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Full text of "Reformistas antiguos españoles"

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1 



DIÁLOGOS 



I 



lílJj 



/5 



*^ 






DOS DULOGOS 



BSGRITOS 



POR JUAN DE TALDÉSi, 



AHOJU CUIDADOSAMENTE REIMPRESOS. 



« Valoimio Hispanos Scbiptori süpikbiat orbis. » 

[—Dan. Roffr. Bpigr. ia tmn. JatUi. 
Hunphr. yita Ju«l. 4to. 167S.] 



' . - - 



i ' « j 



Año DE 4850. 



• j doueiDilnmonol, pol cha*! Signar Tildéi é mortoT 

éiUtaqueaUcertogriaperdlU, eliDol, etal mondo: per- 
Dhe'l Slgnor V*líés era ua de'nrt hnomlDl d'Biitop* , el quel 
uiitll , ch' egll ha laiclalo loprt li EpIíloLe di na Pialo, el I 
Silml di Difld, ne rinoao pleolulaa (ede. En isnn dnbhlo 
nei lalU, nelle parole, et In tntU I anol conalgU un compluto 
hadiua, reggenaconnDa partlcatla deU' animo llcorpo anode- 
bole, el magra: can la magglar parle pol, el en' 1 puro inlellet* 
lo, qaa«l tome luor del carpa, >(aiia aempre aalietulo alU 
conlemplatlone dalla uerlti, el delle cote dl*lne. HI condogUo 
con metaetlarc' Anlaalo[nanMo], petch't^l pía cbe og- 
nl ailto 1' amana, etammlrtni.fc' me par Signar, qoindounlt 
bent , el lanía lallere , el Tlrtn , aono nnlle tai an' tBimo , che 
tacclano faerrt al corpo, el cerchlDo qnanlo pía tóalo paa- 
aaao, d] Mllre Inaleme con l'aalDo alia aMnia, ond'egUé 



[Ful ST. LMUn Volful 4] IHn 

TiiH(l>t IBU. — SaUnruí»; 
lidio t MaDuBa CMamntki. J 



i 






JLios Diálogos de que se compone el presente toIú- 
men , van reimpresos con toda fidelidad , según las 
edlziones antiguas. £1 Diálogo de Mercurio t Ca- 
rón , se publicó , á mi parezer, la primera vez , ázia 
el a. de 1530, en 1 toI. en 4to. español, de 73 hojas, no 
numeradas , é impreso en aquella clase de letra , que 
unos llaman de Tortis, y otros Gótica. Esta es la 
edizion que se reimprime: i los números romanos, 
que se verán, al márjen, por todo el Diálogo, señalan 
dónde comienza cada hoja en la impfesion antigua. 
£1 Diálogo entre Lagtangio t ün Arcediano, 
es copia de la edizion publicada en París el a. de 1586, 
en 1 Tol. en 8to. español de 83 pajinas : i de un ejem- 
plar de ella, que se conserva en la librería del Colé- 
jio de la Trinidad de Gambrigia , en Inglaterra. No 
creo , ahora , del caso , detenerme á referir las razo- 
nes , que me han hecho seguir, en jeneral , esa edi- 
zion , con preferenzia á la otra mas antigua. Sin em- 
bargo : como en la edizion de París , hai variaziones i 



I 



f 



iii[ire->íoneii, hechas por xa EdiUir, mui acerUdamen- 
1i^. pei'O que yo no debía seguir, no teniendo por 
ohjelo hacer preponderar, como mas orCodoia, mi 
opinión particular, ya que , mero editor de un Ubro 
de pusíidos tiempos , debía restabJezer su teito , con- 
forme fi ]» edizion ñas antigua; eso hize. I lo hize, 
procunindome una copia de un ejemplar de la edizion 
de letra de Tortis, que de este Diálogo, eiiste en la 
lihreriu del Museo Británico de Londres ; en 1 toI. 
de ii Tolios, que, como en el Diálogo antezedente, 
van también señalados con números romanos, al 
mdrjen. Cuidó de sacar ambas copias B. B. WifTen, 
de Wntium, yendo f.l mismo, para ello, á Cambrigia 
i & Londres, Las variantes mas notables entre la edi- 
zion di.- letra Tortis, i la de Paris del a. 1586, se men- 
zionan en las notas, que siendo todas del Editor (pues 
las anlÍE:uas ediziones no tienen notas de ninguna 
clase) , 1)0 causan confusión. A vezes , para mas cla- 
ridad , se indican las reposiziones en el teito , po- 
nirnilo varias señales, como []. ú otras: i siempre se 
ileni^Lia la edizion que se adopta, ó que di&ere , nom- 
brándola en las notas: ya sea la edizion de Paria: ya 
1h GóHrn , 6 de letra Tortis. También se nombra , á 
vezes, la traduczion italiana, que de ambos Diálogos 
seimprimióen Venezia.áziaela. iB46, i de la cual 
se conozen hasta cinco ediziones; porque á pesar de 
la libertad con que el traductor recargó i aumentó 
algunos pasos; me he valido de ella, unaqueotravez. 
Conservo invariable la ortografía antigua, siempre 



vil 

que lo he creído nezesario : es dezir, cuando es inhe- 
rente á la pronunziazion de las yozes , ó á los cono- 
zimientos gramaticales del tiempo en que los Diálogos 
se escribieron , ó imprimieron. Fuera de esos casos, 
uso una manera de escribir senzilla , i arrimada á la 
manera de pronunziar, que aun cuando no puede 
llamarse orto-grafía , bien puede pasar, en el estado 
anárquico de nuestra lengua escrita , en la cual todos 
son gramáticos , solo con el tanto de gramática que 
les acomoda. Para mayor fidelidad , conservo , á ve- 
zes , las erratas de las antiguas impresiones, allí don- 
de creí importaba dejarlas. Por ejemplo: en la paji- 
na 67 dize: itel Veneziano« : » i, aunque es casi in- 
dudable , que el Autor escribiria, como lo hizo en la 
páj. 38, c< el Papa et Venezianos, » pudo por acaso 
poner «el Papa i el Veneziano,» por el Gobierno , ó 
Estado de Venezia. Dejo ahí, pues, la errata, i si el 
lector no quiere borrar «/, borrará la «. En la paji- 
na 274 usa la voz lobo por Inquísizion. En las paji- 
nas 277 i 290, se verán las erratas che, por que, i 
sangue , por sangre. A mi ver estas erratas indican 
que el libro que las tiene se imprimió en Italia; i por 
eso las dejo. De semejantes delicadezas editoriales se 
aperzibirá el lector, al ver usada letra bastardilla , en 
varios lugares , por todo el volumen. En la páj. 63 
hago llamada sobre la Oración del Conde, pues 
quizá viene prohibida en los Expurgatorios , por ha- 
berla nombrado ahi Valdés. Yo no sé mas de ella. 
Véase el índize Expurgatorio de 1790, Madrid , p^i- 




VIII 

na 199, i otroa anteriores. En la pdj. 337, I otras, 
munchot : solo se usa ea la edizion de Paria ; eo la 
Critica, siefnpre, mucAo*. 

Acerca del contenido de la obra ; i de quién lUé 
Juan de Valdéa , su autor j i de si pudo escribir estos 
Diúlogos , préTÍo el beneplázito del Emperador Car- 
los V, i por indicazion de Alfonso de Valdéa, Secre- 
tario de cartas latinas del Emperador, hermano del 
mbroo Juan de Valdés; nada diré yo aquí, pues la 
narrazion de su vida , i cuenta de sus obras , no cabe 
en los limites de este prólogo. 1, por otra parte, seria 
una repetízton inútil, el solo reproduíir las noLzias 
biográficas, que hai de nuestro Valdés, en el Diczio- 
nario de Baif le ; en las dos obras de M' Crie, sobre la 
Rcfonna en España é Italia; en el «British Friend,» 
correspondiente al a. 1846, i articulo por B.B.Wiffen; 
en el Diczionario biográfico de Barcelona ; en )a Re- 
vista Hlspano-americana , i articulo por Don Pedro 
I. Pidál. Que todos esos, ban publicado ya notizias 
biográficas de Valdés, de diversa Índole, L con di- 
ferentes intenzíones. Cualquiera puede ver dichas 
obras, á las que, por ahora, me remito. También 
Llórente, Sand, Ranke, Botta, i otros, hablan de 
Valdés, mas, solo por ínzidenzia. Asimismo, Hartír 
RjEO , en su Historia de Cuenca , aunque no menzio- 
na á nuestro Autor, pareze aludir á é) , i á su her- 
mano, cuando, al hablar de un Don Hernando de Val- 
dés, dize que: «tuvo muchos hijos, i de ellos, muí 
» noble deszendenzia , que por su notoria nobleza. 



IX 

» ascendió tino , á ser camarero del Pontifize , i otro 
» faé Secretario de la Majestad del Emperador. » etc. 
Yo creo , que Mártir Rizo, por temor de que la In- 
quisizion prohibiese , ó expurgase, su libro, no puso 
claros los nombres; i que la voz «uno» , q. d. Juan; 
i la voz ce otro » , Alfonso de Valdés ; pues ambos 
hermanos , nazieron en Cuenca. Esta opinión cobra- 
rá fuerzas , si con atenzion se leen las pajinas 293 
i 94 del presente volumen : pues su contexto , puede 
referirse, por inferenzia, á los prozederes de Valdés, 
que (desengañado como el Cardenal que describe), 
renunzió su empleo en Roma , i se retiró á Ñapóles, 
donde murió. Véase, repito, la vida de Valdés en los 
escritores citados : i en ellos , i en Don Nicolás An- 
tonio, se hallarán también nombradas la mayor 
parte de sus obras. 

Pero, no debo omitir una reflexión, que es la 
siguiente. En todos los escritos de Juan de Valdés, 
al tratar de hechos históricos, i deduzir de ellos con- 
secuenzias morales; no hai solo aquella verazidad 
i buen sentido , comunes á toda produczion de un 
sólido escritor ; sino que se descubren claro , rasgos 
i luzes, que nos muestran la düijenzia^ i la fé con 
que inTCStlgaba i apuraba la verdad , para consig- 
narla en sus obras. 

En prueba de esto , baste recordar la manera con 
que se juzga al Cardenal Wolsey en el Diálogo de 
Mercurio i Carón. Véanse las pajinas 29, 124, 152, 
179, 180, 181, 189, en las que apareze, haber en- 



X 

ganado el Cardenal, primero al Emperador , en ma- 
teria de dinero ; i luego , á sa Rei , Enrrique ¥111, 
siendo el único culpado i fabricador de un supuesto 
desafio. En Inglaterra* bien conozían á Wolsej, el 
cual, á pesar de su desmedido poder, temblaba enfu- 
rezido , confundido , i amargado , por los punzantes 
dichos de Skelton , i aun mas , por la injeniosa i 
celebrada Sátira de Guillermo Roye**. Pero, fuera de 
Inglaterra , en el resto de Europa , la opinión , ó jui- 
zio de Valdés contra Wolsey , debió aparezer , á ios 
mas , de todo punto falsa : pues no era muí creíble, 
que se atreviese dicho Ministro , sin mandato de su 
Soberano, á enviar un cartel de desafio, al Emperador 
Garlos V por el medio público i caballeresco de un rei- 
de-armas. El hecho , sin embargo , era cierto : i con- 
signando Valdés, en el Diálogo, la certeza de su per- 
suasión, á riesgo de no ser creído ; acreditó, como 
queda dicho, que en sus investígaziones para apurar 
la verdad, i en su determinazion al escribirla, le 
movía su fé en seguirla , sin fiarse de lo que á pri- 
mera vista era mas creíble, i creído por el mayor 
número. I no se engañó: i , en prueba de ello, léanse 



* No hal quien ose hablar, dlze Valdés, ^áj. io3. 

** Para quien conozca la obra de Roje, i haja notado en 
ella la descripzion de las Armas de Wolsey, hijo de un carni- 
cero, no carezerá de interés el saber, que el a. is^s, vivía en 
Ipswich un tal Totndi WoUey^ de ofizlo carnicero^ en la mis- 
ma calle, i Junto á la casa donde pareze nazió el Cardenal 
Wolsey. 



XI 

las pajinas 170 i 171 , totn. 1.^ de los Anales de la 
Biblia inglesa y escritos por Cristóbal Anderson. 
Alli se refiere qaeel Cardenal-Ministro Wolsey, en 
nombre, i por orden delRei su amo, sin que tal orden 
tUYiese, enTióá Tomás Benolt Clarencieux, á desa- 
fiar al Emperador: diziendo, al mismo tiempo, al 
Rei , que su rei-de-armas había prozedido á hazer el 
desafio, sin orden ninguna: i para que, por medio de 
este, no se descubriese la verdad ; tenia dispuesto el 
Cardenal , que al Tolver Benolt de su comisión , le 
asesinasen en un punto del camino. Libróse el rei-de- 
armas de la muerte, que Wolsey le preparaba, de la 
manera referida por Anderson ; i burlando los desig- 
nios del Cardenal (que nos recuerda d epigrama de 
Alfieri), llegó secreto, hasta el real sitio de Hamp- 
ton-Court , donde obtuvo audienzia del Rei ; i le pre- 
sentó las tres cartas órdenes que el Cardenal-Ministro 
le había escrito para que híziese el desafio: mostran- 
do , de paso , en prueba de la cortesanía con que fué 
tratado por el Monarca español , la cadena de oro 
que este Prínzipe le mandó dar , al despedirse. Por 
brevedad no trascribo cuanto refiere C. Anderson, 
relativo al caso, i á las personas ; pero el que lea las 
pajinas citadas , i otras de la obra ; conozerá cuánta 
es la sobriedad áe nuestro Valdés, que nada de eso 
ignoraría , al inculpar á Wolsey ; i cuan oportuna , i 
como nezesaria , venia á hazerse la condenazion de 
semejantes prozederes, en un escrito de la naturaleza 
del Diálogo de Mercurio i Carón. — Cuando en un 



I 

c 



paÍ8 , no se halla constituida í representada legal- 
mente, una fuerza ciiil, que acredite i nutra ta 
opinión de lo hoocRto, i con ella haga proiperar, i 
apoye , la ntilidad jeoeral ; que son do» elemento! 
indispensables, para la libertad i grandeza de lot 
pueblos; i cuando, por otra parte, desapoderados 
gobernantes, como el infeliz purpurado Wolsey lle- 
vados de las erradas artes políticas del Diablo ; con- 
culcan esa opinión i esa utilidad, que ellos deben 
encaminar rectamente; pareze, que entonzes se au- 
menta, en los particulares, la obligazion de estudiar 
las causas de loa males públicas , i con darlas bien & 
conozer , fazilitar su remedio. Eso pienso yo , que se 
propuso prinzipalmente Juan de Valdés en todos sus 
escritos. Se ocupa en ellos de promover, por medio 
de la persuasión , una reforma nezesaria , en puntos 
decreenzia; porque, sin esa reforma, era ilusorio 
lodo remedio. El que no examina lo que cree , no 
puede hazer propia suya , una creenzia : ú , por me- 
jor dezir, no tendrá creenzia ninguna. La Relijíon, 
no puede aprenderse, ni poseerse, á manera de los 
demás con ozimientos , i adquisíziones humanas; ni 
una relíjion aprendida, i no inspirada, produzirá 
jamás una reítjwtji(¿i(í nacional, que, á su vez, pro- 
duzca el único cimiento sólido de la libertad política 
de los pueblos, que es la Ubertad relijiosa. I sin ambas 
cosas, no se obtendrá la mejora intelectual, ni sin 
esta la prosperidad material á que puede aspirar el 
hombre. Ho pretendo interpretar las miras que Val- 



XIII 

des se propuso en todos sus escritos : pero si , me 
pareze, que sin yiolenzía del pensamiento, se le 
ocurrirán al lector de sus obras , deducziones seme- 
jantes á las que antezeden : viniendo , asi, á valuar la 
importanzia de dichas obras, i á convenir en la 
oportunidad de su reimpresión. I si después de largos 
treszientos años , que , por primer vez , se dieron á 
luz, se vé hoi salir á estos Dos Diálogos del olvido, 
que no merezen; es de esperar, suzeda pronto lo 
mismo, con las demás obras del Autor: ya que 
todas ellas , se pueden , i deben contar entre las me- 
jores de la española literatura , no por sus miras i 
objeto solamente , sino por la castidad i eleganzia 
del estilo , cuyas peculiaridades , pareze que estudió 
atento GEByAiiTES , i trasladó en sus obras : i que en 
tal estudio , le hubo de prezeder Gabgilaso , con la 
ventaja de haber tratado personalmente á Jüah de 
Valdés. 



DIÁLOGO DE MERCURIO I CARÓN: EN QUE 

ALLENDE DE MUCHAS COSAS 6BAZI0SAS I DE BUS- I. 
NA doctrina; SE CUENTA LO QUE HA ACAESG- 
DO EN LA GUERRA DESDE EL AÑO DE MILL I 
QUINIENTOS I VEINTE I UNO , HASTA LOS 
DESAFÍOS DE LOS RETES DE FRANCIA 
ET INGLATERRA , HECHOS AL EM- 
PERADOR EN EL AÑO DE 
MDXXVIll. 



. --llf .-- 



PROHEMIO AL LECTOR. 



Xja causa prinzipal que me movió á escríbír 11. 
este Diálogo; fué deseo de manifestar la jus- 
tizia del Emperador, i la iniquidad de aquellos 
que lo desafiaron , i en estilo , que de todo 
jénero de hombres fuese con sabor leido. Para 
lo cual me ocurrió esta invenzion , de intro- 
duzir á Carón, barquero del infierno: que 
' estando mui triste , porque babia oido dezir 
ser ya hecha la paz entr' el Emperador i el 
Rei de Francia, de que á él venia mucha pér- 
dida; viene Mercurio á pedirle albricias por 
los desafios qu'el Rei de Francia, i el Rei de 
Inglaterra hizieron al Emperador. Por ser la 
materia en si desabrida; mientra le cuenta 
Mercurio las diferencias d' estos Principes, 
vienen á pasar ciertas ánimas, que con algu- 



BBlá bien juBlificada , uiuchas grazias á ü. 
que la justificó con sus obras. SilainveDuon 
i doctrina es buena; dense las grazias á Lu- 
ciano, Pontano, i Erasmo, cuyas obrasen 
esto habernos imitado. I, pues á mi, no me 
queda cosa, de que gloria alguna deba espe- 
rar; locura fuera mui grande, si poniendo aqui 
mi nombre , diera á entender, que pretendía 
debérseme. I si hobiere alguno tan curioso, 
que quiera saber quién es el auclor; tenga 
por mui averiguado, ser un hombre, que 
derechamente desea la hoorra de Dios , i el 
bien universal de la república cristiana. 



INTERLOCUTORES PRINCIPALES, 

MERCURIO. CARÓN. 



Mercurio.— Despierta, despierta, Carón. 

Carón. — Mejor harías tú de caUar. 

Mercurio. — ¿No me conosces? 

Carón. — No me conosco á mí velando; ¿co- 
noscerte he á tí dormiendo? 

Mercurio. — Luego, duermes tú agora? 

Carón. — Ya tú lo ves. 

Mercurio. — Véote los ojos cerrados, mas la 
boca abierta , hablando. 

Carón. — ¿Nunca viste hablar á nadie dor- 
miendo? Déjame ya. 

Mercurio. — Cata , que soi Mercurio , i vengo 
a pedir amrjcias.p' ^ , 

Carón. — Albricias ¿ Mercurio ? ¿ Así te bur- 
las de los mal vestidos ? 

Mercurio. — Si me burlo ó no , agora lo ve- 
rás. Mas, díme primero , ¿por qué estás tan 
triste? 



— 2 — 

Carón. — Necedad seria encubrirte mi dolor. 
111. Has de saber, que los dias pasados, vino por 
aqui Alastor: i dándome á entender, que 
todo el mundo estaba revuelto en guerra, 
que en ninguna manera bastaría mi barca 
para pasar tanta multitud de ánimas ; me 
hizo comprar una galera , en que no so- 
lamente eché todo mi caudal : mas aun mu- 
cho dinero que me fué prestado. 1 agora, 
que la cosa está hecha , me dizen que la 
\ paz es ya concluida en España. 1 si esto, 
Mercurío, es verdad; serme ha forzado 
hazer banco roto. 

Mercdkio. — ¿Qué me darás de albricias, si 
te quito d' ese cuidado? 

Carón. — Ya sabes , Mercurio , que cuanto yo 
tengo es tuyo: pide lo cpie quisieres. 

Mercurio. — Pues eres tan liberal ; no quie- 
ro , sino que á todos los sacerdotes cpie 
hobieren vivido caf|^» hagas exemptos de 
pasaje. 

Carón. — Poca cosa me pides. 

Mercurio. — ¿ Eres contento ? 

Carón. — I aun recontento. 

Mercurio. — Pues, bagóte saber, que hoi en 
este dia , los reyes de Francia é Inglaterra 



1 



han desafiado públicamente, con mucha 
solemnidad , al emperador. 

Carón. — ¿Qué me dizes , Mercurio ? 

Mbrcübio. — Esto que oyes , Carón . 

Carón. — ¿ Mándasme , cpie te crea? , 

Mercurio. — Si: i aun mas te quiero dezir, 
porcfue no pienses haber comprado tu ga- 
lera en vano: cpie aun no sé , si te bastará 
para pasar tanta i pesada jente como verná . 

Carón. — Dime por tu vida la causa; porque 
te acabe de creer. 

Mercurio. — Has de saber , que yo dejo toda 
la cristiandad en armas: i en sola Italia, 
cinco ejércitos , que por pura hambre ha- 
brán de combatir: tu amigo Alastor, solici- 
landü arTapa V que no cumpla lo que ha 
prometido á los capitanes del emperador, 
que lo pusieron en su libertad; mas que en 
todo caso procure de vengarse. Allende 
d' esto , el vaiboda de Tmnsilvania , no ha 
dejado la demanda del reino de Ungria. 
El rei de Polonia , haze jente para defen- 
derse de los tártaros. El rei de Dinamar- 
ca , busca ayuda para cobrar su reino. To- 
da Alemana está preñada de otro mayor 
tumulto que el pasado , á causa de la sec- 



— 6 — 

taria su prudencia i bondad , para apaziguar 
cuantos scándalos en el mundo levantar- 
se puedan. 

Carón. — Luego, ¿ese arzobispo estorbó el 
^ buen consejo de mi amigo Alastor? 

^ Mercurio. — No solamente lo estorbó, mas 
^ apaziguó la cosa de manera , que ya no 

queda memoria de contienda ni debate. 

Carón. — Ojalá me veniese á las manos ese 
arzobispo , que yo le traeria al remo diez 
años en pena de su maleficio. Veamos, 
Mercurio: ¿ no habría medio , para enviar 
alguna otra discordia? 

Mercurio. — Eso, allá lo has de platicar con 
Alastor: que yo soi mas amigo de concor- 
dia. 

Carón. — Díme, Mercurio; ese rei de Franca, 
(fue dizes haber desafiado al emperador; 
¿es por ventura, un Francisco, primero 
d'este nombre , que fué preso en la batalla 
IV. de Pavía , i llevado en Eppaña ; i de allí , por 
el emperador, puesto en su libertad? 

Mercurio. — Ese mismo. 

Carón. — ¿ESs posible, que reine éntrelos 
hombres tanta maldad , que quiera agora 
ese rei , en lugjtr de dar gracias por el be- 



— 7 — 

neficio rescibido , mover guerra á aquel de 
quien lorescíbió? 

Mergubio. — ¿Quién le ha hecho , Carón , tan 
relijioso? 

Carón. — No pienses que lo digo , porque de 
lo hecho me pese , que bien sé no me lo 
creerías: mas porque todos tenemos este don^ 
de natura , que asi como un rei se huel- 
ga con la traición hecha en su provecho, 
mas no con el traidor; asi nosotros hol- 
gamos con una cosa mal hecha , si d' ella 
pensamos haber provecho , mas no con el 
que la haze. 

Mercurio. — Querría que dieses una vuelta por 
el mundo , i vieses de qué manera está , i el 
trato que anda entre los hombres , i verías 
cuan al revés está , de como tú te lo fínjes. 

Carón. — No me pesaría de verlo, si tuviese 
segurídad mui cierta^ ¡^fl3ae,JiaJ3aie.Jiarian 

mas, pues tú, Mercurio, lo 
Tbien me lo podrás contar. 

Mercurio. — ¿ Ternas tanto espacio para escu- 
charme ? 

Carón. — Guiará, entretanto, mi lugar te- 
niente , la barca : i nosotros , sentados en 
esto prado, podremos hablar, i á las vezes 




— 8 — 

reírnos , con algunas ánimas que vendrán 
á pasar. 

Mercurio. — Soi contento : mas mira , Carón; 
si la barca se anega , no quiero que sea á 
mi costa. 

Carón. — No seas, Mercurio, tan temeroso: 
i acaba ya de contarme eso que dizes, 
pues estamos de nuestro espacio. 

Mercurio. — Tomóme el otro día , un ferventí- 
simo deseo de ver mui particularmente todas 
las tierras del mundo : i las leyes , usos i 
costumbres ; ceremonias, relijiones i trajes 
de cada uñad' ellas. I después de todo ello, 
con los ojos , bien mirado; con el enten- 
dimiento considerado i comprehendido; no 
hallé en todo él , sino vanidad , maldad , 
aflicción i locura. Enojado conmigo mesmo, 
de ver en toda parte tanta corrupción : con 
deseo de ver algún pueblo , que por razón 
natural viviese: acordándome de lo que 
Jesucristo instituyó , i habiendo visto aque- 
lias sanctisimas leyes , que con tanto amor 
tan encomendadas les dejó ; determiné de 
buscar aquellos que se llaman cristianos, 
pensando hallar en ellos , lo que en los 
otros no habia hallado. Informándome^ 



— 9 — 

pues, de las señales con que Jesucristo 
quiso que los suyos fuesen entre todos los 
otros coDOscidos ; rodeé todo el mundo, 
sin poder hallar pueblos que aquellas se- 
ñales tuviesen. A la fin, topando con tu 
amigo Alastor, i sabida la causa de mi pe- 
regrinación ; me dijo : cr De pura compa- 
» sion» te quiero desengañar, Mercurio. Si 
u tu buscas ese pueblo , por las señales 
» que Cristo les dejó , jamás lo hallarás. 
» Por eso , si tanto deseo tienes de conos— 
» cerlo; toma la doctrina cristiana en la 
» mano , i después de bien leida i consi— 
» derada , acuérdate de todos los pueblos i 
I» provincias que has en la tierra andado; 
» i aquellos , que viviendo con mas policía 
» esterior que otros , viste vivir mas con- 
» trarios á esta doctrina cristiana; sábete, 
» que aquellos son , los que se llaman cris- 
D tianos ; i los que con tanto deseo tú 
» andas buscando.» Como yo esto oi 
(aunque no diese entero crédito á las pala- 
bras de Alastor); todavía , por saber si era 
verdad , atiné hacia Europa , donde me 
acordé haber visto ciertas provincias , que, 
por la mayor parte , vivian derechamente 




- 16- 
arrancárseme las enlrañas. Quise ver mas 
partícula rmenle lo que hazian, i vi venir 
unos , tan hinchados con poco saber, otros 
con riquezas , otros con fevores , i otros 
con íalsa especie de sanctidad ; que no es- 
taban en dos dedos de bazerse adorar por 
dioses. I vi á otros . andar en hábitos de 
relijiosos: i qne por tales, les hazian toda 
reverencia hasta el suelo : i aun les besa- 
ban la ropa por sanctos. I, como yo veia. 
lo que debajo de aquel hábito andaba en- 
niliierto ; paresciame que representaba 
alguna Éirsa. Entré en los templos: i vilos, 
llpnos de banderas, i de scudos , lanzas et 
yelmos: i pregunté, si eran templos dedi- 
i^ailos á Marle, dios de las batallas: i res- 
liundiéronme, que no: sino á Jesucristo. 
Pues, ¿qué tiene que hazer (dezja yo) Je- 
sucristo, con estas insignias militares? Vi 
asimesmo, tantos i tan sumptuosos sepul- 
taros ; i pregunté, si eran de sanctos: 
respondiéronme, que no: sino de hom- 
bres ricos. Salido fuera, vi enterraron 
hrimbre fuera déla iglesia: i pregunté si 
cía moro ó turco , pues no le enterra- 
ba» en la iglesia como á los otros? dije- 



_ n — 

ronine que no : sino tan pobre ; que no 
tuvo con qué comprar sepultura dentro de 
la iglesia. Pues , cómo (dezia yo); ¿al que 
mas dinero tiene , se haze mas honrra en 
la iglesia de Jesucristo? En otras iglesias 
veia tantos pies, manos, brazos, i niños, 
pintados en tablas, i hechos de cera: i en 
muchos d' ellos , cosas tan vergonzosas, 
[que] aun perlas plazas, cuanto mas en los 
templos, no deberían ser admitidas. I pre- 
gunté, ¿qué era aquello? Dijéronme, que 
una imájen que allí estaba , hazia mila- 
gros. I, á la verdad , ninguno vi , que ho- 
biese presentado cosa alguna , por haber 
[se (?) ] librado de la sujeción de los vi- 
cios, i puesto en la libertad de las virtu- 
des. Vi , que estaban muchos hombres i 
mujeres hincados de rodillas para recibir 
el cuerpo de Jesucristo, que tan gran bien 
en la tierra les quiso dejar; i quíseme jun- 
tar á recibirlo con ellos, i llegó un sacris- 
tán á pedirme dineros. I como no los te- 
nia, le dije: i ¿asi también vosotros, dais 
por dineros el cuerpo de Jesucristo? Sa- 
líme de alli jimiendo : i queriendo entrar 
en otro templo, hállelo cerrado: rogué 



2 



- la- 
que me abriesen , i dijeron que estaba en- 
Iredicho ; i que no podía entrar, si no tenia 
bula. I sabido á dónele tomaban las bulas, 
fui á lomar una . i pidiéronme dos reales 
por ella. ¿ Cómo { digo yo ). no deja Jesu- 
cristo entrar en sus templos , sino por di- 
neros? Quisiéronme echar mano, dizien- 
do, que blasfemaba. Voescapéme fuyendo. 
Pregunté, cómo vivían los sacerdotes de 
Jesucristo; i mostráronme, unos, sentados 
al fuego con sus mancebas i hijos; i otros, 
revolviendo guerras i discordias, entre sus 
prójimos i hermanos. Entonces dije yo. 1, 
cómo, ¿los ministros de Jesucristo, auctor 
de paz, andan revolviendo discordias? Pre 
gunló dónde estaba la cabeza de la reli— 
jion cristiana; i sabido que en Roma: 
me fui para allá: i como llegué; estuve 
tres dias atapadas las narízes , del incom- 
portable hedor, que de aquella Roma sa- 
lía : en tanta manera , que no pndíendo 
allí mas pararme ; pasé en España : don- 
de hallé hombres, que , de noche , anda- 
ban á malar ánimas por las calles , con 
deshonestifiimas palabras. Fuime á un rei- 
no , nuevamente por los cristianos con- 



- 19 — 

quistado; i diéronme d^ ellos mil quejas, 
los nuevamente convertidos; diziendo, que 
d' ellos , habian aprendido á hurtar, á ro- 
bar, á pleitear, i á trampear. Hobe com- 
pasión de los unos i de los otros : i harto de 
ver tanta ceguedad , tanta maldad , i tan • 
tas abominaciones : no quise mas morar 
entre tal jente : i maravillándome de los 
incomprehensibles juicios de Dios, que 
tales cosas sufre , me torné á ejercitar mi 
oficio. Todo esto te he querido dezir, por- 
que de hoi mas no te maravilles, de co- 
sa que oyeres dezir. 

Carón. — Con tan elocuente compañero, no 
sentiría yo el trabajo de guiar la barca. 
Dime, Mercurio; ¿crees tú, que Jesucristo VII. 
se huelga , que tal jente como esa, se lla- 
men cristianos? 

Mercurio. — Si se huelga ó no, allá se lo ha- 
ya. Cuanto por mi: yo te prometo, que 
me ternia por mui afrentado , si se lla^na- 
sen mercurianos. 

Carón. — Lo mesmo me haria yo : i aun los 
castigaría mui bien , si no queriendo se- 
guir mi doctrina, se quisiesen honrrar con 
mi nombre. 



— 20 — 

Mercurio. — Así me paresce que haze agora 
Jesucristo, 

Carón. — ¿De manera, que no esperas ver el 
ñn de los males que padecen , hasta que 
se hayan enmendado? 

Mercurio. — En ninguna manera lo espero. 

Carón. — Con rázon. Ven acá, Mercurio: en- 
tre tanta multitud de cristianos , ¿no ha- 
llaste alguno que de veras siguiese la doc- 
trina cristiana? 

Mercurio. — Hallé tan pocosyX[ue me olvidaba 
de bazer mención d' ellos. Pero esos que 
hai, digote de verdad, que es la mas exce- 
lente cosa del mundo, ver, con cuánta ale- 
gría , i con cuánto contentamiento viven 
entre los otros : tanto , que me detuve al- 
gunos dias conversando con ellos ; i me 
parecia conversar entre los ánjeles. Mas, 
como los cuitados , por la mayor parte, 
son en diversas maneras perseguidos ; no 
osan parescer entre los otros, ni declarar 
las verdades que Dios les ha manifestado. 
Mas por eso , no dejan de rogar continua- 
mente á Jesucristo , que aparte del mundo 
tanta ceguedad : viviendo siempre con mas 
alegría , cuando mas cerca de si ven la 



— 21 — 

persecución. ¿Hasoido, lo que los filó- 
sofos disputan, de las virtudes déla ánima? 

Carón. — Muchas vezes. 

Mercurio. — ¿No te parece cosa imposible, 
que algún hombre pudiese alcanzar aque- 
lla perficion ? 

Carón. — I aun mas que imposible. 

Mercurio. — Pues si vieses, de la manera que 
estos , que te digo , viven ; conoscerias 
haber muchas imperficiones en la doc- 
trina de esos filósofos , que á ti te parece 
tan dificultosa de seguir, comparada á la 
vida d' estos. 

Carón. — Espantado me has con eso. Yo te 
prometo de informarme ndi bien de la 
primera ánima que viere subir por la mon- 
taña , de cómo habrá vivido: i agora, 
pues tan complidamente me has eso conta- 
do, i tenemos bien proveida la barca , no 
se te haga de mal , contarme lo que entre 
ese emperador, i reyes de Francia et In- 
glaterra ha pasado. 

Mercurio. — De buena voluntad lo haré ; por- 
que en este camino , yo me he mui bien 
de todo informado : mas no querria que 
los juezes me estuviesen esperando. 



Caron. — D' eso, seguro puedes estar, que hoi 
vacaciones tienen. 

Mercurio. — Pues que asi es, está atento. I, 
porque mejor me entiendas , de mui lejos 
quiero comenzar. — Has de saber, que 
muerto un rei de España llamado Feman- 
do, que para si i sus sucesores ganó nom- 
bre de Católico, porque este fué el que 
acabó de echar los moros de España , que 
la ocuparon i señorearon por muchos tiem- 
pos ; sucedió en todos aquellos reinos de 
España , un Carlos , su nieto , que agora es 
emperador. I como al tiempo de su suce- 
sión hallase guerra entre su predecesor, i 
este rei de Francia ; no queriendo c(Hnen- 
zar á reinar con guerra , hizo con él paz. 
I teniendo mas respecto al bien público, 
que á su particular provecho , se obligó 
á ciertas cosas , á que en ninguna manera 
era obligado: queriendo mas, desigual paz, 
que justa guerra. Murió , en este medio , el 
emperador Maximiliano su agüelo: i levan- 
tóse competencia entre él , i el rei de Fran- 
cia, sobre cuál d' ellos sería elejido por em- 
perador. Venzieron á la fin , la bondad i vir- 
tudes d' este don Carlos rei de España , á 



b 



— sa- 
la solicitud i dádivas del rei de Francia : de 
manera , que , de comua consentimiento, 
todos los electores del imperio (estando él 
en España) lo elijieron por emperador: de 
que el rei de Francia quedó mui corrido , i 
con inicuo ánimo, buscaba oportunidad para 
hazerle mal. I después que muchas re- 
vueltas bobo tramado; á la fin, estando este 
emperador en Alemana , entendiendo en la 
gobernación del imperio , viendo el rei de 
Francia revuelta á España , por la absencia 
de su principe ; parecióle tener buena oca- 
sión para ejecutar su mal propósito ; i deter- 
minado de mover guerra contra el empera- 
dor , que en vano trabajaba de evitarla ; no 
pudiendo bastar justificaciones ni ofreci- 
mientos para apartarle de tan pernicioso 
proposito ; á la fin , envió un ejército en Es- 
paña, i hallándola desproveida de defensas, 
i mui ocupada de guerras civiles ; fácil- 
mente conquistó el reino de Navarra , i aun 
entrando en Castilla, combatió la ciudad 

de Logroño. Mas los españoles , que al tiem- 
po de necesidad , á sus principes i seño- 
res naturales jamás faltaron ; dejadas las 
armas civiles , se juntaron á resistir el ím- VIH. 



— ¿I — 

petu de los franceses ; i sin esperar á ser 
por su rei requeridos ; les dieron la batalla, 
í los desbarataron , et hízieron volver hu- 
yendo á sus tierras. I aqui comenzó Dios 
á declarar al mundo , la justicia qu' este 
principe tenia , dándole una tan impensada 
victoria. Mas tampoco bastó esto, para 
qu* el rei de Francia , se quisiese desistir 
de la guerra. Cuando esto vio el papa León 
décimo, conosciendo, por una parte, la 
justicia del emperador; i por otra la malicia 
del rei de Francia ; declaróse por su ene- 
migo en favor del emperador , i juntó sus 
ejércitos en Italia. Ese mismo año, echa- 
ron los franceses del estado de Milán que 
tiránicamente le tenian ocupado ; restitu- 
yendo en él , al duque Francisco Maria 
Esforcia : i á un mismo tiempo , se rendió 
al emperador la ciudad de Tornai , que de 
mucho tiempo antes, franceses tenían 

ocupada 

Cabon. — No te pese, Mercurio, si alguna 
vez , por ser mejor informado , te quisiere 
algo preguntar. Veamos; ¿qué tenia que 
hazer el emperador , en echar los franceses 
de Italia ? 



— 25 — 

Mercurio.— El estado de Milán es feudo del 
imperio , i toca al emperador proveer , no 
solamente que lo posea el que por derecho 
lo debe poseer ; mas que los subditos d'él, 
sean bien tratados. Habia, pues, tiránica- 
mente el rei de Francia, ocupado aquel 
Estado , i los subditos d' él eran por los 
franceses mal tratados: i era obligado el 
emperador , á quitarlo , de las manos del 
violento ocupador , librando el pueblo de 
la tiranía que padecia. 

Carón. — I, veamos : ¿pertenecia á ese du- 
que Francisco Esforcia , que has nombrado, 
ese estado de Milán ? 

Mercurio. — Á la verdad , mas derecho tenia 
á él , el mesmo emperador ; asi por ser feu- 
do que llaman commiso , como por tener 
d' él investidura concedida por el empera- 
dor Maximiliano, con consentimiento del 
rei de Franza. 

Carón. — Agora te quiero hazer dos pregun- 
tas : la una , que pues ese Estado pertene- 
cia al emperador ; ¿ por qué él no lo toma- 
ba para si? I la otra será: que pues era el 
emperador obligado á echar del Estado, 
á los franceses que tiránicamente lo po- 



K 



seian ; ¿ por qué no lo había beoho antes? 
Hercuuo. — Mira, <^ron: las leyes , i loe prín- 
cipes i señores, fiíeron ordenados para 
provecho del puehlo: ■ *■' >""'h p'^"''^pp, 
no h a de min "- flnianmnt^^ ¿ Ip q ue la leí 
lO SñBa. ni á lo^ue-eLdwocba ordena; 
sino á ~liriñtéñcion de los ^gaeJas leyes 
Qfááoa SlíiTqiie efl e l hw.n dp. ljn eMo. I si 
ve , que de seguir el derecho , ó ejecolar 
la lei , verná mas danno al pueblo, que de 
disimularlo; débelo disimular, hasla que 
vea tiempo , cómo sin danno del pueblo , lo 
pueda mejor hacer. Viendo pues el empe- 
rador , ser menor mal , que los milaneses 
padeciesen lo que padecían ; que no , el 
que de escitar nueva guerra se podría se- 
guir; dilató aquello, basta que le vino esta 
oportunidad , para librarlos de aquella ti- 
rania ; í librados , aunque pudiera él que- 
darse conaquel estado; conosciendo, cum- 
plir mas al sosiego de Italia, i bien de los 
milaneses , darles un duque de quien fue- 
sen gobernados, que tomarlo para si, 
posponiendo su inieresse particular , al 
bien universal : lo dio al duque Franciscu 
Esforcia. 



~i7 — 

Carón. — Dígote, que nunca vi tanta virtud 
en un príncipe. Cuanto que, si muchos 
d'esos hobiese, bien me podría asentar 
cabe mi ganancia. 

Mercurio. — No haya^ miedo; que yo te pro- 
meto , que d' ellos hai tanta falta como de 
moscas blancas . El anno siguiente, torna- 
ron los franceses en Italia , pensando co- 
brar lo perdido: i no solamente perdieron 
parte de su ejército en la Bicoca , i se vol- 
vieron vergonzosamente; mas también per- 
dieron á Jénova , con todo lo que de mas 
les quedaba en Italia . 

Carón. — I d* esa Jénova , ¿ qué hizo el em- 
perador , tomóla para si ? 

Mercurio. — Antes la puso en su libertad se- 
gund sus fueros i costumbres; i quedaron 
al gobierno d' ella los Adornos: porque 
oonosciesen todos, que no se movia á 
echarlos franceses de Italia, por ambición, 
ni hambre de señorear; mas solamente, 
por lo que debia á la justicia. 

Carón. — Digote , que esa fué una virtud mui 
grande. 

Mercurio. — Dizes la verdad, segund lo que 
agpra se usa en el mundo , pues , ese mes- 



1 



— ¿8 — 

mo auno , estando el emperador en sus se- 
ñoríos de la baja Alemana ; determinó de 
pasarse en España , por acabar de asosegar 
los ánimos de los españoles , que por su 
absencia habían andado alborotados: í por 
estar allí , como en fortaleza , para defen- 
derse de sus enemigos. 

Carón. —¿A qué llamas baja Alemana? 

Mercurio. — Flandes , Brabante , Holanda , Ge- 
landa , Arthoes , Namur , Henao : i otras 
tierras , que también llaman Galia Béljica. 

Carón. — Ya lo entiendo. 
IX. Mercurio. — Determinado pues el emperador 
de volverse á España ; venido en Inglater- 
ra , como tenía concertado ; el reí le hizo 
mucha honrra , i muí gran recebimiento 
en aquel su reino , i concertó de darle su 
hija por mujer , i se declaró por enemigo 
del reí de Francia: con que el emperador le 
prometió pagarle ciento i treinta mil escu- 
dos , que le daba el reí de Francia cada 
año ; hasta que hobiese ganado equivalente 
recompensa en Francia , con que se torna- 
se á concertar con el mesmo reí de Francia . 

Carón. — Rézia obligación fué esa. 

Mercurio. — Dizes verdad: pero convenía al 



— 29 — 

emperador hazerla , porque si él no ganara 
de su parte aquel rei de Inglaterra ; pudié- 
rasele concertar con el rei de Francia , i el 
daño fuera mayor. Estaba también el em- 
perador en Inglaterra , i por fuerza habia 
de hazer lo que los ingleses querían: i aun 
con todo esto , creo que no se obligara co- 
mo se obligó , si el cardenal de Inglaterra 
no le dijera, que aquello no se hazia con 
intención /que él bebiese de pagar aquellos 
dineros; mas, porque los del consejo del 
rei , i todo el reino , viesen , cómo ningún 
daño recibia el rei , en declararse por ene- 
migo del rei de Francia. 

Carón. — Aosadas , qiie d'esas palabras , nun- 
ca yo me fiara. 

Mercurio. — Piensa el ladrón, que todos han su 
corazón. Mas, mira no se te olvide ese paso, 
porque lo habrás menester para después. 

Carón. — Soi contento. Pero, mira también 
tá , aquella ánima , con cuánta soberbia 
viene. Algún sátrapa debe ser: vamos á 
hablarla, que luego tornaremos á nuestra 
plática. Dime, ánima pecadora, ¿quién eres? 

Ánima. — De los mas nombrados predicado- 
res , que hobo en mis dias. Nunca me pu- 




I 





— 30 — 

se á predicar, que la iglesia no estuviese 
llena de jenle. 

Carón. — ¿Qué arte tenias para eso? 

Ánima. — Finjia en público sanctidad , por ga- 
nar crédito con el pueblo; i cuando subia 
en el pulpito , procuraba de enderezar mis 
reprehensiones , de manera que no tocasen 
á los que estaban presentes: porque , como 
sabes , ninguno huelga , que le digan las 
verdades. 

Carón. — D'esa manera, no aprovechaba tu 
sermón , sino para que el malo perseverase 
con mayor obstinación en sus vicios. 

Anima. — Ni aun yo quería otra cosa. 

Carón . — ¿ Por qué ? 

Ánima. — Mira, hermano. Si yo les dijera las 
verdades; quizá se quisieran convertir, i 
vivir como cristianos: i fuera menester que 
de pura vergüenza hiziera yo otro tanto: i 
d' esto me quería yo bien guardar. 

Carón. — De manera , que so color de predi- 
car Jesucristo , predicabas Satanás. 

Anima. — Yo no sé , qué cosa es , predicar Je- 
sucristo: ni jamás aprendi otra arte sino es- 
ta: i con ella he vivido mas á mi sabor que 
un Papa. 



— M — 

Carón. — Pues, paga el pasaje: que allá te 
mostrarán , á qué sabor has de vivir de 
aqui adelante. 

Ánima. — ¡Yo, pasaje! Gomo sino supieses 
tú, que los frailes somos exemptos. 

Carón. — Exemios vosotros , cuanto quisié- 
redes , en el mundo: que aqui, ó me pagarás; 
ó me dejarás el hábito. 

Ánima. — ¿El hábito 7 De mui buena voluntad . 
¡Ojalá, me lo hobieras quitado en el mundo! 

Carón. — ^ ¿Pesábate de traerlo? 

Ánima. — Asi, burlando. 

Carón. — ¿Por qué ? 

Ánima . — ¿ Piensas qi e es poco trabajo , haber 
todavia de fínjir sanctidad , contra su vo- 
luntad? 

Carón. — Agora serás quito de ese trabajo. 
¿ Qué te pareze , Mercurio ? Agora no me 
maravillo, que vivan tan mal los cristianos, 
pues tienen tales predicadores. Dime: ¿ ha i 
muchos semejantes á este ? 

SbRCURio.-^Mas, que sería menester. 

Carón. — Acá les mostraremos, cómo han de 
predicar. I tú, proúgue adelante. 

Mbrcurio. — Venido el emperador en España, 
usó de una gran liberalidad i clemencia, 



- 32 — 

penlonuiulo á todos los que en su absencia, 
por falsas relaciones , contra su autoridad 
real, se habían levantado: exceio algunos, 
cuyos delictos fuera crueldad dejar sin cas- 
tigo. El año siguiente , el rei de Francia 
tornó á enviar nuevo ejército en Italia, 
pensando cobrar aquel estado de Milán. I 
después de haber tardcuio el dicho ejército, 
en Italia , ocho meses ; fué otra vez , por 
el raes de mayo del año siguiente , echado 
de Italia. I el ejército del emperador, si- 
guiendo la victoria , entró en Francia ; i to- 
mó muchos lugares de la provincia de los 
romanos , que agora llaman Proenza: i es- 
tando sobre Marsella; el rei de Francia, 
so color de la necesidad que tenia de de~ 
fender el reino; sacó mucho dinero de sus 
subditos ; i ayuntado un poderoso ejército, 
dejando el del emperador en su tierra ; él 
mesmo en persona , tomó la via de Italia, 
pensando cobrar el ducado de Milán , que 
á la sazón , de jente estaba desproveido. 
Carón. — ¿Es posible, Mercurio, que haya 
tanta locura entre los hombres , cpie con 
X, peligro de muerte , i tantos trabajos , va- 
yan buscando una cosa , que aun rogán— 



— 33 — 

doles con ella , si fuesen discretos , no la 
habrían de querer aceptar? ¿Qué cosa 
es mas miserable , ni mas trabajosa hai 
en el mundo , que reinar? Déjame un 
poco, Mercurio, filosofar contigo. ¿Puede 
ser mayor miseria , que estar un hombre 
en lugar donde ha de temer á todos , tener 
sospecha de todos ; i donde , si es bueno, 
es de los malos , que son la mayor parte, 
aborrecido ; i si es malo , buenos i malos 
lo querrían ver muerto? Pues aquella con- 
goja , aqael desasosiego , aquel ser de to- 
dos importunado, por una parte i por 
otra; ddme , ddme , ddmel Si dá, llámanle 
pródigo : i si no dá , dizenle que no es 
digno de ser Rei. Pues , si al libre llama- 
mos bienaventurado , ¿qué mayor suje- 
ción que la del Príncipe, que á tanta jente, 
i de tantas i tan diversas condiciones , él 
solo ha de contentar? ¿Qué mayor suje- 
ción , que andar siempre cercado déjente: 
i en ninguna cosa poder vivir á su volun- 
tad ? ¿ I que sobre todo esto , anden los 
hombres tan hambrientos por reinar? ¿I 
que este Rei , de quien me hablas , pudien- 
do vivir pazificamente en su reino , se 



vaya agora á conquistar los estraños , con 
tantos trabajos de su persona i vida ? Que. 
del ánima , según lo que mo has contado. 

- poca cuenta debe de hazer. ¿Cuánto mas 
bienaventurado es el labrador, que dando 
su tributo al Reí , porque lo mantenga en 
justicia , viveá su plazer , sin* ser notado 
de alguno? ¿Cuánto mas á su sabor come 
i duerme el que de sola su casa liene cui- 
dado ; que aquellos que en administrar rei- 
nos i señoríos, ponen su felizidad? Verda- 
deramente , ó Mercurio ; ó en el mundo 
no hai medicina contra la locura, ó no 
debe aun, por los hombres, serconosckla: 
teniendo d' ella tanta abundancia como 
tienen . 

Mercurio. — Cata, que me has espantado, Ca- 
rón : ¿i quién le vezó tanta fílosoña? 

Carón. — Parte me ha vezado la razón natu- 
ral, i parto aprendí de Sócrates. 

Mercurio, —Tú, ¿de Sócrates? ¿i cuándo? 

Carón. — Pasando en mi barca , iba marea- 
do: i revesó tanta ñlosofia , que nos cupo 
d' ella parte , á lodos los que íbamos en la 
barca : el yo , oomo el mas principal , to- 
mé la mejor: i léngola liien guateada. He- 



— 35 — 

ro ) dejemos ya la filosofía : i tú , prosigue 
tu historia. 

McRCUiuo. — Pasado el Kei de Francia en Ita— 
lia, fué forzado el ejército del Emperador, 
que estaba en Francia , á volverse , como 
se volvió , con gran dilijencia , en Italia. 
No embargante esto, el Réi de Francia 
ocupó brevemente mucha parte del estado 
de Milán , con la principal ciudad d' él. 

Carón. — En estas idas i venidas que haztaü 
los unos i los otros , quién cree, que el 
pobre pueUo no padecia. 

Mercdmo. — Ya tú lo puedes bien pensar. 

Carón. — Quiérete , pues, poner una cues- 
tión , Mercurio. Los Principes , ¿para qué 
fueron instituidos? 

Mercurio. — Para Wen i provecho de la re-^ 
pública. 

Carón. — ¿Pues, qué razón hai , para que 
con tanto daño de la república , anden 
los hombres ríñendo sobre quién gober- 
Dará este reino ó el otro ? Claro está , que 
los que tienen respecto á hazer en su reino 
solamente aqudlo para que fueron insti- 
tuidos ; que no querrían serles causa de 
tanto mal , como de la guerra se sigue. 



^ 



— 3ft — 
Mebcurio. — Nunca vi lan sabio barquero- 
Dime , tú , si sabrás sanar la locura de los 
hombres ; i luego te daré yo eso reme- 
diado. 

Carón. — ¿Remediado, Mercurio? Ese reme- 
dio, daño, i no pequeño, sería para mi: 
porque si los hombres toviesen sola una 
gola de entendimiento ; por maravilla ver 
nia alguno á pasar por mi barca. 

Mercurio. — Estuvo , pues , muchos días con 
tan gran triunfo el Rei de Francia en lia 
lia ; que cuasi todos los amigos i confede- 
rados del Emperador, le dejaron , i se pa- 
saron á la parle del Rei. 

Carón. — Deben esos andar á viva quien 
venze. 

Mercurio. — A ratos: como ya en toda par- 
te se usa. 

Carón. — I, ¿cuentas, también, entre esos, al 
Papa, que llaman Sicario de Jf.sucristo'í 

HxuccRio. — En los primeros. 

Carón. — Yo no te entiendo, ¿Tú , no me 
dijiste agora, poco há, que el Papa se de- 
claró contra el Rei de Francia , en favor 
del Emperador? 

Mercurio. — Si, que le lo dije. 



— 37 — 

Carón. — Pues, ¿cómo es posible , que se 
mostrase agora contra el Emperador^ en 
favor del Rei de Francia? 

Mercurio. — Si te acuerdas bien de lo que al 
principio te dije, del mal vivir de los cris- 
tianos ; no te maravillarias d' eso. Cuanto 
mas, que el que se declaró por el Empe- 
rador, era el Papa León décimo : i este es 
otro que llaman , Papa Clemente VII, que 
sucedió á Adriano VI, maestro del Empe- 
rador. 

Carón. — Agora te entiendo mejor : aunque, 
por dezirte la verdad, poco menos feo me 
parece lo uno que lo otro. 

Mercurio. — Pues, ¿qué dirías, si supieses lo 
que el Emperador por este Pontifico habia 
hecho. 

Carón. — No es cosa nueva, que los romanos XI. 
Pontífices se muestren ingratos á los que 
son causa de ponerlos en aquella dignidad. 

IdERGURio. — Dizes mui gran verdad: i aun 
es mui bien empleado, que acaezca eso , á 
los que tienen mas respecto á sus propó- 
sitos, é interese partieular; que al servicio 
de Dios , i bien universal , en la creación 
del supremo Pastor de la Iglesia. 



— :í8 — 

Carón. — Pues, tornando á nuesiro propó- 
sito: cpé I ¿también el Papa se juntó con 
el Rei de Francia , contra el Emperadoi? 

Mkrcurio. — Asi es : mas poco les aprovechó: 
porcpe los capitanes del Emperador, se 
dieron tan buena maña ; quQ ayuntando su 
ejército , vinieron á buscar el Rei de Fran- 
cia y que estaba con el suyo sobre la ciu- 
dad de Pavia ; i le dieron jentilmente la 
batalla , el dia de sanctp Mathia , año de 
MDXXV; i prendieron al Rei, i á los prin- 
cipales capitanes i señores, que con ¿1 
it)an. 

Carón. — Asi , asi; d' esa manera los castigan 
en mi tierra. ¿Quiéresme dejar aqoi un 
poco fílosoiar, Mercurio? 

Mercurio. — No me perturbes agora. Vieras 
venir luego, de todas partes , al Empera- 
dor: unos, escusando sus foltas; i otros, 
habiéndolo deservido, dándole á entender 
(|ue le habian servido. Franceses, se te- 
mian, que el emperador mandaría pasar 
su ejército en Francia ; Venecianos , que 
lo enviaría sobre sus tierras; el Papa, que 
á lo menos le querría quitar las ciudades 
de Parma i Plazencia, que, por su censen- 



— 39 — 
timiento tenia en el estado de Milán ; i que 
después, si se le antojase, baria otro tan- 
to de todo el patrimonio de san Pedro. 

Carón. — ¿A qué llamas patrimonio de san 
Pedro? 

Meigurio. — A todas las ciudades, villas, i lu- 
gares , que poseen los romanos Pontífices, 
llaman patrimonio de san Pedro. 

CáRON, — Esa , te digo yo, Mercurio, que es 
una jentil invención. Yo me acuerdo, de 
ver subir por aquella montaña un Pedro, 
que dezia*, haber sido Vicario de Jesu- 
cristo ; i me dijo : que no solamente no 
tuvo patrimonio en el mundo ; mas , que 
para ser Vicario de Cristo , fué menester, 
que dejase esa miseria que tenia. Agora, 
¿ dizesme tá , que tiene tan gran patri- 
monio? 

Mercurio. — ¡Buena memoria tienes ! Pero mi- 
ra. Carón; ¿qué sabes tú , si estonces con 
venia , que san Pedro dejase lo que tenia; 
i agora conviene que sus sucesores tomen 
á los otros lo que tienen? 

* Esta es una equivocación de Carón , porque se- 
guramente, san Pedro no se llamaría flcario de 
Jemicristí). 



LIA 



- 40 — 

CiHon. — ¿Quieres qae te diga la verdad, 
Hercurío? Asi como yo me huelgo, que 
ellos lo hagan como tú me dizes ; asi me 
parece, que convemia á ellos , i á todos, 
que hiziesen lo contrario. 

Mbbcurio. — ¿De barquero, te nos quieres tor- 
nar consejero? Calla, pues, si qaieres que 
prosiga mi historia. 

Caroh. — Soi contento: pero, veamos prime- 
ro, lo que quiere dezir esta ánima , que 
no va á pasar con las otras. 

ÁmHA. — ¿Cómo, Carón: tanta soberbia has 
cobrado, que has menester un lugar-tenien- 
te para tu barca ? ¿ De cuando acá te vino? 

Caroa. — ¿Eres tú, por dicha. Procurador 
de los embargos? 

Aniiiá. — ¿A qué llamas Procurador de los 
embargos ? Yo be sido , mas de treinta años, 
uno de los principales delconsejo deunRei 
mui poderoso: i tenia muchas Tierras que 
gobernaba . 

CiKOH. — Mal pedias gobernar á los otros, si 
no supiste gobernar á li. 

Íniu. — i Cómo , no ? 

Carón. — Porque si bien le gobernaras , no 
vinieras al infierno. 



— 41 — 

Ánibu. — ¿ Cómo : que no viniera al infierno? 
¿ parécete que venir aqui , es venir al in- 
fierno? 

Carón. — A la fé, hermano: si te piensas 
otra cosa , estás mui engañado. 

Ánima. — ¡Oh, desventurado de mí ! qué ! ¿ al 
infierno tengo de ir ? 

Carón. — D'esto, ninguna dubda tengas. 

ÁNniA. — Apena te puedo creer. 

Carón. — ¿ Por qué ? 

Ánima. — Cata, que yo era cristiano: i recebi, 
siendo niño , el baptismo; i después la con- 
firmación. Confesábame i comulgábame 
tres ó cuatro vezes en el año : guardaba to- 
das las fiestas: ayunaba todos los dias que 
manda la Iglesia , i aun otros muchos por mi 
devoción : i las vijilias de nuestra Señora , á 
pan i agua : oia cada día mi misa , i hazia 
dezir muchas á mi costa. Rezaba ordinaria- 
mente las horas canónicas , i otras muchas 
devociones: fui muchas vezes en romería, 
i tuve muchas novenas en Casas de gran 
devoción : rezaba en las cuentas que ben- 
dijo el Papa Hadriano: daba limosnas á po- 
bres; casé muchas huérfanas : edifiqué tres 
monesteríos , i hize infinitas otras buena» 



_ 42 _ 
obras. Allende (Cesto, tomé una bula del 
Papa, en que meabsolvia á culpa i d pema, 
in ariiculo tnortis: traiasiempre un hábito 
de ta Merced . Al tiempo de mi muerte , tomé 
una candela en la mano , de las del Papa 
Radriano. Entérreme en hábito de saat 
Francisco: allende de infinitas mandas pías, 
queenmt testamentadejé.I,que con todo 
esto , ¿ haya yo agora de venir al inGemo? 
Aina, me harías perder la paciencia. 
Hercurio. — Mira, hermano: tú has contado 
muchas cosas boenas: mas , á mi ver, sa- 
bias d' ellas mal usarr teniendo maa res- 
pecto á cumplir con tu voluntad ; que ni 
con la de Dios , ni con tu oficio. Buenoes 
guardar las fiestas, pero no las guarda el 
que se quiereeslar ocioso, dejando de des- 
pachar los negocios que tiene á cargo ; no 
teniendo respecto k lo que gastan i pierden 
aquellos á quien hazeesperar, por no des- 
pacharlos el dia de fiesta . ¿ No sabes , que 
haziendo bien al prójimo , no se rompe la 
fiesta? Bien era.ayunarcomo se acostum- 
bra; i mejor, ayunar á pan i agua: pero, 
si ¿ causa del ayuno, te venia alguna mala 
disposición , que causaba dilación en los 



- i3 — 

negocios que tenias á cargo; digote de ver- 
dad , que pecabas, donde pensabas merezer. 
Bueno esoir misa , bueno rezar las horas 
canónicas : pero , si mientra oias tu misa , i 
rezabas tus horas, dejabas de ir i despachar, 
los que habían de negociar contigo ; i eras 
causa , que se comiesen sus capas en el me- 
són ; digote de verdad , que te valiera mas 
no oír misa, ni rezar. Sino, dime, por tu 
fé; ¿tenias siempre tiempo de oirlos nego- 
ciantes ? 

ANiBfÁ.— ^Mochas vezes me faltaba. 

MJsacuRio. — Pues , ves ahi : ¿ no valiera mas, 
que mientra ensartabas aquellos salmos, 
que tú no entenditis , oyeras i despacha- 
ras los negocios que tenias á cargo? 

ÁinMA. — ¿No querías que rezase? 

Mercurio. — Cuando bebieras cumplido lo que 
eras por razón de tu oficio obligado ; bien 
era, que te pusieses en oración á Dios, 
demandándole gracia; paraque á servicio 
suyo , i bien de la república ; pudieses ejer- 
citar tu oficio. Mira , hermano: no hai ora- 
ción mas grata á Dios , que cumplir su vo- 
luntad: i sabiendo tú , ser ella , que se haga 
bienal prójimo ; ¿ pensabas servirlo, re — 



— 44 — 

zando con daño del prójimo ? Por cierto, 
¡muijentil oración era la taya! 

Ánima. — Cuanto, que si á eso va: los mas 
de los que tienen oficios públicos, caen en 
ese pecado. 

Mercurio. — Pues, créeme tú á mi: que los que 
en él cayeren , con él se vernán al infierno. 
Si tanto les agrada la oración ( aunque no 
sé , si se puede llamar oración, el ensartar 
salmos como lo hazeis) , no se ocupen en la 
administración de la república. Dizes, des- 
pués ; que anduviste muchas romerías , i 
toviste muchas novenas , i entretanto , de- 
jarías los pobres negociantes desesperados, 
esperando tu vuelta. Digote de verdad, que 
con esas tales romerías i novenas , ofendias 
muireziamente áDios. Cuentas, que edifi- 
caste monesteríos . i diste muchas limosnas 
á pobres, i que casaste muchas huérfanas. 
Veamos , ¿de dónde tenias dinero para ello? 

ÁmMA. — De mis rentas. 

Mercurio. — I estas rentas ¿cómo las hobiste? 

Anima. — Parte , me dio el Principe á quien 
servia; i parte, me allegué yo. 

Mercurio. — ¿Pedias selo tú al Príncipe, ó dé- 
batelo de su voluntad ? 




— 45 — 

Ánima. — ¡Bueno estaba yo, si hobiera de 
esperar á que él me lo diera! á la fé, pe- 
diaseloyo. I, aun si no bastaba pedírselo; 
importunábalo por ello ; allende otras gran- 
jerias , que tenia para sacárselo. 

Mebcurio. — ¿Qué granjerias? 

Ánima. — Procuraba de andar siempre á su 
voluntad , i nunca dezirle cosa que le pe- 
sase. Si él dezia algo en consejo , aunque 
fuese mui malo : dezia yo, que era lo mejor 
del mundo : i como yo tenia opinión de 
sanctidad , los otros no osaban contrade- 
zirme; especialmente, siendo el Príncipe 
de mi parte. Con esto , hazia dos cosas: 
ganaba la gracia i amor del Principe , i 
mucha reputación con el vulgo. 

Mercurio. — ¿Tú no veias , que eso era con- 
tra Dios : dezir bien de lo malo , i mal de 
lo bueno ? ¿ Nunca leíste — veh! qui dicitis, 
bonum malum , et malum bonum? 

Ánima. — Bien lo veia. Pero dezian, que era 
mui jentil arte para medrar i ganar honrra 
en el mundo : i que la ofensa que en ello 
se hazia á Dios, con los ayunos, limosnas, 
misas, oraciones, novenas, i peregrinacio- 
nes, se recompensaba. 



H 



~ 46 

Mercuhiu. - ¿Quién te dezia es»t 

Ánima. — Mis confesores. 

Carón . — ¿ Dábasles algo ? 

Ániha.— No, de mi hacienda; pero haitales 
haber buenas dignidadee, i aun obispadoe. 

Mercurio. — 1 aun por eso, procuraban elloe 
de contentarte: Veamos: i para allegar lo 
que tá mismo dizee, ¿qué arle leniaa? 

Anua. — De muchas numeras se aSega, que 
serían largas de contar. Cuando la cons- 
ciencia abre la boca , no falta por donde 
las riquezas entran : especialmente en los 
que están cabe los Principes. 

Mbrccrio. — Pues , veamos : ¿ querías tú ha- 
zer servicio á Dioit con lo que ganabas con 
su ofensa? ¿No sabes , que el que sirve á 
Dios con bienes mal ganados, es como^que 
sacrífica al hijo en presencia de eu padre? 

Ánima. — ¿Qué sé yo? A la 16, ni en las con- 
fesiones , ni en k» sermones, no dezían 
nada de eso. 

Hbrcdhio. —De manera , que procurando de 
agradaros, os envían al infierno. Diioe: 
I cuando estabas enfermo , pesábate mu- 
cho de morirte? 

Aniha. — ¿Pues no me había de pesar? 



— 47 — 

Mercurio. - Si tú le aoordai*as , que aquel 
cuerpo no era sino una cárcel en que es- 
tabas preso; i que no eras morador, si- 
no camioante en aquel muodó ; no sola- 
mente no le pesara ; mas bolgalras dé salir 
d' M. ¿No has leido de David , que se que- 
jaba porque viyia tanto, diziendo: heu 
mihii gwkí incalatus metts prolongatus est: 
isaniPablo: imfcBlix ege homo! qms me 
liberaók de carche moréis hujus? i otra 
vez : cupio dissoivi ei tsse cum Christo? 
Mas como tú, no tenias respecto , á tñas de 
acpiella vida; i quizá dubdabas si habia 
otra ; i para aquella enderezabas todas tus 
cosas; i por satisfacer al mundo hazias 
tus buenas obnas ; no me maravillo , cpie 
se te hiziese de mal dejarlo. 

Ánima. — El diablo te lo dijo. Mas, veamos: 
¿i la bula del Papa Hadriano, no me ha de 
aprovechar? 

Mercurio. — Sé que la bula del Papa ^ no era 
sino contra las penas del purgatorio, i tú 
a^ra vienes al infierno. 

r 

Anima.-— ¿I el habitico de la Merced, que traía? 

Mercurio. —Si como lo traias al cuello, por 

defuera, lo trajeras dentro en tu ánima, 



I 



— 48 — 

aprovechárate: pero, ¿de qué sirve traerlo 
sobre el cuerpo, no teniendo alguna señal 
d' él , en el ánima? 

Ánima. — ¿I los paternostres, i avemarias, xpie 
rezé en las cuentas del Papa Hadríano? 

Mercurio. — ¿Cómo quieres tú que te Jé Dios 
premio , porque le pidas una cosa , si pro- 
curas con tus obras lo contrarío á ella? 
Pides á Dios, que se cumpla su voluntad en 
la tierra, como se cumple en el cielo ; i tú, 
en todas tus obras, vas contra la voluntad 
de Dios. Pidesle , que te perdone tus pe- 
cados, como tú perdonase los que te ofen- 
den; i , nunca perdonándolos tú á ellos , quie- 
res que te perdone Dios á Ü. ¿I después 
quieres , que la virjen Maria ruegue por 
ti, ofendiendo tu continuamente á su Hijo? 

Ánima. — Luego, ninguna gracia da alli el 
Papa. 

Mercurio. — Sí dá, álos que procuran con 
obras, cuanto en ellos es, que se haga 
aquello que demandan á Dios. 

9 

Anima. — ¿No seria razón , que nos dijesen 

eso? 
Mercurio. — Si por cierto: pero harto ciego 

está el que no lo conosce. 



— i9— 1 

Ánima. — ¿I la candela del Papa Hadiiatiu, 
que me pusieron en la mano cuando me ' 

quise morir? ' 

Mercurio. — ¿Cómo querias tú, que le apro— [ 

vechase, muriendo sin arrepentimiento de 
tus pecados , i con intención de tornar á 
ellos? ' 

Ánima. — ¿I el habito de sant Francisco, en t 

que me mandé enterrar? ' P 

Mehcurio, — Ven acá: ¿conoscerias tú una i 

raposa, en hábito de hermitaño? ¿I pien- 1 

sas que Dios no conosce un ruin , aunque ( 

venga en hábito de bueno ? Si tú vivieras I 

como san Francisco, aunque no murieras I 

(in su hábito, te diera Dios el premio que 
dio á san Francisco: mas viviendo tú, con- 
trario á la vida de san Francisco ; porque 
al tiempo de tu muerte, te vestieses su há- 
bito ; ¿pensabas salvarte con san Francis- 
co? Jentil necedad era la tuya. 

Ánima. — Pues,' dizen , que ninguno puede 
ir al infierno con el hábito de san Fran- 
cisco? 

Mebcübio. — Dizen la verdad : que el hábito, 

* Ó falta !Uiu¡ (iií.-ó.sübra la intprrogadoii liiial. 



— 60 — 

allá en la sepoHura se queda: mas, por 
eso, el ánima no deja de venirse al infierno. 

Ánima. — ¿líos trentanarios, oficios, misas, i 
limosnas, que se han de dezir i hazer por 
mi; tampoco me han de aprovechar? 

Mercurio. — A los clérigos, aprovecharán los 
dineros que para ello dejaste : que á ti, 
poco fructo pueden hazer acá, viniendo 
como vienes al infierno. 

Ánima. ^ — Pues, haz tú agora una cosa, por 
amor de mi. Déjame tomar al mundo: pa- 
ra que , siquiera , me vengue de aquellos 
que asi me tuvieron engañado. 

Ánima. —Tarde acordaste. Antes , habrás de 
estar aqui penando , hasta que tu cuerpo 
sea enterrado. 

Ánima. — ¿Por qué? 

Mercurio. —Porque ninguna ánima puede 
pasar en mi barca , cuyo cuerpo no fuere 
enterrado: i tú, toviste del tuyo tanto cui- 
dado, que muriendo en Chipre, lo man- 
daste enterrar en Carmena: como si la 
tierra de Chipre no fuera tan buena , para 
consumir un cuerpo, como la de Carmena. 

Ánima. — ¿No querías que me enterrase en 
mi Capilla, habiendo gastado una infinidad 




- 51 — 

de dineros en la sepoltura que alli tenia fe- 
cha? 

Mercurio. — Por cierto , mejor fuera , que to— 
vieras cuidado de ganar el cielo ; que de la 
tierra que habia de consumir tu cuerpo. 
Anda pues, agora, malaventurada de ti] XIV. 
que acá, serás para siempre atormentada. 
I lú , Caix)n , mira , sí quieres que prosiga 
mi historia. 

Carón. — Prosigue. 

Mercurio. — Luego que el Papa supo la rota i 
prisión del rei de Francia ; hizo lig^ con el 
Emperador 

Carón. — Cata, que no me dizes, lo que el 
Emperador hizo , cuando le llegó una tan 
gran nueva, como fué la victoria de Pavia. 

Mercurio. — Estaba estonces el Emperador en 
una villa que llaman Madrid : i como le llegó 
la nueva; retrújose en su cámara, i dio 
gracias á Dios , porque asi habia querido 
manifestar su justicia : mas, porque fué con 
derramamiento de sangre cristiana; no qui- 
so que en su (ilórte se fiziesen alegrías, co- 
mo en semejantes casos hazerse suelen. 

Carón. — Veamos : ¿ I no mandó luego , que 
su ejército pasase en Francia ? 



n 



Mbhcuhio. — Atilea, envió á ufrezer la paz á 
los fraoceses, si le querían resUluir lo que 
le tenían usurpado. 

Cabon. — Cata: que no le puedo creer. 

HracuRio. — Asi pasa : i mientra que el Em- 
perador ofrezia k sus eoemigos vencidos la 
paz , mandando desbazer el ejército que 
tenia en Milán; el Papa, i los otros Señoríos 
de Italia ; no osándose liar de la bondad i 
clemencia del Emperador; seconrederaron 
secretamente contra él. I comoesto se des- 
cubriese ; fué menester , no solamente en- 
tretener el ejército; mas que los capitanes 
del Emperador , tomasen en su poder el 
estado de Milán , para asegurarlo : de que 
cresció , en gran manera . la sospecha que 
tenían los señores de Italia , pensando que 
el Emperador quería tomar aquel Estado 
para sí ; i que después baria lo mefimo con 
ellos: conosciendo, cada uno, tener parte de 
su tierra, contra razón i justicia , ocupada. 

Carón. — ¿No me dijiste agora, que el Papa 
había hecho nueva liga con el Emperador? 

Mercurio. — Así es verdad , que se hizo ; mas 
no curó él, sino qué dure lo que durare, 
como cuchar de pan. 



— 53 — 

Carón. — Esa esuna jentil cosa: cuanto si unos 
á otros no se guardan fé , ¿cómo se podrá 
vivir entre ellos? 

Mercurio. — En este medio , el rei de Francia 
procuró, que lo llevasen , como lo llevaron, 
preso en España : i el Emperador le mandó 
hazeren sus reinos, mucha honrra: no 
como á preso , mas como á su proprio her- 
mano. 

Carón. — Maravillas me cuentas d' ese Prin- 
cipe. 

Mercurio. — Pues mas te diré. Que estandoel 
rei de Francia en la fortaleza de Madrid, la 
cual le habia sido dada por prisión , cayó 
tan malo, que estuvo en peligro de muerte. 
I en diziendo al Emperador , que si él lo iba 
á visitar , dándole esperanza de su libertad, 
el consuelo que d' esto recebiria , seria mu^ 
cha parte para su salud ; luego lo fué á 
consolar i ver, con tanta humanidad i ver- 
dadera caridad ; como si fuera su proprio 
hermano. I no obstante, los malos tratos en 
que , aun estando preso , andaba ; de que 
el Emperador era bien avisado; á la fin, no 
solamente fué contento de soltarlo , pares- 
ciéndole convenir asi al bien de la Cristian-* 



I 



— o* — 
dad; masaunquisn darle por mujer, la 
reina doña Leonor, su hermana mayor, 
que era entonces la segunda personaen la 
sucesión de lodos sus Reinos i SeBorio«. I 
por arrancar de raiz todaslasocasicHiesde 
donde solianascer la guerra; quiso, qve el 
uno al otro se renunciasen , cualquier de- 
recho que pudiesen tener , ó pretender, el 
uno, en lastierras queposeia el olro: por- 
que do quedase mas causa de contienda 
ni debate entr' ellos. 

Cahon. — Digote, Mercurio, queesoeratan 
malo para mi , como bueno para ellos. Vea- 
mos : ¿ i , no le pidió algo el Emperador, 
por su rescate? 

Hbbcuiuo. — Ninguna cosa. Solamente , quiso 
que le restituyese el ducado de Borgoña. 
que contra toda razón i justicia le tenia 
usurpado ; por ser cosa mui antigua de su 
patrimonio: i, aun una parte d' él , era con- 
tento de dar, en casamiento , á la reina su 
hermana. Allende d' esto; que también le 
restituyese la villa de Hedin, que el año de 
MDXXn , le habia tomado , en el condado 
de Arthoes. lelreideFrancia.fuécontento 
de restituirle todo lo que dicho es : i aun 



— 55 — 

él me$mo, de su pi'opría voluntad , ofrezió 
al Emperador , mucho mas de lo que él le 
demandaba. Allende d'esto, ofresció, juró 
i prometió , de contentar al rei de Inglate- 
rra, de todas las deudas que el Emperador 
le podía deber : pues él había sido causa 
d' ellas. I este concierto se concluyó á XII 
de enero , del ano MDXXVI. 

Carón. — Pues, ¿en qué estuvo el rompi- 
miento? 

Mercurio. — Dezia el rei de Francia, que no 
podía restituir, i cumplir lo que había pro- 
metido, hasta que estovíese en su remo. 
El Emperador fué contento de soltarlo, con 
condición: que , para seguridad que cum- 
pliría lo que había prometido; dejase en 
España sus dos hijos niayores en rehenes: 
jurando él, i prometiendo, de volver á la 
prisión , ea caso , que dentro de cuatro 
meses , después de la conclusión de la 
capitulación , no cumpliese lo que había 
prometido: i que, entrando en su Reino, 
tornaría á dar la fé de volver , en el dicho 
caso, á la dicha prisión: i, en la primera 
villa de su Reino, donde entrase; ratifica- 
ría la capitulación del concierto que se 



XV 



:u 



— 56 — 
había fecho: i, dende á seis semanas, to 
haría también ratificar por lodos los Esta- 
dos de Francia. 

CiRON. — D'esa manera, ya debían pensar 
todos , que no habría mas guerra en la 
cristiandad. 

Hercüiuo. — Antes , por dezirte la verdad , mni 
pocos eran los que tenían esperanza , qoe 
el rei de Francia cumpliría , ni guardaría, 
loquea! Emperador había prometido: poi^ 
que conoscían su condición. 

Carón. — Pues, ¿por qué se quería fiar d'él 
el Emperador. 

Mbbcdrio. — Hira , Carón: el Emperador veía 
los males que padescía la cristiandad , 6 
causa de la guerra que él tenia con Fran- 
cia: i quiso mas poner en peligro lodo su 
Estado; que dar logará que se pudiese de- 
zir, que pudiéndolo él remediar; no lo 
quería bazer. Pensaba también, que el reí 
de Francia , con aquellas dos adversidades, 
de BU prisión i de su enfermedad , se habría 
reconoscído , i noquerriamaslentaráDíos. 
1, aun no contento con estas consideracio- 
nes , por asegurar mas esta amistad ; luego 
que el concierto fué hecho , partió de To- 



T 



— 57 — 

ledo para Madrid , á verse con el reí de 
Francia: i allí lo trató con tanto amor, i 
tanta humanidad, como si fuera su proprío 
hermano: i de alli se vinieron juntos á Ules- 
cas , á ver la reina doña Leonor : i se rati- 
ficó el casamiento, por palabras de pre- 
sente. ¿Note pareze, que bastaban estas 
obras , para convertir una piedra , cuanto 
mas un corazón humano? 

Cabon . — Maravillado me tienes con la bondad 
d'ese Principe , i con la ingratitud d' esotro. 

Mercurio. — Pues , mas te contaré: que yendo 
una vez juntos camino; ya que se habian 
de apartar el uno del otro ; el Emperador 
dijo al rei de Francia estas palabras : « Her- 
mano, ya vedes los males que la cristiandad 
ha padescido , á causa de nuestras discor- 
dias: i las que padescería si las hobiésemos 
de continuar: por donde es cierto, que 
para remedio de tantos males, permitió 
Dios lo que ha sucedido. Lo que yo , por 
mis embajadores , os he demandado; i vos, 
de vuestra propria voluntad , habéis ofre- 
zido; i yo, también por mi parte, os he 
otorgado; todo ha sido porparezerme , que 
cumple así á la paz , sosiego , y acrecen— 




lamienlo de la cristiandad : i si otfa cosa 
pensase , nunca en ello habría consentido. 
1 . asi como me pareze ser esta un buen 
medio , para el bien de la cristiandad ; asi 
conozco qne sería la entera destroicion 
d'ella, si de aqui se tornaseá levantar otra 
guerra. Ipaea estamos aqui junios, donde 
lo podemos lodo remediar ; i sabéis , cuánto 
somos á ello obligados; yo os ruego, que 

. muí claramente , oomo de hermano á her- 
mano, digáis lo que sentis , acerca d'esto: 
i , li tenéis intención de serme buen amigo, 
i guardarme lo que me habéis prometido, ó 
no; porque, antes qne nos partamos el udo 
del otro , lo dejemos todo concertado : de 
manera, que no quede mas causa de rom- 
pimiento. É yo, 08 prometo, é doi mi fé i pa- 
labra real, que no por eso, deje yo de po- 
neros en vuestra libertad, hablando vos li- 
beremente loque en esto pensáis de hazer. • 

CiRON. — I Oh, qué palabras, de Príncipe ver- 
daderamente crístiano 1 1, veamos: eseotro, 
que llaman Cristianismo, ¿qué respondió 



MERCtmio. — Hizo mil juramenloB, qbe tenia 
entera voluntad de conservar aquella amis- 



- 59 — 

tad: i de cumplir mui enteramente , lo que 
en la capitulación de Madrid habia prome- 
tido, sin Mta alguna. I asi lo juró ante 
una cruz que topó en el camino. Estonces, 
le dijo el Emperador: a Lo mesmo os prometo 
i juro yo : de seros buen hermano i amigo: 
i guardaros todo lo que por mi parte se os 
ha prometido. I también os prometo , de 
teneros por vil i ruin , si vos no me guar- 
dáis , lo que me prometéis. » I con esto , se 
despidieron el uno del otro. I el Empera- 
dor , tomó el camino para Sevilla : i el reí 
de Francia , mui contento , foé llevado á 
Fuenterrabia , donde habia de ser puesto 
en su libertad . 

Carón. — ¿I es posible, que ese rei, viniese 
después á romper lo que con tantos jura- 
mentos habia prometido ? 

Mercurio. — Yo te diré, qué tanto: que en 
poniendo los pies en su Reino ; luego co— 
menzó á romper el concierto que habia XVI. 
fecho : no queriendo tornar á dar la fé de 
volver á la prisión , en caso que no cum- 
pliese lo que habia prometido. 

Carón. — ¿Qué rae dizes? ¡Qué: no tuvo ver- 
güenza de romper tan presto su fé! 



Mercuiiio. — Maldita aquella. Habia también 
prometido de ratificar la capitulación de 
Madrid , en la primera villa de su Reino: i 
nunca lo quiso hazer. 

Carón. — Veamos: ¿dezia claramente, que no 
quería cumplir con el Emperador ni ser su 
amigo? 

Mercurio. — Antes escribió muchas vezes, de 
su propría roano , al Emperador ; que no 
toviese á mal , la dilación que habia én el 
cumplimiento de lo que prometió : porque 
se hazia por buen respecto: i que toviese 
por mui cierto , que cumplíria enteramente 
todo lo que le habia prometido. 

Carón. — ¿Tenia . quiz¿ , entonces , intención 
de hazerlo? 

Mbrcübk). — ¿Sabes , qué tal intencioD tenia? 
Que , desde antes que entrase en su Reino, 
no solamente tenia determinado , de no 
cumplir lo que habia prometido i jurado; 
mas trataba de concertarse con el Papa , i 
otros potentados de Ilaha, por hazer guerra 
al Emperador. 

Cabon. — Pues , ¿ por qué escrebia al Empera- 
dor, que loquería to.io cumplir, si no tenia 
intención de hazerlo? 



- 64 — 

Mehcurio. — Por tomar al Emperador despro- 
veído. 

Carón. — ¿Es posible , Mercurio , que sufra 
la tierra una cosa como esa? ¿No bastaba 
dejar de cumplir lo que tenia prometido i 
jurado: sino que también quiso hazer gue- 
rra, al que, de siervo i esclavo, lo puso en 
su libertad ; i , de enemigo , lo quiso tomar 
por amigo i cuñado? I sobre todo, ¡quererlo 
traer siempre engañado : i escrebir de su 
propria mano : desde su Reino : que 
.cumpliría lo que no tenia intención de 
hazer ! 

Mercurio. — Áhi veras tú , cuánto se estiende 
la maldad que reina hoi entre los cristia- 
nos: pues llamándose ése Cristianismo, ha- 
zia lo que has oido. I á la íín , cuando le 
parezió tiempo de publicar en Francia la 
liga que lenian fecha , el Papa , el mesmo 
reí de Francia , Venecianos i Florentinos, 
contra el Emperador; envió á escusarse di- 
ziendo : « que en ninguna manera , podia 
cumplir lo que por la capitulación de Ma- 
drid habia prometido ; especialmente , en 
lo de la restitución de Borgoña: porque los 
Estados de su reino no querían venir en 




— 6i — 

Anima. — Eslandu [tara murír, aunque lueba- 
liia coufesadu i comu)|^doi i roe parescia 
tener algoa arrepentimienlo de mis peca- 
dos; nunca acabé de dejar, de) todo, la 
voluntad de tomar á ellos . Allende d' esto, 
hnbia alli tanta jente llorando , que me 
lovieroD oiui ocupado en haxer mi testa- 
mento, i en ordenar ]a pompa con qne mi 
cuerpo se habia de enterrar; juntamente, 
con la angustia i congoja de dejar tantos 
bienes de que veia no poder mas gozar; 
que nunca me pude acordar de Dios, ni 
ilemandarle perdón de mis pecados. Tenia 
taDibiendo8frai)es,UDodeuna parle, iolro 
<Je otra ; que me estaban leyendo no sé 
qué orationes , que ni ellos ni yo tasenten- 
diamos; i perturbábanme el entendimien- 
lo : de manera , que muriendo con aquella 
congoja; cuando pensé sabir al cielo; me 
bizÍOToa bajar ac¿ al infierno. 

CiBOH. — Con razón. ¿Cómo; i tan necio 
eras tí¡ , que sin querer hazer, nada de lo 
que le mandó Jesucristo: te quisieses apro- 
vecluir de los méritos de su sangre i pasión? 

Anima, — j Como si fuese yo solo ! A buena fé, 
si \as al mondo; eu todas partes lo halles 



-66- 

lleno de semejanles necios. La barca está 
ya llena : no me detengas mas. 

CiRON. — ¿ Qué rae dizes, Mercurio ; has oido 
lo que ha pasado ? 

Mercurio. — Si te pones á escuchar loque te 
dirán ánimas semejantes; nunca acaba- 
remos. 

Carón. — No te pese , pues sabes que no tengo 
otra recreación : i prosigue tu historia. 

Mercurio. — Publicada la liga contra el Em- 
perador ; el Rei de Francia envió un em- 
bajador en España, el cual, juntamente 
con el Nuncio del Papa , i embajador de 
Venecianos; requirieron al Emperador, que 
ala sazón estaba en Granada, que restitu- 
yese al Rei de Francia sus hijos , que tenia 
en rehenes ; tomando por ellos algún ho- 
nesto rescato , pues él no podia cumplir lo 
que habia prometido. El Emperador, no sin 
alguna alteración, i mui razonable, siendo 
una tan grande desvergüenza ; le respon- 
dió: que si el Rei de Francia queria li- 
bertar sus hijos ; que se viniese él , á poner 
en la prisión donde ellos estaban ,' como 
lo tenia prometido i jurado: que de otra 
xnanera, no entendia dárselos. I , demais 

5 



^1-» «TT ""-'•* ^ 



— 66 — 
d* esU) , dijo al embajador de Francia es- 
tas palabras. «Embajador: dezíd al Rei 
vuestro amo , que lo ha hecho mui ruin- 
mente , i vilmente, en no guardarme la fé, 
que él mesmo me dio, estando él é yo so- 
los. I que esto le manterné yo, de mi 
persona á la suya. 

Carón. — Jentiles palabras, i de jen til Prin- 
cipe fueron esas. Cierto: á mi, mejor me 
paresceria, que si los Príncipes tienen, 
entre ellos , algunas discordias ; que entre 
si , las averiguasen con armas , ó como 
ellos quisiesen : i que dejasen vivir en paz 
los pobres pueblos , que , de sus diferen- 
cias, ninguna culpa tienen. Jentil cosa es, 
que por vengarse un Principe , de otro que 
le haze una injuria; quiera destruirle sus 
vasallos , de quien ningún daño ha recebi- 
do. I, según me pareze, por la mayor 
parte acaesce padezer aquellos mas daño, 
que menos culpa tienen de la guerra. I, 
por eso te digo , que me ha mucho conten- 
tado esa respuesta del Emperador. Pero, 
sepamos: ¿qué respondió á eso el rei de 
Francia ? 

Mercurio. — Lo que suelen responder los que 



— 67 — 

quieren tener la pelleja sana: disimulólo 

mui jentilmente. 

Carón. — No se esperaba menos de un hom- 
bre , que tan poco caso haze de su fé. 

Mercurio. — Vieras luego pasar franceses en 
Italia ; i el Papa , i eí Venecianos , enviar 
sus ejércitos , contra el que el Emperador { 

tenia en Lombardia , diziendo: que querían \ 

restituir en su Estado al duque Francisco 
Sforcia: por dar color á lo que hazia. 

Carón. — ^ Maravillóme del Emperador, que \ 

viendo lo que el rei de Francia hazia , no í: 

procuraba él de concertarse con el Papa, i \ 

con esos otros que ahí nombras. \ 

Mercurio. — ¿Cómo querías tú , que el Empe- ^ 

rador se temiese del Papa; habiendo él 
sido , después de Dios , causa principal de 
ponerlo , en el estado en que estaba ? I , aun 
con todo eso, cuando sintió las tramas en 
que andaban , le envió á ofrezer todo lo 
que él quería , porque no se tornase á re- 
volver la guerra en Italia: mas no le apro- 
vechó nada. 
Carón. — ¿Qué intención piensas tú, que tenia \ »^^ 

en eso el Papa? 
Mercurio. — Mira, Carón: aqui no dijimos, 



— 68 - 
sino que hablaríamos, de las diferencias 
enir'el Emperador i el Reí de Francia. Si 
tú no lo has por enojo , dejemos lo del Pa- 
pa para otro dia. 

Carón. — Yo, mas quisiera, que lo llevára- 
mos todo á hecho: mas , pues lá así lo 
quieres; dime, agora, ¿qué cansas daba 
el reí de Francia , para escusar el roni- 
pimiento de su fé? 

Meucchio. — Dezia',queloque promelióijuró 
habia sido por temor , i no estando en su 
libertad: i que no era obligado á guardar 
lo que habia prometido. 

Carón. — No era mala razón esa. 

Mercurio. — ¿Cómo no? Antes mui mala , i 
muí prejudicia] á toda jenle de guerra: la 
cual tiene por costumbre mui loada , rece- 
bida i usada ; que el prisionero , que deja 
su fé empeñada ; i no cumple , ó no vuelve 
ala prisión; queda, i es tenido, por infa- 
me. De manera , que ninguna dificultad 
ponen , en fiarse unos de otros , i soltarse 
sobre su fé. Pues, si entre simples caballe- 
ros, i aun soldados, se hazeesto; ¿cuánto 
mas se debría hazer enii-e tan grandes 
Principes?!, siesos lodejan de hazer, dan- 



— 69 — 

do ejemplo , para que los inferíores d' ellos, 
hagan otro tanto i peor; ¿quién se querrá 
ni osará ya fiar de la féde otro? I no fián- 
dose; ¿cuántos pobres caballeros i solda- 
dos morirán en prisiones , que agora , sobre 
sa fé, salen á buscar, i enviar sus resca- 
tes? ¿No te pareze, que queda, de hoy mas, 
jentil achaque , á todos los ruines , que no 
quisieren cumplir su fé ; con dezir , que 
tampoco la cumplió un rei de Francia? 
De manera, qne no solamente es falsa i ma- 
la esta razón ^ mas , tan prejudicial á toda 
jente de guerra ; que ni aun los mismos 
vasallos del rei de Francia , debriau sufrir 
una cosa tan mal hecha como esta , i de 
que tanto daño viene , no solamente á ellos, 
mas á toda la natura humana , quitándole 
una de las mas principales virtudes , que 
es la fé , sin la cual , todo el mundo queda- 
ría en confusión. Cuanto mas , que esa 
razón frivola , vana , é inicua ; aunque pu- 
diese valer á alguno; 'en ninguna manera 
se puede ayudar d' ella el rei de Francia; 
pues aunque fuese verdad , que haya tra— 
tado i capitulado , estando fuera de su li- 
bertad , i que la tal capitulación fuese de 



— 70 — 
ningún vigor , lo qae tampoco se debe 
conceder; veamos, pues el mismo rei de 
Francia , después que fué libre de la pri- 
sión , i estando ya en su libertad , i en su 
reino , escribió al Emperador , por cartas 
de su propria mano , i firmadas de su nom- 
bre ; que guardaría i compliria enteramente 
todo lo que habia prometido; ¿conque 
cara , ó con qué razón , se podrá él agora 
escusar, diziendo, que no estaba en su 
libertad cuando capituló ; pues , estando ya 
libre, por las tales cartas prometió de nuevo 
complir lo capitulado? Las cuales , cierta- 
mente , deben bastar por entera ratifica- 
ción. . 

Cabon. — Digan lo que quisieren. Mas yo, 
nanea creeré , que en un tal Príncipe , que- 
pa tan poco respecto de su honrra ; si por 
malos consejos , no fuese á ello instigado. 

MracoKio. — Asi lo creo yo; mas esta escusa 
no es bastante: pues , harta culpa tiene el 
Principe , que conbsciendo claramente ser 
un hombre malo; quiere tenerlo cabe sí: 
porque da causa, que se piense d'él, lo 
que se vée en su Privado. Pues es cosa muí 
averiguada, que asi como un malo no 



— 71 — 

admite en su compañia algún bueno ; asi 
un bueno , no debria admitir algún malo: 
i el que le admite, i, conoscido, lo sostiene; 
es causa que él también sea tenido por 
malo. Tornando , pues , á nuestro propó- 
sito: el ejército del Emperador se defendió 
muibienen Milán. I acaeció aquel mismo 
año ; que un don Hugo de Moneada , capi- 
tán del Emperador, impensadamente en 
Roma , juntamente con los Coloneses , i los 
soldados , á pesar de los capitanes , saquea- 
ron el palacio del Papa , el cual huyó al 
castillo de Sant' Anjel . 

Carón. — ¿Cómo permitió Jesucristo, que un 
desacato tan grande como este , se hiciese 
á la cabeza de su Iglesia? 

Mercurio. — Mira , Carón : estaba aquella ciu- 
dad tan cargada de vicios , i tan sin cuidado 
de convertirse ; que después de haberlos 
Dios convidado i llamado , por otros medios 
mas dulces i amorosos, i estándose siempre 
obstinados en su mal vivir; quiso espantarlos 
con aquel insulto i caso tan grave : i , como 
aun con esto, no se quisieron emendar, 
vineles después otro mas rezio castigo. 

Carón. — Eso quiero que me cuentes primero. 




— 7i - 

Hercüiiio. —Que me plaze: mas despacha tú 
esa Ánima , que nos eslá aquí escuchando. 

Anima. — [Ah , barquero! pásanos. 

Carón. — Eslás solo, i dizes: pdsanos, como 
si fiíésedes muchos. 

Ahina. — ¿Tú no ves, que soi Obispo? 

Carón. — ¿I, pues? 

Amiiii- Los Obispos, por guardar 

nuestra gravedad , hablamos en uámero 
plural. 

Carcw. — Sea mucho de en hora buena. ¿I 
lú , sabes qué cosa es ser Obispo ? 

Anima. — Mira si lo sé: habiéndolo sido veinte 
años. 

Carón. — Pues, por tu fé: que me lo digas. 

Anima. — Obispo es, traer vestido un roquete 
blanco: dezir misa con una mitra en la ca- 
beza, i guantes i anillos en las manos: 
mandar á los clérigos del obispado: defen- 
der las rentas d' él: i gastarlas á su volun- 
tad: lener muchos criados: servirse con 
salva: i dar Beneficios. 

Carón. — D'esa manera, ni san Pedro, ni 
XTX. alguno de los Apóstoles fueron Obispos: 
pues ni se vesiian roquetes : ni traían mi- 
tras , ni guantes , ni anillos: ni tenían rentas 



— 73 -> 

que gastar, ni que defender: pues, aun 
eso que tenían , dejaron para seguir á Jesu- 
cristo: ni teniancon qué mantener criados: 
ni se servian con salva. ¿Quieres que te 
diga yo , qué cosa es ser Obispo ? Yo te lo 
diré. Tener grandisimo cuidado de aquellas 
ánimas, que le son encomendadas: i si 
menester fuere , poner la vida por cada 
una d' ellas: predicarles ordinariamente, 
asi con buenas palabras i doctrina ; como 
con ejemplo de vida mui santa: i para esto, 
sotuer i entender toda la Sacra Escriptura: 
tener las manos mui limpias de cosas mun- 
danas: orar continuamente por la salud de 
su pueblo: proveerlo de personas santas, 
de buena doctrina i vida ; que les admi- 
nistren los sacramentos: socorrer á los po- 
bi'es en sus necesidades , dándoles de balde , 
lo que de balde recibieron 

ÁifíifÁ. — Nunca yo oi dezir nada d^eso: ni 
pensé, que tenia menester , para ser Obis- 
po , mas de lo que te dije. Yo me precié 
siempre de tener mi tabla mui abundante, 
para los que venían á comer comigo. 

Mercurio. — ¿Quién: pobres? 

Ánima. — ¿Pobres? ¡Jentil cosa seria que un 



— 74 — 

pobre se sentase á la mesa de un Obispo? 

Mercurio. — ¿De manera , que si viniera Je- 
sucristo á comer contigo; no lo sentaras á 
tu mesa , porque era pobre? 

Ánima. — No: si viniera mal vestido. 

Mercurio. — Teniendo tú lo que tenias, por 
amor d' él; ¿ no le quisieras dar de comer 
á tu mesa ? ¿ Parézete esa jentil cosa? 

Anima. — Deja te d' eso. ¿Cómo habia de ve- 
nir Jesucristo á comer comigo? Eso es 
hablar en lo escusado. 

Mercurio. — ¿No dize él , que lo que se haze 
á un pobrecillo , se haze con él ; i lo que 
se deja de hazer con un pobrezillo , se deja 
de hazer con él? ¿Parézete, que era jentil 
cosa, tener llena tu^mesa de truhanes i li- 
sonjeros , que representaban á Satanás ; i 
no admitir los pobrezillos , que representa- 
ban á Jesucristo , habiéndote sido dados 
aquellos bienes que gastabas , para man- 
tener los pobres de que tú nohazias cuen- 
ta , i para reprehender los viciosos que 
sentabas á tu mesa? 

Ánima. — También á los pobres hazia dar de 
comer, en la calle, lo que sobraba á mi, 
i á mis criados. 



— 75 — 

Mercurio. — Pues , por cierto, que tenia» ellos 
á tu renta mas derecho , que tus criados. 

Ánima. — ¿Por qué? sé que los pobres no me 
servían á mi. 

Mercurio. — I las rentas de los Obispos, si que 
no fueron instituidas para sus criados: sino 
que con ellas mantuviesen los pobres. 

m 

Anima. — Nunca me dijeron nada d'eso. 

Mercurio. — ¿ Pues , por qué no lo leías tú ? 

Ánima. — A eso me andaba. ¿No tenia harto 
que hazer en mis pleitos , con que cobré 
muchas rentas i preheminencias, que tenia 
perdidas mi Iglesia ; i en andar á caza , i 
buscar buenos perros , azores i halcones, 
para ella? 

Mercurio. — Por cierto, tú empleabas mui 
bien tu tiempo , en cosas mui convenientes 
á tu dignidad! Veamos, ¿i los Beneficios, á 
quién los dabas? 

Ánima. — ¿A quién los habia de dar, sino á mis 
criados , en recompensa de sus servicios? 

Mercurio. — ¿I esa , no era simonía? 

Anima. — Ya no se usa otra cosa. Entre ciento, 
ño verás dar un Beneficio , sino por ser- 
vicios , ó por favor . 

MERaTRio. — I , aun con eso , tal está como es- 



— Te- 
la. \tí cristiandad: no dándose los Beneficios 
por ntéritos, sino por favor, ó servicios. 
Pues veamos, ¿no os mandó Jesucríslo, qoe 
diésedes de balde, lo que de balde rece— 
bistes ? 

Ínih*. — Así lodizen: pero á mi nunca me 
dieron nada de balde. 

Mercurio. — ¿I el Obispado? 

Anima. — Bien caro me costó, de servicios, i 
aun de dineros. 1 habiéndome costado tan 
caro ; ¿querías tú , que diese sus emolo— 
mentos de balde? Si , por cierto: á eso me 
andaba yo. 

Mehcumo . — ¿ Predicabas ? 

Ánima.— Sé que los Obispos no predican. 
Hartos frailes hai , que predican por ellos. 

HEHcnuo. — ¿Ayunabas f 

Aniha. — El ayuno, no se hizo, sino para los 
necios i pobres. ¿ Querías lá que comiese 
pescado para enfermarme ; i no poder des- 
pués gozar de mÍH pasatiempos 7 

Mercohio. — Cómo moriste ? 

ÁniHi. — Yendo ¿Roma, sobre mis pleitos, 
me ahogué en la mar, con cuantos conmigo 
iban: i esto me haze agora tener miedo de 
entrar en esta barca . 



— 77 — 

Carón. — Pues, entra: no hayas miedo: que 
allá te mostrarán , qué cosa es ser Obispo. 

Ánima. — Una cosa te quiero rogar: que si 
viniere poracpii una dama mui hermosa, 
que se llama Lucrecia , le des mis enco- 
miendas, i la hayas por encomendada. 

Carón. — ¿Quién es esa Lucrecia? 

Ánima. — Teníala yo para mi recreación: i soi 
cierto , que como sepa mi muerte, luego 
se matará. 

Carón. — Calla ya: que no le fallará otro 
Obispo. 

ÁNmA.— Hazlo, por mi amor , si por dicha 
viniere 

Carón. —Soi contento. ¿ Qué te pareze , Mer- XX. 
curio ; qué tal debe andar el ganado , con 
tales pastores ? 

Mercurio. — Pues , es verdad , que hai pocos 
d' estos tales. 

Carón. —Torna á tu historia. Mas , mira que 
primero me cuentes , lo que el año pasado 
se hizo en Roma. 

Hercürk). — Que me plaze: mas será breve^ 
mente. Has de saber , que como don Hugo i 
los Coloneses , entraron en Roma ; el Papa , 
que se retrajo en el castillo de Santanjel; 



— 78- 
hizM con ellos treguas, por cuatro meses: i 
con esto , ellos se salieron de Roma , de- 
jando al Papa i á la ciudad libres. En este 
medio , el In&inte don Hernando , archidu— 
quede Austria, queagoraesreide Ungria, 
i de Bohemia; hermano del Emperador; en- 
vió obra de diez mil alemanes en llalia , en 
favor del duque de Borbon, lugar-teniente, 
i capitán del Emperador , que á la sazón 
estaba en Milán. I con la venida d' estos, el 
dicho duque salió en campo ¡ i después de 
haberse juntado con ellos, determinó de 
tomarla vía de Roma: porque era certifica- 
do, que el Papa habia rompido la dicha tre- 
gua ; i que su ejército, por mar i por tierra, 
destruía i ocupaba el reino de Ñapóles. 

Carón. — ¿Quémedizes? Qué! ¿rompió el 
Papa la tregua , que hahia hecho con don 
Hugo i con los Coloneses? 

Hercdkio. ~ Asi pasa. 

C&RON. — Segund eso, también se olvidan 
guardar su ík, los Vicarios de Cristo. 

Mbhcumo. — Siempre lo verás: do nasce el 
mejor vino, belierse lo mas ruin : i el zapa- 
tero , traer lus zapatos rotos: i el barbero, 
jamás andar peinado. 



— 79 — 

Carón. — Bien me agrada la comparación, 
aunque no es todo igual. 

Mercurio. — Siguiendo, pues, el ejército del 
Emperador el camino de Roma , el Papa, 
que d' ello fué avisado , por estorbar la ve- 
nida suya , hizo una tregua por ocho me- 
ses con el visorrei de Ñapóles , en nombre 
del Emperador: i fecha ; enviáronla á no- 
tificar al ejército , para que se volviese. 

Carón. — Aosadas , que si yo fuera que ellos, 
nunca me volviera. 

Mercurio. — ¿ Por qué ? 

Carón. — ¿ Qué seguridad tenian ellos, que 
el Papa les guardaría esa tregua , mejor 
que guardó la que hizo con don Hugo ? 

Mercurio. — Ninguna. 1, aun por eso, el 
ejército nunca se quiso volver, por mucho 
que el duque de Borbon lo procurase. 

Carón. — ¿ Ese duque, no era capitán jeneral? 

Mercurio. — SI. 

Carón. — Pues, si él quería , ¿ por qué no 
los hazia volver? 

Mercurio. — No era en su mano , por dos res- 
pectos : el uno , como el dicho ejército no 
era pagado , no obedezia : i el otro, porque 
los alemanes estaban ya determinados de 



\ 



K 



vengarse de Roma, por el grande odio 
qae le lenian, 

CtHON . — Debían ser laleranos. 

Mercurio. — Antes, no. Mas, como tos ale- 
manes se pusieron en pedir remedio de al- 
gunos agravios que recebian de la Sede 
apostólica ; los romanos Pontffices , nunca 
habian querido entender en ello , por no 
perder su provecho : i á esta causa , habian 
suzedido en Alemana , tantas discordias, 
muertes, i daños irreparables i en manera^ 
que queda cuasi dútruida. Por estos dos 
respectos, le tienen los dichos alemanes 
ese odio. 

O&BON. — ¡tjA qiie,¿ no fué posible hazerlos 
volver ? 

Mebcübio. — En ningnna manera: antes, con 
una estrema dilijencia, llegaron á Roma, 
i la entraron , i saquearon : et hizieron en 
ella cosas, que jamás fueron vistas ni oí- 
das; porque, como les (altó el dnqae de 
Borbon , su capiían , á la entrada de Boma , 
Honde fué muerto; no fué posible ponerlos 
en razón. 

GitiON. — ¿Cómo qué: el duque de Borbon 
es muerto? 



- 81 — 

Mercurio. — ¿I agora lo sabes? 

Carón. — Cierto : él no ha venido á pasar por 
mi barca. 

Mercurio. — Sin dubda , murió aquel dia. 

Carón. — Segund eso , tomaría él el camino 
déla Montaña. 

Mercurio. — No me maravillo, porque era 
virtuoso. 

Carón. — Dime , Mercurio : ¿ hallástete aquel 
dia en Roma? 

Mercurio. — Mira si me hallé. 

Carón. — ¿Querrásrae contar algo de lo que 
allí pasó? 

Mercurio. — Sí : mas brevemente : porque no 
me falte el tiempo para acabar lo comen- 
zado. Has de saber, que como yo vi la fu- 
ria con que aquel ejército iba, pensando lo 
que habia de ser, me fui adelante, por 
verlo todo : i subido en alto , como desde 
atalaya; estaba muerto de risa, viendo, 
cómo Jesucristo se vengaba de aquello^, 
que tantas injurias continuamente le ha- 
zian : i veia , los que vendían , ser vendi- 
dos : i los que rescataban , ser rescatados: 
i los que componian , ser compuestos , i 
aun descompuestos : los que robaban , ser 



6 




\ 



robados : los que rnallratabaD , ser maltra- 
lados. 1 finalmente, me estaba conco- 
miendo de plazer, viendo que aquellos, pa- 
gaban la pena , que tan juslamenle habían 
merecido. Mas cuando vi, algunas irrisio- 
nes i desacatamientos , que se bazian á las 
iglesias, monesteríos, imájines, i reliquias, 
maravílleme : i topando con san Pedro, 
que también era bajado del cielo , á ver lo 
que pasaba en aquella su santa Sede apos- 
tólica; pedile me dijese la causa d'ello. 
Respondióme dieieadn : • Si ella perseve- 
rara en el estado en que yo la dejé ; muí 
lejos estuviera de padescer lo que agora 
padesce.>>Pnes.¿ cómo, san Pedro (digo 
yo), asi quiere Jesucristo destruir su reli- 
jioD cristiana , que Él mesmo , con derra- 
mamiento de su sangre instituyó? « No 
pienses (dijo él) , que la quiera destruir, 
antes, porque sus ministros la tenían aho- 
gada , i cuasi destruida; permite t\ agora, 
que se baga lo que vees, para que sea res- 
taurada.» Segund eso (dije yo) , esto que 
agora se baze , por bien de la cristiandad 
lo ha Dios permitido. «D'eso (dijo él), 
ninguna dubda tengas : i si lo quieres á la 



— sa- 
ciara ver; mira cómo esto se haze por 
un ejército, en que hai, de todas nacio- 
nes de cristianos ; i sin mandado , ni con- 
sentimiento del Emperador, cuyo es el 
ejército ; i aun contra la volontad de mu- 
chos de los que lo hazen.» Víamos , luego, 
venir soldados, vestidos en hábitos de 
Cardenales , deziame san Pedro : « Mira 
Mercurio, los juizíos de Dios: los Cardena- 
les solian andar en hábitos de soldados ; i 
agora los soldados andan en hábitos dé Car- 
denales, v Víamos, después, despojar los 
templos ; i dezia san Pedro : « Pensaban los 
hombres, que hazian muí gran servicio 
áDios, en edificarle templos materiales, 
despojando de virtudes los verdaderos 
templos de Dios, que son sus ánimas: 
i agora conoscerán, que Dios no tiene 
aquello en nada , si no viene de verdade- 
ras virtudes acompañado; pues asi se lo 
ha dejado todo robar.» Víamos, luego, 
aquellos soldados , sacar las reliquias , i 
despojarlas del oro i de la plata en que 
estaban encerradas ; i deziame san Pedro, 
ii Conoscerán agora los hombres en cuánta 
mayor estima deban tener una palabra de 




\ 

■ 

\ 




-Si- 
tas epístolas de san Pablo , ó de las mías; 
que no, nuestros cuerpos, pues los ven asi 
mal iratar. 1 la honrra que hazian á nues- 
tros huesos, hazerla han, de hoi mas, á 
nuestro espíritu: que, para su provecho, 
en nuestras epístolas dejamos encerraijo.» 
I , como viese yo nn soldado , hurlar una 
custodia de oro, donde estaba el Sancti- 
simo Sacramento del Cuerpo de Jesucristo, 
echando la hostia sobr' el altar; comenzó 
á dar gritos. 1 dijo el buen san Pedro. 
«Calla, Mercurio: que oi aun aquello se 
haze sin causa : para que los vellacos de 
los sacerdotes , que abarraganados i obsti- 
nados en sus lujurias, en sus avaricias, en 
sus ambiciones , i en sus abominables mal - 
dades , no hazian caso , de ir á recebir 
aquel Santísimo Sacramento , i echarlo en 
aquella ánima, hecha un muladar de vicios 
i pecados; viendo agora lo que aquellos 
soldados bazen ; cuanto mas ellos lo acri- 
minaren , tanto toas á si mesmos se acu- 
sen , i tanto mas confondidos se hallen, en 
pensar, cuánto es mayor abommacion, 
echar el dicho Sacramento en un muladar 
de hediondos vicios; que en el altar, don- 



— 85 — 

de , coo ninguna cosa se ofende , sino con 
la intención del que lo echó. ¿Piensas tú, 
Mercurio, que no se ofende mas Dios, 
cuando echan su cuerpo en una ánima 
cargada de vicios , que cuando lo echan 
en el suelo?» En estas, i otras cosas, 
estábamos hablando , cuando vimos subir 
un grandísimo humo : i preguntando yo al 
buen san Pedro , qué podría ser aquello; 
en ninguna manera me lo podia dezir , de 
rísa : á la fin me dijo. « Aquel humo , sale 
de los procesos de los pleitos, que los 
sacerdotes, unos con otros traían, por 
poseer cada uno , lo que apenas , i con 
mucha dificultad, rogándoles con ello, 
habían de querer aceptar. » I preguntán- 
dole yo la causa , por qué tan de gana se 
reia ; díjome : « Yo me rio, de la locura, 
de los hombres, que andarán agora muí 
despachados [desp^hados ?]* tornando á for- 
mar sus pleitos ; i rióme de plazer , en ver 
destruida una cosa , tan perjudicial á la re- 
lijion cristiana, cuanto es traer pleitos. 
Como sí Jesucristo, espresamente no les 
dijera: «que si alguno les pidiese por jus- 
ticia la capa , que le dejen también el 




sayo : • antes que traer pleito con él. • 
¿Rensas (dije yo), que cesarán ya tantos 
males, i tanta ceguedad, como hai entre los 
hombres, i señaladamente en la cristian- 
dad? "No, por cierto (dijo 6!) : antes creo 
no ser aun llegada la fin de los males, qne 
esta ciudad , i aun toda la cristiandad, coa 
ella han de padezer. Porque, asi como las 
maldades de los hombres son grandes; 
asi el castigo ha de ser mai severo. • Alli 
estuvimos platicando sobre cada cosa de 
las que veíamos : i de las causas , i causa- 
dores de la guerra : i de los agravios de 
que se quejaban los alemanes: i de las 
necesidades que habia para que la Iglesia 
se reformase: i de la manera, qne se debía 
tener en la reformación. Pregúntele, cuán- 
do habia de ser; dijo , que no me lo podia 
declarar. I después que hobimos visto todo 
lo que pasaba; M se tornó á subir al cielo. 

Cason. — Por amor de mi. Mercurio, que 
me cuentes todo eso, que dizes, haber con 
ese Pedro platicado : que me será cosa 
mui sabrosa de oir. 

Hescurio. — Soi contento , mas no agora: 
epiédose para otro día. 



~87 — 

Carón. — Sea como tú quisieres : i prosigue 
agora tu historia. 

HiKGUBio. — Como esta nueva se comenzó á 
derramar entre los ciistianos ; ¡ qué cosa 
era ver los juizios que unos i otros hazianl 
unos echando la culpa d' ello al Empera-» 
dor, por haberlo hecho su ejército: i 
otros al Papa , porque siendo vicario del 
Auctor de paz ; excitaba i mantenía gue- 
rra: otros, al rei de Francia, que habia 
sido causa de todas las revueltas, de don- 
de aquella destruicion de Roma habia ema- 
nado : i jeneralmente estaban todos atóni- 
tos de oir una cosa tan rezia , cual nunca 
jamás fué vista ni oida. 

Carón. — ¿Qué hizo entonces el Empera- 
dor? 

IfERcuRio. — El Emperador, aunque en todas 
sos cosas se conformó tan de verdad con 
la voluntad de Dios , que ni las prosperi- 
dades le dan demasiada alegría; ni las 
adversidades tampoco tristeza: todavia, 
como temeroso de Dios, no sabiendo la 
cansa, por qué hobiese permitido una cosa 
tan ardua , i tan grave ; quiso declarar á 
todos los Principes cristianos; cómo aque- 




— sa- 
llo no se htitMa fecho poi* su mandado ; ni 
por su culpa ni consenlimiealo ; mas en- 
teramente contra su voluntad : i para esto 
les escribió sendas cartas. 

Guw. — ¿Viste tá, acaso, alguna d' ellas? 

Ubbcduo. — I aun de la una traigo aquí tras- 
lado. 

CáRON. — Hazme este plazer, que me la leas. 

Hbkcerio. — De mui buena voluntad. Cata, 
cata, Carón : ¿tú no miras cuál viene aque- 
lla ánima? 

Ca«on. — Pareze, que está desollada: sepa- 
mos quién es. 

Ámiu. — Vosotros no vedes que soi Car- 
denal. 

Cabon. — Ese tengas en el ojo. 

AtnHt. — Mas aína le temes tú , si me hazes 
tomar este remo. 

Caboh.— ¿De Cardenal, te quieres tomar ga- 
leote? 

Hbrcdbio. — No lo consientas, Carón. 

Carón. — ¿Por qué. Mercurio? 

Mercurio. — Porque si guia tu barca , como 
guió la Iglesia de Jesucristo ; yo le la doÍ 
por perdida. 

ÁHiui.. — Dejémonos d' esas gracias , Mercu- 



— 89 — 

río; que ya se pasó vuestro tiempo, pues 
cpie no sois ya alcahuete de Júpiter. ¿ Có- 
mo qué ; por tan ruin me teniades , que 
hobiese de tomar tan ruin oficio ? 

Carón. — ¿Portan necio me tenias tú á mi; 
que habia de fiar mi barca , á un hombre 
como tú? 

Mercubio. — Ea, dinos: ¿Cómo gobernaste la 
barca de la Iglesia de Jesucrísto? 

Áotma. — No sé qué te dizes. 

Mercurio. — ¿Quieres que te hable mas cla- 
ro? Pues eras columna de la Iglesia , i te— 
nias cargo de la gobernación d'ella ; dime, 
¿cómo la gobernaste? 

Aiumá. — ¿ Quieres me hazer un plazer ? no 
me metas en esas honduras. ¡ Como si yo no 
toviera que hazer, sino gobernarla Iglesia! 

Mercurio. — Dinos , pues , qué hazias. 

Anima. — Buscaba dineros para mantener la 
guerra: poniendo nuevas imposiciones: ha- 
ziendo i vendiendo oficios 

Mercurio. — I aun quizá Beneticios. 

Ánima. — No digas eso: cata, que te haré 
descomulgar. Allende d'esto, vendiamos 
Rentas de iglesias i monasterios , i aun de 
hospitales. 



— 90 — 

MsRcnKio. — ¿De hospitatea? ¿No lenías ver- 
güenza de vender las rentas; que fueron 
dadas para oíanlen^ pobres ; porque sir- 
viesen , para matar hombrea ? 

ÁmHA. — Déjale d'esas necedades. Aosadas, 
qoe me k> osaras dezir hoi ha diez días. 

Carón. — Pues, si le parezen necedades, 
pesa ' la barca: i conoacerás, que son gran- 
des verdades. 

Mercubio. — Déjalo: vayase. 

Carón. — Pues , comienza tú ya á leer, aque- 
lla caria de que hablábamos. 

Hwctruo. — Soi conlento: está , poes , átenlo. 

Carón. — Comienza. 

C«rU dfllBmperidar, ilRel di laglilarr*: inalididt 
de lilla en leagnt cutaUtn*. 

«DON CARLOS, POR LA ditinaClekbhcu, 
Emperador de los Romanos, etc.: Reí de Ale- 
mana: délas Españas: etc. Al Serenisimo 
Principe don Enrríque , rei de Inglaterra, 
i de Francia: nuestro nrni caro i amado tio 
i hermano; Salud: con continuo auguraen- 
to de fraterno amor. Serenisimo Principe: 
mni caro i mni amado tío i hermano. 
Aunque seamos cierto , que por muchas 
* Pasa d la b.(?] 



— 9* — 

partes , habréis sido avisado , de) desastre 
que nuevamente ha acaecido en Roma : i 
que, con vuestra mucha prudencia, lo 
habréis todo tomado , como de razón se 
debe tomar; i como aquel , que , de nues- 
tra intención , está mui bien informado; no 
habernos querido dejar , de hazéroslo sa- 
ber: porque siendo mas enteramente cer- 
tificado del caso, cómo ha pasado; i de 
nuestra intenci(Mi cerca d*eUo; podáis 
mejor consejamos i ayudarnos , en lo que 
converná sobre esto hazer , para honrra 
de Dios y i bien universal de la república 
cristiana. Verdaderamente , pensamos ha- 
ber fecho tantas , i tan buenas obras , por 
la paz i sosiego de la cristiandad , i por la 
honrra i conservación de la santa Sede 
apostólica ; que creemos , ninguno de sano 
juizio , pueda , de nuestra buena intención 
dubdar. Pues , cuanto é lo primero : pu— 
diendo mui fácilmente vengarnos de los 
agravios i demasías que el rei de Francia 
nos habla hecho ; i cobrar , todo lo que 
contra razón i justicia nos tiene ocupado i 
usurpado:, quesimos, mas por el bien uni- 
versal de todos , soltarlo: dejando de co— 




— 9¿- 
brar aales, loquejustamente nos perte- 
neze ; que mantener la guerra , por nuestro 
interese particular. Pues, de la Iglesia 
romana , nolorías son las quejas , que, es- 
tando Nos en Alemafia , los Estados del 
Imperio dos dieron: suplicándonos que 
entendiésemos en el remedio d'ellas. 1 
Nos , viendo no poderse aquello poner por 
obra , sin mucho detrimento i diminución 
de la autoridad de los romanos PontiBces, 
aunque con gran pesar nuestro, quesimos 
mas descontentar á toda Alemana , que á 
solo el romano Pontífice. De lo cual , aun- 
que se hayan seguido muchos males , no 
pensamos tener d' ello culpa, pues nuestra 
intención era siempre buena: la cnal , co— 
noscida por el Papa León X , i Adriano VI, 
con armas espirituales i temporales , fa- 
vorecieron siempre nuestra justicia. Has, 
como después sucediese en el pontificado, 
nuestro mui santo Padre Clemente YII; 
no acordándose de los beneficios que , en 
jeneral , á la Sede apostólica , i, en particu- 
lar á él mesmo , hablamos hecho , se dejó 
engañar de algunos malignos , que cabe si 
lenia. De manera , que en lugar de manle- 



— 93 — 

ner , como buen pastor , la paz , que con 
el rei de Francia habiamos hecho ; acordó 
de revolver nueva guerra en la cristian- 
dad: i luego cpie el dicho rei, fué suelto 
de la prisión ; hizo su Santidad con él , i 
con otros Potentados de Italia , una liga 
contra Nos , pensando echar nuestro ejér- 
cito de Italia , i tomamos , i ocuparnos, 
nuestro reino de Ñapóles , el cual , tenian 
ya entre si repartido. I, aunque libremen- 
te le enviamos á ofrezer, todo lo que él 
mesmo nos habia demandado ; no embar- 
gante, que á todos pareziese claramente 
injusto : nunca él lo quiso aceptar , pen- 
sando todavía podernos ocupar el dicho 
nuestro reino de Ñapóles. Viendo Nos, 
pues , asi desamparado de todos.; habiendo 
hecho una tan buena obra, como fué soltar 
al rei de Francia , por el bien de todos ; i 
que , por fuerza , habiamos de tomar las 
armas, para defender los subditos, que de 
Dios tenemos encomendados ; temiendo lo 
que agora ha acaecido , por mas justificar 
nuestra causa , delante de Dios i todo el 
mundo; antes que tomásemos las armas, 
requerimos , asi al Papa , como también 



— 94 — 

al Colejio de los Cardenales , porque nin- 
guno , con razón , se pudiese quejar ; que 
dejasen las armas , i no nos quisiesen asi 
provocar ala guerra, con tan evidente daño 
i perjuizío de toda la república cristiana: 
donde les protestamos , que si d* esta gue- 
rra , la Sede apostólica , algún daño ó de- 
trimento padesciese ; á si oiesmos echasea 
la culpa , pues , tan á la clara , daban causa 
para ello. Mas nuestro requtrimiento i pro- 
testación , valierof> tan poco para con ellos; 
que no solamente continuaron la guerra 
comenzada ; mas , aun contra toda razón i 
justicia , rompieron la tregua , que , en 
nuestro nombre , don Hugo de Moneada 
habia con ellos fecho. Viendo, pues, cómo 
en ninguna parte hallábamos fé: por no 
faltar á lo que á nuestros subditos debe- 
mos; enviando una armada desde estos 
nuestros reinos de España , para defensa 
del dicho nuestro reino de Ñapóles ; hezi- 
mos también bajar nueva jente de Alemana, 
en socorro del ejército que temarnos cu 
XXIV. Milán. I como las cosas viniesen á tal esta- 
do, que el Papa nos tenia ya ocupada, 
mucha parte del dicho nuestro Reino; que- 



— 95 — 

riendo nuestro ejército socorrer aquella 
parte do veia el peligro mas cercano ; sin 
esperar nuestro parezer ni mandado ; tomó 
la vía de Roma: k) cual , sabido por el Pa- 
pa , temiendo la venida de aquel nuestro 
ejército ; hizo una tregua con nuestro Vi— 
sorrei de Ñapóles, por tiempo de ocho me- 
ses ; i aunque las condiciones d' ella eran 
tales, cpe se conoscia bien la voluntad, 
que algunos de los que cabe su Sanctidad 
estaban , á nuestras cosas tenían ; con todo 
eso , qutfsímos mas ratificarla, con perjui- 
cio nuestro (como luego la ratificamos), 
que esperar la justa venganza , que cuasi 
teniamos en las manos. Mas, como toviese 
ya Dios determinado , lo que había de ser, 
antes que nuestra ratificación llegase ; te- 
miendo nuestro ejército que habría en esta 
tregua el mesmo engaño que hobo en la 
que hizo con don Hugo ; quisieron , á des- 
pecho i contra voluntad de los Capitanes, 
continuar su camino hasta llegar á Roma, 
donde foltándoles el Capitán Jeneral , hi- 
zieron el insulto que habréis oído. Aun- 
que , á la verdad , no creemos ser tan 
grande , como nuestros enemigos han por 



— 96 — 

todas partes sembrado. I , aunque vemos, 
esto haber sido fecho , mas por justo juizio 
de Dios , que por fuerzas ni voluntad de 
hombres , i que ese mismo Dios , en quien « 
de verdad, habemos puesto toda nuestra 
esperanza , quiso tomar venganza de los 
agravios , que contra razón se nos hazian; 
sin que para ello interv^n^ de nuestra 
parte , consentimiento ni voluntad alguna: 
habemos sentido tanta pena i dolor del 
desacato hecho á la Sede apostólica; que 
verdaderamente » quisiéramos mucho mas 
no venzer , que quedar con tal victoria 
venzedor. Mas , pues que asi ha plazido á 
Dios (el cual , por su infinita bondad , suele 
de semejantes males , sacar muí grandes 
bienes , como esperamos que también ago- 
ra hará); conviene, que dándole gracias, 
por todo lo que haze i permite ; procure- 
mos , cada uno por su parte , de pensar i 
enderezar nuestras obras , al remedio de 
los males , que en todas partes la cristian- 
dad padeze : en lo cual , hasta la propría 
sangre i vida pensamos emplear. I , porque 
conoscemos en Vos , otra tal intención i 
voluntad; mui afectuosamente os rogamos, 



-97 — 

muí caro i mui amado tio i hermano, que 
Nos enviéis vuestro parezer, de lo que, en 
este caso , debemos , por nuestra parte ha- 
zer : ayudándonos , por la vuestra , á re- 
mediarlos males que padeze la cristiandad , 
i en ella la honrra de Jesucristo : porque 
mas brevemente podamos volver las armas 
contra los enemigos de nuestra fé cristiana. 
Serenísimo Príncipe: mui caro i mui amado 
tio i hermano: Dios nuestro Señor os dé 
perpetua felizidad. Fecha en Valladolid, 
á dos dias del mes de Agosto : año de 
MDXXVn. 

Vuestro buen hermano: 

CARLOS. 

Alfonso de Faldes. 

Mercurio. — ¿Qué te pareze , Carón? 
Carón. — Parézeme , que no debe ser ese 

Emperador, el que haze tantas cosas 

como aqui me has contado. 
Mercurio. — ¿ Cómo no ? 
Carón . — Porque averiguadamente se conos* 

ce ser Dios el que las haze por él. Mirad, 

por vuestra vida, aquel requirimiento , i 



— 98 - 
aquella protestación que hizo , antes que 
tomase lae armas! ¿No paraze, qoe el 
mesmo Dkw le profetizaba lo qoe babia 
de ser? Notadme, aquel ratificar de la 
tregua : porque todos conosciesen su jus- 
tifi^zion , i haberse hecho lo de Roma 
coDtra so voluntad I Considera despees, 
aquel demandar á los Principes cristianos, 
consejo de lo que , sobr' ello , se haNa de 
hazer. Veamos: ¿ no ere cerraries el cami- 
no para que ninguno con razón se pudiese 
quejar? Pues dezir, que fué hecho por 
justo juizio de Dios , que de semejantes 
males, suele sacar mui grandes bienes: 
¿qué era, sino tener su ánima puesta 
continuamente con Dios ? Has , dime. 
Mercurio , ¿ esa carta , que me has leído, 
Fué solamente al rei de Inglaterra 7 

Mercdkio. — I^ mesmo se escribió á todos 
los otros Principes cristianos : mas , qui— 
sete yo leer esta , porque me tengo, des- 
pués, de aprovechar d'ella. 

C.MOS. — leseRei, qué respondió á eila ? 

Mekcukio. — Ninguna cosa. 

(JROii. — ¿Porqué? 

Mebccrio. Yo le lo diré: mas es menester. 



— 99 — 

que tomemos la historia de mas arriba. 
Carón. — Sea así: pero, veamos primero, XXV. 
qué quiere dezír esta ánima , sepamos 
quién es , i qué nuevas trae. 
Anima. — Ta sé lo que queréis. Yo fui del Con- 
sejo del rei de Inglaterra: i lo que traigo de 
nuevo es ; que allá nuestro Rei , está con- 
zertado con el rei de Francia , de hazer 
juntaoiekite guerra al Emperador: i lo han 
ya enviado á desafiar. Álbrizias me debria- 
des agora de dar vosotros. 
Carón. — Tienes razón, si primero que tú, no 

lo supiéramos. 
Anima. — ¿Cómo es posible, que lo hayáis 
sabido primero que yo, que me hallé 
presente cuando se conzeiiaba? 
Carón. — Pues te hallaste presente , no te 
pese de contamos las causas ^ que movie- 
ron á tu Rei , á hazer guerra al Emperador, 
con quien tanto deudo i amistad , i nin^ 
guna enemistad tenia. 
Ánima. — Sola una causa hobo. 
CAHOif. — ¿ Una sola ? 
Ánima. — Digo que una sola. 
Carón. — ¿Cuál? 
Ánima. — La avarizia i ambizion de un Car- 



— ÍOO — 

denal que tiene cabe si : por cuya mano 
se deja gobernar. 

Carón. — ¡Oh, hi de puta: qué jentil Car- 
denal ! Veamos : ¿ muévele á hazer eso , el 
amor que tiene al reí de Francia; ó alguna 
enemistad que tenga al Emperador ? 

Ánima. — Al rei de Francia , maldito el amor 
que tiene , ni aun á hombre del mundo; 
mas de cuanto piensa aprovecharse á sí 
mismo. 

Carón. — ¿ Qué me dizes ? 

Ánima. — Asi pasa. 

Carón. — Según eso , debe tener alguna ene- 
mistad al Emperador , que le haze mover 
esta guerra. 

Ánima. — Digote , que diste en el blanco. 

Carón. — ¿ Tiene alguna causa para ello ? 

9 

Anima. — Una sola . 

Carón. — ¿Qué? 

Ánima. — Que el Emperador es bueno i vir- 
tuoso, i él, al contrario. I , como tú sabes, 
siempre los malos suelen tener odio á los 
buenos. I , aun otra cosa hai : que nunca 
pudo acabar con el Emperador, que lo hi- 
ziese Papa, por fuerza. 

Mercurio. — [ Cómo! ¿I osaba ese Cardenal, 




— 104 — 

procurar una cosa tan infamo i abomi- 
nable como esa ? 

Ánima. — Mira , si osaba 1 1 aun de lo que no 
osa i baze , me maravillo. 

Carón. — Ea , dinos : ¿ con qué colora él esta 
enemistad i guerra , que quiere mover? 

Mercurio. — Déjate d' eso , Carón ; que yo te 
lo contaré todo por orden . Dime , Ánima 
pecadora , ¿ i tú dabas tu voto , para que 
se hiziese i moviese una guerra tan in- 
justa como esta ? 

Ánima. — Sabe Dios , cuánto me pesaba de 
darlo : mas no podia hazer otra cosa , si 
yo no quisiera que me echaran del Con- 
sejo. 

Mercurio. — ¿ Por qué? 

Ánima. — Porque si contradijera á la volun- 
tad del Cardenal , no quedara solo un dia 
en el Consejo. 

Mercurio. — ¿No te valiera mas, estar fuera 
d'él, por bueno; que venir al Infierno por 
malo? 

Ánima. — Si: ¿ mas la honrra? 

Mercurio. — Pues quesiste mas la honrra del 
mundo , que la vida eterna ; acá pagarás 
tu mala elecion. 



s 



— 102- 

CiKOfl. — Déjate ir, Mercurio; i comienza tú 
agora lo del reí de Inglaterra. 

HBBCinuo. ^Ya le dije, cómo el año de vein- 
te i dos , cuando el Emperador pasó en 
Eepafia ; se oonoertó con el rei de Inglate- 
rra. 

CiBON. — Asi es. 

Hbkcemo. — Pues este conzierto doró, hasta 
que muerto el Papa Adriano , aquel Car- 
denal de Inglaterra hizo mucha ¡nstaozia 
al Emperador, que mandase llegar su 
ejército házia Roma , para costreñir i for- 
zar los Cardenales, que lo elijesen á ól 
por Papa. 

Cahon. — i Es posible ? 

Hebcüuo. — Asi pasa. 

Caboh. — Agora le digo , que andan buenos 
ios Vicarios de Cristo, si se han de elejir 
por fuerza de armas. 

HercdrK). — Nn&ca el Emperador lo quiso 
hazer. 

Garom. — Buena vida le dé Dios. 

Mercurio. — Mira lo que acaezió. Que cc»no 
el Emperador no lo quiso hazer; el bueno 
del Cardenal quedó tan injuriado; que 
luego conzibió en si un peroizioso odio 



— 103 - 

contra el Emperador: diziendo, que él 
haría que se arrepiutiese de no haberlo 
hecho , aunque se debiese perder todo el 
reino de [n^aterra. 

Cawh. — ¡Qué me dizes!¿Hai tal cosa en el 
mundo? ¿I ese rei de Inglaterra , no tiene 
mala vergüenza , de dejarse gobernar de 
un hornture como ese? 

MERCiniio. — No le debe conoscer. 

Caion. — ¿I todo aquel Reino no exclama ? 

Mercurio. — No hai quien ose hablar. 

Caion. — Harta mala ventura tienen el Reí i 
el Reino. 

Mercdhio. — Luego comenzó este Cardenal 
á entender en tramas con Franceses, para 
romper el amistad del Emperador . I des* 
pues de haberla , en diversas cosas , rom- 
pido; á la fin conzertó su Rei con Fran- 
ceses, el año de quinientos i veinte i cinco: 4 535. 
estando el rei de Francia preso en España. 
I , después d' esto , cuando el rei de Fran- 
cia fué suelto, i comenzó de hazer guerra 
al Emperador ; el rei de Inglaterra , pú- 
blica i secretamente le ayudaba con dine- 
ros á entretenerla. 

Carón. — Cata, que me dizes una cosa XXVI. 



— i04 — 

monstruosa. Veamos : ¡ ese reí de Inglate- 
rra, no se llama Defensor de la Fé? ¿I 
cómo ayudaba , al que tan descaradamente 
la habia rompido? 
Mercurio. — Pues , aun mas hai : que luego, 
cómo se supo lo que habia pasado en 
Roma: pareziéndole ' á aquel Cardenal, 
que tenia ocasión para hazer , que se de- 
clarase su Rei , por enemigo del Empera- 
dor; pasó luego en Francia, á procurar 
de conzertar la guerra contra él. I por dar 
algún color á lo que pensaba bazer: or- 
denó, que los Embajadores de su Rei, 
instasen con el Emperador, que atendiese 
á la paz con el rei de Francia : i el Empe- 
rador , á veinte días de julio de MDXXVII 
les respondió ; que por amor del rei de 
Inglaterra , él era contento de sobreseer * 
la restítuzion del ducado de Borgoña , en 
que estaba toda la dificultad : i tomar por 
el rescate de los hijos del rei de Francia, 
que tenia en su poder ; i en recompensa 
de los gastos , que por haber el rei de 
Francia rompido su fé , le habia conveni— 

* Falta en (?). 



— 106 — 

do hazer ; la summa de dos millones de 
ducados , que él mismo habia ofrezido a] 
Visorei de Ñapóles: con condizion, que 
en lo demás se cumpliese la capitulazion 
de Madrid. I, aun demás d' esto , dijo: que, 
por amor del rei de Inglaterra , sería tam- 
bién contento , si él asi lo quisiese , de 
dejar parte de lo que el mismo rei de 
Francia habia ofrezido. Mas , como aquel 
Cardenal , habia ya determinado de re- 
volver la cristiandad ; ninguna impresión 
hizieron las justificaziones , i graziosas 
respuestas, del Emperador. Antes, no 
embargante esto , ni la carta del Empe- 
rador , que te be leido , tan amorosa , tan 
humana , tan sancta i tan católica ; á la 
cual , nunca quisieron responder , siguien- 
do su mala intenrion i propósito ; se con- 
zertaron de comenzar la guerra, esta 
primavera, contra el Emperador: por 
tener mejor tiempo para ejecutar lo que 
habían pensado. 

Carón. — Cata, cata, Mercurio: ¿tú no miras 
cuál viene aquel monstruo ? 

Mercurio. — Debe ser algún tirano: aunque 
ya todojs se llaman Reyes. 



— 106 — 

Carón. — Veamos , qaé nos dirá. ¿ Dónde vas » 

Ánima ? 
AifiifA. — A la barca. 
Caroh . — Dinos , primero , ¿ qui6n eras ? 
Ároif A. — Rei de loa G^tos. 
Cabon. «^ Veamos , ¿esos no son crísiia— 

nos? 
Anima. — Si qoe son cristianos. 
Caeon. — ¿Pues, cómo se dejaban gobernar 

de un infiel como tú? 
Anima. —¿A qué llaman infiel? ¡Sabes, si 

me enojo I 
Carón. — Cierto: tó no parezes otra cosa, 

sino puro infiel. 
Anoia. — I Bien estás en la cuenta! Digole, 

que fui mas que cristiano. 
Canon. ---^ Antes oreo, que no tenias señal de 

cristiano. Si no, espera: tomarte he cuenta, 

de cómo gobernaste tu reino. 
Mercurio. — Déjalo ir ya: yo conozco ese 

monstruo: dezirte ha mil desvarios. 
Carón. — Espera un poco , Mercurio: ten pa- 

zienzia: i verás si sé yo , qué cosa es ser 

Principe. 
Mercurio. — Sea como tú quisieres. 
Carón. — Veamos : ¿ tú pensabas que eras Rei , 



— 407 — 

para provecho (le la repáblica , ó para ei 
luyo ? 

Ánima. — ¿Quién es Reí, sino para su pro- 
vecho? 

Carón. — Alafé, hermano: el que piensa 
ser Rei para su provecho , i tiene mas cui- 
dado de lo que cumple á si mesmo , que á 
la república ; aquel tal , no es Rei , sino ti- 
rano. Dime, ¿cómo administrabas tu Reino? 

Ánima. — To nunca entendía en nada d'eso. 
Allá lo tenia encomendado á los de mi 
Consejo. 

Carón. — ¿I tú nunca te juntabas con ellos, 
á ver i entender lo que hazian ? 

Ánima. — Algunas vezes : mas pocas : i esas, 
mas por el dezir de la jeate , que porque 
yo entendiese en lo bueno : ni remediase 
lo mak) que ^os hazian. 

CutON. — Pues, digote, de verdad, que tu 
principal ejerzizio , había de ser, gobernar 
bien tus subditos. 

Ánima. — ¿No basta , que algunas vezes esta-- 
ba en Consejo de Estado ? 

Carón. — ¿Qué tratábades en ese Consejo? 

ÁmMA. — De aumentar mi Sefiorio , juntando 
á él otras tierras. 



— 108 — 
Cakon. — ¿1, parézete, que era mejor au- 
mentar tu Señorío , que bien gobernar el 
que ya poseías? No sabias administrar el 
luyo - i i querías conquistar los ajenos? 
¿Qué medio tenias para conquistar? 
Ánima. — Guerra. 

Carón. — ¡Guerra? ¿Qué me dizes? 
Ánima. — Asi pasa. 
Carón. — Veamos: ¿ los Príncipes , no fueron 

instituidos por amor del Pueblo ? 
Ánima. — Asi lo dizen. 

Carón. — I tú , usabas de tu Señorío , como 
si el pueblo fuera instituido por amor de 
ti : i Uamábaste cristiano , i movías guerra 
por aumentar tu Señorío: teniendo ejem- 
plo de Príncipes jentiles , que se mataron 
ásimesmos, por evitarla guerra, que por 
su causa , se armaba contra sus subditos. 
Ánima. — A la fé: en esto, ya pocos hallarás, 
que no vivan como yo vivia. 
^— _ Carón. — ¿En qué te ejerzitabas? 

"% XXVII. Ánima. — En jugar, cazar, burlar, i andar 
^ entre mujeres. 

S Carón. — I, cómo; ¿no te bastaba tu mujer? 

■ Ánima. — Sobrábame , si yo rae quisiera con- 

^^^^m^ tentar: mas, si alguna vez me enamoraba. 



— 109 — 

fuese de doiizella ó de casada : por fuer- 
za , ó de grado, habia de gozar d'ella. 

Carón. — ¡Oh , qué vergüenza ! Veamos : ¿ no 
hai lei que castigue los que eso hazen ? 

Ánima. — Si hai: mas la lei no comprende al 
Rei. 

Carón. — Dizes la verdad : porque el Rei de- 
bría ser tan justo , tan limpio , i tan sáne- 
lo , i tan apartado de vizio^ ; que , aun en 
un cabello , no rompiese la lei : i por eso 
dizen , que ella no le comprehende. Mas 
el que vive como tú hazias , mui mas gra- 
vemente debria ser castigado , de lo que 
la lei manda: porque , asi como el buen 
Rei haze mucho fructo con sn ejemplo; i, 
^por tanto , debe ser de sus subditos mui 
amado , i en mas tenido i estimado ; asi el 
malo , haze mucho daño con el mal ejem- 
plo: i debe , por tanto , ser de los suyos 
aborrezido, castigado, i aun del Reino 
privado. 

Ánima. — Buen medio tenia yo, para guar- 
darme d'ese inconveniente. 

Carón. — ¿Qué? 

Anima. — Tenia mis subditos en tanto temor, 
i tan amedrentados ; que no osaban rebo— 



— \\Ú~ 

Ilirse , nuanto mas levanturse coolra mi, 
por malo que yo fuese. 

CuoM. — Eso era pura tírania. 

Ánima. — Llámala tá como quisieres, que yo 
no hallé otro remedio, pera manlenenne 
en mi Reino, i hazer lo que yo quería. 

Carón. — Pues, mal aventurado de ti; ¿pen- 
sabas, que tu vida i que tu tiranía, habían 
de durar para siempre; pues conoacias 
cuánto es Frajil i breve la vida humana; 
i que de tus obras malas i buenas , había 
de quedar perpetua menioría?¿No le va- 
liera mas , haber gobernado tuB subditos 
con amor ; 1 que después de tus dias , se 
dijera de ti , lo que se dize de aquel Em- 
perador Trayano; de * Marco Aurelio Án- 
tonino, i Alejandro Severo; que no lo de 
Caligula, Nerón, i Heliogábalo? ¿No te va- 
liera mas que tu nombre fuera á los oídos 
de los hombres agradable ; que no haber 
vivido de tal manera , que de li , para 
siempre , quede en boca de la jenle , abo- 
minable relación; iáti, de haber vivido 
tan mal , un perpetuo remordimiento de 

* El imprwú dice i Narco Antonio Aurelio. 



consciencia , mas grave , que cuantos tor- 
mentos hai en el Infierno? No sé, cómo 
se puede sufrir entre los hombres una tan 
grave pestilenzia . 

Ánima. — Tardé vienes con tus reprehen- 
siones. 

Carón. — Pues, dime; ¿qué jente tenías ca- 
be ti? 

Anima. — De todos: malos i buenos. 

Carón. — ¿Cómo los tratabas ? 

Ánima. — A los malos , trataba bien , i hazia 
raerzedes : i á los buenos , no quería ver 
ni hablar. 

Carón. — Mala señal era esa. Cuanto que, 
en esto, bien dabas á conoscer, que eras 
tú malo. 

Ánima. — Diga cada uno lo que quisiere: que 
esto me estaba á mi bien. 

Carón. — ¿ Por qué ? 

Ánima. — Porque los bunios, nunca me ha- 
zian, aino ladreLr á las orejas : diziendo, 
que trataba mal mis subditos , i que no 
hazia lo que debía : i por esto , los tenia 
aborrezidos . Los otros nunca me dezian 

- cosa que me pesase: mas todo lo que 
hazia, aunque fuese lo peor del mundo, 



— \\i — 

lo aprobaban ellos por muí bueno. ¿No 
querías, pues, que yo hiziese fevor i 
merzedes á estos tales ? 

Carón. — No, por cierto. Porque el Prin- 
cipe, mucho mas se debe holgar con 
quien le reprehende , que no con quien le 
lisonjea. ¿Heziste algunas leyes? 

Ánima. — Yo no: los del mi Consejo hazian 
algunas. 

Carón. — I en ellas , ¿á qué tenían respecto? 

Ánima. — ¿A qué lo habian de tener , sino á 
ai«gumentar las penas que se aplicaban á 
mi fisco; en que yo solia hazer á ellos 
merzedes ? 

Carón. — El buen Principe, cuando haze las 
leyes , no debe tener respecto en manera 
alguna á su provecho , ni á la avarizia ni 
ambizion de los que cabe si están ; sino 
solo al bien de la república. I, demás 
d* esto , debe estar mui sobre el aviso , de 
no hazer merzedes á los juezes en las 
condenaziones : porque harán como el 
viñandero, que se esconde, porque al- 
guno venga , i se coma las uvas : i des- 
pués llegue él , i le haga pagar la pena: 
porque las uvas no son suyas , i la pena 



-143- 

sí.De manera, que buscand<xsu provecho, 
son caosa del daño del Principe i del Pue- 
blo. Dime , ¿tenias muchos amigos? 

Ánima. — Antes , mui pocos. 

(]aron. — Y á esos pocos , ¿ teniasles buena 
amistad ? 

Anima. — Cuando me cumplia. 

Cahon. — ¿ Guardabas la fé que les dabas? 

Anima. — Mientra que me estaba bien guar- 
darla, la guardaba: i cuando no, nunca 
faltaba algún achaque con que romperla. 

Carón. — ¿No tenias d'eso mala vergüenza? 

Anima . — ¿ Por qué ? No dijo aquel Julio Cé- 
sar : Si fusjurandum violandum est : reg- 
nandi causa violandum est ? 

Carón. — Julio César era jentil: i tú dizes, que 
eras mas que cristiano. I aun esa senten— XXVIII 
cía de jentil , como inicua i mala , fué por 
jentiles reprobada. Pues, ¿cuánto mas la 
debriades reprobar, los que os llamáis 
cristianos? 

Ánima. — Repruébela quien quisiere: que ya 
entre cristianos , no se usa otra cosa. 

Carón. — Bien lo creo: entre ruines cristia- 
nos. Veamos: ¿ i tus rentas, en qué las 
gastabas? 



Ánihíi.— En baztír guerra. 

Carón. — De manera , que el proprío sudor 
del pueblo , convertías lú en su deslru- 
cion.¿Hazias algo por amor de Dios? 

Ánima. — iMira, si hazia! 

("a'bom. — ¿Qué? 

ÁWMA. — Guerra contra los Turcos. 

Carón. — ¿De qué manera? 

Ánima. — Haziéndoles todo el mal que podía. 

Garon. — ¿1, cómo pensabas lá hazer servi- 
zio á Dios en eso?¿Tá no veias, que 
cuanto mas mal hazlas á los Turcos ; mas 
odio cobraban ellos contra Jesucristo; i 
mas obstinados estaban en su opinión ? 

Ánima. — ¿Pues cómo querías tú, que los 
hiziésemos tornar cristianos? 

Carón. — Cuando tú hobierastan bien gober- 
nado tus reinos, que los tuvieras en mucha 
paz i sosiego ; i que lá i ellos , viviérades 
ya como buenos cristianos, estonzes fuera 
bien , que procuraras de convertir los 
Turcos: primero, haziéndoles mai buenas 
obras, para atraerlos á la fl6 con amor, 
como hiziernn los Apóstoles, que pi'e— 
dicaron la doctrina de Jesucristo: i ites— 
pues, si por amor no se quisieran conver- 



— US — 
lir, i paraziera cumplir á la honira de 
Cristo, procurar de hazerlos convertir 
por fuerza ; estoazes lo habías de hazer 
con tanta moderazion ; que los Turcos 
conoscieran, que no tes hazias guerra por 
señorearlos , ni por robarlos ; mas sola- 
mente por la salud de sus ánimas. Mira 
tú , agora, si lo hezisle asi. 

Amha. — Ni lo hize yo así : ni nunca hom- 
bre me consejó que lo debia hazer. 

CiBON. — Pues, créeme tú á mi, que de otra 
manera , antes os tornaréis vosotros peo- 
res que Turcos ; que tornar los Turcos 
cristiiinos. Mira , agora , cuan gran ' ser- 
vizio hazias lú a Dios , en hazer guerra á 
los Turcos. 

Amina. — Bien creo yo, que dizes verdad: 
mas juntamente con hazer servizio á Dios, 
quería yo aprovecharme, acrescentando 
mi Señorío en las tierras que tomase á los 
Turcos 

Carón.— ' D' esa manera, mas le movia tu 
interese particular; que la honrra de Je- 
sucristo. 

Anima.. — No le lo puedo negar. 

Cakon. — ¿Qué mas hazias? 



— 116 — 

AniM*. — R(l¡fi(]U¿ muchos templos . i monas- 
terios. 

Carón. — Si el dinero que en eso gastaste, 
ganaras con el trabajo de tus roanos; 
pudiérate aprovechar : mas tú , hartabas 
el puerco, i dabas los pies, por Dios: liti- 
gabas con exaciones indebidas lus subdi- 
tos; i después pensabas aplacar á Dios, 
con edificar templos. 

Anima. — Hi confesor me dezia siempre , que 
con aquello me iría á Paraiso : aunque, en 
lo demás , gozase muí libremente de mis 
vizios. 

Cahon. — Quizá le cumplía á ¿1 dezirlo así. 
Veamos: ¿nunca te reprehendía lus vi- 
zios? 

Anima. — Reprehendíame aquellos, que él 
mesmo oonoscia, tener yo voluntad de 
dejar: i por los otros, pasaba mui liviana- 
mente, por no descontentarme. 

Carón. — j Oh , qué pestilenzia ! ¿ rezabas 7 

Anima. — Las Horas de nuestra Señora. 

Carón . — ¿ Enlendíaslas ? 

ÁNIMA. — Ni aun sabia lo que me dezÍH. 

Carón — ¿Cómo? 

Anima. — Porque, aunque las entendiera, ja- 



-ín — 

más podia acabar conmigo de estar al«nU) 
á ello. 

GtnoN. — ¿Pues , de qué te aprovechaba tu 
rezar ? 

Anihi. — Por cierto, yo no lo sé. 

Carón. — Mira, que ceguedad: que pensases 
tú bazer servizio á Dios , haziendo lo que 
no era de tu ofizio, ensartando psalmos, sin 
saber lo que te dezias: dejando de bazer lo 
que eras obligado , por razón de tu oñzio! 

Anima. — ¿A qué llamas ofizio ? Sé , que yo 
era Rei, que no ofizial. 

Carón. — Si piensas, que ser Rei, es olra 
cosa que oQzio, estás engañado. Digole, 
de verdad , que ser Rei , no es sino oñzio, 
i aun raui trabajoso. 

Anima. — Ojalá , pudiese yo tornar á ese tra- 
bajo! 

C»ROB. — Por ciarlo, tú tienes un ruin deseo. 
Ea : dime , ¿cómo moriste? 

Anima. — No sé qué enfermedad se me re- 
crezió de mis travesuras de manzebo: de 
que mori medio desesperado. 

Cabon. — De tal vida como tú me has con- 
tado; no se podia esperar otro fin. ¿Tú 
creias, que babia Dios? 



- 118 - 

Anima — Si. 

Caroh. — ¿Creías , que había infierno i paraí- 
so; í que eD el infierno habían de ser los 
malos castigados; i en paraíso los buenos 
galardonados ? 

Anima. — Todo eso creía. 

Carón. — Pues, malaventurado de ti: cre- 
yendo todo esto , ¿vivías , como si ninguna 
cosa d' ello creyeras ? 

Amma. — Fiábame en tas bulas y confesiona- 
rios, induljenzias i perdones , que los Pa- 
pas me tenían conzedidn: i también en la 
misericordia de Dios. 

Carón. — ¿Parézete , que seria misericordia, 
perdonar tan grandes maldades , como las 
tuyas , hechas i cometidas á sabiendas? 
Antes , porque es Dios misericordioso; 
quiere que tá , i los á ti semejantes , seáis 
muí rigurosamente castigados : porque 
tratáis mal , á aquel pobre pueblo cristia- 
no , por cuyo bien fuistes , vosotros Beyes, 
instituidos. ¿Note pareziera crueldad, si 
dejaras de castigar un páblico ladrón , sal- 
teador de caminos , i capeador? 

Anima. — Sí , por cierto. 

Carón. — Pues la mesma seria , si Dios dejase 



de castigar, á ti, peor que ladrón , capea^ 
dor, i salteador de caminos. ¡Oh, desdi- 
chado de tí! aunque no creyeras que 
habia Dios , ni paraiso, ni infierno : solo 
por huir la fama que dejas en el mundo: 
te habias de apartar de tan mal vivir. An- 
da , pues , monstruo maldito , que acá te 
¿ezarán , cómo se deben tratar los subdi- 
tos , i gobernar los reinos. Torna tú , Mer- 
curio, á tu historia. 

Mercurio. — Determinados los reyes de Fran- 
cia et Inglaterra , de hazer guerra al 
Emperador , por tenerlo siempre en neze- 
sidad , esperando que viniese la primavera; 
sin haber considerazion á la honrra de 
Dios, ni al bien de la república; enviaron 
un nuevo ejército en Italia , diziendo que 
iban á libertar al Papa. 

Carón. — ¿Ya el Emperador no les habia es- 
crito , que le enviasen su parezer, de lo 
que debía hazer en eso del Papa ? 

Mercurio.-^ ¿No te digo , que lo disimulaban , 
por tener achaque para ejecutar su mal 
propósito ; i por descuidar al Emperador, 
para que no proveyese á las cosas de 
Italia? Pues , juntamente , con enviar su 



— Í20 — 
ejército, enviaron nuevos embajadores á 
España; porque tratando de la paz , tu- 
viesen al Emperador descuidado; como 
siempre , suelen los franceses artizar: que 
estonzes se muestran mas deseosos de la 
paz; cuando mas se aperziben para I» 
guerra: por tomar desproveidos á sus con- 
trarios. 

CiKON. — No es ese mal ardid de guerra. 

Mercurio. — Dizes la verdad : para loe que 
á su fé tienen perdida la vergüenza. Pa- 
sado el ejército de franceses en Italia; co- 
mo el ejército del Emperador estaba toda- 
vía en Boma , medio amotinado , sin querer 
abajaren Lombardia; los franceses toma- 
ron la ciudad de Jénova, i comenzaron á 
ganar tierra en el Estado de Milán. En este 
medio, los embajadores de Francia et 
Inglaterra , que eran venidos , á tener en 
palabras al Emperador, en Palenzia , des- 
pués de diversas comunicaziones , i dila- 
ziones , en que los franceses andaban , por 
descuidar mas al Emperador, vinieron en 
esta conclusión : que se quitase de la 
capitulazion de Madrid , el capitulo que 
habla, de la i-esiituzion de Borgoña; que- 



— 12< — 

dando su derecho á salvo al Emperador : i 
que el rei de Francia le pagaría , por su 
rescate, dos millones de ducados de oro: 
de los cuales se descontase , lo que el 
Emperador debía , de dineros prestados 
al rei de Inglaterra: i que demás d'esto; 
el rei de Francia , conforme á la dicha 
capitulazion de Madrid ; tomaba á su car- 
go, de pagar al mismo rei de Inglaterra, 
lo que le debia el Emperador ; por razón 
de la indemnidad que le prometió , pasan- 
do por Inglaterra. 

Carón. — ¿A qué llamas indemnidad ? 

Mercurio. — ¿No te acuerdas que te dije, 
que el Emperador, prometió al rei de 
Inglaterra , que le pagaría lo que le paga- 
ba el rei de Francia , hasta que se tornase 
á conzertar con él ; ó ganase equivalente 
recompensa en Francia ? 

Carón. — SI, que me acuerdo. 

Mercurio. — Pues á esto llaman indemnidad : 
como quien dize : librarlo del daño , que 
de mostrarse enemigo del rei de Francia 
se le seguia. 

Carón. — Ya lo entiendo. 

Mercurio. — Allende d* esto , prometieron los 




- 1Í2 - 

rranceses, que antes de enlregárseles los 
rehenes, restituirian el BBtado de Jénova, 
como era antee de ocupado; i también lo 
que mas hobiesen ocupado en Italia . con- 
forme al capitulo segundo , de la capitula— 
zjon de Madrid. 

Cabon. — Luego, ¿por qué habían enviado el 
ejército , si pensaban restituir lo que to- 
masen? 

Mbhcuhio. — ¿Restituir? Nunca tal cosa les 
pasó por pensamiento. ¿No le digo, que 
no lo hazian , sino por entretener en pla- 
ticas al Emperador? Allende d' esto, cnan- 
to al Estado de Hilan; el Emperador 
ofroziá, que nombrarla juezes sin sos- 
pecha , para que viesen de derecho lo que 
se debía hazer. I qne si ellos declarasen 
estar el duque ^orza sin culpa ; el Empe- 
rador lo restituiría en sa Estado, i le daría 
la investidura d'tí: i si fiíese por ellos 
condenado; quería el Emperador, usar í 
disponer de aquel Estado de Hilan , á su 
voluntad , i como el derecho le otoi^. I 
qne en lodo lo demás, escoplo algunas 
cosíllas de poca importanzia , se guardase 
lo capitulado de Madrid, fíon eslo, pen- 



— 423 — 

saban ya , el Emperador i ios de su 
parte ,* qae tenían la paz fecha : mas, 
cuando llegaron al atar de los trapos, 
dijeron los franceses : que ellos no tenían 
poder para concluir: i fiíé menester, que 
tornasen á enviar á Francia , todo lo pla- 
ticado, para ver si su Reí quería pasar 
por aquellas condiziones , ó no. Con esta 
conclusión , hecha á los quinze de setiem- 
bre del año pasado , de quinientos i veinte 
i siete*; esperando la respuesta, se vino 
el Emperador á Burgos : i los Embajadores 
de Francia el Inglaterra , lo entretenían 
siempre, diziendo: que cada día espe- 
raban la respuesta. Otras vezes dezian: 
que el reí de Francia , había enviado á 
consultar con el reí de Inglaterra, la 
plática ; i que no podía mucho 4ardar la 
respuesta. I todo esto hazian , porque el 
Emperador se descuidase en proveer de 
remedio á las cosas de Italia ; con espe- 
ranza, que le harían restituir todo lo que 
allá hobiesen tomado , como habían pro- 
metido. I ellos , en este medio , iban ga- 

* Año de 1587. 



•» 



— U4 — 

nando siempre tierra; i tomaron Alejan- 
dría, Pavia , i otros Lugares del Estado de 
Hilan. 

Carón. — Aína me barias enojar. ¿Cómo qué. 
en tanto tiempo no conoscia el Emperador 
el engaño? 

Hehcubio. — El que no sabe engañar, tarde 
presume que otros le engañen. I por 
dezirt« la verdad , yo creo que se fiaba 
del rei de Inglaterra . 

Cahon. — D'ese me fiara yo menos, teniendo 
cabe 8i aquel Cardenal. 

Hercitrio. — Dizes la verdad: mas es cierto 
que la bondad no puede dejar de pensar 
bien . Tovieron , paes, suspenso al Em- 
perador, hasta que ya, pareziéndoles. 
que si mas tardaban en enviar la res- 
puesta- se descubriría el engaño; envió el 
reí de Francia un Secretario suyo , nom- 
brado Bayart , en España , que en la una 
mano llevaba ciertos capítulos, con que 
entretener todavía al Emperador , i en la 
otra . dos carteles , uno del rei de Fran- 
cia , i otro del rei de Inglaterra , para 
desafiarle , cuando les pareziese tiempo. 
¿Tú no vees, Carón, con cuanta soberbia, 



— 125 — 

aquella Ánima entra en tu barca ? ¿ Qué 
me quieres apostar, que es algún francés? 

Carón. — ¿En qué lo conosces ? 

Mercurio. — Llámalo , i verlo has. 

Carón. — Ven acá , Ánima ; ¿ dónde cobraste 
tanta soberbia? ¿ Eres , por ventura , fran- 
cés? 

Ánima. — Si que soi francés. 

Carón. — Habla paso: que es la casa baja. 
¿Qué ofizio tenias? 

Ánima. — Alómenos, no barquero, ni ga- 
leote como tú. 

Carón . — ¿ Pues , qué eras ? 

Ánima. — Secretario. 

Carón. — ¿De algún Consejo, ó de quién? 

Ánima. — ¿Burlaste ? No , sino del Rei. 

Carón. — ¿Del Rei? Sea mucho en hora bue- 
na. ¿Hiziste alguna cosa señalada , que 
nos cuentes? 



Anima. — Allegué, en menos de diez años, 

mas de ochenta rail ducados. 
Carón. — Hombre eras de buen recaudo. 
Anima. — A la fé, sí; que buen recaudo, 

i buena mañana , es menester para ello. 
Carón. — ¿A qué llamas buena maña? 
Ánima. — ¿Piensas que te lo tengo de dezir, 



— 136 — 
por tus ojos bellidos? A buena fé, no )o 
sepas , si no me lo pagas bien. 

Carón. — ¿ Qué quieres que le dé? 

Anim*. — Que me hagas franco del pasaje. 

CiBON. — Soi contento. 

Ánima. — 'Daca la mano. 

Carón. — Mas , dame tú la tuya. 

Ámiii. — No quiero. 

Carón. — Betas tan acostumbrado de tomar, 
que nunca ' quenas dar: como el fraile, 
que se estuvo tres dias en un silo , por no 
dar la mano, á los que lo querían sacar. 
Agora, sus: no quede por eso: toma la 
mano. 

Ánima. Pues , está atento. Lo primero que yo 
bazia , era dar á eolender é lodos , que 
tenia tanta parte con el Rei ; que hazia 
d' él lo que yo quería , i ninguna cosa él 
determinaba sin mi. Con esto , hazia que 
todos los negoziantes acudiesen á mí: i á 
los que me daban algo, hablaba yo con 
el bonete en la mano : i les daba á todas 
horas audiencia: á los otros, amostraba 
mui mala cara , hasta que les sacaba algo. 

* Quetriag (7). 



— 127 — 

Si vacal)a , ó se había de proveer alguna 
cosa ; i la pedían dos ó tres ; á todos pro— 
metía yo de ayudar, si me prometían ellos 
de pagármelo : i á las vezes , no hablaba 
por ninguno: mas cuando se proveían, 
aunque yo no hobiese hecho nada, todavía 
/evaba por entero lo que me habían pro- 
metido: dando á entender que yolo había 
hecho. I muchas vezes, había sido con- 
trarío. De manera , que de cuanto se pro- 
veía por mis manos , í , aun á ratos , por 
las ajenas , llevaba yo mi repelón. I con 
esta arte , prometiendo yo á entramas 
partes ; no se me podian escapar. Allende 
d* esto , sí se determinaba alguna cosa en 
Consejo, en favor de alguno; luego se la 
bazia saber con dilíjenzía ; dándole á 
entender , que Tal i Tal , le habían sido 
contrarios , i que yo solo , lo habla man- XXXI. 
tenido: siendo esto, muchas vezes, al con- 
trario : c[ue ellos lo favorezían , é yo solo 
lo acusaba. 

Garon. — Veamos: ¿Cómo sufrían eso lo^del 
Consejo? 

Anima. — Procuraba yo de tenerlos discordes: 
iba al uno , i deeiale , que el Tal , había 



— 128 — 
dicho lal i lal cosa conira í^l; i que lo 
quería mal: encargándole, que no me 
descubriese. I después iba al olro , i de— 
zlalí! otro tanto: de manera, que como yo 
sembraba discordia entre todos , i no se 
osaban fiar unos de otros; cada uno pro- 
curaba de agradanne por tenerme de su 
parle. I asi los traía á todos á mi volontad; 
í ninguno osaba abrir la boca contra mi. 

Cakon, — Jentil manera era esa. 

Ámma. — D'esld manera, tenia yo tan tirani- 
zada aquella corte; que unos me daban 
seda, otros plata, otros buenos ducados. 

Carón. — ¿No gastabas nada ? 

Anima. — Muí poco. Porque yo, muchas ve- 
¿es comía fuera de mi casa: i otras , com— 
bidaba á otros , que me daban de comer 
en mi propría casa: á oíros, hazia jugar 
comigo cosas de comer: i si ellos perdían, 
pagaban: i si yo, ni ellos me lo osaban 
pedir, ni yo me comedía á pagarlo. Pues, 
mis criados ! Con mejor apetito se levan- 
taban, que no se sentaban á la mesa. 
Allende d' esto, como el Reí se fiaba de 
mi ; haziale yo firmar lo que quería , i 
aprovechábame mui jentílmente d'ello. De 



— 129 — 

manera, que con estas i otras tales gran- 
jerias, ganando mucho, i gastando poco, 
que es la verdadera alquimia , me hize 
mui presto rico. 

Carón.' — ¿Esas, no eran falsedades i aun 
traiciones: cohechar, i vender humo á los 
negoziantes, i engañar á tu Señor, que 
se fiaba de ti ? 

Anima. — ¿Qué se me daba á mi?Hiziese yo 
mi provecho, i fuese como quiera. 

Carón. — ¿ I al Rei , heziste algún señalado 
servizio ? 

Ánima. — Asi, burlando. El mayor, que nun- 
ca criado hizo á su Señor. 

Carón. — Alguna gran cosa debe ser esta. 

Ánima. — ¿ Sabes , qué tan grande? Que yo 
fui el primero, que le aconsejase, que 
ofreziese al Emperador todo lo que pi- 
diese , por salir de prisión : i que después 
de salido , no cumpliese cosa alguna , de 
lo que le hobiese prometido. I con este mi 

. buen consejo , él quedó libre , i el Empe- 
rador engañado. 

Carón. — Aosadas: de tal consejero, tal consejo. 

Ánima. —I aun te prometo, que el Rey no 
me lo tuvo en poco. 

9 



— 130 — 

Cahoh. — Con razuii. 

Áhih*. — Pues mas hize: que desde antes 
que el Reí saliese de España ; tenía ya yo 
concertado con el Papa , i con otros po- 
tentados de Italia ; que juntamente con él, 
hiziesen guerra al Emperador , como la 
hizieron. I allende d'esto , trabajé de ga- 
nar, de nuestra parte, al Reí de Inglaterra: 
de manera , que se conzeriaron el año 
pasado, de mover muí crudel guerra 
contra el Emperador : i hize yo , que 
mientras ellos se aparejaban pare la guer- 
ra ; porque el Emperador no la barruntase; 
le enviasen , como te enviaron , embajado- 
res, para entretenerío con esperansa de 
paz. 1, agora nuevamente, bao enviado 
los Reyes d' armas , con sus carteles de 
desafío , para intimarle la guerra. Asi que^ 
ó yo me engaño ; ó á esta hora , él es de~ 



CtROR. — Por cierto, grandes servizios son 
esos: robarlos negoziantes, engañar tu 
Reí i Señor , qne se fiaba de ti; i después 
d' esto , darle consejos , con que perdiese 
su honrra i fama para siempre ! 

Anima.— Mira, hermano: todo mi intento 



-Í34 — 

era dejar mni gran Estado: i para hazerlo, 
no tenia mejores medios que estos. ¡No, 
sino sed bueno , i viviréis (oda vuestra vi- 
da , pobre t 

CáBON. — ¡ Es posible , que en la Córt« de un 
Principe cristiano , se sufra una pestilen— 
zia como tú ! 

Árim*. — Antes, para andar en la Corte , és- 
tas , i otras semejantes artes , son mas que 
nezesarias. Si no queréis mas, ser de todos 
burlado i menoepreziado , con vuestras 
virtudes ; que con esta buena maña , ser 
loado por buen cortesano. 

Carón. — ¿Cómo? ¿buen cortesano llamáis 
vosotros , á un monstruo , como tú te me 
has aqui representado I 

Ánima. — Hermano , menester es vivir , oomo 
en la tierra donde hombre se baila : i pues 
se requiere esto , para vivir en las Cortes 
de los Principes; no te maravilles, que yo 
me conformase con la costumtve. Es ver- 
dad, que acordándmne de cuánta obliga- 
ción üenen los bomln^s , á ser perfecto 
cada uno en su ofizio; trabájeme yo tanto 
de serlo en este min , que á ninguno de los 
pasados, pienso haber dejado desobrepu- 



r 



_ 132 — 
jar; ni , á alguno de los venideros , lugar 
para qne me pueda alcanzar. 

Carón. — ¿De manera , rjue saliste en tu be- 
llaquería, perfecto? 

Anima. — Perfectisimo. 

Cahon. — ¿No hai leyes que castiguen tan 
grandes maldades? 

Ánima. — Si hai: ¿mas, quién osara tomarse, 
con un Privado de un Principe? Allende 
d'esto: son cosas que se tratan secreta- 
mente : de manera, que "cuando vengan 
enjuizío, no se pueden probar: i, aunque 
se probasen , nunca felta alguno del mes— 
mo oSzio , que tome su defensión : de 
suerte , que por maravilla , vemos castigar 
tales cosas : cuanto que yo no lo lie oído, 
salvo de un Turino , ' ' que bizo matar Ale- 
jandro Severo con humo á las narízes. 

Carón. — ¿Hizolo aquel jentfl , i no lo hazen 
los cristianos? Mas , pues quesiste ser ma- 
lo; aqui pagarás la pena de tu maldad. 

Hbbcdrio. — ¿No le pareze. Carón, que se 

conforma esto , con lo que yo te he dicho? 

Carón. — Así me pareze. I teniendo los Prln- 

* Se aobreenCtende aun. 

•• V. «lio Lampr. , cap. 35." y 3lí.* 



— 133 — 

cipes cabe sí tal jente ; no me maravillo, 
sino del mal que no hazen. 
Mercurio. — Tornando , pues , á nuestro pro- 
pósito, el Secretario del reí de Francia, de 
quien te hablaba ; llegó á Burgos , donde 
á la sazón el Emperador estaba , á doze 
dias del mes de Deziembre , diziendo que 
Iraia la resolución de la paz. I venidos 
iodos los embajadores de Francia et Ingla- 
terra al Emperador , disimulando los car- 
teles que tenian para desafiarlo; dijeron, 
que le darían por escrito , lo que el rei de 
Francia , por amor de la paz , i por co- 
brar sus hijos, quería hazer. I dieron una 
escriptura , en que allende de otras mu- 
chas cosas que quitaban , de lo que en 
Palenzia habían ofrezido ; queria que el 
Emperador , á humo muerto , restituyese 
en su Estado , al Duque Francisco Sforcia, 
aun quese hallase haberlo ofendido : i de 
la restituzion de Jénova, -i Condado de 
Aste; no hablaban palabra: ni querían 
retirar el ejérzito que tenian en Italia, 
fasta que bebiesen cobrado los hijos del 
rei de Francia , que estaban en poder del 
Emperador en rehenes. Cuando el Empfe- 



radodr esto uyó ; maravillóse , i hizoles 
dezir, que hablasen clarameDte , si tenían 
comisión de ofrescer otra cosa , ó no. A la 
fin respondieron, satísfaziendo algunas 
dificultades de las que parescia haber en 
la primera escriptura : i principalmente, 
que , cuanto al Estado de Milán; que los 
reyes de Francia et Inglatera eran conten- 
tos , que el Emperador nombrase luego 
juezes no sospechosos, para que viesen i 
determinasen , si el duque Francisco Sfor- 
cía mereacia ser privado, ó no; i que 
todos pasasen , por lo que aquellos deter- 
minasen. 

Carón. — %¿ De manera , que ya en eso , no 
quedaba dificultad ? 

Mebcübio. — Ninguna. 

CiKON. -7-Segun eso , parece que ellos esta- 
ban inclinados á querer paz. 

Mercurio. — Esto hazian ellos , poF dair á 
entender, que se allegaban á razoo : i para 
venir al rompimiento , dejaban atrás el 
punto pria<^ipal : que no querían restituir 
á Jénova , rú á Aste ; ni retirar el ejérzito 
de Italia , hasta que hobíesen cobrado los 
hijos del Rei de Francia. 



— 435 — 

Carón.— ¿I para hazerlo, no ofrescian al- 
guna seguridad ? 

Mrrcümo. — Dezian , que el rei de Francia, 
se obligaría á restituir Jénova i Aste ; i re- 
tirar su ejérzito , dentro de cierto término^ 
después que bebiese cobrado sus hijos : so 
pena de trezientos mil ducados : i para 
seguridad de la paga d' ellos , daria rehe- 
nes , en poder del rei de Inglaterra. ¿No 
te paresce , que era jentil seguridad esta? 

Carón. — Jentil. ¡ Para fiarse de un hombre, 
que tan poco caso haze de romper su fé! 

Mercurio. — Vista , pues , por el Emperador 
la final conclusión, presentada por los 
embajadores de Francia et Inglaterra , el 
primer dia d* este año MDXXVIII , les 
mandó responder por escrito ; que en lo 
que pedian deK Estado de Milán , aquello 
era lo mesmo , que muchas vezes les ha- 
bía ofrescido : pero , en cuanto A la resti- 
tuzion de Jénova i Aste; i al retirar del 
ejérzito que franceses tenian en Italia, 
porque no quedase causa de venir á otro 
rompimiento de guerra; el Emperador 
quería , que en todo caso restituyesen lo 
que habían de restituir ; i que retirasen su 




— i:í6 - 

ejérzito , antes que se les entregasen lus 
rehenes. 

Cabon. — Paresceme á mi , que en eso el Em- 
perador tenia mucha razón. 1, veamos: 
¿por qué no querían los franceses venir 
en ello? 

Hekcuuo. — Dezian: que si ellos reliraban 
BU ejérzito , i restituían lo que babian de 
restituir, antes que cobrasen sus rehenes; 
podrían quedar burlados , si el Emperador 
después no se los quisiese dar : pidiéndo- 
les otras condíziones , demás de las ya 
asentadas. 

Carón. — No dezian mal. 

Mebcurio. — Antes , no podían dezir peor, 
ni cosa mas contra razón. Pues , cuanto á 
lo primero ; ellos no tenían causa de des- 
confiarse del Emperador i porque nunca 
les habia rompido su fó. Allende d'esto: 
pues antes que ellos hobiesen tomado á Jé- 
nova ni Aste , ni tovíesen ejérzito en Italia; 
el Emperador era contento de resUtuir al 
Bei de Francia sus híjos , cuasi con esas 
mismas nondiziones, ¿qué razón había, 
para pensar, que no lo habia agora de 
hazer? Antes, en no «jueror ellos retirar 



— 137 — 

su ejérzito ; ddban claramente á entender 
la intenzion que tenían , de no guardar ni 
cumplir lo que prometían ; sino comenzar 
nueva guerra , en habiendo cobrado sus 
hijos: asi como han fecho agora: porque 
ninguna razón habia , de querer los fran- 
ceses hazer tantos gastos en entretener 
su ejérzito en Italia , desde la conclusión 
de la paz , hasta después de la restituzion 
de los rehenes ; si no tenian intención de XXXIIL 
continuar la guerra. I , aun mas hizo el 
Emperador : que habiéndole los embajado- 
res de Francia et Inglaterra declarado, 
que toda la dificultad estaba , en la resti- 
tuzion de Jénova i Aste , i en el retirar del 
ejérzito , antes 6 después , de la restitu- 
zion de los rehenes ; i que , si en aquellas 
dificultades se daba algún corte , luego se 
podría concluir la paz ; el Emperador les 
dijo: que si era asi, como ellos dezian: 
porque una cosa tan santa , tan saludable, 
i tan provechosa , como era la paz , no 
quedase , por tan pequeña causa , sin con- 
clusión; que él les daría á ellos las mismas 
seguridades; que ellos le habian ofrezido á 
él, i aun mayores, si mayores las quisiesen. 



— 438 — 

Carón. — No era la cosa igual : la reslttuzion 
de loe hijos del rei de Francia u con la res- 
tituzion de dos ciudades , i retirar un ejér- 
zito. 

MERanuo. — Dizes verdad, que la cosa oo 
era igual : mas también quedaba á los fran 
ceses en su poder , lo que habían de dar 
por cobrar sus hijos. I , allende d' esto; las 
seguridades que daba el Emperador, eran; 
de restituirles lo que ellos hobiesen entre- 
gado : i mas, trezientos mil ducados , para 
tomar á hazer el ejérzito , que hobiesen 
desecho. De mait^ra , que aunque el Em- 
perador no quisiera cumplir, por su parte, 
lo que en manera alguna no es verisimil; 
no podía el rei de Francia rezebir en ello 
dafk) alguno : )o cpie, por el contrario , se 
puede dezir del Emperador : que si él vi- 
niera en hazer lo que los franceses que- 
rían ; i ellos , otra vez le engañaran ; le 
fuera mui grande afruenta , haberse dejado 
dos vezes tan claramente engañar. 

Carón. — Agora te entiendo. Pues, veamos: 
¿ qué respondieron á eso los embajadores 
de Francia ? 

Mercurio. — ¿ Qué querías que respondiesen? 




— 439 — 

Andaban en dilasiiones: diziendo, que les 
parezia que el Emperador se ponía en 
razón: mas que ellos, uo tenían poder, 
para azeptar lo que les ofrezía: i menos, 
comisión para enviar mas á comunicarlo 
con su Rei: i que les peaaba, que por 
tan poca cosa viniesen en rompimiento: i 
no dejaban de solíziUir al Emperador , que 
quisiese azeptar las condiziones que le 
ofrezian. 

CÁR(»i.-<^¿De manera , que la cosa no esto^ 
vo en mas , de no se querer fiar el uno 
del otro? 

IHercürio. — A la tk, estuvo en que el rei 
de Francia no queriendo paz , buscó este 
achaque para moverla guerra. 

CUbon. — Asi me pareze. Has; mira, Mer- 
curio , cuál viene aquel espantajo de hi- 
guera, tan largo como ana blanca de 
hilo. 

Mercurio. — Sin dubda debe ser algún hipó- 
Qrita : dté^nie con éK ¿ Dónde vas , Ánima? 

Ánima. — Alcí^lo. 

Mercurio. — ¿Al cielo ? Ea , dime; ¿ cómo vi- 
viste en el lainndo , para que pienses su- 
birte al cíelo? 




— 440- 

Ánima. — Fui de los cristianos que se llaman 
perfectos. 

Mercurio. — ¿Parezete, que va poca dife- 
renzia, de llamarse perfecto, á serlo? 

Ánima. — Bien sé que hai mucha: mas yo, no 
solamente me lo llamaba , mas éralo. 

Mercurio. — Mni gran señal es de no haberlo 
sido , pensar tú , que lo eras. 

Ánima. — Mas , muí gran nezedad seria mía, 
pensar yo, no ser perfecto, siéndolo. 

Mercurio. — Ea , veamos : ¿ Cómo lo eras? 

Ánima. — Yo era cristiano. 

Mercurio. — También lo son muchos ladro- 
nes. 

Ánima. — Era sacerdote. 

Mercurio. — D*esos, hai muchos ruines. 

Ánima. — Dejé toda mi hazienda por seguir 
la perfección cristiana. 

Mercurio. — También la pedias seguir tenién- 
dola. 

Ánima. — ¿Cómo? 

Mercurio. — Porque la pobreza, mas consiste 
en la voluntad , que en la posesión. 

Ánima. — Dezia cada dia misa. I , allende las 
Horas Canónicas , rezaba muchas orazio- 
nes por mi devozion : ayunaba , todos los 



~ 141 — 

dias que manda la Iglesia , á pan i aguar 
nunca dormi en cama, ni aun estando 
enfermo : nunca me vesti camisa : andaba 
los pies descalzos : disciplinábame tres ve- 
zes en la semana: ha mas de treinta años 
cpie no comí carne; aunque agora, cuando . 
me quise morir, los ñsicos me dezian, 
que estaba en peligro de muerte; de ma- 
nera , que todos me besaban la ropa por 
Santo 

Mercurio. — Todos esos, eran buenos me- 
dios , para seguir la doctrina cristiana , si 
armaban á tu compIi^Won : mas , por de- 
zirte la verdad , aun no te he oido dezir 
cosa , por donde te debieses llamar per- 
fecto, ni esperar de subir al cielo. 

Ánima. — ¿Cómo no? Aina me barias tornar 
loco. 

Mercurio. — Porque esas obras eran esterio- 
res : i solamente , medios para subir á las 
interiores: i tú, fíábaste tanto en ellas; que 
no curabas de otra cosa. Sino, respón- 
deme á lo que te preguntare. 

Ánima. — Di. 

Mercurio. — ¿Tenias caridad ? 

Ánima. — ¿ A qué llamas caridad ? 



- U2- 

MiROiRio. — ¿Si amabas á Dios , sobre lodiiü 
las eosas, i ¿ lu prójimo cómo á ti mesmo? 

ÁniHA. — Eso era lo principal qoe yo hazia. 

HERCumo. — Sepamos, pues, cómelo bazias. 
Dime; ¿disfemabes i mnnnorabas, por di- 
cha, algunas vezes, de tn pr¿}inioT 

Ániha. — ¿Por qué no; de los que dezian 
mal de mi, i preeamiaD de reprehenderme? 

Hercdmo. — Porque eras obligado, á dar 
bien por mal; i en eslo, dabas mal, por 
bien , como era reprehenderle lo qoe mal 
hazias, ¿ Parézele , que era jenül caridad 
esa ? Veamos : ¿ qué dezias d' ellos t 

kmuk. — Dezia , que eran malos hombres, i 
que perseguían la relijion crístiann. 

Mebcurio. — ¿1 eso, pensabas tú que fiíese 
verdad í 

Anima. — Bien sabia, que no era verdad: mas 
no tenia otro medio de vengarme d' ellos. 

Mercumo. — Luego, segund eso: ni t¿ ama- 
bas á * tu pró^mo, como á tí ntesno, pues 
los perseguías sin razón , ni á Dios, a<^re 
todas las cosas . perscgoiendo ¿ Jesucñslo 
en sus miembros. 

* Tuf prójimo* (?). 



— 443 — 

Ánima. — Esto , yo lo confieso: ¿mas, por qué 
me daban ellos causa, para que k> hiziese? 
Sé : que aunque yo fuera malo , no era 
razón que me repreh^idiesen : porque 
quitaban la devozion cpie la jenie tenía 
comigo. 

Mercorio. — ¿Qué dezian de ti ? 

Ánima. — Andábanme acechando: i si alguna 
vez , me veían entrar en casa de alguna 
mujer; luego lo publicaban. 

Mercurio. — ¿ I , cómo ? ¿ Tenias tú que ha- 
zer con mujeres ? 

Ánima. — Pocas vezes: cuando la carne mu- 
cho me venzia: mas procuraba de hazerlo 
muí secretamente. AUende d' esto: dezian, 
que toda mí sanctidad no era , sino para 
ganar crédito con el vulgo : i porque me 
diesen algún Obispado. 

Mhicuiiio. — Veamos : ¿ i en eso , dezian ver- 
dad? 

Ánima. — Si dezian : mas no era bien hecho 
publicarlo. Dezian asimismo , que era en- 
vidioso: i que, de envidia , perseguía á los 
que vivían mejor que yo. 

BIsRCDftio. — ¿ I tú , haziaslo ? 

Anima. — Algunas vezes. 




— 144 - 

Mercurio. — ¿Por qué? 

Anima. — Porque me impedían mi g^nanzia. 
Dezian también , que andaba yo engañan- 
do las mujerzillas con mil supersiiziones . 

Mercurio. — Harto malo era eso , si es ver- 
dad. 

Ánima. — Yo no lo niego: mas, si no lo 
hiziera asi; muchas vezes muriera de 
hambre. 

Mercurio. — ¿ No fuera mejor guardar tu ha- 
zienda , i vivir d' ella ; 6 si , ya no querías 
tenerla, ganar de comer con el trabajo de 
tus manos ; que no dejarla, para venir des- 
pués á ofender á Dios buscando de comer? 

Ánima. — No era honesto , que siendo sacer- 
dote, trabajase. 

Mercurio. — ¿ Sant Pablo no era sacerdote? 

Anima. — Sí. 

Mercurio. — ¿Pues él mesrao no dize, que 
trabajaba de noche con sus manos , para 
ganar de comer , por no ser molesto al 
prójimo? 

Anima. — Asi lo he oido. 

Mercurio. — Pues , haziéndolo sant Pablo; 
¿ parézete , que no te fuera honesto , ha— 
zerlo tú ? 






— 146 — 

Anima. — No tuviera tiempo para dezir mis 
horas , i rezar mis devoziones. 

Mercurio. — Por cierto, que te valiera mucho 
mas no rezarlas; que, por rezarlas, ponerte 
en peligro de pecar. Porque, pecando, como 
dizes que pecabas; poco aprovechaban 
tus misas , tus ayunos, tus disziplinas, ni 
tus oraziones. 

Ánima. — Veamos: ¿en parte, no son pre- 
ceptos de la Iglesia ? 

Mercurio. — Si. 

Ánima. — ¿Pues, porqué nos los mandan 
hazer , si no nos han de aprovechar ? 

Mercurio. — Mándalo la Iglesia hazer , por- 
que es medio para seguir la perfezion 
cristiana , que consiste mas en cosas inte- 
riores * , qué en esteriores : i los que no 
entendiendo esto , las toman por fin, como 
tú has fecho ; hállanse , como tu te hallas 
agora, burlados. Ven, acá. Si tú, tovieses 
una villa mui fuerte , i queriendo poblarla 
de jente mui esforzada , prometieses que 
darías, á los que entrasen en ella por com- 

* Luego , esas cosas , en vez de ser un medio 
como aquí se dize, son un estorbo. Luego no deben 
hazerse ; i menos , exijirse. 



- U6 — 
l>Bte , luui lintlds casas «n que moraaeii. i 
lieredades d« que viviesen; prumetiendo 
de ayudar á los que animosamente se alle- 
gasen á los muros; i los capitanes do la 
jenle, que viniesen á combatir tu villa; 
viéndola de mucbos enemigos cercada, 
aparejados para resistirles la entrada; 
mandasen á los combatidores, que se ar- 
masen muí bien , i se vistiesen todas sus 
libreas , repartiéndolos por sus capitanías; 
i que velasen i no comiesen demasiado, 
porque al tiempo det combale se hallasen 
mas lijeros: si uno d' estos combatido- 
res se annase de todas armas, mejor que 
los otros; i se vistiese de librea mas galán 
que los otros , i estuviese mas sobrio que 
los otros; i al tiempo del combate, se 
quedase en las tiendas ; i después de 
ganada la villa , i abiertas las puertas, 
viniese á pedirte el premio que habías 
prometido; porque vino entre loe comba— 
tidoree , i se armó , i vistió de librea , i es- 
tuvo mui sobrio, veamos :¿tú, dárseloias? 

ÁwiMA. — ¿Por qué se lo había de dar? 

MsHCüBio. — ¿Qué le responderías? 

¿HiMA. — A lafé: dezirleiayn. «Hermano, no 



• - Ii7 — 

prometí mis casas , ni mis heredades , al 
qne se llamase combatidor : ni al que se 
.armase , ni al que se vistiese de librea , ni 
al que comiese sobriamente: sino, al que 
entrase en mi villa, por combate , ar- 
mado ó desarmado , vestido ó desnudo, 
aymio ó harto. Esos, eran medios para 
alcanzar esto otro. I , pues tú, te conten- 
taste con ellos ; no solamente no habrás 
galardón; mas eres digno de mui rezio 
castigo , porque llamándote mió , te es- 
condiste al tiempo de la nezesidad , i diste 
causa á otros para hazer lo mesmo. 
Mercurio. —Tú lo has dicho mui jentilmente. XXXV. 
Has , pues , agora de saber, que Jesucris- 
to , queriendo poblar su doctrina de jente 
esforzada , prometió el reino del cielo , al 
que lo seguiese. I , para que mas segura- 
mente lo pudiesen seguir, ordenó la Igle- 
sia ciertos mandamientos , como medios, 
con que alcanzasen la perfeczion cristiana: 
<5omo, el ayuno, contra la lujuria; la 
ot*azion , contra la soberbia ; i asi , de los 
otros. No te prometió á ti la Iglesia el 
cielo, porque guardases estos sus manda- 
mientos; mas dizete , que son mui buenos 



— 148— ' 

medios para alcanzar i seguir la doctrina 
cristiana, que es la villa que tú tenias: 
por la cual has de haber el cielo : que son 
las casas i heredadds que tú prometiste , á 
los que en ella entrasen por combate. 
Pues , si tú agora , vienes á pedir á Dios 
el cielo , diziendo , que eras cristiano i 
sacerdote : que ayunaste á pan i agua: 
que rezaste : i te disziplinaste : i heziste 
todas las otras cosas que me has contado: 
¿note pareze que diría Dios lo mesmo 
que tú dizes que dirías al otro? «Herma- 
no , yo no prometí el cielo , á los que se 
llamasen cristianos, ni sacerdotes; ni á \o» 
que hiziesen esas otras cosas ; sino á los 
que siguiesen mí doctrína. I porque mas 
seguramente la siguiesen , fueron dados i 
ordenados esos mandamientos : Si tú la 
siguieras , aparejado te fuera el premio, 
que yo prometí: mas , pues no lo heziste; 
por haber tomado i guardado los medios, 
que fueron dados i ordenados para ello; mas 
digno eres de pena que de galardón. A lo 
menos , no podrás agora tú negar, que 
esta sentencia no sea justa. 
Ánima. — ¿ Cómo ! ¿ Es posible , que asi 



— lió- 
se pierdan tantas i tan buenas obras? 

Mercurio. — ¿No has leido, lo que escribió 
san Pablo á los Corintios ; «que aunque 
toviese todas las otras virtudes , sí le falta- 
ba caridad, no le valia todo nada? 

Anima . — Así lo dezian . 

Mercurio. — Pues así te acaeze agora á ti : 
que todos tus trabajos , i todas tus buenas 
obras, no te aprovechan : porque vinieron 
desnudas i vazias de caridad. 

Anima. — No te puedo creer. 

Carón. — Entra , pues, en la barca , que pres- 
to lo creerás. I tú, Mercurio , prosigue ade- 
lante. 

Mercurio. — Ya que los embajadores de Fran- 
cia , habian llegado sus cosas á término, 
que el conzertado desafío no quería mas 
dilazion ; faltaba , que los embajadores de 
Inglaterra, buscasen también ellos algún 
achaque , para hazer i notificar su desafío: 
i no teniendo otro ; pidieron al Empera- 
dor, que luego , sin dilazion alguna ; pa- 
gue al rei de Inglaterra , su señor, todo lo 
que le debe, en dinero contado. El Empe- 
rador les respondió: que se maravillaba, de 
una demanda tan súbita como aquella: 



— 150 — 

que él nunca había negado , lo que a) rei 
de Inglaterra debía : antes , había estado, i 
estaba aparejado , para pagárselo todo, mui 
complidamenle. I , demandóles , que die- 
sen por escrito , lo que pretendían debér- 
sele. Pidieron , pues , ellos \res cosas. La 
primera , cerca de trezienlos mil ducados, 
que en diversas vezes , el rei de Inglate- 
rra había emprestado a) Emperador. La 
segunda , quinientos mil ducados , que 
fueron puestos , de pena , á aquel , por 
quien quedase de cumplirse el casamiento 
concertado , entr' el Emperador, í la jitja 
del reí de Inglaterra (no siendo mas, de 
cuatrozientos mil), lia tercera , la indena- 
nidad, de que, poco ha, hezímos menzion: 
la cual, querían que el Emperador pagase, 
por cuatro años , i cuatro meses. El Em- 
perador les respondió. Que, cuanto á la 
primera partida , que era del dinero pres- 
tado; que siempre estuvo, i estaba apa- 
rejado, para pagarlo. I preguntóles: si 
tenían aHi si^s obligaciones , i prendas, 
que por la dicha deuda , habia dejado al 
Rei , por su seguridad : porque cobrándo- 
las , luego pagaría. !, i-espondieron ellos, 



que no. Dijoles el Emperador: que orde- 
nándose un lugar, á entramas partes 
seguro , donde se pudiese hazer la paga 
de la dicha deuda ; i cobrar sus obltgazio- 
nes i prendas ; pagaría luego , ún alguna 
dilazion , lo que debía. Goanto á las otras 
dos partidas , que pedían , de la pena de 
casamiento , et indemnidad ; el Emperador 
les dijo : que quería enviar urna persona á 
informar al Reí , de lo que en aquello pa- 
saba : diziendo , que cumpliría lo cpie pa- 
reziese , que por derecho debiese : que , á 
la verdad, era nada. 

Carón. — ¿Luego , todo eso , era ; buscar 
tranquillas , para venir al de^afló , qne te- 
nían ya concertado ? 

Mercurio. — Dizes muí gran verdad : i si lo 
quieres saber mas de veras : ya en Ingla- 
terra , habían avisado á sus mercaderes, 
que no llevasen sus mercaderías , en tie- 
rras del Emperador : mostrando tener 
determinadle) fompimieiMo de la guerra. 

Garon. — ¿No tiene mala vergüenza un Rei 

de Inglaterra, de mover guerra, por diñe- XXXVl. 
ros: aunque el Emperador, debiéndoge- 
4os , se los negara : cuanto mas , ofrézien- 



— I6i - 

do de pagarle luego, lo que le debía? 
UERCumo. —Todo lo hazia aquel Cardenal. 
Gabon. — Espérale , Mercurío: veamos , quién 

es este. 
Ahih*.— Acaba , si quieres pasarme. 
CáRON. ^ ¿ Quién eres tú , que vienes tan de 

priesa ? 
Anim*. — Theólogo. 
Cabob. — 1 siendo Theólogo, ¿le viene» al 

infierno? Según eso, no tenias mas del 

nombre de tbeólogo. 
Aifm*. — ¿Cómo no? 
Carón. — Porque si fueras de veras theólogo, 

supieras qué cosa es Dios : i sabiéndolo. 

imposible fuera , que no lo am¿ras , i 

amándolo , hizíeras , por donde te subieras 

al cielo. 
Ánima. — No sabes lo que te dizes: sé que eso, 

no es ser theólogo. 
Carón . — ¿ Pues qué ? 

Ánima. — Saber disputar pro i contra : i de- 
terminar qüistiones de theolojia. 
Carón. — ¿I en eso eras grande hombre? 
Ánima. — Hira , si era. Daba á entender todo 

lo que yo quería , con falsos ó verdaderos 

argumentos. 



— <53 — 

Carón. — ¿De qué manera? 

Anima. — Yo te porné un ejemplo tan grosero 
como tú. Dime , ¿ qaién eres tú ? 

Carón. — Carón. 

Ánima. — ¿Qué me quieres apostar, que te 
hago conoscer que eres cabrón ? 

Carón. — Que no. 

Ánima. — ¿Vaya el pasaje; que te pague do- 
blado , ó que no te pague nada ? 

Carón. — Soi contento. 

Ánima. — El cabrón tiene barbas, i nunca se 
las peina : tú , tienes barbas , i nunca te 
las peinas : luego , tú eres cabrón. 

Carón. — Por cierto, tú lo has mui jentil— 
mente probado: yo me doi por venzido. 
Mas , espérate . Veamos , si seré yo mejor 
sophista que tú. ¿ Qué me quieres apostar, 
que te hago conoscer, que eres asno: no 
por sophisma , mas por jentíles argumen- 
tos? 

Ánima. — Qué va , que no ? 

Carón. — Vaya, esa arrogancia que tú traes, 
contra mi barba de cabrón. 

Ánima. — Agora , sus : soi contento. 

Carón. — Díme, pues , ¿qué cosa es asno? 

Ánima. — El asno , es animal sin razón. 




- IKV - 

Cabon. — ¿Qué cosa es razón ? 

ÁmNA. — Entendimiento para seguir lo bu»— 
no , i desviar lómalo. 

Carok. — Pues, luego: si tú estando en el 
mundo , no tovisle entendimiento para se- 
guir lo bueno , que es la virtud ; i apartar- 
te de lo malo, que son los vizios; sigúese, 
que no tenias razón : i no teniéndola ; tas 
proprías palabras le convenzen , qne eres 
asno. 

Ánima. — Eso, yo nunca hallé en mi theotojia. 

Caboh. — Jentil theolojta era la tuya. 

AwiMA. — Yo nunca aprendí otra. 

Carón. — ¿ Nunca leíste las Epístolas de san 
Pablo? 

ÁmMA. — Ni aun las oi nombrar, sino en la 
misa. 

CiRon. — ¿I los Evanjelios ? 

Ániha. — Lo mesmo. 

Carón. — ¿Pues cómo eres theólt^o? 

Anida. — j Como , si para ser theólogo , fue- 
sen menester la» Epístolas ni Evanjeliosl 

Carón. — ¿Pues qwé leiasT 

Anima. — Scoto, sancto Tomás, Nicolao áe 
Lira, Durando, i otros semejantes Docto- 
res: i sobre lodos, Aristótiles. 



— 165 — 

C^RQN. — 1 los Testamentos Viejo i Nuevo; 
s^q Jerónimo, sa^q Juan Chrísóstomo, sanct 
Ambrosio , i sanct Agustín , i los otros 
santos Doctoras ; ¿ po los leías ? 

Ánima. — Algunas vezes , puas pocas : porqge 
no tienen esa sotileza d' estos otros. 

Cakon. — D'esios lodos., vienen estos polvos. 
Andais-o$, vosotros, toda vuestra vida, le- 
yendo i aprendiendo disputas, qiiestiones, 
dubdas, i diQcultades; por dar á entender 
^ )os simples, que sabéis algo, porque 
os tengan por letrados; i no curáis de leer 
la Sagrada Scríptura: ni aquellos Doctores, 
de que podiíadea sacar la verdadera 
doctrina cristiana : i asi , cual es vuestro 
ejerzizio , tal es di fructo que bauseis para 
vosotros , i pava todos. 

Anima. -r- Ven. tá agora á predicarme! Mejor 
harás , do mandar , que na me pidan el 
pasaje , pues te Ip he ganado. 

Carón. — Soi conjtento : anda , vete. 

BtKECURip.. ~T Está aten^) ,. Carón , que ya an- 
d^moí^ al cato.. Venidos ya los Embaja- 
dores de Francia et Inglaterra, al punto 
d/e lo qme queirian , para desafiav al Empe- 
rador; pareziéndoles la cosa no safrir mas 



— <56 — 
dilazion; i ner ya tiempo de aparejarse, 
para comenzar raui de veras la guerra, 
esta primavera ; i sabiendo secretamente, 
cómo el Papa habia sido libertado por los 
ministros del Emperador ; porque , su pri- 
sión , era la principal causa , que ellos 
tenian puesta en sus carteles de desafio; 
viendo, que si el Emperador viniera ¿ 
saber la libertad del Papa , antes que ellos 
lo desafiaran, perdiera mucha de su auc- 
toridad el desafío; determinaron de hazer 
lo que tenían conzertado. 
Carón. — Dlme tú agora. Mercurio; habien- 
do el Emperador , escripto al rei de Ingla- 
terra , la carta que me leíste , en que le 
pide consejo , de lo que debe hazer sobre 
lo del Papa; i no habiendo él querido 
responder á ello; ¿qué razón habia, 6 
qué achaque podia él sacar de allí, para 
desafiarlo ? ¿ Quién no verá, que si el rei 
de Inglaterra , ó por mejor dezir , aquel 
su Cardenal, deseaban la libertad del Papa; 
que primero no lo escribieran al Empera- 
dor ; pues le habia demandado su parezer 
sobre ello; antes que tan inicuamente ve- 
nir á desafiarlo ? 



— IS7 — 

Mercurio. — Yo te confieso que no habia 
razón , i que el achaque era muí nezio: 
pero algo habían de finjir para poner por XXXVII. 
obra lo que querían hazer. Pues ayer, 
fueron á palacio del Emperador, juntos 
los Embajadores de Francia et Inglaterra, 
Venezia i Florenzia , á despedirse del Em- 
perador : como quien tenia la guerra por 
rompida. 

Carón. ¿I el Emperador , qué les respondió? 

Mercurio. — Respondióles : que le pesaba , que 
los Reyes sus amos , mirasen tan mal , lo 
que cumplía al bien de la cristiandad: 
mas, pues ellos asi lo querían; que se 
fuesen en hora buena : pero que él no 
quería , que saliesen de sus Reinos , hasta 
que los Embajadores que él tenia en Fran- 
cia , Inglaterra , i Venezia ; estuviesen en 
lugar seguro , donde se pudiese hazer el 
trueque , de los unos embajadores con los 
otros. I con estas respuestas se despi- 
dieron. 

Carón. — Mira también tú, cómo se va aquella 
Ánima por la cuesta arriba. Vamos tras ella. 

Mercurio. — Vamos. 

Carón. — Torna acá, Ánima: ¿dónde vas? 



- 158 - 

Aniha. — Rii esuesidba pensando! 

Canon. — Sabes , si roe enojo ! 

Ánima. — Darás de cozes á lu barca. 

Carón. — Espera, á lómenos: mira, que l« 
quiero preguntar. 

Anima. — Que me pla2e. 

Caroit. — ¿De dónde vienes ? 

Aniha. — Del mundo. 

Carón. — ¿Dónde vas? 

Ánima. — Ál cielfi. 

Carón. — En hora mala ello sea. ¿D'esa ma- 
nera ; no pasar&s por mi barca ? 

ÁNIMA. — Asi me pareze. 

Carón . — ¿ Por qué ? 

Ánima. — Por que asi plugo á Jesucristo. 

Carón. — Pues no puedo haber de U oirá 
cosa : á lo menos , yo te ruego , que me 
cuentes, cómo viviste en el mundo: pues 
asi vas á gozar de tanta gloria. 

Ánima. — Aunque K me bazo de mal, detener- 
me en tal jornada , no quiero dejar de 
satisfazer á lu voluntad. Has de saber, 
que siendo manzebo , aunque natural- 
mente aborrezia los vizios , malas compa— 
füias me tuvieron muchos años caupuzado 
en ellos. Cuando llagué á los veinte años 



— 159 — 

de mi edad, comenzé á reconoscerme, y á 
informarme , qoé cosa era ser cristiano : i 
coBOSciendo ser la ambizion muí contraria 
á la doctrina cristiana; desde entonces 
deternúné de dejar muchos pensamientos 
vanos , que solia tener, de adc|uirír mu- 
chos bienes temporales : i me comenzé á 
burlar de algunas supersticiones que veia 
hazer entre cristianos : mas no por eso me 
aparté de mis vizios acostumbrados. Guan- 
do entré en los veinte i cinco años ; co- 
menzé á considerar conmigo mesmo la 
vida que tenia : i cuan mal empleaba el 
conoscimiento que Dios me habia dado : i 
hize este argumento, diziendo: Ó esta 
doctrina cristiana es verdadera ^ ó no : sí 
es verdadera; ¿no es grandísima nezedad 
mia, vivir como vivo, contrario a ella? Si 
es folsa; ¿para qoé me quiero poner en 
guardar tantas cerimonias i constituziones, 
como guardan los cristianos? Luego me 
alumbró Dios el entendimiento : i conos- 
ciendo ser verdadera la doctrina cristiana; 
me determiné de dejar todas las otras 
superstiziones i los vizios: i ponerme á 
seguirla según debía , i mis flacas fuerzas 



V 



— HO — 

. bastasen : aunque , para ello , no me fal- 
laron de parientes ¡amigos infinitas con— 
trariedades. Unos dezian , que me tornaba 
loco : i otros , que me quería tomar fraile: 
i no faltaba quien se burlase de mi. Sufría- 
lo yo todo con pazienzia. por amor de 
Jesucristo. 

Carón. — ¿No te metiste fraile? 

Anima . — No. 

Carón. — ¿ Por qué ? 

AniÑa. — Por que conoscf que la vida de los 
frailes no se conforma con mi condízion. 
Dezianme , que los frailes no tenían tantas 
ocasiones de pecar, como los que allá an- 
dábamos: i respondía yo , que tan entera te- 
nían la voluntad para desear pecar, en el 
monesterio, como fuera .d' él: cuanto mas, 
que á quien quiere ser ruin , nunca , ni 
en algún lugar, le fallan ocasiones para 
serlo: i aun muchas vezes , caen mas tor- 
pe i feamente , los que mas lejos se pien- 
san apartar. Bien es verdad, que una vez, 
me quise tornar fraile , por fuir ocasiones 
de ambizion : i fuime á confesar con un 
fraile amigo mío : i cuando me dijo , que 
lanta Rinbizion babia entr' ellos , como 



~ 161 — 

por allá fuera; delerminéme de no mudar 
hábito. 

Carón. — ¿ Tenias conversazion con ellos ? 

Ánima. — Sí. Con aquellos en quien veia res- 
plandezer la imájen de Jesucristo. 

'Carón. — Pues , ¿ hezistete clérigo ? 

Anima. — Tampoco. 

Carón. — ¿ Por qué ? 

Ánima. — Sentíame indigno de tratar tan á me- 
nudo aquel santísimo Sacramento : i ha— 
ziaseme de mal , haber cada dia de rezar 
tan luengas Horas ? pareziéndome que gas- 
tana mucho mejor mi tiempo , en procurar 
de entender, lo opie los otros rezaban i no 
entendían ; que no en ensartar psalmos i 
oraziones, sin estar atento á ello, ni enten- 
derlos. Allende d'esto , me dezian , que no 
era bien dar órdenes , á quien no toviese 
Benefízio; i sabidas las trampas i pleitos, 
que en los Benefizios eclesiásticos habia; 
no quise meterme en aquel laberíntho. 

Carón. — ¿ Pues qué manera de vivir tomaste? 

Ánima . — Cáseme . 

Carón. — En harto trabaja te pusiste. 

Ánima. — En trabajo se ponen los que se 

casan , teniendo respecto á la hermosura 

11 



— 162 — 
XXX VIH. esierior: á los bienes temporales: pero 

yo , sin mirar á nada d' esto ; escoji una 
mujer de mi condizion , con quien vivi en 
mucho contentamiento. Si yo quería una 
cosa; ella dezia que era mui contenta. I lo 
mesmo hazia yo , cuando ella quería algo. 

Carón. — ¿Nunca reñiades? 

Ánima. — Alguna vez: cuando el uno, por 
complazer al otro , no nos determinaba— 
mos en lo que habíamos de hazer. 

Carón. — Ese reñir, era tener paz. 

Ánima. — Asi es. 

Carón. — ¿Fuiste en alguna romería? 

Ánima. — No: pareziéndome cpie en todas par- 
tes se deja hallar Jesucristo , á los que de 
veras lo buscan : i porque veiá á muchos 
volver d* ellas mas ruines que cuando 
partieron. I también mé parezia simpleza, 
ir yo á buscar á Hierusalen , lo que tengo 
dentro de mi. 

Carón. — D' esa manera, no tenias tá por 
buenas las peregrínaziones. 

Ánima. — Asi como pensaba no serme á mi 
nezesarías; asi alababa i tenia por buena, 
la santa íntenzion con que algunes se 
movían á hazerlas. 







— 163 — 

Carón. — ¿Oías misa? 

KjaMk. — Los dias de 6eBia, sin faltar algano: 
i también los otros dias , cuando no tenia 
qae hazer. 

Cabon. — ¿ Ayunabas ? 

Ánima. — Cuando me sentía bueno, ayunaba 
todos los dias que manda la Iglesia : i de- 
mas d' esto , todas las vezes que me pare- 
zia serme el ayuno nezesarío á la salud 
del cuerpo , ó del ánima. 

Cabon. — I en esos dias que ayunabas por tu 
voluntad , ¿ comias carne ? 

Ánima. — Sí. 

C4R0N. — ¿I, cómo, comiendo carne, ayu- 
nabas? 

Anima. — ¿Por qué no? pues que para el fin 
que yo hazia , me convenia mas la carne, 
que no el pescado. 

Carón. — ¿ Rezabas ? 

Anima. — Continuamente. 

Carón. — ¿ Cómo es eso poiúble ? 

Ánima. — En cualquier parte, i en cualquier 
tiempo, procuraba de enderezar mis obras 
i palabras á gloría -de Jesucristo. I esto 
tenia por orazion. 

Carón. — ¿Nunca pedias á Dios algo? 



- 164 -~ 

Ánima. — Pediale ¡)erdon de mis pecados, i 
gracia para perseverar en su servizio: 
conosciéndome siempre por el mayor pe- 
cador del mundo. 

Carón. — Veamos: ¿i no era malo mentir? 
¿no sabias tú, que habia otros muchos en 
el mundo , que vivian peor que tá ? 

Ánima. — Si: mas también conoscia, que si 
Diop , por su infinita bondad , no me to— 
viera de su mano ; hiziera yo obras , mui 
peores que alguno de los otros hombres: 
i , por esto , me conoscia por mas pecador 
que todos : atribuyendo á Dios solo , el 
bien , si en mi alguno habia. 

Carón. — ¿ Nunca pedias á Dios , bienes tem- 
porales , ó corporales ? 

Ánima. — No. Solamente le rogaba, que me 
los diese, ó me los c[uitase, como él conos- 
cia cumplir á su servizio , i á la salud de- 
mi ánimn. 

Carón. — ¿Edificaste alguna Iglesia, 6 mo- 
nesterio ? 

Ánima. — No: pareziéndome, que en aquello, 
por la mayor parte, interviene ambizion: 
i eso que habia de gastar ; quería yo mas 
repartirlo , i esconderlo entre los pobres, 



— 465 — 

donde veía evidente nezesidad , que no eu 
otra parte. 

Carón. — D'esa manera , poco ganaban con- 
tigo los frailes. 

Ánima. — Dizes verdad: aquellos, en t[uien 
yo no veia nezesidad , i aquellos , que me 
parezia quererlo para cosas curiosas: mas 
á los que veia tener d'ello nezesidad, 
nunca dejaba de darles de lo que tenia. 

Carón. — ¿Esto viste en Corte de algún Prín- 
cipe. 

Ánima. — Si , hasta que me casé. 

Cabon. — I estando en la Corte , ¿ pedias se- 
guir la virtud ? 

Ánwa. — ¿Por qué no? 

Carón. — Porque en las Cortes de los Prín- 
cipes siempre los virtuosos son mal trata- 
dos i perseguidos. 

Ánima. — Dizes verdad, por la mayor parte: 
mas yo acerté-á vivir con un Principe tan 
virtuoso , que tenia mui gran cuidado de 
favorezer á los que seguían la virtud: i de 
aquí prozedia, que como en las Cortes de 
los otros Príncipes , hai muchos viziosos i 
malos ; así en la suya , habia muchos vir- 
tuosos i buenos. Porque es cosa mui ave- 



— Í66 — 

riguada , que cual es el Principe , tales 
son sus criados : i cuales son los criados, 

tal es el Principe. 

Gabon. — Veamos : ¿ i en la Corte , nunca ha- 
llabas contrariedades para tu propósito ? 

Ámima. — Hartas : pero sabia yo convertirlas 
en ocasiones para seguir con mejor ánimo 
mi buen camino. 

Carón. — ¿Cómo? 

Ánima. — Pongo por caso: Si veia alguno 
andar hambreando bienes temporales ; en 
verlo, tomaba yo aborrezimiento. Si veia 
alguno, que por fas et nefas allegaba 
riquezas; tomábame deseo de dejar las 
que yo tenia. Si me hallaba alguna vez en 
compañía de mujeres deshonestas , tomá- 
bame tanto asco d' ellas , que á mi era 
remedio, lo que á otros ponzoña. Las co- 
sas que tocaban á mi ofizio ejerzitaba, 
como acpiel , que pensaba ser puesto en 
él , no para que me aprovechase á aii, 
sino para hazer bien á todos, I d^esta mía- 
ñera , me parezia tener un cierto señorio 
sobre cuantos andaban en la Corte , i aun 
sobre el mesmo Príncipe. 

Carón. — ¿En qué pasabas \eL \ tiempo? 



— 167 — 

Ánima. — *E1 tiempo que me sobraba, después 
de haber cumplido con lo que á mi 
ofizio era obligado; empleaba en leer bue- 
na doctrina : ó escrebir cosas , que á mi 
escribiéndolas , i á otros leyéndolas apro- 
vechasen. I no por eso dejaba de ser 
conversable á mis amigos ; porque ni me 
toviesen por hipócrita , ni pensasen , que 
para ser los hombres buenos cristianos» XXXIX. 
habian de ser melancónicos. 

Carón. — ¿No temias la muerte? 

Ánima. — Mucho mas temia los trabajos et 
infortunios de la vida. 

Carón. — Deseaste alguna vez morirte? 

Anima. — Siempre estaba aparejado para re- 
zebir la muerte, cuando Dios fuese servido 
de llamarme : pero sola una vez la deseé, 
viendo morir un fraile de san Francisco, 
con tanta alegría i contentamiento; que 
me tomó gana de irme tras él. 

Carón. — ¿Cómo te habías en las enferme- 
dades i adversidades que te venian ? 

Ánima. — Todo lo rezebia de buena voluntad, 
conosciendo venirme de la mano de Dios, 
i que no me lo enviaba Él , sino para ma- 
yor bien mío. 




► 



— 468 — 

Cahon. — ¿Qué remedio hallabas contra la 
soberbia ? 

ÁNlitA. — Acordarme que era mortal. 

Cabon . — ¿I contra la ambiziou ? 

ÁNmi. — Acordarme de los trabajos que pa- 
san loe qoe mas allos están subidos : i 
cuánto mas cerca están de caer. 

CfcROM. — ¿Nunca deseaste tener riquezas 
para hazer bien é muchos por amor de 
Dios? 

ÁmM*.— No. 

CátOM. — ¿Por qué? 

Anima. — Sabia , tener Dios harto cuidado de 
mantener sus pobres: i que nanea me 
pidiría á mi cuenta de lo que no me ho- 
biere dado. Allende d'esto, conoscia el 
peligro á que se ponen los que desean 
riquezas. 

CiRON. — ¿Qué remedio hallabas contra las 
malas lenguas? 

Animi. — Vivir bien. 

Cábon. — ¿Cómo te faabias, con clérigos i 
frailes? 

Anima. — Honrrándolos como á ministros de 
Dios, cerraba mis orejas a sus fábulas et 
invenziones. 



— ABO- 
CARON . ^ ¿ Gonfesábaste ? 

Ánima. — Cada dia me confesaba áDios: i 
cuando quería rezibir el Sanctisímo Sa- 
cramento; sí sentía mi conscíencia agrá— 
vada de alguna ofensa hecha á Dios; con- 
fesábame á un sacerdote. Allende d'esto, 
me confesaba una vez en el año , por 
cumplir el mandamiento de la Iglesia. 

Carón. — ¿ Ganabas muchos jubileos ^t in- 
duljenzias? 

Ánima. — Si: mas siempre me holgué de ir 
mas por el camino real ; que de buscar ata- 
jos: i mas , de entrar por la puerta; que de 
subir por la ventana. I con esta intenzion; 
mis jubíleos i mis induljenzi^s , eran , pro- 
curar de seguir la doctrina de Jesucristo: 
que me parezia camino tan real, que no 
se pudiese errar. 

Carón. — ¿Nunca fuiste por eso reprehendido? 

Anima. — Muchas vezes: mas yo les dezia: 
hermanos, tomad, vosotros, el camino 
que mejor os pareziere : i dejadme á mi 
tomar el que yo quisiere : pues vedes, que 
no es malo. 

Carón. — Sé que bien podías hazer lo uno i 
lo otro. 



-no- 

Anima. — Dizes verdad: mas yo lenia un 
propósito muí tírme aolamente de Jesu- 
cristo. 

Cahoh . — ¿ Cómo moriste ? 

iwuk. — Sentíame un dia mal dispuesto: i 
conosciendo en mi , que se llegaba la hora 
en que había de ser librado de la carzel 
de aquel grosero cuerpo; híze llamar el 
cura de mi Parroquia , para que me con- 
fesase i comulgase. Hecho eslo, me pre- 
guntó él si quería bazer testamento. Dije- 
te , que ya lo tenia hecho. Preguntóme, si 
quería mandar algo á su Iglesia, ó entre 
pobres i monesteríos. Respondíle , que 
mientras vivía , había repartido aquello, 
de que me paresia poder disponer : dejan- 
do proveídos mi mujer et hijos r i que no 
quería mostrar de faazer servizio á Dios, 
con aquello de que ya no podía gozar. 
Preguntóme , cuántos dobles quería yo 
que diesen las campanas por mi ; idljele, 
que las campanas no me habían de llevar 
á Paraíso : que hiziese él tafler, lo que le 
pareziese. Preguntóme, dónde me quería 
enterrar; í dijele. que el ánima deseaba 
yo enviar á Jesucristo: que de! cuerpo. 



— 171 — 

poco cuidado tenia : que lo enterrasen , si 
quería, en un cimiterío. Preguntóme, 
cuántos enlutados quería , que fuesen con 
mi cuerpo; i cuántas hachas i cirios que- 
ría que ardiesen sobre mi sepultura; i 
cuántas misas se dirían el dia de mi ente- 
rramiento ; i con qué cerímonias ; i cuán- 
tos treintanarios quería que se dijesen por 
mi ánima. Yo le dije : Padre, por amor 
de Dios , que no me fatiguéis agora con 
estas cosas : yo lo remito todo á vos , que 
lo hagáis como mejor os pareziere : por- 
que yo , en solo Jesucristo tengo mi con- 
fianza. Solamente os ruego, que vengáis 
adarme la Extrema Unzion. Dijome, que si 
él no me hobiera confesado, me toviera por 
jentil ó pagano ; pues tan poco caso hazia 
de lo que los otros tenian por principal. 
Yo le satisfize lo mejor que supe. I , á la 
fin, se fué medio murmurando. Cuando 
ya la enfermedad me aquejaba ; écheme 
en la cama , rogando á todos , que no 
estuviesen trístes; pues que yo estaba 
mui alegre en salir de la carzel de aquel 
cuerpo : i asi , en ninguna manera consen- 
tí, que llorasen por mi: i llamada mi 




r 



— I7i - 
mujer, á parte; le encomendé mucho mis 
hijos: i á ellos mandé, que fuesen, á 
ella , siempre obedientes : i á todos , jene- 
raímente , estaba siempre rogando i enco- 
mendando , que perseverasen , en aquella 
caridad i bondad cristiana , en que yo los 
habia puesto. I conosciendo , llegarse ya 
la hora de mi muerte; mandé que me 
tnijesen la Extrema Ünzion: i aquella 
rezetúda; me preguntaron , si quena, que 
llamasen dos relijiosos, que me ayu- 
dasen á bien morir. Rogoéles , que no se 
curasen d'ello: que pues, viviendo, no 
les habia dado trabajo ; tan poco se lo 
queria dar, muriendo. Preguntáronme, si 
quería morir en el hábito de san Francis- 
co ; i dijeles yo ; hermanos , ya sabéis, 
cuánto me guardé siempre de engañar á 
ninguno: ¿para qué queréis que me pon- 
ga , agora, en engañar á Dios? Si he vivi- 
do como san Francisco, por mui cierto 
tengo, que Jesucristo me dará el cielo, 
como á san Francisco: i si mi vida no ha 
sido semejante á la suya; ¿qué me apro- 
vechará dejar acá este cuerpo , cubierto 
con hábito semejante al suyo ? — Era ya 



— 173 — 

larde : i roguéles á todos que se fuesen á 
reposar : i solamente me dejasen alli , un 
nii amigo , que me leyese , lo que yo le 
señalase , de la sagrada Escriptura : i prin- 
zipalmente el sermón que Jesucristo hizo 
á sus Apóstoles en la última cena : i cada 
palabra de aquellas , me inflamaba i en- 
zendia con un ferventísimo deseo , de lle- 
gar á la presenzia , del que aquellas pala- 
bras habia dicho. A la mañana , me 
pusieron una candela enzendida en la 
mano: et yo, haziendo rezar aquel psal— 
mo , que dijo Jesucristo , estando en la 
cruz; estaba atento; i sentia comenzarme 
ya á salir de aquel cuerpo : i diziendo: 
n Jesucristo , rezibe esta mi ánima peca- 
dor a í^: me sali de aquella cárzel. I voime 
á gozar de la gloría , que Jesucristo tiene 
á los suyos prometida. Vees aqui, que te 
he contado , la manera de mi vida , i de 
mi muerte : perdóname , que no puedo 
detenerme mas. 

Mercurio. — Mira, Carón; este es uno de 
aquellos , que yo te dije , que seguian 
mui de veras la doctrina cristiana. 

Carón. — A la fé , si muchos d' estos hobiese 




— iH — 
en H momio : agentarme podria yo , c»be 
mi i^inanna. 

Mnct'uo. — No bayas miedo. Hira . n quie- 
ren que nos tornemos á asentar i acatar'; 
í acabaremos nuestra historia : que ya es- 
tamos al cabo. 

Cabon. — Sea asi. 

Hnctiuo. — Despedidos que se hobieron, del 
Emperador, los embajadores de Francia et 
in^terra, Veoezia i Floreazia; eaía ' ' ma- 
Rana vinieroD á Palazio del Emperador, 
dos reyes d' armas : udo del Reí de Fran- 
cia i otro del Rei de Inglaterra: i pidieron 
al Emperador, que les diese audienzia; ia 
cual ¿1 les quiso dar, públicamente : por- 
que ya sabia , que lo querían desafiar. I 
sentóse con mocha pompa en la prínzipa! 
sala de su palazio : i al derredor d' ¿1 es- 
taban muchos grandes Señores i Perlados, 
de toda» naziones , que en- su Corte se 
bailaron . 

CiRON. — ¿Vístelo tú, eso, Mercurio? 
MsHCusio. — Hira si lo ví : i noté cnanto se 



Sic: pero parue que debí* dczir : «jo. 



— 176 — 

Carón. — La mitad de mi barca diera, por 
haberlo visto. 

Mercurio. — Yo diera una de mis alas, por 
no haberme haHado presente. 

Carón. — /. Por qué? 

Mercurio. — ¿Piensas tú , Carón , que poco 
trabajo sentía yo , en ver, la iniquidad de 
aquellos Prinzipes ; que sin alguna causa 
ni razón , enviaban á desafiar al Empera- 
dor : el uno , sobre haber rompido su fé; 
i el/ otro, llamándose defensor de la fé, fa- 
voreziendo al rompedor d' ella? Los reyes 
d' armas , C|ue estaban al cabo de la sala, 
con sus cotas d' armas en los brazos iz- 
quierdos , se vinieron derechos , para el 
Emperador, i hechas tres reverenzias has- 
ta el suelo , se hincaron de rodillas en la 
grada mas baja del estrado donde el Em- 
perador estaba : i desde alli , el rei d' ar- 
mas de Inglaterra en nombre de entramos, 
dijo : que conforme á las antiguas leyes i 
costumbres , se presentaban ante su Majes- 
tad^ para dezirle algunas cosas , de parte 
de los reyes de Francia et Inglaterra , sus 
amos. Que le suplicaban les diese seguri- 
dad , mientra esperaban la respuesta; man- 



—I Te- 
dándolos guiar seguramente hasta sus 
tierras. El Emperador les respondió: que 
dijesen lo que les era mandado : que sus 
príviléjos les serían guardados : i en sus 
tierras , ningún enojo les serla hecho. Lue- 
go, el rei d* armas de Francia leyó un car- 
tel : i , por dezirte la verdad , al principio, 
yo pensé que quería predicar, según las 
palabras con que comenzó. 

Cabon. — Asi era menester: que para dezir 
una cosa absurda i fea , comenzase por 
palabras santas i buenas. 

Mercurio. — Ala fin: dezia, que el rei de 
Francia, su amo; viendo que no queria 
XLI. aceptarlas condiziones de paz que le ha- 
bla ofrezido ; ni dejarle sus hijos , ni liber- 
tar la persona del Papa , ni pagar al rei 

- de Inglaterra lo que le debía ; se declara- 
ba por su enemigo: notificándole, que le 
haría , en sus tierras i subditos , todo el 
mal que pudiese. 

Carón. — Tres cosas te quiero notar sobre' eso, 
Mercurio. La primera, será: pues sabían 
ya, que el Papa estaba libre; ¿á qué 
propósito dezian , que el Emperador no 
quería libertar la persona del Papa? 




— 177 — 

Mercurio. — Porque , como he dicho ; ese era 
el prinzipal achaque , <{ue ellos pensaban 
tener para hazer su desafio : i no sabían , 
cómo , la noche de antes , había el Empe- 
i-ador, rezebido cartas de Italia , en .que le 
avisaban , de Ui libertad del Papa , i de la 
manera cómo había pasado. 

Carón. — ¿Qué me dizes; que esa mesma 
noche llegó la nueva ? 

Mercurio. — Así pasa. 

Carón. — Digote la verdad: que nunca oí lle- 
gar cosa á mejor tiempo. La segunda se- 
rá, preguntarte : si antes d' este desafío, el 
reí de Francia hazia , cuanto mal i daño 
podia al Emperador. 

Mercurio. — Ya tu lo has oído. 

Carón.— Luego , ¿de qué servia declararse^ 
agora por su enemigo ? 

Mercurio. — Pienso, haberlo permitido Dios, 
porque el Emperador se despertase, i pro- 
veyese lo que convenia. 

Carón.— Yo asi lo creyó: i tengo por mui 
gran nezedad , la que franceses hizieron 
en desafiarlo. Pues , lo tercero , será : que 
me pareze una mui grande iniquidad , lo 
que dize : que haria todo el mal i daño que 

12 



-^ 178 — 

pudiese , en los subditos del Emperador. 
Veamos : pongo por caso , que el rei de 
Francia tenga mucha razón de quejarse 
del Emperador ; ¿ qué culpa tienen sus 
subditos ? 
Mercuiio. — Vé tá ¿ disputar eso con él, i 
déjame á mi acabar. Cjomo el rei d' armas 
de Francia , hobo leído su cartel ; el Em- 
perador mesmo , por su propria boca , le 
respondió : que se maravillaba , que el reí 
de Francia lo desafiase: pues siendo su 
prisionero , de justa guerra , no lo podía 
ni debia hazer : i que , pues se habia tan 
bien defendido, en siete años, que le habia 
hecho guerra sin desafiarlo : agora que lo 
avisaba; él se tenia por medio asegurado. 
I en lo que dezia , de la reslituzion de sus 
hijos ; que él se habia puesto mas , de lo 
que , por razón , se habia de poner : con 
voluntad de restituírselos. De manera, 
que la libertad d' ellos , no quedaba , sino 
por él. Cuanto á la deuda del rei de Ingla- 
terra : que él estaba aparejado á pagar lo 
que debia , como muchas vezes habia di- 
cho. Cuanto á lo del Papa , le dijo: que la 
noche de antes, le habían venido nuevas, 



~ 179 — 

de cómo era puesto en su libertad. I, á la 
fia , le dijo : que , pues su cartel era lar- 
go , i en él habían escrípto todo lo que se 
les habia antojado ; que él mandaría res- 
ponder, en otro papel , que no conternia 
sino verdades. 

Carón. — ¿Dize^me, de verdad, Mercurio, 
que el Emperador mesmo dio esa res- 
puesta? 

Mercorio. — Él mesmo: i aun mucho mejor 
que yo lo digo. 

Cakon. — Digote , de verdad , que no oí me- 
jor cosa en mi vida. 

Mercurio. — Esto hecho: el rei d' armas de 
Inglaterra , como hombre mas esperto en 
el ofízio ; quiso dezir de palabra » lo que 
en escrípto le habían dado que dijese: i, 
en conclusión , contenia lo mesmo , que el 
cartel del Rei de Francia: sino que venia 
muí mas soberbio, imui masdesvergonza^ 
do : diziendo, que por fuerza de armas, le 
haría hazer, lo que no quería por amor. 

Carón. — O , hi de puta ! qué róldanos I ¿por 
fuerza d' armas ? ¿ Cómo ; tirando flechas 
en el aire? ¿Sabes, qué pienso, Mercurío? 
que ha permitido Dios, que aquel Carde- 



— 180 — 
nal , que me ilezias ; eslé cabe el rei de 
Inglaterra: porque haziendo lo que faüze, 
sean los meamos ingleses , causa de su 
proprio castigo. 

Mercdhio. — Ninguna dubda tengas d'esn. 
Bl Emperador le respondió : que se mara- 
villaba , de lo que el reí de Inglaterra ha- 
zla : i creia no estar él bien informado , de 
lo que había pasado : mas , pues que asi 
él lo quería , no podía faazer sino defen- 
derse : i rogalja á Dios , que el reí de 
Inglaterra . no le diese á él , mas causa de 
hazerle guerra ; de lo que pensaba . ha- 
bérsela él dado. 

Garon. — ¿ Por qué dezia el Emperador eso? 

Mebcdbio. — Porque habia sabido, lo que al 
principio te dije: que el rei de Inglaterra 
andaba, por dejarla Reina , su mujer, 
con quien ha estado casado mas de veinte 
annos; i tomar otra. 

Cahon. — ¿Es posible? 

Mercurio. — Asi pasa. 

Carón. — Agora te digo. Mercurio; que no 
queda fé en el mundo: pues ese Rei , se 
pone , en bazer cosa tan fea como esa . 
¿Da alguna causa para ello? 



— I8< — 

Mercurio. — Dize, que la dispensazion , que 
hobieron del Papa , para casarse ; habien- 
do ella sido casada primero con un her- 
mano del mismo Reí ; no es bastante. XLU 

Garon. — ¿Pues no está ahi el Papa, que les 
dará otra? 

Mercurio. — Antes , el Emperador tiene en su 
poder la mesma dispensazion , i es mas 
que bastante. 

Carón. — Pues, qué rfe^vergüenza * es esa? 

Mercurio. — Tiénela perdida aquel Cardenal, 
que es d'ello causa. Siendo, pues, esa 
Reina, tia del Emperador; claro está, que 
queriendo el rei de Inglaterra hazerle una 
tan grande injuria ; de razón él no la ha-* 
bia de sufrir : i , por eso , le dijo; que plu- 
guiese á Dios , que no le diese mas causa 
el Rei de Inglaterra para hazer la guerra: 
que él pensaba , habérsela dado. 

Carón. — Digote , que tiene mucha razón, de 
no sufrirlo. 

Mercurio. — Lo raesmo creo que hará el Rei 
de Portogal , pues ta^ Aien es él , sobrino 
d' esta Reina : i , aun le toca á él mas esto, 

* Pareze debia dezir: vergüenza. 



— 182 - 

que no al Emperador; pues siendo bas- 
tante la dispensazion ; si el rei de Ingla- 
terra persevera, en dejar la Reina su 
mujer; vernia á impugnar el poder del 
Pape. I , si tal cosa se sufriese ; luego tan 
poco habria sido lejitimo el matrimonio 
del Rei don Manuel de Portpgal con la 
reina donna Maria su mujer, madre d' es- 
te Rei de Portogal , i de la Emperatriz. 

Garon. — Aun no había yo caido en ello. 
¿No miras. Mercurio, cuántos inconve- 
nientes se seguirán , si perseverase el rei 
de Inglaterra en lo que dizen haber co- 
menzado? 

Mercurio. — Pues, aun mas hai. Que mui 
mas verisimil es , que el Papa tenga poder 
para dispensar en el matrimonio de Ingla- 
terra ; que no en el de Portogal : porque 
en la leí dada al pueblo de Israel , está 
mandado : que sí el marido muriese sin 
hijos; su hermano segundo se case con 
la mujer viuda : como hizo el rei de Ingla- 
térra. Por donde pareze , que el casamien- 
to de Inglaterra, no solamente no es 
prohibido de jure rfftiíno; mas era en la 
leí mandado , que así se hiziese ; lo que 




— 483 — 

no so puede dezir del matrimonio de Por- 
togal. 1, habiéndose después prohibido, 
por constituzion humana; el que dubdare, 
que el Papa , no tiene poder para dispen- 
sar en ello; debria ser tenido por hereje. 

CAaoN. — Agora te digo , Mercurio , que si á 
semejantes cosas se da lugar ; no me arre- 
pentiré yo de haber hecho mi galera. 

Mercurio. — Pues , allende d' esto : porque el 
rei d' armas de Inglaterra, habia dicho 
al Emperador, que V haría \ que hiziese, 
por fuerza , lo que no habia querido hazer 
de grado; respondióle el Emperador: que. 
hasta agora, él habia siempre condeszen- 
dido , por amor del rei de Inglaterra ; á 
hazer mas de lo razonable: i , pues él ago 
ra dezia , que se lo haría hazer por fuer- 
za ; él hablaría de otra manera : i espera- 
ba en el ayuda de Dios, i en la lealtad de 
sus subditos ; de guardar tan bien los hijos 
del rei de Francia; que nunca se los ha- 
bría de tornar por fuerza. 

Carón. — Vqs ahí , una respuesta , no menos 
de ánimo esforzado, que modesta. 

* En el ítnpr. dize : que la haría. Errata cono- 
zida , por le lutria : ó /' haria : ó H haria. 




- tsi - 

Hercuhio. —Allende d'esto, pedían en tos 
Curíeles , que de la una parkt i de la otra, 
se diesen cuarenta días de término , á los 
mercaderes , para retirar sus personas > 
bienes. 

CiBON. — E30 , bien lo concederá el Rmpe— 
rador. 

Hercübio. — No hará: porque los franceses 
et ingleses , ha ya muchos dias, que tienen 
avisados sus mercaderes ; i bástales aquel 
término para retirar sus mercaderías : lo 
que no haze , á los subditos del Empera- 
dor, porque no están avisados; ni lo po- 
drían en tan breve tiempo faazer. 

CiHON. — Eso no entiendo yo. 

Mercurio. — ¥0 te lo diré. Gomo los france- 
ses et ingleses , sabían á qué tiempo , el 
Emperador habia de ser desafiado ; i eran 
ciertos del rompimiento ; avisaron á sus 
mercaderes con tiempo , que no llevasen 
«US mercaderías á tierras del Emperador. 

Cifiow. — ¿Cómo sabes té eso? 

MüricDBio. — Sélo , porque los ingleses hizie- 
rrin esto, públicamente, ocho meses antes 
liol desafío: i los franceses estaban lam- 
liit'ti prevenidos , (esperando ol rompimien- 



— 186 — 

io , que teoian pqr cierto : como parezia 
por el cartel , que el reí d' armas de 
Francia leyó, fecho á XI de noviembre. 

Carón. — ¿Es posible que diese cartel con 
esa fecha ! Agora te digo , Mercurio , que 
ha Dios cegado a los franceses el enten- 
dimiento : no queriendo , que sus trampas 
queden encubiertas. No vi mayor neze- 
dad en mi vida , que dar un cartel , en que 
desafiaban , por cosas , no ocho días antes 
pasadas ; fecho , dos meses i medio , antes. 
Cómo qué : ¿ tan nezios eran los embaja- 
dores i su reí d' armas , que no sabian mu- 
dar aquella fecha ? 

Mercurio. — Si ellos la mudaran , ¿ cómo se 
pudiera saber de cierto el engaño? Crée- 
me , Carón , que no haze Dios las cosas 
sin causa. I , porque no se me olvide , te 
quiero dezir, cómo , cuando los reyes 
d' armas acabaron de leer i dezir sus car- XLIII. 
teles ; se vistieron las cotas de armas que 
traían en los brazos. 

Carón. — Ea : declárame esa cerimonia. 

Mercurio. — Como después de hecho el de- 
saílo, quedan declarados enemigos del 
desafiado; vistense sus cotas d' armas, por 



^ 



— 186 — 
seguridad de sue personas : que antes de 
declararse por enemigos , no lo han me- 
nester. 

Caror. — ¿ Qué semblante tenia el Empera- 
dor, cuando todoeso pasaba? 

Herccbio. — No vi cosa alli de que me hol- 
gase, sino de la gravedad et majestad, 
que el Emperador tenia , abonando oía, 
como cuando respondía : sonrriéndose 
algunas vezes de oir las desaforadas noen- 
tíras, que aquellos reyes d' armas, de parte 
de sus Reyes, se dejaban dezir. 1 hecbo 
esto; el Emperador se levantó, i llamó á 
sí , al reí d' armas de Francia ; al cual 
dijo: que dijese al Reí , so Señor, que le 
restituyese todos sns subditos , que des- 
pués del concierto de Madrid , contra razón 
i justizia habia hecho , ó permitido , pren- 
der i maltratar; donde no; que él trataría 
los subditos del Reí , que e«tan en sus 
reinos, como él tratase los suyos: i que 
no respondiéndole á esto , dentro de cua- 
renta días; él se temia por respondido. 
El rei d' armas dijo que lo haría : i el 
Emperador le tornó á dezir. «PiieBdezid 
mas al Reí vuestro Señor ; que no sé sí ha 



— 487 — 

sabido lo que en Granada yo dije ai Pre- 
sidente dé Burdeos , su embajador ; que 
es cosa que mucho le toca. I en tal caso, 
le ten*go yo por tan jentil Prinzipe , que si 
lo supiese , me habría ya respondido. 
Que hará bien de saberlo; i conoscerá, 
cuánto mejor le he yo guardado lo que en 
Madrid le prometí ; que no él á mi lo que 
me prometió. » 

Carón. — ¿Qué fué eso, que dijo el Empe- 
rador al embajador de Francia ? 

Mercurio. — ¿ No te acuerdas de lo que te 
conté, que le habia dicho , cuando junta- 
mente , con los otros embajadores de la 
liga le requirieron , que le restituyese sus 
hijos ? 

Carón. — Si , si : ya te entiendo. Digote , que 
esas fueron palabras de verdadero Prinzi- 
pe : i que sus subditos le son ea mucha 
obligazion : pues quiere poner al tablero su 
vida , porque ellos no reciban dafto. ¿Crees 
tú, que el rei de Francia responderá áeso? 

Mercurio. ^*- Pienso yo, que buscará alguna 
arte, con que en alguna manera , satisfa- 
ga al vulgo; i se guarde él de peligro: 
queriendo mas, destruir sus subditos, que 



su pei-sona. por ellos. Acallados, pues, 
los actos del desafío; el Emperador man- 
dó ; que los reyes d' armas , fuesen muí 
bien tractados : ' i que ningún enojo les 
fuese becho. É yo, volando, soi venido á 
faazerte saber estas nuevas ; á iL tan agra- 
dables , como k mi enojosas. 

Carón. — Veamos. Hercnrío. Siendo el reí 
de Francia prisionero del Emperador ; ' 
no podiendo, de derecho, hazer un desaño; 
¿cómo es posible , que venga agora á de- 
safiar á aquel , en cuyo poder tiene em- 
peñada su fó ? 

Hbrcciiuo. — Si las cosas anduviesen por ra- 
zón, entre los hombres; bien me parezeria 
lo que dizes: mas andando, como andan, 
al revés; no te debes maravillar, que ese 
Rei, haya querido hazer una cosa, tanto, 
á derecho i razón contraria. 

Caboh. — Digo , ■ que él la quisiese hazer ¡ el 
Emperador , ¿ por qué aceptó el desafio, 
pudiéndolo, con justizia, rehusar? 

Mbrcdrio. — ¿Para qué querías que lo rebo- 
sase ? Pues asi como asi , le hazia la 



— 189 — 

guerra : i \e cumple mas , que ya , que se 
ha de hazer, sea abierta, q. no solapada, 
como estaba. 

Carón. — Digote de verdad , Mercurio ; que 
yo me siento tan obligado á ese Reí de 
Francia , i á ese otro Cardenal de Inglate- 
rra ; que si en el mundo tanto yo manda- 
se , como aquí ; luego les haría mas de 
mili merzedes. Mas , pues allá nada puedo; 
á lo menos , cuando vengan á pasar por 
mi barca ; yo te prometo de darles sendos 
remos , de los mejores de la banda : que 
nunca me prezié de ser desagradezido. I, 
aun á ti , Mercurio , no quiero dejar sin 
premio de tu trabajo. Desde agora , te 
prometo la gananzia de todas las monjas i 
frailes , que no se hayan arrepentido. 

Mercurio. — No te quedarían á ti muchos. 

Carón. — Ni aun á ti mucha gananzia d* ellos. 
Mas díme , Mercurio. Los españoles , que 
por una parte , se prezian de mui valientes 
i esforzados : i por otra , de mui leales á 
su Prínzipe : ¿cómo pudieron sufrír con 
pazienzia, que sobre una causa tan in- 
justa , les viniesen á desafiar su Rei , den- 
tro en su reino ? 



I 



— 490- 

Mbrcuhio. — CuanU) al sufrir von pazienzia el 
desaflo , obligados eran ¿ no hazer olra 
tíosa, pues no es en sn mano, hazer de 
los locos sabios : pero en el vengarse del 
menos prezio , que franceses é ingleses les 
han fecho: yo tengo por cierto, que se 
mostrarán tan valientes i leales, como 
siempre se han mostrado : i do querrán 
ser, desagradezidoe del bien que reziben, 
en tener un Prinzipe , que en taota paz i 
juslizia los mantiene. 

Carón. — Yo . (al conzepto he siempre tenido 
á' ellos. 

UsRCCKlo. — Ya se va haziendo tarde: si le 
pareze , será * bien , que nos pasásemos 
de la otra parle. 

GáRON. — Bien dizes : i si hohiere tiempo, 
me contarás lo que comenzaste del Papa: 
que , por dezirte la verdad , esto es lo que 
mas saber deseo. 

HsBCiTEío. — No tengo de contradezirte. 

CutoK. — Enlm , pues , eu la barca ; i sién- 
tate á la popa , mientra yo ordeno estas 
Animas. Ven acá lá, Ánima, ¿qutéresme 
hundir la barca con ese [^omo? 
* Seria (?). 



— 491 — 

Ániiia. — ¿Tú no vées , que es consagrado; 
d^ lo que haziamoe en Roma los sellos de 
Ia3 Buks ? 

Carón. — Para qué lo traes acá ? 

Ánima. — Há se me vendido tan mal, este 
año pasado , que me sobró todo lo que 
vées : i tráigolo , para aprovecharme acá, 
si fuere menester. 

Carón. — Pues échalo en el agua , si no quie- 
res, que te eche á ti con ello. I tú, Car- 
tuxo , ¿ qué quieres hazer de esa barba? 
Ó la cortarás, ó no entrarás en mi barca. 

Ánima. — ¿ Con qué quieres que la corte? 

Carón. — Uégate acá , con esta sierra la ase- 
rraremos. I, vosotros , Philósophos ; ¿pa- 
ra qué metéis tantos méritos i superstizio- 
nes ? No hai acá nezios á quien engañéis 
con eso. ¿ No miráis , cual viene el otro, 
cargado de cerimonias ? Agora , sus ! dé- 
jalas , luego , i toma ese remo. ¿ Qué 
argumentos traes , tú , debajo el soba- 
co? ¿Quiéresnos revolver el infierno? Ea, 
pues ; sentaos todos : i comenzad de re- 
mar. 

Anima. — Mira , Carón , que se me pone este 
delante . Sé que los frailes de san Francisco, 



k 



- \9i- 
sieiii|)i'e sülenios pi-ezeder á los di 

41aron. —¿Qué {irecedenzias son esas? Sa- 
béis , si me enojo , cómo os haré estar en 
paz ! Nunca visie tal cosa , Mercurio : roas 
trabajo tengo en concertar estos frailes, 
que en guiar la barca. Bl otro dia , me la 
quisieron anegar ; ríñendo , sobre , sí la 
virjen María, era conzebida en pecado 
oríjinal, ó no. 

Mebcuhio. — ¡Qué jen(« (an especial! Pues 
estamos d' esta parte ; quiérote leer un pe- 
lafio , que han puesto á la paz , mostrando 
estar ya sepultada. 

Carón — ¿ A qué llamas petafio ? 

MenctiHio. — A lo que escriben sobre las se- 
poltnras de los muertos. 

Carón. — ¿l,á la paz , como cosa muerta, 
le han pnesto tambñen pelafio? 

Mercurio. — Si. 

Carón. — Pues no dejes de leérmelo. 

Mercurio. — Que me ptaze : está atento ; por- 
que es en latín . i no sé si lo entenderás. 

Carón. — Gomo si yo, no entendiese latín, 
tan bien como cuantos Nebrissensia hai en 
el mundo! 

Mkhcdhio. — Ea , pues: en tu cuenta me tío. 



LIBRO SEGUJNDü. 



HERGÍTRIO. CARÓN. 



Mercurio. — ¿ Dónde hallaría yo agora á Ca- 
rón , para holganne un rato con él : i 
quitarlo de la congoja , en que el cuitado 
debe estar? Porque si ha sabido, cómo el 
rei de Francia desafió , tan contra razón i 
jastizia al Emperador , queriendo comba- 
tir con él , de persona á persona ; i cuan 
liberalmente el Emperador aceptó el com- 
bate ; pudiéndolo , por muchas i mui cla- 
ras razones , rehusar ; sin dubda alguna 
él estará desesperado: creyendo, i aun 
teniendo por cierto , que si estos dos 
Prinzipes viniesen á combatir ; el Rei de 
Francia, con la mala causa que tiene, 
quedaría, ó muerto , ó preso en el campo; 
i el Emperador, quedando victorioso; por- 
nia luego fin á las guerras de la crístian— 
dad , como hizo , después de la victoria 
de Pavía. I, hallándose el mezquino ha— 

15 



► 



- I9Í - 
ber comprado aquella galera , que , por 
merzed qne Dios le haga , si no le vienen 
muchas venturas , de las que agora , con 
tantos franceses como han muerto en Ña- 
póles, le han venido; en estos dos años, 
no acabará de pagar; bien podéis pensar 
en qué confusión, el buen marinero se 
hallará. Por esto, querFÍa sal^er dónde 
está : i librarlo d' este trabajo. He ido á la 
barca , i no to hallo: en la galera , mucho 
menos: también be rodeado estos campos, 
de una parte i de otra : he corrido toda 
esta ribera: no be dejado á Plulon, á 
Proserpiná, á * Jfínos, á £'aco: á lodos 
he preguntado: Í ninguno, me sabe dar 
nuevas d'él. De manera, que ya no sé. á 
dónde , á tal hora , me lo vaya á buscar. 
/Si . por dicha, no estuviese el bellaco en 
algún bodegón, con las Furias, banque- 
teando? Mas; no es nada servidor de 
damas. ¿Qué había de hazer allá? ¿Qué 
digo yo? Quizá estará procurando con 
ellas, que vayan á estorbar este combate . . . 
Mas no: que las Furias, con Proserpiná 

* £i impr. dize : á JVinos ; á Saco ■■ etc. 



- 495 — 

están. Pues Alastor, no está acá: que 
agora, poco ha, lo dejé yo en Francia. 
¿Dónde iré? Qoiero dar vozes: porc[ue, 
quizá, está, tras algún árbol, durmiendo. 
Carón? Carón? Carón? No responde. (]a— XLV. 
ron? Carón? Carón? No aprovecha nada. 
Sin dubda se ha echado en la Laguna , de 
desesperado. Mas, no lo tengo yo por tan 
nescio. 

Cahon. — Oigo vozes de házia la ribera: no 
sé quién me llama. Ya, ya. Mercurio es 
aquel. ¿Qué me quiere? Quizá piensa, 
que no sé , cómo han de combatir el Em- 
perador de los cristianos i el Rei de Fran- 
'cia : i querrá venir á darme estas malas 
nuevas. No sé, si me vaya allá: ó si me 
asconda : que parte de prudenzia es , no 
querer hombre oir cosa , de que sabe ha- 
ber de rezebir pesar, si no lo puede reme- 
diar. Mas, visto me ha: i viene házia acá 
volando. 

Mbecurio. — ¿Qué andas, Carón, por aquí 
buscando? Sabes cuan mal parezen los 
marineros por las montañas. 

Carón. — ¿ Nunca viste ladrón , no hallando 
que hurtar, de desesperado, meterse fraile? 



— 196 — 

Mercurio. — Mas de cuatro. 

Carón. — ¿ I , maravillarteias, si , de mas que 
desesperado , me metiese yo aqui hermi- 
taño. 

Mercurio. — Tú te guardarás bien d' esa loca- 
ra. Mas , dime ; asi gozes: * ¿qué hazes en 
esta montaña? 

Carón. — ¿ Qué quieres que haga? Pues , que 
de hoi mas , no temé que pasar ánimas al 
infierno ; quiérome estar aqui asalteando 
las que suben al cielo. Sabes , cuan poca 
diferenzia va , de un ofizio á otro. 

Mercurio. — ¿I, qué quieres hazer d'esa por- 
ra que tienes en la mano ? 

Carón. — ¡ Mas no : sino , vente á saltear las 
manos vazias ; é irás por lana , i volverás 
trasquilado! Mas: dejémonos agora d'esto: 
i f pues que con tanta congoja me andas 
buscando ; dime ya , qué es lo que me 
querías. 

Mercurio. — Dime tá primero á mí, qué 
desesperazion es esta ; ó , por qué deter- 
minas dejar tu barca. 

Carón. — Porque, ni la barca, ni la gale- 

* Pareze que falta aquí algo. 



— 197 — 

ra , no ternán de hoi mas que hazer. 

Mercurio. — ¿ Por qué ? 

Carón. — ¿No sabes , cómo el rei de Fran- 
cia , ha de combatir con el Emperador ? 

Mercurio. — ¿I pues? 

Carón. — ¿Tú no vées, que no podrá dejar 
de perder el Rei de Francia? 

Mercurio. — I bien. 

Carón. — Perdiendo él, yo soi luego per- 
dido. 

Mercurio. — ¿Por qué ? 

Carón. — Quedando el Emperador victorioso, 
6 el Rei de Francia será muerto , ó preso: 
si es preso; luego el Emperador querrá 
hazer esta negra paz universal , que tanto 
anda procurando : i si safe con ella ; vesme 
á mi , al hospital. Pues , si el Rei de Fran- 
cia muere en el combate; allí pierdo yo, el 
mayor i mejor amigo , que tengo entre 
cristianos : allí pierdo yo , el causador de 
toda mi gananzia : alli pierdo aquel , en 
cuya esperanza me empeñé , para com- 
prar aquella galera : allí te digo yo , que 
puedo dezir, haber juntamente perdido la 
galera i la barca. 

Mercurio. — Ea , pues : no te fatigues, Carón: 




que no te buscara yo, sino pera quitarte 
d' este cuidado. 

Carw. — ¿ Borlaste? 

KbROTBio . ~- Antes lo d igo de verdad : i , has 
me tú hecbo andar perdido , por acá i por 
acullá, buscándote. 

Carón. — Dime, pues, lo que me querías. 

Mercduo. — Ni be dejado galera : ni he deja- 
do barca : todo lo he andado. 

Carón. — Ya me has hallado. 

MEBcimio. — Buscábate, rio abajo i río arriba: 
buscábate por aquellos campos , á una 
parte i á otra. 

CiBON. — Vesme aquí. 

MERCtmio. — Pregunté, primero, á los juezes; 
DO te habían visto : pregunté á Pluton i á 
Proserpina ; no me supieron dar nuevas de 
ti : hasta que , de desesperado , me vine 
por aqui vozeando. 

Carón. — No rae hagas tanto desear eso que 
me has de dezir: ¿no sabes , que da dos 
vezes , el que presto i liberalmente da: i 
el que terde , no le es agradezido? 

Mercurio. — Eatoi ten ronco, que apenas 
puedo hablar . 

Cabon. — Acaba ya , pues , de dezir, lo que 



— 499 — 

me quieres dezir : ó ^ te vé , mucho de en 
hora mala : que ya no me podrá saber 
bien lo que me dijeres; habiéndomelo he^^ 
cho tanto desear. 

Mercurio. — Ea , pues : agúzame bien esaí 
orejas , que ya te lo voi á dezir. 

Carón. — I, aun la porra aparejaré; para 
darte con ella , si me burlares. 

Mercurio. — ¿Qué es eso, Carón? ¿á los dioses? 

Carón. — Esioi aquí para saltear los sanctos, 
que saben al cielo : ¿ i temé mucho res- 
pecto á los espíritus del infierno? 

MiB^tccRio. — Ha, ha, he! 

Carón. — ¿De qué te ríes ? 

Mercurio. — De verte enojado. 

Carón. — ¿Quién terna pazienzia , paraespe* 
rar tus frialdades? 

Mercurio. — No te quiero mas enojar. Hágote 
saber, que tu rei de Francia : ha hoi , en 
este dia , públicamente rehusado el com- 
bate. 

Carón. — ¿ Qué me dizes ? 

Mercurio. — La verdad de lo que pasa. Enó- 
jate agora comigo. 

* Notable y poco usado, ^orvéte: ó márchate. 




— 200 — 

CiiOT.- ¿Que me enoje?Nunca yo tal haré: 
si es verdad lo que me has dicho. 

Hbkcorio. — No pongas dubda en ello. 

CuoN. — Pues , abrázame , Mercurio. 

Hercdmo. — 1 Que te abraze I ¿Dónde tienes 
tú el seso. 

CiHON. — Perdona mi atrevimienlo: id&me, 
siquiera la mano. ¡ O , Rei de Francia! 
¡Cómo pensé ya haberle perdido I ¡O, Fran- 
cisco de Angulema : cómo pensé ya , care- 
zer de las merzedes , que cada dia i cada 
hora rezibo de til ¡O, site conzediese 
Dios mas años que á Néstor : mas larga 
vida , que á Hathusaiem I j O, si toviese una 
dozena de tales amigos como tú ; cuan bue- 
no andaría mi partido! Agora te digo yo, 
Mercurio, que quiero dejar la tristeza, i la 
malenconia : i holgarme aqui un rato con- 
tigo. 

Mbbcorio. — Antes , le quiero luego dejar. 

GiROH. — Eso no harás , tó , si yo puedo. 
¿Cómo; i asi piensas dejarme la miel en 
los rostros? 

Mebcohio. — Pues qué quieres? 

CiRON. — Quiero que me cuentes, desd'el 
principio, lo que entre aquel Emperador, 



— 201 — 

i el rei de Francia , sobre este su desafio 
ha pasado , i cómo rehusó el combate ; i si 
te hallaste tú alU presente , i hablas como 
testigo de vista; ó si lo has oido dezir? 

Mercurio. — Larga me la levantas: é yo tengo 
que hazer. 

Carón. — Mira , Mercurio : mas hai dias que 
longanizas : mañana podrás hazer lo que 
no hízieres hoi: i , pues me has comenzado 
á alegrar ; no me dejes asi suspenso: sino 
asentémonos, asi gozes, aquí en este 
prado ; i cuéntame toda esa historia mui 
de tu spacio. 

Mercurio. — Contentarme he, con que tengas 
pazienzia : i consientas , que á todas las 
ánimas, que por aqui pasaren házia el 
cielo ; preguntemos , de qué manera en el 
mundo vivieron. 

Carón. — Quizá estarás ocho dias , antes que 
alguna venga. 

Mercurio. — Yo sé , c[ue vernán hoi mas de 
cuatro. 

Carón. — Sea, como tú quisieres: que por 
oir esas buenas nuevas ; no hai cosa que 
no sufra de buena gana. Vesme aqui á mi 
sentado: siéntate tú , si quisieres. 



— 202 _ 

Hbrcuhio. — Que me plaze : mas, espera, 
veamos. Cata, que viene házia acá una 
ánima: i trae una corona en la cabeza. 
Reí debe ser. 

Cabon. — Cosa es, que mui pocas vezesacae- 
ze; subir Reyes por esta HontaBa. 

MEHcanio. — No me maravillo , pues hai po- 
cos. Sepamos quién es, i de dónde. ¿No 
miras, cuan resplandeziente, i con cuánta 
gravedad i señorío viene f Creo , que no 
nos querrá hablar. 

Cahon. — SÍhará:que, por la mayor parle, 
acaeze ser los mas altos , mas humanos: 
i, por el contrarío, los mas viles, nías 
soberbios. 

Mebccmo. — Alleguémonos, pues. 

Anima. — No tengáis miedo , hermanos : ni 
os espante mi dignidad : pues , ni aun en 
el mundo, á nadie espantó. Llegaos, sin 
rezelo : i preguntad lo que quisierdes. 
Hebcurio. — O, Bei bienaventurado! aun aqui 
muestras la humanidad, de que en el mun- 
do usabas. 

Ánima. — En el mundo , no alcanzamos mas 
de una semejanza de virtud ; i acá se vie- 
ne todo á perfeczionar. Has el que allá 



— 203 — 

no lo comienza á poner por obra; mal 
recaudo trae para acá. 

Mbrcuiuo. — Tu presen zia , muestra tu poder: 
tu habla, manifiesta tu saber; i tu camino, 
tu bondad. De manera, que muestras 
bien, cuánto cuidado toviste, de parezer, 
á aquel gran Dios , de quien vasa gozar. 

Ánima. — No te maravilles , que trabaje ser 
semejante á Dios , el que , dejándolo de 
hazer , sería figura del Diablo. 

Mebgurio. — Maravillóme , por ser cosa , que 
pocas vezes suele acaezer, un Rei tan 
ornado de virtudes , como tú te me repre- 
sentas. 

Ánima. — Ya también yo anduve un tiempo 
en la red con los otros: mas sacóme 
aquel, que solo me pudo sacar. I, veemos, 
por la mayor parte, hazer mas fructo 
aquellos que mas ofendieron. Solo á san 
Pablo te quiero poner por ejemplo. 

Mercurio. — Gran recreazion seria para mi, 
oir la manera cómo en el mundo viviste; 
si me atreviese á te lo preguntar. 

Ánima. — Mui grande afrenta haze al Rei , el 
que. teme pedirle cosa virtuosa; i, pues, 
yo , esto , después que soi Rei , á nadie 



— 204 — 
negué; ta» poco lo quiero á ti negar. Has 
de Baber , que yo no supe , antes de ser 
Prinzipe, qué cosa fuese ser hombre: i 
como fui criado i doctrinado como los 
otros; la simiente de ambizion , que en mi 
ánimo echaron , prendió tan presto , i se 
arraigó de manera en mt ; que todo mi 
pensamiento , i todo mi cuidado , era : no, 
en cómo rejiria bien mis subditos, í gober- 
naría mis reinos; mas, en cómo ensancha- 
ría i augmentaría mi señorío. En esto ponía 
yo mi fin: í en esto pensaba consistir todo 
mi ser, i toda mí felizidad. É, como 
los corazones de los mancebos , sean , por 
la mayor parte, á cosas nuevas inclinados; 
í, para esto, en lugar de freno, hallase 
yo espuelas : con aquella ferozidad que 
la Natura puso en los ánimos no esperí- 
mentados : me meti en un laberínthio; de 
que no , asi fózilmeute , me podia desen- 
rredar- 

BÍEHCnmo. — ¿ Cómo ? 

Ánima. — Yo te lo diré, Tratiamos tan cruda 
guerra otros Prinzipes. mis vezinos , é yo; 
4 vino la cosa á tanto extremo ¡ qoe , al 
cabo de muchos años . aunque los unos i 



— 205 — 

los otros deseábamos vivir en paz; ningún 
medio haUábamos para desasirnos. De ma- 
nera, que me parezia tener, como dizen, 
el lobo por las orejas. Por una parte , ver 
mis reinos destruidos , i las provinzias, 
sobre que debatíamos , perdidas i cuasi 
asoladas ; movido á compasión , me com- 
bidaba á dejarlo todo , i vivir en paz : por 
otra parte , acordándome de las sinrazo- 
nes que mis enemigos me habían fecho , i 
me hazian ; i la sinjustizia que tenían , en 
lo que me demandaban i defendían ; pa- 
reziéndome afrenta no /levar* la cosa 
adelante , pues en ella tanto había gastado 
i consumido ; tenía por muí gran poque- 
dad, no llegarla hasta el cabo. Pero, 
cuanto mas pensaba caminar adelante; 
aunque la fortuna me era cuasi siempre 
favorable ; las mas vezes era mayor la 
pérdida que la gananzia. iDe manera , que 
ocupado en esto mi juizio , i empleados en 
ello todos mis sentidos ; de ninguna cosa 
tenia menos cuidado , que de la buena go- 
bernazion de mis subditos, que debía ser 

* El impr. : levar. 



— 206 — 
el prinzipal. Patigáhameá mt; fati^ba mi 
pueblo : yo miaba desabrido con ellos : i 
ellos comigo : no dormia ' de noche , ni 
comía con gana de dia: bailábame lan 
perplejo , bailábame tan turbado ; que ma- 
chas vezes me era enojo et vivir. Veia, 
que no hazia k) que detna para coa Dios, 
ni para cou mis subditos: veia, que no 
podía alcanzar lo que deseaba, para con 
el otundo: quería ir adelante, i no podia: 
quería volver atrás , i no sabia : ni á nadie 
osaba descubrir eV secreto de mi corazón, 
no osándome fiar enteramente de nadie. 

Hbrcümo. — I ó , qué vida lan trabajada ! 

Ánima. — ¿A esta llamas vida? A ta Ki, digo- 
le yo muerte. Estando , pues , yo , en esta 
perplexidad que oyes ; un dia , paseando 
solo en mi cámara ; vino un criado mío, 
con quien ye tenia poca , i , aun cuaa nin- 
guna, conversázioH' i i tpabáMdome por el 
hombro, rae remezió, dtziendo: ■Toma, 
torna en tí , Polidoro. ■ Vo , espantado de 
ver un tan grande atrevimiento; no sabia 
que dezi». Por una parte . me quise eno- 

* iiijpr. : «lurrnía. 



~ 207 ~ 

jar : i por otra , me parezia no ser sin 
algún misterio, aquella novedad. A la fin: 
viendo él , que yo no hablaba; me tornó 
á dezir : « Veamos , ¿ tú po sabes , que 
eres paslor, i no señor ; i que has de dar 
cuenta d' estas ovejas, al Señor del ganado, 
que es Dios?)> Diziendo esto , se salió de 
la cámara , i me dejió solo, i tan atónito; 
que no sabia adonde me estaba. Ma&, lue- 
go , torreé en mi; i comenzé á pensar en 
las palabras que roe dijo : que era pastor^ 
i no señar : i , que había de dar cuenta á 
Dios, de mis ovejas. Luego se me repre- 
sentó , cuánta multitud d' ellas habia per- 
dido, después que comenze á reinar ; caán 
poco cuidado habia tenido de apascentar- 
las i gobernarlas ; i cómo las habia tratado: 
«o , eomo padre á sus hijos ; ni pastor , á 
las ovejas de su amo ; mas , como señor á 
sus esclavos, Rapresentóseme , por otra 
parte ; de cuántos males ,. aquella guerra 
en que andaba envuelto , había sklo cau- 
sa; ciiántas ciudades, villas, i lugares, 
babian sidnD) dieatruidos i saqueados : cuán- 
tas virjenes, casadas , i viudas , forzadas: 
Quántos monesterios violados : cumitas 



Iglesias despojadas: i todo esto... jcon 
tanU) daño: con tanta infamia i afrenta del 
nombre cristiano I Entonzes comenzé á 
reñir conmigo, diziendo: ¿Como?¿iesto, 
es ser Prinzipe ? ¿ esto , es ser Hei ? ¿d' es- 
ta manera se apazienta el ganado; d' esta 
manera se gobiernan los reinos? Veamos, 
¿estas ovejas no son de Dios? ¿tú : eres, 
sino pastor? ¿pues, para qué quieres mas 
d' ellas , de lo que Él le quisiere encomen- 
dar? ¿Cómo: i por allegar otras, has de 
perder i mal tratar, las que te son enco- 
mendadas? Mala señal es cuando el pastor 
quiere mas ovejas de las que el señor le 
quiere encomendar. Señal es , que se 
quiere aprovechar d' ellas; ¡ que las quie- 
re , no para gobernarlas , mas para orde- 
ñarlas. Desecha , pues , de ti , esta dañosa 
opinión. Veamos, ¿ si pudieses conquistar 
lodo el mundo , con otro tanto daño , co- 
mo de doze años á esta parte la república 
ha padezido ; no escojerias ser antes un 
hombre pobre , que causa de tanlo mal? 
¿No te acuerdas que hai infierno i paraí- 
so ; i un Dios á quien has de dar muí 
estrecha cuenta , de cómo hobieres en este 



mundo vivido? ¿Parézete , que si agora 
te llamase, dariae buena cuenta de ti; i 
que dejarías muí jentil fama , en este 
mondo ; habiéndolo , como has , mallra- 
lado tu reino? ¿Parézete , que se habría 
muí bien aprovechado tu reino , con tu 
^bemazion ? Tomástelo ríco i próspero, 
i i dejarlo ías pobre i destruido 7 ¿ Esta es 
la gloria i fama , que los buenos Prinzipes 
suelen alcanzar ? Es razón , que por ti so- 
lo padezca tanta jente? ¿ Gs justizia , que 
por mandar tú , á una ó dos provinzias de 
mas , se destrutjfan ' asi , tantas i tantas 
tierras? ¿En qué andas? ¿Qué es lo que 
buscas ? Qué es , lo que con tanta aflizion i 
trabajo deseas ; sino eterna infamia en 
este mundo , i perpetuos tormentos en el 
otro? Pensando en estas , i en otras seme- 
jantes cosas, pasé toda aquella desasose- 
gada noche: i otro día , por la mañana, 
hize dezir misa , en una capilla donde la 
solia oir: é hincado de rodillas, ante el 
santísimo Sacramento , con lágrimas vivas, 
que del corazón me saltaban , comeozé á 
dezir : a Jesucristo , Dios mió , Padre fn'". 
* Asi el iinpr. 



— 210 — 

i Señor mío : Tá me criasie , i me heziste 
de nada ; í me posiste por cabeza , padre, 
i gobernador d* este pueblo , i pastor d' este 
ganado: yo , no conosciendo ni entendiendo 
el cargo que me diste; he sido causa de los 
males, que toda la república padeze. Si 
Tú , Señor, lo permites , por castigarme á 
mi ; toma en mi , i no en el pueblo , la 
venganza : si yo soi cai^a d' estos males; 
quiero , que como á Jones , me hagas 
echar en las ondas del mar: mas, si tu ira 
es contra el pueblo ; vuelve ya tu miseri- 
cordia : conténtese tu justtzia con lo que 
ha padezido : i , pues toviste por bien , de 
ponerme aquí por Padre , Rei , i Pastor; 
déme gracia i saber para que lo gdbierne 
á tn voluntad : que ya has esperimentado, 
por una parte , mi malizia , i por otra , mi 
ignoranzia i poquedad ; dejándome en la 
ínvenzion de mis manos. Pues, de hoi 
mas, acuérdate. Señor, que soi mozo: 
lleno de tantos defectos , i , sin tu ayuda, 
mui insufiziente para gobernar tanta muí 
titud de jente. Por eso , Dios mió , ó me 
quita el Reino , proveyendo tus ovejas de 
otro buen pastor; ó rae trae, Tú , la mano. 



k 



— 2ii — 

como á niño que aprende á escrebir; para 
que, guiándome Tú, no yerre. Desde ago> 
ra , Señor, protesto , que no quiero ser 
Rei para mi , sino para TI : ni quiero go- 
bernar para mi provecho , sino para bien 
d'este pueblo, que me encomendaste. No 
me desampare, pues, Seftor, tu grazia; 
ni me niegues una tan justa soplicazion: 
pues prometiste de oir á los que en jasti- 
zía i ea verdad te ilaroasen. » D'esia ora- 
zion me levanté tan alegre , que á mi 
parezer, hasta entonzes , nunca lo había 
estado tanto : i dando grazias á Dios , que 
me habia librado de una tan ciega tíniebla: 
i de una tan trabajosa ceguedad ; queriendo 
ejecutar el boen deseo que me dio; co- 
nosciendo cuan pernicioso es al Prinzipe, 
tener cabe si hombres vizíosos , espezial- 
menie de avarizia i ambizion notados ; i 
como es mas dañoso á la República , que 
el Rei tenga mal consejo , aunque él sea 
bueno; que no ser el Rei malo, aunque "" 
los que están cabe él sean buenos ; antes, 
que cosa alguna otra comenzase á orde- 
nar ; aparté primero de nn compañía 
* tíuízá errata , por con que. 



— álá — 

viziosos, avaros, iambiziosoe.Áunos.daba 
cargos fuera (le mi Corte ; i á oLro3, envia- 
ba ¿ reposar á sus casas ; i ¿ oU-os , cnyos 
(lelictos eran manifiestos ; mandaba f^asti- 
gar, porque fuesen ejemplo , á los nuevos 
ministros que habia de rezebir. Hecho 
esto, i apartada esta pestilenzia de mi 
lado; hálleme tan libre i tan contento^ 
que me parezia haber sido, hasta allí, 
siervo i esclavo de tan ruin jente ; i desde 
entonzes , comenzar á ser Reí. Luego 
escoji personas virtuosas i de buena vida: 
i los puse en lugar de aquellos: declarán- 
doles , que todas las vezes , que conosciese 
en ellos ambizion ó avarizia ; ó que , por 
este respecto , ó por cualquiera otra pa- 
sión , 6 afizion particular ; me aconsejasen 
cosa alguna, que ao cumpliese al bien de 
mis reinos , 6 que fuese contra justizia ; á 
la mesma hora , los apartaría vergonzosa- 
mente de mi compañía. Tras esto, eché 
de mí Corte truhanes , cbocarreros i vaga- 
bandos : quedándome solamente con aque- 
llos de que tenia nezesidad. I, por evitar 
la oziosidad , de que nascen infinitos ma- 
les; ordené que lodos mis caballeros. 



— -■*•' 



— 213 — 

bezasen ' á sus hijos artes mecáníoas, 
juntamente con las liberales, en que se 
ejerzitasen. ¡sabiendo, cuánto importa, 
que el dador de la lei ,Ja (^Qgiifinze á 
gaanlar;Jue^o coii)fiiUE¿.á4)Qoejr.ii]i$ hi- 
jos'T^^as^fin.j|ue..a|í^^^ ofizios. 

I con esto , me siguieron todos. Reformada 
mi casa i Corte ; me puse á reformar mis 
reinos: tomando mui estrecha residenzia 
á todos los juezes i ministros que tenian 
cargos de justizias ó gobemazion. I á los 
que hallé limpios , hize de mi propria vo- 
luntad , sin que ellos me lo pidiesen , mui 
grandes merzedes. A los malos i culpados, 
desterré en una Isla despoblada. I de allí 
adelante , como mis ministros esperaban 
premio siendo buenos , i mui rezio castigo XLIX. 
siendo malos; gobernaban de manera, 
que mui pocas , ó ningunas quejas , me 
venian d' ellos. Jamás proveia de Obispado 
ni Benefizio , á los que me los pedian: por- 
que , solo en pedírmelos , juzgaba ser 
inhábiles para tenerlos. Muchos. dias, con 
infinito trabajo, estuve perplexo, en la 

* Eacribese este verbo hezar, abezar ; y mejor, 
algezar. 



— 2li - 
provisión de loe Obispadoe ; porque cooin 
en lofl Obispos se requieren virtodes inte- 
ñores; i eslas , se poeden mal jnz^r por 
actos esteriores ; las mas veces me satian 
peores , aquellos que , por de fuera , se me 
mostraban mejores. I , oomo yo no teoia 
Soltad para oasttgarloe, posaba muí gran- 
de , i' ptra nd , incomparable trabajo , con 
ellos: hasta que . por pura importaniad, 
alcanzé nna focultad del Papa , moi am- 
pia ; para qoe el mal Obispo , que no hi- 
ziese lo que es obligado , con sos ovejas; 
lo pudiese yo privar, i poner otro en su 
lugar. I , con esto; i con tres ¿cuatro, que 
desterré en las Islas despobladas; no ha- 
bía hombre , que no procurase de hazer 
lo qoe debia. Hazialos residir ordinaria- 
mente en sus Iglesias : i mui pocas vezes 
lei mudaba los obispados ; si no era , que ' 
fó mando] , las virtudes de uno , me pa- 
rezian nezesarias para otra parte : i es- 
tonzes , no tenía respecto á la renta , sino 
á la nezesidad de las ovejas. I, jamás leí: 
consentia . que admitiesen pleitos sobre 
* Endimpr., qñ-; que puede ser: cvaniio, ó 
ijHim. 



— 215-^ 

fieneiízio6 eclesiáiBticoe : mas, prowraba, 
que lo6 bíaieBen «servir : i gaslar las reptas 
d' ellos: de manera, que firase meneeter 
andar rogando con ellos. D'esla nanerB, 
oe maravillariades , cuan presto floreai6 la 
relijion i piedad crisiiana en mis reinos. 
Reformé luego las leyes: de suerte , que 
muí pooos pleitos, duraban mas de un año. 
Hazía castigar lo» abogados que defendían 
Gausas man^estameate injustas. Las mer- 
zedes que había de hazer , tenia ea dos 
partes divididas. Unas, eran de cosas, que 
podía yo dar á quien quisiese ^ sin peijui- 
zio del pueblo : i otras , de adnunistra;eio- 
nes, de que dependía el bien ó el mal de la 
república. Pftra la provisión d' estas \ tenia 
un memorial , de pereonas virtuosas; i en 
quien Gabiaa los tales car(i^ : cada oo^a 
por su parte : i esto , sin tener respecto á 
favores , ni linajes , ni servizios : -mas so- 
lamente al bien de la repúbUca. I para las 
otras j tenia o4ro : de aquellos que me^ha- 
bian bien i lealmente servido: cada uno 
en su grado. De manera , que no era 
vacada, ni se había de proveer una cosa, 
que ya no tuviese yo señalada en rai libro, 









— H6 — 
ht persona á quien la había de dar. I con 
esto, ninguno me pedia ni me importunaba 
OOD OMas semejtQtes : que nte era un mui 
gmnde alitio, i un mui gran contentamien' 
lo á todos : espezialmente acordándose del 
tiempo pasado , que acaezia machas ve- 
zes, cuando yo daba una cosa , haber gas- 
tado, aquel á quien se daba , mocho mas, 
en esperarla i procnraria . de lo que ^ 
valia. Usaba de mocha clemenzia con aque- 
llos, que veía, por i^oranzia 6 por algon 
desastre, haber pecado. 1 á k» que conos- 
dia , por maliiia , i con <dtetin8ztOD , errar; 
castigaba oon mocho rigor: espezialmen- 
le, si eran crñados . ministros , 6 ofiziales 
míos. Si algún juez t^nia fema de haber 
cohechado ; aunque enteramente no se le 
probase; tanto odio le tenia ; que no po- 
día conaenlir que me viniese delante. Ha- 
zia , qüasi siempre , tener mis puertas 
Abiertas : dando audienzia á todos los que 
me querían haUar : i de mejor gana , i con 
mas-dulze cara , oia los pobres i peque- 
Aos; que los ricos i grandes. 1. sobre 
to<los , aquellos ' , que de mis ministro!^ 
• J aquellos (?). 



— 317 — 

se venian á quejar. I hazia de manera, que 
ninguno se partía descontento de mi, aun- 
que no le otorgase lo que demandaba: sino 
eran aquellos , cuyos manifiestos errores, 
merezian no solamente castigo , mas pre- 
senzial reprehensión : porque esto pone 
temor á< los malos , i alcanza el Prinzipe 
mucha ^azia del pueblo. Visitaba , á tiem 
pos, mis reinos: procurando siempre, que 
de mi eslada ó pasada , algún fmcto sin- 
ties^Q. En unas partes , hazta reparar , ó 
edificar cosas nezesarias: espezialmente 
hospitales , «puentes , i cosas semejantes. 
Quitaba las imposiziones , que me{)are- 
zian graves ó deshonestas : casaba huér- 
fanas, i otras pobres donzellas : remediaba 
viudas: i otras personas nezesítadas. Tenia 
tanto cuidado, en que mis cortesanos no hi- 
ziesen mal ni daño donde mi Corte estaba. 
6 por donde pasaba ; que no parezia sino 
UQ convento de frailes - buenos. Amaba i 
hazia merzedes , á los que , de algo , ine 
amonestaban i reprehendian. Aborrezia , i 
no podía ver, á los que , andando á mí 
voluntad , me lisonjeabau. Procuraba sa- 
ber, lo que. de mí se dezia : i perseveraba 



\ 



— 2Í8 - 
en lo buen» , i emandaba lo que parezia 
malo, ^mpre (eoia por mejor, aegoir el 
parecer de hombree sabios i virtuosos : i 
en qoien conoscia zelo del bien de la re- 
páblioa ; que no o) mío. Abornnia tanto 
los vizios , i traotaba tan mal los vinosos; 
que ningano d'«Jlo8, me osaba pareser 
delante: espezialmenle aquellos, que con 
hábito de relgion i vanas superstiziones. 
se entremetían , pensando ^nar crédito 
con migo. A estos tenia yo por peores : i 
traotaba peor que á loe viziosos púUicos: 
aborreziendo en gran manera la saperstí- 
zioQ. Bl que veía seguir raui de veras la 
doctrina obristíana , ponía yo sobre mi 
cabeza. Con esto, procuraban todos en mi 
Corte de vivir como cñstiaoos : i de dH se 
desparzió i derramó tanto esta buena 
doctrina, por todos mis reinos, qne , deede 
á pocos afios , tos joezes eran los menos 
ocupados ; i las salas de mis audieozias, se 
hallaban muchas vezes vazfets , sin tener 
pleitos que ver : ile manera , qne se vivía 
en todas parles oon tanto plazer, amor i 
raridad , procurando Cüda uno de venzer 
al otro con buenas obres ; que desde allá 



1 



— 219 — 

comenzábamos á sentir aquella biea aven- 
toraiiza de que gozan los santos en el cíe- 
lo. Acudió después , de rei&os estraños , á 
vivir en los míos , cuando se comenzó á 
divulgar esta Eaima , tanta jente ; que no 
cabiendo en los lugares, fué menester 
edificar otros muchos , de nuevo. Allende 
d' esto , muchas provinzias , asi de moros 
i turcos , como de cristianos ; me enviaban 
á rogar, que los tomase por subditos: 
ofreziéndose de servirme i seguirme con 
toda fidelidad. Muchos infieles , venian de 
su propría voluntad , á rezibir baptismo, 
deseando ser cristianos, por vivir entre 

' mis subditos. Otros, me enviaban á rogar, 
que les enviase personas , que los instru- 
yesen en la fée, rézibiéndolos yo por 
míos. Mas , de tal manera yo los rezebía; 
que no llevando provecho alguno d' ellos; 
conoscian claramente no desear yo seño- 
rearlos: i conosciendo ellos esto; me tenían 
tanto amor; que de su propria voluntad, 
me hazian tomar por fuerza , mucho mas 
de lo que yo, con tirania les pudiera 

.sacar. I, d'esta manera, sin armas, sin 
muertes de hombres , i sin derramar san- 




— 320- 
gre crísUana; conquisté muchos reinos, 
sojuzgué muchas provinzias, asi inBeles 
como cristianas; convertí muchas jentes 
á la relijion cristiana. Ya cargaba sobre 
mi cuerpo la vejez: i las enfermedades 
que elb suele acarrear, me comenzaban 
ya de apasionar : cuando pingo á la bondad 
infinita de Dioe sacarme de la carzel 
de aquel cuerpo, i llevarme á gozar de 
lo que yo tanto deseaba , i porque tantas 
vezes, i tan continuamente sospiraba. 1 
sintiendo ya llegarse el tiempo en que 
habia de dejar ¿ mi hijo , qne yo , con 
no menos trabajo que cuidado , habia 
criado é doctrinado , la gnbemazion de 
mis reinos ; i poner tin á aquella luenf^a é 
trabajosa peregrinazion ; estando ¿1 , i mu- 
chos de mis parientes é criados , presen- 
tes , acompañándome , con aflizion ; lo 
mejor que pude alzé la cabeza . i sentado 
en la cama , después de haber rogado á 
lodos, qne escuchasen; les dije; «No 
sin causa , amigos i hermanos míos, mui 
amados; temen i lloran loe hombres , la 
muerte. Porque , como io mas ordina- 
rio sea vivir mal , i tras esto, se espere 



~ m — 

» pena sumamente grave i eterna; i se ten 
» ga esta carne , no como carzel donde se 
» purga el ánima , ni como choza , ó me— 
» son , en que , como peregrina , mora; 
» mas , como compañera de aquella en que 
» han puesto el fin de su felizidad ; con 
o razón les ha de pesar, cuando vieren el 
» fin d'ella. Como al culpado , i condena- 
» do á muerte , es doloroea la salida de la 
»- carzel. Mas , los que en este mundo: no 
» como naturales, ni moradores d' él; mas 
í> como caminantes i estranjeros han vivi- 
» do ; i tenido esta carne , no por compa- 
»i ñera de deleites mundanos ; mas , por 
I) una venta , en que como viandantes po- 
»> saban ; i por una carzel , en que espe- 
» rando el premio de vida eterna , les 
» parezia estar presos ; por cierto , no de 
» otra manera se deben gozar, al tiem- 
» po de la muerte , que se gozan , los que 
o después de una luenga , trabajosa , i 
» peligrosa prisión , envia el juez á holgar 
o á su casa , con grandes merzedes enrri- 
» quezidos. I , asi como los amigos i pa- 
» rientes , vienen con mucho gozo i ale- 
» gria , á sacar á estos de la prisión ; asi 




- Hi — 
n las : poro , siendo lú bueno i virtuoso. 
» inui lijem de levar. Haz , pues , hijo , de 
H manera , que tus subditos no lloren á tu 
>' padre; quiero dezir, que, en bieo tra- 
» (arlos, rejirlos i gobernarlos; trabajes 
" de Bobrepujamie. 1, porque juntamente, 
» con dejarte el reino , te qoeden tan bien 
» armas con que lo defiendas; te las quie- 
> ro , ante que muera entregar. 

» Lo primero , hijo mío , has de consi- 
<> derar, que todos los hombres sabios, en- 
n derezan sus obras , á ganar fema en es- 
» te mundo , i gloria en el otro : buena 
» fama digo : no por vana gloria suya, 
» mas para que Dios sea honrrado , con el 
» buen ejemplo que de su vida i obras 
H podrán tomar, los que después vendrán. 
H Esto debes , tá , tan bien desear. El buen 
» Prinzipe , juntamente puede alcanzar lo 
» uno i lo otro: i sin lo uno, con dificultad 
» alcanzará lo otro. 

» No debes tener por fama , la que ad- 
■ quirió aquel . que quemó el templo de 
M Diana : ni aun la que adquirió Alexandro 
n Magno , ni Julio César ; pues fué con 
• tanto dailo de todo el mundo. La buena 



— 225 — 

i) fama, con buenas, no con malas obras, 
» se alcanza. 

» Si quisieres alcanzar, de veras, lo que 
9 todos buscan ; antes , procura de ser 
» dicho buen Prínzipe , que grande. Ten 
I) mas cuidado , de mejorar, que no de 
» ensanchar tu señorío; procurando de 
» imitar, aquellos que bien gobernaron su 
» señorío : i no , á los que , ó lo adquirie- 
» ron, ó lo ensancharon. Ca, muchos bus- 
» cando lo ajeno, perdieron , i pierden, lo 
» suyo. 

» Cual es el Prinzipe , tal es el pueblo. 
» Procura pues , tú , de ser tal , cual que- 
j) rrias fuese tu pueblo. Si fueres jugador, 
» todos jugarán. Si dado á mujeres, todos 
» andarán tras ellas. Si ambizioso; todos, 
» á tuerto , ó á derecho , procurarán de 
» acrescentarse. Si fueres superstizioso, 
» verás reinar la superstizion. Si , por el 
» contrarío, relijioso; ¡oh, cuánto pro— 
» vecho harás ! 

» Siquieres quitarte de acuestas, una mui 
» gran carga de importunos é importunida- 
» des; muestra desplazertelaambizion. Si 
» esta, pudieres tener fuera de tu casa i de 




■ la reino ; estoazes te puedes llanoar bien 

• aventurado. 

a Si lú , pusieres por premio de tus tra- 

■ bajos , la virtud ; nunca vivirás descfin- 

• teulo: i harás que los tuyos Itagao oiro 

• lanío. Si esto pudieres alcanzar ; bien 

■ podrás dormir seguro. 

> Finalmente , te acuerda , que cual tú 

• fueres , tales serán lus subdito». Traba- 
» ja , pues, de ser bueno, si quieres que 

• ellos lo sean. 

• La mayor lalta que tienen los Prín- 
» zipes, es, de quien les diga verdad. Da, 
n poes, tú, libertad á todos, que te amo- 
R nesten i reprehendan : r , á los que esto 
» libremente btzieren , teñios por verda- 

• deros amigos. 

» Guante sobrepujas é los tuyos en bon- 

• rra i dignidad ; tanto debes exzederlos 
a en virtades. 

» Acuérdale, que no se hizo la república 

• por el Itei ; mas el Reí por la república. 
> Ifuchas repúblicas hemos visto ftorezer 
» un Prinzipe-, tnaa , no Prinzipe , sin re- 

■ pública. 

• Cuando alguna cosa quisieres comen- 



— 227 — 

» zar ó ordenar ; mira , primero , si te 
» cumple á Ü , ó á la república. 

D Procara, ser antes amado que temido: 
» porque , con miedo , nunca se sostuvo 
» mucho tiempo el señodo. Mientra fueres 
o solamente temido; tantos enemigos como 
» subditos ternas : si amado; ninguna ne- 
• ze^ad tienes de guarda , pues cada 
» vasadlo te será un alabardero. 

» Si quisieres ser amado , ama : que el 
» amor no se gana , sino con amor. 

« Asi ames á tus subditos , que siempre 
» pospongas tu afizion ó interese particu- 
» lar, al Uen universal. 

» Sai * tan amigo de verdad , que se dé 
» mas fé á tu simple palabra , que á jura- 
» mentó de otros. 

» Ten mas cuidado de mandarte á ti 
» mesmo, refrenando tus apetitos, que 
» no á tus subditos. Porque , si tú no te 
» obedezes ; ¿ cómo quieres ser de otros 
» obedezido? 

» De tal manera , ten la gravedad que 
j» conviene al Prinzipe ; que por otra par- 

* Sei: pareze ítalianismo. 



» le , seas blando , benigno i sbble. Mira 
a cómo viven i vivieron otros Prinzipes, 

* imilando lo bueno , é huyendo lo malo. 
• Jamás , por tu boca , salga palabra íd- 

jariosa ó deshonesta. 

p> Nunca hables ni castigues con eno- 
« jo, acordándote de aquel dicho de Archi- 

* la, que estando enojado con su mayor- 

* domo , le dijo. jCnál te pararía yo , si 

* no estuviese enojado I 

» No le cieguen las opiniones del vulgo: 

* mas abrázale siempre con hs de los 

* phil¿sophos, acordándote de lo que dezia 

* Platón : ser bienaventuradas las repábli- 
n cas que por philósopbo» son goberna- 
« das; ó cuyos Prinzipes liguen la phi- 




» Gobierna tus subditos de manera , que 
todo tu deseo , sea trabajar, que ningu- 
no te haya eszedido , ni esperes que te 
haya de sobrepujar. 

» Mientra fueres mozo , anda recatado 
de ti mismo : é ten siempre ante los 
ojos, que no 8o)amente eres Prinzipe i 
pastor; mas 



— 233 — 

j» tienen de tu fovor nezesidad. En el 
» pender, toma el consejo de Arístótiles, 
» dando , tú mesmo , las dulzes i buenas 
» respuestas : i las agras 6 malas , déjalas 
» dar á tus ministros. I, haz de manera, 
» que ninguno se parta , con razón , des- 
» contento de ti. 

» Lo que has de dar, dalo presto, ale- 
o gremente, de tu propria voluntad. I no 
» des causa , que agradezcan á otros, las 
» merzedes que tú mesmo hazes. 

» Aparta de ti , los que andan inven- 
id tando nuevas formas, con que peles tus 
» subditos. I acuérdate , que no pag^n pe- 
» chos, 6 servizios, los ricos; mas los 
» pobres. Inclínate antes á poner sisas , ó 
» imposiziones , sobre la seda , que sobre 
» el paño: sobre las viandas preziosas, 
» que sobre las comunes: porque aquello 
» compran los ricos; i esto otro los pobres. 

D Sei tan amigo de hazer bien ; que ha- 
» gas cuenta , habérsete perdido el dia en 
» que á ninguno bebieres ayudado. 

j» Honrra mas á los buenos é virtuosos, 
» queá los ricos i poderosos: i harás, que 
» todos sigan la virtud. 



- 230- 

• quiiieron mas morir, que defender su 

• señorío , con derramamieato de saogre 
■ humana. 1 , leu por mejor, de ser bom- 
« brejusto.quePrínzípe injusto. Huí gran 
» premio mereze el buen Prinzipe ; i muí 

• gran pena i castigo el malo. 

■ El buen Prinzipe , es imájen de Dios, 
a como dize Plutarco : i el malo , figora i 
» ministro del diablo. ^ quieres ser leni- 

• do por buen Prinzipe ; procura de ser 

• mui samejanteá Dios , no bazieodo cosa 
> que Él no haría . 

« Tres cosas ponen , prínzipalmenie, en 
•> INos : poder, saber i bondad. Et que tie- 

• ne la primera, i careze d' estotras ; no 
« es Rei , mas tirano. Cata , que no se ha- 
» ze diferenzia del Rei al tirano, como 
» dize Séneca , por el nombre , ano por 

• las obras. Si hizieres obras de tirano; 

• aunque , mientra vivieres, te digan Bel; 
» después de muerto , serás llamado tira- 
» no. ¿Quieres ver la diferenzia que pone 
D Aríst6tiles , entre el Rei i el tirano? El 
H tirano , bnsca su provecho : i el Rei , el 
A bien de la repúUica. 

» Si todas tus obras enderezares al bien 



— 331 — 

» de la república , serás Reí : é si al tuyo, 
•> ^rás tirano. 

» Procura de dejar tu Reiao , mejor que 
» agora lo hallas : i esta será tu verdadera LUÍ. 
i> ^oria. 

» Cata , que haí pacto entre el Prinzipe 
» i el pueblo: que si tú no hazes lo que 
» debes con tus subditos; tan poco son 
» ellos obligados , á hazer lo que deben 
» contigo. 

» ¿Clon qué cara les pedirás tus rentas;* 
» si tú no les pagas á ellos las suyas? 
» Acuérdate, que son hombres i no bes- 
tt tías : i que tú eres pastor de hombres , í 
» no señor de ovejas. 

» Pues que todos loe hombres aprenden 
» el arte con que viven ; ¿ por qué tú , no 
» aprenderás el arte para ser Prinzipe, que 
» es mas alta , i mas exzelente , que todas 
n las otras? Si te contentas con el nombre 
» de Rei ó Prinzipe , sin procurar de ser- 
» lo; perderlo has, i llamarte han tirano. 
^ Q^o^-üP ^ verdadero Rei ni Prinzipe» 
» aquej^ á quien viene de linaje; mas 
M -aquel , cmeTcblí oBi*ar, W de, ser- ' - 
«L Jo. Rei es , i libre ; él que se rije , i man- 



\ 



— 23¿- 

i> da á 8Í mismo; i esclavo i siervo; el que 
» no se sabe refrenar. 

» Si te prezias de libre; ¿por qué servi- 
» ras á tus apetitos , que es la mas torpe i 
» fea servidumbre de todas? Muchos libres 
» he visto servir, i muchos esclavos ser 
» servidos. El esclavo , es siervo por fuer- 
» za , i no puede ser reprehendido por 
» serlo; pues no es mas en su mano. Mas 
» el vizioso , que es siervo voluntario, 
» no debe ser contado entre los hombres. 
» * Ama , pues , la libertad : i aprende á ser 
» de veras Rei. Ten tanto cuidado dé la 
n buena gobernazion de tus subditos ; que 
ji nunca te acontezca dormir una noche 
» entera sin él. No debes pensar en qué 
» pasarás tiempo; mas en cómo no lo 
» pierdas. 

» Los reyes bárbaros , espezialmente en 
» Persia ; con esconderse , i no mostrarse 
» al pueblo, mantenian su majestad. Tú, 
» por el contrarío , ten siempre tus puer— 
» tas abiertas , i mas á los pobres , que á 
» los ricos : pues aquellos , mas que estos, 

* N. B. 



— 233 — 

» tienen de tu fovor nezeskiad. En el 
» ponder, toma el consejo de Arístótfles, 
» dando , tú mesmo , las dulzes i buenas 
B respuestas : i las agras 6 malas , déjalas 
» dar á tus ministros. I , haz de manera, 
» que ninguno se parta , con razón , des- 
» contento de ti. 

» Lo que has de dar, dalo presto , ale— 
» gremente , de tu propria voluntad. I no 
» des causa , que agradezcan á otros, las 
» merzedes que tú mesmo hazes. 

» Aparta de ti , los que andan inven— 
j> tando nuevas formas , con que peles tus 
» subditos. I acuérdate , que no pagan pe- 
» chos, ó servizios, los ricos; mas los 
» pobres. Inclínate antes á poner sisas , ó 
» imposiziones , sobre la seda , que sobre 
» el paño: sobre las viandas preziosas, 
» que sobre las comunes: porque aquello 
o compran los ricos; i esto otro los pobres. 

» Sei tan amigo de bazer bien ; que ha- 
» gas cuenta , habérsete perdido el dia en 
» que á ninguno bebieres ayudado. 

» Honrra mas á los buenos é virtuosos, 
» que á los ricos i poderosos : i harás, que 
» todos sigan la virtud. 



— 33i — 
!• No admitas en tu reino hombres ozio- 
« sos : i evilarás ana fuente de males. 

■ A los pobres , lisiados , clérigos , é 
)' frailes mendicantes, 6 merzenaríos: or— 
» dena , cómo les sea dado de comer : k no 
» los consientas andar mendicando. 

■ Procura , que todos tus subditos, va— 
n roñes i mujeres, nobles i plebeyos, ríeos 
H i pobres , clérígos i frailes; aprendan 
» ^Iguna arte mecánica. 1 esto alcanzarás 
H fázilmente ; si , como yo lo he fecho 
1 aprenilerá mis hijos; asi )o bezarás tú, 
» á los tuyos. 

■> Sei fázil á perdonar tus injurias : por- 
» que, si le la hizo otro como tú , no te 
» puedes vengar, sin daño de tus subditos, 
n i de tos snyoB , que no tienen culpa. Si 

• te injurió un hombre bajo , cuanto mas 
n poder tienes para vengarte; tanto mejor 
i< te parezeré la clemenzia. 

B Tus ejercizios sean honestos , sanctos 

* i buenos ; i á la república provechosos. 

M [ Cuan bien pareze , al Prinzipe , oir 
n las quejas de sus subditos, i remediarlas! 

» No imites aquellos, que se descargan 
u cuanto pueden de las cosas de jnsti- 



— 235 — 

» zia ; pues , este es tu prínzipal ofizio. 

» Nanea dejes de pensar medios con 
» que sobrellevar el pueUo , i cargarlo lo 
» menos que fuere posible. 

o Procura siempre de saber la natura i 
» costumbres , no solamente de tus súbdi- 
n tos, mas también de los estraños. 

o Con tus vezinos, procura siempre de 
» tener paz i buena amistad : i no entres LIV. 
M en contrataziones , ni afinidades con 
» ellos: porque de aquí nasce la mayor 
» parte de" las discordias, guerras, i ene- 
mistades. 

» Ten por mejor i mas seguro , casar 
» tus hijas en tu reino, que no fuera d'él: 
» que d'ello, te seguirán muchos prove- 
» chos. 

o Aprende antes por las historias , que 
4» por la esperienzia; cuan mala i cuan 
» perniciosa es la guerra. 

n A menos costa edificarás una ciudad 
» en tu tierra ; que conquistarás otra en 
n la ajena. 

» Detorminate **, de nunca hazer guerra , 

* El impr. : do. 

** £1 impr, : Dererminato. 



— 236 — 
» por tu enemistad , ni por interese par- 
• ticular: i, cuando la hubieres de hazer; 
B no sea por ti , sino por tus subditos: 
II mirando primero, cuál ]es.e3tará mejor, 
•> tomarla ó dejarla : si les estará mejor 
M lomarla , sea con estreñía nezesidad. I, 
n procura primero , algún conzierto , por- 
n que mas vale desigual paz, que muí 
u justa guerra: de la cual, te debes apar- 
s lar , aunque no sea , sino por la honrra 
» del nombre cristiano : por ser cosa á él 
X mui contraría. Contra infieles , debes 
•1 mover guerra , porque , de otra suerte, 
B no solamente bar ian sus esclavos , los 
» cristianos ; i , con lonneutos, los harian 
a renegar la santa 16 católica de Cristo; 
n mas aun la cristiandad destruirían, i los 
» templos de Cristo profanarían , i su 
» santo nombre desterrarían , de sobre la 
■> haz de la tierra. 

» Mas, no te pase por pensamiento 
» hazerles guerra por Xa interese particu- 
» lar, ni por ambizion. Cata, que deba- 
» jo d'este hazer guerra á los infieles; va 
u encubierta gran ponzoAa. I , cuando los 
» bebieres conquistado; procura conver- 



— 237 — 

» tirios á la fé de Cristo, con buenas 
» obras prínzipalmente: porque, ¿ con qué 
j» cara los aconsejarás , que sean crístia— 
» nos, si tú, i los tuyos, hazeis obras peo- 
^» res que de infieles? 

» Muí gran parte será , para conquistar 
«> los moros i los turcos ; sí , en ti i en los 
» tuyos , vieren resplandezer las virtudes 
» cristianas. Con esto , procura , pues, 
» prinzipalmente , de convertirlos. 

» Mucho va, en que tu conversazion, 
» sea buena ó mala: quiero dezir, en que 
» converses con buenos ó con malos: í 
» por esto, mira de rezebir siempre, en tu 
o compañia , buenos i virtuosos : i apár- 
» tate de los malos i viziosos. 

» 4^ma, los que libremente te reprehen- 

-— — .....—■—■■I A I .m..^, _^^,^...^. . . ' ^ 

» dieren : i abórreze , los que le an— . 
a duvfefen lisonje ando. No mires, qué 
» compañia te será agradable : mas ., cuál 
* te será provéc^^osa. No hai bestia tan 
» ponjúSosa. V aí -aaiíaal 4aa pernizlQSO* 
» rábfíon Prinzinp, ; r.nmo jj. lisonjero :^j_ 
» tras este . el ambizioso. 



» Cómo el vulgo no conversa con el 
» Prinzipe; siempre piensa, que es tal. 



— 238 — 
a cuales son sos privados. Si son virluo- 
1 sos , tiénenlo por virtuoso : i si malos é 

• viziosos , por malo k vizioso. 

• Mira , pues, cnanto cuidado debes le- 
» ner , en escojer los que han de andar i 
» conversar contigo. 

• Prínzipalmente , debes escojer un 

• confesor limpio, poro, incorrupto*, é de 

• muí buena vida i fetna , i no ambizioso. 
B Hnye la opinión de los que se confiesan 

• con viziosos, diziendo: que saben me— 
» jor confesar i conozer los pecados. Cree- 

• me , tá , á mi , que no lo hazen , sino 

• por dezirlos con menos vergüenza. 

• ¿ Con qué cara te reprehenderá tus vi— 
« zios , si él sabe serte á tí notorio , que 

■ los suyos son mayores ? 

» La prínzipal parte , de la buena go- 

• bernazion de tu reino; va en que tú 

• seas bnenol La segunda , en que len- 
» gas buenos ministros. Por eso, mira 

■ bien cómo provees oGzios , benefizios, i 
1 obispados. 

» Dize Platón , no ser digno de admi- 

• nistrazbn , sino el que la toma forzado, 

• En et impr. : ineorcapto. 



— 239 — 

» i contra su voluntad. Nunca, pues, pro- 
» veas,tú,deofizio, benefizio, ni obispado; 
» al que te lo demandare: mas, en deman- 
» dándotelo él por si, ó porterzero: júzgalo 
X» ítenlo porinhábile para ejerzitarlo: por 
o que, ó sabe lo que pide, ó no; si no lo 
» sabe; no lo mereze: si lo sabe i lo pide; 
» yase muestra soberbio, ambizioso i malo. 

» No encomiendes cargos de justizia, 
n sino á personas incorruptas i buenas ; i 
» que los acepten rogados. 

» No quiere Aristótiles , que el juez 
» tenga emolumentos de su otizio, mas 
» del salario: porque no hai cosa mas 
» perniziosa , que cuando el juez espera 
» gananzia , si hai muchos culpados. 

)> Hagan todos los juezes residenzia, i 
9 no dejes tú de ocuparte en verla : i al 
I) buen juez , dale mui buen galardón : i 
o al malo , castígalo , con todo rigor. En LV . 
» esto, no quiero que admitas clemenzia. 
» Tampoco la debes usar con tus criados, 
j» que no hazen lo que deben : mas cas— 
» tigarlos con mas rigor que los otros: 
o asi , porque estando cabe ti , tienen mas 
» obligazion á ser buenos ; como , porque 



I 



— 240 — 

t de su infomia le alcanza á tt, parle. 
» A los testigos i acusadores folsos , ha- 

• ras siempre castigar , por la pena del 

• talion. 

■ Ed las leyes que hizieres , ten siem- 
» pre ojo al bien público, i no al tuyo pai^ 

• ticnlar. 

• Lo que vieres ser provechoso átus 

• subditos ; hazlo : sin esperar que (e lo 

• nieguen , ni que te lo compren. 

• Sei dilijente i resoluto en lo que has 

• de hszer : porque ni la obra pierda sa- 

• zon ; ni el benefizio , la grazia. 

» Jeneralmente has siempre de tener 

• ojo, á ganar antes buena lama, que 
» riquezas ni señoríos: porque esto, hasta 

• los malos lo alcanzan con dineros ; i lo 
M oiro, no; sino los buenos con las vir- 
» tudes. 

• Ama i teme á Dios: i £l le vezará 
» lodo lo demás : i te guiará en todo lo 
■ qoe debieres hazer. 

» Muchos días ha , que deseaba dezirle 

• esto: yo te ruego, que de tal manera, lo 

• rezibas i plantos en tu corazón : que 

• jamás , mientra vivieres , se te olvide.» 



— U\ — 

Diziendo esto : me faltaba ya el aliento 
para hablar : i se comenzaban á helar los 
pies : de manera , que torné á poner la 
cabeza sobre una almohada : i diziendo: 
« Hijo, amigos i hermanos mios, yo me 
voi: Jesucristo quede con vosotros: a me 
sali de la cárzel de aquel cuerpo : i me 
voi á gozar de la bien aventuranza, que á 
los suyos , tiene Dios aparejada. 

Mercurio. — Deténlo, Carón, no se vaya. 

Carón. — Ojalá se hobiera ido antes ! ¿ Sabes, 
qué plazer me ha seido oir aqui la fila- 
tería que nos ha aqui contado? Cuanto, 
que si los otros Prinzipes , fuesen como 
este; bien podría yo tener vacaziones. 
Mas , con todo eso , me huelgo de una 
cosa : que su hijo queda en el reino: por- 
que, cuasi nunca * se vio un señalado 
varón , dejar hijo útil á la república. D' es- 
to, te podría dar mili ejemplos. Pero, 
mejor seria , que nos dejásemos agora 
d' esto : i comienzes ya tú á contar eso 
que me has de dezir. 

* « Rade volte discende per li rami 
rumana probitade : e questo vuoie 
Quel che la da , perche da Lui si chiami. » Dante. 

te 



— ¿42 — 

Mbbgurio. — Sea como tu quisieres. Bien te 
acordarás , de lo que los dias pasados te 
conté , que el Emperador , había dicho al 
rei de armas , del Rei de Francia , cuando 
lo desafió en Burgos. 

Carón. — Mira , si me acuerdo ! 

Mbrcurio. — Pues, está atento. Has de saber, 
que como el rei de armas francés, referiese 
al Embajador del Rei de Francia , que es— 
taba aun en España , lo que el Emperador 
le habia dicho ; el Embajador por escusar 
la cobardía , de que su amo había usado; 
en no haber respondido al Emperador; 
finjia no acordarse , de lo que le dijo en 
Granada : í por consiguiente , daba á en— 
tender, ninguna cosa haber escripto d'ello 
á su amo: pediendo, que si algo el Empe- 
rador le quería dezir , se lo enviase por 
escripto, i él haría la relazion. I, tanto 
era el deseo , que el Emperador tenia de 
venir á las manos con un hombre, de 
quien tan descaradamente habia sido en- 
gañado; que fué contento de hazer , lo 
que el embajador del rei de Francia le 
pedia: i escribióle una carta del tenor 
siguiente. 



— U3 — 

Carta del Emperador al Embajador 
de Francia, 

Magniüco embajador. Yo he visto la carta 
que me habéis escrípto; sobre las palabras 
que os dije en Granada: i también be vis- 
to la copia de vuestra relazion verbal: por 
donde conozco bien , que no os queréis 
acordar de lo que entonzes os dije , que 
hiziésedes saber al rei de Francia vuestro 
amo, porque os lo torne á dezir otra vez. 
Por cumplir vuestro deseo , lo quiero ha— 
zer : i es : que , después de muchas razo- 
nes , que por ser de poca substanzia no 
conviene aquí repetir; yo os dije : «Que el 
Rei vuestro amo ; habia hecho vilmente i 
ruinmente , en no guardarme la fé, que me 
dio, por la capitulazion de Madrid. I: que 
si él , esto quisiese contradezir , yo, gelo 
manternia , de mi persona á la suya.» 
Veis aqui , las proprias palabras substan- 
ziales , que del Rei , vuestro amo , yo os 
dije en Granada. I creo, que son aquellas, 
que vos tanto deseáis saber : porque son 
las mismas, que en Madrid , yo dije á vues- 
tro amo el Rei: «que lo ternia por vil i 



— 2Í4 — 
ruin, si no me guardaba la fé, que me 
había dado. » De manera , que diziéndolas , 
le guardo yo mejorlo que le prometí, que él 
¿ mJ, loque me prometió. He voslas queri- 
do escrebir, firmadas de mi mano; porque, 
de hoy mas; ni vos , ni otro, pueda en esto 
dubdar. Fecha en Madrid: áXVIIIde marzo 
de mili é quinienlos i veinte i ocho. 
Ceibles. 

Caroh. — A la fé: esa carta, bien pareze de 
hombre, que desea mas, hechos, que pa- 
labras. 

Mercuuo. — Dizes muí gran verdad: mas el 
Rei de Francia , por el contrarío , quería 
mas, palabras, que obras. Todavía: sabido 
lo que el Emperador había dicho á su reí 
de armas; é viendo la cosa , venida á tér- 
minos , que á ninguna escusa ni achaque 
había quedado lugar; antes que esta carta 
le viniese á las manos ; estaba mui perple- 
jo i congojado : por una parte , veía que 
no podia , con su honrra , ni sin manifiesta 
infamia i deshonrra, dejar de responder 
al Emperador : i respondiendo , desafiarle 
de persona á persona : por otra parle, co- 



— 246 — 

nosziendo claramente ser verdad lo que 
d' él , el Emperador había dicho ; temíase 
de combatir sobre tan mala é injusta cau- 
sa : pues, perdiendo el campo , perdia no 
solamente la honrra , mas la vida i la 
ánima. Considerando , pues , esto ; no sa- 
bia qué hazer, ni á qué parte se tornar. A 
la fin , después de haber muchos dias , en 
esto pensado ; halló un medio con que , á 
su parezer, satisfaría , siquiera , el vulgo; 
i se quitaria de aquel peligro , enviando 
un cartel al Emperador, con que disimu- 
lase , no lo que d' él habia dicho , pues no 
lo podia negar: ó finjiese otra cosa, que 
ni el Emperador jamás dijo , ni le pasó por 
pensamiento, ni era verisímil que lo bebie- 
se dicho : pareziendo al Rei , que el Empe- 
rador se contentaría con negarlo sin mas 
insistir en el riegozio: i él, en alguna 
manera , cumpliría con su honrra , habien- 
do, comoquiera, respondido. 
Cáron. — I Oh, qué bueno, i qué astuto conse- 
jo I mira , por vuestra vida : ¿ i era tanto 
nezio yo , que pensase , haber seido ese * 
desafio de veras? 
* Oeste; pues en el itiipr. puede ser esse, ó este. 




— 246 — 

Mercurio. — I , no lo podías ver, en el mismo 
cartel del Rei , que ni tiene pies ni cabeza; 
no escribiendo , como los que el combate 
quieren ejecutar ; mas , como los que con 
solas palabras se piensan é quieren salvar; 
hablando de manera , que no merezcan 
respuesta , como sin dubda , no la merezia 
este cartel. (?) 

Carón. — ¿Tiénesjo, tú, por dicha? Que yo, 
no Icf he visto. 

Mbrcorio. — ' Mira , si lo tengo: i aun escrípto 
en pergamino. 

C4R0N. — ¿ Quiéresmelo leer ? 

Mercurio. — De mui buena voluntad. Has, 
primero , has de saber, que como el rei 
de Francia supo , que su rei d' armas ha- 
bía , el mes de enero pasado , como te con- 
té, desafiado al Emperador; hizo una co- 
sa , que hasta agora , nunca , de Prinzipe 
cristiano , fué vista ni oida : que , no con- 
tento con mandar prender el embajador 
del Emperador , que estaba en su Corte; le 
mandó también tomar todas sus escriptu- 
ras ; i lo tuvo mas de cuarenta dias preso; 
i , á la fin , cuando supo que el Empera- 
dor, no quería dejar salir de España los 



— 2i7 — 

embajadores de Francia, si , á un mismo 
tiempo , no le restituyesen el suyo ; vien- 
do, que era forzado á soltarlo; quiso, pri- 
mero y hazer un donoso acto : i para él , á 
los veinte i ocho de marzo, mandó ayun- 
tar todos los prelados , caballeros , i emba- 
jadores que estaban en su (^rte ; i en su 
presenzia , hizo alli venir el embajador 
del Emperador, no como embajador, mas 
como prisionero : i sin haberlo avisado, 
ni arun dicho palabra , del acto que quería 
hazer; entre muchas cosas que le dijo, 
dándole lizenzia para que se volviese en 
España; le rogó mucho, que él mismo lle- 
vase al Emperador, el cartel de desaño, 
que alli tenia fecho : el cual hizo leer pú- 
blicamente: pensando, con aquello, satis- 
&zer á su honrra. Dezia , pues , el cartel 
d'esta manera. 

Cartel de desafio , del Rei de Francia, 
al Emperador. 

Nos, Francisco, por la gracia de Dios, rei 
de Francia: Señor de Jénova: etc. A vos, 
Carlos , por la misma gracia , electo Empe- 



— 248 — 

rador de Romanos: Rei de las Espaüas: ha- 
zemos saber: cómo, Nos, siendo avisado, 
que, Vos, en algunas respuestas, que habéis 
dado á los embajadores i reyes d' armas, 
que por amor de la paz , os habernos 
enviado: queriéndoos, sin razón, escu- 
sar, nos habéis acusado, diziendo, que 
tenéis nuestra fé: i que, sobrella, contra- 
veniendo á nuestra persona ; nos , eramos 
idos de vuestras manos , i de vuestro po- 
der; para defender nuestra honrra, que 
en tal caso, seria, contra verdad mui 
cargada ; os habernos querido enviar este 
cartel; por el cual, aunque en ningún 
LVII. hombre guardado, pueda haber obligazion 
de fé , i que esta escusa nos sea harto sufi- 
ciente; todavia, queriendo satisfazer á 
cada uno, é tan bien á nuestra honrra, 
la cual habemos siempre guardado, i guar- 
daremos, si á Dios plaze, hasta la muerte; 
os hazemos saber, que si, vos, nos habéis 
querido , ó queréis cargar , no solamente 
de nuestra fé i libertad, mas de que haya- 
mos jamás hecho cosa , que un caballero 
amador de su honrra , no debe hazer : os 
dezimos, que habéis mentido por la gorja: 



— 2*9 — 

i , que tantas cuantas vezes lo dijérdes, 
mentiréis : estando deliberado , de defen- 
der nuestra honrra, hasta la fin de nues- 
tra vida. I, pues contra verdad , nos habéis 
querido cargar; no nos escribáis mas: 
sino, aseguradnos el campo: i llevaros 
hemos las armas: protestando , que si 
después d' esta declarazion ; á otras par- 
tes, escrebis ó dezis palabras contra núes 
ira honrra; que la vergüenza de la diluzion 
del combate , será vuestra : pues venido á 
él , cesan todas escripturas. Fecha en 
nuestra buena villa é ciudad de París , á 
XXVni dias de marzo HDXXVII años, antes 
de Pascua. 

Fran^ois. 

Carón. — ¿Quieres que te confiese verdad, 
Mercurio? A la fé: mui mnl ordenado me 
pareze ese cartel. Mira , qué jentil razón: 
habiéndolo el Emperador soltado de su 
voluntad, rezibiendo, como me dijiste, los 
rehenes; dize, que se habia huido de su 
poder ! I, allende d'esto: ¡ qué deshones- 
tidad , usar de aquellas palabras , entre 
Prínzipes; mentís por la gorja, i men- 



— 250 — 
tirHs* j Oh.qué hRrmosa valentía !¿I qué 
mas dijera un rufián á otro ? 

Mercurio. — | Cómo ! ¿1, osas tá hablar contra 
el rei de Francia ? 

Carón. — No le quiero negar , que yo do lo 
quiera mucho mas , que á ese otro. Pero, 
á la fin, ni me puede parezor mallo 
bueno: ni bien lo malo. 

Mercurio. — ¡ó.quésancta persona! Leído, 
pues , el cartel , estaba el Reí tan vana- 
glorioso , como si fuera ya venzedor del 
campo. 

OiRON. — Una dnbda le quiero preguntar, 
Mercurio : ¿ por qué dize el rei de Francia 
en ese cartel; que )e asegure el Emperador 
el campo; i que él llevará las armas? 

Mercurio. — Está rezebido en costumbre, 
que el desafiador , ha de dar i asegurar el 
campo: i el desafiado, traer i escojer las 
armas con que ha de combatir : aunque 
las Leyes , en arbitrio del desafiado ponen 
lo ono i lo otro. 

Carón. — Luego , d' esa manera , ó el Empe- 
rador , pues era provocado , había de es- 
cojer lo uno i lo otro; ó dar el rei de 
Francia el campo, i el Emperador las 



— ¿54 — 

armas : i , según me pareze , ese cartel 
dize lo contrarío. 

Mercurio. — Dizes verdad : mas, lú no vees, 
que el reí de Francia , quería dar á enten- 
der ser provocado ó desafiado ; i el Empe- 
rador desafiador. 

Carón. — Bien lo entiendo : pero no alcanzo 
en qué se pudiese él , para ello , fundar: 
pues fínjia no saber lo que el Emperador 
había en Granada dicho á su Embajador: i, 
aunque lo supiera , é confesara saber ; no 
se entiende desafiar, aquel que dize la 
injuría ; mas el que pretende hazer des- 
dezir al otro della. 

Mercurio. — I , aun ahí puedes , tú , conos- 
cer, qué gana tenia de combatir el rei de 
Francia ; comenzando ya de poner escrú- 
pulos i dificultades, en una cosa, tan 
clara i averiguada como esta. Leído, pues, 
el cartel ; quisiera el rei de Francia , que 
el Embajador del Emperador le llevara: 
mas él se escusó de hazerlo ; respondiendo 
al Rei , tan prudente i honestamente; 
como si muchos días antes de aquel acto, 
estuviera prevenido. Estonzes el Rei le 
dijo : que , pues no lo quería llevar; él lo 



L 



— «62- 
enviaria cnn udo de sus reyes de armas: 
para el cual , le rogó; le hubiese un sal- 
vocondacU) del Emperador. 

Cabot. — ¡Cómo! ¿Salvoconducto , para el 
rei de armas? ¿Quién, nunca tal oyó? 
Sé , que los reyes de armas , facultad i li- 
bertad tienen , para ir libremente por dó 
quiera , aun entre bárbaros , cuanto mas 
entre cristianos. 

AUtcuRio. — Dizes verdad , ¿ mas , no sabes, 
que piensa el ladrón , que todos han su 
corazón ? Pensaba el reí de Francia , que 
yendo su reí de armas , con tan desver- 
gonzada embajada ; el Emperador le man- 
daría hazer alguna afrenta ; com;» sin 
dubda merezia el que lo enviaba : i por 
esto, se quiso primero asegurar: espezial- 
mente, que siendo, como es el rei de 
Francia , prisionero i esclavo del Empera- 
dor , como ¿I mismo confiesa . por cartas 
escriptas i firmadas de su mano ; no ha- 
bía de osar desafiar, ni enviar rei de armas 
á su señor, sin su espresa lizenzia. De 
manera , que no hizo sino mui bien en pe- 
dir salvocondnto. Mas, tornando á nues- 
tro propósito: ¿qué has, Carón? 



— 253 — 

Carón. — Cata, cata. 

Mkrgurio. — Ya lo veo : Obispo pareze en el 
hábito : atajémosle el camino , qae va mui 
apriesa. 

Carón. — Corre, tú, pues eres mas mozo: 
que , á la fé ; á mi , dias ha que me ñas— 
cieron canas. 

Mercurio. — Házia acá viene: esperemos: vea- 
mos lo que dirá. 

Ánima. — Como conosci que me queriades 
hablar, me vine házia vos otros: por eso, 
preguntad é dezid lo que quisierdes. 

Mercurio. — Tu resplandor nos ciega i espan- 
ta : i tu humildad i benigna habla , nos 
convida , á que no dejemos de rogarte, 
que nos digas , el estado que toviste en el 
mundo ; i de qué manera en él te gober- 
naste \ pues tanta gloria merezes alcanzar. 

Anima. — Lo uno, será mui fázil de hazer : i 
lo otro , holgaré yo brevemente de contar: 
no , por alabarme á mi , mas por divulgar 
la manera , como tanto bien he alcanzado, 
porque me puedan otros seguir, é alcan- 
zar lo que yo alcanzo. Habéis de saber, 
que yo fui Obispo : i , para tan alto gra- 
do , i trabajoso lugar, elejido de treinta 




— Í54 — 
años: digo, elejido; porque ni yo jamás 

10 pedí , ni aun me pasó por pensamiento 
desearlo: conoBciéndonie tan inhábil, é 
insufiziente para ello; que , en ninguna 
manera lo osara desear ; antes , siéndome 
ori'ezido, lo rebosé, diziéndoles: que mi- 
rasen bien lo que hazían : que no se 
habían de proveer asi los obispados : que 
se acordasen de lo que san Pablo escri- 
be á Timotheo ; de los dones é virtades 
quA ba de tener el Obispo , diziendo: 

11 Oportel episcopum irreprehensiOlem esse, 
unius ttxoris virum, sobrium, prudentem, 
oraatum, pudicum, hospilalem, doclorem, 
non vinolentttm , non percussorem , sed 
modestum: non lüigiosum, non cupidut», 
sed sui9 domui bene prmposüum. » \ otra 
vez, el mismo san Pablo, á Tito. «Oportel 
episcopum sine crimine esse, sicul Dei dis- 
pensatorem: non superbum, non iracun- 
dum , non vinolentum , non percusorem, 
non turpis lucrí cupidum: sed hospitalem, 
óenignum, prudentem', sobrium , justum, 
sanctum, continentem, ampleclentetn eum, 

* No estd «i la Edición de la VulgaU. 1 393. 



— 255 — 

qui ,9ecundum doctrinam esl , fidelem ser- 
motiem: ut potens sil exkoriari in doctrina 
sana , et eos , qui contradicunt , arguere. » 
Paes , si miráis , vos otros , cuan lejos 
están de mi esas virtudes : i cuan nezesa— 
rías son á la dignidad i cargo , que me 
queréis dar ; soi cierto , que no me lo 
daréis : espezialmente que , dado que en 
mi las hobiese ; mi edad , os las debría 
hazer tener por sospechosas. Con estas i 
otras semejantes razones , me escusaba 
cuanto podía , de tomar aquel cargo: nom- 
brando personas, que (á mí ver) mucho 
mejor que yo , pudieran cumplir con un 
cargp tan importante: pero, cuánto mas 
yo me escusaba de tomarlo; ^nta mas 
gana venia á todos de importunarme , que 
lo tomase. I , á la fin , lo hobe de hazer. 
I , no olvidándome , ni disimulando saber 
qué era lo que había tomado á cargo : i 
considerado, ser ofizio de reprehensor, 
que en él no haya que reprehender ; tra- 
bajé de ordenarme á mi , i á mi casa , de 
manera ; que ni en mi , ni en mis criados, 
hallase ninguno cosa notable que repre- 
hender. Porque, de otra manera; ¿cómo 



n 



■ 

\ 



V 



— 286 — 
reprehenderé yo al ambicioso , si me veen 
andar á mi , procurando de trocar mi 
obispado, por otro que rente mas? ¿Cómo 
reprehenderé al avaro; si yo, no menos 
prezio el dinero : cuanto mas , andar ham~ 
hreando tras él? ¿cómo reprehenderé al 
lujurioso ; si yo no soy casto : i al sober- 
bio , si yo no soy humilde : i al comilón; si 
tengo por Dios mí vientre: i al jugador , si 
á mi me pusa toda la noche jugando: i al 
clérigo cazador, si mi casa está llena de 
perros, halcones, i gavilanes? £, final- 
mente ; pareziéndomc , que si yo tenia 
en mi c;isa algún vizio , no lo osaría repre- 
hender en otro : i , cuando bien lo quisiese 
hazer, , no ternia vigor mi reprehensión; 
procuré, con mucho cuidado, de ser yo 
tal , que osase reprehender los otros ; i 
toviese mi reprehensión auctoridad. Des- 
pués d' esto: porque no basta dar buen 
ejemplo, sí no se amonesta al pueblo lo que 
ha de hazer ; trabajaba de enseñar á to- 
dos, la doctrina cristiana . pura i limpia, 
sin mezcla de vanidades ni superstiziones; 
i de apartarlos de vizios i pecados : atra- 
yendo unos con dádivas i halagos; i á 



- 257 — 

otros, con castigos i amenazas : pero , de 
tal manera , que conosciesen no moverme 
a ello , afizion , ni pasión , ni interese mió 
particular; mas solamente el provecho je- LIX 
neral. Para esto , tenia mis predicadores, 
que me ayudaban : no tomados de por 
ahí , sino mui escojidos : teniendo , no 
menos respecto á su buena vida , que á 
sus letras: i ellos , por una parte , é yo, 
por otra ; nunca dejábamos de predicar i 
trabajar. Mas , porque allende d' esto; con- 
venia , i era mui nezesario , quitar los 
inconvenientes, i secar las fuentes de don- 
de manan los vizios, i buscar i plantar 
árboles de donde cojan i tomen virtudes; 
conosciendo, cuánto corrompen las buenas 
costumbres , i saiíctos propósitos , las ma- 
las , suzias , i deshonestas palabras ; co- 
rrompiéndose lo uno , con lo otro ; ponía 
mucho recaudo, en que no se consentiesen 
dezir : mas , que como torpe , é suzio , é 
corrompedor de buenas costumbres ; des- 
terrasen de la ciudad al que las dijese. 
Espezialmente , usaba mucho rigor contra 
una manera de jente infernal , que , de no- 
che , se anda echando pullas , por las 

17 



— 258 — 
calles; con mucho daño de las tiernas 
donzellas , i de las relijiosas que lo oyen. 
Al prínzipio , se me opusieron algunos, 
diziendo ; no ser aquel delicio digno di> 
castigo. Estonzes, dije yo. ¿Gomo; cas- 
tigáis , al que con cosas hediondas infizio- 
na la ciudad , porque es cosa dañosa á los 
cuerpos; i no castigaréis á estos, que con 
sus abAominables palabras, esparzen tan- 
ta ponzoña en las ánimas? Después d' es- 
to , considerando , de cuántos males i 
errores , son causa muchos libros i escrip- 
turas; compuestas, ó por hombres simples, 
ó porviziosos ■ malíziosos; teniendo sola- 
mente respecto al interese suyo particular; 
yo mismo , pasé i examiné todos los libros 
vulgares, que había en mi obispado; i, aun 
libritos de rezar , i orazíones , que se ven- 
dían apartadas. I , tuen visto todo i comu- 
nicado , con personas sabias i virtuosas; 
vedé, qui; no se vendiesen , libros de 
cosas profanas é historias (injidas ; porque 
con aquellos , se in6zionab!>n los ánimos 
de los que leían , i de los que oían ; i con 
estotros , se pierde el tiempo , sin poderse 
dellos sacar fruclo. En esto , hobo poco 



— 259 — 

que hazer, porque la cosa , se ^iaba de 
suyo clara. Mas , en los libros , que tenían 
titulo de relijion i castidad ; tuve oiui gran 
trabajo, é incomportables contradizíones: 
porque las cosas que con este titulo en- 
tran ; son mui malas de desarrai^r ; toda- 
vía , insistí tanto en ello , viendo la neze- 
sidad que d' esto habia , i la multitud de 
eugaoos que de aqui manaban ; i las 
impertinenzias i disparates , que en mu- 
chos libros á cada paso hallé ; que , al fin, 
quité muchas cosas apócriphas; i otras, 
que ofuscaban, mas que edificaban los 
leyentes. I finalmente , aparté todo aquello, 
que parezía ser , en alguna manera , con- 
trarío , no solamente á la fé , mas á la 
doctrina cristiana. Allende d* esto , de libros 
i horas de rezar, quité muchas oraziones, 
por idiotas é ignorantes , ordenadas mas, 
para sus intereses ; que por otro respecto; 
en que halla baño poca superstizion, i aun 
idolatría tan manifiesta , que apenas podia 
leerlas , sin llorar : viendo , á cuánta ce- 
guedad éramos venidos los cristianos ; i á 
cuan buen sueño, duermen los perlados 
que aquello sufren. En otras oraziones, 




— 260 — 
quité los Utulos, que deziaii ; unos, «que 
el que la dijese , no moriría ea pecado 
mortal : s ó , o que le serian perdonados 
lodos sus pecados: » ó , a que vería á nues- 
tra Señora, tres días antes de su muerte : » 
ó, «que le diría la hora d' ella: n hallando, 
por mi cuenta , que machos , fiándose en 
estas oraziones , i en otras semejantes de- 
voziones; ó, por mejor dezir, supersti— 
ziones; que traen entre las manos; nunca 
dejan de pecar : pensando que sus devo- 
ziones les darán la gloria : aunque , por 
otra parte , perseveran continuamente en 
ofender á Dios. Engaño , por cierto , digno 
de llorar. Determinando , pues , qué libros 
se habian de leer, i qué devedar i dejar; 
i , puesto en orden , emendado i adrezado, 
lo que se habla de leer; asi de cosas sa- 
cras, como profanas; bize impremir de 
todo ello , una muí gran multitud de libros , 
asi en latin , como en vulgar : é bize tras- 
ladar el Testamento Nuevo , i otras cosas 
latinas, que me parezíernn provechosas 
para el vulgo : i , cuando In tove lodo im- 
preso ; publiqué por todo mi obispado la 
orden que en esto se habia dado , rogando 



— 261 — 

i mandando á todos , so pena de ser 
echados de la Iglesia , que trujesen luego 
los libros que tenian , nuevos é viejos , á 
mi , ó á mis deputados : i por cada libro 
que daban de aquellos corruptos, falsos, 
i malos ; les daba yo otro , de los buenos i 
emendados que habia hecho imprimir sin 
consentir, que se les llevase por ellos un LX. 
solo dinero. I d'esta manera , no habia 
persona que no holgase , i aun tuviese en 
mucha grazia , que le trocasen su ruin li- 
bro por un * bueno , sin que le costase 
nada. I cuando los tove todos recojidosj 
como á malhechores los desterré de todo 
mi obispado. I , como de alli adelante , la 
jente se empleaba en leer cosas sanctas , i 
de puramente buena doctrina ; i limpia de 
superstiziones i engaños ; maravillaros ia- 
des, con cuánta felizidad, i cuan presto, 
florezió en mi obispado , el vivir verdade- 
ramente cristiano. I, á mi ver, esta fué 
una de las mejores obras , que yo en mi 
obispado hize. Allende d'esto , ordené un 
colejio, en que cien niños aprendiesen á 
vivir como cristianos ; i szienzia , para que 
* Uno (?). 



— 262 - 

lo supiesen enseñar á otros : no poniendo 
en él personas, por favor, ni por otra 
granjeria, sino los que, á mi parezer, 
hobiesen de salir mas útiles á la repúbli- 
ca; dándoles los mas insignes maestros, 
que en letras i en bondad de vida halla- 
ba. A estos colejiales proveia yo , de los 
benefizios que vacaban , conforme , á la 
habilidad i letras de cada uno. Procuré, 
que se quitasen los vagabundos : espezial- 
mente los que andaban pidiendo por Dios, 
podiendo trabajar. Tove manera , que cada 
pueblo mantuviese ordinariamente sus po- 
bres; no dejándolos andar por las Iglesias, 
ni por las calles ; i que á los estranjeros 
diesen de comer en cada lugar , por tres 
días , i no mas ; echándolos al tercero día 
fuera , si no estuviesen notablemente en- 
fermos. A los frailes mendicantes , hazia 
dar mui bien de comer en sus monesterios, 
no consintiendo que saliesen d' ellos , sino 
á predicar ó á confesar. A los huérfanos, 
viudas , i otros pobres vergonzantes , pro- 
veía yo de mi casa ; preziándome de visi- 
tarlos, con^lándolos , i ayudándoos en 
sus nezesidades , cuanto mi renta se podía 



— 263 — 

estender. Cada mes visitaba los hospitales « 
proveyéndolos délo que habían menester. 
A mis clérigos , tenia tan sujetos i obedien- 
tes; que unos por virtud; i otros por 
vergüenza ó temor ; no osaban hazer lo 
que no debían. Pleito sobre Bene6zio, 
nunca lo consentí. Los otros pleiteantes, 
entendía siempre en conzertar; mostrán- 
doles, aun al venzedor, ser mas la pérdida 
que la gananzia. No podía sufrir ni con- 
sentir enemistades : trabajaba , que todos 
viviesen en paz i caridad : andando yo , de 
casa en casa, procurándolo. A ninguno 
ordenaba de corona , si no tenia Benefizio, 
1 sufizienzia , para ser clérigo. A los malos 
clérigos castigaba con mucho rigor. A los 
buenos , abrazaba con mui grande amor. 
Yo mismo visitaba todo mi obispado : no 
para cohechar /ni llevarlo suyo á ninguno; 
mas para darles yo , de lo que Dios me habia 
dado que dispensase. Reparé muchas Igle- 
sias : otras , proveí de ornamentos : toman- 
do de unas , que tenian demasiado ; i dando 
á otras, que tenian falta. Tove siempre mu- 
cho cuidado de casar huérfanas , i ayudar 
á otras personas nezesitadas: no dando 




— 264 — 
lugar, que alguna donzella se perdiese, ni 
aun se metiese monja por nezesidad. I si 
me fallaban dineros, para esto, no pu— 
(liendo tanto cumplir * mis rentas ; no de - 
jaba de tomar, de la plata que algunas 
Iglesias lenian sobrada: i también de las 
fábricas: para emplearen una tan buena 
obra como esta : porque no se perdiesen 
aquellas ánimas , que son verdaderos lem- 
plos de Dios , i ornamentos con que huel- 
ga de ser servido. 

MF.RCtniío. — ¿ I no babia quien murmurase 
contra ti , por eso ? 

ÁifiMt. — Bien creo que no faltaba: mas, 
como mis obras no les daban causa , que 
pensasen mal de mí ; los buenos lo tenían 
por bueno: i los malos no osaban hablar. 

HEHCDRro. — Por cierto : aunque sancta , tra- 
bajosa vida tenias. 

Ánima. — ¿ Cómo trabajosa ? antes . mui des- 
cansada , en comparazion de la que otros 
obispos tienen. Unos, andan en la Corte, 
procurando de trocar su obispado , por 
otro; no, en que puedan mejor servir á 
Dios; mas, en que mayor renta tengan, 
* Por»Mp«r(?). 



— 265 — 

con que sirvan á si. I : ; sabe Dios , cuán- 
tos trabajos , afrentas i befas , que á cada 
hora reziben I Otros , si residen en sus 
Iglesias; es con continua discordia que 
tienen con sus Cabildos. Otros, juegan lo 
suyo i lo ajeno : otros, mantienen caza, 
como hombres profanos: i nevando, i llo- 
viendo; se andan un dia entero, por cazar 
una pobre perdiz. Otros, andan tan sin 
vergüenza , entremetidos en mujeres; co- 
mo si, ni fuesen obispos, ni cristianos. I, 
allende del trabajo , que para mantener 
estos vizios, los cuitados pasan : que, á la 
verdad , es mucho mas i mayor , que el 
que yo tenia: ¿quién no sabe, cuánta hiél 
i amargura les viene mezclado con aque- 
llos deleites , acordándose , que por una 
parte ofenden á Dios ; no haziéndo lo que 
son obligados ; i haziéndo, lo que en nin- LXI. 
gpna manera debrian hazer; i, por otra, 
adquieren una grande infamia en este 
mundo ? ¿ No os pareze , que rezebia yo, 
mas verdadero deleite en mejorar las cos- 
tumbres de mi obispado, que los otros, en 
trocar los suyos, por otros mas ricos ? ¿ No 
os pareze , que me holgaba yo mas , en 




^ 



— 26« — 
vivir en paz con mi CatÑIdo; que los otros, 
en andar á puñadas con él ? ¿ No os pa- 
reze , que holgaba yo mas en gastar mi 
hazienda con pobres i nezesitados; que 
aquellos, enjugarla, i comerla, i gastarla 
con chocarreros, i desperdiziarla ? ¿ No os 
pareze , que era moi mayor gozo el que 
yo tomaba en ganar una ánima; que el de 
aquellos , en matar una perdiz ? Pues , si 
añadimos á esto , el desasosiego , con que 
de continuo, muriendo, viven; i viviendo, 
temen la muerte : i por otra parte, el ale- 
gría i contentamiento , con que yo , de- 
seando dejar aquel cuerpo, vivia; clara- 
mente conoscereis la ventaja, que aun allá 
en el mundo les tenia. 

Hbrcdbio. — Ü' esos tales me maravillo yo, 
con qué cara osan pedir obispados, para 
usar tan mal d' ellos: i, aun mucho mas 
de tos que se los dan . 

Carón. — Yo te diré , Mercurio . Los que los 
piden , ó son idiotas , ó letrados : si idio- 
tas ; no saben lo que se piden ; si letrados; 
creime *, tú, que nn creen firmemente lo 
que leen. Pnes, los que se los dan ; de la 
* Por crüme. 



— 267 - 

misma manera : ó ellos no saben ni les 
dizen lo que dan ; ó , si lo saben i se lo 
dizen ; no sienten bien de la relijion en 
qne viven. Si no: dezidnos, vos« si es asi 
verdad? 

Ánima. — Allá se lo hayan : que yo , no me 
entremeto en juzgar vidas ajenas: ni puedo 
aqui mas parar. 

Carón. — Di , Mercurio , ¿ cuántos Perlados 
como este , hallaste entre cristianos? 

Mercurio. — ¿ Cuántos, me preguntas ? IMgote 
que anduve toda la cristiandad ; i ni aun 
este pude hallar. Mas: mira, si quieres 
que tornemos á nuestra plática. 

Carón. — Mas quiero eso. 

Mercurio. — Cuando el reí de Francia hobo 
leido 6 publicado su cartel : aunque dijo, 
quererlo luego enviar al Emperador; toda- 
vía lo dilató muchos dias: pareziéndole ya, 
que en alguna manera habia cumplido con 
el vulgo : i que , hecho aquello ; lo mejor 
era dilatar cuanto pudiese la concli^sion; 
en que no podia dejar de perder la vida i 
la honrra ; ó, á lo menos, la honrra sola, 
no queriendo venir al combate. 

Carón. — Como cuerdo. Pésale al tabernero, 




— 268 — 

cuando le horadan el cuero; ¿i, no se guar- 
dará un Rei, que no le rompan la pelleja? 
Mercurio. — Aosadas: cual tú, tales son tus 
razones. A la fin de pura vergüenza fué 
forzado á enviar un rei de armas con su 
cartel . É» como el Emperador fué avisado 
de su venida ; porque no se detuviese 
sperando el salvo-conducto, ó no lo tomase 
por achaque para volverse ; le envió , á 
tres partes de la frontera de Francia, tres 
salvo-conductos: i mandó á sus capitanes, 
i gobernadores de las fronteras , que vi- 
niendo, le hiziesen mui buen tratamiento, 
i lo enviasen acompañado hasta su Corte, 
porque ningún enojo le fuese fecho : de 
manera , que los salvo-conductos del Em- 
perador, llegaron á la frontera, antes que 
el rei de armas del Rei de Francia. A la 
fin , él entró en España , i llegó á la Corte 
del Emperador , que á la sazón estaba en 
Monzón, á siete dias del mes de junio*; 
donde fué mui bien rezebido. I el dia si- 
guiente, el Emperador le dio audienzia 
pública, en presenzia de muchos grandes 
i prelados. 

* 1528. 



— 269 — 

Carón. — ¿ Viste , lú , aquel acto? 

Mercurio. — Mira si lo vi. Estaba el Empe- 
rador en su estrado imperial: i á sus 
lados, todos aquellos señores que lo acom- 
pañaban. En esto, llegó el rei de armas, 
vestida su cota , con las armas del rei de 
Francia ; i fechas cinco reverenzias has- 
ta el suelo , se hincó de rodillas ante el 
Emperador; suplicándole le diese lizen- 
zia para usar de su oñzio ; i después, 
facultad, para que libre i seguramente pu- 
diese volver al Rei su amo. El Emperador 
se la dio , mui liberalmente ; diziéndole, 
que cuanto á lo demás , él lo haría mui 
bien tratar. Estonzes el reí de armas se 
levantó en pié : i queriendo presentar su 
cartel, dijo: Cómo el Rei su amo, avisado de 
las palabras, que contra su honrra , el Em- 
perador habia dicho; i queriendo cumplir 
con lo que debia i era obligado, ano dejarse 
injustamente injuriar ; le enviaba aquel 
cartel, firmado de su nombre , por el cual 
veria , cuan enteramente satisfazia á todo 
aquello de que era acusado. El Emperador 
le preguntó: ¿si le era mandado, que él mis- 
mo leyese aquel cartel? El rei d'armas, res- 



k 



— 270 — 
pondióqueno: pidiendo licenzia para irse. 

Carón. — Como Dezio. Mira, quién viene con tal 
embajada, que no se desea ver libre d'ella. 

Hbbcdrio. —El Emperador lomó el cartel, 
diziendo: que ¿I lo vería, i respondería de 
manera , que su bonrra sería bien guar- 
dada : io que al reí de Francia sería quasi 
imposible hazer. 

Carom. — Ni aun él se queria poner en esos 
trabajos , de cumplir con su bonrra. 

Mbrcurío. — Luego, el canziller del Empe- 
rador hizo una protestazion , diziendo: 
que su Majestad , por cosa que en aquella 
materia hiziese; no entendía perjudicar, á 
lo que , por la capitulazion de Madrid , de 
tierecho le perteneze. 

Carón. — ¿A qué propósito son estas protes- 
taziones; pues . á la fín , el mas fuerte In 
ha de llevar? Como si las cosas , entre 
los Prínzipes, se ordenasen ó hiziesen por 
las leyes , i no por las armas. 

Mercurio. — Dizes muí gran verdad; mas, 
qnien con franceses trata, lo uno i lo otro 
ha menester. Hecha la protestazion, el 
Emperador, enderezando sus palabras al 
reí d' armas , habló en esta guisa . « Rei 



k 



— 274 — 

M d' armas , aunque por muchas causas i 
» razones , el Reí vuestro amo , debe ser 
» tenido, i es, inhábil, para un acto como 
» este , conlra cualquier hombre , cuanto 
» mas , contra mi ; todavía , por el deseo 
» que yo tengo, de averiguar por mi per- 
» sona estas diferenzias , evitando mayor 
o derramamiento de sangre cristiana; con- 
» siento que el Rei vuestro amo haga 
ñ este acto: i, desde agora lo habilito 
» solamente para él » 

Carón. — Gana tenia ese Prinzipe de venir á 
las manos. Aosadas , que nunca el Reí de 
Francia, lo habilitara á él para ese efecto. 

BfERGURio. — Hecho esto, el rei d' armas dijo: 
que , si por respuesta , el Emperador le 
quería dar seguridad del campo; ella lle- 
varia : donde no ; que suplicaba á su Ma- 
jestad , no le mandase llevar otra respues- 
ta. El Emperador le dijo: que él quería 
responder , i enviar con la respuesta uno 
de sus reyes d' armas: i pues él para 
España , habia pedido salvoconducto ; que 
procurase de enviar también salvocon- 
ducto de su Rei, para el rei d'armas , que 
él en Francia enviaría. I, diziendo el rei 



— 272 — 

d' armas , que en ello no habría falta ; se 
despidió. Luego el Emperador, mandó leer 
el cartel del rei de Francia , en alto , para 
que lo pudiesen iodos entender : i fué 
leido . 

Carón. — ¿Por qué no me dizes, siquiera, lo 
que contenia ? 

Mercurio. — ¿Ya no te lo leí, palabra por 
palabra ? 

Carón. — Ya, ya: el que leiste denanles 
debe ser ? 

Mercurio. — Ese raesmo. 

Carón. — ¿No se rieron todos, de oír tan 
crueles badajadas ? 

Mercurio. — Habíanse de reír en presenzia 
de su Prinzipe ? 

Carón. — Cuanto yo; aunque estuvieran pre- 
sentes cincuenta Plutones , i otros tantos 
Vulcanos , bien sé que no me pudiera te- 
ner de risa , oyendo tales disparates. 

Mercurio. — No son todos como tú. Leido, 
pues , el cartel ; vieras al Emperador ha— 
zer una habla, con tanta gravedad, huma- 
nidad y bondad ; que quedaras enamorado 
de sus dulzes é cristianas razones. 

Carón. — ¿Qué dezia? 



- 273 — 

Mekcubio. — Contóles alli, brevemente, lo 
mucho que por el rei de Francia habia 
fecho : i las malas obras , que en lugar de 
agradézimiento , d'él habia rezebido: i 
que habiendo ya tentado todos los medios 
que le habían sido posibles , para vivir con 
él en paz ; é no habiéndola podido alcan- 
zar; le parezia ya, no quedar por hazer, 
sino que ellos dos , por sus personas , de- 
terminasen estas diferenzias. I, que por 
su parte , él estaba determinado á poner 
su vida al tablero, por redimir i rescatar, 
con derramar su propria sangre , los ma- 
les i daños, quepadeze la cristiandad*. 

Carón. — ¿D'esas palabras, me habia yo de 
enamorar, Mercurio? ¿Dónde tienes tu seso? 

Mercurio. — ¿No dijiste, que ni te puede de- 
jar de parezer mal , lo malo ; ni bien , lo 
bueno ? Pues , ¿ qué palabras pudieran ser 
en el mundo, mejores ni mas sanctas, que 
estas? 

Carón. — Sean , cuan buenas i cuan sanctas 
tú quisieres: que, á la Gn, mui dañosas son 
para mi. 

Mercurio. — Después d'esto, concluyó di- 
* El irnpr. cristiandad. 

18 




ziendo : que pues la cosa era venida á los 
términos que veían ; i él , no era de aque- 
llos f que por su sola cabeza se quieren 
gobernar ; cada uno , por su parte , pen- 
sase bien en ello; i le dijese libre i fiel- 
mente , lo que en este caso debiese hazer. 
Todos loaron la buena i sancta intenzion 
de su Majestad; ofreziéndole, no solamente 
consejo ; mas de poner sus vidas , como 
buenos i leales vasallos, por la suya. 

(jAron. — No me pareze bien, que asi públi- 
camente , pidiese el Emperador para esto 
consejo : mostrando, que no sabia lo que 
debia hazer. 

Mbucurio. — Estás engañado. Antes se debe 
tener por mui gran virtud , cuando el 
Prinzipe pide i guia sus cosas , por consejo 
i parezer de los suyos : i , por mui gran 
falta i tacha , cuando solamente se rije i 
gobierna por el suyo ; sin escuchar ni creer 
á los que están cabe él. Bien es verdad, 
que debe mucho mirar, á quién pide , i de 
quién toma consejo. 

Carón. — ¿ No miras , ]\|íercurío , qué priesa 
lleva aquella ánima ? Pareze haberse esca- 
pado de manos del lobo. 



— 275 — 

Mercurio. — Vamos allá. 

Ánima. — Vos otros , ¿ (|ué me queréis? 

Mercurio. — Que nos digas quién eres. 

Anima. — Me detendría con vos otros. 

Mercurio. — Dínoslo , siquiera , por amor de LXUl. 
Jesu-Christo. 

Ánima. — Con ese conjuro, alcanzaréis vos 
otros de mi lo que quisierdes. Hermanos: 
pues lo queréis saber ; yo , en mi moze- 
dad , me puse , no solamente á deprender, 
mas también á esperimentar, la doctrina 
cristiana : pareziéndome aquel solo , ser el 
verdadero camino : i todo lo otro, vanidad. 
1 , como mi intenzion era buena , i mi 
estudiar era siempre mezclado con ora- 
zion ; pidiendo á Dios continuamente su 
grazia, no fiando en mi injenio , ni fuerzas 
proprias ; * hizoseme tan clara la sagrada 
Escriptura ; é yo me di tan de veras á ella; 
que , en poco tiempo , se hallaban ante mi, 
confundidos muchos theólogos, que toda 
su vida , estudiando en sus inútiles sutile- 
zas , habian gastado. I , por no ser casti- 
gado , como aquel siervo que escondió el 
talento de su Señor ; conosciendo , cuan 
* N. B. 




— 276 — 
ahnndante mente habia Dios con migo re— 
parlido su grazia; no quise haberla reze— 
bido en vano: mas, al prinzipio, entre 
amigos, en particular, i después, por los 
pulpitos; comenzé á publicar i sembrar, lo 
que Dios me babia dado : conosciendo ser 
su voluntad , que asi le sirviésemos los 
hombres en la tierra , como es servido de 
losánjelesen el cielo; esta era mi mui ñr- 
me ' intenzion; i á este fin enderezaba yo to- 
das mis palabras i obras; no curándome de 
que mis sermones fuesen mui altos, ni mui 
elegantes , con que fuesen cristianos : ni, 
dándoseme nada que me dijesen idiota ; i, 
mis sermones , no ser de letrado ; con que 
conosciesen ser de cristiano. Sobre todo, 
procuraba siempi-e, de conformar mis obras 
con mis palabras: teniendo por cosa mui 
fea . halhirme yo culpado , en aquello , que 
en los otros reprehendía. É, conosciendo, 
cuan poco fruto haze e) predicador vizioso, 
aunque sus palabras sean las mejores del 
mundo; i cuánta fuerza tiene la doctrina, 
del que libremente, i sin respecto puede 
hablar, como hombre en quien ningún 
* El ímpr. ñnaa. 



— 277 — 

vizio puede ser notado : antes que me pu- 
siese en el pulpito , rogaba con mucho 
fervor i devozion á Dios , que inspirase en 
. mi su grazia; para que de mis palabras se 
seguiese á Él mucho servizio , i provecho 
á su pueblo : rogándole tan bien , que no 
me dejase hablar á mi , mas que su Spi- 
rítu hablase por mi boca. Subido, pues, 
en el pulpito; ni me acordaba de mi , ni 
pensaba en otra cosa : sino inflamado i ar- 
diendo en fuego de caridad i amor de 
Dios , i de aquellos mis prójimos ; dezia 
aqueuo, ywtf * mas rae parezia poderlesapro- 
vechar. 

Mercurio. — ¿ Cómo ordenabas tus sermones? 

Ánima. — AI prinzipio, antes que comenzase 
á hablar ; amonestaba i rogaba á todos, 
que hincadas las rodillas en el suelo , i le- 
vantados los espíritus á Dios ; le pidiesen 
grazia , para que sus ánimas se convertie- 
sen i edificasen, con lo que alli habían de 
oir; i los vizios i malas inclinaziones se 
desterrasen de manera , que saliesen de 
alli nuevos hombres. 

Mercurio. — Sé que la grazia , á la Virjen Ma- 
* El impr. che. 




- 378 - 
ría se suele pedir a] priiizipio del sermón, 
que no á Dios. 

Ánima. — Tan bien , alguniís vezes , hazia yo, 
que llamasen á etla por inlerzesora: mas, 
que prinzi pálmenle la pidiesen á Dios, pues 
1^1 solo puede darla. 

Mercurio. — ¿No les hazias dezir el Ave Ma- 
ría, como los oíros predicadores suelen 
hazer ? 

Anima. — Pocas vezes. 

Mkrcuhio. — ¿ Por -qué ? 

Ánima. — Porque mucho mas se edi6ca el 
ánima , cuando ella mesma se levanla, á 
suplicar una cosa á Dios , de que conosce 
tener nezesidad ; que no , cuando le dizen 
palabras , que las mas vezes , el mesmo 
que las dize no las entiende. I mucho mas 
alcanza de Dios una ánima con sospiros i 
sánelos deseos, que ñola boca con mu- 
chas palabras: estando, como no pocas 
vezes está , el ánima en la plaza , i aun en 
lugares mas profanos. 

Mercurio. —Luego , /té no tenias por buena 
la orazion vocal ? 

Ániha. — Antes ta tenia por mni sánela i ne- 
zesaria : mas tan bien tenia por mui mejor 



— 279 — 

la mental : porque hallaba muchas vezes 
en la sagrada Escriptura , reprehendidos, 
los que oraban con la boca , teniendo el 
corazón apartado de Dios : i hallaba en la 
doctrina cristiana , que los verdaderos 
adoradores , adoraljan al Padre , en spiri- 
tu i en verdad : porque como Dios sea 
spiritu ; quiere ser con el spiritu ado- 
rado. 

Hrrcürio. — ¿Pedida la grazia, qué les dezias? 

Anima. — Si el Evanjelio era pequeño, i la 
Epístola no grande ; dividia mi sermón en 
tres partes : en la primera , declaraba la 
Epístola , i en la segunda , el Evanjelio ; no 
curándome de tractar alli subtilezas , ni de 
mover dificultades : mas solamente , decla- 
rando el sentido literal ; i alguna cosa , que 
manifestase la grandeza i bondad de Dios, 
con que arrebatase en su amor las ánimas 
de los oyentes. Si la Epístola ó el Evanjelio 
era mui largo ; tomaba , para declarar lo 
uno , 6 lo otro ; los lugares donde me pa- LXIV. 
rezia haber mas doctrina: i de las dos 
partes hazia una. 

Mercurio. — ¿ No tomabas tema para tu ser- 
món? 




m 



— 280 — 

Ánima. — Ni en mis sermones, ni en otra 
cosa, quería tener tema con nadie. 

Hbrcurio. — No digo eso: sino, cuando predi- 
cabas , si tomabas un tema , en que fun- 
dabas tu sermón f 

Ániu* . — Bien le entiendo , i , por eso , te 
digo que no : dejando eso , para los temo- 
sos , ó curiosos, que por traer todo lo qué 
<lizen al propósito del lema , que al prin- 
zípio tomaron; aunque sea por fuerza , i de 
los cabellos estirado ; se andan buscando 
roJeos , con que pierden tiempo, i ninj^n 
fructo ganan. La terzera parte, gastaba en 
amonestar i reprehender: mas esto hazia 
yo de manera, que pudiesen lodos cunos- 
cer, no moverme áello, ambizion, pasión, 
ni afizion; mas solamente el bien univer- 
sal. Lo primero, yo me informaba mui 
bien, de la calidad de aquella jente á 
quien predicaba, i de su manera de vivir. 
] si hallaba andar enti-ellos algunas su— 
perstiziones , ¿ nezedades, en las cosas de 
la fé i doctrina cristiana; procuraba, ante 
(odas cosas , de i-emediarlas í desarraigar- 
las , conosciendo cuánta pestilenzia traeo 
coSHB semejantes en los ánimos de los 



— 281 — 

simples : i en esto , procuré siempre de 
dezir la verdad pura i limpia , sin tener 
temor ni respecto á nadie. I sabe Dios los 
trabajos , peligros i persecuziones , que 
yo , á esta causa , pasé : mas, todo lo su- 
fría alegremente , por amor de Aquel, que 
por mi, habia padezido mucho mas. Des- 
pués d' esto, me informaba mui particular- 
mente , de los vizios , que prinzipalmente 
alli reinaban: i aquello reprehendia yo, 
no de manera , que espantase á los vizio- 
sos, para que no viniesen mas á mi sermón; 
mas, con tanto amor i dulzor, que los 
convidaba á venir otras vezes : é , á los 
que prinzipalmente veia notados de algún 
vizio señalado; yo mismo iba á sus casas, 
á predicarles i amonestarles, que se apar- 
tasen d' ellos : i no solamente abhominaba 
i afeaba los vizios, para que los dejasen; 
mas , por otra parte , loaba i hermoseaba 
las virtudes ; para que , en lugar d' ellos, 
las encajasen. Nunca reprehendia cosa, 
sino en su tiempo i lugar : pareziéndome 
mui natal , lo que muchos predicadores 
hazen, reprehendiendo los viziosos ab- 
sentes ; i halagando , i aun á las vezes 



— 282 — 
msnteniendo , los presentes. A los Prtn- 
zipes , Perlados , i Justizias . holgaba mas, 
(te repi'ebender en suü casas en secreto; 
que desde los pulpitos en público: porque 
el vutgo nó les perdiese la reverenzia, 
obedienzia, i acatamiento, que les debe 
tener : de que conoscia seguirse muchos i 
muí grandes inconvenientes. Pero, cuando 
los veia obstinados, i rjue por sus par- 
ticulares intereses, pasiones 6 afiziones; 
dejaban de hazer lo que debían i eran 
obligados; no dejaba yo de repreben— 
derlos , i.afear públicamente lo que hazian; 
é mostrarles lo que debiau hazer: porque, 
de vergüenza, viniesen á hazer, lo que no 
querían de grado: acordándome, que san 
[*ablo , bien osó en público reprehender á 
sancl Pedro, como él mismo escribe á los 
Gálathas. 

Mercurio. — Andándote d' esa manera , á de- 
zir verdades; no te faltarian persecuziones. 

Ániha. — Hasta la muferte nunca me fal- 
taron : mas todo el mal que ellos me 
procuraban hazer; era,lodo el bien , que 
yo deseaba alcanzar. 

Mf-hcubio. — ¿ Cómo es posible ? 



— 283 — 

Ínima. — ¿ Qué mayor bien podia yo desear, 
que padezer aflizíones , por amor de Jesu- 
cristo ; i qué mayor gloría , que morir, 
por mantener i manifestar su verdad ? 

Mercurio. — ¿ I la infamia ? 

Ánima. — Infamia es vivir mal, i en ofensa 
de Dios : i , mui buena fama , la del que 
por su servizio muere ; aunque , por los 
del mundo , sea menos preziado. 

Mercurio. — ¿ I tu cuerpo ? 

Ánima. — Mi cuerpo era tierra: i me haze 
mui poco al caso, que, 6 en la sepoltura, 
ó en otra parte, se conviertí^ en tierra: 
pues, así como asi, resuzitará en el Juizio, 
entero. 

Mercurio. — ¿No te duele, que aquella 
carne , en cuya compañía tantos años vi- 
viste, sea maltratada? 

Ánima. — Los que en tal manera se confede- 
raron con su carne , que ninguna cosa le 
negaban, de las que ella quería; procuran 
de regalarla aun después de muertos: mas 
yo, que tenia continua guerra con ella; no 
solamente no quería regalarla; mas me 
vengo , i huelgo , de que aquella mi ene- 
miga, sea mui maltratada. ^ 




b 



— 284 — 

Hbrojhio. — ¿1 la infamia de tus paríeoles? 

Ániha. — ('uanto mas mis parientes fueren 
abatidos , i menos preziados del mundo; 
tanto serán mas sublimados por Dios; si, 
como yo lo tomo, lo quisieren lomarellos. 

MEHCcnio. ~ ¿ I tus bienes f 

Ánima. — Hís bienes tenia yo, para servir 
con ellos á Dios: i, pues son suyos. Él 
disporná d' ellos lo que mas fuere ser- 
vido. 

Mrrcurio. — ¿ De manera , que tó, te partes 
mui contenta de aquel mundo? 

AfliMA. — ¿Sabes, qué tan contenta? que 
me venia huyendo con la priesa que vistes: 
porque no me tornasen á llamar. Ya , yo 
he hecho lo que me rogastes : también os 
ruego yo, que no me detengáis mas. 

Merciirio. — ¿Qué me miras, Carón? 

Carón. — Estoi tan atónito deoir lo que esta 
Ánima nos ha contado; que no puedo 
acabar de tornar en mi. Cuanto , que si 
muchos tales como este, se levantan entre 
cristianos; bien me podrán dar á mi cient 
azotes por vagabundo. 

Mercurio. — No cures: que por muchos que 
haya , se hallan siempre muchos mas, 



— 285 — 

que los persiguen i espantan , de suerte 
que no se osan mostrar. 

Carón. — No te entiendo, Mercurio. 

Mercurio. — Hai, entre cristianos, un jénero 
de jente , que tiene usurpado el nombre 
de perfizion i sanctidad: i están, muchos de 
ellos , tan lejos de lo uno i de lo otro, 
como nos otros, de subir al cielo. 1, como 
estos veen , que alguno , con obras 6 con 
palabras , comienza á mostrar en qué 
consiste la perfezion cristiana, i la relijion 
i sanctidad , que los cristianos deben tener; 
luego , aquellos , como lobos , Se levantan 
contra él , i lo persiguen ; interpretándole 
mal sus palabras; i levantándole, que dijo 
lo que nunca pensó ; lo acusan , i procu- 
ran de condemnar por hereje. De manera, 
que apenas hai hombre , que ose hablar 
ni vivir , como verdadero cristiano. 

Carón. — ¡O, qué buenos amigos: ojalá 
pudiese yo hazer algo por esos! ¿Di me, 
¿en qué los conosceré ? 

Mercurio. — Traen tantos i tan diversos há- 
bitos , que no te podría dar regla cierta: 
todavía, sí me lo pagas, dezirtelo he, mas 
al oido. 





CtRON. — ¿Por qué no lo dirás alio? 

Mercurio. — Tengo miedo , que me levanten 
á mí , que rabio. 

Gabon. — Dilo , pues , como quisierdes. 

MEBCtiRio. — Llégate acá, 

Carón. — Ha : ha: hé! Yo jurara que eran 
esos. Déjame con ellos: i tomemos á 
nuestro propósito. 

Mercdkio. — Habido , pues , por el Empera- 
dor , el parezer de los de su consejo , i 
de los Grandes i Perlados de sus reinos; 
respondió al rei de Francia, por un cartel , 
no menos prudente que animoso. 

CinoN. — ¿Tiéneslo , por dicha? 

Mercurio. — Mira si lo tenido: i aun escrípto 
en pergamino. 

f Jabón . — ¿ Querrásmelo leer ? 

Mercurio. — Antes le ruego yo, que lo oigas. 

Cabon. — Comienza, pues, por tu vida , aun- 
que sea largo. 

Mebcuhio. — No pudo ser mas corto; porque 
va resumiendo lo que dize el otro: por 
eso , has de estar mui atento. 

Carón. — Vesme aqui palilendido. 



- 287 - 

Mercurio. Cartel del Emperador ai Rei 

de Francia. 

CARLOS, POR LA DIVINA Clbmenzia. E. Em- 
perador de Romanos : Rei de Alemana , i 
de las Españas: etc. — Hago saber , á vos, 
Francisco , por la grazia de Dios , Rei de 
Francia: que, áocho dias d'este mes de 
junio, por Guiena, vuestro rei— de-armas, 
rezebi vuestro cartel fecho á XXVIII de 
marzo : el cual , de mas lejos que hai de 
París aquí, pudiera ser venido mas presto: 
i conforme á lo que , de mi parte , fué 
dicho á vuestro rei-de-armas , os res- 
pondo. A lo que dezis , que en algunas 
respuestas , por mi dadas , á los embaja- 
dores i reyes— de-armas , que por bien de 
la paz me habéis enviado, queriéndome 
yo sin causa escusar , os haya, á vos, 
acusado; yo no he visto otro rei-de armas 
vuestro , que el que me vino en Rurgos á 
intimar la guerra. É , cuanto á mi , no os 
habiendo en cosa alguna errado ; ninguna 
nezesidad tengo de escusarme: mas, á vos, 
vuestra falta es la que os acusa. I, á lo que 
dezis, tener yo vuestra fé , dezis verdad: 




enlendiendo, por la que me distes, pnr la 
capitulazion de Madrid : como pareze por 
escripturas firmadas de vuestra mano, de 
volver á mi poder, como mi prisionero de 
buena guerra , en caso que no cuinpliése- 
des, lo que piir la dicha capitulazion me 
habiades prometido. Mas , haber yo dicho, 
como dezis en vuestro cartel , que estan- 
do , vos , sobre vuestra fé , contra vuestra 
promesa , os érades ido i salido , de mis 
manos i de mi poder; palabras son, que 
nunca yo dije; pues jamás yo preleodi 
tener vuestra fé , de no iros , sino de vol- 
ver en la forma capitulada. 1 si , vos , esto 
hiziérades; ni faltárades á vuestros hijos; 
ni á lo que debéis á vuestra honrra. I , á 
lo que dezis , que pura defender vuestra 
honrra , que , en lal caso , seria , coDlra 
verdad , mui cargada ; habéis querido en- 
viar vuestro cártel , por el cual dezis, 
que aunque en ningún hombre guardado 
puede haber obligazion de fé ; i que esta, 
os sea escusa harto sufiziente; no obstante 
esto; queriendo satisfazer á cada uno, i 
lambien á vuestra honrra, que, dezis, 
queréis guardar, ¡guardaréis, si á Dios 



— 289 — 

plaze, hasta la muerte; me hazeis saber: 
qae si os he querido , ó quiero cargar , no 
solamente de vuestra fé ó libertad ; mas, 
aun de haber jamás hecho cosa , que un 
caballero , amador de su honrra , no deba 
hazer; dezis : que he mentido: i, que 
cuantas vezes lo dijere , mentiré : seyendo 
deliberado, defender vuestra honn a, hasta LXVl, 
la fin de vuestra vida. A esto, os respon- 
do : que mirada la forma de la capitula— 
zion ; vuestra escusa , de ser guardado, no 
puede haber lugar. Mas, pues tan poca 
estima hazeis de vuestra honrra; no me 
maravillo , que neguéis , ser obligado á 
cumplir vuestra promesa. I, vuestras pa- 
labras , no satisfazen por vuestra honrra: 
porque yo he dicho, i diré sin mentir; 
que , vos , habéis fecho ruinmente , i vil- 
mente, en no guardarme la fé que me distes, 
conforme á la capitulazion de Madrid . I, di- 
ziendo esto; no os culpo de cosas secretas 
ni imposibles de probar : pues pareze por 
escripturas de vuestra mano firmadas : las 
cuales, vos, no podéis escusar ni negar. 
I , si quisierdes afirmar lo contrarío ; pues 
ya os tengo yo habilitado solamente para 

19 



— «90 — 
este cuinbale; digo: que, por bien de la 
crisliaiidad , i pur evitar efusión de sant/ue, 
i poner fin á ettla guerra ; i pur defender 
ini justa demanda; manterné, de mí per- 
sona á la vuestra , ser, lo que he dicho, 
verdad. Blas , no quiero usar, con vos, de 
las palabras que vos usáis : pues , vuestras 
obras , sin que yo , ni otro , lo dif^ , son 
las que os desmienten : i también , porque 
cada uno , puede desde lejos , usar de ta- 
les palabras , mas seguramente , que des- 
de cerca. A lo que dezis : que , pues contra 
verdad, os he querido cargar; de aqui 
adelante , no os escriba cosa alguna , mas, 
que asegure el campo , i , vos , traeréis las 
armas ; oonvíene , que hayáis pazienzia de 
que se digan vuestras obras, é que yo os 
rscriba esta respuesta ; por la cual , digo: 
que acepto, el dar del campo; é soy conten- 
to de asegurároslo , por mi parte , por to- 
dos los medios razonables , que para ello 
se podrán hallar. I, á este efecto , i por 
mas prompto é expediente ; desdé agora os 
nombro el lugar para el dicho combate: 
sobre el rio que pasa entre Fuenle-rabia 
i Andaya, en la parle, ide la manera, que 



— 291 — 

de común consenticnienlo será ordenado, 
por mas seguro i conveniente: i me pareze, 
que de razón, no lo podéis en alguna 
manera rehusar : ni dezir, no ser harto 
seguro ; pues en él fuistes , vos , soltado; 
dando vuestros hijos por rehenes; i vuestra 
fé de volver, como dicho es: i también, 
visto , que pues en el mismo rio , fiastes 
vuestra persona , i las de vuestros hijos; 
podéis bien fiar agora la vuestra sola: pues 
porné yo también la mia. I se hallarán 
medios para que no obstante el sitio del 
lugar; ninguna ventaja tenga mas el uno, 
que el otro. I para este efecto ; i para con- 
zertar la eleczion de las armas , que pre- 
tendo yo , pertenezerme á mi , i no á vos; 
i porque en la conclusión no hayan Ion— 
guerias ni dilaziones; podremos enviar 
jentiles hombres , de entramas partes , al 
dicho lugar , con poder bastante para 
platicar i conzertar, asi la igual seguridad 
del campo ; como la elezion de las armas, 
el dia del combate ; i la resta que tocará á 
este efecto. I si dentro de cuarenta días, 
después de la presentazion d' esta ; no me 
respondéis , ni avisáis , de vuestra inten- 




— 292 - 

zion ; bien se podrá ver, que la dilazion 
del combate será vuestra : que os será 
imputado , i ayuntado , con la falta de no 
haber cumplido lo que prometistes en Ma- 
drid. I, cuanto á lo que protestáis : que, 
si después de vuestra declarazion ; en otras 
partes yo digo , ó escribo , palabras contra 
vuestra honrra , que la vergüenza de la 
dilazion del combate será mia; pues que 
venidos á él , cesan todas escripturas; 
vuestra protestazion sería bien escusada, 
pues no me podéis , vos , vedar, que yo no 
diga verdad, aunque os pese. É también 
soi seguro , que no podré yo , rezebir ver- 
güenza, de la dilazion del combate: pues, 
puede todo el mundo conoscer, el afízion, 
que de ver la fin d'él, tengo. Fecha en 
Monzón , en mi reino de Aragón : á veinte 
i cuatro dias del mes de junio , de mili i 
quinientos , i veinte i ocho años. 

Charles.» 

Carón. — A la fé , Mercurio : el que ese car- 
tel escribió, mas queria , que palabras. 
Mercurio. — Dizes la verdad : i aun si bien lo 



— 293 — 

has ponderado , con no menos prudenzia, 
que animo , lo escribió. 

Carón. — Á la fé , no habia yo menester, esos 
ánimos, ni esas prudenzias. 

Mercurio. — Calla, Carón: ¿no miras con 
cuánta gravedad , sube esta ánima ? Sepa- 
mos quién es. 

Carón. — Pregúntaselo , tú, si quisieres. 

Mercurio. — Dinos, Ánima bien aventurada, 
¿qué estado tuviste en el mundo ? 

Ánima. — Ful Cardenal. 

Mercurio. — ¿Cardenal? ¡Qué me dizes! 

m 

Anima. — Asi pasa. 

Mercurio. — Dinos , pues , por caridad : ¿ có- 
mo alcanzaste aquella dignidad , que se da 
pocas vezes por amor de Dios; i cómo te 
gobernaste en ella ? 

Ánima. — Considerando yo , cuan perdida 
estaba la cristiandad , i cuánta nezesidad 
tenia , en muchas cosas , de reformazion: 
deseoso de entender en una tan sancta , i 
tan nezesaria obra : i viendo , que el mas 
conveniente li gar para ello; era estar cabe 
el summo Pontifize ; deseaba hallar medio 
para ser Cardenal: i sabido, que no se LXVIl. 
alcanzaba aquella dignidad, sino ó por di- 



^ 



— 294 — 

ñeros ó por manos *, ó por favor de 
Prinzipes , ó por luengo servizio , tomé por 
mejor partido, comprarla: i, de verdad, 
me cosió mas de veinte i cinco mili duca- 
dos : i f aun yo os prometo , que ante de 
veinte dias me hallé bien arrepentido. 

Mercueio. — ¿Por qué ? 

Ánima. -^ Como comenzé á entrar en consis- 
torio; é vi las cosas que alli se tractaban; i 
los reveses i contradiziones que hallaba, en 
lo que, por el bien público, yo proponía; ba- 
íleme tan turbado; que no sabia disponer 
de mi. A la fin : me parezió , que , pues 
no podia aprovechar á otros ; menos mal 
era aprovecharme á mi, que no, perder- 
me yo también con ellos. Et, no un raes, 
después que rezebi el capelo, les dejé su 
Roma , su púrpura , é su consistorio : i me 
retruje en una abadia que yo tenia : donde, 
en la administrazion de mis frailes , i de 
los otros mis subditos ; mediante la grazia 
de Jesu-Cristo, me goberné, de manera, 
que en recompensa de aquellos pequeños 
trabajos , ha plazido á Dios , darme la vida 
eterna. 

* Manéi^sf?). 



— 295 -- 

MsRCUBio. — A buen amo serviste , razón es 
que hay&s buen galardón. ¿Quieres que 
prosiga , Carón ? 

Carón. — No querría otra cosa. 

Mbrcurio.-^ Ordenado que bobo el Empera- 
dor su respuesta , firmada de su mano ; la 
dio á uno de sus reyes^de-artnas; man- 
dándole , que con toda dilijenzia , la lle- 
vase al reí de Francia , i él mesmo , públi- 
camente se la leyese. É si no la quisiese 
oír ; se la diese en sus manos ; é , habida 
su respuesta , luego se volviese. El rei-de- 
armas se fué para Fuente -rabia, donde 
pensaba hallar el salvo-conduto del rei 
de Francia : i como no hobiese memoria 
d'él; envió un trompeta al Gobernador de 
Bayona , rogándole , que si lo tenia , luego 
se lo enviase, porque él alU no esperaba 
otra cosa. El Gobernador, acabo de nueve 
dias, le respondió: que el rei de Francia, 
su amo, le habia enviado elsalvo-conduto, 
que pedia ; mas con tal condizion , que no 
se 1ó enviase , sin ser primero certificado, 
que traia la segundad del campo i no otra 
cosa. El rei-de-armas le respondió: que él 
llevaba la seguridad del campo , i cargo, , 




— S96 — 
de dezir otras cosas, tocantes al combate, 
i respuesta al caiiel del reí de Francia. El 
Gobernador, replicó diziendo : que si traía 
solamente la seguridad del campo , sia 
otra cosa alguna; le dejaría entrar libre- 
mente OD Francia , i le baria mui buen 
tratamiento : pero que ai traia otra cosa; 
él no lo podia dejar entrar: diziendo: que 
el Rei su amo , no quería palabras , sino 
obras. 

G&RON. — A la fé, tenia razón: ¿qué cumple 
palabras , cuando se puede venir á las 
manos? 

MsBCDRio. — No sabes loque tedizes: antes, 
no se puede venir é las manos ; sin que 
prezedan , primero , mucbas palabras; en 
que se determine i acabe , la causa por 
qué se combate. De otra manera , pareze- 
ría batalla , no de Prlnzipes ; mas riña de 
locos. 1, si bien lo miras, hallarás aqu! 
dos cosas mui rezias : la una , impedir la 
entrada á un rei-de-armas ; que suelen, 
aun entre jente bárbara , tener libertad 
para ir i venir seguramente , por do quie- 
ra ; i la otra , que el Rei de Francia así 
absolutamente , pidiese la seguridad del 



— 297 — 

campo sin aclarar, primero , qué es aque- 
llo , sobre que cperia combatir : ó si el 
Emperador, confesaba , ó negaba , haber 
dicho lo que al reí de Francia habia sido 
referido. 

Carón. — Veamos: ¿él no lo envió escripto i 
firmado de su mano , al Embajador del rei 
de Francia ? 

Mercurio. — Dízes verdad : mas aqpiella car- 
ta , no era llegada en Francia , cuando el 
rei publicó su cartel : ni puede el Rei con 
verdad dezir, que ella lo moviese á desa- 
fío. Allende d'esto , hai mucha diferenzia, 
de lo que dize la carta , á lo que contiene 
el cartel. La carta dize r que el Rei de 
Francia, lo habia hecho vilmente, i ruin- 
mente; en no cumplir lo que habia jurado, 
i prometido: i el cartel refiere haber dicho 
el Emperador que el Rei [de] Francia , se 
habia ido , i soltado de su poder ; contra- 
viniendo á la fé , que le habia dado: cosa, 
que ni nunca el Emperador dijo , ni tam- 
poco habia por qué lo dijese ; habiéndolo 
él , de su propria voluntad , soltado i pues- 
to en libertad: sin nunca tomarle su fé, 
que no se iría : mas , que si no cumpliese 



lo capitutado . volvería á la prisión. De 
manera . que queriendo el Rei de Francia 
disfrazar las palabras , por hazer lu causa , 
(le manífiei'laineDte mala , claramente bue- 
na ; justo era , que aquello se averiguase, 
antes que viaiesen al campo. Porque, ne- 
gando el Emperador haber dicho . lo que 
el Rei de Francia referia ; quizá él . do 
quisiera combatir, sobre las otras pala- 
bras que el Emperador, afirmaba haber 
dicho : i asi , ni hobiera sobre qué comba- 
tir; ni nezesidad , de la seguridad del 
campo, que él tan impertinentemente pe- 
dia. Allende d' esto, el Emperador pudiera 
responder : que el Rei de Francia , siendo 
su prisionero , de justa guerra ; era inhábil 
para desafiar á nadie . cuanto mas á su 
sefior; hasta que cumpliendo lo capitula- 
do , rescatase , ó liberlase la f& , que en su 
poder dejó empellada. Asimismo podía ale- 
f^r, que no se puede venir al combate, 
cuando la diferencia , se puede probar por 
escrípto , ó por testigos ; como aquí mui 
fáiilmente se pudiera hazer. 

Cabon. — ¿Cómo? 

NncDiiio. — El Emperador dijo; que el Rei 



-- 299 - 

de Francia lo había hecho vil i ruinmente, 
en no guardarle la fé, que le había dado. 
Conviene , pues , aqui probar : si romper 
un hombre su fé , es ruindad i vileza : i, si 
el Rei de Francia , la rompió ó no. Lo pri> 
mero , es cosa tan clara i tan averiguada; 
cpie sería vergüenza traerla en disputa: 
pues no hai hombre tan pérfido ó malo, que 
no confíese , i tenga por vileza , romper el 
hombre su fé. Para probar lo segundo , abi 
está la capitulazion de Madrid , fírmada de 
la mano propria del Rei de Francia , i de 
los embajadores de la Rejente , su madre; 
en que jura, promete , ida su fé , de cum- 
plir, todo lo en aquella capitulazion con- 
tenido , en ciertos términos » i á ciertos 
tiempos, allí declarados: i, que en caso, que 
no lo cumpliere; volverá, dentro de cierto 
tiempo, á la prisión. Pues, si el Rei de Fran- 
cia , dio su fé de hazer esto : i lo prueba i 
muestra por escriptura firmada de su pro- 
pria mano , talmente que no lo puede ne- 
gar : i después , no solamente no lo cum- ^ 
pie ; mas claramente dize , que no lo quiere 
cumplir , ¿ no está claro que rompe su fée? 
I , si el que ésta rompe , haze vileza i 



ruindad : cosa averiguada es , que él queda 
por vil i ruin : i . que con verdad , se pae- 
de dezir, haberlo hecho ruÍQmente en 
romper su fé. I. pues esto , se podía pro- 
bar por escripturas auténticas i claras, 
muí bien pudiera el Emperador alegar, 
que no babia nezesidad de combate. 1, 
aunque el Emperador quisiera , como qui- 
so, disimular todas estas causas, por 
donde cesaba el combale ; habilitando ¿I 
al Rei de Francia , como lo habilitó , para 
combalir con él; i señalando, luego, lugar 
seguro para la batalla : habiéndose querido 
el Rei de Francia llamar defensor, por 
usurpar i atribuirse la election de las ar- 
mas ; ¿ no era razón , que siendo el Empe- 
rador desafiado , se examinase i determi- 
nase , primero , cuál era provocador , i 
defensor, antes que venir al combate? 
Pues, para esto, sé que menester eran 
demandas i i-espoeslas; i no pedir, á humo 
muerto , la segundad del campo ; la cual, 
con todo , el Emperador le enviaba : mas, 
juntamente con enviarla , respondia al 
cartel del Rei de Francia , como has oido; 
queriendo llevar la cosa por sus lérmi- 



— 30i — 

nos, i guiarla, como quien que"" desea- 
ba venir á la conclusión della , é no 
contentarse de palabras , como el Reí de 
Francia. 

Carón. — Agora , sus : tú vienes armado para 
defender al Emperador : no quiero dispu- 
tar contigo : prosigue adelante. 

Mercurio. — Esa salida les queda , á los que 
se ponen , como tú agora has hecho , á 
defender una mala causa : mas sea como 
tú quisieres. En Fuenterrabia estuvo el rei- 
de-armas del Emperador, obra de cincuen- 
ta dias , importunando continuamente por 
su salvo-<;onduto : hasta cpie , de pura 
vergüenza , se lo hobieron de enviar: 
mas , todavía , con condizion , que llevase 
la seguridad del campo , i no de otra ma- 
nera. 

Carón. — Ves ahí otra ánima, que sube la 
montaña. Mira, si le quieres preguntar algo. 

Mercurio. — Ta la veo: vamos házia allá, i 
sepamos quién es. 

Carón. — Oido nos ha : escucha : veamos qué 
dize. 

Ánima. — ¿Qué pedis , hermanos ? 
* (Sic.) 



V 




— 302 — 

Mercuhio. — OiM^i^riamos saber quién eres , i 
qué estado loviste en el mundo. 

Anima . — ¥ü fui un pobre fraile : é mi esiado 
era servir ¿ Jesucristo. 

MERCtmio. — ¿Sirviendo á tal seüor, te osas 
llamar pobre t 

ÁniHA. — Pobre me llamo, cuanto al mundo, 
i pobre de virtudes : que de estado i mer- 
zedes , que rezeM de mi Señor ; mas fui 
que rico i bien aventurado. 

Mnctmio. — Bien sé te pareze : mas dínos: 
¿por qué te metiste fraile? 

Ánima. —Bien sé por qué me lo preguntáis. 
Vos otros pensáis haber yo sido de aque- 
llos, que piensan, consistir la relijion , eii 
andar vestido de una ó de otra color : 6 en 
traer el hábito d' esta ó de aquella hechu- 
ra : ó en andar calzado, ó descalzo': 6 en 
traer camisa de lana ó de lienzo : ó en to- 
car, ó dejar de tocar dineros. A la fé, 
hermanos, mui engañados estáis: que 
antes que me metiese fraile , estaba de to- 
do eso mui bien informado. 

Hercubio. — Pues, sabiendo i entendiendo , tú. 
eso; ¿quién te engañó, que tomases una vida 
tanpuesta en razón; i tan fuera de razón? 



— 303 — 

Ánima. — ¿ Tú sabes lo que dizes ? 

Mercurio. — Agora lo verás. ¿ Qué cosa pue- 
de ser mas puesta en razón ; que levan- 
tarse todos á las seis , comer á las diez, 
dormir desde las doze hasta las dos , cenar 
á las seis, acostarse á las siete, estar tan- 
tas horas en el coro , i tantas en el refito- 
río, i tantas en la cama? Veamos: ¿á quien 
esto oyere , no le plazerá , como cosa mui 
razonable? Pero , si por otra parte con- 
sidera , la diversidad de las complesio- 
nes , condiziones , é inclinaziones de los 
hombres: que i uno, le conviene mucho 
dormir para su salud; iá otro daña loque á 
aquel aprovecha; á uno es saludable el 
madrugar, i á otro dañoso; uno sana , i 
otro enferma , ayunando ; á uno es sano 
un' manjar, i á otro le causa enfermeda- 
des; á uno>da la vida , i á otro daña el sue- 
ño de medio dia: á uno conviene traer poca 
ropa , i otro ha menester mucha ; uno se 
huelga de andar descalzo , i otro enferma 
si no anda calzado ; i aun un mismo hom- 
bre está muchas vezes dispuesto para una 
cosa , i otras no. Habiendo , pues , en es- 
tas , i en otras cosas , tanta diversidad en 





— 30i — 
1(19 hombres ; ¿ qué cosa mas fiiera de ra- 
zón puede ser, que limitarles las horas 
que han de comer, dormir, velar, rezar i 
cantar; como si todos Tuesen de una mis- 
ma complision ? 
ÁNIMA. — Mira , hermano : tú, eres un poco 
mas agudo, que sería menester. Si los 
hombres se metiesen frailes , por fuerza; 
podrían se quejar, si les diesen manera de 
vivir, fuera de su natural. Mas, pues, á 
ninguno se baze fuerza ; ninguno tiene 
causa de quejarse. La Regla esta ahí : cada 
uno la puede ver i saber : el que se con- 
tenta d* ella, pareziéndole conformarse con 
su condizion ; tómela mocho en boeaa 
hora : el que no , déjela , que á ninguno 
se haze fuerza : i el que neziamente se 
mete fraile , neziamente se muere , i aun 
quizá se va al infierno. I lo mismo pode- 
mos dezir, del clérigo, i del casado. Yo, 
hermano , viendo la corruption del mun- 
do, i é mf, en estado, que á cada paso 
hallaba mili embarazos en qué tropezar; 
determiné de recojerme en un moneste- 
rio: no, porque no conosciese poder servir 
lan bten é I>io8 , fuera d'él; mas , porque 



— 305 — 

me inclinaba mas, á aquella manera de vi- 
vir, que á otra alguna. Determinado, pues, 
de meterme fraile ; aunduve muchos dias, 
con mucha curiosidad , informándome de 
la regla i forma de vivir de cada orden : i 
después tomé aquella, que me parezió 
mas conforme á mi complession. 

Mbrcurio. — ¿Nunca te arrepentiste? 

Ánima. — Aquellos se arrepienten, que no 
miran lo que toman: mas yo , ¿por qué me 
habia de arrepentir, yendo, como iba, tan 
informado de todo lo que hallé ? De ma- 
nera , que ninguna cosa me era nueva : i 
de lo bueno gozaba, i lo malo disimulaba, 
i sufría con pazienzia. 

Mercurio. — Diz , que monjas i frailes , no 
saben sino pedir. 

Ánima. — Eso hazia yo continuamente: pedir 
grazia á nuestro Señor , para que me en— 
caminase é hiziese perseverar en su ser- 
vizio. 

Mercurio. — No digo, sino cosas mundanas. 

Ánima. — Esas, nunca pedí yo: ni aun las 
quería rezibir de los que me las daban: 
mostrándoles , por la obra , que las me— 
nospreziaba, i que también ellos las debian 

90 




— 306 — 
menos preziar: porque, mucho mas per- 
suaden obrad, que pnlahrae. 

Mercdhio. - Dizes verdad: ¿mas cómo te 
proveías , de )o que habías menester ? 

Ánima. — Poco han menester los frailes, allen- 
de lo que les dan en la orden; sino para 
curiosidades: <le que yo huia mucho. 1 
aquello de que tenia nezesidad , procuraba 
de ganar, li'abajando con mis tnanos. 

Hebcokio. — ¿Tenias ofizio? 

ÁifiMA. —Cuando determiné de meterme frai- 
le ; me puse á deprender un ofizio , con 
que pudiese ganar i proveer mis nezesi- 
dades. sin ser molesto á ninguno: í, aun 
lo que me sobraba, repartía oon mis com- 
paBepos: espezialmenle con predicadores 
i confesores: porque no lo anduviesen 
pidiendo ¿ los seglares. 

IfsBCURio. — Diz . que muchosse melea frai- 
les, por ser oziosos, i no trabajar i ganar 
de comer ? 

Anima. — ¥o nosé, loque otros hazea. De mi, 
te sé dezir , que rae metí fraile , por poder 
honestamente trabajar, i do estar ozioso. 
Porque , ni mi linaje , ni mi estado , me 
consentían trabajar, si no mudaba el hábito. 



— 307 — 

Mercurio. ~ ¿ Cómo te agradaba la hipocre- 

sia , que suele ser compañera de los frailes? 
Ánima. — Digote , que muchos dias me de- 
tuve de meterme fraile , por no obligarme 

á fijijir sanctidad. Tanto aborrezia la hi- 

pocresia. Mas, á la fin, cuando determiné 

de ser fraile; determiné juntamente de 

vivir de manera, que no toviese nezesidad 

de mostrar, de fuera , mas de lo que ha- 

bia dentro. 
Mercurio. — Por la mayor parte, los frailes, 

siembran i mantienen superstiziones. LXX. 

Ánima. — Eso hazen, los que, ó no quieren 

trabajar, para sus nezesidades; ó andan 

buscando cósicas para sus curiosidades: 

los cuales , por esto , han de buscar in— 

venziones con que sacar del vulgo , lo que 

quizá, de otra manera , les seria negado. 

Mas , el que huye las curiosidades , i tra- 
baja con sus manos , para proveerse de lo 

nezesario; mui lejos está, de sembrar, i 

mantener superstiziones. ^ 

Mercurio. — Diz, que es natural vizio en los 

frailes , la murmurazion , i ser maldi- 

zientes. 
Anima. — JSlque seyeodo seglar tenia efttos 



^ 308 — 

vizios , puede ser , que no los deje en el 
moneslerio: mas , el que, seglar, los abo- 
rreció: mucho mas los aborreze , fraile. 

Mercukio. — Los frailes, son tenidos por 
ambiziosos: asi, en procurar prelazias, en 
sus Órdenes ; como , buenos Obispados , i 
aun Capelos , fuera d' ellas. 

Ánima. — Como la ambizion , sea vizio á to- 
dos estados común ; no te maravilles , que 
reine tan bien entre los frailes , que son 
hombres como los otros. De mí, te sé 
dezir, que siempre la aborrezí; i fui d' ella, 
como de cosa mui pestilenzial : conten- 
tándome , de tener cargo de mí mismo. 

Mercurio. — Gran trabajo debe ser, sufrir 
un prior, ó guardián, nezio. 

Ánima. — Trabajo es, para los que lo tienen 
por trabajo : mas , ya sabes , que no hai 
cosa tan fázil , que no sea dificultosa , si 
la hazes forzado: ni tan diGzil; que no sea 
fázil, si la bizieres de buena gana. 

Mercurio. — Si: pero rezia cosa es de sufrir 
un hombre grosero. 

Ánima. — Si te pareze , i la tienes por rezia; 
rezia será : mas , si considerando tú , que 
eres hombre como aquel , i del mesmome- 



— 309 — 

tal que aquel : i que te pudiera Dios , hazer 
tan nezio, ó grosero, como acpel; cuantas 
mas groserías i nezedades, en él vieres; tan- 
tas mas grazias darás tú á Dios, que te libró 
d' ellas; i te holgarás de verte libre d' ellas. 

Mercurio. — Bien: ¿pero, no es rezia cosa, 
que se den cargos á semejantes personas? 

Ánima. — Hermano, mira: en todos estados, 
i jéneros de hombres, está agora el mundo 
de manera; que por maravilla, se dan car- 
gos, ni ofizios , ni benefizios ; sino á los 
que con artes i granjerias , los andan pro- 
curando: é, como ningún hombre pruden- 
te , bueno , i virtuoso ; se quiere poner 
á pedir i procurar cosas semejantes; pare- 
ziéndole, que, de razón , le debrian rogar 
con ellas ; es forzado , que , por la mayor 
parte , los cargos , ofizios , i benefizios; 
caigan en ruines é ignorantes. Yo me he 
detenido mas de loque pensaba, i me voi, 
con vuestra lizenzia. 

Carón. — Antes lo bebieras hecho. ¿No mi- 
ráis , de qué me sirven á ral , estas philo- 
solphias? Ea , pues, tú, Mercurio, acaba: 
si quieres contarme esa tu historia. No me 
la hagas tanto desear. 



— 310 — 
Mercurio. —Habido por el rei-ile-armas, el 
salvo-conducto del Rei de Francia; á la 
misma hora, partió de Fuente-rrabia ; i 
vestida su cota de armas , entró en Fran- 
cia , protestando : que por haber pedido 
salvo-conducto; no entendía derogar á los 
previllejos, i preheminenzias de sd oGzio: 
i asi , siguió su camino, hasta cerca de la 
ciudad de París, donde pensaba hallar al 
Reí de Francia : mas el Reí temiendo su 
venida, i por dilatar de oir lo que de parte 
del Emperador traía ; andaba por las flo- 
restas , cazando: no permitiendo, que el 
reí— de— armas le viniese á hablar. Mas, 
domo él continuase en sus protestaziones; 
viendo , que sin muí grande infamia , no 
pedia mas detenerlo; se vino ¿ París: 
donde, en presenzia de muchos grandes 
señores, perlados í caballeros, asi franceses 
como de oirás naziones , finjíó querer dar 
audienzia al rei-dé-armas : roas en tal 
manera lo Bnjia; que, por otra parte, 
mostraba bien, la poca gana que tenía del 
combate. 
('arow. — ¡Cómo? 
HERCitRio. — Antes que el reí— de— armas en— 



— 344 — 

traae; el Rei de Francia hizo un muí largo 
razonamiento á todos los que estaban pre- 
sentes: dizíeodo las causas por qué los 
había ayuntado: i colorando su causa, 
con palabras muí ajenas de la verdad , lo 
menos mal que pudo : concluyendo , que 
en ninguna manera, quería oír palabra 
alguna al reí-«de-armas , del Emperador; 
sí , primero , no le daba la seguridad del 
campo : porque no quería sufrir , que con 
palabras vanas , se dilatase el efecto de 
aquel combate. 

GkR(»¥. — Harto animosamente lo hazia. 

Mercdbio. — I Cómo eres , ó finjes ser, gran 
badajo! Había detenido al rei-de—armas 
cincuenta días en Fuente— rrabia ; i otros 
ocho, ó nueve, andándose cazando, i temía 
de esperar , siquiera media hora , mientra 
que el rei«-de— armas , d^zia* lo que le 
había sido mandado. Como si el Empe- 
rador estuviera ya en el campo esperando: 
i no hobiera lugar de esperar, ni aun 
media hora. Allende ( I' esto, si el Rei de 
Francia deseaba tanto este combate: vea> 
mos con qué se dilataba mas; ¿con oír , ó 
* El jmpr. , dizia. 



^ 



— 3<2 — 

coo dejar de oir , al rei-de-urmas ? No 
oyéndote , quedaba la cosa , no solamente 
dilatada , mas del todo deshecha : porque, 
8Í el desafiador no quiere oir la respuesta 
del desafio; claro está que rehusa el coro- 
bate, i confiesa el delito; i no queda mas, 
que prozeder en la causa. Oyéndolo; ó 
traía aparejado lo que convenia , para el 
combate; ó do: si lo traía; ya el Rei tenia 
lo que demandaba : í si no ; todo era , tor- 
narlo presto á enviar: i la dilazion fuera 
mui poca , en comparazion de la que, 
hasta allí, él mismo había causado. I, á 
lo menos, coDOscieran todos, que no que- 
daba por él. De manera , que declarando, 
DO querer oir al rei— de— armas ; declaraba 
DO tener gana del combate. Acabado su 
razonamiento entró el rei-de-armas del 
Emperador: i antes, que el cuitado pudiese 
abrir la boca para hablar; el Rei de Fran- 
cia , por espantarlo , i hazerle que se tur- 
base , para que no le diese la seguridad 
del campo , que sabia ¿1 bien , que traía 
consigo ; le comienza , con palabras furio- 
sas , á preguntar , si había hecho lo que 
debia á su ofizio : que se acordase , de lo 



— 313 — 

' que había escrípto de Fuente-rrabia , i 
con qué condizion le había sido enviado 
el salvo— conducto. El rei-de-armas ; sin 
responder á esto, le suplicó (como es cos- 
tumbre ) , que le diese lizenzia , para ha- 
zer su ofízio. El Rei de Francia insistía, en 
que no le consentiría hablar palabra : si 
primero no le daba la seguridad del cam- 
po: que fuese hecha i ordenada como 
con venia. El rei-de— armas, por otra par- 
te, dezia, haberle seido mandado, que él 
mismo la leyese : i que si él la queria oír; 
que se la leería: donde no; que se la daria 
en sus manos ; con condizion , que le de- 
jase después, usar de su ofizio. Estonzes, 
el Rei de Francia , no sabiendo qué res- 
ponder á esto; ni queriendo rezebir el 
cartel del Emperador; se levantó , diziendo 
mui rigurosas palabras : i so dejó alli , el 
pobre rei-de-armas , sin quererlo oír , ni 
rezebir el cartel que llevaba. 

Carón. — ¿ Qué me dizes? 

Mercurio. — Esto que oyes. 

Carón. — Pues , veamos ; ¿qué hará agora el 
Emperador? 

Mercurio. — Qué quieres que haga, si el Rei 



.^ 



-su- 
de Francia , do quiere oir sus reyes— d»- 
armas , ni rezebir sos cartelea. 

CuoN. — Arrastrarle ha las armase i pin- 
tarlo ha, como en semejantes <-aso8 se 
Miele hazer. 

Mbrcuuo. ~ Anies, me persuado yo laato de 
su moilestia i bondad, que no se poroá, 
en faazerle una afrenta como esa: porque, 
aunque sea sn enemigo; é la fin, es Prin- 
zipe i cristiano : i es honesto , que se le 
tenga algún respecto: pues los buenos, 
con virlod so prezian venzer. 

Carón. — ¿De manera, que no habrá ya 
memoria d'ese combate f 

Hbhoirio. — Ninguna. 

Carón. — Si supieses de qué cuidado me has 
quitado; maravtllartefas. Qoe, -de verdad: 
ba muchos dias , que no estaba en mi 
seso, pensando en el mal . <foe d*este 
combate se me recrezia. Siempre me sue- 
les , tú , alegrar , con mili buenas nuevas: 
é yo, nunca bago nada por ti. Si te pa— 
reze , que es hora , vamos á holgar im 
rato con Proserpina. 

Mercdrio. — Soi contento: mas sepamos prime- 
ro, qué ioima es esta, que viene cantando. 



— 345 — 

« 

Carón. — Pareze urajer. 

Mercurio. — Asf es. 

Carón. — No sé , si huirá de nos otros. 

Ánima. --A las vezes, las que mas huyen, 
son las que mas presto se dejan alcanzar. 
Pues en el mundo no huí de hombres (de 
quien me podia temer") , teniendo en mi, 
firme propósito de vivir castamente ; ¿ por 
qué hfriré agora de vos otros , de quien 
ninguna afrenta puedo esperar ? 

Mercurio. — | O, ánimo , no de mujer ; mas 
de hombre mui esforzado! ¿Querrás nos 
dezir, qué tal fué tu vida en el mundo ? 

Ánima. — I , aun de mui buena voluntad. El 
mayor bien que mis padres me dejaron, 
faé bezarme á leer, i un poco de latín : i 
afizionéme tanto, á leer en la Sacra Escrip- 
tura , que d' ella sabia mucho : i junta- 
mente con saberla , procuraba de confor- 
naar mi vida i costumbres , con ella : no 
dejando de ensefiar á mis amigas i compa- 
ñeras , que conmigo conversaban, aquello 
cpie Dios á mi me habia enseñado: mas, 
con tanta modestia i templanza , que no 
pudiese ser reprehendida: conosciendo, 
cnanto era mt sexo i edad peligrosa : i 



A 



r\ 



\ 

V 



— 316 — 

cuan recalada debía andar de mi mesma* 
Porque , sin dubda , las mujeres , mucho 
mas que los hombres; tenemos nezesidad 
de tener por sospechosa, cualquier opi- 
nión en que caemos : hasta que se haya 
mui bien, primero, examinada i comuni- 
cada. 1, porque el callar en las mujeres; 
espezialmente donzellas; es tan conve- 
niente i honesto; como malo i deshonesto, 
el demasiado hablar ; siempre procuraba 
yo , que mis obras , predicasen anles que 
mis palabras. D'esta manera vivt muchos 
aBos , sin voluntad de ser monja , ni de ca- 
sarme : viendo , la una vida , ser mui ajena 
de mi condízion: i los peligros, í trabajos, 
que en la otra hai. Espezialmente, temía, 
que me darían algún marido , tan apaisado 
de mis fines ; que , ó me perverliese á mí; 
ó toviese mui trabajosa vida con él. A esta 
causa , determiné de no casarme : mas , á 
la fin , todo bien considerado ; acordándo- 
me de las exzelenzias, que del matrimonio 
había leído : i pareziéndome cosa dificulto- 
sa, guardar, como se debe guardarla vir- 
jínidad: aunque aquel estado sea mas alto 
i exzellente: i por Jesu Cristo, con ejemplo 



-- 317- 

¡ con palabras : ¡después, por san Pablo 
aconsejado , i por muchos sánelos seguido; 
tomé por seguro para raí casarme. Mas, co- 
mo no sea lizilo i honesto á las mujeres, 
escojer el marido que ellas quieren : mas 
parezen obligadas á tomar, el que sus 
padres , hermanos 6 parientes quieren * 
darles : aunque yo , no pocas vezes les ro- 
gaba, que no mirasen á linaje, ni á bie- 
nes mundanos , ni á hermosura del cuer- 
po; sino á las virtudes del ánima , porque 
con estas me entendia yo casar: á la fin, 
me dieron un marido , con quien , sabe 
Dios lo que al prinzipio yo pasé: pero to- 
davía lo sufría con pazienzia; esperando 
en la bondad de'Dios , que yo lo atraería 
antes á él á mi condizion , que él á mi á 
la suya. I dime tan buena maña; contra- 
minando sus vizios con virtudes , su so- 
berbia con mansedumbre , su aspereza 
con halagos , su prodigalidad con tem- 
planza, sus juegos i lujurias con castos i 
sanctos ejerzizios , i su ira con pazienzia; 
gobernándome siempre con él , con pro- 
funda i entera humildad : á tiempos , disi- 
* Quieran (?). 



r\ 




-318 - 

mulando un¡)s coeaa : á tiempos , Utlerando 
i permittendo olres : i á tiempoj reprehen- 
diendo dulzemenle aquellas cosas , que 
cltirainenle roe pureziaa dignas de repre- 
hensión: que, poco á poco, le amansé. 
De manera . que te hize dejar todos sas 
vizios i malas costumbres : i abrazarse tan 
de veras, con las virtudes; que, desde á 
pocos dias, yo aprendí d'él, lo que él 
aprendía de mi. I asi vezándonos * e) uno 
al otro , i procurándonos de contentar el 
uno al otro; viviamosen tanta paz , amor, 
i concordia ; que todos se maravillaban de 
verlo á él tan mudado , i de lo que yo con 
él habia trabajado , i de la conforroidad 
que ya teniamos. 

Mbrcobio. — ¿Hobistes hijos? 

Ámiha. — Hachos años estovimossin ellos. 

Mebcorio. — ¿No tenias pena de verte estéril? 

Al>M*. — Pena tjeneo de no parir, las que 
viven i qoerríao parir para el: mas yo, 
qne no vívia , ni quería nada para mi ; no 
tenía , de qué tener |>eDa. Mientras Dios 
no me daba hijos; dábale muchas ^razias 

* El impr. , Aezándonos. 



- 319 — 

por ello : persuadiéndome , que asi conve- 
nía á mi provecho, i á su servicio. Cuando 
me los dio; las mesmas grazias le daba: 
suplicándole , los enderezase i enseñase, 
para su servizio : procurando , cuanto en 
n^ era , de industriarlos para este efecto. 

Mbrcdbio. -*— Maravillóme d' eso que me dizes: 
porque suelen las mujeres , con mucha 
curiosidad , importunar á Dios , que les dé 
hijos. 

Ánima. — Yo era mui contraria i esa opinión: 
no , porque no toviese yo los hijos , por 
un espezial don de Dios ; mas , porque 
siéndome inzierto, qué tales habían de 
ser; oo osaba desearlos: sino, que Dios 
hiziese , lo que fuese su voluntad : teniendo 
por cierto , que aquello que £1 ordenase, 
seria lo mejor. I las mujeres que son d' es- 
ta mi opinión , Dios sabe , de cuántas su- 
.perstiziones se encapan, que, por haber 
hijos , á cada paso se bazen , con no poco 
deservicio de Dios , i detrimento de la re- 
Ujion crisUana. 

Mercurio. — ¿Toviste hijos , ó hjjas ? 

Ánima. — Hijas. 

Mercurio. — ¡Qué trabajo I 




-320 — 

Anima. — Trabajo? Antes, es mui gran des- 
canso, para las madres, tener hijas , con 
quien se puedan descuidar, i á quien pue- 
dan doctrinar. Que las buenas madres, 
mas se huelgan con las hijas , que con los 
hijos : porque las hijas , las acompañan i 
sirven hasta la muerte , i nunca les pierden 
el amor : mns los hijos , aun no son nasci- 
dos, cuando se van por ahi; que ni co- 
noscen, ni tienen amor, á padre ni á 
madre. Allende d'esto: por maravilla, 
veréis una hija desobediente : i mui raros 
son los hijos obedientes. Pocas vezes ve- 
mos hijas desconformes de sus padres : i á 
cada paso hallamos hijos , perseguidores 
de sus madres. 

Hrrcurio. — Gran trabajo es , el que pasan 
las madres , en guardar las hijas. 

Ánima. — Habiasde dezir, las ruines madres: 
porque, cual es la madre; tal es la hija: 
i 7 por eso , cuanto es dificultoso i trabajo- 
so á las ruines . guardar que sus hijas no 
lo sean ; tanto es (&zil á las buenas , hazer 
que sus hijas les parezcan. 

Mercurio. — | Qué de congojas pasan las ma- 
dres con las hijas I 



i 



— 321 — 

Ánima. — Muchas mas con los hijos: que 
desde que nascen, andan sujetos á mili 
peligros: cuando niños*, de ¿/e^rcalabrar- 
se**, ó lisiarse: i cuando grandes, de 
perder la vida : i , á la iin , no falta un ca- 
mino largo, ó una guerra en que mueren, 
dando mortal congoja á sus padres. LXXUl. 

Meucürio. — Gran trabajo es buscar, i aun 
comprar casamientos para las hijas. 

Anima. — D'ese trabajo fui yo bien libre: 
porque crié mis hijas tan virtuosas , i ha- 
bía tantos que las deseaban por mujeres; 
que tove bien en qué escojer. Verdad es 
que el dote suele trabajar á los padres; 
mas como yo no toviese respecto á la va- 
nagloria del mundo; i me inclinase antes 
Á casar mis hijas con virtuosos , que con 
ricos ni poderosos ; fázilmente , i con poco 
trabajo , las casé todas : i aun mucho á mi 
voluntad. I con cuatro hijas , cobré cuatro 
yernos, que tove yo siempre por hijos: i 
ellos á mi por madre. Lo que no acaeze á 
las que casan hijos : que con tantas nueras, 
cobran tantas enemigas. 



* El impr. , niños. 

** El impr. , desdeca\d\irdXiáo%t. 



SI 




I 

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— 328- 

M£RCUBio. — ¿Cómo le habías , con tus cria- 
dos i criadas ? 

Ánima. — Como con mis hijos: docirínándo- 
los , i guiándolos , en aqoello que debían 
hazer, para servir á Dios. 

MBacuRio. — ¿Haziaslos ayunar, rezar, i dis- 
zeplinarse? 

Ánima. — Yo te diré: las cosas, que en si, son 
siempre , i en todo lugar, buenas; i que 
sin pecado no se pueden dejar; les enco- 
mendaba yo sobre todo : procurando , que 
solo un punto no se apartasen d' ellas. De 
las otras, que á unos son buenas i arman, 
i á otros no: en unos tiempos, se halla la 
persona dispuesta para ellas, i en otros 
no : á unos sanan , i á otros matan : á unos 
aprovechan , i á otros dañan : les enco- 
mendaba , que usasen con mucha discre- 
zion: apartando siempre, í desterrando de 
mi casa toda manera de superstizion i de 
hipocresía : queriendo que hobiese mucho 
mas en lo interior, de lo que se mostraba 
en lo exterior. 

Mercurio. — ¿De qué edad moriste? 

Ánima. — De cincuenta años. 

Mercurio. — ¿Heziste testamento? 



— 323 — 

Ánima . — Todo eso , dejo encomendado á mi 
marido : é yo me voi á gozar de aquel 
sammo i perfecto bien , por mi tanto de- 
seado. Por eso , no me detengas mas. 

Carón. — Déjala ir, Mercurio: cata, que se 
haze tarde. 

Mercurio. — Que me plaze. Mas ves aqui otra 
ánima , que viene á mas andar. Sepamos 
quién es. 

Carón. — ¿ Tú no vees , que es monja ? 

Mercurio. — Vamos la á hablar. 

Garon. — Déjala, asi gozes: que , á la fin. es 
mujer, i monja: i si comienza, nunca aca- 
bará. Vamos: que ya nos estará esperando 
Proserpina. 

Mercurio. — Vamos. 



DIÁLOGO EN QUE PARTICULARMENTE SE 

TRATAN LAS COSAS AGAEZIDAS EN ROMA , EL 

AÑO DE MDXXVII. A GLORIA DE DIOS, I 

BIEN UNIVERSAL DE LA REPÚBLICA 

CRISTIANA. IMPRESO £N PARÍS 

EN EL AÑO DE SALUD 

1S86. 




El Corredor de la imprimeria al prudente 

Lector. 

LiONSiDERANDO, 60 Cuánta estima sean en este tiem- 
po, los que hablan diversos lenguajes: i en cuan di- 
versas rejiones del orbe se estienda el uso de la lengua 
española ; procuré que estos tratadicos españoles se 
imprimiessen con nuestros nuevos caracteres. Pero 
siendo la primera prueba que hazemos en esta len- 
gua , no nos fué posible usar de tanta dilijentía , que 
el author no hallasse munchas faltas, así en la orlho- 
graphia, conjunción de letras, i separaron de par- 
tes, como en la permntafion de vocales, en los cuales 
yerros suelen fázilmente caer los que componen i 
corrijen libros en lenguas que no les son tan fami- 
liares como la suya materna. 

Por tanto, te rogamos, benigno lector, quieras 
interpretar á buena parte nuestra intenzion ; i tomes 
algún trabajo en corrcjir los yerros , que vieres seer 
de mayor importanzia, i que te podrán impedir el 
curso de la lízion. Hazemos, entre tanto, promesa, 
de poner mayor dilíjentia en los libros, que en esta 
lengua imprimiéremos. 



AL LECTOR. 



Xjs tan grande la ceguedad en que , por la II. 
mayor parte , está hoi el mundo puesto; 
que no me maravillo de los falsos juizios, 
que el vulgo haze , sobre lo que nuevamente 
haenRomaacaezído: porque, como piensan, 
la relijion consistir solamente , en estas co- 
sas exteriores; viéndolas assimaltractar, paré- 
zeles, que enteramente va perdida la fé. I, á 
la verdad , ansi como no puedo dejar de loar 
la santa afizion , con que el vulgo á esto se 
mueve ; assl no me puede parezer bien , eU 
silenzio que tienen los que lo debrian des- 
engañar. Viendo pues yo, poruña parte, 
cuan perjudizial seria , primeramente á la 
gloria de Dios , i después á la salud de su 



1 






\ 



\i 



piiet>lo crísliano, i también á la honrra desle 
críslianbimo Reí i Emperador, que Dios nos 
ha dado ; si esta cosa, asst quedase solapada: 
nías, con simplizidad i entrañable amor, qua 
con loca arroganzia ; me atreví á complir con 
eele pequeño servizio , las tres cosas prtnzí- 
pales á que los hombres son obligados. No 
dejaba de conozer, ser la materia mas ardua 
i alta, que la medida de mis fuerzas : pero 
también conozia, que donde hai buena in— 
tenzion , Jesu Cristo alumbra el entendimien- 
to , i suple con su {^razia , lo que ^llan las 
Tuerzas , i szieniciu , por humano injenio al- 
canzada. También se nic representaban los 
falsos juizios que sn|)crstiziosos i fariseos, 
sobre esto han áa hazcr : pero ténganse por 
dicho, que yo no eí^cril>o á ellos, sinoá ver- 
daderos cristianos i amadores de Jesn Cristo. 
También \ciíi las contrariedades del vulgo, 
que está tan asido á las cosas visibles , que 
casi tiene por burla, las invisibles. Pero 
acordéme, que noescribia á jentiles, sino á 
cristianos: cuya perfiíion es, distraerse de 
las cosas visibles , i amar las invisibles. Acor- 



— 329 — 

déme , que no escribía á jeiite bruta : sino á 
españoles : cuyos injenios , no hai cosa tan 
ardua , que fázilmente no puedan alcanzar. 
I pues que mi deseo , es el que mis palabras 
manifiestan , fázilmente me persuado , po- 
der, de todos los discretos i no finjidos 
cristianos, alcanzar, que si alguna falta en 
este Diálogo hallaren , interpretándolo á la 
mejor parte , echen la culpa á mi ignoranzia: 
i no presuman de creer, que en ella inter- 
venga malizia , pues en todo me someto á la 
correczion , i juizio de la sancta Iglesia : la 
cual confieso por madre [de diszípulos de 
verdad.] 




ARGUHEnTO. 

Uq cibillero maocebo de It G6r(e del Emperador, llamado 
LACTAKcio, (opó en la plaza de Vall8doHd,coo un abcbmako, 
que venia de Boma; en hábito de toldado: i, eotnndo eo 
Sanct FrancUco , hablan sobre las cosas en Roma acaezidas. 
En la primera parte, muestra Laclando, al Arcediano, cómo 
el Emperador ninguna culpa en ello tiene : i en la segunda, 
cómo todo lo ha permitido Dios, por el bien de la cristiandad. 



LACTANCIO. ARCEDIANO . 



Lactancio. — ¡ Válame Dios ! ¿ Es aquel el Arci- 
diano del Viso, el mayor amigo que yo 
tenia en Roma? Parézele cosa estraña, 
aunque no en el hábito. Debe ser algún 
hermano suyo. No quiero pasar sin hablar- 
le, sea quien fuere. Dezi, jentil hombre; 
¿sois hermano del Arcidiano del Viso? 

Arcediano. — Cómo, señor Lactancio; ¿tan III. 
presto me habéis desconozido? Bien pa- 
reze , que la fortuna muda presto el co- 
noszimiento. 

Lactancio. — ¿ Qué me dezis ? Luego, vos sois 
el mesmo Arcidiano! 

Arcediano. — SI, señor, á vuestro servizio. 

Lactanoo. — ¿Quién os pudiera conozer de 
la manera que venis ? Soliades traer vues- 
tras ropas , unas mas luengas que otras, 
arrastrando por el suelo: vuestro bonete i 
hábito eclesiástico: vuestros mozos i muía 




\ 



I 



— 332 — 
reverenda : veoos agora á pié , solo ; i un 
sayo corto; una cai>a frisada, sin pelo: esa 
espada tan larga: ese bonete de soldado... 
Pues, allende deslo, con esa barba tan 
larga, i esa cabeza sin ninguna señal de 
corona; ¿quiéti os pudiera conozer? 

Abcediano. — ¿Quién, señor? Quien conos— 
ziese el hábito por el hombre, i no el 
hombre (>or el hábito. 

Lactancio. — Si la memoria ha errado, no es 
razón, que por ella pague la voluntad, que 
pocas vezes suele en mi diminuirse. Has, 
dezime, asi os vala Dios, ¿qué mudanza 
ha sido esla ? 

Arcediano. — No debéis haber oído, lo que 
agora nuevamente en Roma ha pasado. 

Lactancio. — Oído he algo dello. Pero, ¿qué 
tiene que hazerlo de Roma, con el mudar 
del vestido? 

Abcediano. — Pues que eso preguntáis , no lo 
debéis saber todo, Hágoos saber, que ya 
no hai hombre en Roma, que ose parezer 
en hábito eclesiástico por las calles. 

Lactancio. — ¿Qué dezis? 

Arcediano. — Digo, que cuando yo partí de 
Roma, la persecuzion contra los clérigos 



— 333 — 

era tan grande, que no había hombre, que 
en hábito de clérigo ni de fraile osase an- 
dar por las calles. 

Lactancio. — i O, maravilloso Dios : i cuan in- 
comprehensibles son tus juizios! Veamos, 
señor : ¿ i hallastes os dentro en Roma 
cuando entró el ejérzito del Emperador? 

Arcediano. — Sí, por mis pecados: alli me 
hallé, ó, por mejor dezir, alli me perdí: 
pues, de cuanto tenia, no me quedó mas 
de lo que vedes. 

Lactancio. — ¿ Por qué no os metiades entre 
los soldados españoles; i salvárades vuestra 
hazienda ? 

Arcediano. — Mis pecados me lo estorbaron: 
i cupiéronme en suerte no sé qué Alema- 
nes: que no pienso haber ganado poco, en 
escapar la vida de sus manos. ' 

Lactancio. — ¿Es verdad todo lo que de allá 
nos escriben , i por acá se dize? 

Arcediano. — Yo no séloque de allá escriben, 
ni lo que acá dizen; pero sé os dezir, que 
es la mas rezia cosa , que nunca hombres 
vieron. Yo no sé cómo acá lo tomáis. 
Parézeme, que no hazeiscasodello. Pues, 
yo os doi mi fé, que no sé si Dios lo querrá 



— 334 — 

ansi disimular. I, aun sien olra parte esto- 
viésemos , donde fuese lizito hablar ; yo di- 
ría perrerias desta boca. 

Lactamoo. — ¿Contra quién? 

Arcediano. — Contra quien ha hecho mas mal 
en la Iglesia de Dios ; que ni turcos , ni 
paganos osaran hazer. 

Lactanqo. — Mirad , señor Arcidiano : bien 
puede ser que estéis engañado, echando la 
culpa á quien no la tiene. Entre nosotros, 
todo puede pasar. Dezidme vos , lo que 
acerca desto sentis, i quizá os desengañaré 
yo de manera , que no culpéis á quien no 
debéis de culpar. 

Arcediano. — Yo soi contento de declararos lo 
que siento acerca desto : pero no en la pla- 
za. Entrémonos, aqui en Sanct Francisco, 
i hablaremos de nuestro «spazio. 

Lagtancio. — Sea como mandáredes. 

Arcediano.^ Pues estamos aqui, donde nadt 
nos oye ; yo os suplico , señor, que lo que 
aqui dijere , no sea mas , de para entre 
nosotros. Los Prinzipes son Prinzipes: i 
no querría hombre ponerse en peligro, 
pudiéndolo escusar. 

Lactancio. --^D'eso podéis estar mui seguro. 



— 33S — 

AacxDUNO. — Pues , veamos, señor Lactancio: 
¿parézeos cosa de fruir*, qu' el Emperador 
haya hecho en Roma lo que nunca infieles 
hízieron ; i que , por su pasión particular, 
i por vengarse de un no s¿ qué , haya asi 
querido destruir la Sede apostólica , con la 
mayor inominia , con el mayor desacato, 
i con la mayor crueldad , que jamás fué IV. 
oída ni vista ? Se qué , los Godos tomaron 
á Roma : pero no tocaron en la iglesia de 
Sanct Pedro : no tocaron las reliquias de 
los sanctos : no tocaron en cosas sagradas. 
I aquellos medio-cristianos , tovieron este 
respecto : i agora, nuestros cristianos (aun- 
que no sé si son dignos de tal nombre), 
ni han dejado iglesias, ni han dejado mo- 
nesteríos, ni han dejado sagrarios: todo 
lo .han violado : todo lo han robado : todo 
lo han profanado : que me maravillo, có- 
mo la tierra no se hunde con ellos , i con 
quien se lo manda i consiente hazello. 
¿ Qué os paresze que dirán los turcos , los 
moros , los judíos , i los luteranos , viendo 
asi mal tratar la cabeza de la cristiandad? 
¡ O , Dios , que tal sufres ! ¡ O , Dios , que 
* Fruir ^ en la Ed. let.gót. : sufrir, en la de Par». 




— 336 — 

tan gran maldad consientes! ¿Esta era la 
defensa que esperaba la Sede apostólica de 
su defensor ? ¿ Esta era la honrra que es- 
))eral)a España de su Rei tan poderoso? 
¿Esta era la gloria , este era el bien , este 
era el acrezentamiento que esperaba toda 
la cristiandad? ¿Para esto adquirieron sus 
abuelos el titulo de Católicos? ¿Para esto 
juntaron tantos reinos i señoríos , debajo 
de un señor? ¿Para esto fué elejido por 
Emperador ? ¿Para esto los Romanos Pon- 
tifizes , le ayudaron á echar los franceses 
de Italia : para que en un dia deshiziese ¿1 
todo lo que sus predezesores , con tanto 
trabajo , i en tanta multitud de años , fun- 
daron? ¡ Tantas iglesias , tantos monaste- 
rios , tantos hospitales , donde Dios solía 
ser servido i honrrado; destruidos i profa- 
nados! ¡ Tantos altares i, aun la misma 

Iglesia del Prínzipe de los Apóstoles, en- 
sangrentados ! ¡ Tantas reliquias robadas: i 
con sacrilegas manos mal tratadas! ¿ Para 
esto juntaron sus predezesores tanta san- 
tidad en aquella ciudad ? ¿ Para esto hon- 
rraron las Iglesias con tantas reliquias; 
para esto les dieron tantos ricos atavies de 



— 337 — 

oro i de plata; para que viniese él, con 
sus manos lavadas , á robarlo , á desha— 
zerlo , á destrmrlo todo? ¡ Soberano Dios! 
¿Será posible , que lan gran crueldad , tan 
gran insulto , tan abominable osadía , lan 
espantoso caso , tan execrable impiedad; 
quede * sin mui rezio , sin raui grave , sin 
muí evidente castigo ? Yo no sé cómo acá 
losentis.'i, silo sentis, no sé cómo lo 
podéis disimular. 
Lactanqo. — Yo he oido con atenzion lodo 
lo que habéis dicho : i , á la verdad , aun- 
que en ello he oido hablar á inunchos; á 
mi parezer, vos lo acrimináis , í afeáis mas 
que ningún otro. I en todo ello , venis mui 
mal informado. I , me pareze , que, no la 
razón, mas la pasión de lo que habéis 
perdido os haze dezir lo que habéis dicho. 
Yo no os quiero responder con pasión, 
como, vos, habéis hecho; porque seria 
dar vozes sin fructo. Mas, sin ellas, yo es-' 
pero , confiando en vuestra díscrezion i 
buen juizio , que antes que de mi os par- 
tais; os daré á entender cuan engañado 
estáis en todo lo que habéis aqui hablado. 
* El ant. ímp. quede : pareze debía dezir queden. 



33 



— 338 — 
Solanicnle os pido , que estéis alentó, i no 
itejcis de replicar cuando tuviéredes qué, 
porque no quedéis con alguna duda. 

Arcbduno.— Dezid lo que quisiéredes: que 
yo os terne por mejor orador que Tulio, 
si vos supiéredes deCender esta causa. 

LiCTANCio. — No quiero , sino que me leogais 
por el Diayor uezio que bai en el mundo; 
si no os la de^endielY^ con evidenlisimas 
causas , i mu! claras razones. I , lo prime- 
ro que haré, será nioslraros, cómo el 
Emperador ninguna culpa tiene en lo que 
CD Roma se lia hecho. I lo segundo , cómo 
todo lo que ha acaezido , ha sido por ma- 
nifiesto juizio de Üios , para castigar aque- 
lla ciudad : donde , con grande ígnonHuia 
de ]a relijion cristiana, reinaban todos los 
vizios que la malizia de los hombres podía 
inventar : i con que) castigo , despertar el 
pueblo cristiano, para que remediados los 
males que padeze, abramos los ojos , i vi- 
vamos como cristianos , pues tanto nos 
preziamos de este nombre. 

Arceduko. — Rezia empresa habéis tomado: 
no sé si podréis salir con ella. 

LiCTiNCio. — Cnanto á lo primero, quiero 



— 339 — 

protestaros , que ninguna cosa de lo que 
aqui se dijere, se dize en perjuizio de la 
dignidad ni de la persona del Papa: pues, 
la dignidad , es razón que de todos sea te- 
nida en venerazion : i , de la persona , por 
cierto, yo no sabría dezir mal ninguno, 
aunque quisiese : pues conozco , lo que 
se ha hecho , no haber stfido por su vo- 
luntad , mas por la maldad de algunas 
personas que cabe sí tenia. I , porque me- 
for nos entendamos , pues la diferenzia es 
entre el Papa i el Emperador, quiero que 
me digáis , primero, qué ofizio es el de Pa- 
pa ; i qué ofizio es el del Emperador : i, á 
qué fin estas dignidades fueron instituidas. 

Arcediano. — A mi parezer, el ofizio del Em- 
perador es , defender sus subditos , i man- 
tenerlos en mucha paz i justizia , favore— 
ziendo los buenos , i castigando los malos. 

Lactancio. — Bien dezis: ¿i el del Papa ? 

Arcediano. — Eso es mas dificultoso de de- 
clarar : porque , si miramos al tiempo de 
Sanct Pedro , es una cosa , i si al de ago- 
ra, otra. 

Lactanqo. — Cuando yo os pregunto, para 
qué fué instituida esta dignidad ; entiende- 



1 

1 



— 340 — 
se , que me habéis de dezír la volunlaJ i 
inlenzion del que U iostituyó. 

Ahceduno. — A mi parezer, fué jnslíluída, 
para que el Sumo PonlíGze tuviese autori- 
dad de declarar la sagrada Bscríptora : i 
para que enseñase al pueblo la doclrÍDa 
cristiana , no solamente con palabras , mas 
con ejemplo de vida : í para qne con 14- 
f^rimas'í oraziones , continuamente rogase 
h Dios por SD pueblo cristiano: i para qae 
esle tuviese el supremo poder de absolver 
á los que hubiesen pecado, i se quisiesen 
convertir : i para declarar por condenados 
á los que en su mal vivir estuviesen obsli- 
nados: ipara que con continuo cuidado 
procurase de mantener los críslíanos en 
mucha paz í concordia : i , finalmente, pa- 
ra que nos quedase acá en la tierra quien 
mui de veras representase la vida i sánelas 
costumbres de Jesu-Gristo nuestro Re- 
dempior , porque los humanos corazones, 
mas aína se atraen con obras, que con 
palabras. Esto es lo que yo puedo colejir 
de la sagrada Scríptura. Si, vos, otra co- 
sa sabéis, dezídla. 

LiCTAROO. — fiasta eso, pora^ora, i mira no 



— 3i4 — 

se os olvide ^ porque lo habremos menes- 
ter á su tiempo. 

Arcediano. — No hará. 

Lactancio, — Pues, si yo os muestro clara-* 
mente * que por haber el Emperador hecho 
aquello, á que vos mesmo habéis dicho 
ser obligado; i, por haber el Papa dejado 
de hazer lo que debia , por su parte , ha 
su5zed¡do la destruizion de. Roma; ¿á quién 
echareis la culpa? 

Arcediano. — Si, vos, eso hazeis (lo que 
yo no creo) , claro está que la terna el 
Papa. 

Lactancio. — Dezidme , pues , agora , vos: 
pues dezis que el Papa fué instituido para 
que imitase á Jesu Cristo ; cuál , pensáis, 
que Jesu Cristo quisiera mas; ¿mantener 
paz entre los suyos ; ó levantarlos i revol- 
verlos en guerra ? 

Arcediano. — Claro está , que el Autor dé la 
paz , ninguna cosa tiene por mas abomi- 
nable que la guerra. 

Lactancio. — Pues , veamos : ¿Cómo será imi- 
tador de Jesu Cristo , el que toma la guer-. _ 
ra , i deshaze la paz ? ^^ 

Arcediano. — Ese tal , mui lejos estaría de 

I 

■ 

i 



— 342 — 

imitarle. Pero, ¿k qué pro|)ó$iio me dezis, 
vos , agora , eso? 

Lactancio. — Digooslo , porque , pues el Em- 
perador defendiendo sus súbdiUM^, como es 
obligado; el Papa, tomó las armas contra 
él , haziendo lo que no debía , i deshizo la 
paz, i levantó nueva guerra en la cris- 
tiandad ; ni el Emperador tiene culpa de 
Vf. los males sus^edidos pues hazia lo que era 
obligado, en defender sus subditos; ni el 
Papa puede estar sin ella , pues hazia lo 
que no debia , en romper la paz , i mover 
guerra en la cristiandad. 

Argeduno. — ¿Qué paz deshizo el Papa, ó 
qué guerra levantó en la cristiandad ? 

Láctancio. — Deshizo la paz que el Empera- 
dor habia hecho con el Rci de Francia, i 
revolvió la guerra que agora tenemos; 
dónde* por justo juizio de Dios le ha venido 
el mal que tiene. 

Arcediano. — Bien estáis en la cuenta. ¿ Dón- 
de halláis , vos , que el Papa levantó ni 
revolvió la guerra contra el Emperador, 

* Aquí, donde, por de donde. Así en Fr. Luis 
de León : do iale á mover guerra , etc. ; por, de do 
\ sale etc. 



— 343 — 

después de hecha ta paz con el reí de 
Francia? 

LACTANao. — Porque , luego, como fué suelto 
de la prisión , le envió un Breve , en que 
le absolvía del juramento que habia hecho 
al Emperador ; para que no fuese obligado 
á cumplir lo que le habia prometido : por- 
que mas libremente pudiese mover guerra 
contra él. 

Arcedíano. — ¿Por dónde sabéis, vos, eso? 
Así habíais , como si fuésedes del consejo 
secreto del Papa. 

Lactancio. — Por muchas vías se sabe: i por 
no perder tiempo , mirad el prinzipio de la 
liga que hizo el Papa con el rei de Francia;- 
i veréis claramente cómo el Papa fué el 
promotor d' ella: i siendo esta tan gran 
verdad, que aun el mismo Papa la confie- 
sa : ¿ Parézeos ahora , á vos , que era esto, 
hazer lo que debía, un Vicario de Jesu- 
cristo? Vos dezis , que su ofizio , era po- 
ner paz entre los discordes: i él, sembraba 
guerra entre los concordes. Dezis , que su 
ofizio era enseñar al pueblo , con palabras 
¡ con obras , la doctrina de Jesu Cristo: 
i él, les enseñaba todas las cosas á ella 



r 



L 



— 3fi — 
conlrarias. Dezís, que su otizio era rogar 
á Dios por su pueblo : í él andaba procu- 
rando de destruirlo. Dezís, que su otizio 
era imitará Jesu Cristo: i ¿I, en todo, ira- 
l>ajaba de serle conli-ario. Jesu Cristo fué 
pobre i humilde , i él , por acrezenlar no 
sé qué señorío tempoi^il , ponía (oda la 
cristiandad en guerra. Jesu Cristo, daba 
bien por mal: i él, mal por bien, haziendo 
liga contra el Emperador, de quien tantos 
beneGzíos había rezebido. No digo esto, 
por injuriar al Papa ; bien sé que no pro- 
vedia del: i que, por malos cnnsejos. era 
á ello instigado. 

Ahcbdiano. — Desu manera, ¿quien lerné en 
eso la culpa? 

LiCTAMCio. — Los que lo ponían en ello, i 
también él, que tenia calie si ruin Jente. 
¿Pensáis, vos, que delante de Dios, se 
escusará un Prinzipe , ecliando la culpa á 
los de su consejo ? No , no. Pues le dio 
Dios juizio, escoja buenas personas que es- 
tén en su consejo, i consejarle han bien. 
1 si las loma, ó las quiere tener malas; 
suya sea la culpa. 1, sí no tiene jwizio 
para escojer personas, deje el señorío. 



— 3i5 — 

Arcediano. — DiRzil cosa les pedís. 

Lactíncio. ¿ Difízil ? ¿ I cómo ; tanto juizio es 
menester para esto? Dezií/me : ¿qué gue- 
rra hai tan justa, que un Vicario de Jesu 
Cristo deba toman contra cristianos , miem- 
bros de un mesmo cuerpo cuya cabeza es 
Christo , i él su Vicario ? 

Arcediano. — El Papa tuvo muncha razón de 
tomar esta guerra contra el Emperador: lo 
uno, porque, primero, él no habia que- 
rido su amistad ; i lo otro , porque tenia 
tomado i usurpado el Estado de Milán, des- 
pojando del , al duque Francisco Esforcia: 
en viendo el Papa esto, se temia que otro 
(lia baria otro tanto contra él , quitándole 
las tierras de la Iglesia. Luego, con mucha 
juslizia i razón , tomó el Papa las armas 
contra el Emperador: así para compelerle 
á que restituyese su Estado al duque de 
Milán; como para asegurar el Estado i 
tierras de la Iglesia. 

f.ACTANCio. — MarabiJIado cstoi , que un hom- 
bre , de lan buen juizio , como vos ; hayáis 
dicho una cosa tan fuera de razón como 
esa. Veamos: ¿i eso, hazíalo el Papa como 
Vicario de Cristo, ó como Julio de Médizis? 



— 346 — 

Vil. Arcediano. — Qaro está que lo hazia como 
Vicario de Cristo. 
LACTAMao. — Pues digo, que el Emperador, 
contra toda razón i justizia , quisiese qui- 
tar todo su Estado al duque de Milán; 
¿qué tenia que Iiazer en eso el Papa? 
¿ Para qué se quiere él meter donde no le 
llaman , i en lo que no toca á su ofizio? 
Como si no tuviese ejemplo de Jesu Cristo, 
para hazer lo contrarío: que llamado para 
que amigablemente partiese una heredad, 
entre dos hermanos , no quiso ir : dando 
ejemplo á los suyos, que no se debían 
entremeter en cosas tan viles i bajas. 
¿ I queréis agora , vos , que se ponga en- 
trellos su Vicario , con mano armada, sin 
que le llamen para ello? ¿Dónde halláis, 
vos, que Jesu Cristo intituyó su Vicario, 
para que fuese juez entre Prinzipes segla- 
res ; cuanto mas ejecutor, i revolvedor de 
guerra entre cristianos? ¿Queréis ver, cuan 
lejos está de ser Vicario de Cristo un 
\ hombre que mueve guerra? Mirad el fructo 

que della se saca , i cuan contraria es, no 

solo á la doctrina cristiana, mas aun á la 

\ natura humana. A todos los animales dio 



■ 



— 347 - 

la natura armas para que se pudiesen de- 
fender, i con que pudiesen ofender : á solo 
el hombre , como á una cosa venida del 
cielo, adonde hai suma concordia ; como á 
una cosa , que acá habia do representar la 
imájen de Dios ; dejó desarmado. No quiso 
que hiziese guerra. Quiso, que , entre los 
hombres , hobiese tanta concordia , como 
en el cielo, eatre los ánjeles. I, ¡que 
agora , seamos venidos á tan gran cstremo 
de ceguedad , que mas brutos que los mis- 
mos brutos animales , mas bestias que las 
raesmas bestias , nos matemos unos á 
otros! Las bestias viven en paz: i noso- 
tros , peores que bestias , vivimos en gue- 
rra. I , entre los hombres , si buscamos 
cómo viven en cada provinzia: en sola la 
cristiandad, que es un rinconzillo del 
mundo; hallareis mas guerra, que en todo 
el mundo. I no tenemos vergüenza de lla- 
marnos cristianos. É, por la mayor parte, 
hallareis que aquellos revuelven , que de- 
brian apaziguarla. Obligado era el Romano 
Ponlífize , pues se prezia de ser Vicario de 
Jesucristo: obligados eran los Cardenales, 
pues quieren ser colunas de la Iglesia: 



— 3i8 — 
ublig9iloB eran los Obispos , siendo pas- 
tores , de poner las vidas por sus ovejas: 
como lo hizo i lo enseñó Jesu Cristo, di- 
ziendn*: t Bonus pastor animam suan 
ponil pro ovibas suis:» mayormenlc sieo- 
do dadas sus rentas al Papa , i á estos 
otros Prelados ; para que , usando de su 
ofizio pastoral, mejor puedan amparar! 
defender sus subditos. I -, agora , por no 
perder ellos un poquillo de sd repulazion; 
ponen toda la cristiandad en armas. ¡O. 
qué jcntil caridad ! Doite yo dineros para 
que me defiendas; i tú, alquilas con ellos 
jenle pava matarme , robarme , i destruir- 
me ! ¿Dónde halláis , vos , que mandó Jesu 
Crislo á los suyos, que híziesen guerra? 
Leed toda la doctrina evanjélica ; leerl 
toddg las epístolas apostólicas ", no halla- 
reis sino paz , concordia i unidad , amor i 
caridad. Cuando Jesu Crislo nazió, no ta- 
ñeron alarma , mas cantaron los ánjeles: 
« Gloria í» cxcelsis Dea , el r» Ierra pax, 

* EsWfiS del cap. X, v. II de San Juan: pero 
üdonile ilíce ponil, K,oa\oxmr al lento griego , la Vul- 
guU<liue(i^^ (.\. dclE.) 

• * La Edic. gitt. cauónirat. 



— 3i9 — 

hominibns bona voluntas* . » Paz nos dio 
cuando nazió : i paz cuando iba ai martirio 
de la cruz. ¿Cuántas vezes amonestó á los 
suyos á esta paz i caridad ? I , aun no 
contento con esto , rogaba al Padre , que 
los suyos fuesen entre si, una mesma 
cosa, como Él con su Padre. ¿Podríase 
pedir mayor conformidad? Pues , aun mas 
quiso: que los que su doctrina siguiesen, 
no se diferenziasen de los otros en vesti— 
dos : ni aun en diferenzias de manjares: 
ni aun en ayunos, ni en ninguna otra cosa VIII. 
exterior: sino en obras de caridad. Pues 
el que esta no tiene , ¿ cómo será cristia- 
no? É si , no ** cristiano, ¿cómo ** Vica- 
rio de Jesu Cristo? Dónde hai guerra, 
¿cómo puede haber caridad? ¡I siendo es- 
te el prinzipal conozimiento de nuestra fé; 
¿ queréis , vos , que la cabeza della , ande 
de él tan apartada ? Si los Prlnzipes segla- 
res se hazen guerra , no es de marabillar: 

* San Lúeas, II, 14, citado aquí conforme al 
orij. gr. , no según la tr. Vulgata. En la Ed. gót. 
según la Vulg. 

* * JEí , será , en la Ed. de París : pero no en 
la gót. 



— 360 — 

pues , como ovejas , siguen á su pastor. Si 
la cal)eza guerrea , forzada * cosa es , que 
peleen los miembros. Del Papa me mará— 
billo, que debria do ser espejo de todas 
las virtudes cristianas , i dechado en quien 
todos nos habíamos de mirar : que habien- 
do (le meter, é mantener á todos , en paz 
i concordia ; aunque fuese con peligro de 
su vida ; quiera hazer guerra , por adqui- 
rir i mantener cosas , que Jesu Cristo 
mandó menospreziar : i , que halle , entre 
cristianos , quien le ayude á una obra tan 
nefanda , execrable , i perjudizial á la 
honrra de Cristo. ¿Qué ceguedad es esta? 
Llámamenos cristianos , i vivimos |)eor 
que turcos, i que brutos animales. Si nos 
purezc, que esta doctrina cristiana es 
alguna burlería , ¿ por qué no la dejamos 
del todo? que , á lo menos, no haríamos 
tantas injurias á aquel, de quien tantas 
merzedes habernos i*ezebido. Mas, pues 
conozemos ser verdadera , i nos prezia- 
mos de llamarnos cristianos , i nos burla- 
mos de los que no lo son ; ¿ por qué no lo 

* Forzado es que ele. Ed. gót. 



— 351 — 

querremos ser nosotros de veras*? ¿por 
qué vivimos como si enlre nosotros , no 
hobiese fé ni leí? Los filósofos i sabios 
antiguos , siendo jentiles , menospreziaron 
las riquezas : ¿i , agora , queréis vos , que 
el Vicario de Jesu Cristo haga guerra , por 
lo que aquellos ciegos paganos no tenían 
en nada? ¿Qué dirá la jente, que, do 
Jesu Cristo , no sabe mas de lo que vee en 
su Vicario , sino , que mucho mejores fue- 
ron aquellos filósofos, que por alcanzar el 
verdadero bien ; que ellos pónian en la 
virtud , menospreziaron las cosas munda- 
nas ; que no Jesu Cristo ; pues veen , que 
su Vicario anda hambreando , i haziendo 
guerra , por adquirir lo que aquellos me- 
nospreziaron ? Veis aquí la honrra que 
hazen á Jesu Cristo sus Vicarios. Veis aquí 
la honrra que le hazen sus ministros . Veis 
aquí la honrra que le hazen , aquellos que 
se mantienen de su sangre. ¡O, sangre 
de Jesu Cristo , tan mal de tus Vicarios 
empleada ! ¡ que , de ti , saque dineros 
este, para matar hombres, para matar 

* De veras: lo añade P. En la Ed. gót. no lo liai. 



cristianos, [tara destruir ciudades, para 
quemar villas; para deshoiirrar donzellas, 
parít hazcr lanlaB viudas, lanías huérfanas, 
tanta miichedumbro de males, como h 
¡guerra trae consigo! ¡Quién vído aquella 
Lombardia , i aun toda lo cristiandad , los 
años pasados , en tanta prosperidad : tan- 
las i tan hermosas ciudades, tanlos ediG- 
zios fuera dellas, tanlos jardines, tantas 
alegrías, tantos plazeres , tantos pasa- 
tiempos! Los labradores cojian sus panes, 
apazentabaii sus ganados, labraban sus 
casas : los ciudadanos i caballeros , cada 
uno en su estado, gozaban libremente de 
sus bitínes , gozaban de sus hereilades, 
acrezenlaban sus rentas, i munchos dellos 
las repartían entre los pobres. 1, después 
que esta maldita guerra se comenzó; 
¡ cuántas ciudades vemos destruidas, cuán- 
tos lugares i edilizios, quemados i despo- 
blados: cuántas vinas i huertas taladas; 
cuántos caballeros, ciudadanos i labrado- 
res, venidos en suma pobreza! ¡Cuántas 
mujeres habrán perdido sus maridos, cuán- 
tos padres i madres si:s amados hijos, 
cuántas donzellas sus esposos, cuántas 



— 353 — 

virjtnes su virjioidad , cuántas mujeres 
forzadas en presenzía de sus maridos, 
cuántos maridos muertos en presenzia de IX. 
sus mujeres , cuántas monjas deshonrra— 
das , é cuánta multitud de hombres faltan 
en la cristiandad! I, lo que peor es, 
¡cuánta multitud de ánimas se habrán ido 
al infierno! É, disimulárnoslo, como si 
fuese una cosa de burla. I , aun no conten- 
to con todo esto el Vicario de Jesu Cristo, 
ya que teniamos paz , nos viene á mover 
nueva guerra, al tiempo que teniamos los 
enemigos de la fé á la puerta , para que 
perdiésemos , como perdimos , el reino de 
Ungria: para que se acabase de destruir 
lo que en la cristiandad quedaba. I, aun 
no contentándose su jente con hazer la 
guerra, como los otros; buscan nuevos 
jéneros de crueldad. ¿Qué tiene que ha- 
zer el Emperador Ñero ; ni Dionisio Sira— 
ensaño; ni cuantos crueles tiranos han, 
hasta hoi, reinado en el mundo; para 
inventar tales crueldades , como el ejérzito 
del Papa , después de haber rompido la 
tregua hecha con Don Hugo de Moneada, 
hizo , en tierras de Colonneses ; que dos 



\ 



— 35Í — 

cristianos , tumaHen |>or las piernas una 
noble donzella , virjen , i leniéndola desnu- 
da, la cabeza baja, viniese otro, i, asi 
viva , la partiese por medio , con una ala- 
barda?.... ¡O, crueldad! ¡O impiedad! 
¡O execrable maldad 1 1, ¿qué había hecho 
aquella pobre donzella ? ¿ I , qué babian 
hecho las mujeres preñadas , que , en pre- 
senzia de sus maridos, les abrían los 
vientres con las crueles espadas ; i , sacada 
la criatura , asi caliente, la ponían á asar 
ante los ojos de la desventurada madre? 
¡O, marabilloso Dios, que tal consientes! 
¡ O , orejas de hombres , que tal cosa po- 
déis oir ! I O , summo Pontifize , que tal 
sufres hazer en tu nombre! ¿Qué mere- 
zian aquellas inozentes criaturas? Malde- 
zimos á Heredes , que hizo matar los niños 
rezien— naszidos : i , tú consientes matar- 
los antes que nazcan ? ¡Dejáraslos, siquie- 
ra, nazer! ¡Dejárasles, siquiera, rezeUr el 
agua del baptismo : no les hizieras perder 
las ánimas, juntamente con las vidas! 
¿Qué merezian aquellas mujeres , porque 
debiesen morir con tauto dolor; i verse 
abiertos sus vientres • é sus hijos jemir en 



- 356 — 

los asadores? ¿Que merezian los desdi- 
chados padres , que morían con el dolor 
de los malogrados hijos , i de las desven- 
turadas madres ? ¿ Cuál judío , turco , mo- 
ro , 6 infiel , querrá ya venir á la fé de 
Jesu Cristo ; pues tales obras rezebimos de 
sus Vicarios? ¿Cuál dellos lo querrá ser- 
vir ni honrrar? I los cristianos que no 
entienden la doctrina cristiana ; ¿ qué han 
de hazer, sino seguir á su pastor ? 1 si 
cada uno lo quiere seguir ; ¿ quién querrá 
vivir entre cristianos? ¿Pa rezeos, señor, 
que se imita así [á] Jesu Cristo? ¿Pa re- 
zeos , que se enseña así , el pueblo cristia- 
no? ¿Parézeos , que se interpreta así la 
sagrada Escriptura? ¿Parézeos , que ruega 
así el pastor por sus ovejas? ¿Parézeos, 
que son estas obras de Vicario de Jesu 
Cristo? ¿Parézeos, que fué para esto 
instituida esta dignidad; para que, con 
ella , se destruyese el pueblo cristiano? 
Arcediano. — No puedo negaros, que no sea 
rezia cosa : mas está ya tan acostumbrado 
en Italia , no tener en nada el Papa que no 
haze guerra; que ternian por mui grande 
afrenta , que , en su tiempo , se perdiese 



— ase- 
sóla una de las almenas de las tierras de la 
Iglesia. 

LACTAtiao. — Por no seros prolijo , quieni 
dejar infinllas razones , que para confun- 
dir esa razón podría yo aquí alegar. Mas, 
vf-ngamos á la extremidad : digo , que el 
Emperador quisiera lomar al Papa las 
tierras de la Iglesia : ¿ no os pareze , que 
fuera menor inconvenienic , que el Papa 
perdiera todo su señotio temporal, que 
no, que la crisiiaudad, i la honrrade Jesu 
Cristo padeziera lo que ha padezido? 

Arckduno. — No, por cierto. ¿1, asi que- 
rriades, vos , despojar á la Iglesia? 

Lactanoo. — ¿Cómo, despojar á la Igleaa? 
¿ A qnién llamáis Iglesia? 

Arcediano. — Al Papa . i ¿ los Cardenales. 

Lactancio. ■ — 1 1 , todo el resto de los cri^ 
lianos , no será también Iglesia como 
esos? 

Abcediano. — Dizen que si. 

LiCTAKCio. — Luego , el señorío i auctoridad 
de la Iglesia , mas consiste en hombres, 
que no en gohernazion de ciudades: i, por 
consiguiente, entonzes estará la Iglesia 
mui acrezentada , cuando hobiere mun- 



— 357 — 

chos cristianos: estonzes despojada, cuan- 
do hobiere pocos. 

Arceduno. — A mi, asi pareze. 

Lagtancio. — Luego, el que es causa de. la 
muerte de un hombre, mas despoja la 
Iglesia de Jesu Cristo, que no, el que quita 
al romano Pontífize su señorío temporal. 

Arcediano. — Ansi sea*. 

Lagtancio. — Pues , dezidme . vos , ahora: 
¿ cuántas personas serán muertas, después 
que él Papa comenzó esta guerra, por 
asegurar , como dezis , su Estado ? Dejo 
los otros males que la guerra trae consigo. 

Arcediano. — Infinitas. 

LACTANao. — Luego , mas ha despojado él la 
Iglesia de Dios , que la despojarla , quien 
quitase á él su señorío temporal. Veamos: 
si alguno quisiera tomar la capa á Jesu 
Cristo; ¿creéis que se pusiera en armas 
para defenderla ? 

Arcediano. — No. 

LACTANao. — Pues , ¿ por qué queréis que el 
Papa lo haga , pues dezis , que fué insti- 
tuido para que imitase á Jesu Cristo? 

* Pareze modismo equivalente al moderno : sea 
asi : q. d. concedo : no lo disputo, f Edit. ) 



— 358 — 

AR€KüiANo. — De esa manera, nunca la Iglesia 
(ernia señorío: cada uno se lo querría 
quitar , si supiese que el Papa no lo había 
de defender. 

Lactango. — Si es nezesario , i provechoso, 
que los sumos Contifizes tengan señorio 
temporal, ó no; véanlo ellos. Cierto, a 
mi pareszer , mas libremente podrían en- 
tender en las cosas espirituales , si no se 
ocupasen en las temporales. 1 , aun en 
eso que dezis, estáis engañado : que, yo 
os prometo , que cuando el Papa quisiese 
vivir como Vicario de Jesu Cristo; no sola- 
mente no le quitaría nadie sus tierras, mas 
le darían muchas mas. I, veamos: ¿cómo 
tiene él lo que tiene, sino de esta manera? 

Arcediano. — Dezis verdad : pero , ya no hai 
caridad en el mundo. 

Laíictancio. — Vosotros, con vuestro mal vi- 
vir , matáis el fiíego de la caridad : i en 
vuestra mano estaría enzenderio si qoi- 
siésedes. 

Arcediano. — ¿Queréis que lo enzendamos, 
perdiendo cuanto tenemos? 

Lactancio. — ¿Por qué no? ¿Si os lo dieron 
por amor de Dios; por qué no lo perde- 



— 359 - 

reís , por amor de Dios? Claro eslá , que 
todos los verdaderos cristianos , con tal 
condizion poseemos estos bienes tempora- 
les que estemos aparejados para deja/los, 
cada vez que viéremos cumplir asi á la hon- 
rra i gloria de Jesu Cristo, i al bien de la 
cristiandad. Pues, ¿cuánto mas de veras 
debrian de hazer esto los clérigos; i cuánto 
mas de veras lo debria hazer el Vicario de 
Jesu Cristo? 

Arcediano. — Vos estáis tan santo, que no 
cumple tomarme con vos. Cierto: no os 
habriamos menester en Roma . 

LiCTANCio. — Ni aun yo querría vivir entre 
tan ruin jente. 

Arcediano. — ¿Como la que agora hai? 

Lactancio. — Ni aun como la que habia. Que, 
entre ruin ganado, no hai que escojer. 

AjiCEDiANO. — Cómo! ¿i teneisnos, á nosotros, 
por tan malos como aquellos desuella caras? 

Lactancio. — Por tan malos? i, aun no estoi 
en dos dedos de dezir, que por peores. 

Arcediano. — ¿ Por qué ? 

Lactancio. — Porque sois muwcho mas per— 
niziosos á toda la república cristiana con 
vuestro mal ejemplo. 




— MO - 

ABCi!Di*KO. — ¿ 1 aquellos ? 

Lactancio. — Aquellos no hazen profesión de 
Mioistrosde Dios, oomo vosotros: nitirneo 
de comer, por tales , como vosotros ; ni bai 
nadi, que les quiera, ai deba imilar como 
á vosotros. Esperad pues: que aun no ha- 
bernos acabado. Hasta agora , lie tratado la 
causa, llamando al Papa, Vicario de Jesu 
Cristo'. Agora quiero tratarla, haziendo 
cuenta, 6 finjiendo, que él también es 
Prinzipe seglar , como el Emperador: por- 
que , mas á la clara , conozcáis el error 
en que estábades. Cuanto á lo primero, 
cosa es muí averiguada , que el Papa, 
hubo esta dignidad por favor del Empera- 
dor: é habida (mirad, qué agradezimien- 
lo) , luego se concerté con el rei de Fran- 
cia . cuando pasé en Italia ; i dejé la 
amistad del Emperador. 1 , aun dizen 
algunos , que el mismo Papa , lo insté á 
que pasase en Italia. 1, no obstante esto, 
el Emperador, habida la victoria contra el 
rei de Francia, no solamente no quiso 
quitar al Papa , las ciudades de Parma i- 

* La Ed. gót. añade: como et razan .- palabra» 
Mquimidas en la de Par. 



— 364 — 

Plasenzia*, como de jusiizia i razón lo 
podía hazer ; mas , ratificó la liga , que 
sus embajadores con él hizieron. Pero el 
Papa , no contento con esto , comenzó 
á tractar nueva liga en Italia , contra el 
Emperador , estando el rei de Francia 
preso. Mas , descubrióse la cosa que se- 
cretamente tractaban, i no hubo efecto. I, 
no bastó, para que el Emperador no procu- 
rase , por todas las vias á él honestas i 
razonables , de contentar al Papa , porque 
él fuese medianero en la paz que se tra- 
taba entre él i el rei de Francia , i no la 
estorbase: mas, nunca lo pudo alcanzar. 
Concluyóse , en este medio ^ la paz con 
Francia: i luego que el Rei fué suelto, 
comenzó el Papa á procurar de hazer 
nueva liga con el Rei, contra el Emperador, 
sin haberle dado causa alguna para ello: i 
esto, á tiempo que los turcos, con un po- 
deroso ejérzito , comenzaron á entrar por 
el reino de üngria.¿Parézeos, que era 
jentil hazaña ? Estaban los enemigos á la 

* Esto es, Piacenza (Placentia), en Italia , cerca 
del rio Trebbía. Perteneció , hasta el siglo pasado ^ á 
ios dominios españoles , en Parma.' 



I 



— 36¡ — 
puerta, i él revolvía nueva guerra en casa. 
Requería al Emperador, que no se apare- 
jase para resistir al turco: i él, secreta- 
mente , se aparejaba , para hazer goerra 
al Emperador. ¿Parézeos, que eran estas, 
obras de Prinzipe cristiano? 

Arcbdiano. — Veamos : i el Emperador , ¿ por 
qué no bazia ver la jostizia del Duque de 
Milán? I si no había errado, ¿ no era razón 
que le restituyese su Estado? 

Lactahcio. — Si, por cierto. Pero, mirad, se- 
ñor : el Emperador puso en el Estado de 
Milán , al duque Franzisco Esforzia , pu- 
diéndolo tomar para st, pues tiene á él, 
mucho mas derecho, queel mismo Duque. 
1 , solo por la paz i sosiego de Italia , í de 
toda la cristiandad, lo quiso dar á un 
hombre , de quien nunca servizio babia 
rezebido. I, después, su Majestad fué 
informado , por sus Capitanes , que el Du- 
que , habia entendido, i sido parte , en la 
liga que el Papa, i los otros potentados de 
Italia, hizieron contra él. I, pues, en ello, 
habia cometido crimen latsa majextatis; 
era razón , que como rebelde i desa^ra- 
dezido, fuese privado de su Bslado. 



— 363-^ 

Arcediano. — ¿Cómo! ¿queréis privar un hom- 
bre , sin ser oido ? 

LACTANao. — ¿Por qué* no; cuando el delicio 
es evidente i manifiesto; i de la dilazion, 
se podrían seguir inconvenientes? .Como 
estonzes : qne estaba el ejérzito del Em- 
perador en estremo peligro , si no se apo- 
deraba de las ciudades i villas de aquel 
Estado de Milán. 

Arcediano. — ¿Pues por qué, después, el 
Emperador no había querído hazer infor— 
mazion, para saber la verdad, i restituirle 
su Estado , si se hallara sin culpa ? 

Lactanqo. — ¿I cuándo vistes , vos , oir por 
procurador un reo , en caso criminal , es- 
pezialmente donde interviene crimen Imsa 
nnyestatis? Prensentáraseél, i oyeran le d* 
justizia. De otra manera, el no presen- 
tarse , le hazia culpado. 

Arcediano. — Temíase de los Capitanes del 
Emperador , que le tenian mala voluntad. 

Lactancio. — A la fé, temiase de su poca 
justizia. Sino mirad , que luego que salió 
fuera del castillo de Milán, se juntó con los 

* A^ por en justizia, que dezimos ahora. 



— 364 — 

enemigos del Emperador. I también, ¿qué 
XII. tenia el Papa que hazer en esto? ¿Si un 
Prinzipe quiere castigar su vassallo , base 
él de entremeter en ello? I, aunque lo 
hobiese de hazer , i fuese este su otizio; 
¿no bastaba , que el Emperador le envió 

á don Hugo de Moneada, ofreziéndole todo 
lo que él pedia? ¿Qué hombre hai en el 
mundo, que tío quisiera mas, uno en paz, 
que dos, en guerra? Cuanto mas, dándole 
con la paz , todo lo que él pedia con la 
guerra. Si el Papa tanto deseaba , que el 
duque Franzisco Esforzia , fuese restituido 
en su Estado, solamente, porque ni el 
Emperador se quedase con él , ni lo diese 
al Infante don Hernando su hermano ; ¿ por 
qué no azeptaba lo que don Hugo de Mon- 
eada le ofrezia de parte del Emperador; 
• que era contento que aquel Estado , estu- 

viese en poder de terceros , hasta que la 
justizia del Duque fuese vista : i que si no 
tenia culpa en lo que le acusaban , prome- 
tía de hazérselo luego restituir : i si se 
hallase culpado , i bebiese de ser privado 
de su Estado , que su Majestad prometía 
de no tomarlo para si , ni darlo al In&nte 



- 365 — 

don Hernando su hermano, sino al duque 

de Borbon*, que era uno de los que el 

mbmoPapa, para esto, habia nombrado 

primero? ¿Queréis que os diga? El Papa 

pensaba tener la cosa hecha; i**, ^ue des- 
baratado el ejérzito del Emperador, no 

solamente lo echarían de Lombardia, mas 

de toda Italia : i le quitarían todo el reino 

de Ñapóles, como tenian conzertado, i aun 

entre si partido. I con esta esperanza , el 

Papa no quiso azeptar lo que , con don 

Hugo , el Emperador le ofrezió. 
Arcediano. — Antes, no fué por eso, sino 

que ya él estaba conzertado con los otros: 

i no quería romper la fé que les habia 

dado. 
LACTANao. — Jentil achaque es ese! ¿I qué 

mas miel tenia la fé, que habia dado al 

rei de Francia , para destruir la cristian- 
dad ; que la que primero dio al Emperador; 

para remedio de ella ? Antes , de razón ^ 

debia guardarla que di6 al Emperador, i 

romper fa que dio al rei de Francia. ¿ No 

sabéis , que juramento , hecho en daño i 

* Barbón , en la Ed, gót. 
** V q. Así en la Ed. gót. 



~ 366-- 

perjuizio del prójimo, no se debe guardar? 
Cuanto mas en daño de toda la cristian- 
dad , i en daño i perjuizio de la honrra de 
Dios, i de tanta jente como , á esta cansa, 
ha padezido. 
Arcbduno. — En eso, yo confieso, que tenéis 
muitcha razón. Mas, vos no consideráis, 
que el ejérzito del Emperador, amenazaba 
de venir sobre las tierras del Papa ; i que 
el Papa , como buen Prinzipe, pues Prlnzi- 
pe lo queréis llamar ; es obligado á de- 
fenderlas. I, sabéis vos mui bien, que el 
Derecho natural permite á cada uno , que 
defienda lo suyo. 
Lactancio. — Si el Papa guardara la liga 
que tenia hecha con el Emperador; ó 
quisiera azeptar lo que de nuevo le ofre— 
zió; no amenazara su ejérzito de venir 
sobre las tierras de la Iglesia. I, aunque 
eso sea , i yo os con zeda , que el Dereeho 
natural permite á cada uno que defienda lo 
suyo ; mas , dezidme : ¿ entendéis , vos, 

\ que los Prinzipes tienen el m&mo seño- 

I rio , sobre sus subditos , que , vos , sobre 

I vuestra muía? 

* Arcediano. — ¿Por qué ? 



I 



— 367 — 

Lactancio. — Porque las beslias, son crea- 
das para el servizio del hombre: i el hom- 
bre, para el servizio de solo Dios. Vea- 
mos: ¿fueron hechos los Prinzipes, por 
amor del pueblo ; ó el pueblo , por amor 
de los Prinzipes? 

Arcediano. — Creo yo , que los Prinzipes, por 
amor del pueblo. 

Lactancio. — Luego, el buen Prinzipe, sin te- 
ner respecto á su interese particular, será 
obligado á procurar solamente el bien del 
pueblo, pues fué instituido por su causa. 

Arcediano. — De razón , ansi habria ello de 
ser. 

Lactancio. — Pues, veis aquí: pongo por ca- 
so, que el ejérzito del Emperador quisie- 
ra ocupar las tierras de la Iglesia : vea- 
mos , ¿ cuál fuera mas provechoso á los 
moradores de ellas; que el Papa, de su XIIL 
propria voluntad las renunziara al Empe- 
rador ; ó hazer lo que ha hecho por de- 
fenderlas? 

Arcediano. -^ Si al provecho del pueblo se 
mirase, claro está, que si el Papa diera 
todas aquellas tierras al Emperador, no 
padeszieran tantos daños , como han pa— 



deszido. Pero , dadme uo Prínzipe que 
haga eao. 

Ldctanqo. — Do[t]os el Emperador. ¿No sa- 
béis , vos , que padiera él . mai bien , i con 
mucha razón , i justizia , tomar para si e[ 
Ducado de Milán , i la Señoría de Jénova; 
pues no hai ninguno que á ello tenga tan- 
to derecho como él? Has, porque le pare- 
zió convenir mas al bien del pueblo . que 
diese lo uno al duque Franzisco Esforzia, 
i en lo otro, pusiese á los Adornos; lo hizo 
mai liberalmente : posponiendo su prove— 
cho particular, al bien público, como cada 
buen Pi'inzipe debe hazer. 

Arcediano. — Sise hiziese loque se debriá 
hazer, espiritual i temporal , todo babria 
de ser del Papa. 

LkCTANao. — ¿ D3I Papa ? ¿ Por qué? 

Arcbdiaho. — Porque lo gobernaría, mejor i 
mas santamente, que ninguno otro. 

LiCTiNQO. — ¿Vos no l«neis mala vergüenza 
de dezir eso? ¿ No sabéis , qne en toda la 
cristiandad , no bai tierras peor goberna- 
das, que las de la Iglesia? 

Arcediano. — To bien lo sé, mas no pensé 
qne lo sabiades vos. 



— 369 — 

LACTANao. — Pues, luego: ¿parézeos, que 
el Papa hizo como buen Prínzipe , en to- 
mar las armas contra el Emperador, de 
quien tantas buenas obras había rezebido; 
rompiendo la paz i amistad que con él 
tenia? 

Arcediano. — Sé que * el Papa no tomó las 
armas contra el Emperador, sino contra 
aquel desenfrenado ejérzito , que hazia 
horribles extorsiones , i cosas abomina-* 
bles en aquel Estado de Milán : i era justo 
que aquella pobre jen le fuese libre de 
aquella tal tirania . 

Lactancio. — Marabíllome, de vos, que di- 
gáis tal cosa. Veamos, si el Papa quisie- 
ra mantener el amistad con el Emperador, 
¿qué habia menester su Majestad tener 
ejérzito en Italia , pues que ya lo habia 
mandado despedir? Has, cuando supo de 
la liga , que se tramaba contra él ; fué for- 
zado á entretenerlo **. Si el Papa no preten- 
dia, sino la libertad i restituzion del Duque 

* Sé que: modismo antiguo por si que^ equiva- 
lente al moderno, en verdad, que el Papa no tomó ctc- 

** Entretener : Pareze aquí estar en la particular 
acepzion de, tener dentro de Italia un ejérzito. (E.) 

94 



■> 



— 870 — 

da Milán , i librar aquel Estado , de las 
vejaziones del ejérziio del Emperador, i 
aaegarar las tierras de la Iglesia ; ¿ por 
qaé no tomaba el amistad del Emperador, 
con que se remediaba todo ; pues era ro- 
gado i requerido con ella? I , si el Papa no 
quería mas de lo que vos dezis; ¿qué 
culpa tenia el reino de Ñapóles, que lo 
teniao ya entre si repartido? ¿Qué culpa 
tenian las ciudades de Jénova i Sena , que 
teniap , la una , por mar, i la otra , por 
tierra , cercadas? Queria evitar las extor- 
siones i vejazioneS , que el ejérzito del 
Emperador bazia en Lombardia; i, no sola- 
mente acrezentaba aquellas , mas daba 
causa , para que se hiziesen muchas mas, 
en toda Italia , i aun en toda la cristiandad. 
Leed la capitulazion de la liga hecha, 
entre el Papa i el Rei de Francia , Vene- 
zianos i Florentinos : ¡ veréis si era eso lo 
que el Papa buscaba. ¿Qué le habia hecho 
el Emperador, porque debiese tomar las 
armas contra él ? 
Arcediano. — ¿No os he dicho, que el Papa, 
no tomó las armas contra el Emperador, 
sino contra su desenfrenado ejérzito? 



.1 

r 



— 374 — 

LACTANao. — ¿De manera, que la guerra, no 
era sino contra el ejérzito? 

AaCEDlANO. — No. 

Lactancío. — Pues , si contra el ejérzító era, 
i el ejérzito se ha vengado ; ¿ por qué 
echáis la culpa 'al Emperador? 

Arcediano. — Porque el Emperador los soste- 
nia , i les envió mas jente , con que hizie- 
sen lo que hizieron. 

Lactancío. — ¿Vos no dezis , que el ofizio del 
Emperador, es defender sus subditos, i 
hazer justizia? Pues, si el Papa se los 
queria maltratar; i ocupar sus Reinos , i 
Señoríos , í impedir que no pudiese házer 
justizia del Duque de Milán , como es obli- 
gado; por fuerza, habia de mantener i 
augmentar * su ejérzito , para poderlos XIV. 
defender i amparar: pues dejándolo de 
hazer, ya dejaba de ser buen Emperador. 

Arcediano. — En eso, tenéis razón. Mas, de- 
zidme: ¿ parézeos, que fué bien hecho, que 
el Emperador mandase ha2er el insulto que 
don Hugo i los Colonneses hizieron en 
Roma ? 

LACTANao.— Nunca el Emperador tal mandó. 
* Aumentar: en la Edíc. gót. 



— 372 — 

Ahcküuno. — ¡Cómo! ¿No mandó él, que 
don Hugo , i los Colonneses , entrasen en 
Roma , i procurasen de prender al Papa ? 

LACTANao. — No. Que no lo mandó. I, aun- 
que lo mandara, ¿parézeos que fuera mal 
hecho? 

Arcediano. — ¡VálameDios! ¿1 eso queréis, 
vos , defender ? 

Lactancio. — Si. Veamos: si, vos, loviésedes 
un padre, que en tanta manera hobiese 
perdido el seso, cpie, con sus propias 
manos , quisiese matar i lisiar sus propríos 
hijos; ¿qué hartados? 

Arcediano. — No teniendo otro remedio , en- 
zerrarloia , ó tonerloia , atadas las manos, 
hasta que tomase en su seso. 

Lactango. — I , ¿ no os parezería , que vues- 
tros hermanos, os eran en cargo , por lo 
que haziades ? 

Arcediano. — Claro está, que me serian en 
cargo. 

Lactanqo. — Pues el Papa, dezídme; ¿no es 
padre espiritual de todos los cristianos? 

Arcediano. — Si. 

Lactancio. — Pues si él , con guerras, quiere 
matar i destruir sus proprios hijos; ¿no os 






— 373 — 

pareze, quehaze mui gran misericordia, 

ansi con él, como con sus hijos, el que le 

quiere quitar el poder , para que no lo 

pueda hazer? No me lo podéis negar. 
Arcediano. — Bien. Pero, ¿vos no veis, que 

se haze gran desacato á Jesu Cristo , en 

tractar asi á su Vicario? 
Lactáncio. — Antes se le haze mui gran ser 

vizio, con evitar, que su Vicario, con el 

mal consejo que cabe si tiene, no sea 

causa de la muerte i perdizion de tanta 

jente, por los cuales murió Jesu Cristo, 

también como por él. I , creedme , que el 

mismo Papa , cuando dejada la pasión, 

venga en conozimiento de la verdad ; agrá- 

dezerá , mui de veras , al que le quita la 

ocasión para que no pueda hazer tanto 

mal. Sino, venid acá: sí, vos (lo que Dios 

no quiera), estoviésedes tan fuera de seso, 

que con vuestros propríos dientes os mor- 

díésedes los miembros de vuestro cuerpo; 

¿ no agradezeriades i terniades en muncha j^ 

grazia , al que os atase , hasta que torná- 

sedes en vuestro seso ? 
Argbduno. — Claro está. 
LACTANao. — Pues, veis aquí. Todos los cris- 



-374- 
tjanos, somoB miemtn'os de Jesu Cristo: i 
tenemos \>or cabeza al mismo Jesu Cristo: 
i á su Vicario. 

Abceduno. — Dezis verdad. 

LiCTANGO. -~ Pues, si este Vicario, por el mal 
consejo que cabe si tiene , es causa de la 
pcrdizion i muerte de sus proprios miem- 
bros, que BOD los cristianos; ¿no debe 
agrddezer mancho , á quien estorba que 
no se baga tanto mal ? 

Abcbdiano. — Sin duda , vos , dezis mui grao 
verdad. Mas. do cada uno alcanza este 
conozimiento, ni puede juzgar mas de lo 
que vee : i , por eso , los Prinzipes debríao 
mirar bien lo que hazeo. 

LACTucao. — Mas obligados son los Prinzipes 
á Dios, que no ¿ los hombres: i mas ¿ los 
sabios que no á los nezios. Jentil cosa se- 

. rb que un Prlnzipe, dejase de hazer lo 
que debe al servizio de Dios , i bien de la 
áepóblica; por lo que el vulgo ciego po- 
dría dczir 6 juzgar. Haga el Prinzipe lo 
que debe , i juzguen los nezios lo que 
quisieren. Ast juzgaban de David, porque 
bailaba delante del arca del Testamento. 
Ansí juzgaban de Jesn Cristo porque luoria 



— 375 — 

en la cruz , i dezian : íUios salvos fécit^ 
seipsumnan poiestsalvum faceré. Asi juz- 
gaban de los Apóstoles, porque predicaban 
á Jesu Cristo. Asi juzgan, ahora, á los que 
muí de veras quieren ser cristianos , me- 
ttospreziando * la, vanidad del mundo, i 
siguiendo el verdadero camino de la ver- 
dail. ¿I quién hai que pueda escusar tos 
blsos juizios del vulgo? Antes se debe 
tener, por mui bueno, lo que el vulgo XV. 
condena por malo, i, por el contrario. 
¿Quereislo ver? A la malizia, llaman in- 
dustria: á la av&rizia i ambizion, grandeza 
de ánimo: al maldiziente, hombre de 
buena conversazion : al engañador , inje- 
nioso : al disimulador , mentiroso, i trafa- 
gador; buen cortesano. I, por el contrario, 
al bueno i virtuoso , llaman simple : al 
que con humildad cristiana menosprezia 
esta vanidad liel mundo, i quiere seguir á 
Jesucristo, dizen que se torna loco: al 
que reparte sus bienes con los que lo han 

* Yo entiendo , que asi menospreziarotí al Aulorr. 
Juan de Valdés : i hasta hai quien le llama , hipócri- 
ta y i fanático y cuando, por no serlo, dejó de hazer 
gran figura en el mundo. 





— 376 — 
menester ( por amor de Dios ) ; dizerí que 
es pródigo: al que no anda en trá&gos i 
engaños, parü adquirir bonrra i riquezas; 
dizen que no es para nada : al que me— 
nosprezia las injurias por amor de Jesu 
CrísU); dizen que es cobarde, í hombre 
de poco ánimo: et SnalmenLe , convertien- 
do las virtudes en vizios, i los vizios en 
' vinodea ; á los ruines , alaban i tieneo 
por bien aventurados : i á los buenos i vir- 
tuosos, llaman pobres i desastrados. I, con 
todo esto , no tienen mala vergüenza de 
usurpar el nombre de cristianos, no tenien- 
do ninj^una señal dello. 

Arceduno. — Bien me pareze eso: aunque, 
para deziros la verdad , por ser, vos, 
roanzebo, iseglar, i cortesano; seria bien 
dejarlo A los theólc^os. Mas , digo que sea 
como vos dezis ; veamos : ¿á lo menos, no 
fuera razón , que hecho ese insulto , et 
Emperador castigara, á los que saquea- 
ron el sacro Palazio , i templo de Saoct 
Pedro? 

Lactíncio. — Cierto , mejor fuera que el Pa- 
pa no rompiera la tregua, ni la ffe que di6 
á don Hugo. 



— 377- 

Arcediano. — Sé que * no la rompió él. 

LACTANao. — ¿ Pues quién hizo la guerra 
contra los Colonneses? 

Arcediano. — Eso hizose en nombre del Co— 
lejio, i no del Papa. 

Lactando. — No me digáis esas niñerías. 
¿Cuyos eran los capitanes? ¿Cuya era la 
jente? ¿Quién la pagaba? ¿ Cuyas las ban- 
deras? ¿A quién obedezian? Esas son 
cosas para entre niños. Has me marabillo, 
de quien tan gran vanidad inventa ; i de 
los Cardenales , que tal cosa consintieron 
se hiziese en su nombre. Mas , mui bien 
está , pues los ha Dios castigado. 

Arcediano. — ¿No querlades que el Papa 
castigase los Colonneses, pues son sus 
subditos ? 

Lactanoo. — No , pues había dado su fé , de 
no hazerlo: i rompia la tregua, siempre 
que tomaba las armas contra ellos. I sa- 
bia, que el Emperador, no lo habia de 
consentir, pues los Colonneses también 
son sus subditos, como del Papa: i es 
obligado, como buen Prinzipe , de ampa- 
rarlos , i defenderlos. 
* Véase la nota primera de la pág. 369. 



-378- 

AkcUHAiio. — Pues, veamoa, ya qoeen tre- 
gua ae rompió, i de la una parte i dfl la 
otra se bizíeroo motihos males ; ¿ por qué 
elBmperador, después, oo quiso guardarla 
otra tregua, que elVizerrei de Ñipóles hizo 
con el Papa , al tiempo que estaba perdida 
mucha parte del reino de Ñapóles , i todo el 
resto, OD manifíeslo peligro de perderse? 

LiCTAMao. — ¿Cómo, que no la quiso guar- 
dar? Antes os digo de verdad, que , 00 
viniendo á sus manos la capitulazion de 
esa tregua , aunque las coudiztones de ella 
eran injustas , i contra la bonrre i reputa^ 
ziondel &nperador, luego su Majestad, 
sin tener respecto ó lo que el Papa había 
hecho con tanta deahoResiidad , dando 
investiduras de sus reinos á qnien ningún 
derecho tenia á ellos, cosa de cpie los 
níftoa se debrian aun burlar; la ratificó i 
aprobó , mostrando cuánto deseaba la 
amistad del Papa, i estar en conformidad 
con él ; pues quería mas aseptar condizio- 
nes de concordia injusta , que «egnir la 
justa venganza , que tenia en las manos. 
Mas , por permisión de Dios , que tenia 
determinado de castigar sus ministros , la 



— 379 — 

capitulazion tardó tanto en llegar acá , i 
la ratifícazion en ir allá ; qae , antes que 
allegase , estaba ya hecho !o qae se hizo 
en Aoma. I, cierto, si bien lo queréis XVI. 
considerar^ ninguno tuvo la culpa sino el 
mesmo Papa, que podiendo vivir en paz, 
buscó la guerra. I , esa tregua , mas la 
hizo por nezesidad, que no por virtud, 
cuando vido la determinazion con que 
iba á Roma el ejérzito del Emperador* ¿ I 
no fuera mas razón , que vosotros goar— 
dárades la que hizistes con don Hugo?. 
Habiendo ansi rompido aquella ; ¿ qué se 
pedia esperar, sino que otro tanto haria— 
des á esta , si el ejérzito se volvía ? I , y a 
que vistes , que el ejérzito no se quería 
volver, ¿por qué no moderastes aquellas 
injustas condiziones, que en la tregua 
babiades puesto ; i volviérase el ejérzito, 
i Roma quedara lilnre ? 

Abcediano. — Querían que les diese el Papa 
dineros. 

LAiGTANqo. — ¿I , por qué no se los daba ? 

Arcediaiyo. — ¿ Mas , por qué ae los habia de 
dar, no seyendo obligado á ello? 

Lactanoo. — ¿Cómo, que no era , obligado? 



^ 



Veamos. ¿Para qué dan los cristianos al 
Papa las rentas qae tiene? 

AscBDitso. — Para que las gaste i despenda 
en aquello, que mas bien i mas provecho- 
so sea á la república. 

Lactancio. — ¿Pues qué cosa pudiera ser 
mas provecbosa , que hazer volver aquel 
ejérzíto? Claro está , que aunque las cosas 
suzedieran como el Papa las demandaba; 
pasando aquel ejérzito adelante , no se po- 
dían escusar muertes de hombres , ni las 
otras malas venturas , que la guerra Irae 
consigo. 

AtcEDiAHO. — Dezis verdad: mas, ¿por qué 
el Emperador no paga á su ejérziio: ¡será 
obediente á sus capitanes? Bien sé yo, 
que no quedó por el duque de Borbon, 
que la tregua no se guardase: mas el 
ejérzito no le obedezia , porque no era 
pagado : i esto es culpa del Emperador. 

LicTAHao.— Sí el Emperador no paga su jen- 
te, quizá lo haze , porque no tiene con qué. 

Akcbdiu«o. — Pues si no tiene con qué, ¿por 
qué quiere hazer guerra ? 

LACTAitao. — Has ¿por qué se la hazeis , vos- 
otros , i le Torzáis , ¿ que mantenga efér- 



— 38i — 

zito para defeuderse. Sé qué *, el Empera- 
dor en paz se estaba , si , vosotros no le 
moviérades guerra. 

Abckdiano. — I, aun yo os prometo, que si el 
ejérzito no hiziera tan extrema dilijenzia, 
que él toviera bien que hazer en defen- 
derse : i creo yo , que no le quedara hoi 
al Emperador un palmo de tierra en toda 
Italia. 

Lact ANCio . — ¿ Cómo ? 

Abcrdiano. — Tenia ya el Papa becha otra 
nueva liga , mui mas rezia que la pri^ 
mera , en que el rei de Inglaterra también 
entraba : i el Papa prometia de descomul- 
gar al Emperador , i á todos los de su 
parte; i privarlo de los Reinos de Népofes 
iSizilia, i continuar contra él la guerra, 
basta que , por fuerza de armas , le hízie- 
se restituir al rei de Francia sus hijos. 

Lactanqo. — Jentil cosa era esa. ¿No fuera 
mejor , hazer volver el ejérzito , que en— 
zender otro nuevo fuego ? 

Arcediano. — Mejor. Pera, al fin , los hom- 
bres son hombres: i no se pueden asi, 
todas vezes , domeñar , á lo que la razón 
* Véase la nota primera de la pág. 369. . 



I 



— 382 — 
quiere. Mas. venid acé: annque en lodo 
li> (|ae habéis diclto, leogaia 1« mayor 
razón del mondo ¡ ¿ parézeos i vos jentil 
cosa , que cnn aquellos Alemanes , peores 
que herejes . i con aquella otra canalla de 
CspaSoIe», i Italianos, que no tienen 1% 
ni lei ; haya el Emperador permetído, que 
se destruya, aqnella santa ciudad de Ro- 
ma? Que mala ó buena), al6n, es cabeza 
de la cristiandad, i se le debría tener otro 
respecto. 

LiCTiiiao. — To os he claramente mostrado, 
cómo esto nn se hizo, por mandado, ni 
por voluntad del Emperador, pnes, allende 
que, vosolro!*, le hat^ades comenzado á 
hazer guerra ; cuando la tregua se hizo, 
loego que le Toé presentada , la ratificó. 

Arcbmano. — ¿Por qoé tenia tan mala jente 
en Italia, que, como lobos hambrientos, 
vinieron á destruir aqnella santa Sede 
apostólica? 

Ltaciímao. — Si vosotros qnisiérades estar 
eo pat , como debrtedes , i no moviérades 
guerra contra el Emperador, pues no os 
peJia nada , no fuera menester que él 
maulaviera , ni enviara esa jente en ttalb. 



— 383 — 

¿ Queréis , vosotros , que os sea Uzito ha- 
zer guerra ; i que , á nosotros , no n<>s sea 
Uzito defendemos? ¡ Jentíl manera de vivir! 

Aacbdiáno. — Séaos lizito , muncho ea hora 
buena : pero , no con herejes , no con in- 
fieles. 

LACTANao. — Por cierto, vos, habláis mui 
mal. Porque , cuanto á los Alemanes , no 
os consta á vos , que sean Luteranos, ni 
aun es de creer , pues los envió el rei don 
Hernando , hermano del Emperador, que 
persigue á los Luteranos. Antes , vosotros, 
rezebistes en vuestro ejérzito los lutera- 
nos , que se vinieron huyendo de Alema- 
nia ; i con ellos , hizisies guerra al Empe- 
rador. Pues, cuanto á los Españoles i 
Italianos , que , vos , llamáis infieles ; si el 
mal vivir, queréis dezir, que es iufideli-^ 
dad , ¿ qué mas infieles que vosotros? 
¿Dónde se hallaron mas vizios, ni aun 
tantos, ni tan públicos, ni tan sin castigo; 
como en aquella Corte Romana? ¿Quién, 
nunca, hizo tantas crueldades i abomina- 
ziones, como el ejérzito del Papa , en 
tierras de Colonneses? Si los del Emperador 
son infieles , porque viven mal ; ¿por qué 




no lo serán los vuealroe , que viven peor? 
Si , á vosotros, os es liziu> hezer guerra 
con j'enle que leñéis por infieles ; ¿ por 
qué 00 nos será lizito, á nosotros , defen- 
dernos con jente que no tenemos por 
infieles? ¿Qué niñería es esa? Lo que 
vosotros hazeis contra el Emperador, no 
lo bazeis contra él , ano contra su ejérzi- 
to : i lo que el ejérzilo haze contra voso- 
tros , no lo haze el ejérzito , sino el Em- 
perador? 

AncBDiANO. — Digo, que el ejérzito lo hiziese 
sin mandado , sin consentimiento , sin vo- 
luntad del Emperador; i que su Majestad 
no haya tenido culpa ninguna en ello; 
veamos: ya que es hecho, ¿por qoé no 
castiga fi ' los mal hechores? 

Láctanqo.^ Porque conoze ser fa" cosa, 
mas divina , que humana : i porque acos- 
tumbra á dar antes bien por mal ; que no 
mal, por bien. jJentil cosa seria, que cas- 
tigase ¿I , A los que pusieron sus vidas, 
por su servizio ! 

Abgeduno. — Pues, ya que no los quiere 
* En la Ed. gót. no hai d. 
** Tampoco hai ia en dicha Ed. gút. 



— 386 — 

castigar; ¿porqué se quiere mas servir 
de jente , que tan rezio i abAominable in- 
sulto ba hecho ? 

Lactangio. — Por dos respectos. Por evitar los 
daños , que , andando sueltos , harían : i 
por resistir al fuego que vosotros en zen- 
distes. Donosa cosa sería, que, pasando 
franceses en Italia , el Emperador deshi— 
ziese su ejérzíto. 

Arcediano. — Ya no me queda que replicar. 
Cierto , en esto , vos habéis largamente 
cumplido lo que prometistes. Yo os con— 
fieso, que en ello, estaba mui engañado. 
Agora querría , que me declarásedes las 
causas por qué Dios ha permitido los ma- 
les que se han hecho en Roma , pues dezis, 
que han sido para mayor bien de la cris- 
tiandad. 

Lactancio. — Pues , en* lo primero, quedáis 
satisfecho ; yo pienso , con ayuda de Dios, 
dejaros mui mas contento en lo segundo. 
Mas , pues agora es tarde ; dejémoslo para 
después de comer : que hoi quiero teneros 
por convidado. 

Arcediano. — Sea como mandáredes : que 
aqui nos podremos después volver. 

35 



Wll). SRGllVÜV PARTK. 



Lactancio. — Por acabar de cumplir lo que 
08 prometi , allende de lo que en esto á la 
mesa hahemos platicado , cuanto á lo pri- 
mero , vos no me negareis , que todos los 
vizios i todos los engaños , que la malizia 
(le los hombres puede pensar, no estovie— 
sen juntos en aquella ciudad de Roma, que 
vos oon muncha razón llamáis sancta, por- 
que lo debria de ser. 

Arcediano. — Ciertamente , en eso , vos tenéis 
mucha razón. 1, sabe Dios, lo que me 
ha parezído siempre dello; i lo que mi 
corazón sentía , de ver aquella ciudad 
(que , de razón , debria de ser ejemplo de 
virtudes á todo el mundo) tan llena de 
vizios , de tráfagos de engaños , i de ma- 
nifiestas bellaquerias. Aquel vender de 
Ofizios , de Benefizios , de Bulas , de In— 
duljenzias, de Dispensaziones , tan sin 
vergüenza ; que verdaderamente parezia 
una irrisión de la fé cristiana : el que los 
ministros de la Iglesia no tenian cuidado, 



— 387 — 

sino de inventar maneras, para sacar di- 
neros. Empeñó el Papa ciertos Apóstoles, 
que habia de oro; i después hizo una^ im- 
posizion, que se pagase en la expedizion 
de las Bulas , pro redempiione Apostólo-- 
rum . No sé cómo no tenian vergüenza de 
hazer cosas tan feas , i perjudiziales á su 
dignidad. 

Láctancio. — Eso mismo dizen todos los que 
de allá vienen: i eso mismo conozia yo 
cqando allá estuve. Pues , venid acá : si 
vuestros hijos 

Arcediano. — Habla[d] cortés. 

Lagtancio. — Perdonadme: que no me acor- 
daba , que érades clérigo : aunque ya 
munchos clérigos hai , qué no se injurian 
de tener hijos. Pero, esto no se dize, sino 
por un ejemplo. 

Arcedi ano. — Pues dezid . 

Lactanqo. — Si vuestros hijos toviesen un 
maestro mui vizioso, i viésedes, que con 
sus vizios i malas costumbres , os los infi- 
zionaba , ¿qué hariades? 

Arcediano. — Amonestarleia muchas vezes, 

* Una, añade la Ed. de París : en la Gót. tjalta 
esa voz. 



— 388 — 

que 86 emendase: é si no lo quisiese hazer, 
é yo toviese mando ó señorio sobre él; 
ca!)tigarloia mui jentilmente , para que por 
mal se emendase , si no lo quisiese hazer 
por bien. 
Láctancio. — Pues , vedes aquí , Dios es pa- 
dre de todos nosotros : i diónos por maes- 
tros á los Romanos Pontifiz^^ , para que 
de eUos , i de los que cabe el/05 eslovie- 
sen*, aprendiésemos á vivir como cristia- 
nos. 1 como los viziod de aquella Corte 
romana fuesen tantos, que infizionaban 
los hijos de Dios ; i no solamente no 
aprendian de ellos la doctrina cristiana, 
mas una manera de vivir á ella mui con- 
traria ; viendo Dios , que ni aprovechaban 
los profetas , ni los evanjelistas , ni tanta 
multitud de sanctos doctores , como en 
los tiempos pasados escribieron vitupe- 
rando los vizios , i loando las virtudes, 
para que los que mal vivian , se conver- 
tiesen á vivir como cristianos ; buscó nue- 
vas maneras, para atraerlos á que hiziesen 
lo que eran obligados. I, allende otros 

* Romano Pontiíize etc. En singular, no en piur. 
en la Ediz. gót. 



— 389 - 

munchos buenos maestros i predicadores, 
que ha enviado en otros tiempos pasados; 
envió, en nuestros dias, aquel exzelente 
varón Erasmo Rotherodamo; que con 
muncha elocuenzia , prudenzia , i modes- 
tia, en diversas obras que ha escrito, 
descubriendo los vizios , i engaños de la 
Corte romana, i en jeneral de todos los 
eclesiásticos; parezia que bastaba, para 
que los que mal en ella vivían , se emen- 
dasen , siquiera de pura vergüenza de lo 
que se dezia dellos. I, como esto, ningu- 
na cosa os aprovechase; antes , los vizios, 
i malas maneras , fuesen de cada dia 
creziendo; quiso Dios probar á convertir- 
los por otra manera: i permitió que se 
levantase aquel frai Martin Luther; el cual 
no solamente les perdiese la vergüenza, 
declarando, sin ningún respecto todos sus XIX. 
vizios; mas que apartase munchos pueblos 
de la obedienzia de sus prelados , para 
que , pues no os habiades querido conver- 
tir, de vergüenza; os convertiésedes, si- 
quiera , por cobdizia de no perder el pro- 
vecho, que, de Alemana, llevábades: ó, por 
ambizion de no estrechad tanto vuestro 



r 



\ 



- «o - 

»eñoi'ío, hí Alemana ({iiedase casi , coma 
;igora físlá . fuera lie vuestra obedienzia. 

Arcbdiano. — Bien: pero (^Re fraile, no sola— 
menl« d(?z¡a mal de nosotros, mas también 
(le Dios , en mil herejías que tía escrito. 

Lactancio. — Dezis verdad : pero si vosotros 
remediárades, lo que él, primero con mu- 
cha razón dezia, i nn le provocárades con 
vuestras descomuniones; por aventura, 
nunca ¿I se desmandara , á escribir las 
herejías que después escribió , i escribe: 
ni hobiera habido en Alemana tanta per- 
dizion de cuerpos i de ánimas , como des- 
pués . á esta causa , ha habido. 

Arcediano. -Mirad , señor ; esle remedio no 
se podia hazer sin Conzilio jeneral, i di— 
zen . que no convenia que estonzes se 
convocase, porque era manifiesta perdí- 
zion de todos los eclesiásticos: lauto , que 
si entonzes el Conzilio se hízíera , nos 
pudiéramos ir todos, derechos al hospital, 
i aun el mesmo Papa con nosotros. 

L*CTANCio. —¿Cómo? 

\ncEDiANO. -Presentaron todos los Estados 
del Imperio cient agravios, que dizque 
rezebian de la Sede apostólica , i de mu— 



— 391 -^ 

chos eclesiásticos: i, en todo caso, querían 
que aquello se remediase. 

LiCTANao. — ¿Pues, por qué no lo reinediá- 
bades? 

Arcediano. — A eso nos andábamos. Ya de- 
zian , que las rentas de la Iglesia , pues 
fueron dadas é instituidas para el socorro 
de los pobres , que se gastasen en ello , i 
no en guerras, ni en vizios, ni en faustos, 
como por la mayor parte agora se gastan. 
E, aun querían , que los pueblos , i no los 
clérígos, toviesen la administraziondellas. 
Allende desto querían , que no se diesen 
dispensaziones por dineros, díziendo, que 
los pobres también son hijos de Dios, como 
los ricos: i, que dando las dispensaziones 

. por dineros , los pobres , que , de razón , 
debrian de ser mas previlejiados , quedan 
mui agraviados; i los ricos, por el con- 
trarío , previlejiados. 

Lagtancio. — No* estéis en eso, que ala ver- 

* Así la Ediz, de Paris. La Ediz. gót. dize : « ¡No 
estáis en eso. »> Si corrijió bien la Ediz. de París; q. d. 
«No os detengáis : no dudéis de eso.» Si la £d. gót. 
se sigue , debe añadirse una interrogazion : ¿ ¡No es- 
tais en eso? q. d. ¿No es así? ¿Dudáis? 



— 398 — 

dad , yo he estado , i estoi munchas vezes 
tan atónito, qae do sé qué dezirme. Veo, 
por una parte , que Crislo loa la pobreza, 
i nos convida, con perfectisimo ejemplo, á 
que la sigamos : i por otra , veo , que de 
la mayor parte de sus ministros , ninguna 
cosa sancta ni profana podemos alcanzar, 
sino por dineros. Al baptismo, dineros: á 
la confirmazion, dineros: al matrimonio, 
dineros: á las sacras Órdenes, dineros: para 
confesar, dineros: para comulgar, dine- 
ros. No os darán la estrema unción , sino 
por dineros: no tañerán campanas , sino 
por dineros : no os enterrarán en la Igle— 
sia, sino por dineros: no oiréis misa en 
tiempo de entredicho, sino por dineros. De 
manera, que pareze estar el paraíso cerra- 
do , á los que no tienen dineros. ¿Qué es 
* esto, que el rico se entierra en la Iglesia, 
i el pobre en el cementerio? ¿que el rico 
entre en la Iglesia , en tiempo de entredi— 
cho; i al pobre den con la puerta en los 
ojos? ¿que por los ricos hagan orazione^ 
públicas ; i , por los pobres , ni por pen- 
samiento? Si * Jesu Cristo quiso que su Igle- 

* En la Ediz. gót no hai Si; i este perjoda 



— 393 — 

sia fuese mas parzial á los ricos , que no 
á los pobres; ¿por qué nos consejó, que 
siguiésemos la pobreza? Pues, allende 
d' esto : el rico , se casa con su prima ó 
paríenta; i el pobre no, aunque le vaya 
la vida en ello : el rico , come carne en 
cuaresma; i el pobre no , aunque le cues- 
te el pescado los ojos de la cara : el rico 
alcanza ocho carretadas de induljenzias; i 
el pobre 'no , porque no tiene con qué XX. 
pagarlas. I , d' esta manera , hallaréis otras 
infinitas cosas. I no falta cpiien os diga, 
que es menester allegar hazienda para 
servir á Dios : para fundar iglesias i mo- 
nasterios , para hazer dezir muchas misas 
i muchos trentenarios , para comprar mu- 
chas hachas que ardan sobre vuestra se- 
pultura. Conséjame á mi Jesu Cristo, que 
menosprezte i deje todas las cosas mun- 
danas, para seguirle: ¿i, tú, conséjasme 
que las busque? Mui gran merzed me 
haréis , en dezirme , la causa que hallan 
para ello: porque , asi Dios me salve , que 
yo, no la conozco ni alcanzo. 
Arcediano. — A buen árbol os arrimáis ! Ao— 
tiene interrogazion. ^ Jesucristo quiso que su etc. 




I 

\ 



sadas, que yo nunca rompía mi cabeza, 
pensando en esas cosas , tie que no se me 
puede seguir ningún provecho. 

Lactancio. — Buena vida os dé Dios. 

AicBDUHO. —Allende d'esto . dezian ; que 
cuando á los clérigos fueron dadas las 
libertades i exenziones que agora lienen; 
eran pobres , i gastaban lo que tenían, 
con quien mas que ellos habia menester: 
i que , agora , pues son mas ricos que na 
Ion legos , i munchos gastan lo que tienen 
con sus hijos i manzebas; que no parezia 
honesto, ni razonable, que los tristes de 
los pobres, fuesen agraviados con huéspe- 
des i con imposiziones : i loe clérigos , en 
quien todos los bienes se consumían, que- 
dasen exentos. Dezian , asimismo , que 
habia tantas fiestas de i^uardar, que ios 
o6ziales i labradores , rezebian muncbo 
perjuizio dello. 1 , que pues se veia cla- 
ramente , que la mayor parte de los hom- 
bres , no se ocupaban los días de fiesta en 
aquellas obras en que se debían de ocu- 
par, sino en muí peores ejerzizios que 
los otros días ; que sería bien se moderase 
tanto número de fiestas. 



~ 396 — 

LACTANao. — ¿ Parézeos que dezian roai ? 

Arcediano. — I , vos , ¿ quereislo defender? 
¿No vedes que los santos, cuyas fiestas 
quitásedes, se indignarían; i podría ser 
que nos viniese algún gran mal ? 

Lactanqo. — Mas, ¿vos no vedes, que se 
ofenden esos santos , mas con ios vizios i 
bellaquerias que se acostumbran hazer los 
dias de fiesta ; que no , en que cada uno 
trabaje en ganar de comer? Si todas las 
fiestas se empleasen en servir á Dios, 
querría yo, que cada dia fuese fiesta: 
mas, pues asi no se.haze , no ternia por 
malo, que se moderasen. Si un hombre 
se emborracha , ó juega todo el dia á los 
naipes , ó á los dados , 6 anda envuelto en 
murmuraziones , ó en mujeres , ó en otras 
semejantes bellaquerías; parézenos, que 
no quebranta la fiesta : i , si con extrema 
nezesidad , cose un zapato para ganar de 
comer ; luego dizen que es hereje. Yo no 
sé , qué servizios son estos. Pésame , que 
los ricos, tomen en aquellos días, sus 
pasatiempos i plazeres ; i todo carga , so- 
bre los desventurados de Ioh ofiziales , i 
labradores , i pobres hombres. 




Abcbduno. — Por lodo eso , que habéis dkbo, 
DO se nos daría nada; sino, por lo que 
nosolroa perderíamos ea el quitar de las 
fiestas. 

L¿CTANao. — ¿Qaé perderiades ? 

Abcbdiaho. — Las ofrendas, que se bazen mu- 
chas mas los días de fiesta , que los otros 
días. Dezian , aasi mismo; que habia mu- 
chos clérigos que vivían mui mal ; i , no 
casándose, tenían mujeres é hijos, ud 
bieu i tan públicamenle , como los casa- 
dos : de que se seguía mucho escándalo 
en el pueblo: por donde seria mejor, que 
se casasen. 

Lactáncio. — ¿I, de eso, pesarosia á vosotros? 

Arcüdiímo. — ¿1, no nos había de pesar, que 
de libres nos hiziesen esclavos ? 

Láctiucio. — Antes, me pareze á mi , que, 
de esclavos, os querían hazer libres. Sino, 
venid acá: ¿hai mayor, ni mas vergonzo- 
so cautiverio en el mundo , qoe el del pe- 
cado? 

Akcbdiano. —■ Pienso yo , que no. 

Lactakcio. — Pues, estando vosotros en pe- 
cado, con vuestras manzebas, ¿no os 
pareze, que mui inominíosamenle sois 



- 397 — 

esclavos del pecado ; i , que os quita de XSl. 
él , el que procura que os caséis , é vi- 
váis honestamente con vuestras mujeres? 

Arcediano. — Bien , ¿ pero no vedes , que 
parezería mal, que los clérigos se casasen: 
i [que] perderían mucha de su autoridad? 

Lactancio. — ¿ I no pareze peor,que estén 
amanzebados , i pierdan , en ello , mucha 
mas autoridad ? Si yo viese , que los clé- 
rigos vivian castamente , i que no admi- 
tían ninguno á aquella dignidad , hasta 
que hobiese, por lo menos, cincuenta 
años; asi Dios me salve , que me pareze- 
ría muí bien que no se casasen. Pero , en 
tanta multitud de clérigos manzebos que 
toman las órdenes , mas por avarizia , que 
por amor de Dios , en quien no veis una 
señal de modestia cristiana; no sé si seria 
mejor casarse. 

Arcediano. — ¿No veis , que casándose los 
clérigos , como los hijos no heredasen los 
bienes de sus padres , morirían de ham- 
bre , i todos se harían ladrones , i seria 
menester, que sus padres quitasen de sus 
Iglesias, para dar á sus hijos , de que se 
seguirían dos inconvenientes : el uno , que 




temíamos una infinidad de ladrones; i el 
ulix), que las Iglesias (|ueddriun despo- 
jadas ? 

L4CTANCI0. — Esos inconvenientes, mni l&zil- 
inenle se podrían quitar, si los clérigos 
trabajasen de imitar la pobreza de aque- 
llos , cuyos suczesores se llaman , i en- 
tonces no habrían vergüenza de hazer 
api^nder á sus hijos , con dílijenzia , ofi— 
zios con que honestamenle podieseii ganar 
de comer, i serian mni mejor críados , i 
eneeüadoM en las cosas de la Té . de que se 
seguiría mucho bien á la repáblíca. I , asi 
Dios me vala, que esto, á mí parezer, vos- 
otros mismos lo debriades desear. 

AhceMiUio. — ¿ Desear ? Nunca Dios tal man- 
de! Mirad , seftor 'aquí todo puede pa- 
sar}: ai yo me casare; í»eria menester 
que viviese con mi mujer, mala 6 buena, 
fea ó hermosa , lodos los dias de mi vida, 
ó de la suya : agora , si la que tengo, no 
me contenta esta noche ; dejóla mañana, i 
tomo otra: allende d'esto, si no quiero 
tener mujer propría , cuantas mujeres hai 
en el mundo hermosas, son mias ; ó, por 
mejor dezir, en el Lugar donde estoi. 



— 399 — 

Maiiteiieislas vosotros , i gozamos nosotros 
de ellas. 

Lactancio. — ¿I el ánima ? 

Arcediano. — Dejaos d'eso , que Dios es mi- 
sericordioso. Yo rezo mis Horas , i me 
confieso á Dios, cuando me acuesto, i 
cuando me levanto : no tomo á nadie lo 
suyo , no doi á logro , no salteo camino: 
no mato á ninguno : ayuno todos los dias 
que me manda la Iglesia : no se me pasa 
dia, que no oiga misa. ¿No os pareze, 
que basta esto para ser cristiano? Esotro 
de las mujeres á la fin , nosotros so- 
mos hombres , i Dios es misericordioso. 

Lactanoo. — Dezis verdad: pero, en eso, á 
mi parezer, sois muncho menos que hom- 
bres: i no sé yo, si será misericordioso 
para perdonar tantas bellaquerías, si que- 
réis perseverar en ellas. 

Aacediano. — Dejarlas hemos, cuando sea- 
mos mas viejos. 

Lactamcio. — Bien está : burlaos con Dios: ¿i 
qué sabéis si llegareis á mañana ? 

Arcediano. — No seáis tan superstizioso : sé 
que, algo ha Dios de perdonar. I, vea- 
mos: ¿a^ querriades deshazer , vos, las 



— too — 

consUtuziones de la Iglesia , que ha infi- 
Ditos aRos que se guardan ? 

Lactancio. — ¿Por qué no, sí conviene asi á 
la república crístiaua 7 

Abceduko. — Porque parezeria haber la Igle- 
sia , en tanto tiempo , errado. 

LtcTANao. — Huí mal estáis en la cuenta. 
Mirad , señor : la Iglesia , conforme á un 
tiempo . ordena algunas cosas , que des- 
pués , en otro, las dcshaze. ¿No leéis en 
los Actos de los Apóstoles , que en el Con- 
zilio hierosolimitano fué ordenado, cpie do 
se comiese sangre, ni cosa ahogada? 

Arceduno. — Leidolo be. 

LiCTANao. — ¿Pues pot- qué no lo guardáis 
ahora? 

Ahcbdiano. ~ Nunca había parado mientes en 
ello. 

Lactáncio. — Pues yo os lo diré : estonzes fué 
aquello ordenado, por satisfazer algo, á 
la superstizion de los judios, aunque co- 
nozian bien los Apóstoles , no ser neze- 
sarío : i asi , después se derogó esta cons- 
tituzion , como cosa supérQua : i , no por 
eso, se entiende, que el Conzilio errase. 
Pues, d'esta misma manera, ¿qué incoo- 



— 404 — 

veniente sería , si lo que la Iglesia en nn 
tiempo f por respectos i nezesidades, or- 
denó , se derogase agora , habiendo otros 
mas urjentes ; por donde pareze , que con 
aquello se debria dispensar? por cierto, 
yo no hallo ninguno: sino, que como de- 
zis, no os estaría bien á vosotros. 

Arcediano. — DejemD[no]s, agora, d'eso. 

Lactangio. — ¿Pues , no os pareze, á vos, que 
fuera mucho mejor remediar, lo que ha- 
béis dicho que pedian los Alemanes, i 
emendar vuestras vidas ; i , pues os ha- 
zemos honrra por ministros de Dios , serlo 
mui de veras; que no, perseverar en vues- 
tra dureza, i ser causa de tanto mal, como, 
por no remediar aquello, ha acaezido? 

Arcediano. — Si los Alemanes piden justizia 
en esas cosas , la Iglesia lo podrá reme- 
diar cuando convenga. 

Lactangio. — Pues, ves ahi: cómo vosotros no 
quesistes oir las honestas reprehensiones 
de Erasmo , ni menos , las deshonestas 
injurias de Luter; busca Dios otra manera 
para convertiros: i permitió, que los sol- 
dados que saquearon á Roma , con don 
Hugo, t los Colonneses, hiziesen aquel 




96 



r 



— WÍ- 
inKiilto de que , vos, os quejáis: para que 
vieodoque lodosos perdíante vei^iienza, i 
el acatainienlo que os solían tener; siquiera, 
por lemor de perder las vidas , os con- 
vertiésedes , pues no lo queriades hazer 
por temor de perder las ánimae: pero 
como eso tampoco aprovechase, viendo 
Dios, que no quedaba ya otro camino 
para remediar la perdizion de sos hijos; 
ha hecho agora con vosotros, lo que, vos, 
dezisque hariades con el maestro de vues- 
tros hijos , que os los infizionase con sus 
vizios, i no se quisiese emendar, 

AncEDiiNO. — Podrá ser lo que dezis : ¿pero, 
qué culpa teniao las imájines; qué culpa 
tenían las reliquias; qué culpa teaian las 
dignidades; qué culpa tenia la buena jente; 
que asi fué todo robado, saqueado, i mal- 
tratado ? 

Lactancío. — Conladme, vos, la cosa, como 
pasó, pues os hallastes presente; i yo os 
diré la causa por qué , á mi juízio , Dios 
permitió cada cosa de las que , con ver- 
dad , me conlóredes. 

Aecediako. ~ Mucha razón tenéis , por cier- 
to; i eso haré yo de mui buena volnolad. 



— 403 — 

i oiré, lo que dijéredes, de mucha mejor. 
Habéis de saber, que el ejérzito del Em- 
perador dejó en Sena esa poca artillería 
que traia, i con la mayor dilijenzia i cele- 
ridad que jamás fué oída ni vista , llegó á 
los muros de Roma , á los cinco de Mayo. 

Láctanqo. — Veamos: ¿por qué estonzes el 
Papa no envió á pedir algún conzierto? 

Argediaho. — Antes , el buen duque de Sor- 
ben , envió á requerir al Papa , que le 
enviase alguna persona con quien pudiese 
tractar , sobi^ su entrada en Roma. Mas, 
como el Papa se fiaba en la nueva liga 
que tenia hecha ; i el ejérzito de la liga le 
habia prometido , de venirlo á socorrer ; no 
quiso oir ningún conzierto. I, cuando esto 
supo el ejérzito; luego, el dia siguiente 
por la mañana , determinó de combatir la 
ciudad: i quiso nuestra mala ventura, que 
en comenzando á combatir el Burgo , los 
de dentro, mataron con un arcabuz al 
buen duque de Borbon : cuya muerte ha 
seido causa de mucho mal. 

Lactancio. — Por cierto, que se me rompe el 
corazón, en oír una muerte tan desastrada. 

AscEDiANo. — Causáronla vuestros pecados: 




\ 



V 



— 404 — 

porque si él viviera , no se hiziei'an los 
males, que se bizíeron. 

LtCTAHao. — i Pluguiera á Dios , que vosotros 
DO los toviérades ! ¿ I quién nunca oye de- 
zir, que los pecados de la ciudad, sean 
causa de la muerle del que los viene á com- 
balif? 

AnCEDiANO. — En esto se puede mni bien 
dezir: porque el duque de Borbon no ve- 
nia para conquistarnos , sino á defen- 
dernos de su mismo ejérzilo: no venia á 
saquearnos , sino á guardar que no fué- 
semos saqueados. Nosotros debemos de 
llorar su muerte: que, por él; no hai 
hombre , que no le deba de baber , antes 
envidia, que manzilla: porque perdió la 
vida, con la mayor bonrra que nanea 
bombre murió; i con su muerte, alcanzó 
lo que muchos señalados capitanes nunca 
pedieron alcanzar. De manera, que para 
siempre quedará mui estimada su memo- 
ria. Sola una cosa me da pena: el peligro 
con que fué su ánima, muriendo descomnl' 
gado. 

LiCTANao. — ¿Porqué, descomulgado? 

Arcbdiako. — Porque, con mano armada esta- 



— 406 — 

ba en tierras de la Iglesia , i queria com- 
batir la santa ciudad de Roma . 

LACTANao. — ¿No sabéis, vos, que dize un 
Decreto , que muchos están descomulga- 
dos del Papa , que no lo están de Dios? I 
también el Papa , no entiende que sea 
descomulgado , el que está en tierras 
de la Iglesia, con intenzion de defen- 
derlas en todo lo que se pueda escusar 
que no reziban daño : como este Prinzipe 
iba. 

Arcediano. — Dezis la verdad , pero el primer 
movimiento fué voluntario. 

Lactancio. — Para eso, le distes vosotros 
causa ; i él era obligado á defender el rei- 
no de Ñapóles , pues lo habia el Empera- 
dor hecho su Lugarteniente jeneral en 
Italia : i también , él no iba á ocupar las 
tierras de la Iglesia ; sino á prohibir, que 
el Papa , no ocupase las del Emperador, i 
á hazer que viniese á concordia con su 
Majestad. 

Arcediano. — Allá se avenga. Pues, tornan- 
do á nuestro propósito , el ejérzito del 
Emperador estaba tan deseoso de entrar 
en Roma, unos, por robar; i otros, por el 




■ 



— i06 — 
odio muí grande que á aqaella Corle Ro- 
mana lenian ; i otros, por lo uno i por lo 
otro ; que los Rspañoles é Italianos , por 
uaa parte , h escala vista , i los Alemanes, 
por otra parle , rompiendo con vaivenes* 
el muro , entraron por el Burgo , adonde, 
co:no saciéis , e^tá la Iglesia de Sanct Pe- 
dro , i el sacro Palazio. 

Lactahcio. — I aun muí buenas casas de 
Cardenales. De una cosa me marabillo: 
que teniendo los de dentro arlíllería , i los 
de fuera ninguna ; podiesen anst lijera- 
mente entrar. 

Arcbduvo. — Verdaderamente fué una cosa 
marahillosa. ¿Quién pudiera creer, que 
habiendo dentro de Roma seis mil ¡úfen- 
les, allentje del pueblo Romano, todos 
determinados de defenderse , i mui buena 
provisión de artillería; aquella jente, ¿ 
espada i capa , les entrasen ; sin que mo- 
riesen mas de ciento d' ellos? 

* P^aivenet , son cuerdas , ó maromas. La anti- 
gua impresión gót. dize : <• Españoles é Itaüanos, por 
una parte , i escario vista , i los Alemanes , por otra 
parte rspimdo atti bat-me* » etc. To correjl como 
está arriba. 



— 407- 

LáCTANao. — I, de los vuestros, ¿cuántos 
murieron. 

AacEDiANO. — Ya sabéis vos, cómo siempre 
suelen , en caso semejante , añadir. Quie- 
ren dezir, que seis mil hombres : pero , á 
la verdad , no pasaron de cuatro mil : que 
luego se retrujeron á la ciudad. I , digoos 
de verdad , que yo tuviera esta entrada 
por mui gran milagro; sino viera des- 
pués, aquellos soldados, hazer lo que 
hazian. Por do me pareze, no ser verisi- 
mile, que Dios quisiese hazer tan gran 
milagro , por ellos . 

Lágtancio. — Estáis mui engañado: seque Dios 
no bizo el milagro, por ellos; sino por 
castigar á vosotros. 

Arceihano. — Creo, que dezis mui gran verdad. 

Lactancio. — Marabillome, que viendo muer- 
to al Capitán jeneral, no desmayaron (co- 
mo comunmente suele acaezer), i dejaron 
el combate. 

Arcediano.-^ Si por cierto: en eso estaban 
los otros pensando. Antes , su muerte , les 
acrezentó el esfuerzo, para acometer i 
entrar con mayor ánimo. 

Lactanqo. — Marabfllas me contais. 





- 408 — 

Abcbduno. — Asi pasa. Porque este buen 
duque de Borbon era de lodos tan amado, 
que cada uno d' ellos, determinó de morir, 
por vengar la muerle de su Capilan. 

LACTjtifao. — I , aun eso , debió deser cansa 
de las crueldades que se hizieron. 

AicsDiANO. —Es cosa mui averiguada. 

LACTAHao. — i O , inmenso Dios : i , cómo en 
cada particularidad d' estas , manifiestas 
marabillas! Quesiste que este buen Duque 
muriese, por esecutar con mayor rigor 
lu justizial Pues, veamos, seBor: ¿el Pa- 
pa dónde estaba estonzes? 

Abcbbiaho. — Gn su palazio , sin ningún te- 
mor: tan seguro, que faltó mui poco, que 
no fuese tomado. Has, como él vio el pleito 
mal parado, retrújose al Castillo de Sanct- 
Anjel , con treze Cardenales , i otros Obis- 
pos i personas priuzipales , que con él 
estaban. I, luego, los enemigos entraron 
BD el Palazio , i saquearon i robaron cuan- 
ta en él bailaron. É lo mismo hizieron en 
todas las casas de Cardenales , i otras jen- 
tes que vivían en el But^o , sin perdonar 
á ninguno : ni ann á la mesma Iglesia del 
Prínzipe de los Apóstoles. En esto , tovie- 



— 409 — 

ron harto que hazer aquel dia , sin que 
quisiesen probar á entrar en Roma , donde, 
al(^das las puentes del Tiber, nuestra jen- 
te se habia fortalezido. 

LáCTANao. — Veamos: el pueblo Romano, i 
aun vosotros todos, cuando veiades las 
orejas al lobo , ¿ por qué no os conzertá— 
badescon el ejérzito del Emperador? ¿Qué 
teniades que hazer, vosotros , con la gue- 
rra que hazia el Papa ? 

Arcediano. — Por cierto, mui poco: ¿pero, 
qué queriades que hiziésemos? ¿Nunca 
habéis oido dezir, que alld van las leyes ^ 
do quieren Reyes? El pobre pueblo Roma- 
no, viendo á la clara su destruczion, 
quiso enviar sus embajadores al ejérzito 
del Emperador, para conzertarse con él, i 
evitar el saco : pero , nunca el Papa se lo 
quiso consentir. 

Lactancio. — Digoos , de verdad , que esa fué 
una grande inhumanidad. ¿1 , no valiera 
mas , que aquel pobre pueblo se librara, 
que no , que padezieran lo que han pade- 
zido? 

Arcediano. — Dezis mui gran verdad. ¿Pero, 
quién pensara , aue habia de suzeder 




\ 



\ 



I 



— i40 — 
como suzedióT Luego, los capitanes del 
Emperador, determinan de combatir la 
ciudad : i , esa misma Doche , peleando 
con los nuestros, entraron. I el saco turó* 
mas de ocho dias : en que do se tuvo res- 
pecto á ninguna nazion , ni calidad , ni 
jénero de hombres. 

LiCTiMCio. — iVátame DiosI ¿I los cafnlaaes, 
DO podían remediar tanto mal? 

Ahcedi&no. — Ya bazian lodo cuanto podían, 
i no les aprovechaba nada, estando la jenle 
encarnizada en robar como estaba. Vié- 
rades venir, por aquellas calles, las mana- 
das de soldados, dando vozesl Unos lleva- 
ban la pobre jenle presa: otros, ropa, 
oro, piala. Puea los alaridos, jemidos i 
gritos, de las mujeres i niños, era tan 
grande lástima de oír; que, aun ahora, 
me tiemblan las carnes , en dezirlo. 

LicTiNcio. — 1, aun por cierto, k mi, en 
oírlo contar. 

Abcbdiino. — Pues, es verdad que tenían 
respecto á los Obispos ó á los Cardenales. 
Por cierto, no mas, que si fueran soldados 
* hal laEdiz. g6t. I Garcilaso dize : •■sienesta 

Tida toro, ) no me nuiero.> Ls Bdis. de París, thró. 



— 411 — 

como ello6. Pues, ¿iglesias i monesleríoB? 
todo lo llevaban , á hecho ; que imnca se 
vio mayor crueldad, ni menos acatamien- 
to , ni temor de Dios. 

LACTANao. — Eso, debian hazer los Ale- 
manes. 

Arcediano. — A la fé, nuestros Españoles no 
se quedaban atrás: que también hazian 
su parte. Pues, ¿ios Italianos? ¡ pajas! Ellos 
eran los que primero ponian la mano. 

Lactancio. — I, vosotros; ¿que hazíadeses- 
tonzes? . 

Abcediano« — Cortábamos[nos] las uñas , mui 
de nuestro espazio. 

Lactancio. — Mas, de verdad. 

Arcediano. — ¿Qué queriades que hiziése- 
raos? Unos, se metian entre los soldados: 
otros, huian : i otros , se rescataban : i to- 
dos andábamos, cual la mala ventura. 

Lactancio. — Después de rescatados , ¿deja- 
ban os vivir en paz? 

Arcekano. — No les dé Dios mas salud. En 
tanto peligro estábamos, como de antes, 
hasta que ya no nos quedaba cosa nin- 
guna que nos pudiesen saquear. 

Lactancio. — Estonzes : ¿de qué comiades? 




\ 



\ 



t 

V 



I 



— 412 — 

ÁkCBDiAHO. — NuDCa follaba la misericordia 
de Dios. Si no podíamos comer perdizes, 
comíamos gallinas. 

LiCTiNCio. — ¿I los viernes? 

AfiCEDiiHO. — ¿A qué llamáis viernes? ¿Vos 
pensáis, que los soldados, hazen diferen- 
ziade[l]vjernesal domingo? Maldita aque- 
lla. Que , á deztros la verdad , me pareze 
uDa cosa muí rezta , que se tenga ya tan 
poco respecto á los mandamientos de la 
Iglesia. 

Láctinoo, — No lo tenéis vosotros, á los man- 
damientos de Dios, i marabillais os, que los 
soldados DO lo tengan á los prezeptos de 
lalglesia. Veamos: ¿ctiál tenéis por ma- 
yor pecado, una simple fornicazioo, ó co- 
mer carne el viernes Santo? 

Arcediano. — Jentil pregunta es esa! Lo ano, 
es cosa de hombres: i lo otro , seria una 
grandísima abominazion. ¿Comer- cante 
el viernes Santo? \ Jesús 1 No digáis tal cosa. 

LtcriNcio. — jVálame Dios: i cómo tenéis 
hermoso juizio! ¿I, vos, no vedes, que os 
valdria mas comer carne el viernes Sánelo, 
i otro cualquier dia de ayuno; que co- 
meter una simple fornicazion? 



— 443 — 

Aacedi ANO . — ¿ Por qué ? 

Lactánoo. — Porque sería mas saludable al 
cuerpo, i menos dañoso al alma. 

Arcediano. — ¿Cómo? 

Lactanqo. — ¿No es cosa mui clara , que la 
carne es mas provechosa, que ei pescado? 

Abcediano. — Si. 

Lactanqo. — Luego, mas saludable al cuer— 
po sería comer carne , que pescado. Pues, 
cuanto al ánima , ¿ no ofende mas á Dios, 
el que peca contra sus mandamientos 
propios, que el que peca contra los de la 
Iglesia ? 

Arcediano.;— Claro está. 

Lactancio. — Luego , mas se ofende á Dios 
con la fornicazion que es prohibida jure 
divino; que en el comer de la carne, que 
es constituzion humana. 

Arcediano. — Confesaros he, que tenéis ra- 
zón, con una condizion; que me digáis la 
causa por qué nos pareze mas grave, pe- 
car contra las constituziones humanas, 
que contra la Lei diuina. 

Lactancio. — No nos enrredemos mas en eso: 
que tiempo habrá para todo. Agora , pro- 
sigamos adelante nuestro propósito. 




— *14 — 

Arcediako. — Sea asi. Dejemos eso para otra 
vez. 1, dezidme agora: ¿qué razón ha- 
bía , que pagaseo juslos por pecadores? 
Verísimil es , que en Roma había macbíe 
buenas personas, que, ni en los vizios 
d' ella , ni en la guerra , tenüín culpa .- i 
padezieron jantarneute con los malos. 

LicTANCio. — Los maloe, rezibieron la pena 
de sus maldades : i los buenos , trabajos 
en este mundo, para alcanzar mas gloría 
en el otro. 

Abcbdiano. — A lómenos, fiíera razón, que 
á los Españoles í Alemanes, i jentes de 
otras naziones , vasallos i ficr^jidoree del 
Emperador, se tuviera algún respecto: 
que, sacando la Iglesia de Santiago d' es- 
pañoles , i la casa de don * Pedro de Sala- 
mancíi , Embajador de don Fernando rei 
de Ungria , i don Antonio de Salamanca 
(que hoi es Obispo" Gurzense); no quedo 
casa, ni Iglesia, ni hombre, de todos 
cuantos estábamos en Roma ; que no fíiese 

* En la Ediz. gót. , dé mro. Pedro etc. 1 la mis- 
ma Ediz. gdt. dize luego: Aatoniode Satamanca: 
hityoi: en vez de, i/tie hoi m, 

** En Ib traduczioa iuliana, VeMOTO Cureense. 



— 416 — 

saqueado i rescatado. Hasta el Secretario 
Pérez que estaba i residía en Roma , por 
parte del Emperador. 

LACTANao. — En solo eso , debiérades de co- 
nozer, que fué manifiesto jnizio de Dios, 
i no obra humana: i que no se hizo por 
mandado ni voluntad del Emperador, pues, 
ni aun á los suyos , se tuvo respecto. 

Abcediano. — Dezis verdad. ¿ Mas , no es 
mui rezia cosa , que cristianos , vendan i 
rescaten cristianos , como aquellos solda- 
dos hazian ? 

Lagtancio. — Bezia , por cierto: pero tan co- 
mún es , entre jente de guerra; que no os 
debriades de marabillar, que alli se hizie- 
se , donde no solamente sesolian vender i 
rescatar hombres; mas aun ánimas. 

Arcediano. — ¿Ánimas? ¿En qué manera? 

Lactanqo. — Yo os lo diré : pero á la oreja. 

Arcediano. — No hai aqui ninguno. 

Lactancio. — No me curo. Llegaos acá 

Arcediano. — Ya os entiendo. 

Lactanqo. — Pues, ¿no os pareze que tengo 
razón ? 

Arcediano. — SI, por cierto: mui grande. 1, 
agora cooozco haber Dios permitido esto, 




-i16 - 
para que nosotros vengamos en coao- 
zimientode nuestro error. Has, os conturé- 
Los Cardenales que estaban en Roma, i 
DO se pudieron enzerrar con el Papa en el 
Castillo ; fueron presos , i rescatados , i sos 
personas mui maltractadas ; i traidos por 
las calles de Roma, á pie, descabellados', 
entre aquellos Alemanes: que era la ma- 
yor lástima del mundo verlos: espezial- 
menle, cuando Iiombre se acordaba , de 
la pompa con que iban á Palazio , i de los 
ministriles que les tañían , cuando pasa- 
ban por el Castillo. 

LiCTiNcio. — Por cierto, razia cosa era esa: 
pero habéis de considerar, que ellos se lo 
buscaron , porque consentian , que el Pa- 
pa hiziese guerra al Emperador, i después 
de hecha la tregua con don Hugo ; sufrian, 
que en nombre del Colejio, se rompiese; i 
se hiziesen las mayores abominaziones, 
que jamás fueron oídas. ¿I , cómo pensá- 
bades , que Dios no os había de castigar? 

Abcediano. — ¿Qué podían ellos, hazer, sí el 
Papa lo quería así? 

LiCTiNcio. — Cuando hobierao hecho todas 
* Q. d. desgreñados ¡ ó , faltado el cabello. 



— 447 — 

sus dilijenzias por estorbarlo, si no les 
aprovechara ; saliéranse de Roma , i no 
quisieran ser partizipantes en tantas mal- 
dades. Sé que las puertas abiertas estaban. 
¿No sabéis; que. Agentes et consenítentes 
pari pcena puniunlur? I también, si, por 
otra parte , sus pecados lo merezian , ó 
no; pregúntenlo á ma[e]stre Pasquino. 

Arcediano. — No he menester preguntarlo, 
que quizá sé yo mas , que no él. 

Lactánqo. — Pues , si lo sabéis, no os mara- 
billeis de lo que \ist€S , sino , de lo que 
Dios quiso , por su bondad infinita , disi- 
mular. 

Arcediano. — ¿Qué dezis, de las irrisiones 
que alli se hazian? Un Alemán se vestia 
como Cardenal , i andaba cabalgando por 
Roma , de pontifical , con un cuero de vi- 
no en el arzón de la silla: i un Español, de 
la mesma manera , con una cortesana en 
las ancas. ¿Podía seer, en el mundo, ma- 
yor irrisión de la dignidad de Cardenal? 

Lactancio. — Veamos :. ¿ i no es mayor irri- 
sión de la dignidad; que el Cardenal tome 
el Capelo, i haga obras peores que de 
soldado ; que no [que] un soldado tome el 

37 



— 4Í8 — 
Ca|>elo, queriendo cootrabazer á un Car- 
ilenal ? La uno i lo otro es malo : pero no 
me ne^eia , vos , que lo primero no sea 
peor, i aun mas perjudizial á la Sede 
Apostólica . 

AkCEDiANO. — Es verdad: mas, á ta fin, los 
Cardenales son hombres , i no pueden de- 
jar de bazer como hombree : eso otro , es 
perder la obedieozi^ i reverenzia á quien 
se debe, sin |a cual, ninguna RepúUíca 
se puede sostener. 

Lactahcio. — Ya nos comentaríamos , con que 
los Cardenales fuesen hombres, i algunas 
vezes, no se mostrasen menos que hom- 
bres : i la obedieuzja puesta en malos Fon- 
dapaientos no puede durar. Has, dezidme: 
¿los Apóstoles DO eran hombres? 

Abcbqiano. — Si : pero á e|los manleoialos el 
Spiritu Saocto. 

L«cTA»cio. — I, veamos: ¿el Spiritu Saucto 
de agora , no es el que era estonzes? 

ABCBDIANO. — Si. 

Lactahch). — Pues, ¿si ellos quisiesen pedir- 
lo ¡ negárseles ia 7 

Arcediano. — No. 

Lactangio. — ¿Pues por qué no lo piden? 



- 419 - 

Arckdiano. — Porque no lo han [en] gana. 

Lactawcio. — 'Pues, d'esa manera, suya es 
la culpa. I, de aqui adelante , conozenán, 
cuan grande abomínazion es , qne siendo 
ellos columnas de la Iglesia , hagan obras 
peores que de soldados , pues les parezia 
roui abominable cosa , que los soldados se 
vistiesen en hábito de Cardenales. ¿Cómo 
no me dezis nada de los Obispos? 

Arcediano. — Qué queréis que t)s diga? Trac- 
tábanlos como á los otros : deziros he lo 
que vi. Que , entre otros muchos hombres 
honrrados, que sacaban á vender á la 
plaza , llevaban los Alemanes un Obispo 
de su Nazion , que no estaba en dos dedos 
de ser Cardenal. 

Lactancio. — Qué ! ¿á vender ? 

Arcediano. — ¿Qué marabilla ? I aun con 
ramo en la frente , como allá traen á ven- 
der las bestias : i , cuando no hallaban 
quien se los comprase , los jugaban á los 
dados. ¿Qué ós pareze d'esto. 

Lactanqo. — Mal. Pero ya os dije, que no 
l^se hizo J sin misterio*. Dezidme : ¿cuál 
tenéis en mas , una ánima , ó un cuerpo? XXVIl. 
'^ Ministerio , en la Ediz gót. 



m 

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I 






— i20- 

AiCKDUNO. — Una ánima, sin comparazion. 

LtCTiifao. — Pues , ¿ cuántas ánimas habréis 
vosotros vendido en este mando? 

Arcboiího. — ¿Cómo es posible vender áni- 
mas f 

Lactabcio. — ¿No habéis leído el Apoc^lipsi, 
que cuenta las ánimas, éntrelas otras 
mercaderinsT El que vende el Obispado, 
el que vende el BeneBzio carado, aquel 
tal, ¿no vende las ánimas de sus subditos? 

AiCBDlAHO. — Dezis muí gran verdad. Cierto, 
nunca me parezieron bien aquellas cosas: 
ni aquel dar BeneGzios 4 pensión , con 
condizion , que me rescatase *, á tanto 
por ciento ; que es querer engaBar á Dios. 

LACTANao. — Ala ré: querer engañar á si**. 
Pues, d'esta manera, ¿cuántas ánimas 
habréis , vos , visto jugar á los dados? 

Ahckdiaho. — Infinitas. 

Lactahcio. — Pues , veis aquí , de hoi mas, 
vendréis en conoz ¡miento de vuestro er- 
ror: i no os marabitlaréis , que aquellos 
soldados que viven de robar, vendiesen 

* Reicataie .- ahora dezimos, reditúate : aunque 
este no equivale enteramente al vocablo antiguo. 
** Q. d. d li mitmof. 



— 424 — 

los ofiziales , pues vendiades los Benefi— 
zíos : ni los Obispos , pues vendiades los 
obispados. I es tanto mas grave lo uno, 
que lo otro; cuanto es mas digna una 
ánima, que un cuerpo. Antes les^ debéis 
de agradezer, pues no vendieron ningpn 
Cardenal. 

Arcediano. — ¿No bastaba » que los resca- 
taban ; i compusieron sus casas , i todas 
cuantas había en Roma, que ninguna que— 
dó libre? 

Lactáncio. -> Vos no queréis acordaros , de 
las bolsas que habéis descompuesto , con 
vuestras composiziones. Pues, no os ma- 
rabilleis, que descompongan agora las 
vuestras. ¿No habéis leído , en el Apoca- 
lipsi * : « Reddite illi sicut et ipsa reddidü vo- 
óis: duplicóle duplüia secundum opera ejus: 
in póculo qtko miscuit vobis miscete illi 
duplum: qíuintum glorificavit se et in deli- 
ciis fuit , tantum date illi tormentorum et 
luctuum: guia fortis est Deus, quijudica'' 
vil illam. » Qué os pareze ? A la fé; juizios 
son estos de Dios. 

Arcediano. — Las carnes me tiemblan en oi— 
* Véase el cap. xvin. 




— W2- 

rofi. Pero , ilnzidiDt' : ¿ par» qué , ¿ de (jué 
sirve, hi penlÍKÍnn ite lunto ilioeru? que 
afirman monlar n\ saco ile Roma , con 
roBcaten i oomposizioneR , mas Je qainzp 
millones de ducados. 

Lu:t*ncio. — ¿A eso llamáis, vos, perdizionf 
A Ih fé: digole yo ganaiizia. 

Arcbduno. —¿Cómo (i^ananzia? 

I.ACT.tNao. — Porque ba muchos años, que 
lodo el dinero de la cristiandad se iba . i 
consumía , en Roma : i agora , lómase a 
derramar. 

Ahcediíno. — ¿De qué manera ? 

I.actancio. — Bl diitero que liabia de pleilos. 
de revueltas, de trampas, de Itcnefizioe, de 
[tensiones , do spolios , de annalas, de e\- 
pediziones, de bulas, de induljenzias. 
de confesonarios, de composizioBes, <ie 
dispensaziones , de escomuniones , de 
anatematizaciones, de fulminaziones , de 
agravazJones , de reagravaziones , i aun 
de conminaziones*. i de otras sezoejanies 
exaczionea; hanto agora (oiuado los sóida- 
dos como labradores , para sembrarlo por 
toda la tierra. 
• Cniionizmioiii"¡ , en la Ediz. de París, 



Arcediano. — ¡ I qué negro» labradores! Vea- 
mos: ¿de qaé servía desiruir aquella 
ciudad , de tal manera , que no tornará á 
ser Roma de aqai á quinientos afños? 

Lactancio. — ¡ Ya pluguiese á Dios 

Arcediano. — ] Qué? 

Lactancio. — Que Roma no tornase, á tomar 
los vizios que tenía , ni en ella reinasen 
mas, tan poca caridad, i amor, i temor 
de Dios! 

Arcediano. — Pues , el sacro Palazio , aque— 
Has cámaras i salas pintadas ; ¿ qne me- 
rezian? que era la mayor lástima del 
mundo , verlas hechas establos de caba- 
llos , i aun , al fin , todo quemado. 

Lactancio. — Por cierto, sí. Muticha- razón 
fuera , que padeziendo toda la ciudad , se 
salvase aquella parte , donde todo el mal 
se consejaba'. 

ARCBjM'Aito. —Pues la Iglesia del Prinzipe de 
los Apóstoles , i todos los otros templos , i 
Iglesias, i monasterios» de Roma; ¿cfoién 
os podría contar , cómo füeroh tractadios i 
saqueados? Que ni quedó en ellos oro , ni 
quedó plata , ni quedó otra cosa de valor; 
que todo no fuese por aquello» soldados, 



XXVllI. 



-424- 
robado i destruido. ¿I, es posilile , que 
qniera Dios, que bus propríatt Iglesias, 
sean ansi tractadas i saqueadas; i que las 
cosas ¿ su servizio dedicadas, sean ansi 
robadas ? 
Lactínoo. — Mirad , sefior : esa es una cosa 
lan fea i tan mala , que & ninguno puede 
pareier sino mal : pero , si bien miráis en 
ello , bai en estas cosas á Dios dedicadas, 
tanta superstizion ; j rezibe la jente tanto 
engaito; que no me marabillo que Dios 
permita eso, i muncho mas , á fin *, que 
en estas cosas haya alguna moderaKÍon. 
Piensa el mercader , después que , mal 6 
bien, ha allegado una infinidad de di- 
neros; que todos cuantos males ha hecho, 
i aun hará, le serán perdonados, si edi- 
ficase una Iglesia , ¿ an monesterio; ó si 
diere una lámpara , ó un cáliz , ó alguna 
otra cosa semejante, á alguna Iglesia ¿ 
monasterio ; i no solanKinle , en esto , se 
engaSa, pareziéndole , que haze por ** su 
serrizio, lo que las mas vezes se baze por 

* Asi en laEdiz. de Paris: pero eo la Edíz. gdt.: 
«porque en estas » ete. 
** Asi en ambas Ediziones; pero quizá debeiia 



— 426 — 

un Cerasio , ó por una vana gloria mun^ 
daña , como manifiestan las armas que 
cada uno pone en lo que da , ó en lo que 
edifica : i fiándose en esto , le pareze que 
no ha mas menester, para vivir como cris- 
tiano: i seyendoeste un grandísimo error, 
no tienen vergüenza de admitirlo, los que 
d' ello hazen su provecho ; no mirando la 
injuria que en ello se haze á la relijion 
cristiana. 

ÁBCEMAifO. --¿Cómo injuria? 

Lactancio. — ¿ No os pareze injuria , i mui 
grande, que lo que muchos jentiles, con 
sola la lumbre natural , alcanzaron , de 
Dios ; lo ignoremos agora los cristianos, 
enseñados por ese mismo Dios? Alcan- 
zaron aquellos, que no era verdadero 
servizio de Dios, ofrezerle cosa que se 
pudiese corromper: alcanzaron, que á 
una cosa incorpórea , como es Dios , no se 
habia de ofrezer cosa, que tuviese cuerpo, 
por prinzipal oferta, ni por cosa á él 
mucho grata. Dijeron , que no sabia qué 
cosa es Dios, el que pensaba, que Dios se 

dezif: que lo haze por Dios^ sino en creer en en 9u 
serrizio etc. 




— 426 — 

deleitaba ^ie poseer , lo que los buenos i 
sabios se preziaB' de tener en poco , como 
son, las joyas i riquezas: i, agora, los 
eristíanos, somos tan ciegos, que pen- 
samos , que nuestro Dios se sirve mucho 
coa cosas corpóreas i corruptibles. 

ÁRGEMiiNO. — Luego , d* esa manera , queréis 
dezir , que no se haze servizio ¿ Dios en 
edificar Iglesias , ni e» ofrezer cálizes , i 
otras cosas semejantes. 

Lactancio. — * Digo ; que mejor i mas ver-»- 
dadero servizio , haze á Dios , el que le 
atavia su ánima con las virtudes que Él 
mandó, para que venga á morar en ella: 
qiue no , el que edifica una Iglíesia , aun- 
que sea de oro , i tan. grande eamo la de 
Toledo , en que more Dios; teniéndole con 
vizios desterrado de su ániima : aunque su 
iiilenzion-ftiese la mejor del mundo. I digo: 
que es mui grande error , pensa^r que se 
huelga Dios en que le ofrezca yo , oro ó 

'*' Antes de esto, dize la Ediz. gót. lo que sigue: 
c< No digo eso : antes digo que es bueno , si se haze 
con buena intención: si se haze por la gloria de Dios, 
i no por kv nuestra : pero digo , que no es eso lo prin- 
zipal. » Etc. 



/ 



- 427 — 

plata, si lo hago por ser alabado, ó por 
otra vana intenzion. Digo: que se sirve 
Hia^ Dios , en que aquello que damos á 
sus Iglesias , que son templos muertos , lo 
demos á los pobres , para remediar sus 
nezesidades, pues nos consta, que son 
templos vivos de Dios. 

Arc£íhai<}0. — D' esa manera , ni habría Igle- 
sias, ni ornamentos , para servir á Dios. 

Lactamcio. — ¿Cómo que no babria Iglesias? 
Antes pienso yo que habría machas mas; 
pues, habiendo muchos buenos cristianos, 
donde quiera que dos ó tres estoviesen 
ayuntados, en su nombre; seria una Igle- 
sia. 1, allende d' esto, aunque los ruines no 
edificasen Iglesias ni monasterios , ¿.pen- 
sáis que faltarían buenos, que lo hiziesen? 
I, veamos; ¿este mundo, qué es, sino XXIX. 
una mui hermosa Iglesia, donde mora 
Dios? ¿Qué es el sol , sino una hacha en- 
zendida , que alumbra ¿ los ministros de 
la Iglesia.? ¿Qué es la luna , qjuié son las 
estrellas, sino candelas que arden en esta 
Iglesia de Dios? ¿Queréis otra Ifi;lesia? Vos 
mismo. ¿No dize el Apóstol: Tempíum Dei 
sanctíum» esl; quod esti$ vos? ¿Queréis 




\ 



— 428 — 
candelas para que alumbren esta Iglesia? 
Tenéis el espíritu , tenéis el entendimiento, 
tenéis la razón. ¿ No os pareze , que son 
estas, jeoliles candelasf 

AictíiHiifo. — Si : pero eso nadie lo vee. 

LicTAiiao. — ¿I, vos, habéis visto ¿ DioEff 
Mirad, hermano; pues Dios es invisible, 
con cosas invisibles se quiere prinzipal— 
mente honrrar. No se paga moncho, ni se 
contenta Dios , con oro , ni plata : ni tiene 
nezesidad de cosas semejantes : pues es 
Señor de todo. No quiere sino CMirazones. 
¿Quereislo ver? Pues Dios es todo-pode~ 
roso, si quisiese, ¿no podría hazer, en 
un momento , cien mil templos , mas sun- 
tuosos i mas ricos , que el templo de Salo- 
món? 

AsCBDiANO. — Claro está. 

LicrAHao. — Lu^o , ¿qué servizio le haréis, 
vos , en darle lo que Él tiene , no querién- 
dole dar lo que os pide? Veamos: ¿si 
tA se deleita con templos , si se deleita 
con oro , si se deleita con plata ; por qu¿ 
no la toma toda para si, pues todo es 
suyo? 

Akcediino. — Quizá, porque quiere que nos- 



— 429 — 

oíros de nuestra voluntad se lo demos, 
porque tengamos causa de merecer. 

Lactancio. — ¿Cómo queréis, vos, merezer 
con dar á Dios lo que Él menosprezia, 
sí DO le queréis dar lo que Él os deman- 
da? 

Arcediano. — ¿Luego, noquerriades, vos, que 
hobiese estas Iglesias que hai , ni c|ue tu- 
viesen ornamentos? 

Lactanoo. — *Digo , que no querría , que por 
honrrar una Iglesia de piedra , dejemos de 
honrrar la Iglesia de Dios , que es nuestra 
ánima : no querría , que por componer un 
altar, dejemos de socorrer un pobre: i que 
por componer retablos , ó imájenes muer- 
tas; dejemos desnudos los pobres, que 
son imájenes vivas de Jesucristo. No que- 
rría, que hiziésemos tanto fundamento, 
donde no lo debriamos de hazer: no que- 
rría que diésemos á entender, que se sirve 
nuestro Señor Dios , i se huelga , en po- 
seer lo que cualquiera sabio se prezia de 
menospreziar. Dezidme: ¿por qué menos- 

* En la Ediz. gót. dize antes : «¿Cómo no ! An- 
tes , digo , que son nezesarias : pero no querría , que 
se hiziesen por vana gloria. » Etc. 






— Í3I) — 
|irez¡ó Jesu Cristo, todas las riquezas ¡ 
bienes mundanos f 

AHCtiHANo. — Porqoe nosotros no las tovi¿- 
sernos en nada . 

LhCtktiao, — ¿Pues, por qu¿ queremos daríe, 
como cosa á Él mui preziosa i grata , lo 
que sabemos que Él menosprezió , í quiso 
que noBolros menospreziásemos ; no le- 
niendo cuidado de ofrezerle nuestras áni- 
mas mui puras , i limpias de todo vizio i 
pecado; siendo esta la mas preziosa i agra- 
daUe cosa , de cuantas le podemos orrezer? 

Aboduno. — No sé quién os enseñA k vos 
tantos argumentos, seyendo tan mozo. 

Lactancio. — Pues mirad, señor: ha permiti- 
do agora Dios , que roben sus Iglesias, por 
mostrarnos que no tiene en nada , todo lo 
que se paede robar, ni todo lo que se 
puede corromper ; para que , de aqui ade- 
lante , le hagamos templos vivos , primero 
que muertos; i le ofrezcamos corazones i 
voluntades, primero que oro i plata; i le 
sirvamos con loque Él nos manda, prime- 
ro que con cosas semejantes. 

Abckdiano. — Vos me dezis cosa , que yo 
nunca oÍ. Poes, que asi es, dezidme: 



— 434 — 

¿cómo, i con qué, le habernos de servir? 

Lactanqo. — Esa es otra materia aparte , de 
qae hablaremos otro tiempo mas de nues- 
tro espazio. Agora, proseguid adelante. 

Arcediano. — Gomo mamiáredes. ¿Qué me 
diréis; que los templos donde suele Dios 
ser servido i alabado , se tornasen establos 
de caballos? ¡Qué cosa era de ver, aque- 
ta Iglesia de Sanet Pedro , de la una parte XXX 
i de la otra, toda llena de caballos! Aun, 
en pensarlo, se me rompe el corazón. 

Lactancio. — Por cierto, que eso, á ningún 
bueno parezerá bien. Pero muchas vezes 
vemos , que la nezesidad haze cosas , que 
por la lei son prohibidas ; i , que en tiem«- 
po de guerra, esas i otras mui peores 
cosas, se suelen hazer, de las cuales ter- 
cian culpa los que. son causa de la guerra . 

Arcediano. -- Jentil disculpa es esa ! 

La^ctanqo. — ¿Por qué no? I, también , vea- 
mos : ¿el qué trae otra suziedad , mayor 
que aquella , en lugar mas santo que 
aquel; no haze mayor abominazion? 

Arceduno. — Claro está. 

LACTANao.-^Pues , dezidme: ¿si vos habéis 
leido la sagrada Escritura , en ella no 




- 432 — 

bahew hallado , que Dios no mora en tem- 
plos , hechos por manos de hombres; i, 
que cada hombre , es templo donde mora 
Dios? 

Abcediano. — Algnnas vezes. 

LiCTAiiao. — Pues, ¿cuál sería mayor mal- 
dad i abominazion , hazer establo d' estos 
templos de piedra , donde dize el Apóstol, 
que no mora IMos; ó hazerlo de nuestras 
ánimas , que son verdaderos templos de 
Dios? 

Arcbouro. — Claro está , que de las ánimas: 
¿pero eso, cómo se podrá bazer? 

L&CTANao. — ¿Cómo? ¿A qué llamáis establo? 

Abokdiiho. — A un logar donde se aposentan 
las bestias. 

L4CT<utao. — ¿A qné llamáis besUas? 

Ahcbmuio.—AIos animales brutos, sinrazón. 

LiCTAHao. — ¿1 á los vizios , no los Uamaria- 
des brutos i sin razón? 

Arcediano. — Sin duda : i aun mui peores qae 
bestias. 

Lactancio. —Luego, d'esa manera, mayor 
abominazion será, traer, en el ánima, que 
es verdadero templo donde mora Dios , los 
pecados , que son peores que bestias; que 



— 433 — 

no los caballos, en una Iglesia de piedra. 

AfiCEDiANO. — A mí , asi me pareze. 

LACTANao. — Puesahi conozereis, cuan cie- 
go teniades en Roma el entendimiento, 
que topando cada * dia , por las calles, 
hombres, que manifiestamente tenían las 
ánimas hechas establos de vizios ; no lo te- 
niades en nada : i porque vistes , en tiem- 
po de nezesidad , aposentar los caballos 
en la Iglesia de Sanct Pedro ; parézeos 
que es grande abominazion : i rómpeseos 
el corazón en pensarlo : i no se os rom- 
pía , cuando veiades en Roma , tanta mul> 
titud de ánimas , llenas de tan feos i abo- 
minables pecados ; i á Dios, que las hizo, i 
redimió , desterrado d' ellas. Por cierto, 
jentil relijion es la vuestra. 

Arcediano. — Tenéis razón : pero mirad , que 
lo que dijo Sancto Pablo : que Dios no mo- 
ra en templos hechos por manos de hom- 
bres ; se entiende , en aquel tiempo , que 
él lo dezia : que , seque agora , el santisi- 
mo Sacramento , en los templos mora. 

Lactanqo. — Dezis verdad: mas veamos, 

* Cada hora: en la Ediz. gót. 

38 



-434 — 

¿vofi no lue habéis coolésado , que los 
vizios, son peores que bestias? 

Ahcediano. — I aun agora lo digo. 

LACTiNao. — i Pues , quien trae una manada 
de vizioB á la Iglesia , que son peores que 
bestias; núes peor, que el que trajese 
una manada de caballos? 

Ahcsouno. — A mi parezer, Si: pero esas 
bestias son íovisibleB. 

LiCTÁNCio.— Cómol ¿Queréis dezir, que Dios 
no vee los vizios de los hombres ? 

Abckdiaho. — Dios los vee bien , mas los 
hombres no los veen : i los caballos , lodos 
los veíamos. 

Lactanuo. — D' esa manera , queréis dezir, 
que menor abominazion es , ofender á 
Dios , que á los hombres : pues queréis 
t;st:u5ar la ofensa que se haze á Dios , en 
parezer ante Él, cargado de maldades, 
porque no lo veen los hombres. ¿ Agravuis 
ül aposentar los caballos en la Iglesia . en 
tiempo de nezesidad ; porque son visibles 
á los hombres? Mirad, señor: no se ofen- 
de Dios con los malos olores . de que se 
ofenden los hombres. El ánima , en quien 
los vizios están arraigados; ésta es la que 



— 436 — 

ofende á Dios : i , por eso quiere Él , que 
esté muí limpia de vizios i de pecados. I 
munchas vezes nos lo tiene asi mandado. XXXI. 
Pero, vosotros, tomaislo todo al revés: 
tenéis mucho cuidado , en tener mui lim— 
pios estos templos materiales; i el verda— 
dero templo de Dios , que es la vuestra 
ánima . teneisla tan llena de vizios , i abo- 
minables pecados ; que ni vee á Dios , ni 
sabe qué cosa es. 

* 

Arcediano. — Asi Dios me salve, que tenéis 
la mayor razón del mundo. Pero , si vié- 
rades aquellos soldados, cómo llevaban 
por las calles , las pobres monjas , sacadas 
de los monesteríos ; i otras donzellas, sa— 
cadas de casa de sus padres ; hobiérades 
la mayor compasión del mundo. 

Lactancio. — Eso es tan común cosa entre . 
soldados , i jente de guerra ; que séyendo, 
á mi parezer, mui mas grave , que todas 
esas juntas; no hazemos ya caso d'ello. 
I Como si no fuese peor, violar una donze- 
Ha , que es templo vivo , donde mora Jesu 
Cristo , que no , una Iglesia de piedra ó . 
madera ! Pero , la culpa d' esto , no tanto 
se debe de echar á los soldados , cuanto á 



— 436 — 

vosotros, que comenzastes , i levantantes 
la guerra , i fuistes causa , que ellos hizie- 
sen lo que han hecho. Verdaderamente, 
aunque ningún otro mal causase la gue- 
rra; por solo esto, la debíamos de dejar. 

A&CBDUNo. — Los Rejistros de la Cámara 
apostólica , de Bulas , i Suplicaziones, i los 
de los Notarios , i Prozesos ; quedan des- 
truidos i quemados. 

L«GTANCio. — Eso , pienso yo , que permitió 
Dios , para que , con ellos , quemásemos 
todos ios pleitos : porque es la mayor ver- 
güenza del mundo , que se traigan pleitos 
sobre Benefizios eclesiásticos. Veamos: 
puestos Benefizios se hízieron para los clé- 
rigos; i el primer carácter que el ánima del 
clérigo hade tener, es caridad; ¿cómo la 
terna , andando en pleito con su prójimo? 

Abcbdiano. — ¿Porqué no? 

Lactancio. — Porque si la caridad tuviese 
alguno de los pleiteantes, querría mas, 
perder el Benefizio ; que estar en discordia 
con su prójimo. 

AncBDUNO. — Eso seria perfeczion. 

LACTAHao. — I , aun asi debrían de ser, per- 
fectos todos los clérigos. 



— 437 ~ 

Arcediano. — No alcanzan todos esa perfec- 
zion. I también: ¿de qué comerían tantos 
auditores, abogados, procuradores, copis- 
tas , i otros ofiziales , si no hobiese pleitos? 

Lactancio. — Sean sastres , aguaderos , ó mel- 
cocberos : i no nos quiten la caridad cris- 
tiana . 

Arcediano. — También es jentil caridad esa 
vuestra, que personas tan honrradas, to- 
men tan viles ofizios. Pero , veamos qué 
qu6triades hazer, de los pleitos que están 
comenzados. 

Lactancio. — Que se diese el Benefizio al mas 
idóneo de los pleiteantes : 6 , que se quita- 
se á entrambos ; i lo diesen á otro , que 
mejor lomereziese. 

Arcediano. — D* esa manera , no habría jus- 
tizia. 

Lactancio. — Antes , muncha mas: porque se 
emplearían los Benefizios en tales perso- 
nas , que hiziesen aquello , para que fue- 
ron ordenados. 

Arcediano. — ¿I, agora , no se haze? 

Lactanqo. — No , por cierto. Porque los bie- 
nes de los Benefizios son de los pobres : i 
vosotros, trayendo pleitos sobre ellos, gas- 




\ 



i 



- t38- 
laielos entre abordos i procaradores: i. 
' eotratanto, loe pobres mueren de hambre. 

AaciDiAHO. — Muchos hai . que no los gastan 
en BRo: i aun muchos, que los gastan en 
cosas muí peores ; como vos mismo podéis 
ser buen testigo. ¿\, quién queríades que 
determinase ile la suiízienzia entre los 
clérigos; para darles 6 quitarles los Be- 
neíizios 1 

LACTANao. — Cada Obispo en su Obispado, 
porque conozerían mejor las personas. 

ARCEDiáiro. — Si: pero bai muchos Obispos, 
que no tienen tantas letras, ni juizio, 
para sabello haxer. 

LtCTANCio. — I aun C¡mal pecado!) aunqoe lo 
supiesen , no se querrian entremeter en 
ello : pero deputarian personas qoe lo bi- 
ziesen. 

AiCBDiAHO. — ¿Queréis que' os diga? Ala fin. 
todo andaría por favor. 

Lactahoo. —No lo creáis: que hai muchos 
Obispos sabios , i de buena conszienzia : i 
los otros, tomarian ejemploen estos. 1 , ¿ 
la verdad , este me pareze agora el mejor 
remedio , hasta qne baya otra mas entera 
reformazion de la Iglesia. 



— *39 — 

Arcediano. — ¿I de los pleitos que habta^ 
sobre cosas de seglares , qué queriades ** 
hazer? 

Lactancio. — Si fuese Prinzipe , 6 partiría la 
diferenzia ; ó lo daría todo al mas hombre 
de bien. 

Arcediano. — ¿No veis, que pervertiades la 
justizia? 

Lactanqo. — ¿Queréis que os diga? Todas 
las cosas creó Dios para el servizio del 
hombre: i da la administrazion d' ellas, 
mas á uno que á otro , para que las re- 
partan con los que no tienen. I es justizia 
que las tengan , los que las repartan con 
los que no tienen : i es justizia que las ten- 
ga , el que mejor las sabe administrar. Lo 
demás, á mi ver, es manifiesta injustizia. 

Arcediano. — Vos querrlades, según eso, ha- 
zer un mundo de nuevo. 

Lactancio. — Querría dejar en él lo bueno , i 
quitar del todo lo malo. 

Arcediano. — Tal sea mi vida. Pero no po- 
dréis salir con tan gran empresa. 

Lactancio. — Vivame á mi el Emperador don 

* Habría i^. 

** Querriades(^. 




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-440 — 
Carlos, i veréis, vos, si saldré con ello. 

AüCEDiAifo. — Esperad , que aun no lo habéis 
oido lodo. Desde que el ejérzito del Empe- 
rador entró en Boma , hasta que yo me 
sali, que fué á XII de Janio'; no se dijo 
iiiisa en Roma : ni en todo aquel tiempo, 
oímos sooar campana ni aun relox. 

Lact&ncio. — Los ruines , poco iba en que 
oyesen misa, pnes la oyen sin devozion, 
atenzion , ni reverenzia : i los buenos , ha- 
rán con el espíritu , lo que no podrán ha- 
zer con el cuerpo. Pero , veamos : ¿ por 
qué los clérigos é frailes no dezian misa? 

Abcbduho. — ¡Por Dios, que esa es una jen- 
til pregunta I j No os dije al prinzipio , que 
no había clérigo ni fraile, que osase an- 
dar por Roma , sino en este hábito de 
soldado, como yo vengo? 

LáCTANOo. — ¿Por qué? 

AncBDUNO. — Porque, cuando los Alemanes, 
veían un clérigo , ó fraile , por las calles; 
luego andaban dando vozes : « Papa , Pa- 
pa: amtnazza, ammazza. » 

LicTiNao. — [O, válgame Dios ! Yomeacuer- 

* Q. d. 38 dias. Entró en Roma el ejército el B de 
Mayo de 1587. 



— m — 

do, cuando estaba en Roma , que traían, 
por alli , muchas profezias , que dezian de 
esta persecuzion de los clérigos : i que 
habia de ser en tiempo d^este Emperador. 

Arcediano. — Asi es la verdad : mil vezes la[s] 
leíamos alli por nuestro pasatiempo. 

Lactanoo. — ¿Pues , por qué no os emendá- 
bades? 

Arcediano. — ¿Quién creyera , que aquello, 
habia de ser verdad ? 

Lactancio. — Cualquiera que considerara bien 
las cosas de Roma. 

Arcedi4No. — Ni mas, ni menos. Pues, allende 
d'esto , había tan gran hedor, en las Igle- 
sias, que no habia quien pudiese entrar 
en ellas. 

Lactanqo . — ¿De qué ? 

Arcedjano. — Habían los soldados abierto mu- 
chas sepulturas , pensando hallar tesoro 
escondido en ellas : i , como se quedaban 
descubiertas , hedían los cuerpos muertos. 

Lactancio. — No era muncho que sufriérades 
aquel perfume , en pago de los dineros 
que lleváis por enterrarlos. 

Arcediano. — ¿Burlaísos? 

Lactancio. — No, por mi vida: sino que os 



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— 442 — 

digo la verdad. Que . paes los clérigos no 
tienen vergüeoza , de llevar tributo de los 
muertos , cosa qoe aun entre los jenliles 
era turplsima ; tampoco faabian de tener 
asco de entrar en las Iglesias , á rogar á 
Dios por ellos. 
Arcediano. — Bien pensáis, vos, haber aca- 
bado. Pues , como dizen , aun os queda lo 
peor por desollar; porque he querido 
guardar lo mas grave para la postre. 
LiGTmcio. — Ea : dezid. 
Arcediano. — No dejaron reliquias que no 
saquearon , para tomar con sus sacrilegas 
manos, la plata i el oro con que estaban 
cubiertas. Que era la mayor abominazion 
del mundo, ver aquellos desuellacaras, 
entrar en lugares donde los Obispos , los 
Cardenales, tos Summos Pontlfizes, apenas 
osaban entrar; i sacar aquellas cabezas t 
brazos de Apóstoles , i de sanctos bien— 
aventurados. Agora, yo no sé, qué fructo 
1^ puede venir á la cristiandad , de una tan 

"^^ XXXIIi. abominable osadía i desacatamiento. 
. ^k Lactanqo. — Rezia cosa es esa: mas, dezid- 

I >i ^L me: ¿después de tomada la plata i oro, 

L ^& qué bazian de los huesos? 



— 443 — 

Argbdiano. — Los Alemanes, algunos echaban 
en los ctmenteríos, ó en campo santo; 
otros traian á casa del Prinzipe de Oran- 
ge , i de otros Capitanes. I los Españoles^, 
como jentes mas relijiosas , todos los traian 
á casa de JoAan de Urbina. 

LACTANao. — ¿Asi despojados? 

Arcediano. — Mira que duda! Yo mismo vi 
una espuerta d* ellos , en casa del mismo 
Johan de Urbina. 

Lactancio. — Veamos : ¿i eso tenéis , vos, por 
mas grave? 

Arcediano. — Claro estíi. 

Lactancio. — Venid acá : ¿ no vale mas un 
cuerpo vivo, que ciento muertos? 

Arcediano. — SI. 

Lactanqo. — Luego, mui mas grave fué la 
muerte de los cuatro mil hombres que 
dezis; que no el saco de las reliquias. 

Arcediano. — ¿ Por qué? 

Lactancio. — Porque las reliquias son cuer- 
pos muertos : i los hombres eran vivos : i 
me habéis confesado , que vale mas uno 
que ciento. 

Arcediano. — Verdad dezis : pero aquellos 
cuerpos eran sanctos, i estos otros no. 



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— iU — 

LaCTanck). — Tanto peor ; que las ánimas de 
los sanctos, no sienten el mal tratamienlo 
qne se haze k sus caerpos; porque esian 
ya beatificados: i estotros si; porque ma- 
ríendo en pecado, se van al infierno, i 
muere juntamente el ánima, i el cuerpo. 

Abcbdiano. — Asi es : pero también es rezia 
cosa , que veamos en nuestros días , una 
osadía i desacato tan grande. 

LiCTiNao. — Dezis mui gran verdad. Mas, 
mirad , que no sin causa Dios ha permiti- 
do esto, por los engaños que se bazen 
coa estas reliquias , por sacar dinero de 
los simples: porque bailaréis mucbas reli- 
quias , que os las mostrarán en dos ó tres 
lugares. Si vais á Dura, en Alemana, os 
mostrarán la cabeza de santa Anna , ma- 
dre de nuestra Señora, i lu mismo os 
mostrarán en León de Franzia. Claro es- 
tá , que lo uno , ó lo otro , es mentira : si 
no quieren dezir, que nuestra Señora tu- 
vo dos madres , ó santa Anna dos cabezas. 
1 , seyendo mentira , ¿ no es gran mal que 
quieran engañar la jente . i tener en ve- 
- nerazion un cuerpo muerto , que quizá es 
de algún ahorcado? Veamos: ¿cuál tór- 



— 446 — 

niades por mayor inconveniente ; que no 
se hallase el cuerpo de santa Anna ; ó que 
por él os hiziesen venerar el cuerpo de 
alguna mujer de por ahí? 

Arceduno. — Mas querría, que ni aquel, ni 
otro ninguno, pareziese; que no, que me 
hiziesen adorar un pecador, en lugar de 
un santo. 

Lactancio. — ¿No querriades mas, que el 
cuerpo de santa Anna, que como dizen, 
está en Dura i en León, enterrasen en una 
sepultura, i nunca se mostrasen; que no, 
que con el uno d' ellos , engañasen tanta 
jen le? 

Arcediano. — Si , por cierto. 

Lactancio. — Pues, d'esta manera, hallaréis 
infinitas reliquias por el mundo: i se per- 
dería muí poco, en que no las hobiese: 
¡i , pluguiese á Dios , que en ello se pu- 
siese remedio! El prepuzio de nuestro 
Señor, yo lo he visto en Roma , i en Bur- 
gos ,*i también en Nuestra-Señora de An— 
versa: i la cabeza de Sanct Johan Baptis- 
ta, en Roma i en Amians de Franzia. Pues 
Apóstoles; silos quisiésemos contar (aun- 
que no fueron sino doze , i el uno no se 



— 446- 
hdlla , i el utro eslá ea las Indias), mas 
hallaremos de veinle i cuatro , en diversos 
lugares del mundo. Los clavos de la cruz, 
escribe Busebio, que fueron tres: ieluno, 
echó sania Helena , madre dei Emperador 
Constantino , en el mar Adriático , para 
amansar la tempestad ; i el otro , hizo fun- 
dir en almete para su hijo ; i del otro , hizo 
un freno para su caballo : i , agora , hai 
uno en Roma; otro en Milán, i otro en 
Colonia , i otro en París, i otro en León , i 
otros infinitos. Pues, de palo déla cruz, 
dlgoos de verdad , que si todo 1o que di- 
zen que hai d'ella en la cristiandad , se 
juntase ; bastaría para cargar una carreta. 
Dientes que mudaba nuestro Señor, cuan- 
do era niño ; pasan de quinientos , los que 
hoi se muestran, solamente en Franzía. 
Pues, leche de imestra-Señora, cabellos de 
la Hadalena, muelas de san Crístóval; no 
tienen cuento. 1 allende de la inzertinidad 
que en esto hai , es una vergüenza mui 
grande ver lo que , en algunas partes , dan 
á entender ala jente. El otro dia, en un 
munesterío mui antiguo, me mostraron la 
tabla de las reliquias que tenían , i vi , en- 



- 447 — 

iré otras cusas , quedezia: cUn pedazo 
del torrente de Cedrón. » Pregunté , si era 
del agua , ó de las piedras de aquel arro- 
yo , lo que tenian ; dijéronme : que no me 
burlase de sus reliquias. Habia otro capi- 
tulo , que dczia : u De la tierra donde apa- 
rezió el Anjel , á los Pastores : » i no les 
osé preguntar qué entendian por aquello. 
Si os quisiese dezir otras cosas mas ridicu- 
las, é ímpias, que suelen dezir que tienen; 
como: del ala del ánjel san Gabriel: como, 
de la penitenzia de la Hadelena : huelgo 
de la muía i del buei : de la sombra del 
bordón del señor Santiago : de las plumas 
del Spiritu Sancto : del jubón de la Trini- 
dad: i otras infinitas cosas , á estas seme- 
jantes; seriíi para hazeros morir de risa. 
Solamente os diré: que pocos dias ha, 
que en una Iglesia Colejial , rae mostraron 
una costilla de san Salvador. Si hubo otro 
Salvador, sino Jesu Cristo; i si Él dejó acá 
alguna costilla , ó no; véanlo ellos. 

Arcediano. — Eso , como dezis, á la verdad ^ 

mas es de reir, que no de llorar. 

Lactamcio. — Tenéis razón. Pero, vengo alas 
otras cosas, que siendo inziertas (i aun- 



— 448- 
quesean ciertas), son tropiezos, para hazer 
al hombre idolatrar: i házeonoslas tener 
en tanta venerazion , que aun en Aquis— 
gran, hai no sé qué calzas viejas, que 
d\z, que fueron de S. Josepb. No las 
muestran , sino de cinco en cinco años : i 
va infinita jente á verlas , por una cosa 
divina. I d' estas cosas hazemos tanto ca- 
so, i las tenemos «n tanta venerazion; 
que , si en una misma Iglesia , estaa de 
una parte., los zapatos de S. Crístóval en 
una custodia de oro ; i de otra, el sancto 
Sacramento, á cuya comparazion todas 
cuantas reliquias, son menos que nada; 
antes se va la jente á hazer orazion de- 
lante de los zapatos, que no ante el Sa- 
cramento: i seyendo esta mui grande 
impiedad; no solamente no lo reprehen- 
den , los que lo debrian reprehender; 
pero admitenlo de buena gana, por el 
provecho que sacan , con mui finas gran- 
jerias que tienen inventadas para ello. 
Veamos: ¿quéterníades por mayor incon- 
veniente ; que no bobiese reliquias en el 
mundo; ó queseengaBase asi la jente con 
el1as7 



— 449 — 

Arcediano. <- No sé: qo me quiero meter en 
esas honduras. 

LACTANao. — ¿Cómo honduras? ¿Cuál tenéis 
en mas , el ánima de un simple , ó el cuer- 
po de un santo? 

Arceduno. — Claro está , que una ánima vale 
mucho mas. 

Lactanoo. — ¿Pues , qué razón hai , que 
por honrrar un cuerpo , que dizen san- 
to ( i quizá es de algún ladrón ) , que- 
ráis, vos, poner en peligro tantas áni- 
mas? 

Arcbdiano. — Dezis verdad , pero puédese 
dar bien á entender á los simples. 

LACTAficio. — Bien : pero muchas vezes , los 
que lo debrian dar á entender, son los 
que no lo entienden : i , allende de esto, 
¿para qué queréis poner en peligro una 
ánima, sin nezesidad? Veamos: sí qui— 
siésedes, en esta villa, ir á Nuestra-Señora 
del Prado, i no supiésedes el camino; ¿ no 
tendrlades por mui grande inhumanidad, 
si alguno os guiase por el río , con peligro 
de ahogaros en él; podiendo ir mas pres- XXXV. 
to , i mas seguro , por la puente? 

Arcediano. — Sí , por cierto. 

99 



% 




- ISO - 

L*CTtNao. — Pues aei es, eso otro. ¿Vos, 
para qué (|uere¡s las reliquias? 

Arcbduno. — Porque muchas vezes me ponen 
rievozion. 

Lactincio. — ¿lia devozion, para qué la que- 
réis? 

Arcrdiano. — Para salvar mi ánima. 

Lactancio. — Pues , podiendo salvarla , stn 
peligro de perderla , ¿no tomariades, de 
mejor voluntad , el camino mae seguro? 

Akckduno. — Si, I. aundizen los confesores, 
que es pecado , ponerse á sabiendas , ea 
el peligro del pecar. 

LACTAnao. — Díwn moi gran verdad. 

AiCEDiANO. — Bien: ¿pero, qué camina bsi 
mas seguro? 

LACTANao. — ' El que mostró Jesu Cristo: 
amar h Dios sobre todas las cosas : i poner 
en El solo, toda nuestra esperanza. 

Argbduno Dezis verdad; mas, porqne yo no 

puedo hazer eso, quiero hazer esto otro. 

LACTAttao. —Grandísima herejía ea esa: de- 
zir, que no podéis, á lo menos, pedir 

* La EdJz gót. : «El que mostró Jesu Cristo: 
aunarlo i Él sobre lodos las cosas : i poner en Él solo 
loda nuestra speranza.» 



-^ 451 — 

grazia para hazello. Paes , dezis que la 
pedís, i no se os da; ¿luego, mintiónos 
Dios, cuando dijo: petite et aúcipietis? I 
también, ¿qué ceguedad es esa? ¿Pensáis, 
vos , que sin guardar los mandamientos de 
Dios, iréis á paraiso, aunque tengáis un 
brazo de un santo , ó un pedazo de la 
cruz , i aun toda ella entera en vuestra 
casa? ¿Sois enemigo de la cruz, i quereis- 
os salvar con la cruz ? 

Arcediano. — Cierto : yo estaba engañado. 

LAGTÁNao. — Pues, veis aqui. Con tanta ma- 
yor razón se puede el vulgo quejar, de 
los que le ponen en estas i en otras seme- 
jantes superstíziones , con peligro de per-^ 
der sus ánimas , que , vos , del que os guió 
por el rio , con peligro de ahogaros en él; 
cuanto el ánima, es mas digna que el 
cuerpo. 

Arcediano. — Bien : pero el vulgo , mas fá- 
zilmente , con cosas visibles , se atrae í 
encamina á las invisibles. 

Lactancio. — Dezis verdad: i, aun por eso, 
nos dejó Jesu Cristo * él Sacramento del 

* La Ediz. gót. añade aqui: «su cuerpo fiacra- 
tísimo en » etc. 



— 452 — 
altar: i teniendo esto, no sé yu para qué 
habernos menesler otra cosa. 

* [Arcbdiíno. — D' esa manera , no querriades 
voB , que se hiziese hoorra á las reliquias 
de los santos. 

LiCTANCio. — SI querría, por cierto: mas esta 
venerazion , querría que fuese con dís- 
crezion , i que se hiziese á aquellas que se 
toviesen por mui averiguadas , como por 
la Iglesia está ordenado: i estonzes, que- 
rria que se pusiesen en lugar mui bonrra- 
do , i que no se mostrasen al pueblo : sino 
que le diesen á entender, cómo es todo 
nada , en comparazion del sanctisimo Sa- 
cramento, que cada dia veen i pueden 
rezebir si quieren. Id' esta manera, apren- 
dería la jente á amar á Dios , i á poner en 
£l , toda la confianza de su salvazíon. 

Arcediano. — ¿I las reliquias dudosas, qué 
querriades hazer d' ellas? 

Lactancio. — También esas querría yo poner 
en un honesto lugar: sin dar á entender 
que alli bebiese reliquias: ] 

Arcediano. — ¿I las verdaderas reliquias, no 
* Lo que va entre [] lo suprime la Edízion de 

Paris , pero está en la Edíz. gol. 



— 453 — 

qaerriades que estuviesen en sus custo- 
dias de plata , ó de oro? 

LACTANao. — No por cierto. 

Arcbdiano. — ¿Por qué? 

Lactanqo. — Por no dar causa , á que se les 
hiziese otro desacato , como el que se les 
ha hecho agora en Roma : i , por no dar á 
entender, que los sanctos se huelgan de 
poseer, lo que cualquiera bueno se prezia 
de menospreziar. 

Arcediano. — Bien dezis: ¿pero , no veis que 
los santos se enojarían , si les quitásedes 
el oro i la plata en que sus huesos están 
enzerrados; i podría ser, que de enojo, 
nos hiziesen algún mal ? 

Lactancio. — Antes, tengo por cierto , que se 
holgarían, que les quitasen aquel oro i plata 
para Recorrer jente nezesi(/ada, que muchas 
vezesse pierde, por no tener que comer. 

Arcediano. — Eso no entiendo, si no me lo 
declaráis mas. 

Lactancio. — Yo os lo diré. El sancto, que 
mientra vivía en este mundo / i tenia ne- 
zesidad de sus bienes , *í los dejó, i re— XXXVI. 

* Una de estas dos conjunziones está de mas. Y.o 
quitaría la segunda. 




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— 466 — 

Lactancio. — Yo 06 doi mi fé , el qoe no ha- 
ría ; si se proveyese , que jente supersti— 
ziosa (que tienen en mas sus vientres, que 
la gloria de Jesucristo), no los andubiesen 
escandalizando. 

Arcediano. — Cuanto á eso , yo me doi por 
satisfecho. 

Lactanciü. — Pues , vedes aquí , cómo nues- 
tro Señor Jesu Cristo ha permitido , que 
en Roma se haga tan gran desacato á las 
reliquias: por remediar los engaños, que 
coD ellas se hazen . 

Abceduno. — Bien está : yo od lo confieso: 
¿pero, qué me diréis , del poco acatamiento 
que se tiene ya á lasimájenes?¿qué razón 
hai, para que Dios permitiese esto? 

Lactancio. — Yo os diré. No quiero negar, 
que ello no fuese una * maldad : pero ha- 
béis de saber, que tampoco eso permitió 
Dios, sin muí gran causa: porque ya el 
vulgo , i aun muchos de los prinzipales, 
se embebezian tanto en imájtnes , i cosas 
visibles; que nocuraban de la&in visibles ' * . 

* Aquí suprime la Edíz. de París la voz « grandí- 
siina», que se lee en la Edíz. gót. 

^ ^ Lo mismo , aquí , hai en la Edizíon 







■ 



{ 



— 456 — 
En mi tierra , andando un hombre de bien, 
teólogo , visitando un obispado , de parte 
del Obispo, halló en una Iglesia, ana 
ím&jen de Nuestra Señora , que diz que 
hazia milagros , en un altar frontero del * 
Sacramento : i vio, que cuantos entraban 
en la Iglesia, volvian las espaldas al ' Sa- 
cramento (á cuya comparazion , cuanlas 
imíijines hai en el mundo son menos que 
nada), í se hincatMn de rodillas ante 
aquella imájen de Nuestra Señora. El buen 
hombre , como vio la ignominia que allí 
se hazia á Jesu Cristo ; tomó tan grande 
enojo , que quitó de alli la imájen , i la hi- 
zo pedazos. El pueblo se conmovió tanto 
d' esto , que lo quisieron malar : pero Dios 
lo escapó de sus manos. Los clérigos de 
la Iglesia, indignados por haber perdido la 
renta , que la imájen les daba ; trabajaban 
con el pueblo , que se fuesen á quejar al 
Obispo ; pensando , que mandaría luego 
quemar al pobre visitador. El Obispo, co- 
mo persona sabía , entendida la cosa como 
pasaba, reprehendió al visitador, del des- 
gótica , o ni aun del sanctisimo SscramentO". 
* BnlaSdiz. gót., «santisirao Sacramento >. 



— 467 — 

acato que hizo en romper la iinájen , i 
loó mucho lo que habia hecho , en quitar- 
la. Asi que : pues no babia en la cristian- 
dad , muchos tales visitadores , que se 
doliesen de la honrra de Dios , i quitasen 
aquellas superstiziones ; permitió , que 
aquella jen te , hiziese los desacatos que 
dezis : para que , dejada la superstizion, 
de tal manera, de aqui adelante, hagamos 
honrra á las Imájines ; que no deshonrre- 
mos á Jesu Cristo. 

Arcediano. — Por cierto , esa es mui sancta 

considerazion : i aun yo os prometo , que XXXVII. 
hai mui grande nezesidad de remedio, 
espezíalmente en Italia. 

Lactanqo. — I aun también la hai acá. I , si 
miráis bien en ello , los mismos engaños, 
que rezibe la jente con las reliquias; esos 
mismos rezibe con las imájtnes. 

Arcediano. — Dezis muí gran verdad: mas 
no sé si os diga otra cosa : que , aun en 
pensarlo , me tiemblan las carnes. 

Lactangio. — Dezidlo, no hayáis miedo. 

Arcediano. — ¿Queréis mayor abominazion, 
que hurtar la custodia del altar : i echar 
en el suelo , el santísimo Sacramento f ¿Es 





m 

I 

V 



— 4»8 — 

posible, que d' esto se pueda seguir ningún 

bien f ¡ O , crístiaDas orejas , qoe tal oís! 

LiCTiUKio. — Vélame Diosl ¿i eso, visteslo, 

VOft? 

Akgbdiiho. — No : pero aiiBÍ lo dezian todo's. 
LicTANQn. — Loque yo he oido dezir es: que 
un aoJdado , tomó una custodia de oro , i 
dej¿ el Sacramento en el altar, entre los 
corporales ; i no lo echó en el suelo, co- 
mo vos dezis. Pero, como quiera que 
ello sea , es muí grande * atrevimiento, 
digno de rezio castigo. Has , á la verdad, 
no es cosa nueva : antes suele monchas 
vezes acaezer, entre jente de guerra, i 
k^ d' ello tienen la culpa , loe que sabiéndolo, 

^^k qoieren mas la guerra , que vivir en paz. 

^^^^ Pero, digo, que nunca hotueseseidolieclio: 

^^^^^. ¿parézeoa esa, la mayor abominaaioa que 

^H^^V podia ser? Veamos: ¿ ao era mayor, echar- 

^K ^^ lo en tin muladar? 

^Pl B AaCBUiNO. — Mayor. 

^ 1 LACTANao. — ¿Puee, cuántas vezes lo habéis, 

I ' M vos , visto en Boma echar en el muladar? 

T m Arcbdiano. — ¿Cómo, eael muladar? 

1 



En Itr GdJz. g4t. «grande iinpiedad i atre- 
Tínieobo ■. 



— 459 — 

Lactarcio. — Yo 06 lo diré. Dezidme: ¿cuál 
hiede mas á Dios , un perro muerto , de 
los que echan en el muladar; ó una áni- 
ma obstinada en la suzíedad del pecado? 

AscBDiANo. — El ánima: porque dize sanct 
Agustin , que « tolerabüius fcstet canis pu- 
tridus hominibus , quftm dnima peccatrix 
Deo.A 

Lactancio. — Luego, no me negaréis, que 
no sea un pestífero muladar, el ánima de 
un vizioso. 

Arceduno. — No ^ por cierto. 

Lacjanqo. — Pues , el sazerdote , que levan- 
tándose de dormir con su manzeba (no 
quiero dezir peor), "^ se va á dezir misa: 
el que tiene el Benefizio habido por simo* 
nia: el que tiene rancor pestilenzial contra 
su prójimo : el que , mal ó bien , anda 
allegando riquezas; i obstinado, en estos 
i otros vizios, aun mui peores que estos, 
sa V9 cada/dia á rezebir el ** Sacramento: 
¿no os pareze, que aquello, es echarlo 

• 

* El trad. ital. dize: ucon la sua meretrice, o 
coi suo Ganimeden etc. 

^^ En fai £diz. gdt. , « aquel ímnetísiino Sacra- 
mento ». 



— 460 — 
peor, que en ud mui hediente muladarp 

Arckduho. — Vos me habláis un nuevo len- 
guaje , i no sé qué responderos. 

Lactancio. — No me marabiUo, que la ver- 
dad os parezca nuevo lenguaje. Pues, 
mirad , señor : ha permitido Dios que eso 
ae biziese , ó se dijese ; porque viendo los 
clérigos, cu¿n grande abominazion es, 
tractar asi el cuerpo de Jesu Cristo ; ven- 
gan en conozimiento de cómo lo traiaD 
ellos muí peor ; ¡apartándose de su mal 
vivir, limpien sus ánimas de losvízios, i 
las ornen de virtudes, para que venga en 
ellas á morar Jesu Cristo , i no lo tengan , 
como lo tienen , desterrado. 

Arcediano. — Asi Dios me vala, que, voS, me 
habéis mui bien satisfecho, á todas mis 
dudas. I estoi mui marabillado de ver, cuan 
ciegos estamos todos en esias cosas exte- 
riores, sin tener respecto á las interiores. 

Lactango. — Tenéis mui gran razón de ma— 
rabillaros: porque, á la verdad, es mui 
gran lástima de ver las falsas opiniones 
en que está puesto el vulgo : i cuan lejos 
estamos todos de ser cristianos , i cuan 
contrarías son nuestras obras , á la doctrí- 



í 



— 461 — 

na de Jesu Cristo , i cuan cargados esta- 
mos de superstiziones. I , á mi ver, todo 
prozede de una pestífera * ambizion , que 
reina agora entre cristianos , mocho mas 
que en ningún tiempo reinó. ¿Para qué XXXVIII. 
pensáis, vos, que da el otro á entender, 
que una imájen de madera, va á sacar 
cautivos , i que cuando vuelve , vuelve to- 
da sudando ; sino , para atraer el simple 
vulgo, á que ofrezcan á aquella imájen 
cosas , de que él , después , se puede apro- 
vechar? I no tiene temor de Dios , de en- 
gañar así la jente : como si Nuestra- Seño- 
ra, para sacar un cativo, hobiese menester 
llevar consigo una imájen de madera. I, 
siendo una cosa ridicula, cree el vulgo, por 
la autoridad de los que lo dizen. I, d^ esta 
manera, os dan otros á entender; que si 
hazeis dezir tantas misas , con tantas can- 
delas, á la segunda angustia; hallaréis lo 
que perdiéredes, 6 perdistes. ¡Pecador de 
mi! ¿no sabéis que en aquella supersli— 
zion , no puede dejar de entrevenir obra 
del diablo? Pues interveniendo , ¿no val- 

* En la Ediz. gót. : « pestilenzial avarizia , i de 
una pestifera ambizion ». 




^ *6« — 
ilriu mas, que perdiésedes cuanto leñéis 
en el mundo ; antes que permitir , que eo 
cosa lan sancta, se entremeta cosa tan 
perniziosa? En esla misma cueota entran 
las nóminas que traéis al cuello, para no 
morir en fuego ni en agua , ni á manos Je 
enemigos , i encantos , ó ensalmos que 
llama el vulgo , hechos ó hombres i á 
bestias. No sé dónde nos ha venido tanta 
ceguedad en la cristiandad, que casi ha— 
bemos caído en una manera de jentilidad. 
El que quiere bonrrar un eancto debría 
trabajar de seguir sus sanctas virtudes: i, 
agora, en lugar d'esto, corremos toros en 
su día, allende de otras liviandades que se 
hazen. Idezimos, que leñemos pordevo- 
zion de matar cuatro toros el día de saoct 
Barlholomé; i si no se los matamos , habe- 
rnos miedo, que nos apedreará las viñas. 
¿Qué mayor jentilidad queréis que esta? 
¿Qué se me da mas, tener, por devozion, 
matar cuatro toros el dia de sanct Bartho- 
lomé; que de sacrificar cuatro toros a saoct 
Bartholomé? No me pareze mal qoeel val- 
se recree en ' con correr ¡ lidiar toros: 
Bd ambas Ediziones , se bsUa la voz e» : i por 



— 463 — 

pero parézeme que es pernizioso , que en 
ello piense hazer servizio á Dios ó á sus 
sánelos: porque, ala verdad, de matar 
toros, á sacrificar toros, yo no sé que -haya 
diferenzia. ¿Queréis ver otra semejante 
jentiHdad, no menos clara que esta? Mirad 
cómo habernos repartido entre nuestros 
sánelos , los ofizios que tenian los Dioses 
de los Jentiles. En lugar de Dios Mars, 
han suczedido Santiago i sanct Jorje. En 
lugar de Neptuno , sanct Telmo. En lugar 
de Baco, sanct Martin. En lugar de Eolo, 
sánela Barbóla \ En lugar de Venus, la 
Madelena. El cargo de Esculapio habernos 
repartido entre muchos: sanct Cosme i 
sanct Damián , tienen cargo de las enfer- 
medades comunes : sanct Roque i sanct 
Sebastian , de la pestilenzia: sancta Luzia, 
délos ojos: sancta Polonia, de los dientes: 
sancta Águeda, de las tetas. I, por otra 
parte, sanct Antonio i sanct Aloy, de las 
bestias: sanct Simón i Judas , de los falsos 

eso la dejo. En cuanto á lo que ahí dize el A. no me 
pareze bien. Pues l«s corridas de toros me parezen 
mal. 

* Hoi dezimos santa Bárbara. 




— 46i — 
l^slimoníoB : sanct Blas , de los que ester- 
nodan. No sé yo de que sirvien* estas 
invenziones , i esle repartir de ofizios; 
sino para que del todo parezcamos jenti— 
tes , i quitemos á Jesa Cristo el amor que 
en Él solo debriamos tener, vezándonos á 
pedir & otros lo que , á la verdad , Él solo 
nos poede dar : i de aqai viene , que pien- 
san otros, que porque rezan un montón de 
Psalmos, ó manadas de rosarios; otros, 
porque traen un hábito de la Herzed; 
otros , porque no comen carne los mercó- 
les; otros, porque se visten de azul, ó 
naranjado ; que ya no les falta nada , para 
ser mui buenos cristianos; teniendo, por 
otra parte, su invidía, i su rencor, i su 
avarizia , i su ambizion , i otros vizios se- 
mejantes , tan enteros, como si nunca 
oyesen dezir, qué cosa es ser cristiano. 

Arcediano. — ¡De dónde prozede eso , á 
vuestro parezer? 

Lactancio. — No me metáis ahora en ese 
laberinto, á mi ver, mas peligroso que el 

* Asi en ambas Ediziones aatiguas. Lo dejo síd 
uorrejir, porque puede hazerse úe dos modos; ftr- 
ven : ó tirfaa. 



— 465 — 

-de Creta. Dejemos algo para otro dia. I, 
agora , quiero que roe digáis , ^i á vuestro 
parezer, he cumplido lo que al prinzipio 
os prometí? 

Arcediano. — Digo, que lo habéis hecho tan 
cumplidamente, quedoi por bien emplea- 
do , cuanto en Roma perdí , i cuantos tra- 
bajos he pasado en este camino ; pues con 
ello he ganado un tal dia como este , en 
que me pareze haber echado de mi , una 
pestífera niebla, de abominable ceguedad; 
i cobrado la vista de los ojos de mi enten- 
dimiento , que desde que nazi , tenia per- 
dida. 

LACTANao. — Pues eso conozeis, dad ahora 
grazias á Dios por ello , i procurad de no 
serle ingrato : i pues vos quedáis satisfe— 
cho , razón será que me contéis lo que 
mas en Roma pasó hasta vuestra partida. 
Arcediano. — Eso haré yo de mui de buena 
voluntad. Habéis de saber, que luego, co— 
mo el ejérzito entró en Roma , pusieron 
guardas al Castillo, porque ninguno pudie- 
se salir ni entrar : i el Papa conoziendo el 
evidente peligro en que estaba , i el poco 
respecto que aquellos soldados le tenian; 

30 




— 466 — 

determÍBÓ de hazer algún parlidu coa los 
CapiUnes de) Emperador. Para lo cual 
lanudo Humar á Micer Johan Bartholomé 
de Galinara , rejente de Ñapóles , i le dió 
luierlas coadiziones, con que era coDleolo 
lie rendirse: para que de bu parte las 
ofreziese á los Capilanes dei ejérzito : i 
aunque andando de una parle á olra, pro- 
cufHndoegte conzierlo, desde el ('.astillo 
le paitaron un bruzo c<ai un arcabuz , á la 
fin, cinco días después qn'el ejérzito en— 
irúen Roma, la capitulazioo fué hecha, i 
por entrambas partes firmada. Pero , co— 
rao en este medio, el Papa tuviese nueva, 
oómo el ejérzito de la Liga , lo venia á so- 
correr; no quiso que aquel conzierto se 
ejecutase. 
Lactancio. — Por cierto , eso me pareze la 
mas rezia cosa de cuantas xoe habéis di- 
cho. ¿No había padezido harta mala ven- 
tura la pobre de Roma , por su causa ; sio 
que quisiese acabar de destruirla? Si ve— 
niera el ejérzito de la Liga á socorrerla, 
claro está , que habían de pelear con los 
nuestroB, i morirmucba jentede una par- 
te, i de otra : i si los nuesb-os veoziao, el 



-- 467 - 

Papa , i los que con él estaban , quedaban 
en mayor peligro: i si los de la Liga , Ro- 
ma fuera de nuevo saqueada. Cómo! ¿No 
fuera mejor lomar cualquier conzierto, 
que y habiendo vislo tanto mal , ser causa 
de otras muertes de jentes, i de nueva des- 
tniczion ? 
Arcediano. — Por cierto, vos tenéis mucha 
razón : que mui menor inconveniente 
fuera , aceptar el conzierto ; que el daño, 
que de ser socorrido, se podia seguir. Pues 
como el ejérzito del Emperador supo esto, 
i que los enemigos venian; salieron al 
campo, con ánimo de combatir: mas ellos 
no osaron pasar delF Isola , donde estovie- 
ron algunos dias. 1 el Castillo «iempre se 
tenia, con esperanza de ser socorrido; ó, 
que entre los imperiales se levantaría al- 
guna discordia , por faltarles su Capitán 
Jeneral : i ellos , en este medio , no cesa- 
ban de hazer sus trincheas i minas , para 
combatir el Castillo. I, aun en ellas, fué 
herido de una escopeta el Prinzipe de 
Orange , á quien tenian poi* prinztpal ca- 
beza en el ejérzito. Alli vino el Cardenal 
Colona , con los señores Vespasiano i As- 



- 468- 
canio Colona , i remediaron algo de los 
males que se hazian. Vino asimismo el 
Visorrei de Ñapóles , i don Hugo de Mon- 
eada , i el Marqués de Gasto i el seBor 
AlarcoD ; i oíros muchos Capitanes i caba- 
lleros , con la jenle del reino de Ñapóles. 
1 como en este medio, no zesaban los trac- 
tos en el Castillo , á la fin , el Papa , sabido 
qu'elejérzitodelaLiga se volvia; i viendo 
que no tenia esperanza de ser socorrido; 
acuerda de render el Castillo en poder del 
Emperador, con estas condiziones: Que 
toda la jente que estaba dentro , se fuesen 
libremente donde quisiesen ; i que no to- 
casen á cosa alguna de lo que en el Casti- 
llo estaba : i por el rescate de las personas 
i bazienda , el Papa prometía de dar cua- 
trozientos mil ducados para pagar la jente. 

LtCTiHoo. — ¿Cómo ; i no les bastaba lo que 
hablan robado? 

Ahcbduno. — Sé que eso no entra en la cuen- 
ta de la paga. I , para seguridad d' esto, 
el Papa les dio en rehenes aquella buena 
creatura de Johan Hateo Giberto, Obispo 
de Verona ; con otros tres Obispos : i á Ja- 
cobo Salviati , con otros dos mercaderes 



— 469 — 

Florentines. 1, allende d' esto, prometió de 
dejar en poder del Emperador (hasta sa-> 
ber lo que su Majestal querría mandar) el 
dicho Castillo de Sanct-anjel , i á Ostia i 
Chivita— vieja , con el puerto. I prometió 
también de dar las ciudades de Parma, 
Plazenzia i Módena: i su Santidad , con los 
treze Cardenales que estaban en el Cas- 
tillo , se iban al reino de Ñapóles , para 
desde ahí, venirse á ver con el Empera- 
dor. 

Lactanqo. — Por cierto , que fué ese un buen 
medio, para ordenar algún bien en la 
cristiandad. 

Arcediano. — Si: mas para deziros la verdad, 
aunque quisieron ellos , que esto asi se di- 
jese (porque parezia mal , retener un 
Papa , i Col/ejio de Cardenales contra su 
voluntad); digan lo que quisieren, que á 
la (in, ellos estaban jentilmente presos. 

Lactancio. — ¿No dezis , qu*él mismo , de su 
voluntad , se quiso ir á Ñapóles ? 

Arcediano. — Si: pero aquello fué, de neze- 
sidad hazer virtud. Mas pues él quiso estar 
tantos dias esperando ser socorrido ; ¿ no 
os pareze , que si en su voluntad estuvie- 



*70 — 

ni , hiilgHn mas i\e estar en el fjhrz'iU' iU 

lu LÍg)i , ()uc donde está? 
L*CT*HCio. — No i>iie<ln negaros . que no sel 

verosiniile. ¿Pero. i|ufr «nheie, «i después 

ha uiudaiio esta voliintad? 
AHCEDuno. — Por cierto no lo 

rreo: ni pareze bien, que la rahfíza de 1 

Igliisia esté d'eata manera 
Lactanpo, — Veamos: ¿quien pudiese evilfl 

ídgun mal . n<i es obligado á hazerlo? 
Abcediano. —¿Quién duda? 
Lactakcio. - ¿ No seria reprehensible ■ el qu 

diese causa á otro para hazer mal? 
Arcbduno. — Seria en la misma cDl|ia: por 

((ne . ifui caumm damni itat, ifamm 

itísse videlur . 
LACT*NCio.^De7:Ís muí Ilion. Pues, veis aqu 

el Papa eslA de su voluntad , ó no: 

está de su voluntad; no es sino Itien qi 

esté donde él quisiere : i si contra su vo 

lunlad; dezidme, ¿para qué querría esU 

con el ejérzito de la Li^a? 
Arcediano. — Claro está, que para vengai 

de la aTrenta i daño que ha rezeltido, 
LucTANCio. — 1, veamos: ¿qué se seguiría 
Abceduno. — ¿Qué se podría seguir, 



— 474 — 

mucha discordia , guerra , muertes , i da- 
ños , en toda la cristiandad ? 

Lactanqo. — Pues, para evitar esos males 
tan evidentes , ¿ no os parece que está me- 
jor en poder del Emperador, que en otra 
parte , annque estoviese contra su volun- 
tad; conforme á lo que hoi deziamos, del 
hijo que tiene á su padre atado? I si el 
Emperador le dejase ir donde él quisiese, 
¿no se le imputarían á él , los males que 
de alli se siguiessen , pues daria él la cau- 
sa para ello ? 

Arcediano. —Yo lo confieso: ¿pero qué dirán 
todos, grandes i pequeños, sino qu'e) 
Emperador tiene al Papa i á los Cárdena- XLI. 
les presos? 

Lactancío. — Eso dirán los nezios , á cuyos 
falsos juizios seria hnposible satisfazer: 
que los prudentes i sabios , eonoziendo 
convenir al bien de la cristiandad , qu* el 
Papa esté en poder del Emperador, tener- 
lo han por mui bien hecho , i loarán la 
virtud i pruifenzia de s« Majestad : i ann^ 
serle ha la cristiandad en perpetua obli— 
gazion. 

Arcbdiano. — Cuanto por la mia , yo holgaré 



— 47Í — 
que usté do quisiéredes, con que me den 
acá lo posesión de mis Benefizios. Pero, 
no sé si miráis en una cosa: que estáis 
descomulgados. 

LACTMao. — ¿Por quéf 

AxcEMÁHO. — Porque tomasteis , ■ tenéis con- 
tra BU voluntad , el supremo Pastor de la 
Iglesia . 

Lactincio. — Mirad, sefior: aquel está des- 
comulgado, que con mala intenzion no 
quiere obedezer á la Iglesia ; mas el qoe 
por el bien público de la cristiandad , de- 
tiene al Papa , i no le quiere soltar, por 
evitar los daBos, que de soltarle se segoi- 
rian ; creedroe , vos , á mi , que no sola- 
mente no está descomulgado; pero qoe 
mereze mucho azerca de Dios. 

Arcediano. — Cosa es esa harto verísimil; 
mas no sé yo si nuestros canonistas os la 
querrán conzeder. 

LiCT4Nao. — El canonista que no lo querrá 
conzeder, mostrará no tener juizio. 

AiCBDUNO. — Yo asi lo creo: allá se avengan . 
De una cosa tuve muí gran despecho: 
qu' el Papa , luego perdonó á toda la jen- 
te de guerra cuantas cosas habían hecho. 



— 473 — 

LáCTANao. — ¿Por qué os pesó? 

Arcediano. — Porque ellos quedan ricos i 
perdonados , i nosotros llorando nuestros 
duelos. 

LACTANao. — ¿Vos creéis, que vale aquel 
perdón ? Asi hizo con los Golonneses : per- 
donólos , i después destruyólos. ¡Jen til 
manera de perdonar ! 

Abcediano. — No sé qué me crea : sino que 
ellos quedan absueltos de las ánimas, i 
cargadas las bolsas. 

Lactanqo. — ¿Pues por qué no reclamábades? 

Arcediano. — A eso nos andábamos : para de- 
jar la pelleja con la hazicnda. Las cosas 
estaban de tal manera , que , hecho , i por 
hazer, les perdonaran. Si viérades al Papa 
como yo le vi ! 

Lactanqo. — ¿Dónde ? 

Arcediano. — En el Castillo. 

Lactancio. — ¿A qué ibades alli? 

Arcediano. — Vacaron ciertos Benefizios en 
mi tierra , por muerte de un mi vezino , i 
futios * á demandar. 

Lactancio. — Demasiada cobdizia era esa. 
¿No habiades mala vergüenza de ir á im— 

* Fué, dezian , en vez de fui. 



\ 



— 47i — 

portunar con demandaft en tal tiempof 

Arcediano. — No por cierto: que, honbve 
vergonzoso, el diablo lo trajo á palazio. 1 
también había muchos que los demanda- 
ban : I qais<« mas prevenir, de * ser pre- 
venido. 

Lactakcio. — Agora os digo, que es terrible 
la cobdizia de los clérigos. I qué! ¡Tanv- 
bien habja otros , que los demandaban? 

Ahcediano. — Mirad , qué duda! ¿1, para qué 
pensáis, vos, que vamos nosotros é Roma? 

LkCt/ivao. — Yo pensé que por devozion. 

Abceduho. — Si, por cierto I En mí vida es- 
tuve menos devoto. 

LicTANao. — Ni aun menos cristiano. 

Ahcrduko. — Sea como mandéredes. 

LACTAitao. — Yo 08 doi mi fé , que si yo fue- 
ra Papa , vos no lleváradea*' los Benefi— 
zios , solo porque madrugastes tanto , i 
después de tan gran persecuzion , no ha— 
biades dejado la cobdizia. 

AicEDTAifO. — I, aun por eso es Dios bueno, 
que no lo érades vos, sino Clemente Sép- 

* En la Ediz. tie Paria que. 
** En las Ediziones antiguas lleráredet; pero 
ea erralB mani6esls. 



— 475 — 

limo, que me los dio luego , de muí buena 
gana; aunque iba en hábito de soldado, 
como vedes. 

LACTANao. — Yo os prometo, que esa fiíé 
demasiada clemenzia. Ba : dezidme , cómo 
lo hallastes. 

Arcediano. — Hállela á éli á todos los Carde- 
nales , i á otras personas que con él es- 
taban , tan tristes i desconsolados, que 
en verlos , se me saltaban las lágrimas de 
los ojos. ¡ Quien lo vido ir en su triumpho, 
con tantos Cardenales, Obispos i protono- XLII. 
tarios , á pie ; i á él , llevarlo en una silla 
sentado sobre los hombres, dándonos á 
todos la bendizion : que parezia una cosa 
divina : i , agora , verlo solo , triste , afli— 
jido , i desconsolado , metido en un Cas- 
tillo , i , sobre todo , en manos de sus 
enemigos I ¡I, allende d^esto, ver los 
Obispos i personas eclesiásticas , que iban 
á verlo ; todos en hábito de legos i de sol- 
dados : i ,. que en Roma , cabeza de la 
Ifjlesia, no hobiese hombre que osase an— ^ 
dar en hábito eclesiástico I No sé yo qué 
corazón hai tan duro , que, oyendo esto, 
no se moviese á compasión. 



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\ 



\ 



i 



— 476- 
LiCTÁNao. — lO, inmenso Dios : caán pro- 
Tundos son tas jaiztos I | Con cuánta cle- 
menzia nos snfres: con cuánta bondad 
DOS llamas : con cuánta pazjenzia nos 
esperas: basta que nosotros, con la con- 
tinuazion de nuestros pecados, provoca- 
mos contra nosotros mismos , el rigor de 
tu juslizía 1 1 , pues ansi en lo uno como 
en lo otro , nos muestras tu misericordia i 
bondad infinita ; por todo , Sefior, te da- 
mos infinitas grazias , conozieodo , que 
no lo hazes , sino para mayor bien nues- 
tro. ¡ Quién vido aquella majestad de 
aquella Córt« Romana ; tantos Cardenales, 
tantos Obispos , tantos Canónigos , tantos 
pro;>lono(arioB , tantos abades , deanes , i 
arzidianos; tánlos cubicularios, unos or- 
dinarios, i otros extraordinarios; tantos 
auditores , unos de la Cámara , i otros de 
la Rota ; tantos secretarios ; tantos escri- 
tores , unos de Bulas , i otros de Breves; 
tantos abreviadores , tantos abogados, co- 
pisiiis , ¡procuradores, í oíros mil jéneros 
de oGzios i ofiziales, qoe habiaen aquella 
Corte! [I verios todos venir con aquella 
pompa i triunfo , á aquel Palazio ! ¿Quién 



— 477 — 

dijera , que habíamos de haber una tan 
súbita mudanza , como la que agora he 
oido? ¡Verdaderamente, grandes son los 
juizios de Dios ! Agora conozco , que con 
el rigor de la pena , recompensa la tardan- 
za del castigo. 

Arcediano. — ¡Pues, si viérades aquellos Car- 
denales despedir sus familias , i quedarse 
solos , por no haberles quedado , qué dar- 
les de comer ! 

Lactancio. — De una cosa me consuelo: que, / 
á lo menos , mientra esto les turare , pa— 
rezerá mas al vivo lo que representan. 

Argedi ano . — ¿ Qué ? 

Lactancio. — A Jesu Cristo con sus Apóstoles. 

Arcediano. — Dezis verdad: mas, én ese 
caso , mas querrían parezer al Papa Julio 
con sus triunfos. Dezidme, ¿cómo ha to- 
mado el Emperador lo que en Roma se ha 
hecho conlra la Iglesia? 

Lactancio. — Yo os diré. Cuando Vino nueva 
cierta de los males que se habían hecho 
en Roma, el Emperador, mostrando el 
sentimiento que era razón ; mandó cesar 
las fiestas que se hazian, por el nazímiento 
del Prinzípe Don Felipe. 




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— 178 - 

Akciídiího. — ¿GreeJB, que le hu pesado de 
)o que se ba heehu/ 

L4CTANC10. — ¿Qué os pareze á vos ? 

ARCKDiAno. — Cierto: yo do Iu sabría bien 
juzgar : porque , de una parle , veo cosas, 
pur donde le debe pesar; i de oira , por 
donde le debe plazer : i por eso os lo pre- 
gunto. 

LiCTAKCio. ~ Vo os lo diré. El Emperador 
[es] mui de veras , buen crisliano : i liene 
todas sus cosas tan encomendadas i pues- 
tas en las manos de Dios; que todo lo toma 
por lo mejor. I de aqui prozede, que ni en 
la prosperidad le veamos alegrarse dema- 
siadamente , ni en la adversidad entrisle- 
zerse. De manera, que en el semblante, no 
se puede bien juzgar de él , cosa ninguna: 
mas, á lo que yo creo, tan poco dejará 
de conformarse con la voluntad de Dios, 
en esto , como en todas las otras cosas. 

Arcediano. — Tal sea mi vida. ¿Qué os pare- 
ze , que agora su Majestad querrá hazer 
en una cosa de tanta importanzia coino 
esta? A la fé , menester ha mui buen con- 
sejo : porque si él , d' esta vez , reforma 
la Iglesia (pues todos ya coaozen cuánto 



— 479-^ 

es menester), allende del servisio que 
hará á Dios; alcanzará en este mundo la 
mayor &ma i gloria , que nunca Prin^pe 
alcanzó. I dezirse ha, hasta el fin del 
mundo, que Jesu Chrísto formó la Iglesia, 
i el Emperador Garlo Quinto la restauró. L, 
si esto no haze; aunque, lo hecho, haya 
seido sin su voluntad , i él haya tenido i 
tenga la mejor intenzion del mundo; no se 
podrá escusar, que no quede muí mal 
conzepto d'él , en los ánimos de la jeote. 
I no sé lo que se dirán después de 'Sus 
dias ; ni la cuenta que dará á Dios , de ha- 
ber dejado , i no saber usar de una tan 
grande oportunidad, como agora tiene, 
para hazer á Dios un servizio muí .señala- 
do , i un incomparable bien á toda la re- 
pública cristiana. 
Lactanqo. — El Emperador^ como os tengo 
dicho, es mui buen cristiano « i prudente; 
i tiene personas mui sabias en su consejo: 
yo espero que él lo proveerá todo á gloría 
de Dios , i á bien de la cristiandad. Mas, 
pues me lo preguntáis, no quiero dejar de 
deziros mi parezer : i es: que , cuanto á 
lo primero, el Emperador debría 



— 480 — 

PuHTKBO. — Mirad, sefiores: la Iglesia do se 
hizo para parlar, sino para rezar. Salios 
afuera, ai mandáredes, que quiero cerrar 
la puerta. 

Lactanuo. — Bien, Padre! que luego vamos. 

PoBTBRO. — Sino queréis salir, dejaros he 
eiizerradoB. 

Abckdiano. — Jentil cortesía seria esa: á lo 
menos no os lo manda asi saacl Franzisco. 

PoBTBBO. — No me curo, de lo que manda 
sanct Franzisco. 

LiCTiNCio. — Bien lo creo, Vamos , sefior: 
que tiempo habrá, para acabar lo que 
queda. 

Arcediano. — Holgara cosa estraíka de oiros 
lo que comenzasles: mas, pues asi es, 
vamos con Dios ; con condizion, que nos 
tornemos á juntar aqui mañana. 

Lactancio. — Mas , vamos á sanct Benito, 
porque este fraile no nos torne á echarolra 
vez. 

AacBDiANO. — Biendezis: sea como manda- 
redes". I , eo el entretanto , leed esta ora- 
zion, de un nuevo i'alernojíer, que núes- 

* Aquí concluye la Edíz. gótica: lo que sigue está 
en la de Paria. 



— 484 — 

tros Españoles compusieron en coplas: i 
lo cantaban junto á las ventanas del sum- 
mo PonllGze : 

Padre nuestro , en cuanto Papa , 
Sois , Clemente , sin que os cuadre : 
Mas , reniego yo del Padre , 
Que al hijo quita la capa. Etc. 



finís. 



31 



ÁNIMAS, ó ALMAS, 

cfoe intervienen en el Diálogo de Mercu- 
rio I Carón, i representan diversas con- 
diciones de homfrres. 



pÁGin . 

Alma de Predicador famoso 29 

— De Consejero de un Reí 40 

— De un Duque 62 

—De un Obispo 72 

— De un Cardenal 88 

—De un Consejero de Enrrique VIII 99 

— De Rei tirano 106 

— De Francés, Secretario del Rei 1 25 

— De un Hipócrita 1 39 

—De un Teólogo 152 

— De un Casado 158 

— De un Sellador de Bulas 191 

— De un Monje Cartujo lb¡. 

— De un Franciscano escotisla Ibi. 

—De un Rei bueno 202 

— De un Obispo bueno 253 

— De un Predicador bueno 275 

— De Cardenal bueno, porque dejó el Carde- 
nalato 293 

— De un Fraile pobre 301 

— De una Casada 315 

. — Inquisidores , ó Lobos : amigos dé Carón. . . 285 

N. U. lo dicho, en la páj. 4 7». 



1 



FE DE ERRATAS. 




lHw. 


Debedeilr. 




mn 


IDM 


i pesada 


i Ud pesada 


Aluslor 


Alastór 


nui 


mui 




CriHiaifUimo, 


Crútiaiiiimo, 


Critlianitimu, 


aun que se 


aunque se 


üize: 


díie. 


Iigw 


lugar 


quel 


aquel 


lonerloía , 


lenerlois , 


seria. 


sería, 1 


ves 


Teis \ 


quedo 


quedó 


J