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Full text of "Reseña Histórica de Centro América"

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CENTRO-AMÉRICA. 




Lorenzo Monttifar, 



AI,osa.!o de la América Central y del Colegio (ie ai>osa(los de Lima; Doctor en Le- 
,es de la Universidad de Costa-Eica; Académico correspondiente de la Real Vcadenua 
española, de la Keal Academia de la Historia, y de la Academia de Bellas Letras de 
Santiago de Chile; Académico profesor de la Matritense de Jnrisprndeneia y Legisla- 
clon; iudividno de la Sociedad de Geografía de Paris. 



TOMO PRIMERO. 




GUATEMALA. 



Tir. DE "El Progueso," Octava calle Poniente, núm. 11. 

1878. 




JEKIEKALÜE iD'í/llSDOKl 




ji.KynM® BABiKJüg 



PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE GUATEMALA, 



AL GENERAL PRESIDENTE 



cHM. ' 



Desde la Independencia hasta hoy, la hisUyi'Ui de, Centro- Amériat 
\:es un combate entre un partido que intenta volvernos á la Edad Me- 
dia y otro que empuja moralmente al país hacia adelante. 

El acta de 15 de setiembre í^ 1821 es el punto de partida de esa 
lucha incesante y continua. 

Esa acta inmortal habla de la separación de España; pero no 
hidim la forma de gobierno que Centro- América debia adoptar. 

Tan importante declaratoria se dejó para otro tiempo. 

Este aplazamiento no es ca^sual; proviene de la meditación y del cálculo. 

A los salones de Palacio concurneron el 15 & setiembre de 82] 
republicanos y monárquicos, y estos se dividian en constiiucionalej< 
¿/ absolutistas, que se hahrian agregadx) al partido de don Cárlon 
en España, 6 al d^ Caerlos X en Fra}icia, pues parece que el nombrt 
Carlos está dedicado en todas partes á indicar el absolutismo de ¡oh 
reyes. 

Los monárquicos de ambas secciones apoyados en que vi acta dt 
Independencia no establece la repíibUca, lucharon con los republica- 
nos en favor de la jnonarquia, hasta obtener la anexión al Tniperin 
mejicano, consignada en el acta fatal de ¡) de enero de 1822. 

üaido el Imperio por grandes sucesos que en Méjico acttecieron, 
muchos de los monárquicos de setiembre de 2\ y de enero de 22 
tuvieron necesidad de transigir con la república, no por coniHccio- 
m3s, sino- porque el Etnperador de. Méjico hahia sucumbido; /)cr(t a^ 
plazaban la declaratoria sobre la forma de gobierno. 

El acta de 1.^ de julio de 1823 decía r<( solemnemend^ que ia^ 
provincias dsl antiguo Reino de Guatemala son libres é independien- 



fes de yiéjico, de Esjxtña ¡j di^ ('nalqidera otra nación; pero no adopta 
fodüvia la forma rejmhlicmia. 

La repMica no triunfó sino hasta el 17 de diciembre de 182)>. 
día en que se publicaron, después de una reñida lucha parlamentaria, 
las bases de una Constitución popular, representativa, federal. 

Vencidos mvestros monárquicos en este terreno, se dedicaron á desa- 
rreditar la nueva forma de gohierru), á presentar obstáculos de to- 
das clases á la administración, jí;«ra destruir la le¡i fundamental y es- 
tablecer, si nó una monarquía, á lo menos una repiihlica aristocrá- 
tica, como Venecia, cuyo Dux fuera uno de los partidavios del Im- 
perio mejicano. 

Con este fin hubo combates desde el año de 2í) hasta abril de 
1.829. 

La entrada del gerieral Morazan « la plaza de Guatemala el !?> 
de abril de 2S),'2yuso término ci la guerra civil y á las pretensio- 
nes de la aristocracia; pero muy pronto el espíritu servil for- 
mó conjuraciones en San Salvador, en Soconusco, en Honduras, 
hasta el extremo de que traidoyrnnente se izara la bandera española 
en el Castillo de Omoa. 

El general Morazají se sobrepuso á los traidores, y en 18^)2 rW//- 
tro' Amé rica quedol¡l>re dj ello^^. 

Pero otras c>onjur aciones apoyadxis por el fanatismo, y por las 
superchei^ias mas absurdas, abrieron nuevas campañas hasta d.onii- 
nar la situación el 13 de ahril de 1839. 

Un esfuerzo heroico de la juventud, acaudillada por los proceres 
de la Independencia, triunfó sobre el salvajismo en 1848. 

Pero los liberales no supieron 'mantener el triunfo. Se engolfaron 
< n discusiones teóricas, en momentos solemnes que exijian la (f<x'ion, 
la actividad y la fuerza; se dimdieron en dos secciones, una de ellas se 
unió á los serviles, é hizo correr la sangre de distinguidos ciudada- 
nos, en los campos de San Andrés, llevando su ceguedad hasta e¡ 
exceso de elevar al poder supremo á un partidario del réjimen 
''aido, que terminó su mando pe?petrando una traición, que con- 
dujo él los calabozos y (ü destierro éi los mismos que lo hahian ^■~ 
levado. 

El réjimen de lo de abril de 839, se restableció entonces, se forti- 
ficó con los errores del año de 48, aumentó su solidez con el apoyo 
dejesuitas y de frailes de todos colores, que en b/ircadas se hacia?^^ 
venir del extrangero. y lodavia existiera sin los sucesos de 1871. 



Señor General Presidente: U. asociado de otro Jefe ilustre, de^ 
fntyó ese réjimen fatal; y ü. solo ha mantenido hasta hoy vna Era 
nueva de adelanto y de irrogreso. No digo mas: eualqmer apa- 
labra que salga de mi pluma ó de mis labios será interpreta- 
da como vil adulación. Las circunstancias me imponen silencio. 
Me contraigo, por tanto, á un acontecimiento solo, que, estan- 
do á la vista de Guatemala, de Centro- América y del mmido entero, 
nadie podrá tener la osadia de negar, y me atrevo á dedicar d Ud, 
esta ''Reseña,'' que se compondrá de varios tomos. 

La obra significa poco; ¡yero ella estimulará á personas compe- 
tentes á escribir otras dignas de Centro- América. 

No hago ahora mas que salvar de las llamas decoradoras dti 
partido servil, preciosos documentos, y consignar recuerdos que ti 
tiempo destruye. 

Señor Presidente: dígnese Ud., en tal concepto, aceptar benévola- 
mente esta dedicatoria. 

Libertad y lleroriiia. 

Guatemala, setiembre í>0 dr 1878. 

^§axt\\iü P;on tufar- 



r-*»---^?e^i45^o;^^^. 



FKOLOGO DEL AÜ'IOR. 



Líi hÍ8torÍH es la esperiencia del mundo j la 
razón de los siglos. 

El Conde dk Skgur, 



La historia ha sido comparada con un anciano de mi- 
ilares de años, que refiere lo acaecido durante su prolon- 
gada existencia. 

Nadie ignora la importancia de esta narración, llama- 
da por muchos, '^espejo de la verdad que nos da en el 
cuadro de lo pasado el anuncio del porvenir." 

„ En el tribunal de la historia, se ha dicho: Los con- 
,. quistadores descienden del carro triunfal: los usurpado- 
., res iio nos espantan con la comitiva de sus satélites: 
,, los príncipes aparecen sin sus cortesanos, y despojados 
,, de la falsa grandeza que les prestaba la adulación. 
„ Detestamos sin riesgo la ferocidad de Nerón, las cruel- 
., dades de Sila, la hipocresía de Tiberio. Si hemos visto 
„ á Dionisio espantoso en Siracusn. lo vemos humillado 
, en Corinto." 

Este cuadro referente á Grecia y Roma, comprende to- 
da la historia. Los acontecimientos son los mismos en to- 



I 



I^KOLOGO DKJ. AUTOK. U 

das las edades^ en todas latitudes y bajo todos los meri- 
dianos. La diferencia esta en el teatro donde se ejecutan 
y en los actores que los representan. 

En todas partes hay Dionisios humillados después de 
haber ejercido largos año3 la tiranía. En todas partes 
hay Tiberios que^ después de haber ahogado todas las 
libertades, esclamen: ^'¡Nación vil! naciste para la servi- 
dumhrey En todas partes hay hombres que sin las glorias 
militares, ni las eminentes cualidades de Sila, emplean pa- 

I ra vencer, la corrupción y las tablillas de proscripciones. 

I En todas partes hay Nerones que incendien la capital de 

I su patria, como incendió Nerón muchos cuarteles de Ro- 
ma, consumiendo inmensas riquezas. 

Y pasando á otros tiempos y á otros países, puede de- 
cirse que en todas partes hay traidores. La historia de 
España exhibe al conde don Julián bajo el peso de la 
execración de once siglos, porque entregó su patria al 

^ extrangero; traición infame que, para oprobio de la huma- 
nidad, no solo á las márgenes del Guadalete se ha per- 
petrado. 

Ahora se trata únicamente de presentar los sucesos que 
precedieron á la Independencia de Centro- América y que 
se han realizado hasta hoy. 

El señor doctor don Alejandro Marure, por orden del 
jefe del Estado de Guatemala doctor don Mariano Calvez, 
escribió un "Bosquejo Histórico," que comenzando con la 
Independencia debió terminar con los sucesos de 1834. 
La obra iba á contener tres volúmenes; Marure hizo im- 
primir dos, y el tercero quedó inédito. El partido servil 
de Guatemala estaba caido entonces; no pudo, por lo n)is- 
mo, impedir la circulación del. primer tomo, y su edición 
se agotó: pero cuando ese i)artido subió al poder, se ''e- 
30jieron nnichos ejemplares. ]\)r todas partes tcnian los 
serviles agentes que pedían prestado el primer tomo de 
Marure, v ¡amas lo devolvían. 



III IMíÓLOíiO J)EL AüTOlJ. 

El segundo tomo ya no se dejó circular. Un solemne au- 
to de fé devoró la edición entera. Sin embargo, un ejem- 
plar escapado de las llamas aparece ahora reimpreso, y 
circula sin riesgo de pesquisas inquisitoriales. 

Cuando se hacia cargo á los. serviles por la desapari- 
ción del segundo volumen de Marure, decian que contie- 
ne una serie de falsedades, y que no debe engañarse al 
publico con mentiras. 

Ese tomo está hoy á la vista del publico, y con el tex- 
to en la mano pregunto al partido servil: ¿dónde están 
esas falsedades y esas mentiras? 

¿Será una falsedad el decreto de 28 de marzo de 27, 
en que Aycinena pone fuera de la ley á los proceres de la 
Independencia centro-americana? 

¿Será una falsedad el decreto de don Mariano Aycine- 
na que condujo al patíbulo al honrado artesano Isidro 
Velasco? 

¿Será una falsedad el decreto de 10 de mayo de 27, 
firmado por don Mariano Aycinena y por don Agustín 
Prado, que inmola á Pierzon? 

¿Será una falsedad el decreto de Aycinena, Vefrendado 
por don Antonio José de Irisarri, que manda no se lea ni 
circule en Guatemala ningún libro que no fuere del agra- 
do del arzobispo fray Eamon Casaus y Torres? 

¿Serán una falsedad los confinamientos por diez años 
al castillo de Omoa, lo que equivalía á la pena de muerte 
infligida lentamente; y con la circunstancia agravante de 
que los confinados iban bajo las órdenes del inhumano 
Sistiaga, que se complacía en darles un trato cruel? 

¿Será el despojo y la persecución de los magistrados de 
la Corte de Justicia, entre los cuales figuraba el distin- 
guido jurisconsulto y honradísimo ciudadano don José Ve- 
nancio López? 

¿Será una falsedad el incendio de Comayagua ejecutado 
por las fuerzas serviles que Arce mandó á Honduras á so- 



I 



PKÓLOÍíO DEL AITOII. IV 

jiizgur el país, y á protejer al vicario don Nicolás Irias, 
quien intentaba vencer á los liberales lanzando contra e- 
llos iniítilés excomuniones? 

¿Será una falsedad la devastación de una parte de A- 
culhuaca, de San Sebastian, de Cuscatancingo, de San 
Martin, de Mejicanos, de Tuistepeque, de Nejapa y de al- 
gunos barrios de la ciudad de San Salvador? 

¿Será una falsedad el asesinato de Merino estraido de 
un buque extrangero C|ue se hallaba en la Bahía de Con- 
€hagua? 

La narración del segundo tomo de Marureestá compro- 
bada con documentos justificativos, que se hallan al fin 
-del volumen: digan los serviles cual de todos esos docu- 
mentos es falso. 

No ha sido posible conseguir el tomo inédito. Algunas 
personas de la familia del autor, no sé por qué género de 
i consideraciones, se oponen á que se vea. 
' Si aquel.tomo se hubiera publicado, esta Resena comen- 
zarla con los sucesos del año de 34; pero faltando una 
parte de lo que escribió Marure, ha sido preciso comen- 
zar desd^ fines de 1828, circunstancia que me ha propor- 
cionado ocasión de palpar las falsedades con que el par- 
tido servil ha desfigurado los sucesos memorables de 1829. 

La obra está dividida en capítulos cortos; su brevedad 
y la geografia política de Centro-América así lo exigen. 
La República estaba distribuida en cinco Estados. Es 
preciso hablar de todos sin que haya confusión. Limitar- 
f>e á uno solo, seria lo mismo que pretender escribir la his- 
toria de Francia, sin hablar mas que de Burdeos ó de 
Marsella. Cada Estado exije capítulos separados. Exíjclos 
igualmente el Gobierno federal. Una narración rápida de 
un país con seis gobiernos, necesita muchas divisiones pa- 
ra ser clara. Se sigue el orden cronológico. Pero una u o- 
tia vez para completar un acontecimiento, se dá fin á lo 
<|ue á él concierne,, volviéndose en el capítulo siguiente 



V I^IíÓLO(íO DEL AUTOlí. 

al tiempo que ha servido de punto de partida. 

La primer cualidad de un historiador es la imparciali- 
dad. eJeremías Benthan dice, para esplicar la imparciali- 
dad que hade adornar álos jueces, que deben ser perpen- 
diculares. El historiador es un juez en las cuestiones so- 
bre que versa su obra, y debe, por lo mismo, ser tan 
perpendicular, como Benthan quiere que sean los jueces. 

Pero si para obtener esta cualidad fuera preciso no 
pertenecer á ningún partido, no habria quien escribiera 
la historia, porque aunque no existe entre nosotros una 
ley de la antigüedad que condenaba á los ciudadanos que 
fueran indiferentes á las cuestiones de la patria, es impo- 
sible encontrar un hombre solo, que no se incline mas á 
un círculo político que á otro, que no crea mas justo un 
sistema que otro sistema, y á quien no inspiren mas sim- 
patías las doctrinas de unos hombres que las doctrinas 
de otros. 

No hemos tenido una obra histórica desde elafío de 21, 
trazada por una pluma enteramente imparcial. Las Me- 
morias de Arce son un alegato de bien probado en feívor 
de su administración. Las Memorias de Jalaija s.on la apo- 
logía del partido servil. Todas las publicaciones de Irisar- 
ri, de don Juan José Aycinena, de Pavón, de Milla y cuan- 
tas se han hecho durante treinta anos por los retrógrados, 
presentan álos liberales como una sociedad de malhecho- 
res, y á los serviles como ángeles que forman coros celes- 
tiales. Los recalcitrantes, durante todo ese tiempo, apro- 
vechaban todas las ocasiones y todas las circunstancias, 
para cubrir de oprobio á un partido que se proponían 
destruir colectiva é individualmente. Esa incesante pre- 
dicación llegó á producir efecto en el ánimo de muchas 
personas. 

Al escribir esta Reseña^ me encuentro bajo una pesada 
atmósfera de errores, y para restablecer la verdad necesito 
colocarme al frente de esos errores, á fin de procurar des- 



PlidlJHU) 1>EI. Al'TOK. \I 

truirlos con documentos, con raciocionios y con narra- 
ciones. 

Ese ataque, indispensable para desvanecer las nieblas 
arrojadas sobre los grandes acontecimientos, y sobre una 
serie de individuos, será lo que los serviles llamen par- 
cialidad y espíritu de partido. Pero en las circunstancias 
en que ellos colocaron al país, no se puede restablecer la 
verdad comenzando de otra manera. 

El espíritu de adulación ofusca á los historiadores; pe- 
ro en esta Reseña no puede existir. Los principales perso- 
nages á que me refiero han muerto. El general Morazan 
desapareció, y nada tengo cjue esperar, ni que temer de 
su familia. Barrundia no existe. Se dirá que tiene un hi- 
jo en elevada posición. Es verdad; pero cuando Barrundia 
murió, su hijo era un niño, y entonces escribí una Noticia 
biográfica de don José Francisco Barrundia, que fué pu- 
blicada en el periódico oficial de Costa-Rica, y reproduci- 
da en San Salvador, sin embargo de las circunstancias a- 
flictivas de la época, y en otras secciones de América. 

En esa Noticia biográfica se presentan mas de relieve 
las virtudes cívicas de aquel esclarecido ciudadano (pie 
en toda esta Reseña, 

No mueve, pues, mi pluma, ni la vil adulación, ni el 
misérrimo interés. 

El partido liberal no se presenta como intachable: cen- 
suro severamente su falta de unidad, sus divisiones, que 
tan funestas han sido para él; sus tendencias á sacrificar 
á simples formas los mas elevados intereses y á fijarse 
decididamente en la bondad absoluta de las leyes, sin con- 
siderar algunas veces su bondad relativa; la facilidad pa- 
ra condenar á sus prohombres por pequeneces, sin tener 
en cuenta largos años de sacrificios heroicos, y de cívicas 
virtudes; vicios que si no se corrijieran, el partido liberal 
jamás podría permanecer largo tiempo en el poder. 

Otra falta que se intentará atribuirme es la ingratitud. 



vil PliOLOOO DI:L AlTOIi. 

].a. ingratitud es un vicio que envilece. 

Un hombre, para no ser ingrato, debería callar los de- 
fectos de sus bienhechores, aunque solo se trate de los ac- 
tos de la vida política; pero ningún deber de gratitud se- 
lla mis labios respecto de los individuos del partido servil 
comprendidos en esta Reseña. Xo debo molestar al publi- 
co con inaterias que, siendo absolutamente personales, 
ningún interés ofrecen para él No tendré inconveniente, 
sin embargo, en contestar detalladamente, demostrando 
lo qne digo, á cualquiera que por la prensa me impute 
falta de gratitud. 

Casi en cada capítulo de esta Reseña se insertan los 
decretos, los discursos, las proclamas, los manifiestos á 
que la narración se refiere; sistema que si por una parte 
hace fastidiosa la obra, por otra eleva el relato á eviden- 
cia, primer cualidad de un libro histórico. 

Muy fácil me habría sido referirlo todo con mi propio 
estilo; pero he preferido á la pueril vanidad de presentar 
incesantemente redacciones propias, la conveniencia de 
que la juventud conozca á muchos hombres de nuestra 
historia, no solo por lo que se dice de ellos, sino por sus 
discursos, por sus proclamas, por sus decretos, por sus no- 
tas oficiales y otras publicaciones suyas. 

La historia no es un libro„ es una serie de sucesos que 
se realizan; los libros no hacen mas que consignar esos su- 
cesos. El que escribe un libro histórico debe procurar 
desaparecer en su obra, presentando á la vista los aconte- 
cimientos que narra como si se estuvieran verificando. . 

La juventud que se educa desde el año de 1871, no co- 
noce á los primeros personages de nuestra historia. No 
existen sus discursos, porque no hubo taquígrafos que los 
consignaran. No existen sus publicaciones periódicas, 
porque los serviles las destruyeron. ¿Dónde están las co- 
lecciones de El Genio de la Libertad^ de El Editor Consti- 
tucional de El Amigo de la patria, de La tribuna, de El U- 



pií6l()(;o dfa. aitok. viii 

heral, ele El amigo del jmehlo y de otros muchos periódicos 
que se publicaron en Centro-Améiica? No existen. Los 
serviles han procurado que desaparezca hasta la memoria 
de lo pasado. 

No hay tampoco tradiciones exactas, porque los ser- 
viles las han alterado convirtiendo en acciones monstruo- 
sas actos recomendables, y deificando la barbarie, que 
asombrará á los jóvenes cuando lean el relato de los crí- 
menes que, cantándose la Salve-Regina, se perpetraron. 
Es conveniente, pues, dará conocer las personas histó- 
ricas á que me refiero, presentando sus propias obras. 

I Las Memorias escritas por el general Morazan en Da- 
vid, para contestar los cargos que los serviles le hacian, 
contienen la narración de algunas de sus batallas. Esas 
Memorias han circulado tan poco, que el general don Mi- 
guel Garcia Granados, por nías esfuerzos que hizo, no 

I pudo conseguir verlas antes de publicar el primer touío 

I de sus Meniorias. 

i Me propongo hacer que la juventud conozca al general 

Morazan, pintado por los serviles como un Heliogábalo, 
no solo refiriendo sus hechos, sino presentando íntegras 
sus palabras y textualmente sus vindicaciones. 

El general Morazan desí:ji-ibe las acciones de la Trini- 
dad, de Gualcho, de San Antonio, de San Miguelito y de 
las Charcas. No puedo haber mejor histoiiador de una ba- 
talla que el jefe victorioso. Seria una falta preferir mipro- 
])ia narración á hi narración de quien no solo fué testigo 
ocular, sino que lo hizo todo en el campo de batalhi. 

La inteligencia de llaoul, y su elevada posición en el 
ejército aliado que sitió á Guatemala el año de 29, le dan 
una grande importancia en aquella campana. Morazan co- 
misión'; á llaoul para dar á los gobiernos aliados noticia 
circunstanciada de los sucesos militares acaecidos en los 
(lias 7, 8, 9, 10, 11 y 12 do abril de L^29. La narración de 
llaoul está documenfada y la presento íntegra, con todos 



IX i>r6logo del autor. 

sus documentos anexos, en el capítulo octavo del libro 
primero. 

Los acontecimientos de los dias 11 y 12 de abril, tienen 
una importancia inmensa; son una gran crisis en que se 
desploma todo un sistema, para elevarse otro sistema. En 
esos dos dias ya no se ven las miserables fortificaciones 
de la plaza de Guatemala que caen, sino la libertad re- 
publicana que se eleva. Los grandes acontecimientos de 
esos dos dias memorables no pueden descansar solo en un 
parte militar. Se hace otra narración amplificada. Esta no 
se desvia de la verdad; está' basada en los mismos partes 
militares y en notas de Aycinena, quien horrorizado por 
los estragos de la metralla, línico argumento capaz de con- 
vencerlo, suplica y vuelve á suplicar al general Morazan 
que suspenda las hostilidades contra la plaza. Los servi- 
les han escondido esa correspondencia. Ellos juzgándola 
aniquilada, escribieron atroces falsedades sobre la rendi- 
ción de la plaza. Alguna de estas falsedades realza en 
la Biogratía de don Manuel Francisco Pavón, escrita por 
don José Milla y Vidaurre. 

Desde el 13 de abril de 1829, dia en que el general Mo- 
razan ocupó la plaza de Guatemala, hasta el 13 de abril 
de 1839, dia en que la ocupó el general Carrera al frente 
de hordas salvages, la historia es una lucha incesante y 
sin tregua con la aristocracia, con el clero, con todo el par- 
tido servil empeñado en que las instituciones liberales 
no se afianzaran y en restablecer el monaquismo y la teo- 
cracia, valiéndose de las supercherías mas absurdas. 

No con el fin insano de turbar la paz de los muertos, ni 
de herir en lo mas vivo á familias que todavía existen, si- 
no para que la juventud vea y tenga en sus propias ma- 
nos las armas con que el Arzobispo, los pretendidos nobles 
y el clero han combatido la independencia, la república y 
las instituciones liberales, se relatan y documentan en el 
capítulo cuarto los sucesos del convento de Santa Teresa, 



PKÓLOOO DEL Al TOlJ. X 

y las mas severas resoluciones dictadas contra ellos por 
el papa Pió VIL 

Pío YII no era un liberal, nada de liberal tenia: fué el 
Pontífice que excomulgó á Napoleón 1, y derogó el Breve 
de Clemente XIV, contra la Compania llamada de Jesús; 
pero no soportó las supercherías del Arzobispo y de los no- 
bles de Guatemala, como no soportó que los jesuítas le 
exijieran que coronara á Luis XYIII como sucesor sin in- 
I ^ terrupcion é inmediato del Delfin de Francia. Pió Vil les 
contestó airado: "He coronado á Napoleón bajo las bó- 

I VEDAS GÓTICAS DE NuESTRA SeÑORA DE PaRIS, Y NO PUEDO 
I DECIR HOY QUE NO FUÉ UN MONARCA LEGÍTIMO.'' 

I La condenatoria dictada en Roma contra fi-ay Ramón. 

1 de nada valió. Ni el Arzobispo, ni don Mariano Aycinena. 
ni su círculo, hicieron caso de la resolución del Papa. Sus 
esfuerzos se dirijieron á que no circulara, á que nadie la 

I viera, y continuaron las profecías contra los liberales. Los 
serviles aprovechaban, paia dar pábulo á esas siniestras 
predicciones, los terremotos, los rayos, los eclipses y todos 
los grandes fenómenos de la naturaleza. 

Elstas maniobras que durante los acontecimientos en el 
libro primero y segundo contenidos, solo produjeron ol 
ridículo V el escarnio, triunfan mas tarde. 

El clero y la pretendida aristocracia, para sublevar á 
los pueblos, aprovechan una serie de reformas que a la le- 
gislación se hablan hecho. Muchos curas logran al Ihi le- 
vantar á los campesinos. Los milagros se repiten. Ya no 
los hacia la madre Teresa Aycinena, porque habia muer- 
to; pero los hacia su memoria; los hacian sus vestidos, que 
se dividieron para esparcirlos por todas partes, como sa- 
crosantas reliquias; los hacian otras monjas tan santas co- 
mo aquella, aunque no de tanto crédito; y mediante 
tales portentos ([ue se emplearon el ano de 37, para hacer 
creer á los pueblos que el gobierno envenenaba las aguas, 
se levantó Carrera, auxiliado por los aristócratas y los cu- 



xí i'kólíHtO del Arjí^n. 

ras. Aquel caudillo se convirtió eii instrumento de sus 
protectores, y cuatro familias apoyadas por los jesuitas, 
(pie llamaron en su auxilio, ejercieron como dueñas y se- 
ñoras de los destinos de la patria, su voluntad absoluta 
durante trmnta años. 

Bn toda esta Reseña se habla de nobles y aristócratas 
para seguir las denominaciones usuales y las creencias de 
algunos biógrafos; pero en realidad, en Centro-América no 
hay nobleza ni la hubo jamás. Determinadas familias for- 
maron ligas para no mezclarse con el resto del país, y pa- 
ra imponer su autoridad á la nación entera. Estas ligas, 
mas hostiles al pueblo que la nobleza europea, es lo que 
se ha llamado aristocracia. En todo el reino de Guatema- 
la no hubo mas título nobiliario que el correspondiente á 
un marquesado. Ese línico marquesado se obtuvo, no por 
proezas, ni por relevantes cualidades del fundador, ni de 
sus ascendientes; sino por compra al Rey de España. El 
título fué abolido por la Asamblea Nacional Constituyen- 
te en decreto de 23 de julio de 1823. En España, muchos 
años há que se declaró suprimido ese marquesado, y quien 
su título usara hoy, en los dominios de Don Alfonso XII, 
Incurriría en pena, según la ley española de 28 de diciem- 
bre de 1846. 

Los conquistadores, cualquiera que haya sido su orí- 
gen, que en lo general aparece muy innoble; venían casi 
siempre solos, y tuvieron sucesión, legítima ó ilegítima^ 
con las indias "conquistadas, únicas mujeres que se halla- 
ban en este suelo. Infiérese evidentemente de lo espuesto, 
que mientras mas antiguas sean las familias centro-ame- 
ricanas, mas clara es su procedencia indígena. Juarros 
enaltece á una serie de familias guatemaltecas, de las que 
mas ostentan todavía con su orgullo y el desden con que 
miran á los hijos del pueblo, los humos aristocráticos, por 
creerlas procedentes de don Jorge de Alvarado, her- 
mano de don Pedro el conquistador. 



í?KOLO(;() DEl. AIJTO^Í. XII 

Don Jorge no era en España ningún Duque de Medina- 
celi, ni de Medina-Sidonia; pero aunque matando indíge- 
nas hubiera ascendido á un Ducado, con grandeza de pri- 
mera clase, la sucesión de don Jorge de A I varado en A- 
méi'ica procede de Lucia Xicotenga-Tecubalsi, india a- 
mericana, hermana de Luisa Xicotenga, madre de doña 
Leonor de Alvarado. Los hijos de españoles y de indias, 
no miraban con tanto disgusto como sus padres, á los in- 
dios sus parientes, y continuó mezclándose la raza. Hé a- 
quí el principio de la antigua nobleza centro-americana. 
Siendo esta la cuna de la aristocracia de nuestro país, 
los hijos del pueblo deben ver á todos sus conciudadanos, 
cualquiera que sea la ropa que vistan, como iguales, no 
solo ante la ley, sino ante el origen; y no admitir distin- 
ciones que no procedan de la inteligencia, de la cultura v 
la honradez. 

Nada de lo (pie presenta la historia del universo nos es 
estraño, desde la superchería de Numa Pompilio que ha- 
ce crcor a! p:ieblo que la ninfa Ejeria aprueba y guia to- 
dos sus actos, hasta los jesuítas de Santiago de Chile que 
hacen creer al pueblo que la Virgen Maria contesta las 
cartas que se le escriben; desde los sacerdotes paganos 
del teuq)lo de Diana, que tínjen que la Diosa habla, hasta 
los sacerdotes católicos de Ñapóles, que tinjen que en sus 
manos se liquida la sangre de San Genaro. 

En toda nuestra historia domina la incesante lucha en- 
tre lo presente y lo pasado; entre los hombres que nos ar- 
rastran á la p]dad Media y los hombres que nos empujan 
hacia adelante. 

Esta lucha no es propiedad de la América-Central; ella 
se presenta en el orbe entero; pero en aquellos pueblos 
donde la luz de la civilización no penetra, sus estragos 
son mayores y sus consecuencias mas funestas. 

Guatemala, 26 de setiembre de 1878. 



RESENA HISTÓRICA 

DE LA 



-♦►-♦* 



LIBRO PRIMERO. 

compeende ujt capítulo preliminar sobre las causas de la 
revolución; la guerra de Honduras desde el sitio de Coma- 
yagua HASTA EL completo TRIUNFO DEL GENERAL MORAZAN, Y 
LOS SUCESOS QUE PRECEDIERON A LA VICTORIA DE LOS SALVADORE- 
ÑOS EN Mejicanos, hasta la restauración de las 

AUTORIDADES DISUELTAS EN 1826. 



Caúsasele la guerra de Guatemala con el Salvador y Honduras. 



SÜMAKJO. 

—Necesidad de espresar las causas de la guerra. -\ >^fíuacioét 
de Guatemala antes de la Independencia. — 3. Lo que era el . 
hlo, — 4. Oddo de las prov) indas á la capital, — 5. Acontecimi 
que debió destruirlo, — 6. Aspiraciones de la aristocracia, — 7 El 
Arzobispo Casatcs,—S, Consecuencias de la constitffcio/í cspn- 



6 EESEl^A HISTÓRICA 

fióla, — 9. Union á México. — 10. Caída del Imperio mejicano. — 
11. Asonada de Ariza Torres— 12. Asamblea Racional Consti 
tiiyente. — 13. Constitución federal.— lA. Elección de Arce-- 
15. Su liga con la aristocracia— IQ. Maquinaciones en Hondu- 
ras. — 17. ElJefe Yillacorta. — 18. El vice-Jcfe Prado. — 19. Ba- 
talla de Arrazola. — 20. Sitio de Comayagua. — 21. Tercera in- 
vasión al Salvador. 



1. — Antes de continuar el hilo de los acontecimientos que el Sr. 
Mar are susj)ende en su obra impresa, al comenzar la narración del 
fin trágico de Merino, es conveniente que se conozcan los móviles de 
esa guerra desastrosa, que tanto ha influido en la suerte de Centro- 
América, y que tan funesta fué para los Estados beligerantes. 

2. — Guatemala, en tiempo del gobierno español, era la capital del 
Reino. En ella residía el Capitán Jeneral, la Real audiencia y el 
Arzobispo. El circulo político de estos señores, no solo se componía 
de españoles, sino de guatemaltecos pertenecientes á las familias que 
se llamaban nobles. Los* males, i3or tanto, procedentes de las prime- 
ras autoridades, no se atribuian únicamente á los peninsulares, sino 
á la aristocracia guatemalteca. 

3. — El pueblo estaba reducido á la nulidad mas absoluta. No se le 
educaba, ni se le instruía, y era un instrumento ciego de la oligar- 
quía que imperaba en el Palacio de los Capitanes Jenerales. 

4. El odio de las provincias se marco contra esa oligarquía, y mas 
tarde, por equivocaciones y errores, se hizo estensivo á todo lo que 
fué Estado de G-uatemala. Este odio era mayor en las provincias li- 
mítrofes, por ejercer en ellas una influencia mas directa los conse- 
jeros de los gobernantes españoles que se hallaban en la capital. 

^ — Hubo un acontecimiento que debió haber sido ájente destruc- 
tor de envejecidos odios y vetustas preocupaciones: la Independen- 
cia. Pero aquel suceso memorable, si bien dio autonomía á Cen- 
tro-América, no pudo darle la unidad y la confianza que p)ara su 
prosperidad necesitaba. Son pocos los hombres que tienen la gran- 
deza de alma y las virtudes cívicas indispensables para prescindir 
de los honores y preeminencias que los han rodeado desde la cuna. 

6 — El círculo aristocrático de Guatemala carecía de esas cívicas 
virtudes. El había perdido muchas de sus prerogativas con la Cons- 
titución de 1812, y con los decretos de las Cortes de Cádiz. El gol- 
pe que en 1814 dio Fernando YII anulando la Constitución, pren- 
diendo á los diputados liberales, disolviendo las Cortes y restable- 
ciendo la Inquisición y la Compañía llamada de Jesús, fué celebra- 



DE CENTRO- AMÉRICA. 7 

do con entusiasmo j^or la aristocracia de Guatemala. 

7— El arzobispo Fr. Ramón Casaus y Torres, español tan erudito 
<íomo intrigante, estaba ligado á la misma aristocracia desde que 
arribó á esta diócesis el año de 1811, y todas sus pastorales, edic- 
tos y sermones tendían á sostener los fueros de la nobleza. 

8 — El 1. ^ de enero de 1820, Riego á la cabeza de un ejército, 
que en las inmediaciones de Cádiz se liabia formado pam combatir 
la Independencia americana, dio el grito de libertad, secundado x)or 
<íuiroga, Arco-Agüero, López Baños, 0-Dali, La-Bisbal y otros; y 
Fernando VII juró la Constitución de 1812 y convocó las Cortes. 
La aristocracia de Guatemala sufrió un segundo golpe. Ella nocal- 
f^ulaba entonces que cien mil franceses, á las órdenes del Duque de 
Angulema, restablecerían el poder absoluto de Femando Vil, ni 
que una elevada horca liarla expiar á Riego su amor á la libertad. 
Los nobles fueron vencidos en las elecciones de diputados ú Cortes 
y demás funcionarios que creaba la Constitución, porque el parti- 
do que combatía la nobleza, contaba en su apoyo con las autorida- 
des españolas y habla tenido habilidad para ganarse al pueblo. To- 
do esto hizo á muchos aristócratas decidirse á trabajar con ahinco 
l^or la Independencia. 

9 — Verificada nuestra emancipación, se habia realizado el i>riuier 
íicto del drama político. Veamos el segundo. Méjico, según los tni- 
tados de Córdova, debia tener un monarca. Los nobles de Guatf^- 
mala acojieron esa monarquía con entusiasmo, é hicieron esfueraos 
X^ara que su país fuera una parte integrante de ella. San Salvador 
se opuso. Ellos lo invadieron. No pudieron triunfar. Pidieron en- 
tonces auxilio á Méjico y realizaron una segunda invasión con tm- 
pas mejicanas, hasta imponer el yugo monárquico á la i)rovincia 
que mas habia combatido por la libertad, por la independencia y 
l)or la República. Los odios que estas dos invasiones produjeron son 
profundos, muy profundos. 

10— El pronunciamiento de Casa-Mata, destruyó el Imperio me- 
jicano. Centro- América no podia ser una monarquia siendo Méjico 
una República. Si Méjico no estaba rejido por una testa coronada, 
la nobleza de Guatemala ningún provecho reportaba de la anexión. 
X^orque la Rei)ública no podia conservarle los honoi'esy preeminen- 
cias de hidalguía á que tanto aspiraba. El Imperio desapai*eció; jh»- 
ro no se borraion las huellas d(í sangre (pie en el Salvador dejaba 
impresas. 

11 — La asonada dv Ariza Toires dio á conocer el estado dr les a- 
nimos. Ella obligó á las autoridades nacionales residentes en (íiia- 
temala, á pedir íaixilio á San Salvador. Los salvadoreños entrama 
á la capital con el disgusto y la zozobni con que se penetra a xiu 
país enemigo. Por todas partes veían, ó se figuraba») v.m- -í tos inva- 



8 I1E8EÍÍA ilISTÓKICA 

.sores de su patria. Esta situación produjo alarmas que no termina- 
ron sino hasta que la división salvadoreña evacuó el territorio gua- 
temalteco. 

12 Bajo el poder de estas impresiones fatales se liabia instaladí> 

la Asamblea Nacional Constituyente. Este alto Cuerpo, honra de Ivt 
patria, se compuso de los hombres mas ilustrados de la República. 
Allí estaban representadas las cinco secciones centro-americanas. 
Entre los diputados del Salvador se hallaban los doctores Matías 
Delgado é Isidro Menendez, quienes creían, como la mayor parte de 
los pueblos que representaban, que los nobles de Guatemala se pro- 
ponían sojuzgarlos. Estas ideas se hicieron estensivas á los repre- 
sentantes de otras secciones. Los diputados guatemaltecos don Jo- 
sé Francisco Barrundia y don Antonio Rivera Cabezas, participabaTi 
de los mismos temores. 

13 — Tales convicciones contribuyeron poderosamente á la adop- 
ción del sistema federativo, que se consideraba un baluarte contra 
el poder de laj'aristocracia monárquica. Favorecían también el sis- 
tema federal "los publicistas entonces conocidos en este X)aís. Mon~ 
tesquieu dice que si una República es pequeña la destruye una 
fuerza estrangera, y que sí es grande la destruye algún vicio inte- 
rior: que los hombres se habrían visto precisados á vivir bajo el 
gobierno de uno solo, sí no hubieran imaginado un modo de consti- 
tución que á todas las ventajas interiores del gobierno republicano 
reúne la fuerza esterior del monárquico; tal es la República federa- 
tiva. Tenían los liberales en la historia antigua el ejemplo lumino- 
so de la GrecSa, mas tarde la Holanda y en los tiempos moder- 
nos la Suiza y los Estados-Unidos. En Centro- América el sistema 
de intendencias y de diputaciones provinciales independientes en- 
tre si,|habia preparado el país para la organización de diferentes 
Estados, y no eran bastante conocidas todavía muchas de las im- 
pugnaciones que se han hecho á los pensamientos políticos del au- 
tor de las Cartas Persianas y del Espíritu de las Leyes. El partido 
servil, con todas sus fuerzas combatía la idea de federación, y este- 
combate convencía mas á los liberales de que la aristocracia aspira- 
ba al gobierno unitario para sojuzgar al país con el auxilio del Me- 
tropolitano, de los obispos sufragáneos y de los monjes. Los libera- 
les tuvieron mayoría, y la Constitución federal fué decretada. Un 
Congreso posterior la sanciono, y comenzó á rejir como ley de la Re- 
Xmblica. 

14 — La elección de Arce, tan inconstitucional, como espresa Maru- 
re en el x^rimer libro del Bosquejo Histórico, fué el principio de u- 
]ia nueva revolución. Arce era enemigo de la ley fundamental, y sel 
proponía destruirla. Los nobles se le unieron y se ligó con ellos. 
Esta liga produjo grandes temores en los Estados y especialmente 



DE CERTKO- AMÉRICA. 9 

en San Salvador. 

15 — La liga de Arce con la aristocracia, lo puso en pugna con el 
Gobierno del Estado de Gruatemala, á cuyo frente se liallaba don 
Juan Barrundia. Los nobles se propusieron entonces, apoyados en 
la autoridad del Presidente, dar golpes de hecho en todos los Esta- 
dos que pudieran oponérseles, para tener jefes que pertenecieran á 
la escuela aristocrática. Arce se convirtió en dócil instrumento de 
la aristocracia. Redujo á prisión al gefe Juan Barrundia. Encendió 
la tea que produjo el asesinato del vice gefe don Cirilo Flores, y 
la disolución de la Asamblea y del Consejo. Mandó hacer nuevas e- 
lecciones, 'que por la influencia de las ba^yonetas favorecieron á la 
nobleza. Don Mariano Aycinena fué electo Jefe del Estado de Gua- 
temala. Se dio un decreto premeditado convocando á elecciones pa- 
ra un nuevo Congreso nacional y se maquinaron revoluciones en los 
otros Estados. 

16 — En Honduras mandaba don Dionisio Herrera, liberal sin ta- 
cha, amigo y pariente de don José del Valle, cuyas opiniones Her- 
rera respetaba siempre y seguia muchas veces. Era preciso derro- 
carlo, y se emprendió la lucha contra él por medio de las autori- 
dades eclesiásticas. El obisi^o de Honduras liabia muerto. En sede 
vacante mandaba como vicario el canónigo don Nicolás Irias. Arce, 
el arzobispo Casaus é Trias estaban d» acuerdo. El vicario hondu- 
reno suscitó á Herrera cuantas diñcultades pudo promover. Le su- 
blevó algunos pueblos y lanzó contra él la escomunion. No pudién- 
dosele derribar solo con las intrigas del clero, Arce invadió n T{on- 
duras por medio del coronel don Justo Milla. 

17 — ^En San Salvador gobernaba don Juan Vicente Villacorta, á 
quien los nobles lograron alucinar. Villacorta dio auxilios á Arce 
para sostener su política. Pero muchos hombres pensadores com- 
prendieron que se hallaban al borde de un abismo. Hicieron ver al 
Jefe del Estado los planes de la aristocracia, y la política comenzó 
á variar. La poca sahul y avanzada edad de Villacorta, no le pernii- 
tian entrar en luchas políticas y se retiró del mando. El vice-gefe 
don Mariano Prado ascendió al poder. Arce deploiti en sus Memo- 
i'ias este acontecimiento. Tiene razón. 

18— Prado cambió la faz política de su jmís. Rechazó el decreto 
de convocatoria y emitió otro llamando á los diputados y senado- 
res á la villa de Aliuachapan para que formaran el Congreso y el 
Senado de la República, disueltos indebidamente por intrigas del 
Presidente. Todos los Pastados aceptaron este decreto. Peix) dificul- 
tades de hecho impidifM'on la reaparición do los cutM'iHís ro l»»]!*^!:!- 
dores. 

19— El recuerdo de las dos pasadas invasiones: el golpe de Estado 
contra el ííefe don Juan Barrundia; las elecciones hechas en Guate- 



10 RESEÑA HISTÓRICA 

mala bajo la presión de las bayonetas; el aparecimiento en los pri- 
meros puestos del Estado, de los aristócratas que dos veces invadie- 
ron al Salvador para establecer la monarquía; el decreto de Arce 
desconociendo al Congreso existente y convocando á elecciones pa- 
ra reformar la República de la manera que pluguiera á las clases 
que liabian sido privilegiadas, y las maquinaciones en los Estados 
para destruir las autoridades liberales y establecer otras de la es- 
cuela aristocrática, produjeron en San Salvador una grande excita- 
ción. Se creyó que liabia llegado la hora de invadir á Guatemala, 
I)ara cambiar las autoridades llamadas intrusas del año de 26, que 
todo lo conmovían y restablecer á las inconstitucionalmente caldas. 
Aycinena comprendió que el Salvador se preparaba para invadirlo 
y dio un manifiesto á los pueblos llamándolos á las armas. Este 
manifiesto en que se hacen violentas increpaciones á los liberales de 
todos los Estados, aceleró los acontecimientos. Marcharon dos mil 
salvadoreños sobre Guatemala y fueron derrotados completamente 
en Arrazola. La aristocracia habla triunfado. La victoria de Arrazo- 
la le daba una gran preponderancia en toda la República. Los no- 
bles se creyeron invulnerables. Ellos pensaron que con solo una or- 
den podian destituir al gefe del Estado de Honduras don Dionisio 
Herrera y con un pequeño movimiento al vice-gefe del Salvador 
don Mariano Prado, para verificar una reforma aristocrática en todo 
Centro- América, que les hiciera olvidar la pérdida del emperador 
Iturbide. 

20 — El coronel Milla puso sitio á Comayagua después de haber 
invadido á Honduras bajo el iDretesto de custodiar cantidades de 
tabaco que existían en Los Llanos, y con el fin preciso de proteger 
el partido de Irlas y de operar un cambio político. 

21 — Otras fuerzas mandadas por los nobles, marcharon á invadir 
tercera vez al Salvador. 

¡Hé aquí las causas de la guerra! 



CAPITULO SEGXJN~DO. 

Campaña de Honduras. 

SUMARIO. 

1 — ''^Meraorias'' del general Morazan — 2. Sitio y rendición de Co- 
onayagua. — 3. Auxilio que envió Prado — 4. Prisión de Mora- 
zan y salida de ella — 5. Reflexiones — 6. Guerra entre él Jefe y 
el vice-gefe de Nicaragua — 7. Conferencias de Morazan con Vi- 
daurre — 8. Caida del vice-gefe de Nicaragua — 9. Acción de la 
Trinidad — 10. Morazan gobierna como Jefe de Honduras — 11. 
Movimiento de Dominguez contra el general Morazan: asesina- 
to de Merino — 12. Reflexiones de Morazan sobre este crwien. — 
13. Morazan en Texiguat y Lolotique, — 14. Batalla de Gual- 
cho — 15. Consecuencias de este triunfo — 16. Juicio del general 
Mora.zan sobre el triunfo de GualcJio. 



1 — YA. general don Francisco Morazan, ex-presidente de la Repii- 
blica centro-americana, después de liaber regido durante dos y^vio- 
dos constitucionales los destinos de la patria, se retiró de Centro- 
América. Sus enemigos lo^colmaron de acusaciones, y para vindicni^e 
•comenzó á escribir una obra intitulada -'Memorias". Ella contiene 
algunos de los sucesos mas importantes en que intervino el general 
Morazan desde la elección de don Manuel José Arce hasta el ano de 
1829. De ese interesante documento que, por desgracia, quedó .^in con- 
cluir, he tomado algunos párrafos relativos lí las acciones de guer- 
ra. Con respecto al sitio de Comayagua, que debo narrar ahora coni- 
-^pletando el texto.de Marure, ^Ionizan se espresa lUíí: 



12 KESENA HISTÓRICA 

2 — "Milla, sin encontrar en el camino ninguna resistencia, llegó' 
*' á la ciudad de Comayagua el 4 de abril, y estableció su cuartel 
* ' general en la iglesia de San Sebastian. Unas trincheras mal cons- 
' * truidas y un gef e ('^') militar traidor eran dos obstáculos de fácil 
' ' acceso para ios sitiadores, si la vigilancia de los soldados patrio- 
" tas no hubiera hecho impotentes por largo tiempo las maquina- 
' ^ clones de la intriga, así como los diversos ataques que se dieran 
"ala plaza. Estos no tuvieron otro resultado que el saqueo de to- 
" da la ciudad que se hallaba fuera de trincheras, y el inútil in- 
"cendiodesus mejores edificios con que se veiigára la cobardía, 
'' ofendida de la tenaz resistencia que le opusiera el valor de un pu- 
" fiado de soldados hondurenos y leoneses." 

"En tanto que tenían lugar estos sucesos, la fuerza enemiga se 
" aumentaba en razón que se disminuía la de la plaza. Los víveres 
" faltaban ya en esta; y muchas veces era mayor la sangre que se 
/ " derramaba, que el agua que se tomaba en el rio defendido por los 
" contrarios." 

"La esperanza de un pronto auxilio hacia, sin embargo, sufrir 
" estos males con resignación; pero esta desapareció muy luego. 
*" Cuando se supo en la pb.za que la tropa auxiliar se había disuel- 
" to en la Hacienda de la Maradiaga después de haber rechazado la 
" división que la atacara al m-ando del teniente coronel Hernan- 
" dez, el desaliento se apoderó del ánimo de los cobardes." 

' 'La perfidia del Comandante tuvo en ellos un apoyo, y la plaza 
* ' se rindió el 9 de mayo de 1827 por una capitulación en que todo 
" lo sacrificaba el traidor, por la conservación de su empleo, al ge- 
" fe que no había podido lograr ninguna ventaja sobre los sitiados. 
" Y para que nada faltase á este documento vergonzoso, la firme- 
" za con que había el gefe Herrera rechazado las proposiciones de 
" rendirse que se le hicieran, fué castigada dejándolo á merced del' 
" vencedor como prisionero de guerra." 

3 — El vice-Jefe del Salvador envió auxilio á Honduras; pero éste 
llegó tarde: Herrera había sucumbido, y las fuerzas salvadoreñas nO' 
eran bastantes para restablecer su autoridad. 

4 — Morazan continúa así la narración: "Los coroneles Díaz, Már- 
'' quez, Gutiérrez y yo, buscando nuestra seguridad, acompañamos al 
" Jefe salvadoreño que se retiraba á Nicaragua. Un incidente desa- 
" gradable, que podía comprometer nuestro honor, nos obligó á sepa- 
" rarnos de él en la villa de Choluteca, y á pedir garantías al coro- 
" nel Milla para permanecer en Honduras. Nuestros deseos fueron 



(*) Un tal Fernandez, europeo, quien el ano de 32 fué fusilado en Omoa por traidor. 



DE CENTRO- AMÉRICA. 18 

'• satisfeclios por este Jefe, mandándonos el pasaporte con el mis- 
^' mo correo que condujo la solicitud. Al instante marché con di- 
I Ji:^' reccion al pueblo de Ojojona para disfrutar en unión de mi fami- 
'' lia de la gracia que se me concediera. Por un presentimiento, quv 
'' jamás cupo en la confianza que me inspiraba la palabra de Milla. 
" dichos gefes no corrieron la suerte que se nos aguardaba en aquel 
'' pueblo, y yo, víctima de mi credulidad, conocí aunque tarde, lo 
" poco que debe confiarse en los que defienden una mala causa. Diez 
" lloras después de haber llegado al pueblo que habia señalado para 
k " mi residencia, fui reducido á prisión por el teniente Salvador Lan- 
■ " daverri, de orden del mayor Anguiano, comandante local de Tegu- 
^' cigalpa, y conducido á aquella ciudad. A pesar de haber presen- 
il " tado á este Jefe mi pasaporte, me hizo poner en la cárcel publica. •' 
5 — La importancia que se daba entonces á los salvo-conductos 
era igual al respeto que el Papa Juan XXIII tuvo á los que le pre- 
■M sentó Juan Hus; pero Morazan mas afortunado que Hus, después 
í iñe haber sufrido 23 dias una estrecha y penosa prisión, i)udo bur- 
■' lar la vigilancia de sus carceleros, y retirarse á la ciudad de San 
Miguel; de allí pasó á León de Nicaragua en busca de auxilios para 
volver sobre Honduras. 

6 — En Nicaragua se hallaban en guerra el gefe Cerda y el vice- 
gefe- Arguello. Este choque dificultaba la intervención liberal de a- 
quel Estado en los asuntos de Centro- America. Prado envió á don 
José Mariano Yidaurre, en calidad de Comisionado del Salvador a 
Nicaragua con el fin de procurar un avenimiento. 

8 — Morazan encontró á Yidaurre en el puerto de la Union y con- 
ferenció con él estensamente. Este hizo ofrecimientos de interesarse 
con todo empeño para que de Nicaragua se dieran auxilios contra 
Milla. Yidaurre y Milla eran hermanos políticos; sin embargo, esta- 
ban en choque. Esta división de familias es frecuentísima en las guer- 
ras civiles. 

8 — "Entretanto, dice el general Morazan, el coronel Ordoñez, qut* 
'' llegó preso á León, pudo formar una revolución contra el vio'- 
" gefe Arguello, que tuvo por resultado la deposición de este fun 
" cionnrio, y el auxilio que se me dio de los militares que le eran 
" mas adictos. Ciento treinta y cinco, entre gefes y oficiales, coni- 
" ix^i^i^^ ^^^ pequeña fuerza. Su fidelidad al GobitTUoá que habían 
" pertenecido me insxúraba la mayor seguridad, y la fundada esjK»- 
" ranza de reunir los descontentos hondurenos que produjeron las 
" persecuciones de Milla y sus agentes, ponían de nuestm parte to- 
^' las j)robabilidades del triunfo." 

9— ''En la villa de Choluteca, con un auxilio que mandó el G<»- 

"biernodel Salvador, pude organizar una considtM-able división y 

en el campo d<' h\ Ti-inidad acreditai* n los boudnitM".'^ -ni.' .m-m 



14 RESEÍÍA HISTÓRICA 

• ' llegada la liora de romper sus cadenas. Milla fué allí completa- 
'' mente batido, dejando en nuestro poder los elementos de guerra 
" que habia acumulado y toda su correspondencia oficial. La van- 
'' guardia sola, consiguió este triunfo, en el que se distinguie- 
"■ ron los coroneles Pacheco, Balladares y Diaz. A los de igual cla- 
•' se, Márquez, que habia quedado malo en Pespire, y Gutiérrez que 
*' en unión de Osejo y el capitán Perrera, conduelan la retaguar- 
'^ dia, no les fué posible encontrarse en la acción." 

10 — ''Libres ya los pueblos de Honduras de sus enemigos, me de- 
'' dique á la reorganización del Estado. El Consejo se reunió en la 
'' la ciudad de Comayagua, y me encargó del Ejecutivo con arreglo 
'' á la ley, en concepto de Consejero por falta de gefe y vice-gefe del : 
«' Estado". 

11. — Arce hizo marchar sobre Honduras al coronel Domínguez. 
Este gefe era ciego partidario de Aycinena, y uno de los hombres 
que menos dificultades tenían en esa época para cometer todo géne- 
ro de atentados. La espedicion de Domínguez sobre Honduras loro- 
dujo un nuevo crimen. Domínguez después de una lijera incursión 
por los pueblos de la costa, se situó en San Miguel. En esos dias el 
general Merino se embarcó en Acajutla con el fin de retirarse á Grua- 
yaquil. Iba en un buque de vela con bandera colombiana. Este bu- 
que tuvo necesidad de arribar al puerto de la Union perteneciente 
al departamento de San Miguel en el Estado del Salvador. Domín- 
guez tuvo noticia de que á bordo de ese buque se encontraba el ge- 
neral Merino; lo hizo capturar y lo condujo á San Miguel, donde fué 
fusilado. Merino no era un prisionero de guerra, porque no se le 
habia tomado con las armas en la mano. No era un enemigo, por- 
que habla abandonado la milicia y regresaba á su patria, con in- 
tención de no volver á Centro-América. Pero los hombres que qui- 
taron la vida á Pierzon, de la manera que espresa el Sr. Marure, 
no tenían inconveniente en repetir ese género de atentados. Si la 
biografia de un personaje tan eminente como el héroe de Marengo 
y Austerlitz, se manchó con el asesinato del Duque de Enghien^^. 
;qué tocará á hombres que cometiendo crímenes del mismo jénero, . 
ninguna semejanza tienen con aquel jénio extraordinario? 

12 — ''Este asesinato, sin ninguna mira política, dice el general Mo- 
•' razan, esta víctima sacrificada á la venganza agena, cerró todos 
-' los medios de conciliación entre Domínguez y yo, rompiendo la 
'^ correspondencia que habíamos establecido con este objeto: presa- 
•' jió la suerte que correríamos los que fuésemos prisioneros de se- 
•' mejantes enemigos; y acabó de uniformar la opinión pública. " 

13 — El general Morazan tuvo entonces que separarse del Gobier^ 
no para tomar el mando de las fuerzas; estableció su cuartel jene- 
ral en el pueblo de Texiguat y organizó una división compuesta d#; 



i 



DE CENTKO-AMERICA. 15 

hondurenos y nicaragüenses, con gran dificultad, porque los recur- 
sos del Estado de Honduras los habia agotado Milla, y marchó á 
San Miguel en medio de una estación rigurosa de lluvias. 

Morazan iba sin ninguna caja militar, y tenia necesidad de exijir 
en los pueblos del tránsito los alimentos de la tropa. El número de 
soldados se disminuía con las privaciones, y apenas llegaron á los 
(•ontornos de San Miguel dos terceras partes. Domínguez tenia re- 
cursos y se hallaba á la cabeza de una numerosa tropa veterana. El 
Gobierno del Salvador habia ofrecido auxilios á Morazan para en- 
grosar su división, y este gefe se colocó en Lolotique con el fin de a- 
guardar ese refuerzo. Domínguez con todas sus fuerzas se le acercó 
á una legua, colocándose en el pueblo de Chinameca. 

14 — "Hizo varias tentativas, dice Morazan «n sus Memorias, para 
' ' forzar las guardias avanzadas colocadas en los desfiladeros que 
'' conducían á la altura que yo habia ocupado; y aunque siempre 
' • fué rechazado con pérdidas, logró sin embargo, ver desplegarse 
-' la fuerza, y se enteró de su número. La confianza que le inspiró 
' • este conocimiento la acreditaron sus hechos posteriores. Domin- 
" guez pudo muy bien contar nuestros soldados; pero pronto cono- 
^ ' ció, por una costosa esperiencia, que no es dado calcular á un Je- 
^ ' fe mercenario, el valor de hombres que defienden su patria y sus 
'' hogares". 

"Once días se pasaron sin ocurrir nada notable entre las dos 
" fuerzas. Al duodécimo recibí una comunicación del teniente co- 
" ronel Ramírez, gefe de la tropa auxiliar tanto tiempo esperada. 
" Me aseguraba que al siguiente dia pasarla, con alguna dificultad, 
" el Lempa, por falta de barcas.*' 

"La facilidad con que el enemigo i)odia descubrir la aproxima- 
" cion de aquel gefe, y destruir su pequeña fuerza, me decidió á 
" protejerle. A las 12 de la noche emprendí mi marcha con este ob- 
" jeto; pero la lluvia no me permitió doblar la jornada y me vi obli- 
" gado á aguardar, en la hacienda de Gualcho. que mejoin^M «^ 
" tiempo." 

"FiUtre tanto, Domínguez que habia sabido mi movimiento y mar- 
** cliabajior mi izquierda, detenido también por la lluvia, fué igual- 
" mente obligado á situarse á una legua distante de aquella luicien- 
*' da, sin que se hubiera podido descubrir su movimiento hasta en- 
*' tónces." 

"A las tres de la mañana, que el agua cesó, hice colocar dos coni- 
'* pañias de cazadores en la altui-a que domina la liacienda, hacia 
" la izquierda, en razón de ser el único lugar ])or donde j>odia pi-e- 
*' presentarse el enemigo. A las 5 supe la i)osicion que este ocu])a- 
'' ba y pocos minutos después, el gefe de una partida de observa- 
*' eáon aseguró que se hallaba á tiro de canon de las dos compañía?^ 



16 KESEÑA insToiacA 

*' de cazadores." 

''iN"o podia yo retroceder en estas circunstancias, porque una re- 
*' tirada con tropas que no son veteranas, tiene peores consecuen- 
" cias que una derrota, sin la gloria de haber peleado con honor. 
* ' No era ya posible continuar mi marcha, sin grave peligro, por u- 
'• na inmensa llanura, y á presencia misma délos contrarios. Menos 
^' podia defenderme en la hacienda, colocado bajo uno, altura de 
'' mas de 200 pies, que en forma de semi-clrculo, domina á tiro de 
'' pistola el principal edificio, cortado i3or el estremo opuesto, con 
'■' im rio inaccesible, que le sirve de foso. Fué, pues, necesario acep- 
'^ tar la batalla con todas las ventajas que habia alcanzado el ene- 
** migo, colocado ya en actitud de batirse á tiro de fusil de nuestros 
'' cazadores". 

'*Conociendo el tiempo que habia de gastar la división en salvar 
'* la altura, que se hallaba entre el campo y la hacienda, hice avan- 
" zar á los cazadores sobre el enemigo, para detener su movimiento, 
'^ porque conociéndolo crítico de mi posición, marchaba sobre estos 
'' á paso de ataque." 

''Entre tanto, subia la fuerza por una senda iDendiente y estre- 
" cha, se rompió el fuego, á medio tiro de fusil, que luego se hizo 
'' jeneral. Pero 175 soldados bisónos, hicieron impotentes por un 
" cuarto de hora los repetidos ataques de todo el grueso del enemigo. 
' ' Este obligado por instinto á tributar el respeto que se debe al valor,. 
" no se atrevió á hollar la linea de cadáveres á que quedó reducido 
" el pequeño campo que ocu]3aban los cazadores, para detener la 
'' marcha de la división que volaba en su auxilio." 

'^El entusiasmo que produjo en todos los soldados el heroísmo de 
'' estos valientes hondurenos, excedió al número de los contrarios. 
" Cuando la acción se hizo jeneral por ambas partes, fué obligada 
" á retroceder nuestra ala derecha, y ocupada la artillería tijera 
'' que la apoyaba; pero la reserva, obrando entonces por aquel lado, 
"- restableció nuestra línea, recobró la artillería y decidióla acción, 
"- arrollando parte del centro y todo el naneo izquierdo que arras- 
" traron, en su fuga, al resto del enemigo, dispersándose después 
'' en la llanura," 

''Entre los muchos prisioneros que se hicieron, se encontraron al- 
gunos vecinos del departamento de San Miguel, que vinieron en 
gran número á ser testigos de nuestra derrota. Tal era la seguri- 
' ' ridad que tenían en la táctica, en la disciplina y en el número de 
" nuestros contrarios." 

*'Los salvadoreños auxiliares, que abreviaron su marcha al ruido 
"de la acción, con el deseo de tomar parte en ella, llegaron á 
" tiempo de perseguirá los dispersos." 
15. — La victoria de Gualcho aumentó la reputación que Morazan 






DE CENTKO-AMEKICA. 17 

liabia adquirido en la Trinidad. El nombre de este Jofe se X)rontin- 
oiaba en todos los pueblos de la República. Unas personas lo colma- 
ban de elojios, otras lo maldecían, y todos ensalzaban la táctica rrdlitar 
de Morazan. La situación de Arce y Aycinena era ya dificilísima. El 
prestijio de Domínguez les faltaba para vencer, y la causa de los 
liombres que con tanto denuedo combatieron el Imperio mejicano, 
<?ontaba ya en sii auxilio con el prestijio de un militar á quien se 
miraba como el salvador de las instituciones liberales. 

16 — Morazan hablando de la victoria de Gualcho, dice: "Cediendo 
-" á un sentimiento de justicia, he descendido á pormenores que no 
'^' á todos i3odrán ser agradables. Mi deber ha sido honrar la memo- 
'* ria de los patriotas hondurenos y nicaragüenses, que pelearon a- 
^' quel dia; es el de fijar los hechos que tuvieron lugar en aquella 
" jornada, desfigurados después por la malicia 6 la ignorancia. Es 
"" el de dar á conocer la importancia que merece este hecho de ar- 
" mas. Si él fué en sí bien pequeño, produjo sin embargo los me- 
■" jores resultados, porque economizó la sangre, que inútilmente se 
'" derramara en las trincheras del Salvador, facilitando la rendición 
•*' de Mejicanos, y abrevió el desenlace de la revolución de 1828. Re- 
"" volucion que tan abundante fué en acciones de guerra ganadas 
"por nuestros soldados á consecuencia del memorable triunfo de 
"' Gualcho." 



ADVERTENCIA. — En algunas de las páginas que precédanse 
olvidó, al corregirse las pruebas de imprenta, el sostener la ortogra- 
fía adoptada de escribir General cong* y Jefe con j, y lo concerniente 
al uso de las mayúsculas ó minúsculas con los nombres de títulos y 
dignidades. 

En las páginas subsiguientes se jjrocura evitar ese defecto, para que 
haya unidad en la ortografía que se sigue de acuerdo con autoriza- 
rlas prácticas modernas. 



CA.PITUI.O TERCERO^ 

Situación de Guatemala durante la campaña. 

SUMARIO. 

—Acontecimientos referidos por Marure — 2. Manifiesto del mee- 
jefe Prado — 3. Carta del presidente Arce al general Cascaras — 
4. deflexiones sobre esa carta — o. Carta del ex-marques de Ay- 
cinena á su Tiermano don Antonio — G. Reflexiones acerca de e- 
lia — 7. Carta de don Manuel Montúfar al español Viada — 8. 
Carta de don Mariano Aycinena á su primo don Antonio^. 
Consideraciones que ella inspira — 10. Deseos delpuehlo de Chia- 
temala — 11. Decreto sobre préstamos forzosos — 12. Fray Miguel 
Aycinena: persecuciones de los liberales — 13. Delirios serviles 
acerca del régimen constitucional— lA. Incendio de libros — 15. 
División de los nobles — 16. Dificultades en que Dácila colocó á 
Aycinena — 17. Proposiciones sobre dinero. — 18. ínter cencion 
del arzobispo fray Mamon^ y de los frailes. 



1 — El Sr. Marure reíiere i)rolijaniente la derrota de los guatemal- 
tecos en Milinfío, la sublevación de Jalpatnirun, el sanp:nento com- 
bate de Santa Ana, la separación de Arce de la presidencia de la 
República, la entrada al mando del vice-presidente Beltranena, 1^ 
liatalla de Chalclinapa, el asalto á la plaza de San Salvador, verifi- 
cado el 12 de marzo, la retirada de los sitiadores después de seis ho- 
ras de fueí^o, la acción de Qu(^lepa en que fue batida una división 



20 IIESEÍÍA HISTÓRICA 

salvadoreña, las estipulaciones firmadas en la casa de Esquibel y 
sus consecuencias. Es preciso presentar ahora la situación de Gua- 
temala durante todos estos acontecimientos. 

2. — El vice-jefe del Estado del Salvador, C. Mariano Pra- 
do, dio á los centro-americanos un manifiesto el 20 de febrero 
de 1828, que hizo gran sensación en Guatemala. — ''Un año y mas, 
^' dice, hace que se reclama por este Estado la reposición de las au- 
^' toridades representativas de estos pueblos. En 6 de diciembre de 
■^' 26 se emitió el decreto de este Gobierno á que adhirieron los de 
'" Honduras, Nicaragua y Costa-E.ica, con el importante ñn de que 
•^' se reúnan los representantes déla República y eviten la calamidad 
'" de la guerra. La oposición del Ejecutivo Federal a^Doyada por las 
*' autoridades intrusas de Guatemala, lo ha impedido. ¡Cuanta san- 
"• ' gre, cuantos padecimientos y sacrificios de todos Jéneros se hubie- 
■^' ran ahorrado sin esta oposición á la mas justa demanda que pue- 
■" de hacerla soberania del pueblo, por medio de cuatro de sus cin- 
"' co Estados! Volvióse á reclamar lo mismo y aun con modificacio- 
^' nes favorables para Arce, después de la jornada de Arrazola y 
'' antes de la de Milingo. Ya habia costado sangre la resistencia, y 
" con todo, las nuevas proposiciones^se recibieron con inaudita arro- 
"• gancia: la aristocracia guatemalteca, ostentando su triunfo pre- 
" cario con muertes, destierros, proscripciones y persecuciones de 
"" todo§ jéneros contra los liberales, indisponía los ánimos para que 
•' no hubiera conciliación. Arce fué derrotado en Milingo, y en el 
^' acto del vencimiento se le repitieron las proposiciones de paz, y 
''' en contestación llamó sedicioso al Gobierno salvadoreño. Después 
''de la derrota de Milingo volvió el enemigo á invadir nuestro ter- 
*' ritorio, y en él se cometieron todo jénero de hostilidades. El Pre- 
'^ sidente llegó á inclinarse á que cesaran nuestros males y manifes- 
*' tó deseos de aceptar otras nuevas proposiciones. Esta buena in- 
■" tención lo desconc3ptuó con el partido aristocrático, y se preparó 
" su caída. Montúfar escribió al intruso Jefe del Estado de Guate- 
" mala que no convenia que el Presidente mandara el ejército, por- 
" que los oficiales estaban disgustados. Este disgusto lo promovían el 
" mismo Montúfar y los aristócratas que lo seguían. Se obligó al 
" Presidente á dejar las armas y á nulificarse en Guatemala. Se 
" decreta por las autoridades intrusas de aquel Estado que á ellas 
" compete la facultad de revisar los tratados, facultad que solo á 
^' las autoridades federales otorga la Constitución, y el atrevimien- 
" to llega hasta el estremo de anunciar que separarían al Estado de 
" Guatemala de la Federación si el jefe don Mariano Aycinena no e- 
c' ra el director supremo de todo el movimiento. Cuando nuestro ejér- 
'' cito adquirió una actitud imponente, el temor los indujo á tratar 
" de paz; pero sin abandonar los departamentos de Sonsonate y de 



DE CENTKO-AMÉRICA 21 

*' Santa Ana que habían ocupado y sin dejarnos de liostilizar. El 
" Presidente aprovechó la oportunidad y emitió el decreto de 5 de 
'* diciembre" (1). 

" En esos momentos el Estado del Salvador no creyó honroso ad- 
*' mitirlo por las circunstancias en que se hallaba. Aunque lo hu- 
'' biera admitido, la gaerra no hubiera cesado, porque la rechaza- 
" ban las autoridades intrusas de Guatemala, sin comprender que 
' • solo aquel decreto podia salvarlas. La batalla de Santa Ana nos 
'' devolvió los departamentos perdidos. Encontrándose el Salvador 
^ ' en toda su integridad, no se creyó deshonroso el admitir el decre- 
" to de 5 de diciembre, y fué aceptado para evitar la prolongación 
" de la guerra y nuevos males. La respuesta fué hacer nuevos pre- 
" parativos de guerra, y avanzar las huestes enemigas sobre noso- 
" tros, sin haber habido hostilidad alguna de nuestra parte. Elco- 
'' ronel Guillermo Perks mandaba las tropas enemigas. Sus miras 
" pacíficas y conciliadoras lo hicieron sospechoso á la aristocracia. 
' ' Un motín esca,ndaloso de los oficiales Montúfar, Irisarri, Aycine- 
' ' na, Domínguez y otros, lo arrojó de su empleo, al mismo tiempo 
" que la Asamblea intrusa de Guatemala proyectaba obligar al Pre- 
' ' sidente á separarse del mando, á confiarlo al vice-presidente ^el- 
" tranena, que es uno de los personajes mas notables de la facción 
'' opresora. No se trata de centralismo ni de federalismo. Xo se tra- 
' ' ta de nada que mire al bien jeneral, sino de cimentar un imperio 
" de hierro, cual lo han esperimentado los guatemaltecos y hondu- 
'' renos. Es la ambición de tres familias orgullosas lo que se defien- 
' ' de, abusándose del nombre de la relijion y poniéndose en uso las 
^' inicuas arterías del fanatismo." 



(1) Este decreto dice quo so convoca el Congreso Federal y el Senado, que se compondráo 
de representantes y senadores nuevamente elejidos en su totalidad. Tal disposicion deja 
ba disgustados á los liberales y á los serviles. Los liberales querían la reunión del Congreso 
existente, que no podia desaparecer según la Constitución, sino renovarse por mitad. Este 
decreto no hacia mas que ratificar esencialmente el golpe que al Congreso lejitimamente 
constituido se Labia dado en 10 de octubre do 2G, después de la caitlii del jefe don Juan 
liarrundia, para que no hubiera una autoridad lejítima que exijiera á Arce la responsabili- 
dad por aquel atentado ^ los que seguia cometiendo. 

, Los serviles consideraban el decreto de 5 de diciembre como una debiliiUd'del Presiden- 
le; como una transacción punible con los salvudorcííos, ú la cual se inclinaba Arce por «er 
hijo del Salvador. El decreto de 5 do diciembre quitíibaú los serviles h\ espenum de des 
fruir la Constitución de 24, porque un Congreso ordinario en sus facultades, y solo estnor- 
(liuario en la manera do formarse, no podia dar nvpidamento el golpe que ellos doseaban al 
sistema establecido. 



22 KESEÑA IIISTÓEICA 

3 — ^Muchos de los fundamentos que el vice-jefe Prado tuvo x)ara 
hablar en esa forma, se encuentran en algunas cartas intercep- 
tadas. La prensa las publicó: no fueron desmentidas por las per- 
sonas euyos nombres llevan. Don Manuel José Arce dirijió al 'bri- 
gadier don Francisco Cascaras la siguiente carta datada en Sonsona- 
te,' á 17 de octubre de 27. ' 'Apreciable amigo y señor mió — Con 
^' fecha 11 del corriente se me dice de Guatemala lo que sigue: 
" Vmo ante-noche un correo á don Mariano Aycinena Jirigido por 
'' don Manuel Montúfar, quien le dice que los jefes y ofickdes de la 
' ' columna se hallan sumamente disgustados por no querer Tlé. dejar 
'' el mando: que se teme una sublevación de la tropa contra Ud. y se 
'' pregmita qué providencias dehen adoptarse, lista comunicación o- 
' ' casioHÓ que la Asamblea del Ustado se reuniese ayer estraordína- 
" r lamente en sesión secreta á que asistió el Consejo representativo. 
" La sesión duró hasta las 3 de la tarde, y en ella se trató de facul- 
" tar á Aycinena mas ampliamente de lo que está (si fuere posible) 
^' y de resolver una considta del mismo Jefe, contraida á estos tres 
''puntos: \.^ Si en virtud de los servicios y sacrificios que ha pres- 
" tado Guatemala en la presente guerra, deberá tener intervención. 
'' el Gobierno del Estado en los tratados de paz que celebre el Fede- 
*' ral con San Salvador — 2. ^ Si en caso que se celebren estos trata- 
'* dos y se niegue al Estado intervención en elhs, debe este pasar por 
** los que se hagan — y 3 ^ Si verificada esta negativa, el Gobierno 
'' del Estado deberá separarse del Federal. Esta consulta fué resuel- 
ta ayer mismo en estos términos: el primer punto afirmativamente: 
' ' el segundo y tercero, que si de hecho llegasen á cdebrarse los trata- 
" dos y desagradaran al Gobierno del Estado, puede separarse de la 
Federación y sus tropas continuar octi'pando esos pjueblos — .Yo, si- 
gue Arce, me apresuro á comunicar á Ud. estas cosas para evitar 
que le lleguen noticias equivocadas que puedan estraviar su jui- 
^' cío. Está ya corrido el velo y Ud. conocerá que mis cálculos no 
'' han sido errados. La intriga y la mentira están jugando y es me- 
'' nester proceder con una meditación muy detenida, y con el cono- 
'' cimiento de que los malos andan en los negocios. Me reitero de 
" Ud. su amigo y atento servidor que besa sus manos — Manuel Jo- 
* ' sé Arce. 

4 — ''Está ya corrido el velo, " dice Arce. Para él se corria hasta 
entonces; para los liberales de^.Guatemala y del resto de Centro- 
América estaba corrido desde la liga de la aristocracia con el arzo- 
bispo Casaus el año de 11, y despedazado desde el imperio mejicano. 
Ese velo, hecho pedazos ya, habia sido pulverizado el año de 26 y 
su polvo arrojado al viento sobre el cerro de la Trinidad. Arce era una 
víctima. Habia roto la Constitución, habia pretendido engañar á los 
pueblos, habia derramado la sangre de sus conciudadanos para ele- 



¡o 
ií 



DE CENTllO- AMÉRICA 23 

var á los nobles hasta una altura á que no creyeron poder ascen- 
der después' de la caída del Imperio; y esos mismos nobles se levan- 
taban contra él y lo nulificaban, para que caido, abatido y respon- 
sable *de todas las desgracias de su xoátria, tuviera en su infortunio 
la amargura del desengaño. Solo el poder federal podia hacer tra- 
tados. El Presidente de la República quedaba despojado de ese de- 
recho y reducido á la nulidad. Cascaras era servil y prestando ser- 
vicios al servilismo murió; i)ero era estrangero y no pertenecía á las 
familias que se llaman nobles en Guatemala. Era preciso que la a- 
ristocracia estuviera al frente de todo, para que se confirmaran los 
conceptos del manifiesto de Prado. 

5 — Don Juan José Aycinena, ex-marques de Aycin^^na, primo her- 
mano del Jefe del Estado, escribió á su hermano, que se hallaba en 
el ejército invasor, lo siguiente: "El decreto de 5 de diciembre no tie- 
^' ne en sí nada bueno, es impolítico, es ilegal, es arbitrario. " 

6 — Este decreto que tanto censura el señor ex-Marques no hacia 
mas que convocar el Congreso federal y el Senado, que se compon- 
drían de representantes y senadores nuevamente elegidos en su to- 
talidad. Era impolítico, en concepto de los serviles, porque segura- 
mente iban á perder las elecciones en todos los Estados, escepto en el 
de Guatemala, único que se hallaba gobernado i^or ellos. Con una 
mayoría adversa en el Congreso y en el Senado, no les quedaba mas 
recurso que sacar á balazos de las cámaras á los diputados y sena- 
dores. Es ilegal, dice Aycinena. . En esto tenia razón, porque no era 
un nuevo Congreso lo que debía reunirse, sino el Congreso existen- 
te, adverso á su partido.. Congreso que había desaparecido por las 
influencias del servilismo, que retiró á sus diputados i^ai-a que no 
hubiera número. Es arbitrario: pero la arbitrariedad no asusta á los 
serviles cuando les es favorable. Solo la combaten cuando les es ad- 
versa. Mas arbitraria fué la caída del jefe don Juan Barrundia en 
<3ruatemala y de Herrera en Honduras, y ellos la produjei'on. Era 
una arbitrariedad tener á la nación sin Congreso y sin Senado, y es- 
ta arbitrariedad era obra de ellos. 

7 — Don Manuel Montúfar, en carta de 10 de diciembre, dice al es- 
pañol Viado: "Ya lo que trajo el correo — Es el inmortal deci*etodel 
" 5, el complemento de la contradicción, y el monumento de la de- 
" bilidad de mis paisajios. No hablemos de ese asunto. Tengo la es- 
" peranza de que este decreto no terminará la guerra." 

8 — Don Mariano Aycinena dirigió de Guatemala una carta á su 
jHÍmo hermano don Antonio, quien se hallaba en el tWtro de la 
guerra, diciéndole, que para evitar los arreglos de i>az, se enq^lea- 
rian medidas desconocidas hasta del mismo Maquiavelo. 

9 — Indudable es que á una de estas nuxlidas jíertenecia la dt'>(i- 
lucion de Perks en .lal])atagii;u la de Arce en Guatemala y la i»u- 



24 RESENA HISTÓRICA 

trada de Beltraiiena al ejercicio del Poder Ejecutivo, acontecimien- 
tos que detalladamente narra el señor Marure. La ilegalidad habia 
Ueo-ado á su colmo. Al presidente Arce solo x)odia separarlo del 
mando el Congreso Federal. La Asamblea de Guatemala no era com- 
petente para arrebatar el poder al Jefe de Centro- América; pero el 
momento de la expiación de las inconsecuencias de Arce liabia lie- 
o-ado, y una rebelión de la Asamblea de Gruatemala le arrebato el 
mando. 

10 — Si los jefes del partido aristocrático solo querían la guerra,. 
los propietarios y una gran parte del pueblo deseaban la paz. Ay- 
cinena no tenia dinero y se dictaban decretos parar que los guate- 
maltecos contribuyeran á la guerra contra su voluntad. Se ocultaba 
al pueblo que los salvadoreños estaban dispuestos á transar las cues- 
tiones por medio de tratados, y se les presentaba como únicos 
promotores de las calamidas i^úblicas y ciegos pertinaces en perpe- 
tuarlas. 

11 — La Asamblea de Guatemala en un decreto emitido á 26 de a- 

bril de 1828, dijo: ''Considerando que la inesperada prolongación de 
la guerra que provocaron y sostienen los gobernantes de San Salva- 
dor, exige la continuación de los sacrificios, para ocurrir á los gas- 
tos que causa la subsistencia del ejército espedicionario: — Decreta." 
1. ^ Se exigirá en el Estado un préstamo de 45,000 pesos. Si conti- 
nuare la necesidad, á juicio del Gobierno, podrá estenderse hasta la 
cantidad de 60,000 pesos. — 2. ^ Contribuirán á dicho préstamo- las 
personas, comunidades, corporaciones eclesiásticas y seculares, las 
cofradías ó hermandades, y las testamentarias no terminadas que 
se consideren con caudal ó posibles bastantes para poder exhibir 
las cuotas que se les señalen". Este decreto está firmado por don 
Manuel! Arbeu y por don Manuel Francisco Pavón y Aycinena. Las 
sumas designadas no alcanzaron para llenar las exigencias de la 
guerra: otro decreto que lleva las mismas firmas dice, que habiéndo- 
se tomado en consideración las esposiciones del Gobierno, en que 
da cuenta del estado de la guerra que se hace para sostener la de- 
fensa de Guatemala y deseando que los recursos con que debe auxi- 
liarse se^exijan en la justa proporción que demanda el interés que 
todos tienen en la conservación del orden, decreta: que la contribu- 
ción se cobre en un duplo por aquel año: que .para ocurrir á los gas- 
tos extraordinarios que causa la manutención de la fuerza en el e- 
jército esüedicionario, se exija un préstamo de 60,000 pesos que de- 
berá diviSrse entre los pudientes de esta capital. No bastando esta 
suma, la misma Asamblea la elevó á 100,000 pesos. La misma Asam- 
blea dispuso ])oco después, que en lugar de la contribución decreta- 
da se hiciera unimjDuesto general que se denominarla "subvención 
temporal de guerra" por todo el tiempo que durara la campaña. Pa- 



I* 



I 



DE CENTKO-AMEKICA. 2.5 

ra qiTe nadie hablara contra las medidas de Aycinena ni pudiera 
ox)onerse á ellas, se dictó un decreto autorizado por don Antonio Jo- 
sé de Irisarri, creando un Ministerio de alta policía servido por el 
Ministro de la guerra. 

12 — El Jefe del Estado tenia un hermano dominico, llamado fray 
Miguel, y en su celda discutía los asuntos mas graves de Centro- 
América. De ahí sacó la idea de que no debia haber mas constitu- 
ción en Guatemala, que los mandamientos de la ley de Dios, sin 
embargo de que el Gobernante infringía el quinto. Por una orden 
gubernativa de Aycinena fueron fusilados don José Pierzon y don 
Isidro Velasco. Por un decreto del mismo Jefe fueron puestos fue 
ra de la ley los individuos Antonio Rivera Cabezas, Pedro Molina^ 
su hijo Pedro Esteban Molina, Miguel Ordoñez, Antonio Corzo, 
Juan Rafael Lambur, Juan Vendaña, Cleto Ordoñez, Nicolás Raoul 
é Isidoro Saget. 

13 — ^El partido servil siempre acaricia ideas absurdas acerca de 
constitución. Para comprobarlo es conveniente citar un hecho pos- 
terior á los acontecimientos que ahora se refieren. El 15 de setiem- 
bre de 1846, aniversario XXY de la Independencia de Centro- Amé- 
rica, el arzobispo de Guatemala, doctor don Francisco de Paula Gar- 
cía Pelaez, dijo en el pulpito de la Catedral lo siguiente: '^'Fueron 
repetidos y ratificados en todos los pueblos los artículos del acta de 
15 de setiembre, y en especial el concerniente á la religión: de mo- 
do que los pueblos, desconfiando siempre de las constituciones que 
se fueron formando, sucediéndose unas á otras y llenando á la Re- 
l)ública de agitación, de desgracia y desconcierto, al fin las masas 
prorumpieron en darse ellas por sí la constitución, que fué la salvo- 
regina y es la que rige." Este sermón fué impreso por su autor, y 
de él circulan todavía muchos egemplares. Aycinena quería que los 
mandamientos fueran la constitución del país, y el arzobispo Gar- 
cía aseguraba que debía ser y que era la salve regina. El estravio de 
estos señores sobre el régimen político lo acredita otro sermón de 
García Pelaez. Antes de consagrarse; pero estando ya electo, dijo 
en el pulpito de la Catedral otro día en que se celebi-aba la Tnde- 
i^ndencía, que el pueblo hebreo había i)eregrínado cuarenta años 
en el desierto, en castigo de haber adorado el becerro de oro: que 
los guatemaltecos habían peregrinado muchos años por el desierto 
de la ínconstítucionalídad, en castigo de haber leido libros prohibi- 
dos y que el único remedio era restablecer el Santo Oficio c\e la In- 
quisición. Sin embargo, los liberales protegieron la mitra del señor 
García Pelaez, jxxra que no fuera Arzobispo don Juan José Aycine- 
na, ni don Bernardo Pinol y Aycinena, parientes inmediatos de don 
Mariano Aycinena, á quienes se creía aun mas recalcitmntos. 

14 — A^olviendo á los sucesos del año de 28, no deln^ ....?♦ ;.-^.. ..' • ! 



2i\ KESEXA IIISTOKICA 

Jefe del Estado de Guatemala, en uso de autorización que á solicitud 
suya le fué concedida por la Asamblea, mandó que fueran quema- 
dos los libros prohibidos por la autoridad eclesiástica. Aycinena no 
creia que el arzobisi^o fray Ramón Casaus, apesar de su exalta- 
ción y de su intransigencia, ejecutara ese decreto con energía y en 
el mismo decreto le encarga que proceda contra los contumaces. 
Este decreto está firmado por Irisarri. El arzobispo Casaus, no solo 
ejecutaba esa disposi(íion de todo su agrado, sino que predicaba 
sin descanso contra los liberales. 

15 — Entre los que se llamaban nobles liabia ricos propietarios so- 
bre los cuales pesaban los empréstitos forzosos. Muclios de esos 
señores no aspiraban á figurar en la política y solo deseaban que se 
les dejara trabajar con libertad y tuvieran garantía sus intereses. 
De estos eran los señores Asturias. Ellos no pertenecían á los 
altos poderes, no tenian costumbre de escribir ni de llamar en su 
apoyo la opinión pública; pero don Luis Pedro Aguirre, pariente 
de los espresados señores por afinidad, era propietario y liacia en la 
Asamblea oposición á las exacciones de Aycinena. Le auxiliaba en 
el debate el diputado presbítero Dávila. Sus discursos no solo pa- 
ralizaban la acción del Jefe del Estado en el Cuerpo Lejislativo, si- 
no que abrían los ojos al pueblo poniéndole de manifiesto la inclinada 
X^endiente en que se hallaba. Don Manuel Montúfar declama en 
las Memorias de Jalapa contra Aguirre, Dávila y los Asturias: los 
llama antipatriotas y dice, que si todos los guatemaltecos fueran co- 
mo ellos, no debería servirse á Guatemala. No solo estos nobles re- 
sistían á Aycinena; el cura de San Sebastian, doctor don Juan José 
Batres, presentaba una renuencia absoluta á dar dinero. La misma 
opuso don José Antonio Batres. A la oposición de éstos coopera- 
ban don José del Yalle, don Basilio Porras y otros muchos que no 
es necesario enumerar. 

16 — El padre Dávila hizo proposición á la Asamblea para que en- 
traran al tesoro GO, 000 pesos pertenecientes á la testamentaria del 
padre don Domingo Juarros. Parte de esta cantidad pertenecía 
por herencia á doña Mercedes Juarros, madre de don Luis Batres 
y suegra de don Mariano Aycinena. El entero no se hizo; pero la 
discucion de un asunto sobre dinero en aquellos momentos en que 
todos ocultaban sus haberes, llamó mucho la atención pública. Una 
gran concurrencia de gente iba á las galerías, y en ellas, se lanzaban 
las sátiras mas amargas contra el Jefe del Estado. 

17 — El rejjresentante Domínguez hizo proposición para que los 
albaceas del presbítero don Manuel Pineda j^resentaran su testamen- 
to. Don Mariano Pineda se negó á verificar la exhibición diciendo 
que el testamento aludido era uno de aquellos documentos privile- 
giados que no debían ponerse de manifiesto; y la exhibición se ve- 



DE CERTKO- AMÉRICA . 27 

rificü por la fuerza de las bayonetas. Este procedimiento dio lugar 
á severas críticas y fomento el malestar. También se hizo x^roposi- 
cion para que entraran á tesorería seis mil pesos que el presbítero 
don Juan José Batres liabia donado á fin de que se fundara una 
escuela de mugeres. Otra proposición se dirigía á que 3,000 jDesos 
X)ertenecientes al intestado D. José Meneos, entraran al tesoro. La 
^ntrega debia hacerla don Francisco Batres, y esto originó agitadas 
cuestiones. Los capitales de nobles y X)lebeyos estaban amenazados, 
y un gran partido j)edia la paz. 

18 — Aycinena viéndose en tan graves dificultades, acudia al arzo- 
bisiDo Casaus para que lo protegiera. Este prelado redoblaba sus es- 
fuerzos. Pretendía demostrar á los pueblos que la guerra era pura- 
mente religiosa: quedos salvadoreños intentaban degollar á los sa- 
cerdotes, profanar los templos y aniquilar el santuario. Fray Mi- 
guel Aycinena y los religiosos de diferentes órdenes hacian coro á 
su prelado y se acudió de nuevo al medio tan gastado de las profe- 
^Ans y de los milagros de que se habla en el capítulo siguiente. 



. CA.l^ITUi:.0 CUARTO 

Sucesos del convento de Santa Teresa. 

SUMARIO. 

- — Relación de una historia — '¿. Su encuentro y pérdida — 3. Ia* 
que se conserva — 4. Una carta de los ángeles del cielo — 5. Av- 
ienticidad dadaá esa carta por el arzobispo Casaus — 6. Trapos 
maravillosos — 7. Intervención del canónigo Martínez — 8. €a- 
^saus da cuenta á Boma — 9. Resolución del Papa — 10. Instruc- 
ciones del mismo Pontífice — 11. Conducta posterior de Casaus — 
12. Efectos que los milagros produjeron en el ánimo de los con- 
\ ¿r.ihicy entes. 



1 — Don Maiiauo Aycinena tenia una hermana, monja carmelita. 
lia historia de esta religiosa se hallaba de letra del padre José Ma- 
na Gracida, fraile del convento de Santo Domingo. Sui:>oníase qiU' 
era una esposicion de la monja dirijida á fray Anselmo Ortiz, cape- 
llán del arzobispo Casaus. Con tenia veintiocho cuadernos de cuatro 
fojas en cuarto. Cada una de estas estaba llena con veintinueve i*en- 
íílones de letra muy menuda. El primer párrafo comenzaba diciendo 
literalmente lo que sigue: 'KJonpura intención y sencilla obedien* 
rice le escribí á V. P. mi padre fray Anselmo^ la misericordia qu( 
lid alma lia recibido de la bondad de Dios^ y deseo sea todo para 
¡loria y alabanza de sit divina magestad y de mi Signara la Vir- 
gen Maria por cuyo medio lie sido inundada en estas mi set'ieoj- 
dias, desde el punto en que fui creada hasta cldiadehoy. ' 



30 RESENA HISTÓEICA 

tamMen darle á V. P. en esto gran consuelo: y que mí alma por 
este medio se encienda mas y mas en' el amor de su Dios, amen, 
amen, amen.'' Al fin de la espresada historia se encontraban de le- 
tra del Arzobispo las siguientes palabras: ^'En 31 de octubre delSlñ 
me entregó el B. P. Fr. José María (^f acida, dominico, mi cape- 
llán, esta copia sacada de mi orden del orijinal, que por manda- 
to de su confesor, el B. .P. Fr. Anselm.0 Ortiz, dominico, lidbia 
escrito de su mda la hermana María Teresa de la Santísima Tri- 
nidad Aycinena, monja carmelita descalza; y que yo leí y exa- 
miné dos veces antes de mandarla, copiar, despiies que m en este 
año los favores estraor diñar ios que Dios le lia dispensado. 

(F.) Fr. Ramón, Arzobispo de Guatemala. 

2 — Esa relación y otros muchos documentos relativos á la madre 
'í'eresa, fueron encontrados el año de 1829, por don Antonio Rivera 
Cabezas en el palacio arzobispal de Guatemala. El ]presbítero doctor 
don Mariano Méndez los condujo á su; casa, y algunos años después 
los entregó al licenciado don Miguel Larreinaga, quien los conser- 
vó reservados durante su vida. Muerto el Sr. Larreinaga, y proba- 
blemente por haberlo él dejado dispuesto, se entregaron á una per- 
sona de la familia de la monja. Están, pues, perdidos para la his- 
toria. 

'3 — Pero se conservan algunas cartas,, algunas i:)inturas portento- 
sas, y resoluciones del Papa Pió YII^ relativas al asunto. 

4 — Al fin del presente capítulo se encuentra litografiada una car- 
ta que firman los ángeles. La forma de letra prueba que Paloma- 
res no habia obtenido buenos discípulos en los coros celestiales. Los 
ángeles escriber. liaora en vez de ahora; comiensa en vez de comien- 
za, y cometen otras muchas faltas que cualquier niño de escuela no- 
taría. Santa Teresa de Jesús, no habia tenido la amabilidad de re- 
tribuir á esos señores las atenciones que le i^restaron en la tierra, 
liaciéndolos buenos hablistas para que no se x^usieran en ridícu- 
lo cuando escribiesen á los mortales en el idioma de San Juan de la 
Cruz. En la misma carta se ven manchas y una entrerengionadura. 
que prueban no ser muy firme el i)uJso de los ángeles. ¿Habrían es- 
tado en esos momentos ocupados en levantar una escala para la ma- 
dre Teresa como la que vio Jacob en sueños? 

- 5 — La espresada carta acaso seria tachada como una superchería 
de los liberales, si no estuviera autenticada por el ilustrísimo señor 
don fray Ramón Casaus y Torres, obispo de Rosen y arzobispo de 
Guatemala. Litografiadas se hallan al reverso de la misma carta, es^ 
tas palabras: -'En 25 de setiembre de 481 6, después de darle la co- 
munión á la hermana María Teresa de- la Santísima Trinidad, le pu- 



DE OEJSTKO- AMERICA. 31 

se á lili lado en las tablas de la cama, medio pliego de i)apel limpio. 
Cuando volví de decir misa, aun estaba sin escribirse nada. Se es- 
cribió, pues, estando en la celda junto á la cama con el padre cape- 
llán, madre priora y hermana Maria Francisca de San José. Cuando 
la leí, nos retiramos hacia la puerta; y á pocos minutos, como cin- 
co, ya nos avisó que los ángeles le habían dado el alimento. La ha- 
llé mascando y sentí el olor como de panes de hostia recientes; se- 
gún ella dijo, eran ios que le suministraron en tres bocados en for 
ma de cruz, y así lo repitió en estasis, delante de los dichos que 
percibieron el olor. Es la i)ura verdad en Dios y en conciencia." 



(F.) i^r. jRamon, Arzobispo de Guatemala. 



i) — Se aseguraba que los viernes descendía 'Jesucristo en cuerpo y 
alma desde la diestra de su Padre al convento de Santa Teresa: que 
conversaba con la monja y le imprimía sus llagas. Muchas perso- 
nas crédulas enviaban pañuelos y otros objetos á fray Ramón para 
que se dignara ai)licarlos á esas llagas divinas y volvieran santifica- 
dos á operar milagros. Así se hacía, y los pañuelos eran devueltos 
con signos de la pasión y otras figuras que bien se comprende no 
las delineaba Rafael ni Miguel Ángel. Los viernes á las cinco de la. 
tarde, la gente se agolpaba en la portería, atrio y calles de Santa 
Teresa, esperando cada uno el objeto que le pertenecía. Una de es- 
tas pinturas se halla litografiada al fin de este capítulo. Al rever- 
so véanse las palabras siguientes escritas por el Arzobispo que 
también se hallan litografiadas. "En 21 de abril de 1819. — Se 
debe guardar en la Catedral á su tiempo, y que sea remedio 
contra el espíritu de discordia; llevado por tres días á alguna 
parte. Así se me escribió en 25 del mismo, esplicando las iniciales 
que tiene — (F.) El Arzobispo de Guatemala." 

7 — El presbítero doctor don Bernardo Martinez era inquisidor y 
se propuso conducir al Arzobisi)o á las cárceles del Santo Oficio. 
Acaso lo habría conseguido sin el golpe que Napoleón I di6 á la In- 
quisición española, que no pudo restablecer sólidamente Fernamlo 
VII y sin la Independencia de Centro-América. Causa asombro que 
mas principios .Vle justicia manifestara la liorrenda Inquisición que 
el partido servil de Guatemala. El Sr. Martinez siguió un pixK»eso 
cOnti'a fray Ramón y lo euvió ;il Pai)a. 

8— El Arzobis[)o remitió li la Curia romana un voluminoso esi>e- 
diente, de todas las maravillas que se operaban en el convento do. 
Santa Teresa, y Pió Vil dictó la resolución siguiente; 



32 KESENA HISTÓRICA 

Al venerable hermano Ramón í Venerabili Fraíri, Rajnmndo 
Francisco, Arzobispo ele Guate- 1 Francisco, Archiepiscopo Guati- 
mala. Venerable hermano, sa-lmalensi. 
lud y bendición apostólica. La i Guatiraalara. Pius PP. YII. 
rehicion que nos has hecho en i Yenerabilis Frater, sahitem 
tu carta, de los singulares dones jet Apostolicam benedictionem. 
de la hermana Maria Teresa dejQuas de sorore Maria Theresiaá 
la Santísima Trinidad, cometi-ISSma. Trinitate charismata pia- 
mos á una congregación partí- 1 ne singularia tuis ad Nos litte- 
cular, i fin de que la examinase i ris retulisti, consideranda accu- 
contoda aquella dilijencia y cui- 1 ratissime, diligentique consulta- 
dado que exijia la gravedad del | tione discutienda, uíi negotiigra- 
negocio. Oida su opinión y dic- 1 vitas postulabat, selecta3 congre- 
támen, la consideramos y pesa- igationi commisimus, auditaque 
mos atentamente por nosotros I ipsius sententia, nos ipsi rem u- 
mismos, juntamente con los do-iniversam perpendimus una cum 
cumentos que la acoinpaíiaban, jadlatis monumentis, ac pra3ser- 
y especialmente los lienzos de i-Uim lintea sanguineis imaginibus» 
mágenes y figuras pintadas con \ depicta, et epístolas, qua3 caíli- 
sangre, y las cartas que se afir- 1 tum manuasseruntur conscriptas, 
man escritas por mano de los | Observatur enim ob oculos, Pra^- 
Angeles. Teníamos á la vista la | decessoris nostri fel. rec. Bene- 
monicion de nuestro Predece- \ dicti XIY. monitio ad Episco- 
sor de feliz memoria, Benedicto ipum Augustanum de altera non 
* XIV al Obispo de Augusta j absimili Sanctimoniali, multipli- 
sobre otra monja semejante, áldnimirum experimento jyatere, i- 
S2ihei': (jue tina multitud de esjOQ-inanes aUquando aflectake sancti- 
ríencias manifestaban, gue se pre-\tcítis larvas obtendi, atque eticim 
dícan y divulgan sombras vanas y \ nh animarum directoribus ob siios 
fantasmas de santidad, apoyadas [peculiares fines, resque interduni 
aun por los mismos directores de i minus recias, deprcedicari, et di- 
las almas por sus fines particula- \ vulgari. 

res, y con objetos menos rectos. \ (^Const, Sollicitudini nostrcb an. 
{Constitución que comienza 8olli-\\líb.) 

citudini 7iostrce, áe\ año 1745.)! Eam siquidem suspeximus e- 
Vimos con sorpresa, que es tal ; narrari vim donorum, eam et 
, la multitud que referís, y lafuer-i exíasum, et stigmatumrationem, 
za de sus dones, de sus estasis, j eam épistolarun, et imaginum 
de sus llagas, de sus cartas é i-| non humanitus confectaruin mul- 
mágenes hechas de im modo so- ; titudinem, ut de nullo et casliti- 
brenatural, que no se leen en i bus, in Ecclesia) Fasti adnotata 
los fastos de la Iglesia, notados: perlegantur, quos veluti splen- 
en algún otro de los bienaventu- 1 didissima christianas perfectionis 
rados, que con luces brillantes Ilumina veneramur, et colimus. 
de la perfección cristiana, vene-l Ast talem etiam animadvertimus 



I 



DE CENTRO-AMÉRICA. 33 

ramos en los altares. Pero re- i esse factoruní coraplexionem, 
ílexionamos también, que es taljeam conscriptarum rerum natu- 
•el cúmulo de hechos, tal la na-|ram, eos agendi modos, tale de- 
turaleza de las cartas y escritos, i mum húmame glorian studium 
tales los modos de obrar, tal, ñ-jadversus sanctorum exempla, 
nalmente el deseo de la gloria i qui occultare dona quaíritabant 
humana contra el ejemplo de los i solertissime; ut indubia argu- 
santos, que con el mayor cuida- 1 menta, certissimas que causas 
do procuraban ocultar las gra-inacti simus quibus illusam Ma- 
cias del cielo, que partiendo de i riam Theresiam agnoverimus, 
unos argumentos indudables yieamque uti talem habendam es- 
causas muy ciertas, hemos reco-ise denunciemus. Hinc transferri 
nocido y reputado como ilusa áieam jubemus in aliud camobium, 
Maria Teresa, y mandado: quejsi locorurn et personarum con- 
sea tenida como tal. En ésta vir- • ditio id tulerit, ac virum Ecle- 
tud ordenamos: que se traslade jsiasticum pietate, ac prudentia 
á otro Monasterio, si la condi-ípraí casteris spectatissimum ad 
cion de los lugares y las perso- j Marios Theresia? régimen adscis- 
nas lo permitieren, y que paraici, qui alter non sit ex iis, qui 
la dirección espiritual de Mariai proniores fuerunt ad prodigialia 
Teresa, se elija un sacerdote! ejusdem charismata ad aproban- 
que haya sobresalido entre los I da. Peragi vero ha3c omnia ta- 
•demas por su piedad y pruden-jcite, nullaque celebritate, rumo- 
cia, que no sea de los que se hanj resque cum primis quoslibet 
imanifestado mas inclinados á a- i comprimí statim ac dissipari, ad- 
probar sus hechos prodijiosos. jnitendum est tibí: omnique pra^- 
Pero has de procurar con em-iterea cura ac solliritudine ex 
peño: que todas estas cosas seicharitate Christi, qua3 pro ani- 
practiquen con reserva y sin ce-|marum salute urgere nos debet 
lebridad alguoa, sofocando y di-iinfelix ha^c fuMuina ab errore in 
:sipando, inmediatamente, cua-jquo ex diaboli fraude versatur, 
lesquiera rumores. Ademas con i eripienda ost; hnsíis veternosi 
•el mayor cuidado y eficacia poriinsidiic patefacienda^; conteren- 
la caridad de Jesucristo, que nos ¡di laquei ipsius; ac via demum 
•estrecha con urgencia á procu-|justitia\ semitaciuejudicii eidom 
rar la salvación de las almas, .seisanctimoniali conimostranda. — 
Jia de sacar á eda infeliz 77iu(/er\Qui\i ut rite ac recto perñ- 
del error, en que por fraude rZe/icias, certam quamdam normam 
demonio se halla: sq \q han de | habendam tibi esse censuinius, 
manifestar las asechanzas de es-|(juam hiscc nostris litteris ailjiín- 
te artificioso y astuto enemigo: ¡gi maudavinius. et ií te studio- 
se han de cortar sus lazos infer-jsissime servari expetimus. Car- 
nales, y finalmente, se ha deitenim tuto intclügis, Vencrabi- 
mostrar ala misma monja el ca-ílis Frater, qua circu!is|)ectione. 
jnino de la justicia, y la senda 'soler.tia, cousiderationeiiue in 

3 



34 RESEÍÍA HISTÓRICA 

del juicio. Para que todo estosejhoc negotio feliciter gorendo o~ 
ejecute bien y rectamente, juz-jpus sit. Cum enim catholica fi- 
gamOwS oportuno dirigirte la ins-jdes, qna una veritate nititur, u- 
truccion que acompaña á estas ¡naque firmissime consistit, om- 
nuestras It'tras, ¿ que deseamos i nem mendacii, ac falsitatis sus- 
te arregles escrupulosamente, ¡picionem respuat, penitusqne 
Por lo demás, seguramente en-|detestetur, nihil profecto magis 
tiendes, Venerable hermano, i ab ipsius saiictitate absonuin íb- 
cuanta circunspección, industrial ret, nihilqne in ipsius pernicienii 
y reflexión necesita este negó- iinfelicius succederet, quam ina- 
cio, para ser evacuado felizmen- i nem virtutis commendationem 
te. Porque como la fe católica i ex id genus ostentis aucupari^ 
que estriba única y ñrmísima- ¡ quic cum ex Deo non sint, cau- 
mente en la verdad, desprecia y | sam obloquendi in sanctiora quae- 
detesta toda sospecha de menti-ilibet dogmata iis pr^berent^ 
ra 3" ñilsedad, nada seria masjqui adversum Nos sunt. 
contrario á la santidad de ella, y | 

nada redundarla en su daño, co- i Patet ad te cor nostrum, Ven. 
mo admitir una quimérica reco- 1 Frater, in re summi momenti., 
mendacion de virtud por hechos i Studium quodlibet partium ab- 
de esta clase, que no siendo deijiciendum omnino est;nulla per- 
Dios, darían ¿ nuestros contra- i sona^ acceptio habenda; veritas> 
rios ocasión de vituperar losiunice pensitanda, exploranda,. 
mas santos dogmas de nuestra | perquirenda, ñeque temeré fideS' 
Religión. Te está patente y ma- 1 habenda, ac nimia in credendo' 
nifiesto, Venerable Hermano, i facilitas praístanda: sed máxima 
nuestro corazón en asuntos de ¡plañe in eum finem conferenda. 
tanta gravedad. Se ha de des- i industria in agendo, celeritas in 
terrar de todos modos cualquie- i conficiendo, concilium in provi- 
ra parcialidad: no se ha de tener i dendo. H^e quidem pro tua 
acepción de persona alguna: lai prudentia commendamus tibi e- 
verdad únicamente se ha de pe- 1 tiara atque etiam; ha3C fidentis- 
sar, se ha de indagar: se ha de i sime ab Fraternitate tua, quae 
buscar con suma diligencia. No i tanta in apostolicam sedem ob- 
se ha de dar á estos hechos ünjservantia doceri se á Nobis ac 
asenso temerario, ni se han de! instituí postulabit de ratione hoc 
creer con nimia facilidad, sinjin negotio tenenda, praestola- 
que preceda á este fin la indus-imur, cui propterea divini praosi- 
tria en ejecutar, la prontitud enidii auspicem Apostolicam Bene- 
hacer, y el consejo en preveeridictionem amantissime imperti- 
lo futuro. Recomendamos una yimur. 
muchas veces estas cosas á tu ! 

prudencia. Asi lo esperamos! Datum Romas apud S. Ma- 
cón la mayor confianza de tuiriam Majorera, die decima nona 
fraternidad, que con tanta ve-'junii anni 1819. Pontificatus- 



DE CENTRO-AMÉRICA. 35 

neracion á la Silla Apostulicaj Nostri Anno XX. 

pidic) ser instruido por Nos del i 

modo con que te bas de mane-' Pius PP. YII. 

jar en este negocio, á quien co- i 

mo prenda del auxilio divino j Sta est ex Libro quo epistolae 

damos con el mayor amor laillmi. "^ Dñi Ntri referentur exs- 

bendicion apost(51ica. Dado enjcriptae Pro D. Mazio ab episto- 

Eoma, en Santa Maria la Mayor, j lis latinis Ilrai. D. X. 

dia 19 de jnnio de 1819, año 20 i 

de nuestro pontificado — Pió Pa-j Paulus Polidmy. 

pa YII. As¿ está en el libro en! 

que se copian las cartas de núes- i 

tro Santísimo Padre — Por el Sr. j 

Mazio, secretario de cartas lati- i 

ñas — Pahlo Polidory. 

10 — El Papa, ademas, dio las instrucciones que se ven á continua- 
ción. 

Instrucción acerca de la her-i Instructio de Sorore Maria 
mana Maria Teresa de la Santí-íTheresia á SSma. Triuitate. 
sima Trinidad. — Examinados: 

cuidadosísimamente todos los es-; Scriptis, monumentisque om- 
critos y monumentos que el Re-jnibus, quoe Rmus. Arcliiepisco- 
verendísimo Arzobispo de Gua-i pus Guatimalensis misit adSum- 
temala dirigid al Sumo Pontífi-imum Pontificem de Sorore Ma- 
ce, relativos a la hermana Ma-iria Theresia á SSma. Trinitate, 
rk Teresa de la Santísima Tri- i diligentissime perpensis, censuit 
nidad, juzgó nuestro Santísimo | SSmus. Dnus. Xoster, de consilio 
Señor con consulta de una con-ietiam Selecta) congregatiouis, in 
gregacion especial, quo se con-ieura raodum ad eumdem Arclne- 
teste de esta manera al mismo: piscopum rescribí. 
Arzobispo: 1.^ — ■ Ajiarecien-l 1. Cum ex rebus in exameu 
do clarísimamente de Za^s -cosas j deductis luculentissi rae patuerit, 
puestas á examen, que no t)ie- i ostenta, quoe pra^dicantur ex 
nen de Dios los prodigios quelDeo non esse, silentiura cun> 
se decanta?!, al instante se hajprimis de iisdem indiconduui e- 
de imponer silencio .sobre losirit, omnique cura, ac eontcntio- 
misTnos. y procurarse con todo¡ ne aduitendum ad quemlibet rn- 
cuidado y diligencia disipar cual-; morem dissipanduui. imo ad om- 
quier rumor, y aun seria; nóm celebritatem anioliendaní 
muy conveniente que para evi-jsauus foret ipsum Arcliiepisco- 
tar toda divulgación, se. al)stu-jpum ab Sanctiinoniali adeunda 
viera el mismo Arzobispo de en-' abstincro. 



36 RESERA HISTÓRICA 

traral convento.— 2. <=^ La mis- i 2. Ipsa vero Maria Theresia 
ma Maria Teresa sea ivíis\sL-\inopinato, yiullaque ex suis rehus 
dada de sorpresa á otro qohyqxí- \secum adlata, iu aliud Ca^nobium 
to, y sin llevar consigo ninguna | transferatur, ac si id fieri ne- 
de sus cosas; mas si esto no pu-:'queat ob graves rumores fortas- 
diere hacerse porque acaso se i sis in vulgus excitandos, maneat 
excitarán grandes rumores en i in suo Ascaeterio, in alio tamen 
el vulgo, permanezca en su con- i cubículo, omnique cautione ad 
vento: pero en otro cuarto, vipra?pediendum aditum, et ailo- 
con toda precaución para impe- i quium, ac secretas molitiones 
diría entrada, la conversación i cum alus quibuslibet. 
y las intrigas secretas con cual-' 
quiera • otra persona. - 3. * i 3. hí,ic ea media adhibenda. 

Hecho esto deben emplearse; j^us ab errore la quo ea ver- 
aquellos medios, con los cua-J . . ^ 

les pueda sacarse del error en i ^^^"'" ^"P^ possit, omnique de- 
que se halla, y apagados todos.! eomclamatis prodigiis, singulari- 
los rumores acerca de los prodi- j busque charismatibus rumore 
gíos decantado?, y de las llagas ; sublato, in viam potius venera- 
singulares se traslade mejor alitis et justitiaj tradueatur. 
cmiirno de la verdad y de la jus- ' 

ticia. — 4® Entregúese pues, i , -o ■ -. t-- t. , 

primeramente, al Eclesiástico' . ,'!■ Pnra» itaque, ^ iro Ede- 
mas distinguido, por su pruden- : ^'''^^'^^ prudentia, probitate, 
cia, probidad y sabiduría: v a'^^O'^""'^'^, ^P^^tatissimo regenda, 
ellademuéstreseleenérgicamen-i^^ excolenda tradatur, eidem- 
te que las cosas que se publican ?'^ •^'^^'■^^ mdicetur, res. qua? 
hechas por ella no son según i *^^ ^^*^,^'" Jf ^*'^»°^"''' aon esse 
Dios, sino que antes bien deben ' ^^T*^""? ^^iJP; ^l e^Jisidiis. 
provenir de asechanzas v enga-:'''= f'a«^l'b"s Diaboli, eadem idr- 
fios del demonio, prestando ella,!*?"®^ temeré adnitente. repeten- 
acaso, su temerario consentí- i ^^^^^^^.^T^^ P^*'^^'^^ contem- 
miento. Reconozca, por tanto, i"^''.^'''^ sibi esse dignoscat ac 
que debe despreciarlas, y tenga ^ ^^"*'»*."^™ voluntatemqne Dei. 
por cierto que no conseguirá 1a' "*'°"'^' *^^ ^"'-''^''' obedieutia 
verdad y la voluntad de Dios!^'»"^ moderatonbus habenda. 
sino por suddcil obediencia áij'^f nacturam esse pro —'0 
los directores que se le pongan, j h^beat. 
— 5. ® Pídale, pues, á Dios que • 

rompa los lazos del diablo, conj 5. Adsídua idcirco multaqne 
una oración constante grande y 'et humilí prece. virtutique pra'- 
humíldc, iusístiendo principal- i sertium humilitatis insistens. 
mente eu la virtud de la humil-lpostulet á Deo. ut laqueos dis- 
dad. pero si sucede que ella se rumpat Diaboli: quod si ex gra- 
turbe al hacerle este anuncio vi hoc nuncio perturbari ipsara. 



DE CSara o- AMÉRICA. 37 

grave, que defienda tenazmente í eontÍDgat. ac pervieaciter divi- 
el origen divino de las llagas de i nam charismatum de quibus agi- 
que se trata, que también se i tur originem protueri. nee non 
queje de los preceptos impues- j de irrogatis jussionibus conque- 
tos, y que amenace con las iras i r¡. et ca^lestes iras adversus eos, 
del cielo á los que la contradi- ' qui sibi contradicum comminari: 
cen. este, ciertamente seria un ; lioc certe novum, ac luculentius 
nuevo y mas terminante indicio : indicium Ibret ad judicandam 
para juzgarla uno ilusa por elipsam illusam áDa^mone. ab eo- 
demonio. inducida miserable- ; que in sensus vanitatis, super- 
mente por él, en sentidos de va-ibiíe, et propria? a^stimationis 
nidad, de soberbia y de propia raiserrime inductam. 
estimación. — 6. ^ Xo se le per- 6. Xulla cum Sanctimoniali- 
mita cí M. Teresa comunicación ! bus, ñeque cum externis quibus- 
alguna. ni con las monjas, ni con • libet personis permittatur Maria 
cualesquiera otras personas de ! Theresia cómmunicatio, prícter 
fuera. 6 escepcion de dos monjas, binas ex probatioribus Moniali- 
de las mas acreditadas, á quie-jbus. quibus ipsa custodienda et 
nes se entregará para que la cus- • observanda tradatur. Silentium 
todien y observen. Prescríbase ; porro eidem Maria^ Theresia\ 
silencio aun interpuesta la reli- ; ca^terisque consororibus de re- 
gión del juramento á la misma bus. qua^ obtigisse dicuntur, Sa- 
M. Teresa y á todos los que ha- 1 cramenti etiam religione injecta. 
bien de las cosas que se dice han ; príescribatur. 
sucedido. — 7. ^ Ya es de espe-' 

rarse que se quite todo artificio • 7. Sperandum equidem est ex 
del enemigo con este método o-iocculto hoc vivendi genere, ex 
culto de vivir, por el cual la her-; quo nonamplius erit Sóror Ma- 
raana Maria Teresa no será mas : ria Theresia spectacnlum homi- 
espectáculo á los hombres deínibos domi forisque. quodlibet 
dentro y fuera de so casa. Pero eonticescere Inimici artificium: 
si se advierte que aun sobreven- quod si quidpiam adhuc eveniri 
era alscuna cosa, háíranse los exor- ¡ animadvertatur, exorcismi ex 
cismos según los institutos de laj Ecelesia^ instituto peragantur ad 
iglesia para disipar y confundir diabólicas machinationes, ac 
las maquinaciones y arterías del pra^stigia propulsanda, et conte- 
diablo. Yijilará mucho el confe- : renda. Advigilabit antera Con- 
sor. informado por las monjas, áifessarius ab Monialibns edo;^'"^ 
quienes se encomiende la custo- ; diligens María* Theresia^ cr. 
dia diligente de Maria Teresa. ; día commissa est, ut si quid ni>- 
r 1" 'O algo nuevo, j vi contingat. probé d* — ^ ^ ' " ^ 

. . y dé parte de de eo referai ad A 
ello al Arzobispo, i quien por se- ' pmn, qui iterum admonetur, ne 
r ücla vez se amonesta qn * rem cr - — » - - - no- 

a trqne él mismo al rt iat, qiv , '' - 



38 



reseíTa histórica 



miento; pues que este hecho con- 
tribuiria mucho á probar el su- 
ceso en concepto de la misma 
monja y de los demás, con gran- 
de detrimento de las almas, el 
<íual, por lo mismo, seria muy de 
temerse tuviese un origen sos- 
pechoso y reprensible. — 8. ^ De 
alli escójase para que reconozca 
y cure las cicatrices de las lla- 
gas, que se asegura estar impre- 
sas milagrosamente en el cuerpo 
•de M. Teresa, un cirujano pru- 
dente y bueno que jure guardar 
silencio y contarle con verdad 
las cosas al Arzobispo, y procu- 
re le refieran ingenuamente to- 
dos los hechos las dos hermanas 
monjas que la custodien, á las 
cuales también exíjaseles jura- 
mento de decir la verdad, y de 
guardar secreto con las demás, 
llagase todo esto escrupulosa- 
mente; sin embargo, es precisa 
tal sagacidad, viveza y circuns- 
pección, que se consulte feliz- 
mente en la gravedad de tanto 
negocio á esclarecer la verdad, 
á acallar toda publicidad y á 
-conseguir la salud del alma (1). 

PaUo Polidory, 



nialem ipsam, ac canteros pro- 
bandam tantopere conferret, in- 
genti cum animarum detrimento, 
quod ex facto suspecta) impro- 
bandasque originis pertimescen- 
dum certe foret. 

8. Hinc ad conspiciendas cu- 
randasque plagas stigmatum, 
qua3 asseruntur in corpore Ma- 
ría) Theresia) portentoso impres- 
sa, seligatur prudens ac probus 
Chirurgas, quijuret de silentio 
servando, reraque ad veritatem 
referat Archiepiscopo, cuncta- 
que ingenuo ab duabus Moniali- 
bus Sororis Custodibus sibi de- 
ferri curet, quibus etiam jura- 
mentum de veritate dicen da, ac 
de silentio cum cicteris servan- 
do iraponatur. 

Ha3c religiosissime perñcian- 
tur; ea tamen cum primis soler- 
tia, industria, circunspectione 
opus est, qua in tanti negotii 
gravitate, et veritati assequen- 
dae, et omni celebritati araolien- 
d^, et anima) saluti operanda3 
feliciter consulatur. 

Pro D. Mazio ab Epistolis La- 
tinis Ilmi. D. N. 

Paulus Polidory. 



(1) Los serviles se esforzaron en que desapareciera todo ]o que les era adverso. Por todas 
partes recogian el segundo tomo ^'^''\ -'Tíosquejo Histórico". Un ejemplar no cayó en sus ma- 
nos, y ha sido reimpreso aliora. Ellos recogieron todos los ejemplares de las preinsertas re- 
soluciones pontificias. Don Antonio Rivera Cabezas contiervaba uno, y siendo muy joven el 
autor de esta "Reseña Histórica", Rivera le dijo, dándole el enunciado ejemplar: "guarda 
esto, que un dia te será útil". Mr. Federico Cbatñeld, amigo intimo de las familias do Aycine- 
na y de Pavón, supo el paradero del enunciado ejemplar, y se propuso recogerlo. Lo pi- 
dió prestado por medio de don José Milla y Vidaurre, prometiendo formalmente que seria 
devuelto. Se le negó ; pero tantas fueron las instancias de Milla, y las seguridades que daba 



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DE CENTKO- AMÉRICA. 39 

11 — No solo el Papa ordeno á fray Ramón qne no entrara al con- 
Tento de Santa Teresa. La misma orden le intimó el Gobierno por 
^decreto de 8 de julio de 1826. Dos meses después, Arce dio el golpe 
de estado contra los liberales. Inmediatamente que se operó ese 
'Cambio, fray Kamon se dirigió á Santa Teresa y ííontinuó visitando 
•el convento como antes. En consecuencia, la madre Teresa y otra 
monja llamada Maria de Jesús Prado escribían cartas sediciosas que 
pueden verseen el número 29 de "El Boletín" (2). Lejos el Arzobis- 
po de sacar á la madre Teresa del convento, la hizo i^ermanecer en 
«él; y anunciaba sus predicciones, sus amenazas y cuanto quería que 

I dijera el cielo por boca de la monja. Casaus la hizo prelada de aquel 
convento y alas otras monjas no les permitia siquiera la elección 
de confesor. Esto originó quejas al Gobierno y espedientes que pu- 

í asieron á los liberales delante de los ojos cuanto pasaba en el inte- 
rior del monasterio. 

12 — Por mas que la madre Teresa anunciara á nombre de Dios 

I «que serian bienaventurados todos los que auxiliaran á su hermano 
don Mariano en la santa guerra que habia llevado á San Salvador, 
y que descenderían á las profundidas del infierno los que se negá- 

I ran á prestar estos auxilios, ni don Luis Pedro Aguirre, ni los As- 
turias, ni el cura de San Sebastian don Juan José Batres, ni el pres- 
bítero doctor don José Mariano Méndez, cura del Sagrario, ni el pres- 
bítero don Laureano Navas, cura de San Pablo, ni Valle, ni Por- 
ras ni otros muchos querían dar dinero. Aycinena reducía á irrisión 
en sus propias casas á las personas que se negaban á contribuir, ya 
pertenecieran á la nobleza ó al pueblo, al clero ó á los laicos. La 
<;iudad de Guatemala parecía algunos dias un gran presidio, y cada 
'Casaun calabozo. 



de la devolución, que al fin le fué entregado. Jamas lo devolvieron. Quedó, sin embaigo, 
üa idea de su existencia y de su contenido. Y á distancia de muchas leguiw do Qnatemala 
fué citado varias veces contra los escritos del mismo Milla. Con mucb a dificultad se pudo a- 
hora conseguir el que ha servido para esto tomo. liegistrándose archivos se eucontió otro, 
cuya existencia ignoraban los conservadores. Estii en cierta causi\ seguida contm xm clérigo 
'que continuaba divulgando milagros, no obstante el texto literal de la reeolaciou de Pió VIL 

(2) No se publica el texto literal do estas cartas, porque no ha sido posible consegnir un ejem- 
plar. La pesquisa servil los agotó; pero el número do "El Boletín extraordinario" corre»- 
pondicntcal IG de julio de 1830, hace relación do cllivs y afirma fueron iosertos en el uúui. 29 
^el misx&o Boletín. 







e4 




OA.FITULO QUINTO. 

Coiitimiacion de hi campaña. 

SUMARIO. 

1 — Marcha del general Morazan á San Miguel^ y lo que allí acae- 
ció^ referido por el mismo — 2. Situación de M^'icanos — 3. Don 
Manuel Montúfar — 4. Lo que débia esperarse dadas las cir- 
cunstancias en que este Je/e se eucontraha—r>. P/v...7/^,>.^rvw7,7 
general Arzú — 6. Sics consecuencias. 



1 — t'De Gualcho, dice el general Morazan en sns Memorias, me 
'^ dirijí á la eiudad de San ^Miguel, en busca de recursos, para llagar 
'' los haben's atrasados á l(^s soldados, vestirlos y darles la írrüif* 
" cacion de un medio sueldo, que se les había ofi-ecido. En el vwuú 
'* no se me presentó una comisión de los principales vecinos de a- 
•' quclla ciudad, para suplicarme fuese á protejVr las ]M't>piedades, 
'* que (i pretí^sto de pertenecer lí los enemigos del gobierno, eran a- 
•' m(mazadas por un puñado de malvados. Pude llegar á tiempo de 
' evitar el saqueo de muchas casas, aunque ya estos hablan t<»ma- 
"' do de la de Barriere algunos objetos d*» comercio. En uso de la 
^' facultad que me había c(mcedido el gobienio del Rstado del Sal- 
'' vador, mande exijir un empréstito forzoso de diez y .st»is mil i>o- 

'^sos. Est(í se distribuyó en un p(X|u<»no número de t" •' *^^ 

'* que mas servicios habían pn»sta(lo al euí'migo. La n«> 

'* difundió en la ciudad, de que el genertll Arzú había salido p;ini 



42 RESEÍÍA HISTÓRICA 

" atacarme, del cuartel general de Mejicanos, produjo una fuerte 
" resistencia en algunos j)restamistas, que se negaron á pagar, bajo 
" diferentes pretestos, sus respectivos contingentes. Cuando se con- 
" firmó la noticia de que el enemigo se aproximaba al Lempa, espe- 
*' di una orden para que al que no quisiese prestar sus servicios 
" como propietario, se le obligara á hacerlos como soldado, presen- 
" tándose en el cuartel de cazadores. Todos pagaron á esta intima- 
^' cion; solo el ciudadano Juan Pérez, primer propietario del depar- 
^ ' tamento, quiso tomar las armas. Pero pocas horas después de ha- 
'' liarse sufriendo en el cuartel, todos los castigos y privaciones de 
^' un soldado recluta, entregó cinco mil pesos que le fueron asig- 
" nados, y volvió á su casa. La cantidad recaudada, fué distribui- 
^' da á los soldados en medio de la plaza, á presencia de los jueces 
" municipales, de los ciudadanos Gregorio Avila, que contribuyó 
*' con el género suficiente para dos mil vestuarios, Pedro Gotay y 
" otros muchos de los principales de aquella ciudad, que aun exis- 
^' ten hoy en ella para comprobar esta verdad. Como este fué el 
'^ último empréstito, y el único de alguna consideración que yo a- 
'' signé hasta la conclusión de la guerra, y como algunos han exa- 
" gerado su valor, y tratado de tiránicas las medidas que se toma- 
• ' ron para realizarlo, no me ha sido posible pasar en silencio estos 
'' pormenores. Si hubo alguna severidad contra Pérez, fué provoca- 
" da por su misma resistencia: lo exijia, ademas, el orden público 
' ' amenazado por los soldados leoneses, cansados ya de sufrir la es- 
" casez y de esperar el dia, tantas veces prometido, de que esta ce- 
*' sára; y lo demandaba imperiosamente la necesidad de marchar á 
' ' disputar el paso del Lempa al enemigo. El único atentado que yo 
*' supiese y pudiera remediar, fué cometido por el capitán Cervan- 
^' tes, que arrancó del cuello á una señora prestamista su cadena de 
'' oro, por lo cual fué sentenciado á la pena de muerte y fusilado 
'' en la plaza de San Salvador. Los soldados leoneses, que no perte- 
^' necian á ningún gobierno y que voluntariamente se hablan pues- 
" to á mis órdenes, espresaron de diversos modos sus deseos de re- 
^ ' gresar á Mcaragua. Al coronel Balladares, que se propuso evitar- 
*' lo, lo amenazaron haciendo uso de sus armas, y yo solo pude lo- 
^' grar que sesenta soldados continuasen en el servicio. Entre tanto, 
" el general Arzú llegó al Lempa con una fuerte división. Al.mo- 
^' mentó marché á evitarle el paso de este rio, y lo habria consegui- 
'' ' do, si el teniente coronel José del Posario López Plata no hubie- 
" ra descuidado el j)unto por donde logró aquel desembarcar. Dis- 
*' minuida mi fuerza por la deserción de los leoneses, tuve que re- 
' ' tirarme á Honduras para organizaría. El enemigo que marchaba 
" á mi retaguardia, llegó hasta la ciudad de ISTacaome, y no atre- 
^' viéndose á perseguirme.por el camino de la sierra, que habia ya 



DE OENTKO-AMÉKICa. 43 

'^ for tincado, regresó á San Miguel." 

2 — Don Manuel Montúfar quedó, en calidad de Mayor General, 
á la cabeza de la división que permanecía en Mejicanos. Arzú ha- 
bla dividido la fuerza sacando la tropa que condujo al Lempa y con 
la cual, en seguida, se situó en San Miguel. 

3 — Arce,Marure,Morazan y García Granados hablan estensamente 
en sus Memorias de don Manuel Montúfar, y toda la prensa centro- 
americana se ha ocupado de él atribuyéndole diferentes caracteres 
y presentándolo bajo distintas fases, no solo como militar, sino co- 
mo político, como periodista y como historiador. Séame permitido, 
por tanto, dar alguna idea de su jjersona. Procuraré que en la des- 
crixDcion ni los vínculos de la sangre ni las afecciones de partido e- 
jerzan influencia alguna. Don Manuel Montúfar no fué educado en 
ninguna escuela politécnica, ni siguió gradualmente la carrera mi- 
litar. No habia hecho estudios universitarios, ni poseia títulos aca- 
démicos. Tenia conocimientos generales, debidos á su aplicación á 
las ciencias y á las letras, y al ejercicio de diversos destinos que ha- 
bia desempeñado desde joven. No podia llamarse orador distingui- 
do; pero, como dioe Marure, escribía con destreza, y su pluma era 
una de las mas acreditadas de Centro- América. No habia viajado, 
y su educación se resentía de las preocupaciones guatemaltecas de 
aquel tiempo. Oyó decir, desde la infancia, que procedía de las fa- 
milias que el historiador Juarros hace descender de don Jorge de 
Alvarado; y sin fijarse en la verdad de este aserto, ni en el origen 
del mismo Alvarado en España, ni en las generaciones nada aris- 
tocráticas que á don Jorge sucedieron, ni en lo poco que vale aun 
la verdadera nobleza europea después de la gran revolución de 1789, 
tenia la debilidad de considerarse de elevada alcurnia. Era enemigo 
de la revolución de Francia, que juzgaba bajo el punto de vista de 
los horrores de 1793. Sus amistades mas íntimas se hallaban en el 
círculo de las familias de Aycinena y de Pavón. Montúfar estaba 
siempre rodeado de esos conservadores que creen que no se puede 
ser buen guatemalteco sin aborrecer al resto de Centro- América. 
Su amor á su país natal lo conduela á considerar como desagrada- 
ble todo lo que estuviera fuera de Guatemala. Con frecuencia te- 
nia que oir á hombres tan localistas que, trasladados rápidamente á 
Nueva York, considerarían las diferencias entre Guatemala y la pri- 
mera ciudad del Nuevo Mundo, como defectos déla Union america- 
na. Montúfar mandando en jefe una fuerza, jamás manifestó arrojo. 
Nunca se le vio uno de esos rasgos atrevidos que, en circunstancias 
supremas, salvan las situaciones. Su canlcter civil lo dominaba aun 
á la cabeza del ejército. Trataba á los jefes que le estaban subordi- 
nados, con las atenciones que dispensa un Secretario de Estado a los 
individuos del cuerpo diplonuitico. Ejecutando órdenes superiores 



44 RESECA HISTÓRICA 

era exactísimo. La idea del honor ejercia en él mas influencia que- 
los sentimientos que produce una meticulosa educación. Pruébalo^ 
su conducta|[al frente de las fortificaciones de Milingo, donde cum- 
plió á sabiendas ordenes absurdas del presidente Arce. Las Memo- 
rias de Jalapa revelan su inteligencia, la diversidad de sus conoci- 
mientos y la corrección de su lenguaje, como también su odio á los» 
liberales, su refinado localismo, su saña implacable contra el gene- 
ral Morazan, y la indignación que produce á los hombres que han 
tenido notable infiuencia en su país, el verse reducidos á la mas- 
completa nulidad. Montúfar había sido amigo de don José Fran- 
cisco Barrundia. Después de los sucesos del año de 29, pudo volver- 
á Guatemala, asegurando á Barrundia que no tomaría parte en nue- 
vas revoluciones contra los liberales; pero la energía de su espíritu 
y el deseo de contribuir, aunque fuera solo con su phima, á un cam- 
bio favorable á los serviles, jamás le permitieron pasar bajo las Hor- 
cas Candínas; y cuando se decretaron indultos y amnistías no quiso' 
aprovecharlos. Méjico le había enseñado que el hombre en su país 
natal no es un pez en el agua, de donde no puede salir sin asfixiar- 
se. Montúfar llegó sin dinero á la República mejicana. Allí formó' 
un capital y permaneció hasta su muerte. Poco antes de morir, re- 
comendó que sus restos fueran trasladados á Guatemala, y hoy se- 
hallan en el viejo templo del estinguido convento de San Felipe. 

4 — El Jefe que se acaba de bosquejar, con sus fuerzas mutiladas 
y después de todos los sufrimientos que Marure refiere, debía to- 
mar la plaza de San Salvador, que se hallaba bien fortificada y a- 
bundante en todos los elementos que faltaban en Mejicanos. Dado 
el carácter de Montúfar, no era posible esperar que un acto de ar- 
rojo ó de osadía salvara la situación. El envió incesantemente cor- 
reos á don Manuel Arzú, llamándolo á Mejicanos. Unos de estos fue- 
ron interceptados, otros llegaron á su destino; pero Arzú nunca re- 
gresó. Es de creerse que este Jefe estaba cansado de una campaña 
en que tanta influencia tenían los hombres civiles á quienes él no- 
podía dirijir. Probablemente el general Arzú comprendió muy bien 
que la situación de su partido exigía un arreglo de paz que tanta» 
veces desecharon las personas á cuyas órdenes se hallaba. Síenda 
un antiguo Jefe militar y habiendo combatido sin éxito á los sal- 
vadoreños en mejores circunstancias, no podía dejar de ]3reveer un 
término funesto para la causa que defendía. 

5 — Siguiendo al pié de la letra órdenes de la capital dirijió á los. 
pueblos proclamas que dieron un resultado fatal á los invaso- 
res. En una de estas ofrecía el olivo de la paz á los salvadoreños si" 
se rendían, y los amenazaba con los horrores del esterminio sí per- 
sistían en la defensa de su país. San Salvador se agitó, y hasta las 
mugeres y los niños pidieron armas joara el combate. Aquella cax^i- 



DE CENTEO-AMEKICA 



45 



tal presentaba entonces el espíritu patriótico que hizo célebre á Za- 
ragoza cuando la invasión de los franceses. Otra proclama de Arzú, 
que casi testualmente fué dictada en Guatemala, dice asi: "'Pueblos, 
vosotros sois testigos de que el sagrado de los templos es muy res- 
petado de las tropas federales. Pero estas no pueden permitir que 
los altares sean robados, y con su plata y alhajas mantenga el ene- 
migo su fuerza y les haga la guerra. Por esto y porque el ejército 
debe proteger las pi'ojnedades de los pueblos, se os excita á ocultar 
dicha plata, á no entregarla á los enemigos del orcfen y en caso 
necesario á que se remita al cuartel general para que en él se ase- 
gure." 

6 — El pueblo del Salvador estaba unido contra sus invasores. Lo 
reconoce así el autor de las Memorias de Jalapa y elogia esa virtud 
salvadoreña. Llamar enemigos del orden á los que defendían sus 
hogares, era producir una impresión fatal en todo aquel Estado. 
Asegurar que era un robo á los altares tomar sus alhajas para sos- 
tener una defensa que se creía santa, era ponerse en pugna con las 
convicciones generales. Pedir a los agredidos sus mismos bienes 
l^ara que los invasores en su cuartel general se encargaran de cus- 
.todiarlos, era inferir una ofensa al pneblo salvadoreño. 



C^FITULO SESTO. 

Rendición de Mejicanos. 

SUMARIO. 

1 — Ultima mctoria de Montúfar — 2. Ataque de Quezaltepeque— 
:>. Agitación en Guatemala — 4. Enxvo de auxilios á Mejicanos 
y sus resultados — 5. Espedicion del coronel Valdes para prote- 
ger un convoy — 6. Efectos que produjo en Guatemala la pérdi- 
da de este convoy — 7. Contra-sitio de Mejicanos — 8. Capitula- 
eion-^-Q. Los vencidos en Mejicanos llegan á San s^f^^-^^'^nr. 



1 — Montúfar levantó una milicia local en Quezaltepeque, á i)e- 
sar de su aflictiva situación. La mando levantar igualmente en San- 
ta Ana, Sonsonate é Isalco; pero el éxito no correspondió á sus de- 
seos. La fuerza de su mando se componía en su mayor parte de en- 
fermos. Los soldados que se hallaban con salud eran solo suficien- 
tes para defender las trincheras con el auxilio de la- artillería. En 
'\sta situación calamitosa se verificó el ataque del ;U de julio de 1828¿ 
Los salvadoreños, con fuerzas superiores á las que defendían la pla- 
/íi de Mejicanos, la atacaron por diversos puntos. Después de algu- 
nas horas de combate, fueron rechazados y perditu'on toda su arti- 
llería. Montúfar tenia las fuerzas necesarias para sostener con difi- 
cultad un combate entre trincheras; ]M'ro carecía do liombi^os y de 
t-lementos para marcliar sobre San Salvador y tomar aquella ])laza. 
VA se queja amargamente en sus Memorias de que el general Ai^zú 
lo hubieiu a]);nid()nad(); dice que si todas las fuer/as hul»ii»nin osta- 
(lo reunidas en Mejicanos, la sitimciou d»' hi cniniíana habría sido 



48 EESEIíA IIISTÓKICA 

diferente. 

2 —Los salvadoreños habían sucumbido en las trinclieras de Meji- 
canos; pero nadie los perseguía. Se hallaban en su propio país y 
contaban con la gran mayoría del Estado. Bajo estas favorables cir- 
cunstancias el general Juan Prem atacó un destacamento que se ha- 
llaba en Quezaltepeque y lo derrotó completamente. El autor de las 
Memorias de Jalapa dice que Prem puso fuego al laueblo, y que 
dos capitanes fueron asesinados después de hechos prisioneros cuan- 
do se les conducía atados á las colas de los caballos. El general Gar- 
cía Granados refiere en sus Memorias esa acción con estas lacónicas 
palabras: ''El 14 de agosto, Prem atacó un destacamento que se halla- 
" ba en Quezaltepeque y lo derrotó, dispersándose todos los que no 
'' quedaron muertos, porque según el uso de entonces, no se dio 
*' cuartel." El general Morazan no habla en sus Memorias de esta 
acción, y Marure solo dice en las Efemérides que hubo veintidós 
muertos y que no hay noticia del número de heridos. 

3 — Cada vez la oposición contra Aycinena era mas pronunciada. 
Los presbíteros doctor don José Mariano Méndez y don José Anto- 
nio Alcallaga, habían sido reducidos á prisión; un cura, llamado el 
l^adre Casado, estaba desterrado La casa de don Mariano Fagoaga 
fué allanada, porque en ella había reuniones de hombres desafec- 
tos al Gobierno. Don Carlos Salazar también había sido desterrado. 
Don José del Valle y don José Francisco Barrundía estaban vigila- 
dos. Don Antonio E-ivera Cabezas, aprehendido en el departamen- 
to de Chiquimula, estuvo á punto de ser pasado por las armas como 
Pierzon. Algunas influencias lograron salvarle la vida; pero se le 
condujo fuera de la República por la vía de Chiapas. Todo esto era 
preciso ejecutar para que se sostuviera un Gobierno ilegítimo bajo 
el punto de vista de la constitución y de las leyes de aquella época. 

4 — Aycinena haciendo esfuerzos sobrehumanos, envió tropas de 
los departamentos de Guatemala y Chiquimula con diner© y muni- 
ciones al cuartel general de Mejicanos. Las tropas de Guatemala se 
desertaron en el camino. Solo llegaron á Santa Ana algunos solda- 
dos de Chiquimula. Esta deserción era una nueva prueba de que Ay- 
cinena estaba combatido por la opinión j)úblíca, en el mismo depar- 
tamento de la capital. El hizo dimisión ante la Asamblea del Esta- 
do. Esta dimisión, en concepto de muchos, no fué sincera. Tenia 
por ñn intimidar á los hombres mas comprometidos en su causa, pa- 
ra que redoblaran sus esfuerzos. La mayoría de la Asamblea esta- 
ba á sus órdenes, y la renuncia no fué admitida. Entonces los ser- 
viles trabajaron con empeño por hacer creer al pueblo que los sal- 
vadoreños no aspiraban á restablecer las autoridades caídas el año 
de 26, ni á que reapareciera el Congreso Federal, ni á que la con- 
ducta de Arce fuera juzgada por los legítimos representantes de 



DE CENTKO- AMERICA. 49 

€eiitro-Amónca, sino á destruir á Guatemala. En arengas á la tro- 
lla los jefes serviles señalaban los edificios de la Catedral y San Fran- 
cisco, de Santo Domingo y la Merced, presentándolos como mara- 
villas del arte y como el objeto de una vivísima envidia de los sal- 
vadoreños. Se aseguraba al ejército, que nopudiendo aquellos hom- 
bres trasladar á su país tan suntuosos templos, se hablan empeñado 
en demolerlos ^jara que Guatemala no pudiera gloriarse de ellos. 
Muchos de los serviles hacían befa públicamente de la x)ronuncia- 
cion, del vestido, de las maneras, de las costumbres y de cuanto 
había en el Estado vecino, para que fuera cada vez mas odioso 
al x)ueblo de Guatemala. Estos rudos ataques á los salvadoreños, 
han tenido una grande inlluencia en la suerte de Centro-Amé- 
rica. Los odios que existían en las provincias desde antes de la In- 
dependencia, aumentados con las dos invasiones imperiales, se exa- 
cerbaron, y en lo de adelante han sido un muro de bronce que no 
han podido penetrar los hombres políticos de ambos países, cuando 
mas han anhelado la reorganización de Centro- América. Todos es- 
tos esfueraos pudieron obtener que una parte de la tropa, creyen- 
do de buena fé que no había en las autoridades ni en el pueblo del 
Salvador mas fin que aniquilar completamente á Guatemala, ix)r 
envidia de su grandeza, combatiera con denuedo hasta los últimos 
momentos. 

5 — Informado don Manuel Montúfar por el Comandante de Santa 
Ana, del día en que los recursos llegados de Guatemala debían sa- 
lir para Mejicanos, envío á su encuentro al coronel Valdés con 100 
hombres. El general Prem que todo lo observaba, marchó con una 
fuerza superior sobre Valdés y lo derroto completamente en Que- 
zaltepeque el 25 de agosto de 828. Hubo 32 muertos y 26 heridos. 
Los soldados de Valdés que no habían quedado fuera de combate 
huyeron en todas direcciones. Cien hombres m^nos con su corres- 
pondiente armamento y municiones, debilitaban considerablemen- 
te la plaza de Mejicanos. Prem se dirigió sobre el convoy. Para a- 
tacarlo reunió todas sus fuerzas disponibles y todas sus i)artidas vo- 
lantes. Se emboscó en un punto llamado el Nance, dio una sor- 
presa ti la escolta que conducía los recui'sos que tanto se necesita- 
ban en Mejicanos, y se apoderó de ellos. 

6— La noticia de estas desgracias, produjo á los serviles de Gua- 
temala, nna imx^resion dolorosísima. El dinero que con tantos sacri- 
ficios había estraido A y cí nena de los prop¡(»tarios para el sosten de 
sus tropas, no solo no habhi llegado á estas, sino que se luillaba en 
p(;der del enemigo. Se había trabajado y hecho sacrificios estraonli- 
naríos i)aia aumentar los recursos délos salvadoreños, á qiiienes ca- 
da vez se i)resentaba en las arengas y en los sermones con carac- 
teres mas odiosos. Algunas mugeres que creían en las profecías de 



50 KESEÑA HISTÓRICA 

la madre Teresa, acudían á la reja y al torno de su convento pidien- 
do esplicaciones de lo que pasaba. La monja, empleando un len- 
guaje místico, contestaba que esas pruebas las exijia el cielo: que 
era preciso esperar con resignación y redoblar los esfuerzos. 

7 — '' Fué contrasitiado Mejicanos, dice don Manuel Mon tufar: 
'' Prem se situó en Apopa, y otras divisiones se situaron en diver- 
'* sos puntos: faltaron los víveres, el hambre comenzó á sentirse,, 
''progresó la enfermedad, y las lluvias fueron mas rigurosas." El 
general Morazan se espresa así: "Prem disciplinó algunas comiDa- 
'' ñias, y colocándose con ellas á retaguardia del enemigo, le inter- 
" ceptaba los convoyes y aprisionaba á los reclutas que venían de 
'' Guatemala, batia las fuerzas que salían del cuartel general de los 
'• sitiadores, en busca de víveres, y alentando con todos estos lie- 
" ellos al pueblo, hizo á los soldados concebir esperanzas de un 
'' próximo triunfo y creer al coronel Montúfar, jefe del ejército si- 
" tíador, que se hallaba sitiado." En 18 de setiembre, Prem que sa- 
bia la escasez de víveres que había en Mejicanos y que estaba au- 
xiliado por el coronel francés Terrelonge que mandaba la caballería,, 
ejecutó una hábil maniobra para engañará los guatemaltecos y ven- 
cerlos con mas rapidez. Hizo que se colocaran unas yuntas de bue- 
yes á la falda del volcan que está á distancia como de media legua. 
Este ganado se divisaba desde Mejicanos. Montúfar envió al mayor 
Vera con 160 hombres para tomar las reses. Prem dejó que Yera 
llegara hasta la falda del volcan, que se apoderara del ganado y 
que con él contrama rehará á Mejicanos. Entonces Prem salió al en- 
cuentro de Vera y lo atacó en los estrechos y barrancosos callejo- 
nes del volcan. "Vera, dice Montúfar, peleó con un valor desespe- 
'•' rado y se rindió con diez hombres, después que toda su trox)a f ué- 
"muerta ó prisionera. " El autor de las Memorias de Jalapa, atri- 
buye todas estas desgracias á la fatalidad, sin conceder á Prem la 
pericia que desplegó en toda la campaña. Montúfar para proteger 
el convoy, había perdido 100 hombres á las órdenes de Yaldés y pa- 
ra conducir el ganado á Mejicanos 160 á las órdenes de Vera. Dos- 
cientos sesenta combatientes menos en aquellas circunstancias, casi 
dejaban desmantelada la plaza de Mejicanos. Prem comprendiendo 
la situación, dio un ataque á las trincheras, y después de algunas 
lloras de fuego, tuvo necesidad de retirarse, pero no hasta la plaza 
de San Salvador. Conservó algunos puntos intermedios y fué estre- 
chando el sitio por instantes; ya los guatemaltecos no podían tomar 
agua de los arroyos que abastecen al ptieblo. Montúfar esperaba 
auxilios como único medio de salvación y con la misma ansiedad 
eon que Massena asediado en Genova aguardaba á Suchet; pero ni 
los incesantes llamamientos que al general Arzú se hacían, ni el ca- 
ñón que tronaba en Mejicanos, pudieron obligar á este Jefe á socor- 



DE CENTRO-AMÉKICA 51 

rer á una fuerza que sucumbía. 

8 — Viendo el coronel Montúfar que era imjjosible. sostenerse por 
mas tiempo, propuso una capitulación, que fué aceptada. Se esti- 
puló que hasta la conclusión de la guerra don Manuel y doa 
Juan Montúfar, el coronel Pérdomo, don José Antonio Palomo- 
Montúfar, don José Batres Montúfar, y otros seis oficialee queda- 
ran prisioneros. Los demás oficiales y tropa i)odian retirarse á Gua- 
temala. También se estipuló que seria respetado el derecho de gen- 
tes en la persona del Jefe vencido y de los otros prisioneros. 

9 — El autor de las Memorias de Jalapa, se queja amargamente dé- 
los salvadoreños. No los conocía bien, ni pudo comprender, por 
las circunstancias difíciles en que se hallaba, el juicio que ellos ha- 
bían formado de su i)ersona. Montúfar habia invadido el Estado y 
contribuido con su cooperación y sus consejos á las dos invasiones 
anteriores. Los incendios, la devastación y la muerte que habían 
despedazado el Estado del Salvador, se atribuían á su cooperación 
en gran parte. Sin embargo, al entrar los prisioneros á San Salva- 
dor, solo una que otra voz se oyó contra ellos, y en medio de la e- 
fervescencia de las pasiones, las familias mas notables les prodiga- 
ban auxilios, manifestando grande ínteres por su suerte. Era impo- 
sible que el Jefe vencido, después de una lucha tan desastrosa, 
fuera recibido con los brazos abiertos por todos sus enemigos. La 
guerra no había terminado. Arzú estaba con sus fuerzas en el ter- 
ritorio del Estado, é iba á abrirse una nueva campaña. Montúfar 
no era solo el enemigo de ayer, podía también serlo el de mañana^ 
y era preciso no permitirle el regreso á su país. El coronel Montií- 
far, observando los acontecimientos de Centro-América desde Mé- 
jico, debe haber hecho justicia á los salvadoreños, comparando la 
suerte de los vencidos en Mejicanos, con el tratamiento que se di5 
al general Guzman vencido en Quezal tenango, y con la espantosa 
matanza de salvadoreños que á sangre fría hicieron los serviles el lí> 
de marzo de 1840. 



■♦--♦- 



C^J^ITULO SÉTIMO 

Triunfo de Morazan en San Antonio j otros «ttceaofl haata el pro* 

nunciaraiento de la Auticrua. 

BUMARIO. 

l—Belaeimí hecha por el general Morazan de su regreso áUondu- 
raif^ de la acción de 8an Antonio y de stut consecuencias^ en res- 
puesta á IfJH cargos que se le han hecho — ¿. Regreso de Morazan á 
San Calcador— '¿, JJexreto de la Asamblea de (Juaíernala niau- 
da/ido renovar las autoridades del Estado — 4. Jiecolucioié tu 
(iuezaUenango—h, Espulsiou de Arce del Estado del Salmdor^ 
referida por Morazan— O, Conferencias de Ahuachapan^ pronio 
cidaspar los costaricenses—l. Pronunciamienio de la Antigua, 



l~'*En po(x>s días, (Yu*^ < ' .j Morazan, pode aanientar la di- 

** vwion tiXi la ciudad de 'J !l*a y volví con *^lla nobre la rob»- 

** ma ciudad de San Miguel. Ei general Arzú ocupaba entór 
*' cha ciudad, que íx>r una ui: ' 'orzada anienac/» atacar. «.'...-- 
*' aquel Jí'fe no quíMÍa comii un acción, m retiró por la ri- 

'* lia de Usulutan imra atravetiar, de«pue«, el llano de la Paba^ y 
** tomar el nimíno del dni^jiit de (iradas, ooD el objeto de 

** pa«ar á íiuatemala. Yo qu* aba esta retárada* me coloqaí- 

** píir un niovimi«*nto de flanco en aquel llano, al tienijio miamo qoe 
** la vanguardia eneniiíra tonialni iK>si<ion en la margen Ixqulerda 
'* de un arroyo j)rofundo. Km hu niini diiiputamoii eete paao, ]«rm 
** ¡KKler evitar la cK'upacion de la hacienda de San Antonio, en \M 



54 RESENA HISTÓKIOA 

"•' que comienza á elevarse la sierra por donde liabia pensado reti- 
'' rarse. Pero fué arrollada y arrojada al llano en donde estaba for- 
^' mada su retaguardia, dejando en nuestro poder un canon. La lia- 
"-' cienda fué en seguida ocupada por nosotros, y los contrarios pa- 
"^ ' saron la noche deliberando. Al amanecer se me aseguró que de- 
^' seaban capitular. Al efecto, hablé con el teniente coronel Anto- 
'"' nio Aycinena, que habia sucedido en el mando al general Arzú. 
■' ' Me ofreció aquel Jefe entregar las armas y quedar prisionero con 
^' sus principales soldados; pero no á disposición del Gobierno del 
'' Estado del Salvador." 

''La capitulación que redacté, fué firmada inmediatamente, y con 
" sorpresa vieron los enemigos, que cuando ellos hablan convenido 
■'^ ya en ser mis prisioneros de guerra, se les dejaba en libertad para 
'' volver á Guatemala, suministrándoles, ademas, el dinero necesa- 
"" rio para el prest del soldado y concediéndoles, por una gracia, 
''' todo 16 que solicitaban. Aunque nunca me arrepentí de haber ob- 
'" servado esta conducta, poco dias después, tuve el disgusto de sa- 
''' ber que el enemigo saqueaba los pueblos del tránsito, y habia co- 
''' metido un asesinato, en pago de la generosidad con que se le tra- 
' ' tó, violando así la caiDÍtulacion que se acababa de firmar, en la 
■"' que se habia consignado un artículo á la seguridad de estos mis- 
" mos pueblos. Un Jefe militar del Estado del Salvador, que con 
^^ dos compañías ocux)aba Ocotepeque, por donde aquellos debieran 
'*' pasar, recibió de los pueblos iguales quejas, y redujo á algunos 
■^ ' oficiales á irrisión, por orden de su Gobierno, á quien yo liabia 
'^' dado conocimiento de aquellos hechos. Aunque siempre he crei- 
^^ do que el jefe Aycinena no los mandó ejecutar, él es, sin embar- 
único responsable de ellos por haber abandonado la tropa á 

su propia suerte, forzando sus marchas para llegar á Guatemala 
'' con todos sus jefes y oficiales allegados." 

2— El triunfo de San Antonio dejó enteramente libres de invaso- 
Tes á los Estados del Salvador y Honduras. Morazan era el hombre 
de la situación. El entró de triunfo á San Salvador el 23 de octu- 
bre, y desde entonces se hicieron preparativos para una espedi- 
cion que viniera á Guatemala, á derrocar á Aycinena y á todas 
ias autoridades llamadas intrusas del año de 26, á fin de no permi- 
tirles que con la calma, la quietud y la paz, volvieran á adquirir 
fuerza y valimiento, y emprendieran nuevas maquinaciones contra 
los Estados. La guerra ofensiva era indispensable al partido liberal 
para impedir que los serviles, relia(?iéndose de sus enormes pérdi- 
das, volvieran á colocarse en situación de destruirlo. Era preciso no 
abandonar á los guatemaltecos perseguidos por Aycinena y á todos 
los que habían simpatizado con los salvadoreños, quienes ofrecían 
al general Morazan su cooperación para que triunfara en Gu atenía- 



is 



DE CENTÜO-AMERIOA 00 

la. La demora en el movimiento era una pérdida. Se necesitaba pro- 
-c-eder con celeridad y así se hizo. 

3— El veinte de octubre la Asamblea de Guatemala decreto la to- 
tal renovación de todos los poderes. Este decreto no podia salvar la 
situación. Arce estaba fuera del mando, odiado por los salvadoreños, 
•siendo objeto del desprecio y el ludibrio de los serviles, espantado 
de las defecciones y devorado por los remordimientos. El viee-pre- 
sidente Beltranena ejercía el Poder Ejecutivo Federal, sin mas ra- 
zón que no tener voluntad de entregar el mando al Presidente. Bel- 
tranena y don Mariano Aycinena eran parientes y amigos. Bajo el 
influjo de ambos ¡5e renovaron las autoridades del Estado de Gua- 
temala. La renovación, bajo tales auspicios, solo dio por resultado 
algunos cambios de nombres, sin que saliera el poder de manos de 
los serviles. Aycinena y casi todos los funcionarios fueron reelectos. 
Si Valle hubiera aceptado la vice-Presidencia de Centro- América 
cuando se le arrebato la i3rimera magistratura, los asuntos públicos 
habrían tomado otro giro. Valle al lado de Arce habria encamina- 
do los acontecimientos de muy diferente manera. Si el Presidente 
se hubiera negado á oirlo, al ejercer el Poder Ejecutivo en una de 
tantas veces que Arce tuvo necesidad de abandonar el mando, las 
Instituciones liberales se hubieran salvado; mas en la situación en 
que entonces se hallaba Centro-América, no habla mas remedio que 
las armas ni otra esperanza que los azares de la guerra. 

4 — El 5 de noviembre hubo una conjuración en Quezaltenango 
contra las autoridades de Aycinena. Al frente de los conjurados se 
hallaba el oñcial Ángel Sánchez y el diputado Juan Paz. Asaltaron 
el cuartel y fué reducido á prisión el Jefe Político; pero atacados 
por algunos grupos del i)ueb]o, sucumbieron, quedando muertos los 
cabecillas y tres individuos mas. Aycinena, comprendiendo que el 
espíritu de fanatismo habla influido en la contra-revolución, se pro- 
puso fomentarlo. 

5 — ' Tocos dias después de mi llegada á San Salvador, dico el ge- 
^' neral Morazan, recibió el jefe político, ciudadimo Manuel Kodri- 
^* guéz, orden del' Ministerio para hacer salir del Estado al pi*es¡dente 
*' Arce, que desi3ojado ya del Gobierno existia en la ciudad de Santa 
^' Ana, x^orque su permanencia en ella em perjudicial. Una persona 
^' afecta almismo Arce me suplicó evitase á este Jefe el disgusto 
" de ser conducido hasta el rio de Paz por una partida de soldados 
^' que tenia ya preparada el Jefe Político. No quise perder la oca- 
*' sion de acreditar á Arco que habia yo olvidado la memoria que 
** hizo de mí, en la lista que dirigió al coronel Milla, pam que en 
' uni(m de otros, me rcMuitieni preso a Guatemala, .Já posar del sal- 
vo-conducto que me dio este Jefe. Con aquel objeto mandé al co- 
ronel Gutiérrez que comunicase al Presidente] la orden del Go- 



56 RESEÑA HISTÓRICA 

^' bienio, y le espresase mis deseos de evitarle el compromiso en 
^' que podia colocarlo su permanencia por mas tiemj)o en Santa Ana, 
'' Pero este hecho lo tuvo Arce por nn agravio, según se espresa en 
'' sus Memorias, aunque yo lo consideraba como un servicio, pues- 
'' to que le suplicaba lo que podia mandarle con el mismo derecho 
'' que él quiso se me condujese preso á Guatemala. Con el mismo 
'' derecho digo, porque él usó de la fuerza para obrar contra mí, no 
" estando autorizado por la ley, y yo podia haber usado también 
** de esta fuerza en justa represalia, cuando me tocaba mi vez." 

Q — Costa-Bica por la distancia á que se halla de Guatemala, esta- 
ba menos espuesta á las maquinaciones del partido servil. Durante 
el régimen colonial Costa- Rica estuvo abandonada. Ese abandono^ 
si bien no permitió que le quedaran palacios, grandes templos y mu- 
rallas, tampoco dio lugar á que los españoles imprimieran allí su 
índole ni sus costumbres. Por lo mismo los costa-ricenses han esta- 
do siempre'^mas dispuestos que otras secciones de la América latina 
á aceptar los progresos compatibles con las circunstancias del 
país. El juicio que en Costa-Hica se formó de la revolución, 
y que tanto elogia [el señor Marure en el tomo segundo del 
* 'Bosquejo [Histórico", es bastante recomendable. La cuestión que 
se debatía no era de tanto ínteres para los costa-ricenses como 
para los otros Estados de la nación. El Gobierno de Aycinena era 
fatal para el Salvador y Honduras, Estados limítrofes; pero su in- 
fluencia maléfica no alcanzaba del mismo modo á CostaRica. Cos- 
ta-Rica contribuía, conforme á la ley, con hombres y dinero al sos- 
tenimiento del Gobierno Federal y veia con profundo pesar que la 
sangre de sus hijos se derramara por solo exigirlo el partido aristo- 
crático. Dados estos precedentes, no debe estiañarse que los costa- 
ricenses, durante esta prolongada lucha, hayan hecho esfuerzos por 
restablecer el orden y la regularidad en la República. El último 
esfuerzo que de ellos procedió fué 'una reunión en Ahuachapan, de 
comisionados de^Guatemala y el Salvador, y el envío á ella de don 
Manuel Aguilar; pero esas conferencias fueron tan estériles como 
las que antes se habían tenido en la casa de Esquibel, y contiíiuó la 
guerra. 

7 — El doctor donpíariano Galvez, uno de los hombres de gran ca- 
pacidad, mas enemigos del gobierno de Aycinena, y que mas in- 
fluencia lian|tenido en los negocios públicos de Centro- América, es- 
taba víjilado, y solo se le permitía residir en la Antigua. Galvez 
faé allí el^^centro de todos los desafectos. Como hábil diplomático, 
no exhibía [sus planes; pero sin dar lugar á ultrajes ni á procedi- 
mientos contra su persona, fomentaba el desagrado y contribuyó á 
un pronunciamiento];que se verificó el 22 de enero de 1829. La ox3Í- 
nion pública estaba tan dispuesta á ese pronunciamiento, que con- 



DE cí:]stko-america. 57 

toba con los primeros funcionarios de la Antigua. El jefe político 
don Sebastian Morales, concurría á las juntas revolucionarias. Es- 
tas acordaron no reconocer mas autoridades que las disueltas ilegal- 
mente en 1826, y poner el departamento bajo la protección del ge- 
neral Morazan. El mismo Morales condujo á San Salvador los plie- 
gos que se dirijian á Morazan. La revolución inmediatamente tuvo 
en su apoyo mas de 600 hombres y se dio á Raoul el mando militar. 
Este Jefe no lo aceptó, no por falta de deseos de servir á la cansa 
liberal, sincj porque creia que el pronunciamiento no podría soste- 
nerse faltando en la Antigua elementos de guerra y hallándose to- 
davia el general Morazan en San Salvador. La negativa de Raoul 
produjo el desaliento, y los antigüenos se vieron sin un Jefe de pres- 
tigio que pudiera sostener la situación. El teniente coronel don Jo- 
sé Vicente Garcia Granados, marchó al siguiente dia soTíi-e la An- 
tigua con una división, y los pronunciados se disolvieron sin hacer 
resistencia. Garcia Granados entró en la Antigua sin haber dispa- 
rado un tiro, y puso en libertad á algunos hombres que habian 
sido detenidos por afectos á Aycinena y á quienes no se había he- 
cho daño alguno. Muchos de los mas comprometidos, al acercarse 
las fuerzas de Garcia Granados, huyeron á aumentar las tilas del 
general Morazan. El pronunciamiento de la Antigua, hizo ver á es- 
te Jefe el estado de la opinión en Guatemala y manifestó al Go- 
bierno de San Salvador, que era necesaiio innií'liMT- siu tardanza so- 
bre la cax)ital del Estado. 



C^FITUl.O OCTAVO 

Sitio y capitulación de Guatemala- 

SUMARIO. 

—Primer movimiento del general Morazan—2, Fortíflcacionei de 
Guatemala— '6. Fuerzas con que contaba el v ice- Presidente de 
la República y él jefe Aycinena — 4. Invasión de Chiquíviula — 
5. Los salvadoreños en Corral de Piedra — 6. Se sitúa una dtrj 
sion en Aceituno — 7. Acción de la garita del Golfo — 8. J/"/ */ 
zan en la Antigua. Organización allí del Gobierno del Esta- 
do — 9. Medidas de Aycinena para combatir á las autoridades 
de la Antigua — 10. Don Agustín Prado es fiambrado mayor gt- 
neral^ y á sus órdenes coniinv/) la defensa de 1u plaza — 11. Ac- 
ción de Mixco — 12. Consecuencias de esta acción — 13. Acción d< 
^an Miguelito^ referida por el general Morazan — 14. Conferen- 
cias de Qastañaza — 15. División de las fuerzas del general Mo 
razan— IQ. Batalla de l^as Charcas^ referida por elJefe rema- 
dor — 17. Descrédito de los jrfes serviles á los q/os de sus mis- 
7nos partidarios: gran nombradla de Morazan — 18. Situación 
de Morazan^ referida por ti mismo: confeteneiae deBállesttn^: 
nroi/ecto de tratado— \\). Regreso de la primera divMon. falsos 
rumores^ preparativos para la toma de laplaia — 20. Movimien- 
tos militares de los días 7, 8, O y 10 de abril, presentadas por 
Raoul en un parte circunstanciado á los gobiernos aliados^ 
21. iVota de don Mariano Aycinena al general Moraxan--^. Gra- 
ves reflexiones — 23. Contestación de 3forasan d don Mariano 
Aycinena— 24 Ohserrario/ies—^, Nota de dan Mariano Aj^i- 
nena al general Morazan— 2(\, ObsermcionesSl, Contestación 
de Moraza7i'-'2S, Continuación de las hostilidades: ¡MÍni> 



60 ' KESE5ÍA IIISTÓKICA 

don Mariano Aycinena — 29. Nota de don Mariano Aycinena al 
general Morazan — 30. Envío de comisionados para capitular — 
31. Puntos prem amenté convenidos — 32. Citas de una Mografia 
de don Manuel Francisco Pavón— '^'d. Caj^itulacioii. 



1 — El general Morazan disciplinó fuerzas en el Salvador y marchó 
sobre Gruatemala á la cabeza de un ejército de 2000 hombres^ com- 
j)uesto de liondurenses y salvadoreños. Esta fuerza tomó la deno- 
minación de ejército aliado protector de la ley. 

2 — ^Una triple línea de defensa guarnecía la capital. ''La primera ó 
" esterior, dice don Miguel G. Granados, comprendía por el Sur, lo 
" que era conocido con el nombre de Buena- Vista, estendiéndose 
" por el Oeste hasta la Barranca del Incienso y por el Este hasta 
'' mas allá de la Barranquilla. Del lado del Norte, la línea se trazó 
" sobre las garitas del Golfo y de Chinan tía; formando así un perí- 
" metro de Nor-Nordeste á Sur- Sur- Oeste, y de tres cuartos de le- 
'' gua de Este á Oeste. En cuanto á las dos líneas anteriores, conti- 
" núa el mismo autor, de las cuales solo la cercana á la plaza que- 
" dó concluida, consistía en un cordón de barricadas o parapetos, 
'" llamados aquí impropiamente trincheras.'' 

3 — El Jefe del Estado, con el auxilio del vice- Presidente de la Re- 
pública, quien se hallaba al frente de un simulacro de Poder Eje- 
cutivo, por la única razón de no convenirle que el presidente Arce 
gobernara, desplegó estraordinaria actividad para reunir fuerzas. 
Pusiéronse entonces en pleno juego los recursos del arzobispo Ca- 
saus, de los frailes y de las monjas. Se vieron palmas en el cielo, 
emblema de la gloria que esperaba á los que murieran defendiendo 
á don Mariano Aycinena; la madre Teresa redobló sus conferen- 
cias con la Divinidad; los monjes salieron por los barrios y por los 
pueblos predicando que se trataba de defender la religión, y que 
destruirla era el único objeto del ejército invasor. Estos sermones 
iban acompañados de algunos decretos y estrictas órdenes genera- 
les llamando á las armas á todos los guatemaltecos y amenazándo- 
los con las penas mas severas si no acudían al llamamiento. A joe- 
sar de tantos esfuerzos combinados, solo dos mil hombres pudie- 
ron levantarse en todo el territorio del Estado. Un número igual 
traía Morazan. 

4— El general Prem, al frente de ana columna de salvadoreños, 
marchó sobre Chiquimula. El coronel Domínguez que en Gualcho 
había esperímentado la i)erícía militar de Morazan, salió á comba- 



DE CEXTKO- AMERICA. 61 

tir á Prem. Domínguez se situó eu La Arada, punto eminentemente 
militar. Prem no quiso atacarlo allí, comprendiéndola ventajosa si- 
tuación en que se hallaba , y obligo á Domínguez á abandonar esa 
posición. Este Jefe intentó hacer resistencia en los callejones de 
Guastatoya; pero Prem siguió su marcha. 

5 — Morazan adelantó una división que llegó hast.i Cori-al de Pie- 
dra. " En esta hacienda, dice aquel Jefe, se nos unió un escuadrón 
" de patriotas antigüenos, al mando del general Isidoro Saget, que 
''fué de mucha utilidad en la campaña. En Pínula supe que la 
" fuerza del Estado se había concentrado toda en la ciudad. Pam 
" evitar la introducción de víveres y agua en la plaza, mandó si- 
" tuar una división en el pueblo de Mixco, al mando del coronel 
"■ Cerda, con orden de fortificarse inmediatamente." 

G — Otra se había colocado en la hacienda de Aceituno." Don Mi- 
guel G. Granados asegura que la mandaba Prem; pero el general Mo- 
razan dice lo siguiente. "Luego que el ejército recibió alguna disci- 
" plina, marché sobre la ciudad de Guatemala, y di orden al general 
" Prem, que obraba ya en el departamento de Chiquimula con una 
" división, que ocultase la hacienda de Aceituno, distante una le 
" gua de aquella ciudad, el mismo día que yo debia situaime á do.s 
" leguas de ella en el pueblo de Pínula. Mi orden fué cumplida por 
" el coronel Enrique Terrelonge, que había sucedido en el mando 
" á aquel Jefe, que permanecía enfermo en Chiquimula." 

7 — Los actos hostiles comenzaron por pequeñas escaramuzas, y 
la mas notable se verificó el o de febrero en la garita del Golfo. El 
coronel Jonama con una parte de la división que se hallaba en A- 
ceituno, atacó por aquel punto á los sitiados; pero llegaron en se- 
guida refuerzos de la plaza y tuvo que al)andonarla. En esta acción 
hubo catorce muertos. Sin embargo, el general Morazan le da tan 
poca importancia, que ni aun la refiere en sus Memorias. Este triun- 
fo llenó de entusiasmo á los serviles. En el pequeño recinto que e- 
llos mandaban, los pulpitos tronaban, los milagros civcian, las iwix 
ravillas se multiplicaban. Se hacia creer ú la tropa que á su lado 
peleaba el Dios do los ejércitos y solo se aguardaba que el sol il»*- 
tuvíera su curso para colmar de gloria al nu)derno Josué. 

8 — Morazan envió una división á la Antigua, que ocupó .i<[ 
plaza, llaoul y todos los hombres perseguidos i)or Aycinena, - 
unieron. Toda la ciudad le victoreó. Las autoridades disueitas el 
año de 20 se reinstalaron. Don Juan Barrun«lia se hallaba i>ers<'- 
guido de muerto y habia emigrado á Ciudad Keal; iH'ro el conseje- 
ro don Mariano Zenteno tomó el mando del Estado. Kl (tobiem<» 
de la Antigua desplegó grande actividad ]>ni*a auxiliar :» Morazan 
am arnuis, hombres y dinero. 

i)— Al saberse en (xuatemala que en la Antigua habian sido reins- 



(32 RESECA HISTÓRICA 

taladas las autoridades de 1826, se dio un decreto elaborado por don 
Francisco Córdova. Ese decreto se halla al fin de este capítulo como 
documento justificativo. 

10 — Cascaras, en quien ya no se confiaba, por haber mantenido 
buenas relaciones con Arce, cuando ya este Jefe habia perdido la 
gracia de los serviles, renunció el mando del ejército y fué nombra- 
do Mayor General:;el coronel don Agustín Prado. 

11 — Cerda no se fortificó en Mixco como lo habia mandado el ge- 
neral Morazan. El coronel Pacheco, que un año antes peleaba con- 
tra los guatemaltecos en las filas de Merino, se hallaba al servicio 
de Aycinena, y¡el¡15 de febrero en la noche, marchó á la cabeza de 
mil hombres sobre Mixco y derrotó completamente á Cerda. "Este 
*' Jefe, dice Morazan, á quien solo conocía por la buena recomen- 
" dación que de él se me habia hecho, se confió en un valor de que 
" carecía. Ni quiso fortificarse, ni tuvo la presencia de ánimo y ar- 
"rojo que se necesitan para defender ui'i puesto que fué sorprendido^ 
" por el enemigo. Cerda acreditó, con esta derrota, su ineptitud, y 
'' el enemigo su crueldad con el asesinato de los vencidos. Este, en 
'' lugar de marchar inmediatamente sobre el cuartel general de 
" Pinula, aprovechando mi permanencia en la Antigua, á donde 
'• habia ido con el fin de organizar un Gobierno provisional, volvió 
'' á entrarse á sus trincheMis,y yo regresé á Pinula. Al dia siguien- 
'' te concentré todas las fuerzas en este pueblo, y marché con ellas 
'^ á la Antigua para reponer las bajas y pedir recursos al nuevo^ 
" Gobierno." 

12 — La derrota de Mixco llegó exagerada á San Salvador: se dija 
allá que el general Morazan estaba sitiado en la Antigua. Se temia 
que pronto sucumbiera allí, y que el Salvador fuera por cuarta vez 
invadido, y se comenzaron á levantar fortificaciones en la ciudad. 

13 — "El enemigo, dice Morazan, envalentonado con el triunfo de 
" Mixco, salió¡segunda vez de sus trincheras para atacarme en la An- 
" tigua. Yo marché inmediatamente á su encuentro; pero las noti- 
" cias dejlos espías, me persuadieron de que.no lo encontraría en 
" el camino^que yo lle^íaba. Regresé por esto á la ciudad, dejando 
" á las órdenes del coBonel Terrelonge un batallón y un escuadrón 
" para que esplorase el campo. En San Miguelíto, distante una le-^ 
" gua de la Antigua, se encontró este Jefe con el enemigo, y se ba- 
'* tió con tal ardor, que la infantería, que habia sido rodeada por 
" aquel, se defendía á la bayoneta de tal modo, que se confundió 
'■' con los contrarios y se le coasideraba ya muerto ó prisionero. En 
" este momento, usando de su arrojo acostumbrado el teniente co- 
" ronel Corzo, comandante del escuadrón, cargó con 40 dragones 
'• sobre el enemigo, con tan buen éxito, que llegó á tiempo de saL 
'* var nuestra infantería, que todavía peleaba sin quererse rendir. 



i 



DE CERTRO-AMÉRICA. 68 

" Los contrarios rotrocedieron asombrados, y una segunda carga 
" completó su derrota. Cuando recibí el parte de que el coronel Ter- 
'' relonge se hallaba al frente del enemigo, marché con el resto del 
' ' ejercito. Las descargas seguidas que oía en el camino, me acredi- 
'^ taban que aquel Jefe se había comprometido en una acción con 
' ' tan jjoca tropa, pero todos mis esfuerzos por tener parte en ella 
'' fueron inútiles. Solo llegué al campo de batalla pam. premiar el 
• ' valor, socorrer á los heridos y proteger á los prisioneros. Perse- 
'' guí los restos del enemigo hasta Sumpango, y pasé al día siguien- 
" te al pueblo de Mixco, en donde permanecí algún tiempo. 
* 14 — El señor Ministro Plenipotenciario de Holanda, general Ver- 
veer, con hábil diplomacia manifestaba deseos de que las cuestio- 
nes terminaran por un tratado de paz hontoso para ambas partes 
beligerantes; pero él deseaba el triunfo de los serviles, como perfec- 
tamente lo comprendió el coronel Raoul y lo hizo conocer al Gobier- 
no del Salvador. Siempre que el Ministro holandés pensaba que 
sus amigos de la plaza iban á sucumbir, ofrecía su generosa media- 
ción. El triunfo de Terrelonge en San Miguelito, bien daba a conocer 
cual seria el fín de la campaña, y el holandés por medio de don Jo- 
sé Antonio Alvarado, manifestó al general Morazan deseos de abrir 
conferencias. Estas se verificaron en la hacienda de Castañaza sin 
nungun resultado favorable á la terminación de la gueira. 

15 — Morazan envió una división á Quezaltennngo á las órdenes del 
coronel Jonama. En los Altos se hallaba don Antonio José de Iri- 
sarri con fuerzas de Aycinena. ''Irisarri, dice don Miguel G. Gra- 
" nados, era hombre duro, inflexible y con poco tacto para manejar 
" nuestros pueblos. La administración de Guatemala estaba .ya a- 
• llí desprestigiada y encontró resistencias que creyó vencer con el 
'' rigor. Morazan envió una división en su seguimiento; los pne- 
" blos sabiendo que serian sostenidos y auxiliados, se sublevaron 
" contra Irisarri, lo derrotaron é hicieron prisionero en unión de ca- 
" si todos sus oficiales. Tanto este Jefe como sus principales, fue- 
'' ron conducidos á San Salvador i^ri^ioneros d^» iruerrn. y alojado» 
" con Montúfar" 

10 — '*De Mixco, dice el general Morazan, marché á situarme á la 
" hacienda de Aceituno. Antes de llegar lí la de las Charcas, st» me 
" aseguró que el enemigo se aproximaba á la misma hacienda. 
" Cuando llegué á ella, observé que venia en marcha, á distanci ' de 
'' un cuarto de legua. Entonces (X)nocl, qu(^ qu(»ria a]>rovechar para 
" atacarme, el momento en que se habia dividido el ejército, 
*' con la marcha de la primera división, sobre el departamento de 
'* los Altos. Al moiiunito fornu'í la fuerza paní aguardar al enenii- 
" go, que en tni)le número se i)resentaba en la llanura. Todo el va- 
lle se veia cubierto de caballería, que se aumentaba á la vista, oon 



64 RESEÑA IIISTÓllICA 

" ana multitud de espectadores. Esta caballería se formó fuera de 
" los tiros de nuestra artillería ligera. El de su fusil no alcanzaba al 
" grueso de la infantería. Solo una parte de esta, en número de 500 
" soldados, se aproximó, formada en batalla á menor distancia, y 
" rompió el fuego al mismo tiempo que las guerrillas de cazadores 
" que hizo desplegar. Los nuestros lo contestaron á píe ñiiiie. Can- 
" sado de aguardar que se aproxímase el resto de la infantería y 
" toda la caballería enemiga, que continuaba guardando ia dístan- 
" cía en que se habia colocado al principio, hice marchar dos com- 
" pañí as de cazadores x^or el flanco derecho, y tirar algunas bom- 
^' bas. Estas causaron mucho estrago en la caballería, y alas pri- 
" meras descargas que aquellos hicieron, avanzando siempre sobre 
^' el enemigo que peleaba, este huyó y el resto siguió su ejemplo 
'' sin haber hecho un solo tiro. La caballería lo imitó volviendo ca- 
' ' raSj y la nuestra, aunque en iDequeño número, cargó sobre es- 
'' ta confusa masa de hombres, que huían sin motivo, haciendo un 
" terriblQ estrago en todo el valle, y centenares de prisioneros. Los 
" que no lo fueron, entraron en la plaza en gran desorden; y no hi- 
" ce un esfuerzo "por ocujmrla aquel día, por aguardar que se incor- 
" porára la división que obraba en los Altos." 

17 — Después de la acción de Míxco, Pacheco obtuvo ungmn x^res- 
tigío que x^ei'díó en San Miguelíto, x^orque á sus órdenes estaban las 
fuerzas que allí sucumbieron. El coronel Pacheco, según se espre- 
sa don Miguel Gt. Granados, no se halló siquiera en esa acción y 
cuando le dieron parte de que se oía fuego, contestó que aquello e- 
ra solo mie&o. El mayor general don Agustín Prado mandó en x^er- 
sona el ejército que sucumbió en las Charcas. El autor de las Me- 
morias de Jalapa analiza la conducta de este Jefe y atribuye á su 
impericia el triunfo de Morazan. Cascaras estaba desacreditado, ha- 
bía renunciado, y no infundía confianza á los serviles. El general 
Arzú, ó no quería tomar el mando, ó se desconfiaba de él x^or el 
mal éxito de la tercera invasión á San Salvador. Morazan había ven- 
cido á Milla en la Trinidad, á Domínguez en Gualclxo, á Aycinena 
en San Antonio, á Pacheco en San Miguelíto y á Prado en las Char- 
cas. L^i reputación y el nombre de este Jefe animaban al ejército a- 
liado y á sus órdenes se creía invencible. 

IG — ''Al siguiente día de la batalla dé las Charcas, dice el gene- 
" ral Morazan, marché á la hacienda de Aceituno, en donde x^er- 
" manecí hasta la llegada de la tropa que se hallaba en Quezalte- 
" nango, de la que se reorganizaba en la Antigua Guatemala, y re- 
' ' chitaba en el Estado del Salvador. Pocos días después, me dio 
' ' parte el coronel Jonama, de haberse echado el pueblo del Barrio 
" sobre los enemigos, y entregádole x^risioneros á los principales 
" Jefes. Pero, á esta noticia que no x^odia ser mas satisfactoria, a- 



DE CEXTRO-AMÉKICA 65 

ñadia otras sumamente desagradables. Me aseguraba que el te- 
niente coronel Menendez liabia sublevado contra él la división, á 
pretesto de obrar de acuerdo con los enemigos, por el buen tra- 
to que diera, en cumplimiento de mis instrucciones, al coronel 
Irisarri y demás prisioneros; y que la viruela maligna, que liabia 
comenzado á x^ropagarse entre los soldados, le obligaba á regre- 
sar al cuartel general. Temiendo que muy pronto cundiese esta 
epidemia en todo el ejército, tomé varias precauciones para evi- 
tarlo, aunque no quedé satisfecho por no haber encontrado la va- 
cuna. Con la mediación del Ministro de los Países Bajos de que 
be hablado, se reunieron en el sitio de Ballesteros, para tratar de 
la paz, los ciudadanos Arbeu, por el vice-Presidente de la Repú- 
blica y Pavón por el Gobierno del Estado de Guatemala, el ge- 
neral Espinosa por el del Salvador, y yo por los de Hondui-as y 
ISTicaragua. Las proposiciones que por una y otra parte se hicie- 
ron fueron desechadas; y los comisionados se retiraron. Pero mis 
deseos de una transacción eran tan vivos, como fundados los te- 
mores que tenia de que se disolviese el ejército por la epidemia 
de viruelas. Yolvi, por esto, á excitar al general Verbeer, mi- 
nistro de los Países Bajos para una nueva conferencia, á la que 
concurrieron los mismos comisionados. El general Espinosa y yo 
les presentamos la iDroposicion siguiente: — 1. ^ Que se -estable- 
ciera un Gobierno provisorio en el Estado de Guatemala, cora- 
puesto del mismo jefe ciudadano Mariano Aycinena, ciudadano 
Mariano Prado y yo — 2. ^ Que los dos ejércitos debían reducirse 
al número de mil hombres, y componerse, en iguales partes, de 
guatemaltecos y salvadoreños— 3. ^ Que el Gobierno provisorio 
debía instalarse en Pínula y entrar después á Guatemala con a- 
quella fuerza, destinada ¿i dar respetabilidad al mismo Gobierno 
y á mantener el orden en el Estado— 4. ^ Un olvido genei-al ix>r 
lo pasado. Tan satisfecho estaba yo de que seria admitida, sin 
discutirse esta proposición, porque conocía la debilidad á que se 
hallaba reducida la plaza, como grande fué mi admiración al ver- 
la desechada. Si el enemigo ignoraba la causa de tanta generosi- 
dad, sabia muy bien que no era acreedor ii (»lla, juir su conducta 
observada con los gobiernos y pueblos del Salvador y llondums, 
en circunstancias menos difíciles para estos. Sabia, ademas, que 
ni su posición actual, la mas desventajosa en qut» pudo colocar- 
se, ni sus futuras esperí^nzás, puesto qut» no aguardaba ningiin 
auxilio, ni la moral de su tropa, conocida ya en la acción de las 
Charcas, pudieran hacerle espenir un mejor desenlace. Pero to- 
davía aparece nuis ventajosa esta i)r()posicion, si se conipaní con 
las que hicieron á los salvadoreños ¡lara que rindiesen la plaza, 

tan fuerte entonces, que lejos de alcanzar la menor ventaja, con- 

5 



06 ÜKSEÑA ilISTÓKICA 

'' cluyeron los sitiadores j^or rendirse á los sitiados. Y siempre me- 
'' receñí el nombre de generosa, x^orque se hizo en la seguridad de 
-' qne Ja ip\nza de Guatemala se rendirla con poca resistencia como 
'' sucedió diez dias después, que fué entregada bajo las condiciones 
*' que le impusiera el vencedor." 

19 — La primera división volvió de Quezaltenango y se dirigió á la 
Antigua, donde permaneció algunos dias mientras se preparaba pa- 
ra la marcha sobre la capital con el correspondiente tren de artille- 
ría. Al coronel Raoul le ocurrió la idea, que fué aceptada por Mo- 
razan, de hacer creer á Aycinena que en San Salvador habia esta- 
llado una revolución y que era preciso marcharan mil hombres 
X^ara sofocarla, y que el resto de la fuerza se retiñirá á la Antigua. 
El objeto era llamar la atención de los sitiados hacia el lado de 
Buena- Yista, y ocujiar la plaza por los puntos que debían que- 
dar desmantelados. El entusiasmo del ejército aliado aumenta- 
ba de dia en dia y se pretendió acrecentarlo aun mas recordan- 
do honorífícamente el nombre de sus victorias. Al escuadrón que 
venció al mayor general Prado, se dio el nombre de Charcas, y 
en las arengas militares se hablaba al ejército de que era el objeto 
de la espectacion de toda la América Central, y estaba próximo el 
dia del triunfo de sus fatigas. 

20 — Raoul en un parte circunstanciado que dirijió al (robierno^ 
del Salvador, presenta los sucesos de los dias 7, 8, 9 y 10 de a- 
bril de 1829. Xo es fácil hacer una pintura mas exacta. Por 
lo mismo parece conveniente insertarlo íntegro. 

''El dia 7, dice Raoul, yo habia practicado, de orden del General^ 
" los reconocimientos necesarios al rededor de Guatemala, á ñn de 
"^ alcanzar la victoria con los menos sacrificios posibles, porque el 
'' ejército habia adquirido tanto valor, que no se podia dudar del 
'' buen éxito, cualesquiera que fueran las diíicultades que se pre- 
** sentaran. 

"El dia 7 fui yo con toda la caballería y dos compañias de infan- 
'• teria á esplorar el terreno que está situado al Oeste de Buena- 
•' Vista, con el ñn de ñjar toda la atención del enemigo sobre este 
" punto, y desde luego deMé-^oncebir el temor de ser volteado por 
'' su derecha. El dia 8 después de haber distribuido á todos los- 
*' comandantes las instrucciones para que obrasen con acierto, el 
" General me mandó salir del campo con toda la caballería, tres di- 
•' visiones de infantería y toda la artilteria, prescribiéndome dejar 
'^ en la posición de san Pedro Las Huertas, una división de infaiv 
'' teria, la artillería y el escuadrón Charcas, mientras que con dos 
*' divisiones de infantería y el resto de la caballería yo marchaba 
'" hacia la garita de Mixco, desñlando al frente de las fortiñcacio- 
*' nes enemigas, con el objeto de dar color de verdad á la noticia 



I 



DE C ?:XT lí( )- A3IÉ UIC A . 67 

'' que el general, por el conducto de sus espías, insinuó al enemi- 
*' go, de que la noche misma del 8 al 9, sallan del campo mil liom- 
" bres para San Salvador para apagar una revolución supuesta, v 
*' que el resto de la fuerza se retiraba á la Antigua: 6 por lo me- 
" nos, si este ardid no surtia efecto, el movimiento hacia la garita 
^' de Mixco debia conñrmar al enemigo en la idea (que la víspera 
*' pudo nacer del reconocimiento que hice) de que el General intenta- 
■*' ha envolverlo por su derecha. Este movimiento y el ardid referi- 
'' do, fijaron de tal modo la atención del enemigo, que en la noche 
./' sacó del frente de las garitas del Golfo y de Chinan tía, la mayor 
r' parte de su fuerza x)ara Buena- Alista, y al mismo tiempo mánda- 
la' ron un reconocimiento á Mixco para observar nuestra marcha á 
*' la Antigua. Desfilando al frente de las fortificaciones yo habia 
'' colocado una cadena de gran-guardiás de cabaíleria desde san 
" Pedro Las Huertas al punto mas al Oeste- de Buena- Vista, con 
1^' el intento de persuadir al enemigo, que teníamos un gran interés 
'' en observar su actitud, y disimular nuestro movimiento. Estos 
" gran-guardias tuvieron orden de retirarse á la garita de Mixco 
*' desx)ues de anochecer.". 

'' Habiendo asi atraído á Buena- Msta la mayor parte de la fuer- 
'' za enemiga, para confirmaihi en su error, al retiranne de la gari- 
'- ta de Mixco para volverá san Pedr(> Las Huertas, dejé en el pri- 
'' mer punto cincuenta caballos, treinta infantes y una banda :i las 
'' órdenes del sargento mayor Estupinian, comandante de los falsos 
'' ataques, con el objeto referido en sus instrucciones {domtmenit* 
'' /¿üm. 1)."(;'\) 

" De vuelta á san Pedro Las Huertas á las i) de la noche, vu i»-- 
" nia orden de reunir la mayor parte del ejército, en la chacra de 
" santo Domingo, y mandar el escuadrón Charcas á Aceituno á 
" juntarse á la segunda división á las órdenes del coronel Gutiérrez 
•' que debia salir de su campo á las diez de la noche para obrar se- 
^' gun las instrucciones {documento nüvi. 2). El resultado de esta 
•' empresa es detallado en el documento nfunero 8." 

'' Reunido el ejercito á las doce de la noche, el ingeniero en jefe 
•^ hizo sus disposiciones para facilitar el paso, según el documento 
"- número 4; pero los i>ríicticos, sea malicia ó ignorancia, en lugar 
•' de dirijir los operarios al potrero de lliibio, los condujeron al 
"' de Conde, y despertaron una avanzada enemiga que desde luego 
'' anunció, por sus fuegos, "nuestra presencia en estos parages. Hii- 



* Los docnniento-4 ú quo ll\oul so reflerj en osto parta, 8j oucneutrau nnuiM.ulo, al \ w 
del presento capitulo. 



^8 KESEiS^A HISTOKICA 

"-' biéndonos sorprendido el amanecer en esta posición, íué preciso 
^' renunciar á la gloriosa empresa de ocupar Guatemala sin derra- 
"'^ mar sangre, como hubiera indudablemente sucedido, si liubiéra- 
*' mos podido ocupar el potrero de Rubio antes del amanecer." 

^' Frustrada la esperanza mas lisongera de ocupar silenciosamen- 
^' te el potrero de Rubio para que nuestra caballería pudiese ata- 
'-'' car á retaguardia la Barranquilla y las fuertes posiciones de Bue- 
^' na-Yista, fué necesario tomar de pronto una resolución imprevis- 
''• ta, pues era probable que el coronel Gutiérrez estaba empeñado 
"-' con el enemigo, á pesar que no oíamos el fuego que nos liabria 
^' servido de norma, si lo hubiéramos percibido. Desde luego el Ge- 
•"' neral hizo replegar sus guerrillas y tomó disi30siciones para ata- 
^' car la Barranquilla, y decidir forzosamente la suerte de la Hepú- 
-' blica. * 

'^ Asi que la cabeza de nuestra columna se acerco al x^unto de a- 
''• taque, el enemigo hizo movimiento concéntrico, y x^arecia dispo- 
^' nerse á una resistencia decidida; pero estremecido por el fuego de 
'^^ nuestra artillería que habia sido colocada en una posición feliz, 
'^' y sin duda por los progresos del ataque del coronel Gutiérrez, 
'^^ Xmreció desordenarse, lo cual advertido x)or los cazadores del ba- 
•^^ tallón número 7 que mandaba el teniente coronel Hueso, se ar- 
'^^ rojaron estos soldados sobre las trincheras, que fueron desocn- 
*' padas, sin que nuestros bravos hayan podido alcanzar al enemi- 
'"'' go, que se retiró á la x>laza principal en la mayor confusión, a- 
•^^ bandonándonos aun su segunda línea, compuesta de un recinto 
'^' de trincheras, que desde luego nos sirvieron para contenerlo en 
'^^ el reducto de la x^laza mayor." 

" Aquí se presenta un vacio inmenso, ¿cómo nuestra brava y nu- 
'*^' merosa caballería permitió á las tropas que guarnecían la Barran- 
*' quilla y Buena- Yista entrar á la plaza mayor í La severidad de la 
'^' historia me arranca una verdad que han contenido un momento 
■^^ los respetos y consideraciones debidas á un patriota ilustre cuyos 
'^^ méritos envuelven á toda su familia." 

'' El General habia formado en masa todo su ejército de infante- 
*^' ría y caballería detras de san Pedro las Huertas, mientras que 
'^^ yo recibía sus órdenes sobre las circunstancias, y al momento de 
"'* ver á nuestras guerrillas apoderarse de la Barranquilla, volé á co- 
""^ municar todas las órdenes á la infantería x^ara que se precípita- 
*' sen sobre la línea de operación, sobreponiéndose á todos los obs 
'^' táculos que pudieran encontrar: al mismo tiempo el General man- 
"-' dó á su ayudante, teniente coronel Pedro Molina, para que con- 
^' duiese la caballería x)or el camino recto; x^ero x)or un error que 
^' no se x^uede caliñcar, y cuyas consecuencias son borradas por la 
''^ mano del triunfo, este oficial dirijió la caballería á Buena- Yista 



DE C E^TIiO-AMÉlMCA. 69 

por un camino esterior á las fortiñcaciones, lo que percibiendo ^I 
enemigo, se retiró en seguridad y con toda la latitud posible. (;^) 
Este estravio prueba que los ayudantes de un General en jefe,, 
deben ser los oficiales que reúnan el valor á la prudencia, el tino 
al arrojo, y la actividad á la sangre fría, en la proporción que 
caracteriza á los otros ayudantes del General, teniente coronel Jo- 
sé del Castillo y cajDitan José Robles." 

'* Las primeras disposiciones del General, fueron tomar por pun- 
to de apoyo el convento de san Francisco, que ocupó la tercera 
división al mando del teniente coronel Cordero. La primera divi- 
sión al mando del teniente coronel Ángulo, asaltó el edificio de la 
Universidad para ocupar sus techos y ventanas, y desde allí jdo- 
der caminar á cubierto del fuego del enemigo hacia la plaza ma- 
yor, cortando las x^aredes de las manzafias que nos separaban de 
ella. Al entrar á este edificio cayó de una muerte glorie sa el te- 
niente coronel Yillacorta, que es la única pérdida que sufrió eí 
ejército en la ocupación importante de Guatemala." 
' ' La cuarta división ocupó todas las boca-calles al frente de las 
trincheras enemigas, y fué la que sufrió todo el dia 9 la pérdida 
mas sensible, porque su ardor era indomable. La intención del 
General era que nuestras tropas no hiciesen fuego; pero el antojo 
no pudo someterse á las regias de la prudencia, y en este com- 
bate contrario á las disposiciones del General qué fué sin fin co- 
mo sin resultado, hemos tenido 4 muertos y 18 heridos, entre los 
últimos al teniente coronel* Hueso, y al capitán Joaquín Guznian 
con otros oficiales. Tengo el sentimiento de añadir que esta pér- 
dida fué debida á una felonía que acusa la firmeza del Cónsul 
general de Holanda: nuestras bravas tropas, que son el modelo de- 
todas las conveniencias, respetaron la casa sobre la cual estaba 
desplegado el pabellón holandés, y creyendo nuestra derecha su- 
ficientemente apoyada por la neutralidad de este edificio, tuvi- 
mos que arrepentimos de una confianza inspirada por la inviola- 
bilidad del cnr^íctei' del Cónsul u'í^n<M";d. i>in'^ mir d .'iifiniLfo, :t- 



(*) La severidad de la hi^ítoria me obliga ú llamar la ateucioa sobro que el mismo l^ioul 
no atribuye cs'.o á malicia sino il error. Era imposible <iue don Pedro Estobau Molina, ck»- 
clar.ulo fuera de Ix ley por Ayciueua. t' hijo djl doctor don Podro Molina, quo tantos t^- 
fnorzos liabia hecho, y estaba haciendo por el triunfo del general MoraJS»m, y que tnmbicD 
so hallaba fuera do la ley por la voluntad de Aycinona, hiciera ó dejara do hacer nmlítío^v- 
mente un movimiento militar en perjuicio do niw causa que con tnnto ardor defendió 



70 KESEÍsA lílSluRK A 

provecliándose de esta circunstaiicia, se ai^oderó de la casa y nos 
hizo un fuego mortífero; pero fué desalojado luego, dejando en 
el patio del Cónsul un testimonio de mala fe en un ofícial enemi- 
go muerto: esta circunstancia, unida á la imx)resion cpie dejaron 
en nuestro campo los mediadores holandeses que se hablan mos- 
trado parciales, al grado de querer que el ejército vencedor se 
retirase á Ahuachapan después de los triunfos de San Miguelito 
y Charcas, 2)usieron los intereses de la Legación holandesa en un 
peligro inminente; sin embargo, nuestros bravos prescindieron de 
su indignación ]3ara que no hubiese un mínimo pretesto de ne- 
gar su respeto por todas las conveniencias sociales. 
'^ A la oración del dia 9 el General mandó que se retirasen las 
tropas á sus cuarteles: la primera división á la Universidad, la se- 
gunda á la Merced, la tercera á San Francisco, la cuarta á Santo 
Domingo, y la caballería á los potreros que están á retaguardia 
de este convento." 

"^ Aun vencedores, nos hallábamos en una posición llena de in- 
quietudes: la administración anterior á la mia habia llevado el 
descuido hasta no tener mas que quinientas piedras de chispa de 
reserva, que fueron gastadas en las acciones de San Miguelito y 
Charcas, y carecíamos de ellas á tal punto, que mas de cien sol- 
dados nuestros tenían sus fusiles sin piedras, y por consiguiente 
muchos las tenían inservibles, circunstancia que nos impuso la 
ley de obrar con timidez, x)ues que la noche del 9 una cuarta 
parte del ejército se hallaba en imposibilidad de hacer fuego." 
" Cuando yo salí por la mañana del dia 10, á recorrer los pues- 
tos y prohibir que los soldados saliesen de sus cuarteles, los co- 
mandantes de división, por. un celo mal entendido, habían vuel- 
to á colocar sus avanzadas en las boca-calles, y el fuego se habia 
roto, á pesar de las órdenes terminantes para que no sucediese, 
pues que de él resultaban dos inconvenientes grandes: el prime- 
ro, de hacer creer al enemigo que su fuego era un freno al arrojo 
de nuestras tropas; el segundo, que se inutilizaba una gran can- 
tidad de soldados por destruirse las piedras. En esta alternativa 
tan inquietante se determinó el General á hacer ocu]3ar todas las 
manzanas que se hallaban entre la i)laza mayor y nuestros fuer- 
tes puntos de apoyo: en consecuencia, después de haber puesto 
un canon en el campanario de la Merced, y colocados allí los 
mejores tiradores á fin de contener las guerrillas del enemigo, 
empecé á caminar desde la Merced, á cubierto de los fuegos atra- 
vesando las casas particulares, cortando las paredes que se opo- 
nían á un tránsito fácil; cuando llegué á la gran calle de Belén, 
di las órdenes para que iguales ataques fuesen dirijidos, atrave- 
sando las manzanas que se hallaban entre la Universidad y el que 



DE CE^'TKO-AMEIÍICA. 71 

yo dirijia." 

" Llegué sin pérdida ajguna á ocupar las casas en frente á la vi- 
ce-Presidencia, cuya esquina se hallaba á tiro de pistola de la 
trinchera enemiga construida detras del Sagrario, que era la que 
mas nos incomodaba. El motivo táctico que tuve para dirijir es- 
tos cuatro ataques i)aralelos y simultáneos, habia sido el fijar 
toda la atención del enemigo sobre los fuegos que yo queria es- 
tablecer en las esquinas de la calle del comercio con la plaza del 
Sagrario, (^■) y hacer desfilarla caballería por el ataque que yo di- 
rigía correspondiente á la trinchera enemiga colocada al lado del 
palacio del Arzobispo, que era la única que no cortaba entera- 
mente la calle, pues que habia del lado opuesto al palacio del 
Arzobispo un paso, á donde podian desfilar dos caballos de fren- 
te: yo es]3eraba que á las dos 6 tres (Je la tarde podría darse el 
golpe decisivo, y con este intento habia mandado prevenir al Ge- 
neral, se sirviese dar orden á la caballería de reunirse sobre la 
Plaza vieja; (^') pero no pudo verificarse así, porque los oficiales en- 
cargados de la dirección de otros ataques, no correspondieron á 
mis esperanzas, hablan adelantado poco; y el principal ataque que 
debia tener por base la casa de Marticorena, dirijiéndose á la es- 
quina del Sagrario, ni aun habia emjDezado. Esta ocurrencia me 
hizo renunciar al proyecto de dar el golpe decisivo en el día, 
desde luego me trasladé al cuartel general de Santo Domingo, 
para dar parte al General y recibir sus órdenes: allí supe que es- 
taba empeñado en rechazar un ataque tan temerario como dispa- 
ratado: el enemigo en su desesperación, obrando sin plan, sin ti- 
no y sin acierto, habia imaginado tomar á viva fuerza el Calva- 
rio, y fué rechazado por la tercera división unida á nuestra in- 
trépida caballería que le hizo una mortandad espantosa: la re- 
lación de este episodio de nuestras operaciones en el dia 10, que 
fué dirijido por el General en persona, es el objeto de los docu- 
mentos números o y 6." 

'' Cuando fui enterado de las circunstancias de este ataque, no 
pude dudar que el enemigo habia percibido los i3eligix)s de que 
estaba amenazado del lado del Sagrario, y procuraba por todos 
los medios que le quedaban, hacer una iuvei'sion poderosa hacia 
San Francisco; penetrado de estos proyectos, volví al galope has- 
ta el Sagrario i^ara activar allí las operaciones por todos los me- 
dios posibles." • 



(*) Hoy Mercado nnuiicipal. 
.(*] Hoy pliiziv dt'l 'J\;iln>. 



72 RESEÑA HISTÓRICA 

21 — Por la mañana del 11 de abril el general Morazan recibió la 
comnnicacion siguiente; 

"Al C. Francisco Morazan, General en Jefe del ejército de Hon- 
'' dnrasy el Salvador." 

' 'Señor General: Creo liaber llenado mis deberes defendiendo el 
" Estado y la capital, hasta donde me lia parecido razonable". 

''Ahora propongo á Ud. se suspendan las hostilidades, Ínterin se- 
" arregla nna capitulación para la que estoy dispuesto, y espero se 
" sirva Ud. decirme el punto á que deben concurrir los Jefes que 
'' anunciaré al efecto." 

"Tengo el honor de ofrecer á Ud. mis respetos y consideración. 
D. U. L.— Guatemala, 11 de abril de 1829. 

Mariano de Ayclnena. 

22 — He aquí la aristocracia segunda vez vencida. El represen- 
tante de la nobleza de Guatemala inclina la frente ante un hijo del 
pueblo de Tegucigalpa. La primera caida de los nobles, después de 
la Independencia i)roclamada el año de 21, se debió al pronuncia- 
miento de Casa-Mata en Méjico; la segúndala produjo el heroico es- 
fuerzo de los centro-americanos. La primera dominación aristocrá- 
tica vino de una monarquía: el efímero imperio de Iturbide y la in- 
vasión al Salvador portas fuezas mejicanas; la segunda tiene un orí- 
gen igualmente bastardo: el atentado que hollando las Constituciones 
federal y del Estado de Guatemala, redujo á prisión al jefe don Juan 
Barrundia, y ocasionó la muerte del vice-jefe don Cirilo Flores. Am- 
bas épocas consignan en la historia devastaciones y desastres. La 
primera nos dio el triste ejemplo de que una sección centro-america- 
na invadiera á otra. Huestes guatemaltecas llegaron hasta la capi- 
tal de los salvadoreños, fueron incendiadas 22 casas, y otras muchas 
sufrieron el saqueo. Una segunda invasión imprimió en el territo- 
rio vecino huellas indestructibles de luto y de dolor; las mismas 
quedaron en IN'icaragua por otra invasión servil guatemalteca que 
tenia por fin combatir á Granada y hacer triunfar al emperador Itur- 
bide. Los nobles dejan aun otro recuerdo imperecedero de su pri- 
mera dominación: la pérdida de Chiapas y de Soconusco, territorios 
que se anexaron á Méjico con motivo del Imperio, y que ya no vol- 
vieron á ser guatemaltecos. La segunda dominación de los nobles 
nos deja: el asesinato de Flores: los decretos de proscripción y de 
muerte dictados por don Mariano Aycinena, y mas de una vez eje- 
cutados con todas sus horribles circunstancias: las represalias sal- 



DE CENTRO-AMÉKICA 73 

vadoreficis que trajeron la guerra hasta los campos de Arrazola: la 
revolución desastrosa de Honduras, el incendio de Comayagua, la 
sangre derramada en Chalcliuapa, Quelepa, el Socorro, Suyapango. 
Gualclio, Ilobasco, Quezaltepeque, Mixco, San Miguelito. las Char- 
cas, San Salvador. ^rp)icanr)s. TrURtf^mala y otrf>s Tniií-]»^>< r-ampos 
mas. 

23 —El general Morazan contestó á don Mariano Aycineiia en los 
términos siguientes: 

"Al. C. Mariano Aycinena, general de las fuerzas que existen en 

• • la plaza mayor de esta ciudad. 

''Señor General: Acabo de recibir la estimable n.juí de Ld. en la 
•' que al manifestarme haber cumi^lido hasta hoy con su obliga- 

• • cion defendiendo este Estado y su capital, me proi)oiie suspen 
•• sion de hostilidades para arreglar una capitulación, á cuyo efec- 

• • to vendrán dos Jefes x)or su j)arte al punto que señale. La posi- 
•' clon en que me hallo no me permite perder un momento, ni con- 

• • venir en otra cosa que no sea en la rendición de la plaza, of re- 
■' ciendo que se garantizarán las vidas y iw-.)in<Mlades de cuantos 
•' existan en ella. 

•'Creo, señor General, que está en los intereses de Ud. y decuan- 

• • tos se hallan á sus órdenes, el adoptar esta proposición, pues es- 
•• toy seguro de que los nuevos esfuerzos no harán masque niultipli- 

• car víctimas y desmejorar su situación." 

" Tengo el honor de ofrecer á U. mis respetos \ ruuMu» rat mn. 
•D. U. L. fecha utsupra. Francisco Mor cizaña 

24 — El general Morazan no se dirije al Jefe del Estado de Gua- 
temala. Morazan no reconocía á Aycinena como Jefe y no podía 
darle una denominación que suponía un carácter que él no había 
leconocido. El período constitucional de don Juan Bavrundia u.<» 
habla terminado cuando este Jefe fué sepamdo i)or Arce, y do be- 
(^ho vino al x>oí1^'1' Aycinena. Las autoridades disueltas el año de 
2() se hablan reinstalado en la Antigua, y Morazan se hallaba en re- 
laciones con ellas. Aycinena solo tenia ya poder sobiv las fuerais 
(jue existían en la plaza mayor de la ciudad. El armisticio que pro- 
ponía era posible que no tuviem mas fin que gjinar tíeni|X). Mora 
zan no podía admitir una díMuoi-a que paralizáni sus openu'ioni»8. 
Desde ese momento él dicta la ley. Dice que no admite mas ^v- "í* 
rendición de la plaza, ofnMíiendo que se g:u'antiz;inan las \ 
jíropiedades de cuantas pei-sonas en ella estaban. Aycinena no era 

ya el hombn^ de los manifiestos del año de 27, de If • ' * •• ^lo 

l)roscripci()n, ni délas órdenes militares de los prini- Ho 

S2Í). Ya no llamaba á sus opositores un puñado d<» enemigos del or- 
den, descamisados y forajidos. El ixKlerdela fuenfai le hacia va- 
ri:n*(l<' tono y prrs.Mitnrs.» como un coixlen). Aycinena s«M»siíanta- 



74 líKSKXA lIISTülilCA 

ha ante la continuación del fuego. Comprendia que la plaza no po- 
día sostenerse; qiie iba á ser tomada por asalto, y no tenia la gran- 
deza de alma de un romano j)ara sufrir la muerte sin abandonar 
su puesto. El contestó á Morazan en los términos siguientes. 

2o — " Al C. Francisco Morazan, general en jefe del ejercito de 
" Honduras y el Salvador. 

••' ¿^c.'^or General: Al excitar á Ud. jDara una conferencia en que 
'' jjudie. en fijarse las bases bajo las cuales iludiera ser ocupada es- 
'' taplazL!, no he tenido otro objeto que evitar ia efusión de san- 
" gre y ahorrar víctimas á nuestra patria." 

" Veo con sentimiento que se desecha este medio tan necesario 
'' para arreglar puntos demasiado interesantes á ambas partes; y 
" me queda la satisfacción de haber agotado mis recursos á fin de 
" impedir la prolongación délos males consiguientes á la guerra. 
" Aun es tiempo, C. General, de poner término á estos desastres, 
" cuya responsabilidad no jíuede ya ]3esar sobre el Gobierno que 
'' es á mi cargo." 

" La conferencia seria indispensable, aun cuando la plaza se ha- 
" liase en el caso de una rendición, y no veo los inconvenientes qae 
'^ puedan impedirla, asi como tampoco alcanzo que esta llegue á 
" verificarse sin una suspensión momentánea de hostilidades por 
" ambas partes." 

" Tengo el honor de repetir á Ud. las seguridades de mi aj)recio. 
'^ D. ü. L. —Guatemala, 11 de abril de 1829." 

Mariano de Ayclnena. 

26 — Aycinena dice á Morazan que aun es tiempo de poner térmi- 
no á esos desastres. Es sensible que él solo hubiera querido poner 
término a ellos, cuando no tenia mas esperanza que la benevolencia 
del vencedor. ]^o quiso aceptar la serie de proposiciones de arre- 
glo que se hicieron durante la campaña de San Salvador. Despojó 
de la primera majistratura de la nación á don Manuel José Arce, 
porque pretendía que hubiera arregios de paz con los salvadoreños; 
en una carta á su primo don Antonio, dijo que emplearía medios 
desconocidos aun del mismo Maquiavelo x)ara que no se impidiera 
la continuación de la guerra, y rechazó aun las i^roposiciones que 
ya adelantada la campaña sobre la i)laza, se hicieron por medio del 
Ministro de Holanda, ya última hora^ cuando estaba totalmente per- 
dido, y aguardaba el asalto definitivo de sus fortificaciones, dice: 
" 'Aun es tiemioo, C. General, de poner término á estos desastres." 

27 — Morazan contestó esa nota con severidad y laconismo. Hé a- 
quí sus palabras: "Cuando Ud. se sirva decirme que conviene en lo 
'' que le he propuesto en mi nota de hoy, estaré pronto á admitir 



DE CENTKO-AMEIilCA 75 

'' los comisionados que deban arreglar la capitulación, y entonces 

• se suspenderán las hostilidades X)or el tiempo que sea necesario. " 
" Señor General: los males de la guerra que aíiigen á Centro-A- 

-' mérica, x>esarán sobre los autores de ellos, y nunca sobre aquellos 
'- ' que la han hecho por defenderse, y por sostener los derechos del 

• pueblo." 

*' Tengo el honor de protestar á Ud. m . ... ...^ 

•' deracion. — D. U. L. Fecha utsupra." 

Francisco Morazan.'* 

28 — Entre tanto, las fuerzas sitiadoras penetraban desde la casa 
de Marticorena, á las esquinas del padre Bustamante y de Yela, al 
frente del Sagrario, y el teniente coronel Jonama preparaba una 
mina bajo la casa de Beltranena. Faltaban piedms de chispa y se 
encontraron 3000 en la tienda de Yela, lo que dio mayor aliento al 
ejército aliado. Habia en las boca-calles gran-guardias que hacian 
caer sobre la plaza una lluvia de balas. Una de ellas puso fuera de 
combate á Pacheco, que c/yn 30 hombres hacia tiros inútiles desde 
lo alto de la Catedral. La lluvia de balas que caía sobre la plaza, 
provoco una deserción que se habia manifestado desde la noche an- 
terior, y fué facilitada, según dijeron los desertores, por un oficial 
que tenia á su cargo una trinchera. Aycinena espantado cada vez 
mas, envió al general Morazan un oficial con bandera blanca que 
íonducia la comunicación siguiente: 

29—'' C. Francisco Morazan, general en jefe de las tropas de San 
*' Salvador y Honduras." 

'' Estoy de acuerdo con las bas^s que Ud. fija en su primera no- 
'• ta, y esto quise decir en la mia iiltima." 

'' En tal concepto, mandaré los comisionados al punto qiu' Id. 
" designe, desde luego que se sirva darme el correspondiente aviso.'* 

" Reitero á Ud. mis consideraciones y respetos. — D. I i. ' - m 
•' temaln, 12 de abril de 1820." 

Mariano de Aycinena,* 

30— Aycinena sin esperar que Morazan le contestara, emió ú don 
Manuel Arzú y á don Manuel Fran(!Ísco Pavón, con la nota siguien- 
te: " C. general Francisco Morazan. I^)s CC. brigíulier Manuel de 
'' Arzú, y teniente coronel Manuel Francisco Pavt)n, son los comi- 
' sionados que he nombrado para las conferencias on que se del>e 

• arreglar el modo en qu(» ocupo Ud. la plaza con sus tioiyís.** 

'' Ya he dado mis instruccioní^s. y suscrilx) ;í cuanto andxís 

• convengan." 

IJcitero á l'd. mis considiTucioneü y res^nMos. i*, i 
. wwúw. h? 'h' Ml»nl (b' ls-)()." 

'lar tana de Aycinena,'* 



76 KESENA HISTÓRICA 

31 — Morazan desde su x')riniera contestación á don Mariano Ayci- 
nena, dijo que no consentiría nada que no fuera la rendición de la 
X)laza, ofreciendo garantizar las vidas y i)ropiedades de cuantos en 
ella estuvieran. Aycinena quiso confundir el pensamiento de rendi- 
ción con ideas de conferencias. Moraban replica que solo admite la 
rendición de la plaza. Agravándose las circunstancias, Aycinena a- 
cepta, disculpándose con que esto fué lo que quiso decir desde su 
primera nota. Pavón y Arzú marcharon á rendir la plaza sin mas 
ventaja X)ara ellos que el respeto á las "vidas y á las propiedades, lo 
que equivale á rendirse á discreción. En este concepto fueron admi- 
tidos en el campo enemigo conforme á las leyes de la guerra. 

32 — Don Jo«é Milla y Vidaurre en una noticia biográfica de don 
Manuel Francisco Pavón, dice: ''La capitulación se habia pedido 
• ' á pesar del jefe Aycinena, que se proponía defender palmo á pal- 
'' mola ciudad." Esta aserción es enteramente inexacta. Ella pro- 
cede de un vehemente deseo de jjresentar como grande héroe al Je- 
fe de los serviles y al x)rimer representante de los nobles. Las no- 
tas preinsertas, atestiguan que Aycinena no solo queria la. capitula- 
ción, sino que la solicitaba con empeño, y que sus deseos de sal- 
varse llegaron hasta el estremo de rendirse sin mas condición favo- 
rable que la garantía de vidas y propiedades. Esto estaba ya esti- 
IDulado en notas que hemos visto. Los comisionados no fueron al 
campo enemigo mas que á darle formas de estilo, agregando circuns- 
tancias accidentales. 

33 — Arzú y Pavón fueron recibidos i^or el general Morazan con- 
forme á las leyes de la guerra, y en la casa de la Andrade, esquina 
de la plazuela de San Francisco, (*^) se firmó el siguiente documento: 

" Art. 1. ^ — ^Desde esta hora habrá una suspensión de armas y 
" tanto el ejército del general Morazan, como el que se halla en 
" la plaza, recogerán sus partidas á los puntes que ocupan, evi- 
" tando todo acto de hostilidad. 

" 2. ^ — Mañana á las 10 del dia entrará el ejército sitiador á li 
" plaza principal de esta ciudad. 

'' 3. ^-^Las tropas sitiadas se replegarán antes de este acto á sus 
'' cuarteles, y se depositarán en la sala de armas todas las existen- 
' ' tes en la plaza mayor. 

'' 4. ^ — El general Morazan, si lo tuviere por conveniente, incor- 
" porará á su ejército los individuos délas fuerzas capituladas que 
" no quisieren ser licenciados, ya sean délas milicias del Estado, 
" ó de la fuerza federal que exista unida .á ellas. 



Ho}' plaza de la Concordia. 



DE CEKTKO-A3IERICA 77 

'• 5. ^ — Cuatro comisionados del ejército mluí'Ioi\ pasaiaii maña- 
na á las 8 del dia á la plaza, para asegurarse del cumplimiento 
del art. 3. ^ y luego que se hayan recibido formalmente de todos 
los elementos de guerra y armas que existen en la i>laza, darán 
aviso de ello, para la ocuj^acion de la misma plaza. 
" 6. ^ — El general Morazan garantiza las vidas y i^ropiedades de 
todos los individuos que existan en la plaza. 
u 7. c — Les dará pasaporte, si lo tuviere jx)r conveniente, para 
que salgan á cualquier punto de la República 6 fuera de ella. 
" 8. ^ — El general Morazan, y los comisionados á nombre del Je- 
fe que representan, ofrecen bajo su palabra de !•' •'"»'•. ín.>iv]ii.M<- 
ta capitulación en la parte que les toca." 
" En Guatemala, á 12 de Abril d^l829. 
Francisco Morazan— Manuel Arzú—Manv*'' I"-" 



DISPOSICIONES DE AfCIHElA 



MINISTERIO GENERAL 

DEL GOBIP:RNO del estado de GUATEMALA. 



El Jefe del Estado se ha sermdb espedir el stguienf* 

DECRETO. 

EL .JEFE DEL ESTADO DE (i TATEMA LA, 

Oliservaiiclo que los enemigos que han invadido el Estado, no per 
<Ioiian .iiedio alguno para difundir por todo él la división, el desor- 
den y la mas espantosa anarquía: que en tan eriminal empivsji son 
auxiliados por algunos hijos del mismo instado, indignos dtd nom- 
l)re guatemalteco; y que unos y otros han llevado sus planes hasta 
el exeso de usurpar la autoridad, cu los puTims ociip-''-^ ^M>r las 
fuerzas invasoras: 

Deseando atajai* un mal, no solo ruinoso á los pueblos de (tuate- 
mala, sino á todos los de la Repúblira, opuesto ;í su rivdir^ • •-•^ají 
(Ip conducirla á su total esterminio; 

Y usando de las facultades que le están conferidas, 

DKCn^KTA: 

I. o_i^is5 autoridades, funcionarios y empicados de i'uaiquicr ur- 
<len, clase y denonnuM-ion .oi.' ^.-rin. «pie Ivijo cualquier título 6 



80 KESEXA IIISTÓKICA 

pre testo, nombren y establezcan, 6 hagan nombrar y establecer á los 
enemigos, 6 sus agentes, en cualquier punto del Estado que ellos 
ocux)en, ó que esté bajo el influjo directo 6 indirecto de los mismos 
iuA^asores; son y se considerarán por ilegítimas, y los actos de su e- 
jercicio no deberán ser reconocidos por los pueblos, ciudadanos ni 
habitantes del Estado; teniéndolos por desnudos de toda antoridad, 
por violentos, ilegales, nulos y de ningún valor ni efecto, como e- 
manados de individuos ó personas que carecen de poder legal para 
las funciones públicas en que hubieren sido colocados. 

2. ^ — La usurpación de cualquiera de estas funciones, por cual- 
quiera clase de personas, será vista como un acto hostil contra el Es- 
tado, y castigada con todo el rigor de las leyes. Los que hubieren 
cooperado 6 cooperasen, bien sea por sí, prestándose á excitaciones 
del enemigo ó de los intrusos: los que hayan sostenido 6 sostengan 
la usurpación de estos; y generalmente todos los que de cualquier 
modo hubiesen tomado 6 tomaren una i3arte activa en semejantes 
atentados; quedarán sujetos á las penas que respectivamente cor- 
respondan á sus delitos, con arreglo á las disi^osiciones vijentes. 

3. ^ — Las órdenes, prevenciones, ó resoluciones de cualquiera cla- 
se, que en cualquiera forma dictaren dichos intrusos, sus agentes, 
6 los jefes de la fuerza enemiga, en cualquier puiito del territorio 
del Estado, no deberán ser obedecidas, cumplidas ni ejecutadas. 
La persona que contravenga á esta prohibición, será condenada á 
servir en trabajos públicos, desde uno .hasta cuatro años, según la 
mayor ó menor culpa que se le justifique; y si el contraventor fue- 
se persona constituida en autoridad, eclesiástica, civil ó militar, ó 
que ejerza legítimamente otras funciones jjúblicas, de cualquiera 
otra clase y orden que sean, sufrirá ademas de esta pena, la de pri- 
vación de su empleo, destino ú oficio, y pagará una multa desde 
ciento hasta mil pesos. 

4. ^ — Los empleos, destinos, comisiones 6 encargos que confirie- 
ren los mismos intrusos, sus agentes 6 los jefes de la fuerza enemi- 
ga, sea ea puntos ocupados por ella, y para cualquiera paraje de 
dentro ó fuera del Estado, y sean también de la naturaleza que 
fueren: tampoco deberán ser admitidos, servidos ni desempeñados 
por ciudadano ó habitante alguno del Estado. El que infringiere 
este artículo, será castigado con una multa desde quinientos hasta 
dos mil pesos, y ademas con la pena de trabajos públicos, desde 
cuatro hasta ocho años, todo según la mayor ó menor importancia 
del empleo, destino, comisión ó encargo que haya admitido y de- 
sempeñado, y la mayor 6 menor culpa en que por esta razón hubie- 
re incurrido. Los que no puedan pagar la multa, serán destinados 
á presidio desde cuatro hasta diez años. En las mismas llenas in- 
currirán los que siendo de otro Estado^ cometan igual delito; y si 



DE CEXTKO-AMERICA. 81 

fuesen estranjeros, sufrirán la pena capital. 

5. ^ — Todo el que con su persona, con hombres, armas, municio- 
nes de guerra, víveres ó dinero, dé axilios á los intrusos, á sus a- 
jentes ó á las fuerzas que han invadido el Estado, será castigado 
de muerte, conforme al artículo 5. ^ de la ley de 19 de febrero de 
1827. Esta pena se hará efectiva aun cuando resulte que se haya o- 
brado por encargo de otra persona, y la misma 'se impondrá al que 
hubiese dado tal encargo. 

6. ^ — Respecto de las penas asi corporales como pecuniarias, en 
que solo fija este decreto el máximum y el mínimum, la autoridad 
que deba imponerlas, hará la graduación de ellas, conforme á la 
mayor 6 menor culpa que se advierta en cada individuo, pero siem- 
pre con arreglo á lo que queda prevenido. 

7. ^ — El Gobierno se reserva la facultad de dictar las medidas es- 
peciales que convengan á la seguridad, defensa y salvación del Es- 
tado, respecto de aquellos casos que ofrezcan circunstancias estraor- 
^inarias, en los delitos de que trata el presente decreto. 

8. ^ — Imprímase, publíquese y circúlese. 

Dado en Guatemala, á 16 de febrero de 1829 — Mariano de Ayci- 

nena. 
Por disposición del P. E. — José Francisco de Curdova, 



ORDEIN CmCüLAR, 



El Poder Ejecutivo del Estado, consid expando muy conveniente y 
necesario ñjar algunas reglas generales que determinen la conducta 
que lia de observarse respecto de los enemigos, de los facciosos que- 
con el aaxilio ó á inñujos de la fuerza invasora, atenten contra la 
seguridad interior 6 esterior del Estado, y de los agantes de unos y 
otros; y deseando también que estas reglas dejen á cubierto los de- 
rechos é intereses mas preciosos de los pueblos, y que aunque limi- 
tadas á los puntos mas sustanciales, por lo que sobre ellos disponen^ 
den á conocer lo que deberá hacerse respecto de los demás que na 
estén espresamente detallados: ha resuelto se observen las siguientes. 

1. es 

Las autoridades políticas, militares y municipales de los x>uebIo&- 
que se hallen amenazados de una próxima invasión de enemigos, de- 
berán bajo su mas estrecha responsabilidad, tomar todas las dispo- 
siciones convenientes para que de los confines de su recinto por don- 
de amenace el riesgo, se retiren los ganados y toda especie de víve- 
res, y se acerquen á los j)arajes mas libres y seguros, para que se- 
estraigan los elementos de guerra que allí hubiere, y para que se es- 
caseen al enemigo los recursos de cualquiera clase, y se deje tam^- 
bien el menor cebo posible á su codicia. 

Los jefes, administradores, empleados y dependientes de los ra- 



DE CENTRO- AMERICA. 83 

nios de hacienda en los departamentos, y los mayordomos, colecto^ 
res y demás funcionarios que administran los fondos municipales 
de los pueblos, tomarán también en este caso las medidas mas opor- 
tunas y eficaces para poner á salvo los caudales é intereses de sü 
resj^ectivo cargo; bien entendidos unos y otros, de que si por des- 
cuido ó morosidad cayeren éstos en poder de la fuerza enemiga, de 
sus jefes ó de sus agentes, deberán reponerlos íntegramente á sm 
costa, sin perjuicio de lo demás á que haya lugar; y que si en este 
asunto hubiesen procedido con dolo ó de malicia, los jefes, admi- 
nistradores y demás funcionarios y empleados referidos, pagarán 
ademas el duplo del valor de los caudales 6 intereses ocupados, ro- 
bados 6 perjudicados, sean de la hacienda ó de los propios de los 
pueblos: serán destituidos de sus destinos, y quedarán sujetos á las 
otras penas que merezca la mayor ó menor criminalidad de su con- 
ducta, con arreglo á las leyes. Estas disposiciones se harán efecti- 
vas no solo -cuando la ocupación, el robo o el daño hayan sido ó fue- 
ren ocasionados por los enemigos, según queda dicho, sino también 
cuando provengan de parte de alguna facción interior del estado; 
bajo cuyo concepto, en cualquiera de estos casos se guardarán res- 
pectivamente las precauciones indicadas. 



8. =*- 

Las mismas se recomienda á los PP. Curas, y se previene á los je- 
fes políticos, alcaldes y municipales de los pueblos, que se tornea 
respecto á las alliajas y platas de las iglesias: se procuran! estraer- 
las con la debida oportunidad: se trasladarán á un paraje libre y se- 
guro, dentro 6 fuera del propio departamento, ó por lo menos se 
ocultará en aquel á que pertenezcan, bajo las seguridades corres- 
pondientes en cualquiera de estos casos: se pondnín en salvo igual- 
mente los demás bienes y propiedades de la iglesia; y para todo <>- 
brarán de acuerdo entre sí las autoridades eclesiástica y civil. 



Los jetes de los departamentos, los do distrito, y donde no los 
hubiere de esta iiltima clase, los alcaldes, ó quienes hagan sus vi*- 
<'(^s, designarán c(m la debida anticipación el lugar que les ])arezca 
mas apropósito para cabecera, por si fuere invadida la del departa- 
mento ó distrito respectivo: harán (|ue al punto designado se tnsUl- 
den los intereses princii)ales de los piu'blos, y entre ellos los pape- 
les de oficinas mas importantes; y si este nuevo punto so viera des- 
pués amenazado de iguales riesgos, irán estivchando su residencia 



"84 KESEXA IIISTOIÍICA 

por escalas proj)orcionadas sobre la capital 6 paraje que ofrezca ma- 
yor seguridad. 



Desde los pueblos donde se ñje sucesivamente la cabecera, se en- 
tenderán con los que estuvieren libres de enemigos, en el territorio 
de su mando para hacerlos acudir á la defensa común: para el pa- 
go de contribnciones y para los demás objetos de necesidad ó utili- 
dad qne indiquen las circunstancias ó les prevenga el Grobierno, á 
quien darán cuenta de todo lo que ocurra. 

Los jueces, los alcaldes, municipales y funcionarios de los x>i^e- 
blos inmediatos á los ya ocupados por el enemigo, podrán y deberán 
tomar todas las medieas que estén á sus alcances, ya sea para esca- 
searle víveres, ya para cortarle comunicaciones de unos puntos á 
otros, ya para impedir que las estienda: obrando siempre hostil- 
mente respecto de él, y haciéndole todo el daño i)osible por cuan- 
tos modos permiten las leyes de guerra. 

En iguales términos se conducirán si hubiere alguna facción in- 
terior en sus inmediaciones, que haya desconocido ó desconozca las 
autoridades lejítimas; que esté haciendo armas contra ellas; favo- 
reciendo los planes del enemigo, ó cometiendo otros crímenes seme- 
jantes contra la existencia del Estado ó su seguridad interior ó es- 
terior. 

8. ^ 

Así respecto de las tropas enemigas, como de cualquiera facción 
de las indicadas, se procurará con especial cuidado, descubrir y 
prender á los esx)ias que pongan en cualquier punto: hacer lo mis- 
mo con los correos que despachen: tomarles á unos y otros los pa- 
peles, armas y cualesquiera otros efectos que tengan ó lleven consi- 
go: asegurar las personas y remitirlas oportunamente, con la custo- 
dia que corresponde, á esta capital. 

Debe entenderse que las i^revenciones 6., ^ 7. *^ y 8. ^ hablan 
también con los pueblos y los particulares, pues todos pueden y de- 
ben obrar hostilmente respecto de los enemigos del Estado. 



DE CENTKO-AMKIÍÍCA. 85 

10. - 

Se celará general y eñcazmente la introducción de papeles sedi- 
ciosos 6 turbativos de la tranquilidad pública, que impresos 6 ma- 
nuscritos quieran circular los enemigos: se recojerán todos los que 
se encuentren de esta clase: se averiguará si alguna persona se ocu~ 
pa en difundirlos; y se i)ondrá XDronto y eñcaz remedio por los jue- 
ces y autoridades á quienes incumbe este cuidado. Los que recibaa 
por correos 6 en otra forma dichos papeles, están obligados á pre- 
sentarlos á la autoridad: pueden hacerlo sin descubrirse, remitién- 
dolos con sobre-escritos cerrados, y siempre en el concepto de que 
se les guardará secreto; y los que en vez de hacerlo asi, los retengan, 
los trasladen, ó de otro modo concurran á su circulación, incurren 
en las mismas penas que sus autores, haciéndose reos de los deli- 
tos que estos hubiesen cometido. Las autoridades respectivas ten- 
drán muy presente en la materia, el decreto del Gobierno de 2 de- 
noviembre de 1827, para aplicarlo según los casos que ocuiTan. 



11. =« 

Si en vez de proceder con arreglo al espíritu de c uauío v|ii. vtu pre- 
venido, hubiere alguna persona que se acerque al enemigo, y le com- 
pre ganados, granos 6 cualquiera otra especie de géneros y efectos. 
quedará obligada á restituirlos al que resulte dueño legítimo de e- 
llos, 6 á darle un equivalente, en caso de haberlos consumido, paga- 
rá el diix)lo del valor de los mismos géneros y efectos; y esta multa 
se aplicará por iguales partes al denunciante y al juez que conozca 
de la causa. Si no hubiere habido denunciante, la parte que á éste 
correspondería, se consignará á beneficio de la hacienda públicji. 

Vi. =^ 

Todo el que sepa que en cualquier punto del Kstailo existen inte- 
reses, propiedades o derechos ])ertenecientes al enemigo, a cuaUpiie- 
ra de sus ajenies, o á individuos y pcn-sonaa que liubienm hecho '» 
"stuvieren haciendo causa y jiartido con ellos, potlní y deberá de- 
nunciarlo al (íobicrno, á los jefes departamentales óá la autoridad 
á (piien mas lacilincnte pueda dirijirse. Hecha la conveniente ave- 
I iguaciím y resultando cierta la denuncia, en términos de que por 
elhi llt'gue á jx^cibir algún ingreso hi hacienda del Estado, el de- 
nuncianttí tendrá la cuarta \y.\r\r ihA valor de los bienes ó intere0eft 
por via de gratifica(JÍon. 



S6 IIESETÍA IIISTOKICA 

13.^ 

Las Municipalidades, y generalmente todos y cualesquiera vecinos 
de los puntos confinantes á los ya ocupados, ó en que esté alterado 
el orden, darán partes y avisos de las personas que vean ó sepan que 
se lian adherido á los enemigos, que les han facilitado ó facilitan 
auxilios, ó que le han servido 6 están sirviendo en cualquiera otra 
cosa. Estos avisos se darán tan circunstanciados como se pueda j)a- 
ra venir en conocimiento de los culpables, de sus familias, lugares 
de su residencia y demás circunstancias, á fin de tomar las debidas 
pi^ovidencias. 

14.^ 

Todo ciudadano ó habitante que dé avisos ó denuncias de esta 
clase, ó sobre cualquiera otro objeto interesante á la causa x)ública, 
puede y debe contar con que se guardará religiosamente el sijilo 
que exija la naturaleza del asunto; y puede y debe contar asi mis- 
mo con que el Gobierno verá siemj)re estas acciones como pruebas 
de lealtad y patriotismo: que las tendrá presentes para las solicitu- 
des y pretensiones que se ofrezcan á los interesados, y que las pre- 
miará con gratificaciones pecuniarias, si lo exijiere asi la calidad de 
las materias. 

15.=^ 

Para que todo lo dispuesto se observe, cumpla y ejecute exacta- 
mente, se comunicará á quienes corresponde; y se imprimirá desde 
luego á fin de que llegue á noticia de todos. 

Secretaria del Gobierno: Guatemala, 16 de febrero de 1829. 

OÓTcIova. 



S \ m SE MlllíE MOE. 



DOCUMENTO >.. 1. - 

INSTRüCCIOT^ PARA EL .COMANDANTE DE LOS FALSOS ATAgUEí*. 

Colocará tres guardias de caballería de 12 hombres cada una so- 
bre el frente de las fortificaciones del enemigo, desde la Barran- 
quilla hasta el lado opuesto de Buena-Vista: cada gran-guardia co- 
locará tres centinelas á caballo sobre este frente, como á dos cua- 
dras de su i^uesto: estas avanzadas colocadas de dia á distancia li- 
bre de los fuegos, se acercarán de noche á las fortificaciones, de mo- 
do que se rennan en una de las tres avanzadas como al centro; las 
centinelas se retirarán en el mayor silencio cuando sea ya de noche, 
y en el curso de la noche se mandará muy cerca de las fortificacio- 
nes, patrullas de cuatro soldados con un cabo: cuando se acerquen 
al foso, uno se apartará como una cuadra de la i)atrulla, y dam el 
quien vive á los otros: estos responderán una vez: ronda mayor: la 
centinela llamará de finjido al cabo de guardia liaciendo las demás 
formalidades dé recibirlo, y i)ara el buen éxito de esta (>i>enu-ion, 
la hará en persona el comandante de los falsos ataques, repitit»n- 
lola en cuatro puntos por lo menos desde la Barranquilla hasta el 
utro lado de Buena-Vista. 

Otras veces mandará dos soldados cerca de las fortificaciones en 

los lugares ocupados por el enemigo; después que uno haya dado 

^^1 quien vive y haber respondido San Salvador, este preguntan! al 

)tixj en dónde está la i)riniera división, a que le resj^ndeni en muy 

dta voz, tomo el camino pam la Antigua; sobro otix) punto hacien- 

lo lo mismo, y preguntando por l:i tcnMMti división. fMTír»'<fnrMn. 

üiarchó á San Salvador. 

A las tres de la mañana un tambor tocará diana: inmediatamen- 



88 llESENA HISTÓRICA 

te lina de las dos bandas que se quedarán en la garita de Mixco^ 
tocará en este mismo punto, y la otra á dos cuadras por lo menos; 
cada banda tocará diana en dos lugares diferentes: después juntas 
la llamada, y á las cuatro de la^ mañana precisamente, marcha ha- 
cia las fortificaciones; cuando estén á una distancia racional de e- 
llas, tocarán ataque, y los que estén armados harán algunos tiros: 
toda la caballería de los falsos ataques reunida en un punto, fingi- 
rá carga sobre Buena- Yista: después de un rato* harán silencio; el 
comandante en alta voz gritará que el General manda que se aguar- 
de el dia, regañando mucho en nombre del General, por haber ata- 
cado importunamente; verificado todo esto, todos los individuos de 
los falsos ataques se reunirán, y se retirarán por Ciudad- Vieja al 
lugar donde esté el ejército. 

Cuartel general en Aceituno, 8 de abril de 1829. 

Nicolás Raovl. 



DOCUMENTO N. 2. 

Instrucciones para el coronel Gutiérrez^ jefe de la segunda 
dimsion de infantería. 

Artículo 1. ^ — El escuadrón Charcas, á las órdenes del teniente 
coronel Corzo, se agregará á su división á las diez de esta noche. 

2. ^ — Como este escuadrón vendrá de San Pedro Las Huertas por 
el camino recto de la chacra de Santo Domingo, será preciso que 
Ud. haga mantener un fogón en el lugar donde está acuartelado el 
batallón núm. 8, para que sirva de punto de dirección al teniente 
coronel Corzo, y no se estravie en la marcha de noche. 

3. ^ — Unido el escuadrón á su división, se pondrá Ud. en mar- 
cha para la garita de Chinautla, pasando por el molino de la Mer- 
ced, ó si fuere posible no dar esta vuelta, tomará un camino mas 
corto, haciéndolo reconocer con mucha escrupulosidad, á fin de que 
no resulte ningún embarazo. 

4. ^ — Como las marchas de noche son llenas de dificultades, y 
esponen á los soldados á estraviar, que del orden perfecto de esta, 
pende la suerte de la República, el comandante de la segunda di- 
visión tomará todas las precauciones que estén á su alcance, y en- 
tre ellas la mas importante, es hacer un alto de diez minutos cada 
cuarto de hora. 

5. ^ — Llegado con toda su fuerza arriba de la laguna de la gari- 



DE CENTRO-AMÉRICA. 89 

ta de Cliinaiitla, hará sus disposiciones para pasar el foso del guar- 
da á la derecha de ella, de modo que vaya á resultar al potrero de 
Martínez, sirviéndose como prácticos, de los tres patriotas que lle- 
garon ayer de la capital por una vereda que atraviesa el potrero 
de Moreno. 

(3. ^ — Ud. mandará dos cuartos de caballería en el llano qu<^ t-.sUi 
entre la ciudad y las dos garitas con el fin de observarlas, y hará 
guarnecer con su infantería los fosos que separan este llano del po- 
trero de Martínez, mientras que nn batallón á las órdenes de un ofi- 
cial de toda su confianza marche á ocupar el cerro del Carmen por 
la vereda del potrero de Moreno ya referida. 

7. ^ — Si el ataque del Carmen tiene buen éxito, Ud. marchará 
con toda sii tropa á ocupar la plazuela de San José el viejo, man- 
dando nna compañía en el potrero de. los Matamoros, á fin de des- 
truir la avanzada que tiene allí el enemigo, y asegurar la i*etirada, 
que en caso de resultar desgraciado el, ataque que va á dirijir, de- 
be verificarse por la calle que va de la plazuela de San José á los 
baños del Administrador, y de allí á Aceituno por una vereda que 
indicará uno de los patriotas que han venido por esa dirección. 

8.^— Al mismo tiempo Ud. mandará una partida de caballería 
por la calle mas esterior, cual es la de las tenerías, hasta el potrero 
de Eustaquio, detras de Santo Domingo, con el fin de establecer 
sus comunicaciones con el ataque mayor que debe dar una división 
del ejército á este convento. 

9. ® — El oficial encargado de la ocupación del Carmen, prescindi- 
rá de ella, en caso de encontrar resistencia, é irá á esperar las ór- 
denes de Ud. detras de la Iglesia de la Candelaria, mientras que él 
mande algunas x^artidillas en dirección al convento de la Merced, 
para saber si el enemigo lo ocupa. 

10. o — j^n fin, señor coronel, las instrucciones no pueden indicar 
sino los puntos generales que coordinan sus esfuerzos con las dis- 
posiciones del General en Jefe: á lo imprevisto, Ud. opondní el va- 
lor de nuestra tropa y la decisión que caracteriza á l-d. ; dcl>enios 
ser persuadidos todos que mañana se levantará sobre Guateniala el 
sol de la libertad ó que vá á hundirse on la noche de la iiniHwtu- 
ra, que la patrisi nos wnvii y (jue no hay uunlio para nosoti'os entn» 
vencer ó morir. 

Cuartel general de Aceituno, 8 de abril de 1S21). 

X¡rn7fis ííaouL 



90 KESENA JIISTOKÍCA 

DOCUMENTO N. 3. 
Comandancia de la segunda división. 

C. Jefe del Estado Mayor: — En virtud de ]as instrucciones que 
Ud. me dio el dia 8 del presente, emprendí mi marcha á las doce 
de la noclie con la división de mi mando, una compañía de drago - 
res y un piquete de alumbradores y ordenanzas, á las órdenes del 
teniente coronel Doroteo Corzo, con dirección al Molino de la Merced. 

La maleza del camino y la oscuridad de la noche, no me permi- 
tieron llegar al guarda de Chinan tía, sino después de haber amane- 
cido, lo cual me obligó á atacar sus fortificaciones, que fueron to- 
madas de frente y al paso de trote por el teniente coronel gradua- 
do Felipe Peña y el oficial Calderón. 

El enemigo perdió 10 homares, 14 carabinas, algunas municiones 
y un prisionero: este me informó que en la garita del Golfo habia 
doscientos hombres. Destaqué contra ellos dos compañías de fusi- 
leros á las órdenes del teniente coronel Peña, y una cuarta de ca- 
ballería del escuadrón Charcas, á las del teniente Curbal, los que 
se posesionaron del punto indicado sin ninguna oposición. 

Estas pequeñas acciones me dieron una idea del terror é ineptitud 
del enemigo, al mismo tiempo qué me confirmaron la constante in- 
trepidez de los soldados y oficiales que tengo el honor de mandar. 
Sus deseos por llegar hasta las fortificaciones que se hablan juzga- 
do como el asilo impenetrable del despotismo: su ardor por avistar 
al enemigo que parecía insultarnos desde sus atrincheramientos, me 
inspiraron una ciega confianza de un triunfo seguro. Deseoso y con- 
vencido de él, mandé al teniente coronel Corzo, que al paso de tro- 
te avanzase con la caballería por la calle de San José, protegido 
j)or el teniente coronel Peña y dos compañías de infantería, mientras 
yo con el resto de ella me dirijia contra el cerro del Carmen, cuyo 
punto tomé sin oposición alguna. Establecí en él al teniente coronel 
Yillaseñor con un batallón, y en seguida me dirijí para el convento é 
iglesia de la Merced con solo una compañía al mando del capitán 
Cabanas. Al llegar al primer fortín, se me hicieron algunos tiros 
por el enemigo, contra quien destaqué cinco cazadores con orden es- 
presa que no hiciesen mas que cinco tiros, y cargasen á la bayoneta 
sobre los que defendían la trinchera, que fué tomada en el momen- 
to. Al llegar al fortín que cubre la calle de la iglesia de la Merced, 
descubrí una partida considerable de caballería enemiga, hice que 
los cazadores saltasen el foso, y disparasen contra ella algunos fu- 
silazos. Mi sorpresa fué estraordinaria cuando vi que este grupo de 
hombres desaparecía de mi vista sin atreverse á disparar sus pisto- 



DE CEXTRO-A3IERICA 91 

.fes que llevaban en mano, lo cual me proporcionó la ocupación del 
-.convento de la Merced y trincheras inmediatas. 

Cubierta mi retaguardia por dos puntos fuertes, me dirijí á la 
plaza-vieja, en donde me reuní con los tenientes coroneles Corzo y 
Peña, y desde allí mande ocupar las de Santo T>omingo y Capn- 
víchinas. 

Difícil seria hacer distinción de los oficiales y ^oii^lados, pues to- 
dos se portaron con tanto honor como valentía, y teníco el placer de 
recomendarlos á la consideración deUd. 

En este dia y en los demás que ha durado el sitio de tí>ta plaza, 

he tenido 9 muertos y veinticinco heridos, entre ellos ti*es oficiales, 

*que son el capitán Carias, el subteniente Pineda, y el de igual clase 

Alvaro: la mayor i>arte de ellos, por su arrojo é intrepidez que me 

i lié imposible contener. 

Quiera Ud., C. Jefe, ponerlo todo en conocimiento del General 
m Jefe, y admitir las consideraciones de mi aprecio. 

I). U. L. — Cuartel general en Guatemala. 11 'h' nbril. '2 de su ren- 
dición, de 1829. 

J. M, (jrutierrez. 



DOUMENTO N. 4. 

Instrucción para él ingeniero en jefe. 

Cuando el ejército esté reunido en la chacra de Santo Domingo, 
^i'? pondrán á disijosicion del ingeniero en jefe tres compafíias de ca- 
zadores, los alumbradores que quedan disponibles, con tcxlos los 
indios, las herramientas, escaleras, etc., paní ir á ti'azar un camino. 
pcun penetrar en el potrero de Rubio y en el edificio de Santo Do- 
mingo. Los alumbradores de á caballo servirán i)ai'a colocarlos de 
iTiícho en trecho sobre la dirección que debe seguir el ejéirito, y 
Vya oficiales que llevan órdenes del Geneml ó partes de los comisio- 
nados, y del ingeniero en jefe; estos alumbmdoivs servinín como de 
Tilias sobie el nuevo <'a!nino. Luego qn<» la primera ¡vareil stm cor- 
ada, dará aviso el ing(Mii<»ro en jefe, íí fin de que el ejército pueda 
rproxiniarse á la dificultad inmediatamente que se pueda [lenetrar 
^Yí el ])()trer() de Rubio; dos compañías d«» las tres de cazadores ya 
mencionados, volverán en el mayor silencio á ocupar la casa de al- 
)os del ])otrero de Rubio, llevando las herramientas precisas iiam 
)iarer troneras y procumr se hagan fuegos abrigados y libivs de los 
4el enemigo. Todos los afanes del ingeniero en jefe, sonin I»».h de o- 
vcn])ar lo mas v<»ntajosaniente iK)sible los edificios del convento de 



92 RESEÑA HISTÓRICA 

Santo Domingo, que senl ocupado por los batallones números 7 y 8, 
que forman la cuarta división á las órdenes del teniente coronel 
Peña, procurando colocar el morterito sobre una de las azoteas, 
si no fuere posible disponerlo á cubierto para lanzar piedras, y de 
consiguiente reunirá muchas piedras al derredor del mortero liara 
cargarlo con ellas. Examinará el lugar en donde se pueda colocar 
un canon con. seguridad y ventaja. En fin, el punto importante del 
ingeniero en jefe, es la ocupación del convento de Santo Domingo. 
Cuartel general en Aceituno, 8 de abril de 1829. 

, Meólas Raoiil. 






DOCUMENTO N. 5. 
Ejército aliado — Tercera división. 

C. Mayor General del Estado: 

El 10 del corriente, á las 4 de la tarde, tentó el enemigo batirme 
en la posición que liabia tomado el dia anterior, por la fuga vergon- 
zosa que hizo, abandonando su segunda línea. El 5. ^ batallón esta- 
ba colocado en la iglesia y convento de San Francisco, de cuya fuer- 
za se cubrían 4 avanzadas que en las boca-calles impedían las sali- 
das que por el flanco derecho quisiera hacer el enemigo, y el resto 
de la fuerza de dicho batallón estaba repartido sobre la misma igle- 
sia, en la de Santa Clara y en una trinchera que se formó frente á 
la calle jjríncipal de la plaza. El 6. ^ batallón lo coloqué en la Ter- 
cera Orden con el objeto de tener cubierta mi retaguardia. 

El enemigo antes de cargar con toda su fuerza, mandó guerrillas 
que tiroteasen las nuestras, y habiendo observado que no teníamos 
caballería, se decidió á dar un ataque brusco con 400 hombres de 
infantería, 60 caballos y una pieza de á 4. Luego que se emprendió 
la acción por la calle del ataque, se observó que la parte de la fuer- 
za enemiga, daba vuelta á cortarnos la retirada, y los que guarda- 
ban la trinchera de Pavón salieron á batirnos por el frente, de ma- 
nera que el ataque lo hicieron por cuatro puntos. Los soldados que 
el dia anterior habían peleado con tanta bizarría y bravura, no era 
posible que fuesen vencidos después de un triunfo tan glorioso. Así 
es que con el mayor denuedo fué rechazado el enemigo, habiendo 
perdido un niimero considerable de tropa, y el canon de á 4 que 
aun después de tomado, fué defendido jjor el que estaba colocado 
en la tri/ichera de la calle de Taboada. Un piquete de caballería que 
pedí, aunque no estuvo en el princii:)io de la acción, llegó con opor- 



DE CEXTIiO-AMÉHKA. 98 

timidad, pues él completo la derrota. 

Yo recomiendo, C. Mayor General, el valor y decisión que en 
esta vez lian manifestado todos los soldados y oficiales de mi divi- 
sión, como lo presencio elC. General y el sub-jefe de E. M., Benitez. 
que se hallaba en la trinchera de la izquierda del frente del enemi- 
go con el o. ^batallón; y el teniente coronel Carlos Salazar, jefe de 
Estado Mayor de la división de mi mando, que se hallaba también 
en la plazuela de la Tercera Orden con el 6. ^ La premura del tieni- 
X)o no me habia permitido dar estos pormenores por escrito como 
me lo previene Ud. en su nota de ayer de que contesto. 

Quiera Ud., C. Mayor General, recibir las considei-nííonMsi f]p i^,i 
aprecio y respeto. , 

D. U. L. — Guatemala, convento de San Franci-sco, abril 18 de 1829. 

El comandante Indalecio D, Cordero. 

Adición — Incluyo al C. Mayor General la lista de muertos y lie- 
ridos que hubo en dicha acción. 



DOCUMENTO N. ('. 
Comandancia de la brigada de caXtalleria. 

Al C. Jefe de Estado, Mayor General de los ejércitos aliados. 

En cumplimiento á la orden que por nota de Ud. he recibido, fe- 
cha del dia, contesto: que el diez, como á las dos de la tarde, se me 
mandó de orden superior el que marchase una partida á obrar so- 
bre la izquierda en unión de la división acami)ada en San Francisco; 
inmediatamente mandé al teniente coronel Argueta con veinticiu<M> 
dragones, los que entraron en combate desde su llegada; so encon- 
traron con toda la fuerza de caballería enemiga: dio dos cai^jas 
nuestra partida, haciéndoles como veinte muertos; y cuando inten- 
to ha(;er la tercera, se encontró con un cuerpo de infantería, en nú- 
mero como de trescientos hombres: nuestra partida ni> pudo hacer 
otra cosa que sostener el puesto á que Imbia avanzado. Se pidió en- 
tonces de la izquierda mas caballeril y maiché yo en unión del te- 
niente coronel Corzo con veinte dragones nuus; dimos una nueva car- 
;a hasta encerrarlos en su trinchera, y jHírdinios de nuestra píirtt* 
solamente al sargento segundo Paredes qm» murió valiente, y A #• 
nemigo perdió como doce hombres en esta últinuí nu'gíi. 

Es cuanto tengo que decir á Ud. en contestación k su noi 
viéndose aceptar las ])rotestas de mi aprecio. 

1). r. U Abril i:. (h' i«?n 

//. 7\hrreloiigt, 



OA.FITXJLO NOVKNO. 



Situación de la ciudad de Guatemala durante el 
ataque á la plaza. 

SUMARIO. 

1 — Lo que d/ice Arce — 2. Lo que dice M(Hittfar—\\. Ja) que dice 
don José Francisco C&idoca acerca de las Memorias de Jalapa. 
— 4. Lo que prescribe el derecho de gentes — 5. Saqtieos d<' otras ^- 
pocas — 6. Represalias — 7. La casa de Beltranena — 8. Orden- 
general de Raoul: J'usilamientos ejecutados en cirtitd de ella — 
9. Los guatemaltecos increpados por Mo?itif/ar—ÍO. Cont radie- 
clon de las doctrinas serviles con los hecJios, 



1- Don Araiiiicl .losr Are»» ;ise^in:i tinr (iinaiitr n'> u- i»- 

asedio i)ernianeci(') tranquilo en su habitación, sin otra \\i\ 

(\\\e. la (le sus hijos, esposa y domésticos, á |>e8nr de las instxuicias 
(le niuclios sn<ietos que ])retendian se luvcaviese de nlfrnn insulto. 
Asegura (pie desde el ¡)rincii)io hasta el lin del ataque^ estuvo en- 
tre las tropas invasoras, sin recibir ningún agravio de aquellas honi- 
l)res: (pie s()(V)rri('> á muchos soldados di» Mornzan que no tenian 
(pie comer y que fiu'» testigo de unos cuantos saqueos. 

2— El autor de las Memorias de Jaln|Mi se espresa así: *'Ia ¡Hirte 
*' delaíuudad que estaba en iK>der del sitiador fué .««iquHada en 



9(5 KESENA HISTÓRICA 

" muchas de las jorincipales casas de aquellas que tenían fama de 
" riqueza, ó que habían representado en la revolución: esijecial- 
'' mente fueron saqueadas á vista de Eaoul, aquellas mismas cuyos 
" propietarios lo habían servido, ó interesádose por él en su des- 
" gracia. Los guatemaltecos. que tomaron las armas en favor de Mo- 
" razan son los mas inmorales en el ataque: su infamia es comple- 
" ta. Creen vengarse de los que culpan de opresores de su patria, 
" empobreciendo esta misma i)átria: prueban entonces que no han 
" tomado las armas por la libertad ni X)or la ley, sino para -destruir 
" toda la riqueza, destruyendo todas las fortunas". 

3 — Don José Fransisco Córdova, conocido en Centro -América con 
el nombre de Cordovita, por su pequeña estatura, era servil y aris- 
tócrata; trabajó con empeño por su paitido, fué ministro de Ayci- 
nenay uno délos hombres á quienes se atribuyen muchas de las me- 
didas severas de aquel Jefe. Sin embargo, Córdova, juzgando en 
Méjico las ]\íemorias de Jalapa, dijo que son inexactas en muchas 
de sus relaciones. Se le llamó á la lid periodística para que demos- 
trara las inexactitudes y los rasgos de falta de ímparcialiadad, y él 
contestó: que el autor había sido su amigo y que ya no existia: que 
j)or lo mismo se abstenía de comprobar por estenso lo que había e 
nunciado, y que al mismo autor varias veces se lo hizo ver. Las Me- 
morias de Jalapa, pues, ni aun en concepto de los serviles son un 
evangelio. En los días á que el señor Montúfar hace referencia, él 
se hallaba preso en San Salvador, de donde se dirijió á Méjico. Su 
relación descansa en informes apasionados que se le dieron. 

4 — En la antigüedad todo era permitido al vencedor contra el 
vencido. En el presente siglo, las leyes de la guerra son estrictas y 
humanitarias. 'No obstante, la ocupación bélica está reconocida por 
todas las naciones. Los efectos muebles que se toman á un enemi- 
go armado, pueden hacerse propiedad del apresador. A los habi- 
tantes pacíficos se permite la tranquila posesión de sus bienes. Este 
principio tiene escepciones, y una de ellas son las represalias. - 

5 — Las tropas de Milla saquearon á Honduras é incendiaron una 
parte de la ciudad de Comayagua. Las tropas serviles que en 1822 
entraron á la ciudad de San Salvador, iban hambrientas por las es- 
caseces que en el camino habían esperimentado, se esparcieron por 
las calles en desorden, saquearon y cometieron otros atentados, y 
al huir los repitieron en diversos pueblos. En 1828 las tropas servi- 
les A'olvieron á llegar hasta la ciudad de San Salvador, y su conduc- 
ta fué idéntica á la observada el año de 22. Las tropas de don An- 
tonio Aycinena, después de la derrota de San Antonio y de la sub- 
siguiente capitulación, quedaron en libertad j^ara volver á Guate- 
mala, y Morazan les suministró dinero y todo lo necesario. Sin em- 
bargo, saquearon los pueblos del tránsito, y cometieron un asesí- 



DE CKNTIiO-AMÉKICA 97 

nato, violándose así la capitulación que se acababa de firmar, en 
la cual se habia consignado un íirtículo á la seguridad de aquellos 
13ueblos. San Salvador sufrió incendios y saqueos el año de 22 y 
el de 28. La lista de casas y edificios destruidos durante esta gueiTa 
en aquel Estado, por las armas serviles, se presentó a la Asamblea de 
(xuatimala. Ella da el detalle de los objetos destruidos, y de los pue- 
blos y lugares donde la destrucción se operó. Puedo ^presentarla li- 
teralmente. Hela aquí: 

ACULHUACA. 

El (.-abildo 

La escuela 

La Aduana 

Un tin<?lado del convento 



Vn rancho del id 

Casas de paja y de teja de particulares.. 136 

SAN SEBASTIAN. 

La sacristía 1 

Casa curial I 

El Calvario 1 

Casas para escuela y otros usos H 

Casas de paja de particulares 76 



Hl 



CUSCATANCINGO. 

Casa conventual 1 

El cabildo 1 

Tjas cárceles 1 

Casas de teja y de paja tle particulares. 2.V2 

SAN MARTIN. 



W? 



Casas el.' paja de parti(ulan'>< 


8 


MEJICANOS. 




Casas (Ir it'ja 


r.»;. 


id. <1(* paja 


8,% 




»<i» 




7m 



^8 KESEfíA HÍSTÚKICA 

Vienen. . . . 706 
AYIJSTEPEQliE. 

El cabildo 1 

La casa de escuela 1 

La del camposanto 1 

Casas de teja y dé paja de particulares. 125 



128 



NEJAPA, 

El cabildo , . ... 1 

La caballeriza 1 

Parte del convento 1 

Otro cabildo 1 

Casas de teja y de paja de particulares.. 281 



BARRIOS DE SAN SALVADOR. 

San José. Casas de teja y de paja inclu- 
so el cabildo '. 73 

Concepción. Id. id 8 

Santa Lucia. Id. id 8 



285 



8t) 

Totea. 1268 

Ni el ex-presidente Arce, ' ni el coronel Montúf ar, declama con- 
tra los autores de estos males; los liabia producido la nobleza de 
Guatemala, y, por consiguiente, ese cuadro de esterminio y devas- 
tación era una obra moral, justa y digna de alabanza. El saqueo de 
¿Losó tres casas^de nobles, se liabia ejecutado en los momentos en que 
las fuerzas del Salvador y Honduras ocupaban la cajDital, y es un 
crimen que pasa de generación en generación, sin que ningún sa- 
crificio pueda expiarlo. Toio es lícito á los nobles contra los ple- 
beyos, como en otras edades todo era lícito á un ejército romano 
contra los bárbaros; pero á los plebeyos no es lícito ni aun defender 
su i3atria y sus hogares contra las invasiones de la aristocracia. Los 
guatemaltecos que se unen al general Morazan son infames, aunque 
se liguen á él para librar á los artesanos y á todo el pueblo de Gua- 
temala del yugo de la nobleza; y Milla que, siendo hondureno, in- 
-cendia á Comayagua, no es reprensible: y Arce que no solo tómalas 



DE ( EN TKU- AMERICA 99 

armas contra el Salvador, su país natal, sino que se coloca á la cabe- 
za de un ejercito para invadir al Salvador, derramar á torrentes la 
sangre de sus conciudadanos, y esparcir en todo aquel Estado la 
devastación y la muerte, es un santo que debe venerarse en los al- 
tares, como hoy se venera en la Catedral de Toledo la efigie de Tor- 
quemada. 

6 — Sensible es el ejercicio del derec#io de represalias; pero no de- 
ja de ser un derecho. Ninguna casa fué incendiada en Guatemala. 
La ciudad estuvo en manos de los sitiadores y no se cuenta un solo 
incendio. 

7. — Beltranena era el Jefe de los sitiados, i)orque ejercía el Poder 
Ejecutivo como vice-Présidente de la República. Durante el sitio 
su casa, ante la ley de las naciones, era propiedad enemiga x>ara el 
ejército aliado. Raoul manifiesta en sus partes, que no se podía siem- 
pre sujetar el entusiasmo y el coraje de la tropa, ni aun cuando se 
trataba de movimientos militares y del régimen disciplinario. No 
debe estrañarse, pues, que en aquellos momentos, sabiendo el ejérci- 
to que Beltranena á la sazón era un enemigo armado, algunas parti- 
das de tropa hubieran invadido su casa. 

8 — El coronel Raoul dictó una orden general en que se imponía 
pena de muerto á los militares que cometieran algún robo. Aquel 
Jefe tuvo noticia de que xm sarjento y un soldado conducían objetos 
lobados. A estos se les juzgó verbalmente en consejo de guerra y 
fueron fusilados, conforme n h\ orden general, ♦mi ^1 átrí" '1'*"! »**m- 
plo de Capuchinas. 

9— El doctor Molina se hallaba en San Salvador; don Auiuiiiu Ri- 
vera Cabezas estaba desterrado en la República Mejicana; el gene- 
ral don Agustín Guzman, no manchó sus manos con el rolx); ni 
los Barrundias ni Galvez figuraron en el asedio de la plaza. Ningu- 
no de los Jefes del partido liberal es acreedor á la severa censura 
del coronel Montúfar. Ellos solo querían el triunfo de una idea, ú 
la cual consagraban su existencia. Había en Guatemala, como hay 
en todas partes del mundo, pei>5onas qno no pertenecen á ningún 
partido, ni aspiran mas que á liacer negocio. Para ellas la |)oHtica, 
la literatura, las bellas artes y todo lo que pueda elevar el corazón 
y la mente, es una miserabh» jcM-igonza. Sí alguna vez se fijan en 
lo que se di(íe en los i)arlamentos, ó se ejecuta en los nünisterioe, es 
únicamente por la relación que esto pueda tener con sus negodoei. 
Estas personas saben reix)rtar i)ix)vecho de todas las ralamidn- 
des ])úblicas, y algunas de ellas el níio de 20 aumentaron sna 
capitales cainl>ia]i(l(> ú íntiTnos }»n»cíos objetos estraidosde la niMd«» 
Beltranena. 

10— Los sci\ ¡les incn'|i;m ;i M(U;i/..iii ]•«»!' K>s desaireigli'^^ ü«' iii|¿u- 

ñas partidas de sus tropas, y dan ¡\ los lilierales estenaas leoclonea 



100 



EE8ENA HISTÓRICA 



de moi-al. Cuando hablan así, parece que se oye la dulce voz de 
Jacob; pero cuando fusilan á Pierzon y á Merino, declaran fuera 
de la ley á muchos ciudadanos, asesinan á hombres inocentes como 
el marimbero, (;^) ó sin crímenes eapitales, como Oyarzabal; cuando 
no dan cuartel á los vencidos, como el año de 40, y pasan por las 
armas á todos los que componen una Municipalidad, como en Que- 
zaltenango, sentimos la mancb áspera de Esaú. Comparando lo que 
dice el coronel Montúf ar en las Memorias de Jalapa, con lo ejecuta- 
do por sus copartidarios, no podemos menos de esclamar: !La voz 
ES DE Jacob; pero las mais^os son de Esaú! 



(*) Con este nombre era conocido un tocador de marimba^ á quien mató Carrera, é hizo 
descuartizar el ministro Viteri, poco despuí^ obispo. 



* '••••^V-tM>'--..'í 



C^l^ITXJLO DÉCIMO. 



Entrada de las fuerzas del Salvador y Mondaras á la plaza niajor de 
Guatemala— Prisión del Presidente y vice-Presidente de la Repúbli- 
ca, del jefe Ayeinena y de los ministros de la Federación v del Estado. 



SUMARIO. 

I— Ayeinena pide que no se cumpla el artículo 5,^ de la capitula' 
C1071—2. Relato de la entrada á la plaza, hecho por el general 
Morazan—S, Prisiones — 4. Arce se cuelre á unir con los servi- 
les — 5. Observaciones sobre las quejas que Arce presenta en sus 
Memorias, 



1~E1 artículo 5. ^ de la capitulación lirniada el 12 de abril de 
1829, dice: ''Cuatro comisionados del ejercito sitiador pasanín ma- 
•' nana á las 8 del dia á la plaza, pam asegumrse del cumplimiento 
del artículo 3. ^ (*) y luego que se hayan ivcibido formalmente 
• todos los elementos de guerra y armas que existan en la pía - 
, za, darán aviso de ello para la ocui>ac¡on de la misma plaza**. Sa- 
biendo algunos comerciantes españoles, acorrimos enemigos de los 
liberales, que se liabia capitulado, dijei-on que los salvadoreños lt>- 



(*) EhU> articulo dioo í\hí: **Laa trojMM aitUdiut mo rvtimiúu á «a* OQftHelM, y m áf^faA%t^ 
rúu Gu la Hala de ivrmas todaa las eziateatM en U plaEA iiinyor." 



102 RESENA HISTÓRICA 

barian cuanto encontraran dentro de las fortificaciones, y que era 
mejor repartir los efectos de sus tiendas á los soldados de A y cine - 
na, y así comenzó á verificarse; lo cual produjo desórdenes, tumul- 
tos y bochinclies que aprovechó Aycinena para mandar al sargento 
mayor Pedro González al cuartel generaljde Morazan, á suplicar á 
este Jefe que ocupara la x)laza aquella misma noche. El general Mo- 
razan, previendo dificultades po quería acceder; pero el mayor Gon- 
zález continuó instando y haciéndole creer que iban á cometerse 
grandes atentados si él rehusaba lo que se le pedia. Morazan, en 
virtud de estos ruegos, envió con una fuerza al coronel don Grego- 
rio Yillaseñor, no para que se hiciera cargo de la plaza inmediamen- 
te, sino para que, colocándose á las órdenes de don Mariano Ayci- 
nena, sofocara la insurrección. Yillaseñor buscó á Aycinena en el 
palacio arzobispal, y este Jefe no quiso ya dar ninguna orden ni in- 
tervenir. El mismo Yillaseñor dio parte á Morazan, quien ordenó 
que E-aoul fuera á ponerse á la cabeza de las fuerzas que hablan 
entrado á la plaza. Así quedó sin efecto el artículo 5. ^ de la capitu- 
lación redactado jDor Morazan, para cerciorarse de la entrega del ar- 
mamento. Kaoul inmediatamente que se vio dentro de las fortifica- 
ciones puso en libertad á un gran número de presos guatemaltecos, 
que por ser liberales, se hallaban en las cárceles. El 13 de abril á 
las diez de la mañana el general Morazan. á la cabeza del ejército en^ 
tro á la plaza mayor y se alojó en el palacio federal. 

2 — "La plaza, dice Morazan, fué ocupada al dia siguienle de la 
' ' capitulación y yo me alojé en la casa del Ejecutivo. Pasados algu- 
'^ nos minutos se me presentó el Ministro de Relaciones del Gobierno 
'' Federal, y me entregó una nota del vice-Presidente de la Eepúbli- 
" ca, C. Mariano Beltranena, en la que me preguntaba si deberla con- 
" tinuar en el ejercicio del P.¡E. Los que recuerden, que el vice-Pre- 
'' sidente, apoyado en el ejército del Estado de Guatemala, habla 
' ' usurpado el mando al Presidente de la Repiiblica, burlándose de 
" los repetidos reclamos que este hizo para obtenerlo: que era uno 
'' de los mas poderosos motores de la guerra que se llevó hasta la 
'' capital de la Hepública, á nombre de la mayoría de los gobier- 
" nos de los Estados que componen la Federación, se persuadirán 
'^ fácilmente de que mi contestación fué negativa." 

3— El general Morazan continúa así: ''En el mismo dia mandé re- 
'V ducir á prisión al Presidente y vice-Presidente de la República. 
'' A los ministros de este, de hacienda y relaciones, y al Jefe del 
'' Estado de Guatemala. Esta medida ejecutada en cumplimiento 
• ' de las órdenes que habla recibido de los Gobiernos de los Esta- 
"• dos, estaba en consonancia con mi opinión, de reducir el número 
'' de los presos al menor posible; y tenia también por objeto poner 
" en absoluta incapacidad de obrar á los principales jefes que ha- 



DE CENTRO- AMÉRICA. 103 

• bian llevado la guerra á ios Estados." Don Miguel G. Granados 
indica los nombres de los presos, en esta forma: ''El 13 ocupó la i»la- 
^' za Morazan, y en el acto fueron reducidos á piision el Jeíe Ay- 
•• cinena y su secretario Piélago, el vice-Presidente Beltranena y 
*• su ministro Sosa. También lo fué el presidente de la República 

* • Arce, que durante los tres dias que duró el ataque, se liabia man- 
'' tenido en su casa á la vista de los sitiadores sin ser molestado." 

4 — Don iVíanuel José Arce, creia que el general Morazan lo volve- 
rla á colocar en el poder; y viendo burladas sus esperanzas, se unió 
segunda vez á los serviles, único apoyo que en Centro- AmÓFÍca le 
quedaba. El se queja de falta de cortesía, y emplea parte de un ca- 
pítulo de sus Memorias en citar artículos reglamentarios para ha- 
cer ver que su irrisión no se verificó conforme á las leyes de proce- 
dimientos. 

f) — La entrada á una pinza no es la introducción de embajadores 
á un palacio real, donde se marcan las cortesías que á cada uno cor- 
responden, y el sitio donde deben verificarse. Un generaj que ú la 
cabeza de su ejército ocui:)a una plaza, no es un juez de piiraera ins- 
tancia que con su escribano y alguaciles, penetra en tiempo de paz 
en la habitación de un vecino, á tomar declaraciones para averiguar 
si debe ó no ser detenido. La capitulación no liabia sido declarada in- 
.subsistente, ni se liabia infrinjido. El general Morazan nunca ofre- 
oió mas ventajas que la garantía de vidas y propiedades, y ninguno 
fué fusilado, ni á nadie confiscó los bienes. 



CJS.PITT'LO UNDÉCIMO 



Prisiones del 19 de abril. 



SUMARIO. 



I— Actitud de los serviles— -2. Junta á las 4 déla tarde en ti 
Palacio del Gobierno: prisicnes—^. Lo que dicen ¡as líetmorias 
de Arce — 4. Aflicción de las/amilias de los presos-^. Causas 
de estas pris iones, preserUadas por el general Jfaratam — 6L lYas- 
lacion de los presos al convento de Belén — 7. OosmuMieaeitm dei 
Gobierno de Honduras— S. Pedimento de algunos veeimos de 
Guatemala. 



1— AIgnno6 de los jefes qne invadieron al Salvador no se baila- 
I Ta plaza de Gnatemala, ni estaban priaioneroe; y wu Ith ü i 

ro era operar nna reacción. AoontadmieBtos posMionslo 
í-omprueban. El Secretario del Gobierno de Aydnena, en ff oacs p lo 
(If^ jVfe de Rstado mayor, iiermitio 9aV\r á muehoa aoMadns de ki 
plaz:i, infrinjiendo el artículo 4. " de la eapttálefliCMi» CSSlcVftlse 
(U^ia, que continuarían en sus cuarteles, pam que no hubiecm du- 
(L-i act^rca ^l^ la entrega total del armamenta Muehoa de ks solda- 
dos <|!iH i»;ili»'rün en virtud de aquella áideo, llevaran sus AMÜesy 
rom» ti»ron excesos en algunos pueblos. Todo esto produjo teowfua 
de reat ( ion. >forazan se dirijió á don Manuel Fstoq, naalfesláB- 
dolé que no se le habla entreigado oompleCo el annaaieAtOk y este 
señor le contestó con evasiras. Algunos partes Uegarou al Geaeiml 



106 RESEÑA HISTÓEICA 

en jefe, de que se combinaba una consj)iracion, y los jefes militares 
creyeron que era preciso aumentar el número de los presos. 

2 — La lista de las personas que debian ser reducidas á prisión e- 
ra grande. Se hallaban diseminadas por toda la ciudad, y muchas se 
encontraban fuera de ella. Esparcir partidas de tropa para prender á 
cada individuo, habría sido producir una grande alarma, sin llenar 
el objeto, porque muchos se habrían ocultado. El dia diez y nueve 
se les dijo que á las cuatro de la tarde se presentaran en el Palacio 
del Gobierno, sin espresarles el objeto, y cuando estuvieron reuni- 
dos, el coronel Gutiérrez los condujo al edificio de la Universidad, 
donde quedaron detenidos. 

3 — Don Manuel José Arce y otros serviles, se propusieron, en di- 
ferentes publicaciones, consternar á los lectores, haciendo una pin- 
tura patética de esta escena. Dicen que no conteniendo la orden de 
citación nada que indicara el motivo con que se les habia llamado, 
muchos se presentaron de frac puntiagudo, guantes blancos y som- 
brero alto, y que era sensible ver á hombres vestidos de rigurosa 
etiqueta, dirijirse custodiados desde el Palacio del Gobierno, hasta 
el edificio de la Universidad. Describen las lágrimas de la mamá de 
uno, las súplicas del papá de otro, el llanto de la consorte de este, 
las bravatas de la pretendida de aquel, las enfermedades agudas 
que el susto produjo á determinados ancianos, entre los cuales hubo 
quien de congoja se muriera. 

4 — La mayor parte de los presos no eran militares, ni estaban a- 
costumbrados á las molestias, ni al peligro. Muchos de ellos hablan 
recibido la educación de don Pascual, personaje imajinario, cuyas 
costumbres don José Batres y Montúfar describe así: 

Vestíase á las seis de la mañana. 
Iba á misa, tomaba chocolate. 
Asomábase un rato á la ventana, 
Rezaba el Fuer i Bominum laúdate^ 
Sentábase á comer con buena gana. 
Fumaba su cigarro por remate. 
Dormía siesta, y cuando no dormía 
La cabeza sin falta le dolía. 

No hay duda que á hombres de esta clase, debía producir un 
estrago espantoso el mirarse en la Universidad de Guatemala, al- 
gunos por primera vez en su vida, y todos sin poder salir de ella. 
El general Morazan procedió conforme á las listas que se le presen- 
taban; pero en seguida mandó poner en libertad á muchos, llegan- 
do sus consideraciones hasta el estremo de que el brigadier don 
Manuel Arzú que habia invadido al Salvador, permaneciera en su 



DE OERTRO-AMÉRICA. 107 

casa, bajo su palabra de honor, sin que nadie lo molestara. 

5 — " A pesar de que en mi opinión, dice el general Mox'azan, el 
" número de los presos debia ser el menor ]X)sible, como lo habia 
'^ acreditado, reduciéndolo á cinco individuos de los mas notableí^. 
" la de los pueblos, ?sí como la de los Gobiernos de los Estados y 
^' la del ejército, era enteramente contraria. El Gobierno del Esía- 
^' do del Salvador, por medio desús comisionados, CC. José M* Sil- 
'' va y Meólas Espinoza, y el de Honduras y Nicaragua, iK)r las 
^' esposiciones que se publicaron entonces, pedian el castígo de to- 
^' dos los culpables; y yo que no desconocía la justicia de estos re- 
'' clamos, y debia cumplir las órdenes de los jefes que habían de- 
^' positado en mí su confianza, me vi obligado á reducirlos á pri- 
'' sion." 

6 — Los presos no fueron conducidos á bóvedas mortíferas, como el 
doctor Molina, don José Mariano Yidaurre, y otros muchos, en tiem- 
Y)o de Carrera. Se les trasladó al convento de Belén, donde recibían 
íi sus familias, y tenian bastante espacio,* no solo para vivir con 
desahogo, sino para ejercitarse eh juegos higiénicosi, que frecuente- 
mente los entretenían. 

7 — El Gobierno de Honduras dirijió enérgicas comunicaciones á 
las autoridades federales y del Estado de Guatemala, i*eí*ordándo- 
les los males pasados, y con especialidad el incendio de Comayagna, 
ejecutado por las fuerzas que estuvieron á las órdenes del coronel 
Milla. (^0 En esas notas se pide la severidad con los vencidos, á fin de 
evitar nuevas maquinaciones de ellos ó de sus secuaces. Elstas no- 
tas fueron contestadas haciéndose ver las disposiciones que ya .•<♦• 
Iiabian dictado. 

8— Muchos vecinos de Guatemala, tinuarou una esposicioual Go- 
bierno, enteramente conforme á las notashondureña.s,y la fuga de Do- 
mínguez verificada entonces, que tanta sangre costó mas tarde, prne- 
))a la conveniencia política con qué en estas prisiones se píxHvdin. 



(*) Milla tuvo Ift deegracia de quedar mal con amboe partidcM. En HondorM todAtri* m- 
le recucrdrt con indignarion, y Arco, 8Ín comprender el mAdlo del gentml Mómian. «ttittt> 
ye ú fultfts de :VIilla los triunfos del héroe de la Trinidad y Cküaoha Dí«« Are» qM MDk Itor 
iWsuelto por nu consejo de guerra; pero que Morutaa qa«dó Irinufautf 



C-A.PITULO DUODÉCIMO 

Ruptura de la capitulación. 



SUMARIO. 



1 — Exposición de Raoul — 2. Información para comprobar A . 
chos que él refiere — 3. Declaratoria de insubsistencia de le '■•' 
pitulacion — 4. Trastorno qne produjo la entrada de ViUnsf ñ. 
y Raoul en la noche del Yi ala plaza de GíiatenuiUí — 5. // ' 
CÍ071 de Morazan sobre el misino objeto — 6. Contestación al" 
de las Memorias de Jalapa — 7. Mn de las Memorias del grnerai 
Morazan — 8. Armas encontradas en Sianfo Domivff' '* 

flexiones. t 



1 — '*Hay (Iflilu.s y i»-l<»iiia>. ilirt* Ivauul, ^Ut- «-^laM im-ia «n i .u. ui 

ce de la previsión mas ilcsconíjada. ^Qiiión hubieni ¡rhIícIo «n- 
er que los jefes de Guatemala prescindieaen de la 8uerte de la 
ciudad, de los intereses de sus familias, y aun fle sos pr ^ 
(las ])am satisfacer el {)dio ini¡>lacal)le que tienen á los )>: 
libemlesí Sin embai^u, la capitulación i»ni a|>ena« Hrnuula. man 



lio RESEÑA HISTÓRICA 

•^ do se distribuyeron á los soldados de Guatemala, efectos y va- 
'' lores pertenecientes al servicio público, que según la capitulación 
*^ debian sernos entregados. " 

2 — Una información se siguió militarmente para averiguar si los 
jefes vencidos hablan cumplido ó no sus compromisos, y el resulta- 
do fué adverso para estos. 

3 — Morazan con vista de ella, dictó la resolución siguiente: 

'' En la ciudad de Guatemala, á veinte de abril de ochocientos 
'^ veinte y nueve. 

'' Vista la información sumaria, mandada instruir con el objeto 
'' de averiguar la conducta que observó el Jefe de las fuerzas ene- 
''• migas que se hallaban en la plaza mayor de esta capital, el dia 
'' 12 del corriente, después que esta se rindió á los ejércitos aliados 
" por la capitulación celebrada en el mismo dia: deduciéndose por 
'* el mérito de lo actuado, que varios jefes y oficiales influyeron ac- 
'^ tivamente, á vista de su General, para que los soldados se retira- 
'' sen con sus armas á los pueblos de los Altos: considerando que 
'' las disposiciones de los testigos intachables que han declarado, 
^' son confirmadas con el hecho de no haberse entregado mas que 
*'' cuatrocientos treinta y un fusiles, de los mil quinientos qne exis- 
'■' tian entonces en manos de los que se hallaban en la plaza, como 
'' lo acreditan los estados del dia 8 de este mes, ad virtiendo tam- 
'' bien que esto lo haice mas indudable las actuales vejaciones que 
'' esperimentan los que transitan los caminos de estas inmediacio- 
" nes, en donde varias partidas de caballería é infantería, se hallan 
'• asesinando y robando: estando al mismo tiempo demostrada la 
'^ ocultación de armas por haberse entregado al Jefe de Estado ma- 
*' yor un número considerable de ellas después de reducidos á pri- 
'' sion los jefes que existían en esta plaza, sin haberse podido lo- 
•' grar antes, á pesar del bando publicado el 13 del corriente; y ob- 
*' servando, i3or último, que fueron inútiles las diferentes recon- 
*' venciones que con este objeto se hicieron á varios sujetos que te- 
*' nian interés en que se cumpliese la capitulación, he tenido á bien 
'* decretar y decreto: 

''1. ^ — La capitulación celebrada con los comisionados del jefe 
' ' A ycinena en concepto de comandante de armas de esta plaza, es 
'' en todas sus partes nula y de ningún valor y efecto. 

' ' 2. ^ — Que en consecuencia se haga publicar y circular esta de- 
•' claratoria para los efectos convenientes. 

Francisco Morazan.'' 

4 — La entrega de los efectos de ciertas tiendas que se hizo á las 
tropas de Aycinena el 12 de abril, y el desorden que esto produjo, 
fueron el medio de que los vencidos se valieron para ocultar el ar- 



DK CEXTUO-AMÉKIC'A 111 

mamento que reclamaba Morazan, y no i^asaron los cuatro comi- 
sionados del ejército sitiador para asegurarse del cumplimiento del 
artículo H. ^ de la capitulación, ni este tuvo efecto. 

5 — "No habiendo tenido mis reclamos para que se observase la ca- 
" j)itulacion, dice el general Morazan, ningún resultado favorable, 
'* espedí un decreto, en el que manifestaba los motivos que tenia 
" para no cumplirla por mi parte. El señor Arce ha querido incul- 
•' iDarme por este hecho en sus Memorias: en ellas pi*etende demos- 
'^ trar con los mismos estados que yo cito, el no haber habido nin- 
*' guna falta de parte délos vencidos. Si en dichos dos estados apa- 
-' rece un número de armamento casi igual, es [Marque en uno se 
•' comprendieron las armas inútiles que habia en el almacén, en tan- 
• • to que en el otro solo figuraban los fusiles útiles que se liallaban 
•• en manos del ejército enemigo. Varias i>ruebas podía aducir i»- 
-' m poner en un punto de vista mas claro el hecho á que me refie- 
I 1*' ro, si el tiempo, que todo lodescubre,no hubiera venido á justificar 
-' la conducta que observé en aquella vez, pi / iido como una 
'' pruel)a irrefragable el armamento que de lit- tas de la Cate- 

• ' dral de Guatemala, sacó Carrera á la vista de todos; el mismo 
•* que, en el año de 829 fué el objeto de mis reclamos, y la causa 
•' porque se anuló la capitulación. Mis hechoa posteriores acix^di- 
" tan que no tuve otras miras. Por el ai'tículo 6. ®de dicha capitu- 
'' lacion se garantiza la vida y propiedades de todos los individuos 
•' que existían dentro de la plaza. Esta era la única seguridad que 
-' se les daba. A nadie se castigó con la pena de muerte; ni se le 
•^ exigió, por mi parte, ninguna clase de contribución. La capitu- 
*' iulacion fué reUglosamente cumplida^ awi después ríe haberse 
'' derogado. La obligación cedió entonces su lugar á la geueixjsidad, 
*' y no tuve de qué arrepentirme. Y no se diga que faltaba s;iiigiv 
'^ que vengar, agravios que castigar, reparad < : njir. Entn> 

•' otras muchas víctimas sacriíicadas, los gen- '»uy Meri* 

*' no fusilados, el uno sin ninguna forma judicial, y arrancado el 
'' otro de un buque estrangero ])ara asesinarlo en lu • * 
•' San Miguel, pedían entonces venganza, así como lo- 
'^ y saqueos de los pueblos del Salvador y Honduras demamlaban 
*' una justa reparación." 

()- -''La ca])ituaci(m, dicerl ;iu;>.» .ii- la.^ .\iruiuii;i.- uf .hiiapa. era 
^' un contrato celebrado entiv Morazan y Ayeinena: aml>o8 eran 
*< partes, ninguno juez legítimo del oti'o**. La capitulación em un tro- 
tado entre dos <*jércitos lu'lígerantes por medio de sus j.»feí<. Km un 
contrato bilateral que llevaba implícita la condición i>»^hiliva, en 
caso de falta de cumplimiento. Cuando dos hv\ s odobmii 

una convtMicituí v uno falta x\ ella, el otro no esta .MM.-ult» a darle 
nnnpliniirnto. Vw tratado de guerní no es un contrato ivlebrodo 



112 EESENA HISTÓRICA 

entre dos particulares, y cuyas diferencias debe dirimir un juez de 
primera instancia. Las operaciones militares son rápidas, instantá- 
neas; las corona el arrojo y el valor. Introducir en ellas la demora 
y las formas del notariado, seria desnaturalizarlas. No solo las ca- 
pitulaciones sino los tratados de amistad, comercio, navegación y 
de otras clases, se rompen por la declaratoria de una de las partes 
contratantes, cuando para ello se cree que hay causa y motivos fun- 
dados. La historia de los últimos cuatro siglos abunda en ejemplos 
de este género. 

7 — El general Morazan termina con estas palabras: "Pocos dias 
después se comenzó á difundir en la ciudad la noticia de que se in- 
tentaba " No hay mas escrito: aquí terminan las Memorias: no 

dice Morazan lo que se intentaba; pero es muy sabido. Se intenta- 
ba una contra-revolución; y para ella se habia ocultado cuida- 
dosamente un armamento. Diez años después los serviles lo en- 
tregaron á su caudillo, y sirvió para derrotar á Morazan el año de 
4o y para que se perpetrara una matanza escandalosa de salvadore- 
ños á quienes no se dio cuartel. 

8 — En el número diez del Boletín Oficial, página 149, se hallan 
estas palabras: '*En el osario del convento de Santo Domingo, se 
han encontrado en estos dias porción de fusiles escondidos por los 
frailes cuando la ocupación de esta capital por el ejército de los li- 
bres. ^Y aun se querrá sostener que sus paternidades no tomaron 
parte en ia guerra ñ*atricida que tanto nos afligióf' 

9 — Dicen los serviles que sin la capitulación la plaza se habría 
defendido con honor, y en caso de que Morazan la hubiera tomado, 
habría sido con grandes pérdidas: que los males sufridos por ellos 
hubieran sido los mismos, y que se les quitó la honra de hacer 
una defensa hasta el último instante, destrozando gran parte de las 
fuerzas invasoras. Ellos olvidan que cuando don Mariano Aycine- 
da pidió que se suspendieran las hostilidades, Morazan contestó: 
''La posición en que me hallo, no me permite perder un momento, 
'' ni convenir en otra cosa que no sea la rendición déla plaza, o- 
'' freciendo que se garantizarán las vidas y propiedades de cuantos 
'* en ella existan." Olvidan los conseivadores que el general Mo- 
razan jamás accedió á otra solicitud: que Aycinena en nota de 12 
de abril le dijo: ''Estoy de acuerdo con las bases que Ud. fija en su 
primera nota, y esto quise decir en la mia última." Olvidan que el 
mismo Aycinena sin esperar respuesta envió á Morazan comisiona- 
dos para que entregaran la plaza sobre esas precisas bases. Olvidan 
que la capitulación no les dio otros derechos. No comprenden que 
idéntica habria sido su suerte si la plaza se hubiera tomado á vi- 
va fuerza. El general Morazan no hubiera fusilado á los serviles; 
pero siempre habria desterrado á los principales de ellos. El año 



UK (KX-UÍO-AMEIÍICA. jj 



<le 3^40 tomó ]a plaza jior asalto. En ella se apoderó rl^I o™, 

J parque que tenia Carrera, v su conducta^lZ,-?" "!f"**' 

prisión al general d..n Agusún GujS^yl ^'^ l^Z Ta" 

rrefortrS=o-eS^^^^^ 

v.^.^dolo.eo..atir .on la ',^r.r^:r^^-/Z^^ 



■^-^^ ■ 



CA^PITULO DPJCIMOTERCIO. 

SoIi.it.i.| (le la Municipalidad de Guatemala para ,,ii,. ,*c aumentara 
el número dtí los presos. 



SUMARIO. 
I -Edado de lo.? áninioSfT-2, Exposicim del ' . ¡cipal 



1-Kn a tuipital había exaltación. Muelxas de las familias veja- 
'las por Ayoinena .nanifesfal.an odio contra sus antiguos opresores 
y <i<iseo de v<íní.an/,a. La voz d.^ que se liabia o(u,ltado parte d.' 
mámente mfundió de.sconlianzíis. Se exa^emban los excesos . 
ridos por as soldados que con fu.siles salieron de la plaza autoriza- 
dos por el be(Metario del Gobierno y contra el texto literal de 1-, ■ 
pitulacion, y .se creía que em un ataque ala justicia v « la vi,. . 
ta puhhcu (pie se paseaian libremente por la-s calles v las pla- 
ñís lo.s lioiiihres mas ..om,,,,-..,,.-:.!.- d.-l prulid.. que a'cabal- ■ 

a-Kn esla sK.ia, ion la Municipalidad dirijióal Jefe dei«rtnnien- 

l:il la .•\|iiisi,.i,,ii sii;-iiieiilc: 



A/ V. Jtt/e d4ipar(ameu(<tl. 

¡II los mol 



-inentoH felices en que el sistema de libertad ha ;..... 
•• «lo frniiilar de los fiei-os (.prosoivs que intenUiivn «.breinmer-- . 
'• el. noesestrañoque una corprnicion compue.sta de hombres li 

ores, movidos dií su cein |iatriól!(ci, .h-hi,,. v ..y..;i.. .; i.. . , . i.. .. 



116 llESEXA IIISTÓKICA 

'' tención del Gobierno sobre algún incidente que puede ser de la 
^' mayor trascendencia, y que también se dirija al beneficio de la 
'' causa pública. Esta Municipalidad ha creído justamente liallar- 
' ' se en este caso al observar que muchos de los individuos que to- 
;' marón una parte muy activa en la guerra contra las institucio- 
'' nes libres que hablan jurado; que fueron jefes de la revolución; 
"' y que emplearon todo el resto de su criminalidad para sostenerse, 
'' se hallan hoy libres como unos espectadores impunes de los hor- 
"' rores y estragos que derramaron sobre el pueblo centro-americano. 
' ' La voz pública los condena sin cesar, y no deja de señalarlos con 
" admiración y sorpresa. A cada instante se perciben declamacio- 
" nes nacidas, no ya del deseo universal por el escarmiento en sus 
" personas, sino principalmente del temor que debe infundirnos su 
'^ oscura conducta habituada á la intriga, á la seducción y á toda cla- 
'* se de empresas revolucionarias. Si la seguridad del Estado y 
'' del orden han exigido que se capture á unos para iniciar sus 
'' correspondientes castigos, el derecho de igualdad reclama con 
'^ imperio la propia medida respecto de los otros que se hallan en 
" el mismo caso, y tal vez en mucho peor que algunos de los ya de- 
'^ tenidos. Nadie ignora que uno de los principios que mas corrom- 
'' pen y desmoralizan á un pueblo es la impunidad de los grandes 
" delitos, y muy particularmente de aquellos que se han cometido 
" contra las primeras autoridades y conti^ los poderes soberanos, 
" atacando de firme las leyes, el Gobierno, la seguridad, la propie- 
'^ dad y todas las garantías del orden social. Tal ha sido sin duda 
" la conducta de esos agentes del despotismo y de la tiranía, que 
'•' derramaron la sangre inocente de los patriotas, cuyos crímenes 
.^ ' ' eran el respeto á la ley, su amor á la libertad y su decidida obe- 
^^ ' diencia á las autoridades legítimas. Dejar tranquilos á esos hom- 
*' bres que en todas las épocas han abusado de la tolerancia para 
" sumergirnos en la miseria y en la bárbara servidumbre, seria dar 
" un ejemplo demasiado funesto, y esponer á un pueblo pacífico co- 
' ^ como el nuestro, á que con el tiempo se repitiesen en él las esce- 
'^ ñas pasadas, poniéndose en movimiento todos los resortes de sus 
'* arterias y maquiavelismo. Llegado es ya el caso en que este ve- 
^' cindario por tanto tiempo oprimido y sacrificado, disfrute al fin 
^' de alguna seguridad y confianza; pero será imposible lograrlo, 
^^ mientras se mantengan sus alevosos enemigos abrigados en el se- 
*' no de sus propias victimas. Una larga esiDeriencia, lecciones tan 
^^ claras como repetidas, nos han demostrado, á costa de mil sacri- 
^' ficios, que esos hombres han sabido sobreponerse aun en los tiem- 
*' pos en que la opinión general, la fuerza y el Gobierno abatía su 
'^ orgullo y reprimía su audacie. Tan justos motivos no han podi- 
" do menos que ocupar de preferencia la atención de esta Munici- 



DE CENTRO-AMÉRICA. 117 

'' imlidad, y acordar en virtud de ello, se dirija por medio de Ud. 
'^ la presente exposición al Gobierno del Estado, jíara que tomán- 
'' dolo en su alta consideración, se sirva dictar las providencias mas 
' ' eñcaces á efecto de que se proceda á recojer la multitud de agen- 
*' tes del gobierno revolucionario que acabó, y en su consecuencia, 
'' aplicarles por los medios legales el justo castigo á que se han he-^ 
^'•cho acreedores, y sin el cual no se concillará jamás la paz, la seiru- 
'' ridad y la confianza. Al dirijir á Ud. esta exposición, tenemos el 
*• honor de protestarle la sinceridad de nuestra consideración." 
I). U. L.— Guatemala, 14 de mayo de 1.^20. 

" José 3f aria Yelasco—Manuél Abarca — Nicolás José Arécalo. 
—Carlos Barr lentos— Fio Valido — José Antonio Saenz — Carlos 
Esquivel — José Maria Cáceres — Mariano Samayoa — Ricardo A- 

(juilar — Andrés Corzo, secretario. 



CA^T^ITULO DECIMOCl ^RTO. 

Ligera reseña de los principales sucesos de Centro-Aniérica, dnrante 
la í^iierra de Giuteniala v el Salvador. 



SrMARíO. 

1 — Decreto de eleccioTKus en i^an *^alca(/or — 2. Klcccion d' <:.>¡i ,\i< 
tonto José Canas — 3. Elección de don José María CuéHiJu A, 
Conducta de Cornejo con los pr i s tañeros de Mijicanos, — 5. Pusi- 
laiuieiito en Nicaragua del Jefe don Manuel Antonio de la Cer- 
da — 0. Fiitiiacioii de los pueblos de Nicarag-ua — 7. Reelección dr 
donjuán Mora en Costa Rica — .8 Nota de don Joaquín Bernar- 
do Cairo — 9. Costa- Rica reasume la plenitud de su soberania- 
10. Sifuarion del país respecto de loH partidos. 



I — El vice-jefe del Salvador Pmdo, dii» un dt»creto convocundo á 
los pueblos d('l Kstado á «deceiones. Diversos i^irtidos >• Mta- 

(jii en la arena, y el j)res¡dente Arce que e^staba «aido y . «eu 

la (dudad de' Santa Ana, aproveí»hando sus antiguan relae¡on«»s en 
San Salvadoi-, influía en las (deeeiones \\\\wi obtener el triunfo «It» un 
< andidato qu«» le futura favond>le. Kntonees AriH» .st» hallalm irriinib» 
eon los serviles que lo habían <lesjM)jado del mando, y aspiniba li 
un arreglo con los salvadonMios que lo eolorára otra vez al frenl*» de 
(.entro- América; ideas que <l<»n Manuel .losó acarició hasta que, np. 
(lucido á prisión el V>\ de abril \M^Y el K<*tH»nd Moraxjín, vio de?!va- 



120 ÜEr^EXA HISTÓRICA 

necidas sus ilusiones.. Prado era incapaz de transijir con Arce,, y ei 
odio de este se encendia mas á cada instante, contra el vice- Jefe sal- 
vadoreño. Prado ordeno qne Arce saliera del territorio del Salvadox- 
y se le condujo liasta el rio de Paz ("'^'). 

2 — Después de reñidos combates electorales, resultó electo Jefe^ 
don Antonio J. Cañas, iDersona que en concepto de algunos, na lle- 
naba las exijencias de la época. Sus adversarios alegaron que el de- 
creto de convocatoria solo podia ser emitido por la Asamblea 6 por- 
el Consejo Moderador, y que habiendo sido dictado únicamente jmr 
Prado, . liabia nulidad según la Constitución. Otras muchas faltsís 
se alegaron contra la elección de Cañas, y al fin se declaró nula. 

3 — ün nuevo decreto de convocatoria se dictó conforme á la Cons- 
titución. Se hicieron elecciones según él, y resultó electo don José 
Maria Cornejo, quien tomó posesión del mando en enero de 1829„ 

4—" El Jefe deJSan Salvador don José Maria Cornejo, dice el ati- 
'' tor de las^: Memorias de Jalapa, pudo en ésta vez manifestarse 
'' con los prisioneros, como le dictaban sus buenos sentimieBtos.. 
*' Desde San Salvador prodigó la subsistencia á muchos de los pre- 
'' sos que fueron de G-uatemala en una indigencia lastimosa; y, á 
'' los que estaban en el mismo San Salvador, los habilitó para ha- 
'' cer el viaje hasta Sonsonate, haciéndolos conducir con decoro ba~ 
" jo la custodia de un Jefe de moderación, que los trató cor las 
" consideraciones correspondientes, hasta entregarlos al teni«ínte 
'' coronel Castillo." 

5 — Marure en el capítulo XI del Bosquejo Histórico, refiere la 
pugna entre el jefe del Estado de Nicaragua, don. Manuel Anto- 
nio de la Cerda y el vice- jefe don Juan Arguello, hasta la caida de 
éste, á consecuencia de una revolución que le hizo Ordoñez. Cerda 
era uno de los hombres mas recalcitrantes que ha tenido Centro- A- 
mérica. Pruébalo un célebre bando que publicó el 25 de mayo de 
1825. En él manda que no se escriba concejjto alguno, que no esté 
conforme con los preceptos religiosos: que se quemen todos los I\~ 
bros que la iglesia prohibe: que no se permitan los bailes, paseos j 
músicas á deshoras, cualquiera que sea el pretesto que los promue- 
va: que nadie dé hospedaje á ninguna persona que no conozca hiejí^ 
ni se camine j)or el interior del Estado sin el correspondiente pasa- 
porte. Basta esto para comprender que Cerda era amigo íntimo de 
Aycinena, y que este Jefe lo sostenía á todo trance. Alarias ve ces^ 
se mandaron recursos de Guatemala, para apoyar á Cerda, ]^X)r me- 



(*) Véase el capítulo sétimo, núm. 5 ele este libro. 



DE O EXTRO- AMÉRICA. 121 

dio de un tal Fio ejosé Gómez y de otros ajentes. Arguello, denun- 
(íió la liga de los hombres de 26, con el partido que representaba 
en Nicaragua el jefe Cerda. La caida de Arguello á consecuencia 
de la revolución que le hizo Ordoñez, no fué, sin embargo, favora- 
ble para los serviles, porque los jefes y oficiales que á las órdenes 
del mismo Arguello militaban, se unieron al general Morazan y con 
eüos se obtuvo el triunfo de la Trinidad. La ventajosa i^osicion que 
á esos jefes daba la victoria, colocó al vice- Jefe en posición de vol- 
verse á apoderar del mando en Nicaragua, de formar consejo de 
guerra á Cerda y de hacerlo x)asar por las armas. Fué una desgra- 
cia para aquel Estado y para Centro- América, que Arguello cuyas 
ideas eran indudablemente progresistas, hubiera manchado su bio- 
grafía con repetidos actos de crueldad. 

6 — 8e aspiraba á que una Asamblea nuevamente electa, pusiera 
fín á la guerra; pero no todos los pueblos aceptaban el decreto de 
convocatoria. Resistía Managua y otras poblaciones de Segovia. 

7 — iMientras todo Centro-América se conmovía, Costa-Rica se ha- 
llaba en x)az. Don Juan Mora qu« por elección popular era Jefe del 
Estado desde el mes de setiembre de 1824, terminó su i^eriodo cons- 
titucional y fué reelecto por unanimidad de sufragios de todas las 
electorales. 

8 — Una circular del ministerio general de Costa -Rica, pone de ma- 
nifiesto la regularidad y el orden que en aquel Estado reinaban. 
Dice así literalmente: 



"MI NI STERIO GENERAL 
DEL GOBIERNO DE COSTA-RICA. 



Al (1. MííhUtro r/e)}.eral (JH (iohit^ruo ¡Supremo del E>if'"7ní7i> Gun- 
teviala. 

Cumpliéndose en el Estado el período constitucional jiara la re- 
novación de las Supremas Autoridades, y verificadas las tdecciones 
(jonforme á la Ley, se instaló la Legisla tuiu el primero del corrien- 
te, y practicado el escrutinio y regulación de votos para los otros 
poderes, por decreto del 2, ha declarado reelecto por unanimidad 
de sufragios de todas las electorales pai*a jefe de Estado, al mismo 
que lo era, el C. Juan Mora, (piien, como los demás electos pam el 
Poder Conservador y Judicial, han tomado ]K)sesion de susdestinso, 
prestando el juramento de estilo, el domingo ocho del corriente. 



122 KESENA IIÍSTÓKICA 

Estos actos que son el fruto de la X)az y del orden intevior, ofre- 
cen un testimonio solemne de la armonía y concordia de sentimien- 
tos que reina en el pueblo de Costa-Rica, no menos que de sii amor 
y decisión por la conservación de sus instituciones. 

Con tan plausible motivo, mi Gfobierno se congratula de x>i"<^<^^'^- 
tar de nuevo al de Ud. sus votos por la paz, por la unión y pros]3e- 
ridad entre todos los Estados de la República, y de ofrecer á este 
intento y el de restablecer el orden constitucional en ella, su coope- 
ración por todos los medios armoniosos y fraternales como lo ha pro- 
curado hasta ahora aunque en vano. 

Al manifestarlo á Ud. de su orden para conocimiento de su (to- 
bierno, tengo la honra de renovar á Ud. las seguridades de mi con- 
sideración y aprecio. 

I). U. L. 



San José, marzo 12 de 1829. 



Joaquín Beniardu ('aleo. 



9 — El 1. ^ de abril de 1829, se ignoraba en Costa-Rica, cuál seria 
el desenlace de la guerra entre el Salvador y Guatemala. No habia 
entonces un Gobierno federal lejítimo. Arce estaba destituido de 
hecho. Beltranena sin ninguna misión legal se decia Presidente. El 
Estado de Honduras no le obedecía. Tampoco le obedecía el Salva- 
dor ni una gran parte de Nicaragua. Su autoridad estaba limitada 
al recinto de las fortifícaciones de Guatemala. Allí deseaba contin- 
gentes de hombres y dinero para sostener una lucha desesperada. 
Costa-Rica no podia mandar estos contingentes, porque era preciso 
que atravesaran toda la América Central sublevada. Su envió habría 
sido aprovechado por los invasores de Guatemala, como los recur- 
sos que enviaba Aycinena á Mejicanos lo fueron por los salvadore- 
ños que atacaban aquella plaza. Costa-Rica, ademas, habia mani- 
festado sus deseos de paz y regularidad en comunicaciones. I)ar 
un auxilio de hombres y dinero á un Gobierno agonizante, habría 
sido prolongar la lacha inútilmente, y alejar el dia deseado de la 
calma. Aquel Estado por medio de su Asamblea lejítimamente 
constituida, dio un decreto en que reasume la x)lenitud de su sobe- 
ranía y se declara en ejercicio de ella, sin sujeción ni responsabili- 
dad, mientras se restablecieran las supremas autoridades federales. 
En enero de 1831 fué derogada esta disposición, conocida con el 
nombre de Ley ApriUa^ y en consecuencia devueltas las ninfas fe- 
derales y reconocidas las autoridades de la nación. 

10 — Don Juan Mora, era, sin tener nada de rojo, esencialmente 
liberal. Amaba la regularidad y los principios progresistas, y jamás 
se desvió del texto literal de la Constitución ni de las leves. No 



DE CENT no- AMÉRICA. 123 

^o aiTediaba el peligro, y sus discursos eran igualmente enérjicos 
i»n un círculo de amigos, que enfrente de soldados armados que lo 
amenazaran. Don Diego A^ijil que mandaba en Hondui-as, en cali- 
dad de vice-jefe, pertenecía á los liberales, y debia su posición /i la 
derrota de Milla y al triunfo de Morazan en el Cerro de la Trinidad. 
Cornejo se inclinaba á los serviles, ijoable es la conducta que obser- 
vo con los presos en San Salvador. Ellos lo elojian con justicia; pe- 
ro callan intelijencias secretas que con él tuvieron. Cornejo maqui- 
naba contra Morazan, y sus jjlanes, como sucesivamente se irá vien- 
do, fueron en escala ascendente hasta el 28 de marzo de 32. 



LIBRO SEGUNDO 



<30NTIiS' [AX LOS SUCESOS ACAECIDOS DESDE LA REINSTALACIÓN DE 

LA ASAMBLEA Y EL CONGRESO, DISÜELTOS EL AÑO DE 26, HASTA QUE 

SE RINDIÓ EL CASTILLO DE OMOA EL DE 832. 



C;^I^ITtJI.O I^RIMERO. 

Keiustalacion <le la Asamblea del Estado de Guatemala. 



SUMARIO. 



--'Dijli'ulkid df' (utn serrar los triunfos políticos— "2. Lo que duró 
el poder de los liberales— *^. Disposiciones dictadas por el fjtnt' 
ral Morazan — 4. Artículos de la Constitución del Estado — 6. Lo 
que dicen los sermles contra la reaparición de la Asamhlea— 
iS. Lo que contestan Im liheralrs 7. f)i>s, rpacianes—S. Jíeinsta- 
lacion de la misma Asamblea. 



. 1 — Mas difícil «'s conservar un triunfo ixdiiifo 4110 ()l)teni*ri<». Ki 
<iia de la victoria todo es [>huvr y júbilo. Kl tmns('ui*so del tiemix> 
<f^nervu los nnimos y abre paso á las reacciones. Todos aplauden al 



126 KESEÑA HISTÓKU A 

vencedor en los primeros dias de su dominación. Unos con la espe 
ranza de dirijiíio sin que comprenda sus maquiavélicas maniobras; 
otros por obtener empleos y preeminencias. Los que al nuevo gober- 
nante se acercan para guiarlo según sus fines, de él se separan in- 
mediatamente que se ven burlados, y se colocan en las ñlas de la 
oposición. Los que sin méritos ni grandes sacrificios en favor de la 
causa que ha triunfado, no obtienen las anheladas preeminencias, 
se convierten en implacables enemigos, y solo queda un corto núme- 
ro de hombres leales, que como Beltran, el bravo granadero, estén 
dispuestos á no abandonar á su jefe en el infortunio. 

2 — Los vencedoros en 1829 pudieron, sin embargo, mantener su 
triunfo 10 años. Esta década es una incesante lucha con los reac- 
cionarios. El 18 de abril de 1829 el general Morazan entro triun- 
fante á la plaza mayor de Guatemala. El 13 de abril de 1889 ocupó 
la misma plaza el general Carrera. 

8 — Morazan desde el dia del triunfo de sus armas ejerció provi- 
sionalmente todos los poderes; pero al instante (.'onvocó el Congreso 
y el Senado disueltos el año de 26, é hizo trasladar á Guatemala la» 
autoridades que se hallaban en la Antigua. 

4 — La Constitución del Estado dice: 

"Art. 86 — La Asambloa se renovará cada año por mitad, y los mis- 
mos representantes podrán ser reelectos una vez sin intervalo alguno. 

Art. 87 — La suerte designará en la primera lejislatura los repre- 
sentantes que deben salir, y en las siguientes se verificará la reno- 
vación eH los de nombramiento mas antiguo. 

Art. 88 — La Asamblea se reunirá todos los años en la capital del 
Estado el dia primero de febrero, y sus sesiones ordinarias duramii 
tres meses. La primera iQJislatura podrá prorogarse por otros cua- 
tro meses; las demás no podrán hacerlo sino por un mes, y con el 
acuerdo de las dos terceras partes de los diputados presentes." 

5 — Dicen los serviles que, según estos artículos, el año de 26 de- 
bió renovarse la mitad de los individuos de la Asamblea y del Con- 
sejo representativo, y el año de 27 la otra mitad: que el año de 28 
ninguna misión legal tenian ya los diputados. y consejeros de que se 
trata, y que, reunidos en 1829 aquellos mismos hombres, no repre- 
sentaban al Estado, ni eran mas que una reunión de usurpadores de 
la autoridad ijública. Don Manuel José Arce, don Manuel Montúfar 
y don Juan José Aycinena repitieron estos argumentos hasta la sa- 
ciedad. 

6 — Los liberales contestaban que Arce puso imi)edimento á 
los diputados y consejeros [)ara ejercer libremente las funcio- 
nes á que los llamaba el pueblo: que disolvió de hecho la Asam- 
blea y el Consejo, y persiguió á muerte il muchos dix>utados y 
consejeros: que esos atentados no solo eran delitos sino crímenes de 



I 



1)K CENTRO-AMÉRICA. 127 

lesa patria: que en virtud de estos crímenes convocó á elecciones in- 
firiéndose indebidamente en asuntos que solo correspondían al Es- 
tado de Guatemala, y que con las armas en la mano hizo triunfar 
a los candidatos serviles. Agregaban los liberales que la Constitu- 
(•ion del Estado supone que en el tiempo que preñja han ejercido li- 
l)i'emeute sus funciones los diputados y consejeros, y que los dias de 
opresión y despotismo en que no pudieron reunirse no corrieron pa- 
ra ellos. 

7 — Dejemos las teorías para ir á la esencia del asunto. Después 
del VS de abril de 29, todo estaba á las órdenes del partido vence- 
dor. La Municipalidad de Guatemala y otras muchas del Estado 
felicitaban al general Morazaii. Cabildos abiertos lo colmaban de e- 
íogios. Si se hubieran hecho nuevas elecciones de diputados y con- 
>^ejeros, estas habrían dado un resultado eminentemente satisfacto- 
rio para el vencedor, y fatal para los serviles. Entre los diputado8 
y consejeros del año de 26 habia muchos que no satisfacían los de- 
seos del j)artido dominante. Con nuevas elecciones, estos hubiei-an 
j quedado eliminados, y sus sillas se habrían ocupado con los hom- 
bres mas exaltados contra Aycinena, y mas ofendidos por sus me- 
didas violentas y sanguinarins. ;^Qué habrían adelantado los servi- 
les con nuevas elecciones!! Xada, absolutamente nada. Habrían per 
dido mucho. Sin embargo, atribuyen las disposiciones que contra e- 
]()s se dictaron, á la reaparición de las autoridades de 820. 

8 — La Asamblea disuelta aquel año se reinstaló en abril de 29. A 
su apertura concurrió el jefe provisional don Mariano Zenteno, por 
Tío haber regresado de su destierro don Juan Barrundia. Barrundia, 
á instancias del general !Morazan, y en cumplimiento de un decreto 
de la misma Asamblea, tomó el mando del Estado el último de abril, 
y íí Zenteno se dieron gracias espresivas por el imtriotísmo y abne- 
,2acion con que sirvió en los dias memorábales de peligro y prueba. 



/ 



C^FITULO SEGUNDO. 

Decretos de la Asamblea y otras disposiciones relativas á los vencidos 



SUMARIO. 

1 — Se condecora al general Morazan — 2. Se condecora á Prado — 
3. Decreto de 4 de junio — 4. Observaciones — 5. Otro decreto de la 
misma feclia — 6. Decreto dictado por la Asamblea del Salcadoi\ 
— 7. Protesta de Arce — 8. Protesta de don Antonio José Irisar- 
7% don Manuel y don Juan Montvfar — 9. Jactancias de Iri- 
sarri — 10. Llegada de dos comisionados del Salvador — 11. De- 
creto de 30 de abril — 12. Renuncia de don Juan Barrundia. 



1 — El 30 de abril la Asamblea espidió un decreto en que declara 
ul general Morazan benemórito de la patria, y lo condecora con una 
medalla de oro. Igualmente se ordena se haga un retrato do cuerpo 
entero de Morazan y se coloque en el salón de sesiones. 

2 — Otro decreto de la misma Asamblea condecora al vice-jefe del 
Salvador, don Mariano Prado, por su íirnuv.a republicana y por su 
valor y i)erseveran(*ia durante la (•am[)aria. 

3 — En 4 de junio se emitió el decreto siguiente:" 

''La Asamblea lejislativa del Estado de Ctuatemala, considerando: 
que el mismo Estado es independiente y soberano en su gobierno in- 



130 ' . liESEXA JIISTORICA 

terior: que el Presidente de la República, sobreponiéndose á la ley 
y traspasando los límites de sus atribuciones, disolvió por la fuerza 
lasléjítimas autoridades en el año de 826, y convocó á nuevas elec- 
ciones: que no obstante la nulidad de los jueces y magistrados que 
funcionaron en la época de la revolución, se seguirían graves incon- 
venientes si el cuerpo lejislativo no subsanase los actos judiciales 
emanados de aquellos tribunales ilejítimos, ha tenido á bien decre- 
tar y decreta: 

^'1. ^ — Se declaran nulas y contrarias á las leyes fundamentales 
de la República y del Estado, las elecciones celebradas en virtud 
del decreto anti-constitucional del Presidente de la República de 
81 de octubre de 826 y los siguientes de 27 y 28." 

''2. ^ — En consecuencia, se declaran revolucionarios y usurj^ado- 
res de la soberanía del Estado, todos los que en virtud de tales elec- 
ciones ejercieron los poderes lejislativo, moderador, ejecutivo y ju- 
dicial en los años de 27 y 28 y parte de 29." 

''3.^ — Estos funcionarios, y todos los que en la época referida 
coadyuvaron con actividad á sostenerlos, son reos de alta traición, 
y como tales, acreedores á la pena cai)ital." 

''4*. ^ — Son nulas y de ningún valor las determinaciones que con 
el nombre de leyes, decretos, órdenes, acuerdos, providencias y re- 
glamentos, hayan sido dictadas por estos poderes intrusos, y que- 
dan en su vigor y fuerza las .emitidas por las lejítimas autoridades 
hasta el 13 de octubre de 826." 

' '5. ^ — Se han por válidos y subsistentes los actos emanados de 
la corte superior y jueces de 1 =^ instancia en lo civil y criminal en 
todas las causas, con escepcion de las que versan sobre materias 
políticas; pero quedan espeditos á las partes en las causas puramen- 
te civiles, los recursos de nulidad é injusticia notoria, debiendo cor- 
rer el término designado por la ley desde la publicación de este de- 
creto." , ^ 

' 'Comuniqúese al Consejo representativo para su sanción. — Dado 
en Guatemala, á 4 de junio de 1829 — Eusehio Arzate, diputado pre- 
sidente — J. Gregorio Márquez^ diputado secretario — Qidríno Flo- 
res^ diputado secretario." 

"Sala del Consejo representativo del Estado de Guatemala, en la 
corte, á 12 de junio de 1829 — Al Jefe del Estado — Mariano Zente- 
)io^ vice-presidente — José M. Santacruz — M. Julián Ibarra — José 
Bernardo Escobar^ secretario — Guatemala, junio 13 de 1829 — Por 
tanto, ejecútese — Juan Barrundía — Por disposición del P. E. — 3fa- 
riano Galvez.'' 

4 — La redacción del artículo tercero dio lugar á suponer que la 
Asamblea se constituía en tribunal, y que dictaba leyes retroacti- 
vas. La mente de esa disposición es declarar que las personas de que 



DE CERTKO- AMÉRICA. 131 

se trata quedaban sujetas á las leyes preexistentes que ' imponían 
X)ena de muerte y que para inflijir el castigo, debia preceder un jiti- 
cio, lo cual queda aclarado por otro decreto de la misma fecha. *Res- 
X^ecto de los procedimientos, bien puede una ley tener efecto retro- 
activo. Benthan divide las leyes en sustantivas y adjetivas. Las pri- 
meras establecen los deberes, los derechos y las obligaciones, y ja- 
más pueden mirar hacia atrás, ó tener efecto retroactivo-. Las segun- 
das hablan del orden de enjuiciar, y se aplican á hechos pasados y 
;i juicios jDendientes. 

o — En el mismo dia la Asamblea dicto un decreto de amnistía i^e- 
vo con es tensas escepciones. Dice así: 

"La Asamblea lejislativa del Estado de Guatemala, consideran- 
do: que la vindicta pública, la seguridad y tranquilidad del mismo 
Estado demandan imperiosamente el castigo de todos aquellos que 
en los años de 1826 hasta el presente, atentaron contra el orden pú- 
blico usurpando los altos poderes, y de los que con mas actividad 
y enerjia, coadyuvaron á sostenerlos y fomentaron la revolución y 
A trastorno general, llevando por todas partes con el incendio, la 
guerra, asesinatos atroces y violentas exacciones, el terror y la desor 
lacion: que por otra parte es conveniente y necesario pam el resta- 
]:)lecimiento del orden y consolidación de la paz, el olvido y per- 
don general en favor de los demás que en alguna manera cooi>era- 
j'on y se complicaron en In misma revolución; ha teni'lo v "'••"m '"í*-- 
cretar y decreta:" 

"1. ^ — Se concede una amnistía é indulto general á todos ios ha- 
bitantes ¿lel Estado que cooperaron á la revolución desde el año de 
826 hasta el presente, 6 tomaron las armas á favor de los intnisos." 

"2. ^ — Quedan excluidos de esta gracia: 

"1. ^ — Los que usurparon y ejercieron los poderes lejislativoy 
moderador en los años de 827, 28 y parte de 29.** 

"2. ^ —Los que en la misma época usurparon el Poder Ejecutivo 
y sus secretarios." 

''3."^— Los concitadores del pueblo de Quezaltenango un i\'> \\e 
octubre de 826, y los que ejecutaron la muerte del vice-jefe Cirilo 
Mores." 

"•4:.^ — Los que inñuyeron inmediatameni'' ^ii la .süble>.iwv-.i v.. 
la fuerza de.Verapaz contra los jefes políti^-o y militar, y los que de 
la misma manera influyeron en los asesinatos de Malacatan y loa 
que los ejecutaron." 

''5 o._Lqs que votaron pena de muerte en causas políticas, y Vv^ 
que han cometido asesinatos fríos. " 

«'6. <="— Los que funcionanm como jefes políticos, jeiVs iu¡Iif:ii'*^, 
inspectores, auditores de guerra, individu(»s del consejo inilitai > 
prefectos de policía." 



VS2 KESEXA HISTÓllICA 

^*7. ^ — Los españoles y demás estrangeros naturalizados no com- 
prendidos en las escepciones anteriores, que hayan tomado armas, ó 
manifestado con hechos espontáneos su adhesión á la causa de los 
usur];)adores. " 

^'3. ^ — Todos los contenidos en el artículo anterior, serán juzga- 
dos y sentenciados con arreglo á las leyes de la materia." 

^'4.^ — Ningún juez podrá escusarse del conocimiento de estas 
causas, bajo la pena de quedar privado de su empleo é inhabilita- 
do para obtener otro, ni ]3odrá ser recusado por el reo, sino en el 
caso de parentesco dentro del cuarto grado, 6 por enemistad con- 
íraida por asuntos particulares." 

"o. ^ — Los jueces deberán sustanciar y fenecer dichas causasen 
2)rimera instancia dentro de veinte dias, en segunda dentro de quin- 
ce, y en tercera dentro de doce, perentorios é improrogables, dándose 
cuenta á la Asamblea, y en su falta al Consejo, de haberse verifi- 
cado así por los jueces, cada uno al espirar su término respectivo." 

' '6. ^ — Los reos ausentes si no comparecieren dentro "del término 
de veinte dias contados desde la publicación de este decreto, serán 
juzgados y sentenciados en rebeldía." 

''7. ^ — Eljuezqueentorp:ciere el curso de una 6 mas causas, no 
desempeñare fiel y legalmente sus funciones, 6 fuere sobornado' para 
obrar en contravención al presente decreto, á mas de incurrir en 
las penas del art. 4. ^ , será confinado i3or dos años al castillo de San 
Felipe." 

^'8. ^ — Son comprendidos en la amnistía los empleados públicos 
que habiendo continuado en sus destinos ú obtenido otro durante 
la revolución, los sirvieron sin haber cooperado con actos positivos 
al sostenimiento del gobierno intruso. " 

''9 — Son igualmente comprendidos en ella los que sin embargo de 
haber infinido y coadyuvado á su permanencia, hayan desertado 
de su facción, ó prestado servicios conocidos para el restablecimien- 
to del orden y de las lejítimas autoridades; pero si alguno, sin em- 
bargo de estar comprendido en la gracia del indulto, ejecutase de 
nuevo actos en favor de los intrusos, se tendrá por no indultado, y 
será juzgado por los jueces por sus hechos anteriores y posteriores." 

'^10. ^ — Todos los individuos que i;)or este decreto están esceptua- 
dos del indulto y deben ser juzgados, si quisiesen renunciar esta 
garantía y ser de hecho espatriados, ocurrirán dentro del término 
de diez dias de la publicación de esta ley, al gobierno, quien lo con- 
cederá designándoles un punto de confinanv.ento que no sea de esta 
Reiniblica, ni de la mejicana, ^debiendo verificar su salida dentro 
d^ quince dias. 

''11 — jS'o podrán renunciar al juicio los contenidos en las escepcio- 
nes segunda, tercera, cuarta y quinta del art. 2. ^, ni los que fun- 



DE CENTIÍO- AMÉRICA 18:^ 

oionaron como couiimdantes geneiules en]arp:)ca de la revolución." 

"12. ^ — Los españoles y demás estrangeros no naturalizados qii-^ 
hayan tomado armas 6 manifestado con hechos esj>ont*nieos su ad- 
hesión á la causa de los usurpadores, serán espulsados perpetua- 
mente del territorio del Estado dentro de ocho días de la publica- 
ción de este decreto; solicitando el gobierno del congreso fedeml 
tan luego como esté reunido, haga estensiva esta providencia á fu»'- 
ra de la República." 

"13 — El Gobierno dispondrá que todos los que de cualquiera ma- 
nera fueren espatriados ó espulsados, costeen de su cuenta los gas- 
tos de custodia y fletes de buques, dejando ademas en áei^ósito en 
la tesorería del Estado, una tercera parte de sus bienes para amorti- 
zar la deuda contraída por el mismo Estado en la revolución." 

"14 — Todos los comprendidos en las escepciones primera, segun- 
da y sesta del artículo 2. ^ y ademas los jefes de rentas nombrados 
después del 28 de octubre de 826, devolverán. á la tesorería los suel- 
dos que como funcionarios hayan pe:cibido hasta "^ V^ '"^^ nbril d^^l 
presente año." 

"lo — El Gobierno usará, con acuerdo del consejo, por quince dias, 
de la facultad económica gubernativa, para hacer salir del Estado 
6 de un domicilio á otro por término designado, á toda clase de per- 
sonas, que no hallándose escluidas de la amnistía é indulto gene- 
ral, se hayan distinguido en la época de la revolución en atropella- 
mientos, allanamientos de casas, y en haber prestado auxilios es- 
X)ontáneos y obrado activamente en favor de la causa de los in 
trusos. r 

"16 — ^e faculta al Gobierno para que en cualquier caso en qu»' 
la permanencia de alguno 6 algunos de los reos sujetos á los jui- 
cios, amenace peligro á la tranquilidad y al orden público, dispoii- 
ga inmediatamente su salida de acuerdo con el General en Jefe, fi- 
jándoles el punto y término de su conlinamiento, sin p»M'juicio de In 
pena que deba imponérseles por sentencia judicial." 

17 — Quedan fuera de la ley todos los que habiendo >id(> r.spairia 
dos i)erpét ñámente volviesen al territorio del Estado, y así misni*» 
los que habiéndolo sido temporalmente, volviesen á él antes d- 
piral' el término de su espatriacion." 

''18 — El Gobierno acompañará á este decreto una lista nomina! 
de los que, con arreglo al artículo 12, deban ser espulsados del ter- 
i'itorio del Estado." 

"Comuníípic.se al cuerpo representativo i)ara .su .sanción. — Dado 
en Guatemahí, á 4 de junio de íS20--J')tfS('bio Arzaft\ d¡putad<» 
X)residente" ./. (fregar i o Márquez^ diputado secretario -Qttirino 
Flores^ diputado vice-secretario." 

"¡Sala del consejo -representativo del Estado de Gnateninla en la 



134 llESEIs^A IIISTÓEICA 

CJorte, á 12 de junio de 1829 — Al Jefe del Estado — Mariano Zen- 
i^no^ vice-presidente — .7. liaría Santa Cruz — M. Julián Ibarra— 
José Bernardo Escobar^ secretario. — Guatemala, junio 13 de 1829. 
— Por tanto: ejecútese— ,/?/«??. Barrundia — Por disposición del P. 
E. — Mariano Galvez. " 

6 — En San Salvador mandaba Cornejo, persona muy adicta á los 
si^rviles. Sin embargo, él no pudo evitar que se dictara el decreto si- 
guiente: 

-'La Asamblea ordinaria del Estado del Salvador, que lia mani- 
festado constantemente sus deseos por la organización de la Pepú- 
blica, considerando: 

■"1. "^ — Que muclios de los individuos que comj)onen el actual 
congreso federal, son complicados en las causas que motivaron el 
tj^storno de la nación y de la guerra desastrosa que por mas de dos 
años aflijió á los centro-americanos." 

^'2. ^ — Que acaso será imposible la reunión del mismo congreso 
para que dé la convocatoria de nuevas elecciones y de^DOsite el Po- 
der Ejecutivo federal, pues hasta la feclia no se lia logrado, ni aun 
fíe tiene noticia de que se haya reunido la junta preparatoria." 

^'3. '^ — Que la Asamblea del Estado de Guatemala ha tomado co- 
nocimiento y trata de pronunciar sobre los autores de la revolución." 

"^'4. ^ — Que está declarada nula la capitulación, en virtud de la 
cual se rindió la plaza de Guatemala. " 

"^'5,^ — Que es un deber de los Estados federados, procurar por 
cuantas medios estén á su alcance, el restablecimiento del orden; ha 
tenido á bien decretar y decreta: 

'^'l. ^ — Nombra de su seno do^ comisionados para que manifiesten 
á las autoridades federales, á las del Estado de Guatemala v al 
¿¡general Francisco Morazan, los votos del Estado del Salvador, y 
representen jjara que sean cumplidos estos mismos votos, que son 
los contenidos en los artículos siguientes." 

^'2. '^ — El Congreso federal debe circunscribir sus tareas, á dar la 
convocatoria para las elecciones de los funcionarios federales, hjar 
el lugar de la residencia del Congreso fuera del Estado de Gfua te- 
mala, y depositar el Poder Ejecutivo federal. 

''3. ^ — Si el Congreso tomase conocimiento en otras materias que 
las contenidas en los artículos anteriores, el Consejo convocará á la 
Asamblea, sin dar entre tanto el Gobierno del Estado, pase á reso- 
lución alguna." 

''4. ^ — Si el dia 15 del próximo julio no se hubiese aun reunido 
rl Congreso federal, el Gobierno faculta al general Morazan x^ara que 
en su nombre invite á los Estados de la Union á fin de que iDrocedan 
á nuevas elecciones." 

^'o. ^ — Dentro este tiempo ejercerá el Poder Ejecutivo el senador 



DE CEÍ^TKO-AMEKICA. 135 

mas antiguo, sin otras atribuciones que activar la reunión del con- 
greso por medio de las nuevas elecciones." 

' '6. ^ — La Asamblea del Salvador no reconoce en la del Estado 
de Guatemala, facultad para indultar, sin anuencia de los Estados. 
íi los facciosos trastornadores del orden público." 

"7. ^ — Declarada nula la ca^jitulacion celebrada entre el general 
Morazan y Mariano Aycinena como comandante de la fuerza que 
existia en la plaza de Guatemala, los presos son verdaderos prisio- 
neros de guerra de los Estados aliados^ y por lo mismo svjetos á 
la jurisdicción militar de los mismos Estados.'' 

' '8. ^ — La Asamblea del Estado del Salvador excita á los otros 
Estados de la unión á fin de que secunden sus deseos. Con este ob- 
jeto; el Gobierno comunicará á los mismos Estados el presente de- 
creto." 

"9.^ — Los comisionados, ademas de procurar que tengan cum- 
X)limiento en su caso los artículos anteriores, se arreglarán á las ins- 
trucciones que por separado se les darán." 

''10 ^ — Los comisionados darán cuenta á la Asamblea, del resul- 
tado de su misión en su próxima reunión — Pase al consejo— Dado 
en San Salvador, á 9 de junio de 1829 — 3Iariano Funez^ diputado 
X)residente — José María Silva, diputado secretario — Domingo Ka- 
jarro, Diputado secretario — San Salvador, 10 de junio de 1829 — Pa- 
se al Jefe del Estado — José A. liodriguez, consejero presidente— 
Isidro Reyes, secretario. — Por tanto, ejecútese — Lo tendi'á enten- 
dido el secretario general, y dispondrá se imprima, publique y cir- 
cule — San Salvador, 11 de junio de 1829 — José María Cornejo — Al 
C. José Félix Quiroz." 

7 — Don Manuel José Arce dirijió al general Morazan una protes- 
ta virulenta. En ella liace cargo al vencedor de cuanto se practica- 
ba en la República contra la opinión del ex-Presidente. Arce se jac- 
ta en sus Memorias de haber tenido valor para dirijir esa protesta 
á un tirano. El ex-Presidente, que no comprendía bien niuclias co- 
sas, no se fijo en que los tiranos no soportan ese lenguaje. Si Arce 
liubiera dirijido su protesta al general Carrera, el protestante ha- 
bría sido decapitado como lo fué Corzo en los Altos, y de su cadá- 
ver se habría hecho befa, como se hizo befa del cadáver de Corzo. 

8— Don Antonio José Irisarri, don Manuel y don Juan Montúfar 
hicieron una ju'otesta ante la Asamblea y el Gobierno del Estado 
del Salvador, ante las Asambleas de todos los Estados de la l'nion, 
ante el general Morazan, ante todas las llepúblicas de América y 
ante todos los pueblos libres del mundo. P^sa i)rotesta está redacta- 
da por Irisarri; lo que equivale á decir que su lenguaje es puro y 
castizo, que no tiene tacha en la dicción, que es virulei^íísinia y que 
«11 ella dominan los sofismas y las apariencias de una acendmda 



136 KE8EXA HISTÓRICA 

moralidad. Irisarñ no era militar, aunque tenia el grado de coronel 
y, por lo mismo, no se avergonzaba de exijir en tan solemne docu- 
mento, que la toma de una plaza se hiciese según los formula- 
rios de actuaciones, y que el vencedor dominara la situación en el 
campo de batalla y cuando es preciso sostener el triunfo, valiéndo- 
se de las prácticas ordinarias de los escribanos receptores. 

9 — Irisarri en diferentes publicaciones se jactó de su gran valor 
por haber dirijido esa protesta á Morazan. N'o se necesita valor^ 
sino otras cualidades para insultar á un jefe que trataba á sus ene- 
migos como el general Morazan trató á Aycinena en San Antonio. 
Si esta protesta hubiera sidodirijida al general Carrera, Irisarri hu- 
biera tenido la suerte que tuvieron Cotzum en Guatemala, Tomas 
Marín y Eafael Martínez en Ostuncalco: la muerte en el caxlalso. 

10 — Los señores Ldo. don José M. ^ Silva y presbítero don Anto- 
nio Colom, llegaron á Guatemala en cumplimiento del decreto de 
9 de junio emitido por la Asamblea del Salvador. Los comisionados 
abrieron conferencias en la Secretaria del Gobierno del Estado, y allí 
se acordó que las negociaciones continuaran con las autoridades fe- 
derales. 

11 — En 30 de abril la Asamblea dio un decreto convocando á e- 
lecciones para su renovación. 

12 — Donjuán Barrundia hizo renuncia de la Jefatura del Estado. 
Se funda en razones de modestia, y en la conveniencia de la reno- 
vación de autoridades. Esa renuncia fué admitida; pero con la pre- 
cisa condición de que Barrundia permanecería en el mando, hasta 
que los pueblos elijieran otro Jefe y se diera á éste posesión de su 
destino. Al efecto se convocó también á elecciones i)ara Jefe del Es- 
tado de Guatemala. 



OA.FITUI.O TERCERO, 



Instalación del Congreso y nombramiento de Presidente provisional 



SUMARIO. 



1 — instalación del Coiujrcso — 2. Arüculos déla Constiíui nni/ede- 
ral — 8. Objeciones de los serviles^A. Lo que se dijo en contesta- 
ción — o. Nombramiento de Presidente provisional. 



1—VA 22 de junio .se instaló el Con<»-res(), y sus seiTOtnrios dirijie- 
ron al general Morazan la comunicación siguiente - 

" AZ (^. General en Jefe del (ejército protector ds la ley. 

En la mañana de este dia, á las doce de ella, st» ha declanulo le- 
jítimamente constitiudo é instalado el Congreso Federal de la He- 
])ribli('a, con todas las formalidades prescritas por la Constitución 



188 KESENA HISTÜKIOA 

y por el acuerdo de lai3enúltima junta preijaratoria: los represen- 
tantes nuev^araente electos, lian prestado el juramento de ley al in- 
corporarse con los que quedan del año de 1826, y en conformidad á 
lo que el reglamento previene, se ha lieclio ya el anuncio del dia se- 
ñalado X3ara la apertura solemne de sesiones. 

El Congreso lia acordado que todo se comunique á Ud. para su 
inteligencia y fines consiguientes: que se le manifestasen al mismo 
tiempo los sentimientos de aprecio que le animan respecto de Ud. 
y de las tropas de su mando, por lo que sus esfuerzos lian contri- 
buido á tan fausto acontecimiento: y que la noticia de este se tras- 
lade sin demora, á los gobiernos de todos los Estados de la Union. 

Tenemos el lionor de decirlo á Ud. en cumplimiento de lo man- 
dado; y el de ofrecerle nuestra consideración y particular aprecio. 

Dios, Union, Libertad— Guatemala, junio 20 de 1829. 

M. Galxez, Simón Vasconcelos, 

Diputado secretario. Diputado secretario." 



2 — La constitución federal dice: 

"Art. 58 — El Congreso se renovará por mitad cada año, y los 
mismos representantes podrán ser reelegidos una vez sin intervalo 
íilgano. 

Art. 59 — La primera legislatura decidirá por suerte los represen- 
tantes que deban renovarse en el año siguiente: en adelante la re- 
novación se verificará saliendo los de nombramiento mas antiguo." 

3 — Al Congreso lian hecho los serviles las mismas objeciones que 
á la Asamblea del Estado de Guatemala. Dicen que debiéndose re- 
novar por mitad todos los años, en 828 hablan terminado todos los 
diputados su misión legal, y que reunidos en 1829, no eran mas que 
usurpadores. 

4 — A esto se ha respondido lo mismo que se contestó tratándose 
de la Asamblea {'^). Si los liberales hubieran i^racticado elecciones 
eu aquellos momentos, su triunfo liabria sido espléndido, como lo 
fué siempre que para llenar vacantes se mandaba elegir algún re- 
presentante 6 senador; y como lo fué cuando se hicieron elecciones 
para la renovación total de la Asamblea del Estado, la cual ratifi- 
có en todas sus partes lo practicado por la lejislatura disuelta el a- 
ño de 26 y reinstalada en 829. 



<*) Véanse los mímeros G y 7, capítnlo 1", libro 2^'. 




©nyioiAiSÁí^KO) ^^i^É ¡rijíAü^íSftacíC) peíaos k ¡y í^© ja. 



I 

I 



DE CENTRO-AMEKICA. 

5 — El 25 de junio el Congreso federal nombró al señor don José 
Francisco Barrundia presidente interino de la República en cali- 
dad de senador mas antiguo. Barrundia no conocía la ambición de 
mando, y el boato que rodea á los gobernantes i)ugBaba absoluta- 
mente con la sencillez de sus costumbres. Accedió entonces á las 
repetidas instancias de sus amigos, y se colocó al frente de la jní- 
tria con gran aplauso de to^lr»-^ ir»<in,pvnlp^ f'Mnfir,.'mu^vÚMíw.< 



Decreto del congreso federal dado eii (iuatfiíiuiu a '¿'¿ 
de agosto de 1S29. 



SUMARIO. 



1 — Exijencías del ¿Calcador y Honduras — 2. Mensaje del :Senad 
Presidente — »! Decreto de 22 de ar/osto—A. (^n)}íiUh'rfii'n,i,, x 



tu. 



1 — Los serviles caídos proyectaban una insurrección eii iíi-uuuí.í.-. 
Las autoiidades de aquel Estado veian venir la reacción á marchas 
forzadas, y se dirijian á las autoiidades federales y del Estado de 
(xuatemala, pidiendo que no se dejara impunes á los hombivs que 
tanta parte tuvieron en la infausta luclia qut^ acababa tle terminar. 
En San Salvador mandaba como jefe del Estado don José M. ^ Cor- 
nejo, quien no tenia ni las ideas liberales ni la enerjia de Pnido; 
pero la Asamblea estaba animada por los principios de la revolu- 
ción triunfante, como lo demuestra su decreto de 9 de junio. Por 
lo mismo, y á i)esar de las tendencias de Cornejo, de San Salvador 
venían las mismas solicitudes qutí de llondura.s. 

2 — Don Josó Francisco Harrundia dirijió al congivíjo fedemi un 
mensaje pidiendo se indultara de la pena de muerte á todos los ivas 
l)olíti(;os que debian sufrirla, en concei)to de la Asíimblea dfl Ksta- 
(lo. El asunto pertenecía al Con^i-eso. |K>rque se tintaba de muchos 



142 IlESENA HISTÓRICA 

funcionarios de la Federación, y porque los delitos que se imputaban 
liabian sido cometidos contra toda la República. El mensaje pasó á 
una comisión, y el célebre centro-americano don José Cecilio del 
Yalle redactó nn decreto que fué aprobado por ambas Cámaras co- 
lejisladoras. Este decreto ha sido objeto de la mas viva censura de 
los serviles, á pesar del artículo tercero que indulta de la pena de 
muerte, conforme á los deseos de Barrundia, á todos los liabitan- 
tes de la República que la merecieran. Para poder juzgar con e- 
xactitud este importante documento, no basta un estracto, es preci- 
so leerlo íntegro, dice así: 

3 — "El Presidente de la República, se lia servido dirijirme el de- 
creto siguiente: 
El Presidente de la Rejpíiblica federal de Centro- América— Por 
cuanto el Congreso decreta, y el Senado sanciona lo siguiente: 
El Congreso federal de la República de Centro-América, restable- 
cido especialmente para acordar las leyes represivas y preventivas 
que exije la seguridad y el bien de la nación; y considerando: 

1. ^ — Que en la guerra civil que acaba ésta de sufrir, el objeto 
del Gobierno'^federal, no fué otro que el de abolir la Constitución 
jurada portel mismo y proclamada por los pueblos: 

2. ^ — Que en todo sistema político que respete sus derechos, tie- 
nen el de resistir la opresión de sus gobiernos: 

3. ^ — Que cuando los mismos gobiernos se sobreponen á las leyes, 
sus actos administrativos no pueden ser reconocidos: 

4. ^ — Que si son dignos de consideración los derechos sagrados de 
los pueblos, los que maquinan para sofocarlos, son dignos de cas- 
tigo: 

5. ^ — Que el que en tal concepto merecen los autores y cómplices 
de la guerra, es el de muerte con arreglo á las leyes que la imponen 
á todo el ^que se rebela contra el pacto fundamental, y conforme al 
artículo 152 de la Constitución, que reservando para los delitos a- 
troces el uso de esta pena, la decreta respecto de los que atenten 
directamente contra el orden público: 

6. ^ — Que sin embargo el Gobierno ha propuesto que se indulte 
de ella á todos los que debieran sufrirla: que ha hecho esta propues- 
ta, considerándose en el caso en que la permite el artículo 118 de la 
ley fundamental, y que la lia apoyado en razones de conveniencia 
general, bastante sólidas y dignas de atención: 

7. ^ — Que ademas de las que espone el Gobierno, la multitud de 
personas complicadas en la guerra; las circunstancias de ser pura- 
mente políticas sus causas; la indulgencia con que en otras nacio- 
nes se han visto las de esta especie en casos semejantes, y á la cual 
no pocas veces se han debido muy saludables efectos; y las luces 
mismas del siglo, que han sujerido ya ideas mas fílosóficas y liuma- 



DE CENTRO-AMÉKICA 143 

ñas en todas las materias de lejislacion criminal; ofrecerían hoy 
nuevos y poderosos motivos contra las ejecuciones capitales; que 
en fuerza de todo puede muy bien otorgarse el indulto de ellas; y 
que el Congreso por el párrafo 24, artículo 09 de la Constitución, es- 
tá autorizado para concederla: 

8. ^ — Que dispensándose esta gracia, ella, sin embargo, no pue- 
de pasar de una conmutación de pena, x^or ser justo que todos su- 
fran la que corresponde y que á cada uno se le imponga en propor- 
ción á su mayor 6 menor culpa: 

9. ^ — Que á esta imposición en lo general, no es menester que pro- 
ceda formal juicio, por cuanto se trata de hechos cuya criminalidad 
es bien pública y notoria; y de personas que abiertamente se rebe- 
laron contra el pacto fundamental de la sociedad: 

10. ^ — Que no obstante, á los que puedan tener las escusas y es- 
cepciones calificadas en este decreto, la razón, la equidad y la justi- 
cia dictan se les de lugar á producirlas, y que en caso do qiif jn'^íti 
ñquen su conducta, se les modere 6 remita la pena: 

11. ^ — Que después de señalarse las que deben sufrir los auto- 
res y cómplices de la guerra, es todavía muy debido obligarles al 
resarcimiento de los daños que causaron, sin desatender, ix>r otra 
parte, la subsistencia de aquellos individuos, ni las de sus familias: 

12. ^ — Que para afianzar el acierto en las medidas y j^rovidencias 
relativas á este asunto, conviene las tome f^l rJnbíprno d»^ nciiíMd») 
con el Senado; 

Y finalmente: que dada en estos términos la resolución general 
del Congreso, deben quedar subsistentes, en cuanto no la contraríen 
asi las de las autoridades particulares de los Estados, como los jui- 
cios fallados en sus tribunales: 

Resuelve y decreta lo siguiente: 

Articulo 1..^ 

Se declara injusta la guerra que el Gfobierno de la Fedemcion hi- 
zo á los Estados que la componen, desde ñnes del año de 1826, has- 
ta principios del de 1829; y lejítimo el uso que los mismos Estados 
hicieron del derecho inherente n los ])ii<0)]os libres, de revUt.'íi.ia á 
la opresión. 

Articulo 2. ^ 

Son nulos todos los actos emanados del Gobierno fedeniK destle 
el dia n de setiembre de 1820, hasta el 12 de abril del corriente año; 
y quedan sujetos á la revisión del poder lejislativo, 6á la del ♦'j«»cati- 
vo lejítimo, según su natumleza respectiva. 



144 liESENA IIISTÓIIICA 

Articulo 8. ^ 

Se concede indulto general de la pena de muerte á todos los ha- 
bitantes de la República que la mereciesen conforme á la ley, por 
haber sido autores 6 cómplices de la guerra civil que acaba de es- 
perimentar la nación. 

Ariwulo 4. ^ 

Serán espatriados perpetuamente, y confinados fuera de la Eepú- 
blica, al país que designe el Gobierno, de acuerdo con el Senado: 

1. ^ — El ex-presidente y ex-vice-presidente de la República, Ma- 
nuel José Arce y Mariano de Beltranena: 

2. ^ — Los ex-secretarios de Estado y del despacho de relaciones, 
Juan Francisco de Sosa, y de guerra Manuel Arzú. 

3. ^ — Los jefes de sección que funcionaron como secretarios en 
los mismos ramos, Francisco Maria Be teta y Manuel Zea. 

4. ^ — Los primeros y segundos jefes del ejército federal, que sir- 
vió á disposición del Gobierno durante la revolución, Francisco Cas- 
caras, Manuel Montúfar y José Justo Milla, pues los demás quedan 
incluidos en este artículo bajo otros respectos. 

5. ^ — El que se tituló jefe del Estado de Guatemala, Mariano de 
Aycinena. 

6. ^ — Los que le sirvieron en calidad de secretarios, Agustín Pra- 
do, José Francisco de Córdova, Antonio José de Irisarri, José de 
Yelasco, Yicente Domínguez y Vicente del Piélago. 

7. ^ — El comandante general que fué de las armas de la FederacioB 
y del Estado, Antonio del Villar. 

8. ^ — Todos los jefes militares, desde sarjentos mayores inclusi- 
ve, que no siendo orijinarios de América, hayan servido en el ejér- 
cito de la Federación ó en el del Estado durante la guerra. 

9. ^ Los españoles no naturalizados que hubiesen tomado armas 
en favor del Gobierno intruso, á menos que acrediten haber sido 
forzados á este servicio. 

10. ^ — Los individuos del consejo militar creado en el Estado de 
Guatemala en el año de 1827, que como tales hubiesen votado pena 
capital en causas políticas; y los Magistrados de la Corte Superior 
de justicia del mismo Estado que hubieren confirmado las senten- 
cias del consejo, en que se imponía esta pena. 

Articulo 5. ^ 

Serán espatriados temporalmente, y confinados fuera de laRepú- 



BE CEJS^TRO-AMÉKICA. 145 

blica, ai país que designe el Gobierno, de acuerdo con el Senado: 

1. ^ — Los diputados que abandonaron sus asientos y desacredita- 
ron al Congreso ante el Gobierno del Estado del Salvador, y que de 
uno ú otro modo influyeron en la disolución de la represeutacion 
nacional en el año de 1826: 
h 2. ^ — Los Senadores que por haberse retirado en el citado año 
de 26 de sus respectivos asientos, ocasionaron la falta del Senado: 

3. ^ — Los Jefes militares orijinarios de América, desde tenientes 
coroneles inclusive, que hayan servido en el ejército de la Federa- 
ción 6 del Estado, durante la guerra: 

4. ^ — Los españoles naturalizados que hubieren igualmente ser- 
vido en el ejército desde alferes inclusive, á menos que acrediten ha- 
ber sido forzados al servicio: 

5. ^ — Los españoles naturalizados que voluntariamente hayan 
servido como sarjentos, cabos 6 soldados, si no habiendo sido casa- 
dos con americana, no 'tuvieren muger 6 hijos; pues en caso de ha- 
ber lo uno ó lo otro, no serán espatriados, á menos que el Gobierm» 
de acuerdo con el Senado, juzgue peligrosa la residencia de alguno 
de ellos en el territorio de la República: 

6. ^ — Los diputados elejidos i)ara la Asamblea del Estado de 
Guatemala después del 6 de setiembre de 1826, que hubiesen servi- 
do en ella, en cualquier periodo del corrido hasta que cesóla guerra: 

7. ^ —Los individuos elejidos desde igual fecha para el Consejo 
representativo del Estado, que hubiesen servirlo en él en rualquier 
periodo del que espresa el párrafp anterior: 

8. "^ —Los jefes departamentales que hubiesen funcionado en el 
mismo tiempo: 

9. ^ — Los prefectos de policía: 

10. ^— Los que á juicio del Gobierno, de acuerdo con el Senado. 
hayan hecho servicios positivos y acreditados durante la revolución, 
contra la justa causa de la República ó los Estados. 

Artículo i). ^ 

El máximum de la espatriacion, resi)ecto de las que deben ser 
temporales, será de ocho años, y el nunimuní de dos, según la ma- 
yor 6 menor culpabilidad de cada iiidfviduo. y su mayor ó mowov 
influencia en el pueblo. 

Arñculo 7. ® 

iteran esceptuados de la pena de espatriacion: 
1. o_i^os diputados y senadores que s(» retiraron drl Ciuiiíivs,. ff- 
jderal y del Senado, y qu(' \)o\' i^sii* motivo inq>idieix>n la continua- 



146 KESEIsTA IIISTOKICA 

cion de uno y otro cuerpo en 1826, si después de su retiro y^ duran- 
te la revolución, acreditaron su adhesión al sistema constitucional, 
y no recibieron de las autoridades ilejítimas, empleo, comisión ni 
oficio de ninguna clase; dandx) sobre uno y otro punto pruebas ple- 
nas á juicio del Gobierno, de acuerdo con el Senado. Pero aun en 
este caso, quedan en virtud del presente articulo, declarados indig- 
nos de la confianza pública, y esta pena durará hasta que dando 
pruebas plenas de patriotismo, ó de haber hecho posteriormente ser- 
vicios importantes á la causa pública, el Congreso los rehabilite en 
vista de ellas: . 

2. ^ — Los diputados, senadores, magistrados ó funcionarios legíti- 
mos, que comprueben plenamente á juicio del Gobierno, de acuerdo 
con el Senado, haber hecho en el ejercicio de sus destinos y oficios, 
6 fuera de ellos, servicios importantes á la causa de la nación 6 de 
los Estados: 

3. *^ — Los diputados, consejeros y demás funcionarios elejidos 6 
nombrados ilegalmente durante la revolución, que acrediten ple- 
namente á juicio del Gobierno, de acuerdo con el Senado, los dos 
puntos siguientes: 1. ^ Haber renunciado el cargo, destino ú oficio 
á que se les llamaba, y que á pesar de su renuncia fueron obliga- 
dos á admitirlo: 2. ^ No haber hecho en el servicio de su cargo, o- 
ficio 6 destino, acto alguno hostil 6 directamente contrario á la cau- 
sa de la nación 6 de los Estados. 

4. ^ — Todos los que presenten pruebas plenas ajuicio del Gobier- 
no, de acuerdo con el Senado, de haber prestado servicios impor- 
tantes á la causa de la nación 6 de los Estados, cuya escepcion com- 
prende así á los funcionarios y empleados, como á simples particu- 
lares; y tendrá lugar aun cuando los primeros no haj^an hecho la 
renuncia de que habla el párrafo 3. ^ y sea que liayan prestado 
los servicios en el ejercicio de sus destinos, ó fuera de ellos. 



Articulo 8. ^ 

Los comprendidos en este decreto que tengan impedimento físico, 
no saldrán de la República mientras dure el impedimento. 

Articulo 9. ^ 

Los ancianos mayores de sesenta años, que á jaicio del Gobierno, 
de acuerdo con el Senado, no pudieren salir de la República sin pe- 
ligro de su vida, serán destinados al lugar de la misma República 
que parezca conveniente al Gobierno, de acuerdo también con el 
Senado. 



DE CEXTRO-AMERICA. 147 

Articulo 10. ^ 

Los qne deban salir espatriados, dejarán apoderado que rinda las 
cuentas de los empleos que hayan servido. 

Articulo W. ^ 

Los funcionarios ilejítimos que según los artículos anteriores de- 
ban sufrir la espatriacion, devolverán los sueldos que hubieren per- 
cibido. 

Articulo 12. - 

Los funcionarios ilejítimos que también deban sufrir Ja misma i)e- 
na, devolverán igualmente los que hubiesen devengad^ v í.^rr-íbído 
durante la revolución. 

Articulo 13. ^ 

Los diputados del Congreso y los individuos del Senado, por cuya 
causa no pudo uno y otro cuerpo continuar sus sesiones, devolverán 
también las dietas que hubieren devengado y percibido después que 
abandonaron sus sillas. 

Artículo 14. ^ 

Los espatriados perpetua ó temporalmente, son responsables á la 
indemnización de gastos 6 daños ocasionados por su causa á la na- 
ción ó á los Estados; y para cubrirlos en parte, se les hará exhibir el 
tercio de su capital ó propiedad, y se hará el entero con In o^M^^^U\ y 
razón correspondiente. 

Articulo 15. ^ 

A consecuencia de lo dispuesto en el artículo anterior, el Gobier- 
no dictará las medidas que estime mas justas y jn'udentes j^am ave- 
riguar el capital efectivo de los espatriados; y del que resulte tener 
cada uno de ellos, mandará exijir la terc(M*a parte. 

Articulo 1 í). - 

Esta tercera parte no se podrá compensar con sueldos 6 dietas 
que hayan devengado los espatriados. 

Articulo M. ® 

Tampoco será compensable^ c^n suphMueii' : "»»víp«'»í í"»cho8al 



148 RESENA IIISTOKICA 

Cfobierno ilejitimo durante la revolución: lo será solamente con los 
-qme se hayan hecho antes de ésta, entendiéndose en la parte que de- 
rslgua el artículo 2. ^ del decreto de la Asamblea ]N"acional, de 16 de 
noviembre de 1824; y podrá ser conij^ensada en el todo con los su- 
plementos hechos para auxiliar á la justa causa de la nación 6 los 
Estados. 

Articulo 18. ^ 

La compensación en los casos en que haya lugar según los artícu- 
los anteriores, solo podrá declararse respecto de los créditos acti- 
wos personales del mismo interesado que la pidiere. 

Articulo 19. ^ 

En caso de justiíicarse que los espatriados han ocultado bienes ó 
íHupuesto créditos pasivos imajinarios, el Gobierno les hará exhibir 
los dos tercios de su capital. 

Articulo 20. <^ 

En el mismo caso se dará, por via de gratiíicacion, la décima par- 
te de las dos que debe exhibir el culpado, al denunciante que haya 
d.escubierto la ocultación de bienes, 6 la suposición y falsedad dt^ 
los créditos imajinarios. 

Artículo 21. ^ 

El Gobierno hará también exijir el duplo del crédito imajinario: 
1. ^ al que se finja acreedor del que ha de sufrir la pena pecunia- 
jda: 2. ^ al escribano que á sabiendas otorgue la escritura ]3Ública 
<bVL que se suponga la deuda, ó se atrase la verdadera fecha de su 
ííjtorgamiento: 3. ^ á los testigos que teniendo noticia cierta del frau- 
«le, firmen el documento privado en que se finja. Y estas penas se- 
j'áii sin perjuicio de las que por juez competente se deban imponer, 
con presencia de las circunstancias del caso y con arreglo á las leyes. 

* Articulo 22. ^ 

Pero si ocurriesen acreedores efectivos, alegando prelacion á la 
luicienda pública, el Gobierno tendrá presente las leyes y deberá 
•arreglarse á lo dispuesto en ellas. 

Articulo 23. ^ 

CJuedan inhabilitados para continuar su servicio en el ejército. 



DE CENTRO-AMÉUICA. 149 

los ofíciales militares, desde capitanes inclusive que lo liubiei'eTi' 
prestado al Gobierno ilejíiimo; pero si durante la revolución los hu- 
biesen hecho importantes á la causa de la nación 6 los Estados, se- 
rán restablecidos en las plazas ó destinos que obtenían. 

Articulo 24. ^ 

Aquellos que debiendo ser espatriados según este decreto, no se 
¡presentaren para su cumplimiento dentro de treinta dias, contado» 
desde su publicación en la cai^ital de cada Estado, quedarán fuera. 
de la ley. 



Articulo 2o. ^ 



Quedarán igualmente fuera de la ley, todos los que, contravinieir- 
do á este decreto, volvieren al territorio de la República, después 
d.e haber salido de ella. 

Articulo 26. ^ 

El Gobierno dispondrá que la salida del territorio de la Repúbli- 
ca, délos que deban ser espatriados de ella, conforme á este decre- 
to, se verifique á la mayor brevedad posible, y con la seguridad cor- 
respondiente: que se haga á espensas de los que pudieren costear- 
la, y por cuenta de la hacienda pública, la de aquellos que no pu- 
dieren erogar los gastos de su espulsion. Encargará especialmente- 
á los comandantes de los puertos, el cumplimiento del artículo 25^ 
y celará y hará se castigue conforme á derecho, toda coi-responden- 
cia sospechosa con los espatriados. 

Articulo 27. ^ 

Quedan en su vigor y fuerza los decretos que acerca de esta ma- 
teria hayan espedido las Asambleas de los E^tndí>s. »mi \íh\í\ l(»»int» 
no se opongan al presente. 

Articulólas. ^ 

Los que con arreglo al de la Asamblea de este Estado de 4 dt» ju 
iiio último, hayan sido juzgados como autores y cómplices de la re- 
volución y t(?ngan ya fenecidos sn<5 juicios, quedarán sujeton á las 
sentencias pronunciadas en ello 

Articulo "2^. ^ 

Lo quedarán á las disposiciones contenidas en esto derivto, aqu»- 



150 RESENA IIISTÓKIOA 

líos que aun no hayan sido juzgados conforme al de diclia lejislatu- 
ra: ó cuyas causas no estén fenecidas, ó hayan sido declaradas nu- 
las por tribunal competente. 

Articulo 30. ^ 

Los individuos resx)ecto de quienes haya habido resolución parti- 
cular de la Asamblea ó del Gobierno de este Estado, quedarán so- 
metidos á ella si no fuere contraria á alguno de los artículos del 
presente decreto. 

Artículo 'di. ^ 

Al circularlo, el Gobierno hará le acompañe una lista de todos los 
comprendidos en él, con espresion de sus condenas respectivas. 

Articulo 32. ^ 

Oportunamente dará también cuenta ó razón individual de su cum- 
plimiento y lo mandará imprimir, publicar y circular. 

Pase al Senado — Dado en Guatemala, á 22 de agosto de 1829. — 
Mariano Galnez, diputado presidente — Simón Vasconcelos, dipu- 
tado secretario — Francisco Flores^ diputado secretario. 

Sala del Senado — Guatemala, 5 de setiembre de 1829 — Al Poder 
Ejecutivo — José Antonio Alcayaga — José Miguel Alvar ez, secre- 
tario. 

Por tanto, ejecútese — Palacio Nacional de Guatemala, á 7 de se- 
tiembre de 1829 — José Barrundia — Al secretario de Estado y del 
d^pacho de relaciones, justicia y negocios eclesiásticos. 

Lo comunico á Ud. para su intelijencia y efectos correspondien- 
tes, acompañándole competente número de ejemplares para su cir- 
culación. 

Dios, Union, Libertad — Palacio Nacional , de Guatemala, á 7 de 
setiembre de 1829. 

Iharra. 

4 — Los desterrados políticos habían snlido de Guatemala el 9 de 
julio, y este decreto, en que se ordenaba su destierro, fué emitido el 
22 de agosto. Por lo mismo ha sido censurado como retroactivo. A 
esto han contestado los liberales, que los presos que se embarcaron 
en el bergantín "General Hidalgo,'' se hallaban en el territorio de 
la República el 22 de agosto, porque hasta el 28 zarpó el buque del 
X>uerto de Acajú tía: que Arce y Aycinena salieron de Guatemala la 
noche del 7 de setiembre, muy posterior al 22 de agosto: que la A- 
samblea de Guatemala había autorizado al Jefe del Estado para 



DE CENTRO-AMÉRICA. 151 

salvar la situación, pudiendo delegar sus facultades, y que estas lia 
bian sido trasferidas al general Morazan: que el decreto de la A- 
samblea de 4 de junio de 29, liabia declarado ú. esos señores, reos 
de alta traición, y acreedores á la pena capital: que siendo acreedo- 
res á esa pena, el decreto de 22 de agosto les liacia un gi-an bien, 
cambiando la muerte por el destierro: que la incesante actividad de 
la mayor parte de ellos por volver á revolucionar la República, y 
sus iDerennes conspiraciones, prueban la conveniencia del destieiTo, 
y aun hacen creer que se procedió con lenidad. 



C^I^ITULC) QUINTO 



Destierros. 



SUMARIO. 

1 — Frox>osÍGÍon de don Francisco Albur ez: exposición popular — 
2 — Exposición dirijida por el Gobierno del Estado á la Asam- 
blea — 3. Decreto de 9 dejnUo-A. Observaciones — 5. Espulsiondel 
Arzobispo y délos frailes — Q. Mensage de Bamcndia — 7. 'Estin- 
clon de las órdenes monásticas — 8. Contestación á los cargos que 
se han Iteclio á los liberales con motivo de óstaesjynlsion — 9. Es- 
pulsionde los presos — 10. Lo que pasó abordo del buque ''Ge- 
neral Hidalgo" — 11./% llegada á Acapulco — 12. Destierro de Ar- 
ce y Aycinena — 13. Permanencia en Guatoinidn dri tv nmil \r 
zü y otras personas. 



1 — Los temores de una reacción eran tan vehementes, que el 28 de 
abril de 1820 el representante don Francisco Albnróz liizo proposi- 
sion á la Asamblea, ])ara qn(* dictniíi nna ley deelanmdo que solo 
los amantes del sistema adoptado podian obtener destintís do nom- 
bramiento del Gobierno y de elección popular, y pam qut» si» retira- 
ra á todos los emi)leados que hubieran prestado servicios á la cansa 



154 RESEÑA líI^TOKICA 

que acababa de sucumbir. Esta i)roposicion no fué esj)ontánea; se 
hizo á consecuencia de una consulta del Poder Ejecutivo, suscrita 
por el doctor don Mariano Galvez, como secretario del Gobierno. 
La x)roposicion del señor Alburéz corrió los trámites reglamenta- 
rios y produjo el decreto de 9 de junio, cuya parte resolutiva dice 
así: 

'•Art. 1. ^--El Gobierno en el nombramiento de empleados, aten- 
derá precisamente á su adhesión al sistema constitucional. 

Art. 2. '^ — 'No podrán ser nombrados los desafectos, debiéndose 
tener por tales, los que x>or medio de la imprenta 6 de las armas 
sostuvieron á las autoridades intrusas, como también los que admi- 
tieron empleos, grados y distinciones militares en los años de 827. 
28 y 29. 

Art. 3. ^ — El Gobierno deberá remover á los que hallándose com- 
prendidos en el artículo anterior continúan funcionando. 

Art. 4. ^ — Estas disposiciones se harán estensivas á los funciona- 
rios subalternos de la Corte Superior de Justicia, que se hallen en 
las circunstancias del artículo 2. ^ 

Art. 5. ^ — Se esceptúan de estas reglas los que en tiempo de la 
revolución hayan desertado de la facción usurpadora, y los que en 
la misma época prestaron servicios á la justa causa, y fueron nom- 
brados antes del 6 de setiembre de 1826. 

Art. 6. ^ — El Gobierno cuidará de que los empleados á mas de 
ser adictos al sistema, reúnan aptitud y moralidad." 

Según la ley fundamental, ese decreto debia pasar al Consejo Re- 
presentativo para su sanción. En este alto cuerpo hubo una discu- 
sión muy acalorada y el decreto volvió á la Asamblea. Entonces 
una exposición popular se hizo á la misma Asambleacon el fin de 
que insistiera en su resolución. 

2 — La exposición popular coincidía con rumores de un movimien- 
to de parte del pueblo y del ejército contra los presos. Con .este 
motivo el Gobierno dirijió á la Asamblea la exposición siguiente: 



"A los ce. Diputados Secretarios de la Asamblea. 

El Ejecutivo del Estado me ordena, ponga en noticia de Udes., 
para que se sirvan elevarlo al conocimiento de la Asamblea, dé par- 
te de los acontecimientos desagradables de estos últimos días, acon- 
tecimientos que han puesto la capital en peligro de un trastorno y 
provocado la subversión general de la República. 

El domingo 6 del que rige tuvo noticia el General en Jefe del e- 
jército que se tramaba una conspiración entre varios oficiales mili- 
litares; pero sin descubrir las caasas ni los efectos, ni el término á 



DE CEXTIiO-AMEUICA. loo 

que se dirijia. El General con toda la reserva necesaria lo i)uso en 
noticia del Presidente de la República y Jefe del Estado, pam o- 
brar de acuerdo con ambos funcionarios, y ahogar en su cuna un 
nuevo gormen de convulsiones jjolíticas. De pronto se dispuso que 
dos individuos de toda confianza con el simulado carácter de cons- 
X)iradores se insinuasen con los autores del plan denunciado, y lo 
declarasen al Gobierno para combinar en vista de éT, las medidas 
mas prudentes de seguridad publica, siendo de otro modo aventu- 
radas y sin ningún resultado provechoso. 

La ejecución de esta medida, Habiendo surtido todo su efecto por 
(d descubrimiento de las personas principales entre los conspirado- 
res y el plan horrible que debian ejecutar el dia de ayer, en que se 
comprendía el asesinato de los presos por causas políticas, el de los 
nobles y el de los españoles residentes en la ciudad, con el saqueo 
de las tiendas y casas de los dichos, determino al General á proce- 
der contra los culpables sin precipitar las medidas de seguridad, á 
cuyo tiempo sobrevino el incidente de haber sido descubierta una 
mujer ocupada en seducir á un sarjento, y á la que se tomó nn pa- 
pel con los nombres de varios individuos militares, que habían de 
ocupar los j)rimeros empleos del ejército. Entonces, siendo peligro- 
sa la demora, ¡morque descubierto el crimen, sus autores ]X)dian 
precipitar la ejecución, el general los hizo prender en el acto, y a- 
seguró á los reos por causas políticas, á quienes habia rebajado su 
prisión, poniéndolo todo tanto, en noticia dei Gobierno federal, como 
en la del Jefe del Estado. 

Este, x>or las ramificaciones que pudo haber tenido la conspira- 
rion: j)or los comprometimientos inseparables en todo tumulto; y 
2)articularmente porque las ideas de saqueo de las riquezas y ven- 
ganza ejercida en los reos, pueden haber fermentado en el pueblo, 
lisonjeando sus pasiones y resentimientos, teme que aun no esté a- 
hogí^da la hidra, y que puedan resultar nuevas cabezas ameniizan- 
do mas trastornos. Por esta causa el General (Ud ejército oi*ee un 
deber suyo recomendar á la justificación de la Asamblea un nego- 
cio tan importante. Desando hi unidad en la acción del Gobierno, 
\' evitar la comxdicacion de medidas y disi)osiciones coeiritivas, ha 
inferido al General las facultades extraordinarias con que sí* halla 
investido; habiendo visto el celo y tino vxm que se ha conducido i»u 
.'stas circunstancias. Lí) (]u«' psporn ^«'n <1r l:i Mi>r»»b:icioii tl»'l Cuer 
])0 Lejislativo, 

Sírvanse lides, admitir las seguriilades de mi upreci»> y cousidf 
lacion—D. I^ L. . 

Guatemala, julio í) do 18->1). 

Juan J/. JMiitjin:" 



I1 1 • >ii 1 



156 RESEÑA HISTÓRICA 

''La Asamblea lejislativa del Estado de Guatemala, consideran- 
do: que es de absoluta necesidad dictar las mas prontas y enérgi- 
cas providencias para conservar el orden y proceder contra sus per- 
turbadores; ha tenido á bien decretar y decreta: 1. ^ Se faculta ex- 
traordinariamente al Gobierno por el término necesario al restableci- 
miento del orden, para ocurrir á todos los casos en que tenga que o- 
brar para asegurarlo. — 2.^ Esta facultad podrcí delegarla por el 
tiempo que estime conveniente á persona de su confianza — Dado en 
Guatemala, á 9 de julio de 1829." 

4 — Es evidente que se trataba de facultar al Gobierno para que 
pudiera proceder al destierro de los presos, y que la persona de su 
confianza en quien podia delegar esas facultades era el General Mo- 
razan. 

5 — Facultado así el Gobi erno, se tomaron en pequeño algunas de 
las providencias secretas que en grande escala adoptó el consejo de 
Castilla para preparar la pragmática que don Carlos III de Borbon 
dictó contra los jesuítas. A la media noche del 10 al 11 de julio fue- 
ron sorprendidos, el Arzobispo en su palacio y los frailes de Santo 
Domingo, San Francisco y la Eecoleccion en sus respectivos con- 
ventos. A todos se les condujo por la garita del Golfo con dirección 
á Gualan, y de allí á Omoa, donde se embarcaron para la Haba- 
na (■^). Los frailes de la Merced no fueron desterrados. Eran po- 
cos y no se habían marcado abiertamente contra la causa liberal. 
Tampoco fueron desterfados los hosi)italarios de Belén, que se 
dedicaban únicamente á la enseñanza y al restablecimiento de los 
convalecientes. 

6 —En cuanto salieron el Metropolitano y los regulares, el Senador 
I)residente dirijió un mensaje al Congreso federal, en que manifes- 
taba que por la necesidad del secreto no se había comunicado el pro- 
yecto de espulsion al Poder lejislativo: que el Gobierno estaba dis- 
puesto á respetar la voluntad de la representación nacíouír], y 
que el Arzobispo y los frailes que se hallaban todos en el ter- 
ritorio del Estado, volverían si aquel alto cuerpo así lo acorda- 
ba. El Congreso aprobó lo practicado y dio las gracias al Po- 



(*) Dice el autor de las Memorias de Jalapa que á bordo de. los buques que con- 
dujeron á los frailes á la Isla d3 Cuba, se les dio horroroso trato, porque cada uno no tenia 
mas que la ración de un marinero. Todos sabemos que la ración de un marinero es abun- 
dante y que se procura que sea también higiénica; aunque no es fácil que esté condimenta- 
da como los suculentos manjares que se sirven á los monjes en los refectorios de sus con- 
ventos, ni como los platos con que continuamente los obsequian las monjas, las beatas y to- 
das las hijas de confesión. 



DE CENTRO- AMÉIÍICA. IT)? 

der ejecutivo por su celo y actividad. 

7— El 28 de julio de 1829 ]a Asamblea de Guatemala decretó la es- 
tincion de todos los establecimientos monásticos de hombres, con es- 
cepcion de los belemitas: j)rohibió en los conventos de monjas las 
profesiones y los votos solemnes y declaró que pertenecían al Esta- 
do las temporalidades de los conventos estinguidos. En 7 de setiem- 
bre siguiente el Congreso federal no solo aprobó esta determina- 
ción, sino que declaró solemnemente que la nación no reccmoce ni 
admite en su seno orden alguna de religiosos. P'sta declaratoria, di- 
€Le Marure en el párrafo 28 de las Efemérides, fué universalmente 
aceptada por todos los Estados. 

8 — Los frailes en Guatemala, lo mismo que en España, eran la re- 
mora del progreso y los sostenedores del fanatismo; j^eroen Guate- 
mala no fueron acuchillados, ni sus conventos incendiados como en 
Poblet, Barcelona, Reus, Zaragoza, Valencia, Murcia, Mataró y o- 
tros pueblos de la Península. El Gobierno se limitó á espulsarlos. 
Si los frailes no se dirijieroná la Habana con todas las comodidades 
y regalos que acostumbraban cuando iban á misiones, debe atri- 
buirse á las circunstancias. JN'o era posible preparar todas las como- 
didas que hubieran deseado doscientos ochenta y nueve monjes a- 
costumbrados á una vida muelle y regalada (;•). "Los conventos, di- 
ce don Manuel Montúfar, debian acabar por una reforma que se es- 
Iteraba naturalmente, porque el monaquismo no pertenece á este 
siglo, y han variado mucho las circunstancias para que le abracen 
los americanos por una carrera de las pocas que les eran abiertas 
bajo el sistema colonial." El autor de las Memorias de Jalapa olvi- 
da que su x3artido sostiene precisamente lo que no pertenece á este 
siglo. La intolerancia religiosa no pertenece á este siglo, y los serviles 
restaurados por Carrera la restablecieron. Los diezmos no pertenecen 
á este siglo, y los serviles también los restablecieron. El fuere e le- 
siástico no pertenece á este siglo, y también fué restablecido por elloí. 
Esos señores pertenecen menos á este siglo que el Papa. El concor- 
dato que celebraron con la Santa Sede suprimt» el fuero ecl<*siástico, 
y ellos, marchando mucho mas hacia ati'ns (]ue el Sunm P()ntítict\ al 



(*) El Arzobispo íiié con todivs sus coiuodiiliules. Don Jiuiu RuitUta Astartmi, enoargAdo 
I Lacer el iuventaiio de hus bienes, informó, coa íidhx 31 de diciembre i\e 182^\ qne m ha- 
biini i^'astudo doscientos dieziocho pesos en unu ínula pnHilluda quo Hirvió al w»Aor Gwttiu 
para salir do Guatemala: tpie hc hubiun diido ú esto Preludu dos mil |>omih cu o/ectívo puf» 
US ^nistos de via^j^e, y que luil ocho pesoH cuatro realen ko c>utn>{nron » loa pajea paia ao coa- 
iluceion y para los flotes de las enrías del Arzobispo. Tna perjionu quo lleva tí»do mío no 
puede decir que carece de i)rovÍHÍoues. San Pedro no liabrin necesitado luuttv 



lo8 líESEj^A HISTÓRICA 

Xxiblicar el mismo concordato, mantuvieron ese fuero como conve- 
niente y necesario para su partido. Los establecimientos monásti- 
cos no pertenecen á este siglo, y sin embargo fueron restablecidos 
por los serviles en su célebre decreto de 21 de julio de 1839. 

9— El dia 9 de julio salieron bajo la custodia de Haoul la mayor 
parte de los presos. Arce y Aycinena quedaron en Guatemala. A- 
quellos fueron conducidos á Sonsonate, y embarcados en el puerto 
de Acajutla el 28 de agosto en el bergantín mejicano General Hi- 
dalgo^ que se dirijia á Panamá. Con ellos salieron los guatemalte- 
cos que se bailaban en San Salvador desde la rendición de Mejica- 
nos, escepto Irisarri que obtuvo permiso para quedarse en aquella 
ciudad, de donde se fugó á Chile. 

10 — Al hacerce á la vela el bergantín General Hidalgo^ al- 
gunos de los guatemaltecos insultaron á los salvadoreños, por 
todo el tiempo que estos podian oir sus voces desde las lanchas 
en que verificaron el embarque, y regresaban á tierra. Los lla- 
maron ])ir'iijos^ nombre que se daba á los partidarios del gene- 
ral Morazan. Les decian guanacos^ denominación con que se dis- 
tingue en Guatemala á los hijos de los otros Estados de Centro- 
América, y con la cual se pretende muchas veces ofender á todos 
los que han nacido fuera de las garitas de la capital. Los mas exal- 
tados que iban á bordo, injuriaban á los liberales gritando: irírujos^ 
guanacos^ herejes, 'pronto volveremos á castigarlos. Las lanchas 
habrían podido á todo remo dar alcance al buque, y hacer regresar 
á los hombres que de una manera tan poco culta se desahogaban; 
l^ero no se intentó siquiera. La idea de llegar por x)riniera vez á Pa- 
namá, espantaba á muchos de los guatemaltecos que iban á bordo. 
Creían que no iDodrian resistir un país cálido, enfermizo y desconocido. 
Iban allí también algunos europeos que sostenían el rumbo que lle- 
vaba el buque. Hubo un desacuerdo entre ellos. Los primeros triun- 
faron y el capitán dirijió la ]3roa á las costas de Méjico. Muchos de 
los desterrados jamás habían estado en las playas del mar. La ma- 
yor cantidad de agua reunida que habían visto es la que contiene 
la laguna de Amatitlan. El mareo los atormentaba. Los alimentos 
les i3arecían insoportables, así porque los mareados no sufren ni el 
olor de las viandas, como porque los i^latos que se servían á bordo 
no eran los mismos á que estaban acostumbrados desde la infancia. 
Se quejaban de falta de agua potable y solo encontraban buena la 
de las lluvias. Todo el que haya navegado con hombres de edad 
que por primera vez se ven á bordo, habrá podido observar lo des- 
agradable que es para ellos el agua ferrujinosa que ordinariamente 
se consume en los buques de vela. Se quejaban de los vientos con- 
trarios, de las calmas, de las borrascas; y atribuían todo esto á la 
tiranía del general Morazan. En la línea del Pacífico que ellos se- 



DE CENTRO-AMÉUICA 159 

guian, muy pocas veces se ven borrascas. La imaginación de hom- 
])res que nunca liabian salido de Guatemala les hacia creer que ca- 
da movimiento de las olas era una de esas tormentas que suelen es- 
perimentarse durante los equinoccios en las costas de Irlanda ó al 
l'rente^^de las Azores. No se puede hacer cargo á Morazan por no ha- 
ber puesto un vapor á las ordenes de los desten-ados. Fulton habia 
ya lanzado al agua el Clermont; pero la navegación por vapor no ha- 
bia llegado hasta nosotros. JS'uestros viajes por las costas de Cen- 
tro-América se hacian en bergantines goletas, y«en esta clase de 
. embarcaciones se iba de los puertos del Atlántico á la isla de Cuba. 
Jü Gobierno daba entonces los trasportes que únicamente se halla- 
])an á su alcance. \El Columhus fué el primer vapor que recorrió 
nuestrasjcostas. Todos los centro-americanos que en las inmediacio- 
nes de éstas;[navegaron anteriormente, recordarán las incomodida- 
des que en^malos y ipequeños buques de vela se sufrían. Esas inco- 
modidades son objeto de broma para los hombres de mundo, y de 
espanto j)ara aquellos que habiendo tenido una educación mimada, 
sp ven por primera vez fuera del lugar donde nacieron. 

11 — El General Hidalgo llego al puerto de Acapulco sin haber 
<'sperimentado ninguna averia en el tránsito. Los desterrados refie- 
ren su arribo á ese puerto como si hubieran dado cima á una em- 
])resa semejante á la de Colon, al poner el pié en el Nuevo Mundo. 
En Acapulco encontraron generoso hospital idíi el. El presidente, ge- 
neral don Vicente Guerrero, les permitió residir en cualquier punto 
de la Eepiiblica, que algunos de ellos convirtieron mas tarde en 
treatro de sus conspiraciones contra el general Morazan y su partido. 

12 — Arce j Aycinena salieron de Guatemala el 7 de setiembre. En 
la orden que se les intimó se les prohibía asilarse en la República 
mejicana. Debian dirijirse á los Estados tenidos. Se embarcaron en 
Omoa, pasaron'al establecimiento británico de Belice, y arribaron 
á Nueva Orleans.¿ Allí permaneció Aycinena; pero Arce no i>ensa- 
ba en otr?. cosa que en su presidencia perdida, y en los medios de 
recobrarla. Se trasladó á Méjico y se mantuvo en incesantes maqui- 
naciones revolucionarias, sin ningún resultado favorabh» ]\nm él ni 
l)ara su partido, como adelante se verá. 

13— A pesar de que el brigadier Ami está comprendido nominal- 
iiiente en el decreto de 22 de agosto, ixM-maneció tmnquilo en su ra- 
sa. Tampoco salió don .losé Mariano Hatres y Asturias, compivndi- 
do en el decreto de espulsion y hermano político de los Montúfn- 
res. A (Ion Luis'Pedio Aguirrese le permitió permanecer dos meses 
«m la hacienda de los Llanos, con el íin de que arivglám sus nego- 
'ios; y algún tiempo después disfrutaba en el seno de su faniilin de 
todas las garantías Iconstitucionales. Don Pedro (T(mzale7. se quedó 
en el país, por súplicts de p<M*s<>iin< rixiu.f-ihliw wwa mezclai'se, en 



160 líESEXA líISTÓKIOA 

seguida, en una conspiración, y aparecer mas tarde, en las lilas de 
Domínguez. Otros muchos serviles comprendidos en el decreto de es- 
l)ulsion, no salieron de Guatemala. 



C ^I^IT ÜLO SESTO. 

lieiniioii de la Asambh'u. 



8ÜMAK1U. 



—lieunion de. la Asamblea el 6 de agosto de 18áü— 2. Obsercacio- 
nes sobre el mensaje de Bar ni nd ¡a — 3. Texto literal de este do- 
cumento. 



1 — La nueva Lejislatura se instalo el O de íi^osto. Ella aproln» 
UkIo lo que liabia heclio la anterior, disuelta el año de 2(5 y restan 
rada en abril de 29. Esta segunda Lejislatura destruye todos los ar- 
íj^unientos serviles, sobre nulidad de los actos ^ la anleríor, y de- 
nmestra que las elecciones en aquellos dins de triunfo, no ])odían 
perderse i)or los liberales. Don Juan J^nii nixli.'i. vw caYuVmX do .b»fr 
del Estado, leyó el mensaje de costumbi- 

2 — Piste mensaje tendría mas interés si se hubiera pivstMilado al 
reaj)arecer la Asamblea restaurada. Pero las circunstancias no h» 
permitieron y los sucesos acaecidos con posterioridad á ese acto so- 
lemne, dan todavía importancia ii la esposicion del .Tefe del Estado. 
En ella se hace una resena de lo ])asado. Se pn»senta la situación 
de Guatemala, antes del atentado de KS2(n la decadencia qut» ]m> 
dujo la guerra, y las esperanzas que se tenian i)am el porvenir. Mar 
cando este» docunu^ito la. éimca mas imi)(>rtante de la Historia de 
('entio- América después de la Indepeudeuíia. será visto'ctm inteivs 



162 liE.SKÑA HISTÓRICA 

por los hombres pensadores. Dice así literalmente. 
3 — ''CC. Representantes: 

Yo me a]3laudo al ver con vuestra reunión colmados los deseos y 
las esperanzas de la jiatria. Las circunstancias difíciles en que nos 
liemos encontrado por la desgraciada época anterior, demandaban 
imperiosamente que hombres nuevos con la actual confianza del pue- 
blo, se encargasen de los negocios públicos, y solo se ha hecho lo 
que exijian los intereses urgentes del Estado, y lo que convenia á 
su tranquilidad y á su seguridad futura. Vuestros antecesores su- 
midos en inmensas dificultades han hecho gloriosos esfuerzos para 
restablecer el orden, y reorganizar el Estado. Llegáis vosotros con 
un poder reciente á hacer lucir nuevos dias de tranquilidad y de 
gloria. Las turbaciones no tienen ya pretestos, las divisiones son 
sin objeto; no hay sino el Estado que quiere la libertad, las leyes, 
la paz y que os ha nombrado para fundarla sobre bases indestruc- 
tibles. Llenad, representantes, vuestros grandes destinos, realizad 
las esperanzas que se tienen en vosotros, y que el pueblo os deba 
estos tres dcmes, los mas preciosos que el cielo haya hecho á los 
hombres. La libertad sin la cual no podríamos ya vivir, las leyes que 
son el mas firme fundamento de la libertad, y la paz que es el solo 
objeto y fin de la guerra. Inspirad por todas partes la confianza en 
vuestrr.3 disposición es, el resi:)eto <4 las leyes y la sumisión al Go- 
bierno poiDular y libre que se ha establecido; y formaos el voto de 
mantener en todo el Estado la unión, de la cual vuestra Asamblea, 
será en adelante el centro común, y el lazo conservador. 

El Jefe se presenta con confianza á dar cuenta de su administra 
clon. No le es j)osible liacerlo con el detalle que deseara, porque hi 
multitud de sus atenciones no lo ha permitido y lo hará cuando des 
prendido de ellas, x>tieda dedicarse á esto con el detenimiento que 
se requiere. . Entre J:anto, yo' recomiendo á la Asamblea tenga pre 
senté que me hallo en circunstancias bien difíciles que servirán de 
disculpa á las faltas que se noten, y en las que seguramente ha ha- 
bido buena fé y sana intención. 

Dos épocas bien diversas tiene que recorrer, en las que ha media 
do un espacio considerable de suspensión. La anterior hasta el (3 de 
setiembre de 26, y la de estos tres últimos meses. 

En el tiempo que precedió á la guerra civil, la administración pú- 
blica se hallaba en un estado bien lisonjero. Todos sus ramos pro- 
gresaban, y basta recordar aquella época jDara convencerse de ello. 
La libertad de imx:)renta, establecida en toda su plenitud, difundía 
rái^idamente las luces; el comercio hacia asombrosos progresos, >' 
la agricultura, la industria, las artes corresi^ondian ya ala espe 



J)E ÍKM'liO-AMÉUK-A. 103 

raiiza de su iiiejoni: se daban patentes de i)rivilejios psnn nuevas 
fábricas: se procuraban colonizaciones útiles; estaba encargada á 
Londres nna librería pública; se liabian pedido máquinas para nu^- 
jorar las de la moneda, minería, etc., y el concurso de los estranje 
j'os manifestaba la opinión y buen concepto que el Estado de Gua- 
temala adquiría, aun en las otras naciones. La diminución de los 
delitos, comprobada con domumentos auténticos, acreditaba la bue- 
na administración de justicia, y la paz y tranquilidad de todo el Es- 
tado, establecidas sin violencia ni fuerza armada, aun en medio de 
las mutaciones necesarias para establecer el nuevo sistema, son nna 
|)rueba no menos gloriosa pjara los pueblos del Pastado, que satisfac- 
toria para el Gobierno. Se liabia dado nna nueva ley á la adminis 
í ración civil, y conforme á ella estaban nombrados ya los jefes de- 
partamentales y de distrito. Se trataba de organizar los batallones 
mandados crear: se habia comprado y aun comenzado á recibirse el 
aimamento necesario para ellos. 

La hacienda pública, que ha llamado siempre <le- pivit-imnii m a- 
lencion del Gobierno, y en la que siempre lia x^rocumdo tanto la e- 
ronomia de sus erogaciones, como el aumento de sos ingresos, ha- 
ría tan notorios progresos, como podrán testificarlo todos los que 
saben que no solo era bastante ya para 'cubrir sus atenciones perió- 
dicas, sino aun para comenzar á pagar sus créditos atrasados. 

En medio de tan liso: i Jera persjíoctiva, el Gobierno se hallaba ;1 
í'ada x^aso comprometido por los continuos ataques y usurpaciones 
<{ue el Presidente de la República hacia en los intereses y en los de 
¡T'chos del Estado, tendiendo siempre á usuri)ar las atribuciones de 
sus autoridades. Los comprobantes de esta verdad, y los liedlos 
(Xue la acreditan, están á la vista de todo el mundo, y el Gobierno 
temeiia que se le inculpase de haber dado mérito á ellos, si las ór- 
denes mismas de la Asamblea y las ocurrencias de este funcionario 
(;on el Congreso y el Senado, no le x^nsiesen á cubierto de cuaKiuie- 
la imx3utacion. Lejos de "eso, cree haber manejado estos ' negeoios con 
la delicadeza que exijian, combinando la firmeza de sus ivdania- 
ciones, con la x^i'^^^l^^iida necesaiia para no agriarlos mas; pen) se 
rompió al fin el dique de la usurpación y atentando ú la prinieni 
autoridad del Estado, y desx)ues á las subaltemas, se dio j)rinc¡p¡o 
n la guerra civil. Las autoridades sevieion «^ntonces jirecisíulas á iv- 
¡rarse x^ara no esx)erimentar la x^rision, los ulti-ajes y vil¡|HMid¡«i?* 
<]ue sufrieron los que no logi'aron el'ectuai'lo. 

Los triunfos del ejército libertador, dieron oxwrtunidatl ¡ku.: , . 
se reínganizase el Consejo en la Antigua; llamó éste al Jefe, que no 
l)udo entonces efectuar su regreso, por liallai-se á la sazón i^eree- 
,i;iiido de muerte y en los confines de Ciudad-Real. Mas luego que 
tíis circunstancias lo j)erniitieron, y que se lialló de nuevo invitado 



1 64 >I F.'"^ l'> N A \\l S'i'C) lí KA 

por el CTeneraL volvió á reasumir (4 Uobierno. dimitiendo m» obs- 
tante el empleo, por la persuasión en qne estaba de que en circuns- 
tancias tan estraordinarias, sí' requerian hombres nnevos j^ara la 
administración pública. De entonces acá, bien que la época haya si- 
do corta, los acontecimientos han sido notables. La desorganización 
causada por la anarquía anterior, la estén nación absoluta, no solo 
de los fondos públicos, sino de los caudales particnlares, la actitud 
todavía hostil y amenazante de nuestros enemigos, y la necesidad 
de mantener el orden, restablecer el sistema y abrir paso á la mar- 
cha constitucional, han precisado al Gobierno á tomar medidas vei - 
daderamente estraordinarias: podnr ser tachado en éstas por aque- 
llos qne no conocen su necesidad; la Asamblea estaba penetrada de 
ellas cuando le facultó tan estraordinariamente; pero estas faculta- 
des de que solo ha usado ocho dias, y para las medidas generales 
que demandaba la seguridad j)ública, se lisonjea el Gobierno que 
iiayan sido de la ai)robacion de la Asamblea y del Consejo, como 
también d: la mayoría de los pueblos. Caiga la maldición de éstos 
sobre mí, si no se han tomado solo con el objeto de hacerles bien. 

Nos hemos visto en el caso de cortar una consi3Íracion atroz, y 
con el triple objeto de impedir otra nueva, de asegurar la tranqui- 
lidad y de castigar á los delincuentes, se ha espulsado del territo- 
rio á los principales ajentes de la tiranía, á los europeos que hablan 
contribuido á sostenerla, y á las órdenes relijiosas que tantas prue- 
bas han dado de su imposibilidad en concillarse con nuestro siste- 
ma y de su decisión por contrariarlo. 

Afortunadamente el Gobierno ha obrado en todo de acuerdo con 
el general Morazan, tanto por conformidad de principios, como x>or 
la deferencia que le es debida al libertador de Centro- América. El 
Estado de Guatemala no le será menos agradecido, por el restable- 
(jimiento del orden y reposición de sus autoridades, que por haberle 
desembarazado de los obstáculos que se oponían á su régimen y á 
su engrandecimiento; y el Gobierno recomienda á la Asamblea este 
nuevo titulo que tiene, para una espresa manifestación de gratitud. 

La escasez de los fondos públicos, y la falta absoluta de recursos 
para suministrarlos legalmente, cuando gravitan sobre el Estado 
iio solo las cargas que le son i3eculiares,sino también las de la Fede- 
ración, ha obligado alguna vez al Gobierno á i^rovidencias violentas 
pero necesarias, que aunque muy agenas de sus principios y de sus 
deseos, eran indispensables para evitar mayores males. No obstan- 
te esto, es preciso advertir que no ha exijidr: otro préstamo forzoso 
que el de 40 pesos, constantes por una lista imx^resa, y aunque se 
decretó la consolidación de capitales, los muy i30cos ingresos de es- 
te ramo acreditan cuanta consideración se ha tenido á los que de- 
bían oblarlos: así es que á j^^^*'^^' cl^ l^s crecidas erogaciones de es- 



1)K ("KXTliO-A.MKliU A. If),") 

!(>.>; meses, (4 (Tí)biei'iií> iui respv^tado las propiedades lo mas (piH I^^ 
ha sido posible. 

Se trata de plantear los batallones dp núlicias. necesario.^ imiu 
mantener el orden, y dar respetabilidad al (xobierno. La falta de 
armamento, es la causa de que aun no se hayan organizado. Entre 
tanto ha dispuesto, de acuerdo con el General, que vayan á 1í>s 
])rincipales dex^artamentos, piquetes considerables i)ara impedir cual- 
quiera sublevación, y mantener en ellos el orden. 

La salud pública, ha sido de la preferente atención del (xo- 
bierno, y ocurriendo la desgracia de propagarse r¿lpidamente la pes- 
te de viruelas, en muchos pueblos del Estado, ha dictado cuan- 
tas providencias estaban á su alcance para detener sus progresos, 
enviando por todas partes vacunadores y facultativos surtidos de 
los medicamentos convenientes, sin ahorrar fondo alguno, aun en 
las mayores estrecheces, pov parecerle que este era el primordial y 
mas sagrado objeto á que pudieran aplicarse. 

F^n la confusión y trastorno á que nos condujo la guerra anterior, 
\ en la multitud de ocurrencias graves y urgentes de estos liltimos 
(lias, no se ha podido dar la atención que era de desearse á otros 
ramos, minuciosos y i3equeños de la administración pública, que se- 
guramente serán mejorados 6 reformados por el celo de los nuevos 
funcionarios, que en la calma y en la meditación, podrán tratarlos 
mas determinadamente, cuya oportunidad no han tenido los (pi-- 
(•(mcluyen. 

En lo general, el Estado se halla reorganizado comi)letameníe: 
sus autoridades, aun las mas subalternas, funcionan sin obstáculo, 
y con arreglo á las leyes: la })az y el orden reinan en todos sus pun- 
ios: los enemigos han sucumbido sin esperanza; se han entablad»» 
relaciones amistosas con los demás Pistados; la confianza se reíable- 
ce, y es en tan ox3ortuna coyuntura que vosotros os encarguéis de su 
administración, y que desarrollareis sin duda alguna todo el germen 
de su felicidad y engrandecimiento. Redoblad vuestro celo y vuesti'os 
esfuerzos: grandes cosas se promete el pueblo de vosotros, y yo es- 
toy seguro que no engañareis sus esperanza^;: sois los guardas de los 
derechos del Estado, y ahora mas que nunca, necesitáis de enerj^ia 
para sostenerlos; mas el i)remio es grande, y la emprt»sa digna de 
vosotros. La gloiia de haber hecho bien á los lu)nd»re.s, es el mas 
justo título :í la inmortalidad; las bendiciones de éstos, son m 
gratas que los laureles de la vic^toria. (Juiera el rielo -'• ' 
(pip ](', liau'o p;)|- vuestro aci^M'to." 



:i^ 



C^l^ITXJLO SÉTIMO. 

ÍSeguuda renuncia del jefe del Estado don Juan liarrundia. 



SUMARIO. 



1 — Segunda renuncia de don Juan Barriuidia -¿. .r, c.-.c. /... 
ral — 8. Dictamen de una comisión— 4. Resolución de lu Asam- 
hUa—t). Carácter de esta resolución. 



1 — Llamado don José Francisco Barrundia á la Presidencia de la 
llepública, en calidad de senador mas antiguo, su hermano don Juan 
renunció por segunda vez la jefatura del Estado de Guatemala. Esta 
renuncia razonada y enérgica, en nada se parece á las que suelen pre- 
sentar algunos jefes, para que se les inste á coníinuar en el mundo, 
y se les otorguen mas estensas facultades. Ella ademas i)resenta las 
dificultades que pudieran surjir entre el Estado de Guatemala y la 
Federación. (\)nviene, pues, no dejarla sepnltnda en un archivo. Pí 
«•e así: 

í2— ''Asamblea Lejislativa del Estado— El Congreso fedeml, ¡H)r 
nu decreto, ha llamado á un liermano mioá ejercer el Po<ler ejeouti 
\ o de la Federación, entrtí tai^to se nombra el que debe obtenerlo en 
I o'opiedad. No es de mi resorte la conveniencia 6 inconveniencia de 
esta medida; pero si lo es, el manifestaros, que por este inci»!- ' 
me hallo imposibilitado de continuar ejerciendo la Jefatura. Sa;..; .. 
los ojos la incompatibilidad (pie hay en que dos hermanos ejeiv^n 



liji^ KESENA IllsrulílCA 

al mismo tiempo el Ejecuti\'o íederal y del Estado, residiendo am- 
bos en una misma ciudad y habitando en una misma casa; y si nues- 
tras leyes no lo han prohibido espresamente, es, sin duda, i3orqne 
no estando aun bien desarrolladas nuestras instituciones, no se han 
previsto todas las combinaciones que son posibles. El honor mismo 
de la nación demanda que no nos tachen nuestros enemigos de en- 
tregar su réjimen á una sola familia; y la conveniencia pública exi- 
je imperiosamente que se eviten las justas censuras, mucho mas 
cuando la competencia de ambas autoridades es necesaria y útil pa- 
ra mantener el equilibrio entre ellas y circunscribirlas á sus limites 
respectivos. El G-obierno del Estado tiene muchas reclamaciones 
que hacer al de la Federación: la Asamblea no ignora muchas de e- 
llas; y es bien sensible la alternativa de chocar con un hermano, 6 
contemporizar con él sobre asuntos x)úblicos. La nación no debe es- 
tar espuesta á este último caso. Cualesquiera que sean los puntos 
de vista bajo que se considere este negocio, son otros tantos argu- 
mentos contra la reunión de poderes en una sola familia. Es eviden- 
te que un mismo individuo, no puede desemj)eñar simultáneamente 
la Presidencia de la República y la Jefatura del Estado; y no hay 
obstáculo que se presentara en aquel caso, que no tenga lugar en el 
presente. El Congreso, por un articulo de la Constitución, se ha vis- 
to forzado á elejir, entre los senadores, uno que ejerza el Poder eje- 
cutivo federal. Ha tenido por conveniente elejir á un hermano mió: 
toca á la Asamblea levantar los obstáculos de esta elección, admi- 
tiendo mi renuncia. Esta medida es fácil, porque falta muy j)oco 
tiempo para que tome posesión el Jefe nuevamente electo, y por- 
que hay un gran número de patriotas que llenarán dignamente el 
intervalo. Sobreabundan las razones que pudiera dar en apoyo 
de lo dicho, y que no hago ostensibles, porque no se ocultan á 
la sabia penetración de la Asamblea. Reproduzco si, las que he es- 
puesto en mi renuncia anterior, y deseo se tengan presentes para 
que la Asamblea, tomando todo en consideración, se sirva admitir 
del momento la dimisión que hago. Creo haber contraído un peque- 
ño mérito, sirviendo en circunstancias delicadas, y no deseo otro 
premio que el de que se me exonere de continuar en el Gobierno. 
Lo pide asi el decoro de lo Asamblea y del Gobierno'mismo. Lo exi- 
je la conveniencia pública, la razón, la justicia; y no dudo que la 
Asamblea atenderá mi súplica decretando de conformidad con ella. 

.hia7i Barrun día ' ' 
:^ — La renuncia pasó á una comisión compuesta de los represen- 
tante Rivera, Zúñiga y Alvarez, quienes dictaminaron que no lia- 
bia ilegalidad en la i^ermanencia, en el gobierno, de don Juan T3ar- 
rundia: que no debia ser admitida su renuncia, y que el señor Bar- 
rundia debia continuar en el ejercicio del Poder ejecutivo del Esta- 



DE CKKTRO-AMÉRICA. 169 

(lo hasta que tomara posesión el sucesor que aparecería muy pron- 
to, i^orque la Asamblea liabia convocado á elecciones desde el 16 de 
mayo. 

4— El CuerxDO lejislativo aprobó el dictamen, quedando, por con- 
siguiente, resuelto que Barrundia i^ermaneceria eu el poder hasta 
la posesión del sucesor. 

o— Desde el 9 de mayo fuó admitida la renuncia de don Juan Bar- 
rundia; pero se le obligaba á permanecer en el poder hasta que e.s- 
tuviera electo el nuevo Jefe. La segunda renuncia tendia á la sepa - 
ración inmediatamente del mando. La negativa de la Asamblea se 
contrae ahora á este concepto, y vuelve á obligar á Barrundia á que 
permanezca en la Jefatura hasta que se hiciera el escrutinio, que de- 
bía verificarse después de un mes. 



C^F^ITULO OCTAVO, 



Segiiiidíi elección de Jete y vice-Jeí'e del Estado de GnatiMna!;*. 



wSUMARK). 



\ — Apertura de los pliefjos — 2. Resultado del escrutinio — H, Jh- 
ereto que declara popularmente electo al doctor Molina— \, hti 
das acerca de la elección del vi ce- Jefe — 5. Escrutinio para la e- 
lección de mee- Jefe — 6. Decreto qne declara electa á dtvn Aíiftniin 
Rivera Cabezas — 0. Posesión de los noíubrados. 



I VA lí) (le agosto de 182Ü la Asamblea de Guateiimla abrió h» 

[)liego8 qiKí contenían Jas elecciones, y s(» lii/.o el escrutinio. Kn rl 
.se (íspresan las juntas departamentales, el ni'mi.'m «I.- v^iirrn'-^iMs \ 
ios ciudadanos qne los obtuvieron. TIe aqii 

*2 — ''Estado que inauillesta fi csciUlinio de \oU».s popal. u* . ^ ... 
ticado por la Asiunblen, en la sesión de 11) de a^fosto dt» 1S*il», i)ara 



172 IIESENA IIISTÓIÍKJA 

la elección de] primer Jefe del Estado, espresaiido las juntas de- 
l)artamentale.s, el número de sufras-ios y los ciudadanos cjue los ob- 
tuvieron. 

Electores Por el C. Pedro Molina Por el C. Aníoaio Rivein 

La de Chiqnimula .... 21 21 

La de Totonicapam ... 27 23 

La de Solóla 17 U) 

La de Verapaz 20 20 

La de Sacatepequez . . . 27 í) .... 18 

La de Quezaltenango. . 21 21 ()<) 

La de Guatemala 30 9 21 



162 103 50 



Por la demostración que antecede, se ve que concurrieron á to- 
das las jnntas departamentales 162 electores: que sufragaron para 
primer Jefe por el doctor C. Pedro Molina, 103; y por el licenciado 
C. Antonio Rivera Cabezas, 59 — Secretaria de la la Asamblea Lejis- 
lativa del Estado de (Tuatemala. 20 de ao-osto de 1820. 



López. Larra ve:^ 



3 — Al dia siguiente la Asamblea emitió el decreto que s« ve á 
continuación: 

''Considerando: que conforme á lo que dispone el art. 7. ^ del de- 
creto de convocatoria de 16 de mayo último, era llegada la época 
en que debia procederse á la apertura de los pliegos, que contienen 
los sufragios de los electores en los siete departamentos, para pri 
mero y segundo Jefe del Estado; hallándose ya reunidos y señala- 
do el dia; veriñcado esto, previos los requisitos que ordena la Cons- 
titución en sus artículos 133 y 134; resultando una mayoría abso 
luta de sufragios por todas las juntas departamentales, y atendidas- 
las calidades del individuo que los reunió, ha tenido á bien decretar 
y decreta: 1. ^ Se ha por Jefe constitucional y popularmente elec 
to en el Estado de Guatemala, al ciudadano doctor Pedro Molina. 
—2. '^ El tiempo de su duración es el que la ley determina ~3. ^ An- 
tes de entrar en el ejercicio de sus funciones, prestará ante la Asam 
bien el juramento de ley, el dia 23 del corriente." 



1)K ( KX'riiO-A.MEKKA 17ÍÍ 

4 — Al liactiise A escrutinio correspondiente á Ja elección del vi- 
ce Jefe, se encontró una dificultad. Los pliegos remitidos por 
la junta electoral de Solóla, no espresaban individualmente cual 
fué el voto de cada elector. Solo decian '-que el C. Antonio Rivera 
habia lesultado elec'to vice-Jefe." Por otro documento de la misma 
¡unta se sabia que concurrieron 10 electores. Deducíase de aquí. 
que por lo menos 9 hablan votado por Riveríi Cabezas; x>ero se du- 
daba si los 7 restantes votarian por el mismo ciudadano 6 jxír otro. 
En el primer caso Rivera tenia elección pojiular, y en el segundo de- 
bía votar la Asamblea entre los que hubieran tenido mayor núme- 
ro de sufragios. Hecha la averiguación correspondiente, se encontró 
que los 16 sufragios de Solóla se hallaban en favor del C. Antonia 
Ilivera (Cabezas. El escrutinio dio el siunieutp resultndo: 



;> — '']j]STADO (jac man} fiesta eltscrutiiLiodc lo.s coLo.s inumlo, , .s. 
practicado por la Asamblea en la sesión ele 22 de agosto de 1821Í, 
para la elección del segundo Jefe del Estado^ espresándose la.s 
¡imtas departamentedes, el número de sufragios, y los dudado 

nos que los ohturieron . 



Por el C. PoielC.r.- Puní ( . U..M 

Electores Ant? Rivera, dro Moliim. tonio Corzo, uuel .1. «le 1: 



fVrfii. 



IjadeChiquimula... 2\ -i I 

LadeTotonicapam.. 27 21 

La de Solóla 16 H) 

La de A^erapaz 2(> 4 H' 

La de Sacatepequez. 27 7 

IjadeQuezaltenango 21 2\ 

Ladeduatemala... 30 m 



162 s:- 4 y^ 



(Jieulo seseiila y dos lueion lo.> siil i.i- n» u«- n.ao> iw> ,i, |...i ..i 
nientos: i)or 85 salió electo el seguiulo .lefe del Estado, el licencia 
do ciudadano Antonio Rivera Cabezas; teniendo 4 ol doctor ciuda 
<lano Pedro Molina, 58 el ciudadano Antonio Cor/o. \ ' ' ' •imln 
n(> Manuel ,). dt^ la Cerda. 

Secretaría de la Asamblea Lejislativa del Estado: (Tuatemn 
de agosto de 182Í). 

Lope:. /jffrrffre," 



174 1 i ES EN A JIISTOKICA 

O — En coiiseciiencia, la Asamblea expidió el decreto que sift-iie: 
''El Jefe del Estado se lia servido dirijirme el siguiente 

DECKETO. 

VoT cuanto la Asamblea two á hieiiclecreiajr lo que nigue: 
La Asamblea lejislativa del Estado de Guatemala, 
CONSIDERANDO: 



Que conforme á lo que dispone el articulo 7. ^ del decreto de con- 
vocatoria de 16 de mayo último, era llegada la época en que debia 
procederse á la apertura de Jos pliegos que contenían los sufragios 
de los electores de distrito en los 7 departamentos, para 1. ^ j'^-^ 
Jefe del Estado. Hallándose ya reunidos, y señalado el dia en que 
debian abrirse, verificado ésto previos los requisitos que ordena la 
Constitución en sus artículos 133 y 134, y resultando una mayoría 
absoluta de sufragios para segundo Jefe en favor del C. Antonio 
Rivera, y atendiendo á que este individuo reúne todas las calida- 
des necesarias, lia tenido á bien decretar y decreta: 

1. ^ — Se lia por segundo Jefe constitucional y popularmente e- 
lecto en el Estado de Cxuatemala, al ciudadano Antonio Rivera 
Cabezas. 

2. ^ — El tiempo de su duración es el que la ley determina. 

3. ^ — Antes de entrar al ejercicio de sus funciones, prestará an- 
te la Asamblea el juramento de ley, el dia 23 del corriente. 

Comuniqúese al Poder Ejecutivo para su cumplimiento, y que 
lo haga imprimir, x>^^blicar y circular. — Dado en Guatemala, á 
veinte y dos de agosto de mil ochocientos veinte y nueve — José 
Manuel de la Cerda^ diputado presidente — José Venancio López y 
diputado secretario. — José Antonio de IjarraDe, diputado secre- 
tario. 

Por tanto: ejecútese. Guatemala, agosto 22 de IS^Q—Juan Bar^ 
rundía — 

7 — El ceremonial para la toma de posesión, fué el que entonces 
se usaba: emanación todavía de las leyes y costumbres coloniales, 




í'vatnttMSVt''^^^^ 



EL B^ m ^EBñO SMKOLOS^A, 

A LA EDAD DE 75 ANOS. 



DE CONIJio-AMElilCA n.") 

á saber: juramento ante el Presidente de la Asamblea, It JJeum 
en la Catedral, con asistencia del cabildo eclesiástico y de todos los 
párrocos existentes en la ciudad; repiques de campanas y salvas de 
jirtilleria.» La costumbre de que los actos religiosos se mezclaran 
con los j^olí ticos y vice-versa, era tan fuerte, que el Congreso Fedf*- 
ral restaurado en 820, por orden de 1. ^ de setiembre del mis- 
mo año, dispuso que en toda la República fuera solemnemente ce- 
lebrada la inauguración del ]wntificado de Pió A^ITÍ, que subrosfo 
á León XTl. 



CA^FITTJLO NOVENO. 

España intenta roconqnistar la América 



SUMARIO. 



lif^/lex ¿o iici^ acerva de la actitud de J^.spaua :i. Faríc dt lu 
aristocracia americana fomenta las tendencias españolas — 3. 
Tendencias de algunos serviles de Centro- América — 4. Tenden- 
cias de algunos mejicomos en el mismo sentido—^. Nota de don 
Mariano Mantilla — 6. Nota del general Morazan — 7. Espedí - 
-clon del general Barradas — 8. Proclama de Barrundla — 9. De- 
creto del Congreso federal — 10. Rendición de los españoles. 



1 — Msjiáíia «'11 KS;¿1> jio ii;il'j;i [M-nudu la f^pi-iaii/a (j«* rrcmujiu^uir 
las Repúblicas que antes fueron sus colonias. KI deseo de volver ñ 
dominar una gran parte del Nuevo Mundo existe todavía en algii- 
gunos españoles. Si no siempre lo ponen d(* maniliesto, es jKmiUf 
muy bien se comprende la im])osibilidad d(» rralizar tan vasía em 
l)r('sa. 

2 — l'na parte de la vieja aristocracia anifricana lunieniaba m K>- 
l^ana las ideas de reconquista. Muchos condes y maixiueses did 
mundo de Colon suplican con frecuencia al gabinete de Madrid qu*- 
revalide sus títulos ])erdidos. Kilos i)i*es(»ntan á su patria i»n aquf 
Ha corte como país ingobernable, y hacen protestas iiici'Siiates df 
adhesión á los leyes de (astilla. El autor de estas lineas ha visto 

1'? 



I7S k>:si:na iijstókk a 

en el Ministerio de Estado de España á un noble americano niani 
íestar mas realismo que los Borbones, y pedir con ahinco al ministro 
don Fernando de Calderón y Collantes la renovación de sn título 
nobiliario. 

8 — Los nobles que contribuyeron á la independencia de Guate- 
mala, porque las cortes de Cádiz liabian herido sus privilejios, y 
porque consideraban á España contaminada con las ideas de la re- 
volución de Francia, querían una monarquía en el í^^uevo Mundo, y 
habían gastado gran X3arte de &us fuerzas en la anexión al imperí(^ 
de Iturbíde. Destruido aquel imx)erio por el pronunciamiento de- 
Casa-Mata, no les quedaba mas recurso que crear una Rex)úblíca a- 
ristocnítíca, como Genova 6 Venecia. A ese fin se encaminó el gol- 
X)e de estado de 1826 en Guatemala, y la invasión de Honduras. Un 
soldado audaz del pueblo de Tegucigalpa desbarató esos, planes en 
la Trinidad. Gualcho, San Antonio, San Miguelito, Las Charcas 
y Guatemala, y no quedaba á los nobles mas recurso que volver 
los ojos á Fernando YIL Ellos x)or medio de diferentes agentes y 
esjpecialmente del arzobispo fray Eamon, que se hallaba en la Ha- 
bana, manifestaron al Capitán general de la Isla de Cuba, que las 
divisiones centro-americanas, los desórdenes y desastres que s( 
veían en nuestro suelo, facilitaban la reconquista; y que todos los 
hombres de bien, de orden y de juicio la anhelaban: que la parte in- 
dígena quería al rey, y cjue solo lo combatirian los hombres aspi- 
rantes á destinos, los que lio podían vivir sino del tesoro x^úblico \ 
los que medran en revoluciones ganando á río revuelto. Este len 
guaje, grato para los españoles, halagaba sus asxúraciones. 

4 — No solo algunos guatemaltecos han manifestado esas tenden- 
cias. También en Méjico se vieron muy marcadas el año de 29 y en. 
tienq^os anteriores. Mejicanos de la nobleza acaudillados por el pa- 
dre Arenas x)romavieron una revolución el año de 27, con el ñn de 
restablecer la religión en toda su j^ureza, y nombrar una regencia 
compuesta de eclesiásticos, x^ara que gobernara el país á nombre del 
Rey de España. Estaban complicados los generales Negrete y Echa- 
verrí. El padre Arenas murió fusilado. Echaverrí y ISTegrete fueron 
desterrados, y se dio una ley espulsando á todos los españoles del 
territorio mejicano. 

o — El ciudadano Mariano Mantilla, de los libertadores de Vene- 
zuela, general de división de los ejércitos de Colombia y jefe supe- 
rior civil y militar del distrito de Magdalena, dirijió una nota data- 
da en Cartagena, á 8 de enero de 1829, al Jefe del Estado de Nica- 
ragua. En ella le dice que j)ov los Estados Unidos habia recibido 
noticias fidedignas de que los esx^añoles, siguiendo los x^royectos de 
reconquista, x^ reparaban en la Habana una esx^edicion de tres ó cua- 
tro mil hombres, que se introducirían x>or Omoa hasta Guatemala.. 



DE CEXTKO-AMÉKK A ll'.i 

con el doble objeto de dominar los diferentes Estados de Centro- 
América, y de proceder (íontra Méjico. Mantilla aseguraba qntt 
aquella fuerza saldria el mismo mes de enero; y que se con- 
taba con las divisiones centro-americanas x^ara obtener un resul- 
tado feliz. Esta nota se recibió en Guatemala con mucho retra.so 
por conducto de los Secretarios de la Asamblea del Salv^ador. El 
Jefe del Estado dio cuenta al comandante general del ejército alia- 
do don Francisco Morazan^ quien contestó por medio de una notn.. 
cuya importancia obliga á presentarla íntegra. Dice así: 

6 — "He recibido la copia que Ud. se lia servido acompuíuii a .^¡i 
estimable nota del 12 del presente. Ella comprende la noticia que se 
lia dado al vice- Jefe del Estado de Nicaragua por la autoridad mi- 
litar del distrito de Magdalena en la República de Colombia, sobie 
prepararse una división española en la Habana con el objeto de in- 
vadir la de Cente'o -América por el puerto de Omoa. Comprende i- 
gualmente la nota de la Asamblea en que manifiesta su buena dis- 
posición para i)reparar todos los auxilios necesarios. El mismo vice- 
Jefe de Nicaragua me remitió hace dias igual copia, y desde enton- 
ces dicté las providencias que me parecieron convenientes para ase- 
gurar los puertos del Norte, y poner en estado de defensa sus pla- 
zas, dando orden al mismo tiempo para que se arreglen las milicias 
de Gracias, Santa Bárbara, Usiila, Yoro, Olancho y Sulaco, y que 
auxilien á los comandantes de Omoa y Trujillo. En virtud de estas 
providencias, han salido ya j)ara Omoa 10()homl)res de Gi-acias y 
100 de Usula. 

'Tenga Ud. la bondad de ponerlo así en conocimiento de este úi¡^ 
no Jefe y manifestar al Cuerj^o Lejislativo, que aprecio en el gi*ad<» 
que debo, su buena disposición para proporcionar los recursos del 
Estado de Guatemala contra la invasión á la patria; y lo satisfaí*- 
torio que me son sus sentimientos en un neo-ocio (\^ tanta ini]^nr 
tancia." 

7 — El movimiento anunciado por el general j\lantilhi coincidí»» 
(M)n la invasión á Méjico del general Barradas. Creyendo los espa 
fióles que los mejicanos intentaban volver á su dominio, <»nviai*on á 
las órdenes del brigadier don Isidoro Barradas, una espedicion i>ani 
operar la reconquista de Méjico. La esi)edicion fué reforzada en la 
Isla de Cuba. El ejército invasor asc(»ndin :i r>,()00 hombres, inclu 
yéndose las tripulaciones de los buques.* El 27 de julio, IJÍbuquen 
de guei'ra á las óidenes del almirante Laborde, anclaron ei) *' 
llojo, 20 leguas al Sur de Tanqnco. Barradas traía misionen- 
orden de San Francisco, cuyos sermones le inspiraban mas esperan 
zas que la artillería (»spanoln. Nótese que siempiv aparecen h»s fraí 
les tr{ü)ajando contra la independencia, contra la libertad, contra 
la república, y en liga íntima con la aristocmcia, y noí<e qn»*jen de 



180 UKSENA ms'lóUK^A 

ser desterrados. Trescieutos iioiiibres emboseados con ana })ieza de 
artillería detuvieron la vanguardia del ejército español; pero aquel 
€orto destacamento tuvo que ceder al nímiero y los invasores oculta- 
ron Tampico. 

8 — El Senador Presidente de la IiepúV)lica de Centro- América di- 
rijió á los jefes de los Estados la proclama sig-uiente: 

-'KL rajBTERNO (.ENEltAL A. LOS ESTADOS DE rEX'l'íiO-AMÉKICA . 

l'odo el pueblo americano es independiente: todas las provincias 
que antes fueron esclavas, se elevaron á naciones soberanas. El ré- 
gimen despótico se cambio en instituciones republicanas. La libei'- 
íad cubrió bajo sus alas al mas vasto continente. La regeneración 
fué simultánea y asombrosa; y una luz inmensa, una revolución fe- 
liz ajitó al mundo, y elevó la especie humana. Jamás se viera un 
conjunto de pueblos libres ni mas numerosos ni mas idénticamente 
i-ejidos por los principios eternos de la igualdad y la justicia. Este 
espectáculo, este triunfo grandioso de la ñlosofia y de los derechos, 
digno de la divinidad creadora, éste desarrollo feliz de las institu- 
ciones y del orden social que marcha con resultados inmensos á la 
perfección del hombre, intenta ahora destruirlo un gobierno decrépi- 
to y degradado, sostenido por el error y por los vicios mas dejjresivos. 

Después de los inmensos sacrificios hechos á la independencia y 
ala libertad; después de arrancar de su asiento á los tiranos, de 
romper su arraigada dominación y su régimen de fanatismo, de ig- 
norancia, de corrupción y servidumbre; desx)ues de tefrir mil veces 
los campos con la sangre de los patriotas, de combatir por los prin- 
cipios republicanos, y de triunfar siempre, no solo sobre los adver- 
sarios de la independencia, sino sobre los enemigos de las libertades 
públicas; después de haber humillado por todas partes el orgullo aris- 
tocrático, y roto las cadenas domésticas á una con el gran pueblo 
mejicano; después de haber desvanecido con enerjia el prestijio mo- 
nástico, y dominado la discordia civil, afianzado la ley y vuelto 
8u dignidad al x>^ieblo soberano; ;,sufriríamos que la planta vil del 
soldado esiDañol profanase el suelo clásico de la libertada p Aleccio- 
nados por la adversidad, y en dur ácidos x)or la guerra contra tiranos 
de toda especie, oyendo aun los ecos ruidosos del campo de bata 
lia, y fresco aun el ramo de encina en la sien de los vencedores, pu- 
diéramos soportar el yugo de un rey imbécil^ ; Permitiríamos en 
nuestro suelo el azote homicida y devastach);- de la dominación espa- 
ñola, de ese pueblo esclavo, para execración y deshonra del ser hu- 
mano? ¡Oh no! Yo veo la indignación patriótica inflamar los semblan- 
tes y centellar en las miradas de los libres. Yo leo el triunfo y la 
ígloria escritos en el corazón republicano. Si en las discordias ch)- 



D E ( E>í TK( )- A MKli I ( A . I S í 

iiiésticas la (3piniou vacilaba entre los ciudadanos; en la ira nacional 
í'ontra la España, uno es el acento terrible, una es la voz de execra- 
ción y muerte. Infeliz del ser imperfecto y degradado que sostuvi»»- 
se un sentimiento contrario á la sagrada causa de la Américal 

; Compatriotas! Es llegado el momento de volar á las líneas defen- 
soras de la patria. Vosotros que habéis luchado por los lil>i*es, qut* 
jiabeis hecho sacrificios, sufrido persecuciones; que habéis goberna- 
do y dirijido á los pueblos contra la anarquia aristocrática, no es 
á tales ciudadanos á quienes necesita el Gobierno dirijir la voz 
imperiosa de alarma y de defensa. Ann vierten sangre vuestras he- 
ridas por la libertad; vosotros sentis lo que ella vale. Mas el ciuda- 
dano tranquilo á quien por acaso no ha tocado la tonnenta revoln- 
cionaria, el que por error siguió la suerte del poder usurpador, oi- 
ga ahora la voz de sus hijos, de su esj^osa, de su familia y de sit 
hogar, amenazados de un diluvio de males, de la esclavitud, la mi- 
seria y la muerte, que seguirían por todas partes al ején'ito espa- 
ñol. Su ciego furor frenético bebería la sangre de vuestros hijos, y 
vengaría con rabia insaciable los años de la libertad que nrrnnm- 
mos á su tiranía. 

Ved ya pisando el territorio mejicano esa horda detestal. i»^ »i.i*- .. 
nuncia paz, y arroja por sorpresa la muerte sobre un pueblo heroi- 
co, que sacrifica con muy inferior número y lo detiene con escar- 
miento en su marcha sacrilega. Todo el continente americano está 
ya sobre las armas, y la espada de los libres vuela á teñirse en lo^ 
antiguos opresores. El triunfo es siempre del patriota: vosotros lo 
sabéis, jamás venció la causa de la tiranía: la victoria ha seguida 
siempre los movimientos y ha coronado los esfuei*zos de los soste- 
nedores de la libertad. Independencia española, independencia abso- 
luta, Eepública federal, República restaurada de la aristocracia, 
esta es la (íscala ¿ie nuestras épocas, de nuestros progivsos y del 
triunfo constante de la justicia. pQuión puede olvidarloí jCónio re- 
trogradar ahoia á la primera época de nuestra abyección y nulidad f 
Esto sería el portento mas horrible, el fenómeno mas estraordinario 
contra el orden de la misma natuialeza. El español que intenta sub- 
yugarnos, delira en su decrepitud. Su triunfo no pudiera sino ser 
muy cíímcro, aun con fuerzas superiores alas de ^- *■' :i. Pei*o 
(niti(^ (anlo, ¡qué espantosa siUM'te no seria la <le las \> ues q«.» 

cayesen bajo su horrendo yugol Que degradación y vt»riruen7Ji, ^^i 
poruña combinación militar su armada inq><)tente ctmtra Méjico s»» 
(lirjji(^s(í á nuestras costas, y lograse internai-se por descuidt» cul- 
pable! Republicanos: jefes encargados de la libertad d«» cada Rita- 
do: o] (lobieruo federal está cierto d<»qu»* nosufririMs ni la Uha sola 
de semenjante desventura. El Ejecutivo es¡M'ra d»» vt)sotr«>s la coon»» 
raci(m mas ardiente, y que nuestms nuliclanosse nixnrán en nin«« ni 



182 KESE.NA IIÍSTÓKICA 

í'lamor «agrado de la patria. Aun sin el inminente riesgo de una 
agresión contra nosotros, la América toda, la ilustre Europa, la ñ- 
losofia, la libertad, el clamor de los derechos del pueblo y la civili- 
zación y la prosperidad de la especie humana, exijen hoy de noso- 
tros todo género de sacrificios. Sostened á una patria á quien la ley 
restaurada ha encargado del gobierno, que ha padecido con voso- 
tros, por excitar desde los princijiios el espíritu de la independen- 
ría: sostened la fuerza federal destinada á mantener ilesa la Repú- 
])lica, y volad con los demás pueblos de América en xios del laurel 
de los libres. Nosotros no teñimos la espada y triunfamos sin resis- 
tencia del orgullo español. Mostremos al mundo, si somos invadi- 
dos, que tenemos valor y sabemos apreciar el don inmortal del lo 
de setiembre, y que somos dignos hermanos de Méjico y Colombia. 
Que en tal caso el árbol de la libertad reverdecido y regado en lo 
interior por la sangre de nuestros patriotas, acabe de florecer sobre 
las reliquias de los antiguos opresores — Setiembre 3 de 829. 

José Bar rundía. " 

9 — A continuación el Congreso dicto medidas enérjicas y activas, 
entre las cuales se halla el decreto siguiente. 

"El Congreso federal de la República de Centro América, tenien- 
do presente lo que exijen los derechos é intereses de esta Repúbli- 
ca y los de las demás de América, por la situación en que hoy se 
hallan respecto de la monarquía española; 

DECLARA Y DECRETA: 



A ningún subdito del Gobierno español, de cualquiera clase, edad, 
y condición que sea, se permitirá entrar con motivo ni pretesto al- 
guno al territorio de esta*República, ni desembarcar en sus puertos. 

2. - 

Para la exacta observancia y cumplimiento del articulo anterior, 
el Supremo Gfobierno dictará las providencias mas activas, eficaces 
y oportunas, á cuyo efecto se le autoriza competentemente. 



Respecto de los hijos de] la Península 6 de cualquiera de las po- 
sesiones del Go])ierno esimñol, que hallándose radicados en esta Re- 



DE CEKTlio-AMlililí A. iNi 

pública, hubieren .salido temi:)oi*almente de su temtorio con el cor- 
lespondiente pasai)orte; y en cuanto á la forma en que ha de soli- 
citarlo y obtenerlo todo el que en lo sucesivo intente salir de la Re- 
pública á negocios j^iopios con ánimo de volver á ella, para qiu» 
pueda entrar de nuevo á su territorio, siendo de las personas que 
quedan referidas: el S. P. E. podrá adoj^taróno las disposiciones 
que se liayan observado hasta el dia, según estime mas convenien- 
te á la seguridad y al interés general de la nación, 6 tomar las que 
í^xijan estos importantes objetos. 

-). - 



'Lodos los ijuertos de la República iiabilitados paní el comercio 
\sterior en sus costas del norte y del sur, se cierran al X)abellon 
spañol, y á los frutos y producciones del suelo y de la industria 
le España, sus colonias y dependencias. 



En consecuencia, quedan absolutamente escluidos de nuesu-^ <... 
niercio, sin que puedan en manera alguna introducii'se en la Repú- 
blica las producciones naturales y manufacturas de España, sus co- 
lonias y dependencias, aun cuando por medios lejítinu)^ i.„t.:..w,-. 
pasado á ser in'opiedad de un neutral. 

8e prohibe la esportacion de frutos naturales y manufacturas df 
< Jentro- América, (;on destino á cualquier puerto sujeto al gobienw» 

'"<r)nñol. 



Los contraventores á este decreto, y iu.^ administmdoi'es y ulieiaj 
les de las aduanas nacionales, que de alguna maneni iH»nn¡lieren ó 
ílisimularen su infracción, quedan sujetos á las j)enas que estable- 
<'en las leyes. 

Pas al Senado— Dado en üuatenmla, ú :J de octubre de 183íl>— 
Mariano Galvez, diputado vice-pi'esidente— /'VaMc/ítv> / U\ 

liputado secretario -/vVA'Ar^// />>/v ' ' = — •♦-■í- - ^^ 

Senado. 

Sala del Senado, (luatemala, 17 de noviembre de 182ü— Al Voúvi 
lí'l^iiwx'w o Mariano Ze/iteno, préndente— J//////' ^' 

t^ario 

Por tanto: <?/6'c///c.sví —Palacio nacional de Uuateiiuila, novienibrv 



184 RESENA lüSI-OlMCA 

20 de íS2d—José Barrundía'^ 

10 — Al saberse en Méjico el desembarco de los invasores, los me- 
jicanos acudieron á las armas. Era presidente don Vicente Guerre- 
ro, quien reunió el Congreso, y iridió facultades estraordinarias. El 
general don Antonio López de Santa Ana se hallaba en su liacienda 
de ''Manga de Clavo", y sin esperar los decretos lejislativos ni las 
proclamas del Presidente, corrió á Veracruz, levantó la población, 
y con 800 hombres se embarcó hacia la provincia invadida. Puso si- 
tio á Tampico; pero tuvo que retirarse ante fuerzas superiores. Fue 
auxiliado después por el general Mier y Terán. La insalubridad del 
clima diezmó á los españoles, y Barradas tuvo que rendirse. 



CA.I>ITXJLO DÉCIMO 

Decreto de 2'i de noviembre. 



SUMARIO. 



— FoslcioiL de (Jentr o- America respecto á España — 2. Decreto f!r 
28 de noT/iemhre — 8. Consecuencias de esta ley. 



\ 



I — Centro- Amorica se hallaba entonces en gueriti con España, se 
gun los principios del Derecho Internacional. La Independencia eni 
un lieclio que los españoles condenaban; era un acontecimiento que 
ellos maldecían. El trascurso de ocho años no lo habia sancionado 
en concepto de la Corte de Madrid. Esi)aña se indiírnaba con las na 
(íiones que reconocían nuestra Independencia, l^i causa de Méjico 
era la de Centro-América, porque en idénticas circunstancias nos 
hallábamos. Méji<'o tenia una nol)leza y un cien) (pie, como los is- 
raelitas en el desierto, desí^iban volver ai dominio (ie Kanion. (Vn- 
tro-América teníalo mismo. Se hallaba nu Ai/obis'|>o «»n la Ha- 
bana, quien fomentando las aspiniciones iH*nins\ilai'es, pivtendia 
volver ;1 la época del coloniaje. No solo i^l (io!>ierno dt» Eenian- 
do Vil, sino el rejente Espartero nos Ihuuó súl)diíos subl«»va(hís. 
Kn (xuatemala habia es})ahol(\s, entre los eiiale» st» ha Naba ii nm 
ellos que nsj)iiab;ui á eiisaiichar «'1 territorio de su píiíria, y ;í qur s»» 
romentáran las tendencias de reconquista. ÍjJIs tertulias d«» !•• n*- 
bles casi solo se ocnipaban en favor de la monarquía espiñol; 



18(í líESEÑA II1St6íI1('.\ 

exhalar suspiros x3or su muy ainado Fernando. Vista esta situación, 
la Asamblea de Guatemala dictó el decreto siguiente. 

2- -"La Asamblea lejislati va del Estado de Guatemala, conside- 
rando: que en el mismo Estado iiaj bienes de todas clases, perte- 
necientes á vasallos de la monarquía española: que saliendo de a- 
quí las rentas y productos de esos bienes, van á engrosar los fondos 
con q'ar aquel monarca emprende tentativas de reconquista: que 
aunque desgraciadas como lo lian sido hasta ahora esas emioresas, 
ellas ol)ligan siempre á erogaciones estraordinarias; ha tenido á bien 
decretar y decreta: 

1. ^ — Se autoriza al Gobierno para que ocupe todas las propie- 
dades que existan en el Estado, y x:)ertenezcan á cualesquiera subditos 
de la monarquía española. 

2. ^ — Esta ocupación será con calidad de volver el importe de los 
bienes ocupados, luego que la España reconozca la Independencia 
de la República centro-americana. 

3. ^ — Entre tanto, el Gobierno hará uso del producto de estos 
bienes para ocurrir á los gastos públicos, y á la seguridad del Es- 
tado. 

4. ^ — Al efecto i^odrá enagenarlos por venta 6 admitir préstamos 
voluntarios, pignorando dichos bienes en seguridad del prestamista, 
á quien serán entregados, para que se cubra con sos frutos, 6 con 
el producto de su venta, luego que ésta se verifique. 

5. ^ — ínterin se establece la intendencia, j)odrá el Gobierno nom- 
brar un comisionado que haga todas las averiguaciones necesarias, 
á efecto de descubrir los bienes que pertenezcan á vasallos espa- 
ñoles. 

6. ^ — El comisionado queda autorizado por esta ley, para, recibir 
declaraciones, reconocer testamentos, libros de caja y cualesquiera 
otros documentos j)or donde pueda descubrirse la existencia de al- 
guna propiedad española. 

7. '^ — El que por medio de declaraciones falsas 6 de otro modo 
contribuya á embarazar el descubrimiento de alguna x)ropiedad es- 
pañola, será castigado como defraudador de las rentas x3Úblicas. 

8. ^ — Desde la fecha en que se publique este decreto, serán nulas 
todas las enagenaciones privadas que se hagan de bienes x^ertene- 
cientes á subditos de la monarquía esx)añola. 

9. ^ — Quedan comprendidos en este decreto los bienes de los es- 
X^añoles que en Honduras hayan tomado las armas contra la autori- 
dad lejislativa de aquel Estado, é igualmente los de aquellos espa- 
ñoles que en cualquiera parte hayan obrado contra la Indexienden- 
cia de la América del Centro. 

Comuniqúese al Consejo repres'sntativo jydni su sanción. — Dado 
en Guatemala, á veintitrés de noviembre de mil ochocientos veinti- 



í)i: ( KX'I liO-AMElili A. lv>; 

nueve — Josí' Venancio Loptz. diputado i)resideiite — /. Btnianlñ 
Escobar, diputado secretario— J/a7Z?íeZ Arellano. diputado seciv- 
tario. 

Sala del Consejo representativíi del Estado '.it- Uuat^mahí .. ... 
Corte, á veinticinco de noviembre de mil ocliocientoa veintinueve — 
VI Jefe del Estado — Antonio Ricera^ |>residente — Eugenio Maris- 
ral — Manuel J. García— Eugenio Zelaya^ secretario interino. 

'Pov tanto: ejecútese — Guatemala. 2fi de novípndm» dp 18*2í» -/^ 
^/ro 3folina.'' 

3 — Dado este decivio, s»- ocupai»»^ .u^^un.i.-^ |*i«;|)i»-u4m»-:^ «i»- í«f:>i-- 
[)afk)les y fueron vendidas; pero el lapso de i)oco tiempo, las favo- 
lables noticias venidas de Méjico, y ¡acreencia de que una nueva in- 
tentona castellana no amenazaba al país, hicieron <' V '"V. Se- 
í;un la derogatoria, los bienes ya vendidos queda i _ .imente 
enajenados, y sus dueños deberían ser indemnizados cuando la Es- 
paña reconociera la Independencia de la República centro-an * 
na. confoime al textf» literal del decrete» (b* t?;i d»» novi«»nibr»* 



(*) l'u (íspiíñol llíiiuado José Victoria Ketcs, testí» tleJAudt» A iiKafructo «' 
<íisas á lum liija, y la i)ioi>iecltul ú obnis pins qne se orein tlobiiin fumliire»- «-n E^j-.u. , i 
^onora líelos casó con un beñor Bustamaute, español también, y ninb<M ♦•mi.^. a-í 
Kspañii antes clt> la Independencia de Centro- Amérícti. Todas estas circunstu: : *. 1 
. ieron que se ocuparan las enunciadas cavsas y fueran vendidivs con calidad d' n-Um 
valor cuando España reconociera la Independencia de Centi"o-.\mt'rioi. lüiUit»^ la/.. % 
nos reclamos, desde la Habana y nada favorable pudo obtener; pero al «abir 1<* 
-n'rvilos al poder, ella se presentó en íriíatennl», y buscí'» un ..* * * * • nuu» «• 
lictos al servilismo, y de los que tenían nuis deseo de ultmjur ú li- . 'ctor don 

Andies Andrcu, quien pretendió entablar la acciou reivindicatorin. LoftaernlM lo «lomi> 
liaban todo: los liberales estaban caídos, abatido<i. nltmjadoH y siempre ■ imni i nMln a » 
muerte. Los serviles exijían »í Carrera, el completo esteruiiuio »lü Uw libcmlin^ S<* ^1^ «|«^ 
< 'ari'era, en horan do dÍ8í?aato cu qua rjfiti tí Pavón, ú Ayciuena yú ÜAtn^ 
los: ♦♦Ustedes no están contejitos cuando no me ven matando/* Lox*—-' 
«ausíi de la lletes un unsdííi de lanzar t<Hla cIíih»» da injurias cuuln» ^u 
lííf^'atos de Andreu, se ímpríuii.iu. El citaba al públic*» )mra quo oycm hus inlonarK im «k*- 
.< cho, en los cuales dominaba la violencia y la |Mucton. Lkw j>oiií*<lorí« «U» liw mMii lMnM««i 
1 nian persoims <iue contestaran al doctor Amlreu. í*»>n ríi^KKu de U Ubcrlad t l« vitl», I^» 
polémica fu«í ruidosa. El rcHultiido m» ¡HMlla menotí do c*»rrwqM»nd«'r á lo» tlcwriw «Ir 1a |wr 
lo act4)rn, (pie contíilnien HU aiHiyo. eon4a activa cooiicniriuu ik>l tnibirnio. y r«»n rl |nxl»f 
de todo un partido d<>minftnt«» y ávido do ejcrr r UnmiUaciomw nobir loNqno Urinnfiínm rt» 
182í). T^a Uetes ret'obró kus coMiut; ihto uuw liirtU». dr<i«ic« d«« mi i 
los Vi*-' 1"«-'-^ •! .IK..IÍ.1 ii'i.Mi i>ii\i<riitt Hi>l>i. «<liitK V \«>!\!i'n>ti :\ 

h'UYW 



C A^JPl T I 1 .( ) I TSTDKC LM< >. 



Kevolucioii servil en Honduras. Kl ijcneral MorH/aii iiiarrlia 

a sofocarla. 



SI M \1Mm 

-LUía de loa individuos tapatriadoH dv líondunus — 2. Maqui- 
naciones délos ser mies — :3. Decreto déla Anamblea dv // ' - 
ras — 4. Mommienio de Opoteca—h. Actitud dv Tvrrvtot 
¡Suspensión del decreto de li) de Npriembre — 7. Vi/ilpid^ auxi- 
lio al Jefe del Us lado de friiate ín ala S, Resol t/ ' ' //# ^- 
samdlea de (jiiateiuala. — í). Üesaciurdo vntre el > Presi- 

dente y el Jefe del Estado de Giiaieí/uíUi— 10. El Senador Pre- 
sidente sedirije á la Asamblea objetando la mndurta *' ' ' 
del Estado— i\. Nota del MinisterioJ'edvral dv guerra 
na á la Asamblea de Gxiatemála—VZ. Efeelon de lacón 
cion anterior— Vil Mo razan vn Honduras 14. / 
minffuez — 15. (fanclusiau de la f/uvrra dv (íUn* ., 
loria sobre los rebeldes dv (>])otvrn—\l. /a>« xerrib 
de conspirar. 



I siinl)K'a áv iloiultmi» diú un dec*ret« lailHiuo. df 

ju'iUM'do (Olí Im l»*y ijiir ílirtó el ('OnjJcreHt) ftMl»»ml. .\qii»'l íioblern*» 



liiO líESENA IIISTOKÍCA 

envió á Guatemala una lista de los esj)ulsos y de los que debiaií 
serlo. Dice así literalmente. 

•'Lista de los individuos que han sido espatriados de este Esta- 
do de Honduras, como comprendidos en la ley de la Asamblea es- 
traordinaria de 10 de julio último, que se halla en consonancia con 
la del. Congreso federal de2¿ de agosto. 

Pedro Arriaga, esj^atriado por el puerto de Omoa fuera del terri- 
torio de la República, como principal ájente y director del tirano 
Milla, y que influyo en el incendio de Comaj^agua su patria. (^^) 

Ciríaco Yelasquez y el presbítero Antonio Rivas, no se han podi- 
do aprehender. Estos dos han reincidido en la facción de Opoteca. 
á la que dan actualmente animosidad. 

EspañolJuan B. Casaña y Juan José Aidaurreta, están manda- 
dos sacar fuera del Estado. 

Juan Lindo y Joaquín Lindo, están en el Estado de Guatemala. 

Gerónimo Zelaya, emigró al Norte, segnn noticias. 

Gregorio García, no se ha axjrehendido. 

Dionisio Gutiérrez y Domingo Lagos, están en el Estado del Sal- 
vador. 

Francisco Marcilla, emigró y no se sabe su paradero. 

Presb. José M. ^ del Campo, en el Estado de Nicaragua, 
td. Manuel Alvarez, en el del Salvador. 

Juan Antonio Inestrosa, se fugó de Trujillo y se halla en la fac- 
ción de Olancho. , 

Estranjero José Valerini, ídem. 

León Yasquez, en Trujillo. 

Estranjero José Eerrari, salió de Omoa fuera de la lleijública. 

Presb. Joaquín Mora, en el Estado del Salvador. 

El ex-pro visor Nicolás Irías, emigró y no se sabe su paradero. 

Bartolomé Romero, en el Estado del Salvador. 

Estos fueron aj entes del intruso Milla, y contribuyeron eficazmen- 
te en la revolución de este Estado y de la República^ ya desempe- 
ñando destinos y comisiones, ya seduciendo á los pueblos incautos, 
y ya persiguiendo á los ciudadanos |)acíficos y defensores del sis- 
tema. 

Ministerio genei'al del Gobierno Supremo del Estado de Hondu- 



O Con razón Arriaga se mauifestó eu Guatemala hostil al partido liberal: con razón fu (' 
mío cielos mas activos cooperadores de Pcivon, d3 Aycinena y don Luis Batres: con razón 
liizo tenaz guerra á los j(3ven'^s que manifestabau ideas liberales, y procuró siempre anona, 
darlos. 



1>K ( KXTKO-AMÉÜK A. i»] I 

as. 're.uuciu'alpíi, (octubre 24 de 1829. 

^f OH cada." 



2 —Algunos tlesterrados de Hondiims y de otros Estados de Cen- 
tro- América, se dirijieron á Belice con el fin de ajitar desde allí á 
determinados pueblos. {'•') Pax)eles públicos y emisarios de los ser- 
viles, pusieron en movimiento el departamento de Olancho. (/*) El 
\ ice- jefe Aljil hizo esfuerzos pam reducir al orden i>aeíficamente á 
los olanclianos y no obtuvo ningún resultado favorable. El pretesto 
de ellos era resistir una módica contribución, establecida xx>r la A- 

amblea el 28 de abril; y la realidad anhelada era operar una reae- 
rion. 

*^ — La Asamblea de aquel Estado dictó un decreto que demuestra 
los benévolos sentimiento^s que la animaban y la injusticia de la in- 
surrección. Dice así: 

•'La Asamblea Legislativa del 'Estado de Honduras, i-eunida ifs- 
í raordinariamente con el objeto de tomar medidas capaces de termi- 
nar la guerra que el departamento de Olancho hace al Gobierno Sn- 
i)remo del Estado: considerando que retirándose la fuerzii imciHca- 
dora, que (;on este título existe en el pueblo de Juticalpa al man- 
<lo del coronel ciudadano José Antonio Márquez, á otro i)unto fron- 
terizo, ¡juede desde allí sostener mas fácilmente la ivspetabilidad 

leí Gobierno, y poner á cubierto de las invasiones de los declara- 
dos enemigos, á los demás pueblos del Estado: que dejando en li- 
bertad al departamento de Olancho para que nombre sus represen- 
tantes á la Asamblea del Estado y al Congreso federal, s(» conven- 
cerán de las ningunas miras que hay de hostilizar á sus habitan- 
tes; y que no se tienen oti-as. ([u«' las ' - oriranizacion y feh'ci 



[* ) IjOS scrviit'H 11.» fÍ-S(Mn-.iii mi Jéjiih iil-» rn ««ii^ inu-iijo" i. .v . i. -i»... ..*» i.. .... • -.* 

i'"», tomó posesión «-I j>ri:ncr ProKiilrut»' ('oiwtiturioiml »lt« Crntnw.\ui#rii'»: T «I afto «!«> Srt 
lo convirtieron m instruniefiito do la ori«t<K5mclA i* hirieran» «lUiUar Ui r- 

IM-rinitt'n qno Ioh inHtitnciou»>s progrosÍMtnH w» nflnnccu. Si m1 «ucurahir .-^ -- , - 

un Jefe liberal jí tinim ellos no tinun, «•onnpimn públimniont» wutm v\. Si el Jrfr m Ihuu 
1>re quo les inHpini niioUQ, w huniiUun, U» luilttpm. \Mxtvk \w oompnmiclonw, ui imfrir no 

•Ugno Crtstigo, y cimspimn mmlH y (MMiltnn ^ •' .....^ .í...««h .t.- Mi.itii*. 

v««lo: poro sin il'jur jiuuHs «1 »n»*pimr. 

(**) Dona, hubo ua.i -.....;'»••"•• 'ri- 
*\ toniento ooronol Itnnion n<^ffnin 



W2 KESEÑ A I i í Sl6 1 í IC A 

dad: y por último, que no teniendo en su temtorioaina fuerza que 
temer, puedan tranquilamente meditar sobre sus intereses y cono- 
cer sus equivocaciones y errores; lia tenido á bien decretar y 

DECKfyrA: 

1. ^ — Se indulta á todos los vecinos dej^Olanclio que lian tomado 
parte «en la revohicion y hecho la guerra al (xobierno. 

2. ^ — La fuerza que está á las órdenes del comandante Márquez 
saldrá inmediatamente del territorio de Olancho, para que con toda 
libertad elijan á sus representantes que deben ocupar sus asientos 
en esta Asamblea y en el Congreso federal. 

;]. ^ — El coronel Márquez reclamará los j)risioneros que hayan he- 
cho las tropas enemigas, y volverá en canje los que él haya hecho 
de dichas fuerzas. 

4. ^ — El Jefe intendente continuará gobernando el dejjartamen- 
to, sin exijir contribuciones ni otros servicios, durante dos años. 

5. ^ — Tengan 6 no efecto estos tratados, la fuerza pacificadora 
de Olancho, se retirará á los puntos que designe el Gobierno, hasta 
que i)asado algún tiempo, haya desaparecido todo espíritu de ven- 
ganza. 

6.^ "El comandante Márquez cumplirá relijiosamente con los 
artículos anteriores, aun en el caso que haya adquirido nuevos 
triunfos contra los enemigos de Olancho, después de la derrota del 
comandante Bogran. 

Pase al Grobierno ]3ara su ejecución. — Dado en Tegucigali)^, á 7 
de noviembre de 1822 — Santos Bardales, diputado x)residente— 
José Domingo Réyes^ dijautado secretario — José María Caclio^ di- 
putado secretario. 

Por tanto. Ejecútese. Lo tendrá entendido el Secretario de Estado 
y del despacho general, y dispondrá lo necesario á su cumplimiento. 
— Dado en Tegucigalpa, á 10 de noviembre de 1829 — Diego ViJiV 

4 — Las sanas intenciones que animaban á los dii^utados y al vice- 
jefe Yijil, no eran bastantes i:)ara contener á hombres que aspira- 
ban al réjimen colonial y á la teocracia. El presbítero Antonio Bi- 
vas (^'") con treinta hombres tenia en inquietud al vecindario de Opo- 



* Si esta es la conducta del clero; si los ministros del ciüto católico, de una manera tan 
clara y escandalosa se desvian del evangelio, atribuyan á su conducta, y no á impiedad de 
los liberales las medidas enérgicas que contra ellos se dictan. 



1>K CKNTKO-AllÉKrcA. jjjg 

teca, y á los comerciantes procedentes de Omoa. que por aaiiellsK 
inmedmcones traficaban. El vice-jefe Vijil envió .folTL^Ónt 
tenta hombres a con.andante de arnms de ComayagS^ ^te Jefr 
no mny esperto ni precavido, tuvo la sencillez de dejaVen^Íar i.- 
el padro Rnns JU sacerdote Rivas invitó á un paseo al eSdi ^ 
mandante y ádosde sus oficiales,y los condujoá uace^TÍdeÍ: 
taba ortiíicado. En esa altura no les dijo como un personanLtó 
neo: 'os daré todo lo que veis si postrándoos me adSíT" rS' 
como todos los clérigos que hacen revoluciones, en, hombrea; 
practico. El los redujo á prisión. Estando pres;^ aquelTos hom^ 
bies, el clengo Rúas aseguró al Comandante de armas de S,- 
mayagua que sena fusilado si no firmaba «na orden Z^ qt 
US soldados le entregaran las armas. El comandante em to^iaen 

gadas el 14 de noviembre de 1829. 

5-El teniente coronel Terrelonge, al frente de uuu .,.,-.^. f^^- 
.al que había sido enviada con motivo de las noticias de la recon- 
quista española, tomó posesión de Trujillo, é intimó ú los facdZ. 
de Olancho que rindieran las armas, amenazándolos con qne eí Z 
de negativa, marcharla sobre ellos con mil hombres 

0-Los sucesos de Opoteca y la actitud de Terrelonge, obligan,,, 

a V iji a suspender la ejecución del decreto de 10 de noviembreL-, 

Vsarnblea no estaba reunida, y el vice-Jefe do acuerdo con el 'voto 

ue Consejo y en virtud de facultades estraordiuarias de que se ha- 

liaba investido, tuvo á bien contrariar la disposición de la Lejislatn- 

ni, y hacer a Terrelonge las indicaciones necesarias i.ara .,.,.... 

diera militarmente contra la facción. 

7--E1 vice-Jefe de Honduras pidió al .Jefe del Estado de Uu«- 
lemala que una fuerza de Chiquimula, al mando de un oficial 
'le confianza, pasara á Gracias con el objeto de .sastener el órtlen on 
aquel departamento. 

8-La Asamblea, á consecuencia <!,■ ua i.i.n.sij. ,¡,, ,..„„„ \i„|i, 
..a mando el 24 de noviembre, que quinientos homb,v8,í las ó,denw 
■ el J<^fe del Kstado, marcl.anin á sofocar la insurrección de Hon- 



( 

Huras. 



' r<.l doctor Molina liahía (»scrÍto varios arttculoH, que si no 11.» 
^-'i'aiiNii lirnm, se compremlia que eran do su pluma. Kn eUw s.. 
-namlestaba que la República no podia ser rejída |H,r la ooiMtitodoii 
le 824: que era indispensable una it^fonna; y que no dehbunos imi. 
ínr u los Estados- 1 'nidos, sino a los Cantones suiawis. La t^poca oof 
' '» btiejuí ])ara liablar íodavia de re/omias. Al^ninaK plumas s,.rv¡l«« 
stenianque las constituciones centro-americanas fedenil v de hin 
astados, no marcaban líneas divisorias entiv las diverwis aiitoHda. 
(I. . .n.,. ,p„, f NhÜMni stonsas suiwficies que eran el ram|io de Im 

¡a 



194 líKSKNA HISTÓRICA 

talla de los diferentes partidos. Los artículos del doctor Molina en^ 
esas circunstancias, parecían una coincidencia con los serviles ó in- 
fundieron desconíianzas. La amistad que, desde antes de la Indepen- 
dencia, existia entre Barrundia y Molina, se debilitó, y el fracciona- 
miento, agudo puñal con que mas de una vez se han suicidado los 
liberales, se presentó amenazante. Barrundia y Molina no x)udieron 
coincidir respecto del auxilio á Honduras' (^') 

10 — El doctor Molina pretendía que los quinientos hombres que 
iban á marchar á Honduras, fueran á sus órdenes. Barrundia no jk)- 
dia admitir esta condición, porque el mando de una fuerza que mi 
litai'a fuera del Estado, correspondía al Grobierno federal; y por me- 
dio del Ministro de guerra y marina, dirijió á la Asamblea una co- 
municación que, aunque no pulida en su forma, presenta los suce- 
sos con exactitud; dice así: 

12— '^4. los ce. DD. SS. de la A. L. del Estado de Guatemala. 

El Senador presidente de la República, tiene el mas vivo sentimien- 
to de dirijirse á la Asamblea, para manifestarle que no puede tener 
efecto la orden, que en vista de las circunstancias del Gobierno de 
Honduras sobre la posición crítica en que se hallaba con motivo del 
progreso que habia tomado la facción anárquica de Olancho, se sir- 
vió espedir el 24 del próximo pasado, para que se le auxiliase con 
la fuerza de 500 hombres y los demás recursos oportunos y posibles. 

En el momento que se informó el Gobierno de haberse emitido la 
referida orden, concibió esperanzas de ver sofocada la facción de 
Olancho y tranquilo el Estado de Honduras, y al efecto lo comu- 
nicó así á dicho Gobierno, y dictó sus providencias bajo la base de 
que marcharía la fuerza indicada, suspendiendo otras, hasta que 
se le comunicase oficialmente. 

Para facilitar mas el auxilio y allanar los embarazos que pudie- 
ran presentarse para su pronto envío, mandó el Senador x)residen- 
te al oficial nombrado para marchar con la fuerza, á que hablase 
con el Jefe del Estado y se pusiese de acuerdo. Mas cuando esx)e- 
raba con ansia un buen resultado, vé con un profundo dolor des- 
ranecidas desgraciadamente todas sus esperanzas, por la oposición 
que hace el Jefe á que dicho auxilio vaya sujeto al Ejecutivo fe- 
deral, y bajo las órdenes del oficial que nombre. Así lo ha manifes- 



i •") El desacuerdo lo aumentaba uua iniciativa que Molina había dirijido á la Asai»- 
blea, para que se previniera á los diputados guatemaltecos en el Congreso federal, que es- 
taban en el áeber de hacer resistencia á que permanecieran eu Guatemala las autoridad^w 
federales. En esos precisos instantes, el doctor Molina inició una controversia con el Go- 
bierno de la República, sobre si pertenecían á la Federación ó al Estado 94 fusiles que Mo- 
razan necesitaba para pacificar h Honduras. 



DE (jentko-amp:ki< A. 195 

tado á este, y aun cuando se prestara á que marchase como de- 
seaba el Senador presidente, halla ademas obstáculos para que se 
realizai-a, por no tener ley á que arreglarse para hacer la recluta. 

Con este hecho se ofende el decoro del Gobierno Supremo, por 
ser una negativa que demuestra un género de desconfianza, lo que 
le es sensible manifestar á la Asamblea. El Ejecutivo federal es el 
.responsable de la tranquilidad de la República y el encargado de 
í conservar la Independencia, y viéndose alterada y amenazada en 
tOlancho, lo hizo presente al Congreso, y este alto cuerpo decretó la 
^espedicion que ha marchado á las órdenes del general Morazan, 
bajo las inmediatas del Gobierno federal. Solicitar ahora el Jefa del 
Estado que el auxilio acordado por la Asamblea, vaya sujeto á las 
fluyas, es invertir el orden y no obrar en consonancia con lo que dis- 
pone la Constitución. Esta está muy espresiva en el artículo 182, 
atribución 3. ^ , que solo concede á los Gobiernos de los Estados el 
poder usar de la fuerza para mantener el orden en lo interior de su 
territorio. 

Ademas, resultarla de esto, contradicción en las operaciones mi- 
litares, y seria espuesto el ejército si no hay un centro de donde 
partan las disposiciones; y siendo responsable, como llevo es puesto 
el Gobierno federal, no puede prescindir de que la espedicion obre 
bajo sus órdenes. 

El Gobierno federal llama Ja atención de la Asamblea sobre este 
incidente, que tiene tanta trascendencia en la marcha del sistema, 
y principalmente en ocasión que la división de setenta y tantos hom- 
bres que defendían, ha tenido un nuevo revés y hechos prisioneros 
el Comandante y oficiales, según comunicaciones que oficiales s*^ 
han recibido en este Ministerio, por las cuales á la fecha acaso es- 
tarán ocupadas Comayagua y Tegucigalpa por los facciosos. 

También llaman la atención de la Asamblea, los esfuerzos y sa- 
crificios que ha hecho el Estado de Honduras por la libertad de la 
República y muy especialmente por el de Guatemala, que gem¡;v 
bajo el despotismo y tiranía de un Gobierno intruso. Reducido ai- 
si á la impotencia por los males que le causaron las tropas enenii- 
j^as, que lo incendiaron, prefirieron mas antes su ruina, que ver á 
sus hermanos los guatemaltecos oprimidos por el despotismo. 

Todas estas consideracioneis y las <'ircunstancia.s mas apurada** 
«n que se halla el Estado de Honduras, reclaman imperiosiinuniív 
la prontitud del auxilio decretado, y me ha ordenado el Senador 
presidente, las manifieste á la Asamblea para que resuelva en su 
vista lo que crea conveniente, en inteligencia, que no podrá incul- 
pársele al ejército federal omisión ó descuido en los males que su- 
fre (ú Estado de Honduras, y que son trascendentales á la Repúbli- 
ca, pues no ha omitido providencia que luiya esíado en «us facul- 



19ij KESENA IIISTÓIMCA 

tades para sofocar la facción de Olancho, que cada dia se liace-mas 
poderosa y respetable; y dificultándose por los motivos espuestos 
Ja reunión del auxilio de oOO hombres del Estado, el Ejecutivo fede- 
ral los levantará en otra parte, y espera que para hacerlo, se le fa- 
ciliten lo mas pronto posible los auxilios pecuniarios que ha acor- 
dado la Asamblea en su orden referida, que serán abonados por 
cuenta de cupo y es lo único que podrá tener efecto. 

Por disposición del Senador presidente de la Eepública, tengo el 
lionor de decirlo á UU. para que se sirvan dar cuenta á la Asam- 
blea, aceptando las seguridades de mi consideración y aprecio. 

D. U. L. 

Palacio jS'acional de Guatemala, diciembre 8 de 1829. 

Nicolás Espinosa.'' 

12 — Esta nota j)rodujo gran sensación. La orden de 24 de noviem- 
bre fué derogada por la misma Asamblea, y en su lugar se acordó 
que se auxiliara al Gobierno federal con la suma que debió emplear- 
se en el alistamiento y equipo de los quinientos hombres. 

13 — Morazan, jefe del Estado de Honduras y general en J3fe de 
las fuerzas centro-americanas, habia marchado con una división so- 
bre los dei)artamentos de Olancho y Opoteca, y los auxilios del Es- 
tado de Guatemala le fueron enviados. 

14 — El coronel Domínguez que promovió la insurrección de Jal- 
X>atagua, que asesinó á Merino, que sucumbió en Gualcho, y se fugó 
de Guatemala cuando se hicieron las prisiones del 19 de abril, era 
uno de los promotores principales de la revolución de Honduras. 

lo — Morazan se hallaba en su apogeo. IN'ada se le dificultaba. Su 
nombre y su reputación le abrian paso por todas partes. El año de 
1830 se inauguró con un nuevo triunfo de sus armas. Los olancha- 
nos se rindieron en el i)araje llamado Las sueltas del Ocote^ y se a- 
justó una convención el 21 de enero, por la cual se comprometieron 
estos á reconocer y prestar obediencia al Gobierno de Honduras. 

17 — El 19 de febrero, el general Morazan derrotó comj)letamente 
á los rebeldes de Opoteca. Cuarenta y uno fueron sentenciados á 
prestar sus servicios militares por 5 años en el castillo de San Fe- 
lix:)e. El padre Rivas fue también destinad:) al mismo punto, por 1- 
g:ual tiem]3o. Al salir dijo que era una víctima inocente y un már- 
tir de la relijion, y pidió para los liberales todas las maldiciones que 
se hallan consignadas en el salmo 108. 

17 — El coronel Vicente Domínguez y Fermín Pavón, no escar- 
mentados, promovieron en mayo de 1830, otra insurrección en lo^ 



DE CERTRO-AMÉRICA. 19T 

l)iieblos de Jano y Laguat. Se envió al capitán Concepción Cardo- 
na contra ellos. Fué capturado Pavón y otros que lo acompañaban, 
y se les quitaron 14 fusiles. Domínguez en unión de otros,liuy6 á las 
montañas, dejando su epuipaje y cuanto llevaba. El conductor de 
esta noticia, y de los j^artes correspondientes, infonnó al Jefe de 
Honduras de que los olanclianos permanecían firmes en su adhe- 
sión al Gobierno, y que aseguraban que ellos mismos se encarga- 
rian de perseguir á los revolucionarios. 



CAPITULO DUODÉCIMO, 



Pacificación de Nieara^^nu. 



SUMARIO. 



I -Proyecto de Morazan respecto de Nicaragua— "2, Insíalaeion de 
la Asamblea de aquel JSstado—S. Elección de Herrera — 4, Don 
Juan Espinosa ejerce el Poder ejectdivo—t). Decreto de la Aeom- 
blea — 6. Nota del Gobierno — 7. Poses i mi de don Dionisio Herre- 
ra — 8. Comunicación manifestando que el FSstado se habia^ pa- 
cificado. 



1 — El general Monizan se proiK)nia marchar ú Nicaraguli después» 
<l(* haber pacificado a Hondui-as, si las medidas políticas no alean 
7,aban i)ara cstabhíCfM' la regularidad en aquel Estado. De acuerdo 
«nii ]5arnnulia, envió i\ don Dionisio Herrera al teatro de las oontro- 

"i'sia.s nicaragüens(»s, ijuien dt»senipei^6 su comisión con el mayor 

lo y actividad. 



200 RESEÑA HISTÓRICA 

2 — El 1 . ^ de noviembre de 1829 se instaló la Asamblea que tanto 
se deseaba. La nota en que se comunicó á los gobiernos de Centro- 
América este fausto acontecimiento, dice así: ''El dia de lioy lia si- 
do ijara Nicaragua el mas feliz, después de tres años aciagos que 
vistieron de luto á sus habitantes. A las diez de la mañana se de- 
claró lejítimamente instalada la Asamblea, entre los regocijos y á- 
l^lausos de este honrado vecindario. " 

3 — El 3 de noviembre se dirijió á los gobiernos centro-americanos 
la nota siguiente: ''Habiendo tenido el pl^icer de comunicar á Ud. 
con fecha 1. ^ del corriente, la feliz instal'acion de la Asamblea, ve- 
rificada en el mismo dia, me cabe ahora la satisfacción de acompa- 
ñarle copia legalizada del decreto que con fecha de ayer se ha ser- 
vido emitir, declarando jefe del Estado, constitucional y pox)ular- 
mente electo, al benemérito ciudadano Dionisio Herrera. 

4 — Don Dionisio Herrera en esos momentos se habia ausentado, y 
ejerció el Poder ejecutivo, en calidad de consejero, don Juan Espi- 
nosa. 

5 — Sin embargo de la instalación de la Asamblea y de haber sido 
electo jefe del Estado el señor Herrera, la insurrección de Managua 
continuó. El Cuerpo lejislativo dio un decreto previniendo á los in- 
surrectos que dentro de lo dias se sometieran al orden. Este decre- 
to presenta con exactitud la situación del país, y debe figurar en la 
historia. Dice así: 

"La A. L. de Nicaragua, en consideración á que no han bastado 
las diferentes excitaciones de generosidad con que se ha invitado 
á las autoridades de la villa de Managua: que estas aun se obstinan 
en el desconocimiento de las supremas autoridades lejítimamente 
constituidas. Considerando: que esta obstinación, no solo degrada 
ya el alto respeto de la soberanía del Estado, sino que autoriza en 
cierto modo su desobedecimiento; y que por último, es indispensa- 
ble que todo pueblo, toda autoridad y todo individuo se sujeten á 
las autoridades supremas del Estado: de conformidad con los deseos 
del Supremo Gobierno nacional, ha tenido á bien decretar y 



DECRETA: 

Art. L ^ — Las autoridades, funcionarios y habitantes de la villa 
de Managua, deberán reconocer á las autoridades sujjremas del Es- 
tado lejítimamente constituidas en esta villa. Este reconocimiento 
deberán verificarlo en el término de quince dias, que se les concede 
como último y perentorio. 



DE CKX'iRO-AMÉKICA. '2^)] 

Art, 2. ^ — Prestando este reconocí tniento dentro del término pre- 
fijado, Se entender¿m vip:entes y reiterados los ofrecimientos y ga- 
rantías que el Gobierno les liizo por medio de las instrucciones de 
su comisionado, en la parte que no contraríe el presente deci-eto. 

Art. 3. ^ — Toda autoridad, todo funcionario y toda otra jiersona 
que en ese término reconociesen á las autoridades supremas y se 
presentase al Gobierno ó á alguna de sus autoridades inmediatas, 
serán garantizados, y no se les podrá ultrajar por ningún motivo, sea 
cual fuere, 6 haya sido su conducta anterior. 

Art. 4. ^ — Pasado este término de quince dias, el Gobierno no 
podrá garantir á ninguno de aquellos individuos: el hecho solo de 
permanecer en un lugar disidente, los caracterizará de rebeldes, y 
como á tales se les juzgará. Los empleados se reputarán como ce- 
santes en el caso de que no reconozcan á las autoridades. 

Art. 5. ^ — Este decreto circulará en todo el Estado: se comuni- 
cará al Gobierno federal y al de los demás Estados— Pase al C. R. 
para su sanción. 

Dado en la villa de Kivas de Nicaragua, á 18 de enero de 1830. 

José liaría Estrada^ diputado presidente— /S^/.s /o José Cisneros^ 
diputado secretario — Francisco Antonio Leiha, diputado secreta- 
rio—Sala del C. R. en Nicaragua, enero 19 de 183() — Al Jefe del Es- 
tado — Tomás Balladares, vice-presidente — G ¡Iberio Gallar^ secre- 
tario — Por tanto: ejecútese— Anilla de Nicaragua, enero 21 de 1830 — 



Jiian Espinosa. 



6 —El 5 de abril de 1880 aun no se habia rendido Managun 
esperaba que la posesión del jefe Herrera intiuyera en la jwz. I iu4 
nota del Gobierno nicaragüense describe la situación con mas e.xac- 
titud que pudiera hacerlo»cualquier historiador. l>ice así: 



*'C. Ministro general del Gobierno del Estado d»» Guatenmla. 

Se (Mitiistece mi (iohieiiio al coinuiiirar a I d. las lun'vas át>\ »ii 
furas que amenazan al infeliz Nicaragua: Managua con su tena/ di 
sidencia quiere amargarlos i)r¡mero8 dias de nuestra \v\z, Ud. cono- 
ce, C. Ministro, ])or las comunicacicmes ijue han sido dlrijlda» 
(le este Ministerio, la política dulce y afable que «1 Gobierno 
Iiaemi)]ead() pam hacer entnir á Managua al g<Mv de bleue> ¡n 
menso-. 



202 KESENA HISTÓKICA 

La historia de las revoluciones de otros países, ha dado á mi Go- 
bierno las convenientes lecciones para manejarse en una época tan 
ardua: envió á las autoridades de Managua comisionados competen- 
temente autorizados para añanzar la i)slz de un modo estable, ale- 
jando el mas remoto temor: nada se consiguió, y de la repetición de 
iguales generosos actos, el fruto ha sido el mismo. 

Cuatro vecinos de aquella villa, ó mejor diré una pequeña facción 
teocrática, imbuida en locos proyectos, ha despreciado á la faz de 
los pueblos, los convites dulces de la unión y x)az. ^ Y qué recursos 
quedan á mi Gobierno que se mira en tal situación, y cuando su leni- 
dad se convierte en descrédito suyo para con los demás pueblos del 
Estado? 

Mi Gobierno que ha i)rocurado evitar el recurso funesto de las ar- 
mas para dar fin a negocio de tanta dificultad, reiteró súplica al 
jefe electo, C. Dionisio Herrera, para que acelerando su marcha 
á este Estado, le diese un feliz término. Efectivamente, la presencia 
sola del señor Herrera, seria la aurora que hiciese amanecer en Ni- 
caragua los dias de su paz y ventura; pero aun este medio ha sido 
infructuoso, jjorque dicho señor ha demorado mucho su tan supli- 
cada marcha. 

Por último, C. Ministro, se acordó por el Cuerpo Lejislativo cir- 
cunvalar á Managua militarmente para que por el temor y total 
falta de víveres, se logre su rendición; y mi Gobierno se mira en el 
estrecho caso de dar cumplimiento á la orden soberana. 

Quiera el cielo que sin los funestos efectos de la guerra se logre 
que la espresada villa se preste al justo reconocimiento que se le 
ha exijido. 

Mi Gobierno me ha ordenado ponga en noticia del suyo la indi- 
cada medida, y yo al ejecutarlo tengo la coi^placencia de ofrecer á 
ese digno Jefe y á üd. mi mas respetuosa consideración y aprecio. 

D. U. L.— Granada, abril 5 de 1830. 

AcfusUíi Yljiíy 

7— El 12 de mayo tomó posesión de la Jefatura del Estado el Co- 
misionado del Supremo Gobierno federal, electo poxnilarmente pri- 
mer Jefe, y la calma se restableció inmediatamente. 

8 — Una circular del Gobierno nicaragüense dice así: 

"Tengo el honor de comunicará Ud. de orden de mi Gobierno, 
que por un efecto de las últimas providencias dictadas Con respec- 
to á Managua, se halla aquella villa sumamente tranquila bajo la 



ÜE CENTKO-AMEIÍK'A 20:5 

obediencia de los Poderes supremos del Estado, y sin necesidad de 
haber recurrido al muy funesto medio de la fuei-za. Por esto nu 
llegaron á tener efecto hs medidas que se hablan tomado para s(» 
juzgarla militarmente, y todo es debido á laí» providencias dictadas 
por el actual Jefe supremo y pacificador. 

De cuya orden t^ngo el honor de decirlo á Td., aseguníndole mi 
amistad y aprecio. 

1). I . L.— Granada, junio 13 de 1830. 

Affustin Vi/il.*' 



O^l^ITXJIX) DECIIMOTERCIO 

Suspensión del Jefe del Estado, doctor don Pedro Molina. 



SIMA RIO. 



I — I)ecr(ft() dv Ü de Marzo 1. Siusiw'tini quv cu loa Éstaili' 
dujü—'iS. Juicio sobre el doctor Molina— \, Juicio ¿tcera/ 
partidos— 5. Cargos que se Jiicieron al doctor Moliita—ij, i^* tu 

la del proceso--^!. Henteri(i(tf/if( (thsnrJrtf^ /h^>-h.r \r.J:,.,, d» 
iodos los car (/os. 



1- -Lii Asamblea de (íiiattMnala <'n l» di* niar/o d.» ISUt», d¡«'» un áe 
neto declarando que liaMa luíxar ;í fonnarion d«» causa contra el 
Jefe del Estado, ductor d(»ii Pcdn» Ntolina, y previniendo w encar- 
iñara del Poder ejecutivo el vice-jefe dcm Antonio IJiveni rnl>«»zas. 

2 Todos los «vohieinos ceuti-o-americanos contestart»n :í la nota 

en que se les connini<al)a ese decii»to, con cstnirieza, y al.irunoH de 
ellos con asombro. Km la i>r¡mem vez desde la lndei>cnclcncia, qui» 
un .Ief(^ de Estado d(»scendia de su puesto iK»r un cU»crt»ti» d*- »-*^— 
fricara rorni:u'i<>Ti <!«• r:ms:i. Molina obedeció sin ivplica y 



2(m 1ÍE8ENA IllS'J'OlIICA 

SU porvenir al juicio de los tribunales. La inilíortancia de Molina 
tíxije que se dé á conocer. 

3 — El doctor Molina brilló por su inteligencia desde los i3rimeros 
años de su vida. Estudió gramática latina en el Seminario Conciliar 
de Guatemala. Examinado y aprobado según las leyes de aquella 
•época, entró á la Universidad á estudiar filosofía bajo la dirección 
del doctor Goicoecliea. Su talento y dedicación á las ciencias le per- 
mitieron obtener por suficiencia el grado de bachiller. Después pasó 
íi las clases de medicina y cirujia, donde también se liizo notable 
por su inteligencia. Sostuvo tres actos públicos en anatomía, fisio- 
logía y toda la medicina, defendiendo á Boerliaave y sus comenta- 
dores. Pronunció un discurso, en el acto de cirujia, que es una diser- 
tación completa en honor de esta Facultad, y después hizo todas 
las demostraciones quirúrjicas que se le pidieron. Molina, antes de 
concluir su carrera, sirvió como catedrático sustituto las clases de 
medicina y cirujia. Fué consiliario, y j)restó cuantos servicios la U- 
niversidad exijió de él. Tales antecedentes lo condujeron á un lu- 
cido recibimiento y al título de licenciado ^n medicina, que se le o- 
torgó el 1. ^ de setie^ibre del año de 1800. Ese título facultaba al 
licenciado don Pedro Molina, para ejercer la medicina y cirujia, no 
solo en la estension de la Capitanía General de Guatemala, sino en 
todas las ciudades, villas y lugares de los reinos y señoríos del Key 
de España. El año de 1808, Molina fué nombrado cirujano del reji- 
miento que se llamaba el Fijo. Con gran brillantez obtuvo en segui- 
da don Pedro Molina el grado de doctor, y en 1820 hizo oposición 
á la cátedra de Prima de medicina, que obtuvo después de un luci- 
dísimo examen. El doctor Molina gozaba de una gran reputación, 
no solo como médico y cirujano, sino como publicista y literato. 
Desde el año de 11, hizo conocer sus ideas en favor de la Independen- 
cia. No fué uno de los patriotas que el año de 13 concurrían á las 
juntas de Belén; pero á esas juntas iban amigos de Molina, á quie- 
nes él inspiraba y dirijia. No todos los concurrentes á ellas fueron 
descubiertos, y el doctor Molina hizo esfuerzos para que no lo fue- 
ran. Molina redactó el célebre periódico intitulado "Genio de la Li- 
bertad", que tanto contribuyó á esparcir la luz y jjreparar la Inde- 
pendencia. La noticia de que Ciudad Real se había hecho indepen- 
diente, intimidó á Gainza, y el doctor Molina fué uno de los patrio- 
tas que mas se esforzaron en aprovechar ese temor jjara que la e- 
mancipacion de Centro- América se proclamara al día siguiente. Mo- 
lina combatía la anexión á Méjico, y uno de sus hermanos políticos 
fué asesinado por los anexionistas. El doctor Molina contribuyó á 
que se diera el decreto de convocatoria á elecciones para la Asam- 
blea nacional constituyente, y se esforzó en que tuviera efecto la 
instalación de aquel ilustre cuerpo, contra las intenciones del par- 



BE cp:nti;(>-ameuií A 207 

tido servil, que de todos modos procuraba dificultarla. Molina fué 
uno de lo^ primeros triunviros que gobernaron á Gen tro -América. 
El se distinguió por su talento y estensos conocimientos como Mi- 
nistro de la República en Colombia, y en la gran Dieta americana 
(le Panamá. A su regreso, Arce habia dado el golpe de estado, y 
Molina, no creyendo conveniente llegar a Guatemala, se detuvo en 
San Salvador, donde trabajó con actividad en favor de los princi- 
pios liberales: conducta que le valió el ser puesto fuera de la ley 
')or Aycinena,en el célebre decreto de 28 de marzo de 1827. Después 
del triunfo de Morazan, Molina fue ministro del senador presidente 
Barrundia, y redactó la exposición al Congreso sobre la guerra que 
acababa de terminar, y sus consecuencias. Molina fué nombrado 
ministro plenipotenciario cerca de varías cortes de Europa, y se ne- 
,<í:ó á admitir, esponiendo circunstancias peculiares de familia. Con 
'^stos antecedentes el doctor don Pedro Molina fué electo jefe del 
Estado de Guatemala. Sensible es, sin embargo, que no haya podido 
sostener la unidad del partido liberal. Molina tenia talento ¡>ai-a to- 
do; menos para conservar la unidad. Mas de una vez dividió al i)ar- 
tido liberal, y esas divisiones fueron fatales para el mismo doctor 
Molina, para su familia, para el Estado de Guatemala, y para toda 
la República de Centro-América. Abrir cuestión con el Senador Pre- 
sidente por unos miserables fusiles que Morazan necesitaba i>ani 
vencer á los enemigos de la República, es indisculpalde. Ix> es tam- 
bién Y^rctender lanzar de Guatemala al Gobii mo federal en Jos mo- 
mentos en que Centro- América estaba amenazada. Ija idea de que 
<'l Jefe del Estado mandara fuera de su mismo Estado, usuri>amlo 
;il Presidente de la República, una atribución que le era propia y 
<'sclusiva, no sé como pudiera sostenerse ni aun obtener un paliati- 
\ o. La constitución de 1824 tiene grandes defectos, que sus autores 
muy bien conocian; pero en aquellos dias el triunfo de abril se ha- 
llaba amenazado; una tríple tempestad servil se divisaba sobre los 
liorizontes del Salvador, Honduras y Soconusco, y era tan pelign)- 
so como impolítico pnísentar cuestiones que dividieran los ánimos. 
VA señor doctor Molina tenia gran talento y un inmenso síiln^r; yte- 
I o le faltaban dotes de mando. Era una potencia en la oi>os¡o¡on y 
no podía sostenerse en el gobierno. El año de 211 don Tomas O-Ho- 
I an, hombre oscuro en la historia, subrogó al d(M»tor Molina en ol 
iriunvirato, y el año de 30 ^íolina fué separado del Poder ejeou ti 
vo. Los grandes literatos no son los mejores gol)omantes: prártirji- 
mente lo hicieron ver al mundo Lamartine y Castelar. 

4 -El partido servil forma una liga masónií'a; mas que ma«k)nira: 
los masones (cuestionan entre sí. se dividen y combaten; y l<»s í*«»r 
viles siempre están compactos; ellos se disimulan sus faltas, cu 
bien recíprocamente sus deftíctos; fingen que han cilvidado los hv 



208 RESEÑA HlSroKKVA 

chos mas culpables desús correlijionarios; se protegen en la adver- 
sidad y hasta se suscriben á x)eriódicos que no les agradan, sin mas 
fin que proporcionar íondos á un conservador que carece de ellos. 
Esta unión lia dado el triunfo muchas veces al x)artido servil, y lo 
ha mantenido largos años en el poder. La unión de los serviles no 
debe considerarse solo como una cívica virtud. Emana de Li natu- 
raleza de su partido, que descansa en la obediencia. Un jefe servil 
emite un pensamiento, y todos sus copartidarios lo repiten y lo si- 
guen. Se mueven todos á su voz, como los soldados al toque de caja, 
como los jesuítas á la orden de su general. Los liberales tienen mas 
alta idea de la individualidad humana. Cada uno quiere ser arbi- 
tro de sus ideas, de sus aspiraciones, de su conciencia. Esta eleva- 
ción de pensamientos los desune muchas veces, los conduce á gran- 
des choques, que los serviles fomentan y atizan mediante un siste- 
ma maquiavélico; y cuando el partido liberal se ha despedazado, se 
presenta en el campo del combate el partido servil unido, compac- 
to y bien discii^linado. El partido liberal ha tenido otro defe(;to, que 
X^rocede de su organización, de su índole, de su esencia. Aspira á 
todas las libertades públicas, y en el poder las sostiene sin inter- 
rupción en favor de los mismos serviles. Los derechos, las garan- 
tías, que jMV'd no incurrir en contradicciones, sostienen los libe- 
rales en medio de sus mas grandes conflictos, los vencen, y entonces 
sus adversarios no les dan cuartel, los conducen al destierro, ¿i los 
calabozos y al cadalso, y agobian de infortunios á sus familias (;^). 
5 — Los cargos que se hicieron al doctor Molina fueron los siguien- 
tes: no haber dado cumplimiento á la orden de la Asamblea Lejisla- 
tiva de 20 de febrero, para que hiciese salir dentro de 24 horas á 
tres relijiosos que en contravención á las leyes anteriores, se habían 
introducido en el territorio del Estado: haber mandado pagar al te- 
niente coronel Pedro Esteban Molina los sueldos que devengó en 
los meses de octubre y noviembre del año próximo anterior, ínte- 
gramente y eximiéndolo del prorateo ordenado en 20 de noviem- 
bre último: haber levantado un cuerpo de milicia y gastado en su 



(*) Adelantándome, por via de nota, para completar el pensamiento, al año cuyos acon- 
tecimientos se narran, diré que en 1871 los serviles hacian befa del triunfo obtenido por 
los liberales, suponiendo que los vencedores, con sus divisiones y extensas garantías, se sui- 
cidarían antes de cien dias; pero la esperiencia ha hecho seguir diferente ruta. Ella ha obli- 
gado al Jefe de hoy á ejercer actos de severidad, que no se hallan en la biografía de 
don José Francisco Barrundia. 



J)E iJK.NTJiO-AMÉKICA. ^ 209 

equipo varias cantidades sin autorización de la Asamblea: haber 
vendido fuera de almoneda y con rebaja de la cuarta parte de su le- 
¡ítimo valor el resto de las alhajas de tempomlidades, sin escluir las 
que debiaií reservarse por su preciosa estructura: haber invertidí» 
varias sumas en compostura y adorno de la casa que destinó la 
Asamblea para habitación del mismo Jefe: haber disi)uesto que del 
tesoro público se ijagáran jjortes de correo pertenecientes á su cor- 
3-espondencia privada: haber nombrado funcionaiios sin previa ter- 
na: haber dado empleo á una señora; y últimamente liaber manda- 
do abonar 100 pesos á buena cuenta de sueldos devengados antes 
de la ocupación de esta plaza. La Asamblea procedia dentro de la 
órbita de la ley fundamental.. El artículo 94, fracción 21, la facul- 
i pai a declarar cuándo ha lugar á fomiacion de cansa contra 
los diputados, individuos del Consejo, Jefe y segundo Jefe del Es- 
tado, Secretario 6 secretarios del Poder ejecutivo, é individuos ch* 
la Corte superior de justicia. Esta declaratoria no necesitaba san- 
ción; estaba espresamente esceptuada por el artículo 111 de la nn.s- 
iim constitución que dice así: "Uso están sujetas á la sanción del 
Consejo las resoluciones de la Asamblea, relativas: primeix), á la ix>- 
iicia, gobierno y arreglo interior del Cuei-po lejislativo, lugar y pro- 
loga de sus sesiones: segundo, á la calificación de elección y reii : ^ 
de los elejidos: tercero á los miembros ausentes déla misma .\ . 
blea: cuarto, á la declaratoria de Itaher lugar á formación de causa 
rordra alr/un funcionario.'' El Poder ejecutivo estaba obligado á dar 
cumplimiento á las disposiciones sancionadas por el Consejo y á las 
([ue no necesitaban de sanción. El artículo 112 dice: * 'Luego que el 
Poder ejecutivo reciba alguna resolucÍQU sancionada i)or el Conse 
jo, 6 de las que están esceptuadas de la sanción, ordenara su cum- 
plimiento bajo la mas estrecha resi)onsabilidad". El doctor Molina 
no tenia mas recurso que someterse á juicio como lo hizo. Es pre<*i 
so ahora considerar la conducta de la Asamblea. Los cai^^os ct* • • 
descansa el decreto de formación de causa no merecen el .ser < 
lerados por un Cuerpo lejislativo. Todos son insigniíicantes. 
gunos fútiles y hasta ridículos. Bien se comprende <pu» la A^n: 
blea no se i)roi)onia qut^ al doctor Molina se inipusiera una p«!i.i 
por las causas en que la acusación descansa, sino separarlo del Poder 
■ejecutivo, porque ya no se confiaba (»n sus tendencias ludítií^as, y s»- 
le creía peligroso en el gobierno. Aquellos iliputados tenían loiLi 
vía po(;a esperiencia. El doctor Molina em una i)otencia en la oi>o. 
sicion, y en ella se h» iba á colocar. Ijo.n cargos (¡ue se le liarían •» 
ran su misnuí vindica(;ion. \aí sociedad no ]K)dia piwenirse ix»nti:« 
<»1. Se le veia (!omo una víctinuí injustauu»nte sacrificada y excital . 
simpatías por todas partes. El golpe que en í> dt» inai7.c» de l."^ 
dio al doctor Molina (ís vf.-.]-.'!. '•:•••....,».. j..<m...,...i;....i.>. v .?..; 



210 ' KE.>Kx\A lílSTOKIOA 

ber producido una impresión fatal en el ánimo de la j aventad cen- 
tro-americana. Los jóvenes que entraban á la carrera ]3olitica, no 
X)odian menos de conoc^er la biograña del doctor Molina, porqne no 
se puede abrir la historia de Centro- América sin encontrar el nom- 
bre de Molina. Esos jóvenes naturalmente liarian las siguientes 
reflexiones: "Si al doctor Molina, que ha consagrado su vida á 
la Independencia, á la libertad y á la República, sufriendo con fren- 
te serena ultrajes y i3ersecuciones, hasta el estremo de ser i)uesto 
fuera de la ley, su mismo partido le da un golpe rado, por haber 
mandado pagar unos sueldos y portes de correo, y arreglado 
su casa, porque el Jefe del Estado no puede vivir en una pocilga, 
;.cómo seremos nosotros tratados j)orlosliberalesr' Los diputados en 
vez de dar el decreto de 9 de marzo, debieron rodear al doctor Mo- 
lina, respetando sus ilustres antecedentes, é inclinarle á que pres- 
(dndiendo de pequeñas cuestiones con Barrundia y Morazan, tuvie- 
ra presente que la unión hace la fuerza. No consta que estos me- 
dios se hayan empleado sin éxito; y por consiguiente, no hay f an- 
damento para disculpar el decreto de 9 de marzo. El dejó una esci- 
sión profunda, que se marca en todos los momentos tle la histo- 
ria, y que sirvió de pedestal á los serviles para ejercer 30 años la 
tiranía. 

6 — La Corte superior de justicia siguió el proceso con toda la pu- 
blicidad que corres]3ondia á la naturaleza de la causa. La prensa es- 
taba dividida. Los partidarios de la Asamblea lanzaban diatribas 
contra el Jefe que se liabia s a jetado á jaicio. El doctor Molina y 
su partido contestaban y hacian recriminaciones. La Corte de jus- 
ticia se componía de hombres distingaidos i3or sus conocimientos y 
j)or su i)robidad. En ella Agaraba uno de los jurisconsultos que ma& 
honor hacen á la América Central: el señor licenciado don José Ve- 
nancio López. El tribunal siguió el proceso con todo el rigor de las 
leyes. Pero habia interés en demorar la causa y hasta el 27 de oc- 
tubre no pudo fallarse. 

7 — El tribunal de justicia no consideraba si convenia ó no en po- 
lítica, que Molina siguiera mandando. p]se alto cuerpo solo tenia 
delante délos ojos las leyes y las i)ruebas; y observando únicamen- 
te los principios de lo justo y de lo injusto, absolvió de todos los 
cargos al doctor Molina. La sentencia se halla al fin de este capítulo 
como documento justificativo. 



la ('i'le ;; 



Resultando: J. ^ — ''Que cuando el Jefe nombro para la Admi- 
íiistracion de las rentas del distrito de Escuintla á la viuda de To- 
so, lo hizo sin conocimiento de que dicho destino no se limitaba á 
la simple venta por menor de géneros estancados, lo cual no es pro- 
hibido á las mugeres, y que habiéndosele representado y manifes- 
tado que la Administración de Escuintla comprendía ramos incom- 
patibles con la debilidad del sexo femenino, desiJÍR) de llevar ade- 
lante el nombramiento, indicando á la Intendencia que ¡^ara dicho 
destino podia ser nombrado el ciudadano Mariano Vega, según apa- 
i-ece del informe dado por la misma Intendencia, de manera que n<» 
llego íi tener efecto la provisión mandada hacer en la viuda de To- 
so; j)ues del espediente relativo á este negociado (y que aparece fe- 
necido con el pedimento fiscal que repugnaba dicha pr<>\' * . no 
consta que el .Jefe dictase ulteriores providencias pai-a to^ a: 

2. ® — Que la orden de la Asamblea constituyente, número 3í>7, 
autoriza al Jef(^ del Estado i)ara que en los «isos de ui*gencia pue- 
da nombrar sin piopuesta del Consejo: que en virtud de esta faoul 
tad, y en atención á que la epidemia desoladora de viruelas, que a 
tlijia á esta ciudad y pueblos inmediatos, denmudaba con urgencia 
•'I <[ue se proveyese la .íefatum de¡)artame!ital, pudo de<Tetar I»* 
ualmente el nombramiento que en aquellos dias se hizo en el ciuda- 
dano Mariano \'idaurn»: qiuí el mismo motivo de ui^encia y la cita 
(la orden (bi la Asamblea constituyente hi/.o legal la provisión siin 
teína de la (Jomandaucia geniíral de armas Ihh'Iui en atiuellos mis 
mos dias, si se atiendp á las circunstancias »»n que entómvs se ha- 
llaba el Estado, itHMente un cambio ¡>oHtico, encendifla la gtierra en 
Olanclio y habiendo temores fundad(Ks de qu»» i>mlieíi4.« trascender li 



212 UKSEÑA lIlS'i'oKlCA 

^ste Estado: que de los autos resiüra haber mandado oportunamen- 
te que se i)idiesen al Consejo representativo las propuestas para u- 
na y otra plaza, y que en estas tuvieron el primer lugar los mismos 
sugetos que ya estaban nombrados provisionalmente, lo cual aleja 
todo motivo de sosi)eclia en el uso que se hizo de dicha facultad: 

3 o — Qne los tres relijiosos á que se refíere la orden número 20 
de la Asamblea Lejislativa de 20 de febrero del presente ano, to- 
/•aron en los yjnertos, y se internaron en este territorio sin conoci- 
miento y permiso del Jefe: que aunque lo tuvi-ron para dirijirse 
por el mismo territorio al Estado de Chiapas, este fué conce- 
dido por el Supremo Clobierno de la Federación: que no hay do 
€ument() alguno que compruebe que el Jefe resistió ó suspen. 
dio el cumplimiento de la referida orden, pues la especie pro 
ducida por el Secretario general del despacho ante el cuerpo le- 
Jislativo, de haber dado j)ermiso á uno de los tres relijiosos, sin re- 
ferirse á ningún acuerdo, orden 6 providencia del Jefe, negan- 
do este haberla dado, no es bastante para comprobar la falta de 
cumplimiento, 6 infracción de la repetida orden; antes bien, de los 
propios documentos remitidos por la Asamblea, resulta que acordó 
tsii ejecución; no obstante haber representado al Cuerpo lejislativo 
para inclinarlo á que concediese una amnistia en favor de aquellos 
relijiosos: 

4. ^ — Que aunque es cierta la orden para que se pagasen integra- 
mente al ciudq¿^no Pedro Esteban Molina los sueldos correspon- 
dientes á los rnibes de octubre y noviembre, no puede decirse que 
por ello se infrinjio la ley de prorateo, pues este no tuvo efecto si- 
no hasta el mes de diciembre, según aparece del reconocimiento he- 
cho en los libros de la tesorería, donde consta están pagados inte- 
gramente del sueldo corre sx)ondiente á dichos meses mucha x)arte de 
ios funcionarios públicos, los cuales como el mismo Molina fueron 
satisfechos conforme lo i^ermitian los ingresos de la tesorería: 

5. ^ — Que el pago mandado hacer al mismo teniente coronel ciu- 
dadano Pedro Esteban Molina por razón de terceras partes del suel- 
do devengado antes de la ocupación de la plaza, no fué una espe- 
cialidad en favor de dicho sugeto, sino una consecuencia d3 la jjo- 
sesion en que estaban los acreedores al pago de dichas terceras par- 
tes, en virtud de convenio de que testifican el General en Jefe del 
ejército aliado y el Ministro de Hacienda de la Federación, y que 
Teconocieron el jefe ciudadano Juan Barrundia, el Consejo repre 
tentativo, y otras autoridades del Estado, ^egiin aparece de los do- 
ícumentos que se han traido á la vista: 

6. ^ — Que el Jefe estaba autorizado por el decreto de 16 de junio 
del año próximo anterior para levantar cuetpos de milicia: que el 
levantado, bajo el nombre de conservadores de la paz, fué muy infe- 



I ) K í • J-: N T lU )- A M K lí R" A . '2V¿i 

rior á lo que i)ud() liaberse hecho en virtiul del citado decreto: que 
aun ese estal)a implícitamente apro])ado por la Lí^jislatui-a del mis- 
mo año de 29, pues se le comprendió en el presupuesto de gastos 
presentado por el Gobierno; y que siendo lejítima la existencia Jp 
esta fuerza, deben serlo también los irastos hf'chos en su erpii]M> y 
vestuario: 

7.^— Que Ja orden dada por el Jefe para el pago de i>ortes d<* 
correo pertenecientes á su correspondencia privada, no se dictó es- 
presamente para que dichos portes se cubriesen por el tesoro pú- 
blico, sino por cuenta de sueldos devengados, y correspondientes al 
mismo Jefe: 

8. ^ — Que el gasto hecho en la compostui-a y adorno 

sa que destino la Asamblea para habitación del Jefe, fué nece- 
sario, pues según atestigua el ciudadano Manuel Antonio Arroyo,, 
se hallaba sumamente deteriorada por haber servido largo tienipa 
le cuartel; y asignándola el Cuerpo lejislativo para inorada de la 
persona que ejerciese el Poder ejecutivo, era de suxx)nerse, y de- 
bía i)or el mismo hecho, entenderse que le facultaba i)ani Lra^^'tnr !»» 
( [ue fuese necesario para ponerla en disposición de servil 
limpieza (MnTespondiente al decoro de su autoridad: 

9. ^ — Que no aparece i")rueba ninguna de que el Jefe acusado luí 

• úese disj)uesto la venta de las alhajas que debiei*an resen'ai 
curaplimiento del decreto de 20 de julio de 1829, siendo de noiai>4- 
al mismo tiempo, que la designación de las que no debieron ven- 
derse por su pi'eciosa estructura, debió ser hecha por el Jefe que 

• 'xistia cuando ingresaron los bienes de temporalidades á la tesore- 
ría general, en cuyo tiempo se vendió la mayor y mejor iMirte de 
las alhajas, pues según consta de los libros de la tesorería, cuando 
el ciudadano doctor Molina se encargó del Poder ejecutivo no exis- 
(ia del total de las alhajas, qtie ascendió á mas de 17(MX) pesos, si- 
no un rezago de piezas pequeñas de corto valar, y algunas luibínit 
sido cortadas de otras mayores, que importaban poco mas de lá(H> 
l)es()s: que tampoco se ha presentado i)rueba alguna de que dicho 
Jefe hubiese mandado vender, sin his, ritualidades de ley, alliajas 
ui otros bienes pertenecientes á Ja hacienda pública; y por últinu». 
tjue si en la orden d<» 1 1 de noviembi-o último dispuso que se n»ba- 
jase la cuarta parte del val ir que se les habia dado á las qui» exis- 
lian en la tesoreria, esta providencia no puede estimarse ile^L 
j)Ues la costumbre <al¡íicada por todos los escritoivs de jurispnulen- 
'•¡a civil autoriza ])ara hacer bajas modtM-adas aun en los bienes di* 
ií.desia, íisco y mtMiores; estimándose tal la de una cuarta ¡«irte, ay 
molo ensena el doctor Anmya en su tratado dit Jnrrfix'^if*\ h* 
•nal está conforme con la doctrina de Kscalona en su itaíA>tlla<no 
IVruano, y s<' confonna con la ley 1. ". título '2\ ni»rt> S. ®d«* lii 



214 iu:si:ñ A histókic^a 

¿lias, que, hablando de bienes pertenecientes á la hacienda pública, 
dispone qne no habiendo postor por el avalúo, se dé cuenta á las 
audiencias, encargando á éstas únicamente que cuiden de que las 
rentas se hagan en el mejor j)ostor: 

En consideración á todo lo espuesto, y á no resultar que el jefe 
del Estado, ciudadano doctor Pedro Molina hubiese infrinjido las 
leyes á que se refieren los cargos: á que ha desvanecido la mayor 
X)arte de ellos; quedando los otros satisfechos con los documentos 
que obran en la causa, con los que presentó el Jefe en el término de 
prueba, y los que posteriormente fueron pedidos i)or este Tribunal 
con el objeto de esclarecer en un todo la verdad de los hechos: te- 
niendo presente que en el caso de no resultar probados los cargos 
que se hagan contra cualquiera persona á quien se haya seguido 
causa, como en efecto no resultan contra el Jefe del Estado, en vis- 
ta de las satisfacciones que ha dado y probado, debe pronunciarse 
sentencia absolutoria, segiin lo disponen las leyes 1. ^y 2. <^ del ti- 
tulo 14, partida 3. ^ con sus concordantes: teniendo por último en 
consideración lo pedido por el Ministerio Fiscal; 

A nombre del Estado de Guatemala se absuelve al jefe ciudada- 
no doctor Pedro Molina, de los cargos en que la Asamblea lejisla- 
tiva fundó la declaratoria de responsabilidad, y por lo que se le ha 
instruido la presente causa. Y respecto á la indicación que en nota 
de treinta de julio último hizo á este Tribunal el Consejo represen- 
tativo, para que se hiciesen cargos al Jefe por las espresiones que 
contiene el impreso publicado por el mismo Jefe, con fecha cuatro 
del precitado mes: no estando este punto comprendido entre los 
hechos por la Asamblea, de conformidad con lo que respecto de 
este negocio pidió el Ministerio Fiscal; se declara: que la Corte no 
está en el caso de proceder contra el Jefe por este nuevo cargo. Di- 
ríjase á la Asamblea Lejislativa copia certificada de esta sentencia, 
y hágase saber á quienes corresponde. 

Francisco Javier Yalenzuela — J. Antonio de Larrave — J. Ve- 
nancio López — José Moreno — Francisco Quiroz—Juan José Flo- 
res — José Gándara. — Mariano Mej ia — Bimon T. Espinosa. 



i-#¿SÉ^--59*--^^:»^í^ 



CA^PITIJLO DECIMOCUARTO. 

El doctor Molina absuelto solicita se le ropontra en el mando 

y no lo obtiene. 



SUMARIO. 

—Efectos que debió 2^roditcir la sentencia— 2. Negatica del Cuer- 
po Lejislativo—^. Esposicion del doctor Molina al Congreso 
Federal— \. El Congreso pide informe— b. La Asamblea lo t - 
cacúa—(j. Confirmación de las creencias (¡el doctor Molina a 
cerca de que la idea dominante era arrebatarle la autoridad 
— 7. N^fevo golpe de la Asamblea contra Molina. 



1 — Aunque los cargos huhienm sido ^nives, aunque hubieran .si 
<lo justos, una autoridad Irjííinia, la única eomiK^íente ¡uiraabsol 
ver 6 condenar al i)roce»sado, habia dictado sentencia en su íaxoi 
1 )(^atruidos los cariaos por esa sentencia, el doctor Nfolinn debiú hi 



216 RESÉ?; A UÍSTÓKICA * 

mediatamente volver ai ejercicio de la Jefatura del Estado. Y asi 
lo pidió el la Asamblea. 

2 — Este alto cuerpo, con el motivo ostensible de ocupaciones, de 
incompetencia de la hora, y de clausura de la sesión, dejó el asun- 
to sin resolver. 

i) — Molina dirijió entonces una esposicion al Congreso federal. En 
ella hace relación histórica del x>roceso, de los motivos c|ue en su 
concepto lo orijinaron y del fallo de la Corte de justicia. Dice que 
estando libre de esa acusación, debe volver a rejir el Estado: que él 
fué electo popularmente, y que la Asamblea, sofocando los votos del 
pueblo, lo privaba de un poder que este le confirió. Añade que no de- 
sea el gobierno, sino que el pueblo vea que puede volver á rejir sus 
destinos, y que no es indigno de la confianza con que le honró. Ma- 
nifiesta que procediendo inconstitucionalmente la Asamblea de G-ua- 
temala, no le queda mas recurso que acudir á la autoridad que re- 
presenta á la Ilación entera. 

4 — El Congreso oyó la lectura de esta esposicion, y después de 
haberse pronunciado algunos discursos, se ordenó que se j)idiera in- 
forme á la Asamblea. 

5 — Este alto cuerpo tenia deseo de ganar tiempo. La. orden del 
Congreso le sirvió i)ara dar al asunto los trámites mas dilatados de- 
su reglamento interior. Dijo que no tuvo con oportunidad noticia o- 
íicial de que la sentencia absolutoria estaba ejecutoriada: que cuan- 
do esta noticia le] llegó, ocupaciones perentorias le impedían proce- 
der instantáneamente; combate las aj)reciaciones de Molina sobre 
que no habia mas fin que separarlo del mando, y se esfuerza en de- 
mostrar -al Congreso, que ella es independiente, absolutamente in- 
dependiente, cuando se trata de la declaratoria de haber lugar á 
formación de causa contra alguno de los altos funcionarios del Es- 
tado, y que ni el Presidente de la República, ni el Congreso, ni el 
Senado, ni ambas cámaras reunidas podian intervenir en el asunto. 
La virulencia de este informe demuestra que habiéndose perdido la 
calma, se hollaba la justicia. 

6 — Mientras que el'Congreso veia el informe, la Asamblea de Gua- 
temala levantaba [nuevos cargos contra Molina. Una ley federal dis- 
ponía que el sistema de correos estuviera sujeto á las autoridades, 
de la ISTacion. Por los cánones, los párrocos debían ser destituidos, 
según las leyes]^de la® iglesia. Molina habia decretado el estableci- 
miento de postas en el Estado, y habia ordenado también que los.| 
párrocos remitieran los estados generales de matrimonios, nacidos y 
muertos, conminándolos, en caso de omisión, con que serian pri-! 
vados de sus beneficios. Estas disposiciones bastaron, en concepto:] 
de la Asamblea, x)ara fundar una segunda declaratoria de responsa- 
bilidad contra el doctor Molina. 



DE < KNTIÍOAMÉIÍICA. ¿17 

7— Los diputados comprendían que estos cargos eran fútiles, y 
que la Corte absolvería al Jefe nuevamente procesado. Pero duran- 
te el proceso, que podia prolongarse por las dilaciones legales, Mo- 
lina quedaba separado del mando; y para separarlo definftivamente 
se proyectó declarar que su período constitucional no em de cuatro 
años, y que solo estaba llamado á gobernar por el tiempo que fal- 
taba á don Juan Barrundia. Durante la causa, aunque se verifica- 
ran elecciones, estas no podían favorecerá Molina, porque hallán- 
dose bajo el peso de una acusación, por absurda y ridicula que f hp 
ra, el doctor Molina no era elejiblp. 



C_A.l^ITXJT.O IDECIMOQITIISTTO. 

Decreto que inaiida proceder h nuevas eleccioues. 



SUMARIO. 

1 - i^olícítud de renovación de las axdoridadea del Estado -2. l>iv 
(áiiien de la comisión — 8. Decreto de la Asamblea. 



I -En la AsíUíiblea se propuso hi renovación de autoridades. R»<- 
ta solicitud paso á la comisión de lejislacion, compuesta de los n»- 
presentantes Solano, Dardon y Vasconcelos, la cual emitió un dic- 
tamen, que estractado pierde su imi)ortancia. Ks preciso que 8e vea 
íntegro, x)íira ])oder juzaar con exactitud, acerca del acierto ó de 
los errores de la comisión. Kse dictamen es la base, es el fundamen- 
to de una nueva sucesión de jefes, y, por consiguiente, de los ble- 
nes y los males (pie estos liayau ]>roducido á (íuat»Muala y á twla 
la Kepril)lica. 'Pan importante documento no debe |>oruKimHvr se- 
pidtado en el archivo de la Asaniblen. Kse dictamen, ademas, seni 
'oüibatido en esta Reseña Histórica, y los lectoivs no ]K)drian for- 
mar juicio <>\;i('lo del nsimfn, sin friirr ;i l:i vista ••! texto litenil. Di- 

' <» así: 

''Aaauiüittt lAjiSiülini. 

VA íéiiniíin ( onsíjtucional en cpie <lel)en cerní i"s** las .sesión 



220 • RESEÑA HISTÓRICA 

aproxima ya, y es indispensable qae el Congreso Lejislativo, an- 
tes de disolverse, emita el decreto para la renovación constitucional 
de las autoridades. Para esto, la comisión de lejislacion que ha exa- 
mina do la materia, pasa á proponeros lo que ha creido conveniente. 
El primer Jefe del Estado de Cluatemala, comenzó á ejercer sus 
funciones el 12 de octubre de 824 y por un efecto de las circunstan- 
cias de 626, el Gobierno pasó á manos del vice- Jefe, en las que per- 
maneció hasta el 13 de octubre del mismo año, en que el pueblo de 
Quezal tenango dio muerte atroz al referido vice-jefe, ciudadano 
Cirilo Flores. De manera que solo hablan corrido dos años de los 
cuatro que la ley designa de duración al primero y segundo Jefe, 
cuando el Gobierno f aé disuelto. 

Los triunfos *del ejército aliado, restablecieron al pueblo de Gua- 
temala, su Gobierno lejitimo, y el Consejo reunido en la Antigua, 
designó para que lo ejerciera á uno de sus individuos. Este plausi- 
ble suceso, tuvo lugar el 11 de febrero de 829, y desde aquí debe 
contarse la segunda época de la existencia legal del Gobierno. Asi 
es que hasta hoy han corrido del período constitucional, tres años 
dos meses y algunos dias, y debe cerrarse aquel en febrero de 831. 
La Asamblea Lejislativa en el año pasado de 829, admitió la re 
nuncia que hizo el ciudadano Juan Barrundia de la Jefatura del 
Estado, y mandó proceder á nuevas elecciones populares, estendién- 
dolas á la de vice- Jefe por haber muerto el que lo era. Resultaron 
electos primer jefe, el ciudadano Pedro Molina y segundo, el ciu- 
dadano Antonio Rivera^ quienes comenzaron á funjir en 23 del úl- 
timo agosto. La duración de estos funcionarios en sus destinos, no 
debe ser otra que la que designa la ley; y la constitución en el artí- 
culo 138 y 139, quiere que cuando se nombre nuevo Jefe, ya sea 
I)or el Cuerpo lejislativo ó por elección popular, dure este en su de.'^ 
tino solo el tiempo que faltaba al que se ha subrogado. Dos son 1oí> 
casos que íiguran los dos artículos citados. El primero es cuando al 
Jefe que va á subrogarse faltare mas de un año para concluir su pe- 
ríodo constitucional; y el 2. ^ cuando faltaren mas de dos a- 
ños. Dispone la ley en el primer caso, que la Asamblea elija para e- 
jercer el Poder Ejecutivo entre los designados por las juntas depar- 
tamentales para el nombramiento de Jefe del Estado, y no habien- 
do entre los designados para primer Jefe, nombrará entre los de- 
signados para segundo, y en falta de unos y otros, se elejirá un con- 
sejero. En el segundo establece que las juntas de departamento, su- 
fraguen de nuevo para subrogar la falta y que el electo no dure en 
sus funciones sino el tiempo que faltaba j)ara la renovación ordina 
ria. De aquí se deduce que faltando al ciudadano Juan Barrundia 
menos de dos años, la Asamblea debió proceder con arreglo al artí- 
culo 1*^. Pero no pudo ser- esto, porque solo se encontró hábil una 



I>K( EXTIio AM¿K1. A. .,.,, 

.Ola pensona entre ].« designados para se«,n ,we no Inl.ie'nd. 

ninguno entre los designados para primero! por estar ;, do -.^l 
cados en la revoJucion. El cuerpo lejislativ.f no ten a eWd«; Ir 
olo haber un sujeto espedito, y no pudo noml.rar entt W.nX 
ros a quienes habta admitido la renuncia jn^r justas v gravesZ 
sas Ast es que el cuerpo lejislativo se vio tn Ja ne.es dad e™"! 
.11 convocatoria para elecciones <le primero v segundo Jefe l)e 'to 

<.dro Jlolina v Antonio Rivera Cabezas, no deben funjir ix.t mas 
tiempo que el que faltaba á ios que han subrogad.,. De' tra L„e 
vn habría un trastorno en las épocas cnstitucionale.. rS líind.. 
de esto que los nombrados durarían másemenos de Jos cZT^ 
líos que ha querido la ley fundamental. No suced'e ento mSíS- 
dose practicar elecciones para primero y segundo Jefe. pomneTs 
cuatro anos que debió pem.anecer en el Gobierno el7i„ri.,n" 
Juan Barrundia y de vice-Jefe el ciudadano Cirilo Flore», terminan 
n principios de febrero de 8H1. ép,„„ en ,,,„. la l^ji,,J„,„r; d. " 
arse en sesiones ordinarias 

Según ]a nota del C. R. del dia de ayer, Jos departamenr 
^acatepequez, feololá, Cliiquimula y Verapaz, de!>en rada uno im.. 
•eder a nombrar un Consejero propietario v un sni,lente 
La comisión ha examinado los antecedentes sobre la renovación 
le debe hacerse de l(,s representantes de este alto (Mieri)o de los 

agistrados de la Corte superior, y por vrsnU.,}.. .h. r..i' . r. 

iesentíirse el siguiente proyecto de decret< 

Artículo 1. - -Se procederá á las elecciones de Jos ivpresentanres 
consejeros, primero y segundo Jefe, y magisti-adosde la Corte su- 
riorde Justicia, que deben renovarse con arreglo á las disiKKsirio 
aes de la materia, conforme á la adjunta tabla v en los días niie se- 
uala la Constitución. ' 

Artículo 2. c __Ei departamento de Guatemala v Eseuintla elejini 
fin diputado pro])ietario y dos suplentes. Igual numen) el de Sacate- 
pequezy Chimallenango. El de Totonicapam nombnu-á il 

dos propietarios y dos suplentes. I^>s departamentos df i; 

nango, Verapaz, Solóla y (>hiqu¡mula sufraganin twda uno i>or iin 
diputado propietario y un suplente. 

Artículo a ^— Las juntas eh»ctorales de los depai ;..... ., ^, 

catepequez, Solohí, (.'Iníjuimida y V'empax, pro«»edeni n cad:i ufin ú 
nombiar un Consejei-o j)ro]»i<»tario y un suplente. 

Arríenlo 4.- -Todas las del Kstado pnuvderán .. -í.ü , 
primei'o y segundo Jefe, y i>am cuatn) magisrnuln*» pn»pi% • 
la (jorte supiema de justicia y tres suplentes. 

Artículo o. - -Iaí Lejislaluní de H'A\ ])r<HM»dii,» imi ia i. 
del i)nmero y segundo Jefe y niagistradés de la Corte .su¡ 



C( 



iii 



->99 



RESENA HISTÓRICA 



justicia con arreglo á lo dispuesto en el artículo 4. ^ del decreto de 
la Asamblea constituyente de 25 de octubre de 825. 

Esto parece á la comisión; pero el Cuerpo lejislativo resolverá lo 
conveniente. 

Jocotenan¿:o, abril 21 de 1830. 

tolano — Dar don — Vasmncelos. " 



3 — Conformándose el Cuerpo lejislativo con ese dictamen, emitió 
el decreto que sigue: 

"La Asamblea Lejislativa del Estado de Guatemala, teniendo pre- 
senté: 

1. ^— Lo dispuesto en los artículos 86, 87, 115 y 199 de la cons- 
titucion del Estado: 

2. ^ — Que el artículo 138 y 139 de la misma, establecen que eii 
falta del primero y segundo Jefe, antes de la éx)oca constitucional 
los designados para subrogarles no duren en sus funciones sino el 
tiempo qne faltaba á los subrogados para la renovación ordinaria: 

3. ^ —Que la de los ciudadanos Juan Barrundia y Cirilo Flores 
por un efecto de las circunstancias, debia verificarse hasta en las 
próximas elecciones, y los nuevos nombrados comenzar á funjir en 
daño de 1831; 

Y 4. ^ — Que en tal concepto las funciones del primero y segundo 
Jefe, ciudadanos Pedro Molina y Antonio Rivera, deben terminar 
en el mismo año, ha tenido á bien decretar y decreta: 

Artículo 1. ^ —Se procederá á las elecciones de los representan- 
tes, consejeros, j)rimero y segundo Jefe, y magistrados de la Corte 
superior de justicia, que deben renovarse con arreglo á las disposi- 
ciones de la materia y á la adjunta tabla y en los dias que señala la 
Constitución. 

Artículo 2. '^ —El departamento de Gruatemala y Escuintla eleji- 
rá un diputado propietario y dos suplentes. Igual número el de Sa- 
oatepequez y Chimaltenango. El de Totonicapam nombrará dos di- 
putados propietarios y dos suplentes. Los departamentos de Que* 
zaltenango, Verapaz, Solóla y Chiquimula, sufragarán cada uno 
por un diputado propietario y un suplente. 

Artículo 3. ^ —Las juntas electorales de los departamentos de Sa- 
catepequez, Solóla, Chiquimula y Yerapaz, i}rocederán cada una á 
nombrar un Consejero propietario y un suplente. 

Artículo 4. ^ —Todas las del Estado procederán á sufragar para 
Ijrimero y segundo Jefe y para cuatro majistrados propietarios de 
la Corte superior de justicia y tres suplentes. 



1> K (■ E N r lio- A M J<: 1 i I ( : A . 223 

Artículo í). ^ —La Lejislatura de 1831 j)rocederá en la renovación 
del primero y segundo Jefe y niajistrados de la Corte superior de 
justicia con arreglo á lo disjDuesto en el artículo 4. ^ del decreto de 
la Asamblea constituyente de 25 de octubre de 825. — rV)iininhiiiese' 

D. U. L. — Jocotenango, mayo 5 de 1880." 



CAPITULO DECIMOSEXTO. 

Temblores. 



SUMARIO. 



—Razón de estar dictado en Jocotenango el decreto de 5 de mayo 
y el dictamen de la comisión que le precede — 2. Días de temblo- 
res—'^. Situación de la capital—'^. Creencias (jeneráles — 5. In- 
terpretación que dio el clero á los temblores — 6. Reflexiones — 
7. Papeles publicados en aquellos días — 8. Respuestas del cle- 
ro — 9. Conclusión de los temblores. 



1 — Debe llamar la atención el que se haya dictado en Joi^otenaii- 
go el (It^creto de 5 de mayo, y el dictamen precedente de la comisión. 
Jocotenango es nn i)equen() pueblo de indígenas situado al Nortt» 
de la ciudad de Guatemala, y carece absolutamente dt» elementos 
jmra que en él estuvieran las primeras autoridades del Estndt). Sin 
embargo, en aquellos dias ])U(lo llninarse rn])iíal mn mo\\\o d^ los 
terremotos. 

2— Desde fines de marzo de 18:}(), comenzaron ai sentirse tembló 
res de tierra. Las poblaciones de Amatitlan, Petajm y otras st» ar- 
minaron. Kl 2:i dií abril á las 9 de la noclh» se esiHjrimentó un tem» 
mofo que arruinó muchas casas y los principales edilicias pühlitxis, 
especialmente las iglesias de Santa Teresa, San Fnuicisco, la H«» 
colección y Santa Catarínn. lv<is autoridades drl Kstad(» d»»tonnina- 



226 UKSK^A ilTS^J^OlilCA 

ron trasladarse á Joeotenango, y en la plaza de ese x)iieblo se fabri- 
caron r(2?zc7¿6>^ y ramadas para el despacho de los altos funcionarios. 

3 — Durante ese tiempo los habitantes de la cindad de Guatemala 
no se atrevían á dormir dentro de sus propias casas. Las personas 
que caredan de recursos pernoctaban en las calles y en las plazas. 
Las que tenian alguna fortuna, se dirijian á sus ñucas de campo 6 
iabricaban rancJios en sus patios. Estos se hicieron de moda. jN'o 
liabia tal vez una sola casa que careciera de alguno. Muchos eran 
de madera y de muy buen gusto, y se conservaron largo tiempo. 

4 — Los habitantes de la capital creyeron que debia esperarse 
una ruina semejante á la que sufrió la Antigua Guatemala en el si- 
glo pasado. Se reflexionaba acerca de que el país es una cordillera 
de volcanes. Se designaban los mas conocidos, y cada uno atribula á 
diferente cerro de los que arrojan fuego, los temblores que se es- 
perimentaban. En aquellos días no se hablaba mas que de conmo- 
ciones subterráneas y de cataclismos. 

o —Los temblores sirvieron al clero ]3ara combatir á los liberales. 
La madre Teresa dijo: ''que eran un castigo visible del cielo por la 
espulsion del Arzobispo, y que el único medio de hacer cesar la ira 
de Dios, era el regreso de Su Señoría Ilustrísima y la penitencia". 
Las palabras de la monja circularon por toda la x^arte fanática del 
X^aís, como si hubieran sido comunicadas por telégrafo. Muchos re- 
trógrados lloraban por las futuras ruinas de Guatemala, como Jere- 
mías predirfendo la destrucción de Jerusalem; y no faltaban filóso- 
fos que, estudiando solo la naturaleza, se imajinaran que ya escla- 
maban con Yolney: "¡Salve, ruinas solitarias, sepulcros sacrosantos, 
muros silenciosos! ¡A vosotros invoco, á vosotros dirijo mis plega- 
rias!!!" 

6— En tiempo de ignorancia, la aparición de los cometas, los eclip- 
ses, el rayo, los terremotos, la ajitacion de los mares y las borras- 
cas, han sido atribuidos por el clero á la cólera de Dios; que se en- 
fada, que se irrita, que tiene ira y castiga i)or estos medios á mu- 
chas personas. ISTada importa que los pueblos vean que el rayo, 
descarga eléctrica entre una nube tempestuosa y el suelo, lo mismo 
destruye la imagen de la Virgen del Pilar que se hallaba en el tem- 
X)lo de las Capuchinas, y las estatuas de los apóstoles que adornan 
la iglesia de Santo Domingo, que las torres de los protestantes y los 
edificios de los masones. Nada importa que ni las palmas benditas, 
ni las letanías de los santos, ni el trisagio celebrado contra el poder 
infernal, libren de las tempestades tanto como los para-rayos de 
Franklin. ISTada importa que los jesuítas, colmados de todas las. 
gracias teológicas, salven menos de las llamas el templo de la Com- 
l^añia de Jesús en Santiago de Chile, que los bomberos luteranos 
los teatros de Nueva York. Nada importa que la erupción de los 



DE CEXTKO-AM ERICA. 221 

volcanes y los terremotos procedentes de causas que los geólogos se- 
ñalan, lo mismo sepulten las estatuas de Venus y de Diana en el Her- 
(nilanoy en Pomi3eya,que las de San Juan y de la Virgen en Caracas 
y en Lisboa. Kada importa que el movimiento délos mares, provenien- 
te de la ajitacion de la atmósfera, de las corrientes causadas por las di- 
ferencias que reinan en las diversas latitudes, por la rotación de la 
tierra y por la atracción del sol y de la luna, trate peor los baje- 
les de los cruzados que van á defender el sepulcro de Cristo, colma- 
dos de bendiciones pontificias, que las naves de Mazzini, que com- 
baten el poder temporal del Papa. Nada importa que los vientos 
destruyan la armada invencible de Felii^e II, que se proix)ne hacer 
triunfar al catolicismo en la Gran Bretaña, y dejen salvos los bu- 
ques en que se embarca Garibaldi, llevando esta inscripción: '^Aba- 
jo el cura que reina en Roma' '. Nada importa todo esto, i>orque si 
]a luz de la civilización no brilla en los pueblos, creerán que el ra- 
yo y el trueno, la ajitacion de la tierra y de los mares, son elemen- 
tos que manejan los jesuítas, los obispos y las monjas, para herir á 
sus adversarios, como creyeron que el cólera asiático era efecto de 
veneno que los liberales arrojaban á las fuentes y á los rios; y como 
creen que todos los años comien/:i -I 1]oa*m- ..n i..maw. i..>i-..i!m w.. ..o« 
ta en las calles las letanías. 

7 — Algunos papeles i^úblicos couibatian citji-tas ci^eencias ¡)opula- 
res, ya con el raciocinio, ya con el ridículo y el sarcasmo. Se decia 
qne un templo es la casa de Dios, y que no puede concebirse que 
el mismo Dios destruyera sus propias casas para castigar á los libe- 
rales: que las habitaciones bien construidas, aunque pertenecieran á 
pirujos^ {^•) sufrían poco ó quedaban ilesas, y que las viejas y mal 
hechas, se desplomaban, aunque fuemn propiedades de las familias 
de las monjas y de sus confesores. Se agregaba que si los tembloit's 
eran un castigo i)ara los liberales, no se podia compi'ender \íox qué 
ese castigo habla caido de prefencia sobre el templa de Santa Tere- 
sa, construido á esfuerzos del arzobispo Casaus, y donde todos lf»s 
dias oraba la célebre monja carmelita; mient!*"^ m".. <.. i..,Ti.iiv.n ;i... 
sas las casas de los jefes del partido liberal. 

8 — A todo esto contestaban los clérigos que no se pueblen rscudri- 
ñar los altos juicios de Dios, y los fanáticos ...:•>..».■•' ]>lemimento 
satisfechos con esta contestación. 

O — Los frailes no volvieron por entonces; el Arzobisjx) no ivgresu; 
los temblores dejarcm de sentirse; (íuatenuila no quedó nrruinadn. y 
los modernos .lereniias, vieron sin (Mnnplimiento sus ]u\Hlic«'i(»ne>. 



(*) Nombre (pío h(< (IuImí h Ior pArtidnrioH do MonuMU. 



C^PIT LJI.O DECIMOHETlMO. 

Seffunda sentencia absolutori«a del doctor Molina. 



SUMARIO. 

—Observaciones — 2. Pedimento fiscal — 8. Pedimento del doctor 
Molina — 4. Sentencia de la Corte superior de Justicia — 5. JRe 
flexiones — 6. Decretos de elección de Molina y de Ricera: no- 
tas subsiguientes — 7. Análisis legal sobre el período del Jefe 
del Estado—^. Heclios que demuestran dificultades para que en 
una misma ciudad residieran el 7^;v ,^vV7/ >» A^ r7,> hi 7^,'i,nr,7irir ,/ 
el Jefe del Estado. 



1 — La causa se demoró liasta julio de 8:^1. KiiHf lauu» ><• m. hmmí 
elecciones de Jefe, vice-Jeí'e, representantes, consejeros, diputa 
dos al Congreso y al Senado, y el doctor :Molina no pudo presentar 
se como candidato en ningún concepto. Una acusación i^esaba so 
bre él. Sus derechos de ciudadano estaban suspi'nso<. v dobin ivsol 
verse á permanecer en lamas absoluta nulidad 

2— El Fiscal tan convencido estaba de que no luil)iu uu>livo jmru 
[)roceder contra Molina, que ])idió su absolución. 

:5--0^íolina con vista del pedimento liscal, presentó á hi Con 
escrito en que se queja de la Asamblea, en que dice se ha pror. 
con ilegalidad 6 injusticia. Molina no tiene en sus escritos el i-;.-, 
de Earrundia; pero es incisivo cuando ataca, y los cargos que á la 
Asamblea hace ante la Corte de justicia, son terribles. Su |H>sioit»ii 
lo disculpa. Se habia dado A fatal ejemplo de hacer dedanir ruli«i- 
ble ;í iin funcionario, únicamente ]H)npie á un determinado núnn»n» 



230 9 KEyEÑA JUSTÓKICA 

de hombres no convenia que se hallara al frente del Estado ('''). Los 
dos últimos cargos que se hacen al doctor Molina, son verdaderos 
títulos de merecimiento ante la historia. Se deseaba desx)ojarlo, y 
después de haberse buscado y rebuscado faltas, solo se encontraron 
dos: Jiaber establecido un correo^ y lidber ordenado á los curas que 
enviaran las partidas de nacimientos y defunciones! I! 

4 — Silos cargos eran fútiles; si el Fiscal lo comprendía, y si en tal 
concepto habia pedido la absolución del procesado, la sentencia de- 
bía ser absolutoria, y lo fué. Hela aquí: 

^•^ Corte superior de Justicia de Guo.teniala, catorce de julio de 
mil ocliocientoié treinta y uno. 

Vista la causa instruida al ciudadano doctor Pedro Molina como 
Jefe que fué de este Estado, en virtud de la segunda declaración de 
responsabilidad que hizo el Cuerpo Lejislativo por haber infrinjido 
el decreto de la Asamblea Nacional de veinticuatro de abril de ocho- 
cientos veinticuatro; y los Cánones, en la orden de diez y nueve de 
noviembre de ochocientos veintinueve, que mandó circular á los je- 
fes departamentales para que los párrocos remitiesen los estados ge- 
nerales de muertos, nacidos y matrimonios celebrados, conminán- 
doles con la privación de sus beneficios por la omisión en esta ma- 
teria; y teniendo en consideración: 1. ^ que el acordar el estableci- 
miento de postas en el Estado, no prueba un ánimo de contrariar el 
decreto de la Asamblea Nacional que arregla el ramo de postas, y 
correos, sino una laudable inclinación por el mejor servicio público, 
ni menos que tuviese efecto sin previa aprobación del Cuerpo Lejis- 
lativo: 2. ^ Que li simple conminación de una pena grave x)ara obli- 
gar á los funcionarios al cumplimiento de sus deberes, no es decla- 
rarlos incursos en ella, y por consiguiente, que la intimación hecha 
á los párrocos para que formasen los padrones y estados susodichos, 
no ha tocado en manera alguna la jurisdicción eclesiástica: visto lo 
alegado por la parte: á nombre del Estado de Guatemala, y de con- 
formidad con lo pedido jjor el Ministerio Fiscal, se absuelve al ciu- 
dadano doctor Pedro Molina de los cargos en que se fundó la de- 
claratoria de haber lugar á formación de causa: hágase saber, y 
oportunamente comuniqúese al Cuerpo Lejislativo. 

Valenzuela— Moreno — López — Bieguez — Qii/iroz — Mejia. — Simón 
T. Escriños a.'' 

o — Los liberales estaban divididos. Se habia dado sensible herida 
á un ciudadano que, desde su juventud, pertenecía al partido del 
progreso, y que gozaba de gran nombradla en toda la América Cen- 
tral. Los reaccionarios estaban de plácemes. En la división de los 



(*) Acaso el doctor Molina, atribuyendo en esto alguna parte ii Gal vez, entró con placer 
en la oposición que mas tarde estremeció al Estado. 



DE CEXTKO-AMÉRICA 231 

% 

liberales veían los serviles la base de sus futuros triunfos. La con- 
ducta de la Asamblea contra el doctor Molina, dio motivo á esten- 
sas publicaciones serviles para denostar á los liberales. Los conser- 
vadores decian que no se combatía por la Constitución ni por las le 
yes, sino por los intereses individuales. 

6 — Los decretos en que Molina y Rivera Cabezas fueron llamados 
{[ sus respectivos puestos, no fijan número de años. (*) Dicen única- 
mente que deben funcionar por el término legal. Las notas en que 
se les comunicaron los nombramientos, hablan clara y terminante- 
mente de cuatro años, y en este concepto contestaron los nombrados. 

7 — Xo bastaba borrar de los lieclios legales el período que gober- 
nó Aycinena. Fué preciso declarar que este tiempo -no corrió para 
don Juan Barrundia. Dada esa base, debe averiguai*se cuanto tiem- 
po corrió á Barrundia, y cuanto tiemjjo le faltaba el dia en que su 
renuncia fué admitida por la Asamblea de Guatemala, y se convo- 
có á elecciones de J.efe, en virtud de esa renuncia. Barrundia co- 
menzó á ejercer sus funciones el doce de octubre de 1824. Debió ter- 
minar su periodo el once de octubre de 1828. Su prisión, en concepto 
de la Asamblea, no interrumpió el período, porque Itabla un vice- 
Jefe^ y este funciono hasta el trece de octubre de 1826, dia en qut 
fué asesinado. Así es que habían corrido dos años á Barrundia. El 
once de febrero de 1829, comenzó á funcionar en la Antigua don 
Mariano Zenteno, y desde este día siguió corriendo el periodo de 
Barrundia. La renuncia de este Jefe fué admitida en nueve 
de mayo de 1829. Ya entonces le faltaba menos de dos años. 
Ahora debe averiguarse lo que por la constitución del Estado de 
Guatemala correspondía hacer cuando no habiendo vice-Jefe,i'enun- 
ciaba el Jefe á quien faltara menos de dos años. El artículo 137 di- 
ce: ''La duración del Jefe y segundo Jefe será de cuatro años, pu- 
diendo ser reelejidos una vez sin intervalo." El artículo 138 es co- 
mo sigue: '-En falta de ambos Jefes, sucederá temporalmente has- 
ta la reunión próxima de la Asamblea, el presidente que fuere del 
Consejo rei)resentativo. Pero si el impedimento ó fidta no faeren 
temporales, y faltare mas de un año i)ara la renovación i)erír>dica, 
será convocada la Asamblea estraordinariamente, y nombninl un 
ciudadano que ejerza el Poder ejecutivo, elijiéndolo entre los des¡ír- 
nados por las juntas departanurntalos para el nombnnniento del .Te 
fe que debe subrogarse; y no habiendo entre los designados i>ara 
primer Jefe, se nombrará entre los designados ixim segundo, y ei^ 



^) Véanse l(w números W y C, capítulo 8, libro segiimlti 



282 líESENA mSTÓKICA 

falta de unos y otros, se elejirá un consejero." El caso estaba com- 
X3rendido en el texto literal de este artículo. El impedimento no e- 
ra temporal, y faltaba á Barriindia mas de un año. Se debió nom- 
brar un ciudadano que ejerciera el Poder ejecutivo, elijiéndolo en- 
tre los designados por las juntas departamentales, para el nombra- 
miento del Jefe que debiera subrogarse ó entre los designados para 
segundo Jefe. En falta de unos y otros, debió la Asamblea elejir un 
consejero. La comisión asegura que no liabia ni designados ni con - 
sejeros. Si en realidad fué así, no podia nombrarse un Jefe suplen- 
te. Era preciso convocar á los pueblos para la elección de un Jefe por 
el término de cuatro años. Las elecciones populares son dilatadas 
y costosas, y, por lo mismo, la Constitución no admitía que se con- 
vocara á los pueblos para que elijieran un f nncionario cuyo períoda 
había determinar-antes de dos años (art. 139). Según la misma Cons- 
titución no liay Jefes suplentes elejidos por el pueblo. Los suplentes 
los elejia la Asamblea, según el texto del artículo 138. Debe tenerse 
X^resente que faltando menos de dos años de un ]3eríodo cuando se 
manda hacer elecciones, el período durante ellas, se disminuye mu- 
cho, y resulta que se ha molestado al pueblo para llenar un vacio de 
corto tiempo, y esto es lo que no admite ni la letra ni el espíritu de 
la Constitución del Estado. Si al pueblo se molestaba para que eli- 
jiera un Jefe cuya duración era cortísima, debió habérsele dicho en 
el decreto de convocatoria, y no se le dijo. Los electores creyerpn 
que se les llamaba á votar por ciudadanos que debían rejir el Esta- 
do por cuatro años, y en este concepto procedieron. Los decretos en 
que se declaró electo al Jefe y al vice-Jefe, no dicen que solo iban- 
á llenar los días que faltaran á Barrundia, y en las notas respecti- 
vas se les habló precisamente de cuatro años. La toma de posesión 
fué solemne, y como correspondía al recibimiento de funcionarios 
que por un término ordinario iban á rejir el Estado. Hasta el año 
siguiente no se pensó de otro modo. Dedúcese de aquí, que el perío- 
do de Molina y de Rivera Cabezas no liabia terminado cuando fue- 
ron separados del mando. Sin embargo, la facultad de interpretar 
las leyes, j)ertenecia á la Asamblea (art. 94 de la Constitución) y e- 
11a ejerció entonces ese augusto poder. La única autoridad compe- 
tente para rechazar como inconstitucional un decreto, era el Conse- 
jo, (art. 122) y esta corporación sancionó el decreto de Jocotenango. 
En este concepto, debe considerarse le jí timo todo lo i)YSictÍG3.áo en 
virtud de él. 

8 — El Presidente de la República y el Jefe del Estado de Guate- 
mala difícilmente podían coexistir en una misma ciudad. Se moles- 
taban hasta por asuntos fútiles, de ceremonia y de etiqueta, como 
lo espresa Marure en el primer volumen del Bosquejo Histórico. 
Arce fué el primer Presidente de Centro-América, y don Juan Bar- 



]JECKN-ri;<)-A.\IEIÍI(A ¿3.^ 

randia el primer Jefe del Estado. Ambos funcionarios se mantuvie- 
ron en choque hasta que Arce, rompiendo la Constitución y las e- 
i ; 'r?''? ^"''°" '" ^^^'"^"'lí-'i- ^^ycinena fué electo según la vo- 
luntad de Arce y sm embargo cuestionaban frecuentemente, y el 
de acuerdo llego hasta el estremo de que el mismo Ayeinená arre 
batara el mando a don Manuel José Arce, para ponerlo en manos 
<IeI vice-presidente Beltranena. Beltranena mantuvo buenas reíado 
nescone jefe don Mariano Aycinena, no solo porque los ligXn 
vínculos de amistad y de familia, sino porque en aquellos diaf Bel 
tranena, de Jefe de la República solo tenia el nombre. Don J«- 
s.. Francisco Barrundia y el doctor Molina eran amigos íntimos 
Ambos habían nacido y educádose en Guatemala; y no podia di^ 
vidirlos el espíritu de localismo. Xo obstante, siendo Barrundia 
presidente y Molina jefe del Estado, estuvieron en desacuerdo, has- 
ta el estremo de que Molina pidiera á la Asamblea qne se excita- 
ra a los diputados de Guatemala al Congreso federal, para que pro- 
movieran en aquel alto cuerpo que salieran de la capital las autori- 
dades federales. Mas tarde el doctor Galvez, por medios diplomáti- 
cos, con tribuyo a que la Federación se trasladaran San Salvador Fs 
una de las faltas déla Constitución de 24, no haber designado un 
distrito federal. Una ciudad como Washington en los Estados-Uni- 
dos. Habría librado á los centroamericanos de muchas dificultades 



Administración de don Antonio Rivera Cabezas. 



SUMARIO. 

—Razón del método — 2. NotÍGÍa hiográfica de Micera {Rahezas — 
8. Situación de los puehlos d.el Estado durante la adminis- 
tración de Rivera— ^. Escuelas — 5. Colejios—Qt. Universida- 
des. — 7. Academia de derecho teór ico-práctico — 8. Rít/lexionea 
— 9. Proyecto de códigos pójtrios — 10. Administración de jus- 
ticia — 11. Dirección de caminos — 12. Deuda píd)lica — 13. Con- 
trihuciones directas — 14. Fuerza pública — 15. Contraía de ar- 
mas — 16. Padrones — 17. Informe del Intendente de Hacienda. 



1 — Don Antonio Kivera Cabezas ejerció el Poder tjiriiiir>o del 
Estado de Guatemala desde que el doctor ^Molina quedó sasi>ens(> 
por haberse declarado en marzo de 1830, que había lugar á forma- 
ción de causa contra él. La imi')ortancia del proceso, Lis ajiínciones 
que produjo, y la serie de dis^^osiciones que se dictaron en virtml 
y á consecuencia de 61, no han permitido interrumpir el hilo de los 
acontecimientos. Terminada la nairacion de estos acontociniiíMitos, 
es preciso volver á marzo de SoO^para presentar la administración de 
don Antonio E-ivera Cabezas, ciudadano que conviene sea conocido. 

2 — Don ;Witonio Ilivei'a ('abezas, tm tiemi)o d(d Gobierno espa- 
ñol, hizo por todos los trámites legales la caiTcra de abogíido y ob- 
tuvo el título de licenciado. Dedicóse también ti la milicia, comen 
zando desde cadett% según la costumbre de aquel tiemix). Fué in- 
dividuo de la diputación i)rovincial instal.ula en Guatemala i>or las 
leyes españolas d(^ 1812. Kl b") de setiembre d»? vS21, Hivera conour 



236 JiESENA JlISTÓlilCA 

rió al Palacio del Gobierno á votar por nuestra emancipación y ñr- 
mo el acta de Independencia. Fué en seguida electo di^Dutado al 
Congreso mejicano. A su vuelta fué también diputado á la Asam- 
blea nacional constituyente, donde combatió las tendencias anti-po- 
pulares de la aristocracia. Rivera Cabezas fué uno de los jMmeros 
triunviros que gobernaron la Kepública centro-americana. Como 
diputado, es uno de los signatarios de la constitución del año de 
1824, y como triunviro, tuvo la honra de firmar el cúmplase del ac- 
ta del.^de julio de 1823, que declara á Centro- América, nación 
independiente de Méjico y España. Don Antonio Rivera Cabezas 
tenia un genio festivo, y estraordinario talento para la crítica; el 
estilo satírico-burlesco era su fuerte, y lo usó con maestría. Sus diá- 
logos entre "don Meliton y don Epifanio," que comenzaron á pu- 
blicarse el año de 1825, tuvieron una popularidad sin igual. Rivera 
Cabezas conocía j)erfectamente á las familias; estaba informado de 
su civilización, de su lenguaje, de sus cost^imbres, y con el gracejo 
y el ridículo, combatía todo lo que no era conforme á sus ideas. Los 
nobles, el Arzobispo y los frailes figuraban con frecuencia en esos 
diálogos, desempeñando siempre un papel muy poco satisfacto- 
rio. Los mismos zaheridos se reían de las jocosidades de Ri- 
vera, y aquel periódico circulaba por todas partes. Don Antonio 
Rivera Cabezas, con sus sátiras, hizo mas daño á los serviles que 
don José del Yalle con sus graves y eruditos discursos en el Con- 
greso. Los serviles, después de su triunfo, recojieron todos los ejem- 
plares de don Meliton. Sin embargo, no falta uno ú otro, salvado de 
la inquisitorial pesquisa. Rivera adquirió con esa publicación mu- 
cho crédito entre los liberales, y se hizo el blanco del odio mas en- 
carnizado de los serviles. Rivera tiene el primer lugar, puede de- 
cirse, el j)uesto de honor, en el decreto de 28 de marzo de 1827, en 
que declara Aycinena fuera de la ley á muchos ciudadanos. Rive- 
ra Cabezas iba á ser fusilado como Pierzon: el empeño de algunos 
amigos le salvó la vida, y la muerte se sustituyó con el destierro. 
El autor de las Memorias de Jalapa, dice: que Aycinena perdió su 
crédito con este acto de lenidad, aserción que escandaliza al autor 
del Bosquejo Histórico y de las Efemérides. Después del triunfo del 
general Morazan, Rivera regresó á su patria, sirvió en diferentes 
puestos á la causa liberal y fué electo více-Jefe del Estado de Gua- 
temala. Rivera Cabezas, al dejar el mando, fué nombrado Intenden- 
te del Gobierno federal, y con este motivo, se trasladó 4 San Salva- 
dor. Los diálogos entre don Anselmito Quiroz y don Miguel Eguíza- 
bal, que Rivera comenzó á publicar el año de 1*832, prueban que 
conservó siempre su carácter satírico-burlesco, que lo hizo célebre 
desde joven. En esos diálogos supone Rivera que don Anselmito, 
al morir, encontró en los Campos Elíseos á Eguizabal, y que le refe- 



1) !•: ( ' E N T n ( J - A M É 1 i I ( ■ A . ^t. >7 

lia j)unto por X3unto todo lo que habia pasado en Guatemala. La re- 
lación, es tan chistosa, como punzante. En estos diálogos no es ya 
solo el partido servil el blanco de Kivera; los liberales se hablan di- 
vidido, y al doctor Galvez se dirije una gran parte de los ataques. 
Para mantener el interés, su^jone Rivera que las personas que suce- 
sivamente iban muriendo, llevaban á los (Jampos Eliseos nuevas no- 
ticias, y aumentaban la tertulia. No hay persona conocida de las 
que ya no existían, que no tome parte en la conversación, ó no sea ci- 
tada jjor los interlocutores. Muchos de los que hablan muerto en <>- 
pinion de santos, aparecen penando y se cuenta el motivo de sus 
desgracias, que regularmente eran hechos que Riveni perfectamen- 
te conocía. El cambio político de 1839 hizo perder á don Antonio 
Rivera Cabezas una gran parte de sus intereses, y lo puso en manos 
de sus mas acérrimos enemigos. Tuvo necesidad de salir del país; 
pero circunstancias de familia le obligaron á regresar algunos años 
después. Las facultades intelectuales de Rivera declinaron visible- 
mente con los años. Su pluma no era últimamente la pluma que re- 
dactó el don Meliton. Los serviles no temian ya á Rivera: pero el odio 
de aquellos jamás disminuyo; ese odio hizo que don Antonio Rivei-:i 
Cabezas, en su avanzada edad, esperimentára ulti*ajes y vejacion(»s, 
que acibarando los últimos dias de su vida, aceleraron su muerte. 

3. — Durante la administración del ciudadano que se ha bosque 
jado, los pueblos del Estado de Guatemala estuvieron tranquilos. 
No hubo mas disturbio que un choque entre los vecinos de Iloíe- 
nango (/'\ en el departamento de Solóla, y los de Chiquimula en el 
deTotonicapam. Este choque dio por resultado algunos heridos. El 
incidente no procedía de asuntos jjolíticos, sino de cuestiones sobre 
tierras. Rivera Cabezas las arregló y se restableció la cuaima. 

4 — Las escuelas, que eran rarísimas bajo el réjinien <'olonial. y 
(pie se habían multiplicado en los priineros años de la República, 
fueron destruidas por la revolución, y restablecidas con mejonus 
])rogresistas en el ]3eríodo de que se trata. Se creó una escuela de 
enseñanza mutua en la capital. Se ordeno la creación de otra de i- 
gual clase en Quezaltenango; y en el departamento de Chiqumula 
hubo veintidós, según el rójimen común. Se dictaron providencias 
para que en la misma proporción se aumentaran las escuelas en to 
<ia la República. No se tenia idea de las normales, según el ix'^ji- 
men moderno, y se pretendía suplirlas ])orel sistema de I^incasti^r. 

T) -En los cíjlejios, trideutino y de infantes, se introdujei*os ivfor- 



(•) Hoy pueblo ild (¿niolu*. 



288 KESEÑA JllSTüJMCA 

mas progresistas. En ellos no se enseñó ya solamente la manera de 
adininistrar los sacravientos. Se estudiaba gramática castellana, 
francesa é inglesa, geografía, aritmética y filosofía. 

6 — La Universidad, llamada entonces de San Carlos, tuvo cáte- 
dras de filosofía, teologia, cánones, leyes y medicina.- Un decreto e- 
mitido el 5 de diciembre de 29 la trasladaba al edifício del estingui- 
do convento de Santo Domingo; pero el Ejecutivo encontró obstá- 
culos para dar cum|)limiento á esta disposición. No liabia fondo?- 
para pagar á los ])rofesores, y estos gratuitamente servían las cá 
tedras. 

7 — La Academia de derecho teórico-práctico, existia también, 
aunque sin fondos. Su presidente la regentaba gratis, careciend(; 
de una biblioteca, y aun de los libros mas usuales. Entonces dismi- 
nuyó el deseo que antes animaba á la juventud de obtener título 
de abogado. Rivera Cabezas veía este cambio como un mal que pro 
curó combatir. 

o — Seria un mal, j)rocedie.ndo esa carencia de amor á la carrera 
del foro, de negligencia j)or las ciencias y las letras; pero no debía 
considerarse como un mal si la diminución de los cursantes de de 
recho era proveniente de la c*reencia de que la multitud de aboga- 
dos liace improductiva la caj rera, y deja sin atención otras mate- 
rias del saber humano, que tanto contribuyen al desarrollo de los: 
intereses materiales, y ai progreso de los x)neblos. 

O — Rivera Cabezas manifestó á la Asamblea con claridad y elocuen 
cía, que no era posible rejir el Estado con leyes dictadas por Go- 
biernos monárquicos, aristocráticos y despóticos, y al mismo tiem 
po por las leyes patrias que, sin incluir las que dictó la Asamblea 
llamada intrusa, formaban un todo de mil trescientas cincuenta y 
nueve leyes. Los esfuerzos que se hicieron entonces para que se 
dictaran códigos, fueron inútiles. Esta reforma importantísima es- 
taba reservada para la administración del general don Justo Rufi- 
no Barrios. 

10 — La administración de justicia era lenta, difícil y embrollada. 
La autoridad de la ley había sido subrogada por la autoridad de 
los jueces. Rivera Cabezas conferenciaba con don Yenancio López, 
para remediar este mal y dictaba al efecto cuantos acuerdos eran 
comi:)atibles con las escasas facultades de que se hallaba investido. 

11 —La Lejislatura estableció una dirección de caminos departa- 
mentales para mejorar las vías de comunicación, y ^ny pronto se 
palparon los benéficos resultados de esta medida. 

11 — Rivera Cabezas se empeñó, aunque sin todos los datos que 
al efecto se necesitaban, en conocer la deuda j)ública, y resultó que' 
el Estado adeudaba 566,785 pesos un real; siendo 144,412 de capi- 
tales á rédito; 249,928 pesos cinco reales, de préstamos forzosos du- 



DE CENTRO-AMEKICA. 239 

rante el Gobierno intruso; 51,757, de préstamos voluntarios en tiem- 
130 del Gobierne lejítimo; y de 210,948 pesos dos reales, correspon- 
dientes al Gobierno intruso por depósitos, como también de 9,00(> 
igualmente de depósitos correspondientes al Gobierno restaurado. 

13 — Las contribuciones directas producían 62,000 pesos. En su re- 
caudación se presentaban grandes obstáculos, hasta el estremo de 
l)oderse asegurar que todos los pueblos les ox)onian vigorosa resis- 
tencia. 

14 — La fuerza x)ública del Estado constaba de 200 hombres, con- 
forme lo habia dispuesto la Asamblea en sus últimas sesiones. Es- 
tos hombres estaban repartidos de la manera siguiente: en Guate- 
mala 143 infantes y 51 de caballería; en Sacatepequez 5 infantes; en 
Quezaltenango 9 y en Chiquimula 5. Se advierte un exceso de 13 
individuos, porque el Gobierno, de acuerdo con el Consejo, determi- 
nó" que la banda no fuera incluida en el número de los doscientos 
hombres que la Asamblea habia fijado. 

15 — Se hizo una contrata de 1500 fusiles, 500 carabinas, 200 pares 
de pistolas, 200 sables, 1000 bayonetas y 25000 piedras de chispa. 
Para verificarla se anunció en la Gaceta Oficial lo que se intentaba 
(íomprar, y se invitaba á los comerciantes para que en un término 
fijo enviasen sus prox3uestas á la Secretaria del Gobierno. Transcur- 
rido éste, se admitió la propuesta mas favorable. Por cuenta del con 
trato se dieron siete mil pesos, y no teniendo el Gobierno medios de 
completar el pngo, í'onvocó al Consejo para que proporcionara re- 
cursos. 

16 — Rivera Cabezas mandó que los Jefes ]3oli ticos enviaran pa- 
drones de sus res^Dectivos departamentos para que se pudiera for- 
mar uno general. No se sabia el número de habitantes del Estado. 
Se x^ensaba que la población habia disminuido con motivo de la 
guerra y de la peste de viruelas. 

17— Según informe del Intendente general de Hacienda, ciudada- 
no Mariano Galvez, las rentas del Estado ascendían á doscientos 
treinta y cinco mil quinientos x>í^sos, calculándose así los rendi- 
mientos: 

Alcabala s 50000 

Aguardiente 1()00() 

Chicha 12000 

Papel sellado 5000 

^Pieríis baldías 3000 

I )iezmos ()000 

'I'emxK)ralidades, sin contar con v^^iías 15000 

Asientos y multas 5(i() 

(/uartas y novenos eclesiásticos 2000 



240 KESEÑA lUSloJílCA 

De la mitra 2000 

Contribución directa 100000 

El presupuesto general de gastos de la administración x>ública del 
Estado en el año de 1881, era el siguiente: 

Lista civil. 

17 Diputados al Congreso federal á 

mil doscientos pesos 20400 • 

2 Senadores á dos mil pesos 4000 

17 Diputados á la Asamblea por cua- 
tro meses á cien pesos mensuales 6800 

5 id. de la comisión perma- 
nente ]Dor ocho meses 4000 

% 80200 
Estos en el año corriente serán seis 

De la Secretaria de la. Asamblea. 

Un Oficial mayor seiscientos pesos. . . % 600 
Un archivero con cuatrocientos id. .. 400 

Un escribiente con trescientos 300 

Un portero con doscientos cincuenta . . 250 

Un sirviente con noventa y dos 92 

$ 1642 

Bwpremo Gobierno. 

El Jefe del Estado con tres mil $ 3000 

El Serio, general con mil ochocientos. 1800 

2 jefes de sección á novecientos 1800 

2 escribientes 1. ^ á cuatrocientos. .. 800 

2 id. 2. '^ á trescientos 600 

Un archivero con cuatrocientos 400 

Un portero con doscientos cuarenta . . 240 

Dos sirvientes con noventa y seis .... 192 

% 8832 

Consejo representativo. 

El vice- Jefe con dos mil % 2000 

Siete Consejeros á mil cuatrocientes. 9800 

Yan % 57474 



1 



DE í ' K N 'J R ( ) A M E I í í ( ' A 241 

S r)7474 



Vienen 

Un secretario con novecientos 900 

Un escribiente archivero cuatrocientos 4( K) 

\Jn portero con ciento veinte 120 

Un sirviente con setenta y dos 72 

Vn escribiente á'doscientos cuarenta.. 240 



1 :^5:í2 



Esta suma y el resto del presupuesto, ascendian á 349237; de ma- 
nera que habia un déficit ('^"). La nomina de los ]>ienes raices vendi- 
dos, es la siguiente: 

1831. 

Agosto 8 — Hacienda de Han José, perteneciente al convento de 
Santo Domingo, sita en este departamento, y rematada en don Juan 
de Dios Mayorga, con todos sus semovientes y muebles, en 8 5.226. 

Setiembre 26 — Hacienda de Cerro-Redondo, perteneciente al mis- 
mo convento, rematada en doña Serápia Rívas, reconociendo á 
censo $ 8.000 de las tierras é ingenio y pagando § 4.416, valor de se- 
movientes, muebles y fábrica. 

Diciembre 31 — Los Ojitos de la Antigua Guatemala, pertenecien- 
tes al convento de la Merced, poseídos hoy por don Baltasar Ro- 
dil, con 375 y | cuerdas d'^. á 40 varas de terreno, y rematados en el 
presbítero doctor don Pciíiní Staii:^ de Bnstainante, en s 7.000. 

1832. 

Enero 2— Labor de la Chacra de Santo Domingo, conocida por lo 
•'De Batres," que hoy posee don Ernesto Klée, constante, en 2 de 
noviembre de 1776, de 300 varas de Sur á Norte y 400 de Oriente 
á Poniente, y de 5 caballerías mas en 9 de noviembre de 1778, ven- 
dida con muebles, ediiicios y semovientes á don José Antonio 
Batrc», en ^ 7.500. 

Enero 14 — Casa conocida por de ''La Rueta," del convento de la 
Merced, sita en la (!alle de Santa Teresa, vendida ií don Venancio 
€a.*«teliano!i, padre del actual don Ildefonso, en í^ U400, pagada 
por don M. José Jáuregui. 

Enero 16- -Huerta de San Francisco de esta capital, con inclusión 
d<^ la iglesia ]^i'o\isioual déla 'IVrcei'a Ordpu, poseída hoy ]>oi'D. Luis 



(*) ¡Cuanto hau aumentado las i*outj\s públicas! Hoy ^1878) los ingrísw por alcabala ni;\» 
rítima, aguardiente, papel sellado, timbro, tabaco, contribución 1- v-if^»;.. i ,.on. i,»v;ivi y 

ganado, ascienden 51 tros millones (luiniontos mil pesos anuales. 

ni 



242 5;ks]:xa iiisióiuca 

Asturias, don ^huiiiel i\[ürales y don Javier X^assaiix, > rrn!:it:!(l;i 
eii don Basilio Porras, en § 8.709 iU reales. 

Febrero 11— Potrero de Provincia en la Antigua Guatemala, p(^i 
teneeiente al convento de la Merced, rematado en don Nicolás Lar 
rave, en í'< 4.010, y pujado por el ¡presbítero doctor don Pedro 
Itiiia íle lSiij«taiiiaiite y don Venancio Castellanos. 

Febrero 15— Chacra de Santo Domingo, en la Antigua, rematada 
en don Leocadio Asturias, en ^ 20.000, pujada por don José M. Mu- 
ñoz, don Salvador Moreno, don Fermín Aréva lo, don Dionisio Pa 
liiagua, don Basilio Porras, don ^lainiel J, Jáiire^iíi y don Fé 
lix Solano. 

Febrero 18- Casa de Camposeco, en la Antigua, peileuecieuie al 
íxuivento de la Merced, rematada en don José M. Salazar, en s 
1.000, y pujada por don Nicolás Larrave y la señora Cruz Monroy. 

Febrero 21 — Casa de don Ignacio (ramero, rematada en don Ma- 
nuel Oliver, en $ 10.000, y pujada por don Arícente Medina, licen- 
ciado don Manuel Noriega y don Francisco X. Yalenzuela, don Fé 
lix Solano, don Fermín Arévalo, don Basilio Porras y don Pedro 
Flores. 

Marzo 21 — Casa del padre Gmnados, en la calle del Inciens» , , 
teneeiente al convento de la Merced, rematada en don Bernardo Es 
cobar, y pujada por don Josó M. Lémus, don Juan Antonio Marti 
nez y don Álcente Medina. 

Mayo 24 — Casas y huerta de la Merced, en la Antigua, remata 
das en don ^íanuel Salazar Tobilla, y pujadas por don Salvador Mc^ 
ivno, presbítero don Antonio Colom, don Juan Gorris, don ALanuel 
Acuña, presbítero doctor don Pedro Kiii:x: <le llii«^taiiiaiite v 
don Fermin Aróvalo. 

Junio 10 — Casa del padre Casado, j)erteneciente al convento de 
la Merced, renratada en el licenciado don J. Antonio Larrave, en í^^ 
r>.020, y pujada por los licenciados don Manuel Noriega y don Mar 
eos Dardon y don Afanuel Acuña. 

Setiembre 29 — Potrero de Borges, tii la Auiii,.ui, it nuiiaüv. m i^ 
Doroteo A^asconcelos, por deuda á la Tercera Orden de San Fraii 
cisco, en § 2.00;"), y pujado por don José M. Pavón, don Manuel A 
cuña, don Fi-ancisco Aguirre y don Manuel Arrívillaga: está sitúa 
do entre Pavón y San Ignacio, con 300 varas de Sur á Norte, 17(> 
de Oriente á Poniente y en el panto opuesto al callejón de San Lú- 
eas, 45 varas de Oriente á Poniente. 

Noviembre 2— Casa y sitios de Borgv.>, v\i la .Viti.^.i.., ^.x vU.^ 
da á la Tercera Orden de San Fi*ancisco, sitos en la calle de Santa 
Lucia, rematados en don Pedro Flores, en 8 3.300 y pujad 
pn^sbítero don Calisto Arévalo y don Rafael Figueroa. 

Noviembre 17— Plazuela de la Aferced de esta ciudad, reni; 



1>E CERTRO-AMÉKIOA. 

en el licenciado don Felipe Amna, en S 86.5 y •> reales 

Diciembre 17-Potrero de Santo Don.ingo: j,.nto al de Rubio, en 
esta ciudad, rematado en don i^Liiis Batres,-®» en S lo fiOO v 
pnjado por D José M. Berdugo. Consta de 100.3C.. vaitis Cuadrad;; 
Diciembre 2,-^bor de la Merced, en San Marcos, rematada en 
1 licenciado don Francisco Alburéz, quien la posee hoy, en ^Qiw 
:.:igando.S 3.000 en efectivo y el resto en vaL. v ^.r!:":,: i I 
"eraando Márquez. 

Febrero n-Gasa de Santo Domingo, en C!oban, rematada en el 
¡esbitero don Esteban Loienzana. en $ '>j>6 

Febrero So-Meson de la Merced, en esta ciudad, poseído hov por 
licenciado don licente Zebadúa y don José M. Samavoa. V ,v. 
:itado en don Mariano Samavoa, en .$ 8.780 
>rnrzo 15-Tiems de Oacabal y Tulnlohé." i>ertenecientes al con- 
santo Domingo, con 182 caballerías, casas v semovien- 
>, ivuiatado todo en don Lúeas Pérez, por $ 409 4 reale<5 v lin- 
l'i^Tn', T^ fleTecpan Guatemala, hacienda de Choíicorral. 
iras de thichicastenaiigo y la Azacualpa. 

s,n.o p'!^*^"^''' de don Pedro Arroyare, en esta ciudad, frente á 
.anta Catanna, iw deudas de obras pias, y rematada en don Ale- 
jandro Marure, por .$800. 

\Iayol. = -Molino de la Merced, en las inmediaciones de esta 
dad, poseído lioy ijor el brigadier don Luis Beteta. rematado en 
licenciado don Manuel Noriega, con sus bienes muebles, semo- 
ntes y fabrica, en •$ 0.470. y pujado por don Jon.p.in Castilla y 
'1 Alejandro Maruie. 

lulio ¿4-Sitio de Santo Domingo, frente á la plaza de la iglesia, 
-eiao Hoy por don Custodio Gcn/n!.-/ ,v,,.,t.„i., en don VHiin. ! 
uia, en la suma de $ 4.7ái 

dioí'i.?'^?^""^'"'' ^íe José Castilla, sita en el callejón de los ju- 
díos, rematada pord.>n,l:, ,1. ,hV,„„.., ,..,1,.. N'.iandi-oMirure 
en 8 l.á64 4 rs. l-i""i-o .»iaiure, 

«,?il?^*r '"-*'','"' """•^'•" -i- del convento de la Mei-ced. rematado 
en clon Juan José Constanza, i)or § 1.397 (! i-s 

Wmbre 11-Tierras de Chicoyo, i«?rtenecientes al >,...,. ,.,. d.> 

' esWtero do, T^'T" ^'t' •">"^^"''»"«"^« á« Coban, rematadas en 
.esbUe o don hstoban Ix>renz:,nn, rompuesta^s de 4 caballerías. 
hO /^reales, y lindante con baldíos v r;..,....... .i,. , m„„, f,. ^. , 

Manuel Cú. .losé Prado y ejidos de Coba ■ ' 

Febrero 4- Hacienda de Cachil. en las inmediaciones de S.damá. 



244 líESENA HISTÓRICA 

rematada en don Plácido Flores, en ^ 81)9 O^ rs. 

Febrero 20 — Sitio de Paulino de León, calle del cuartel de caba- 
llería, rematado en don Ignacio Córdova, i)or deuda á San Benito 
de San Francisco, en $ 207. 

Febrero 28 — Hacienda de San José Buena -Vista, en Jutiapa, poi- 
deuda á San Francisco, en i^ CjQG 4 reales, y rematada en don José 
Nájera. 

Abril 29-— Huerta de San Francisco y terreno anexo, en la Anti- 
gua, rematados en don Juan Luna, por í^ 2.900. 

Junio 27 — Casa de Mónica Mendoza, por deuda de San Benito de 
San Francisco, rematada en don Francisco Carrillo, x)or ^ GOO. 

Setiembre 6 — Casa que dejo Juan de la Mota;:para obras |)ias, en 
la calle de Santa Teresa, rematada en don José M. ^ Salazar, en 
.$ool. 

Noviembre 18 — Hacienda de Patencia, perteneciente al convento 
de Santo Domingo, con 96f caballerías, rematada con sus semo- 
vientes, muebles y edificios, en don Juan Nepomuceno y don Leo- 
cadio Asturias, por $ 28.075, linda con tierras de San Isidoro, de 
Roberto del (Jid, de Cabrera, ''El Chato," San Juan, Agua Calien- 
te y San José, y fué pujada por don J. Mariano Yidaurre, don 
fi^^'José M. Urrucla-^^a y don Juan José Guerra. 

Diciembre 9 — Sitio número 5 de la Merced, rematado en don A- 
lejandro Marure, en § 1.328 7 rs. 

1885. 

Marzo 5 — Casa del maestro José Maria Gal vez. por deuda á San 
Benito de San Francisco, rematada en Manuela de los Reyes y 
Quiñones y Apolonia Pérez, en § 230. 

Marzo 27. — Hacienda é ingenio de San Gerónimo, con sus culti- 
vos, muebles, semovientes y edificios, rematados en don^Basilio Por- 
ras, Marcial Bennet y Carlos Meany: tiene 473 caballerías, y linda 
con ejidos de Salamá, haciendas deChoacu^f, Llano Grande y Ramo- 
nes, y baldíos, todo en $ 253.528 4i rs. 

Abril 15 — Convento-viejo, sitio y fábrica nueva de la azucareria 
de Santo Domingo, ]'em atados en i?^ 18.250, en don Marcial Bennet 
y don Carlos Meany. 

Mayo 12— Hacienda de Ixpanguazate, en Escuintla, de don Ma- 
nuel Antonio Batres, por § 4.000 de capellanias del padre don Die- 
go Batres, y deuda al tesoro público, compuesta de 69^- caballerías, 
rematadas en Klée, Skinner y C^, por $ 3.706 5i rs. 

Junio 30— Casa de Roma, en la Antigua, rematada en el i)res- 
bítero don 'Ignacio Iturrios. por las fundaciones de don Basilio 
Roma. 



DE CENTRO- AMERICA. 24,") 

Julio 2— Tierras de Pacay ita, en Amatitlan, j)ei*tenecientes al con- 
vento de Santo Domingo, con seis caballerias, ochenta cuerdas, re- 
matadas en don ,ínan Gorris, por $ 1.012 4 reales, y lindantes con 
O caballerias llamadas "Los Pinos," de la cofradía del Rosario de 
Palin: al Norte, con el Rincón de Anis: al Oriente, con la Compa- 
ñía de Pantirique. 

Setiembre 22 — Ingenio de la Compañía, perteneciente á Santo 
Domingo, con 15 caballerias y 43 cuerdas, divididas en 10 lotes, 
rematado en Ciríaco Ramírez, Fermín Arévalo y otros sujetos de 
Palin, en $ 3.160: lindante con tierras de la cofradía del Rosario 
de Palin, Hacienda y Rincón de Anís, ejidos del mismo Palin, La- 
bor-vieja de Santa María y Pantirique. 

Diciembre 13— Hacienda de San x\ndres, perteneciente al conven- 
to de la Merced, rematada ad cor pus en Longino Estrada, en % 400, 
que medida, se ha dividido en 10 liaciendas: lindantes con Si- 
quinalá. La Magdalena, Sabana-grande, La Asunción. Pueblo-nue- 
vo y El Peñón. 

Diciembre 16 — Casa de Baltasar Argueta, perteneciente al conven- 
to de la Merced, rematada en el presbítero don Teodoro Col veto, 
en $ 812. 

1836. 

Febrero 10 — Ediñcios, convento y potrero de la Recolección, con 
89.694 varas cuadradas, adjudicados á don Manuel Domínguez, en 
í?; 4.000. 

Junio 1. ^ — Casa de doña Ignacía López, en Quezaltenango, per- 
teneciente al convento de la Merced, por la capellanía de doña Mar- 
garita Arcos y Pampa, rematada en don Doroteo Corzo, en 8 2.250. 

Julio 11 — Potrero de ChalcliigüilteiDeque, de don Manuel Zepeda, 
rematado en don Juan Barrundía, en % 905, por % 500 y réditos de 
obras pías. 

Diciembre 12 — Hacienda de San Nicolás, en A^erapaz, con 207 y | 
caballerias, rematada con muebles, semovientes y edíticios, en s 
6.278, en don Manuel Noriega". 

1837. 

Enero 21— Sitio número 3, déla Merced, rematado en don Juan 
.losó Constanza, en % 1.106 2^ rs. 

Setiembre 27 — Colejio de niñas, casa del capellán y sitios, rema- 
tados en Klóp, Skinnei' y C*\ en s; 5.473 3 rs. 

Se vó que algunos e(desiásticos fueron compradores. El i^resbí te- 
ro doctor don Pedro Ruiz de Bustamante, no solo estaba investido 
del carácter sacerdotal y era canonista, sino también era amigo ín- 



246 ÜKSEXA JliSTuKlCA 

timo del arzobispo Casaiis y liabia sido sn Yicario. Doña íSerápia R¡ 
vas era pariente del obispo liodriguez de Eivas y de muclios no- 
bles guatemaltecos. Aparecen también entre los compradores, don 
José Antonio Batres, don José M. Urruela, hijo denna de las fami- 
lias mas piadosas de esta ciudad, don Venancio Castellanos, sue- 
gro de doña Manuela Matute, don Luis Batres, jefe principal del 
partido servil de Guatemala, y oráculo de muchas familias nobles. 
C^) Se hallan entre los mismos, otros muchos nobles y plebeyos, 
de todos los credos políticos, como espresa la nómina preinserta. 



{*) Ent(mct:s, ¿por (íul: los serviles cüiidcnan scvcrainL...: .,..,., ^ ........ . .^;... ^;...., i. 

bienes del mismo origen, después de la revolución de 871? Si los actuales compradores Laii 
do ir al infierno, debe suponerse que cst/m allá los que compraron fincas de los conventos 
á consecuencia de los sucesos de 829. Una parte de los bienes abora vendidos, produce in- 
terés al clero: la cantidad que se paga al año por intereses de bienes consolidados, asciende 
!v treinta y seis mil setecientos veinticuatro pesos, ochenta centavos. Ninguna finca vendida 
«íutónces, prodiicia utilidad á la iglesia. Infiérese de aqui que debieron inquietar mas las 
(conciencias aquelLas enagenacionea, (pie éstas. Se dirtí que por el artículo 20 del Concordato. 
se comprometió el Papa á no molestar á los adquirientes ni á los sucesores de estos: 
pero el Concordato es reciente. En tal concepto, y según la doctrina que hoy predi- 
can los serviles, no debieron salvarse los que murieron después de haber comprado 
aquellos bienes y antes de la absolución papal. Para el Papa seria sin duda mas difícil 
sanear las ventas que ninguua utilidad producen al clero, que sanear las que producen á és- 
te un interés confortante. La inconsecuencia servil se palpa por todas partes; familias que 
«laman contra la enagenacion de los bienes mencionados, han hecho negociacio- 
nes (11 otro país, con bienes de igual clase, sin que ningnn remordimiento inquietara sus 
conciencias. I Por último, diremos que los bienes remat^idos entonces, se adjudicaron poi- 
precios ínfimos; y los vendidos ahora han tenido la debida estimación, que contribuye al au- 
mento de los intereses del clero. 




(Si]y®/^[5)/2^iM!S As^TiKiD© ^a^E^A {SAmE^^m. 



rest. Se. I^Tevv-York 



C^PITUT.O DEOIMOISíOnsrO. 



Aciisacioii piTseiitadíi contra el v ice- jefe del Estado don Antonio 

RÍYeía Cabezas. 



SUMARIO. 

I— Causas que motíTaron la acusación — 2. Nombres de los acusa- 
dores — 8. Motivos en que se fundaban — 4. La Asamblea se reu- 
nió estraor diñar i amenté — 5. Defensa de don Antonio Rixera 
Cabezas — 6. Dictamen de la Comisión — 7. Decreto de 3 de no- 
membre de Wd{)—^>. Benuncia del v ice- Jefe — 9. El mee- Jefe pide 
Ucencia 2Jar a separarse temporalmente — 10. Negativa de la A- 
^amhlea — ^11. Rivera Cabezas permanece en el poder — 12, Edito- 
rial del Boletin. 



1— Un decreto emitido el 23 de febrero de 1829, dice: que todo ca- 
X>ital impuesto 6 dei)ositado, entrará (i la tesoreria. El O de mayo de 
•?í^ el Jefe del Estado don Juan Barrundia, en virtud de facultades 
■>traordinarias, decretó que todos loa depósitos 6 intereses litijiosos 
atre cualesquiera personas ó corporaciones, fuemn puestos en la 
ifcsoreria del Pastado. En virtud de estas disposiciones. Rivera Cabe- 
zas mandó que entr¿Lran al tesoro las alhajas y algunos efectos cor- 
respondientes á la testamentaria d(^ los señores San Juan y Aviléz. 



248 JIESENA HISTÓRICA 

A consecuencia de las mismas disposiciones hizo ocuijar una labor 
llamada Aceituno, que se llalla en las inmediaciones de la capital. 
También mandó á uno délos alcaldes de Zacapa que procediera ejecu- 
tivamente contra los bienes del ciudadano Mariano Aparicio, si na 
entregaba cuatro mil pesos que, según las disposiciones citadas, de- 
bían entrar al tesoro. Igualmente ordenó que entraran á la tesorería 
3000 pesos que don Manuel Siliesar, quien se hallaba en la mayor 
miseria, litigaba con los herederos de don Mariano Arrivillaga. A- 
sí mismo dispuso que entr¿iran en la tesorería los bienes del finado 
Tomas Arrazola, entre los cuales estaban una labor conocida con el 
nombre de Gruachipilin, y varias casas sitas en la Antigua Guate- 
mala, por haberse denunciado todo como cosas litijiosas. 

2 — Los señores don Mariano Moreno, don Pedro José Cerón y 
don José Rivas, creyendo ilegales todos esos actos, presentaron una 
acusación contra don Antonio Rivera Cabezas. 

:3 — Estos señores decian que las leyes en que Rivera se fundaba, 
fueron una medida interina, mientras el Cuerpo lejislativo establecía, 
las contribuciones con que debia hacerse frente á los gastos estraor- 
dinarios, que entonces pesaban sobre el Estado. Se fundaban en que 
cuando se reunió la Asamblea y acordó los medios de cubrir los 
gastos del presupuesto, debieron quedar destituidas de toda fuerza 
y vigor las disposiciones que autorizaban las medidas enunciadas. 

4 — La Asamblea estaba en receso, y la acusación se presentó al 
Consejo representativo, con el fin de que la convocara estraordina- 
riamente. El vice-Jefe dirijió una nota por el Ministerio resx)ectivo 
al mismo Consejo, con el fin de que convocara á la Asamblea sin pér- 
dida de tiempo, y así se hizo. 

i) — Reunida la Lejislatura, el vice-Jefe presentó sus descargos. 
Estos se hallan en el número 84 del Boletín, correspondiente al 22 
de agosto de 1830, que puede verse íntegro al fin de este capítulo. 

(5 — XJna comisión compuesta de los representantes Dardon, Vas- 
concelos y Flores, abrió'dictámen, cuya parte resolutiva dice: que el 
vice-Jefe|del Estado procedió con facultades al mandar se ocuparan 
las alhajas y efectos][correspondientes á la testamentaria de Aviléz 
y de San Juan,|la labor de Aceituno, los 4.000 pesos que existían en 
poder de don Mariano Aparicio, los bienes de la testamentaría del 
finado Tomas Arroyave y el capital que litigaba Siliesar con los he- 
rederos de don Mariano Arrivillaga. En consecuencia, la comisión 
concluyó diciendo^que el vice-Jefe no era responsable por esos ac- 
tos de su administración. 

7 — La Asamblea escuchó el dictamen atentamente, y después de 
algunos discursos y|de todos los. trámites de reglamento, dictó el 
decreto de 3 de noviembre de 1830, en que se declara que el více-je- 
fe don Antonio Rivera Cabezas, había procedido conforme á las le- 



DE cp: NT no -A ME Ríe A. 249 

yes j)reexiscentes, y que por tanto estaba libre de toda responsabi- 
lidad. 

(S — Rivera Cabezas habia triunfado; pero las publicaciones que 
contra ól se hicieron, la virulencia de los acusadores, los sufrimien- 
tos que esperimentó durante el debate, y la i)erspectiva de nuevos 
ataques bajo el imperio de una constitución que tanto limitaba las 
facultades del Poder ejecutivo, le obligaron á jDresentar su renun- 
cia. Esta fué redactada por el presbítero don Antonio Colom, mi- 
nistro entonces. En ella se hace ver que la salud del vice-Jefe es- 
taba quebrantada y se presentan de relieve los gravámenes del Go- 
bierno y los encantos de la vida i)rivada. La renuncia no fué ad- 
mitida. 

9 — Entonces el padre Colom pidió con instancia á, la Asamblea, á 
nombre del vice-Jefe, licencia para que este alto funcionario pudie- 
ra separarse temporalmente del mando. 

10— El CuerjDO lejislativo, después de graves difícultades por las 
repetidas instancias, encontró un medio de resolver. Declaró que la 
Asamblea habia sido convocada es tra ordinariamente para decidir a- 
cerca de la acusación contra Rivera: que el asunto estaba i-esuf^lto. 
y que sus funciones hablan terminado. 

11 — Rivera, obligado iDor esta negativa, i)ermaneció en el mando. 



Editorial del "Boletin." 



i2~''Es un del)er en el liombre público, dar razón de sus ox)era- 
eiones á la sociedad á que pertenece, y este deber se hace mas es- 
trecho cnando se intenta divulgar que el funcionario lia abusado del 
poder que le concedieran los asociados. Corre impresa una esposi- 
€Íon que acusa al actual Poder Ejecutivo de infractor de artículos 
constitucionales, y pide al Consejo convoque estraordinariamente la 
Asamblea, á íin de que le declare la responsabilidad. Esto obliga al 
(robierno á sincerar su conducta vulnerada en la diclia esposicion. 

El funcionario verdaderamente republicano, que estudia y mi edi- 
ta la ley basta en sus mas pequeños ápices para marchar por la sen- 
da que le hubiese trazado, siente un placer efectivo si advierte que 
su conducta es observada, y mucho mas si la examina la autoridad 
que debe pronunciar acerca de ella. Esto le proporcionará un fallo 
terminante y honroso que no obtendría, si no se le hubiese sindica- 
do. Los que esjoonen contra el segundo Jefe del Estado, que actual- 
mente ejerce el Poder Ejecutivo, le proporcionan esta satisfacción 
que con ansia desea, y para cuyo logro ha unido sus votos á los de 
sus acusadores, excitando al Cuerpo moderador á fin de que, aten- 
diendo á la acusación, se sirva convocar estraordinariamente al 
Cuerpo lejislativo. ínterin llega momento tan deseado, para inteli- 
gencia de todos y justa satisfacción de los que x^uedan creerse agra- 
viados x)or las providencias denunciadas en dicha esposicion, exa- 
minemos las infracciones de que se hace mérito. 

Todas ellas dependen de la solución de este X3roblema: ¿El Ejecu- 
tivo del Estado se hallará autorizado x^ara hacer ingresar en el teso- 



DE CENTRO-AMEíaCA. 251 

ro público los bienes litijiosos y los depositados:: 

El artículo 1. ^ del decreto de 23 de febrero de 1829, dice: ''Todo 
capital impuesto 6 depositado, será forzosamente enterado en tesore- 
ría." El decreto de 6 de mayo del mismo año, emitido por el Jefe 
supremo, en virtud de L:s facultades estraordinarias con que se ha- 
llaba investido, en su primer artículo se espresa así: ''Todos los de- 
pósitos é intereses litijiosos entre cualesquiera personas 6 corpora- 
ciones, serán puestos en la tesorería del Estado." Los acusadores a- 
ñaden: '^pero esta fué una medida interina, mientras el Cueri)o le- 
jislativo establecía las contribuciones, con cuyo producto x)u diera 
hacerse frente á las erogaciones estraordinarias, que pesaban enton- 
ces sobre el Estado: con estas mismas joalabras lo dice el decreto." 
Hemos leído una y muchas veces el mencionado decreto de O de ma- 
3^0, con la mayor atención, desde la palabra el Jefe con que comien- 
za, hasta el Mariaiio Galvez con que ñnaliza, y no hemos encontra- 
do esas mismas palabras citadas en la esposicion que se contesta, y 
que limitan esta facultad del Gobierno hasta la reunión de la Lejis- 
latura. Nosotros invitamos á los cuatro firmantes, y á cualquiera o- 
tra persona que pueda haber tenido parte en la acusación, para que 
nos manifieste esas palabras que no hemos encontrado en el decreto 
y que solo están escritas en su acusación. Sí no hay, yjues, limita- 
ción de tiempo en el decreto ya dicho, debe estar y está en todo su 
vigor y fuerza; si no es que sea espresam^ente derogado, y no lo ha 
sido hasta la fecha. 

La orden, núm. 246, del Cuerpo lejislativo, dada en 80 de junio del 
año pasado, dice en su artículo 1. ^ : ''se diga al Gobierno mande por 
sí suspender los efectos del decreto de 23 de febrero último, que dis- 
pone con generalidad la oblación de todo capital.'' Esta orden se- 
guramente ha derogado el decreto de 23 de febrero de que hace mé- 
rito, y que dispone con (jeneroMdad la oblación de todo capital\ 
pero de ninguna manera el de 6 de mayo que solo ]M'eviene ingre- 
sar en el Estado los bienes depositados y los litigiosos. Tan lejos es- 
tuvo el Cuerpo lejislarivo de derogar el decreto de 6 de mayo, que 
esi)resamente añadió: "quedando espeditas sus facultades para exi 
jirlas de los depósitos, los litigiosos, las de aquellos cuyas funda- 
ciones ú o])jptos (\ qup Imvnn sido desrinndas, aun no s(» hayan rea- 
lizado." 

La orden de cpie se habla, dice en su fin: ''estas disposiciones rijan 
liasta la reunión del Cuerpo lejislativo." En esto apoyan los acusa 
dores los grandes cargos que hacen al Gobierno; pero estas palabras 
prueban tanto" como las otras que dijimos estar solo en su papel. El 
X)enodo señalado para que lijiest^ la orden, ;será el tiem])o material 
de la instalación de lajAsainblea, ó el de su pi'onunciamient(>st)bre el 
])arti('nlai'^ Este segundo es ciertamente, porque la reunión puramen- 



252 . KESENA HISTÓRICA 

te material del Cuerpo lejislativo no aliviaba al Estado en sus cuan- 
tiosas erogaciones. ; Y qué pronunciamiento lejislativo liay que des- 
poje al S. G. de la facultad de hacer ingresar en la tesoreria los 
bienes litigiosos y dejjositados^ Ninguno. Los dos decretos de 30 de 
noviembre último, citados en la acusación, no hablan de los bienes 
dejjositados y litigiosos. El primero solo trata de las contribucio- 
nes indeterminadas e introducidas bajo el nombre de emjpréstitos 
forzosos. Yéase su x)arte narrativa. El segundo comprende única- 
mente la oblación de capitales ]3uestos á censo en que hay mutuan- 
te y mutuario, que no se encuentran en los bienes litigiosos, ni en 
los depositados, y por lo mismo ni uno ni otro deroga el decreto de 
6 de mayo. 

No se diga que la distinción hecha en el primer decreto de 30 de 
noviembre último, de no ser lo mismo quitar al Gobierno el poder de 
exijir empréstitos, que despojarlo de la facultad de hacer ingresar 
los bienes litigiosos y depositados, es caprichosa é imajinaria. La A- 
samblea y Consejo representativo lo entendieron de la misma mane- 
ra, y por esto, en el mismo dia 30 de dicho noviembre, espidió aque- 
lla un decreto, mandando que la hacienda pública del Estado no se 
hiciese cargo de dei:)ósitos que no existiesen en dinero ó en alhajas 
preciosas, á cuyo decreto w^gb la sanción el Cuerpo moderador. Si 
el Poder lejislativo entendió que con sus dos decretos citados que- 
daba sin vigor el de 6 de mayo, ^,á qué espedir otro derog¿indolo so- 
lo en parte? Si igual intelijencia tuvo el Consejo, ^por qué le niega 
la sanción fundándose en que deja al Gobierno sin los arbitrios y 
recursos que necesita para cubrir parte de los gastos públicos? De 
todo se infiere con evidencia que ni una ni otra Cámara creyó estar 
derogado dicho decreto; y que aun está investido el Gobierno de la 
facultad de ocupar los bienes de que habla. 

Ya se ha dicho que este decreto no está limitado á tiempo algu- 
no, y que la orden número 246 dice: ''Estas disposiciones rijan por a- 
hora, hasta la reunión de la próxima Lejislatura." Supongamos por 
un momento, que habla de la reunión material del Cuerpo lejislati- 
vo, y en este supuesto discurramos. 

Los acusadores se espresan en estos términos: "estas facultades 
estraordinarias fueron concedidas al Gobierno, con condición de que 
hablan de rejir i3or ahora (son las palabras de la misma ley) hasta 
la reunión de la próxima Lejislatura." Quisiéramos que no se nos 
hubiese puesto en la necesidad de decir á los firmantes, que se han 
equivocado. Lo decimos, porque no podemos persuadirnos que ma- 
liciosamente formaron un conjunto de espresiones suyas, y de pa- 
labras de la ley. He aquí el artículo tercero literalmente copiado: 
'Que estas disposiciones rijan por ahora, hasta la reunión de la próxi- 
ma Lejislatura." Estas disposiciones, á saber las de la misma orden. 



DE CENTKO AMERICA "JoB 

Pues las disposiciones de la misma orden no dan facultades al Go- 
bierno, antes le limitan las que tuviera por el decreto de 23 de fe- 
brero, y si estas disposiciones caducaron por la reunión de la Asam- 
blea, son quitadas las limitaciones que hizo, y recobra su vigor el 
decreto que en parte liabia derogado, porque no es posible que da- 
da una ley no rija, ni la ley ni su derogación. ¡Cuidado con estos ciu- 
dadanos acusadores I porque el artículo 6. ^ so espresa en estos tér- 
minos: "aquellas personas que ocultaren, 6 no manifestaren á la te- 
sorería sus depósitos 6 reconocimientos, dentro de ocho dias, debe- 
rán pagar precisamente en dinero contado, y además tendrán que 
exhibir un cinco por ciento, que será aplicado al que hiciere la de- 
nuncia. 

Mas p>ara que se vea cuan lejos está de responsabilidad el Ejecuti- 
vo del Estado en las providencias de que le acusan, fígiirenios que 
están derogados los decretos de 23 de junio y 6 de mayo y la orden 
número 246 — ^^Querrán mas los acusadores^ Pues sepan que ni aun 
en este caso hay responsabilidad en el Gobierno; la Constitución 
del Estado creó un cuerpo moderador, entre cuyas atribuciones se 
halla la de aconsejar al P. E., dejando á este en libertad de confor- 
marse ó no con su parecer. Si no se conforma, él es responsable sin 
disputa; i^ero si se adhiere al dictamen del Cuerpo que la ley le dio 
para aconsejarse, seria un delirio exijirle la responsabilidad. Algu- 
na diferencia debe haber en uno y en otro caso, y aunque la Cons- 
titución del Estado calla sobre el particular, la de la República, de 
lo cual son una emanación las de los Estados, porque en estos no se 
hace mas que rei:>etir en jDequeño la organización que aquella hizo 
en grande, terminantemente dice en el art. 114, que cesa la respon- 
sabilidad del P. E. cuando se conforma con el dictamen del cuerpo 
moderador. Y he aquí la parte resolutiva de este alto Cuerpo en su 
dictamen de 6 de junio del presente año: "Art. 1. ^Que mande pro- 
ceder el Gobierno á la venta de las alliajas que corresponden á Avi- 
léz, y estaban en calidad de depósito en poder de los ciudadanos Pa- 
vón. — 2. ^ Que dentro de tres dias prevenga que el escribano sa- 
ctue testimonio del testamento íntegro, y lo pase al Consejo, Y)aYa re- 
solver con respecto á las alhajas pertenecientes á San Juan." 

P^s, pues, totalmente infundada la acusación contra el Eje(;utivo, 
l)orque ha obrado con arreglo á las leyes no derogadas, y porque lo 
ha hecho de conformidad con el Consejo representativo. 

Vamos aliora á examinar separadamente cada uno de los cargos. 
X)ara satisfaccer las reflexiones particulares con que son acompaña 
dos. En el 1. '^ sobre la ocupación de alhajas depositadas en el cii; 
dadano Vicente Pavón, pertenecientes á las testamentarías de San 
Juan y Aviléz, no se hace ninguna. En el número 2. ^ sobre la ocupa- 
ción de la labor llamada Aceituno, se asegura que por ser el mismo 



254 RESEÑA JIISTÓKICA 

vice- Jefe quien litiga diclia labor, puede tener lugar Ja reflexión, 
de que no pudiendo aparecer en juicio con mejor derecho que los\)- 
tros litigantes, ha adoptado el medio de agregarle á la hacienda pú- 
blica, para ]3erjudicarlos. Convenimos en que esta reflexión puede 
mu3^ bien tener lugar en almas corrompidas y acostumbradas á jjen- 
sár siempre del peor modo posible; pero los hombres de sana inten- 
ción que juzgan con rectitud, y que no atribuyen criminalidad á o 
tro sino cuando les consta, dirán: que no siendo ninguna convenien- 
cia para los litigantes, que aquello que disputan, ingrese á la ha- 
cienda pública, x>orqúe después de vencer en juicio, aun les resta prac- 
ticar gestiones con el Estado; y habiendo el vice- Jefe, que litiga lo 
de Aceituno, hecho ingresarlo, ha dado un testimonio de que es i- 
gual como la ley de que es ejecutor. Para que se vea cuan despre- 
ciableé injusta es la primera reflexión, y cuan acertada seria la segun- 
da, conviene que sepan üü., ce. acusadores, que el Consejo rex^resen- 
tativo xjidió por conducto del Gobierno, informe á la Corte sux)erior 
de justicia, sobre si estaba litijiosa la mencionada labor de Aceitu- 
no. ISTo ha de haber sido para solo tener el gusto de saberlo. Fué^ 
sin duda, para recordar al Gobierno el cumjjlimiento de las disposi- 
ciones-sobre bienes litijiosos; y la delicadeza de la persona que ejer- 
ce el P. E. exijia que fuese mucho mas puntual en el cumplimien- 
to de la ley contra intereses que cree pertenecerle. Considerando 
(estas palabras contiene el acuerdo del Poder ejecutivo) que la de- 
licadeza del Gobierno está interesada en prevenir los deseos del Con- 
sejo representativo qae acaba de pedir informe á la Corte superior 
de justicia sobre aquel j)articular, sin duda para excitar al propio 
Gobierno á fin de que ocupe aquellos bienes como litijiosos .... a- 
cordó que la Intendencia dé las órdenes correspondientes para ocu- 
par la labor llamada de Aceituno. 

En el tercer cargo se da á entender que el Ejecutivo procedió con 
lijereza en acordar exijirle un depósito al C. Mariano Aparicio, por- 
que se asegura no haberse tenido a la vista documento alguno que 
acreditase la existencia de tal depósito. Este cargo es desvanecido 
con sus mismas últimas palabras, en que confiesan los acusadores la 
denuncia de uno que suponen enemigo de Aparicio, y el examen de 
algunos testigos. No titubearemos en asegurar que la lijereza está 
de parte de los acusadores, que acaso no tuvieron ]3resente el espe- 
diente de la materia. En él aparecen cinco testigos que deponen la 
certeza de un depósito confiado á don José Antonio Zomosa: que del 
poder de éste pasó al de su viuda C. Casilda Aguirre, y por su nue- 
vo enlace matrimonial al del C. Mariano Aparicio. 

Para satisfacer al último cargo, copiaremos la comunicación de la 
tesorería al C. Arrivillaga. "Al C. Francisco Arrivillaga. Hoy me 
dice el Intendente general de hacienda, lo que copio. El Secretario 



DE CEXTliO-AMÉlílCA 26o 

general del desi^acño, en nota fechada el 24. del corriente, me comu- 
nica que el Supremo Gobierno lia dispuesto introduzcan en esa te- 
sorería los herederos de don Mariano Arrivillaga la, parte que cor- 
responda áel capital de dos 6 tres mil pesos, que dejó el finado doii 
Tomas Leiva, siendo el 'último usufructuario de sus réditos el C. 
Manuel Siliesar, y debiendo pasar despu.es de su muerte por mitad 
al estinguido convento de san Francisco y al Beaterío de Belén." Si- 
liesar, en virtud de decreto de las Cortes españolas, debe entrar en 
posesión de la mitad del capital, quedando la otra para sus inme- 
diatos sucesores, que lo son san Francisco y Beaterío de Belén, y 
por la disposición di ocupación de temporalidades de las ya no exis- 
tentes relijiones, el Estado y dicho Beaterío. Tien<:', pues, indispu- 
tablemente derecho el tesoro publico, á una parte del capital que 
reconocen los CC. Arrivillaga y se ha obrado con legalidad al man- 
dar enterar la parte que corresponda. 

Los acusadores concluyen manifestando al público los motivos 
que los impulsaron á hacer su acusación. La opinión de esta nacien- 
te República: la marcha magestuosa que debe llevar: la exacta ob- 
servancia de la ley jurada: el creerse (sino hubieran reclamado) men- 
guados y poco celosos de la conservación de sus derechos y de los 
demás ciudadanos: hé aquí las causas que nos aseguran los mismos 
acusadores que los impelieron á la acusación. Desearíamos se hu- 
biesen desnudado de esta hipocresía política, y no nos quisiesen ven- 
der una adhesión á nuestras instituciones qu(í no les será fácil pro- 
bar, y se hubieran contentado con decir únicamente que usaban del 
derecho que á todos los habitantes del Estado da su Constitución 
en el art. 28. Los presentados contra el viceJefe son interesados en 
la acusación, por lo cual nos inclinamos á crear que esta es la ver- 
dadera y única causa que la ha motivado. Al ciudadano Pedro Ce- 
ron se le ha hecho entregar la labor llamada de Aceituno: el ciuda- 
dano Moreno sabe que parte del precio no ¡satisfecho aun de la ha- 
cienda San Agustín que actualmente posee, x)ertenece á tempora- 
lidades, y que hay litigio sobre el jjotrero de Corona, de que tam- 
bién está, en posesión: el español José Rivas es hermano político y 
paniaguado de Cerón, quien le ha mantenido á sus hijos, y. al ciu- 
dadano José Mariano Aparicio se le ha prevenido la entrega del de- 
pósito de que hemos ha])lado. Dígannos, pues, que los deseos de ata- 
car la delicadeza del CTobierno, para que no c<jntinúe providencian- 
do (íontra los intereses de los'acusadores, es el móvil de su proce- 
dei", y dejen de decantarnos adhesión al sistema: el que mereció la 
confianza del intruso Jefe, quien le comisionó ])ara que abriese en 
la estafeta del correo las cartas y fuese su caliíicadoi' inquisitorial, 
y el que hacia introducir espías en el ejército protector de la ley: el 
(]ue se justificó tan servilmente ante Aycinena, y el partido enemi 



2r>() UESENA IIISTÓKICA 

go de ]a constitución con sii pajjel publicado despnes de la derrota 
de Arrazola, y sirvió destino concejil en aquella época, cuando lo lia 
renunciado electo por los libres; el que por su orí jen no es creíble 
esté contento con nuestras instituciones." 



«#..^^.4#i. 



O-i^PITULO VICÉSIMO. 

El Arzobispo y el Cabildo. 



SUMARIO. 



—El Arzobispo conspira desde la Habana — 2. Decreto que en 
consecuencia dicta la Asamblea — 3. Se comunica al Cabildo — 
4. Personas que componian esta corporación — 5. Vicarios nom- 
brados por el Arzobispo — 6. Separación de Alcayaga — 7. El doc- 
tor Bustamante — 8. Don Diego Batres — 9. Disposiciones canó- 
nicas — 10. Opinión de los señores Martinez y Larrazabal — 11. 
Opinión del señor Valdés — 12. Opinión del señor Castilla — 13. 
Se nombra un tercero en discordia — 14. Elección de Vicario capi- 
tular: oposición á ella de Rivera Cabezas — 15. Se liace mteea e- 
leccion — IG, Cólera de Casaus — 17. Cisma — 18. Juicio acerca de 
los canónigos — 19. Conducta del padre Batres — 20. Conducta 
de las autoridades salvadoreñas — 21. Decreto de la Asamblea 
del Salvador— '22. Decreto del Qongreso federal— 'i^'^. Impugna- 
ción al impreso que se intitula "■Monstruo de dos Cabezas''— 
24. Larrazabal sucede á Batres. 



1 — El Arzobispo fray Ramón, desde la Habana hostilizaba al Go- 
bierno, pretendiendo sublevar al pueblo de Centro- América por me- 
dio de cartas, de pastorales y de agentes. Cierto presbítero iruate- 
malteco, era uno de los mas activos (colaboradores de Casaus. El ciu- 
dadano Calisto Garcia Goyena, lo averiguó y se presentó á la Asam- 

17 



258 RESEÑA IlISTOEICA 

blea denunciando el hecho y iDÍdiendo su castigo. El espediente X)a- 
s6 á los tribunales, y se puso en claro que ese presbítero conspiraba 
en unión de muchas personas, y que eran sus colaboradores los cu- 
ras de San Agustín Acasaguastlan y de Zacax)a; y que esos clérigos 
insistían en los milagros de la madre Teresa: que ya habia otra mon- 
ja que también suspendía las leyes de la naturaleza en beneficio de 
la causa de los justos. Se enviaban al Arzobispo muchas cartas y se re- 
cibían instrucciones de él para toda la maniobra x)olítica. Para mayor 
confusión de esos clérigos, el Poder ejecutivo envió á los tribunales 
ejemplares de la carta de Pió YII, que declara ilusa á la madre Te- 
resa y reprende al Arzobispo. Esa carta forma parte del i3roceso. 

2 — Con vista de tales consx)iraciones, se expidió el decreto que di- 
ce así: ''El vice-Jefe del Estado de Guatemala — Por cuanto la xVsam- 
blea Lejislativa tuvo á bien decretar, y el Consejo representativo ha 
sancionado lo que sigue — La Asamblea Lejislativa del Estado de 
Guatemala, considerando: que el arzobispo fray Eamon Casaus, re- 
legado á la isla de Cuba, como uno de los principíales autores de la 
.última revolución, ha tenido en su destierro un comportamiento in- 
esperado y reprensible, que no dá esperanzas de mejora: que ha 
rendido cuenta al Rey de España, como si fuese un subdito suyo^ 
de la conducta x)olítica que guardó en esta nación después de haber 
jurado nuestra Independencia: que ha solicitado del mismo Rey le 
promueva á un Arzobispado de España: que Fernando VII le apro- 
bó, con consulta'unifürme de su Consejo de las Indias, sus hechos y 
conducta política: que le asignó tres mil jjesos de renta, ordenán- 
dole que permanezca en la Habana hasta tanto pueda restituirse á 
Guatemala: que fray Ramón, fiel observante de estos mandatos, in- 
tenta gobernarnos desde el punto de su relegación, dirijiendo desde 
allí escritos subversivos, para inquietar las concienciptS y encender 
entre nosotros una guerra relijiosa, que nos desuna y debilite: que 
toda la conducta anterior del Arzobispo ha sido perversa, oponién- 
dose á la proclamación de Index^endencia, que después juró conten- 
to; oxDoniéndose á todo sistema liberal de Gobierno, al cual después 
se sometía, tomando una parte activa para subyugar este Estado 
á la dominación del emperador Iturbide, de quien solicitó y obtuvo 
algunas distinciones de honor, según todo consta de los documentos 
respectivos que se han tenido á la vista; ha tenido á bien decretar 
y decreta: . 

Art. 1. ^ — Se declara traidor á la x^átria al arzobispo de Guatema- 
la, fray Ramón Casaus. 

Art. 2. '^ — Se declara que el mismo Arzobispo ha x^erdido los de- 
rechos de ciudadano, conforme á lo disx^iesto en el x'>árrafo 1 '^ , art. 
20 de la Constitución federal. 

Art. 3. ^ — En consecuencia queda extrañado x^-iT^tuamente del 



DE CENTRO-AMÉRICA. 2í)9 

teiTÍtorio del Estado, y su silla vacante. 

x\rt. 4. ^ — Mientras se provee canónicamente el Arzobispado, sus 
rentas entrarán á la tesorería. Los bienes x)articulares de fray Ra- 
món, serán ocupados con arreglo á lo dispuesto -en el decreto de 2:^ 
de noviembre último. 

Art. o. ^ — El Cabildo eclesiástico nombrará Vicario y Gobernadoi' 
<4'eneral del Arzobispado, arreglándose á lo dispuesto en el derecho 
canónico; pero el que así fuere nombrado, no entrará á ejercer su. 
cargo sin aprobación previa del Gobierno. 

Art. 6. '^ — Es iDroliibida de lioy en adelante toda con^unicacioa 
í'on el espresado fray Ramón Casaus, á quien se considerará enemi- 
go público. 

Art. 7. ^ — El Gobierno cuidará de informar á Su Santidad sobre 
todo lo ocurrido, activando las disposiciones prevenidas en el decre- 
to de 5 de diciembre del año próximo pasado. 

Art. 8. ^ — El mismo Gobierno hará imj)rimir y publicar los do- 
cumentos principales que demarcan la conducta hostil del Arzobis- 
po, á quien le intimará el presente decreto. 

Comuniqúese al Consejo representativo para su sanción. 

Dado en Guatemala, á trece de junio de mil ochocientos treinta. 

José Bernardo Escobar, dix)utado presidente — Félix Solano , di- 
putado secretario — Manuel Avellano, diputado secretario — Sala del 
Consejo representativo del Estado de Guatemala, en la corte, á vein- 
tiséis de junio de mil ochocientos treinta: — Al Jefe del Estado — Jo- 
sé Gregorio Márquez, presidente — Francisco Jamer Flores — Hi- 
cardo Aguilar — Dionisio Marta- Duvias, secretario interino — Por 
tanto: ejecútese — Guatemala, junio veintinueve de mil ochocientos 
treinta — Antonio Ilixera Cabezas'' 

3--E1 decreto preinserto fué comunicado al Cabildo metropolitano 
X)ara que diera cumplimiento al art. 5°, nombrando Vicario capitular. 

4 — El Cabildo se comj^onia entonces de seis personas, á saber: el 
doctor Antonio Garcia Redondo, deán; el maestre-escuela, doctor 
Bernardo Martínez; el X)enitenciario, Dr. Antonio Larrazábal; elilia- 
jistral, doctor Antonio Croqiier; el tesorero, doctor José Valdés; y 
el canónigo doctor don José Maria de Castilla. El deán Garcia Re- 
dondo y elmajistral Croquer se hallaban ausentes, y solo quedaban 
cuatro cai)itulares. 

5— Fray Ramón al salir de Guatediala, nombró tres individuos x)u- 
ra que ejercieran, según el orden íe sus nombramientos, la Vicaría 
general. Fueron los doctores José Antonio Alcayaga, Pedro Ruiz 
de Bustamante y Diego Batres. Casaus ratiiicó estos nombramien- 
tos en la Habana, y comenzó á funcionar como vicario Alcayaga. 

O — Este eclesiástico se puso en desacuerdo con el Arzobispo, y tuvo 
necesidad de renunciar. Se cree que el Arzobispo le mandó que re- 



260 TwESENA HISTÓKIOA 

nunciára, y aun hay quien piens(3 que fué despojado. 

7 — Entró á funcionar conío vicario el doctor Bustaniante. quien 
inspiraba desconfianza al Gobierno, por estar íntimamente unido 
por vínculos de amigad y de partido con los hombres que sucum- 
bieron en 1829. 

8 — Por lo mismo renunció, y la Aricaría recayó en el doctor don 
Diego Batres. En esta situación se hallaban los asuntos eclesiásti- 
líos, cuando el Cabildo metropolitano tomó en consideración el de- 
creto de 13 de junio de 1830. 

.9 — Sabido es que, por los Cánones de la iglesia, en sede vacante, la 
jurisdicción del Obispo recae en el Cabildo, y que esce no la ejerce 
por sí, sino que nombra un Vicario capitular. Pero decían los cano- 
nistas, que fray Ramón no habia muerto: que un decreto del Poder 
Lejislativo no podía disolver lo que ellos llaman vínculo entre el 0- 
bisi30 y su iglesia: que no estando roto ese vínculo, no habia sede 
vacante, y que en sede plena no puede nombrarse Vicario capitular. 

10 — Sin embargo, los señores Martínez y Larrazábal opinaron de 
distinto modo. Martínez dijo: que los casos mas comunes en que es- 
pira la jurisdicción del Obispo, son la muerte, la traslación, la re- 
nuncia, la permuta y la deposición; pero que hay otros muchos que 
presentan los canonistas; y citando á Barbosa, á Murillo, al carde- 
nal de Luca y á otros muchos autores, dijo: que uno de estos casos 
era la deportación, la muerte civil, la inhabilidad del Obispo, y que 
que en éste se hallaba fray liamon Casaus. El señor Larrazábal 
|)resentó su opinión en estos términos: "es mí voto que se está en 
4^1 caso de que, ó continúe en el gobierno eclesiástico la persona que 
actualmente lo ejerce, ó el Cabildo elija otra con las circunstancias 
y en la manera que dispone el capítulo 16 del Santo Concilio de 
Trento, sesión 24 de Reformatione". 

11 — Valdés dijo: que siendo constante en derecho canónico, que 
estrañado del país el Obispo por la jurisdicción política, debe go- 
bernar la diócesis su Vicario, el Cabildo no estaba en el caso de 
nombrar Vicario capitular, puesto que los Vicarios nombrados por 
el Arzobisi^o, y reconocidos por el Gobierno del Estado, existían sin 
liabérseles presentado tacha que impidiera su jurisdicción. 

12 — El canónigo Castilla dijo lo mismo, en los términos siguientes: 
"El Cabildo no está en el caso de nombrar Gobernador del Arzobis- 
pado, porque el Prelado metropolitano á su salida de esta corte, nom- 
bró Alicarios á instancias del Gobierno, y los invistió, no solo de las 
facultades ordinarias, sino también de las es tra ordinarias: que si 
dicho Prelado so hubiera negado á nombrar Vicarios, ó su salida hu- 
biera sido tan apresurada, que no le hubiera permitido hacerlo, en- 
tonces el Cabildo estaría autorizado por derecho para elejír uno que 
-ejerciera la jurisdicción eclesiástica". 



»4 DE CET<Í TRO- AMÉRICA. 261 

18 — El Cabildo se hallaba dividido. Martínez y Larrazábal opina- 
ban de un modo: A'^aldés y Castilla opinaban de otro. Para salvar- 
la dificultad nombraron tercero en discordia al presbítero don Láza- 
ro José de Silva, que era bachiller en derecho canónico. Se le pasa- 
ron por el Secretario los dictámenes de los cuatro capitulares, y 
cuando avisó que estaba impuesto de ellos, concurrió al Cabildo^ 
se le recibió el juramento de estilo, y acto continuo votó, adhirién- 
dose á la opinión de los capitulares Martínez y Larrazábal. 

14 — En consecuencia se procedió por los mismos cuatro capitula- 
res á la elección de Vicario por votos secretos, y después de varios 
escrutinios resultó electo el doctor en cánones y abogado, don Pe- 
dro Huiz de Bustamante. Se dio aviso al Gobierno, y el vice-jefe Ri- 
vera Cabezas, contestó, que en virtud de las facultades que le con- 
cedía el artículo 5. ^ del decreto de 13 de junio, no aprobaba la e- 
leccion. 

lo — La hizo nuevamente el Cabildo en la misma forma que la an- 
terior, y recayó en el doctor teólogo, don Diego Batres. Se dio cuen- 
ta al Gobierno, y el nombramiento fué aceptado. El padre Batres e- 
ra á la sazón Vicario nombrado por el Arzobispo. La elección del 
Cabildo no cambiaba la persona; pero mudaba el orí jen de la juris- 
dicción. Ya esta no procedía del Arzobispo; procedía del Capítulo 
como en sede vacante. 

16 — Esta resolución trascendental indignó á Casaus, quien des- 
de la Habana espidió cartas y pastorales, declarando nulo cuanto el 
padre Batres hiciera como vicario capitular. Las dispensas, según 
Casaus, eran nulas, nulos los matrimonios, nulos todos los actos de 
jurisdicción eclesiástica. El que conozca á los pueblos latino-ameri- 
canos, comprenderá el efecto que está situación produjo. Las ancia- 
nas y los niños se creían ya condenados. Los filósofos se reian, y los 
indígenas no comprendían una palabra de lo que estaba pasando. 

17 — Fray Ramón, á solicitud de varios timoratos, nombró Vica- 
rios que no daban la cara, y que ocultamente despachaban en todo 
lo relativo á jurisdicción eclesiástica. El padre Batres lo supo, y en^ 
tro en pugna con ellos. Un panfleto imx)reso en San Salvador, inti- 
tulado El monstruo de dos cabezas,- vino á ajitar mas los ánimos. En 
él se censura con citas de los cánones y de los padres de la iglesia,, 
la conducta del Cabildo eclesiástico. 

18 — El canónigo Martínez era tan instruido, que bien merecía la 
reputación de sabio. En cánones y en teología no tenia rival; i^ero 
no gozaba de concepto como hombre sincero. Se creía que toda su 
ciencia la ponia al servicio de sus caprichos. Muchos serviles lo de- 
testaban, aunque fué inquisidor, cualidad i'ecomendable para ellos, 
porque siguió un proceso contra el arzobispo fray Ramón \}ov sus 
conocidas supercherías en el convento de Santa Teresa. El señor 



^62 . KESEÑA IIISTÓRIOA ,^ 

Larrazábal gozaba de una reputación superior á su mérito. IS^o era 
profundo en ciencias, como el señor Martin ez, ni tenia la cultura del 
iseñor Castilla. Su carácter era dominante y sus maneras l)ruscas. Se 
le creyó liberal, porque en las cortes de España, auxiliado por al- 
<^unos políticos y literatos que al Poder lejislativo no jDetenecian, 
hizo oposición á las tendencias absolutistas de Fernando YII. La 
«creencia de que el canónigo Larrazábal era liberal, se hallaba tan es- 
tendida, que el año de 23 fué nombrado por la Asamblea nacional 
Constituyente, individuo del primer Poder ejecutivo federal, y si 
Larrazábal no gobernó á Centro-América en ese concepto, fué por 
h-aber renunciado alegando incompatibilidad entre el sacerdocio y el 
poder civil. Indudablemente hace honor al señor Larrazábal el haber 
visto esa incompatibilidad que los Sumos Pontífices no ven; pero él 
sirvió de firme al partido servil, y murió siendo una ele sus colum- 
nas. El tínico acto de liberalismo que se le vio después de la renun- 
<íia del año de 23, fué el voto en el Cabildo, que hizo vicario al pa- 
dre Batres; pero si por ese voto debiéramos declarar liberal al señor 
Larrazábal, era j^reciso hacer la misma declaratoria en favor del se- 
ñor Martínez, y es imposible que sea liberal un inquisidor. El canó- 
nigo Valdés no era una lumbrera literaria ni científica; pero se le 
creía probo. El señor Castilla era un hombre culto, sin afectación; 
sus maneras finas le abrían las puertas de todos los círculos sociales; 
mi .conversación era amena y sus discursos x)oéticos; al pié del patí- 
bMÍ'0 y á la cabecera de los moribundos, el señor Castilla pretendía 
-tranquilizar á los creyentes, separando todo el horror de la agonía 
por medio de una elocuencia poética, digna de Chateaubriand, y 
á ios libres pensadores con doctrinas filosóficas que obligan á des- 
apreciar I* muerte. Camprodon en su drama intitulado ''Espi- 
nan- ée una flor", presenta á una muger que espirando, oye la cam- 
pana de la agonía, y en voz balbuciente dice á un sacerdote llamado 
el padre José: 

"Padre, ¿qué quiere decir el toque de esa camimnaí" 
La contestación en verso contiene algunos de los muchos y varia- 
dos pensamientos con que el señor Castilla auxiliaba á los mori- 
bundos que en la inmortalidad del alma creían. El padre José res- 
ponde: 

* 'Es, hermana, un signo esterno 

Con que el creyente ha marcado 

El toque de un desterrado, 

Que llama al hogar paterno. 

Es la voz de la oración 

Con que á los fieles se avisa, 

Que hay un alma que divisa 

Las palmeras de Sion. \ 



DE CENTRO-AMÉKICA. 263 

El señor Castilla, sin embargo de estas relevantes cualidades, re- 
•cordó en el Cabildo que era elérigo, y que su i)relado era fray Ra- 
món Casaus; votó en favor de los intereses del Arzobispo, y este vo- 
to sirvió de muclio á los serviles. 

19 — Los individuos que iban á ordenarse á la Habana, no contaban 
con Batres, y á su regreso, este no les i^ermitia celebrar. Algunos 
para salvar dificultades, contaban con don Diego; pero al saberlo el 
Arzobispo, no los ordenaba. Muchos clérigos predicaban en favor 
de Batres, y con éstos las mugeres mas exaltadas no querían confe- 
sarse, ni aun les oían la misa. Al presentarse en el presbiterio uno 
de estos eclesiásticos, muchas beatas hacian gala de salirse de la i- 
glesia, despreciándolos públicamente f^). 



f*) Esta situación permaneció hasta el año de 36. A ella puso término el 
Sumo Pontífice Gregorio XYJ, quien dictó el decreto que sigue: 

DECRETO 

De Guatemala, en la América Septentrional — De sanacion y confirma- 
ción del vicario capitular. 

Hace pocos dias representaron á nuestro Smo. Padre Gregorio por la divi- 
na Providencia Papa XYI, algunos individuos del Cabildo de la Iglesia Me- 
tropolitana de Guatemala, cómo, habiendo sido el actual Arzobispo de la mis- 
ma Iglesia separado de su grey por las turbulencias políticas, y hallándose 
en la Habana; juzgó dicho Cabildo, atendidas las circunstancias y principal- 
mente la distancia de los lugares, deber proceder á la elección de Vicario ca- 
pitular; y que esta recayó en el doctor Diego Batres, designado en tercer lu- 
gar entre los que habia nombrado el Arzobispo, cuando iba á apartarse de 
«Guatemala, para que en su ausencia hiciesen sus veces. Pero como se suscitó 
duda sobre la lejitimidad de la misma elección, acordaron consultar á la silla 
apostólica, así para que les dejase tranquila su conciencia, como para que o- 
portunamente les prescribiese lo que deberla hacerse en este asunto. Portan- 
te, después do un maduro examen de todo, su Santidad, á quien di cuenta yo 
el infrascrito Secretario de la Sagrada Congregación destinada á los negocios 
consistoriales, acojiendo benignamente esta súplica, y sanando previamente, 
en cuanto sea necesario, lo que el mismo Diego Batres haya practicado como 
vicario capitular de la referida Iglesia Metropolitana, le ha confirmado con 
la autoridad apostólica en este cargo, con las facultades que por derecho ó 
costumbres competen á los Vicarios capitulares; concediendo adenuís al Ca- 
bildo la potestad de subrogarle otro, cuantas veces aconteciere que falte, sin 
que obste en contrario cosa alguna. Y mandó que sobre esto se estendiesc el 
presente decreto, y se insertase en las actas de la misma Sagrada congrcga- 
<íion. Dado en Boma, el dia 24 de febrero del año del Señor de 1830. 

Lugar del sello. 

Luis Tregia, Arzobispo de Calcedonia, Secretario de la misma Sagrada 
-Congregación. 

Este decreto vino con una carta dirijida al Cabildo eclesiástico. Esa carta 
dice así; 

CARTA A ESTE CABILDO ECLESIÁSTICO. 

Gregorio Papa XVIy 
Amados hijos: salud y bendición apostólica— En estos dias nos han llegado 



264 ]iESENA iriSTÓRICA 

20 — En San Salvador mandaba Cornejo, quien se hallaba de a- 
cuerdo con Arce y con Domínguez, según adelante se verá. Cornejo 
estaba interesado en promover dificultades á los liberales. El pudo 
obtener que algunos de los candidatos ministeriales triunfaran en 
las urnas electorales y dominar en la Asamblea, aunque con exigua 
mayoría. Cornejo pretendía que el Estado que tantas pruebas dio 
en favor de la libertad y la Eepública desde el año de 11, y que tan- 
tas glorias obtuvo en los campos de batalla, marchitara sus laure- 
les poniéndose al frente de la reacción, y formando en las filas de 
la aristocracia. Cornejo era para los serviles de Guatemala el Moi- 
sés que debia conducirlos á Canaan; pero el nuevo Levita se hallaba 
al frente de un pueblo libre; las casas de los ciudadanos que le com- 
batían, estaban rociadas con la sangre de ilustres víctimas, y la es- 
pada esterminadora no llegó á herirlas. 



al fin vuestras letras datadas á 8 de julio del año próximo, en que por segun- 
da vez, amados hijos, disteis cuenta á esta Silla Apostólica de los sucesos o- 
curridos en orden al gobierno de esa Iglesia, después que el venerable fra}^ 
Ramón, vuestro arzobispo, fué expelido del territorio de Guatemala; y rendi- 
damente nos suplicasteis que ordenémoslo que en estas circunstancias nos pa- 
rezca conveniente, y os mostremos el camino que podáis seguir con segura 
conciencia. Nuestro corazón, á la verdad, se habia ya penetrado de un gran 
dolor por aquella tristísima desgracia, de que hace tiempo estábamos infor- 
mados por otros muchos avisos; pero nunca hablan llegado á nuestras manos 
vuestras primeras letras, y vanamente hemos esperado hasta ahora alguna 
otra ocasión oportuna de acudir con nuestra autoridad apostólica al socorro 
de esa grey, destituida de la presencia de su pastor. Ahora en ese vuestro an- 
helo de repetir la exposición, habemos reconocido vuestra constante obedien- 
cia á Nos y esta Silla de San Pedro; y por tanto os correspondemos, amados 
hijos, con muchas alabanzas y una peculiar demostración de nuestro amor pa- 
ternal. Y por lo que respecta al asunto de vuestras letras, es adjunta á esta 
carta un decreto firmado del Secretario de nuestra Congregación Consisto- 
rial, por el cual entenderéis como habemos Nos secundado vuestro deseo y 
vuestras preces. Entre tanto no cesamos de rogar á nuestro Grande y Buen 
Dios por los méritos de su hijo Jesucristo, que con su diestra proteja esa Igle- 
sia, y la defienda con su santo brazo. Y por presajio de este divino auxilio, á 
vosotros amados hijos, y á los demás fieles, clérigos y legos de la misma Igle- 
sia, que nos son carísimos en Cristo, damos amorosamente la bendición apos- 
tólica. Dado en San Pedro, en Roma, el dia 5 de marzo del año de 1836, G. ^ 
de nuestro Pontificado. — Gregorio Papa XVI. 

Como catedrático de retórica en la Academia de estudios, yo el presbítero 
bachiller en cánones, José Mariano Herrarte, certifico: que por encargo del 
Cabildo de esta Santa Iglesia Metropolitana, he revisado la traducción del 
decreto y carta de su Santidad que anteceden, su fecha de 24 de febrero y 5 
de marzo últimos; y la he hallado exacta. Guatemala, octubre 19 de 1836— Jo- 
sé María Herrarte. 

Son copias íiel mente sacadas de sus orijinales, que quedan en el archivo de 
mi cargo; y las hice sacar por acuerdo del Venerable Cabildo de esta Santa 



DE CEKTR(>- AMÉRICA. 2ÍJÚ 

21 — Cornejo obtuvo que su escasa mayoría emitiera en la Asam- 
blea un decreto que desconoce la lejitimidad del gobierno ecle- 
siástico que ejercía el doctor Delgado, no en calidad de obispo, sino 
de vicario, desde el tiempo de Casaus, y se envió terna al arzobispo 
fray Kamon para que nombrara un vicario salvadoreño. 

22 — El Congreso federal cortó las relaciones entre Cornejo y Ca- 
saus, dictando una disposición que eleva á ley federal el decreto 



Iglesia Metropolitana. — Guatemala, octubre 19 de 1836. — José Francisco Ga- 
varrete, secretario del Cabildo." 

El Cabildo dirijió al clero la manifestación siguiente: 

^^ Venerable clero de este arzobispado: el Cabildo de esta Santa Iglesia Me 
tropolitana, con motivo del estragamiento del padre arzobispo doctor y maes- 
tro fray Kamon Casaus y Torres, elijió, como todos saben, para el cargo de 
vicario capitular, gobernador del arzobispado, al doctor Diego José Batres, 
quien lo desempeña desde el dia 5 de agosto de 1830, y continúa en su ejerci- 
cio. Este cuerpo dio cuenta en primera oportunidad, como era debido, á la 
Santa Sede Apostólica, para arreglarse enteramente á su suprema resolución. 
Mas á pesar de que fué triplicada la consulta, de cuya dirección se encargó 
al Dean, ya finado, doctor Garcia Eedondo, quien la envió por conducto se- 
guro, como consta al Cabildo; no llegó á manos de Su Santidad. Recelándolo 
así algunos de los que suscriben, la repitieron por su parte, y ha sido con 
éxito feliz; pues, aun antes de que haya podido llegar á Roma la que última- 
mente se despachó, reproduciendo, ampliando y documentando la primera: 
ha recibido el Cabildo el dia 15 del corriente, con la debida veneración y gra- 
titud, el decreto de 24 de febrero último, en que Ntro. Smo. padre Gregorio 
AF/seha dignado confirmar al espresado Vicario en este cargo, acompañado 
de una carta de Su Santidad, fecha 5 de marzo, en que brillan los sentimien- 
tos de su celo apostólico y de su amor paternal hacia esta iglesia; y remitido 
todo por el eminentísimo señor Secretario de la congregación de negocios con- 
sistoriales y eclesiásticos. En su vista el Cabildo ocurrió inmediatamente al 
Gobierno del Estado, para podor hacer su publicación, y la verifica con su a- 
nuencia, para que se observe como es justo este decreto pontificio, cuya tra- 
ducción y la de la carta se han hecho exactamente, y van unidas al texto la- 
tino, á fin de que llegue á noticia de todos los fieles, como lo merece y exijo 
la importancia de su contenido. 

Sala Capitular de Guatemala, 20 de octubre de \^M. 

/ier nardo Mar íinez— Antonio Lar razúbal— José M. =^ de Castilla — Antonio 
Oroquer—I)o acuerdo del venerable cabildo: José Frajicisco GavarretCj secre- 
tario." 

Si el año de 30 hubiera dictado la Curia romana el decreto preinserto, la 
monja de Santa Teresa y sus colaboradores habrían tenido que callar. Pero 
la resolución no vino hasta el año de 3(5 y hubo bastante tiempo para que se cs- 
plotara lo que ellos llamaban cisma. Sin embargo, ningún resultado favora- 
ble les produjo la ajitacion de los ánimos que pretendían sostener. Kl asunto 
de dia en dia alarmaba menos las conciencias meticulosas, y cuando el Tapa 
decidió, casi nadie pensaba ya en esa cuestión eclesiástica. 



2(36 KESENA HlSTÓlilCA 

de la Asamblea de CTuatemala que se halla en el número 2 de este 
capítulo. 

23 — En abril de 31, volvieron á Guatemala el deán don Antonio 
(jfarcia Redondo y él majistral don Antonio Croquer. Se impusieron 
detenidamente en la materia cuestionada, y declararon sólidos los 
fundamentos en que descansó la elección de vicario, como también 
lejítima la autoridad que ejercía el doctor don Diego Batres. Estan- 
do todos de acuerdo, contestaron al impreso que se intitulaba ' 'Mons- 
truo de dos cabezas," por medio de un folleto fechado el 31 de a- 
.gosto de 1831 y suscrito por los señores Antonio García E-edondo, 
Antonio Larrazábal, Antonio Croquer, José Valdés y José M. ^ de 
Castilla. Este folleto tuvo una grande influencia. Los fanáticos vie- 
ron al Cabildo unido, y abandonaron gran izarte de sus pretensiones, 
porque la unión hace la fuerza. Muchos de ellos se deslumhraban 
con la inmensa cantidad de textos que los canónigos aducían en su 
apoyo. El folleto del Cabildo está escrito en un estilo sencillo y cor- 
recto: su lenguaje no es duro ni punzante; se contrae á dilucidar las 
cuestiones sin ofender á personas ni á partidos. Todo esto le daba 
una gran superioridad sobre los i}apeles de oposición, entre los cua- 
les se hallaban unos folletos en estilo insoportable, publicados por 
un padre Muñoz, acérrimo ultramontano que figuraba en primera 
línea en las filas de Casaus. 

24 — A don Diego Batres sucedió como vicario caiñtular, el canó- 
nigo don Antonio Larrazábal. 






CAPITULO ViaESIMOFRIMO 

instalación del Congreso y de la Corte supreuia de justicia, y elec- 
ción de Presidente de la República. 



SUMAEIO. 



l~-b'e instala el Congreso—'^. Se instala la Corte su/prema de jus- 
ticia — 3. Personas que tiimeron\votos para la Presidencia — 4. 
Barrundia—r}. Morazan—Q. Valle— 1. Escrutinio—^. Se desig- 
na diapara la posesión del Presidente— 9. Entrada del general 
Morazan á Guatemala — 10. Morazan toma posesión — 11. Feli- 
citaciones — 12-. Discurso de Morazan — \\\. Proposición de Gor- 
ris y Solano — 14. P'elicitacion de la Asamblea á Barrundia— 
15. Contestación de Barrundia~\(S. Isla de Boatan—\l. Elec- 
ción de mee- Presidente. 



1 — Las supremas autoridades federales debían renovarse, y se 
procedió á elecciones en toda la República. El 27 de marzo de 1830 
se declaro instalado el Cím^íreso. Vwva solemnizar el acto se hicieron 
las ceremonias de costumbre. 

2— Se instalo también la Coi te suprema de justicia, compuesta de 
los ciudadanos Nicolás Espinosa, Josc Antonio Lanavc. ^íannel 
.loso de la Cerda y Jacobo llosa. 

;?— PiStaba bocha la elección de Presidente. Tuvieron votos el ge- 



268 . JiESETs A niSTÓKIOA 

neral Morazan, don José Francisco Barnindia, don José del Valle^ 
don Antonio Kivera Cabezas y don Pedro Molina, sin embargo de 
que una acusación pesaba todavia sobre éste. 

4 — Barrundia no ambicionaba el mando ni trabajaba para sí. Es 
uno de los pocos hombres de la historia que han rehusado siempre 
con sinceridad los primeros puestos de su patria. El queria que la 
elección recayera en Morazan. Barrundia, sin embargo, tuvo votos. 

g — Morazan se presentaba con los laureles de la victoria. Era ya 
no-áolo el héroe de la Trinidad, de Grualcho, de San Antonio, de San 
Miguelito y de las Charcas, sino de Olancho y Opoteca y el pacifi- 
cador de Nicaragua. Su aureola en la pequenez de nuestro suelo e- 
ra la que i'odeaba en grande escala á Bonaparte al volver de Ejipto. 
Sin embargo, habo quien le hiciera competencia en las elecciones. 

6 — El licenciado don José del Yalle, era, según la opinión gene- 
ral, el hombre mas instruido que tenia la República. ''El Amigo de 
la Patria" y otras publicaciones suyas, hacian creer que en la lite- 
ratura y en las ciencias no tenia competidores en toda la estension 
de Centro- América. Yalle hizo siempre oposición á la aristocracia, 
conducta que le valió el que frecuentemente se'execre su memoria, y 
aun se pretenda disminuir sus glorias literarias. En la junta de 15 
de setiembre de 1821, habló contra el pronunciamiento instantáneo 
de Independencia, porque deseaba se hiciera homenaje á la sobera- 
nía del pueblo, oyéndose el voto de las provincias. Valle, sin em- 
bargo, no era incapaz, como Barrundia, de transijir con los gobier- 
nos que no tuvieran por base la democracia y la república. Tran- 
sijió con el Imperio mejicano y fué diputado al Congreso de Méji- 
co, donde brilló por su elocuencia y por la variedad y estension 
de sus conocimientos, y fué Ministro del Emperador. Iturbide lo re- 
dujo á prisión cuando disolvió el Congreso. Después del pronun- 
ciamiento de Echavarri y Bravo, se restauró la Lejislatura^ y Va- 
lle sostuvo que las provincias de Guatemala eran libres para 
pronunciarse en el sentido que mas les conviniera. Habia sido in- 
dividuo del primer Poder ejecutivo federal, y el único poderoso 
competidor de Arce en la primera elección de Presidente. Tuvo mas 
votos que Arce, fué electo Presidente, y el Congreso le defraudó la 
elección ; pero en 1830 el brillo de una espada eclipsaba la ciencia y 
la profundidad de cálculos del gran prensador centro-americano. 

7 — En junio se hizo el escrutinio. Los votos populares estaban di- 
vididos entre Morazan y Valle. Morazan tenia mayor número; pero 
para averiguar si habia ó no elección popular, era preciso que se de- 
clarara si seria la base el número de sufrajios que la República te- 
nia derecho á emitir ó el de los sufrajios emitidos y tomados en cuen- 
ta al tiempo del escrutinio. En el primer caso no habia elección po- 
pular, y el Congreso debia decidir entre Morazan y Valle. En el se- 



DE CKX'I'KO-AMKKIOA. 269 

giiiido caso estaba electo ijoj^ularmente el general Morazan. La mis- 
ma cuestión se presentó el año de 2o, entre Arce y Valle. Si se to- 
maban por base los sufrajios que se debian emitir, no había elección 
popular. Si la base eran ios sufrajios emitidos, Valle estaba electo 
popularmente. Entonces el Congreso, para escluir á Aballe, declaró 
que la base eran los sufrajios que debian emitirse, y procediendo á 
decidir entre los candidatos, fué electo Arce. Valle escribió lumino- 
sos folletos, demostrando que la base debian ser los sufrajios emiti- 
dos y que se le liabia usurpado la Presidencia de la Eepública. El 
iiuo de 30, conforme al texto literal de los folletos de Valle, se to- 
mó por base el número de los sufrajios emitidos, y s(.' declaró electo 
iwpularmente al general Morazan. Valle no reclamó. Para hacerlo, 
habria tenido necesidad de combatir sus doctrinas y sus protestas 
del año de 2o. El" Congreso federal se componía casi en su totalidad 
de partidarios de Morazan. Si se declara que la base debian ser los 
sufrajios que debieron emitirse, el Congreso habria procedido á de- 
cidir entre Morazan y Valle, y en aquellos momentos la elección no 
podia ser dudosa. Bastaba para la ambición de Valle haber podido 
comjjetir desde su bufete de abogado con Morazan, en dias en que 
Centro-América, políticamente hablando, casi no hacia mas que tri- 
butar elojios al vencedor de Gualcho. 

8 — Morazan debia tomar posesión el lo de setiembre. Pero aquel 
<lia iba á emplearse en la pomposa celebración de la Independencia. 
\' se acordó que Barrundia le entregara el mando en medio de rego- 
cijos i)úblicos, el 16. 

9 — Morazan habia permanecido en el Salvador y Honduras, des- 
ignes de su salida á combatir en Olancho y Opoteca. Se le llamó á 
Guatemala é hizo su entrada triunfal en la tarde del 14 de setiem- 
V>re. Todas las esperanzas se fundaban en él. Se creia que quien ha- 
bia salido de una oficina osCura de Tegucigalpa para ir de triunfo 
en triunfo, hasta la Presidencia de Centro- América, no podia ser 
nunca abandonado j)oy la victoria. 

10 — El 16 de setiembre fué uno de los dias mas faustos de la His- 
roria de Centro-América. Reunidas en el edificio del Congreso to- 
das las autoridades federales y del Estado, el senador presidente 
don José Francisco Barrundia, con su sencillez republicana, que ja- 
mas se alteró bajo el dosel, se presentó ante el Congreso y. entregó 
allí el mando supremo de la República al ciudadano electo por los 
pueblos. 

11 — Todos los Estados felicitaron al general Morazan por su elec- 
ción, y á don José Francisco Barrundia por el acierto con que ejer- 
<'ió el Poder Ejecutivo. La Asamblea de Guatemala dirijió á ^fora- 
zíin iK)r medio de uno de los oradores mas distinguidos de aquel 
cuerpo, don Alejandro Maniré, el discurso siguiente: ^K^iudadano 



270 RESENA HISTÓIilOV 

Presidente: la Asamblea lejislativa de este Estado felicita á Ud, 
por su elevación á la silla del jooder supremo nacional. Siente el mas 
vivo 2)lacer al contemplar al liijo de la victoria, sosteniendo con la 
autoridad lejítima y constitucional, los derechos y la libertad de un 
pueblo que reconquistó Ud. con triunfos singulares. Este Estado es 
reconocido á tanto beneñcio: sti Eepresentacion hoy nos honra con- 
fiándonos la comisión de hacerlo así presente ante Ud., y también 
de manifestarle la esi^ontánea voluntad que tiene de hacer en ade- 
lante los mismos servicios que actualmente ha prestado al Supremo 
Grobierno,de mantenerse firme y continuamente unida á él y de pro- 
bar en todo tiempo su amor decidido por la ley. Nosotros á la vez 
ofrecemos á Ud. nuestro resjDetuoso afecto hacia la persona de Ud." 

12 — El general Morazan contestó literalmente lo que sigue: "El 
sistema federativo solo puede sostenerse x)or la ínfima y estrecha 
unión de los Estados entre sí y con el Gobierno nacional: -por lo 
mismo me es muy grata la actual demostración de la Lejislatura de 
este Estado, con la cual deseo vivamente mantener la mayor armo- 
nía, sin 23erdonar para ello medio ni sacrificio alguno." 

IB — El 29 de setiembre hicieron proposición los representantes 
Gorris y Solano, para que á nombre de la Asamblea se dieran es- 
presivas gracias á Barrundia por el tino y buen desemijeño que acre- 
ditó en el tiempo que estuvo encargado de la Presidencia de la Re- 
pública. 

14— La felicitación se hizo en estos términos, "xil ciudadano se- 
nador José Francisco Barrundia. Usted ha cesado en ejercer la pri- 
mera magistratura de la Repiiblica, dejando en el ánimo del patrio- 
ta los profundos recuerdos que inspiran siempre eminentes servi- 
cios. Los de Ud. en el mando supremo son reconocidos con jolacer 
]Dor la Asamblea lejislativa de Guatemala. Ella reconoce que la na- 
ción toda debe á la sabiduría, tino y prudencia de la administra- 
ción de Ud., la paz inalterable de que ha disfrutado en el período de 
catorce meses; y á nombre de los j^ueblos que representa, bendice 
la mano que con tanta delicadeza supo cicatrizar la herida profunda 
que le hiciera la revolución. Ciudadano Senador: nos hacemos el ho- 
nor de decirlo á Ud. por orden del Cuerpo lejislativo, suplicándo- 
le al mismo tiempo quiera Ud. aceptar las seguridades de nuestro 
respeto y consideración." 

15 — Barrundia contestó así: "La Asamblea me llena de excesivo 
honor haciendo una espresion tan alta de mis i3equeños servicios en 
el Gobierno de la República. El distinguido concepto que me ha me- 
recido en el Cuerpo lejislativo una simple rectitud de intención, es 
bastante para calmar toda la serie de amarguras consiguientes al 
Gobierno, no obstante la tranquilidad de una conciencia limpia. De- 
searía haber hecho á la nación los relevantes servicios que me dicta- 



DE CENTRO-AMÉRICA. 271 

ba el amor á la patria y que merecieran la importancia que por una 
predilección en estremo favorable á mi persona, se lian dado á mi 
administración pública. Ella no ha sido mas que el resultado de una 
combinación feliz de sucesos y de circunstancias. Sírvanse Uds., 
ciudadanos secretarios, manifestar á la Asamblea mi eterno recono- 
cimiento por un testimonio que conservaré siempre como el docu- 
mento mas respetable y honorífico que puede ambicionar un hijo de 
CxLiatemala: y ofreciendo al mismo tiempo todo mi esfuerzo para el 
sosten de sus derechos en el Senado, donde continúo sirviendo úni- 
camente por el deber, que siempre me será grato, de completar su 
representación y de prestar todos los oficios que dependan de mi 
capacidad. Con tales sentimientos yo protesto á Uds. una singular 
gratitud y la consideración mas distinguida.*' 

16 — Una de las medidas que honran á Barrundia es haber salva- 
do la isla de Roatan. Los ingleses la ocuparon. Salió la pequeña 
guarnición que allí habia, y se enarbolo la bandera de la Gran Bre- 
taña. Barrundia dio á este acontecimiento toda la importancia que 
merece la integridad del territorio, é hizo con enerjia, cultura y dig- 
nidad, reclamaciones al Gobierno de S. M. B. El gabinete de Saint 
James, creyendo justos estos reclamos, devolvió la isla á Centro-A- 
mérica, cuando el general Morazan estaba ya al frente de la Repú- 
blica. 

17 — Don Mariano Prado, distinguido salvadoreño, que tantos ser- 
vicios prestó como vice-Jefe del Salvador durante la campaña termi- 
nada en abril de 829, fué electo vice-Presidente de la República. 



c^r^iTUT.o \^iC:^E;siMOSEGij]srr>o 



Elección <le las antoridades del Estado. 



SUMARIO. 

1 — Cumplimiento del decmto de Jocoienango—2. Elección de Bar- 
rundía y de Márquez—^, ^e llenan las plazas vacantes de la 
Corte — 4. Eenuncia de Bar rundía. — 5. No es admitida — C. Se- 
gu7ida. renuncia de Barrundía — 7. Segunda negativa de la A- 
samhlea — 8. Tercera, renuncia de Barrundia. — 9. Admisión de 
ella— 10. Bis gusto de los liberales — 11. Barrnndia cede sus suel- 
dos — 12. Liquidación de estos— ^13. Ellos no eran una deuda 
muerta — 14. Otra cesión de sueldos — 15. Posesión de Márquez— 
16. Discurso de Marure — 17. Decreto de convocatoria — 18. El 
padre Colom continúa en el Ministerio — 19. Cárceles — 20. Tin- 
proyecto de colejio — 21. Observaciones — 22. Parroquias — 23. Ley 
de crédito — 24. Escuela Normal — 25. Autorización estraoi'dina- 
ria — 26. Comisiones de instrucción pública — 27. Héctor ado de 
la Universidad — 28. Policía de seguridad. — 29. Salubridad— 
30. Víveres — 31. Clase de cirujta—32. Cátedra de matemáticas 
—33. Noticias estranjeras — 34. Solicitud de los tejedores — 35. 
Entra al mando el consejero don Francisco Javier Flores. 



En ('iiinj)liniieut(.) del decreto de .íocotenango, ae procedió ú e- 

18 



274 liESEÑA MJíSTÓKK'A 

lecciones de autoridades del Estado, y terminadas éstas conforriie 
lo prescribia la constitución, se hizo el escrutinio. 

2 — Don José Francisco Barrundia resultó electo popularmente^ 
jefe del Estado y don Gfregorio Márquez, vice-jefe. 

3 — No hubo elección X3opular para llenar las plazas vacantes de la 
Corte de justicia, y la Asamblea la verificó en las personas que á 
continuación se espresa: majistrados propietarios, Eermin Arévalo, 
Nicolás Espinosa, José Domingo Dieguez, Bernardo Escobar. Su- 
plentes: Miguel Barrundia, José M. ^ Urruela, Juan José Flores. 

4 — La Asamblea dirijio una comunicación espresiva á Barrundia 
y á Márquez, llamándolos al ejercicio del Poder ejecutivo. Barrun- 
dia se escusó diciendo que daba las gracias n, la Lejislatura por la,s 
lionoríñcas manifestaciones que se le hacian y á los pueblos del Es- 
tado j)OY los sufrajios con que lo hablan honrado, y funda su ne- 
gativa en que los pueblos lo hablan electo también y con anteriori- 
dad senador; en que habia acex)tado este elevado i)nesto y no debía 
abandonarlo por la Jefatura del Estado, y que esta Jefatura exi- 
jia un trabajo ímprobo, incomi^atible con el estado de su salud. 

5^La Asamblea no admitió esta renuncia, y llamó segunda vez al 
Jefe electo, excitando su patriotismo. 

6 — Barrundia reiteró su renuncia. El texto de su nota demuestra 
la sinceridad con que procedía. Dice así: ''Veo que el Cuerjx) lejis- 
lativo del Estado no, debiera manifestarme dos veces su voluntad 
sin que yo ;d instnnfe la cumpliese, que jgus desí^os son preceptos, 
y que un hombre no merece ocupar largo tiempo la atención au- 
gusta de los lejisladores. Mas séame dado en la crítica situación en 
(^ue me hallo, hacer humildes observaciones en favor de mi renun- 
cia, y x)edir á los representantes que no se desatienda. Es verdad 
que el pueblo soberano me ha nombrado x)ara el Poder ejecutivo; 
pero él mismo me elijió senador, él mismo me ordenó antes no fal- 
tar á mi deber, no salir del Senado sin que trascurriera el período 
de la ley, ó en virtud de una renuncia admitida por el Congreso 6 
por mi imposibilidad física ó por acusación criminal. El mismo so- 
berano, por la Constitución y las leyes que son el órgano menos e- 
quívoco de su voluntad, me concede en este caso el derecho de no 
admitir; y si el soberano entendiera que yo padecía en mi salud y 
que tenia motivos insuperables de honor y delicadeza, viendo que 
yo faltaba á las leyes, él mismo se dignaría admitir mis escusas. El 
Cuerpo lejislativo, ansioso sin duda de hacer efectiva la voluntad 
del j)ueblo, emplea para empeñarme los términos mas honoríficos, 
y me da una importancia que no tengo, y una distinción que me 
abruma. Muchos patriotas de mérito podrán llenar el destino que 
yo no tengo fuerzas físicas ni morales para desempeñar dignamen 
te, y seria en mí la presunción mas fatua creer que el grande Esta 



DE CENTUO-AMÉKICA. 275 

do de Guatemala, tan sobresaliente en ciudadanos de luces y patrio- 
tismo, depende de mi corto y limitado esfuerzo. Cuando estuve eri 
el Gobierno federal, mil circunstancias felices, y el apoyo ele los pri- 
meros restauradores, me hicieron sostener por algún tiempo- la majis- 
tratura nacional y vencer grandes obstáculos. Mas aliora, decaídíí 
mi salud, rodeado de disgustos, jH'ecisado á interrumpir á cada pa- 
so las altas atenciones que me fatigarían, no me creo suficiente pa- 
ra llenarlas, ni puedo atreverme á llegar al alto X)ero difícil honor 
de sostener por cuatro años el Gobierno. ;Qu6 bienes puede produ- 
cir al pueblo la administración de un hombre violentado y lleno 
de disgustos? Las grandes emj^resas, los servicios importantes, los 
X)roduce el genio, y el genio es siempre libre, siempre voluntario. 
Yo repito á los dignos representantes, que estaré siempre dispues- 
to á servir al Estado en cualquier empleo en que me considere útil: 
mas mi corazón, mi delicadeza, mi deber actual me incapacitan: to- 
do me aleja de este alto destino." 

7 — La Asamblea inmediatamente dictó el acuerdo siguiente: 
•'Puesta en conocimiento del Cuerpo lejislativo la nota de esta fe- 
cha (8 de febrero de 31), en que el ciudadano José Francisco Bar- 
rundia, reitera su renuncia del empleo de primer Jefe del Estado, 
ha tenido á bien no admitirla." 

8 — Este acuerdo se envió al Jefe electo, por medio de una comi- 
sión especial encargada de inítlinarlo á que aceptara. Pero nada 
bastó. Barrundia era inquebrantable en sus propósitos y estaba re- 
suelto ;i no ser Jefe del Estado de Guatemala. Una tercera nota, 
desarrollando los conceptos de la anterior, dirijió á la Asamblea. 

D— El Cuerpo lejislativo del Estado de Guatemala no podia ejer- 
cer violencia sobre el primer Senador de la República de Centro- 
América, y tuvo necesidad de admitir la renuncia. 

10— Los liberales creian que estando Morazan al frente de la Fe- 
deración y Barrundia á la cabeza del Estado de Guatemala, su par- 
tido se afianzarla sólidamente. Las incesantes luchas entre el Presi- 
dente y el Jefe del Estado, minaban el sistema federal. Morazan y 
Barrundia estaban de acuerdo. Ellos comprendían muy bien la im- 
portancia de la unidad de acción, y habrían agotado los sacrificios 
])ara que jamás hubiera un choque. 

11 — Don José Francisco Barrundia hizo entonces una demostra- 
ción de generosidad, (-edió sus sueldos en favor de la instrucción 
pública de Guatemala. Al darse cuenta á la Asamblea de esta do- 
nación, hubo espresivos discursos en honor del donante. Se hizo inv- 
sente que Barrundia carecia de bienes de fortuna, y que su único 
capital tal vez era lo que cedia, y que no era justo admitir aquel 
sacrificio; pero mas tarde el Gobierno del Estado se encontró en di- 
ficultades pecuniarias y no tuvo inconveniente en acudir á los suel 



27() ÍÍESKÑA HISTÓKICA 

dos de Barrnndin. 

12 — Para cobrarlos, se tuvieron presentes las rorres])ondientes li- 
quidaciones; y el resultado de éstas fué que en un año y ochenta y 
dos dias corridos desde el 26 de junio de 1829 en que Barrundia to- 
mo posesión de la Presidenída de la Pepública, hasta el 15 de se- 
tiembre de 1830, víspera de que el general Morazan subiei'a al Po 
der, Barrundia liabia devengado, al respecto de 5000 pesos anuales, 
6123 pesos, dos y un cuartillo reales, cantidad que se le adeudaba 
íntegra, por no haber recibido suma alguna en todo el tiempo de su 
mando. Hecha igualmente la liquidación de lo que se le adeudaba 
i'omo Diputado á la Asamblea nacional constituyente, y como Se- 
nador en los años de 824, 25 y 26, resultó la cantidad de 1011 pe- 
80S, cuatro y tres cuartillos. Estas dos sumas formaban 7134 pesos, 
7 reales, cantidad considerable para un hombre que no tenia mas 
patrimonio que una elevada inteligencia y cívicas virtudes. 

13— Los sueldos que Barrundia cedia, no eran una deuda muer 
ra. El Congreso federal los habia mandado juagar de ]3referencia: 
se pagaron y fueron invertidos en las necesidades del P]stado de 
(xuatemala. 

14— Barrundia cedió también en favor del Estado, la mitad de 
los sueldos que en lo de adelante devengo como Senador. 

15 — El vice-jefe, ciudadano Gregorio Márquez, tomó posesión, y 
entró á ejercerlas funciones de primer Jefe. Su discurso inaugural, 
se contrae á manifestaciones de modestia, á presentar como arduas 
y muy superiores á sus fuerzas, las obligaciones de su nuevo em- 
pleo. 

16 — Don Alejandro Marure fué comisionado para dirijir la pa- 
labra al vice-Jefe. El discurso se limitó á las formas de costumbre, 
y á recomendar al nuevo funcionario, que nunca se acercaran al 
solio del Ejecutivo, las pasiones degradantes que envilecen al re- 
publicano: que la ley fuera siempre el norte de todas las opera- 
ciones gubernativas, y que ni la intriga ni la vil ambición robaran 
al mérito y á la virtud los puestos públicos. 

17 — Faltando el primer Jefe, la Asamblea dio un decreto en abril 
de 31, que manda se proceda á nuevas elecciones por las mismas 
juntas que hablan sufragado últimamente. Estas debían reunirse el 
último domingo de junio, y los pliegos ser remitidos á la Secretaria 
de la Asamblea, de manera que estuvieran en ella el día último de 
¿igosto para hacerse el escrutinio. 

18 — Márquez conservó en el Ministerio general, al j^resbl tero An- 
tonio Colom, ciudadano de feliz talento. 

19 — Las cárceles estaban mal servidas. En la de Chiquimula mu- 
rió, por falta de alimento, Paulino Alonso, á quien se procesaba 
por complicidad en un infanticidio. Al darse cuenta de este liecho 



J)E CENTRO- AMERICA 277 

á la Asamblea, se tomaron disposiciones para que en lo sucesivo 
no se matara de hambre á los presos. Una de estas fué la orden de 
29 de abril de 31, que destina á la mantención de los presos de a- 
quel departamento, el producto del impuesto de medio peso por 
cada res que se ('onsumiera en aquellos pueblos. 

20 — Se trató de establecer un colejio llamado de ''Guatemala," 
en esta ciudad. Se deseaba instalarlo en el estinguido convento de 
recoletos; pero la comisión de Hacienda, creyó el gasto superior á 
las fuerzas del Estado. El presupuesto, sin embargo, solo compren- 
día cuatro mil pesos para preparaciones del edificio y doce mil pe 
sos anuales. En vez del nuevo colejio. se acordó aumentar diez be 
cas en el Tridentino. 

21 — El mal no consiste solo en la falta de jóvenes que se ilustren, 
sino en la clase de enseñanza que se diera á la juventud. Este es 
el fuerte de los jesuítas y de los serviles. Ellos no solo limitan la 
enseñanza á un número reducido de personas, sino que dan á és- 
tas la instrucción que á sus intereses conviene. Ciertos colejios 
pueden llamarse fábricas de reaccionarios. De nada debía servir pa- 
ra la causa de la libertad, el aumentar las becas en un colejio es- 
tablecido por el concilio de Trento, para hacer clérigos. En vez de 
enseñarse á esos jóvenes lo que conviene á una sociedad del siglo 
XIX, se les llevaba á la catedral, cubiertos con una hopalanda y 
un bonete en la cabeza, á cantar salmos, á acolitar mitas, á ir en 
las procesiones y á tomar ¡jarte en todas las festividades eclesiásti- 
cas, que, como se sabe bien, eran en Guatemala continuas y repe- 
tidas. 

22— Por ÓL'den lejislativa de 6 de diciembre de 29, se mandaron 
erijir en i)arróquias las iglesias de Santo Domingo, San Francisco y 
la Merced, asignándose un sueldo fijo á los párrocos que las admi- 
nistraran, el cual debía deducirse de los réditos de los capitales pia- 
dosos de los referidos conventos. Quedaban entonces en esta capital 
seis parroquias. Los curas se presentaron al Gobierno, manifestan- 
do que carecían de fondos para subsistir, y se dio en 10 de marzo 
de 31, un decreto que mandaba que el erario del Estado, subvencio- 
nara á los X)árrocos de la capital, con mil ochocientos pesos anuales. 

23— Una comisión compuesta de los señores Vasconcelos, Marure 
y Galvez, presentó á la Asamblea el 2 de abril de 1831, un esten- 
so x)royecto de ley de crédito, que fué aceptado. 

24 — La Asamblea decretó el gasto de una Escuela normal de 
maestros, bnjo la dilección de la Soíáedad Económica, y acordó los 
gastos de In enseñanza departamental. 

25— Se proyectaba un plan de estudios, y mientras tenia efecto, 
la Asamblea autorizó al GobicMiio paja el arreglo momentáneo de 
escuelas y estudios. . 



;278 RESEÑA ÍUSToKKíA 

2() — En virtud de autorización lejislativa, se acordó nombrar tres 
comisiones para que cada una de ellas presentara un proyecto de 
enseñanza i)ública. La primera, compuesta de los ciud danos docto- 
res José Antonio Alcayaga, Pedro Molina y Mariano Gal vez, para 
proponer las reformas y reorganización de la Universidad; la se- 
gunda, de los ciudadanos doctor JoséM. ^ Castilla, Manuel Yalero 
y Juan Manuel Rodriguez, j:>ara el mejoramiento de ambos colejios, 
y la tercera, de los ciudadanos Yenancio López y Marcos Dardon, 
para que formara los estatutos de un colejio de niñas. 

27 — Murió el rector de la Universidad, ciudadano Francisco Ca- 
sado, y el vice- Jefe nombró para que lo subrogara, al ciudadano 
doctor Pedro Ruiz de Eustamante. 

28 — El Secretario de la Municipalidad de Escuintla, fuó asesinado 
por algunos malhechores, y él vice- Jefe por medidas puramente gu- 
bernativas, dio vigor al ramo de policía de seguridad. 

29^ — Una epidemia de calenturas se desarrolló en Totoüicax)am, y 
el vice- Jefe ordenó al Protomedicato, que dictara medidas veloces, 
asi para que no carecieran de auxilio los enfermos, como para que 
se indagara el orljen del mal y se le buscara remedio. 

30 — Una grande escasez de granos aÜijia al país, x)ro veniente no 
solo de carencia de éstos, sino esx)ecialmente de negociaciones de 
los capitalistas, y el vice- Jefe dictó un decreto cuya izarte resolu- 
tiva, dice: "Los jefes departamentales y las municipalidades harán 
íMagaciones escrupulosas para averiguar las personas que tienen 
agrandes acopios de granos y no los venden. Los cuerpos municipa- 
les darán cuenta á las jefaturas departamentales de las averigua- 
ciones que hagan, y las jefaturas al Supremo Gobierno. Con vista 
«^ estos datos, el Ejecutivo dictará las jirovidencias mas activas, 
según las leyes, contra los monopolistas, para inutilizar sus ambi- 
í'iosas miras. La Municipalidad de esta Corte, podrá echar mano 
de sus fondos para mandar comprar víveres y espenderlos á costo 
j costos. Para que los jefes departamentales y las municipalidades 
cumplan con lo prevenido en este decreto, y los monopolistas no 
puedan alegar ignorancia, se imprimirá, circulará y fijará en los 
lugares X3iiblicos de todas las poblaciones." 

31 — En el Hospital general de Guatemala, se instaló una clase de 
-cirujia. A este acto concurrieron la autoridad política, la junta de 
g'obierno de aquella casa, y un gran número de ciudadanos particu- 
lares. El catedrático licenciado Buenaventura Lambur, pronunció 
un bello discurso acerca de la utilidad de la cirujia. 

32 — También se abrió una cátedra de matemáticas en el estingui- 
do convento de Santo Domingo. Una concurrencia numerosa atrai- 
da x)or la noticia de que Yalle iba á tomar la palabra, solemnizó el 
acto. Yalle pronunció un discurso que está á la altura de la repu- 



» DE CEN'J'KO- AMÉRICA. 27t) 

tacion del orador. 

33 — Se recibió la noticia de que el cardenal Mauro Capellari, ha- 
bla sido electo Papa y subido al solio pontificio con el nombre de 
Gregorio XVI. Se creyó que el nuevo Pontífice inauguraba refor- 
man liberales, esi:)eranzas que pronto desaparecieron. Sin embargo. 
Gregorio XYI no trató mal á los liberales de Centro- Améríca, si se 
le ha de juzgar por el decreto y la carta al Cabildo metropolitano 
que privaron á Casaus de la jurisdicción eclesiástica. 

34 — Los tejedores de esta capital, sensibles á la decadencia fa-o- 
gresiva de su industria, desde que se decretó la libertad de comer- 
cio, i)idieron restricciones á esta libertad, haciendo ver que el año 
de 20 habia en la capital seiscientos treinta y siete telares, y que á 
la fecha de la solicitud, solo se encontraban setenta y tres. Valle 
dictó un luminoso informe que lleva la fecha del 18 de junio de 
1831. En él demuestra que gravar las mercaderías estran jeras qun 
entran á Centro-ximérica, seria gravar á los centro-americanos que 
las consumen: imponer una nueva contribución á los pobres que se 
visten de ellas: disminuir los productos nacionales con que se com- 
pran, y menguar la riqueza j)íiblica. 

35 — Don Gregorio Márquez se mantuvo en el ejercicio del Poder 
ejecutivo del Estado, hasta los primeros dias del mes de agosto de 
1831. Entonces se hallaba gravemente enfermo y depositó el mando 
en el consejero don Francisco Javier Plores. 



C^FITULO A^IGESIMOTERCIO 

Relaciones internacionales. 



SUMARIO. 



1 — Arriba á Trujillo la fragata " Diana'' — 2. Diplomáticos cen- 
tro-americanos — 3. La pr apuesta, del comandante de la ^^ Dia- 
na'* es acojida — 4. Opinión que se tenia en Europa y en los Es 
tados- Unidos acerca, de la América, del Centro — 5. Dificultades 
para mandar un Ministro á Europa — 6. Resolución de la Asam- 
hlea--l. Indicación del Presidente de la RepúhUca-Q. Observacio- 
nes — 9. Comunicación de Galtez ó. la. Asamblea — 10. Resolución 
negativa — 11. Se encarga la misión á Valle — 12. Jfision de don 
Marcial Zébadüa — 13. Necesidad de que el asunto sobre misión 
á Francia, se despacJiára pronto — 14. Nombramiento de don 
Próspero Herrera. — 15. Saget ca á Europa en la fragata "'Dia- 
na." — 16. Cualidades de don Próspero Herrera — 17. Terna j^a- 
ra. la misión á Holanda — 18. Recepción del señor Bonilla — 10. 



1 El 12 (le febrero de s:il, arribó al puerto de Trujillo, en el 
Estado de Honduras, la fra<^ata de gueri-a francesa ''Diana." Su 
comandante, Duliant Cilly, anunció al Gobierno federal, que habia 



282 RESEÑA IIISTÓIÍIOA ^ 

recibido instrucciones del rei Luis Felipe, para manifestar que se- 
ria reconocida en Francia la Independencia de la República centro- 
americana. El mismo Comandante, á nombre de su Gobierno, invi- 
taba al Presidente para qne enviara á Paris un Ájente diplomático. 
El agregaba que tenia instrucciones para conducir á Francia á bor- 
do de 1:: "Diana," al Ministio centro-americano, con todas las con- 
sideraciojies y respetos correspondientes á su elevado carácter. 

2 — JS^oeía el primer diplomático que acreditara la Iíe]3Ública. El 
año de 24 lo habia.sido el doctor don Pedro Molina, cerca del Go- 
bierno de Colombia ('^"), el ciudadano Antonio José Cañas, cerca del 
Gobierno de los Estados-Unidos de América, y el ciudadano Juan 
de Dios Mayorga, cerca del Gobierno mejicano. El año de 25 fué 



(*) En esta misión el doctor Molina trabajó con actividad e inteligencia. El distin- 
ís'uido americano P. Gnal, era Ministro de Estado en Colombia. Gufil deseaba reconocer 
por actos esplicitos la Independencia de Centro-América; pero al mismo tiempo quería 
I)oseer todos los datos acerca de la situación del país que el reconocimiento demandaba, j 
en nota datada en Bogotá, á 25 de diciembre de 1824, hizo ú Molina diez y siete preguntas. 
Algunas de ellas son referentes á Méjico, otras á España y otras al interior de la Kepú- 
blica centro-americana. El doctor Molina €ra uno de los hombres que con mas profundidad 
<ujnocian los puntos que se le tocaban, y sus contestaciones no se hicieron esperar. Ellas 
dieron por resultado el reconocimiento de la República centro- americana y el tratado entre 
Centro- América y Colombia, que se firmó en Bogotá á 15 de marzo de 1825. Este tratado es 
importante para Centro- América y para Colombia, porque se ha considerado como la base y 
fundamento de toda decisión sobre limites. La Colombia que celebró el tratado, no existe. 
Fué fraccionada f^n tres secciones: Nueva Granada, Venezuela y el Ecuador. Nueva Gra- 
nada es la sección sur-americana, limítrofe do Centro-América, á quien corresponden los 
deberes y los derechos que ántes^tenia Colombia respecto á límites con la América Central. 
Nueva Granada cambió después su título. Su constitución decretadla en Eio-Negro, la lla- 
ma Estados Unidos de Colombia. En este concepto se habla todavía de nuestros límites con 
Colombia. Si la antigua Eepública de Colombia se fraccionó en tres partes, la antigua Re- 
pública de Centro-América se dividió en cinco partes: Costa-Rica, Nicaragua, Honduras, 
San Salvador y Guatemala. Costa-Rica, limítrofe á Colombia, heredó los derechos y deberes 
de Centro-América, respecto á límites, y todavía no se han resuelto definitivamente las cues- 
tiones que del lado del Sur se han promovido. Guatemala, limítrofe por el Norte con Nue- 
va España, hoy Estados Unidos Mejicanos, heredó los deberes y los derechos que Centro-A- 
mérica tenia respecto á límites con Méjico, y hoy existen cuestiones pendientes acerca 
de ellos. 

Al fin de este capítulo se encontrarán, como documento justificativo, los artículos mas 
importantes del tratado entre Centro-América y Colombia. 



• DE ( VKNTKO-A^rÉKlCA. 281] 

<^nyiado á Londres don Marcial Zebadúa. El año de 2G estaban a- 
creditados en la gran Dieta de Panamá, el mismo doctor Molina y 
el canónigo doctor Antonio Larrazábal. Ese mismo año se espi- 
dieron credenciales al ciudadano José M. ^ Barrio, cerca del Go- 
bierno de j^.íéjico, y al ciudadano Pedro González, cerca del Gobiei- 
no de los Estados-Unidos. 

*) — El Senado, acojiendo benévolamente la solicitud del Coman- 
dante de la "Diana," propuso al Presidente una terna para el nom- 
bramiento de Ministro Plenipotenciario, y al frente de ella se halla- 
ba el nombre del ciudadano doctor Mariano Galvez. Tratóse enton- 
ces de que el Ministro centro-americano, también se dirijiera á Ho- 
landa, con el ñn de promover la ai)ertura del canal interoceánico, 
por el istmo de ]^í^icaragaa. Galvez no liabia viajado, y entonces se 
le jjresentaba la bella oportunidad de figurar en Europa, abriéndo- 
se paso en los mas elevados círculos, no solo por su talento, sino 
por su instrucción y su cultura. 

4 — Cuando se hizo la Index^endencia, se creyó en Europa y en los 
Estados-Unidos, que Centro-América x)rogresaria como la patria de 
Washington, y bajo esta impresión se hallaban los representantes 
de la gran Dieta americana el año de 20. Los acontecimientos que 
concluyeron en 29, no hablan destruido tan grata idea. Se pensaba 
qne la guerra terminada en abril, era solo un episodio de nuestra 
historia, y que restablecida la paz, seguirla el progreso. Ha sido 
preciso una serie de acontecimientos para demostraren ambos mun- 
<los, que los elementos que constituj^en nuestra pequenez, son una 
situación ii(3rmal, y que no alcanzan los grandes esfuerzos de algunos 
hombres que de cuando en cuando, rodeados de obstáculos, se pre- 
sentan en la escena pública, para marchar rápidamente hacia ade- 
lante. 

5 -Galvez pertenecia á la Asamblea del Estado de Guatemala, y 
no podia ser nombrado Ministro Plenipotenciario sin renunciar el 
cargo de Diputado. El Gobierno federal pidió á la Asamblea la se- 
paración de Galvez; y este distinguido representante del pueblo 
guatemalteco, sin renunciar, manifestó al Cuerpo lejislativo que 
[>odia deliberar acerca del asunto, de la manera (^ue lo esfimára mas 
ron veniente. 

• '• I na comisión compuesta délos representantes Solano y \'as- 
roncelos, dictaminó (jiuí no iKxlia resolverse el asunto mientras el 
doctor Galvez no presentara formal renuncia. Galvez dijo entonces, 
que renunciaba el cargo de Diputado, si el Cuerpo lejislativo juz- 
gaba que debia ir á Euroi)a, y si el Presidente de la Kepiil>lica in- 
sistía en enviarlo. La misma comisiini detei-minó en seguida, cjue 
debia admitirse la renuncia; pero la Asambh^a no ai)robó el dicta- 
men. 



284 ilESEí^^A HISTÓRICA 

7 — Morazan creyó que la renuncia no era admitida, x>orque Galvez 
no la presentaba en términos claros, terminantes y absolutos, é in- 
dicó al mismo Gelvez que renunciara sin ninguna condición ni re- 
serva. 

8 — Se habla con detenimiento de este incidente, porque él puede 
dar una luz histórica acerca de la situación. p^Por qué se empeña- 
ba tanto el general Morazan en que Galvez f aera á Europa^ ^Por 
qué hacia resistencia, aunque disimuladamente, el doctor Galvez? 
La Kepública no estaba tan escasa de hombres que no pudiera en- 
contrarse otro capaz de representarla dignamente en el Viejo Mun- 
do. La edad de Galvez era aparente para que nuevos horizontes es- 
tendieran sus conocimientos, y le dieran una imj)ortancia que no 
podia adquirir sin salir de Gen tro- América. El no era uno de esos 
hombres pusilánimes á quienes arredran las incomodidades del ca- 
mino y los riesgos del mar. Es de creerse que algún pensamiento po- 
lítico lo dominaba y sostenia su inmovilidad, y no se ve otro que la 
muy halagüeña perspectiva de la Jefatura del Estado de Guate- 
mala. 

9 — Galvez dirijió á la Asamblea la esposicion siguiente: ''Ciuda- 
danos representantes: Los negocios que conciernen á mi nombra- 
miento de Enviado á Francia, han ocupado parte del tiempo de vues- 
tras deliberaciones en estos últimos dias, y tengo ahora el senti- 
miento de reproducir de nuevo la cuestión, causando tal vez el fas- 
tidio ó desagrado vuestro. El ciudadano Presidente de la República 
me ha dirijido la comunicación adjunta: no x>nedo desconocer la 
fuerza de sus razonamientos, ni dejar de prestarme á sus insinua- 
ciones espresas, y hago el sacrificio de mi amor propio y de mi de- 
licadeza misma, volviendo á vuestra deliberación el punto de mi re- 
nuncia. Me es al propio tiempo sobremanera [sensible, ser la causa 
de momentos desagradables á la Asamblea; pero ella que me favo- 
rece, no dudo sabrá dispensarme j)Oy los motivos de compromiso 
que le doy, cuando todos mis votos son y serán de dárselos de com- 
placencia y mostrarme reconocido al generoso favor que debo á los 
dignos representantes del X3ueblo de Guatemala, por el cual siem- 
pre les mostraré mi gratitud sincera. ^ — Dios, Union, Libertad. — 
Guatemala, mayo 9 de 1831 — 3f. Galvez y 

10 — La misma comisión de la Asamblea, presentó otro dictamen 
muy honorífico para Galvez, que termina en favor de la admisión 
de la renuncia; pero el Cuerpo lejislativo lo desechó segunda vez, 
porque en realidad no habia tal renuncia, sino una evasiva. Se ve 
pues, que existia ya un cálculo firme de mantener á Galvez en el 
territorio del Estado. Acaso el general Morazan, sin dejar de cono- 
cer las grandes cualidades del doctor Galvez, comprendía que si se 
le colocaba al frente del Estado de Guatemala, nuevas divisiones 



J)E CKRTKO-AMEKK A. ¿8i) 

del partido liberal aiiiquilarian la República; lo que piiieba una 
previsión admirable. 

11 — Centro- América debió entonces estar uiiiy bien representada 
en el estranjero, así para alimentar las felices esperanzas que acer- 
ca de ella se tenia, como para obtener un resultado favoral)Ie en 
las negociaciones sobre el canal interoceánico. Una segunda terna 
se pidió al Senado. Este la envió, colocando al frente á don José del 
Valle. Morazan nombró á Valle, quien no aceptó la misión. 

12 — La fragata '"Diana," debía zarpar el último de abril ó á prin 
( ipios de mayo, conduciendo al Ministro de Centro América, y nin . 
guno de los ciudadanos en quienes mas se confiaba, queria abando- 
nar el liogar doméstico. Aballe recomendó á don Próspero Herrera, 
quien á la sazón se hallaba en Europa. 

13 — Don Marcial Zebadúa estaba en Londres. Su posición era 
»ilevada, porque li;bia sido Ministro del Gobierno federal é indivi- 
duo del primer tribunal de la República. Su misión tenia por fín, 
celebrar un tratado de reconocimiento, amistad, comercio y nave- 
gación, entre Centro- América y la Gran Bretaña. Entonces se da- 
ba mucha importancia a ese género de tratados, porque se creía que 
afianzaban la Independencia nacional. Zebadúa fué recibido por S. 
M. E. en calidad de Ministro Plenipotenciario, y la Independencia 
(^uedó plenamente reconocida, pues nadie ignora que no puede re- 
cibirse á un Ministro Plenipotenciario, sin que por el mismo hecho 
quede reconocida la soberanía de la nación que lo envía. La Dieta 
de Panamá, hizo creer que nuevos principios iban á rejir estos 
países, y se mandaron á don Marcial Zebadúa, instrucciones para 
i[ue no terminara ningún tratado hasta nueva orden. Sobievino la 
revolución del año de 20, y toda la campaña, y Zebadúa quedó en 
Inglaterra sin concluir ninguna negociación política. Después de los 
sucesos de abril de 29, el (Tobierno ingles pidió á nuestro Ministro 
en Londres, credenciales firmadas por Barrundia, y no habiéndolas 
jíresentado, no pudo iniciar ningún aiTeglo diplonuitico (*). Des- 



C) l'tndieutes osUibau muchos arreglos con motivo ii«l i-mpréstito do la oasii de Üjiroluy, 
ílerring Richirdson y (jompañ^i de Londres (véiise el capítulo tercero, libro segundo del 
l'osqucjo Histórico). Zobadúa á su regreso p ubi iccj uu folleto, en el cual sy euimeutnm ta>- 
tus palabras: "Quebraron los agentes de la llcpublica, t-ncargados dd empréstito, y mi di- 
lijencia logró que en vez do millones que ahora gi-aviturian sobre t-l lumor de la nación, In 
-leuda estranjcra (piedase limitada auna suma reducida. Disuelta la compañía de t«ti>a in- 
dividuos inesperadamente, fué ¡)rcciso que otra casa se encargase de la ajencia de la Nación 
en Londres, y la muy respetable de los señores Reid Irving se encargó do ella, y ha hecho 
servicios á nuestro país," En «1 mismo folleto, se en«uentran estas palabra-s: "Kn el tratado 



2HiJ RPISENA lUSTÓHU'A 

X)ues de la restauración de 829, el Senado no presentó en terna, á 
don Marcial Zebadúa, sin embargo de que estaba en Euroj^a, y ni 
Barrundia ni Morazan, habrían x>odido nombrarlo Ministro sin la 
iniciativa de aquel alto cuerpo. El Senado creyó entonces convenien- 
te suspender las negociaciones en Londres, y se acordó el regreso 
de Zebadúa, quien al dar cuenta de su misión, jjresentó comunica- 
ciones honoríficas de Mr. Canning y de Lord Palmerston. 

14 — Don Próspero era hermano de don Dionisio Herrera, jefe á hv 
sazón de Nicaragua y pariente de Yalle. 

• 15 — La carta credencial de gabinete, los j)oderes é instrucciones 
que debian servir á Herrera en Paris, se pusieron en manos del te- 
niente coronel Isidoro Saget, quien se embarcó en la fragata "'Dia- 
na" el último de abril de 1830. El líei de los franceses ponia á dis- 
]30sicion del Gobierno de Centro-América, un buque de guerra pa- 
ra conducir aun Ministro, y se mandó á un porta-pliegcs de orí jen 
francés, que si bien conocía el país, no podía estudiarse en su per- 
sona el carácter, la índole, la inteligencia y el grado de civilización 
de los centro-americanos. 

16 — Don Próspero Herrera pertenecía al partido liberal; pero no 
estaba versado en los negocios de gabinete. El Gobierno federal, en 
escaseces pecuniarias con motivo de la i)asada revolución, no siem- 
pre mandó fondos al Ministro que tenia acreditado cerca del Eei de 
los franceses, y Herrera llegó á carecer no solo de lo indispensable 
para sostener con honra la bandera de su patria, sino hasta de lo 
mas necesario para la vida. En medio de tantas angustias, celebró 
un tratado de amistad y comercio que no fué ratificado en Centro- 
América. 

17 — El Senado propuso para la Legación á Holanda, á los ciudí; 
danos José Sacasa, Doroteo A^asconcelos y Mariano Ramírez. La 
situación de Holanda no era la misma el 2 de marzo de 1829, 



(iue yo tenia sobre la carpeta del Ministro ingles, esperando los poderes de mi Gobierno, 
cuando se me obligó á venirme trayéndome el archivo de la Legación, se liabia introducido 
un articulo por el cual se deberían conservar á los subditos ingleses, las concesiones que les 
estaban hechas por el tratado de 1783, y convención de 1786, según los cuales solamente 
se les permitía el uso del terreno, y se fijaban los limites á qiie el establecimiento debía 
circunscribirse. Por este medio, la Inglaterra quedaba sujeta en virtud de un convenio es- 
preso con Centro-América, á guardarle las estipulaciones del tratado y convención referidos, 
y se dejaba abierta la pnsrta para tilteriores negociaciones respecto del mismo estableci- 
miento. El Gobierno ingles estaba conforme en este punto peculiar á sus intereses con est-^ 
país, y nada mas se exijia de mí en ningún concepto."' 



DE CKNTIÍO-AMÉKIC A. 287 

dia en que el general Juan Verwer se presentó en Gruateraala como 
Ministro Plenipotenciario de los Países Bajos, que el último de a- 
l)ril de 1831. Los Países Bajos habían sufrido una conmoción, la 
Bélgica era ya indei)endiente y la Holanda no estaba en actitud de 
prestar su atención á la grande empresa del canal. Sacasa fué nom- 
brado Ministro, 6 inmediatamente propuso al Gobierno un proyecto 
de (colonización, que fué acojido favorablemente; pero la misión no 
llegó á realizarse (^). 

18 —La recepción de Ministros Plenipotenciarios, era eutou<,'es un 
acontecimiento raro que llamaba mucho la atención publica. Cen- 
tro-América solo había recibido dos: el general don Antonio Mora- 
les, ministro plenix)otenciario de Colombia y el general don Juan 
\^ern er, ministro plenipotenciario de los Países Bajos. KSe anuncia- 
l)a la llegada de don Manuel Diez Bonilla, ministro plenipotencia- 
rio de Méjico. Se sabia que el objeto principal de la misión, era 
procurar un tratado de límites entre las dos Rex)ííblicas, para que 
cesara la interinidad de los preliminares del año de 25, suscritos 
X)or don Juan de Dios May(jrga, ministro i)lenipotenciario de Cen- 
tro-América, cerca del Presidente de la República mejicana. Hoy 
la recepción de un Ministro en cualquiera de las cinco secciones 
í'entro-americanas, es nn acontecimiento que solo en circunstancias 
estraordínarias tiene alguna significación. Todos los encargados del 
ceremonial, saben lo que han de hacer y lo que han de decir, y á 
nadie preocup i el asunto. Entonces los negoL^ios internacionales se 
veían de otro modo, y la llegada de nn plenipotenciario, daba mu- 
cho que decir y en qué pensar. La misión de Bonilla ni aun ahora 
habría carecido de ínteres, porque se esperaba con ansia un arre- 
glo definitivo so])re límites. 

19— El 8 de octubre de 881, presentó Bonilla al Presidente de 
la Rej)ública, general Morazan, sus credenciales, y en el discur- 
so de costumbre, como era natural, nada dijo sobre límites. Se con- 
(jretó á manifestar deseos de que haya paz, amistad y nnion entre 
las dos Repúblicas. El general Morazan contestó en los mismos tér- 



(*) El Cdh^icso, i)()r decreto d'> I. ' de octubre de ÍH'M). hubia doclarado iudispeu&díU» 
para la prosperidad de ( 'entro- Américjx, la apertura del canal int^ír-oceiimco, por el istmo de 
Nicaraguj!. Aquel alto cuerpo, est^ibloció bases tan ltt)en\les y favorablee jI todas las na- 
ciones del nnindo, fjue no exijia para la .\inérica Contnil mas ventajíis <pn^ las indispeiusa- 
bles paiii realizar tan vasta empresa. 



288 KESEiSA HlSTOlilOA 

minos, y el público quedó á oscuras acerca de las tendencias rela- 
tivas á límites que abrigaba el Ministro mejicano. 

20 — Si solo tres Ministros Pleni]3otenciarios habia recibido Centro- 
América hasta entonces, se encontraban en su territorio Cónsules 
de los Estados-Fnidos, de la Gran Bretaña, de los Paises Bajos y de 
Chile. 



ESTRICTO 

DE LA 

Convención de Union y Confederación perpetua, 

EÉe las M\m Mk del Centro de imérica 

Y la República de Colombia, 

FIRMADA EN BOGOTÁ, A 15 DE MARZO DE 1825, POR LOS RESPECTIVOS* 

PLENIPOTENCIARIOS DR. D. PEDRO MOLINA 

Y D. PEDRO tíUAL. 



•'Artículo 5. ^ — Ambas partes contratantes se garantizan mutua- 
mente la integridad de sus territorios respectivos, contra las tenta- 
tivas 6 incursiones de los vasallos del Rei de España y sus adlieren- 
tes, en el mismo pie en que se hallaban naturalmente, antes de la 
presente guerra de independencia. 

Art. 7. *^ — Las Provincias Unidas de Centro- América y la Repú- 
blica de Colombia, se obligan y comprometen formalmente á respe- 
tar sus límites, como están al presente, reservándose hacer amisto- 
samente, por medio de una convención especial, la demarcación de 
una línea divisoria de uno y otro Estado, tan pronto como lo per- 
mitan las circunstancias, 6 luego que una de las partes manifieste 
á la otra estar dispuesta á entrar en esta negociación. 

Art. 8. ^ — Para facilitar el progreso y terminación feliz de la ne- 
gociación de límites, de que se ha hablado en el artículo anterior, 
cada una de las partes contratantes estará en libertad de nombi-ar 
omisionados que recorran todos los puntos y lugares de las fron- 
Uíras y levanten en ellos cartas, según lo crean conveniente y nece- 
sario para -establecer la línea divisoria, sin que las autoridades lo- 
cales puedan causarles la menor molestia, sino antes bien, prestar- 
la 



290 JiESEÑA lílSTÓRlCA 

les toda i)roteccion y auxilio x^ara el buen desenix^eño de se encar- 
go, con tal que previamente nianiñesten el pasaporte del Gobierno' 
respectivo, autorizándolos al efecto. 

Art. 9. ^ — Ambas partes contratantes, deseando entretaiato, pro- 
veer de remedio á los males que x)odrian ocasionar á una y otra las 
colonizaciones de aventureros desautorizados, en aquella parte de 
la costa de Mosquitos, comprendida desde el Cabo Gracias á Dios 
inclusive, hacia el rio Chagres, se comprometen y obligan á ^j^mplear 
sus fuerzas marítimas y terrestres contra cualesquiera individuo 6 
individuos que intenten formar establecimientos en las espresadas 
costas, sin haber obtenido antes el permiso del Gobierno á quien 
corresponden en dominio y propiedad. 

Art. 17. ^ — Luego que se haya conseguido este grande é impor- 
tante objeto (la unión de todos los Estados de América), se reunirá 
una Asamblea general de los Estados americanos, compuesta de sus 
pleni]3otenciarios, con el encargo de cimentar de un modo mas só- 
lido y estable, las relaciones íntimas que deben existir entre todos 
y cada uno de ellos, y que les sirva de consejo en los grandes con- 
ñictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intér- 
prete de sus tratados públicos, cuando ocurran dificultades^ y de^ 
juez arbitro y conciliador en sus disputas y diferencias." 



Leyes importantes del Coiii^reso. 



SI MARIO. 

1 — Fatronato~~2. Observad o)ích — ;í. Indejpendencia entre la Igle- 
sia y el Estado— 4. l.oj de llachiida — 5. Ley solre Ministros 
diplomáticos y C<jnsules—(S. Decreto sobre tabaco— -1. Otro so- 
bre pasaportes. 



1 — El 11 (le julio de Í31, declaro el Congreso que el patronato e- 
clesiástico corresponde á la Nación, y que debe ser ejercido por el 
|)rinier Magistrado de la Eepública. Prohibió la publicación de bu- 
las, rescriptos y cualesquiera letras pontiñcias, como también las 
que emanaran délos iH'elados eclesiásticos, sin que previamente ob- 
tuvieran el pase del Poder ejecutivo nacional. 

2 — Se sab(? que en la i3rimitiva iglesia, á los obispos elejia el X)u^- 
l)lo; que mas tarde esta elección paso al clero, después á los cabil- 
dos de las iglesias catedrales y á los emperadores; por liltimo se 
<n-ey6 que esta facultad correspondía esencialmente al papa, y que 
hí aJgunos reyes tenian la facultad de x^'esentarle personas para que 
ejercieran el episcopado, era únicamente por gracia y nwrced de la 
Santa Sede. Los reyes de España tenian esta facultad, y el Con- 
greso federal declaro que en el territorio de Centro- America, cor- 



292 RESEÍÍA líISTOKICA 

Tespondia á la JN'acion. 

3 — El incesante roce de los asuntos eclesiásticos con los civiles, 
produce continuas cuestiones. Los Estados- Unidos, que han sabido 
resolver admirablemente todos los grandes x)roblemas económicos, 
políticos y sociales, se lian librado de este mal. La población de Cen- 
tro-América, imbuida en las doctrinas que se le inculcaron durante 
tres siglos, no ha podido en este punto, imitar á los norte-ameri- 
canos. El Jefe de una Nación, no debería mezclarse en cpie un gru- 
po 6 muchos grupos de sus conciudadanos, denominen á un hom- 
bre obispo, arzobispo, patriarca ó cardenal. Esto deberla ser asunto 
^sclusivo de los j)articu lares, y de la situación de sus recursos pa- 
m el sostenimiento de las dignidades eclesiásticas. Se dice, sin em- 
bargo, que las condiciones de los Estados- Unidos, son enteramente 
«diferentes de las condiciones de la América del Centro. La gran 
mayoría de los Estados-Unidos es protestante. Los altos f iinciona- 
rics son protestantes, y si no las leyes, las costumbres escluyen á 
los católicos romanos, de los altos puestos. Nada importa, pues, que 
^1 número de católicos que constituyen la minoría norte- americana, 
sean guiados por eclesiásticos, que nada tienen que esperar del Go- 
bierno americano. El pueblo de Centro- América fué educado bajo 
^>tro réjimen, y la influencia clerical puede afectar á ima gran 
parte de él. Es jpreciso que el x>íitronato y las regalías, ejercidos por 
el Gobierno, moderen el ultram.ontanísmo. Sin embargo, Colombia 
se halla en las mismas condiciones que nosotros, y con gran valen- 
tía consignó la independencia de la Iglesia y el Estado en la cons- 
titución de Hio-Negro. Es verdad que por esa independencia ha ha- 
bido obispos colombianos del orden de los jesuítas y de la clase del 
clero mas oscurantista. Este resultado ha hecho creer á muchos li- 
berales, que se debe volver á lo pasado; mientras que otros sostie- 
nen que el mal enunciado es menor que los grandes bienes que ha 
producido la abolición de la iglesia oficial. Ese ensayo debe verse 
con atención por todas las rex)úblicas hispano-americanas, porque 
él probablemente marcará la senda que en lo de adelante deba se- 
guirse. 

.4— No solo el patronato ocupó al Congreso. Emitió aquel alto cuer- 
po un decreto que variando el plan de hacienda establecido en 182o, 
le^dió diferente forma. Este decreto da la dirección en el ramo de 
liacienda, al Supremo Poder ejecutivo de la República. Establece 
juna intendencia general, y detalla sus facultades: un asesor, un ñs- 
<aj, un consejo de hacienda, una contaduría mayor. Designa los 
puertos y fronteras. Dice que son puertos habilitados para el comer- 
cio .de la República, en las costas del Pacífico: Puntarenas, San Juan 
úel Sur, Realejo, La Union, el Triunfo, la Libertad, Acajutla, Ista- 
pa y Ocós. En las costas del Atlántico: Matína, San Juan, Trujíllo, 



DE CENTKO- AMÉRICA 293^ 

La Barra de Ulúa, Omoa, San Felipe y Teleman. Manda que en el 
Peten y demás puntos fronterizos de nuestro territorio, con la E.e- 
pública de Méjico, establezca el Gobierno las receptorías necesarias: 
que en ellas se cobren los derechos de importación, y que en las 
mismas se cobren los derechos de extracción de frutos que, según 
el arancel, estén sujetos á ese pago. Dispone que haya en esta ca- 
pital una Aduana, compuesta de un administrador, un contador, un 
tesorero y un alcaide vista; una casa de administración con dos ofi- 
ciales. Dispone que haya aduanas marítimas en Omoa, San Juan j 
Matina, en la Union y en Puntarenas. Considera las aduanas como 
tesorerías de hacienda, y reglamenta su administración y réjimen. 
Establece receptorías hacia el Atlántico, en el lugar llamado los En- 
cuentros, al cual disí)uso se traslade la que habia en Guatemala: 
en Ulúa, bien fuera en la embocadura del rio al mar, 6 bien en lo 
interior de aquella comarca, y en Teleman. Hacia el Pacífico, en 
San Juan, entonces se llamaba la Concordia, en el Realejo, en eí 
Triunfo, en la Libertad, en Acajutla, en Istapa, llamado la Inde- 
pendencia y en Ocos. Esceptúa á los empleados del ramo de hacien- 
da, del servicio de las armas j de todo oficio 6 carga concejil. Dic«- 
que en las causas civiles 6 criminales que se les instruya, relativas 
á su ofiqio, si fueren comx)rendidas en el artículo 103 de la Consti- 
tución, no podrían ser juzgados sino por los tribunales, y en la for- 
ma que prescribe la'ley fundamental, y que si fueren de las no com- 
X)rendidas en aquel artículo, deberían ser juzgados por el Intenden- 
te en primera instancia, y en las ulteriores, por la Corte suprema 
de justicia. Establece severas penas para los empleados de Hacienda 
que cometan faltas en el ejercicio de sus funciones, y detalla el or- 
den de procedimientos. Esta ley ha sido la norma de otras disposi- 
ciones dictadas después, y que han rejido en diversos Estados con 
posterioridad á la ruptura del i)acto federal. 

5— Se promulgó también la ley que reglamenta el modo de proce- 
der contra los ministros diplomáticos y cónsules de la República ^a 
el esterior. 

6— Publicóse igualmente un decreto que manda continúe perte- 
neciendo á la Federación, la renta de tabaco, y reglamenta el siste- 
ma y administración de este ramo; y otro que declara libres la ela- 
boración y comercio del salitre y pólvora. 

7 — También se decretó que se paguen dos pesos por cada pasa- 
porte que se esi)ida para salir del territorio de la República: que €► 
sa contribución fuera independiente de^l jiapel sellado en que del>e- 
rian estenderse estos documentos, conforme á la ley, y que los pro- 
'luctos del nuevo ramo, ingresaran á la tesorería federal. 



CJLPTTULO A^iaiíSIMOQXJIlSrTO, 
Elección del Jefe del Estado y su ingreso al mando. 



SUMARIO. 



-Elección de Galcez — 2. Su renuncia — 3. Resolución negatica- 
4 — Otra renuncia — 5. Diferencias entre Galvez y Barrundia- 
C* Dictamen de la comisión — 7. Posesión del doctor Galvez. 



1 — El decreto de convocatoria, dictado con motivo de la renuncia 
del ciudadano José Francisco ]5arrundia, se hizo efectivo. Pero nin- 
^>uno d(í los candidatos tuvo el número de votos exijidos por la ley 
tindamental paia que hubiera elección i)opular. La Asamblea, en 
íimplimiento del artículo 135 de la Constitución, procedió á elejir 
til 24 de agosto de 1831, entre los que hablan tenido mayor número 
de sufrajios, y fue electo el ciudadano doctor Mariano Galvez. 

2 — Se comunico al doctor don Mariano Galvez tan honroso nom- 
bi-amiento, y en contestación envió una renuncia á la Asamblea. Es- 
(ii se funda en que las circunstancias exijian un hombn» estraor- 
linaiio: y en que el nombrado se varia enjla necesidad de abando- 



296 RESENA HISTÓRICA 

nar sus pequeños negocios. 

3 — Una comisión se hizo cargo de la renuncia. El dictamen es 
nna completa laudatoria al Jefe electo, y su parte resolutiva dice 
que no debe ser admitida, y que Galvez se halla en la necesidad de 
inmolarse en las aras de la xjatria. El dictamen, como era de esx)e- 
rarse, fué aprobado, y la resolución se comunico al doctor Galvez. 

4 — Galvez, no satisfecho todavía con estas manifestaciones, pre- 
sentó j[otra renuncia, en la cual se desarrollan las causales en que 
la anterior descansa. 

5 — La biografía de Galvez no está inmaculada á los ojos de muchos 
liberales. El perteneció al bando imperial y estuvo ligado con la aris- 
tocracia C^'). Barrundia fué demócrata desde la infancia. Jamás se li- 
gó á la nobleza, aunque pertenecía esencialmente á ella por su orí- 
jen. Siempre la vio con el mas alto desprecio, y sostuvo la república 
y la mas pura democracia. Sus mismos enemigos le hacen la justi- 
cia de creer que la sinceridad y la buena f é, guiaron incesantemente 
todos los actos de su vida pública. Ambos eran patriotas; pero pa- 
ra Galvez, la patria era el Estado de Guatemala, y para Barrundia, 
la patria era toda la República de Centro- América. 

6 — La comisión volvió á dictaminar en sentido negativo, y el dic- 
tamen fué aprobado. Se le envió á Galvez con una nota espresiva el 
27 de agosto, y se designó el dia siguiente para darle posesión. 

7 — El 28 á las diez de la mañana, una comisión de la Asamblea, 
fué a la casa que habitaba Galvez, x^ara conducirlo al edificio del 
Cuerpo lejislativo: otra comisión lo recibió en la i3uerta del palacio 
del Estado, y el primer Secretario en la baranda del salón de sesio- 
nes. A este acto concurrieron el Consejo representativo y los indi- 
viduos que componían el Poder judicial. Las galerías estaban ocu- 
padas por las corporaciones y funcionarios civiles y militares, y por 
un numeroso concurso. El nuevo Jefe, de rodillas ante una imájen 
de Cristo, y estendida su diestra sobre el Evangelio, juró guardar 
y hacer guardar la Constitución general de la República y la par- 
ticular del Estado de Guatemala, y desempeñar fiel y legalmente 
el destino que se le confiaba. Concluido este acto, el Jefe ocupó 
la silla que le estaba designada, á la derecha del Presidente de la 
Asamblea, quien le dirijió el discurso de costumbre. Galvez con- 
testó dando las gracias por su elección y ¡midiendo á los diputados 



(*) Véase el capítulo 5, libro 2. ® del "Bosquejo Histórico. 




©.©^S^./^^O^.Kl® iBAlMEm 



DE CEX'J'RO -AMERICA 297 

que cooperaran con sus luces á la marclia progresiva del Estado. 
Terminados los discursos, el acompañamiento condujo al Jefe al 
salón del desi^aclio de Gobierno, en donde el ciudadano Francisco 
Javier Flores, que ejercia el Poder ejecutivo, entregó á Galvez el 
símbolo de la autoridad. 



CAPITULO ^^IGESIMOSESTO 
COSTA-RICA. 



*#' •»» <»^ 



SUMARIO. 

1— Razón del método — 2. Continúa el periodo de don Juan Mo^a 
— 3. Lo que dice Juar ros — 4. Limites — 5. Loque dice Barrundia 
— 6^ Rejiexiones — 7. Libros 'prohibidos—^. Efectos qne la prolii- 

bicion produjo— ^¿. Reformas. 



1 — Esta ^'Reseña," como espresa el capítulo 1. ^ del libro i)ii]He- 
ro, toma por punto de partida, los acontecimientos que se hallan aJ 
fm del capitulo decimotercio, libro tercero del '^Bosquejo Históri- 
co." En este concepto, se ha referido en el capítulo decimocuarto, 
libro primero, lo mas notable que acaeció en Costa-Rica, desde qxw 
termina la narración de Marure, hasta marzo de 2í>. Preséntase aho- 
ra, con la rapidez de una resena, lo acaecido desde marzo de 21). 
hasta el año de 32, fecha en que tei-mina el libro setrnndo de la i)re- 
sente obra. Muy poco es lo que don Felij)e Molina dice de Costa- 
Rica en sus apuntamientos históricos, respecto á este tiem¡K>. Es 
preciso acudir á oti'as fu(^ntes para llenar en parte (»1 vacio. 

2 — Don Juan Mora continuó mandando, hasta t<>rminai* su según- 



300 RESECA IIISTÓKICA 

do período constitucional. Costa-Rica habia jít hecho progresos no- 
tables. Para comprenderlo, se presentará lo que dice Juarros y lo 
que dice Barrundia. La diferencia entre estos dos cuadros, es el 
progreso de Costa-Rica, hasta la conclusión de la jefatura de don 
Juan Mora (^*). 
3 — Hé aquí un estracto de Juarros: 

"El nombre de Costa-Rica, que desde sus principios se ha dado á 
esta provincia, nos hace juzgar que en los tiempos retirados fué muy 
opulenta; ya fuese por sus minas, que se asegura las hay de oro, 
l^lata y cobre; ya por su comercio, que estuvo en estado floreciente 
en tiempo que venian los galeones a Portobelo. Pero sea de esto lo 
que fuere, es cierto que en el dia se halla en estado muy deplora- 
ble; pues su población se ha disminuido en estremo, su comercio 
se ha arruinado y sus minas no se trabajan. Y lo que es mas, una 
provincia por muchos títulos digna de memoria, se halla tan olvida- 
da en el dia, que ni los autores de estos reinos, ni los estranjeros 
dan noticias de ella: de suerte que x>ara poder dar algunos apuntes 
de su historia, nos ha sido preciso valemos de un informe que por 
los años de 1744, hizo don José de Mier y Ceballos al ingeniero don 
Luis Diez Navarro, que pasó á Costa-Rica con el título de Visita- 
dor general de los presidios y plazas de este reino. El referido Ce- 
ballos, vecino de la ciudad de Cartago, asienta en la introducción á 
su informe, que habiendo servido repetidas ocasiones el oficio de Te- 
niente de Gobernador, tuvo proporción de rejistrar los archivos de 
Cabildo de dicha ciudad de Cartago y que en ellos vio las escritu- 
ras, reales cédulas, provisiones y despachos, de donde ha sacado 
las noticias que comunica. 

"Asegura nuestro Ceballos, que encontró en el archivo de Cartago, 
escrituras, cuyas fechas son del año de 1522, lo que nos persuade 
que las ciudades de Costa-Rica son las mas antiguas de este reino: 
igualmente nos convence, que esta provincia fué también la prime- 
ra del reino de Guatemala que se conquistó; porque si el año de 
1522, en que se hicieron las primeras entradas por Gil González Dá- 
vila en Nicoya y Nicaragua, ya Costa-Rica tenia ciudad capital con 



(*) Don Juau Mora, fué el primer jefe constitucional que hubo en Costa-Kica. Subió al 
Poder en setiembre de 1824. Terminó su primer periodo; fué reelecto y siguió gobernando 
hasta abril de 1833, en que lo subrogó don Kafael Gallegos. No debe confundirse á don Juan 
Mora con don Juan Kafael Mora, quien gobernó á Co3ta-Kioa en calidad de Presidente de 
la República costaricense desde enero de 1850, hasta agosto de 59. 



DE OEirrKO-AMÉlíH'A. JjOl 

Esci'il)ano, es claro que ésta fue la j^nniera que douiiriarou los es- 
X)aiioles. Se dice que sus conquistadores fueron Juan Solano y Al- 
varo de Acuña; y qne habiendo pasado á esta provincia Jorge de 
Alvarado, hermano de don Pedio, conquistó los pueblos de Tur- 
rialba y Si¿erre, i>ov lo que se le concedió para sí, su hijo y su nieto 
la encomienda de Turrialha. Consta de cédula que se conserva en 
el archivo, que el primer gobernador y capitán general de Costa-E-i- 
ca, fue Diego de Astieda Chirinos, á quien hi/.o S. M. esta merced 
por el tiempo de su vida y la de uno de sus hijo¿; y se le señaló por 
término de su jurisdicción, por el mar del N^orte desde la boca del 
rio ^an Juan., hasta el Escudo de Veraguas: por el mar del Sur, 
desde el rio del Salto ó de Nícoya hasta el rio de Boruca. 

''La capital de esta provincia, es la ciudad de SantioAjo de Carta- 
go: concedióle el rei Felipe II, por cédula de 18 de agosto de lo65, 
escudo de armas, en cuya parte superior se ve un león de oro en 
camx30 azul, y en la inferior un castillo de oro en campo de gules: 
por orla tiene una faja de plata con seis águilas y este mote fide 
et pace. 

''Fuera de la caj)ital, tenia esta j)rovincia la ciudad del Espíritu 
Santo de Esparza: ésta estuvo primero, situada en una cordillera 
que se divisa desde el puerto de la Caldera: x^í^sados algunos años, 
se trasladó al sitio donde se halla al presente, asi por gozar las co- 
inodidades que la inmediación á dicho puerto le proporciona, como 
por poder tener haciendas de campo. En efecto, prosperó en este 
lugar la referida ciudad, con el comercio que estableció por el puer- 
to de la Caldera con la ciudad de Panamá y reinos del Perú, de 
suerte que en pocos años se hallaba en estado muy lioreciente: te- 
nia competente vecindario y ayuntamiento, cuyo alcalde de primer 
voto era Teniente del Gobernador. 

"Hallábase la provincia de Costa-Rica, bastantemente poblada, 
sus tierras bien cultivadas, sus campos llenos de ganados vacuno, 
caballar y mular, con lo que mantenía un comercio oj)ulento por el 
puerto de Matina, con las ciudades de Cartagena y Portobelo, y por 
el de la Caldera con Panamá y otros i^uer tos de la mar del Sur. En- 
vidiosas las naciones estranjeras de su prosperidad, i)or los años de 
IGOO hicieron un desembarco en el puerto de Moin ó de Matina, de 
mil y doscientos hombres, que inmediatamente se encaminaron pa- 
ra Cartago. Luego que en dicha ciudad se tuvo noticia del desem- 
barco de los piratas franceses é ingleses, el Gobernador Tlió orden 
al Sarjento Mayor juntase todas las armas y gente que pudiese y 
marchase i)ara el pueblo de Turrialba, distante diez legiuis do Car- 
tago, imraje por donde precisamente luibian de pasar los enemigos. 
Habiendo llegado á dicho pueblo el Sarjento Mayor con su gente, 
se subió á un montecillo que domina el espresado lugar, mandó re- 



302 KESENA HISTÓRICA 

(íargai las armas y liabiendo asentado su real los enemigos en el re- 
ferido pueblo deTurrialbii, al amanecer del dia siguiente, antes que 
los contrarios rompiesen el nombre para marcliar, tocaron los nues- 
tros las cajas con grande estrépito y dispararon las armas: con lo 
que aterrorizado el enemigo, liuyó aceleradamente y se acojió á sus 
embarcaciones. 

''Pocos años después, los júratas de la mar del Sur, se apoderaron 
X>or dos ocasiones de la ciudad de Esparza, la robaron, saquearon y 
quemaron, quedando tan arruinada, que sus habitadores la aban- 
donaron y se retiraron unos á l^icaragua y otros a sus haciendas 
de campo. También por el mar del ISTorte intentaron introducirse en 
esta j)rovincia otros piratas, como Morgan, Lorencillo, y de conti- 
nuo entraban los indios moscos por el puerto de Matina, y se ro- 
baban el cacao, los esclavos y sirvientes; hasta que informado S. M. 
de semejantes hostilidades que padecian los vecinos de Costa-Rica, 
puso en dicha provincia una compañia de 100 soldados, con sus oñ- 
ciales, para que la defendiesen de estos insultos. Véase la descrip- 
ción geográfica de esta provincia en el tomo 1. ^ , tratado 1. ^ , capí- 
tulo 3. =^ " 

Esta descripción estractada, dice así: 

"La quinta provincia, y la mas al Levante de todo el Reino, es la 
de Costa-Rica^ nombre que, al presente, solo por ironía se le pue- 
de dar; pues es la mas miserable y despoblada de este distrito. Es- 
tiéndese desde el rio del Bailo, que la divide de Mcaragua, hasta 
el partido de Chiriquí, jurisdicción de Veraguas, 160 leguas de O. á 
E. y 00 N. S. de uno á otro mar. Sus términos por el mar del I^íor- 
te son desde la boca del rio de San Juan, hasta el Escudo de Ye- 
raguas; y por el del Sur, desde el rio de Alvar ado, raya divisoria de 
la i)rovincia de iSTicaragua, hasta el rio de Boruca, término del 
reino de Tierra Firme. Su temperamento, por lo común, es caliente, 
aunque tiene lugares templados: se da en ella el cacao, de que ha}'' 
muchas haciendas, el tabaco y los demás frutos de dicho clima, y 
en las serranías se coje trigo y frutos de tierra fria; jjero todo en. 
corta cantidad, por falta de (operarios. Hay minas de oro, plata y 
cobre. 

"Tiene esta rejionen el mar Pacífico el puerto de la Caldera 6 de 
Esparza; y en el Océano el de Matina ó barra del Carpintero, for- 
mada por los ríos de Barbilla y de CJdrripo, que se juntan cuatra 
leguas atriba del mar. Fuera de los espresados rios, desembocan 
también en el mismo mar el rio Jiménez, el de la Reventazón, el ría 
Moin y otros bastantemente caudalosos, para que puedan subir por 
ellos piraguas ocho á diez leguas, tierra adentro; y en el mar del 
Sur desaguan el rio de Alvarado, el rio Grande, el de Boruca y o- 
tros mtnos considerables. 



DK CETs TRO- AMÉRICA. 303 

''Comprende el Gobierno de Costa-Rica, nna ciudad, tres villas y 
diez pueblos, en que habitan cosa de 30000 almas; corto número de 
lugares y de moradores, para tan grande espacio de tierra. En tiem- 
pos jDasados estaba mucho mas poblada esta provincia y tenia, á 
mas del Gobernador, cuatro Corregidores, que residian en los pue- 
blos de Quepo, Chirripo, Ujarraz y los cuatro i)ueblos inmediatos á 
Cartago: el territorio del primero se estendia hacia la costa del mar 
del Sur: el del segundo, hácia-elmar del Norte; y los otros dos esta- 
l)an situados en el medio. Pero há mas de un siglo que se estin- 
guieron estos Corregimientos, y de muchos de sus pueblos no hay 
mas que la memoria. Así mismo era bastantemente opulento su co- 
mercio con Panamá, Portobelo y Cartagena, que igualmente se ha 
acabado. 

•'Resta por conquistar en esta comarca, la provincia de la Tala- 
íiianca^ en cuya reducción entienden al presente los relijiosos del 
Colejio de Propaganda Flde de Guatemala. Es gobernada la pro- 
vincia de Costa-Rica, en lo espiritual, por el señor obisiDO de León, 
y en lo político, por su Gobernador. 

^'Cartago^ ciudad capital de Costa-Rica y sede de su Gobernador. 
Está situada en el centro de la provincia, 80 leguas de la raya de 
Xicaragua, y otras tantas de la de Tierra Firme: á 30 leguas del 
})uerto de Espai^za^ en el mar del Sur, y á igual distancia de el de 
Malina^ en el del Norte. Es de temperamento benigno, rodeándo- 
hi amenos valles, que fertilizan innumerables rios, en que se dan 
j rutos así de Europa como de América. En cédula de 18 de agosto 
de 1565, le concedió S. M. privilejio de escudo de armas. Tiene muy 
lucido Ayuntamiento y competente vecindario; éste consta de 8337 
individuos. Hállase la ciudad de Cartago en 9^ 10' de latitud boreal 
y en 205 de longitud, 400 leguas al E. S. E. de Guatemala. 

"i>a Villa Nueva de San José^ es la mayor población de esta x>ro- 
vincia, después de la capital; tiene 8316 vecinos: está plantada en 
un valle x^oco distante de Cartago. 

'' Villa Vieja, lugar bastante i)opuloso, cuenta 6657 habitan í 
cabecera de curato y tiene j)or anexa á la que sigue. 

^^ Villa Hermosa: su vecindario se compone de 3800 píensoiia^. 

"El Fjspiriiii Santo de Esparza, ciudad desolada, estaba inme- 
diata al puerto de la Caldera, tenia Ayuntamiento, competente ve- 
< indario, iglesia parroquial, convento de franciscanos, con título de 
:in Lorenzo. Habiéndola saqueado un pirata francés, el aíio Je 1()7(\ 

esparcieron sus moradores en la tierra adentro, y quedodes]^< 
ülada hasta el dia de hoy. 

"Bagases, villa cercana á la ciudad de Esparza, tu\ o la suerte 
que ésta, habiendo sido saqueada el mismo afio. 

" Jliarraz, pueblo en otro tiempo considerable, pero en el dia muy 



■304 1 i ES K N A 1 1 1 s'ró Jí 1 ( ■ A 

desdioliado. 

'VS'a^i Fernando^ inerte que se construyo el afio de 1743, para \\n 
pedir ia entrada á los enemigos, por el puerto de Matina^ era de 
la ñgura de im liornabeque, heclio de estacas y trozos gruesos de 
madera; estaba á medio cuarto de legua de la playa, á orilla del rio 
de Ifatina, que por este paraje tiene mas^de 100 varas de anclio: 
al x)rincipio se le señalaron 100 ]3lazas de guarnición, después se re- 
dujeron á 50 y últimamente se juzgó mas conveniente abandonar- 
lo. Hállase á 9° 30' de latitud septentrional y ú 294^ 50' de lo; 
gitud." 

4 — Los límites de Costa- Rica que marca J narros, los altero la a 
nexion del Gfuanacaste, verificada en 1824, y aceptada por el Con- 
greso federal, en los términos que espresa el decreto de 9 de diciem- 
bre de 1825; y los fijó mas tarde el tratado Cañas Jerez. Aun no se 
han fijado límites con la República de Colombia, que no quiere a- 
cex:>tar los que trazó Felipe II, marcados en el majm de .don Felipe 
Molina ('•). 

5 — Juarros dice que solo por ironía x3odia darse á Costa-Rica el 
nombre que tiene. Véase ahora lo que dice Barrundia, en el niirne- 
10 11 del Centro -Americano. ''En Costa-Rica se han satisfecho los 
libramientos dados por la Federación. Su prosi)eridad es asombrosa. 
Antes no había en Puntarenas mas que dos barracas habitadas por 
cuatro ó cinco pobres hombres; hoy día su población pasa de och 
cientos habitantes; hay fondas y cuanto se necesita j)ara la vida. 
Eq este iiioment >, seis buques están fondeados en el puerto. Lus 
costaricenses han entablado especulaciones comerciales directamen- 
te con Europa y Norte-América, de donde han hecho venir máqui- 
nas jDara moler sus ricos minerales y su caña de azúcar, para des- 
X)epitar su café y prensar la zarza. Por todas ]3artes se levantan nue- 
vas casas; muchos estranjeros se han establecido en el país; la ])o- 
blacion de San José ha aumentado considerablemente; ella tiene hoy 
cuatro imprentas en actividad." 

6 — Este cuadro presentado por Barrundia, coincide con la termi 
nación del segundo período constitucional de don Juan Mora. De 
manera que Costa- Rica, comenzó su escala ascendente de progreso, 
desde los primeros dias de la República centro-americana. Sin em- 
bargo, no había entonces reglamento de hacienda, de i:)uertos, ni de 
correos, ni Universidad: ni la parte que á Costa-Rica tocaba en la 



(*) Eu f 1 tomo t egundo se espondrí lo que compren do se pnede decir eu íavor de Ce»- 
tro-Am^r!ca,, iv-specto á sus limites j^Dr el Sur. 



DE CEXTKO-AMEIilCA, 805 

deuda Británica estaba pagada; ni existian códigos x)átrios, ni se lia 
bia lieciio la carretera que de Cartago conduce á Puntarenas, ni 
existian otras muchas mejoras debidas á otros hombres y á otros 
tiempos, de que oportunamente se hablanl. La población de Costa- 
Rica ni aun en el tiempo á que se refiere Juarros, podia contener 
solo treinta mil habitantes. El movimiento que habia entonces, su- 
pone una i3oblacion mucho mayor. Don Felipe Molina, refiriéndose 
á una época que se aproxima á la conclusión del segundo período 
constitucional del Jefe don Juan Mora, calcula á Costa-Rica doscien- 
tos mil habitantes. Se han hecho muchos censos para averiguar con 
exactitud la población; pero todos han sido imperfectos y no han 
dado el resultado ai^etecido. Las leyes militares dan al ejército de 
oi)eraciones, un número de soldados que, según cálculos matemá- 
ticos, demuestran que aquella población excede de trescientos mil 
habitantes. 

7 — Antes de terminar el período constitucional de don Juan Mo 
ra, se introdujeron algunos clérigos en la Asamblea del Estado. Es- 
tos eclesiásticos creyeron oportuno reproducir el decreto que don 
Mariano Aycinena y don Antonio José de Irisarri, emitieron en 
(xuatemala el 6 de diciembre de 1828, mandando quemar los libros 
prohibidos por la autoridad eclesiástica; y se espidió el decreto de 
ol de mayo de 1831, por el cual los libros i)rohibidos por el clero. 
debían quemarse, y los infractores de la ley, ser perseguidos por la 
autoridad civil. 

8 — Costa- Rica no habia sido dominada por los obispos, por el cle- 
ro secular, ni por los monjes; y carecía, por tanto, de ese germen 
de fanatismo, que ha dificultado el progreso en otras secciones de 
la América latina. El decreto de mayo, en vez de producir los au- 
tos de fé que los jesuítas han ejecutado en el último tercio del si- 
glo XIX, en los atrios de muchos templos centro-americanos, dio 
por resultado una grande introducción de libros prohibidos. Muchos 
jóvenes y hombres pensadores, tomaron la lista de obras que se les 
prohibían, para bacer pedidos de ellas á Europa y á los Estados- 
Unidos. El jefe don Juan Mora, vio el decreto de mayo con el des- 
den que merecía, y el Congreso federal, en 10 de agosto de 1832, 
lo declaró nulo y atentatorio á las garantías individuales. 

9 — Costa-Rica, como todas las secciones centro-americanas, coni- 
í)rendia que la constitución de 24, necesitaba reformas, y el 19 de 
diciembre de 1832, x^i'opuso la convocatoria de una Asamb^pa nacio- 
nal constituyente, compuesta de cinco representantes itóv cada uno 
<ie los Estados de la Federación. Los disturbios en que se liallaba 
♦'1 resto de Centro-América, no permitieron que á esta iniciativa se 
prestara Isi debida atención, y el proyecto no tuvo efecto. 



CA.T^ITTJLO VIGÉSIMO SÉTIMO 



INSTRUCCIÓN PUBLICA. 



SUMARIO. 



-Decreto de bases^—2. Matei^ías que contiene este decreto — 3, 
Deci'eto en que se manda instalar la Academia— 4,. Acta ^el 
antiguo claustro de la Universidad^ incorporándose á la Aca- 
demia bajo el nuevo ^^Za?i — 5. Acta del colejio de abogados — 6, 
Decreto en que se nomhra la dirección de estudios — 7. Instala- 
ción de la Academia — 8. Estudios que debian liaccrse en la A- 
cademia — 9. División de la instrucción pública — 10. Esttmnloif, 



1 — Ualvez comprendió la necesidad absoluta de Jiaoor una ivíoi- 
líia completa en el sistema de enseñanza, y tuvo hábiles coopem- 
dores, entre los cuales fioruraban el doctor don Pedro ^foliua y eJ 



308 KE.^KNA illS'iOKlCA 

doctor don Leonardo Pérez, á quien Guatemala debe nuiclio en la 
parte de progreso inteleetiia]. La Asamblea había dictado un de- 
creto el lo de abril de 1831, facultando al Goli)ierno para reformar 
el sistema de-enseñanza, y el Jefe del Estado liizo un uso espléndido 
de esta autorización. El dictó á 1. ^ de marzo de 1832, duodécimo 
de la Independencia y décimo del acta de separación de Méjico, un 
decreto que ocupa cincuenta y ocho pajinas del "Boletín Oíicial." 

2 — El decreto se divide en catorce títulos, que tratan de los X)rin- 
-cipios fundamentales que deben rejir en la enseñanza; de los térmi- 
nos en que por entonces se haría la aplicación de ellos; de la ins- 
trucción pública en general y del carácter que debe distinguirla; 
de la división de la instrucción primaria; de los establecimientos en 
que había distribuirse; déla organización de estos establecimientos; 
cíelos fondos y rentas con que habían de ser dotados; dejos ediñcios 
que se les había de destinar y oficinas que habría en ellos; de los 
libros, máquinas é instrumentos; de los métodos; de ios maestros, 
profesores y demás ministros de la instrucción; de los cursantes; de 
los ejercicios de instrucción, así diarios, como periódicos; de los a- 
delantamientos literariol^ y sus estímuloB; servicios y méritos lite- 
rarios y sus premios; grados literarios y su importancia. Y por fin, 
contiene un apéndice de disposiciones especiales. 

3— Por decreto de 22 de agosto de 832, mandó el doctor Galvez 
que se reuniera la dirección de estudios qué creaba el decreto de 
bases, el 15 de setiembre, en conmemoración de la Independencia: 
que la instalación se hiciera en el estinguido convento de san Fran- 
cisco: que se citara al rector de la Lniversidad de san Carlos, al de- 
cano del Colejio de abogados y al Protomedicato, para que todos los 
doctores, licenciados y profesores, formaran la Academia y deja- 
ran de existir los antiguos establecimientos á que pertenecían. 

4 — El Claustro de doctores, celebró la siguiente acta de incorpo- 
ración á la Academia. "En Guatemala, á 13 de setiembre de 1832; 
de llamamiento del vice-rector de la Universidad de san Carlos, 
doctor, ciudadano José Serapio Sánchez, por ausencia del rector, 
doctor Pedro Bustamante, se reunieron en Claustro pleno, los ciu- 
dadanos doctores que abajo se espresan, á efecto de dar el debido 
cumplimiento á los decretos del Supremo Gobierno del Estado, de 
1. ^ de marzo y 22 de agosto últimos, de bases para el arreglo gene- 
neral de la instrucción pública, instalación de la Academia de es- 
tudios é incorporación en ella, de esta Universidad: en su conse- 
cuencia acordaron darlo y prestarlo de la mejor voluntad; y que se 
manifieste al suj^remo Gobierno, lo plausibles y satisfactorias que 
le han sido sus providencias sobre enseñanza pública, esperando 
que con su decidida protección, logrará este nuevo establecimiento, 
todo el lustre y adelanto á que es x^recisamente llamado; y 



DE OENTKO-AMÉKICA 309 

que el mismo ciudadano vice- Rector, mande citar á los individuos 
para las asistencias del dia 16 del corriente, en la forma acostum- 
brada. Con lo que se concluyó este acto, que fírman ante mi, de que 
doy fé — José M. '^ ' Gavarrete, secretario — Doctor Sánchez — Doctor 
Grarcia Redondo — Doctor Larrazábal — Doctor Méndez — Doctor Oli- 
ver — Doctor Solis — Doctor Cróquer — Doctor Batres — Doctor Cañas 
—Doctor Yaca— Doctor Valenzuela — Doctor Molina — Dr. Flores."' 

5 — El Colejio de abogados, celebró el acta siguiente: ''En la Nue- 
va G-uatemala, á 13 de setiembre de Í632, se reunieron en junta ge- 
neral, con arreglo á los estatutos del Colejio de abogados de esta 
Corte, y á virtud de citación formal precedente, los ciudadanos, de- 
cano del propio colejio, licenciado J. Antonio Larrave, é individuos- 
doctor José Mariano Méndez, licenciado Antonio Isidro Palomo, li- 
cenciado Marcial Zebadúa, licenciado José M. ^ Croquer, licenciado 
José Domingo Estrada, licenciado Manuel Noriega, en haz del fis- 
cal licenciado Felipe Prado, para congratularse jyov la próxima ins- 
talación de la Academia de estudios generales, á que ha dado im- 
pulso el patriotismo y laudable actividad de nuestro actual jefe 
del Estado, doctor ciudadano Mariano Galvez, de acuerdo con el 
Cuerpo lejislativo. Y principalmente para dar cumplimiento al de- 
creto de su erección, abolición de antiguas corporaciones, literarias, 
y reunión de todos sus individuos en el gran Liceo del nuevo plan; 
y desde luego aclamaron, con previa audiencia del Fiscal: Que se 
cumpla el decreto. Que se den gracias al Gobierno por la reparación 
ventajosa de todos los cuerpos litera-rios, bajo el sistema de unidad 
sobre que levanta el nuevo plan. Que el Tesorero -y Recaudador del 
«•olejio, entreguen por inventario al de la Academia, sus enseres, 
bienes, derechos activos y pasivos, y papeles, con arreglo puntual 
al decreto de erección de dicha- Academia. Que el doctor, ciudada- 
no José Mariano Méndez sea facultado pavíi entender en el pago de 
lo que se adeuda al ciudadano Decano y al Nuncio, previa liqui- 
dación de esta última deuda. Que se dé al propio Nuncio un ates- 
tado de sus buenos oficios en el servicio activo y puntualisnio que 
le impuso el deber de su nombramiento, desde que se erijió esta 
corporación, y hasta el dia de disolverse, para ocupar sus individuos 
los nuevos asientos (pie les prepara la ley. — José Antonio Larmvo 

-José Mariano Méndez— Antonio Isidro Palomo— Marcial Zebadún 
-José M. ^ Croquer — José Domingo Estrada — Manuel Noriega- 
i^'elipe Prado— Franííisco J. Urrútía, secretario." 

(5— En 1. ^ de setiembre fueron nombrados individuos de la di- 
rección de estudios, los señores presbítero doctor Pedro Ruiz de 
Bustamante, licenciado Nicolás Espinosa, doctor Alejandro Diaz 
Cabeza de Yaca, doctor Pedro Molina, licenciado Marcial Zebadúa, 
Juan Barrundia y Miguel Rivera Maestre. Se nombró ademas,. 



310 UEíSENA JIISTüRICA 

para que á la dirección auxiliaran con sus luces, al doctoi* don Leo- 
nardo Pérez y al licenciado don José Mariano González. Fueron 
nombrados contador, el licenciado don Felipe Prado; tesorero, el 
presbítero bachiller J). José M'^ González; bibliotecario, el licenciado 
don José Mariano González y secretario, el licenciado don José M. ^ 
Gavarrete. Galvez se reservó el nombramiento de catedráticos. 

7 — Para no interrumpir la festividad del 15 de setiembre, la Aca- 
demia se instaló con gran pompa el 16. Don José Mariano Gonzá- 
lez, persona minuciosísima ei> sus relaciones, hace una narración 
detallada de este acto solemne. En ella se vé que Galvez pronunció 
un discurso oral, que fué aplaudido con entusiasmo y contestado 
por el doctor Bustamante: que Molina leyó un discurso cientíñco y 
profundo, que puede verse en las columnas del "Boletín Oficial": 
que se recitaron composiciones poéticas y que la juventud, llena de 
entusiasmo entonces, y, todavía no abatida x)or tristes y misérri- 
mos desengaños, veía ai)rirse delante .de sus ojos, nuevos y suntuo- 
sos horizontes. 

8 — Un decreto que contiene ciento treinta y seis artículos, emiti- 
do el 15 de setiembre de 1882, señala lo que debe aprenderse en la 
Academia, y reglamenta la enseñanza. 

9 — La ley de bases dividía la instrucción pública en tres seccio- 
nes. La primera comprendía lectura, escritura, reglas elementales 
de aritmética, elementos de relijion y de moral, y el catecismo po- 
lítico, reducido á una breve esplicacion de los derechos y obligacio- 
nes civiles. Esta primaria instrucción, debia ampliarse mas tarde 
con los principios del idioma nacional, el complemento de la arit- 
mética, los elementos suscintos de geometría, nociones de geografía 
y de historia y principios de dibujo. La segunda enseñanza, com- 
prendía gramática castellana, lengua- latina, geografía y cronología, 
historia, retórica j bellas letras, aritmética, álgebra y geometría, 
matemáticas puras superiores, lógica y metafísica, física, moral y 
derecho natural, derecho público y constitucional, economía polí- 
tica y estadística. Los estudios de segunda enseñanza, estaba dis- 
puesto que se ampliaran según las circunstancias lo fueran ])ermi- 
tiendo. El artículo 22 de la ley de bases, dice: *'La tercera ínstruc- 
€Íon, ya que no i^uede. ser la de todas las profesiones útiles, será 
por ahora la de las mas indispensables, contándose por tales la del 
sacerdote, la del médico y la del jurisconsulto. Habrá en consecuen- 
cia, para teología tres cátedras, una de instituciones dogmático-mora- 
les, una de escritura y una de fundamentos de religión, á la que se 
reunirá provisionalmente el estudio de concilios, común á teólo 
gos y canonistas. Para medicina otras tres: una de anatomía, una 
de medicina y una de cirujia. E igual número para jurisprudencia: 
una de instituciones canónicas, una de instituciones civiles y una 



©>: (JElS^TUO-AMÉlilCA. 311 

de práctica forense." 

1.0 — Las nuevas leyes de enseñanza, estimulaban á la juventud. 
Xo era el tiempo, sino la aplicación y el talento, lo que hacia ter- 
minar los estudios. Los jóvenes estaban rodeados de estímulos, j 
A amor n las ciencias y á las letras, se despertaba por todas partes. 



•• 



^ » 



Impresión que á los serviles protlujeron 
las leyes (le ensefiaiiza. 



SUMARIO. 

I— Lo que la aristocracia veía en estas leyes — 2. Sistema aristo- 
crático — 3. Medios de sostener la dominación de 'pocas familias 
sobre el resto de la sociedad — 4. Lo que lian liecJio los serviles 
'para sostener la ignorancia del pueblo — 5. TJr/a del clero con 
la aristocracia—^. Enseñanza clerical. 



1 — La aristocracia, el año de 32, no perdia la esperanza de sobre- 
ponerse y dominar: la gran conspiración servil, que luego vere- 
moSj, lo prueba; y las leyes de instrucción pública, dictadas por 
(íalvez, las veian los pretendidos nobles. (Y)nio un irolpe que se les 
(lirijia al corazón. 

:2 — La aristocracia es el gobierno de pocos privilejiados, ante los 
cuales, el pueblo es nada. Es peor que nada, porque la nada no su- 
fre; es una colección de seres sumisos que obedecen sin réplica, que 
jamás x^ueden salir de la ínlima clase en que se hallan, ni menos e- 
levarse hasta el nivel de las perscmas que, revestidas de privilejios 
y títulos de hidalguía, por su nacimiento, se complacen en so- 
juzgarlos. 



814 RESEÑA HISTÓKIOA 

8 — Causa admiración ver los pueblos enteros, sometidos á tres 
6 cuatro familias, que creen nacieron . para mandar. ^Cómo se verifi- 
ca este fenómeno^ ^Cómo una inmensa mayoria que en una liora, 
puede sobreponerse á la minoría, no se sobrepone á esta, y por tiem- 
po indefinido arrastra como un buey el carro de su señor? La con- 
restaciojí es muy fácil. La ignorancia de los pueblos, es el gran mó- 
vil de (^sf^ sistema. Sosténgase la ignorancia de las grandes mayo- 
rías, y se sostendrá el x^ioder de la nobleza. 

4 — El paj'tido servil comprende muy bien todo esto, y sus pro- 
cedimientos lian estado siempre en perfecta arrnonia con sus con- 
vicciones. No ilustraba al pueblo: fomentaba su ignorancia, y si apa- 
recían algunas escuelas, esas escuelas se limitaban á una mala lec- 
tura, peor escritura, á dos ó tres reglas de aritmética y al catecismo 
de Ripalda, bajo la dirección de los j)árrocos. 

5 — El clero en la Edad Media lo era todo, absolutamente todo. 
Sus consejos eran la ley y su voluntad decidla acerca de la guerra, 
de la paz y de la suerte de las naciones. El renacimiento ele las lu- 
ces, la reforma relijiosa, la revolución de Francia, y el progreso de 
las ciencias, redujeron en muchas naciones el inmenso poder ecle- 
siástico,, al simple ejercicio del sacerdocio. Una gran parte dolos 
clérigos, asj)iran al poda^ que disfrutaban en la Edad Media; y no 
podemos retrogradar hasta allá sin que las tinieblas cubran otra vez 
la tierra. Hé aqui la razón por qué una parte del clero se opone á la 
difusión de las luces, y se liga íntimamente con la aristocracia, igual- 
mente interesada en que las luces no se difundan ('^■). 



(=^= ¡ Dados estos antecedentes, fácilmente se comprenderá todo lo que íú 
partido aristocrático hizo sufrir el sistema de enseñanza creado por Galvez, 
j la razón que tuvieron los llamados nobles para abolir ese sistema, y volver 
á las lejes tenebrosas de don Carlos II de España, inmediatamente que triun- 
faron con Carrera (*). El año de 40 fué restablecida la Universidad de san 
Carlos, según el sistema de don Carlos el Hechizado, y se varió completamen- 
te el réjimen de enseñanza en sus tres ramos; pero entonces los llamados no- 
bles no hablan llegado al refinamiento teocrático de los jesuitas. La ley de 
16 de setiembre de 1852, dictada por don Manuel Francisco Pavón, de acuer- 
do con los jesuitas, es un monumento histórico. lié aquí parte de sus consi- 
derandos: ''Teniendo presente que el fundamento de toda buena y sólida en- 
señanza, consiste en el aprendizaje déla doctrina.... oido el parecer del 

^*) Decreto de 26 de febrero de 1840. 



DE CÉNTKO- AMERICA ?yir^ 

Sé 



O — Los jesuítas, viendo que es imposible oscurecer la tierra 
an proi)nesto colocarse al frente de la enseñanza, para darle la di 



muy reverendo Prelado metropolitano, por ser una materia tan enlazada con 
la relijion . .• . . " La parte resolutiva. corresi)onde átales premisa?. El artí- 
culo segundo dispone que estén abiertas las escuelas bajo la inspección inme- 
diata del padre cura. Las materias de instrucción primaria, que las leyes de 
Galvez fijan, quedan reducidas por. el artículo 13 del decreto servil de 852, á 
ka cartilla, el catón cristiano, la moral y la urbanidad por Escoiquiz, el ca- 
tecismo por el padre Ripalda, escritura y las cuatro priíner. s reglas de la 
aritmética. Ese mismo artículo contiene un párrafo que es preciso se consig- 
ue íntegro. Dice así: "Loa sábados se consagrarán esclusivamente al estudio 
esplicacion de la doctrina, y por la tarde habrá, ademas, salve cantada." 
'•^egun las leyes de Galvez, debia enseñarse en las escuelas, un catecismo po- 
lítico que esplicaba el réjimen constitucional. Los nobles hacian lo mismo, 
variando solo el texto. La constitución de éstos debia ser los mandamientos. 

cgun Ripalda, y la salve rejina (*'). Al mandar que se cantara la salve, no 
íiacian mas que ordenar el canto de su proj)¡a constitución, excediendo así 
en entusiasmo político á todas las naciones del mundo; pues no hay noticia 
de que en las escuelas de otros países, se haga cantar la ley fundamental. El 
artículo 15 del decreto servil de instrucción pública, debe presentarse íntegro 
lié aquí: "Como es una obligación en los directores de la juventud cristiana, 
acostumbrarla á practicar los actos relijiosos con la mayor frecuencia, todas 
ías escuelas de niños y niñas, 8e pondrán bajo el patrocinio de un santo, cu- 
ya efyie se colocará en la testera de la escuela. Todos los dias, al entrar ca- 
<ia niño en la escuela, se arrodíllala ante el altar é invocará al santo patro- 
no, permaneciendo en esta postura por espacio de algunos minutos. Se cele- 
brará su festividad todos los años, y con su estandarte, asisiirán todos los 

liños en hileras á misa todos los domingos y fiestas, solemnes. Ademas, los 

jue tengan ios requisitos necesarios, ajuicio del ))a<be cura.- confesarán y co- 

uulgarán con -la posible frecuencia." 

Los premios serviles dcbian estar de acuerdo con el sist.cn)a ailoptado por 
el servilismo. Era preci^^o desalentar á los niños para que ni leer supierau; y 
<1 mejor método de producir desaliento, es darles molestias en vez de pro- 
tiiios. Los premios que los serviles otorgaban á los alumnos, oran conducir- 
los á los párrocos para (pie los convirtieran en acólitos 6 en cantores; po¿- 

ortuna no se llegó hasta el cstretno de quo a esos cantores so hicieran lois 
>cruento>- prei)arativos de los cantores de la capilla Sixtin'a. Para evitar ipie se 
reduzcan á duda estos asertos, se mserta íntegro el artículo *2i) de la ley ci- 
tada, líe aíjuí: ''Los niños que manifiesten capacidad^ aplicación y aprove- 

:*) Vóase f'l número l:{. capítulo 111. libn) 1.® «lo esta RoswV. 



316 RESECA HISTÓRICA 

reccion que á sus ideas conviene. Su primer esfuerzo en sus colejios 
es cortar la libertad del pensamiento. Ellos enseñan que no es líci- 



chamiento, y tengan buen-j^torte, podrán ser empleados por el párroco, en el 

SERVICIO DE LA IGLESIA, EN CLASE DE ACÓLITOS O CANTORES. Con tal objCtO, 

después de las horas de escuela, pasaran a recibir las lecciones conve- 
nientes, estando en todo sv jetos al padre cura.'' 

Pavón no hacia en esto mas que marchar de acuerdo con sus propias con- 
vicciones, y con los intereses de su familia. Según dice don José Milla y Yi- 
daurre, (*) Pavón era noble, nobilísimo. Para que la familia, pues, de Pavón 
y algunas pocas mas, pudieran dominar á los artesanos y á todas las clases 
de la sociedad, y hacer pasar su imperio de generación en generación sobre 
estas clases y todos los demás individuos de la sociedad, que esos nobles lla- 
man plebeyos ó pecheros, era precisa mantener la ignorancia y á este fin 
conducía directamente la ley citada. Pavón en los primeros años de su vida, 
pasó por frivolo. El mismo lo aseguraba. Milla dice: "preciso es hacer notar 
que ese concepto lo conservó el señor Pavón, hasta el fin de sus dias, imra 
con aquellos que, no juzgando regularmente sino por la superficie de los hom- 
bres, se dejan engañar por cierta aparenta frivolidad, que algunas veces. 
(aunque pocasj no hace sino encubrir la jirofundidad del genios 

Tratándose de un hombre que tanto se esforzó en apagar las luces, y que 
hirió tanto los principios republicanos y las instituciones americanas, como 
en los siguientes libros veremos, es preciso averiguar lo que era. Su biografia 
se presentará mas tarde; ahora se habla de él ligeramente. 

Milla tiene, y con razón, una alta idea licl doctor García Goyena, hijo de 
Centro-América; y Goyena calificó á Pavón de la manera mas desfavorable en 
la célebre fábula intitulada "El Pavo Real, el Guarda y el Loro." Pavón se 
presentó á un examen pitblíco, con toda la pompa que entonces rodeaba á 
la pretendida aristocracia de Guatemala, y no contestó una palabra con a- 
cierto, aunque por cirQunstancias que á la vista saltan, fué aprobado nemine 
discrepante. 

IJn hijo del pueblo, que no iba en carruaje, ni estaba vestido de gala, se 
examinaba al mismo tiempo, y brilló por sus luces y su talento. Goyena que 
todo lo observaba, tuvo la ocurrencia de escribir la sigi3Í3nte fabulita: 

"Un soberbio pavo real. 
De pluma tersa y dorada, 
Con brillantez adornada 
Se paseaba en un corral. 

El petulante animal, 

(*) Noticia biográfica de don Manuel F. Pavón. 8c halla tu los iiúmfjros 58 á 62, tomo 
7 • " de la Gaceta de Guatemala. 



DE C E irr K ( ) - A M É K H ■ A . '- > 1 7 

j á los gül)eiTianteft |)eiTnitir mas creencia en sus Estados, que la 
)rescrita por el A'nticano, sisí<^]iui que directa y r¿ipidamente con- 



Con aire de íseüoiio 
Miraba el rico atavio 
De Pii pluma; pero mudo, 
Aun en su elojio no pudo 
Decir: "esto pico es mío." 

Mientras tanto tomó asiento 
Allí cerca un pobre guarda, 
De estos de la pluma parda. 
Que no tienen lucimiento: 
Pero con melifluo acento 
Abre la dulce garganta, 

Y de tal manera canta^ 
Con vo7> delicada y -uave, 
Qne aun el Pavón que no nuIm^ 
Admiró dulzura tanta. 

Necio entonces y orgulloso 
Al mismo tanto que rico, 
Quiere imitarlo, abre el pico, 

Y da un graznido espantoso. 
Mi loro quo es malicioso 
Con una falsa risilla. 
Dijo: "¡Bravo! ¡que bien brilla 
Con el resplandor del oro; 
Mas no tiene lo canoro 
De esa discreta avecilla/' 

Dime, Musa, si has sabido 
Los misterios de los hados: 
¿Por qué cstíín enemistados 
Lo rico con lo entendido? 
Bajo un humilde vestido 
Vive el sabio en menos[)reci<), 
Mientras el soberbio necio 
í.leno de oro y arrogancia 
En medio de la ignorancia 
Merece el común aprecio." 

- No pretendo sostener como cierto, cuanto dice Goyena. Lo ho citad» » para 
^ne se vea que no todos los hombres »le inteligencia, participan del entusias- 
mo que por el señor l'avon tiene Milla. 

í*ero hay otra autoridad mas respetable, para don »Iosé Milla y Vidaurrc, 



318 KESEÑA IIISTÓEICA 

(luce á la Inquisición. "Ellos pretenden monopolizar la enseñanza^, 
para establecer en todas X)artes su sistema: el quietismo de la inte- 



que Gojena, y e/¿ el mismo señor Milla, quien juzgando en otra época á íIoíja 
Manuel Francisco Pavón, dijo: 

'Mycinena, Pavoo, fuera señores, 
Fuera con vuestro rancio servilismo. 
¿Soñasteis ser tal vez conservadores, 
O darnos una burla del torismo? 

Honorable Marques, no mas Bretaña, 
No mas siaticquo, ni tiranía: 
Vaya que su excelencia no se engaña, 
Sin el statit cjuo, por Dios, qué baria? 

Cómo sin él las indemnizaciones? 
Cómo los sueldos grueso? y continuos? 
Cómo cobrar sin él medios millones 
Por pérdidas, perjuicios y destinos? 

Fuera la camarilla, sea libre 
Guatemala por fin, de Ohcurantistas, 
De esos politicones de calibre, 
Profundos y rellenos estadistas. 

Los tigres de Texigua ya se lanzan, 
Tiemble vuestro cobarde corazón, 

Y ay! de vosotros zorros, si os alcanzan 
Con sus fieros lebreles de león. 

Ya hundiréis esa frente hoy orgullosa. 
Ya al polvo volvereis de do salisteis; 

Y entonces Guatemala jcnerosa 
Olvidará los males que le hicisteis."' 

Esta última estrofa encierra un cálculo profético que hace honor al señor 
Milla. Elx)lvido, sin embargo, no debe ser tan absoluto que permita la re- 
petición de los mismos males que se deploran, ni puede impedir tampoco^ 
que la historia consigne la serie de sucesos que presentan los anales de M 
patria. 

En el fondo de la ley de instrucción pública de don Manuel Francisco Pa- 
vón, no hay frivolidad, sino un pensamiento que se dirijo á herir al pTie- 
blo de Guatemala; pero la hay muy grande en la forma. Ese decreto que 
con tanta habilidad censuró el señor don Ramón Rosa, en un erudito folleto 
que se reprodujo en varias naciones de América, ha cubierto en el estran- 



DE CENTRO-AMÉRICA. 819 

lijencia; y para dar el resultado que su enseñanza produjo en los 
Países Bajos, en Portugal, en* España y en la desventurada Po- 
lonia. 



jero de ridículo á las personas que prettmdieron premiar el mérito, conTír- 
feiendo en acólitos y monacillos'^ á los jóvenes sobresal ienteí*. 



CAPITULO A^iaESIMONO^síO. 

Otras empresas del doctor Oalvez. 



SUMARIO. 



1 —Decreto 'para fomentar las artes — 2. La plaza grande — 3. LéO 
que era la plaza del Sagrario — 4. Proyecto de exliumücion de 
cadámres — 5. Dificultades qne se presentaron — 6. Exhumacio- 
nes — 7. Ornato y paseos — 8. Teatro — 9. La comedia intitulada 
"-El Coliseo'' — 10. Casas de representación — 11. Disposiciones 
sobre construcción de un nuevo teatro — 12. Trabajos de los ser- 
ciles en la constrioccion del teatro. 



1 — Gfalvez estimulaba, no solo las ciencias y la literatura, sino 
también las artes. Por decreto de 28 de agosto de 32, abrió una sus- 
cricion patriótica, para crear fondos que se emplearan en liacer ve- 
nir del estranjero máquinas y utensilios, que contribuyeran al de- 
sarrollo de la industria. 

2-— Se empeñó activamente el doctor (íalvez, en que desapai-eciera 
un mercado, que, á la usanza de los antiguos pueblos de las provin- 
cias españolas, existia en la x)laza mayor de Guatemala, cuyo cen- 
tro se hallaba también ocui)ado por tiendas de madera, qiM» pnKlu 
cian á la vista una impresión desagradable. El Jefe del Estado que 
ria que se construveía un mercado al estilo moderno, en la plazii 

21 



822 KESENA HISTÓRICA 

del Sagrario, y á ese fín dirijió sus trabajos. 

3 — Al Este de la Catedral liabia una plaza, donde se hallaba un 
templo viejo, cubierto de teja, que sirvió de capilla del Sagrario, an- 
tes que se concluyera la que hoy se ostenta. Existia también un 
panteón repleto de cadáveres, porque en él se habían veriñcado los^ 
enterramientos de los feligreses de esa parroquia, y de muchas i)er- 
sonas mas, desde que la ciudad se trasladó á este valle. 

4 — Galvez mandó exhumar todos los cadáveres, y que se traslada- 
ran aquellos que no fueran reclamados por alguna persona, á los o 
sarios de San Juan de Dios. 

o — Esta medida tuvo grande oposición. Muchas personas deciau 
que no era licito al Gobierno tocar la mansión de los muertos: que 
las leyes eclesiásticas colocaban á los difuntos bajo la protección 
santa de los sacerdotes: que era una impiedad profanar las sepul- 
turas. La dificultad se aumentaba por algunos, alegando que la pla- 
zuela del "Sagrario pertenecía á la Catedral, y no debia dedicarse á 
usos profanos: que una parte de ella estaba destinada para jardines 
del palacio arzobispal, y que no era lícito al Gobierno privar á Su 
Señoría Ilustrísima, cuando, Guatemala tuviera el gusto de volverlo 
á ver, ó de tener otro prelado, del grato é inocente recreo que le pro- 
porcionaran sus jardines. Los proi)ietarios de tiendas, al rededor de 
la plaza mayor, creían que con la traslación del mercado disminui- 
rla el valor de éstas, y eran los que mas piedad manifestaban, y 
los que colimas calor sostenían los fueros de los muertos. Las per- 
sonas que poseían casas en torno de la plaza del Sagrario, hablabait 
como filósofos, y sostenían la necesidad del ornato, del progreso y 
la reforma. 

6 — Las exhumaciones se hicieron. Casi todos los cadáveres esta- 
ban bien conservados. Muchas familias reconocieron á sus deudos: 
y de nuevo se verificaron solemnes inhumaciones. La gran mayoría 
de cadáveres no fué reclamada, y el Gobierno los condujo en so- 
lemne procesión á los osarios de san Juan de Dios. Galvez hizo de 
moler los viejos y deformes edificios que en la plaza del Sagrario 
existían, quedando solo un campanario, j^orque no había donde po- 
ner las camx>anas, muy semejante por su arquitectura, al antiguo 
del pueblo de Jocotenango, que todavía (año de 1878) existe en el 
panteón de los indios. El doctor Galvez no tuvo tiempo de ver rea 
lizado su proyecto de mercado en que tanto pensó. 

7 — Propúsose igualmente el Jefe del Estado, que se hicieran ce- 
menterios fuera de poblado^ para favorecer la hijiene pública,, con 
la supresión de las inhumaciones en los templos. Esta medida fué 
esplotada por el clero para trastornar el orden,, y de ella hablaré de- 
tenidamente cuando se narren los trastornos que produjo. Galve>i 
mandó hacer acueductos subterráneos, para que no corriera por las 



DE CENTRO- AMÉRICA :j2o 

calles el agua inmunda que sale de las casas;. y que se construyeran 
aceras en diversas direcciones; lo que en gran i)arte pudo ver con- 
cluido. No menos se esforzó en amenizar la cai^ital, fonnando en 
su rededor alamedas y paseos públicos. De estos quedan algunas 
señales en el Cerro del Carmen y en otros puntos. 

8 — Guatemala abundaba en monasterios; pero no tenia un solo 
teatro. Barrundia y otros hombres pensadores, desde antes de la 
Independencia, trabajaron con empeño para que hubiera un coliseo; 
pero se oponían el arzobispo Casaus, la madre Teresa, frai Anselmo 
Ortiz, y otros hombres de calcilla-. La lucha que hubo entonces, está 
hábilmente x^intada en una comedia histórica que se intitula ''El 
Coliseo." 

9 — En esa composición literaria, que Marure atribuye en gran 
parte á Barrundia, se presenta en escena cómica á frai Ramón Ca- 
saus, á frai Anselmo Ortiz, á la madre Teresa, al canónigo Castilla, 
al Presidente de la Audiencia y Capitán general del Reino, y á o- 
tros muchos personajes de aquel tiempo. El señor Castilla habla al 
Presidente, en favor del teatro, hasta hacerlo vacilar; x^ero luego 
entra Casaus, increpa á Castilla, lo declara botarate y hasta loco, 
y el Capitán general cambia do modo de pensar. Los enemigos del 
teatro citan i)alabras de la monja carmelita, y ven hundirse el firma- 
mento, si triunfando los inníi\ adores, algún actor llega á presentar- 
s(? en las tablas. 

10 — Introducido escasamente el espíritu moderno, hubo comedias 
(^n casas particulares, y en edificios provisionales; y mas tarde Gal- 
vez proyectó levantar un teatro que hiciera honor á Guatemala. 

11 — Don Miguel Rivera Maestre, fué comisionado para formar el 
X)lano del nuevo coliseo. Rivera hizo un diseño de madera, preparó 
el terreno, y levantólos cimientos. La fachada del edificio presenta 
dos cuerpos de elevación, y el vestíbulo una atichura capaz de que 
las personas que llegaran en carruajes, jnidieran descender de ellos, 
bajo cubierta, en tiempo de lluvias. Según este diseño, las puertas son 
seis; tres de ellas al frente; de estas una correspondiente á los palcos 
de la derecha, otra á los j^alcos de la izquierda y otra al lunetario. A 
los costados del edificio hay otras dos, correspondientes á la cazuela, 
con escaleras bastante amplias; la otra puerta se dirije al foro. En 
el respaldo del mismo edificio, quedan ;l;>j salones de piso bajo, 
uno para reunión de actores y otro para almacén de útiles. En el 
piso superior hay otro salón esi)acioso para pintura de las dtH'oni- 
ciones. En la embocadura del i'oR) debia colocarse ocultamente, una 
tela de alambre destinada, soltándola á su tiempo, á impedir en 
ca^o de incendio, qu^ las llamas jiasáran á la platea, á los palcoe 
ó al foro, según el oríjen del 4'uego. Sobre los machones de la in- 
dicada embocadura debían construirse á-df>recha ó izquierda dos de- 



:^24 RESEIS'A mSTÓIMOA 

pósitos X)ara agua, ios ciiales se lleiiarian en ias tardes que inme- 
diameníe x)recedieraii á las representaciones, para tener, en caso 
de fuego, agua arriba y abajo. Estos depósitos servirían igualmen- 
te, al concluirse cada representación, para dejar determinados sitios 
del teatro enteramente limpios, y sin que pudiera sentirse, por nin- 
guna parte de él, ningún desagradable olor. El techo debia cu- 
brirse con láminas de pizarra, dando á la parte del foro mayor e- 
levacion que al resto del edificio, con el fin de elevar los telones 
sin que se deteriorasen con los pliegues, ni hubiese demora en los 
cambios de decoraciones. Para ocultarlos bajo el tablado escénico 
se calculaba una jjrofundidad mayor de la que aliora existe (''). 



(*) Mas tarde el señor don Juan Matheu. español aficionado á la música, 
• al canto, al ornato de la ciudad y al desarrollo de los intereses materiales, Di- 
putado casi siempre, y muchas veces Presidente de la Asamblea, á quien to- 
caba contestar los mensages presidenciales, Consejero de Estado y aigu 
fia vez llamado al Ministerio de Hacienda, se empeñó en que se levantara el 
teatro y en tener una casa cerca de él. Matheu empleó toda su induencia en 
alcanzar el Jiat de Carrera; lo alcanzó. Matheu adquirió una casa antigua, 
que habia sido del deán Garcia Redondo, en las inmediaciones de la plaza - 
vieja, á ñn de reedificarla para sí, al mismo tiempo que se edificara el teatro. 
Esta casa, como se verá, fué muy útil á los serviles. 

Los jesuítas combatían á Matheu, quien para tranquilizarlos hacia que se 
les dijera: que ningún peligro ofreceria el teatro, siempre que en él solo se 
representaran piezas morales. Acaeo se les pondría por ejemplo: "El triunfo 
del Ave María," "La devoción de la Cruz," "El Rosario perseguido" y otras 
semejantes. Debió agregárseles tal vez, que, para no presentar solo escenas 
religiosas, bien se podrían ejecutar piezas como "Los siete infantes de Lara", 
que tenían la recomendación de haberse representado en el teatro del Prín- 
cipe por el año de 90. 

Aunque tan selecta fuera imestra literatura dramática, los jesuítas arruga- 
ban las cejas diciendo que el teatro era la perdición de las -almas, que ellos 
venían á salvar. Bien comprendían que de "Los siete infantes de Lara" po- 
dría lentamente pasarse á piezas como "Los dos validos", que presentan á 
los pueblos toda la astucia jesuítica; especialmente en aquella notable es- 
cena, en que agolpándose el pueblo contra el Palii'-io Real, un jesuíta lo de- 
tiene con el Santo-Cristo en la mano; la Reina aiiigida, se postra á los pies 
del jesuíta, y éste con i iré triunfal, en aquella acritud, y á grandes vences 
dice á la Nación: ¡Pueblos, tengo A vuestro Dios en la mano, y a vues- 
tra Reina a los pies! He aquí el bello ideal de los jesuítas, hacer creer á 



DE CENTIIO-AMERICA 325 

12. — Don Manuel Francisco Pavón (séame ]3ermitido salir del año 
á qne este capítulo se refiere imra dejar terminado el asunto), es- 
timulado por Don Juan Matlieu, llegó á creer que el teatro era 
conveniente para distraer á' los artesanos, y á otras personas, y evi- 
tar que pensaran en política, y bajo la X)recisa condición de que 
las piezas que se pusieran en escena fueran previamente censura- 
das por personas de toda su confianza, apoyó la empresa que tanto 
anhelaba don Juan Matheu. Pavón pidió á Rivera Maestre los pla- 
nos que tenia formados. Rivera Maestre había sido amigo íntimo 



los pueblos que tienen á Dios en las manos, para tener realmente en los pies 
á los jefes de las naciones. 

Por el año de 855, la casa del deán Garcia Redondo, reediñcada por Ma- 
theu, figuraba en la política del país. Los hombres que de otras partes ve- 
nían á Guatemala esperimentaban fatal impresión al pisar el -territorio, por 
la parálisis política, el retroceso social, la lúgubre teocracia que al iijstantc se 
palpaban. Los serviles quedan desvanecer esas impresiones, presentando el 
ornato de la ciudad y su progreso material, que en esos días comprobaban 
con la casa de Matheu. En el puerto de San José no habla un muelle, no 
habia un faro, no había un hotel, no había medios de trasporte, y todas es- 
tas faltas y las deformidades del Gobierno, se pretendía cubrir exhibiendo las 
bellezas de aquella casa. Don José Milla y Yidaurre, que entonces no habia 
hecho su ''Yi?je al otro mundo pasando por otras partes'*, era una de las 
personas que mas entusiasmo manifestaban por la casa de Matheu y que 
mas deseaba engrandecerla. Un guatemalteco, por largo tiempo ausente, 
vino el año de 855 á Guatemala, con motivo do asuntos particulares, y 
se le intimó volver á salir del país. Durante su corta permanencia aqu?, 
los serviles, de uno en uno, le preguntaban diariamente si habia vi-to la 
casa de Matheu. Tantas y tan repetidas preguntas se le dirijieron, que llegti 
a pensar que Matheu habría edificado una casa tan grande, tan suntuosa, 
tan adüiirable, que pudiera competir con el Capitolio de Washington; y salió 
á verla inmediatamente, con riesgo de que se le redujera lí prisión en la ca- 
lle, porque ya habia recibido la orden de contramarcha. Llegó á la renom- 
brada casa, donde se encontraban admirándola varios, serviles do calibre, 
([uienes al instante se dirijieron al transeúnte, para preguntarle si se habia 
imaginado que el país llegaría á tal progreso que pudiera presentar al es. 
tranjero una casa de altos como aquella. El transeúnte desde luego hizo'ntv 
tar algunos gravísimos defectos de forma, que saltan inmediatamente á hi 
vista; lo que fué oído por sus interlocutores como una hcregía. Tara gozar 
con el asombro do estos señores, les dijo entóneos: * 'Ustedes croen quo esta 
casa es de dos pisos; pues no tiene uno solo biquiera*. So quedaron atónitos 
aquellos hombres, oyendo esa nueva hcregía. Entonces el transeúnte los os- 
plicó su idea díciéndoles: ''Ka los Kstados Unidos y en Europa las hab i- 



326 KESENA HISTÓRICA 

de Galvez y estaba siempre en pugna con don Manuel Francisco 
Pavón; ]3or lo mismo se manifestó poco dispuesto á complacerlo. 
Matheu instó á Rivera para que diera sus planos y este señor le 
contestó, que antes de hablarle de x>lanos se le pagara una cuenta de 
tres mil y tantos pesos, que como arquitecto liabia i)asado al 
Gobierno. Esta respuesta desagradó á Pavón, quien dijo que iba. 
á x^robar á Rivera Maestre que ninguna necesidad tenia de él. Ba- 
jo estos auspicios y otra dirección, continuó edificándose el Coliseo 
que lioy existe, muy diferente del que proyectó Galvez, pues ni so- 
bre todos los cimientos levantados entonces se llalla. 



^•tacioiies que se liallau al nivel de la tierra no se numeran entre los pi- 
'^sos: la siguiente se llama entresuelo; la que está, sobre el entresuelo se lia- 
''ma primer piso, donde se hallan los grandes salones y los cuartos de lujo; 
*'y desde ahí. comienza la numeración de los pisos elevados; así es que ITs- 
^•'tedes llaman alta, y se enagenan admirando una casa que, según la deno- 
^'minacíbn europea j americana, no tiene un solo piso". Estoles parecjó 
un enorme absurdo, una barbaridad, y no es estraño que presentando á 
Carrera tales asertos, como una tendencia á empañar las glorias nacionales^ 
hayan conti'ibuido á que so repitiera enérgicamente la orden de contramar- 
cha. 



O^FITtJLO TKiaESIMO. 
CIUDAD DE FLORES. 



SUMARIO. 



1 — Se recuerda el asesínalo de Flores — 2. Honores decretados ú 
■ la memoria de ilustres ciudadanos — 3. Decreto del Congreso fe- 
deral que ordena se dé á la cabecera del Peten^ el titulo de ciu- 
dad de Flores — 4. Lo quelacerca dellPeten dice Juarros — 5. Di- 
DÍsiones territoriales — 6. Una pretensión del Obispo de Yucatán 
— 7. Es combatida por las autoridades centro -americanas. 



1— Marure, en el capítulo sétimo del¡Bosquejo Histórico, refiei-e 
detalladamente el asesinato del vice-jefe del Estado de Guatemala 
don Cirilo Flores, y lo atribuye á influencias del clero regular, y 
especialmente de los frailes Carranza y Ballesteros. Los serviles lian 
íX)mbatido estos asertos; pero lo cierto e* que en el motin contra 
Plores, se oían las mismas palabras^que los frailes continuamente 
pronunciaban en sus sermones y en sus pláticas. Estos frailes 
eran verdaderos ajentes y cooperadores del x^i^i'íitlo recalcitrante 
y poseían armamentos que se les tomaron después. En aquel mo- 
tin se oían las palabras: Viva la reli/ion y mueran los here- 
jes, palabras que tanto repetían -los frailes, y quemas tarde sir 



828 RESENA HISTÓRICA 

vieron á Carrera de escala ascendente. Lo cierto es también que el 
golpe contra don Juan Barrundia se liabia consumado, y la Asam- 
blea de Guatemala reunida en San Martin Jilotepeque, liabia emi- 
tido un decreto facultando plenamente al vice-Jefe, para resistir 
las agresiones del Presidente, Es indudable que Arce envió tro- 
pas á los Altos, para perseguir á las autoridades del Estado, y emi- 
sarios para levantar á los pueblos contra ellas. Consta que no persi- 
guió á los asesinos, y que algunos de ellos gozaron en paz del fruto 
de su crimen; por lo cual la Asamblea restaurada, en su decreto de 
4 de junio de 29, esceptuó á los asesinos de Flores del indulto de- 
cretado en aquella fecha. No puede negarse que á la vuelta de las 
tropas espedicionarias de Arce sobre los liberales que se hallaban 
en los Altos, hubo regocijos públicos. Los serviles estaban de gala. 
Arce, sus secretarios, Aycinena y otros muchos individuos de su 
color político, se presentaron con aire triunfal en la fachada supe- 
rior del Palacio nacional, cuando la tropa formó en la plaza. Podra 
ser que Arce y los hombres de su círculo fueran inocentes, y que 
como ha dicho algún servil, estuvierais de luto por la muerte de don 
Cirilo Flores; pero el luto se hallaba tan oculto, que no se veía ni 
aun con microscopio. 

•2 — Los liberales honraron la memoria de las víctimas inmoladas 
en las aras de la patria. La Asamblea del Estado tuvo á bien acor- 
dar en 25 de setiembre de 1829, que se hicieran honores fúnebres al 
vice-jefe don Cirilo Flores, al diputado Juan Paz, al coronel Josó 
Pierzon y al teniente Isidro Yelasquez; que se cubrieran de luto los 
edificios del Poder ^ejecutivo y de la Asamblea, y que la misma ce- 
remonia se repitiera en los tres siguientes aniversarios. Toda esa lú- 
gubre función se hizo con tanta pompa y entusiasmo, que los servi- 
les la han llamado apoteosis. 

3— El Congreso federal, no contento aun con estas demostraciones, 
decretó el 2 de mayo de 1831, que á la cabecera del distrito del Pe- 
ten, se dé el título de ciudad ^de Flores, en memoria del ciudadano 
ilustre don Cirilo Flores, vice-jefe del Estado de Guatemala. 

4 — No creo fuera de oportunidad, consagrar al Peten algunos pár- 
rafos. El historiador Juarros, dice: "Entre Yerapaz, Chiapas y Yu- 
catán, está la^famosa laguna de Itza ó del Peten: es de fígura oblon- 
ga y como de 26 leguas de circunferencia: en partes tiene 30 brazas 
de fondo y en partes|ma*s: sus aguas son buenas y cria mucha pes- 
ca: á dos leguas de'la orilla, está el Peten ó isla grande, corte de 
los indios Itzaex:¡es muy alta y empinada y tiene en la cima un 
plano, como de un cuarto de legua de diámetro, donde habitaban los 
citados indios con su rei? Canek. En este lugar se fundó nn presi- 
dio, en virtud Jde cédula dej^24 de enero de 1698. A corta distan- 
cia de esta isla, hay otras cuatro * menores: dichas cinco islas, todo 



DE CENTRO-AMÉRICA. 329 

el lado de la laguna liácia el Este y la Cordillera vecina, estaban 
muy 23übladas de indios de diversas naciones: lioy no lian quedado 
mas que siete pueblos y en toda la comarca, 2555 personas. Este par- 
tido, por lo temporal, pertenece al Reino de Guatemala, y es gober- 
nado por el Castellano del Peten: x)or lo espiritual toca al Obispo 
de Yucatán y es servido por cinco curas." 

5 — En los principios del cristianismo, las divisiones eclesiásticas se 
conformaban con las divisiones civiles y las seguían. El trascurso de 
los siglos operó grandes cambios en los mapas, y las divisiones e- 
clesiás ticas permanecieron muchas veces como antes se hallaban; pe- 
ro en los grandes Estados, rejidos por un solo príncipe, las divisio- 
nes eclesiásticas no han tenido mas guia que las conveniencias es- 
peciales del clero, sin que esto pudiera servir de base á ninguna re- 
solución que al' orden civil toque. ¿Quién habia de pensar que Ma- 
drid, la coronada villa de Madrid, la capital de Esi^aña, no fuera 
también capital en lo eclesiástico, y que careciendo de iglesia ca- 
tedral, estuviera sujeta directamente al Arzobispo de Toledo? 

6 — Mientras que Méjico y Centro-América estuvieron sujetos á la 
corona de Castilla, no hubo dificultad para que el Obispo de Yu- 
catán administrara el Peten; ('^) pero la hubo muy grande para que 
esa administración subsistiera cuando Méjico y Centro- América e- 
ran dos naciones independientes. 

7 — El Obispo de Yucatán intentó después del año de 23, visitar 
como Prelado eclesiástico el distrito del Peten. El Jefe del Estado 
de Gruatemala se opuso, y dirijió un mensaje á la Asamblea, hacién- 
dole ver que era imposible permitir á un estranjero, ejercer juris- 
dicción en el territorio de Centro-América. Una comisión compues- 
ta de los representantes Azmitia, xVrango, y Lambur, dictaminó 
de conformidad, y la Asamblea aprobó el dictamen; resolución que 



(*) El Reino <le Guatemala, jamás estuvo sujeto al Imperio de los indios mejicanos. Lo 
prueba estensamento el historiador don Domingo Juarros, en el capítulo 7" tratado i^, 
fie su Compendio do la Historia da Guatemala. El Poten fué conquistado por ürsiU 
y jjuesto bajo la jurisdicción de la Audiencia de Guitemaln, á cuyo territorio siempre 
perteneció. Lo prueba esteusjvmente don Francisco do Paula García Polaez, en el capitulo 
!:'., tnuio 1" (lo sus Memorias para la Hist:)ria del antiguo Reino do Guatcnia'a. 



330 RESENA TMSTÓKICA 

ratificó el Congreso federal C^). 



(*) La- diversas atenciones del Presidente de la Eepública, no le permitieron volverse á 
fijar en ese asunto, que continuó siendo visto con indiferencia, y hasta el 22 de setiembre 
de 1863, se esiñdieron en Boma las letras que los canonistas llaman apostólicas, agregando 
en lo eclesiástico el Peten, que en lo civil siempre fué guatemalteco, á la diócesis de Gua- 
temala. Mas actividad manifestó Méjico para segregar el obispado de Chiapas de la iglesia 
metropolitana de Guatemala. Verificada la anexión de Cliiapas á Méjico, á consecuencia de 
la anexión de todo Centro-América, que los serviles hicieron al Imperio mejicano, de la 
manera que espresa el señor Marure en el libro II, capitulo 3^ del "Bosquejo Histórico," 
Méjico permaneció en posesión de Chiapas, y quiso que el obispo chiapaneco dejara de ser 
sufragáneo del arzobispo de Guatemala y lo fuera del arzobispo de Méjico. Cuando la par- 
roquia de Guatemala se elevó a obispado, el obispo de esta diócesis era sufragáneo del ar- 
zobispo de Sevilla, lo cual ofrecía graves dificultades en lo eclesiástico. En 1538 la dióce- 
sis de Méjico, se elevó á iglesia metropolitana, y por ser el único arzobispado existente en 
América, el arzobispo de Méjico fué metropolitano de todos los obispos de la América Cen- 
tral y Meridional. Erijida en metropolitana la diócesis de Lima, los sufragáneos de Méjico 
se disminuyeron mucho. En IG de diciembre de 1743, el obispado de Guatemala se elevó a 
iglesia metropolitana, y fueron sufragáneos del arzobispo de Guatemala todos los obispos 
de este Eeino y por consiguiente el de Chiapas. Los mejicanos no perdieron tiempo; á 
instancias de ellos, después de la anexión de Chiapas á Méjico, se resolvió en Koma, á 2b 
de abril de 1837, que el obispo de Chiapas fuera sufragáneo del arzobispo de Méjico. El 
señor Casaus desde la Habana auxilió para este cambio, al obispo de Chiapas; Casaus s# 
proponía hacer daño á los liberales de todos modos; pero con el obispado de Chiapas no 
obtenia su fin. El daño lo habia hecho ya, con la anexión á Méjico, cuyo principal efecto 
fué la pérdida del territorio chiapaneco. 



CA_FITXJLO TRIGESIIMO I^RIMC). 

Calda del Jefe del Salvador. 



SUMARIO. 

1 — Gran conspiración servil — 2. Cornejo — 3. Instalación de la 
Asamblea — 4. Actos ostensibles de las autoridades salvadore- 
ñas—^. Noticias recibidas en Guatemala acerca de la invasión 
—6. Proclama de Domínguez — 7. Movimiento del general Mo- 
razan — 8. Comisión del coronel Espinosa — 9. Espinosa es ame- 
nazado y regresa — 10. Atentado contra el Presidente de la Re- 
pvMica — 11. lievolucion de las autoridades del Salvador^ que 
completojR la insurrección — 12. Se reúne estraor diñar iamente el 
Congreso — 13. Discurso del doctor Alcayaga — 14. Instalación 
de la Asamblea ordinaria de Guatemala — 15. Autorización del 
Congreso federal — 16. Cornejo se intimida y pretende ganar 
tiempo-^Yí . Impresión que esta propuesta hizo en Guatemala — 
18. Actitud de Nicaragua — 19. El Jefe de Nicaragua — 20. De- 
creto déla Asamblea de Nicaragua — 21. Reformas — 22. Reso- 
lución de* Costa- Rica— '•2'^, Fuerza de observación— 2Ai, Confe- 
rencias — 2o. El territorio de Guatemala es invadido — 2C. Impre- 
sión que este suceso p>rod/u,jo al doctor Galvez — 27. Situación de 

. M'orazan: acción de Jocoro—''2^. Pronunclay^ienJo de Metapdw 
-29. Pronunciamiento de Chalatenango—ZO. Sonsonaie— SI Su- 
cesos de Santa Ana — 32. Morazan en San Miguel — 33. MarcJia 
íiobre San Salvador — 34. Reflexiones — 35. Fuga de muchas per- 
so7ias—'^C). Fuerzas guatemaltecas — 37. Gobierno provisional en 
San Salvador — 38. Indi riduos que entraron presos á Guatemala, 



I - Kl iifio (le :;i..uii uiMii tíolpe oontra los libeniles ¡)ioyectaLHi 



1)32 líESEÑA IIISTÓIÍICA 

el partido servil. Sus combinaciones estaban ramificadas joor todas 
partes. Arce debia invadir la República, viniendo de Méjico, (''^) por 
Soconusco. Domínguez debia espedicionar sobre Honduras (^^'^) con 
elementos que* sus corelijionarios le tenian en Belice, aj^oderarse del 
puerto' de Trujillo, y marchar hasta Comayagua C'^'-^'^'). Entre tanto, 
Ramón Guzman se apoderaba del castillo de Omoa, con doscientos 
morenos. Arce contaba en su apoyo, en San Salvador, con el Jefe" 
del Estado, y en Guatemala con los esfuerzos del clero. 

9 — Hemos visto los elojios que á Cornejo liace el autor de las Me- 
morias- de Jalapa, por el comportamiento que con los presos tuvo el 
año de 29. Arce lo colma también de elojios y mantuvo con él cor- 
respondencia secreta. Los serviles solo elojian á los hombres que 
les sirven de instrumento. Cornejo influyó activamente, por que 
las elecciones de diputados en San Salvador, recayeran en hombres 
de su escuela. 

3 — La Asamblea salvadoreña se instale en febrero de 31. Las ten- 
dencias del Jefe y de los diputados electos, inspiraban desconfian- 



(*) Esta grau conjuración es una prueba do que los hombres que sucumbieron el año de 
29, solo podian estar quietos bajo la prasion de las bayonetas, y de que las medidas que con- 
tra ellos se dictaron, en vez d3 ser eficaces, los dejaron en aptitud de conspirar y de se- 
¡Ljuir sin tregua hostilizando. 

(**) Hé aquí el efecto del decreto que lo indultó de la pena de muerte. 

(***) He aquí el electo de no haberse tomado bastantes precauciones el 119 de abril de 1829 
para impedir la fuga de Domínguez. Sin embargo, dicen los serviles, que las prisiones de 
aquel día fueron un atentado: que el general Mo razan fué un tirano: que ellos eran vícti- 
mas inocentes. Don Juan José Aycinena consignó en uno de sus folletos estas palabras: 
"En 1829, un soldado con la espada en la mano, holló con tanto descaro como escándalo, las 
garantías sociales, las leyes, los derechos naturales del hombre y hasta los sentimientos de 
humanidad." Sin embargo, á ninguno se fusiló. Menos se obligó á ninguno á que abriera 
su propio sepulcro para fusilarlo después. Mucho menos se obligó á nadie á que abriendo su 
fosa se cubriera de tierra hasta la garganta, quedando su cabeza al nivel del suelo i^ara .su- 
frir en ella, después de alguúas horas de martirio, golpes que consumaran el inicuo sa- 
crificio. Estos crímenes que se vieron perpetrar bajo la santa dominación de los servi- 
les, no huellan con tanto descaro como escándalo, las garantías sociales, las leyes, los de- 
rechos naturales del hombre ni los sentimientos de humanidad. Lo línico que huella 
todo esto, es la espulsion de conspiradores como Domínguez, instrumento de Aycinena; 
como Arce que se convierte en filibustero y viene á holla r el suelo de su patria, como Pe- 
dro González y su. círculo nobilísimo, que izan la bandera española en el castillo de Omoa- 



DE ok:stií{)-a:mekica. 838 

zas á los liberales de Giiateiuala, y por orden lejislativa, la Asam- 
blea de este Estado dispuso que se felicitara á la nuevamente ins- 
talada en el Salvador, con el íin de espresar en esa felicitación, la 
necesidad de la armonía y del sostenimiento de los principios cons- 
titucionales. 

4— En lo público, aquellas autoridades se ocupaban en objetos de 
positiva utilidad. El 7 de febrero de 81, hubo un terremoto en 
el Salvador, que causó notables estragos en la capital, y en mu- 
chas de las poblaciones situadas cerca de las costas del Pacífico. 
Cornejo manifestó empeño en auxiliar á las personas que, con mt;- 
tivo de aquella catástrofe, esperimentaban sufrimientos. El 16 de 
(le febrero se concedió al pueblo de Chalatenango el título de villa. 
y el 24 de julio se instaló un establecimiento de enseñanza, que te- 
nia el título de "Colejio Seminario." Pero entre tant», una sorda 
conspiración se preparaba contra las autoridades federales. 

5 — Al mismo tiempo que se recibía la noticia del movimiento de 
Arce por Soconusco, llegó una carta fechada en Yojoa, á 28 de no- 
viembre de 81, y dirijida á una persona de la capital. En esa carta 
se dice: "Hace cuatro días que estando en Rancho Grande, llegó 
un correo, llamado Basilio, del puerto de Omoa, quien me asegui-ó 
que dicho puerto estaba revolucionado, y que un tal Ramón (tuz 
man en compañía de Tadeo Martínez y los negros, se apoderó 
del cuartel y castillo, poniendo preso al comandante Peña. Dicho 
Basilio me aseguró iba de correo á la ciudad de San Miguel, y pre- 
sentándome un paquete, que al momento abrí, me encontré en él u- 
na proclama de Domínguez.'' 

G — Esa ijroclama es incendiara. Presenta á don Manuel José Ar- 
ce (íomo una víctima inocente, y como el hombre destinado por la 
Providencia para remediar los males de los pueblos, y castigar ú 
las personas que abusando de una autoridad usurpada, los oprimían. 
Dice que Arce abunda en recursos, que cuenta con simpatías en 
los pueblos de los Altos, y que pronto llegaría triunfante á Guate- 
mala. Exajera los recursos de que el dispone en las costas del 
Norte, y llama á las armas á todos los centro-americanos, para sos- 
tener la causa santa de Dios (*). 

7 — El Presidente de la República se trasladó al f^alvador, para 
combinar mejor sus movimientos. Había pedido á Nicaragua una 



{•) Los que Imii dicho que las tendenciiiH reaccionuriaH solo existiiiu cu lu iamjinuoiou 
de los libemles, ¿qué dirúu ul ver esto grau conspiración, ú cuyo frente so h!>U¡m l<^s s.vv¡- 
h'K indultados do la pena de muerto por el decreto de 22 de agosto de 1820V 



334 RESENA IIISTÓKICA 

fuerza auxiliar, que constaba de ochocientos liombres dispuestos á 
marchar contra Tos invasores. 

8 — Las autoridades federales y his ' del Estado del Salvador, no 
estabais de acuerdo, ni podían estarlo. Cornejo era servil y se halla- 
ba en inteligencias secretas con los invasores, y Morazan era el 
blanco contra el cual se dirijian los tiros. La conclusión de la guer- 
ra estaba reciente. Los serviles no se creian completamente venci- 
dos. Pensaban que hablan sucumbido, no porque sus ideas estuvie- 
ran en pugna con las ideas del siglo, ni porque su réjimen fueni 
un anacronismo en la historia del lluevo Mundo, sino porque Eaoul 
y Morazan eran militares y pudieron vencer á don Agustín Prado 
que de militar solo tenia el nombre. Con estas creencias veían la 
reacción como un acontecimiento no solo posible, sino natural y ló- 
jico. (ialvez «envió á San Salvador al coronel Nicolás Es|)inosa, con 
pliegos j)ara Cornejo, en que se le decia que Espinosa estaba plena- 
mente autorizado para salvar cualquiera dificultad que se presen- 
tara entre Morazan y el mismo Cornejo. 

9 — En las inmediaciones de Atiquizaya, tuvo noticia Espinosa de 
que el Jefe político de Sonsonate había mandado al Alcalde de San- 
ta Ana que lo redujese á prisión. Espinosa se retiró, y la noticia de 
este suceso desagradable indignó á Calvez. 

10 — El Presidente de la República iba á San Salvador, de acuer- 
do con las autoridades de aquel Estado. ISTo llevaba fuerza; solo le a- 
compañaba una escolta. No podía, por tanto, inspirar temor á Corne- 
jo el que un golpe de hecho le arrebatara su jefatura. Cornejo, ade- 
mas, había dicho oficialmente que Morazan no tenia partido en San 
Salvador, y que un completo desprestijio lo rodeaba. Siendo esto a- 
sí, tampoco debía temer el Jefe del Salvador la presencia del Pre- 
sidente de la Pepública. Sin embargo, el 6 de enero de 1832, Corne- 
jo dio un gran golpe de insubordinación. Intimó al Presidente de 
la República, que se hallaba en Santa Ana, que evacuara inme- 
diatamente el Estado, y si no lo hacía sería atacado; y movió fuer- 
zas para que la intima(?ion no fuera solo una amenaza. Morazan no 
tenia tropa que oponer al Jefe insurrecto, y tuvo necesidad de re- 
tirarse. 

11 — Para completar la insurrección, se decretó que el Estado se 
sustraía del pacto federal. La noticia de estos infaustos sucesos, 
produjo una grande ajitacion en la mayor, parte de la República, 
La prensa liberal increpaba á Cornejo por haberse rebelado contra 
la primera autoridad de la nación, por haber hecho un ultraje á la 
República, en la persona de su primer Majistrado, por haber roto- 
%l pacto fundamental, y por haber perpetrado todos estos crímenes 
políticos en los momentos en que Centro- América se veía por toda^ 
partes amenazada. El doctor Gralvez escribía severas cartas á Cor 



I 



DE CENTIIO-AMEKJCA. 335 

nejo. En ellas le reprochaba su conducta, y lo hacia responsable de 
los males de la guerra. 

12. — El lo de Enero se instalo estraordinariamente el Congreso 
nacional. El 18 se verificó la apertura de sus sesiones. A este acto 
concurrieron las autoridades federales que se hallaban en la capi- 
tal y un gran número de ciudadanos. El Presidente de ^quel al- 
to Cuerpo doctor José Antonio Alcayaga, pronunció ai abrirse las 
sesiones, un discurro notabilísimo. Puede asegurarse que es uno de 
los documentos mas importantes de la Historia de Centro- América. 
Dice así: 

13. — "Ciudadanos Representantes: Otra vez se reúne el Congre- 
so en sesiones estraordinarias, en el mismo dia á que ha sido con- 
vocado. No es el pavor el que nos ha traído á este santuario, con 
el objeto de evitar grandes peligros que amenazan á la.píltria, por- 
que basta la opinión, la justicia de nuestra causa, y el entusias- 
mo de los pueblos para sofocarlos. Las aberraciones de un Estado, 
que, dirijido por dignos funcionarios, ha sido antes el baluarte de 
la libertad: el agravio hecho á Li Nación en la persona del Presi- 
dente; y el respeto que las leyes merecen, hicieron que los repre- 
sentantes" volaran á este lugar desde los puntos en que se hallaban 
dispersos. ¿Qué miedo inspiraría en nosotros un estrangero, que 
lio teniendo misión legítima para hacernos la guerra, ni pertene- 
ciendo á Gobierno alguno, se presenta en Omoa, con el carácter 
<ie bandido, sin mas recursos que la violencia, el robo y el asesi-' 
nato: que provoca desde lejos á la anarquía, para buscar en las 
ruinas de esta República, la fortuna y la representación que nun- 
ca tuvo en su ^aís, y que alhagando sus planes de iniquidad 
con el saqueo de Izabal y de otros pueblos, manifiesta que su 
engrandecimiento se fundaría siempre en el despojo de los propie- 
tarios, y en la opresión del j)ueblo? ¿Qué temor infundiría el otro, 
hijo desnaturalizado de Centro- América, que nunca supo corres- 
ponder á la confianza que los pueblos engañados hicieron en su 
persona, sino que abusó del poder envolviéndolos en el desastre de. 
la guerra civil: que en pos de sus particulares intereses, siempre 
enemigo de los gobiernos establecidos y siempre infiel á los pue- 
))los que alucina, se unió con entusiasmo á los que promovieron 
la independencia del gobierno español: resistió la agregación al 
Imperio mejicano; trató de venderlos al general Filísola ])or un 
grado militar, los abandonó en el x^^^^í^ro, y fué la causa de su 
derrota y sus desgracias (*)? Arce, colocado en la prinieni silla 



(*) Estos palubms del señor Aloayaga, confunden mas te Arc« qo« cien rolA?n«n*»*. 



B36 KESENA HISTÓRICA 

de la República se erijió en déspota, disolviendo con mañosidad 
el Congreso y el Senado, é impidiendo su reunión por medio de la 
fuerza; usurpó las facultades que el Congreso no podia conceder- 
le: gastó gran parte del empréstito estranjero en verificar sus pla- 
nes de revolución: protejió y premió descaradamente á los asesi- 
nos del benemérito Flores, .y no quiso obedecer una ley de que 
él mismo tuvo la iniciativa, ni dar cuenta al Congreso de la in- 
versión de los caudales públicos. El redujo á prisión á diputa- 
dos federales: él emitió decretos de proscripción y de muerte: y 
llevó la guerra y la desolación á los Estados del Salvador y de 
Honduras, dejando al ele Guatemala hundido en el terror y en 
el espanto. Sus partidarios saquearon é incendiaron pueblos dig- 
nos de ser libres, talaron los campos, é hicieron una multitud de 
pobres é inválidos, de huérfanos y viudas. ;,Podrian estos aven- 
tureros inspirar la confianza de que necesitan los conquistadores 
para dominar á ios pueblos? ;Habria muchos necios que corrie- 
ríin á derramar su sangre y sacrificar sus bienes con el designio de 
erijirles un trono rodeado de víctimas, y compuesto de las viu- 
das de la patria? M Arce ni Domínguez serán nunca los que triun- 
fen en Centro- América, ni son tampoco estos criminales, que pa- 
tentizan LA justicia con QUE FUERON ARRANCADOS DEL TER- 
RITORIO, el objeto que nos ha reunido. Los funcionarios del Es- 
tado del Salvador, restos de la facción liberticida que sucumbió el 
año de 29 minan solapadamente la Constitución y la Independen- 
cia desde principios del año anterior, y ahora descubren sus pla- 
nes insultando al Presidente, persiguiendo á los patriotas y rom- 
piendo el pacto nacional, con el fin de envolvernos en la anarquía 
y uncirnos después al yugo de los déspotas. La circunspección con 
que el Congreso vio sus primeros atentados los ha enorgullecido; 
se creen superiores á la Constitución de su instado y déla Eepúbli- 
ca y á la IS'acion entera. Ellos la insultan y agravian atrozmente,, 
en la persona del Presidente; y ellos intentan disolverla para sacar 
de sus ruinas ventajas personales. No advierten que roto el x)acto, 
se desvanece la autoridad que este les diera, cesando en aquellos 
pueblos la obligación de obedeceiios; y que la facción á que perte- 
necen, ni vencedora como el año de 22, ni vencida como el de 29, 
pudo realizar sus j^royectos, porque ha concluido ya el tiempo de 
los déspotas, jjorque los pueblos han recobrado sus derechos, y es 
justo que los tengan, y porque es imposible resistir el torrente que 
vivifica el universo. Asi es que jinien hoy día en el Estado del Sal- 
vador los libres que reconquistaron la libertad con su propia san- 
gre: se les imputa á crimen el ser fieles á sus juramentos, por los 
mismos que en tanto han sido funcionarios, en cuanto han jurado 
obedecer y hacer cumplir la Constitución de la Hepública. Los 



DE OENTKO-AMÉKIOA 337 

pueblos se ven envueltos de nuevo por una cadena de males, y es- 
peran justamente que la nación los salve en estas circunstancias. He 
aquí el objeto que nos ha reunido. Su gran tamaño me escusa de 
encarecerlo. Una medida que volviera á los salvadoreños su libertad 
y constitución, os llenarla de gloria. El tiempo que os queda para 
dictarla es corto: no dejareis que trascurra inútilmente. Trabajad, 
pues, de manera que la jeneracion presente, bendiga vuestro nom- 
bre y las futuras lo recuerden con agrado." 

14 — En febrero se instalo la lejislatura ordinaria de Guatemala. 
El mensaje de Galvez presenta la situación de la República, con to- 
da exactitud. Dice: que decidido siempre i)or la paz y por los a- 
comodamientos y transacciones, jamás ha descuidado la fuerza que 
hace respetables los Estados. Agrega que marcha una división á co- 
locarse en la línea divisoria del departamento de Santa Ana, y que 
el carácter de esta fuerza es de observación. Asegura que el orden 
de la República está á cargo del Presidente, y que el Jefe de un lis- 
tado cumple con hacer efectiva la tranquilidad interior del mismo 
Estado. Hace hincapié en que no quiere la guerra, y en que, sin 
embargo, no podrá menos de contribuir á ella si el Presidente, en 
uso de sus lejítimas facultades, pide al Estado de Guatemala re- 
cursos para salvar la República. Galvez se jacta del número de 
liombres bien disciplinados con que el Estado contnbíi, y de los ele 
mentos de guerra que tenia. 

15— El Congreso, de acuerdo con los pensamientos de su presiden- 
te Alcayaga, autoriza al Ejecutivo federal, jmra dictar todas las dis- 
posiciones que exijiera la salvación de la ley fundamental y la re- 
j)ulsa de los invasores. 

16 — Cornejo dirijió á Galvez una nota, manifestándole que agra- 
decía mucho los sentimientos de paz y de fraternidad que lo anima- 
ban. Le dice que desea se verifiquen arreglos entre los Estados para 
repeler á los invasores: que su único deseo es que se reforme la 
constitución federal, de acuerdo con el voto de los jíueblos: que él 
se trasladaría á la villa de Ahuachapam y esperaba allí comisiones 
de los otros Estados, para que satisfactoriamente se arreglaran a- 
suntos tan importantes. 

17 — La prensa oficial de Guatemala dijo que un porvenir de paz y 
de orden se inauguraba: que las proposiciones de Cornejo estaban 
aceptadas, y que pronto no habría en Centro- America mas que or- 
den y libertad. Galvez deseaba que Morazan entrara en algún con- 
venio, que repeliendo á los invasores, dejara en pió al Jefe salva- 
doreño. Morazan conocía muy bien la situación y estaba dominado 
por el j)ensamiento de que Cornejo fuera depuesto. Algunns indis- 
creciones de éste, predisponían tambi'en contra ól al del 
Estado de Guatemala. 

22 



838 RESEÑA IIISTÓKICA 

18 — El Gobierno del Estado de Nicaragua, conocedor profundo 
de los hombres que dominaban la situación y de sus tendencias, di- 
rijió al de G-uatemala la comunicación siguiente: ''Han sido vistas 
con horror en el Estado de Nicaragua, las disx)Osiciones de las auto- 
ridades del Salvador, consecuencias necesarias de los primeros pa- 
sos estraviados que se dieron en aquel Estadj. Los sentimientos de 
la Legislatura y jn^ebl os de Nicaragua, son conformes y unísonos 
con los sentimientos de la Asamblea y pueblos de Guatemala, y el 
Ejecutivo sabrá secundarlos y obrar en todo conforme á los intere- 
ses j desagravio de la Nación. Por el correo anterior, se ha hecho 
por este Ministerio y de orden de mi Gobierno, una enérjica esposi- 
cion al Gobierno del Salvador, manifestándole la nulidad é injus- 
ticia de sus operaciones, procurando desvanecer las aparentes razo- 
nes en que ha querido fundarlas, haciendo presente el ultraje que 
se ha hecho á toda la Nación en su primer funcionario, y las conse 
cuencias funestas de este paso: se le invita á retroceder: se le pro- 
testan los resultados y se le indica su propio peligro. Mi Gobier- 
no me manda asegurar al de Ud., que está dispuesto á formar con 
ese Estado y el de Honduras, una barrera fuerte para resistir á los 
enemigos esteriores é interiores, y para restablecer el orden de to- 
da la República." 

19 — El Jefe de Nicaragua era don Dionisio Herrera, víctima d(^ 
Milla en Honduras, y pacificador del Estado á cuyo frente se hn 
Haba. Era entusiasta por la causa liberal, x)or la constitución y jjo] 
la persona del x>i'esidente Morazan, y á estos objetos, sagrados para 
61, se habría inmolado con placer. 

20 — La Asamblea de Nicaragua, dio un decreto en que desconoce 
la lejitimidad de las autoridades salvadoreñas, y todos sus actos. E 
se decreto declara fuera de la protección de la le}^ á las ¡personas 
que habiendo sido espulsas del territorio nicaragüense, sirvieran á 
las autoridades ilejí timas del Salvador, y a cualquier vecino de Ni- 
caragua que hallándose accidentalmente en el Salvador, prestara 
servicios á sus autoridades. Por último, impo ne pena de muerte á 
cualquier nicaragüense que tenga correspondencia con los enemigos 
de la patria, que escriba 6 hable en favor de ellos, con objeto de se- 
ducir, que tome armas ó excite á que se tomen (contra las supremas 
autoridades de la Eepública y del Estado. 

21 —La idea de reformas que i)arece abrigaba Cornejo, habría si- 
do salvadora si se hubiera aceptado por todos con sinceridad y bue- 
na fé; pero entonces solo -Servia á los diferentes partidos para com- 
batirse. La necesidad de la reforma era palpable. El Presidente de 
la República no tenia un palmo de tierra donde alojarse. Estaba 
siempre á merced del Jefe del Estado donde la Federación residía, 
como si benévolamente quisiera otorgarle hospitalidad. Faltaba un. 



])K (EN TRO- AMÉRICA. '^Hi) 

distrito federal. No habia un punto que todos los Estados miraran 
oomo centro y j^ropiedad común, y que x>rocuráran todos engrande- 
cer. El Presidente sufría siempre los ataques que el espíritu de lo- 
calisjuo i)Tomovm en favor y en contra , del . Estado donde se hn- 
llaba. 

22 — Costa-Rica con toda calma y serenidad, si^iáó li^.-. innin^n^'^ 
que en aquellos momentos la razón y la justicia indicaban. Cna no- 
ta del ministro ciudadano Joaquín Bernardo Calvo, datada en San 
José, á 3 de marzo de 1832, y dirijida al Gobierno de Guatemala. 
dice así: "Por la apreciable carta de Ud., de 1. ^ de enero último, 
mi Gobierno se ha puesto al alcance de la constante tendencia de 
las autoridades del Salvador á romper el i)acto federal, y délas me- 
didas tomadas x)or ese Gobierno, para evitar las consecuencias que 
debían seguirse del primer paso de aquellas, en la repulsión del 
Presidente de la Pepública, y salvarla de la tomienta que amena - 
:.a en su seguridad y reposo; y con presencia de todo, me ha pre- 
venido decir á Ud., que le es muy grata la ocasión de protestarle 
(|ueeste Gobierno, j^í^Z siempre á las leyes, cooperará con el de Ud.^ 
por cuantos medios estén á su alcance, á objeto de tamaño interés; 
y pondrá á disposición del ?]Jecut ir o federal, los auxilios que se 
le pidan, {)ara dar al primer Majistrado de la Nación, toda la res- 
petabilidad que necesita en las actuales circunstancias. Así me or- 
dena manifestarlo á Ud., p.u'a que Sví digne dar cuenta al Jefe de es«^ 
Estado, sirviéndose admitir los reiterados votos de mi considera- 
ción y aprecio." 

23 — La fuerza de observación de que habla Galvez en su mensaje, 
se hallaba en la frontera del Salvador á las órdenes del coronel don 
Carlos Salazar. Pero en seguida se dispuso qué la mandara el coro- 
nel don Juan Prein, quien se habia distinguido en la campaña que 
termino el año de 29, y muy es]iecialmente en la rendición de ^fe- 
jicanos. 

24 — Galvez que tenia <.\sperauzas de un arreglo dt- |»a/., rüvu. vo- 
misionados á la villa de Ahuachapam, para que abrieran conferen- 
cias con el jefe Cornejo. Este recibió allí á los comisionados de Gua- 
temala, y nombró otros para que siguieran las conferencias. Lk>8 
comisionados salvadoreños y su Gobierno, habían sufrido una equi- 
vocación. Creían que las fuerzas guatemaltecas, no estaban á las ór- 
denes del Presidente de la República, y cuando supieron (pie el gi' 
neral Morazan las mandaba, y que el doctor (íalvez solo se propo- 
nía mediar entre el Presidente y Cornejo, sin com«ter una inüden- 
cia, se retiraron alegando causas diferentes. 

25 — ^Al mismo tiempo que se abrían las confereii. ..*.. «.-• Aliu;i 
(;hax:)ani, partidas de troi)as insurrectas penetraban en el torritoríi» 
d(^ Guatemala. Pren» habia observado movimit^'ntos en las tro|)a.s de- 



t^MO RESEÑA MISTÓ RICA 

i'^ornejo acantonadas en Santa Ana, y mandó que el escuadrón per- 
ií3anente, á las órdenes de Yañas, marchiira á Yux3Íltex)eqae y se 
liiisleron avanzadas en Chingo, j^ara observar los movimientos de 
íSaiita Ana. Se le dio orden de evitar todo rompimiento, á no ser 
que se introdujera en el Estado de Guatemala alguna fuerza insur- 
recta, X3nes entonces debia hacerla retirar 6 batirla. Yañas mandó á 
Oiingo una partida de seis hombres, á cargo del capitán Ocamx)o. 
41Mngo XDertenece al territorio de Guatemala. Ahi encontró Ocampo 
«na avanzada de Cornejo y le hizo fuego. Los insurrectos se retira- 
ran, dejando algunos pocos elementos de guerra. 

26 — Galvez comxarendió que solo las armas x)C)dian salvar la situa- 
^íien e hizo entonces verdaderos esfuerzos ]^íiYa que el drama x^olí- 
dco ternnnára con una victoria militar. 

27— El general Morazan se hallaba hacia el lado del Lenq^a, á la 
ríibeza de fuerzas federales del Salvador y Honduras. Cornejo tenia 
f'ii el Jocoro 600 hombres. Morazan avanzó á marchas forzadas á ese 
paeblo y se situó en el Portillo. A las dos de la mañana del 14 de 
tum-zo, la descubierta del Presidente se enfrentó con una avanzada 
enemiga y hubo tiroteo. Morazan cubrió la retaguardia del enemigo 
con 300 hombres, y el batallón número 1. ^ de la división de Nica- 
if-agua, con 100 hondurenos del mismo cuerx)o y con una- compañia 
fie caballería. Esta fuerza la mandaba el coronel graduado Juan 
Munguia. El Presidente esx^eraba que amaneciera x^ara reconocer el 
í^ampo y disponer el ataque, teniendo el resto del ejército, sobre el 
it-amino recto. A las tres y media de la mañana, el enemigo rompió 
**1 fuego por la derecha, cesó desx^ues de una hora y continuó antes 
ÚB rayar el alba. Morazan dispuso dar el ataque; pero á los prime - 
i-im tiros de la primera compañia del batallón número 2. '^ , mánda- 
tela por el coronel Pamon Balladares, huyeron las tropas de Cóme- 
la. Morazan las siguió hasta el Portillo y no x^udo continuar, x^or- 
qiie sus tropas estaban sumamente estropeadas. La división del 
Presidente sufrió pocas bajas, pero entre estas se encuentra la del 
valiente capitán Bustillos. Cornejo x^erdió, entre muertos, heridos y 
|>risioneros, 500 hombres. 

28 — El 16 de marzo, los alcaldes y comandantes de armas de la 
willa de MetaxDam, dieron parte á Prem de que se habia pronuncia- 
lio el vecindario contra el Gobierno de Cornejo y que estaban to- 
dos -dispuestos á apoyar al Gobierno federal; decían que habia hom- 
bres y entusiasmo; pero faltaban armas. Agregaban que las fuerzas 
de Oornejo, estaban situadas en Santa Ana, á catorce leguas de 
Metapam, y pedian auxilio contra ellas. Prem contestó dando las 
Í^Eacias espresivamente á nombre de la República , les aseguró que 
Tsm los abandonaba y que al dia siguiente estarla en Chalchuax3a y 
ea seguida en Santa Ana. 



DK CENTRO-AMÉRICA. 341 

29 -El vecindario de Clialatenango se hallaba animado de 
mismos sentimientos y se j)ronnn ció contra Cornejo. Puso en disper- 
sión la fuerza qwe allí habia, á la cual se le quitaron 80 fusiles. Loí*' 
pronunciados reunieron en seguida 300 hombres, la mayor parte dn 
caballería. 

30— El 18 de marzo se pronuncio la capital del departamento d*^ 
Sonsonate en favor del general Morazan. El teniente coronel Nico- 
lás Ángulo, estaba al frente de ese movimiento. Las guarnicíoiies 
del T)uerto y de la ciudad, las armas y el dinero que allí existían- 
se x)usieron á las órdenes del General Presidente. 

31 — El coronel don Carlos Salazar llegó á Chalchuapa el IS du 
marzo, y desde allí dirijió á la Municipalidad de Santa Ana, la co- 
municación siguiente: 

"Estado mayor general de la 1. ^ división — A la municipalidad 
de la ciudad de Santa Ana — Acabo de llegar á este pueblo con la 
vanguardia del ejército, compuesto de las divisiones 1. ^ al mande* 
del coronel Prem, y la del norte, al mando del coronel Terrelonge; 
según las órdenes que tengo, debo el dia de mañana ocupar esa cm- 
dad para protejer á sus habitantes, oprimidos, vejados y hostiliza- 
dos por los facciosos que llevan el nombre de gobernantes de San 
Salvador. Los santanecos se han hecho dignos de esta protección. 
por su resistencia heroica á marchar á las filas de los bandidos qn** 
han asolado los pueblos de todo el Estado; y la sangre derramada 
en la gloriosa jornada del Jocoro, será vengada por los valientes qn*- 
han jurado sostener la justa y verdadera libertad consignada en el 
código sagrado que felizmente nos rije. Este es, ciudadanos muni- 
cipales, el grande objeto que el Gobierno nacional se ha propuesta* 
al mandar fuerzas á este Estado. A nombre de él mismo, y del cty- 
mandante general de esta división, yo les x'írotesto que no habrá el 
mas pequeño exceso ó desorden de parte de los soldados que la 
componen. Defensores de la causa mas noble que hubiera, íamás 
empañarán el mérito y renombre que adquieran. 

'A mi llegada pondré en manos de ustedes, las últimas disposiciiv 
nes y decretos del Congreso federal; ellos'indican la senda x>or desu- 
de se debe caminar para volver al orden constituííional, del que des- 
graciadamente se han separado las autoridades del Salvador. Frt» 
testo á ustedes mis sinceros afectos y las altas considemcíones ñn 
mi respeto y aprecio. 

^'O. U. L. — Cuartel geneial fTi inurcha, Chalcliu:i[):i 
1832" 

Salazar recibió una contestación favorabilísimíi. iremlmente! 

dice así: 

"J)el Alcalde 1 . ^ de esta ciudad. Al Mayor general ríe la f.^ di- 
visión del ejército federal. A hus nueve de esta noel i .»ciT>ido 



842 RESEÑA HISTÓKTCA 

la comLinicacion que Ud. dirije á la municipalidad de esta (áudad; 
á esa comunicación tengo el honor de contestar p'or mí solo, por ser 
hora en que me ha sido difícil reunir la corporación: maniíiesto á 
nombre de este vecindario, que puede Ud. ocupar esta plaza á la 
llora que crea conveniente, i)or liaber sido desocupada por las tro- 
})as del Estado, ayer á las 8 de la mañana. En esta ciudad que ten- 
go el i^lacer de ofrecer á Ud., encontrará los auxilios que necesite; 
T)ues el vecindario me ha ofrecido obsequiar á Ud. lo mejor que 
pueda, y estrechar las relaciones y amistad con que distingue al 
Jefe que manda el ejército protector de la Constitución. Esta "oca- 
sión me presenta la de ofrecer las consideraciones de mi aprecio. D. 
I^. L.— Santa Ana y marzo 18 de 1882. 

Valentin Barrí eidos . " 

Al recibirse esta contestación, Salazar ocupó la plaza de Santa A- 
na, sin que hubiera sido preciso disparar un solo tiro. 

82 — Después del triunfo del Jocoro, el Presidente se dirijio á la 
(áudad de San Miguel, donde fué recibido con demostraciones de 
regocijo. Ahí tuvo noticias favorables sobre la situación de su cau- 
í-^a, y muestras de afecto de diferentes pueblos; recibió nuevos re- 
fuerzos, y se puso en combinación con el coronel Prem, para dar 
\\n asalto simultáneo á la plaza de San Salvador. 

88 — A las 11 de la mañana del 27 de marzo, el Presidente con la 
<livision de Nicaragua y Honduras, ocupo el pueblo de Soy apango. 
El ataque debia darse por Soyapango, San Esteban y Milingo, y el 
Presidente quiso llamar la atención por otros puntos. El salió el 28 
á las nueve y media de la mañana, con la primera brigada de in- 
fantería perteneciente á la división de Mcaragua, al mando de su 
ayudante de campo, teniente coronel Benitez, y con la 2. "^ de la 
.^nisma arma, correspondiente á la división de Honduras, á las ór- 
ilenes del teniente coronel F. Domínguez. Ambas se componían de 
^;erca de 400 hombres. Morazan se dirijió con ellos sobre las forti- 
llcaciones de la Chacra, y llegó sin obstáculo á menos de tiro de 
fusil. El Presidente observó entonces, que aquellas fortiíica clones 
estaban mal formadas, que no tenían fosos ni x)odian defenderse, y 
Je vino el deseo de tomarlas inmediatamente. Con este fin mandó 
que Domínguez llamara la atención del enemigo ])ov la izquierda, 
nacía el frente de una trinchera, en que estaba colocado un cañón 
de á cuatro, y que Benitez avanzara por la derecha sobre otra que 
se hallaba situada en una pequeña altura. Al mismo tiempo mandó 
á Domínguez que atacara por la izquierda, y las posiciones que o- 
<•■ upaba el enemigo, fueron tomadas sÍTnultánea mente. Morazan sus- 
pendió el movimiento; pero los fuegos de las tropas que estaban {\ 
3as ordene^ df^ Benitez, le hicieron comprender que est? Jefe se ha 



DE CENTRO-AMÉIUOA. 1348 

bia aproximado á la i)laza, y que estaba eomx)ronietido. El Presi- 
dente marchó entonces á protejerlo, y dio orden para que el resto 
del ejército ocupara la garita de San Sebastian. Esta orden fué tar- 
día, porque cuando se espidió, ya habla ocupado esa garita el coro- 
nel comandante de la división ISTicaragua, Ramón Balladares, quien 
batió las i)artidas que se opusieron á su i)aso. El ataque continuó 
í?ntónces sobre la plaza mayor, con bastante oposición, porque 
los soldados de Cornejo hacían vigorosa resistencia. Les sitia- 
dos fueron reducidos á sus últimos atrincheramientos. Se continuó 
el ataque sobre éstos por dos puntos, que fueron sostenidos por 
mas de una hora, á causa de no haber instrumentos pai-a romper la 
í^asa que enfrentaba con la trinchera que se hallaba al lado de la igle- 
sia de San Francisco. Pero el coronel Balladares pudo romper di- 
cha casa, é hizo subir sobre su techo algunos tiradores que lá do- 
minaban. Al mismo tiempo que estos rompían el fuego, marchó 
de frente la mayor parte de una compañía de la 4. ^ brigada de la 
división de Nicaragua, y algunos soldados de la 1. =^ y 3. ^ brigada. 
La trinchera sucumbió :n seguida. El comandante de la 4. ^ briga- 
da, capitán Lacayo, ocupó inmediatamente la trinchera que se ha- 
llaba á la izquierda de la iglesia parroquial (hoy catedral), enton- 
ces los soldados de Cornejo huyeron por diversas direcciones, y la 
victoria coronó una vez mas las sienes del General Presidente. 

34 — Los enemigos del general Morazan, no le conceden ninguna 
elevada cualidad: le niegan obstinadamente hasta sus grandes dotes 
militares; pero la historia los desmiente. El autor del ''Bosquejo 
Histórico," al fin del capítulo 14, libro 3. ^, adelantándose, por via 
de reflexiones, á los sucesos que narra, y admirando lo mucho que 
en x)Oco tiempo habla progresado el arte de la guerra, dice: ''En 
1823, Filísola necesitó 2000 bayonetas j)ara entrar á San Salvador: 
en 827 y 28, Arce Arzú y Mon tufar no i)u dieron conseguirlo con i- 
gual ó mayor número; en el año de 32, Morazan, con solo 800 liom- 
bres se apoderó de aquella plaza, en menos de dos homs." Indu- 
dable es que el arte de la guerra habla i)rogresado, y que el gene- 
ral Morazan tenia altas dotes militares; pero la severidad historien, 
^xije una observación en favor del pueblo salvadoreño, i)anv evitar 
que se crea que liabia decaído como Atenas, que después de gran 
des glorias militares, fue fácilmente vencida por Demetrio Falereo. 
El año de 823, los salvadoreños resistiendo á Filísola, defendían la 
independencia, la libertad, la república, la honra nacional, conli*a 
un puñado de traidores que para continuar llamándose nobles, lio- 
llaban el suelo de la patria con las plant :s de soldados (^síninj- - 
En 1827 y 28, los salvadoreños no combatían contra un ímpr:. , 
porque ese imperio, no pudiendo existir en el mundo de las Kepú- 
blicas, se habla despedazado; pero combatían conti*a hi aristocra- 



344 RESEÑA HISTÓRICA 

cia imperial cuyos estragos veísii. En 1832, la situación era muy 
diferente. Los salvadoreños se liallaban mandados X3or un Jefe que, 
traicionando al pueblo, intentaba hacer ilusorios los triunfos de su 
patria, con la misma bandera reaccionaria, que después de una pro- 
longada lucha y una serie de victorias, el i^ueblo salvadoreño des- 
pedazó en Mejicanos. Las villas y ciudades del Estado, inmediata- 
mente que comprendían la traición de Cornejo, se pronunciaban en 
favor de la bandera de los libres, que desde el cerro de la Trinidad 
llevaba en triunfo el general Morazan. Entre los años de 23, de 27 
y de 28 y el año de 32, existe una inmensa diferencia. Si el general 
Morazan hubiera defendido á los reaccionarios, si su lenguaje hu- 
biera sido el mismo que estos dirijian á los salvadoreños, si 
las tropas del Salvador no hubieran visto en Morazan al defen- 
sor de sus mas caras instituciones, y al bravo guerrero que tantas 
veces las condujo á la victoria, Morazan habría sucumbido en el 
territorio del Estado, sin haber podido acercarse tal vez á las forti- 
ficaciones de San Salvador. 

35 — Algunos de los comprometidos huyeron hacia el puerto de 
La Libertad. El ayudante de campo Miguel Cubas, los persiguió; pe- 
m á su llegada al puerto, se hablan embarcado muchos; y entre 
ellos los señores V. Yillaseñor, Jerónimo Paiz y Carmen Salazar. 

36 — Las fuerzas de Guatemala, por la distancia en que se halla- 
ban, no tomaron parte en la ocupación de la plaza de San Salva- 
dor. Acaso fué una ventaja. Los salvadoreños recordaban las cam- 
pañas anteriores, y en aquellos momentos hubieran podido olvidar 
que los guatemaltecos ya no se x^í'^sentaban en su territorio como 
imperiales ni como aristócratas, sino como protectores de la unidad 
nacional y de la Kepública. 

37-- El Presidente reasumió el mando provisional del Estado, 
mientras se hacian elecciones, redujo á ]3rision á las personas que 
hablan ejercido los supremos poderes, y escoltadas, las remitió á 
Griiatemala para que se les juzgara. 

38— En virtud de esta orden, entraron á la capital y fueron alo- 
jados en el convento de San Francisco los individuos cuyos nom- 
bres se espresan á continuación: 

El ex-jefe del Estado José María Cornejo, Antonio J. Cañas, J. 
Faustino Ximenez, Damián Villacorta, Faustino Camacho, Manuel 
Antonio Cordón, Mariano Ibarra, Gregorio Villaseñor, Pedro No- 
lasco Martínez, Juan J. López, J. Rosales, Francisco Castro, pres- 
bítero Ignacio Perdomo, Policarpo Guevara, Antonio Ensebio Me- 
na, J. Dolores Castillo, J. Ildefonso Castillo, José María Loboguer- 
rero, Fernando Miranda, Doroteo Landaverde, José M. "^ Fuen- 
tes, J. Enrique ISTuila, presbítero José M. <^ López, Domingo Gon- 
zález, Francisco Castillo, Jerónimo Balcárcel, Anastasio Feria, Ju- 



; DE CENTIiO-AMEKICA 34;") 

I lian Valencia, Tomas Dimas, Calisto Hueso, Bonifacio Castillo, 
[ Salvador Paz, Pedro León Yelasqnez, José M. "^ Estupinian, Ful- 
gencio Morales, Miguel Paz, presbítero Carlos Tellez, Ruperto Tri- 
^ güeros. 



o apitiilo trigésiirioseí^vindo. 
Derrota de Arce. 



SUMARIO. 

— Arce se convierte en filíhustero — 2. J^iiuacion de ¿Soconusco- 
;>. Reclamo del Gohierno centro -americano — 4. Circunstancias 
que rodeaban al Presidente — o. Solicitud de Raoul — 6. Contes 
tacion del Gohierno mejicano — 7. Continúan las iiiaqiti naciones 
-8. Comunicación del Gobernador de CMapas — 9. Reflexiones 
—10. Proclama del padre Herrera — 11. Nota de Raoul á la mu 
mcipalidad de TustlacMco—VH. Cartas de Arce—V¿. Continúa 
/'Z moDÍmíento — 14. Nota de don Francisco Albure¿ al Gobier- 
no de Guatemala — 15. Renuncia de Raoul: lo subroga el coronel 
Martínez— IC). Interpretaciones que dieron los serdles á una 
nota de Raoul — 17. Acuerdo de los dos Jefes — 18. Sucesos co 
municados el 25 de febrero — 19. Militares recomendados por 
Raoul— 20. Proclama de Galmz á los centro-aniericaiios-^í. 
Circular de 3Iartinez á las autoridades de Soconusco— i^^. Con 
duela del Gobierno mejicano — 23. Contestación de don Silverio 
Escobar — 24. La r/ran conspiración servil no 7ta terminad< '' 
(ihscrrdcionc-^ . • 



I Dunnitt* los siici^sos K\\\r - i. lición (^i el capítulo precedente 



348 IlESENA HISTOKICA 

la vasta conspiración servil, estalló también en las fronteras de Mé- 
jico. Los nobles que se unieron á Arce, cuando estaba en el poder, 
para convertirlo en un instrumento de la aristocracia contra el pue- 
blo, que lo arrojaron con vilipendio del mando, porque no se pres- 
taba* algunas veces, á dar completo lleno a sus miras, entre las cua- 
les estuvo el incendio de San Salvador, lo convirtieron segunda vez 
en instrumento suyo, para arrojarlo por el lado de Soconusco, co- 
mo un filibustero sobre la República. 

2 — Chiapas, á la caida del Imperio de Iturbide, segregándose de 
Gen tro -América, se anexó á Méjico; pero el Partido de Soconus- 
co permaneció unido á la América Central. El Gobierno mejicano 
Mzo marchar una división de tropas á la frontera. El de Centro- A- 
mérica se dispuso á protejer, contra cualquier tentativa, á los jyne- 
blos que le eran fieles. Un Ministro de esta E-epública, propuso en 
Méjico que la gran Dieta americana, reunida en Panamá, decidiera 
como juez. Esta x>roposicion no fué admitida., sin embargo de que 
ninguna autoridad podia ser mas competente ni mas imparcial para 
resolver una cuestión entre dos Estados americanos, que aquella 
gran Dieta, compuesta de hombres eminentes del Í^Tuevo Mundo. 
Privada la América Central de un juez tan ilustrado, el Ministro de 
Centro- América propuso en Méjico que se terminara el asunto por 
medio de un tratado. Entre tanto, quedó resuelto que las tropas y 
autoridades militares de Centro- América, evacuaran el territorio de 
Soconusco: que se diera franca entrada en Soconusco á las perso- 
nas que habían emigrado i^or opiniones políticas en favor de Cen- 
tro-América: que Méjico se abstuviera de traspasar la línea diviso- 
ria: que ninguno de los dos Gobiernos podría sacar de Soconusco 
contribuciones de hombres, dinero, ni otra cualquier especie, y que 
solo gobernarían en aquel Partido las autoridades municipales, mien- 
tras se daba una solución definitiva á la cuestión de límites. Este 
convenio es lo que se llama: ' Trelímínares del año de 25.'' El esta- 
ba en toda su fuerza y vigor cuando la aristocracia caída hizo su 
intentona j^or medio de don Manuel José Arce. Arce aprovechó pa- 
ra sus maquinaciones, la existencia de un territorio neutral. Aquel 
ájente de nobles vencidos, auxiliado por un tal Ocaña y algunos 
clérigos, se puso en relación con el Obispo de Chiapas, partidario 
de Casaus, y acérrimo enemigo del V^icario capitular de Guatema- 
la, á quien habia declarado cismático: y con tales auxiliares, reu- 
nió en Soconusco una f aerzi de 400 hombres, *que sucesivamente 
fué engrosando. 

3 — El Gobierno de Centro- América, podia fácilmente introducir 
fuerzas en aquel Partido, y desalojar a los facciosos; pero se creía 
que Arce se hallaba en buenas relaciones con el Gobierno de la Re- 
pública mejicana, y de cierto se sabia que los serviles intentaban 



DE CENTRO- A3rÉllI(} A 349 

provocar un conflicto, para que Méjico declar¿ira la guerra á Cen- 
tro-América y ellos volvieran, en consecuencia, al poder que tanto 
anlielan. Para combatir á don Manuel José Arce, sin que los servi- 
les pudieran producir un rompimiento entre las Eej^úblicas mejicana 
y centro-americana, se acordó que la diplomacia intenúniera en 
el asunto, aunque las o^Deraciones militares marcliáran lentamente. 
Con este motivo fué dirijida una esposicion al Gobierno mejicano, 
manifestándole lo acaecido, y pidiéndole dict.ira providencias paní 
la internación de los facciosos. 

4— La Asamblea de Guatemala, por decreto de 6 de setiembre de 
1831, autorizo plenamente al Gobierno para salvar la situación. Se 
coloco una fuerza de observación, á las órdenes del coronel Raoul. 
en las fronteras de Soconusco. Raoul, siguiendo la i^olítica diplo- 
mática de su Gobierno, tuvo necesidad de abrir correspondencia con 
las autoridades de aquel Partido. 

o — En consecuencia, pidió á las autoridades de Soconusco, que 
se abriera una conferencia^ para manifestarles la injusticia con que 
los invasores procedían, y los peligros que amenazaban á los pue- 
blos, si engrosando la facción, era preciso proceder contra ella á 
viva fuerza (^' ). 

. 6 — El Gobierno de Méjico contestó al de Centro-Amérií-a, que se 
espedirían órdenes para la internación de Arce, y para que los cen- 
tro-americanos no fueran molestados por la frontera de Soconusco. 
Esta respuesta liizo creer á Gal vez que la cuestión estaba conclui- 
da, y felicitó á la Asamblea en un mensaje, por haberse terminado 
sin efusión de sangre y en virtud únicamente de la diplomacia. 

7 — Sin embargo, ni los revolucionarios desaparecieron, ni la fuer- 
za de observación .se retiró de la fi'ontera, y la correspondencia en- 



(*) Ocupado el doctor CiaWez en los graves uKunlos de la campaña, llamó 8ii at«ucion el 
tíanónigo doctor don Antonio Larrazúbal, sacristán mayor de la capilla del Socorro, dán- 
dole parte de que habían sido robados, ú la imújcn de la Virgen, un cintillo, nu par d* 
aritos pequeños, dos hilos de perlas y dos bordados. Gralvez dictó providencias ftctiva^ 
para descubrir ú los ladrones. Algunas ancianas de la aristocriAcia, atribuyeron este delito 
á los liberales; probablemente no recordaban, quo no maridaban Im liberales aquella tÍí»- 
pera de Corpus, inmediata al cstremo de la Catedral, en que fueron sustraidos ilel altar nm- 
yor cuatro glandes blandones do oro, que necesitaban muchos hombres pora ser traslailadoh 
de un lugar á otro. Tampoco esas señoras pudieron prever entonce», una solemne protct»t« 
que consignará la Historia, hecha por el padre Galvoz, capellán d^ 1(m Beatos de Belén* «i 
un momento de sustracción de alhajas cclcsiásÜcaíu 



350 KEylíNA ]iist6ki(\\ 

íre Ilaoiil 3^ las autoridades de Soconusco continuó. No íuO adniiti. 
da la conferencia que él propuso; X)ero el comandante de armas de 
Tapacliula. publicó algunas de las disposiciones centro-americanas, 
con el fin de hacer conocer a los pueblos, la injusticia de la inva- 
sión, y paro precaverlos de que tomaran parte en ella. Esta con- 
ducta disgustó en alto grado al G-obernador de Chiapas, quien diri- 
jió al Comandante de Tapacliula, la comunicación siguiente: 

8 — "Gobierno supremo del Estado libre y soberano de Chiapas. — 
Ha llegado á mis manos, la orden que ha circulado Ud. con fecha 
tres del corriente, á los pueblos de ese Partido: ella incluye las del 
Gobierno federal de Centro- América y del Estado de Guate- 
mala, sobre que no se permitan en Soconusco reuniones de hom- 
bres que intenten turbar la paz y tranquilidad de aquella Ilex)úbli- 
ca; y la circular de Ud., apoyando y repitiendo dichas prevencio- 
nes, las hace muy terminantes, imyíi que sean obedecidas las órde- 
nes de Guatemala. En estas veo abiertamente infrinjidos los preli- 
minares €elebrados en el año de 1825, entre los Gobiernos de Méjico 
y Centro- América, con respe :• to á Soconusco. Por aquel convenio, 
ese Partido debió quedar independiente en cierta manera de ambas 
ReiJÚblicas, hasta la celebración de un tratado formal que decidie- 
se á cual de ellas debiera quedar unido: de hecho se ha verificadd 
así desde entonces hasta ahora; y el Gobierno mismo de Guatema- 
la confiesa en su oficio dirijido á üd., que dejó á ese Partido, aun 
en mas independencia de aquella en que el j:)ropio Gobierno quiere 
entender que debia haberlo dejado. Hoy se muda ya de conducta: 
se pretende ejercer autoridad sobre esos pueblos; y se les dan órde- 
nes, como si se hallasen en actual, completa y muy lejítima depen- 
dencia de Centro- América. En la circular de Ud. á los pueblos de 
ese Partido, observo nna gran prevención á favor de Guatemala; y 
aunque es libre la opinión privada de todo hombre, no lo es, ni pue- 
de serlo la del funcionario público, sujeta siempre á principios cier- 
tos y íí reglas fijas: Ud. como Alcalde 1. ^ de esa cabecera, y como 
Comamiante de armas, no ha debido ni debe desviarse de la impar- 
cialidad inherente á sus destinos. La República mejicana y su Go- 
bierno, fieles á los preliminares de 18.25, han estado y están muy 
distantes de querer que el hecho y la violencia decidan la cuestión 
pendiente acerca de Soconusco: esperando con la calma y circuns- 
pección, propias de un país y de un gabinete que sabe respetar el 
derecho de gentes, el éxito del tratado que debe terminar la perte- 
nencia de ese territorio, se han abstenido de ejercer sobre sus pue- 
blos, toda especie de superioridad, y consiguientes con lo pactado 
en el preliminar, han enviado á Centro-América un Ministro pleni- 
potenciario que ajuste el convenio sobre Soconusco, sobre límites de- 
las dos Repúblicas y sobre todo lo demás que convenga á sus res- 



DE CENTIÍO-AMÉIÍICA. ¡f) j 

pectivos y recíprocos intereses: quiere la Federación mejicana y 
(juiere su Go])ierno que todo se liaga en paz y amistad, como cor- 
resi)onde entre dos países liermanos y vecinos; y ni la induda- 
ble superioridad de su i^oder, le ha inclinado jamás á sacar venta- 
jas indebidas, ni á tratar con menosprecio á Centro -America, ni á 
otra alguna de las secciones index)endientes del Xuevo Mundo. T- 
gual conducta han observado el Gobierno y la Comandancia general 
de las Chiapas. Apesar de los datos que hay para tener por cierto 
que la opinión de la mayoría, 6 por mejor decir de la genemlidad 
de esos ¡pueblos, es decidida en favor de su reunión á Méjico y á es- 
te Estado: á posar de las solicitudes y reclamaciones de algunos de 
los mismos pueblos, de muchos vecinos particulares y de casi todos 
los comunes de indígenas; y á pesar de las razones de conveniencia 
y de justicia que existen en las Chiapas para no dejar á Soconusco 
en la especie de ahandono á si mismo en que se ha mantenido por 
espacio de mas de seis años; ni el Grobierno, ni la Comandancia del 
Estado, han ejercido autoridad sobre esos pueblos, sino que esperan 
como el Supremo Gobierno general de la nación, el fin .del conve- 
nio que ha de terminar el i)unto. Pero si estos miramientos y esta 
relijiosidad en la observancia de sus jjactos, no han de valerle á la 
República para que se respeten sus derechos: si Centro- América ha 
de iní'rinjir los xn'eliminares de 1825, tratando á Soconusco cual si se 
liallase legalmente bajo su dependencia; y si el primer funcionario 
l)úblico de ese Partido, lejos de conducirse con la debida neutmli- 
dad, ha de querer inclinar la balanza á favor del país vecino, y en 
contra de la Federación mejicana, entonces esta se verá en la sensi- 
ble necesidad de obrar de otra manera; y entonces las autoridades 
de las Chiapas, tendrán taml)ien que hacer valer sus derechos. Yo 
pues, como Gobernador político y Comandante militar de este Es- 
tado, desde luego interpelo en toda forma á Ud. y por medio de 
lid., á todas las autoridades de ese Pai'tido, á íin de que continúen 
guardando la debida neutralidad: que se abstengan de recibir y o- 
Ix^decer orden alguna de Guatemala; y que en un todo se arreglen á 
los preliminares del año de 25. Si así no futn'e, se me pondrá en el 
doloroso (!aso de ocupar todo ese territorio con las fuerzas de mí 
mando, y hacer con ellas que se respeten los derechos de la Nación. 
\\ dirijir á Ud. estas amonestaciones, no es ni puede ser mi ánimo 
el d(^ inclinar indirectamente ni de modo alguno á Td. ni á las de 
mas autoridades d(í ese Partido, á que ]>i*otejíUi, toleren ni disi- 
mul(Mi las reuniones que recela el Gobierno de (tuatemala, ni nada 
(pie pueda causar perjuicio á aquella República: lejos de eso, mis 
sentimientos, acordes con los de mi Gobierno, son todos de paz y 
de amistad hacia Centro- America; y así lo he protestado ofirialmen- 
le á su Gobierno. Si no Ih» hecho á Ikl. ni á las demás autoridnder^ 



^52 KESENA mSTOEICA 

de ese territorio las |)revenciones que en otro caso corresponderiaii, 
acerca de estas ocurrencias, ha sido precisamente, por no variar de 
conducta, ni dar motivo á que se creyese que por parte de Méjico 
se infrinjian los preliminares. Esto no quita que Ud. j las demás 
autoridades, cumpliendo con sus deberes, y usando de sus faculta- 
des, procedan á todo lo que sea legal, en el caso de que se quiera 
violar la neutralidad de Soconusco, en daño de cualquiera de las 
dos Repúblicas. En conclusión, espero que Ud. no dará lugar á o- 
tra reclamación de parte mia, ni menos me obligará á usar de los 
recursos que tengo en mis manos: espero igualmente, que Ud. co- 
municará al pié de la letra este oficio á todos los ayuntamientos 
de los pueblos del partido, y que con sus recibos, se servirá Ud. 
acreditarme que no ha desatendido mis insinuaciones. Ofrezco á 
Ud. la consideración de mi Gobierno y el afecto fraternal de las 
Chiapas, y mi particular aprecio. Dios y Libertad. San Cristóbal 
de Chiapas, octubre 25 de 1831. José Ignacio Gutiérrez — Sr. Alcal- 
de 1. ^ y Comandante de armas de Tapachula." 

9 — La lectura de esta nota, demuestra que cualquier incidente, 
podia producir un rompimiento entre las Repúblicas mejicana y 
centro-americana. Ese rompimiento era lo que mas deseaban los ser- 
viles. Ellos lo promovían de todos modos. Una guerra entre Méjico ,y 
Centro- América habría puesto en conñicto á los liberales. No impor- 
taba á los serviles que el resultado hubiera sido nuevas mutilaciones 
del territorio de Centro América. Ellos quieren mandar á cualquier 
costa. La invasión mejicana provocada por ellos el año de 23, habia 
producido la pérdida de Chiapas, y nada significaba que otra nueva 
invasión trajera la linea mejicana hasta Chimaltenango ó la Antigua 
Guatemala, con tal que les quedara un x>edazo de terreno donde 
mandar en absoluto y que solo produjera para ellos. Prueba igual- 
mente esta nota, que el infeliz Alcalde de Tapachula, era un ver- 
dadero subdito del Gobernador de Chiapas, quien disponía de él á 
su antojo, contra el texto literal de los preliminares del año de 25 
que tanto se invocaban y que tanto se infrinjian. 

10. — Arce era un hombre sin prestigio; pero el clero hacia esfuer- 
zos estraordinarios por levantar á las poblaciones. El padre José M. 
Herrera redactó una ijroclama, que dice asi literalmente: 

' 'A los pueblos del Estado de Guatemala. Comj^añeros, compatrio- 
tas, se ha llegado el tiempo venturoso de vuestra regeneración po- 
lítica, y religiosa: corre ya para tres años vuestra depredación é ig- 
nominia; sin embargo, vuestros torpes gobernantes quieren perpe- 
tuar su imperio sobre las ruinas de la mas amable patria, y quie- 
ren apretar mas y mas el grosero eslabón de vuestra esclavitud, 
vosotros mismos estáis persuadidos de estas verdades, pues voso- 
tros las habéis sufrido. 



UK CKNTKO-AMEKICA 8oB 

^Tero van á fenecer vuestros padecimientos, porque se aproxima 
á i^osotros un ejército de conciliación y de paz, sin mas objeto que 
derramar las felicidades asequibles: nnentras que vuestros gober- 
nantes, solo lian sabido derramar lágrimas, desolación y sangre. El 
caudillo de este ejército, es el benemérito general Manuel José Arce. 
quien va á dar vida á vuestra patria, y desaparecer el cisma, repo- 
niendo á vuestro lejítimo x>erseguido pastor, el señor Arzobispo: á 
•reponer á vuestros párrocos, vil y bajamente ultrajados: á reponer 
á vuestros relijiosos tan injusta y bárbaramente desterrados: á res- 
taurar las riquezas de los templos que tan sacrilegamente robaron 
Morazan y sus secuaces; y finalmente, quiere secundar la conducta 
de los salvadoreños (con cuyo Gobierno y Asamblea está de acuer- 
do), que desengañados con la esperiencia de tanto mal, han conclui- 
do con el cisma y restaurado el orden social: vosotros teneTs un de- 
recho sagrado á resistir tan dolorosa opresión. 

^ ^Penetrado yo, pues, de tamaños males, me hallo decidido con 
la división de mi mando á sostener vuestros derechos con mi san- 
gre, y á seguir el plan y suerte del ejército conciliador á quien 
pertenezco. 

^Por tanto, pueblos oprinddos, ayudadme vosotros á romper vues- 
tras cadenas, y contribuid al mas grandioso objeto, como es la res- 
tauración del orden en todo el Estado. 

•^ 'Estos son los sentimientos que animan á todo el ejército, el qiit- 
no marcha contra vosotros, porque por vosotros es llamado: su de- 
cisión es morir 6 vencer; sus garantías y divisa: la relijion, la ])az. 
la reconciliación y el orden." 

11 — Kaoul solicito de nuevo una conferencia con los individuos 
que componían la municipalidad de Tustla Chico, y recibió una con- 
testación negativa. También se le comunicó la nota severa del (to- 
bernador de Chiapas al Alcalde de Tai)achula. Entonces el Jeft^ de 
la fuerza de observación, dirijióla comunicación siguiente: 

"'Al ilustre cuerpo Municipal del pueblo de Tustla Chico — Yo me 
he enterado de la respetable comunicación de l'ds., l'eclia de ayer, 
y veo con sentimiento que esa Municipalidad no quiso liacernie el 
honor que yo solicité. — He visto con la maj^or satisfacción los o- 
ñ<*ios de los Gobiernos militares y políticos del Estado de Chia- 
pas: yo tengo que hablar á Uds. absolutamente el mismo lenguaje: 
manténgase la neutralidad, desármense loa vagos que han altem- 
do la tranquilidad de Soconusco, y el negocio será concluido. En 
cuanto á la cuestiou, si estos vagos deben quedar en Soconusco, ó 
ser espulsados de ese territorio, Uds. son los jueces en este asunto: 
resuelvan si de la permanencia de estos hombres turbulentos en 
t'sos i)ueblos, resultará mas ventaja á sus habitantes, que la.s que 
saquen délas relaciones amigables v comemales con este Estado; 



3o4 llESENA IIISTÓIÍICA 

pero mientras yo mande sobre esta frontera, estas relaciones queda- 
rán entorpecidas y sujetas á las mayores vijilancias, liasta que sal- 
gan de esos pueblos los rebeldes que los han comprometido. Yo 
repito á Uds. que yo pienso como su Excelencia el Grobernador de 
Chiapas. Mi plan de conducta será, precisamente, arreglado á lo 
que se prox:>one probar en el caso que la neutralidad sea violada con 
l^erjuicio de los intereses mejicanos: su Excelencia habla el len- 
guaje de la moral pública, cuando previene á Uds. y á todas las po-- 
blaciones de ese Partido, que todo pronunciamiento que precediese 
al tratado que debe celebrarse entre ambas Rei3Úblicas, seiii cri- 
minal y en sumo grado perjudicial á los intereses de esos pueblos;, 
él indica á Uds., y yo se los suplico también, se prevengan contra 
los indignos intrigantes que su Excelencia señala en su oficio. Con- 
tra ellos tgmbien invoco la justicia, las leyes y los derechos sagra- 
dos de la humanidad. Yo no soy enviado para seguir con Uds. la 
diplomacia que debe arreglar la suerte de esos pueblos: la política 
que me corresponde, cabe toda en la vaina de mi espada; pero an- 
tes de obrar militarmente, antes de sobreponer mi espada á los bas- 
tones de los Majistrados, en lo que toca esclusivamente á desarmar 
á los rebeldes, y á dispersarlos, yo creo muy oportuno entenderme 
con Uds., y dejar documentos que permitan á la opinión pública, 
fallar con acierto sobre los causantes de los males que rodean y a- 
menazan el territorio de Soconusco. Ya la historia con su lápiz em 
la mano, tomo razón de las intrigas escandalosas, con las cuales se 
l^repara la guerra fratricida que unos indignos americanos intentan 
encender, con el fin único de bañarse en la sangre de sus victimas, 
y apoderarse de las xHopiedades ajenas; ya varios de ellos, arrepen- 
tidos 6 atemorizados, me remitieron documentos preciosos, imploran- 
do el perdón de sus engaños; y el objeto princiíjal de la conferencia 
que yo habia solicitado, era enseñarlos á Uds. antes de remitirlos 
á mi Gobierno, i^ara que resuelva lo que tenga por conveniente; es- 
tos documentos hubieran abierto los ojos á Uds.; pero aquellos con 
quienes Uds. consultaban y que son los ajenies públicos ú ocultos 
de los espulsos, supieron persuadir á Uds. que sus personas corrian 
peligro en admitir la conferencia, y Uds. los creyeron sin examinar 
que la perfidia es compañera de la debilidad, y á mi me sobra la 
fuerza para ejecutar cualquiera violencia que cupiese en mis j^lanes, 
y que si semejante intento fuese adecuado á la política del G-obier- 
no de Centro- América, yo no tendría necesidad de manchar mi ca- 
rácter con una felonía, que ha podido ser imajinada únicamente por 
aquellos que no tienen otro recurso sino valerse de ella. Yo sé tam- 
bién que estos hombres inmorales se han presentado á esos pueblos 
í.'omo los apoderados del cielo, como los restauradores de la relijion 
y que es en el nombre de Dios que quieren derramar sobre Centro- 



DE CENTRO- AMÉRICA. 'Sryo 

América, todos Jos m?i}es que enjendra la guerra civil. Ciudadanos 
Municipales, examinad imparcialmente lo que ha sucedido en Cen- 
tro-América en los años anteriores. Este mismo Arce, que anuncia 
liaber venido en medio de Uds. con un ñn virtuoso, se hallaba de 
Presidente de la República del Centro, y las autoridades del Estado 
descansando en la inviolabilidad de sus caracteres públicos, fueron 
sorprendidas por las traiciones de ese ex-Majistrado supremo; fue- 
ron desarmadas, y unos funcionarios usurpadores, fueron coloca- 
dos en todos los destinos de la Reíoública, x>or la mano del traidor 
que holló las leyes de su iiaís. 

'^Arce tenia también, sus combinaciones con todos los aristócra- 
tas: lo recomendaban á la protección divina, el arzobispo en sus ro- 
gaciones, los frailes en sus imprecaciones. Los sacerdotes elejidos 
entre los mas anti-independientes, agotaron todo el inñujo que su 
santo ministerio les da sobre los pueblos para exaltarlos contra los 
patriotas, infamándalos con la nota de herejes, y á pesar de tantos 
elementos de triunfo, á pesar del concurso de tantas circunstancias 
favorables á Arce y á sus secuaces, la causa americana que parecía 
desamparada, triunfó completamente de las maldades, como Uds. 
lo supieron por los documentos públicos que corrieron en su tiempo. 
Díganme ahora, ciudadanos Municipales, qué causa han tenido los 
sucesos victoriosos que han puesto el poder en manos de los patrio- 
tas, si no fué la protección visible del cielo; díganme también, por 
qué Dios ha x^ermitido que estos hombres, que se dicen los defen- 
sores de la relijion, hayan sido batidos, vencidos, prísioneros, y por 
fin espulsados, porque los patriotas convencidos de la protección 
del cielo, no quisieron manchar sus triunfos con derramar sangre 
americana aun la mas criminal. Si estos acontecimientos no tienen 
á los ojos de Uds. el carácter de milagrosos, acuérdense Uds. de un 
lance que pasó á la vista de esos i)ueblos: cuatrocientos de estos 
defensores de la relijion, de estos apóstoles del Evangelio, monta- 
dos, armados, equipados, apertrechados, fueron atacados en lacum- 
))re de San Marcos por un puñado de mujeres, liombres y muchachos, 
armados con piedras y palos, y al aspecto de estos nuevos enemi- 
gos, y á pesar de la mucha caballeiia que tenia el supuesto ejérci- 
to de la fé, los jinetes abandonaron stis caballos, las armas todas se 
les cayeron de las manos, y cuasi todos los valientes, hoy reunidos 
♦'U Soconusco, no imploraron en vano la humanidad de las mujeres 
patriotas que les perdonaron la vida, y fueron después nuestros pri- 
sioneros, y no nos inspiraron mas que comi)asion y lástima; un he- 
cho de esta naturaleza, que no tiene semejanza en los anales milita- 
res de ningún i)ueblo, no puede esplicarse sino por un efe<'to mila- 
groso, iwi'que yo me rehuso á atribuirlo á una cobardía que no ca- 
be en lo posible; por el honor de la América, no puedo creer que 



■550 KESEKA IIIS'IÚKICA 

í^'uatrocientos liombres, hijos de este suelo, liayaii sido desarmados 
:por unas x)0cas mujeres; la mano de Dios sola, lia podido causar un 
acontecimiento tan asombroso. Ha venido igualmente á mi conoci 
miento que estos mismos es^julsos y sus ajentes, se presentan á Uds. 
-como protejidos por la mano oculta del Grobierno de Méjico, y que 
muchos de Uds. lo creen sin examen sobre el particular. Yo me to- 
mare la libertad de hacerles algunas reflexiones. Los diferentes de- 
I)artanientos que forman un Estado, existen x)olíticamente bajo las 
garantías de una Constitución que arregla los deberes y los dere- 
chos de cada uno, y no puede uno de ellos faltar al pacto sin que 
los otros lo compelan por la fuerza, al cumplimiento de lo jurado. 
'También Ips Estados que forman una misma Eej)ública, son com- 
prometidos por sus Constituciones particulares, á reponocer los de- 
rechos escritos de cada uno: si uno 6 varios de ellos faltase á estos 
comiDromisos, el poder constituido, auxiliado de todos los Estados, 
se armarla contra los juimeros para hacerlos volver al orden. L<^ 
mismo todas las naciones civilizadas del mundo, se gobiernan se- 
gún unos principios reconocidos y convenidos entre todas ellas, y 
estos i^rincipios escritos, forman un código universal que rige á las 
naciones civilizadas y se llama el derecho de gentes; una de ellas 
no i)i^ede prescindir de las disposiciones de este código, sin que las 
otras la reconvengan y la precisen si hubiese lugar á volver á la ob- 
servancia de los X)rincix)ios mencionados, pues entre ellos se prescri- 
be que cuando en un territorio neutral se haga armamento de guer- 
ra contra una nación, ésta tiene un derecho imprescrix^tible para 
invadir el dicho territorio neutral, sin que ninguna de las otras na 
clones pueda tenerlo á mal ni intervenir directa ni indirectamente 
para imi)edir el objeto de la invasión, pues no crean Uds. que el 
Oobierno de Méjico, dirijido por unos hombres cuya ilustración 
puede lucir en todas i)artes del mundo, prescinda de estos gran 
des principios, y si la fatalidad quiere que se adiarte de ellos, n(; 
ialtarán naciones poderosas y justas que se constituyan arbi- 
tros entre los derechos que Centro-América tiene sobre Soconus- 
co, y las pretensiones que tiene el Gobierno de Méjico sobre el 
mismo territorio. En fin, ciudadanos Municipales, todos mis esme- 
ros son dirijidos á que los habitantes de Soconusco hagan el uso 
conveniente de sus derechos, ]3ara hacer respetar la neutralidad de 
su territorio, que ha sido escandalosamente violada por la reunión 
armada de Escuintla; me lisonjearla mas la gloria de evitar la muer 
te de un americano que todos los honores que producen las empre 
sas militares que son coronadas por la victoria; pero si se me pont 
en la dolorosa precisión de acordarme que soy un viejo soldado }' 
que tengo el honor de mandar á unos valientes, acostumbrados á 
recojer los laureles sembrados en el cam^^o de Marte, yo me esforza 



DE CKNTllO-AMEKICA. 8o7 

re así, como mis compañeros, para que se nos presente la ocasión de 
hacernos dignos de nuestra patria y de merecer el a^irecio de Uds. y 
las consideraciones de la América.— Tengo el honor de ofrecer á esa 
ilustre Municipalidad, los sentimientos de mi distinguido aprecio — 
Jí. Ilaouir 

12 — Arce en una carta á los alcaldes y justicias de la vai.i .lii.i 
del pueblo de Huehuetan, dice: "He recibido con el mayor agrado 
la nota de Uds., del 19 del corriente, en que me avisan que Agus- 
tín Cxuzman ha entrado en el territorio de esta provincia, sin X)ev- 
miso de las autoridades prox)ias que son Uds. Yo estoy dispuesto lí 
castigar á estos malvados, que han atropellado el pacto de neutra- 
lidad, y á defender á los x^ueblos de Soconusco; y así mismo espe- 
ro que Uds. no les den ningún auxilio, y maten ct todo el que co- 
jan de ellos, en la intelijencia de que es para Uds. todo lo que trai- 
gan, pues es lo que han robado en San Francisco Motocingo, y es 
justo quitárselos. Tengan Uds. mucho cuidado, no vayan á robar 
las alhajas de la iglesia y sus bienes, como lo hicieron en el espre- 
sado San Francisco, porque estos pirujos no son cristianos, sino 
herejes, enenvigos de Dios y de los hombres, y asi los deben ma- 
FAK six TEMOR NINGUNO {^'). Avíseume de las novedades que ocur- 
ran, y reciban el afecto de quien los ama — Manuel José Arce.'' <,**> 

13 — Arce se fortificaba en el territorio de Soconusco, en presencia 
de las autoridades de aquel Partido, y seguia la proj^aganda revo- 
lucionaria. Era preciso penetrar al territorio que se llamaba neu- 
tral. Raoul dirijió entonces al Ayuntamiento de Tapachula, la co- 
municación sio'uípnte: 



(*) Véase la moral de los serviles: ae de'je ni Liar á loi liberales porque son herejes, ¿Cuál es 
la relijion de esos hombres? Si son cristianos, su Dios es el Dios del Sinaí y el Dios del E- 
vangelio, que condena el homicidio. La carUi da Arce prueba que los serviles no son cató- 
licos, protestantes ni judios: que no tienen mis relijion que el egoísmo ni mas monxl qu»^ 
su ambición, y que si invocan á Dios es pr •ci-^ini Mit«> pira ulucinar ¡i lo-; pueblos y servirs*» 
<le eflos como de misérrimos instrumenta 

(**) EsUi ......... hallHiuscita cu el IJ )lot¡n O.icial Jj 11 Uj ni ir¿o de 1832, uüm II. 

])ajina 80, y estuvo de manifiest) mucho tiempo eu la imprentti doBeteta, pora «pie vierau 
1 1 orijinal todos los que quisieran. San Franoisco Motocingo, era nna mnclioria di ínli - 
ipic seducidos por Arcá y sus sU 'ditos, hic'.er m traición ú la patria, v l'i ' preciso crt»»ti ;•, . 
los. Lo que pertenecía al culto se trasladó A U iglesia do San Mir • 



358 UESKNA íijst6]mca 

^'Al ilustre Ayuntamiento de la vilJa de Tapa clin la- Yo lecil-í 
ayer la respetable comunicación de esa Municipalidad, con los a- 
nexos relativos á la conferencia que yo solicité anteriormente. Si 
desde qne tengo el mando del cnerpo de o]:)servacion, yo no hu- 
biese concebido el mayor aprecio y resijeto por la conducta de esas 
autoridades y su comx)ortamiento en circunstancias tan delicadas, 
hubiera decaído el concepto que yo tenia ya formado de su tino, de 
su imparcialidad y de su respeto inalterable por los intereses de 
los ]3ueblos que caben en su jurisdicción. No me cansaré en dar pa- 
sos conciliadores para alejar los males que provocan con sus intrigas 
los enemigos de Soconusco; deseo que Uds. sean los jueces entre e- 
líos y el Gobierno de Centro-América; en las manos de Uds. depo- 
sito todos los documentos que facilitarán á los pueblos el conocí-, 
miiento exacto de los autores, de los compromisos en que vau á ha- 
larse de resultas de la precisión en que me hallaré indudablemente, 
ele ir con mis troj^as á dispersar los vagos que están armados en Es- 
euintla: entre tanto, suplico á üds. y á todos los habitantes de Ta- 
pachula, calmen los pueblos que la intriga ha alborotado; las cui- 
jjas de unos llocos, no pueden reciier sobre unos pueblos inocentes, 
tranquilos y paciftcos, y doy á Uds. mi palabra que las tropas que 
están á mi mando, se portarán en ese territorio con la disciplina que 
les caracteriza, con la armonía que debe existir entre amigos; 
y yo no sé esplicar el desasosiego del pueblo de Tustla y menos la 
huida de varios de sus hibitantes; en vano yo comunicarla mis in- 
tenciones á la Municipalidad ele Tustla; sus individuos se han de- 
clarado i^arciales en favor de los rebeldes, y hostiles contra nosotros, 
de suerte que yo estoy persuadido de que ellos, lejos de inspirar con- 
íianza al pueblo de Tustla, lo inquietan y nos suponen intenciones 
que no tiene el Gobierno de Centro-América, ni caben en nuestros 
corazones, y yo espero del acierto de Uds., que x>ersuadan al pue- 
blo de Tustla, y vuelvan á sus casas los individuos que las han a- 
bandonado, y que ni ellos ni ningún habitante de Soconusco, tiene 
que recelar de la conducta del cuerpo de observación, al contrario, 
será para ellos una ocasión de vender sus frutos y entablar con la 
mayor libertad, las relaciones comerciales que la naturaleza ha crea- 
do entre sus pueblos, y los nuestros: pueden aun desde ahora, traer- 
nos todos los víveres que les sobraren, pues aquí, personas y bienes, 
recibirán Iniena acojida con gran provecho de los vendedores. Re- 
mito á esa Municix)alidad, como cabecera del Partido, copia de una 
nueva comunicación que yo dirijo al Ayuntamiento de Tustla; ('oii 
presencia de todos estos documentos, los pueblos harán cargo á 
quien corresponde. Si algo puede suavizar el sentimiento c|ue \'o 
tendré de obrar militarmente contra los vagos de Escuintla, será 
^\ placer 6 la satisfacción de ofrecer á esa Municipalidad, en per- 



DE OENTHO-AMEKIOA. 359 

sona, los sentimientos de mi distinguido aiirecio. — I). V. L. — K. 

14— La relación de muchos hechos, los i^resenta con toda 
exactitud el ciudadano Francisco xllburez, desde San Marcos. Ex- 
tractar su comunicación, seria desvirtuarla. Dice así: "Al ciuda- 
dano Secretario general del Despacho. — Al ñn el mas aventuren» 
traidor, tuvo el atrevimiento de profanar el suelo de los libres. Ar- 
ce se llalla ya en San Francisco Motocinta, con una fuerza que lle- 
ga á doscientos hombres, malamente socorridos. Cuando el Gene- 
ral en jefe se aseguro de tamaño atentado, hizo reconcentrar sus 
fuerzas á Tejutla, y de este pueblo marchó el cinco pai-a Tacana 
el Mayor General, con mas de trescientos hombres de infantería y 
veinticinco caballos, como á colocarse á la retaguardia de los enemi- 
gos. Doscientos hombres de infantería y el escuadrón federal salie- 
ron el O i)ara Cuilco á las dos de la mañana. El General les siguió 
al amanecer, y los restos del escuadrón de Sija que no habia aun 
marchado por falta de monturas, salió á las once, ya medianamen- 
te equipado con albardas que reuní entre los vecinos de esta villa 
y Sacatepequez. Aquí no quedó un soldado, cuando se hizo el mo- 
vimiento para Tejutla; pero del o al 6, se levantaron cincuenta hom- 
bres que hice ir á reunirse á la división y durmieron anoche en 
Tejutla. Ya quedan en esta villanías de treinta de la guardia 
de la Constitución en servicio, para seguridad de la población. 
y mañana se comjjletarán cien que he mandado levantar, socor- 
riéndolos con medio prest. El vecindario, sin escepcion de perso- 
nas, se presta gustoso á íjuanto se le pide. Esta villa me dio diez 
monturas y otras tantas Sacatepequez. Es tal el entusiasmo, que 
las mujeres se ofrecen á sostener al Gobierno con palos y piedras, y 
exhortan á sus hijos á tomar las armas y salir á la canq^aua. Al 
marchar ésta,- su tesorería fué sin un medio, y yo regresé de Teju- 
tla á recojer en esta villa algunas cantidades para remitirle. En e- 
fecto, he reunido mil pesos que yo mismo conduzco á Tacanjí, á 
donde paso para dirijirle allí víveres á la división, pues que pasa íi 
I)untos donde nada hay. El indíjena C- José María Alcabal del pue- 
blo de San Mateo, donó cuatro caballos y uno el C. Raimundo 
l>arillas y otro el C. José Soasnabar. Arce de desesperado lia veni- 
do á estrellarse. Hoy entran dos quezaltecos que se le han deserta- 
do y remite i)resos la Municipalidad de Tustla. Se sabe que Ocaña 
ha hecho lo mismo en el tránsito de Escuintla á San Francisco. En 
virtud de comunicaciones que me hizo el Geneitil, he abierto el co- 
mercio con la provincia, permitiendo la extracción de harina, y lu* 
oüciado á las Municipalidades de Tustla y Tapachula, manifestán- 
doles que la causa de haberse cen-ado aquel no fué otra que la per- 
jnision de sus autoridades para que allí i)ermaneciesen los enemi- 



gos de la República; pero unidos aquellos pueblos con los nuestros 
por unas mismas costumbres, una misma relijiony unos mismos in- 
tereses, nada de ellos tenemos que temer, continuando con liber- 
tad nuestras relaciones. Sírvase Ud., C. Ministro, dar de esta co- 
municación conocimiento al Ejecutivo, y admitir la sinceridad de 
mis respetos — I). U. L. — ^San Marcos, febrero 7 de 1832 — FrancUco 
Albur ezr 

If) — El coronel Nicolás Raoul, iridió al CTobierno se le exonerase 
del mando de la fuerza destinada á combatir en la frontera á la 
facción de Arce. Raoul estaba molesto por las dilaciones. El desea- 
ba concluirlo todo militarmente en una liora, y las instrucciones 
del Gobierno le obligaban á proceder lentamente, para que se coni- 
]3rendiera con claridad, ^'que solo el poder de la necesidad, obliga-- 
ba á los centro-americanos á penetrar hasta Escuintla de Soconusco 
donde estaban las fortiñcaciones del ex-Presidente. Fué nombi-ado 
para que le subrogara el coronel José Martínez, el cual salió inroe- 
diatamente de esta capital. Durante el viaje de Martínez, Arce ^%' 
gó liasta San Francisco Motocinta, de donde fué desalojado. Este 
movimiento indígnójjal coronel|Raoul y escribió al Gobierno de Gua- 
temala, que aunque llegara Martínez, continuaría en la división^ i\ 
pesar de lo urgente Jque era á sus intereses el separarse de ella. 

16 — De esta respuesta dedujeron los serviles, que Raoul no pen- 
saba en dimitirr^que la llegadafde Martínez, i:)roduciria un choque 
entre ambos Jefes, y que este choque daria i^or resultado el triunfo 
de los invasores; pero los hechos demostraron lo contrario. La es23e~ 
ranza de los serviles, ¡^era la división del x:)artido liberal, que de to^ 
dos modos provocaban. 

17 — El 16 de febrero, llegó el coronel Martínez á incorporarse á 
la división. Raoul se empeñó en darle inmediatamente el mando. 
Martínez no quería recibirlo, x)ero debia cumplirse lo mandado por 
el Gobierno y así se verificó. El coronel Raoul permaneció de ayu- 
dante de campo para cum]3lir su palabra de no separarse hasta de>s- 
truir la facción. Los dos Jefes marcharon con todas sus fuerzas en 
diferentes direcciones sobre el enemigo, con resolución de atacar- 
lo en Escuintla de Soconusco el 22 de febrero. 

18 — Con fecha 21 de febrero, los coroneles Raoul y Martínez, a- 
campados en Tapachula, informaron al Ministerio, que el invierno 
habla retardado] sus trabajos en la cumbre de San Jerónimo: que 
tenían la certidumbre de un rápido triunfo, porque todos los prepa- 
rativos del enemigo eran de faga: que en la marcha de Tonalá á 
Tustla, les habia llovido granizo tres dias y tres noches, sin que hu- 
bieran tenido abrigo alguno; pero que á pesar de todo no hablan te- 
nido un desertor. Con fecha 24 de febrero, dice el coronel Martínez al 
Gobierno del Estado, lo siguiente: "Son las once del diaen que esta 



DE cp:nti:<j-america 361 

valiente división, triunfo de los facciosos, que al abrigo de los bos- 
ques de Soconusco, se atrevieron á invadir el territorio del Estado 
de Guatemala, como lo hicieron introduciéndose hasta el pueblo de 
San Francisco, donde atacaron la fuerza que mandal)a el cai^itan 
Víctor Forres. Ayerá las 2 de la tarde, nuestra descubierta encon- 
tró dos fuertes trincheras sobre el frente y flanco izquierdo del es- 
trecho camino, que una legua antes de. este pueblo, tenían obs- 
truido por una tala de árboles que lo hacia' imx)racti cable. La 
terrible carga que los enemigos dieron sobre nuestra descubierta, 
mandada por los bizarros oficiales, capitán Antonio Martínez y te- 
niente Fedro Yidal, la obligó á ceder algún tanto el terreno; mas 
reanimada por la oportuna llegada del señor Kaoul y de algunos o- 
tros jefes y oficiales que me acompañaban, ellos fueron obligados á 
reducirse á sus puestos. Entonces todas las tropas de la división, 
fueron colocadas militarmente, y comenzó un tiroteo horroroso de 
ambas partes. Se pasó la noche sin cesar el fuego, y al amanecer 
dispuso el señor Raoul darles un ataque de fianco que surtió el e- 
fecto que este acreditado Jefe se propuso, porque el enemigo vién- 
dose envuelto, apeló á la fuga, habiendo tenido muchos muertos y 
heridos, que quedan dispersos i>C)t los montes. Se han tomado doce 
cajones de jiarque de fusil, doce arrobas de pólvora fina, un cajón 
de 13 ledras de chispa, muchos fusiles, carabinas y lanzas, veintiuna 
albardas, y el portador lleva orden de entregar una bandera de 
guerra, tomada á los enemigos. Tengo el sensible dolor de decir á 
Ud., que han sido heridos el mayor general, C. Agustín Guzman: 
mortalmente el capitán Antonio Martínez y el subteniente Rafael 
Ortiz. 

'*Yo no ení.'uentro voces con qué elojiar el valor del señor coro- 
nel Raoul y sus conocimientos. El es un viejo militar, y se le haría 
un agravio, si fuese á detallar su comportamiento. La patria con su 
ausencia perderá una columna que deberia conservar para su sos- 
ten á cualquiera costa. 

"No hallo como recomendar la bizarría del teniente coronel Máxi- 
mo Menendez, comandante de la caballería federal, que con los ca- 
pitanes Ignacio Malespin y Mariano Irunganiy, atacó í^sadamenr^^ 
al enemigo,* causándole la derrota que lia sufrido. 

•Son también dignos de elojio, el teniente coronel .Félix Fonseca, 
(••) comandante de l:i 1. ^ bi'igada de infantería, i]ii«^ ctn «^1 teniente 



Muerto fjloriosameute ♦.111 <U setiembre tle 1838, comb^tiemlo á runvr.i on Villft* 



802 KESENA IIISTOIMCA 

Pedro Vidal y los ayudantes de la comandancia general CC. Igna- 
cio Bainoya, José Dolores Larrain y el alférez Salvador Cornejo, 
llenaron exactamente su deber, así como el cirujano de la fuerza, 
licenciado Lorenzo Hidalgo. 

"La tropa toda es valiente, toda se lia distinguido y no x^^iedo 
señalaj- .') ninguno. Ella es digna de perteuecer, como pertenece, {\ 
un Gobi( i'uo justo y liberal. 

"Pronto emprendiere mi marcha al Barrio, donde es]3ero órdenes 
del Gobieiiio supremo, á quien ruego á Ud. se sirva comunicarle lo 
dicho y acei)tar mi respeto y consideración. 

•'D. I . L.— Cuartel general en Escuintla, febrero 24 de 1882. 

Jo se Martínez.''^ 

19 — Raoul dice al Gobierno: "Me lisonjeo de que no quedará sin 
premio, la conducta del perfecto militar cai)itan Martínez, la del 
teniente coronel Máximo Menendez, que mandaba la columna de 
ataque y ])rinc6 el primero en la trinchera, en compañia del capi- 
tán de la permanente del Estado, Mariano Irungaray, que tomó la 
bandera del enemigo. El teniente de caballería federal Pedro Vidal, 
se ha distinguido particularmente paleando al frente de la infante- 
ría, en donde acreditó valor, intrejndez unida á la calma y su san- 
gre fria, tan apreciable en medio del peligro: el capitán Malespin 
que mandaba la compañia del batallón federal, se distinguió tam- 
bién. El teniente coronel Guzraan, merece el mayor aprecio y la con- 
sideración pública por su valor, que no puede ser aventajado. Ma- 
ñana salgo de aquí para la capital, en donde estaré dentro de ocho 
dias." 

20 — El Jefe del Estado de Guatemala, dirijió á los centro-ameri- 
canos, la proclam^i siguiente: 

"Conciudadanos: nuestras armas acaban de dar un cruel desen- 
gaño á los enemigos del pueblo. El ambicioso que proclamando los 
títulos del salvaje, se presentó en nuestra frontera, alegando el de- 
recho de la fuerza, i3ara encender las teas de la guerra; ha visto en 
el pueblo de Escuintla, desbaratados sus sanguinarios proyectos y 
probado cuánto excede el ímpetu guerrero del soldado de la ley 
al de impotentes traidores. 

"En 826, Arce, que en mala hora, se habla sentado en la silla 
del Ejecutivo nacional, fué infíel á la ley, y el temor de sus respon- 
sabilidades, le condujo á los atentados públicos. La noble resisten- 
cia del patriotismo, le hizo añadir la violación á los crímenes y con 
la guerra cubrió de luto y de sangre toda la faz de este suelo her- 
moso. 

"En 829 el triunfo de la restauración, reunió el Congreso nació- 



DE (Kirr lio- AMÉRICA. :]6H 

nal, que liabia desax)arecido i)or cerca de tres afios. Por sus acuer- 
dos, el autor de tantos niales, iba á ser juzgado con otros tantos 
cómplices; mas fueron atendidas sus \:oces suplicantes, con que jie- 
dian indulto de la vida, resignándose á la expatriación perpetua. 
Tal gracia se imploral)a ante los hombres ofendidos y ante aquellos 
que liabian derramado lágrimas, testigos del suplicio d^^ los ])atno 
tas, y generosos, no supieron imitar á sus tiranos. 

''No debe pesarnos este testimonio de humanidad, aun después 
de la pérfida correspondencia del ingrato. Su maldad y nuestra jus- 
ticia lia sido lioy la causa que ha conducido á nuestros bravos á los 
triunfos que os anuncio. No puede el crimen tener valientes parti- 
<larios, ni un Gobierno generoso será jamas vencido: entraron ya des- 
pavoridos en el territorio mejicano, los malvados que han podido li- 
brarse con la fuga. Sus efectos de guerra están en nuestras manos. 
y la bandera desplegada en Escuintla para la sedición, se halla es- 
puesta aL público en esta ciudad, ronio írofpo tomado ])or lo^ auii- 
gos del orden. 

"Conciudadanos: continuad vuestra cooperación al (iobierno, y 
(ú os ofrece los dias serenos que ha venido á robaros un desnatura- 
lizado centro-americano. Y tributad eterna gratitud á los valientes 
que con su sangre han afirmado la púl)lica seguridad, y los sagra- 
dos derechos del pueblo. 

"(Tuatemala, 8 de marzo de 1882. 

' ^Mar iari o (ral ccz . ' ' 

:21— El coronel Martinez despacho una circular á las autoridades 
de Soconusco, en que les manifiesta, que la necesidad de destruir 
la facción, le habia obligado á internarse con la fuerza armada en 
aquel territorio, y que tan luego como desapai^ciera todo movi- 
miento de sosx)echa, regresaría al Estado de Guatemala. La contes- 
tación del Jefe político fue satisfactoria. El reconoció la necesidad 
del movimiento, y dio las gra<Mns á los vencedores por liaberlo li- 
brado de los facciosos. 

22 — El Gobierno de Mójico ojucno al (fohtMiíador de C iiiap;i>, in 
dagára con toda exactitud cuanto hubiera ocurrido con posterior! 
dad á la derrota de las fuerzas del ex-ju-esidente Arce, y esi)e(;ial 
mente si los vencedores hablan cometido faltas contra los liabitautes 
de Soconusco, ó contra los deret^hos de la l^epública mejicana. 

23 — Elalcalcle de Tapachula, don Silverio Escobar, dio eliufonne 
siguiente, diiijido al Juez de 1.^ Instancia de Tonalá, para que 
fuera enviado al Gobernador de Chiapas: 

'Ayer fue en mi poder el oficio de Td., de 12 del actual, eii que 
inc traslada lo q\u' ol supremo (iobierno de ese Estado le dice con 



364 KESEXA HISTÓRICA 

fecha 3 del mismo, encargándome le informe sobre los acontecimien- 
tos ocurridos en este territorio, desde que lo ocuparon las tropas 
del Clobierno de Centro-América, que vinieron a batir las que a- 
caudillaba don Manuel José Arce en el pueblo de Escuintla. Con- 
trayéndome á los particulares indicados, acerca de los que me pi- 
de le comunique cuanto liaya ocurrido con X30sterioridad á la der- 
rota, hechos de los vencedores en el territorio de Soconusco, y si 
aun permanecen en él 6 lo han evacuado, digo: que ha sido á estos 
pueblos todos, tan inesperada como apreciable la conducta que han 
observado el comandante don José Martínez y los jefes, oficiales y 
soldados de la fuerza vencedora: que al ingreso de ella, los vecinos 
de los pueblos inmediatos á Escuintla, los abandonaron, creyendo 
ser hostilizados; pero disipados sus temores, noticiosos de la dis- 
ciplina militar de las tropas de Centro- América, han vuelto sin ser 
molestados en manera alguna: que el Jefe de estas tropas ha res- 
petado y protejido con escrui3ulosidad sin ejemplar, las ^propieda- 
des de los vecinos de estos pueblos, mandando también satisfacer 
el valor de todos los auxilios que han prestado, entendiéndose con 
las autoridades locales: que éstas han sido j^or él mismo respetadas 
y sostenidas en su sistema de neutralidad: por último, que dichas 
tropas en su maicha a Escuintla y regreso hasta aqui, donde exis- 
ten, han acreditado que su objeto solo ha sido deshacer á los que 
acaudillaba don Manuel José Arce. Así lo ha manifestado el señor 
Martínez á estos pueblos, y con" respecto á la permanencia de la di- 
visión en este suelo, ha visto que tan luego como el General men- 
cionado supo las jn'ovidencias tomadas por el Gobierno de ese Es- 
tado x)ara hacer internar en él á don Manuel José Arce y á los que 
los siguen, ha dispuesto su retirada para el territorio de Guatema- 
la, manifestándome que él con alguna fuerza X3ermanecerá mientras 
se verifique la intimación de aquellos, conforme las órdenes que me 
asegura tener de su Gobierno. Esto es cuanto puedo informar á 
Ud. ahora; pero si adelante ocurriere algo que merezca ponerse en 
la consideración de Ud. para que lo haga saber á su Gobierno, no 
descuidaré en hacerlo. Esta ocasión me proporciona ofrecerle la 
gratitud de mi mas distinguida consideración y aprecio. 
''Tapachula, marzo 19 de 1832. 
-> ^'Süverío Escohar. 

Sr. don José Martínez, juez de 1. ^instancia de Tonalá." 



iíQ, 



24— Arce se internó con los restos de su gente á la Kepública me- 
jicana. Ahi todos se dispersaron. Aseguraba que iba á dirijirse á 
Trujillo, con el fin de auxiliar á Domínguez; x)ero no lo hizo. Las 
tropas de Guatemala volvieron al Estado, no para descansar de sus 
fatigas, sino para continuar la campaña en Honduras. Con la der- 



I 



J)E CENTKO-AMEIÍICA. 865 

rota de don Manuel José Arce, teiniina la segunda ijaite de la gran 
cons^jiracion servil; pero quedaba en pié la tercera parte, que al mis- 
mo tiempo liabia comenzado por las costas del Atlántico en el Esta- 
do de Honduras, y que no concluyo sino hasta el 12 de setiembre 
de 32. En el capítulo inmediato, se verán los esfuerzos de los servi- 
les para establecer la división en el partido liberal, y en el siguien- 
te veremos correr á torrentes la sangTe centro-americana en Terca- 
les, Jaitique, Trujillo. el Espino, Oxjoteca y Oinoa. 

2o — Cuando se dice que durante la adndnistracion del partido li- 
beral, no progresó el país lo que debiera, no se tiene en cuenta que 
la aristocracia y el clero, jamás dejaron de consx)irar: que desde el 
18 de abril de 29, hasta el 18 de abril de 89, hubo una incesante y 
porfiada lucha, en que los serviles esgrimieron todas las armas, pa- 
ra no dejar que las instituciones liberales se afianzaran, ni el Go 
bierno tuviera una hora de sosiego. Las medidas poco enérjicas con- 
tra ellos, los alentaban. La idea de la inviolabilidad de la propie- 
dad, llego al extremo de no exijirse indemnizaciones pecuniarias 
á los verdaderos autores de tantos males; quienes permanecían en 
lujosas habitaciones, burlándose pérfidamente de las desgracias de 
la i)átria, y preparándole otras mayores. Las indemnizaciones, con- 
formes con los principios de justií.'ia, según las cuales el que hace 
un daño debe repararlo, habrían quitado á los consjjiradores los 
mf^dios de continuar delinquiendo, y evitado el escándalo que i)re- 
sentan hombres en la oiDulencia, deleitándose en el infortuí 
la nación y en las desgracias que ellos han producido. 



CAPITULO TKIOESIMOTERCIO 

Un episodio político. 



SUMARIO. 

1 — Se hace al Gobierno una denuncia — 2. Prisión y fuga dr un 
emisario — 3. Conducta del ijartido servil — 4. Se introduce sc- 
f/unda vez el mismo emisario — 5. Se le reduce á prisión — 6. .1- 
contecimientos verificados en una visita de cárcel — 7. Confe- 
rencia entre el doctor Calvez y don Bernardo Escobar— ^. A- 
j entes delijartido servil exaltan á Escobar — 9. Otros j^retenden 
irritar á Calvez— 10. Mensaje del Jefe del Estado — 11. Sensación 
que este documento produjo — 12. Un folleto de don Bernardo 
Escobar — 13. Consecuencias de este folleto: esposicion de la Mu- 
nicipalidad de la Antigua — 14. Respuesta de Calvez á esa Mu- 
nicipalidad — 15. Continúa la ajitacion — IC. Resolución del 
Consejo — 17. Renuncia de (Uih^ez — 18. Efiposirion popfhn' v ^*''v 
consecuencias. 



1 — En setiembre de 31, el Crobierno tuvo aviso de que Isidix) Ar- 
rióla, vecino de Chiapas, se habla introducido en A Estado, con el 
Jin de reclutar gente para la ♦Mnpresa servil, acaudillada por don 
Manuel Josó Arce, ájente de la aristocracia de (fuatemala. 

2 El (fobierno tenia certeza de la introducción de Arrióla sin ¡m- 



808 KESEInA 1ÍI8TÓRICA 

yaporte. Se le mandó i3reiider; pero él tuvo habilidad para esca- 
ldarse y llego á Cliiapas (íon algunos reclutas centro-americanos, que 
sirvieron al ex-Presidente, en la descabellada campaña que terminó 
en Escuintla. 

3 — Los serviles no descansan en sus maquinaciones contra los li- 
berales. Si están en el poder, su principal é incesante ocujmcion es 
destruir las ideas progresistas y aniquilar á los hombres que las 
profesan, sin ]3erdonar medio alguno; si están en la oposición, cons- 
piran sin tregua, i)reparando siempre dificultades y todo género 
de obstáculos á los gobernantes. Los verdaderos jefes del partido 
servil, cuidan siempre deque los motores del movimiento no se vean. 
Estos permanecen emboscados, y elijen para que se presenten en 
la arena y sufran el rigor de las campañas, las persecuciones y la 
muerte, á hombres como Kanion Guzman y como otros muchos que 
presentará la Historia. 

4 — ^En el mes de junio de 32, dio parte el Jefe político de Quezal- 
tenango, de que Arrióla se habia introducido por Cuilco: que no 
trayendo pasaporte, se le habia arrestado; pero que de la cárcel se 
fugó. El Jefe del Estado dio órdenes á todos los funcionarios para 
la captura de aquel hombre. En esos momentos llegó el correo de 
Chiapas que traía cartas para el doctor Galvez, en las cuales se a- 
seguraba que x\.rrio]a era un emisario del ex-Presidente. 

5 — Arrióla se introdujo furtivamente en Guatemala, y al segundo 
día de su llegada, fué preso por un teniente de policía. Este dio 
cuenta al Alcalde 1., ^ quien averiguóla existencia d.e algunos cóm- 
plices, y puso incomunicado al preso. Se aproximaba la visita de 
cárcel, y el Alcalde consultó al Jefe del Estado, acerca de la mane- 
ra «de presentar en ella al enunciado Arrióla, y Galvez respondió 
que debía presentársele como detenido por la policía, por sus fu- 
gas, y por haberse introducido furtivamente y sin pasaporte. 

6 — Don Bernardo Escobar, uno de los liberales mas sinceros y uno 
de los oradores mas notables de la República, era majistrado, y á 
él estaba encomendada la visita de cárcel. Todavía la ruda espe- 
riencía no había colocado á los liberales en el terreno práctico que 
debían ocupar, para sostener sus principios y para que su réjímen 
no atraviese las columnas de la historia como un rápido meteoro. 
Para Escobar, la plena observancia de la ley de garantías aun en 
los momeóos mas difíciles de la patria, era el único fin á que todas 
las autoridades públicas debían encaminarse. El juzgó en la visita, 
indebida la x>nsíon de Arrióla, y en el acto ordenó que se le pusiera 
en libertad. El Alcaide hizo observaciones, diciendo que aquel hom- 
bre se hallaba preso de orden del Gobierno, por ser un espía. La 
injerencia del Jefe del Estado, en un asunto judicial, exaltó á Es- 
cobar, y i)ronunció allí en presencia de muchos espectadores, un 



DE OEXTRO-AMÉKICA 869 

discurso enérjico sobre la independencia del poder judicial. El Al- 
caide dio cuenta al Jefe i:>olítico, y éste contestó que no saldría el 
reo, sin orden del Jefe del Estado. Esto pareció al Majistrado de la 
visita, un crimen horrendo contra las libertades públicas, y pronun- 
ció otro discurso que puede considerarse como una catilinaria. 

7 — Escobar y Galvez inmediatamente conferenciaron sobre dife- 
rente asunto, y en la conferencia se habló de Arrióla. El doctor 
Galvez, era uno de esos hombres á quienes no se puede ofender 
frente á frente, porque desarman con su talento. Galvez propuso á 
Escobar, como un medio de transacción, que Arrióla fuese tVasla- 
dado á un cuartel, mientras que la causa terminaba. Escobar acep- 
tó, y en su presencia se dio la orden de traslación que en el acto 
fué ejecutada. 

8-*-Los serviles supieron que se hallaban en pugna dos notabili- 
dades del partido liberal, ignorando todavía el convenio entre Gal- 
vez y Escobar, y al instante se esforzaron en que ese choque fuer-a 
en aumento hasta producir un cataclismo político. Emisarios del 
j)artido servil, diestramente aleccionados, se dirijieron^á Escobar, 
y con lenguaje sagaz increparon á Galvez, citando una serie de he- 
chos, que aquellos llamaban infracciones de la ley fundamental, a- 
tentados contra los derechos del hombre, crímenes contra las ga- 
rantías de la Ilación y de sus habitantes. Escobar volvió á exaltar- 
se, y su exaltación aumentó con la noticia de que en el espediente 
contra Arrióla, no se procedía velozmente, y dictó segunda orden de 
libertad que fué pronto ejecutada. 

9 — No solo estos ajentes del partido servil estaban en movimien- 
to. Otros de ellos, por diferentes intermedios, tocaron á Galvez, pre- 
sentándole la conducta de Escobar, como una rebelión contr-a la au- 
toridad, como un delito que no podía quedar impune sin que todo 
el orden social se trastornara. Se le pedia que al instante diera una 
lección severa á ese miserable demagogo, que trataba de turbar la 
tranquilidad y la paz de que tan urjentemente necesitábamos. 

10 — Galvez, práctico en i)olítica, no se dejó alucinar. Escobar no 

fué reducido á prisión. Pero el Jefe del Estado espidió orden ].)a- 

ra que Arrióla fuera recapturado, y dio cuenta á la Asamblea de 

todo lo ocurrido. En su esposicion al Cuerpo lejislativo, dijo: que 

un decreto del Congreso federal, emitido á 8 de diciembre de 1880, 

imponía tremenda resi)onsabilidad á los Jefes de los Estados, qut» 

teniendo avisos como el que dio el Jefe i)olítico de Quezaltenango, 

no acordaran medidas jirontas: que el artículo 82 de la Constitución 

del Estado, otorgaba garantías á los habitantes del mismo Estado, 

y no á los que furtivamente^ se introdujeran en él contra la espre- 

.sada Constitución y contra las leyes: que en la cárcel quedaban por 

<)rden del Gobierno otros hombres sin auto judicial de prisión: que 

24 



370 iíp:sena tiistókica 

estos eran los prisioneros de Esciiintla y los que por fama de ladro- 
nes, en número de mas de treinta, estaban en la cárcel en virtud de 
un acuerdo del vice- jefe Márquez. 

11 — Algunos diputados declamaron contra Escobar, haciéndole 
cargo de tener connivencias con Arce. Ellos no observaban que si 
hubieran existido esas connivencias, las mismas disposiciones en fa- 
vor de Arrióla, habria dictado Escobar para protejer á los reos de 
Escuintla. Ellos no conocían bien á Escobar, demócrata leal, since- 
ro republicano, incapaz de unirse á los traidores. Esta confusión, 
estos'errores, era lo que necesitaban los serviles x)ara dividir al imy- 
tido liberal, á fin de que dos secciones de éste se hicieran pedazos, 
y después los llamados conservadores entraran á batirlo en detal. 
La Asamblea declaro que habia lugar á formación de causa contra 
el majistrado Escobar, y éste quedó suspenso. Barrundia y Molina 
estaban divididos; Gralvez y Escobar se hablan dividido también. 
La facilidad con que lá Asamblea declaraba haber lugar á forma- 
ción de causa contra los proceres del partido liberal, era el punto 
de apoyo que los serviles encontraban á la palanca de Arquímedes. 
El autor de estas líneas, que por su edad no^^inspiraba entonces nin- 
guna desconfianza, recuerda bien haber oído á personas principales 
del partido servil decir: ''Es preciso procurar que los fiebres se di- 
vidan y se despedacen." 

12 — Don Bernardo Escobar ¡jublicó un folleto intitulado: ''xlpe- 
lacion al tribunal de la ojolnion pública." En eso folleto se pinta rJ 
doctor Galvez como un tirano, y á la Asamblea como si fuera el 
Senado de Roma en tiempo de Tiberio César. 

18 — El folleto de Escobar produjo sensación, y la prensa se divi- 
dió. Unos x)apeles lo apoyaban, y otros lo combatían fuertemente. 
La Municipalidad de la Antigua, creyó que debia tomar parte ac- 
tiva en el asunto, y dirijió con fecha 4 de setiembre, una esposicion 
al doctor Galvez. Uno de sus párrafos, dice: ''El turbulento y per- 
verso Escobar, nada medrará con las especies sediciosas que publi- 
ca. .. . Los Gobiernos son responsables de su tibieza; porque al fin 
los pueblos son víctima de ella. La libertad es la diosa de nuestro 
corazón, y en sus aras nos hemos sacrificado; pero las accions sedi- 
ciosas no pertenecen á ella: son el cáncer de su existencia." 

14 — El 10 de setiembre contestó Galvez, que el Gobierno estaba 
siempre seguro del ardor patriótico del pueblo de la Antigua Gua- 
temala, cuyo nombre se conservaría en la historia de los heroicos 
servicios á la libertad de Centro-América. 

15 — Sin embargo de que en esos días las armas liberales, humi- 
llaban á los serviles, la cuestión de Escobar continuó ajitando los 
ánimos y poniendo de manifiesto intrigas conservadoras, dirijidas 
por todas partes contra la democracia. La Asamblea habia cerrado 



DE CENTKO-AMERICA 871 

SUS sesiones, y Galvez se dirijió al Consejo representativo, yov medio 
de su secretario general don Marcos Dardon, pidiendo que aquel al- 
to cuerpo se reuniera para presentar su renuncia. 

1(3 — El Consejo representativo oyó á la comisión de lejislacion, que 
X)resent6 un dictamen altamente honorífico para el doctor Galvez; 
^in embargo, no se pudo negar la convocatoria de la Asamblea. 

11 — Reunido el Cuerpo lejislativo, Galvez formalizó ante él su iv- 
nuncia. 

18 — Al saber el x>ueblo cuál era el objeto de la convocatoria, una 
esj)osicion firmada iDor mas de ochocientos ciudadanos, se presentó 
á la Asamblea. En ella se elojia al Jefe del Estado, se ponen de 
manifiesto sus imi^ortantes servicios y se pide que continúe en el 
XDoder. Los signatarios se mantuvieron en incesante ajitacion, hasta 
que la Asamblea dio un decreto en absoluta conformidad con sus 
deseos. 



CAPITULO TRiaESI]MOCXJA.RTO 

Remlicion del castillo de Omoa y fin de la 
í^ran conspiración servil 



. SUMARIO. 

—jVoíicias comunicadas de Honduras — 2. Ocupación de Tr,vjt- 
llo—d. Bsposícion de Domínguez á la Municipalidad de Chi- 
q'Uimula—4:. Proclama del invasor— 5. Parte del Gobierno de 
Honduras — G^ Los facciosos pretenden destruirla independen- 
cia nacional — 7. Buques con que contaba Centro- América — S. 
Muerte del francés Duplessis—d. Acción de Tercales— 10. Par- 
ta de las autoridades de Olanclio — 11. Dominguez llega á Omoa 
— 12. Se dirije inmediatamente á Santa Bárbara — 13. Acción de 
Jaitique — 14. Pérdidas de los centro-americanos — lo. Últimos 
momentos del coronel Gutiérrez — 16. Muerte de don José Antonio 
Márquez^ jefe del Estado de Honduras— 11, Dominguez en Co- 
mayagua — 18. Ferr era recobra el puerto de Trujillo—l^, Acción 
de Omoa— '20. Acción del Espino — 21. Accio7i de Opoteca—22. 
Prisión de Dominguez— ^'d. Única esperanza de los serviles 

24. Eclipse 25. Captura de la goleta ^'EJecutiTo'' 

26. Declaraciones - — 27. Ultimo recurso 4e los rebeldes 

28. Averia de la goleta Genis — 29. Rendición d^ Onioa — 
80. Estipulaciones sóbrela entrega del castillo— *ül. Estado de 
las fuerzas de la República, sitiadoras del castillo al tiempo 
de rendirse-— 'd2. Llegan mas fuerzas á Omoa—S*3. Micerte de 
Ramón Guzman—'di. Muerte de Domínguez— ^r^. Entrada de 



874 RESEÑA IIISTÓKICA 

los vencedores á Guatemala — 36. Excesos provenientes del entu- 
siasmo — 87. Reft exiones. 



1 — El i^rimero de diciembre de 1881, el Gobierno de Honduras 
manifestó al de Guatemala, que el contador vista de Omoa Fran- 
cisco Lozano, se dirijia á aquel puerto, y que fué sorprendido con 
la noticia de haber sido tomado el mismo puerto y su castillo j)or 
cien espulsos que se hallaban en Belice. Agregaba que esta opera- 
ción habia sido combinada con Arce, y que se dictaban medidas, 
entre ellas la de aumentar las guarniciones de Comayagua y Tegu- 
cigalpa, con el fin de que marchara una división á desalojar á los 
invasores. Igual noticia se envió por estraordinariq al Presidente de 
la República. 

2 — Casi al mismo tiempo Domínguez ocupó el puerto de Trujillo. 
Lo acompañaba Pedro González, el mismo que se halló en la plaza 
de Guatemala sirviendo á Aycinena el año de 29, que pasó al cam- 
1)0 del general Morazan el 12 de diciembre, á suplicarle ocupara la 
Xilaza y que no obstante hallarse comprendido en los decretos de 
espulsion, fué indultado por repetidas súplicas. 

8-y-Con fecha 81 de diciembre, Domínguez tuvo la audacia de di- 
rijir una circular á las Municii3alidades del Estado de Guatemala, 
excitándolas á la insurrección. En ese documento se pinta con ne- 
gros colores al ]3artido liberal, y se dice que es indispensable ani- 
quilarlo para salvar á la Nación. 

4 — La misma fecha tiene una proclama de Domínguez á Jos cen- 
tro-americanos. Ese documento es una prueba evidente de la liga 
que existió entre los hombres que sucumbieron en 1829 y don 
José Maria Cornejo, jefe del Estkdo del Salvador. Don Vicente Do- 
mínguez, en su i)roclama, como don Manuel Montúfar y don Ma- 
nuel José Arce en sus Memorias, colma de elojios á Cornejo; pero 
Domínguez se estiende, espresando lo que aquel Jefe habia jirome- 
tido, y lo que de él esperaba. 

5 — Ln correo estraordinario dio aviso de las circunstancias de la 
toma de Omoa. Según ese izarte, Ramón Guzman á la cabeza de 
doscientos morenos, sorprendió el fuerte y cuartel de Omoa el 21 de 
noviembre á las ocho de la noche. Aprehendió el armamento y mu- 
niciones Q.e guerra que allí habia, y logró poner cpiinientos hombres 
sobre las armas. 

.6 — Los facciosos enviaron á la Habana, la goleta Ejecutivo, á la 
cual ellos dieron el nombre de General Bomingnez. Ella conduela 



DE CENTKO -AMÉRICA. 375 

pliegos y agentes de los serviles al Capitán General de la isla de 
Cnba, con el ñn Jde|manif estarle que los hombres de bien en Cen- 
tro-América, aspiraban á la dominación española, y que solo los 
forajidos y los miserables que vivian del presupuesto querían ser 
independientes. El mismo lenguaje babian empleado en la Corte de 
Madrid algunos arist6cratas]mejicanos, que fueron desmentidos por 
el éxito fatal de la espedicion'del general Barradas. 

7 — Los centro-americanos contaban con las goletas ''María Jose- 
fa" y "Nueva Maria," que estaban armadas y equijDadas en el puer- 
to de Izabal, cou otros dos buques nacionales á las órdenes del ge- 
neral Terrelonge, y con otro de ochenta toneladas, armado con cua- 
tro cañones que se tenian en Belice. 

8— El francés Dujjlessis mandaba la goleta "Fénix, " una de las 
que estaban al servicio ']|depa'República. Esa goleta, surta en las a- 
guas de Omoa, fué sorprendida por Domínguez, quien condujo á 
I)ui3lessis á la plaza de Omoa, donde fué fusilado. Salió al patíbu- 
lo con un valor admirable. En los momentos déla ejecución, dijo á 
los espectadores con voz muy serena, que aprendieran á despreciar 
la muerte. Este asesinato, como el de Merino, daba á conocer lo 
que los liberales debian esperar del partido servil, y presentaba li- 
na viva demostración de que no solo se trataba de la independen- 
cia centro-americana, sino de la vida y de la muerte de los hom- 
bres que la sostenían. 

9 — La vanguardia de Dominguez se aproximó á Yoro, el dia 7 de 
marzo de 1882. El comandante Ferrera le salió al encuentro. Los 
invasores desaparecieron y Ferrera ocupó sus equipajes. Entonces 
la misma vanguardia ax)areció de nuevo y atacó á Ferrera sobre el 
punto de Tercales. Allí dos compañías de infantería y un piquete 
de la caballería de Yoro, hicieron] resistencia y derrotaron com- 
pletamente á los facciosos. Estos huyeron dejando dos muertos. Do- 
minguez quiso rehacerse en Olanchíto, x)ero nadie le auxilió, y tuvo 
que escapar para Trujillo, dejando doscientos fusiles empacados, 
nueve cargas de equipaje en que había algún dinero, treinta y ocho 
carabinas, tres sables, algunas fornituras, ])arque y un caballo con 
buena montura (J'). 



(*) Entre los equip«ijes so eucoutnirou oiho crtinniululas de n'/.;ii y li.» imiciuuv.s á 1 . 
virgen de Guadalupe, para eutumir á los enemigos. Con esU\s supereherias, >o coMducift jtu- 
te á la matanza. Domiuguez|noJteuia caudal. Los elementos cou que contaba, prueban qne 
muchos serviles que se niantouian incógnitos, sostuvieron con sus biems la campaña. 



876 RESEÑA IIISTOHICA 

10 — Domínguez, bien pronto esperimentó las fatales consecuen- 
cias de] asesinato que acababa de cometer. Las autoridades de O- 
lanclio, dieron izarte de que los morenos franceses, disgustados por 
la muerte de Duplessis, quien no liabia cometido mas crimen que 
hallarse al servicio de la República, abandonaban al invasor. 

11 — Llegó Domínguez á Trujillo en preciyjitada fuga. Tuvo nece- 
sidad de pedir ropa ajena para vestirse, quiso ocultar su derrota,, 
pero no pudo. Marchó á Omoa á donde llegó el 22 de marzo con su 
caj)ellan y tres personas mas. 

12 — Domínguez se dirijió inmediatamente á Santa Bárbara, j)or 
cuya dirección se había internado con 300 hombres su agente y cóm- 
plice Pedro González. En ese departamento pudo reunir otros 300 
hombres, y con 600 marchó sobre el pueblo de Jaitique, donde ha- 
bía 200 de las fuerzas centro-americanas, pertenecientes á la colum- 
na llamada "Invencible," que mandaba el coronel Gutiérrez. 

13 — El 26 de marzo, á las 3 de la mañana, Domínguez, con fuer- 
zas mas que dobles, comenzó el ataque. A las cuatro horas de un 
fuego vivo en que tomaron parte todas las fuerzas que se hallaban 
frente á frente, el agresor tuvo que huir hacía la aldea de San Jo- 
sé, dejando multitud de cadáveres, sables, bayonetas, carabinas^ 
dos cajas de guerra, un clarín y otros despojos. 

14 — La columna vencedora acreditó en esta acción, que era dig- 
na del nombre que se le había dado. Pero el triunfo fué costoso. 
Murió el capitán Estevez, el teniente Carias y el subteniente Pepí- 
ton. El comandante Gutiérrez recibió una herida mortal. 

15 — Gutiérrez llamó á Sotero Moneada y le dictó una nota que 
ya no pudo firmar. Dice así: "Comandancia general. Columna in- 
vencible. — C. Ministro general — A las cinco de la mañana, liemos 
sido atacados. El fuego ha durado cuatro horas: creo hemos tenido 
de pérdida cincuenta hombres entre muertos y heridos. La victoria 
ha sido nuestra, y yo quedo mortalmente herido. No puedo ya con- 
tinuar. Con las ansias de la muerte dirijo mis votos al cielo por el 
bien de la patria. Los oficíales me informan que todos los soldados 
han peleado con mucho valor. — D. U. L. — Jaitique, marzo 26, á las 
8 de la mañana." 

16 — El día de la batalla de Jaitique, fué sepultado en Comaya- 
gua el jefe del Estado de Honduras, D. José Antonio Márquez, vícti- 
ma de una fiebre maligna. Al comprender que estaba grave, dirijió 
una x^roclama á los hondurenos, fechada el 22 de marzo. En ella di- 
ce que deposita el mando en el Presidente del Consejo, quien sa- 
bría llenar los^deberes de su cargo. Se despide del x)ueblo hondure- 
no y lo exhorta para que continúe con valentía por la senda glo- 
riosa que el honor le traza. 

17 — Los facciosos, sin embargo de la derrota de Jaitique, mante- 



• DEOENTRO-AMÉIÍICA. 377 

nian una insurrección en Santa Bárbara, y contaban con algunos 
morenos de Antillas que no son francesas, los cuales ocupaban el 
puerto de Trujillo. Las autoridades hondurenas no se creían segu- 

f ras en la ciudad de Comayagua, que por su situación topográfica, 
no es un punto militar. La evacuaron, y á principios de abril, Do- 
mínguez la ocupó sin resistencia. 

18 — El 11 de abril, Ferrera, con la división- de su mando, se pre- 
í sentó en Trujillo. Solo le hizo resistencia una goleta, que para dis- 
putarle la entrada, se fijó frente al campamento donde hizo algu- 
nos tiros. Ferrera avanzó hasta el punto nombrado la Ofrecedera. 
jVIIí tenia n los enemigos doscientos hombres bien parapetados. Fer- 
rera destacó dos compañías del batallón de cazadoras, al mando de 
los capitanes León Ramírez y Fernando Martínez, con el objeto de 
cortarlos por el interior de la montaña, dejando el resto de la tropa 
para llamarles la atención de frente. Una circunstancia no espera- 
da, obligó á que se rompiese el fuego antes que estuviese cortado 
el enemigo, lo cual dilató la acción por mas de una hora. Fueron 
completamente derrotados los facciosos, dejando seis muertos, y 
todo cuanto tenían en aquel puesto. Ferrera tuvo cinco muertos y 
diez y siete heridos, entre ellos cuatro de gravedad. Todos los cori- 
feos de la facción desaparecieron, y solo se encontraron personas 
insignificantes. Se embarcaron parte de los cabecillas y parte se es- 
parcieron por los montes. 

19— El coronel Terrelonge se dirijió á Omoa. En la plaza de la 
Barranca, encontró la primera trinchera enemiga, situada en un 
ventajoso punto: intimó á su comandante le franquease el paso, o- 

I ofreciéndole las garantías necesarias, á nombre del Supremo Gobier- 
no nacional. Al principio manifestó deseos de hacerlo, pero se deci- 
dió después á que se tomara la trinchera á viva fuerza. Terrelonge 
destinó al efecto la i)rimera comjiañia federal, mandada por el coro- 
nel don Máximo Menendez. Este se arrojó sobre la trincheiti con 
una intrepidez admirable, despreciando sus fuegos y los que hacían 
en la playa tres goletas. Terrelonge hizo continuar el movimiento, 
á paso de maniobra, dejando cubierta la fortificación tomada, y se 
presentó en la segunda trinchera que estaba defendida como por 
(!Íen hombres de infantería. Terrelonge arreglaba la tropa para to- 
marla a la bayoneta, cuando se adelanto el esforzado y valiente co- 
ronel Menendez, seguido soh^ de dos di-agones, quien con su orde- 
nanza y el del Jefe^ tomó la trinchera 6 hizo huir á los que la do- 
rendían. Se destinaron en seguida, un piquete de caballería, al man- 
do del capitán Franciscí) Malespin, para que fuem á ocupar el pue- 
blo, y la primera compañía á las órdenes del coronel Menendez pa- 
ra que se situase en la loma, y todo se verilicó en el momento, 
dispersándose completamente algunas partidas enemigas que aun 



878 líESENA ITISTÓRICA . 

no liabian tenido tiempo de replegarse al castillo, 

20 — El 3 de mayo, estando una columna centro-americana en la 
aldea del Espino, á dos leguas de Comayagua, Domínguez hizo un 
movimiento con 400 hombres que tenia á sus órdenes. Dejó 200 en 
Opoteca y con 200 atacó el Espino. En hora y media de fuego fué 
derrotado, dejando trece muertos y un oficial irlandés, capitán de 
los morenos, herido y prisionero. La columna tuvo cuatro muertos. 

21 — El dia 4, la misma columna marchó sobre Opoteca, y el 5 a- 
tacó á Domínguez. A las tres horas de fuego éste huyó, dejando 
muchos muertos. Acompañaban á Domínguez en su fuga, el capi- 
tán Alvert y otros oficiales. Quedaron treinta x>risioneros y entre e- 
llos un teniente, llamado Salvador López. Se tomaron dos cañones 
desmontados, que Domínguez habia sacado de Comayagua, cua- 
trocientas carabinas de infantes, veintinueve de dragones, cuarenta 
y cinco fusiles, doscientas treinta y una bayonetas, quince lanzas, 
diez balas de cañón, ochocientas cincuenta piedras estranjeras, qui- 
nientas del país, catorce cartucheras, diez bolsas, ciento cincuenta 
tiros de fusil, dos baquetones, tres cajas de guerra, un tercio de ba- 
las sueltas. Las fuerzas del Gobierno perdieron al valiente coronel 
José Rosario López y tres soldados. 

22 — Domínguez fué perseguido en todas direcciones y capturado. 
Se le condujo preso á Comayagua. 

23 — Toda la esperanza de los serviles, después del último triunfo 
de Opoteca, estaba reducida al castillo de Omoa, y á los auxilios 
que los españoles de la Habana le dieran. 

24 — El 27 de junio por lo mañana, hubo un eclipse. La oscuridad 
llegó á tal punto, que fué preciso encender velas. Los caminantes 
tuvieron necesidad de suspender su marcha. Guatemala quedó en 
este paso de la luna entre el sol y la tierra, por algunos minutos, al 
centro de la penumbra. Este acontecimiento anunciado por los as 
trónomos, sirvió á los fanáticos contra los liberales. Unos decian 
que eran visibles señales del juicio y que llegaba la hora suprema 
de las expiaciones. Otros aseguraban que la cólera de Dios estaba 
marcada: que si un dia faltó la luz por poco tiempo, otro dia desa- 
parecería del todo, en castigo de tantos crímenes. Las personas me- 
nos sensatas, repetían muchas veces estas palabras: ''Señales en el 
cielo, trabajos en la tierra.'' La madre Teresa multiplicó sus profe- 
cías; pero la situación del castillo de Omoa, continuó sin embargo, 
empeorando á cada instante. 

25 — El primero de julio, llegando á Omoa, de regreso de la isla 
de Cuba, la goleta "Ejecutivo," llamada por los facciosos "General 
Domínguez," fué aprehendida por la goleta nacional "Deseada." A 
bordo venia de capitán el español J uan Miguel Arrechea. Le acom- 
pañaban el español Antonio Fernandez, el trujillano José Suarez y 



DE CKNTKO-AMElíK A :^79 

Ciríaco Velasquez de Comayagua, todos oficiales de Dominguez. El 
coronel Terrelonge, después de haberles tomado declaración, los 
mando fusilar, diciendo que estaban fuera de la ley. Los auxilios 
que traían para el castillo, eran banderas españolas y municiones 
de guerra y boca suministradas por el Gobernador de la Habana. 

26 — Las declaraciones de los que traían los auxilios de la isla de 
Cuba, estaban conformes en un punto, y discrepaban en otros. Es- 
taban conformes en que esos auxilios los dio el Gobernador de la 
Habana y en que este ofreció otros de la misma especie. Discrepa- 
ban en las causas por qué aquel Gobernador no les liabia dado bu- 
ques y tropa. Arrechea aseguró que ese funcionario dijo que no ido- 
dia hacerlo sin órdenes terminantes del Gobierno español. Velas- 
quez, depuso que se les había contestado que el auxilio no haría 
mas que comprometer á España, porque á la fecha el castillo estarla 
ya rendido. 

27 — Los rebeldes celebraron acta, declarándose subditos del 
Kei de España, cuyo pabellón enarbolaron solenmemente en el cas- 
tillo, el 10 de agosto de 1832. Ellos decían que aquella fortaleza e- 
iti española, y que combatirla, era hacer la guerra á España. 

28— Bajo los fuegos del castillo, se hallaba la goleta "Genis," to- 
mada por los rebeldes á Duplessís. Ramón Guzman la hizo salii' con 
dirección á la Habana; pero á pesar de las profecías del convento de 
Santa Teresa, esta embarcación fué atacada por el coronel Galíndo, 
que se hallaba á bordo de la goleta "María Josefa, "y la "Genis" fué 
averiada. El piloto y tres marineros salieron en una lancha para to- 
mar un cayo donde los prendió Galíndo. La escuadra centro-ame- 
ricana constaba entonces de siete buques. 

29 — Ramón Guzman no tenia que esperar en el castillo. Los víve- 
res se agotaban. Las municiones de guerra no eran interminables. 
Tjos hombres que la acompañaban no podían tener el mismo entu- 
siasmo que él por la causa de los serviles. En los j^rimeros días de 
setiembre, salieron veinte hombres del castillo, al mando de AMcen 
te Hoyos, con el fin de quemar la población de Omoa. Estos fueron 
repelidos y murió su caudillo. El mal éxito de esta empresa exas- 
peró íi los facciosos que rodeaban á Guzman, quienes al fin se su- 
blevaron contra éste, lo redujeron á prisión é izaron bandera blanca. 
El coronel don Agustín Guzman mandaba en jefe por enfermedad 
de Terrelonge. El oyó ])roposiciones de paz y se firmó el convenio 
siguiente: 

HO — "1. ^ Se depondrán las armas entregándolas al oficial quec(»- 
misione el General sitiadoi*, al tienqu) de ocupar la fortalezíi del 
(tastillo, quedando la guarnición rendida en el paraje que se seíia- 
le. 2. ^ Se entregará el comandante Hamon Guzman al mismo ofi 
cial parn (puMpiede á disposición del ciudadano Comandante Ge- 



380 RESENA IIISTÓEICA 

neral, y liasta ese momento estará escoltado por la misma guarni- 
ción. 3. ^ Todos los oficiales y tropa de la guarnición de este casti- 
llo, quedarán garantidos en sus vidas é intereses jior mí, y serán 
tratados con consideración. 4. ^ No serán comi3rendidos en estas ga- 
rantías, los que lioy se hallan fuera del castillo, pues la opinión de 
estos con respecto á la conclusión ^de la guerra, no está manifesta- 
da por ellos personalmente. 5. ^ Se pondrá en libertad á los prisio- 
neros que por opiniones políticas se hallan en este castillo. Si fue- 
ren aprobados los artículos anteriores, la devolución del ejemplar 
que acompaño, será la seña de la admisión y la hora en que se pon- 
drá en práctica lo convenido por una y otra parte. Dado en el cuar- 
tel general de Omoa, firmado de mi mano, á 12 de setiembre de 
1832. El coronel comandante en jefe accidental — Agustín Guzman. 
Este pliego volvió con estas palabras escritas al pié: ' 'Aprobada la 
capitulación anterior j)or los oficiales de la guarnición del castillo- 
Fecha ut supra — Lino Montero — Pedro Policarpo — Pedro LnboJ^ 

31 — El estado de las fuerzas de la República que sitiaban el cas- 
tillo al tiempo de rendirse, era el siguiente: artilleros 21. De la pri- 
mera compañía del batallón federal, 74. Id. de la segunda, 116. De 
la compañía de milicias del Salvador, 97. Id. de Zacapa 112. Id. 
permanente de Guatemala, 73. Id de la segunda, 47. De la primera 
de Chiquimula 46. De ]a segunda de id. 37. De la compañía de Te- 
xiguat, 34. De la de Yerapaz, 78. De la de Yoro, 53. De la caba- 
llería federal, 51. De los dos escuadrones de la guardia de la cons- 
titución de Chiquimula, 97. 

32 — El día 13 llegaron á Omoa dos compañías de infantería de 
Chiquimula y tres de Honduras; esta fuerza había sido enviada, e» 
el concex)to de que el castillo continuaría resistiendo. Sin contar cob 
ella, había en el sitio mil ciento noventa y siete hombres, de ios 
cuales estaban en servicio ochocientos diez y ocho. El resto se en- 
contraba en los hospitales. 

33 — El 13 de setiembre, Hamon Gfuzman fué fusilado en Omoa^ 
de orden del comandante en jefe accidental, Agustín Guzman. 

34 — Domínguez se hallaba en Comayagua, y quedó comprendido 
entre las personas á quienes no garantizaba Guzman, por hallarse 
estas fuera del castillo, cuando aquel fuerte se rindió, y fué fusila- 
do el 14 de setiembre. El coronel Domínguez no salió al cadalso cob 
la serenidad del honrado artesano, teniente de patriotas Isidro Ye- 
lasquez, condenado á muerte en tiempo de A y cí nena, por haber sirn- 
Xm tizado con los salvadoieños. Menos manifestó el valor heroico de 
Pierzon, condenado á muerte por un decreto gubernativo de dors 
Mariano Aycinena, suscrito por don Agustín Prado. Pierzon dur- 
mió tranquilo la noche que i3recedió á su muerte. Cuando sonó la 
hora de salir al suplicio, se preparó como si fuera á un x^aseo. No 



DK OENTÜO-AMERICA. :M 

permitió que se le ciibrieían los ojos. Iba mirando por todas direc- 
ciones y dirijiendo saludos á las jjersonas conocidas. Poco antes de 
las doce de la mañana del 11 de mayo de 1827, Pierzon llegó á los 
muros del Hosi^ital de Guatemala, sitio de la ejecución; contemi)ló 
con impavidez el asiento que le estaba destinado, y con voz tan se- 
rena, como si estuviera mandando una ijarada, dio órdenes á los 
¿íoldados, ministros de su muerte, hasta la voz ¡fuegoI Dominguez 
iba abatido. Bien se comprende que profunda?s meditaciones que- 
.brantaban su ánimo. El no pudo tener en los últimos momentos de 
.su vida, la enerjia que animó á Merino, ni el desi^ejo de Duplessis. 
La gran columna servil esjDiró en Comayagua. El partido recalci- 
trante quedó en la orfandad, liasta que el cólera asiático le otorgó 
un nuevo caudillo. 

3o — El 26 de diciembre llegaron á la ciudad de Guatemala, las 
tropas vencedoras. Las calles de la entrada, estaban adornadas con 
arcos triunfales, alfombras de rosas, coronas y colgaduras, l'n con- 
curso numeroso las ocupaba. Salvas de artilleria y de cohetes y 
un repique general de cam]3anas, anunciaron que se aproximaban 
los vencedores. Ellos entraron á Guatemala sobre un pavimento de 
flores. 

36 — Durante la noche y. el dia siguiente, las demostraciones de 
■regocijo fueron incesantes. Faltó la calma con ^ue se veriñcó la In- 
dependencia el 15 de setiembre de 1821, y las demostraciones que 
contra España se hacian en las calles y en las plazas de Guatemala, 
eran violentas. Las banderas españolas que se tomaron á bordo de 
la goleta ''Ejecutivo" y la que se enarboló el 10 de agosto en el 
castillo de Omoa, atadas á las colas de los caballos, fueron arrastra- 
ilas por las calles. Sin embargo, los serviles que desde esta capital 
Comentaron la insurrección, los clérigos que tanto habian predica- 
do contra los liberales, y las monjas que tantas profecías habian 
lanzado contra ellos, permanecieron en sus alojamientos sin ser mo- 
lestados. 

37 — El tviunfo liberal que coronó la rendición del castillo dr < > 
moa, es el mas esplendido que se había obtenido desde el año de 21. 
La conjuración servil era vasta, y estaba ramificada por todas par- 
tes. El Arzobispo desde la Habana conmo\ia al clero, e\ obispo de 
Chiapas, fraí Luis García, favorecía al ex-presidente Arce, los par- 
tidarios de Arce, vociferaban que el ex-Presidente, tenía en su ai)o- 
yo al Gobierno de la Iiex)ública mejicana. Podrá ser esto una false- 
dad; pero lo cierto es que sin embargo de las repetidas solicitudes 
del Gobierno de Centro-América, Arce no llegó á ser internado. Ke- 
clutó gente, espidió proclamas 6 hizo fortiíicaciones en Soconusco, á 
presencia de las autoridades chiapanecas, las cuales siempre pix>- 
curaron limitar la acción de las fuerzas centro-americanas. AVce es- 



882 líKSENA HlSTÓmCA 

taba en combinación con el Jefe del Salvador, como lo demuestran 
las proclamas de Dominguez y la del padre Herrera, los elojios que 
los serviles tributaban á Cornejo y la insurrección de éste contra el 
Presidente de la República, en los momentos supremos en que se 
verificaba la invasión de 'Arce y de Domínguez. Tan colosal tem- 
pestad, fué combatida y deshecha por los liberales. Morazan, ni en 
Gualcho, ni en ninguno de los campos en que la victoria ciñó su 
frente, fué mas grande que al triunfar sobre Cornejo, Arce y Do- 
minguez, haciendo tremolar la bandera de los libres sobre toda la 
estension de Centro- América. 



-♦--♦- 



Fin del tomo primero, 



índice del primer tomo. 



Dedicatoria 

Prólogo I . 

JLil>ro I . ^ 

Fajinas 
CAPITULO 1^— Caúsasele la guerra de Guatemala 

con el Sal viador y Honduras •"> 

CAPITULO 2. ® —Campaña de^Honduras 11 

CAPITULO '^. ^ — Situación de Guatemala durante la 

campaña 11) 

CAPITULO 4. '^ —Sucesos del convento de Sta. Teresa 29 

CAPITULO 5. ^ —Continuación de la campaña 41 

CAPITULO 6. ^ —Rendición de- Mejicanos 47 

CAPITULO 7. ^—Triunfo de Morazan en San Anto- 
nio y otros sucesos hasta el pronuncia- 
miento de la Antigua .')'5 

CAPITULO 8.^— Sitio y capitulación de Guatemala 59 
CAPITULO í). ^ —Situación de la ciudad de Guate- 
mala durante el ataque ;i la i)laza 9.") 

CAPITULO 10. '=^— Entrada de las fuerzas del Salva- 
dor y Honduras á la plaza mayor de Gua- 
temala— Prision^del Presidente y vice-Pre- 
sidente de la'Kepública, del jefe Aycinena 
y de los Ministi'os de la Federación y del 

Estado K^I 

CAPITULO 11.® - Prisiones del 1 9 de abril 1 V'> 

CAPITULO 12. ^ —Ruptura de la capitulación H)9 



384 • ÍNDICE. 

Pajinas 
CAPITUL018.^— Solicitud de ia Municipalidad de' 
G-uatemala para que se auiuentára el nú- 
mero de los presos 115 

CAPITULO 14. ^— Lijera reseña de los princii3ales su- 
cesos de Centro-América, durante la guer- 
ra de Guatemala y el Salvador 119 



liibro 5Í. ^ 



CAPITULO 1.^— Reinstalación déla Asamblea del 

Estado de Guatemala 125 

CAPITULO 2. ^—Decretos de la Asamblea y otras 

disposiciones relativas ¿i los vencidos 129 

CAPITULO 3. ^ —Instalación del Congreso y nombra- 

• miento de Presidente provisional 137 

CAPITULO 4. ^ —Decreto del Congreso federal dado 

en Guatemala, á 22 de agosto de 1829 141 

CAPITULO 5. c>— Destierros 153 

CAPITULO 6. ^ —Reunión de la Asamblea 161 

CAPITULO 7. ^-Segunda renuncia del jefe del Es 

tado, don Juan Barrundia 167 

CAPITULO 8. ^ —Segunda elección de Jefe y vice- 

Jefe del Estado de Guatemala 171 

CAPITULO 9. ^ —España intenta reconquistarla A- 

mérica 177 

CAPITULO 10. ^—Decreto de 23 de noviembre 185 

CAPITULO 11. ^—Revolución servil en Honduras. El 

general Morazan marcha á sofocarla 189 

CAPITULO 12. ^ —Pacificación de Nicaragua. .... . . 199 

CAPITULO 13. ^ —Suspensión del Jefe del Estado, doc- 
tor don Pedro Molina 205 

CAPITUL0 14.^— El doctor Molina, absuelto, solici- 
cita se le rei)onga en el mando y no lo ob- 
tiene 215 

CAPITULO 15. ^ — Decreto que manda proceder á nue- 
vas elecciones 219 

CAPITULO 16. ^ —Temblores 225 

CAPITULO 17. ^ — Segunda sentencia absolutoria del 

doctor Molina 229 

CAPITULO 18. ^ -^Administración de don Antonio Ri- 
vera Cabezas 235 

CAPITULO 19. ^ — Acusación presentada contra el vi- 
ce-jefe del Estado, don Antonio Rivera 



DEL TOMO PJUMEKO. 385 

Pajinas. 

Cabezas 247 

CAPITULO 20. - —El Arzobispo y el Cabildo 257 

CAPITUL0 21.^— Instalación del Congreso y de la 
Corte suprema de justicia, y elección de 

Presidente de la Eepública 267 

CAPJTULO 22. ^ —Elección de las autoridadp^ d^T Es- 



tado 



/ • ) 



CAPITULO 23. ^ -lielacionos internacionales. 281 

CAPITULO 24. ^— Leyes importantes del Congreso.... 291 
CAPITULO 25. ^ —Elección del Jefe del Estado y su 

ingreso al mando 295 

CAPITULO 26. ^ —Costa-Rica 299 

CAPITULO 27. - —Instrucción pública 307 

CAPITULO 28. ^ — Impresión que á los serviles produ- 
jeron las leyes de enseñanza 313 

CAPITULO 29. ^— Otras empresas del doctor (4alvez.. 321 

CAPITULO 30. ^ —Ciudad de Flores 327 

CAPITULO 31. ^— Caida del Jefe del Salvador 331 

CAPITULO 32. ^ —Derrota de Arce 347 

CAPITULO 33. ^ —Un episodio político 367 

CAPITULO 34. ^ — Hendicion del castillo de Omoa y 

fin de la gran conspiración servil 37:» 



2r> 



1^ 



Eri'ata^ notables. 



l^ág. Linea. l)¡c( . /.'<':<' 

lo 41 piepresentar.'se .... presentarse.' 

-^5 19 1846.... XXV .... ia5f)....XXX\' 

>:\ „ 17 ini una 

7:> 8 Stiyapango Soyapan<í(» 

76 -..-,... 30 , . . . , pnntes l)untos 

S^ ........ 2i) . . . , cansa causa 

<S8 11 imi)ortunamente... inox)ortnnaniente 

m - ló de á 

96 11 Fransisco Francisco 

102 . 1 i inmediamente inniediatanieni»' 

107 - :>2 deegracia desgi'acia 

121 . . 30 destinso destinos 

126 9 Beltran Bertrand 

126 21 Asamblea Asamblea 

127 22 elos ellos 

154 27 Asambleacon Asamblea con 

157 30 íuere elesiástico. . fuero eclesiástici 

164 . 17 d de 

178 . . 34 Ecliaverrí Echavarri 

237 39 introdujere)- introdujeron 

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PARA LA COLOCACIÓN DE LAMINAS. 




Retrato del 8r. General Presidente, ciudadano J. lluíino 
Barrios. Antes de la dedicatoria. 

Carta de los ángeles pajina 88 

Cuadro trazado i^or los ángeles 

Retrato del general Morazaii 72 

Id. del señor Barrundia 1 :'><) 

Id. del doctor Molina 171 

Id. del señor Rivera Cabezas M 7 

Id. del doctor Galvez 21)7 



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