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Full text of "Relacion historial de las misiones de indios chiquitos que en el Paraguay tienen los padres de la Compañia de Jesús"

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COLECCIÓN DE LIBROS 

RAROS Ó CURIOSOS 
QUE 

TRATAN DE AMÉRICA 



TOMO DUODÉCIMO 



Imp, de T. Minucsa de los Ríos, Juanelo, núm. i9. 



RELACIÓN HISTORIAL 

DE LAS MISIONES 

DE INDIOS 

CHIQUITOS 

QUE EN EL PARAGUAY TIENEN LOS PADRES 
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 

ESCRITA POR 

EL P. J. PATRICIO FERNANDEZ. S. J. 

REIMPRESA FIELMENTE SEGÚN LA PRIMERA EDICIÓN 
QUE SACÓ Á LUZ EL P. G. HERRÁN, EN 1 726 




MADRID 

LIBRERÍA DE VICTORIANO SUÁREZ, EDITOR 

Preciadc;, núm. 48 
1S95 



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ADVERTENCIA PRELIMINAR 



DEL EDITOR 



Ya los PP. Backer y Carayón han trazado, 
aunque no con la debida extensión, las biogra- 
fías del autor de este libro y del P. Jerónimo 
Herrán que lo sacó por primera vez á luz, por 
lo que creemos excusado repetir lo que de to- 
dos los americanistas y personas á quienes pu- 
diera interesar, es tan sabido. 

Si las vidas de los dos insignes Misioneros 
son bien conocidas, no sucede lo mismo con la 
obra que sacamos nuevamente á luz, pues ha 
llegado á hacerse tan rara, que es punto menos 
que imposible el hallar un ejemplar de la edi- 
ción príncipe. 

Poco hay que decir respecto al valor histó- 
rico que este libro encierra, después de lo que 
han dicho las respetables autoridades que se 
han ocupado de él; sólo se ha de añadir que el 



340: 



VI ADVERTENCIA 

P. Fernández, en las descripciones, pintura, de- 
talles de la vida íntima, supersticiones, usos y 
costumbres de los indios Chiquitos, encuén- 
trase, por el vigoroso relato que nos da y el co- 
lorido exacto con que pinta las escenas, á la al- 
tura de los más graves historiadores. Inaprecia- 
bles y de indiscutible mérito descriptivo son 
los retratos que nos hace de los principales ca- 
ciques de los Guaraníes, Zamucos, Manacicas, 
Morotocos y Chiriguanás. Bajo este punto de. 
vista y como manantial inagotable de datos 
biográficos, creemos que es obra de sumo in- 
terés; en los encuentros que unas tribus de indí- 
genas tienen con otras, en el relato de las terri- 
bles y grandiosas luchas que entre sí sostienen 
los caciques, así como el de las solemnes, luci- 
cidas y pintorescas fiestas de aquellos idólatras^ 
á nuestro humilde juicio hay poquísimos escri- 
tores de su mismo género, que, tratando asun- 
tos análogos, le aventajen. 

Este libro es más leído en el extranjero que 
en la nación en cuya lengua se escribió, pues 
corren varias ediciones, en alemán, latín, italia- 
no, etc., que se imprimieron poco después de. 
su aparición en Madrid. 

Véase el título de la edición publicada ea 
alemán: Erbaulichc und angenehnu GcschichUn 
derer Chiqvitos, und andcrer von denen P atribuid 



ADVERRENCIA Vil 

der Gesellschafftjesii in Paraquaria neube kehr- 
ten Volker.,. IVienn, P. Straub, I72g. Volumen 
en 8.° con frontis grabado, seis hojas prelimi- 
nares sin numerar, 744 páginas y siete hojas de 
índice. A esta traducción alemana, que fué he- 
cha por un Padre de la Compañía de Jesüs, 
acompaña la obra del P. Acuña, Nuevo descu- 
brimiento del gra?i río de las Amazonas, que ya 
publicamos y forma el tomo II de esta Colec- 
ción. 

Título de la edición italiana: Relazione isto» 
rica della Nuova cristianitá degVlndiani deiti 
Cichiii.... Tradotta in italiano da Gio. Bat. 
Memmi, della Compagnia di Gesú. Roma. Ant, 
de'Rosiy 17 2g. En 4.° 

Hé aquí el título de la edición latina: Histó- 
rica re latió de Apostolicis missionibus pairum soc. 
Jes. apud Chiquitos, Paraquaria populos... hodie 
in linguam latinam translata ab alio ejtisdemsoc. 
Jes. sacerdote. Aug. Vindelicorum, M. Wolff 
1733. Es en 4.° mayor y consta de 19 hojas 
preliminares sin numerar, 276 páginas y 49 para 
el índice. 

El elocuente hecho de haber sido traslada- 
da á estos idiomas, aun cuando no tuviese las 
innumerables bellezas que en ella se hallan, bas- 
taba, á nuestro parecer, para ser merecedora del 
honor de la reimpresión. En cuanto á ésta, he- 



VIII ADVERTENCIA 

mos tratado que salga de nuevo en absoluto 
igual (salvo la ortografía, que se ha moderni- 
zado) á la príncipe, que apareció en Madrid en 
sendo volumen en 4°, por el impresor Manuel 
Fernández, en 1726. 

En general son raras las obras referentes á 
América anteriores á 1750; mas las relativas al 
Paraguay no ceden, en punto á escasez, á nin- 
guno de los libros que tratan de las demás re- 
giones del continente americano. 

Madrid 8 de Abril de 1895. 



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RELACIÓN ! 

HISTORIAL I 

DE LAS MISSIONES DE LOS I 

Indios, que llaman Chiquitos, que | 

i están á cargo de los Padres de la | 
Compañía de Jesvs de la Provin- 
cia del Paraguay. 

ESCRITA 

Por el Padre Jtian Patricio Fernandez, 

de la misma Compañía. 

SACADA A LUZ 
Por el Padre Gero7iinio Herrán, Procura- 
dor General de la 7nisma Provincia. 

QUIEN LA DEDICA 

Al Serenissimo Señor Don Fernando, 

Principe de Asturias. 

Año 1726. 

CON LICENCIA 

En Madrid: Por Manuel Fernandez, Im- 

pressor de Libros, vive en la Calle del 

Almendro. 



AL serenísimo 

SEÑOR DON FERNANDO 

PRÍNCIPE DE ASTURIAS 

Señor: 



La pequenez del don desalienta mucho á 
quien ofrece; esto es común; pero en quien 
ofrece (como yo) á aquel respeto, de cuya mag- 
nitud nada queda capaz de llamarse grande^ 
falta desde luego este motivo al temor reverente 
y se excitan todos los que hay para el carina 
respetoso. Entre los astros, unos nos parecen 
grandes y otros pequeños, cuando precisamente 
ponemos en ellos los ojos; lo mismo sucede en- 
tre los montes; y entre éstos, algunos, por su 
agigantada elevación, se han grangeado sin 
disputa el título de altísimos; pero en dejándose 
ver la luciente majestad del sol, y en poniendo 
la atención en la desmedida altura del cielo, los 



XII P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

astros todos son pequeños y los montes dejan 
de ser gigantes. El sol, sólo en la Escritura Sa- 
grada, tiene el renombre de grande, Itiminaré 
mains y sólo el cielo es alto, entre los que saben 
que respecto de él todo el orbe de la tierra se 
debe considerar como un punto. 

¿Quién puede dudar que hay estimables pre- 
ciosidades en la naturaleza, curiosas máquinas 
en el arte, sutilísimas invenciones del ingenio, 
eruditas y profundas operaciones de la ciencia, 
y hermosas y floridas composiciones de la retó- 
rica y de la poesía? Entre todas estas cosas, se 
hallarían muchas muy grandes, consideradas en 
sí; pero al elegir entre ellas alguna que ofrecer 
á 'V. A., nada se hallaría, no sólo grande, pero 
ni aún digno de emplear vuestro Real ánimo, 
mayor que todo. Entonces lo más precioso pa- 
recería despreciable, la curiosidad, desaliño, la 
sutileza, tosquedad y barbaridad la erudición. 
Se hallaría la ciencia ruda é ignorante, muda la 
retórica y la poesía balbuciente. Tanto minora 
siempre, aun á lo más excelso, la comparación 
con lo sumo. 

Y no obstante la innegable verdad de este 
principio, yo me atrevo, señor, á llamar grande 
lo que os ofrezco. Hoy pongo yo en vuestra alta 
comprehensión los trabajos de los Jesuitas, en 
la espiritual conquista de las desconocidas, in- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS XIII 

cultas y bárbaras provincias del Paraguay, en el 
país que llaman de los Chiquitos. Ved aquí ya, 
señor, lo que con toda verdad puede llamarse 
grande, aun puesto á los Reales pies de V. A. y 
á vuestra vista; para lo que les bastaba al saberse 
mantener con el nombre de trabajos y fatigas,, 
contra todo el golpe de la dicha, que les ocasiona 
el haber llegado á vuestra noticia y merecer 
vuestra atención piadosa. Prueba es esta que no 
necesitaba de otra alguna, y más cuando en 
nombre de los demás Jesuitas puedo confiada- 
mente decir yo que fuera de la gloria de Dios, 
que debe ser en ellos (como hijos de Ignacio), 
el primer timbre de sus empresas, esta sola feli- 
cidad los hace y los hará arrojarse gustosos al 
casi inevitable tropel de los riesgos, y á la fatiga 
inmensa de tan continuados afanes. Mucho pa- 
decen, señor, como en esa sucinta relación se. 
puede ver brevemente; pero les llena de un goza 
indencible y de un consuelo inexplicable, el ver 
á costa de sus sudores, hijos de Dios, los que 
eran esclavos del demonio, y felices vasallos de 
un Príncipe como V. A. los que padecían una 
miserable libertad en la indómita servidumbre 
de su desdicha. Ya son' deliciosos jardines del 
Rey del cielo, las enmarañadas selvas de la ido- 
latría, y ya delicadas flores y tiernas plantas que 
produce y adelanta el riego evangélico, se atre- 



XtV P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ven á recrear divertidamente vuestros primeros 
añoS; si antes pudieran asustar y asustaban te- 
merosamente los años más endurecidos. 

No habrá quien niegue (si ha tenido alguna 
vez la dicha de veros) que les quita lo más de 
la realidad á los afanes y fatigas la fortuna ape- 
tecible de llegar á vuestra presencia, que aunque 
por lo común son descorteses los males y poco 
atentos los trabajos, hay dichas de tan superior 
esfera, á quien no se atreve su osadía, y se deja 
vencer, aunque precisada su obstinación, de su 
grandeza. En la realidad, ya desde hoy, somos 
ios Jesuitas del Paraguay dichosos, aunque en 
esa relación que os presento, fuesen todavía 
como fatigados. Y no ellos solos, que tambiin 
los que al nacer hijos de la predicación evangé- 
lica, se cuentan al mismo tiempo hijos vuestros, 
por sujetos á vuestro apetecible imperio, ni les 
queda más á que aspirar, ni harán nueva felici- 
dad que apetecer. Por las puertas de la gracia de 
Dios verdadero entraron dichosamente á la del 
Príncipe más poderoso y más amable (que de 
otro modo no fuera posible) y ya que no tuvie- 
ron la dicha de nacer españoles para nacer va- 
sallos de tanto Príncipe, tuvieron la inestimable 
fortuna de que los españoles Jesuitas (que creo 
que lo son dos veces) los hiciesen renacer para 
hacerlos lograr en una muchas felicidades. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS XV 

Vuelvo á decir, señor, que es grande lo que 
os ofrezco, aun ofrecido á V. A., á cuya vista 
sólo los trabajos, afanes y fatigas de los Jesuítas 
en cualquiera línea, pueden ser grandes, y en 
esta, del mayor aprecio de vuestra alta estima- 
ción. Y vuelvo á decir que basta esta sola prue- 
ba para desempeño de mi proposición que en 
otro sentido debiera con razón juzgarse osadía. 
Pero además de esta, tengo otra, no menor, 
que dar en el sublime juicio del generoso padre 
de V. A., nuestro amabilísimo Monarca. Tam- 
bién su elevado dictamejj ha juzgado grandes los 
afanes de los Jesuítas, y los frutos de ellos han 
merecido su aprobación, su patrocinio, sus in- 
flujos y sus liberalidades, y no puede ser pequeño 
lo que ha podido merecer tanto, i^sí lo publica 
nuestro reconocido agradecimiento, *pues aun- 
que en su católico celo nada hay en esta espe- 
cie, que su generosidad lo juzgue exceso, verda- 
deramente que los favores y expresiones hechas 
á los Jesuítas del Paraguay, pudieran parecer 
exceso en otro amor y en otro Rey. 

Esto hace, señor, que V. A. íiaya de mirar 
como estimables efectos de la generosa piedad 
de vuestro padre, lo que se os ofrece como á tan 
amado y tan amante hijo, y este título lo hace 
crecer tanto, que fué en mí lo que últimamente 
resolvió mi respetuosa timidez, para ofrecer á 



XVI P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

un Fernando^ Príncipe de Asturias, aquello que 
se dignó mirar como suyo un Philipo, Rey de 
las Kspañas. Confiadamente me atrevo ya á su- 
plicaros que prosiga vuestra dignación los favo- 
res de vuestro gran padre, para lo que nos basta 
sólo que admitáis benigno esta breve noticia de 
nuestras fatigas; que bien se yo y sabemos todos 
los Jesuitas, que la sombra sólo de vuestro au- 
gusto nombre, templará nuestros afanes, enju- 
gará nuestros sudores y hará que respetuosa 
aun la envidia de tanta fortuna, pronuncie y 
para como aplausos y» alabanzas, aun lo que 
aprenda y conciba como dicterios y calumnias. 
Y asegurados los Jesuitas (no digo envanecidos, 
aunque lícitamente pudiera), asegurados digo, 
en tanto patrocinio, no nos quedará más que 
desear, siio es el que aquel Dios, para cuya 
gloria y servicio contribuye vuestra feliz vida 
tanto, dilate por siglos vuestros años, os colme 
de felicidades y de triunfos, hasta que se vea la 
España envidiada de todas las demás naciones, 
sólo por la dicha de lograr en vuestra alteza tan 
singular Príncipe. 
Muy rendido vasallo de V. A., 

Jerónimo Herrán, 



APROBACIÓN 

DEL 

PADRE ALBERTO PUEYO 

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 

Calificador 
de la Suprema general Inquisición de España, etc. 

De orden de V. A. he visto con gusto la Re- 
lación historial de los indios que llaman Chiqui- 
tos, etc., y me persuado que el ministro evangé- 
lico que fuere menos fervoroso, la leerá con 
sentimiento y rubor, comparando el apostó- 
lico celo de aquellos incomparables misioneros 
con su tibieza, y sólo sentiará alivio en su dolor 
pidiendo á Dios que por su infinita piedad se 
compadezca de los años que ha mal empleado 
en ociosidad. Me sirve también de singular 
consuelo el ver, que por medio del fuego de la 
mayor gloria de Dios que arde en los corazones 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. I 



2 P. PATRICIO FERNANDEZ 

de mis hermanos los Jesuítas, misioneros de la 
provincia del Paraguay obra Dios los milagros 
que obraba en la primitiva Iglesia, porque cum- 
plen estos á la letra lo que Cristo manda á los 
que profesan la vida apostólica, discurriendo 
por las inmensas campañas de aquella parte de 
América, trepando inaccesibles selvas y bosques 
venciendo la fragosidad de los montes, arresta- 
dos siempre á perder mil vidas, sólo por darla 
á infinitos bárbaros, que ciegos con las tinieblas 
de la gentilidad, viven más como fieras que 
como racionales. Y al mismo tiempo corres- 
ponde Cristo nuestro dueño, como infalible que 
es en sus promesas, con lo que nos dice por 
San Marcos, consolando y premiando abun- 
dantemente en esta vida las gloriosas tareas de 
sus siervos, comunicándoles el don de nuevas 
lenguas, que son infinitas como las naciones, 
que los nuestros aprenden casi milagrosamente 
para que prediquen el Evangelio, y es maravilla 
ver cómo aquellos bárbaros, á pocas razones 
de los misioneros, y viendo enarbolado el ines- 
timable madero de la Cruz y la imagen de María 
Santísima, pasan á ser, casi de repente, no sólo 
cristianos en el deseo, sino misioneros fervo- 
rosos, apostados á perder la vida, derramando 
la sangre por la ley Evangélica, y al heroico 
creer, así de misioneros como de recién conver- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 3 

tidos, se sigue lo que nos dice Cristo en el 
Evangelio, que es echar los misioneros, á vista 
de todos, los demonios de las Rancherías, que 
son sus pueblos, de que han estado en pacífica 
posesión por muchos siglos, con sólo decir 
aquellos fervosos Jesuitas el Evangelio ó poner 
las manos sobre los enfermos, se desvanecen 
los contagios frecuentes en aquellos países, 
obrando otras milagrosas curaciones; ni los ve- 
nenos, ni la comida casi corrompida y muchas 
veces tan escasa, que se reduce á alguna frutilla 
silvestre, ocasiona el menor daño á la más deli- 
cada salud del misionero. El blanco, pues, que 
tienen estos Jesuitas en sus fatigas, es sólo con- 
vertir almas para Dios, y al mismo tiempo au- 
mentar vasallos á nuestro gran Monarca, agre- 
gando nuevas provincias á su Corona, cum- 
pliendo con la obligación de Jesuitas y de vasa- 
llos, en señal de la justa gratitud que debemos 
á este gran Príncipe que se ha dignado y digna 
tanto en favorecer á la Compañía, expendiendo 
al mismo tiempo su Real piedad muchos cau- 
dales, con que se ha fundado en tiempo de su 
reinado, mantenido y aumentado más y más 
aquella numerosa y nueva cristiandad de los 
Chiquitos. Aunque los Jusuitas, que se ocupan 
en estas gloriosas tareas son muchos, como es 
abundantísima la mies, son pocos los obreros: 



4 P. 'patricio FERNÁNDEZ 

Messi nmlia operarii aiitem pauci . Quiera Dio»^ 
que es el dueño de la mies, mover los corazones 
de muchos, para que multiplicándose los ope- 
rarios, sea muchas veces más copioso el pre- 
cioso fruto, que tan felizmente se coje. Sobre 
todo, me parece que en ningún tiempo mejor 
que en este se pueden decir, pero con lágrimas 
en los ojos, aquellas divinas palabras de Cristo: 
Parvuli petierunt paneniy et non erat qui franí' 
geret eis, porque en la misiones, que llaman de 
los Chiquitos, ó de los Parvulillos, hay muchos, 
por no decir innumerables indios, que claman 
por Padres, y como ellos se explican, que les 
enseñen la verdadera ley. Pero, ¡oh lástima! No 
hay bastantes operarios que les repartan el ines- 
timable y necesario Pan del Evangelio, que con 
tanta ansia desean: Et non erat, qui frangeret 
eis. ;Qué Jesuita habrá á quien tan justos como 
lastimosos clamores no hieran el corazón ó no 
le saquen lágrimas á los ojos? ¿Y á quién no 
encenderá en vivos deseos de socorrer necesi- 
dad tan extrema? Pudiera dilatarme mucho más 
en ponderar las fatigas gloriosas de los Jesuitas; 
pero acabo, por no ser cansado, diciendo: que 
no habiendo hallado en este libro cosa que se 
oponga á las regalías de S. M. ni á nuestra Santa 
fe católica, ni á las buenas costumbres, juzgo 
qué se debe dar al autor la licencia que pide. Y 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 5 

quizás Dios moverá los corazones á muchos de 
los que leyeren esta historia, para que afervori- 
zados, pongan los más eficaces medios para ir 
á ayudar á la salvación de aquellos infelices in- 
dios, que por falta de quien les comunique la 
luz del Evangelio, miserablemente perecen. Este 
€s mi sentir. De este Colegio Imperial de Ma- 
drid, á veinte y cuatro de Agosto de^i726. 

Alberto Pueyo. 



APROBACIÓN 

DEL 

PADRE JOSEPH DE SILVA 

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 
Predicador de S. M. y del Colegio Imperial. 

De orden de V. S. he visto y leído con gran 
gusto la Relación historial de las misioties de los 
indios que llaman Chiquitos, que están á cargo de 
la Compañía de Jesús, en la provincia del Par a- 
guay; y si las quisiésemos cotejar con las con- 
quistas Evangélicas del Oriente, que fueron el 
glorioso empleo de San Francisco Xavier, por 
las cuales mereció el título de Apóstol de la In- 
dia, tendríamos muy poco que hacer para igua- 
larlas; ya se miren las naciones bárbaras, que 
en tan dilatado campo de la idolatría han reco- 
nocido á Jesucristo y á su Sarta ley, ya la diver* 
sidad de genios y costumbres de estas gentes, 
más propias de brutos que de racionales, culti- 
vadas por nuestros misioneros con tanto afán y 
fatiga en estos tiempos, al parecer más reñidos 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 7 

con los cuidados de salvación agena; me pare- 
ce que ha renovado Dios en su iglesia, por me- 
dio de estos operarios suyos, las señales de la 
primitiva, confirmando la predicación del Evan- 
gelio con los milagros que dijo San Marcos (i) 
que acreditaban la predicación de los Apóstoles 
en la conquista del mundo. Toda la relación 
está llena de esta verdad, y confirmada con la 
sangre de muchos misioneros, muertos cruel- 
mente á manos de los bárbaros, por conservar 
y mantener en su Dureza la fe de Jesucristo 

Puedo decir sin violencia, que atendidos sus 
trabajos y su celo en adelantar las conquistas, 
como se pueden ver en las innumerables reduc- 
ciones ó pueblos que han hecho de los conver- 
tidos á la fe, que bastarían sin duda para enju- 
gar las lágrimas de aquel siglo, en que San Gre- 
gorio lloraba la falta de operarios en la Iglesia, 
siendo tan abundante la mies en las naciones: 
Ad messem tnultam operar i j simt pauciy quod 
non fine ncerore et lachrymis-loqui possumus (2). 
Para estos obreros evangélicos reservó Dio^ 
sin duda gran parte de aquella gloria, que se- 
ñaló al Apóstol de las gentes en su vocación, y 
destinó á la promulgación jie la ley de Gracia,. 



(1) Marc. 16. 

(2) Gregor. hom. i3 in Mar; 16, 



o P. PATRÍCIO FERNÁNDEZ 

marcándole en la elección para que llevase su 
nombre á tantas y tan diversas naciones: (i) Ut 
porlet 7iomen meum coram gentibus et regihis et 
filijs Israel Y á la verdad, en esta Relación his- 
torial st verá que han introducido la fe de Jesu- 
cristo los misioneros Jesuitas en la otra parte del 
mundo, que confina con la Tierra Austral in- 
cógnita, tocando en la que los cosmógrafos di- 
cen que aún no está descubierta, y la llaman 
Tierra del Fuego. Dignos por cierto de aquél 
premio, que tiene Dios destinado para los que 
á costa de afanes, fatigas y sudores, hicieron 
adorar su nombre en los últimos términos del 
mundo, como lo dejó escrito Isaías y lo explicó 
San Pablo, que fué el mas fiel testigo de la pre- 
dicación del Evangelio. Dejo para menos apa- 
sionadas plumas la confirmación de este dicta- 
men mío, que podrá parecer sospechoso por 
interesado, y pongo por conclusión de la cen- 
sura la que se merece una obra toda de la gloria 
de Dios, para que en la luz pública logren todos 
ejemplos de la virtud más heroica y del más 
apostólico celo. Este es mi dictamen, salvo, etc. 
En este Colegio Imperial de la Compañía de 
Jesús de Madrid y Agosto 21 de 1726. 

JOSEPH DE SyLVA. 

i i) Actor. 



Michael Ángelus Tamburinus, praepositum 
generalis Socieiaüs Jesu. 

Cum relationem Missionum á Paíribus nostrae 
Socieiaüs apud Chiquitos y in Paraquria, á Paire 
Joanne Pairiiio Fernández y Socieiaüs conscripiam, 
aliquoi eiusdem Socieiaüs Theologi recognoverint 
ti in lucem edi posse probaverini; faculiaie77i fa- 
címuSy ui iypis mandeiur; fi ijs, ad quos periinet 
ita videbiiur) cuius rei graiia, has Hueras manu 
nostra subscriptas, ei Sigillo nosiro muniias» de- 
dimus Romae jó Aprilis 1726 , 

Michael Ángelus Tamburinüs. 



LICENCIA DEL ORDINARIO 

Nos el Dr. D. Cristóbal Damasio, canónigo 
de la insigne Iglesia colegial del Sacro Monte 
Ilipulitano Valparaiso, extramuros de la ciudad 
de Granada, inquisidor ordinario y Vicario de 
esta villa de Madrid y su partido, etc. Por la pre- 
sente, y por lo que á Nos toca, damos licencia 
para que se pueda imprimir é imprima la Rela- 
ción historial de las misiones de los Chiquitos, 
que están á cargo de los Padres de la Compañía 
de Jesús de la provincia del Paraguay, escrita 
por el Padre Juan Patricio P'ernández, de la mis- 
ma Compañía; por cuanto habiéndose recono- 
cido, parece no tiene cosa que se oponga á 
nuestra santa fe católica y buenas constumbres. 
Dada en Madrid á 13 días del mes de Agosto 
año 1726. 

Doctor Damasio. 

Por su mandado, 
Lorenzo de San Miguel. 



LICENCIA DEL CONSEJO 

D. Baltasar de San Pedro AcevedO; escribano 
de Cámara del Rey nuestro señor y del Gobier- 
no del Consejo, certifico que por los señores 
de él se ha concedido licencia por una vez al 
P. Juan Patricio Fernández, de la Compañía de 
Jesús, para que por una vez pueda imprimir y 
vender un libro que ha compuesto, intitulado; 
RelaciÓ7i historial de las Misiones de los indios 
que Hastian Chiquitos en la provincia del Para' 
guay, con tal que la dicha impresión se haga 
por el original que va rubricado y firmado al 
fin, de mi mano; y que antes que se venda se 
traiga al Consejo con certificación del correc- 
tor de estar conforme á él, para que se tase al 
precio á que se ha de vender, guardando en la 
impresión lo dispuesto por las leyes de estos 
reinos. Y para que conste, doy la presente en 
Madrid á 12 de Agosto de mil setecientos vein- 
tiséis. 

Don Baltasar de San Pedro. 



SUMA DE LA TASA 

Tasaron los señores del Consejo Real este 
libro intitulado: Relación historial de los indios 
que llaman Chiquitos en la provincia del Para- 
guay, á seis maravedís cada pliego como más 
largamente consta de su original, despachado 
en el oficio de D. Baltasar de San Pedro Ace- 
vedo, escribano de Cámara del Rey nuestro 
señor y del Gobierno de su Consejo, en Madrid 
á nueve de Septiembre de mil setecientos vein- 
tiséis años. 

Don Baltasar de San Pedro. 



PROLOGO PARA ESTA OBRA 



En una breve relación de tan dilatadas y glo- 
riosas empresas de los Misioneros Jesuítas que 
trabajan incesantemente en predicar la fe de Je- 
sucristo á tan innumerables é incultas naciones 
del Paraguay y sus provincias, no es fácil poder 
escribir, como era razón, las vidas de muchos 
apostólicos obreros que han padecido martirio 
á manos de los infieles, y así me es preciso re- 
ferir muy sucintamente parte de sus heroicas 
virtudes, dejando para mejor ocasión el sacar- 
las á luz con más extensión. En este supuesto, 
y en el de no ser historia con las formalidades 
que piden sus reglas, como de esta provincia la 
escribió el erudito P. Nicolás del Techo en 
lengua latina, sólo refiero las regiones en donde 
se han formado los pueblos de los nuevamente 
convertidos, y al mismo tiempo se describen 
sus situaciones, sus genios y sus diversos idio- 
mas, para que se pueda comprender con menos 



14 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

dificultad el asunto de esta pequeña obra; que si 
se lograse con ella el encender en el corazón d^ 
los que ó tienen por instituto la conversión de 
las almas, ó por fervor cristiano la salvación de 
los infieles, un celo de dilatar la gloria de Dios 
en las conquistas del Evangelio, se dará por 
bien empleado el trabajo de sacarla á la luz pú- 
blica, sin cuidado de que ó la censura ó la ma- 
licia le imponga aquellas acostumbradas notas 
que en el juicio prudente y cristiano sólo pue- 
den servir para el desprecio y nunca para la 
atención; ¡ojalá tenga yo muy frecuentes las no- 
ticias de estas apostólicas tareas para emplear 
con nuevo gusto el trabajo de publicarlas para 
mayor gloria de Dios, que es el fin principal de 
las Misiones de los Jesuítas. 



PROTESTA DEL AUTOR 



Siendo preciso tocar en esta Relación histo» 
rial, aunque de paso^ las Memorias de algunos 
varones apostólicos que murieron á manos de 
los infieles por la fe que predicaban, dejando en 
su muerte aquel olor de santidad que corres- 
pondía á sus heroicas virtudes, así como se re- 
fieren otros sucesos milagrosos que en confir- 
mación de la fe parece que los hacía Dios por 
medio de sus siervos para alentarlos á los tra- 
bajos de su mayor gloria; no es mi ánimo en 
estos puntos y en otros semejantes que contiene 
esta Relación el que se les dé más que aquella 
fe humana que se merecen los fundamentos que 
se refieren para escribirlos; y así estoy muy le- 
jos de prevenir en la relación de ellos el juicio 
de la Iglesia; antes bien, protesto, el que los su- 
jeto á la corrección de la Santa Sede, obede- 
ciendo á los decretos de los Sumos Pontífices y 
de la Iglesia. 



CAPÍTULO PRIMERO 



Su principio, fundación y progresos. 



No es mi intento por ahora escribir la his- 
toria de la provincia del Paraguay de la Com- 
pañía de Jesús^ la cual comprende cinco Go- 
biernos y otros tantos Obispados, en la longi- 
tud de cerca de seiscientas leguas. El que qui- 
siere saber más por extenso lo que en esta dila- 
tada provincia han trabajado gloriosamente los 
PP. de la Compañía de Jesús y padecido por la 
conversión de los gentiles, podrá leer la Histo- 
ria que de esta provincia escribió el P. Nicolás 
del Techo; advirtiendo que al tiempo, y cuan- 
do escribió dicha Historia, sólo se habían fun- 
dado veinte y cuatro Reducciones de indios á 
las riberas de los ríos Paranná y Uruguay, que 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 2 



1 8 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

componen el caudaloso y celebrado río de La 
Plata. Hoy llegan á treinta y una las reduccio- 
nes de sólo los indios Guaranys, mucho más 
numerosas que las antecedentes, pues en el año 
de 17 17 se contaban en dichas reducciones 
ciento y veintiún mil ciento sesenta y ocho al- 
mas, bautizadas únicamente por los PP. Misio- 
neros de la Compañía de Jesús de dicha provin- 
cia. Los nombres de las reducciones ó pueblos 
de esta nueva cristiandad, son el pueblo de los 
Santos Apóstoles, el de la Concepción, el de los 
Santos Mártires del Japón, el de Santa María la 
Mayor, el'dé San Francisco Xavier, etde San 
Nicolás, el de San Luis Gonzaga, el de San Lo- 
renzo, el de San Juan Bautista, el de San Mi- 
guel, el del Ángel de la Guarda, el de Santo To- 
más Apóstol, el de San Francisco de Éorja, el 
de Jesús María, el de Santa Cruz y el de los San- 
tos Reyes. Estos á las riberas del gran río 
Uruguay. Los que se han fundado á la ribera del 
gran río Paranná, son el pueblo de San Ignacio, 
que llaman el Mayor, el de Nuestra Señora de la 
Fé, el de Santiago Apóstol, el de Santa Rosa, el 
de la Anunciación, el de la Purificación, el de 
San Cosme y San Damián, el de San Joseph, el 
de Santa Ana, el de Nuestra Señora de Loreto, el 
de San Ignacio, que llaman el menor, el del 
Corpus, el de Jesús, el de San Carlos y el de la 



.0 

RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 19 

Trinidad, aumentándose cada día más el núme- 
ro de convertidos y floreciendo en todos el pri- 
mitivo fervor de la fe, que recibieron en el bau- 
tismo. 

El fin, pues, de esta Relación, se reduce á 
dar noticia de las nuevas misiones que esta 
apostólica provincia tiene al presente en la na- 
ción de indios, que llaman Chiquitos. 

Por donde la provincia de Tucumán confi- — ^ U^Qc{f 
na por el Occidente con los reinos del Perú, se ; .- "~ 
descubre un espacio de tierra que desde Santa 
Gruz de la Sierra, donde remata, y desde Tarija, 
donde empieza, tiene trescientas leguas de largo. 
Por el lado de Levante tiene aquella parte del 
Chaco, que va á hacer punta en el Tucumn; 
por el Poniente el Marañón, ó por mejor decir, 
á Santa Cruz de la Sierra, con quien más se 
afronta; por el Mediodía la provincia de las 
Charcas, y por la Tramontana mira de lejos á 
la provincia de los Itatines. Corre por medio 
de ella, de Septentrión al Austro, una cadena 
de montes, que empezando desde el Potosí llega 
hasta las vastísimas provincias del Guajrá. En 
ellos tienen su nacimiento tres grandes ríos, el 
Bermejo, el Pilcomayo y el Guapay, que bañan 
las campañas que están sitas á la falda, por una 
y otra parte de ambos montes, y de allí, atrave- 
sando un casi inmenso espacio de tierra, des- 



20 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

embocan en el río Paraguay. Escogieron los 
Chiriguanás para su habitación este país, habrá 
como cosa de dos siglos, abandonando el nati- 
vo del Giiayrá, y me parece no será fuera de. 
propósito referir aquí la causa de esta mudan- 
za. Al tiempo que las dos Coronas de Castilla y 
Portugal procuraban dilatar su imperio en estas 
Indias Occidentales, Alejo García, alentadísima 
portugués, deseoso de servir al rey D. Juan 
el II, su amo, con las conquistas de nuevas 
provincias, tomando en el Brasil tres compañe- 
ros de su mismo ánimo y valor, después de ha- 
ber caminado por tierra trescientas leguas hasta 
llegar á las costas del Paraguay, alistó por sol- 
dados dos mil indios: y habiendo caminado 
con ellos otras quinientas leguas por aquel río, 
aportó á los confines del imperio del Inga, don- 
de, habiendo recogido mucho oro y plata, se vol- 
vió al Brasil; pero los bárbaros le quitaron á 
traición la vida. 

Temerosos éstos, ó de que viniesen sobre 
ellos las armas portuguesas á vengar la muerte 
de los suyos, ó llevados del interés, se pasaron 
y vinieron á vivir en el país ya dicho; y aunque 
pocos entonces, pues apenas pasaban de cuatro 
mil, ahora están muy numerosos, pues pasan 
de veinte mil, viviendo sin forma de pueblo, en 
tropas, y dándose á correr y robar las tierras 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2 I 

circimvecinas; y por el deseo de carne humana, 
de que gustaban mucho, hacían á muchos de 
ellos cautivos; y cebados por muchos días, 
como se hace en Europa con los animales de 
cerda, celebraban banquetes de cruelísima ale- 
gría, con lo cual se hicieron formidables á los 
confinantes; y sólo con la venida de los españo- 
les olvidaron la inhumana costumbre de comer 
carne humana, pero no la crueldad; de suerte 
que se dice haber destruido y aniquilado hasta 
el presente más de ciento y cincuenta mil in- 
dios. 

A reducir á estos bárbaros á vida política y 
cristiana, encaminaron sus designios, desde los 
principios del siglo pasado, los apostólicos 
Padres Manuel de Ortega, Martín del Campo, 
Diego Martínez, y sucesivamente otros; pero por 
más industrias de que se valió su ardiente celo, 
jamás pudieron ablandar la dureza de corazo- 
nes tan obstinados, ni domesticar la ferocidad 
de ánimos tan salvajes, causa porque los aban- 
donaron, como tierra en que se ha derramado 
inútilmente el grano Evangélico, para emplear 
sus fatigas en país que correspondiese á su cul- 
tura, con fruto más digno de sus trabajos; hasta 
que el año de 1686, habiendo ido dos Misione- 
ros de esta provincia á ejercitar los ministerios 
de nuestra Apostólica Vocación á Tierra de Ta- 



22 P. PATRICIO FERNANDEZ 

rija, hicieron eco en ac^uellos desiertos las ma- 
ravillas que obraba la divina palabra en las cos- 
tumbres bien rotas y, perdidas de aquella tierra. 
Entraron, pues, en acuerdo algunos caciques,, 
y de común, consentimiento enviaronmensa 
jaros á los- Padres, suplicándoles con eficací- 
simos ruegos se moviesen á compasión de sus 
almas, poniéndolas en el camino de la salva- 
ción; pero no tuvieron por entonces otra res- 
puesta, sino que no podían asistirles hasta dar 
aviso á su Pro\incial, que ala sazón era el Padre 
Gregorio de Orozco, natural de Almagro, en la 
Mancha, sujeto de mucho celo y fervor, quien 
no pudo tan presto condescender con tan justas, 
súplicas hasta abrir colegio, como lo hizo en la 
villa de Tarija. En escoger entre todos los suje- 
tos que habían de dar principio á aquella Mi- 
sión, tuvo el buen Provincial no poco que hacer 
para aquietar los deseos, súplicas y lágrimas de 
tantos como se le ofrecieron á esta ardua em- 
presa; pero no había quien con más ardor lo 
desease, ni á quien con más razón se debiese 
hacer esta gracia, como el V. P. Joseph de Ar- 
ce, natural de las islas Canarias, hombre de 
gran corazón y de igual celo, premiado de 
Nuestro Señor con una muerte gloriosa, de que 
daremos noticia adelante. Parece que San Fran- 
cisco Xavier, antes que los Superiores, le desti- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 23 

T\ó para esta empresa^ pues viéndole éstos dota- 
do de gran talento y feliz ingenio para las cáte- 
dras, aunque con increíble dolor del buen Pa- 
dre, le habían aplicado á ellas; pero no tardó 
mucho en que se vieron precisados á mudar de 
parecer, porque siéndole al humildísimo Padre 
de intolerable peso esta lustrosa ocupación, no 
podía recabar con súplicas y lágrimas le alivia- 
sen de ella, con que recurrió al asilo de San 
Francisco Xavier, suplicándole con muckas lá- 
grimas el cumplimiento de sus deseos. Tuvo fe- 
liz despacho con tan poderoso intercesor su sú- 
plica, porque cayendo luego enfermo, le dieron, 
por descuido del enfermero, un remedio receta- 
do para otros, el cual le redujo á los últimos 
períodos de la vida. Viéndose en este lance, pi- 
dió licencia al P. Provincial Tomás Baeza para 
hacer voto á su graijde Abogado San Francis- 
co Xavier, de que si alcanzaba la vida, la em- 
plearía en la conversión de los infieles. El P. Pro- 
vincial, reconociéndole ya desahuciado, le dio 
grata licencia para hacer su voto; y luego que 
le hizo, le aceptó el Santo desde el cielo, pues 
remitiendo de su fuerza el mal, en breves días 
quedó sano del todo. 

Y como en aquel tiempo se trataba con 
gran calor de la conversión á nuestra Santa Fé 
de las naciones que están hacia el estrecho de 



24 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Magallanes, que descubiertas pocos años antes 
por el V. P. Nicolás Mascardi, italiano, sujeto 
de la provincia de Chile y mártir del Señor, pe- 
dían predicadores de nuestra Santa Ley, y por 
orden de nuestro piadosísimo Monarca Car- 
los II, estaban ya á punto algunos fervorosos 
misioneros para entrar en las tierras de log Pa- 
tagones, fué también señalado el P. Arce. Pero 
á lo mejor de la obra se atravesó el infierno por 
medio de algunos Ministros del Rey, que aten- 
diendo más á sus particulares intereses que al 
servicio de Dios y de la Monarquía, pretendie- 
ron sujetarlos con armas para hacerlos des- 
pués esclavos suyos. 

Desvanecida, pues, esta misión con incom- 
parable dolor de todos los buenos, fué destina- 
do á llevar la luz del Evangelio á los Chiragua- 
nás, y abrir camino en otras provincias á tan- 
tos hermanos suyos, que conducidos de su mis- 
mo espíritu y celo habían de seguirle, para sem- 
brar en ellas la semilla de la predicación evan- 
gélica, los cuales, para hacerla más fecunda, la 
habían de regar, no sólo con sus sudores, sino 
también con su sangre. Pero antes de empren- 
der esta obra, procuró armarse y fortalecerse 
con aquellas virtudes que reconocía necesarias 
para tan ardua y difícil empresa, porque le adi- 
vinaba presagioso su corazón que el común 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2$ 

enemigo se había de poner en armas para no 
perder la tiránica posesión y señorío de una 
gente, que hasta entonces, con injuria de Dios 
Nuestro Señor, había estado siempre á su devo- 
ción. 

En el ínterin, pues, que el Padre estaba con 
todo su espíritu recogido en Dios tratando este 
negocio, vino del Pilcomayo un cacique con 
seis vasallos suyos, pidiéndole no difiriese un 
punto de ir á darles noticia de Dios Nuestro 
Señor; y luego manifestaron las veras con lo 
que decían las obras, oyendo con gusto y aten- 
ción la explicación de la Doctrina Cristiana, y 
estando siempre obedientes á su voluntad. 

Las muestras que dieron de sí estos pocos, 
le encendió en su corazón un ardiente deseo de 
poner luego manos á la obra, pareciéndole es- 
tas disposiciones muy á propósito para introdu- 
cir la fé en gente tan bien inclinada. Y á la ver- 
dad podía bien esperar esto de los Chiriguanás, 
que viven á la orilla del río Pilcomayo, pero no 
de los del río Bermejo, pues antes éstos, reno- 
vando las antiguas canciones, porque otras ve- 
ces habían echado á los misioneros porque 
queríamos hacerlos esclavos de los españoles y 
obligarlos al servicio personal y otras mil men- 
tiras de este jaez, le miraban con malos ojos y 
le decían que si pusiese el píe en sus tierras se 



26 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

había de salir luego, ó que para quitarle de una 
vez de sus ojos, le habían de quemar vivo. 

Por eso, antes de pasar más adelante, me es 
preciso pintar aquí á lo* vivo el genio y natural 
de esta gente, para reconocerle siempre el mis- 
mo, porque se transforman en tan diversos y 
contrarios semblantes, que de otra suerte sería 
imposible el conocerlos. Son de genio incons- 
tante, más de lo que se puede creer, mudables 
á todo viento, no guardan la palabra que dan, 
hoy parecen hombres y cristianos y mañana 
apóstatas y animales, amigos de todos, aun de 
los españoles, cuando les está á cuento para sus 
intereses, pero por la más leve causa rompen la 
amistad. Y con todo eso, no es ese el mayor 
contraste que tienen para introducir en ellos el 
conocimiento de los misterios y observancia de 
la ley de Dios. El más fuerte impedimento es.el 
mal ejemplo de los cristianos viejos, gente ruda 
como los indios; no entiende otro lenguaje me- 
jor que el del ejemplo, y de la vida de los fieles 
infiere las calidades de nuestra Santa Fé, y mu- 
chas veces les echan en la cara los Misioneros 
que son demasiado duros con ellos en no per- 
mitirlos el uso de muchas mujeres, cuando ven 
que los europeos tienen á su gusto cuantas se 
les antoja; y por más que se les procura respon- 
der, nunca se les dice tanto que baste á aquie- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 27 

tarlos. Por lo cual, con sapientísimo y pruden' 
tísimo acuerdo, los primeros operarios de esta 
provincia se procuraron apartar lejos de las ciu- 
dades, buscando para sembrar el Evangelio pro- 
vincias remotas, si no del comercio, á lo me- 
nos de la habitación de los forasteros, para que 
éstos no deshiciesen con su mal ejemplo lo que 
ellos hacían con su predicación. 

Y se practica esto hasta el día de hoy con 
tanto rigor, mediante la piedad de nuestros Ca- 
tólicos Reyes, que á ningún europeo ó español 
de la tierra, si no es de paso, se le permite po- 
ner el pie en las Reducciones de los Guaraníes, 
excepto á los Gobernadores y Prelados eclesiás- 
ticos, á quien por su oficio les incumbe el visi- 
tarlos. Ahora, pues, este impedimento en los 
Chiriguanás, es gravísimo. Comercian continua- 
mente con las ciudades confinantes, y como 
más fácilmente se pegan los vicios de los malos 
á los buenos que las virtudes de los buenos á 
los malos y viciosos, al ver á unos ocupados en 
sacar el dinero de los paisanos, á otros darse 
sin freno á los deleites de la carne, y en algu- 
nos, aunque pocos, tan muerta la íé que no ha- 
cen escrúpulo de faltar á los Divinos preceptos, 
y en mostrar menos reverencia á los misterios 
de la Iglesia, no es fácil decir cuánto crédito 
gana con ellos lo malo, y cuánto odio y dcspre- 



28 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

cío cobran, así á las personas como á la reli- 
gión que profesan. 

Y aunque la innata piedad de los españoles 
resplandezca aquí tanto como en cualquiera 
Otra parte, que en ella se pierde la malicia toda 
de algunos, con todo eso, como dije, en los co- 
razones de estos bárbaros se imprimen más fá- 
cilmente los vicios y maldades que las virtudes 
y devoción. Y si tal vez, al oir la explicación 
de la doctrina cristiana, ó alguna de aquellas 
incontrastables verdades que tienen fuerza de ha- 
cer volver en sí á quien de sí vive olvidado, 
despierta en ellos algún buen pensamiento, ape- 
nas nace cuando le sofoca su inconstantísimo 
genio, y el mal ejemplo de los forasteros, como 
muchas veces lo vemos y tocamos con las ma- 
nos. Esto supuesto, volvamos ya á nuestra na- 
rración. 

Habiendo el P. Arce probado y experimen- 
tado por muchos días el fervor de este cacique 
y sus vasallos, le pareció fundar aquí Reduc- 
ción con esperanza de feliz suceso. Con este fin 
los remitió á su tierra, acompañados de cuatro 
indios Guaranís que llevaba consigo, dándoles 
orden á éstos de que explorasen la voluntad del 
pueblo y corriesen las Rancherías situadas en 
la orilla del Pilcomayo, que en breve les segui- 
ría, junto con D. Diego Porcel, piísimo caballa- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 29 

ro, y muy amado de los infieles/ por su afabili- 
dad y buen trato, para que le ayudase en aquel 
negocio, y con su autoridad tuviese refrenados 
á los caciques del río Bermejo; pero Dios no 
quiso de éste más que la buena voluntad, para 
premiarla eternamente en el cielo; porque sien- 
do ya muy viejo y de edad decrépita, á pocas 
leguas de camino, sorprendido de un accidente, 
le fué preciso volver atrás; pero en su lugar sus- 
tituyó á un hijo suyo, con quien poniéndose en 
camino el P. Joseph por el mes de Mayo de 
1690, después de algunas jornadas, llegó á cier- 
tas rancherías que estaban á orillas del Pilco- 
mayo, donde fué recibido con singular afecto 
de los paisanos, que actualmente estaban lloran- 
do la muerte de algunos de los suyos, por cau- 
sa de las discordias que había entre Cambaripa 
y Tataberiy. Eran estos los dos Caciques de ma- 
yor nombre y poder de la tierra; y para dar 
principio á la nueva cristiandad, era necesario 
concordarlos entre sí, y apagada toda malevo- 
lencia, volverlos á hacer amigos. 

A este fin quería el santo varón ir en perso- 
na á meterse de por medio y hacer las paces, y 
hubiéralo hecho á no ver que era manifiesta- 
mente echarse á morir entre las armas de los 
Tobas, confederados con Tataberiy, que infes- 
taban los caminos. 



30 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

En esta coyuntura vino un mensajero de 
Cambaripa, pidiéndole le diese de su parte, si 
pudiese hallar algún pronto y eficaz remedio á 
su ruina, y á la de aquellos sus vasallos, porque 
no tenía tiempo para detener ó resistir á un 
mismo tiempo á tantos enemigos ni de buscar 
escape á su vida con la fuga, por estar mal he- 
rido de los contrarios. 

Atravesó esta nueva el corazón del P. Arce; 
y para repararle aquel fracaso al país, volvió 
luego atrás á fin de recoger de la piedad de los 
españoles algún socorro de armas; y á la vuelta 
templó Dios con alternados consuelos el dolor 
de aquel accidente, porque los Chiriguanás del 
río Bermejo, que antes se habían mostrado tan 
adversos y duros, ablandados ya sus corazones 
con las influencias del Espíritu Santo, le salie- 
ron al encuentro, y Cambichuri, el cacique 
más poderoso, le mostró grandes finezas de 
amor, convidándole á que fuese á predicar á 
sus vasallos y que haría de él cuanto el Padre 
gustase. 

Llegó á Tarija, y alcanzando de ios Regido- 
res una compañía de soldados, se volvió lo más 
presto que pudo, llevando por su compañero al 
P. Juan Bautista de Zea; y aunque el camino 
era áspero y peligroso y la poca comodidad con 
que trataban su cuerpo estos Evangilicos opera- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 3 1 

ríos les hacía más trabajoso el caminar, con to- 
do eso estaban insensibles á toda molestia y tra- 
bajo por la abundante copia de delicias celestia- 
les de que gozaban, t)autizando en aquellas so. 
ledades gran número de niños y no pocos adul- 
tos que viéndose ya cercanos á la muerte, canr 
biaban de buena gana la vida con esperar la 
eterna bienaventuranza. Finalmente, á26de Sep- 
tiembre, entraron en las rancherías de Tatabe- 
riy, donde se había de tratar la paz. 

Salió éste á cumplimentarle, acompañado de 
cuarenta de los suyos, y hospedóle en la casa 
más acomodada del pueblo, y empezando des- 
de luego á tratar del negocio de la paz, supo 
darse tan buena maña el P. Arce, que redujo á 
los dos caciques á que se prometiesen mutua- 
mente la paz y renovasen entre sí su antigua 
amistad; y fuera de eso concluyó, se hiciesen 
también las amistades entre los parientes de los 
muertos y los matadores, que fué lo más difícil 
de alcanzar. 

Celebró el pueblo estas paces con solemni- 
dad y alegría incomparable; pero sobre todos, 
quien dio mayores muestras de contento fué 
Cambaripa; y Tataberiy se aficionó increíble- 
mente á los misioneros, y por medio de ellos á 
la Santa ley de Cristo; pidióles que se quedasen 
allí para enseñarles los Divinos Preceptos, pro- 



32 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

metiendo alistarse cuanto antes en el número 
de los fieles; y en prendas de eso le dio para 
que bautizase un hijo único que tenía. Pero los 
Padres, antes de hacer pie firme en algún lugar, 
querían correr tada la provincia; por lo cual, 
dándoles buenas esperanzas, se partieron, asis- 
tidos siempre del hijo de aquel buen caballero, 
que jamás quiso apartarse de su lado en aque- 
lla peregrinación; y pasando luego á las riberas 
del río Parapitiy', pobladas de muchas ranche- 
rías, fueron recibidos de todos con señas de 
grande afecto y tratados lo mejor que la pobre- 
za y penuria del país permitían. 

De aquí tiraron hacia las montañas del Cha- 
raguay á cuyas faldas viven la mayor parte de 
los Chañes y muchos Chiriguanás. Tuvieron aquí 
no poco que hacer en componer á los paisa- 
nos con los vasallos de Taquiremboti; pero 
puestos éstos en acuerdo, prosiguieron su viaje, 
no encontrando otra cosa que rancherías des- 
truidas, habiéndose retirado á otras partes la 
gente, por no padecer los infortunios y desven- 
turas que trae consigo la guerra. 

Finalmente, padecidos no pocos ni ligeros 
peligros de perecer, llegaron al. río Guapay, 
donde fueron recibidos de sus moradores con 
increibles finezas, y los Caciques Manguta y Pa- 
yo les suplicaron vivamente se quedasen en 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 35 

aquel paraje para instruirlos en los misterios de 
nuestra Santa Fe y enseñarles el camino del cielo. 

El P. Arce, que por entonces tenía otros 
designios, les prometió que en otra ocasión les 
cumpliría sus deseos, con que administrando el 
Santo bautismo á cuatro que estaban en peligro 
de muerte, se prevenía ya para la partida. 

A este tiempo vino una india, hermana del 
cacique Tambacurá, y se echó á sus pies muy 
afligida y desconsolada porque el gobernador 
de Santa Cruz de la Sierra enviaba á prender á 
su hermano para castigarle; y manifestando su 
dolor le dijo tantas razones y le enseñó tales 
ruegos y súplicas el amor á la sangre, para que 
le librasen de aquel golpe que, como decía, le 
habían maquinado por rencor y envidia sus 
enemigos, que hubieron de condescender los Pa- 
dres á sus peticiones para que tocasen con las 
manos y viesen aquellas gentes que ellos no mi- 
raban sino á su utilidad y que en las ocasiones 
eran su escudo )'■ refugio, para aficionarlos por 
este camino á nuestra santa ley. Este fué su de- 
signio é intento, pero no el de Dios, que mu- 
chas veces se vale de los intereses humanos pa- 
ra llevar á su fin las disposiciones de su eterna 
providencia. Y tal fué la ida de estos misione- 
ros á Santa Cruz de la Sierra, porque yendo so- 
lamente á impetrar la vida temporal de un indio, 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 3 



34 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

los llevaba Dios para que fuera de toda esperan- 
za rescatasen á innumerables pueblos de ^- •'"'?- 
clavitud del demonio. Partieron, pues, del oua- 
pay con Tambacurá á Santa Cruz, donde reci- 
bidos con mucha cortesanía del gobernador 
don Agustín de Arce piísimo caballero, alcan- 
zaron por merced y gracia la vida de aquel po- 
bre hombre, que de otra manera lo hubiera pa- 
sado muy mal. 

Estas demostraciones de estima y afecto 
obligaron á nuestros Padres á que con confian- 
za le manifestasen su designio de convertir á la 
fé á los Chiriguanás y á que se dignase interpo- 
ner su autoridad contra cualquiera que osase 
oponerse á esta empresa. Parecióle al sabio go- 
bernador que era gastar inútilmente el tiempo y 
el trabajo con aquellos indios, por lo cual les 
empezó á persuadir con sólidas razones endere- 
zasen á otra parte sus pensamientos y apostóli- 
co celo, porque eran gente obstinada en la ido- 
latría, salvaje en las costumbres, y sobremanera 
adversos á las leyes y pureza de la vida cristia- 
na, é inconstantes en lo que emprenden; que ya 
en otras ocasiones habían probado á reducirles 
fervorosísimos Misioneros, y después de gran- 
des trabajos y fatigas no habían sacado otro 
fruto de sus sudores sino escarnios, oprobios y 
malos tratamientos. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 35 

Vivía entonces muy fresca la memoria del 
fervorosísimo P. Martín del Campo, de la pro- 
vincia del Perú, que después de haber gastado 
con ellos algunos meses, vista su obstinación, 
se vio precisado á irse á otra parte á emplear 
sus fervores. Por tanto les aconsejaba pusiesen 
la mira en otros países donde no se perdiesen á 
sí mismos, y ganasen felizmente á los otros. 

Confinaban con aquella ciudad los indios 
Chiquitos que poco antes habían hecho paces 
con los españoles y pedían predicadores del 
Evangelio, que les enseñasen la ley divina. No 
podía el buen gobernador darles gusto, envian- 
do misioneros de la provincia del Perú por es- 
tar estos empleados en cultivar las naciones de 
los Moxos, por lo cual ofreció á nuestros mi- 
sioneros la copiosa mies de esta gentilidad, don- 
de su fervor hallaría en qué satisfacerse á su 
gusto, y su celo campo donde acrecentar la glo- 
ria divina, que aquí no serían mayores los tra- 
bajos que el fruto, ni derramarían gota de sudor 
en esta tierra, que no fuese semilla de que co- 
giesen la conversión de muchas almas. Y que 
para que emprendiesen con más calor esta mi- 
sión, escribiría de su mano cartas muy eficaces 
al Provincial de esta provincia, á nuestro Padre 
general Tirso González, su íntimo amigo. 

l^'.ste razonamiento del buen gobernador 



36 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

despertó en el corazón de aquellos varones' 
apostólicos un júbilo incomparable, viendo se 
les descubría otro campo en que padecer otro 
tanto en servicio de Dios: por lo cual, en cuan- 
to á ellos tocaba, se ofrecieron al bien de aque- 
lla nación, sin hacer caso de su vida ni temer á' 
los trabajos y fatigas que les pudiese costar 
aquella nueva empresa, sólo con que la insinua- 
ción de los superiores les destinase á ella; y así 
dijeron, que obtenida licencia de sus superiores, 
correrían allá gustosos para domesticar aque- 
llos bárbaros y reducirlos al conocimiento del 
verdadero Dios y á la obediencia de la Majestad 
Católica. Y con esto, despedidos del goberna- 
dor dieron la vuelta. 

Al pasar el río Guapay, de vuelta para Tari- 
ja, les cercaron una gran multitud de infieles, 
rogándoles fundasen una Reducción en aquel 
paraje para cuidar y atender al bien de sus al- 
mas, que les daban palabra que en breve abra- 
zarían todos la ley de Cristo. 

No les pareció bien á los Misioneros dejar- 
los descontentos, por lo cual, levantando en 
aquel sitio un Rancho, celebraron, á vista del 
pueblo, el Santo sacrificio de la Misa; y por ser 
aquel día consagrado á la Presentación en el 
templo de la Virgen Nuestra Señora la pusieron 
del ajo de su patrocinio; y esto con tanto aplau- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 37 

SO y contento de los naturales, que corriendo 
la voz de lo sucedido por las otras Rancherías, 
se ofrecieron muchos caciques á fundar allí 
Ranchos con todos sus vasallos. 

Partiéronse de aquí los Padres para dispo- 
ner en Tarija lo necesario para llevar adelante 
aquella empresa, y Dios Nuestro Señor, para 
premiar los trabajos pasados en su servicio y 
animarlos en las fatigas que habían de padecer 
en adelante, les concedió luego un fruto de ben- 
dición, que apenas nació cuando se trasplantó 
en los jardines celestiales, este fué un niño que 
apenas fué lavado de mancha de la culpa origi- 
nal con las aguas del Santo Bautismo, cuando 
incontinenti voló á gozar eternamente de Dios. 

Incomparable fué el consuelo de estos san- 
tos varones con tan noble ganancia, pero no 
menor la rabia del demonio que de tan buenos 
principios adivinaba el gran menoscabo que se 
había de seguir á sus intereses, y que si la fé 
cristiana fuese ganando crédito y seguidores, 
perdería en poco tiempo el dominio del país; y 
■como su mal y daño estaba á los principios y le 
podía reparar, procuró, con todo su esfuerzo 
arrancar de raíz aquellos buenos principios, pa- 
ra lo cual tenía allí de su bando ciertos apósta- 
tas muy poderosos, tanto peores que los otros 
en su vida, cuanto es ordinario que sea más per- 



38 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

dido en sus costumbres quien abandona la fé 
que quien jamás la profesó en su vida. 

Entre estos había dos caciques llamados 
Urbano Cárnica y Pedro de Santa María, que te- 
niendo para su placer muchas concubinas, lleva- 
ban muy mal tomase campo en aquella tierra 
Cristo Nuestro Señor y su ley santísima, con lo 
cual ellos se habían de ver precisados á desam" 
parar el país ó á salir del cieno de la deshones- 
tidad. Por tanto, conmovidos estos del enemi- 
go infernal, y mucho más del amor á la carne, 
empezaron á esparcir por el vulgo mil calum- 
nias contra los misioneros, y mucho más aque- 
llas que mejor les estaba creyese el pueblo; de- 
cían que eran espías de los enemigos, que no 
pretendían otra cosa que sujetarlos á los espa- 
ñoles, y con pretexto de reducirlos á la fé cató- 
lica, privarlos de su antigua libertad, que en 
breve se verían hambrientos y deseosos de aque- 
llos placeres deque ahora á su gusto se saciaban;, 
verían sus carnes flacas, sus espaldas acardena- 
ladas de los golpes de los nuevos señores, cuyo 
yugo cargaban sobre sus cuellos, junto con el 
de Cristo; y en prueba de eso, tenían ellos aún. 
en el cuerpo las cicatrices de los cruelísimos; 
azotes que llevaron cuando cristianos-,, por más 
que trabajaban de día y de noche sin ninguna 
compasión, para llenar á su costa las, bolsas de 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS. 39 

SUS amos, y semejantes á estas decían otras in- 
numerables mentiras, como les venía á cuento 
el fingirlas para su intento. No se dijeron al 
aire, porque ahora el deseo que tenían los bár- 
baros de hacerse cristianos estaba en sus prime- 
ros fervores, no hicieron en ellos mucha mella 
estos dichos; no obstamte, resfriándose de allí á 
poco aquel primer fervor, consiguieron los 
apóstatas su intento de alborotar el país y enfu- 
recer el pueblo para que echasen á los Padres y 
los remitiesen á donde habían venido. 

Entrado ya el año de 169 1, partieron los PP. 
Juan Bautista de Zea y Diego Centeno por el río 
Guapay, á cultivar el nuevo pueblo de la Presen- 
tación, y el P. Arce al valle de las Salinas, á 
donde acudió gran número de infieles, de los 
cuales muchos se le mostraban aficionados y 
otros le mostraban mal rostro, señal de lo que 
maquinaban en su corazón, que era darle muer- 
te, como lo hubieran ejecutado á no haberles 
disuadido de tan malvado intento los indios de 
Tariquea. 

Procuraba aquí el apostólico Padre poner 
forma á las cosas de la reciente iglesia; pero el 
demonio, que soplaba en el corazón de los 
apóstatas, cuanto el buen Padre trabajaba en 
muchas semanas, lo deshacía en pocas horas; y 
por apéndice de estos desastres, tuvo noticia de 



40 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

que los Tobas, cruelísimos enemigos de Dios y 
de los españoles, vistos sus intentos, se habían 
puesto en armas, y en gran número venían des- 
truyendo el país; con lo cual, esperando de ho- 
ra en hora sus furias, se esforzaban á recibir con 
gran ánimo la muerte si fuese voluntad de Dios 
Nuestro Señor, imitando á sus subditos, de 
quien corría fama que habían caído en las ma- 
nos de aquellos malvados y sido muertos con 
crueldad igual á su fiereza. 

Pero como Nuestro Señor, con estas desgra- 
cias, no quería de su siervo otra cosa sino las 
primeras pruebas y noviciado de una vida apos- 
tólica, hizo desvanecer en breve aquellos temo- 
res y hubo luego aviso de que los PP. Zea y 
Centeno habían llegado á salvamento en el pue- 
blo de la Presentación, y de que los Tobas se 
habían retirado á sus tierras, con lo cual pudo 
seguramente pasar á Tariquea para disponer 
más apriesa los ánimos de la gente para abrazar 
la santa fé. 

Aquí fué recibido y hospedado con mucho 
amor y benevolencia del señor del lugar, quien 
entendida la causa de su ida, mandó luego echar 
bando por todas las Rancherías del contorno, 
que se juntasen día señalado todos los caciques 
á Concejo, para resolver el negocio de su con- 
versión; y se ejecutó así el día último de Julio, 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 4I 

consagrado á nuestro gran Padre y Patriarca 
San Ignacio. 

Y porque será del gusto de los lectores sa- 
ber las ceremonias y modo de que usaron en 
su Asamblea, daré de ellos una breve y sucinta 
noticia. 

Entrados á parlamento en lo más oscuro de 
la noche, dieron principio á la función con una 
sinfonía de flautas y pífanos, y cantando y bai- 
lando al son de ellos discurrían sobre el nego- 
cio, concluyendo cada baile que duraba tres ó 
cuatro credos con brindis. 

Al rayar el alba, aunque hacía viento muy 
frió que helaba, por ser aquí este mes el cora- 
zón del invierno, se fueron todos á bañar al río; 
y para hacer más alegre la fiesta, adornaron sus 
cabezas con hermosos penachos afeitándose el 
rostro con colores muy feos, imaginando cre- 
cían en belleza y hermosura, cuando parecían 
otros tantos diablos. 

Habiendo ya esclarecido el día, tomaron un 
desayuno para cobrar aliento y brío para pro- 
seguir su acuerdo en la forma que antes. ¿Quién 
creía, ó por mejor decir, quién se atrevía á es- 
perar resolución nada favorable en un Concejo 
semejante? Pero no obstante eso, determinaron 
de común consentimiento admitir en sus tierras 
á Cristo y á su ley santísima, y enviaron á dar 
aviso de su resolución al P. Arce, quien debajo 



42 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

de una enramada estaba encomendando á Nues- 
tro Señor con fervor este negocio; pero le pu- 
sieron tres condiciones: La primera, que la Re- 
ducción se fundase en aquel paraje. La segun- 
da, que no fuesen obligados á desterrarse de sus 
tierras los que quisieren vivir en el gentilismo, 
ó mantener muchas mujeres para su uso; y la 
tercera finalmente, que sus hijos no fuesen des- 
tinados al servicio de la Iglesia. 

Aceptó el santo varón el partido, esperando 
que el tiempo, y mucho más la sangre de Jesu- 
cristo les ablandaría los corazones y darían 
aquellos frutos de bendición que su celo y sus 
fatigas les prometían; ni eran mal fundadas sus 
esperanzas porque Taricú, principalísimo, en 
nombre de todos, le dio las gracias de querer 
emplearse en provecho de sus almas; y las dio 
también á Nuestro Señor porque se había digna- 
do de enviarles quien sin ningún interés suyo 
les enseñase el camino del cielo. Y porque todo 
esto sucedió, como dije, en el día consagrado 
á N. P. S. Ignacio, puso el P. Arce la Reduc- 
ción debajo de su patrocinio. 

Mientras que las cosas corren aquí con al- 
gún viento favorable, me es preciso dar una su- 
cinta relación de la provincia de los Chiquitos^ 
en que al mismo tiempo se fundó, aunque con 
fin más feliz, una nueva cristiandad, y será el 
blanco principal de esta mi Relación. 



CAPITULO II. 



Situación de la provincia de Chiquitos, costumbres y 
ílidadcs de los naturales. 



ca 



La provincia, á quien vulgarmente llamamos 
de los Chiquitos, es un espacio de tierra de dos- 
cientas leguas de largo y ciento de ancho; por 
el Poniente mira á Santa Cruz de la Sierra, y 
algo más lejos á las misiones de los Moxos, que 
pertenecen á nuestra provincia del Perú. Por 
Levante baja hasta el famoso lago de los Xa- 
rayes, á quien con razón llamaron el mar Dul- 
ce los primeros conquistadores, por su ampli- 
tud y grandeza. Por la Tramontana la cierra 
una gran cadena de montes bien larga, que co- 
rriendo de la parte de Levante á Poniente, rema* 
ta en este lago. Por el Mediodía mira al Chaco 
y á un gran lago, ó por mejor decir, golfo del 



44 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

TÍO Paraguay, que forma aquí una bellísima en- 
senada, cuyas riberas están pobladas de gran 
multitud de árboles y se llamó desde sus princi- 
pios este seno ó ensenada el puerto de los Ita- 
tines. 

Bañan á esta provincia de Chiquitos dos 
ríos: uno el Guapay, que naciendo en las mon- 
tañas de Chuquisaca baja por una llanura abier- 
ta por junto á un pueblo de los Chiriguanás lla- 
mado Abapó, y corriendo hacia Oriente, ciñ^ á 
lo largo en forma de media luna, á Santa Cruz 
de la Sierra; y tirando de aquí entre Septen- 
trión y Poniente, riega y baña las llanuras que 
están á la falda por ambas partes; y finalmente 
desagua en la laguna Mamoré, en cuya costa 
están fundados algunos pueblos, ya cristianos, 
de los Moxos. El otro, el Aperé ó San Miguel, 
que nace en los Alpes del Perú, y atravesando 
por los Chiriguanás (en cuyas tierras muda su 
nombre en el de Parapity), se pierde finalmente 
en unos bosques muy espesos, por las muchas 
vueltas que da hasta cerca de Santa Cruz la 
Vieja, donde los años pasados se íundó la Re- 
ducción de San Joseph, y girando entre Septen- 
trión y Poniente, baña las Reducciones de San 
Francisco Xavier y de la Concpción, desde 
donde tira derechamente á Mediodía; y recibien- 
do en su madre muchos arroyos del contorno. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 4$ 

pasa por las Reducciones de Baures, que perte- 
necen á las misiones de los Moxos, y de aquí 
va á desaguar en el Mamoré, y este en el gran 
río Marañón ó de las Amazonas. 

El país, por la mayor parte es montuoso y 
poblado de espesísimos bosques, muy abundan- 
tes de miel y de cera por la gran multitud de 
abejas de varias especies, entre las cuales hay 
una casta que llaman Opemús, la más semejante 
á las de Europa, cuya miel es odorífera y 
fragante, y blanquísima su cera, aunque algo 
blanda. Abundan también de muchos monos, 
gallos, tortugas, antas, ciervos, cabras monte- 
ses y tambie'n de culebras y víboras de extraños 
venenos, porque hay algunas que luego que 
muerden se hinchan los cuerpos de los pacien- 
tes y destilan sangre por todos sus miembros, 
ojos, oídos, boca, narices y aun de las uñas; 
pero el doliente, como echa por tantas partes 
aquel pestilente humor, no muere. Otras hay 
cuyo veneno (aunque hayan mordido en la pun- 
ta del pie) se sube al punto á la cabeza, quitan- 
do las fuerzas y privando del juicio, y de aquí 
extendie'ndose por dentro de las venas mata 
irremediablemente, causando delirio, y hasta 
ahora no se les ha podido encontrar eficaz re- 
medio. 

El terruño de suyo es seco, pero en tiempo 



46 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

de lluvias, que duran desde Diciembre hasta 
Mayo, se anega tan disformemente la campaña, 
que se cierra el com.ercio y se forman muchos 
ríos y grandes lagunas, que abundan de muchos 
géneros de pescado, los cuales pescan con cier- 
ta pasta amarga con que atontados salen á la 
superficie del agua. 

Pasado el invierno se secan luego los llanos 
y para sembrar es menester desmontar con gran 
trabajo los bosques y cultivar las coHnas y cum- 
bres de los montes que rinden muy bien el maiz 
ó trigo de las Indias, arroz, algodón, azúcar, ta- 
baco y otros frutos propios del país, como plá- 
tanos, pinas, maní, zapallos (que es una especie 
de calabazas, mejores y más sabrosas que las de 
Europa); el grano, empero, y la vita, no se pue- 
de coger en estas tierras. 

El clima es cálido y destemplado, causa de 
muchos accidentes apopléticos y frecuentes con- 
tagios que suelen hacer gran riza en los natura- 
les, porque estos bárbaros no saben aplicar sino 
dos remedios. El primero es chupar los cuerpos 
enfermos, oficio propio de sus caciques y capi- 
tanes, que en su idioma llaman Iriabós, los cua- 
les con este oficio se hacen mucho lugar entre 
los naturales, con harta ganancia, porque en 
vez de guisar la gaUina y las otras viandas más 
exquisitas para el enfermo, se lo come todo el 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 47 

chupador^ y al enfermo no le dan sino la ordi- 
naria vianda de un puñado de maiz bien mal co- 
cido; y si no lo quieren comer, no les da mucho 
cuidado, contentos con la respuesta del enfer- 
mo: '^córno he de comer si no tengo gana} Por lo 
cual tengo para mí que los más mueren de ne- 
cesidad más que de enfermedades, de la cual no 
dan otra relación al sobredicho médico que 
mostrarle la parte dolorida y decirle por dónde 
han andado los días antecedentes: de aquí pasa 
este á examinar si el enfermo ha derramado la 
chicha (bebida algo semejante á la cerveza) si 
ha echado á los perros algún pedazo de carne 
de tortuga, ciervo ó de otro viviente; y si le ha- 
lla reo de este delito, dice que el alma de estos 
animales, para vengar su injuria se le ha entra- 
do en el cuerpo, y le atormenta á medida de su 
afrenta . De donde es, que para darle algún ali- 
vio le chupan la parte lesa, ó también dan en el 
suelo grandes golpes con la macana alrededor 
del enfermo para espantar aquella alma y ahu- 
yentarla. Con esto se queda el doliente como 
antes, si no es que por ventura sucede tal vez 
que sanan naturalmente. 

Hase observado en estos médicos que des- 
pués de recibido el Santo Bautismo, por mucho 
que hacen no pueden vomitar una materia sucia 
y hedionda como antes lo hacían todas las ve- 



48 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ees que chupaban algún miembro del enfermo, 
dándose el demonio por desobligado de mante- 
ner el pacto implícito que con ellos tenía, por- 
que explícito y cierto no tenían ninguno. 

El otro remedio es bien cruel 3' propio de 
bárbaros, y era matar á las mujeres que se per- 
suadían eran causa de la enfermedad (puede ser 
que sus mayores tuviesen alguna luz de que por 
una mujer había entrado en el mundo la muer- 
te) y echándolas de este mundo, creían quedar 
ellos libres del tributo de la muerte. Por eso im- 
portunaban al médico les dijese qué mujer les 
había puesto en su cuerpo aquella enfermedad, 
y éste decía que era esta ó aquella que primero 
se le ofrecía ó con quien tenía algún enojo, ó 
con su marido ó parentela y cogiendo sola á la 
miserable la quitaban á golpes y palos la vida. 
Y no acababan de caer en la cuenta del engaño, 
aun viendo por experiencia que no aprovecha- 
ba nada para escaparse de la muerte esta rece- 
ta. Proviene esto de una necia imaginación que 
tienen de que las enfermedades provienen de 
causa extrínseca y no de la interior alteración 
de los humores, porque no son capaces de lle- 
gar á penetrar con el entendimiento á donde 
no alcanza la grosería de los sentidos corpora- 
les (propiedad de todos los indios occidentales), 
bien que por otra parte son hábiles y despiertos. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 49 

para los demás. Y viendo que los ^Misioneros 
curaban con purgas y sales, no acababan de 
persuadirse que la sangre y los otros humores 
de que se alimenta la parte inferior del hombre 
podía corromperse y causar malignos efectos y 
malas impresiones aun en el alma; por esto, por 
la más leve indisposición se querían sangrar, y 
pidiéndoles el brazo, respondían que no en él, 
sino en la parte que les dolía, había de ser la 
sangría; y experimentando con estos remedios 
mejoría, dieron de mano á los antiguos médicos 
burlándose de sus fraudes y engaños y execran- 
do la crueldad que habían usado contra las mu- 
jeres. 

Son de temperamento ígneo y vivaz más que 
lo ordinario de estas naciones, de buen enten- 
dimiento, amantes de lo bueno, nada inconstan- 
tes ni inclinados á lo malo, y por esto muy ajus- 
tados á los dictámenes de la razón natural, ni 
se hallan entre ellos aquellos vicios é inmundi- 
cias sensuales de la carne que á cada paso se 
ven y se lloran en otros países de gentiles ya 
convertidos. Su estatura es por lo ordinario más 
(jue mediana; las facciones del rostro no dese- 
mejantes de las nuestras, aunque el color es de 
aceituna, con que fácilmente se distinguen de 
los europeos; en pasando de veinte años se de- 
jan crecer el cabello, y quien le tiene mejor y 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XíL 4 



5© P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

más grande, tiene sobre los otros una cierta 
hermosura señoril; no crian barba, sino tarde y 
poca. Cuanto al vestir, los hombres andan to- 
talmente desnudos; las mujeres traen una cami- 
seta de algodón que llaman Tipoy, con mangas 
largas hasta el codo y lo demás del brazo des- 
nudo; los caciques y los principales usan tam- 
bién de este vestido, aunque un poco más cor- 
to. Adornan el cuello y las piernas con muchas 
sartas de ciertas bolillas que parecen á la vista 
esmeraldas y rubíes de que también usan para 
hacer sartas de cascabeles en los días más festi- 
vos. Horádanse las orejas y el labio inferior, del 
cual cuelgan plumas de muchos colores, y de 
éste traen pendiente un pedazo de estañó; llevan 
también en la cintura una bellísima faja de plu- 
mas muy vistosas por la diversidad y propor- 
ción de los colores. Son de ánimo valeroso, 
guerrero y bien dispuestos en lo personal para 
el manejo de las armas, una de las cuales es la 
flecha, en que son muy valientes y diestros; y 
para prueba y señal de su destreza, traen colga- 
das muchas colas de animales y plumas de pá- 
jaros que han cazado: otra de sus armas es la 
macana ó maza, que es de una madera muy 
dura y pesada en forma de palas, con que se 
iuega en Europa á la pelota, solo que es más lar- 
ga, en el medio es gruesa y por los lados aguda 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 51 

<como la espada para poder pelear de cerca. 
No tienen gobierno ni vida civil, aunque para 
sus resoluciones oyen y siguen el parecer de los 
más viejos. La dignidad de cacique no se dá 
por sucesión, sino por merecimientos y valor 
en las guerras y en hacer prisioneros á sus ene- 
migos á quien asaltan sin otro motivo más que 
por quitarles algún pedazo de hierro ó por 
■alcanzar fama y nombre de valerosos en la 
guerra. 

De genio totalmente contrario, son las na- 
ciones vecinas que viven pacíficas y quietas 
en sus confines y por eso les es de terror 
y espanto la milicia de los Chiquitos, los cua- 
les, después de hacerles esclavos de guerra 
como si fueren sus parientes en sangre, ó 
muy amigos, los casan muchísimas veces con 
sus mismas hijas, aunque su matrimonio no 
se puede llamar tal porque no es indisolu- 
ble; los particulares no se pueden casar sino 
con una sola mujer, bien que pueden echarla de 
casa cuando se les antoja y tomar otra. Sola- 
mente los caciques toman dos y tres mujeres, y 
éstas, aunque sean hermanas, las cuales no tie- 
nen otro, empleo que cocer la chicha, corriendo 
por cuenta de los maridos el recibir y hospedar 
á los forasteros y servirles con esta bebida que 
hacen de maíz, mandioca y otras frutas; en el 



$2 ^ P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

color se da algún aire al chocolate y en los efec- 
tos es muy semejante al vino. 

La ceremonia que usan en sus casamientos 
es como sigue: Ningún padre dará su hija á ma- 
rido, si e'ste no ha hecho antes alguna proeza; 
por eso, el que se quiere casar, sale antes á 
caza, y muertos cuantos animales puede, da la- 
vuelta con un centenar de liebres, y sin hablar 
palabra las pone á la puerta de la mujer de 
quien está enamorado, y por la calidad y can- 
tidad de la caza, juzgan los parientes si la me- 
rece por esposa. 

La educación de sus hijos es en todo confor- 
me á su tosquedad bárbara, dejándolos vivir sin 
temor ni respeto de los parientes, hechos seño- 
res de sí mismos, soltándoles las riendas para 
<]ue corran á donde la disolución y fervor ju- 
venil de los años los arrastra. 

Viven pocos juntos como república sin cabe- 
za, que cada uno es señor de sí mismo, y por 
cualquier ligero disgusto se apartan unos de 
otros. 

Las casas no son más que unas cabanas de 
paja dentro de los bosques, una junto á otra sin 
algún orden ó distinción; y la puerta es tan 
baja que sólo se puede entrar á gatas, causa 
porque los españoles les dieran el nombre de 
Chiquitos; y ellos no dan otra razón di tener 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 53 

íasí las casas sino que lo hacen por librarse del 
■enfado y molestia que les causan las moscas y 
mosquitos, de que abunda extrañamente el país 
en tiempo de lluvias, y también porque sus ene- 
migos no tengan por donde flecharlos de no- 
'Che, lo cual sería inevitable si fuese grande la 
puerta; fuera de ésta, no tienen otro ajuar que 
una estera bien débil que al más leve soplo del 
aire se cae. 

Los libres y solteros, que después de los ca- 
torce años ya no viven más con sus padres, vi- 
ven todos juntos en una casa, que no es otra 
■cosa sino una enramada descubierta por todos 
lados, la cual sirve también, en tiempo de sus 
visitas y cumplimientos, para recibir y alojar á 
ios forasteros que vienen de otras partes, á los 
cuales regalan con lo mejor del país y con 
aquella su apreciada bebida, y acude todo el 
pueblo para festejar y participar, junto con los 
forasteros, del refresco; pero antes conjuran al 
demonio para que no venga á perturbar la ale- 
gría del festín; la ceremonia es salir algunos de 
•ellos de la choza y, con grandes exclamacio- 
nes, dar en el suelo con las macanas. ' ' '" ^^ 

Sus festines y banquetes suelen durar dos Ó 
tres días y noches enteras, poniendo su mayor 
magnificencia y explendor en la copia y forta- 
leza de aquel su vino, cuyos humos al punto se 



54 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

les suben á la cabeza y los privan de aquel poco- 
juicio y sexo que antes tenían, por lo cual sus- 
fiestas y alegrías acaban en riñas, fceridas y 
muertes, porque los rencores y odios guarda- 
dos y encubiertos ó disimulados mucho tiempo 
en lo más secreto del corazón por cobardía y 
temor, brotan y salen fuera en estas ocasiones. 
y vienen á las manos con furia. 

Después los forasteros, en agradecimiento^ 
los convidan y llevan á sus rancherías, corres- 
pondiendo con el mismo trato, cumplimientos 
y bárbara cortesanía, y éstas son todas sus an- 
danzas y peregrinaciones. Bien que aunque no 
tengan forasteros á quien festejar y banquetear,. 
son entre sí muy frecuentes los convites á be- 
ber la chicha; y este ha sido el único y no leve 
impedimento que se ha hallado en la vida polí- 
tica, y reducidos por medio del santo bautismo 
al gremio de la Iglesia, siendo cosa muy cierta 
y verdadera que fiisira doceniur in fide, nisi ab 
eis rcfnoveatur ebrietas, que de ellos y de las- 
otras naciones de estas Indias escribió el doctí- 
simo y sapientísimo obispo el ilustrísimo señor 
don Alonso de la Peña í>Iontenegro (i). 



(i) La obra del Obispo de Quito, á que alude el 
Padre Patricio Fernández, se üXxAz. Itinerario ]p ara Pa- 
rrochos de Indios.^ en que se tratan las materias más 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 55 

Por eso nuestros Misioneros pusieron todo 
esfuerzo desde los principios en exterminar y 
arrancar este vicio, y juntamente aquellos festi- 
nes y banquetes; usaron de muchos medios, ya 
suaves, ya severos, de romper los cántaros, re- 
prenderlos, derramarles la chicha y deshacer 
sus brutales juntas, cosa que les provocaba á 
cólera y á venganza á aquellos bárbaros, que se 
enfurecían y exasperaban tantOf que muchas 
veces echaren furiosamente mano á las maca- 
nas y á las flechas para matarlos. 
. Quiso Nuestro Señor, finalmente, premiar 
sus industrias y santo celo, desterrando y 
arrancando á¿\ corazón de aquellos bárbaros 
vicio tan arraigado, mediante los sudores y vir« 
tud (como es constante opinión entre nosotros) 
del P. Antonio Fideli, italiano, que fué el pri- 



particuJares tocant s á ellos para su buena adminis- 
tración. Se imprÍLTiió por priinera vcz, sc.uúa algunos 
bibliógratos^ en Amberes, por Verdussen, en 1726. Se 
reimprimió en el mismo punto por los hermanos de 
Tournes en 1734, y volvió á hacerse oira edición en 
Madrid p .r Pedro Mirín en 1771. Las dos ed'ciones he- 
chas en Bélgica son en 4.° y la madrileña en f )lio. 

Fué obra que obtuvo una acogida por los religiosos 
cual nüiguiia otra de su género, be llegó á hacer abso- 
lutamente necesaiia á cuantos Misioneros pagaban á 
Indias. 

La me;or edición de la obra del Obispo Peña y Mon- 
tenegro uicen que es la de 1734, porque está purgada. 
de muchos yerros. 



56 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

mero que murió en esta apostólica empresa, 
por Marzo de 1702, consumido de las fatigas y 
trabajos que padeció en cultivar esta nueva 
viña del Señor. 

Después de su muerte dejaron del todo estos 
pueblos la embriaguez y las demás bárbaras 
costumbres, mudanza por cierto de la mano del 
Altísimo, pues aun entre cristianos más cultiva- 
dos se ve todos los días que los dados á la em- 
briaguez, es necesario un milagro de la gracia 
divina para que le dejen; pues ^cuánto más se- 
ría necesario para estos bárbaros que le habían 
mamado con la leche? 

Su distribución y repartimiento del tiempo es 
el siguiente: Al rayar el alba se desayunan, y 
juntamente tocan ciertos instrumentos de su 
música, semejantes á las flautas, hasta que se 
seca el rocío, de que se guardan como nocivo 
á la salud; de aquí van á trabajar, cultivando la 
tierra con palos de madera, tan dura, que suple 
la carestía de arados ó azadones de acero; tra- 
bajan hasta el medio día, y entonces se vuelven 
á comer. Lo restante del día gastan en paseos, 
visitas y cumplimientos y en brindis y merien- 
das, en señal de amor y amistad; anda alrede- 
dor un jarro ó vaso de chicha, de que todos to- 
man un sorbo, y también se ejercitan en mu- 
chos juegos deleitables y caballeros. Uno, entre 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 57 

Otros, es semejante al de la pelota de Europa. 
Jííntanse muchos en la plaza con buen orden, 
echan al aire una pelota, y luego, no con las 
manos, sino con la cabeza, la rebaten con ma- 
ravillosa destreza, arrojándose aún en tierra 
para cogerla. 

El mismo ceremonial de visitas practican 
entre sí las mujeres, que tienen tiempo para ha- 
cer esto y mucho más, porque las haciendas 
domésticas se reducen á solo proveer la casa de 
agua y leña, y guisar con sólo agua un puñado 
de maíz, legumbres, zapallos ó alguna otra cosa 
que han encontrado en el bosque, y sólo suelen 
hilar cuanto les basta para hacerse el Tipoy ó 
á lo más para tejer una camiseta y una red ó 
amaca en que dormir con sus maridos; pero les 
cuesta mucho el labrar por no tener aptos ins- 
trumentos. 

No duermen sino en el suelo sin otra cama 
que una estera, y á lo más unos palos toscos y 
desiguales, juntos entre sí, y á no tener hechos 
callos que les defienden de lo áspero de su 
cama, les sería de no leve mortificación. 

Al ponerse el sol tienden su mesa para ce- 
nar, y poco después se retiran á dormir. Sólo 
los libres ó solteros se juntan de noche á bailar 
entre sí y á tocar junto á su Rancho, y de aquí 
van continuando la danza por los caminos de 



58 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

esta manera: hacen una gran rueda y en medio 
ponen á dos que tocan las flautas á cuyo com- 
pás canta y da vueltas toda la rueda sin mudan- 
za alguna; detrás de los hombres hacen otro se- 
mejante baile las mujeres, y estos bailes duran 
dos ó tres horas, hasta que cansados se echan 
á dormir. 

El tiempo de caza y pesca es despue's de ha- 
ber hecho la cosecha del maíz y del arroz. Re- 
partidos en muchas cuadrillas van á los bos- 
ques por dos y tres meses y cazan jabalíes, mo- 
nos, tortugas, osos, hormigueros, ciervos, ca- 
bras monteses; y para que" no se corrompa la 
carne, usan chamuscarla do manera que se pone 
dura como un palo; y se tiene por dichoso 
quien trae su cesta ó canasta (á que llaman pa- 
naquíes) muy llena, porque todos le dan el pa- 
rabién y le aclaman de esforzado y valiente. Por 
el mes de Agosto ya están todos de vuelta, por- 
que es el tiempo de la sementera. 

En materia de religión son brutales total- 
mente y se diferencian de los otros bárbaros, 
pues no hay nación por inculta y bárbara que 
sea, que no reconozca y adore alguna deidad; 
pero éstos no dan culto á cosa ninguna visible 
ni invisible, ni aun al demonio, aunque le te- 
men. Bien es verdad que creen son las almas 
inmortales y á sus difuntos los entierran po - 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 59 

niándoles en la sepultura algunas viandas y sus 
arcos y flechas para que en la otra busquen á 
costa del trabajo de sus manos, con qué poder 
vivir, y de esta manera quedan persuadidos 
que no les precisará el hambre á querer volver 
á este mundo. Aquí paran, sin pasar adelante, á 
investigar á dónde van á morar, ni quién es el 
artífice de tan bellas criaturas que les dio el ser 
y le sacó de la nada, ni saben dar razón de esto. 

A sola la. luna honran con título de madre 
pero sin darla culto, y cuando se eclipsa, salen 
con grandes gritos y aspavientos disparando al 
aire una gran tempestad de flechas para defen- 
derla contra los perros que dicen que allá en el 
cielo andan tras ella y la muerden hasta que la 
hacen derramar sangre de todo el cuerpo, que 
á su juicio es la causa del eclipse; y todo el 
tiempo que éste dura, permanecen ellos en esta 
función hasta que vuelve á su resplandor y es- 
tado antiguo. 

Cuando truena y caen rayos creen que algún 
difunto que vive allá con las estrellas, está eno- 
jado con ellos, y aunque muchas veces caen ra- 
yos y centellas, no hay memoria de que hayan 
hecho daño ni muerto á ninguno. 

No tienen, pues, ni adoran otro Dios que á 
su vientre, ni entienden en otra cosa que en pa- 
sar buena vida, la mejor que pueden, viviendo 



6o P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

en todo como brutos animales. Aborrecen mu- 
cho á los hechiceros, y á los otros familiares 
del demonio como á capitales enemigos del 
género humano, y los años pasados hicieron en 
ellos un cruel estrago, quitándoles las vidas; y 
ahora, con una ligera sospecha de que alguno 
ejercita este oficio, al punto le despedazan á 
grandes golpes de sus macanas. Son muy su- 
persticiosos en inquirir los sucesos futuros por 
creer firmemente que todas las cosas suceden 
bien ó mal, según las buenas ó malas impresio- 
nes que influyen las estrellas; por esto, para co- 
nocer los puntos de sus aventuras, observan, 
no ya el curso de los cielos ó los aspectos be- 
néficos de los planetas, que á tanto no alcan- 
zan, sino algunos agüeros que toman de los 
cantos de los pájaros, de los animales y de los 
árboles y otros innumerables de este género; y 
si sus pronósticos son infaustos, de enfermeda- 
des, contagios, ó de que han de venir á sus 
tierras á hacer correrías los Mamalucos, para 
maloquear, que es lo mismo que hacerlos es- 
clavos, tiemblan y se ponen pálidos como si se 
les cayese el cielo encima ó les hubiese de tra- 
gar la tierra; y esto sólo basta para que aban- 
donen su nativo suelo y que se embosquen en 
las selvas y montes, dividiéndose y apartándose 
lo^s padres de los hijos, las mujeres de los mari- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 6 1 

dos, y los parientes y amigos, unos de otros, 
con tal división, como si nunca entre ellos hu- 
biese habido ninguna unión de sangre, de pa- 
tria ó de afectos. Por esto les parece menos in- 
soportable el venderse los unos á los otros: el 
padre á la hija, el marido á la mujer, el herma- 
no á la hermana; y esto por codicia de solo un 
cuchillo ó una hacha, ó de otra cosa de poca 
monta, aunque los compradores sean sus mor- 
tales enemigos, que hayan de hacer de ellos lo 
que su odio, pasión ó enemistad les dictare. Lo 
cual ha dado no poco que entender á los mi- 
nistros del P^vangelio para reducirlos á que vi- 
van juntos en un paraje y en unas mismas ca- 
sas donde se porten como racionales y puedan 
.ser instruidos en los misterios de la santa fe 
para creerlos, y en los preceptos de nuestra 
santa ley para observarlos. 

Con todo eso y el no conocer ni venerar 
deidad alguna ni hacer estima del demonio, era 
muy buena disposición para introducir en ellos 
el conocimiento del verdadero Dios, tanto más 
que no permitían viviesen entre ellos los que 
tuviesen trato familiar con el demonio, gravísi- 
mo y antiguo impedimento para conducir á la 
ciega gentilidad al gremio de la Santa Iglesia, 
con que estaban como una materia primera, in- 
diferente y capaz de cualquiera forma, por sin- 



62 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

•guiar providencia del cíjId, que no permitiese 
se adelantase á tomar posesión de sus almas 
antes que la ley de Dios, secta ninguna ó idola- 
tría de las muchas que tenían las naciones con- 
finantes, con ser así que decían mucho con su 
genio y bárbaras costumbres. 

Lo que toca á su idioma y lenguaje es tan di- 
fícil, que para saberla y aprenderla no basta 
muchos años. No quiero hablar en este punto, 
sino que se oiga á un misionero que escribiendo 
los años pasados desde aquellas misiones á un 
confidente suyo, se lamenta mucho de que por 
más conatoq ue puso, no pudo aprenderla. «Ca- 
» da Ranchería (dice) usa lenguaje diferentísimo 
» y difícil, y mucho más que todos, el de los Chi- 
» quitos, lo cual me causa grande pena y des- 
» consuelo y me falta poco para persuadirme 
» que no podré emplear mis sudores y fatigas 

> en provecho de esta nueva cristiandad por 
» falta de lengua. Hasta ahora no se ha acaba- 
» do el Vocabulario, y estando aún en la C, 
» hay ya veinticinco cuadernos. La Gramática 
» es dificilísima y el artificio y definición de los 
» verbos es increíble. No hay paciencia para ha- 
» ber de decir con diferentes verbos y conjuga- 
» ciones: yo amo; yo amo á Pedro; yo lo amo; 

> yo me amo; yo la amo; yo le amo; por esto 
» amo; eon tal inconsecuencia en las conjuga- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 63 

» cienes, que aprovecha poco saber conjugar 
» un verbo para poder hacer lo mismo con 
» otro. En cinco meses que há que estoy aquí, 
» apenas he aprendido cuatro conjugaciones, 
» habiendo sudado y trabajado de noche y de 
» día. Juzgo que los que deben venir acá han de 
» ser mozos santos y hábiles, porque de otra 
» suerte, nunca harán nada. Los gentiles de 
» otras naciones no pueden aprenderla sino 
» cuando niños. El P. Pablo Restivo, que con 
» un mes de estudio en la lengua Guarany pudo 
> ejercitar nuestros misterios en todo el tiempo 
» que ha estado aquí, nunca se ha atrevido á 
» predicar. El P. Juan Bautista Xandra, por ha- 
y> ber venido adulto, entiende poquísimo. De los 
» Padres más antiguos que cuentan veinticinco 
» y más años de Misioneros en est.is Reduccio- 
» nes, ninguno hay que lo sepa con perfección 
-» y dicen que á veces los indios no se entien- 
de den entre sí. :Qué diré de la pronunciación? 
» De cuatro en cuatro echan de la boca las pa- 
» labras y nada se entiende, como si no pro- 
» nunciasen nada. Pondré aquí el alabado y la 
» forma de persignarse, como le cantan todos 
» los días, no como le pronuncian, porque si 
» uno lo lleva escrito en la mano, no los podrá 
» entender una palabra, y no sé como se pue- 
» den entender entre sí.» 



64 



P. PATRICIO FERNANDEZ 



Alabado sea el Sanlisimo Sacramento que está 



Anauscia 
en el Altar, 
ycii Aliar, 

desde su origen 

ninnemooGO 
tuvo principio 

ayboyi 
antiguo. 
ticanni. 



San I is i:ne Sao ra mentó 



naqut 



y también 

iula yto 
está libre y pura 

oúcimanane quichelenna 

el Ser del primer 

yy tnicocinitanna 



la Virgen Santa María 

Virffi'n Santa María 

cuando 

onumo 

pecado 



ninUiaiti 



La fórmula de hacerse la señal de la santa 
cruz es de la manera que se sigue: 



Por la señal de la Santa Cruz deíiende 


á nosotros 


Oi naucipi San 


la Cruci'i oquiniay 


zoychacu 


Dios nuestro de 


aquellos que 


aborrecen 


Zoichupa mo 


unama po 


chinen eco 


á nosotros en c 


\ nombro de! 


1 Padre 


zmnaneno au 


niri naqui Yaytolik 


y del 


Hijo y 


del 


(a naqui 


A'jtotik la 


naqui 


Kspíritu Sanio. 






ICipiritu Santo. 







«¿Qué le parece á V. R.? ¡Extraña cosa por 
» cierto! He escrito ae^uí estas palabras para 
» que V. R. me tenga compasión y ruegue á 
» N"uestro Señor me conceda alguna cosa del 
» don de lenguas. Es verdad que tiene una cosa 
> de bueno esta gente, que aunque uno pronun- 
» cié nial y hable peor, luego al punto le en- 
» tienden.» 

Esta es la carta de aquel misionero y esta es 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 65 

la dificultad más ardua, pero la más necesaria 
de vencer en quien emprende el oficio de la 
predicación apostólica de esta provincia. 

Y á la verdad, lo que más espanta y detiene 
el celo de operarios muy fervorosos, es tanta 
diversidad de lenguas, pues á cada paso se en- 
cuentran en estos pueblos una ranchería de cien 
familias, á lo más, que tiene lenguaje muy di- 
verso de los otros del contorno, causa de que 
sean tantas las lenguas, que parece increíble. 
Más de ciento cincuenta lenguas y más diferen- 
tes entre sí que la española y la francesa, halla- 
ron los PP. Cristóbal de Acuña y Andrés de 
Artieda en las naciones que pueblan las riberas 
del Marañón, cuando por orden de Felipe IV en- 
traron á reconocer aquellas provincias; en quin- 
ce lenguas, si mal no me acuerdo, se habla en 
las misiones de los Moxos, siendo así que no 
llegan los convertidos á treinta mil; y en estas 
nuestras Reducciones de Chiquitos hay neófitos 
de tres y cuatro lenguas. Con todo esto, para 
(juitar este impedimento á la santa fe, se ha pro- 
curado que todos los indios aprendan la lengua 
de los Chiquitos, lo cual no se podrá hacer cu 
adelante, porque si las naciones en cuya conver- 
sión se trabaja ahora, pasan del número de tres 
ó cuatro mil almas, será necesario hacer otra 
nueva Reducción y nos veremos obligados á 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 5 



66 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

acomodarnos á su lengua, para lo cual habrán 
los Misioneros de estudiar precisamente la len- 
gua de los Mototocos, que usan los Zamucos, 
y la de los Guarayos que hablan en Guarany, 
fuera de la lengua de los Chiquitos. 






CAPITULO III 



-Descubren los españoles la nación de los Chiquitos y 
destrúyenln, así ellos como los Mamalucos, de quie- 
nes se da una sucinta relación. 



Nuflo de Chaves, el año de 1557, navegó por 
orden de Domingo Martínez, gobernador del 
Paraguay, hacia el origen del río que da nom- 
bre á toda la provincia, acompañado de tres- 
cientos soldados, con el fin de fabricar un cas- 
tillo en una isla que estaba junto al afamado 
lago de los Xarayes, con pretexto de avecin- 
darse más al Perú. 

Entróse tierra adentro del país de los Chiqui- 
tos, y caminando cosa de setenta leguas hacia 
el Poniente, fabricó á la falda de una montaña 
una población, á quien puso por nombre Santa 
Cruz de la Sierra. Pero disgustados muchos de 



d8 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

los suyos con Nuflo de Chaves por esta causa^ 
se volvieron á su tierra. 

Los que se quedaron en Santa Cruz, con su 
afabilidad y buen trato ganaron la voluntad y 
afecto de los paisanos, y dividiéndolos en en- 
comiendas les obligaron á que cada año diesen 
á los encomenderos algún poco de algodón 
y algunas vituallas en señal de vasallaje. Mas 
como el interés no tiene freno, ni gobierno, ni 
leyes con que regularse, algunos que tenían una 
insaciable codicia de enriquecer, empezaron á 
cargar de modo á los nuevos subditos, que 
eran insufribles á su pobreza; y no satisfechos^^ 
con eso, les quitaban los hijos á las madres 
para servirse de ellos; por lo cual, amotinán- 
dose algunos indios, se rescataron y libraron 
de aquellos maltratamientos, con muerte de sus 
señores; y de allí á poco fué común el motín ei> 
todos los indios, hasta que por orden del virrey 
del Perú, D. Francisco de Toledo, se mudaron 
á otra parte los españoles, fabricando la ciudad 
de San Lorenzo, cabeza de la provincia de 
Santa Cruz, cincuenta leguas más al Occidente. 
Los pueblos Penoquís y otros confinantes no 
quisieron desamparar el nativo suelo, y con la 
antigua libertad se volvieron á los ritos (bár- 
baros y gentílicos. No obstante el mandato del 
Rey, no fué obedecido de todos los españoles^ 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 69 

porque algunos se fueron entre los Moxos, dos- 
cientas leguas distante de San Lorenzo, y em- 
barcándose en una pequeña embarcación en el 
río Mamoré, entraron por la boca del río Ma- 
rañen en el Occeano, y con no poca ventura, 
llegaron á Europa; otros se quedaron en los 
Chiquitos, y al pie de una montaña fabricaron 
un pueblecillo á quien llamaron San Francisco, 
junto al cual está hoy fundada la Reducción de 
San Francisco Xavier. 

El tiempo que aquí vivieron fundaron algu- 
nas encomiendas de Quicmes Paraníes y de Su- 
berecas, las cuales se vieron precisados á dejar, 
cuando abandonado también aquel lugar, se re- 
tiraron á tomar casa en San Lorenzo. Sólo al- 
gunos Quicmes y Faraníes se fueron con ellos y 
fundaron en Cotocá, tierra poco distante de 
aquella ciudad, y hoy están debajo del cuidado 
y gobierno espiritual de nuestra provincia del 
Perú. 

Poco después de esta mudanza, deseosos los 
bárbaros de tener algunas herramientas, pasando 
el Guapay se ponían en celada escondidos en 
las matas, y aguardando la ocasión de la noche, 
asaltaban los villajes á los españoles, robando 
cuantos más cuchillos, hachas, azadones y otros 
pedazos de hierro podían, sin causar otro daño; 
pero como creciendo la codicia en los bárbaros 



70 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

creciese también la audacia, se atrevieron á co- 
ger á los campesinos, y matarlos á su salvo. 

Espiaron los vecinos quie'nes eran los que ha* 
cían él daño, y advirtiendo que eran los Chiqui- 
tos, quisieron volver sobre ellos los daños recibi- 
dos, pero muy á su costa, porque dos veces vol- 
vieron con la peor parte y se vieron constreñidos 
á retirarse, perdiendo el crédito y la honra. 

Heridos altamente los españoles en lo más 
vivo de la reputación, sentidos de que osasen 
los bárbaros manchar la gloria y nombre que 
A costa de tantos sudores y tanta sangre habían 
ganado entre todas las naciones, no haciendo ya 
caso del daño recibido en sus haciendas, sino 
sólo de la pérdida de la honra, poniendo en ar- 
mas un trozo de gente, más respetable por su va- 
lor que por su número, presentaron batalla á los 
enemigos, los cuales divididos unos de otros, á 
los primeros mosquetazos fueron desbaratados, 
quedando muchos de ellos prisioneros de guerra^ 

Perdieron con este género de armas su nativo 
corage los Chiquitos; y para defenderse en lo 
venidero del enojo armado de los vencedores, 
derramados 3^ divididos, se huyeron á las selvas, 
apartándose á lo más retirado y espeso de los 
bosques; con todo eso, aun aquí les dieron caza 
los españoles muchas veces para vengar su 
afrenta, que tenían muy fija en el corazón, ha- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 7 I 

ciendo esclavos para su uso muchas cuadrillas 
de ellos; hasta que abatida con tantos golpes 
la altivez de los Chiquitos, vinieron el año 
de 1690 mensajeros de parte de los Pacarás, 
Zumiquies, Gozos y Piñocas á San Lorenzo, en 
nombre de sus caciques, á pedir merced y paz 
á D. Agustín de Arce, Gobernador en la ocasión 
de Santa Gruz, con que cesaron las hostilidades 
de los españoles, pero no se pudieron ver libres 
de los gravísimos daños y pérdida de gente ori- 
ginada, así de las guerras pasadas como de los 
frecuentes contagios y por otros desastres que 
echo de buena gana en olvido, por no atribuir 
á culpa común de todos, lo que ha sido sólo 
malicia particular de algunos pocos. 

Ha sido también causa de su disminución las 
continuas correrías ó malocas (como llamamos 
acá) de los Mamalucos del Brasil, que pasando 
el río Paraguay y haciendo grandes presas en 
estos miserables, han reducido á poco menos 
que nada estos pueblos. Y ya que muchas veces 
habré de escribir las maldades de esta gente, no 
será fuera del intento de dar de ellos aquí una 
breve noticia. 

Había la valerosísima nación portuguesa fun- 
dado muchas colonias en las partes Mediterrá- 
neas del Brasil, una de ellas era Piratininnga, ó 
como otros dicen, San Pablo. Sus moradores. 



72 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

por falta de mujeres europeas, mezclaron su 
noble sangre con la vilísima de los bárbaros, 
mejor dijera que le mancharon, porque los hi- 
jos, saliendo más semejantes á las madres que á 
los padres, degeneraron en breve de manera 
que avergonzadas y corridas las ciudades veci- 
nas, renunciaron su amistad; y porque la vileza 
de éstos no empañare ni aun levemente los can- 
dores de la generosidad del nombre lusitano en 
el mundo, los llamaron Mamalucos. Mantuvié- 
ronse éstos mucho en la devoción á Dios y á 
su príncipe por el celo del admirable P. Jo- 
seph Ancheta y sus compañeros, que fundaron 
allí Colegio; hasta que cansadas de vivir ajusta- 
dos á los dictámenes de la conciencia, y per- 
diendo el temor á las leyes, echaron á nuestros 
Padres y sacudieron el yugo de ambas majesta- 
des, divina y humana de tal manera, que obe- 
deciesen al Rey de Portugal cuando les estu- 
viese bien, y á Dios, cuando la necesidad fuese 
extrema. 

A éstos se juntaron gran número de hom- 
bres perdidos, italianos, españoles, holandeses 
y la hez de todas las naciones, que para librar- 
se de las penas merecidas por sus delitos^ ó para 
vivir dando rienda á todo género de vicios y 
deshonestidades, y también corrompido de las 
feas y malignas impresiones de los herejes mo- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS. 73 

dernos, acrecentar el número y el orgullo de 
los habitadores y moradores de San Pablo. 

Y á la verdad, el sitio de la ciudad, el clima 
de la tierra, todo era muy á propósito para su 
genio depravado y vida brutal. Está fundada 
unas trece leguas del Océano sobre unos peñas- 
cos que por todas partes alrededor forman preci- 
picios que hacen inaccesible la entrada, si no es 
por una angosta senda, que pueden impedir 
bien pocos hombres; á la falda de la montaña 
hay algunas aldeas para el servicio del Gober- 
nador, de los forasteros y de los mercaderes, á 
quienes no se permite pasar más adelante; el cli- 
ma es templadísimo por estar en veinticuatro 
grados entre las dos zonas tórrida y templadr, 
y el aire tan puro y saludable que le hace uno 
de los más amenos y deliciosos países de estas 
Indias Occidentales. 

La tieri:a, ya por beneficio de la Naturalezr, 
ya por industria del arte, produce todo lo ne- 
cesario para pasar la vida con comodidad, 
abundantísima de trigo, ganado, azúcar y otros 
aromas de que puede proveer á las tierras veci- 
nas con abundancia, ni les faltan tampoco ri- 
cos minerales de oro y otros metales. Libres, 
pues, de toda ley los naturales de esta ciudad, 
se dieron á discurrir por el contorno, haciendo 
esclavos á los indios en gran multitud, roban- 



74 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

doles SU hacienda; y viendo que no ha hecho 
algún castigo en ellos, sino publicado solamen- 
te algunas prohibiciones y edictos que no han 
sido obedecidos, han proseguido por espacio 
de ciento treinta años en sus infames latroci- 
nios, que fuera de dos millones de almas que se 
sabe han destruido ó reducido á miserable es- 
clavitud, han hecho despoblar algunas ciudades 
de españoles y más de mil leguas en tierra ha- 
cia el Marañón, 'experimentando esta nuestra 
provincia las primeras furias de su arrojo en la 
destrucción de catorce Reducciones que se ha- 
bían fundado con increíbles trabajos y sudores 
en la nación de los Guaraníes, que en número 
de cerca de quinientos mil se había reducido al 
gremio de nuestra santa fe. 

Verdad es que en tantas presas no gozan de 
cien partes la una, porque la mayor parte, con- 
sumida de los trabajos é incomodidades del ca- 
mino hasta San Pablo, fallece antes de llegar, y 
los otros empleados en la labor de las minas ó 
en el cultivo de los campos, con poco sustento 
y muchos azotes y malos tratamientos, no es- 
tando por otra parte acostumbrados al trabajo, 
en poco tiempo se consumen y aniquilan; y sé 
por cédula real que he visto, que de trescientos 
mil indios cautivados en espacio de cinco años, 
no llegaron á salvamento al Brasil más que 



RELACIÓN DE IN'DIOS CHIQUITOS 75 

veinte mil. Ni ha sido éste sólo el daño que nos 
han causado estos crueles hombres; lo peor es 
el habernos hecho aborrecibles y abominables 
á todas las naciones, usando de las mismas tra- 
zas é industrias de que usan y se valen nuestros 
Misioneros para reducir los gentiles ai conoci- 
miento del verdadero Dios y á la observancia 
de su santa ley. Fingen, pues, los dichos Mama- 
lucos que son jesuítas, usando el nombre de 
Padre, nombre venerable y que estima mucha 
á toda la gente, aun á los infieles; hácese uno 
subdito, otro superior, y aun Provincial; y en la 
rota que padecieron los españoles el año 1696 
fué hecho prisionero uno, llamado Juan Rodrí- 
guez, á que añadía el título de Payguazú, que en 
Guaraní es lo mismo que Padre Grande. 

Después, enarbolando cruces y mostrándoles 
retratos de Cristo Nuestro Señor y su Santísima 
Madre, entran en las tierras, acariciando la 
gente con regalos y brujerías, persuadiéndoles 
dejen su nativo suelo y sus pobres Ranchos 
para fundar una numerosa Reducción, junto 
con otros pueblos; y cuando ya los tienen ase- 
gurados, meten en prisiones á los caciques y 
principales y se llevan por delante la chusmai 

]''sta infernal astucia nos ha hecho totalmen- 
te sospechosos á estas naciones, y muchas ve- 
ces corremos riesgos de la vida y se nos malo- 



76 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

gran las empresas, "como nos ha sucedido en 
los viajes por el río Paraguay, en que ningún 
infiel se quiere fiar de nosotros. 

Pero no deja Nuestro Señor sin castigo, aun 
en esta vida, maldad tan enorme, porque los 
más tienen malas muertes, y lo peor es que 
raro es el que de ellos se arrepiente y pide per- 
dón de sus culpas y maldades, porque se dejrn 
arrastrar de la desesperación y se van al infier- 
no; y hay sujeto de los nuestros, testigo de vis- 
ta, que dice que en la rota sobredicha el año 
de 1696, ninguno de los que murieron en el 
campo ó se ahogaron en el río, pidió confesión 
ni dio señal alguna de arrepentimiento. 

Pero no obstante que dichos Mamalucos, ya 
con engaños, ya con bocas de fuego, han he- 
cho tan horrendo estrago en estas naciones, in- 
capaces de resistirles con sus débiles y flacas 
armas, algunas veces, en no pocos reencuen- 
tros, han vuelto con las manos en la cabeza, y 
ha sido sujetado su orgullo por los indios; 
porque éstos, arrestados de una vez á morir ó 
vencer, se han portado con tal valor y esfuerzo, 
que ya en emboscadas, ya en campaña abierta, 
cara á cara han vencido el orgullo enemigo, 
quedando prisioneros los que querían echar en 
prisiones á los indios. 



CAPITULO IV 



Da principio el P. Joseph de Arce á la nueva Iglesia 
de los Chiquitos, vencidas muchas dificultades. 



Entrado, pues, ya el año de 1691 pasó el Pa- 
dre Provincial de esta provincia, Gregorio de 
Orozco, á visitar el Colegio de Tarija para en- 
trar por allí á las tierras de los Chiriguanás y 
probar á lo menos por algún poco de tiempo 
las incomodidades que sus subditos habían de 
tolerar después años enteros y hallarse en algu- 
no de tantos peligros en que despue's ellos ha- 
bían de vivir continuamente. Aquí recibió las 
cartas del gobernador de Santa Cruz de la Sie- 
rra y las súplicas del P. Arce, que desde Tari- 
quea había venido para meter fuego más de 
cerca á negocio de tanto servicio de Dios y 
bien de las almas, con esperanza de que algún 



78 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

día tendría la fortuna de regar con sus sudores 
^quel nuevo campo y de derramar en él, por 
último, su sangre, predicando la fe. 

Hallóse perplejo el Provincial en la resolu- 
ción que tomaría, porque el celo de la salud de 
las almas le persuadía abrazase á un mismo 
tiempo muchas empresas y diese principio, 
cuanto le fuese posible, á nuevas obras para la 
dilatación de la fe; por otra parte, veía la gran- 
de carestía de operarios que había y que apenas 
se podían mantener las Misiones antiguas, cuan- 
to más emprender otras nuevas. 

Pesando, pues, atenta y maduramente estos 
motivos, le pareció que el primero no solo con- 
trapesaba, sino prevalecía al segundo, esperando 
€n Dios que le proveería de Misioneros, como 
de hecho sucedió, pues llegaron aquel mismo 
año á Buenos Aires cuarenta y cuatro sujetos 
de la Compañía, que darán mucha materia á la 
historia de esta provincia, y los despachaba de 
España el P. Procurador de esta provincia, 
Diego Francisco de Altamirano, á cargo del 
P. Antonio Parra, que venía por superior de 
todos. 

Con esto el P. Orozco ordenó al P. Arce que 
fuese en busca del origen del río Paraguay ex- 
plorando en el Ínterin las voluntades de los 
Chiquitos y de las otras naciones que hallase 



RELACIÓN DE IXDIOS CHIQUITOS 79 

dispuestas á recibir el Santo Bautismo, y que á 
lo largo de la costa de aquel río esperase á los 
Padres Constantino Díaz, natural de Ruinas, en 
Cerdeña; Juan María Pompeyo, de Benevento, 
en el reino de Ñapóles, Diego Claret, de Na- 
• mur, en la Galo-Bélgica; Juan Bautista Neuman, 
de Viena, en Austria; Enrique Cordule, de Pra- 
ga, en Bohemia; Felipe Suárez, de Almagro, en 
la Mancha, y Pedro Lascamburu, superior de 
todos, de Irún, en Guipúzcoa; todos los cuales, 
saliendo de las Misiones de los Guaraníes, em- 
prendían por agua el camino hacia el lago de 
los Xarayes para ser sus compañeros en la con- 
versión de aquellos pueblos. 

Alegre el santo varón con la posesión de tan- 
ta dicha, como verse digno de una señalada 
Mi-sión, sin perder punto de tiempo, se partió 
de Tarija con el hermano Antonio Rivas, y lle- 
gando á Santa Cruz de la Sierra, se aparejaba 
ya para pasar adelante en su derrota, cuando el 
infierno, que interesaba tanto en que se emba- 
razasen sus designios, levantó contra él un tor- 
bellino de persecución tan fiero, que si no hu- 
biera encontrado con un corazón y celo tan 
apostólico, hubiera bastado á contrastarle to- 
talmente: porque habiendo sucedido otro Go- 
bernador, á D. Agustín de Arce, mudaron las 
cosas de semblante y tomaron otro color, y sa- 



8o P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

biendo sus intentos, procuraron apartarle de su 
propósito con cuantas más razones y autoridad- 
pudieron, diciéndole era aquella una empresa 
que no saldría felizmente por más fatigas que 
padeciese por conseguirla; que siendo los Chi- 
quitos, como decían, muy bárbaros y bestiales, 
¿cómo había de poder sujetarlos de grado al 
yugo de Cristo y refrenar sus depravadas cos- 
tumbres con la estrechez de la ley Evangélica, 
cuando ellos jamás habían querido aplicarse á 
ninguna de tantas idolatrías de los confinantes 
con ser muy conformes con la disolución de 
sus procederes? ¿Cómo había de introducir el 
amor de Dios y del prójimo en corazones faltos, 
aun de lo que la naturaleza dicta á las fieras 
más crueles y salvajes: Que era mucha su ani- 
mosidad, si ya no era temeridad revestida de 
celo, en querer arrojarse á morir, cuando menos 
mal le fuese, á ser vendido bárbaramente; que 
no se fiase de la voluntad que aquéllos salvajes 
habían mostrado de ser cristianos, pues todo lo 
hacían á fin de dejar descuidar á los españoles, 
y cogiéndolos de improvifo, robarles las ha- 
ciendas con insultos. Y que cuando aquellas-ra- 
zones no les conveciesen para desistir de la em- 
presa, advirtiese y supiese que el clima era so- 
])remanera nocivo á la complexión de los ex- 
traños, y que padeciendo casi todos los años 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 8 1 

contagio aquellos pueblos, no le perdonarían á 
él. Que por tanto enderezase sus designios á 
otra mies y escogiese otro campo que corres- 
pondiese el cultivo con fruto más digno de sus 
fatigas. 

Con estos y otros argumentos de este jaez 
procuraban muchos caballeros (mejor diré el 
mismo infierno) apagar la encendida caridad 
que ardía en el pecho del P. Joseph, pero viendo 
que nada aprovechaba, intentó otra máquina 
más formidable. Esta fué el interés, único conta- 
gio de las cosas hechas, ó que se han de hacer 
por Dios. 

Habíase formado tiempo antes una Compañía 
(llamémosla así) de mercaderes europeos que 
hacían feria de los indios, y los compraban tan 
baratos, que una mujer con su hijo, valía tanto 
como entre nosotros vale una oveja con su 
cordero. 

iaitraban éstos en las tierras de los indios 
circunvecinos y en breve tiempo hacían gran 
presa de esclavos; y cuando no tenían bastantes, 
so color de vengar alguna injuria recibida, da- 
ban de improviso sobre las Rancherías y pasada 
á cuchillo la gente que podía tomar armas, 6 
si no abrasada viva dentro de sus casas, llevaban 
cautiva la chusma, y vendían en el Perú estas 
mercancías muy caras, con que al año monta- 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 6 



82 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ba la ganancia muchos millares de escudos. 
Llevaba muy mal la piedad de los españoles 
que la codicia destruyese y acabase aquellos 
pueblos é infamase el buen nombre de la nación, 
y no menos se sentía la fe de que tales maldades 
de los suyos la desacreditasen ó hiciesen suma- 
mente abominable con todas aquellas naciones; 
pero por no romper á las claras con aquellos 
mercaderes y alborotar la provincia, no se atre- 
vían los Regidores á reclamar en Tribunal Su- 
premo; hasta que los años pasados, estimulados 
de nuestros misioneros, de los Moxos y de los 
Chiquitos, se quejaron gravemente en la Real 
Audiencia de Chuquisaca, pero por haber ido á 
defender mercancías tan inicuas en la Audien- 
cia cierta persona de mucha autoridad y junta- 
mente muy rica y poderosa, aquel sapientísimo 
Senado, temeroso de alguna revolución en la 
provincia, tuvo por consejo más acertado remi- 
tir toda la causa al Príncipe de Santo Bonol 
Virey y Capitán general de estos Reinos de- 
Perú, quien con cristiana piedad despachó ri. 
gurosas provisiones, sopeña de perdimiento de 
bienes y destierro del país, á cualquiera que 
osase comprar y vender á los indios: y al Go, 
bernador que lo permitiese, condenó en priva- 
vación de oficio y multó en doce mil pesos para 
€Í Fisco Real. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 85 

De esta manera, con incomparable gozo y 
júbilo de los españoles, se desterró y exterminó 
totalmente de toda aquella provincia de Santa 
Cruz de la Sierra esta infame mercancía, que 
apoyada de la codicia se había mantenido allí 
de pie firme, con gran dolor de los celosos. 

He querido referir aquí todo lo dicho, aten- 
diendo más al enlace de los infieles que á las 
circunstancias de los tiempos en que sucedie- 
ron. Prosigamos ahora nuestra historia. 

Habiendo, pues, llegado el P. Joseph á Santa 
Cruz, halló entablada tan de asiento esta mer- 
cancía, y tan apoyada con la autoridad de gente 
de mucha suposición, que á pecho menos cons- 
tante y firme que el suyo, á quien nunca asustó 
el miedo, ni respeto humano, hubiera sido im- 
posible resistir á la fuerza de tantos contrastes; 
por lo cual es inexplicable lo que padeció y tra- 
bajó para desarraigar trato tan inicuo; porque 
echando de ver los interesados que de poner los 
nuestros el pie en aquellas naciones se les había 
de seguir menoscabo cierto de sus intereses y 
aun acabárseles del todo, se le opusieron con 
todo el esfuerzo posible, previendo de antemano 
lo que no mucho tiempo después sucedió, que 
nuestros católicos reyes, por instancias de los 
nuestros, harían aquellos pueblos vasallos su- 
yos, y libres é independientes y los encabezarúin 



84 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

en su Real Corona^ de que les resultaría ruina 
irreparable de su grangería. 

Pero fueron vanas todas las baterías que ases- 
taron contra su designio, porque cuando este 
santo varón conocía era voluntad de Dios lo que 
emprendía, no había respeto humano, miedo de- 
peligro, ni fuerza de embarazos poderosa á ha- 
cerle dar un paso atrás, ni desistir de lo comen- 
zado. 

Interpuso ruegos y súplicas muy eficaces y 
supo hablar con tanta energía de espíritu, que 
aquellos mercaderes, teniendo la nota de impíos 
y crueles, se dieron por vencidos, mejor diré y 
con más verdad, persuadidos á que, ó consumi- 
do de los muchos trabajos que era preciso pa- 
decer, ó muerto á manos de los bárbaros, aca- 
baría en breve la vida, le dieron paso] franco 
para que desahogase su santo celo. 

Sólo faltaba ya quien le sirviese de guía en su 
viaje, porque sin ella era imposible entrar y pe- 
netrar las tierras de los Chiquitos; y me persua- 
do que el no hallar por entonces algún práctico 
en los caminos, fué astucia y traza del demonio, 
que preveía la ruina que había de causar á su 
partido el celoso Misionero. Pero era, éste in- 
cansable y no dejaba piedra por mover para 
conseguir su condución á aquellas provincias; 
con que á costa de bastantes trabajos halló^ 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 85 

finalmente, dos hombres de aguante, con quie- 
nes se concertó para que le guiasen y llevasen 
hasta las primeras Rancherías de los Piñocas, 

Triunfante, pues, de esta manera de todo el 
infierno, que contra él se había conjurado, se 
puso en camino á los nueve de Diciembre; y 
sabiendo que el contagio hacía por aquel tiem- 
po gran riza en aquella gente, cada momento le 
parecía un siglo por llegar cuanto antes y po- 
der remediar, ya que no los cuerpos, á lo me- 
nos las almas de aquellos miserables. 

Por eso le parecía poco arrojarse por los 
despeñaderos, subir sierras muy altas, vadear 
ríos muy peligrosos, meterse por pantanos muy 
cenagosos y profundos y pasar otros grandes 
riesgos de la vida; antes en todos éstos se ha- 
llaba una suavidad indecible, llevando siempre 
muy fijo el corazón y la mente en el extremo 
abandono en que se hallaban aquellos pobres 
gentiles; no tenía reposo ni quietud viendo la 
pérdida de tantos ; y lo que más le llegaba al 
alma, que ellos mismos, de grado, pedían ser la- 
vados en las saludables aguas del santo bau- 
tismo; '^^^^^ ^í' •■ i-UMt j:1 i,;3\"j\q i?u; 

Por fin, á los últimos dé Diciembre, 'llegó 
más muerto que vivo por los muchos trabajos, 
fatigas y molestias que sufrió, á las tierras tan 
deseadas de los Piñocas. 



86 P. PATRICIO FERNÁNDEZ' 

Inexplicable fué el consuelo que recibió eí 
buen Padre de ver satisfechos plenamente sus 
ardientes deseos; pero templaban su júbilo las 
graves miserias y aflicciones de sus amados 
Chiquitos; sacábale muchas lágrimas á los ojos 
el ver aquellos desdichados tendidos y arroja- 
dos por los suelos: unos en descampado, sin 
abrigo alguno, otros con sólo el reparo de una 
choza cubierta sólo de algunas hojas de árbo- 
les, y otros luchando con la muerte, y muchos 
muertos en su infidelidad; traspasábale el cora- 
zón oir á algunos lamentarse inconsolablemen- 
te por haber muerto sus parientes sin haber te- 
nido la dicha de ser (decían) hijos de Dios, 
como ellos con grande instancia lo habían pe- 
dido. Pero en medio de tanta calamidad fué de 
grande consuelo y alegría á aquellos bárba- 
ros ver en sus países un ministro de nuestra 
santa fe. 

Recibiéronle y tratáronle con tierno afecto,, 
dándole de buena gana parte de su pobreza y 
regalándole con algunas frutas silvestres, que 
eran las delicias de más precio que tenían en 
aquellas miserias. Suplicáronle se quedase con 
ellos y no los abandonase en medio de tanta 
aflicción, prometiendo levantarle iglesia y casa' 
y proveerle de lo necesario para su sustento. 
Condujéronle desde aquí á un paraje poco dis- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 87 

tante, diciéndole que escogiese allí sitio acomo- 
dado y que luego se pasarían todos juntos á 
fundar una Reducción, 

Viendo, pues, y considerando el P. Arce la 
buena disposición de la gente, y que si se ausen- 
taba de ellos los dejaba en un total desamparo, 
se resolvió á quedarse; y estando ya próximo 
el tiempo de las lluvias que inundan las campa- 
ñas y cierran los caminos para ir á encontrar 
en las riberas del río Paraguay á sus conmisio- 
iieros, que venían de las Reducciones de los 
(íuraníes, le pareció más conforme á las órde- 
nes que llevaba de su Provincial hacer aquí alto 
y dar principio á aquella nueva cristiandad que 
daba tan buenas esperanzas de que correspon- 
dería en adelante con la multitud y fervor de 
los fieles al cultivo y celo de los obreros evan- 
gélicos. 

Mo es fácil decir el contento y júbilo que de 
esta resolución recibieron los indios, rebosán- 
doles á los ojos la alegría del corazón en tier- 
nas lágrimas de consuelo que derramaban, y 
festejando con ademanes y ceremonias propias 
suyas aquella determinación; y por estar tan 
flacos que apenas se podían tener en pie por el 
reciente contagio, pusieron luego por obra lo 
que habían prometido, y el último día del año 
escogieron sitio para fabricar iglesia, donde 



88 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

eiiarbolando una gran cruz, y estando todos 
arrodillados en tierra/ entonó, el Padre las leta- 
nías de Nuestra Señora, consagrando de esta 
manera aquella provincia que había de ser tan 
fiel á Dios Nuestro Señor y tan devota de su 
Santísima Madre. -rs.í^wi:. 

Y yendo aquel día todos juntos á coftar; ma- 
dera al bosque para la fábrica, trabajaron con 
tanto fervor y brío, que en menos de dos serna - 
ñas se acabó y perfeccionó la iglesia, pobre y 
tosca en lo material, pero preciosa por la pie- 
dad de los artífices, que á competencia se esme- 
raban en trabajar en la obra. 

Dedicóse al glorioso apóstol de las Indias 
San Francisco Xavier, para que desde el cielo 
mirase propicio con ojos de piedad aquella vi- 
ña inculta de gentilidad, y la convirtiese con 
celestiales bendiciones en Jardín del Paraíso. 

No le salieron al Padre fallidas sus esperan- 
zas. Todos, así por la mañana como por la tar- 
de, se juntaban aquí á oír la explicación de la 
doctrina cristiana, y por el ardiente deseo q\i6 
tenían de ^er cuanto antes contados y escritos en 
el numero de los hijos de Dios, no le dejaban 
tieilipo para tomar el sueño precisó, ni para co- 
mer- ¡ót rezar el Oficio Divino, preguntándole 
aquello ; que, ó no habían entendido bien^ ó 
de que se habían olvidado, con lo cual en breve 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 89 

se hicieron dignos de la gracia; pero con muy 
acertado consejo determinó diferírsela por al- 
gún tiéínpo á los adultos para que el deseo de ser 
cristianos los estimulase á desarraigar cuanto 
antes su innata barbarie y olvidar sus brutales 
costumbres, que aprendiéndose desde la cuna y 
creciendo en ellas con los años y convirtiéndo- 
las casi en naturaleza con el uso, se olvidan di- 
fícilmente y no se dejan sin gran trabajo. 

Bautizóse solamente como cosa de cien ni- 
ños, algunos de los cuales antes de perder la ino- 
cencia bautisnial fueron á gozar de Dios, siendo 
primicias de aquella nueva Viña del Señor. 

Era indecible el gozo y consuelo del fervien- 
te Misionero, viendo crecer, por medio de la 
gracia del Espíritu Santo, á aquellas plantas no- 
veles, no sólo en la piedad, sino en el número; 
porque corriendo la voz de que había en el país 
un predicador de ía ley santa, los indios Peno- 
quís/ que estaban más adelante, hacia Santa 
Cruz la Vieja, le despacharon una embajada pi- 
diéndole les hiciese una gracia y se dignase vi- 
sitarlos, porque querían hacerse también ellos 
cristiíiios, y que si ño iba, ellos, con su buena 
licencia,: vendrían ^ rer&e con él. Respondió- 
les ^•cli^tK^j^ad re ^^qífe 'Vime^etí' muy^eñhora- 
bueífi» que'lüsíTtóbit'ísi' á^ tbd<ífe éOn- 'l0s litaaos 

abiertos. ■ - .■ ^ ' \. - -'^ ' : :.y)---::\ >? vri;^ 



CíO P. PATRICIO FERNANDEZ 

Vinieron^ pues, y con ellos creció tanto el 
número de los Catecúmenos, que ya la iglesia, 
aunque muy grande, no era capaz de tanto con- 
curso, y fueron tantos los trabajos del santo 
varón, que sin tomar descanso, sudaba de día y 
de noche en cultivar aquellas almas, que aun- 
que el vigor de la caridad le daba espíritu y 
aliento para sufrir los trabajos, con todo eso 
cayó enfermo de pura flaqueza del cuerpo que 
se rindió debilitado al grande peso de las fatigas 
y continuas incomodidades en que vivía, y asal- 
tándole una ardientísima liebre que no le dejaba 
tener en pie, se vio precisado á postrarse en 
el duro suelo debajo de una choza descubierta 
por todos lados, en la cual, falto de todo co- 
norte y destituido de todo remedio humano, en 
pocos días le consumió y trabajó tanto, que se 
vio reducido poco menos que á los últimos pe- 
ríodos de su vida. 

Pero Dios Nuestro Señor, con las dulzuras 
y remedios del cielo, de que en lances tales sue- 
le ser liberalísimo con sus siervos, le confortó 
de tal manera, que en brevísimo tiempo pudo 
levantarse y volver á las tareas primeras. Pero 
apenas se había recobrado, cuando con gran 
dolor de su corazón se vio precisado á volver á 
Tarija, á fin de entender la voluntad del nuevo 
Provincial de esta provincia, P. Lauro Núñez. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 9 1 

Despidióse, pues, de sus neófitos con mutua 
sentimiento y dolor por el amor que el P. Joseph 
les tenía, y con que ellos le correspondían, dan- 
do antes orden de que mudasen la Reducción á 
lugar más cómodo y irás abierto en las riberas 
del río de San Miguel, y pasando de aquí álos 
Chiriguanás encomendó el pueblo de la Presen- 
tación al cuidado del P. Juan Bautista de Zea y 
el de San Ignacio á los PP. José Tolú y Felipe 
Suárez. 

Dispuestas así las cosas de aquella cristian- 
dad, pasó á Tarija, donde el nuevo Provincial 
ordenó que el P. Juan Bautista de Zea le suce- 
diese en el oficio de Superior, y él se quedase 
en la Presentación, y los PP. Diego Zenteno y 
Francisco Hervás pasasen á los Chiquitos. 

Cuánto trabajaron y sudaron estos varones 
Apostólicos en fundar, conservar y acrecentar 
aquesta nueva iglesia, lo diremos en otro lugar 
difusamente. 



c>«^ 






■"^cí ' 






CAPÍTULO V 



LosMamalucos intentan la destrucción de estos pueblos; 
peros sus intentos salieron frustrados. 



Mientras de esta cristiandad navegaban vien- 
to en popa, aumentándose cada día más el nú- 
mero de los convertidos á nuestra santa fe, y si 
bien el demonio veía se le frustraban sus diabó- 
licas trazas, no perdía el ánimo; antes bieiv pro- 
curó con todo el esfuerzo posible cortar de un 
golpe la felicidad presente y las esperanzas futu- 
ras, atizando ó instigando á los Mamalucos del 
Brasil para que viniesen á quitar las vidas á los 
neófitos y destruir el país á sangre y fuego; y le 
hubiera salido como esperaba, si Dios, á quien 
tocaba defender á sus fieles de aquel infortunio, 
no hubiera frustrado sus designios, disponiendo 
recayesen sobre la cabeza de sus aliados los 
que había maquinado para total ruina de los 
cristianos. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 93 

Habían dichos Mamalucos entrado en aque-~ 
Ha provincia los años pasados para hacer sus 
robos acostumbrados, y asaltando de impro- 
viso algunas Rancherías de Chiquitos, hacer á 
muchos esclavos. 

Cobraron con este lance ánimos y atreví-, 
miento para dar en tierra de los Penoquís, con 
esperanza de lograr en ellos un rico botín. Pre- 
sintieron éstos la venida de los enemigos, y 
viéndose sin fuerzas ni armas para salirles a 
encuentro y hacerles resistencia en campaña 
abierta, determinaron repararse con la indus- 
tria, ya que no podian defenderse con las 
armas. 

En orden á esto hicieron que se escondiesen 
algunos junto al caminó estrecho de una selva 
por donde habían de pasar los enemigos, y 
aquí escondidos esperaron hasta que entraron 
ya por esta senda estrecha, contra quienes lue- 
go (lue fueron descubiertos por entre los árbo- 
les, jugaron á su salvo sus flechas envenenadas 
con ponzoña tan activa, que de recibir la heri- 
da á caerse muertos era muy poco lo que pa- 
saba.. -cnin !-;-rx -b ?ohít ^IT:. ■. -'■;' i'rS C'ji^:-. • 

LeSriqííie i^uedáí olv ^Cion? -vi<Ja explorsa-bU. |)or 
todas /psyrífes de dónde venía asquella tempestad, 
y después, de algún tiempo ' cayea-on en el enga- 
ño; pero no pudiendo por entonces vengar de 



94 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

•Otra manera aquella injuria ni la muerte de los 
compañeros, que con guardar en sus pechos la 
venganza para otra ocasión, mal de su grado, 
hubieron de volver atrás. 

Por tanto, á principios del año siguiente se 
embarcó un cuerpo de ellos en el río Paraguay, 
y entrados en la laguna Mamoré aportaron y 
desembarcaron en el puerto de los Itatines. De 
aquí prosiguieron su derrota por entre Oriente 
y Mediodía; y atravesando unas veces selvas 
muy espesas, otras subiendo montañas muy 
fragosas (cuánto puede la codicia), llegando á 
las Rancherías de los Taus, y hecha de ellos 
buena presa, pasaron á ejecutar su venganza en 
ios Penoquíes, que de muy confiados se perdie- 
ron, porque aunque de Ranchería en Ranchería 
se coirió la voz hasta el pueblo de San Fran- 
cisco Xavier de que venía el enemigo, ellos no 
dieron paso para prevenir alguna defensa, ó á 
lo menos para retirarse y guarecerse en aquella 
Reducción; y porque pudiendo no quisieron, 
después, cuando quisieron, no pudieron esca- 
par las vidas, porque aquellos malvados, cami- 
nando con industria por librarse de sus enve- 
nenadas saetas, dieron sobre ellos de impro- 
viso. 

No obstante esto, tuvieron ánimo los Peno- 
quíes para exponerse á la defensa lo mejor que 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 95 

pudieron y resistir el primer encuentro; pero 
los enemigos, astutos y sagaces, los detuvieron 
un tanto fingiendo se disponían á pelear, pero 
era sólo para hacer tiempo á que los compañe- 
ros de la retaguardia se hiciesen dueños de la 
tierra por otro lado y cogiesen la chusma de 
las mujeres y niños. 

Advirtieron los indios esto cuando ya los 
enemigos habían logrado su intento, y viéndose 
burlados con la pérdida de prendas tan amadas, 
por cuya defensa habían tomado las armas, se 
desanimaron totalmente, con que vueltas las es- 
paldas como mejor pudieron, se retiraran álos 
bosques sin resistencia de los vencedores, que 
juzgaban que el amor á su sangre los tracrín 
esclavos voluntarios, como de hecho sucedió; 
por cuyo motivo los vencedores no los pusie- 
ron en prisiones sino que los trataron con afa- 
bilidad y cortesía, y vistieron á los caciques de 
trajes y aderezos vistosos, prometiéndoles mil 
dichas y felicidades en San Pablo y de esta ma- 
nera engañarlos y tomarlos por guía para otras 
tierras y para llegar á la Reducción de San 
Francisco Xavier, que 3^a se había mudado, 
transportándola á la otra banda del río San Mi- 
guel. 

Llegó la noticia de esta desgracia hasta los 
pueblos de los Chiriguanás de que fué inexpli- 



g6 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

cable la aflicción que tuvo el P. Arte, viendo 
que los enemigos como un torbellino salido' del 
abismo, arrasaban aquel su Paraíso, qué taüta 
le había costado el plantarle y al punto fué de- 
salado á repararle y defender la vida ^de sus 
neófitos. í ■• ''- oui :^í,:^uu:ííuM.^'J¡ -Aj LüíIví.!-- 

A este fin, rió sin grande nesgo süyó, ' quiso 
registrar el país para observar más de cerca los 
pasos del enemigo; y pasando por las Ranche- 
rías de los Boxos, Tabiquas y Taus, fué recibido 
de ellos con mucho agrado. 

Aquí los que se habían escapado le noticiaron 
de los designios de los Mamalucos, y tomando 
ocasión de la tempestad que les amenazaba, les 
persuadió se juntasen en un cuerpo y fundasen 
un Reducción en sitio ventajoso para defendei*se 
de las correrías de aquellas fieras infernales y lo 
que antes no había podido recabar con ruegos, 
poniéndoles por motivo su eterna salyación, lo 
obtuvo ahora el deseo de salvar sus vidas! 

Juntáronse, pues, todos en una llanura que 
baña el río Jacopó, en que poco antes se había 
dado principio á la Redufccióh áe'áatt' Rafael, 
bien acomodada para defenderse por cáüsá de 
una espesísima selva, en que tenían puestas to- 
das sus esperanzaos; y^ tétifádaá allí ¿ttó''^b¿ák ' 
alhajuelas, no s'e atrevieron á meheai^^'cfé'a^üel 
puesto hasta que se serenó aquella borrasca, con 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 97 

que el Apostólico Padre^ que se detuvo allí al- 
gunos días á fin de penetrar los designios del 
enemigo, tuvo ocasión cómoda para bautizar á 
los niños é instruir en los misterios de nuestra 
santa fe á los grandes, á quienes el temor de la 
esclavitud de los Mamalucos hizo abrir los ojos 
para que saliesen de la del demonio; pero el Pa- 
dre, advertido, no quiso bautizarlos por enton- 
ces, reservando para mejor ocasión satisfacer 
sus deseos; y animándolos á la perseverancia, 
dio la vuelta á la Reducción de San Francisco 
Xavier; y de aquí, . con toda presteza, pasó á 
Santa Cruz de la Sierra, paro dar cuenta al Go- 
bernador de los movimientos del enemigo, y 
juntatamente á animar á la gente de armas á 
salir en campaña á pelear con e'l y ponerle en 
fuga, en que no tuvo mucho que hacer para rao- 
ver la piedad tan innata de los españoles que en 
todas partes resplandece igualmente que el valor 
hacie'ndoles que tomasen por suyas las ofensas 
de los indios Chiquitos y defendiesen con su 
propia sangre aquella nueva iglesia, principal- 
mente que se podía con razón temer que el 
orgullo de los Mamalucos osase también inva- 
dir la ciudad si ellos no le saliesen .^ i^ítísupntríí) 
para atajarle ó cortarle los pasos. " -...v^. ?.f;p ?> 
Alistáronse, pues, en pocas horas ciento y 
treinta soldados bien pertrechados de armas y 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 7 



98 í\ PATRICIO FERNÁNDEZ 

municiones y lo principal ele va'or, y porque el 
tie^rapo no daba mucho lugar^ mai-thaíbn ^'íar- 
gas jornadas hacia el pueblo de San Ffanéisco 
Xavier, donde recogiendo cerca de tre^ciétítos 
indios muy diestros en jugar el arco y flecha, fue- 
ron en busca de los enemigos á las tierras á'é íos 
Penoquís creyendo que allí los hallarían acuar- 
telados, cuando por medio de los espías supie- 
ron que habían entrado en el pueblo dé- San 
Francisco Xavier, que ellos habían desampa- 
rado y abandonado poco antes, en donde cOmo 
los Mamalucos no hubiesen hallado riada que 
robar se disponían para ir á sorprender la^ ciu- 
dad de Santa Cruz. J i'í -i?? 

Con esta nueva fué incxpilcable lá óleg'fía que 
mostraron los españoles esperando en su valor 
poder dar su merecido á aquellos infames, lo 
cual debía de temer ó pronosticárselo su cora- 
zón presagioso al capitán de los enemigos,^ pues 
vistas en San Francisco Xavier tantas pisadas 
de caballos, sospechó que estaban prevenidos 
los españoles y quería volverse atrás, lo 'Cual 
hubiera ejecutado á tíO haberle dichO' algunos 
indios del país .ue poco antes había pa5iída:por 
¿illífil ganado de la Reducción de San Francis- 
co Xf^vier. ^ú ob ?.í:^nj^ nsí afihoí 
o : Endierezó; piiesy su ' ^taíichá atés^f b» • 'licito 
aacia donde estaban acampados' los en^rhigos. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 99 

y al entrar la ijoche llegaron cerca de donde 
«staban y determinaron aguardar á la mañana 
;del día siguiente, que era el del glorioso mártir 
español San Lorenzo, principal abogado y pa- 
■írón de aquella prq>:i^cia, para presentarles la 

Con esto los soldados tuvieron algún tiempo 
para reposar, y como no se creía que la batalla 
había de ser muy sangrienta de ambas partes 
por haberse de pelear con gente tan diestra en 
manejar las armas, quisieron los más ajustar 
con Dios las partidas de su conciencia, para lo 
cual les oyeron de confesión seis Padres que á 
este fin habían venido de allí. 

En esto se gastó buena parte de la noche, y 
habiendo tomado un poco de sueño, al despun- 
tar el alba se tocó á marcha, mandando los ofi- 
ciales que puestos en orden los soldados, y; con 
el fusil en punto, avanzasen á vista de los ene- 
migos y si no rindiesen las armas, los atacasen. 
^'"i?ero Dios Nuestro Señor que había tomado 
4 sü cuenta el castigo de las maldades de aque- 
llos malvados, quiáo que pagasen ahora lá pena, 
y singularmente los capitanes, que aquí queda- 
,xon muertos, pagando juntamente de una vez 
todas las deudas de las iniquidades que Iiabían 
cometido en la destrucción de los pueblos de 
Villarica del Kspíritu Santo en la gobernación 



lOO P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

del Paraguay^ disponiendo fuese la victoria, no 
á costa de mucha sangre de ambas partes como 
se pensaba/ sino á costa de los' nuesFtros: y 
á mucha de los enemigos; porque mientrafe^ 
un indio intimaba el Orden á los enemigos, 
adelantándose ciertos soldados para recibir las 
armas de los capitanes, un criado de éstos les 
detuvo disparándoles un fusilazo, matanda á 
uno de ellos. rnuo »oi ^b ,Bb;v 

No pudo sufrir esto Andrés Florián, valero- 
sísimo caballero español, y respondió luego con 
otro tiro semejante, de que derribó en tierra á 
Antonio Ferraez de Araujo, y sacando su puñal 
arremetió á Manuel Frias y le mató á puñaladas, 
quedando al primer paso muertos los dos capi- 
tanes enemigos. Quedando con esto los Mama- 
lucos sin caudillos, sin gobierno y sin alientos^ 
se turbaron del todo, y tirando sus armas se 
arrojaron al río que les recibió, no para librar- 
les como esperaban, sino para sepultarles en' 
sus corrientes, de que ya cansados, por másese 
fuerzos que hicieron, no pudieron librarse. 

Viendo los españoles y nuestros neófitos que 
Dios manifiestamente estaba de su Darte, fuerbn 
con grande ánimo en su alcance, y con una 
tempestad de saetas y mosquetazos que les dis* 
pararóhV hicieron en ellos sangriento estrago. 
También nuestros Misioneros quisieron entrar 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS. lOl 

á ¡la* parte de hecho tan estupendo, asistiendo 
conel Crucifijo en las manos, y sin hacer caso 
de la vida iban delante con sus armas espiritua- 
les, no sólo en ayuda de los vencedores, sino 
también de los vencidos, á quienes procuraban 
ayudar. 

De los enemigos sólo seis escaparon con 
vida, de los cuales tres, malamente heridos, 
quedaron prisioneros. Nuestros heridos no fue- 
ron muchos, y los muertos ocho solamente, 
dos indios y seis españoles. 

Fué increible la fiesta y regocijo de los espa- 
ñoles y de nuestros indios por tan señalada vic- 
toria obtenida tan á poca costa; y fué senti- 
miento común que Dios había peleado con 
ellos contra .sus enemigos en defensa de su 
honra y de aquella nueva cristiandad. Por lo 
cual los soldados dieron á S. M. solemnemente 
las gracias al uso militar, con repetidos tiros 
de fusil y mosquetes, y los indios con torneos 
y juegos á su usanza, concluyeron la aleo;ría de 
aquel día. >:jfr süxfeijxí -^ B;Joiu:qB'» hoJ ohmV/ 

Pero no fué cumplido el contento, porque 
mientras se trataba de exterminar lo restante 
de los enemigos que ha.bían quedado ^n l^s tie- 
rras de los Penoquís en guardia de la presa que 
montaban mis de mil quinientas almas y de 
limpiar totalmente el país, nacieron, no sé de 



102 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

qué origen , algunas disensiones éntfé 'Í6^ ^(fá¿ 
bos, con que se ttivo" por mejor consejo ievan^''' 
tar el campo y volver á la ciudad de Sati Lo^'" 
renzo, de donde saliéronlos á recibir el gobef-"^' 
nador, alcaldes y regidores con toda la ciudad; "* 
fueron recibidos con festivos repiques de lafe'"' 
campanas de todas las iglesias y con muchos 
tiros de artillería que disparó el castillo , y por 
muchos días se celebró con gran magnificencia 
aquella poco iñenos que milagrosa victoria. 

Los tres Mamalucos que escaparon, camina- » 
ron con la presteza posible siguiendo su fuga y 
llevaron tan infausta nueva á sus compañeros, 
quienes habiendo entendido contra toda su esr^ 
peranza la última destrucción de los suyos, quc-^ 
daron 3-ertos de miedo, y como si ya viesen^-' 
cerca de sí á los vencedores, se retiraron á toda- 
prisa, llevándose los más esclavos que pudie'- *' 
ron, y embarcados en el río Paraguay navega- 
ron á boga y remo camino de San Pablo, cuán- 
do encontrándose con una compañía de süs'' 
mismos paisanos que iban al mismo fin d^' 
apresar piezas (como acá llamamos) ó indios, 
les contaron el suceso referido; pero los qué 
venían de San Pablo, oída la causa de aquella 
vuelta tari desacostumbrada que daban ásu tie- 
rra tan perdidos de ánimo, los empezaron á 
burlar de que por tales encuentros se desani- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 103 

masen tfintp; cpri que ya,áe vergüenza^ ya con 
esperajijía, de rehacerse de la pérdida pasada, 
mucjaron de parecer y se. aunaron con ellos, y 
todgjjviptos, .dieron sobre algunas Rancherías 
deyadips, de lo^ cuales fueron rechazados con 
braveza y valor; por lo cual, mal de su grado, 
con las manos poco menos que vacías, se vie- 
roiv^pr^cisados á volverse á San Pablo. 

Alientras éstos atravesaban la laguna Mamo- 
re, ciertos Guarayos que por gran tiempo ha- 
bían,, militado á su sueldo, abiertos los ojos y 
volviendo sobre sí mismos para ponderar el 
poco bien y mucho mal que se les hacía, y que 
al|in no podían esperar de aquel azaroso oficio 
más que una muerte desgraciada por término 
de una vida infeliz, resolvieron desertar y bus- 
car, lugar donde vivir con seguridad y reposo, 
y valiéndose de la obscuridad de la noche se 
retiraron hacia Poniente á una campaña, dos 
jornadas más adelante de aquel lago, y por ha- 
llai;5e sin mujeres hicieron las amistades con 
los, Curacanes, sus confinantes por el lado del 
Septentrión, l'.stos, pues, no mucho después, 
degeando salir de la gentilidad y hacerse. cris- 
tiaijLps, se vinieron á vivir y.hac^r slus casas en 
nuestra Reducción de San Juan Bautista. 

De mucho provecho fué esta victoria, por- 
quc después acá no se han arriesgado más los 



I04 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Mamalucos á poner el pie en los contornos de 
aquellas Reducciones, y solamente en el año 
17 18 plantaron un fuerte en las riberas del río 
Paragua, ochenta leguas distante del pueblo de 
San Rafael, con que se espera que convertidas 
en breve con el ñivor de Dios cincuenta ó se- 
senta mil almas, como nos prometen las" espe- 
ranzas, se les impedirá también el hacer corso 
por aquel río, porque los neófitos por singular 
privilegio de nuestros católicos reyes, pueden 
usar armas de fuego con que fácilmente podrán 
quebrantar el orgullo de estos corsarios, como 
sucedió en las misiones de Guaranís, á quienes 
no cesaron de molestar hasta que aquellos pue- 
blos dieron una grande rota á cinco mil Mama- 
lucos que habían pasado al último exterminio 
de aquella cristiandad. 



isiV-ái fí^ji''^ >^^ 



,; Í!i oldnú 












CAPITUíX) VI 



Con ios sucesos pasados se entibia algo la santa fe; 
muere el P. Antonio Fideli y se habla largamente Je 
los trabajos de los Misioneros. 



Aunque la fortuna de esta tempestad no des- 
hizo esta nueva cristiandad, no obstante, ia 
conmovió no levemente y cortó al mejor tiem- 
po el curso próspero de nuevos aumentos, por- 
que agostó las floridas esperanzas de acrecentar 
con buen número de almas la Reducción de 
San Francisco Xavier, y aun de fundar otras 
en los Penoquís, Xamaros y Quicmes, que es- 
taban bien dispuestos, para .alistarse en el núme- 
ro de los fieles; antes bien dé este accidente 
provino la destrucción de las dos Reducciones 
de Chiriguanás, aunque tan distantes y remotas 
del peligro. 

No habló al aire aquel sabio caballero don 
Agustín de Arce, cuando dijo se perdía inútil- 



106. P. PATRICIO FERNANDEZ^ 

mente ei tiempo y el trabajo p^n s|:l5Lle^a^•g^ílte^ 
y ahpra lo tocaron con las manos los Misione- 
ros, á los cuales amaban aquellos bárbaros solo 
por lo que, sacaban de su pobreza, , ,• .jr^,. 

Pp.r más que hacían los Padres no querían 
acudir á los Divinos Óñcios ni oir la doctrina 
cristiana, que ai entrar la noche se explicaba, 
ni aun quisieron darles un muchacho que les 
ayuílase en las haciendas de casa y sirviese en 
la iglesia y cultivase un pequeño huertecillo. 

Con todo eso perseveraban lo-^ Misioneros 
sufriendo grandes incomodidades y trabajos 
que les hacía fáciles de tolerar la esperanza de 
coger algún fruto de paciencia, hasta que enfa- 
dados los bárbaros de tantos sermones y pláti- 
cas que les hacían se determinaron echarles del 
país con pretexto de que eran enviados por los 
Mamalucos para juntarlos y entregarlos á todos 
en sus manos como lo habían (según decían 
ellos) hecho con los Chiquitos, bien que había 
entre ellos muchos que de esta mentira eran tes- 
tigos de vista por haber ido sirviendo á los es- 
pañoles en la guerra referida. 

J^ivulgóse esta voz por el pueblo, y fuese por 
malicia de ellos ó por ardid diabólico del de- 
monio, que perdía mucho en la conversión de 
aquellos bárbaros, comenzó la chusma á hacer 
muchos maltratamientos al venerable P. Lucas 



RELACIÓN 1>E IN'DiOS CHIQUI IOS I O 7 

Caballera y -al P. ÍFelij^Q- Juárez, antes que con 
detestable átrévimiér/Só ^ésks'éá^ füégd' á la igle- 
sia, ဠdotidé por este iüsulto se vieron obliga- 
dos á salir y pasarse á un rancho ó choza poco 
distante; pero ni aun aquí pudieron parary por- 
que los bárbaros les buscaron por todas partes 
armados con sus arcos y macanas, y hubiéron- 
los hecho pedazos si no hubiera sido porque 
esperaban á sus caciques que estaban no muy 
lejos de allí. 

Viendo los nuestros que las cosas estaban de 
tan mal semblante, resolvieron en la oscuridad 
de la noche retirarse hacia Santa Cruz de la 
Sierra y de aquí pasar á Pari, donde se había 
mudado la Reducción de San Francisco Xa- 
vier. 

Llegada la noticia de este suceso al P. Supe- 
perior Joseph Pablo de Castañeda, sospechó 
prudentemente que lo mismo ó peor sucedería 
á la Reducción de San Ignacio, y así ordenó á 
los Padres que allí residían, se retirasen procu- 
rando escapar de las garras de aquellas fieras lo 
mejor que pudiesen, encaminándose á los Chi- 
quitos, donde Dios Nuestro Señor quiso cdÁ- 
solar Á sus siervos- ctó mejor; logro -ddsas->ía>* 
tigas y sudores. ■ ^ ^'- -•: -^^u: ,.:' .-i ;p xñnon. 

Por causa de las revoluciones pasadas y ^poir 
lo que en adelante se podía temer, se mudó la 



Io8 P. PATRICIO fER^^ÁNPXí?: ,y, . 

Reducción de San Francisco Xa\-iér desde el 
río de San Miguel á una llanura llamada Parí, 
ocho leguas distante de Santa Cruz de la Sierra, 
donde también se repararon algunos Piñocas y 
Xamarós que escaparon de las manos de los 
Mamalucos, con que se fabricó una Reducción 
-bien numerosa, , ^ .• > 

Pero no obstante esta mudanza qué ahora 
hicieron, se vieron precisados á retirarse xie las 
cercanías de aquella ciudad por causa del gra- 
dísimo daño que suele causar á los recién con- 
vertidos á nuestra santa fe el mal ejemplo de 
los cristianos viejos que han nacido y vivido en 
ella, los cuales hacen abominable nuestra ley 
santa con sus escandalosos procederes; y si la 
profesan con las palabras la niegan con las 
obras, viviendo más con la libertad de infieles, 
que arreglados á los dictámenes cristianos de 
nuestra religión santísima. 

Llegábase á esto el vil interés de tal cual, que 
degenerando de la innata piedad de sus mayo- 
res; no hacía escrúpulo de apresar ya á este, ya 
al' otro de aquellos pobres indios cristianos y 
reducirlos á miserable esclavitud. ^ ^ > 

Por estos motivos, pues, hubieron loá' bües- 
tros de trasplantar aquellas tiernas plahtasá lu- 
gar más retirado, encomendando este negocio 
íil cuidado del venerable P. Lucas Caballero; y 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS IO9 

aunque en tales mudanzas perecieron muchos 
por las incomodidades y enfermedades que les 
sobrevinierotí , de que participaron también 
nuestros misioneros^ no obstante, poco después 
volvió la Reducción á su antiguo esplendor, 
porque vinieron luego otros infieles que se iu* 
corporaron en ella. 

La segunda Reducción que se fabricó fué la 
de San Rafael, distante de la otra diez y ocho 
días de camino hacia el Oriente, escogiendo y 
señalando el sitio para ella los PP. Juan Bautis- 
ta de Zea y Francisco Hervás, á fines de Diciem- 
bre del año de 169o y trayendo á ella algunos 
Tabicas yTaus y otros que habían ya prometido 
al P. Arce que abrazarían nuestra santa ley, llega- 
ban á mil las almas, aunque la peste que hubo 
luego se llevó gran parte de ellos; con que á ins' 
tancia de los mismos indios se volvió esta Re- 
ducción á su antiguo sitio, que era muy á pro- 
pósito para el intento de los nuestros, que dese- 
aban establecer el comercio de estas Reduccio- 
nes con las de los Guaranís por el río Paraguay. 

Fundaron, pues, sus casas y se poblaron á 
las orillas del río Guabys, que se oxee des»- 
emboca en el río, Páraguay^ídüi'jí'.j jti h aoí-ír.7líbí»'í 

La tercera Reducción se puso debajo del ^- 
trocioio del señor San Joseph, á instancias del 
piadosísima^ señobr niarqués -át Tox'Oy -D. yasn 



no l\ PATRICIO FERNÁNDEZ 

Joseph Campero, insigne bienhechor de esta 
cristiandad, y se fabricó sobre' iiñinbnte, por 
cuya falda corre un riachuelo que fecuiída un 
gran espacio de tierra llaisa; fundáronla los Pa- 
dres Felipe Suárez y Dionisio de Avila, que por 
gran tiempo fueron inseparables compañeros 
en sus trabajos y sudores» no ten ierida muchas 
veces con qué acallar el hambre y reparar el 
cuerpo en tantas y tan largas fatigas; y asf^ para 
que oprimidos de las incomodidades no diesen 
con la carga en tierra, les vino no mucho des- 
pués á ayudar el P. Antonio Fideli. Pero les 
duró poco tiempo este consuelo, porque en 
breve quedó postrado de tan insufribles traba- 
jos; pues por más remedios que según la po- 
breza de aquellas tierras se le procuraron apli- 
car, nunca se pudo recobrar. 

Dicho P. Fideli, como era rebiéttveiíido de 
Europa, y hallando canipo tan grande á su 
celo, no paraba de día ni de noche en domesti- 
car aquellos salvajes; y inieiltras stís compañe- 
ros iban en busca de gentiles, él se ocupaba en 
• lim{jiar á aquellos nuevos cristianos de los re- 
isábios de su vida brutal^ coniqíies? podía qui- 
zás manchar la pureza de s« fe y la inocencia 
tdfe i nuestra religióri cristiana; era sü tarea cuoti- 
diana juntar de día á los niños toda k^iftañana, 
y al^ntrar la noche ;á los adultos; para hablar- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS III 

les de las cosas que debían creer y obrar; acu- 
dir á todos tiempos á sus necesidades sin ne- 
garse á nada; cuidar de las almas y de los cuer- 
pos de ■ los enfermos, velándolos de día y, de 
noche y dándoles sepultura después ^muer- 
tos; y en tantos trabajos no tenía otra cosa con 
qué mantener sus fuerzas para llevar tan gran 
peso, que un poco de pan muy desabrido que 
allí se hace de unas raíces que llaman mandio- 
ca, la cual, hecha harina, se amasa y hace un 
pan bien malo, el cual solía acompañar con un 
pedazo de carne de algún animal del monte, 
asada, como la comen los indios, dura y desa- 
brida, y< por gran regalo alguna fruta silvestre. 
Pero en medio de tan mal trataüiiento,, nun- 
ca daba treguas al trabajo, y esto con tal ale- 
gría de su espíritu, como si el cuerpo se mantu- 
viese con el pasto espiritual del alma, hasta que 
postrada totalmente la naturaleza, no pudo vol- 
ver én sí, por más medicamentos que según la 
posibilidad del país le procuraron aplicar sus 
compañeros, que le amaban tiernamente; con 
que ño bien cumplidos dos años en estas Mi- 
siones, pasó al eterno descanso para recibir el 
galardóil desús apostólica^ tatigas, en* eE mis- 
mo pueblo de-San jDscpk, jc^? día iifdfi Marzo 

Pero Ipqtie 'no pudo hacer fea la tierra en 



112 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

provecho de aquella nueva cristiandad, lo hizo 
bien presto y más eficazmente con sus oracio- 
nes desde el cielo, porque aquellos neófitos de- 
jaron luego la embriaguez y otros vicio?, que 
trae consigo esta bestial costumbre/cosa que 
hasta entonces había costado mucho trabajo sin 
fruto. Sintieron los indios inconsolablemente 
la pe'rdida de su amantísimo Misionero á quien 
ellos llamaban Padre cariñosísimo de su alma. 
Fué el P. Fideli natural de Ciudad de Regio, 
en Calabria, hijo de padres de la primera noble- 
za de ella, bien que por su humildad y despre- 
cio del mundo jamás dio la menor noticia de 
su calidad. 

Los primeros años de su juventud los pasó 
aprendiendo buenas letras en elSeminario.de 
San Francisco Xavier de Ñapóles, donde le en- 
viaron á estudiar sus padres. 

Aquí, en la flor de su edad, le llamó Dios á la 
Compañía, donde luego que entró en ella se dio 
de veras al estudio de la virtud en que salió 
aventajado, y se mantuvo con vida ejemplar en 
la larga carrera de sus estudios, con igual apro- 
bación, así de los Superiores como de loís com- 
pañeros, de los cuales era á un mismo tiempo 
amado por la dulzura de su trato afable y cari- 
tativo y venerado por la solidez de sus virtudes 
siempre igual á sí mismo, y manteniendo un 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS II3 

tenor dé alegría inalterable, afabilísimo con to- 
dos, y liberal y pronto á servir á §us Jierinanos 
aun en las cosas más difíciles. 

'Carecióle poco lo que obraba en bien de las 
almas y servicio de Dios en su provincia de 
Ñapóles, por cuya causa pidió con instancia de 
nuestro Padre general, le concediese licencia de 
pasar á Indias, y conociendo su fervor, le ' dio 
su paternidad grata licencia, asignándole para 
que pasase á esta provincia en la Misión que 
conducía á- ella su procurador general, P. Igna- 
cio Frias. 

Despacháronle, pues, á Cádiz el año 1696 
para embarcarse á esta provincia; pero por no 
haber oportunidad de embarcación le fué preci- 
so esperar dos años en Sevilla, donde en la casa 
profesa dio muestra de su espíritu con singular 
edificación de los nuestros, trabajando de día y 
de noche en los ministerios propios de la Com- 
pañía. 

Su tarea casi cotidiana era gastar siete y ocho 
horas en oír confesiones, porque acudían todo 
género de personas nobles y plebeyas, que le 
amaban como padre y veneraban ¿Ofíid" santo, 
y él les, correspondía con afectó de fina ca- 
ndad. 

Ocupado en estos ejercicios, se llegó ¿1 tiem- 
po de embarcarse, y pasando de Sevilla á Cádiz, 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 8 



114 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

se dio á Ig. vela para Buenos Aires el año de i6q8 
en compañía de otros cuarenta y cinco Jesuítas 
repartidos en tres naves, con viaje se puede de- 
cir afortunado; porque después de grandes in- 
fortunios que padcieron en veintidós meses de 
navegación, plugo á Dios Nuestro Señor traer- 
los salvos al puerto de l'uenos Aires, 

Hubo varias causas de esta larga tardanza, y 
la principal fué el apartarse y dividirse las naves 
pocos días después de la partida de Cádiz, y 
perderse de vista la una de la otra, que encon- 
trando rapidísimas corrientes que la desviaban, 
furiosísimos vientos que la maltraban, disformes 
tempestades que la echaron á las costas de Gui- 
neos^ se vio precisada la almiranta, en que le 
cupo venir á nuestro P. Antonio, á aferrar en 
la isla de Santiago, una de las islas Hespérides, 
que llamamos akora Cabo Verde. 

Aquí fueron recibidos de los religiosísimos 
Padres de la venerable Orden de San Fran- 
cisco que quisieron hospedarlos en su con- 
vento para que no sintiesen algún maligno 
efecto de aquel clima, sumamente nocivo álos 
forasteros, causa porque llaman á este promon- 
torio sepulcro de los europeos, como lo expe- 
rimentaron los demás pasajeros, de quienes ia 
mayor parte cayeron enfermos, y más de ciento 
perdieron allí la vida y las esperanzas de enri« 



RELACIÓN DE f NIDIOS CHIQUITOS II5 

tjuecer que los conducía á las Indias. Pero de 
los nuestros ninguno nwrió for ¡a grande cari- 
dad que con ellos usaron los religiosos^ que con 
indecible amor cuidaban de su salud y advirticn- 
doles lo que debían hacer y de lo que se debían 
guardar para conservarla. 

En el tiempo que aquí se detuvieron, el Su- 
perior de los nuestros P. Joseph Ortega, nues- 
tro P. Antonio y P. Pedro Carena, asistieron á 
los enfermos del navio con increible trabajo y 
no menor fruto y consuelo de los que morían 
en sus manos. Hubiéronse finalmente de partir 
de aquella isla, en cuya despedida fué indecible 
el consuelo que por verlos partir á todos sanos 
sin haber muerto ninguno , mostraron los religio- 
sos, y con especialidad el Padre guardián del 
convento, quien llorando de gozo les dijo no po- 
día contener las lágrimas viendo que no sólo sa- 
llan los mismos Jesuítas que habían entrado, sino 
uno más {aludiendo á un prete?idiente que alli 
había recibido en la Compa?na, con licencia que 
para ello llevaba el Padre Superior) pues cuando 
los vio entrar se había entristecido notablemente^ 
juzgando, llevado de la experiencia, serian po- 
cos los que escapasen con vida. Pero el haber li- 
brado todos bien se debió, como dije, á la mucha 
caridad de los religiosos y del mismo Padre 
guardián. De quien despedidos, por fin se em- 



11 6 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

barcaron, pero les sobrevinieron tales acciden- 
tes', que se vieron obligados liiievamente á arri- 
bar al Brasil, donde reparada nuevamente la 
nave, y habiendo experimentado la caíldád 
grande que en todas partes usan con los hués- 
pedes, los Padres portugueses se dieron tercera 
vez á la vela y llegaron á salvamento éb el 
puerto de Buenos Aires para gastar la vida y 
sudor en provecho de los pobres indios; bien 
que si en el mar hubiera perdido la vida, hu-^ 
biera tenido una muerte coronada con eL méri- 
to de grandes fatigas padecidas pOr acudir al 
bien de la gente de su nave por todo el espacio 
de tiempo que duró esta trabajosísima navega- 
ción, que fué casi de dos años, al fin de los 
cuales pasó con sus compañeros el año de 1 700 
>desde Buenos Aires á este Colegio de Córdoba, 
donde se consagró á Dios más estrechamen- 
te por la profesión de cuatro votos, é inmedia- 
tamente pasó á la Misión de los Chiquitos;^ 
áoiíáe consummatus in brevi txpJebir- Jimpt^a:: 
multa (Sap. 4.) -ob»rT arríoa ^virt '^h 

Pero volviendo al hilo de la historia/ digo:^ 
que esta Reducción de San Joseph^ de indios v 
Boxos, Taotos, Penotos y algunas familias de 1 
Xamarós y Piñocas, es felicísima á la suerte de :í 
los Misioneros que allí asisten, por ser este - 
pueblo la puerta poT donde se entra á otras. 



RELACIÓN DE- INDIOS CHIQUITOS II7 

muchas naciones^ por io cual ofrece comodi- 
dad, asi para reducir muchas almas á nuestra 
9anta fe, como para ganarse muchas coronas de 
premios en la gloria^- >i]x 5 oc^;nu.>ií ^^ ,-■ 

La cuarta Reducción es la de San Juan Bau- 
tista, poblada de indios de nación Xamarós; 
fundáronla los PP. Juan Bautista de Zea y Juan 
Patricio Fernández, por el mes de Junio del año 
de 1699, de los cuales, el primero, después de 
haber acabado con los indios Tanipuicas, Curi- 
cas y Pequiquas, que le diesen palabra de reducir- 
se cuanto antes al rebaño de Cristo, se partió de < 
allí con extremo dolor suyo por orden de los Su- 
periores para ir á gobernar nuestras Misiones 
del Uruguay, recayendo todo el peso de esta 
reducción sobre elP. Juan Patricio, á quien las 
enfermedades continuas, la extrema pobreza y 
las graves fatigas, sirvieron de remora los pri- 
meros tres años, para que no saliese en busca 
de gentiles^ á quienes el ejemplo de sus confi- 
nantes había encendido el corazón en deseos 
de vivir como racionales en vida política, y ha- 
cerse juntamente cristianos; pero finalmente, 
sus sudores y trabajos ganaron para Cristo ú. 
los Suberecas, Petas, y á ciertos Piñocas, quie- 
nes parece no fueron á otra cosa á esta Redac- 
■ción, que para renacer á Dios por las aguas del 
5anto bautismo, para pasar luego á la celestial 



Il8 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Jenisakm, rindiendo las vidas á la fuerza del 
contagio que por toda aquella comarca hacía en 
toda suerte de personas grande riza y estrago. 

El consuelo de ver sazonados tan presto para 
el cielo aquellos poco antes silve^res frutos, 
endulzaba los trabajos y fatigas de aquel varón 
apostólico y le animaba á emprender otras san- 
tas correrías; pero se frustraban sus santos in- 
tentos, mientras no mudaba su pueblo á mejor 
temple y á aires más saludables, porque aque- 
llos bárbaros no querían reducirse al gremio de 
la santa Iglesia por temor de la peste, que mu- 
cho tiempo antes parece se había arraigado en 
aquel sitio, por cuya causa se mudó Ja Reduc- 
ción á otro paraje más cómodo y menos nocivo. 

Mas ya que hemos insinuado alguna cosa de 
los trabajos de nuestros operarios en estas Mi- 
siones, juzgo esta ocasión cómoda y oportuna 
para referir más por extenso el modo de vivir 
de los Jesuítas que cultivaron y cultivan esta vi. 
ña del Señor, regándola con sus sudores y aun 
con su sangre, por no quitar su debida estima- 
ción á la virtud, y defraudarnos á nosotros de 
los eiemplos que podemos imitar. Y el primer 
lugar se debe dar al modo de hacer misiones, 
diré mejor, de salir á caza de bárbaros que ha- 
bitan como fieras en las cavernas de los mon- 
tes ó en las espesuras de los bosques. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS II9 

Cogían, pues, y cogen al presente su brevia- 
rio debajo del brazo, y con una cruz en la mana 
se ponían y ponen en camino sin otra preven- 
ción ó mataloje que la esperanza en la Provi- 
dencia Diviva, porque allí no había otra cosa; 
llevan en su compañía veinte y cinco ó treinta 
cristianos nuevos que á los Padres servían y 
sirven de guías é intérpretes, y con los paisa- 
nos hacían oficio de Predicadores y Apóstoles 
y caminan ya las treinta, ya las cuarenta le- 
guas, siempre con una hacha en la mano para 
desmontar y abrir camino por la espesura de 
los bosques; otras veces encontraban lagunas 
y pantanos que pasaban á pie con el agua á la 
boca, y para dar ánimos á los neófitos eran los 
primeros en vadear los ríos ó en arrojarse por 
los despeñaderos más difíciles, ó en entrar en 
las grutas y cuevas con sobresalto y susto de 
estar allí escondidas las fieras ú hombres; y 
después de tantas fatigas y trabajos no halla- 
ban á la noche para repararse otro regalo que 
algunas raíces silvestres con qué romper el 
ayuno, y algunos días no tenían con qué apa- 
gar la sed, sino un poco de rocío que quedaba 
entre las hojas de los árboles, y por cama la 
tierra dura, sin otro reparo contra los rigores 
de la noche, que la sombra de un árbol ó una 
estera sostenida de cuatro palos; y últimamente 



I20 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

en continuo temor y riesgo de i?i vida, porque 
los bárbaros, asombrados con el temor, juzga- 
ban que eran sus enemigos los' Mamalucosdel 
Brasil, vestidos de Jesuítas y por eso -están 
siempre con la macana en la mano o con las 
flechas á punto, ó si no en emboscadas para 
quitarles la vida sin que los defiendan los 
neófitos. 

Y porque estos no parezcan encarnizamien- 
tos de mi pluma, insinuaré aquí lo que de los 
Zamucos escribió años pasados el Padre Misio- 
nero, que entendía en la conversión de aquella 
gente al P. Juan Patricio Fernández, al presen- 
te Rector del Colegio de Santiago del Estero, 
que con las veces del P. Provincial de esta pro- 
vincia visitaba aquellas Misiones;- .j> ,^o|tfr ., 
« Por no alargarme (dice) no escribo cómo 
» llegué á este pueblo de los Zamucos, contra 
» el parecer de los prácticos del país, y á más 
» el caminar muchas leguas con el agua hasta la 
» cintura; atribuí el feliz suceso al dedo de Dios, 
» pues que fuerzas humanas no podían vencer 
» los obstáculos insuperables que se me iñter- 
» pusieron, mereciéndolo los sudores y traba- 
» jos, hambre y sed de su primer apóstol el Pa- 
» dre Juan Bautista de Zea. » . , s ; : :• 

Hasta aquí el dicho Misionero* PerOrauaquig 
caminaban por su extrema pobreza, despréveni- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 121 

dos de toda provisión, no por eso Dios Nuestro 
SeñDr, por cuya cuenta corría la vida de sus 
siervos, los abandonaba en tales trabajos, em- 
prendidos por sólo su amor y por el provecho 
de las almas; antes, cuando era necesario, obra- 
ba éoisü favor milagros, ya librándoles de las 
furias y saetas de los bárbaros, como muchas 
veces sucedió al venerable P. Lucas Caballero, 
ya proveyéndoles de sustento y dándoles vigor 
y aliento á la naturaleza, en prueba de lo cual 
escribió el P. Miguel de Yegros al P. Lauro Nú- 
ñez, provincial á la sazón de esta provincia, 
cuando él, con el P. Francisco Hervás, fueron 
el año 1702 á descubrir el río Paraguay. 

« Partimos (dice) por el mes de Mayo acom- 
» panados de cuarenta neófitos, con sola la 
» confianza en Dios por estar recién fundada la 
» Reducción de San Rafael, emprendiendo el 
» viaje los buenos cristianos puesta la esperan- 
» za en la Santísima Virgen, que nos socorrió 
» por el camino como de milagro, viniéndose- 
» nos á las manos la caza y la pesca cuando 
» nos hallábamos en grandes angustias, pasan- 
» do gran trabajo y venciendo gravísimas difi- 
» cultades en los montes y en las llanuras ane- 
* gadas del agua, por dos meses enteros que tar- 
» damos en llegar á las riberas del río Paraguay, 
» con riesgo y temor continuo de losbárbaros.» 



122 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Y este puntualmente era y es el modo ^que 
todavía observan los Misioneros en estas corre- 
rías. Pero con ser tan grandes las fatigas y tan 
pesadas las aflicciones que padecen, no obstan- 
te eso, es mucho mayor sin comparación el 
consuelo que tienen cuando vuelven con las 
manos llenas de cuatrocientas ó quinientas 
almas; y si á veces no tantas, á lo menos con 
la esperanza de ganarlas al año siguiente, por- 
que los más de los bárbaros quieren antes cer- 
tificarse si aquel celo que les muestran es de sus 
almas para darles el Paraíso ó por el intere's de 
llevarlos para ponerlos en esclavitud, y por eso 
acostumbran despachar alguno de los suyos 
para explorar el país, la gente y los Misioneros 
d« la nueva Reducción. 

Después de esto, cuanto hayan trabajado 
nuestros Misioneros en criar y mantener estas 
tiernas plantas, no se puede explicar mejor 
que refiriendo sinceramente, sin añadir nada de 
mío, algún hecho particular y parte de carta ve- 
rídica, como lo haré, donde quiera que halle 
coyuntura, trasladando fielmente los originales 
con que esta historia quedará más fidedigna y 
el gusto de los lectores más satisfecho. 

Dice, pues, el hermanno Juan de Avila, com- 
pañero que fué del P. Visitador de esta provin- 
cia, Antonio Garriga y del P. Provincial Luis 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS. I23 

de la Roca, cuando como adelante diré, visitó 
aquellas Doctrinas sujeto de mucho juicio y 
capacidad en una carta que desde allí escribió: 
« Así como para fundar las Misiones del Pa- 
» raguay padecieron increíbles trabajos aque- 
» líos primeros varones apostólicos, sacando á 
» los indios de las selvas y entablando en ellos 
» vida cristiana y política hasta ponerlos en el 
» estado en que hoy día se mantienen, dividi- 
» dos en treinta Reducciones, así también no 
» han sido menores los trabajos y sudores de 
» estos primeros que han fundado la cristiandad 
» de los Chiquitos. No es fácil de decir lo que 
» al descubierto les han dado que sufrir los ene- 
» migos y ocultamente los amigos, la carestía 
» de todo lo necesario para la vida humana, los 
» profundos pantanos, inaccesibles montañas, 
» bosques impenetrables, fieras, climas destem- 
2> piados, sed, hambre, extrema desnudez, total 
> abandono de todas las cosas y jurada guerra 
» de todo el infierno. Pudiera descender á casos 
» particulares que he visto y oído si no fueran 
» bien sabidos y me son materia continua de 
» rubor y confusión. No traer sobre sí sino ua 
» vestidillo de tela baladí, hecho pedazos, y no 
» pocas veces vestirse de pieles de animales; no 
» traer otros zapatos que un pedazo de cuero 
» crudo atado con otro cordel de cuero por las 



124 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

» plantas de los pies, y en la cabeza, pg^ra; repa- 
»ro del S0.1 ardientísimo que allí hace^i'^^o 
» como sombrero, pero también 4^ cuero, la 
» cama sin ningún alivio, la vianda prdiiiaria, 
» un puñado de maíz, y éste tan escaso,, que.ape- 
» ñas era bastante para mantenerles las fuerzas, 
» vivir gran tiempo sin el consuelo siquiera de 
» ver á alguno de sus compañeros, y estando 
» afligidos de largas y penosas enfermedades, no 
» tener á dónde volver los ojos. » 

Asi el dicho hermano; y yo en prueba de 
todo lo que él dice, quiero apuntar algunos ca- 
sos en particular. 

Díjome, no ha mucho, un Padre qué fué Supe- 
rior de aquellas Reducciones, que por muchos 
meses no tuvo otra cosa de qué sustentarse, sino 
raíces de yerbas, y faltándole éstas también, 
acosado de la hambre, se vio precisado á an- 
dar en busca de frutas silvestres. 

Cuando el P. Gregorio Cabral fué en nombre 
del P. Simón de León, Provincial de esta pro- 
vincia, á visitar aquellas Misiones, le cogió el 
invierno (que allí no se mide por el frío, que no 
hace, sino por el romper de las lluvias) le co- 
gió debajo de una enramada, donde con siete 
Misioneros pasó largo tiempo sin otio sustento 
que una fruta silvestre áque llaman Moiaqiti, con 
alguna cosa de leche; y el día de Pascua, por 



RELACIÓN t>E INDIOS CHIQUITOS 12$ 

gran r«gálo, les dieron los neófitos una mazorca 
ó espiga dé máiz. Pero no tuvo otro tanto el 
mismo día el P. Zea, que presentándole por 
gran regalo ciertos panecillos bien pequeños,, 
no pudo probar bocado de ellos por ser amar-, 
gos como la hiél. 

No me ha parecido supérfluo contar estas 
menudencias, para que quien en los hombres 
apostólicos no mira otra cosa que conversiones 
de infieles, adviertan también cuánto les cuestan 
y considere si tiene necesidad de una generosí- 
sima caridad quien se emplea en buscar la glo- 
ria de Dios y en mirar por la eterna salvación 
de las almas. Y ciertamente el no acobardarse 
con los peligros, el no volver la? espaldas á 
tantos trabajos, el no retirarse y no dejar una 
vida en que á cada paso se encuentra con la 
muerte, pereciendo aquí de hambre, perdién- 
dose allí por los bosques, ahora andando en-., 
tre flechas y macanas, ahora enmedio de pue^ 
blos furiosos, es virtud difícil de hallarse, y con. 
todo eso esta virtud es necesaria siempre á 
quien emprende en países remotos y entre gente 
barbará el oficio de la predicación Apostólica. .. 

Pero lo que me llena dé estupor y mará-., 
villa; és qué en medio de tantos trabajos é 
incomodidades, no hayan hasta ahora muerta 
entre tantos operarios más que tres ó cuatro. 



126 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

siendo así que hay quien ha trabajado veinti- 
cinco y treinta años; pero es singular providen- 
cia del Altísimo, que quien ningún caso ha he- 
cho de su vida por su servicio, se conserve más 
sano y mejor que si hubiera vivido en las co- 
modidades de un colegio, como yo vi, con gran- 
de estupor, en el P. Juan Bautista de Zea, que 
en edad de sesenta y cinco años parecía joven 
de poco más de treinta en el aliento y valor. 

Verdad es que hoy día se han aligerado en 
gran parte tantos trabajos, porque introducida 
en aquella gente, con la santa fe la vida civil y 
política, lo pasan un poco mejor los Misioneros, 
y la piídad de muchos caballeros les provee de 
algunas cosas con que ocurrir á las necesidades 
domésticas. 

Y ahora entiendo con cuánta razón claman 
los Superiores de esta provincia á nuestros 
Padres generales, diciendo que no es esta vo- 
cación de cualquiera, sino de hombres sola- 
mente de virtud muy grande y bien probada. Y 
Á la verdad, uno entre otros engaños en que 
vivía cuando en Europa ardía en deseos encen- 
didos de venir á Indias, era persuadirme que 
para un Misionero Apostólico de estas partes, 
bastaba tener un gran celo de las almas; pero 
quien leyere esta relación, hallará que son más 
las ocasiones de ejercitar la interna abnegación 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 12 7 

del ánimo, la paciencia, la humildad y la mor- 
tificación en sí mismo, que el celo de las almas 
con los otros, cuando yo refiero aquí poco más 
que trabajos corporales, que son la menor par- 
te de los que se ofrecen que sufrir. 

Por tanto, quiero poner aquí una carta que 
me escribió un compañero mío, á quien lloro 
y reverencio á un tiempo, el cual, con otros 
cuarenta y tres de la Compañía que conducía 
á la provincia de Quito, su procurador general 
Padre Nicolás de la Puente, por impenetrables 
consejos de Dios, se ahogó en el navio Caballo 
Marino que se fué á pique el año de 1717. Dice, 
pues así: 

«La circunstancia de que quizás no nos vol- 

» veremos á ver más en Europa, me anima á 

i> escribir ésta á mi hermano, que espero le ha- 

» Hará en Cádiz, á fin de darle el último vale, y 

» con el corazón un humilde abrazo, alegran* 

» dome, juntamente con el más vivo de mis 

» afectos, por su ya próxima suerte de dejar 

•» este mundo engañoso de acá y de ir en busca 

» de otro mejor, ó para mejorarlo. ( onozca- 

» mos, hermano mío carísimo, nuestra fortuna, 

» la cual estoy por decir que es la mayor de 

» cuantas Dios puede conceder á sus escogi- 

» dos. :Y qué? ^Por ventura es cosa de poca 

» monta vivir desconocido, y si tengo de decir 



128 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

» la verdad, despreciado de todos, ó á lo menos^ 
» poco estimado? ¡Oh, afortunados nosotros, si 
» de cosa tan grande fuéramos participantes! 
» ¡Ánimo, hermano mío muy amado! ¡aliento,, 
» vamos, vamos! mas ¿dónde? á las Indias, esto 
» es, al Calvario. ¿A qué fin? Á coronarnos, sí, 
» pero de espinas; á descansar, sí, pero sobre 
» una cruz. Aquí acabo, porque desde aquí de- 
» ben comenzar los deseos de un Jesuita india- 
» no. Pidamos á Dios y á su Madre Santísima 
2> que destierre de nuestro corazón todo otro 
> afecto y no deje en él sino el ardientísimo 
» deseo de padecer por amor de quien nos amo, 
» hasta dar por nosotros la vida.» 







CAPÍTULO VII 



Fervor y virtud de la nueva cristiandad, premiada de 
Dios Nuestro Señor con muchos sucesos milagrosos. 



Eran verdaderamente grandes, como hemos 
visto, los trabajos y fatigas de los Padres en 
domesticar este inculto campo de la gentilidad; 
pero no obstante eso, les parecía nada, aunque 
hubieran sido sin comparación mucho mayo- 
res, viendo cuan bien prendía y se lograba la 
semilla de la predicación evangélica, y cuan 
presto se sazonaba^n frutos dignos del Paraíso; 
mas en esto no quiero yo poner nada de mío, 
sino sólo hacer hablar á los mismos sembrado- 
res de esta semilla, que se maravillan de ello y 
se dan el parabién con júbilos de incomparable 
consolación. 

«En el conocimiento de Dios (dice uno de 
» ellos) y en la observancia de la ley divina, se 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII, 9 



130 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

» puede con toda verdad, sin rastro de encare- 

> cimiento, afirmar que esta selva de bestias y 
» de vicios es ahora un retrato de la primitiva 
» Iglesia. Bendigo infinitamente las santas Ha- 
» gas del Redentor (dice otro) que comparada 
» la vida pasada y presente de esta gente, son 
» ahora tan diferentes de sí mismos, cuando 

> eran idólatras, que parecen en cierta manera 
» reengendrados en la inocencia original.» 

Añade el P, Sebastián de Samartín, Superior 
que fué de aquellas Reducciones: 

«Todo se puede sufrir por ellos, por el afec- 
» to que tienen á la fe, á la devolución y á lo 
» que es Dios ó de Dios. » 

Pero más por extenso habla el Padre Misio- 
nero de la Reducción de San joseph de la pie- 
dad de su Dueblo, en la Cuaresma del año 
de 1705. 

«No es fácil de decir el fervor que estos san- 
» tos días mostraron los nuevos cristianos en 
» las cosas de Dios; oían la paladra de Dios con 
» gran gusto y no con menor fruto y compun- 
» ción, de suerte que me parecía estar entre es- 
» pañoles muy piadosos. El acto de contricción 
» que se usa al fin de los sermones, le hacían 
» con tanto sentimiento, que lloraban muchísi- 
» mo. El cual mostraron también en la disci- 
» plina larga verdaderamente no poco, pero no 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 13I 

> tanto que satisfaciese á su fervor, por lo cual 
» costaba mucho el hacerles cesar, pidiendo á 
» gritos misericordia á Nuestro Señor, y repl- 
» tiendo fervorosísimos actos de contricción y 
» propósitos de no ofender más á su Divina 
» Majestad, principalmente en su innato vicio 
» de la embriaguez, del cual, con el favor de 
» Dios, se han olvidado totalmente, pero donde 
» se conocía más claramente su piedad y el 
» verdadero dolor y arrepentimiento de sus cul- 
» pas, era en el acto de la confesión sacramen- 
» tal á que se llegaban llorando tan amarga- 
» mente que me sacaban lágrimas á los ojos y 
» me llenaban de increíble consuelo, dando gra- 
» cias á la Divina Misericordia que obra en 
» gente de suyo tan bárbara y nueva en la fe 
» tan prodigiosos efectos. » 

Así aquel Misionero que prosigue diciendo 
otras mil cosas de bondad y devoción de sus 
cristianos, que sirven de no pequeña confusión 
y rubor á quien ha nacido y vivido en el gremio 
■de la Santa Iglesia. 

Bien que por lo que toca á la pureza de su 
conciencia dan otros Misioneros relación más 
distinta, diciendo que hacen mucho escrúpulo 
de retener cosa ajena por pequeña que sea, que 
muchas veces apenas se les halla materia siifi- 
biente para la absolución; que luego que sien- 



132 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ten el menor remordimiento de cualquiera cul- 
pa, por ligera que sea, y sólo en apariencia á 
veces, corren volando á llorarla delante de^Dios 
y pedir remedio á sus ministros, aunque estén 
actualmente ocupados en las labores del carn- 
po, ó de noche reposando, y singularmente se 
refiere de una buena mujer que pareciéndole 
aun esto poca parte para mantenerse inocente, 
importunó tanto al cielo con sus plegarias para 
que la pusiese donde estuviese más segura de 
manchar su alma, que al fin logró feliz despa- 
cho de sus súplicas, porque el día solemne de 
la Ascensión, asaltada de un accidente casi re- 
pentino, recibidos todos los Sacramentos, fué 
por la muerte á gozar la gracia que deseaba. 

Ni esta inocencia es solamente de algunos á 
quien Dios Nuestro Señor mira con ojos más 
piadosos, y cuyas almas fortalece con mayor 
copia de bendiciones celestiales, sino que.es co- 
mún en todas las Reducciones, á Iq menos en 
lo exterior, porque algunos de los regidore;s, del 
pueblo tienen por oficio sindicar las costumbres 
de los demás, y cuando tal vez alguno, por suges- 
tiones de la carne se rinde al vicio sensual), vis- 
tiéndole primero de penitente, le hacen. confe- 
sar su culpa y pedjr perdón á Dios pn m^dio (de 
la iglesia, de donde llevado á la pjaza^'le azotan 
ásperainente delante de todos. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 33 

• Pero no me causa tanta maravilla la peniten- 
<;ia que éstos culpados hacen, siendo descubier- 
tos por ajenas diligencias, cuanto la sincera 
confesión de un Cathecúmeno y de una india. 
Supo aquél que un cristiano había sido cas- 
tigado con el rigor que he dicho, y parecióle 
tan bien esta justicia, que instantáneamente su- 
plicó se usase con él de semejante castigo, por- 
que yo, dijo, soy reo del mismo pecado; y la 
india, habiendo caído secretísimamente en una 
fragilidad, no paró hasta que con gran sen- 
timiento manifestó su culpa á los Regidores, 
pidiéndoles con muchos ruegos y súplicas se 
ejecutase en ella el público castigo, afirmando 
que le movía á hacer esto la ofensa cometida 
contra Dios, y el no haber seguido los ejemplos 
de tantos que habían resistido al incentivo de 
la carne con la consideración de la presencia 
de Dios que en todas partes asiste, con la me- 
moria de las penas eternas del infierno y con los 
otros medios que les han enseñado los Padres. 
Y lo que es más en unos bárbaros hechos á 
vivir en su libertad sin frenos de castigos y pe- 
nas, que ninguno de ellos se siente de esta se- 
veridad que se usa para corregir sus deslices. 
Mas lo que parece milagro es que los Chiquitos 
de tal suerte han d .puesto las enemistades con 
los confinantes, mamadas con la leche, fomen* 



134 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

tadas del genio, defendidas con las armas y he- 
chas implacables con la sangre derramada, que 
cuando antes no podían sufrir ni aun ver á.sus 
enemigos en el mundo, ahora están con ellos 
en una misma Reducción, viven en una misma 
casa y comen á una mesa, convirtiendo lo^ 
odios y rencores en otro tanto amor de unosí 
con otros, como si no tuvieran otro padre que 
á Dios y todos fueran una familia de Jesucristo. 

Esto pudiera parecer lo sumo de la virtud en 
unos cristianos nuevos si no hubieran pasado 
adelante á dejarse despedazar á gusto de \o^ 
gentiles, por no faltar, como á ellos les pare^ 
cía en un punto, á la santa ley de Dios. Oyeron 
ellos que Dios mandaba no se volviese mal 
por mal, y que á los ultrajes é injurias, aun ea 
la vida, no se respondiese sino con mansedum- 
bre y sufrimiento. 

Á poco tiempo fueron algunos neófito» 
(como adelante diremos) á buscar mfieles para 
reducirlos al conocimiento de Dios, y encon*» 
trándose de improviso con una Ranchería, los: 
paisanos dieron sobre ellos con sus macanas y 
flechas; pero los cristianos, aunque muy ani^ 
mosos y bien pertrechados de armas con que 
fácilmente se hubieran podido defender, nOt 
obstante, por no hacerles mal algnnO,^^ se deja- 
ron quitar las vidas. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 35 

Otros, habiendo salido á otra empresa seme- 
jante, ni aun quisieron llevar armas consigo, y 
entrando en una tierra enarbolaron en ella la 
'imagen de Nuestra Señora, exhortando á la 
gente la hiciese reverencia; pero la respuesta 
que tuvieron fué ver caer sobre sí una tempes- 
tad de saetas, de que muchos quedaron allí 
muertos. Supieron esto los Misioneros y llora- 
ron de consuelo pareciéndoles un prodigio de 
la gracia en una nación tan soberbia y venga- 
tiva. 

Y á la verdad, afecto tan tierno á las cosas 
de Dios, horror tan grande al pecado y á todo 
lo que huele á vicio, se debe atribuir á la santa 

• vida que observan y á los continuos ejercicios 
de piedad que todos, indiferentemente, sin dis- 
tinción de sexo ni condición, practican. 

Tres veces al día, al romper del alba, á medio 
día y á la noche, juntos los niños y las niñas 
captan á coros distintos gran número de ora- 
ciones y decoran de memoria lo que el Misio- 
ueío les ha explicado del Catecismo. 

\ w^Todos los días de fiesta se junta el pueblo á 
oír algún punto de la doctrina cristiana ó ser- 
món, después de haber cantado solemnemente 

-la misa. Al levantarle y acostarse se encomieh- 

•^an á Dios,,á la Reina de los Angeles y al San- 
to Ángel de la Guarda, con devotas oraciones. 



í^6 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

que ea bautizándose aprenden; de otras usan al 
entrar en la Iglesia y cuando el Sacerdote eleva 
la Sagrada Hostia ó el Cáliz. Antes de sentarse 
á comer echan en pie la bendición^ y fuera de 
eso no comen ninguna vianda fuera de la mesa 
sin que primero la bendigan con la santa cruz. 
Cuando son admitidos á la participación de los 
divinos misterios, no es fácil de explicar con 
cuánta devoción y tiernos coloquios se^ llegan 
á comulgar y cuánto después procuran mante- 
ner su corazón puro y limpio de toda mancha 
de pecado. 

Pudiera traer muchos ejemplos en confirma- 
ción de esto, pero por no causar fastidio á los 
lectores, me contentaré con referir uno sólo. De- 
deaban ciertos mozos recibir el Pan de los An- 
geles; mas el Padre les dio á entender que no se 
lo concedería jamás si primero no corregían y 
enmedaban cierta libertad que tenía algún re- 
sabio de gentilismo; ellos, sin otra diligencia, 
obedecieron luego; y aunque les costaba no 
poco, se enmendaron totalmente dé la dicha 
costumbre. Preguntóles después si habían vuel- 
to á recaer y admirándose mucho, respondieron 
que cómo era posible ofender á su Señor des- 
pués de haberle dado acogida en su corazón. 

Pero cuando estas Reducciones parecen un 
paraíso (dice un sujeto que las ha visto), es por 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 137 

la noche, cuando todos cantan las cosas de 
nuestra Santa fe, puestas en cierto modo de 
música muy llano, lo cual hacen los niños y 
niñas en las calles públicas al pie de las cruces, 
y los hombres en sus casas y en lugar separado 
de las mujeres; después rezan el rosario y con- 
cluyen esta devota función con cánticos en ala- 
banza de Cristo Señor Nuestro, y de su Santí- 
sima Madre Nuestra Señora la Virgen María, á 
quien profesan afecto tiernísimo, no llamándola 
con otro título que de Madre; todos los sábados 
y las vísperas de las festividades consagradas á 
su nombre, cantan la misa á son de instrumen- 
tos músicos, cuales se usan entre ellos, y jamás 
van á trabajar al campo ó vuelven de su labor 
sin que primero entren en la iglesia á hacer 
oración delante de su imagen . 

Lo mejor de sus pobres haberes emplean en 
servicio de esta Señora, y quieren antes ser po- 
bres que faltar un punto en su culto; y una vez 
que un Padre quería que vendiesen la cera de las 
abejas llamadas Optmus, que es blanquísima, y 
la mejor, le respondieron resueltamente: «No 
> quiera T>ios que se expenda en provecho nues- 
» tro 4o que hemos ofrecido á su Madre Santí- 
» sima/pues si nosotros nos privamos de esta 
» cera por amor suyo, á ella le tocará socorrer 
» nuestra pobreza.» 



138 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Finalmente, para última prueba de !a devo- 
ción de estos nuevos cristianos, daré noticia de 
ciertas precesiones públicas suyas, las cuales, 
si á algunos parecieren menudencias de que no 
se debe hacer caso, digo que en otros pudiera 
parecer así pero no en gente para quien fué 
necesario un oráculo del Vaticano para creer 
que eran capaces de la ley de Dios: «Pues los 
» primeros descubridores de las Indias juzgaron 
» falsa y temerariamente que no eran raciona- 
» les sino brutos, incapaces de razón; y funda- 
se dos en este error los españoles de la isla de 
» Santo Domingo y las demás, teniéndolos por 
» animales, los cargaban tres y cuatro arrobas 
» acuestas, los sacaban y llevaban muchas le- 

> guas y esta opinión se entendió Sespués con 
■» harto daño de los naturales, de suerte que en 
» Nueva España, juzgándoles imprudentemente 
» por bestias con forma humana, los trataban 
» como si lo fueran, negando, por el consiguien 

> te, ser capaces de la Bienaventuranza y de los 
» Santos Sacramentos, y llegó á tanto esto, que 

> obligó á D. Fr. Juan Garcés, primer Obispo de 
» Haxcala, Dominico, año 1636 (i)á escribir una 
» carta llena de piedad y erudición, informando 
» la verdad al Sumo Pontífice Paulo III, jquien 



(i) Solorzano, tomo I de Indiarum, Hb. II. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 39 

> con Breve y Bula especial, definió y declaró ái 
» los indios por hombres racionales y capaces de 
» la fe católica, como todas las demás naciones 
» de la Europa y de todo el mundo: Indos ipsoi 
» Mipoté veros homineSj non solúm christiance fidei 
» capaces existere decerniínus et declaramus, ctcé- 
» iera^, (i) Siendo, pues, tales los indios, que ha 
» habido quien los haga irracionales, aun á los 
^ menos bárbaros, y siendo estos Chiquitos 
» unos de los de la clase de los más bárbaros 
» (P. Acosta in Procem. ad lib. de Procur. Indor, 
» salutCy según lo que enseña el P. Joseph Acos- 
» ta, D. Juan Solorzano, Lib. de PolUic. Indian^ 
•^ capítulo 9, pág. 41, y el ilustrísimo señor 
» Obispo de Quito D. Alonso de la Peña Mon- 
» tenegro, libro 2 del Itinerario in Prologo, 
* página 141 y otros muchos autores) nadie ten- 

> drá por cosa de menos monta estas señales 

> exteriores de devoción que ya refiero.» 

La noche, pues, del Jueves Santo, después de 
haber oído un fervorosísimo sermón de la Pa- 
sión de Nuestro Señor Jesucristo, se visten un 
hábito acomodado á la tristeza de aquel santo 
tiempo; y para imitar al Redentor penando. He* 
van algunos á cuestas cruces muy pesadas^ 



(I) Solorzano, lib, II, cap. VIII ex n. 79 etc. ltb.'lll," 
¿apítuloVII. \ 



I40 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Otros se ciñen de agudas espinas la cabeza; 
quién atadas atrás la manos, va arrastrado por 
tierra; quién derecho con los brazos extendidos 
en forma de cruz, los más se azotan áspera- 
mente con terribles disciplinas; cierra la proce- 
sión una tropa de niños que de dos en dos lle- 
van los instrumentos de la Pasión del Señor. 

Después, al pie de un devoto Crucifijo puesto 
delante del santo sepulcro, todos por su orden, 
con lágrimas de tiernísimos sentimientos en los 
ojos, le ofrecen los frutos de sus sementeras, 
cllenándose entre tanto (dice un Misionero) de 
» consuelo nuestros corazones al ver postradas 
» estas almas delante del Divino Cordero que 
» las rescató con su sangre; las cuales poco an- 
» tes andaban como fieras descarriadas y perdi- 
» das por las selvas.» 

La otra procesión hacen el día del Corpus ^ 
á la cual convidan las naciones confinantes de 
los gentiles; componen, pues, las calles lo más 
ricamente que á su pobreza es posible, y en lu- 
gar de tapices recamados de oro ó de colgadu- 
ras de damasco, adornan con ingenioso artifi- 
cio las fachadas de las casas de ramos de pal- 
ma, hermosamente enlazados unos con otros; 
á las cabeceras de' las calles levantan arcos 
triunfales que visten de cuanto hermoso y flori- 
do hay en sus huertas y bosques; lo mejor de 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 141 

los aderezos y bordaduras labradas hermosa y 
delicadísimamente de plumas, lo pone cada uno 
delante de su casa; y á fin de que todas las 
criaturas, aun irracionales, rindan homenaje y 
tributo de reverencia al coniún Señor de todas, 
salen días antes á caza de pájaros y de fieras, 
aunque sean tigres y leones, y bien atados los 
ponen en el camino por donde ha de pasar el 
Santísimo Sacramento, y juntamente arrojan 
por el suelo el maíz y las demás semillas de que 
han de hacer sus sementeras para que sea ben- 
dito de Dios y las haga multiplicar á la medida 
de su necesidad; pero lo mejor de esta devotísi- 
ma fiesta es la tiernísima devoción y fervor con 
que acompañan aquel trabajo á gloria de su 
Criador. ^ - 

Y no piense nadie que Dios Nuestro Señor 
se deja (á modo de decir) vencer de la piedad de 
estos sus nuevos fieles, antes bien parece, por 
decirlo así, que ha andado con ellos á compe- 
tencia, de suerte que, cuanto ellos más se em- 
plean en su servicio, tanto más les retorna y 
recompensa con beneficios, porque como por 
experiencia sabemos, suele ser sobremanera 
amórósb y benéfico en la primera formación de 
aquellos, qne escoge para cimientos de alguna 
nueva Iglesia entre infieles y usa más largamente 
en provechD suyo de sus bendiciones, no sólo 



142 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

en las necesidades espirituales, sino también en 
las corporales. 

Perdíanse una vez los sembrados por falta 
de agua, y apenas la pidieron los neófitos, 
cuando rompió en abundantísimas lluvias. 

Hacía gran estrago en la gente del pueblo de 
San Rafael una pestilencia; corrió luego el pue- 
blo á la iglesia á pedir á Dios misericordia, y 
al punto cesó el contagio, de suerte que ningu- 
no de los tocados de él murió en adelante, ni 
de los sanos enfermó alguno. 

Había también aquí gran carestía de víveres, 
por cuya causa algunas buenas mujeres repre- 
sentaron á Dios su necesidad, diciéndole la 
una: «Señor y Dios Nuestro Jesucristo, dadnos 
qué comer, porque si no nos morimos.» Y 
otra: «Señor ¿queréis que me muera? Mirad que 
me estoy cayendo de hambre», y aquel año fue- 
ron abundantísimas las cosechas. 

Habían de ir al monte los cristianos del pue- 
blo de San Juan Bautista á hacer provisión de 
carne, pero por no haberse concluido la fábrica 
de la iglesia se quedaron trabajando por acabar- 
la de fabricar con toda perfección, fiándose de 
Dios que los proveería como de hecho sucedió, 
porque de allí á poco salieron del bosque mu- 
chos jabalíes en tropas; y para que claramente 
se conociese que era cosa de Dios, se pararon 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 43 

junto á la Reducción, para que la gente pudie- 
se á su salvo matar los que eran suficientes 
para socorrer á su necesidad. 

Pero sería nunca acabar si quisiésemos refe- 
rir una por una las finezas que Dios Nuestro 
Señor ha usado con ellos. Sea solamente última 
prueba de ellas que estiman más estos neófitos 
un rosario que cualquiera otra cosa, por her- 
mosa y preciosa que sea, y con razón, porque 
le sirve de un seguro reparo y escudo en las 
desgracias y peligros que encuentran en sus ca- 
minos; y los nombres santísimos de Jesús y 
de María, los han librado muchas veces de evi- 
dentes riesgos de ser hechos pedazos de las fie- 
ras. Referiré un soTo caso, digno entre los otros 
de particular memoria. 

Andaba á caza por un bosque cierto cristia- 
no llamado Diego, digno de ser nombrado por 
la santa vida que observaba, cuando de impro- 
viso vio venir hacia sí una tigre que andaba 
también por allí á caza, y no se podía escapar 
el indio sin que ella le despedazase; antes le 
acometió con tan gran furia para despedazarlo, 
que no le dio lugar más que á invocar los po- 
derosos nombres de Jesús y de María, á cuya 
invocación la fiera, que ya le tenía entre sus ga- 
rras, le soltó y se volvió hacia atrás sin hacerle 
otro daño que unos rasguños bien ligeros en la 



144 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

cara y en los brazos para memoria del milagro 
y del beneficio de haber recibido segunda vez 
la vida de mano de la Santísima Virgen; por- 
que habiendo enfermado poco antes y no podi- 
do sanar por más medicinas que, según la po- 
sibilidad, se le habían aplicado, sólo se afligía 
por no poder ayudar á la fábrica de la Iglesia; 
volvióse, por tanto, á la Madre de misericordia, 
pidiéndola con instancia la salud, y al día si- 
guiente, libre de toda enfermedad, se fué á tra- 
bajar á la obra, predicando con las palabras y 
mucho más con el ejemplo, la devoción con la 
reina del cielo. 

Esta merced fué en provecho de uno solo; 
pero otra fué hecha á un pueblo entero en se- 
ñal de agradecimiento. Retirábanse una noche, 
acabado de rezar el rosario, á sus casas, cuan- 
do de repente descendió del cielo un globo de 
luz que esparció por el contorno sus rayos y 
llenó á un mismo tiempo sus corazones de jú- 
bilo y reverencia; y que esto fuese cosa más que 
natural lo demostraron los efectos censados en 
aquella santa cristiandad. 

Verdad es que, como siempre sucede, entre 
tantos buenos no faltaban algunos malos y per- 
versos que hacían más aprecio del cuerpo que 
del alma; pero Dios Nuestro Señor usó con 
ellos del poder de su brazo omnipotente, ya 



REIACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS I45 

ablandando durísimos pecadores con modos 
extraordinarios y singulares, ya castigando tal 
vez con los azotes de su justicia á los obstina- 
dos que á buenas no se rendían, haciendo con 
eso que otros que lo veían abrazasen la ley de 
Dios. 

Referiré aquí algunos pocos sucesos de estos 
más dignos de memoria. Y sea el primero un 
cierto indio llamado Santiago Quiara, el cual, 
llevando mal el apartamiento de una concubina 
suya que había dejado en el bautismo, volvió á 
admitirla en su casa. Pero luego le fué Dios á 
la mano con una enfermedad que, privándole 
de la luz del cuerpo, desterró de su alma las ti- 
nieblas del pecado. Hiciéronsele, pues, dos nu- 
bes en los ojos que creciendo poco á poco le 
privaron totalmente del uso de ellos; y por más 
que la caridad de los Padres se fatigó en apli- 
carle remedio, no pudo aprovecharle de nada. 
Con esto entró dentro de sí el doliente, y adi- 
vinando que la causa de esta desventura nó 
era otra cosa que sus pecados, se volvió con 
mejor consejo al médico divino, suplicándole 
vivamente le diese remedio, no tanto á él, que 
no lo merecía, cuanto á su familia, que alrede- 
dor de él lloraba sin tener un bocado de pan 
que llevar á la boca. Estando una noche en 
su casa examinando sus pecados y pensando en 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA, — T. XII. lO 



146 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

las miserias de su vida, prorrumpió en esta fer- 
vorosísima súplica á Cristo, Señor Nuestro, y 
á su beatísima Madre. 

«Oh, Jesús mío, tened misericordia de mí (así 
» puntualmente lo refirió él á todo el pueblo, á 
» quien por orden de los Padres manifestó su 
» milagrosa curación). Oh, Jesús mío: aunque 
» no lo merezco, perdonadme mis pecados, y 
» restituidme el uso de mis ojos; reconozco, 
» Señor, y confieso que este trabajo es justísimo 
» castigo de mis culpas; pésame en el alma de 
» haberlas cometido, y propongo de nunca ja- 

> más volver á caer en ellas . Virgen María Ma- 

> dre de Dios y mía, aplacad la indignación de 
» vuestro Santísimo Hijo y alcanzad á mi alma 
» el perdón de mis pecados y á mi cuerpo la 
» vista perdida. ¡Oh, Dios y Padre mío! moveos 
» á misericordia y pues podéis tan fácilmente, 
;t concededme la gracia que os pido, que yo 
» prometo de jamás ofenderos en adelante, y de 
» observar perfectamente, con la diligencia que 
» me fuere posible, vuestra ley santa.» 

Mientras así estaba llorando delante de Dios, 
oyó una voz, como de quien estaba enojado, 
que hablaba con él y le decía: 

<Por tu amancebamiento y por las confesio- 
nes mal hechas, te ha sobrevenido esta des- 
gracia.» 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 147 

. Al oir estas palabras, que le penetraron hasta el 
alma, salió como fuera de sí, y en aquel punto se 
vio cercado de una luz tan bella, que la del sol, 
en su comparación, era muy tenue y despedía 
una fragancia tan suave é incomparable con 
ninguna cosa odorífera de la tierra, que mani- 
fiestamente se conocía que era don del cielo; 
«US carnes se le pusieron tan delicadas como de 
un niño recién nacido, y se movía con tanta 
agilidad como si estuviera despojado de la pe- 
sada carga del cuerpo. 

Respondió entonces el hombre, deshaciéndose 
en lágrimas de consuelo y juntamente de dolor: 

«Confieso, Padre y Señor mío, mis pecados, 
» que dejé mi legítima mujer y me volví á mi 
» antigua amistad, de que fuertemente me pesa- 
» Así es (oyó que le replicaban) confiésate y haz 
» penitencia de tus culpas.» 

Desapareció la visión; y vuelto en sus senti- 
dos, se halló perfectamente sano. 

Pero mirando la fealdad de su cuerpo y la 
vileza de este mundo comparada con lo que 
había visto y gozado, deseaba haberse verdade- 
ramente muerto, y no sólo en apariencia, sino 
«n realidad para continuar en el gozo de tanto 
bien, y se ponía las manos sobre los ojos, que 
bellos y claros había recobrado, para que no 
fijasen la vista en las miserias de acá abajo; y 



148 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

hasta hoy día, cuando se pone á pensar en este 
su éxtasis ú otro alguno se le trae á la memo- 
ria, no puede contener las lágrimas y sollozos. 

Fué notable el fruto que causó este milagroso 
suceso; apenas quedó hombre de conciencia 
que no ajustase de nuevo todas las partidas con 
Dios con una confesión general; pero quien ex» 
perimentó mayores los efectos fueron los dos 
pueblos de San Joseph y de San Francisco Xa- 
vier, que muchas veces le habían consolado y 
servido en aquella enfermedad. 

La mudanza de vida que hizo este afortuna- 
dísimo neófito, fué la que se podía esperar de la 
gracia del Espíritu Santo, que le había tan 
abundantemente entrado en su corazón. 

No fué menor el efecto (aunque sí diverso el 
modo) de convertir á un hechicero y gran fami- 
liar del demonio. Este, pues, sacado del monte 
donde vivía como bruto por el infatigable celo 
del P. Lucas Caballero, apenas había puesto el 
pie en la reducción de San Joseph, cuando cayó 
enfermo; é imaginando que aquellos dolores 
eran otros lamentos y súplicas de su alma, ham- 
brienta de los placeres y deleites pasados, se con- 
denó á sí mismo de demasiado ligero, y poco á 
poco se volvió á sus pensamientos antiguos, y 
en sus deseos se volvió infiel en su corazón, ó 
por mejor decir, bestia. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 49 

Una noche, pues, ardiendo más en tales de- 
seos, que con la fiebre que interiormente le 
abrasaba, sintió que se acercaba una como mul- 
titud de gente que hacía gran estruendo y ruido, 
y era una cuadrilla de demonios que huía de la 
iglesia maldiciendo aquel santo lugar y á los 
neófitos que en él se estaban disciplinando, y 
llegándose á su choza le dijeron: 

«Mira, mira cómo se azotan los indios; ¿no ves 
» con cuánta razón te predicamos que no te de- 
» jes engañar de las patrañas de estos malvados? 
» (decíanlo por los Padres) ; líbrate tú de esto 
>- volviéndote á tu bosque, porque sino descarga- 
» remos sobre tus espaldas los mismos azotes.» 

El indio enfermo no vio á los demonios, sino 
sólo una sombra espantosa de donde salía tan 
perversa admonición. Pero erraron esta vez, 
como otras muchas veces, sus tiros los demonios 
porque en lugar de salir con sus intentos, perdie- 
ron la presa; llenóse el miserable todo de pavor, 
y miedo, porque el corazón le decía que esta era 
cosa del infierno, y no sabía cómo echarlos de 
5í; había oído decir que los dulcísimos nombres 
'de Jesús y de María tenían poder contra esta 
canalla, pero no se ofi-ecían á la memoria, has- 
ta que después de mucho trabajo se le ofrecie- 
ron y los pronunció: entonces los demonios, 
<omo si se viniese abajo toda la casa, huyeron 



150 P. PATRICIO FERNÁNDEZ- 

con gran furia, y él, curado en el alma de sus; 
liviandades, entró por el camino de la salva- 
ción, con más firmes propósitos y más seso que 
antes; y con tal mudanza y arrepentimiento de 
sus yerros, que estando aún con la fiebre se le- 
vantó de la cama y fue corriendo á echarse á. 
ios pies del P. Caballero, y con más lágrimas 
que palabras le pidió el santo bautismo. 

Estos dos casos que he referido no fueron 
más que visiones, una de consuelo y otra de te- 
rror, para mejorar el alma á los dos á quienes 
se mostraron. Más caro les costó á los dos si- 
guientes el obstinarse contra las saludables ad- 
moniciones de los Misioneros: 

El primero, cristiano recién bautizado, enfa- 
dado de vivir como hombre y en la ley de Cris- 
to, en el pueblo de San Rafael, se huyó entre 
los infieles, y como es tan violento el vivir sin 
ningún gusto, no gustando él ya más de Dios,, 
le fué fácil al demonio inducirle á tomar otro 
deleite, y le ofreció al punto ocasión cómoda y* 
oportuna en una mujer de mala vida, con quien 
había estado mal amistado en su gentilidad. 

El Misionero de aquella Reducción, que con 
sus sudores había ganado aquella alma para 
Dios, envió al punto tras él á algunos fervoro* 
sos cristianos, que habiéndole alcanzado en 
una Ranchería de infieles, le reconvinieron con 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 151 

la promesa que había hecho á Dios en el bau- 
tismo y con la palabra que había dado á los 
Padres de quedarse en el pueblo de San Rafael. 
Él, disimulado, los recibió con una falsa ale- 
gría en el semblante y con palabras fingidas, 
que ya tenía premeditadas; y, ó porque esperase 
apartarlos de la fe y hacerles renegar ó porque 
pensó por entonces contemporizar .con ellos, 
les quiso prevenir un expléndido banquete; para, 
eso se fué á caza, y habiendo muerto un ani- 
mal, mientras alegre y contento pensaba coma 
llevar al cabo su designio, oyó hacer gran ruido 
detrás de sí, como de quien quería embestirá otro; 
helósele la sangre con el susto al miserable, y te- 
nía razón, porque era una víbora de desmedida 
grandeza que venía á dar sobre él y matarle; vuel- 
to en sí y cobrando aliento, levantó la macana y 
la detuvo con un golpe. Irritada de esto la ví- 
bora, procuró con más furia agarrarle por el 
pescuezo; retiróse él hacia atrás queriendo eva- 
dir el salto con otro golpe; mas por su desgra- 
cia se le cayó de la mano la macana y con ella 
aquel poco de ánimo que en tan peligroso lance 
le alentaba; pero como el amor de la vida es 
muy ingenioso en hallar trazas y valerse de 
todo para mantenerla, echando mano al arco y 
al carcax de las flechas que traía atados á la 
cintura, se reparaba lo mejor que podía de la 



152 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

furia de la bestia; sudaba mucho entretanto, 
daba altísimos gritos y pedía socorro, pero en 
vano, porque no había nadie que pudiese ayu- 
darle; por lo cual desesperado de poder escapar 
con la vida de tan obstinada contienda, no te- 
niendo más fuerzas para resistir, quería ya ren- 
dirse á discreción del enemigo, á no haber su- 
cedido con gran ventura del miserable, que ti- 
rando la víbora á cogerle por la garganta, dio 
con la suya sobre la punta de una saeta y se hi- 
rió malamente, con que acobardada y cansada 
se paró algún tanto y [dio tiempo al apóstata 
para salvarse huyendo; el cual, casi fuera de sí, 
llegó á la Ranchería, y referido el suceso, los 
infieles le interpretaron como les hacía más al 
caso; pero los cristianos, más advertidos, adivi- 
naron sabiamente que esto le había sucedido, no 
tanto para peligro del cuerpo, cuanto para aviso 
del alma, según su necesidad; porque llamado y 
admitido de Dios á ser su hijo por el santo 
bautismo le había después feamente dejado, vol- 
viéndose á vivir entre gentiles . ^ 

Cuadró á todos la interpretación, pero sin- 
gularmente al apóstata, á quien el remordi- 
miento de la conciencia le decía lo mismo á su 
corazón con más eficacia; por lo cual, sin dete- 
nerse, fué con todos los infieles que allí había 
derechamente á San Rafael; éstos para alistarse 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 53 

en el número de los Cathecúmenos y aquél para 
enmendar y satisfacer con la penitencia su pe- 
cado, como lo hizo, viviendo de allí en adelante 
en temor de Dios y con honestidad ejemplar. 

Más terrible aún fué el modo con que otro 
entró en juicio y cobró aprecio de las cosas de 
su alma: Habíase reducido á nuestra Santa fe 
en el pueblo de San Joseph un gentil, y en el 
bautismo había dejado una amiga, con quien 
antes había vivido en el cieno de muchas desho- 
nestidades; pero duróle poco tiempo este buen 
propósito y este retiro y resistencia á los place- 
res y gustos de la carne, porque habiéndose en- 
contrado con la amiga antigua, su vista le abra- 
só otra vez el corazón y le encendió los deseos 
primeros; después, para que ninguno le fuese á 
la mano en sus deshonestidades, tramó secre- 
tamente la fuga con otras tres mujeres de sus 
mismos intentos y se escondió en un bosque; 
•de suerte que por mucho que otros indios de 
mejor conciencia los buscaron, por orden de 
los Padres, jamás le pudieron encontrar. 

Entonces uno de los Padres Misioneros echó 
de ver que aquel no era mal que se había de cu- 
rar sino con el remedio de algún extraordina- 
rio auxilio de la Divina Misericordia. Por esto 
empezó á llorar amargamente por aquel ciego 
miserable, y tantas súplicas hizo á la beatísima 



154 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

Trinidad, y á la Reina del cielo y á las santas: 
almas del purgatorio, que se le cumplió su de- 
seo con modo bien singular, porque mientras 
él festejaba sus brutales deshonestidades,estan- 
do el cielo serenísimo, sin la menor señal de 
tempestad, estalló un terrible trueno en medio 
del aire, y tras él se despidió un rayo que vino 
á dar á sus pies; y el indio, ó por furia del rayo- 
ó por el miedo que tenía, cayó en tierra como 
muerto. De aquí vuelto en sí, después de gran 
rato y abriendo los oídos á aquel llamamiento 
de Dios, lleno de susto y pavor de que no le 
sucediese cosa peor, se dio á llorar amarga- 
mente su pecado; tomó en las manos el rosario 
que traía al cuello, empezó á pedir piedad y mise- 
ricordia áDios prometiendo ser totalmente otro 
en adelante, constante y leal en su servicio, y al 
punto puso en ejecución su propósito, retirán- 
dose al pueblo de San Francisco Xavier, por- 
que no tuvo ánimo de volver á San Joseph y 
porque la vista de su amiga no le despertase el 
apetito. Dios se la quitó de delante con una en- 
fermedad, en que arrepentida de sus culpas y 
deshaciéndose en lágrimas de contricción y 
arrepentimiento, sin permitir que jamás entrase- 
su galán en su Rancho, pasó con grande espe- 
ranza de su salvación á la otra vida; con que 
ella difunta, volvió él á su Reducción, donde 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 55 

comenzó nuevas obras y entabló nueva vida^ 
que prosiguió con tanto contento y gozo de su 
espíritu, que jamás en adelante volvió á los tor- 
pes y brutales gustos de la carne. 

Pasemos ahora á referir otros, á quien Dios 
Nuestro Señor, con doblado é irremisible cas- 
tigo, puso por ejemplo y terror de los demás,, 
quitándoles la vida temporal y la comodidad 
de conseguir la eterna. 

Tocó en primer lugar esta infeliz suerte á un 
mancebo, de nación Peta, que estaba de mala 
gana en el pueblo de San Juan Bautista, en 
quien, por más que la caridad de los nuestros y 
sus saludables amonestaciones y consejos pro- 
curaron ablandar la dureza de su .corazón, na 
aprovecharon nada para que se quedase allí; 
antes, por no ser detenido, se huyó secretamen* 
te cuando el pueblo asistía en la iglesia á los 
divinos oficios. Mas no tardó mucho en venir 
sobre él la divina justicia que le esperaba en un 
desierto solo, sin que hubiese á quien volver los 
ojos; allí, pues, se le hinchó disformemente una 
rodilla y se le empezó á podrir, criando materia 
y gusanos y echando una hediondez intolerable, 
con que rabiando de dolor murió sin tener 
quien le diese aun la sepultura de las bestias,, 
ya que había ido como una de ellas; y clara- 
mente conocieron todos que esto le había su- 



15^ P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

cedido en pena á su obstinación, porque por 
más á prisa que fueron algunos neófitos á soco- 
rrerle, no llegaron á tiempo y sirvió su desgracia- 
da muerte para que ninguno en adelante sacase 
«1 pie de la Reducción sin haber ajustado antes 
con Dios las partidas de su conciencia y pedido 
la bendición á la Santísima Virgen. 

Aún peor le sucedió á un hechicero, gran 
ministro del demonio, en el pueblo de San 
í'rancisco Xavier, pues los mismos cristianos 
le mataron á palos porque con sus mentiras y 
patrañas no dejaba de molestar al sencillo 
pueblo, y desacreditar y vituperar la santa é 
inocente vida de los Misioneros; ni le valió la 
autoridad de los Padres, que le sufrían con pa- 
ciencia y le habían librado dos veces de la furia 
del pueblo, porque mientras un día, montado 
en cólera, vendía por misterios las fantasías y 
por verdades los sueños de su mala cabeza á 
♦ciertos nuevos cristianos, y desfogaba su cólera 
contra los Padres con palabras injuriosas y de 
escarnio, decía cosas tan indignas, que á un 
cacique principal, cristiano de muchos años, no 
le pareció que se podían ya sufrir; por lo cual, 
poniéndose delante de él, le quitó la gana de 
predicar más y de vivir, quebrándole los dientes 
en la boca y los sesos en la cabeza con un palo. 

Acabaré esta funesta narración con un es- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 57 

pantoso suceso que por mucho tiempo quedó en 
la memoria para terror y ejemplo de toda aquella 
nueva cristiandad. 

Felipe Motora, Tabica de nación, vencido en 
las continuas sugestiones del demonio y de la 
carne, volvió públicamente en casa de una ami- 
ga dejando á su mujer, sin reparar ni hacer es- 
crúpulo de tenerla públicamente como si fuese 
su propia mujer. 

Desagradó esto indeciblemente á todos, sin- 
gularmente á los Padres, que veían con tal 
ejemplo abierta la puerta para que otros hicie- 
sen lo mismo, y que por más que hubiesen tra- 
bajado y sudado en desarraigar tal abuso y es- 
tablecer el nudo indisoluble del matrimonio, se 
destruiría en breve; y como sucede entre bár- 
baros que el pueblo indómito se va en pos de 
quien tiene entre ellos alguna soberanía y pre- 
eminencia, le seguirían todos. 

Pero Dios Nuestro Señor tomó por su cuen- 
ta el remediar este escándalo, y no tardó mucho 
en darle su merecido, quitándole de allí á poco 
la vida y arrojándole al abismo, reparando 
juntamente los daños que pudiera haber causa- 
do y causaría en adelante. 

Mientras que alegre y contento saltaba de 
placer y hacía fiesta por este su perniciosísimo 
escándalo, le empezó á correr por las venas un 



158 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

humor pestilente y se le encendió una fiebre 
ardientísima, que en pocos días le condujo á 
las puertas de la muerte. 

Acudieron los nuestros á visitarle', persuadi- 
dos á que también á éste como á otros la tribu- 
lación le habría abierto los ojos para arrepen- 
tirse de su pecado; pero sorprendido de un ac- 
cidente y sintiendo que se le acababa la vida, 
llamó á sus parientes y amigos y les dijo: 

« Verdaderamente, hermanos míos, que soy 
» desgraciado é infeliz, pues por mis delitos pa- 
» sados estoy condenado á arder para siempre 
» en las penas eternas del infierno. Mirad á los 
» demonios que vienen á llevarme arrastrando, 
» para que sea su compañero en las penas, 
» como lo fui en los pecados. El no haber dado 
» crédito á los sabios consejos de los Misione- 
» ros y el admitir de nuevo públicamente la 
» amiga, son la causa de esta mi sempiterna 
» desventura, oid vosotros de buena gana la 
» santa doctrina y poned en ejecución cuanjto 
» en bien de vuestras almas se os enseña, para 
» que no vengáis conmigo á llorar inconsola- 
» blemente en el infierno aquellas culpas y ye- 
» rros que para borrarlos no me será bastante 
» una eternidad de suplicios.» 

Afligidísimos quedaron los circunstantes; y 
aquellos á quienes la deshonestidad y la disolu- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 59 

ción les decían en el corazón que eran dignos 
de semejante fin, se helaron de pavor y susto. 
Otros creyeron que con la enfermedad maligna 
que tenía había delirado de aquella suerte, y 
por esto le llevaron á la iglesia, en donde, cele- 
bradas las exequias, le enterraron. Pero Dios 
Nuestro Señor dio bien presto á conocer que 
■aquellas palabras no habían sido delirios de 
una cabeza desvanecida, sino una sincera coíi- 
fesión de la justa venganza del cielo. Porque á 
pocos días vieron salir de la iglesia en grandes 
nublados un humo negro y denso, que parecía 
se abrasaba toda ella. Acudió luego toda la 
gente á apagar aquel que creían incendio; y re- 
gistrando de dónde salía aquel humo, vieron 
que le arrojaba la tierra que estaba sobre el 
cuerpo de aquel desdichado; por lo cual echa- 
ron sobre él agua en grande abundancia, pero 
¿qué sucedería? Comenzó á bullir la tierra y 
á levantarse, arrojando fuera una espesa y es- 
pantosa niebla que parecía se abrasaba todo el 
lugar y que allí estaba escondido y oculto un 
gran volcán de llamas. 

Por tanto, abierta la sepultura, se halló el 
cuerpo sin la menor corrupción, como si aque- 
lla tierra bendita rehusase mezclarse con aque- 
llos miembros, cuya alma era un tizón del in- 
fierno; pero exhalaba el cuerpo un espantoso y 



l6o P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

hediondo humo, con que se veía bien claro que 
era cosa más que natural. Por lo cual, sacado 
fuera el cadáver le arrojaron en una laguna, la 
cual también comenzó luego á moverse y bu- 
llir, como si allí se abrasase algún hierro ar- 
diendo. 

Aterróse no poco el pueblo con tan funestos 
accidentes, y por mucho tiempo no se habló 
sino del infeliz Felipe Motoré, ni les fué nece- 
sario á los Padres cansarse mucho en predicar 
la honestidad y perseverancia en los matri- 
monios. 

Curiosos después los indios de saber á dónde 
había ido á parar el cuerpo, le buscaron dentro 
del agua; pero por más que registraron toda la 
laguna, nunca jamás le pudieron encontrar, 
dando con esto motivo para conjeturar pru- 
dentemente que fué sepultado en los abismos 
para hacer compañía en las penas al alma, ya 
que la había incitado y hecho participante de 
las brutales torpezas de la carne. 

Pasemos ya de materia tan funesta y descri- 
bamos por último una visión que tuvo un neó- 
fito, por la cual mejoraron increiblemente las 
cosas de esta cristiandad y fué más gustosa 
que todo cuanto he dicho hasta ahora. Para lo 
cual me será preciso interrumpir á ratos breve- 
mente la narración para inteligencia de las co- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS l6l 

sas que en ella se insinúan, y la referiré por ex- 
tenso, como puntualmente la escribieron á su 
Provincial los PP. Lucas C aballero y Felipe 
Suárez. 

K' Un cristiano llamado Lucas Xarupá, asalta- 
do de una fiebre maligna, le redujo en pocos 
días á los últimos períodos de la vida; á este 
tiempo le sobrevino un Tortísimo parasismo 
que le privó totalmente del uso de los sentidos, 
sino es ya que (como él afirmó) murió verda- 
deramente. 

Salida el alma del cuerpo, le salieron al en- 
cuentro dos, con semblantes de hombre, que le 
convidaban á que fuese con ellos á otro país. 

Paróse «un poco temiendo no fuesen demo- 
nios; pero observando las facciones de sus ros. 
tros, la belleza de los vestidos y de las cruces 
que traían en las manos, y la afabilidad de sus 
palabras, creyó que era cosa del cielo; por lo 
cual, perdido el miedo, se fué tras ellos por una 
cuesta empinada, por la cual se montaba á unas 
altas cumbres; la senda era estrecha, difícil y 
sembrada toda de abrojos y espinas tejidas en- 
tre sí á manera de cruces; por lo cual era me- 
nester caminar con tiento paso á paso para ho 
maltratarse; y hubiera desfallecido por la pena 
y dolor que sentía en pisar las espinas si sus 
guías no le hubiesen aleiítado ycíoñfór'tado .con 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XIL II 



102 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

la amabilidad de su vista y con la luz que echa- 
ban de sí; llegó entre tanto á donde por la 
mano izquierda había un camino real, ancho y 
llano y bellísimo á la vista por su verdor, her- 
mosamente esmaltado de todo género de flores. 
Quiso seguir este camino, mas sus conductores 
le advirtieron que mirase dónde iba á parar 
aquella hermosura, y vio que iba á rematar en 
ciertas profundidades y altísimos precipicios, de 
donde salían disonantísimos gritos y vocingle- 
ría, de suerte que se persuadió estaban cele- 
brando allí sus paisanos algún solemne ban- 
quete; pero bien presto le sacó del engaño una 
cuadrilla de demonios feísimos con terribles 
semblantes y descompasados movimientos del 
cuerpo; unos con cara de tigres, otros de dra- 
gones y cocodrilos y algunos con apariencias 
de tan monstruosas y terribles formas, que no 
sufría el ánimo mirarlos; echaban todos por la 
boca y por las otras partes del cuerpo llamas de 
color negro y espantoso, y gritando y discu- 
rriendo de una parte á otra remedaban las dan- 
zas y bailes de los indios, hasta que agarrán- 
dose del pobre neófito, que estaba todo tem- 
blando creyendo que aquella fiesta era por él, 
hicieron gran fiesta gritando: 

«El, él es, Xarupá nuestro amigo, que anti- 
♦ guamente era nuestro devoto y usaba de los 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 63 

» hechizos maléficos que enseñamos á sus abue- 
» los.» 

A tales cortesías, se le recrecía el susto de 
que no le asiesen y echasen mano de él, para 
llevárselo al infierno. Pero los ángeles le asegu- 
raron, de que no osarían moverse ni menearse 
contra él. Entonces saltó fuera de enmedio de 
aquella canalla un cruelísimo verdugo, arras- 
trando un condenado como á un vilísimo ju- 
mento, atadas las manos y los pies con cadenas 
de acero ardiendo; traía á la garganta un collar 
-ancho de hierro que le forzaba, mal de su grado, 
'á tener derecha la cabeza para su mayor confu- 
sión y vergüenza: daba en tierra á cada paso por 
la violencia con que el inhumano verdugo le 
íiraba; pero los demonios que venían detrás, 
vcon una tempestad de azotes que llovían sobre 
isu cuerpo y con otras cruelísimas befas, le obli- 
gaban á caminar. Daba entratanto el miserable 
horrendos gemidos y suspiros maldiciendo su 
desventura y lamentándose desesperadamente. 
Ardía todo en vivas llamas como también el 
demonio que le tiraba, el cual traía á la cintura, 
en señal del oficio, un grande haz de víboras, 
que le despedazasen ; y vuelto á Lucas, con fie- 
reza propia del infierno, le dijo: 

t También tú alguna vez te entendías conmi- 
» go y eras de mi servicio , siento mucho que 



164 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

» me hayas dejado, vinieras ahora á cortejarme 
» si estos Padres no hubieran venido á tu Ran- 
» chería á predicar la ley de Cristo: no lo puedo 
» sufrir; no hacen otra cosa, más que hablar 
» mal de mí y de mis cosas. Pero no, no todos 
» los paisanos han de ir al cielo; muchos aún 
» duran en mal estado, y obstinados en sus 
» costumbres gentílicas. Me atraviesa el cora- 
» zón verme forzado á venir aquí, para que tá 
» veas nuestras miserias, y de qué suerte es el 

> galardón que damos á los que siguen nuestro 
» partido, y tú vayas después á contarlo, porque 
» en adelante perderemos el crédito, y los tuyos 
» dejando los vicios y supersticiones abrazarán. 
» la nueva fe; y si tú á esta hora no hubieras to- 

> mado esta resolución, fueras ahora compañe- 
» ro de este que tengo aquí en mi poder. Míra- 

> le, mírale, ¿le conoces.''» 

Tenía tan demudado el semblante, feo y he- 
cho un tizón de fuego, que mal le podía cono- 
cer; pero, finalmente, después de fijar niuchas 
veces en él la vista, reconoció quién era. Este 
es (le dijeron los ángeles) Antonio Tapochí,. 
que ni aun en la hora de su muerte se quisa 
arrepentir, y por más que los suyos le exhorta- 
ron á que mirase por su alma y se dispusiese á 
bien morir, nunca quiso darles oídos y. echaba 
de sí con enojo y despecho á quien le animaba 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 165 

■á que pidiese perdón á Dios y llorase y confe- 
sase sus culpas. Entonces el desgraciado Anto- 
nio, dando un profundo suspiro y volvie'ndose 
á Lucas, le habló de esta manera. 

« |Ay, desdichado de mí, que no quise creer 
» á los Padres! ¡Qué penas, qué dolores, qué 
» grandes é insufribles tormentos padezco por 
» haber ofendido á Dios, sin hacer caso de su 
» doctrina y de sus ministros que la predica- 
» ban! Estos suplicios no han de tener jamás fin? 
-» jHe de padecer y llorar eternamente, sin espe- 
» ranza de alivio! ¡Felices mil veces vosotros que 
» podéis esperar la eterna bienaventuranza, y 
» libraros de este infinito piélago de amarguras 
» y de las manos de los verdugos, peores que las 
» mismas penas.» 

Esto que ves del desventurado fin de este 
desdichado (le dijeron los ángeles) refiérelo á 
tus paisanos, y diles que también está en el in- 
fierno el cacique Miguel Matoquí (era éste de 
nación Piñoca y de los primeros que sujetaron 
la cerviz al yugo de Cristo; pero enfadado de 
TÍvir con las reglas y leyes del cristiano, se 
huyó entre los gentiles, llevando consigo sus 
hijos y su mujer; la cual, no pudiendo hacer 
por entonces otra cosa, le siguió, volvióle de 
nuevo á San Francisco Xavier el P. Caballero, 
pero siempre perseveró él en sus primeros pen- 



1 66 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

samientos, y en el corazón era gentil^ aunquet 
en la apariencia se mostraba hombre cristiano^ 
En la última enfermedad recibió los Santos Sa^- 
cramentos por no dar qué decir; pero en la ago- 
nía mostró que^ así como había vivido como bes- 
tia, también como tal quería morir; también se 
condenó el malvado hechicero Poó, el cual está 
en lo más profundo del infierno, atormentado 
horriblemente por dos demonios, que fueron 
sus inseparables compañeros mientras vivió, y 
por instigación suya pretendió desacreditar la 
buena fama de los Padres y vituperar la santa 
ley de Dios, incitando á los más neófitos que 
podía á apostatar y volver á sus antiguos vicios. 
Da también noticia á los tuyos (prosiguieron 
los ángeles) de aquéllos que se han salvado y 
gozan ahora de la eterna bienaventuranza en el 
Paraíso. Salvóse i\ndrés Zurubi, que después de 
tres días de Purgatorio voló al cielo (vivió este 
neófito una vida ejemplarísima; en las privadaSv 
disciplinas de los viernes y en las pública^, que 
en ciertos días del año en las principales so« 
lemnidades se hacen por las calles, era el pri- 
mero en la frecuencia de los Sacramentos, en 
las oraciones, en la iglesia y al pie de las cruces 
continuo; lloraba tan amargamente sus peca- 
dos, que no pocas veces sacaba lágrimas á los 
ojos de los misioneros; llevó la última enferme- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 167 

dad con grandísima paciencia, mostrando en 
ella grandes y encendidos deseos de morir para 
ver á Cristo Nuestro Señor, sabiendo el buen 
trueque que muriendo hacía cambiando esta 
breve y miserable vida por la eterna y bienaven- 
turada. Estando á los últimos, le envió un Pa- 
dre la imagen de San Francisco Xavier para 
que le pidiese la salud; pero él, en lugar de pe- 
dirle la vida, le^suplicó que si aún no se le había 
llegado su hora, le alcanzase luego de Dios se 
le llegase; y en efecto, fué al punto oído, por- 
que mientras explicaba al glorioso apóstol sus 
deseos, plácidamente espiró; y preguntando al 
niño que le había llevado la santa imagen cómo 
estaba el enfermo, respondió llorando que ya 
había muerto; y con un modulo, á manera de 
quien estaba enojado, añadió: '<.^Y cómo no 
había de morir, si pidió él ir á ver á Jesucristo 
y Su Madre Santísima?» 

Vive también (le añadieron sus guías) en la 
celestial Jerusalén con nosotros Agustín Zurubi 
y su buena mujer, por medio de los grandes y 
ardientes deseos que tuvo siempre de ver á 
Dios (era el Agustín cristiano de buen corazón, 
devoto, humilde, obediente y de conciencia de- 
licada; asaltado de la últinra enfermedad, gas- 
taba el tiempo solemnemente en rezar el rosa- 
rio, y en tiernos coloquios con Dios y con la 



l68 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Reina del cielo; y en la hora de su muerte vio 
algunos espíritus bienaventurados que le con- 
vidaban al ParaísO; de lo cual dio aviso él á un 
compañero suyo, y con los nombres de Jesús 
y María en la boca entregó el alma á su cria- 
dor. La mujer, desde que recibió el santo bautis- 
mo, vivió como un ángel, y el confesor no ha- 
llaba en ella materia de qué absolverla). 

Exhorta á sus paisanos (prosiguieron los án- 
geles) que tengan gran respeto y reverencia á los 
Misioneros, ministros de Dios, y á que, depues- 
tas y olvidadas las discordias y rencores, se 
amen como buer.os cristianos. 

Explica al pueblo la terribilidad de los su- 
plicios eternos, porque no pocos perseveran 
todavía, obstinados en sus vicios, y se hacen 
sordos á los avisos de los Padres y al llama- 
miento de Dios. 

Di que se mude cuanto antes la Reducción á 
paraje más vecino y cercano á los infieles, por- 
que Jesucristo, por la desobediencia de los tuyos 
ha enviado aquí la peste y nunca cesará hasta 
que os rindáis de buena gana á su voluntad, 
pues es cosa fuera de ¡razón que los obreros 
Evangélicos pierdan el tiempo en cultivar pocas 
almas, mientras se pierden tantos millares por 
falta de quien les enseñe el camino de salva- 
ción. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS. 1 69 

Di á los cristianos que fueron á anunciar el 
Nombre de Dios á los infieles, ue su misión 
agradó mucho á Jesucristo, y que por los traba- 
jos é incomodidades que en ella sufrieron, les 
tiene prevenido en el cielo un premio incompa- 
rable; que no teman nada las saetas, las macanas 
y la muerte á manos de los gentiles, porque re- 
cibirán de Dios gloria y galardón correspon- 
diente; y para que se te dé crédito y fe, verás 
ahora alguna cosa de la eterna bienaventuranza. 

Entonces, en un momento, desapareció el 
condenado y aquella terribilísima representación 
del infierno, y luego le pusieron los ángeles á 
las puertas de la Celestial Jerusalén, de tal rique- 
za y hermosura, cual las pinta el apóstol San 
Juan en su Apocalypsi. 

Apenas había metido dentro el pie, cuando 
le salieron al encuentro dos bellísimos jóvenes, 
trayendo en las manos cruces resplandecientes, 
los cuales le introdujeron en un ameno jardín, 
donde por la fragancia de las flores, que no se 
puede comparar con ninguna de acá, y con la be- 
lleza de lo que veía, estaba como en éxtasis admi- 
rado; y siéndole presentada una fruta semejante 
á la granada, con sólo llegarla á sus labios, se 
le innundó el corazón de tanto gozo y consuelo, 
que creía que en él estaba lo mejor y aun el 
todo del don de los ciudadanos del cielo; ñero 



lyo P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

le fué dicho al oído, que estaba muy lejos el 
piélago de la bienaventuranza, en que engolfán- 
dose los Bienaventurados , se hallan plenamente 
hartos, satisfechos y contentos; y que lo que te- 
nía delante, no era otra cosa más que un asomo^ 
una muestra de lo que quedaba que gozar, bueno 
y sólo para hacer bienaventurados los sentidos, 
y la inferior porción del hombre, incapaz de los 
deleites que trae consigo al entendimiento el co- 
nocimiento y la vista clara de la divina esencia. 

No acababa el buen Lucas de echar los ojos 
por todas partes, donde veía nuevas delicias y 
bellezas; y hubiera querido detenerse algún tanto 
aquí ó pasar adelante, pero le atajó sus designios 
y embarazó su gusto un escuadrón de espirítus 
bienaventurados; y el más autorizado entre ellos^ 
que en el aire del semblante, en la majestad de 
sus pasos y en la cruz resplandeciente que 
traía, creyó era príncipe de la milicia celestial; 
el cual, volviéndose á mirar á Lucas, le dijo con 
palabras algo severas: 

¿Y tú? ¿Cómo estás aquí? ¿Te has confesado? 
Respondió que sí, á que añadió: ¿Y estos tres 
pecados? y nombróselos. 

Enmudeció el pobre, porque decía era v^ 
dad, que no había hecho caso de ellos en la 
confesión, por ignorancia suya. 

Entonces le dijo el ángel: Estos afean mucho 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 171 

tu alma, y la impiden el venir á gozar cara á cara 
de la vista de Dios. Di á la gente, que no hay 
otro modo de venir al cielo, sino manifestando 
sinceramente las culpas en la confesión, coma 
os lo dicen los Padres; las cuales palabras pro, 
nuncio con tanta íuerza y eficacia, que como un 
gran trueno le hicieron temblar todo. 

Con esto dio la vuelta con sus compañeros y 
hubiera querido el neófito detenerlos para ver 
más de cerca las cosas tan grandes que había 
oído decir de Dios y de su gloria, y ver aquel 
inefable prodigio de cómo las almas son biena- 
venturadas, no menos porque se ven en Dios 
que porque ven á Dios en sí mismo; pero aquel 
príncipe le hizo entender que ninguno que está 
feo con la culpa podía mirarse como en un es- 
pejo en Dios, ni hacer de sí mismo espejo eu 
que se mire Dios; antes que saliese de allí y vol' 
viese acá para borrar con la penitencia y con- 
fesión aquellas culpas. 

Despidióse, pues, el pobre hombre de aquel 
dichosísimo lugar, mas cuando empezaba á en- 
trar por el primer camino, vio que le salía ai 
encuentro la Reina del cielo, servida de gran 
multitud de santos, que despedía de su rostro 
tantos rayos y resplandores, que quedó pasma- 
do de la belleza y atónito de la majestad de su 
semblante; y saludándole su Majestad á él en su 



172 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

lengua^ con aire de enojada le preguntó qué lle- 
vaba colgado al cuello. Este rosario no es tuyo, 
sino de mi hijo (y nombró al mancebo á quien 
Lucas se lo liabía quitado por fuerza), el cual, 
en premio de haber acertado con la saeta al 
blanco, quiso más mi rosario que otras co- 
sas que se le ofrecían; vuélveselo cuanto an- 
tes, porque con esta tu violencia le causaste 
gran pesar; y al decir esto desapareció, y sus 
conductores ó guías le volvieron al mundo, 
y encontrando á cada paso tropas de espí- 
ritus infernales que andaban discurriendo y 
ahuUando á manera de lebreles que andan en 
busca de las fieras, se llenó todo de espanto y 
horror. 

Llegado junto á su cuerpo, que poco antes 
había dejado, no le pareció más que una dis- 
forme masa de barro y se maravillaba consigo 
mismo y no acababa de creer que aquél era en 
quien poco antes ejercitaba todas las operacio- 
nes y facultades naturales, y no cesaba de la- 
mentarse y quejarse con sus compañeros, sino 
que éstos, sonriéndose, le dijeron: 

Aquí conocerás qué cosa eres tú, cargado de 
esta vil y hendionda materia. 

Con lo cual al punto se desaparecieron de 
sus ojos, se acabó la visión y Lucas Xarupá, ó 
por mejor decir, su alma, volviendo á entrar en 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 73 

SU cuerpo como si despertase de un profunda 
sueño, ó como él decía, como si resucitase, su 
primera diligencia fué hacer llamar al dueño 
del rosario, y pidiéndole perdón de la injuria^ 
luego en aquel punto se vio libre de la fiebre 
que aún duraba. 

Quedaron atónitos los circunstantes de que 
con tan leve remedio se hubiese librado de 
aquella penosa enfermedad; mas cuando oyeron 
lo que por orden de Dios les refirió, fué in- 
creíble la conmoción, las lágrimas y el fruto; 
ni se quedó aquí solo, sino que en donde quiera 
que llegó la voz de este suceso se vieron los 
mismos efectos; y quien era bueno se alentó á 
perseverar, y quien malo, con la memoria de 
aquellos suplicios, corrigió el humor pecante 
que en él predominaba. Y el resucitado co.. 
menzó una vida tanto mejor, que si antes era 
bueno, después era un santo. 

Quédame ahora, por fin y remate, que decir 
algo del celo de estos buenos cristianos en 
anunciar la ley divina y llevar la luz del Evan- 
gelio á los que aún duran en las tinieblas y yU 
cios del gentilismo; parece que no viven conteU' 
tos en la nueva vida que han ennezado é. profe- 
sar si no traen á otros á gozar del mismo bien. 

Para prueba de lo cual,, daré el primer lugar 
á los Misioneros, que, como testigos de vista y 



174 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

de experiencia, no acaban de hablar de este 
particular. 

« En este caso, y con otros milagrosos su- 
» cesos (así concluye una carta suya un Misio- 
» ñero de la Reducción de San Francisco Xa- 
» vier, después de haber escrito la visión que 
» poco há referí), se ha en cedido en este pueblo 
» un gran fuego de caridad y de celo, para lle- 
» var el nombre de Dios á los infieles sin hacer 

> caso de os trabajos y fatigas y de la muerte, 
» con que han de encontrarse á cada paso. » 

€ La fe, á Dios gracias, va cada día en aumen- 
» to (dice otro) y desean muchísimos, sin hacer 
» caso ninguno de su vida, introducirla en los 
» gentiles circunvecinos. 

« Estoy esperando (escribe el P. Caballero) á 
» ciertos neófitos que el año pasado recibieron 
» el santo bautismo, los cuales, movidos á com- 

> pasión de sus paisanos se ofrecieron á ir allá 
» para reducirlos al rebaño de Cristo, para que 
t sean participantes del bien de que ellos gozan.» 

Así cuentan de un tal indio llamado Ignacio 
que no sabe vivir sin andar en busca de infieles 
y ganando almas á Cristo; y el P. Juan Bautista 
de Zea, en su ida á los Zamucos, le escogió por 
-capitán de los demás, y á él singularmente fiaba 
los negocios más graves del bien de aquella 
gente. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 175 

Otro tanto escribe el P. Agustín Castañares 
de otro indio del pueblo de San Rafael, llama- 
do Antonio, que procuraba librar cuantas al- 
mas podía de las garras de los Mamalucos y po- 
nerlas en cobro en su Reducción. 

Apenas se serena el cielo, después del tiempo 
de las lluvias, cuando luego se previenen para 
sus misiones, y se tiene por dichoso quien más 
padece y quien más almas trae al conocimiento 
de Dios, y gastan en esta empresa tres y cuatro 
meses, hasta que encuentran paraje donde po- 
der hacer cosecha de almas. 

Después es cosa de ver las fiestas y alegrías 
que hace el pueblo al tiempo de su vuelta, y la 
caridad y amor con que reciben á sus nuevos 
huéspedes, aunque sean antiguos, implacables 
enemigos suyos, mueven á devoción y á lágri- 
mas á los Padres. 

Dánles parte de su pobreza, admítenlos en su 
casa y quisieran meterlos también en su cora- 
zón, de suerte que presto se olvidan los bárba- 
ros de su nativo suelo y se enamoran de la 
santa ley divina, de la cual ven en sus huéspe- 
des ingerida tan bella virtud entre hombres tan 
salvajes como ellos, pues es un gran milagro 
que aun en las necesidades extremas usen, 
cuando son gentiles, de piedad unos con otros, 
aun aquellos á quien la Naturaleza ha es- 



176 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

trechado con los fuertes lazos de la sangre. 

Y á la verdad, esta nueva cristiandad se debe 
á sí misma gran parte de su esplendor y au- 
mento; pues se extiende á tanto su ardiente 
celo que, sin reparar en peligros evidentes de la 
vida, se entran por las selvas, ya solos, ya con 
los Padres Misioneros, á solicitar la conversión 
de los infieles, siendo ya más de ciento los que 
han derramado su sangre y ofrecido gustosos, 
sus vidas por dilatar los reinos de Jesucristo 
entre aquellas bárbaras naciones. Como lo verá 
claramente quien atentamente leyere esta rela- 
ción. 

Y ayuda Nuestro Señor á estos sus siervos 
muchas veces, aun con milagros, á fin de con- 
firmarlos más en la fe y de que viéndolos los in* 
fieles corran á pedir el bautismo. 

Contaré dos solos por no alargarme ni can- 
sar á los lectores. 

El primero es de ciertos neófitos que ha- 
biendo salido á llevar el nombre de Dios á una 
Ranchería de indios Penoquís, mientras que 
con fervor de espíritu exhortaban á aquellos 
bárbaros á dejar su patria, abandonar el genti- 
lismo y entrar en el rebaño de Cristo, vinieron 
algunas mujeres espantadas, gritando: «Desgra- 
»cia, desgracia, que el agua de una laguna cer- 
»cana que servía para el abasto del pueblo ha- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 77 

»bía tomado forma y color de sangre», pronós- 
tico para ellos de mala ventura. 

Empezaron luego los paisanos á discurrir 
sobre el caso haciendo diversas interpretacio- 
nes, según la pasión de cada uno; mas los cris- 
tianos al punto les descifraron el caso, diciendo 
que aquella era fraude y traza del demonio para 
apartarlos de que abrazasen la ley del verda- 
dero Dios, y en señal de eso fueron allá todos 
juntos, y vista la extraña mutación, tomando 
los cristianos con gran fe el rosario en la mano, 
bendijeron el agua y le metieron dentro de ella; 
al punto, desvanecida aquella apariencia, vol- 
vió el agua á su antiguo color y sabor que an- 
tes tenía. 

Aún es más maravilloso otro caso que su- 
cedió á estos mismos, los cuales, repartidos 
por muchas Rancherías distantes unas de otras 
cosa de una legua, juntaban gente para redu- 
cirla á la santa fe y conducirla á la Reducción. 

Vieron que allí cerca se levantaba en alto 
gran nublado de humo y grande fuego, sin sa- 
ber de dónde venía ni quién le hubiese encen- 
dido (y por ventura tambie'n esta fué astucia del 
enemigo infernal), y que venía á dar sobre ellos; 
y porque hacía gran viento se podía mal asegu- 
rar la vida y la hacienda con la fuga; y más que 
las llamas prendían ya en la primera Ranchería. 

*LIBR0S QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 12 



178 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Entonces los paisanos, todos juntos, recu- 
rrieron á algunos neófitos, rogándoles con lá- 
grimas en los ojos que si eran verdaderas las co- 
sas que les predicaban de Cristo y de su Santí- 
sima Madre, los llamasen ahora en su ayuda en 
lance tan peligroso; y puestos todos de rodillas 
pidieron á Dios favor y misericordia, prometien- 
do los infieles recibir el bautismo y su santa ley. 

jOh, caso milagroso! El fuego pasó adelante 
sin hacer el menor daño en la casa donde se 
habían recogido, y ellos lo tuvieron induvitable- 
mente por milagro, porque la dicha casa estaba 
en el centro del lugar y todas las otras se redu- 
jeron á ceniza. Ni paró aquí el prodigio, porque 
acercándose el fuego á la segunda Ranchería 
puso á sus moradores en gran espanto; mas los 
cristianos echaron luego mano del remedio. 
Hallábase aquí el capitán de todos, quien lle- 
vaba la imagen de la reina del cielo; á éste, 
pues, ordenaron que saliese á encontrar el in- 
cendio y le pusiese para defensa la santa ima- 
gen delante de su furia. 

[Cosa maravillosal Partiéronse por medio las 
llamas sin hacer allí el más mínimo daño, sien- 
do así que todas las casas eran de paja. Y para 
prueba más manifiesta del milagro se llegaron 
las llamas á una casa y formaron sobre ella un 
arco, pero sin lesión alguna. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 79 

Con esto se confirmaron los cristianos en la 
fe y en la devoción á la Madre de Dios, y los 
bárbaros, vencidos más del prodigio que de su 
promesa, se alistaron en el número de los fieles. 



CAPITULO VIII 



Preténdese descubrir el río Paraguay para comunicarse 
estas Misiones con las Reducciones de los Guara- 



Desde los primeros años en que se dio prin- 
cipio á la Conversión de los Chiriguanás y Chi- 
quitos, con intento de penetrar al Chaco para 
reducir á nuestra santa fe las naciones que vi- 
ven en el vastísimo espacio de tierra que hay 
entre Torija y el Paraguay, se juzgó siempre lle- 
var al fin pretendido, el abrir camino por aquel 
río y hacer escala á las Misiones del Paraguay 
ó Guaraníes, á fin de que fuesen más fácilmente 
proveídas estas Reducciones de los Chiquitos^ 
y los nuestros tuviesen comodidad de conferir 
á boca con el Padre Provincial y recibir los so- 
corros más oportunos á su necesidad, fuera de 
que no sería menor el consuelo de los Provine 
cíales en ver las fatigas y sudores de sus sübdi- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS l8l 

tos en la conversión de los gentiles, y acabar en 
poco menos de un año la visita de esta tan vas- 
ta provincia; pues cuando ahora es necesario 
caminar dos mil y quinientas leguas para visitar- 
la toda, descubierto este camino por el río Pa- 
raguay, sólo se andarían mil y quinientas leguas 
«en visitar Misiones y provincia. 

Consideradas estas utilidades, han puesto por 
-obra los medios más concernientes al fin pre- 
tendido, aunque por secretos juicios de Dios 
nunca se pudieron llevar á cabo, sino después 
de mucho tiempo, y eso sin fruto. 

Pero no por eso debo pasar en silencio las 
fatigas y trabajos que en esta empresa padecie- 
ron y sufrieron nuestros Misioneros, por no 
privarlos de aquella gloria, que aun acá en la 
tierra se debe á quien todo se ocupa en promo- 
ver la gloria Divina. 

Dije ya arriba que el principal motivo de 
fundar la Reducción de San Rafael junto al río 
Guabys fué por la vecindad con el río Paraguay, 
á cuyo descubrimiento partieron por el mes de 
Mayo del año de 1702 los PP. Francisco Hervás 
y Miguel de Yegros, llevando por guías, ó como 
aquí decimos por vaquéanos,- cuarenta indios, 
sin otra provisión que la confianza en Dios y 
fiados en la protección de la Reina del cielo y 
de los Arcángeles San Miguel y San Rafael. 



l82 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Ni les salieron fallidas sus esperanzas, porque 
en todo el viaje se hallaron provistos de mon- 
tería y de pesca con tal providencia, que en las 
mayores angustias era más abundante y de me> 
jor cualidad el socorro. 

Llevaban consigo un Cathecúmeno, de cier- 
ta nación, que los años pasados había sido im- 
pedimento para descubrir este río; procuró éste 
con grande eficacia que sus paisanos recibiesen 
la ley divina, y que los Misioneros fuesen reci- 
bidos y bien tratados en tres Rancherías, de 
Curuminas, Batasiz y Xarayes, donde se quedó,, 
por estar mal proveído de ropa y por habérsele 
claxíido una espina en un pie, y después de po- 
cos días pasó á la otra vida sin recibir el Santo 
Bautismo, siendo así que se había empleada 
con fervor en que otros lo recibiesen. 

Vencidas, pues, muchas dificultades y pasa- 
das no pocas incomodidades que se hicieron 
precisas por haber de caminar por espesos bos- 
ques y agrias montañas, y pasar pantanos y la- 
gunas, á más del continuo susto y temor de 
caer en manos de enemigos, llegaron á plantar 
una cruz en las riberas de un río, que juzgaron 
era el del Paraguay, ó á lo menos un brazo de 
él (en lo cual padecieron grande engaño, por- 
que no era río, sino un gran lago qua iba á re- 
matar en un espesísimo bosque de palmas). 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 83 

En este ínterin maquinaron ciertos indios dar 
la muerte á su salvo á los Padres cuando diesen 
la vuelta por sus tierras; pero disuadidos de esta 
traición por oíros de mejor conciencia^ les sa- 
lieron al encuentro y se fueron con toda la 
gente de aquellas Rancherías en compañía de 
los Padres al pueblo de San Rafael, donde to- 
maron casa. 

Con la noticia de este descubrimiento, deter- 
minó el P. Joseph de Tolü, Superior á la sazón 
de estas Reducciones, que veniese á la provin- 
cia el P. Francisco Hervás á dar esta noticia al 
Padre Provincial Lauro Núñez, que ya segunda 
vez la gobernaba. 

No se puede creer el júbilo y gozo que éste 
tuvo con semejante aviso; y con toda presteza 
escogió cinco Misioneros antiguos de los Gua- 
ranís, con un hermano coadjutor, para que por 
la banda del Paraguay descubriesen el camino 
(¡ue ya juzgaban se había descubierto por la 
banda de los Chiquitos. Estos fueron el P. Bar- 
tolomé Ximenez (que habiendo ido Procurador 
á Roma de vuelta á esta provincia, voló, carga- 
do de años y merecimientos al cielo, el día 22 
de Julio de 17 17 en el puerto de Buenos Aires), 
los PP. Juan Bautista de Zea, Joseph de Arce, 
Juan Bautista Neurnan, Francisco Hervás y el' 
hermano Silvestre González. 



184 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Y porque á alguno no le desagradará leer los 
sucesos de este viaje, tomaré el trabajo de trans- 
ladar fielmente una relación diaria de todo lo 
que hizo uno de los sujetos que iban, la cual, des- 
pués de mucha diligencia que puse en hallarla, 
llegó finalmente á mis m.anos y es como sigue: 

« Salimos (dice) á 10 de MsLyo del año 1703, 
del puerto de nuestra Reducción de la Cande- 
laria, para dar fondo en el de Atinguí; y de allí 
á 27 del mismo mes, tomamos tierra en el Itatí, 
donde nos recibió con singular afecto el P. Fray 
Gervasio, de la venerable orden de San Fran- 
cisco, cura que era del aquel pueblo. 

De aquí, tiramos hacia el río Paraminí, por 
donde en el río Paraná desemboca el río Para- 
guay, y montamos aquel cabo, no sin gran difi- 
cultad por la furia de los vientos que nos dieron 
que hacer muchos días. 

Finalmente á 22 de Junio, aferramos en el 
puerto de la Asunción, donde nos recibieron 
con la acostumbrada caridad que usa la Com- 
pañía, los Padres de aquel colegio, y después de 
cuatro días partimos de allí, llevando una barca 
grande, cuatro balsas, dos piraguas y una canoa. 

Habiendo caminado las balsas cuarenta le- 
guas, descubrieron á lo lejos algunas canoas de 
indios Payaguás, que se creyó eran espías de esta 
nación. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 185 

Deseamos hablarles y ciárnosles á conocer 
para quitarles todo miedo y sospecha y exhor- 
tarles á que ya de una vez ajustasen paces con 
los españoles y quisiesen hacerse cristianos. 

Entróse para este fin, en una canoa el P. Neu- 
man con el hermano Sih^estre González y lle- 
gando cerca de ellos quería eficazmente entablar 
con ellos tratados de acuerdo. Pero no surtió 
efecto el deseo de que ellos quiesen llegarse, gri- 
tando en alta voz: Pee peviojíiba ore camarada 
Buenos-Ayres viarupi, que en castellano quiere 
decir, que temían de nuestra gente, quienes ha- 
bían destruido á sus paisanos en los confines de 
Buenos Aires. 

Por lo cual, desconfiando el P. Neuman de 
poderlos reducir, dio la vuelta, dejando colga- 
dos de un árbol de la playa, algunos abalorios 
y otras cosillas. 

Viendo, pues, aquellos bárbaros que las cari- 
cias de los nuestros no se quedaban en solas pa- 
labras, fueron luego corriendo á coger aquellas 
chucherías y con más ánimo y seguridad, se 
llegaron cuatro de ellos al pie de una balsa, 
donde dejaron algunas esteras labradas con 
lindo arte y tejidas delicadísimamente: prosi- 
guióse muchos días este tratado, siendo el fa- 
raute Aniceto Guarie, fervorosísimo cristiano, 
vice-corregidor de la Reducción de San Cosme; 



1 86 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

el cual, deseoso de la reducción de aquellos in- 
fieles, procuraba, con modo muy afable y cortés^ 
entrar con ellos para salir con la suya. 

Es la nación de los Payaguás, de vilísima 
condición, cobarde, pérfida y pronta á maquinar 
traiciones y en breve manifestaron estas malas 
cualidades; porque habiéndose acercado nuestro 
Aniceto el día 12 de Julio á ciertos Payaguás, 
con algunas bujerías que ellos estiman, para 
exhortarlos y reducirlos á recibir el santo bau- 
tismo, salió de una ensenada poco distante una 
manga de estos traidores, dividida en dos canoas; 
y dando sobre él á traición le mataron á él y á 
otros compañeros con fieros golpes de macana; 
y ejecutadas estas bárbaras muertes, echaron á 
huir desesperadamente para librarse de nuestros 
cristianos, los cuales advirtieron bien tarde la 
fatalidad; é idos al lugar del insulto, hallaron 
los cuerpos de los compañeros, sin poder dar 
con el de Aniceto; y al siguiente día celebramos 
las exequias por sus almas; con que se puede 
piadosamente creer habrá Dios usado miseri- 
cordia con ellos por el celo con que se ofrecie- 
ron á tratar con estos pérfidos gentiles. 

Viendo los Payaguás que nuestra gente no 
hacía ninguna demostración de sentimiento por 
este suceso, tomando atrevimiento, resolvieron 
desalojarnos el día siguiente de donde estaba- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 87 

mos, dejándose ver una multitud de canoas di- 
vididas en dos escuadras, de las cuales, llegán- 
dose una á tierra desembarcó alguna gente y la 
otra discurría por el río, pero no se atrevieron 
á ponerse á tiro; antes, poco después se retira- 
ron, no dejándose después ver más, sino á lo le- 
jos, á fm de espiar nuestros pasos: una sola vez, 
en la oscuridad de la noche, osaron molestar 
por tierra las balsas, tirando contra ellas piedras 
y flechas; mas nuestros cristianos, con poca di- 
ligencia, los pusieron en fuga. 

Este fué el único encuentro que tuvimos con 
estos enemigos, con quienes, si se hubieran co- 
ligado los Guaycurús, gente infiel, pero valerosa 
y enemicísima de la fe católica, difícilmente hu- 
biéramos podido escapar y librarnos de sus ase- 
chanzas y celadas en un río poblado por todas 
partes de islas y de ensenadas. 

A siete de Agosto llegamos á la boca del río 
Xexui, por donde antes que los Mamalucos 
destruyesen los pueblos de Maracayá, Terecaní 
y la Candelaria, se conducía todos los años á, 
la Asunción gran cantidad de la célebre yerba 
del Paraguay; el día 1 9, caminando á lo largo 
de la ribera, vimos una tierra de Payaguás, cu- 
yos moradores se habían poco antes retirado á 
una grande isla que estaba frente á nosotros. 

Apenas dimos allí fondo cuando saltaron en 



1 88 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

tierra nuestros indios, y sentidos de la muerte 
de sus compañeros la robaron 3^ saquearon 
toda; era esta tierra del cacique Jacayrá, donde 
^1 mantiene algunos vasallos para la fábrica de 
las canoas. 

El día 2 1 encontramos un fortín con empa- 
lizada y sobre ella tres grandes cruces, y sospe- 
chando nosotros que los Mamalucos habrían 
hecho allí alguna de sus misiones, supimos des- 
pués que esto había sido traza é invención de 
los Payaguás para que Dios los librase de una 
grande multitud de tigres que infestaban extra- 
ñamente el país. 

Vimos poco después andar en la playa doce 
bárbaros, pero sin darnos molestia; no obstan- 
te, lo que más nos maravilló fué que hasta el 
día 30 de Agosto no se vieron sino dos canoas 
de Guachicos antes de llegar al Tepotii. 

La boca de este río dista como cosa de trein- 
ta leguas de la del río Piray. Más adelante hay 
una hilera de escollos por entre los cuales pasa 
una furiosa corriente que de ordinario los en- 
cubre. Pero cuando allí cerca lleva el río poca 
agua, se ven en la cima de una de aquellas pie- 
dras ciertas huellas de h ombre, que dicen los 
naturales son del apóstol Santo Thomé. 

Poco más adelante, enfrente, se ven doce al- 
tísimas rocas, alegres á la vista, excediendo na- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 89 

turaleza á la hermosura del arte. Aquí empeza- 
ron los Guaycurús á encender fuegos y hacer 
humaredas, que son los correos volantes para 
avisar á los pueblos circunvecinos de que an- 
dan por allí enemigos. 

Siete leguas después de estos montes corre 
su río, junto al cual está situada la laguna Neu- 
getures, en que entra un río que baja de las tie- 
rras de los Guamas. A lo largo de esta laguna 
viven lo más del año estos bárbaros, y allí crían 
muchas manadas de caballos y muías, sirvién- 
dose de los Guamas como de esclavos, para 
cultivar la tierra y sembrar el tabaco que se dá 
aquí en gran abundancia. 

Otras naciones confinan con estas, entre las 
cuales había una llamada Lenguas, cuyo idioma 
es semejante al de los Chiquitos. 

Dos leguas más adelante de esta laguna des- 
emboca el Mboimboi, junto al cual antigua- 
mente hubo una Reducción en que trabajaban 
en provecho de los naturales ^los PP. Cristóbal 
de Arenas y Alonso Arias. 

Sucedió que el segundo, llamado á las tierras 
de los indios Guatos para administrarles el 
Santo Sacramento del bautismo, se encontró 
con una cuadrilla de Mamalucos, los cuales 
le mataron á mosquetazos; y el otro, cayendo 
poco después en las mismas manos, salió tan 



190 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

maltratado, que en breve acabó de vivir y pa- 
decer. 

De aquí hasta los Xarayes en dilatadísimas 
campañas por beneficio de la naturaleza, sin 
ninguna industria del arte, se cría inmensa can- 
tidad de arroz, de que todos los años hacen 
provisión los Payaguás, Guatos, Nanuiquas, 
Caracarás, Guacamás, Guaresis y otros pue- 
blos confinantes. 

A 22 de Septiembre pasamos las montañas 
de Cuñayegua, que tienen en frente de sí en la 
otra banda las del Ito, donde viven los Sine- 
macas. 

Aquí fueron á predicar la santa ley de Cristo 
los PP. Justo Mansilla, Flamenco, y Pedro Ro- 
mero, español, el cual fué muerto con el her- 
mano Mateo Fernández por los indios Chiri- 
guanás, porque les persuadía que por ser cris- 
tianos no podían tener más que una mujer. 

En una isla, cinco leguas más adelante, se ha- 
bían retirado dos caciques, Jarechacu y Arapi- 
chigua, con todos sus vasallos Payaguás, que 
al vernos despacharon luego siete canoas á la 
grande isla de los Orejones, para dar aviso á 
aquellas gentes, como lo suelen hacer en tales 
ocasiones, y por eso se veían de cerca y de lejos 
muchos humos en el aire, por lo cual en todo 
aquel contorno son los Payaguás tenidos en 



RELACIÓN DE INÜIOS CHIQUITOS 191 

grande estimación, que les es de mucho prove- 
cho, por lo que les dan de tabaco, cueros, telas 
y vituallas, de que están abastecidos con gran- 
de abundancia. 

Desde el Tobati pasamos junto á las monta- 
ñas del Taraguipitá, de donde cuatro Misioneros 
enviados por el P. Antonio Ruiz se esparcieron 
por esta dilatada gentilidad á predicar el Evange- 
lio. Estos fueron los P?. Ignacio Martínez, espa- 
ñol, Nicolás Hernat, francés, Diego Ferrer y Jus- 
to Mansilla, flamencos. El primero fué llamado al 
Perú á la misión de los Chiriguanás; los otros 
dos, oprimidos de las fatigas y trabajos en un 
total desamparo de todo humano consuelo, con 
una muerte semejante á la del grande apóstol 
del Oriente San Francisco Xavier, pasaron al 
eterno descanso; el último, que quedó sólo, can- 
sado de los muchos trabajos, falleció también 
en breve tiempo. 

Ocho leguas sobre el Tobati, desemboca por 
dos partes el río Mbotetei, por donde bajan 
al Paraguay á hacer sus correrías los Mama- 
lucos. 

Enfrente de estas dos bocas del río Mbote- 
tei, por la otra banda desemboca el Mandiy, que 
baña las faldas de los montes Taraguipiti que, 
encadenándose con los del Tambayci y Gara- 
guy, se extienden á lo largo de las costas del 



192 P. PATRICIO FERNANDEZ 

Paraguay, hasta cerca de la célebre isla de los 
Orejones. 

Desde el río Mbotetei hasta los Xarayes, se 
extiende el país en vastas campañas, habitadas 
antiguamente de los Guaycharapos é Itatines; 
pero molestados de los Mamalucos los aban- 
donaron, internándose en espesos y grandes- 
bosques, que desde la laguna Jaragui, por cin- 
cuenta leguas, tiran hasta Santa Cruz la Vieja. 
Finalmente, á 29 de Septiembre, montadas 
las dos bocas del Mbotetei, llegamos á donde 
el Paraguay, dividido en dos brazos, forma á lo 
largo una isla de veinte leguas. 

Por estar ya en tierra de los Chiquitos se co- 
menzaron á hacer muchas diligencias para ha- 
llar la cruz que el año pasado levantaron los 
PP. Francisco Hervás y Miguel de Yegros, re- 
conociendo muchos lagos y ensenadas. 

A 12 de Octubre, habiendo dado fondo en el 
Paroguamini, encontramos con unos Payaguás, 
los cuales, aunque temían á nuestros indios, se 
llegeron no obstante á nosotrss y nos presenta- 
ron biétole y otras frutas de la tierra, á que co- 
rrespondimos cortesmente con otros regalos. 

A 1 7 dimos fondo á vista de la laguna Jara- 
gui que se oculta por gran trecho entre bos- 
ques y montes hasta cerca de la de los Orejo- 
nes. Aquí una parte del Paraguay está hoy di'a 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 93 

habitada de gran número de infieles; pero el 
lado izquierdo es el más poblado, porque se 
pueden defender más fácilmente de las inopina- 
das invasiones de los Mamalucos, á causa de 
que estando rodeados de grandes lagunas y 
pantanos, se hace muy difícil y casi imposible 
el paso á aquellos malvados. 

Señalaré aquí algunas naciones de una y otra 
banda. A mano derecha están los Guaras, Len- 
guas, Chibapucus, Ecanaquis, Napiyuchus, Gua- 
rayos, Tapyminis, Ayguas, Cunicanis, Arianes, 
Curubinas, Coes, Guaresis, Jarayes, Caraberes, 
Urutues, Guahones, Mboyaras, Paresis, Tapa- 
quis. De la otra banda izquierda están los Pa- 
yaguás, Guachicos, Itatines, Aginis, Sinemacás. 
Abiais, Abaties, Guitihis, Cubieches, Chicaocas, 
Coroyas, Trequis, Gucamas, Guatus, Mbiritis, 
Eleves, Cuchiais, Tarayus, Jasintes, Guatogua- 
guazus, Zurucuas, Ayuceres, Quichiquichis, 
Xaimes, Guañanis, Curuaras, Cuchipones, Ari- 
pones, Arapares, Cutuares, Itapares, Cutaguas,. 
Arabiras, Cubies, Guannaguazus, Imbues, Nam- 
biquas. 

Verdad es, que estas naciones las más se re- 
ducen á dos ó tres Rancherías, otras á poco 
más de trescientas ó cuatrocientas almas y otras 
también en mayor número, y se distinguen por 
la diferencia de las lenguas, porque todas tienen 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 1 3 



194 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

distinto idioma, ni se entienden entre sí, aunque 
vecinas y confinantes, porque ó son enemigas, 
ó no tienen comercio unas con otras. 

El día 1 8, dejando á la mano derecha la la- 
guna Tuquis, montamos la boca del río Parai- 
guazú, que venía colorado con una creciente 
furiosa de agua. 

De allí á poco encontramos una canoa con 
sólo un indio, mozo bien dispuesto y de fuerzas, 
de nación Mbiritiy, que sin ningún temor se 
llegó á la barca; hicímosle mil caricias, y aunque 
ni él entendía nuestra lengua ni nosotros la suya, 
con todo eso, con señas y ademanes nos dio á 
entender que su Ranchería distaba de allí dos ó 
tres jornadas de camino. 

Poco después le despedimos; pero habiendo 
experimentado él tanto amor y afecto en nos- 
otros, sentía mucho dejarnos, por lo cual, dicién- 
dole por señas si quería entrar en la barca, él 
sin reparo alguno se entró dentro con sus armas 
y con su cama, que era una estera de linda he- 
chura, y regaló á nuestros indios con un grande 
Capivara (son estos unos puercos del agua, en 
todo semejantes á los de tierra), que poco antes 
había muerto. 

De allí á tres días, viendo que nosotros tirá- 
bamos á lo largo de la costa por no empeñar- 
nos en medio en las islas, se despidió prome- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 95 

•riéndonos que volvería presto, y nosotros, por 
medio de él, enviamos al cacique y principales 
de la nación varias cosillas que estiman estos 
bárbaros. 

Cumplió su palabra, y después de poco tiem- 
po estuvo de vuelta; pero pretendiendo atrave- 
sar un gran brazo de río en tiempo que hacía 
gran viento, naufragó á nuestra vista, y apenas 
pudo salvar su persona, que cayó, por nuestra 
desgracia, en manos de los Payaguás, que le re- 
mitieron á los suyos. 

Finalmente, á 31 de Octubre, entramos en el 
famoso lago de los Xarayes, en donde entran 
muchos ríos navegables, y de dicho lago (con 
unánime consentimiento de los geógrafos) nace 
■el gran río Paraguay. 

Á la boca de este lago está situada la célebre 
isla de los Orejones, poblada en algún tiempo 
<ie muchísima gente y asolada y destruida ahora 
por los Mamalucos. El clima de esta isla es sa- 
ludable y templado, aunque está en diecisiete 
grados y pocos minutos de altura. Tiene de lon- 
gitud cuarenta leguas y diez de ancho, aunque 
Otros la hacen doblado mayor; el terreno es 
muy fértil y abundante, aunque en parte sobre- 
sale en montañas llenas de árboles muy á pro- 
pósito para labrarlos. Los primeros descubri- 
dores la llamaron el Paraíso; nosotros, empero, 



196 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

no observamos en ella cosa de más monta que 
el clima. 

Hiciéronse aquí increíbles diligencias para' 
hallar la cruz tan deseada; pero por más que 
hicimos, así por tierra como por agua, no pu- 
dimos descubrir la más mínima señal de hacia 
qué parte cayesen las Reducciones de los Ghi» 
quitos. 

Los PP. José de Arce, Juan Bautista de Zea 
y Francisco Hervás. suplicaron al P. Superior 
Bartolomé Ximénez que pasasen adelante á las^ 
Rancherías de los infieles á tomar lengua; pero 
siendo éste de contrario parecer, fué necesario 
rendirse; antes bien, conociendo que menguaba 
la corriente más cada día y corría peligro el 
barco de hacerse pedazos en los escollos cie- 
gos si se parasen allí algún tiempo más, deter- 
minó dar la vuelta después de haber gastado 
mes y medio en andar en busca del camino. 

Fué increíble el sentimiento de los mismos 
Padres al ver que se frustraban sus esperanzas 
y tantas fatigas y trabajos como habían sufrido; 
por lo cual, postrándose de rodillas delante del 
P. Superior, le pidieron vivamente les diese li- 
cencia de quedarse en aquella grande isla de los 
Orejones, donde se entretendrían, hasta que 
creciendo las aguas y hecha amistad con los 
infieles, se informasen del camino, y pasado el 



•RELA.CI5N DE INDIOS CHIQUITOS 1 97 

invierno se irían á las Reducciones de los Chi- 
quitos. 

Admiró el P. Superior su fervor; mas te- 
miendo no fuese que este apostólico celo los 
empeñase, con gravísimo riesgo de sus vidas, 
en empresas que no pudiesen salir sino con 
grandísima dificultad, juzgó no podía condes- 
cender con sus instancias. 

Por tanto, á 12 de Octubre, nos dispusimos 
para salir de aquel lago ó mar dulce; y aunque 
siempre estábamos con temor de algún escollo 
encubierto debajo de agua, con todo esto, me- 
diante el favor de Dios, caminamos á voga y 
remo sin ningún riesgo, sólo que los vientos, 
que siempre soplaron por la proa, nos retarda- 
ron para que nos adelantásemos. 

Después de haber caminado cien leguas des- 
cubrimos tres canoas con cuatro hombres que, 
yogando á toda fuerza de remos, se nos acerca- 
ron insinuando que querían hablarnos; el uno 
era Payaguá y los otros Guaranís, cristianos 
antiguos, que saltando ligeramente en nuestra 
barca, dijeron resueltamente que se querían 
quedar con nosotros, aunque les pesase á sus 
caciques. 

Viendo nosotros su buena voluntad, determi- 
namos que nuestros indios los defendiesen en 
caso que sus caciques intentasen cobrarlos á 



198 P. PATRICIO FERNÁNBEZr 

ívLxit^ '¿^ armas; pero ellos les dieron' dé buena? 
gan^ licencia, creciendo en ellos la estimación; 
de nosotros, pues los Guaranfs dejaban su ha- 
cienda y parientes sólo por venir á nuestras: 
Reducciones y vivir en la observancia de la ley 
divina. Por lo cual nos cobraron tanto afecto>. 
que como si fuesen amigo» antiguos, entraron 
los dos caciques con toda seguridad y confianza 
en nuestro barco y se pusieron al lado del P. Su- 
perior. 

Hallada tan buena coyuntura, se les habló. 
con toda eficacia del bien de sus almas y cuánto 
interesaban en que nosotros los tomásemos á 
nuestro cargo, pues fuera de conseguir la salva- 
ción eterna y vivir como hombres é hijos de. 
Dios, pasarían una vida quieta y libre de todo 
peligro, obligándose todos los pueblos de los 
Guaranís á defenderlos de los Mamalucos y 
Guyacurüs, que [cada año tanto les molestan. 

Ofreciéronse de buena gana los dos caciques, 
con todos sus vasallos á recibir el santo bautis- 
mo, y que exhortarían á hacer lo mismo á los 
Guatos y Guacharapos, para que unidos todos- 
en un cuerpo, fundasen una Reducción. 

Para asegurarnos más de este su buen daseo,. 
les pedimos algunos infieles que ellos en años^ 
pasados habían hecho esclavos, para que ins- 
truidos en los misterios de nuestra santa fe, sir- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 1 99 

viesen después de intérpretes á los Misioneros, 
ofreciéndoles en contracambio ciertos platos 
de estaño, cuchillos, anzuelos, avalorios y otras 
cosas de este jaez. 

De buena gana nos entregaron seis niños; dos 
de los cuales eran Penoquís, uno Sinemaca, otro 
Erebé, otro Curubina y el último Guarayo, los 
cuales á la vuelta, encomendamos al P. Jerónimo 
Herrán, para que en su Reducción los impusiese 
en los preceptos de la ley divina. 

Entablada con esto la amistad de entrambas 
partes, se despidieron de nosotros los caciques, 
contentos y alegres con la esperanza de tener 
dentro de poco tiempo Misioneros, y ordenaron 
á algunos de sus vasallos que nos sirviesen con 
sus canoas, proveyéndonos de pescado por es- 
pacio de ciento y ciencuenta leguas de camino, 
que no fué pequeño socorro por la carestía de 
vituallas, de que ya padecía mucho nuestra gente 
y los PP. apenas tenían con qué sustentarse, por 
haberse corrompido ya el vizcocho y echado á 
perder el maíz; y el cuotidiano mantenimiento 
del P. Superior, por espacio de cuatro meses, 
fué sólo una simple escudilla de habas. 

Finalmente, como mejor se pudo, tiramos 
adelante hasta tocar en las riberas donde vivían 
los Payaguás, matadores del buen Aniceto y sus 
compañeros; deseamos ganarlos y reducirlos al 



200 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

gremio de la Santa Iglesia; y para eso por medio 
de los Payaguás amigos, les enviamos una em- 
bajada asegurándoles de nuestro buen ánimo 
para con ellos y que les perdonábamos la trai- 
ción pasada, que más por temor de alguna tra- 
ma de sus enemigos, que por malicia, habían 
maquinado; que tomasen el partido de compa- 
ñeros nuestros y fabricasen una Reducción, por- 
que de otra manera, habiendo nosotros de fre- 
cuentar aquel camino, nuestros indios sujetarían 
su orgullo; y que para satisfacción de lo pasado, 
nos restituyesen los esclavos españoles que 
tenían. 

Supieron los mensajeros tratar con tanta des- 
treza el negocio, que poco después nos salieron 
ellos al encuentro, tra)^endo en una gran canoa 
á un español llamado Juan García, y se excusa- 
ron buenamente de la traición pasada; mas aún 
ahora se mostraron pérfidos y mentirosos, por- 
que preguntados si tenían más esclavos respon- 
dieron que no, y supimos después en la Asun- 
ción que tenían otros tres. 

Después de haber renovado la amistad se nos 
mostró la mayor parte sobre veinte canoas 
puestas á la fila, y uno á uno entraron en la 
barca para recibir algún regalo. 

El día siguiente vinieron los caciques llama- 
dos ambos Jacayrá, presentándonos gran canti- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 20I 

dad de fruta de la tierra. Después nos significa- 
ron el deseo que tenían ellos también de hacer- 
se cristianos y fundar una Reducción en que los 
nuestros los instruyesen en los misterios de la 
santa ley de Dios. 

Tenían canoas de bella hechura, y viendo la 
gana que teníamos, nos ofrecieron una bellísi- 
ma, que nos trajeron al día siguiente. 

En este estado dejamos el negocio de su con- 
versión; pero hay poco que esperar de ella, 
porque aunque hayan hecho tan largas ofertas 
no hay mucho que fiarse de ellos porque son 
pérfidos, revoltosos, inconstantes, y que en tan- 
to mantienen su palabra en cuanto les está á 
cuento. 

Al presente están divididos en dos facciones, 
la una discurre hacia el lago de los Xarayes, 
por espacio de doscientas leguas; la otra hacia 
la ciudad de la Asunción, cautivando gente y 
robando las haciendas y cuanto les viene á las 
manos, y muchas veces se coligan con los Guay- 
curús en daño de los españoles. 

Pero lo que causa admiración es que tengan 
tanto orgullo, siendo así que apenas cuentan 
trescientos ó cuatrocientos hombres de tomar 
armas, porque cada año procuran diezmarlos 
los Mamalucos, y muchas veces rompen tam- 
bién con los Guaycurús y se destruyen. 



202 P. PATRICIO FERNANDEZ 

Otro no pequeño motivo les retrae de ser 
cristianos, y es que esta nación es vagabunda, 
no estando jamás firme muchos días en un lu- 
gar, hoy están en tierra firme y mañana en algu- 
na isla, ni pueden de otra suerte vivir, porque 
sustentándose con caza y pesca, no se puede ha- 
llar siempre ésta en un mismo lugar, y como 
los Guaycurús, Charrúas, Jaros y Pampas no 
tienen firmeza en tierra, así los Payaguás en este 
río, y les sucedería á ellos lo que á los Jaros, que 
dos veces pidieron Misioneros y fundaron Re- 
ducción, y ambas á dos, enfadados de vivir de- 
bajo de un mismo cielo, volviéndose á su anti- 
gua costumbre tie vagabundos se huyeron, por 
lo cual es necesario que estos Payaguás se jun- 
ten con los Guatos y Guaciarapos, pueblos es- 
tables y permanentes: pero el hacer esta unión 
costaría más sangre y más sudores de lo que 
montase el buen éxito del negocio. 

Con todo eso, los dos fervorosos Misioneros 
Joseph de Arce y Juan Bautista de Zea, desea- 
ban se pusiese por obra este intento, allanando 
con su celo las dificultades tan grandes que se 
ofrecían. Pero el P. Superior fué de contrario 
parecer, no queriendo arriesgar las vidas de 
estos dos apostólicos operarios, con que sin 
otro efecto proseguimos nuestro viaje, cuando 
á 2 de Diciembre corrió dos veces peligro de 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS. 203 

hacerse pedazos la barca en que íbamos. £1 pri- 
mero fué por la mañana, quedando encallado 
en unos arenales, y entró tan profundamente la 
quilla, que muy trabajosamente, con el ayuda 
de las otras embarcaciones, se pudo desencallar 
y sacar fuera de la arena. En este lance suplica- 
mos con grande afecto á la Santísima Virgen, 
y con su favor, cuando creíamos entrase el 
agua por muchas partes, se halló que no había 
padecido nada. 

Pero mayor fué el peligro y el susto al 
entrar la noche, porque soplando muy recio 
el viento y alterado el río, y caminando el bar- 
co á todo riesgo, dio de golpe en un escollo 
ciego y la furia del agua y del viento la es- 
trelló de escollo en escollo hasta arrojarla so- 
bre la ribera. 

Aquí nos sorprendió á todos el susto y ya 
esperábamos que se había de hacer pedazos y 
correr peligro nuestra vida; pero la piadosísima 
Señora quiso hacernos cumplida la gracia, sa- 
liendo, así nosotros como la barca, sanos y 
salvos de aquel riesgo. 

Á 4 de Enero ordenó el P. Superior que ade- 
lantándose tres barcos á vela y remo procura- 
sen cuanto antes entrar en el puerto de la Asun- 
ción para llevar al P. Juan Bautista Neuman, 
que afligido sobremanera de la disentería estaba 



204 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

poco menos que reducido á los ültimos perío- 
dos de la vida. 

Por fin, el día 7, dimos todos fondo en aquel 
puerto, donde al desembarcar nos salió á reci- 
bir el Gobernador, la nobleza y el pueblo en 
gran multitud, que quisieron en todo caso, por 
más que nosotros lo rehusamos, conducirnos 
hasta el colegio, donde tuvimos la triste nueva 
del fallecimiento de aquel buen Padre. Venía 
tan maltratado y tan acabado de fuerzas por los 
trabajos del viaje, fuera de que en muchas se- 
manas no se le pudo dar á comer otra cosa que 
un triste puñado de maíz corrompido, que una 
hora después de haber entrado en nuestro cole- 
gio pasó á recibir en la Jerusalén celestial el 
galardón de tantos trabajos. 

Á sus exequias asistieron el Cabildo eclesiás- 
tico y secular y todas las religiones que quisie- 
ron honrar, como ellos decían, el cadáver de 
un santo mártir, pues que las fatigas y trabajos 
sufridos por la gloria de Dios y bien de las al- 
mas le habían acabado. 

Á g del mismo mes salimos de la Asunción 
para volver á los Guaranís, donde últimamente^ 
á 4 de Febrero, dimos fin á tan larga navega- 
ción. 

Nueve meses hemos gastado en este viaje; 
hannos faltado dieciséis indios por la escasez 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2 05 

de los víveres y por la disentería que á casi to- 
dos nos afligió, y á habernos tardado un poco 
más hubieran muerto otros Misioneros con 
grave perjuicio de tantas almas, á cuya conver- 
sión estaban destinados.» Hasta aquí la rela- 
ción de este viaje. 

Notable fué el sentimiento del P. Provincial 
viendo desvanecidos medios tan eficaces para 
el intento; mas no por eso desistió abandonan- 
do la empresa, y así, pasado el año siguiente á 
la visita del colegio de Tari ja, ordenó al Padre 
Juan Patricio Fernández que fabricase algunas 
canoas en las riberas que se creía eran del río 
Paraguay, enviase por allí al P. Miguel de Ye- 
gros, con el kermano Enrique Adamo, á la 
Asunción, acompañándoles los Xarayes prácti- 
cos del río y valientes vogadores. 

Partió al punto el P. Juan Patricio con los 
dos compañeros y cien indios del pueblo de 
San Rafael por el mes de Octubre de aquel año^ 
para ver si aquel río, junto al cual el P. Fran- 
cisco Hervás había levantado la cruz, era el Pa- 
raguay; pero á tres jornadas de camino halló 
que se perdía en aquel que parecía río en unos 
palmares, sin saber dónde era su término; con 
todo eso pasó ochenta leguas más adelante 
para reconocer dónde estaba la cruz; pero lle- 
gando allí vio que no era este el río Paraguay 



2o6 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ni ramo suyo, sino un gran lago que en el 
tiempo de las lluvias se extendía por aquellos 
valles. 

Descubríanse desde aquí montañas muy altas 
«ntre Oriente y Mediodía, y creyendo que á la 
falta de ellas correría el deseadísimo río, deter- 
minó ir allá, como lo hizo; el viaje era incómo- 
do y trabajoso, porque todo él había de ser por 
la cumbre de la montaña; pasó por cierta Ran- 
chería de Guarayos destruidos por los Mamalu- 
cos, encontró muchas lagunas, registró la más 
grande y profunda para ver si desaguaba en el 
río Paraguay, pero todo sin provecho. 

Ya era la mitad de Diciembre y amenazaba 
el cielo inundar las campañas con las lluvias, 
que cerraban el camino para la vuelta; pero con 
todo eso, norque tantos trabajos no quedasen 
frustrados, quiso gastar otros ocho días en aque- 
lla empresa que tantos, y no más, parecían nece- 
sarios para llegará las costas del Paraguay, como 
lo afirmaban algunos indios viejos, quienes por 
unas montañas fragosas que tenían delante, se 
acordaban del país, por donde cuando mozos 
anduvieron con sus paisanos para mover gue- 
rra á los Guarayos que viven á la ribera del río 
Paraguay. 

Llegaron allá después de ocho días, habien- 
vdo gastado los tres en abrir camino por un es- 



RELACÓIM DE INDIOS CHIQUITOS 207 

peso bosque, sin hallar con qué apagar la sed 
sino exprimiendo ciertas raíces que llaman Bo- 
curús. 

Poco más adelante descubrieron una laguna 
muy grande cercada de una corona de montes 
que hacia el Oriente abrían boca, por donde la 
laguna descargaba sus aguas, y por el Poniente 
la ceñía un bosque espesísimo. Preguntóles el 
P. Juan Patricio Fernández si esta laguna iba á 
desembocar en el río Paraguay, á que respon- 
dieron que no sabían, mas un Penoquí de aque- 
llos que se escaparon de las manos de los Ma- 
malucos, añadió que por aquella laguna habían 
entrado los enemigos á discurrir y registrar el 
país, y por la banda del Oriente se descubría un 
arenal, donde desembarcando dichos Mamalu- 
cos habían dejado las canoas y tomando cami- 
no por tierra, habían ido á caza á los indios 
Taus. 

Oído esto, mandó al momento fabricasen 
una canoa, pero no hallando madero á propó- 
sito, y estando ya en el corazón del invierno, le 
fué forzoso volver atrás y dejar la empresa para 
mejor tiempo. 

Repartiendo, pues, á la gente las vituallas 
que había reservado para su viaje á la Asun- 
ción, la envió á reconocer aquel arenal y cami- 
no de los Mamalucos. 



2o8 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

A dos jornadas de camino dio dicha gente 
en una pequeña Ranchería de Guarayos de se- 
senta almas, qne condujeron consigo al pueblo 
de San Juan Bautista, á donde llegaron sanos 
y salvos el Sábado Santo del mismo año. 

El P. Juan Patricio y sus compañeros gas- 
raron veinticinco días para entrar en San Ra- 
fael, por estar, á causa de las lluvias innundada 
toda la campaña, por cuya causa se veían obli- 
gados á caminar descalzos, todos calados de 
agua, y era gran fortuna topar á la noche con 
algún montecillo, aunque pantanoso, donde ha- 
cer alto, aunque no para tomar algún reposo y 
aliento en el sueño, por no permitirlo la infinita 
multitud de mosquitos y tábanos que produce 
la humedad. 

Tantas fatigas, maltratamientos y trabajos 
causaron en estos Misioneros graves enferme- 
dades y por gran fortuna pudieron ellos con- 
valecer; mas no así el hermano Enrique Adamo,, 
que consumido y deshecho de los excesivos 
trabajos y no teniendo fuerzas para recobrarse, 
pasó el día 27 de Julio de 1705 á la bienaven- 
turanza, para recibir el galardón de sus fatigas. 
Era este hermano enfermero en la Casa Pro- 
fesa de Roma, cuando llegando á aquella corte el 
P. Ignacio de Frías, procurador general de esta 
provincia, obtuvo licencia de nuetro Padre gene- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 209 

ral Tirso González para venir por su compañero 
y pasar á las Misiones de los Guaranís, de donde 
fué á ejercitar el mismo oficio de enfermero á 
este colegio de Córdoba, y de aquí fué á las Mi- 
siones de los Chiquitos, á que siempre tuvo gran, 
de afecto y con su celo é industria procuró los 
progresos de ellas, hasta perder la vida en la 
demanda. 

De los Guarayos que se avecindaron en San 
Juan Bautista había algunos que entendían la 
lengua castellana, con lo cual pudo el P, Juan 
Patricio Fernández informarse del Paraguay y 
del puerto donde los Mamalucos daban fondo 
para tomar noticias de la tierra de los Chiquitos 
y aun ellos se ofrecieron á ir con él allá. 

Por tanto, despachó algunos indios á abrir ca- 
mino en los bosques de los Taus, los cuales lle- 
gando á la última Ranchería de estos, situada á 
la falda de las sierras de Santa Cruz la Vieja, des- 
cubrieron á los Paisanos el intento de su ida, los 
cuales se lo disuadieron diciéndoles que no po- 
drían tenerse en pie las caballerías por aquellas 
cuestas tan fragosas y les señalaron un camino 
no tan difícil, aunque todo de bosque pero todo 
lleno de arroyos y en algunos lugares se dilataba 
en fértiles campañas. 

Al principio de Agosto partió en su segui- 
miento el P. Fernández con el P. Juan Bautista 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 1 4 



2IO P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Xandra y dos Guarayos, paróse en las tierras 
de los Guarayos, donde halló á ciertos cristia- 
nos que habían venido de la Reducción de San 
Joseph para exhortar á aquella gente á alistarse 
debajo de las banderas de Cristo, y consiguie- 
ron su pretensión porque abandonando todos 
su nativo suelo, se redujeron á vivir en nuestras 
Reducciones. 

Detuviéronse aquí los Padres tres días espe- 
rando á los neófitos que habían despachado á 
reconocer el nuevo camino; de aquí prosiguie- 
ron su viaje, aunque bañados de sudor, siendo 
necesario abrir camino con hachas y picos por 
una espesísima seh^a, hasta que entraron en una 
campaña de bellísima vista, enfrente de la cual 
estaba la laguna Mamoré, á donde se encami- 
naban. 

Llegaron, finalmente, á la playa donde solían 
desembarcar los Mamalucos, en donde halló el 
P. Superior cinco largas cadenas que habían 
enterrado allí aquellos crueles hombres. 

Esta playa es un brazo de tierra, algunas millas 
dentro de la laguna, y corre hacia Oriente y divi- 
de aquella laguna en dos ensenadas, una de las 
cuales se extiende al Septentrión y la otra al Me- 
diodía; y así por lo que veía como por lo que sa- 
bía por relaciones ajenas, se certificó que dicha 
laguna desembocaba en el río Paraguay. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 211 

^uiso el Padre adelantarse y pasar adelante, 
para lo cual mandó á los indios que buscando 
un grueso leño fabricasen de él una canoa ; y 
ellos, no muy lejos de allí, hallaron un árbol 
bien á propósito para el caso, el cual, dispuesto 
en forma de canoa y echado al agua, apenas los 
<3hiquitos que entraron dentro habían apresta- 
do los remos para vogar, cuando se volcó y 
aquellos pobres cayeron al agua, de donde con 
^an trabajo salieron diciendo: « Esto no es 
para nosotros.» 

Estando, pues, por aquel lado muy alterada 
la laguna por el viento que soplaba, les ordenó 
el P. Fernández pasasen la canoa á la otra en- 
senada; mas sondando los indios el fondo del 
agua no se quisieron arriesgar á ponerse otra 
vez en peligro; pidióles el Padre que á lo menos 
le pasasen á la otra banda, lo cual también re- 
husaron por ser manifiesto el peligro de que la 
impetuosa corriente del agua volcase la canoa 
y él se hundiese sin poder ser socorrido: pare- 
cía azar y siniestro accidente que no sufriesen 
el efecto pretendido tantas diligencias y traba- 
jos sufridos por descubrir el puerto tan desea- 
do del Paraguay; pero no fué sino providen- 
cia singularísima del Altísimo, que no menos 
cuidaba de su gloria que de la vida de sus sier- 
vos, porque si nuestros Misioneros de las Re- 



212 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ducciones de los Chiquitos bajaban á la de los^ 
Guaranís, caían en manos de los Payaguás, que 
habían jurado vengar la muerte de sus paisanos 
con la muerte y estrago de cualquier español 
que encontrasen, como poco después lo escri- 
bió el P. Provincial, ordenando que ninguno de 
los nuestros bajase por allí á los Guaranís, y 
que si alguno estuviese ya en camino, diese la 
vuelta luego á los Chiquitos. 

La causa del rompimiento fué que cuando 
aquellos cinco Misioneros de quien poco antes 
hablé, llevaron consigo á la ciudad de la Asun- 
ción los más nobles de aquella nación, no fue- 
ron éstos recibidos de la ciudad con buena 
cara, temiendo que venían á reconocer la tierra 
y darles de improviso un asalto y saquearla; 
con todo eso, por respeto de los nuestros, los 
trató cortesmente el Gobernador, y acariciados 
con mil regalos y presentes se volvieron á sus 
tierras. 

Poco después, no sé con qué motivo, discu- 
rrían por el río algunos españoles, y encontrán- 
dose con una escuadra de aquellos bárbaros les 
dieron una carga cerrada de mosquete, y con la 
muerte de algunos pusieron á los demás en 
fuga. 

Con esto se rompió la paz, y jamás los Pa- 
yaguás se fiarán de los nuestros, y mucho me- 



* RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 213 

nos de los españoles; antes bien, estarán siem- 
pre alerta para vengarse de la injuria recibida, 
'€Omo lo han ejecutado con harto daño de toda 
aquella gobernación del Paraguay. 



CAPÍTULO IX 



Múdanse á otro paraje las Reducciones; pasa el Padre 
Superior á Tarija y desastres de los neófitos. 



Por haberse ocupado el P. Superior en la em- 
presa. que acabo de referir, no se había puesta 
en ejecución el orden del P. Visitador de estas 
Reducciones, José Pablo de Castañeda de que 
se buscase sitio mejor y más sano para fabricar 
de nuevo las Reducciones; por lo cual quiso al 
presente ponerlo por obra, á que no poco ayu- 
daron las enfermedades y el contagio. 

Considerado pues, el sitio más conforme á 
la salud de aquellos pueblos, y para reducir á la 
fe las naciones confinantes, determino con mu- 
cho gusto de los neófitos, que la Reducción de 
San Rafael se trasladase y plantase sobre un 
monte poco distante de su primera fundación, 
donde se halla al presente, con gran provecho 
de los infieles que allí van á vivir y tomar casa. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 215 

1.a Reducción de San Juan Bautista se mudó 
al Zapoco, riachuelo de poca agua, pero cómo- 
do, á que también se juntaron otros infieles. 

En la Reducción de San Joseph, por no cua- 
drales á los indios el sitio que se escogió para 
mudarla, se tuvo por mejor trasladarla á Santa 
Cruz la Vieja, en cuya elección, cuan bien adi- 
vinasen los neófitos, se descubre por el estado 
próspero en que siempre se ha mantenido, y 
por ser escala á las naciones infieles del Chaco. 

No ha dejado, empero, el demonio de hacer 
de las suyas, para arrancarla de aquí viendo 
cuánto daño se le ha seguido á su partido; pero 
descubiertas sus trazas y marañas, se redujeron, 
todas á humo. 

La otra de San Francisco Xavier se pasó 
trece leguas más adelante hacia el Septentrión y 
siempre ha ido en aumento, de suerte que ha 
sido necesario dividirla en otras Reducciones. 

Escogido, pues, el lugar para la nueva funda- 
ción, ordenó el P. Superior no se emprendiese la 
fábrica, sin haber hecho primero la sementera y 
tener con qué vivir: mas el pueblo no quiso es- 
perar tanto, por ver siempre á sus ojos la muer- 
te en aquel clima inficcionado mucho tiempo 
antes de la peste; por lo cual se vieron los Padres 
precisados á seguir los indios, y el P. Superior, 
pasando á San Joseph, halló solos á los Misio- 



2l6 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

ñeros, que con su ajuar estaban ya de partida 
para seguir á los neófitos. 

De aquí se condujo á la villa de Tarija á tra- 
tar los negocios de aquella cristiandad con el 
nuevo Provincial P. Blas de Silva, que desde el 
día 1 6 de Septiembre de 1706 gobernaba esta 
provincia, llevando consigo los Guarayos prác- 
ticos del Paraguay. 

Llegado, pues, á la dicha villa, refirió las no- 
ticias más seguras del puerto que había en el río 
Paraguay y destinó aquellos indios para que se 
despachasen á los Guaranís, á fin de que guia- 
sen con seguridad otros Misioneros á los Chi- 
quitos. 

De todo esto hizo poco caso el P. Provincial, 
diciendo serían^ estos indicios como los pa- 
sados, de que no se debía tener cuenta ni 
arriesgar á otros Apostólicos operarios que tra- 
bajaban en otras partes con igual gloria de 
Dios y provecho de las almas. Que fuesen los 
Misioneros de los Chiquitos los primeros que 
rompiesen el camino, que por una contingencia 
no quería, á tanta costa, exponer otros sujetos 
en aquella trabajosa empresa. A que no pudien- 
do replicar el P. Fernández, esperó mejor tiem- 
po para lograr sus deseos: y por estar ya á los 
fines de Diciembre y cerrados los caminos con 
las lluvias, se quedó en Tarija, confirmado en 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 217 

el gobierno de aquellas Misiones; y el año si- 
guiente de 1707 volvió á ellas con otros dos 
operarios, el P. Pablo Restivo, siciliano, Misio- 
nero antiguo de los Guaranfs, y el P. Juan Bau- 
tista de Zea con el oficio de Visitador, en nombre 
del Provincial, el cual pensaba abrir nuevo ca- 
mino, porque había recibido orden el P. Felipe 
Suárez que desde el pueblo de San Joseph, alla- 
nase el camino, costeando el río San Miguel, 
porque se ahorraban muchas jornadas de viaje 
y se libraban de los vados peligrosos del río 
Guapay y por aquí habían ido antiguamente los 
Chiriguanás á caza de indios Penoquís, aunque 
les salió mal esta invasión, porque cogidos de 
los Penoquís en una emboscada, los pasaron á 
todos un palo por las entrañas, y así traspasados 
los levantaron en el aire y los pusieron á los 
lados del camino para muestra de lo que harían 
con otros si se moviesen á cosa semejante. 

El P. Suárez, por el mes de Mayo puso por 
obra la voluntad del P. Zea, aunque no pudo 
llegar hasta las Rancherías de los Chiriguanás 
por no tener con qué sustentar á buen número 
de indios Chiquitos, que allanaban el camino . 
Con todo eso, teniendo á la vista aquella punta 
de montes que habitan los Chiriguanás, se alan- 
zó con dos indios para ver si descubría alguna 
Ranchería. 



2l8 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

A pocos pasos vio que venía hacia sí uno de 
los Chiriguanás, que despavorido á la vista del 
P. Felipe, como de enemigos, metió las espue> 
las al caballo, y llegando á toda carrera á su 
Ranchería dio aviso que venían Mamalucos, 
con que se previno para la defensa y puso en 
armas todo el contorno. Por lo cual, no tenien- 
do el Padre quien le guiase y viéndose abando- 
nado de sus cristianos, dio la vuelta á San Jo- 
seph, y aunque no pudo noticiar de lo sucedí- 
do al P. Fernández, lo supo éste en el valle de 
las Salinas por aquella voz que se divulgó, de 
la cual conjeturó había sido lo que había inten- 
tado el P. Felipe. 

A fines de Septiembre se partió el P. Fernán- 
dez á los Chiquitos, y llegando á las tierras de 
los Chiriguanás, llamadas Palmares, tuvo noti- 
cias más ciertas del camino que habían abierta 
los Chiquitos. Por lo cual resolvió el P. Visita* 
dor Juan Bautista de Zea, dejado el camino 
antiguo, tirar al Oriente hacia el río Parapití á 
una Ranchería de Chiriguanás, llamada Chara* 
guá, por donde pasa aquel río; aquí trató con 
dos caciques para que le guiasen hasta donde 
había llegado el P. Suárez, ofreciéndose éstos al 
punto, anticipándoles los nuestros una buena 
paga; pero el día antes de la partida, estando 
bien tomados de la chicha, que es su vino, des- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 219 

cubrieron cuanto maquinaban en su corazón, y 
era la causa de todo que sus parientes habían 
montado en cólera porque enseñaban á los Pa- 
dres aquel camino por donde en adelante ven- 
drían á robarlos y hacerlos esclavos los Mama- 
lucos, diciéndoles era mejor matarlos á maca* 
nazos, ó si no á lo menos conducirlos á donde 
los tigres hiciesen estrago en ellos; los caci- 
ques, empero, querían mantener la palabra sia 
moverles nada estas razones que alegaban, más 
por deseo de la ganancia que sacaban, que por 
certidumbre que tuviesen de los peligros que 
les podrían suceder. Por lo cual el día siguiente 
se aprestaron puntualmente para ir sirviendo á, 
los Padres y los acompañaron hasta el Pa- 
rapití. 

Pocas millas faltaban para llegar al lugar 
donde el P. Suárez había vuelto atrás, cuando, 
los dos caciques se dejaron salir de la boca 
estas palabras: «Gran lástima tenemos de vos- 
otros, porque os han de robar y matar los Tur. 
quís que discurren por este camino». Tuquís 
llaman á los pueblos que no son de su na- 
ción. 

El P. Visitador hacía que no los entendía y 
quería pasar adelante, pero aconsejándose con 
sus compañeros, sospechó maquinaban alguna 
traición los Chiriguanás, y que con el pretesto de 



220 P. PATRICIO FERNANDEZ 

los Tuquís, querían encubrir sus tramas; pues 
fuera de ellos no había otros en el país que ha- 
bían registrado bien los Chiquitos, por lo cual, 
so color de que las caballerías se habían cansa- 
do y que no podrían andar lo que les faltaba de 
camino, se dieron prisa á volver atrás para es- 
capar de las uñas de aquellos bárbaros, que por 
sólo robarles las pobres cosillas que llevaban 
consigo, les querían hacer traición. Y no se en- 
gañaron, pues se encontraron con muchas cua- 
drillas de aquellos bárbaros que, preguntados á 
dónde iban, respondieron que á pescar en el 
Parapití; pero se les escaparon de las manos es- 
tos peces que iban á buscar. 

No se perdió del todo tan largo viaje, ni las 
fatigas y trabajos que padecieron estos fervoro- 
sos operarios, disponiéndolos Dios para que 
las almas de dos niños consiguiesen la feliz 
suerte de su predestinación. 

Estaban éstos en el Charaguá ya para expi- 
rar, cuando fueron llamados los nuestros para 
que les aplicasen algún remedio corporal; pero 
viendo ellos perdida la esperanza de la vida 
temporal, les procuraron el remedio del alma 
con el santo bautismo, y apenas le recibieron, 
cuando fueron á gozar de aquella bienaventu- 
ranza que, ciegos sus padres, tanto aborrecían. 
Lo cual llenó tanto de jüblilo á aquellos va- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 221 

roñes apostólicos, que por ello sólo les pare- 
cieron bien empleados tantos sudores y fa- 
tigas. 

A causa de estos embarazos no pudieron lle- 
gar á los Chiquitos hasta mediado Diciem- 
bre, con que les fué preciso hacer alto en la 
Reducción de San Francisco Xavier por las llu- 
vias que ya inundaban el país. 

Poca gente halló el P. Visitador Zea en las 
Reducciones, porque apenas los indios habían 
levantado sus casas, y recogido algunas mie- 
ses para su manutención, cuando se partieron 
al punto á reconocer el país y sus confines y 
espiar las Rancherías de los infieles, porque ya 
que había sido costumbre antigua suya hacer 
guerra á los confinantas y tomarlos por escla- 
vos, se valieron de eso los nuestros para dila- 
tar la gloria de Dios y en provecho de aquellos 
infieles que vivían en las tinieblas de la muerte 
y de la infidelidad; persuadiéronles, pues, que 
fuesen por las Rancherías de los circunveci- 
nos, pero sin causarles el menor daño ni en las 
vidas ni en la haciendas; antes bien, que con 
afabilidad y con otros buenos modos, les diesen 
noticias de Dios y de las cosas del cielo, ense- 
ñándoles el fin para que habían sido criados y 
vivían en el mundo, la necesidad de abrazar la 
ley de Cristo para ser eternamente felices, y 



222 P. PATRICIO FERNANDEZ 

•que procurasen ganarse el afecto de alguno de 
ellos, para que sirviese de guía é intéprete á los 
Misioneros. 

Los buenos cristianos empezaron á ejercitar 
tan puntualmente la lección que se les dio, que 
por no traspasarla aún levemente, se dejaban 
hacer pedazos de los bárbaros, por lo cual fué 
necesario explicarles lo que podían hacer si 
fuesen acometidos para que no sucediese en ade- 
lante lo que sucedió á unos indios de la Reduc- 
ción de San Joseph, que yendo en busca de las 
Salinas dieron en una Ranchería de infieles; en- 
traron en ella sin armas, desplegado sólo el es- 
tandarte con la imagen de Nuestra Señora, y 
con palabras suaves y corteses procuraron do- 
mesticar la fiereza de los moradores; pero és- 
tos, mirándolos con malos ojos, dieron sobre 
ellos como tigres é hicieron en ellos tan cruel 
estrago, que sólo un indio con dos muchachos 
pudo escapar con vida. 

Otro tanto, si no ya peor, porque fueron más 
en número, sucedió á los de San Juan Bautista. 
Internáronse éstos en país enemigo, ochen- 
ta y más leguas á una tierra de infieles cercada 
alrededor de profundos fosos de agua, junto á 
los cuales tenían fabricadas sus casas; entraron 
dentro los nuestros y dos solos de sus morado- 
res, porque los demás estaban trabajando en ei 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 223 

campo, salieron fuera á hacerles frente y á ame- 
nazarles con sus flechas. 

Viendo uno de éstos que los cristianos no 
desistían de avanzarse, hirió con una saeta al 
que llevaba la imagen de Nuestra Señora, á 
quien ellos no hicieron otro daño que quitarle 
las armas (cosa maravillosa digna de tenerse 
por milagro aun en los aprovechados en el es- 
píritu, no ya en bárbaros, en cuyos corazones 
reina más la venganza que en el cuerpo el 
alma); pero las mujeres, empuñando las armas, 
fueron á los sembrados á avisar á los hombres, 
los cuales, dejada la labor, volvieron al punto 
con ánimo de hacer en ellos una gran carnice- 
ría; pero viendo el número, y habiendo con 
daño propio probado otras veces el coraje y 
aliento de los Chiquitos, se detuvieron y previ- 
nieron la mesa en qué repararse de la hambre, 
hablando más por señas que con palabras por 
ser de diferentes lenguas. 

Poco después vino el cacique, que al punto 
hizo retirar á los suyos y ordenó que recogiesen 
las armas que los nuestros, en señal de paz, ha- 
bían puesto en el suelo. 

Llevaban esto de mala gana los Chiquitos; 
pero su Capitán, fervorosísimo en la fe, cnando 
antes de convertirse parecía una fiera, mandó 
que se las dejasen coger, queriendo con tal bou- 



224 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

dad y mansedumbre ganarles el afecto y la vo- 
luntad, y sus almas para Cristo. Pero aprovechó 
poco, porque luego que los vieron desarmados^ 
cargaron los bárbaros sobre ellos y hubieran 
hecho en ellos un grande estrago, hasta no de- 
jar ninguno vivo, si no se hubieran entrada 
algunos pocos dentro de los fosos; quedaron 
muchos heridos, y por muchos meses llevaban 
en el cuerpo las señales del fervor y deseo que 
fomentaban en sus pechos de verter la sangre 
por Cristo. 

Fué uno de ellos herido en el vientre, y la 
punta de la flecha le dañó las entrañas; el cual 
con gran trabajo le condujeron á casa en bra- 
zos ajenos, y postrado en la cama por mucho 
tiempo, hasta que no le quedó más que la piel 
sobre los huesos, perdida la esperanza de sanar 
trató un Misionero de disponerle para morir,, 
díciéndole que perdonase á sus enemigos y se 
tuviese por dichoso en dar su vida por llevar á 
otros la luz del Evangelio, que imitase á su buen 
Redentor que por sus enemigos pidió perdón á 
su Eterno Padre, amándoles con amor infinito, 
en recompensa de las injurias recibidas. 

El buen indio lo oyó con gusto, y con lágri- 
mas de tierno afecto, los perdonó y ofreció á 
Dios su vida por la salvación de aquéllos que 
le habían tan gravamente ofendido, y así le ad- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 225 

ministró los Sacramentos y esperaba por ins- 
tantes su feliz tránsito á mej.or vida. 

El día siguiente preguntó al enfermero en qué 
estado se hallaba el enfermo, á que respondió que 
estaba fuera de peligro, y que aquel Señor que 
había recibido le había quitado todo el mal. 

No acababa el Padre de creerlo; pero hallando 
que era verdad, preguntó al indio, ya sano, qué 
le había sucedido. A que él satisfizo, diciendo: 
« El Señor, que tú ayer me diste, me ha librado 
y esta noche arrojé fuera todo el mal.» 

Valiéndose de este caso, exhortó el Misione- 
ro á aquellos nuevos cristianos á perseverar en 
el bien comenzado y á amar á Dios, que con 
tal milagro manifestaba cuánto le agradaban sus 
fervores. 

Empero, no faltó quien tomase venganza de 
aquella crueldad, porque los Piñócas andando 
también ellos en busca de almas, se encontraron 
acaso con ellos, y reconociéndolos por los ro- 
sarios y cruces que llevaban colgadas al cuello, 
despojos de los muertos (estos son los atavíos y 
adornos que' tanto aprecian aquellos cristianos); 
aun con todo eso no los hubieran atacado, si el 
remordimiento de la conciencia no hubiese ati- 
zado á los infieles; los cuales, mientras se po- 
nían en armas, recibieron de los Piñocas tal 
carga, que muchos de ellos cayeron muertos en 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 1 5 



226 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

tierra y entre ellos el cacique, autor de la trai- 
ción. 

Mejor fortuna corrieron otros indios de la 
misma Reducción de San Juan Bautista, que 
entrados en una Ranchería de Puraxís, lograron 
reducir á la Santa fe cincuenta familias, y con 
ellos, alegres y contentos, dieron la vuelta á su 
Ranchería. 

Siendo informado el P. Visitador del estraño 
encuentro de los de la Reducción de San Joseph, 
ordenó que cien indios del mismo pueblo, per- 
trechados de armas, volviesen, no para castigar 
la cueldad de aquellos malvados, sino para 
traer los huesos de los muertos para darles hon- 
rosa sepultura y que con buenos modos, aunque 
siempre con las armas en la mano, les certifica- 
sen sinceramente del fin porque iban á su pue- 
blo y del amor que, aun después de cometida 
aquella bárbara atrocidad, les tenían. 

Partieron al punto; y aunque á costa de gran- 
des trabajos por- la falta de agua, de suerte que 
no tenían para refrigerar la sed sino un poco de 
rocío que recogían en los cardos silvestres al 
fin llegaron al lugar de la matanza, donde sólo 
hallaron los cuerpos de sus hermanos, pero no 
á los matadores, á quienes obligó el temor del 
castigo á retirarse á donde tan fácilmente no 
pudiesen ser hallados. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 227 

Querían los cristianos ir en su seguimiento, 
pero no siendo prácticos en los caminos defirie- 
ron esta empresa para tiempo más oportuno y 
cargando en sus hombros los cadáveres, dieron 
la vuelta á su Reducción, donde tuvieron no poca 
materia de alegría en los dos pueblos que vie- 
xon se fundaban de nuevo; el uno con el título 
<ie San Ignacio de los Boocas, y el otro de la 
Concepción, donde se juntaron los pueblos de 
lenguas muy diferentes, que en sus correrías 
hacia el Mediodía había descubierto el V. P. Lu- 
scas Caballero. 

Señaló por Superior de la primera al P. Jo- 
:seph de la Mata, y él se fué por su compañero, 
con raro ejemplo y edificación de todos en 
usar del oficio para escoger el cultivo del cam- 
po más duro y sembrado de espinas y de cruces 
(de que daré abajo pruebas mayores). Mas este 
su celo le hubo de costar presto la vida, porque 
siendo como era Misionero verdaderamente 
Apostólico, incapaz de reposo y descanso, ape- 
nas llegó á la nueva Reducción cuando al punto 
quiso ganar para Cristo á los Auropés y Taba- 
■cis, siendo preciso para conseguirlo pasar pro- 
fundos pantanos y lagunas, caminando muchas 
veces bañado, así del del agua que caía del cielo 
como del mucho sudor en que se resolvía para 
vencer no pocos ni ligeros embarazos. De aquí 



228 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

se le originó un humor maligno, que corrienda 
por el cuerpo, le ocupó todo en breve con una. 
monstruosa hinchazón, en que peligraba ya la 
vida, á no haberle acudido el P. Mata con algu- 
nos remedios, que no tanto por su actividad 
cuanto por voluntad de Dios, le repararon al- 
gún tanto; y para que se restituyese del todo á 
su antigua salud, fué preciso mudase de aires, 
pasando á San Rafael, donde tuvo dilatado cam- 
po para ejercitar su celo, saliendo á caza de 
bestias racionales (que así se pueden llamar 
aquellos bárbaros) las cuales domesticadas re- 
dujo al redil de la Iglesia. 

Parecía que iba á competencia con el V. Pa- 
dre Caballero en ganar almas para Dios y para 
sí mismo muchos méritos; y es obligación mía 
dar aquí por extenso noticias de las heroicas 
virtudes de entrambos: de las del primero tendré 
abajo ocasión oportuna; de las del V, P. Lucas 
la daré en los capítulos siguientes, concluyendo^ 
la narración con el felicísimo martirio que pa- 
deció el año de 17 1 1. 



CAPÍTULO X 



Nacimiento, entrada en la Compañía y primeros 
fervores del venerable P. Lucas Caballero. 



"Nació el venerable P. Lucas en Villamear, lu- 
gar de Castilla la Vieja. Sus padres eran de lo 
principal de él y acomodados en bienes de for- 
tuna. Pasó los primeros años de su niñez en 
casa de un tío suyo, sacerdote de ejemplarísi- 
mas costumbres, y en quien aprendió una gran 
madurez de juicio y gravedad en las acciones, 
de suerte que en la niñez nada tenía pueril ni 
mostraba ternura, sino en la piedud, ni gusto 
sino en los ejercicios de devoción, y en todo 
mostraba una virginal modestia, tan delicada, 
que se ofendía de ver ó de oir acción ó palabra 
menos recatada. 

Habiendo pasado aquel santo sacerdote á me- 
jor vida, pasó á vivir á casa de otro tío suyo, 
también sacerdote, pero de diferentes costum- 



230 P. PATRICIO FERNÁNDEZ: 

bres y proceder; no obstante eso, el devoto niñof» 
fortalecido con la gracia del Espíritu Santo nO' 
empañó con el menor defecto el candor de su 
inocencia, aunque para conservarla pura hubo- 
tai vez de desatender la autoridad de su tío que 
era de rotas costumbres, manteniéndose mo- 
desto, retirado y atendiendo sólo á las cosas de 
su alma y al servicio de Dios. 

Aprendió los primeros rudimentos de la Gra- 
mática en nuestro Colegio de San Ambrosio ea 
Valiadolid, donde con el trato de los nuestros 
se aficionó á la Compañía y pidió con instan- 
cias ser admitido en ella; y hechos los exáme- 
nes y pruebas acostumbradas, pasó al novicia- 
do de Villagarcía, grande y religioso Seminario» 
de Varones Apostólicos en ambos mundos^ 
Aquí llenó las esperanzas que de él se tenían 
con el fervor de espíritu y con la inocencia de 
la vida, teniendo todo su gusto en Dios. 

Tuvo por este tiempo noticias de la llegada á 
España de los PP. Cristóbal de Grijalva y To- 
más Domidas, procuradores de esta provincia^ 
que venían por operarios evangélicos para cul- 
tivar y mantener esta dilatada viña del Señor. 

Encendióse luego en deseos fervorosos de 
ser uno de los señalados para pasar á Indias^ 
á cuyo fin hizo á Dios Nuestro Señor repetidas: 
súplicas para que se dignase su Divina Majestad 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 23 1 

de escogerle para propagar su gloria y llevar la 
luz de la fe á los que viven en las sombras de 
la gentilidad, ofreciéndose con voluntad pron- 
ta á los trabajos y á los peligros de la vida has- 
ta derramar su sangre por la fe. 

Agradaron al cielo estas ofertas como lo die- 
ron á entender los efectos; porque teniéndole 
los Superiores como hábil para grandes empre- 
sas en el servicio de Dios, ciertos de lo sóÜda 
de sus virtudes le concedieron licencia, y poco 
después, en compañía de otros setenta Misione- 
ros, se dio en Cádiz á la vela, y después de una 
trabajosa navegación en que murieron ocho de 
los nuestros, arribó á Buenos Aires, primer 
puerto de esta provincia, y de allí pasó á Cór- 
doba de Tucumán, donde con crédito de inge- 
nioso concluyó sus estudios. 

No quiero omitir lo que él por humildad, y 
para enseñanza nuestra, refirió á un confidente 
suyo, y fué que viéndose en la filosofía superior 
á los otros condiscípulos en las funciones do- 
mésticas, se dejó llevar de alguna vana compla- 
cencia de sí mismo y se descuidó en rezar la 
oración del angélico doctor,]que acostumbraba 
antes de estudiar, pero de aquí se le originó os- 
curecérsele algún tanto el entendimiento, y le 
fué necesario después sudar y trabajar mucha 
para entender las materias teológicas. 



232 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Acabados sus estudios y recibidas las sagra- 
das órdenes, empleó su celo en las Misiones de 
la jurisdicción de la ciudad de Córdoba con 
igual gloria de Dios y aprovechamiento de las 
almas, así de los indios como de los españoles, 
que por su pobreza viven en aquellos desiertos 
y tierras, sin otra doctrina ni instrucción en la 
ley de Dios que la que les dan los nuestros 
cuando van á sus estancias y ranchos, siendo 
para ellos éste su día de Pascua y el de mayor 
devoción de todo el año; con lo cual recogió 
abundante cosecha de almas y de trabajos; 
aquéllas para Cristo y éstos para sí, por ser 
esta misión de las más difíciles y trabajosas 
que tenemos. 

De aquí pasó á la conversión de los indios 
Pampas que confinan con este obispado, la 
cual empresa procuró seguir con todo empeño 
porque le traspasaba el corazón la pérdida de 
tantas almas metidas en las tinieblas de la gen- 
tilidad, viviendo, como viven, tan cercanas á 
los resplandores del Evangelio. 

No es fácil referir cuánto sudó y trabajó para 
reducir á estos infieles, pero todo en vano, por- 
que rehusaron obstinadamente recibir el santo 
bautismo y reducirse á vida política, con que se 
vio precisado á abandonarlos totalmente por 
no perder á un tiempo la vida y los deseos que 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 233 

ardían en su pecho de campo más dilatado y 
espacioso donde fuese más cierta la cosecha^ 
como menos resistencia del terreno para reci- 
bir la semilla del Evangelio. 

Á este tiempo se trataba con más calor de 
emprender la misión y reducción de los Chiri- 
guanás y Chiquitos, por lo cual el Padre pidió 
y obtuvo el ser señalado por uno de los prime- 
ros á quien tocase la suerte de reducir aquellos 
pueblos gentiles al conocimiento de su Criador. 

Pusiéronle á cuidar de la Reducción de 
"Nuestra Señora del Guapay, donde estuvo dos 
años, logrando más frutos de paciencia, ham- 
bre, sed, befas y escarnios de los infieles que al- 
mas para Cristo, por ser los Chiriguanás gente 
bárbara, sobremanera obstinada, á quien ni 
amedrentan los castigos ni los beneficios do- 
mestican, pues habiendo usado Dios Nuestro 
Señor con ellos de ambos medios, ya procuran- 
do atraerlos con milagros y con el fervor de 
varones apostólicos, ya asombrándoles con 
tempestades furiosas y rayos del cielo, y con la 
carestía y pestilencia de la tierra, perseveran 
protervos en su obstinación. 

Acostumbrados, pues, estos bárbaros á sacu- 
dir el suave yugo del Evangelio por estar ya en- 
fadados del celo del V. P. Lucas y sus compa- 
ñeros, fingiendo que sólo habían venido á sus 



234 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

tierras para juntarlos y entregarlos á los Mama- 
lucos del Brasil, los echaron del país y destru- 
yeron la iglesia que habían fabricado, por cuya 
causa se retiró á los Chiquitos, en el pueblo de 
San Francisco Xavier, donde hallando el te- 
rreno más dispuesto al cultivo de la fe, asistía á 
aquellos nuevos fieles con increible celo y 
amor; y á la verdad, era bien necesario su espí- 
ritu y fervor para acudir y socorrer las necesi- 
dades de aquella iglesia, afligida no menos de 
la peste que de la carestía de todo lo necesario, 
no dando treguas ni de día ni de noche á las 
fatigas y trabajos que le redujeron con una gra- 
ve enfermedad al último trance de la vida, con 
extremo dolor de sus compañeros que le vene- 
raban como á santo, y de los neófitos, que le 
amaban como á Padre. 

Mas en esta aflicción quiso Dios consolar á 
todos, dándole en breve tiempo entera salud 
para que regase con su sangre aquella nueva 
viña del Señor (condición al parecer precisa 
para que la fe arraigue con permanencia en los 
campos donde se planta) que en adelante había 
de rendir copiosos frutos. 

De esta Reducción salía frecuentemente el 
P. Lucas á discurrir por las tierras circunveci- 
nas y andaba á caza de almas por los montes y 
bosques, y confiando sólo en la Providencia 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 235 

Divina no cuidaba de sí mismo ni de su salud^ 
sucediéndole las más de las veces no tener otra, 
cosa de qué alimentarse sino con raíces ó fru- 
tas silvestres. 

Los trabajos y fatigas, juntas con ardientísi- 
mas fiebres, lo postraban en el suelo, sin tener 
más médico que la Providencia Divina, ni más 
remedio que la conformidad con Dios, no ha> 
liando ni aun una choza en qué recobrarse en 
tales lances, expuesto á las injurias del tiempo;, 
pero entonces Dios le llenaba de consuelos el 
alma, dándole tal vigor á su espíritu que re- 
dundaba en el cuerpo, de tal manera que ya ni 
sentía la enfermedad ni le rendían las fatigas;, 
antes, emprendía los viajes más incómodos y 
los mayores peligros para traer almas al rebaño 
de Cristo. 

No son estas solamente expresiones mías^ 
sino testimonio de un Superior suyo, quien dice 
que después de tantos malos tratamientos de su 
vida, no le pagaba con otra cosa que con re- 
prensiones, á fin de que pusiese freno á sus fer- 
vores que, mirados con los ojos materiales, 
excedían y pasaban los términos de la pru^ 
dencia; pero siendo él gobernado de espíritu 
superior á toda prudencia humana, sin poder 
contener su celo corría siempre más á donde la 
cosecha de las almas y de trabajos era mayor. 



236 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Llegó una vez á una Ranchería de infieles 
con el semblante tan desfigurado, tan falto de 
fuerzas y pobre de vestido, que por burla pre- 
•guntaron aquellos infieles á sus compañeros si 
era el Padre algún esclavo fugitivo de los espa- 
ñoles á quien hubiesen tan malparado á golpes 
y azotes. No obstante, les predicó el santo va- 
rón la fe de Cristo con tanto fervor y espíritu, 
■que si él no pudo luego reducirlos, viniendo 
poco después otro Misionero sacó de ellos fru- 
to muy copioso. 

Y aunque el apostólico Padre se hacía tan 
cruda guerra á sí mismo, siempre le parea'a 
todo poco por el ansia de padecer siempre más 
y más. Díasele muchas veces desahogar su co- 
razón en deseos de más cruces y trabajos y 
quejarse amorosamente al Señor porque an- 
daba S. M. tan escaso con él en darle aquellos 
trabajos y martirios que con tanta liberalidad 
repartía á otros, porque aún no entendía que 
Dios le difería el cumpHmiento de sus deseos 
para que creciesen los méritos y adelantase la 
gloria de su Criador, sufriendo otras muchas 
cruces que le tenía preparadas por llevar su 
nombre á otros pueblos y naciones. 

En el año de 1704 salió en busca de los Pu- 
raxfs que se habían retirado á una espesa selva 
para defenderse de los asaltos de algunos euro- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 237 

peos que sin temor á las leyes, sobre el seguro 
de estar lejos de la vista de quien pudiese cas- 
tigar sus excesos, se tomaban la licencia de ha- 
cer esclavos á los paisanos y venderlos á su 
gusto como tales; y llegando á donde uno de 
estos estaba alojado junto á aquellos pueblos, 
le recibió con mal semblante y peores palabras, 
diciendo al V. P. que aquel no era tiempo de- 
hacer misiones, y así que se volviese y metiese 
en su Reducción, porque si no lo hacía por 
bien, le obligaría, mal de su grado, á que lo hu 
ciese. 

Eran buenas estas palabras para espantar 
cobardes ánimos, no para entibiar el celo ar- 
diente de un apóstol; y así, respondiéndole el 
Padre afable y cortesmente, prosiguió su viaje,, 
mas no halló indio alguno en sus Rancherías,, 
porque todos andaban huidos por los montes 
y selvas y sólo se dejaba ver tal cual, que desde 
las copas de los árboles exploraba los pasos de 
los españoles. 

Esto le obligó á que trepase por los árboles 
para poder llegar á sus albergues y cavernas, 
donde los recogió y predicó la fe y administró 
á los niños el santo bautismo; y porque con la 
falta de lluvias se les perdían irreparablemente 
los sembrados, se echó á sus pies aquella pobre 
gente y más con lágrimas que con palabras, le 



238 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

pidieron que si tanto podían con el Dios que 
predicaba sus súplicas, les alcanzase nuevo re- 
medio en aquella necesidad. 

Enternecióse el buen Padre de sus lágrimas, 
y haciéndoles poner á todos de rodillas delante 
de una cruz y levantadas las manos al cielo, les 
mandó pidiesen agua á la fuente de todos los 
bienes, que es Dios. 

No se hizo Dios sordo á las súplicas de 
aquellos nuevos fieles y así les concedió su pe- 
tición con lluvia copiosísima. Rabiaba de pesar 
€l demonio al ver que se le escapa de sus garras 
esta gente de quien hasta entonces había estado 
en p acífica posesión y movió una tempestad te- 
trible contra él. 

Sahó uno de aquellos europeos, de quien 
poco ha bice mención, hombre perdido y cruel 
y encendido en cólera por ver más que nunca 
perdidos ahora sus intereses, maquinó con el fo- 
mento de otros parciales, hacer de un golpe dos 
tiros, que fueron recoger gran número de escla- 
vos y malquistar al P. Lucas con aquellos pue- 
blos, de suerte que jamás osase ponerse delante 
de ellos. 

Con este designio pasó los Puraxis, y les dijo 
que no creyesen á aquel Padre, porque era un 
Mamaluco disfrazado en traje dejesuita; y para 
que viesen que decía verdad, á la vuelta (había 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 239 

pasado el V. Padre á reducir la nación de Tapa- 
curás) le haría prender, y cargado de prisiones 
le remitiría á Santa Cruz de la Sierra. 

No dio la gente á sus palabras todo el crédito 
■que deseaba; pero no obstante, combatidos sus 
ánimos de dos diversos afectos, de temor de que 
en la realidad fuese Mamaluco y del amor que 
le tenían, estaban tristes y melancólicos. 

Luego que el santo varón supo este enredo, 
les descubrió los fraudes del enemigo y procuró 
aquietarlos con buenas razones. 

Poco después dio la vuelta con su gente aquel 
malvado, y afrentando al Padre con palabras 
llenas de oprobios, faltó poco para poner en él 
las manos. Por último, le intimó en nombre 
de S. M. Católica (que en tales empresas fingen 
•estos malvados la autoridad real para abusar de 
ella cuando les está á cuento ó se atraviesan sus 
intereses) que se retirase luego de aquel país y 
fuese á dar razón al gobierno de Santa Cruz. 

Este tan pesado lance no descompuso ni al- 
teró en el P. Lucas aquella serenidad de ánimo 
que siempre mostraba en el semblante, sino 
atento solamente á reparar el daño que de aquí 
se podía seguir, le respondió con aquella intré- 
pida y santa libertad que le daba el espíritu de 
Dios; que sabía bien se enderezaban todos sus 
designios, no á otro fin, sino á hacerle ahorre- 



24© P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

cido de aquella gente para que en adelante ja- 
más le admitiesen en aquellas tierras ni le die- 
sen oidos. Que qué diría el pueblo de Santa 
Cruz al ver llevar preso á un pobre religioso 
porque predicaba la fe. Que no se fiase de su 
poder, pues Dios Nuestro Señor y la Majestad 
Católica del Rey, no tenían lejos las armas, 
aun de aquellos desiertos remotos, para hacerle 
pagar un atentado tan temerario é injusto; y 
Dor fin, que no esperase contrastar con sus em- 
bustes la piedad y celo de aquella piadosa ciu- 
dad y sus regidores. Replicóle el hombre perdi- 
do con furia que obedeciese. Mas el P. Lucas,, 
no haciendo caso alguno de lo que le pudiese 
suceder por los enredos y calumnias de aquel 
hombre descarado, determinó quedarse para 
deshacer la máquina fabricada para daño y rui- 
na de aquella nueva cristiandad. 

A este tiempo le trajeron los Paraxís un in- 
dio Mana cica, que hecho esclavo de aquel 
hombre, había tenido maña para huirse de él, 
y puesto en libertad se acompañó con los neó- 
fitos. 

Entendía este Manacica alguna cosa del 
idioma de los Chiquitos, era de buen entendi- 
miento, cuanto cabe en un bárbaro; observaba- 
con atención las ceremonias sagradas, la forma 
de bautizar, el ponerse de rodillas delante de la 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 24I 

santa cruz, el levantar las manos al cielo, las 
preces sagradas que muchas veces al día ento- 
naba el santo varón en voz alta; y pareciéndole 
todo conforme á su genio y á la razón, procu- 
raba hacer lo mismo. 

Advertido esto muchas veces por el P. Lu- 
cas, y coligiendo lo que sería toda la nación, 
por lo que veía en aquel sólo, determinó em- 
prender su conversión. 



LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII, i Ó 



CAPÍTULO XI 



Pasa el venerable P. Lucas á los Manacicas, quieren 
matarle los indios Sibacás y el cielo toma por él ven- 
ganza. 



Alegres los indios de que aquel europeo ate- 
rrado del ánimo del apostólico Padre hubiese 
desamparado el país sin hacer presa en ellos, 
como les había amenazado, penetraron á lo 
más enmarañado del bosque, y Zuriquios, caci- 
que de aquella Ranchería, le pidió que fuese á 
los Aruporés, que ellos le acompañarían: los ha- 
blaremos, dijo el cacique, y los entretendremos 
para que no se pierdan y anden descarriados por 
temor de los enemigos, y todos nosotros los 
Puraxís y Tubacís nos juntaremos con ellos 
para hacer un pueblo en que tú nos puedas doc- 
trinar y dar el santo bautismo; porque de otra 
suerte nos esparciremos por estos bosques de tai 
manera, que ni tú ni otros nos puedan jamás 
encontrar. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 243 

El santo Padre que no deseaba otra cosa, se 
puso al punto en camino, y llegando allá en 
pocos días, halló la gente tan bien dispuesta á 
recibir la fe de Cristo, que de una vez bautizó 
ochenta ó más niños. No quiso por entonces 
bautizar á los adultos, porque la experiencia le 
había enseñado á usar con ellos de lentitud. 

De aquí pasó á otra Ranchería, donde falto 
de fuerzas, sin poder sostener tantas fatigas y 
trabajos, desmayó de pura flaqueza, y asaltado 
de una fiebre ardientísima, se echó debajo de un 
árbol en un total desamparo de todo humano 
consuelo, abandonado aun de los neófitos Piño- 
cas, y persuadiéndose no le restaba mucho tiem- 
po de vida, se iba disponiendo para el último 
trance. 

Los indios del país se dolían grandemente de 
que por haber los enemigos asolado la tierra, 
no tenían con qué socorrerle y reparar su fla- 
queza; pero hallando por gran ventura una ga- 
llina, se la ofrecieron, mas el santo Padre rehu- 
só aquel alivio y quiso resueltamente se guisase 
para dar de comer á un neófito que junto á él 
yacía enfermo. 

En este estado se hallaba, cuando sintió en 
su corazón que era voluntad de Dios se ofrecie- 
se á llevar en Santo Nombre á los Manacicas, 
que con esta oferta se restituiría á sus fuerzas. 



244 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

Al punto prometió, no sólo darle á conocer á^ 
nuevas gentes, sino derramar su sangre por el 
bien de los prójimos, si fuese esta su voluntad 
santísima. 

Agradó al cielo esta oferta y al momento se 
recobró el cuerpo de sus antiguas fuerzas, y no 
habiendo podido los días antecedentes atrave- 
sar bocado, pudo luego comer lo que la pie- 
dad de los bárbaros le ofrecían; lo cual, aun- 
que mal guisado, fué bastante á recobrarle del 
todo. 

Vino á darle el parabién de su perfecta mejo- 
ría Pou, cacique del lugar, con algunos de sus 
vasallos, y el ferventísimo P. Lucas, acordándo- 
se de la promesa hecha á Dios, trató luego de 
la empresa, y con cuantas razones le dictó el 
amor de Dios y del prójimo, le exhortó á que 
fuese su compañero en aquella empresa. 

Parecióle al cacique que este negocio no ten- 
dría éxito feliz, por ser los Manacicas en valor 
terribles y en número muchísimos, y sobrema- 
nera opuestos á los españoles, pues por la ma- 
tanza reciente que éstos habían hecho, tenían 
jurado de vengarse, no dejando con vida á cual- 
quiera que cayese en sus manos; que ir allá era 
lo mismo que ir á buscar por sí mismo la muer- 
te, y que encontraría en el viaje tantos peligros 
cuantos serían las agudísimas puntas que ellos 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 245 

habían sembrado por todo el camino, como il 
niismo lo había experimentado el año anteceden- 
te, viéndose precisado á dar la vuelta por no 
quedar estropeado. 

Finalmente, el cacique que le miraba como 
•á padre amoroso y le reverenciaba como á San- 
to por la extremada piedad con que sentía todos 
sus males, le dijo por último para apartarle de 
5u santo propósito: 

«Padre, si te acometieran los Manacicas, ¿con 
qué te defenderás tú sólo? 

A lo cual el apostólico Padre, sacando del 
^eno un Santo Cristo, le respondió: 

«Mira (son palabras suyas), mira aquí el escu- 
>do con que repararé sus furias; nada temo, 
»porque Cristo me ordena que lleve allá su san- 
>ta ley; no pueden ellos quitarme ni un cabello 
»si él no quiere, y aun cuando yo padeciese 
>ésta, que vostros llamáis desgracia, de ser 
>muerto á sus manos, ella sería mi suma felici- 
>dad; si vosotros tenéis miedo, podéis quedaros 
» antes de llegar á sus pueblos, que yo me iré 
»sólo; y si me recibieren con buen semblan- 
>te, volveré á llamaros, y si no'v^olviere, os po- 
>déis huir. 

Animados de tan fervorosas palabras aque- 
llos bárbaros, respondieron unánimes y con- 
formes: 



246 P. PATRICIO FERNÁNDEZ. 

«Eso no^ no huiremos nosotros, y si te ma- 
»tan, por el amor que te tenemos, vengaremos 
»tu muerte aunque nos hagan pedazos.» 

Y sin más tardanza, tocando al arma el caci- 
que escogió una florida escuadra de soldados y 
se los trajo á la presencia del Padre, en don- 
de cada uno con brío extraordinario prometió 
morir á su lado si los Manacicas osasen hacer- 
le algún ultraje. 

Pero antes de ponerse en camino le pidió la 
gente les predicase la ley que debían profesar, 
que bautizase á los niños y pidiese á Dios agua 
porque sus sembrados se perdían por falta de 
lluvias. 

Viendo el Padre Lucas que era justa su de- 
manda y que sus corazones estaban tan inclina- 
dos á lo bueno, hizo el día siguiente al romper 
del alba enarbolar una grande cruz, aunque mal 
compuesta de dos leños toscos atravesados y ro- 
deado de muchos niños, mujeres y soldados hizo 
oración delante de ella, representando á Dios 
Nuestro Señor los méritos de la muerte de su 
Hijo Jesucristo que le recordaba aquella cruz, pi- 
diéndole por ellos no se negase á su piedad pa- 
ternal y á la grande necesidad de aquellos mise- 
rables, enviándoles una lluvia que no le costa- 
ría más que una insinuación de su voluntad para 
ganar aquellas almas por las cuales su unigénita 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2 47 

Hijo había derramado su sangre sobre la tierra. 
Aunque tan fervorosa y eficazmente rogaba, 
no se movió Dios esta vez á oir tan presto sus 
súplicas como lo había hecho en otras Ranche- 
rías, para que con la dilación del favor se arre- 
pintiese el pueblo y arrojase de su corazón el 
odio y la venganza; por tanto ordenó el Padre 
que á la tarde se volviese á juntar el pueblo al 
pie de la misma cruz, y con aquella energía que 
comunicaba á la lengua un corazón abrasado 
del amor y celo, les declaró como Dios es 
juez de nuestras acciones, buenas ó malas, y 
que las castiga en esta ó en la otra vida, con 
penas á ellas proporcionadas; díjoles: Nuestro 
Señor Jesucristo está justamente airado con vos- 
otros, ni quiere oir vuestras súplicas ni soco- 
rrer vuestras miserias, porque habéis sido causa 
de gravísimos daños que han padecido los Ta- 
pacurás y Manacicas; y porque habéis hecho 
guerras á vuestros parientes los Aruporecas, no 
perdonando á incendios y prisiones y la inhu- 
mana matanza de tanta gente, pide contra vos- 
otros venganza al cielo. Jesucristo manda en su 
ley que no se cause daño á ninguno, sea amigo 
ó enemigo, sino que se perdone de corazón á 
cualquiera que nos ofendiere. Es verdad que 
eran vuestros enemigos y que habían maltrado 
vuestras haciendas, pero de un leve daño, no ha- 



248 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

bíais de haber tomado satisfacción con tantas 
crueldades. Por tanto, mientras no os arrepin- 
tiereis de lo pasado é hiciereis cordial amistad 
con vuestros enemigos, no proveerá Dios vues- 
tra necesidad. 

No fué necesario más para que todos aquellos 
indios se pusiesen á punto de caminar; y Dios, 
atendiendo á las súplicas de su siervo, apenas 
habían caminado una milla cuando empezó á 
cubrirse el aire de nubes y cayó una copiosísima 
lluvia que con increible júbilo de la gente llenó 
los pozos y aseguró las esperanzas de coger 
abundante cosecha. 

Tardaron muchos días en llegar al río Aru- 
baitú, ó como otros le llaman, Zuquibuiquí. 
Aquí dieron algunas señales de temor los Pura- 
xís, porque el enemigo infernal, para desbaratar 
los disignios del Misionero, había persuadido á 
los Manacicas pusiesen escondidas en la tie- 
rra gran número de puntas de madera durísima; 
y descubriéndolas los Puraxís, le suplicaron al 
Padre diese la vuelta, porque si no era evidente 
el riesgo de quedar muchos heridos é inhábiles 
para caminar; y cayeron tanto de ánimo, que 
sólo Dios pudo infundirles valor para pasar 
adelante. 

« Confieso (escribe el mismo Padre Lucas á 
* su Provincial) que aunque es grande el va- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 249 

> lor de los Puraxís, y es también grande el 
» amor y. reverencia que me tienen, amique in- 
» fieles y recién conocidos, con todo eso, sólo 

> el brazo de Dios Omnipotente pudo infundir- 
» les aliento y vigor para proseguir, á fin de 

> mostrar que por medio de instrumentos débi- 
» les y flacos, quería abrir el camino de la salud 
» eterna á aquellos nuevos pueblos y naciones. 

> Y á dos palabras que dije se levantó Pou, el 
» cacique y tras él sus vasallos; llegados á una 
» empalizada pusieron á punto los arcos y las 

> flechas; de aquí paso á paso, en profundo si- 

> lencio, por no ser descubiertos antes de tiem- 

> po, avanzaron por fin.» 

Y aquí es donde confiesa el santo varón que 
representándosele tan cercana la muerte, temió 
de suerte que se le erizaron los cabellos, por 
ventura para que entendiese que toda su virtud 
era de Dios. 

« Confieso (prosigue hablando de sí) que ex- 
» perimenté un natural pavor considerando que 
» yo había de ir delante de todos y romper el 

> primero las furias de los bárbaros y teñir de 
» mi sangre las saetas envenenadas; pero el de- 

> seo de ver á Cristo me alentaba en este tran- 

> ce á todo riesgo, aunque con razón temía 

> de mí lo que por humildad decía el Apóstol 
» San Francisco Xavier de sí mismo que mis 



250 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

» pecados serían mi más fuerte escudo que 
2 me defendiese de la muerte. Pero no me 
» daba menos ánimos y esfuerzo mi paje Die- 
» go, neófito, que de sólo mirarle me sacaba 
5> las lágrimas de los ojos y del corazón mil 
» afectos de agradecimiento á las llegas del 
» Redentor, que había infundido en su pecho, 
s poco antes bárbaro, tanto amor para con su 
» Majestad y su Santa ley, porque levantadas al 
2> cielo las manos, con un rostro de ángel, es- 
» taba ofreciendo á Dios su vida para perderla 
» e:i su servicio y sus sudores para plantar la 
» santa fe entre los infieles.» 

Pasaron adelante de la empalizada, y entra- 
dos en la Ranchería se hallaron sin gente, no 
viendo por todas partes más que incendios, 
ruinas, cadáveres y un desapiadado estrago de 
hombres. 

Quisieron volver atrás los Puraxís, pero ase- 
gurados de un paisano, su intérprete, llamado 
Izú, de que no lejos de allí había otras tierras, 
y mucho más animados del Padre que á pie los 
guiaba, pasaron adelante, y descubierta de lejos . 
otra Ranchería se pararon pálidos los Puraxís, 
temerosos de algún infeliz suceso, y el cacique 
de ellos, Pou, hizo señas al Padre para que se 
adelantase. 

Iba delante de todos el santo Misionero dis- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 251 

poniéndose á morir con los actos más encendi- 
dos de caridad; y para que el ímpetu de las fle- 
chas no le quitase de las manos el Santo Cris- 
to, se le ató á ellas, y quedándose atrás los 
compañeros sólo le seguía el intérprete, el cual, 
á pocos pasos, con semblante compasivo, clavó 
los ojos en el Padre avisándole del riesgo en 
que se metía y del cual quizás no le podría 
librar. 

Quedaba ya poco de día cuando entró con el 
intérprete en la Ranchería. Apenas le vieron los 
paisanos cuando con gritos y voces descompa- 
sadas mandaron á las mujeres y demás chusma 
que se huyesen, y ellos echaron mano á las ar- 
mas aguardándole con semblante feroz y con 
ojos que despedían llamas. 

El intérprete Izú levantó la voz, diciendo no 
matasen á aquel hombre que no era enemigo 
suyo. 

«Soy Misionero (añadió el P. Lucas) que 
vengo á predicar la santa ley de Cristo.» 

No hicieron los Mauacicas caso de cuanto se 
les decía, y sin otra diligencia se pusieron to- 
dos á punto de pelea. A este tiempo se llegó a\ 
santo Padre el cacique Pou, diciéndole á voces: 

«Nos quieren matar á todos y nos van cer- 
cando para que ninguno escape con vida. 

El P. Lucas, sin turbarse nada, procuraba 



252 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

animarlos, y la naturaleza, que poco antes, le- 
jos de los peligros, había sentido algún miedo, 
ahora de nada temió. 

«Digo ingenuamente (escribe de sí) que en el 
»mayor riesgo depuse en un punto todo temor 
>y oí interiormente una voz que me decía: No 
» morirás ahora; y aunque cubierto de un torbe- 
>llino de flechas y rodeado de gente que se me 
♦acercaba para hacerme pedazos, estaba en la 
aplaza con el Crucifijo en la mano, con tanta 
»serenidad de ánimo y de rostro como si me 
>hallase en una iglesia de cristianos.» 

Viendo Izú el trance tan peligroso en que es- 
taban las cosas, se puso en medio de sus paisa- 
nos, y pudo tanto con la eficacia de sus pala- 
bras, y mucho más con la gracia de Dios, que 
interiormente labraba en aquellos corazones 
bárbaros é inhumanos, que detuvo sus fiarias y 
apagó todo el odio; después, aunque muy nue- 
vo en la fe, habló tanto de Dios y predicó de su 
santa ley, que aquellos bárbaros, así como es- 
taban con las manos llenas de saetas envenena- 
das, se fueron llegando uno á uno al P. Lucas, 
y puestos de rodillas, con humilde reverencia, 
besaron las llagas del Santo Cristo. Á lo cual 
ayudó no poco el cacique de los Puraxís, que - 
en voz alta decía: 

«Venid, amigos, á rendir homenaje á nuestro 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 253 

Criador Jesucristo; adoradle y haceos vasallos 
suyos.» 

¡Espectáculo verdaderamente digno de alabar 
por él á la Divina Misericordia! Ver á unos in- 
fieles instruidos pocos días antes en las cosas 
de nuestra santa fe, y aún no reengendrados en 
las santas aguas del bautismo ser ya predicado- 
res del Evangelio; y una nación que no mucho, 
antes había respiraba sólo fiereza, verla con 
una mudanza propia de la diestra del Altísimo, 
humillada á los pies de Cristo; de lo cual no 
pudo contenerse el venerable Padre sin pro- 
rrumpir en un llanto tiernísimo, todo de ale^ 
gría, y no cesaba de dar mil gracias á Dios con 
tanto mayor fervor cuanto aquel beneficio ha- 
bía sido más fuera de toda esperanza. 

Después que todos los paisanos se arrodilla- 
ron á los pies de Cristo, estando la plaza llena 
de gente, se hicieron paces entre las dos na- 
ciones; y aunque se entendían muy poco por la 
diferencia de los idiomas, con todo, había algu- 
nos que sabiendo algo de la lengua de los Chi- 
quitos, sirvieron de intérpretes. 

Luego el intérprete Izú, dando calor á sus 
parientes, hizo componer una cruz lo más puli- 
damente que se pudo y la enarboló el santo Pa- 
dre con indecible alegría en un lugar eminente 
para que fuese trofeo de la victoria que el cielo 



254 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

había conseguido del infierno y señal de la po- 
sesión que Cristo y su fe tomaban en aquel día 
de la nación de los Manacicas. 

Y parece que agradó al cielo esta devota ac- 
ción, porque los principales del pueblo se mos- 
traron luego tan aficionados á lo bueno, que le 
suplicaron al Padre con eficacísimos ruegos se 
quedase entre ellos para enseñarles el camino 
de la salvación eterna; mas por mucho que el 
P. Lucas deseaba lo mismo, no les pudo dar 
gusto por entonces, porque ya entraba el in- 
vierno; pero les dio palabra que á la primavera 
siguiente volvería á vivir de asiento entre ellos. 
Á otro din, al rayar el alba, vinieron todas 
las mujeres con niños en los brazos para que 
los bautizase; y habiendo sabido que habían ve- 
nido allí los indios Curucarecás para ajustar 
paces con los Manacicas, los hizo llamar, y 
congregados al pie de la cruz extinguió todo 
el odio de ambas naciones con una fervorosí- 
sima plática y les hizo efectuar con juramento 
mutua paz y amistad; y para colmo de sus júbi* 
los concurrieron allí también al mismo tiempo 
los Zoucas, Sosiacas, Iritucas y Zaacas, que la 
misma noche antecedente tuvieron aviso de su 
venida; y si se hubiese detenido aquí dos días 
más hubiera visto gente de otras muchas Ran- 
cherías, porque en aquel contorno, por la parte 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 255 

que tira al gran río Marañón, están las tierras 
muy pobladas; pero sus compañeros; recelando 
^que las lluvias no cerrasen los caminos, quisie- 
ron volverse luego, con que se vio precisado el 
Santo Padre á retirar la mano de aquella mies 
que ya estaba sazonada para la siega; y despe- 
dido de aquel pueblo, que sintió mucho su par- 
tida tan imprevista, se previno para dar la vuel- 
ta, y queriendo montar á caballo le cerraron en 
rueda todos los Manacicas para servirle y le 
quisieron acompañar por largo trecho del ca- 
mino, con no poca admiración del P. Lucas, 
que 'jamás había visto tal cortesía en las otras 
bárbaras naciones con quienes había tratado. 

Es cosa muy ordinaria en la 'Dirina Provi- 
dencia que los casos fortuitos sean disposicio- 
nes suyas cuando no quiere echar mano de los 
prodigios para los altos fines que pretende; y 
tal fué ahora la súbita resolución de los Pu- 
raxís. 

Si el P. Lucas se hubiera detenido pocas ho- 
ras más en aquella tierra, fuera inevitable la pe- 
lea de aquellos bárbaros entre sí, porque aque- 
lla noche misma, en la Ranchería de los Siba- 
cas, el demonio, á quien adoran en la m.isma 
forma en que se manifiesta y deja ver, habló á 
su sacerdote (á quien ellos llaman Mapono") 
mandándole diese orden al cacique que reco- 



256 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

giendo la gente que podía tomar armas fuese á 
dar muerte á aquel Padre que poco antes había 
llegado á los Igritucas (así se llamaba aquella 
Ranchería de los Manacicas), porque era su 
grande enemigo, y añadió que no entrasen allí^ 
porque no le hallarían, sino que armándole una 
celada en el camino le aguardasen allí. 

Obedecieron con toda prontitud por estar 
acostumbrados á ejecutar muchas veces seme- 
jantes órdenes. Pero llegados al lugar desde 
donde habían de hacer el tiro, dijo el capitán al 
Mapono que era bien entrar en aquella tierra y 
tomar noticia de qué Padre era aquel y á qué 
fin había venido; pues no era puesto en razón 
quitar la vida á quien ni aun de vista conocían.. 

El Mapono se hubo de volver loco de dolor 
al ver esta determinación tan resuelta del capi- , 
tan, de que no le pudo apartar con toda la fuerza 
de sus palabras diabólicas; habló con grande 
energía á los soldados para que ejecutasen el 
orden como el demonio quería, porque si no 
saldrían vanas todas sus diligencias y se esca- 
paría de sus manos aquel enemigo jurado de su 
Dios. 

Todo, empero, fué en vano, porque aproban- 
do todos unánimes la determinación del capi- 
tán, le fué preciso al Mapono seguirlos, aunque 
se deshacía de rabia. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 257 

Habiendo, pues, llegado á aquella Ranchería, 
preguntaron que qué Padre había venido allí, 
porque por mandato de su Dios, de quien era 
enemigo, venían á matarlo. No haréis tal cosa, 
replicó Chabi, el cacique, pues para ejecutar 
esto yo sólo era bastante, ni eran necesarias 
vuestras manos; mas vista la confianza con que 
aquí se entró y oídas sus palabras llenas de 
amor, no tuve causa para hacerle algún ultraje; 
presentóme este cuchillo con otras cosas, por 
lo cual le estoy muy obligado y tengo con él 
estrecha amistad. Con los Puraxís, nuestros ene- 
migos antiguos, he hecho paces; por tanto, vol- 
veos de donde vinisteis, porque no consentiré 
que paséis adelante; y á las palabras añadió las 
obras, mandando á los suyos que puestos en 
orden apretasen las armas. 

Con respuesta tan animosa se amilanaron 
los Sibacas, y no queriendo exponerse á la for- 
tuna de una batalla en que podían llevar la peor 
parte, dieron todos la vuelta. 

Quería el Mapono, ya que no se había lo- 
grado el designio de coger al Padre entre sus 
garras, desfogar á lo menos su rabia con la 
santa cruz que allí estaba enarbolada, y blan- 
diendo la macana la quiso derribar. 

Esto tambié'n le estorbó el cacique, aíirman- 
do que él tenía de aquel madero grande esíirna- 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. ^7 



258 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

cióu y aprecio porque había visto que el Padre 
le adoraba; con lo cual, maldiciendo el Mapo- 
no su fortuna, se volvió á su tierra con espe- 
ranza de haberlo á las manos el año siguiente y 
hacer en él el estrago que deseaba, lo cual hu- 
biera por ventura ejecutado si Dios no hubiera 
desvanecido sus designios queriendo no queda- 
sen sin venganza por más tiempo los intentos 
dañados de aquel bárbaro apasionado por el 
demonio, y ganando veneración y aprecio el 
propagador de su santa ley con el castigo pro- 
porcionado á gente que no estima otra cosa sino 
lo que ve por los ojos ó toca con las manos. 

Fué pues, el caso, que se encendió por toda 
aquella comarca un contagio furioso que hizo 
tal estrago en los hombres, que de los cómpli- 
ces en matar al Padre ninguno quedó con vida; 
y lo que causaba más maravilla, era que apenas 
les tocaba la peste, cuando desvariando salían 
fuera de sí y se iban por los bosques, donde ya 
por la enfermedad, ya por la hambre, se caían 
muertos, quedando los cadáveres tan abomina- 
bles como si fueran tizones del infierno. 

No pasó así con los niños, lavados con las sa- 
ludables aguas del santo bautismo, cuyos cuer- 
pecitos quedaron blancos y hermosos como 
si aun á ellos se les hubiese comunicado el can- 
dor de sus inocentes almas 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 259 

El primero que cayó en las manos de la di- 
vina justicia, fué aquel ministro diabólico, que 
incitó á los suyos á poner por obra lo que su 
dios le había inspirado. Había éste jurado se 
había de beber la sangre del apostólico Padre, 
luego que el tiempo le ofreciese comodidad sin 
hacer caso de cualquiera de los suyos que se lo 
procurase impedir, no conociendo, por estar 
ciego de su pasión, ó no queriendo creer que 
otro Señor más poderoso, de cuyas manos no 
podía él huir, había de embarazar y desvanecer 
•sus intentos. La misma pena llevaron otros que 
se atrevieron á ultrajar la santa cruz que el 
P. Lucas habfa hecho kvantar en los Tapacurás 
para que en ella tuviese la gente á donde acudir 
por socorro en sus necesidades. 

Llegó allí un Mapono con otros de su profe- 
sión y á muchos golpes de macana la hicieron 
pedazos, ultrajándola con cuantos escarnios y 
afrentas sabe y puede hacer y decir un celo dia- 
bólico; pero fué muy á costa de los agresores, 
porque en breve pagaron con muerte desastrada 
su delito. Los Arupurés, habiendo oído el des- 
carado atrevimiento de aquellos malvados, aun- 
que no tenían noticia alguna de los misterios 
que se obraron en aquel Sagrado leño, llevaron 
mal aquella injuria, y aprobaron el castigo que 
-de ellos había tomado el cielo. 



CAPÍTULO XII 



Descríbese el país y cualidades de los Manacicas». 
su religión y ritos de ella. 



Para mayor claridad de lo que me resta por 
referir de las apostólicas Misiones de este fer- 
vorosísimo operario, es preciso interrumpir el 
hilo de la historia para dar una breve noticia 
del país y cualidades de los Manacicas, y des- 
pués de su religión, ritos y ceremonias. 

Esta nación, que se divide en veintidós Ran- 
cherías, está situada hacia el Septentrión, dos 
jornadas del pueblo de San Francisco Xavier^ 
entre espesos y grandes bosques, de suerte que 
escribe el P. Lucas que por mucho tiempo, ape- 
nas tuvo alguna vez ocasión de mirar cara á 
cara al sol. 

Tiran estos bosques de Oriente á Poniente y 
rematan en unas soledades inundadas la mayor 
parte del año. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 261 

Es abundante el país de frutas silvestres y de 
lleras, una de las cuales es el famacosio; tiene 
éste la cabeza de tigre, en el cuerpo se parece al 
mastín, bien que no tiene cola; es más feroz y 
ligero que ninguno de los otros animales, de 
suerte que ninguno se puede escapar de sus ga- 
rras, y si alguno para defenderse de él se sube á 
algún árbol, se juntan muchos en un momento, 
caban la tierra y arrancan las raíces hasta que 
caiga el tronco. 

Para matar á este animal, los indios usan de 
esta traza: júntanse muchos, y levantando una 
estacada, se meten dentro de ella, desde allí ha- 
cen gran ruido y estrépito para llamar á aque- 
llos animales, y mientras ellos de fuera procu- 
ran echar por tierra la empalizada, los indios, 
mirando por las rendijas, los flechan y matan á 
su salvo. 

Hállase allí la vainilla y tutumas, que es una 
especie de cocos grandes á manera de melones, 
bien que no es fruto de la palma como los co- 
cos, sino de un árbol muy grueso que los pro- 
duce, no en las ramas, sino en el tronco por- 
que las ramas no puede sustentar su peso. 

Bañan el país algunos ríos muy abundantes 
de pesca; el terreno es fértil y las mieses gene- 
ralmente son buenas. 

La gente es de buena estatura y bien hecha. 



202 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

aunque de color de aceituna. Hay no pequeña 
parte del pueblo que tiene como de herencia un 
género de lepra, que parece que los cuerpos es- 
tán cubiertos de escamas de pescado, pero no 
les causa molestia ni fastidio. 

Son en la guerra tan esforzados y valientes 
como los Chiquitos, y antiguamente eran una 
misma nación, y por las discordias se dividie- 
ron, de donde les vino el corromper el idioma 
Chiquito; y la idolatría, que no tienen los Chi- 
quitos, la aprendieron de las naciones confinan- 
ter, como también el ser caribes ó comedores 
de carne humana. 

Sus Rancherías las forman con algún genera 
de arquitectura, con calles y plazas bien pro- 
porcionadas; tienen tres ó cuatro casas grandes 
con repartimiento de salas y cámaras en que 
viven los capitanes y el cacique principal. Estas 
mismas sirven para las funciones públicas de 
convites y banquetes, y son juntamente templo 
de los dioses. 

Las casas de los particulares están también 
con proporción y en ellas reciben á los foraste- 
ros que los van á \isitar. Y lo que más admira 
es que para fabricarlas no usan de otro instru- 
mento que de una hacha de piedra con que 
cortan maderos muy gruesos, aunque con mu-^ 
cha dificultad. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 263 

Las mujeres ponen mucho cuidado en la fá- 
brica de telas y vasos de tierra, para los cuales 
dejan por mucho tiempo podrir el barro y la- 
bran los vasos tan hermosos y delicados que 
al sonido parecen de metal. 

Sus Rancherías están poco distantes unas de 
otras, y por eso es frecuente entre ellos la co- 
municación, los convites y la embriaguez. 

Cuando los de una Ranchería quieren hacer 
algún banquete á los de otra, el cacique envía á 
convidarlos con algunos mensajeros y en su 
casa se hacen los bailes y danzas generales. 

El orden que tienen en todas las funciones 
públicas es este: El cacique toma el primer lu- 
gar, el segundo es de los sacerdotes, el tercera 
de los médicos, el cuarto de los capitanes, y 
después de ellos se sienta el resto de la no- 
bleza. 

Al cacique, no solamente dan esta preemi- 
nencia, sino que le rinden entera obediencia y 
vasallaje; fabrícanle sus casas, cultívanle los 
campos y le mantienen abundante mesa de todo 
lo bueno y mejor del país. El sólo manda y cas- 
tiga con gran rigor á los reos quebrándoles los 
huesos con horrendos bastonazos. 

Las mujeres rinden también obediencia á la 
mujer principal del cacique (el cual tiene cuan-, 
tas quiere). Fáganle el diezmo de la pesca y de 



204 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

la caza, á la cual no salen sin haber primero 
pedido licencia al cacique. 

El Gobierno va por sucesión, y el hijo pri- 
mogénito del cacique gobierna á los jóvenes y 
se cría -con espíritus generosos y señoriles, y 
cuando llega á edad de manejar los negocios 
públicos, gobierna en lugar de su padre, que 
da al hijo la investidura y posesión del Gobier- 
no con muchas ceremonias y ritos; mas no por 
eso los vasallos pierden el amor y respeto al 
señor pasado; antes, cuando pasa de esta vida, 
le hacen solemnísimas exequias con infinitas 
supersticiones y llantos, y su sepulcro es una 
bóveda subterránea bien fortificada con palos y 
con piedras para que la humedad no corrompa 
los huesos y la tierra no le sea pesada. 

En cuanto al número son muchísimos, re- 
partidos en Rancherías numerosas, porque el 
país de los Manacicas forma una como pirámi- 
de que se extiende desde el Mediodía al Septen- 
trión, en cuya extremidad viven ellos, y en el 
medio habitan otros pueblos tan discordes en 
el idioma cuanto conformes en su vida bárbara. 

Bases de esta pirámide son: la de Levante es 
de las Quimomecas y de los Tapacurás la del 
Poniente. Después, por la banda del Norte, de- 
jando fuera á los Puizocas y Paunacas, la ciñen 
dos grandes ríos llamados Potáquísimo y Zunu- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 265 

naca, á los cuales rinden tributo con sus aguas 
otros muchos arroyos ó riachuelos que atravie- 
san y fecundan el país. Las primeras Ranche- 
rías de hacia Levante son las de los Eirinucas, 
Ivlopoficas, Zibacas, Jurucarecas, Quiviquicas, 
Cozocas, Subarecas , Ibocicas, Ozonimaaca, 
Tunumaaca, Zouca, Quitesuca, Osaaca, Mate- 
zupinica, Totaica, Quimomeca. Por el Poniente 
están las de Zounaaca, Quitemuca, Ovizibica, 
Beruca, Obariquica, Obobococa, Monocaraca, 
Quizemaaca. Simomuca, Piquica, Otuquimaaca, 
Oiutuuca, Bararoca, Quimamaca, Cuzica, Pi- 
chazica. 

Estas Rancherías y quizás muchas más de 
que aún no se tiene noticia, están situadas al 
pie de esta pirámide; y tirando de aquí hacia la 
punta al Norte, se encuentran Quimiticas, Zou- 
ca, Boviruzaica, Sepeseca, Otaroso, Tobaicica, 
Munaisica, Zaruraca, Obisisioca, Báquica, Obo- 
bizooca, Sosiaca, Otenenema, Otigoca, Barayzi- 
punoca, Zizooca, Tobazica, A éstos están con- 
finantes los Zibacas, que hasta ahora no han 
sido jamás acometidos ni robados de los Ma- 
malucos, que han destruido y asolado lo res- 
tante del país que se extiende hacia el río Pa- 
raguay. 

Entre Levante y Septentrión, detrás de los 
Zabicas, habitan, bien que distantes muchas le- 



206 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

giias, los Parabacas, Quiziacas, Naquicas y lus 
Mapasinas, gente valerosa, pero destruida en 
buena parte de cierto género de pájaros llama- 
dos peresiucas que viven debajo de tierra, y 
aunque del tamaño ordinario de un pájaro, son 
de tan extraña fuerza y fiereza que en viendo 
algún indio dan sobre él y le matan. 

Enfrente de éstos están los Mnochozuus, los 
Picozas que andan brutalmente desnudos, aun 
las mujeres, que sólo traen pendiente del cuello 
una faja para acomodar los niños. 

La nación de los Tapacurás se extiende 
entre Poniente y Septentrión y viven también á 
lo animal, totalmente desnudos, y á más de eso 
comen carne humana. Están muy cercados á 
estos los Boures, Oyures, Sepes, Carababas, 
Payzinones, Toros, Onunaisis, Penoquís, Jova- 
tubes, Zutimus, Oyurica, Sibu, Otezoo, Baraisi, 
Canamasi, Comano, Mochosi, Tesu, Pocha- 
quiunape, Mayeo, Omenasisopa, Omemoquisoo, 
Botaquichoca, Ochizirisa, Jobarusica, Zazuqui- 
choco, Tepopechosisos, Sofoaca, Zumonoco- 
coca y otras muchísimas, de que aun no se ha 
tenido distinta relación. 

En cuanto á la religión, ceremonias y ritos 
de que usan, se puede decir que es una de las 
más supersticiosas que hay entre tantas nacio- 
nes de estas Indias Occidentales. Pero antes de 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 267 

referir lo que toca á su falsa religión, diré bre- 
vemente lo que tienen de la verdadera, bien que 
mezclados con muchos errores y fabulosas in- 
venciones. 

Tienen algunos vislumbres de la predicaciótt 
del apóstol Santo Thomé, que publicó en estas 
provincias el Evangelio y también tienen algu* 
na confusa noticia de la venida del Redentor al 
mundo. 

Creen, por tradición de sus mayores, que en 
los siglos pasados, una bellísima señora, conci- 
bió un hermoso niño sin obra de varón. Cre- 
cido en edad este niño, obró cosas maravillosas, 
que le ganaron el estupory asombro del mundo, 
como eran sanar enfermos, resucitar muertos, 
dar vista á ciegos, pies á tullidos y vencer otroa 
imposibles á las fuerzas naturales. Finalmente 
un día dijo, á una numerosísima turba que le se- 
guía: Veis que mi naturaleza es diferente de la 
vuestra; y levantándose en el aire á vista de 
todos, se transformó en este sol que ahora 
vemos. 

Los sacerdotes (que como abajo diremos vue- 
lan cuando quieren por el aire), dicen al pueblo 
que es el sol un hombre luminoso, aunque nos- 
otroo desde la tierra no discernimos sus faccio- 
nes ni el semblante. 

Esto es lo que saben del misterio de la En- 



268 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

carnación, mas no por eso dan veneración al- 
guna á aquel personaje, que obró cosas tan ex- 
trañas, y sólo adoran á los demonios no en fi- 
gura de piedra, leño ó metal, sino monstruosí- 
simos como se dejan ver de estos indios; y de 
esto están tan contentos y jactanciosos, que dan 
en rostro á los nuevos cristianos con su simple- 
za en honrar en las pinturas y estatuas dioses 
mudos y ciegos, qué no ven, ni hablan, ni oyen. 

Ni se contenta el demonio con sólo hacerse 
adorar de esta gente usurpando la adoración y 
culto que se debe al verdadero Dios, sino por 
escarnio é injuria de la Iglesia de Cristo, ha 
querido en este rincón último del mundo reme- 
darla, transformándola en un ser monstruoso, 
convirtiendo los misterios en fábulas, los sacra- 
mentos en supersticiones, las ceremonias en sa- 
crilegios. Y primeramente les enseñó una tal 
Trinidad de dioses principales (á distinción de 
otros de menos autoridad y crédito) Padre, Hijo 
y Espíritu, no Santo, colateral de aquellos dos: 
llámase el Padre Omequeturique ó Uragozoriso; 
el Hijo Urasana y el Espíritu Urapo. 

Tienen también otro diablo, remedo de la 
Santísima Virgen,,que fingen es madre del Dios 
Urasana y mujer de su padre Omequeturique. 
Déjase ver esta diosa con rostro resplandeciente; 
transfigurándose en ángel de luz; los dioses apa- 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 269 

recen horribles y sucios; la cabeza y el rostro 
de tolor de sangre^ orejas de jumento, la nariz 
chata, ojos en extremo grandes, de que despiden 
ardientes llamas, los cuerpos de color resplan- 
deciente ; el vientre le ciñen vívoras y dra- 
genes. 

El primero que habla es Omequeturiqui, y 
esto con voz alta; el segundo es su hijo y habla 
con las narices, el último habla Urapo y tiene 
una voz semejante á un trueno; el Padre es el 
dios de la justicia y castiga á los malos, ya con 
un palo, ya con otro instrumento semejante; el 
Hijo y el Espíritu son los abogados, pero mu- 
cho más la diosa. 

El templo para estas deidades es, como ya 
dije, el palacio del cacique, á donde ellos vienen 
cuando hay junta general del pueblo ó se hacen 
solemnes exequias. 

En estas fiestas ordena el cacique á los suyos 
(lue tejan gran número de esteras, y hecho de 
ellas unas grandes cortinas, cubren y cierran 
una parte de la sala y este es el Santa Sandorum 
en que entran los dioses, á quien con nombre 
común llaman Tinimaacas que saliendo 'del in- 
fierno fingen que bajan del cielo y turbando con 
ruido descompasado todo el aire, tiembla la 
casa y toda aquella tapicería ó cortinaje de es- 
teras. 



27© P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

El pueblo, que está bebiendo ó bailando, le 
saluda y da la bienvenida con gritos descompa- 
sados y mucha algazara, diciendo: iTata cquicef 
Padre, ^-ya has venido: á que responde él con 
«1 título de Fanitoques, esto es: «Hijos qué ha- 
teéis? ¿Estáis bebiendo ó comiendo? Bebed y 
» comed, que me dais grande gusto, y tengo de 
^vosotros gran cuidado y providencia; yo he 
>criado la caza y la pesca y cuanto bueno hay 
>para vosotros.» 

Con estos tres dioses vienen, para cortejarlos, 
una tropa de demonios, y en señal de respeto y 
reverencia están en pie. Los indios creen que 
estas son las ánimas de sus enemigos, con 
quien tienen guerras y también otras gentes ex- 
trañas. A este tiempo que hablan los dioses, el 
pueblo se está quieto y en silencio, así para oír 
sus oráculos, como también porque al princi- 
pio afectan seriedad, hasta que la chicha (que es 
su bebida) les calienta la cabeza; después de lo 
cual se siguen los bailes, las riñas, las heridas 
y muertes, de que hacen gran fiesta aquella mal- 
dita canalla de dioses, y cuando ven que se pa- 
ran procuran atizarlos, diciendo: ¿Qué es lo 
»que hacéis fieles míos? Mucho silencio es este, 
»¿por qué no bebéis y bailáis?» Y al punto el sa- 
cerdote ó Mapono se reviste de gravedad, y en 
nombre de los dioses les manda que beban y 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2 7 I 

bailen y llenen de ruido la iglesia para que nin- 
guno se muera de tristeza. 

También muestran tener sed estos dioses y 
para refrigerarla piden á los indios dé beber. 
Para esta honra se levantan en pie el indio é in- 
dia más ancianos y venerables de todo el pue- 
blo con una taza llena de flores y esmaltes he- 
cha sólo para que beba aquella deidad fingida, 
le dan con la mano derecha tres veces á beber, 
y con la siniestra levantan la estera. Saca el de- 
monio una mano muy sucia y con uñas muy 
largas con que toman la taza y beben todos tres 
por su orden, bien que su modo de beber es 
más propio de brutos que de hombres, y mu- 
cho menos de lo que se fingen. 

Después Urasana toca dentro del Taber- 
náculo una sinfonía que se oye bien lejos á la 
cual corresponden con bailes sus devotos. A 
ninguno es lícito mirar al Santa Sanctorum, 
sino sólo al Mapono ó sacerdote que es un 
grande hechicero ú hombre diabólico, y si al- 
guno de los otros hechiceros de menos ciencia 
y menores proezas en el oficio quiere echar la 
vista dentro para verlos, le detiene el Mapono 
amenazándole que pagará al momento su deli- 
to con la vida. Sólo el Mapono es el valido y el 
confidente, y es quien obra cosas extrañísimas. 
En cada Ranchería hay uno ó dos, y á veces 



272 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

más. Entra éste á recibir audiencia de los dio- 
ses y se sienta á la par con ellos. Propóneles 
sus dudas, oye los oráculos y las profecías y tal 
vez las oye tambie'n el pueblo, porque suelen 
hablar en voz muy alta. 

Cuando el pueblo está en el mayor fervor de 
sus bailes y grescas, sale de la audiencia el 
Mapono y declara las respuestas, que las más 
de las veces son de buenas fortunas, de lluvias, 
de buenas cosechas, de caza, de pesca y de todo 
lo que á ellos más les agrada, aunque las más 
de estas fortunas y dichas les salen vanas y 
mentirosas, de suerte, que algunos más arres- 
tados, al oir tales promesas, responden con ri- 
sas: los dioses han bebido bien; mas si estas 
palabras llegan á oídos del Mapono, sale con 
furia diabólica del tabernáculo, amenazándoles 
muertes, tempestades y rayos, con que les hace 
callar. 

Muchas veces usa tambie'n el demonio pro- 
vocarlos contra los confinantes, ordenándoles 
que asalten sus Rancherías, hagan estragos en 
la gente y roben y saqueen sus haciendas; con 
lo cual están siempre en continuas revueltas. 

Algunos pocos, aun con ser rudos y bárbaros, 
advierten los fraudes y engaños diabólicos; pero 
los más creen nacer esto de la gran providencia 
y amor que sus dioses les tienen, no obstante 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 273 

que toquen con la experjencia que al mejor 
tiempo son de ellos abandonados y vencidos y 
despojados de sus enemigos. 

Acabados los oráculos, se hacen las ofrendas 
de la pesca y de la caza y aquellas diabólicas 
majestades, en señal de agradecimiento, llevan 
alguna cosa á la boca. 

Pespués vuelan con el Mapono por el aire, 
temblando á este tiempo tanto la iglesia, que 
parece se viene al suelo. Desaparece por mucho 
tiempo el Mapono, fingiendo que se va con sus 
dioses al cielo. Vuelve después conducido en 
brazos de la diosa Quipoci, en cuyo seno des- 
cansa y duerme, mientras ella canta; y aunque 
la oyen no se deja ver de ellos, porque se está 
retirada dentro del tabernáculo. 

Hacen todos mucha fiesta en señal de grande 
alegría por su venida y la tratan como Madre de 
Dios, de la manera que nosotros á la Virgen 
Santísima. 

Dánle la bienvenida con mil títulos de afecto 
y reverencia á que ella corresponde llamándolos 
hijos y diciéndoles que es su verdadera madre, 
que los defiende de la indignación de los dioses, 
que son crueles y sangrientos, molestándoles 
con enfermedades y desventuras. 

Por esto la invocan frecuentemente en sus 
aflicciones, aprietos y calamidades, y ella vi^ne 

LIBROS QUE TRATAN DE AMÉRICA. — T. XII. 1 8 



2 74 P- PATRICIO FERNÁNDEZ 

y les consuela y confabula con los otros dioses 
cuando viene en su compañía. 

Parece este diablo más humano que los otros, 
mas al fin es de la misma raza y tan cruel como 
ellos. Cuando está en el tabernáculo canta con 
mucha melodía mientras bailan las mujeres, si- 
guiendo y repitiendo éstas el canto de la diosa, 
cuyo contenido es sus guerras y victorias. 

Sigúese después la ceremonia del brindis y de 
las ofrendas, y luego vuela por los aires con 
grande aplauso y fiesta del pueblo. Pero esta 
diosa no se lleva consigo al Mapono como lo 
hacen los otros dioses; antes bien, no siempre 
que el Mapono baja del cielo, viene en brazos 
de la diosa. Son muchos sus'viajes y sus funcio- 
nes. Baja tal vez en medio de la iglesia en la 
mayor bulla del pueblo, que se asombra y desor- 
dena por el ruido y estrépito que hace, corte- 
jándole y trayéndole en sus manos una gran 
tropa de demonios, los cuales no pocas veces 
se suelen burlar de él á costa suya, porque de 
lo más alto del templo le dejan caer á plomo en 
tierra muy maltratado y á pique de morir, como 
no ha mucho tiempo que sucedió en la tierra de 
los Mopoosicas. 

La postura del cuerpo para volar, es en for- 
ma de alas y en pie derecho cuando vuela hacia 
arriba; y cabeza abajo cuando baja á la tierra. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2 75 

Fuera de estos dioses, adoran otra casta de 
deidades, á quien llaman Isituiis, que quiere de- 
cir señores del agua. Su ejercicio es andar por 
los ríos y lagunas, llenándolos de pescados para 
el mantenimiento de sus devotos. 

A estos Isituús invoca la gente en las pescas, 
incensándolos con humo de tabaco, de que 
usan para aturdir los peces, y si logran buena 
pesca, agradecidos al beneficio van al templo y 
les ofrecen alguna porción de pescado con los 
mismos ritos que á los otros dioses. 

Tales deidades y tal religión tienen sacerdo- 
tes semejantes. Al principal llaman Mapono, y 
es el maestro, con quien el pueblo consulta las 
cosas de su conciencia y á quien manifiestan 
sus necesidadas, de las cuales hace relación en 
el Consejo de los dioses y les solicita el re- 
medio. 

No habla solamente en la iglesia con los de- 
monios, sino que ellos se dignan también de vi- 
sitarle en su casa y tratarlo con toda afabilidad 
y cortesía. 

En estas visitas lo pagan las mujeres del Ma- 
pono, que se ven obligadas á huir por el espan- 
to y terror de aquellas horribles y monstruosas 
visiones. 

Por esto, no sólo es respetado, sino también 
temido de todos, pudiendo á su antojo causar 



276 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

daño y matar á quien quiere, y para hacer ma- 
yor ostentación de su poder, tiene la casa llena 
de víboras y serpientes, y cuando vuelve á casa 
de sus funciones eclesiásticas, viene acarician- 
do en sus brazos semejantes animales. 

La forma de consagrarle y las ceremonias de 
que usan para esta función son extrañas y con- 
formes al que ha de servir á tales deidades. 

Es el Mapono la persona más venerada del 
pueblo, y de la misma manera que al cacique, 
se le dan á él los diezmos de la caza y de las co- 
sechas. Vive en una casa bien labrada, cuanto 
cabe en la industria de aquellos bárbaros, y á 
veces, por gozar con más frecuencia de las vi- 
sitas del cielo, se retira solitario al yermo. 

Los que quieren entrar en este oficio, antes 
de tener barba, empiezan á aprender las cere- 
monias y á acostumbrarse á tratar con los dio- 
ses. Para esto suele el Mapono más venerable 
coger en brazos al aprendiz, ponerle á mirar á 
la luna cuando está llena, estirarle los dedos 
mandándole que se deje crecer las uñas, llevar- 
le por los aires y ponerle en el seno de la diosa 
QuiJ>oci\ vuelve el miserable de aquellos éxtasis 
afligido y desmayado, de suerte que apenas, des- 
pués de muchos días, recobra sus fuerzas. 

Fuera de esto, observan rigurosísimos ayu- 
nos y abstinencia perpetua de ciertos animales 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 277 

y frutas, singularmente de la granadilla, que 
vulgarmente llamamos Flor de la FasióJt, por 
estar retratados en ella los instrumentos de 
nuestra Redención, Ni se contentan los demo- 
nios de ser reverenciados de sus sacerdotes con 
ayunos y penitencias; antes bien, mandan hacer 
rigurosos ayunos á todo el pueblo. Uno, entre 
los otros, es semejante á los nuestros y es el 
que se guarda en la dedicación del templo, en 
que por espacio de cinco días no se puede co- 
mer carne; y vestida de luto la Ranchería se 
prohiben las músicas, banquetes y bailes. Guár- 
dase estrecho silencio y no se gasta el tiempo 
en otra cosa que en tejer esteras para el adorno 
del Tabernáculo. El último día se pone en la 
iglesia mesa franca, abastecida de lo mejor del 
país. 

Para dar principio á la fiesta, la vieja más de- 
vota y al parecer más santa, saludando al caci- 
que con reverente inclinación, baja la cabeza, 
que hiere el cacique ligeramente tres veces con 
una piedra curiosamente labrada; después da 
vueltas de rodillas á todo el templo con gran- 
des suspiros y devoción; luego el Mapono ben- 
dice todas las partes del templo para santifi- 
carle, y con otras ceremonias, que sería largo 
contar, consagra aquel lugar; y por último, se 
fenece la fiesta con una gran comida y cele- 



278 P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

brando un solemne festín de músicas y bailes. 
Acerca del último fin y eterna bienaventu- 
ranza, tienen estos ciegos idólatras muchos 
errores. Creen la inmortalidad de las almas, á 
quien llaman Óquipau, y que han de vivir y go- 
zarse eternamente en el cielo, á donde las lle- 
van sus sacerdotes. 

Cuando alguno muere le celebran sus exe- 
quias, más ó menos, según su esfera. Después la 
madre y mujer del difunto van al templo con 
su ofrenda, poniéndose cerca del Tabernáculo- 
Vienen luego los diablos,' y fingiéndose ser et 
uno el alma del difunto, consuela á la mujer 
con palabras tiernas y afectuosas, dándole es- 
peranzas de que en breve se volverán á ver en. 
el Paraíso; luego el Mapono rocía el alma con 
agua para limpiarla de las manchas de los peca- 
dos, como usamos nosotros con el agua ben- 
dita; y con eso se despide el alma de su madre 
y mujer. Al punto el Mapono se la echa á cues- 
tas y vuela en alto, quedando la mujer llorando^ 
su desventura hasta que tiene noticia de su 
marido. Vuelve el Mapono, después de larga 
rato, con alegres nuevas, diciéndola que enju- 
gue las lágrimas, deje de llorar y deponga el 
luto, porque su marido queda gozando de la 
vida beatífica de los dioses y la espera para que 
la haga compañía eternamente en el cielo. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 2)9 

Es cosa digna de saberse la jornada que hace 
el Mapono con el alma y lo que ésta padece 
hasta llegar al Paraíso. 

El país por donde pasa es todo selvas, mon- 
tañas y valles, por donde corren muchos ríos 
caudalosos, y por los remansos de lagunas y 
grandes pantanos, para cuyo pasaje se gastan 
muchos días, con gran dificultad se llega á una 
encrucijada de muchos caminos, junto á la 
cual corre un gran río, sobre que hay un puen- 
te de madera, en el cual asiste de día y de no- 
che un dios llamado Taiusiso, cuyo oficio es 
pasar por aquel puente las almas y ponerlas los 
Maponos en el camino del cielo. 

El traje y porte de este Dios es puntualmente 
aquel en que la fantasía loca de los poetas re- 
presenta á su Caronte, pálido el semblante, la 
frente horrorosa, sin cabellos la cabeza, cu- 
bierto de llagas 6 inmundicias el cuerpo, y por 
vestido un trapo con que cubrirse honesta- 
mente. 

Este dios jamás baja á la iglesia á oír las sú- 
plicas de sus devotos, porque su oficio nunca le 
da treguas, pues á todas horas tiene viandantes 
que pasar. 

Sucede muchas veces que mientras pasa el Ma- 
pono con el alma, especialmente si es de algún 
muchacho, la pide Taiusiso que se pare parít 



28o P. PATRICIO FERNÁNDEZ 

limpiarle de las inmundicias, y si aquél lo rehu- 
sa, lo sufre unas veces; pero no pocas, encendi- 
do en cólera, coge al alma y la arroja para que 
se anegue en el río. De aquí dicen que se origi- 
nan mil desgracias en el mundo, y para que 
estos desatinos sean creidos de la gente, se vale 
el demonio de algunos sucesos naturales para 
que se confirmen aquellos miserables en su 
creencia. 

Poco há que sucedió en la tierra de los Juru- 
carés, que deshaciéndose el cielo en copiosísi- 
mas lluvias se perdían los sembrados. Afligida 
y desconsolada la gente, suplicó al Mapono 
preguntase á sus dioses la causa de este infortu- 
nio. A que respondieron que ya lo sabían, y 
era, que llevando al cielo el alma de un niño, 
cuyo padre vivía allí, trató con poca reverencia 
á Taiusiso, y no se quiso dejar limpiar, por lo. 
cual, enfurecido aquel dios, la echó en el río. 
Oyendo esto su padre, hubo de salir fuera de sí 
de puro dolor, y se afligía tanto, que causaba 
compasión, porque le amaba como á su misma 
vida, y ya que no había podido gozarle en este 
mundo, se consolaba á lo menos juzgándole ya 
feliz y bienaventurado en el cielo. Alentóle el 
Mapono dándole buenas esperanzas si le apres- 
taba una barquilla en que ir á sacarle de lo pro- 
fundo del río. 



RELACIÓN DE INDIOS CHIQUITOS 28 1 

Aprestó luego el padre una canoa, y el Mapo- 
no, cargándosela en sus espaldas, voló por los 
aires y desapareció, poco después se serenó e^ 
cielo, con lo cual volvió el Mapono con ale- 
gres nuevas, pero la canoa jamás pareció. 

El Paraíso donde descansan las almas es bien 
pobre de contentos y placeres. Fingen que hay 
en él ciertos árboles muy gruesos que destilan 
un género de goma con que se mantienen las 
almas, y que hay monos que en el aspecto pa- 
recen etiopes; que hay también miel y algún 
poco de pescado; da vueltas por todo aquel lu- 
gar una grande águila de quien fingen muchas 
fábulas ridiculas, dignas de compasivo llanto 
por la ceguedad de esta gente. 

Tantos son los dioses cuantas son las man- 
siones en su Paraíso; pero la de la diosa Quipo' 
ci hace muchas ventajas á las demás en como- 
didades y riquezas. Los Isiimícas, 6 dioses del 
agua, tienen abastecido el cielo de pescados, 
plátanos y papagayos, y aquí gozan de su eter- 
na bienaventuraza los que mueren ahogados 
en los ríos, á los cuales por esto llaman Asi- 
nerás\ á los que mueren en los bosques y selvas 
iritictls, y á los que mueren en su casa Posiba- 
cas; poniendo el mérito, no ya en las obras, sino 
en la diversidad de lugares en donde los coge 
la muerte. 



282 p. PATRICIO FERNÁNDEZ 

Basta haber insinuado esto de la bárbara ido- 
latría de los Manacicas para que se pueda ha- 
cer algún concepto de los trabajos y fatigas que 
padeció el venerable P. Lucas en ganarlos para 
Cristo. 



FIN DEL TOMO PKIMERO 



COLECCIÓN DE LIBROS 

RAROS Ó CURIOSOS QUE TRATAN DE AMÉRICA 

Publicanse en Madrid desde i8gi. 

TOMOS PUBLICADOS 

I. — Verdadera relación de la conquista del 
Perú, por Francisco de Xerez^ uno de los pri- 
meros conquistadores, reimpresa según la pri- 
mera edición hecha en Sevilla en 1534, en Ma- 
drid, en la imprenta de Juan Cayetano García, 
1891. En 8.° rústica, con 174 páginas, 2 pe- 
setas. 

II — Nuevo descubrimiento del gran rio de las 
Amazonas, por el P. Christóval de Acuña, de la 
Compañía de Jesús. Impreso en Madrid en 1641 
y reimpreso en esta corte en 1891 en la impren- 
ta de Juan Cayetano García. En 8.° rústica 
con xxxi-235 páginas, 4 pesetas. 



LIBROS RAROS 

III y IV. — Tratado único y singular del ori- 
gen de los indios del Perú, México, Santa Fe y 
Chile, por el Dr. Diego Andrés Rocha, oidor 
de la Real Audiencia de Lima. Impreso en Lima 
en 1 68 1 y reimpreso en Madrid, en la imprenta 
de D. Tomás Minuesa, 1891. 2 tomos, 8.° rus- 
tica, 6 pesetas. 

V y VI. — Historia del Almirante D. Cristo- 
ial Colón, en la que se da particular y verdade- 
ra relación de su vida y de sus hechos y del des- 
cubrimiento de las Indias Occidentales, llamadas 
Níicvo Mundo, escrita por D. Fernando Colón, 
su hijo. Madrid. Imprenta de Tomás Minuesa, 
1 89 1. 2 tomos en 8.° rústica, 6 pesetas. 

A esta reimpresión precede un estudio bio- 
gráfico y bibliográfico, acerca de D. Fernando 
Colón y sus obras, lxix pág. 

VIL — Conversión en Piritú (^Colombia) de in- 
dios Cumanagotos y Palenques ^ con la práctica que 
observa en la enseñanza de los naturales en lengua, 
cumanagota, por el P. Fr. Matías Ruiz Blanco, 
de la Orden de San Francisco. En 8.° con 228 
páginas, seguido de la Relación histórica de to- 
das Misiones de los PP. Franciscanos en las In- 
dias y proyecto 'para nuevas conversiones en las 
riberas del afamado rio Marañón; Memorial di- 



QUE TRATAN DÉ AMÉRICA 

rígido al Rey Carlos 111 el 2% de Mayo de 17 8i 
por Fr. Francisco Alvarez de Villanueva. Ma- 
drid, imprenta de Tomás Minuesa, 1893, 3 pe- 
setas. 

VIII y IX. — Milicia y descripción de las In- 
dias, escrita por el capitán D, Bernardo de Var- 
gas Machuca, caballero castellano, natural de la 
villa de Simancas. Reimpresa según la primera 
edición hecha en Madrid en 1599, imprenta de 
Tomás Minuesa, 1892, 2 tomos, en 8.°, con el 
retrato del autor, 6 pesetas. 

X. — Virtudes del indio, por D. Juan de Pala- 
fox y Mendoza, Obispo de Puebla de los Ange- 
les. Madrid, imprenta de Tomás Minuesa, 1893. 
En 8.°, con CLXXiii-94 páginas 3 pesetas. 

XI. — Tres ir alados de América — 1.° Rela- 
ción histórica, política y moral de la ciudad de 
Cuenca, población y hermosura de su provincia, 
por el Dr. D. Joaquín de Merisalde y Santiste- 
ban. Publicado ahora por primera vez. — 2° Ra- 
zón sobre el estado político y militar de la ju- 
risdicción de Quito en 1754, por D. Juan Pío de 
Montufar y Frasco. Reimpreso ahora por pri- 
vez. — 3.° Diario de todo lo ocurrido en la ex- 
pugnación ne los fuertes de Bocachica y sitio 
de la ciudad de Cartagena de Indias, en 1741, 



LIBROS RAROS 

formado de los pliegos remitidos á S. M. por el 
virrey de Santa Fe, D. Sebastián Eslava. Reim- 
preso ahora por primera vez en la imprenta de 
F. Nozal, 1894, en 8.° con 255 páginas, 3 pe- 
setas. 

XII. — Fernández (P. Patricio). Relación de 
las misiones de los Indios Chiquitos en el Para- 
guay (1726). Tomo I. XVI.-282 págians y 3 hojas 
sin numerar 3 pesetas. 



EN PRENSA 

XIII. — Fernández (P. Patricio). Relación de 
las misiones de los Indios Chiquitos en el Para- 
guay (1726). Tomo II. 



Acabóse de imprimir el tomo XII de la 

Colección de libros que tratan 

DE América , en Madrid, en 

la imprenta de Tomás 

Minuesa , calle de 

Jitanelo, núm. /p, 

á 8 de Abril 

de i8g5. 




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