 
prosa y verso. 

La Sociología de M. G. Tarde. J. Zara- 
güeta.— Madrid. 

Las pasiones, por el P. Lejeune; traduc- 
ción por E. A. Roig. 2 pesetas.— J. Gili, 
Barcelona. 

La Survivance de l'ame chez les peu- 
PLES non civilisés, par A. Bros. O fr. 60.— 
Bloud et C'*' , Paris. 

La Valeur historique du Quatriéme 
Evanoile, par M. Lepin. 8 francos dos vo- 
lúmenes.— Letouzey et ané. Te'''», rué des 
Saints-Péres, Paris. 

La Vida. Nuevo semanario de Ru^a 
(Colombia). Su lema es: Todo para la ver- 
dad; para el error, nada. Números 3 y 4. 

Le Brahmanisme, par L. de la Vallée- 
Poussin. 1 fr. 20.— Bloud et C" , Paris. 

Le Donné revelé et la Théologie, par 
le P. A. Gardeil. 3 fr. 50.— Librairie Lecof- 
fre, J. Gabalda et 0« , Paris. 

L'ÉGLiSE ET la Critique, par S. G. Mgr. 
Mignot. 3 fr. 50.— Librairie Lecoffre, J. Ga- 
balda et C'« , Paris. 

L'ÉGLISE ET LE MONDE BARBARE. Deuxié- 

me édition, par F. Mourret. 6 fr.— Blout et 
C'8 , Paris. 

Le modernisme sociolooique, par l'abbé 
J. Fontaine. 6 fr.— P. Lethíelleux, 10, rué 
Cassette, París. 

Le sens commun, la Philosophie de 
l'étre et les formules dogmatiques, par 
Fr. R. Garrígou-Lagrange . 3 fr. 50.— 
G. Beauchesne et C'«, París. 

Les Arguments de l'athéisme, par J. de 
la Paquerie. O fr. 60.— Bloud et C'e , Paris. 



140 



OBRAS RECIBIDAS 



Les Confessions. Saint Augustin; tra- 
duction d'Arnauld d'Andilly. 1 fr. 20.— 
Bloud et C'« , Paris. 

Les Syndicats professionnels féminins, 
par L. de Contenson. O fr. 60.— Bloud et 
C'« , Paris. 

Le travail des femmes á domicile, par 
le Conite d'Haussonville. O fr. 60.— Bloud 
et C'« , Paris. 

LiOA DE Sanctidade SACERDOTAL.— Cal- 
cada de San Francisco, 13, Lisboa. 

Lo Pensament María. Número extraor- 
dinario, dedicado á la Concepción Inmacu- 
lada de Maria.— Mataró, 1909. 

Los NIÑOS SANTOS, por el P. F. Hattler. 
S. J.; traducción por el P. J. Rojas, S. J. 
2,40 francos.— B. Herder, Friburgo. 

Luz Y TINIEBLAS, por S. J. Camer. 2 pe- 
setas.— Librería de La Hormiga de Oro, 
Barcelona. 

Manuel de Morale et d'Instruction 
civiQUE, par A. L. Masson . 2,75 fr.— 
E. Witte, Lyon-Paris. 

María Magdalena, por Madame d'Ar- 
bouviille; traducción del francés por María 
de Perales. Una peseta.-Bíblioteca Patria. 

Memorias de la Real Academia de 
Ciencias y Artes de Barcelona. Tercera 
época. Volumen VIII, números 4, 5 y 6. 

Memorias del Observatorio del Ebro. 
La sección eléctrica, por el P. Juan Gar- 
cía, S.J. 

Mirador Observatory Baguio Benguet 
a new metereological-geodynamic station 
of the Weater Burean, by. Rev. J. Algré, 
S. J.— Manila. 

Missa «Mater Immaculata», tribus vo- 
cibus órgano comítante, auctore M. Rodrí- 
guez. 4,K).— Lezcano y Mar, Bilbao. 

Morale scientifique et Morale évan- 
oÉLiQUE devant LA SocioLOGiE, par le doc- 
teur Grasset. O fr. 60.~Bloud et C'« , Paris 

Marraciones para niños, por María de 
Echarri.— E. Hernández, Madrid. 

Non moechaberis, Fr. A. Gemelli, O. F. M. 
L. 3,50.— F. Pustet, Roma. 

NouvEAu pélerin du Sacré Cceur de 
jÉsus Á Paray-le-Monial et á Paris- 
Montmartre, par V. Vieille, S.J. 1,50 fr.— 
Em. Vitte, Paris-Lyon. 

Novísimo prodigio eucarístico. Gemma 
Galgani, por V. J. Málaga. Folleto intere- 
santísimo y de gran edificación sobre la 
virtud de la joven Gemma. 

Nuestra semana negra, por el P. R. Fie- 
rro. Número 185 de Lecturas Católicas. — 
Librería Salesiana, Sarríá-Barcelona. 

O MoviMENTO, órgam da accáo social 
catholica, publíca^ao quínzenal. Cidade 
de Uba (Minas), Brasil, anno 1-in 7. 

Oratio DE Sanctitate sacerdotali a 
D. Rípalda.— Victoríale in... 

Paces choisses de Frederic Ozanam, 
par l'abbé Chatelain. 4,50fr.— E. Witte, 
Lyon, Paris. 

Panegíricos de la B. Magdalena Sofía 



Barat. J. M. Sola, S. J.— Madríd. Elocuen- 
tes y sólidos sermones sobre la M. Barat 
y su obra-milagro del poder y sabiduría 
de Dios, destino temporal y eterno de 
dicha obra. 

Patronatos de la mujer, por A. Mutu- 
berria.— Tafalia. 

Pensamientos y consejos para la ju- 
ventud estudiosa, por el P. A. de Doss, 
S.J. 5 francos.— B. Herder, Friburgo. 

Pragmatisme, Modernisme, Protestan- 
tisme, par A. Leclére. 3 fr. 50.— Bloud et 
C'o , Paris. 

Primer libro de ciencias y de dibujo, 
por el Dr. Fontseré, 2 pesetas.— G. Gili, 
Barcelona. 

PrOTECTION CATHOLIQUE INTERNATIONALE 

DE LA JEUNE FiLLE, par Mlles. H. D., J. R. 
Fr. 0,25. N. 210 de L'Action Popalaire. 
Reims. 

Palabras de un apóstol. La pluma del 
periodista. Discursos y colección de tro- 
zos de algunas obras del Excmo. é Ilustrí- 
simo Sr. Obispo de Jaca, por José María 
Ayora, con una oportuna y sentida dedi- 
catoria. En 4.° Un ejemplar, 0,15 pesetas; 
100 ejemplares, 8 pesetas. 

Patrología, por el Dr. O. Bardenhewer; 
traducción por el P. J. M. Sola, S. J. 12 pe- 
setas.— G. Gilí, Barcelona. 

Pensées, par Joubert. 1 fr. 20.— Bloud et 
C'o , París. 

Pesadumbres, novela moral por don 
R. Arrufat, presbítero. 0,50 pesetas.-L. Gili, 
Barcelona. 

Pétau (1583-1652), par l'abbé J. Martin. 
O fr. 60.— Bloud et 6*= , Paris. 

PETITE HiSTOIRE de L'ÉOLISE CATHOLIQUE 

AU XIX« siÉCLE, par P. Lorette. 1 fr. 20.— 
Bloud et C'« , París. 

Qué penser du projet d'impót sur le 
revenu?, par H. Savatíer. N. 212 de L'Ac- 
tion Populaire. 0,25 fr.— Reims. 

Real Academia de Ciencias y Artes de 
Barcelona. Nómina del personal académi- 
co. 1909-1910. 

Rééducation physique et psychique, par 
le Dr. H. Lavrand. 1 fr. 50.— Bloud et C« , 
Paris. 

Reloj del alma, por el P. P. de Rajas, 
S.J. Nuevamente arreglada por el Padre 
J. M. Soler, S. J. 1,50 pesetas.— P.San- 
martí, editor, Barcelona. 

Ritus Consecrationis Ecclesiae.M.0,80. 
F. Pustet, Ratisbonae. 

San Eliodoro, Vescovo d'Altima. 
L. 0,80.— F. Pustet, Roma. 

San Estanislao de Kostka. Lecciones 
de la vida de un Santo, por el P. Zettl, 
S. I.; traducción del P. A. González, S. J. 
1,50 pesetas. — Herederos de Juan Gili, 
Barcelona. 

San Ignacio de Loyola, apóstol de la 
comunión frecuente, por el P. J. Beguirís- 
taín, S. J. 0,25 pesetas.— E. Subirana, Bar- 
celona. 



ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAflA 



CARTA DE SU SANTIDAD PÍO X AL EMMO. CARDENAL AGUIRRE, ARZOBISPO DE TOLEDO 



€, 



iL Boletín Eclesiástico oficial del arzobispado de Toledo, correspon- 
diente al 3 del pasado Enero, publica interesantísimos é importantes do- 
cumentos acerca de la acción social católica en España. Nos apresuramos 
á insertarlos en Razón y Fe, á fin de cooperar de algún modo á su propa- 
gación, y á que sea así más eficaz obra de tanta trascendencia y evidente 
oportunidad, como es la acción católica en general y especialmente la so- 
cial en nuestra patria. He aquí los dos primeros: 

NORMAS DE ACCIÓN CATÓLICA Y SOCIAL EN ESPAÑA (1) 

Dándonos prueba especialísima de paternal afecto, que por lo abso- 
lutamente inmerecida es más de agradecer, nuestro Santísimo Padre nos 
ha honrado con una carta, en que, luego de encarecer la importancia de 
la acción social católica, ó sea de «la unidad y de la tendencia unánime de 
todas las instituciones y fuerzas que para tutela de la Religión y ayuda, 
ora espiritual, ora temporal, de las naciones y aun de los individuos, ha 
sido introducida bajo los auspicios de la Sede Apostólica», manifiesta 
su voluntad de que nos encarguemos «del gobierno y dirección de la 
acción social en toda la nobilísima nación española, encaminando los 
deseos y esfuerzos de todos». 

Cuan sobre nuestras fuerzas se halla este importantísimo encargo, no 
hace falta que lo declaremos, pues bien conocido es de todos. Pero 
siendo primordial deber de los fieles hijos de la Iglesia la obediencia 
rendida á su Cabeza visible, no vacilamos en aceptar misión tan honrosa 
como no merecida, confiando en el auxilio de Dios Nuestro Señor, que 
no lo niega á quienes no se ponen por propia voluntad en los cargos, 
sino que los aceptan sólo por cumplir la voluntad divina y para trabajar 
en hacer el bien posible al prójimo. 

La tarea, por otra parte, que se nos encomendaba, para quien no 
fuese tan inútil, no ofrecía dificultades invencibles. Los Vicarios de 
Cristo, en particular el que hoy felizmente rige la nave de Pedro, han 



(1) Por el Emmo. Card. Arzobispo de Toledo. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 10 



142 ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 

derramado torrentes de luz marcando el camino que se debe seguir; han 
dedicado gran parte de su actividad á promover, organizar y dirigir la 
acción social de los católicos en todas las naciones. En la nuestra desde 
hace algunos años se viene trabajando, con resultados por los cuales 
hay que dar á Dios muchas gracias, en mejorar la condición económica 
del pueblo; y nadie, á la hora presente, desconoce la importancia extraor- 
dinaria y excepcional, afirmada en todos los Congresos Católicos espa- 
ñoles, de fundar y sostener, en favor de las clases trabajadoras, cuantas 
obras é instituciones de carácter pcmanente sea dable, adelantándonos 
y superando á los enemigos de la Religión y del orden, que, ofrecién- 
doles ventajas materiales, procuran atraer á los obreros, para seducirlos 
y explotarlos, con daño inmenso de la sociedad. 

Habiendo comprobado la experiencia cuan excelente es la organiza- 
ción de los trabajos católicos sociales en España, y siendo éstos ya tan 
numerosos, aparece claro que, en vez de destruirla y reemplazarla, expo- 
niéndose á los inconvenientes y dificultades anejas á la implantación de 
instituciones exóticas, sobre las ruinas de las que brotaron espontáneas 
y vigorosas al calor del entusiasmo religioso en el suelo nacional, loque 
importa es extenderla, difundirla y perfeccionarla en lo que cabe. 

Á este efecto parécenos que lo primero era trazar algunas normas 
generales que, sin perjuicio de la necesaria autonomía de cada obra 
social y del funcionamiento propio, segün sus múltiples circunstancias, 
unificaran en lo posible su acción y resumieran los principales medios de 
realizar las aspiraciones comunes á todos. Consultados sobre este parti- 
cular nuestros Venerables Hermanos, en vista de las contestaciones con 
que su bondad nos favoreció, hemos creído que no sería inoportuno 
publicar las siguientes líneas, en orden á la acción católica y social en 
nuestra querida patria: 

1.° Por ser indiscutible que la acción social católica puede recibir 
mucho daño ó mucho beneficio de la política, los católicos no deben 
abandonar en manos de sus enemigos la gobernación y administración 
de los pueblos. Lejos de estarles prohibido en España el ser concejales, 
diputados provinciales y representantes en Cortes, son beneméritos de 
la Iglesia y de la patria los que aceptan estos cargos para procurar el 
bien del pueblo y reformar las leyes en sentido favorable á la Religión, y 
oponerse á que contra ella se consumen nueves atentados legales. Es 
igualmente convenientísimo que los puestos oficiales y los cargos públi- 
cos estén ocupados por personas que desde ellos trabajen por infiltrar 
y difundir en la sociedavi el espíritu cristiane. 

2.° No sólo los fieles, sino que además los sacerdotes, salvo casos 
excepcionales, ejercitarán el derecho y cumplirán como ciudadanos su 
deber de emitir el voto en las elecciones políticas y administrativas 
votando en blanco cuando no puedan, en conciencia, dar el sufragio á 
ninguna de las candidaturas. Únicamente habiendo concordia entre los 



ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 143 

católicos que tomen parte en las elecciones, es como lograrán oponerse 
al empuje de los contrarios, quienes, rivales entre sí, se juntan por el odio 
común que profesan á la Iglesia para derrotar en los comicios á los que 
trabajan por el advenimiento del reinado social del Salvador. Para rea- 
lizar la unión electoral de los que están unidos por el amor á los ideales 
y por la fe en los dogmas católicos, se han de tener en cuenta y aplicar 
lealmente las reglas prácticas (v. las instrucciones 4." 5.'^ 7/ y S."* en Ra- 
zón Y Fe, t. 23 p. 409) dictadas por la sabiduría de la Santa Sede en la 
carta ínter catholicos Hispaniae y en otras ocasiones. La unión de 
los católicos en el terreno político-religioso tiene por objeto, usando 
de todos los medios legales, el borrar de nuestros Códigos las disposi- 
ciones hostiles á la Religión del Estado, y hacer que, se lleven á la prác- 
tica los preceptos legislativos que reconocen sus derechos, y primera- 
mente realizar el programa formado por el Episcopado español en el 
Congreso Católico de Burgos (véase en Variedades de este número) y 
ratificado en el de Compostela. 

3." Si bien la acción política es indispensable para la acción social, 
ésta debe ser, en las actuales circunstancias, independiente de aquélla, 
con centros y organismos distintos; de forma que en el campo social 
puedan estar estrechamente unidos, aunque en política sustenten lícita- 
mente ideas contrarias, cuantos deseen favorecer al pueblo y ganarlo y 
conservarlo para Cristo, cuyas doctrinas practicadas son la salvación y 
la dicha de la humanidad. 

4." El mayor favor que puede hacerse al pueblo es instruirle en la 
doctrina de Cristo. Por eso nuestro Santísimo Padre, en repetidas oca- 
siones y señaladamente en la Encíclica Acerbo nimis, con tan graves 
palabras, recuerda á los sacerdotes la obligación de predicar el Evan- 
gelio y de tener dos explicaciones catequísticas, una para los niños y 
otra para los adultos. Los párrocos, en particular los arciprestes, usarán 
de todos los derechos que la legislación actual les reconoce, á fin de que 
se explique el Catecismo de la doctrina cristiana en las escuelas de pri- 
mera enseñanza, y se conserve la costumbre de que los maestros acom- 
pañen á los niños en el cumplimiento de los deberes religiosos. Es útil 
sobremanera que los buenos católicos y los eclesiásticos que se hallen 
en condiciones, luchen para ingresar en el profesorado oficial, y espe- 
cialmente en las Escuelas Normales del Magisterio. Los hijos de la Igle- 
sia nada harán más agradable á sus ojos que ayudar á las Órdenes y 
Congregaciones religiosas en su labor de establecer escuelas gratuitas 
y colegios de segunda enseñanza, donde se facilite una instrucción y edu- 
cación sóHdamenfe cristiana. Principalmente en las poblaciones donde 
hay centros oficiales de enseñanza superior, es muy recomendable la 
fundación de Academias de la Juventud católica y de las Congregacio- 
nes de San Luis y de San Estanislao. En los pueblos numerosos no se 
omitirá el tener escuelas dominicales para las sirvientas y escuelas noc- 



144 ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 

turnas para los trabajadores, sobre todo si no son de confianza los maes- 
tros oficiales. 

5." No basta abrir centros para que se instruya en la verdad al pue- 
blo, hay que ir á él, llevándole la verdad. De ahí la conveniencia de 
establecer grupos de conferenciantes que recorran los principales vecin- 
darios, defendiendo los derechos de la Iglesia y refutando los sofismas 
que contra el Catolicismo propalan sus perseguidores. Los párrocos 
encontrarán también en las misiones un medio eficacísimo para que el 
pueblo escuche y siga las enseñanzas religiosas. El ejemplo de nuestros 
enemigos, que no perdonan sacrificio ninguno para repartir entre las 
masas populares, por un precio ínfimo ó gratis totalmente, libros, folle- 
tos, opúsculos y hojas que contienen el veneno de sus mortíferas ense- 
ñanzas, hace ver cuánta importancia, con razón, conceden á la propa- 
ganda escrita. Los poderosos esfuerzos que realizan en favor de su 
prensa periódica sírvannos de estímulo, si otras mil consideraciones no 
hubiera muy atendibles, para poner la nuestra en condiciones de luchar 
contra la suya. Con la suscripción, con los anuncios, con informaciones, 
con la recomendación y con donativos procúrese ayudar á nuestros 
periódicos, á fin de que, por su baratura y por sus ventajas literarias y 
tipográficas, se difundan entre el pueblo, hoy en su mayor parte esclavo 
de la mala prensa. Aun cuando es convenientísimo el que haya en cada 
localidad importante un periódico, y el que sean muy numerosos los que 
estén al servicio de la causa católica, tengan presente los que se pro- 
pongan dar vida á nuevas publicaciones, que pueden causar la muerte ó 
grave daño á las antiguas, sin que las suyas alcancen el objeto apete- 
cido, y que preferible es tener pocos periódicos con muchos lectores, 
que no lectores escasos y periódicos abundantes. Por lo mismo que los 
elementos de que hoy disponen son tan insuficientes, súplanlos nuestros 
periodistas con la unión de las fuerzas y la concordia de las voluntades. 
Estudien las necesidades del pueblo, háganse eco de las mismas, bus- 
quen el medio de satisfacerlas, trabajen por conseguir que la causa cató- 
lica le sea simpática, viendo que los defensores de ella son los que más 
se interesan por el bien público. Para combatir á la mala prensa es 
necesario emplear todos los medios de que legalmente podemos dispo- 
ner. Por tanto, en cada Junta diocesana de acción católica, si no existe 
asociación especial con este fin, habrá algunos abogados y procurado- 
res al objeto de que en las injurias y calumnias contra las personas ecle- 
siásticas, en los escarnios del dogma y en las ofensas de la moral, pidan 
que se apliquen á los infractores las penas señaladas en el Código. 

6.° Nuestro Divino Maestro pasó haciendo el bien, y el mutuo amor 
de sus discípulos era la envidia de los gentiles. La limosna, tan reco- 
mendada en las Sagradas Letras, ha de hacerse del modo más prove- 
choso á nuestros hermanos; y provecho grande dice el valerse de la 
gran fuerza de la asociación y crear instituciones permanentes de bene-. 



ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 145 

ficencia. Los que, siguiendo los consejos de Cristo, renuncian á formar 
una familia para servir á la gran familia humana, y se asocian para 
mejor poder remediar las múltiples miserias individuales y sociales, por 
lo mismo que hoy son tan perseguidos, á causa del hábito religioso que 
visten, deben ser protegidos y auxiliados por todos los verdaderos cató- 
licos. Merecen igualmente todo aplauso los seglares que, para ejercer 
la caridad, se reúnen en asociaciones como la de San Vicente de Paúl, 
de San Francisco de Regis y otras análogas. Las cocinas económicas, 
las hospederías nocturnas y las mil obras con que se socorre la pobreza, 
la vejez y la orfandad y se favorece á los enfermos y á toda clase de 
desvalidos, son una gloria de los hijos de la Iglesia, fieles á su espíritu, 
que sabe acomodarse á las variaciones de los tiempos y resolver los 
diversos conflictos sociales y encontrar lenitivo para todos los dolores 
de la humanidad. 

7.° La justicia, la caridad y el propio interés de la causa católica 
demandan de consuno que procuremos el bienestar material del pueblo 
y el mejoramiento de la vida económica de los hijos del trabajo. Á fin 
de que los sacerdotes salgan preparados para cumplir su misión social, 
se fundará en todos los Seminarios una cátedra de Sociología, dando á 
la enseñanza carácter eminentemente práctico. Por la importancia de la 
Agricultura, en nuestra patria especialmente, se instruirá en ella, con la 
extensión necesaria, á todos los seminaristas, y, donde se pueda, adqui- 
rirán los Seminarios algún terreno para dedicarlo á campo de experi- 
mentación agrícola. Los párrocos de pueblos rurales harán una obra 
altamente meritoria si, buscando la cooperación de las autoridades y 
de los maestros, fomentan el progreso de la Agricultura, difundiendo la 
enseñanza de esta ciencia entre los niños, celebrando la fiesta del árbol, 
dando conferencias sobre los más importantes asuntos agrícolas y pe- 
cuarios y sobre industrias rurales, y coadyuvando á la formación de 
museos agrícolas. Las antiguas Cofradías, sin perder su carácter reli- 
gioso, pudieran reformarse de suerte que sirvieran de base y de núcleo 
para la unión económica de los labradores de cada feligresía. 

Siendo la emigración una de las principales causas de nuestro atraso 
agricultural, en las parroquias donde más deje sentir sus funestos efec- 
tos, se fundará una Junta especial ó una sección en la Junta parroquial 
de acción católica, para contenerla, ó, á lo menos, para encauzarla, evi- 
tando el que los emigrantes sean explotados inicuamente y el que pier- 
dan sus relaciones con la madre patria. La usura, verdadera plaga de 
los campos, ha de ser combatida por todos los medios, como Pósitos, 
Cajas rurales. Bancos agrícolas. Sindicatos, Gremios, Sociedades de 
seguros y cuantas instituciones contribuyan á fomentar enti^e los labra- 
dores el espíritu de asociación y al desenvolvimiento de su crédito per- 
sonal. 

8." Los obreros fabriles, señaladamente los de las grandes poblado- 



146 ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 

nes, son los más trabajados por el socialismo, y respecto de ellos ha 
de ejercitarse, en consecuencia, la acción social de los católicos de la 
manera más intensa y más constante. Por ser factores complementarios 
de la producción, y no enemigos, el capital y el trabajo, deben patronos 
y obreros dirimir sus contiendas pacíficamente, con arreglo á los princi- 
pios del derecho cristiano, para lo cual son muy útiles los jurados mix- 
tos. En todos los pueblos de crecido vecindario urge fundar Círculos 
católicos de obreros, de los cuales reciban impulso ó dependan las ins- 
tituciones sociales que en la localidad sea posible establecer, como 
Cajas de ahorros y de préstamos y de socorros. Cooperativas, Secreta- 
riado del pueblo y clases profesionales. Los centros de obreros, y tam- 
bién, en su caso, las agremiaciones patronales, se constituirán conforme 
á las disposiciones civiles, á fin de poder tener voto en las elecciones 
para las Juntas é Instituto Nacional de Reformas Sociales y gozar de los 
beneficios concedidos por la ley. 

Según lo acordado en el último Congreso Católico, es preciso influir 
para que el Estado mejore la condición moral y material de los obreros, 
adoptando, en la parte material, los medios siguientes: reducción de las 
tarifas de transporte y bonificación en los viajes desde los centros de 
trabajo á las poblaciones limítrofes; medidas obligatorias de higiene 
general, como el saneamiento de las viviendas, y la mayor pureza y bara- 
tura posible en los artículos de primera necesidad; exención de impues- 
tos á las sociedades de crédito popular y de socorros y seguros mutuos, 
siempre que no se propongan, como fin principal, el lucro; reorgani- 
zación de los pósitos; funcionamiento de cajas postales de ahorros; 
suspensión de la venta de bienes propios; aplazamiento en el pago de las 
contribuciones, mediante el abono de un corto interés, á los pequeños 
contribuyentes que no puedan satisfacerlas á su vencimiento, por causas 
que la ley determine, y mientras subsista el actual sistema de recluta- 
miento militar, establecimiento de diversas cuotas para la redención del 
servicio, en proporción á la cédula personal que pague el cabeza de fami- 
lia, invirtiendo su producto íntegro en las sustituciones voluntarias y en 
pensiones para los inutilizados en el servicio militar y para sus familias. 
9.° Todas las obras de acción social católica ostentarán paladina- 
mente su carácter católico, en cuanto no sea obstáculo para gozar délos 
beneficios que á tales obras el Poder civil conceda; la autoridad ecle- 
siástica aprobará también sus reglamentos, y se hallará representada en 
ellas ó tendrá la intervención necesaria. Los sacerdotes, á quienes tan 
recomendada está por la Santa Sede la acción social, de tal manera la 
dedicarán el tiempo y las energías, que no pierdan el espíritu de su voca- 
ción, ni descuiden sus sagrados deberes, ni falten á la sumisión jerár- 
quica; en ninguna obra nueva intervendrán sin permiso de los superiores; 
por punto general, se abstendrán de toda participación en la administra- 
ción de fondos. 



ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA U7 

Como muy bien se reconoció en una de las conclusiones del Congreso 
Católico de Zaragoza, «la unidad de acción, el mutuo estímulo y el mayor 
acierto en el ejercicio de las obras de celo, son ventajas importantísimas 
que aconsejan la federación para las obras católicas en cada diócesis ó 
localidad, y las Juntas parroquiales, compuestas por el párroco y los 
presidentes de cada obra ó asociación, que se entiendan á la vez con la 
junta diocesana que el Prelado respectivo organice, constituyen el medio 
práctico de realizar dicha federación». En cumplimiento de los acuerdos 
del Congreso Católico de Tarragona y realizando las aspiraciones de los 
anteriores, se redactó el reglamento de la Junta central y de las Juntas 
diocesanas de los Congresos católicos ó de acción católica (que publi- 
caremos, D. m., en otros números, así como el Reglamento de los Conse- 
jos diocesanos) y conocidos son sus trabajos y los excelentes resultados 
obtenidos; si en algún obispado no funcionare aún la Junta diocesana, se 
procederá á constituirla inmediatamente. Por la importancia excepcional 
de las obras en favor de la clase trabajadora, se vio la conveniencia de 
crear organismos especiales para este efecto. Según lo resuelto en las 
Asambleas nacionales de Valencia y de Madrid, se fundó en la capital 
de España el Consejo nacional de las Corporaciones católico-obreras, á 
quien nos complacemos en tributar los elogios que le son debidos, y se 
formó el Reglamento de los Consejos diocesanos, que no deben faltar en 
obispado ninguno, á fin de uniformar la acción social en toda España y 
hacerla más extensa y más activa. 

Quiera el Señor que los que de Él han recibido los dones del talento 
y de la fortuna, los empleen en favorecer, por todos los medios y de 
todos los modos, á sus hermanos, á fin de que el bienestar general se 
aumente, y la riqueza se difunda, y el progreso se realice, y no haya 
motivo ni pretexto para que se aborrezcan los que son hijos de un mismo 
Padre, que está en los Cielos. 

Toledo, Octava del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, año 
de 1910. 

t Fray Gregorio María, Cardenal Aguirré y García, 
Arzobispo de Toledo. 



CARTA DE SU SANTIDAD PÍO X 

Á nuestro amado hijo GREGORIO MARÍA, CARDENAL AGUIRRE Y GARCÍA, 



arzobispo de TOLEDO 



Amado Hijo Nuestro: Salud y Bendición Apostólica. La nueva 
dignidad y distinción que, al encomendarte poco ha el gobierno de 
la Iglesia Toledana, te hemos conferido, es clarísima demostración de 
lo mucho en que apreciamos tu virtud. Conocido nos es que para acre- 
ditar este cargo, ni te faltan dotes ni buena voluntad, y confiamos en 



148 ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 

que, «siendo verdadero dechado de tu grey», no has de defraudar las 
esperanzas que de ti has hecho concebir. Mientras tú pensabas y pre- 
parabas los medios para restituir á la afligida ¡ay, demasiado! Iglesia de 
España su dignidad antigua, las condiciones de los tiempos actuales, para 
ti bien conocidas, y el sabio discernimiento que te caracteriza, te han 
indicado cuáles son los remedios más á propósito para restaurar las cos- 
tumbres y los auxiliares más oportunos para fomentar la gloria divina. 
Porque no ignoramos el elevado concepto que tú, amado Hijo Nuestro, 
y tus hermanos los Obispos de España, tenéis de la unidad de acción y 
de la tendencia unánime de todas las instituciones y fuerzas que, para tu- 
tela de la Religión y ayuda, ora espiritual, ora temporal, de las mismas 
naciones y hasta de cada uno de los individuos, ha sido introducida bajo 
los auspicios de la Sede Apostólica. Nos referimos á la acción social 
católica, cuya vasta propagación y robusta vida en todas las diócesis de 
España desean lo mismo los Prelados que las ovejas encomendadas á su 
vigilancia, ya que para los tiempos, que cada día se agravan, ella es útilí- 
sima ayuda. 

Nos creemos que tales deseos deben atribuirse á especial designio 
de Dios misericordioso, y de buen grado los hacemos nuestros. Pues 
cualquiera que medite sobre las condiciones de la vida social, compren- 
derá, sin trabajo, que todas las cosas humanas, lo mismo las de orden 
público que las de orden privado, de tal manera han sido agitadas y con- 
movidas por el veneno de los errores, por la fuerza de los prejuicios, por 
el ardor de las pasiones y por el cieno de todo linaje de placeres, que 
para la virtud y para la Religión apenas hay lugar, apareciendo lo pre- 
sente lleno de peligros y no pudiendo fijar, sin grave miedo, la vista en 
lo futuro. Á estas aflicciones que en todas partes agobian á la Iglesia de 
Cristo, han añadido tal incremento las recientes perturbaciones ocurridas 
en España, y el peligro de nuevas calamidades, que no solamente el cato- 
licismo, sino también, como inevitablemente debía ocurrir, la misma so- 
ciedad ha sido puesta en supremo trance. 

De todo aquello que pueda suavizar estas asperezas por medio de la 
Religión, nada omite la Iglesia, antes bien á este fin contribuye con cuan- 
tas fuerzas tiene. Pero de tal manera ha ordenado Dios la distribución de 
los dones celestiales, que solamente á los «que quieren y corren» ayuda 
con su gracia, y únicamente á los que combaten concede la corona. De- 
más de esto, cuando los enemigos acometen como en columna cerrada, 
sin respetar ningún derecho, no es permitido á los católicos salir á su 
encuentro aislados y casi inermes. En los tiempos que alcanzamos hacen 
falta ánimos audaces y unión de fuerzas. Porque de tal modo éstas se 
multiplican con la unión, que, poderosas para resistir el ímpetu de los 
enemigos, pueden, al fin, inculcar en el ánimo de los hombres las ense- 
ñanzas y preceptos de la Religión, encauzar las costumbres, corregir con 
la virtud los ánimos abandonados á la lascivia, y someter la sociedad civil 



ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 149 

y la doméstica á Jesucristo, Redentor y Señor único de todas las gentes. 

He aquí, pues, el blanco adonde todos los cuidados, todos los pensa- 
mientos de cuantos fieles hay en España deben apuntar; he aquí el fin al 
cual han de dirigirse todos los esfuerzos: á procurar que cuanto mayor 
es la abundancia del mal que presenciamos, mayor sea también la inten- 
sidad con que se fomente la acción social católica. Trátase de la Reli- 
gión y de la sociedad al mismo tiempo, y una y otra deben ser defendi- 
das con el común apoyo de todos los buenos. Los católicos que luchan 
por la Religión y por la patria, tendrán por jefes á los Prelados y á los 
iniciadores del combate, para que no falten, tanto entre los sacerdotes 
como entre los seglares, personas escogidas, insignes por su piedad y 
por su competencia en promover la acción popular y económica. Pero es 
nuestra voluntad que tú mismo en persona, amado Hijo Nuestro, á cuya 
conocida operosidad encargamos el gobierno y dirección de esa acción 
social en toda la nobilísima nación española, seas quien encamines los 
deseos y esfuerzos de todos. 

La solicitud y diligencia que te distingue nos veda absolutamente 
estimular tu celo con nuestras exhortaciones. Esperamos confiados que, 
con el divino auxilio, has de tomar sobre ti, sin desmayos y con gran pro- 
vecho, la defensa de la Religión y de la sociedad. Séanos lícito única- 
mente recordar una cosa que importa mucho: la acción social de los ca- 
tólicos no reportará las utilidades apetecidas, si los que trabajan por el 
bien común no tienen, según es su obligación, un mismo pensar, un 
mismo querer, un mismo obrar; pues mientras con la concordia adquie- 
ren vigor y se desarrollan las asociaciones, es forzoso que, si la discor- 
dia prevalece, como rendidas á su propia pesadumbre, se vengan á tierra 
y perezcan. Ahora bien, esta conspiración de voluntades y esta uniformi- 
dad en el obrar, no podrán ser duraderas, si las asociaciones de los cató- 
licos no están de tal forma ordenadas que tengan por norma de su con- 
ducta todas las disposiciones que en varias ocasiones han emanado de 
la Sede Apostólica. 

Por lo cual deseamos que se cuide también de que no se infiltren 
lentamente en la inteligencia de los socios doctrinas nuevas y peregrinas, 
por no decir ajenas á la enseñanza de la Iglesia. No raras veces ha ocu- 
rrido que la pasión de novedades ha inficionado á muchos, aun entre el 
clero, dando en tierra con su obra. 

Observando en la práctica estas advertencias con fidelidad y constan- 
cia, no hay duda que, obedeciendo todos á una misma fuerza principal 
que todo lo dirija, la acción social de los católicos españoles, fomentada 
por la completa unanimidad de aspiraciones y robustecida por la obe- 
diencia debida á la autoridad eclesiástica, florecerá grandemente y bri- 
llará más cada día por la gloria de sus hechos. 

Con insistencia suplicamos á Dios, dador de todo bien, que estas 
cosas se lleven á la práctica. Entretanto, deseando manifestaros los sen- 



150 ACCIÓN SOCIAL CATÓLICA EN ESPAÑA 

timientos de nuestro ánimo, lleno de paternal caridad hacia los amantí- 
simos hijos de la católica España, especialmente atribulados á causa de 
las últimas conmociones populares, promovidas por la obra nefasta de 
los enemigos de la Religión y de la sociedad, como augurio de consuelo 
y alegría os damos, á ti, amado Hijo Nuestro, y al clero y á todo el 
pueblo encomendado á tu vigilancia y cuidado. Nuestra Apostólica 
Bendición. 

Dado en Roma, junto á San Pedro, el día 16 de Octubre de 1909, año 
séptimo de Nuestro Pontificado. 

PÍO PP. X. 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 



€ 



N un artículo publicado en el Journal de Bruxelles, intitulado L'imi- 
tation de la France, decía Víctor Kinon que el mayor peligro que ame- 
nazaba á los belgas era el afán de imitar á Francia: afán que fustigó Bau- 
delaire en varios artículos en 1860, y aun estozó un libro cuyo título 
había de ser La grotesque Belgiqíte ó Une capitale de singes. Esa 
misma peligrosa ansia de copiar á los franceses existe en España. Ya un 
escritor transpirenaico, hablando de las colonias intelectuales de Fran- 
cia, incluía en ellas á nuestra patria. Adviértase que la palabra intelec- 
tual abarca mucha extensión; pues no sólo en la esfera del periodismo, 
de la literatura, de la filosofía, sino aun de la política y de la religión se 
nos quiere obligar á ser tributarios de nuestros vecinos de ultrapuertos. 
Notorio es que el Sr. Canalejas tradujo al castellano las leyes de 
Waldeck-Rousseau contra las Congregaciones, haciéndolas uno de los 
lemas de su bandera, y que para sus partidarios, para no pocos libera- 
les, para los republicanos y revolucionarios españoles, el espejo en 
donde nos hemos de mirar en las relaciones del Estado con la Iglesia es 
la actual Francia, la Francia gobernada por los jacobinos y humildes 
siervos y lacayos de la masonería. 

Convendrá, pues, echar una mirada sobre el modelo que se nos pro- 
pone, para que veamos el abismo á que se pretende precipitarnos. Cui- 
dadosamente hemos de hacer una distinción para no pecar de parciales. 
No puede negarse que Francia entraña grandes fuentes de vida y pros- 
peridad; su suelo, ha dicho J. Bertillon, es uno de los más ricos del 
mundo. Por esto, por la laboriosidad y patriotismo de los naturales, su 
situación económica resulta desahogada, hasta el punto que, como acaba 
de escribir un corresponsal de París á un diario de Madrid, «la nación 

francesa sigue poseyendo parte importantísima del oro acuñado en el 

mundo». Ni es tan sólo esto. Repetidas veces ponderó el malogrado 
teniente coronel Sr. Ibáñez Marín que la «tercera república ha reali- 
zado un empeño civilizador que nadie... desconoce». «En conclusión, 
testificaba en otro artículo, en 1909 el imperio colonial francés es más 
rico que lo era en 1900, como al terminar el siglo XIX era más próspero 
que cuando en 1880 comenzaron sus primeros ensanches y tanteos en 
África y en Asia.» 

Mas al lado y á la par de esos medros aparecen horribles calamida- 



152 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

des, inrnundas lepras, que provienen principalmente de la inmoralidad, 
que ha sentado sus reales en la patria de San Luis, fomentada á velas 
desplegadas por las leyes y conducta sectaria de los que han regido y 
rigen las riendas del Gobierno, Algunos cuadros no más nos patentiza- 
rán los males que trabajan á Francia y que la conducirán á la ruina, ó á 
lo menos, serán grillos que le estorben arribar á la grandeza á que 
podía con los recursos de que dispone. 

I 

LA DESPOBLACIÓN DE FRANCIA 

Á varias asociaciones médicas, á políticos de diversas banderías, á 
infinidad de personas de dentro y fuera de la repúbhca da mucho en 
qué entender el descenso manifiesto de los nacimientos en esta nación, 
de tal modo, que son superados por las defunciones. No hay sino repa- 
sar las estadísticas para convencerse de ello. Desde 1901 hasta el 1907 
la natalidad decreció en la siguiente proporción: en 1901, 22 nacimien- 
tos por 1.000 habitantes; en 1902, 21,7; en 1903,21,2; en 1904, 21; en 1905 
y 1906, 20,6; en 1907, 19,7. Ya en este año sobrepujaron los muertos á 
los nacidos en 19.920. Verdad es que en 1908 hubo 18.067 nacimientos 
más que en 1907, y que éstos excedieron á los fallecimientos en 46.441; 
pero en cambio las cifras que publica t\ Journal Officiel de 28 Octubre 
de 1909 son desconsoladoras. Fueron durante el primer semestre de 1909 
los nacidos 398.710, número el más bajo que de cien años acá registran 
las estadísticas. Los fallecidos llegaron á 426.913, resultando un exceso 
de 28.203 sobre los vivos. Es decir, que Francia en seis meses ha per- 
dido equivalentemente una población tan linda como l'Epinal. El mal 
se extiende sobre todo el territorio: 67 departamentos ofrecen más defun- 
ciones que nacimientos; en los restantes, excepto uno, es tan corto el 
aumento de éstos que no vale la pena de hablar. Pero ¿qué de admirar 
que así suceda? De 11.315.000 familias francesas en 1907, 1.804.710 care- 
cían de hijos; 2.966.171, tuvieron dos; 1.643.425, tres; 989.329, cuatro; las 
restantes, cinco ó más. Un 16 por 100, pues, se vio privadas de hijos; 
un 26,21 contó con uno, y el 23 con dos: en resumen, el término medio 
apenas si alcanza 2,10 por cada familia, siendo así que para la prosperi- 
dad de una nación se requieren cuatro al menos. Con razón exclamaba el 
diputado Messimy, en un artículo publicado en Le Matin, que produjo 
honda sensación: los nacimientos menguan de tal manera en la república, 
que dentro de quince años habrá 37 ó 38 regimientos menos; y Moltke 
decía: desde 1870 Francia pierde cada día una batalla. 

Pero lo que más descorazona á los buenos franceses y hace temblar 
á los malos es la comparación que establecen con otras naciones. Al 
decir de Levasseur, entre las grandes potencias, Francia, Alemania, Ingla- 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 153 

térra, Austria é Italia unificada, los franceses constituían el 30 por 100 
del total de gente en tiempo de Luis XIV; el 25 en la época revolucio- 
naria; el 21 después de Waterlóo; el 15 en 1872; el 12 veinte años más 
tarde, y ahora á duras penas si alcanza el 10. Tal diferencia se origina 
de la desproporción de nacimientos entre Francia y los otros países, que 
descubre la lista siguiente, que se refiere al año 1906: El exceso de los 
nacimientos sobre las muertes fué en Alemania de 15,6 por 1.000 perso- 
nas; en Austria, el 12,3; en Hungría y en Inglaterra, el 11,2; en Italia, 
el 11,1; en Bélgica, el 9,3; en España, el 7,9, y en Francia, el 0,7. Esta 
nación es la más abundante de todas en viejos, la más escasa en jóve- 
nes; en 1900 tenía 173 menores de veinte años por 1.000 almas, al paso 
que Alemania contaba 222; Italia, 229; Austria-Hungría, 230; Rusia, 240. 
La densidad de población no es en la república más que de 73 habitantes 
por kilómetro cuadrado, cuando en Austria era de 87 en 1900; en Ale- 
mania de 112 en 1905; en Italia en 1904 de 113; en Bélgica de 227 
en 1900; en Inglaterra de 215 en 1901, y en los Países Bajos de 154 
en 1899. 

Á la vista de esos números, escribía no ha mucho el Dr. Romual: «El 
terreno entre los Vosgos y Pirineos no se ha hecho para que en él vege- 
ten 38 millones de franceses, ya que 100 millones de alemanes pueden 
allí colocarse; el hijo único de la familia francesa está inexorablemente 
destinado á ser despojado por los cinco de la tudesca.» 

¿Cuáles son las causas de esa despoblación? Ante todo, no puede 
achacarse al crecimiento de la mortalidad, que ha disminuido notable- 
mente. Mientras que era de 26,2 por 1.000 en 1806-1810, y de 23,1 
en 1850-1854, no ha llegado sino á 19,7 en el período de 1903-1907. 
Tampoco se ha de atribuir al decrecimiento de los matrimonios, que 
han sido, por término medio, de 284.000 en 1850-54, y de 302.000 
en 1903-1907, y en 1903 registráronse 1.172 más que en 1907. Cierta- 
mente que en lo que atañe á matrimonios, higiene y reducido de la mor- 
talidad, no envidian á nadie nuestros vecinos. Tomando por fundamento 
las estadísticas de las principales potencias europeas en 1905, se infiere 
que en Francia existe esta proporción con lo demás de Europa: 7,7 
matrimonios por 7,7; 19,6 difuntos por 20,8; 20,6 nacimientos por 31,8. 
Inútil es asimismo apelar á la emigración, que en Francia aparece muy 
limitada é inferior á la de otros territorios. En Nueva York, v. gr., resi- 
den 300.000 alemanes y sólo 10.000 franceses, y no debe callarse que, en 
cambio, habita el suelo de la república francesa un millón de familias 
extranjeras. Las causas... no hay que fatigarse mucho en encontrarlas. 
La primordial la han reconocido y declarado desde el librepensador 
Bertillon y el economista católico-liberal Leroy-Beaulieu, hasta el último 
Congreso católico de Lille y el Cardenal Mercier en su reciente pasto- 
ral: la inmoralidad; inmoralidad que se encarna singularmente, produ- 
ciendo estragos enormes, en el neo-malthusianismo y en el divorcio. 



154 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

El neo-malthusianismo ha echado profundas raíces en Francia. «Hay, 
decía L'Univcrs (7 Mai 1909), una asociación antirreligiosa que ha orga- 
nizado la propaganda para la esterilidad voluntaria. Y esta horrenda 
propaganda se hace ahora en los campos, en los centros obreros, por 
todas partes y hasta en los contornos de las escuelas.» Un esclarecido 
publicista, que años ha vive en París, escribía en una acreditada revista 
española: 

«Los libros y estampas editados por los infernales apóstoles de la 
despoblación para enseñar prácticamente al pueblo las múltiples mane-" 
ras de restringir los nacimientos, no son castigados, y hasta se ponen en 
solfa y sirven de chacota las campañas que contra ellos emprenden, más 
con un fin patriótico y humanitario que moral ó religioso, los Piot y los 
Beranger... Á Mr. Piot le ponen en caricatura, vestido de nodriza, en todos 
los diarios de la secta, y le sacan á las tablas como bufón obligado en 
todas las revistas de teatros escritas por los autores judíos á la moda.» 
No menos execrables son estas noticias que saca á la vergüenza Fenelon 
Gibon: «Mora en Alemania un Sr. Koenig.... que pretende crear un Insti- 
tuto pedagógico internacional, cuyo programa comprende el malthusia- 
nismo; la propaganda de este azote, uno de los más aciagos en nuestra 
patria, se hace en periódicos que se glorían de tener la aprobación de 
una parte considerable de nuestros maestros públicos. Casi quinientos 
de ellos han enviado sus adhesiones simpáticas á Mr. Koenig. L'Eclair 
revela los nombres de algunos profesores que vierten ese veneno en las 
escuelas francesas.» Ni tan solo en las escuelas, pero aun el Gobierno y 
las Cortes favorecen esa teoría malsana con medidas estúpidas ó leyes 
descabelladas. «El infanticidio, escribe el publicista antes aludido, no se 
castiga como lo que es en realidad, como un crimen de sangre, como un 
homicidio, sino como un simple delito, cuando no como falta leve y casi 
venial...; y toda ley social que se discute en el Parlamento es podada 
cuidadosamente antes de que se vote, limpiándola de todo lo que en ella 
pudiera haber favorable para el aumento de población; y así la enmienda 
Magnandie, en la ley del impuesto sobre la renta, para desgravar en su 
parte justa y racional á los padres de familia cargados de numerosa 
prole, enmienda votada por distracción con la enorme mayoría de 116 
votos, hizo anular el Presidente del Consejo, secundado por todos los 
Ministros en masa, por considerarla enemiga de la igualdad y favorece- 
dora de privilegios.» 

Sin duda por juzgarla muy equitativa y democrática, propuso el 
Gobierno francés, y votó el Parlamento, la ley del divorcio, que, como 
los estudios de Mr. Henri Joly han evidenciado, es una de las raíces de 
la despoblación, puesto que los hijos constituyen una traba tremenda 
para el día posible y aun probable de la separación. Dicha ley engendra 
sus frutos: el número de divorcios de los registros del Estado aumenta, 
según el Journal Officiel de 3 de Junio de 1939, constantemente 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 155 

desde 1900. Este año numerábanse 7.157, en 1905 subían á 10.019, en 1905 
á 10.573, en 1907 á 10.938 y en 1908 llegaron á 11.515, de donde la pro- 
porción de los divorcios, que en 1900 no pasaba de 3,68 por 100 habi- 
tantes, ha alcanzado la cifra de 5,38 en 1906, de 5,57 en 1907 y 5,87 el 
año último. No hace todavía mucho tiempo moría de un modo trágico en 
París el poeta judío CatuUe Mendes, el mismo que tan irreverente é irra- 
cionalmente maltrató á Santa Teresa. Un corresponsal parisiense de un 
periódico de Madrid trazaba de él los siguientes rasgos, que, si no son 
muy edificantes, sirven para descubrirnos la gangrena que roe y carcome 
las entrañas del pueblo de París: «Era lo que aquí se llama un hombre 
«bien parisién». Tuvo una juventud borrascosa; gozó de gran fortuna con 
las mujeres, y en más de una ocasión sus amoríos con actrices y grandes 
damas fueron la comidilla escandalosa del día... Se separó de su esposa. 
Esta es la situación en que al cabo de algunos años se encuentran todos 
los matrimonios «bien parisién». 

Justo es que al pie de este párrafo escribamos, á guisa de inscripción 
funeraria, las palabras de un profesor alemán: «Más sepulcros que cunas; 
es el principio del fin, Finis Galliae. Así deben desaparecer de la escena 
del mundo, por sus pecados propios, los pueblos que han hecho trizas 
las leyes fundamentales de la vida.» 

II 

DESASTRES ESCOLARES 

Una generación espartana, respirando robustez y vida, sin preocupa- 
ciones monjiles sobre Dios, la suerte futura y otras monsergas que ener- 
van, y enflaquecen ios bríos de los hombres, era lo que se prometía 
criar el librepensamiento al arrancar de las manos de las Congregaciones 
la educación de la juventud. Por de contado que ello se había de lograr sin 
recargar los presupuestos ó agravándolos lo menos posible, recompen- 
sándose espléndidamente el aumento con los sazonados y sabrosos frutos 
que muy luego se habían de cosechar. Y ahora resulta que esos decanta- 
dos frutos se han transformado, como afirmaba Gibon, en frutos de 
muerte con el desenvolvimiento de los apaches, y en frutos secos con e 
desenvolvimiento de los analfabetos; es decir, que han subido los gastos 
ó despilfarros económicos, la ignorancia, la corrupción de costumbres y 
la criminalidad de los jóvenes. 

Lo que desde luego se observa es que el presupuesto de Instrucción 
crece como la espuma; desde 1872 se ha más que sextuplicado. En 1872 
era de 33.782.000 francos; en 1882 asciende á 105.826.000; en 1892 
á 168.563.000; en 1902 á 208.662.781, y no se debe perder de vista que 
los créditos destinados de 1902 á 1907 á primera enseñanza pasan 
de 166 millones á 202; lo que significa un aumento medio anual de siete 



156 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

á ocho millones. ¡Si tan siquiera hubieran aplicado á instrucción los 1.000 
millones de francos de los bienes de las Congregaciones que deputaba 
el Gobierno para la Caja de Retiro de Obreros! Pero ni éstos ni aquélla 
recibirán un céntimo, á causa de haberse disipado como el humo en 
gajes de oficio de los liquidadores y pagos tan peregrinos como el del 
cerrajero, que reclamó 1.365 francos 50 céntimos por descerrajar las 
puertas de un convento. 

Si por esta parte no se han logrado provechos generales con la abo- 
lición de las Congregaciones, mucho menos se han obtenido en materia 
de instrucción. El concurso á las escuelas no es mayor. Mr. León de 
Crouzaz-Crétet, con los informes que los inspectores académicos remiten 
á los Consejos generales de 55 departamentos, raciocina de esta suerte: 
Frecuentan las escuelas primarias de dichos departamentos, que repre- 
sentan dos terceras partes de la nación, 3.025.061 alumnos; admitiendo 
la misma proporción para lo que resta, tendremos una suma de 4.537.591 
discípulos. Haciendo el mismo cómputo en lo que atañe á las escuelas 
libres, á las que asisten en los 55 departamentos 764.044 niños, resultará 
para la Francia entera 1.146.066. Lo que garantiza la exactitud de los 
cálculos es que éstos no difieren grandemente de la estadística oficial 
de 1901-1902, que atribuían á las escuelas públicas 4.640.690 alumnos, y 
á las privadas 1.663.302. Estas últimas, pues, habrán perdido 517.236 
niños, lo que nada de particular tiene, atendiendo á que han sido aniqui- 
ladas 15.000 escuelas congregacionistas, de las que una parte sólo se ha 
restaurado con otras personas. Mas he aquí que medio millón de alum- 
nos deberían haber pasado á las escuelas públicas, y no se les halla, ya 
que éstas han sufrido una merma de 103.100 discípulos. Si la estadística 
oficial no rectifica la hipótesis que se hace en orden á los 31 departamen- 
tos cuyas cifras precisas faltan, hemos de concluir que la asistencia esco- 
lar ha menguado desde 1902. 

Con tanto encarecerse la instrucción obligatoria y su mejoramiento 
continuo, no se ha logrado extirpar los analfabetos ni perfeccionar la 
enseñanza. Mr. Briand, en el proyecto de ley de 24 de Junio de 1907, con- 
fesaba que en 1882 los analfabetos componían un 14,6 por 100, y en 1900 
un 25. En 1907 entre los reclutas del departamento del Sena había 67 
que desconocían las letras primarias, 92 que no sabían leer y 786 ausen- 
tes, cuya instrucción se ignoraba, pero que por su linaje de vida podían 
sumarse en buena parte, cuando menos, á los primeros; con lo que se 
patentiza el atraso de la enseñanza popular, dado caso .que hace veinti- 
cinco años se contaban 788 analfabetos en el mismo departamento. 
En 1906 el diputado Buizon denunciaba que la instrucción primaria había 
decaído en 40 departamentos. «Aun hay 11.500 analfabetos, exclamaba 
Clemenceau en su discurso de 9 de Octubre de 1908, en la república 
francesa, cuando no teníamos sino 10.600 en 1904.» «Existe un cuatro y 
medio por ciento, escribía Le Matin de 14 de Febrero de 1908, que no 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 157 

saben ni leer ni escribir. Doloroso guarismo, si se recuerda lo que sucede 
en Alemania y Suiza, en donde hay sólo de éstos un medio por ciento. 
Pero es más sensible todavía el que en nuestra patria muchos que apa- 
recen como conociendo las letras primarias, apenas si atinan á borrajear 
su nombre y trazar con trasudores de muerte algunos garrapatos sobre 
el papel.» La razón de esto la explica Gibon al hacer constar, con testi- 
monios de inspectores, que la asistencia á las escuelas es muy irregular, 
y que á ellas faltan de ley ordinaria una tercera parte de los matricula- 
dos. Por esto, y por la enseñanza superficialísima que en dichas escuelas 
se da, se forman los alumnos en general peor que antiguamente, y gran 
número de los que de allí salen son ignorantísimos. Pruebas de esta igno- 
rancia abundan. Vayan algunos casos, referidos por Houssaye en UEcho 
de París de 20 de Marzo de 1907: Un capitán escoge de su compañía al 
azar 20 soldados, y en tono familiar les pregunta separadamente sobre 
estos puntos: ¿Qué se sabe de Juana de Arco— de Bayardo— de Luis XIV 
—de la Revolución francesa— de Napoleón I — de la guerra de 1870— de 
la Alsacia-Lorena? La mitad de ellos contestan, ó no sé nada, no me 
acuerdo, ó ¿Juana de Arco? Un gran hombre que promovió guerras. — 
Bayardo fué un excelente marino.— ¿Luis XIV? Un antiguo oficial que 
vivía en 1547.— La Revolución se produjo por la muerte de Luis XIV.— 
Napoleón creó los tribunales, educó al pueblo y murió prisionero des- 
pués de su traslado á Clermont-Ferrand. - ¿La guerra de 1870? Tuvo ba- 
tallas. — La Alsacia-Lorena es una gran ciudad de Francia. En otra inda- 
gatoria halló que un 27 por 100 desconocía por completo á Juana de Arco, 
un 37 la Revolución, un 40 la guerra de 1870, un 45 la Alsacia-Lorena, 
un 60 á Napoleón y un 66 á Luis XIV. 

Peores que las deficiencias en la enseñanza son las perniciosas doc- 
trinas que se escuchan en las escuelas, contra las cuales han levantado 
los Obispos franceses su voz en una Pastoral colectiva, que ha tenido 
resonancia en todo el mundo. Mas ¿qué han de enseñar 30.000 maestros 
socialistas, número que, como regodeándose, atestiguaba L'Enseigne- 
ment Hr imaire, pronto se transformará en 80.000? Dejemos en los plie- 
gues del olvido sus ideas contra Dios, el alma, la familia, la patria, etc., 
monstruosas y deplorables; fijémonos en lo que prácticamente ejecutan 
muchos de ellos para viciar á los alumnos, eligiendo, entre innumerables, 
dos ejemplos. «Los laureles, escribía monseñor Turinaz, de Robín, el 
pornógrafo de Cempuis, desvelan á nuestros maestros laicos, que prac- 
tican la coeducación de los sexos poniendo juntos en las escuelas á niños 
y niñas de doce años.» A los cargos que se le hacían contestó cínica- 
mente uno de ellos, el de Meurthe-et-Moselle: «Vuestras bestezuelas 
están admirablemente colocadas en las caballerizas.» Pues en Pont-de- 
Beauvoisin (Isére), á chicos y chicas de las escuelas laicas condujeron 
sus pedagogos á un cinematógrafo, cuyas películas representaban la Luna 
de miel, Honor mancillado, Peripecias del divorcio (adulterio, honor 

RAZÓN Y FE, TO.MO XXVI 11 



158 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

perdido, etc.)- Necesariamente lia de resultar de esa educación lo que 
Mr. Henri Joly decía en un informe á la Academia de Ciencias Morales, 
que los actos de inmoralidad de los jóvenes entre sí se habían en poco 
tiempo cuadruplicado. 

Pero en lo que se manifiesta más el influjo deletéreo de la instrucción 
laica es en el progreso de la criminalidad juvenil. ¡Invención de curas!, 
exclamaba la Lanterne, sintiendo el aguijón terrible de la culpa: que no 
es sino verdad purísima, lo demuestran las estadísticas á pesar de sus 
imperfecciones y truncamientos voluntarios. Se determina la crimina- 
lidad por los crímenes, delitos y suicidios. En 1901 se fijan en 504 los 
crímenes cometidos por jóvenes; en 1905 ascienden á 612; en 1901 son 
los delitos de aquéllos 33.835; en 1905, 34.804, y los delitos correccio- 
nales de los menores de diez y seis á veintiún años suben de 26.209 á 
30.853. No se pierda de vista que, de industria, para no amedrentar á las 
gentes pacíficas, se aminoran los guarismos; que los tribunales sobreseen 
con facilidad la causa de los menores, de tal modo, que en 1905 á la 
mitad de ellos cupo esa suerte, y que las leyes y circulares de 1898 
recomiendan á la policía y los juzgados condescendencia con la niñez 
delincuente; por donde Mr. Guyot-Desaigne confesó en el Rapport del 3 
de Mayo de 1907 que de 100 niños denunciados, 94 quedaron sin castigo. 
Así y todo, por declaración reciente de un empleado distinguido de la 
Prefectura de Policía, la cantidad de menores detenidos en París y en el 
departamento del Sena aumenta en un 31 por 100, y la suma total en la 
república acrece en un 52 por 100, según H. Joly. Así debe acontecer. La 
fuerza de la verdad arrancó de la Lanterne de 18 de Junio de 1909, 
hablando de la adolescencia, esta confesión preciosa, por la fuente de que 
procede: «Se ha constituido una corporación de criminales»; y el Fiscal 
de la Audiencia del Sena, perorando en una causa célebre, afirmaba: 
«Poseemos una colección, hermosa en demasía, de cachorrillos de león; 
se juega á los apaches, lo cual forma una parte de las diversiones.» 

Sin embargo, no es recrearse á lo apache, sino adelantarlos en fero- 
cidad el recurrir al suicidio, como lo ejecutan multitud de mozalbetes 
franceses. En sesenta y cuatro años se han cuadruplicado y quintupli- 
cado las cifras de suicidas niños y adolescentes. Menores de diez y seis 
años, en el de 1878, se quitaron la vida 16; 120 en 1900. Jóvenes entre 
diez y seis y veinte, 529 en 1896 y 781 en 1900. En 1907 fueron 80 los 
menores de diez y seis años que se mataron y 328 los de diez y seis 
á veinte, aunque hay que observar que tal vez sean más, pues la 
edad de 273 suicidas no pudo comprobarse. En la Cámara da los Dipu- 
tados, sesión del 21 de Junio de 1909, en una interpelación original 
al Ministro de Instrucción, refería Mr. Maurice Barres escenas como 
estas: Seis niños, dos de trece años, alumnos de los Liceos, se han sui- 
cidado en unas cuantas semanas. Uno de ellos, de catorce años, estando 
en clase se pegó un tiro, y apenas caído en tierra, un grupo de alumnos 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 159 

se precipita sobre el cadáver y el revólver desaparece. No era suyo; per- 
tenecía á un pelotón de aquéllos, que lo habían comprado para cumplir 
el pacto que habían hecho de matarse uno tras otro. El revólver no pudo 
hallarse; en cambio, encontráronse entre los estudiantes libros de Scho- 
penhauer y otros por el estilo. 

Por algo propuso la Academia de Ciencias Morales y Políticas de 
Francia, en el concurso de 1908, este tema, remunerado con un premio 
de 2.000 pesetas: «Causas y remedios de la criminalidad creciente en la 
adolescencia.» Por algo también aseguraba Mr. Faillet, Consejero muni- 
cipal del décimo distrito sociaHsta de París: «Hemos gastado muchos 
millones para la enseñanza; hemos construido magníficos palacios esco- 
lares, y hemos de reconocer que sólo se han edificado sepulcros de los 
que se halla ausente el alma de Francia.» 

III 

EL ANTIMILITARISMO 

No sólo intenta la impiedad el arrancar de cuajo de todas las inteli- 
gencias el concepto de Dios, cuya sombra aterradora inquieta en sus 
orgías al malvado, sino también abatir al ejército, encarnación viva de la 
patria y brazo de hierro que conserva el prestigio nacional y mantiene á 
raya á los revolucionarios. El antimilitarismo cunde, como incendio en 
seco cañaveral, en la vecina república. El grito del socialista Hervé, de 
que la bandera francesa hay que arrojarla hecha jirones á un albañal, 
encuentra eco en muchos corazones. Testigo el Congreso de maestros 
de primera enseñanza de Clermont. La proposición que se presentó de 
enviar un mensaje de simpatía al soldado francés que en aras de la patria 
vertía su sangre en África, fué rechazada con protesta general, voces y 
^^roseros insultos. Prueba también la difusión de escritos y hojas de pro- 
paganda en que se escarnece al ejército, pintándolo como sostén de la 
burguesía y despotismo, y en que se ha llegado á estampar que sería 
preferible matar á un general francés antes que á un enemigo. Ni las pro- 
cacidades que han barbotado contra la milicia los socialistas franceses 
con motivo del ajusticiamiento de Ferrer, son otra cosa que demostra- 
ciones de su refinado odio á la fuerza armada. ¿Qué más que aborreci- 
miento al ejército han de respirar los que reciben inspiraciones de Jaurés, 
y qué más han de ansiar que desnacionalizar, descatolizar y desmilita- 
rizar á Francia, que es á lo que tira ese diputado y su ninfa Egeria Hervé, 
como escribía el bizarro y malogrado teniente coronel Ibáñez Marín, prez 
y ornamento de nuestra milicia? «Los antimilitaristas, afirmaba el con- 
sejero municipal de París Mr. Achille, se entregan de lleno á hacer pro- 
sélitos, y no solamente en el Norte de África hay agencias de deserción; 
aquí, en el corazón de Francia, también existen, y no las gobiernan, por 



160 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

cierto, nuestros enemigos. La situación actual está erizada de peligros; 
porque consta que esa desvergonzada propaganda obtiene resultados». 
Sóbrale razón; pues su intervención maléfica causa estragos en las mis- 
mas filas del ejército francés, según lo puso de manifiesto el ilustre jefe 
antes citado, en un luminoso artículo, del que transcribimos estos párrafos: 

«En períodos de normalidad, la noticia es de todos los meses, de casi 
todas las semanas...» «En la guarnición de X., los soldados del regi- 
miento A,, se han amotinado contra su jefe, entonando la Internacio- 
nal...» «En el cuartel Z., dos cabos y 11 soldados se han escapado, 
huyendo hacia la frontera...» Cuando se incorporan los reservistas ó se 
movilizan los territoriales, la noticia es diaria y con tonos de mayor gra- 
vedad... «Los territoriales del 149 regimiento se han negado á salir á 
instrucción pretextando el mucho calor que hacía. Al presentarse en el 
cuartel los oficiales, fueron recibidos á los gritos de «¡Abajo el ejército! 
¡Viva Hervé!»... La progresión normal de gastos ha sido creciente. Desde 
la campaña de 1870-71 acá, la cifra de gastos es asombrosa; se acerca 
á los 4.000 millones de francos invertidos en fortificaciones y en material. 
Solamente en la plaza de Bizerte van ya gastados 31 millones de fran- 
cos... Estos esfuerzos metálicos, constituyendo un sacrificio para el país, 
están destruidos por ese cáncer de la indisciplina militar y por otro que 
aun es más hondo y mortal: el del egoísmo, nacido de la relajación de 
costumbres... La indisciplina general reinante y la sumisión del Ministro 
de la Guerra al radicalismo socialista, que le impone cada día indultos, 
medidas de suavidad, ventajas y medios para esquivar el servicio y los 
reglamentos, dan de sí esta progresión de prófugos y desertores, que 
pone frío en el alma de los militares: En 1893, 6.672; en 1899, 4.949; en 
1900, 7.150; en 1901, 6.112; en 1902, 6.990; en 1903, 7.267; en 1904,7.193; 
en 1905, 10.481; en 1905, 13.508; en 1907, 14.067, y en 1908, 22.807.» 

Completemos estas noticias con las siguientes, del mismo eruditísimo 
Sr. Ibáñez Marín: «Los cuatro años corridos que ocupó el hotel de la 
rué Saint Dominique el general André, han sido de los más funestos que 
en estos últimos tiempos de desorganización ha conocido el ejército 
francés. En esos cuatro años el sectarismo demagógico hizo estragos en 
la moral del mando y llevó el desasosiego á todos los espíritus bien cen- 
drados de paciencia, ocasionando una lucha enconada, verdaderamente 
fratricida entre compañeros que delataban ó que sufrían los efectos de la 
delación, y produciendo como resultante escandaleras parlamentarias 
que dieron en tierra con el Ministro sectario, desafíos, odios, elevaciones 
y caídas que han dejado surco bien hondo en la disciplina de la fuerza 
pública, cuando más venía necesitada de reconstitución y de vigor espi- 
ritual que formasen ecuación con sus progresos doctrinales y técnicos.» 

Esos cuadros, dibujados de mano maestra, no amargan más el alma 
que los que ha trazado de la marina francesa la Comisión parlamentaria, 
presidida por Delcassé, según cuenta con claridad meridiana y concisión 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 161 

la Revista General de Marina, Julio 1909. Copiamos de ella: «Ninguna 
de las comisiones parlamentarias que han figurado en los últimos treinta 
años han llegado á conclusiones tan pesimistas y perjudiciales al pres- 
tigio de la gloriosa marina francesa como la actual... El Navy and Mili- 
tary Record manifiesta que Francia paga, con el estado interno de su 
marina, las consecuencias de que las discusiones políticas hayan llegado 
á su seno, perturbando la administración y promoviendo ascensos en su 
personal, debidos más al favor político que al mérito profesional. Estado 
de cosas para cuya reforma han sido impotentes, al decir de la revista ci- 
tada, el patriotismo de Thompson y la energía de Pilard (Picard?). Al 
examinar los centros administrativos, arsenales, artillería, nuevas cons- 
trucciones, etc., la Comisión no encuentra en parte alguna materia de 
alabanza, sino de queja acerba. Se ponen de manifiesto hechos notorios, 
en que se demuestra la falta de previsión administrativa en la época de 
Thompson, y se describe el Ministerio de Marina como factoría burocrá- 
tica. No hay autoridad responsable encargada de coordinar y dar unidad 
á los trabajos de los diferentes centros. La eficiencia de la flota de com- 
bate, en lugar de ser la mira de todo el mecanismo administrativo, cons- 
tituye objetivo secundario. La flota del Mediterráneo, á despecho de la 
indiscreción patriótica del almirante Germinet, carece todavía del com- 
pleto de sus dotaciones de granadas. No existen municiones de re- 
serva, y, lo que es peor, esta vital necesidad no se prevé en los presu- 
puestos para 1910. Lo que produce mayor intranquilidad es el anuncio 
que la artillería y municiones de los seis Dantons en construcción no es- 
tarán listos hasta 1914, lo más pronto. Todo ello se agrava con las disen- 
siones entre la oficialidad de los barcos y los artilleros coloniales, cons- 
tituyendo síntoma anárquico, que explica el retraso de la experiencia con 
eljena, tantas veces anunciada. Se teme que la futura artillería no ins- 
pire mayor confianza que la actual, por ser debida á los mismos proyec- 
tistas que la antigua. El estado de los arsenales se examina con severa 
crítica. Herramental antiguo, aviejado en treinta años; personal de 
obreros de deficiente disciplina, trabajando con el sistema de las ocho 
horas diarias; plaza mayor de oficiales é ingenieros que no se distinguen 
ni por la autoridad ni por el celo, y en consecuencia, el trabajo es lento, 
dispendioso é imperfecto...», etc., etc. 

Añadiremos, á fin de reforzar esa descripción, unas palabras que en- 
tresacamos del número de Marzo de la misma notable revista: «Mon- 
sieur Chaumet, Deputé de la Gironde et Rapporteur du Budget de laMa- 
rine, dice (en un libro intitulado Estado de la Marina francesa) y prueba 
en el fondo de la querella tales cosas, que ningún extranjero jamás se 
hubiera atrevido á publicar. ¡Tan áspera y condenatoria es la acusación! 
Y aunque hacía mucho tiempo que los de afuera conocían el mal estado 
de los negocios, aun así es dudoso que hubiera habido alguien que pen- 
sase que hubiera llegado al extremo que Mr. Chaumet dice.» 



162 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

¿Y para tales desmanes y desafueros derrocha el Estado iiri presu- 
puesto tan fabuloso, que el de 1910 se eleva á 341.495.698 francos, su- 
perior al votado en 1909, que fué de 338.865.623? 

IV 

LAS MALANDANZAS DE LOS OBREROS 

En medio de los trabajos y privaciones que padecían antes los 
obreros franceses, se consolaban con la esperanza halagüeña de una vida 
futura que compensaría con creces los pesares de este valle de lá- 
grimas. Hoy, sin la estrella de la fe que guíe sus azarosos pasos, sin vis- 
lumbrar nada más allá de la tumba, merced á la espantosa cerrazón de 
incredulidad que envuelven sus almas, experimentan intranquilidad y 
malestar, que se trasluce en múltiples manifestaciones. Á éstas perte- 
necen, á no dudarlo, las huelgas, como se infiere de las causas que las 
originan y efectos que producen. Sabido es que brotan muy á menudo 
del odio y recelo entre patronos y obreros y del egoísmo puro y neto de 
unos y otros; y aunque por su lado jurídico se consideran en si como un 
acto de legítima defensa, pero es cierto, como lo indica Vatbier, que 
comúnmente traen consigo la ruina del patrono, la miseria del obrero y 
la alteración del orden público, y que, miradas en su aspecto social^ 
según observó el P. Lhemkuhl, enciende el espíritu de castas y el odio de 
las diferentes clases de la sociedad. Pues terreno fértil y feracísimo de 
huelgas es la república francesa. El Boletín de Reformas Sociales noti- 
fica las siguientes en el primer semestre de este año: Enero, 56; Fe- 
brero, 67; Marzo, 90; Abril, 125; Mayo, 112; Junio, 64. Cotéjese esta lista 
con las de varias naciones principales, y se verá que Francia camina á la 
cabeza de ellas. Así, en Inglaterra en el primer trimestre de 1909 hubo Qi; 
en Alemania, 187; en Austria, 57; en los Estados Unidos, 31. En España 
en todo el 1907 se registraron 118. No se eche en olvido al hablar de 
huelgas que entre el proletariado francés aparece como sombra fatídica 
y siniestro espectro la formidable y tiránica Confederación general del 
Trabajo, pulpo de cien tentáculos agarrotadores de los obreros, que, como 
De Larégle ha escrito, «en las huelgas provoca á los huelguistas ala resis- 
tencia, en los astilleros estimula á los trabajadores al sabotage, en las cer- 
canías de los cuarteles impele á los soldados á la indisciplina, en los 
meetings pregona la revolución y en todas partes se empeña en enconar 
los conflictos, acrecentar los desórdenes y dar calor á las turbulencias». 

No son muy atractivos ni deslumbradores estos trastornos, que suelen 
producirse en las ciudades, por radicar en ellas el mayor número de fá- 
bricas y vivir muchos más obreros. Con todo, se nota que los moradores 
de las aldeas rurales las abandonan, trocándolas por las poblaciones 
crecidas. Al mediar el siglo XIX, según Mr. George Cohén, las ciudades 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 163 

no contaban sino un 24 por 100 de la población total; hoy pasan de 
un 37 por 100. En 1890 los municipios inferiores á 2.000 almas consti- 
tuían una suma de 25 millones y medio de personas; en 1905, no masque 
de 23 millones. Á su vez las poblaciones de 20.000 almas suben en un 
tercio: en 1890 había en ellas siete millones de moradores, en 1905 
9.365.000; mientras que las que constan de 5 á 20.000 almas, casi con- 
tinúan en su mismo ser: cuatro millones en 1891 y 4.400.000 quince 
años después. Han aumentado en habitantes 28 departamentos y men- 
guado 58, y éstos son los que podríamos apellidar rurales, porque la 
mayor parte de las familias ejercen la agricultura. 

¿Qué denota todo esto? Pues, entre otras cosas, el disgusto que reina 
entre los que se dedican á las faenas de la labranza; no son suficiente- 
mente recompensados sus sudores; ahóganlos los impuestos y gravá- 
menes, como Mr. Meline advirtió en el 28." Congreso de la Société Inter- 
national d'Economie Sociale. Á trueque de hacer su vida más llevadera, 
se refugian, como á puerto de salvación, en los pueblos grandes y se 
lanzan en el hirviente mar de las sociedades obreras. No caen en la 
cuenta que huyendo de Escila van á dar en Caribdis; porque aquí en- 
cuentran abundantes males y miserias, y señaladamente tres que oca- 
sionan su ruina y la de su familia: el alcoholismo, la criminalidad y el di- 
vorcio. 

El vicio del alcoholismo, como lo ha reconocido el Rapport de 1907 
del Ministerio de Justicia, se ceba preferentemente en el pueblo bajo, en 
los desheredados de la fortuna, y, más que en los labriegos del campo, 
en los obreros de las ciudades. Su extensión y lo muchísimo que preva- 
lece se deducirá de los siguientes datos: Gracias á la ley de 17 de Julio 
de 1880, que quitó las trabas para abrir establecimientos de bebidas, 
existen en Francia 464.000, próximamente, ó sea uno por cada 83 habi- 
tantes; en 1830 se consumían 300.000 hectolitros; en 1900 1.850.000. El 
ajenjo, prohibido en Bélgica y Suiza, se toma en cantidades enormes y 
cada día crecientes. En 1880 su gasto era de 12.000 hectolitros, en 1890 
de 112.0U0; en 1900 de 129.000 y en 1904 de 200.000. Alrededor de 3.000 
millones anuales de francos directa ó indirectamente cuesta el alcohol 
en la república. En 1907 se juzgó en los tribunales á 75.227 reos de 
embriaguez, y había en los manicomios 9.932 dementes alcohólicos; 
de 100 enfermos acogidos en los asilos de París, 38 deben á las bebidas 
espirituosas sus dolencias; de 150.000 tuberculosos que anualmente falle- 
cen, las dos terceras partes contrajeron su tisis por abusar del alcohol; 
un 14,4 por 100 de crímenes contra personas, un cinco de atentados 
contra la propiedad, y, en general, un 9 por 100 de delitos cometen per- 
sonas ebrias ó alcoholizadas. 

Muy ligado, como se ve, está el alcoholismo con la criminalidad, 
cuya amplitud ni se reduce ni es floja en Francia. 

Tratando de crímenes, escribía Mr. Puech: «En 1901 hubo 163 proce- 



164 PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 

SOS por asesinato: á partir de 1905 se acrecientan en un 10 por 100. 
En 1905 pronunciaron los tribunales 18 sentencias de muerte; en 1906, 
29; en 1907, 41, y en los meses de Enero á Junio de 1933, 39. Los aten- 
tados sangrientos registrados desde 1901 siguieron esta proporción: 795 
en el citado año, 1.313 en 1905 y 1.434 en 1907.» Las causas por otros 
delitos sometidas á los tribunales correccionales fueron en 1935, 170.327, 
y los reos 207.485; en 1907, 182.836 procesos y 228.398 acusados; lo que 
significa un aumento de 12.509 en los primeros y 14.913 en los segun- 
dos. En lo que mira á los suicidios, después de haberse detenido éstos 
en su ruta de 1899 á 1904, otra vez prosiguen su carrera: 9.438 (1898), 
8.952 (1899), 8.716 (1902), 8.876 (1904), 9.336 (1905), 9.232 (1906), 
9.945 (1907). Atemorizan las cifras, pero así resaltan mejor los infortu- 
nios que afligen á los desdichados obreros; pues ellos se llevan la pri- 
macía en la delincuencia. Barton, el Ministro de Justicia, lo testificó con 
estas palabras: «Suministran los números más bajos, los agricultores; los 
más altos, los operarios de las ciudades.» Entre 100.000 personas, encuén- 
transe 50,9 obreros reos de crímenes por 8,4 labradores: delatados en 
virtud de delitos correccionales, 54 por 32; suicidas 28 por 20. 

Á estos dos funestísimos males hay que añadir otro tercero, no menos 
aciago: el divorcio. Ya hemos indicado que cada año crecen en la nación 
vecina: de donde podíamos sospechar que una buena parte del incremento 
provendrá de las familias obreras, que son más numerosas que las otras, 
y que, merced al éxodo rural, se aumentan en la república. Esto mismo 
patentiza de un modo indirecto el Ministro mencionado. «Un hecho muy 
importante, afirma, que se desprende de la estadística, es que los estra- 
gados por el alcoholismo y los delincuentes que la embriaguez produce, 
se hallan en copioso número entre los viudos y divorciados.» De 28.275 
reos alcoholizados, 3.531 pertenecían á esta especie. Como los más de 
los degenerados por la embriaguez y el alcoholismo salen de la clase 
obrera, no será aventurado suponer que en ella hace riza el divorcio- 
Pero tenemos un testimonio directo que confirma nuestra suposición. 
Después de haber estudiado con detenimiento la cuestión Poyert de 
Montegud, viene, á la conclusión siguiente: «Si de 1.000 personas hay 
2,7 divorcios en los propietarios ó en los que ejercen profesiones libe- 
rales, son 68 los que descubrimos en los obreros de las ciudades: el mal, 
pues, se encarniza en estos desgraciados.» Mal, en efecto, y calamidad 
horrible que destruye la familia, arruina la natalidad, expone á la mujer 
á infinitos riesgos, hace del esposo un vagabundo y perdido y arroja á 
los hijos al arroyo, herrándolos con la marca de la infamia y del des- 
amparo. 

* 

No faltan patriotas franceses que con acento viril denuncien esas 
asquerosas llagas que bajo su fastuoso y aparatoso manto del púrpura y 



PLAGAS DE LA FRANCIA ACTUAL 165 

oro esconde en su seno la Francia; no faltan Tácitos que sin respetos de 
ningún género crucen su rostro con el látigo de increpaciones como 
estas: «Francia no es sombra de lo que fué. Á pesar del brillo exterior 
de su cultura, tiene totalmente podrido el corazón: deslumhrará por ?u 
refinamiento, sus bellas artes, su riqueza; pero su energía vital está ago- 
tada.» No faltan agoreros que á lo Casandra le pronostiquen que por el 
camino emprendido va en derechura á borrarse del mapa y á desapare- 
cer de la cuenta de las naciones. ¿Qué más? Aun los anticlericales, aun 
los Ministros, en sus himnos de gloria á la patria que ellos han fabricado, 
dejan escapar desafinadísimas notas que lastiman los oídos menos deli- 
cados. Intentan, es verdad, los Gobiernos poner término á tan fieros 
males; pero frenéticos, con la fiebre de la libertad y vendidos en cuerpo 
y alma á la masonería, no aciertan con los remedios, ni acertarán hasta 
que escuchen la voz del Soberano Pontífice y de los egregios Prelados 
franceses, que desde las serenas regiones de la verdad les repiten ince- 
santemente lo que en otro tiempo Jeremías á los prevaricadores y des- 
atentados judíos: 

«Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Deum tuum!» 

A. Pérez Goyena. 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DEHALLEYO 



III 



u. 



lO tengo para esto más datos que los que he podido haber á las 
manos hasta mediados de Octubre del año anterior en artículos de algu- 
nas revistas científicas (2), y aun de ellos no he de utilizar aquí sino los 







tl-^% 



'^ii.-CÍ-fyj.e^ 






<'*-«*^ e-iff^^t^yi-^^ /t ^ 



■-íf^- 



^.loJVCXcl^ ^ " 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXVI, pág. 73. 

(2) Bulletin de la Société Astronomique de France, 1908, pág. 297 siguientes, artículo 
de H.-C. Wilson, tomado de Popular Astronomy, Mayo, 1908; Cosmos, 2 y 16 de Octubre 
de 1909, páginas 891, 423 siguientes; The Oóservofory, Octubre, 1909, páginas 400, 402; 
Gazette Astronomique de Anvers, número 22; estas dos últimas debidas á la amabili 
dad atentísima del P. Cirera. Á última hora y hecho ya este trabajo, he leído el notable 
del P. Thirion en la Revue de Questions Scientifiques, 20 de Octubre de 1909, páginas 
670 siguientes. 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 167 

elementos esenciales déla órbita y la fecha del paso por el perihelio,dada 
por entonces como más probable por los referidos astrónomos Cowell 
y Crommelin: porque de los escasos y vagos, que allí se dan todavía, 
algunos me parecieron ya á primera lectura menos exactos, y así tuve 
por conveniente dedicar al fenómeno mi propio estudio, trazando yo 
mismo el diagrama, suficientemente exacto, de las posiciones que durante 
el período de visibilidad ha de ocupar el cometa, con respecto al Sol, á 
la Tierra y á las estrellas, y viendo lo que daba de sí considerado con 
atención. Y éste es el que aquí va adjunto, en obsequio de los lectores, 
repartido en dos figuras, que, además de ilustrar lo que aquí voy á ir indi- 
cando, podrá servir á cualquiera para comprobarlo y aun ampliarlo á su 
gusto con mayor y más acertado estudio. La primera es la más impor- 
tante; la segunda no es sino un planisferio de la parte del cielo, en que 
ha de irse proyectando el cometa sucesivamente, según las posiciones 
que para cada fecha nos da la primera. Ante todo, expondré brevemente 
el método empleado en su construcción. 

Supongo que el paso del cometa por el perihelio, ó punto más pró- 
ximo al Sol, se ha de verificar el 20 de Abril; de no ser así, corríjase por 
igual todas las fechas señaladas en la órbita cometaria, y la figura ser- 
virá lo mismo, sin otra alteración. Desde el 16 de Noviembre, en que pasó 
la última vez, hasta ese día van 893 meses, que, divididos en secciones 
¡guales de á diez días, dan 2.679 secciones. Como el radio vector del 
cometa recorre en todo este transcurso de tiempo 360°, ó sean 21.600' de 
arco, á cada sección de éstas corresponde, por término medio, 

21.600' „_„ „^ 

que es lo que los astrónomos llaman el movimiento medio angular ó ano- 
malía media del cometa para cada diez días (1). 

Conociendo además la excentricidad de la órbita, en nuestro caso 
e=0,967281, y el semieje mayor, a~ 17,94527; mediante un ángulo auxi- 
liar (anomalía excéntrica), 

, , 10.800' 

•n 

se puede hallar para la sección t, á contar desde el perihelio P, el movi- 



(1) En rigor los transcurridos son 27.183, 165 días, que dan 2.718,3165 secciones de 
á diez días, en vez de 2.679 que hemos puesto; y el resultado es n = 7'56",77. La dife- 
rencia— 6'',99 de este número al supuesto altera el valor de t para la primera sección 
en — 3'5", y para la duodécima ó última del diagrama en — 13'30"; error que luego se 
divide por 2 en la segunda fórmula, y afecta poco al coseno en la tercera, no pasando 
aquí e de 25°17'. Resulta, pues, el trazado bien exacto. 



168 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 



miento angular verdadero v (anomalía verdadera) y el radio vector r del 
•cometa por las fórmulas 



tang Jv=\/l±i. tangí £ , r=a(l— ecoss). 

V 1 — e 

Así he construido el arco de elipse CPC' de la órbita del cometa, 
entre el 11 de Diciembre y el 28 de Agosto, y marcado juntamente las 
posiciones de este último, de diez en diez días, durante todo este 
tiempo (1). 

Ahora, la distancia angular PSN' del perihelio Pal nodo ascendente 
A^' es lir42'16 '; tomándola y uniendo este punto A^' con 5 por una recta 
prolongada hasta el otro lado A^ de la órbita, esta recta A^A^' será la línea 
de los nodos ó intersección del plano de la órbita con el de la eclíptica. 
La parte NPP', trazada por eso con línea continua, cae por encima de 
éste inclinada sobre él 17°47'18'', y lo demás, trazado con puntos, por 
debajo. 

La órbita de la Tierra, sobre todo reducida á las proporciones de la 
figura, es sensiblemente circular, aun teniendo aquí en cuenta la defor- 
mación elíptica debida al hecho de estar proyectada sobre el plano de 
la otra, que es el del papel; y así la he trazado simplemente desde 5 como 
centro y con un radio igual á la unidad.— La distancia angular E'SN' del 
equinoccio E' al nodo ascendente A^' es 57°16'12" (longitud del nodo); 
tomándola y uniendo el punto E con S por una recta prolongada hasta 
el lado opuesto E , esta recta EE' será la línea de los equinoccios. Divi- 
diendo la circunferencia en doce partes iguales, y cada una de éstas en 
tres, se tendrá muy aproximadamente el movimiento de la Tierra por ella 
de diez en diez días; y colocando y señalando estas secciones de modo 
que la división correspondiente al 22 de Septiembre caiga en E', queda- 
rán determinadas, lo bastante para lo que aquí nos proponemos, las posi- 



(1) He aquí los resultados de estas fórmulas, suponiendo el radio f = 1, por si 
alguien quiere comprobar la figura ó trazarla en mayor escala: 



Sección. 


E 


V 


r 


Abril 10 


4° 0'35" 


30» 22' 22" 


0,6296 


Marzo 31 


7 33 50 


54 16 38 


0,7382 


21 


10 33 27 


71 14 16 


0,8810 


11 


13 4 45 


83 16 4 


1,0375 


1 


15 14 25 


92 6 12 


1,1976 


Febrero 19 


17 7 50 


98 51 26 


1,3604 



Sección. 


£ 


V 


r 


Febrero 9 


18M8'40" 


104°11'44" 


1,5Í43 


Enero 30 


20 19 40 


108 32 28 


1,6682 


20 


21 42 45 


112 938 


1,8187 


10 


22 59 10 


115 12 43 


1,9654 


Diciembre 31 


24 10 16 


117 52 43 


2,1090 


21 


25 16 40 


120 10 39 


2,2492 



Las posiciones correspondientes á intervalos de tiempo iguales á éstos hacia el 
otro lado del perihelio son, respectivamente, simétricas á las de este lado de la curva 
así determinadas. 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 169 

ciones de la Tierra en su órbita correspondientes á cada fecha, de diez 
en diez días. 

Como la inclinación de las dos órbitas entre sí es poca, y poco tam- 
bién lo que en esta parte de la suya se separa el cometa de la línea 
común NN', para la evaluación aproximada de las distancias linéale.'^ 
pueden muy bien suponerse ambas situadas en el mismo plano de la 
figura; y el valor absoluto de estas distancias, en leguas españolas, lo da 
inmediatamente la escala que para esto he construido al pie de la misma. 

Con este diagrama y el planisferio de la figura 2.", donde la curva 
continua, que la cruza serpenteando, representa la eclíptica con las posi- 
ciones del Sol correspondientes á las fechas en ella indicadas, hay lo 
bastante para darnos cuenta exacta de todo el fenómeno, tal como se 
ha de verificar, así realmente en el espacio como aparentemente en la 
esfera celeste, según lo que hoy por hoy nos es dado calcular ó presumir 
por adelantado. 

Y en primer lugar, acerca del día en que podrá ya columbrarse á sim- 
ple vista, todo cuanto se diga es muy aventurado, porque lo mismo el 
brillo que el tamaño aparente, con que tal ó cual día se debe presentar 
el cometa, depende, sí, mucho de sus distancias al Sol y á la Tierra, y 
de su orientación relativa al espectador, datos que directamente nos pone 
ante los ojos la figura 1."; pero tanto ó más de sus mismas propiedades 
intrínsecas é influencias solares que con ellas se relacionan, unas y otras 
todavía casi del todo desconocidas y variables de un período á otro.— 
Suponiendo, no sin alguna verosimilitud, que la tal variación no haya 
sido muy considerable desde su última aparición anterior, la Gazette As- 
tronomique, y con ella el Cosmos, se atreven á augurar que con anteojos 
de mediano alcance no se podrá ver hasta ciento dos días antes de su 
paso por el perihelio, es decir, antes del 3 de Enero; y á simple vista se 
podrá distinguir desde cincuenta y un días antes del mismo paso, ó sea 
desde el 23 de Febrero, como también esperan que hacia el 21 de Marzo, 
treinta días antes del perihelio, presentará su cola 25" de largura; todo 
ello porque así sucedió la vez pasada en las fechas correspondientes á 
éstas. Pero nuestra figura desmiente con evidencia el fundamento de todo 
este triple aserto, en el cual se tiene sólo en cuenta la posición del cometa 
con respecto al Sol, prescindiendo completamente de la relativa á la 
Tierra, que hacia esas fechas es ahora muy diversa de la de entonces. 
En efecto, el perihelio cayó entonces el 16 de Noviembre; ciento dos 
días antes la Tierra estaba en su órbita hacia el 6 de Agosto, y desde 
este punto hasta la posición del cometa, en esa fecha, hay doble distan- 
cia que este año desde el punto del 3 de Enero; de modo que, á igualdad 
de intensidad luminosa, este año debe poder verse antes con anteojos 
medianos. En cambio, el 23 de Febrero de este año dista la Tierra del 
cometa casi tres veces más que entonces el 27 de Septiembre; de modo 



170 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 







.? 
^ 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 171 

que, en ¡guales condiciones de tamaño y luminosidad, esta vez aún no 
debía verse á simple vista por esa fecha. En la hipótesis de que su lumi- 
nosidad intrínseca vaya creciendo en razón inversa del cuadrado de su 
distancia al Sol, y teniendo en cuenta que la recibida de éste y la que nos 
llega á nosotros están de nuevo en razón inversa de su distancia al Sol, 
r, y á la Tierra, A, hallo que su magnitud estelar, m, en una fecha cual- 
quiera puede determinarse en función de la /n^ que tenga en otra fecha 
dada, por la fórmula. 



/n = /77o — 10 log. 



rV/A 



siendo r^ y \ el radio vector y la distancia á la Tierra correspondientes 
á la fecha de la magnitud /tz^, y r y A las de la fecha para la cual se 
quiere saber la magnitud m. — Asi, si el 1.° de Enero la magnitud del 
cometa es Wo=ll, y se quiere saber la que presentará el 21 de Marzo, 
tómense en la figura las distancias aproximadas rg, ^o Y ^^ \ correspon- 
dientes á estas dos fechas, y ejecutando el cálculo resultará /7z=:= 7, 8. De 
ser cierta la referida hipótesis, estaría, pues, el cometa en esta fecha 
fuera del límite de visibilidad á simple vista. Pero aplicado el procedi- 
miento al 10 de Mayo, resulta ya /72=3, 8, que está ya muy dentro de 
dicho límite; y aun el 10 de Abril sale /72 = 5, 9, ya bien visible.— La vez 
pasada, treinta días antes del perihelio, ó sea el 15 de Octubre, estaba el 
cometa muy cerca de la Tierra, y se veía su cola perpendicularmente á 
su largura, es decir, en la condición más favorable; pero este año hacia 
el 21 de Marzo dista de la Tierra 11 veces más que entonces, y además 
su cola se ve desde ella en escorzo, proyectada casi justamente por 
detrás de la cabellera, como lo está diciendo la figura; así que no hay 
razón para esperar que por entonces se vea prolongada hasta 25°. 

Dejándonos de hipótesis y ateniéndonos al hecho de haber sido nota- 
ble en las apariciones anteriores el espectáculo de este cometa en las 
inmediaciones del perihelio, veamos lo que puede esperarse de él en la 
presente, atendidas las circunstancias de lugar y tiempo en que para nos- 
otros se ha de ir desarrollando. 

Diciembre de 1909.— Desde luego se echa de ver en la figura I."* que 
hacia el 1 de este mes se halla el cometa precisamente en oposición con 
el Sol, de modo que su lugar en el cielo está visible toda la noche, bien 
larga por este tiempo; su distancia á la Tierra no es grande, pero sí al 
Sol, que es la que más ha de influir en su luminosidad; no será, pues, visi- 
ble sino, á lo sumo, con anteojos de mucho alcance, y menos la cola, que, 
sobre ser de suyo más tenue, se proyecta entonces, como asimismo se 
ve en la figura, detrás de la cabeza y á mayor distancia, así de la Tierra 
como del Sol. Esta última va disminuyendo rápidamente, mientras que 
la distancia á la Tierra apenas varía en todo el mes; de modo que si 



172 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

empieza á ser visible con buenos anteojos desde el principio, lo irá 
siendo más y más cada día hasta el 30 inclusive, y además la cola se va 
mostrando más y más de costado, aunque poco todavía; se hace, pues, 
interesante el buscarle, y para ello conviene saber hacia qué punto del 
cielo estrellado se encuentra por entonces. Nada más fácil: sea, por ejem- 
plo, el 20 de Diciembre. Con el transportador, centrado en la posición 
correspondiente de la Tierra, mídase la distancia angular del cometa al 
Sol, notando de paso á qué lado cae de éste y como cuánto encima ó 
debajo del plano de la eclíptica (1): supongamos, como así es, que resulta 
142° á la izquierda del Sol, algo debajo y muy cerca de la eclíptica; 
véase la posición del Sol en el planisferio ese mismo día, y á partir de 
ella cuéntese en la eclíptica y hacia la izquierda 142 divisiones (2); nor- 
malmente á la última y un poco debajo, se tendrá la posición aparente 
del cometa, á mitad de la distancia entre y de Tauro y la cabeza de la 
Ballena (3).— Lo mismo puede hacerse para otra fecha cualquiera, y con 
pocos puntos que así se determinen quedará suficientemente jalonado 
el camino aparente del astro por entre las constelaciones, como le he tra- 
zado, al poco más ó menos, en la figura 2.", con las posiciones correspon- 
dientes á diversas fechas, desde el 1.° de Octubre hasta el 1.° de Junio.— 
La Luna comienza á estorbar por su fase y proximidad al cometa, al 
menos desde el 17 ó 18. 

Enero de 1910.— E\ cometa sigue acercándose al Sol, pero desde los 
mismos primeros días empieza á separarse de día en día muy sensible- 
mente de la Tierra, perdiendo por este lado en todo ó en parte la visibi- 
lidad que va ganando por el otro. Todo el mes está entre 120° y 72° á la 
izquierda del Sol, en la misma eclíptica ó muy próximo á ella; de modo 
que aún sigue observable gran parte de la noche, y esto muy elevado 
sobre el horizonte; por otra parte, la cola, dado que la tenga ya algo 
desarrollada, se ve cada vez más de costado: y la Luna, que ya el 1.° cae 
á unos 130° al oriente del astro y sigue alejándose de él los días siguien- 
tes, no le anublará nada en toda la primera quincena, hasta el 14 al me- 
nos, en que vuelve á acercársele por el lado opuesto con brillo más y 



(1) Este dato (latitud geocéntrica del cometa) puede á veces quedar á primera vista 
demasiado indeciso en la figura; para precisarle bien hállese primero la latitud helio- 
céntrica >., ó por estima ó por la sencilla fórmula sen>.=senrfsen/, en la cual d es la 
distancia angular del cometa al nodo de su órbita, tomada desde el Sol como csntro, 
é /::=17°47' constante (inclinación de la órbita); si la distancia del cometa á la Tierra es 
doble que al Sol, el arco X visto desde la Tierra {\dí\\\\iá geocéntrica) será la mitad, y 
asi proporcionalmente. 

(2) Éstas propiamente representan días, pero pueden servir asimismo de grados 
pues el Sol se mueve, próximamente, á grado por día. 

(3) Esta posición, así como las anteriores señaladas en nuestro planisferio y las 
siguientes, hasta el 26 de Diciembre, ya venían dadas en los artículos referidos; con 
ello se confirma la exactitud del método que voy exponiendo, pues las que con él se 
obtienen coinciden sensiblemente con ésas. 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 173 

más creciente en lo que queda de mes.— El 23 cruza el nodo el cometa 
á 82" de distancia del Sol, hacia su izquierda, posición inmediatamente 
determinada en el planisferio, pues cae en la misma eclíptica á 82 divi- 
siones de distancia de la posición del Sol en esa fecha. 

Febrero.— Crece por todo el mes la distancia del cometa á la Tierra 
(al fin es casi vez y media mayor que hacia el 20 de Diciembre), pero es 
más lo que decrece su distancia al Sol de día en día, con lo cual en re- 
sumidas cuentas ha de ir ganando no poco su visibilidad. Entretanto la 
distancia aparente al Sol disminuye de 72" á 33", y á fines de mes ya no 
queda el cometa sobre el horizonte después de puesto el Sol sino unas 
tres horas, buena parte de las cuales se las lleva el crepúsculo. La cola 
se irá viendo más y más de costado que en Enero. La Luna ha vuelto á 
ausentarse hasta el 12 ó 13, en que de nuevo se le acerca demasiado por 
el Poniente en su primer cuarto, estorbando de ahí en adelante cada vez 
más, como á fines del mes anterior.- Desde el 1." de este mes de Febrero 
hasta el 1." de Mayo las visuales dirigidas desde la Tierra al cometa re- 
sultan constantemente casi paralelas en la figura, con un ligero desvío 
de las últimas hacia la derecha de las primeras: es decir, que el cometa 
se proyectará todo este tiempo como estacionario en una misma conste- 
lación, que es la de Pisces, con un ligero avance dentro de ella hacia 
Poniente: todo lo cual se ve bien claro en el planisferio. 

Marzo.— Todavía sigue aumentando, aunque poco, hasta el 20 la 
distancia á la Tierra; pero la distancia al Sol disminuye con más y más 
rapidez, y el 20 empiezan á disminuir las dos á la par. Las condiciones 
de visibilidad mejoran por esta parte; pero, en cambio, la distancia angu- 
lar al Sol es ya muy corta; el 20 se pone sólo una hora más tarde que 
éste, quedando, por consiguiente, el poco tiempo que pueda estar visi- 
ble, envuelto ya en la claridad del crepúsculo. La cola, que acaso vaya 
por entonces desarrollándose mucho, y afortunadamente viene á caer 
casi perpendicular á la línea del horizonte, podrá seguir viéndose más 
tiempo después de obscurecer; pero también empieza precisamente en- 
tonces á verse más de frente ó en escorzo, y desde el 13 tendrá contra 
sí á la Luna, que vuelve á mostrarse nueva en sus cercanías.— El 28 se 
halla el cometa en conjunción con el Sol, aunque algo separado de él 
hacia el Norte: se pone, pues, juntamente con el Sol, y la cola, de verse, 
se vería poco menos que del todo de frente, y esto poco, tendido á lo 
largo del horizonte, y por lo mismo ocultándose casi al mismo tiempo 
que el Sol; pero de no ser sobremanera luminoso, lo regular es que des- 
aparezca todo por unos días entre los resplandores de éste, que está, por 
otra parte, todavía casi á mitad de distancia que aquél respecto de nos- 
otros. 

Abril.- Asi es de creer que siga hasta el 8 ó 10 de Abril, en que 
podrá empezar á vérsele de nuevo al amanecer, saliendo una hora antes 
que el astro del día, con la cola escorzada y muy poco erguida sobre el 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 12 



174 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

confín del espacio. Si la aurora no le abisma del todo, poco le dañará la 
Luna, que anda además por allí cerca en su último cuarto. El 20 se halla 
el cometa en el perihelio á su mínima distancia del Sol, 15,828.500 leguas 
españolas; su distancia á la Tierra también ha disminuido mucho en 
pocos días (el 21 de Marzo era vez y media mayor); la cola comienza de 
nuevo á verse más de lado, y esta suele ser la época de su mayor lumi- 
nosidad y largura: la Luna, además, no estorba nada hasta el 22 y en 
adelante, que brilla hacia la parte opuesta del cielo, pero muy llena y 
deslumbradora cuando está saliendo el cometa. ¡Lástima que no salga 
sino hora y media ó menos antes que el Sol, y que no esté la Tierra un 
par de meses más adelantada en su órbita para que el cometa y la cola 
se viesen mucho más de cerca y en toda su grandiosa extensión! 

Mayo.— Algo de esto sucede en seguida en los diez primeros días de 
Mayo, en que la Tierra y el cometa revuelven el uno contra el otro, 
acercándose mutuamente con la velocidad increíble de 1.300.000 le- 
guas españolas por día, llegando á ponerse el 10 á 11 '/a millones de 
leguas de distancia, bastante menos de la mitad de la distancia de la 
Tierra al Sol. La cola entonces, que todavía está en el apogeo de su 
brillantez y longitud, asomará á eso de las tres de la mañana, dos horas 
antes que el Sol, muy oblicua hacia el Sur sobre la línea del horizonte y 
dirigida en el espacio perpendicularmente á la visual del espectador que 
la contempla desde la Tierra: y la Luna, que hasta el 6 habrá lucido bas- 
tante á esas horas, ya es del todo invisible después y pasa al otro lado 
del Sol. Por todas estas circunstancias, el espectáculo podrá ser impo- 
nente la segunda semana de Mayo. Entretanto la distancia á la Tierra se 
ha reducido el 15 á la mitad de la del 10, á seis millones de leguas, me- 
nos de la cuarta parte de la distancia del Sol á nosotros; el núcleo puede 
aparecer brillantísimo, y la cola se nos viene encima perpendicularmente 
á la visual y un millón de leguas más cerca de nosotros que el núcleo: 
sino que el astro, que en su movimiento aparente á través de las conste- 
laciones iba primero de izquierda á derecha al encuentro del Sol, y luego 
le esperó estacionario meses enteros hasta el primer día de éste, ahora, 
viendo que aquél pasa de largo y se le huye ya lejos por el lado opuesto, 
ha vuelto tras él en sentido contrario, y no ya lento, como al principio, 
sino con vuelo rapidísimo, estando este día 15 ya sólo á una hora de 
distancia para alcanzarle; que sólo este tiempo le precede en su amane- 
cer, envuelto, claro está, más ó menos en el manto luciente de la aurora. 
Unos tres días más, y le veremos juntarse con él, aunque sea salvando 
en su curso acelerado 32" que aún le lleva de distancia aparente. 

¿Le veremos?... ¿Quién sabe? Mas discurriendo por lo que de ordi- 
nario acontece, lo probable es que con los ojos del cuerpo no le veamos; 
y no precisamente por falta de luz, pues el encuentro bien puede verifi- 
carse para nosotros pasando el cometa de Occidente á Oriente, no sólo 
en pleno día, sino por delante de la faz deslumbradora del mismo Sol; 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 175 

mas por no ser su mole, aunque tan grande, lo bastante obscura para de- 
jarse ver en medio de tanto resplandor, por ser su substancia demasiado 
diáfana y sutij para que ante el disco solar contraste ni siquiera como 
tenue gasa ó vaporosa neblina (1).— Pero avivemos en tanto los ojos del 
alma, porque la tal coincidencia viene esta vez acompañada de otra 
excepcionalísima, como no la habrán visto acaso la Tierra y el cometa 
en toda la serie incalculable de sus revoluciones; y avivémoslos desde 
ahora, porque el suceso ha de pasar después en un abrir y cerrar de 
ojos, y aquel cerrarlos .. ¡pudiera ser para siempre! Estamos en el mo- 
mento más solemne de todo ese variado y majestuoso paseo del astro 
por los vecinos espacios. Mírese con atención la figura 1.", hacia la parte 
de ambas órbitas comprendida entre el 10 y el 20 de Mayo, y nótese que 
hacia el 18 llega el cometa por la suya al punto A^, donde ésta atraviesa 
el plano de la otra, mientras por ella, en dirección contraria, viene la 
Tierra á situarse al mismo tiempo en un punto que, visto desde el Sol, 
quizá no dista nada del anterior. Y aun en realidad algo de esto sucede: 
que no es el Sol, como parecía, el astro á quien entonces da alcance el 
cometa; somos nosotros, á quienes de hecho se nos viene encima; es el 
globo que nos sustenta á quien amenaza, al que se aproxima tanto como 
se ve en la misma figura. Demos por de pronto gracias al Soberano 
Hacedor, que, al menos en épocas expuestas á trances como éste, no ha 
querido poner ese punto N en el camino mismo de la Tierra, sino apar- 
lado de él siquiera esto poco..., que en hecho de verdad no es tan poco 
como á primera vista parece; pues, llevado á la escala, se ve que mide 
todavía cerca de cuatro millones de leguas españolas. De no ser así, la 
imaginación se desconcierta y se anonada al pensar en el cataclismo 
que semejante encuentro nos habría de acarrear por alguna de mil ma- 
neras diferentes (2).— Mas, aun así y todo, ¿estamos ya bien seguros de 
que por esta vez nada tenemos que temer del cometa? ¿Y la cola, de 
que nos íbamos olvidando? Porque ésta no pasa toda por donde pasa la 

(1) Sin embargo, nótese que esta vez se va á interponer entre el Sol y nosotros, no 
sólo la cabeza del cometa, que tendrá algunos cientos de miles de leguas de espesor, 
sino toda la largura de la cola, que puede muy bien medir varios millones de leguas. 
Si, á pesar de esto, la luz del Sol y el aspecto de su disco no se anubla ni altera nada, 
será una prueba de primer orden de la diafanidad y sutileza de la materia cometaria. 

(2) No es este el lugar de discutir ó esclarecer este punto, pues nada hemos dicho 
ni tratamos todavía de la naturaleza y constitución propia de esos astros; pero bueno 
será advertir al que tal vez se extrañe hoy en dia de nuestro aserto, que para producir 
cataclismos no es necesaria gran masa y menos gran densidad, cohesión ó solidez: un 
aire deletéreo, un fluido incandescente, un desequilibrio eléctrico, hasta un remolino 
impetuoso, no necesitan duras sacudidas ni grandes masas extrañas para elevarse en la 
Tierra á proporciones colosales y acarrear daños y trastornos incalculables. ¿Y qué es 
todo esto, que desde luego se viene al pensamiento, al lado de lo que puede traer con- 
sigo ó producir acá bajo el paso rapidísimo por entre nosotros de esos núcleos inmen- 
samente voluminosos y de apariencias fatídicas que revelan un estado específico, mo- 
lecular, térmico, eléctrico, radiante ó de otro género, absolutamente desconocido, pero 
no por esto menos real y peligroso? 



176 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

cabeza, es decir, por ese punto A^, en buen hora desviado de nuestra 
camino; va siemprecomo estirada, poco más ó menos, á lo largo del radio 
vector ó línea que une los centros de la cabeza y del Sol y al lado con- 
trario de éste (mírese bien de nuevo la figura); de modo que al coincidir 
el tal radio con la línea del nodo, al tocar la cabeza el punto TV común 
al plano de la eclíptica, toda la cola vendrá á caer como tendida sobre 
este plano en dirección á la órbita de la Tierra...; es decir, á la Tierra 
misma, que á la sazón llega precisamente á esta línea por el lado opuesto. 
Ya ve el lector que podrá muy bien no encontrar su camino tan expe- 
dito, si esa cola es lo bastante larga para salvar, á manera de puente 
gigantesco, los cuatro millones de leguas que entonces nos separan de 
la cabeza. «¡Ya son leguas para ese puente!», dirá alguno. Pues con esto 
sólo no se aquiete demasiado, porque colas tienen esos astros, y bien á 
menudo, no de cuatro, sino de cuarenta y aun ochenta millones de leguas 
de largura. La del 43 del siglo pasado llegaba desde el mismo Sol hasta 
más allá de la órbita de Marte, Lo que más puede aquietarnos es la natu- 
raleza de esas colas, todavía más indefinida que la del núcleo; pero, según 
las trazas, menos temible, y... el no ser la referida coincidencia tan cierta 
y exacta como hasta aquí la vamos suponiendo. Uno ó dos días de ade- 
lanto ó retraso por parte del cometa bastan para dar al traste con todas 
las referidas consecuencias, y nada tendría de extraño, vista la diver- 
gencia de los astrónomos y la misma dificultad del problema, que el paso 
por el perihelio, calculado á principios de Octubre para el 20 de Abril, 
y con él todas las demás fechas apuntadas en nuestro diagrama de la 
trayectoria, vinieran con uno ó dos días de atraso ó de adelanto. Pero 
tampoco se evitan seguramente con menos; pues como la cola suele ser 
tan gruesa (tiene á veces más de un millón de leguas de diámetro ó sec- 
ción), aun cuando los centros de la Tierra y del núcleo cometario no 
lleguen precisamente á la vez á dichos puntos, y por lo mismo no se 
entrecrucen en línea recta con el Sol, todavía el flanco de la cola puede 
tropezar de paso y envolver á la Tierra ó barrerla, por lo menos, de refi- 
lón, si el núcleo no dista de su punto crítico el espacio de uno ó dos días, 
por ser poco sensible hacia ese punto la inclinación de los planos (1). 



(1) Muchos habrá que quieran saber con más precisión de lo que directamente da 
a figura el instante probable de tan solemne acontecimiento y la certeza de éste y sus 
circunstancias. En obsequio de ellos, aquí va un cálculo sencillo de todo esto: 
La distancia angular del nodo N al periheUo es (figura 1.^): 

V = PSN = 180° — PSN' = 180° — 111° 42' 16" == 68° 17' 44" 
Poniendo este valor en la segunda fórmula de las arriba empleadas y despejando z, 
resulta: 

z = 9° 59' 52", 6 = 599', 877; 

y poniendo este valor en la primera y despejando t, tendremos el número de seccio- 
nes de diez dias que emplea el cometa en llegar á este punto A^ de su órbita: 

t = 2,8401; 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 177 

De todos modos, no dejemos de reparar en la maravilla de que ambos 
astros vengan esta vez en su carrera á ocupar simultáneamente ó, poco 
menos, esos dos puntos, los únicos de tan vastas trayectorias que están 
á la vez enfilados con el Sol y casi á la menor distancia posible entre 
los respectivos caminos. Que no es esto ley ordinaria é ineludible de sus 
revoluciones periódicas: la Tierra, sí, vuelve al suyo de año enano con 
regularidad matemática, al día y á la hora y al segundo en que pasó por 
él anteriormente; pero en el cometa lo regular es precisamente la irregu- 
laridad, andarse mariposeando por esos mundos de Dios y entretenién- 
dose más ó menos con cuantos encuentra en el camino, hasta volver á 
las andadas tarde ó temprano, y no comoquiera, sino con diferencias de 
días, meses y años enteros; ni sólo al tiempo es infiel, sino también al 
lugar, pues con tanto distraerse aquí y allá, naturalmente, siempre 
vuelve asimismo más ó menos, pero algún tanto descaminado, aunque sin 
perder notablemente la orientación general. Así que la coincidencia de 
ahora es una rareza absolutamente excepcional, que sólo Dios sabe 
cuándo volverá á repetirse. 

Volvamos nosotros al rumbo de los acontecimientos. El 19 ya ha 
pasado el cometa, para nosotros, al otro lado del Sol, sin ser visto ni 
sentido, como es de desear y esperar, comenzando de nuevo á mostrarse 



es decir, f = 28'' 9'' 37 ■» 26% después del instante del paso por el perihelio. El cual, 
según Cowell y Crommelin, acontece el 20 de Abril á las 4'' ':0'" de la mañana de nues- 
tro tiempo oficial. Luego el paso por el nodo N será el 18 de Mayo á las 2'i ?■" 26"^ de la 
tarde. 

Á esa hora, según el Almanaque Náutico de San Fernando, 

La longitud del Sol es = 56" 14' 19". . . . La de la Tierra será = 236" 14' 19" 
Como la del nodo N' es = 57" 16' 12" — La del nodo N será = 237" 16' 12" 



Faltan, pues, á esa hora para la conjunción 31' 53" 

De éstos recorre por hora la Tierra = 2' 24'', y el cometa = 4' 21" en sentido con- 
trario; es decir, se acercan el uno á la otra por hora == 6' 45" : y á ésta cuenta la distan- 
cia de 31' 53" que los separa, la anularán en 4'' 43™ 24^ . De modo que se vendrán á 
colocar enfrente del Sol el 18 de Mayo á las 6'' 50"' 50 « de la tarde. 

Ahora en esas 4^43" 24= la distancia en longitud del cometa al nodo N se habrá 
hecho de unos 20' 30", á la cual corresponde la latitud heliocéntrica >, = — 6' 35". 
Como la Tierra dista entonces del cometa seis veces menos que el Sol, la latitud geo- 
céntrica será seis veces mayor, es decir, unos — 39', 5. Esto es lo que el centro del 
núcleo del cometa se verá entonces separado del centro del Sol bajo el plano de la 
eclíptica: el semidiámetro del Sol es entonces 15' 50"; de modo que aun del borde solar 
distará entonces el núcleo — 23' 40", y así no se proyectará, ni con mucho, sobre el 
disco del Sol. 

¿Y la cabellera?— Si ésta fuera tal que, vista á la distancia del Sol, presentara un diá- 
metro aparente igual á la mitad del de éste (cosa nada inverosímil), vista á la distancia 
del punto A^ presentará un diámetro seis veces mayor, es decir, un semidiámetro, 
de 47' 30'', más que suficiente para cubrir, además del intervalo entre el núcleo y el 
Sol, los tres cuartos del diámetro de éste. Si fuera todavía algo mayor, bastaría para 
cubrirle todo. Pero este dato queda siempre, como se ve, algo problemático. 



178 LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 

al anochecer hacia el Poniente. ¡Y con qué rapidez toma ahora la delan- 
tera en el cielo! Al siguiente día ya está más de 26° hacia la izquierda, y 
á otros cuatro más de 73°, corriéndose en solos estos cinco días desde 
las Pléyadas hasta los confines del León. El 20 se pone hora y tres cuar- 
tos más tarde que el Sol, y el 25 más de tres horas y media más tarde. 
Se proyectará muy oblicuo al horizonte, con la cola hacia el Sur, no 
empezando á ocultarse sino entre las nueve y las doce de la noche, y lo- 
mismo en lo que queda del mes, y como por estos días aún está muy 
cerca de la Tierra, sobre todo la cola, que además se coge perpendicu- 
larmente á la visual, como bien se echa de ver en la figura, el espec- 
táculo en esta temporada pudiera ser grandioso y espléndido, si no lo- 
impidiese mucho la Luna, casi llena ya el 20 y muy elevada sobre el 
horizonte á esas horas, lo menos hasta el 26 (1). 

Junio. — Al comenzar el mes, el cometa dista aparentemente del Soí 
más de 82°, poniéndose casi cuatro horas después de él, hacia las doce 
de la noche; pero desde este punto empieza de nuevo visiblemente á retro- 
ceder, hasta situarse el 30 á solos 67", quedando, sin embargo, todavía 
sobre el horizonte después del Sol unas dos horas y tres cuartos. Hasta 
el 10, lo menos, no hay Luna que estorbe mientras él está visible; de 



¿Y la cola?— Su centro se verá desde el Sol proyectado á — 6' 35" de distancia def 
centro de la Tierra (latitud heliocéntrica del cometa): y como su semidiámetro apa- 
rente habrá de ser sin duda bastante mayor, la Tierra se verá proyectada dentro de la 
cola, y de hecho estará entonces envuelta en ella si la cola es lo bastante larga para 
que llegue hasta la Tierra, como es lo más probable. 

En todo este cálculo se prescinde de las perturbaciones que, desde el perihelio ert 
adelante, pueden introducir en el movimiento del cometa los dos planetas interiores y 
la Tierra misma, y se parte siempre del supuesto que el paso por el perihelio tenga 
lugar el 20 de Abril á las 4'' 30" de la mañana (tiempo oficial). 

Al dar yo la primera vez con estos interesantes resultados, me extrañé durante 
muchos días de que nada dijeran de ello revistas que tanto llamaban la atención sobre 
otros pormenores harto más dudosos é insignificantes, y así se lo expresé repelidas 
veces á mis compañeros de enseñanza. Pero después ya lo he visto apuntado vaga- 
mente en el Cosmos dos veces (núm. 1.293, pág. 503, y núm. 1.298, pág. 667), y más de 
propósito y por menudo en el Catholic World, núm. 537 (Diciembre de 1909) pá- 
gina 289 siguientes, donde el P. George M. Searle, Paulista de los Estados Unidos, 
Director del Observatorio del Colegio de Saint-Thomas, en Brookland, en la misma 
hipótesis y por cálculos que no especifica, deduce que el cometa se cruzará con la 
Tierra y el Sol el 19, entre las 12»» 30"» y las 6'> de la mañana; que se proyectará en el 
disco del Sol el mismo núcleo, visible ó invisiblemente, y que la Tierra habrá de atra- 
vesar la cola, aunque sin consecuencias, como no sea en instrumentos de observación 
muy sensibles, porque ya ha sucedido algo semejante otras veces, v. gr., en 1861, >- 
nadie reparó en ello. 

(1) No sé en qué se funda la Gazetíe Astronomique, de donde luego sin vacilar lo 
toma el Cosmos, para escribir que «después del paso por el perihelio ya no será visi- 
ble más que por la mañana». En el Bull. de la Soc. Astron. (1. c, pág. 301 al prin- 
cipio), donde en substancia parece decirse lo mismo, creo que la palabra matin está 
equivocada, y lo que se quiere decir essoir. 



LA VUELTA DEL GRAN COMETA DE HALLEY 179 

modo que, si el estado del tiempo lo permite, podrá observársele bas- 
tantes días seguidos horas enteras, en plena obscuridad y bien elevado 
sobre el horizonte. Como todavía está relativamente cerca de la Tierra 
y la cola sigue perpendicular á la visual, el espectáculo de fines de Mayo 
se continuará toda esta primera semana ó algo más.— Nótese en la figura 
que desde primeros de Junio hasta primeros de Agosto la Tierra y el 
cometa se mueven en sus órbitas respectivas casi por una misma recta 
y en sentidos contrarios; de donde se siguen manifiestamente dos cosas: 
una, que el cometa se va alejando de nosotros á la vez que del Sol con 
extraordinaria rapidez (á primeros de Junio dista menos de la mitad que 
el Sol, á primeros de Agosto tres veces más que éste); y otra, que en 
todo este tiempo las visuales al cometa van casi paralelas, ó sea, diri- 
gidas hacia la misma región del cielo estrellado. Es decir, que, tras tanto 
avanzar, se plantará de nuevo el cometa semanas y semanas debajo de 
la misma constelación del León, adonde llegó á fines de Mayo, y allí irá 
disminuyendo de un día para otro en tamaño y brillantez hasta perderse, 
no sabemos cuándo, en las profundidades del espacio. 

Por Julio y Agosto se halla ya en condiciones parecidas á las de su 
primera aparición en Septiembre del año anterior: no se le podrá colum- 
brar sino con anteojos de mucho alcance, á lo sumo, y habrá desapare- 
cido la cola proyectada detrás de la cabeza, á manera de nebulosidad 
redondeada y más ó menos desvanecida. 

Si, lo que Dios no quiera, no deja en nosotros ó en nuestra terrena 
morada alguna huella profunda el paso de este ilustre aventurero del 
gran sistema planetario, no se volverá á hablar de él por los presentes, 
sino con bien contadas excepciones; que bien contados serán los que, 
tomándole ahora en boca, vuelvan á sacarle á plática de aquí á setenta 
y seis años que dura la revolución del cometa. Gloria es, entretanto, del 
astrónomo el poder seguirle los. pasos y tomar parte en sus peripecias 
hasta 750 millones de kilómetros más allá de la órbita del último de los 
planetas, para después anunciar con tiempo á los demás la época y las 
circunstancias probables de sus sucesivas reapariciones. 

M. Martínez. 

Oña, Novieinbre de 1909. 



El crédito popular urbano 

ton solidaridad Ilimitado. 

acae- 

(Conclusión.) (1) 
CRÉDITO OBRERO 

Contra una opinión de Luzzafti.—\Jna cuestión previa debemos pro- 
ponernos antes de desarrollar la materia del epígrafe, es á saber: ¿Puede 
ser útil el crédito al asalariado? Un economista de autoridad tan univer- 
sal como Luzzatti llegó á decir en el Congreso de las asociaciones de 
previsión, celebrado en 1878, que los asalariados ninguna necesidad te- 
nían de crédito; más aún, que sería para ellos una desgracia. «Lo que les 
hace falta — añadía— es el ahorro.» Esta afirmación de Luzzatti paréce- 
nos una de aquellas proposiciones sobrado absolutas, buenas para im- 
presionar de momento al auditorio, pero incapaces de resistir el examen 
sereno de la razón y de la experiencia. 

Un trabajador— por ejemplo— por cualquiera causa que sea, no halla 
términos hábiles de comprar á toca teja los víveres que necesita, y 
como la necesidad carece de ley, vese obligado á aceptar las condicio- 
nes onerosas del vendedor, quien todavía cree ser generoso fiando á 
quien nada posee de presente y puede ser defraudado del salario futuro. 
Resultado: que como el salario no crece al compás de la deuda, nunca 
sale el obrero de trabacuentas con el comerciante, comprando caro, mal, 
y más entrampado cada día. ¡Ah! jSi hubiera quien le prestase la cantidad 
suficiente para hacer finiquito! Podría en adelante pagar al contado, 
comprar donde le diese la gana, más barato y de mejor calidad. Con la 
diferencia entre el precio al contado y el que le llevan á crédito reem- 
bolsaría poco á poco el préstamo. ¿No le sería útil el crédito á ese 
obrero? 

Se le presenta á otro una buena ocasión de entrar en un oficio en que 
se perciben muy buenos salarios. El encargado de conceder la plaza se 
la daría de mil amores, pero exige fianza ó, por ventura, quiere cobrar 
el barato por el favor. Pero ¡ay! el infeliz ganapán, aunque muy rico de 
salud y de buena voluntad, es muy pobre de dinero. jSi hubiese quien le 
prestara la suma ó la parte que ha menester para completarla con los 
ahorros que él posee! 

En otra porción de casos, con adelantarle 50 ó 100 pesetas ahorraría 
de gastos el trabajador ó mejoraría su condición. Si en vez de ir com- 
prando por menudo lo estrictamente necesario al día, pudiese hacer 
compras en junto pagando al contado, le saldrían más baratas las habi- 
chuelas, las patatas, el carbón, el vino, etc.; gastos que al fin y á la postre 
ha de hacer necesariamente. Hay quien vive lejos de la fábrica ó taller por- 
que la carestía de las viviendas le impide alquilar una cercana. De aquí 



(1) Véase Razón y Fe, Enero do 191 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 181 

se sigue que haya de frecuentar los bodegones, comiendo alimentos ave- 
riados y bebiendo zupia por vino. Si tuviese una bicicleta, pudiendo 
trasladarse fácilmente á la fábrica, comería en casa mejor y más barato. 
Ese mismo, si se resuelve á vivir cerca de la fábrica, habrá de aceptar un 
tabuco más propio de bestias que de hombres. ¡Cuánto más provechoso 
le fuera alquilar en las afueras una habitación decente, donde cultivar el 
espíritu de familia y economizar gastos! Para eso le serviría la bicicleta ó, 
lo que es lo mismo, el préstamo para adquirirla. Tal padre de familia 
tiene una hija hacendosa, buena costurera, la cual si tuviese máquina de 
coser contribuiría no poco á sostener las cargas de la casa. Poco gana- 
ría en rigor, porque los salarios de las costureras suelen ser salarios de 
hambre; pero teniendo máquina propia no habría de pagar el alquiler que 
le absorbe casi toda la ganancia; comprarla á plazos es también gravoso. 
¿No habrá quien ponga en manos del padre de familia la cantidad nece- 
saria para pagarla al contado? 

Sería el cuento de nunca acabar seguir desmenuzando ejemplos y 
particularizando hechos. Y eso que nada decimos del caso en que el tra- 
bajador tenga la suerte de participar de algún huerto obrero ó le quede 
suficiente vagar para hacer por su cuenta algunos trabajos que le equi- 
paren al artesano ó comerciante independiente. Tampoco hablamos de 
las Cajas obreras para la construcción ó adquisición de casas, porque 
piden párrafo aparte. 

Todo lo dicho —objetará tal vez alguno -persuade ser muy útil al 
obrero contar en ciertos casos con dinero; mas no que para conse- 
guirlo le convenga recurrir al crédito, el cual, por ventura, le servirá 
únicamente para cargarse de deudas. Respondemos que, si bien se con- 
sidera, en los ejemplos propuestos y en otros imaginables hace el obrero 
un ahorro anticipado ó economía sobre gastos que necesariamente ha 
de hacer; y como este ahorro puede muy bien superar al interés deven- 
gado por la cantidad prestada, es claro que se halla el obrero en situa- 
ción de devolver el principal con los intereses, realizando además una 
ganancia mayor ó menor para sí ó librándose de algún mal, tal vez de 
la completa ruina; conque el crédito, en vez de acrecentar sus deudas, 
que es lo que se teme, le acarrea provecho. Cuando el préstamo es para 
usos á boca llena reproductivos, esa dificultad es todavía menor. 

La responsabilidad solidaria é ilimitada. —Pero bien; si el obrero 
cae enfermo, si por un percance cualquiera no cobra los salarios con 
que esperó recompensar la deuda, ¿no quedará el prestamista burlado? 
Posibles son estas contingencias, y de ahí en parte el crecido logro que 
á los prestatarios de esa laya llevan los usureros y aun los proveedo- 
res que no lo son. Tales peligros, empero, son muy de temer cuando de 
un individuo aislado se trata; no tanto cuando, repartidos entre muchos, 
se atenúan, se esfuman, se desvanecen. Esto logra la cooperación. Sería 
realmente prodigioso que á 60 ó 70 trabajadores, que responden solida- 



182 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

ria é ilimitadamente unos por otros sobreviniese á la vez la misma des- 
gracia, dejándoles á todos á un tiempo casi por puertas. 

He aquí, pues, cómo la solidaridad ilimitada puede, en las cajas 
obreras, servir de alguna base al crédito. ¡De base al crédito!, excla- 
mará alguno. ¿Qué base ni qué niño muerto? El capital de cada socio 
es igual á cero; y si todos los sumandos son cero, ¿cuál ha de ser la 
suma? 

0-+-0-f-0-i-0.... =0 

¿Dónde está aquí la base del crédito? 

Si la base la hubiesen de constituir crecidas sumas de metálico ó de 
valores, ninguna habría ó poco menos. El capital lo constituye aquí 
la honradez de los asociados; la esperanza de que desempeñarán su 
palabra estriba en el salario, del cual, como se ha indicado, sería muy raro 
quedasen todos igualmente defraudados. 

Es claro que semejante capital no da pie á muchas ni importantes 
operaciones; tanto que para reunir algo tangible y presente suelen 
aportar los socios alguna cuota, que viene á ser como un ahorro obli- 
gatorio. Aun así, cuando no son en gran número los socios ni las cuotas 
de importancia, no puede allegarse que digamos un montón respetable. 
Algo aumentan el caudal las imposiciones que ingresan en la caja de 
ahorros destinada á proveer la de préstamos; con todo eso, tampoco 
pueden proporcionar numeroso contingente. 

Para que el movimiento de fondos sea mayor aconseja Durand la 
junta de obreros y artesanos en una misma caja, ó que allí donde hay 
parte de población rural y parte de población obrera se constituya para 
entrambas á dos una Caja mixta. Como en tales cajas no todos los 
préstamos se aplicarán á usos estrictamente reproductivos, sino que al- 
gunos se emplearán en el consumo, estos últimos, según Durand, no ha- 
brán de exceder de 50 ó de ICO francos. 

Ingenioso fué el artificio del P. Volpette, en Saint-Étienne para refor- 
zar la tenue base de solidaridad ilimitada que podían prestar los obreros. 
Fundó una Caja de Raiffeisen para ayudar á los obreros á construirse 
una casita, ya que tenían su, huerto. Para atraer capitales á la Caja logró 
que varias personas muy ricas firmasen los estatutos y saliesen así, á 
una con los obreros, fiadores con todo su haber; de donde se siguió que 
el crédito de la Caja rural de los Huertos obreros fuese tan aventajado, 
que el director de la agencia del Crédito Lionés afirmara ser «el primer 
crédito de Saint-Étienne». Este ejemplo sirvió de estímulo alábate Bec- 
quincourt para lograr de varias personas pudientes de Reims que en esa 
ú otras formas ayudaran á la Caja obrera por él fundada en su parro- 
quia, y cuyos progresos y florecimiento narra deliciosamente en una 
monografía publicada por L'Action Populaire (1). 

(1) Monographie d'une Caisse ouvriére á Reims. 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 183 

Los préstamos de honor.— Dt otra manera se arreglan algunas socie- 
dades que no son cajas obreras, sean de responsabilidad ilimitada ó 
no, para auxiliar á los asalariados. Así en Italia las Cajas de ahorros, 
los Bancos populares y aun las Cajas rurales de Raiffeisen practican el 
préstamo de honor, llamado así porque tiene por única fianza la honra- 
dez. Unas veces se hace con interés, otras sin él; aquí no se requiere 
intermediario, allí sí, mas no para caución de la deuda, sino para cré- 
dito de la bondad del peticionario. En todas partes se determina el máxi- 
mum que á cada persona puede prestarse. Las Cajas de ahorro destinan 
á esos préstamos un fondo especial, que no se toma ni del capital ni de 
los depósitos, sino de una parte de los beneficios. Si se constituye, por 
ejemplo, un fondo de 10.000 liras para esos préstamos, no se da' un cén- 
timo más, por considerable que sea el número de peticiones. En el 
modelo de estatutos de Bancos populares, propuesto por Rayneri, direc- 
tor del de Mentón, en Francia, se lee que una de las operaciones de la 
sociedad es hacer préstamos de honor á personas de toda moralidad, 
con un máximum de... francos por cada préstamo, y de manera que el 
conjunto en ningún caso pueda sobrepujar la mitad del fondo de 
reserva especial instituido á este fin. 

De los socios y de la administración. — La índole y dificultades pro- 
pias de la Caja obrera hace más precisa la cautela, así en la selección 
de los socios como en la administración. 

Por el pronto, como toda la confianza tiene por fundamento la hon- 
radez sin tacha de los socios y su laboriosidad, es evidente que ha de 
ser esmeradísima la selección; y pues en una ciudad es imposible cono- 
cerse á fondo todos los trabajadores, sigúese que sólo pueden reclu- 
tarse los socios en una parroquia, ó barrio, ó taller, patronato, círculo, 
y sobre todo en un sindicato profesional; en suma, donde el trato íntimo 
y frecuente manifieste á las claras las virtudes y vicios de los aso- 
ciados. 

La administración no deja de ser delicada y trabajosa. En las Cajas 
rurales la seguridad de la garantía suaviza la áspera solicitud del cargo. 
Donde por todo ó casi todo resguardo no hay más que la moralidad, ha 
de andar más alerta la información y más atenta la vigilancia. El trabajo 
no es flojo, porque si bien son cortas las sumas que se manejan, son 
muchas y muy fastidiosas las menudencias que consigo traen. Por 
ejemplo: para asegurar y facilitar la devolución del préstamo, de- 
biera el prestatario descargar algo de la deuda luego que recibe 
el jornal, sea á la semana, sea á la quincena. Los administradores han 
de estar atentos á esta obligación y cargar con esta que llamarán al- 
gunos engorrosa niñería. Serálo, si se quiere; mas esta niñería produce 
estos preciosos resultados: 1." sin sentirlo apenas, cancela el deudor su 
débito; 2.° líbrase de frecuentes tentaciones de malgastar el dinero, si 
lo guarda en el bolsillo; 3.° se acostumbra al ahorro; de suerte que, aun 



184 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

después de rematar cuentas, reserva por el hábito adquirido alguna 
parte del jornal para depositarla en la caja. 

Consultado Durand por el fundador de la Caja obrera de Reims 
sobre la composición de los Consejos de administración y vigilancia, fué 
de parecer que los administradores fuesen todos obreros probos, activos, 
inteligentes, bien conocedores de sus compañeros y tenidos por éstos 
en mucha estima; pero que en el Consejo de vigilancia entrase algún 
socio de clase más elevada. Así lo hizo el fundador, poniendo á la 
cabeza de dicho Consejo un burgués, hombre de negocios, deseoso de 
emplear tiempo y trabajo en bien de los obreros. Él es el factótum de 
la Caja, para mucho provecho de los socios trabajadores. 

Préstamos para la construcción ó compra de casas. — Más trascen- 
dentales que las antedichas son las operaciones de la Caja obrera fun- 
dada para la adquisicición de casas. Que en general las sociedades de 
crédito sean acomodadas á la solución del problema de las habitaciones 
baratas, demostramos en esta Revista en Mayo y Junio de 1908. Pero no 
tratamos ahora de la cuestión en general, sino de las Cajas obreras de 
préstamos y ahorro con solidaridad ilimitada, ora se propongan exclusi- 
vamente la adquisición de casas, ora lo hagan concurrentemente con 
otras operaciones de crédito. 

Las dificultades del problema no son para negadas. Necesítanse cuan- 
tiosos capitales; ¿de dónde sacarlos? Además, como el asalariado no 
puede desembolsar el importe del inmueble sino en largo tiempo, quedan 
en tanto inmovilizados los capitales, con peligro de que los deponentes 
retiren á deshora sus depósitos, dejando á la sociedad en la estacada. 
Pues ¡qué! ¿si el prestatario muere cuando le restaba todavía por satis- 
facer casi toda la deuda? 

Son, por tanto, precisas algunas prevenciones y providencias. Ya 
hemos visto arriba cómo se las compuso el P. Volpette para atraer capi- 
tales á la Caja rural de los Huertos obreros de Saint-Étienne. No en todas 
partes se podrá echar mano de igual recurso; pero habrá quizá perso- 
nas que si ven en buenas manos la administración presten gruesas canti- 
dades á modicísimo interés. Hanse de procurar depósitos á largo plazo, 
aunque el interés haya de ser más crecido. Nunca preste la Caja toda la 
cuantía de la casa, mas obligue al peticionario á satisfacer desde luego 
una buena parte. Examine bien los planos, averigüe al cierto el valor 
futuro del inmueble y grávelo con primera hipoteca á su favor. Pague en 
mano del empresario las obras á medida que se hacen, abriendo al 
efecto un crédito hipotecario al trabajador. Exija, por fin, un seguro 
mixto, según explicamos en otra ocasión (1). 

Un ejemplo memorable. — Maravillosa es en este punto la obra de 



(1) Razón y Fe, t. XXI, páginas 192-193 (Junio de 1908). 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 185 

Cetty en su parroquia de San José, de Mulhouse. Será fuerza violentar la 
pluma, enfrenándola para que no corra y se explaye demasiado en la 
exposición de la Caja obrera de San José, llamada por su autor «la obra 
maestra entre todas las de la parroquia», con ser ellas tales que de buen 
grado las calificaríamos también nosotros de obras maestras. 

En esa Caja no entran más que obreros. Es decir, no; está asimismo 
el párroco. Así lo quisieron resueltamente los socios. El buen párroco 
deseaba encargar el Consejo de administración y el de vigilancia exclusi- 
vamente á los obreros; mas hubo de ceder á la dulce violencia de éstos y 
aceptar la presidencia del Consejo de vigilancia. Así quisieron atestiguar 
los socios que en su parroquia el obrero por excelencia era el párroco. 
Digamos dos palabras de la institución. 

Cetty, entusiasmado con los inmensos beneficies de las Cajas rurales 
de Raiffeisen, pensó acomodarlas á una ciudad enteramente industrial, 
como era Mulhouse, y á una parroquia compuesta únicamente de obreros, 
cual la suya de San José. Para conservación y fomento de la vida de 
familia propúsose facilitar á los obreros la adquisición de casa propia, 
bien amueblada, defender el hogar contra toda clase de logreros y alen- 
tar al ahorro haciéndolo á todos asequible. De esta idea nació la Caja 
obrera de San José. Desde el primer día, 96 trabajadores se hicieron 
apuntar como socios activos. No titubearon en responder todos solida- 
ria é ilimitadamente unos por otros; es verdad que antes se había esta- 
blecido la solidaridad de las almas, aquella que nos encomendó Cristo 
Nuestro Señor con aquellas dulcísimas palabras: Amaos los unos á los 
otros, como yo os he amado. El capital social se fijó en 100.000 marcos; 
la cuota de los socios activos en 10. No se emitieron acciones ni se pro- 
metieron dividendos. La Caja no había de prestar sino á los miembros 
del Circulo obrero, otra institución de Cetty, ni recibir depósitos ó aho- 
rros sino de los feligreses de la parroquia. Tres veces á la semana se 
abre, á horas determinadas, para hacer sus operaciones: el domingo para 
recoger depósitos; el lunes para cobrar de los deudores; el viernes para 
recibir demandas de préstamos. 

El número de socios fué creciendo de año en año; de 96 á 250, 350, 
420, 580. La papeleta de socio de la Caja de San José era como ejecu- 
toria de hidalguía. El fondo social proyectado, de 100.000 marcos, se 
elevó á 125.000. Parecía extraordinario para trabajadores de fábrica. Mas 
á los cuatro meses apenas, ya se había llenado el número. Convócase 
una asamblea general, que lo sube á 325.000. Pasan unos pocos meses y 
los 325.000 ya no bastan; se extienden á 625.000; todavía es poco; Pac- 
tolo vuelca sus ondas de oro sobre los carbones de la ciudad obrera de 
Mulhouse. Hay que llegar á un millón, y se llega; los obreros se hacen 
millonarios y aun dos veces millonarios, pues dan cima á los dos millones. 
De 1897 á 1908 los ingresos han alcanzado á 13.435.804 francos, los gas- 
tos á 13.429.304 francos; esto es, que el monto de los negocios ha frisada 



186 EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 

con los 27 millones en doce años en una parroquia exclusivamente 
obrera: prodigio único en la historia de la clase trabajadora. 

Ya el primer año hizo construir la Caja una calle de 16 casas al pre- 
cio de 200.000 francos. Luego fué preciso edificar otra, de más casas 
todavía y más bonitas, por 360.000 francos Otra vez se hubo de empren- 
der otra calle cerca de la linda iglesia de San Fridolino, y las nuevas 
construcciones, para no desdecir de la traza gentil del templo santo á 
cuyo alrededor se agrupaban como pimpollos en torno de la oliva, qui- 
sieron vencer en gentileza á las casas precedentes. El 31 de Diciembre 
de 1904 compró la Caja más de 300 casas obreras, facilitando su adqui- 
sición á los trabajadores de más escaso caudal. En suma, en menos de 
diez años ha construido 104 casas, que le costaron 2.058.400 francos, y 
comprado 448 por valor de 3.189.452 francos: total, 552 casas por francos 
5.247.852, las cuales representan más de 1.500 viviendas cómodas, higié- 
nicas, agradables para unas 8.000 personas. Todas las casas han sido 
construidas por socios de los círculos instituidos por Cetty en su parro- 
quia, siendo modelos en su género Cada vivienda posee, cocina, bodega, 
granero, y cada casa su jardinito. 

¿Qué decir de la Caja de ahorros? En doce años (de 1897 á 1908) ha 
recibido imposiciones por valor de 6.386.590,70 francos; 3,526 familias le 
han confiado sus ahorros. La Caja de préstamos ha anticipado francos 
4 871.599,98; 1.048 familias han solicitado su ayuda para la adquisición 
de una modesta propiedad. En 31 de Diciembre de 1908 había en caja 
2.701.739,83 francos de ahorros y 2.325.742,62 francos de préstamos. El 
fondo de reserva llegaba á 90.000 francos. 

¿De dónde salen los ahorros? ¿Quienes son los imponentes? Personas 
de toda edad y condición van acumulando las reservas de sus afanes y 
sudores. Ahora es el padre, obscuro trabajador, que deposita los sobran- 
tes de los ingresos mensuales de toda la familia; ahora la hija autorizada 
por sus padres para poseer una libreta de ahorro y preparar la dote; 
ahora el adolescente de diez y ocho á veinte años, codicioso de un pecu- 
lio con que establecerse y ganar el pan de cada día. «Noble emulación, 
exenta de envidia y de celos, se despierta entre todos; cada cual se 
esfuerza por ahorrar más pronto, depositar más y disponerse mejor á 
construir la casa de santas esperanzas, el santuario del hogar domés- 
tico.» 

Con razón hace hincapié en lo último Cetty; cuyas son las palabras 
que van entre comillas. Ocurre con dolorosa frecuencia que jóvenes im- 
previsores de la clase trabajadora inclinan el cuello al yugo del matrimonio 
sin fuerzas para sustentarlo; ciérnese pronto sobre el mustio hogar la ima- 
gen espantosa de la miseria; lo que empezó en idilio acaba en tragedia. No 
así en San José de Mulhouse. Con los ahorros de muchos años va la 
juventud amontonando su masita. Si algo falta el día de las bodas, lo 
completa la Caja con un anticipo, de cuya devolución es garantía la expe- 



EL CRÉDITO POPULAR URBANO CON SOLIDARIDAD ILIMITADA 187 

riencia virtuosa de los guardosos desposados. La suma que suele salir de 
la Caja el día del casamiento es de 5U0, 800, hasta 1.000 francos. 

¡Cómo se nutre y medra y florece aquí el espíritu de familia! ¡Y qué 
agrupación social tan sólida y fecunda la de San José de Mulhouse! ¡Qué 
educación económica la de esos obreros que administran millones! Mas 
sobre todo se ensalza el espíritu religioso. Allí, en la sala donde aguar- 
dan su turno los imponentes de ahorros, preside la imagen de Cristo, para 
avisar á los que entran cuál sea la divisa de la Caja de San José, conviene 
á saber: Todo por Cristo, todo en Cristo, todo para Cristo. Á uno y otro 
lado, encajados en soberbio marco, están, aquí el retrato del Papa, allí el 
del párroco, los representantes de Cristo en la parroquia, para que todos 
entiendan el amor filial, la inquebrantable adhesión de los obreros á los 
guías y pastores que en la tierra los han de conducir á Cristo. En frente, 
en otro cuadro no menos hermoso ni menos simbólico, los miembros de 
■la familia obrera, los delegados del Círculo de hombres, póstranse á las 
plantas de León XIII, del Papa de los obreros, del Pontífice que dijo á 
los sacerdotes: Id al pueblo. 

¿Quién puso allí esos cuadros? ¿quién les dio esa significación tierna, 
hermosa, ideal?... Los mismos obreros (1). 

N. NOGUER. 



(1) Para más pormenores, puede verse la monografía del mismo Cetty: Une caisse 
ouvriére-Saint-Joseph de Mulhouse (L'Action Populaire, n. 50), incluida también en otra 
publicación de L'Action Populaire titulada: Préíres de Frunce. El año próximo pasado 
obtuvieron las instituciones obreras y sociales de Celty un grand prix en la Exposi- 
ción internacional de Nancy. El celoso párroco presentó dos memorias explicativas, 
de una de las cuales hemos copiado algunos datos, según se hallan en el extracto 
publicado por L'Univers de 5 de Noviembre de 1909, pág. 3. También publicó Cetty 
una noticia sobre el mismo asunto en Revista social hispano-americana, órgano de la 
Acción Social Popular (Diciembre de 1909, p. 985 y siguientes). 



JSa ^spzÍQOÍogia y sí ^roghéismc. 



€, 



ln el número de Diciembre de 1908 dimos cuenta en Razón y Fe del 
primer Congreso de naturalistas españoles celebrado en Zaragoza los 
días 7-10 de Octubre. Acabamos de recibir el volumen que contiene 
las actas y memorias de dicho Congreso, y aunque no vamos á hablar 
de nuevo de aquel Congreso ni de las materias en él tratadas, hay una 
en que especialmente se ha fijado nuestra atención: es la Espeleología- 
Sólo tres congresistas expusieron esta cuestión: D. Lorenzo Sierra, 
presbítero, declaró unas «Notas para el mapa paletnográfico de la pro- 
vincia de Santander»; D. José María Có de Trióla hizo un «Extracto 
del manuscrito La Espeleología en Cataluña»; el R. P. Jesús Carvallo, 
salesiano, disertó sobre «La Espeleología, ciencia nueva en España». 
Esta última circunstancia, la de ser nueva en España, es una de las 
razones que nos han movido á tomar la pluma. Allégase á esto el que 
la primera conferencia dada en la Universidad de Oviedo á fines del 
año pasado por uno de los profesores de la Universidad de Burdeos, 
para inaugurar las conferencias que, según acuerdo, habían de cele- 
brarse en los centros docentes de Francia y España, versó precisa- 
mente sobre uno de los puntos de Espeleología: «Las grutas prehistóri- 
cas de Altamira (Santander) y los valles del Carona y del Verese 
(Francia).» El conferentiante, Mr. P. París, trató de demostrar la uni- 
dad de inspiración, de arte y de civilización que entre Francia y España 
existe desde las edades llamadas prehistóricas, y para ilustrar sus expli- 
caciones sirvióse del aparato de proyecciones. Si á lo dicho se añade 
que el verano próximo pasado hemos tenido el gusto de visitar una de 
las cavernas más célebres de Francia, la gruta de Bétharram, en los Pi- 
rineos, y que los estudios espeleológicos, entre sus muchas é importan- 
tes aplicaciones científicas, tienen la de ser poderoso auxiliar de la 
Antropología y Paleontología, fácilmente se echará de ver cuan de 
grado consagramos estas pocas líneas al examen de la Espeleología en 
sus relaciones con el Troglodismo. Sirva esto de paso para mostrar que 
atendemos á la recomendación hecha en el Congreso, de que se difun- 
dan los conocimientos espeleológicos en las revistas científicas. 



LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 189 



OBJETO DE LA ESPELEOLOGÍA 

¿Cuál es el objeto de la Espeleología? El mismo nombre lo está 
diciendo: el estudio de las cavernas, bajo cuyo nombre comprende el 
vulgo, y aun el lenguaje científico general, las cavernas, estancias ó con- 
cavidades comunicadas entre sí por pasillos más ó menos estrechos, de 
modo que el interior de aquéllas quede totalmente oscuro; las grutas, 
concavidades subterráneas, cuyo fondo no carece completamente de 
luz y cuya boca ó entrada es relativamente grande; las cuevas, que á 
veces se confunden con las cavernas, á veces con las grutas, ora signi- 
fican reducidas cavidades formadas en las rocas y abiertas al exterior 
ora simples hendiduras ó grietas en sentido casi vertical. Mr. E. Du- 
pont, que es considerado como el historiador de las cavernas, las 
define: «Hoyos abiertos en la roca antes de la época cuaternaria por 
algunas fuentes minerales ó hidrotermales.» Con esto se evita desde 
luego la confusión de las cavernas, grutas ó cuevas naturales con las 
artificiales; aquí tratamos de las naturales. Cuanto á su formación, aun- 
que puede depender de varias causas, como temblores de tierra, dislo- 
cación de capas terrestres por la retracción de ciertas rocas, formación 
de grandes cadenas de montañas, la principal, sin duda, es la hidroló- 
gica, el trabajo de erosión del agua. Mr. Dupont la explica de esta 
manera: «El agua acidulada de las lluvias penetra por alguna grieta y se 
deposita en el interior de la roca caliza; ésta es un carbonato calcico, 
es insoluble; mas al contacto del agua acidulada, se convierte en 
bicarbonato, y, por tanto, soluble al agua, la cual arrastra ó precipita 
los residuos, generalmente arcillosos, dejando un hueco ó vacío.» Y, en 
efecto, donde más abundan las cavernas es en las laderas de los valles 
de erosión, más altos que el fondo del valle, formadas en las rocas cal- 
cáreas después que las aguas abrieron la luz del valle. Estas circunstan- 
cias explican á veces la desaparición de ríos que se abisman debajo de 
tierra, después de seguir por su superficie un curso más ó menos largo, 
y la existencia de ciertos manantiales que vemos surgir de repente de 
las laderas de una montaña, y la existencia también de canales subte- 
rráneos que, al quedar en seco por efecto de alguna elevación de terre- 
no, han podido formar las cavernas hoy día libres que se hallan en las 
cumbres. 

La presencia del ácido carbónico y carbonato de cal se revela en 
varias excoriaciones producidas por su acción corrosiva en las bóvedas 
de las cavernas y en las magníficas decoraciones naturales de las grutas 
que con el nombre de estalactitas y estalagmitas se van formando. He 
aquí cómo: El agua que, cargada de carbonato de cal, corre sobre la 
bóveda de la caverna, se infiltra por entre los poros y rendijas de las 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 13 



190 LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 

rocas calizas y llega á formar un punto rugoso y saliente en la superficie 
de la bóveda; comienza la evaporación del líquido, el carbonato se va 
depositando y aumentando de volumen alrededor del núcleo ó asiento, 
y, formando una serie de capas, baja á manera de apéndice, que se 
llama estalactita. Mas como no se evapora toda el agua durante su per- 
manencia en el techo de la caverna, sino que se desprende una parte y 
cae verticalmente en forma de finísima gota, ésta se evapora en el suelo, 
el carbonato se va depositando y aumentando de volumen por la adi- 
ción de nuevas gotas que caen; se reproduce abajo el fenómeno de 
arriba y va creciendo y subiendo un apéndice en dirección contraria á 
la estaláctica, que se llama estalagmita; si llegan á encontrarse, se jun- 
tan y forman una columna de capas concéntricas tan alta como la altura 
de la caverna. 

Aunque no todas las cavernas, las que pertenecen á la categoría de 
completas constan generalmente de tres órdenes de materiales sobrepues- 
tos, separados comúnmente por capas de estalagmitas. Según Landerer, 
el orden inferior está formado de ordinario de gravas, cantos rodados y 
cieno, y alguna vez de fragmentos de rocas, encerrando restos de oso, 
hiena, elefante, rinoceronte, sílex, restos humanos, etc., fósiles del alu- 
vión antiguo. Sobrepuesta á la primera capa aparece otra, compuesta 
de cieno arcilloso ó margoso, y contiene especies fósiles del reno, buey, 
caballo y jabalí. Llámase edad del reno esta fase de los tiempos cuater- 
narios, porque en este depósito abundan los restos de dicho rumiante. 
El orden superior es de formación más reciente; consta de arcillas, are- 
nas ó margas, y contiene solamente restos de animales actualmente 
vivos, mezclados con cerámica é instrumentos más perfeccionados que 
los hallados en los dos órdenes ó capas inferiores. 

La altura de las cavernas huesosas varía; desde un nivel poco supe- 
rior al de los mares alcanza considerables alturas, pero sin llegar á las 
cumbres de las grandes cordilleras. En las cavernas hállanse ordinaria- 
mente enterrados los huesos en una matriz de tierra grasa, rojiza, sedi- 
mento formado en gran parte del residuo de la roca caliza insoluble en 
el agua cargada de ácido carbónico. Las cavernas huesosas presentan 
en todas partes el mismo carácter de composición y de relleno; pero no 
todas ellas son completas, esto es, no todas poseen los tres órdenes de 
materiales sobrepuestos. 

En las cavernas propiamente dichas establece el geólogo Lyell tres 
períodos: el de disolución de la roca en que se forma el canal; el de en- 
sanche del canal por la corriente de aguas subterráneas; el período 
durante el cual las aguas, tomando otra dirección, dejan libre al aire 
exterior el espacio de la gruta que ocupaban. 



LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 19t 

II 

IMPORTANCIA DE LA ESPELEOLOGÍA: SU APLICACIÓN AL TROGLODISMO 

La naturaleza se presenta muchas veces viva y animada en el inte- 
rior de las cavernas. No sólo el curioso observador puede contemplar 
en ellas caprichosas incrustaciones que adornan sus paredes y el aspecto 
de grandiosidad que ofrecen sus arcos y columnas, sino también el 
zoólogo y el botánico hallan con frecuencia especies de fauna y de flora. 
Criptógamas que no necesitan de luz, protozoarios en su estado más ru- 
dimentario, 5aí/z;;sdas que no tienen ojos, pero que están dotadas de 
un tegumento sensibilísimo, moran en aquellos subterráneos. Además, el 
estudio de su suelo ofrece no poco interés para la geología, en la des- 
cripción de las capas que los atraviesan; para la mineralogía, en la deter- 
minación de los componentes de las sustancias en ellas encerradas; 
para la química, al examinar los gases de aquella atmósfera, y para la 
química y mecánica, á la vez, al estudiar el origen de las cavernas. 

Á la hidrología é higiene pública ofrece también la Espeleología 
campo de investigación. Porque, en primer lugar, el agua obraren las 
grutas desgastando, rozando y disolviendo sus paredes por erosión, 
corrosión y presión hidrostática. Ella, aprovechando las junturas de la 
estratificación, ha pasado de una diaclasis á otra. Del remolino de las 
revueltas se han formado cámaras, que luego se han ensanchado por 
derrumbamiento. La filtración del agua de las lluvias se ha manifestado 
en la destilación de algunas bóvedas, más abundante después de las tor- 
mentas, y el agua de algunas fuentes muy clarificadas , que circula por 
las fisuras del calizo, demuestra un gran espesor de materias areniscas. 

En segundo lugar, la Espeleología puede prestar buenos servicios á 
la salud pública. jCuántas veces el pueblo ignorante arroja reses muer- 
tas en el mismo manantial, conviríiéndolo en vehículo de gérmenes mor- 
bosos! Por eso es conveniente estudiar las montañas en que nacen las 
fuentes, explorando las cavernas que ocultan en su seno y averiguando 
si el agua del manantial está á cubierto de probables contaminaciones. 

Algunas cavernas ofrecen singular interés artístico. El abate Breuil 
ha publicado en este sentido un hermoso trabajo sobre la Evolución del 
arle parietal de las cavernas en la edad del Reno. El profesor de la Fa- 
cultad de Ciencias de la Universidad de Friburgo (Suiza) divide en cinco 
fases el desarrollo del arte observado en dichas cavernas, haciendo 
notar en cada una de ellas el paralelismo que existe entre las figuras 
grabadas y las pintadas ó llenas. En los orígenes del arte pone los dibu- 
jos digitales que aparecen en la arcilla de las Gargas y de Hornos de la 
Pina, las manos orladas de negro y rojo de Castillo y de Gargas y las 
toscas alineaciones de puntos ó de discos. Vienen luego trazas mono- 
cromáticas ó grabadas de animales partidos ó enteros; después los tra- 
zos se ensanchan, y ponen de relieve las articulaciones, prominencias, 



192 LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 

masas pelosas; más tarde, el color negro ó pardo uniforme llena la figura; 
aparece á continuación la policromía; el perfil exterior es negro, negras 
las crines, etc.; el interior del cuerpo está lleno con matices de rojo y 
negro; por fin, se observan algunos signos convencionales, de los que se 
derivan las figuras acilianas. 

Bajo el aspecto artístico es digna de especial mención la caverna de 
Altamira, de la provincia de Santander, en España. Mr. E. Cartailhac, 
correspondiente del Instituto de Francia, ha publicado curiosas investi- 
gaciones sobre las «pinturas y grabados murales de la caverna de Al- 
tamira^, ilustradas con láminas y figuras por el mencionado abate 
Mr. Breuil. El prestigioso aristócrata Marqués de Cerralbo, ha ponde- 
rado en un interesante y concienzudo artículo el valor artístico de este 
hbro, reproduciendo la llamada figuración del hombre, la citada caverna 
y los signos naviformes, tectiformes y pectiformes. Tanto en las figuras de 
Altamira como en las de otras cavernas, sería útil determinar con exacti- 
tud dos cosas: 1.^ qué son, qué representan á punto fijo esas pinturas y 
grabados; 2.% á qué edad pertenecen, pues hay sobre la una y la otra 
diversidad de pareceres. Así, por ejemplo, el distinguido académico de la 
Historia Sr. Marqués de Cerralbo, se inclina— á lo que parece, con tinO' 
y acierto — á no considerar como cámaras sepulcrales y sagradas, ni 
como figuras de hombre, las tenidas por algunos por tales en las caver- 
nas de Altamira. De la misma manera, si Breuil y Cartailhac las suponen 
de la edad paleolítica y del período magdaleniano, por no haber vivido 
en dicha caverna el reno ; Martell las llama neolíticas, explicando la au- 
sencia del reno por el desvío que, según Lapparent, sufrió el Goolf~ 
Stream en la época cuaternaria hacia la costa cantábrica, desvío por el 
que ésta templó su clima. 

La importancia de las cavernas sube de punto desde que se las con- 
sidera en sus relaciones con el troglodismo, esto es, como guarida de 
animales y habitación de hombres, pues suministran preciosos datos á 
la Paleontología y Antropología sobre la antigüedad del hombre, su 
grado de cultura y alguno de sus ritos y costumbres. Pero conviene pre- 
suponer que no es fácil á veces determinar si una caverna ha estado real- 
mente habitada. Las causas de esta dificultad son diversas, siendo la 
primera su oscuridad, silencio y ruidos extraños. Esto ha despertado en 
la imaginación del vulgo fantasmas de espíritus y duendes que vivían en 
aquellos antros, sobre los cuales se han fraguado narraciones misteriosas 
y maravillosas leyendas; de ahí que algunas cavernas hayan sido para 
la gente excesivamente crédula objeto de admiración, de miedo y aun 
de superstición; de ahí que algunas hayan sido llamadas gruta del dia- 
blo, sima del infierno, morada de brujas, etc. La segunda dificultad pro- 
viene del efecto de las aguas, cuya corriente ha removido unas veces 
sus depósitos y arrastrado fuera una parte de los mismos, privando al 
paleontólogo de un medio de conocimiento; otras, en cambio, ha introdu- 



LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 193 

cido, con el ímpetu de su arrastre, huesos, fósiles y otros objetos proce- 
dentes de distintos parajes, ocasionando con esto falsos conocimientos 
sobre las cavernas. Á todo esto han contribuido también los animales 
famélicos ó hambrientos, hurgando los depósitos, y los aldeanos y pas- 
tores, ora destruyendo sus cascadas y estalactitas, ora ennegreciendo 
con el humo de la vela inscripciones y nombres, ora, en fin, extrayendo 
objetos y minerales. 

Así y todo, se ha podido comprobar con certeza que muchas han sido 
morada de animales y algunas de hombres. Cuanto á los primeros, el 
animal cuyos restos son más abundantes en las cavernas es el oso; de 
ahí el nombre ursus spelaeus, oso de las cavernas. Se han hallado osa- 
mentas enteras de animales sin señales de violencia, lo que parece indi- 
car que murieron en ellas. También son bastante numerosos los restos 
de las hienas. Se conocen las cavernas que habitaron las hienas por los 
coprolitos, excrementos fósiles de estos animales, abundantes en fosfatos 
de cal blancos. La hiena, en efecto, trituraba con su potente dentadura 
los huesos roídos de muchos animales, que llevaba á su guarida para 
devorarlos, con lo cual se ingería mucho fosfato de cal, que quedaba 
sin digerir y aparecía en las materias fecales. Las cavernas de leones, 
tigres, panteras y otros felinos son más escasas, y como estos animales 
no suelen, á causa de su limpieza, arrastrar la presa hasta su guarida, de 
ahí que su osamenta no se encuentra generalmente mezclada con la de 
sus víctimas. Las guaridas de carniceros pequeños son abundantes en 
huesos de estos animales y de otros que fueron su presa y alimento. En 
general, las guaridas de fieras se distinguen por su forma y por sus osa- 
mentas. Por lo que hace á la forma, son generalmente corredores largos 
y estrechos y oscuros en la extremidad. En cuanto á las osamentas, los 
huesos de los miembros aparecen enteros, pero sin epífisis ó cabeza y 
con señales en las extremidades hechas por los dientes de los animales 
carnívoros. 

Las cavernas que han servido de albergue al hombre se distinguen: 
1.", por los huesos intencionalmente partidos, esto es, se encuentran no 
sólo sin epífisis ó cabeza, sino también con la diáfisis ó centro hendido, 
como para extraer la sustancia medular; ostentando señales de golpes 
y de entalladuras hechas con instrumentos cortantes; 2.°, por los restos 
de industria primitiva, como huesos elaborados, sílex labrados, etc.; 
3.°, por la presencia de animales de la fauna actual, que muestran una 
elección hecha con cálculo é inteligencia; 4.°, por las huellas de hogares 
y huesos carbonizados. Digamos de paso que muchas cavernas han ser- 
vido de criptas para sepultar los cadáveres, y como generalmente junto 
al cadáver se depositaban armas, alimentos, varios géneros de adornos, 
utensilios, etc., de ahí que estas cavernas «funerarias» hayan servido 
para dar á conocer las costumbres de los hombres en varias edades. 
Citemos algún ejemplo. 



194 LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 

La caverna llamada «Cueva de los Murciélagos», en las últimas estri- 
baciones marítimas de Sierra Nevada, es uno de los yacimientos más 
célebres de la edad neolítica en España. Esta caverna fué científicamente 
explorada por el Sr. Góngora, quien halló cuidadosamente separados 
tres esqueletos, uno de los cuales ceñía diadema de oro en plancha y sin 
adorno; en la misma caverna encontró también doce esqueletos coloca- 
dos en semicírculo, alrededor de un cadáver de mujer, bien conservado, 
vestido con túnica de piel, abierta por el costado izquierdo y sujeta por 
medio de correas; llevaba al cuello un collar de esparto y pendientes de 
sus anillos conchas marinas y un colmillo labrado de jabalí. Los demás 
cadáveres vestían tejidos de esparto, y á su lado se hallaron bolsas del 
mismo tejido, hachas de piedra pulimentada, cuchillos de esquisto, vasi- 
jas de barro toscamente labradas, etc. De todo lo cual dedujo el explo- 
rador que aquella gente guardaba con gran cuidado los cadáveres, indi- 
cio de su rehgión; que usaba útiles de hueso y marfil, de piedra labrada 
y pulimentada; que empleaba cerámica grosera; que tejía primorosa- 
mente el esparto y se adornaba con piedrecillas de colores, conchas y 
dientes labrados de varios animales. 

Entre las grutas llamadas sepulcrales es notable la de Aurignac, en 
una estribación de los Pirineos, en el alto Garona; estaba cerrada con 
una losa y contenía 17 esqueletos; se hallaron en ella restos de un hogar, 
huesos y utensilios, sílex labrados, armas de asta y fragmentos de cerá- 
mica. Y para no citar más, son dignas de especial mención las cavernas 
de Furfooz, sobre el Lesse, en Bélgica, á cuyo grupo pertenece la llamada 
«Trou du Frontal», gruta sepulcral del tipo de la de Aurignac ; sus explo- 
radores afirman haber hallado delante de ella restos de festines fúnebres; 
y el arqueólogo belga E. Dupont añade que un cubito de mamut en- 
contrado en el «Trou de Chaleux», fué probablemente objeto de un culto 
fetiquista, á juzgar por su posición, su estado fósil y la extinción de la 
especie en la época en que la caverna estuvo habitada. 

III 

ALGUNAS CAVERNAS MÁS CÉLEBRES DE EUROPA 

No creemos estará demás aquí dilatar un poco la mirada para rese- 
ñar ligeramente algunas de las principales y más renombradas cavernas 
de Europa, escogiendo alguna de cada país. Ya hemos indicado las que, 
bajo cierto aspecto, que hacía al caso, ofrecen interés especial; ahora 
citaremos las que por su fama son más visitadas ó conocidas. Comen- 
zando por España, tenemos las célebres cavernas, exploradas por el 
reputado paleontólogo Vilanova, en la provincia de Valencia. Una de 
ellas, llamada Parpalló, situada en la falda occidental del Monduber, 
presenta un atrio espacioso, que conduce á una galería, dirigida de Oeste 
á Este, con cámara al Norte, donde se hallaron materiales removidos, en 



LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 195 

busca de tesoros. Dícese que los sílex encontrados por los primeros 
exploradores fueron extraídos para emplearlos como piedras de chispa; 
el Sr. Vilanova halló cascos y armas toscas de pedernal, huesos de buey,, 
caballo, ciervo y moluscos; en algunas astas de ciervo había raspaduras, 
algo así como ensayo de trabajo industrial. No citamos en España las 
célebres cavernas descubiertas en Gibraltar por el capitán Brame; son 
de las más notables de Europa, y en ellas se han encontrado esqueletos 
humanos, restos de animales, armas, cerámica y útiles de piedra la- 
brada. 

En Francia es muy visitada la gruta de Betharram, Bajos Pirineos, 
entre Pau y Lourdes, descubierta en 1889, y acondicionada en 1905. Su 
descripción la hizo Viré en una de las Memorias de la Sociedad de Es- 
peleología. Bastará decir que presenta una extraña superposición de 
cuatro pisos, con tres kilómetros de extensión; por el piso bajo se desliza 
un río de 1.800 metros, que se puede recorrer en bote, contemplando 
las fantásticas estalactitas que lo adornan. En la gruta hay instalación 
eléctrica, y sus partes más curiosas son: el claustro y el canal de Ve- 
necia. 

De Bélgica citaremos el grupo de Montaigle, formado por varias 
cavernas, que han sido exploradas para clasificar los restos de industria 
en ellas encerrados, y el Troa de la Naulette, caverna cuya entrada es 
un pasadizo estrecho, terminado por dentro en una gran cámara, y de 
mucha celebridad entre los antropólogos, á causa de su depósito de 
huesos humanos. 

En el condado de Derby, en Inglaterra, es célebre, así la caverna de 
Castleton, de 912 metros de longitud y muy visitada, como la de Pool, 
Poolés hole, residencia del famoso bandido de este nombre en el si- 
glo XVI, cerca de Buxton. Ésta contiene una gran cavidad cruzada por un 
riachuelo, que se precipita con estruendo en un abismo. Las paredes de 
la cueva aparecen vistosamente adornadas de caprichosas estalactitas, 
una de las cuales, en forma de columna, lleva el nombre de María Estuar- 
do, porque la infortunada Reina, que estuvo algún tiempo confinada en 
aquel pueblo, visitaba algunas veces la caverna. Pasando en silencio la 
caverna de Wogan, notable por un eco que repite varias sílabas, situada 
en la patria de Enrique VIII, en el condado de Pembroke, y subiendo 
hasta las islas Hébridas, se hallan seis grandes cavernas, que se pueden 
visitar sucesivamente; son la admiración de cuantos las ven, por sus 
columnas, de donde la isla de Staffa ha recibido el nombre de isla de las 
Columnas. La más notable es la cuarta, la de Fingal ó Gran Caverna. 
Staffa, ha dicho el Dr. Garnett, es «la curiosidad natural más grandiosa 
que se conoce en Europa»; y Mac CuUoch escribe: «Cuando me senté en 
una de las columnas, vi las aguas [del mar] llegar casi hasta tocarme los 
pies; pero retirábanse á intervalos, y entonces quedaba como suspendido 
á gran altura. Atendidos los silenciosos movimiento del agua y la apa- 



196 LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 

rente tranquilidad de la superficie del mar, hubiérase podido creer, 
mirando de lejos, que el conjunto de la gruta era un gran buque que 
alternativamente se hundía y elevaba.» Y todavía hablan con más enca- 
recimiento otros viajeros. «Apenas puede la imaginación, dice Mr. Banks, 
figurarse cosa más soberbia que el fondo de esta gruta, cuyos lados están 
sostenidos por unas filas de columnas, y cuyo techo se compone de las 
extremidades de las que se han roto para formar la caverna»; y Mr. Troil 
se expresa en estos términos: «¡Cuánto no brillan á nuestros ojos los pór- 
ticos antiguos por la magnificencia con que han sido descritos, y qué 
admiración no nos causan las columnas de nuestros edificios modernos! 
Pues cuando se ve la gruta de Fingal, no hay comparación alguna entre 
aquellos monumentos del arte con éste, y es preciso convenir en que 
este trozo de arquitectura ejecutado por la naturaleza, es muy superior á 
la columnata del Louvre, ó la de San Pedro en Roma, y á todo lo que se 
nos conserva de la antigüedad.» 

Dejemos á Inglaterra y Escocia y pasemos á Suiza. Cerca de Ralligen 
van muchos curiosos á visitar la caverna de San Beato, nombre de un 
celoso misionero del siglo III, que abandonó la Inglaterra, su patria, para 
ir á predicar el Evangelio en Helvecia, estableciéndose en esta gruta, 
una de cuyas cavidades sirve de paso al arroyo de San Beato ó Beaten- 
bach. 

En las márgenes del lago Agnano,en Italia, es famosa la llamada ^r«^a 
del Perro, pequeña cueva abierta en la roca, de cuyo suelo se exhala 
abundante ácido carbónico ó un vapor mefítico que á los pocos minu- 
tos priva del sentido á los animales, siendo lo raro que no causa daño 
á los hombres. Explican esto, diciendo que dicho gas se eleva muy poco 
del suelo, de modo que no llega á la altura de la respiración del hom- 
bre; por eso se observa el fenómeno en los animales pequeños, especial- 
mente en el perro, de donde ha recibido su nombre. Los escritores anti- 
guos no mencionan esta gruta; sólo Plinio el Mayor en su Historia Na- 
tural dice que en los alrededores de Puteoli había exhalaciones terres- 
tres de vapores mortíferos. 

Notable sobremanera es también la gruta de Adelsberg, en Austria. 
Tiene 11 kilómetros de longitud, y es un laberinto de rápidas pendien- 
tes y sinuosos pasadizos que comunican con grandes salas. Las estalac- 
titas que las adornan ofrecen el aspecto, ora de majestuosas columnatas, 
ora de ruinas de vetusto palacio. Huesos fósiles forman su suelo, y la 
que llaman «Sala del Calvario» tiene 203 metros de largo, 195 de ancho 
y 47 de alto. Alguien ha escrito que á la caverna de Adelsberg sólo le 
falta la navegación subterránea y la gran sima de Padirac para ser la 
gruta más hermosa del mundo. 

En el bosque hercynio, en Alemania, conocido en la antigüedad por 
silva hercynia, son famosas las «Cavernas de Harz». Llama la atención 
de los turistas la gran cantidad de huesos fósiles que en ellas se han 



LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 197 

descubierto, tanto, que son considerados como enormes osarios natura- 
les de animales. Las más curiosas de esas cavernas son las del Licornio 
y la de Baumann. La primera consta de cinco grutas, que se comunican 
entre sí por numerosas sinuosidades; la segunda se compone de otras 
tantas. Después de muchas subidas y bajadas se llega á una galería, que 
contiene muchos huesos de hienas, de tigres y de un oso que debió de 
ser colosal. En la caverna de Baumann hay una columna de estalactitas 
que produce un sonido agradable cuando cae una gota de agua de la 
bóveda. 

No terminaremos este punto sin citar la hermosísima gruta de Antí- 
paros, en Grecia. La isla de Antíparos es célebre por su caverna, situada 
entre horrorosos precipicios; á ella se desciende por medio de una cuerda, 
deslizándose de espaldas á las rocas, y atravesando sus sombrías grietas 
por medio de escalas. Desde la superficie de la tierra á dicha caverna 
hay una profundidad de 300 brazas; la gruta tiene cerca de 40 brazas de 
altura por 50 de ancho, y ofrece tan magnífico golpe de vista, que sus 
estalactitas son, al decir de un escritor, las más hermosas del mundo, 
Tournefort, en un momento de exaltación fantástica, creyó ver en ella un 
jardín de cristal, y se imaginó haber hallado comprobada la vegetación 
de la piedra (!). Y puesto que nos hallamos cerca de la isla de Milos, la, 
Milo de hoy, digamos que de las bóvedas de sus cavernas «pende el 
alumbre de plumas de plateados hilos»; que pedazos de azufre puro llenan 
las grietas de sus rocas, y que de sus pantanos se exhala un olor sulfu- 
roso. Los viajeros modernos han encontrado esta isla tal y como la des- 
cribió Plinio. Milo está llena de antigüedades; aun se ven en ella mura- 
llas ciclópeas, y en su suelo se descubrió la célebre Venus de Milo, 
que Dumont d'Urville transportó á Francia, y se conserva en el museo 
del Louvre. 

De la multitud de cavernas que se conocen y se van descubriendo 
hemos enumerado algunas de ellas, que realmente merecen ser visitadas 
por los amantes de la Espeleología. Fácil cosa sería aumentar el número, 
y de todas se podría deducir una conclusión paleontológica, que Lan- 
derer formula en estos términos: «Que después de haber desaparecido el 
rinoceronte de narices tabicadas y el mamut, la hiena y el gran oso de 
las cavernas, cedieron el puesto al reno y al bisonte, que tomaron exclu- 
sivo incremento, mezclándose con especies afines á las actuales, y que 
después de haber emigrado éstos á otras regiones, se entra de lleno en 
la subépoca moderna.» Otra consideración de orden antropológico nos 
sugiere el estudio de las cavernas, y es que si han de suministrarnos 
datos para precisar la antigüedad del hombre, hay que trabajar todavía 
por caracterizar bien las clases de cavernas y la época de su habitación. 



198. LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO . 

IV 

EL TROGLODISMO Y LA ANTIGÜEDAD PREHISTÓRICA DEL HOMBRE 

Entre las cavernas más célebres hay una cuyo nombre no podemos 
pasar en silencio: es la de Kent, en Inglaterra. Á ella han recurrido repe- 
tidas veces, y no sin gran estrépito, algunos espeleólogos y antropólo- 
gos, pretendiendo demostrar que la antigüedad del hombre se remonta 
á edades prehistóricas, á millares de siglos. Y aunque no es éste lugar 
oportuno para probar directamente y con variedad de argumentos in- 
contestables la falsedad de dicha aserción, todavía parécenos será con- 
veniente consignar que del estudio de las cavernas en general y de 
aquélla en especial no se deduce en modo alguno tal conclusión. Ar- 
queólogos ha habido que, estudiando las capas estalagmíticas de la citada 
caverna y haciendo el cómputo del tiempo necesario para la formación 
de aquellas capas, afirman que el hombre ya vivía en aquella isla 
hace doscientos sesenta y cuatro mil años; en este sentido se expresó 
Mr. C. Martins en la Revista de Ambos Mundos, correspondiente al 16 de 
Enero de 1868, y al mismo parecer se acuestan algunos amantes de la 
prehistoria. 

Multitud de experiencias y de irrecusables testimonios han puesto de 
relieve que el espesor de las capas estalagmíticas no puede servir de 
base para probar la remotísima edad de las capas colocadas debajo de 
su espesor. Así lo dice, apoyado en sus propias investigaciones, el cele- 
brado antropólogo y experimentado geólogo M. Body Dawkins, miem- 
bro de la Real Sociedad de Londres: «El valor de las capas de estalag- 
mita, cuando se trata de fijar la antigüedad de los depósitos situados 
debajo de ellas, es relativamente muy insignificante.» «Los resultados de 
las excavaciones hechas en las cavernas, añade el geólogo y paleontó- 
logo Hamy, no tienen generalmente el valor demostrativo de las obser- 
vaciones recogidas en los aluviones estratificados. La ausencia de esta- 
ciones geológicas ciertas en el mayor número de estas cavidades, entre 
el depósito osífero y los que le han precedido ó seguido en la sucesión 
de los tiempos; las dificultades que surgen cuando se trata de determi- 
nar las condiciones en que fueron abandonados allí aquellos objetos; la 
posibilidad de que hayan sido después removidos, sin que esto sea fácil 
de averiguar, son la causa del abandono en que se hallan hace mucho 
tiempo las investigaciones de las cavernas...» 

Ya dijimos que las capas de estalagmitas se van formando por las 
gotas de agua que, cargada de ácido carbónico, pasan por el carbonato 
eje cal. Ahora bien, los partidarios de la antigüedad remotísima del hom- 
bre, partiendo del supuesto gratuito de que los agentes naturales han 
obrado é influido de la misma manera é igual intensidad en todos los 
tiempos, discurren de este modo: la caverna de Kent en el estado pre- 



LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 199 

senté tarda mucho en formar los depósitos de carbonato de cal; y sin 
más, suponen que en tiempos anteriores al nuestro la formación de las 
estalagmitas se realizaba con la misma lentitud que ahora, para sacar de 
ahí la pretendida antigüedad prehistórica del hombre. En lo cual se co- 
mete un sofisma que los lógicos llaman falacia de accidente, y se falsea 
un hecho. De que actualmente sea lenta la formación de las estalagmitas 
en la caverna de Kent, no se deduce que lo fuera antiguamente, porque 
las circunstancias geológicas pudieron ser muy distintas, como en efecto 
lo fueron. Las bóvedas de las cavernas en que escaseen agua, ácido car- 
bónico y carbonato de cal contribuirán muy lentamente con sus gotas 
de agua á la formación de las estalagmitas, y, por el contrario, influirán 
rápidamente en ella si abundan en esos tres elementos. Pues bien, en la 
antigüedad se extendía sobre aquella caverna un frondoso bosque, que 
falta al presente; por su acción se producía ácido carbónico en abun- 
dancia, debido á la incesante putrefacción de sus muchos vegetales, y 
el agua caía de la bóveda descomponiendo el carbonato de cal. Luego 
del tiempo empleado en la actualidad para dicha formación no se infiere 
legítimamente que fuese menester el mismo en otros tiempos. El mismo 
defecto se observa en los argumentos prehistóricos al tratarse de otras 
cavernas. 

Con razón ha dicho Mr. A. Bertrand que «si hubiéramos de creer á 
algunos sabios, la edad de las cavernas hubiera durado, no centenares, 
sino miles de años, y representaría de un modo general la primera fase 
del desenvolvimiento de la humanidad. Estas son meras hipótesis... La 
época de las cavernas se halla relacionada directamente con la época 
histórica... El nuevo ramo de la ciencia que hoy se desenvuelve es sin 
duda extraliterario, pero se hace mal en calificarlo de prehistórico... Hasta 
ahora los hechos desmienten tales teorías, al menos respecto de Europa». 

Siendo, como es, muy difícil determinar la época en que fueron ha- 
bitadas las cavernas, sigúese que al troglodismo por sí solo le será muy 
difícil calcular la antigüedad del hombre, y que los argumentos aducidos 
hasta ahora, fundados en él, alegando para los orígenes de la humanidad 
una fecha fabulosa, carecen de valor científico. Es esto en tanto grado 
verdad, que el troglodismo ni siquiera es privativo de alguna época de- 
terminada; y aunque no hay inconveniente en conceder que al concluir 
la edad paleolítica fué bastante general que los hombres habitaran las 
cavernas, también es verdad que la costumbre troglodítica no fué ex- 
clusiva de aquella época, sino que la vemos practicada en distintas eda- 
des y momentos históricos. En confirmación de ello, Herodoto nos habla 
de los africanos libios trogloditas, y Diodoro de Sicilia dice que los hom- 
bres en los tiempos primitivos pasaban el invierno en las grutas. Y para 
no citar otros escritores, griegos y romanos, que nos han dado noticia 
de las costumbres de la antigüedad, se han hallado en las cavernas mo- 
nedas de la Edad Media mezcladas con huesos del hombre y osamentas 



200 LA ESPELEOLOGÍA Y EL TROGLODISMO 

0e animales en capas sucesivas, y alternando á veces con los bancos de 
estalagmitas; y en nuestros días, los bicharich y los siahpochs del Hindo- 
Koh viven en las cavernas; ni es necesario salir de España para observar 
que no es rara la caverna que presente diferentes períodos de habitación; 
en una palabra, en todas las épocas han escogido los hombres para mo- 
rada las cavernas. 

Bien se vé por qué algunos, ya que no todos, ponen en tan remota 
antigüedad la costumbre troglodítica; es á saber, para hallar antinomias 
y conflictos entre la ciencia y la revelación: primero, acerca de la edad 
del hombre, y segundo, acerca de su estado primitivo; pero inútilmente. 
Porque cuanto á lo primero, como la Biblia no determina la duración de 
los días genesíacos, cabe una interpretación amplia acerca de la anti- 
güedad del hombre, siendo en esto más exigente la Paleontología que la 
Biblia, pues mientras ésta se limita á fijar expresamente la aparición del 
hombre en el tiempo, en el sexto día de la Creación, aquélla ha dicho, 
por boca de sus más prestigiosas autoridades, que los primeros vestigios 
del hombre sobre la tierra no se remontan más allá de la época cuater- 
naria. Y en orden á lo segundo, resulta también vano el empeño de los 
que quieren pintar al hombre primitivo en estado salvaje, viviendo, no 
sólo con los animales, sino también como uno de ellos. No tratamos de 
probar ahora la falsedad de esta hipótesis. La historia de la antigüedad 
nos presenta, entre otros, dos hechos fundamentales, irrecusables, cul- 
minantes: primero, que los pueblos han pasado de la civilización á la 
barbarie, y no viceversa; segundo, que los pueblos sumidos en la bar- 
barie no se han levantado por sí mismos de su estado de postración, 
sino que han recibido la civilización de fuera, de razas civilizadas. Estos 
dos hechos están ya plena y brillantemente demostrados, contra todos 
los partidarios del hombre salvaje ó hipótesis del estado de naturaleza, 
ora sean sus defensores los poetas y filósofos del paganismo, como Ho- 
racio, Lucrecio y otros, ora se llamen filósofos y enciclopedistas del si- 
glo XVIII, como Voltaire y Rousseau, ora sean de los que en nuestros 
días cultivan la Historia y la Arqueología. La Biblia está en armonía con 
esos dos hechos, cuando, partiendo de la creación del hombre dotado 
por Dios de excelentes dones, señala su caída, y la degradación de los 
primeros caídos, su multiplicación y difusión por la tierra, la historia de 
un pueblo escogido y la elevación y redención del hombre. Y lo que 
decimos en general puede aplicarse en particular al estudio de las ca- 
vernas; nada que se oponga á estas verdades hallarán jamás en sus sub- 
terráneos los espeleólogos de buena ley, porque escrito está que entre 
la razón y la fe no puede haber oposición. 

E. Ugarte de Ercilla 



Olijetmílafl de la sensación externa en las impresiones eléctricas 



(1) 



IV 



V, 



iSTA.— Estudiaremos separadamente los casos siguientes: 1." Exci- 
tación eléctrica de los órganos periféricos, retina, nervio y centros inme- 
diatos, lóbulos ópticos, cuerpo geniculado externo y cuerpo cuadrigé- 
mino. 2° Excitación eléctrica de la corteza visiva. 

Primer caso. La fluorescencia del ojo humano es fenómeno conocido 
de muy antiguo (2), pero su estudio data principalmente de Hel- 
mholtz (1855). En retina humana de un cadáver de diez y ocho horas la 
observó por vez primera; excitada con los rayos ultraviolados, se teñía 
de verde azul claro. Setschenow (1859), después de obtener igualmente 
con las radiaciones ultravioladas la fluorescencia de las retinas frescas de 
buey y conejo, la descubrió también en los medios refringentes del ojo; 
indicios de fluorescencia daba el cuerpo vitreo, nulos el humor acuoso, 
lucía débilmente de azul la córnea, el cristalino resplandecía de azul 
claro. 

En ojos vivos la observaron con el oftalmoscopio Bezold y En- 
gelhardt (1877), y se fijaron en los cambiantes del fondo del ojo. Kühne 
y Evvald (1878) la tomaron como medio para establecer una diferencia 
de carácter óptico en el estado de las retinas. La que por haberse pre- 
servado de la luz conserva su coloración púrpura, fluorece tenuemente 
de color blanco azulado cuando le hieren los rayos ultraviolados; pierde 
la fluorescencia cuando, expuesta á la luz, comienza á blanquearse; recó- 
brala y con creces al continuar emblanqueciéndose; blanca enteramente, 
fluorece vivamente de verde claro si recibe la acción ultraviolada. 

También Himstedt y Nagel (1902) observaron que la retina conser- 
vada en la obscuridad mucho menos fluorece que la blanqueada á la 
luz; mas no vieron el mínimo correspondiente al iniciarse la blancura. 

Circunstancias atendibles: la retina muerta fluorece mucho más que 
la viva (Kühne y Ewald); en cambio, la córnea del ojo vivo centellea 
mucho más que la córnea muerta (Setschenow). La demasiada expo- 
sición á la luz debilita la fluorescencia de los bastoncitos retínales 
(Kühne). 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXVI, pág. 34. 

(2) Véase Aristóteles, De sensii et sensili (opera omnia, t. IV, pág. 118). Helmholtz y 
Garten son los autores de que extractamos la materia de este párrafo. 



202 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

Las causas que la fluorescencia excitan, además de las radiaciones 
ultravioladas y sin contar los rayos X y las emanaciones del radio, son 
las mecánicas y las eléctricas. Viniendo á las últimas, únicas propias de 
nuestro trabajo, indiquemos algunos experimentos. Aplicando un trozo 
de zinc sobre uno de los párpados humedecidos, y sobre el otro párpado 
una moneda de plata, al tocar ó separar de los metales se ven resplan- 
dores debidos á la corriente inicial y final. Mejor sale el experimento 
aplicando un metal en uno de los ojos y el otro en la boca; la intensidad 
del resplandor interno varía con la dirección de la corriente. Los dos lí- 
mites en la intensidad de la corriente que en tales experimentos debe 
emplearse, son 0,7 y 5,0 miliamperios. El resplandor de la contraco- 
rriente es mayor cuando la corriente sube por el nervio de la periferia al 
cerebro; viceversa, cuando la corriente baja del cerebro, es mayor la ilu- 
minación de la extracorriente. No menos dependen de la dirección é 
intensidad de las corrientes los colores producidos, pudiendo decirse 
que se complementan los correspondientes á las dos fases autoinduci- 
das (1). El punctum coecum contrasta con lo restante de la retina. 

Las corrientes de inducción tienen efectos más sorprendentes y colo- 
raciones mucho más vivas; precisamente las primeras en experimentarse, 
con riesgo de producir un síncope repentino en el sujeto de la expe- 
riencia (razón por la cual no son lícitos tales experimentos), fueron las 
descargas oscilantes de una botella de Leyde. Le Roy (1755), en un joven 
cegado con cataratas, procedió así: Rodeóle la cabeza y pierna derecha 
con alambre (un resonador Oudinü) y descargó el condensador por el 
carrete así formado. Á cada descarga parecíale al paciente ver correr de 
alto abajo una llama, y oía una descarga como el estampido de un caño- 
nazo. Waller (1901) aplicando corrientes de inducción (suponemos que 
en animales ó bulbos muertos) (2), que pasasen por el bulbo, ha visto 
circular por el camino óptico ígneas corrientes blaze-currents; obser- 
vando aumentos en la corriente permanente de la retina con cualquiera 
dirección de la descarga. Aumentaba la /. e. m. de la ígnea corriente 
cuando la resistencia del bulbo disminuía (3): lo raro es que tal corriente 
ígnea no perturbaba la excitación eléctrica que en la retina hace la luz. 
Una conclusión digna de mencionarse deduce Waller, y es que, á su 
juicio, la corriente ígnea es propiedad general de toda substancia 
viva (4). 



(1) E. Müller (Zeitschrlft, 1. 14, pág. 329-374) estudia detenidamente este punto. 

(2) Decimos, «suponemos», pues no liemos podido consultar el trabajo original pu- 
blicado en Philos. Transad., CXCIV, pág. 183. 

(3) La resistencia eléctrica del bulbo varia mucho con la clase del electrodo. En el 
humor acuoso y con 18°, la conductibilidad especifica es de 0,0132, y disminuye mucho 
con la formación de la albúmina en la cámara acuosa (Hertel, a. 1908). 

(4) Cierto que el fenómeno de la luminiscencia es muy frecuente en los organismos 
vivientes; ejemplos son: las luciérnagas de nuestros prados, innumerables bacterias. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 203 

Repitámoslo: las corrientes eléctricas excitan en el protoplasma de 
las células retínales y neuronas vivas, y en todo el bulbo ocular, el fenó- 
meno de la luminiscencia, que llega á ser una llamarada de fuego si las 
descargas son suficientemente intensas. 

Y ahora argüímos: ¿Son ó no ciertos los hechos narrados y otros se- 
mejantes? ¿Lo son? Luego ya tenemos luz objetiva que determine la 
visión al estimularse el nervio óptico con excitaciones eléctricas. Por eso 
en aire de victorioso, puede con Urráburu preguntarse á nuestros ad- 
versarios: «Undenam probant adversarii in eodem ilumine eléctrico non 
posse esse diversas vires aut qualitates reales quae alias in alus sensibus 
gignant impressiones vel species per quas, prout in se sunt, perci- 
piantur? (1). ¿No tenemos hechos positivos para probarles lo contrario 
de lo que afirman? 

Pero avancemos más; cortemos de raíz la dificultad; evitemos que nos 
repliquen que esas luminiscencias objetivas sólo se obtienen con enér- 
gicas corrientes de inducción, y que por lo regular es inapreciable la lu- 
miniscencia objetiva; que ésta, aun cuando se dé, es un fenómeno con- 
comitante y no antecedente, puesto que no depende la sensación del es- 
tado de adaptación de la retina (Nagel) (2), etc., etc. Sea así; no haya 
suficiente luz formal para determinar la visión: ¿habrán ganado con eso 
la causa nuestros adversarios? En modo alguno (3). 

Si la corriente eléctrica es capaz de hacer luminoso un cuerpo os- 
curo, con mucha mayor facilidad podrá, sin hacerle luminoso, infundir en 
él la impresión que la luz objetiva le haría é infundiría. Así, verbigracia, 
el rayo luminoso no tiene eficacia para volver luminosos á los cuerpos 
diáfanos y transparentes, y sí la tiene para impresionarlos. De ahí que 
la intensidad de la sensación no será proporcional á la intensidad de la 
iluminación objetiva del tejido óptico, sino á la excitación real, virtual- 
mente luminosa, que en las células retínales y neuronas ópticas se pro- 
duzca. Un ejemplo: supongamos que la lamparilla eléctrica tiene la 
virtud de ver de nuestros ojos. Cuando los voltios á que circulase la co- 
rriente por el filamento fueran los marcados de 120, nada de particular 



hongos de diversas especies, por los cuales lucen las maderas en putrefacción; lospro- 
tistos, á que debe su luz la Noctiluca miliaris, resplandeciente en la superficie de los 
mares; peces de zona abisal, cuyas tinieblas disipan con la fosforescencia de su frente, 
etcétera. De notar es que no pocos policelulares, y ejemplo notabilísimo es el Lam- 
pyris splendidula , tienen en sus nervios el interruptor perfectísimo para encender, 
apagar, aumentar ó disminuir la luz de sus órganos luminiscentes (Tigerstedt, I, 55). Á 
la entonación diversa de los nervios con la dirección de la corriente atribuía 
Helmholtz las particularidades observadas en la visión de la luz interna excitada por la 
electricidad. No debe olvidarse la diferente contracción del músculo ciliar. 

(1) Psychologia. Comp., n. 406. 

(2) Zeitschrift, t. 34, páginas 271-290. 

(3) La solución y doctrina que vamos á exponer es igualmente aplicable á los otros 
sentidos, especialmente al del oído. 



204 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

habría en que cada partícula de filamento encendido viese la luz de la 
contigua, y con gran claridad, incomparablemente mayor de lo que á 
nosotros nos parece. Esta era la solución que primero dábamos. Ahora 
hemos dado un paso más; en el mismo supuesto que la lamparilla tu- 
viese su retina y nervio óptico como nuestros ojos, ¿qué sucedería 
cuando la /. e. m. de la corriente del filamento no llegase á 30 voltios? 
Luz objetiva formal no habrá; nosotros (en lamparillas de 120 voltios) no 
la vemos; el filamento mismo ¿vería, no obstante, luz? Decimos que 
como haya corriente, sí. ¿Por qué? 

Dos testimonios hay en Suárez que ilustran no poco en la materia. 
Trata Suárez de probar que la impresión recibida del objeto en el ór- 
gano sensorial no debe estampar en la potencia una imagen y semejanza 
formal del objeto, sino solamente virtual (á la manera de la imagen 
oculta del negativo antes de revelado), y trae en pro de su opinión el ar- 
gumento que «el concurso de la especie necesario para determinar el 
acto del conocimiento puede prestarlo, ya el mismo objeto..., ya cual- 
quiera otro, aunque sea desemejante» (con tal que tenga equivalente 
virtud) (1). Y aplicando la doctrina al caso de la visión se lee en su Me- 
tafísica: «Para ver un objeto no es necesario tenerlo delante por sí 
mismo..., basta tenerlo presente en la especie intencional en que está re- 
presentado ó virtualmenfe contenido como en semilla y virtud instru- 
mental»; y aunque en el lugar citado propiamente se habla de la visión 
intelectual, no hay por qué restringir la doctrina solamente á ella, si en 
la visión corporal se repite el caso de tener la especie sensible sin estar 
presente el mismo objeto. Hoy día con el estudio de las imágenes conse- 
cutivas parécenos que se puede dar el caso, y por tanto, que la opinión 
de no pocos escolásticos, según la cual era posible, aun por causas natu- 
rales, sensación externa, abstracta y no intuitiva, se funda en la expe- 
riencia. Que por acción divina pudiera darse tal caso, era opinión muy 
sólida y probable. 

Discretamente añade Palmieri que «aun cuando puede tenerse sen- 
sación sin la presencia del objeto en ella representado, esto probará no 
ser tal presencia esencial al sentido, mas no prueba que el objeto natu- 
ral suyo no sea el objeto presente. Porque la posibilidad del hecho anó- 
malo nace de que el objeto extrínseco debe inmutar el órgano; siendo 
físicamente posible el que otra causa inmute el órgano de igual modo que 
lo haría el objeto propio, sigúese naturalmente la posibilidad de tenerse 
representación sensible de objeto no presente ni existente» (2). 

Por una intuición de genio, no rara en las obras de Duns Escoto, 
advierte el sabio anotador que la potencia en tal género de visión sólo 
se representaría los colores, sin ver la mole ni la figura de cuerpo alguno, 



(1) De an., 1. 3, c. 2, n. 23; el lugar de la Metafísica es d. 30, s. 1 1, n. 26. 
{2) Anthropologia (Romae, 1875), pág. 317. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 205 

porque una cosa es el color y luz, y otra el sensible común de la 
figura, etc. (1); en efecto, tal describen lo que ven los modernos expe- 
rimentadores. 

Puestos ya los prenotandos, el problema queda reducido á estos tér- 
minos: la corriente eléctrica, faradaica ó inducida, ¿puede ó no causar en 
la potencia orgánica de la vista la determinación ó especie impresa de la 
luz? La especie impresa con que la visión se determina, no es ninguna 
de las inmutaciones fisiológicas directamente observable; es más honda 
y secreta y que se acoge no sólo en la retina, sino en el nervio óptico y 
aun en los centros inmediatos (Charpentier, etc.). No obstante, no puede 
menos de estar íntimamente unida con alguna, por lo menos, de las cono- 
cidas: decoloración y regeneración de la púrpura, movimientos en los 
conos y bastones, acciones fotoquímicas, acciones fotoeléctricas, etc. 

De estas cuatro, las dos primeras parecen secundarias y no cumplen 
con las condiciones de prontitud, variedad y regularidad que debe tener 
la función fisiológica unida más próximamente con la visión. Los cam- 
bios de coloración en la retina parece que obedecen, ya á conservar en 
buen estado la retina, ya en graduar su sensibilidad, conforme sea la in- 
tensidad de la luz (Lehmann). La aproximación mutua de la empalizada 
de conos y bastones, tal vez efecto de la llamada. presión mecánica de la 
luz, planea la pantalla en que se junta la imagen óptica del cristalino, 
con que los objetos podrán verse mejor definidos; el correr del pigmento 
á una ú otra cara tendrá efecto, ya de protección de la retina, ya de 
absorción de los rayos laterales que entre conos y bastones se escapen. 

Las acciones fotoquímicas, que en sentir de muchos son las principa- 
les, por desgracia no son distintamente conocidas. Si de indicios se trata, 
idénticos son los que en la retina dejan las acciones fotoquímicas y las 
excitaciones eléctricas. ¿Función acida predomina en la retina y en los 
lóbulos ópticos después de la iluminación periférica? (Lodato, 1902).— 
Acidez trae á la retina la excitación eléctrica de los mismos lóbulos y 
centros cerebrales (Re 1904). — ¿La acción luminosa aumenta en muchos 
grados el poder oxidante de la retina con independencia de la cantidad 
de sustancia purpúrea? (Lodato, 1905). La corriente faradaica, dejando 
intacta la coloración púrpura, aumenta igualmente el poder oxidante de 
la retina (ídem).— ¿Débese á acciones fotoquímicas los cambios de dis- 
tancia entre conos y bastones? (Drittel, Lodato). Pues no faltará quien 
atribuya á manifestaciones eléctricas la contracción refleja de los conos 
(Engelmann).— ¿La excitación luminosa de un solo ojo trae á la par en 
el otro acidez? (Maggio, 1902); ¿hay cambios en el pigmento, aun cuando 
se haya cortado el nervio óptico del segundo? (Fick, 1895). Pues no 
menor simpatía se muestra entre las retinas á la excitación eléctrica 
(Grijns, 1890-1891).— ¿Un cristalito de carbonato estimula químicamente 



(1) Scoti opera, t. III, pág. 716. Tertius... 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 14 



206 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

á un bulbo sin cristalino, produciendo por simpatía oscilaciones reflejas 
en el otro bulbo? (Grijns). También la excitación eléctrica del nervio 
óptico, y según la frecuencia del período excitante, produce en las retinas 
corrientes de igual ó de opuesta dirección á las fotoeléctricas (ídem). No 
puede dudarse; los indicios en que se dan á conocer de algún modo las 
acciones fotoquímicas de la retina, se reproducen con sorprendente seme- 
janza en las excitaciones eléctricas. 

Que las acciones fotoeléctricas tengan semejanza estrechísima con 
las eléctricas artificiales, debe ser tan comúnmente recibido, que apenas 
se han hecho experimentos para comprobarlo: el último experimento 
aducido de Grijns parece concluyente, sin necesidad de otros. Donde se 
ha fijado la atención y esfuerzos de los experimentadores, es en hallar 
las variaciones de las corrientes permanentes de la retina á los cambios 
de iluminación: el éxito es consolador. 

En el globo del ojo de los animales vivos y en la mitad interior del 
bulbo y en la retina, aun separada del ojo mientras conserve su organi- 
zación, se asientan en modo perenne fuerzas electromotoras. Para con- 
vencerse de ello, únanse con un galvanómetro que mida milésimas de 
voltio, por medio de electrodos no polarizables, la córnea y el polo 
interno del ojo; al pronto habrá señales de corriente que en el circuito 
externo va de la córnea pasando por el galvanómetro hacia el polo. En 
la retina sale de la capa de los bastoncitos y entra por la nerviosa, de 
modo que atraviesa la retina en la dirección de la esclerótica al cuerpo 
vitreo. Llamólas corrientes estables ó permanentes su descubridor Du 
Bois Reymond (1849), pues continúan existiendo, tanto en ojos ilumi- 
nados como en los preservados de la luz. En este último caso el valor 
de la/, e. m. marca 0,01 7-0,056 voltios (Himstedt y Nagel, 1902). El pri- 
mero en observar que este valor variaba con la exposición del ojo á la 
luz, fué Holmgren (1865-1871); hízosepoco caso de tal observación hasta 
estos últimos años en que el estudio empírico ha descubierto relaciones 
nunca pensadas. 

¿Es la retina y no los nervios el órgano sensible á la luz? En la retina 
y no en los nervios se establecen las/, e. m. 

¿Impresiónase á la luz la retina? Ya se dará á conocer la impresión 
en la corriente, que en toda la serie animal de ojos semejantes seguirá 
idéntica marcha; apenas herida de la luz, sufre la retina una oscilación 
negativa en su corriente normal, que en seguida pasa á una oscilación 

positiva fuerte (0,001-0,0012 voltios; Gotch, 1903). Al -^ de segundo 

que la luz de la luna esté hiriendo el ojo, se nota variación en la 
corriente (Waller, 1900).— ¿Mientras dura la iluminación, dura la impre- 
sión retinal? También la/, e. /tz., aunque oscile, persevera mayor que la 
normal (Garten, 1908).— ¿La obscuridad suspende en la retina la acción 
de la luz? En seguida lo indicará la/, e. m. retinal, que si en un principio 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 207 

sube á modo de la extracorriente, al instante baja hasta recobrar el valor 
ordinario y propio del reposo (Garten, 1908).— ¿La luz verde es la que 
antes y más fuertemente excita la retina crepuscular? Pues también la 
luz verde hará reaccionar á la corriente retinal antes y más que otra luz 

2 

alguna. La reacción eléctrica con la luz verde tarda en manifestarse — de 
segundo, y el valor de la /. e. m. sube á 0,0005 voltios; con la luz roja 

o 25 

tarda -^ y la/, e. m. sube 0,0004; con luz violada tarda ^oo ^ ^^•^- ^- '"• 
sube 0,00024 voltios: las tres radiaciones pertenecen á un mismo espec- 
tro reticular, tomado de un arco voltaico de intensidad constante 
(Gotch, 1904) (1). 

Los límites de visibilidad del espectro coinciden con los de la excita- 
bilidad eléctrica; si las radiaciones ultravioladas hacen fluorecer la re- 
tina y los medios refringentes del ojo, en esa fluorecencia toman parte, á 
lo menos indirecta, las corrientes fotoeléctricas (Himstedt y Nagel, 1902). 
La desviación de la aguja en el galvanómetro, según unos (Dewar y 
M'Kendrick), sigue la ley logarítmica de la intensidad luminosa; según 
otros (Waller, 1905), por lo menos crece con intensidades medias más 
lentamente que la excitación luminosa; y según de Haas (1903), es aún 
más complicada que la expresada en la ley de Weber-Fechner la rela- 
ción que liga la intensidad luminosa con la desviación de la aguja gal- 
vanométrica. Finalmente, aun en los contrastes simultáneos y sucesivos 
tiene intervención la corriente fotoeléctrica. En los sucesivos, favore- 
ciendo el color complementario; la corriente originada por una radiación 
roja y luego á continuación por una verde, tiene en ésta un aumento 
debido al contraste (Ishihara, 1905). En los contrastes simultáneos influye 
porque la variación de la corriente eléctrica no se ciñe á la región de la 
retina herida por la luz directamente, sino que se extiende algo hacia 
los lados. 

¿Puede darse mayor unión entre la excitación luminosa y las corrien- 
tes retínales? Á juicio de Garten (2), no se puede con lo dicho determi- 
nar si el fenómeno fotoeléctrico es concomitante con la excitación ner- 
viosa ó si es uno de tantos producidos por la luz en la retina, ó si es la 
primera señal de una transformación química que fuera la inmediata y 
propia excitación de las células visivas; y añadimos, ó si es el eco de la 
transformación fisiológica que, irritada por la acción rítmica del sensi- 
ble propio luminoso, causa la especie impresa en la potencia. Sí, claman 
los hechos que el sujetivismo, al objetarnos que en la excitación eléc- 
trica se produce sin luz objetiva la visión de luz y colores; de donde ar- 



(1) Véase Tigerstedt, II, 251, sobre la impresionabilidad de la retina á las radiacio- 
nes y sus cambios con la adaptación, intensidad, etc. Aun no hay medidas exactas para 
ver estos cambios en las corrientes fotoeléctricas (Qarten, páginas 231-232). 

(2) Página 214. 



208 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

guye que el objeto para nada entra en la especificación de las sensacio- 
nes; desconoce, olvida ó encubre los hechos sabidos en la ciencia: la 
ciencia enseña que la excitación eléctrica es virtualmente luminosa. La 
ciencia está de parte de la filosofía tradicional y escolástica. 

V 

Segundo caso. Excitación eléctrica en la corteza visiva, ya en los 
ciegos de nacimiento, ya en quienes perdieron el órgano periférico de la 
vista después de los ocho años de ejercicio. 

Es de Wundt la distinción establecida, quien consigna el hecho de 
no conseguirse nada cuando la excitación cerebral en la llamada esfera 
ó corteza visiva se hace en ciego de nacimiento ó en quien perdió la 
vista para los cuatro ó cinco años de edad; por el contrario, en los ce- 
gados después de cumplir los ocho años, la excitación cerebral eléctrica 
trae visiones de colores muy vivos. Dígase otro tanto de la corteza 
acústica respecto de los sonidos (1). 

La explicación del hecho presupone varios asertos, ya de antiguo 
conocidos por la filosofía escolástica. 

1." El conocimiento del objeto presente, habido por los sentidos ex- 
ternos, engendra en la fantasía, y mediante el fantasma en el entendi- 
miento, las especies del mismo objeto corpóreo, v. gr., color, figura, ta- 
maño, posición en el espacio, etc.; con las cuales, aun en la ausencia de 
los objetos, la imaginación y el entendimiento se los representan cuales 
los percibió el sentido externo. Según esto, la diferencia sicológica 
entre los lóbulos ópticos, cuerpo cuadrigémino y cuerpo geniculado ex- 
terno por una parte, y por la otra la esfera ó corteza visiva, consistirá 
en que aquéllos son parte integrante del órgano externo y se impresio- 
nan directamente por el objeto; de ahí que la excitación eléctrica en los 
lóbulos, etc., puede causar visión. Por el contrario, la esfera ó corteza 
visiva es parte integrante del órgano y sentido interno (imaginación de 
luz y colores); de ahí que no se impresione directamente por el objeto, 
sino por el conocimiento previo del objeto; la excitación eléctrica de la 
corteza sólo dará reproducción ó imaginación de luz y colores antes 
percibidos. 

2." El órgano de la fantasía es múltiple, que por partes va adaptán- 
dose para la recepción de las especies sensibles y exhibición de sus 
propios actos. La experiencia clínica y anatómica con probabilidad 
asigna para el cerebro humano la zona occipital, sobre todo en la fisura 
calcarina, como el asiento (á lo menos ordinario) de la imaginación que 
se refiere á luz y colores. En el sentido empleado por los antiguos es- 
colásticos de enriquecerse de especies el órgano interno con el ejercicio 
de los externos, y no en sentido mecánico-evolutivo, deben interpre- 

(1) 1,363,501,502, nota. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 209 

tarse las frases de adaptación á las funciones, etc., que se leen en auto- 
res modernos. Con esto las teorías actuales, libres de exageradas y 
erróneas conclusiones, vienen á coincidir con las escolásticas. «Nuestras 
investigaciones, dice Cajal, sobre todo hacen muy verosímil la si- 
guiente proposición destinada á corregir la fórmula de Meynert: «Las 
» actividades específicas desarrolladas en cada lugar cortical dependen 
«tanto de la cualidad de las excitaciones sensoriales recibidas, como de 
»la peculiar estructura de la sustancia gris.» Semejantes particularida- 
des de textura representan verosímilmente un fenómeno secundario, 
una adaptación á la función, adaptación que condujo al perfecciona- 
miento de la función misma» (1). 

3." Las especies intencionales, con las cuales se conserva en la fan- 
tasía la excitación complementaria del objeto para representarse los 
sensibles antes percibidos en los sentidos externos, no consisten en la 
mera disposición y enlace de las arborizaciones finales de las fibras 
ópticas; porque los enlaces no son fuerzas, sino puntos de aplicación y 
de combinación de fuerzas: son verdaderas cualidades que sustituyen á 
la energía actuosa del objeto sensible; son fuerzas compenetrables que 
pueden coexistir juntas y en gran número en las mismas fibras ópticas- 

4." La excitación de las especies supone siempre alguna causa efi- 
ciente, aunque todavía no haya datos bastantes para describirla. Puede, 
en general, decirse que, además de las causas extrínsecas, Dios, el 
ángel bueno, 9I ángel malo; las especies imaginativas se excitan á veces 
por los actos del entendimiento y de la voluntad, á veces por otros 
actos de la imaginación ejercidos, ya en aquella parte del cerebro, ya en 
otra simpática, con la cual le unan las fibras de asociación; otras veces 
las sensaciones externas, los mismos actos vegetativos y fisiológicos de 
las fibras nerviosas, la contracción ó dilatación de los vasos sanguí- 
neos, la acción de los narcóticos, etc., etc., pueden excitar las especies 
imaginativas que se guardan en las zonas cerebrales. 

5.° El que las especies impresas duren y perseveren en el órgano 
interno cuando no perseveran en el externo, se deberá á la diferencia 
anatómica y fisiológica de los órganos periféricos y de los centrales; en 
los periféricos hay reacciones que destruyen la excitación del objeto, 
como lo patentizan las sensaciones sucesivas. La inversión del proceso 
fisiológico produce contraria especie impresa, 

6." El que las especies impresas perseveren, y no los actos de la sen- 
sación, se debe á que éstos son emanaciones vitales que primariamente 
arrancan del alma y cuya continuada cooperación exigen. Las especies, 
en cambio, son impresiones recibidas por la actividad del objeto exter- 
no, el cual es como el sello que imprime su imagen en el sentido. 



(1) Textura, II, 865. Merece citarse entre los escolásticos Lugo (De incarnatione, 
D. 21, s. 1, n. 11), por el acierto con que discurre sobre el desarrollo del cerebro. 



210 OBJETIVIDAD DE LA SENSACIÓN EXTERNA 

7." El que constantemente no le estén determinando deberá expli- 
carse por falta de un complemento y condición de parte del órgano 
para el acto vital de la sensación correspondiente. Aquí caben conjetu- 
ras. Los plexos enmarañados que las fibras nerviosas tejen en las corte- 
zas visual y acústica (1), principales fuentes de la imaginación, hacen 
sospechar que siendo divisibles entitativa, aunque no representativa- 
mente las especies fantásticas, se requerirá el concurso de muchas fibras 
para reproducir el acto, el cual resultará tanto más intenso cuantas más 
fibras cooperen, pudiendo ser tan exiguo el número de las dispuestas á 
combinar sus fuerzas, que no resulte virtud suficiente para determinarse 
la potencia y haberse la imagen vital. Posible es que esos sistemas de 
fuerzas dejen de combinarse ó entren en combinación con el cambio de 
las distancias mutuas de las fibrillas. 

Con estos prenotandos se entenderá ya la solución del hecho que en 
substancia era ya conocido, y de modo que en Santo Tomás se halla 
propuesto el caso y su explicación. 

Tratando el Doctor Angélico de probar la existencia del entendimiento 
agente, se objeta á sí mismo, según su método, y dice: «Proterea, tactus 
et visus sunt diversae potentiae. Contingit autem in caeco, «quod ex motu 
relicto in imaginatione a sensu tactus, commovetur imaginatio ad ima- 
ginandum aliquid quod pertinet ad sensum visus; et hoc ideo est quia 
visus et tactus radicantur in una essentia animae.» Á lo cual responde: 
«Ad secundum dicendum, quod ex speciebus receptis in imaginatione a 
sensu tactus, imaginatio non sufficeret formare formas ad visum perti- 
nentes, nisi praeexistereni formae per visum receptae, in thesauro memo- 
riae vel imaginationis reservatae. Non enim caecus natus colorem ima- 
ginari potest per quascumque alias species sensibiles.» (2). 

He aquí que Santo Tomás conocía el experimento con las mismas 
circunstancias que más concretadas ha hecho notar Wundt sobre los 
límites en las edades en que comenzó la ceguera. La explicación es, 
pues, obvia. La corriente eléctrica, conmoviendo las fibrillas de los cen- 
tros cerebrales, excita las especies intencionales de la vista que se con- 
servan en la esfera occipital visiva. Cuando Le Roy (1755) descargaba 
la botella Leyden en la cabeza del ciego, poniendo una de las armaduras 
en contacto de los ojos y la otra en contacto del occiput, no es de ex- 
trañar que el ciego, que no lo era de nacimiento, viese fantasmas, perso- 
nas aisladas, masas populares enfiladas, etc. 

Urbantschitchs(1907), después de fijar más ó menos la vista en cua- 
dros, imágenes, signos, cifras, palabras, etc., cerrados los ojos y exci- 
tada la imaginación con excitaciones fisiológicas, entre ellas la corriente 



(1) Parecida explicación da Tassy (Revue de Philosophie, t. 8, páginas 274-288) con 
exaltación, reformación y coincidencia de las corrientes nerviosas. 

(2) QQ. DD. De anima, a. 4. 



EN LAS IMPRESIONES ELÉCTRICAS 211 

eléctrica, ha observado que la imaginación reproduce, sin variarlo, el 
objeto antes visto: pocos segundos después ocurren variaciones, ya en 
la magnitud de los objetos, ya en apariencias de movimientos, ya en la 
claridad y colores. De alií que lo general sea no representarse ni perso- 
nas ni imágenes delineadas ni objetos determinados, sino simplemente 
colores vivísimos, ráfagas de luz, columnas de fuego, etc.; es decir, lo 
que, en contraposición á las imágenes perfectas, se denominan alucina- 
ciones elementales. La viveza del colorido no nos debe extrañar, porque 
deben excitarse simultáneamente muchísimas fibras y especies ópticas, 
razón que hace también el que no se representen figuras determinadas. 
El mismo Wundt se encarga de quitarnos el escrúpulo que nos pudiera 
quedar, advirtiéndonos que no siempre la sensación occipital es débil, 
antes en ocasiones alcanza intensidades equivalentes á las sensaciones 
externas (1). Caso hubo, observado por Esquirol, en que el paciente 
había padecido muchas alucinaciones visuales con tener todo el camino 
óptico aniquilado, desde los lóbulos ópticos del encéfalo medio y el 
cuerpo geniculado, hasta las ramificaciones que en la retina se des- 
parraman. 

Hemos concluido el análisis de las sensaciones excitadas con impre- 
siones eléctricas. De estos y otros semejantes hechos anómalos deducen 
IOS modernos sicofisiólogos la división de los excitantes sensoriales en 
adecuados é inadecuados. Adecuados son los llamados por la escuela 
sensibles propios, inadecuados, los que virtualmente contienen las ener- 
gías actuosas de varios sensibles propios. Entre los demás merece par- 
ticular mención la electricidad, á la cual pueden apropiarse las palabras 
de Santo Tomás: «Qualitates tangibiles sunt causae aliorum sensibilium, 
et ideo habent plus de virtute activa et possunt agere in quaecumque 
corpora. Sed alia sensibilia quae habent minus de virtute activa non 
possunt agere nisi in corpora valde passibilia» (2). 

José M. de Ibero. 



(1) 1,45. 

(2) En su comentario á los libros De anima, de Aristóteles, al fin del libro se- 
gundo. Advertimos que debemos corregir las erratas de imprenta siguientes: artículo 
primero (t. XXV, pág. 191) dice: curva interminable, en vez de ondulante.— Pocas lineas 
después, dice: existe mecánicamente, en vez de excita mecánicamente.— En el artículo 
segundo (t. XXVI, pág. 41, nota) se lee:,á producir reunidos, en vez de á producir ruidos. 



PPBE80S ÜBCIH HDELHNTE Y HHGIH HTBHS 



(1) 



II 

El Sr. Roig y Negre, en su carta inserta al frente de nuestro artículo 
anterior, tuvo una ocurrencia que nos ha sido materia de reflexión no 
estéril. «¿Vamos á limitarnos, decía, á ser (los españoles) una especie de 
museo de instituciones momias... (adonde los extranjeros)... vengan á 
admirarse con nuestro ejemplo, de la manera frugal y mísera como 
vivieron sus abuelos en tiempos pasados?» Eso de misera lo veremos des- 
pués; pero reflexionando sobre esta idea, se nos ocurría: ¿Será por ven- 
tura destino de los norteamericanos, ser para nosotros museo de institu- 
ciones futuras 6 posibles—aúonáe vayamos á espantarnos, con su ejem- 
plo, de la manera dos veces misérrima, como habrán de vivir nuestros 
descendientes, si no rectificamos las direcciones de nuestra presente 
vida? 

Y discurriendo más sobre este asunto, y enlazándolo con aquella otra 
frase de un autor inglés, alegado por Conwell: «Que diez años en Amé- 
rica representan medio siglo del progreso europeo», cruzó por nuestra 
mente un súbito resplandor que nos hizo salir clamando ¡Heureka!... Y 
¡fortuna que no estábamos en el baño! 

¡Sí, querido Sr. Roig! ¡Sí, lector suave! ¡Heureka! ¡He aquí descu- 
bierto el Cronódromo, soñado por Wells en una hora de inspiración 
febril ó de imaginativa fiebre. Ya poseemos el medio de navegar por los 
siglos, si no con tanta rapidez y amplitud como los héroes de las novelas 
de Wells y Clendábims, por lo menos en una considerable extensión, y 
en cambio, con la ventaja de poder admitir en nuestro Cronódromo un 
número indefinido de pasajeros! 

Me explicaré, si no se me ha comprendido todavía. ¿No llevan los Esta- 
dos Unidos, según nos dicen, un andar de medio siglo por decenio euro- 
peo? Luego, aun no contando esa aceleración sino desde mediados del 
siglo XIX, llevarán ya tres siglos de ventaja á las naciones más progre- 
sivas de Europa. Pero hay más; la velocidad media de la cultura, podrá 
á lo más computarse en España en una mitad de la que lleva en esas 
otras naciones europeas, cuyo adelantamiento nunca acaban de ponde- 
rar los que á todas horas nos estimulan á europeizarnos. Por donde, si 
los Estados Unidos adelantan tres siglos en el cronómetro de Europa, 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXVI, pág. 59. 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 213 

bien podemos asentar que adelantarán por lo menos seis, en el viejo 
reloj de nuestro hermoso sol de España; y á esta cuenta, cuando aquí 
lleguemos á lo que es en Francia, en Alemania, en Inglaterra el siglo XX 
(esto es, cuando nuestros trenes alcancen la velocidad que allí gastan en 
el citado siglo), ya los Estados Unidos estarán en el XXVI. Fuera de que 
hay muchas provincias en nuestra patria, que, cual el fabuloso Marqués 
de Villena, se enfrascaron en la redoma de los tiempos pasados, y siguen 
cristalizadas ó momificadas en el ser alcanzado en anteriores siglos; de 
suerte que, si las designamos por sus característicos medios de alum- 
brado, podemos hallar en España, en diferentes pueblos, la edad de la 
tea, del aceite, del petróleo, del gas y de las bombillas eléctricas rudi- 
mentarias con fluido intermitente y luz rojiza, que aventaja muy poco á 
la iluminación de las edades del candil ó del quinqué ó de la bujía es- 
teárica. 

Esto supuesto, para examinar los siglos hacia adelante y hacia atrás, 
no tenemos sino recorrer las mencionadas naciones y provincias, dándo- 
nos el gusto de ir á ver en los Estados Unidos lo que serán, si no se 
enmiendan, nuestros descendientes del siglo XXVI, y volviendo luego á 
los siglos pasados, desde la edad del candil hasta la del acetileno, para 
espantar á sus desalumbrados moradores con aquel tremendo sermón 
que quiso predicar el P. Zacarías á sus coetáneos del siglo XX. 

Lancémonos en nuestro Cronódromo al través de los siglos progre- 
sivos—ó traduciendo la expresión al lenguaje vulgar,— dirijámonos á los 
Estados Unidos y veamos en qué han de parar nuestras modernas ilusio- 
nes pro^^res/síos. Si encontráremos allí mayor felicidad de la que en esta 
edad presente gozamos en España, apresurémonos á acelerar la rueda 
del tiempo, anticipándole los secretos del porvenir. Mas si, por el con- 
trario, descubriéremos, como el P. Zacarías, una humanidad más corrom- 
pida y degenerada, y por ende más infeliz que la de los tiempos en que 
nacimos, vuelta al Cronódromo y marcha hacia atrás; no sólo para traer 
á nuestros coetáneos, con el fin de corregirlos, algún Weeroud de mons- 
truosa figura, y fotografías de una tierra, hecha teatro de escenas de 
caníbales (1), sino para embarcar en el Cronódromo, ejemplares de hom- 



(1) Como aludimos á la segunda parte de la novela de Clendábims, y ni suponemos 
que todos nuestros lectores la conozcan, ni pretendemos obligarlos á que la lean, resu- 
miremos su argumento. Á diferencia de Wells, que con su negro determinismo juzga 
que el destino definitivo de los hombres será devorarse los unos á los otros, reduci- 
dos á Elois y Morlocks, refiere Clendábims de qué manera el P. Zacarías, hermano y 
compañero de Bryán, inventor del Cronódromo, emprende la redención de aquellas 
dos humanidades diferenciadas, por medio de la caridad cristiana. Gracias á una serie 
de lances que le llevan á descubrir en los morlocks el sentimiento del amor de familia, 
y á producir en los elois el temor, que los saque de su inconsciencia y descuido gre- 
gario, logra su reconciliación y fusión. Y obtenido este resultado, que da origen á la 
nueva humanidad mor-eloi, de nuevo iluminada con la luz del Cristianismo, vuelve al 



214 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

bres de su pasado (que es nuestro presente), y mostrarlos á los Elois y 
Morlocks del capital y del trabajo, recordándoles que su raza tuvo, en 
los siglos arcaicos de la moralidad, una existencia más feliz y conforme 
con su naturaleza, que aquélla adonde los refinamientos de una cultura 
divorciada de Dios y de sus leyes pudieron llevarlos. 

I 

LA MARCHA DEL CANGREJO 

Si, como dicen (y yo confieso no haberlo observado nunca), los can- 
grejos andan hacia atrás; debe acontecer en el mundo cangrejil que, los 
que más velozmente se mueven, irán siempre á la zaga de los más len- 
tos; con una especie de gana-pierde en la carrera, donde los que más 
camiaan son los que menos adelantan, y los más cachazudos los que 
menos atrás se quedan. 

Si el Cronódromo de Wells no hubiera llevado una marcha tan verti- 
ginosa, sin duda hubieran sufrido sus pasajeros la ilusión de que se 
movían hacia atrás, cuando en realidad devoraban el espacio de los 
futuros siglos; pues, en lugar de encontrarse con seres cada vez más 
perfectos, hubieran advertido, que los que desfilaban á su vista eran 
á cada jornada más rudimentarios, hasta venir á parar en lindos muñe- 
cos y horripilantes trogloditas. 

Algo así nos sucedió á nosotros en la primera expedición empren- 
dida con nuestro Cronódromo bibliográfico; el cual á la primera jornada 
nos condujo (según que al pronto nos pareció) á una pradera de verde 
intenso, en la que crecían dos lirios de tierno tallo y anchas flores de oro; 
pero mirándolo mejor, vimos que no era prado, sino verde cubierta de 
un libro; y en abriéndola nos encontramos con un personaje de mediana 
edad, sin más pelo en la cara que un poblado bigote, y de cuya talla y 
traje no podemos dar más pormenores... porque sólo era un retrato de 
busto, al pie del cual se veía esta leyenda: /osep/z Alfred Conwell. 

Saludándole con la más exquisita urbanidad española, é interrogán- 
dole sobre la era cultural y el país en que nos hallábamos, nos dijo: 



Cronódromo para regresar á nuestra edad y descubrir á la sociedad que se desquicia, 
el paradero que le destinan sus desórdenes. No llega á predicar su nuevo Apocalipsis; 
pero lo suple haciendo publicar la relación en que consiste la novela.— Esta segunda 
parte es literariamente más floja que la primera. El autor supone facilidades totalmente 

inverosímiles en la fusión de las dos razas, y llega hasta olvidarse de que los morlocics 
no sufren la luz diurna, haciéndolos trabajar al sol en las nuevas mieses. Si la evange- 

lización fuera tan fácil, sin duda no tendría el autor necesidad de insistir tanto como 
1 o hace, en reprender la incuria de los que debían tomarla á su cargo. Pictoribus atque 
poetis quidlibet audendi semper fuit aequa potestas. Por lo demás, Clendábims mues- 
tra conocimientos científicos que le hacen acreedor al título áe Julio Verne del porve- 
nir, mejor que á Benson, á quien algunos han dado este inmerecido renombre. 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 



215 



-- We are entering upon an era of the world history, surpassing 
beyond comparison any past age!— Que en nuestro romance castellano 
quiere decir: «¡Estamos entrando en una era de la historia del mundo, que 
sobrepuja incomparablemente á todas las edades pasadas!»— Y como 
arrebatado de súbita inspiración, cantó: 

« We are living, we are dwelling 
In a grand and awfut time; 
In an age on ages telling 
To be living is sublime!» 

En substancia: «Vivimos y habitamos en un tiempo grande y tremen- 
do; ¡vivir en una edad que da testimonio contra las edades, es cosa 
sublime!» 

Para no fatigar á nuestros lectores que no entiendan la lengua de 
Milton, no transcribiremos en adelante las palabras inglesas, sino limi- 
tarémonos á dar su versión. 

— «Nunca— prosiguió nuestro guía— embebió el pueblo tan rápida- 
mente, ni se abrió con tal confianza á las nuevas ideas é invenciones. 
El genio y el talento no viven ya como antaño desconocidos. Siempre 
hay un mercado que está aguardando los productos de los mejor dota- 
dos cerebros ó de las más hábiles manos.» Y por este tenor continuó 
haciéndonos una descripción brillantísima de aquella Jauja de lo porve- 
nir, con sus «invenciones mecánicas de efectos revolucionarios», con sus 
innumerables aplicaciones de la electricidad, sus imitaciones artificiales 
de todos los sabores, desde la fresa y el melocotón hasta la sacarina, 
cien veces más dulce que el azúcar que usábamos en la edad del petró- 
leo. Y terminó su relación con este párrafo: «No diríais sino que la 
Natura ha quedado presa de un encanto, y se ofrece como en sacrifi- 
cio para utilidad del hombre, obedeciendo á sus mandatos con mágico 
poder y cada vez mayores facultades» (págs. 292-4). 

Siguiendo el hábito contraído en nuestra edad del gas del alumbrado, 
había yo sacado la petaca, y hecho ademán de ofrecer á mi interlocutor 
un cigarro; pero mi mano quedó suspensa en el camino, pensando que 
ya en aquella nueva era se habrían inventado otros entretenimientos 
más limpios y mejor olientes. Con todo, el bondadoso Mr. Conw^ell, salió 
al encuentro de mi atascado ofrecimiento, y encendiendo el cigarro me 
alargó á su vez la pulida lamparilla automática, que había reemplazado 
allí á nuestras detestables cajas de fósforos. 

—Conque— dije yo entre dos enérgicas chupadas, dirigidas á estable- 
cer la corriente de aire á través del tabaco prensado— ¿todavía conservan 
ustedes la afición á la nicotina, ni más ni menos que en nuestra atrasada 
España? 

—Hombre, sí— contestó,— es éste uno de los hábitos que van pasando 
de una á otra edad, sin darse por enterados del progreso que en todo lo 
demás se manifiesta. 



216 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

— ¿Será, por ventura— repliqué,— porque la Ciencia habrá descubierto 
entre ustedes, que el tabaco posee particulares cualidades higiénicas, 
verbigracia, antisépticas? 

-jCa, no señor! ¡Todo lo contrario! ¡No tiene usted sino leer lo que 
tengo escrito en mi libro Manhood's Morning, y verá usted allí horrores 
sobre los efectos tóxicos del fumar, no sólo en el individuo fumador, 
sino en toda su descendencia! 

—Y á pesar de eso, ¿ . . . ? 

— ¡Á pesar de todos los pesares! ^Legiones de yankees fuman, legio- 
nes de ellos mascan tabaco, y legiones lo usan de una y otra manera. 
Tobacco is the Youths-bane of modern civilización. (El tabaco es la 
ruina— la muerte,— el asesino de la juventud, en la civilización moderna.) 
El presupuesto del tabaco asciende en los Estados Unidos á la suma de 
más de 750 millones de dollars anuales. En sólo el año de 1900 (según 
el Report of the Commissioner of ínter nal Revenue) se destinaron para el 
uso doméstico 3.258.716.305 cigarrillos y 6.176.596.421 cigarros. Además, 
101.548.467 de libras de tabaco para fumar y 185.353.41 1 libras para mas- 
car. Lo cual, atendido el tiempo que se emplea en cada cigarro, necesi- 
taría 1.503.000 hombres que fumaran diez horas diarias durante todo el 
año, y otros dos millones y medio que masticaran diariamente igual 
número de horas; ó sea, un trabajo de diez horas diarias para 4.303.000 
hombres. 

—Pues en nuestra era no me parece se fumara tanto; pues en España 
se calculaba hacia 1900 á razón de 1,11 kilogramos de tabaco por cabeza, 
mientras, según los datos de usted, corresponden por individuo á más de 
tres kilogramos (2,43 kilogramos según Herder). Si, pues, no van erra- 
dos los juicios de sus higienistas de ustedes sobre el efecto devastador 
del tabaco, del cual dicen que cierra la inteligencia, irrita los nervios, 
estorba el crecimiento del cuerpo y adormece el sentido moral; no creo 
se pueda alegar ese aumento en el consumo del tabaco como uno de los 
tan encomiados progresos de su nueva era. Pero dígame por su vida: 
¿No han observado ustedes, tan aficionados á la estadística, si hay 
alguna relación entre ese extraordinario fumar y el uso de las bebidas 
alcohólicas? 

— Si hay ó no relación de causalidad, no es tan fácil demostrarlo; 
pero que la hay en la cantidad es absolutamente innegable. El liquor 
bilí de la nación ha llegado á subir hasta más de un billón de dollars, ó 
sea cinco mil millones de francos. 

—¡Hombre! ¡qué casualidad! 

—¿Qué es lo que le parece á usted casual? 

— ¡Que pagan ustedes anualmente al dios Baco, la misma con- 
tribución de guerra que por una sola vez pagó Francia á los pru- 
sianos! 

—Nada tiene de extraño; porque si los prusianos Vencieron á los fran- 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 217 

Ceses una sola vez, el dios Baco nos vence en esta era á diario. Oiga 
usted algunos hechos: 

«En una ciudad de 32.000 habitantes se observó que, en una sola 
hora, entraban 600 jóvenes en cinco de sus principales saloons; pero los 
saloons que hay en ella son 135. En una populosa ciudad occidental se 
vieron entrar en un saloon, durante una noche, 478 personas; en otra 236 
jóvenes entraron en un saloon en sólo una hora. En una población del 
Este, que tiene 130.000 habitantes, se calculó que, en una tarde, entraban 
en sus cien saloons 5.000 jóvenes. En San Francisco, durante un domingo 
y su noche, acudieron á los saloons y otros centros de perdición 15.933 
jóvenes, y la tarde del domingo anterior sólo 1 .892 jóvenes habían entrado 
en las iglesias de la ciudad. En otra ciudad de 30.000 habitantes donde 
hay 150 saloons, entraron en siete de ellos un sábado por la noche 1.045 
jóvenes y sólo 75 acudieron á las iglesias á la mañana siguiente.» 

—Está claro que el dios Baco es el numen que cuenta aquí con más 
adoradores; y así no es extraño que les cobre dicha contribución. Pero 
¿cuál era la relación cuantitativa que hallaba usted entre este vicio y el 
del tabaco? 

—Que «en licores y tabaco se gasta anualmente cerca de dos billones 
de dollars. Ambos factores constituyen el más gigantesco é influyente 
sistema de empresas industriales que sostiene la nación*. 

—Sentiría ofender á usted con preguntas indiscretas; pero hay otro 
género de vicios que suelen andar más unidos con la bebida que ésta 
con el tabaco. ¿Han logrado ustedes romper, ó por lo menos aflojar, esa 
funesta relación? 

— By no means! Entre nosotros «The vice of self-pollution is an 
existing curse... Physicians of large practice can be found almost eve- 
rywhere ready to testify that the habit is well nigh universal (pági- 
na 127) (1). 

—De manera que los remedios de Stall y compañía, con su doble 
serie de libros á cuatro chelines y medio, para uno y otro sexo, ¿no han 
producido en esto sensible remedio? 

— «The average boy of twelve is ruined!» (De ordinario á los doce 
años los niños están perdidos) (pág. 153). 

—Allá en nuestros países atrasados, se ha observado que esto no 
acontece por lo común sino en los adolescentes de las ciudades. Pero en 
los campos, donde la vida es más frugal, se halla generalmente mayor 
pureza de costumbres. ¿No se observa aquí lo propio? 

—«De uno á otro extremo de nuestro país, entre los altos y los bajos, 
los cultos y los ignorantes, los ricos y los pobres, los distinguidos y los 
obscuros, dondequiera abundan los jóvenes, se hallan pruebas inequí- 



(1) «Vitium poUutíonis existit ut vera pernicies... Fere ubilibet posunt inveniri 
medici magnae experientiae, parati testarl hoc vitium esse prope universale.» 



218 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

vocas de una degeneración moral, deplorable en extremo. Nunca, en la 
historia de nuestra nación, el vicio y la inmoralidad habían estado tan 
poderosa y sistemáticamente organizados como lo están actualmente» 
(pág. 109). 

— ¿De modo que siguen todavía aquellas abominables prácticas que 
ya en nuestra era se denunciaban, de la trata... de blancas y de todos 
los colores? 

—Siguen peor que nunca (ó sea: ¡que en ninguna parte!). Mrs. Dora 
Webb, en un reciente discurso público ha dicho: «Que sólo las jóvenes 
inmigrantes que llegan á Nueva York, suministran anualmente 20.000 
víctimas, robadas, atraídas con engaños, vendidas y compradas como 
esclavas por dinero contante, en el mercado de la lujuria.» Y esto que 
es verdadero acerca de Nueva York, no lo es menos para toda nuestra 
nación. Mrs. Charlton Edholm, de Chicago, decía en un reciente discurso 
en Baltimore: «Yo puedo asegurar aquí, en la presencia de Dios, que 
de 230.000 jóvenes perdidas en este país, las tres cuartas partes han 
sido atraídas con falsos cebos, sorprendidas, vendidas y compradas.» 
Mr. J. B. Welty, concienzudo investigador, afirma: «Para satisfacer la 
demanda de las impuras pasiones de los hombres, cada día del año cien 
familias han de sacrificar á razón de una hija cada una. jQué destrucción 
de hogares! ¡Qué pecado y vergüenza, y miseria, y remordimiento, y 
crueldad, y asesinato, y muerte y condenación no significa esto! ¡Oh, qué 
horda de bestias humanas (Wath a horde of human brutes) está pronta á 
humillar y desgraciar el hogar americano!» (pág. 130). 

— Pero entre ustedes hay la esperanza de que estos males irán des- 
apareciendo con la instrucción, pues el analfabetismo de nuestra edad 
del candil debe haber desaparecido de estos países cultísimos! 

— «La ignorancia es demasiado ordinaria entre nuestros jóvenes. 
Entiendo por ignorancia la falta de aquella clase de conocimientos esen- 
ciales para que el hombre alcance sus más elevadas aptitudes. La juven- 
tud de nuestros días carece cabalmente de ese género de sabiduría. El 
error de legiones de jóvenes está en consumir sus facultades intelec- 
tuales en asuntos insípidos, incapaces de elevarlos. Los periódicos que 
presentan noticias sensacionales, relaciones de luchas y apuestas, episo- 
dios policíacos, caídas de la virtud y el honor, y deportes de ínfima estofa, 
y los que llenan sus páginas de pinturas sugestivas, de argot y bromas 
de mal género, constituyen la clase de los más populares. Los títulos 
pornográficos de los libros que se venden en los quioscos á cinco y diez 
centavos, manifiestan la demanda popular de horruras literarias» (pá- 
gina, 134). 

«Los más de los jóvenes han contraído el apetito de los detalles 
morbosos y las ilustraciones incitantes, y no leen sino lo que les enciende 
la sangre y despierta sus prejuicios y pasiones. Los conocimientos que 
añaden valor al carácter y alegría á la vida... les causan fastidio... En las 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 219 

conferencias y entretenimientos literarios, suelen brillar los jóvenes por 
su ausencia» (pág. 135) 

Mientras mi bondadoso mentor se explicaba de esta suerte, pensaba 
yo, para mi coleto: ¡Qué lástima no poderme plantar de un salto de mi 
Cronódromo en el gabinete de ciertos adalides de la cultura alfabética 
de nuestra era, para traerlos aquí por el pescuezo, á que oyeran estas 
lamentaciones de Mr. Conwell! 

—Junto á la forma de esclavitud que, en una sociedad ian progresiva 
como la nuestra, representa la monstruosidad de la prostitución -prosi- 
guió hablando mi guía,- hay que poner la no menos deplorable del 
enorme número de los detenidos en las prisiones por varios delitos. Con- 
forme á su último censo, había en ellas 82.329 presos, más de la mitad 
de ellos jóvenes. De los 7.386 acusados por asesinato, 393 eran muje- 
res, y más de la mitad jóvenes. En estos años últimos, el número de los 
asesinos se ha quintuplicado. El aludido censo enumera 14.846 niños 
encerrados en diferentes establecimientos correccionales. Fuera de esto, 
los asilos para locos contenían en la misma fecha 97.535 pupilos; las 
casas de mendicidad, 73.Ü45, y las cárceles de condado (provisiona- 
les), 19.535 detenidos. Casi todos los establecimientos para personas 
defectuosas que existen en este país se hallan ocupados de bote en 
bote. El Dr. J. W. Clokey, de Indiana, piensa quedarse corto afirmando 
que hay en los Estados Unidos 150.000 convictos en los presidios, cár- 
celes y casas de refugio y corrección. Y otra buena autoridad asegura 
que sólo un quinto de los criminales en activo están en las cárceles á un 
mismo tiempo. Lo cual da una población criminal, que Mr. Moody cal- 
cula en 750.000 personas (pág. 138). 

—Y diga usted— proseguí inquiriendo:— ¿en qué etapa de su des- 
arrollo está entre ustedes la famosa cuestión feminista? Pues un autor 
moderno es de opinión, que el camino del progreso en que andamos 
metidos ha de conducir á un feminismo enteramente insufrible: esto es, 
auna sociedad donde, trocados los polos, en vez del dominio de los 
varones y el problema feminista, exista el dominio de las hembras con 
el consiguiente problema masculista. 

— Entre nosotros — dijo M. Conwell, — las mujeres lo están inva- 
diendo todo en términos que, si no han alcanzado aún ese predominio á 
que aludís, el problema masculino está, sin embargo, planteado y en un 
período agudo. 

—¿De manera que, como decíamos en la era del candil, las mujeres 
se han puesto aquí los pantalones? 

— Tanto como pantalones, todavía no, aunque sí chaquetas y som- 
breros totalmente hombrunos; pero no es eso lo peor, sino que, como 
os iba á decir, hacen una competencia ruinosa al otro sexo en casi todas 
las esferas de la vida. «Durante estos últimos años un verdadero enjam4 
bre de mujeres se ha metido en todos los distrilos de la actividad 



220 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

humana, viniendo á constituir la mejor mitad, no sólo en casa, sino en 
el almacén, en la factoría, en el contador y aun en la tribuna y la 
prensa... El trabajo de las mujeres es barato y bueno...; pero su introduc- 
ción comunica una fase triste y desalentada á la pereza de los jóvenes." 

— ¿Podría usted facilitarme algunos datos sobre este movimiento? 

— Con mucho gusto. «La enseñanza, verbigracia, está aquí pasando 
aceleradamente á manos de las mujeres.» 

—Pero ¡eso será la enseñanza de párvulos, ó, cuando mucho, la ele- 
mental! 

— ¡Nada de eso! Lo mismo invaden las mujeres las escuelas prima- 
rias, que las cátedras de Medicina y Jurisprudencia de las universidades. 
«Hay en nuestra nación unos 450.000 maestros, y casi los dos tercios de 
ese número son mujeres (¡300.000!). En Rhode Island, Massachussets y 
New Jersey, el 90 por 100 de los maestros son femeninos; en New York, 
el 85 por 100. En las escuelas seccionales de Philadelphia hay 3.375 maes- 
tras y sólo 216 maestros; y en New York City hay 19.013 maestras y 
sólo 1.411 maestros. Al paso que vamos, y si no se produce alguna 
reacción (¡también por aquí se dan todavía esos monstruos!), los maes- 
tros vendrán á ser un monumento histórico» (pág. 167), 

— Y ¿no se teme que esa preponderancia de las mujeres en el profe- 
sorado superior llegue á afeminar toda la enseñanza y á sus alumnos? 

— La invasión feminista no nos da lugar para pensar en ello. «Se 
calcula que hay en New York City 40.000 estenógrafos y mecanógrafos 
(escribientes á máquina) , y la inmensa mayoría son mujeres, y seme- 
jante proporción existe en todo el país. Desde 1880 á 1890 el número de 
músicos femeninos y maestras de música ascendió de 5.753 á 34,519; el 
de artistas y maestras de artes, desde 412 á 10.810; el de actrices, 
de 692 á 3.949; el de tenedoras de libros, escribientes y copistas, 
desde 8.01 1 hasta 92.825; el de periodistas hembras, desde 35 á 888; el 
de médicas, de 527 á 4.555; el de abogadas, de 5 á 208, y el de sacerdo- 
tisas, de 67 á 1.235 (págs. 167-8), 

— ¡Dios nos asista! Conque ¿hasta sacerdotisas? ¿Y con licencias para 
confesar? 

—¡Oh, no! Eso de confesarse sólo lo gastan los católicos, los cuales 
siguen aferrados á la máxima paulina de que las mujeres callen en la 
iglesia! 

— Pues mire usted, dicho entre nosotros; ¡esa máxima no se ha 
podido poner aún en todo su vigor en algunas iglesias de España! Pero 
entonces, ¿qué remedio creen ustedes que los librará de esa invasión 
femenina? Ó en otros términos, ¿cómo anda aquí el problema mascu- 
lino? 

— Yo no acierto á hallar otra solución sino la que tengo dada en un 
libro mío: ¡que los jóvenes se rediman de su apurada situación casán- 
dose con sus rivales! 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 221 

—No sé si este remedio tendrá grande eficacia. En España hemos 
experimentado que los más de los hombres que se casan con maestras 
de escuela, y sobre todo con literatas, suelen quedar reducidos á una 
doméstica y social nulidad, que hace sospechar si cojeaban ya de ese 
pie antes de su matrimonio. En todo caso, si las bellas rivales admiten 
al marido, perseverando en el desempeño de sus cargos y oficios, es de 
temer que el feminismo llegará á su período álgido, y que los maridos 
quedarán en la desairada situación de ¡zánganos de colmena! Pero dí- 
game usted: ¿cómo anda entre ustedes el matrimonio? Pues acaso por 
este hilo se sacará el ovillo de la compostura del hyperfeminismo, 

— O my dear!--á\\o Conwell, exhalando un suspiro.— Un famoso es- 
critor ha dicho que América está abocada á una era en que las mujeres 
no se casarán, porque los jóvenes no ganan lo bastante para mantener- 
las, y, por otra parte, reina entre ellos tal disolución, que las mujeres van 
prefiriendo encaminarse á un almacén, aunque no ganen casi nada, que 
arriesgar su porvenir en los lazos del himeneo... La joven moderna no se 
dispone, como la de antaño, para casarse, sino más bien se educa para 
poder vivir con independencia ganando su propio sustento... En nuestra 
nación hay más de tres millones de solterones irreductibles y un número 
correspondiente de solteras incasables (págs. 211-12). 

—Resumiendo, pues, los datos que me ha facilitado usted, ¿qué 
cifras podrán dar una impresión de conjunto tocante á esas goteras que 
los varios vicios abren en el bolsillo nacional? 

— Elliquor bilí monta mil doscientos millones de dollars, y el uso del 
tabaco cuesta cerca de otros ochocientos millones. La lujuria, vendible 
en formas organizadas, sube más de otro tanto. De suerte, que no nos 
equivocaremos en mucho fijando los malos gastos del pueblo americano 
en ¡tres billones anuales de dollars (quince mil millones de francos)! 

— Siendo, pues, de cien billones el capital social de la nación, pagan 
ustedes á Baco y á Venus y á Kapnos (deidad nuevamente introducida 
en el pagano Olimpo) el tres por ciento de sus haberes. 

—Ya comprende usted que esa cantidad se queda en casa. Digo que 
lo que unos lo pierden otros lo ganan, 

—¡Naturalmente; pues de lo contrario, si hubieran de pagar esa renta 
al extranjero no les quedaría á ustedes para mondadientes! 

— ¡Á pesar de todo — añadió Conwell, irguiendo la cabeza y atusán- 
dose el recio mostacho, —jorec/so es convenir en que nuestra nación es 
the model republic and the greai evangelizer of the World! (pág. 301). 

—¡It is self-evident, y se saca como una seda de los datos que acaba 
usted de darme! Conque perdone usted, my dear sir, que se me hace 
tarde. De aquí á la edad del aceite hay una tiradita, y no se me cuece el 
pan hasta llevar á sus atrasados moradores la noticia de tan estupendas 
novedades. 

Y con esto volví al Cronódromo, y la pradera verde obscuro con los 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 15 



222 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

lirios dorados se hundió en los tiempos por venir...; digo, ¡en los estantes 
de mi librería! 

II 

RETROCESO HACIA ADELANTE 

¡Este picaro movimiento relativo es malo de entender! ¡No sin causa 
se pasó la Humanidad tantísimos siglos creyendo que descansaba tran- 
quilamente en un planeta asentado en el centro del universo; hasta que 
entre Copérnico y Galileo vinieron á sacudirla de su embebecimiento y 
hacerle entender que nadie está quieto aquí, sino que todos andamos 
danzando con diferentes direcciones y velocidades! El astro A se mueve 
en sentido distinto que el astro B. ¿Cuál de los dos adelanta y cuál 
retrocede? ¡Vaya usted á definirlo, sobre todo si se da voz y voto á los 
astros interesados! ¡Pues cualquiera concede, en los tiempos que alcan- 
zamos, que adelanta hacia atrás! 

Sin embargo, es indudable que se ha adelantado hacia atrás en el 
mundo en muchas cosas, en las cuales el retroceder sería el único reme- 
dio para volver á andar hacia adelante. 

En el arte se nos ofrecen mil ejemplos evidentísimos. ¿No sería para 
nuestros pintores un adelanto enorme retroceder hasta Murillo y Veláz- 
quez? ¿No sería adelanto sumo de nuestro teatro retroceder hasta Lope 
y Calderón? Y la novela ¿no alcanzaría un gran progreso si retrocediese 
hasta emparejar de nuevo con Cervantes? ¡Pues nada digamos del len- 
guaje, si adelantaría retrocediendo á los Luises de León y de Granada! 

Estos ejemplos clarísimos deberían bastar para hacer entrar en sí á 
los que se precipitan desalentados por los caminos que llaman del pro- 
greso, sin darse en el fondo cuenta de si corren hacia adelante ó hacia 
atrás. 

Claro está que hay ciertos órdenes de la vida en que generalmente 
puede afirmarse que se adelanta siempre. Tal es, v. gr,, el distrito de 
los procedimientos técnicos, en los cuales, exceptuadas ciertas catás- 
trofes históricas que han hecho olvidar los secretos de las antiguas 
industrias, como siempre está en nuestra mano valemos de los procedi- 
mientos antiguos, no preferimos generalmente los nuevos sino por ofre- 
cer mayores ventajas, por lo menos en su propio terreno industrial. 
Asi, V. gr., el alumbrado, que hemos tomado, chanceándonos, para 
designar las épocas, se ha ido, sin duda, perfeccionando siempre en 
comodidad y facilidades. Pero este continuo progreso que se descubre 
en el orden técnico ó industrial, está muy lejos de ser constante en otros 
órdenes de la vida, más directamente conexos con el perfeccionamiento 
propiamente humano. 

Ya lo hemos hecho ver en las artes, las cuales, más que de los recur- 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 223 

SOS técnicos, dependen del valer y mérito de los artistas. Lo mismo se 
observa en las ciencias racionales. Por más que las ciencias experimen- 
tales progresan sensiblemente, pues siempre se van acumulando nuevas 
experiencias que vienen á aumentar el tesoro de las antiguas; en la parte 
racional de ellas y en las otras ciencias que se hallan más remotas de 
la mera experimentación, lejos de notarse un indefinido progreso, se 
advierten, como en las artes, oscilaciones hacia adelante y hacia atrás. 

Por más que la Filosofía saque también partido de los nuevos cono- 
cimientos adquiridos en el campo experimental, no es posible descono- 
cer que, en nuestros días, no hay filósofos de la talla de Aristóteles y 
Platón, ni siquiera de la de Descartes y Kant ó de nuestro Balmes. 
Como, aunque hay ahora hombres de pasmosa erudición y conocimiento 
de la Antigüedad, no por eso se encuentran en las modernas universida- 
des europeas humanistas ni filólogos de la envergadura de algunos que 
florecieron en los tres siglos anteriores. De suerte que, así en lo que 
mira á la Filosofía y á las Humanidades, como generalmente en lo que 
toca á la educación, bien podemos afirmar, aunque le cueste á nuestro 
amor propio, que no hemos nacido en una época de prosperidad y pro- 
gresivo adelanto, sino más bien en tiempo de decadencia y retroceso 
■lamentables. 

Todavía más sensiblemente que en las artes y en las ciencias se ve esto 
en las costumbres y en la fibra moral, que constituye el absoluto valor 
intrínseco del hombre. ¿Quién se atreverá á decir que en nuestra época 
abundan, más que en otras pasadas, los grandes caracteres, los hombres 
llenos de energía moral, de elevación de miras, de constancia en el cum- 
plimiento del deber, de espíritu desinteresado y benéfico, de abnegación 
y prontitud para el sacrificio por todas las grandes causas: por sus 
creencias, por su patria, por la verdad y la virtud? 

Los mismos españoles, que, con ocasión del centenario de la guerra 
de nuestra Independencia, tanto hemos blasonado del heroísmo con que 
nuestros mayores detuvieron hace un siglo á los ejércitos de Napoleón, 
y no con victorias, sino con su inquebrantable constancia en sufrir las 
derrotas, supieron rendir á quien nadie había vencido todavía en campal 
batalla, ¡cuánto no hemos descaecido de aquella tenacidad férrea con 
que nuestros abuelos toleraron todo género de padecimientos por los 
sublimes ideales de la Religión y de la Patria! Muchos buenos españo- 
les, que aman á España no menos que la conocen, son de opinión que 
nuestra fibra actual no resistiría aquellas duras pruebas. Luego, moral- 
mente, en lugar de progresar hemos retrocedido. 

Y lo que decimos de los españoles comparados con nuestros padres, 
podemos decir de otros pueblos que nos aventajan en la cultura técnica 
y en las riquezas, si cotejamos con el nuestro su nivel moral. Cotejo es 
éste difícil de hacer, no sólo porque nos anubla los ojos el amor propio, 
sino porque se ha de fundar en datos que no ofrecen con fidelidad las 



224 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

estadísticas. ¡Sin embargo, bien podemos asegurar que, desde el punto 
de vista moral, á pesar de nuestra presente debilidad, poco tenemos que 
envidiar á los pueblos que se pretende darnos por dechados! 

La raíz de la patria, y el vivero de la moralidad, es la familia, y el 
primer fundamento de la familia es el matrimonio. Ahora bien, España 
es de las pocas naciones donde todavía se conserva incólume la perpe- 
tuidad inquebrantable del vínculo conyugal; donde el lazo sagrado al- 
canza por sí mismo valor ante la ley civil, y resiste á todas las veleida- 
des del divorcio. La unidad católica, que existe en España de una manera 
práctica, aunque algo menoscabada su integridad en las leyes, nos libra 
asimismo de la plaga que sufren otros países, de los matrimonios mix- 
tos; en los cuales, fuera del daño religioso de los cónyuges y la prole, 
queda, por la diversidad confesional de los padres, quebrantada la uni- 
dad moral del vínculo que enlaza la familia. Finalmente, ¡tampoco es aquí 
todavía plaga (aunque exista como vicio) la aversión á la prole, hija de 
una corruptora molicie de las costumbres y verdadero gusano roedor de 
la familia y de la patria! 

No nos forjamos la ilusión de que todo esté bien en la moderna fami- 
lia española. Sabemos y deploramos que, aunque no se llamen matrimo- 
nios mixtos, por no tener el padre religión ninguna, ó por lo menos, nin- 
guna práctica religiosa, hay ya demasiados hogares españoles faltos de 
la unidad moral dimanada de la profesión de unas mismas creencias. No 
desconocemos que el mal que asuela á Francia, se va extendiendo en los 
grandes centros de población, especialmente en las aglomeraciones a- 
briles. Pero contra esos focos de infección moral, reacciona poderosa- 
mente la población moralmente sana de las aldeas, que representa una 
inmensa mayoría en nuesto país, menos industrial que agrícola, y más 
derramado en los campos que concentrado en populosas ciudades. 

El espíritu industrial de nuestra época hace un gesto de menospre- 
cio á vista de nuestras pobres aldeas, compuestas de casas de adobes ó 
tapiales, de terroso color y forma achaparrada; y las pospone indubita- 
blemente á las construcciones de rojo ladrillo, y techos de metal ó pizarra, 
de las fábricas que elevan sus altísimas chimeneas coronadas de largos 
penachos de humo. Pero no considera previamente, si en esas fábricas 
de moderna arquitectura se aglomera aquella muchedumbre homeless, 
que nos decía Conwell; aquella población sin hogar, de proletarios en el 
más acerbo sentido de la palabra, faltos de las más esenciales condicio- 
nes de la vida moral y humana; la cual germina y florece fecunda y pu- 
jante en esas míseras cabanas de barro ó de paja, esparcidas en los cam- 
pos de nuestras diversas provincias. 

Lejos de nuestra mente, y más lejos todavía de nuestro corazón, en- 
tonar un himno á la miseria, y mucho menos á la desidia ó indolencia 
que, en no pocas de nuestras provincias, abunda más de lo que sería con- 
veniente. Pero puestos en el terreno de las comparaciones, preferimos 



PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 225 

mil veces el hogar mísero de nuestros huertanos ó pescadores, donde hay 
sin embargo una. familia cargada de hijos, como lo está de racimos la 
parra á cuya sombra vive; preferimos la aldea de humildes casas de ta- 
pia, sobre cuyos pajizos techos no se levanta otro edificio eminente que 
la torre de la iglesia, á esas agregaciones de fábricas y almacenes, de 
hoteles de señores y casas de obreros, sin otro vínculo que el del capital 
y el trabajo, que más que lazo de unión entre patronos y operarios, viene 
á ser férrea necesidad que doblega á los segundos bajo el egoísta inte- 
rés de los primeros. 

¡Mala es la condición de aquellos de nuestros labradores, de quienes 
dice Pereda, que no tienen otro problema ante los ojos, sino el de atrave- 
sar el año sin morirse de hambre; pero es mil veces más triste la de esos 
proletarios de blusa ó de levita, que se ven lanzados en un alborotado 
mar de luchas y despiadadas competencias, sin tierra donde asentar el 
pie, condenados á sucumbir ó encaramarse sobre las ruinas de los que 
sucumben; mil veces más triste la de esas familias, que decía el otro ma- 
gistrado, condenadas á mirar á sus hijos como candidatos de presidio, y 
á sus hijas como víctimas destinadas á la más degradante forma de es- 
clavitud! 

En esos pobrísimos hogares de las más estériles provincias de España 
se halla comúnmente, no cualquiera grado de moralidad, sino el honor 
más austero y las más nobles flores de toda virtud: de beneficencia con 
el pobre, de hospitalidad con el peregrino, de caridad con los enfermos, 
de desinterés y nobleza de corazón que raras veces se encuentra en los 
más acomodados habitantes de las ciudades. 

Podríamos aducir los ejemplos á manos llenas, si fuera necesario ó 
lo sufriera la índole del presente trabajo. Pero nadie habrá mediano co- 
nocedor de nuestro país, que no los halle copiosos en su propia expe- 
riencia. 

Para terminar: nuestro país no es una Arcadia ni cosa que lo valga; 
pero si no poseemos en tanta abundancia ciertas ventajas de los moder- 
nos progresos técnicos (que no despreciamos, sino debemos solícita- 
mente promover), tampoco sufrimos tan rigorosamente los efectos del 
desequilibrio moral y social que la mala aplicación de ellos en otras par- 
tes ha producido. Existe entre nosotros un proletariado y un problema 
social, pero no tan numeroso el primero ni tan arduo el segundo como 
en otros países más abundantes de hulla. Hay entre nosotros un pro- 
blema feminista, pero no tan insoluble, y mucho menos tan mal orientado 
para su definitiva solución como en los pueblos anglo-sajones. Tenemos 
gran necesidad de reformas en la política, en la enseñanza, en las cos- 
tumbres públicas y aun en las privadas; pero estas reformas no las hemos 
de llevar al cabo progresando hacia el Morlock y el Eloi, sino retrogra- 
dando á\a. Fey ala. Moral cristianas; á las creencias y á las costumbres 
castizamente españolas de nuestros padres. 



226 PROGRESOS HACIA ADELANTE Y HACIA ATRÁS 

Y resumiendo toda esta cuestión del progreso en una breve é infali- 
ble fórmula: El hombre, caído en la abyección y en el salvajismo por 
efecto de la culpa, progresa en dirección al Redentor, y alcanza el apo- 
geo de su adelantamiento moral cuando los individuos y los pueblos se 
visten de Cristo y se transforman en su semejanza por medio del Catoli- 
cismo. Por el contrario: desde el momento que vuelven á emprender el 
proceso de disimilación, retrogradan, degeneran, y se van haciendo 
más viles y más desdichados, á cada paso que dan en ese pernicioso 
camino. 

¡Dichosos los españoles, el día que resueltamente volvamos á esa 
senda, adonde nos invitan á una voz la razón, la Religión y la Historia! 

R. Ruiz Amado. 



GABRIEL Y GALÁN 



{[) 



III 

^ uiEN manejaba como Galán el lenguaje castellano y el peculiar de 
Salamanca, quien con tanta dulzura sabía interpretar el amor casto y 
sencillo, quien tan hondo sentía y tan líricamente pintaba la belleza de 
sus campos, no podía resistir por mucho tiempo á la tentación de ensa- 
yarse en el poema bucólico. 

Por desgracia, sólo nos dejó el comienzo de uno titulado Ana María 
(cuyo plan se ha encontrado á medio esbozar en un cuaderno del autor), 
y, no sin pena, se ve tan al principio, interrumpido poema que tanto bueno 
prometía. Porque puesto á tratar de la historia de unos amores campe- 
sinos, que se van desarrollando en cuatro fases de la vida, simbolizadas 
por las cuatro estaciones del año, con las que respectivamente coinciden; 
¿quién duda sino que hubiera dado maravillosa y naturalísima unidad á 
todos sus asuntos predilectos, y que habría enriquecido nuestra literatura 
con una joya de más valor que el resto de sus obras? 

Al leer la pintura que hace de la que destinaba para su heroína, paré- 
cenos recordar alguna cosa leída en otra parte; y es que Galán tenía el 
concepto verdadero de lo que ha de ser la mujer (concepto que al cabo 
está tomado de la Escritura), y cuando se pone á describir su ideal, es 
forzoso que de alguna manera coincida consigo mismo. No quiere esto 
decir que se copie, puesto que le sobraban recursos para decir lo mismo 
de un modo nuevo. 

Mención aparte merece entre los idilios Una nube, brevísima historia 
de inocentes amores, acibarados por la pérdida de una cosecha. La com- 
posición es de las perfectamente correctas, y la tempestad que en ella 
se describe de vigorosos rasgos virgilianos: 

Agosto ya vino; 

Su sol ya platea 
Los inmensos tablares de espigas 
Que doblándose henchidas revientan. 

¡Qué hermosa la hoja! 

¡Contento da verla! 
¡Qué ondear tan suave á los ojos! 

¡Qué música aquella. 
La del choque de tantas espigas 
Que la brisa á compás balancea! 

¡La brisa!... ¡La brisa! 



(1) Véase Razón y Fe, vol. XXV, pág. 483. 



228 GABRIEL Y GALÁN 

Una tarde radiante y serena 

Sopló más caliente. 

Sopló con más fuerza. 
Humilló las espigas al suelo. 
Revolvió la tranquila alameda. 
Levantó remolinos de polvo. 

Trajo nubes negras, 
Que azotaron al suelo con gotas 

Calientes y gruesas... 
Se pusieron los valles obscuros, 
Se pusieron violáceas las sierras 

Y fatídica, ronca, iracunda. 
Vengadora, cercana, tremenda. 

Zumbó la amenaza. 

Vibró la centella, 
Que rasgó con su látigo el vientre 
De la nube cargada de piedra... 
¡Y la nube en los campos inermes 
Derrumbó aquella carga siniestra!... 

Una composición original en sumo grado, y que contrasta de un modo 
notable con las suaves y delicadas escenas de amor campestre de que 
venimos hablando, abre el libro de Campesinas. 

Pocas veces se habrá entonado, dentro de lo lícito, un himno al amor 
ni más nervudo ni de más indómita y salvaje espontaneidad. Aquí todo 
es agreste y fiero: desde el escenario, descrito en unos endecasílabos de 
corte sáfico, que en este lugar, no sé por qué misteriosa armonía, que se 
escapa al análisis, dicen muy bien con el asunto, hasta el idilio final, 
sobria y primorosamente acabado en solos diez versos; desde la apari- 
ción de la esfinge, que espera á la aurora en el peñón mirando á Oriente, 
y despide por la tarde al sol vuelta á Poniente, hasta aquella ascensión 
asombrosa, monte arriba, en una mañana de Mayo, ataviada con todas 
las exuberancias de una fauna y una flora rebosantes de vigor; desde la 
pareja humana, que va rompiendo jaras y boscaje, mientras salta pro- 
digiosamente de peña en peña, hasta la última de las parejas vivientes 
que corren por allí temblando de alegría, no hay una imagen, ni una 
cláusula, ni un verso que no estén pidiendo á gritos el férreo lápiz de 
Gustavo Doré. 

Para que no falte una muestra de tan singular composición, véase el 
idilio final á que nos hemos referido. 

Y vi una tarde el amoroso idilio 
Sobre la cima de la azul montaña; 
Un sol que se ponia, 
Una limpia caseta que humeaba. 
Una cuna de heléchos á la puerta 

Y una mujer que ante la cuna canta... 

Y el hombre en un peñasco 
Tañendo dulce gaita. 

Que va atrayendo hacia el dorado aprisco 
Los chivos y las cabras... 



GABRIEL Y GALÁN 229 

Con ocasión de la venida de S. M. el rey D. Alfonso XIII á Salamanca, 
hizo dos composiciones en las que dejó definitivamente estampada la 
nobleza de su alma grande. Las dos son una simpática muestra de noble 
é independiente sinceridad y de respetuoso amor al Rey. Conmueve pro- 
fundamente ver llegar hasta los pies del trono, humilde, pero confiado y 
resuelto, al dulce cantor de los campos, no á regalar los oídos del Monarca 
con necias adulaciones, sino á recordarle el desamparo en que gimen los 
pobres y los pequeños. Confieso que la primera, en que habla de los mi- 
serables habitadores de las Hurdes, podía haber sido más poética; pero 
bien compensa esta falta la nota de cristiano desinterés é hidalga mise- 
ricordia que vibra en todos sus versos. 

En la otra, dedicada á pedir protección para los labradores, estuvo 
afortunado por completo. Todo en ella es admirable y simpático, y sin 
duda conmovería más de una vez y haría sonreír de benevolencia al 
joven Soberano que la oyó declamar en el teatro de Salamanca. Galán 
se penetró aquí de la verdad de lo que él mismo había dicho en otra 
ocasión: 

Si á la selva tenebrosa 
Fuese la alondra armoniosa. 
No supiera entre el ramaje 
Dar la nota misteriosa 
Del silencio del boscaje. 

Y persuadido de que su escenario propio era el campo, y los mejo- 
res adornos de su lira las rubias espigas y las ardientes amapolas, pre- 
sentóse delante del Rey en traje de labrador, asido á la mancera de su 
arado, y bajo el nombre del tío Roque, que araba 

Con su yunta de dóciles vacas, 
Con la Triguerona, 
Con la Temeraria, 

empieza á echar raudales de una poesía, tan llena de graciosa malicia, 
y á decir tanto, con tanta finura, que pocas veces se habrá usado en 
público parecido lenguaje de sinceridad delante de un Rey: 

Yo no sé, pero yo me magino 
De que el Rey no vendrá á ver la Plaza, 
Que en el mesmo Madrid habrá muchas. 
No agraviando á la nuestra, tan guapas. 
Me magino de que él no se fia 
Y que viene á oservar lo que pasa, 
Porque hacienda en poder de criaos 
Se la lleva en un verbo la trampa. 
Me magino que viene á enterarse 
De si tiras p'alante ú atrasas. 
De si siembras, ú comes, ú ayunas, 
Ú pierdes ú ganas. 



230 GABRIEL Y GALÁN 

De modo y manera 
Que, en queriendo fijarse una miaja, 
Se lia de dir al Palacio enterao 

De má e cuatro lástimas, 

Que, si á mano viene. 

Podrá remediártelas, 
Ú siquiera poner los posibles, 
Que en pusiéndolos bien, no te fallan... 

Yo no sé, pero yo me magino 
De que el Rey no vendrá á ver la Plaza; 
Y, si sólo la Plaza le enseñan 

Los de Salamanca... 

¡Para, Triguerona!... 

¡Tente, Temeraria!... 

El angustioso retrato de \sijurdana, bajando por la cuesta del serru- 
cho pizarroso, con el hijo medio imbécil á la espalda, es de profundos 
trazos realistas, y de los que se graban á fuego en la fantasía del lector. 
Aquí se admira una vez más el tino con que está elegido el metro y el 
certero instinto con que se buscan las galas del lenguaje en las entrañas 
mismas del asunto, virtud que tanto contribuye á mantener la imagina- 
ción atada al escenario principal, con lo plástico y oportuno delasfiguras: 

Como bajan de las sierras tenebrosas 
Las famélicas hambrientas alimañas, 
Por la cuesta del serrucho va bajando 

La paupérrima jurdana... 
Lleva el frío de las fiebres en los huesos. 
Lleva el frío de las penas en el alma, 
Lleva el pecho hacia la tierra. 
Lleva el hijo á las espaldas... 
Viene sola, como flaca loba joven, 
Por el látigo del hambre flagelada. 
Con la fiebre de sus hambres en los ojos, 
Con la angustia de sus hambres en la entraña. 

Es la imagen del serrucho solitario. 
De misérrimos lentiscos y pizarras; 
Es el símbolo del barro empedernido 
De los álveos de las fuentes agotadas». 

La descripción del día en que bajaba la Jurdana también merece co- 
piarse, por lo sobria, y por ser de las que hacen sentir el frío y la humedad 
hasta en el cuerpo, que se destempla y estremece con la sola lectura: 

Era un día crudo y turbio de Febrero, 

Que las sierras azotaba 

Con el látigo iracundo 

De los vientos y las aguas... 
Unos vientos que pasaban restallando 

Las silbantes finas alas..., 
Unos turbios desatados aguaceros. 

Cuyas gotas aceradas 
Descendían de los cielos como flechas 
Y corrían por la tierra como lágrimas. 



GABRIEL Y GALÁN 231 

Nocturno montañés es poesía difícil de sentir, si para su lectura no 
se busca una ocasión en que el alma esté especialmente dispuesta. Yo, 
para mí, la tengo por un afortunadísimo alarde, en que se ha llevado lo 
fino y hondo de la visión estética á un término más allá del cual ni las 
imágenes tienen bulto ni los mismos sentimientos son fácilmente comu- 
nicables: 

Es una composición solemnemente misteriosa, á cuyo misterio tal vez 
contribuya no poco la oportunidad con que, entre los lentos é inarmó- 
nicos versos de doce sílabas, aparecen de cuando en cuando esos ligeros 
heptasílabos, que hacen la grata impresión de los limpios acentos del 
clarín interrumpiendo á una banda de tambores. 

Sortilegio, en que nos sobrecoge algo desagradablemente la diabólica 
aparición de una maga (más sencilla en sus procedimientos que las de 
Lucano y Juan de Mena), es, aunque muy poética á su modo, de una poe- 
sía epiléptica y desaforada, que aparece, entre las tranquilas y serenas 
producciones de la manera ordinaria de Galán, como un fantasma del 
delirio en la imaginación de un santo. 

La balada de los tres recuerda á Hermana Marica y otros romanci- 
llos de Góngora, y, con ser no menos airoso que ellos, sácales de ventaja 
su mayor nobleza y la ausencia absoluta de toda picardía. 

Grande encubridora de ripios y cómplice de gárrulas y palabreras 
amplificaciones suele ser la silva, y no podía menos de tropezar en estos 
escollos al emplearla un poeta tan fácil y propenso á la difusión como 
el nuestro; á quien, por otra parte, después de los versos asonantados, 
ninguna forma de metro halaga tanto, sin duda por lo holgado de sus 
arreos, como si temiera que su musa, nacida para cantar como la alondra 
en la inmensidad de los campos y los cielos, se ahogara entre las rejas 
de oro de las estrofas simétricas. En silva están escritas, además de Re- 
greso, La romería del amor. Amor, Amor de madre, El poema del ga- 
ñán, El arrullo del Atlántico y algunas de la colección de Religiosas, 
de que luego hablaremos. En todas hay mucha poesía, todas se leen sin 
cansancio, pero ninguna es perfecta, porque ninguna está libre de una 
excesiva inundación de palabras. 

Aunque escritas en silva, no deben entrar en el número de las com- 
posiciones redundantes y verbosas Á la montaña ni TradicionaL La 
primera es notable por lo sostenido de su elevado tono y la exuberancia 
de luz. Y la segunda por la sencillez de su argumento la dulce melancolía 
de su estilo, la atmósfera de pureza que la baña y la inefable intensidad 
lírica de sus seis últimos versos: 

Alegra mi desierto 
Con ruido de vivir cuyo concierto 
Pueda sonarte á coro de angelillos... 
Ya ves que, entre las hiedras encubiertos, 
Hay un nido minúsculo en mi iiuerto 
Con siete pajarillos. 



232 GABRIEL Y GALÁN 

Para terminar el análisis que simultáneamente venimos haciendo de 
Castellanas, Nuevas Castellanas y Campesinas, digamos algo de La 
presea, áurea llave que cierra esta última colección. Porque la encontra- 
mos entre sus obras, sabemos que esta poesía es de Galán: por lo demás, 
nada hay en ella, ni su argumento, ni su aire marcial, ni su ejecución 
aristocrática, que delate al padre que la engendró. Antes se la hubiéra- 
mos atribuido, y en ello no les haríamos ofensa, al Duque de Rivas ó á 
Zorrilla. ¿Quién había de conocer al autor de El ama y de Las semente- 
ras en estos versos de señoriles modos? 

Allá, por aquel camino 
Que viene del Endrinal 

Y va las fuertes murallas 
De Monieón á rasar. 
Cabalgan á media rienda 
Con apostura marcial 
Hasta cuarenta lanceros 
Formando apretado haz. 
Cuyo avanzar vigoroso 
La tierra hace trepidar. 

Al frente del haz guerrero 
Cabalga firme y audaz 
El Señor de Salvatierra 
Sobre alterado alazán 
De rica sangre española, 
Tan fiera como leal, 
Negras pupilas de toro 
Que radian ferocidad, 
Eréctil musculatura 
Que treme al manotear, 
Relincho de agudo timbre, 
Clarin de guerra en la paz, 
Crines blondas que lo ciegan. 
Curvas que gracia le dan, 
Casco duro, piel nerviosa 

Y amplia traza escultural; 
Con un alentar de fuego 
Con hálito de volcán, 

Con un marchar armonioso 
Que encanto á los ojos da. 
Con un galopar hermano 
Del más veloz huracán... 

Quien sabía hacer un romance como éste, bien hubiera podido atre- 
verse á entrar con pie seguro por los campos de la poesía narrativa y 
legendaria. 

Luis Herrera y Oria. 
(Continuará) 



BOLETÍN CANÓNICO 



NUEVA ORdAKIZAClOlt DE LA CURIA ROMAIiA DECRETADA POR PIÓ I«> 



Sagrada Congregación del Concilio. 

(Continuación.) 

C) Causas que le corresponden. 

448. Es también esta Congregación tribunal competente para todas 
las causas relativas á los negocios que le están confiados y que juzgare 
deber ser tratadas disciplinar mente; las demás han de ser llevadas al 
tribunal de la Rota. (Véase el n. 165, sig.) 

449. Entre las causas qne le están confiadas merecen especial men- 
ción: 

a) las cuestiones de precedencia, excepto las que se refieren á los 
religiosos, á la Capilla Papal, á la Corte Pontificia ó á los Cardenales. 
Las tres últimas pertenecen á la Congregación Consistorial; la primera 
á a de Religiosos; 

b) las relativas á las servidumbres que alguno pretenda tener ó 
desee imponer sobre alguna iglesia ú oratorio, como es el tener habita- 
ción en el piso superior, edificar pared sobre ellos y otras cosas seme- 
jantes. 

D) Cambios^ de competencia. 

450. Pierde la competencia privativa ó exclusiva que tenía para la 
interpretación del Concilio Tridentino (1). Pierde la jurisdicción conten- 



(1) Véase Razón y Fe, vol. XXVI, pág. 97. 

(1) Al principio, en lo referente al Tridentino, sólo debía cuidar de la observancia y 
ejecución del mismo, y las dudas todas debían presentarlas al Papa para que éste re- 
solviera, como consta del mencionado Motu proprio de su fundación, donde en el § 1 se 
manda á los Cardenales que la componen que dichos decretos «firmíter observari 
faciant, et cum effectu, nisi, tam in executione dictorum decretorum concilii, quam 
dictarum literarum nostrarum, aliqua dubietas aut difflcultas emerserit (quo casu ad nos 
referant), invocato etiam ad hoc, si opus fuerít, auxilio brachii saecularis». (Bull. Rom. 
Taur., vol. 7, p. 300.) Parece, sin embargo, que resolvió ya en este tiempo alguna duda, 
como indica el Cardenal de Luca, lib. 14, part. 5, adnot. ad S. C. Trid., disc. 8, n. 4. 

San Pió V le dio facultad para resolver todos los casos que tuviera por claros, remi- 
tiendo al Papa los dudosos; pero poco después le dio más amplias facultades, autori- 



234 BOLETÍN CANÓNICO 

ciosa que en las causas matrimoniales tenía cumulativamente con la 
Rota, y le absorbía la mayor parte de su atención, y la que en las de nu- 
lidad de profesión religiosa le correspondía cumulativamente con la de 
Obispos y Regulares. 

451. Pierde también la competencia que cumulativamente tenía antes 
con la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares para la concesión 
de oratorio privado á sacerdotes pobres. También ha perdido la facul- 
tad de conceder privilegio para celebrar las tres Misas en la noche de 
Navidad y dar la comunión en ellas, lo cual le correspondía cumulativa- 
mente en la Sagrada Congregación de Ritos y con la secretaría de Bre- 
ves. Hoy todo esto pertenece á la Congregación de Sacramentos. Véase 
el n. 386. 

452. Adquiere del Santo Oficio lo relativo á los preceptos de la Igle- 
sia. De la extinguida Congregación para la revisión de los Concilios 
provinciales, recupera la revisión de éstos, que ya le había pertenecido 
desde Sixto V. Pasa también á ella lo de la inmunidad eclesiática, que 
era propio de otra Congregación particular que le estaba subordinada. 
Véanse los nn. 191 y 125. 

453. Tenía también antes subordinadas á ella las extinguidas Con- 
gregaciones particulares sobre la relación de las visitas ad limina y la 
de la residencia de los Obispos, cuya competencia ha pasado ahora á la 
Sagrada Congregación Consistorial. Veáse el n. 190. 

§ III 

MODO DE PROCEDER 

A) El Secretario y Subsecretario. 

454. El Secretario ó el Subsecretario ve si el asunto es de los ya re- 
sueltos repetidas veces y de poca importancia, ó de la administración 



zándola para decidir las causas y resolver las controversias relativas á la interpreta- 
ción del Concilio Tridentino. Zamboni, 1. c; Fagnani, lib. 1, c. Quoniam de Const. 
(vol. 1, p. 119, Colon. Allobr., 1759); Laderch, Annales, año 1566 (tomo 22, p. 298). 

Estas facultades aparecen más claras y mejor definidas en la Const. Immensa de 
Sixto V, en la que el Papa se reserva la resolución de las dudas que se refieren al dogma 
y encarga que la Sagrada Congregación resuelva las disciplinares, con la obligación de 
consultar al Papa: 

Ǥ 1. Eorum quidem decretorum, quae ad fidei dogmata pertinent, interpretationem 
nobis ipsis reservamus, cardinalibus vero praefectis interpretationi et executioni con- 
cilii Tridentini, si quando in his, quae de morum reformatione, disciplina ac modera- 
tione et ecclesiasticis judiciis aliisque hujusmodi statuta sunt, dubietas aut difficultas 
emerserint, interpretandi facultatem, nobis tamen consultis, impartimur.» Bull Rvm. 
Toar., vol. 8, p. 991.) 

De ahí que el título sea en esta última Constitución «Congregatio octava pro 
executione et interpretatione Concilii Tridentini», en tanto que en el Mota proprio de 
Pío IV se la llama: <^Super executione et observantia sacri Concilii Tridentini.» 



BOLETÍN CANÓNICO 235 

ordinaria y tal que no ofrezca dificultad alguna. En estos casos el Secre- 
tario mismo, solo ó con el Subsecretario, lo despacha, sin necesidad de 
proponerlo ni á la Congregación, ni siquiera al Congreso; si ofrece alguna 
dificultad, se lleva al Congreso, y si se necesitan especiales facultades, 
se lleva al Papa y se despacha en este caso Ex audíentia Sanctissimi. 
Siempre se despachan en nombre de la Sagrada Congregación, con la 
firma del Prefecto y Secretario ó Subsecretario. 

Los asuntos que por su importancia se llevan á la Congregación 
plena, los de menor dificultad se proponen en hoja impresa, redactada de 
oficio per summaria precum, esto es, con una breve exposición del 
hecho y derecho que debe tenerse presente para la resolución. Las más 
graves y difíciles van propuestas in folio, donde la exposición del hecho 
y del derecho es mucho más amplia. 

455. Este modo de proceder en el que el Secretario propone las 
causas, aun las más graves, á la Sagrada Congregación después de ha- 
berlas previamente entregado á los Cardenales con el informe hecho de 
oficio, es propio de la Sagrada Congregación del Concilio. En las otras, 
cuando se trata de los asuntos más graves el Cardenal Ponente estudia 
y propone el asunto como en los tribunales colegiados. Cfr. Colomiattí, 
1. c, p. 70. 

456. Es propio del Subsecretario ver todos los asuntos de la Sagrada 
Congregación y dar consejo en el modo que éstos han de ser tratados. 
Así ayuda al Secretario en todas las cosas y en especial en las que se 
despachan en el Congreso. Colomiattí, 1. c, voL 2, p. 59. 

B) Congregación plena y Congreso. 

457. Corresponde á la Congregación plena: 

1.° El examen de las dudas sobre la interpretación del derecho en 
las cosas propias de ella, las cuales no tengan fácil y clara solución en 
las leyes existentes ó en decisiones anteriores, el de las gracias, dispen- 
sas, indultos, que no suelan generalmente concederse de aquel modo ó 
con aquella amplitud, y otras cosas semejantes. Véase el n. 285, sig. 

2" La revisión de los Concilios provinciales, y cuanto de mayor im- 
portancia ocurriere ó se decretare en las Conferencias Episcopales. 

458. El Congreso cuida de preparar los asuntos que han de ser lleva- 
dos á la Congregación plena, despacha los asuntos ordinarios, concede 
las gracias de costumbre con las formas usuales y según las facultades 
recibidas del Papa. 

459. En la revisión de los ConciUos provinciales, pídese primero el 
voto de uno de los consultores; después el de todo el colegio de consul- 
tores ó de una parte de él, por lo menos de cinco consultores elegidos 
por turno. Después el ayudante de la región á la que pertenece el Con- 
cilio cuidará de la impresión de las actas y de los votos. 



236 BOLETÍN CANÓNICO 

C) Reuniones y audiencia. 

460. La Congregación plena se reúne en el Vaticano. Antiguamente se 
reunía en el palacio del Cardenal más antiguo. Colomiatti, 1. c, vol. 2° 
p. 59. Sus reuniones tienen lugar los sábados, lo mismo que antes. 
Cfr. Zamboni, 1. c, p. XVI. 

El Congreso se reúne todos los sábados por la mañana en casa del 
Cardenal Prefecto, c. 59. 

461. El Secretario es recibido en audiencia por el Papa todos los lu- 
nes al anochecer. Le da cuenta de todos los asuntos más importantes tra- 
tados en la Congregación, y le da también un ejemplar de todas la cau- 
sas resueltas en la misma. En su ausencia le suple el Subsecretario. (Ex 
actis S. C. C. apud Colomiatti, 1. c, vol. 2, p. 56.) 

D) Thesaurus, Libri Decretomm, etc. 

462. El Secretario ha tenido hasta ahora á su cargo el publicar cada 
año un tomo del Thesaurus Resoli S. C. Concilii, en el cual se incluyen 
todas las resoluciones í/2 ^o/zo emanadas aquel año, juntamente con el 
folio presentado en cada causa por el mismo Secretario á la Sagrada 
Congregación. Dicha obra monumental, que hasta el año 1907 constaba 
de 165 tomos, comenzó á publicarse en 1718 por iniciativa del entonces 
Secretario Mgr. Lambertini, que fué más tarde Benedicto XIV. 

463. Las resoluciones todas anteriores á 1718 se conservan manus- 
critas en el archivo de la Sagrada Congregación, con el título Libri 
Decretorum, con el cual suelen citarlas los autores. Carecen de índice los 
tomos más antiguos, ó sea desde el año 1564, en que empiezan. Hasta, el 
año 1649 se leen sin fecha, muchas veces sin indicar la diócesis, y con 
frecuencia se omiten los dubios y el caso species facti y sólo se lee la 
parte dispositiva. Desde el tomo XX se ponen la petición y la solución, 
y desde 1679 se pone el folio impreso, hecho de oficio por el Secretario, 
y la respuesta manuscrita. Hasta 1679 e\ folio se daba manuscrito á los 
Cardenales algunos días antes de la Congregación plena. Colomiatti, 
p. 60, 70; Lega, 1. c, vol. 2.°, p. 165, sig. 

464. Las otras causas per summaria precum comenzaron á imprimirse 
en 1847, pero no están á la venta (1). Desde entonces se distribuyen im- 
presas á los Cardenales algunos días antes de la Congregación plena. 
Antes el Secretario daba solamente de palabra una breve información 
sobre estas causas á los Cardenales ya reunidos para que las decidieran. 
Colomiatti, p. 60. 

465. Tanto el Thesaurus como los Libri Decretorum son auténticos. 



(1) Una colección privada de varias causas escogidas de entre éstas, desde al año 
1823 al de 1869, publicaron en 1871 Ungen y Reuss. 



BOLETÍN CANÓNICO 2^7 

Reiffenstuel, Comment., lib. 2. Decret. tít. 22, n. 102, sig.; Ex actis S. 
Congr. apud Colomiatíi, vol. 2, p. 57; Lega, De judiciis, vol. 2, p. 187, sig. 
Es de notar que en tiempo de Napoleón I fueron llevados á París los 
Libri Decretorum con otros manuscritos y restituidos más tarde, y con 
esta ocasión fueron mojados por las aguas del mar, con lo que sufrieron 
no poco varios de ellos. (Ex actis S. C. apud Colomiatti, 1. c, p. 58.) 

466. También existen en el archivo de la Sagrada Congregación dét 
Concilio los Libri memorialium, sea supplicum libellorum, que algunas 
veces cita Benedicto XIV, v. gr,. De synodo, lib. 13, cap. 24, n. 6. Cfr. 
Colomiatti, vol. 2, p. 77; Lega, 1. c, p. 187. 

§IV 

CONGREGACIÓN UNIDA Á LA DEL CONCILIO 

467. A la Sagrada Congregación del Concilio está unida como Con- 
gregación especial la llamada Lauretana (véase el n. 121), que tiene á su 
cargo la administración de los bienes temporales pertenecientes á la 
Santa Casa de Loreto. La jurisdicción eclesiástica sobre dicha casa y 
demás iglesias que de ella dependen la ejercen los respectivos Ordina- 
rios, como delegados de Su Santidad, y bajo la dependencia de esta Sa- 
grada Congregación. Véase la Const. Sacrosancta de Inocencio X, 10 de 
Agosto de 1698. (BulL R. Taur., vol. 20, p. 834.) 



ARTÍCULO V 
Sagrada Congregación de Religiosos. 

(Véanse los números 11, 14, 120, 127, 134 y 187.) 

468. Le corresponde el quinto lugar en el orden de dignidad, según la 
nueva disciplina. 

Sucede á la antigua Congregación de Regulares, fundada, como se ha 
dicho (n. 11), por Breve de Sixto V en 17 de Mayo de 1586; la cual, 
unida más tarde con la de Obispos, constituyó la de Obispos y Regulares. 

469. La Congregación de Obispos ya existía en 1573, como dijimos 
en el n. 9. También parece que, á lo menos de un modo transitorio, 
existió la de Regulares con anterioridad al Breve de Sixto V, puesto que 
desde 1582 á 1585 se leen varios fascículos con la siguiente inscripción: 
<^ cingue Cardinali de'Vescovi e cingue de'Regolariy. 

470. Á principios de 1586 aparecen ambas de algún modo unidas, 
como se deduce de lo que vamos á copiar: 

"Feria 3 die 7 Januarii 1586 in Sacra Congregatione Illmorum. et Rmorum. 
DD. S. R. E. Cardinalium super negotiis et consultationibus Episcoporum et Regula- 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 16 



238 BOLETÍN CANÓNICO 

rium deputatorum hoc anno primo, Deo benejuvante, habita coram limo, et Rmo. D. 
Cardinali Senonen Decano Congregationis, cui, etiam me Secretario praesente, Illmi. 
et Rmi. DD. Cardinales infrascripti, nempe S. Sixti, S. Marcelli, Veronen, Montisrega- 
len et Lancillotto interfuerant, inter alia decreta infrascriptae litterae fuerunt expedid 
tae.» Ch.Bizzarri, Collectanea, p. VIII; Colomiatti, Codexjur. pontif., vol. 2, p. 129. 

471. En la Const. Immensa (1588), del mismo Sixto V, ocupa la Con- 
gregación de Regulares el undécimo lugar (véase el n. 14), y á la de Obis- 
pos le cupo en la mencionada Constitución el lugar siguiente, ó sea el 
12.° Eran, por lo tanto, dos Congregaciones distintas é independientes. 

472. Sin embargo, ambas Congregaciones tenían un solo y mismo 
Prefecto desde 1593, como hemos dicho en el n. 127. Desde esta fecha, 
en varios documentos pontificios se leen estas ó semejantes palabras: 
«Nos habita super praemissis cum venerabilibus fratribus Nostris S. R. E. 
Cardinalibüs super consultationibus Episcoporum et Regularium depu- 
tatis, quibus praeinserta statuta examinanda demandavimus, matura con- 
sultatione.» Cfr. Clem. VIII, Const. iis quae pro felici, 8 Nov. 1594; Pro 
injundi, 12 Oct. 1596; Exponi Nobis, 24 Marzo 1599. 

473. El decreto más antiguo que conservamos de ambas Congrega- 
ciones unidas, con un solo Prefecto y un solo Secretario, es del 9 de 
Enero de 1601, que puede leerse en Bizarri, Collectanea, p. 15-17. 

474. La unión ha durado hasta la Const. Sapienti consilío, que veni- 
mos comentando. 

Se alababa esta unión porque los Obispos en no pocas cosas proce- 
den como Delegados Apostólicos en asuntos referentes á los regulares 
(Colomiatti, 1. c.) y era conveniente que á una misma Congregación 
pertenecieran todos los asuntos referentes á los Regulares; pero esa ven- 
taja en la nueva disciplina se tiene también, no obstante la separación, 
porque tales asuntos pertenecen á la misma Sagrada Congregación de 
Religiosos. 

475. La actual Congregación de Religiosos viene á tener substancial- 
mente, como veremos, las mismas facultades que tenía la de Regulares, 
según las Constituciones Romanas Pontifex é Immensa. 

476. La razón de llamarse ahora de Religiosos, y no como antes de 
Regulares, es manifiesta. En tiempos de Sixto V todos ó la inmensa ma- 
yoría de los institutos religiosos eran de regulares, esto es, de votos 
solemnes. Véase Razón y Fe, vol. 5, p, 254, n. 13; Ferreres, Las Reli- 
giosas, Com. IV, n. 13. Actualmente son muchos ya los institutos de votos 
simples á los cuales les conviene la denominación de Religiosos y no la 
de Regulares. 

Se ha adoptado, pues, una denominación general común á todos los 
institutos, tanto de votos solemnes como de votos simples, y aun á ciertas 
pías asociaciones que carecen de votos, aunque vivan en comunidad á 
manera de religiosos. Se toma, pues, aquí la palabra religioso en aquel 
sentido amplísimo que la vemos usada en el Motu proprio Dei Providen- 
iis(\Q]ül 1905), que copiamos más abajo en la nota al n. 512. 



BOLETÍN CANÓNICO 239 

I 

SU CONSTITUCIÓN 

477. La constitución de la Sagrada Congregación de Religiosos es 
análoga á la de todas las otras, y así no es fijo el número de Cardenales 
que á ella pertenecen, sino que depende de la voluntad del Romano 
Pontífice. 

478. Los oficiales mayores son, después del Cardenal Prefecto, el 
Secretario y el Subsecretario. Los tres constituyen el Congreso. 

479. Tiene sus consultores y los oficiales menores convenientes. 

480. Uno de los ayudantes tiene á su cargo lo referente á las Órdenes 
regulares; eí otro lo relativo á las Congregaciones de votos simples y 
demás institutos de varones; el tercero lo referente á las Congregaciones 
de votos simples y demás institutos de mujeres, 

481. Extiende su jurisdicción por todo el mundo, dondequiera que 
se hallen los religiosos, y á todo lo que se refiere á su estado, disciplina, 
estudios, órdenes sagradas; quedando á salvo la jurisdicción que sobre 
ellos en cuanto misioneros tenga la Sagrada Congregación de Propa- 
ganda Fide, Norm. pee, c. 1, 1.°, ej . Véase más abajo el n. 517, sig. 

482. En un principio constaba cada una de las dos Congregacio- 
nes (la de Obispos y la de Regulares) de cinco Cardenales, como puede 
verse en la Const. Immensa. Unidas las dos en una, fueron diez los Car- 
denales de que ésta constaba. Llegaron á ser veinticuatro en tiempo de 
Inocencio X (1644-1655) y á veces aún tuvo más. En la Gerarchia Catto- 
lica de 1907 tenía treinta y dos Cardenales la Congregación de Obispos 
y Regulares. En la de 1909 sólo figuran siete Cardenales pertenecientes 
á la Congregación de Religiosos. 

483. Hasta ahora el Secretario de la Sagrada Congregación de Obis- 
pos y Regulares solía de este cargo ascender al Cardenalato. 

Era consultor nato del Santo Oficio. 

484. Hasta 1834 la Congregación de Obispos y Regulares no tuvo 
consultores (1). 



<1) «Cum negotia majoris momenti et consultationes, quae ad S. Congregationem 
Episcoporum et Regularium deferuntur, fortasse ratione temporum admodum frequen- 
tia sint, Emi. Paires in Generali Congregatione, habita in Palatio Apostólico Quirinali 
nonis septembris MDCCCXXXIV, rati sunt rem utilem fore, si, exemplo aliquarum 
Congregationum majorum, nonnulli Consultores deligerentur, quorum esset super 
dubiis seu quaestionibus, de quibus rogarentur, sententiam suam exponere, firmis 
tamen manentibus antiquis institutionibus, ita ut de negotiis alicujus ponderis atque 
consultationibus ómnibus in Pleno Auditorio semper deliberetur et statuatur, desígnate 
aliquo ex Emis. Patribus qui videat et referat. Itaque Emi. Paires decreverunt: suppli- 
candum Sanctissimo pro admissione Consultorum j'uxta modum enuntiatum. 

Et facta eadem die ad SSmum. D. N. Gregorium PP. XVI per D. Secretarium de 
praemissis relatione, Sanctitas Sua decretum Emorum Patrum. probavit atque sancivit. 

L. •;- 3. C. Card. Odescalchi, Praefectus. 

J. Archiep. EpaEs;N., Secretarías. 



^40 Boletín canónico 

485. Esta Congregación tenía antes Auditor, Asesor, Juez relator y 
Sumista, todos los cuales han desaparecido con la jurisdicción conten- 
íiosa, que ha pasado á la Rota. Véase la Gerarchia Cattolica, y com- 
párense con la de 1909 las de los años anteriores. 

486. Gregorio XVI instituyó el cargo de Sumista, y lo confirió á 
Bízzarri, más tarde Secretario, autor de la CoUectanea in usum S. C. 
Ep. et Reg., creado después Cardenal. 

487. El cargo de Asesor fué creado por Pío IX el 18 de Octubre 
de 1849, siendo también Bizzarri el primero que ejercitó este cargo. 

(Continuará.) 



SECRETARÍA PARTICULAR DE SU SANTIDAD. 



La medalla que sustituye y representa los escapularios. 

Hace dos ó tres años llegó á nuestra noticia que Su Santidad Pío X 
había comenzado á bendecir unas medallas, que sustituían á los escapu- 
larios, pero no habíamos podido ver ningún documento oficial que pu- 
diéramos comunicar á nuestros lectores. En el último fascículo de Supple- 
menta et monumenta periódica, publicado por el doctísimo é infatigable 
P. Vermeersch, encontramos un rescripto sobre esta materia, firmado por 
el Secretario particular de Su Santidad, en el cual vemos que el Papa^ 
con fecha 19 de Julio de 1909, declaró: 

1.°, que á Su Santidad le es grato que el uso de la tal medalla se ex- 
tienda; 2.°, que la medalla representa todos los escapularios, no sólo Ios- 
cinco que habitualmente suelen llevarse unidos, sino también todos los 
demás, como el del Sagrado Corazón, etc.; 3.°, que para la primera im- 
posición no sirve dicha medalla, sino que debe imponerse el escapulario 
respectivo, hecho de tela, tal como antiguamente se hallaba prescri- 
to; 4.^", que la mayor limpieza ó mayor comodidad es causa suficiente 
para llevar la medalla en vez del escapulario ó escapularios, sin nece- 
sidad de inquietarse buscando particulares motivos; 5,°, que basta tener 
habitualmente consigo tal medalla, sin que sea necesario llevarla al cuello 
y debajo de la ropa. 

Ex audientia Sanciissimi.— Responso 19 Julii 1909. 

DE NUMISMATIBUS QUAE PRO SCAPULARIBUS GESTARI POSSUNT 
Beatissime Pater: 

AlbertusMjsonne, procurator missionum Belgarum (Scheut), ad pedes S. V. humi- 
lime provolutus, exponit quae sequuntur: 

UUiínb mehs¿; ceítiorem feci III"'" Vicarium Apostolicum Congi Belgici, Sanctitatem 



BOLETÍN CANÓNICO 241» 

Yestram, pro sua benignitate erga Christí fideles, consuevisse sacra numlsmata.benedí- 
-dere ita ut locum teneant omnium scapularium, nec non munus dedisse uní ex sois 
praelatis benedicendi illa pretiosanumismata. : '' 

- Haéc benigna concessio praedicto Vicario Apostólico pergrata fuit, si qaidetn Mul^^ 
tumjuvabit iii suo Vicariatu diffusionem scapulariorum, et digniorem reddet geslatum. 
líujus sijni distinctivi Christianorum. (Nam scapularia ex panno confecta, post breve 
lempus, pulvere, oleo et sudore sordidi panniculi flunt; et si quidem sUper nuda pectora 
ttiiserriml nigrltae illa gerere soleant, eo modo se christianos confitentes, insignis di- 
átinctio christianorum Ínter paganos non est nisi linteolum omnlno indecorum,) ; n 
Sed prius quam introduceret illam, licet pergratam, innovationem, prudens visura' 
est praedicto Vicario Apostólico, omni qua par est humilitate, mentem.Sanctitatis 
Vestrae inquirere; scilicet: 

I.° An grata erit Sanctitati Vestrae diffusio illorum numismatum, etiam in locí» 
missionum? 

2° An haec numismata locum tenent omnium scapularium, non tantum illorum 
<iuinque scapularium habitualiter inter se conjunctorum, sed etiam ceterorum, sicut 
scapulare SS. Cordis Jesu, etc.? 

3.° An pro prima impositione, non haec numismata sed, sicut antea, scapularia ex 
panno rite confecta adhibendasunt? 

4.° An solius munditiae vel commoditatis causa omnes fideles possunt illa numi- 
smata loco scapularium assumere quin unusquisque, cum animi anxietate, inquirat de 
propriis motivis? 

5.° An sufficit illa numismata non ad collum et super pellem, sed quovis modo ai^ud 
se habitualiter gerere? 
' Ex aedibus Vaticanis, die 19 julii 1909. 

Relatis, ut supra precibus, SS»'' D°»' responderé benigne dignatus est: 
Ad 1""". affirmative.—ká 2"", ajfirmative.—ká 3""», afftrmative.—Ad 4"", affirma- 
íive.—Aá 5"'", ajfirmative. 

JOANNES BrESSAN. 

(Cfr. Vermeersch, 1. c, vol. i, p. 348, sig.) 

ANOTACIONES 

1.* Cotno fácilmente se deja entender, y en parte se indica en las 
preces que hemos copiado, el uso de tal medalla tiene muchas ventajas, 
no sólo porque los escapularios fácilmente con el uso se ensucian, á causa 
principalmente del sudor, y toman un aspecto de poca limpieza, y se 
pudren y estropean, sino también porque, cuando son muchos, trábanse 
no pocas veces entre sí y ocasiona no escasa molestia el llevarlos. 

2.^ Para obviar la dificultad que se origina de llevar á la vez muchos 
escapularios, ya se habían excogitado diversos medios, como el de coser- 
los entre sí, sujetarlos todos con dos solos cordones, meter en una bolsita 
todas las partes que caen delante del pecho y en otra las que caen sobre 
la espalda, etc. 

Los cinco escapularios que habitualraente solían llevarse juntos, como 
insinúan las preces, son el de la Santísima Trinidad, el del Carmen, el 
de la Inmaculada Concepción, el de los siete Dolores de la Santísima 
Virgen María y el de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Cfr. Acta 
S.Sedis, vol. XIX, p. 557. 



242 BOLETÍN CANÓNICO 

3.^ También se pensó en que un solo escapulario representara varios^ 
haciendo que reuniera los colores de todos ellos, tuviera las imágenes de 
todos, etc.; pero esto fué desaprobado, tanto por la Sagrada Congrega- 
ción de Indulgencias en 18 de Agosto de 1868 (Decr.auth., n. 423 ad 6), 
como por la de Ritos en 14 de Junio de 1879 (Decr. auth., n. 3.495). 

Por lo dicho se ve cuan de agradecer es la nueva concesión de Pío X^ 
que obvia todas las dificultades mucho mejor que cuanto hasta aquí se 
había excogitado. 

4.^ En adelante al que quiera gozar las indulgencias y privilegios 
propios de un escapulario deberá serle impuesto lo mismo que antes por 
quien esté facultado para ello, usando las mismas ceremonias que antes 
estaban mandadas, y valiéndose de un escapulario de la forma, clase de 
tejido (de lana) y color que estaban antes prescritos. Véase Razón y Fe, 
vol. 14, p. 361, n. 133, sig.; Gury-Fer reres, vol. 2, n. 1.060, 10."; 1.060 bis, 3." 
y 4.°; Beringer, Les Indulgences, vol. 1, p. 533, sig. (París, 1905). 

Después de hecha la imposición, ó cuando se quiera, puede el que ¡o 
lleva dejar el escapulario y, en vez de él, servirse de la mencionada meda- 
lla, bendecida por Su Santidad ó por quien haya recibido autorización 
para ello del Papa. 

5.^ Una sola y misma medalla representará, no sólo el escapulario 6 
escapularios que ya le hayan sido impuestos á uno, sino también todos 
los otros que después de llevar ya la tal medalla se le impongan. 

6.^ Que la mencionada medalla represente los escapularios cuyos 
privilegios han sido concedidos por la autoridad eclesiástica, no ofrece 
dificultad alguna, pues el Papa, que los concedió, puede aplicarios á la 
medalla de la misma manera. 

La dificultad existía sólo con respecto al escapulario del Carmen, 
que tiene anejos, no sólo privilegios dados por el Papa, sino también pro- 
mesas hechas por la Santísima Virgen María. Véase Benedicto XIV. De 
festis, lib. 2, c. 6, n. 73; lo dicho en Razón y Fe, vol. 1.°, p. 268, óFerrereSy 
Las cofradías, n. 453, sig., cap. 6, n. 7. Pero tal vez se entiende que la 
forma y modo de llevar el tal escapulario lo deja la Virgen al Vicario de 
Dios en la tierra. 

7.^ Puede la tal medalla llevarse pendiente del cuello sobre la ropa 
interior, ó cosida en el hábito, sotana, chaleco, ó puesta en el ojal de la 
chaqueta, levita, etc., ó suelta dentro del bolsillo, ó unida al rosario, 
pudiendo al acostarse dejarla junto á sí con los vestidos, ó encima de la 
mesa, ó colgada en la pared. Cfr. San Alfonso, lib. 6, n. 534; Gury-Ferre- 
res, vol. 2, n. 1.060,7.° 

S."* Actualmente parece que son pocos los que fuera de Roma se ha- 
llan facultados para bendecir tales medallas. 

Por ahora no tiene forma determinada dicha medalla, ni debe repre- 
sentar determinado santo, sino que cualquiera medalla puede utilizarse. 
Lo único esencial es que esté bendecida para este fin por el Papa ú otra 



BOLETÍN CANÓNICO 243 

persona por él autorizada. Creemos, no obstante, que con el tiempo se la 
dará una forma peculiar y distintiva. 



SAGRADA PENITENCIARÍA 



Sobre Abstinencia y Cruzada. 

Contestando la Sagrada Penitenciaría á una consulta del Ilustrísimo 
Sr. Obispo de Gerona, ha declarado expresamente Pío X, en audiencia 
concedida al Regente del mismo sagrado Tribunal: a) que los que tienen 
privilegio para comer carne en los días de ayuno pueden, en una misma 
comida, comer, v. gr., sopa con caldo de carne y luego uno ó más platos 
de pescado, ó también comer sopa ú otra cosa (sea ó no sea carne) 
condimentada con caldo ó con salsa de pescado y luego uno ó más pla- 
tos de carne; b) que este privilegio es aplicable á los que tienen la Cru- 
zada y sumario de carnes, y c) que también lo es á los pobres que no 
tienen dicho sumario de carnes, pero que rezan un Padrenuestro y Ave- 
maria á esta intención. 
Dice así: 

Franciscus a Pol et Baralt, Episcopus Qerundensis, in Hispania, Rom, Sacrae Poe- 
nitentiariae dubia sequentia humiliter proponit, nempe: Sacra Poeiiitentiaria interro- 
gata: «An dispensatus ad edendas carnes in diebus jejunü possitin eadem comestione 
vesci ad consulendum suae valetudini pulmento carnis jure cocto et de coetero pisci- 
bus vesci, quantum potest observantia jejunü servata», respondit sub die 28 Februari 
annil826 (apud auctores 8 Februarii 1828) affirmative. Sed revera ad responsum affir- 
mativum dandum minime fuerunt causae neo valetudo nec ratio affectus observantiae 
legum, quia cum alii casus progressu temporis Sacrae Poenitentiariaefuissentdelati, in 
quibus illae rationes sive causae non afferebantur, sed dumtaxat expostulabatur: «An 
diebus jejunü possit ab ¡ndultariis edi pulmentum carnis jure coctum et pisces», data 
fuit eadem responsio, ut accidit die 2 Maji 1839, die 28 Februarii 1855 et 28 Februa- 
rii 1856». Ita Canonicus Philippus de Angelis in suo evulgaio opere Praelectiones Juris 
Canonici, lib. 3, tit. 46. Recentiores Theologiae Moraiis Auctores, Genicot, vol. 2, n. 444; 
Lehmkuhl, vol. 1, num. 1.214-5; D'Annibale, 3, n. 137, not. 26; Bucceroni, Casus Con- 
scientiae, pag. 331, edit. 4.^• Gury-Ferreres, vol. 1, n. 514, 6.°, hanc ipsam doctrinam 
docent pro ómnibus indiscriminatim indultariis, et ajunt, jusculum sive carnis sive pi- 
scium, nec carnem nec piscem esse; ideoque edentes carnes simul cum jusculo piscium 
ve! pisces simul cum jusculo carnium dici non possuntqüod epulas licitas illicitis per- 
misceant, sicut qui carnes ipsas et pisces simul adhibeant. In odiosis enira verba sunt 
stricto sensu accipienda. 

Quum hanc opinionem in dies ingravescere videamus, quaestionemque exagitari 
utrum etiam pro fidelibus Hispanis eadem teneri atque appiicari possit, attendentes 
praesertim quod consuetudo óptima semper fuit iegum jejunü et abstinentiae norma 
regulatrix, praefatus Episcopus a Sacra Poenitentiaria humülime sciscitatur: 

I. An responsum Sacrae Poenitentiariae sub die 28 Februarü 1826, quo fas est gau- 
denti indulto carnium diebus jejunü vesci in eadem comestione pulmento carnis jure 
cocto et de coetero vesci piscibus, et juxta opiniones auctorum, vesci carnibus in 
eadem comestione simul cum jusculo piscium, etiam valeat pro fidelibus Regni Hispa- 
niae ubi haec consuetudo non viget? 

Et quatenus affirmative. 



^44 BOLETÍN CANÓNIGO 

fll. Opiflces et pauperes qui in Hispania ex concessione Apostólica aequíparantur . 
indultariís ad edendas carnes ¡n diebus jejunii, dummodo substituant Indultum carnium 
recitando orationem dominicalem quotiescu'mque utantur tali gratia, an possint consi- 
derari tamquam indultarii ad effectus quaesitl praecedentís? 

Et Deus, etc. ■ 

In audientia SSmi.- diei 20 Augusti currentis anni, relatis suprasciptis dublis ab 
infrascripto Sacrae Poenitentiariae Regente, Sanctitas Sua rescribi mandavit: enuncia- 
tam commixtionem permitti, contrariis quibuscumque noi> obstantibus. Datum Romae 
in S. Poenitentiaria die 23 Augusti 1909. — O. Giorgi, S. P. Reg. — A. Cavarri, 
S. P.Subsí. 

ANOTACIONES 

I."" El primer decreto que en las preces se menciona, lo copia la 
Collectanea S. C de Prop. Fide en el n. 801 (vol. 1, p. 468, edic. 2.^) por 
estas palabras: 

, S. Poenit. Ap. 8 Februarii 1828.— Quelli che sonó dispensati dalla qualitá dei cibi 
possono nei giorni di digiuno cibarsi di sola minestra di brodo per provvedere alia 
loro salute, e nel resto far uso dei cibi esuriali per conservare quanto si puó l'osser 
vanza dalla legge dei cibi? 
( R. Affirmative, attente consideratis expositis. 

Como se ve, la Collectanea da también la fecha que comúnmente le 
asignan los autores, y no la que señala De Angelis. 

2.'" El otro decreto, que se refiere á la segunda parte, se lee de este 
modo en la misma Collectanea, n. 1.535 (vol. 2, p. 136): 

S. Poenit. Ap. 14 Junii 1880.— Se in forza della legge che proibisce di mangiare 
ihsieme carne e pesce, sia prohibito ugualmente mangiare carne e qualche vivanda con- 
dita con salsa di pesce. 

R. Negatíve. 

3." Recuérdese que la ley de no promiscuar carne con pescado es 
relativamente moderna en la Iglesia, pues la impuso Benedicto XIV en 30 
de Mayo de 1741 por su Constitución Non ambigímus, § 4 (Bularlo de 
Bened. XIV, vol. 1 , p. 22). Véanse también las Constituciones In su- 
prema de 22 de Agosto del mismo año, § 2 (Bularlo, 1. c, p. 29); SI fra- 
ternitas, de 8 de Julio de 1744 (Bularlo, 1. c, p. 159), y Libentlsslme, 
de 10 de Junio de 1745, § 3, sig. (Ibld., p. 234, sig.) 

4.^ a) Es de notar que la Iglesia tiende cada día más á suavizar esta 
ley de la promiscuación, y así, aunque Benedicto XIV declaró en 5 de 
Enero de 1755 (1) que obligaba, no sólo en los días de ayuno, sino tam- 
bién en los de sola abstinencia, v. gr., en los viernes de entre año; pero 

(1) «Ex audientia SS-»' die 5 Januarii 1755 Sanctissimus firma remanente dispositione 
Constitutionum Apostolicarum 30 Maji et 22 Augusti 1741, et Declarationura super ipsis 
aSanctitate Sua editarum 8 Julii 1744, quae in precibus Archiepiscopi Caesaraugustani 
enunciatur. quamvis illae respiciant tempus quadragesimae aliosque dies, quibus jeju- 
nium de praecepto observandum est; nihilominus ex alia ratione declárateos etiam, 
quibus ex justa causa permittitur esus carnium diebus Veneris et Sabbati aliisque per 
annum, in quibus praeceptum est abstinendi ab iisdem carnibus absque obligatione 
jejunii, nequáquam posse una cum carnibus pisces quoque comedere, nisi forte vale- 
tudinis causa hoc ipsis a Mediéis concessum fuerit.» Cfr. De Angelis, Praelect. jur. can., 
lib. 3, tit. 46, n. 5 (p. 359). 



BOLETÍN CANÓNICO 245 

Gregorio XVI, con fecha 15 de Febrero de 1834 (Collectanea S. C. de 
Prop. Fide, vol. 1, n. 833), la restringió á los días de ayuno y á los do- 
mingos de cuaresma, y permitió la promiscuación en los demás días en- 
tre año de sola abstinencia. 

b) Igualmente, aunque en 18 de Enero de 1834 (Acta S. Sedis, vol. 1, 
p. 428) la Sagrada Penitenciaría-había contestado que esta ley obli- 
gaba aun á los que comían carne por hallarse enfermos; pero en 9 de 
Enero de 1899 (Acta S. Sedis, vol. 32, p. 563) declaró que los tales 
•enfermos quedaban exentos de dicha ley. En este último sentido parece, 
en efecto, que fué impuesta por Benedicto XIV, esto es, como una com- 
pensación de la gracia que se les concedía á los sanos, y, por consi- 
guiente, sólo á los que comen carne en virtud de indulto ó dispensa, pues 
como indicamos en otra parte, hubiera sido un contrasentido que mien- 
tras se iba ensanchándola facultad de comer carne en favor de los sanos, 
á los enfermos, sin darles ningún favor en este punto, se les hubiera 
impuesto una carga que nunca había existido para ellos. 

cj Más tarde, aunque está declarado que el que no puede comer 
carne, tampoco pueda tomar caldo de carne, y esto, aunque por indulto 
Ijes esté permitido el uso de los condimentos.de grasa (S. Penit., 30 de 
Enero de 1866: Colledan. S. C. de Prop. Fide, vol. 1, n. 1.281), declaró, 
no obstante, cómo hemos visto, y ahora lo confirma, que el que tiene 
indulto para comer carne, puede en una misma comida comer caldo de 
carne y pescado; ó viceversa, salsa ó caldo de pescado y carne. 

d) Que tal gracia fuera aplicable á los que tienen la Cruzada, parecía 
ya antes fuera de toda duda, y también que fuera extensiva á los pobres 
que hacen uso de dicho indulto sin tomar el sumario, pero rezando el 
Padrenuestro y Avemaria. 

e) También declaró que se puede usar sin necesidad de indulto en los 
días de ayuno y en los de abstinencia el aceite con el que se había frito 
la carne. (S. Poenit., 17 Nov. 1897.) 

Consulta.— Después de escrito y aun compuesto lo que antecede, 
recibimos la siguiente consulta: 

«En los días de ayuno, en que por razón del privilegio de la Bula se 
puede comer carne y tomar con pescado el caldo de la carne, las perso- 
nas que ayunan, ¿podrán tomar el dicho caldo de carne en la colación? 

»Dado que esto sea lícito, ¿podrán tomarlo también en aquellos otros 
días, como, por ejemplo, los viernes de Cuaresma, en que no se puede 
comer carne? 

Respuesta.— El poder tomar caldo de carne algún día ó en alguna 
comida supone el privilegio de poder comer carne en aquel día ó en 
aquella comida, y como ni en los viernes de Cuaresma ni en las colacio- 
nes se puede comer carne, sigúese que tampoco en dichos días ó comidas 
se podrá tomar caldo de carne. 

J. B. F¿RRcR-S. 



EXAMEN DE LIBROS 



De Vlrtute Fidel cum prolegómeno de Virtutibus in genere et appendice de 
Obedientia Ecclesiae debita. Tractatio Scholastica. Auctore Sac. C. Masi.— 
Taurini, Typographia Pontificia. Eq. Petri Marietti, Via Legnano, 23; 1909. 
En 4.° de VlII-260 páginas. 

Dos secciones comprende esta obra. Trata la primera de las virtudes 
en general, y se divide en dos partes: virtudes naturales y virtudes sobre- 
naturales, y en éstas se incluyen los dones y frutos del Espíritu Santo y 
las bienaventuranzas. La segunda explica particularmente la virtud de la 
Fe. También aquí se hacen dos divisiones; fe objetiva y subjetivamente 
considerada; y en la última se discurre sobre el acto y el hábito, coro- 
nándose el tratado con un apéndice sobre la obediencia debida á la 
Iglesia. 

En general, resplandece este libro por el orden y método que en él se 
emplea, por la seguridad de la doctrina, tersura de las definiciones y soli- 
dez de los argumentos. El autor sigue en todo á Sahto Tomás, citándole 
á cada paso y presentándole, al hablar de la Teología escolástica, con 
razón, como el oráculo y príncipe de ella, en cuya confirmación recuerda 
las palabras de Inocencio VI (núm. 848). Observaremos aquí que no 
todos convienen en que este testimonio proceda de este Pontífice: y el 
P. Alva, en su Nodus indissolubilis (que no aparece en la última edición 
del índice), Nodus IV De Innocentio Papa, diserta largamente sobre ello, 
negando su autenticidad. 

Lo característico y propio de la obra es: 1.°, la concisión y claridad 
con que en general se declaran las cuestiones; 2°, la supresión de puntos 
que ahora revestirían menos interés; 3.°, la feliz apropiación y uso de 
frases en la explicación de ciertas divisiones y subdivisiones; 4.^ la expo- 
sición breve y refutación contundente de las teorías sentimentalistas y 
modernistas; 5 °, el examen y juicio que por cuenta propia hace el señor 
Masi de las opiniones de otros teólogos, si bien hay que decir que per- 
tenece á la que pudiéramos llamar escuela de Billot. Prueba irrefragable 
de esto nos ofrecen sus sentencias sobre los actos saludables, que los 
estima sobrenaturales solamente quoad modum; la conciliación de la fe 
con la evidencia de la revelación y autoridad divina, y la resolución del 
acto de fe, aunque en alguna ocasión y en cosas de poca monta difiere 
del profesor romano, según puede verse en las páginas 126, nota 3, 
y 20?, nota 3. 



EXAMEN DE LIE ROS 247 

No en todo, claro está, nos satisface el esclarecido autor. Disentimos 
de él en varios pareceres, como en el modo del crecimiento intensivo de 
los hábitos por la mayor reducción del sujeto en sus actos, sobrenatura- 
lidad sólo quoad modum del acto saludable, imposibilidad de coexistir 
acerca de un mismo objeto actos de fe y ciencia bajo diverso aspecto, 
etcétera. En estas discusiones libres unusquisque in suo sensu abundet. 
Menos loables se nos figuran estas tres cosas: 1.^ Á veces, por ser dema- 
siado breve el distinguido Sr. Masi, resulta un tanto obscuro. Así, al tratar 
de si se compadece la fe con la evidencia plena de la revelación y autori- 
daddivina, nodistingue el caso deque la evidencia sea el motivo del asen- 
timiento ó tan sólo acompañe al verdadero motivo, á saber, la autoridad 
de Dios que revela. 2.^ En ocasiones es algo desabrido y desenfadado 
con teólogos respetables, y acaso sin razón en la causa en que se funda. 
Hablando de si lo virtualmente contenido en lo explícitamente revelado 
puede ser materia de fe, afirma que el P. Wilmers coincide con Suárez y 
Lugo, sin alegar ni un argumento con sombra ó visos de probabilidad. 
Ni es del todo exacto que Wilmers se ajuste á la sentencia de ambos 
teólogos, porque discrepa en el modo de explicar la definición de la 
Iglesia para que lo así contenido aparezca de fe, ni tampoco que no 
aduzca pruebas más ó menos convincentes, pero al cabo probables para 
afianzar su tesis. No es la única ocasión en que desdeña la explicación 
del P. Wilmers: pues si al tratar de la sentencia suareciana, en lo que 
atañe á la manera de entrar la autoridad divina en el acto de fe, se hu- 
biera fijado en cómo explica aquél en el número 353 la palabra misterio 
usada por el Eximio, y la contradicción que á éste se achaca, tal vez no 
habría repetido el Sr. Masi, sin citarlo, la frase de Kleutgen, agravándola 
con un potens: «no es misterio, sino poderoso (potetis) círculo vicioso»; 
ni habría defendido que Suárez se contradecía con lo escrito en otro 
lugar. 3."* Se muestra en algunos casos intransigente con otros que no 
interpretan á Santo Tomás según su sentir. Del P. Schiffini, que de lo 
sobrenatural de las virtudes que admite el Santo Doctor, saca que debe 
admitir la sobrenaturalidad entitativa de los actos por su correspon- 
dencia con aquéllas, testifica que con esa razón prueba tan evidente- 
mente lo que pretende, como el movimiento de la Tierra alrededor de la 
Luna. Y á propósito de la supernaturalidad de los actos saludables, hemos 
de hacer constar que, al decir de Lugo (Disp. IX, sect. II, núm. 29), por 
la sentencia contraria á la del autor milita Santo Tomás, á quien siguen 
omnes thomisiae, y aun es dudoso, según Suárez, que Cayetano no la 
mantenga (De Gratia, lib. II, cap. V, núm. 3). 

No son de grande peso estas imperfecciones; y se las advertimos 
porque anhelaríamos que una obra tan bien meditada y que tanto en su 
género vale, estuviera exenta aun de los menores lunares. 

A. P. GOYENA. 



^48 EXAMEN DE LIBROS 

^. Vagandard, aumonier du Lycée de Rouen. Études de critique et 
, d'Histoire religieuse. Deuxiéme'serie.— París, librairie Víctor Lecoffre..., 

rué Bonaparte, 90; 1910. Un volumen en 8.° prolongado de III-308 páginas, 

3,50 francos. 

Los estadios de critica y de historia religiosa reunidos en este volu- 
men son seis y se titulan: «la fundación formal de la Iglesia por Jesu- 
cristo— los orígenes de la confesión sacramental— elservicio militar y 
ios primeros cristianos— la cuestión del alma de las mujeres— la herejía 
albigense en tiempo de Inocencio III— la naturaleza del poder coercitivo 
de la Iglesia» (1). Su gran importancia y el nombre mismo del ilustre 
autor basta para excitar el interés y reclamar su detenida lectura á 
cuantos se dedican á estos estudios histórico-religiosos. Aunque toca, 
como no puede menos, varios puntos dogmáticos, procura siempre el 
docto autor permanecer «en el terreno de la crítica pura, no usando sino 
del método propio de la ciencia histórica»; pero añade con mucha opor- 
tunidad: «Á dicha tendríamos que una exposición leal y sincera de la 
verdad, tal como nos ha parecido resultar de los textos y de los hechos, 
contribuyera indirectamente á la defensa y gloria de la Iglesia», pág. III. 
' El primer estudio, reproducido ahora con breves adiciones, se pu- 
blicó por vez primera en la Revue du Clergé Frangais para responder al 
desafío lanzado por Mr. Loisy al director de la revista para que demos- 
trase históricamente la fundación formal de la Iglesia por Jesucristo- 
Responde muy cumplidamente el Sr. Vacandard con seguridad de mé- 
todo crítico y notable competencia exegética; haciendo ver al mismo 
tiempo cuan infundado es el error (2) de que el Cristo resucitado que 
fundó la Iglesia no es el Cristo de la historia, por no pertenecer, dice 
Loisy, al orden de la vida presente, que es el de la experiencia sensible. 
Mas de las verdades mismas y hechos concedidos por Loisy, ó sea de la 
realidad incontestable de las apariciones y de las impresiones sensibles 
por ellas producidas, deduce el ilustre autor con el sentido común el carác- 
ter histórico de Jesucristo resucitado; puesto que las apariciones, aunque 
fueran sobrenaturales, no dejaban de ser fenómenos sensibles, y como 
tales, sujetos á la experiencia sensible, cual la tuvieron y ejercieron los 
Apóstoles, cerciorándose de que el mismo Jesucristo, muerto en la cruz, 
es el que veían lleno de vida y gloria ante ellos, y que, por lo tanto, el 
Cristo resucitado inmortal es el Cristo histórico que fundó y consti- 
tuyó la Iglesia. 

Acerca de la confesión en los primeros siglos de la Iglesia, y en par- 
ticular de los orígenes de la confesión sacramental, se ha discutido mu- 
cho estos últimos años en libros y revistas, y no ha sido el ilustrado 



(1) De los otros seis de la primera serle se habló en el t. XII, pág. 248 y siguientes 
de Razón y Fe. 

(2) Está condenado en el decreto Lamentabili, proposiciones 36-37 y 52-56. 



EXAMEN DE LIBROS 249 

capellán del liceo de Rouen quien menor parte ha tomado en la con^ 
tienda con su artículo «Confession du l^r ou XIII siécle» en el dicciona- 
rio de Teología editado por Letouzey. Algo ha debido ocuparse de ello 
también Razón y Fe, donde se hubo de rechazar, t, XXII, pág. 520 y 
siguientes, la noción del pecado mortal como materia necesaria de la con- 
fesión dada por Rauschen, á quien parece seguir nuestro autor en esta 
parte, cuando explica en el párrafo 7.° los cambios de la disciplina de la 
confesión. 

La cuestión del servicio militar en los cristianos de los primeros 
siglos se refiere principalmente á su licitud, por el peligro de faltar á lo 
que exigía la fe cristiana, y por la repugnancia al derramamiento de san- 
gre humana que siempre ha manifestado la Iglesia. Trae interesantes tes- 
timonios en el texto y en el apartado II de los cinco con que termina la 
obra. Nosotros sólo repetiremos, por su oportunidad en estos días, lo que 
sobre la exención del servicio militar se lee en la pág. 168, al fin del estu- 
dio: «Orígenes había hecho observar que los sacerdotes paganos y los 
que custodiaban los ídolos estaban dispensados del servicio militar, dife- 
renciándose de los otros ciudadanos, á fin de tener siempre las manos 
puras cuando habían de ofrecer sacrificios á los dioses (1). La misma 
distinción se estableció en la Iglesia católica. Ni los emperadores tuvie- 
ron dificultad alguna en admitirla; los cuales eximieron á los clérigos de 
la obligación de llevar las armas. De este privilegio gozaron todos los 
clérigos á través de los siglos, en todas las naciones cristianas, has. a 
nuestros días.» Sobre lo que dice el autor, pág. 131, de la proximidad de 
la segunda venida de Jesucristo en la mente de San Pablo, puede leerse 
en contra el P. Murillo, páginas 386 y 387 del tomo anterior de 
Razón y Fe. 

En el estudio cuarto se pone claramente á la vista de quien quiera 
leer, que es una paparrucha, lo que escribió la Revue Bleue (y osó afir-^ 
mar en España públicamente la Belén Sárraga) «que se cuestionó seria- 
mente en un Concilio de Obispos (el de Macón), si la mujer tenía ó no 
un- alma» humana. 

El final del estudio sobre la herejía de los albigenses llamará la 
atención á más de uno de nuestros lectores; dice: «El título de primer 
inquisidor que se le aplica (á Santo Domingo de Guzmán) por autores 
graves, es inexacto.» 

En el último estudio se propone el erudito autor demostrar que 
todavía, á pesar de la Encíclica Quanta cura, puede sostenerse como 
ortodoxa la opinión de algunos pocos escritores, v. gr., Bartolo, á quien 
cita especialmente (2), de que el poder coactivo de la Iglesia por dere- 



(1) Contra Celsum, lib. VIH, cap. LXXIÍI. 

(2) En Razón y Fe, t. XI, páginas 394-395, dimos cuenta de la obra de Bartolo, y allí 
hubimos de notar su doctrina sobre este punto. 



250 EXAMEN DE LIBROS 

cho estricto, divino, sólo se extiende á imponer penas espirituales, aunque 
gravísimas, como la excomunión, pero no materiales ó corporales. No 
quiere comprometer, dice, su parecer propio al exponer las razones en 
pro de esta opinión; pero al hacerlo sienta algunas afirmaciones inexac- 
tas y que no creemos se puedan admitir en buena Teología. Ya lo indica 
el P. Choupin en el artículo que lealmente se reproduce en el apéndice 4.°, 
en el que, distinguiendo el derecho de la Iglesia, que, como recibido de 
su Divino Fundador, es siempre el mismo, y la aplicación ó uso de ese 
derecho que puede ser y ha sido diverso en diversas edades, ha des- 
vanecido una de las principales dificultades que parece habían confun- 
dido al autor. 

La proposición condenada en la Encíclica Quanta cura es la que 
afirma «no competer á la Iglesia el derecho de reprimir con penas tem- 
porales á los que violan sus leyes»: «Ecclesiae jus non competeré viola- 
tores legum suarum poenis temporalibus coercendi» (1) ¿Qué opone el 
Sr. Vacandard á condenación tan clara, cuyo sentido obvio no permite en- 
tenderla fácilmente sino como la entienden comúnmente los teólogos, se- 
gún indica el mismo autor, pág. 235?— Que la Encíclica no es documento 
infalible, por lo que podría reformarse; y que por penas temporales se sig- 
nifica lo que otros Pontífices llaman penas saludables. Con razón res- 
ponde el P. Choupin que aunque no fuese infalible la Encíclica, es, por lo 
menos, ley doctrinal universal obligatoria, y, por lo tanto, debe tenerse 
por temerario quien propale doctrinas en ella condenadas; y que «el 
texto, el contexto, las circunstancias históricas, todos los diccionarios 
que han fijado la significación de las palabras temporal y saludable, el 
sentido común de los teólogos y canonistas, la práctica constante de la 
Iglesia y el buen sentido» son contrarios á la interpretación sobredicha. 
Hemos de añadir: 1.°, que «se admite generalmente y es indudable, como 
dice el P. Wernz, que la Encíclica Quanta cura es documento ex cathe- 
dra (y por consiguiente, infalible), y que si hay quizás algunos católicos 
que lo niegan, se exceden ciertamente y su opinión es del todo improba- 
ble» (2); 2.°, que el sentido de la palabra temporales, distinto de salu- 
dables, se expresa bien en la proposición condenada, que precede inme- 
diatamente á la interpretada por Vacandard, y que dice que «la Iglesia 
nada debe decretar que pueda obligar las conciencias de los fieles en 
orden al uso de cosas temporales^: «Ecclesiam nihil deberé decernere, 
quod obstringere posuit fidelium concientiae in ordine ad usum rerum 
temporalium». La condenación de Pío IX se lanzó precisamente contra los 
liberales, que negaban á la Iglesia la facultad de imponer penas materia- 
les y de invocar el brazo secular, como lo ha hecho frecuentemente. El 
Concilio Tridentino, sess. 25, de Reform., cap. III, dice á los jueces ecle- 



(1) Ap. Denzinger, Enchina., núm. 1.547. 

(2) Véase Razón y Fe, t. XVIII, páginas 528-529, y E. Wernz, allí citado. 



EXAMEN DE LIBROS 2S1 

siásticos que podrán, si les pareciera conveniente, proceder en ciertas 
causas y «fallarlas imponiendo penas pecuniarias, ó bien por medio de 
embargos de bienes ó el arresto de las personas por sus propios ejecuto- 
res ó por extraños»: «per captionem pignorum personarumque districtio- 
nem per sus proprios aut alíenos executores faciendam. (Por fin, siendo 
tan grave y delicada la materia, queremos advertir que en la nota (apén- 
dice 14) sobre las relaciones de la Iglesia y del Estado, no se expone ín- 
tegra la doctrina de León XIII en la Encíclica Immortale Dei; puesto que, 
admitiendo el Papa ser supremas é independientes ambas sociedades y 
potestades eclesiástica y civil, «cada una en su género», enseña que «es 
necesario que haya entre las dos potestades cierta trabazón ordenada; 
trabazón íntima que no sin razón se compara á la del alma con el cuerpo 
en el hombre» y exige en ciertos casos la subordinación del poder tem- 
poral al espiritual, que es de orden superior. 

P. ViLLADA. 



Ambrosio de Morales, estudio biográfico por Enrique Redel, publicado á 
expensas de la Real Academia Española. — Córdoba, imprenta del Diario, Le- 
trados, 18, y García Lovera, 20; 1909. En 8.° de 576 páginas, 6 pesetas. 

Ambrosio de Morales es uno de nuestros antiguos historiadores más 
dignos de estudio; y, sin embargo, sus numerosos escritos, su vida, por 
muchos títulos interesante, no ha sido hasta hoy objeto de ningún tra- 
bajo serio. El presente, aunque no agota la materia, está hecho con 
esmero y aun cariño; el autor ha procurado recoger los numerosos datos 
autobiográficos esparcidos por Morales en sus obras y cuanto ha podido 
hallar en obras impresas ó manuscritas conservadas en Córdoba. En 
cuanto á las demás fuentes manuscritas de nuestra historia, incluso la 
misma Biblioteca Nacional, ha debido contentarse con algunas notas 
procuradas por ios amigos. Método harto deficiente como el mismo autor 
reconoce (pág. 421). 

Á la genealogía de Morales se consagra el capítulo I, que termina muy 
oportunamente con un resumen ó árbol genealógico que fije bien las 
ideas. Sigue la niñez y estudios de Ambrosio, ya en Córdoba, ya en Sala- 
manca, adonde fué acompañado de su tío materno el insigne escritor 
maestro Fernán Pérez de Oliva, cuyo nombre y méritos enaltece aquí 
el autor muy justamente. 

Muerto el maestro Pérez de Oliva, Ambrosio regresó á Córdoba, 
ingresó y profesó en el monasterio de San Jerónimo, tomando por nom- 
bre Fray Ambrosio de Santa Paula. 

Dejó luego el hábito y el monasterio, habiendo imitado imprudente- 
mente á Orígenes en el modo de querer precaverse contra los peligros 
de la castidad. En el siglo, una vez frustrado su viaje á Roma, logró 



^252 EXAMEN DE LIBROS 

ordenarse de sacerdote y pasar á Alcalá, con intento de completar sus 
estudios. 

Alcanzó luego la cátedra de Retórica; en ella y en su casa tuvo ilus" 
tres discípulos, como refiere el cap. IV, con otras noticias dignas de 
saberse sobre la insigne Universidad. 

En 1563 fué Morales nombrado cronista del Reino, á petición suya, 
presentada á las Cortes de Madrid; aunque ya hacía años que tenía 
escrito algo sobre nuestra historia, y aun por comisión del mismo Rey, 
como la relación de la prisión del Arzobispo de Toledo, Carranza 
(pág. 123). 

Preparó, pues, con mucho trabajo su Crónica y su?, Antigüedades, que 
fueron apareciendo en diversos años y encontró tiempo para desarrollar 
otros muchos temas de erudición; como los Discursos, las obras de San 
Eulogio y la narración de la solemne procesión hecha para trasladar las 
reliquias de San Justo y Pastor desde Huesca á Alcalá: véanse los capí- 
tulos VI, VII y sobre todo el XI. 

Tal es, brevemente, la vida de Ambrosio de Morales, que murió el 21 
de Septiembre de 1591, estimado en gran manera de sus contemporá- 
jieos, como puede convencerse el lector leyendo este hermoso estudio. 

Al fin va una serie de Apéndices, nutridos de erudición y doctrina, y 
en todo el libro muchas y muy trabajadas notas. 

Es digno de notarse lo que dijo la Revista de Archivos (Mayo-Junio 
de 19C9, pág. 471), que el 12 de Febrero del 1909 está fechado el colofón 
y el 13 murió el autor, sin lograr tener en la mano un ejemplar de 
su libro. 

Esta circunstancia, no obstante, no me impedirá poner algún reparo 
á la obra. Habría ganado no poco rompiendo el orden cronológico y 
reduciendo los capítulos á bien pensados temas, que con sus rótulos 
(omitidos ahora) hubieran facilitado la lectura del libro; además algunas 
noticias, citas y referencias distraen del asunto principal, aunque, por otra 
parte, se alegra uno verlas recogidas; tal vez se nota exagerado empeño 
en mostrarse diligente en las citas. ¿Á quién, v. gr.,no extraña ver copiada 
toda la portada de la patrología de Migne al citar un tomo; y en vez de 
decir simplemente Madoz, t. II, encontrar en las páginas 44 y 268: Diccio- 
nario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de 
Ultramar, por Pascual Madoz. Tomo II. Madrid, 1845? 

Vengamos á otra cuestión: 

En el apéndice O, hablando el autor de las obras, manuscritos y 
papeles inéditos de Ambrosio de Morales, advierte la equivocación con 
que el P. Astrain, en una nota de la página 475 del primer tomo de su 
Historia de la Compañía de Jesús, aplica al célebre cronista Ambrosio 
de Morales la paternidad de una obra que no le pertenece, con ocasión 
de tratar del Hermano Juan Fernández. 

«El docto P. Astrain, dice, se ha confundido al acudir ala autoridad 



EXAMEN DE LIBROS 253 

de nuestro cronista para demostrar que el Hermano Fernández era cor- 
dobés; porque la Historia manuscrita de Córdoba, custodiada en el 
Archivo Municipal de esta población, fué compuesta en el siglo XVII, 
según unos, por el Dr. Andrés de Morales y Padilla, y según otros, por 
el P. Alonso García de Morales, como ya indiqué en el apéndice B; pero 
de ningún modo por Ambrosio de Morales, á quien se nombra con respeto 
en sus páginas, dando pormenores más ó menos lacónicos acerca de su 
vida y de su muerte.» 

Tiene perfecta razón el Sr. Redel; y para que no se diga que son cláu- 
sulas posteriormente añadidas esas referencias, advertiré: 

1.° Que el otro ejemplar de dicha Historia, conservado en la Biblio- 
teca Provincial de Córdoba, lleva esta portada antigua: «Historia 
gene 1 ral de Córdoba | Primera | Parte ] su Autor | el D/ Andrés de 
Morales | Año de 1620.» 

2.° Que el capítulo 175 del libro 10.° lleva por título Del Rey 
Felipe III; habla de la muerte de su padre Felipe II, y supone que hace 
años está reinando el mismo Felipe III, pues dice que «a proseguido su 
Magestad á hacer no menos mercedes que su padre á la ciudad de Cor- 
doua», eligiendo de ella consejeros, eclesiásticos... 

3.° Que en el ejemplar del Archivo Municipal, aunque la portada es 
posterior, como diré luego, se lee este final, sin duda, autógrafo (t. II, 
fol. 584): «acabóse este segundo tomo de ultima mano y corrección dia 
del glorioso Santiago Patrón de España en Madrid á 25 de Julio 
año 1620, todo debajo de la Santa Corrección de la Iglesia y del que 
más supiere— Dotor Morales.» Sin que haya razón alguna para suponer 
que empezó uno y acabó otro esta Historia. 

4." Que al fin del ejemplar del Archivo Municipal hay unos papeles 
con una proposición de Francisco Argote en 19 de Octubre de 1716, 
hecha al Ayuntamiento de Córdoba para hacer volver la Historia en 
cuestión desde Écija, donde se hallaba, al mismo Ayuntamiento, su ver- 
dadero propietario. En esta proposición, copiando documentos ante- 
riores, expresamente se nota «que en este año pasado de 1619 Andrés 
de Morales hijo y natural de esta ziudad, zelebre historiador por hazer 
algún serbizio a estta ziudad su Patria escribió dos tomos de Historia 
Anales de estta ziudad que dedicó á V. S. y manuscriptos se pusieron 
en su Archivo». 

5." Que la atribución de la dicha Historia de Córdoba á Andrés de 
Morales es constante entre los archiveros, como expresamente me lo 
aseguró el actual; tal fué también la mente de D. Luis María Ramírez y 
las Casas-Deza, cuando en 1842 arregló el ejemplar que se conserva en el 
Archivo Municipal, pues le puso esta portada: «Historia | de | Córdoba | 
escrita | Por el Ds Andrés de Morales | y Padilla.» 

6.° Que la única cuestión disputable es la propuesta por el señor 
Redel, y más ampliamente por el mismo Luis María Ramírez en sus 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 17 



254 EXAMEN DE LIBROS 

Anales de la ciudad de Córdoba, que, escritos de su mano, se guardan 
en el dicho Archivo Municipal, Prólogo, fol. 1 v.: «Poco antes que 
Pedro Díaz de Rivas anunciase su obra, esto es, en 1618, había muerto 
otro literato cordobés, el P. Alonso García de Morales, de la Compañía 
de Jesús y Rector del Colegio de Osuna; dejó Mss. una historia de Cór- 
doba y un catálogo de las Casas ilustres de esta ciudad.» Y en nota, 
«aunque se atribuye generalmente esta obra al P. Alonso García de Mo- 
rales, ofrece muchas dudas el determinar su autor con toda certeza...». 
Aduce el testimonio del P. Martín de Roa y de Nicolás Antonio, sobre 
el Dr. Andrés, y termina. «Resulta que D. Andrés de Morales escribió 
una historia idéntica á la que compuso el P. García de Morales: ¿será 
acaso la misma, y D. Andrés reuniría materiales para el P. García de 
Morales, del que era hermano? En ciertos apuntes de un escritor cor- 
dobés se ve que el P. García dejó, al morir, la historia de Córdoba y de 
sus casas en poder de su hermano D. Andrés para que la entregase al 
Ayuntamiento, lo que no efectuó desde luego, por lo que éste la reclamó 
y recogió, después de su muerte, en 1649. Esto es, se recogió el 14 de 
Abril de 1649, como se nota en las actas conservadas en el mismo Ar- 
chivo Municipal.» 

Alguna luz puede dar en esta cuestión secundaria, de que no quiero 
ocuparme, confrontar los ejemplares de Córdoba que van á nombre de 
D. Andrés con el ejemplar de la Biblioteca Nacional, que va á nombre 
del P. García, según ya notó Sommervogel, III, 1.248, B. 

Dicho sea esto, como apuntó el Sr. Redel, para evitar futuras equivo- 
caciones. 

E. Portillo. 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



DOS «CARTAS-PASTORALES» 
DEL ILMO. SR. OBISPO DE VICH, 

1 . Á los maestros cristianos. 

Con motivo de la semana san- 
grienta de Julio, muchas personas 
han deseado saber del limo. Sr. Obispo 
de Vich cuál era el remedio más opor- 
tuno para curar la miseria moral que 
los sucesos de Barcelona descubrie- 
ron, y evitar la reproducción de tan 
horrendos crímenes. El docto Prelado, 
contestando á la pregunta, dirige esta 
Pastoral á los maestros, porque en 
manos de ellos está la palanca pode- 
rosa que conmueve al mundo moderno: 
la educación é instrucción de la juven- 
tud, en donde se forma la corriente 
social que conduce al equilibrio y á la 
paz pública, ó al desorden y á la catás- 
trofe de la civilización». 

2. Ejemplaridad sacerdotal de San José 
Oriol. 

Habiendo recibido San José Oriol la 
consagración sacerdotal, es muy opor- 
tuno que el actual Prelado de la dió- 
cesis vicense le proponga al clero 
como ejemplar de sacerdotes. «El dul- 
ce eclesiástico de Barcelona contri- 
buyó muy eficazmente á la reforma de 
costumbres de la ciudad y al creci- 
miento de su espíritu sobrenatural con 
la propagación de la enseñanza cate- 
quística.» Así dice el limo. Sr. Torres y 
Bages. Por esto desea que, á ejemplo 
de San José Oriol, emplee el clero los 
recursos del sagrado ministerio «en su 
oficio más esencial, que es el de cate- 
quizar á los hijos de la Iglesia». 

La acción social del Clero. Instrucción 
que el Excmo. y Rmo. Sr. Dr. D. Victo- 
riano GuiSASOLA, Arzobispo de Valen- 
cia, dirige á su amado Clero diocesano. 
Valencia, 1910. Tipografía Moderna, á 
cargo de Miguel Jimeno. 

El ilustne Prelado traza en esta Ins- 
trucción reglas prudentísimas que to- 



dos los sacerdotes debieran tener pre- 
sentes para no dejarse llevar de un celo 
indiscreto, y sobre todo para no perder 
de vista el fin sobrenatural de su mi- 
nisterio y el verdadero blanco adonde 
se ha de encaminar la acción social. 
Con ellas cooperarán eficazmente á la 
acción social católica en España, tan 
recomendada por Pío X en su carta al 
Sr. Arzobispo de Toledo, Emmo. Car- 
denal Aguirre, inserta en este número, 

N. N. 

Cuarta Pastoral del Ilustrísimo y Reve- 
rendísimo Sr. Dr. D. Juan Maura y Ge- 
labert, Obispo de Órihuela, sobre el 
Modernismo.— Orihuela, imprenta de 
Cornelio Paya, 1909. En 4.° de 37 pá- 
ginas. 

Contiene la refutación del pragma- 
tismo de modo clarísimo, fácil, conclu- 
yente, como no nos acordamos ha- 
berla visto mejor, ya se considere el 
pragmatismo en general por el valor 
que da á las ideas en relación á la 
práctica, ya se le examine en el terre- 
no religioso, donde se demuestra que 
su experiencia religiosa es ó implica 
el ateísmo, y que los conflictos que 
quiere W. James desterrar con su 
teoría entre la religión y la ciencia, 
desaparecen, sí, en esa teoría, pero 
eliminando la religión aun. natural y la 
verdadera ciencia. 

P. V. 



Der Opfercharacter der Eucharistie einst 
undjetat eine dogmastisch patristische 
Untersuchug zur Abwehv., von doctor 
Theol. Emil Dorsch, S. ].—El carácter 
de inmolación en la Eucaristía antes y 
aflora: investigación dogmático-patrís- 
tica en propia defensa, por el Dr. Emi- 
lio Dorsch, S. J.— Innsbruck, 1909. Un 
volumen en 4." de XVI-306 páginas. Pre- 
cio, 5,40 marcos. 

La ocasión del presente escrito, como 
ya lo insinúa su título, ha sido la agre- 
sión de que ha sido objeto el autor por 



256 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



parte del Dr. Wieland, en su escrito, 
cuyo título es: «El Mhro Mensa y Confe- 
sio y el P. Emilio Dorsch, S. J., de Inns- 
bruck. » El P. Dorsch, tomando por lema 
la defensa de la Verdad, quiere que 
su respuesta al Dr. Wieland sea teni- 
da como un «combate» por los fueros 
de aquélla. La Iglesia, dice el profesor 
de lnnsbruck,lia reconocido siempre en 
la Misa el carácter de verdadero sa- 
crificio: tal es el concepto que del Al- 
far y de la acción que sobre él se con- 
suma y constituye el centro del culto 
cristiano, ha tenido constantemente la 
Iglesia y la tradición eclesiástica des- 
de los tiempos de los Apóstoles hasta 
el Concilio de Trento, y desde este 
Concilio hasta nuestros días. El Padre 
Dorsch examina detenidamente los 
testimonios patrísticos y teológicos 
en favor de ese concepto, poniendo 
empeño en refutar y presentar como 
desviación y desfiguramiento déla doc- 
trina genuina del cristianismo las ex- 
plicaciones contrarias. Desde el Após- 
tol San Pablo los Doctores eclesiásti- 
cos que han hablado de la Eucaristía, 
la han presentado siempre como un 
sacrificio ó inmolación de una víctima 
en obsequio del Criador, y el Concilio 
de Trento no hizo otra cosa que re- 
cordar y robustecer este pensamiento 
de la tradición cristiana. 

L. M. 



ESTUDIOS SOCIALES 

Religión y Ciencia. Estudios para los tiem- 
pos presentes. Segunda serie, á 60 cén- 
timos volumen.— Madrid, Centro de pu- 
blicaciones católicas, librería» religiosa, 
Pontejos, 8. 

Como en nuestros días es tan nece- 
sario el conocimiento de la religión en 
sus relaciones con la ciencia, y, por otra 
parte, es tan corto el número de los 
que tienen voluntad ó posibilidad de 
internarse profundamente en la consi- 
deración de tamaños problemas ó de 
arrostrar con gruesos volúmenes, han 
surgido en Alemania, en Inglaterra, en 
Italia, en Francia bibliotecas de vulga- 
rización, donde en tomos reducidos se 
va dando sumaria noticia de las cues- 
tiones sociales, científicas y religiosas 
al alcance de todas las personas que 
lleguen á un nivel mediano de cultura. 



Semejante á ellas nos parece la era- 
presa que con el título general de Re- 
ligión y Ciencia se publica en Madrid, 
y de cuya segunda serie hemos reci- 
bido varios opúsculos, breves en el 
tamaño, cortos en las páginas, pues 
ninguno llega á ciento, pero nutridos 
de bastante lectura por estar impresos 
casi todos en pequeños tipos. Unos 
son originales de autores españoles; 
otros, los más, traducidos del francés. 
De unos y otros, digamos dos pala- 
bras, pues no consiente más el espacio 
de que disponemos. 

Sistemas de retribución del trabajo, por 
Pedro Sangro y Ros de Olano, doctor 
en Derecho, auxiliar del Instituto de Re- 
formas Sociales, secretario de la sec- 
ción española de la Asociación inter- 
nacional para la protección lega! de los 
trabajadores. 

El Sr. Sangro ha condensado en las 
85 páginas de este opúsculo mucha 
doctrina y erudición. En dos partes 
divide la obra. Versa la primera sobre 
la ética en la cuestión social, la impor- 
tancia del tema en la economía, la re- 
tribución en la historia, el justo sala- 
rio según las diversas escuelas, el sa- 
lario familiar y el salario mínimo. La 
segunda parte, más copiosa y positiva, 
especifica los diversos sistemas de re- 
tribución del trabajo, tomando princi- 
palmente por guía el clásico libro de 
Schloss, algunas de cuyas doctrinas ex- 
tractamos en otra ocasión (1). En los 
puntos más controvertidos de la pri- 
mera parte se guía por las enseñanzas 
de León XIII en la Encíclica sobre la 
condición de los obreros. En este pun- 
to nos permitimos disentir del autor 
cuando opina que «interpretan mejor 
la doctrina de lia Encíclica los parti- 
darios del salario familiar relativo» 
(pág. 24). Y pues en nota cita al P. Ver- 
meersch, aunque no sabemos si como 
partidario del salario familiar simple- 
mente ó también del relativo, hemos 
de advertir que dicho Padre es tan 
ajeno de este último que afirma (y 
quizá es demasiado) no haber escri- 
tor católico que lo defienda. Namcum 
salarium relativum a nemine ex catho- 



(1) Razón y Fe, t. VI, pág. 460 y si- 
guientes. 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



257 



licis scriptoribus defendatur, etc. (1). 
Merece aplauso el Sr. Sangro por ha- 
ber entretejido la exposición de los 
sistemas con datos propios de España 



Las razones actuales de la creencia. Dis- 
V curso pronunciado en Lila el 18 de No- 
viembre de 1900, en la sesión de clau- 
sura del 27." Congreso de los católicos 
del Norte, por Fernando Brunetiére, 
- de la Academia Francesa. Traducido de 
la 14.^ edición francesa por Juan de 

HlNOJOSA. 

Por cammos inesperados lleva Dios 
á veces los hombres á la fe. ¿Quién 
dijera que la famosa divisa de la Re- 
volución francesa, Libertad, igualdad, 
fraternidad, hubiese de ocasionar la 
conversión de Brunetiére? Sin embar- 
go, ello fué asi, como se colige del 
discurso cuya traducción anunciamos. 
Resolvióse Brunetiére á abrazar la 
religión católica por haberse per- 
suadido de que la Revolución fran- 
cesa había andado equivocada, pues 
sólo en la Iglesia romana tenian ver- 
dadero cumplimiento aquellas tres pa- 
labras, y en ella sola tiene la demo- 
cracia su principio y su justificación, 
su fuerza y su freno. Verdad es que no 
se alega esta única razón, pero es la 
principal. La primera es que la filoso- 
fía no puede darnos una solución que 
nos satisfaga y como se nos imponga 
acerca del origen y destino del hom- 
bre. Esta razón, en cuanto prepara á 
otras más eficaces el terreno, es vieja 
ya entre los cristianos. La segunda es 
la que hemos indicado; y á la verdad, si 
es actual, lo será para Brunetiére, mas 
no para todos, ni quizá para muchos, 
ni de mucho peso. Mayor es la fuerza 
de otras que se insinúan como de pa- 
sada al fin del discurso y son también 
de todos los tiempos; es á saber, la di- 
fusión prodigiosa del Cristianismo, la 
realidad histórica de Jesús y su misión 
divina. Por donde se ve que no está 
muy justificado el título. 

Con todo eso, no es razón que sea- 
mos severos con un escritor que, con- 
vertido en los últimos años de su vida, 
ocupado en el continuo batallar de la 



prensa y de la conferencia, careció de 
formación suficientemente sólida. 
Nuestra condescendencia, empero, no 
ha de llegar á mirarlo como maestro 
de los católicos, y mucho menos como 
dechado. Si hemos de creer á uno 
de sus entusiastas biógrafos, Brune- 
tiére no practicó, por lo común, la re- 
ligión que profesaba; lo cual hace ex- 
clamar á Literarische Rundschau, de 
donde tomamos la referencia: «Con 
pena hemos de decirlo: muy pobre ha 
de andar Francia en verdaderos cató- 
licos de público prestigio, cuando es 
preciso colocar en el panteón de va- 
rones ilustres de la Iglesia á católicos 
que no practican» (1). 

Las siguientes obras, traducidas del 
francés, dan con su mismo título ¡dea 
de la importancia y de la actualidad 
de la materia de que se trata: 

La revelación ante la razón, por 
F, Verdier, Superior del Gran Semi- 
nario de Montpeller. Traducido de la 
quinta edición francesa por el presbí- 
tero Anastasio Machuca Díez, Cura 
de la Real Casa de Campo. 

¿Qué es la Fe?, por F. Mallet, pro- 
fesor del Colegio Católico de Aix, en 
la Provenza. Traducido de la tercera 
edición francesa por Aurelio López. 

Dios, principio de la ley moral, por 
Pedro Vallet, P. S. S., profesor de 
Sagrada Escritura en el Gran Semina- 
rio de Clemont. Traducido de la cuar- 
ta edición francesa por Juan de Hino- 

JOSA. 

El alma del hombre, por J. Guibert, 
Superior del Seminario del Instituto 
Católico de París. Traducido del fran- 
cés por Juan de Hinojosa. 

Las morales independientes y la mo- 
ral evangélica. Ensayo de síntesis cris- 
tiana, por M. J. Brugerette, profesor 
licenciado de Historia y de Filosofía. 
Traducido de la cuarta edición fran- 
cesa y precedido de un prólogo del 
Conde de Rascón. 



Crisis de la familia obrera. Discurso 
inaugural leído en la solemne apertura 
del curso académico de 1909-1910 en el 
Seminario Conciliar de Madrid, por el 



(1) Quaestiones de iustitia; altera editio, 
pág. 567. 



(1) 1909, núm. 10, pág. 508. 



258 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



Dr. D. Javier Vales Failde, catedrático 
de Economía social. — Madrid, 1909. 

Un sociólogo purpurado, por Javier Va- 
les Failde, Provisor y Vicario general 
de Madrid, Doctoral de la Real Capilla, 
catedrático de Sociología en la Acade- 
mia Universitaria Católica. Un tomo 
en 8." de 79 páginas.— Madrid, 1909 (1). 

La sobrada benevolencia con que 
juzga nuestros escritos el ilustre autor 
de la Crisis de la familia obrera y de 
Un sociólogo purpurado, pone freno á 
la pluma para que la alabanza no pa- 
rezca lisonja agradecida; pero la ver- 
dad, rompiendo los lazos que le arma 
el recelo de parecer lisonjero, nos 
obliga á felicitar cordialmente al docto 
Provisor de Madrid por las recientes 
muestras de su ingenio. 

Los sucesos de Julio en Barcelona, 
al descubrir en las entrañas de la so- 
ciedad la cancerosa llaga cuyo estrago 
lamentamos todavía, inspiraron al se- 
ñor Vales Failde el tema de su ora- 
ción inaugural. Uno de los remedios 
más urgentes es la restauración de la 
vida de familia en la clase obrera; 
mas como pueden emplearse distintos 
medios para esa restauración, limítase 
el autor á los económico-sociales, y 
aun no á todos. Después de exponer 
en una primera parte el estado luc- 
tuoso de la familia obrera, al contraste 
luminoso de aquel ideal que dulcísima- 
mente propone á los desposados la 
admonición de la liturgia toledana tra- 
dicional, establece en la segunda tres 
puntos principales para la restauración 
de la vida de familia: el salario familiar 
en cuanto es posible, el ahorro, como 
una consecuencia inmediata de aquél, 
y el empleo de una parte de lo ahorra- 
do en la constitución de una pequeña 
propiedad para el obrero». En los tres 
puntos campea la discreción y pruden- 
cia del docto profesor de Sociología, el 
sentido práctico, aliado con erudición 
de buena ley y con sana doctrina. 

Erudición y doctrina hállanse asimis- 
mo en Un sociólogo purpurado, aun- 
que la materia se reduzca á tratar del 
Emmo. Cardenal Sancha en el respecto 



(n Esta obra se ha publicado asimismo en 
la Biblioteca Religión y Ciencia, en un tomo 
de 78 páginas, á 60 céntimos. Librería religio- 
sa, Pontejos, 8.| 



estrictamente social. Las obras socia- 
les que el sociólogo purpurado fundó, 
promovió ó alentó, y que en vistoso 
alarde hace pasar ante nuestros ojos 
el ilustre Provisor; los escritos y los 
hechos en que se refleja el apostolado 
social del eminente Prelado, cuya ora- 
toria asemeja el autor á la de New- 
man, de quien decía Thureau Dangin 
que carecía aparentemente de las cua- 
lidades de orador, pero añadiendo que 
ningún predicador ejerció en Inglate- 
rra una acción tan profunda y durade- 
ra»: todo esto y algo más verá el lector 
en las hermosas páginas del libro , que 
son como la justificación de la cátedra 
Sancha de Sociología que se trata de 
fundar en la Academia Universitaria 
Católica de Madrid, y á cuyo efecto se 
recogen donativos. 

Patronatos de la mujer, por D. Atanasio 
Mutuberría. Un folleto de 55 páginas 
en 8." Precio, 0,50 pesetas.— Tafalla, im- 
prenta y papelería de Valero Albéníz, 
1909. 

Campo apenas espigado en España, 
y que, sin embargo, tiene urgente nece- 
sidad de cultivo es e! de la protección 
á la obrera. Poniendo manos á la obra, 
propone el Sr. Mutuberría, para las 
poblaciones de escaso vecindario ó de 
importancia media, la fundación de pa- 
tronatos cuyo fin sea ¡formar jóvenes 
aptas para que al convertirse en muje- 
res sepan cumplir deberes sociales» 
(pág. 40), y cuyo mecanismo y ofi- 
cios explica en el opiisculo. Interesa 
especialmente la parte que se refiere al 
ahorro y á la constitución de una dote 
ó parte de ella. El autor conviene en 
que en las grandes poblaciones se ha 
de preferir el sindicato profesional, á 
cuya idea se ha de acercar en lo posi- 
ble el patronato. 

Los patronatos de jóvenes obreros, por el 
Dr. D. Miguel Julia y Vilaplana. Canó- 
nigo de la S. I. Catedral de Segorbe. 
Premiado en el Concurso literario cele- 
barado por el Patronato de Valencia 
para conmemorar el XXV aniversario 
de su fundación. Un tomo de 114 pá- 
ginas en 8° Precio, una peseta.— Valen- 
cia, 1909, Tipografía moderna, Avella- 
nas, 11. 

Nadie hay que desconozca la impor- 
tancia de los patronatos de jóvenes 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



259 



«ftreros, que entonces será mayor cuan- 
do prepare lospatrocinados al sindicato 
ó asociación profesional. Por eso es 
digno de encomio el ilustre Canónigo 
de la S. I. Catedral de Segorbe por el 
libro que anunciamos y con que presta 
señalado servicio á los patronatos, 
cuya noción, origen, historia, necesi- 
dad, elementos componentes, espíritu 
y organización expone con brevedad y 
claridad. 

R. P. Venance, capuchino. San Francisco 
de Asís y su misión social. Traducción 
y preámbulo de J. Le Brun. Un folleto 
de 48 páginas. Precio, 25 céntimos.— Za- 
ragoza, tipografía de Salas, 1909. (Bi- 
blioteca de La Paz Social.) 

La extraordinaria influencia de San 
Francisco de Asís en el orden social 
no se acabó con su existencia en la 
tierra; perdura todavía en sus innume- 
rables hijos, especialmente en la ad- 
mirable Tercera Orden, que, al decir 
del glorioso Pontífice León XIII «es 
una verdadera escuela de libertad, de 
fraternidad, de igualdad, no al modo 
absurdo como los francmasones en- 
tienden estas cosas, sino como Jesu- 
cristo nos las ofreció, para enriquecer 
con ellas al género humano, y como 
San Francisco las puso en práctica». 
El folleto del P. Venance pone de re- 
lieve, asi la misión de San Francisco 
como de la Tercera Orden. 

Tratado elemental de Sociología cristia- 
<- na, poi el R. P. José M. Llovera, C. C. 
Obra laureada en el primer concurso 
de la Acción Social Popular. Un tomo 
de XV-426-VII páginas en 4.°, 4 pese- 
tas.— Barcelona, Oficina de Trabajo de la 
Acción Social Papular, Duque de la 
Victoria, 12 y 14, pral., 1909. 

Con honda satisfacción hemos visto 
publicados en poco tiempo por auto- 
res españoles dos libros excelentes de 
Sociología cristiana. Ni ha sido peque- 
ña parte de esa satisfacción la calidad 
de los autores, que son dos religiosos, 
dos frailes, como suelen decir despec- 
tivamente nuestros presumidos anti- 
clericales. El P. Casanova nos dio no 
ha mucho un copioso tratado en latín, 
con el nombre de Sociologia christia- 
na; el P. Llovera publica ahora el Tra- 
tado elemental de Sociologia cristiana, 



escrito en castellano. Uno y otro autor 
son hijos esclarecidos de religiones 
no menos populares que fervorosas¡,y 
antiguas: el primero de la Orden fran- 
ciscana; el segundo de la carmelitana. 
Dejando el libro del P. Casanova, de 
que hablamos á su tiempo, tócanos 
hoy presentar el del P. Llovera. 

Habrá reparado el lector que es obra 
laureada en el primer consurso de la 
Acción Social Popular, que dirige el 
P. Pálau, S. J. A la verdad, ni lai4c- 
ción Social Popular podía haber em- 
pezado mejor sus concursos, ni el libro 
premiado podía venir más oportuna- 
mente. Arde en muchos Seminarios el 
celo por estudiar la Sociología; son 
muchas las personas que desean ins- 
truirse con brevedad, pero á fondo, en 
los principales problemas y doctrinas 
de la flamante ciencia, y á los semina- 
ristas y á los deseosos de saber ofrece 
el P. Llovera su libro, que es breve y 
compendioso, cual requerían las con- 
diciones del concurso, claro y preciso, 
como ha de ser una obra didáctica, 
pero al mismo tiempo completo y fun- 
damental, explicando con solidez cuan- 
to suele ser objeto de los mejores tra- 
tados de Sociología cristiana. Estima- 
mos, pues, que la obra se presta admi- 
rablemente á servir de texto en los 
Seminarios y escuelas superiores. 

Va, como apéndice, al fin del ejem- 
plar que tenemos á la vista un estudio 
cabal y documentado del Volksverein 
y de la Acción Social Popular. Hase 
impreso también aparte (1). 

Nuestra enhorabuena á la Acción 
Social Popular y al laureado carme- 
lita. 

Introducción al estudio de la sociologia. 
Tomo II: Cuestión social y Escuelas so- 
ciales, por L. Garriouet, P. S. S., Supe- 
rior del üran Seminario de Avignon. 
Traducido de la segunda edición fran- 
cesa por Ricardo de Iranzo Goizueta. 

Á su tiempo recomendamos el pri- 
mer tomo de esta traducción, como an- 
tes habíamos celebrado el original 
francés en esta revista. Repetimos 



(1) Á los católicos sociales. La Ciencia en 
la Acción, por el R. P. José M. Llovera, C. C, 
Miembro consultor de la Oficina del Trabajo 
de la A. S. P. 78 páginas en 4." Precio, 50 cén- 
timos. Gratis y franco para los socios de la 
Acción Social Popular. 



260 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



hoy los aplausos para el segundo, que 
trata de la Escuela socialista y de la 
católica. En el apéndice se explica la 
Escuela de la Paz social, fundada por 
Le Play. 

N. N. 

ESTUDIOS BÍBLICOS 

Christus ein Gegner des Marienkultus? 
Jesús und Seine Mutter in den heiligen 
Evangelien. Gemeinverstándlich darges- 
tellt, ven Dr. Bernhard Bartmann, pro- 
fesor de TheoLin Paderborn.— ¿f's Cris- 
to adversario del culto de Maria? Jesús 
y su Madre en los santos Evangelios. 
Exposición al alcance ordinario, por el 
Dr. Bern. Bartmann, profesor de Teo- 
logía en Paderborn.— Friburgo, 1909. Un 
volumen en 8." de VlIl-184 páginas. Pre- 
cio, 3 marcos (Herder). 

Ya se sabe que el Protestantismo y 
su heredera la incredulidad contempo- 
ránea detestan el culto que la Iglesia 
ha tributado siempre á Maria Santísi- 
ma, y han tratado de impugnarle por 
todos medios. Uno de los principales 
argumentos que desde el principio de 
la Reforma adujeron los protestantes 
en favor de su tesis antimariana es la 
conducta de Jesús con su Madre en al- 
gunos pasajes evangélicos. El Dr. Bart- 
mann, partiendo del principio de que 
la Virgen era entonces viadora, y como 
tal, susceptible y aun necesitada de 
prueba, analiza los cuatro principales 
lugares evangélicos (en el templo, en 
Cana, cuando llama hermano y madre 
al fiel diligente en el cumplimiento de 
la voluntad divina y en la Cruz), re- 
solviendo que nada sólido puede infe- 
rir de ellos la heterodoxia contra la en- 
señanza católica. 

DOCUMENTS POUR l'ÉTUDE DE LA BlBLE.— 

Ascensión d'Isai'e: Traduction de la ver- 
sión ethiopienne avec les principales 
variantes des versions greeque, latines 
et slave. Introduction et notes par Eu- 
GÉNE TissERANT, Prof. d'assyrien á l'Apo- 
llinaire(Roma).— Paris.Letouzey et Ané, 
1909. Un volumen en 4." de 252 páginas. 
Precio, 4 francos. 

La colección de Documentos para 
el estudio de la Biblia , bajo la direc- 
ción del abate Martin, profesor de Len- 
gua etiópica en el Instituto Católico de 
París, continúa sus trabajos con lau- 



dable actividad. M. Tisserant, discípu- 
lo predilecto del Dr. Martín, ha hecho 
una nueva versión del apócrifo titulado 
Ascensión de Isaías, libro escrito en el 
primer siglo de la era cristiana y de 
origen judío-cristiano, tomándola di- 
rectamente del texto etiópico. Este, á 
su vez, sólo representa una versión del 
griego, que fué el idioma original; pero 
que, en defecto de esto, perdido hace 
siglos, representa la expresión más 
aproximada al mismo. Este primer fru- 
to de los estudios especiales sobre el 
etíope del profesor Tisserant, como él 
mismo llama á su trabajo, es un nuevo 
testimonio del ardor con que el clero 
francés ha emprendido los estudios su- 
periores relacionados con la Biblia y, 
en general, con la ciencia eclesiástica. 
El autor es acreedor á la simpatía y á 
los plácemes de todos los que se inte- 
resan por el adelanto de la cultura en 
el clero católico. 

Die Epistel des heiligen Jalcobus, über- 
setzt und erkiárt, von Dr. J. Evang. Bel- 
SER, ord. Prof. d. Theol. an d. Univers. 
zu Tüh'mgzn.^ Le Epístola de Santiago, 
traducida y expuesta por el Dr. J. Evano. 
Belser, profesor ordinario de- Teología 
en la Universidad de Tübingen.— Fri- 
burgo, 1909. Un volumen en 4." de Vlil- 
215 páginas. Precio, 4,50 marcos; encua- 
dernado, 5,30. 

Suspendiendo, á lo que creemos por 
un momento, el Dr. Belser la serie de 
sus trabajos sobre San Pablo, esta vez 
ha tomado por su cuenta la explicación 
de la Epístola de Santiago. El trabajo 
es como del Dr. Belser: docto, funda- 
do y erudito. En el § I vindica, en 
oposición á una opinión reciente del 
Dr. Mader, la identidad del autor de 
la Epístola con el Apóstol Santiago el 
Menor. Con respecto á la data crono- 
lógica, sostiene el Dr. Belser una opi- 
nión en que no es fácil halle seguido- 
res: juzga que la Epístola es muy an- 
terior á las controversias sobre las 
relaciones entre la ley y la gracia; y 
así que es inútil buscar en el escrito 
alusiones á esa controversia. En cambio 
al explicar el célebre pasaje: unusgui- 
sque tentatur a concupiscentí sua... 
deinde concupiscentia cum conceperit 
parit peccatum, etc., es de parecer 
que el Apóstol no se propone descrir 
bir la génesis y naturaleza de la culpa 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



261 



mortal y las condiciones del consenti- 
miento para el reato graves. Santiago 
habla de un proceso largo y sostenido 
de culpas graves, hasta engendrar un 
hábito arraigado que hace sumamente 
dificultosa la conversión y el verdade- 
ro arrepentimiento y termina con una 
muerte impenitente. En esto creemos 
que va acertado. También es digna de 
notarse la explicación glorietur autem 
frater... dives autem..., igualmente II, 
15-17, 18-19; 111, 1-2, etc. El discurso 
del libro está salpicado de oportunas 
observaciones filológicas y exégeticas, 
que hacen muy útil é instructiva su 
lectura. Al fin va el texto latino del 
Códice Corbeyense, cuyas variantes, 
respecto del de la Clementina corrien- 
te, agradan al Dr. Belser. 



Der Verfasser aer Eliu-Reden (Job Kap 
32-37). Eine Kritische Untersuchung, 
ven Dr. Wenzel Posselt. (El autor de 
los discursos de Eliu. Estudio critico.) 
Un tomo en 4." de XI-111 páginas, 3 
marcos. — Herder, Friburgo de Brisgo- 
via, 1909. (Biblische Studien, XIV, 3.) 

La crítica protestante pretende que 
los discursos de Eliu son pegadizo 
extraño al autor y á la composición 
del libro de Job. Lo contrario se pro- 
pone demostrar el autor de la presente 
monografía, haciendo ver en la pri- 
mera parte que sin tales discursos 
queda manca la composición, y en la 
segunda que las dificultades, sacadas 
del estilo y lenguaje, no son convin- 
centes. En cambio, emite una opinión 
que no deja muy bien parado á Job, y 
es opuesta al común sentir de los exé- 
getas católicos, que siempre se han es- 
forzado en alejar de Job toda sospecha 
de blasfemia, aun material. El autor, 
pues, salva— como él alce— reverentia' 
SS. Patribus et exegetis catholicis de- 
bita, se permite asentar las tesis si- 
guientes: 

a) Job, según presupone el poeta 
autor del libro, no sabe de retribución 
en la otra vida; b) no pudiendo pensar 
en una vida de ultratumba, entiende 
que la divina justicia exige una per- 
fecta retribución de lo bueno y de lo 
malo en la presente; c) mas como no 
hay tal, según se ve por lo que pasa á 
otros y á él mismo, que padece in- 
merecido infortunio, concluye que 



Dios le hace padecer porque le es ene- 
migo; d) de donde prorrumpe en blas- 
femias materiales, no formales, pues 
sólo procede de su error invencible, 
siendo asi que, en cambio, no cesa de 
confiar en Dios y sentir altamente de 
Él y hasta esperar al fin la resurrección 
de su cuerpo, rectificando así su pri- 
mer error. 



Der alttestamentliche Kanon der antio- 
chenischen Schule. Gekrónte Preisschrif t 
von Dr. Ludwiq Dennefeld. (El canon 
del Antiguo Testamento en la escuela 
de Antioquia. Obra premiada del doc- 
tor Luis Dennefeld.) (Biblische Stu- 
dien, XIV Band. 4 Heft.) — Herder, Fri- 
burgo de Brisgovia, 1909. 

El libro del Dr. Dennefeld viene á 
llenar un vacío de la literatura bíblica, 
en la cual se deseaba un estudio mo- 
nográfico sobre el canon antioqueno 
del Antiguo Testamento. Por escuela 
antioquena entiende el autor, en opo- 
sición á la alejandrina, aquel grupo de 
teólogos griegos que en la exegesis 
bíblica siguieron la dirección histórico- 
gramatical y dependieron de la escuela 
fundada por el mártir Luciano (muerto 
en 311), y llevada á completo des- 
arrollo por Diodoro de Tarso (muerto 
en 394). Después de haber estudiado 
atentamente los indicios y argumentos 
suministrados por los escritos que de 
los teólogos antioquenos conserva- 
mos, llega Dennefeld á esta conclu- 
sión: El canon del Antiguo Testa- 
mento en la escuela de Antioquia 
comprendía de igual modo los libros 
protocanónicos y deuterocanónicos, 
juntamente con el tercero de los Ma- 
cabeos y el tercero de Esdras. Sólo 
Teodoro de Mopsuesta constituye ex- 
cepción importante, en cuanto rechaza 
los libros protocanónicos: Job, Cantar 
de los Cantares, Paralipómenos, Es- 
dras, Nehemías y Ester; asimismo los 
deuterocanónicos, excepto el Eclesiás- 
tico y Baruch; no admite las partes 
deuterocanónicas de Daniel y tiene los 
Proverbios y el Eclesiastés por infe- 
riores á los libros inspirados. Poli- 
cronio es excepción sin importancia, 
pues sólo deja de reconocer el himno 
Benedícite de la parte deuterocanónica 
de Daniel (3, 24-90). 

El autor no sólo estudia los más cé.- 



262 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



lebres doctores como Diodoro de Tar- 
so, San Juan Crisóstomo, Policronio y 
Teodoreto, sino también los últimos 
teólogos antioquenos, ora discípulos 
de San Juan Crisóstomo, como San 
Isidoro Pelusiota, San Nilc, Marcos 
anacoreta, Proclo de Constantinopia, 
Casiano, Víctor de Antioquía; ora 
de Teodoro de Mopsuesta y de Teo- 
doreto, como Adriano, Cosmas Indi- 
copleustes y Nestorio. El cuadro tra- 
zado por Dennefeld, dice él mismo, 
difiere esencialmente del que nos dio 
Harnack sobre el canon antioqueno del 
Antiguo Testamento en su Lehrbuch 
der Dogmengeschichtc II (1887), 70. 



Die Menschenopfer der alten Hebraer 
und der benachbarten Vólker, ein Bei- 
trag zur altestamentiichen Reügionsges- 
chichte, von P. Dr. Evaristus Mador, 
S. D. S., Prof. d. Exegese am Priester- 
seminar zu Tívolí (Rom.)— ¿oó' sacrifi- 
cios humanos de los antiguos hebreos y 
de los pueblos vecinos: contribución á 
la historia de la Religión del Antiguo 
Testamento, por el P. Dr. Evaristo 
Mader, S. D. S., profesor de Exégesis 
en el Seminario eclesiástico de Tivoli 
(Roma).— Friburgo, 1909. Un folleto de 
XX -188 páginas en 4.^ Precio, 5,60 
marcos. 



El culto de Moloch en sus escenas 
cruentas y los sacrificios humanos de 
que iba acompañado, ha sido interpre- 
tado por la crítica incrédula como la 
expresión tradicional del culto primi- 
tivo en el pueblo hebreo, mientras el 
ritual pentatéuquico, donde tan severa- 
mente se proscribe la inmolación de 
seres humanos, sólo representa ideas 
religiosas posteriores y relativamente 
muy recientes. La critica descreída ha 
pretendido hallar una confirmación de 
su tesis en la fisonomía sanguinaria 
dejehová al ordenar, v. gr., el exter- 
minio de los cananeos, y hasta en 
ciertas prescripciones del Código mo- 
saico, V. gr, la consagración de los 
levitas, la ley de los primogénitos, 
etcétera, que serian mitigaciones de 
prácticas más antiguas en las que se- 
rían sacrificados á Jehová algunos 
miembros de la comunidad hebrea. El 
R. P. Dr. Mader analiza, desde el 
punto de vista histórico y crítico, una 



opinión que incluye imputaciones gra- 
vísimas contra la revelación del Anti- 
guo Testamento; y el resultado de su 
examen hace ver que el pueblo hebreo 
no sólo profesó desde su origen el 
monoteísmo, sino que sus ideas sobre 
el culto estuvieron siempre inspiradas 
por principios de moderación y res- 
peto á la dignidad humana, por más 
que, atendidas las disposiciones de 
aquella raza y los perversos ejemplos 
que veía en las naciones de su derre- 
dor, ni alcanzó la elevación sublime de 
la idea cristiana, ni supo preservarse 
del contagio de que estaba rodeada. 



Franz Schaub. Die katolische caritas und 
ihre Segner: La caridad católica y sus 
impugnadores.—- Regenshmg Volksve- 
reinverleg, 1909. Un volumen en 4.** 
de 237 páginas. Precio, 2,20 marcos. 

Magnífico libro, donde se examina á 
fondo el carácter legítimo de la Cari- 
dad y el de su expresión la Beneficen- 
cia, desde los puntos de vista teoló- 
gico y social. El Dr. Schaub es muy 
conocido en Alemania por su ciencia é 
instrucción vastísima, y las publica- 
ciones alemanas tributan á esta su 
nueva obra merecidos elogios. Nada 
hay, ni en la doctrina ni en las institu- 
ciones católicas, que el Protestantismo 
no se esfuerce por desnaturalizar y 
deprimir cuanto puede; pero uno de 
los puntos que con mayor empeño 
combaten, es precisamente el concepto 
y la práctica de la caridad y benefi- 
cencia tal cual lo entiende y practica 
la Iglesia romana. Por eso una obra 
como la del Dr. Schaub hacía falta en 
la literatura católica, y sintiéndolo así 
el autor, ha resuelto colmar ese vacío, 
consiguiendo realizar ventajosa y sa- 
tisfactoriamente su intento. Conocedor 
exacto de los principios de la doc- 
trina católica sobre materias tan deli- 
cadas, analiza y resuelve con acierto 
las objeciones tan especiosas como 
varias que los adversarios han susci- 
tado contra la caridad y beneficencia 
católicas. El autor ni desconoce ni 
reprueba lo que el Protestantismo ha 
hecho de bueno en punto á institucio- 
nes benéficas; por el contrario, lo 
acepta y aplaude, dando así una prue- 
ba de la imparcialidad de su análisis y 



NOTICIAS BIBLIOCUÍAFICAS 



263 



de la rectitud de sus intenciones. To- 
dos los eclesiásticos, pero en especial 
los que promueven esta clase de obras, 
hoy tan extendidas por todas partes, 
tendrán en el libro del Dr. Schaub una 
excelente guía doctrinal y un justifi- 
cante de sus trabajos. 

L. M. 



OBRAS TEOLÓGICAS 

Santo Tomás de Aquino y la Inmaculada 
Concepción de la Virgen Alaria. Ensayo 
critico por Moisés Alujas Bros, presbí- 
tero. Premiado en el certamen cele- 
brado en el Seminario Conciliar de 
Tortosa el 9 de Mayo de 1905, Prólogo 
del M. Iltre. Sr. Dr. D. Salvador Bové, 
Canónigo Magistral de la Seo de Ur- 
gel. — Librería Católica Internacional, 
Balmes, 83, Barcelona, 1909. Con licen- 
cia. En 4.", de XXVlI-79 páginas. 

«Santo Tomás de Aquino negó la 
Inmaculada Concepción de la Virgen 
María»: tal es la proposición que en 
este lindo opiísculo, algo más extenso 
del que escribió en latín y fué premia- 
do en el certamen del Seminario de 
Tortosa, sostiene el joven presbítero 
D. Moisés Alujas Bros. Para demos- 
trarla trae tres clases de argumentos: 
1.", extrínsecos, ó la autoridad de mul- 
titud de discípulos del Santo que así 
opinaban; 2.°, intrínsecos, ó cuatro 
principales textos de las obras del 
Angélico, en que se declara de propó- 
sito esa sentencia; 3.°, negativos, ó re- 
solución de las objeciones é interpre- 
taciones de los que cuentan al Doctor 
de Aquino entre los defensores del 
Misterio. 

Desde luego se echan de ver en 
este ensayo orden, claridad, buenos 
razonamientos y lo mucho que ha tra- 
bajado el autor por salir airoso en su 
empeño. En la primera parte y, en ge- 
neral, cuando se apoya en la crítica 
histórica, nos satisface el Sr. Alujas, y 
creemos que sus pruebas son incontes- 
tables. Ahora tal vez requeriría mayo- 
res explicaciones la exposición de los 
argumentos intrínsecos para que se 
patentizase la mente de Santo To- 
más, y no siempre hallamos afortu- 
nado al ilustre autor en la refutación 
de la manera de interpretarlos que al- 
gunos tienen; v. gr.: No existe la con- 
tradicción que supone el Sr. Alujas 



(págs. 56-74, nota) entre la ignorancia 
del tiempo de la santificación de Ma- 
ría y la creencia de que fué en el pri- 
mer momento de su ser, si la creencia 
no es más que probable. Equivaldría 
á lo que afirma Escoto : Dios solo 
sabe (seguramente) el tiempo; aunque 
creo (probable) que se verificó en el 
primer momento. O en otros térmi- 
nos: No sé el tiempo (seguramente); 
María fué inmaculada en su Concep- 
ción (probablemente). 

Del prólogo sólo diremos que es 
digno del reputado y sabio filósofo 
lulista que lo escribe. 

Praelectiones dogmaticae quas in Collegio 
Diton-Hall habebat Christianus Pesch, 
S. J. Tomus I: Institutiones propaedeu- 
ticae ad Sacram Theologiam (I De Chri- 
sto legato divino. II De Ecclesia Christi. 
III De Loéis Theologicís). Editio quarta. 
Cum approbatione Rev. Archiep. Fri- 
burg. et Super. Ordinis.— Friburgi Bris- 
goviae. Sumptibus Herder, Typographi 
Editoris Pontificii. MCMIX. En A.", pá- 
ginas XXII-452. Precio, 7 marcos; encua- 
dernada, 8,60.i 

Repítense á cada paso las ediciones 
de la Teología dogmática del P. Pesch, 
prueba incontestable de su mérito y 
excelencia; pues habiendo tantos ma- 
nuales teológicos, ha tenido éste tal 
aceptación que en poco tiempo se han 
agotado tres ediciones y ha sido me- 
nester comenzar la cuarta. Por su cla- 
ridad y solidez, por la buena distribu- 
ción de materias y fino gusto en ex- 
plicarlas, por la exposición breve de 
los sistemas modernos de teología, sin 
omitir ninguno que convenga conocer 
á un teólogo de nuestros tiempos y 
refutación nerviosa de los heterodo- 
xos é infundados, bien merece esa dis- 
tinción con que la honran los que se 
dedican á los estudios de la ciencia 
sagrada. Infinidad de escritores elo- 
gian y consideran al P. Pesch como 
una autoridad en cuestiones de Teo- 
logía, y alguno ha asegurado que su 
libro es el mejor de los textos que 
ahora se estilan en las escuelas, aun- 
que es fácil engañarse en tales apre- 
ciaciones. La edición presente es más 
completa y perfecta que las anteriores; 
pues, como observa el autor en el pró- 
logo se tratan en ella materias de ac- 
tualidad, principalmente del modernis- 



264 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



mo. Lo mismo se colige de la lista de 
autores que presenta el P. Pesch como 
citados en su obra: en la tercera edi- 
ción, V. gr., figuraban 378 y en ésta 432. 
Y con ser tan nutrido ese catálogo, no 
cabe la suerte á los españoles que men- 
cione ni á uno siquiera de los 32 auto- 
res que del Vaticano acá han publica- 
do tratados teológicos, algunos tan 
cabales que, como afirma el ilustrísi- 
mo Sr. Lago y González, <: desmienten 
la errada opinión de los extranjeros, 
á cuyo parecer estaba ya agotada la 
vena del precioso oro teológico en 
España». 



Desenvolvimiento y Vitalidad de la Igle- 
sia, por el P. Fr. Juan G. vVrintero, 
O. P., maestro en Sagrada Teología, li- 
cenciado en Ciencias, profesor en San 
Esteban de Salamanca. Libro IV: Meca- 
nismo Divino de los Factores de la 
Evolución Eclesiástica. Con licencia del 
Ordinario y de la Orden.— Salamanca, 
imprenta de Calatrava, á cargo de Ma- 
nuel P. Criado, 1909. En 4." mayor de 
437 páginas y el Índice. Precio, 4 pe- 
setas. 



vida, da con frecuencia atinados con- 
sejos, y permite, con tal que no sufra 
detrimento el espíritu que infundió á 
su Iglesia Cristo, larga licencia para 
apropiarse lo accidental y accesorio, 
explicando el verdadero concepto de 
la tradición, hartas veces mal enten- 
dido, así de los que se confiesan sus 
partidarios como délos que inconside- 
radamente la desdeñan ó maltratan. 
Puede ser que algunas expresiones in- 
necesarias, é introducidas ó usadas 
deleitosamente por los modernistas, 
habría hecho bien el P. Arintero en 
suprimirlas; acaso sea á veces algo 
difuso insistiendo de diversas mane- 
ras sobre lo mismo y parándose en 
consideraciones, buenas en sí, pero me- 
nos aptas para probar lo que intenta; 
tal vez se muestre algo duro en ciertas 
censuras y un poco confuso en una 
que otra explicación por mezclar ideas 
que entrañan diversos sentidos; mas 
todo esto no quita que la obra sea de 
mucho mérito y que manifieste el gran 
caudal de sabiduría del insigne Padre 
dominico. 



En este cuarto tomo de la grande 
obra que publica el docto P. Arintero 
sobre el Desenvolvimiento y Vitalidad 
de la Iglesia, resplandecen, como en 
los otros volúmenes que hemos exa- 
minado, las notas distintivas de abun- 
dancia de doctrina y copia de erudi- 
ción profana y sagrada. Aquí, con sutil 
y delicado ingenio, se aplican los prin- 
cipios y causas evolucionistas al des- 
arrollo que en el correr de los tiem- 
pos ha experimentado la Iglesia de 
Cristo. ¿Qué pensar de esta idea? Es 
ciertamente original, nueva, curiosa y 
nada contiene, tal como la ofrece el 
esclarecido autor, que desdiga de las 
sanas enseñanzas y explicaciones de 
Santo Tomás de Aquino y de los me- 
jores ascetas. No hay que pararse en 
la corteza y asustarse del titulo que 
por recordar los desvarios de algunos 
transformistas podría ocasionar equi- 
vocaciones; el ilustre autor aparece 
sólidamente fundado en lo que escribe 
y no se recata de fustigar, cuando lo 
cree oportuno, á los transformistas 
irreflexivos y á otros enemigos de la 
Iglesia, señaladamente á los modernis- 
tas. Conocedor de la realidad de la 



El Progreso del Dogma. Discurso pro- 
nunciado en la solemne apertura del 
curso de 1909-1910 en el Seminario Con- 
ciliar de San Froilán de León por el 
Dr. D. Olegario Díaz-Caneja, profesor 
de Sagrada Teología y Vicerrector del 
mismo Seminario.— León, imprenta de 
Maximino A. Miñón, 1908. En 4." de 27 
páginas. 

Sin pretensiones de ninguna clase, 
pero con buen criterio, sana doctrina 
claridad en la exposición, valentía en 
la frase, explica el docto profesor de 
Teología y Vicerrector del Seminario 
de León Sr. Díaz-Caneja, «uno de los 
principales y más escabrosos temas 
puestos á discusión por los moder- 
nistas... la Naturaleza del Dogma». Di- 
vídele en tres partes: exposición del 
progreso modernista del dogma, su 
refutación é idea del progreso legí- 
timo. 

La materia, á nuestro entender, está 
elegida con acierto; y aunque en su 
desenvolvimiento más que de fuentes 
primarias saca el autor de fuentes se- 
cundarias su doctrina, echándose, ver- 
bigracia, de menos que no cite á Mu- 
rri y que no se valga del Programa 



NOTICIAS BIBLIOGRÁFICAS 



265 



Miodernista, que por incidencia sólo 
una vez menciona, y aunque se halle 
alguna que otra locución disonante, 
como llamar á los modernistas «sabios 
de alto copete», con todo, resulta el 
discurso un trabajo bien pensado y 
bien hecho que honra al autor y viene 
á confirmar la competencia de los pro- 
fesores de su claustro, cuyo saber y 
laboriosidad á tan alto prestigio han 
levantado el Seminario de San Froi- 
lán de León. 

A. P.G, 

Nouvelle édition. La Somme du Prédica- 
teur sur les Temps liturgiques et les 
Evangiles de toas les dimanches et Pe- 
tes, intégralement expliques au moyen 
de Quatre Instructions homilétiques, 
accompagnées de Innombrables Notes 
et Plans permettant de varier á l'lnfini 
l'enseignement de la Chaire, par P. Gre- 
NET, dit D'Hauterive, Chevalier de l'Or- 
dre Insigne de Pió IX, etc. Tome Pre- 
mier: Le Temps de l'Avent, le Temps de 
NóeL Montréjeau (Haute-Garonne), Li- 
brairie J.-M. Soubiron, Editeur. Droits 
de reproduction et de traduction re- 
serves. En 4.° mayor de X-647 páginas. 

Conocida y estimadísima es la Suma 
áe Predicadores de D'Hauterive. Aho- 
ra, con muy buen acuerdo, J.-M. Sou- 
biron nos la ofrece de nuevo editada. 
El primer tomo comprende 42 instruc- 
ciones, empezando con la preliminar, 
en que se da una idea general del año 
cristiano, y finalizando con la que ex- 
plica la estancia del niño Jesús en 
Egipto; es decir, que abarca el Ad- 
viento y Navidad, ó sea dos de las 
cuatro divisiones del año cristiano ó 
espiritual. 

Resplandecen estas homilías por la 
claridad y orden en que están distri- 
buidas las materias, por la abundancia 
y seguridad de doctrina, por la copia 
de notas, en que se aducen largos tex- 
tos de Santos Padres ó autores de 



prestigio y se indican nuevos planes, 
y tienen la particularidad de expresar 
íntegramente el Evangelio de la fiesta 
que se celebra en cuatro pláticas y de 
referir la historia de los diversos 
tiempos litúrgicos, y á veces de los 
ritos eclesiásticos. Fácil y satisfacto- 
riamente, pues, los párrocos, teniendo 
delante esta obra como norte y guía, 
podrán cumplir el mandato del Tri- 
dentino de instruir al pueblo durante 
la Misa de lo que en ella se recita 
(Sess. XVll, cap. 8), é inspirarse otros 
predicadores sagrados en los sermo- 
nes que deban desde el pulpito dirigir 
á los fieles cristianos. 



La Ciencia Tomista. Revista científica bi- 
mestral, bajo la dirección de los Domi- 
nicos españoles. 

Para el día de Santo Tomás de 
Aquino, 7 del próximo Marzo, se anun- 
cia el primer número de esta nueva 
revista. 

A juzgar por el prospecto que tene- 
mos á la vista y por el número y cali- 
dad de los redactores y también cola- 
boradores en él indicados, pertenecien- 
tes unos y otros no á la benemérita 
insigne Orden dominicana, la nueva 
revista científico-religiosa ha de ser 
muy notable, y esperamos que contri- 
buirá eficazmente al esclarecimiento y 
á la defensa de la verdad, obscurecida 
hoy día con tantos errores y tantas 
confusiones en todos los terrenos. Con- 
cederá importancia excepcional á los 
Boletines científicos en los diversos 
ramos de la ciencia y á la crónica cien- 
tífica de las principales naciones. Sal- 
drá un número de 160 páginas en 4." es- 
pañol cada dos meses. Precio: un nú- 
mero suelto, 2 pesetas; la suscripción 
al año, 10 pesetas en España, 12 fran- 
cos en el extranjero. Administración: 
Claudio Coello, 114, Madrid. 



NOTICIAS GENERALES 



Madrid, 20 de Diciembre de 19D9.— 23 de Enero de 1910. 

ROMA.— La Santa Sede durante el año 1909. He aquí las prin- 
cipales cuestiones tratadas por la Sede Apostólica en el año que acaba 
de espirar. Gobierno general de las Iglesias:. Aplicación de la reforma de 
la Curia Romana conforme á la Constitución apostólica Sapienti con- 
síV/o.— Continuación de los trabajos para el nuevo código de Derecho 
Canónico.— Fundación (7 de Mayo) y organización del Instituto Bíblico 
de Roma,— Erección ó elevación de muchas archidiócesis, diócesis, vica- 
riatos y prefecturas apostólicas.— Decretos sobre la secularización de los 
religiosos (15 de Junio), títulos y relaciones de las diversas ramas francis- 
canas (4 de Octubre, 15 dé Diciembre).— Unión de los Teatinos con los 
Padres de la Sagrada Familia. — Medidas contra el modernismo intelec- 
tual y práctico. Excomunión de Murri. — Encíclica Communium reram 
(21 de Abril) por el centenario de San Anselmo sobre las luchas presen- 
tes, interiores y exteriores, contra la Iglesia.— Alemania: Comisión del 
Cardenal legado para asistir al Congreso Eucarístico internacional de 
Colonia.— Francia: Beatificación de Juana de Arco. Discursos del Papa 
acerca de los deberes de los católicos franceses. Direcciones pontificias 
en vista de la separación-persecución, y en orden á la unión de los cató- 
licos franceses, en el terreno de la defensa religiosa.— Italia: Socorros 
enviados para remediar las calamidades de Calabria y Mesina. Direc- 
ción sobre la organización y acción de los católicos italianos (acción 
económico-social católica: unión de las mujeres católicas, etc.).— Tur- 
quía: Recepción de la Embajada otomana por el advenimiento del sultán 
Mahomet V.— África: Relaciones amistosas con el negus Menelik. Auto- 
nomía de la Congregación de los Trapenses de Marianil (Sud-África). 
Preparación de las causas de beatificación de los mártires indígenas de 
Uganda.— América: Concilio plenario del Canadá, presidido por el Dele- 
gado apostólico. Reorganización económica de las diócesis de Cuba. 
Extensión de la representación diplomática de la Santa Sede en las repú- 
blicas de la América Central. Representación diplomática del Uruguay en 
el Vaticano.— Documentos Pontificios. Al mensaje de los católicos 
reunidos en el Norte de Francia respondió Su Santidad con una hermosa 
carta, en la que dice, hablando de la unión por la que aquéllos abogaron: 
«Esto Nos ha consolado en las penas y angustias que Nos vienen, no 
tanto de la violencia de los malos para dañar como del desacuerdo de 
los buenos para resistirles.»— El Cardenal-Secretario escribió á la Comi- 
sión central de obras de la Umbría, declarando con estas palabras lo que 



NOTICIAS GENERALES 267 

quiere el Pontífice que sea la acción social católica: «No basta reunir la 
gente: menester es que se la forme en la vida cristiana, que se la habilite 
en el apostolado popular, el cual, juntamente con las obras católicas, 
exige de sus fieles la Iglesia. Los católicos de fe estéril é infecunda, y lo 
que peor es, los católicos cuyo proceder contradice á la fe, no llegarán 
nunca á ser instrumentos útiles para la grande empresa de restauración 
social, que debe llevarse á cabo comenzando por el mismo que se declara 
apóstol. No hay, pues, que contentarse con ir al pueblo, sino que por en- 
cima de todo se ha de poner cuidado en crear un alma profundamente cris- 
tiana.» -El mismo Cardenal-Secretario en 31 de Diciembre escribía al 
Conde de Mun, presidente de la obra de Círculos Católicos de Obreros 
en Francia: «El Soberano Pontífice no pierde de vista las organizaciones 
antiguas que han tenido el mérito de abrir camino y reunir á los hombres 
de buena voluntad, apoyándose en los principios del Evangelio y disci- 
plina eclesiástica. Tal fué el carácter de vuestra fundación y el secreto de 
su vital fecundidad, así como de los servicios eminentes que ha prestado 
á la religión y sociedad.»— En carta de 31 de Diciembre decía el Eminen- 
tísimo Sr. Merry del Val á los organizadores del Congreso de la Prensa 
Mariana tenido en Reims: «Su Santidad se complace en alentar el celo y 
piadosa intención de los directores de diferentes periódicos marianos, 
que se dedican á extender más y más la devoción á la augusta Madre de 
Dios.» — Mensajes y felicitaciones. El 28, aniversario de la destruc- 
ción de Mesina y Reggio, recibió Pío X de esas dos ciudades mensajes de 
gratitud, y del Comisario real encargado de la administración municipal 
de Reggio-Calabria, el telegrama siguiente: «La población de Reggio en el 
primer aniversario de la terrible catástrofe, recuerda con agradecimiento 
profundo las múltiples y generosas pruebas de paternal benevolencia de 
Su Santidad.»— Al principio de año nuevo enviaron sus felicitaciones al 
Papa los Emperadores de Austria y Alemania, los Reyes de España, Sáje- 
nla, Suecia, Noruega, Bélgica, la reina María Cristina, el Príncipe de Mo- 
naco, la grande Duquesa de Luxemburgo, los Duques de Orleans, Alen- 
gon y la Condesa de Eu. Á la salutación de estos personajes hay que aña- 
dir la del sultán Mahomet V, que es la primera vez que, con motivo de la 
entrada de año nuevo, envía sus respetos al Pontífice romano.— Muerte 
del Cardenal Satolli. El 8 de Enero, tras de una prolija agonía, murió 
el Cardenal Francisco Satolli, que había nacido el 21 de Julio de 1839. 
Fué Delegado apostólico en los Estados Unidos, Prefecto de la Congre- 
gación de Estudios en Roma y miembro de muchas Congregaciones y 
Comisiones pontificias, como la de Estudios bíbhcos y Codificación del 
Derecho Canónico.— Nombramiento. El benedictino Dom Pedro Bas- 
tien ha sido nombrado director del Acta Apostolicae Sedís. 

Ferrocarriles internacionales. — El Ministro de Trabajos de 
Italia, Sr. Rubini, y el de Francia, Sr. Millerand, se encontraron el 10 en 
la frontera franco-italiana, y juntos revisaron las obras para el tendido 



268 NOTICIAS GENERALES 

de la línea del ferrocarril de Niza á Coni y para el de la frontera á Tenda 
y Vierola. En Tenda se ofreció un banquete al Sr, Millerand, pronun- 
ciándose entusiastas brindis. 



I 

ESPAÑA 

La pacifícación de Melilla.— Ha continuado la sumisión de varias 
cabilas, aceptando las condiciones de paz que se les impuso, y también 
la reembarcación de tropas para la Península. Por el Ministerio de la 
Guerra se determinó la organización de las fuerzas que ha de haber en 
Ceuta y Melilla, y por un decreto, que firmó el Soberano el 31, se crean 
tres compañías de fuerza indígena, que se unirán á las de Policía, tam- 
bién indígena, y mandarán oficiales del Ejército. Á principios de Enero 
marchó á visitar aquellos territorios africanos el Ministro de Fomento, 
acompañado de ingenieros y periodistas. Según telegrama oficial del 10, 
el Sr. Gasset «quedó muy satisfecho de la excursión, así como de los 
trabajos que se han ejecutado, y que aun continúan, tanto en fortifica- 
ciones como en comunicaciones; al mismo tiempo expresó una vez más 
su admiración por la obra que el Ejército ha realizado, y que verdadera- 
mente es gigantesca». Como consecuencia de los estudios practicados 
por las Comisiones técnicas, el Ministro de Fomento aprobó el 11 el plan 
de varias carreteras, de varias construcciones marítimas, la granja de 
Nador y reedificación de la escuela indígena de dicho pueblo. — Política. 
Conflicto militar. El 10 se denunció á La Correspondencia Militar por 
un artículo en que «Santiago Valisoletano» impugnó las propuestas de 
recompensas con ocasión de la guerra de Melilla. El 12 se hizo una 
manifestación ante la redacción de aquel periódico, á la que, según el 
mismo, concurrieron unas 400 personas (parece que no pasaron de 180), 
que por su aspecto semejaban militares; aplaudieron al director y redac- 
tores del diario, y sonaron los gritos de «¡Viva el Ejército!, ¡Viva la jus- 
ticia!» El Gobierno puso pronto y enérgico remedio. El 13 por la mañana 
se celebró Consejo de Ministros, bajo la presidencia del Rey, y, según 
relación oficiosa, el general Luque, después de exponer los sucesos del 
día anterior, sometió á la firma del Monarca los siguientes decretos: 
relevando del cargo de Capitán general de Madrid al Sr. Villar y Villate, 
sustituyéndole por el general Ríos; á éste reemplazó en su cargo de jefe 
del Estado Mayor Central el general González Parrado. Se nombraron 
Capitanes generales: de Valencia, al Sr. Aznar; de Galicia, á D. Amos 
Quijada; de Valladolid, al Sr. González Tablas. Además ordenó el Minis- 
tro de la Guerra el relevo de los coroneles de caballería del Príncipe y 
de la Reina, y el arresto en un castillo de los oficiales de la guarnición de 
Madrid que se tiene por cierto concurrieron á la manifestación. Cuatro, 



NOTICIAS GENERALES 269 

hasta ahora, han sido los castigados con esta pena- -Declaraciones del 
Ministro de Estado. Le Figaro, de París, publicó el 25 unas declaracio- 
nes que el Sr. Pérez Caballero hizo en una entrevista á uno de sus redac- 
tores. De ellas se deduce que antes de salir de Roma examinó el Minis- 
tro de Estado con el Papa y el Cardenal Merry del Val la cuestión del 
modiis vivendi existente entre la Santa Sede y España; que los liberales 
cumplirán el compromiso de reformar el Concordato, armonizándolo con 
la Constitución española, y de reglamentar la situación de las Congrega- 
ciones. Esta reforma se efectuará con espíritu liberal, exenta de todo 
anticlericalismo.— Cons/íYwctó/7 de los Ayuntamientos. El 1.° de Enero se 
constituyeron los nuevos Ayuntamientos, no sin que hubiera tumultos en 
algunas partes, como, v. gr., en Madrid, donde los republicanos-socia- 
listas protestaron ruidosamente en la calle contra la elección de un 
concejal liberal, en vez de un socialista que creía tener derecho al acta. — 
Los republicanos. El 9 se tuvo un meeting radical en Logroño, en el que 
afirmó Lerroux que la creación del partido radical se debe al fracaso de 
la unión republicana, y que dicho partido está dispuesto á hacer la revo- 
lución pacificamente, aunque esto dependerá de la forma y actitud de los 
enemigos. Para que se vea la honda división que trabaja al republica- 
nismo español, hace al caso el siguiente suelto de un periódico de la 
cuerda: «Tendremos el año próximo estos partidos republicanos: guber- 
namental, con Álvarez, Azcárate y Pedregal; gubernamental, con Sol y 
Ortega; radical, de Lerroux; radical, de Soriano; federal; progresista de 
Esquerdo; núcleo de la antigua unión; nacionalista republicano catalán, 
y autónomos de la Coruña, Castellón, Málaga y Valencia.»— Creac/d/z 
de un nuevo partido. En Barcelona se constituyó el partido obrero, cuyo 
programa en materia de religión preconiza «la tolerancia y respeto para 
todas las ideas religiosas contenidas en el santuario de la conciencia», y 
abomina «de los radicalismos rojos y los radicalismos blancos». 

Reales órdenes. — La Gaceta del 31 publica un real decreto dispo- 
niendo que continúen rigiendo durante el año 1910 los presupuestos 
aprobados para la Península y posesiones españolas de África; la del 11, 
uno de Gracia y Justicia sobre reformas judiciales, y otro de Instrucción, 
dictando reglas acerca de la provisión de escuelas; la del 9, dos de Fo- 
mento aprobando el plan de obras nuevas y estudios de carreteras, y or- 
denando que se realicen por administración las obras hidráulicas pen- 
dientes. 

Fomentos materiales.— Congreso Pedagógico de Barcelona. Co- 
menzó el 26, y duró hasta los primeros días de Enero. La concurrencia 
fué inmensa. Una enmienda, ganada en votación por los católicos, 
pidiendo que la autoridad eclesiástica vigilase la enseñanza religiosa en 
las escuelas, sirvió de pretexto á unos cuantos maestros para retirarse 
del Congreso, pero á pesar de este incidente, continuaron las sesiones sin 
perder importancia, manifestándose á las claras las sanas ideas de la 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 18 



270 NOTICIAS GENERALES 

mayoría de los maestros españoles.— La Exposición de Valencia, Se 
cerró el día 9, asistiendo al acto el ministro de Instrucción pública, señor 
Barroso, y numerosísimo público. El presidente de la Comisión, señor 
Trenor, pronunció un discurso refiriendo los beneficios que á la región 
ha granjeado el certamen y anunciando su terminación. Ese mismo día 
inauguró el Ministro en el Ateneo Mercantil la escuela de árabe. Unión 
Ibero-Americana. Hemos recibido las circulares que la Unión Ibero- 
Americana publica, dando cuenta de que se propone contribuir con todos 
los medios posibles á la conmemoración del centenario de la indepen- 
dencia de las repúblicas latinas de América, para estrechar los vínculos 
de afecto y amistad entre éstas y España. El Congreso XVII internacional 
de americanistas, que llevará el nombre de Congreso del Centenario, 
celebrará este año dos series de sesiones: la primera en Buenos Aires, 
del 16 al 21 de Mayo; la otra en Méjico, del 8 al 14 de Septiembre; en 
los programas, compuestos por las comisiones organizadoras del Con- 
greso, se exponen los estatutos de éste y las interesantes materias que 
han de ser objeto de discusión.— /«e^os florales en Reas. Deseando la 
Junta directiva del Patronato obrero de San José y la redacción del 
Semanario Católico de Reiis honrar este año la memoria del insigne filó- 
sofo D. Jaime Balmes, por cumplirse el centenario de su nacimiento, ha 
dispuesto celebrar juegos florales, á los que invita á poetas y estudiosos 
críticos. Los temas están bien escogidos y las recompensas no dejan de 
ser apreciables. Para el 15 de Abril deben ser enviados los trabajos al 
secretario del Jurado, Rambla de Massini, 5, Reus. 

Noticias religiosas. "//o/2ra/2í/o á España. Según dice Ora et 
Labora, la obra de los seminaristas españoles encuentra eco en muchos 
Seminarios de Portugal, Italia, Francia y América latina. Sobre todo en 
Portugal, la propaganda que se hace rivaliza con la de España, y sus 
centros se relacionan con el de Sevilla. Gracias á t)¡os, que tan copio- 
sos frutos ha querido que resulten del grano de mostaza sembrado por 
los seminaristas seviWanos.— Jubileos sacerdotales. Dos insignes Prela- 
dos, el de Huesca el 26 y el de Málaga el 30, celebraron con pompa y 
solemnidad las fiestas del jubileo de su ordenación sacerdotal. Ambos 
recibieron pruebas inequívocas del amor que con sus virtudes y celo 
pastoral han sabido acarrearse entre sus diocesanos. Quiera el Cielo 
prolongar por dilatado tiempo la vida de Obispos tan queridos y esti- 
mados de iodos.— Contra las escuelas laicas. La Junta provincial de 
primera enseñanza de Barcelona, después de oír durante un mes multi- 
tud de informes y declaraciones de Corporaciones y personas que com- 
parecieron ante ella, contrarios todos y ni uno sólo favorable á la 
reapertura de las escuelas laicas, ha manifestado al gobernador, por 
unanimidad, la conveniencia de que permanezcan cerradas.— Asamblea 
diocesana de Madrid-Alcalá. El viernes 31 de Diciembre se tuvo la 
tercera y última sesión de la Asamblea diocesana. El Excmo. Pre- 



NOTICIAS GENERALES .271 

lado, en un elocuente discurso, resumió los importantes trabajos de las 
Juntas parroquiales, tanto en lo que se refiere á las secciones religiosa 
y benéfica como á lo que mira al orden social y relaciones de las parro- 
quias entre sí é instituciones en ellas existentes. 

II 

EXTRANJERO 

AMÉRICA. — Méjico. De nuestro corresponsal, R. P. Gustavo He- 
redia, en aquella república: 

Congreso Católico de Periodistas. El día 12 de Diciembre, fiesta titular de la Santí- 
sima Virgen de Guadalupe, Patrona principal de la nación mejicana, se celebró el pri- 
mer Congreso nacional de periodistas católicos, asistiendo 48 delegados de los diver- 
sos Estados, en representación de los 62 periódicos católicos que se publican en toda 
la república. Se pronunciaron elocuentes discursos y se aprobaron algunas conclusio- 
nes prácticas para la unión de la prensa católica en contra de la impía.— £/ P. Antonio 
Astrain, S.J. El conocido autor de la Historia de la Compañía de Jesús en la Asisten- 
cia de España ha sido recibido con especiales muestras de aprecio y atención por las 
autoridades civiles del departamento de Instrucción pública y Bellas Artes, que le han 
facilitado los medios de continuar sus trabajos históricos en lo tocante á la república 
mejicana. En los dos últimos meses el P. Astrain ha visitado los principales archivos, 
bibliotecas y museos de Méjico, Puebla y Guadalajara, encontrando algunos raros y 
preciosos documentos relativos á la historia de la Compañía de Jesús en Méjico.— ¿as 
obras hidráulicas. La nueva entubación y distribución de agua potable en la ciudad de 
Méjico se continúa con extraordinaria actividad. En la hacienda de la Condesa, al 
Poniente de la ciudad, se han instalado ya las grandes bombas que deben subir 20.000 
litros de agua por segundo á los cuatro enormes depósitos construidos en la loma del 
Rey, á 44 metros de altura. La cantidad de agua calculada es de 400 litros diarios por 
cada habitante, suponiendo una población de 500.000 almas. El costo total de las obras 
hidráulicas es de dos millones de pesos. 

Nicaragua.— Los periódicos del 28 anunciaban que en la Legación 
de Nicaragua en Madrid se había recibido la noticia de haberse pose- 
sionado de la presidencia de aquella repiiblica el Dr. D. José Madriz. 
Á juicio del representante de Nicaragua en la capital de España, el 
Sr. Madriz, aunque de ideas liberales, no es un jacobino ni un exaltado. 
El anterior presidente, Sr. Zelaya, refugióse en el territorio mejicano. 
Parece que el Gobierno norteamericano reclamó al de Méjico por 
haberle dado hospitalidad, pero éste contestó que no podía negársela á 
una persona particular, sin cargo alguno oficial, de una república amiga. 

Estados Unidos.— En Nueva York se han construido y consagrado 
en poco tiempo cinco nuevas iglesias católicas, y abierto en diferentes 
barrios media docena de escuelas, también católicas. Á unos tres millo- 
nes de dollars sube lo que se ha gastado en la edificación de las recien- 
tes obras de la diócesis.— Hace poco murió el sacerdote norteamericano 
P. Tabb, calificado por el Sun, de Baltimore, de primer poeta lírico de 
nuestro tiempo. Sus poemas ligeros, exquisitamente cincelados, repro- 



272 NOTICIAS GENERALES 

ducían cuadros y escenas de inspiración arrebatadora.— La Sociedad 
Geográfica de Nueva Yoric, después de un examen profundo de los 
documentos del comandante Peary, manifiesta que este explorador con- 
siguió verdaderamente llegar al Polo Norte el 6 de Abril último. En 
cambio, la Comisión científica de Copenhague ha desautorizado al doc- 
tor Cook, que reclamaba esa gloria. 

EUROPA.— Portugal. El 24 se constituyó nuevo Gabinete en la 
forma siguiente: Presidencia, Beirao; Justicia, Montenegro; Interior, Díaz 
Costa; Negocios Extranjeros, Villaca: Guerra, Matías Noures; Marina, 
Azevedo Continho; Hacienda, Soarez Branco, y Obras públicas, Moréi- 
ra. — Diario de Noticias publica una nota, á la que se atribuye carácter 
oficioso, participando lo siguiente: «Segúninformesfidedignos, el juezde 
instrucción criminal ha descubierto una gran red de sociedades secretas 
que se proponían el cambio de régimen. En una de esas sociedades se 
resolvió el crimen de Cascaes.» 

Francia.— Empleados. Hay 444.000, ó sea una nonagésima parte de 
la población; su presupuesto asciende á 700 millones. Fuera de los 
empleados oficiales existen 36.000 guardabosques y guardapesca, 3.000 
jueces locales, 500 procuradores fiscales, 21 legaciones de gendarmes ó 
policías, dos regimientos de guardia republicana. Y sin embargo, mon- 
sieur D. Lesneur, en un libro intitulado El derecho á la fuerza, prueba 
que es preciso en Francia armarse en propia defensa. — La Facultad de 
Beyrouth. En una de las sesiones del Parlamento se discutía el presu- 
puesto de Negocios Extranjeros. Un socialista unificado pedía la supre- 
sión de subsidios anuales á la Facultad de Beyrouth, dirigida por los 
jesuítas. Mr. Pichón le respondió así: «Yo considero que esa Facultad 
es una de las instituciones que prestan mayores servicios á nuestra 
influencia, y que sería un acto sumamente reprensible, no sólo el supri- 
mirla, sino aun tocar á su organización.» Lo que comenta de este modo 
elEcho de Paris: «Los religiosos son los mismos en todas partes; si en 
Beyrouth se portan como buenos franceses, ¿por qué aquí se los trata 
como malos ciudadanos é indignos del suelo natal? Misterio y maso- 
nería.» 

Inglaterra.— El 10 se firmó el decreto real disolviendo el actual 
Parlamento y convocando otro nuevo para el día 15 de Febrero próximo. 
El 14 comenzaron las elecciones, que durarán dos semanas. Hasta la 
fecha llevan la mejor parte los unionistas. Las elecciones en Inglaterra 
cuestan carísimas. The Daily Mirror escribe que en las de 1906 se ele- 
varon los gastos á 1.168.553 libras esterlinas, ó sea unos 29 millones y 
medio de pesetas; hubo 5.645.104 votos; de modo que cada voto costó 
cuatro chelines y un penique. 

Alemania.— En toda la nación trabaja el Centro enérgicamente 
contra la inspección de las escuelas por los legos. El grupo del Centro 
de Cassel envió al Ministro de Cultos un mensaje protestando contra la 



VARIEDADES 273 

dirección de las escuelas por los Inspectores, y pidiendo que en lo que 
mira á la instrucción religiosa corriera dicha dirección á cargo de las 
Autoridades eclesiásticas.— Las estadísticas religiosas manifiestan que 
prospera maravillosamente el catolicismo en Luxemburgo. La prosperi- 
dad se debe principalmente al Sindicato de los obreros católicos. Actual- 
mente la Confederación de obreros católicos cuenta 36 asociaciones. Su 
periódico El Obrero ha realizado grandes mejoras, y las Asociaciones 
celebraron en 1909 más de 200 congresos públicos. Las cajas de segu- 
ros para los enfermos están muy florecientes. En este pequeño territorio 
aparecen claramente los resultados de la unión en Cristo, que consti- 
tuye la fuerza de los pueblos. 

OCEANÍA.— Filipinas. De nuestro corresponsal de Manila: 
1. Hace algún tiempo que absorbe la atención de todos la política, por liallarnos en 
pleno periodo electoral; aunque, generalmente hablando, se ha notado menos anima- 
ción y entusiasmo que en las pasadas elecciones. El triunfo ha sido para el partido 
nacionalista, que desea la pronta independencia de las islas, en contra del progresista, 
que apoya la acción del Gobierno. Es curioso lo que ha acontecido, á saber: que la 
mayoría de los diputados de la pasada legislatura, ó se han retirado, ó han perdido las 
elecciones. 2. Se nota mucha efervescencia en el país por buscar medios á fin de 
fomentar la agricultura, la industria y el comercio filipinos; se proyectan Compañías 
para la fundación de Bancos y otras instituciones de crédito, con el objeto de reunir 
capitales con que evitar la funesta competencia de las Compañías americanas, que, 
favorecidas por el librecambio, tratan de monopolizar la explotación de las fuentes de 
riqueza del país. Los productores de azúcar han celebrado una Asamblea, de la que se 
prometen resultados muy halagüeños. 3. Cumplida ya la licencia del Gobernador 
general pasado, y admitida su dimisión, ha tomado posesión de su cargo el nuevo, 
Mr. Cameron Forbes, que prestará su juramento este mes. Su programa de gobierno 
ha sido una repetición de lo que dijo al ser nombrado Gobernador interino: poca polí- 
tica y mucho empeño en fomentar los intereses materiales del país. Aunque protes- 
tante, procura mantener buenas relaciones con las Autoridades eclesiásticas del país.» 

A. P. GOYENA. 



VARIEDADES 

Programa (1).— La unión de los católicos se propone por ahora, 
sin perjuicio de lo que acuerden los Prelados en adelante: 

L° Que se restrinja la tolerancia religiosa á lo que taxativamente 
permite la ley fundamental, prohibiendo severamente las manifestaciones 
públicas de cultos disidentes que se dan en lugares abiertos al público, y 
como la escuela no es parte del culto, que se prohiba con igual rigor 
cualquier escuela no católica. 

2° Como consecuencia de esta disposición y del art. 2." del Concor- 
dato, el apoyo eficaz del Gobierno para que los Obispos impidan la 

(1) Véase crónica del 5.° Congreso Católico español, celebrado en Burgos el año 
1899, pág. 41 y sig. y pág. 636-637. 



274 VARIEDADES 

circulación de malos libros y su adopción como textos de enseñanza. 

3." Libertad académica de enseñanza en favor de la Iglesia, sin suje- 
ción á centros oficiales docentes, como ofrece el art. 12 de la Constitu- 
ción y exige la institución divina de la Iglesia. 

4." Que la instrucción en las universidades, colegios, seminarios y es- 
cuelas públicas ó privadas dé cualquier clase sea en todo conforme con la 
Religión católica, que es la religión del Estado, y que los Obispos puedan 
velar eficazmente sobre el cumplimiento de esta prescripción concordada. 

5.° Modificar el art. 549 de la ley de Enjuiciamiento criminal , para 
que los templos y demás lugares sagrados no sean allanados sin previo 
permiso de la autoridad eclesiástica. 

6.^" Que las personas eclesiásticas no puedan ser castigadas corpo- 
ralmente por la autoridad civil, sino en los casos de la pérdida de fuero 
eclesiástico, ni citadas á los Tribunales sin previa venia de su Prelado, 
ni obligadas á prestaciones ú oficios serviles y bajos que desdigan de su 
estado, y que se cumpla la promesa hecha en el art. I."" del decreto-ley 
de 6 de Diciembre de 1868, de un acuerdo con la Santa Sede, que resta- 
blezca el fuero eclesiástico, como se restableció el fuero militar. 

7." Exención de servicio militar para los clérigos tonsurados que 
cursan en los Seminarios diocesanos hasta que hayan cumplido veinti- 
siete años, como en Alemania; exención absoluta para los ordenados in 
sacris y profesos en Orden religiosa aprobada. 

8.° Que se admita en los Tribunales las demandas fundadas en espon- 
sales, con tal que se hayan contraído por escritura pública al tenor de lo 
decretado por la Sagrada Congregación del Concilio (1); que el matrimo- 
nio canónico produzca siempre efectos civiles, y que para los no cató- 
licos sólo se permita el contrato civil como subsidiario, previa justifica- 
ción de su profesión religiosa que date de un año antes, por lo menos. 

9." Que cumplidos los años de la pubertad, puedan los jóvenes de 
uno ú otro sexo ingresar libremente en cualquiera Orden religiosa apro- 
bada por la Iglesia. 

10. Que los Obispos puedan por sí mismos obligar á los testamenta- 
rios al cumplimiento de los legados píos dispuestos por testadores, con 
independencia de cualquiera autoridad civil. 

11. Que se proscriba y prohiba cualquier asociación no católica que 
no reúna las condiciones impuestas por la ley de 30 de Junio de 1887, es 
decir, que no quepa en los límites marcados por el art. 1 1 de la Consti- 
tución del Estado, de conformarse con la moral cristiana, y que los jueces 
de la doctrina lo sean de esta conformidad. 

12. Que se prescriba y sancione el descanso en los días festivos, se 

(1) Estos esponsales eran válidos cuando se dictó el Programa. Hoy se exigen otras 
condiciones por el decreto «Ne temeré», admitido en España como ley del reino, sin que 
sea necesario que la escritura se haga ante Notario, V. Los esponsales y el matrimonio, 
por el P. Ferreres, IV edic. n. 668 y 179 con la nota. 



OBRAS RECIBIDAS 



275 



reglamenten las tabernas, se prohiba el juego y se castigue la blasfemia 
y la venta y exhibición de escritos y estampas obscenas. 

13. Que se derogue el real decreto de 12 de Agosto de 1871, que em- 
barga el cumplimiento del convenio-ley sobre capellanías de sangre. 

14. Que se eximan de una vez y claramente de la desamortización 
las casas y huertas rectorales, al tenor del art. 23 del Concordato y real 
decreto de 4 de Enero de 1867. 

15. Que no se ingiera el Gobierno en la administración de los bienes 
de las iglesias, y se establezca en todas las diócesis el fondo de reserva 
(artículos 4 y 37 del Concordato), aprobando inmediatamente los arre- 
glos parroquiales terminados. 

16. Que se permita las exequias de cuerpo presente, como previene 
la liturgia y se practica en todas partes, salvo los casos excepcionales 
de peste y de contagio. 

17. Que de no eximir del impuesto de consumos á los párrocos, á lo 
menos, para evitar abusos y graves inconvenientes, se les permita con- 
tribuir en forma distinta del reparto municipal. 



OBRAS RECIBIDAS EN LA REDACCIÓN 



Acción católico-social de la Congre- 
gación DE SEGLARES CATÓLICOS, por Cl 

P. G. Vives, S. J.— Palma. 

AlCOY en el XXV ANIVERSARIO DE LA 

MUERTE DE CASIMIRO Barello.— Tipografía 
de la Buena Prensa, 1909. 

Almanaque del «Diario de Barcelona» 
PARA 1910. Un tomo de 304 páginas con 
variedad de información politica, finan- 
ciera, de la guerra de Melilla, etc., etc. 

Allgemeine Theorie elektrostatischer 
Me Binstrumente mit besonderer Be- 
rücksichtigung des Quadrantelektro- 
meters, von J. del Pulgar und Th. Wulf.— 
Leipzig. 

Anales de Instrucción primaria. 
Año VIL Tomo VI.— Montevideo. 

Asociación española para el progreso 
de las Ciencias. Congreso de Zaragoza. 
La calefacción por el acetileno en los 
LABORATORIOS, por el P. E. Vitoria, S. J. 

IIeata Juana de Arco, por el R. Fray 
T. de M. Número 186 de Lecturas Católi- 
cas.— Librería Salesiana, Sarria-Barcelona. 

Biblioteca del enfermo. Compilación 
de lecturas é instrucciones para el hogar 
católico, por Baltasar Vélez V., presbíte- 
ro. Con licencia y aprobación eclesiásti- 
cas.— Barcelona, imprenta de Francisco 
Altes. Son seis proporcionados tomos 
en 8.", edición de 1900, antigua ya para 
juzgarla en la «Sección bibliográfica». 
Véase Razón y Fe, t. XI, pág. 113. 

Breves detalles sobre el cultivo de 



algunas plantas. Regalo de la Biblioteca 
Agraria Solariana.— Sevilla, 1909. 

Bulletin de L'Activité Solaire, Extrait 
des No'* 9-10 et 11 (1909), par R. Garri- 
do, S. J. 

Calixte III et la comete de Halley, 
par J. Stein, S. J.— Roma, 1909. 

Comulgad todos los días, por el Pa- 
dre R. Vilariño, S. J.— Bilbao. De propa- 
ganda. 

Comunidades religiosas, por el Padre 
J. M. Quirós, S. J. — Medellin. Defensa- 
contestación á los artículos publicados 
sobre el mismo tema en La Organización, 
de Medellin. Precede una carta notable 
del limo. Sr. Caizedo, Arzobispo de Me- 
dellin. 

Cristo y el obrero. Brillante discurso 
del Sr. Obispo de Jaca, mostrando cómo 
Jesucristo, que quiso ser y llamarse obre- 
ro, dignificó el trabajo y honró al obrero. 

l>iE Griechischen Christlichen Schrif- 
tsteller, der Ersten Drei Jahrhunderte. 
Clemens Alexandrinus. — Leipzig, J. C 
Hinrichs'sche Buchhanburg, 1909. 

Kl Alto Jalón. Descubrimientos ar- 
queológicos. Discurso por el excelentí- 
simo Sr. D. E. de Aguilera. — Madrid. 

El Hogar Católico. Número extraordi- 
nario, dedicado al Sumo Pontífice Pío X 
en su jubileo sacerdotal. — Bogotá, Ju- 
nio, 1908. En folio, con ilustraciones y un 
himno latino en música.'Jcon otras esco- 
gidas composiciones. 



276 



OBRAS RECIBIDAS 



Enciclopedia universal ilustrada 
EUROPEO-AMERICANA. Cuademos 136-141. — 
José Espasa é Hijos, editores, Barcelona. 

En la FIESTA DE LA PURÍSIMA, PaTRONA 

DE LA Infantería española, por el Pa- 
dre A. de Madariaga, S. J.— Burgos, 1909. 
Alocución sagrada muy patriótica con- 
tra la media luna y la serpiente, nuestros 
enemigos tradicionales. 

Espinas y rosas. Novelas por el Pa- 
dre J. B. Diel, S. J. 3 francos.— B. Herder, 
Friburgo (Alemania). 

Flores de los valles. Rasgos de la vida 
y virtudes extraordinarias del celoso 
sacerdote Sixto Varona, párroco de Vi- 
llarejo, escrita por N. R. S., presbítero.-— 
Burgos, Centro Católico, 1909. 

Fortuna y salud aseguradas, por 
E. Bayde.— Librería Salesiana, Sarria-Bar- 
celona. 

ííeschichte der Jesuiten in Portugal 
unter der Staatsverwaltung des Mar- 
QUis voN Pombal, von J. B. Kafheme- 
yer, S. J.— Porto Alegre. 

Gran misión del Sagrado Corazón, 
traducido del italiano y aumentado para 
España y América por el Apostolado de 
la Oración de Santander.— Bilbao, Gran 
Via, núm. 30; 1909. Muestra que el mes 
del Sagrado Corazón ha de ser una mi- 
sión anual, renovada en todas partes, que 
restaure todas las cosas en Cristo. 

Higiene popular moderna, por A. Ghio- 
ne, traducida por F. Fraga. 28 cuadernos, 
3,50 pesetas.— Librería Salesiana, Sarria- 
Barcelona. 

Historia Universal, por F. Díaz Car- 
mona. 4 francos.— B. Herder, Friburgo. 

Hogar y escuela. Ilustración mensual. 
Una peseta al año. Año I, núm. 1.— Barce- 
lona 1910. Viene «á aportar, dice, nuestro 
humilde concurso á la escuela cristiana». 
Le deseamos larga y próspera vida. 

Hojas de Catecismo. Diálogos de ac- 
tualidad, por G. M., S. J.; 1909.— Bello, 25, 
Orihuela. 

Hojitas de propaganda. Nuestra salva- 
ción por María Auxiliadora. 

Hojitas escolares. VIII. En compañía. 
Avellanas, 2, Valencia. 

Homenaje de «El Diocesano» al ilus- 

TRÍSIMO Y RmO. Sr. Dr. D. MaNUEL CaIZE- 

do. Arzobispo de Medellín, con ocasión 
de su visita á esta capital de Antioquía 
(Colombia). 2 de Noviembre de 1909. 

Homenaje del clero á su Rmo. Prelado 
CON motivo de las bodas de oro de su 
sacerdocio.— Málaga, 1909. Véase «Noti- 
cias generales», pág. 270. 

Homenaje de los católicos de Valla- 

DOLID AL EXCMO. É IlMO. Sr. D. AnTOLÍN 

López Pel.íez, Obispo de Jaca. Contiene 
la conferencia del Sr. Obispo sobre la 
prensa, como arma de combate, y varios 
artículos publicados en el número ex- 



traordinario de El Porvenir con esa oca- 
sión. 

Honor y patriotismo, por el Dr. P. Dal- 
mau, presbítero.— Gerona, 1909. Oración 
fúnebre predicada en el centenario de los 
Sitios. Estudia provechosamente los idea- 
les de honor y patriotismo religiosos. 

Kristabaren Ikasbidea, Klaudio Fleuri, 
abade jaunac argitara atera zuanetik Ubi- 
llos.— Ko Fray Juan Antoniok euskerara 
itzulia.— Tolosan. 

l-A Bandera y el Soldado, por el Padre 
R. Vilariño, S. J.— Bilbao. De propaganda. 

L'Action Populaire. N. 213. Nosgimnas- 
TES, par G. Damerval. 0,25 fr.— Reims. 

La Iglesia y el trabajo manual, por 
M. Sabatier, traducido por J. de Hinojosa. 
0,60 pesetas.— Pontejos, 8, Madrid. 

La parroquia y el párroco, por el Pa- 
dre R. Vilariño, Bilbao. De propaganda. 

La República. Nuevo periódico de Cuen- 
ca (Ecuador) de política, literatura, infor- 
mación. Combate el mal gobierno. 

Les Chevanchées de Jehanne. — Henri 
Falque, éditeur, París. 

Le travail de unit chez les boulangers, 
par J. Picavet. N. 214 de L'Action Popu- 
laire. 0,25 fr.— Reims. 

Manual de Pedagogía eclesiástica. P. 
Valls.— E. Subirana, Barcelona. 

Memoria del año iubilar del Santísimo 
Sacramento y del Congreso Eucarístico 
internacional, primera de la América es- 
pañola.— Caracas, Diciembre 1907. 

.^'ovuM Caeremoniale pro Missa priva- 
ta, P. M. de Amicis.— Romae. 

Observatoire de Zí-ka-wei. Calendrier- 
Annuaire pour 1910. 

■•año de lágrimas, por J. García Velar- 
de. Una peseta.— Biblioteca Patria, Ma- 
drid. 

Por las víctimas de los terremotos de 
Italia. Oración fúnebre en la Catedral de 
Murcia por el R. P. Juan Sola, S. J.— 1909, 
tipografía del diario La Verdad, Murcia. 

PoRTRAiTS littéraires, par J. Agearges. 
3,50 fr.— Emm. Vitte, Lyon-Paris. 

Précis de linguistique sémitique. 
C. Brockelmann; traduit par W. Margáis 
et M. Cohén. 2 fr. — P. Geuthner, 68, rué 
Mazarine, París. 

Programme d'études pour groupes ru- 
REAUX, par H. Moro, J. Terrel et P. Las- 
sale. 1,50 fr.— Chronique Sociale de Fran- 
ce, París. 

Propaganda higiénica, por Anacleto 
Ghione. 28 opúsculos.— Sarria-Barcelona, 
Escuela tipográfica y librería Salesiana. 
Comienzan: «Higiene de las edades y en 
particular de la infancia»; y acaban: «Au- 
xilios espirituales á los moribundos». 

Puerto Rico Á los diez años de ameri- 
canización, por V. Balbás.— Tipografía del 
Heraldo Español, San Juan de Puerto 
Rico. 

(Continuará.) 



UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES "> 



PEBSEGOGiONES Y GONTBHBIEDHDES SDFBIDflS POB EL GLEBO 



D, 



iFíciL es sobremanera en el presente siglo la posición del Clero. 
Falto de los medios materiales de que disfrutara en otros tiempos, pri- 
vado de los derechos políticos, y rodeado por todas partes de enemigos 
que le combaten, se encuentra reducido á defenderse con las solas 
armas del saber y de la virtud, sin contar con otras influencias que la 
que resulta del apoyo de aquellos que no han abandonado la fe de sus 
mayores. Si reclama contra un despojo de que es víctima, se le llama 
codicioso; si se queja de que se le prive de los restos de algún privile- 
gio, se le achaca que pretende reconquistar su prepotencia de los siglos 
medios; si pide participación en los derechos que disfrutan los demás 
ciudadanos, se le apellida ambicioso; si predica contra los escándalos, se 
le denomina intolerante; si levanta su voz contra las malas doctrinas, se 
le acusa de obscurantismo; si reprueba el lujo y la corrupción, se le 
culpa de duro y de enemigo de los progresos; si promueve el culto y la 
piedad, se le denuesta como supersticioso, cuando no como explotador 
de la credulidad de los pueblos; si defiende el dogma, designando á los 
que mancillan la pureza de la fe, se le rechaza como calumniador; si 
sostiene los más indisputables y sagrados derechos de la Iglesia, se alza 
una espantosa gritería contra sus usurpaciones sobre la potestad civil; 
si en política se pone de la parte de los pueblos, se le tacha de anar- 
quista ó de regicida; si apoya á los reyes, se le cubre con el negro 



(1) Con mucho gusto nos asociamos al homenaje que en este año, centenario de 
su nacimiento, ofrecen sus entusiastas al gran filósofo catalán, publicando el presente 
artículo que debemos á la amabilidad de la respetable familia de D. Benito García de los 
Santos, biógrafo del insigne Balmes. 

Este artículo, y otro que la misma familia conserva inédito, donde con el título Todo 
de una vez, resume Balmes el célebre proyecto de matrimonio entre D.^ Isabel II y el 
Conde de Montemolín, se iban á publicar cuando falleció prematuramente su malogrado 
autor. Suspendida por el momento la publicación, no se creyó después oportuna, y 
acabó por diferirse indefinidamente. 

El artículo Todo de una vez está dictado á un amanuense, y no tiene corrección 
ninguna de mano del autor. Al contrarío, el que publicamos está escrito, mitad de pro- 
pio puño de Balmes y mitad por su amanuense; pero aun esta segunda parte tiene 
correcciones de letra de su autor, como aparece en el facsímile que publicamos. Por 
esta mayor prenda de autenticidad, y por ser de interés más permanente, le hemos 
dado la preferencia. (Nota de la Redacción.) 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 19 



278 UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES 

borrón de partidario y auxiliar de la tiranía; si en una cuestión combate 
una libertad excesiva, se le presenta como enemigo jurado de los dere- 
chos populares; si solicita la aplicación en todas sus consecuencias de 
un principio de libertad, se le niega con el pretexto de que las quiere 
explotar en su favor. 

¿Qué hará, pues, el Clero? ¿Qué conducta deberá seguir para librarse 
de acusaciones? 

¿Qué medios ha de emplear para disminuir ó destruir esa animosidad 
que le persigue? «Es muy sencillo, dicen ciertos hombres; cíñase el 
Clero á enseñar las verdades religiosas, á predicar é inculcar la moral 
evangélica; absténgase de mezclarse en negocios mundanos; no entre 
jamás en la arena política; no pronuncie sino palabras de paz y reconci- 
liación; presente en su conducta un modelo de todas las virtudes, y 
sobre todo de caridad y desinterés. Entonces cesarán las declamaciones 
contra el Clero, y amado de los fieles y respetado por los incrédulos, 
realizará en la tierra ese bello ideal que nos encanta en las páginas del 
Evangelio. Propóngase por modelo á Jesucristo, y no pierda de vista la 
imitación que de tan sublime ejemplo nos ofrecen los primeros cristianos 
y los primeros sacerdotes. En aquellos siglos de la Iglesia es donde ha 
de buscar la verdadera disciplina y el verdadero espíritu del Cristia- 
nismo. Siga el Clero estas huellas, y los demás observarán con él dife- 
rente conducta. La virtud sólida es respetada aun por los malos; el espí- 
ritu de paz y reconciliación es cosa que estiman en mucho todos los 
gobiernos; la caridad, el desinterés, el total desprendimiento de las cosas 
mundanas, son cualidades que siempre estiman y aun admiran los pue- 
blos: la abstracción de todas las contiendas civiles, el santo retraimiento 
de cuanto lleve consigo rencores ú odios, el mantenerse distante de la 
abrasada atmósfera de las pasiones, es un comportamiento que atrae 
hacia los ministros del Santuario el aprecio y el respeto de todos los 
partidos.» 

Lejos de nosotros la idea de combatir todos los consejos que en esta 
forma ú otra semejante se le dan al Clero; sólo nos proponemos aclarar 
algunas ideas que en nuestro concepto lo necesitan, y manifestar las 
interpretaciones erradas y dañosas á que pueden dar ocasión doctrinas 
en el fondo muy verdaderas y muy santas. 

Ante todo haremos una pregunta: Los que hablan de la manera que 
hemos visto, ¿creen que de la contradicción que sufre la Iglesia, sólo el 
Clero tiene la culpa? ¿Opinan que conformándose el Clero con los con- 
sejos que ellos le han dado, cesaría la animosidad contra él? Si de este 
modo piensan, les ofrecemos algunas observaciones muy sencillas. 

Jesucristo era sin duda un modelo de sabiduría, de santidad, de espí- 
ritu de paz, de desprendimiento, de caridad hacia todos los hombres, y, 
sin embargo Jesucristo, fué odiado, calumniado, perseguido, llevado ante 
los tribunales y condenado á morir en afrentoso suplicio. 




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280 UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES 

Antes de la venida del Salvador existieron hombres que confirma- 
-ban con su ejemplo de santidad las doctrinas que profesaban; y no obs- 
tante, ¿dejaron por ventura de ser perseguidos? ¿Cómo fueron tratados 
muchos de aquellos justos? «Los unos fueron tendidos en tormento, no 
queriendo rescatar su vida, por alcanzar mejor resurrección. Otros 
sufrieron escarnios y azotes, cadenas y cárceles: ellos fueron apedrea- 
dos, aserrados, probados, murieron muerte de espada, anduvieron de 
acá para allá, cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, desamparados, 
angustiados, afligidos: de los cuales el mundo no era digno, andando 
descaminados por los desiertos, en los montes y en las cuevas y en las 
cavernas de la tierra.» Quien dice esto es el apóstol San Pablo en la 
carta á los Hebreos, capitulo XI. 

Después de Jesucristo, la historia de los justos es también la historia 
de los padecimientos. En los primeros siglos de la Iglesia la persecu- 
ción fué cruel, hasta superar cuanto imaginar pudiera la saña más impla- 
cable y feroz, y además tan continua, que no parecía interrumpirse por 
algún breve espacio sino para dejar tiempo á la reunión de nuevas 
víctimas. 

En los siglos posteriores se ha repetido muchas veces la persecu- 
ción; y cuando menos ha habido una contradicción incesante. Ahora por 
una causa, después por otra, ahora bajo un pretexto, después bajo otro; 
lo cierto es que esta contradicción no ha faltado jamás. Para quien haya 
leído la Historia de la Iglesia, lo que está sucediendo en nuestro siglo es 
lo mismo que ha sucedido en todos, con la sola diferencia de que en 
el nuestro tiene el carácter propio de la época. Aun estas mismas dife- 
rencias han existido siempre: la contradicción que sufría la Iglesia en el 
siglo XVI, no era la misma que la de los siglos medios; así como la de 
éstos no se parecía á la de los tiempos de los Emperadores. Con un 
siglo una nueva fase; pero siempre el mismo hecho: abierta persecución 
6 constante contradicción. Así lo anunció Jesucristo, y su anuncio se 
cumple: el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no. 

Échase, pues, de ver cuan descaminados andan los que creen que 
siendo todo el Clero instruido y virtuoso, cesaría la contradicción que 
ahora sufre. Aunque entre el Clero no se contasen sino sabios y santos, 
no se evitaría la contradicción: innumerables son los Papas, Obispos y 
presbíteros que ha colocado la Iglesia sobre los altares por su eminente 
santidad, y que al propio tiempo se distinguieron por su alto saber, y sin 
embargo, de ellos unos sufrieron la más viva contradicción, otros perse- 
cuciones implacables, otros cárceles y destierros, otros tormentos y 
cadalsos. 

Á más de los designios de la Providencia, que quiere purificar á los 
justos como el oro en el crisol, existen, humanamente hablando, varias 
causas que explican el origen de este fenómeno. Procuraremos indicar 
algunas de ellas. 



UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES 281 

\." La Iglesia exige fe: y esto basta para suscitarle poderosos obs- 
táculos y encarnizados enemigos. Léase la Historia de la Iglesia y se 
echará de ver que en todos los siglos ha encontrado viva resistencia el 
principio de la autoridad en materias de fe. 

Los disidentes en punto de doctrina, es natural que combatan los 
dogmas de la Iglesia y el principio de autoridad que los sostiene. Este 
combate no le evitaría jamás el Clero, fuera cual fuese su conducta, á no 
ser que, abandonando cobardemente sus deberes, entregase á manos de 
los enemigos el sagrado depósito que tiene encomendado. 

Los incrédulos y cuantos se apartan de la doctrina de la Iglesia, tie- 
nen un interés en confundir las cuestiones, en envolver las cosas con los 
hombres y los hombres con las cosas; en declamar contra lo que llaman 
usurpaciones del Clero, aun en aquellos casos en que éste no sólo usa de 
un derecho, sino que cumple con el más estricto deber. Asi, por ejemplo, 
el escritor que en sus obras ha impugnado los dogmas ó la moral ó la 
disciplina de la Iglesia, ¿es probable que deje de impacientarse cuando 
vea que ésta señala á los fieles como peligrosas las nuevas doctrinas? 
¿No estará en los intereses del escritor el hablar contra la ignorancia, la 
intolerancia, el fanatismo del Clero que le condena? Así se ha visto en 
todas épocas, así se ve ahora y se verá en adelante. 

Tenemos de esta verdad un ejemplo muy reciente. Se están haciendo 
multiplicadas ediciones de una novela famosa que tiende, no sólo á des- 
acreditar á los Jesuítas, sino también al Catolicismo entero. Quien lea 
con imparcialidad el Judío errante no puede menos de convenir en que 
se menosprecian, no sólo los Jesuítas, sino todos los institutos religiosos, 
el clero, las prácticas de devoción, la frecuencia de sacramentos, los 
sacramentos mismos, el culto, el dogma; que se asientan máximas entera- 
mente contrarias á la moral evangélica; que los hombres que se presen- 
tan como honrados, como filantrópicos, son únicamente los que, ó no 
profesan ninguna religión, ó á lo más se contentan con la natural; cuando; 
al contrario, los católicos, así hombres como mujeres, así eclesiásticos 
como seglares, son retratados cual un conjunto de hipocresía, de perfi- 
dia, de traición, de crueldad, de infamia, de maldades de todo género, 
pues bien, si el Clero ha querido levantar su voz contra una obra seme- 
jante, tanto más peligrosa cuanto no propina el veneno en discusiones 
empalagosas, sino en escenas dramáticas é interesantes, el Clero ha sido 
acusado de intolerante, de fanático, de perseguidor. 

No se diga, pues, que una conducta del Clero, arreglada á la ense- 
ñanza de Jesucristo, evitaría la maledicencia y las calumnias. En la 
Sagrada Escritura se previene á los ministros de la religión, que vigilen, 
que insten, que clamen sin cesar; y sin embargo, se culpa á los que 
claman, instan y vigilan. Esta contradicción, pues, que en la actualidad 
está sufriendo el Clero de parte de los enemigos de las sanas doctrinas, 
no se evitaría aun cuando todos los Obispos fueran Ciprianos, Ambrosios 



282 UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES 

y Agustinos, y todos los presbíteros fueran tan santos y tan sabios como 
San Jerónimo, el solitario de la gruta de Belén. Por el contrario, la misma 
santidad y sabiduría, á cuyo esplendor no se podría resistir, aumentaría 
la cólera de los enemigos de la Iglesia, como las olas se embravecen y 
estrellan con más furor contra una roca inmóvil. 

2.° La Iglesia católica, que no consiente en vivir esclava de ningún 
poder extraño, se ve precisada muy á menudo á sostener contra las usur- 
paciones su independencia y libertad. Ella es amiga de la autoridad civil 
y la sostiene contra los perturbadores, inculcando á los pueblos el deber 
de la obediencia; pero tampoco puede tolerar que esta autoridad, exce- 
diéndose de sus atribuciones, se entrometa en las cosas eclesiásticas, 
poniendo su mano profana sobre el Santuario. De aquí es que frecuen- 
temente se ve precisada, á pesar suyo, á sostener la lucha y aun á arros- 
trar la persecución; expone, amonesta, protesta; pero en llegando un 
caso extremo, recuerda aquellas palabras del Príncipe de los Apóstoles: 
«Antes se debe obedecer á Dios que á los hombres»; y sobreponiéndose 
á todas las consideraciones humanas, se resigna á perder sus riquezas, á 
sufrir el destierro, á derramar su sangre en los cadalsos, antes que faltar 
á los deberes que le impone su conciencia. 

En tales casos nunca le faltan aduladores á la autoridad civil, porque 
la lisonja es el cortejo inseparable de los poderosos; y estos aduladores 
se desencadenan contra la Iglesia, ponderando la justicia y la necesidad 
que han impulsado al poder civil á desplegar contra la usurpación la 
plenitud de sus fuerzas. Esta voz de los aduladores, uniéndose á la grite- 
ría de los que profesan religión diferente ó quizás ninguna, levanta un 
tumulto que parece amenazar la existencia de la frágil navecilla, hasta 
que el Todopoderoso, que vela sobre ella y no permite que la sumerjan 
las olas, manda á los vientos, quedando el mar en completa calma. 

3." La Iglesia, en cumplimiento de su misión, ha de reprender los 
vicios, sin poderlos excusar, ni en los débiles ni en los poderosos. El rey 
como el vasallo, el noble como el plebeyo, el rico como el pobre, el sabio 
como el ignorante, el libre como el esclavo, todos reciben de su boca la 
misma doctrina; todos oyen la enseñanza de los mismos dogmas, de la 
misma moral, el estímulo en las virtudes, la reprensión en los vicios. Si 
hay una víctima de la injusticia, la Iglesia se pone de parte de la víctima; 
si el fuerte oprime al débil, la Iglesia se pone de parte del débil contra 
el fuerte. Si la sedición ataca á la autoridad legítima, ella se pone de 
parte de la autoridad, predicando á los pueblos la obediencia en nombre 
de la religión. Si la autoridad oprime á los subditos, vejándolos con atro- 
pellamientos ó injusticias de cualquiera clase, ella se pone de parte de los 
subditos, recordando á la autoridad sus deberes, y la igualdad de los 
hombres ante Dios, á cuyo tribunal han de rendir cuenta de sus acciones 
los soberanos más poderosos de la tierra. Donde hay una iniquidad, allí 
cae l_a. reprobación de la Iglesia; donde hay un escándalo, allí se oyC; 



UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES 283 

resonar la voz de la Iglesia que ló condena. Por estas causas es imposi- 
ble que en todos tiempos y países no tenga la Iglesia numerosos enemi- 
gos, y que no muestren espíritu de hostilidad contra ella aun algunos de 
los que se honran de pertenecer á su seno. 

La Iglesia hace en el mundo lo que la razón y la gracia en el hombre: 
resistir á las pasiones para que no se desborden, dirigirlas para que no 
se extravíen, refrenarlas en todo lo que tienen de malo y sujetarlas al 
imperio de la ley eterna cuyo depósito tiene encomendado. De la propia 
suerte, pues, qué la razón y la gracia luchan de continuo en el hombre 
contra las malas inclinaciones, y esta lucha durará hasta la consumación 
de los siglos, así también la Iglesia, que tiene en sus dogmas la verdad, 
en su moral la santidad, en su disciplina y en sus leyes la sabiduría, la 
rectitud y la prudencia, no es posible que deje de encontrar fuertes y 
vivas resistencias en aquellos hombres que sólo se rigen por intereses 
mundanos, y que no arreglan la conducta á los dictámenes de la razón, 
sino que procuran acomodarla á lo que codician sus pasiones. 

Con estas reflexiones hemos querido indicar algunas de las causas 
que contribuyen á la persecución y contrariedadesde todos géneros que 
la Iglesia sufre ahora, y ha sufrido desde su fundación; hemos querido 
recordar los hechos que nos presenta la Historia en confirmación de que, 
aun siendo la conducta de los eclesiásticos la más santa que imaginarse 
pudiera, no faltarían contrariedades y persecuciones. 

Mas no se crea por esto que nosotros neguemos que á veces las 
faltas del Clero, y también de los demás fieles, no den lugar á que el 
mundo blasfeme de la sana doctrina y mire con aversión á la inmaculada 
Esposa de Jesucristo. Sabemos lo que enseña la Historia eclesiástica 
sobre las causas que han provocado en distintas épocas la indignación 
del Todopoderoso, quien en sus terribles juicios ha dejado que se des- 
encadenasen sobre la tierra las potestades infernales, en justo castigo 
de los que correspondían con ingratitud á sus gracias, pagando con la 
infracción de sus santos Mandamientos los muchos beneficios de que los 
colmara. Este recuerdo debe elevar la consideración del cristiano y con- 
fortar su corazón en los tiempos atribulados, reflexionando que Dios 
permite las calamidades para castigar á los malos y purificar á los bue- 
nos, sacando del mismo mal grandes bienes, por medios que se ocultan 
á la débil previsión del hombre. 

Prescindiendo de los ejemplos análogos que se encuentran en la His- 
toria del Antiguo Testamento, vemos que desde la fundación de la Iglesia 
por Jesucristo, han sido siempre la contradicción y las persecuciones el 
crisol en que el divino Salvador ha querido probar el amor y la fe de sus 
discípulos. 

Los padecimientos de innumerables mártires, los destierros, la pros- 
cripción de tantos ilustres sacerdotes que nos cuenta la historia de los 
tiempos de herejía, las duras contrariedades experimentadas en los siglos 



284 UN ARTÍCULO INÉDITO DE BALMES 

de barbarie de parte de aquellos hombres indómitos que, aun después 
de largos siglos, conservaban mucho de la fiereza selvática de la época 
de la irrupción; el cisma de Oriente y Occidente, el Protestantismo, la 
incredulidad: he aquí las pruebas terribles á que se ha visto sujeta la 
Iglesia. Los sufrimientos, pues, que padece ahora no son más que la repe- 
tición de los que experimentara en otros siglos, con sólo aquellas dife- 
rencias que consigo trae el diverso espíritu y las varias circunstancias 
de los tiempos. 

Si se juzga de los infortunios de la Iglesia por las impresiones del 
momento; si sólo se atiende á la inmerecida contradicción que se le 
hace, y á la injusticia y atropellamiento de que es víctima, el ánimo se 
abate y la tristeza se apodera del corazón; pero cuando se eleva la mente 
sobre la región de las pasiones, cuando se da una mirada á lo pasado y 
á lo venidero, recordando la Historia y las profecías; cuando se refle- 
xiona que la Iglesia no es una institución humana, sino divina, que tiene 
prometida la asistencia de Jesucristo hasta la consumación de los siglos, 
cuando se sabe de seguro que contra ella no prevalecerán las puertas 
del infierno; entonces el espíritu se alienta y el corazón se consuela, los 
tiempos parecen menos tristes, los presagios son menos funestos; se ve 
la nave combatida por las olas espumantes que amenazan tragarla; pero 
animado el que está embarcado en ella por la autoridad de la palabra 
que no puede faltar, arrostra con frente serena las tempestades más 
horribles, seguro de que la mano todopoderosa sabrá preservarla de 
todos los escollos, sostenerla en medio de los vaivenes y conducirla al 
puerto de salud. 

J. B. 



Las misiones católicas entre infieles ^^^ 



China.— La misión de China, con una superficie algo mayor que la 
cuarta parte de Asia; con una población que forma la cuarta parte de la 
Humanidad; con una raza inteligente y laboriosa, es quizá la misión más 
importante de la actualidad. Por desgracia, el pueblo chino es uno de los 
pueblos á quienes la Historia ha tratado con más injusticia, y de esta 
injusticia no se han Hbrado tampoco algunas historias de las misiones. 
Hoy, en cambio, apenas hay misionero ni escritor de misiones que no reco- 
nozca las grandes cuaHdades del pueblo chino (2). Especialmente tratán- 
dose del labrador chino, convienen en general misioneros y escritores en 
pintarle como hombre trabajador, pacífico, sobrio y de sanas costum- 
bres. En cuanto á los neófitos, no acaban los misioneros de ponderar su 
piedad profunda, á la vez que sencilla; su espíritu de sacrificio; su amor 
entrañable al Padre misionero y, lo que sorprenderá á muchos, su gene- 
rosidad y desprendimiento tratándose de cosas reUgiosas. No es extraño 
que muchos misioneros de China, entusiasmados con sus neófitos, los 
prefieran á todos los de otras partes, y que aseguren que el pueblo chino, 
convertido á nuestra fe, sería el pueblo modelo, el más católico del 
mundo; hasta hay quienes, bien lejos de ver en este pueblo el tan fan- 
taseado peligro amarillo, vean en él, por el contrario, al futuro regenera- 
dor de la degenerada Europa. 

La misión de China cuenta con 38 vicariatos apostólicos, cuatro pre- 
fecturas y una misión independiente, á lo cual se puede juntar el obis- 
pado de Macao, que se extiende por el territorio chino y tiene cerca 
de 30.000 católicos. No es necesario aquí ir recorriendo, como en África 
y el Indostán, las diferentes misiones de China, pues en ellas no existen 
las profundas variedades propias de esos otros dos territorios, y pode- 
mos, por lo tanto, tratar de todas las misiones chinas juntas. La misión de 
China, casi arruinada, como todas las demás, á principios del siglo XIX, 
fué una de las más agitadas en la pasada centuria. Aunque en el tra- 
tado de Tien-tsin en 1858 y la paz de Pekín en 1860 se aseguró á los 
misioneros y neófitos el libre ejercicio de la religión, sin embargo no 
cesaron de estallar de cuando en cuando persecuciones más ó menos 
sangrientas, que costaron la vida á muchos misioneros y neófitos y des- 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXVI, pág. 25. 

(2) Puede leerse, por ejemplo, junto con otros testimonios allí aducidos, el juicio 
que se ha formado de China uno de los tratadistas de misiones más competentes de hoy 
día, el P. Huonder, S. J., en Jahrbuch der Zeit-und Kulturgeschichte,}, 1907, Freiburg, 
pajinas 44-46. 



286 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

truyeron no pocas cristiandades florecientes. En estas condiciones, nada 
tiene de extraño que el fruto recogido por los misioneros no correspon- 
diera á sus fatigas, á pesar de encontrar en el pueblo chino un terreno tan 
bien preparado. Pero las condiciones de la misión china han cambiado 
por completo desde la intervención de las Potencias á principio de este 
siglo, y sobre todo desde la guerra ruso-japonesa. El resplandor de las 
victorias del Japón hizo despertar al colosal imperio chino de su secular 
letargo; los políticos chinos cayeron en la cuenta de que para hacer de 
su patria una gran potenoia no necesitaban más que seguir los pasos del 
Japón, y hoy vemos á China lanzada con una especie de fiebre, entera- 
mente ajena á su carácter, por el camino de la europeización. Los dos 
puntos capitales de la reforma son el ejército y la escuela. Ya las divisio- 
nes del ejército chino, adiestradas en pocos años á la europea, han dejado 
en sus maniobras admirados á los militares europeos, y el día, quizá no 
lejano, en que todo el ejército chino esté organizado de este modo, será 
indudablemente el más poderoso del mundo. Más lento tiene que ir el 
paso en las escuelas; pero las leyes dictadas para su reforma (1) y la 
actividad que se despliega en su ejecución, nos aseguran de que, á no 
intervenir complicaciones inesperadas, la transformación de China por 
la escuela ha de ser, por lo menos, tan rápida como la del Japón. Precisa- 
mente por esta revolución intelectual, la más profunda que registran los 
anales de la China, es por lo que los momentos actuales son tan críticos 
para aquella misión. Sabido es, y se ha repetido mil veces, que las misio- 
nes católicas no supieron aprovechar en el Japón la coyuntura favora- 
ble, cuando aquel imperio emprendió el camino de las reformas, como 
hoy lo ha emprendido la China. En vez de enviar entonces al Japón una 
tropa de misioneros bien provistos de recursos para levantar estableci- 
mientos de enseñanza, se dejó casi solos y abandonados á los celosos 
pero pobres sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París. Vinieron 
luego los triunfos del Japón sobre Rusia, y entonces cayó la Europa cató- 
lica en la cuenta de la importancia de la misión japonesa. Más vale tarde 
que nunca; pero es doloroso tener que confesar con los misioneros que 
en estos años llegan al Japón, que llegamos con treinta años de retraso. 
Quiera Dios que no pase esto también en China, pues el daño sería mayor 
todavía que en el Japón. No negaremos que los progresos de la misión 
china son muy grandes en estos últimos años; pero también es cierto que 
serían inmensamente mayores si nuestros pobres misioneros pudieran 
disponer de recursos parecidos á los que tienen á su disposición los 
misioneros protestantes, y que hay naciones católicas en las cuales está 
muy poco despierto el entusiasmo por las misiones, y que podrían enviar 
á aquel imperio muchos misioneros. 



(1) Puede verse sobre este punto el Calendrier-Annuaire pour 1909, Chang-Hai, 1908, 
aginas 110-124. . , 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 28? 

Actualmente trabajan en China los siguientes misioneros (1): lazaris- 
tas, con 286.000 católicos en sus misiones; sacerdotes del Seminario de 
París, con 252.000; jesuítas franceses, con otros 252.000; franciscanos de 
varias naciones, entre ellos varios españoles, con 166.000; misioneros 
belgas de Scheut, con 64.000; dominicos españoles, con 53.000; siguen 
después con menor número los misioneros alemanes de Steyl, los sacer- 
dotes del Seminario de Milán, los del Seminario de Roma, los agustinos 
españoles y los sacerdotes del Seminario de Parma. Todas estas misio- 
nes nos dan un total de 1.210.054 católicos, cifra realmente consoladora, 
y mucho más si se considera que en 1898 había poco más de 600.000 
católicos; de modo que, á pesar de la persecución de los Boxers, el 
número de católicos se ha duplicado en once años. Especialmente en 
estos últimos años el aumento ha sido muy notable: en 1906 fué de 
unos 70.000, en 1907 pasó de 86.000, en 1908 se acercó ya á 100.000, en 
1909 nos dan ya los datos conocidos un aumento de 70.000; pero toda- 
vía no conocemos el aumento que seguramente habrán tenido varias 
misiones importantes. Y todavía no es esto lo más consolador de la 
misión china, sino la esperanza que sobre ella nos permite fundar el 
número de catecúmenos. Todos los vicariatos los tienen numerosísimos; 
sumando los datos conocidos, nos dan un total de 389.000; en realidad el 
número de catecúmenos chinos en la actualidad pasa de medio millón. 
También aumenta proporcionalmente el número de operarios; los sacer- 
dotes europeos son ya 1.379 (en 1898 eran sólo 760), los sacerdotes 
indígenas son 639 (en 1898 eran 409). Sabido es que el sacerdote indígena 
de la China es generalmente modelo de piedad y de celo. El número de 
seminaristas chinos se eleva ya á 1.700. También las Órdenes religiosas 
prosperan en China, contándose numerosos indígenas franciscanos, 
lazaristas, jesuítas, etc. Un resultado sorprendente ha dado la Trapa fun- 
dada del 1880 al 1883, en las agrestes soledades de Yang-kia-ping; tiene 
ya 65 trapenses chinos, de ellos 17 sacerdotes, justamente celebrados 
por su observancia, y si no se admiten más es sólo por falta de local. 
Más extraordinario aún es en China el número de religiosas; son 1.886, 
de ellas 1.328 indígenas, y mucho mayor es todavía el número de las lla- 
madas «vírgenes consagradas á Dios», indígenas todas, y que prestan á 
la misión inestimables servicios en las obras de caridad, de enseñanza y 
de apostolado. Los catequistas chinos son unos 7.000; las iglesias y 
capillas unas 8.500; los maestros y maestras indígenas cerca de 8.000; los 
discípulos de las escuelas católicas pasan de 120.000; los niños recogidos 
en 300 ó 400 casas de huérfanos ó expósitos suman unos 150.000; además, 
hay más de 550 hospitales, asilos y demás establecimientos de caridad 
para adultos. 



(1) Las estadísticas para China, el Japón y la Corea están tomadas del excelente Ca- 
lendrier-Annuairepour 1910, Chang-Hai,\909, páginas U8-\2D 



288 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

No dejaremos la simpática misión de China sin dirigir una mirada 
especial al gran vicariato de Kiang-Nan, el de mayor población que 
existe sobre la tierra (tiene 53.650.000 habitantes) y reconocido por todos 
como modelo de organización. Está dirigido por jesuítas franceses, que 
cuentan con 154 sacerdotes y algunos estudiantes y coadjutores; hay 
además 41 sacerdotes seglares indígenas, 71 hermanos maristas (de 
ellos 36 indígenas) y numerosas religiosas, indígenas en su gran mayoría. 
En Chang-hai y sus alrededores, que forman el centro de la misión, flore- 
cen las obras de caridad y enseñanza como en los países mejor organi- 
zados de Europa; baste citar: la incipiente universidad «Aurora», que tiene 
ya 147 alumnos; el colegio de Zi-ka-wei, con estudios chinos y anglo- 
franceses y con su famoso observatorio metereológico y sismológico; tres 
pensionados y un externado, con muchos centenares de jóvenes euro- 
peas y chinas; escuela de sordo-mudos; un periódico bisemanal chino y 
el Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús, en la misma lengua; una 
imprenta para escritos chinos y europeos, talleres de artes y oficios, salas 
detrabajo para jóvenes (trabajan en ellas unas 500), Conferencias de San 
Vicente de Paúl, círculo de obreros, seis dispensarios, con unas 200.000 
consultas gratuitas al año, etc., etc. El año 1842 encontraron los jesuítas 
en la misión 50.000 cristianos, de cuyo abandono puede dar idea el saber 
que sólo había en aquel inmenso territorio seis sacerdotes útiles. Desde 
que llegaron los Padres, pedidos con instancia por aquellos cristianos 
que no habían olvidado en tanto tiempo á sus antiguos padres en la fe, 
el aumento de cristianos ha sido constante y progresivo; el último año, 
desde 1.° de Julio de 1908 hasta la misma fecha en 1909, el aumento ha 
sido de 10.251; los cristianos son hoy 184,364, los catecúmenos 110.758. 

Japón. — Bien conocida es la brillante pero triste historia del catoli- 
cismo en el Japón, y cómo aquella floreciente cristiandad quedó en la 
primera mitad del siglo XVII, al parecer, completamente exterminada por 
una de las persecuciones más sangrientas que registra la historia. Por 
eso será siempre célebre en los fastos de la historia de las misiones el 
día 17 de Marzo de 1865. ¡Cuál no sería ese día la alegría del P. Petit- 
jean, cuando oyó que tres buenas ancianas japonesas, arrodillándose 
junto á él y con las manos cruzadas sobre el pecho, le decían: «Todos los 
que estamos aquí [eran 15 personas] tenemos el mismo corazón que 
usted»; cuando les oyó hablar de «el Santo Dios, el Santo Jesús, la Santa 
María», y á la vista de una estatua de la Virgen, con el niño Jesús en los 
brazos, recordar la fiesta de Navidad que celebraban el día 25 del «mes 
de las heladas blancas», y preguntar si no era cierto que ahora estaban en 
el «tiempo de la tristeza» (la cuaresma)! Millares de cristianos habían 
conservado la fe en medio de un Gobierno tiránico y estando más de dos 
siglos sin sacerdote. Era natural que se hubieran introducido entre ellos 
muchos abusos, y por desgracia una buena parte de aquellos cristianos 
se resistieron y se resisten aún á dejarlos, y viven todavía alejados de la 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 289 

Iglesia de sus padres, contentándose con el bautismo. Los demás forma- 
ron la base del actual catolicismo japonés, que en fervor y solidez nada 
dejaque desear y que en número ha ido aumentando poco á poco gracias 
á los esfuerzos de los misioneros del Seminario de París. No es, cierta- 
mente, despreciable el aumento, pues llegan ya los católicos japoneses 
á 63.000; pero se dejaron pasar muchos años preciosos sin influir casi nada 
en las clases civilizadas, mientras los protestantes, con sus abundantes 
recursos, fundaban escuelas y establecían grandes imprentas, que han 
inundado materialmente el Japón con millones de libros y folletos. Á esto 
deben las sectas protestantes el tener hoy 14 diputados en el Parlamento 
japonés y numerosos adeptos entre las clases más influyentes de la socie- 
dad. Una esperanza de las misiones católicas son los hermanos maria- 
nistas, cuyos colegios han tomado, de diez años á esta parte, un vuelo 
maravilloso: 2.000 estudiantes, pertenecientes en su mayoría á familias 
principales, acuden á los cinco colegios de los Hermanos, y de ellos han 
salido ya unos 150 convertidos. En los últimos años han entrado en aquel 
imperio varias congregaciones religiosas: dominicos, trapenses, francis- 
canos, misioneros de Steyl y jesuítas. El fin principal de los jesuítas, así 
como de los misioneros de Steyl y de los franciscanos alemanes, es dedi- 
carse á la enseñanza. Para esto mismo han llegado también nuevas con- 
gregaciones de religiosas; así, en Abril de 1909 abrieron un pensionado 
provisional las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, y en seguida se 
vieron acudir á él las jóvenes de la más alta aristocracia japonesa. 

No se puede negar que en las revistas católicas de misiones se notó 
estos últimos años cierto pesimismo sobre el Japón, al considerar que 
llegábamos tarde é imaginarse que el pueblo japonés estaba ya conver- 
tido en racionalista y que ofrecería, por lo tanto, obstáculos casi insupe- 
rables al Catolicismo. Sin embargo, los progresos constantes, aunque 
lentos, de la misión católica, á pesar de la escasez de misioneros y de 
recursos, y el número (por otra parte incompleto) de 16.252 catecúme- 
nos que nos dan las estadísticas actuales, no dan motivo á tal pesimismo. 
Además, hay que tener en cuenta que casi el 75 por 100 de la población 
pertenece á la clase labradora, y que ésta no se halla todavía influida 
por el racionalismo. Entre las mismas clases civilizadas, sería un error 
creer que su racionalismo es tan malicioso como el de los europeos. Se 
podrían traer aquí innumerables testimonios de muchos de los principales 
profesores y escritores japoneses, en que se muestran ideas muy favo- 
rables al Catolicismo (1). Lo que hace falta es aumentar el personal de 
la misión, y promover la enseñanza y la propaganda católicas. El perso- 



(1) Para enterarse del estado de la opinión pública en el Japón, es excelente la 
revista Mélanges Japonais, que se publica en Tokio. Puede verse también el concien- 
zudo artículo del P. Huonder, S. J., en Kirchliches Handbuch, Freiburg, 1908-1909, pági- 
nas 64-84. 



290 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

nal actual es de 151 sacerdotes europeos y 34 indígenas, 416 catequistas 
y 389 religiosas, realmente insignificante para una población que se 
acerca á 50 millones de habitantes. Los alumnos de las escuelas católi- 
cas serán unos 6.000. En cuanto á propaganda, el principal propagan- 
dista católico es el P. Drouart de Lézey, del Seminario de París, que 
dirige una revista japonesa, cuyo número de suscriptores pasa ya 
de 3.000; el mismo Padre ha emprendido últimamente la publicación de 
una serie de folletos, escritos por sabios católicos de Europa y traducidos 
al japonés, en los cuales se han de ir tratando las principales cuestiones 
científicas relacionadas con la religión. Es de esperar que, trabajándose 
cada día más en este sentido, llegue á contrarrestarse la influencia de las 
sectas protestantes; aunque, á decir verdad, aún falta mucho para llegar 
á este punto. El Protestantismo tiene allí un personal cuatro veces más 
numeroso que el católico y provisto de recursos inmensamente superio- 
res; baste, por ejemplo, citar el dato de que de sus siete imprentas de 
propaganda salieron en 1907 nada menos que 1.974.881 libros y folletos. 
Pidamos al gran apóstol del Japón, San Francisco Javier, que interceda 
con Dios para que mueva á muchos nobles corazones á llevar la luz del 
Evangelio á aquel pueblo valiente y verdaderamente grande, tan amado 
de su santo apóstol. 

Corea.— La Corea ha venido á ser una colonia japonesa. Su pobla- 
ción se acerca á 10 millones de habitantes, gente sencilla y naturalmente 
honrada. La misión está al cargo de los sacerdotes del Seminario de 
París, y su historia es de lo más heroica que darse puede. La iglesia 
coreana fué fundada en 1784 por seglares coreanos, sin más instrucción 
que la de algunos libros y la que había recibido uno de ellos durante 
algún tiempo entre los misioneros de China. Sin sacerdote llegó el 
número de los fieles á 4.000, que resistieron intrépidos á una .sangrienta 
persecución. En 1794 llegó á Corea el sacerdote chino Tsin, que después 
de aumentar en algunos miles el número de cristianos, logró la palma del 
martirio en 1801. Y la iglesia coreana quedó sin sacerdote, á pesar de 
sus súplicas á la Santa Sede, hasta que en 1836 y 1837 penetraron en la 
región su primer Obispo Mons. Imbert y dos sacerdotes europeos. Pero 
en 1839 son martirizados los tres misioneros junto con muchos fieles, y 
quedan otra vez aquellos fervorosos cristianos privados de pastor. 
En 1845 logra, tras grandes esfuerzos, entrar en Corea su nuevo Obispo 
Mons. Ferréol, junto con un misionero europeo, y con ellos entra también 
Kim, el primer sacerdote coreano, de corazón magnánimo y superior á 
todos los peligros; pero este intrépido apóstol acaba al año siguiente, á 
la edad de veinticinco años, con un martirio digno de su heroica vida. Le 
reemplaza el año 1849 el segundo sacerdote coreano Ts'oi, que despliega 
un celo verdaderamente apostólico durante doce años, y muere al cabo 
de ellos víctima de los trabajos de su apostolado. En 1866 estalla con 
más furia que nunca la persecución, y casi todos los misioneros son cogi- 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE ÍÑPlELES 291 

dos y martirizados; la iglesia de Corea queda otra vez privada de sacer- 
dote por muchos años, y esto en medio de una feroz persecución que 
cuesta la vida á más de 10.000 cristianos. 

De veinte años á esta parte la iglesia coreana ha podido disfrutar de 
libertad, y hoy día puede decirse que con los japoneses la libertad de los 
misioneros está tan asegurada como en el mismo Japón. Pero otra clase 
de enemigos amenaza al presente á aquella tan probada cristiandad. Con 
la llegada de los japoneses se ha despertado en Corea un verdadero 
furor por tener escuelas é ilustrarse como sus dominadores, y las sectas 
protestantes han aprovechado la ocasión para lanzar sobre aquella tierra, 
regada con la sangre de los católicos, una avalancha de pastores, fundar 
numerosísimas escuelas y desplegar por medio de la prensa una propa- 
ganda extraordinaria. Las escuelas católicas son únicamente 11 2, con 2.267 
niños; los misioneros sólo 56 sacerdotes, de ellos 10 indígenas; los cate- 
quistas 40, las religiosas 52. Á pesar de medios tan exiguos, son ya los 
católicos coreanos 68.016; el último año hubo un aumento de 4.676. No 
hay que decir, dada su historia y su carácter, que los católicos de Corea 
son un dechado de neófitos. Últimamente han sido llamados á aquella 
región los benedictinos alemanes de San Ottilien, de quienes se espera 
que han de levantar la enseñanza católica en Corea á la altura que exigen 
las circunstancias. 

Filipinas.— En las islas del archipiélago índico no existe misión cató- 
lica de importancia fuera de las Filipinas. Exceptuando á éstas, en todas 
las demás islas, habitadas por 39 millones de habitantes, no hay más que 
60.000 católicos, contando los europeos. La gran mayoría déla población 
profesa la secta de Mahoma. 

En Filipinas el centro principal de misiones de infieles está en Min- 
danao. Antes de la sublevación fiUpina y de la guerra con los Estados 
Unidos, había esperanzas muy fundadas de convertir á los infieles que 
aun quedan en la isla, y ascienden á varios centenares de miles. En los 
últimos años antes de la revolución los misioneros, jesuítas españoles, 
recogían una mies abundantísima de conversiones; después de muchos 
años de trabajos había llegado la época de las conversiones en masa, y 
pueblos enteros, paganos y mahometanos, entraban entusiasmados en el 
gremio de la Iglesia católica. Más de 75.000 infieles iban ya convertidos, 
cuando la revolución y los sucesos posteriores obligaron á los jesuítas á 
abandonar la isla; y aunque volvieron más tarde, reclamados instante- 
mente por sus antiguos neófitos, pero las circunstancias han cambiado 
por completo. Introducidas en Mindanao las ideas revolucionarias y el 
cisma aglipayano; habiendo acudido allá muchos pastores protestantes, 
bien provistos de dinero; á los jesuítas les es tanto más difícil la misión, 
cuanto que la falta de recursos, especialmente para las escuelas, se hace 
sentir de una manera alarmante. Es de esperar que si llegan los Padres 
á recibir los recursos indispensables, logren, no sólo mantener en la fe 



292 LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 

á los 180.000 neófitos puestos á su cuidado, sino emprender de nuevo 
con más vigor la conquista de los infieles. 

En la isla de Luzón tenían los Padres agustinos españoles una misión 
de infieles con 40.000 neófitos, quedaban aún por convertir unos 150.000, 
pertenecienes en su mayoría á la raza de los igorrotes. Habiendo tenido 
que salir de allí los misioneros á consecuencia de los trastornos de Fili- 
pinas, quedó aquella viña del Señor casi del todo abandonada, hasta que 
al fin han llegado para cultivarla los misioneros belgas de Scheut. 

OcEANíA.— Dos palabras no más sobre las misiones numerosas, pero 
pequeñas, de Oceanía. El número de infieles será como de un millón, 
fetichistas en su inmensa mayoría. Entre ellos trabajan varias congrega- 
ciones religiosas, especialmente los Padres maristas, los del Sagrado 
Corazón de Jesús y los de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Una 
de las dificultades especiales de esta misión es estar los habitantes tan 
repartidos en las innumerables islas de aquel inmenso océano, que 
algunos misioneros, por faltarles una lancha de vapor y por las fre- 
cuentes calmas de aquellos mares, tienen que pasarse buena parte de la 
vida en el mar. Los católicos indígenas de estas misiones son 130.000, 
los sacerdotes 392, los demás religiosos 291, las religiosas 531, los cate- 
quistas 592, los niños de las escuelas poco más de 20.000. 

Resumen.— Echando una ojeada retrospectiva sobre el campo de 
misiones que acabamos de recorrer, lo primero que salta á la vista es su 
gran extensión. Ya apenas queda región de infieles de importancia 
donde no haya logrado penetrar y sentar sus reales el misionero cató- 
lico. Enormes han sido las dificultades que ha habido que vencer, pues- 
tas unas por la naturaleza y otras, más difíciles aún, por los hombres. 
Pero de todas ha triunfado la intrepidez y constancia del misionero; las 
primeras dificultades, que suelen ser las mayores, están vencidas casi en 
todas partes, y sólo falta ya aumentar el número de operarios y de 
recursos. 

Lo segundo que se nos ocurre admirar, á la vista de las misiones, es 
el numeroso clero indígena que hay en ellas. Sin duda se ha exagerado 
mucho el supuesto descuido que tuvieron en esta parte los misioneros de 
los siglos XVI, XVII y XVIII; pero es también cierto que actualmente se 
tienen ideas más claras y reflexivas sobre la importancia de la formación 
de un clero indígena. Se podrá disputar sobre si este ó aquel misionero 
atiende ó no tanto como debiera á esta importantísima cuestión; pero de 
la generalidad no puede haber duda ninguna razonable, pues para con- 
vencernos de lo que trabajan los misioneros para resolver este gran 
problema, basta echar una mirada á las estadísticas. De 12.305 sacer- 
dotes misioneros, son indígenas, por lo menos, 5.369 (probablemente 
serán unos 6.000); y los millares de seminaristas que se educan en los 
seminarios de las misiones nos muestran que se sigue trabajando con 
ardor en esta empresa; hasta en los pueblos más atrasados vemos cons- 



LAS MISIONES CATÓLICAS ENTRE INFIELES 293 

tantes tentativas de levantar, por medio de una esmerada educación, á 
algunos de sus hijos para formar de ellos al principio catequistas y más 
tarde sacerdotes (1). 

Es notable también el número crecido de religiosos no sacerdotes 
empleados en las misiones, sean Hermanos legos ó estudiantes ó perte- 
necientes á congregaciones de Hermanos. La extensión que ha tomado 
el apostolado moderno permite emplearlos en más abundancia que 
antiguamente en escuelas, talleres de artes y oficios, granjas agrícolas, 
imprentas, etc. El número de estos religiosos en las misiones es de 
unos 6.000. 

Mucha mayor diferencia existe entre las misiones actuales y las an- 
tiguas en lo que se refiere á las religiosas. Antiguamente eran pocas las 
empleadas en las misiones; hoy son más que los misioneros, y sus tra- 
bajos producen un bien incalculable. Todas las obras de caridad y en- 
señanza en sus múltiples manifestaciones que cultivan las religiosas en 
Europa son también cultivadas por éstas en las misiones, y aun se aña- 
den algunas especiales, como el instruir en la fe á las catecúmenas, el 
dirigir las escuelas de las catequistas, el enseñar á las neófitas el cultivo 
de los campos, etc. El número de religiosas en las misiones es por lo 
menos de 18.000. 

Las iglesias y capillas en las misiones actuales son 22.736; los esta- 
blecimientos de caridad son también numerosísimos, aunque las estadís- 
ticas sobre este punto son muy incompletas; las escuelas se acercan á 
20.000, con más de 800.000 discípulos. Los católicos indígenas pasan de 
siete millones. 

Finalmente, una de las cosas que más llaman la atención en las mi- 
siones de nuestros días es el catecumenado. Precisamente porque hoy se 
ve el Catolicismo atacado en todas partes, es por lo que los misioneros 
ponen un cuidado más exquisito en dar á los catecúmenos una instruc- 
ción sólida en las verdades de nuestra fe; por eso el catecumenado suele 
durar, por lo menos, tres ó cuatro años. En cuanto al número de catecú- 
menos, nos faltan, desgraciadamente, los datos suficientes; pero como los 
que tenemos nos dan un total de cerca de 1.300.000, y quedan todavía 
por averiguar los de otras muchas misiones importantes que no los con- 
signan en sus estadísticas, no será aventurado afirmar que actualmente 
pasan los catecúmenos de millón y medio, dato quizá el más elocuente 
para demostrarnos el pujante desarrollo de las misiones católicas. 

Hilarión Gil. 
(Continuará.) 



(1) Sobre la cuestión del clero indígena en las misiones, se han levantado antes y 
ahora inculpaciones bastante infundadas contra muchos misioneros. Por eso recomen- 
damos en esta parte la obra del P. Huonder, S. J., Der einheimische klerus in den Heiden- 
lündern, Freiburg, 1909. De ella damos cuenta en este mismo número de Razón y Fe, 
véase «Noticias bibliográficas». 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 20 



€i modernismo en la accidn social 



JLXooR á nuestro divino Redentor y Maestro, Jesucristo, que en la noche 
oscura de esta vida ha levantado en la roca del Vaticano el faro lumi- 
noso que guíe á seguro puerto los navegantes del proceloso piélago del 
mundo! Cuando, roto el timón, perdida la brújula, despedaza los ánimos 
la incertidumbre y el clamor de los descarriados aturde los oídos, basta 
volver los ojos á Roma para que la luz y el auxilio que de allí descien- 
den pongan la nave en seguro derrotero. Esa luz ha traído á las asocia- 
ciones profesionales obreras y á la acción católica en general el último 
mes del aiio que acaba de expirar. 

Nuestros lectores tienen ya noticia (1) del gravísimo documento, no 
confiado á manos ajenas, sino salido de la soberana del Pontífice, en 
que, resolviendo las dudas de católicos bien intencionados, aunque equi- 
vocados, manda Pío X á la Federación italiana de las asociaciones pro- 
fesionales desplegar al viento la bandera de la religión católica. No nos 
sorprende una solución que dábamos por descontada, bien que natural- 
mente nos llene de alegría por ser nueva, auténtica, solemne confirma- 
ción del criterio por nosotros en estas páginas con tesón y energía sus- 
tentado. 



* 
* * 



Muchos años ha que pugna por infiltrarse en la sociología católica, 
tanto en el orden de los principios como en el campo de la acción, ese 
espíritu complejo que, á falta de más propio calificativo, llamamos moder- 
nismo, espíritu demoledor que entre mil variantes y matices presenta 
como distintivos la negación de lo sobrenatural, la negación de la auto- 
ridad religiosa, la negación de la tradición cristiana. 

En vano ciertos sociólogos contaminados del espíritu modernista se 
han negado á reconocer su retrato en el que dibujó de mano maestra el 
Pontífice reinante en la inmortal Encíclica Pascendi; en vano han pre- 
tendido que aquel modernismo nada tenía que ver con la sociología; sus 
complicidades y afinidades con los modernistas, que apellidaremos cien- 
tíficos para distinguirlos de los sociales, son evidentes; común es el espí- 
ritu de unos y otros, espíritu que tiene diversas gradaciones, según sea 
mayor ó menor el residuo de la tradición católica. 



(1) Razón y Fe, t. XXVI (Enero 1910), pág. 127, 



EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 295 

Voceros del modernismo científico fueron aquellos sociólogos que 
con delectación morosa repetían en la prensa los ensueños de la agnosis, 
de la inmanencia, de la exegesis bíblica disfrazada de católica, pero en 
realidad racionalista, de la seudocrítica hostil á todo lo divino en la his- 
toria, de la audacia reformadora de la Iglesia y de la piedad cristiana, ó 
mejor, destructora de una y de otra. Cómplices de los modernistas cien- 
tíficos fueron los sociólogos católicos que subían hasta las nubes el 
saber, la erudición, los libros de los modernistas, mientras deprimían ó 
pasaban en silencio los más ardientes defensores del catoHcismo. Como 
los modernistas científicos han eliminado de la teología, de la Biblia, de 
la filosofía, de la historia todo elemento sobrenatural, ó bien conser- 
vando el nombre de revelación, de fe, de gracia, de jerarquía, les han 
impuesto un sentido del todo opuesto al tradicional y verdadero, sacando 
de los senos de la subconciencia una religión cristiana que no es la fun- 
dada por Cristo, predicada por los Apóstoles, transmitida por los Papas, 
Obispos, Padres y Doctores de la Iglesia, sino puramente natural y suje- 
tiva, fruto de su soberbia y engendro de su fantasía ó sentimentalismo; 
así también no han faltado sociólogos que hayan desterrado del orden 
social y político toda influencia dogmática, toda intervención de la Igle- 
sia, todo aliento sobrenatural, dándose por apóstoles de un nuevo 
orden de cosas cuyos oráculos no son la antigua sabiduría cristiana, ni 
la Iglesia jerárquica, sino ellos, ellos solos, que, como otros mesías, vienen 
á redimir de su ignorancia y de su miseria la sociedad caduca de nuestro 
siglo. Hablan, sí, del Evangelio, pero del Evangelio interpretado á su 
gusto, bien así como los modernistas científicos hablan de Cristo, pero 
de un Cristo forjado en su cabeza; hablan del E. angelio, pero es el Evan- 
gelio cuya fórmula halló en el siglo XVIII la Revolución francesa, y jugando 
con el equívoco de libertad, igualdad, fraternidad, se pasan con armas y 
bagajes al campo revolucionario. Es de ver cómo exaltan las conquistas 
revolucionarias; cómo, aunque algunos con pudibundas reservas, se exta- 
sían ante los hombres que han sembrado de ruinas el reino de la Iglesia 
y abierto de par en par las puertas á cuantos errores, herejías y malda- 
des han devastado la sociedad contemporánea. Como los modernistas 
científicos abominando de lo antiguo y anhelando sin medida por lo 
nuevo, presumen reformarlo todo, la Biblia, la teología, la filosofía, la 
historia, el culto, la piedad, la disciplina, el dogma, por manera seme- 
jante los sociólogos modernistas se empeñan en vaciar la Iglesia en los 
moldes liberales modernos, sin que se les caiga nunca de los labios 
aquella cantilena de novedades, recordadas por Pío X en la Encíclica 
de 28 de Julio de 1905: «Las nuevas orientaciones de la vida cristiana, las 
nuevas direcciones de la Iglesia, las nuevas inspiraciones del alma 
moderna, la nueva vocación social del clero, la nueva civilización cris- 
tiana.» Ebrios con el mosto de la novedad, hablan un lenguaje nuevo y 
confuso, que no es ciertamente el que hablaban los primeros cristianos 



296 EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 

cuando el día de Pentecostés derramó en sus corazones el Señor las pri- 
micias de su espíritu. 

De aquí es que sea una misma la estrategia pregonada por moder- 
nistas científicos y sociales: beber á chorros el espíritu nuevo, confor- 
marse con los tiempos, callar ó atenuar las verdades que más escandali- 
zan á los no católicos, sobreponerlas virtudes naturales á las evangélicas, 
despreciar aquellas virtudes que en la jerga americanista recibieron 
nombre de pasivas, ponderando sobre todo extremo las activas, disi- 
mular lo que nos divide de los adversarios, rebuscando en sus doctrinas 
algo que nos sea común para que sirva cual cemento de unión, cubriendo 
en tanto con un velo las máximas fundamentales del cristianismo. Ni les 
falta á los modernistas, así científicos como sociales, su razón perentoria 
para tamaños contubernios y traiciones. «¡Ay de la Iglesia si no se recon- 
cilia con el siglo!, exclaman. ¡Ay de la Iglesia si se obstina en hacer 
rostro al impetuoso alud que desciende de las cumbres de la civiliza- 
ción moderna! ¿No es más prudente, en vez de ser aplastado, ladearse, 
ó mejor aún, cabalgar sobre el alud?» ¡Y este alud es el que desciende 
de las cumbres heladas del naturalismo y liberaHsmo, quintaesencia de 
esa civilización moderna! Ciertamente para esos católicos no se dijeron 
aquellas palabras: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del 
infierno no prevalecerán contra ella. 

Es esta una de las señales de la influencia del naturalismo en muchos 
que se precian de católicos: la falta de fe, la desconfianza de lo sobre- 
natural. De aquí la táctica de negociar, de ceder; de aquí el horror á la 
resistencia y el combate; de aquí el recurso á los medios tortuosos, á las 
artes de la diplomacia y de la política; de aquí la confianza exclusiva en 
las fuerzas humanas, la estima de su valor y eficacia, como si de ellas 
dependiese entera ó principalmente el remedio de una sociedad que, más 
que indigencia de orden material y de bienes perecederos, padece indi- 
gencia de Dios. Considéranse como supremas perfecciones los progresos 
en la materia, y ante las maravillas estupendas de las ciencias y de la 
industria quédanse los ánimos absortos y fascinados, aplaudiendo frené- 
ticos las glorias de la civilización. 

Pues cuando peligran esos bienes, cuando el orden material, que es 
condición de su goce, está á pique de naufragar entre las oleadas del 
socialismo y de la anarquía, entonces para defenderlos á todo trance se 
apela á los remedios más desesperados; pídese auxilio á los amigos 
dudosos y aun á los enemigos; se les invita á entrar con nosotros en una 
misma nave, y para que no duden en tender la mano amiga, se arría la 
bandera ó se arroja al mar la importuna cargazón de los principios. Esto 
es cobardía, esto es traición. 

Otros hay que, sin pretender hacer traición á los principios ni ceder 
á los estímulos de la cobardía, tienen por táctica hoy día necesaria en la 



EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 297 

acción social, ó al menos en las asociaciones profesionales obreras, 
enfundar la bandera católica, reuniendo sobre ancha base el número 
mayor posible de trabajadores. Quieren trabar en un haz todas las fuer- 
zas morales, juntar á todos los hombres de buena voluntad para mante- 
ner algo de lo que cruje y se derrumba, para contrastar las fuerzas socia- 
listas, para hacerse fuertes ante los poderes públicos hostiles. Halágales 
también acaso la esperanza de que harán obra de penetración pacífica 
en los enemigos. 

Esta es ciertamente, si no la peor en sí, la más peligrosa de las for- 
mas del modernismo en la acción social. Las otras más radicales sólo 
pueden engañar á quien haya hecho ya naufragio en los sanos principios 
de la religión; pero esotra, vestida con tantas apariencias de celo, de 
oportunidad, aun de necesidad, tan sutil que á malas penas se palpa y 
descubre, tan atenuada que no parece reducirse más que á un sistema 
peor ó mejor de estrategia, es capaz de seducir á los incautos y des- 
iumbrar á los que, mirando sólo el presunto provecho inmediato, no 
extienden la mirada á los desastres ciertos venideros. 

Contra este modernismo nos previene y arma el autógrafo de Pío X. 



* * 

No es en Italia nuevo— por no hablar de otras naciones— el propósito 
por el Papa desaprobado. 

«El abogado Meda— escribe Cavalcanti,— en el Círculo Universitario de Roma, 
durante el invierno del año 1906, pronunció en favor de la unión de las fuerzas cató- 
licas un discurso, que fué reproducido íntegro por el Giornale di Roma, uno de los 
vehículos del modernismo. 

»E1 programa para la unión de los católicos, según Meda debe ó debería ser éste: 

»1. Dejar aparte la causa de la religión y dirigir hacia otro lado las fuerzas que hasta 
ahora se reunieron en torno de ella; porque— nótense bien estas palabras— es preciso 
que el conflicto preponderantemente religioso pase á segunda linea, ya que tiene ocu- 
padas inútilmente fuerzas que podrían gastarse en otro campo con inmediata ventaja 
de la misma causa religiosa. 

»2. Las fuerzas sociales modernas no son las que tienen necesidad de ser conduci- 
das hacia el seno de la religión ni de venir directamente de ella; sino que será benemé- 
rito quien sepa enseñorearse del movimiento en cuanto tiende á conducir la acción 
religiosa por la directriz de todas las demás fuerzas sociales modernas. 

»3. Es preciso hacer que la religión salga de la reserva á que se ha reducido, á fin 
de salvar su propia dignidad, y procurarle un nuevo puesto, desde el cual le sea permi- 
tido recuperar su antigua influencia, 

»4. El liberalismo se halla hoy asimilado al organismo moderno y es razonable pre- 
parar una cura depurativa, que poco á poco, y por virtud de una asidua penetración 
del espíritu cristiano, renueve y sanee el organismo mismo; pero dejando que perma- 
nezca en su estructura lo que ha llegado á ser, y que nadie puede hacer que no sea. 

»5. El movimiento económico tiene necesidad de encarnarse en la jerarquía de las 
instituciones religiosas, si asume un carácter confesional; pero no necesita de ello, si 
permanece extraño afines directamente espirituales.' 
»Tal debía ser el programa del centro ó grupo medio.» 



298 EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 

El Avveníre, periódico modernista de Bolonia, escribía en 1." de Sep- 
tiembre de 1907: 

«No vemos salvación más que en la vuelta á una organización nacional, organización 
laica, puramente laica, de católicos militantes y de personas que quieran la libertad de 
conciencia y la salvaguardia del derecho común.» 

Muchos han sido en Italia los abogados de la que llaman interconfe- 
sionalidad y mucha la tinta que en su elogio han derramado, tanto que 
al decir de Cavalcanti, si se quisiera referir cuanto han escrito los 
modernistas italianos, habría que llenar un grueso volumen. «Murri — 
añade,— Bertini, Battaini, Cortini, Mazzotti, Avolio, Valente, Bertozzi, 
Stratta, Preziosi, etc., todos van completamente de acuerdo en querer 
un partido no confesional ó una organización obrera neutra para la 
reivindicación de los derechos del proletariado italiano. Todos sus perió- 
dicos sostienen esta descabellada tesis.> 

Vengan á la zaga de los periódicos modernistas los congresos de 
ciertos demócratas cristianos. El de Milán de 1904 aprobó una orden del 
día que no tiene desperdicio. He aquí los considerandos: 

«Considerando que la organización profesional, para corresponder á su fin, debe 
mantenerse neutra y acoger á todos los obreros, sin distinción de partidos ni de opi- 
niones religiosas: 

«Considerando que la legalización de las asociaciones profesionales es garantía de 
neutralidad y condición esencial de una elevación progresiva de la clase obrera: 

«Considerando que junto á la Unión profesional debe existir la asociación obrera 
del partido: 

«Considerando que el fin de la Liga Católica del trabajo debe ser la formación de 
un partido neutro obrero...» 

¿Pudo manifestarse más claro el amor á la neutralidad, el deseo de 
abrazar á toda ralea de gente bajo una bandera común? Nótese además 
cómo sale ahí el pretexto de legalizar las asociaciones profesionales que 
recientemente se expresó al Pontífice, al invocar la conveniencia de tener 
más fácilmente representación ante los poderes públicos. 

Todos los considerandos apuntados se encaminaron á la siguiente 
resolución: 

«1.° promover la agitación para el reconocimiento legal de las asociaciones profe- 
sionales;— 2.° iniciar la propaganda para obtener de las asociaciones católicas la ins- 
cripción de todos los socios propios en la Liga Católica del Trabajo.» 

Pasaron los años, y con el rodar de los tiempos fueron despeñándose 
aquellos demócratas cristianos, que para manifestar hasta en el nombre 
su independencia se llamaron autónomos. Su neutralidad llegó á estre- 
char la mano de los socialistas, proponiendo la inscripción en masa de 
todos los socios en las Cámaras del trabajo. Ya se ve, sería para hacer- 
las cristianas. Allá va una muestra: 

«El segundo convenio de Toscana: 

»a) Considerando que la confesionalidad de las uniones profesionales no es práctica, 
y es poco útil: 



EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 299 

«b) Considerando que el único medio de realzar la suerte de tales asociaciones es 
la absoluta neutralidad en el campo religioso y político: 

y>c) Considerando que, donde existan ya instituciones económicas, aunque sean de 
principios contrarios á los nuestros, la formación de asociaciones con iguales fines 
acarrearía la excisión y la división del proletariado: 

«ACUERDA 

1.° Instituir asociaciones neutras y esforzarse para convertir en tales las ya exis- 
tentes; 

»2.° Apoyar, después de un detenido examen, la inscripción en masa de los propios 
socios en la Cámara del trabajo.^ 

Tratándose de gente tan progresiva, no podía dejar de tener su parte 
el feminismo. Y vaya si la tuvo; ó si no que lo diga el convenio de las 
secciones toscanas déla liga democrática nacional. En los considerandos 
se asienta esta peregrina afirmación: 

«Sabido es que sólo de las uniones no confesionales se puede y se debe esperar la 
redención del proletariado femenino, porque el llevar á las cuestiones sociales los pre- 
juicios religiosos impedirla ó detendría su solución.» 

Fruto de tanta sabiduría son estos suspiros que el convenio exhala 
de su pecho: 

«Hace votos para que, merced á la actividad de los adscritos á la Liga democrática 
nacional, pueda surgir en Toscana una potente asociación femenina neutro, que una 
en un haz á todas las mujeres de buena voluntad, sin distinción de, opiniones ni de 
creencias.» 

¿Qué razón tan poderosa mueve á los autónomos para separar de 
la organización profesional la religión? Nos la da su órgano, la Azione 
Democrática de Bolonia (más tarde de Turín), por la pluma de Actor; es 
á saber, porque la cuestión de la religiosidad, ó bien de la irreligiosidad, 
no afecta al proletariado ni directa ni principalmente. Lo que importa 
para la elevación del proletariado es que se fomenten sus intereses eco- 
nómicos, que se le procuren mejores condiciones de vida, que se le edu- 
que para la organización y representación directa de sus intereses. 

Pero ¿habrá alguna bandera bajo cuyos pliegues todos quepan? Sí, la 
de la justicia social. Los que recientemente acudieron en súplica al Papa 
proponían la ywsí/cza cristiana. Oigamos á Actor. 

Demócratas creyentes y socialistas deberían darse la mano, deberían 
más bien concurrir á una organización única de sindicatos y cámaras 
del trabajo, en la cual hubiera sitio para todos los amigos de los obre- 
ros y de la justicia social. 

Dura perorata para oídos cristianos. Mas sosegaos, ¡oh espíritus 
meticulosos! Afuera esos repulgos de empanada; oíd ai articulista Cerní 
y afirmaos en los estribos: 

«¡Oh hombres de poca fe! ¿Qué es el socialismo de hoy sino la demo- 
cracia desnaturalizada? Entren nuestros obreros, nuestras juntas dentro 



300 EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 

de las mallas de esa red. Día llegará en que los obreros educados por 
nosotros deberán separarse de los demás; los nuestros sabrán unirse en 
grupo distinto, y todo el que los contemple dirá: He ahi el grupo de los 
trabajadores demo cristianos» (1). 

♦ 
* * 

Á los desvarios de los modernistas opongamos las rectas enseñanzas 
de los oráculos de la verdad. Si tenaz fué la porfía de aquéllos en torcer 
la acción social y más particularmente las organizaciones profesionales 
obreras por los descaminos de la neutralidad, también fué constante la 
energía de la Santa Sede en enderezar una y otras por los cauces de la 
religión. No decimos confesionalidad porque suena á protestante. Tres 
son las máximas fundamentales referentes á esta materia, que hallamos 
en los documentos pontificios: 1.° La cuestión social es, no solamente 
económica, sino principalmente religiosa, y en la religión halla la solución 
más eficaz. 2.° El problema obrero, aun en su parte económica, está 
íntimamente conexo con el orden moral, del cual es guardián y custodio 
la Iglesia católica. 3.° Las asociaciones fundadas para el bien de los pro- 
letarios, singularmente empero las profesionales, deben cimentarse en 
la religión. Omitiendo por ahora las dos primeras, detengámonos en 
la tercera. 

León XIII, en la famosísima Encíclica de 1891 sobre la condición de 
los obreros, formula, hacia el fin, con estilo lapidario las leyes funda- 
mentales de las corporaciones obreras que desea ver establecidas. Y bien, 
¿qué lugar asigna á la religión? 

«Es evidente— dice— que se lian de poner los ojos en la perfección moral y religiosa, 
como en la causa primera y la que debe ser la norma última del organismo social; de 
otra suerte degenerarían en otra forma y no valdrían seguramente más que aquellas en 
que ninguna cuenta se iiace de la religión.» 

Diez años después, en el ocaso de su largo pontificado, vuelve en la 
Encíclica sobre la democracia cristiana á levantar la voz para recordar 
la primacía del aspecto religioso sobre el económico, y después de largo 
catálogo de obras económicas que sin la religión son de mezquina utili- 
dad para los obreros, concluye: 

«Esta cabalmente es la causa por la cual nunca fiemos exhortado á formar asociacio- 
nes para el mejoramiento del pueblo, sin que al mismo tiempo hayamos amonestado 
á instituirlas bajo los auspicios de la religión y con su compañía y aaxilio.y 



(1) Todos los textos italianos hasta aqui citados los hemos tomado del libro de 
Alejandro Cavalcanti, presbítero: Modernismo y modernistas; versión española del 
P. Juan Mateos (1908). 



EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 301 

No podía seguir otro camino el Pontífice que ya en los primeros 
pasos de su carrera pontifical manifestó al orbe cristiano que su propó- 
sito era restaurar todas las íbsas en Cristo. Llenas están de tan divino 
espíritu todas sus Encíclicas, sus obras todas; mas por lo que toca á las 
asociaciones profesionales en particular, ha mostrado bien clara su 
voluntad. En 19 de Marzo, en carta al Conde Medolago Albani, presi- 
dente del segundo grupo de la Obra de los Congresos católicos, hiere 
las asociaciones neutras en estas gravísimas amonestaciones: 

«Estamos persuadidos que el segundo grupo se esforzará en su acción, no sola- 
mente en mantener á sus afiliados lejos de aquellas sociedades que son causa directa 
de perversión intelectual y moral, sino que también echará mano de todos los medios 
para alejar á sus miembros aun de aquellas instituciones neutras que, fundadas aparen- 
temente para tutela del obrero, tienen un fin distinto del principal, que es el verdadero 
bien moral y económico de los individuos y de las familias.» 

Sería necesario trasladar toda entera la Encíclica de 1 1 de Junio 
de 1905 sobre la acción católica; mas para copiar algo contentémonos 
con aquella parte en que se determinan las relaciones que han de tener 
con la autoridad eclesiástica, no ya las obras que directamente se ocupan 
en auxiliar al ministerio espiritual y temporal de la Iglesia, sino todas las 
demás. Traduzcamos textualmente: 

«Pero aun las demás obras, que, como hemos dicho, se han fundado principalmente 
para restaurar en Cristo y promover la verdadera civilización cristiana, obras que, en 
el sentido ya explicado, constituyen la acción católica, tampoco pueden, en manera 
alguna, concebirse independientes del consejo y de la alta dirección de la autoridad 
eclesiástica, especialmente por cuanto se han de conformar todas ellas con los princi- 
pios de la doctrina y de la moral cristiana; mucho menos pueden concebirse opuestas, 
más ó menos abiertamente, á la misma autoridad. Cierto que tales obras, presupuesta 
su condición, han de proceder con la conveniente razonable libertad, pues recae sobre 
ellas la responsabilidad de la acción, sobre todo en las materias temporales y econó- 
micas asi como en las que pertenecen á la vida pública, administrativa ó política, ajenas 
al ministerio meramente espiritual; mas como los católicos enarbolansiempre labandera 
de Cristo, y, por tanto, la de la Iglesia, conveniente es que de manos de la iglesia la 
reciban, que la Iglesia vele porque se conserve sin mancha y que á esta maternal vigi- 
lancia se sujeten los católicos, áfuer de hijos dóciles y amorosos.» 

Importa sobremanera tener presentes las palabras traducidas, porque 
no solamente declaran la necesidad de la religión en las obras econó- 
mico-sociales, sino además el lazo que las sujeta á la autoridad eclesiás- 
tica, á cuya dirección quieren sustraerse muchos fautores de la neutra- 
lidad. 

Si con tan claros argumentos no fuese á todos manifiesta la voluntad 
de Pío X, bastaría la carta que en 20 de Enero de 1907 dirigió á los 
directores de la Unión económico-social. No habla ya en globo de la 
acción católica, ni de las asociaciones en general, sino de las económi- 
cas en particular y singularmente de las asociaciones profesionales, por 
las cuales demuestra cariñosa preferencia. 



302 EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 

«Si queréis— dice— como ardientemente deseamos, que sigaá comienzos tan diclio- 
sos un desarrollo todavía más próspero, esfuerza que el espíritu de la religión penetra 
siempre más, avigore y anime en todas sus ramificaciones vuestra obra, la cual, por 
más que esté dirigida al bien temporal, no ha de encerrarse en el estrecho circulo de 
los intereses económicos, sino mirar, con nobilísimo intento de restauración, al recto 
ordenamiento del consorcio humano. Ahora bien, siendo la religión guardián celoso de 
la ley moral, que es fundamento natural del orden en la sociedad, sigúese que para 
reorganizar la sociedad desordenada nada liay tan necesario como procurar que reflo- 
rezcan los principios religiosos. Por tanto, para cumplir mejor vuestro grave cometido 
y responder á Nuestra expectación, será constantemente el mayor de todos vuestros 
cuidados marcar con el sello cristiano todo el movimiento que dirigís. Haciendo esto no 
tendréis por blanco solamente el bien común, sino además el de vuestros asociados, y 
velando por sus provechos materiales, ampararéis en especial los intereses de sus 
almas. Importa mucho que á la luz de las doctrinas de Cristo estimen en su justo valor 
las cosas humanas y vean cuánto deban anteponerse los bienes de la vida eterna á los 
menguados de esta vida fugaz. 

y Asi y no de otro modo podréis oponeros eficazmente á los progresos del socialis- 
mo; el cual, respirando odio contra el cristianismo y arrancando del corazón del pueblo 
las esperanzas del cielo, avanza destructor para derribar el edificio ya vacilante de la 
sociedad, 

«Cuáles sean las instituciones que principalmente se hayan de promover en el seno 
de la Unión, verálo vuestra caridad industriosa. Á Nuestro parecer, son oportunísimas 
las que se designan con el nombre de Uniones profesionales; por lo cual de nuevo y 
particularmente os recomendamos que con solícito cuidado procuréis su formación y 
progreso. Asi, pues, cuidad de que todos sus miembros reciban en ellas la preparación 
conveniente, haciendo que personas idóneas los intruyan en la naturaleza y fin de la 
asociación, en los deberes y derechos de los obreros cristianos y en las enseñanzas de 
la Iglesia y documentos pontificios que más especialmente se refieren á las cuestiones 
del trabajo. Fructuosísima será en este punto la acción del clero, el cual á su vez 
hallará aquí nuevos auxiliares con que hacer más eficaz el sagrado Ministerio para 
con el pueblo; porque los obreros, preparados del modo que se ha dicho, no solamente 
serán miembros útiles de la Unión profesional, sino también valiosos cooperadores 
suyos en difundir y defender la práctica de las doctrinas cristianas.» 

* 
* * 

Tal era cl estado de las cosas cuando ocurrieron los hechos que mo- 
tivaron el autógrafo pontifical de Noviembre próximo pasado. La mente 
de la Sede Apostólica, expresada así por León XIII como por Pío X, no 
podía ser más clara; los antecedentes de la neutralidad y del disimulo 
eran ruines y sospechosos. ¿Cómo pudieron caber nuevas dudas en la 
mente de los católicos italianos? Preguntémoslo á la circular de la Pre- 
sidencia de la Unión económico-social. Va dirigida á las direcciones dio- 
cesanas y asociaciones católicas económico-sociales de Italia, y contiene 
tres partes: L"^ exposición del nuevo plan y razones en que se apoyaba; 
2.'' respuesta de Pío X; 3.'^ adhesión y exhortación de la Presidencia. 
Según la circular, la ocasión de proponer la reforma fué la organización 
de un Secretariado general ó Federación de las Uniones profesionales: 
el fin aumentar la falange católica con la adhesión de los indiferentes de 
buena voluntad y robustecer de este modo la Federación para lograr de 



EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 303 

los poderes públicos una representación equitativa en los organismos ofi- 
ciales del trabajo; la reforma misma con que habían de alcanzarse dichos 
fines era disimular el catolicismo de la Federación, sustituyéndolo con la 
idea de justicia cristiana (1). 

La respuesta del Padre Santo no pudo ser más explícita, más termi- 
nante. En primer lugar, aunque ya era de suponer tratándose de Autori- 
dad tan augusta, hace constar que no ha tomado resolución á la ligera,, 
sino con mucha consideración. 

^Aqui se ha leido y meditado el nuevo Estatuto para la Federación 
de las Uniones y de las Ligas profesionales.» 

En segundo lugar, salvando las intenciones de los exponentes, opone 
una rotunda negativa. El nuevo Estatuto es imposible. 

■^Por más que estemos intimamente persuadidos de los excelentes 
sentimientos que animan á los egregios señores encargados de la modi- 
ficación, todavía es absolutamente imposible aceptarlo y menos aún 
aprobarlo.» 

Pero ¿y las razones alegadas en el memorial? No convencen; en cam- 
bio, hay tres poderosas que condenan la modificación propuesta: primero 
por ineficaz; segundo por no ser digna ni leal; tercero por peligrosa, 

«£/z efecto; fuera de que las razones aducidas en el memorial nos 
convencen de que no se podrá alcanzar el fin á que se aspira, que es hacer 
el Estatuto prácticamente aceptable á los católicos descontentadizos 
é inciertos y obtener representación de la Federación ante el Gobierno, 
no es leal ni decoroso el simular, cubriendo con una bandera equivoca 
la profesión de catolicismo, cual si fuese mercancía averiada y de con- 
trabando. Además, con la idea de justicia cristiana, harto amplia y peli^ 
grosa, no es posible saber hasta qué punto se podría llegar en razón del 
espíritu de las Ligas que se adhiriesen y, consiguientemente, de las per- 
sonas que pudieran ser elegidas para la dirección.» 



(1) «En estos últimos tiempos, y á consecuencia de la iniciativa tomada por esta 
Unión para constituir un Secretariado general de nuestras Uniones profesionales, hubo 
quien puso á discusión si convendría introducir, en el Estatuto de 20 de Marzo del 
corriente año, algunas modificaciones en el sentido de que no apareciese tan abierta- 
mente el carácter de asociación católica, para obtener mayores adhesiones, acogiendo 
también en la nueva institución las organizaciones que se inspirasen aun tan sólo en la 
idea de justicia cristiana y conseguir más fácilmente una representación equitativa ante 
los poderes públicos. Pareció, pues, á los que así pensaban someter su propio parecer 
al supremo juicio de la Santa Sede. Á este fin expusieron completamente las razones 
que abonaban su modo de ver en un respetuoso memorial dirigido al Padre Santo por 
medio de la presidencia de la Unión económico-social.» 



304 EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 

Consecuencia de todo ello es que no ha de variarse el Estatuto en el 
sentido propuesto, sino al contrario, afirmar denodada y públicamente la 
profesión de catolicismo, según hermosamente exhorta Pío X: 

«Despliegue, pues, animosa la Unión económico-social su bandera 
católica, y manténgase firme en el Estatuto aprobado desde el 20 de 
Marzo próximo pasado.^ 

¿Es que de este modo se conseguirá el fin deseado? Eso no promete 
el Papa; pero ¿qué importa? No es eso lo esencial, sino que se conserve 
entero el espíritu de Jesucristo en las asociaciones. Sí no pueden vivir 
federadas, vivirán aisladas, y siempre vale más que una federación híbrida 
el aislamiento genuinamente católico, que merecerá de seguro las ben- 
diciones del cielo. Esta doctrina se contiene en aquél párrafo que cual 
broche de oro cierra el venerando autógrafo: 

«¿5e consigue asi el fin de la Federación? Daremos gracias á Dios. 
¿Se frustra nuestro deseo? Quedarán las Uniones parciales, pero cató- 
licas, que conservarán el espíritu de Jesucristo, quien no dejará de ben- 
decirnos.» 

« Tenga usted la bondad, Sr. Conde, de referir esta decisión á los 
señores de la Comisión, á los cuales, como á usted, doy de corazón la 
Bendición Apostólica.— 22 de Noviembre de 1909.— Vio PP. X.» 

Al pie del áureo documento añade la circular de la Unión económico- 
social una valiente exhortación, que copiamos según el tenor publicado 
por L'Unitá Cattolica de Florencia: 

«Nada, pues, de aconfesionalidad, neutralidad, y ni siquiera de la 
teoría de la amplitud de criterios, tan cara á los neo-clérico-liberales de 
hoy: el Padre Santo quiere que nosotros, hijos de la luz, despleguemos 
al sol denodadamente y sin equivocas nuestra bandera, la bandera cató- 
lica, poniendo Su Santidad grandes esperanzas en los socorros sobrena- 
turales eficacísimos que Dios concede á los que no se avergüenzan de 
luchar por la Iglesia, por el Papa, por el pueblo cristiano. 

»Los verdaderos católicos, precisamente por serlo, saben que en todo 
cuanto obramos apenas ponemos más que la semilla: Dios es quien da el 
incremento, el buen suceso, Pero con una condición, con un pacto: que 
seamos hombres de carácter, sin respeto humano ni fútiles temores; que 
no callemos el nombre de Dios; que no nos corramos de declararnos 
públicamente miembros de nuestras sociedades católicas y quererlas 
siempre tales con el propósito firme, activo, de confesar siempre deno- 
dada y abiertamente á Cristo, de copiarlo y reproducirlo en nosotros, en 
nuestras opiniones y en las instituciones sociales. 

>No dudamos que todos cuantos trabajan, sin segundas intenciones y 



EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 305 

sin prejuicios (senza secondifini e senza preconcetti), en el campo social 
católico recibirán con la debida reverencia el documento pontificio y se 
mostrarán agradecidos al Vicario de Jesucristo por este nuevo acto, que 
demuestra una vez más el interés con que su corazón paternal sigue el 
desenvolvimiento de la acción católica italiana, respondiendo, alegre y 
prontamente, con la adhesión absoluta de la voluntad y del entendi- 
miento á sus soberanas disposiciones. 

»Por su parte, esta Unión hará cuanto le sea posible para que la nueva 
institución se lleve pronto á efecto y coopere eficazmente en su esfera á 
la reconstitución cristiana de la sociedad. 

»E1 Presidente, St Medolago Alban¿.—E\ Asistente eclesiástico, canó- 
nigo Luigi DaeUi.—E\ Secretario, Nicolás Rezzara.^ 

Excusado es el comentario á tan claros documentos; mas como es 
seguro que el programa y los intentos de los fracasados reformadores 
se renovarán en una ú otra forma, no será inútil desenvolver algún tanto 
los problemas planteados por los fieles italianos y resueltos por la 
suprema autoridad apostólica. Mas quédese esta labor para otro número. 
Antes empero de poner punto final, no podemos resistir al deseo de con- 
signar como remate del artículo algunas de las reflexiones sugeridas por 
el autógrafo papal á quien por la parte preponderante en la dirección 
del movimiento social católico de Italia durante los dos Pontificados de 
León XIII y Pío X, goza de autoridad indisputable. Tojiiolo, en carta al 
Diario de Pisa, hace, entre otras, las siguientes observaciones: 

«Ya que la sentencia actual del Papa nos ofrece ocasión de volver 
sobre la cuestión de la confesionalidad de las Uniones profesionales, 
discutida mucho tiempo ha, sobre todo en el extranjero, no dejemos de 
decir que se trasluce el pensamiento de la Santa Sede sobre este punto. 
Si no me engaño, este pensamiento es que, si circunstancias excepcio- 
nales, en particular en las regiones donde hay variedad de cultos— en los 
países del Rin, por ejemplo, donde ciertos buenos protestantes desean 
defender el orden social cristiano, y á este fin entran en las asociaciones 
católicas,— se puede hasta cierto punto prescindir de la total confesiona- 
lidad— lo cual sólo puede ser tolerado,~tn cambio, en las naciones cató- 
licas especialmente, se debe insistir en el sostenimiento de la tesis ó del 
principio: las Uniones profesionales deben huir de la pendiente peligrosa 
de la neutralidad y mantener en la substancia, y en cuanto sea posible 
también en el nombre, el sello católico. 

» Entre nosotros podía aún nacer una duda práctica, en presencia de 
las dificultades, de los peligros exteriores y concretos procedentes del 
estado psicológico del pueblo, de las amenazas y de los asaltos del socia- 
lismo y de las leyes del Estado: ¿se deberá, no ya renunciar á la doctrina, 
á la moral, á la disciplina católicas, sino tan sólo, en cierta medida, gra- 
duar la manifestación exterior? Pues bien, hoy, después de haber pesada 



306 EL MODERNISMO EN LA ACCIÓN SOCIAL 

el pro y el contra, el Papa declara más leal y más decoroso combatir de 
frente el anticlericalismo y, acaso precisamente á causa de sus más gra- 
ves atentados, combatir con la bandera católica desplegada. De este 
modo Su Santidad resuelve y disipa la duda que en el momento presente 
nos habría dividido y debilitado más aún. Por lo demás. Él sale fiador 
de que, si dóciles y unidos seguimos su decisión, aun en las más temero- 
sas eventualidades Nuestro Seíior Jesucristo no dejará de bendecirnos. 

»E1 autor inspirado del Eclesiastés dice que hay tiempo de callar y 
tiempo de hablar. Paréceme que, dada la previsión y los presentimientos 
de las necesidades de cada hora que Dios inspira á su Vicario, esta últi- 
ma decisión es anuncio de nuevas batallas, en que será preciso bajar á 
la arena á rostro descubierto. 

»Su Santidad nos asegura que será eso mejor que cualquier otro pro- 
cedimiento aconsejado por la prudencia humana» (1). 

N. NOGUER. 
(Concluirá.) 



(I) Revue de l'Adion Populaire, 1909, núm. 1, páginas 26-27. 



LORENZO HERVÁS 

su VIDA Y SUS ESCRITOS (1735-1809) 



I 

LORENZO HERVÁS: SU VIDA 
TERCER PERÍODO 

De vuelta en España (1798-1801). 

Sumario: 1. Dos reales órdenes. — 2. Hervás vuelve á España. — 3. Favorable acogida de 
los ex-jesuítas en Barcelona; Hervás visita el archivo de la corona de Aragón y plan- 
tea una escuela de sordomudos.— 4. Vive en el Horcajo.— 5. Hervás preceptor de la 
juventud.— 6. Visita el convento de Uclés y sus alrededores.— 7. Planes frustrados. 

1. El tercer período de la vida de nuestro Hervás se desarrolla entre 
dos reales órdenes: una de 11 de Marzo de 1798, autorizando á los des- 
terrados ex-jesuítas á «que puedan todos volver á España libremente á 
casa de sus parientes, los que los tengan, ó á conventos, con tal que no 
sea en la Corte ni Sitios Reales»; otra de 15 de Marzo de 1801, dispo- 
niendo «que los expulsos de la Orden Jesuítica existentes en estos 
Reynos, se trasladen á las ciudades de Barcelona, Valencia y Alicante» 
[sustituida luego por Cartagena], pues lo mismo que á los que habían 
de volver de América, «su Magestad por castigo y para tranquilidad de 
estos Estados, los ha extrañado [de nuevo] de sus dominios, obligándo- 
los á pasar á los de Italia». 

Nadie se maraville que el pequeño favor concedido en Marzo de 
1798 no durase más allá de Marzo de 1801 (1); pues extinguida la Com- 



(1) No era grande, como se ve, el favor concedido á los ex-jesuítas al permitirles la 
entrada en España, pero con la obligación de vivir con sus parientes ó en conventos; 
no siendo, como no eran, ni menores de edad ni religiosos, se había de mirar esto como 
una forzosa reclusión. 

Más aún, á los que habían ido llegando á España antes de la real orden de 11 de 
Marzo de 1798, se les intimó en 29 de Octubre de 1797 fueran recluidos en conventos, 
sin'jdarles libertad de vivir con sus parientes; por último, poco antes de la segunda expul- 
sión, el 18 de Febrero de 1801 se mandó definitivamente «que á fin de que los ex-jesuítas 
residentes en España vivan con más comodidad y proporción de emplearse en obje- 
tos literarios, se les reparta en los Conventos de los diversos Institutos admitidos en 
España», comunicando reservadamente á cada Gobernador «que de estos Institutos 
exceptúe el de los Capuchinos». 

Supuesto esto, no parecen exageradas las quejas amargas, que el P. Luengo 
dejó escritas en su Diario, XXXI, 392 y 399. 



308 LORENZO HERVÁS 

pañía de Jesús, no quedó extinguido en el corazón de los unos el amor, 
ni en el corazón de los otros el odio, que le habían profesado; luchaban 
esos dos afectos uno enfrente de otro, en pro ó en contra de la Compa- 
ñía, que amigos y enemigos amaban y odiaban como si estuviera viva; 
pudiendo decirse, con frase parecida á la de San Bernardo, no es fácil 
averiguar si honraba más su memoria el amor de unos ó el odio de 
otros (1). 

Es verdad, que entre esos extremos tan apartados y diversos se 
extendía una variadísima serie de afectos sentidos por más ó menos indi- 
viduos seglares y religiosos hacia aquella extinguida Corporación, siendo 
no pocos los que, sin alegrarse del hecho de la extinción, se alegraron de 
los resultados, viéndose en la cátedra, pulpito y confesonario con un com- 
petidor menos; algunos en la proporción de aprovecharse de sus bienes 
abandonados. Esta parte, en cierto modo neutra, asistía en España á la 
lucha entablada para acabar de arruinar, ó suscitar de nuevo la Compa- 
ñía de Jesús, ya en actitud de quien aguarda el deñnitivo resultado, ya 
asociándose á los amigos, ya á los enemigos. Sintetizar en una frase tan 
variadas posiciones es imposible; analizar para cada una su verdadero 
carácter es cosa que estoy muy lejos de acometer; pero creo oportuno, 
sin salir de la vida y escritos de Hervás, notar aquí alguna cosa que 
pueda dar alguna luz al que intentare hacerlo. 

En el fondo de ese amor y de ese odio se advierte el odio y el amor, más 
que á las personas de los jesuítas, á la doctrina, que ellos habían defen- 
dido, ó que se sintetizaba con su nombre. Por esto Roda, en un autó- 
grafo de 4 de Agosto de 1767, que Hervás conservaba entre sus papeles, 
decía: «Aunque todos [los jesuítas expulsados de España] se seculariza- 
ran, nunca sería yo de dictamen que volvieran [á España] con la mala 
leche que han mamado. No basta extinguir los jesuítas, es menester 
extinguir el jesuitismo, y en los países donde han estado, bástala memo- 
ria de su doctrina, política y costumbres» (2). 

__ No menos claro hablaba aquel jansenista Clement, que, como Hervás 
notó en el manuscrito, que en la segunda parte examinaremos, viajó por 
España para propagar sus doctrinas jansenistas y procurar la reunión de 
nuestros Obispos con los refractarios de Francia. «Se está, decía, bien 
persuadido que los jesuítas han perecido [hecho perecer] á España; que 
sus principios esparcidos son los que han ayudado para mantener por 
dos siglos la ignorancia con espíritu sedicioso, y que ante todas cosas es 
necesario formar otra clerecía para formar otro pueblo» (3). 

El amor en los otros también se aumentaba con el recuerdo de las 



(1) Serm. segundo de Sancto Vidore, Migne, P. L., 183.°, 376. 

(2) Hervás, Continuación manuscrita de la Historia de Berault-Bercastel, 1. 91, 
página 64. 

(3) ídem, t. III, pág. 143. 



LORENZO HERVÁS 309 

doctrinas, que habían sostenido los jesuítas, y con la vista de otras bien 
diversas, que iban penetrando en España. 

Francisco Javier de Cienfuegos y Jove-Llanos, que en 1797 hallo en 
Sevilla haciendo oposiciones á la Magistralía, Obispo de Cádiz en 1819 
y Arzobispo de Sevilla en 1824, escribía á Hervás en 18 de Enero de 1800, 
deseoso de saber por menudo lo que en Italia se hacía en honra de los 
antiguos jesuítas, ó para restaurar su orden. «Mucha gloria es para la 
Compañía dispersa que á uno de sus individuos [el P. Andrés] se con- 
fíe la comisión de reformar una Universidad corrompida [la de Pavía]; 
ahora verá el mundo que la doctrina de aquel cuerpo no era como qui- 
sieron persuadir sus antagonistas; amigo. Dios toma á pechos, si se sufre 
decir, la apología de Vms. y se ve verificado ser la Compañía las niñas 
de sus ojos.» 

Otro eclesiástico, puesto al servicio del Prior de Uclés, y llamado 
Gonzalo de Parada y Cano, lamentábase en sus cartas al ver la estima 
con que corrían en España el Pereira y el Febronio (1), y expresaba así 
la falta, que le parecía hacer en ella la Compañía para oponerse á esas 
novedades. «El decreto imperial, dice á 17 de Enero de 1800, me ha 
llenado de complacencia, y ojalá que por acá se pensara del mismo 
modo; mas no es de esperar, pues, como Vm. muy bien dice, estamos 
muy occidentales, y quiera Dios que no estemos tanto que jamás nos 
vuelva á amanecer la luz, que si no está enteramente perdida, está bien 
eclipsada» (2). 

No eran sólo los eclesiásticos los que veían y lamentaban esos males, 
ni sólo ellos los que suspiraban, como dulcísima esperanza, por el esta- 
blecimiento de la Compañía de Jesús. 

Bernad, de quien ya hemos hablado y hablaremos en adelante, metido 
de lleno en los negocios, escribía á Hervás: «Vm. no puede creer, ni pen- 
sar lo amenazados que estamos á trabajos espirituales y corporales, sin 
señales de conversión acia quien sólo nos puede libertar, que es lo 
peor» (3); y Julián Martín de Retamosa, aquel que, como queda dicho en 
el párrafo primero, intervino en el arresto de los Padres de Murcia, años 
después escribía al mismo Hervás el 29 de Octubre de 1799: «En fin, 
amado hermano, somos los dos, hijos de vn Padre, que en la milicia de 
la tierra se formó y después supo formar la gran sociedad, que ha per- 
seguido el Abismo, como que no dudaba havía de serle el maior obs- 



(1) Véanse las cartas de 11 de Febrero de 1800 y 2 de Enero de 1801. 

(2) El decreto imperial de que se habla, es el que se suponía fechado en Viena el 28 
de Abril de 1799, por el cual el Emperador restablecía, con autorización de Pío VI, el 
Instituto de la Compañía en sus Estados, para mirar por el bien de la enseñanza. El decreto, 
no obstante, parece apócrifo; aunque muy reales los deseos y la intención del Empe- 
rador de poner así un dique á la ignorancia y perversión de costumbres, que se notó 
en la juventud, una vez extinguida la Compañía en sus Estados. 

(3) 10 de Septiembre de 1801. 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 21 



310 LORENZO HERVÁS 

táculo para seguir persiguiendo á la Sta. Iglesia de Jesuchristo; pero ya 
bien probados sus soldados tanquam aurum in fornace, van pronto á salir 
otra vez á campaña para derrotar á este enemigo de los hombres; con- 
solémonos que se acerca el momento, y entretanto, incorporando nues- 
tros espíritus en vna constante oración, al efecto hablémonos á lo menos 
por cartas...» 

No es, pues, de extrañar que en ese mar de encontrados afectos fue- 
ran lanzados los ex-jesuítas, como restos de una nave, que pereció entre 
las olas, unas veces á los puertos de Barcelona, Cartagena y Valencia, 
otras contra las rocas de Córcega, ó á las playas de Genova y Civita- 
vecchia. 

2. Conocida de los ex-jesuítas la real orden de 11 de Marzo de 1798, 
que les abría de nuevo las puertas de la patria, se apresuraron muchos, 
no todos, á tomar sus pasaportes y ponerse en marcha. Hervás salió de 
Roma el 17 de Octubre de 1798 (Catálogo, IV, 3), con su pasaporte fir- 
mado en Bolonia el 4 de Octubre (1). 

En Parma el Sr. Infante le detuvo ocho días enteros, llegando á 
Genova el 12 de Noviembre, como refería Hervás mismo á su primo An- 
tonio, «sin más desgracia que la lijerísima de averme robado en una 
posada la mayor parte de la blanquería [ropa blanca], que había sacado 
de Roma...; llegué con intención de embarcarme después de seis días en 
una nave buena y neutral que aquí hai; mas hallé cartas en que me avi- 
saban, que el día 28 de Octubre se havía embarcado en Roma para Liorna 
mi librería &, y porque al mismo tiempo los ingleses han declarado gue- 
rra á estas repúblicas italianas, no quiero salir de esta ciudad dejénova 
hasta saber el paradero de mi librería &. Al mismo tiempo he recibido 
carta de la famosa inglesa Miledy Knight, que me dice, cómo el almi- 
rante ingles Nelson ha avisado á todos sus capitanes, que encontrando la 
nave en que yo vaya, no me hagan la menor molestia; por lo que espero 
tener noticia de mi U[brería &] para embarcarla en la nave, en que [yo 
vaya...]» (15 de Noviembre). 

Recibida, después de unos días, la noticia de cómo sus amados libros 
habían llegado salvos á Liorna, prudentemente mudó de plan. «No quiero 
más sustos... [los] dejaré en Liorna hasta la paz» (2). Y en cuanto á su 



(1) Al fin del tomo de Cartas conservamos el pasaporte original de Hervás; en él se 
hace notar que gozaba de doble pensión, satisfecha en todo el presente año de 1798. 

También se procuraron los ex-jesuitas testimoniales de los Obispos; pueden verse 
varias de ellas en Nonell, El V. P.José PignatellL. (II, 228, 247-250). Hervás en la referida 
continuación de B. Bercastel (III, 106, v.), después de hablar en general del buen testi- 
monio que los Obispos italianos dieron de los ex-jesuítas, añadió, ya hacia el fin de sus 
días: «Los archivos de los Soberanos de Italia y de sus tribunales no mostrarán la me- 
nor delación hecha contra los jesuítas de cinquenta años de la expulsión de los prime- 
ros de Portugal, la qual los cuenta ya hasta el tiempo presente en que escribo.» 

(2) Posdata á una de 2 de Diciembre; aunque la fecha de la carta ha desaparecido, 
se reconstituye por Caballero, pág. 50. 



LORENZO HERVÁS 311 

viaje, sea porque la nave neutral hubiera salido del puerto en el entre- 
tanto, sea porque no le pareció prudente embarcarse, á pesar del salvo- 
conducto de Nelson, dispuso encaminarse por Francia, desechada la invi- 
tación de los genoveses á que permaneciera con ellos todo el invierno; 
«Yo me disponía para atravesar la Francia con el correo, cuando la 
divina Providencia que sobre mí vela con lluvia de gracias, hizo aparecer 
aquí al Sr. D. Ignacio López de Ulloa, Ministro plenipotenciario de Turín, 
que vuelve á Madrid. Nos vimos, y la vista casual me ha dado un íntimo 
amigo en este habilísimo y dignísimo personaje. Tiene puesto vacío en 
su excelente carroza, destinado por la Providencia para mí. Saldremos 
quizá el día 4 [de Diciembre] con una faluca hasta Niza, y después por 
posta atravesaremos la Francia» (1). 

3. Llegó Hervás á Barcelona el 1." de Febrero del siguiente año 
de 1799 (2). Aquí Hervás y los demás repatriados ex-jesuítas encontraron 
la más favorable acogida. «Si el clima matritense (decía aquél desde Bar- 
celona en 23 de Febrero, refiriéndose á palabras que de Madrid le habían 
escrito) es poco favorable á los ex-jesuítas, lo es favorabilísimo todo el 
catalán; apenas hai persona civil en estos países que no favorezca cor- 
dialmente á los ex-jesuítas; aunque de éstos vinieran 400 todos encontra- 
rían casas en que amorosamente los recibirían. No he visto jamás tanta 
cordialidad en jente seglar; cordialidad proveniente de fondo de religión 
que aquí la hai, y en esta ciudad grande verdaderamente (pues tiene 150 
mil almas), sus paisanos tienen religión. En este elojio justo, que hago 
de los catalanes, prescindo de los favores que á mí me hacen, pues éstos 
son excesivos». 

Fué, en efecto, dote muy particular del abate Hervás, gracias á su 
hermoso carácter, suaves maneras y gustosa conversación, dejar en todas 
partes verdaderos y entusiastas amigos. Vióse en Barcelona «favorecido 
sobremanera, dice Caballero (pág. 51), del intendente D. Blas Aranza y 
su familia, de la Condesa de Santa Coloma, de la casa de comercio Milá 
de la Roca, de los individuos del Consulado, del canónigo Andreu y 
Trías y de lo más escogido de la culta sociedad barcelonesa». De éstos 
y varios más consérvanse cartas ó mención en la correspondencia del 
abate. Pero donde dejó gratísimo recuerdo fué en la casa Pí, que le dio 
franco hospedaje recién llegado de Italia. Después de firmar una de las 
muchas cartas, que conservamos, la de 8 de Junio de 1799, el jefe de la 
familia Antonio Pí y Caravassa, todos sus individuos fueron poniendo 
con su nombre clarísimo testimonio del afecto, que profesaban al amado 
huésped: «Toda la casa Pí le saluda de corazón y desea lograr su com- 



(1) Véase la carta citada anteriormente. En el tomo de Cartas se conserva una de 
Ulloa á Hervás, fechada en Madrid el 12 de Julio. 

<2) Así lo dice Hervás en su Descripción del Archivo de la Corona de Ara- 
gón, pág. 3. 



312 LORENZO HERVÁS 

pañía. — Antonio Pí.— Lucía Pí y Carabassa. — Josepha Pí y Sau- 
xachs» (1). 

Dos cosas dignas de notarse hizo Hervás los pocos meses de su 
permanencia en la. ciudad condal: visitar el archivo de la Corona de 
Aragón y plantear una escuela de sordomudos, bajo la dirección del 
presbítero Juan Albert y Martí (2). 

De la primera da cuenta en la Descripción del Archivo de la Corona 
de Aragón, dirigida al Sr. Cistue en «Barcelona 28 de febrero de 1799»: 
«Vuelto de Italia y llegado á esta ciudad el día primero del presente 
mes, di prontamente á V. S. I. noticia de mi feliz arrivo... y de que en los 
días sucesivos había ido á ver el grande y preciosísimo Archivo Real que 
en esta ciudad se conserva y se llama de la Corona de Aragón» (pág. 3), 

De la segunda conviene decir algo más. 

Antes de llegar Hervás á Barcelona, había allí un celoso sacerdote 
llamado Juan Albert y Martí, que, movido de compasión al ver la triste 
suerte de los sordomudos, había procurado con la lectura de las obras 
del abate l'Epée y de la Escuela de sordomudos, publicada por nuestro 
Hervás, prepararse para la instrucción de aquellos infelices. 

Una vez Hervás en Barcelona, logró Albert madurar con sus conver- 
saciones el fruto sacado de la lectura de su obra (3). Animáronse entre 
sí, teniendo el gusto de reunir á varios sordomudos que empezaron su 
instrucción. Escuela, formalmente, no abrió Albert mientras Hervás 
estuvo en Barcelona; pero adelantaron tanto en pocos meses, después de 
abierta, los discípulos, que; el 16 de Febrero de 1800 pudieron dar un acto 
público delante de numerosa concurrencia. El Ayuntamiento, que asistió 
al acto, dispuso se insertara un capitulo en la Gacela de Madrid, como 
se hizo en la de 4 de Abril del mismo año. Copio aquí de las hojas 
impresas, que Hervás envió al Rey en un memorial, íntegro ese capitulo, 
añadiendo alguna declaración para su mejor inteligencia; así se verá 
cuan errado anda Alcubilla al decir en su Diccionario v." Sordomudos y 
ciegos, que el arte de enseñarles fué olvidado en España «hasta que la 
Sociedad Económica Matritense promovió el establecimiento de la 
Escuela de sordomudos el año 1802»: 



(1) Muestras de esta amistad tenemos en muchas de las cartas de Pí, v. gr., de 2 de 
Junio, 7 de Octubre, 6, 16 y 27 de Noviembre de 1799... «Veo muy bien, le decía en la 
última, lo que Vm. me dice del clima balsámico de Barcelona para Vm., pero que no 
hay libros. Pero por Dios le suplico que no nos disguste Vm.; véngase aquí y no falta- 
rán libros. Muy buenas longanizas se hacen en casa, y de ellas puedo dar receta á los 
amigos.» 

(2) De otras visitas habla Caballero, pág. 51. 

(3) En la Escuela hay datos curiosos observados por el mismo Hervás en los sordo- 
mudos de Roma (II, 12, 28), y un Alfabeto Manual, que lleva al pie este rótulo: «Yo 
Ignacio Puppi, sordomudo de 13 años de edad, por encargo de mi caritativo y amado 
instructor Señor Don Lorenzo Hervás, hice el presente diseño. Roma á 10 de Agosto 
de 1793»; hoja añadida á la pág. 28. 



LORENZO HERVÁS 313 

«Barcelona 22 de febrero (pág. 280— Archivo histórico— Esfaíío, 3.240). El arte de en- 
*ar á hablar á los sordo-mudos, cuya Invención pertenece privativamente á España, 
aunque en la actualidad tan olvidado en ella como cultivado en otras naciones vecinas 
nuestras, reflorece en esta ciudad. El sacerdote D. Juan Albert y Martí, movido de una 
vivísima compasión hacia aquellos infelices, empezó á instruirse en este arte con la 
lectura de las obras del Abatell'Epée y principalmente del español D. Lorenzo Hervás. 
quien en su tránsito y mansión de algunos meses en esta ciudad, completó su instruc- 
ción y le estimuló y alentó á abrir escuela pública gratuita, recorriendo ambos todas 
las casas en que podían averiguar había algún sordo-mudo, con el fin de atraerlos á 
dicha enseñanza. Tuvo Hervás, antes de partir de aquí,*Ia satisfacción de ver á todos 
Jos mudos de ella, y exhortó á sus padres ó deudos á que no malograsen tan feliz opor- 
tunidad. Contribuyó principalmente á la verificación de esta noble idea el acreditado 
zelo del bien público del Intendente de este Exército y Principado Don Blas de Aranza, 
que aplaudió al profesor Albert por este útilísimo proyecto y le estimuló á su execu- 
cion (I). En efecto, presentáronse la mayor parte de los sordo-mudos á la escuela que 
abrió el Sr. Albert, y faltándole lugar cómodo y capaz, por motivo de la afluencia de 
los concurrentes, lo expuso á este Ayuntamiento, el qual en vista de la utilidad tan 
notoria de semejante establecimiento, acordó protegerle en lo que le fuese facultativo, 
y le facilitó interinamente, y mientras no se necesite para otro objeto preferente, un 
salón de las Casas Consistoriales, en donde la tarde de 16 del presente se celebró un 
ensayo ú examen público en que los sordo-mudos manifestaron los notables progresos 
que en muy cortos meses han hecho con la enseñanza del expresado D. Juan Albert, 
Convidóse para dicha función á muchos individuos del clero y de la nobleza, y la auto- 
rizaron varios vocales del Ayuntamiento. Se abrió con un discurso, en que el enun- 
ciado maestro pintó la infeliz suerte de los sordo-mudos; ponderó la felicidad y venta- 
jas que de su instrucción resultarán á la religión y al estado; y peroró exhortando a! 
fomento y protección de un establecimiento tan útil (2). Inmediatamente empezaron los 
sordo-mudos más adelantados, en número de 10, á explicar el catecismo y varios pun- 
tos de gramática castellana, escrito todo y repartido en grandes cartones colocados á 
Ja vista de todos, con este método: uno de los sordo-mudos con una varilla iba seña- 
lando sucesivamente las palabras escritas en los cartones, y á cada una de ellas el mudo 
destinado para la explicación, con señas muy claras y en que no cabía equivocación, 
manifestaba el sentido de aquella voz. Concluido este exercicio, que turnó por todos, se 
les insinuó que escribiesen lo mismo que habían explicado; como en efecto así lo 
practicaron, notándolo cada uno en su pizarra con elegantes caracteres. Enterneció á 
muchos de los concurrentes el gusto de ver á aquellos infelices con la instrucción y cul- 
tura que parecía inasequible para ellos. En el mismo salón [continúa todos los días la 
enseñanza el infatigable y caritativo Albert; y se espera que con los auxilios gratuitos 
de algunas personas amantes del bien público, compadecidas de las cortas ó ningunas 
facultades del enunciado profesor, podrá darse solidez y permanencia á tan provechoso 
establecimiento.» 



(1) Después el Intendente se retiró del negocio por piques con el Ayuntamiento; Pi 
también se interesó por la escuela, como cosa de su amigo Hervás. Cf. una carta sin 
fecha de 1800. 

<2) Este discurso lo envió Pí á Hervás, pero no se conserva actualmente entre sus 
cartas. 

Albert, en 5 de Marzo de 1801, le ofreció un trabajo suyo, de que no encuentro men- 
ción en las bibliografías: «Mientras voy aprontando para los sordo-mudos otra obra 
más dilatada y en asuntos diferentes, dígnese Vm. admitir esa pequeña prueba de mis 
ansias de hacerme útil á la humanidad; á Vm. le debo el exemplo y el estímulo de seme- 
jantes sentimientos.» Obra que sin duda será aquella de que hablaba en 16 de Agosto 
de 1799: «Valiéndome de la erudita obra de Vm. se hace á favor de éstos [sordomudos] 
«na gramática manual ó collección de señas relativas á cualquier parte de la oración.» 



314 LORENZO HERVÁS 

Nada más se sabe de esta escuela de Barcelona. El Sr. Barbera, errsu 
interesante libro sobre La enseñanza del sordomudo por el método oral 
puro, copia á Caballero (páginas 51,93, 103), y el Sr. Miguel Granell, 
aunque nombra á Albert, sólo hace mención (pág. 48) de la escuela mu- 
nicipal fundada en Barcelona el 1816. Véase la Conferencia dada en el 
Fomento de las Artes el día 7 de Diciembre de 1901, é impresa en 1905, 
entre las publicaciones de propaganda de las enseñanzas del Colegio 
Nacional de Sordomudos y ciegos. 

4. La mente de Hervás al llegar á Barcelona no fué seguramente 
quedarse allí, ni mucho menos ir á sepultarse en el Horcajo. 

, Vimos que á los primeros rumores de poder volver á España, había 
escrito á su primo: nos veremos primero en Madrid que en el Horcajo, 
pues yo en ninguna ciudad de España puedo tener libros para escribir 
sino en Madrid (18 de Julio de 1792). No bastó ver que la orden de repa- 
triación, aunque levantaba á los ex-jesuítas el destierro, les obligaba, 
como subditos dañinos ó sospechosos, á vivir con sus parientes ó recluí- 
dos en conventos, si era posible en despoblados, de ningún modo en la 
Corte ni sitios reales; á instancias, sin duda, del mismo Hervás, dieron sus 
amigos de la Corte varios pasos para que se hiciera con él honrosa 
excepción. 

José Cistue escribía á 3 de Febrero de 1799, cómo había tratado con 
Bernad y el Duque de Montemar «que en despachando Vmd. en esa ciu- 
dad [de Barcelona], tome su pasaporte como que va para su país, se 
dirija á esta Corte y en ella se presente al Gobernador del Consejo, 
acompañado del Duque [de Montemar], significándole la necesidad de 
tratar aquí varios asuntos de impresiones [impresión de sus obras], de 
cuenta con los que las han hecho y de otras prevenciones necesarias á 
continuar sus trabajos; en lo que trascurre algún tiempo, y se toman las 
medidas para ver de que bien enterados de la necesidad de su permanen- 
cia en ella, se habrá algún resquicio á que la permitan», ' 

Bernard quiso asegurar el lance, y lo echó á perder, pues pregun- 
tando al mismo Gobernador, recibió, como era natural, resuelta nega- 
tiva (1). Insistió el Rey en que cumplieran los ex-jésuítas lo mandado, 
dando luego, el 11 de Mayo de 1800, nueva orden para hacer salir de 
Madrid á los que habían entrado, quedando responsables de la falta de 
cumplimiento los alcaldes de corte. 

En medio de estas dudas, arregló Hervás su viaje hacia el Horcajo, 
no sin sentir dejar á Barcelona para meterse en su pueblo natal (2). 



(1) Véase una de Bernard á Hervás, en 6 de Marzo. 

(2) El 3 de Abril escribía á su primo: «El tiempo prosigue con continuos temporales, 
por lo que no pienso en viaje hasta que se asiente el buen tiempo. Me hallo tan bien 
en esta ciudad, que si no fuera por abrazaros no me pondría en viaje.» 

«Iré... por Valencia, y me alojaré en casa del Sr. Oidor Mahamud, que me ha convi- 
dado; estaré solamente el poco tiempo que necesite para hallar calesa ó cosa equiva- 



LORENZO HERVÁS 315 

Debió salir hacia el final de Mayo de 1799, pues el 2 de Junio le 
escribía desde Barcelona Pí la primera carta sintiendo la ausencia del 
querido abate: «No hay palabras suficientes en que poder explicar 
á Vm. la tristeza que ocupa mi corazón de desde la salida de Vm. de 
esta su amadísima casa, pues ha llegado á tanto, que dos ó tres veces 
me he puesto á llorar como una criatura, y hoy he tenido que ponerme 
en la cama... Al Rosario decimos cada día tres Padre nuestros á los 
Santos Reyes, para su feliz camino; esperamos, por consiguiente, que 
será así. Si á Vm., por alguna contingencia, le convenía dinero, pase á 
la casa de los Sres. D. Vicente Bordalonga Gastón y Condou, de ese 
comercio, ó á la de D. Miguel Royo, que quedan prevenidos, y le entre- 
garán lo que necesite.» 

El 7 de Junio estaba ya nuestro viajero en Valencia, pues desde allí, 
con esa fecha, dedica «A la muí ilustre Señora la Señora Doña María 
del Carmen Langton de Aranza... esta traducción española [de la 
Doctrina médica del Brown] que viajando acabo de concluir». Desde 
Valencia, casi sin descansar, pero no sin pretender ver el archivo de su 
Catedral, ni dejar dulce memoria de su estancia (1), emprendió la 
«penosa peregrinación... para llegar á la inmediata mansión de las aven- 
turas de Don Quixote, su casa de Vm. en el Orcaxo», como le escribía 
el intendente Aranza. 

«Por Julio de 1799, dice Caballero (pág. 53), ateniéndose quizás 
sólo á una frase vaga de el libro sobre las preeminencias y dignidad de 
Uclés (pág. 5), había llegado el Abate Hervás al Horcajo»; mas es indu- 
dable que, mediado Junio, ya estaba en su casa. 



lente para pasar al Horcajo. Si en el Horcajo hubiera una silla volante, con buen caballo 
ó mulo, que pudiera llevar mi bagaje (que pesará casi 250 libras) y dos personas, 
podrías tú venir con la silla, y en este caso deberlas escribirme á Valencia.» 

Y tres días después: «Tu última con la noticia de la nieve me da miedo; no puedo 
verla; me fui á Roma por alejarme de países fríos. Espero que no nevará mientras yo 
esté en el Horcajo; mas creo que el calor en verano es tan fuerte como el frío en 
invierno; no obstante, temo más á éste que al calor.» 

(1) Evidentemente se refieren á Valencia aquellas palabras de la Noticia del Archivo 
de Uclés (pág. 43): «En España, muchos archivos no están bien ordenados, y ninguno 
de ellos es público; antes bien, todos están como misteriosamente encarcelados, no 
permitiendo su vista sin la formalidad de memoriales á las justicias, cabildos seglares 
y eclesiásticos, que tal vez les dan repulsa... He experimentado yo los efectos perni- 
ciosos de la rigurosa clausura de los archivos españoles, no pudiendo registrar el de 
la catedral de una ciudad en que me detuve el tiempo que me hubiera bastado para 
observarlo.» 

Las quejas de Masdeu respecto á León pueden leerse en la nota 1.^ á la pág. 148 
del tomo XX de su Historia, y en dos cartas á Hervás de 8 de Noviembre de 1799 y 27 
de Mayo de 1800. 

Como prueba del grato recuerdo que en Valencia dejó nuestro viajero, basta 
ver las cartas del oidor Mahamud, y una curiosa consulta de un médico hecha en 21 
de Agosto de 1799, 



316 LORENZO HERVÁS 

Luis Gonzaga Valls pudo escribir desde Barcelona el 1." de Julio: 
«Luego de mi arribo de Cervera á esta ciudad, que se verificó el 14 del 
Mes pasado, me procuré por nuestro común amigo Sr. Pi noticias de su 
arribo de Vm. á Valencia, y tube el gusto de tenerlas á medida de mis 
desseos; y por el mismo medio recibí 8 días haze la carta con que Vm. me 
favorece fecha en su patria á 14 del vencido Junio.» 

Llegado Lorenzo Hervás á su pueblo, y pasadas las primeras aten- 
ciones de sus primos, pronto sintió (y no hay por qué negarlo) el horror 
de su retiro (Preeminencias..., pág. 4), reducido, como diría luego, 
en 1806, recordando tiempos pasados, á un arroz insípido, etc., que 
procuraron endulzar sus amigos, y á dar un paseo por la tarde acompa- 
ñado de el Sr. Cura de esse pueblo. (Carta de J. A. Escamilla y Galán, 
de 7 de Agosto de 1799.) 

Añádase á esto el atraso y dificultades en los pagos de la miserable 
pensión de que gozaba (1); el poco aprecio que se hizo de sus obras 
ya impresas; las arbitrariedades en la censura de las que pretendía 
imprimir;- arbitrariedades que, como veremos, llegaron hasta el punto 
de hacer decir á uno «que el lograr la prensa [permiso de impresión] 
en el día es mayor obra que la composición misma» (2); el recelo con 
que eran mirados todos los recién llegados ex-jesuítas recluidos en con- 
ventos, con orden de ser vigilados unas veces por el Consejo, otras por 
la Inquisición (3). 

Todo esto junto, y en no pocos todo esto en realidad se juntaba, 



(1) En muchas de las cartas de Hervás recurre la cuestión de los pagos atrasados; 
aunque gozaba al salir de Roma de doble pensión, según consta en el mismo pasa- 
porte, para que continuara este favor fué precisa toda la influencia del Duque de JVlon- 
temar y demás amigos, escribir memoriales á Urquijo y al Rey, en que el represen- 
tante, exponiendo sus trabajos literarios, tuvo que omitir,' por consejo de Montemar, 
hacer mención de la obra sobre la caridad y Biblioteca jesuítica, «porque, según los 
que rodean á Urquijo, perderíamos con estas obras» (carta de 25 de Julio de 1800). Por 
fin, á 16 de Enero de 1801, dióse orden de que, atendiendo el Rey al mérito y trabajos 
literarios de D. Lorenzo Hervás, presbítero ex-jesuita, se ha servido concederle doble 
pensión á la que actualmente goza. Simancas, Estado, 5.066. Los memoriales de Hervás 
se guardan autógrafos en el archivo histórico. Estado, 3.240. 

(2) Es frase de Astarloa, según refiere José Antonio Campos á Hervás, 12 de 
Diciembre de 1800. 

(3) En Simancas, Estado, 5.065, se guarda esta minuta de 24 de Noviembre de 1800: 
«En la adjunta carta, que V. E. me devolverá á su tiempo, expone el Conde de Cervera 
sus temores de que la existencia del exjesuíta Hervás y Panduro, en la ciudad de 
Cuenca, pueda ser perjudicial á la tranquilidad pública, porque sus máximas son deci- 
didamente opuestas á las del Gobierno, pareciendo inclinar á las opiniones curiales 
exageradas, y porque su familiaridad con algunas personas de carácter le proporciona 
un influjo, cuyas consecuencias á la larga pueden ser funestas, mayormente si se 
advierte que le rodean personas afectas á su modo de pensar, y que esta especie de 
opinión que se va formando puede degenerar en un ascendiente poderoso. 

»E1 Rey me manda pasar á V. E. esta carta para que se entere de ella, y averi- 
guando en el particular todo lo que sea necesario á formar juicio, me diga V. E., para 



LORENZO HERVÁS 317 

hacía que muchos sintieran deseos de volverse (1); alguno, como 
•Antonio Gabaldón, discípulo de nuestro Hervás en Aritmética, Álgebra 
y Geometría, llegó á decir: «Me escri[ben] que muchos de los nuestros 
se han buelto á Italia; Francisco Moreno y mi condiscípulo Lucas espe- 
ran también las paces genera[les] para hacer lo mismo; esto parece un 
fenómeno; pero bien reflexionado, es muí natural que los que res- 
piraron 32 años el ayre de Roma, Genova y otras ciudades de la 
bella y culta Italia l[es] deba nausear el ayre del Orcajo, del Toboso, 
del Quintanar y estoi por decir (pero chitón que no nos oyga algún 
español) has[ta d]el mismo Madrid.» 

Para colmo de desdichas, Hervás, que tan buena salud había gozado 
en Italia, cayó gravemente enfermo recién llegado á su pueblo (2). 
Recogiendo Caballero las tradiciones de familia así cuenta la enfer- 
medad (pág. 53): «Acometiéronle unas calenturas malignas que le 
molestaron mucho y que hubieran comprometido su vida, á no ser él 
algo entendido en asuntos de medicina. El físico del pueblo, á quien 
llamó desde el primer amago, le propinó una sangría, y persuadido el 
paciente de que era un grave desacierto, hizo que viniera el profesor de 
la villa inmediata de Quintanar de la Orden, que corría con gran cré- 
dito. Éste le administró la quina, y reconviniendo al compañero, por la 
indicación de la sangría, se excusó el del Horcajo con decir que le había 
impuesto de tal modo la presencia del Abate, que, aturdido, no supo lo 
que se hizo.» 

Pronto entendieron los amigos la triste noticia, y como es de suponer, 
se levantó entre ellos grande alarma; cada cual dio sus consejos, reco- 
mendó su receta y le brindó con su casa. 

Agradeció el enfermo tan cariñosos ofrecimientos, y sólo aceptó en 
su convalecencia la invitación que desde Uclés le hizo su digno Obispo 
Prior Juan Antonio Tamayo: «Deseo á Vm. todo alivio, y si considera 



noticia de S. M., qué medios habría de hacer que tenga cumplido efecto la Real orden 
que se cita por el Conde de Cervera en la adjunta carta, y que previene que los exje- 
suítas vivan retirados en conventos, haciendo una vida religiosa y quieta. Lo comu- 
nico... Señor Gobernador del Conseío.» 

Sobre la Inquisición, véase la circular que años adelante, y después de la segunda 
expulsión, dirigió el Inquisidor general á los diversos tribunales con los nombres de 
varios ex-jesuítas que, por una razón ó por otra, habían quedado en España: «Conviene 
al servicio de ambas Magestades que V. S. vele sobre la conducta, tratos y opiniones 
de los exjesuítas residentes en el distrito de ese tribunal, y me avise mensualmente 
quanto observe, á no ser que ocurra alguna cosa particular, que en tal caso me lo 
comunicará V. S. sin pérdida de correo... Aranjuez 28 de Abril de 1806.— Simancas, 
Inquisición, 1.603. 

(1) Léanselas cartas de Francisco "Moreno Sánchez en 18 de Enero de 1800, de 
Francisco Iturri en 12 de Diciembre de 1799, que expresamente dice: «Aún quedan allá 
Ten Italia] 999 Jesuítas españoles, y nadie piensa en regresar.» Caballero leyó 939 y 
ambas cosas pueden ser; de Melquíades Salazar de 6 de Noviembre de 1799... 

(2) El 5 de Julio ya se supo en Uclés la noticia de la enfermedad. 



318 LORENZO HERVÁS 

que puede tenerlo aquí, con la mayor complacencia admito su compañía 
cuando quiera y le acomode.» Pero á Uclés no fué solo; un joven ilustre 
le acompañaba. 

5. El haber pertenecido Lorenzo Hervás á la Compañía de Jesús, las 
muestras que de su talento diera en el Seminario de Nobles y los libros 
sobre la vida del hombre le habían proporcionado fama no desmerecida 
áQ preceptor de la juventud (1). 

Preceptor de la juventud fué por cartas, aun estando en Italia (2); en 
este período de su permanencia en España, escribió prudentes consejos 
á un rico aragonés, por nombre Manuel Garcés y MarciUa, que había 
acudido á él ansioso de dar sólida y cristiana educación á su hijo, tanto 
más que se reconocía el padre «tan escaso de los necesarios [conoci- 
mientos] qual lo suelen estar casi todos los de mi clase, esto es, un Pri- 



(1) Se podría sacar de las obras de Hervás, sin gran trabajo, una serie de documen- 
tos, ya propios ya ajenos, sobre educación é instrucción de la juventud, pues la. Histo- 
ria de la vida del hombre, en este concepto es sumamente importante entre la literatura 
pedagógica de la segunda mitad del siglo XVIil, como afirma el Sr. Altamiraen un capi- 
tulo del tomo IV de su Historia de España y de la cultura española, inserto en el Bo- 
letín de la Institución libre de Enseñanza (Junio) y en la Lectura (Agosto de 1909, pá- 
gina 465). 

Cree Caballero (pág. 32) que Hervás estando en el Seminario de Nobles fué ayo del 
Duque de Montemar, fiado quizás de unas palabras de la dedicatoria de! Viaje; la ver- 
dad es que fué el Duque su alumno en diclio seminario: «No extrañe V. E., escribía el 
Duque á Urquijo en 12 de Agosto de 1800, el interés que tomo en este sugeto [en el 
asunto de la pensión de Hervás], pues estubo encargado de mi primera educación»; ó 
más claro, como decía el mismo Hervás al abate Borgo en 24 de Mayo de 1794: « Ella 
debbe sapere che nell'uscire lo da Spagna vi lascia'nel collegio de'Nobili di Madrid 
il duchino di Montemar di 7 anni; e questo signore dopo che si sposo, ricordandosi di 
me, mi ha cercato, mi scrive, come s'io fossi suo padre...» 

(2) Hay, en efecto, de ese tiempo, en Storia, II, 54, una noticia curiosa. Vimos que 
Hervás no se inclinaba á dejar á los jóvenes que viajasen por el mundo solos y sin 
arrimo, por el gravísimo peligro á que se exponían: «Con questo fine pochí anni seno 
certo giovane Cavaliere mió amicissimo, in etá di ventitré anni intraprese el giro di 
tutta l'Europa. Volle in questo, fare uso della antica nostra amicizia, e mi pregó a som- 
ministrargli per mezzo delle mié lettere notizia di quelle cose piíi degne di osseruarsi 
nelle corti e nazioni, che egli dovea ricorrere. Non esitai punto a secondari cosi belie 
intenzioni, e volentierisimo istitui un continuato carteggio con esso luí par lo spazi V 
di due anni. Cosi al suo arrivo a Vienna, fuor di molte altre particolaritá, egli fu da me 
informato della economía veramente invidievole di quella Corte, edinsieme del nuovo 
stabilimento militare istituito dall'Imperadore all'uso antico, secondo il quale ad una 
parte della truppa si distribuiva terreno da coltivare. Giunto che fu a Berlino, io gli feci 
osservare il carattere di quel Principe, e quella ottime, e poco comuni industrie, per 
mezzo delle quali, comeché le spese fatte in tante guerre fossero state maggiore delle 
éntrate, puré egli aveva saputo conservare fiorentissime l'agricultura, le arti, ed il com- 
mercio e tenere poi in piedi anche in tempo di pace un numerosissimo esercito. 
Quando poi mosse per la Russia, gli descrissi questo impero, il quale come un fulmine 
in un solo secólo aveva passato dalle tenebre alia luce, dalla notte al di, e dalla barbarie 
alia civiltá. Lo istrlü ancora della estensioni di quelli dominj, e delle conquiste ignórate 
da molti negli ultimi confini dell'Asia, e ne'paesi settentrionali deirAmericacolle quaü 
poteva recare gran gelosia al commercio delle nazioni europee del Norte, ed alia Spagna, 



LORENZO HERVÁS 319 

mogénito de los que llaman de casa distinguida (á quien sólo parece que 
se cría para que propague el apellido de familia)...» (1). 

El afortunado que pudo lograr más despacio los consejos y trato de 
nuestro Hervás y que le acompañó á Uclés, fué el joven Tomás Bernad 
y Barreda, hijo del Consejero del mismo nombre, que ya conocemos, y 
Barón de Castiel. 

«Al lado de... [mis hijos], escribía con cierta envidia la Condesa de 
Santa Coloma y de Cifuentes al saber la noticia, le quisiera yo á Vm., 
pues baldrían al doble...; beo cómo acababa Vm. de recibir carta del 
S."" de Bernat y dichoso él que puede proporcionar á su hijo tan buen 
lado, como es el de Vm.» 

Mientras Hervás, en efecto, se dirigía desde Valencia á su pueblo del 
Horcajo, dispusieron, quizás con demasiada anticipación, los Barones de 
Castiel que su hijo Tomás le saliera al encuentro. «Tomás, escribía el 
padre á 2 de Junio, saldrá de aquí después de mañana jueves 4 á dormir 
en la posada de la Quintana en Ocaña, y el viernes, después de comer 
en el Corral de Almaguer, á la caída del sol pasará á la obediencia de Vm., 
y después que Vm. haga sus observaciones sobre sus facultades tendrá 
á bien determinar lo que deberá estudiar, pues mis intenciones son que 
sea útil al servicio de Dios y de su patria, sin atreverme á que sea por 
esta ú otra carrera por mi dictamen.» 

«Tomasito está ya en estado de abrir los ojos y empezar á conocer 
los peligros y riesgos del mundo para que sepa guardarse de ellos. Nos- 
otros asta ahora hemos procurado evitar toda ocasión que pudiera dár- 
selos á conocer, y pues que Dios le ha proporcionado la fortuna de que 
Vm. sabrá pintárselos con los colores más propios á la idea que conviene 
forme de ellos, suplicamos á Vm. tome por su cuenta sacarnos de ese 
cuidado» (3 de Julio). 

Pronto conoció Hervás los defectos y las inclinaciones del joven; se 
dejaba llevar de la imaginación, aborrecía la soledad, hacía las cosas á 
medias, sobre todo el estudio. La buena Baronesa agradeció las indica- 
ciones y suplicó no le disimulara cosa alguna (2). Debió mostrar el joven 



veggendo questa verificato oggi ció che prima fu sempre creduto un paradosso, cioé il 
Russo nella California. In questa maniera, diverse aitre opportune notizie io andai 
somrainistrando al detto Cavaliere, onde egli, come fece, ne riuscisse bene istruito.>' 

No conservamos nada de esta correspondencia, que no dejaría de tener grande 
interés. Quién fuera el joven viajero, tampoco es fácil averiguarlo, pues si al leer en el 
mismo tomo (pág. 44) las palabras con que se termina el párrafo, hay algún fundamento 
para creer que seria el barón Nicolás Savorelli, al leer la dedicatoria del tomo XIII se 
inclina uno á creer fuese el marqués Lorenzo Romagnoli, y en ninguno de los casos hay 
motivo sólido. 

(1) De Garcés se guardan tres cartas; de las respuestas sólo el borrador de una; 
un párrafo de ésta quedó copiado al principio de este estudio. 

<2) Merecen leerse las prudentes expresiones con que la Baronesa escribía á Hervás 
en 12 de Julio de 1799. 



320 LORENZO HERVÁS 

inclinación á la jurisprudencia y Hervás indicar á sus padres este estu- 
dio, pues el Barón contestaba: «En hora buena empiece Tomasillo la 
jurisprudencia este invierno próximo; pero ¿dónde y con quién? Tiemblo 
si pienso en el abandono con que se trata á la juventud en las universi- 
dades y gimo al ver que no es el verdadero mérito el premiado; en tanto 
grado que estimaría mucho que mi hijo fuese instruido y sabio, si fuese 
posible, pero no empleado sino en el govierno de su alma y de su casa» (1 ). 
Por fin, la cercanía de San Lucas hizo decidirse sobre ese dónde y 
ese con quién, y Tomás fué colocado en Alcalá al lado de su primo 
Joaquín (2). 

6. Quedó dicho que entre las varias invitaciones á salir del Horcajo 
aceptó sólo Hervás la de los Santiaguistas del convento de Uclés; una 
vez aquí, se alargó hasta las excavaciones de Cabeza del Griego y hasta 
Cuenca; en lo primero hubo no poco de excursión, en esto último mucho 
de visita (3). 



(1) Carta de 22 de Julio. Un año después, en 8 de Julio, así escribía Cistue: «En el 
día sólo escriven los que no saben; se hacen muchas traducciones y todas malas, y en 
pasando 20 años irá peor, porque no se cuida de las Universidades, y Vm. sabe el 
estudio que dan en las religiones.» 

(2) En cartas posteriores del Barón, 19 de Octubre, 22 ídem, 26 de Noviembre 
de 1793, 10 de Enero de 1803 y 21 ídem, pueden verse varias particularidades sobre la 
Universidad de Alcalá en estos tiempos y el Colegio donde moraba el joven. Á éste 
dedicó Hervás El Hombre físico. 

(3) No es fácil fijar del todo la cronología de estas visitas. Consta que aunque la invi- 
tación de ir á Uclés se hizo en Julio, se encontraba convaleciente Hervás en el Horcajo 
el 3 y aun el 7 de Agosto, pues conservamos una carta del Prior, dirigida á Hervás desde 
el mismo Uclés el 3 de Agosto, y otra del 7, escrita desde Tribaldos por J. A. Escamilla, 
en que manifiestamente se supone hallarse aun Hervás entre los suvos. Ouizá salió 
para Uclés pasada su fiesta de San Lorenzo. 

Dos semanas estuvo en Uclés. Descripción, 44. Á fines de Septiembre estaba ya en 
su pueblo: véanse una del Prior en 1.° de Octubre y otra de J. A. López de 30 de Sep- 
tiembre. 

En el intermedio haria la visita á Cabeza del Griego. 

Por Julio del siguiente año de 1800 debió repetir la visita á los Santiaguistas, pues el 
mismo Hervás dice que estuvo en Uclés varias veces (Preeminencias, 4), y se deduce 
claramente de cartas de Bernad y Cistue de 25 y 22 de Julio. 

El 17 de Julio estaba ya en su pueblo: véase una de Joaquín de Frías Gaseó de 5 de 
Agosto; el 2 de Agosto firmaba Hervás en el Horcajo los memoriales para obtener algún 
socorro. 

Poco antes de 19 de Agosto de 1800 se hallaba en Cuenca, pues con esa fecha le escri- 
bía Gonzalo Martínez: «Recivo la apreciable de Vmd. y veo su traslación á Cuenca.» 
El 10 de Octubre aún residía en Cuenca en compañía del Deán, como escribe con esa 
fecha Cistue. 

Al fin de mes estaba de vuelta en su pueblo, «Celebro mucho, le escribía el Deán á 
4 de Noviembre, ber por su apreciable del 31 la felicidad con que hizo su viaje...» 

De todo esto Caballero se contentó con decir: «Residió algunas temporadas en el 
Convento de Santiago de Uclés», pág. 58, y «Verificó una escursión á la ciudad de 
Cuenca desde Junio á Agosto de 1800», pág. 60; en esto segundo hay manifiesto 
error. 



LORENZO HERVÁS 321 

No le llevó á Uclés solamente el deseo de disfrutar el regalo que los 
canónigos le podían proporcionar en su convento ó en la finca de Fuente 
Redonda; bien lo demuestra ver cómo aprovechó el tiempo en su rico 
archivo y biblioteca (1): 

«Apenas vuelto de Italia y llegado el verano del 1799 á mi patria, que de dicho con- 
vento [de Uclés] dista tres leguas, experimenté funestos efectos del clima ó resultas 
malas del viaje en unas calenturas malignas; y para mejor convalecencia de ellas, 
habiéndome convidado monseñor Tamayo, antecesor de monseñor Gaona, actual 
dignissimo obispo Prior de Uclés con hospedaje en su real convento, pasé á disfrutar 
su favor en compañía del estudioso joven Señor Don Tomás Bernad y Barreda... 
Llegado á dicho convento, aunque no totalmente convalecido, luego que vi su archivo 
(que lo es general de toda la orden), ricamente fabricado y abundante de documentos 
bien ordenados, la curiosidad de saber su calidad y antigüedad me estimuló para regis- 
trarlos y observarlos atentamente. Empecé luego á hacer algunos apuntamientos, con 
la única idea de poder publicar alguna noticia del archivo para que á los literatos que 
piensen ilustrar la historia de la nación, pudieran ser útiles sus documentos... Esta 
empresa apenas empezada me conduxo á otra; porque habiendo hallado en los prime- 
ros caxones del archivo una serie de documentos bien arreglados, con la que á su pri- 
mera vista se me ofreció, que podrían ilustrarse las preeminencias y dignidad de dicho 
convento, adopté el pensamiento de hacer esta ilustración.» Preeminencias (pág.5). 

Aquí tenemos ya indicadas dos obras: La descripción del archivo 
general de Uclés, que va en forma de carta, firmada en el Horcajo á 10 de 
Octubre de 1799, y el opiisculo sobre las preeminencias del mismo con- 
vento, redactado luego en Cartagena (2). Á más de esto, con datos saca- 
dos de Uclés, y notas que le proporcionaron sus amigos, sobre todo el 
fiscal de Indias Cistue, acabó la Primitiva población de América y el 
Hombre en Religión (Preeminencias, pág. 4); continuó la publicación de 
sus obras ya empezadas y recogió nuevos datos para nuevos tratados. 

Á esta actividad literaria, que ponía en temor de su salud á los ami- 
gos, agregó Hervás la visita á las excavaciones de Cabeza del Griego (3). 



(1) Ya antes, durante su primera permanencia en España, había ordenado la biblio- 
teca de Uclés, Historia, II, 76; y procurado, no sé si con efecto, enriquecerla estando 
ya en Roma. «Podías escribir, decía á su primo en 18 de Julio de 1792, en mi nombre al 
Sr. Prior del Convento de Uclés, cuya librería yo formé, díciéndole que en Roma 
actualmente se vende, quizá por 12.000 pesos fuertes, la mejor Hbrería histórica de Italia; 
que si los Señores Canónigos de Uclés se determinaran á comprarla, lograrían una 
librería que les haría honor en toda España...; yo podría tratar el negocio.» 

(2) El ejemplar que utilizo de este libro lo debemos á D. Miguel Delgado y Torri- 
jos, capellán de las Trinitarias del Toboso, que generosamente lo regaló para nuestra 
biblioteca. 

(3) Un conciso resumen de las excavaciones hechas en diversas épocas puede 
leerse en Hübner, Corpus inscriptionum, II, páginas 419, 944; Svpplementum (Berolini, 
1897), números 180-189. Para pormenores es preciso consultar los autores que Hübner 
diligentemente cita, y sobre todo las comunicaciones del P. F. Fita, S. J., y otros Aca- 
démicos, hechas á la Academia de la Historia, Boletín, \, 134; XIII, 353, 394; XV, 107, 160; 
XIX, 521; XX, 521, 634; XXI, 137, 250, 479; XXXIV, 158. 

Al dar en la segunda parte cuenta del libro de Hervás, indicaré las cuestiones sus- 
citadas sobre la identificación de Cabeza del Griego con diversas ciudades antiguas. 



322 LORENZO HERVÁS 

< Apenas, dice Hervás (Preeminencias, pág. 42), llegado yo de Italia á la villa del 
Orcajo, el Sr. D. Jácome Capistrano de Moya, dignísimo cura de un lugar vecino 
llamado Fuenta, me favoreció con la noticia, que en Alcalá el 1792 había publicado, de 
las excavaciones hechas en el cerro llamado Cabeza del Griego... Con sumo placer 
leí la dicha noticia en que su autor, no solamente procuró informarse de los descubri- 
mientos hechos en las diversas excavaciones, mas también fué á observarlos atenta- 
mente y de ellos publicó relación, en que acertadísimamente, á mi parecer, estableció, 
que las ruinas descubiertas eran de Segóbriga, capital de la Celtiberia y ciudad epis- 
copal. Estas noticias de una ciudad descubierta á legua y madia de mi domicilio excitó 
verdaderamente mi curiosidad y deseo de observar las ruinas descubiertas; y esperaba 
ocasión de conocer alguno de los que habían cuidado de su descubrimiento y recogido 
las antigüedades trasportables... quando convidado por monseñor Tamayo para estar 
en su compañía un par de semanas en Uclés, pasé á disfrutar su favor con mi compa- 
ñero favorecedor el Sr. Tomás Bernad y Barreda, y luego que llegué, el dicho monse- 
ñor manifestó su deseo de que yo con mi compañero fuese á observar las dichas 
ruinas con toda comodidad, y para que yo en pocas horas pudiera adelantar en la 
observación de sus antigüedades había escrito á la persona más instruida en ellas para 
que desde Uclés me acompañase, como en efecto lo hizo esta persona, que es el 
Sr. D. Juan Palero, natura! de Saelices, el qual, unido con monseñor Tavira, actual 
Obispo de Salamanca, con D. Bernardo Cosío, cura de Saelices, y con D. Vicente 
Martínez, había hecho las excavaciones, á que se debe todo lo que hasta ahora se ve 
descubierto.» 

Siguen sus propias observaciones y las deducciones, que ocupan 
la segunda y tercera parte del libro de las preeminencias de Uclés. 

Estos juicios encontraron un brioso impugnador en Masdeu (Histo- 
ria critica, XX, 451); á quien Hervás contestó en la Celtiberia, Cf. Caba- 
llero, páginas 59, 112, 161. 

De la estancia de Hervás en Cuenca bien pocas noticias ciertas nos 
han quedado, fuera de la gratísima memoria del Deán de su Catedral, 
Juan José Tenajas Franco, que con el más acendrado cariño le hos- 
pedó (1). 

Dice Caballero (pág. 60) que se ocupó en arreglar la biblioteca del 
Seminario de San Julián, en reconocer el archivo de la Catedral y del 
Ayuntamiento, y hasta que hay «indicios... de que el limo. Palafox con- 
fiase al Abate la formación de un plan de estudios para el referido Semi- 
nario conciliar, y si en efecto tuvo parte en el arreglo y en la elección 
de profesores, alguna gloria le cabría por el estado próspero que enton- 
ces tuvo el Colegio, donde habían brillado los Pezuela, Quintano, Man- 
rique y Montón, y se distinguieron después los Aróstegui, Page, Domín- 
guez y otros catedráticos, no muy jesuítas por cierto». 

De todo esto, entre los documentos conservados hoy, hay alguna 
razón para lo referente á la biblioteca por dos cartas de Gonzalo de 
Parada y Cano, de 5 de Agosto y 2 de Septiembre; para lo demás una sola 
frase de Francisco Moreno, escrita desde Valencia en 14 de Febrero: 



(1) Cinco cartas conservamos; la primera, de 14 de Enero de 1800, rebosa en el más 
puro amor á la extinguida Compañía de Jesús, para el Deán tan amada y tan presente 
como antes de la extinción. 



LORENZO HERVÁS 323 

«Oygo que es usted deseado en Cuenca para reforma de estudios y 
biblioteca.» 

Quizá dispuso Caballero de otros datos, quizá se atrevió á fundar 
sus afirmaciones ó sospechas sobre tan flaco cimiento. 

7. Queda sólo, para dar por terminado el tercer período de la vida 
de Lorenzo Hervás, apuntar algunas tentativas, con que varios de sus 
amigos procuraron sacarle de su retiro, colocarlo en un medio apto para 
una vida estudiosa, que era la propia del abate, asegurar económica- 
mente su existencia, ó, por fin, valerse de sus conocimientos y aptitudes 
nada vulgares, pues aunque esos planes se frustraron, manifiestan el 
interés, que había despertado la persona de Hervás en un círculo no 
estrecho de personas. 

Quien haya leído el Catálogo, v. gr., de Hervás, habrá visto la excep- 
cional importancia que atribuye al vascuence; con esto, su persona había 
de ser bien quista á los que tenían esa lengua por propia. «El P. Her- 
vás, escribe José de Iturriaga á Juan de Leyza, á 6 de Mayo de 1799, 
el P. Hervás es acreedor al eterno reconocimiento de todo buen bas- 
congado.» Pronto los que en el siglo XVIII se interesaban por los estu- 
dios vascos quisieron entrar en correspondencia con el abate. «Mucho 
celebro, escribía desde Durango Antonio María de Letona el 22 de Julio 
del 99, haia tomado Vmd. correspondencia con el Sr. Campos..., pero no 
celebraría menos, para mejor satisfacer sus ideas literarias, el que se 
correspondiese Vmd. con un beneficiado de este pueblo llamado D. Pa- 
blo de Astarloa..., pues creo que ni el P. Larramendi, que es el patriota 
por excelencia que ha tenido este país, ha llegado á profundizar nuestro 
desnaturalizado bello idioma, como lo hará ver antes de mucho... El 
Sr. Iturriaga, director del Colegio de Vergara, amigo mío, también es 
uno de los literatos de la Sociedad Bascongada y ha hacreditado en 
varias poesías vascongadas tener una inteligencia grande en este idio- 
ma; ¿y cómo dejaré de citarle á Vmd. el bien querido discípulo de nues- 
tro P. Pou, el Sr. Moguel, cura de Marquina, que, por su delicada inteli- 
gencia en el idioma y conocimientos históricos, es de los sujetos que 
más pueden contribuir á satisfacer las miras de Vmd?». 

Entró, en efecto, Hervás en correspondencia con esos literatos, y 
cooperó, según veremos en la segunda parte, á sus estudios con sus 
observaciones. 

Tras esto era natural desearan hablarse. «El Gran Patriarca San 
Ignacio... le espera á Vmd. con los brazos abiertos en la próxima 
primavera, y tanto en casa del Sr. Leiza como en la mía hallará Vmd. 
hospitalidad amorosa y verdadera. 

» Salud y bendición ignaciana, y cuente con este...— /ose Antonio de 
Campos.» (26 de Septiembre de 1799.) 

Del mismo son aquellas frases tan graciosas con que responde á las 
dificultades propuestas por Hervás para su viaje, dificultades cuya 



324 LORENZO HERVÁS 

fuerza quizá Campos no llegó á entender del todo, como tampoco Her- 
vás el valor de la respuesta. 

«Díceme Vmd. que s¡ Abadiano fuese un Pays de Livros útiles vendría á buscarlos, 
pero no encuentra este Pays en España. No tenemos aquí livros, es cierto; sí Monta- 
ñas pobladas, ríos con cascadas naturales. Praderas placenteras, arboledas amenas que 
prestan un campo delicioso para el entretenimiento de un talento bien sentado. No 
todo ha de ser trabajar, escrivir y formar tomos. El mejor estudio es el de tratar con 
moderación sobre el método de conservar la salud y alargar los días para emplearlos 
en la tranquilidad. No tenemos livros, repito otra vez, pero tenemos una cosita que 
pasa sobre todos ellos, y que á Vmd. debe conmover su vista más que la lectura de 
todos los livrotes que cosen y descosen los hombres. ¿Y qué cosita es ésta que debe 
causar tanto agrado? San Ignacio de Loyola, el Patriarca Padre de todos y aun de 
Vmd., que como hijo adoptivo suio debe venir á visitarlo en su hermosa casa natal, 
que sola ella á un escriptor dará materiales abundantes. Todo el verano es aquí una 
primavera tirada, y en cualquiera tiempo se puede venir á este Pays, en donde hallará 
marcialidad y agrado» (1). 

Empeñáronse además los vascongados en llevar á Hervás á Vergara 
como director del Seminario, aunque no lo pudieron conseguir (2), 

Otros procuraron, también sin resultado, fuera al Escorial. «Algu- 
nos sujetos de este monasterio [de San Lorenzo] desearían que Vmd. 
viniera á residir en él, para el estudio de las lenguas...; han dado algunos 
pasos con el Ministro de Estado; pero antes de pasar adelante deseamos 
todos saber la voluntad de Vm...; Vm. piénselo y avíseme lo que deter- 
mine para hacer mis diligencias para una cosa que desearía se lograse, 
pues tendría assí el gran gusto de disfrutar la compañía de Vm. y 
desde aquí sería más fácil la licencia para estar en Madrid.» (Carta del 
Duque de Montemar, á l.°de Diciembre de 1799.) 

Donde era Hervás deseado con especial empeño era en Valencia, y 
ese viaje mirábalo él mismo con agrado. Tenemos de eso cartas de 
Masdeu (8 de Noviembre de 1799), de Manuel Mahamud (1.° de Febrero 
de 1800), de Luis Gonzaga Valls (5 de Julio) y, sobre todo, de Eximeno, 
aunque éste, tocando con la mano las dificultades del alojamiento, le 
encargaba tener paciencia é ir con tiento (3). 

Lorenzo Hervás, sin embargo, no fué á Loyola, ni á Vergara, ni al 
Escorial, ni á Valencia; sino á Cartagena, pues de nuevo la real orden 
de 15 de Marzo de 1801 expulsaba á los ex-jesuítas á Italia. 

E. Portillo. 
(Continuará.) 

(1) Al fin del tomo de Cartas consérvase la patente de Hervás como miembro de la 
Real Sociedad Bascongada de los Amigos del Pais, firmada en Bilbao á 1.° de Octubre 
de 1805. 

(2) Véase una de JVlanuel María de Acedo, Vergara, 19 de Febrero de 1801, de la que 
conviene notar algunas líneas, pues descubren «los grandes deseos que siempre viven 
en mi corazón de que sujetos tan propios para la educación como los que se hallan 
entre los jesuítas entrasen en este Seminario á descargarnos y consolarnos á los socios 
con la más perfecta que sin duda lograríamos por medio de ellos». 

(3) Es digna de leerse una carta de Eximeno, de 19 de Abril de 1800. 



El método histórico en la interpretación 

de los Evangelios sinópticos. 



€, 



,L criterio fundamental que debe presidir á la investigación herme- 
néutica sobre los Evangelios descansa, como en su base imprescindible, 
en el conocimiento exacto del argumento de esos libros. Si la natura- 
leza del argumento que constituye el objeto de los Evangelios es bien 
conocida del intérprete; si posee nociones precisas sobre la índole y 
caracteres de la historia evangélica, tendrá en su mano la clave para 
descifrar con acierto los enigmas encerrados en ella; por el contrario, 
si esa naturaleza y esos caracteres le son desconocidos, las soluciones 
del problema ó de los problemas evangélicos no podrán ser acertadas. 
Ahora bien; para conocer con exactitud esa índole, preciso es poseer 
nociones exactas sobre el verdadero origen histórico y sobre los facto- 
res que concurrieron á plantear y desenvolver el argumento de las 
narraciones evangélicas. El cristianismo es un hecho histórico que 
•comenzó á existir en el mundo en una época determinada, y merced al 
impulso de determinados agentes. Y bien; ¿cómo tuvo lugar el grande 
hecho histórico de la aparición del cristianismo? ¿quién lo creó? ¿qué 
agentes tomaron parte en su desarrollo? ¿cuál fué la forma en que llegó 
á su consumación, ó lo que es lo mismo, por qué pasos alcanzó su 
complemento y forma definitiva? 

¿Fué la obra de una elabor<^ción lenta y progresiva, en la que toma- 
ron parte diversos agentes exclusivamente humanos, y aun diversas 
generaciones sucesivas, ó fué, por el contrario, el resultado de una reve- 
lación divina por razón de su autor y de sus principios, aunque trans- 
mitida por órganos humanos; una revelación simultánea y que se con- 
sumó en el brevísimo plazo de la predicación de un Dios-Hombre y la 
de sus Apóstoles, como enviados é intérpretes suyos? Claro es que 
según fuere la solución que diéremos á esta serie de problemas, así será 
también el criterio y el método que deberá presidir á nuestra interpreta- 
ción. Si el argumento contenido en las narraciones sinópticas es una 
revelación divina, comunicada al género humano por la predicación de 
Cristo y los Apóstoles, como simples intérpretes del mismo, no puede 
representar un conjunto de partes más ó menos coherentes que en su 
realidad objetiva sean la expresión de diferentes estadios en el desen- 
volvimienio de la ¡dea cristiana. Por lo mismo, no será lícito distinguir 
una serie de yacimientos que correspondan, respectivamente, á otros 

RAZÓN Y FE, lüMÜ XXVI 22 



326 EL MÉTODO HISTÓRICO EN LA INTERPRETACIÓN 

tantos esfuerzos creadores de un principio de acción meramente 
humano, progresivo y gradual. Pero si es obra de una evolución pura- 
mente humana, si en su desenvolvimiento han intervenido diversos agen- 
tes y diferentes generaciones, inspiradas sólo por el desarrollo esencial- 
mente sucesivo de cooperadores humanos, será indispensable distin- 
guir variedad de estadios sucesivos, expresión de un desenvolvimiento 
gradual en la mentalidad de las generaciones cristianas. 

I 

Si nos dirigimos al racionalismo radical para solicitar su opinión 
sobre tan complicado y trascendental problema, con el fin de fijar el 
método de interpretación que nos ha de conducir á la inteligencia plena 
y exacta del Evangelio, nos responderá, por boca de sus más distingui- 
dos representantes: el cristianismo primitivo, cuya expresión es el argu- 
mento contenido en nuestros Evangelios canónicos, sobre todo en los 
sinópticos, es el resultado de un desenvolvimiento gradual y sucesivo 
de la idea cristiana; y «sólo puede alcanzar una inteligencia recta de su 
contenido quien reconoce que este libro (el de los Evangelios y del 
Nuevo Testamento en general) es el producto de una época pasada 
hace largos siglos; de algunos espíritus privilegiados, pero humanos; y 
que, sujeto como todos los demás libros á las leyes de la evolución, 
nunca es inmejorable en la forma» (1). Ciñéndonos al argumento conte- 
nido en los Evangelios sinópticos, he aquí la exposición que Holtzmann 
hace de su origen y desarrollo. Comprende tres fases: bosquejo pri- 
mordial de Jesús-Mesías; agrupación metódica de materiales históricos 
en derredor de aquel bosquejo primitivo; realce ideal de la historia y 
personalidad de Jesús. 

1.° Bosquejo primordial de Jesús como Mesías.— Jesús de Nazaret 
no fué en realidad otra cosa que un Doctor ilustre que fundó una 
escuela reUgiosa, y cuyas máximas pasaron á sus discípulos bajo el 
título general de «Palabras del Señor». Pero entre esas palabras ó apo- 
tegmas de Jesús sobresalía una, que se grabó más profundamente en 
sus discípulos: «Yo soy»; es decir, Yo soy el prometido, el esperado, el 
Mesías. Jesús murió ignominiosamente, y sus discípulos, que, altamente 
impresionados con la dignidad mesiánica de su Maestro, no pudieron 
atribuir tal desenlace ni á sus desaciertos, ni á un abandono de parte 
de Dios, se persuadieron de que aquella muerte fué un sacrificio de 
expiación por los hombres, en recompensa del cual Dios resucitó á 
Jesús, es decir, le glorificó, haciéndole entrar en un estado glorioso, y le 
estableció ó constituyó Juez universal de vivos y muertos. «Muerto por 

(1) Jülicher, Die Geschichte des N. Test. p. 1. Sirve de Introducción á la obra de 
J. Weiss, Die Schrift. d. N. T., 2^ ed. Qottingen 1007. 



DE LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS 327 

nosotros; resucitado; Juez de vivos y muertos»: he aquí la imagen pri- 
mordial que los primeros discípulos de Jesús se trazaron sobre su Maes- 
tro, y la doctrina que profesaron acerca del Fundador de su religión. 

Tal es, en efecto, prosigue Holtzmann, la idea que de la persona de 
Jesús se halla en los documentos relativos á la época priiritiva de la 
religión cristiana. Léanse de extremo á extremo las Epístolas de San 
Pablo, primer monumento escrito de la literatura cristiana, donde natu- 
ralmente ha de reflejarse la concepción religiosa de la época, y nada se 
hallará en ellas que substancialmente salga de este cuadro. Para el 
Apóstol, la importancia de la personalidad de Jesús está cifrada en su 
muerte expiatoria; San Pablo no conoce más que á Jesús; y de Jesús, 
solamente su crucifixión, con la apoteosis y potestad judicial que se 
siguieron á la crucifixión, como recompensa de la misma (1). Hállase 
alguna que otra remisión á sentencias del Señor; pero «dónde, cuándo, 
cómo, de quién nació, cuál fué la duración de su vida, dónde predicó, 
todo esto lo desconoce el Apóstol» (2). 

2." Pronto, sin embargo, se hizo sentir la necesidad de una historia 
de Jesús. Ante todo, era menester reforzar bien el artículo de su muerte 
expiatoria. La ignominia de la Cruz era motivo de grave escándalo para 
los judíos; y si bien los primeros é inmediatos discípulos de Jesús 
habíanse sobrepuesto á esta dificultad con el concepto de la muerte 
expiatoria por disposición divina, estas ideas abstractas no eran sufi- 
cientes á tranquilizar todos los espíritus. De aquí resultó que tomándose 
por punto de partida la noción de la muerte expiatoria por disposición 
divina, se pasara á desenvolver el proceso natural de odio y obstinación 
de los judíos, la traición de Judas, los altercados de Jesús con los Doc- 
tores en los últimos días de su vida, como escalones sucesivos que, bajo 
la permisión divina, fueron los causantes humanos que dieron por resul- 
tado la catástrofe de la Cruz. He aquí el primer ensayo de una historia 
de la vida de Jesús. Ninguna sección de la historia evangélica está expli- 
cada con tanta uniformidad, con tan grande extensión ni con tan pun- 
tual exactitud cronológica como la de la última semana de la vida del 
Señor, señal patente del conato y diligencia con que desde los primeros 
principios se elaboró ese fragmento; y mientras un gran número de 
reminiscencias sobre el resto de su existencia vagaban fluctuando en un 
caos confuso sin centro de orientación, el relato de la pasión estaba ya 
terminado y fijo con perfecta exactitud. 

Era natural, sin embargo, que los cristianos desearan poseer ulterio- 



(1) «Non judicavi me scire aliquid nisi Jesum Christum et hunc crucifixum.» (1." Cor., 
2, 2.) «Humiliavit semetipsum factus obedíens usque ad mortem, mortem autefn crucis. 
Propter quod et Deus exaltavit illum.» (Fiiip., 2,8.) «Judicaturus est orbem terrarum in 
aequitate in viro, in quo statuit, fidem praebens ómnibus, suscitans illum a mortuis.» 
<Act. apost., 17, 31.) 

(2) Holtzmann, Die Synoptiker, pág 23. 



328 EL MÉTODO HISTÓRICO EN LA INTERPRETACIÓN 

res noticias bien ordenadas sobre el ministerio completo de Jesús; y á 
esta demanda de las muchedumbres satisfizo la oferta de los predicado- 
res, primero orientando con relación á la pasión y muerte otros recuer- 
dos que vagaban dispersos; y después, añadiendo á esas noticias nuevos 
materiales biográficos. Con respecto al primer punto, aquellos hechos 6 
discursos que no denunciaban oposición ni conflictos de Jesús con los 
jefes de la Sinagoga, ni resoluciones tomadas en previsión de una ruptura 
con el judaismo, fueron agrupados al principio de su predicación. Así se 
hizo, V. gr., con el sermón del monte, las Parábolas, la primera misión 
de los Apóstoles. Por el contrario, á los altercados con fariseos y sadu- 
ceos, á las predicciones de la ruina de Jerusalén, á las instrucciones más 
íntimas y especiales con los discípulos, como expresión del proyecta 
concebido por Jesús de rodearse de una agrupación adicta en sustitución 
al judaismo rebelde, se les señaló lugar inmediato antes del desenlace. 
Por lo que toca á la adición de nuevos materiales, en parte fué efecta 
de la creciente distancia cronológica á la época de la vida de Jesús con 
la muerte de los Apóstoles, y en parte resultó de haber atravesado el 
Evangelio las fronteras del judaismo, pasando desde el ambiente de éste 
al del helenismo. 

Contribuyó en alto grado á facilitar esta agrupación ordenada del 
argumento evangélico la circunstancia de haber tenido lugar por enton- 
ces la redacción escrita del Evangelio, conservado hasta aquella fecha 
en solo la tradición oral, ó en relatos monográficos aislados y de breví- 
sima extensión. 

3.° Pero no podía quedar aún terminada la obra de elaboración de 
la idea cristiana: el interés de la fe no estaba satisfecho y reclamaba 
mayor elevación, mayores excelencias para la persona de su Mesías. 
También en esta fase, como en la elaboración de la historia, dio princi- 
pio la tarea por la muerte de Jesús. No obstante la exposición histórica 
de las causas humanas que condujeron á aquel desenlace, el sucesa 
mismo, por lo que tocaba á Jesús y á la providencia divina para con su 
persona, no quedaba suficientemente al abrigo de todo reparo; y el 
escándalo de la Cruz continuaba siendo una pesadilla molesta para el 
dogma. 

Verdad era que se había allanado la dificultad por parte de las cau- 
sas humanas que preparaban la catástrofe, y se añadía también que 
había intervenido una permisión providencial que dejó obrar á aquéllas 
para que se realizara el consejo divino; pero, ¿por qué había Dios de 
haber abandonado á Jesús á una muerte tan ignominiosa? ¿Por qué no 
le había Ubrado de manos de unos enemigos que le calumniaban como 
á escandaloso, malhechor y blasfemo, con peligro de que prevaleciera 
imputación tan injuriosa á su honra? Á obviar esta grave dificultad vino 
la aplicación á Jesús de aquellos pasajes del Antiguo Testamento, como 
el Salmo 21 y el capítulo Lili de Isaías, que presentan a\ Justo y al Siervo 



DE LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS 329 

de Jehová sufriendo por disposición divina imputaciones parecidas, 
siendo tenido por gusano de la tierra, oprobio de los hombres, el último 
de ellos, herido y humillado por el mismo Dios en expiación de los peca- 
dos de la humanidad. No es, pues, indigno de la santidad de un varón de 
Dios morir afrentosamente á manos de sus enemigos; ni desdice de los 
atributos divinos permitir esa muerte. Pues bien; el Salmo 21 y el capí- 
tulo Lili de Isaías no son más que una predicción profética de las igno- 
minias y muerte de Jesús; el cual, como Redentor del mundo, se somete 
bajo las órdenes de su Padre á la muerte ignominiosa de Cruz. 

Una vez realzada á ideal tan sublime la muerte de Jesús, era natural 
que esa misma luz de la fe, que había proyectado sus rayos sobre el 
punto culminante de la historia del crucificado, los proyectara igualmente 
por orden sucesivo sobre los demás períodos anteriores de su vida hasta 
el bautismo, y aun hasta su nacimiento y concepción. Á impulsos, pues, 
de ese espíritu fueron exornándose los discursos de Jesús y los hechos de 
su vida con pasajes del Antiguo Testamento que ofrecían alguna analo- 
gía, siquiera fuese ligera, con aquellos sucesos. 

Según lo expuesto, los Evangelios sinópticos representan un con- 
junto donde se mezclan lo histórico y lo fabuloso; y la tarea del intér- 
prete consiste en deslindar cuidadosamente entre sí ambos elementos, 
para dar á cada sección el valor que le corresponde, no tomando por 
historia real lo que no pasa de ser el resultado de un cálculo dogmático 
ó el producto de una especulación inspirada por el pensamiento y con- 
cepción poética. Debe tenerse presente que los judíos de aquella época 
vivían del recuerdo de su pasado; y sobre todo preponderaba en ellos 
el axioma de que el Mesías había, no sólo de cumplir, sino de sobrepu- 
jar cuanto de noble y grande ejecutaron los héroes del Antiguo Testa- 
mento, en especial Moisés y Elias. De ahí el atribuirse en los Evangelios 
á Jesús prodigios análogos á los de aquellos ilustres varones. Tales son 
los principios y tal el método que con arreglo á los mismos debe, en 
sentir de Holtzmann, seguir el intérprete que desee poseer nociones pre- 
cisas sobre cada sección evangélica y sobre su conjunto (1). 



• 11 

Tal es ^{método histórico, preconizado hoy con tan desmedidos enco- 
mios en todas las esferas donde, ó se profesa la crítica heterodoxa, ó se 



(1) Holtzmann, Die Synopüker, páginas 23-29. Idéntico criterio sigue Juan Weiss; y 
coino estos exégetas discurren los más renombrados críticos del Protestantismo con- 
temporáneo. Por lo demás, esta ordenación sistemática de la Vida de Jesús no es de 
hoy: puede leerse ya en Strauss. En repetidas ocasiones hemos hecho notar la huella 
profundísima que Strauss ha dejado en el Protestantismo. 



330 EL MÉTODO HISTÓRICO EN LA INTERPRETACIÓN 

la mira con simpatía y admiración (1); y el motivo de darse al método el 
calificativo de histórico, es porque en opinión de sus patronos y panegi- 
ristas, sólo él se adapta á la historia real del cristianismo en sus prime- 
ros orígenes. Entre los católicos, ó que llevan el nombre de tales, la 
agrupación llamada modernista acepta sin reserva la teoría tal cual la 
proponen los portaestandartes de la heterodoxia; y sólo algunos que de 
buena fe, aunque no sin graves inquietudes, quieren pasar por ortodoxos, 
la revisten de un barniz de sobrenaturalismo á su modo, pero que no 
alcanza á modificarla en su fondo. La exégesis toda del abate Loisy en 
sus volúmenes sobre los Evangelios está fundada en esta teoría; y no se 
recata de reconocerlo explícitamente, exponiendo sus principios exegé- 
ticos en términos muy parecidos á los de Holtzmann; si bien no analiza 
ni distingue con precisión las tres fases que hemos visto propuestas por 
aquel crítico, reduciéndolas más bien á solas dos, ó hablando de la se- 
gunda y tercera como si sólo formaran una. Con respecto á la primera, 
en nada se diferencia Loisy del profesor de Strasburg. 

Exponiendo el crítico francés «el carácter y desenvolvimiento de la 
tradición evangélica» (esdecir, del argumento contenido en los Evangelios 
sinópticos), después de hacer notar, como Holtzmann, el estupor de los 
Apóstoles á la muerte inopinada é ignominiosa de Jesús, y cómo su fe 
logró superar prueba tan terrible con la persuasión del triunfo de su 
Maestro; pasando á explanar la situación del cristianismo naciente al dar 
principio la predicación apostólica, dice: «demostrar que Jesús, aunque 
muerto en la Cruz, no dejaba de ser el Mesías, era la tarea que se impo- 
nía á sus discípulos»; y como prueba patente de este primer estadio de 
la fe cristiana, propone, lo mismo que Holtzmann, los escritos de San 
Pablo. «Si el pensamiento de Pablo, dice, gira en derredor de la pasión 
y de la resurrección de Jesús para hacer de ella el centro de la teología 
cristiana, es porque este punto formaba ya el centro de la predicación 
apostólica... Era preciso demostrar que la muerte y la resurrección de 
Jesús, á quien se llamaba Mesías, entraba en la economía de los desig- 
nios providenciales sobre el Mesías» (2). 

En el desarrollo de la idea cristiana que se siguió á este primer esta- 
dio, hemos visto á Holtzmann distinguir dos fases: una que se afana por 
la formación y orientación de la historia de Jesús; otra ulterior, que se 
ocupa en idealizar su persona y su vida, mediante la aplicación de los 
vaticinios mesiánicos á una y otra. Loisy reduce ambas fases á una sola; 



(1) Como, V, gr., entre profesores ó intelectuales de toda laya, sin conocimiento al- 
guno de los problemas biblifos, y para quienes todo lo que sea alzarse en rebelión 
contra la Iglesia, es ciencia, cultura, progreso. Acabamos de leer, v. gr., que el Rector de 
la Universidad de Salamanca se adhiere á la nueva Revista modernista internacionc /• 
(L' Italie, n." 6 de Febrero.) 

<2) Les Évangiles Synoptiques, 1. 1, pág. 176. 



DE LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS 331 

y desde la descrita en los pasajes que hemos citado, pasa inmediata- 
mente á la idealización. «Era completamente natural, dice en la pág. 184, 
que se anticipase esta gloria (la de la resurrección ó glorificación de 
Jesús, consecuencia de su muerte) en la carrera terrestre del Salvador, 
que se pretendiera demostrar á Cristo por su vida, no solamente por las 
consecuencias de su muerte... De este modo los recuerdos primitivos se 
idealizaron, tomaron un color mesiánico, se completaron.» Es decir que 
Loisy, una vez obtenida en los Apóstoles y propagada entre los fieles la 
idea de la resurrección ó glorificación de jesús, pasa desde luego, omi- 
tiendo detalles sobre la formación de su historia humana, á la idealiza- 
ción de los hechos de su vida. La diferencia es accidental, y consiste, no 
en la substancia del proceso evolutivo, sino en el número de sus fases. 
Por lo demás, Loisy no se preocupa poco ni mucho por dar á su sistema 
tinte alguno de sobrenaturalismo como lo había hecho en su opúsculo 
El Evangelio y la Iglesia; habla con la misma desenvoltura con que lo 
hacen Holtzmann, Juan Weiss, Jülicher y otros semejantes. Publicada la 
obra de donde hemos tomado estas citas después de la solemne excomu- 
nión fulminada contra él, cesaban ya los motivos de honestidad pública 
que antes de 1907 le hacían ocultar con el velo, bien que nada disimu- 
lado, de la protesta sus verdaderos sentimientos. 

Otros, sin embargo, según se apuntó, para dar á la teoría una apa- 
riencia de sobrenaturalismo que la presentara como conciliable con la 
doctrina revelada, se han afanado por revestirla de formas sobrenatura- 
listas, presentando bajo fórmulas ortodoxas una concepción á todas luces 
heterodoxa. Para Holtzmann no existe revelación ni inspiración divina, 
ni asenso de fe; para estos modernistas, sí. Según ellos, las nociones reli- 
giosas sobre Dios, sus atributos, su elevación por encima de la criatura, 
están grabados en el fondo de la naturaleza humana y existen en estado 
latente en la subconciencia, es decir, bajo una forma de aprensión vaga, 
de imprecisión, y sobre todo, no poseídas, propiamente hablando, por la 
razón. Mas cuando al impulso de las experiencias del sentimiento religioso 
excitado por fenómenos externos de ese orden, despiertan aquellas 
nociones y se actúan en una serie de formas concretas y enlazadas entre 
sí para ser poseídas, vividas intelectual y religiosamente en las esferas 
lúcidas de la conciencia explícita, constituyen una verdadera revelacióa 
divina, á la cual corresponde de parte de la conciencia la adhesión de fe. 
En efecto, quien entonces se manifiesta á la conciencia, dicen, es el mismo 
Dios, y la conciencia recíprocamente presta su adhesión á una revelación 
divina: he aquí, de un lado, la revelación; de otro la fe. Esto sucede pun- 
tualmente en la serie sucesiva de fases en la evolución de la idea cris- 
tiana. Cierto que entre los primeros hechos históricos ó las primeras 
condiciones que excitaron la serie de experiencias cristianas (el Cristo 
de la historia), y el resultado colectivo de la elaboración religiosa de 
aquellos elementos primitivos (el Cristo de la fe), existe una distancia 



332 EL MÉTODO HISTÓRICO EN LA INTERPRETACIÓN 

inconmensurable, que únicamente el poder maravilloso de la fe puede 
salvar: pero «desde el punto de vista ontológico, en el Cristo de la his- 
toria estaban encerrados aquellos valores éticos y aquellos significados 
religiosos que la conciencia cristiana ha ido contemplando lentamen- 
te» (1); porque «la fe nada crea, sino sólo descubre^ (2), y sólo cambia 
el objeto «desde el punto de vista cognoscitivo» (3). Así, pues, concluyen, 
en el desenvolvimiento del cristianismo, como lo entiende y propone la 
ciencia, y lo acepta la religión moderna, descubrimos una revelación 
objetiva, ó un conjunto de objetos revelados pertenecientes al orden 
divino, un acto ó serie de actos reveladores también divinos, es decir, 
cuyo principio es Dios, y una adhesión intelectual y afectiva á esos 
objetos: la fe. 

La simple exposición del sistema racionalista y del propuesto por la 
agrupación llamada modernista, hace ver desde luego que el segundo 
sólo difiere del primero en la nomenclatura con que denomina algunos 
de sus elementos, y sobre todo en el ropaje de sobrenaturalismo teoló- 
gico de que ha procurado revestir su teoría; pero en la realidad del con- 
junto y ios detalles, la diferencia entre uno y otro es completamente 
nula. El mismo fundamento histórico, la misma evolución, el mismo ca- 
rácter puramente subjetivo y psicológico del argumento evangélico, los 
mismos agentes, los mismos resultados constituyen é integran la esencia 
de ambos sistemas. Y bien; ¿qué fundamento de verdad histórica y cien- 
tífica ofrecen tales teorías á los ojos de un crítico imparcial, que no 
paga tributo á hipótesis aéreas, ni pierde de vista el objeto de cuya 
explicación científica se trata? 

ni 

No es fácil reducir á número y orden el cúmulo de absurdos que 
envuelve ó en que incurre el sistema sobre el cual descansa este método 
histórico, ya en las nociones falsas que presupone como ciertas y axio- 
máticas antes de dar principio á la construcción de la teoría, ya al 
desenvolver el sistema en cada una de sus fases. Empezando por las 
nociones que supone, da como axiomáticas en el orden filosófico, en el 
orden dogmático y en el orden histórico aserciones que son simples pos- 
tulados de la ciencia racionalista, demostrados falsos por la verdadera 
ciencia. En el orden filosófico supone como indudable: 1.", que lo sobre- 
natural ni existe, ni puede existir; sobre todo, el milagro y la revelación 
sobrenatural. La teoría racionalista, fundamento del método histórico, 
se apoya en el supuesto de que la religión sobrenatural ni existe ni 



<1) Programme-Risp., pág. 114. 

<2) Ibíd. 

(3) Ibid., pág. n5. 



DE LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS 333 

puede existir, y bajo esa suposición construye la fábrica de la religión 
cristiana, deduciéndola de principios y agentes puramente naturales; 
porque en la concepción racionalista el Cristo de la historia, punto de 
arranque de la evolución cristiana, ni en su ser, ni en su predicación, ni 
en sus obras, propuso al mundo nada que excediese los límites de la rea- 
lidad natural; y el Cristo de la fe es, en su totalidad, una pura creación 
de la mente humana. Y bien; ¿en qué fundamentos sólidos apoya el 
racionalismo la negación de la sobrenaturalidad en general, y en espe- 
cial la del milagro y revelación divina? ¿No son ambas un corolario obvio 
de la simple existencia de Dios? Y esta existencia, á su vez, ¿no es una 
verdad demostrada con argumentos de evidencia palmaria? 

Supone, 2", que el dogma cristiano ha estado sujeto á la ley de la 
evolución; porque el racionalismo discurre así: siendo la religión pura- 
mente natural, sólo se diferencia de la ciencia por razón de su objeto; por 
cuanto el objeto de la religión es Dios y las cosas divinas; no por razón 
del principio cognoscitivo, que es la inteligencia humana, sin auxilio 
alguno de luz reveladora sobrenatural que no existe. Y como la razón 
en su desenvolvimiento está sujeta á la ley del progreso, pues no abraza 
desde luego todo el ámbito de su jurisdicción, sino que le va recorriendo 
lentamente y por grados sucesivos, lo mismo debe suceder en el campo 
de la religión. Pero siendo falso que la religión cristiana sea natural y 
objeto de una especulación humana, cae por su base el supuesto del 
racionalismo. La religión cristiana es sobrenatural, es decir, comunicada 
por una revelación sobrenatural de Dios, y cuyos artículos no son ni 
pueden ser resultado del razonamiento. Por lo mismo, su adquisición por 
parte del hombre depende exclusivamente del modo y economía obser- 
vada por Dios en comunicar al mundo la revelación cristiana. Pues bien; 
esa economía consistió en la enseñanza de Jesucristo á los Apóstoles, 
y en la acción ilustradora del Espíritu Santo sobre los mismos para que 
éstos, en nombre de su Maestro, comunicaran al mundo aquella enseñanza. 
La revelación cristiana se terminó, pues, en su fondo y en su comple- 
mento, en solos los Apóstoles; y pasada la edad apostólica, terminóse 
también el período de su planteamiento en el mundo. Con respecto á la 
religión natural, preámbulo para la revelada, era perfectamente cono- 
cida del pueblo judío en tiempo de Jesucristo, y había recibido notables 
desarrollos en la revelación mosaica. No hay, pues, razón alguna para 
exigir una serie de siglos á fin de explicar el conjunto de verdades reli- 
giosas contenidas, no ya sólo en los Evangelios sinópticos, mas ni aun 
en la totalidad del Nuevo Testamento. 

En el orden dogmático supone que las nociones religiosas, tanto de 
la religión en general, como en especial de la religión cristiana, ya con 
respecto á su objeto (los artículos de fe religiosa), ya con respecto á su 
manifestación activa (el acto revelador), ya con respecto á la adhesión 
de la mente (la fe), constan de elementos que tienen su ser y se realizan 



334 EL MÉTODO HISTÓRICO EN LA INTERPRETACIÓN 

dentro del ser del hombre y de sus facultades, sin otra dependencia del 
orden externo que la de los fenómenos que suministran, no la materia 
que es creación exclusiva de la inteligencia, sino sólo la condición, á 
cuyo contacto surgen, primero las experiencias y excitaciones del senti- 
miento, luego la labor activa de la mente. Todas estas suposiciones ne- 
cesita hacer y hace la teoría, tanto en la forma propuesta por el raciona- 
lismo radical, como en la mitigada del modernismo. Pues bien; todas 
ellas son falsas, gratuitas y absurdas. La revelación cristiana es objetiva 
y externa, no sólo en calidad de impulso ó de condición excitante para 
despertar y poner en acción elementos existentes dentro del sujeto, 
sino, primero, por razón del objeto revelado y del acto revelador; ele- 
mentos ambos externos é independientes del creyente, y segundo, aun 
con respecto á la fe en su ser subjetivo; por cuanto á la mente humana 
no le queda otra acción que la de aceptar reverente el objeto y el acto 
revelador, creyendo lo que Dios le revela y porque Dios se lo revela. 
Nada de creación ni total ni complementaria del objeto, nada de función 
reveladora, nada de adhesión á términos de elaboración propia. 

En el orden histórico necesita suponer y supone: 1.°, que los Evan- 
gelios no son auténticos, es decir, no son una obra de valor histórico 
objetivo, que represente la vida real, las enseñanzas y acciones reales 
de Cristo, y escrita por testigos competentes y verídicos de los sucesos 
narrados. Afirma, por el contrario, que en los Evangelios sólo debe 
buscarse el resultado de una elaboración gradual y sucesiva de la con- 
ciencia subjetiva cristiana. Mas, ¿cómo demuestra el racionalismo que 
los Evangelios no son una historia verídica, escrita por testigos compe- 
tentes que ni querían ni podían cometer un fraude? Suponiendo a priori 
la imposibilidad de lo sobrenatural y desechando arbitrariamente el testi- 
monio más calificado de un hecho histórico que se registra en los anales 
de la humanidad. No existe hecho ninguno en la historia del mundo que 
cuente en su favor con el apoyo de testigos, tantos en número y tan cali- 
ficados en información y probidad como la autenticidad de los Evange- 
lios y su veracidad histórica. Supone además, 2.", que los milagros no 
pueden ser objeto de un testimonio histórico, ya porque el milagro 
envuelve la anulación de las leyes de la naturaleza, ya porque el que 
se presenta como principal, que es la resurrección de Cristo, es un 
objeto de fe, y así aun en los mismos principios católicos no puede ser 
objeto de experiencia sensible. ¿Pero qué dificultad hay en que un 
hecho milagroso, v. gr., la resurrección de Lázaro, pudiera ser objeto de 
un testimonio por parte de los que lo presenciaron? El milagro, en su 
realidad objetiva, es un hecho del orden empírico, y así, perceptible, 
como cualquiera otro hecho experimental, por la experiencia sensible. 
Con respecto á su causa, los mismos sentidos, y la razón por su medio, 
pueden cerciorarse de que no es un agente natural. La oposición del 
efecto milagroso á las leyes naturales, ó la anulación del orden y curso 



DE LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS 335 

natural de los seres, sólo puede objetarla el que desconoce la naturaleza 
de esas leyes y el poder ó la Providencia divina. 

Por lo que toca á la resurrección de Jesucristo, una cosa es el hecho 
de la identidad del aparecido á los Apóstoles con su antiguo Maestro, de 
quien les constaba haber expirado en la Cruz, y otra la aplicación de 
aquel hecho experimental con su consecuencia inmediata á la persona 
del Hijo de Dios. La identidad es un hecho de evidencia sensible; su 
consecuencia inmediata, también del orden natural, era que Jesús había 
resucitado, pues no podía aparecerse vivo el que había muerto sino vol- 
viendo á la vida. Ni uno ni otro son objeto de fe, ni para los Apóstoles 
que lo palpaban con evidencia sensible é inmediata, ni para nosotros 
que lo sabemos con certidumbre moral é histórica, pero indudable, por 
el testimonio de los Apóstoles. Mas el artículo de la resurrección no es: 
«yo creo que este hombre es el mismo que el Maestro de los Apóstoles 
antes de la resurrección»; sino: «yo creo que este hombre resucitado es 
el Hijo de Dios»; ó lo que es lo mismo: «yo creo que el Hijo de Dios fué 
quien resucitó». No de otro modo se nos propone este artículo en el sím- 
bolo: «Creo en Jesucristo su único Hijo, el cual... resucitó de entre los 
muertos,» es decir, creo que el Hijo de Dios resucitó de entre los muer- 
tos. Y en la misma forma hace Tomás en el Cenáculo la profesión de su 
fe, sancionada luego por Cristo: «Señor mío y Dios mío» (eres tú, ó: yo 
creo que tú eres. Nótese que ambos nombres están en nominativo, no 
en vocativo): á cuya protestación responde Jesús: «Porque me viste, es 
decir, me palpaste; porque te cercioraste por el contacto de que soy tu 
Maestro de antes, has creído mi divinidad, y que el resucitado á quien 
contemplas es el Hijo de Dios.» Primero ve Tomás la resurrección, des- 
pués cree, y sin embargo, el argumento Aquiles de Loisy, y contra la 
realidad histórica de la resurrección, es el de que la resurrección de 
Jesús es objeto de fe. Pero hay más: excelentes católicos, y no cuales- 
quiera, sino instruidos, tienen sobre la materia ideas bastante confu- 
sas (1). 

L. MURILLC. 
(Concluirá.) 



(1) Lo dicho no impide que el hecho mismo de la resurreción puede ser objeto de 
fe en cuanto propuesto por el Evangelio escrito, reconocido como inspirado. Pero 
esto es cosa accidental, secundaria: la cuestión capital versa sobre la resurrección como 
objeto de fe aun para los mismos Apóstoles y en su concepto primario. 



Pslcologío experimental del corazón humano. 

(1°) 



Sumario: 1. El corazón humano: lo que da, lo que hace, lo que es. — Movimientos car- 
díacos normales y anormales.— 2, Vida de relación del corazón con el cerebro y con 
la vida afectiva. 



R< 



lO hay en el hombre órgano ni viscera que en el lenguaje del vulgo 
haya sido revestido de tanto idealismo como el corazón; ni hay en la 
Psicología experimental experiencias que tan vivamente interesen como 
las que expresan las relaciones psico-fisiológicas del corazón humano. 

Dejamos tiempo ha establecida y como cerrada la cuestión de legi- 
timidad ó de derecho, respecto de la mensurabilidad de los fenómenos 
psicológicos sensitivos. Problemas de actualidad ó de más actualidad, 
como el modernismo, la anexión de Bosnia y Herzegovina, el darwinismo 
y otros, nos han impedido tratar la cuestión de hecho, ó sea de las 
medidas en uso para apreciar y determinar el valor de dichos fenómenos. 
Pues bien, para probar con un hecho entre mil la mensurabihdad psico- 
lógica, nos fijaremos en los instrumentos y gráficas concernientes al 
corazón. Mas como estos instrumentos se aplican solamente al lado fisio- 
lógico, estableceremos primero la conexión que hallamos en el corazón 
entre lo fisiológico y lo psicológico, para que, conocida esta conexión, 
vengamos en conocimiento de la mensurabilidad. 

El fin, por tanto, de este artículo será exponer: 1." En qué consiste el 
corazón del hombre: tal será el aspecto anatómico-fisiológico del cora- 
zón, 2.° Cómo su acción repercute en el cerebro y viceversa: he ahí su 
primer punto de vista psicológico. 3.° Por qué y cómo el corazón es 
expresión de los afectos humanos: he ahí su segunda y más honda fase 
psicológica. 

I 

¿Qué es el corazón humano? Disponemos al parecer de un medio 
cómodo y sencillo para conocerlo. Cuando queremos tener noticias de 
una persona querida que vive en lejanas tierras, nos apresuramos á pre- 
guntar á los que de ellas han venido. La sangre viene de las regiones del 
corazón, viene de esas misteriosas playas. Interroguémosla. ¿Qué nos 
dice de esas lejanías? ¿Cuál es el perfume de sus brisas? ¿Cuáles las 
rayas y matices que en el espectro reflejan los rayos del sol que ilumina 



PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 337 

aquellas tierras? Pero ante todo fijémonos en la calidad del mismo per- 
sonaje que viene de las regiones cardíacas. 

Si analizamos la sangre que en cantidad suficiente brota de una 
herida, observaremos que se compone de dos partes: una, transparente, 
líquida, casi incolora, que sobrenada y se llama suero; otra, espesa, 
opaca, de un rojo oscuro, que ocupa el fondo y recibe el nombre de 
coágulo. Si, precisando más el análisis, la mantenemos á una temperatura 
bastante fría, notaremos que se divide en tres partes. La que flota en la 
parte superior es transparente, líquida, incolora, cuyo volumen es apro- 
ximadamente de unas 9/20 partes; la central es de color gris, muy con- 
sistente y ocupa 1/20 parte; la más baja, que reside en el fondo del reci- 
piente, es opaca, viscosa y rojo oscura, y viene á ser como la mitad del 
líquido total. ¿Qué nos dice todo esto del corazón? Nada. 

Si á la simple vista nada descubrimos en la sangre respecto del cora- 
zón, examinémosla al microscopio. Coloquemos entre dos láminas de 
vidrio una gota de sangre humana, y veremos cómo se extiende rápida- 
mente en todas direcciones, y cómo su espesor va disminuyendo hasta 
dejar pasar un haz de rayos luminosos. Si luego depositamos las láminas 
de vidrio sobre la platina del microscopio y dirigimos la visual para 
observar la gotita de sangre, descubriremos, nadando en medio de un 
líquido incoloro, una multitud de discos circulares, diminutos, como 
engarzados los unos en los otros, á guisa de mallas de una red de seda, 
ó, como dice un ilustre escritor, dispuestos como pilas de monedas sobre 
la mesa de un banquero. Estos discos, aunque no son esféricos, sino ver- 
daderos discos deprimidos por el centro y abultados por los bordes, son 
conocidos con el nombre áe glóbulos de la sangre. De ellos los hay— son 
los*más numerosos— que presentan un color anaranjado un poco bajo: 
son los glóbulos rojos; los hay que son de un blanco ligeramente opa- 
lado: son los glóbulos blancos. Vierordt, fisiólogo alemán, ha calculado 
en cinco millones el número de glóbulos contenidos en un milímetro 
cúbico de sangre. Welken añade que si todos los glóbulos que circulan 
en el cuerpo humano se colocasen extendidos, los unos junto á los otros, 
cubrirían una superficie de 2.816 metros cuadrados. Esto y poco más nos 
dice el microscopio. 

¿Nos revelará algo más la química? El análisis químico, por medio de 
procedimientos delicados, halla en la sangre muchos elementos, como 
son: agua, albúmina, fibrina, azúcar y materias grasas; ácidos, como el 
butírico, láctico, fórmico, etc.; sales de cal, de magnesia; gases, como 
el oxígeno, ázoe, ácido carbónico; es decir, los elementos que se 
encuentran en los músculos, en los huesos, en la pulpa nerviosa del 
cerebro, en los cabellos, uñas y en todo nuestro cuerpo. El análisis 
químico halla también en ella otro elemento, no de nutrición ni de fuer- 
za, pero sí de gracia y hermosura: la hemoglobina, principio colorante 
peculiar, de un rojo más subido y brillante que el del rubí, y que, extraído 



338 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 

de la sangre, cristaliza en formas geométricas de perfecta regularidad. 

Acudamos á la citología. El cuerpo del hombre en el primer mo- 
mento de su existencia es tan diminuto como rudimentario; se reduce á 
una célula con su centro, su núcleo y su envoltura, que se agranda y 
se multiplica para formar los músculos, los nervios y la armazón huesosa. 
Como toda célula tiene vida y funciona y trabaja, y trabajando se fatiga 
y desgasta, necesita alimento. Este alimento se lo proporciona la sangre: 
la sangre es la encargada de nutrirla, de reparar sus pérdidas y las de 
todo el organismo y de reconstituir sin cesar nuestro cuerpo. Y como la 
célula, es decir, la parte del organismo, está fija en su lugar y no puede 
ir á la sangre ni al corazón, la sangre irá á ella lanzada por el corazón, 
recorrerá toda la superficie interna del organismo y por innumerables 
canales penetrará en las más secretas profundidades de la célula. La 
sangre nutre generosamente á la célula, sin que de ésta reciba más que 
los residuos de la combustión del oxígeno, y se extenúa y se agota y se 
inficiona, y tiene necesidad de volver al corazón para purificarse y rege- 
nerarse, para lo cual está animada de un movimiento circulatorio. 

Y he aquí cómo el corazón, fisiológicamente considerado, es el 
órgano principal de la circulación de la sangre. En la economía animal 
no hay, después del aparato nervioso, un conjunto de órganos de tanta 
trascendencia como el aparato circulatorio de la sangre. Sabido es que 
si el corazón se para, siquiera sea por breves momentos, bien pronto 
sobreviene la muerte, y que esto mismo puede suceder cuando un obs- 
táculo notable se opone al libre curso de la sangre en un vaso de impor- 
tancia. Por otra parte, para que el organismo siga viviendo ha de haber 
entradas y salidas: entradas de oxígeno y principios nutritivos regene- 
radores; salidas de residuos que resultan de la destrucción de sustancia 
organizada. Ahora bien, estas entradas y salidas se verifican gracias á la 
sangre, que, circulando continuamente por un sistema de vasos, que se 
llama aparato circulatorio, toma de las células los excretas y los lanza á 
la superficie externa, recibiendo, en cambio, de ésta los principios nutri- 
tivos para irlos distribuyendo entre los elementos anatómicos. 

Acompañar á la sangre en su viaje circular á través del cuerpo, cosa 
grata sería, al par que instructiva; pero no hace á nuestro propósito. 
Baste decir (]ue, tanto en la circulación grande ó general como en la 
pequeña ó pulmonar, las arterias son las vías por donde va la sangre; 
las venas por donde vuelve. Mas para cuando está de vuelta en el cora- 
zón, ya se halla parcialmente regenerada. Es que al llegar á la altura de 
la espalda ó de la clavícula ha encontrado la abertura del canal torácico, 
por el cual son conducidos todos los productos extraídos de los ali- 
mentos que el estómago ha digerido, productos compuestos de princi- 
pios vivificantes, donde hay fibrina, sales, azúcar, materias grasas, etc., 
las cuales se mezclan allí con la sangre, con lo cual recobra la sangre 
toda la riqueza nutritiva que perdió. Sólo le falta proveerse de oxígeno 



PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 339 

y purificarse de los residuos que arrastra y del ácido carbónico que la 
inficiona, cosa que logra cuando, de vuelta en el corazón, sale de su ven- 
trículo derecho y llega á los pulmones: aquí es donde la sangre se refri- 
gera en una atmósfera de aire puro y recientemente aspirado, del que los 
glóbulos se proveen de oxígeno, al mismo tiempo que se desprende el 
ácido carbónico y son consumidos allí mismo los residuos de la combus- 
tión. Los cuales son expelidos al aire que nos rodea en una espiración, y 
la sangre, ya renovada y fresca, vuelve á entrar de nuevo por la aurícula 
izquierda en el corazón, para emprender y continuar sin cesar su viaje 
circular. 

Y esta es la ocupación perenne del corazón, por medio de sus con- 
tracciones y relajaciones periódicas, que se llaman, respectivamente, sís- 
tole y diástole. Sístole auricular, sístole ventricular y diástole general: 
he ahí los tres tiempos del funcionamiento del corazón. Primero se con- 
traen las aurículas, después los ventrículos y, por último, hay un período 
de tiempo en que todas las cavidades descansan. El primero dura 7s del 
tiempo total, el segundo Vs y el tercero otros ''3. El conjunto de los tres 

tiempos recibe el nombre de revolución cardiaca, que es igual á 
1225 
-^ -h -^ -t- -^ — -^ 1 , Ó sea, la ocupación continua del corazón. 

El trabajo realizado por el corazón en la revolución cardíaca es 
beneficioso en sumo grado para el organismo. En primer lugar, por la 
cantidad de sangre que lanza y distribuye; la que lanza cada ventrículo 
en el sístole es variable, pero puede calcularse en el hombre en 180 gra- 
mos aproximadamente. En segundo lugar, la energía que en esto gasta 
el corazón es grande. La fuerza cardíaca se mide por la presión máxima 
soportada por cada ventrículo en el sístole, multiplicada por la superfi- 
cie de los ventrículos. 

No hay para qué describir aquí las experiencias hechas á este objeto 
por Hales, Poiseuille, etc. Bastará consignar que la fuerza del ventrículo 
izquierdo, suponiendo que la presión en el origen de la aorta sea de 200 
milímetros, es en el hombre de 2.400 kilogramos. El trabajo cardíaco 
puede evaluarse en el hombre en 80.000 kilogramos ó algo menos por 
día. Según Beaunis, no pasa de 62.208. Estas cifras resultan de multipli- 
car la cantidad de sangre que sale del ventrículo por la presión del líquido 
en el momento de salir; de modo que para el ventrículo izquierdo, verbi- 
gracia, tendríamos: 180 gramos de sangre por 2 ^¡^ m. (20 cm. de mer- 
curio) =^0,45 kilog. por sístole ^ 0,54 por segundo. Este trabajo repre- 
senta unas 200 calorías, que se utilizan en la termogénesis; en otros 
términos: la cantidad de energía que gasta el corazón representa una 
quinta parte de la que se produce en el organismo. En un año podría el 
corazón elevar un kilogramo á la altura de 25.500.000 metros. El tra- 
bajo del corazón humano durante setenta ú ochenta años bastaría para 
levantar un tren férreo á la altura del Mont-Blanc. 



340 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 

Con este trabajo el corazón lanza la sangre, la rechaza y la regula. 
La lanza, porque la causa principal de la marcha de la sangre por las 
arterias es la contracción de los ventrículos; la causa inicial de la circu- 
lación venosa es el sístole ventricular, y una de las causas de su marcha 
por los capilares es también la contracción cardíaca. La rechaza, porque 
en no pocos casos la gravedad haría que el líquido retrocediese, si no 
fuera porque lo impiden las válvulas del corazón. Estas válvulas, descu- 
biertas por Fabricio de Aguapendiente, son las que se cierran é impiden 
que el retroceso se verifique cuando la sangre tiende á retroceder. La 
regula, regula su movimiento, manteniendo con los movimientos perió- 
dicos y regulares de sístole y diástole la necesaria y constante desigual- 
dad de presión entre los diferentes segmentos del árbol circular. 

* 
* * 

Ya sabemos lo que da ó reparte el corazón al organismo, y sabemos 
cómo lo da, cómo funciona: fáltanos saber lo que es; preguntémoselo á 
la anatomía. El corazón es lo que aparece primero en el organismo 
humano, cuando apenas empiezan á dibujarse los primeros lineamentos 
del cuerpo. Á los diez ó doce días de vida es como un punto rojo casi 
imperceptible; luego aparece como una simple vesícula, aún sin forma 
definiva. Á las cuatro semanas esta vesícula se divide por medio de un 
tabique en dos cámaras; á la octava semana un nuevo tabique divide á 
su vez las dos cámaras, viniendo éstas á ser cuatro, bien que en este 
tiempo no son en rigor más que tres, por permanecer aún abierta la 
comunicación entre dos de las bolsas ó departamentos; después del 
nacimiento esta comunicación se cierra, y el corazón queda constituido en 
un músculo rojo y hueco dividido por un tabique vertical en dos bolsas 
independientes; una, en el trayecto de la sangre venosa que recibe de 
todas las partes del cuerpo y envía al pulmón; otra, en el trayecto de la 
sangre arterial que recibe de este último órgano y la impele á todas las 
partes del cuerpo. Cada uno de estos departamentos está dividido en 
otros dos que comunican entre sí; los superiores se llaman aurículas y 
los inferiores ventrículos. 

No nos detendremos en la descripción de estas partes; lo que importa 
saber es que desde el principio de su existencia hasta su completo des- 
arrollo, el corazón humano en ninguna de sus fases ó estados cesa de 
impeler por todo el organismo las oleadas de sangre vivificante y rege- 
neradora. El corazón asi constituido viene á ser una pequeña bomba de 
paredes gruesas y flexibles, de dos cavidades distintas que se comu- 
nican entre sí, no directa é inmediatamente, sino por un sistema de 
canales. Su funcionamiento semeja en todo al de una bomba ordinaria 
de caucho, que, disminuyendo de volumen, arroja por un lado el líquido 
que contiene, y volviendo á adquirir sus dimensiones, aspira el líquido 



PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 341 

por otra parte. El corazón, lo mismo que la bomba de caucho, está 
provisto de válvulas que determinan la dirección de la corriente. La mi- 
tad izquierda aspira la sangre de los pulmones, y la lanza á través de 
todos los vasos del cuerpo á la mitad derecha. Esta mitad, á su vez, al 
comprimirse, la arroja á través del pulmón hasta el corazón izquierdo, 
esto es, á la parte izquierda de la pared vertical. Este trabajo pone á la 
sangre en movimiento en todos los canales y triunfa de las múltiples 
resistencias que encuentra en su camino. 

Henos aquí en disposición de preguntar cuál es la causa de los movi- 
mientos del corazón. Sabemos que los movimientos del corazón son 
causa principal, no exclusiva, de la marcha de la sangre á través del 
cuerpo; pero, ¿cuál es la causa de los mismos movimientos del corazón? 
La respuesta adecuada á esta pregunta servirá para resolver la cuestión 
principalísima de las relaciones entre el corazón y el cerebro, entre el 
corazón y la vida afectiva y emocional. Pero ante todo, hay que distin- 
guir la causa del movimiento normal del corazón de la causa que lo per- 
turba y altera. 

¿Dónde está la causa de los movimientos regulares del corazón? En 
el corazón mismo. Si se arranca el corazón á una rana y se coloca en 
una mesa, continuará latiendo por mucho tiempo. La experiencia hecha 
con el corazón de la rana puede aplicarse al corazón de cualquier ani- 
mal de sangre fría, y se podrá observar su movimiento durante un día 
entero. Otro tanto sucede con el de los animales de sangre caliente, si 
por medios mecánicos se le alimenta de sangre oxigenada. He aquí un 
experimento de laboratorio. Cortada la cabeza á un perro á la altura 
conveniente para poder operar en la misma entrada de los grandes vasos 
del tronco y de la cabeza, basta injertar sangre oxigenada en el tronco 
del cuerpo muerto para verle moverse, primero irregular y desordena- 
damente, luego con regularidad; el corazón palpita, agítanse los miem- 
bros, como si quisieran sacudir un dolor, y el tronco se levanta. Mas tan 
pronto como el instrumento del fisiólogo deja de funcionar, queda de 
nuevo el cuerpo paralizado é inerte, cesa de latir el corazón, el pecho 
vuelve á bajarse, tórnanse inmóviles y rígidos los miembros y la frialdad 
é insensibilidad de la muerte invade de nuevo todo el cuerpo. La causa, 
pues, de los movimientos regulares y rítmicos del corazón ha de bus- 
carse en el corazón mismo. 

Otro experimento. Injértesele la sangre en la cabeza, y se verá cómo 
se abren los ojos, cómo se revuelven espantados en las órbitas agranda- 
dadas, cómo tiemblan los labios, cómo se contraen, cómo se mueven los 
músculos, hasta que una como segunda agonía los deja de nuevo yertos 
é inmóviles. Si estas experiencias se hicieran en un ajusticiado, el espec- 
táculo sería horrible. 

Cuando vemos que el corazón, arrancado del pecho, continúa 
latiendo durante algún tiempo, lo primero que ocurre espontáneamente 

RAZÓN Y FE, TOMO XXVI 23 



342 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 

es atribuirlo á los ganglios cardíacos; pero no debe de ser así, cuando 
con excitar solamente la punta del corazón, que ni tiene ganglios ni se 
relaciona con ellos, late rítmicamente. La causa de la contractilidad car- 
díaca está en la misma fibra muscular del corazón. Porque, ora sea la 
sangre el agente que excita la fibra muscular del corazón, ora sea un 
choque de inducción ó una corriente continua, el órgano se contrae rít- 
micamente. Incrustados en el interior y alrededor de las paredes muscu- 
lares del corazón se hallan los centros nerviosos, los ganglios nerviosos 
que envían á la fibra muscular las excitaciones necesarias para su con- 
tracción. Estos ganglios nerviosos son tres: el de Remak, el de Ludwig 
y el de Bidder. Stannius ha sido quien con sus célebres experiencias ha 
puesto en claro el papel de estos ganglios. Las principales experiencias 
son éstas: 1." Si se practica una ligadura por debajo del ganglio de Bid- 
der, la punta del corazón se paraliza. 2." Si se practica una ligadura 
sobre el seno venoso ó confluencia de las venas gruesas en la aurícula 
derecha, el corazón se paraliza en díastole. 3."* Si, practicada esta liga- 
dura, se hace otra en el surco auriculo ventricular, entre el ganglio de 
Bidder y el de Ludwig, la aurícula sigue paralizada y el ventrículo eje- 
cuta cierto número de contracciones rítmicas. De estas experiencias 
dedujo las siguientes conclusiones: 1." Que el ganglio de Remak es exci- 
tomotor. 2." Que el ganglio de -Ludwig es inhibitorio. 3." Que el ganglio 
de Bidder es excitomotor. 

Es de notar que si en las condiciones externas de que el corazón está 
rodeado no hay cambio alguno, ó lo que es lo mismo, si las palpitacio- 
nes del corazón se conservan independientes de extrañas influencias, 
estas palpitaciones siguen siendo regulares, uniformes, y su ritmo per- 
manece constante, como la oscilación de un metrónomo. He ahí la pulsa- 
ción normal y tranquila del corazón humano, cuya causa hemos hallado 
en el corazón mismo. 

Pero no es esta la cuestión que más nos interesa. El problema más 
importante de la psicofisiología del corazón es el de hallar la causa de 
los movimientos anormales, esto es, por qué el corazón acelera ó 
retarda á veces notablemente la marcha de sus movimientos, y qué rela- 
ción tiene esto con las emociones fuertes é intensas del alma. Para 
resolver el doble aspecto de este problema hay que subir á las alturas 
de la Psicología. ¿Qué es, pues, el corazón psicológicamente consi- 
derado? 

II 

Primera fase: Vida de relación con el cerebro. -Cl. Bernard fué 
quizá el primero en demostrar en 1864, en una conferencia dada en la 
Sorbona, la mutua dependencia del corazón y de los fenómenos cere- 
brales. El corazón está relacionado con el cerebro por un gran número 



PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 343 

de fibras nerviosas que semejan hilos telegráficos; de ¡da, para trans- 
mitir los telegramas del cerebro al corazón; de vuelta, para comunicar 
al cerebro las noticias del corazón. Entre estas fibras merecen especial 
mención dos grupos de haces ó cordones, que esparcen por el corazón 
sus ramificaciones cruzándole por todas partes, como cruzan las ramas 
extremas de una hiedra un nudoso tronco: aquél viene del cerebro 
pasando por el gran simpático, éste pasa por el neumogástrico. Su 
función es inversa. La acción del gran simpático sobre el corazón es 
aceleratriz, acelera los latidos; la del neumogástrico los retarda. Los 
nervios aceleradores se juntan en el corazón á los ganglios motores; los 
retardadores á los reguladores, de donde la excitación de aquellos ner- 
vios viene á ser un refuerzo para estos ganglios. Así se comprende que 
el cerebro influya directamente en el corazón. 

Para demostrar experimentalmente esta verdad se coloca un animal, 
que comúnmente es un perro ó un conejo, sobre una mesa, tan sujeto 
que no se pueda mover. Á través de las membranas y demás envol- 
turas del pecho, entre la cuarta ó quinta costilla, se introduce un cilin- 
drito hueco. En el interior del cilindro se mete un alfiler largo, cabeza 
abajo, hasta que descansa en el mismo corazón, á fin de que pueda 
acusar los movimientos de éste. Si se quiere hacerlos fácilmente percep- 
tibles á todos los circunstantes, se fija en la punta del alfiler— de manera 
que sobresalga del cilindro— una banderita de papel, cuyas oscilaciones 
periódicas pueden fácilmente notarse. Y, en efecto, se nota que la ban- 
derita sube y baja con regularidad: significa los latidos normales del 
corazón. Si entonces se descubre el gran simpático y se le excita ligera- 
mente, se verá que se han acelerado los movimientos del corazón, siendo 
la aceleración tanto más rápida cuanto la excitación es más intensa; y, 
por el contrario, si se corta el nervio, las palpitaciones se retardan inme- 
diatamente de un modo extraordinario. Lo cual quiere decir que la acción 
del gran simpático sobre el corazón es aceleratriz. Con el neumogás- 
trico sucede al revés: excítesele ligeramente, y los movimientos del cora- 
zón se harán lentos; excítesele con más intensidad, y se harán mucho más 
lentos, con más intensidad aún, y cesarán bruscamente; en fin, si se corta 
el neumogástrico, súbitamente volverá de nuevo el corazón á latir con 
extraordinaria rapidez. Luego la acción de este nervio sobre el corazón 
es moderatriz, es retardatriz. Estas conclusiones no son enteramente 
rigurosas; las experiencias indicadas no siempre han dado estos resul- 
tados, pero sí en la mayor parte de los casos. 

El cerebro tiene otro medio indirecto para obrar sobre el corazón, y 
es por medio de los nervios vaso-motores. Si el corazón no obedece 
en seguida á sus indicaciones, puede obligar á las pequeñas arterias á 
reducir su calibre, porque los músculos de éstos se hallan subordinados 
á nervios que terminan en el gran simpático. Cuando los nervios non 
excitados, disminuyen el volumen de los vasos; cuando no son excitados, 



344 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 

aumenta el calibre ó volumen de aquéllos. De ahí que á la primera señal 
de insubordinación del corazón, los vasos se estrechan y regulan la can- 
tidad de sangre que en un tiempo dado debe pasar por un órgano cual- 
quiera del cuerpo. 

Esta facultad del gobierno central de tener en su mano los medios 
de obrar sobre el corazón, es tanto más importante cuanto que el cora- 
zón no puede saber, como antes no haya sido prevenido, si un accidente 
local impide la circulación y si debe modificar su marcha normal; al 
cerebro corresponde modificar la afluencia de la sangre y el funciona- 
miento de los órganos. Las excitaciones de la periferia del cuerpo con- 
vergen al cerebro y repercuten en los nervios del corazón. Así, por ejem- 
plo, si la mano se somete al frío, los nervios sensitivos lo anuncian al 
cerebro; éste paraliza los nervios vaso-motores, aumenta el volumen de 
las arterias, afluye la sangre y se enrojece la mano. Por el contrario, si 
el cerebro recibe una impresión viva, emocional, y excita todos los ner- 
vios constrictores, el volumen de los vasos disminuye bruscamente y el 
corazón no puede vencer las resistencias acumuladas y arrojar la sangre. 
Resultado, que se forma en su cavidad una acumulación súbita de san- 
gre, y corre el mismo peligro que una caldera de vapor calentada con 
exceso. Pero como la caldera tiene una válvula de seguridad, la tiene 
también el corazón; telegrafía al cerebro, el cual paraliza de un golpe 
todos los nervios constrictores, ensánchanse espontáneamente las arte- 
rias, desaparece la plétora, y todo peligro desaparece. 

Todavía hay otros nervios encargados del mecanismo de la respira- 
ción, y también por estos nervios está el corazón indirectamente rela- 
cionado con el cerebro; pero no es necesario detenerse más en ello. 
Como conclusión de lo que acabamos de decir quede consignado que la 
causa de los movimientos anormales del corazón no está en el corazón. 
Éste, como hemos visto, se halla relacionado con el cerebro directa- 
mente por medio de los nervios aceleradores y moderadores, é indirec- 
tamente por los vaso-motores y por los que presiden los fenómenos de 
la respiración. Pero esto no es más que un lado de la cuestión. ¿Quién 
no ha visto y experimentado mil veces que los movimientos perturbados 
ó anormales del corazón están también íntimamente relacionados con 
las emociones vivas, con los afectos extraordinarios que á veces embar- 
gan nuestra alma? Tenemos, por tanto, que subir aún más arriba y pene- 
trar más hondo en la materia. 

* 

Segunda fase: Relaciones del corazón con la vida afectiva y emo~ 
cional.~E\ papel ejercido hasta ahora por el corazón, por importante 
que sea, nada nos revela de ese idealismo, de que el vulgo lo ha rodeado; 
las bellezas del lenguaje figurado comienzan desde el momento en que 



PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 345 

se le atribuye un conjunto de funciones afectivas y emocionales. Cuando 
queremos describir los rasgos de bondad, generosidad, egoísmo, inge- 
nuidad, etc., de una persona, exclamamos: ¡Qué corazón! ¡Es todo cora- 
zón! ¡Es un corazón de oro! ¡Corazón duro, egoísta, sensible, ardoroso, 
pequeño, grande! ¡No tiene corazón! ¡Le amo, le odio con todo mi cora- 
zón! ¿Cuál es el valor y fundamento de estas y parecidas expresiones? 

Y ante todo, ¿quiere esto decir que el corazón es el órgano de la vida 
afectiva? Si así fuera, no habría por qué ahondar más en la cuestión; ahí 
tendríamos el fundamento psicológico de este lenguaje, y este lenguaje 
no sería metafórico, sino real y verdadero, porque al órgano de las accio- 
nes, bien que sea sólo causa parcial ó concausa, con toda propiedad y 
en sentido real se le atribuyen inmediatamente las acciones. Pues bien, 
Platón en la antigüedad, y en nuestros días Perrone, Bucceroni y Billot, 
entre los teólogos; Tongiorgi, Urráburu y Van der Aa, entre los filósofos, 
son de parecer que el corazón es órgano de la vida afectiva y apetito 
sensitivo. Sin embargo, esta sentencia es hoy casi unánimemente recha- 
zada, y son muchos, así filósofos como fisiólogos, que admiten como 
cierta la sentencia negativa ó contradictoria. Alguno de ellos dice: «Que- 
rer, desde el punto de vista real y fisiológico, considerar el corazón como 
el órgano de las afecciones, sería una pretensión destituida de todo fun- 
damento sólido, y tan contraria á los hechos, que me sería fácil hacer ver 
la sinrazón de ella. Hacer de una viscera el órgano de una facultad sen- 
sible viene á ser, sobre poco más ó menos, trasladándonos á otro orden 
de cosas, como si tomásemos un martillo por una sierra ó un berbiquí 
por un cepillo de carpintero.» Esta censura filosófica nos parece algo 
exagerada, y creemos que la sentencia afirmativa no está destituida de 
todo fundamento, y para convencerse de ello basta leer esta cuestión, tal 
y como la expone en la psicología el P. Urráburru. Eso sí, creemos que 
la doctrina que niega ser el corazón órgano de la vida afectiva es mucho 
más probable que la afirmativa. 

Pero entonces ¿cuál será el fundamento de esas poéticas locuciones? 
Si preguntamos al vulgo, nos dirá que todas las emociones vivas tienen 
en el corazón cierta misteriosa resonancia; que los afectos extraordina- 
rios repercuten en él con más viveza, como nos lo dicen las pulsaciones 
aceleradas ó retardadas, el rubor ó palidez del rostro, la dilatación ú 
opresión del pecho, etc. Esta relación entre nuestros afectos y los movi- 
mientos materiales del corazón es un hecho, y en este hecho se ha de 
buscar la base del papel ideal y simbólico que todos los pueblos en 
todas las lenguas han hecho representar al corazón. El vulgo no puede 
dar razón de esta relación, pero la reconoce la psicofisioiogía y la ex- 
plica. He aquí cómo: 

Dada la unión sustancial del alma y del cuerpo, y la dependencia 
íntima entre la vida afectiva y cognoscitiva, á todo movimiento afec- 
tivo corresponde otro cognoscitivo, y á éste á su vez, inmediata ó 



346 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 

mediatamente, una modificación determinada del cerebro. De modo 
que todo afecto ó presupone ó determina en el cerebro una altera- 
ción ó vibración ó impresión, ó comoquiera llamarse. Ahora fácilmente 
se comprende que esta alteración cerebral llegue á inmutar la raíz misma 
(bastaría que lo hiciera en alguna ramificación) de los nervios ace- 
leradores ó moderadores ó de los que presiden el mecanismo respira- 
torio, ya que los tres arraigan en la pulpa cerebral. Y dicho se está que 
estos nervit)s, impresionados, comunicarán al corazón su impresión, 
acelerando ó retardando sus pulsaciones, y consiguientemente serán el 
origen de sus movimientos desordenados. Los movimientos desordena- 
dos del corazón causarán á su vez una alteración correlativa en la dis- 
tribución de la sangre por el cuerpo y especialmente en el cerebro, y 
éste lo hará repercutir en el organismo. 

El ciclo, por tanto, de la acción psicofisiológica del alma hacia el 
cuerpo será el siguiente: influjo del alma en el cerebro; influjo del cere- 
bro en el corazón; reacción del corazón sobre el cerebro y del cerebro 
sobre el alma y en todos aquellos órganos en que influye. Viceversa, 
el ciclo de la acción psicofisiológica del cuerpo hacia el alma podría- 
mos considerarlo así: La sangre es la vida del cuerpo, el corazón es el 
que la distribuye por el organismo; pero las funciones del corazón están 
bajo el influjo aceleratriz ó retardalriz del cerebro; el cerebro á su vez 
obra por la virtud sensitiva que el alma le comunica. Luego podremos 
subir como por una escala hasta el alma, explicando las funciones de 
la vida por la sangre, las de la sangre por el corazón, las del corazón 
por el cerebro, las del cerebro por el alma. 

* 
* * 

Entre los afectos del alma los hay que son pasajeros y también ha- 
bituales. Entre los primeros sobresalen dos que pueden servir de tipo ó 
modelo para la explicación de los otros: tales son los de dolor y gozo. 
Veamos cómo los movimientos anormales del corazón vienen á ser la 
expresión de estos afectos. Ya conocemos el ciclo, y por tanto, el camino 
que ha de recorrer el influjo del afecto para obrar sobre el corazón. Si el 
sentimiento es triste, obra sobre los nervios moderadores, hasta el punto 
de que si el dolor es muy vivo, los nervios moderadores paralizan súbi- 
tamente el corazón, deja de circular la sangre y no llega al cerebro; de 
donde cesarán las funciones cerebrales y el cuerpo quedará inmóvil: he 
ahí el desmayo, estado vecino ó parecido á la muerte; ó bien el corazón 
producirá latidos rápidos y tumultuosos; «el corazón, como suele decirse, 
querrá salirse del pecho». Si el dolor no es tan intenso, no hay asistolia, 
ó paro completo en las funciones del corazón; pero sus latidos son más 
lentos, se obstruyen sus cavidades, sus contracciones son menos enér- 
gicas, la circulación de la sangre por las arterias es más dificultosa, los 



PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 347 

centros nerviosos reciben con escasez la sangre, y sobrevienen la pali- 
dez del rostro, la dejadez del cuerpo, la pesadez y flojedad de los movi- 
mientos. Es cuando decimos que «el corazón está pesado, oprimido, 
angustiado». 

Si el afecto es de gozo, obrará sobre los nervios aceleradores. El 
corazón, por lo mismo, latirá con más rapidez, se dilatarán las arterias, 
la sangre circulará en abundancia, crecerá la energía de los nervios, 
aparecerá sonrosado el rostro, ágiles los miembros y sentiráse en todo 
el cuerpo un bienestar general. Entonces es cuando exclamamos: «El 
corazón palpita de alegría.» 

Lo que decimos de los estados actuales se puede aplicar á los esta- 
dos habituales del alma, que llamamos pasión y virtud. Fijémonos en el 
envidioso. ¿Quién no le ha visto replegarse sobre sí mismo y pasear por 
el mundo que le rodea su mirada aviesa y sombría, deleitándose en la 
desgracia del prójimo? Este estado de ánimo, esta pasión, este bajo 
sentimiento se refleja en el organismo, repercute vivamente en el cora- 
zón. Como se reconcentra el alma del envidioso, así parece reconcentrarse 
ó deprimirse el nervio neumogástrico y el corazón del mismo; y no 
manda al organismo la sangre que necesita, y la taciturnidad, el frunci- 
miento de las cejas, la palidez terrosa son sus efectos. «Ellas mismas, 
las almas envidiosas, se roen el corazón; ellas mismas son para sí la ser- 
piente que las devora.» En cambio, las almas bondadosas dejan escapar 
de su seno suspiros y afectos tiernos, delicados y generosos, como «arpas 
cólicas, dice un escritor, que al soplo de la más ligera brisa lanzan deli- 
ciosos acordes y armonías», y obran sobre los nervios aceleradores, y 
activan el corazón con nobles palpitaciones y hacen circular abundante 
la sangre por el organismo, llevando vida y agilidad á los miembros. 

Y como los afectos del alma influyen en los nervios aceleradores ó 
retardadores, y consiguientemente en el corazón, así los agentes físicos 
y químicos pueden influir en los mismos nervios, y consiguientemente 
en los afectos del alma. Así el calor moderado y el oxígeno, v. gr., exci- 
tan los nervios aceleradores y causan cierto sentimiento de dicha y bie- 
nestar: tal sucede en días espléndidos al respirar el aire puro de una 
fresca mañana. El frío y el ácido carbónico, por el contrario, obran sobre 
los nervios moderadores, retardan los latidos y causan sentimientos tris- 
tes, como sucede en días excesivamente fríos y sombríos y en atmósfe- 
ras viciadas. Y al llegar aquí, ¿quién no ve abrirse ancho campo á la 
Psicoterapia y Medicina de las pasiones? Las mismas prácticas hidro- 
terápicas demuestran la benéfica reacción del corazón sobre el alma. Los 
observadores hacen constar que inmediatamente después de una ducha 
el enfermo está más alegre, que el hipocondríaco desecha su mal humor; 
y es que el latido es más amplio, la afluencia de sangre se reparte mejor, 
la circulación es más perfecta, el cerebro funciona con más regularidad. 
Sentimos no disponer de espacio para desarrollar estas ideas. 



343 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL DEL CORAZÓN HUMANO 

Baste por ahora haber evidenciado que los afectos del alma se refle- 
jan en los movimientos del corazón, tan real y verdaderamente que, si 
bien el corazón no es órgano de los afectos, es su verdadero símbolo; y 
no comoquiera, no un símbolo meramente convencional, ó de analogía 
puramente extrínseca, como el ramo de oliva lo es de la paz, sino un sím- 
bolo natural, de analogía intrínseca y de influjo real y verdadero, que el 
signo ejerce aquí en la cosa significada y viceversa. Luego si hacemos 
«hablar al corazón», llegaremos á conocer los afectos del alma. Claro 
está que no hay que buscar en esta relación una exactitud matemática, 
porque la excitabilidad nerviosa y la afectibilidad ó sugestibilidad de las 
personas varían mucho y dependen de muchas circunstancias. Sólo 
hablamos de cierta aproximación. 

E. Ugarte de Ercilla. 



IMPRENTAS DE LOS ANTIGUOS JESUÍTAS 



EN 



EUROPA, AMÉRICA Y FILIPINAS 



IMPRENTAS DE EUROPA 

(Continuado n .) (i) 

PORTUGAL 



Ébora.— Apenas daba señales de v¡da,á mediados del siglo XVII, la 
única imprenta existente en la histórica ciudad de Ébora, y, sin embargo, 
no podían pasar sin ella ni la ciudad, ni la Universidad, encomendada á 
la Compañía. Agenció pues el P. Miguel Tinoco, enviado de Procurador 
á Roma en 1655, licencia de asentar una tipografía para el servicio de la 
Universidad, y obtuvo del P. General, Goswino Nikel, el deseado per- 
miso. 

Llevado de Flandes un Hermano Coadjutor entendido en el arte, á 
quien el P. Franco llama Jorge Serazim, instaló tan bien la tipografía, que 
el P. Tinoco pensó en trasladarla á Lisboa, donde podría ser mayor la 
ganancia en beneficio de la Universidad eborense. Opúsose justamente el 
claustro universitario á la traslación, pues el P. General no había conce- 
dido el permiso atendiendo á las ganancias, sino á la comodidad de la 
célebre Universidad (2). 

Coimbra. — La Compañía de Jesús tuvo en Portugal otra imprenta en 
el Real Colegio de Artes de Coimbra. De los libros que dio á luz no 
hemos visto anunciados sino algunos, de cuyo pie de imprenta se saca 
que por lo menos existió de 1717 á 1757. 

ESPAÑA 

De las nueve imprentas que conocemos haber existido en nuestra 
patria, en Colegios ó Casas de la Compañía, solamente tres florecieron 
por su actividad y duración, según nuestras noticias. 

Burgos.— Con el doble fin pedagógico y ascético, se estableció ¿me- 
diados del siglo XVIII en el Colegio de Burgos, titulado de San Salvador, 
una imprenta, que surtió de libros á otros muchos Colegios de España. 



(1) Véase Razón y Fe, t. XXV pág. 474. 

(2) P. Franco, Synopsis Annal. S.J. in Lusit., año 1657, pág. 318 de la ed. de Augusta. 



350 IMPRENTAS DE LOS ANTIGUOS JESUÍTAS 

Daremos de ella algunas noticias técnicas por si interesan á nuestros lec- 
tores. 

Para gastos de instalación adelantó el Colegio 25.026 reales, perte- 
necientes á la legítima del Hermano Francisco Hurtado Saracho, y 
además el P. Francisco Javier de Idiáquez dio 10.000 reales. 

Compráronse al Cabildo de Palencia dos prensas con los utensilios 
necesarios (1). 

Varias eran las suertes de letra empleada: peticano, letura, entredós 
y texto. El metal se compraba en Madrid, y allí mismo se hacía la fun- 
dición (2). 

Sin salir de Burgos contaba el Colegio con artistas entendidos para 
dibujar y grabar las láminas. Allí se labraban las tablillas de peral, que 
pasaban á los dibujantes, uno de los cuales era un tal Cortés, y de ellos 
iban los dibujos á D. Santiago Pardo, el cual abría de balde todos los 
grabados de estampas, y guarniciones para conclusiones, que necesitaba 
la imprenta (3). 

La tinta se fabricaba en el Colegio. 

El papel, ó lo compraban en la ciudad, ó lo llevaban de Barcelona, 
Lérida ú Olivares (4). 

Solamente trabajaban dos impresores y un oficial, y ellos se encar- 
gaban de la composición y de la tirada (5). 

Tres Padres estuvieron sucesivamente al frente de la imprenta: pri- 
mero el P.Juan Carbajosa, después el P. Santiago de Ayuso, de 1756 
á 1764, y, finalmente, el P. Francisco Javier Calonje, hasta que el 2 de 
Abril de 1767 fué con los demás jesuítas españoles desterrado á Italia 
por Carlos III. 

Como administrador de la imprenta estuvo el Hermano Coadjutor 
Miguel de Santesteban, por lo menos de 1 ." de Enero de 1757 á 30 de Sep- 
tiembre de 1758. 



(1) Su coste fué de 2.100 reales, y 315 y 17 cuartos los gastos de conducción de Pa- 
lencia á Burgos. 

(2) La arroba de metal fuerte para la fundición costaba 76 reales, y la manufactura 
de cada arroba 56 reales. 

(3) Económicos eran los precios. En el libro del encargado de la imprenta hallamos 
éstos: 12 reales de un dibujo para estampar; 8 reales por dibujar dos láminas de 
madera; 30 reales al que dibujó 16 láminas para el libro del Calvario y del Jardín; 
48 reales á Cortés por dibujar guarniciones para conclusiones; 8 reales de tirar en 
tórculo 200 estampas pequeñas y 100 grandes; al impresor, por tirar 500 estampas, 
4 reales; otros 4 por tirar una resma de estampas. 

(4) Solía variar el precio de la resma entre 15 y 21 reales, según la clase. 

(5) Marcos, impresor, ganaba 12 reales de jornada por tirar en las prensas; Olmedo, 
impresor, 11; el oficial, 10. 

Se pagaban 12 reales por composición de un pliego de letura de fábulas, en 8.°; 16 
por un pliego de entredós; 6 reales de jornal por hacer tinta. Para que se comparen 
los precios de entonces, sépase que un maestro albañil ganaba 7 reales al día; el peón, 
3; un oficial carpintero, 6. 



EN EUROPA, AMÉRICA Y FILIPINAS 351 

Las encuademaciones de los libros las hacían los libreros burgaleses 
Julián Pérez, Álvarez, y Margado, y los pergaminos los llevaban de Lo- 
groño, Falencia, Segovia y Villarramiel (1). 

Expulsados los jesuítas del Colegio en 1767, se incautó el Gobierno 
del edificio, de lo en él contenido y de sus fincas; y por orden del ilus- 
trísimo Sr. D. Pedro Rodríguez Campomanes, del Consejo de S. M. y 
su fiscal en el Supremo y Cámara de Castilla, fechada el 4 de Abril 
de 1768, se sacó á pregón para su venta y remate la imprenta y sus 
pertrechos y demás efectos anejos, tasándolo todo en 42.684 reales 
y 7 maravedís (2). 

Anuncióse la venta en Burgos, Valladolid, Palencia, Logroño, Santo 
Domingo de la Calzada y Aranda, durante treinta días, repitiendo desde 
el 12 de Abril los pregones de las diez á las doce del día, para adjudi- 
carlo todo al mejor postor, pero no compareció ninguno. 

Todo esto consta por documentos de D. José de Hacocha, escribano 
de S. M. del número. Ayuntamiento, Guerra y Milicia de Burgos, fe- 
chados el 14 de Mayo de 1768, que se custodian en el Archivo Muni- 
cipal de aquella ciudad. 

Cádiz tuvo imprenta jesuítica por lo menos de 1688 á 1690, y este 
úl