(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Resúmen de la historia de Venezuela desde el descubrimiento de su territorio ..."

Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as pan of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commcrcial parties, including placing technical restrictions on automatcd qucrying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send aulomated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ A/íJí/iííJí/i íJíírí&Hííon The Google "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct andhclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any speciflc use of 
any speciflc book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite seveie. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while helping authors and publishers reach new audiences. You can search through the full icxi of this book on the web 

at jhttp : //books . google . com/| 



Google 



Acerca de este libro 

Esta es una copia digital de un libro que, durante generaciones, se ha conservado en las estanterías de una biblioteca, hasta que Google ha decidido 

cscancarlo como parte de un proyecto que pretende que sea posible descubrir en línea libros de todo el mundo. 

Ha sobrevivido tantos años como para que los derechos de autor hayan expirado y el libro pase a ser de dominio público. El que un libro sea de 

dominio público significa que nunca ha estado protegido por derechos de autor, o bien que el período legal de estos derechos ya ha expirado. Es 

posible que una misma obra sea de dominio público en unos países y, sin embaigo, no lo sea en otros. Los libros de dominio público son nuestras 

puertas hacia el pasado, suponen un patrimonio histórico, cultural y de conocimientos que, a menudo, resulta difícil de descubrir 

Todas las anotaciones, marcas y otras señales en los márgenes que estén presentes en el volumen original aparecerán también en este archivo como 

tesdmonio del laigo viaje que el libro ha recorrido desde el editor hasta la biblioteca y, finalmente, hasta usted. 

Normas de uso 

Google se enorgullece de poder colaborar con distintas bibliotecas para digitalizar los materiales de dominio público a fin de hacerlos accesibles 
a todo el mundo. Los libros de dominio público son patrimonio de todos, nosotros somos sus humildes guardianes. No obstante, se trata de un 
trabajo caro. Por este motivo, y para poder ofrecer este recurso, hemos tomado medidas para evitar que se produzca un abuso por parte de terceros 
con fines comerciales, y hemos incluido restricciones técnicas sobre las solicitudes automatizadas. 
Asimismo, le pedimos que: 

+ Haga un uso exclusivamente no comercial de estos archivos Hemos diseñado la Búsqueda de libros de Google para el uso de particulares; 
como tal, le pedimos que utilice estos archivos con fines personales, y no comerciales. 

+ No envíe solicitudes automatizadas Por favor, no envíe solicitudes automatizadas de ningún tipo al sistema de Google. Si está llevando a 
cabo una investigación sobre traducción automática, reconocimiento óptico de caracteres u otros campos para los que resulte útil disfrutar 
de acceso a una gran cantidad de texto, por favor, envíenos un mensaje. Fomentamos el uso de materiales de dominio público con estos 
propósitos y seguro que podremos ayudarle. 

+ Conserve la atribución La filigrana de Google que verá en todos los archivos es fundamental para informar a los usuarios sobre este proyecto 
y ayudarles a encontrar materiales adicionales en la Búsqueda de libros de Google. Por favor, no la elimine. 

+ Manténgase siempre dentro de la legalidad Sea cual sea el uso que haga de estos materiales, recuerde que es responsable de asegurarse de 
que todo lo que hace es legal. No dé por sentado que, por el hecho de que una obra se considere de dominio público para los usuarios de 
los Estados Unidos, lo será también para los usuarios de otros países. La l^islación sobre derechos de autor varía de un país a otro, y no 
podemos facilitar información sobre si está permitido un uso específico de algún libro. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en 
nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de 
autor puede ser muy grave. 

Acerca de la Búsqueda de libros de Google 



El objetivo de Google consiste en organizar información procedente de todo el mundo y hacerla accesible y útil de forma universal. El programa de 
Búsqueda de libros de Google ayuda a los lectores a descubrir los libros de todo el mundo a la vez que ayuda a autores y editores a llegar a nuevas 
audiencias. Podrá realizar búsquedas en el texto completo de este libro en la web, en la página |http://books .google .comí 



\ 






RESUMEN 



DE 



LA HISTORIA ANTIGUA 



DG VENEZUELA. 



7 



BTÍ-BÍA BKtl 



RESUMEN 



DE LA 



HISTORIA DE VENEZUELA 

DESDE EL DESCUBRIMIENTO DE SU TERRITORIO 
POR LOS CASTELLANOS EN EL SIGLO XV , HASTA EL Af^O DE ^97, 

ORDENADO Y COMPUESTO 

GON ARREGLO Á MDÑOZ, NATARRKTR, HKBRBRA , 

IRTIHG, OFIFDO, ROBBRTSON, D8P0N8, HUMBOrOT, CLBMBMCIN. 

IIOIITB1IB6RO, YÁMEZ, ALCRDO, ANTVNBZ , 

ACRYBno, RTC, RTC, BTC. ; 



POR 



RAFAEIi HÜlRIA BARAliT. 



Ha cooperado a él en la parte relativa á las guerras de la conquista 

de la Costa-Firme el señor RAMÓN DÍAZ , 

el cual le ba afiadldo los apéndices que para ilustración van pu« stos al fin . 



PARÍS 

IMPRENTA DE H. FOURMER Y COMP'», 

C4LLR DB SAIMT-BRHOIT , Mo 7- 

4844. 






Gv OO^. 



f^ 



J •• . 



> , j í . ' 



i ; i 



»7 *1 I éíCZ. 



RESUMEN 



DE LA 



HISTORIA DE VENEZUELA. 



CAPITULO PRIMERO. 



£$Udo de la geografía y de la naTegaclon antes qne le ocorriese á Colon 
el pensamiento de hacer rumbo al occidente para descubrir nuevas tier- 
ras.-^ Quién era Colon ; sa educación, sus Ideas acerca de otras regiones 
distintas de las conocidas.— Razones que le determinan á intjBniar el des* 
cubrimiento.— Propone á varios monarcas su proyecto. Acéptalo España 
y parte Colon el s de agosto dd U92. —Descubre el Nueyo-Mundo en la 
noche del II aM9 de octubre. 

Ea la ín^or y mas grande parte de la tierra anida y (irme que 
se llama impropiamente todavía Nnevo-Mnndo, existen hoi yarías 
naciones soberanas é independientes que constituyeron en lo anti- 
guo la porción mas considerable del vasto imperio ultramarino de 
España. Méjico y «I Perú, Buenos-Aires y Chile, Guatemala , las 
comarcas situadas en *el ecuador, ^ Nuevo reino de Granada y 
las tierras que baila el mar Caribe, eran de este número. Territo- 
rios inmensos, ricos, bellos, que hace cuatro siglos, ignorados de 
la* gentes del orbe antigob y habitados por una raza de hombres 
diferentes, yacían en un estado semibárbaro, sin relación alguna 
con el resto del mando. 

. Guiados p<Nr el imnortal Cristóbal Colon, descubriéronles y visi- 
táronlos por la primera vez los castellanos en el siglo XY, cudndo 
eran en verdad mui cortas las ideas de los hombres en punto á geo- 
gcafit, fscBsa la cienda astronómica y mui imperfecto el arte admi- 

' BBT. ART. 4 






— 2 — 

rabie de la navegación, en el que solo contados adelantos se habían 
becho desde la caída de la potencia romana. Después de este gran 
suceso que cambió la fai'del mundo, sustituyendo el poder t la 
ignorancia de los báiteros del norte, al domuño , á la ciencia y á 
la ^corrupción del pueble rei, apagóse por mucho tiempo en el 
mundo antiguo la luz del saber y gimió la humanidad bajo el tri- 
ple yugo de la ignorancia , de la superstición y el despotismo. Mal 
podian dedicarse entonces á empresas de comon proveclioteyes poco 
seguros sobre sus tronos, en continua guerra con vasallos poderosos 
que les disputaban la autoridad , ni pueblos infelízes cuya suerto 
era vivir oprimidos por unos y por otros. Y entre todas, la que mas 
descuidada debió ser en aquel tiempo infausto^ fué la ciencia espTo- 
radora de la tierra, la que nos enseña sus diversos accidentes , si- 
tuación, habitadores y costumbres; porque esta ciencia cuya per- 
fección depende de la de otras muchas, progresa á la par del co- 
mercio marítimo^ casi nulo entonces. Pereció la grandeza romana ; 
diez siglos trascurrieron y mui poco jse habia adelantado en geo* 
grafía. Allá en el IX se descubrió la Groelandia ; doscientos anos 
después contribuyeron las cruzadas al progreso de la civilización en 
Europa y se adquirieron por su medio noticias mas estensas y exac- 
tas dd occidente y mediodía del Asia. Guiados de una noble curio- 
sidad y sin mas recursos que los propios , hicieron viajes dilatados 
á lejanas y desconocidas regiones, algunos hombres válenosos, en- 
tre los cuales se distinguen el judío espaiiol Ben Jonah en el siglo Xlf , 
en los XIII y XIV el veneciaiio Mareo Polo, el ingles Juan de Maii- 
deville^ el fraile franejacano Oserico de Perdono, Pegolettit ftoul- 
deseUe y otros mochos. 

A graajdee distancias de la tierra se hideroa en d siglo XV va- 
rias espediciones atrevidas sobre d Oeéáno Atlántico. Las oontnla- 
ciones con los pueblos bárbaros del África y sus islas en que se «d- 
quirian á poea costa eedavos , frutos y metales precioaos , dieron 
particular esplendor á la ciudad de Se?iUa, plaza principal de «<|uel 
comercio ; y un ardor nunca visto ée em^esat maritlmas puso en 
movifflienio la población costanera, de la Andalucía. Debiéronse es^ 
tos bienes al zelo con que los ref es de Castilla pramovieroaá prin* 
cipios del jnisoiio.sisio la oeoqjnista y peblad«a evopea de las islas 
Cenarías , viñtadai desde el anterior por varios naveganleí na^*, 
nales y esiranjeros* 

Pero mayores beneficios j«odi:go ími aqnelia metida; esqtaüte 



lacmskoieiideJospfitflsgOises, qmBOSHii^ieiida.Ia aiísffla ear*' 
rQca fiie'sas yednes^ mai en lir^ve dsenreeíeroii el Mllo ée-ms 
enqnresas; per feoci^aDan €q gvao mioiera lelr arte de la nafegadoñ^ 
y -dando ensaacbe y v«élo al comerlo marftkiio, liaron á ser po* 
derosos Y tapidos de todas las oa^ones. LimUárense, empero , sq$. 
espediclones á jas costas 4el eootioeate aatifao, Ú bien fti¿ raya la 
feliz .idea de éoblar^el eabo mericfioiial del África en busca de los 
ntiresi indianas y de acfoelks iamosas islas de la eq^ería, euyo la- 
XFativo cemeftcio babia sido desde los tiempos mas cettotes^ la ri- 
queza de unos pn^bios y la envidia de oti^. Idé^ grande, fecaodí» 
sifiaa en resultados y enya arriesgada ejecueioin inmortalkó alguH 
tiempo después á Vasco de Gama. 

í^i fué la realizaeiop de estas fómosas e^péifieiones el ánieo mé- 
riita de* los portugueses^ ni la manefa inioa ewno eonttibuyeron en* 
beneficio de^bs deseabripoientos marílimes en el Océano. Luego que* 
los^naveganles seyillanos comutnicaro^ ¿ ^us cemarcmos estranje^ 
ros del Algarbe los eonoeimientos que tenían acerca de les aiaffed y 
costas del AfHca hasta el cabo Bojador^ formó el príncipe Henrique 
de.Poftuga] el plan de mayores desalbriniíentos meridionaies. Los 
mas esperimentados marinos crdan entonces qae aquel cai)o era el 
término de lo navegable, y poseerás de las lierras aqu^as que se 
estendian de la otra parte , sesenta leguas mas ^Uá de la costa des- 
cubierta ; A cuando no, tenían por cierto que eran inhabitables para 
el hombre, á causa del. sol que tostaba y hacia estérH la zona tór- 
rida, ya poco distante. Pues*á pesar de estas preoeupadones, apo- 
yadas en ia ciencia del tiempo , el sabio y heroico príncipe Henri- 
que concibió y llevó á cabo el proyecto de descubrir tierras, par- 
tiendo de ese mismo punto que se tenia por término del canino. 
Yaiilte y^tres «£k>s de su vida los empleó Ueno^ de zela y eonslaneia . 
en promover sin fruto tan ardua empresa, hasta que por últknoiía- 
jeles y capitanes suyo» descubrieron casualmenle ks klas de Por- 
to^Sanlo y 4a Madera. Beanímanse con el renturoso háliazgo las 
míMí^tas esperauMB , redóWanse los e$fu»tos y se vence p<Nr An el 
temeroso cabo en f435. Desvanecidas a^ lasantigiHts preocupa- 
cienes, osaron ya los marinos engolfarse léjes de lasoostas, y apro- 
v^fObándoseel pflndpe del entusiasmo' qne infundfó el sueeso, dis* 
pttso>nuevas eEpediciones con naves mayores y mas^fbertes, que pu* 
diesen surcar les mares tempestuo^ de aquella p^igrosa ciú^rera. 
Murt&4l príncipe en 4460, eatgaáo da a&os y de ^ria^ ide^es 



de haber logrado ver descubierta la costa de África hasta Sierra- 
Leona , y xoDYerüdas en colonias j;)ortugae8as las islas de Madera, 
las de Cabo-Verde y las Azores. No alcanzó empero la dicha qne 
con tanto esmero y solicitud buscó su ingenio, la de doblar la es- 
tremidad meridional del África y dejar asegurada á su patria la 
contratación directa con las tierras de oriente. 

Á imitación de su benéflco tio, persistió constante en la demanda 
el rei Don Juan 11 , quien á su adyenimiento al trono halló reco- 
nocida la costa de Guinea hasta mas allá del ecuador, y muí avan- 
zada la probabilidad de rodear el continente. Ed su tiempo , en su 
reino y por el honor y galardones que dispensó á las letras, se in- 
ventó la aplicación del astrolabio á la navegación, para observar la 
^altura meridiana del sol sobre el horizonte ; se^ calcularon las decli- 
naciones diarias de esie astro y se redujeron á tablas. Ya á fines del 
siglo XIII se habla aplicado á la náutica la propiedad que tiene el 
imán ó calamita de dirigir uno de sus polos constantemente al norte. 
De ahi el útilísimo invento de la brújula ó aguja de marear, á que 
se deben los progresos de la navegación y de la geografía en los 
últimos tiempos. Con ella pudieron los navegantes abandonar las 
costas que antes no se atrevían á perder de vista, y pudo formarse 
el designio de buscar nuevas tierras á gran distancia de las ya co- 
nocidas ; pues por su medio se facilitó el conocimiento del lugar 
donde se hallaban las naves sobre la inmensidad de las aguas. Guia- 
dos los pilotos por la aguja y poseedores del astrolabio , no temie- 
ron arrostrar los peligros del Océano. 

Á vista de tan notable progreso , enciéndense en espíritu y valor 
los ánimos , vuelve á vivir la desmayada esperanza , los viajes ul- 
tramarinos se multiplican. Descúbrese el estremo austral del África. 
¡ Cuántos objetos nuevos y estraños escitan entonces la atención y 
confunden la presuntuosa ignorancia de los sabios de aquel tiem- 
po ¡Desengañados de grandes errores , fórmanse mas estensos de- 
signios y se toma el especial einpeno.de doblar el rabo final del 
África 9 con el objeto de navegar á la India y ocupar su riquískno 
comercio. Revivieron entonces con crédito de verdaderas algunas 
ficciones antiguas sobre tierras incógnitas : dióse asenso á relacio- 
nes que antes se hablan juzgado fabulosas. Recordóse que un filó- 
sofo antiguo había anunciado á Alejandro Magno la existencia de 
otros mundos : recordóse á Platón y su Atlántida con* pueblos nu- 
merosos y feUzes. Los escritores antiguos y sus aserciones de tierras 



-^ 9 — 

yistas ó imaginadas eñ la mar grande, sé consultaron y creyeron. 
Aquella famosa isla que según Aristóteles fué hallada por los carta- 
gineses en los tiempos remotos á mucha distancia del continente, y 
que quisieron poblar, llevados de su amenidad y su riqueza^ se di- 
bujó en las cartas con el nombre de Antllla. Fenómenos ópticos 
observados en algunos lugares sobre la superficie de las aguas , se 
tomaron por tierras verdaderas. Provino de aquí el que los geógra- 
fos de aquella época, Ignorantes y crédulos, trazasen en los mapas 
islas y continentes á su antojo, dando con ello motivo á queso for- 
masen multitud de espediciones inútiles ó desgraciadas para des- 
cubrir los límites occidentales del Océano , fiados los marinos en 
la engañosa luz de aquellas cartas. 

La enorme distancia que medía entre los- términos orientales del 
continente antiguo y las islas africanas, descubiertas por españoles 
y portugueses, hizo creer que en el piélago que ocupa aquel espa- 
cio, se ocultaban muchas y mui grandes tierras. Un estremo de esa 
distancia, es á saber, el remate oriental del Asia desde la península 
de Malaca hasta la de Corea, era en verdad' conocido por las rela- 
ciones de Marco Polo ; quien refiriéndose á los pilotos chinos, co- 
municó también algunas noticias , aunque vagas , de las islas del 
archipiélago asiático. Pero de allí en adelante hasta las Fortunadas, 
donde fijó Tolomeo el limite occidental del antiguo mundo, no ha- 
bla sino aguas nunca vistas ni esploradas por el hombre. Las cartas 
imperfectas , las tradiciones oácuras , las noticias ora diminutas ora 
exageradas por la ignorancia 6 mala fe , no eran suficientes para 
justificar el empeño de intentar aventuras en el Océano. En otro 
tiempo las buscaron sin frato algunas naciones ; peligros y desastres 
solamente habían hallado en ellas los españoles y portugueses. Así 
que, desanimados los marinos, desistían ya de la empresa de inter- 
narse en los mares, cuando presentándose un ingenio estraordlna- 
rio en la escena del mundo , indicó mejor método y camino á los 
descubrimientos y los hizo portentosos, poniendo al género humano 
en posesión del patrimonio que le destinó la Providencia. 

Este hombre estraordinario fué el genoves Cristóbal Colombo, ó 
Colon, como se llamó en España, y como hoi le nombra la historia; 
^ugeto doctísimo en la náutica y dotado de grande espíritu y valor. 
Dedicado desde la edad temprana al estudio de las letras, continuólo 
en la universidad de Pavía , volviendo á su patria á la edad de ca- 
torce años con las nociones suficientes para abrazar la profesión náu- 



tica iqxk9 8e9fi66lr6«eiDpre gprandeBMule incUiiado. Siguióla dte- 
pues toda su vida con admirable «onstanda ; y pai^ satisfacer su no- 
ble curiosidad Y pérfecciooaFse en su arte; navegó en todos losiAa- 
res visiiados por los europeos y se aventuró en ét Océano setenlrio- 
aal aun mas álla de la Islandia, ó la posttera Thule de los antiguos, 
-treida hasta entonces d término do la navegación por aquellos pa- 
iraj^ Á donde quiera que fué procuró el trato y comunicación con 
/lossalMOs^ oonv»^ con las gentes esperimeútadas, inquirió notidas 
-de la tierra y las tradiciones de viajes V descubrimietttos. Y oonl- 
pahrando luego los co&ocimientes que adquiría coil los que le sumi- 
nistraba la lectura de los autores y llegó á ser profundo piloto y 
aventajado cosmógrafo. 

No contento con la luz de su propio estudio y esiieriencia , se fué 
á Portugul hacia el fin del reinado de Alfonso Y, buscando otra 
mayor en la comunicación coii los marlifbs del reino, los mejores 
del mundo en aquel tiempo. Cásase allí con D^. Felipa, hija de Bar- 
tolomé Muñiz Perestrelo, primer poblador de Porto-Santo, oaba- 
llfro de la real casa y célebre navegante de su época. De eHa 

• obtiene las escrituras , cartas é instrumentos náuticos que habiíA 
servido al suegro en los viajes que había hecho por orden del in- 
fante Don Heurique : visita luego los descubrimientos nacionales, y 
examinando la historia de ellos , halla qué se les puede dar m€^r 
dirección , buscando el íránsilo á la India por mas corto y se^o 
camino. Su plan era ir en demanda de aijuella tierra, atravesando 
el Océano Atlántico eu dirección di poniente. 

Por mas atrevido é infundado que á primera vista apareciese se- 
. mejante proyecto, en un tiempo en que nndie había penetrado ^«n 
leguas por la dirección que él indicaba , perBuadieron de su certeza 
á Colon plausibles rázimes. LOs vientos del occidente habían arro- 
jarlo sobre las islas de Porto-Santo y otr^s, algunos maderos labia- 
dos sin hierro y canas de gran térmaño^ semejantes á las que, según 
Tolomeoj crecen m la tierra de la India. En los snsmos logares y 
mar adentro por el rumbo del occidente, se habían visto flotar sobre 
],as aguas dos cadáveres de aspecto n^ui diverso al dé los hombres 
del mundo conodkio. Corroboraban estos indicios varias sentencias 
de autores clásicos tenidos por infalibles en aquella época; y no 
faltaba copia de raciocinios espedosos , fondados en los pr ineipios 

* que corrían con honores de ciencia geográfica. Jnz^ron desmesu- 
rada los antiguos la longitud del Asia. Correspondía el pais de los 



— 7 — 

coD los lüttti» jKxIle&Mes del ímperia de lii CUimi, j ú bien 
ToiMDeo lo habia sitoado doce horas al nácienle éolas Fm^tanadas, 
(.adoptó GdIoq la o^píoioB de Umno Tirio qne lo poso á las quiace , 
«e^rcándolo asi tres por el lado del poaieBte. Parte de esta distanda 
la 9itpo«an ocupada por usa tierra ineógníta muí estensa, qoe, 
segnii el sentir de Morco Mo , debía marcarse dos horas al oriente 
de. la tierra de los «eres, es decir, siete al occidente de las islas 
F<Hrt«iMidas. Y como- en esta dirección se había esplorado ya el es- 
pado áe una 1m»«1) solo faltaban seis, ó noventa grados, para com- 
pletar la divísii^n convendonal de la esfera. De esta distancia era 
predso rebajar aun la lalitud de la tierra incógnita y sus islas , las 
ecales podían estenderse tmito, que fuese muí pequeño el intervalo 
que las separaba de Europa , como lo sospechó Aristóteles. Séneca 
adsBsas- dejó escrito que con tiento favorable en poco tiaspo ¡Mi- 
-tttera irse de la india á las costas de Espaia. 

Aunque poco de acuerdo en las drcunatancias , todos los auto- 
fies dásioos , tanto ftlósofos como historiadores y geógrafos , estaban 
OMÉeites en la opinión dé qne en lá inmensidad del Océano había 
OOntin^Mes, ó cuando menos grandes islas, contrapuestas al mundo 
eoooddo. Tal fué él sentimiento del gran maestro Aristóteles. Los 
sacerdotes egipcios comunicaron á Solón varias antigüedades que 
Plafón refiere , entre otras una relativa á la Atlántída , que asegu- 
vaban haber ocupado lo largo del Oeáapo, desde la boca del estne- 
«h^de-Gibráltar. También dijeroa* al legislador de Atenas , que de 
la otra parte babia muchas islas y un gran continente. ReGere Ella- 
no upa tradición qué representaba la Europa , el África y el Asia 
como una gran masa de tierras, rodeada en todas direcciones por 
las agnaa del mar : rico en oro y plata existia el verdadero conñ- 
MBte , dentro en el immeDSo piélago atlántico. Escribieron Yirgi- 
Üo f PUnio de las islas Hespéridas , que se haUeban á cuarenta dÍ9S 
4le navegaoion de las Górgadas, que Colon creía encontrar en fcis 
iste africanas de, Cabo^Venfe. 

IMea fuoFon en suma los dalos de doade partió el ilustre geno- 
-vea^para fovnaiar el proyecto de la gran navegación oedéentat en 
4«manéa de la India , y con Ja esperanza do hallar al paso otras tier- 
yas^ : opinión en que mayormente se afirmaba al considerar la pe- 
queüa estensíon de los paísest conocidos respeeto de los mares, pues 
en mui wli4a en aquel siglo la idea de que las aguas ocupaban la 
ttiaspefaena parte da nuestro globo. GOu esto, y bailando favo- 



— 8 — 

rabie d dietimeu del físieO Paulo ToscanelU^ doctísimo en la asluh 
nomía , tuvo por ciertas de todo punto los fundamentos de su 
proyecto. Y ya uo pensó sino en hacerlo adoptar por alguno de los 
príncipes de la cristiandad , para con su ayuda conducirlo á cum- 
plido remate. Prometíase de él grandes bienes para el mundo, y 
para sí mismo un alto puesto en la sociedad é inmarcesdble re^ 
nombre en las generaciones futuras. 

Lleno de confianza, propone su plan á Juan II, monarca el mas 
á propósito para juzgarlo y ponerlo por obra. Recíbenle con frial- 
dad los ministros y muéstranse desaféelos á la empresa ; y aunque 
considerada por el reí, la aprueba este y se procede á capitular , 
encuentra Colon que no son suficientemente ventajosas las condido- 
nes que se le ofrecen. Entre tanto envían ios ministros portugueses 
uaa carabela á descubrir por los parajes que señalaba el plan, é 
indignado Colon de la superchera, determina salir del reino* 
£1 temor de ser detenido le obliga á partir en secreto para Genova, 
á cuya Señoría ofrece sus servicios. Desechólos el Senado , menos- 
preciando su mérito y apellidando sus ideas ilusiones de acalorada 
y enferma fantasía ; por lo que , desabrido con la patria^ se ausentó 
en breve de ella y destinó para negociar en Londres con Henrique 
Vil á su hermano Bartolomé , hombre de seso y marino aventajado, 
á tiempo que él mismo se encamiuaba diligentemente á España , 
para probar si la fortuna Ja voréceria allí mejor sus intereses. Re- 
gían entonces aquella tierra Iqs reyes llamados Católicos , Isabel de 
Castilla y Fernando de Aragón, cuyo feliz enlazo reunió para siem- 
pre aquellas dos coronas, en beneficio de la propia gloria y de la 
felizidad de los pueblos peninsulares. 

' En la villa y comarca de Palos encontró Colon amigos verdade- 
ros que le ayudaron con dinero y consejos ; y también hombres ins- 
truidos y peritos que aprobaron su proyecto y le animaron acalo- 
radamente. Con lo cual , y habiendo recibido de Fral Juan Pérez de 
Marchena recomendaciones para sugetos que tenían mucha mano 
en los negocios del gobierno , partió á la ciudad de Córdova , en 
donde encontró á los reyes y allí les hizo sus primeras propuestas. 
Danle grato acogimiento los monarcas y le esperanzan ; si bien no 
era aquella la mejor ocasión para tamaña empresa , por los cuida- 
dos de la guerra morisca de Granada, la penuria del tesoro públi- 
ca y la urgencia de otras atenciones. Mándase, empero, juntar á 
los cosmógrafos mas hábiles del reino, para examinar el proyecto y 



-- 9 — 

lo» Cariosas, obj^ones se'le bideron ! £1 yiaje á la In^ ofre- 
' nda grandes dificultades. Acaso estaría el mar elevado y sería como 
sabir cuesta arriba ; faera de que el mar era enorme, y^eii tres aüos 
nobabia forma de llegar al fin de los países orientales. Y dado que 
no fuese un desatino creer en la erístencia de tierras héda e^oed* 
dente } era claro qne si existían, babian de ser inhabitables ó de- 
siertas, por^e Toloraeo no jas babia descrito f porque la existen - 
da de los rátípodas baUa^sido negada por San Agustín. Por mas , 
que procuró Colon desvanecer semejantes argumente^ , los j^eteH- 
didos ^abios conservaron tenazmente sus qpinlones. Otros que sin 
ten^ titulo de tales , eran mas eruditos , adoptaron con docilidad 
las ideas del genoves ; pero en general se dividieron todos en varíÉs 
sentencias. Y puesto que ¿olon ganase crédito y fama con motivo 
d^ estos partidos , nada se'adelantaba en el asunto principal, á pesar 
del zelo y constante actividad ecm que lo promovía. Por fin los re- 
yes req»Íteron el negodo para mas adelante , mal informados , ó á 
causa de tes atenciones y urgencias del gobierno. Impadente Colon^ 
interpretó la tardanza por una negativa completa , y propuso tratos 
al dnque de Mediiiasidonia y aun dicen que al de Medinaceli , se- 
nares poderosos , dueños de inmensas heredades. También sin 
efecto ; con lo que escribió sobre su empresa á Luis XI , rei de 
Francia , y se preparó para hacer viaje á París. Desde allí, si fuese 
desediado, iría á Londres con el fin de vigorissar la demanda del 
bermano Bartdomé, de quien nada babia sabido basta entonces. 

Detúvole en Palos su grande amigo Frai Juan Féret con infinitos 
ruegos, y aun mas con la promesa de indinar i su favor el animo 
do la reina. Para cumfKría partió al campo de Santa Fé; fk'enie á 
Granad», y allá representó á Isabel muchos y pod^osos motivos 
iJe honor y convenienda para E^aña en la adopción y cumplimian- 
to de aquel noble «proyecto. Tenia valimiento con la retina, y^^a 
ademas vaton de grande entendimiento y doctrina; Oyósde, y he- 
diendo á sus exhortaciones, scdispuso que Cokm vivióse ala .corte 
y recílnese para les gastos de este viaje veinte mil maravedís'. Se- 
mblante resultado, que parecía decisivo, no fue coa todo de nln- 
gun provecho; porque con la llegada de Colon se renovaron las 
interiores disputas, vol nerón á eno^derse las opiniones , tornóse 
á porfiar y prop^mer sin fruto. Allí, como en Lisboa, se pegateabiin 
al futuro descubildor los honores y beneficios que pedia , miéo* 
< tra^quH^ él, invariable eu suside» de tngrandecimienlo , noc^a 



— 4C^ — 

mi posto de ta»graides condiclanes que «Ucttaba. Pared<nw«s- 
(tts áwm, eieesivas : ni vaKé para hoeeplas afeptar el tpte CoSm 
proppsiese^mitríbttir eaa la octoya parte ée lo& f^aatos , si 96 le em- 
Cfdía %iial parte en la ganancia. Teniéaios^ por improbable el 
hmñ mtfllado def proyaeto^ pensaban afganos áulicos y enteaaims 
^ne seriar lij^esa conceder á on oscnro aventurera, bajo la fe de 
¡promesas fanas, Im bonores y premios q«e pedia ; y aun enando 
fitt elértae llegasen á verse realizadas , siempre jlazgaban eseeslra 
tereeoflipeiíaa. Alegése ^,ejeB)|ilo^ Gj^nora y Portagal : jnidoaas 
yprodentes-aqnenas dos potencias, babian manifbstadq sin rebeeo 
so desafeirto i la ewpresa de an impudente arbitrista. Tiendo Go- 
Im qne las^difsrencías no podían componerse , y que la corte, eaii- 
sada del asante y le negaba nueva aodieocia , se difuso segimiSa 
vez pam el tiaje de Francia , despidióse de sus amigos y tomó el 
camuiode Córdova áprínci|HOs de 44i.92, dtando por perdidos los 
aete dtes que babia empleado en ofrecer mutiltoieiite á espala sus 
servidoB. Y esto^suoedla á tiempo que la nacron rebosaba en |úbilo 
por 1» oonquisla de Granada , último asilo de la dominación sarra- 
esna e» las regiones del mediodía de Enrapa. 

Pei^, qué sabe el bombre cuándo le ha dado de mano la. forlona, 
é cuándo se baila mas* próximo á gozar de sus favores^l Perdida la 
ei^»eranza y con el corazón Heno de angustia , caminaba el ilustre 
genoves , sintiendo mas y mas á cada paso de}ar el reino en que 
había pensado naturalizarse, é incierto de la suerte que le s^uíria 
en los que iba á TÍ»Car. Casi desesperaba ya de llegar algún dia al 
oospirado término de sus deseos, cuando le dio aleante un mensa- 
jero despachado de ta corte en su seguimteitto. Llamábasele, acep- 
tadas ya la empresa y condiciones, para formalizar cestas éttimas 
Y disponer lo necesario al gran descubrimiento de las tierras occi- 
Agítales. 

'ProTeniaeste sábito cambio de que, no bien había partido Colon, 
cuando Luis do Sanl Ángel , eseribatio de raciones de la corona ^e 
Aragón^, se abocó con la reina » haciendo viAer á sus ojos con enér- 
gica franqueza mnchas pazones de qxw peso oii favor de la empre- 
sa. Probóte cuánto con cita ganarla la Iglesia i)or su enátaeion 
entre los bárbaros ; cuánto la monarquía, por la gloría y benefteios 
del disscubrimiento. Le dijo que era de pechos generosos el aosnse- 
íer arduas empresas , sise dirigían , como aquella , á ebjdoa átiles 
y-hudables, á tiempo qoe se «Ifibairia á poquedad 4e inéÁo el 



• — n — 

r«M4Nfs« Bl»»liúf qiK pnifMi Colon por dos lail y qoinfentos osen- 
dos qt» poAi para llevarla á caí>o , aventarando so honor^ vida, y 
fiyrtttiía» Bstos y o^ros argumentos decidieron á Isabel, y de' tal modo 
k infllÉiMnm , qoe Minifestáiideee agradedda por el consejo^ acep- 
tadla eiii{if88a por saeorena de CaBtilla* YaüadM; que si no sí que- 
ría diferir i^n tanto l^ejeeaeíon, nriéotras se reacia de los gas- 
téa do la guerra') se tomase siAre las joyas de su cámara la suma 
Meeesapia para el armamento* Por esta vez al consejo se anadié 1» 
taenrobra , pves Bwai Ángel ofreció lleno de júbflo prestar lo sufi- 
«Kiiite pira disponer á toila prisa la inleoresante espedicion. Bl reí 
deQrió á la Tolunlad d» su ai^$Qsta espSsa^ y en nada hubo ya de- 
tendón ni dlficutiad alguna. 

Conforme en todo i las peticiones y deseos de Colon , se otorgó 
ana contrata á i 7 de abril de ÍÁÍ^y y de acnepáo con ella se le des- 
^aeM prifvilegio en fenna , feetio ea Granada á 5 del mismo mes. 
Coneediasete i él fi. sus sueosores perpeítoam^te ei almirantazgo 
de las tierras qm descubriese en el Océano , y se le nombraba viiei 
y gobernador generando todas ollas, él y sus tenientes conocerían 
^i tollos pleito»' (jfue 80 originasen de las nuevas contratacionea. 
DarÉis^e el díeemo de los efeelos y frutos que por cualesqinera 
•«dios se adquiriesen'; y contribuyendo con la oetava parte á los 
gastos de los bajeles qwe se avmasen para* el comercio de las tienras 
noevaa, tendría Igual parle en ios provechos. 

AfK^óse luego' y sin perc(pr UMmesto cuíinto convenía á la em- 
p?i8s. Dióse á Colon '^ero en abundancia , ordenóse el avmamealo ' 
de loa baielos , sa^mandaron eslMer de lo tierra do Sevilla , libres 
do doreetos, laa mwnokNifs de boea y las de guerra necrsarias 
]MHra la armada , y entn otraa medidas temaron los reyes la de es- 
eribir cartas á los nwnareais <|ue padlera«i hallarse' en los términos 
del OTionte, ó ont^el Oaéano ocddenlal ^ pora q«e acordasen favor y 
protección á svwvlado. Diepuerto lodo de la manera convenienle, 
ao' despidió Caten de la corto , prevenido do no toear ea las po«(o- 
alonea portugaesaa de Afriba y sus islas. Eli seguida se dir^ióal 
foerto de PjAos , de donde dobla' salir la espodidon , y allí , aunque 
C0H tninjD , so lodlamH marínoros con qne tripolar las fres naos 
4ao ioNa sedestmaban» La mayor, que era de gavia, la .montó Co- 
-km comoafnifrMrle; las otnis-do^ qu« eran carabelao del porte de 
•onareiila tomeTadas^ toóla» por capitanes á los doo hermanos Martin 
Alonao Ffmon y Viccnto Yañez^, natnrales de Palos^r y anmadores 



ricos Y mni peritos en la náqtica, los cuales suplieroií'á Colon la 
parte de gastos i que estaba obligado. El zelo activó y*iioble de esto» 
españoles aceleró el armainentode los bajeles y facilitó qne umchos 
de sus parientes y amigos siguiesen como marineros la ardtia y le- 
merdi^a jornada. No anduvo tampoco escaso de buenos oQciós en 
esta coyuntura el escelentd amigo de Colon, Frai Juan Pérez de 
Marcbena : ni podía esperarse entonces otro porte de quien lo Labia 
tenido tan generoso y magnánimo en tiempos desgraciados. Por úl- 
timo; embarcáronse los navegantes en número de ciento y veiiM 
personas , 4iespues de baber confesado y comulgado devotametfle , 
y dando las velas al viento , salieron del pu<Nrto de Palos por Rio 
Tinto el 3 de agosto de i 492 , en demanda de las islas Canarias. 

TrabajosaoMnte llegaron á vista de ellas el 9 de agosto, y allí se 
detuvieron cerca de un mes, mientras se reparaban las av^íasde 
las naves. Aparejadas estas y prevenida la gente de que andadas se- 
tecientas leguas, no debía caminarse después demedia nocbe, díé- 
Eonse nuevamente al mar en 5 de setiembre , tomando su derrota 
dereclio al occidente desde la Gomera. De donde se colige que 
Colon dispuso el rumbo de.su viaje según las tradiciones reveladas 
por Plinio y por Virgilio, acercado las famosas islas Hespérides. 

Prontamente se ocultaron en el horizonte las de Canarias, y ea- 
fiezaron entonces á surcar los naveganfes aquel inmenso piélago sin 
límites conocidos, jamas esplorado. Y como no llevaban dirección 
alguna fija, ni luz que los guiase §n la difícil jornada, desfalle- 
cieron muchos de ánimo, desconfiados de volver nunca á la patria, 
y espresaban con suspiros y llanto su acerbo desconsuelo. Logró 
calmarlos por lo (Nronto el general ; pero viendo crecer el stfsto y 
desmayo de la gente á proporción que se engolfaban en el Océano, 
reservó para si el diario verdadero de la navegación,. en donde 
anotaba exactamente el espado recorrido , c bizo público otro día- 
fiio en que acortaba considerablemente la disfanda. 
' Generalizóse luego el terror con motivo de un fenómeno desco- 
nocido antes de aquel» tiempo, y que se advirlió por primera veza 
doscientas leguas de la isla del Hierro. Alli dejó de mirar la agiija 
como solía , bada el norte , declinando mas y mas al noíseste, á 
medida que se iba caminandaal occidente; y lo «jue- eSattn mas 
raro, diversas agujas que noruesteaban al anochecer^^ se ballabao 
fijas en la meridiana al despuntar la aurdra. CoAf Osea y amedren- 
tados, los capitanes y pilotos , se creyeron perdidos, porque la brú- 



. —45 — 

jola á SQ ver se haUá heAo uu instrameato inútíl. Es(d)cando es- , 
lasTariaciones del imán de ua modo en apariencia plausible, por el 
círeulo qne describe cada dia la estrella en derredor del polo^ con- 
siguió Gok>n disipar en ptarte el miedo de la gente ; si bien todos 
ya azorados y perplejos, daban mas lagar en su pecbo al temor que 
á'la e^ranza. 

Andado babian cosa de cuatrocientas leguas, cuando se avista- 
ron por.ei capitán de una de las carabelas muchas aves de la Tia del 
poniente , y señales confusas de tierra hacia el norte. Pasó Colon 
iMidante sin curarse de averiguar lo cierto del caso, persuadido^e 
que las tierras que buscaba estaban en otra dirección y á mayor dis- 
tancia. Y aquí fué precisamente donde prorrumpió la marinería en 
abiertas murmuraciones , hijas del espanto que les infundía el con- 
templarse tan engolfados en aquellos mares descoüocidos. No poco 
contríbuiaú al desaliento sus imperfectas nociones acerca de la na- 
vegfiKsiott , teniendo por cierto que los vientos constantes del este, 

, observadtis entonces por la primera vez, se opondrían á su vuelta á 
Europa. H^a la mansedumbre de las aguas y Jo apacible del tiem- 
po eran para aquellos hombres desvariados, signos ciertos de ruina ; 

Jorque de ellos colegian hallarse mui apartados de las tierras donde 
pudieran salvarse. De nada sirvió que pasado el 19 de setiembre la 
vista de varios pájaros diese algún consuelo á la abatida gente, ni^ 
que luego se presentasen con frecuencia objetos adecuados para ha- 
caries concebir gratas ilusiones. Colon mismo las tuvo, y empezó á 
usar por precaución de la sonda , puesto que no halló fondo con 
doscientas brazas. ladieios falazes. La tripulación , que á pesar de 
ellos no vela parecer la tierra, se alteró de nuevo. Desestimadas las 
razones con que procuraba desvanecer sus terrores y, sobre todos , 
el que les ocanonaban los vientos orientides, vio Colon desacatada 
su autoridad y ^óiimo el instante de una sublevadon general é 
irremediable. Levantóse en esto un viento del norueste, las aguáis 
antes bonancibles, sefaiaeharon, vléronse otros pájaros y pezes. Á 
vista de estds signos , favorables en la creenda de la tripulación , 
afriiacóse ésta otra vez. 

Paro fué por corto tiempo. Poseídos lo3 mas de un terrible mie- 
do al VQT AUar los indteios , amenazaron sublevarse , proponién* 
doae dar la vuelta á Castilla y arrojar á Colon disimaladamente al 
inakr, si por acaso lo resistía. Grande apuro fué e^, y capaz de ha- 
cer vacilar el ánimo masfinne ; maife era el de Colon ineontrasiuble 



^ ajumábak' ademas su esjkwaemo por uaa empMMi que «ma sf^ 
guia y la mayor del mundo : re8olviÓ7Í>aes, inorir antes qne^^^^ 
sek arrebatar de las BEianos. Y, como casi siempre sucede, el vami 
de levantado espíritu y grande entendimiento, yendo á La amoUnar 
da muchedumbre con el valor sereno y la palabra. Afeó á algunos 
su cobardía, á otros amenazó, ofreció á todos grandes premios á 
continuaban constautes la jornada. Coatenidos los sediciosos , insis- 
tió i^n su ruta al, poniente, luego que reconoció ser iloiíon la. vista 
de-tierras en dirección al suduesie. Entre tanto dejábanse ver c^a 
íreciienda aves y pez^s y manchas de yerba sobreaguada que , á «e^ 
mejanza de praderías , cubrían la superficie del mar. Negándose 
Colon á navegar por los rumbos de norte ó sur en demanda de islas 
que algunos suponían en aquellas direcciones, siguió con viento £gh 
vorable al ponicaite , esperanzando siempre en des^ibrir por este 
lado. La desmandada tripulación iba ya a insurreccionarse, cuando 
á mas de las sedales observadas, se vieron muchas avecillas que 
volaban juntas. Del estremo desmayo pasó con esto la gente á una 
confianza escesiva ; achaque de espíritus flacos ó de imaginaciones 
acaloradas, que ven siempre colosal el peligro ó la esperanza. Enar* 
decides muchos con los indicios de tierra, creían verla á cada pasa; 
mas para evitar el- desconsuelo de repetidos desengaños, dispuso ék 
general que quien alzase la«voz para anunciarla , perdiese, eaao.de 
no ser hallada dentro de tercero dia, el derecho á la pensión dedíez 
mil maravedís que los reyes habían concedido al ptimer éesmr 
bridor. 

No impidió esto que al amanecer el 7 de oetubre, oeyendo de 
cierío haber divisado tierra, ^arimlasenUis banderas^ dtapanasaa 
un cañonazo los de la earabela que iba delante. Foéalboroao de 
pocos instantes, pues desráneeiéndose presto la ^tiaí<m^ de alegras 
tiznáronse mustios y torbadoe. Motives de gran eoosu^ bkdema 
revivir, sin embargo, aídia siguiente las mueftes.eiperMBa5« Eatte 
otros indicios, túvose per Misísimo el de.nuiehas bandadatide pe* 
jariUos de diversos. colores que volaban caatando bám elsodnesite. 
Tomólos Colon por guia , siguiendo el camino que i»dkdl>aii , ya 
porque reeeiéase baber los portugueses desoubieüto de «qiidi nudo 
muchas de sus idas, ya porque bnbiese llegado el lémlao en qno 
según sus eáleulos y anuncios , debain hallarte las tierras. Basta 
aquel punto quedidmu andadas mas de 750 leguas aliMeiéeiite de 
las Canarias ^ por el paralelo de lamida del Jiesro. 



á medida que ataszabM y júnelas seiíalesde iieira p^isio» pa* 
recian mas iodukitables, siMa de piuito s\ geaeral dasososieg^ : loi 
unos estaban poseídos del ansia atarmeatadora de los deseos maí" 
YÍ¥Os, cayo cumplimiento se toca paso á paso ; 4o6 otros kkfoietos f 
medrosos, desconfiando del buen éxito , yolváan á dar adlates de 
quererse rebelar contra su jefe. Firme este en sa propósito , y ora 
alentando al animoso ,^ora reprendiendo al cobarde ; seguia sin ?a- 
cilar su derrota. 

Próximo estaba el suspirada momento. Vieron los navegantes en 
la tarde del once un junco verde, un pez de los que se crian entre 
rocas, una tabla pequeña, una caña; uií bastón con labores, yerba 
de la que nace en la tierra y una rama de escai^imujo con fruto: 
Júzgase Colon cercano á tierra , lo anuncia á todos recordando los 
beneficios del cielo, y previene que no se camine después de media 
noche. Las diez de ella serian cuando desde el castillo de proa cree 
ver una luz pequeña y brillante, que cambia de posición, se oculta, 
reaparece ; por ventura era la de bitácora ó alguna <9tra de la cara- 
bela Pinta, que como mas velera iba delante ; no de tierra, pues se 

Jiallaba aun distante de ella catorce leguas. Pero á las dos de la 
mañana se oye*" el estruendo de la artillería disparada en la nave 
* delantera : es el anuncio cierto de tierra descubierta á dos leguas 
de distancia por un marinero sevillano llamado Juan Rodríguez 
Bermejo. No se ve todavía sino como tina sombra que se dibuja en ^ 
el cielo ; pero todos se apresuran á contemplarla, sin poder separaip 
de ella los ojos. Menos se sacian cuando al romper el dia, distinguen 
en la cercana ribera de una isla, árboles y arroyos deleitosos. La 
vista del puerto después de tan aventurada navegación , hace olvi- 
dar los pasados peligros , las rencillas, los odios ; y á imitación del 
piadoso genera], todos dan gracias y alabanzas al Supremo DispeiF- 
^•"^ sador de las prosperidades. Goza colmado el ilustre gepoves , su 
justísimo contento. Á un tiempo salva la vida, asegura el honor, ve 
cumplida por su industria y arrojo la empresa de mayor gloria y 
provecho; y aquellos hombres que hacia poco, llevados del miedo 

- y la ignorancia, le menospreciaron y amenazaron de muerte, llenos 
entonces de admiración y respeto, le acatan como á un héroe y se 
humillan en su presencia. 

Entre tanto que esto pasa, reúnese en la ribera gran número de 
los habitantes de aquella tierra , asombrados al parecer del nunoa 
visto espectáculo. Cristóbal Colon, sus capitanes y muchos hombres 



- Í6^ 

anxmdos desembarcan y toman posesión de la isla por la corona de 
Castillar, dándole el nombre de San Salvador. Después de esto y 
de haber reconocido al general por almirante y virei de aquellas re- 
gbnesy forman los españoles de toscos maderos ana craZ; y con gran 
regocijo colocan en lugar prominente el humilde y pac|flco em- 
blema de la cristiandad. 




. • 



'^* ^ * 'A' 



CAPÍTULO 11. 



Eeconoee Colon yarias islas y les impone nombre. — Resuelve formar en 
la de Haití una colonia que llamó de la Navidad , y deja en ella cuarenta 
y tres españoles. — Vuelve después á Europa. — Cómo eran las gentes y 
cosas de los paiies descnbiertos. — Primer combate de los faaturales con 
los españoles. — Llega Colon á las Azores , luego á Portugal , seguida- 
mente á España. — Recibimiento que le bacen el pueblo y los reyes. — 
Prepárase á una nueva espedicion que sale de Cádiz para la Navidad el 
95 de setiembre de 1495. — Llega felizmente á la isla do Haití , por otro 
nombre la Española , el 99 de noviembre. 



La isla deseabierta por Colon se llamaba Guanahaní en la lengua 
de los naturales^ y es hoi la gran San Salvador del grupo de las 
Lacayas. También son de él otras tres que nombró la Concepción , 
la Isabela y la Fernandína, sin hacer cuenta de muchas que, siendo 
de poca importancia , no se esploraron entonces por los descubri- 
dores. Sucesivamente reconocieron y visitaron estos la de Cuba , 
mui ponderada de grande y opulenta por los indígenas , y la de 
Haití, que llamó el almirante la Española, mayor aun que la ante- 
rior, llena de población, rica en oro, y de tierra e sedente por su 
fertilidad y suave temperatura. £n ella habia una comarca cuyo je- 
fe, ó cacique, en el idioma de los indígenas, se hizo mui amigo y 
admirador de los españoles; llamábanle Guacanagarí. Invitados por 
él, fueron á visitarle, siendo tal el recibimiento y trato que obtu- 
vieron de los habitantes , que entre fiestas y regocijos pasaron allí 
muchos dias , prendados de la candidez , afecto y hospitalidad de las 
gentes, y de la bondad y belleza de la tierra. Y tanto por esto como 
' porque adquirieron fácilmente mucho oro , á trueque de sona- 
jas, avalónos y cascabeles, á que se mostraban mui aficionados 
aquellos hombres singulares , resolvió Colon formar en aquel sitio 
una colonia , dejando en ella de primeros pobladores cuarenta y 
tres espai&oles que escogió entre los muchos que se ofrecieron y aun 
rogacoa por quedarse. Estaba situada la población en el desemboca- 
dero del río Guárico, cerca de un cabo que entonces se llamó Pun- 
ta-Santa. Mandó , pues. Colon que se construyese en el puerto un 
pequeño fuerte de madera, con foso en derredor, para atender á la 
seguridad del nuevo establecimiento j en el cual trabajaron los 

BlfT. AIT. 2 



— 4g — .. \ 

españoles con tan(o ahinco , y fueron tantos los ¡aclígenas|[ae por 
mandado del cacique, pusieron mano á la obra /que de allí á pocos 
días estuvo concluida. Esta fortaleza, primera señal de dominio, fué 
llamada pQr los descubridores, de la Navidad : al puerto y á la corte 
misma de Guacanagarí se les impuso también aquel nombre es- 
tranjero. 

Bien quisiera Colon detenerse algún tiempo en aquel país bospi- 
talarlo, tanto para seguir reconociendo las costas de la Española y 
otras islas, cuanto por las sospechas de haber allí especerías y oíros 
preciosos frutos de la ludia oriental, y tenerse/nuchos indicios de ri- 
cas minas de oro. Dispuso, sin embargo, su pronta vuelta á Europa, 
forzado á ello por muí fuertes razones , siendo la principal él ha- 
llarse con un solo bajel en lugar de los tres que habia llevado de 
España ; porque la nao mayor que montaba dio al través en an ba- 
jío cercano á la Navidad, cuando fueron á visitar por la primera v^i 
al cacique, y Martin Alonso Pinzón, llevándose la carabela que 
mandaba , desertó en Cuba con intento de bascar por sí el país del 
oro. Aparejado, pues, á ia partida, dio las Instrucciones eonvesien- 
tes para el buen gobierno de la colonia y se hizo á la vela el 4 de 
enero de 4493, dejando en paz y coG^entos^ tanto á lose(^nos^ 
como á los naturales de aquella hermosa tierra. 

Estrañas ideas y proyectos revoivia Colon en su mente al sepa« 
rarse de la Española, porque ni la po^ieioa , ni otras eircuii8l^u^id3> 
de las tierras descubiertas , le hablan desengañado de sus ^rores 
geográOcos. Por el contrario, figuróse haber hallado el Arehipiólag^o 
asiático, sospechó si seria Cuba la famosa Cipango orieíntal, tierra 
de que contaba Marco Polo grandes maravillas^ y conforme á sus 
preocupaciones llamó Alpha et OmegUy la eslremidad orienta) de 
k isla, para significar el término del continente asiático por el rum- 
bo del este; si bien vaciló después en esta opini<m, porqueros k- - 
leños indicaban que Cuba era una grande isla, cerca de la cuaI ha- 
bia una tierra mui abundante en oro. Sin embargo de esto», no eesá 
de considerarse en los últimos confines de k India. 

Y con todo, ninguna muestra de op«ilenck y civilkacion se babt« 
observado todavía en las cosas , ni en los hombres de los paraie» 
visitados. Diferian los indígenas de todas las razas del linaje h€H 
mano , conocidas hasta entonces. No tenk» el color hlaneo y resaNl<y 
(fe los europeos, sino uno aceitunado y un]T<]^me. El ve}l0y sign» 
ifc la fuerza del hombre del antiguo mundo ; no cabria, por k^ 



coBtim /parte algalia de su <nMrpo. Sus criiellos^ negros y Usos, 
«noi'sifi arte sobre sus espaldas , ó los tenían corlados^ soUm laft 
(VéjaSy ó atadol^alreiedar de lá cabeza* Los hombres iban enteiti^» 
■íoBte dlBBiiiiéos, piíttadés de Gerentes eolorey : lo mismo lar 
mujeres ; si bien algunas, llevaban nña red ó faldeía de algodón* 
lejiáo. En mocbas partes de la Bsps^lota nsibanlas generalmente 
las easadas y de mayor edad , yendo desnudas las mozas solteras. 
. Tales gentes no podian tener, ni tenian esi efe<^ niognna de las 
artes qne la comodidad y el hijo ban hecho tan necesarias en los' 
países ciTilizados y cnltos. Desde tiempos inmemoriales eran afa-^ 
mados los indios por su indnstria y destreza en las artes^mecánicas, 
babiándolas llevado á on punto de perfección qne desesperaron.^ 
mucho tiempo de alcíinzar las nacíoaes mas industriosas de la En* 
ropa. Conocidos eran sus variados lienzos de algodón ^ sus famosas 
sederías brocadas de oro y plata ^ sus chales de Cachemira, sus 
obras de filigrana , sus tapizes^ Ni vestigios de semejantes cosas 
aparecieron en lo descubierto. Los indígenas ignoraban el uso del 
hierro ; no tenian talleres, ni máquinas, ni instrumentos propios 
para la fali'rícacion de tejidos ; entre ellos las arles mas necesarias á la 
vida ; y aun las mas groseras , ó no existían , ó estaban en su cuna. 
Yá se ha visto cuáles eran sus vestidos. Sus habitaciones consistían 
en barracas armadas como las viviendas rústicas en algunas pro- 
vincias de los reinos de Éspa9a ; y estas eran las mejores. Otras 
estaban construidas con varales hincados en el suelo y unidos por 
aiTU>a á semejamsa de pavellones ó conos. Tanta las primeras como 
Jas segundas cubiertas de hojas de palma y sin adorno alguno por 
lo coman , si no es algunos caracoles, y las camas colgadizas que 
nanMtbaii hamaeas , las cuales no eran otra cosa que una red de 
cnerdas de algodón, suspendida por los estreñios á dos postes. Sin 
el conocimiento del hierro y sin el uso de animdes domésticos para 
las labores, claro está que su agricultura debía ser imperfectfsima. 
Y así era la verdad , pues se hallaba reducida ai cultivo de algunas 
raizes comestibles y al del algodón ^ que hallaron los espaiSoles en 
bastante cantidad y en diferentes estados , desde la siembra , hasta 
las redes y groseros tejidos que con él hacían. En Cuba halló Ce* 
Ion establecido el uso del tabaco que tanto se ha estendido en el 
antiguo hemisferio; y es ^ notar, que los deseo brideres no hicie- 
ron entonces ningún caso de la célebre planta, cuy<f monopolio les 
dld fiíts tavde eonsMerables riqnezas.' 



— 20 — 

T(UnbieD se daban los isleños á la pesca | y la hacían con redes, 
anzuelos de hueso , arpones y otros instrumentos. Usaban como 
únicas armas unas varas á manera de Tanzas pequeñas, y dé dardos 
o azagayas con puntas endurecidas á la lumbre , y en ellas cierto 
hueso agudo. Con el ausiiio del fuego y por medio de piedras dürí« 
simas labraban la madera para formar sus armas , sus instrumen- 
tos de pesca y algunos muebles de casa, hechos con bastante pri- 
mor. Del mismo artificio se valian para escayar el cedro y otras prer 
ciosas maderas con que hacían canoas ó barcas de un solo tronco , 
algunas de ellas capazes de cuarenta y cinco hombres. Una se vio 
en Cuba del iSrgo de noventa y cinco palmos^ con suficiente espacio 
para ciento y cincuenta. Gobernábanlas con canaletes semejantes á 
las palas de horno , haciéndolas caminar con increíble celeridad y 
burlando sin ninguna vela, la braveza de las olas. Echábanse á na- 
dar si por ventura se les trastornaban, y volviéndolas, vaciaban el 
agua y seguían de nuevo su camino. 

No una sola nación , sino muchas, moraban en las tierras descu- 
biertas, todas del mismo origen y, á lo que pudo observarse , coa 
iguales usos y costumbres : distintas por las lenguas. Eran pueblos 
sedentarios que vivían en sociedad bajo la autoridad despótica de 
los caciques , ó señores de vasallos, formando poblaciones mas ó 
menos considerables. 

Habiendo sido corto el tiempo que residió entre ellos Colon en 
este primer viaje ^ no pudo estudiar sus costumbres , creencias é 
instiluciones ; y asi es que nada enseñó entonces á la Europa acerca 
del carácter de aquellas sociedades. Muí poco de la Índole y e^í- 
rllu de sus Individuos ; si bien en su estilo natural y enérgico pintó 
coa verdad muchos rasgos propios para hacer formar Idea de uno 
y otro. En aquellos paises la asociación política no destruía entera- 
Oliente la Igualdad que existía entre los hombres ; ni habla otros 
vínculos que aquella subordinación puramente militar que une á 
:los guerreros con sus caudillos. NI se fundaba en reglas ó conven- 
clones, sino que, hija de la necesidad , no imponía mas obligacio- 
nes al uno que la de conducir al combate, á los otros la de obede- 
cer para mejor combatir. La igualdad y libertad absolutas hacen 
inútiles tanto las Instituciones políticas como las civiles ; y cuándo 
los pueblos que gozan el triste privilegio de poseerlas , no reco- 
nocen por otra parte ningún principio religioso que los una por 
medio de un pensanúento ó de'una creencia eomun , es claro que la 



"^" 3H "^ 

sociedad no «existirá sido por momaitos, imperfecta y sin vigor 
para promover el desarrollo de los pueblos y el de los ÍDdividuos. 
En* semejante estado se abandona el hombre á sa propia «íoerza , 
no forma ideas fíiera del ciroalo de su propia existencia , no cuida 
riño de sus propias pasiones , de cumplir su propia voluntad ; por 
lo que aislado ; débil y embrutecido, lleva consigo el germen de su 
ruina. Este era el ca$o con las gentes descubiertas ; las cuales , así 
como Ic^ barbaros en todos tiempos y países , estaban penetradas 
del sentimieivto esclusivo de la, independencia individual , qué 
eseluye toda idea de sujeción y de orden. Vida errante , llena de 
peligros, de imprevisión , de libertad ; precisión de un movimiento 
constante para compensar en cierto modo la quietud del pensa* 
miento, la pobreza de las ídea$, la ociosidad , bija de la ignorancia ; 
tal era el carácter general de aquella imperfecta asociación. Los 
hombres inconstantes é irascibles , Ja mujer esclava del hombre, el 
amor y la religión sin culto , la Divinidad imperfectamente cono- 
cida : mezcla confusa de brutalidad y egoísmo , tristeza y orgullo 
del estado salvaje. Pintó sin embargo Colon á los indígenas dulces 
y afables, en estremo medrosos y cobardes. Los juzgó demasiado 
pronto, y mal acaso; porque si las ideas que concibieron de los 
españoles los hideron por el pronto serviciales y sumisos , después 
sostuvieron con valor su independencia, disputando palmo á palmo 
el terreno á sus conquistadores. Desnudos, desarmados, débiles en 
su organización física , sucumbieron , vencidos por mayor fuerza , 
ciencia y espíritu ; pero no sucumbieron sin gloria. 

Tales eran Jos hombres. La tierra que pareció bella y feliz" á los 
españoles, abundaba en ríos caudalosos, en cordilleras de montes 
altísimos y hermosos, en riberas deleitables. Graciosas arboledas, 
llenas de palmas y cedros , se velan por todas partes. £1 campo 
verde, fresco y oloroso : los bosques poblados de avecillas de dulce 
canto ; gran copia de variados y sabrosos frutos en vegas y cam- 
piñas , labradas estas comunmente y vestidas siempre de vegeta- 
ción rica y lozana. País, en fin , ameno, así en montes como en va- 
lles, con aires suaves, el cielo claro y apacible, y de dulcísimo tem- 
ple. Pero ni en las producciones espontáneas de la tierra, ni en las 
que le arrancaba el imperfecto cultivo del hombre indígena , se 
vieron muestras de las preciosidades de la India. Se daba , es ver* 
dad, el algodón y era mui probable que en terrenos tan pingües y 
ferazes, prospéraseos tamláen la caña de azúcar, la canela, el gusá^ 



«o de «eda» y otros frotas; iim3 eitos eqMnizas mtiys no iiillili 
0an á Goloa. Él ¡buseaba «romas , drogas y «ip^oias del Orieato^ 
bascaba perlas, piedras y metales preciosos ; pnes bien se le alcan- 
aaba que (ates riquezas eran uecesarias para llenar el vacío de sus 
4>fertas, y ganar crédito en la corte, imaginándose imposible que 
nn ella se apreciase su descubrimiettio, si solo producía ideasde fu- 
turas prosperidades fundadas en la indus^ia y el comereio. 

Por ,e^ á. donde quiera que discurriese se afanaba &i .saber de 
Plises abundantes en metales y especería. Haciéndose en los últi* 
mos confines de la India , juzgaba mui posible encontrar las xieas 
Islas de aquella celebrada región ^ y así no es estrano que acalorado 
por sus vivos deseos cayese i cada paso en errores acerca de la «i- 
luacion y producciones de aquellos parajes. Las relactones de los 
indígenas mal interpretadas, sus noticias vagas y fabulosas y la se- 
mejanza de algunas vozes con los nombres de puoUos y provincias 
que había leído en Marco Polo, contribuyeron grandemente á en- 
eepder su fantas& , liaciéndole creer muchas vezes próximo el ins- 
tante de satisfiíoer completamente sus deseos. De aquí vino que una 
nez se figoró que los indios de San Salvador hablaban del gran fian 
y de uua ciudad opulenta de su imperio, ^ando solo querían síf*- 
nificar las minas de una pi^ovincja siinada en el comedio de^Cnha* 
Y llegó á tal grado su preocupación y la de sus capitanes, que for- 
laaron el designio de ir á visiiar al emperador , ó á lo meaos , de 
enviarle una emboada con presentes, y la carta misiva de los reyes. 
Meras ilusiones de que hubieran debido desepgañarse con facilidad^ 
pendo por toda^ partes en los habitadores de aqueUas comarcas la 
siisma pi^reza^ rtiaücidad é ignorancia. Con todo, el desieobridotr 
llegó á entristecerse mal de veras, cuando vio que los frutos y mo- 
tale3 preciosos del Asia, no parecían ; y volviera á £^ana mui afll- 
i;^o, si no hubiera enc<Hitrado en Haití algún fuodamento á nuevas 
esperanzas. AUí se halló en efecto mayor copla de oro qu/e'en Cuba, 
ya^n guanos, que se cogían sin nipgun trabajo en las arenas de 
los rjos y arroyos, ja estendido en hojuelas por medio de durísimas 
piedras. Ta¿bien obtuvo de algunos caciques varias joyas y unas 
^¡arátulas con orejas, lengua y narices de oro. Osto y los indicios 
de ricas minas en el interior de la isla le inspiraron tal^^míianza, 
que escribió á los reyes, diciéndoles : « Espero en Píos que á la 
« vuelta que entiendo hacer de Castilla be de hallar un tonel de ofp 
i resciitad^ descubierta la miqa del oro y laesp^oer^at y tal riq^i^ 



§iá»tíhj<t^éBáméáiitm lAos pueda toipraidéne la «on^r^Hfta 
« ae itmstím , en la fual próteilé á V V. A A. se gastaie la ga« 
i BaoiGia de nd empresa. » 

Y en verdad, dado que 4»ut¡ese el m^ en abondanefa , nada «m 
mas fáeilá los eslióles qae adquirirlo de los indígenas, porque 
eilQa lMiBrf>r«s, nHuisoe é nooeates, de eetreonda simplicidad é igno* 
imeia, no teaiaBCOfla alpna resertada para imos hoéspedes de 
qttimesiialiknceaoelddolasBiaeesMKasYgrandlesae ideas. A lea 
princ^áos las naves, el semblaoley los yestíAos y las annas de aqna* 
líos estranjeros, les dejaban suspensos y admiíados. iieoos de sneto 
yooBfuaion, huían por lo pronto despavoridos; mas kiiego, acaricia- 
das, se aeefeal»an con profui^a ii«mildad, postrábanse en el suelo 
y eleyafaan les ojos y las iaanos, qoerieedo sigiáficar de este moda, 
que veneraba á ios reeíen llegados como criaturas divinas , des* 
eenMas dd cíelD. Ofrecíanles cuanto tenían con muestras ininhas 
de aiegrái y buena voluntad, preciando sobre las cosas mas necesa» 
lias 9 las bujerías q«ie les daban en trueque los espafides. Por todo 
eato, y por hallarse desarmados y desnudos , coligió Colon que era 

'muí íitíü reducirios á la re4ifk>n y dominio de España , ora se em* 
please d haiago, ora la fuerza ; pues tenia por cierto que , en este 
lÜiiaHft CMO y mui pocos easteHanos serian suficientes para sujetar* 

• los y mantfflierlos en la obediencia. 

Revolviendo en su imagioaeíon estas ideas, salió de ia Navidad; 
pero en lugar de gobernar derechamente hacia Espada, dirigió 
el rumbo al este á vista de la costa ; tan prendado estaba de la 
boadad del pais, cuyo aspecto le mantenía ea el pensamiento do 
•or aquelia iste la Cipaogo oriental diseüada en algunas cartas con- 
temporáneas. Siguió, pues, la derrota indicada; y cerca de un cabo 
á que habia dado el nombre de Monte-€rÍ8ti encontró el dio 6 de 
enero la «arabela Hnla, que iba del opuesto rumbo. Martin Alonso 
Pinmn quiso disculpar el pasado yerro, alegando vientos y corrÍ€SB» 
tes advenas que le impidieron volver sobre sus pasos; y dijo qvo 

^ había descubierto '^ete islas, que á lo que es cuenta eraulakde loa* 
§fHBif arijunas isletas de los Caicos y demás contiguas hasta los Abror 
<^ y b<yos de fiabueca. Al hacer esti» correrías , averiguó Colon 
fue Martín Alonso habia adquirido con los reaeates*del reí cuan* 
liosas sttBMs de oro, de que tomó, i título de capitán, la mitad) T 
distribuyó el resto entre la gente puf tenerla grata. Á esta falta, d^ 
tpyo grave, af unían para culparlo, sus propias raaonea, lútilesf 



— 24 ~ 

mal urdidas; masa pesar d6 todo, recibiólo con agrado el almi- 
rante, oyó sus disculpas bondadosamente y aun pareció volverlo 
su antigua confianza y su amistad. Tal debía ser la ccmducta de 
Colon en aquellas circunstancias , si se considera que el encuentro 
con la Pinta le libertaba de mudios temores ; que la inQuenela da 
los Pinzones entre la gante de la tripulación era grande , mucho su 
espíritu, respetado su valor ; y en fin, que aun cuando para castigar 
debiese , como jele , poner á un lado estas consideraciones, le esti- 
mulaba al perdón el grato recuerdo de los servicios que debía , 
tanto al reo, cmno á toda su familia. 

Juntas ambas carabelas, siguieron costeando hasta el puerto de 
Gracia, y de allí al golfo de Samaná, que se forma ^r la vuelta del 
sur en el termino de la costa setentrioual. En una hermosa playa 
de la ribera, poblada de lentiscos y algodonales, encontraron varios 
indígenas de aspecto mui diverso ai de los anteriores. Llevaban tiz- 
nado el rostro, los cabellos largos, recogidos por detras, y ad(Nrnaban 
sus cabezas penachos de vistosas plumas. Iban armados de arcos y 
flechas, y blandían con ánimo fiero un palo mui pesado y duro, de- 
mostrando en sus gestos y ademanes que esperaban á punto de ba- 
talla. Acariciados, sin embargo, por los españoles, se acercaron de 
paz , y ya por sus señas , ya por medio de los intérpretes lucayos, 
contestaron á varias preguntas que por mandado de Colon se les « 
bicieron. Entre varias fábulas de tierras en que faabia gran copia 
de oro y otras solo pobladas de mujeres guerreras , se adquirieron 
noticias ciertas de las islas Caribes, que señalaron al oriente. Aun 
sospechó Colon si serian aquellos isleños de la raza caribe de que 
había tenido noticia en la Española y en Cuba, cuyas costas recor- 
rían con frecuencia para robar á los habitantes ; tomarlos cautivos 
y aun comérselos ; porque eran antropófagos. La fiereza de sus ros- 
tros , el hablar desapacible , su ánimo turbulento y denodado , el 
mayor tamaño de las armas y el vigor y robustez de sus cuerpos , 
confirmaban la sospecha ; que acaso no era exacta , porque jamas 
hubo caribes establecidos de firme en la Española. Aquellos hom- ^ 
bres, unos de los mas grandes y robustos del globo, distinguidos 
por su audazia, por sus empresas guerreras y por su actividad co- 
mercial , formaban varias naciones , entre las cuales se contaba la 
de estos caribes que buscaba Colon , dueños entonces de todas las 
islas que posteriormente se han llamado pequeñas Antillas. Pero 
aun cuando los indígenas encontrados no fueran lo que creyó el 



— M — 

almirante^ e& lo derto qme se mostraron mas osados y Tslientes que 
los que hasta entonces se habían visto. Con ellos tuvieron una re* 
friega los navegantes ; ventajosa ^ como era de esperarse ^ para las 
armas crisüaDas, y de la cual resultó que, amedrentados los natu- 
rales^ pidieron y obtuvieron la paz. Aquesta fué lá primera señal 
de mala voluntad y de resistencia que encontraron en sus nuevoa 
descubrimientos los españoles ; y puesto que Colon sintiese mucho 
el suceso, consolóse pensando que acaso contribuiria á impones 
respeto y miedo á aquellas gentes. Cuyo presagio se leáüeó en 
breve, pues los indígenas continuaron pacífico trato con él hasta su 
salida de aquel golfo, llamado desde entonces, de las Flechas, por 
alusión al caso sucedido. 

Bien quisiera Colon, ya que no i^isitar^ reconocer por lo menos, 
la isla Carib , que otros llamaban Boríqoen, y es la misma que al 
fin vino á nombrarse San Juan de Puerto-Rico ; y también la de 
Mantinino, que se decia habitada por aquellas mujeres belicosas , 
que vivian sin hombres. Mas á pesar del deseo que tenia de Uevar 
algunas deel(as á los reyes, dirigió su rombo á España, temiendo la 
gran cantidad de agua que hadan ambas carabelas, la fatiga que de 
ello provenia á la tripulación , y la tristeza de todos al notar que 
se les desviaba del camino derecho. Salió , pues , del golfo de las 
Flechas ell 6 de enero, llevando á bordo algunos habitantes de las 
varias islas descubiertas , oro, muestras de todas las producciones 
que podían llegar á ser objeto de comercio , aves desconocidas y 
otras curiosidades propias para escitar la admiración de los euro- 
peos , haciéndoles formar idea de las riquezas escondidas en aquel 
nuevo mundo, descubierto por su valor y por su ingenio» 

Fué dichosa la navegación basta ell 2 de febrero en que , juz- 
gándose cerca de las islas africanas ó de tierras europeas , sobrevi- 
no de repente tan deshecho temporal , que por tres días consecuti- 
vos, creyeron inevitable su pérdida. Empleó el almirante contra la 
tormenta, cuantos recursos pudo inventar su larga y hábil espe- 
riencia ¡ paro era vano el trabajo y vanas parecian también las pro- 
mesas y YOtos rdigiosos que á unos arrancaba la superstición y el 
miedo *á todos. La fuerza del viento separó las carabelas, y cada una 
'por su lado juzgando anegada la compañera , corría desatentada á 
discreción de las olas ; las cuales embravecidas y furiosas, arrastrá- 
banlas con tanta mayor veloj^idad, cuanto que se hallaban faltas de 
lastre y bastimentos. Llegó á lo somo el riesgo y el espanto en la 



«itíma litn, f qiM eo t^eHos mftres Iban á<8i^U«ñe sos (Sorb- 
áis h9e¡ko$ «M 4Mm)o <k «« n0Bil>re, y eo perjvfdb ée (9 hirasv 
aidaé. El «alido por €MMiBÍeftr «1 mundo su aéta^rable descubrí- 
nieoto ^eda á pmporcion del peligro, en taato grado, que siifi»-' 
eiba en mi eorason el sentimiefito del mal presento y el temor de 
la mvérte m«vitable. « El eterno Dios, escriUa, me ki«piró la idea^ 
4 alianó infinitas diioaHades hasta ser adaptada y peestaen cjeen- 
i eioD , me ^6 esfaersso y valor contra todos los eompaHeros re- 
« südtos á levantarse y volverse del camino ; «I cabo me concedió 
« lo qne buscaba, él perfecdonará la obra. Qaé temo? Fero la fla- 
« gaeza y congoja no me dejan asegurar el ánima. » Entonces io^- 
gina un medio por donde en caso qae hubiese naufragado la Pinta 
y pereciese también su navio, llegase á España la noticia del des* 
cubrimiento y se perpetuase con honor entre las gentes la memo- 
Fia de su proeea. Toma un pergamino y escribe en él la suma de su 
viaje, d rumbo que habia seguido, la situación y riquezas de las 
regiones visitadas, el asienta de la colonia, flecha esto, ciérralo con 
su sello , pone la dirección é^ós reyes católicos , con oferta de mii 
ducados á quien lo halle y entregue sin abrir : envuelve el perga- 
mino en ua paftoencerado, ¿talo mui bien, lo cubre de cera, y co- 
locándolo despaes en una cuba vacia, hace arrojar esta al'mar. 
Sobre la tolda conservó otra cuba dispuesta del mismo modo, para 
que si la nave se perdía mas cerca de las costas de Europa, pudiera 
facilitarse el hallazgo, i Admirable presencia de ánimo y conformi- 
dad, que recompensó la Providencia, salvándole del peligro y con- 
cediendo á las naciones el fruto de sus trabajos ! Fijóse el viento at 
oeste, la mar se calmó, y vieron á pocas leguas de distancia una 
tierra, que después reconocieron ser la isla de Santa-María, una de 
las Azores* En ella con muchísima fatiga surgieron por fin en la ma- 
lana del 4 8. 

Un gran ^sgusto tuvo Colon en este sitio á causa de la mala fe 
y la violencia del capitán Juan de Castañeda, que allí mandaba, en 
laombredel rei de Portugal -, siendo el caso que la míti^d de la gente 
ispaüda se vio sorprendida y presa en ocasión de haber desem- 
barcado para cumplir un voto piadoso, hecho durante la tormenta* 
Después de varias di»nandas y reconvenciones en que el almirahtu 
afeó al portugués su traición , hubo de presentar los poderes é ín»* 
Irucoíones coa que liada su viaje, y le devolvieron la gente. Con lo 



atlí'MMdimMm gnoie^toPia^ Caaatks, detpdtr yorato»- 
líos soirts iwm ifiiiíMnii «rmaAis «op ¿ntendoii de fraiderie« f 
éyátofor «fio, ^enasto fier iiaberntoaüáo ie su gente lübeitadit 
el i^igva q«8 ^Mscia , mmkrió «prenuar la tíMrcfaa á EcfNifia , yii 
fasa poner as aaWo m pensona , fa para asegvcar «Ifrato de aoa 
fatignnVn ftiTar dn los reyes de Aragap y deiCaalilk. Otea tonaaeota 
fMi9i> de jnwo Ja taabiíada y desprovisla nate á pmto de perdease. 
Sulaa ana vú^s y oontbatida por «1 víeafta y las olas, no poda faacar 
0ll»iMa qoe dejarse eonrer i pido seeO; á Dios y á la yeotoni. Me* 
dia noehe sma eftire losdias2 y Sdeattize, eaiando Tierootíerra; 
pavo .tranoroass de Boaotxrar en parales deacoaoeidos, se tuyienm al 
aw/no sin trafeejo, ba^ que yenido el dk, se salvinran feitzineiile 
desdo iMido on el T^jo. 

- Es^i^ió Colon tnmedialamenie sn fonosa arribada á los rejéíi 
estímeos y pidió perattso al de Portogai para aportar en Lisboa ^ 
eaídaado díe infomiark al misiBO tiempo qae &gdba de Cipango 
y del término de las indias que babia descubierto por el oecidente; 
no de (Gofasea , ni otra parte de las ooleaias de su noBargoía. Ad* ' 
Daifteoeia que «reyó neaesaria pura -jpISnpaTer la animadversión de 
los porlngiieaes, «nú i4taMis de la posesión esclusiya de sus deseu- 
bOHÁeatos. ftacij^éranle mui bien y eon muebos obsequios los to* 
cíaos y ealendades del puerto de Basl^ ; los cuales no se cansaban^ 
de ver y admiiar al üostfia descubridor, las cajjdades que »os« 
traba^ y en psi!tioal«r los indios , eúmo eaapeaaron a lianaar á los 
todígenas del NueviO'Mnnde. Luego llegaron órdeaes de la corte 
para que se le diesen, á costa del erario, coaalos ansílios neceóla* 
san tanto él, cnmo su gente y nao ; y una carta mui fina del Seíior 
ttsn Juaa U; en que le felizilaba y pedia tuiíase á bien ir á visí^ 
tarle. 

Dicen los bifiloriiad^res que el rei estaba pensaüva y apesarado , 
porque no dudando baber nariogado los espiikles á islas ó tierra ir- 
me del Asia, y ser de allí les bnmbrés que moslrabao, creía ya ocu- 
pado pmr Gastíüa el importante otiiaio á que babian sido dirigidas 
'per tanto tiempo y con tan gran aonstan^ía y gastos y penalidades, 
hs nav^acÍMMS prntAfuesos. Y ann añaden que algunos áulicos, 
ofeíosqa, persuadidos de que los castellanos- no Uevarian adelanto 
k-Mpuesa si las faltaba el denrubridor , se oCreitieroñ á fraguarle 
pendencia y darte muerto. Justo y magoáaimo el reí, cerró los oí- 
dos á t«n infames sugeslianea, y reeibiéRdele can singular ostento** 



— 28 — 

I 

don y honffl*, le mandó cabrir y sentar ensn prebenda. Oydle ana 
y otra vez con semblante alegre, le hizo infinitas bonras y favores, 
y por fin le ofreció cnanto entendiese convenir á su propio servicio 
y al de los reyes Católicos. Era nrai pneslo en razón que el rei de 
Portugal se. contristase al ver cumplida en provecho de otro, wh 
empresa que por incredulidad ó malos consejos desechó , cuando 
por su mismo autor le fuó ofredda. Consolábale, empero , la espe? 
ranza de hacer, valer su derecho á todas las Indias y mares adya* 
centesá ellas, fundado, según dijo á Colon, en algnnos tratados 
tigentes y en las concesiones pontificias ; según las cuales tenia por 
cierto que aquella célebre conquista le pertenecía. Mas ora fuese á 
causa de esta alegre consideración, ora porque á las acciones fene* 
rosas le estimulase su grande espíritu, es lo cierto que su conducta 
respecto del almirante fué discreta, noble, generosa, y que le des- 
pidió con la misma benignidad con que le^ habla recibido. Colma- 
do, pues, de mercedes y libre de los rézalos que al principio con- 
cibiera de su viaje á Lisboa , se hizo á la vela para España con 
viento próspero en la mañana deH3 de marzo, y entró por la barra 
de Saltes eH 5 del mismo mes, doscientos veinte y cuatro dias des* 
pues de su partida. En la tarde de aquel tan venturoso de su arribo 
llegó la carabela Pinta, que arrebatada al norte por un recio viento 
^la noche de la primera tormenta , fué á parar á Bayona de Galicia* 
• Sieíldo de la vi|la de Palos los mas de aquellos valerosos nave- 
gantes , ya puede concebirse cuan grande y dulce debió de ser el 
jubilo de su vecindario al verlos tornar dichosamente de tan difícil 
y gloriosa jornada , la mas larga é importante que jamas se hubiese 
emprendido. Inesplicable fué en efecto ; si bien le faltó para ser 
completo la presenda de Martin Alonso Pinzón , el principal de 
los compañeros de Colon, y quien con su ejemplo, actividad y espí- 
ritu, contribuyó sobre todos á emprender y acabar aquella obra 
portentosa. Sucedió que al entrar en el rio de Palos vio MartiQ 
Alonso en el puerto la carabela Niña, y temiendo de Colon no qui- 
dese tomar venganza de sus malos procederes , abandonó su nao y 
en la barca se dirigió á otra parte. Mantúvose oculto por algún 
tiempo, alimentando la esperanza de que la corte le concediera au- 
diencia , para hacerle por sí mismo la reiadon del viaje. En sabien- 
do que Colon había marchado en demanda de los reyes , apareció 
en su casa triste , decaído de espíritu , y salud , llegando á tal estre* 
mo su abatimiento cuando entendió que se desestimaba su solicitud, 



— 29 — 

^Qe marió en brere de Besar, víoltma laimentabie de una paskm 
innoble y desenfreQada, 

CiOlon se había dirigido á VallaloUd ;. pero sabiendo que los re- 
yes se hallaban en Barcelona , les despachó un correo con sucinta 
rdacion de sus hechos y de sus proyectos futuros. Nada ^ mas 
capaz de pintar el gusto que con ella recibieron los monarcas, que 
la respuesta que inmediatamente je enriaroo , disididos entre la 
sorpresa y el regocijo que les inspiraba aquel suceso no esperado. 
£n medio de mil elogios y parabienes^ mostrábanse deddidos á 
emplear to^ los medios posibles para perfeccionar la empresa co- 
menzada. Instábanle para que pasase de prisa á Barcelona , y se le 
autorizaba para disponer todo lo necesario al apresto del nueyo ar- 
mamento con que debía volver á Indias. Y entre mil promesas de 
premiar dignamenle sus servicios , le saludaban desde luego coa 
los títulos de almirante , gobernador y vlrei. Embelesado con estas 
honras y mecido en brazos de dulces esperanzas, partió Colon para- 
la corte, llevando consigo cuanto había adquirido en las lejanas 
tierras descubiertas^ £1 entusiasmo coa que se vio acogido en los 
pueblos del tránsito , los elogios y- bendiciones que á porfía se le 
tributaban; este triunfo^ tanfo mas satisfactorio cuanto era mas 
espontáneo y natural , fué sin duda para su noble ambición , la 
mas grata y bien merecida recompensa. Pero lo que puso el colmo 
á su satisfacción, fué el pomposo recibimiento que le hicieron en 
Barcelona , adonde entró solemnemente precedido de los indíQs , 
cuyo color y fisonomía pasmaba á los circunstantes ; de las mués-; 
tras del oro recogido en el viaje , tras las cuales se iban todos los 
ojos; y por último de las varias prodacciones de aquellos nuevos 
países, mui propias para llamar la atención y oscilar en alto grado 
la curiosidad. Saliólo al encuentro todo el pueblo y multidud de 
caballeros y cortesanos que no se cansaban de ponderar su hazaiKa 
y hacer resonar sus elogios. En esta forma llegó á la presencia de 
los reyes, que le esperaban en público con lucidísimo cortejo , y 
que poniéndose en- pié cuando le vieron llegar, le dieron á besaA 
las manos, no le permitieron que dobl^e la rodilla; y le mandaron 
hablar cubierto y sentado. ., 

Habló Colon con notable desembarazo y con aquella sublime elo- 
cuencia que inspira siempre un grande asunto y una fuerte conmo^ 
cion. Grave, sin embargo, y circunspecto cual debía serlo en la oca- 
sión, y como convenía á su carácter reposado y ceremonioso , dijo 



pateóte á la España, y descubierto en sa sene el heottMbrio de loií 
aalipedas. JPiotó éon yíyos calores Xa ferliridad de aqotelks (Seiras 
qta smleaiaban una ye9etaoioil> de eterno rerdor y kÉnnía. Foit' 
deró la muHftttd de sus produceioiies ; la al:miida&ct»del-oro que^ 
en poWo ó ea grafiosy se cogía sin arte ni trabaj» ai(|tto;^la estr»« 
ñeza de y^ios animales , qikyos per su espom , in^abte por laf 
difereacia y belleza de sus formas 6 po^ la graciosa di^HiBieion á» 
sns coloires : llamando sobre todo la atención bacía la tedole y cos- 
tumbres de aqtiellas gentes, que él acababa de introducir al trato> 
y comercio de las antiguas sociedades. Para erforzar cada uno de' 
los puntos de su discurso , exhibía las muestras que faabia Iterado- 
consigo ; y concluyó ens^lisando la munificencia de Dios que pro^ 
digaba á los reyes Católicos los tesoros del mundo , y uno mayor 
que todos ellos en la multitud de almas que por sus esfuersos ibas 
Á oir la palabra de la civilización y la del Eyangelio. Y luego que 
el almirante puso con esto fin á su discurso, pasaron los monarcas 
y todos los presentes á kt capilla real , en donde, puestos de rodi- 
llas con singular ternura y devoción , dieron gracias al cielo por las 
mercedes recibidas. 

No se cansaban Femando é Isabel de preguntar y oir las estca-» 
ñas aventuras del osado viajero , y cada día prooiraban hacerle 
nuevas honras. Á su ejemplo los grandes y los prelados , loa con- 
sejeros y los cortesanos, en suma, las personas mas notables y cali-' 
fiadas, se esforzaban á porfía en aga^jarle, teniéndose por muí 
honrados en gozar de su trato y compañía. Nadie dudaba ya de 
sus palabras, que prometían nádamenos que el descubrimiento del 
hemisrerio opuesto y la completa espldiracion de lo que faltss^a por 
conocer en el globo de la tierra. Apenas podían algunos creer en 
mi suceso tan Tuera del circulo de las ideas comunes ; mas los sa«- 
bips capazos de apreciar su importando y consecuencias, habkdl>aQ 
de Colon con calor y placer, y aumentaban el general efirtustasmo , 
pwdíciendo los inmensos bienes que á España y al moiido iban á 
seguirse de su descubrimiento. Á qué parte de la tierra cmo* 
ci^ perteneciesen los nuevos países visitaídtos, fué cuestión que se 
debatió mucbo y que dividió en sentencias á los geógrafos del 
tiempo. Firme el almirante en sus kleas, sostenía que deblaii 
mirarse como parte de las testas regiimes del Mna, oonoddaa en*- 
tónces con el nombre general de liidkt; y para probarlo; hdcin no- 



— w — 

tm l^sm^mMíf óffw rmjfnp deeftr^ iémtíáéá fri» esMa^iUtre Itt 
prodttceknies de este paie f las que ét kabia ü^awle ée Ids tierrai 
deseobiertas. Esta oj^iiioií y esforzada ademas coa argaSMiitos espé^ 
ciosos de razoB ^cautof idad , prevaleció al fi» ^ y muí vaHda la idea 
de ser Cuba el último término del Asia; se dieron al {>ais nueva* 
mente halado y á los que se le suponían eo»tiguos k» nombres dé 
Indias occidentales y de Nnevo-mundo. Ambos, aonqoe iai^aetos ^ 
subsistea todavía , en faefóade la costsay^re. 

Conforme en un todo á las indicaciones de C^n , se pensé kiego 
e& aprestar una respetable fuerza marítimay-para refonarl» cetonia 
de la Navidad ,y continuar Ids descubrimientos báeia el pMiettle y 
mediodía. No se disifnttlaban los peligros do una larga na^egSdott 
por mares vistos ya , pero no perfectamente conocidos, ni esplora-» 
dos en todas direcciones ; pero encendido el fuego del ^tosiasmó 
con la gloria del pm'tentoso suceso , y escitada la codicia hasta aa 
punto indecible con las muestras del oro de las' nuevas tierras y la 
esperanza de hallar en ellas ricas minas de tan precioso metaf, ma- 
nifestóse la mas viva impaciencia por una segunda espedicion. Muí-' 
títud de voluntarios de todas clases se presentaron pidiendo ser em« 
picados en ella , y Fernando mismo, el frío y desconfiado Fernando, 
cediendo á la opinión común, ordenó los preparativos del viaie co» 
un calor estraordiaario. Fácil por otra parte se creía la empresa 
de dominar todo aquello que se fi^se descubriendo, visfó la man* < 
sedumbre y timidez, las armas y costumbres do las nuisvas gen^s. 
Ni á nadie le ocurrió la mas pequeña duda sobre el derecho de su*» 
jiatarlas por medio de la fuerza ; pues á mas de e^ar consagrada 
por la práctica, la guerra contra infieles se tenia por obra m^itoria 
y santo su ejercicio. Por tales principios la corte española se crda* 
en posesión legítima de los países descubiertos y por descubrir ; 
mas, ora fuese pcnr quitar todo pretesto á la emulación y envidi» 
de los otros soberanos , ora por imitar el ejemplo de los portugue* 
ses , ó en fin por seguir la errada opinión que prevalecía acerca del 
poder temporal de la Santa Sede , se adoptó el arbitrio de pedir aí « 
sumo pontífice Alejandro Yl la f»*opiedad de todas las tierras ha-^ 
liadas y pcM* hallar en el Océano occidental. £1 papa , que era es- 
pañol y níui favorecido del rei Fernando , redbió con ind3cible jú** 
btlo la relación del nuevo descubrimiento , y á^d^ prisa á juntar 
el sacro colero, con cuyo acuerdo espidió en 5 do mayo bula de 
donación perpetua del Nuevo^mundo i favor dé la coronv de Cas-' 



— 52 -. 

fiUa , con la predsa obligadon de plantar y props^ar en él la reli- 
gión católica. Pero MartinoY y otros papas después , hablan conce* 
dido á Portugal lo que se descubriese desde el cabo Bojador hasta la 
India , y por el tratado de 1479, mui presente en la memoria de 
Don Juan II , los reyes Católicos se hablan obligado á respetar 
aquella concesión. Y pues se creta que las comarcas visitadas por 
los españoles eran parte de las Indias^ ¿cómo se conciliarian estas li- 
beralidades pontificias? Adoptóse para ello un dictamen de Colon ,. 
sugerido al santo padre por Fernando , y fué el de declarar los tér- 
minos de la nayegacion y conquista de los castellanos por un meri- 
diano situado á distancia de cien leguas de las islas Azores ó las de 
Cabd-Yerde ; por cuyo medio se pensó cortar de raiz las pretensio- 
nes y diferencias de ambas cortes (\ ) . Andando los tiempos y adelan* 
tadas las conquistas , sucedió que un jefe español intimó á dos ca- 
ciques el reconocimiento de un solo dios todo poderoso , y la obe- 
diencia al rei de Ckstilia , á quien el papa habia hecho donación de 
aquellas tierras. Á lo que los indios contestaron : que en lo que 
decia de no haber mas que un dios que gobernaba el cielo y la tierra, 
les parecía bien , y así debia de ser ; pero en lo de que el papa daba 
lo que no era suyo y el rei pedia y tomaba la merced , debian de 
ser uno y otro usurpadores de lo ajeno y locos rematados. 

La noticiadle que el rei de Portugal armaba sus gentes para en- 
TÍarlas á la conquista, fué un poderoso aguijón para vencer los mu- 
chos obstáculos que Qfrecia la empresa ; á cuyo feliz apresto contri- 
buyeron mucho también las monedas, alhajas y otros bienes que 
se habían secuestrado á los judíos espelidos de España en el año 
anterior. Dispuesto en fin todo lo conveniente , y autorizado Cotón 
con plenísimos poderes de general de mar y tierra , dio la vela en 
el puerto de Cádiz el 25 de setiembre con tres naos de gavia y ca- 
torce carabelas. Llevaba mas de mil hombres á sueldo y cerca de 
trescientos voluntarios, á quienes la ambición y la esperanza d^ las 
riquezas animaron á alistarse en las Glas de los conquistadores. 
Acaso se agregarían furtivamente hasta trescientos mas ; pues tal era 
la novedad y aparato con que se aprestaba la armada, que acudiendo 
mucha gente , se llend el número señalado , y fué preciso prohibir 
el embarco. Iba la espedicion bien provista de municiones de boca 
y guerra , de mercaderías ó rescates para la permutación con los 
indios, de toda especie de ganados y animales domésticos, posturas 
y semillas de variedad de plantas , utensilios y herramientas de 



— 55 — 

todas clases. PiQyeyóse igualmente al bien espiritual; enviando re- 
ligiosos para la predicación del evangelio , y alhajas ^ vasos.sagrados 
y demás cosas necesarias al callo católico. En una palabra , nada se 
omitió de cuanto podiaser útil i)ara el cultivo de la tierra ; para el 
trabajo de las minas, para la colonia y la conquista, para la pre- 
díeaeion y los descubrlmieotos. Y el almirante, elevado al rango de 
noble español, favorecido con infinitas honras, gracias y poderes, 
pudo creerse con razón el mas feliz de los mortales. 

Ocho días después de su salida de Cádiz, surgió la espedicion en 
las islas Ganarías, donde refrescó y aumentó sus provisiones. Púsose 
de nuevo Colon en camino el 44 de octubre, y llegado á la isla 
d^ Hierro, gobernó hacia el oeste con alguna inclinación al sur. 
Habla ya recorrido ochocientas leguas con tiempo favorable y 
próspera fortuna, cuando el 5 de noviembre avistó una isla que 
los naturales llamaban Cayre, y que é\ nombró Dominica , por 
ser áomnigo aquel día. Como se acerca la armada , empiezan á 
y^se y reconocerse otras muchas islas , todas amenas , de lozana 
vegetacioi). En la dé Ayay, que él llamó Marigalante , del nombré 
de la nao capitana, se detuvo algún tanto-; si bien urgido por el 
vivo deseo de llevar pronto socorro á la colonia, pasó luego ade- 
lante. Poco habla andado la armada cuando llamó la atención de 
nuestros navegantes una isla mayor que las anteriores, donde apa- 
recía una montaña elevada y en medio de ella un alto pico del cual 
brotaban á manera de surtidores grandes raudales de agua. Y como 
observase Colon que esta isla, llamada Turuqueire por los indíge- 
nas, era mui poblada , mandó á tierra varias cuadrillas para reco- 
nocerla y le impuso nombre Guadalupe , en conmemoración del 
santuario y monasterio de este nombre en Estremadura. Creyeron 
los españoles notar mayor artificio ora en la construccipn de las 
casas y en la labor y tejido de algunas telas, ora en la forma y 
disposición de los muebles y utensilios de aquellos habitantes. Sus 
provisiones eran abundantes, sus armas bien construidas, y no me- 
nos dos estatuas de madera que se hallaron, con serpientes entalla- 
das al pié. Pero lo que dejó pasmados de horror á Colon y sus com- 
pafieros , fué el haber encpntrado cabezas y miembros humanos 
cociendo juntamente con los de animales, los cráneos sirviendo 
para vasijas y los huesos roídos. Entendieron por esta circunstancia 
que se hallaban en tierra de caribes. Y así era la verdad , porque 
estos estaban en posesión de niuchas islas de aquel archipiélago, y 

BIST. ANT. 3 



— 84- — 

de allí sdioa FÉnderaatacl» wwwnóBMt.CMpfe) nMtftér 
soaespedicioBM, gwrdabaa álaBBnii4re«^ritiaiura»{«i*Me¥Ín» 
áe eHas, devoraban á los caaürss, y i loB h^ pe^aalUnloi A& 
«riOB priraban del alríbnte de banrims ; los cBnian e^soí fléstnr, 
áttfOM de gordos y creeidM, 

El eslravío de algoass espaioles de Iqb qae fama á liens per 
drdeu del almirante , detiwo ¿ este varios diis ewca de la Goad»-' 
lape. Mas laego que volvieron , «ntíand au vi^ , recoMÓnds'Y 
deDomínaodo al pBs»)as islas de M o naawiW , StatoHackia Ho- 
landa, Santa Haiia la Antigua y San Martin, Eb esl& úUiím tm hm- 
deó , y variado e) rumbo , pai¿ á la que se llaiM SMla Cm , hD 
cual mandó reconocer con gente armada. En esta oeeaitm y (nn'ia»i< 
Uto de una. escaraimia con los «aribes, seobstn^ p«r la<)H-ÍMerai 
vez la confección TenenoM can qve enl»i'faolaba»leS' jodias laa 
punías d« sus flechas, para dar moerte segara á saB'Ceatnria&i 
Vuelto á la derrota el almirante , dasGobre an safes» gra^ da ta* 
lelas , que hace racoa«cer con bocpiea ligerea : í la> Mafor IIimk. 
Santa Úrwla y al resto las Once mil Vfrgenca. Pas» adetantay Heg» 
¿la grande isla Boriquen, qne llamó de San Joaa Bantiatai, Coatéa'- 
la por el lado meridional y peñista a\\i dos días, síb qaepareMa>' 
gente por ninguna, parte. Esceñi^BeDte impneieDta pon saker M. 
-estado de la colonia y socorrerla , da la vela para la. E^aiola , y 
l^ga lelizmeale á Moa(e-CcÍEtL et 29 de a 



miát0»mmmm*miémmmiimmtmmm^imtá,itmim»mñm i mtiWiiaiiiiiw tmm^-nm^tm miai 



¡tal 



CAPÍTtTLO 11 1. 



BuiM total, de U Hati^aA. «- Rataahre CoImi p iM af ea Mi» parle T «Vitr 
sitio acomodado al intento. — Hace asiento en él y llama Isabela' la cío* 
áÉá-qvíe leYánta, en bonof de la Ilustré reina d» Castilla. —Partida de 
JMMicr TiMiBHiBM Bipal ..** Mammaet d ahMlraMelí titfra adestró j 
establece l«J6|!talez& de Santo Tonas. — Sale desfwea'al BMr á déseabrir 
nuevas' tierras. — VueWe enfermo á la Isabela. — Llegada de Bartolomé 
Celeit t Ttiefiá de 'férres. ^ Pi l a ie re s disturMof d^ la cofcRtta. -« Comba* 

. taitMrlai irttea .t^lÍritf»titt«obai>fidte«taiD 
in Jues pesquisidor, que lo es Juan Agnado,— Yuette el «li&iraRte ce» 
este á Espíaña, dejando por gobernador en la Española á su hermano Bar- 
mHmáé'^ y i FfiiMlseo^lietéin per pi ia i dcii t e d^ firnHUiál de jiistiria. ^ 
iitegft éUí'fméamÍM^40á Mm rMttaMs «i la Gettey »>pisqHB« «■• mw 
Ta espedicion. — Sale coa ella el 30 de mayo de 149S. — Descubre el contí- , 
neAte en i o dé agosto. — Dirígese luego á la Espafiota y üega á effa el 40 



Quisó satíer Colon si en las cercanías det rio del Oro se bailaría 
íítío cómodo para poblar, y con este objeto envió á tierra alguna 
^ente. Á los pocos pasos dio esta con dos hombres muertos , cuyos 
brazos tendidos en cruz estaban atados á un madero. £1 siguiente 
dia se vieron otros dos cadáveres menos desfigurados que los pri-» 
nt^os y por lo cual se pudo conocer que eran espdíoles. Entre tan** 
üo, ningún colono habia llegado al encuentro de sus amigos; cosa 
<le admirar si se considera cuan grande debia de ser su impaciencia 
por abrazarlos y obtener nuevas de la patria. Esta reflexión y los 
indicios encontrados produjeron en los navegantes una sorpresa y 
desconsuelo diffcH de esplicar. Hallábase perplejo el almirante , no 
sabiendo qué pensar de aquel suceso ; y contríbuia muchísimo á ' 
aumentar sus dudas el ver que algunos naturales ^ lájos de mani* 
ftstarse rezelosos, se venian á el llenos de confianza. El 27 Ile§a la 
flota sobre el Cabo Santo, bispáranse algunos cañonazos : la for- 
taleza no corresponde , nadie parece. Hacia la media noche recibe 
Colon una embajada del cacique Guacanagarí , con varios presenté^ 
dé oro. Pregúntase á los indios, y ellos con gestos y ademanes signi- 
fican que los colonos hablan tenido choques entre sí, de cuyas re- 
sultas murieran algunos. Cobra cuerpo la sospecha y se convierte 
«B certidumbre á tfsta de tan repetidos y tehementes indicios. Para . 



— 56 — 
acabar de aclararla, se dispon» un reconpdnúenlo goneral en el si- 

■ 

tío que sirvió de asiento á la colonia, y entonces se ve patentemente 
la triste realidad. Del fuerte no existían ni cenizas; las viviendas 
estaban arruinadas ; rolos y esparcidos se veían por el campo los ves- 
tidos , armas y utensilios de los pobladores ; de estos vm& muertos 
allí ; otros en la espesura de los bosques. Nada quedó de provecho 
en aquel campo de desolación , y los indios del lugar , una vez que 
destruyeron cuanto les vino á las manos, abandonaron la comarca, 
retirándose á la tierra adentro : algunos se veian de vez en cuando 
desconfiados y rezelosos , como observando á los europeos y temien* 
do su venganza. La falta de intérpretes hacia imposible una clara 
esplieaeion de aquel terrible caso; mas al fin, acaridados los indi* 
genas, depusieron el miedo, se acercaron á los españoles, y suplien- 
do con el gesto y los ademanes la falta de idioma común, declara- 
ron unámines como los infelices pobladores habían perecido, vícti- 
mas de su imprudencia y sus escesos. El frecuente trato con los is- 
leños habia disminuido. en estos poco á poco el respeto y veneración 
con que los vieran antes : sus ytolencias acabaron de destruir las 
ilusiones, presentándolos á la vista de aquellos hombres sitnples é ig- 
norantes con todas las imperfecciones y flaquezas de la humanidad. 
No contentos de haberse atraído la mala voluntad de los indígenas , 
se desavinieron entre sí hasta el punto de llegar á las manos. Luego, 
perdido ya todo freno y subordinación, se huyeron muchos la tierra 
adentro , para rescatar oro cada uno de por sí, y penetraron en las 
tierras de Cibao, donde gobernaba un cacique de nombre Gaonabó.^ 
Allí jcomelieron violencias inauditas en hombres y mujeres : cujail 
fieras desatadas, recorrieron el pais, llevando á todas partes pavor, 
injuria y daño. Cansada en Gn la paciencia , de mansos y dulces tor- 
náronse furiosos y crueles aquellos pobres isleños , y aprovechando 
. la ocasión de estar desparramados , dieron sobre ellos y á la mayor 
parte mataron. Unos pocos que defendían la fortaleza perecieron 
también á manos de Caonabó , quien con innumerable gente fu^ 
á atacarlos en su postrer asilo. Quemado este , los vencedores hicie- 
ron esperimentar igual suerte á las habitaciones de Guacanagarí» 
que según decian intentó en vano defender á sus aliados. 

Las sospechas que se levan(aron en el ánimo de los españoles con- 
tra Guacanagarí, y á que prestaba fundamento esta misma relación, 
lejos de disminuirse, se aumentaron en una conferencia que Colon 
uvo con él. Negóse sin embargo el almirante á prenderle^ no C09- 



— 57 — 

siderando snficientes los indicfop qne-^e tenían para justificar nna 
medida violeúta, contra un hombre poderoso, cuya desgracia pon- 
dría en armas toda la comarca. Mas bien quisiera granjear de nue- 
vo su amistad ; que así conseguiría un aliado útil , restablecería la 
confianza*eotr6 los isleiSos conturbados y se fundaría en paz la nueva 
población á que iba á dar principio. Con arreglo á estas razones ; 
disimuló cuanto pudo^ y tratando á los indios con igual amor y dul- 
zura que antes, resolvió tomar asiento en olra parte , teniendo por 
azaroso aquel sitio regado ¿on la sangre de sus desgraciados com- 
pañeros. Á este fin, después de muchas diligencias y reconocimien- 
tos, eligió un lugar tres leguas al occidente del puerto de Gracia ó 
de Martin Alonso, sumamente acomodado al intento ; porque habia 
allí un hermoso río y puerto mui capaz , aunque desabrigado al 
norueste ; maderas y piedra en abundancia ; proporción para con- 
ducir el agua en acequias ; un bosque impenetrable á la espalda, 
y sobre el fondeadero una peña qne fácilmente podía fortifícarsé. 
Dióse principio á esta obra de que dependía la salud de todos ; y 
fué tal la diligencia que se puso en acabarla, que mui pronto estu- 
vieron las habitaciones y murallas en estado de recibirlos y defen- 
derlos. Los edificios destinados á usos públicos se construyen con 
solidez : chozas ó barracas sirven por el pronto para abrigar á los 
][>articalares. La tierra se desmonta y recibe en su seno las semillas 
estranjeras ; todo se anima y cobra movimiento y vida allí donde 
poco antes reinaban la quietud y el silencio de la naturaleza sal- 
vaje. Esta fué la primera ciudad que fundaron los españoles en el 
Nuevo-MundO; y la llamó Colon la Isabela, en honor de su cons- 
tante protectora la reina de Castilla. 

Uno de los primeros cuidados del<"almirante, después que vio 
planteada la obra principal, fué el de disponer partidas bien arma* 
das que esplorasen lo interior del país. Y como el oro era el objeto 
principal d^ sus afanes, enviólas con dirección á la provincia de Ci- 
hao, donde era fama que abundaban minas de aquel m<;lal precioso. 
Aunque poco numerosas, recorrieron estas partidas sin estorbo uns^ 
gran parte de la tierra. Deslumhrados los naturales con el brillo de 
las armas, el orden de las marchas y el sonido marcial de los ins- 
tramentos de guerra ; ó bien contenidos por los caballos,. ouya 
fuerza y movimiento les infundían gran pavor , lejos de intentar 
dañoalgpno contra los españoles, se desvivían' por agasaja^jlos y 
reatarlos donde quiera. Recogióse algún oro en la tíwrería; y luegd 



peo8¿ Ctkm«ii jnemUtrlo á iMftíiA cono «MmiM(i« á» I» tignim 
del {wisy y (Mtieba de lo bwn fondado de sus «sjierauas. Partíaw 
en efecto doce de sus navios al mando del alcaide Antonio Tófím, 
á qnien encargó muí particularmente procurase refuenos de faom* 
bres, provisiones y otras cosas necesarias para sostener y. fooiMilaff 
la colonia. Ponderó á los reyes la hermosura y vigor do aquella 
tíevra, sobre cuantas calienia el sol ; laprestesa y lozanía con que 
babian crecido las semillas y plimtas europeas, en especial el triga^ 
los sarmientos y las cañas de asúcar. Se mostró satisfeoho de las mi'^ 
nasy y de nuevo se afirmó en que se hallarian drogas y especias del 
Oriente. 

No se ocultaba al almirante que en el apreslo de la sagoMh'e»?^ 
pedición babia apurado la España sus recursos^ y al mismo tiempo^ 
que la dificultad de obtener otros nuevos, le sallaba á los 4^ Ja 
incerlidumbre y tardanza de los beneficios destinados á. pagarlos. 
Bntre tanto, urgian los aosálios , pues sin ellos el estabkcimiettt» 
empezado iba á perecer en su or^n. La qiúdamia de fiebres inlei^ 
mitentes babia consumido los medicamentos ; gcan parte ded vino 
se babia derramado en la navegación ; escaseaban las viluaUas ; 
(altaban armas ; por lo que hace á los <:abailoSy en que consistía Jk 
mayor pujanza de los jespaüoles por el terror que infundían , 4ob> 
fueion veinte y cuatro; los liombresen ñjk eran pocos, y algonos.ha* 
biau «nfermado con la novedad del clima y de las aguas, oiros ba- 
bian muerto. A fio de remediar estos mab»^ propuso á k oortepinen» 
der por esclavos á Jos caribes, para qoecon el podado de su vaala 
y los dereobos que podrían imponerse sobro eUa^ en aiunento de la 
real hacienda, se le proveyese de los aasiUosaecesados. Obs^vaba 
f «e por este medio castigarian sus inbumanas cosbunbras y ^ gran* 
jearian el amor de los indios mansos , de quienes babia sidobaitif 
CAtónces un terrible azote aquella raxa inquieta y cruel. 

Partió la üota el 2 de lebrero y £o1oa empezó i promover actifa- 
mente los preparativx)s de un viaúe qoe babia pensado baoer.4d paia 
¿e Cibao, para establecer en él asiento de ^españoles y reanimar á es- 
tos con la víBta y el J>eneficia de lasimiaas. En oslo enfermó^ y p^ 
mayor fatiga y desconsodo^ duraalesu doleocia molieron una sU' 
bleiiacion algunos descontentos, con al éb^tííoJie me i £^3a,.al>> 
iKándoso coa las cinco naiges que w 'd pnerto»bahian fuedado. Con* 
valeoió^ por mucha dicha, en brete, y.b»bi«ido oa pronto caüyjjia 
lantablecido al aasiMo en la.aafliialfnfakmi«jvdió las ¿o i a nas ca m or 



— w — 

lámtjijiwi ai l « »n i g >fci < ii n g, y tetOMaiM é^^máam él mee 
mtnfi coo enatramoteeoroiieos y bseii nnoiero de indios 'aoBifít- 
]»B« Inqieiófiíes á raeonooer la ^ien adimtco, y deiottlirió la hev* 
iiulte4laaiira qM^e-ealle&deJasta perderte de vísta^^y oooanehapi 
KMMt/duáfeiaJÉihía de tenoná á Bfoiite^Cmii} eortada toda ella por 
letreales y nos. oaiuUosos. A ctoiadeeii fcan^eeleiimny fertilidad 
yrbeltin, ilamdia'el afanraote ^í«^i«ceal. Y de nqni mgñíó m ca- 
tBiiiO;.8Í6nq>ff8'fliideiiiaadade las <eomaTea8 auvíféras del eacrque 
QmatéAj veacieiiio nál'Obafeáoaleeqae ofrecían ia 'fragesidad de las 
tíanras y la espeanra de ios bosfoes. lilegó por 'fia á las riberas dé! 
«o Jani^e , y allí , ifísIo el pais, resoMó levantar una casa foerte 
áBmádMra y «bairo ;^peñ8amíaiito á que le indujo^el deseo de some- 
ter ales iiabüantes detübao, y la aeoeddad de>adqiiirir Ja posesimí 
de algmoB lioas mineros de cm, -eobre y fino azal qae se hablan 
.disoiibierto-en las inmediaciones de aqnelétío. Así lo falsO; dando* 
poramobro á latfonataa el de Santo ToflMs ; y dejada en ella fma 
peqiQeíia 'goamieion , regresó ioego á la ciudad , a dond&lo llama-^ 
iMm «oevos ^y ans'faalos proyectos. 

&a sn kilento saKr á la mar para vonlrnnar sns esp^oraciones y 
anrioso per descisbrír y ocnpar la tierra €rme ; sobre locoal le 
traiatnui inqoieto la idea de que los portngneses ó algunos otros 
navegantes le^anasen 'por la «manO;^ arrebatándole el mejor froto de 
ans trabajos. Antes de partir ocnrríó áilas necesidades de lacMo- 
m con divems providencias oportonas, relativas al goMenio, i1 
ealtívo de la tierra , á los edificios y á la conqnista. Dispuso entre 
«tras cosas qne el noble catalán Mosen Pedro Margarit con la maynr 
parte de la gento de armas y casi todos los caballos , saliese á te»*^ 
plarar de nuevo ia isla , ya para ir acostmofbrando a los ind^^eMS* 
ií ynge de sos nnevos seilores, ya para%acer que los soldados iñk 
^eeen por sí agosta dd pais y se ha1>ilnasen á sn dlma y alimen- 
tos, fimo pensamiento y resolnoíon arriesgada esta de dividirla 
faerza y mandarla á oprharir la comarca ; pero necesaria en fa-oca* 
sion para la sobsbteBcia de ia colonia; en donde escasearían de ÍA 
manera las Titnallas enropeas, que ya e^ban reducidos ledos á 
nna peqneila ración de pan y vino^ repartida sin distinción- de ta^ 
yiad ni ^itdo. El sedo en verdad era fértil basta un pnnto inde- 
¥Me, y perpetaa la frondosidad de las tdatítas : árboles babia que 
diban fi|it08 saponados en priraafera yon oldSo.i^ero de poca nti- 
Udaiara ten Mía y tiea naturafenea para los faombresqne diténees 



— 40 — 

la foztban. Poroto los habitantes indol^ites callifaban sofo n&i^ 
mui pcqueSa estension de terreno, y eso con tan poca industria ^ 
que escasamente les producía Innecesario para su prq[>ta subsisten- 
cia. Apenas había españoles dedicados á la Jabransa : los mas de 
ellos estaban en espediciones de conquista y de minas ; mtebos 
había enfermos, oíros eran hidalgos. El .hambre se hacia sentir, y á 
su lado campeaban las enfermedades peculiares á la zona tórrida , 
cuybs estragos son naturalmente mayores allí donde la mano del 
hombre no ha talado los bosques primitivos, ni se ha precaiido 
contra las inundaciones, ni ha $€cado los pantanos, ni ha cultivado^ 
en fin, la tierra. Nacía de todo esto el descontento entre los pobla- 
dores, y mas porque el almirante los estrechaba á trabajar en obras 
de común provecho, sin permitirles holganza ni recreos, y los cas- 
tigaba severamente cuando se daban á1a ociosidad ó de algún mo- 
do delinquian. Y luego ¿ no era aquella isla la Cipango de Marco 
Polo? ¿ No lo había dicho así y á la faz del mundo el almirante, y 
también que allí se cogerla sin la menor fatiga una mies opima de 
riquezas? Pues en lugar de tan brillante perspectiva, no habían ha- 
llado sino males, hambre y trabajos de todas clases , y muí. poco 
oro, á pesar de las ponderaciones. Eslo decían aquellos codiciosoSi 
irritados los unos por haber visto destruidas las esperanzas que for- 
maron en vista de las relaciones esajeradas de los viajeros, y otros 
consternados, abatidos, suspirando por volver á España. A impedir, 
pues, que este grave mal del descontento se aumentase y cundiese^ 
haibía creído aparejarse Colon con la dispuesta correría y otras 
medidas convenientes. Después de esto, dio orden á la^ tropas para 
que tratasen á los indios c(m humanidad é indulgencia, según la vo- 
luntad de los reyes, no tomándoles sus bastimentos violentamente^ 
sino cuando no los hallasen por medio de rescates. Solo á Caonabó 
y sus hermanos mandó prender por fuerza ó por ardid ; y cortar 
narizes y orejas á los indígenas que robasen algo del real de los 
cristianos. Finalmente confió el gobierno de las isla á una junta de 
que hizo presídeme á su hermano Diego , y dejando en el puerto 
dos naos mayores, levó anclas el 24 do abril con tres pequeñas ca- 
rabelas. 

Persistiendo siempre en su primera idea, se dirigió al occidente , 
cierto de que por allí debía encontrar las tierras de la ludia. Pero 
fué poco interesante este viaje en que se invirtieron cinco meses, 
ui otro fruto que el descubrimiento de la Jamaica , isla muí po- 



— 44 — 

bitda , amena y hdrmosa y que juzgó soperiér á 4odb lo reconoddo 
H^Éi eniónces , y cuyos habitantes eran muí semejantes á los hai- 
tíes, lacayos y ^^ubeitos. No viendo iadicios de metal alguno en Ja- 
maica , volvió las proas hacia Cuba, resuelto á reco|io«erla j' para 
€ercioil|rse ée si era tierra firme ; f cuando en ello se ocupaba; se 
bailó metido con inmíneníe peligro en el laberinto de isletas mjie 
embarazan el acceso á la costa por el lado del sur , y á las cudlq^ 
llamó en eomon el Jardin de la Reina. Sospecha si aquel archipié- 
lago seria el de cinco mil islas, descrito por Marco Polo y Man^ 
devilte en la última India , y con eslas imaginaciones prosigue por 
'entre escollos y peligros infinitos cerca de un mes, avanzando siem*^ 
' pre al occidente. Por último observa cuidadosamente la costa desde 
las inme^acMmes de la isla de Pinos, que nombra Evangelista ; y 
allí por la dirección que seguía, pOr lo que entiende de los natura- 
les acerca de su esteosion y por el camino andado desde el puerto 
dé Cuba, pronuncia « que aquella era la tierra del comienzo de las 
é indias y fin á quien en esas partes quisiese ir de España. » Cu- 
riosa decisión que hizo publicar en las tres carabelas por medio del 
escribano de la armadilla, y que confirmaron los hombres de mar 
y pilotos que con él estaban , jurándolo asi unánimemente eH 2 de 
junio. Imbuido de estas imaginaciones , quisiera regresar á Europa 
por el Océano indico y el mar Bermejo, dando la vuelta al mundo. 
Mas por fortuna le atajaron el viaje la falta de bastimentos, el nial 
estado de las embarcaciones, y el cansancio y desc(»itento de la 
gente, que ya manifestaba siatomas de quererse propasar contra ét 
á los mas violentos escesos. De vuelta á 1^ Española , costeó algún 
tanto la Jamaica por las costas de poniente y mediodía, observando 
su ^specto , su amenidad , su cultivo y á sus numerosos y buenos* 
habitantes. EH 9 de agosto perdió de vista la punta oriental de Ja- 
Símica, que llamó del Farol , hoi Cabo dé Morante , y á poco avistó 
•el mas occidental de la Española, que se dice del Tiburón y él 
notnbró de San Miguel. Después gobernó por la costa meridional 
basta pasado el rio Neyva, li^ó á la isleta Mona, ó sea Amopa, co- 
mo decian los indios, y aun hubiera proseguido al este para .acabar 
el descubrimiento de las islas Caribes, si sus fuerzas correspon- 
dieran á la fortaleza de su ánimo constante. Tan larga fatiga corpc- 
pal, la aplicación sostenida del espíritu, los cuidados.de todo género 
que le rodeaban, ora como navegante, ora como general de mar y 
tierra, le ocasionaron una fiebre violenta. Perdió el sentido y en un 



iiÉifigo firiiiiiiftiiiié Itofiio 
fii^ofuas de Tíéa. 

Ite84te omiso iiiieMS taió Gil«B;cn oñeoKMwroc de •tt'iak»«> 
óa, á ftmiT dai^regalo y 4tl deceuisa. lÉneba iparle te?ieMm «n «t 
aalad ki8««efa(B favorables ^e reoibíá de Btpaia, y «as que Iota 
la ipnameia de ^tiétamé au iianmia , '^||(B*a de wlor y eoiiaU»^ 
oía, IdsIriihío^ y jcbüj^ de dividir cen \éí los ooiéadas éel gaMcfast 
Ya hétmss tísIo ^«e -este ihaUa ^asado^á Is^bÉerra á yr oppact ai 
sabaraao de afseila tsacra <el descafarimieisila de las vei^oiies cnei* 
éMitriefi.i)e8|weside4BMtebo6 trabigas^ de haber for ¿u 'Obtenido 
el ekíato «qw se jwapoBla , aepessfaa paca «eniiaBe «I tomaiiO) 
coaaáo tn\o ea iBos» ¿a oiotteia de «a meoiDraUe jomáis. FresesH 
lóae en ia corte dci Eapaia coa iMi ifóept y i>Bn#«na«áo Gotott ^ 
liqasdel alBiinHite , y losaeyes Je reotfatnoa coB«el «gasajoy-^l»-* 
'tiaeioa ifue mereéía fior «í loisiiio y fior (los vegetos de so^lkistFO 
dMido« fiáeiéaimlejnBehaséoiirasyiiiefeedes, le omnoli i l ocieroa^ion 
aniíliilo de Itooor, y-aoiafctiado .eayitan iieJtses earabelasi, paptíó i 
la &paAo}a, ilevaadoiosaiisilios foe eefslioronipor ánloiíio féi^ 
w&é fiste flusao llegó «q ¡brefe con eoafti^ caraMas/yeaoHas HA 
flKtn aepk de artíosto e«*opeos Taríados y-frecleeos oo aifMMas 
eiaeiiiistaikeias fora ftá ^saosepToeioo y «d femenlo de la eolofiia. 
^teito0aftoleiilé<G<«io^ivesH^aToii á Golea de^aeliosdela c<Mrte 
ea que seaprabiriHi ea^endaeta del taodo ssasaatisfMtorto y lisoo* 
jero.CeHexbortiübaiiles omnircas á cootíanar la omprosa, «od ^ofipo^ 
eiioianlos de^galardenar^sns servicios, de eastígar á^es IfiobodíeD- 
les, de prei&iar á los suiólses. Ofredaole oíros aosBios para lo fa« 
loro, le dabaa «tte>?os poderes, osofirfiMbim los lamkmBBÁev^os^qm 
%^ila becho, y eo fin «ada olvidaban deom^lo po^ lisoafear ^ 
eoeaaoa y ad^leioiar los lotereses de «aa boaeaiéHto vasallo. Affi- 
mado eoa la8ianas<fDfieslras de Isvor , apenas ^esltláeefdo , se d^ 
ticé eon redobdaéo^ei^efo i(l gobierno de la ó^omo , 'Oitya oítoa-»^ 
cíen ^eca aaar'peligrdsa en^óiiees. 

jDespoesde la «alida del alaairanle á deseobrir iHievas tierras, ios 
sQÜados q«e]]iafidaba Morgatít bitblsa aaoodido'el freno de la dls- 
diptisa militar, sánMsnoii^npo^oe «1 jeíé'saoo<Ma«l de«a éepen- 
teKtta á la }ij»itia'estalíle«ida«o klsabda. lU cfi^nnlé !»q«íera el. 
Mhsrtée «Biíalantso ins^Mvdioaeiofi; anles preteOéM 'ser indep»*- 
die^e y dentelleo, olbrettdo dios darás ^eeniolsll, y eenvfrCiéndow 
0B orf^a fíate de lo i oBílei ds eéideneo qoepmeíoa la Isla «n éf 



-¥45 — 

mtiv •ecmfljeta. Eo his e^ia&otes ioicodajo la di?i«0O ; « los ifr- 
cU^ UD aborrmoiicinto mortal á sos tiranos. Holgada y consentidaj 
permitiéndole toda clase de latrocimos y viiriencias^ tuvo siempre 
hgenle «n las mej4ves posesiones de los indígenas. Después partió i 
£spafLa,< a«sente el gcsneral, sin poner otro jefe en lugar suyo, de* 
jando á los soldados en plena lit)erlad para eniregiose á losestímaloa 
de la necesidad, del capricho y de las pasiones. Sin cabeza qne les 
dirija y conteoiga , corren divididos por todas partes , y aquí asesí* 
nan^ allí violan, mas adelante incendian y destruyen. Tanto escán* 
dalo* Mutas atrozes injusticias isncienden al jGji la ira j jel despecha 
en «I coraxon de a^eellos indios dulces y paoíficos. Basta entónoess 
babian disimulado su desesperación , esperanzando en que el mal 
acabaría con el regreso Tuluntario de «is o^nresares* Pero ya veiao 
eampos cercados, varios fuertes , «na ciudad rodeada de monülas; 
y era tan claro en aquellos estrjHijcjros el designio de usurj[iar el 
paiS; como inicuos los medios de que para «Uo se valian. Antes ^ 
ppes, ^ue cobrando /uerzas. hiciesen imposible toda resistencia, era 
preciso iestermínarlos y suplir con la multitud de gente. la inferió* 
lidad de las armas. Empiezan pues ¿matar españoles donde quiera 
qnejogran cücantrarlos solos ó en pequeño número : ninguno pue- 
de desmrse de eus compañeros, .porque desaparece. Ni en .la ciu- 
dad misma ni en las Corialezas les p^müen viirir tnuiquUos. Aprieta 
CaoAabó á los de JSanto Xomas , y aun jse mueve como si quisiese 
dar a la Isab^ el irjste íin^de la Navidad^ Con €sie cacique se cea» 
ciertan otros imochos de la isla^ resneilos á morir para ^ounseguir la 
¡n^iependaoflia. Esftieczos inútiies, valor enteramente perdido. Ya 
hoeno .'Colon, sepuso áia cabeza de los españoles , los cuales, aun* 
gue. pocos -en mtaieEo.^ jaran enaniigas..fodan(MOS para «na n^acioa 
tímida é ignorante. La.asQmbr«a<ftaperioridad.aamérica de los m* 
dina.AO podía arredcar á hambres acotiambcados ¿ia disdpUaa y 
(pmiliarizadoa xon los peHgros.; .mayannenle cuando lestaban pro- 
tísIos de todos ios iastnimaotos de guenra ^sonocidos .eotáoces en 
h.belioQsa Europa , y 4XMiibatiaa contra enemiios desnudes y sin 
anots. Xambien 4ivididos, pues algunos caciquea por miedo cs^ 
Ibiban y sukiaiCrasifnadesy y otr^» , como d nombrado ünacana» 
f/lf4j tto conteiitos4W« abandonar ¿ sua bermaaas, x^yataban^sfla 
pbmtt a ks europeos, id^ectidopoír este mal palsioUi^ aaUó Gokm 
al encBeotco de Jos^ind^genas» y^en la pravinota de Manoriz ios dea^ 
I»i3it¿ fá ritawn tí B ^ bactondó m dlosjyand>^trfiP. Mo p«do lia- 



— ÁÁ ^ 

ler al cacique ^ iñas le castigó severamente en sus subditos : á 
unos hizo matar ; buena parte de ellos tomó por esclavos, y avasa- 
lló toda la comarca. Intimidados los caciques cercanos/ se someten 
y consienten en sus tierras el establecimiento de los españoles. No 
así Caonabó. Mas activo y osado que nunca, no cesaba de hostilizar 
en Santo Tomas al capitán Alonso de Ojéda, que allí mandaba. De* 
seandó Colon humillarle y prenderle, salió de la Isabela el 24 de 
marzo con doscientos hombres de á pié , veinte caballos y otros 
tantos perros de ayuda, á que tenían los indios un terrible miedo. 
Encontrólos en la Vega real en número mui considerable ^ y ata- 
cándolos de noche , los confundió y ahuyentó á las primeras des- 
cargas de ballestas y arcabuzes. Despavoridos , quieren salvarse ; 
pero su misma muchedumbre los embaraza , y mientras gritan y 
corren desatentados , hacen en ellos los hombres, los caballos y los 
perros una horrible carnicería. Caonabó y sus gentes dejaron libre 
la fortaleza de Santo Tomas ; pero esto no bastaba á Colon, resuelto 
á prenderlo á toda costa. Para conseguirlo se dirige á Santo Tomas, 
y desde allí le envía al capitán Ojeda con pocos de á caballo, para 
que le aduerma con falsos halagos, le convide con la paz y le haga 
consentir en una conferencia amistosa. Condesciende el infeliz ca- 
» cique y se pone en camino ; mas arrebatado con violencia de entre 
los suyos, es atado sobre las ancas de un caballo y conducido preso 
á la Isabela. Quedaba el rezelo de su familia , en particular de un 
hermano que tenia fama de valeroso. Ojeda fué también encargado 
de prenderle, lo cual consiguió fácilmente , después de haber der- 
rotado y acuchillado sin resistencia ni piedad cinco mil indios con 
que el otro le salió al encuentro. Y sosegada de este modo la pro- 
vincia , volvió el pérfido Ojeda á la Isabela con el hermano de Cao- 
nabó y cuanta3 personas de su familia pudieron encontrarse. 

Los españoles fueron reputados desde entonces por invencibles, 
y Colon recorrió las principales provincias de la isla sin esperi- 
mentar la mas pequeña resistencia. Así que, los caciques y pueblos 
reconocieron el señorío de los reyes Católicos, y se sometiefpn], 
mal de su grado, á pagarles un tributo, que se impuso por cabeza 
sobre todos los indios mayores de catorce años. Debia entregarse cada 
tres'meses, y era la tasa; para los naturales y comarcanos deCibao, 
la cantidad de oro en polvo que cupiese en un cascabel de falco* 
nete : los que habitaban distritos menos ricos en oro , entregariail 
veinte y cinco libras d^iilgodon. « Contribución durísima, dice el 



— 45 — 

historiador Muñoz, y ordenada con suma lijereza. » Esta fué la pri- 
mera que se impuso á los indígenas del Nuevo -Mundo, y la que 
sirvió de pauta para otras aun mas onerosas que pesaron después 
sobre ellos en diferentes ocasiones. Tributo que fué necesario mo^ < 
derar después, según era de injusto y opresivo para la pobre indus* ; 
tria de aquellas gentes, mayormente hallándose el pais saqueado por 
la tropa, los campos abandonados y desiertas las habitaciones. El 
rigor con que se exigió y las crueldades á que dio motivo, lejos de 
disminuir estos males, los aumentaron; y no por eso consiguió Co- ' 
Ion reunir por su medio el tesoro que pensaba, pues ni entonces, ni 
después, hasta la estincion total de los indígenas en aquella isla 
malhadada, se obtuvo del tal tributo cosa de prQvecha. 

I\i fué esta la única injusticia cometida por Colon contra aquella 
infeliz raza, condenada al oprobio y á la muerte por un destino 
inexorable. Ya se dijo que el almirante habia propuesto i los reyes 
tomar por esclavos á los caribes, para comprar con el productode 
su venta la servidumbre de los otros indios y la posesión del ter- 
ritorio. Los monarcas, sin desaprobar la propuesta, suspendieron 
su ejecución, queriendo acaso tomarse tiempo para meditar en 
un negocio de tan graves consecuencias. Porque no se trataba sola- 
mente de la injusticia que se baria á un cierto número de hombres 
indefensos, cosa de poca consideración para la política bárbara y ' 
codiciosa del mundo : se despoblaba también la tierra con per- 
juicio de los mismos conquistadores, y se echaba sobre el gobierna 
de España un borrón eterno de ignominia. Y ademas, el preteslo 
que Colon alegaba para esclavizar á los caribes, no existia res- 
pecto de los indios mansos, pues estos no comian carne humana. 
Ni debia olvidar que el deseo de granjearse la amistad de esQg 
mismos indios mansos fué uno de los motivos que le hicieron pro- 
poner la esclavitud de sus enemigos ; pero acaso el tal motivo no era 
mas que apariencia, codicia el zeio que mostraba por la religión 3 
los sentimientos de humanidad, meras palabras : ó tal vez las ideas 
acreditadas en aquel siglo ,ia necesidad de hacer un grande ^car- 
miento le estimularon á desatender por entonces la justicia. El caso 
fué que con agravio de ella y de la propia fama, Colon^ de vuelta á la 
Isabela, después de la pacificación del Macoriz', despachó á An- 
tonio Torres con cuatro naves cargadas, entre otras cosas, de in- 
dios esclavos cogidos en tierras de la Española , para que se vendie- 
sen en Sevilla. Según el testimonio de frjü- Bartolomé de las Cása& 



~ 4« — 

y el de Bernáldez , cora de los Palacios , faeroüi qtiÍDÍeii(os los in- 
dios que itíandó Colon como esclavos en este nuevo Tíaje. Los reyes 
al saberlo y anñ áofes de recibir las cartas de! comisionado y las 
soyas, mandaron que ¡os indios se vendiesen en Andalucía ; pero cua«» 
' tffo días después suspendieron el mandato, basta infbrmarse de letra- 
dios, canonistas y teólogos, si se podría en buena conciencia autorizar 
aquel tráfico inhumano. La consulta se hizo por gente sabia de Espa* 
fia, y filé, como debia esperarse, favorable á la libertad de los indios. 
Hai un hecho curioso en la vida del celebrado obispo de Chía-* 
fa, que merece referirse , por ser de este tiempo y relativo á nue»-» 
tro asunto. Et hombre que consagró su larga y gloriosa carrera 
¿la defensa de los indfgenas del Nuevo-Mundo, ostentaba en sus 
primeros aüos, con vanidad propia de niiüo, un esclavillo indio que 
lé llevó déla Espaüola su padre, compañero de Colon en el segundo 
viaje. El futuro protector de un mundo de infelizes, perdió á poco 
éí indiezuelo, pues ofendida Isabel con el repartimiento de esclavos 
qiíe habia hecho ef almirante , mandó por pregón público y bajo 
¡tena de muerte, que todos ellos fuesen restituidos libres á su pais á 
costa de los amos. «¿Quién dio licencia á Colon, detía la reina, 
para repartir mis vasallos con nadie? x> Pero, por mas que entonces 
•un sentimiento de humanidad, mui propio del corazón escelso de 
Isabel , Te hiciese mirar con horror la conducta de Colon en este 
punto, dice la historia que después la autorizó con órdenes espre* 
sas, olvidando la justicia, por no atender mas que á la ganancia* 
Asi lo acredita una provisión de la reina de Castilla, dada en Segó- 
via á 39 de octubre de 4505, por la cual se dióJHcencia para cáutí-^ 
yftr á los caribes y venderlos, así en Indias, como en España y demás 
logares que por bien tuviesen los traficantes, or Porque trayéndose 
« á estas partes, decía la provisión, ¿sirviéndose de ellos los cris- 
ttianos, podrán ser mas lijeramente convertidos é atraídos á núes* 
«^a santa fe católica. » Para enviar indios esclavos á España, como 
lo hizo en la ocasión presente y en otras posteriores, esforzaba Co- 
lón, sobre todas, ésa misma razón; por lo cual escribía el padre 
Casa : « Donosa ignorancia fné la suya, si ignorancia fné y no co- 
cí dicia, la cual tengo yo por cierto que le acarreó las angustias que 
ce le vinieron. » £1 protector de los indios , en su zelo por estos in- 
(dizes, olvidó no pocas vezes la moderación y la templanza ; pero 
nadie le superó en candor , en franqueza., ni en amor á la verdad* 
T al cabo no le faltaba razón , porque el ejemplo dado por el almi- 



— « — 

imeadme¡/k»i&miíl»i m salM^ia leu» y d «entíéo^ilefo aif¿ri- 
ari»»^; provoeatai enn 9i]8)ttntBÉi»>]tP resistett^ ée 1^ indios ;.|^ 
kmp»lo»tenMÉ»ttY lOB wmdamélmmiimam «ciüig»^ é k>»HéyaiiÍ|Bf 
4&paia^ ^ telé» i» Mbofa s»p0fiiMr;i stf^léefvas, «I cHna' y 
ift^ Vistear de iasewÜaiiAre; l«i iiaeiM»otiréMesf0roé#B. 

IMei^ »a» esftos ^|Q6t«i» pdttBasibla. y gen«reB» hiri^tera ddW^ 
¿•^efüarpor el bkB misaio de EspsSa, fftqiM no lo yeíem por 
|Maá bée|felas«^éeisr»cMa»geH0pftd0^ NtteTer-üiado, y per- 
mKpm i 1» joBüeia «Báferali PéK» Cola» t«Bia fsfieiéybíte» ene- 
111Í9W e& el» 8MK> dft lé colOBÍtf y es lé co»l«, fas emles dilainabaii 
$ÍB^>perwiieM8,: armiiiaiMn an taai lieiitore^ y hMim enai^pedia» 
f9í^ áesmn ^ta m i «a tienen» toer paiKs dewoM^^^y al éeseii^ 
küdor» MasgnlJMbia aaiida pava Gwtilfaf ce» «tos mahis' M efftea, 
y.M h»;lauHi Bejetes su e&mfúimb átutít^ fraí^Beniaidta^ 8l>í(, 
catalán que con fama de prudente j sabio^habia^ticaiwpimnib ala!* 
aairteftrpaffft^irigir 1^ pviéíaflfcíMi del Evaiiieto. Más^ lemlbk que 
ai»tea>aBa He» Iíma éa> Ftatteea,- paoc^ éniea areedía«o dé Sevilla y 
< üt é BWif fl fc i spi» de Wggawy m^^at^ise gamba' de teÉai la confianca 
da 'loa. rafea y loila i m^eas^ la dk^e^cía» geneval de les-* n^Oídea 
dftlndia». A«:eifeaa8e^i^fr«gai9üá n^a poees earteBaaes ev^üeses de^ 
laiitpvtceimí y ^Mnitate de^ alnnraBl^ y m«eii<)s edeni» qiM»^ 
jaaoa<de m samMad^ mal biailÉiks co» el tfBA^ , ó desabfidés 
pri»ílMÍ«r eaaoftlrade rhiepe»' de ora ev tedaapartei^. iraquí 
el-«Mivd#€aiaa'pev idlegar FVfoeffai qoe-enMéseo Ids gastos de 
lifenpresBü , qoe jns^teasen saa brillantes ofrecimientos; y que 
¿i^li vea ladifettdíeseit eotítra sus énralas y le conaerfasen en el 
km» y pi^üieeiiw dep fóa reyea ^ jée m^ el oneroso tribute ím^ 
jMütO'GO» tm paea prudencia Y earido^á foaüadígenasi Mas de 
ntáí^ ht TaKé est»y Las qnie^ eontr a su rigor y el de sus faenimnos 
ftefO»-Mt fiMestraa y mcd^ltéadea ; tan graves las aensaeiones 
coBirsísit geüemo^ qve los reyes/ á pesar def respeto y amor que 
UHkmkm, v&enrferm eonvenienfe desoirías : ames nombraron' 
qyyaea p csquiBkb r , para que* pasando á laEspaiíola; se rnfór* 
nasedetodi» y dieise^enevta," sí Men eon poderes mui limitados y 
gTMdss reeoflaendaeianes de miramiento al almfranle^; ár quien de 
nkqfnamedo seqneria ofende^^ni maRraCar. La eleeeron^ misma dé 
JáafrA««ai»pMre9lirdar^; priiebaiklab!iití»aToltotaddeK)S monar* 



— M — 

caSi pues este hombre debia favorecer á los Colones , habiendo estada 
en la EsfMñolay vuelto á la corle mui recomendado def almirante. 

^ro los epífitas comunes , lejos dé engrandecerse , se debili- 
tan y entorpecen mas eon los halagos de la fortuna; y así fué que 
Uguado hizo de la suya el mismo uso necio y ridícufo que suelen 
los que no If merecen. Aportó á la Española en octubre , cuando 
se hallaba el almirante en sus correrías por la isla ; y desde aquel 
momento, escediéndose en sus facultades, empezó á meter la mano 
en el gobierno , á reprender á lodos , á oír y alentar á los descon- 
tentos , á fomentar chismes y desobediencias. Y como quisiese Colon 
á su regreso contenerle en los límites de sus poderes, se propasó con 
él á palabras irrespetuosas , llegando hasta el estremo de ameniK 
zarle con el castigo de la corte. Disimuló el almirante, por evitar es« 
cándalos y acusaciones de sus contrarios; mas conociendo que el 
único modo de impedir el mal efecto de las calumnias era el de 
contradecirlas por sí mismo , resolvió embarcarse para España con 
el* juez pesquisidor. 

Difirióse el viaje por causa de un huracán furioso que anegó en 
el puerto las cuatro naves de Aguado y otras dos de las que antes ha* 
bia allí ; y también por los preparativos necesarios á ia jcNrnada y el 
arreglo de los asuntos de la colonia , algún tanto mejorada ya con 
varias providencias recientes delacftrte. Como muchos se retraían 
de servir en ella por causa del gobierno y por k obligación de per- 
manecer contra ^u voluntad, se redigo á quinimitos el número de 
mil hotíibres asalariados que debían estar allá : los demás podían 
volverse. Para castigar á los inquietos y perezosos, habia ocurrido 
Colon al arbitrio de disminuir las raciones ; pero los reyes ordena- 
ron que estas no se quitasen sino por delitos que mereciesen la pena 
de muerte, y que los mantenimientos de España, se diesen en. razo* 
nable cantidad para quince dias de una. vez. Se permitió á lodo& 
llevar víveres y mercancías, y rescatar oro de los naturales, contri- 
buyendo al rei con la décima parte. Los pobladores que sacasen el. 
metal de los ríos y mineros, tendrían un tercio, y un quinto sí go«- 
zaban sueldo del erario. Tomóse asiento con un maestro acreditada 
en la metalurgia, y se le envió á la Española con oficiales , azogue ,^ 
materiales y utensilios. Se dieron ^órdenes para procurar eclesiás- 
ticos que reemplazasen al P. Boíl y á algunos otros descontentos, 
promoviendo con cristiano zelo la conversión de los indios. Y á estos 
se mandó tratar con dulzura , pdra no exasperarlos y destruirlos*. 



— 49 — 

Mas á pesar de estas sabias medidas^ loft descontentos se aumca- 
taban y e» igual proponen el ansia por volver á Espaiía. A esto 
contribuyó mucho el odio<<le algunos contra Ios-Colones, lasfeja- 
ciones de Aguado y la escasez de manleniínicutos, producida por úu 
estraño proyecto qug se ocurrió por este tiempo á los iiidígéna&^4i 
fuéque^ como ellos por sejen eslreiqp sobrios, habían concebido 
Ja mas alta idea de la voracidad denlos españoles, resolvieron nía* 
tarlosde hambre, negándose á cultivar la lierra y rcliráudose á iOs 
pontos mas inaccesibles de sus montanas. Mas que á Io3 españoles 
les perjudicó tan desesperada resolución ; pues unquc sus enemi- 
gos se vieron en los mayores apuros ;^^ no por eso perecieron ; y 
ellos, apretados del hambre y los trabajos, siu mas alimento que 
las producciones .espontaneas de la tierra, acabaro». entre breñas su 
vida miserable. Mas de un tercio de los isleños pereció entonces por 
efecto de un plan^ que basta por sí solo para dar á conocer el es- 
tremo de idfelízidad ü que habían llegado los que osaron conce- 

Proveyósij de remedio á estos m(riéipn^ejor que fué posible ; y 
pertrechadas las dos carabelas del v¡aje,'se embarcó Colon el 10 de 
marzo de 1 496. Dejó el gobierno de la colonia á éairgo de Bartoloiiié 
su hermano, nombrándole teniente general de gobernador con título 
de adelantado. Menos feliz cototras elecciones, hizo presidente del 
tribunal de justicia^ con poderes mui amplios, á Francisco Roldan, 
lo cual fue luego ocasión desdichada de infinitos males para ¿i y 
para la colonia. En su compañía iban doscienfos veinte y cinco es- 
pañoles y treinta indios; entre estos Caonabó, que murió en el ca- 
mino , un hermano, un hijo y un sobrino del mismo cacique. Y 
siempre atento á responder á todas las acusaciones de sus adversa- 
rios con el oro del Nuevo-Mundo , juntó el que ptido recoger del 
despojo de Caonabó al de Guacauagarí y demás caciques é indios 
tribui arios ^ que con todo serian doscientas onzas. Alguno mas lle- 
vaba, adquirido en una espediciou que recientemente se habia 
hecho al rio de Hayna, eú donde se encontraron pingües y ricas 
muestras de oro. 

En esta ocasión siguió el almirante para volver á Europa un der- 
rotero distinto del que habia llevado en el primer viaje; y como 
aun no se conocía la necesidad de gobernar al norte para encontrar 
los vientos generales , tomó por su mal la- via recta del oriente, 
Grandes fueron las angusíias ^ fatigas que padeció en esta nftvega- 



BIST. AMT. 



— M — 

tioii. Cerca de un iiiMéM¡nie8 de su salida de la Espióte , se ha- 
llaba todavía en el mar do las islas : tres meses se pasaron , y la 
anhelada tierra no se vela aun por ladoalgimo. Agotadas las prorí- 
«101168 f empeló el hambre 4 bacer sentir sns rigores^ hasta el poülo 
•de ser preciso redncir á seis onzas de pan la^racíon diaria de cada 
persona. Con esto fué creciendo la turbación y el miedo de Ja 
muerte : algunos , furiosos ya con la privación , quisieron comerse 
los Indios, ó arrojarlos al mar, para disminuir el número de hocat. 
Y al fin lo hicieran , á pesar de las exhortaciones de Colon , si al día 
siguiente no hubieran visto tierra. Era la costa de Espida; por lo 
que, depuesta k fiereza y .consolados, siguieron su camino y apsr- 
taroná Cádiz el U de junio. 

Faltos (ie razón ó del poder necesario para oontrarestar al aimí^ 
rante, dejáronle libre el campo sus enemigos, y volvió á encontrar 
«n ía corie las mismas honras y la misina buena disposición qae 
en otros tiempos. Logró desvanecer la mala opinión de su persoDa 
y proyectos ; y manejando con singular destroza el gran móvil de 
la codicia, supo interesar á todos en las^ nuevas empresas que pro- 
ponía para alimentarla. El tributo impuesto á les indios lo ponderó 
como una rent^^ jungue que daria sunoas de importancia. Por sus 
esfuerzos la España habia aumentado considerablemente el nómero 
de sus ^salios. Las preciosas prodpcciones naturales de las .Indias 
eran una fuente inagotable de riquezas. ¿ Y qué cosjai podia compa- 
rarse á sus mipas ? Las del Hayna eran en estremo aibundai^es, y 
para probarlo^ mostraba grapos de oro cogidos en la coipiarca, ai- 
gqnos del tamaño de niMies. E^ ^n, Oiba era el principio de las 
opulentas regiones de la India , y la Española aquella famosa Ofir 
de Salomón. ^ mas de que el ejemplo de los portugueses on sus 
gloriosas, empresas por la costa de África , probaba que el estable- 
cimiento de<3olonlas^ aunque mui coi|oso á los prtDdpÍps , pagaba 
con usura 'las sumas en ellas invertidas*. Y cuando asi no Iue6e,*de- 
l>ia bastar la gloria de descubrir un mundo, civilizarlo y propagar 
en éi la luz del Evangelio. Bábümente insinuadas estas considera- 
ciones, acaloraron de nuevo el ánimo de los reyes, y los determi- 
naron á favorecer al almirante en todas sus ideas. Triunfo fácil- 
mente obtenido sobre el ánimo de la bondadosa Isabel , protectora 
decidida del descubridor; pero alcanzado con gran pena sobre el de 
^mahdo, quien, naturalmente circunspecto y desconfiado , habla 
mostrado siempre mucho destfbrimtento á sus pvo^-ectos. 



— M — 

Mas so eorfe^wafiaa los lae^Gs.eoo los bmmm ém&ñ , y «I 
ÜoGa|»o fianba con gra^ morlifieadoii de Co^m^ m (fse aada ee 
lNÍdi9»tiBe. en el apresto de ra noefo vta|e. La fispain »e fafaUíte 
«estónoes 0(»Dpronietida ea naa guerra eostosisiiBa coBtra laFraiH- 
K»a, y msBteaia poderosos anoamealos por mar y tierra &x Náf^fas/ 
«a d* RosdkMi y otras partes de la froBtera. Y léera tde esto ,l$s 
frasdea preveneíoBes faocbas para el casasúenlo del príncipe üem 
luán y €i de ia ialimia Di^ Mai^arita , habían reduddo el eimo 
^!0s§Mol4 «na éstrema potoexa. Seis «umitos dé isararedis, KbraéeB 
entonces al almirante, no pudierosi cobrarse, por la nee^ndid q«e 
4}«8rrió «de^mplearlos en rcíorzmr el candado de üoseHoa, después 
«de la toma de Salsas per los franceses. Para oolme de«desgnK»a , 
igual ó mayor cantidad que se le consigna en cierto oro femitido de 
\l Espai^Macon Peralonso Nüo, resulté tam^^ iaoobrable, pues 
«1 tal Peralonso no lleralta oro, shio indios esclavos; y dando por 
«áerloque los vendería, eseribió traer tanta suma de im), cumlii 
lealcfliiflMt obtener por ese aiedío. De aqpí resultó , que no habíén* 
dase permitido la vrata, sramentaroo aquelk» c^dos los gastos y 
las molesto : el oaso disgustó á los soberanos yj^rjudieó taato«al 
idflúnfflteoomo los informes que dieron el misraSnNíio y la tripu- 
laciim del miserable estado de la ifüa. k todo esto se agriaban los 
artiíteíos y itítoejos de algunos malos hombres, cnyo odio profundo 
Bada menos se. proponía que bacor ca^r á Colon del fiTor de los 
/reyes^óemíbarazar sus proyectos de tal modo, que no pudiese saín* 
ya jmi8 de Espaüa. Peno eran la patencia y «onstancia del almi- 
funte de un tan esquisito temple, que primero que ced^ , fatiga- 
ban y rendian á sus contrarios. Teniendo siempre presirate d glo- 
lioso te de «US trabajos, sufría resignado las humiÉaciones y los 
ooBt^afíempos, á tiii^que de adquirir el medio de contiavarlos con 
proveebode España y de la^istiaBdad. Sus mismos orrores geo^ 
grMcos aoerea de las tierras descubiertas , hifos de la ignoranei^ 
^1 tiempo , le estimulaban á continuar las>e^lei*acioflfes, a fin de 
recoBOoer las <^ulentas comarcas que ya i^eia haber toeado ; y enar- 
«deddo cada Tez maá con la idea de la fama adquirida y la que auii 
«staboTesenrada á su nombre, se desvivía por ponerse de nuevo á 
la' glande obra, juzgando no haber hecho aun basteóte para él 
mundo yia posteridad. Empleáronse contra semejante hombre afo- 
ros y mallas artes á fin de retardar mucho tiempo su despacho, 
aburrirle y AMoaperarle^ S«Bi^<k momettaMameate la Europa 



- 52 — 

C09 una <regua general, y celebrado el costoso^ desposorio del prín- 
cipe, hubo auo graa trabajo para juntar hombi:cs y dinero ; mas 
cesaron los cuidados y atenciones que fueran estorbo para despa^ 
char lo de Indias , y Tonseca, apremiado poj los reyes y acosado é 
su turno por Colon , hubo , á-su pesar , de ocuparse seriamente eo 
sus negocios. Harto retardaron aun la salida de la espedicion la$ 
incesantes porfías y contradicciones del mal intencionado y lerco 
obispo; pero vencidos por lin todos los impedimoutos , salió el al- 
mirai^e de San Liícar en 50 de mayo de -1 498 , mui cérea de dos 
anos después de su arribo á Castilla. 

« Muguua cosa grande so puede llevar á efecto, salvo con pena; 
y todo aquello que se alcanza trabajosamente, se posee y cuerfta coa 
mayor dulzura. » Esto escribía por aquel tiempo Colon á su her- 
mano Bartolomé^ con alusión, sin duda, á lo mucho que<consíguid^ 
de la muiíiílcehcia real en la ocasión presente, tanto para sí, como 
para los suyos. Logró en efecto sus deseos del modo mas cumplido. 
Porque se Jgualó en derechos y fueros el almirantazgo de Indias con 
el de Castilla ; se le condonaron las sumas con que debiera baber 
contribuido á los gastos de los armamentos; y se le concedió, por 
tres anos venideros la octava y decima, parte de las ganancias, sin 
poner costa alguna , y con la ventaja dé.^ijue la octava se sacase del 
producto , antes de deducíf los gastos hechos. Tnstittiyó inmedia- 
tamente mayorazgo con real permiso. Aun quiáeron los benignos 
reyes concederle en la Española la propiedad perpetua de sesenta 
y cinco Jeguas de tierra, con título de marques ó duque; peí o 
moderado esta vez, rehusó voluntariamente la grachi, temiendo 
acaso aparecer demasiado ambicioso. Accediendo á una solicitud 
suya, ofrecieron los reyes concederle intervención en todo lo que se 
dispusiese en asuntos relativos á las Indias. Y no pudiendo llevar la 
corte su condescendencia al estremo <ftr suspender la licencia gene« 
^al concedida para descubrir y hacer rescates, convinieron en mo* 
diGcarla de modo que no perjudicase á sus prhilegios. Espresion 
ambigua que daba uií vasto campo á la interpretación , pues los 
tales privilegios no se oponian en manera alguna á que los subditos 
espacióles viajasen por su cuenta.á las nuevas tierras y obtuviesen 
beneficios proporcionados á sus fatigas. Al proponer esta odiosa 
prohibición se manifestaba Colon sobrado injusto , y no tan mode- 
rado y juicioso como cuandb por temor á la cavilación y maledi*» 
concia ; rehusaba una gracia que á todas luzes merecia. 



— 55 — 

Hasta aqoí por lo qae respecta al almiranta. En cuanto al arma- 
mento , consistía este en ocho naves , con las gentes y efectos qne 
pidió él mismo, pues para todos los preparativos menos se oyeron 
sus consejos que se siguió sq voluntad. Siendo el principal objeto 
plantear una nueva colonia bajo un plan que por lo arreglado y 
prudente / pudiera servir de* norma á oíros estableciihientos de la 
misma especie, se discutieron Tas instrucciones con mucho deteni- 
miento y cuidado. Fijóse el número de personas que debían embar- 
carse y permanecer á sueldo en la colonia ; y entre ellas la^ babia 
de todas^ profesiones y oGcios , en proporción á su importaifcia re- 
lativa y á las necesidades de una población naciente. El miedo del 
hambre en pais tan escaso de mantenimientos, hizo que se enviase 
buen número de agricultores. No se olvidaron los mineros, pues 
en aqucf tiempo en que los espadóles no conocían aun la impor- 
tancia de los frutos vegetales del Nuevo-Miiudo, sus esperanzas y 
cuidados se fijaban en la cata y laboreo de las minas. También lle- 
varon mujeresc Se permitió ademas que fuesen quinientos volun- 
tarios sin sueldo , á quienes se concedieron muchos privilegios y 
anticipaciones de bestias y granos, para facilitar el establecimiento. 
Adelanto el erario ciertas entidades á las personas que se obligaron^ 
á llevar mercaderías parcrvenderlas de su cuenta , por tasa y á pre- 
cios equitativos.' Libertáronse de derechos todos los efectos qne 
para el fomento^de la colonia se llevasen á indias, y sin escepcion 
los que de allá se enviasen á España. El cobro de los tribuios no 
se descuidó un punto , si bien con prevención de no emplear sino 
castigos suaves para compeler al pago ; concluyendo las instruccio- 
nes con el espreso encargo de tratar benignaipenle á los indígenas, 
y el de redu^rlos á la religión y á la vida civil por los medios de 
la persuasión y de la caridad. 

A estas sabias disposiciones, «perfectamente acomodadas al ina- 
tento de establecer una íifme colonia, se unieron por desgracíni 
otras, que viciándola en su origen , impidieron su crecimiento y 
desarrollo y fueron un manantial de infinitos males. Porque como 
anduviesen retraídas las gentes de alistarse para servir en Indias , 
ya fuese por tejnor del cfíma, ó bien por hallarse decaído el crédito 
de la conquista, propuso Colon y se adoptó por los reyes el medio 
de llevaii á ellas, á falta de buena g^te, los malhechores cende* 
nados por la justicia. Para ello se ordenó que á cualesquiera reos 
de ambos sexos , dignos de destierro ó de trabajos forzados en mi- 



nte, ae l6ff coMMrtasf» estaviMBas, envkiiclo á k noefa eokmia 
jpordiei aftes á qoíen mereeiese destierra pcrpetw), y por la kóM' 
df 8« tiempo á qiii<mi loviuviese dct^rinmado en la sefile&m« Coa 
alfanas eseepemtes, á todos .los crimiiiaies que deairo de dcrto 
plaso se pvsiesea á la dís|»os¿c¡OB del atmiraate, se les oiredó 
perdiim : dos^&itts serviríaii allí los qifie meFecieseB morir á mam»' 
del Ytfdago, «Bo lo» <|tte faesen bivios perverso». Aiegábafio para 
j««tMiear tamaia impraéeada, el ejemplo de los portagnei^es , y la 
necesidad de conaegiiír pobladores, sieBuáo así que por toéas parles^ 
se Bttniesteba'iiiia prof«»da repugnancia áseryir en la eo!&BÍa. No 
fMsmo íalta de refteiion, origiBada de la impaeienáa áe\ a'.mitanle^ 
por íMáir de Eipada cnanto áttes ,, y condescesdeneía, indiscrelaiiie' 
los reyes á todos sos pareceres , en' cnanto decía relación eoxí \m- 
países que había* descubierto y qne en alguna manera tenía dere- 
dio de regir. Por lo que toca al resaltado , bien podra haberse pre^ 
¥»to desde entonces. La nratna conBanza cnire los pobladores , 
nfeesarísima cnando se qniere levantar sobre basas durables el 
edificio de la sociedad , quieéaba destruiida. Laá buenas costmn^ 
hresy fue contribuyen siem|Hreinas al sostenSflíi«ato del orden que 
las leyes y ki autoridad , se vicmn»^'. Ni habla para qué pensar esa 
la Minien^ de aquellos snlhechoreSy ni en que a^oplarfan háb«to& 
de disciplina, de templanza y de industria ; porque á tanta distan*^ 
esa del centro déla autoridad, en pais conquistad^'' á gente mansa 
y sofrida , en clhna enervador, y ílojo el kzo d^ la subordinaron 
dril , la holganza y la violescia eran tan inefi tablas como el desor- 
den y la impiiiñdad. 

Sobs'ado juicio tenia Colon para- no conoiser qne este germen^ de 
oerrepcioa, una vez introducido en el cuerpo^ política^ viciaría 
luego sus mas nobles principios; pero yjL hfmos dicho qH^ ^ de- 
seaba salhr dé Espala á toda costa, f^te apheio-no lo origKSs^n 
setanenie las infinitas contradicciones, porfías y disgustos qm 
sufrió en la C6rte, sino las miserias que dursitito.su ausenaa detóan 
haber esperimentado sm hermanos y amigos en aquel rhieoit apar* 
tado étí la (t^ra. 4.as not^pias coraitnicadas por P^alonso Nillo , 
les rqiresentaban en el mas triste estado jcuán angustíades no 
estarianí entonces , habiendo pasado tanto tiempo sinr reetbird 
su» pequeio ansMio de la patria I l>os nates de la espedké^lia^ 
Man ido á la E^aHok^ al cargo de Pedro Fernández Gorond, 
tna meses áatee %ne 4Mom saliese deSaa Lúear con las seifr reatos^ 



— 5» -^ 

t^sppero los socorros qive ea ellas.se^s^vtalsaa eráQ,imá.pM|aeto* 
ppa saüsíaieeF las iificesidades M la colonia, y el ánimo ÍQ(|jiikta 
d^lalBÚrante rezelaba que hubiesen sobr^pvenido desastres espan.* 
tetsos á sus tristes moradores» 

Tales ideas le ociipai>an cuando levó anelasvde ^n Liicar, 

gaíaiido por las islas de Porto-Saníb y la Madera ; para evitar el 

eocui^fiiro de unos corsarios üranceses. Dos diás descansó, luego^i 

la Gomera, y á la altura y vista de la isla del Hierro, despactió tres 

caserías en aitsiUo de la fi^pafida, y él coirlas tres restantes i^- 

Yegó basta las ialas de (^bo-Verde. Detúvose alguno|dla&en lad de 

B«e)la-yista y Santiago ; y saliendo <ki esta lUtima el 5 de julio , 

coipíó al sudoeste , para llegar por aquel rumbo aleeuador y torcer 

luego al ocaso, en demanda del continente de la India. Halkriaset^ 

s#gun su observación, á los cinco gradas de latitud, cuando dejadáa 

de soplar el viento, sobrevino una calma myo^la, y tan cseestva 

asdor, que las naves (precian próximas á incendiarse , las vasi|iasi 

reventaban, el agua y los demás líquidos se sallan de los. toneles « 

^ cpyos arcos saltaban á cada instante. Ocho días duré esta penosa 

sítoadon , al cabo 4^. los cuales, favorecido del deseado viento, 

SiaJió del recinto de las calmas, y navegó con alguna variación al 

¡¡OJiíka^ basta qí 50 de J^&lio. Gomewaban ^a á escasear el agua y 

los^bastimenKill^ como á esto se juntase el mal estado de los ba- 

jalies, la incertif&nibre del térmiuo qu^ pedia tener aquel viaje por 

|»ares. éescmiociaos , y^ presumir algún desórdíen en la edonia,. 

gdiemó para n^rt0, 45^ por la maSana. Creyendo hallar por aquel 

rombo Im islas caribes, intentaba ren^tar en ella» las necesidades 

nfts urgentes de la tri^kcion^ y las averias áá si]^ naves,, para 

«aguir inmcdíalí^pente á ia Española. Sobre el medio día, un ma^ 

* fksk9m ^ H^ielva , Ikypaí^ AUmso Pérea^jt habiendo subido casual^ 

' menti'i.lít gauia Ae lá Bái||!«nttndó tierra por el ocaso/Era lado 

lUia grabde isla que tti^ó la Trinidad , por tres cumbres que apa^ 

re^áan á lo lejos, y cqpi^orme á su propósito de honrar con aquel 

nombre la primera tleri^ que se descubriese. Por las circunMaHciaa 

qff^. acompalíaroa el ballazgode la presente ,;|tt«g4^ caso mila* 

gjmOf y no poieo se lioígó do él, por considerarlo tauimpor^le 

y. ^ioso coíoo^ el de s» primer desciibrimi«QiÉo« Ll^o de la Um 

4i:hiUar la tí^ra firo^ de la ludia por aq«¿l!osip«^>«s, se dirigía 

con siuna repugnancia á la Española , en f u^rsoa solo de una neee* 

ébá iaevilable. Aboca que el ettaneptro afortunado ^ tiierra ju»* 



— 56 — 

tifícaba parte da sus conjeSaras, tenía por cierto que na estaba mui 
distante el momento en.que el resto se conGrmaria , descubriendo 
el continente. Divisóle e[\^fec(o e! I^'dc agosto por el ladq del sur; ' 
mas i cosa rara ! Colon que muchas vezes iiabia tomado las islas por 
tierra firme,, consideró ahora la tierra Grme como una isla y la lla- 
mó isla-Santa. Iiabia navegado sobre'Fa costa meridional de la Tri- 
nidad, la via del occidente^ hasta la punta mas sudoeste de la 
isla, que él llamó entonces del Arenal, y hoí es la de Icacos, la 
cual forma con la co^ta de tierra Orme un cana4 de tres legtias. 
Surto entre la ||isma punta y un islote frontero que nombró del 
GallO; se detuvo algnn tanto para regonocer el pais y hacer aguada. 
Luego, para seguir la via del setentrion, doblada la punta de Icaoos, 
hubo de pasar el estrecho que se forma entre ella y el islote del 
Gallo, en cuya posición le demoraba. la tierra firme al pccidente."^ 
Pues al intentar el pasaje , concibió gran temor, porque en su cen- 
tro, se precipitan con* indecible furia y estruendo las corrientes^ 
tirando (fera el oeste con una velozidad de dos millas y media por 
hora. Encuci^ransc allí las aginas que van en direcciones opuestas^ 
y en el choque rugen como peñas azotadas por las olas, y lij^o^e 
levantan á grande altura , amenazando sumergir las navesTjE pi- 
que estuvieron de perecer las^de Colon en uuq de estos combates 
terribles, en que la turbación y miedo de la gente llegaron al estre- 
mo. Libres del peUjgro, llamó Colon el lugar, por lo temeroso y di- 
fícil , Boca de la Sierpe , y guió ai norte en demanda de otra bocs^ 
que en esta dirección y á lo lójos se veia , la cual denommó del 
Drago ó del Dragón. Esta se forma por ia punta noroueste de la 
Trinidad ytfa frontera del continente que entonces llamaron Cabo- 
Boto y Cabo de Lapa, y en el día punta de Peña Blanca y punta de 
la Peña, Median entre las dos varios escollos^ por entre los ciMes 
entran y salen furiosas las corrientes , de la misma manera que ei^ 
la Boca de la Sierpe. Razón por la cual el almirante^ temeroso de 
que los escarceos de las aguas no le pusiesen de nuevo en grande 
aprieto, volvió las proas al occidente, esperanzando en encontrar 
mejor salida«hácia el norte , si por dicha lograba rodear la isla 
Santa ó de Gracia ; que uno y otre nombre dio á la parte del con- 
tinente que forma con la Trinidad el golfo en donde se hallaba en- 
cerrado. Siguiendo aqueste rumbo , focó por primera vez en las 
inmediaciones de Macuro , luego en otros dos punios de la costa , 
por reconocer las tierras ; las cuales halló bellísimas, cultivadas én 



— ^7 — 

• 

gran parte y llenas de caserías mejor construidas que en otros pa- 
rajes del NueTO-Rfundo. Los Habitantes benévolos y afables y como 
los ya conocidos , altos de cuerpo y bien fiítf'madoS; « de mui lindos 
gestos )> escribia^el almirante , y mas blancos que otros que hubiese 
Tisto en Indisffi. Túvolos por de mayor ingenio y policía que los 
demás isleiüos pacíficos, y observó que usaban ^rebajes fermentados 
blancos y linios, y que eran sus bohios mas grandes y regulares, 
las canoas lijeffsimas , hechas con mucho primor y artificio. En lo 
demás iguales á los otros indios : la misma mansedumbre é inocen- 
da, la misma credulidad: el juzgar bajados del d^o ¿"aquellos 
cstranjeros y el acariciarlos con sincero y largo corazón. De ellos 
se supo que el pab se llamaba Paria, y á la pregunta constante del 
oro, respondieron señalando unas tierras que les' demoraban al 
ojbcidente , Jmbitadas de hombres fieros. Vieron los naveganfes con 
asombro y codicia perlas finas horadadas de varios tamaños ; por lo 
cual nombró Colcln golfo de las Perlas á la ensenada que se forma 
en un sitio ameno^ llamado por él de los Jardines y que es por 
ventura la de Irapa. Estas perlas, los«dornos de oro que también 
fe vie¡^ , y mas que todo las sugestiones da sus propios deseos , 
le hiñeron formar de aquellos sitios , estra vagantes conjeturas. 
Un tal Mosen Jaimc^Serrer, docto lapidario, le hábia dicho; « Que 
la vuelta del equinoccio eran ]s^ cosas grandes y de precio. » Juzgó 
confirmada esta grave sentencia, y volvió á su tenn de considerarse 
en países orientales, antojándos^e especerías y drogas cualquier 
fruto délos bosques. Y nó se separara de allí, sin penetrar en 
aquella tierra de tantas esperanzas, si los cuidados de ia Empanóla y 
e) deseo de conservar los basthnentos que llevaba para sft^orrerla , 
no le estrecharan á dirigir el rumbo á aquella isla. 

AHbdas-, pues, las anclas del lugar de Jardines, distante de la 
baca del Drago cosa de cuarenta leguas, navegó al poniente hasta 
cierca del seno mas. occidental del golfo, siempre en la falsa creen- 
da dé que aquella tierra era una isla, y/;on la esperanza de hallar 
rodeándola, una salida al norte. A^' anduvo cinco leguas, pero 
Tiendo que el^fondo se disminuía con gran peligro dé su nao , se 
d#tuvo , y mandó seguir costeando á la carabela nienor y mas lijera. 
Ésta anduvo mucho camino, hasta una espaciosa enseoada, donde 
desembocaba un rio muí grande , que á lo que es cuenta debia de 
sef el Paría ó el Guarapiche ; pero esto sin hallar mayor fondo ni- sa- . 
lida al norte: antes reconoperon qué las costas tiHoaaban la direo- 



CMQ M mt9ie , y ooBtímialNiQ sin otraintem^eími qoe Ut á$ nm 
lito 6 méoo» caadalosos* Viéndose ^ pues , por todas partes cenMule 
dt la tierra 7 seguro de no hallar el paao que buacalm , detenaiaé 
regresur á la boca grande del Drage , lo cual hizo luegi^a] pantos por 
dMlinto rttBsbo, habiendo advertido que las corrientes empnjaiíaar 
háeia el oriente las-naoa y les impedían volver por el eanuao do tair. 
costa. Víóse en grande aparo cuando llegó al eaoal , poosaUi ealMÓi 
el viento, y smduvíeron las naves dando tmibos ¿miltoeéde laseoD» 
rientes encontradas, con inmiaente riesgo de loear en la coste dft 
la. tierra firme ó en los escollos inmediatos. Ea el oo^ibata do»lat.. 
agmasdttlces-y saladas, qne pugnaban- unas por salir fuera del goMs, 
otras p<Nr penetrar en él , se embraveeión y levaataban las oks do 
UB modo eslraórdinarto y ierrible , co^pavor de la genlo^ laxuaft 
se daba por perdida sí del te&eroso combate resultaban vencedsop*. 
ras las aguas del Oeéafio. Mas no ívui asi ; sino quo , vencidas estos, 
de|araa correr lllftemenle los bajeles hacia la manudel norte , esk 
picados con fuarza por las del golf». El dta f 5 de agosto» fró eoaa* 
do ColoD salió por la boca del Drago ; y dejando al nortteste dáselo-* 
las que llamó la Asunción y la CoaccpcíMi (aquella por ventura la 
que es h<¿ Granada) emprendíé su derrota á la vista* de la tierra y 
obswvó que la de Paria seguk unida üa térm^o ; pOJ^doBde eoB«^ 
fenó uoa sospecha suya miii recMM, de ser aquel páisel coatá* * 
Aeoie del Asia. Quisiera insistir para asegurarse de ello ; mas le a§^ 
vsaha el pensamiento de la colonia , hallábase indispuesto^ y la m^ 
pafieneia.de la tripulacie«Kreeiaeon la tardanza y las fiítigts. Maiido' 
sn grado saMé al mw grasde , divisando áiies y posiaii^ lismlira 
.dú fiQ|^efo á la fsleta que hoi se llama la Sola» Vio oÉ^Klas, qnoi 
fueron la de los Testigos, k Marmita , faiftosa después f or sus 
perlas , en eslos tiempos por el patriotismo denodado de^sua habi- 
tttites ; al oriente de esta las que llamó Guardas, hoi bs Fraies^'f 
so^re el cabo norueste de la Margarita el islote Martmel, al pitaaAn 
Isla JNanea. Lejos de tocaran ninguna , sígnsó cocfioiido en dven^^ 
don. del noroeste y arrM el i9 de agosto á la Espiiola , 
ta le^^uas á sotavento del puerto y rio de.Omma. A ]/i 
guíente fondeó al abrigo de la pusla Beata ^ y de^Mefaéndo alpiK 
Ms indios para dar noticia de su llegadav toaté hMfo la vneUa del 
oríenle.. 

De los descnbrimtentos que acababa de bneer^ íonié^^^otottuftn 
carta que mas (arde remitió á los reyes';^y Heno da alegn9snn«gínn« 



— 5« — 

cMB€ft ^ iesí^bsk ccuiitoiáttteft lomar pii^^ para formar 1& rdackm. 
de loft^ sveecds^ Y iiispdifaer c|ae su benuaBa Bartolomá sitíese 6» 
«miBBado» Ya poca este tíeaipo habiaa eaaüiiadasus ideas resfeeto 
¿lanatftrakBaée las tie£ras.visUadft&y y nuachds pesaamíaitog nae* 
¥6» Y eslicaiíos^ le traáaQ alterado y perplejo. Tenia ya por darjbo» 
4b« el grande areiMpiéia^ qvne se esUende desde la Tríoidad.|Mftta. 
las Lneafas^ra a^yaceate á la tierra fixiae de la. última ladia, y qvíe* 
6^ prmcip¡€k de esta era h. proviQda de Paria ; porcioa peqveoa de. 
las grandes regiones , que en el sentir de los doctos debían ocupar 
la nayor parle dol globo. ]?or' esa decía que las tierras avistadas 
h^as el sor, á poca distanda de la Trinidad, pertenedao tambitn 
^ eoniidienle y eoAtin»abjBi krgo ospacior por aqu^ lOHibo : qoa 
desde la^j^oto de la Peña se estendian al pm^aie; ora lla&aa » (ua 
moníaíkysas» Tuto al prineipio por. íÉks las tierras fronteras á la 
Xriflídad : ahorasdedaque no, pues eran una misna costa cortada, 
peor mocbos nos^candaloso», cuyas cfimentes, aglomeradas en el. 
golfo de Paria, semejaban un solo raudal profundísimo; y qoa 
este 4m¡neiiso lago de agua dulce acaso estuvo encerrado y sin sar 
lida m los tiempos remotos, entra la Trinidad y el continente. Re- 
fitiicHiaiido eim asosdodro en la inna^nsa cantidad y fuerza de esi^ 
sepias j imagiyV quaien el centro del Uemisferío nuevo estaba el par 
raíio,, Y que a^^iel raadal MMp^ ^f^ ^^^ de los cuatro ríos qvm 
salen de la mansión del priñiertMHfybre ¿dividir la tí^r4, eonfor*^ 
me al testo de las santas escrituras. 

El dulce temple de aquellos hermosos stiios y otras varias razones^ 
confirmaban á su ver este juicio, y siendo lo mas recibido que el Pa« 
raiso estuvo en el Oriente, concluia de aquí que Paria era el pi^ncipio - 
de esta regióh afortunada. Kn medio de tales embolismos en que se 
perdia el buen entendimiento de nuestro navegante, se descubre sin 
embargo un gran fondo de enulicioR sagrada y profana, y el hábito 
de la mediTacion filosófica. Su genio iodagador, poco favorecido por 
las luzes del tiempo , y cmbarazailo con ^s propios sistemas, le con- 
ducía con frecuencia á sostener porfiadamente errores, que hoi nos 
parecen gros^os y aun ridículos. Pero debemos pensar que esto su- 
cede á los mejores ingenios , por el empeño indiscreto de referirlo 
todo á una iái^ principal y esclusiva , cuya prueba ó consecuencias 
creen ver en todas partes : que á mantener en el espíritu de Colon 
ese sistema^^ contribuía mucho la convicción de ser útil persuadirlo 
á todos para el tomento de sus benéficas empresas ; y por último > 



— co- 
que cuando su entendimiento, recto nataralmente, estaba libre del 
influjo de sus ideas erróneas, solía descubrir la verdad en los be- 
ebos mas oscuros, y promover stempre útiles cuestiones en beneficio 
de la ciencia. É\ sospechó en esta ocasión cierta elevación del glo- 
bo hacia el ecuador, conjetura confirmada muchos aflos después por 
observaciones numerosas y prolijas. Y cuando errase al querer es- 
plicar varios fenómenos oscuros ó incomprensibles de la naturaleza, 
ahtíó el campo á la observación y al estudio de ella con sus trabajos 
y su ejemplo. 

entretenido pues, como decíamos, en estos pensamientos, llegó 
á Ozama el 50 de agosto, y halló que en cumplimiento de real or- 
den recibidai^pgr mano de Coronel , se había establecido una villa 
sobre ía boci^t^era oriental de aquel rio. Don Bartolomé Colon, 
su fundador, la llamó Santo-Domingo, y ahora en ella se reparó Co- 
lon de sus fatigas , re^biendo gran placer, asi por la vista de sus 
hermanos, cuanto por la buena elección del puerto y sitio para la 
nueva población. Pero su gusto presto se convirtió en pesadumbre 
al saber estranas nuevas de alborotos, desórdenes y revoluciones 
acaecidas, durante su ausencia, en la coipnla ; en términos de tener 
dividida la gente en facciones op1iesra*s, con infinito escándalo y per- 
juicio. Para esplicar estos sucesos, conviene que, volviendo un poco 
átras , hagamos un rapidísimo bosquejo de la historia de la Espa- 
ñola , durante el gobierno del adelantado. 




CAPÍTULO IV. 



Estado de la colonia i la llegada del alnriranle. — Nuevas inquietudes cau- 
sadas por Roldan. — Gapilula este al fln y te aquieta. — Repartimiento de 
tierras. — Envia Colon naves á España con Indios esclavos. — Viaje de 
Ojeda al nuevo continente. — Impónese el nombre de Venezuela á cierta 
parte de él. — Reyertas con Ojed&- — Córtase oportunamente una nneva 
sublevación en la isla. — Nótase alguna mejora en su estado interior 7. con 
este motivo se abandona Colon á dulces pensamientos. 



Cuando Colon aportó á CádizeHHidejuniodej 496, estaban en 
la había (res carabelas , á punto de salir para la ^$paQp1a , con re- 
fuerzo de gente y bastimentos. Partieron en efecto el H del mismo 
mes al mando de Peralonso NíSo, y con esta ocasión escribió el al- 
^jnirauteásu hermano Barlolomé, animándole á completar la pacifica- 
ción del pais, á establecer un asiento de minas en el Uaynd, y á bus- 
car cerca de ellas y en la costa meridional sitio acomodado para una 
buena población. Aun ánt^s de recibir estas órdenes habla el ade- 
lantado procedido á establecer por "sí mismo una fortaleza en comar- 
ca de las nuevas minas, y dispuesto ademas lo conveniente para per- 
feccionar su beneficio ; mas hallando que no había allí ni vitualAs 
ni trabajadores suficientes , regresó á la Concepción y pasó algún 
tiempo en las tierras del cacique Cuarionex y otros señores de la 
Vega real , viviendo á costa de los indios y recaudando los tril\utos. 
En esto llegó Niño , y en consecuencia de las prevenciones del herr 
mano, dio principio sin demora á la construcción de un fuerte so- 
bre la boca del Ozama , rio caudaloso que situado á una jornada de 
las minas del Hayna , le pareció propio pai:^: el caso. Parle de la 
gente dejó allí para la conclusión y resguardo de la fortaleza , y con 
el resto partió á esplorar las provincias del sudueste, que no se ha- 
blan aun reconocido y sujetado. Y estaba de tal modo ^parcida por 
toda la isla la fama del valor y fiereza de los españoles, que no ha- 
lló en parte a1j¿una la mas mínima señal de resistencia. Señores y 
vasallos le recibieron con sumiso agasajo, le ofrecieron cuanto te- 
nían ; y no pudiendo resistirlo , aceptaron sin replicar ej odiosísimo 
tributo. Behechío Anacaucoa , cacique principal de la provincia de 
Jaragua , se distinguió sobre todos en este buen recibimiento, fea- 



— 62 — 

tejando á los temidos huéspedes en el pueblo de su residencia, del 
mejor modo que supo su ingenio y le permitía su riqueza. En la 
sumisión y obediencia de etle «i^ífiíe^ asi como en los regalos , 
danzas y festines coii que hoiiró á los españoles, tuTO mucha parte 
ana hermana suya , de nombre Anacaona , mujer de un seso y una 
j^méeii^ dignos ée ñas eolios países. Gonoéiendo el espMlv^e 
animaba á los europeos, juzgó acertadamente que era mejor ofre- 
cerlas ^DOBÉé divida lo q«6 arrebalarkn sin escrúpulo á^ titulo de 
conqtii^ , y que pues era inútil el talor de los suyos contra la cien- 
cia de aquellos hombres asombrosos, valia mas probar á alcanzar 
con la sumisión lo que jamas obtendrían por medio de la fuerza. 
Bien se le alcanzaba que sus compatriotas sabían por esperiencia la 
Verdad de aquel obvio raciocinio ; mas coitocia al propio tiempo 
que sn irritabilidad é imprevisión les conducía frecuentemente i 
intentar resistencias inofortunas, sin otro resultado que el ^ em-> 
peorar cada vez mas «u triste suerte. Preciso era pues velar sotm 
d hermano, no fuera que cediendo á loslmpulsoisde un valor Im^ 
prudente, atrajera sobre su cabeza él rayo esteminadur de aqm^ 
Hos estranjeros. En su ^emplo debía escarmentar BeheelrlD, pues 
éñsL era la viuda de Gaonabó. -» 

En estas escorsiones se pasó algún tiempo , y cuando el adelaen* 
lado volvió á la l^helsL , qicontró á sus halÁtautes en el mas gran* 
de desconsuelo. Muchos de ellos irabiau miierto ; los mas se halla* 
lian ei^erfloos, fakos de alimentos y de medicinas. Los naturales , 
unos huyendo del incómodo vecindario de los cspaTioles por mon*^ 
les y1)reñas, otros muertos al rigor dé) hambre y de lostra'bajos. la 
tardanza en Oegar naves con socorro dmpacirataba á los eoknios, ^ 
les sacaba de tino el no tener una siquiera pata dar aviso de su -eé-^ 
tremada pobreza. Embarazosa situación era por cierto la del aéelan* 
tado^^inaspor entonces al menos la mejoró algún tanto, ^Sspo^ 
tiendo la consítruccion de dos carabelas, y^tnandoia-mayorparte 
de su gei{te «n parajes mejor provistos de mantenimienlos. T para 
que esta úfttima medida, así como á la subsistencia, fuera úH tam- 
j^ien á la «seguridad , mandó poblar el camino' por la Concepeton 
basta el puerto de Ozama, disponiendo en el espaeio intermefio 
dnco aldeas con su casa fuerte cada una. él mismo safio de laisa^ 
^a á dirigir estos trabajos, y se d^uvo algún tiempo en el fucile 
de la toiicépclon, situado ai tierras del cacique Cruarionex. Ckm 
motivo de liafoer los imKos de la comarca tobado y prefbnado va- 



ifjii imíifiíf fT áe wi eMúño cnstoio, ios «aanfló qoesiar em ipi- 
élití^ hae^ú csbIbiiió sq sisrcba al «nr, lerastó im anevo inerte 
v^pte Ikmaé del Boiiaa, y fmé fiar fin al {«terto^e Ozama en ia eos- 
4a «Deiédiaiial; émáe desealofa ^ndar otra doéad como la Isab^a. 

áumqm de e^ mammatenáía á la necesidad mas urgente áe 
lá colma , coal eca ¿a de manteiMmieBlos , su plan tenía «1 ét^edU) 
áe debttiUir la fuerza, dividiéndola en pequeñas porciones. NoiBe 
^eultó 6s,la relleiien á los indios^ cuyo odio hacia los españoles ere- 
eia «on los medios vicd^iios qpe se empleaban para la recandadon 
del tribftto ; y así fué que pensando en aproyecfaar aqueHa^ayoca^- 
Me coyuntura , se coligaron muchos señores principales y resol^ne- 
..ron-toeer un geande esfuerzo pararecobitar su libertad, lias laltó^ 
Jes y mmo skrnpre^ la neoesaria eautda para 4(nantBier ocnüos^sus 
fi^eoÉos, yi&los'de dar el golpe decisivo, se Ttermí preycaídes 
*|^.süs\ipla3iles enemigos. £1 moTímiento Imbia de ejeenlarse si- 
umttaaeamente eonti?a las fortalezas, y para ello debían iuntaise 
.tufillas á las <»fiadas, cfti^ de sol^^esalto y «n día inalado sobre ios 
españoles y sin ti^anza degollarlos. Flan acaso de lácil ejecudon , 
^ se atiende al ^pegueoo número de los conquistadores, á «u impra- 
idéate despartimtento sobre una grioide estaíision de terreno , y á 
ifoe esle podía ser abarcado á la vez por fuerzas muí considerables 
«de losmdige&as. P«ro enterado de sus proyectos, ocurrió el'^ée*- 
iantadacon su gente, y marchando á largas jomadas, logró intr«du< 
jsmemel fuerte de la Concepción secretamente. Sin dar tien^ao 
i qfue les indios efe^^uasen su designio, prendió *eii una noche y á 
un mismo üem^ á catorce Caciques pdncipales del país. Dos de 
ítSm «pagaren con la vida : los otros fueron perdcmados. Much»» in- 
dios desoa&ados se agolparon al real de les cristianos , pidiendo 
^fiícia para sus señares con lágrimas y clamores , y así obtuvieron 
'Bsk IMiertad , ooneediéndola el adeíaiUado con mu^io aparato de cle- 
jn^M^ia. Entre estos ^»H»ques se bairkkba Guarionex, de onyaírre*- 
jiolueion habían tsiunAi^ las sujesiionesimprudeatcs de sus ami<- 
^gas y j^ ventusa sus pM^s-sentimienlos patríótíeos. 

£h pos de estes peligcos, llegar<íli otros mas serios á conturbar 
«I «ánimo del adelantado y á amenazar la existencia de la colonia. 
.'Bro^enian de la inquietud y el descontento de los españoles , mal 
Judiados en tan remotos países y biyo el mando de un estranjero, 
4i0n «1 trabajo, con la desnudez y con el hambse : males todos 
^ue atribuían al aláiiraate , juzgando que su diiaeion era vc^oib- 



— 64 — 

tana y colpable. Decíanle enlregado sin freno á los placeres de^ 
corte, mientras sus miserables compañeros se consumían en el afán 
de incesantes obras y correrías , aguardando en vano los socorros 
prometidos. 'Ocupado se haUaba el gobernador en consolarlos, ofre- 
ciendo á su yista justos motivos de esperanza , cuando se le vino i 
Jas manos una ocasión oportunísÍQ^ para dividir la gente inquieta, 
y aun dar á buena parte de ella agradable ocupación. Pues de nada 
meaos se tratabji que de ir á solazarse en Jaragua , á donde habian 
sido invitados por espreso mensaje de Bebcckio. £1 cu{\^, apronta- 
dos *los tríbuto»ide la provincia , avisaba de ello á los cristianos, 
para que fuesen á buscarlos, ofreciendo fino acogimiento y obsequio 
i los que con su visita le honrasen ; efecto todo de la política de 
Anacaona y del pavor que habian causado á Bebechio los recientes 
escarmientos. Fué pues> el adelantado, ynpsolo recibid los tribu- 
tos , sino también mucha variedad de regalos , así de artefactos 
indígenas , como de mantenimientos. Para enviarlos á la Isabela , 
escribió que le remitiesen una de las naos que debia estar con- 
cluida, la cual llegó eq efecto y fué vista y visitada por los natu- 
rales con indecible admiración y asombro. Y con este motivo se 
renovaron en Jaragua las huelgas y placeres, alternando los festines 
y danzas de los indios con la música y los juegos marciales de los 
españoles. Holgaron estos allí á medida de su deseo , hasta que 
plugo al adelantado poner fin á su visita, despachando la nave car- 
gada de regalos ala Isabela, y regresando él mismo por tierra, jus- 
tamente persuadido de haber logrado aumentar en el ánimo de 
aquellas gentes el coHce{>lo de su grandeza y superioridad. 

Cuan frágiles eran una y otra conoció en el momento de llegar á 
la J4abela , en donde habia abortado una peligrosa sedición , capi*- 
taneada por Francisco Roldan, alcalde mayor de la villa. £ste 
hombre habia sida priado del almirante y ascendido por él de grado 
en grado hasta aquel destino que le constituía custodio del orden 
y de la pública tranquilidad. La ingratitud siguió de cerca al be* 
nelicio. Desnudo de méritos , tenaz como lo son los ignorautes, 
turbulento é inquieto , porque era ambicioso de la especie comuh 
sugelo de pocas obligaciones , pero valeroso , se propuso derribar lá 
autoridad de su bienhechor, bien porque desease ponerse en su 
lugar, bien porque , menos ambicioso que criminal , solo quisiese 
abatir la mano que le habia elevado. Para ello hizo correr la voz 
de que el almirante no volvería jamas, y propuso á sus compatrio- 



— o5" ""^ 

^ eomo único medio de salvar las vidas, el de embarcarse los qae 
cupiesen, en la carabela que acababa de hacerse, é ir á España en 
demanda de ausiiio para los demás. AI mismo íiempo.fómentó con- 
ceptos perjudiciales á los Colones , alribuyendo á su codicia y cruel- 
'^dad el deplorable estado de las cosas , y tildándoles de estranjeros 
ambiciosos , tiranos y enemigo^ de los espatloles. Y .como es pro- 
pensión mui natural del qae obedece achacar Jas desgracias al que 
manda y aspirar á cambiarle, para mejorar de xondirion ^ halló 
Roldan eco en laiurba y consiguió reducir á síi opinión gpan parte 
de ella. Crece con esto su insolencia , no bien reprimida á ios prin- 
cipios, y acaudillando á los descontentos, pretende se eche al agua 
sin dilación la nave que estaba varada en tierra. Don Diego Colon, 
que mandaba en ausencia de su hermano, io resiste. Furioso en- ^ 
tónces Roldan , insla , amenaza, jura tomar por fuerza lo que no se 
le quiere dar de grado , y acaso se propasara á los mayores escesos, 
si los indios , siempre desacordados é impacientes , no hubieran 
cortado los progresos del tumulto, dando muestras de guerra. Re- 
conciliados , apercíbense los cristianos á ki defensa , y pasando el 
mismo Roldan ala Concepción, castiga fácilmente á los comunes 
enemigos. Mas fué tregua de un instante. 

Encuéntranse en la Isabela cara á cara Roldan y el adelantado, 
al regresar de sus respectivas espediciones. Renueva el faccioso las 
pretensiones de que se mande á España la carabela , en tanto que 
el gobernador , firmo en su puesto , amonesta y resiste. De nuevo 
se encienden los partidos, otra vez se amenaza y porfía : es igual 
la tenazidad de los adversarios, es igual su valor y se combaten sin ' 
vencerse. Quiere por fin Don Bartolomé hacer justicia de uno de los 
mas tercos é insolentes amigos de Roldan , y este resuelve aprove- 
char el momento de la ejecución para consumar su maldad , dando 
muerte violenta al adelantado. El perdón del reo frustra sus per- 
versos designios; pero viéndose descubierto^ marcha con los de 
su partido á la Vega con intento de tomar el fuerte de' la Concep- 
ción, engrosar sus fuerzas y enseñorearse de la tierra. Tentativa 
igualmente inútil ; pero Roldan no cedia. Al paso por los pueblos , 
procura iseducir á los españoles dispersos, pronoustiéndoles vida hol- 
gada , sin trabajos y sin freno ; libertad de rescatar oro para sí , 
licencia para servirse de los indios y para tomar mujeres. Al propio 
tieq^po dice á los indios que iba á cesar el yugo intolerable en que 
gemian y que ya no pagarían mas tributos. Y de este modo, há- 

BIST. AMT. S 



Mandd á todos el lengoaje.aias ^comeáséo á SQg padonea ,ia8(^ 
á mnehos y logra juntar un número tan considerable cl« seeinaes ^ 
^ne elgobemador; temeroso de sus progreso^; resod ve buscarle y 
Jironderte. 

Mas antes de venir este á las manos con su advíarsarío, quiere 
«omponer por bien las diferencias , y sabedor del sitio en que mo^ 
raba , le en vía á reconvenir de susescesos, procurando reduciré al 
sdMego y á la obediencia con mansas y comedidas palabras. Co»^ 
vienen en bablarse para tratar por sí mismos aquel grave uegociO', 
y se hablan en efeclo ; pero es sin provecho , porque después de 
agrias reconvenciones en que la ira y el odio de uno y otro se lásf 
uifestaron sin rebozo > se separan mas irritados que nunca. Asilo 
prueba de luego á luego Roldan , dando principio á las hostilidades^ 
Parte precavidamente á la ciudad , intenta en vano echar al agua 
la carabela, roba el almaeen público , toma víveres, armas y b&sh 
deras. Sálese luego de la Isabela con buen número de hombres 
armados, resueKo á medir sus fuerzas con el adelantado en el can^ 
po de batalla , y esperanzando acaso eh hacer desertar buena parte 
de los amigos del gobierno, por medio de promesas halagüeñas. 
Súpolo el gobernador, y aparejado á la defensa , no por eso se 
descuida en los medios de precaverla traición , ofreciendo para ello 
recompensas mas ciertas que las del traidor, y por el momento dos 
esclavos indios atoada soldado para su servicio. De este modo, hasla 
las sediciones civiles de los conquistadores que debieron favorecer 
la libertad de los indígenas, sirven para remachar sus cadenas.y 
hacer tnas intolerable su opresión : y en verdad que esta idea dfc 
4»blavizar á los indígenas no fué la mas política ni humana que 
salió de la cabeza de Colon. Mas volviendo á su hermano Bartolomé, 
diremos que despreciando los fieros y amenazas de Roldan, salió en 
su demanda con el firme propósito de concluir por las armas lo 
que no hsdíia podido con 1^ persuasión y la dukura. Roldan , acó- 
banlado de estos bríos, cede el campo y Irata de retirarse á Jara- 
goa, tierra da cuya abundancia y cultura hablaban con entusiasmo 
los españoles, recordando la hospitalaria acogida que en ella reci- 
bieron no hacia muclK), Todavía se detiene sin embargo algún 
tanlo en los pueblos vecinos, moviendo sediciones y odios contra 
el adelantado. 

Observándííse pues mutuamente con recelos y ojeriza estriban 
ambos partidos , cuando aportaron al O^ama las dos carabelas que 



— «r — 

iffBa^ba PeérO' Fernández Coronel. Si íné de gran* cemaelo pom 
el* gobernador tan oporttmo ansilio de hombres , armas r vitadlae^ 
Aeilmenle se colegirá de so angustiada posición , bailándose aprec- 
iado por el hambre , amenazado de un enemigo audaz y fuerte , 
obligado á tolei^ar demasías y desacatos de su propia gente y (e-* 
miendo á cada instaatc peor^ males del inconcebible abandono en 
que yaeian. Cuánto debió abalir á Roldan y á los suyos, la buena 
Ibrtuna del gobernador, no bal para qué decirlo; si bien el eabe«- 
nlia, léjo&de darse por vencido , afectó entonces mayor confianza 
y brioB. Á tal punto llevó la insolencia , que despreció con alta^ 
aería Is paz que por medio áe Coronel le ofreció el adelantado ; y 
maldiciencto de él y de sos hermanos, deftatentodo, vomitando fu:- 
riaS; marohó con los suyos á Jaragua en el mas completo^ desorden. 
Allí no conoció término el desenfreno, ni hai palabras con que st^' 
nificarlo. fiaste decir que los- indios, sus mujeres y sus bijas les sir- 
vieron para todo. Imaginándoseles peores que esclavos, mas degra* 
dados ^e las bestias , los emplearon sin pudor para satisfacer 
cuanto les pedia la necesidad, el capricho y ellibertinaje. Y aquesfe 
no fué el único mal que les hicieron aquellos desalmados, porque 
los infelizes indígenas, movidos de sus razones y su ejemplo, to- 
maron atrevimiento' para nuevas maquinaciones con la esperanza 
de sacudir el yugo, sin otro resultado que el ordinario de estragos 
y estemlinio propio , sin daña de sus opresores. 

Tal fué el término que tuvo una nueva coalición de caciques , 
«baudillada por Guarionex para dar muerte á los espadóles dispecsos 
y destruir la viHa y fortaleza de la Concepción. Uno do los caciques 
de la liga fué sobre el fuerte antes del tiempo prefijado , y repelido 
eon notable pérdida de los suyos , se refugió á la corte de Guafio* 
lies. Hízole este matar, indignado de una precipitación que com* 
prometía el buen éxito de la empresa y la salud de lodos ; mas lejos 
de remediaren lo posible el mal, reuniéndose á sus aliados , aban- 
donó la tierra y se retíró con su famiUa á las serranías del norte , 
«n donde moraba la tribu dé los ciguayos. Mas audazes sus com- 
paneros, no se amedrentan al ver descubierta la conspiración ; an- 
tes bien juntan en breve su ejército y cer^pn la Concepción. Inú- 
tilmente , pues los sitiados se defienden basta la llegada del gober- 
nador, quien sin trabajo dispersa y escarmionta á los indígenas. 
Estos combates en que los naturales se midieron con lo» europeos, 
Ueaen por lo ctaiun , así como el mismo fin ^ los pismoe cotores ; 



— 68 — 

colores sangrientos que les dio la fiereza , pero oscuros ^ porque 
no los animóla gloria. No la hai, sin resistencia , en las batallas; 
pues el enemigo desnudo y desarmado que cae delante del enemige 
vestido de hierro, no esTcncido, sino asesinado. Para dar interés 
á la relación de semejantes comlüates, era preciso profanar la musa 
severa de la historia, haciéndole contar patrañas, y escribir en vez 
de anales graves, galanas epopeyas por el estilo de Solis. Aquí, 
pues , sucedió ahora lo mismo que antes , lo mismo que después. 
Los indios al primer choque huyeron, y huyendo ó pidiendo mise-^ 
ricordia fueron muertos : los que el adelantado tomó con vida re- 
ducidos á esclavitud. Muñoz cree , y con razón, que en esta oca- 
sión debieron hacerse algunos castigos ejemplares, mayormente 
habiendo perecido en las revueltas unos ciertos neófitos, que al 
morir dijeron en su lengua unas palabras devolas ; por lo cual los 
reputaba mártires Frai Román Pane, su catequista. 

Una vez sosegados los alborolos de la Vega, era preciso para 
asegurar la tranquilidad de la colonia, prender a Guarionei que 
andaba á salto de mata entre los ciguayos , abandonado y triste , 
sin hacer mal á nadie. Verdad es que los ciguayos pasaban por ser 
la mas fiera y esforzada generación de la isla, y que su cacique 
principal Mayobanex habia ofrecido al señor de la Vega defenderle 
de los cristianos con lodo su poder. Bravatas que el adelantado 
huhjera debido despreciar como necias, si no tuviera deseos de 
entretener su gente en espediciones lejanas, para aquietarla algún 
tanto. Así fué que se dirigió á los montes con noventa peones, al- 
jg^unos caballos y tres mil indios ausiliares, que ya estos estaban 
aprendiendo á matarse entre sí por el bien de sus señores. Aun* 
que un poco mas larga y honrosa que la de otros caciques , fué la 
defensa de Mayobanex desconcertada y floja; y sin duda alguna el 
trabajo de los españoles en la ocasión presente, consistió en vencer 
el pais montuoso, áspero y quebrado en estremo. Lo único que hai 
grande y noble en esta jornada es el carácter del cacique. Vencido^ a 
en;<lo> encuentros, recibió un mensaje del adelantado, en que este 
le proponía ser su amigo y protector, con tal que entregase al señor 
do la Vega. Respondióle el indio , que los españoles eran tan per- 
versos, como bueno y digno de amparo Guarionex ; y que él por 
Lanío le favorecería como amigo. Con esto marcha el adelantado , 
llevándolo todo á sangre y fuega delante de sí ; luego renueva el 
mení;aje con fiaros y amenazas. De parte del gobernador estaban 



— 69 — ^ 

ios' subditos mismos de Maypbanex , quienes consternados y te- 
miendo mayores desastres, piden á ^rito herido la entrega ó 
muerte del cacique refugiado. Contra los suyos y los estranjei^os 
permanece infleiible el noble Mayobanex, resuelto á defender los 
fueros de la hospitalid^^d á costa de su yida ; que en nada la estima 
si es necesario comprarla con la mayor de las vilezas. No quiere 
ninguna relación con los cristianos , rebufa oir toda proposicipn 
suya que tenga por objeto la traición que tahlo repugna á su alma 
generosa , y para impedjr que se renueven los recados , ordena , 
que si llegasen nuevos mensajeros ^ se les dé muerte. La orden se 
ejecuta en dos indios ; de lo cnal irritado hasta lo sumo Don Barto- 
lomé, marcha de prisa sobre la capital, con propósito determinado 
de estermínar á Ips cigaayos. Estos , al acercarse los españoles . 
huyen : d cacique, abandonado de los suyos, busca su salvación 
en los montes : á ellos se refugia también Guarionex, y perdido to- 
do , se hace dueño de la tierra el gobernador, sin fatiga ni esfuer* 
zo. Largo tiempo se sustrajeron los caciques á la activa persecución 
d^ adelantado, favorecidos, tanto del terreno fragoso del pais, 
cuanto de la discreción , amor y fidelidad de los indígenas. Por fin 
un acaso bace que llegue á' descubrirse la guarida del señor de los 
cigaayos y que seguidamente le prendan. Las instancias y ofertas 
de sumisión de sus subditos obtienen la libertad de la miiger y 
familia toda del cacique: mas no la de este. Porque « pudiera, 
dice Muñoz^ perjudicar á la conquistaron señor tan poderoso, tan 
constante, tan amado de sus vasallos y subditos. » Política será, 
mas no grandeza ; ni es cierto que tan mezquinas precauciones 
valgan mas de ordinario que el empleo de los medios generosos.. 
Por'congnarciarsc con los españoles, descubriéronlos indios al fu- 
gitivo Guarionex , quien menos temible que su grande amigo , fué 
como él condenado, sin embargo, á cárcel perpetua. 

Así estaban las cosas cuando el almirante aportó á la nueva co- 
lonia , fundada sobre la ribera oriental del Ozama ; y bien que 
bailase sosegado y en obediencia gran parte del pais, no por eso, 
examinada con cuidado la situación do los negocios, dejó de ha- 
llar graves motivos de turbación y desconsuelo. Nada habla en toda 
la isla que prometiese riqueza ni felizidad á los colonos; muertas se 
hallaban hasta las esperanzas. Solo un deseo estaba siempre vivo 
en el corazón de todos, y era el de volver á España. Así Dios me 
ileve á Castilla ! era el voto y jurameAto ordinario. No podia ser 



» 
de otro moioy vkto giie.cl priacKpiojde Aqitelh flodieáad t^a issea- 
dalmente vicioso. 

'Colon al ponderaiM^on sqbrada precipitaoion las riquezas deLNoe- 
ve-MiindOy habia4iecho concebir á todos k esperanza de obten^ 
fáciles y ptontas ganancias, con solo la cata y laboreo ríe las mi- 
nas ; y de aquí se originaron á nuestro ver dos males gratísiúmi 
qn» se opusieron constantemente á la propiedad de ia colonia. £1 
primero fué el de k esperanza oagañada, fecundo en odies oooitca 
Stt peísona y iamilk; origen natural , y aii^n quisiéramos decir jus* 
to, de las divisiones intestinas que sobrevinieron con daho suyo y 
de la tierra. Porque los quebabianabandonado el patrio suelo, 
para ir con mil pelaros á tan lejanas regiones, debian kritarse al 
ver que el oro prometido era engaño ; duro é ini^onstai^e el clima ' 
tan ponderado de sereno y suave ; la tierra mal sana y el bambre 
mucha en el pais que pintaban como centro de la abundaock. Ba 
las falsas ideas sugeridas por Colon , nació igualmente el mal giro 
que tomaron desde un principio la población y conquista de la» 
tierras descubiertas; y este es el segundo y mayor dedos dos m.a^ 
Aes indicados. Porque dirigida toda k atención del gobiqpiío y de 
los particulares á la adquisición de los metales preciosos, era anuí 
natural que se descuidaran en los medios <mas segupos dorifiieza 
^ueiproporcionan el cultivo: de k tierra, la industria y el 'eomer- 
cío; Quanto mas, siendo muí imperfectas las ideas de aquel tiempo 
BU punto al origen y naturaleza 4e estor grandes resortcs.de prosr 
peiridad y de grandeza. De aquí el 'íiar los. conquistadores su subsk- 
l«ncia enk pobrísima ajgrioultura de Tos indígenas ; de aquí el abají* 
.diuiar de luego á luego ios felizes ensayos que do la éurop^^se iücie- 
isonial'principio^en las nuevas regiones. De tamaños malíes naci^roa 
otfosjoiayores que forman eutresi una trabada cadena tan fuerte co- 
mo opresiva. Los indios, al verque el fruto dé sus trabajos servk paijft 
sostener á sus enemigos y tíranos, abandonaron las labores deLcam- 
fio^ y eMiambre se siguió. ;Los españoles eran pocos y se bailaban 
ocupados en la conquista-de la tierxa; no babian pensado .ni pensa» 
bantsiüo en buscar el oro que Colon :bahk ofrecido ; y en la aIleF<» 
BUiiva de perecer ú q)dmir, opcímieron ; y se siguió el tributo, el 
«ervicio personal de los iudígendis, el trabajo qiie los ;bizó morir 
en mayor jiúmero qu£ el'lilo de k«^pada. Pero el 4)^ que se en- 
contróno satisfacía la codkia que el descubridor había íoioeiikdo 
en el corazón de-&tts comineros y en k corte : eliqueifisistia j^o** 



-. 74 — 

podían cogerlo ellos^ .siaido pocos , en las arenas de los ríos. Para 
remediar este último inconveniente , apeló Colon al tributo , que 
como «abemos , consistía en oro, en algodón y en mant^imientos. 
(kamó al primero , echando mano de la esclayitud, que fulminó 
al principio contra los caribes y despoes contra los indios mansos, 
á quienes aparentaba proteger. Sus importunidades en este punto 
lograron por 'fin que Isabel , desatendiendo su propio juicio y las 
iiispiraeiones de su noble ^corazón , espidiera la inconsecuente pro- 
^ visión de Segovia, contraría á otras anteriores que conservaban la 
IHiertád á los indígenas. Poco importa que la provisión solo habla- 
se á% cai^ibes. Principiando por Colon, todos los conquistadores hi- 
defon estensiva la disposición á las demás razas , sin que á tan lar- 
ga distaneia y en el desf^obiemo de la primera época colonial fuese 
dtible impedirlo. £1 tribvto, pues , el servicio personal , la esclavi- 
Uid 7 invenciones toda^ de Colon ; y en fin la guerra , fruto esclusivo 

# dcestas invenciones, acabaron con la población de la Española. Y 
• de aquí resaltó á la larga que continuando el primitivo sistema ^ y 

siendo «tinas mismas las necesidades de la colonia, su repoblación 
« sO'liacia cadadia mas urgente, lüas no era posible que esta se efee- 
tuose eon scrfo españoles, cuando ellos rehusaban abandonar su país 
pava comprometerse en espediciones desacreditadas ya en tiempo 
del stonrante. Aquí vinieron por sus pasos contados á remediar un 
mal con dos crfmeneS; el trasiego de indignas de unos lugares á 
otrosion las Indias ; y el infame tráfico que en ellas se hizo de es- 
cto'osufri^anos, salteados en su patria con oprobio de la justicia 
y^ la bmiaíiidad. 

'I'ristes muestras de la mayor parte de estos resultadoshaíló Co- 
lon á* su 'llegada. Las provincias estaban desoladas: el hambre se 
baéia sentir en las tierras circunvecinas de los castillos y pueblos 
españdles : los naturales alzados á monte : los europeos , unos ais- 
lados dentro de sus pueblos, enfermos y decaídos, sin fuerzas ni 
.•vokmtad para procurarse el sustento por medio del cultivo ; otros 

• ^blevados en Jaragua y sus inmediaciones , ja tomando cuanto 
Mbía^n los pueblos, ya forzando á los indios á labrar la tierra 
paja ellos. Los pocos que permanecían fieles al gobierno, conmo- 

'•TÑtos d^l mal ejemplo, descontentos de la disciplina y no viendo 

* . objeto alguno útil á^us fatigas é incomodidad, vivían en gran de- 

^s^rimleuto e inquietud. « La esperanza del oro, dice Muñoz, poco ' 
Buenos ^(jue muerta. « Ni se pensaba por*esb en la agricultura, pues 



— 72 — 

según el mismo escritor, no consta que seilerasen á cabo los mp- 
linos y demás obras empezadas. Añádase á esta serie de males, qne 
la facción de Roldan se había reforzado con motivo de haber lle- 
gado á Jaragua , por error del piloto , las tres naves que despachó 
Colon desde Canarias ; |)ago merecido que dieron los malhechores 
á quien en ellos habla puesto su conGanza.^Pues no bien las vio 
Roldan en el puerto , se fué á ellas , fingió residir en aquellos pa- 
rajes de orden del almirante, logró que se le vendiesen algunas ar- 
mas y concluyó ioductcndo á casi todos los pasajeros á entrar en ^ 
su facción. Las naves llegaron á Santo Domingo á principios de se* 
tiembre, mui maltratadas y con escasos bastimentos,. •lleYan4o á 
Colon estas tristes noticias. El caso era grave y no daba lugar á 
tardanzas ni vacilaciones. Todo bien considerado, el uso de la fuer- 
za era imposible, porque la gente de Colon no estaba en estado de 
tomar la defensa del gobierno : los hombres de armas que con él 
hablan llegado se hallaban enfermos por causa del clima y la na^ 
vegacion : los antiguos, descontentos ó afectos secretamente á los t 
rebeldes. Era pues preciso perdonar, y esto hizo el almirante, 
mandando ofrecerá Roldan el olVfdo de todo lo pasado y un sal- 
voconducto para que fuese á Santo Domingo. A mayor abundamien- 
to, y para captarse la buena voluntad de los colonos, publicó un 
permiso para que pasasen á España cuantos quisiesen en cinco na- 
ves que al efecto se aparejarían. Tanto mas altivos los rebeldes , 
cuanto menos vigoroso el gobierno, menospreciaron la gracia 
ofrecida y se manifestaron protervos y descomedidos hasta un es- 
tremo indecible. Y no pararon aquí, sino que hicieron proposicio- 
nes inadmisibles y rehusaron conferencias con otro que con Alonso 
Sánchez de Carvajal, sugelo de toda su confianza. Enviado este , 
todavía se manifestaron intratables, y solo convinieron en eslender 
unos arlículos de capitulación, tan absurdos é indecorosos al go* 
bienio^ que claramente manifestaban el intento de continuar á* 
mano armada la sedición y las revueltas. A estas desentonadas con-- 
diciones , se agregó para mortificación del almirante, una carta en 
que los cuatro principales cabezas del motín le manifestaban sin 
rebozo toda su mala voluntad. 

Esperando cortar por buenas esta sublevación, habia el alrai- * 
rante detenido en el puerto cinco naves cargadas de indios esclavos, 
que debieran haber partido á fines de setiembre. Ahora que vio 
indefinidamente retardada -la reconciliación*, que los hasUmeolos 



. . — 75. — , ^ ■ 

se consomíaii siii oúUdid y que empezaban los iMio» á enfeipar , 
y morir en el puerto , despachó los bajeles el 4 8 de octubre de 
M498. En ellos remitió á los .descontentos que quisieron embar- *^ 
carse, y la relación de su nuevo descubrimiento , con la correspon- 
diente carta geográfica.y muestras ide las preciosidades adquirida^ 
en Paria , así de frutos ^ como de oro «y perlas. A los reyes escribió 
ponderando la importancia de las tietras recientemente visitad^ , 
y anuncjáudodés que sú hermato ^rtolomé 4na á esplorarlas tan 
pronto como concluyese los tratos eñ que él andaba' ootí Roldan , 
de cuya sublevación les daba cuenta. Proinetiales poner mili pron- 
to la co1qbí|i en un estado fioreciente. «»Bien que á la sazón , dice 
« Muñoz, pareciesen mui perdidas las ccísas , ya por haber cesado 
« enteramente los tributos, ya por estar mal seguro el país, yaprin- 
« cipalmente por el libertinaje de ios españoles, *que viviao sia leí , 
ü encenagados en grandes vicios : los rebeldes, á modo de tiranos , 
(( tratando crueUnente á los indios , matando á varios por puro^añ- "^ 
« tojo ó entretenimiento y haciéndole llevar en andas , robándolo • 
«todo, abusando de las mujeres con suma deshonestidad : los fie-* 
« les, fson q^ ejemplo, y consentidos por un gobierno débil, poco - 
ii menos, viciados : todos los mas , haraganes y con sus mancebas : 
t buenos y um^Iq^, cada uuo con dos ó tres criados naturales, dedi- 
« cados-á su servicio. » Horroroso cuadro, trazado por mano hábi), 
imparcial, fio que es mas, española; y que basta para dar idea 
de la situación de aquel mísero pais, y de los ahogos de Colon 
en tan triste Qofimtmra. Mochos medios proponía á los reyes para 
remediar tamafios males, y entre otros que se tolerase por uno 6 
dos. años mas el siervicio. personal de los indígenas, y que con* 
iiauasen .tomándolos por esclavos en las guerras y sublevaciones» . 
Y para meior ioclinar sus ánimos á consentir en el abuso -, en- 
viaba' cargad de esclavos las ^inco naves, esperando que con 
su producto se podría acudir á las empresas deia colonización y 
sin gravamen del .erario y con gran vekita;^ de los pobladore^.^ 

Hecho esto, volvió de nuevo á porfiar cop Roldan, á quien es- 
cribió amistosamente, convidándole á una .con^)osicion razonable. '-- 
Lisonjeóse el almirante de Jiaber itlcsmzado la paz con esta pru«- 
dencia y mansedumbre, al ver que. el faedosoLle conteslaba'ea 
bue^s términos, protestando el deseo de complacerle, y queni^^ 
tendría ineonveniente en pasar á verle , si (Hira ello se le daba 
segiiro« Envíesele en efeelo, y e«n é^*se {resentá en Sanio Do- 



'-^i — 

mioQo ; mas' MJ6S ^ ajuttar la paz , se mostró mas ^ue nunca 
reocillose y temerafitOyCsisiaido copdiejonos desmesuradas á que , 
Colon no podía acceder sin ultrajar, su honor y dignidad. De re- 
grosó á sus cuarteles, remitió ciertos capítulos inadmisibles que no 
ffrmó Colon. £i cual, reprimiendo el enojo.que le causaba la con- 
ducta de .8U antiguo cirmáe^eniFió á Carvajal y á Diego de Sala- 
mafLca, con instrucción y poderes para capitular, y una cédula de 
indulto á favor de los- que se 1^ presentasen dentro d« un término 
«enalado. Anddió el permiso de pasar á Castilfti y libranza para 
que se Jes pausen tus sueídosalrasados. Los sublevadorempeza- 
ron por baoer grun mofa de estcindulto, y Roldan qufria con es* 
tadio continuo mostrarse reliacio al acomodamiento; pero al fin 
pudieron tantfi en él las obaer\aoiones de Carvajal «ó los termines 
favorables del afuste, que no bailando medio para rehusar la paz 
así ofrecida, la aceptó formalmente eM7 de noviembre. Entre 
otras muchas condiciones relativas á la seguridad de sus personas 
. y derecha , se estipulo en el ajuste , que Roldan y sus parciales se 
embarcarían pera España, llevando recomendaron 'de sus buenos 
'Servicios y libranzas para cobrar sü$ sueldos ; y que seiles darimí 
esobivos con permiso de embarcarlos. El ahnirante , no solo rati- 
ficó lel tratado, sino que concedió á los revoltosos el permiso de 
permanecer en la fski á sueldo del gobierno ó conoarta de vecin- 
dad, eensistieudo esta en una propiedad de tierras , que se adquiría 
á condición de tener casa poblada <en la isla por los tQualro alkw si- 
guientes á la adjudicación. A esta ventaja babick unido el Almirante' 
de propia autoridad la de poder conservar átennos indios esetfffOB 
y^doanlidad de «tiros libres que lescultivi^eQ las'tíeirasconslgnadae. 
Por el .pronto Roldan y los suyos, despredando^sta oferta, se ina- 
nijastaron resueltos á embarcarse, y se retírai^n á lairagva «miéiitras 
%e cumplían los cincuenta días fijados para la partida, fie que na 
poco contento eralmífante , dispuso se aprestasen las-carabelas que 
babia en^el puerto, desistiendo de la espedidion del adelantado á 
isegiuir el descubrimiento de Paria , enrueque «de verse libre de* la 
' molesta gente que lentes posares Je liabia dado. Luego recorrió la 
tioBra adentro en compañía del adelantado, tratando de poner ^en 
arden las cosas de la colonia. Y cuando por el mes de agosto >tuvo 
aviso de que iban á salir las naves, escribió largamente á lo9 
Veyes , recomendando el oaeltgo de* Rdldan y los suyas, «en espedtft' 
el de varios malbecfaores aterrados que se táUan di«tiiiguii» 



entre 1<^ rebeMes por el número' y ^la'atrozidad de sus eseesos. 

Pero el alinde maychr eraliombre travieso, que no entendiarde^ 
estarse quieto ni de llerar á h corte la carta de Urías, después de 
habérsele ofrecido en ^l convenio reciente un testimonio de baber 
servido bien. Resistióse á partir, alegando por cierto una malísima 
mon, euai era la tardanza de las naos ; pues si estas llegaron á Ja- ^' 
ragua Ires meses después de lo 4rattdo , se debió á una^ borrasca 
que las obligo á arribar y componerse , y no al almirante, <)ue^as 
hizo salir de Santo Domingo en tiempo oportuno. Gon esto, nueva» 

* inquietudes deCdon, nuevas insolencias' de su Adversario , cartas 
nuevas, pi|itposiciones , enredos. -Pero Roldan conocía perfec^ta*- 
mente su situación y la 'del almirante ; cdándébil era este en me- ' 
dk) de pocos y veleidosos amigos, defendiendo una causa de orden 
y buenos principios con gente ^aviesa; y él cuan fuorte, dirigieñ'te 
una gavilla numerosa de fbragidos, en medio del lAas complete 
deseufreno. Una vez al eabodesus la«rzas respectivas, lo que fal- 
taba era aprovechar la suyas , Obteniendo^de Colon las mejores 
condieiones, ya que hasta entonces no fse»habia atrevido á en^eba- 
tade, como pudiera, el mando, ni se daba por satisfazlo de lo és« 

^ tipulado anteriormente. Fingióse deseoso de terminar ^laeontienda, 
yapara ver al almtranie pide nuevo salvocondueto y lo obtiene,' 
pepo no t«vo necesidad de ir á Sanio ^DomingQt» puesCf^on sallé á 
áu encuenlFo ^ se vié con éFen el puerto de Azua. Aquí éesGubrió 
todas eus pretei^ones, Fáraobtener deél ^la paz, delna nombrar^ 
■^etBuevamente alealdemayor perpetuo : un bando scdemne decía* 
Faeia que sus álleiaeiones babian 'tenido on'gen en dlgunas Inju^ti^ 

' ciaa^y falsos tmtlmoníos : quince hombres «elíalados |>or él irian á 
Bl^ciília esa las primeras naos : el resto (de 'tos «uyos Obtendría en la 
^a ios privilegios de vecíiidi^. A estose aü^ó lo eajpíitttlado án<- 
tes , ^Y entre otras eoudiciones mui duras , la de poder obHgar á 
Colonaleumplhnientodelo convenido, porcia foeaa, ó ^rallándose 
fie eualqiiier oferoimedfo,.'€lorgósele todo, y de esta ^manera igno- 
miniosa puso fin ^ almiraate á tan prolijas tn^baciones, constre- 
üido por «la necesidad, y sacrifieando su propio decoro á'lasalué 
cDiniin. 

Aeaso 'sele ooorríó que los revoltosos no le agradeeerian suflcten- 
temante ^estáa pvuel^as de mansedumbre, -hijas de la. debilidad de 
mi'posieion,<y eontrarías á eu carácter Orme ; ypw eeo se esf^^zó 
en «aii^aatetfles eon wpnitaBeas «oneesiMeB 1» üaeeFiéKl étsí su 



. . • - ?6 - 

recoocíliacioQ. En lo cual procedió mayormente movido de la idea 
de impedirles el proyecto de establecerse juntos en Jaraguá. Gente 
viciosa y desmandada, incapaz de sujeción ni arreglo , era mas pro- 
pia para formar una gavilla de malhechores , que un pueblo orde- 
nado y pacífico. A mas de que consentirlos unidos , cuando el go • 
' bierno apenas pudiera mantener igual número de hombres arma- 

* dos ; valdría tanto como ponerle neciamente á su disposición. Pero 
- como, «siendo ellos todavía los mas fuertes, podrían renovar las 

disensiones para conseguir por las armas su deseo, se hacia preciso 
colmarlos de favores, á fin de comprar su condescendencia; pco- 
. viniendo de aquí las estraordinai ias concesiones que les hizo, así 

* de tierras, como de indios que se las labrasen. A Roldan dio varías 
heredades en términos de la Isabela, en la Vega -Real otras y en 
JarSigua la facultad de emplear á los vasallos del cacique Behechio 
en el cultivo*de las tierras que se le concedían. 

Aquí pues procedió obligado de la necesidad imperíosa de evitar 
nuevas revueltas ; ma§ no así en las concesiones de tierras y de 
siervos hechas a los colonos, que en vez de ganar sueldo quisieron 
obtener vecindad , adjudicándoles desde luego el usufructo, y pa- 
sados cuatro años, la propiedad^de los terrenos. 
- ' Ya hemos vislo que Colon fué el inventor del tributo de oro, de algo- 
dón, y posteriormente de mantenimientos, impuesto á los indígenas; 
tributo que él mismo moderó después, viendo que los tributarios 
andaban á monte, huyendo del gravamen, porque no quisiesen ó 
porque no pudiesen tolerarlo. Esta idea, fecqnda en desgracias, fué 
luego modificada respecto de algunos pueblos, á los caíales, en lugar 
de tributos, se impusb la obligación de hacer labranza para el man- 
tenimiento de los castellanos, señalando penas á los que se rehusa* 
sen al trabajo, y hadendo esclavos á los que huyesen. Una carta 
patente de los reyes, su fecha 22 de julio de 4497, autonzó al al- 
mirante para repartir tierras entre los españoles que fuesen 4 In- 
dias, á condición de mantener en la isla casa pobjada por cuatro 
años. Y como en la dicha carta patente no se habla una palabra 
del repartimiento de indígenas, es claro que estos debieron al almi- 
rante la triste condición de villanos feudatarios á que fueron redu- 
cidos. La fórmula de estos repartimientos decía que « daba en tal 
cacique tantos millares de matas ó montones, y que aquel cacique 
' ó sus gentes labrasen, para quien las daba, aquellas tierras. » Pero 
aunc|ue se diga que.semc^iante dis(K>sic on no constituía á los indi- 



— 77 — 

genasen un estado de completa servidombre, la diferencia entre el 
siervo y el calttvador forzado, era muí pequeña para que slibsis-. 
tiese mucho tiempo consentida por la fuerza que tenia interés en 
destruirla. El primer sucesor de Colon en el gobierno de la Espa- ^ 
ñoldj la hizo desaparecer de propia autoridad, permitiendo á lo$ 
castellanos servirse de los indios para el laboreo de las minas, y el 
segundo legalizó la iniquidad por autorización de la corte; porque^ 
esta espresamente le mandaba apremiar á los indígenas para que 
trabajasen en la» minas , en los ediOcios y granjerias de sus nuevos 
señores, so pretesto de reducirlos mas fácilmente á la disciplina de 
la religión y. de la sociedad. Encargábase el buen trato', que no se 
les agraviase en manera alguna y que se les pagase un jornal pro- 
porcionado á su trabajo; queriendo acaso de este modo dar á en- 
tender, que no era siervo un hombre forzado á trabajar, sin el de>- 
recbo de elegir el oficio, de señalar el término y de escoger ó 
mudar el señor. Contradicción palpable y ridicula en que cayeron 
los reyes, obligados en cierto modo por las instancias de los pobla^ 
dores á sancionar el abuso, al mismo tiempo que lo conocían y de- 
ploraban. El segundo sucesor de Colon repartió pues á su antojo 
tierra é indios, variando la fórmula primitiva, para adoptar una mas 
desembarazada y general. « A vos, fulano, se os encomiendan tantos 
indios en tal cacique, y enseñadles las cosas de nuestra santa fe cató* 
lica. » Y por esto se dio el nombrede encomiendas á las tierras coa 
sus siervos y el de encomenderos á los que gozaban de unas y otros* 

Tales fueron las nradificaciones quC; hasta perfeccionarse, sufrió 
este abuso. El cual , estendido después por todo el Nuevo-Mundo, 
llevó consigo lastimosa destrucción para. los indios, discordias y 
guerras civiles para los españoles ; pues á medida que la población 
indigena se disminuía , se renovaban con mas frecuencia Jos repar- 
timientos, á fin de igualar las porciones. Estas, según el antojo de 
los gobernadores, y el favor que dispensaban á ciertos colonos, se 
fijaban con mas ó menos equidad ; y de aquí disgustos, turbaciones 
y escesos que alteraban la quietud pública y envolvían al gobierno 
en dificultades y cuidados infinitos. 

Hecho el repartimiento de tierras y de siervos con que procuró 
ganarse la confianza de los españoles, y aficionarlos al pais^ proce- 
dió Colon á despachar navios á la Península con cartas para los 
reyes, buen número de revolvedores que no querían permanecer 
en la colonia, los quince facciosos señalados por Roldan, y según su 



— 7» — 

ootUimbFe, catüdad de 8solay<» indios. Sospdcbaiiáo* cnanto y ie 
^cttán odioses maneras se afiríminaria ^u conducta- por les descon- 
tentos que allá hablan ido, envió con' poderes sb^os para que re* 
j^eseniasen su persona y le defendiesen , á dos sagetos de sn- con- 
fianza, coni^ncarfo de poner en manos de los soberanos el proceso 
contra Roldan y su facción. Renovó ^ta vez la petioion que antes 
^Jbabia hecho, para que se enviase á la isla un juez letrado, y que- 
riendo unir á esta prueba de cordura otra de desinterés, suplicó le 
moderasen las facultades que tenia, si bien de tal manera, que no 
se perjudicase á sus grandes é importanles privilegia de goberna- 
dor y de virei. 

Después de tomadas estas precauciones contra la malquerencia 
de sus émulQB y los zelos de la corte , llamó por- unos instantes sn 
ateucion una tentativa que hicieron los clguayos, para libertar á su 
señor por medio de la fuerza , cansados ya de emplear sin fruto los 
de la sumisión y el sufrimiento. Reprimida con la facilidad que de 
ordinario, se entcegaba ya Colon á la esperania de un porvenir mas 
tranquilo, que le permitiese continuar sus descubrimienlos en ta 
tierra firme , cuando llegó- á sa noticia , que otro mas felis nave- 
gante se le había anticipado en aqnella empresa deseada. Para que 
veamos de qué modo sucedió, conviene que le dejemos devorar en 
silencio esta nueva mortificación, y nos trasportemos á España. 

Allí los primeros descubrimientos d^ Colon liabian^ reanimado el 
gusto por las espcdiclones de mar á que los peninsulares se hablan 
manifestado en todos tiempos inclinados, y muchos escelentes ma- 
rinos españoles ardieron en deseos de estender por rombos aparta- 
dos y distóles los. límites de la navegación y del comercio. Prote- 
gió con todo su poder el gobierno este noble espíritu de empresas, 
impaciente.de saber con cer'iidumbre la ostensión de las tierras des- 
cubiertas , y de que , una ve:; hallado el estrecho que debía existir 
^ra comunicarse con los mares de la India, quedase al^ierto el rico 
mercado de la especería á la industria española» Mas no eran sufi- 
cientes sus recorsos para equipar nuevas armadas ; (^anto masque 
las espediciones de Colon y los gastos que candaban los estableci- 
mieutos coloniales , habían angustiado y aun empobrecido mucho 
el erario. En estas circunstancias debió naturalmente ocurrirse el 
medio de interesar á los particulares, ofreciéndoles el estímulo do 
una ganancia proporcionada á sus fatigas. Y así 16 hicieron los reyes 
por su provisión de 40 de abril de 149i>y en que permitían á todoa 



— 79f ~ 

4UI9 vasallos deseulirir y rcseatar-pór su eueiifarcoQ las oondicianes 
de no haeerlo en tierras de la Española, de llevar á ella sin^ílete y 
ger cuenla del ret la décima parte de la carga , y de pagar el dé- 
cimo de las ganancias» Ya se sabe -que Colon, creyendo violados sus 
derechos con esta provisión, acudió por la revocatoria á los reyes; 
y qpe estos de un modo harto ambiguo la declararon sin efecto « en 
enanto fuese en perjuicio del«^lmirante. » Que era negar disimu* 
{adámente su temeraria petición , pues los reyes, cuando escluye- 
ron del permiso la Española, juzgaron haber hecho cuanto debían y 
¡jodian en obsequio de Colon y de sus privilegios. Asi, por lo meó- 
nos, debe creerse, al ^er que no bien divulgadasJas noticias de la 
espedicion de Paria, se concedieron licencian á varios marinos para 
ir á descubrir por su cuenta en las ricas y hermosas regañes nue- 
vamente bailadas. 

£1 primera que al intento se aprestó de Ifiegp á luego, fué Alonso 
de Ojeda, moEo iutrépido y entendido^ natural de Cuenca, compa<- 
ñero de Colon en el segundo viaje ,.y el mismo que conforme á las 
instrucciones del almirante, prendió con pérfida astucia al gran ca- 
cique Caonabó. Hallábase en Castilla cuando llegaron las primera 
noticias del descubrimiento de Paria » y favorecido del obispo de 
JBúrgos, no solo obtuvo permiso para navegar á los nuevos paises, 
sino una copia de la caria geográfica que el descubridor habia for- 
mado y remitido á los reyes. Con la protección do un hombre que 
pomo Fonseca tenia tanta mano y poder en los negocios de Indias , 
iGonsiguió el capitán ausilios de dineros y gente bastantes para equi- 
par cuatro bajeles en el puerto de Santa María. Formado en la es- 
cuela del almirante, joven, con merecido renombre de valeroso^ y 
amigos en la corte , obtuvo á mos' de socorros materiales , lo que 
valia poi* lo menos tanto como ellos : la cooperación y compañía 
de dos hombres importantes de aquel tiempo. Era el uno Juan de 
la Cosa,. discípulo del almirante, y compañero suyo en la espedi- 
cion de Cuba y de Jamaica : gran marinero y cosmógrafo , maestro 
hábil para hacer cartas é iustrumouto&, y hombre valeroso ; el 
misB^o á quien se debe k mas antigua carta geográfica que se cor 
noeede países pertenecientes al Nuevo-Mundo. Un tal Amcrico, ó 
como él se firmaba, Amérrigo Yespucci, era el otro : sugeío que en 
dase de hombre de mar, era por cierto mui inferior al primero y 
aun á todos los demás descubridores españoles de su tiempo ; pero 
que no carecía de conocimientos náuticos y tenia sobra de trave- 



— 80 — 

snra y astucia en el ingenio. Había nacido en Florencia , y de Lis- 
bod; eñ donde se avecindó primero, fué á establecerse en Sevilla, 
dándose al comercio. Conoció y trató á Colon en casa de un paisa- 
no suyo , que era apoderado del almirante en la corte y entendía . 
en armamentos para Indias ; á lo cual (al vez debe atribuirse la 
pasión que de repente se encendió en él por la náutica y la cosmo* 
grafía , abandonando desde entonces el ejercicio mercanlil , para 
dedicarse esdusivamente al estudio y práctica de aquellas ciencia». 
A estos dos hombres se agregaron otros que se habían bailado en 
el viaje de Paría , y en los cuales ponía Ojeda su conGanza, de ir 
sobre seguro y sin tropiezo á descubrir y rescatar en las regiones 
que Colon babia pintado rebosando en riqueza y hermosura. 

Acompañado asi, levó anclas Ojeda en el puerto de Santa María 
el 20 de mayo de 1499, y adoptando la costumbre del almirante^ 
tocó en Canarias para refrescar los bastimentos. Como tenían á la 
mano y ^todiaban sin cesar la copia del derrotero que Colon babia 
trazado y siguiéndole paso á paso , salieron de la G#mera , y á los 
veinte y cuatro días reconocieron el nuevo continente , acaso por 
las costas de SuriSan. Sin desembarcar en punto alguno navegaron 
á vista de la tierra, desde las cercanías del Ecyiador basta el golfo de 
Paria , es á saber, por un espacio de doscientas leguas , mas ó mé« 
nos , viendo al paso muchos ríos, y entre ellos dos de inmenso cau- 
dal , cuyas aguas se conservaban dulces todavía á gran distancia de 
la costa. Debió de ser el uno el que hoi se dice Esequivo y un tiem- 
po fué Rio-Dulce ; de anchísima boca, y uno de los mas grandes 
del Nuevo-Mundo. El otro era por ventura el Orinoco , mayor aun 
que el primero. Llegado que hubieron á la Trinidad , desembarca- 
ron en tres lugares distintos , é hicieron amigablemente rescates con 
los -naturales, que bailaron ser de la raza caribe, gentiles en su 
disposición y estatura, mui esforzados y diestros en el manejo de 
sus armas ; notando en ellos , como ya lo hiciera Colon , una especie 
de rodelas ó armas defensivas, nunca vistas antes á los indios. De 
allí pasaron los navei^anles al golfo de Paria , y surgieron junto al 
rio Guarapiche , con cuyos pací6cos habitantes comunicaron de paz. 
Y es de notar, que no bolamente confirmó aquí Ojeda las observa- 
ciones de Colon en punto al país , á sus habitantes , costumbres y 
producciones , sino que halló manifiestas señales de haber estado el 
almirante en la isla de Trinidad y en la costa firme junto á las bocas 
de Drago. 



-- 8Í — 

Yencidos estos peligrosos estrechos, continuó Ojedá sa derrota 
al ponieDte, por la costa firme; hasta la de las perlas ó Curiana, 
visitando por su persona la isla frontera de la Margarita, que Co- 
lon solo habia visto desde el mar. Al paso reconoció los Frailes, is- 
lotes inmediatos á Margarita, y el picacho escarpado del Centinela: 
recaló en seguida al cabo Isleos, hoi cabo Codera : fondeó en la en- 
senada de Corsarios, á qué llamó Aldea-vencida. De puerto en 
puerto hasta el Flechado, que decimos hoi Chichiriviche, siguió re- 
conociendo la costa, y aquí sin duda fué donde los indios del con- 
tinente midieron por la primera vez sus armas con los estranjeros : 
veinte y un hombres heridos hubo de sacar Ojeda de aquel sitio in- 
hospitalario , para trasportarlos á una de las ensenadas que están 
entre el Flechado y el puerto de la Vela. Cñ este permanecieron 
algunos dias; pasando luego á la isla de Curazao, que en la oca**- 
sion presente denominaron de los Gigantes. Yozes de los naturales, 
mal intei^retadas por los navegantes, dieron origen entonces á fic- 
ciones de hombres y mujeres cobsales, y de estraordinaría fiere- 
aa , que existian en aquella ti^ra ; no siendo necesario mas para 
que de allí se orígi&ase el nombre de Gigantes que le impusieron , 
y el escribir Américo haber' visto Anteos y Pantasileas. Lo cual por 
lo denlas, no es de ningún modo estraiío en un sugeto tan poco de 
de fiar en punto á relaciones de viajes y descubrimientos. 

Diez leguas distante de la isla de Curazao divisaron un promon- 
torio que por el pronto juzgaron solo en medio de las aguas. A él 
se dirigieron, y ya cerca, vieron ser un cabo qíie llamaron de San 
Román. Pertenecía á una pem'nsula que se avanza largo trecho en 
•el mar^ de costas bajas, arenosas y tristes, diferentes en un todo de 
las que hasta eiMónces habían visto en su derrota , ora deleitosas 
por la riqueza y variedad de la vegetación , ora imponentes á cau- 
sa de las grandes m<Hitañas que en ellas se levantan. Remontado 
el cabo, entraron en un golfo espacioso, sobre cuya costa oriental, 
también árida , pero limpia y muí aplacerada ; vieron una pobla- 
ción. Estaban las casas constnydas sobre estacas, aislada cada una, 
pero comunicándose todas entre sí por medio de canoas; género 
de construcción que » como mas tarde observaron los españoles, no 
era raro en el eontineute. Y provenia en algunos lugares de la in- 
salubridad del pais, mi oíros de la gran copia de insectos que 
engendran los terrenos vírgenes y las aguas pantanosas. Entonces 
cogió miü de nvevo á nuestros navegantes el singular y gradóse es- 

BtfT. iüT. • 



peíal¿ei%l0, r Uavlro» aquel goUé de YeiMeiá , raootdaiidU la sitúa- 
. «MW 4ie. 14 8109 bella' Giü^dxle Italia y su mar tan fautcso. Los íb- 
dloa 1» dftkjBtti ejí JiDQri)r6 de CoqQihaooa, que €o«s0cvó«lgnn iiem- 
>po, baáa que ptedomnó ^tefameate el que le im(Ni8o Ojeda; si 
bien la palabra Yenecta, andando éí Uempoi se coftTirlió en Yene- 
zmébkf y esla se aplicó desimes a iHia irasta estaosMn de terreno , 
cuya cosía sa esÜ^nde sin inte^mpcíon y oon poca dtfereocia desde 
el antiguo OioqiúbaiGOa iiasla las boeas del Orinoco. 

AVanzasdo biela él seno del. golfo, y pensando acaao tallar um«- 
das sus costas; vi«ron con grande admiradott q«i» se abrian para 
dar paso á las aguas de un gran Jago.; que estas iagUM desemboca»- 
ban por un canal estrecho y poco profundo ^ á cuyo estremo habla 
una barra p^groaístnlay cercada de estetas y b^meós de arena^ doo- 
-de el toar batiaeon riolenda. De l^oe se veía ima línea bjaaca qi£e 
estendiéadase por toda la barra, pareda impedir lá mitrada ó la 
salida, y era* el escsrceo de las aguas eoeonáradas del lago y M 
golfo, que se combatían soinre las restiogas y los ba^, y blanquea'- 
ban el mar oon la espuma, despidiendo un ruido grate y éemera- 
.90» Al mismo tiempo, mientras mas se aowoaban, mas hermoso 
parecía el interior de aquel gran lago cabierto deJi^as. y^erdes y 
fironcbsas, que se dibajaban sobre. on cielo puro y s^eoftiiétras 
de aquel obstáculo terrible. 

Ojeda no era hoEikbre de echar píe alraspor peligros de tierra ni 
de mar, y por eso continuando su derrota desoibrié según pareoQ, 
el 24 de agosto, el pverto y lago do Sna Bartolomé queboi Wxmat- 
mos laguna dfi Maracaibo. No se delOTO mucbo tieBi|io en a<qndi06 
parajes ; ái^es bien , después que hubo cogido y embarcado algu^ 
ñas Induis.da notable belleaa «y di^osieíén, oóiao lo: eran las de 
esa íienra^ reeonoció la parte occidental del golfo, y doblada el cabo 
Coquibacoa^ siguió eu lo largo de la costa hasia^ei cabo de la Yek, 
ténmao de osta nave^don. El 50 de. aaosto dkigió^l rmaboála 
Española,. y; entró en el puerto de Jaqutmo^l b de saHeaáHre de 
14:90, ooB el intento, según decía, d^ cargan sus na^sesde palobiaaO. 

Sospe^s hubo ée no ser ese anúnieoobjeto, siao.el de temar 
indios por .esclavos para llevarlos i Espala. Mas, fuese v«HÍad ó di> 
simulaoioo, él sattsfixo dio^ndo, que después de imaMÜíicil y larga 
navegaeíoB, falto de víveres y averiadas sus na ves,, había ido.á 
bosca:r.9brJ|o y.sooorro«n.comarcaaaaMias: que así podkyddHa 
haoerlo, no solo por balJame coBStBeiido de.la/QO€eáiaá,£nai^ 



r-85- 

por tener despachos reales que le autórizabaü ; y que en prueba dé 
sti respeto á la autoridad y4[)ersona del almitanté, iria á verle tan 
luego como concluyese sus aprestos. 

Todo esto dijo á Roldan , comisionado de Colón para averiguar 
ló cierto del caso y visitarle ; pero listo ya de un todo, levó anclas 
gor febrero de 1 500, y lejos de pensar en cumplir la palabra dada, 
se fue al golfo de Jaragua. Allí vertiendo injurias contra el almi- 
rante , trató de concitar nuevamente á los españoles avecindados 
en la costa. UiiT)s se le unieron,*y así reforzado, habló de ir á San- 
to Domingo y humillar al goberifadór,. hasta prenderle. Otros que 
se negaron a darle oídos, fueron atacados, y hubo refriega san- 
grienta con heridas y muertes. Piensa por último en prender á Rol- 
dan ; mas este, advertido de todo, y tan astuto y denodado como él 
mismo ^ lejos de ceder avanza, obligándole á retirarse á sus na- 
ves. Algún tiempo se estuvieron observando con recíproca descon- 
fianza y cautela , hasta que habiendo Roldan logrado tomar por la 
fuerza una de las dos* lanchas de Ojeda , se dio este á partido, á fin 
de recobrarla , y marchó su camino luego al punto. A España liega 
á mediados de junio, no mui rico en verdad , pues deducidas las 
costas, no quedaron, según escribió Vespucci, mas de quinientos 
ducados que dividir entre cincuenta y cinco aparceros. 

Libre apenas el almirante de este formidable enemigo, hubo de 
volver á nuevas inquietudes, con motivo de sediciones promovidas 
por algunos malos hombres de la colonia. A punto estuvieron las 
cosas de hacer creible un mal tan grave como la pasada revuelta de 
Roldan ; mas este , pensando ya como hombre rico, se ladeó pru- 
dentemente al almirante, y los perversos, privados de su apoyo, 
cayeron luego en manos de la justicia. Hízose ejemplar y oportuna 
en el cabeza de motin ; sus compañeros fueron presos y la tranqui- 
lidad apareció por todas partes. Este triunfo dio vigor y fuerzas al 
gobierno para consolidar el orden y promover la felizidad de la co- 
lonia; la cual, aun en medio de las pasadas inquietudes, habia he- 
cho algunos progresos, capazes de hacer concebir esperanzas de un 
mejor porvenir. Los indios^ enseñados de la esperiencia , se resig- 
naron al yugo, por ser inútil la resistencia: los colonos, aprove- 
chándose de ellos para el campo y las minas, empezaban á vivir so- 
brados de comestibles, y pensaban estarlo en breve de diaero. La real 
hacienda andaba abundante de beneficios ; que no pocos le rendían 
s«s grandes repartimientos y el tercio del oro cogido por los particu- 



— 84 — 

lares. Colon llegó á creer que antes de tres años importarían las 
rentas reales de la colonia por lo menos sesenta cuentos de mara- 
vedis anuales. Con lo que gozoso, lleno de dulces imaginaciones, 
empezaba á creerse pagado de sus fatigas; pues veía abundante el 
erario, acomodados á losparliculares^ y próximo el momento de bu* 
millar para siempre á sus enemigos, con el espectáculo de un rei- 
no poderoso, creado por sus esfuerzos en aquellas apartadas re- 
giones. 

Cosa de un mes había que se abandonaba al embeleso de estos 
gratos pensamientos , libre ya de«tumnltos y de afanes , cuando de 
improviso le hirió hasta lo mas profundo del alma el mal terrible 
que acabó con su vida. 







CAPITULO V. 



* 



Llega el comendador de QilatraYa Fraaciico de Bobadilla, con amplios po- 
deres de la corte para conocer en el negocio de Roldan y encargarse del 
gobierno de la isla. — Inicua conducta de Bo})adilla con los tres Colones. 
~ Marchan estos al^rrójados á España. — Llega el almirante á la coKe. 
~ Buen recibimiento que le hacen los reyes después de haberle manda* 
do poner en libertad. — Conducta que con él observan, —emprende el 
cuarto yiaje en busca»del paso á la India oriental por medio de un estre- 
cho que juzgaba deber existir en las tierras descubiertas. — Sucesos de 
este yiaje. — Yaelve á España y muere. ^- Juicio de su mérito y carácter. 



Y fué la'Jlegada del comendador de Calatrava, Francisco de Bo- 
hadilla-, con amplios podares de la corte para conocer en el negocio 
, de Roldan y encargarse de la gobernación de las isfas y tierra firme. 
Estaba autorizado para o prender los cuerpos y secuestrar los bic- 
nes » de los qué resultasen culpables, y luego castigarles según las 
leyes, prcQedida información del hecho. Al concederle 'el gobierno 
de la*colonia con jurisdicción wiWy crimipjil', le^ieron facultad 
para^ espulsar del país y enviar á España /todas las personas que 
creyese perjudiciales al restablecímiento^del ór^deu. Todo ello, así 
como el npmbramiento del coiiiendador; porque entendían los reyes 
<( ser cumplidero al servicio de Dios^ suyo , á la ejecución de la 
justicia, y á la paz, sosiego *y buena gpbernacion délas j§Ias y tierra 
firme/ » Desde que BobadiHapuso el pié en la Española, manifestó 
el designio de tratar como criminal al almirante; y ausente este en 
Jaragua, con motivo de los .pasados alborotos, ocupó su casa y se- 
cuestró sus»bienes , usando de ^ellos^sin, delicadeza , ni mas ni me- 
nos (jue si fueran botín de buei^a guerra, Al segutído.dia de sa 
lleg^^a^ pregonó franquezas de oro y diezmos, para ganarse volun- 
tades ; dio y quitó empleos §l su antojo ; prometió el pago de los 
sueldos atrasados, bien que no tuviese con qué hacerlo; y si hemos 
de dar crédito i Colon ^ habló en publico contra él y sus hermanos 
en términos tan injustos y violen tos,, 'como indecorosos. De las car- 
tas en blanco que le hablan dado los refes , usó para conceder en- 
comiendas y otilas gracias a Roldan y sus amigos. A Colon no escri- 
bió ni envió 4 decir* una ^ola palabra; antes por el contrario se 



• * 



— 8« — 
otgó á «SBtaMar« nM etrU qm mte.I« remitió. R«saetlO"i 
llevar .adelante el firme propósito de arruinarle, luego ue hubo 
conseguido con sus larguezas bastante popularidad, nnpezó a re- 
coger acusaciones contra él. .Ya puede cualquiera imaginarse si las 
GoDsegairia buenas entre los'eDemigos de su vlcüma, y cuando, 
aflojadas por él mismo las riendas de la policía' y del gobierno, ba- 
bia bedu aaa odioso el pasado régimeD de sjibordiaauou y orden. 
Muí 'bíea deda Cobm, no baber nunca oido que un pesquisidor 
allegóse los rebeldes y los tomase por testigos contra el que los re- 
gía a á ellos y á otros sin Cení dignosdeella i. 

Vntrnndamedte resentido de semejante coodacta, tomó Colon sin 
cmbacgo el partido de suírir tesigoado lo que él creía nna iDgralitud 
de los rayes, y lo (me «ra siif dndE\ una'iniquidad de BonadiHa. 
Fuese, desarmado y solo donde a^uel estaba j si bien pudiera, reu' 
niéudose al adelaotajio, acercaise á la ciudad cou fuenas suficientes 
para bumillar á su enemigo. Mas no es dado á pecbos ruines sentir 
ia magnanimidad^ áutes suelen aprovecbane de ella para perder al 
que se fia. Esto bizo 0obadilla, cual pudiera un villano j pues coyio ''■ 
supo que Colon seiba áél depaz, eclióá Don^Diego,, preso y aher- 
rojado en uqa carabela ; con el almirante en lleudo , bizo lo mis- 
mo, y seguidai^eut^olro lauto c^ el ad^antado. Ni Uabló^Ios 
bei manos, ni coosiütró '^n que nadie les bablase. Separólos en dis- 
Untos bajeles, acaso paTa'\ne*bicieraii conmias aflicción y descon- 
suelo el largo vl^e á EspaSaf^j^no ahorró hecbos ni palabras paca 
a aquellos ilua-. 
id de. esta coó- 
gracia aquella» 
qué^estrajlarlo, 
r. ni olJtiií. Ni 
;0Q la rníuaijje 
eudo eq I04K)- ~ 
I» conservó Co- 
lpa, en, tan critico Unce su habitual serenidad y compostura. Ni Una 
^ueja se-leo\ó,.ni.mia,paliibr^ ni un suspiro ; que hubiera sentado 
mal á tan ,graade boqibre el humillarse delante de aquellos misor 
rabies. Por ventura compar((ba' orgulloso la ruindad de sus enemi- 
gos con su propia graifdeza ; y^condieada.eA el foado del alma 
sos dolores, mosteaba solo la tegjgAaciou y la entereza que iluslBaa 
y ensalzan la virtud en.medio de las .cadenas. .Coooció el vioieplo 



Bob«dai> la'í otwEÍori éad de sn.pMéioii,, víáido^'Éaii pequeño y 
dugmcMo al lado die sus TÍetíaias. Por to que disposo^de ]ae|;e á 
lu«g0 la partida dei las fíanos que d^aa condttcirlasv quedando é^ 
likre p&ra«iitre§ar8e, eomalohizo, al torrente de mn panones ^ 
saináis. 

No méaoa que él deseal^a Colon yerse dktaate de aquellas 
pltffdB aialhadftdaa. QueHa llegar á España y confoiidir á sus etto* 
iii%os; qjüieria oatentar siisihiarrod en la corte, ¡pai» afrentar sa 
ingmtttud á la fs^ ^1 poeblo generoso que poco antes le haibfsL 
co|idueida.á ella eolfloado de bendiciones y de aplansos»^ En vano 
qmisO Alonso de Vdle^, capiten éél bareo en que Ibá predo, qui- 
tarle los grillos, co&io>hi;d)0, perdido de v»ta ia Española. A ello se 
denegó constiuAleinente. díGisndo qne los llevaba por orden de los 
royes > y que era.su tei la obediencia : que ni llegar :aCastiQa, si 
aaílo'dispontóQ; reec^raria^tt libertad; masque entre tanto, pveso 
yafaeriejadO'debia ir/se^ua s» voluntad. « 

Y^cott iodo aeria injusto acbaear la mala conducta de B6badilla 
y sus violemún á los rejses eatóUeos/ que lejos de aóteizarlas, las 
reprobaron lu^o. iEn -149^ la cetonia de la isla Eipaftola babia 
libado á un. eálado deplorable; sin que la eóste pudiese atinar 
con la verdadera causa de ello, en medio dela^ imtieias opuestas 
y. coatradietoriistqafi reoibia, ora de Colon, orada-iusiMlvergarios. 
El coafikto' era ^itraade; porque ''el almirante' se qá^ba de Bol^ 
dan y sus adiotús, y esioa ajouselMtn fi los Colones da tifanía y de 
eraeldad ;, 0»af ormeáte de dttfesa^eikolmodo'de traklr á bombres 
como ellos « de calidad y bonjra« » Tenían eco esfós vo^ en la 
cof^te^ donde lostdescontanto^ conten ^s^ifos que lasbaoian reco- 
nttr en ^allo «son eiager^^cion y buUa. En^iézan á sospoíeliar los 
reyes si seria eierü) 1& que d^ian tantas personaat, lo que ofreeiail- 
probar^ tan «plenaa^nta. Y á estas sospechas , naturales sin duda., 
se anadia su moitificaoion por ^er desvanecidas -en los aféelos las 
pondecadsfs riquesas de los descubrimientos* A la benéfica Isabel 
había ineomdAndo mui muc6o el haber. Golop arbitrariamente .re^ 
áaiiéo á esekiviiud los indios, y matídadolos vender de mano po-^ 
dwosaétt'And&lficía. No menos le había llegado al ahna la penaxde 
» raivaoiba de alimentos impuesta por Colon en la Española i los 
reos da ciuriquieit deMto; penaaegun ella, igud á la de muerke« 
Mas aint d^^aéd^puso el abniíontelas eosascon el empleo de ade- 
litado foé diiS 4 su berms^uo fiartolomó, slu anaenda de la cortOj 



— 88 — 

y con asurpaeicm de la potestad real, á la que únicamente compelía 
el nombramiento para tan altas dignidades. Esto con re^)ecto á 
Colon. En cnanto á los revoltosos, fueron tantas las* razones que 
contra ellos espuso el almirante ^ que los reyes se decidieron] á 
mandar un juez pesquisidor que areriguara lo pasado^ y dando 
fuerza á las leyes , impidiera para lo futuro la rénoyacion de ios 
trastornos. Atentos siempre al mayor bien de Colon , y deseosos de 
hallar jusüGcacion á su conducta , detuvieron un afio entero la 
partida del comendador, aguardando nuevas de la Espadóla , y los 
procuradores de ambas partes. Llegaron estos en 1500. Colon en^- 
viaba, es verdad , procesos legales y relaciones bastante autoriza* 
das; pero que ni ponían en claro todo el negocio, ni cerraban la 
boca á un enjambre de revoltosos y descontentos; recien llegados 
de las Indias. Los cuales, estenuados y macilentos, ponian los gritos 
en el cielo, acusando el rigor y la ambición del almirante y sus • 
hermanos ; ^ pedían sus sueldos atrasados , el prelhio de sus ser*- . 
vicios, el resarcimiento de daííos, y justicia en fin contra el audaz 
estraojero á quien llamaban origen esclusivo de sus males. Tantos . 
y tan uniformes clamores debiau ser oidos, y satisfecha la necesi- 
dad de restablecer el orden en medio de aquel tumulto de pasiones 

é intereses encontrados. 

« 

Y no puede decirse que para ello se escogió de intento y eon. 
perfidia un mal sugeto, pues BobsTdiila gozaba el concepto de buen 
caballero, honesto y religioso, según lo dice Oviedo. Casas con- 
firma este juicio, añadiendo «que nunca oyó entonces, cuando 
« tanto se hablaba de él, cosa deshonesta ni que supiese á codicia, 
« ni aun después de su deposición y muerte. » Los despachos y 
provisiones que llevó para su comisión, se estendieron en los 
términos mas decorosos para todos y para el almirante mismo, 
encargándose en ellos al juez pesquisidor, un prolijo examen de 
todo, justo y discreto. Difícil era, ó por mejor decir imposible, 
que los reyes sospecharan miras torcidas en el proceder de quien, 
como Bobadilla, era tenido en grande y comprobado concepto. 
Y por eso no consideraron que el constituirlo á un tiempo juez y 
sucesor del acusado, era darle ocasión y estímulo para condenar 
á este de antemano. A su arribo á la isla, halló, como hemos - 
visto, estinguida la rebelión y aquietados los ánimos, en tér- 
minos de ser inútil y aun perjudicial la intervención de su au- 
toridad. Mas no fué culpa de los reyes el que los descontentos, 



— 89 — 



4- 
■8*. 



holgándose de la llegada del *juez , se acalorasen de nuevo ; ni 
qne Bobadilla; ó por violento^, ó-^por crédulo, óporVambiciosq, 
hiciese revivir la^Hafúa mal apágada^del pasado incendio^ y proce-^ 
d[ese coQ tanta enfaldad como injusticia contra los ttes •Colones. 

Estos entre tanto, favorecidos del viento, y tratjidojs con gran 
respeto y cortesía, llegaron á España el 25 de^ noviembre, después* 
de un^ viajé q«e por fcrtuna fué mui corte. Debieron á.la com- 
placencia, de los condt^ores eitjuesus cartfiSs^s» enviasen á la^ 
corte, antes que lasi^del comendador y l0fe procesos ;» y»no bien las ' 
leyeron los reyes, cíban^o mostrándose , en estrémo apesarados, los 
mandaron ponier en libertad y los proveyeron de dineros para sir 
yiaje á Granada, dopde á ja ^zon moraban. M llegar á la presen- 
cia de los monarigas, arrojóscini sus l)iés Colon, en estremo agitada 
y conmovido, sin gpde'r articular una p^bra. Repuesto luego, 
habió de sus desgracias con dignidad^ de la -justicia eon modesta en- 
tereza, de sus enemigos con generosidad y comedimiento. Los reye? 
le oyeron atentos y á todos»trataron benignamente, en particular á 
él, por quien la heroica reina habia tenido y conservó siempre par- 
ticular eslimScion y afecto. Díjosele que su prisión y la de suá* her- 
manos habia sido contra su volunts^^, le prometieron satisfacción; 
de agravios y perj uicios, y revalidación de los pWvilegios y mercedes 
anteriores. Todo esto, ^ice Casas, « con palabras muí ^amorosas y ' 
i eficazes » cuya sinceridad no desmintieron los hechos. Conside^ 
rándo cometidos sus yerros sin voluntad y con buena intención^ 
admitiéronle sin repliíSr sus disculpas. Mas tarde se anularon va-^ 
rias providencias intimadas por Bobadilla, y se le mandó restable- 
cer en sus antiguas prerogativas. Ordenóse la observancia de los 
contratos que tenia hechos en beneficio de la real hacienda, que se 
les devolviese á él y á sus hermanos lo que les habia tomado- el 
gobernador, ó cuando fhénos, qiie se les reintegrase con los bienes de 
este, y en Gu, que se acudiese aUalmirante con los derechos que le^ 
correspondían. Ni entonces ni después hicierop mérito alguno de 
las cartas ccm que apoyaba sus pesquisas el comendador ; siénde 
de notar con este propósito lo que dice el cronista Oviedo : « que 
« las mas verdaderas causas de Isr deposición del almirante quedá- 
« banse ocultas, gorque el reí é la reina quisieron mas verle en-^ 
« mendadQ que maltratada. » Colon, por \p menos, nunca pidió, 
como pudo, la entrega del proceso formado contra él, para defen- 
derse y vindicarse : si biea es cierto qu.e jamas se niencionó en jui- 



* 



— 9a — 

. CID, porque los reycs; é mas de faiLor^'le.áconlarDii.lioiiraft y nier«^ 
cedes. Esia 'poble y generosa cQ.adUcla Im sido pintada por ia* 
numerables autores estranjcros ^con singular e<a§erac¡on/ error y 
parcialidad. .LSt'Ctial no es cstraüo si se considera* que las cosas da 
Ei^a, por una ddbgracia nomereeida^, h¿Hi.andado poreLmuiidode 
ixuieho1iempoá.'egtap^rte, la^tijn«^amente revuélta^y desfigurada»* 
Reprobada la'cmducta de Bóbadilla; y resdelta sd dépos¡cíoA| 
i^ era pradeotQ, aca$o ni ^aun posible , emríar^al almirante para 
que le tomara ];{^iáencki. Semejante desaciei^to Jiublera sumido la 
colonia en nuevas y-^mas. crueles turbacioueft ; t^Qto mas, qae-sa 
autoridad habia ^do combatida siompro>alLrpor la |;«neraUda¿ de 
loa colonos. Cuánta fuera la ojeriza q«e contra eslo^ habia él por 
su parte 'con<Bebido, se^^iuce de^iopchos pasajes de sus cartas. 
« Fago jurameaio , dj^cln^ en una que escribió .con ftuitivo de su 
prisión al ama del prío<¿pe Don Juan » que canljdad de hombres 
hanido alas Indias que no merecían el.^goa para con Dios y^con 
el mundo, y agora vuelven allá. » Y á lo» reyes en esta misma oca* 
* sion suplicaba « por sí y por toda su casa; qi» no so le enviase á 
gobernara ida mientras no se estal^leciesen en eHa«pobladores 
mas honestos y aplicados. » Y:no silindo asequible esie deseo del 
almirante, por el pronto á k) menos, det^minaron los reyes en* 
viar á la Española, en calidad de interino /á fiei Don I^icotas de 
QVtfulo, eoibendador de Larea^eo la órde& de Alcántara, caballero 
de buena sangre, virtuoso y c<Nf crédito de entendido y prudente; 
Si creemos á Don Hernando Cokm, byo y bMigtafo del almiMnte » 
mucho icvitóá. este la conducta de-Ios reyas ^*el pcesente caso. Y 
en tal estoedM>, que á todas partes gue discurriese,^ llevaba eonsigOy. 
como muestras de sn Ingratitud, los grillos que*babía tenido pyes* 
tos : en su estancia los tenia colgados^ y quiso que á áunuierte fue- 
sen con él enterrados en el mismos ataudr. '- 
) Si concibió tan hondo resentimiento Colon.) ¿ pasar de $u 'cor* 
dmra y ejemplar piedad, fué con poca razón por cierto ; pues en 
todas ocasionen IqS* monarcas, le dieron pruebas de íayw y afecto* 
Hecho el dessubrimiifbft) , hafló.en'ellos una fuente perenne de gra- 
cias, como ninfuivvasalÍD 1^ habiacee&idó, com&ni.él mismo acer- 
taba á ponderarlas. En 4495 se le cifoeedió á él ^ á sus baredMOs 
perpetuamente la gracia de traer por amas las del reino con esta. 
letra : « A Castilla y á León noevp mundo dlÓ Colon. » Por una 
vezjse le libraron entonces mil doWa& de oro, ó piír ellas, in»^ 



•,* 



~ 91 — 

cientos sesenta y cinco Biil maravedís, Asigoároasele diez mil de 
e$tosanaal9s dorante su vida, «porque había visto primero que 
oiro, alguno «la tierra de las islas, d favor injusto, que mas acaso 
que ninguno de los recibidos; prueba el favor que gozaba en la . 
cprte el almirante , siendo evidentemente cierto que el primero 
que vio la tierra fué .Juan Rodríguez Bermejo, españoljjjy marinero 
de la Pinta. A él y á cinco criados suyos se les mandó dar buen 
aposento en los paeblos por donde transitaran. Le autorizaron para 
4>roveer< los oficios de .gobernación en los nuevos dominios, y eu 
vez de mandarle, le recomendaban las personas de su mayor 
confianza para que las atendiese y colocase. Con él se consultaban 
los reyes , siguiendo sin vacilar sus opiniones y dictámenes. A to- 
dos se mandó que le respetasen y obedeeleaen , a. porque nos^que- 
remos que el almirante ^e las Indias sea mucho honrado y acafa- 
do como es razón y segun«el estado que le dimos. » £n ^497 se 
ooníirmaron las mercedes y 4)rivilegios anteriores y otros muclios ; 

*se arregló ^ modo <como percibiese á su satisfacción los derechos 
que le correspondían ; se. le permitid la saca de granos, sin dere* 
chos, de España para Indias ; se eondecojó á su hermano Bartolomé 
con la dignidad de Adelantado de las Indias, que ^n facultad le- 
había concedido él mismo ; se.le diúp^miso para ^ndar uno ó 
inas mayorazgos ; y en 4 498 se nombró á sus hijos Don Hernando 
y Don Diego por pajes de la reina. Otras muchas mercedes que 
seria largo y molesto referir (2) maoífíestan^el favor que Colon * 
gozó por mucho tiempo en la corte. 

Si después se minoró algún tanto, con pequicio de sus preroga** 
tivas, débese, á las^'desgraciadas disensiones que turbaron la, paz de 
la colonia ,« y á sus numerosos enemigos de fuera y dentro de Jta 
corte ; pero no á la voluntad de los reyes ni á la ingratitud Ue la 
naoion. Aquellos, j sobre todo Isabel, le mostraroa siempre el m^ 
cordial afecto , y Esipana ha ostentado con justo orgullo entre su$ 
glorias los hechos del insigue navegante,, reverenciando su nombre 
á la par de los- mas gcaodes é ilustres. Tampoco fué desconfianza, 
porque.¿cuál podía concebir el buen entendímienta de Fernando 
contra un estranjero sin familia ni riquezas, general aunque íu-. 
justamente odiado por los pobladores de sus nuevos dominios? 

* Debe cretecsie.pues., que en la época de* sus desgcacias«y hasta la 
nuierte de la. reina, el principal, sino el único motivo. que se opu- 
so al restfüi)lecjnüenlo de la autoridad de Colou, fué la general jper- 



— 92 — 

saasion de que ella volvería á encender, las apagadas disensiones 
civiles : persuasión que por todos medios procuraban esforzar en 
el ánimo de los monarcas^ lo§^u|icos y cortesanos enemigos tlel 
almirante ; los hombres malos de la colonia, que temían la vuelta, 
de un hOQibre recto y severo ; y la turba de alocas comunes , que 
juzgándole por sí mismas , creían verle llegar de un momento á 
otro , armado de odios y venganzas. Mas no puedQ pegarse que al 
cabo de algunos allos., cuando las pasiones se amortiguaron y la 
colonia so vio libre dip muchos díscolos y revoltosos á quienes se * 
pr^vó de vecindad , dejó de subsistíjr aqu^] motivo ^y la reposición 
del almirante fué posible. Entonces, sqlo ya Fernando en el trono 
de España por muerte de la famosa castellana , no quiso hacer lo 
que debía, por consideraciones j>oUticas cuyo fondo eran los zelos 
de la autoridad.^ « 

Pero mientras llegábanla época en que .«^sta^tríste,^ certidumbre 
debía quitar á Colon toda esperanza, perdía este el tiempo y la pa- » 
ciencia , solicitando iuútilQieute volver á la ^colonia quenihabia des- 
cubierto y fundado, megos bien hallado cada día con eUtriste pa- 
pel de suplicante. Cansóse al fin de la inacción^ que le reduelan 
Éús querellas ,* y dirigiendo la vista hacia mas pobles objetos , 
pensó de nuevo en seí útil á su patHa adoptiva. Para ellole ocur- 
rió entregarse otra vez al mar en busca de un paso á la India^ por 
medio del estrechp que juzgaba deber -existir en las tierras descu- 
biertas : idea que le habían sugerido sus. meditaciones geográficas; 
ciertas noticias vagas y oscuras de los indios de Paria, y acaso tam- 
bién el viaje de Ojeda y el de otros navegantes que habían recien- 
temente visitado aquellas costas. Concebido el pensamiento, quiso 
ponerjo por obra con la actividad y calor que le eran propios, sin 
que fueran parte en acmtrarle la edad ya avanzada ^ ni los males , 
ni. las fatigas que es^raba. Acogieron los reyes'»el proyecto con 
gusto y confianza, ya por la que tenían en su saber y espcriencia , * 
ya porque les dolía vede en la corte, solicitando inútilmente lo que 
juzgaban no deber pojr entonces concederle. A esta consideración 'y - 
de suyo grave, se añadía la reciente felicidad de los portugueses, 
los cuales, obtenido .el'paso 4 la India oriental«por el cabo de Buena 
Esperanza, habían visitado aquella tan feliz cuanto deseada región, ^ 
y vuelto á Europa con inmensas riquezas , escitando la ambición y 
envidia de las otras naciones. Así, Lisboa era ya el centro de un 
comercio vastísimo de mercaderías preciosas , cuando España sola 



— 95 — 

babia obtenido por fruto de, sus trabajos la perspectiva de ineíertos 
y remotos beneficios. Hallar pues el paso á ia ludia por mas corto 
camifeo; y conseguir las yen tajas de su comercio, era para los reyes 
Católicos un pensamiento balagueoo , digno de su atención y acogi- 
da. Diéroula, por tanto, mui grata á Colon , y dispusieron que in- 
mediatamente se preparasen la gente y naves necesarias. No fueron 
estas de las mejores , aunque caramente fletadas ; mas no había 
tiempo que perder , ni era hombre el almirante de reparar mucho 
en ellas , bailándose acostumbrado á los j^ellgros é impaciente por 
empezar la jornada. Llevaba consigo á sin)ijo Hernando, mozo que 
frisaba apenas en los catorce años ; pero que ya manifestaba las 
aventajadas disposiciones de que dio pruebas en seguida, habiendo 
llegado á ser varón de gran prudencia y doctrina. Le acompañaban 
también su hermano Bartolomé y mas de cien hombres en dos na- 
vichuelos y otras tantas carabela^ Antes de partir, le escribieron 
los reyes una afectuosa carta, en que le daban priesa para el viaje, 
y protestaban conservarle para él y sus hijos los antiguos privile- 
gios. < Tened por cierto, anadian, que de vuestra prisión nos pesó 
fl mucho; bien lo visteis vos é lo conocieron todos claramente, pues 
« luego que lo supimos, lo mandamos remediar , y sabéis el favor 
a con que os habernos mandado tratar siempre, y agora estamos mu- 
i cho mas en vos honrar é tratar mui bien. » Discreta y delicada- 
mente le prevenían que á la ida no tocase en la Española, como que- 
ría y lo habia solicitado, pudiendo sí hacerlo á la vuelta « de pa- 
sada^ siendo necesario, y para detenerse poco. » « Y no habéis de 
traer esclavos , añadieron ; pero si buenamente quisiese venir al- 
guno por lengua, con propósito de volver, traédie. » 

Prevenido, en fin , de un todo , dio las velas del puerto de Cá- 
diz eH 4 de mayo de 4 502 , y como de costumbre , dirigió su der- 
rota á las islas Canarias. De allí guió á Indias por el oeste, cuarta 
al sudueste , cou mar y tiempo buenos. Tomó tierra en la isla de 
Mantinino, faoi Santa-Lucía, y luego dirigió el rumbo á la Espa- 
ñola. Al acercarse á ella, avínole gran tormenta , y hallándose uno 
de los navios muí trabajado, envió á comprar uno á Santo Do- 
mingo , sin por eso surgir ni entrar en el puerto ; si bien pidió 
permiso para ello, obligado de la neeeddad. La respuesta fué en- 
viarle á decir que no llegase á tierra. Con lo cual , caídos de ánimo 
y descontentos los suyos , y él mismo afligido cou el suceso y el 
mal estado de los bajeles , biciéronse de nuevo al mar en lo mas 



— 04 — 

m 

fMrfódéla tormenla* Trabajosamente ílé'góColotí á los Cayos de 
Hbrante, desde dóitdj , cambiado el mar, sobreviirierotí calmas y 
corrietftes qne lérairojaron á los Jardines de la Reina, sin baber 
ttíto tierra hasta.entóníes. Eo Cayo-largo tomó su derrota paraif 
á deseabrir, y sucesivamente llegó á la isla Guanaja , donde no se 
detuvo , y á la tierra firme. El logar á donde aportó, se llama hd 
Puerto de Tnijillo, y a la punta q«e-lo abriga, ahora de Castilla , 
denoBiiiió entonces el almirante de Gaxinas. No apartándose mn^ 
oho de las costas , y téDi||ido los vientos y las corrientes contra- 
rias, el tiempo siempre tempesttioso , siguió su derrota, corrien- 
do de este á oeste. Sin surgir en parte algnna , llegó por fin al cabo 
de Gracias á Dios el -día H de setiembre , habiendo tomado al paso 
posesión del RIo^Tinto. Allí cambió el "tiempo , d viento y las cor- 
ríetites sobrevinteron prósperas; por lo que, aunque abiertos los 
navios, rotas las velas, perdida anclas, jarcias, barcas, y todos 
desmayados y enfermos, siguió adelante hasta las costas de Mosqui- 
tos, que los indígenas llamaban Cariay : aquí se detuTO á reme- 

* 

diar los navios y bastimentos, y para que cobrase aHento y bríos 
la tripulación. Bailáronse gentes^de mni buena disposición y vivo 
ingenio : en el aspecto, usos y costumbres, semejantes á los de la Es- 
pañola. De oro poca cosa, y eso bajo, por lo cual pasó adelante Co- 
lon, hasta la gran bahía del Almirante y boca del Toro. Llamábase 
aquella tierra Zerabora, y en ella se hallaren muestras de oro fino. 

Por informocron de los indios fué á otra gran balifía qué se dedá 
Aburema , y es la de Cliiriqui. La tierra por allí alta y fragosa, la* 
poblaciones juntas en las montafias, la gente salvaje y tan poco 
comunicativa, qUe de veinte en veinte leguas no se entendían unas 
á otras. De esta bahía pasé al rio de Veragua , donde salieron á la 
ribera muchos indios armados de arcos y de flediías. Rescatóse aW 
gUB oro , pero aquí los naturales, á diferencia délos que hasta en- 
tonces se habían visto, apreciaban poco las bujerías españolas, pa^ 
reeiendo tener en tnas sus propias joyas que las granjeras. S^ien- 
do so camino según lo indicaba la dirección de la costa, recorrió 
por el mar la de una provincia que se detía Cobr»a, y llegó pof 
fin el 20 de noviembre á un puerto pequeBo , que es el de Escriba- 
nos; Y allí dio fin á sus descubriiB4entos {ior aquellos parajes. 

Siempre acalorado con la ideo de las riquezas del pais , daba 
fácHmente a^uso el almirante á cuafnü) le querhn contar los iñ-^ 
dios de la^costa sobre la abundancia , poderío y civilización -de otras= 



— 05 — 

- en el interior. Una de ellas, ééomn, ÜÉiBftdaGi- 
gnare , distaba de Veragua nueve k^aas hacia el peirfente, y aHí 
bi^jMPHiifiiiilo oro «OH que las^ gentes oonstraian primorosamente 
Wnnaebhn , y coraka eoo que se a^on]|(ban la cabeza ^ pies y 
bfaaos. lA habitantes cofiocian olcomef^ y lo hadan en ferias^: 
andalwn cubiertos de ricas y^idnrasj tenían cabaltos*, usaban . 
naos co^ bombardas^ ansos, flecha^; espadas y corazas. También 
)e ínfonoaronquo Gtgnare era una isla 5 y que á diez jomadas de 
.distancia se hallaba un- rio, que segvn las seña^ dedujo ser el 
Canjes. Bien quisiera , ofpiado esto supo , y sobre todo cuandb oyó 
que mui cer^ de Veragua habia«0ánas de oro, reeorrer los lugares 
y av^iguar lo cierto ; pero hubo á su pesar de seguir adelante , 
llevado del mal Jiempo , basta el puerto de Escríbanos , como he^ 
mos dicho. AlU , fatigado él y los sujos, y teniendo mattiatadas laft 
naves, resolvió volverse, difiriendo para mejor ooasi(»n ^ contí^ 
Buar su viaje. Nuevas tormentas le asaltaron al regreso, y taii fuer- 
tes, que anduvo nuevedias perdido sin esperanza de vida : «Ojos 
« nunca vieron , dice él nmmo , la mar tan tMa , fea y heeha espn* 
«.ma« Bl viento no era para ir addante, ni daba. lugar para correr 
«hada algún cabo. Allí me detesiia en aquella mar fecha sangre^ 
i herviendo'como caldera por gran fuego. El cielo jami» fué visto 
i tan espantoso : un día con la noche ardió como forno ; y así echaba 
« la llama con los rayos, que cada vez tniraba yo si me habla lleva- 
« do los mástiles y velas ; veaian con tanta furia espantables , que 
« lodos areiamos queme habían de fundir los navios. En todo este 
« tiempo jamas cesó agua del délo j y no para decir que flovia, sal- 
« vo que reseguñdaba otro diluvio. La gente estaba ya tan molida', 
« que deseaban la muerte para salir de tantos martirios. Los navío^ 
« ya hablan perdido dos vezes' las barcas , anclas , cuerdas , y esta- 
« ban abiertos y sin reías. » Después de mil trabajos, llegó á Ve- 
ragua; pero no habiendo en el rio entrada para los navios, volvió 
atrás algún tanto, basta otro, que llamó de Belén , donde fondeó 
el 9 de enero de 450S. Cuando el tiempo se hubo aplacado un po- 
co, mandó alguna gente armada con su hermano Bartolomé, el cual, 
guiado por los Indios, reconoció el país y halló ricas minas de qué 
cogieron sin trabajo ni t^arefo, caulléaé de buen^oro. ' -^ 

Resolvió Colon asentar allí pueblo ; y como llevase vütrnílas y 
muchas herramientas ; puso mano á la obra con suma diligencia y 
aun con bu^ ésito á los prindpios. «;MaS'bien.sabia yo.qu^no 



~ 96 -^ 

t babia de dorar la concofidia , escribía el amiranfe : loa indios eran 
i mui rústicos y nuestra gente mni importuna ; y luego , me 
« aposesionaba en su término. » Sucedió como lo babia pnevisto ; 
pues ya Mese /'como {>retende él mismo, que el cacique de iftieif- 
ra babia acordado quemar las babitaciooes y matar á toHos los es- 
pañoles, ó que solo luviese sosp^ba de ello y quisiese prevenir ¿I 
intento, es lo cierto que prendió al indio, á sus mujeresj bijos y 
amigos, incendió sus chozas y laló sus sementeras. La vioIeB^ia, 
aunque ejercida sobre hombres tímidos é indefensos, produjo, 
, como suele , amargos frutos. El cacique , burlando la vigilancia 
de sus guardias , escapó ileso , juqló á los suyos y dio con furor en 
el real de los cristianos , en ocasión de hallarse embarcados y fuera 
del rio los mas de ellos. Hirió y mató ¿ muchos ,^todo lo que halló 
.¿ las manos lo destrozó y quemó ; que al infeliz le arrebataban los 
caros hijos , y estaba animado por el furor de la venganza. 

Ni paró aquí el daño de los españoles. Desde el mes de enero se 
habia cerrado la boca del rio, y ya para abril estaban los navios co- 
midos de broma é incapazes de sostenerse sobre el agua. En una 
grande avenida que hicieron las aguas, pudo sacar Colon con gran 
pena tres de ellos vacíos : el otro quedó dentro ;. y como ya habia re- 
suelto abandonar aquellos tristes parajes, dando la vuelta á España, 
mandó que las barcas fuesen río arriba á hacer aguada para el viaje. 
Pues sucedió que los indios acometieron á los pocos hombres que 
iban en ellas, á todos mataron , y luego hicieron pedazos las embar- 
caciones. Quedó Colon aislado en sus bajeles , y alguna gente que 
habia aun en tierra , sin poder reunírsele , cercada de enemigos y 
combatiendo á cada instante. £1 valor y prudencia de un soldado 
español , de nombre Diego Méndez , grande amigo y servidor de 
los Colones , salvó entonces aquellos hombres , logrando llevarlos 
en canoas á bordo de los bajeles, después de algunos dias de re- 
friegas continuas. Reunidos todos, dieron las velas, dejando en 
Belén abandonado un navio , y llevando los otros desmantelados y 
podridos. En Puerto-Bclo desamparó otro que ya no podia nave-- 
gar ; y forzado por la mar y vientos contrarios á volver por el mis- 
mo camino que habia llevado al descubrir, siguió su derrota por la 
costa en un estado lastimoso de miseria , la gente acobardada , 
mohína, y él mismo lleno de aflicciones. La intención que manifes- 
taba era de navegar á la Española , usando del real permiso. Sin 
embargo ; al llegar á la altura de la punta de Mosquitos ^ inclinó las 



— 97 — 

picoas háeía el norte el 4 de mayo : pasó sucesivamente por la Yí- 
Tora , los Caimanes-chicos y Jardiúes de la reina ; reconoció luego 
la ensenada de Ck)chinos, y haciendo rumbo desde allí á Jamaica ^ 
surgió en Puerto-Baéno el 25 de junio del mismo año. 

La llegada i Jamaica fué por el pronto para los navegantes 
una felizidad, porque ya no podian mas dé cansancio y fatigas; 
pero su mansión en la isla se convirtió en una serie no ínter* 
rumpída de trabajos. Garecian de bastimentos , y los bajeles , co- 
midos de gusanos y anegado^ , no estaban en estado de servicio. Los 
zaln)rdaron pues en tierra, y con ellos, para aprovecharlos en algo, 
Jiicieron dos casas de paja en que se guarecian de la intemperie ; 
no sin gran peligro de que los naturales las incendiasen de un 
instante á otro. Por suerte , eran estos menos fieros de lo que se 
temia : acariciados y regalados con algunas bujerías , fuéronse d^ 
paz á los espaiüoles y. pactaron con eOos de darles vituallas del pais , 
en cambio de rescates europeos. Duró poco esta armonía ; que los 
indios, por efecto de su natural inconstancia y desidia , ó cansados 
y rezelosos de sus huéspedes importunos, rompieron el contrato 
y los privaron do mantenimientos. Ya para este tiempo la división 
se había declarado con síntomas alarmantes entre los cristianos. 
Francisco de Porras, capitán de u|ia carabela, y su hermano DiegO| 
escribano de la armada , se hicieron cabezas de un motín contra 
el almirante, desconoderon su autoridad y se retiraron con sus 
parciales á otra parte de la isla poco distante, llevándose consigo 
algunas canoas que Colon había obtenido á duras penas de los in- 
dígenas. Y esto sucedía hallándose gravemente enfermo el almi- 
rante. Mas aunque esta circunstancia hacia doblemente grave y 
angustiada su posición , no por eso desesperó de vencerla á fuerza 
de ingenio y fortaleza. El mas grave maVera el hambre y lo reme- 
dió con un ardid , viejo en verdad , y muí usado, pero en la oca- 
sión oportunísimo ; cual fué el de anunciar á los indios una señal 
evidente de la cólera divina en el súbito desaparecimiento de la 
luna. Con efecto , en el momento del eclipse , privado el cielo de 
la luz del astro, se oscurece, y los indios , atónitos primero , des- 
pués consternados, imploran la piedad del almirante, echándose 
á sus pies. Cediendo este al fin á los impulsos de la cleniencia, pro- 
mete el perdón , y su amistad á los arrepentidos. Pocos instantes 
después, la luna, rindiéndose á la poderosa intercesión del má» 
jico, derrama á torrentes su dpilce claridad por todo el firmamento; 



— 98 — 

y 69 ifiútii^v^tir que desde aquella noehe abuB^on en «1 cam- 
pólas THuallas. Mas faltaba ^r curar el mal terrible de la rebelión ; 
y como á los espaf&oles do se les podía ir coQ«cli|^es, sucedió ^iie 
fué preciso picarles la espada* Los «sfuerzos fue par«a cakoailos 
babia bocho €o1o» en los cinco meses que duró a^el desorden, 
interpretados como efectos del miedo , no babian becbo mas que 
imUirios y aumentar so insolencia. Y ccuato por otra par-te Jiubie- 
sen sido inútiles todas las tentativas de Jos descontentos para pasar 
á la £«paüola, y el hambre apretase, y nadie pareciese á socorrer- 
los , pasó el descontento á faror, .y de las am^azas llegaron á ios 
hechos* £ra sin duda muí puesto al carácter de Colon un combate 
de esta espacie ; pero la seguridad común eiágia el castigo de Jos 
rebeldes , su causa era justa , legítima su 4kutoridad, y los enemi- 
gos provocaban d rompimiento con todo género de hostilidades. Al 
fin vinieron á las manos los dos partidos, mandado el uuoqpor los 
Porras, el otro por Bartolomé Colon, Y aconteció que al primer en- 
co^Diro faer(m desbaratados los insurgentes : muchos de ellos ma-* 
rieron : su capitán rinendo cuerpo á ouei|M) con el adelantado, 
cayó herido eu manos de este, flindierou las armas los que queda- 
ban , y la paz restablecida 4e este modo en elcan)po cristiano , dio 
treguas á las amarguras que contur4)aban el espíritu del almirante 
y llenaban de tristeza su corazón. 

Hacia un ano que consumía en aquella isla , sin ^ovecho algu« 
no , sus fuerzas y paciencia., rodeado de hombres des(»)ntentos , 
acosado del hambre y las enfermedades, sufriendo por sí, por el 
tier^io hijo,^r el hermano á ^uiea habiaiforzado en cierto modo 
á hacer el tan infausto vi^e , y lo ^ue es mas, sin esperanza de 
socorro. Verdad es que recien llegados á la isla , el valeroso Diego 
JMóndez, un genoves de nombre FiescU, y seis indios se iiabian 
embarcado en una canoa para ir ¿ Santo Domingo «en demanda de 
aocorros. Pero eran pasados. muelus meses, y Méndez no parecia, 
ni parecia nadie á libertarlos de aquella terrible situación. Acaso 
babiau perecido aquellos ^hombres valerosos al intentar el pasaje á 
la Española, en mar tan brava y sobre el trcmco hueco y mal la- 
brado de un árbol. Y cuando , <ioa{,m toda probabilidad, llegasen 
á su destino, por ventura los había llevado su mala estrella á co- 
marcas de ludios enemigos, que los habrían matado. Luego, 
¿ quién quitaba que sus émulos, aun en el caso de recibirse sus 
cartas , no estorbasen el afUsUio , por sacrificarlos á sus rencores 



— w — 

inhamauon? Mttcbo tiesipo dor^^esta angustia üiamandael asi- 
vm de CoiOB ; el caal ya YaeiM>a , y ea/sá se reudia a] peso de taa 
lariades iofortomos, cuando la Providemcia , acortando ék táraÚBO 
de la iesxUble praeba^ le dq^ó iib«rtadore$« Y' cofiío si quínese 
haoer mas eoiopleto este júbilo , acordó luaadaiselos poco después 
que., restablecida la coaeofdia eatre los parados , ae ¥e¿a libre de 
una parte considerable de sus inquietudes. Méndez , superando in- 
finitos, obaticulos con iodo el valor y la perseverancia que caracte- 
dzaB les 6Q^)iesas de aquel tiempo , acertó á ILegarácabo Tiburón, 
sitio de la Española ni«i distante de las kabilaciofies de cristianos. 
Los indios de la oomarca, lejos de hacerle (Jaño, le regalaron y 
a£ariciaron á porfía, prestándose seis de ellos. á navegar con él por 
la Qosia , basta llegar á Santo Domingo , metrópoli de la colonia^ 
Así ^e, dejados allí los 4Compañ^os indígenas que sacó de la Ja- 
maica , se puso nuevameaie en eamino , anduvo oobenta leguas, y 
no sin.gmades peligcos y trabajos , llegó á la provincia de Azüa , 
oer<ana á la «apitaU Y habiendo sabido 4}ue el gobernador estaba 
en Jaragua , distante de alU cincuenta leguas , fuese donde él , por 
tierra y a pié, á cumplir su importante comisión. « Ovajodo (dice el 
« mismo Méndez en una reladon que dictó en artíeulo de muerte, 
« y que ha dado á conocer al mundo parte de las singulares ^ventu- 
« ras de este cuarto vlAJe de Colon ), Ovando me detuvo m Jaragua 
«siete meses, hasta que hizo queman y ahorcar ochenta y. cuatro 
a eaeiqvesj seniM?es de vasallos , y con ellos á Anaca(uia, la mayor 
u s^ínradelaisla, á. quien todos ellos obedecían y servian. Y esto 
«acabado, vine de piéá tierra de Santo Domingo, que era se- 
o tenia leguas de allí , y estuve esperando que viniesen naves de 
« GastUla,,,^e había mas de «n año que no Rabian venido, o Por 
fin llegaran tres y de ellas compró una el fiel Méndez, y la envió 
<M>n vituaUasai almirante : coa las otras dos se fué delante á E^)a- 
na , 4)ara dar cuenta á los reyes de todo lo sucedida en aquel viaje. 
Eecibsió pues Colon el bajel y en él salió de Januiiea d 28 de junio 
delM4 » surgiendo en el puerto de Santo Domingo el 1 S de agosto. 
1^0 le engañaron las falsas muestras de e^iño y cortejóla de que 
le colmó eü gobernador. Y tanto por no sufrirlas , cuanto porque le 
pasase iraer á la menaoria sus desgracias en el pais que las habla 
visto ttacer, no se detuvo en él sino el tiempo sufidente para re- 
parar sus fuerzas : hedió lo cual , salió para España el -12 de se- 
líemhre , dando ¿aq^las hermosas plaps su postrer j^ desdida. 



— 400 — 

Otra vez le persiguió sobre las aguas el furor de los elementos : 
combatido por ellos , camiBÓ setecientas leguas con las vergas en 
Ingalr de mástiles^ y llegó á San Lúcar el 7 de noviembre. Allí supo 
que la gran reina Isabel se hallaba gravemente enferma (5), y pre- 
sagiando que iba á perder el mas sólido apoyo de sus esperanzas, 
creyó con fundamento no deber ya ponerlas ni en la justicia, ni en 
los bienes de la tierra. 

Con la famosa Castellana perdió en 'efecto Colon de allí á poco á 
su constante protectora, y quedó sin defensa á merced del capricho 
y la perversidad de los hombres que entendían en los negocios de 
Indias. Uno de ellos era el aragonés Miguel de Pasamonte, criado 
del rei , y en quien este habia puesto toda su confianza ; hombre 
diestro en el manejo de los asuntos, entendido y zeloso por los in- 
tereses del fisco ; mas al mismo tiempo codicioso, vano y de duras 
entrañas. El otro era un Lope de Concbillos , aragonés también , y 
tan malo como su paisano Pasamonte ; y el tercero aquel Juan Ro- 
dríguez de Fonseca , enemigo constanle de Colon , menos capaz 
que los otros, dice Quintana , pero sin duda alguna peor. Lá reina 
había dejado á su esposo por usufructuario durante su vida, de 
la mitad de los beneficios del Nuevo-Mundo ; y de aquí vino que el 
rei y sus ministros , mas atentos al provecho que á la mejora , se 
dieran prisa á coger la cosecha de oro que ofrecía , á costa de la 
sangre de sus infelizes habitantes. No entraba acaso en las ideas 
del tiempo contentarse con la perspectiva de un comercio lejano, 
ni preparar con industria perseverante é ilustrada la felizidad que 
no podía realizarse sino en lo futuro. Aun cuando estas ideas de 
política y economía hubiesen sido de la época ; aun cuando en ella 
se hubiesen presentido la importancia de las nuevas posesiones y 
la necesidad de mejorarlas en bien y gloria de la monarquíi^? ^o era 
posible adoptasen un plan sabio y filantrópico de administración, 
aquellos hombres egoístas y codiciosos á quienes era desconocido el 
deseo de la gloria verdadera. Y á haberlo tenido, no era fácil ha- 
cerse entender de Fernando, que de interesado habia pasado con 
la edad á ser avaro, mayormente cuando cargado con los negocios 
que tenía en Europa, consideraba, dice Quintana, el Nuevo-Mundo 
como ajeno, y no ló estimaba sino por el producto que rendía. 
Para los consejeros del rei debían ser, pues , mui odiosas las pre- 
tensiones de Colon al reintegro de su arutoridad , porque al dismi- 
nuir sus propias utilidades y |las del fisco, cercenaría también un* 



— m — 

parte eonsiderable ie $n iat«rveDcioa.en ios. negocios. Posesionado 
de sos empleos , debia tener Colon mHclia mano en la administrad- 
clon de la colonia, en el nombramiento de emjjleados^ en* la admi- 
nistración de la justicia y en los juicios de comercio. 

£n verdad que tan importantes prerogatiyas podían considerarse 
basta cierto punto como incompatibles con los derechos del soberano 
Y con el buen gobierno de las nuevas posesiones. Colon, que ade- 
mas de los privilegios de los antiguos almirantes d^ Castilla, tenía 
los de Yjxei y Ja prerogpativa de señalar tres personas al ^uonarca 
para todos los oficios, reducía considerablemente la autoridad de la 
corona. Establecíase enlte esta y las colonias como un poder casi ia- 
dependiente, al une debían bacer temible, la distancia, los medios 
pecuniarios de que podría disponer y su caiidad de hereditario. Se- 
mejantes consideraciones, por graves que fuesen, do autorizaban 
ciertamente la violación y olvido de capitulaciones ratificadas muchas 
vezes con todas las fórmulas legales; pero espltcan la conducta que se 
observó con el descubridor, y dan á conocer que en esta no influye- 
ron tanto la ingratitud y mala voluntad del monarca, como el egoís- 
mo y los zelos del mando. Mas moder44as prerogativas de este gé- 
nero con que se hubiese conformado desde el principio el almirante, 
hubieran atraído á su poder méáos^dtos, á su rápida elevación me- 
nos envidia; del ambicioso y a^Sibradizo Fernando, menos rezólos; 
de parte en fin de les ministro^ menos ^conti^a^lp^íones y desabri- 
mientos. Las comisiones de Aguado, de Bob^dñl^y de Ovando, en 
medio de sus motivos peales ,, eran pri^ápalmeute dirigidas á dis- 
minuir la aalofídad ¿-influencia del ^l^írante', siempre con la 
mira de estrechar su dependgncía del «obierno g^ral. A nadie 

* por cierto podía de buena fe <^ur'^í|se1e'el teiñoíide que Colon se 
"enseñorease del país , rompiendo los lazos qué*^ié unían á la me- 
trópoli ; mas no por eso elraloií podia paracer estra vagan te el proyecto 
de estender la autorfdad del gobíern9 á costa de la suya. Y sí esto 
se hacia cuando Isabel estaba Como un escudo entre él y los minis- 
tros ¿qué ño serla cuando estos pudieron entregarse sin freno á 
su malicia personal y á las sugestiones de una política egoista ? 
.Ficíl era prevá'lo. Con Isabel desaparecieron , á lo m^nos conrea 

* peoto al nuevo continente y sus islas , los grandes y nob)es senti- 
mientos , las ideas de magnanimidad , de justicia , de verdadera 

^piedad : con elfa perdieron ks conquistas ultramarinas de la mo- 
narquía su fñ^T fuente de dicha ] y por su muerte , «e yió Colon 



— 402 — ^ 

teáfiJídé^ á represmitarél triste pape! ñe defmaodaBte importuna ea 
^qaetift corte, que al principio le escarneció como vi^onario, y que 
éespves le admirara como descnbridor de un inimdo. 

Gonsamnise , en efecto , pícfieádo vanamente reparación y justi- 
tiB; y ya anciano, gastado el cuerpo por las enfermedades , ado- 
lorida el lültoa con los sufrimientos , murió en Vaffadolld el 26 de 
mayo de :f 506, á los 70 años de su edad , según tas mas fondadas 
conjeturas, mostrando al dejar la yida aquella piedad y entereaea que 
fiabfan bfillado siempre en todas sus acciones. Sus restos^mortales 
fueron trasladados de España á Santo Domingo en 4556, junto con 
los de sn hijo Don Diego, que habla faUecido en 4526. Ajustada 
la pas^ de fiastlea entre la España y la Francia el«aña de 4795^ se 
convino en que la primera cediese á la' segunda en propiedad la 
parte que aun conser?aba en la isla Española^ y con este motíro 
las cenizaf del alminhate fueron trasladadas á la ciudad de la Habana^ 
donde todavía existen. 

Si el mérito de los hombres se estima por la importancia y uti- 
lidad de las empresas que vencieron, ningún mérito es comparable 
al de Colon r las naciones europeas le deben el mas grande ele- 
mento de su poder y de sus ríquezas : la España ,,en particular, su 
masbeilc/ título de gloria : lasi ciencias sus progresos. Si desaten- 
díiendó el resultado , no se quiere bace&.entrar en el avalúo del 
mérito mas que eU trabajo de.hfcobra, ninguno fué mas grande 
que el empleado^ot Colon en su njemoraUe descubrimiento : todo 
era preciso vencerlo, porqae todQ, se le oponía ; la ciencia, los honí- 
feres, d Océatío. Justa p0r*tantp y agradecida la posteridad , ha co- 
locado su nombre en el c^to^álogo de los bienhecltores del genera ^ 
humano. « - «^ 

Colon tenia uri'ingenio vasto , fuerte , osado , y torda la iostruc- 
cion que podía ofrecer su tiempo en las materias relativas á su pnK 
* lesión de navegante. Su sensibilidad era Mn viva en el corazón 
cotño en la inteligencia; si bien la moderaban constantemente un 
juicio recto y él dominio que su raíon éjercia^abre sus pasioüíes ar- 
dientes y profundas. Su alma abrigaba la ambicio^ de la gloría, y 
tenia ; coma los nobles petaos, el orgullo de las buenas acciones. 
Fué mui aficionado á las bettas letms j y bacía versos latinos. Ver- * 
sadísimo en la sagrada escritura^ é imbuido en la idea de recuperar 
los Santos Lugares, recogió en up Hbxt) las profecías relativas tf 
ikstmtO; queriendo persuadir que el descubrimiento *de las likdilfts 



— Í05 — 

estaba ananciado en ellas, y que por su medio la España iba á te- 
^mer la gloria de una 'nueva Cruzada: ilusiones bijas de su fanta^a 
poética , ^ i^e la religión que se unia á todas sus acciones y pensa- 
mientos. La historia le representa de genia grave , ceremonioso y 
reservado, pero lleno de'cortesanía : como modelo de costumbres 
detoéstjfias y de virtudes cívicas; en sus afectos, constante ; en sus 
enenmtades, geaeroft». 

* IVo faltan manchas en su vida : que por desgraqia es flaco é im« 
perfecto el kooibre, ll^oo dec^(icbas.ypoatiradi«cioAes. Hablando 
de él en s« historia general de Indias^ei santo obispo de €bia|ia^ dice 
con referencia á su triste muerte y sus tribulaciones : a Es.to no 
« fué, sin juicio y beneplácito divino... Quien bien quisiere ad- 
<( vertir é considerar lo que la historia con verdad hasta aquí ha 
« contado de los agravios, guerras é injusticias, cautiverios y opre-, 
ii sienes , despojos de señoríos, estados y tierras , privación de pro- 
« pia y natural libertad, y de infinitas vidas que á reyes y á señores 
« naturales, y á chicos y á grandes en esta isla (la Española) y 
II también en Teragua, hizo y consintió hacer absurda y desorde- 
« nadaménte el almirante.... podrá sentir, que todos estos infor- 
(I tunios y adversidades, angustias y penalidades, fueron de aquéllas 
« culpas cf pago y el castigo. » El defensor de los indios , á quien , 
como dice Argensola , « el fervor calentaba el ingenio » , fué mas 
que severo , cruel aquí con la memoria de Cotón. Los hechos en 
que funda su tremendo fallo son exactos ; pero no pueden con 
estricta justicia atribuirse al carácter de Colon las faltas y los erro- 
res que fueron hijos del espíritu é ignorancia de aquellos tiempos 
desapacibles y rudos. Casas, como todos los hombres imbuidos de. 
una sola Idea , condenaba sin remisión , y á vezes con sobrada li- 
jereza , cuanto se oponía al sistema qué se habla formado, y era 
el objeto esclusivo de sus meditaciones y trabajos. Conviniendo 
pues con él en la verdad de los hechos ; pero separando lo que em 
del hombre de lo que pertenece á las circunstancias ; lo que sale 
del corazón de lo que emana de una falsa política ; los vicios del 
alma del error de las opiniones, debemoá concluir que Cplqn era 
.á un tiempo grande por el ingenio, por el valor y la virtud. 



CAPÍTULO vr. 

Vuríó Colon sin conocer la importancia y estension de gu descubrimiento. 
— > Américo Vespucci logra imponer bu nombre al Nuevo-Mendo. — Quién 
era aquel hombre. •— Fábulas propagadas sobre algunos descubridores de 
las indias occidentales, anteriores á Colon. — Descubrimtenlo de los escan- 
dinayos. — Los hermanos venecianos Zeni« —Mérito y utilidad de iá jor- 
nada de Colon. ^ Sus reiullados. — España y su conquista de América.— 
América y su civilización antigua. — Empieza la historia propiamente di- 
cha de Venezuela. 



Murió OQlon sia comprender su descubrimiento y creyendo 
solo haber abierto un nuevo camino ai comercio de la Jndia^ 6 
visto regiones del Oriente, desconocidas basta entonces. Él, que se 
entregaba con tanta facilidad á los arranques de su imaginacioü' 
poética^ y que veia en Veragua el Quersoneso de oro, la Oíir de Sa- 
lonion en la Española, en la tierra firme el Paraíso : él, que creia 
haber oido distintamente en varias ocasiones una voz de lo alto, 
que le consolaba y le fortalecía ; que no habría pensado y dicho sí, 
conociendo la grandeza y novedad de su descubrimiento, hubiera 
meditado sobre sus importantes consecuencias! Mas un mundo 
nuevo, de inmensa estension, separado como una isla de todas las 
tierras conocidas, era una idea tan grande, tan nueva, que no 
pudo formarse ni en la cabeza del mismo que lo habia descu- 
bierto ; cabeza por otra parte llena de entusiasmo y vigor, pensa- 
dora y profunda. 

Muchos viajes y prolijas observaciones fueron necesarias para 
que esta gran verdad quedase demostrada; pero unos y otras se 
^hicieron algunos anos después de la muerte de aquel grande hom- 
bre, privado asi por la fortuna de la única satisfacción que hubiera 
podido consolarle de la injusticia «y de la ingratitud de sus contem- 
poráneos. Porque al imaginarse los bienes que aquel nuevo mundo 
iba á derramar sobre el antiguo ; los imperios que en él debían 
formarse ; la gloria de su nombre conservada en las mas remotas 
generaciones, habría olvidado su pobreza, y lijeras hubiera consi- 
derado las injurias recibidas al compararlas con ideas tan halagué* 
ñas y sublimes. 



• . —^05.— 



« 



* 



Pero estas iojastícias que llenaron -de afiaargura «u vida, tam- 
bién' persiguieron su memoria, y'la posteridad, qtfe hubiera de- 
foúip repararlas, ha sancionado de edad en edad la mas grande y 
mas inicua de todas ellas, «dando^al mundo que descubriói el nom- 
bre de un oscuro aventurero. Y no fué siquiera el de uno de tan- 
tos valerosos castellanos como- acompañaron 'á Colon pii sus prime- 
ras joraadás, sino el de*un kombre á qpien nada debe la humani- 
dad, el de aquel Amérrigo Vespuííti , compañero de Ojeda en su 
viaje de^499. 

Nacié aquel hombre en Fh)rencia, de familia noble pero poc(\ 
rica, y recibió una educa«ioq esmerada bajo la dilección de su 
propio lio J<>rge Antonio Vespucci, docto religioso de^San Marcos. 
La época de su ll6gáda^á«66paña es incierta , y las noticias que se 
tienen acerca "de su residencia en aquel reino^ no comienzan sino 
el año de l^SOO. Documentos conservados en los archivos reales 
demuestran que era factor de* la casa de JuanotoBerafdi, rico ne- 
gocianta florentino, residente en Sevilla : el cual hobia^ hecho 1^l 
asiento^con los soberanos de España para preparar armamentos des- 
tinados al servicio 4.e los pi^ise^ nuevamQj)t# descubiertos. Muerto 
Berardi en \ 495, quedó Vespucci encargado de los negocios de la 
casa y entendiendo por tanto en los armamentos ofrecidosf uno 
de los cuales salió de España á principios de 4496. 

Ocupado en estos asuetos, tuvo necesariamente conociihiento y. 
trato con el almirante; cuanto mas que Berardi era apoderado y 
líente de este en la corte, y con frecuencia debió- verle Amérrigo 
«n su casa. De la novedad de los sucesos*que entonces se pasaban, 
del entusiasmo de Colon, y acaso de sus consejos, se originó la re* 
solución que lomó,^ conio ya hemos visto, el florentino, de estudiar la 
geografía y la náutica, á fin de lanzarse en la nueva carrera abierta 
al saber y á la ciencia. Mas íéjos dé ser cierto» comd^lolian escrito 
algunos estranjeros, que Vespucci pasaje U Indias en los primeros, 
viajes de Colon, por los años de H92.f \ 4^5, no se yuelve á haUar 
mención de el en los arcbivps geuerales^del reino, hasta el de 1499 
en que hizo su viaje al JNuevo-Mundo como compañero de Ojedá. 
Y esta es. la única noticia de que hubiese navegado mientras estuvo 
enEspaña, ignorándose en qué clase fué embarcado para esta es- " 
pedición. " * • 

De ella volvió, como ya sabemos, á mediados, del .ano 45.Q0« En 
el de \ 50J abandonó repentinamente la España, y entró al servióo 



de PoilagaT; y como las noticias autéotieas que hai de ¿1 en el pri- 
mero de estos reinos no continúan sin interrapcion sino des4e 
•I 5Ct5, es claro que solo pudo residir en el segundo desde 4*50^ hasta 
•1504. Ed todo este tiempo anduvo con los portogueses, como To 
comprueban hasta cierto punto yarios documentos : de los cuales 
resutta que 9i navegó* por cuenta de elfos al Brasil, fué como indi- 
viduo subalterno de la tripulación de algnñ bajel; y tanto por esto, 
cuanto porque aquella región habia sido vista ya en 4 500 por 
otros navegantes, no puede considerársele cpmo su descubridor. 

En 4505 volvió á Espaha llamaclo por el rei Don Fernanda de 
Aragón^ para que, como entendido y' práctico de los negocios de 
Portugal, Ve Informase de las idea» y proyectos del gobierno de 
aquel reino, .en punto á espediciones para- las costas de! Nuevo- 
Mundo, y de sus progresos en las Indias orientales. Este servicio y 
otros de no mucha importancia, le valieron grandes recompensas, 
entre las cuales son notables su carta de naturaleza en los reinos 
de España y el qpmbramiento de piloto mayor dé la corona en 1 509* 
Entonces se estableció en Sevilla^ para ejercer las obligaciones y 
encargos de su nuevo oGcio, y en aquella ciudad murió el 22 de 
febrero de 4512, sin haber vuelto á navegar desde que en 4505 
pasó' segunda vez á España. 

Es pues evidente que Améríco no ftié á Paria, sino después que 
Colon la hubo descubierto, y lo qué es roas, siguiendo paso á paso 
las huellas de este grande hombre y sus indicaciones ; pues de- 
bemos recordar que los pilotos que fueron en la espcdicion deOje- 
da, tenían á la vista y*cousaltaban constantemente la carta de 
aquella región^ que Colon habia formado, y que con ellos iban 
algunos hombres de mar que hablan acompañado en su viaje al 
almirante. 

En cuanto' al viaje de Américo al Brasil , motivos hal para po- 
nerlo en duda ; y motivos poderosos. Ninguna noticia de seme- 
jante viaje se encucntha eír los archivos generales de Portugal, 
donde se han hedió varias vezescon este objeto indagaciones pro- 
lijas : ninguna mención se hace de su nombre en las historias por- 
tuguesas, •generalmente mui fieles éto la relación* de lo? sucesos de 
aquel tiempo y en recordar el nombre, el rango y los servicios de 
los marinos nacionales y estranjeros. Pero atribuyendo este silencio 
estraordlnario á causas también éstraordinarlás, y dando por sen- 
lado que Vespocci^-liizo un viaje al Brasil, ya hemoá ristd que esto 



A a. 



— 4*7 — 

vo pod^sor siBO entre los años de ^5Cy y 4504, es áeár, cuando 
iMri^ia ya sido desetibierla aqn^M tierra por otro^vayegantes. 

Desde 4508 ¿ 4 $27 se siguid un proceso por el fiscal del rei con 
bon l>iego' €olo», soKeltando este el gobierno <fe ciertas partes de ta 
tíerfa ftrme, y mía porekm de los t^enefieiorqne eUas prodaciao^ 
> segvii ka capitutadones ajnstadus entre fes reyes y stt difunto pa- 
dre. E» indbdaMe q«e en tan nugahir procese, donde era juez y 
parto )a corona, d^k ser g^nde e(' interés de esta en probar que 
<kAüQ no había deseal^erto á Paria y las islas de las perlas. Pues 
en estos avtos denoetraron Ms interesados con dentó mteye testi- 
^08^ gno Colon fué el primer descubridor de las Indias, de la costa 
de Paaria y del Dama; -y entre ellos estaban el mismo OJeda, los 
Mazonea, Bastij^s y otjros i^lotos y (kscubridores. conocidos. Ni á 
e^tos, nf }l fiseal, ni á nadie le ocurrió entonces hacer la mas lijera 
kidieaeion <)ue-fa?oreetese las preteifsíoneff de Vespucei á la pr^ 
mada del descobrmttento. Por el contraria, era tan desconocido 
oéDSO navegante entre -los espafioles qne hicieron aquellas espedí- 
eioneS; que en ninguna parte del proceso se mencionan su nombre, 
sus Tia}es, nf sus fabulosos descubrimientos. Solo Ojeda habló de^ 
hméfko, com& era natural^^iciendo que en su jomada á Parla 
•tebk lleyado consigo i. Juan de la Cosa, á Téspocd y á otros^pílotos 
ir siendo él, Alonso de.Ojola, d primer hombre que fuera á descu- 

• bnr, después que d almirante. » El derecho de .Colon á la anterio- 
ridad dd deseubrimfento de la tierra firme , quedé perfectamente 
dstabfecidé por los testígos'de amba^ partes ; y tanto, que ^en él se 

^jó h tan justamente celebrada dectfíon del consejo de Indias 
en favor de Don Diego y contra el rei Don Femando, mandando 
que se cumpliese al prñnero lo que á Colon se.habta oñreddb. « Con 

• que quedó mas declarada, dice Herrera, fa cautda de Améríco 
« Yespufcd en atribuirse la gloria ajena, o 

¿ De dónde vino, pues, que se creyera á e^te 'oscuro Américo 
descubridor del Nuevo-Mundo? ¿Por qué fatalidad logró imponerle 
su nombre con el unánime consentimiento de todas hrs naciones? 
fncottiprenslble parece ; mas para ello hubo causas que nacieron de 
las snperdierfas del ffofentino y de la liviandad de los juidos hur 
nanos. 
* ' De vüdta de su viaje á Paría en junio de 456^0, escribió Ves- 
' puecí una suma de él, que quedó inédita y desconocida íiasfa 4745. 
JM» oHti de stt viaje al Braslf por cuenta d er PlMugal , que no se 



' publicó hasU 4789 : en 4504 escribió coa mas esténsos pormenores 
sobre este mismo Tiaje ; y'esla faé la primera de sus relaciones que 
yié la luz pública, imprimiéndose en Strasbourg en 4 505. Última* 
mente 9 pocx> despues.de una segunda espedicion que pretendía 
Américo haber hecho al Brasil por orden de la corte de Lisboa, es- 
cribió en esta ciudad en itOÁ una carta que contenía la relación - 
sumaria de todos sus viajes, la cual se publicó en latín en 4507. 
En esta carta es donde finge haber hecho unajornada á Paria .en 
4497, para anticiparse al almirante en su descubrimiento, y iam«> 
bien donde, omitiendo el nombre dé )os que le acompañaban en 
todas estas espediciones ^ se atribuye el mérito de haber visto el' 
primero, ya en el Brasil, yá en Paria, la tierrajel nuevo continente. 
Estas relaciones, relativas á paises desconoddos que idspiraban tantta 
curiosidad é ínteres, y escritas con elegancia y habilidad^ se tradu- 
jeron en varios idiomas, se estendieron con rapidez por toda £tt«- 
ropa y donde quiera fueron leídas con admiración y entusiasmo. ' 
Publicadas maliciosamente después de muertos la reina católica y 
el almirante, y cuando las conexiones de la Península con las otras 
potencias- de Europa *eran poco frecuentes, no se pudo comprobar 
* fácilmente'la verdad de los hechos, ni contradecir las absurdas 
pretcnsiones del impostor ; mayormente cuando tales escritos jOf. 
mas se imprimieron ni divulgaron en España. Propagáronse sus 
falsas nociones en los tratados de cosmografía y de geografía, pa- 
blicados fuera. del único pais que podía desmentirlas, y a poco se 
acostumbraron todos á denominar América los paises cuya lii/sscrip- 
cion había Yespucci hecho el* primero, atribuyéndose el mérito dé 
haberlos descubierto. Desde los años 4507 y 4509 se notó en los 
escritores estraújeros el conato de llamar con su nombre áia parte 
meridional del nuevo continente ; conato que el florentino se em- 
peñaba en fomeutar por medio de personajes valiosos y de notxir 
bradía, á quienes dedicaba ó dirigía sus escritos, y eaparciendo 
con el mismo fin tablas geográficas y cartas de marear dibujadas 
con primor. 

En estos escritos están trastornadas las fechas , cambiados los 
nombres de países y personas : unos mismos sucesos aplicados «á 
viajes y tiempos diferentes. Mótanse alteraciones considerables he- 
chas en las mismas cartas ó relaciones publicadas, y en ellas fába*» 
las absurdas é ínverosínúies acerca de las tierras nuevas y sus haM~ 
tantes , y laí^timoQos errores diei cronología , historia , náutica y 



— 409 — 

astronomía ; confiiso caos en que se han perdido cuantos preten- 
dieron bacer á Vespncci descubridor del Nuevo-Mundo. Acaso la 
mala íe de los traductores ó el descuidc^con que se hicieron las 
ediciones contribuyeron a desfigurar mas y mas estos escritos cbn 
errores de lodo género; pero está fuer| de toda duda que ellos se 
originaron primitivameote de la yanidad de Américo, empeñado en 
atribuirse el mérito que esclusivamente pertenecía á un hombre 
que le dispensó su confianza , que le protegió cuanto pudo, y que 
con buena Toluntad ie recomendaba á sus propios hijos y á la corte 
de España , como un sugetó honrado, útil y digno de ser favore- 
cido. No poco debieron contribuir estas recomjsndaoiones de Colon 
á los medros de Yespucci ; medros que en verdad fueron mui supe- 
riores á su mérito. « Yespucci , dice Muñoz , en linea de'hombre 
c de mar era inferior á casi todos los descubridores de su tiempo ; 
<r no obstante, fuá premiado sobre casi todos, y hasta nuestros dias 
« ha úáo honrada su memoria poco menos que la derincompara- 
«bleGolon. » 

• Asi fué pues que vino á llamarse América el pais que este des- 
cobrió, y que hoi debiera honrarse con su nombre : ánjusticia que, 
sancionada por el tíempo , parece irremediable , y es acaso el 
ejemplo mas sorprendente que ofrece la historia, del triunfo de una 
impostara reconocida por todos. Solo la España resistió, agradecida 
y justa, esta monstruosa usurpación , pues su gobierno siempre ha 
denominada Indias occidentales las tierras del Nuevo-Mundo : uno 
de sus primeros tribunales en juicio contradictorio contra el rei , 

m 

sostuvo el derecho y la gloria de Colon ; y sus autores antiguos, in- 
dignados de la superchería , propusieron con calor en diversas oca- 
siones se diera á aquellas comarcas el nombre de su ilustre y des- 
graciado descubridor. Todo en vano, porque el hábito ha prevale- 
cido sobre el desengaño. 

Poco después de muerto el almirante , se circularon fábulas , 
para privarle, no ya del méritj» secundario de haber visto primero 
que ninguno el continente, sino de la originalidad del pensa- 
miento de buscar por el Océano las tierras occidentales. Varios his- , 
toríadores españoles, copiando al inca Garcilaso, pretenden que uu, 
piloto de Huelva , llamado Alonso Sánchez , navegando de España 
á ks Canarias el año -de ^484, fué arrojado por un temporal á.Ia 
isla de Santo Domingo , y que de vuelta»á la Tercera comunicó á 
Colon su vt^e y su derrota. Dos escritores coetáneos de Cdon , y 



de ^ múma patria , atribayeii la priaftitiva idea de los deseobri- 
mientos por el occidente á su herinaao BartoloBié , mas esparto y 
hábil que él, segvn diceD, y que k concibió eB LísIn» oyeiido faw 
relaciones de los marinos portugueses. Mas todo esto ain pruebas , 
y contra Inertes testímoiiios que k conceden la anterfotidad «n «1 
pensuniento de aquella felfz navegación. £1 ide los mtsaies rO|iea 
por ^m^y que bkn«Dterados del asnnto, k deetan en 1494 : 
« Una de las principales cosas porque esto {su prka^ desoCibfi>» 
miento) nos ba placido Umto, es por s^ iaveoliÑia , priadpiidft é 
habida por vuestra mano , trabajo é industria. » Y en otia paite : 
< Granujosa ha^o este negocio vuestro , y conocemos f ua babéíB 
sabido eaolk mas qm ndnea se peanó que pudieca aabtf mugmio 
de ks nacidos. )» Corrobora este juicio <k los reyes él «aotir mHh* 
nime 4k -casi todos los historiadores españoles , y particnlormofeto 
el del P. Gasas , escritor tan candoroso y entendido en ks cosas 4e 
las Indias ; olciial hablando de la mucha ckaeia del ainuraoite, aae* 
gura que enseñó lo náutica, á su hermano Bartolomé* AseUeíonqtie 
ealá de aenapdo con lo fue dejó^scrílio el aabk Don Bemando^ hijo 
del lloarante, y- lo que esta mismo deeía d»sas estadios. En cnanto 
á personas ^ue por oomwHcaclooes k sugiriesen la idea y el buen 
obispo de Cfaiapa , que tn^O á la vista «ñas memorias eseiKas por 
Ooton , dice que hablando este en ettas de indkios sobre ttevtas al 
oeeidenteyda^ks por piktos y marineros portugneaes.y eastelkaas, 
citaba ofttne farios á un vecbo de Palos , que airmaba h^ber an- 
dado mufibo trecho la mar adentro^ y descnbkrto á su weHa al 
Fayal k isk de Ftores ; y tanüiiená dos españoles «foe k habkron 
de «n vnje hecho á irlanda^ «en ol cnl , desviados <de sn dorrota , 
seongollunn por tal tMMM, al somesfte , ifne avistaron la Terra- 
nova, icmada en su jimáe a) principio por k Tartaria. €ásasidiee 
también que los primeros descubridores de k Scpailoia (á qanenes 
Gonodó) encontraron entre ks aaturalea de la isk k trafickn de 
qnepoeoseios antes de su llegada babian aportado alH otabs hom- 
bres hknlM» y bari^ados como elks. Mas en ninguna p»te/ni el 
P.ni to libros de memorias del almtráitte hablan deAlonfleSáa- 
ches , y todas esas otras relaciones inas ó monos osonins , eoimbmi 
en el núiñero de los indicios por donde Gokn juzgaba hacedera la 
empresa qne eos raekcíntos le preseiitaban como posibk. 

Otoi de «íen aftos ántesque se viese el Nuevo-li«l^, pretenden 
lofs Taacongades b^keí descnhierto ks imeos de Temanefa yk. 



pesea del bacalao ; pero faUaft.dDcumeotos en apoyo deteste as^io^ 
sin embargo de ser verdad que teniao un^ant^uo 7 grande €om^« 
do con lasjiaciones europeas, y qm navegaban á los mas reoK^tos 
mares «ntónces conocidos. Los Viajes lieebos á Terranova por los 
giúpuzcoatios, no son mui anteriores al ano ^^40', y está probado' 
que la pesca no se descubrió hasta el ano de ^ 526. ^i es mas qoe 
una suposicioir el descubrimiento de estas comarcas por algunos 
edesiásticos irlandeses en ^ ano de -1 285 ; suposición que , 'pQ£ 
fundarse ademas en una relación diminuía^ aunque contemporánea, 
"no iperece un asenso absoluto. 

Ciertamente no es imposible que tos-escandinavos, tan fanújiari- 
zados con los peligros del mar, tan valerosos y aventureros, recor- 
riesen las costas setentrionales del nu^vo continente por las riberas 
del Labrador, y aun si se quiere, por el pais é^e Terranova. Así á 
lo menos se asegura, bajo la autoridad del Saga ó crónica^de 
Snorro, que escribió en -1245, largo tiempo después de los sucesos 
que refiere , poes estos , en todo caso, «no tuvieron lugar siao^tntre 
los anos de 986 y 1^21. Forster en su libro intitulado Viajes al 
norte^ no manifiesta duda alguna acerca de la autenticidad del he- 
cho; el; cual, ademas del Saga, se halla corroborado, según él, por 
muchos manuscritos irlandeses que recogió. Forfaus en dos obcas 
estimables, una sobr^ la antigua Groenlandia, otra sóbrenla Vin« 
landia; que (al fué el nombre impuesto pQr los normandos á una 
de las comarcas del Nuevo-Mundo visitadas por ellos allá en el 
ano 994. Recientemente la real Sociedad de Anticuarios del norte 
ha publicado muchas investigaciones y documentos interesantes so^ 
bre los descubrimientos escandinavos en aquellas regiones, de donde 
aparece que esploraron no solamente los paises árticos, sino al- 
gunos otros 4el JNuevo-Mundo , acaso basta la Florida. Mas admi^ 
tidos como verdaderos de todo punto estos hechos , es imposible 
d^jar de convenir en que ellos no produjeron otro resultado que 
algunas relaciones entre los groelandeses y los esquimales , tanto 
mas imperfectas, cuanto que los primeros jamas consij[];uieron fun- 
dar una sola colonia en el pais de los segundos. Y luego, el último 
indicio de semejantes relaciones remonta al año de 4o47 ; ciento 
treinta antes del viaje de Colon al norte , no existiendo dato alguno 
que manifieste haberse conservado en los años posteriores. Lo cual 
mayormente se corrobora con la total ignorancia que de ello tenían 
«i el siglo XV, tanto los geógrafos como los navegantes de Europa. 



— Íí2 — 

A no ser así', algo debían de haber sabido los españoles , á causa 
de'fius navegaciones y comercio en los mares del norte, que mui 
de antiguo frecueutabaji. Así debemos concluir, que las ideas de 
los. escandinavos sobre las' regiones visitadas por ellos en el Nuevo- 
Hundo , ni se pendieron mas allá de su propia naci^ ,«ni en ^llai» 
minna se^onser varón largo tiempo. 

lancho menos fuerza, sin comparación, tienen lasVazones y au« 
totídades que se han alegado para prolfbr que dos hermanos vencT- 
cianos, de nombre Zeni, divisaron el Nuevo-Mundo, mas de un^^. 
siglo antes qué Colon lo descubriese. Forster así lo cree , Maite- 
Brun Jo da- por cierto , Balbi lo^ afirma. Y sin embargo , algunos 
críticos hábiles han rechazado con bastante fundamento la relación 
en que se funda el suceso , por parecerles una fábula grosera. Con 
efecto , la tal relación se apoya únicamente en el dicho de un pes- 
cador, y los hermanos Zeni solo estuvieron en la («roenlandia y en 
una isla cuya posición se Ignora. Que las tierras que descubrió el 
pescador fueron Terranova , la Nueva-Escocia , la Nueva-Inglaterra 
y el imperio mejicano, es solamente una conjetura de Malte-Brun, 
tanto menos fundada , cuanto que no concuerda la descripción con 
las cosas que después se han encontrado en esos diversos países. 

Discusiones son estas que á nada conducen , si el fin es defrau- 
dar con ellas á Colon del mérito de haber concebido el proyecto 
de buscar las tierras de occidente en fuerza de propio» raciocinios 
y observaciones , y no guiado por ajenas noticias. Todo prueba que 
esta gloría le pertenece esclusivamenle; pues por lo que hace á las 
noticias de los Zeni , consignadas en una carta que trazaron al in- 
tento, observaremos que ella, según Malte -Brun, estaba en 
Londres, agregada á una obra danesa, cuando Bartolomé Colon 
se hallaba en aquella capital , y basta haber leído la historia del 
almirante, para saber que cuando su hermano fué á Londres, ya 
él había hecho la propuesta del descubrimiento á la corte de Por- 
tugal. En cuanto á los viajes normandos, que fueron, según al- 
gunos , los que le determinaron á acometer la grande empresa , 
sépase que su espedicion al mar del norte fué en 4 477, y que en 
4474 escribía a Paulo Toscauelli, célebre cosmógrafo de aquel 
tiempo, comunicándole su intención de ir á buscar directamente 
por el oeste la ruta de las Indias. Demos por cierto que Colon hu-' 
biese tenido noticias de los países descubiertos por los Zeni y los 
normandos hacia el norte del Nuevo-Mundo> ¿por qué los busCí^ 



lJ oocidenle, indínáfK^ mucho al Ecuador? No pudo ser la 
* causa de esto el adj'^^'^ ^^ estaban prolongados un espacio in* 
menso bada el s>'> P^^^l!^^ desde entonces le hubiera sido fácil ver 
ea ellos un n^^^ continente, y él ha muerto en la persuasión de set 
parte de \p* indias orientales los que habia descubierto. Colon siem- 
pre bjp^<> 1^ regiones descritas por Marco-Polo , y jamas le aban* 
do^ la idea de haberlas encontrado.. Por donde en razón y con* 
dencia debe confesarse, que si tuvo conocimiento de los viajes 
mencionados, ellos en nada influyeron para determinarle á una 
empresa que no tenia ninguna relación con los descubrimientos ca* 
fuales de sus predecesores. 

Y luego ¿quién no ve la diferencia que hai entre esos sncesos os- 
curos, desconocidos y sin resultado, y la jornada de Colon? De 
aquellos ningún provecho sacó la humanidad, pues encerrados 
en UD estrecho círculo y mui poco beneficiosos para Iqs descu- 
bridores , luego se perdieron , sin dejar huella ni memoria ; á 
tíempo que Colon, igualmente ilustrado que intrépido, no solo 
abrió el camino á las espediciones sucesivas , sino que logró inte- 
resar en ellas la curiosidad y conveniencia de las naciones euro- 
peas. A él se debe el impulso que recibió entonces el valeroso pue- 
blo espaüol en la carrera de los viajes y descubrimientos ultrama- 
rinos. Y tanto, que mui pocos anos después de su muerte , pene- 
trados los pílalos peninsulares del espíritu que supo inspirarles^ 
recorrieron la dilatada ostensión del nuevo continente, los mares 
gue lo bañan de uno y de otro lado , desde el África basta el archi- 
piélago del Asia, y las innumerables islas derramadas en sus cerca* 
nias. Tales son con poca diferencia los descubrimientos hechos por 
los españoles en las regiones occidentales que se llamaron Nuevo- 
Mundo; descubrimientos que les dieron poder, gloria, riquezas , 
y contribuyeron grandemente á la común prosperidad del género 
bumano. 

Kntónces, nuevas tierras y climas, produa*iones diversas de las 
conocidas en lodos los reinos de la naturaleza , y una raza de hom- 
bres diferente, ofrecieron vasto campo al estudio y á la meditación, 
enriquecieron la historia natural , dilataron el dominio de la gco* 
grafía , dieron esiension al comercio , perfeccionaron el arte de te 
navegación , y marcaron en fin una nueva era en los anales Blosó* 
lieos, morales y políticos de la especie humana. Y en efecto, por' 
ponseciiencia de estos descubrimientos se rodeó el jglobo terrá^ 



- IÍ4 - 

queo; lo cual produjo desde Itiego el cott^iafcfrtto d^^Vértáí» 
Jera figura y el de sus partes principales, k-^nch^da tt ^fíT 
de las ideas j fueron désVáiíéci¿itdo$e poc# á pocoi^^^ erfoírdé qtié 
oscurecían la ciencia. Va no hubo climas , aguas, nív^^.^^^ ^]b^¿ 
na que impidiese á las geiites del orbe antiguo el compK^^ cono-* 
oimiento del mundo; todas las tierras eran transitalíleis^ [6$ i»4reSi 
lejos de impedir la comunicación entre las nadottesr, la hac)^ 
mas breve y fácil. Guiado por la antorcha de la esperi'endá, d espí« 
ritu humano confirmó algunas pocas Verdádesr qfie legaron los sat-^ 
bios de la antigüedad, descubrió otras , ántés iguoradas déi tod^i 
y dedujo de ellas los principios que después han servido de basa i 
muchas ciencias importantes (4). 

Todo, en 0n, se conmueve con este gfán suceso^ todd íofrá á!^ 
teraciones y cambios. El suelo dé América, vírg^ todafvfá', se tala 
y se cultiva. Los frutos naturales de su tierra se perfeccioiían y 
vaá á aumentar en Europa la riqueza y los placeres de la vídá. Éü 
cambio de estas preciosas producciones, recibe el nueYo déf sMtigiid 
mundo animales útiles á la labraiizái ó nefcCsaríos á la comodidad, 
plantas y semillas que antes no teiíia :. el páis inforl&e, afgresfe y 
confuso, se ostenta luego variado, ameno y abundoso. Cesaef aiV 
lamiento en que yacian las comarcas : levátitati!^ puetites y cMÍ!á*« 
das, ábrense caniinos : á los tristes bohíos se sustituyeií cómodas ba^ 
bitaciones: las mezquinas aldeas se convierten en hetiüdssLn' dvi*' 
dades que compiten en regularidad coh las dé Europa. L(B dbiltíifi-' 
bres, el gobierno, la religión y la^ arles se trásífl^creñ de un dfbe, i 
otro dónde antes reinaba la idolatría, la mas groseraf superátfdon 3f 
la ignorancia. En fin, la civilización establece una vdstísfkiia col^ 
nia, cuyos beneficios irán siendo cadadia mas útiles al mundO^Joj 
con el cual rivalizará muí pronto el nuevo en industria, en'ftféfísá 
y en sabiduría. ' 

Mucho, sin duda, ganó también la Europa con el dé&ettbri'* 
miento de América ; pues , además & láávieiniajás qué cOtí* él re- 
dundaron á las ciencias y á las artc$$, fueron inmensos lo^ teiíÓilM 
que se sacaron de sus minas. Los níáres áutes solitarios se poblartíii 
de navios, perdido el miedo á las tempestades, perfeccidtítída !á 
navegación, é incitada la codicia con la sed del oro. ta pasión pot 
los descubrimientos, por la colonización y pof las coñqdiMas ultrtiÁ 
marinas, nacida én África, se avigoró en Aiiiérfca; y tñktoa Éñt 
consecuencias naturale&^se gran poder marítima; pSiáértMÍ f Éíá^ 



> «• 



nllMtiii«r0^tl6^iMlitüyt9>el^p»d)«rlo^ y^^^ graiinautetaft^atiJHgtni 
naciones. No parece sino que aumentadas las fueiwdiá«eiiteniftiii( 
aáento oon eloHigiiífíeOieqpfeatáoiiio de uanis^vo mtuida y el es^ 
todio de wi'inacavfiias, se^eleté á la cfltttemplacioB^dB'iaaiveetei»^ 
te'itanftsc.f renoimiátá tas estMkssuülezas que éoib^aBaiían^sii 
maiwhai No tolo en Jo diMtífioo^ comeicjal) sino también en lá 
■nial' y p«l&ioe Im ejéceida AmMca ub« grandeinfAuenda sobrtt 
Bttnipa. Bs^indiidableque el auaiieiitiei^ ée los g^es y osmodidad^i 
dé ki vlda^ la mayor suma de ideas, el progreso>siinulláiieo de las 
«Hes átttesj y el fomento ique reelbié la indu^riaí, pmdujerotí M» 
Mtabílídma' alteración eu' el estado* áñ lae antiguas sociedades; 
pof^e mKnwDU aun tiempo ios iniüfiduos y la espeeie, y ofre^^ 
eteroná la monarqujfai los inmensos^ reetfiBos^ que emj^ para au*- 
m^ttar su poder á costa de 11»^ efases privilegiadas y en beneficio del 
órdeú. Por de confldo sufrieron lo& intereses populaos co¿ esta 
mejora del poder real ; pero un gftn bien se habla hedió al pue^ 
biOj y s«ra resultados debian tarde ó temprano sentirse en beneScio 
de la libertad. 

acaso no se ha aprecMo aun debidamente la influencia moraf 
4e*AmMoa seinre la Europa desde su descubrimiento. N& se ba se- 
guidor con cuidadora gran cadena de relaciones mutuas que se esta* 
blederonéesde entonces entre ambos contrüenteS; afectando consi- 
áerar el nuefocomo un arca vacía que el autig:ao llenó con su^ 
fteoros^ sin otra compensación que el oro de las minas y alganos 
fttitos'de latiemí; que aumentaron su lujo y sus placeres. Algunos 
han condderadoesta influencia como fatal para Earopa, y mas par- 
tfeularmente para EépaSa^ á la que representan en constante re- 
troceso 4e población, riqueza y libertad, desde Tk conquista de sus 
Tmtas provincié» ultramwrinas. *EiTores' evidentes. Si por desgracia^ 
Esps^, á cuyo valor y eonstancia se Mii6 el Nuevo-Muiídó, fué la* 
quémenos se aprovecho de sus ventajas, debe atribuirse á causas 
que le son peculiares, fisto toca á sus historiadores ; pero sin temor 
déerrar puede asegurarse' que semejantes causas no son amerlca- 
uats. Msquense desde el reinado de la casa de Austria en la des- 
ti^ccion de las libertades públicas ; en la estrecha alianza que con- 
trajeron el despotismo político y d religioso; en las guerras 
cfuropeas que desangraron lá nación ; en el monopolio colonial que 
lá etópobrecdó; eif la inm(*ilídad comercial y íkbril ; y por fin en 
lá esclavitud qu^ impusieron al peni^miento él poder absoluto^' 



trinado con la fnent; y los falsos amigos de la religión auxiliadas 
por la ignoranela. 

Porque la América ha sido mucho tiempo esdara, se la ha juz* 
gado infecunda : los señores se han avergonzado de reconocer los 
beneficios que debian á sus siervos ; y sin embargo esos beneficios 
han sido grandes en lo pasado y van á ser inmensos ea el porvenir. 
Fáéil será probarlo' á Qiedida que avanzando en esle rapidískno 
bosquejo, estudiemos la revolución venezolana, aimioga en origen^ 
progreso y resultado á las revoluciones de casi todo el mundo occi- 
dental. Entonces veremos cuáles son los principios de esas nuevas 
sociedadesi que libres del yugo colonial marchan solas en la carrera 
de )a vida política : cuál es el carácter que le han dtdo definitiva- 
mente los sucesos : qué ideas han conquistado : cuáles bienes han 
establecido ; y si en fin, en medio de su gloria y de su poder, serán 
los viejos gobiernos de Europa mas útiles al género humano que 
estas naciones recientes tan despreciadas por ellos. 

Por lo demás, Espaila era en la época del descubrimiento de 
América, á lo menos en poder material, la primera nación de Eu- 
ropa. No hai mas que abrir la historia por la página denlos reyes 
católicos para ver el auge y gloria á que habia llegado en aquel 
tiempo, ese pueblo hoi tan débil y abatido. A la muerte de aquelloa 
(elizes príncipes, la España que antes no iiabia empr^dido sino 
pequeñas espediciones contra los moros del África y allende los 
Pirineos, pesaba ya considerablemente en la balanza política de. 
Europa. A Castilla habia unido Fernando por herencia los remos 
de Aragón, de Sicilia y de Cerdeña, por conquista los de Granada, 
Ñapóles y Navarra. Enmudecieron entonces ante la majestad de la 
corona las cien bocas sediciosas de la nobleza, los anatemas. del 
clero soberbio, y también por desgracia la voz que alguna vez se 
alzara en favor de los derechos populares. Pero aumentada la> 
fuerza del poder ejecutivo, avigorada la eficacia de las leyes, resta* 
blecido el orden en la sociedad , la nación española , antes dividida 
en pequeños estados, se hizo una, grande y poderosa, ün mundo 
descubierto en mares remotos antes desconocidos, aumentó su ter- 
ritorio y su importancia. A los célebres tercios, ya tan temidos en el, 
antiguo hemisferio, sje abrió nuevo campo de famosas^ lides : otros 
Gonzalos, otros Leyvas ilustraron su nombre y el de su patriaron-, 
quistando nacicmes,. fundando imperios ; llevando la civilización y 
el, Evangelio á lejanas y nunca pistas regiones, 



— »7 — 

Mochó 86 ba estrilo acerca átA modo ccmio Ueicofmi los dsp«te> 
489 estás adquisieiones memorables, y no se concibe por qué ^ bia 
divagado tanto sobre un punto ilustrado con pruebas evidente^ . 
Que en la congnista de Amériea hubo- beeUós h^óíeos, dignos de 
eterna fama, es ünaTerdad que no pueden poner en doda sino los 
Quesean incapases de concebir la magnitud dé la «npresa ; el vi^or 
que se necesita pitra surcar el Océano en frágiles y mal construid 
dds bajeles, y parlt cruzar en todas direcciones un teititorío in- 
menso, nuiiea áates esplorado ni aun por sus propíos hal^tadores* 
líi era poca cosa vencer áim tiempo 1^ embarazos, que oponía la 
tierra y ios que daban esos hombres, desaráiados y desnudos ^ 
verdad, pero valerosos, obstinados, y muchos; Mas, que sobre eséas 
hazañas cayó mancha indeleble de violencia y docruMdad, tand>ieii 
es un hecho que los miáaos espandes han puesto, fuera de toda 
duda en sus historias. 

£1 corazón mas noble de Espaia, el de aquella mujer singular 
que con el nombre dé Isabel gobernó con tanta gloria la Penínsafk^ 
oñrece un triste ejemí^ de la flaqueza humana y deia desgracia 
' de los. indios* piKs debe recordarse quede ella sali^oñi las órdenes 
mas filantrópicas para ei buen trato de' los indias y la provisión 
para la esclavitud de los caribes. Dígase en buen hora que Isabel 
fué engafiada por las sujestiones de la política, por las del suspicaz y 
sombrío Fernando, por sus ministros, por los castellanos que pa« 
sabán á América é informaban según los imípolsos de su éodiciá. 
Tan cierto así es, que cuantas vezes, entregada á sí misma, $e 
acordó de los indígenas, fué para protegerlos contra sus propíos ta- 
•salios, para compadecerlos y amarlos. Pero si se quiere proceder 4e 
buena fe, ba de reconocerse forzosamente en esté hecho el germen 
de los que formaron después el carácter de la conquista espaüola, 
por haber originado esta provisión la mas general y odiosa de 
Carlos V. 

A falta del oro, que á los principios no podía obtenerse, eHoi 
necesarios hombres para hacer oro de ellos. Mas cmtío en muchos 
lugares ^tgs hombres mansos, tímidos y desarmados, recibián el 
yugo sin oposición, y no daban motivo á la vÍQlencia, conducíanlos 
á la resistenda exasperándolos, pai^ hallarse en el ca^ de la attto- 
TíiÉacion. Millares de ejemplos podrían citarse^ tomados todo^, y al 
a<^soí en las buenas historias españolas, de agre^ooes'gratuilas que 
8«láan inconcebibles^ « no se hallaran esfAícn^das con el designio de 



— 1« — 

fémthoé ^éxwfíüM^ fmmfáést émparntómuñm j VeadeHoSi No 
MbleflMB de los mpirtiiiiniitOB, terdadera «tobvitiid-imal ese»- 
Jiierta con «I aamtotngrwÉDrdcriá pnotecdini : lttbB60s»:eiágeiadQli, 
^ «sí sequIoM^ ios eálcolos'qttBibuaan snhir k p^MMaoj^indígana 
«deMStointo Oottkifo i «& miUaB de afaMs: reddzetse á laisaÉHd 
n^piel'nilíflfitffo. Piies'biea 1 coand^Migiiel de'Pasam(mteilkgó¿4HB 
•^im 15^8 '96 0D«l«)Miii.'8e9eBta raH yemios iodíos : íwm^tOm dm- 
Hr^Mm»e9taba«.TeAiiíá€8 á cateroefiail; moertoió vauwfilHto&dos 
•«>restaÉéai (5). » Lo mismo f«é en todm partea: pordo'qpiMm Uth 
'araron las «asMIam» la ?wl«i0ía y la (ieatnaocíoB. Y eoUaio, qtle 
^«slos v«nittadoBí<B:deliieeen ¿Medidas pnraoMaté «<hmiiislraAiT« ; 
>)eOB tpie ifliagíiicae onaleaseríaa las que piodajo ia gwüra^ ileia 
•«que «aturaAmente aon peoptós el estrago y iosiiiiiDiak ^Tftmiiwi de 
i^mpMto psada^a süaacio Isjiolorídad del obiapo de <ttiapB,>y 

escogido, entre multitud de sucesos que pudMeattos haimt eürib 
ifllvBorraboraeioii deJodiefao, seianeiltehysde la pnmfifacenqtísta ; 
Mi^BLe'aé y» ¿'los paeúBleos kabüasfeside te «gcaades Astiiiias. )Y 
^Meipttra :q«i no eetinae íper ipittteito de lis rhkimám tana «asis- 
Amtiá absÉsaalfr»; para idemestrar >^p» esas iTÍ9lMida»empifla8tti 
(4Mpf»»a^ Y Aetotaseste, pava «que ^ae aonaidere oihíbé» HAyooss 
idebíeiott^^^despiies/iaiiaBdo ieol¿tti»a fmtm Aaki, miiaindO'ia 
YSsnemaa iraina^GatóUea* 

Ahora bien ^éadáoese.de estos beehea^ foe rttwráelar ^sj^diips 
. Asea y son^ifiafk) ;<que el g^J^n^o-^de^ifteínsiito: «amífeó iam-- 
.vigt|tta«»eBlé f coa reflesHon á su jcoékm,, la harnaai^ad y Ja raaoír; 

ifue «nadie aké la T0i¡para4efeaidari»t; qnadá iBapigai m Ja^, 
vMdtt dté ¿ Amáríea aaieaiabio de los iiiál«s ^aede faizo;? No por 
i^ei^lto. 'eL<tofáo(eriespaatlesiiielitei7>i0OMmo^; a* faistaria «uti- 
«4i9& ymodetaaealá aembvacht de b0llisimo8)hedioa'eB que telace ia 
t>!aoaaiasi(ia y lafírjaaeaa^ á.ía,par.did vate y dalde^rendimienU. 

Con fuego en el alma y en la inteligencia, es capaz el e^p^ol de 
' mbles Afeetaa, «de ^éevmoaiS: osiioepeíoaes; y si ile eatraiisia , /ai le 
. fdac^eaoeasioiiestel delMo^fiaameiitáimodeana pasiones inae^^ 
Naplsfeüdo^retofiíoe^el orvor fbefoicamen^ ;lo enmienda, fia^ean- 
.»4iN)Mo.eii fioedá^^^e iaa i:ieidMeade;}o6rtiempds.sus costuoibi^ 

^paimHiviis, y estasraoadulQe9> ton baa^Kalafias. Pues :e8to beca e»- 

(foces ,; bondad^ iMiaíbittd9d y^ií^^ iijeqiplo«de.A«amca»es 
maft^dolorosa iimieitaa ;4e>k>rgwliilw!^^ fl^earsieler defi)n.ipiie- 



te iCJL¥J^ízMloii,)]ue bacMcaoTado. l4a.Siyp»a„ea tiesí^ de la íppa- 
pisto i^cali^ba de $alir ,d^.4qll«) «etado béfbfuro ^ (jua redujo ¿igi 
Si}m(fa.lait^&Úília4ttcbad^,tosrieyi^ d^jiOjj Im 

cprnuAidadí^ eiiando.i^;igiiiil«s«eia fuei^zas y'r^iir$o&^, $e dUpu- 
labjw eMos^lemcpíitOft i^ti^l^el dQ^aúuo.esclimYo, Avoj^m tema 
Utacatuia.^.'a^^jf iCÍ^QCÍa$,i iu> estaba emtóoaes ^terameale civiU* 
:{ada';^r|^eiBo j)^j^ca j^tt^wanai^^ lo s^,.4tte>t^9acier* 
U> sxm^i^^JelméMm^t^ y .eievSpulos , cre- 

^Uda3 jreljgi/»&a$., poder y Ta¿)r« jSs i^oesario tanabi^^ que ea eil| 
^ 4^a^rx>Jlle wiíoaaemen^e .el ,esy[)icl(a. ¡ndítioo,; .que la libertad 
^a.pja gp%e y ,ud ^^entjüoüje&tO; ^^eral; g|ie el «peiisaoúeiito se^ 
Ubre.;.gue.e) i^hieroo .estienda y m^ore la eondicioa.comjau; que 
h^ mivtííobtm y las ios^tueioaes .muioaiaeiitc^ je isa^ogau ; y en 
i», qm^v eons^oe^a de.ioi^ieslCilas.decepbQs y Jos bie^jefi^ 
^^iciate»,, i;^rtidti^..qoa ^g^idad «^trejos bombres, den á este^ 
aqoeUaigualdad sia^biHuaJi' síh^ .fakos.el joder y la ;«abiduvía d^ 
}fi& pi»#)^. G|Qi xai^poici ,.al €abi>. de,ti^t«iglps de,pii9giiesos s¡mó^ 
jféafm Kupidps e^i^i^ %$itigi|oiDi|Qdo , lüfgttp^ de.^ii^iiacioQes ^ba 
libado á€i$e.^sMo.i^Jii»dt9,<]^m¥Ítiza€Ju^ |?ue&2¿^pioo se^qiMi^iüe, 
%wU,Es¡itmU> bubiase abozado .antéuces , por inas queiues^. 
fa^it^Ukim elia^,4a loaa ffier^eiy poderosa;? ^£u ^aquella ¡época. ja^ 
tpdiQíQi|it»t^udWs J#MiNia MAi^oJas oo^wbiias^r.y 9obíe0]im 
fUtaJba 4a)pi^^^iiMlQiiMta fierem^q^ ^gewlfa t 1 bábií» d^ )a$ 
¥Íi4^ii$iaiB ;. imprf^oiA }a <?uljtoa4e^l ^enlejadioMeitta, ty reduf^ á 
w j(nr«ii|0'^t»Qbía|inp^>,i¥» i^^ 
W^^^^íiih santa reU^fin., d«ii6gP'^a)|K)r lo^j^ise^s^^ 
tCOgiQI^ ^ ^rímm^ y 4»9FVÍa >de p^Qtes(o^ {W9^ com^tc^lii».: ii^ 
mal estar del pueblo , las grandes beredadesde «oblas y prelada! 
babi^ jpiiDdufiidolaanifiAFia./ y á>e84a se s^guieca el \i6io : entÓQ^, 
(QT úUigio j :se escyondiau debsijo de: Ja gfa)ria de ,£spé$a ie6 pvjiíM 
dpios. corf osi^ que lade^jayer^m ^ antre lp3 .<^uales dabe jcc^ 
t^^ ral is^^i^ Qfi^io,,<teAr«diiiaidA>¡i»r»Fai:iiaiM^^ pe$ar;4e laja^ 
^st^om da la a^^n y^ la>re^. Ia teo^quisla. de Jmkm 96 júr ' 

«l^itQft.MLtí4PaiiHróaiy!la<Ytaii9^ ^:^8> p^^ diíM^icobigír^ifia 
lA^f <ipdjtad4i d^ia d^i ^ alHMtew^ . 
>te»^ art(B!ft i fti p «»9 angiapn MMQüoieaaliyu^l casé^ftoise^pkiídl^ism» 



— 420 — 

atrocidades C0tn«tidli6 en sus colottias ; y contra el ^francés h» in- 
signes maldades de sn revolución por escelencia en íék tiempos 
modernos , cultos y ci?llizados. El mal estnvo en la época ; y es tan 
. cierto , que en EspaBa se levantaron machos hombres generosos, 
acusando ante la opinión y la autoridad los crímenes de sus compa* 
triólas. Hombres mas ilustrados que el resto del pueblo ; el obispo 
de Chiapa, por ejemplo, corazón angélico que empleó tina larga 
vida eú defender, con infinitos peligros y dolores , á los infófizesr 
americanos; los religiosos de Santo Domingo , modelos en el Ntievo»* 
Mundo de caridad y mansedumbre ; y algunas otras almas (^nérb*' 
sas , adornadas de virtud y de ciencia. El gobierno mismo , ilustra- 
do por las representaciones de esos hombres justos, reformó de bue- 
na voluntad muchos abusos que se hablan introducido con motivo 
de la distancia y la falta de noticias, en aquellas apartadas regiones j 
' dictó leyes sabias y bénéíleas en favor de los indios y de los escla« 
vos africanos , y observó respecto de unos y de oíros una conducta 
qiie , bien considerado todo , merece llamarse blanda y patemal; 
Si empujado de error en eiror , hizo estéril el suelo de América , na 
fné para fecundar el de España : si la mano pesada de la tiradfo 
embarazó, ó por mejor decir , detuvo el movimiento de aquel vasto 
cuerpo político , también la Península , oprimida por ella , respira 
apenas en medio de la fecunda actividad de Europa. Menesteres 
decirlo en honw de nuestros padres : idioma , usos , religión , ha 
ó tinieblas , felizidad ó desgracia , todo fué común después de la 
conquista entre la metrópoli y la colonia. Ningún pueUo se identi^ 
ficó tanto jamas con otro pueblo ; y si la Providencia en sus ines-^ 
crutables juicios no hubiera condenado el uno á la miseria de la 
servidumbre, juntos se hubieran elevado al mas alto grado de glo^ 
ria y de prosperidad. 

En logar de estas obvias razones , algunos autores españoles, por 
otra parte respetables, se han empeñado en justificarla conquista 
de América , ponderando beneficios suyos de una naturaleza singu- 
lar. Todo el respeto y justa estimación á que es acreedor Don Joan 
* Bautista Mnñoz', bastan apenas para persuadimos que fueron par» 
-^ tos de sola su razón estas palabras. « Ni son pequeñas ^tras com-- 
« pensaciones que recibió el Nuévo-Mundo : la mulliplieaeion en él 
c de la generosa casta europea , la indecible cantidad de africanos 
« que se han trasferído, laifultitud de razas mixtas tan propagadas 
««n aquellas partes. » f^a mayor maldad de la Europa es la esehh 



I 

I 

I 



filad dé los africanos: la ii»is para, la mai éscéba ^iloiia de lé 
América moderna, es haberla abolido para siempre y preparado por 
medio de la manamislon sa anlqatlamienlo gradual. En vano pro* 
caro España por medio de leyes , en verdad mui homaoas, si se laft 
ceiopara coa las de otras naciones, mejorar la condidon del hombre 
esclayo, haciendo maa -llevadera sn vida miserabicw Elmalaanqna 
modificado , quedaba en pié siempre ; lejos de disminuirse , sé 
atimehtaba cada v^z mas , á proporción que hacia progresps él cvjb . 
tivo de la tierra. Inicuo y raro contraste ! ^Talábanse los montes; 
bellas sementeras se levantaban alii donde antes no se vieran sino 
bosques inútHes : florecía la agricultura y con ella el comercio ; la 
industria. Pues aqueHa sociedad animada, rebosando en lujo y en 
placeres, habia adquirido sus efímeros gozes con el sudor de an c<m-^ 
siderable número de hombres que el europeo arrancaba del África; 
para venderlos al rico colono americano , esclavo él mismo dé oirá 
especie. Satisfecha lá codicia de unos pocos y aumenlada la renM 
del gobierno , no se pensaba que las entrañas de aquella sociedad 
se gangrenaban ; que su felizidad era un fruto en^ la apariencia 
bello , interiormente podrido ; que aquellos bienes eran engaño , os^- 
tentación y pompa vana, pues no probaban bienestar en la masa del 
pueblo , ni justa distribución en la riqueza , ni libertad , ni fflan*' 
tropía. Fuerza es decirlo. Mas hubiera valido que el suelo de Amé» 
rica quedara desierto ,' que poblado por una raza de hombres 
condenada al trabajo sin recompensa, á la humillación nó ínereci- 
iñy á la vileza perpetua. T á fiílta de razones, á falta de Justos 
motivos, las revdociones que posteriormente han arrebatado á 
£spaña sus colonias, hubieran' sido santas , por solo el hecho dé 
destruir el maleantes que , llegado á su colmo , lo hubiese aniqui* 
lado todo. Demasiado tardaoron. 

No menos temerario é injusto n'm parece el prurito de envilecer 
la América , para ponderar el bien que le hizo la Europa cofn la 
dádiva de su cultura y civilización: El míémo Muñoz nos dice que 
en ella se encontró «r la razón abatida, oscurecida la leí natural, 
4 apoderada en todo la idolatría mas grosera, dominante la fero- 
«t cidad , mui estendidos los vicios mas contrarios á la naturaleza 
t humana, las letras y las ciencias Ignoradas de todo punto , igno- 
f radas un sinnúmero de artes, algunas en su cuna, pasando de 
« uilbs en otros por iniitacion material , ninguna sabida ni ade- 
f kütada por principios, x» Y estos conceptos son sin duda alguna 



dolos terdASF^düdoe y e«liriita#Uii» c<M»0j«g(lM»tí» ¿méwmi 
Algunos JhiiiiUi9iw]o.«l t«U»«od« d«0|H^lQiid0liiPMMÍ0Álsiib«to 
de ]g;taiMiiíAid > .»egiiidal«»í»l!pdder deiU «wMigffwift. £n )ia*jNh 
wAlfm iMlU Kwri»pa4«d«foii*«uioba Imiiiímii1<i0 Mbton «ítMém 

IBM y ««iiimto€ii»;i lore^ncm^ imlíl^^Qvm y gpUwNiQs. Al immi 
9ue,tal /iiaí«a i«w>9,epeittpF«§, otro» ^giiiH0da'foujyi*4iúo plao.y.m) 
lliáGio».<ouigoGada>!pU)tob«ii i Iqs kid^maftda Aurórioa, mmilto 
pui i M Í < ?towtodo »»» Ja la^rrara de Ja civUíaiMiíaii , í^»o aletada» Al 
flppíri(¿4 faitalípow >pi»rftMpeifipi^>á los qii|»<i)p F^Udadip^MÍMt 
O^9U0»««itftn.cqp«pitasiM2wopfavfl|iiaA, 1^^ da )« piííw, qü 
Ail $Ueii^ de la W^Uwria en ios puntos. OM^tPü^ewmi» al oooiiQicU 
* mianto de )a.í«itaaeían iatelaiQhial , imoral y poUtí<Ni daitoa^ba^Uaftr 
10a del Nwwmwdo ap to époeadetaa dflaaiihdipjmia* Mejor eam^ 
w^miti^.m^h^ Uampea.i»«4ari¥i»^.jcasi.'fa.piiade a«^Qlar aqecw ido 
^MUijmm aplato qpe^4e8iaaqtiuáigiiala)eatectos alopa» «Mg^n^ 
4as y laa wjfialaa iavaptUaa. 

Jais ypiabloaMWMQapos a«M4o tuenaof^obf ngado^ ppir loate^fAiatef 
jf aaí la qiia*4p«iaii9ii JaadeiifaGia'y Ba»ia<ai){fliiR (^^QaaaMUantat* 
Miap J^qmJm goian ki» «de :JgQix»pa , beraAwd^a^deVaabar ¡y ori^ 
J^m^^ a9to«túUiaiaa. lüaa .«on jUMi^iasa^ tflvi'VKitüMaQasipcriiiíflwiy 
ifétífj^nm t tlaf vtea y rteaeo^mbmda TMaa eawareaa del Nuaiü* 
Jibwda.^ /d#» ¿eooaqar que al afü^daen gaa liwvoii biiadtt»<anuá 
9^W'>da^ViiMBisfeac|aii.,{i»uabo i»a8.airflwa.do^da.lai[ae^«aeiyilr 
oíaaaia-.saJbnipaiwada. Yla«to¿ gne vap'io6>«abíasjniQdaim»sde pn^ 
mera nota han creído hallar evidenta»v^aitogía»';aiiiia asta aiyiUMih 
4ém ly ría 4e Im ^ifi^is egwwa y f^mm ^ 4jibaMiap9. ¡Sm h$m- 
^ra» .e«taaan}iiiariaa .diaroa,leyas 9 osfi^^fim y eairtoml^Ms á drai 
tlantaamqíaii^tde Amanea , ea uoa 4iH»9a miilaaliarior á av demb 
>rimeoto.; y^eitM^miabres^i.UD tiaaipo lagieladoi^j^ y saeefdataii 
^liaroii deloRíaoi^, sagcua Jaa4radíeiiaaa»t yieiwide'diíara^^iaaza 
igaelp^ wlji|4ai&- Ellos ra«werottlaairUui»>ií«ite>d«^ 
.y eonfHsaaMQW^BaxoB ta agriet^Uiaa y ^pm^^rmemim i' I» 
Kidaagtíal,; despo^s d« lo cpal astahMeiido,4Wr«MmadMyMia J 
4P^ti€o <aotre>apiaUaaygentasthá^ac9a ^ arndaf», «egjbiaiWi^Miié^ 

4oentos.daIiPQdar;.y jH^Mf» da l^a^jic^Pi» 4»Jtlft H i rfmaH jril» 
muiscas. 



jWehaB^iitos «ompUcacto» lo «prueba, el testimonio krefiagable i0 
4IIS BKwggMaüo». Loe jpqicapos y otrqe pueblos aiteca» ccmstruip^ 
jBOm grandes pirámides, á.«eiiiie!|axua.de.las defigipta. £&««& tieil»- 
f^ maSrfdiweloS) piego»y k^ romanos , oooio lo pbserva Hnqi^ 
JM^tf e^ríBieiUabaii grandes. dificultades para prociirarse SQ|iefc- 
4itf?ttf ,, ¿ iieoipo ivqe./eca mui comna el papel de ^pUa ó magOiv 
fMtfe tonaoiaiies de aquella rasa y algpnas otras, ameríeaps. hofi 
4iw puebJo&de que hemos hablado tenían templos^ ciudades fortift- 
jcadaa, -vastos y hermosos edificios destinados á «sos públicos, y 
J9idor«ados de bcjosireUeTes y de estatuas. No pueden dejar de ad- 
joiirarse ios puentes aAffeyidos que su^ndienm^^obre los tórrenlas 
fX»» lan^hos é impetuosos, his ^^mi»os trazados en medio de Ihb 
jaurdilleius y aobre tas oumbros de aJUísimas montaíías ; caminü^ 
^visadas coBStatttemmite fior ios espaik>les, yque sus descendieiit#s 
^AODsecwaa|ln^ea.]a:mafor psxtade }arAmérica.del:$«K^iQ9i^i^ 
r9i|i%sS(|«iet»lps americanos > y. sobra todo los<de M^ji^^ ia piatuí^ 
j^acogUfica.Los peruanos careeían cómodos y los miuiscas de alii- 
Jbeto ,'4 ifooraban -ademas >el «so do.la «seriliu» simbólica,; pei^ 
jnfplian-sa AJia y ladre l^saiimeras eon «el medíoángenióso de.li^ 
.fiii|H»s ó rainal^de caerdaaanudadna, con diversos nudos y varias 
^^taresy de q»e:fie sermn prjnc^patanenta para conservar la me- 
4nocía de iosrjtiempes pasados. lanio los.peruanos como tosmeji- 

fisnosy.los:mujscas tenian calendarios astronómicosy aknanai]iíss 
^ asteolf^ía.mui cou^iUoados ; los cuales en el sentir de algun^ 
jvdiios modernos* Jndican 4ue.w una ^fK^csL mas ó menos remota 
^ivis^ron^rc^acíones estrechas :y .freeneates enire Jos paiaoi amari*- 

canos y los del Asía* JUanifijéstalo también !así el «isteoka paUticoj 
•religioso. de> esos. tres, pueUos , el. notable rdesarrollo de sn eterna 
cÜMidal, la divlaionde^ms habitantes , en castas , aus conventos ^ 
.]i9mbres:y.miúeE»s^ aus congregacioues reUgioeas^.sus ritos ^ av^ 
«.awncias y. tradiciones. Ademas de estas jaai|iiioaes,.habiaQ alcf»)zsdp 
«ütt América tinestadaeocinl Jhastante culto las.de Cuatemalay.Mür- 

abaacpQ» ly los habitantes de tas repúblicas de Tkiscala» de.ChoInla 

f «deJIaetzoieiiiso. fiáciala nulad del ^iglo XYI los religiosos M^y^- 
Méffi^,áfi Niaa y FlanoisGO^Coronado. encontraron en las comaross <le 
^Cihrta f>de)Quiwai{paebl(is inulavaiiBados en.la civilización. .^Sr 
ltoami8iims.ai4jflii)s.| y despwsrde eUos,Qtcos.rel|gioso6 /enropeoS), 
iWÁMm^ A.tos Jlagu}, tribu i^;i9¿|iígenaf.que viria^m tas<ribei^da 



— 424 — 

TaquesHa , y cuya dudad principal tenia plazas públicas , háUta* 
dones de yarios pisos y un inmenso gentío. Hanse yisto en la sé* 
ganda mitad del siglo XVUI algunas nadones americanas que mb* 
raban en las costas del noroueste , las cuales andaban vestidas ^ te- 
nían casas elevadas y hermosas, adornadas con esculturas y estatusB 
de madera, templos, monumentos en honor de los difuntod*, pintu^ 
ras, jnislrumentos de música y barquichuelos construidos coii muí» 
cho arte y primor. Colon dejó escrito , que había encontrado en tes 
costas de Veragua indios tan pacíficos como los anteriores, pero 
con mas ideas de las artes necesarias á la vida. Dijo que iban ve^ 
tidos, que lejian grandes sábanas de algodón y las pintaban con mt^ 
cha habilidad 4e diversos colores permanentes ; y también que co* 
nocían el cobre y que se servían de él paira muchos usos. « Hachas 
« de este metal ( estas son sus palabras ) , otras cosas labradas^ 
« fundidas , soldadas hube, y fraguas con lodo su aparejo de plá* 
« tero y los crisoles. » Oigamos ahora á Balbí. « Los natches, dtde 
« este célebre geógrafo , otras naciones que moraban al norte del 
« Ecuador y las que al sur dé esta línea, como las araucanas y al* 
« gunas mas, presentan géneros diversos de civilización , qué pa- 
« recen haberse desarrollado sin sentir la influencia de los mejicai- 
c nos^ quiches, muiscas y peruanos. Y aun los araucanos, tan dilé- 
« rentes de estos pueblos, recuerdan, según la observadon del sa- 
« bio Walckenaer, las costumbres y las virtudes de los tiempos 
« heroicos de la Grecia. Tribus enteramente salvajes ó poco menos, 
« recorren hoi muchas comarcas habitadas no hace mucho por 
« hombres mas cultos, cuyos monuiñlentos aquí y allí espárci- 
f dos, ofrecen al filósofo testimonios de la existencia de otros fo- 
« eos de civilización, de una naturaleza diferente. » 
• Acaso se objetará la imperfección del estado doméstico entre los 
americanos, la degradación de la mujer, los sangrientos sacrificios 
que hacían á sus dioses y á los manes de sus muertos, en fin, la an- 
tropofagia. Mas respecto de esta es preciso observar que los pueblos 
de mas adelantada civilización en América la vieron destruida por 
sus legisladores. Y en cuanto á las otras circunstancias indicadas , 
también las tuvieron pneblos fuertes de la antigüedad, muí distan- 
tes del estado salvaje que se atribuye á los americanos : á mas (fc 
que el uso de sacrificar víctimas humanas en honor de los difiín* 
tos, se ha hallado seguido generalmente en un pueblo actual mui 
avanzado en la cultura y en la práctica de las artes. Los aiÉericanos. 



ñcT cafecian de virludes públicas y privólas, propias de sü estado y 
condicioD : si se resisllaQ á inquirir ia otilídad de los u^os eslraa- 
jmt>s y á imitarlos, no era porque fuesen incapazes de oompreoder • 
los ; sino mas bien porque contentos con su suerte , ifb querían 
trocíanla por otra que estaba en oposición con sus ideas, creencias 
f costumbres. Próvida y sabia la naturaleza , no ha escluido la di- 
oba de ninguna 8Ítuaci<Hi por mas penosa que á primera vista 
parezca ; y así el indio indolente , insubordinado y sin previsión , 
no podía pasar' sin morir de disguste á ia actividad, á los cuidados 
y á la dependencia del europeo. En suma, el estado social de los in- 
dígenas de América era mui imperfecto. Acaso no podían decirse 
cultos sus pueblos mas adelantados; bien podlaii llamarse salvajes 
los demás. Pero todo bien considerado , los indios no carecían de 
la capazidad necesaria para gozar de la dvilizadon y adelantarla 
por sí solos, aunque algunas tribus apareciesen sumidas en aquel 
estado primitivo de barbarie , en que los hombres se diferencian 
poco de los brutos. Por grados iguales han pasado los pueblos eu- 
ropeos antes de alcanzar su actual prosperidad, sin que los roma- 
nos, que' con razón llamaban bárbaros á sus ascendientes , les ne- 
gasen por eso los bellos atributos de la razón humana. 

Precisamente los naturales del Nuevo-Mundo mas incultos y gro- 
seros eran los que liabilaban el país llamado por los españoles ca- 
pitania general de Venezuela. Algunas figuras simbólicas que se 
ven en las rocas graníticas del bajo Orinoco , en las riberas del 
Casiquiare y entre las fuentes del Esequívo y del rio Branco , son 
l^ únicas reliquias de civilí^cion indígena que conserva el pais. 
Y esas , no pudiendo pertenecer á las hordas bárbaras que andan 
errantes hace siglos en aquellas soledades, deben atribuirse, como 
otras muchas halladas en América » á una nación desconocida que 
habia dejado de existir muchos años antes de la conquista espa** 
üola. 

La historia de esta tierra de Venezuela, la primera que en el 
gran continente descubrió Colon , es la que va á ocuparnos en el 
discurso dé este. libro. Y para darle principio , describiremos bre- 
vemente , cual conviene á nuestro plan y escaso tiempo , los viaj^. 
^ue á ella hicieron los europeos , luego que d inmortal genoy^s 
les Ji^bo abierto, por dedrlo así , sus puertas, con el descubrí- 
in^nta deJParia (Q). 



■r— . 



CAPÍTULO TIi: 



Yijgedt Peí* AlomO'Nifto y de Qri8tóM'GiMrra^*«'B«'TlMiil0'm«r r de 

su lobrino Ariti Pérez. — De Diego de Lejpe, — Naefo fií^ de Gueira», 
— TÍ2\Je de Rodrigo de Bastidái . — Otro de Ojeda. — Establecimientos eg- 
piiolei en Ventioela. — AiesiMtt ke indios de Cumkiié á doamMoaero» 
dominlcof. — Propone el Padre Bartolomé de las [Casas UcontinwitiQíi 
del tráfloo de esclayos afHcaDos en América. — Tentatl?as del mismo para 
Iferar i las islas agricoltoreí europeos. — Phtn que propone al gobierno 
para poMar en Com&^ñtme. -^ fu nioItMte* 



Ya hemos dicfao que siguiendo las huellas de Colon, muchos ma- 
rinos españoles se lanzaron en la carrera de los viajes ultramarinos; 
Hiciéronlo con tanto ardor y felicidad, que en pocos años qu^arou 
esploradas todas las costas del nuevo continente , reconocidas y vi-» 
sitadas sus islas adyacentes. A esfos viajes se siguieron las espedf- 
ciónes de conquista y establecimientos coloniales , de que resalta 
quedar definitivamente España en posesión pacifica de lá mayor 
parte de la tierra nueva ; á la cual, una vez aniquiladas ó sometidas 
las razas indígenas, impuso sus propias ley^s, usos y costumbres, 
y la dividió en porciones mas ó manos vastas para facilitar su go- 
iüerno y sujeción, Pero no es nuestro pl&n escribir la historia ge- 
neral de estas coloniac?) sino trazar en'escala reducidísima la de una 
sola de ellas; y para^<ello, dejando á üti lado todo lo que sea estraño^ 
á nuestro intento, diretDos brevemente cómo adquirió España el 
dominio de Yenezueltt y cómo fo-pérdió después. 

fil Viaje de Ojeda , qué ya referitííos, úo produjo grandes resul- 
tados, pues ni hubo én él utilidad para los navegantes, ni quedó'' 
hecho asiento alguno d^'éápañoles en las tierras esplorá^as ; y.a^so' 
hubiera desaniítiado ^parm^üevas espedlcioúeS, si dos meses antes 
que ja ^suya no se bubjéra cOilclúj^dQ ¿Ira cqu mas lucro y presteza. 

Era Per Aionso Niño pitdta acreditado én la carrera áe, Indias^ 
y liabia sido compañero de Ciñbñ eñ los yítjék de Cuba y de Paria. 
Instruido y osado, aspiró tambierf'í' descubrir y rescatar por stt 
cuenta; y obtenido ^l permiso, se a(soció á Cristóbal Güérí^ y anu- 
le ce^ió la capitaÉía de-la empresa : no po^qfi6 fúesjd es^ incjoír* 
marino, sino^p0ri|ue ara rico, y habia hecho los gastos dol drnii^? 



mmnA oni iesa^ooodkiom focos Mmi ánpttés q^ei^jedi Mttennt 

fib sfond^ eü tk>4aiiia»id0iti«hitai:y lK«8ibcMiti[)res !e9de«Pe^:^0i$ 
fid iiilsifadiigoáO'qütft) )g a » igoberaaron ponet rqagborddfiftBiritttej 
f Itegttw á Ift^tiennifime' oeoídenlar, afübs deMftpnivittdÍMA 
Paría. Siguiendo luego la costa, fuerra aíl ^§^ éBdíqml'omákei 

alquil |yrt«il''p<n^ medio de k)rindio»> gdiam sin taiid«iza^áiii>e68tt 
Miuorié, iiepel€»ii8l salir de las boeas del Pf!ag^<«i|rasiito de^eaii» 
besf, r llegiii á Mirgailta, donde rvseaitsair.pearla»', si0nd0'dhBi«i 
Ifirb«0fOs¿c«psiill)k»'9Ue t<^ ííit^ , $m esés^ 

UifflráOjddit. 

flie !ailí pMüNm al psúa de Éuriiraa; que esAeúkenUs; y^ue «onfii* 
fl?08dift>llis proTifi«ias d« €uiiiiuá, la de Mn^pateaprn» y lo^déiúiliigli 
(&l:eiu^qlte'G6^raitáíl, di^teinbaí^ luego en tinr fi^leitiiiHim »» 
Mjsfiie^ de Gád^gtie^ mma^ékde Moebiiiía ó el Itano-ec Pi«tf^ 
dados yaide^la graiidvta y esfN^éaeia do los puei^to^ ya^de^la iiia»^ 
9idufdbi»6 f e9ñíkfs0imxo de los babttatUes^ se dituvienié tres 
meátes por <A|06^iiga^,.certiflcáudose4e'qa«ípertenedaDa á la tietí» 
imie', al v^cuadMpdlos qlie ii0>se faa|lában en la» islas;, Goal^ 
fdenüewilla de metal, los cascos idé loza vidríada) les bastaban palm 
oMeiier en cambio perlas , y comestibles dd pais en grao; copia j 
míedad; « Los indkiSy diee €isa&, quedaron m«i contestos^ peié» 
• sandb que iban engafiad<»s ios orístiat£os< » Tan s^üciUos é igoo» 
üatites eraol Tenían' poc0 oro y y este- de baja> eaüdifd^ eediéadoia 
(Mndfsgdsto^é'iiidieaDdo vaoBrlosde laproviada de Oaticbiisto, qlie 
Sfl&]a1>aa al oecndentey á-seis^les de disianda ; que'solés'ilamap* 
bim'á los días, y por ellos eontaban sus jomiadas. 6kHr el fia áb 
bliscarlliv, se moYierotf luego lo^ españole» por el nombo iodmdO)¿ 
y tbeaud^en la^mwéoftda de'Goríailíofr ó en^el^limdeadero'de Ghtta¿ 
fá¡ libaron i<}áu8bieto d 4® dé uoriembr^de l^f^.hmpms» d<i 
Mw pvó viadas eompreiidiau h» que bol deimúoft de Óoomafe hasAi 
Ftieno^GabellO) Ussnado'asi áHáeimiónées) pa^ indiearque se|itt 
Mm de nimaas las aguas^^ ii»iiiecesitab«& dé «mrtta» lo» navúxat; 
JUti)el úii«zlo*ftiDbr en Issliábítaiité», la míBof » sencittesi FuérooMI 
efUis lufgo á loa bijdei , y ala- témOlr algmifr ti«(at>aa^á bóodo é^k 
negocio de los rescates , ofreciendo oro y algunos coHarea^isp^j^ 
^# éu mñlM de ft obtxfiiiaii dé ibi^ cuiiaiioa. YieaoBliasr Mvef^n;^ 
tü.'tilMertá la tierm 4te algoAióales;) íiimiMé$i9iiie^^ 



' >.': 



— f 2» — 

CDtt qae Ixk indios caSrian sus jiartes vergoniteas ; si htm algunos 
eoipieftbau al intenio hojas de los árlioles ó cascos de calabazas > 
andando CDt^Mtméiite desnudas las moamelas. Era toda gente átí 
buen nafnral y muí zelosos de sus mujeres , á las cuales hacian ir 
modestanmte detras de ellos , para mostrarles los hombres pin** 
tenlosos y sus curiosas bujerías. 

Détiéñense poco tíempo Niño y Guerra en estos parajes y signen 
adelante navegando costa á costa y rescatando en los puertos y eil- 
fíeuadas, sin intentar agresión alguna contra nadie ; antes bien re»* 
petando escrupulosamente las costumbres de los naturales para nO 
ivíw motivo ú mas pequeño de queja. Así llegaron , mui b^n fe* 
cibidos por do quiera , al puerto de Gbichirivichi ó sus loiñecya'» 
dones , en sitio amenisimO) poblado de caserías, con rio y jardines 
de tal bellexa que, a) decir de los viajeros , jamas se hablan visto 
sus iguales. Mas allí no tuvieron la bienévda y hospitaiaria acogida 
de otras partes. £1 reñido combate de que Ojeda salió, cofiEio vintos.^ 
BU>binoy mal trecho, babia encendido «n el p^clio de los naturales 
un rencor profundo contra los españoles; {Kor k> que al ver la Ca« 
rabela acudieron e gran número á la playa para in^|>edir su des- 
embarco, y esperaron á punto de batalla, blandiendo las armas en 
ademan fiero y osado. No deseaban batalla , sino oro y perlas los 
nuevos aventureros, ni pudieran, aun queriéndolo^ aceptarla > 
^ndo pocos , y los ^emlgos valerosos y muchos. Retroeedieitiit 
por tanto á la costa de Curiana , y allí en veinte dias hicieron 
nuevo y grande acopio de perlas : muchas tan hermosas como 1m 
celebradas del Oriente : gruesas como avellanas algunas* Juntaron 
mas de ciento cincuenta marcos, según refiere Casas ; y satisfechos 
del froto de su pacifica espedicion , se volvieron á España el 43 dé 
febrero de 1 500 , con el placer de haber hecho , an mal de toa 
indígenas, la primera negociación útil que se hubiese vtslo en ln« 
dias. £1 historiador Pedro Mártir de Angleria decia de esta espedí*? 
eton , que los españoles volvieron de ella cargados de perlas, cual 
ludieran de paja ; mas á pesar de esta exagéracion y del dicho de 
Casas, en público no aparecieron sin« noventa y seis marcos. Acaso 
multaron gran cantidad mhb y Guerra , en fraude de los detnae y 
éel tesoro. Por lo menos de dáo fué acusado , aunque no conven* 
tído, el primero. 

Por este mismo tiempo se estendió consulerablemente el conoei^ 
miento, del continente occidental, por efec^ de un ^Bje empren^ 



dido á fines del año anterior por Vicente Tapez j^n sobrino Arias 
Pérez. Este Yáñez , cottio debemos recordarlo ^ era uno de aquellos 
tres befmanos Pinzones, famosos navegantes de Palos, compañeros 
7 valedores del almirante, 4 quien fueron (an útiles con sus haber 
res y personas en la primera, jornada del descubrimiento, £n esta 
ocasión atravesó Yáñez el primero la equinoccial por los mares oc- 
cidentales, y descubríói^en el hemisferio del sur el grande imperio 
del Brasil. Avistó tierra el 20 de enero de ^ 500 en el sitio del cabo 
de San Agusiin , tomando posesión solemne de ella por la coronfi 
de Castilla. Guió después por entre poniente y norte hacia el Ecua- 
dor, y ya cerca de esta línea encontró las §guas del mar dulces por 
espacio considerable. Admirado, se dio ¿ inquirir fa causa, y go- 
bernando para tierra , reconoció el inmeaso^audal del Marañoo,, 
que entraba en el Océano por una boca ancha de mas de treinta 
kguas. Este hermoso rió, el mayor del Nuevo-Mundo, se llamó 
tiempo después de las Amazonas y de Orellaita. Desagua por dos 
brazos principales que divide la grande isla de Marayo , ó de San 
Juan de las Amazonas ; pues ambos nombres tiene. Visitaron los 
navegantes algunas isletas del brazo mayor, y en todas encontraron 
gente mansa, hospitalaria y pobre, que los recibió con la ben«i(o- 
lencia de costumbre, ofreciéndoles generosamente cuanto tenian. 
Pagáronles con cautivar y llevarse treinta y seis personas. Los crueles 
se hicieron luego al mar siguiendo la costa; y recobrada la vista 
de la estrella polar, navegaron al pié de trescientas leguas hasta el 
golfo de Paria , tocando de paso en varios parajes. La tierra se ha« 
Haba inculta, arruinadas las caserías de los indígenas ; estos en pe- 
queños grupos errando , sin osar asentarse en parte ^Iguna. Apenas 
veían á los estranjeros , cuando asombrados huían á los montes , 
como si en pos de ellos caminase la muerte. Prontos á pelear, pa- 
rábanse otros en la playa solevantados y turbulentos. Sin detenerse 
á buscar quimeras, salieron por las bocas del Drago, y navegaron 
para la Española, á donde llegaron el 25 de junio, después de haber 
reconocido , según afirmaba Pinzón , mas de seiscientas leguas por 
la costa de Paria « Yáñez perdi^ en este viaje mucha gente y dos ba- 
jeles de cuatro qué tenia. La jornada fue útil ún embargo , pues 
llevó á España palo de tinte , muestras de piedras finas , y animales 
sumamente estraños. Adelantó sobre los anteriores navegantes unas 
cuatrocientas leguas ée costa uni^a con la de Paria ^ y se aseguró 
de ser toda ella un verdadero <H)nt¡nente. 



BIIT. AKT. 



. Bra h yi\h da Palo»;6ii Bqw\ tU^j^ el cwitreí d|i; s«bN^ y ^r 
<eii)íri(a iprítiino de la Península. De su fxmio sajieroá despuei^ 
^# la priounra espedicaon de Colon, otra» varia»^ mw útíles, si ihh, 
tan famosas, y gran niimero de hi¡0B sujos ilustraron Ids anales de 
la. navegación española. Cuando partió YáKez para su viaje, estaba 
ya Diego de Lepe aparejiadose para otro igual; y Ic^emnoeodió y . 
acabó oon dos naves, haciéndose al mar un mes despula que su.aj^^ 
tejcesor. Siguiendo exactamente la derrota de este> avistó el nuevo,' 
captinente junto al.0abo.de San Agustín, que llamó Rostro-hermo^. 
S0| y se fué oosta á costa, á la provincia de. Paria. AqpU , con^^yar 
laejeeutara en el Maniilon, imitando á su paisano Yájiea^ hi4Q(^ 
cautivos de los naturales, escandalizó la tierra con pelea^^.y devaai^ 
/taoioaaS} y dejó muerV^s no pocos con^c^tSecos.. El mayor fruto de^ 
esta, espedicion fué.doblar el cabo de Sao Agustín: y raeonocer <fi^: 
pocel sudoeste oo ft ti o iiaba unida sifi,ÍQiam]y»cion.]a cps(^deaquer 
lia nueva tierra Qrmij^ 

Las grande» uibUdades a^ipridaiBí pac r^ifio y Guerra eneendi^r 
ron. i (alpunto la codicia,. q)ie ya; no hubo quien no; quínese ir i 
buscar ocojiperlas á las tierras oeoidcAtalea* T^l era e} afon, q^e. 
Coi§ti « á quien, nunca agradó ver concedido >^tperi9Áso de navc^a^. 
á.ellas, deda que en. aquel tiempo liasta los sastres q^Hprian.descU'* 
1)rir y resoatar. Algunas ;espediciones osourss se hioleron en fraur 
^e dal tesoro,. yi por tanto renovaron los.reye&Ja prohibición de na-» 
vegar á Indias sUl permiso, conminando á loa infraf^tores con 9^, . 
víámas penase ma;»^estOinGbia»i4djiióqtte.fomentoaaa»cuidadosaQ\ei^ 
te el ahinco que se notaba, corm tan lUU: al.er#rJo y lan glorío^, 
para la.nacioB. Por. el contrario ) tt0;solo cpneediaa fácilmipnle. la^ 
a^tarisacioa necesaria para lasecmpnesasi sipo que en ocasiones, .á . 
semejanza de Jo que habianh^o oa^ el abniraf^^^di^pu^oroi^ 
acunas por sí^ contribuyendo en parte á. los gastos del ármamete. 
De este.númeropareceseruDsegundo. viajeqiue emprendió Cristo- > 
bal Guerra., en.companía de su hermano Luis>,pues en carta suya 
s€^ lec.que lo emprendió por sus AUeaas ; titulo de honor que teniau, 
entóneos los4iionarcas.de Bspaiui» Pa^ieroa de. Cádiz ó deSapLú- 
car en dos carahelas , tocaron en P«ría , luego en Margarita; y xe^ . 
corriendo en, todas direecíonesr^l canal-que.se forma entre esta isja 
y. el coniínentei rescataron pardo quiera oso y perlas. Olvidado 
Guerra-de la moderación .que distinguió su primer viaje » sepro-^ 
pasó en este á violencias de todo género conlra los naturales, ro- 



)iáaddM%0itfMilidol»eoif!9^adi:ci«^ NipMréa^elidft* 
fi»^«áiia qp0;tomótámti«ho9 por (9sda?a9 y Iim H6vó á Espítím^ Hftt- 
nibasede vaitof en* CaitiUa á príneiiíoB de noi^mbre^de ^564^ 
c«ii lioo cftcgaaieBíto d» boml^esy. pak^* brasil , perlas yi oro faajO'. 
PoD lo d6l^€Mltf?e»iode loa^lMÍios'y^baber|o^*Teodído coütiii la pio^ 
hUii6ioii^rei^4liétttti sabsíiiia:, fuépiesoy coadenado áraslUoir^ 
latf'lilmB á1a»IiidMSr> sLootla saya^y de sns compaieros; lo cabA'. 
otifiipídíó'qliÉe.'le'oeiiBedieran permito pam hacer otras eapedicio* 
nes>.aíiiBftfe«Hi severa preveneton de absUmerse de tropelías oob^ 
tlftlft(iiidíieiw¿ 

IboftfcEDOKMiiierealfft Yíije ftié e^de^EUld^^^ veeíiM»^ 

Y minlmmifáá Sevilla , á; qnle» tabbiéii dearrió el peasanuMitodé 
ncv«|;ar á^Jas'imevM r^slanet,. sidieiido (A inteatode la bahía de 
Cádiz en octubre del año ^ 500. La primera tierra que pisó fué mir 
Í8la> á la coaMi^el Bümbfe de Verde , sitaada entre la de Guada* 
Inpey ei^eoatíiiei^ ;TeooiiiHáé en seguida^el golfo déVefietiielft y 
laettieriMsqiw.deiiioriQ al stfr y a! octtso de Goquibaeoa. 

KnnÍBede¿laa)D«peg&cietfes;aatfirbre8 babia sido hasta aitón- 
cea.^ eaino/dé la ¥ela^ y Basüdá» se propino estender mas. allá sas- 
coiveiÚB Ift^Tiaídél^doesle. Ai efecto oontinnó ^ siguiendo la cea- 
ta^aqael rvmber, maa.de ciento' ctacnenta leguas : reconoció las 
tierras de* SaiM< Mlffta y las bocas del rio Magdalena : ayisló el 
pnerlerdola 6al«radeZ<»nbaj,el de Gartij^a^ la isiatde Bar» y 
laade'Sfttt BetaaidOi 

BnafcjgqienJe att liavegaeion ve la islaFuecte y la Tortaguilla , el 
piiMode G¡(q[Mi(a> el rio^l^á', la punta Caivbana; y llega por fin 
á.nn' lufar, .dond^ el^mar^ ganando/mocbo sobre las tierras , se eft- 
tntett' ellas giattitreidio de veinte legras la yia del sur, y. forma un 
^Ifo^qned^jfroB de Urabá óDarien del* norte. Cosa de diez leguas 
tiene*deianohe4li entrada»de este-seno entre las puntas de Caribeña* 
y drt lábaron^ Já cnaldobiada, siguió Bastidas por la costa obra de 
doseienteft>ciiar<Mita miUau& y llegó al cabo de^San. filas. Hasta aquí 
babia<andade entre norte y poniente. Luego , guiando algún espa* 
do mas derechamente al último rumbo, terminó su descubrimiento^ 
en el pnerto que se ha llamado sin distinción del Retrete, de Es- 
cribanos, ádel Nom'bre de Dios; precisamente donde algún tiempo 
después dió< fin al sayo Colon por opuesto camino. 

£1 presaste de Bastidas , de que tuvo oportuna noticia el ^Imi* 
rante , fuá praásameate la qjue sugirió á este con mas fuerza la 



— 452 — 

lAea de buscar el estrecho que debia dar paso á los mares^e la In- 
di». Mira^ él á Gaba como parte del Asia , y había observado que la 
«costa meridíoaal de aquella isla se dirige al occidente. Esté er^a eP 
rumbo de la tierra firme descubierta en Parla, según sus propias 
observaciones , tas de Ojeda , y ifias que todo las de Bastidas , que 
acababa de ver una inmensa prolongación del continente. De aqui 
Redujo que por entre cuba y las costas recién esploradas se dirí- 
gian la corrientes á un estrecho que les daba salida al mar de la 
India : y es^ verdaderamenle admii^able que según este raciocinio, 
considerase situado el tal estrecho hacia el lugar que se llama al 
presente istmo de Darien ; porque si bien la naturaleza no habecha 
allí ningún canal , parece haber indicado al hombre el único sitio 
en que debe formarlo para comunicar los dos mares que Col<Mai juz- 
gaba unidos. 

Bastidas, hombre bueno y piadoso coa los indios, hasta en 
el concepto del padre Casas, contrató pacificamente con ellos 
en diversos lugares, sin recibir ni hacer da&o ninguno. Con 
todo eso no dejó de coger, como todos en aquel tiempo, algu- 
nú%, por esclavos ; si bien pocos , y menos con el objeto de tra*^ 
ficar que con el de enseñarles como una curiosidad, ora porque 
fuesen mas morenos que los vistos anteriormente , ora por sus 
costumbres singulares. Grandes sin duda debieron de ser las 
Utilidades de este viaje, pues Bastidas (que volvió á España en 
Setiembre do ^502, veinte y tres meses después de su salida) hsh 
'bia perdido en Santo Domingo sus navios, sufrido persecuciones 
de BobadHIa , pagado los gastos de un proceso que este le formó ; 
y á pesar de su mantenimiento y el de su gente en todo ese tiem- 
po , de la |rüii)a de las naves y de la mas grande aun de letrados 
y curiales, mostró en Castilla buena porción de oro y otras cosas 
de valor. Él y su principal piloto Juan de la Cosa , á cuya gran pe* 
riela se debieron estos descubrimientos , fueron justamente recom- 
pensados por los reyes; los cuales no desperdiciaban ninguna oca- 
sión de alentar para esta nueva carrera el espíritu de los hijos de 
Bspaña. 

Pruébalo así lambien el asiento que de real orden formó el obis- 
po Fonseca con ^1 capitán Alonso de Ojeda, para una nueva*espedi- 
cion de este al continente. El capitán pactó pi^eguir sus descu- 
brimientos*, poblar en la provincia de Coquibacoa y sujetarla : los 
reyes por su parte le nombraron gobernador de aquella tierra/ con 



— «5 — 

• 

«neldo "de lMI*^d de los provecbo», si estos no escedian de íreB- 
cientos mil maray^is anualeá. Con el favor de algunos amigos , 

«aprestó pues Ojeda cuatro naos , y dio la yela desde Oádíz por 
«ñero de 4 502. 'Tocó en la gran Ganaría y en la isla de la -Goniera , 
donde dio instrucciones á los ca»itanes de k> que «hablan de hacer 
«n el Tiaje. Arribó después al puerto déla isla de Santiago en Gabp 
Verde, para refrescar víveres, y siguió dereobamente á Paria. Buc- 
eando paraje acomodado para despumar Ibs navios, halló, subiendo 
por unos rios arriba , el lugar que llamaron Anegados de Parí»; éh 
el cual y en los sitios circunvecinos rescató de la gente algunas per* 
las. EH1 de marzo, habilitados ya los bavíos, salieron de puerto 
siguiendo la costa hacia el norte , y se dirigieron á Margarita : mas 
antes de llegar á esta isla quedó separado del convoi uno de los ba- 
jeles. Ojeda al notarlo envió dos de los restantes á buscarlo , y él 
en la capitana guia al puerto de Godei'a ó de Corsarios, en donde á 
poco se le 'reunió el que creia perdido ; ^ pero no parecían los 
otros, y cansado de esperarlos, siguió luego la costa al oceí^ 
dente. ' 

Rescatando perlas y ropas de algodón, llegó á una tierra de riego, 
que el llamó Valfermoso y los indios nombraban Curiana, diferente 
de la que demora frontera á Margarita. Reunidos allí luego sus na* 
TÍOS, se trató de continuar la derrota hacia el punto en que debitfa 
establecerse, según las instrucciones reales; pero antes de ponerse 

•en camino se creyó conveniente reconocer los bastimentos. Y su- 
cedió que hallándolos escasos , resolvieron tomarlos por fuerza ^ 
los naturales , pensando que era menos malo malquistarse en una 
tierra en^que estaban de paso, que en la que iban á poblar y hacer 
asiento. Hecho este raciocinio , se apostarqp ocultamente en varios 
lugares^ y á una seüal convenida tiraron délas espadas y daflndo de 
improviso en los indios, los acuchillaron sin misericordia. A muchos 
mataron en la refriega : á otros dejaron heridos ; de los espaüoles 
solo murió asaeteado un escribano. Fueron botin de esta gc^rra 
machos efectos que necesitaban los aventureros para poblar .en otra 
parte^ y. algunas indias, de las cuales unas se rescataron por oro y 
otras se dieron libres; quedaban todovia algunas que se repartieron 
entrcisi los ca¡Hlanes. Con esta fechoría no consiguió Ojeda sin* em- 
bargo su bb|et(f principal, cual era el de procurarse bastimentos ; 
y conio urgiesen porque el hambre podía apretar muí pronto, man- 
dó una de las na «es á Jaouiica , para v^ de adijuirirlos , ya que sa 



— ,fi4 — 

^éleocia y «hviyaalBBio á los Mlaratcs^ tfaaUa 'JMQkD<>inipB8lU»'«l 
abl«i{pl66.aAU. 



* Después 06 «sto tetyoctdió áflMrto-(Rl«olii^.; f 
^foió á la isla^de las Oáf^iilM^ «o émie aprfois.te álfllvv» y \mé» 
.9sseató nisalteó ; ni btbk qjié, |Mi«s«i vienMi mfQ,'taé^fmio,if «ni 
-jl0qiJMÍIa.fitttiidad.de bnMil.^Alejái^iMe ime^^ ieMm 

pobre liern, dim§Uiidose il c»bo éb iMcbkmtm, «1 *«» ^•lOt- 
4cBl«l del golfo «nq«e á it4«iOQ seJiallalno. NÍ0tdo-qittimmmA^ 
ifssabke aquel pns, aigMeroQ la eosta baata^l puerto de^fianáa Gmob, 
qse fwobableiiwole es el qae boi dedons Babía-Hoada ; inUiada 
▼eiaÉe y daoo oiillas á'bbriovieiiio del cabo de la 'Vela. 

Sitio cdmodopareeía eile al capiUm para poblur f lácariiasiaiila^ 
•sí por la lierra, qae es iNisoa, eooiotper.los aaliiratosiqnealprís- 
cipio le parecieroQ HMffisas y paeáicos. ResHeito á ello, .guiao^ dar 
joofiíienzo á la eolonia, talando el «Mole; j fiuwi^e k» ÍMáhgémt& 
«ntóaces y despaes gQiileron<jinpada*lo, :fué en ^mno, pues Ojeda 
-ies' venció en divenas-ocaakttesyies bino abundonarln ^ifrca yifa- 
bricó fortalezas para resguardo de ella y de los bastimentos.. He aK 
4as cada día .era masgeandeia folla Jiiae.aentiafi Anéateos rájeros ; 
ama, qne «n tgaan nMaera los afiigh , ya poraertescsao de dlasvel 
pala, ya porque dlnbteneiios de los indios era f«ao aneóos qne 
iniposibie, aegnn oslaban estos de alterados y:hostiles. lEotal apne* 
lo , viendo qne lanao env&adf á Jamakano parecía , deapaabóx^sa 
en su bosea , y él oon las dos restantes ae qnedó eo Santa iGsnz, nn^ 
mai á gusto suyo ni de sos «unpaoeraa. Miáetnisyidvian los*b|íe- 
ies se oeupó^eo baeernlgoiMnaoEVBríaB la:tiem sfdentroy.adlteaada 
á ios indios y tomándoles auonto podía , a|/ ropas de-algodon , tamo 
viluallas y 8fQ. Las pqmeras las rejpartía ontre>on 'gen|a, guardaba 
ias sdguudas en la casa conuin yiol nltímo lonwtía en^el nceade 
las rosoates, eon el bien entendido de q«e él aob) tenia las^HaiToa^ 
por babépsélastquitado^á losotrosooopitanes. 

Pero á todo asto la gente estoba oaasada, la raaion araes^MO^ 
janeba la fatiga para baaer fonlaleea y paUaaíon/al .pai»anlBfniíi^; 
7 sobre las demasicoaiídaffaciooes iMbéjaba id énin&o devlodos el 
leinor de qae , oanidoa jle broma ilos novias , ^se inaasDiá ^fae 
antes de .poderaaHrde oqnaHoitíam. A oataaioaaBaB>aBiOiioipnn 
aboques y resontimírn^os entre jIos eapitaiies ; splúllando da >todo 
-quo' estos ¡prendieron é Ojade y'ie.'Uoivaronfeoa)f ríete á.'Sailloji)o-^ 
jooingo. Y asá ■• quoáé imob^dl «pa mpailirion jeMpaidaia^n #1 



— «5 — 

oHjeto especial ele poblar en V^eznéla; pues aimqüe Santd Grvtz 
tto está comprendido entre sus límites modernos^ éjeda era gober- 
'tvador de una tierra que sfempre le lia pertenecido y cuyo término 
"occidental es el cabo de Coquibacoa'(7). 

"Ni' este ejetnpTo ni otros muthos desgradados qtre se tfeny» éti 
^Yarios lugares , arredraron á los monarcas para seguir alentatidb 
"(ron honores de todas clases los viajes y eálaWecimientos' ultrama- 
rinos, siendo grande el'unhélo que* tenían por plantear^sus armas 
'yicoloniasen las Indias, á findeasegurarel derecho que 1es Mbfe 
%ado á la conquista la liberalidad de los pontífices. Muerta isábét , 
liiguió Femando el mismo plan aunque con poco fruto ál principio, 
"Ipór su ausencia de los estados de Castilla. Has no bien regresó do 
Ñapóles, mandó llamar á Pinzón , Cosa, Vespucci y otros -pilotos, 
Jiara acordar con ellos los medios de pelarlas regiones iescubier* 
*ias , y de seguir esjHorando hacia él Brasil ; siempre con la fdea de 
l)uscar el estrecho que facilitase el comercio de la especería (-8). 

!i^ pesar de todo , las tentativas hachas para fundar cotonías eü 
'%nezue]a fueron débiles en extremo , sin duda porque su territo- 
^flo, poco ó nada fecundo en mfeasde oro y plata no ofrecía estf- 
imtílo á la codicia europea. Yefí^dad es qUe los habitantes de ^úwiiy 
domingo se dedicaron por algún tiempo'á la pesca de perlas en €ti- 
tmgua , con gran beneficio suyo y de la Ireal hacienda ; pero ía*^ceK 
tomzacíon no hizo progresos en aquétitís comarcas, bien que el rév 
"Fernando la encargase espresamente á Don Mego Colon , cuando^ 
este pasó de gobernador á la Española, 'fhirante muchos aüos la)s 
eoiátas venezolattas no 'fueron Visitadas sino por los que iban á sal- 
"tetar á sus)iabitatítes, pana traficar con ellos en las ishs : y esfa-cir- 
etínstancia contribuyó de tal mddoá edtorpecer los estabtedmienkrs 
'léspañoles, que ju2:gamos hecesarrio esplicaiia' con alguna detención. 
' l)iez y seis años'babian trascurrido apenas desde el primer descu- 
brimiento, y ya era tan grande en la Española la diminución denlos 
%8ios, que los pobladores pensaron seriamente en los ihiedios ik 
*fienai*el vacío en sus respectivas éneoisKendas. tfts filas Lucaya?, 
9i«tochidas de gente mansa, les Tptesetítaban tin «uplemenlo fádl-; 
Ip^ru las órdenes de la reina se oponían .severtte % toda YiostHidiáB 
tditíte^ los indios que no -fuesen de la rajsa caribe. Aunque á tati 
^hh^ di^ncfa de h corte y en los prfineros años de de^obiér^b 
'Hétepiiteron las itifracciones , no bastaron estas pal^ Suplir la M- 
'te; porque el «áterminio amdába utas aprisa tjfteé (hradj^. iMtb 



— 456 — 

muerta Isabel, faé fácil yencer los escropiilos de su esposo , y el 
trasiego se penpiHó cou el protesto de facilitar la coaversion de los 
indios á la fe cristiana ; en realidad porque el oro de los colonos 
pagaba generosamente la complacencia de los ministros. Armáronse 
al punto navios para salir á caza de unos hombres que vivian tran- 
quilos , süi hacer daño á nadie ; y al princíjpio con engaños j luego 
por la foerza^ trasportaron á la Española mas de cuarenta mil de 
aquellos infelize^, condenándlplos á los mismos trabajos que babian 
aniquilado á sus hermanos. Ni se limitaron estas piraterías á solo 
las Lueayas, pues también fueron ejercidas en las islas mas distantes 
y en la tierra llrme , con iguales perfidias y crueldades. Por cierto 
que la mas ruidosa de todas ellas tuvo 4ugar en las costas de 
Cumaná. 

Habia allí dos misioneros enviados por la orden de Santo Domin- 
go á predicar el Evangelio. Bíra recibidos y agasajados .por los in- 
dios , se prometían los mas felizes resultados de su ^cífica y bené- 
fica misión , cuando por su mal acertó á pasar por allí un navio 
español de los que andab^an rescatando perlas y salteando esclavos. 
Los indios, asegurados por los padres , en vez de huir como solian, 
salieron á recibir á los viajeros , les suministraron bastimentos y 
dieron principio alegremente á sus permutas. Pasáronse algunos 
dias en buena inteligencia recíproca, hasta que estando ya bien conr 
fiados los indígenas , convidaron ios castellanos al cacique del pue- 
ble^, gara que fuese á comer con ellos á la nave. "Vino en ello el 
cacique, después de baberlo consultado con los religiosos, y. se fué 
al bajel con su esposa y hasta diez j siete personas de que se com- 
ponía su familia, entre hijos, deudos y ^omébticos. Mas no bien 
hablan puesto el pié á bordo , cuando se vieron cercado?, y amena- 
zados de muerte los que intentaron arrojarse al agua : luego fueron 
aprisionados, y alzsíttas las velas caminaron á Santo Domingo para 
ser vendidos por esclavos. Los desolados Vasallos del cacique qui- 
sieron tomar venganza en los dos religiosos, juzgándolos cómplices 
de aquella insigne perfidia; pero lograron ellos aplacarlos | ofre- 
ciéndoles que dentro de cuatro meses serian devueltos el cacique y 
su familia. Así en efecto lo enviaron á decir á sus superiores , inte- 
resándolos en la libertad de los indios presos , y manifestándoles el 
riesgo que cc^rian con los otros, si pasado el término no volviao 
aquellos á su patria. Imagínese cuánto no harían los superiores 
para sacar á sus pobres hermanos de tan terrible paso. Macho Ju- 



ffiiiiEraiuiiSíiJi isii!; 



«" • 



— Í57 — 

deron en efecto : cnanto fes foé posible en medio del. desorden en 
^uése bailaban las cosas; mas faé en vano. Es cierto que los jaezas 
despojaron de su presa á los piratas , pero fué para lepartirsela en- 
tre sí^ los indios se consumieron en la esclayitud , f los.inocentes 
religiosos pagaron con la vida*la alevosía é inhumanidad de sus con- 
ciudadanos. 

En vista de tan horribles escenas, el P. Bartolomé de las Casas , 
consultando ménos«la justiciare la cosa , que el deseo de aliviarla 
suerte de los indios , propuso que los esclavos negros que se com- 
praban á los portugueses para trabajar en Castilla , se llevasen á In-* 
dias , donde siendo mas útiles para el cultivo de la caüa y el fabo- 
reo de las minas, estorbarían al mismo tiempo la despoblación de 
la tierra y el aniquilamiento de sus habitantes. Entonces, solo los 
portugueses estaban en posesión de ese tráfico infame que después 
ba hecho la riqueza y la vergüenza de otras naciones cristianas; 
i triste privilegio que obtuvieron por medio de sus conquistas, en 
África I Muí á los principios se contentaron con sacar de ella la cera^ 
el marfil, la maderas de tinte y algún oro que acarreaban los rios 
j era recogido por los naturales. Pero luego , no end^ntrando estos 
preoiosos artículos de comercio suficientemente abundantes para 
pagar sus fatigas, comenzaron á hacer presa de los hombres; sir- 
viendo la religión á los portugueses en el África , del mismo modo 
que á los espaddes en el Nuevo-Mundo , de protesto para sojuzgar 
Ja tierra y para degradar al hombre con olvido de las santas doctri- 
nas deiíbertadé igualdad que proclama el Evangelio* 

Mas odiosa sin- embargo la codicia de los. primeros , no solo im* 
puso la ^lavitud á los africanos ^^ino que les ensehó el modo de 
destruirse entre sí para alimentar su tráfico infernal . Primero, en 
efecto , los portugueses exigieron rescates que los parientes del cau- 
tivo aprontaban en polvos de oro y otras cosas. Después se vio que 
estos rescates , aunque ricos , lo eran menos que el precio que daba 
elliombre civilizado de Europa por el hombre inculto del África, y 
fué mas conveniente obtener sangre que oro.. En cambió, pues, de 
las bujerías que aquellos infelizes apreciaban tanto á causa de su 
ignorancia , les exigieron esclavos ; y ellos para obtenerlos se hicie- 
ron la guerra entre sí , yendo los que por su mala suerte no mortap, 
á contar lejos de la patria dias de oprobio y de miseria. La robustez 
de sus miembros les hada aparentes para vivir en todos los climas 
Y para resistir i todas las fatigas ; y como no se pasó mucho tiempo 



ü&tos qne'se eonodese él gran partHio que m podin^sMRr éft<i$n»s 

Dismínuta entre lafíio la pobf«cki»'fl& lais (InálMs tal IwitgiMde 

aquella tierra, débil por lo común é idólatra de su indépmidtolMital, 

'lio podia' resistir i^ trabaja ni la eséisyfftttii/y moría üiiegD giaétado 

-j eutristeéído. Bl es^ro afií^np, por ^Icoalrapio, ó pcñr^ttisiña- 

'busto, -^ porménos sensible afeifoanto de t«}l¡b«H«^, llegÉim á^fta- 

bUliarse á !a lüUga y á la serndunibfe , isre«d^Hstf^4abor<0DiisKÍ«m- 

'Memente-mes produetivaque^a^dél iññ^. dmo&Ukímtby'mí^ém- 

i^sario mas para Ibarar i oabo , eopo i^efeeutó, msk litetffn^idki 

'«oUTentente al interés de los eéloiies; y el gobierno, áTin^lienie- 

*ter la n)eno en'el proTeeho, eoneedió lieesaas para ilevaír «negras 

esdayos á las Indias mediante dos donados. por Bdbeza. 

fisto sncedia muchos alloséiiiea^qneKJásas'hiciera^su pio]^ 
«orno consta de taríos doemnetttos Meili(^os4e %q«H§l líempc^; 
íiendo elaro ñor t^onsigatente que no'fuéél, como^tantis vezes'se Im 
Bieho, quien primero intradojo en Vkméríea á los negros 'afMeanctt. 
'Sl'trasiego do^llos á Indias imliia sido, es ^rdad, «vspendMofdr 
^él'cardenal Cisneros^yC^sas 96l¡eitósivp^tabtecitt^nto;pel'(»^l^ 
hb obsen^rse que érministro había procedido en éflo, asltam- 
^ladoiménos por motitos denequídad^ de justíehí, qtie de peüf^ 
tteay economía , y en fin , que ^ obispo de Cbiapa no bizoisíiAi 
repetir una 'idea que ya otros muclroB* hombres desabor^ virtaH 
*Mtbian praspnesto antes al gébiemo. ^ ^elto tinti no 'le dlseufpa , 
^síifíquele'ftnte'la posteiidadiHi néWe arTepeittifnfenlo,^apra^% 
en imoefaos pasajes de sus esei^itos, eon tanta dignidad leíonio íean-' 
Sor. « £ste aviso de que^se (Hese üeen^te para iraer uséfa^os n^ 
^^ros á-estas tierras dio primero tél el^o Gáaste ^to -to léiée ¿I 
^ mismo ; reñriéinliBe «1 ^tiempo 'qne^snee^ó á'la^piíéfAbMieña I3 
t«*6isneros)/no adviniendo la iñfostielft con queleis portugueses 1^ 
*t tomany haeen sierfos. El em\ , después que cayó encello , *no% 
« diera *por 'cuattfo hai en elitidi^o, porque áiemiüe ios'ttto por 
« !rijustat'^tii(»mieilf»'i$scla^i«ede9^'sto razón fe 

^Helios que^de ?os iirifios. n 

Lasaca de negros propueéta-se convirtió ^ obj«o*#B'p*WftegiO, 
7<no tuvo élTé^Afloque'deMéfin'se'eftp^^ 'fii'gilM^rao^eMíA^ 
«ilá^enéfeetO'^^iK'nefi^efri^iMfiaMiistf&'iB^^ t H^^t^ 



, >i'^^BdiÁdgiptt»Af[iiii<MBiTL; <y estos .pidijiroo ;ini puteía laB:au}r^ 
.;btteiile.fori«S']iegMS., qae áo^fle ^ vettdwppa ^to wiftátQttg pan He- 
.wr «I «lóito^jáe Gímb yidetk» íoatoooB. Mas .laáMo* después <«ftte 
4SMMrao«iiiifi«8BeflMato/tal, fiié «Biel'^p«íotde(UBas.aígieBifaa per* 
Siáotél ÁMca no p«cDs>milloiies dé li^es «uyos; los «nles ii«i Mo 
f ««n toi BMMiíao á fnestiareadoaasion la titnA ésseobii^ 

.(Hro.aBbkrioiprapiMStoipBtr Gasas pan.«1mo^deílo5>iadiaa, filé 
^mxfiBÚe labradores (peoimoln^es que ^pobksen <y ^eúiávftsei^las 
rásla»; y .eii6tifado.él'iiiisnio deliaeerk lem^en ¡EspaibijirscibliS 
ifiel gobíernotimantossaiilMB teroa ueeesafies. Asaque «(» trate- 
jo^ rttniájstt^Gtstilla y -ea Andaladía .aMS'pooo» , qne íneroo des- 
ifecbidoS'kiegDpararSeiilodoaiiafgD; peio no^abiealio'poflKdopn)- 
•poreHHUineeon frcitcia tos medies ée:8«BleoerioB<en)ki.i^ /ánlc- 
lili «e eslablman,tdMptiaifOfwe.faKendo aeomodo siQSun el.ci- 
snnmqiw ¿ cada eaal ^deparó Ja TBiftana* 
« dtt'nÉi láiiko^de «sta tcstetlva ie obligó áiliaiMrjalgaiiasjaedifim^ 
.thmin<e« sa^ptoi. lropiiBOjél0^iefoo*qae:se.te dieáen cíni faifHís 
4e*eetta en •'to'iievra'iffiíie, doade^ao baUan<deeiftmraii soldados 
'ni geiile*ile'mav, pai*a'f«etl«snnl%ia«oe€lonaiios.padfesMi proii- 
^csr y cmterUr á los aotuniles, oía los alboroto ^y e«ándalos q|^ 
¿aqmlia gente 4o0iÚN>idiflaéBeaQeabapordotq«iefa« «Halló eoata- 
ídiesien estetM«IO'yoiMaa[iiaiilodtl baeB<padfe,poc9BeiBn.é 
rMba?enta^ aHPiiia paia^el^tesofOTeBl. tDo3dondocaiÍBÍiMHii « qoe 
«tJé'Oift tpreciso aMoprarél Man^Ma, 'ya^^e ao^lo^ qm iamdaf de 
rafcaide D como daeia»doip<eB , yrwsatóiotro profaobHM»f«eitira> 
«oirilado^de ofrooar mvahos álMeoiMÁ -laieodleia<dél tÉseo ^^con^el 
^Man oBteadidodo qae^todo, sasim él,'iln.á obtmerae ^ mayor 
ifjtmémmi^ ; eoofioaaM al lanM t\mB ^ «ido y «sai^vaado oa iodos 
-lismpus'ppr^Jorin«ÍBe>y ites^baaaes ^peoyoetislaB. taríamdiaHdas'y 
^<Á;a8imiHí^aas«n'k lsarraififme^«»alité^^ :ail 

oaabo- de solo taas , paraíbMa >ol tesón» dei «si ^oioaa *aail daeaésa 
*4B(ias oaolribiicíooea fa» ealdMbeaeiía'OaÉrelos-HMMoa ::á io&dtfaal 
ífmiMUy iiefiM>iaipiianlaa«ria^de saasla aaa/g raponá aas ^res ütütr 
bitodoe ias'tedsos aa üoá i l a s ini es, y He^ara^a— BAaiÉigsaas 
B s p aiiaiB ^ fe teíasrykisftdaiiaÉácpratiS'y MÉl i ad a B aí \mM- 
méí '^m aasia^^da w<stsaBÉla^ml;Yay)'ife*WoiÍb>q«ptias opa»* 
;LÉbaaAmaaaÉi í£aaÉíláa>« JMiaibBSi iiaaaÉs.AimÍBatBlBaas>ÍBÍSBi 



— 440 — 

tambkn, y un núniero razonable dfrreltgi6aM Frandscandff y Do- 
mínieo?; qne contaba ¿estos buenos padres como sa mejoit apoyo , 
alendo tO(H>8 ellos infatigables en la predicación, y varones de gran 
doctrina y caridad. Aunque manifestó la corte consentir en este 
nuevo plan , no se arregló y firmó la concesión sino mncbo tiempo 
después, cuando ya era entrado el año de 4520. £q ella no se le 
salaban las mil leguas que pedia , stfl¡^ doscientas setenta , desde 
Paría h^ta la provincia de Santa Marta , limites del distrito que 
debía gobernar ¿ su manera : de la tierra adentro podia tomar 
cuanta quisiese , que esa no se la disputaban entre si todavk los 
jconquistadores. Contentísimo Gasas , empezó sus preparativos con 
su acostumbrada actividad , y como de parte del gobierno no se le 
escasearon ausilios , tuvo mui pronto á su disposición tres naves 
bien aparejadas y provistas, y doscientos labradores escogidos por 
él mismo. Con ellos llegó ¿ la isla de Puerto-Rico, pensando mar- 
char luego ¿ la costa de las perlas , comprendida eñ los limita de 
su gobernación ; mas no bien hubo desembarcado, cuando llegó ¿ 
sus oidos , exagerada por la fama , la noticia de un t^rrMe. suceso 
ocurrido en los mismos lugares que intentaba civilizar y redndr- 
La grande utilidad que se sacaba de la pesca de perlas en el golfo 
de Paria y en Cubagua , habia dado ocasión por este tiempo á que 
los españoles fundasen un pueblo en esta pequeña isla, situada 
frente al rio de Cumaná y ¿ siete leguas de distancia. Visitábanla 
los armadores , atraídos por el provecho de los rescates , y también 
buscando esclavos , que unas vezes les vendían los mismos indios , 
y las mas salteaban ellos, con achaque de ser caribes. Olvidado con 
el tiempo el triste lance de los religiosos^ acaecido siete años antes, 
se fundaron dos conventos :3jino de Dominicos en el puerto y pum^ 
blo de Cktrivichi, junto á Maracapana : otro deFrandsoos, oes 
al oriente, cerca del rio que está frente á Cubagua. Sin yas armas 
que el Evangelio , ni otras artes que su caridad y afectuosa manse- 
dumbre, lograron los buenos padres sosegar de tal modo á los io- 
dios y ganar su confianza, que las permutas se hadan pacitícamenle « 
en Jas costas , y aun sin peligro alguno entraban los españoles cnan« 
do querían en la tierra adentro. Esta buena dbposícion era la mayor 
confianza de Casas ; y reunir sus esfuerzos á los de- sus dignos com* 
pañeros para hacer fructificar la semilla de la ehilizaeion en aque« 
Das comarcas desgraciadas, la |nas halagA^a esperanza de su puro 
y ardiente corazón. Maade nuevo vinoaqaí la oíaldad de otro per* 



— 444 — 

yefso á impedir el cmpUmiento de d)ra tan piadosa y á llenar de 
consternación y estragos aquella tierra, digna por derlo de mas 
dichosa suerte. 

Un pecador de hombre, llamado Alonso de Ojeda, diferente del 
descubridor, armó un navio ¿n Cubagua para hacer saca de escla* 
TOS en el conlineute, y a este fin corrió la costa abajo basta el con- 
vento de Santa-Fe , que er;a el de k» Dominicos. A la sazón no ha^ia 
allí mas que dos religiosos , el portero y^ el vicario , los cuales, 
ignorantes del designio , recibieron al ¡nrata^rim muchos agasajos. 
Manifestó este deseo de hablar á Maragfiey , cacique del puebjo i 
y mandado llamar por los padres, pidió Ojeda recado de escri- 
bir y le preguntó con mucha gravedad cuáles eran los pueblos 
de su comarca que comían carne humana. Maragfley ,^ue no era 
lerdo, ni cobarde, le contestó Icón enojo visible : t no, no carne 
• humana , carne humana no. » Y aquesto dicho, sin afiadir pa* 
labra se retiró, no bastando para aquietarle las buenas razones 
de los religiosos. Ojeda volvió á su navio , y siguiendo la costa , 
desembarcó cuatro leguas á sotavento de Maracapana , donde man«« 
daba el cacique Gil González, así llamado en honor de un conta- 
dor de la Española, mui amigo suyo; que por esta' adopción de 
n&mbres manifestaban los indios su respeto y amor hacia los i^uro- 
peos. Recibió mui bien González á los navegantes , y aun les pei- 
mitió penetrar en sus tierras como lo solidtaron con pretesto de 
comprar mantenimientos. Luego le pidió Ojeda cincuenta indios 
que se los llevasen , ofreciendo pagar los frutos y su acarreo luego 
que los pusiesen en Maracapana. Foáfe concedido. Mas apenas lie* 
garon los indios al lugar, cuando á una señal preveitida c/iyeron 
^bre ellos' los españoles coñ espada en mano, y comenzaron á 
atarlos para conducirlos al navio. Los infelízes pugnaron largo rato 
por zafante de aquellos inhumanos alevosos , empleando para ello 
los esfuerzos de la desesperación , pero hallándose desnudos y desar- 
mados , fué vano el resistir. Treinta y seis, quedaron presos y em- 
barcados para ser vendidos por esclavos : unos cuantos que huyen- 
do mui maltratados y heridos se escaparon , fueron á esparcir pcir 
el país la fama de la perfidia con que pagaban aquellos verda- 
deros Caribes un buen acogimiento. En un instante se alarmó (oda 
la costa y los dos caciques se ligaron para convenir en el modo ifi 
acabar con aquellos huéspedes trajidores. Enseñaíosr ya á jnalas 
artes por sus propios enemigos, <lisimularon al principio , espeían- 



dti{«of»minié áGiliOamálesel dtito nnitrld' á« élíy áolrt» ^^^ 
de los suyos } en ocasión de haber saKado en tíerrarásoltairt», 
como siiiiidiíJiiiUcnif hecto* Joito M aqiii< k^yeuganaBRv P^to no 
saciad* oeiKelia, yb. MaiigQsf di e»wffaU^iáR9iailMh9e j BOMÉi^stl 
lego, ear MindaTaA^maríO'; tüa loa áfMas qm lo» pelires faü*^ 
gÍDE|DaladriaKiiiantádiis da>miieflaal>oaMlafa0»I&iKaÉrría ea^lt 
hoarta^ deif odaiw ba iad^genes , quaaaa ^ el osa vai^» 

Caaaáa el^atanrai^a* Dé Diego CMoa yi la^mAmcia da SHifiír 
Jgtfigm safiewmi la«ociindo,J^94a nstifaiir áisn pab los iti^ 
dios sritaadoa^'.fvalxarrar'oaii^uft.aQGle da jostWa Immtík impasáiai 
qpa debía UbiroaiMado la penfvesidad dt Ojed&^aotespeasaroB 
eabaeír UBHoiiidlsa-aaearflftiaiifea; siie»eacann«tosiüpaimi)aii^T 
DftieiiflatBeciaíaaloKqBerasí'disearrian:, pma, comolaobsarvaal^ 
U^crafó' da-Cása&^ par eeteimedio qiMtia» oomarrarlos.treiiifa'Y 
sáaiesilavawapflesadosvniMHry s& color de ooitifti, aianlos aas sa^ 
padfaiapg, Y alieraites ^ paaa que apveadieniná' safarlo tedo^eftaí^ 
leaüo^ dhofteíllá paas- naa aviaada da dacO'iiafíoa con treswraÉMN 
hasbns, aL mando^da GoBnte;da OcaupOi. Débiaasakr el pna^, 
dapBer áJéat laaf^^ariy Mea , >y taBíijii^8tt.diaáiciaQ par esakvoBvé: 
toda8:laa>dai8aa» Taies óademsi a» dinroB par eettliaBos! « fi^aír/ 
« aena neian y? veidadafa jvstíria ^ díee QnintoBa y ei».haoeiie^ritt' 
« pudor otepttaeafdala^imlerMbda) C^yeda. » 

0aaíqa¿laaiHMWi qae.sttpa en PMrlOrRáQo.eiipadr& Qásaaeofr^ 
eLasaimbittyy^eQirfamaqua poade itta^iDttva fáetiflMBte quien sa 
haya' beelift «aaga da sm poveioar y/ da. aa^oaaáaler. Bttta docnr- qaa 
aqpel.hamtaaroeaalfnte^tenia^et ákl^datíne^ii^ que iaibiá soMdo 
infiaitu* coirtiadiccioaMa!, poMaayaflMfgQfia»paHra bacer admütr - 
suvfikuileápieajpM^pecla : 91a la. eipamoa da^veri^reriáBiáa se. 
f MdalMbiyHie^lmaiite en. la&pnBáieas tmbiios de^aipattoa reH#< 
gioaoay eai.laiI]«aiia>diq[)o«d«t delaadadifettsa^q 
gcande- con. If sauíedidor so íba:á hacer irremadl^le oon I0 ^qner 
dabia/8«oadec;.y;paFfia.qu» afBÉÍlos odioMs eeeandaioa, aqoeH* 
llaS'pMlaadas ú|BaUeia$ teman por bJaneoJa raza^seneillafáiao** 
cenift^áiSB^anpam y protección. había dedie»doiM>n^^^ conetan* 
ciansia .eif mplo. todaaiasifuariias ^ sa'vida* LlafiMiidosiu<enAaitgo 
eo^suaottlio la padeaeia», y pcamaHéndoae laueho^de la itmistedr 
qpeipaamii^ lo^rofeaaba, resolvió agoardarle alli , puraimastaiAa. 
spftj?aE^isiaaaB^yrdaspicbo»« Llagó Ocaosi^jen afecto. coalaatn»^ 



"■^--' ^p"^"^ ■ 

di^ ]<i|^'I|%r,0Alfi» dipQsioioiMa qi|«<^utetí^baii te jnls¡a»,d4 Cár^ 
a99^ oyó (^i^i0.est6 qiijsa:«(}ei6iiie psm hmeüo. tenwsmtal wj^t 
y^ bíea ' ciiKgfi^de^ te XiWPDn okel* qi^ ^r^l^ia^sfir/ el únko, qpe. tibr^ 
?il^ eLd0«Miitrd« ^^^á^m ]»4tierl^a^qpy&.«e 4pbeeia>destniir. Cual? 
q{iteli&<«e«réi ^p» e& Ttrtudde e^^ QOiifeireiicte.se volvió d cobÚt 
sionado^á Su»iii QenáogjQt ; , pues nadA de eso. Contestó qae todo, 
aqii^o estaJNi^niiMi biea^ n^o qpe élite«lde$eis|>eaar sneucargo^s 
penindido de qi^eel aloaüdEíaate y te audieiM^i^ U: libei;teríaai det 
tqAo mal r^sattiÑie^ Pprotra parte^ dLRadfe. Cásasrse le habte ooor-^ 
ridi^el^eosiuntolto de ll^vftr algpoe&da sns tebradores ^ve&iádos.de. 
pajk) blaoco ceik:Uiia%GFii9^troj§s^,¿,&a.de que, {creciesen á.Ioi. 
ii^dte» l)i0iiii)]^re9.<U84íiM03>^^ habtea visto. Esta, 

ciminsiaiieía quet deissiestni clairaiiieiite el horroiiooB que los ia-?^ 
digem» mvnb^p á loscomipistadoi^vitiój^a Ocampouua fuente. 
ii|i9»iaMe deehiale9;qpe eiabaifi:«d)aii grandemente á nueslronú? 
láe&ero^ paipa^ te grave: discu^iosd qpe: sostente* con aquel alegre., 
soldado/,. el^ oofd , ddnaido cuanta le fué posible su negatiya^ salió 
paiaJa ooata finnef» admirado ^de te constaaete de Cásaa y hacién^ 
doaa lenguas de loa:- veaiíd0s> bten^oa y de. laa crutea. rojas de si^ . 
coi»paner4xs,. ^ 

Initm eatdeeir q^e Qcampo.cuoHí^ló sn encargo á. satistecion de 
loaf que loi ei^moik. Valiéndosev de engaños, y fingidos bálagos , lo- 
gró^atraer unf^^im nufioiemdetindioa, y cuando vio llena&de ellos 
laa^ mves^j, loa^.bixa apri&tonar«y« colgar de, las antenas*; Gil Gon? 
zátes fué muerto, á puñaladas por un marinero;, su tierra/eu;? . 
trada á fuego.«y sangre: mucha gente ahorcada ó empateda..Parósa. 
ea.fin ó faMgiido.9, ó por haber; heabo y^ lo.suficienle á su juicio 
pir)a;.6l .castigo y>.te/.V€aigatt9a^. A. fín;de establecerse^ despidió los . 
biy|^ft;Carg(|d0a4e esclavoa) y ól se^uedó media legua mas arrt:> . 
ba.dete embncadura<del..ria Gumaná^ fundandiC^ un piieblo que., 
llamó i!Sue«a; Toledo. 

A^.se eslonaban* loSjC»£tellano$«n aumentar te mate, voluntad, 
de Jo^ci^diasby^e». beoer. cada^ivez ma$:odiosa te uairpacioa y ma&v^ 
difícU te conquiate. Miéatiasi^ tanto ^ un hombre en cnyo.pecbo se. 
a%i)abajtevVlirtud|cainio$' martirio»^ ^ buena éinfatigabte Casáis,. 
se. bidtad»a en^imlp. Uprníng^y solicitando el cumplimiento de lo&. 
deiip^ucboa. reate» de que era porlador. Para poder agenciar aquel 
negocia con. mi^4B8embarazo, habla d^yada repartidos süs poblar 
doife^ r ent,re; algUQos granjeros de Puerto-Rico que le ofrecieron 



— Í44 — 

AKleiitarlos hasta ra vaelta. P«ro esta se dilató mas de lo que se 
habla prometido. La audiencia y el almirante, afectando un gran 
respecto por las disposiciones de la corte ^ las mandaron pregonar 
es los lugares públicos ; mas era para engañar y diferir , pues al 
mismo tiempo se negaban á revocar las órdenes dadas á OcampQ 
y á mandarle regresar, según lo pedia Casas. Gomo lo que se que^ 
ria era suscitarle inconveniejoites , no faltó quien acusara por in¿- 
til é hiciera condenar el navio en que habia ido desde Puerto-Rico. 
Habló entonces Gasas de trasladarse á EspaSa , para dar cuenta al 
emperador del modo como eran obedecidos sus mandatos ; y teme* 
rosos de que cumpliera su amenaza , acordaron contentarle de al- 
gún modo; si bien para ello-) como que jamas dormía la codicia, 
le obligaran á formar una nueva contrata, dándoles parte en los 
provechos de la empresa. Hecho este arreglo, se dispuso dar á 
Gasas la misma armada que habia llevado Ocampo, nombrando á 
este para mandar ciento veinte hombres que debian quedar á sueldo 
en Gosta-firme, escogidos entre los trescientos que allá estaban. 

En esta forma salió Gasas de la Española en el mes de julio de 
4521 , dirigiendo desde luego el rumbo á Puerto Rico ^ para reco- 
gepcMis labradores. Aqu( tuvo un nuevo contratiempo. Sus com- 
pañeros se habiau esparcido por diversos lugares , y ninguno se 
presentó para seguirle , ni requeridos quisieron hacerlo , ó porque 
estuviesen cansados de esperalrle, ó con miedo de la tierra á donde 
se les quería llevar, ó mal dispuestos contra Casas, por4as suges- 
tiones de sus muchos enemigos. Fue pues preciso seguir á Cuman^i, 
dn contar para su primer asiento con otra geqte que la de Ocampo 
y la que él mismo llevaba de Santo Domingo ; gente toda resabiada 
y viciosa, incapaz de sujetarse á la disciplina de un establecimiento 
ordenado y pacíGco. Al llegar á la costa, le asaltaron, nuevas 
contrariedades , pues no parece sino que4odos se hablan pasado 
la palabra, para echar por tierra su proyecto; $i<ínas bien no era 
que este, como tan honrado y piadoso, debia necesariamente hallar 
oposición en los hombres y en las cosas de aquel tiempo de turba- 
lencias y desorden. El salto de Ojeda y la terrible venganza de 
Ocampo habikn preparado ala Nueva Toledo- desde su nacimiento, 
el germen de una pronta destrucción. Los indios estaban á monte^ 
la tierra desolada: «no habia bastimentos ni rescates: los pobla* 
dores, acosados del hambre y sumidqs en la miseria, no veían él 
momento de abandonar el pais : por todas partes enseñoreada la 



'violeflcia rpor lodjis partes, iniítilizadás^con la pereza y los vicios 
la inteligencia y lafuerza del hombre. Llegó Casas, y en lugar de 
animprse-coB sus exhortacipnes y su ejemplo, los pobladores se dis- 
pusieron á volverse á la Españolaren los navios qu^ llevaba. A imi- 
tatíion de estos qtysieron también regresar los que le acompañaban, 
y con todos se fué Ocan^po, dejándole entregado á su mala ventu^ 
* ra, con sus criados , uuqs Quant^os homb.res á sueldo y muí pocos 
amigos., 

CuandQ se xió desamparado, se dirigió con su poca gente al 
'convento de Franciscanos, que aun existia, y»de acuerdo con lo& 
frailes mandó construir á espaldas déla huerta una atarazana , pa- 
ra custodiar los víveres , los rescates y las municiones que llevaba ; 
y también dispuso levantar una casa fuerte en la boca del rio , 
para impedir cualquiera tentativa hostil de los indios, ó ^1 que los 
españoles de Cnbagua hiciesen de las suidas. Conocieron estos úl- 
timos su intento , y se dieron tal arte , que con halagos y promesas 
lograron quitarle el maestro que dirigía la fortaleza. Añadíasp á 
esto, que con achaque de buscar agua , de que carecían en la isla , 
se iban frecuentemente á la costa y con su trato corrompían á los 
indígenas, les enseñaban el uso de los licores fermentados, á ^e 
se mostraban mui afectos , y en cambio de ellos y de baratijas, no 
teniendo oro ni perlas, les exigían esclavos. De este modo lograban 
á un tiempo buenas granjerias y alejar de Casas i los pocos indios 
pacíflcos que él procuraba atraer con>caricias y dádivas,- Viendo 
que no bastaban consejos , ni valían requerimientos, ni tenia fuer- 
zas para contener aquellos incómoilos vecinos , determinó pasar á 
Santo Domingo, á implorar de la autoridad el remedio,, bien re- 
suelto á pedirlo,, si era necesario, á los pies mismos del trono. Con 
este propósito se embarcó dejando á un tal Francisco .Soto por ca- 
pitán de su gente , con eny^argo formal de no separar del puerto dos* 
jiavíos que allí había , y de trasladar á ellos los hombres y la ha- 
cienda , en ca^o de uix ataque de los indios. 

Pero era preciso qOe la codicia y la ignoranqra desbaratasen en 
fin completamente los proyectos de la caridad y la Oiosofía. Solp,' 
tan inobediente comoj^esvaríado,apénas1iubo desaparecido el padre, 
cuando mi vio las naves á rescatar esclavos , perlas y oro. Los indios, 
al ver á sus enemigos solo$ y sin buques en que escapar, resolvie- 
ron asaltarlos y destruirlos ; y aunque el proyecto y el día 'M su 
ejecución fueron descufoii^rtQs., no impidió t^sto ni el asaque ni los 

BIST. AMT. fO 



¿•sasires que produjo. Guando los caátellanos psobabaí^ atriiicIiO'- 
rarse eu la atarazana , encontraron güe la pólvora estaba húmeda 
y, no prendía : en tal estado cayeron sobre ellps los indígenas; pu- 
sieron fuego á la casa y matáronla algunos. Lospo^s que queda* 
ron y Soto herido , consiguieron escapar, saliendo á mar abierto an 
una canoa. Su intento era buscar ios navios ((de estaban d6s4eguai 
de allí en las salinas de Araya ; y por dicha, aunque difícilmente, lo. 
consiguieron, habiéndolos perseguido mui de cerca y furioso el 
enemigo. Entonces repitieron los indios en Cumana las atrozes es- 
jcenas de Chiri vichi. Un pobre lego que no pudo acogerle á 1^ 
canoa, fué cruelmente asesinado: quemaron los edifídos : mataron 
los animales de labor : talaron los campos ; todo, en fin, lo des- 
H:uyeron con aquella rabia propia de hombres incultos, que 1a 
opresión habia exasperado hasta el estremo de la demencia. Anima- 
dos con esta ventaja , revivieron hacer una tentativa áobre Guba- 
gua, cuyos habitantes, llenos de terror, joo osaron esperarlos, bien 
que fdesen trescientos, bien armados. Embarcáronse pues para* 
Santo Domingo, dejando abandonado el establecimiento. 

Así acabaron los dos conventos de- religiosos , la Nueva Toledo, 
la^squerí^ de perlas en Gubagua y el designio de Gasas. PorqoQ 
este, sabido el desastre en la Española, y viéndose arruinado, y cir- 
cuido de hombres enemigos de sus pareceres y proyectos, quiso re* 
tirarse del mundo y abrazó la religión de Santo Domingo en el año 
de i 522., baciendo su profesión en el siguiente. No por eso desis* 
tió del noble empeño que liabia contraído ante Dios y los hombreS| 
de proteger á aquella infeUz raza , condenada al estermioio. Por el 
contrario , reunido desde entonces á tos Dominicos; constantes ami^ 
goS suyos y fieles compañeros de siii$ opiniones y doctrinas respecid 
de los indios, continuó abogando por ellos contra si)s' tiranos ea 
4odo el curso de su larga y gloriosa existencia. -Hombre verdades 
ramejQde santo , á cuyos trabajos debe a NuevcnMundo la mejor 
parte de las leyes que ^esde los primeros tién^pos de la conqitista 
aliviaroA algún tanto la mala ventura de sus habitantes, y cufo léAq 
*piadp60 y ardiente caridad casi nos fuerzan á perdonar los erro.res 
y crímenes de su tiempo y ^e sus compatriotas (J I). 






CAPÍTULO vnt. 



Garlos V autoriza la |8c1avUad de lodos los indios jque hagao resistencia á ik 
conquista. ~ Con éste motivo infestan numeroso» piratas las costas'de Ve». 
nezuela. -r Funda Ampues en 1527 la ciudad de Sienta Ana de Qoro. -^ 
Concede el emperador á los Belzares como feudo hereditaviode la corona . 
el pais que se estiende desde lUaracapana hasta el cabo de la Yela. — Jor* 
nada de Ambrosio AlQnjer. — La de Jofje Spira^? Nicolás 4e Federmann..- 
» Gobierna la provincia el primer obispo de CpT'oBon Rodrigo de las Bas- 
tidas. —El Do^do. — Bmpiea la jornada de Felipe á^ Urrc. ~ Henrfque 
Rembolt gobernador.^— El licenciado Frías y^su teniente Juan deXarvt- . 
jal. — Fin de la jornada de Ürre f su muerte. — La de su asesino.' 



Por él pronto, lejos de peinar !a corte en poner cotos* á estas de- 
masías ^ añadió nuevos estímulos á la^ aviesas própeiísip.nes áe^lú» 
conquistadores^. En vanp clamaron por remedio ese mÍ8|no Casas , 
s<is hermanos en religión y unbs pocos t^ombres virtuosos é ilastra- 
doé^ á quienes partía el alma 'tanto estrago inútil , tanta opresión 
no merecida. £1 famoso Carlos V que entonces gobearnaba á £spa«* 
fíaiy aunque entendido y prudente, estaba muí ocupado en sus guer* 
ras y negodaciones europeas /pi^fa preslar^á los asuntos del Nne* 
jo-Muildo una atención constante. Entregados por lo común estos 
negocios'á sus ministros flamencos , llevaban la marcka oscura y 
vacilante que les daba la imprevisión , la ignorancia y codicia de 
.U&os hombres que no velan en aquellos países otra cosa que sps- 
;9[fiaas. Libre de este don funesto, Venezuela era la que menos ia- 
te¡res' les ii^spfraba , y así, no solo fueron mas tardíos é imperfectos 
los estableeimientos que en ella se intentaron , sino que la suerte 
dé la tierra y de los habitantes ajpéna^ mereció los cuidados ék\ go- 
bieniio, ni la atencioii de 4os articulares. Un decreto del monarca 
a«iioi»z6 á los españoles para reducir á esclavitud , sin escepdon, á ^ 
todos 'los. indígenas que se. opusiesen á la conquista; y como ea 
este caso se hallaban precisamente algunos habitantes caribes de las 
i^^ y todas las razas belicosas de la tierra firme , pronto eatuvie^ 
ron los mares plagados de piratas , á quienes d cebo de una fádi 
'^Miancia estimulaba al latrocinio y la violencia. Las costas de 
Yénecuela se vieron por egta causa invadida^, y entradas á fuego y 



— 448 — 

■ 

sangre con frecuencia. Los habitantes reunido!; en gran número^ 
lograban en ocüsioftes repeler á los agresores : laS mas vezes sor- 
prendidos, ó engifnádos cqn pérfidas caricias, caían sin resislencia 
en manos de estos^ y pagaban con Ri esclavitud su imprevisión ó su. . 
conOanza. El mal-llegó al estremo en poco tiempo, pues los indios, 
ensenados de una costosa espcriencia , conocieron que no podian . 
resisrir á tan terribles adversarios, y de luego á Juego se internar 
ron buscando refugio en las montañas. 

Tan-grande fué el escándalo producido por estos salteamientos, 
que la audiencia de Santo Domingo juzgó conveniente intervenir 
para cortarlos , haciendo que el derecho de esclavizar 16 poseyeran 
solamente los conquistadores , y no esa turba de (gratas oscuros 
que asolaban la tierra inútilmente. €on esté objeto dispuso que 
Juan de Ampúes, sugeto de discreción y de buen entendimiento, 
hiciese un viaje á la cost,á Curiana ó Coriana, que como frontera y 
mas inmediata á las islas habitadas por ios aventureros , era tam- 
bién la mas acosada de sus Vejaciones y violencias. 

No llevaba el comisionado autorización para poblar en el conti- 
nente; mas bien considerado todo, se persuadió con razón de que 
era imposible atajar el mal , si no fundaba en la costa un estable- 
cimiento permanente, que sirviera de apoyo 4 su autoridad, y de 
resguardo á los indios. La tierra no era fértil ni amena : destituida 
de minas , sin pesca de perfas, sin industria, era acaso el mas po^ 
bre y triste 'de los paises explorados desde el golfo de Paria. Pero . 
convidábanle al asiento, ademas de su posición respecto de fas islas, 
ias noticias que tuvo de la gente y sus señores. De estos el princi- 
pal era un cacique poderoso de nombre Manauré , que gobernaba . 
la nación Caiquetia; aquesta, como casi todas las indianas, mansa en . 
estremo, dócil á los halagos y buenos tratamientos. £1 caso lo pro.- 
bó. Manauré , convidado de paz, correspondió con un acogimiento 
lleno de franqueza y ofreció á Ampúes ricos presentes de oro. Aun 
hizo mas; pues cediendo prudentemente á la necesidad ó á las per* 
suasiones del comisionado, ajustó con el un tratado en que se. re^ 
conocía feudatario de los reyes de España , obligándose ea nombre 
de sus subditos á hacer pleito homenage á su corona. Dado este 
paso, solo faltaba enseñorearse buenamente del país, y para eUoj 
escogido un lugar acomodado ,^;(ttndó Ampúes la ciudad de. Santa 
Añade Coro el áuo 1527. Subsiste aun , y está situada á dos leguas- 
poco másemenos de la marina, en tecreno secano, acencso y 



. : • . • — Í49 — 

dedcarnpádo. Su puerto , que^decimos de la Vela , es desabrigado : 
fértil y^bnodosala (ierra que le^demora á, pocas leguas de distan- 
cia entre el sur y el este : rica faoi^ en fin , la comarca en ganados 
ie toda especie \ en salinas. 

' Esta.pacifi<ía adquisición de Ampáes hubiera debido servir de 
ejemplo y norma para el modo de establecer en aquellos países el 
4Íominio y;la cÍTÍtizacíon europeas. Ácordárale entonces el gobierno 
una mediana protección y ella progresara y floreciera en poco tiem- 
pQ con la buena disposición de los indígenas ; y Ampúes, realizan- 
do cq gran parte el piadoso plan del padre Casas, habría enseñado 
á sus compatriotas el mejor medio de fundar ricas colonias. Pero 
entonces 1¿ España , gobernada por un monarca guerrero y ambi- 
cioso, no aspira*ba á las conquistas de la paz. Conducida por Eu- 
ropa en alas de la victoria, los combates eran su ocupación, no el^ 
comercio; y al fin empobrecida por los grandes armamentos mi- 
litares 'que posierou en guerra el antiguo mundo, pagaba el pre- 
cio de su efímera gloria ^ entregando las mas bellas comarcas dej 
nuevo á la rapazidad de manos estranjeras. Esté fué el caso en Ve- 
nezuela. 

De varios espedientes echó mano Carlos V, para llevar adejánte 
sus proyectos, y fué uno de ellos el de contr^pr grandes empeños 
pecuniarios con los W^elseres ó Belzares de Ausburgo , acaso los 
mas ricos comerciantes de Europa á la sazón. Deseando pagarles, 
ó por ventura obtener nuevos socorros, les dio la proviniya de Ve- 
uezuela , desde el cabo de la Vela hast^ Maracapana , para que la 
poseyesen como feudo hereditario de la «orona ; pero á condición 
de conquistarla y fundar dos ciudades y tres fortalezas en los para- 
jes que juzgaran aparentes. Concedióles ademas la facultad de nom- 
brar un gobernador, con el título de adelantado, cuyo sueldo se 
pagarla coa el cuatro por ciento de los quintos reales : la propie- 
dad de doce leguas cuadradas en el sitio que escogiesen , y ( lo que 
aun interesaba mas á tos agraciados ) la autorización de esclavizar 
los indios qué se rehusasen á la obediencia. Los Belzares nombra- 
ron inmediatamente por adelantado á Ambrosio Alfinjer, y por su 
teoiente general á Bartolomé Sailier, ambos de nación alemanes ; 
los cuales sq^uidos de 400. infantes españoles y 80*caballos , llega- 
r^n felizmeuíe á Coa> á fines del año de í 52S. Al ver Ampúes los 
despsiiios imperiales , les dio con resignación y ipodestia cutero 
€ump]ii9Íépto'> poniendo ^n^posesíon dergobierno á aquellos estran 



-150 — 

jeroft ; ño sin secreto dolor de yor p^fixt á ajenas manos el frato de 
las propias fatígas. • 

Confiar por tiempo limitado la conquista de an territorio, su go#^ 
biemo y dominio útil á una compañía de mercaderes que quiete 
'reomiiolsarse á toda prisa de sus fondos; y esto eon* poder de vida y 
muerte sobre los habitantes , era lo mismo que entregar estos y 
aqaei como presa, á la acerada é impad^te garra diKla codicia. 
Aftí por desgr^v^a se\ió luego. Abandonando el sbtema que Am- 
pues empezó á seguir con tan próspera fortuna , determinó Alfia«- 
jer recorrer el pais en busoa de orO| de perlas y de esclavos ^ y 00^» 
mo las provincias mas renombradas allí de ricas y pobladas eran las 
que están á orillas del gran lago de San Bartolomé, hada ellas di- 
rigió sus pasos. Hizo construir á toda prisa bergantines calcidados 
para entrar por las restingas y bajíos de la barra , y en ellos mí* 
'barco parte de su gente, siguiendo el por tierra con el resto. 

De las altas montanas de Mérida, que demoran al sur del golfo 
de Venezuela, se desprenden dos sifirras menos elevadas, inclinan*- 
dose como si fueran á juntarse en la marina, y fenedendo poco an- 
tes de llegará ella. Estas dos sierras, que son por el naciente la del 
.Emulado, por el poniente la de Oeañay forman oon la cordillera 
de Mérida una curva circular, rota en forma de herradura por la 
parte del norte. Casi en el centro de esta grande hoya existe un 
hermoso lago cuyas aguas dulces ocupan setecientas leguas ciiar 
dradas de superficie : siendo este aquel tan famoso descubierto por 
Ójeda, y- llamado por él de San Bartolomé , por los naturales de 
Coquibacoa ; puesto que jnas tarde dieron en denominarlo de Ma- 
xacaibo, del nombre de^un cacique poderoso que moraba en sus 
liberas. Es en efecto hermoso, y el mas gr^de que existe en el 
pais comprendido entre el istmo de Dañen y la apartada Patago* 
nía. La grande elevadontle las montaüas cít^ounVecinas y la espe* 
sura de los antiguos bosques que lo rodean, atraen sol»» su hoya 
una inmensa cantidad de lluvias. Caen estas^n na espacio de cuatro 
mil leguas cuadradas y todas se reúnen en el lago ; entrando lao|r 
bien en él por ciento veinte bocas muchos ríos considerables. Cuén* 
lause entre ellos el Zutia, que baja' desde Pamplona,. el Ghama^ie 
tiene su origen en la región de las nieves, el Catatun^ho, el Meta- 
lan , el Socuf , eLPaAnar ; gran trecho son najregabkQ algunos, ri- 
cos ^tros'por las preciosas maderas de sus orillds ; y discurcüirto* 
dos en tierras deleJtcfeasjf/focunííia. ♦ • - , ^ . • 



— Í5I — 

Los belf«t^n«9, veneida h barra que se forma á la entrada del 
Jago, nttyegsHPon, no sin mucho riesgo, hacia su costa oríeatal/ y ar- 
ribaron á un sitio, qué es acaso el qne en el día se llama Puerto» 
de Altagracia» Llegada Alfinjer, embarcó^^ia gente que le acompa- 
íMmi y pasó con elta al lugar que hoi ocupa la ciudad de Mará-*- 
eaibo , en la otra banda* Allí armó una ranchería para recoger las ^ 
mujeres y los irifios de la tnopa, y dejándoles una escolta sufici^te 
para ss resguardo , navegó en el lago costa á costa , taló sus orillas 
y .apriñoiió á- cuantos indios cayeron en sus manos. Con solícito 
onidado recorrió todo el contorno , visitó los puertos y las ensena- 
da»^ se «aeró por los ríos , pienetró en los esteros y caños, llevando 
i todas partes el terror -y la desoiaoioa. A ejemplo del jefe , los sol- 
dadofrque le veian destruir y rbbar, como en tierra entrada á saco, 
kidenm lo mismo ; mayormente cuando nisiquiara se asomaba la 
idea de establecer asiento en faiio alguna^ y todo» temían verse de- 
Inudadoft de los provece de la empresa, si^no los tomaban por 
sunumOi' Ga^a cual , pues, se encargó de hacer su propia fortuna 
á costa del país, reservando buena parte del beneficio al capitán ; 
el enal, después de un año de correrías volvió 'á sus barracas con 
buena caatitad de oro y las naves cargadas de esclavos. Mas ho 
salisfedia , ante» bien irritada su codicia con tan fácil y abundante 
iwtia, resolvió interoarse hada el poniente, en busca de nuevas 
aventuras. La gente se había .apocado mucho : muwtos unos cop 
la novedad del clima y de las agt^as , con las enfermedades y^ fati- 
gas : otnoa huidos, por el terroisque infundía el Carácter bronco y 
feroz del adelaotado» Remedió este mal, enviando á Coro los esela- 
vos, y ^naouráadose coo su producto mas soldados, armas y ea- 
balbs. Luego, para quitarse estorbos , dejó en la ranchería los ea* 
iermos y laa mujeres, y emprendió su viaje la via del ocaso ci^n 
tienta y ochenta hombres de armas. Socedlo esto el ano de-i 350. 

¡ Quite podría sufrir^con pemencia y sin hastío la historía hiinu> • 
cksa de este viaje de.Alfinjer ! Apoderado de su alma un furor ín* 
aensato que degeneraba en frenesí, s<€laló por todas parte» su pasaje • 
con el robo, ehhomieidio y el incendio. Debía morir quien no pen- 
día ser esdafo , debia quemarse la casa q^ie le había servido : da- 
tras de el nada debia quedar ni con vida ni en pié* Mas, para qué 
latigarse? Lo misino hablan hecho antes cpie él los C9nqñistadorQS 
de las islas y del cc^tinente; y después de él ¡cuántos no imltardn 
s\(,Conducta inhumanal Ademas, la lelacíoade^tsipméjanles Hechas 



— 452 — 

nada enseña ; áates bi«n aflige el alma , y pinta degradada eD esos 
monstruos la especie humana , y dichoso y triunfador el crimen. 
Por esto, pues , y para no fatigar á nuestros lectores con la monó- 
tona repetición de tantas* crueldades y miserias, diremos solamente . 
«lo preciso, con el bien entendido de que será bre?emeato, caal 
^ conviene por otra parte al reducido cuadro tle esta obra. 

Andadas algunas leguas de tierra llana hasta llegar á Jas serramas 
del oeste, atravesó las que llamaban de los Itotos y bajó al valle de 
Upar. Desde aquí siguió por las provincias que habitaban los pa** 
cabuces y alcojokdos , hasta dar con la laguna de Tamalameque ó 
Zapatosa ; ya para esto en paises que estaban fuera de los linútes 
de su gobernación. Los ibdios qye vivían en las orillas de la lagn-* 
na , noticiosos de la marcha y escésos de nuestros aventureros , 
creyeron ponerse á cubierto de sus rigores , recogiendo sus bar- 
quichuelos y retirándose á las islas. Tero viéndoseles desde tierra 
ostentar conGados muchas muestras de oro , se echó á nado en sus 
caballos una veintena de soldados, y antes que volvie^etn del asom- 
bro infundido por los brutos y los hombres nunca vistos» hicieron 
en ellos unos y otros fiero estrago , dejándolos desbaratados y ren* 
didos. Aquí pensó Alíinjer que para seguir mas desembarazada- 
mente lo que él llamaba su descubrimiento, seria conveniente des* 
cargarse del mucho oro que llevaba y enviándolo á Coro, conseguir 
con parte de él masgente, armas y caballos de que tenia escaset, 
A este fin escogió veinte y cinco hombres de toda sn confianza ; y 
los de^achó coú sesenta mil pesos de oro , fruto de sola aquella 
correría , al cuidado de un tal Iñigo de Bascona. 

Desdeñaron estos imprudentemente retroceder por el mismo ca- 
mino , y queriendo (ornar otro mas corto al sur del lago de Mara^ 
calbo, se perdieron entre aquellos espesos montes, hunca* pisados 
por «t hombre. De aquí vino que agotados los "baslimentos y enfu- 

• recidos con el hambre , después de enterrar el oro , se comieron 
uño á uno los indios que llevaban. Acabados estos empezó á rezelar 

> cada uno si querrían los demás hacer con él la misma fechoría ; lo 
eu^l entendido por todos, resolvieron de común acuerdo separarse, 
éJncontinenli lo hicieran, tirando por diversos caminos, sin direc- 
ción ni guia , á Dios y á la ventura. Tan mala les cupo á aquellos 
infelizes que todos perecieron , con escepcioa de un tal Francisco 
Marliu , que después de infinitos ti^ibajos llegó á poblado y fué so- 

• oorrido por los Ip^ios. 



— 455 



• • 



Canudo ^ntre tanto AlCojer de esperar á Rascona, resolvió dejar 
las orillas del lagp de Tamalanfeque, y asi lo bizo á mediados de 
•1554; Ansios6de nuevas rapiñas éa comarcas no espUiradas, dejó 
á un lado la^ que ya habia destruido , y dirigió su nimbo por entre 
la'serranía y la tierra llana que riega el Magdalena. Pero encontró 
de tal manera inundado el país j y el clima tan desapacible y mal 
'sano, que á poco torciendo la dirección que llevaba , buscó tieri'as 
mas ^Itas y menos enfermizas. Vagando por alli.en solicüiíd de 
aumentos que esqase^tban mucho, acertó á salir á la provincia de 
Guadí , cerca deksitio que bol ocupa Yélez, en tierras del hermoso ' 
distrito que llamaron después los españoles Nuevo reino de Granada. 
'A poco que por esta via huhi^e continuado, tocara Alfinjer al ri«- 
ñon de aquellas (icas provincias ; mas queriendo sin duda el cido 
libertarlas de su terrible azote, hizo que guiando por los páramos 
de Cervitá y de Rivacbá , saliese en^fip, después de mil trabajos \ 
al valle de Ghinácota. Hasta aquellos lugares apartados habia llega- 
do la fama de sus Jiechos. Al acercarse huían despavoridos los natu- 
rales', buscando amparo en las breñas y en los montes : abando- 
nadas las habitaciones y solitarios los campos, parecía todo sin vida 
en derredor. De este modo halló á Ghinácota ; mas los indígenas 
aquí volvieron de oculto á los contornos , para acechar á los cris- 
tianos, y en ocasión de hadarse Alfinjer con un solo amigo, algo 
apartado del real , dieron en él de improviso y le hirieron grave- 
mente. A los tres días m«fió. Y en un yallecico distante siete le- 
guas de Pamplona le enterraron sus companeros, quedando al sitio* 
en memoria del suceso el nombre de Miser Ambrosio ; que tal era 
tomo sabemos el del fiero adelantada. Sucedióle en el mando de 
la tropa Pedro de San Martín , el cual se dirigió^ desde Ghinácota 
á los valles de'Gncuta por las montanas que depues se Hatnarpa 
de ArévaJo; desde donde, encontrando entre los indios quien 
le siryíe^ de guia ,'y en el camino á Francisco Martin , marchó 
la vuelta de Goro y llegó á esta ciudad cuando ya era mui en- 
trado el año de -1552. Jornada esta de tres años, inútil y asóla-' 
dora. 

Sucedió á Alfinjer otro caballeo tudesco , de nombre Juan AFe- 
man, quien por ser hombre flemático , de suyo pacífico y enemigo 
de guerras, dejó reposar á los naturakes algún tanlo«.Pero esta tre- 
f^ua no fué de larga duración ; porque luego nombraron los Belzares 
por gofiema^or á Jorge Spira, alendan como los ottos, y cei^o 



— i54 — * 

Alfiajer empreodedor y codicioso , si bien menos so^ro coo los 
propios y no Un desapiadado con los indios. 

Dióse príMi ásalir de España el nneyo adelantado , y llegó á Qtíio 
i {íríncipios dé felirero de \ 534 , llevando consigo obra de cuatro*^ 
cientos hombres de armas entre espaftoles y canarios ; de ellos mU-» 
dios principales y de caenta. Inmediatamente difuso salir á re» 
correr la tierra; y jnxgando que la parte m»s pobkida y prodoetíra* 
debía de ser la4)ue demora cmitigoa ala gran cotdiliera; descachó 
ttescientos veinte infantes la vía del swr'oon orden dct atravesar la 
fiorania deOarora y esperarle en. las llanuras. ék conochentá ca» 
bellos marcharía por la costa basta el pn^to de Borborata, y desde 
allí buscaría la entrada á las mismas llanuras por entve el snr y el - 
este , caminando por la falda de loe montes. 

Así como se pensó se biso. Los peones, después de muchas ín« 
comodidades originadas de. la aspereza de la tierra , do las aguas , 
la faUa de vituallas y la oposioiott de los indios, llegaron á Carón 
y seguidamente al valle deBarqoisimeto, .queledem<H« aiorientei 
Inmediata á esie sitio existe una abra que interrumpe la gran' cor* 
Sillera y da paso á las llanuras, las cuales arranean desde allí \ 
abarcando en todas direcciones un espacio inmensor Por esta abra 
se entraron los aventureros y salieron á la provineiade Barauró 
(hoi Araure) con cuyos habitantes tmieroB qoe sostener gnemí 
<M»!rtinua. Esta y sus desasosiegos , el hambre, y las lluvias incesao» 
tes que no les permitían hacer «sa da (os areabozes , de tal suerte 
abatioron sus ánimos, que una noche, cautelosamente y de prisa > 
se retiraron , llevando- la resolución de no parar en parto alguna 
basta tqar cpn Spira. £1 embarazo de los enfermo» y heridos no 
les permitió^ sii\ embargo, seguir tattio viaje, y hubieron, mal su 
gnidor, de detenerse en la parte meridional del'desembocadero 
da Barqulsímeto, acaso por dbonSe hoi está Sarare. Afortunada-* 
mente á pocos dias de estar allí rancheados se les revniefton Spirt 
y sus caballos ; por donde olvidadas las fatigas y miserias paded^ 
' das , ya no desearon mas^que arrostrar con otras nuevas, á trueque 
de llevar á cabo la jornada. Emprendióse esta en efecto ooa redo^ 
blado ardor, y llfvaodo por gaia*la cordillas que, mirando alimr, 
les demoraba á la mano derecha , volvieron pararlas poblaciones 
de Barauroi» 

(ifanos con las ventajas anteriores , salieroD- los indios en. gran 
ilúmepo al enisuentro de los españok8,.tcKÍaiido<la v^ria^por sir 



* . 



, gnni y oelobréndola de aa^teniano con sp acostumbrada vozeríaf: 
r • mas acométalos de refieii te por los ginetCB; causó e» ellos tal espantó 

, <d brío y la pujauía de los brutos nunca vistos , qm sin aliento 
para huir se dejaban oaer» en el. suelo pidiendo merced de la yida^ 
Los que oscilaron de aquella rota , no crqréndose seguros en sus * 
pueblos, recogieron con brevedad los hijos y mujeres y se retiraron 

. con ellos á los montes. Bn ellos tuvieron después la imprudencia 
de dar muerte á un espa^l que ^ separado de su» compañeros , se 
entretenía cazando ; de lo que irritados los soldados de Spira^ ahor- 
4saron sin píedud á cuantos pudieron haber á las nianos. £1 rigor 
del invierno dio treguas, sin embargo, al suMmiento ; pues mal 
hallados los europeos cu el país abierto é inundado ; se pasaron á 

, los pueblos de Aricagua (por ventura cerca de los nacimieptos del 
xio-queboi «ficen Acarígua ) que por estar mas arrimados á la ser- 
^ raniay en terreno alto, les ofrecían comodidad para esperar^al buen 
tiempo. 

Allí estuvi^on dirtenidos tres meses basta que despuntó el ve^ 
i«uo« Eaióucés levantó Spira el campo ea pmsecucion de su jooia- 

. da , y caminando .siempre por.la íalda de la cordillera, que llevaba 
á la mano deceba) llegó á la belíeosa provincia de. los coyones, 
'Con los cuales tuvo guerra. Vencidos estos con pérdida de sus caü- 
dillospríucipales, ya no htci^^n'mas oposición á los españoles ; con . 
que le fué posible á S^ra. hacer provisión de bastimentos, aunque 
ooHa. Entróse seguidaq^ente en la serranía por camihos asperísir 
SMS, con mil dificultades y trabajos, y al cabo de dos meses de 
coptinuadas fatigas , hul^o de |tenetrar bástala pavte donde se fnn^ 

- dá* después por primera vez la ciudad de Barinas (poco trecho al 
oriente del pueblo actual d^las Ifiedras); pero tan perseguido del 
hambre, que sus compañeros y él mismo, postrado^ y desfallecidos . 
no baüaban fuer»» ni 'alíenlo ^ra tirar ma» adelante. ¡Masqué 

. JDO vence la. ooasdHH^ia ! Aquellos boipbres val^sos , sin pensar- 

' flNuieitt en* retirarse , se maiittüviereu en las tierras altas haciendo 
l^cnraiones, per los valles circunvecinos^ para conseguir algunos 
Wsümeiifos* Y ya afirmado éí verano, enviaron á Coro los enfer- 
mos^ abaudonaroB la ruta que habiau seguido por la sierra -y «se 

• hnaaioa eonfiadamenté en las llanuras; 

« ■ • ' 

Gamitó Spira sin pararse cuanta le duró el verano^ ora guiado 

'4 'por los indjas prácticos del paisy'ora perlas séllales del cielo ; y 

. babiendo £^rai%9idi(i: Ips rios Apure, Sarare y Ca9«uare,'lleg6-4 



V 



_ H56 — - 

■ m 

laá riberas dd Opia. Allí fatígadisímo, se detuvo , y próxima va la > 
entrada del invietoo , dispuso alojamientos para guarecerse dé ély^ 
reparar eutre tanto las fuerzas. Pero ya fuese inesperiencia de los 
españoles^ ó rigor de la estación, fué ei caso que muí luego se 
vieron reducidos por las aguas á un espacio tan pequdao , que 
fallos de bastimentos y no pudiendo buscarlos^ estuvieron á ponto 
de perecer de hambre. Hinchados los ríos , salieron de sus álveos y 
se derramaron por las tierras, convirtiéndolas en'un in&enso lago^ 
navegable para balsas y canoas en todas direcciones. Aislados en su 
alojamiento, veían con indecible angustia el progreso de las lluvias, 
que les impedían salir á procurarse el alimento ; poique los Jagua* 
res (1 2), acogidos á los pocos parajes que dejaban en seco las aguas^ 
hacian presa del que 'osa*ba separarse del real', y los indios , acos- 
tumbrados á aquellas intemperies, las arrost^aban valerosos para 
asechar y dar muerte á sus* contrarios. Mas á pesar de esto , no 
desmayaron en su empresa los que pudieron sobrevivir á las fati- 
gas y las enfermedades ; antes bien se propusieron continuar la 
jornada, hasta encontrar paises ricos y felizes, que fuesen resarci- 
miento á tatitos danos y dolores. 

Con efe<5to j apenas empezaron á volver los ríos á sus madres con 
la diminución de las lluvias , emprendieron su marcha hacia el sur 
por entre innumerables naciones indígenas , que unas vezes les de- 
jaban pasar en paz su camino , y otras les 'molestaban , queriendo- 

« 

sele impedir |)or la fuerza. Andando por aquellos apartados lugares, 
tuvo noticia Spira de tierras muí pobiaidas al occidente, en dond« 
ios habitantes iban cubiertos con telas de algodón y adornados de 
ricas joyas de oro ; mas cultos que los otros indios y con mayor co- 
nocimiento en las artes necesarias á la, vida. Aunque movido á cu- 
riosidad y codicia, quisiera el alemán irlas á buscar f conquistarlas, 
se desanimó luego :.qtte acaso era fabulosa semejante relacimí , ó 
había sido mal entendida por los inlérf>retes, y no debia con tan in-. 
ciertos datos esponer la suerte de su gente, lanzándola en montanas 
fragosísimas , nunca tal* vez holladas por el hombre. No hubiera 
sido está , en efecto, la primera vez que los indios^ para deshacerse 
de sus incómodos huéspedes , procuraran engañarlos, estimulando 
su avaricia con ofertas exageradas de oro» en tierras mas distantes ; 
pero en la ocasión pire&ente dijeron la verdad, señalando al poniente 
un pats rico y mas civilizado. 'Spira, despreciando sus consejos ^ ' 
peitlió del mismo modo que el terrible AWnger, la ocasión de pe* 



— ^5T — 

netrar en la tlerra^de ]qs maiscas ; en aquel Nuevo reino de Grana* 
da y tan ameno y abundante , fuente oc^piosa de riquezas para los 
que poco después lo descubrieron. Ahora, siguiendo otras indica- 
ciones, se fué corriendo la vía del sur y atravesó un terreno muí 
quebrado y estéril que llamó Mal-pais , donde tuvo con los indios 
choques repetidos y sangrientos , en que el triunfo no fué cedido 
con la misma facilidad que en oirás partes. Heridos de resultas mu- 
* chos españoles, fué necesario detenerse algunos días para curarlos 

' como mejor se pudiese en aquellas soledades , desprovistas de todo ' 
tmsilio humano. Hecho esto , prosiguió su camino sin apartarse 
gran cosa de la cordillera y llegó á un pueblo en cuyo sitio se fun- 
dó después la ciudad de San Juan de los Llanos : entonces los sol- 
liados de Spira le impusieron nombre pueblo de Nuestra Senoca , 
por haber celebrado en él la fiesta de la Asunción de aquel 
año 4557. 

Aquí los españoles obtuvieron noticias de regiones opulentas si- 
tuadas mas adelante. Noticias vagas y oscuras que nuestros aven- 
tureros, aunque ya 4escon Dados, creyeron en la ocasión presente, 
por haber encontrado indicios de una civrlizacion mas adelantada, 
tales como un templo consagrado al sol y un convento de vírgenes, 

- semejantes á los que después se vieron á los mulscas y peruanos. 
Siguió pues Splra adelante pasando el Aríarl, acaso mucho mas aiTÍ- 
ba de Macatoa y antes de su unión con el (Tuayare. Penetró lue^o á 
fuerza de armas en el pais de los canlcainares y guayupes, y á pocas 
. marchas descubrió las aguas del rio Papamene , donde le pareció 
detenerse tlgunos dias ; tanto para dar descanso á su gente , 
cnanto por buscar entre los indios quien le sirviese de guia al pais 
de las riquezas. Los de Papamene le recibieron desde luego amis- 
tosamente, y establecieron con stis soldados un sistema de rescates * 
y comunicación de que todos se hallaron bien ; óbleníendo los unos 
las vituallas necesarias , y los otros aquellos cascabeles y sonajas 
que' apreciaban sobre todas las cosas. Mas cansados al fin los na(it- * 
rales de sus huéspedes, quisieron alejarlos persuadiéndoles que .un 
poco mas adelante hallarían la tierra que buscaban , rica en oro y . 
plata. Para mas alentarlos é inspirar confianza , cinco de ellos se 

.. , prestaron á servirles de guias , ofreciendo ponerlos breve y fácil- 
mente cu el corazón de aquel pais afortunado, del cual volverían . 
«qolmados de tesoros. 

Hombres por io común ignorantes , acalorados con las relaciones 



4 



m 

asageracl2ffi.de oiros canqntetadores, y poseídos de la fonttto .pama 
de la afatkia , tomaban fácilmente por realidad^ las iluslenes que 
aUioeats^baii sas esperanzas : que nada-hai thü crédulo y necio eoino 
lo& corazones apasiooados^ ni tan débil ; pues entregándose sin jre- 
flexibn al error, reDunoian á la propia fuerza y son el juguete ó la 
YÍctima de los que saben manejar su simpleza. Esto aeonieoió á 
los españoles, Itíisouales dando asenso por su mal-á cuanto ios indios' 
. qnisioron referirles; se pusieron en sus manos, y guiados por ellos ' 
pasaron el rio Papamene y entraron en elpais de los choques; tiecra 
esta doblada y áspera, llena de tremedales y pantanos, poblada de 
indios belicosos y ferozes que amaban la guerra , y la haelan coa 
destreza armados *de una especie de lanzas, en que el hierro estaba 
suplido por pedazos de caniUas humanas, agudos y afilados. Una* 
^ez en eíía , desaparecieron los guías , y Spira que hubiera del)ído 
ver en semejante acción un indicio <le engaSo, no por eso volvió * 
atrás. Antes por el continrio quiso que á toda eolia se reeonociese 
la tierra, sin que para disuadirle bastaran representaciones y con» 
sejos de sus mas prudentes companeros. Encapnchado en hacer ki 
esploradon , se detuvo él v envió á su maesti^e^e campo Efilebaa 
Martin para que la practicara en lo mas interior del país , dándole 
para ello ciacuenla infantes y veinte hombres' de á eahaUo. 

Martin , aunque brioso, y probado en lides indianas desde el 
tiempo de Aifinjer, no podo cumplir la comisión. Los naturales Ye*-* 
sistiéndose con una constancia y uu valor admirables, se aprove- 
charon hábilmente para la deíen&a de la fragura de la tierra, y can- . 
sándo primero á ms enemigos, los envolvieron despa^ y los des* 
pedazaron. Murió el maestre de campo cubierto de heridas, otros 

« 

' de sus compañeros tuvieron la misma sn{»rte , y los potos: que so- 

«^brevivieron Helaron á donde estaba Spira^n -un estado que partía * 
el corazón. Fué preciso, pues^ resolver la retirada; pero ya para 
entonces las mas terribles enfermedades^ se habían deelarado*en el 
-real, por efeet&del clima, de la desnudez y de los alimentos, A éste 
mal se agregó el de las lluvias , las cuales cayeron eú tanta abun- 
dancia; que los ríos, estraordinariamente crecidos, no podían ser 

• esguazados , úi atravesados á nado*, ni en catanas. Un año estuvie- 
ron en aquelks asperesas, sufriendo de la tierra y de los habitantes 

Jor'qne es mas*fádl imag^ar que referir. Al fin salieran, pero no. 
para esperimentar mayor alivio, porque el páis esiaha yermo, los ; 
hombres espantados y'liiiidos á los montes *. por do 'quiera hallaron 



•». 



» _ ^^0 -^ 



• • 



' soledad , VBMria y hfiíabte. ^trároa en €oro.eu (ebrero ée 1559, 
noveuta hombros sótameote de los •cuatrocientos qae habiaa salido 
i descubrir y conquistar cinco sÁos ante; que no menos sei^gasta- 
ron en esta espedioion fttal en que los castellanos UcinpQn ahtr- . 
de de una constancia y un sufriaiiento dignos de mejores pn^ó- 
^tos. ' • * 

Si nomas feliZ; por lo menos no tan aciaga huttera sido , si las' 
•órdenes de Spira se cumplieran con lealtad por su piisuio y se-* 
gundo Nicolás de Federmann ; pues aquel cuando llegó d caso de 
emprender su espedicion, le previno pasase á Santo Domisgo, ^úr 
gandíase y armase aflí doscientos hombres, y con ellos, YtteHq á k 
tierra fíi'me, atravesase la cordillera por el poniente y se le reu- 
mese. Pero no bien hubo salido ^ adelantado , cuando ?«dermann' , 
alistó la mas gente que pudO; y la despachó á cargo de Alonso Cha- 
ces al cabo de Ja Vela, con. orden de esperarle' allí miéiitras iba i 
Santo Domingo. Todo esto menos porque intentasocuntpfir lo tra-' * 
tado con el gobernador, que con el propósito de obrar p<»r su cuen- 
ta en materia de descubrimientos, conquistas y rescates ; y mayor« 
mente porque habiendo tenido noticias de ser mui abundantes en 
hostiales.de perlas las costas adyacentes al cabo de la Vela, se pro- 
ponía pescarlos en propio y eschisívo benefició. A este fin , hecho 
que hubo con recato y sigilo en Santo Domingo algunos apresto^ 
necesarios, se reunió á Chaves en el punto prevenidb. Mas sin nin- 
gún resultado ; no porque fuesen falsas las noticias en cuanto á la 
existencia de perlas en los parajes indicados , 'sino maá bien por 
falta de instrumentos y de bwftis prácticos en aquellas aguas, nun- 
ca antes esploradas con intento semejante. Ni á haberlo ^o enecm* 
frara jamas ^^a las inmediaciones un solo indígena qne poder su- 
jetar á tamaña fatiga ^.sieadoasi que por allí habitábanlo^ goajiros, 
vaza de hambres belicosos que se resistieron constantemente á la 
conquista y conservan aun hoi su independencia. 

Viendo pues inútiles sos diligencias, y que gastaba sm p»)veclK^ * 
^en la pesquería un tiempo que intentaba dedicar á grandes cosas f 
determinó emprender su jorúada por tierra , siguiendo pura eHo y 
con acuerdo de su gente el' rumbo que había tomado Alfi&jflr. No' 
le seguiremos.de cerca en esta espedicion, cufios resultados e&tttfie» 
ron lejos de ser útiles'á la conquista y población del pais, y á Im* 
intereses mismos^de los aventureros. Baste deoir que FrdirmanB , 
después de recorrer las comarcas del valle de Upar 2 üegó pcír tes 



• *■ • • . 

• 

riberas del río Magdalena Jiasta Ocafia , y desde allí se volvió á Coro. ' 
Por. orden suya guió Diego Martínez con bnena parte de la gente 
la YueUa de las serranías de Carora , y después de reñidísimos re- 
encuentroa con las tribus Girajaras, llegó al paraje donde aüos ade- 
lante se fundó la ciudad del Portillo de Carora; luego á aquel 
donde mas tarde se asentó la del Tocuyo. Reunido 'en este sitio con 
una partida de sesenta españoles que iban del naciente / supo de 
ellos qug, desertados de la tropa á que pertenecían, recorrieran de 
oriente á poniente casi tod<^ el país que se estiende desde el pueblo 
de driapari en la ribera izquierda del Orinoco, basta el Tocuyo, 
empleando en esa marcha atrevida un ano entero por paises des- 
conocidos y poblados de tribus belicosas y ferozes. Capitularon los 
recienllegados unirse á Martínez y* los suyos en intereses y fortuna ; 
•y habiendo llegado luego Federmann, le reconocieron por jefe. 

De este modo , mientras Spira se internaba mas y mas por el 
'sur, confiado en los socorros que debia llevarle su teniente, sona- 
ba este para sí solo imperios y riquezas, y se preparaba á descubrir 
y conquistar sin sujeción á nadie. Así lo ejecutó puntualmente. 
Ocupado el valle de Barquisimeto, se dirigió i los llanos por las 
huellas de Spira , hasta las orillas del Apure, donde teniendo noti- 
cias de bailarse muí cerca el adelantado ( volvia este de su largo 
y penoso viaje ), torció el camino para no encontrarse con él y llegó 
á un pueblo que Oviedo cree ser el mismo de Nuestra Señora, y á 
que el impuso nombre de la Fragua. Mas confiado, ó mejor instrui- 
do que el gobernador, dio crédito á las indicaciones que le hicieron 
los naturales sobre ricos paises situados al occidente^ á espaldas de 
los montes , y cuando hubo obtenido datos y guias suficientes , si- 
guiendo el rumbo señalado, atravesó la cordillera y se^entró por el 
IVfievo re^io* de Granada. 

No poco impacienió á Spira la conducta de su paisano ; si bien 
disimuló el enojo , cuando vio que era irremediable el mal y mui 
difícil la venganza. Por otra parte, su espedicion le habia fatigado 
^ afligido en estremo, y á lo menos por el pronto no podia pensar 
- en emprender otra nueva ; .mayormente hallándose escasa de bom- 
'bres la colonia y mui desacreditadas en el pueblo estas conquistas 
lejanas, igualmente mortíferas que inútiles. Llegado pues á Coro, se 
ocupó línicamente^en el arreglo de sus negocios con los Belzares., 
y á fin de ponerlos en claro hizo un viaje á Santo Domingo, dott4e 
se hallaban alanos agentes y factores de la compañía. 



Deepu^ de su regreso en este juismo año de ^ 559 envió una 
pequeña espedicion á cargo de Alonso Navas, con el objeto de cas- 
tigar á los zaparas que habian degollado algunos españoles y daban 
muestras de una peligrosa sublevación. Navas cumplió su encargo^ 
yendo á la isla en que moraban aquellos indios ( á la entrada del 
lago de Maracaibo ), y matando á cuantos pudo haber á las manos ; 
mas en lugar de volver donde se hallaba Spira , sedujo la tropa y 
marchó con ella á Gumaná por caminos desconocidos, invirticndo 
en ;ello gran parte del año siguiente ^540. Y esta fué la última de- 
sazón que dieron á Spira los cuidados del gobierno , pues por este 
mismo tiempo murió, dejando encargado de él á Juan de Villegas, 
alcalde mayor de la ciudad de Coro. 

Duró aqueste mui poco en la gobernación , porque sabido el 
fallecimiento de Spira, nombró la audiencia de Santo Domingo para 
sucederle interinamente á Don Rodrigo de las Bastidas, primer 
obispo de Coro. Pues aunque esta ciudad habla adelantado poco en 
población y riqueza bajo el gobierno de los Belzares , era sin em- 
bargo la primera que hubiesen los españoles fundado en Venezuela, 
y gozaba el privilegio de ser el centro de la autoridad. Así fué, que 
para darle mayor importancia habia instituido Alfínjer en ^528 su 
primer ayuntamiento, y en ^ 552 se erigió su iglesia en catedral por 
autorización del sumo pontífíce Clemente VIL 

Tan luego como Bastidas entró en el ejercicio de su nueva au- 
toridad, despachó gente armada hacia el lago de Maracaibo, con el 
objeto de saltear indios, cuya venta facilitase algún tanto una espe- 
dicion que pensaba hacer á imitación de sus predecesores , pues 
también el Qbi$po se acoloró con los pensamientos de conquistas 
mundanas , y prestando asenso á las oscuras y fabulosas relaciones 
de los indígenas , se 'dio prisa á emprender el descubrimiento del 
pais del Dorado. Así llamaban una tierra riquísima que los indí- 
genas señalaban ora en una dirección, ora en otra, siempre con ki 
mira de alejar y confundir á sus tiranos. En esa tierra habia un 
hombre, ya rei, ya sacerdote, que se hacia cubrir el cuerpo todas 
las mañanas con polvos de oro, por medio de una resina odorífera. 
Y como semejante vestido le incomodase para dormir, se lavaba (o* 
das las noches, haciéndose dorar de, nuevo al otro dia. Donde tal 
cosa, como por cierto lo tenian, podia hacerse, necesariamente de- 
bían existir minas abundantes , ó ríos y lagos cuyas arenas fuesen 
de oro, ó tejos del mismo metal en rimeros por las tierras. De aquí 

BIST. ANT. i I 



— 162 — 

el representar ese pais fabuloso de mil maneras. Situábanlo ya eu 
la parte oriental de la Guayana con el nombre de Dorado de la Pa- 
rima ; ya doscientas sesenta leguas bácia el poniente , cerca de la^ 
falda oriental de los Andes ; ya en un país que llamaban de lo& 
omaguas , donde había lagunas con el fondo de oro y espacios lo-» 
mensos cubiertos de este metal precioso. Largas y costosas espedí- 
ciones se emprendieron para <bu8car]o por mar y tierra á todosr 
rumbos, sin fruto, por supuesto, y muchas desgraciadísimas. No 
impidió el desengaño de unos que otros corriesen desatentados ensa 
demanda, porque, como dice Humboldt, a era un fantasma que pa- 
« recia huir de los españoles y que los llamaba á todas horas. » E& 
de advertir, que no fué solamente en aquellos tiempos rudos é in- 
cultos de la conquista, que estas quimeras enardecieron la imagi- 
nación y condujeron á las gentes por entre mil peligros á empresas 
inútiles y estravagantes. El mismo objeto tuvieron otras mui dls«- 
Cantes de aquella época primera, cuando no solo se hallaba mas 
avanzada la civilización general del mundo, sino la geografía de los 
nuevos países. 

Las primeras ideas qtie se tuvieron en Coro del Dorado las Hevó 
Pedro de Limpias, antiguo soldado que habia acompañado á Peder- 
mann basta Bogotá, capital del Nuevo reino de Granada, donde ellas 
estaÍ3an mui en voga entre los conquistadores ; y esto unido á las 
relaciones de algunos compañeros de Spira acerca de países riquísi- 
mos que los indios señalaban por el sur, de tal manera inflamú 
al obispo, que poseído repentinamente del espíritu gUBrrero de su 
tiempo, preparó el tren de una nueva jornada esploradora. Confió 
su dirección á Felipe de Urre, caballero tudesco, á qu^n la audieiK» 
cia había nombrado por teniente general de la gobernación para 
las cosas de guerra : mancebo este ardiente y valeroso aunque de 
índole apacible, cosa escesivameníe rara entre los aventureros que 
batallaron en el Nuevo-Mundo. 

Por el mes de junio de -1 Sil salió llrre de Coro /acompañado de 
ciento treinta hombres bien armados, llevando por maestre de campo 
al mismo Pedro Limpias de quien acabamos de hablar. Adoptó el sis- 
lema de su predecesor , guiando por la costa hacia Borburata ; v 
desde allí, atravesada la serranía por el abra de Agua-Caliente, sa- 
lió al mismo sitio en que después se fundó la ciudad de Valencia. 
Luego buscó el abra de Barquisimeto, y se entró de norte á sur en 
las llanuras por la falda oriental.de las montañas, siguiendo paso i 



— 465 — . 

ptm la mancha anterior de Federmann. Como esté , hizo alto tam- 
bteñ en el pueblo de la Fragua , con el doble objeto de aguardar á 
que las lluTÍas se apocasen y adquirir alguna luz que le guiase en 
el descubrimiento de la tierra misteriosa que buscaba á tientas. 

No fué pequeña su admiración cuando supo que en busca del 
Dorado había pasado por allí, hacia muí pocos dias, Hernán Pérez 
de Quesada , con mucha gente sacada de Cundinamarca ó Nuevo 
reino de Granada. Temeroso entonces de que el español se le ade- 
lantase en la famosa conquista; salió de sos cuarteles mas pronto 
de lo que hubiera deseado, y puesto en marcha, llegó en breve á la 
provincia de Papamene. Desde allí fácilmente habría logrado intro- 
ducirse en el pais abundante y poblado de los guayupes, si no se- 
obstinara en seguir derechamente al sur la marcha de Quesada ; 
siendo este error causa de que , interpándose en tierras fragosísi- 
mas^ intransitables por las lluvias, perdiese un año entero en vanas 
diligencias. Al cabo de este tiempoj cansados todos y enfermos mu- 
chos, se volvieron al pueblo de la Fragua, desesperando ya de en- 
contrar aquella fuente de oro que sola podia recompensar tantas 
fatigas. Y allí por ahora los dejaremos-para volverla vista á Coro y 
al obispo Bastidas. 

Este habia sido promovido á principios de 1542 , al obispado de 
Puerto Rico , y á su partida de Coro , dejó encargado el gobierno 
militar y político al comendador Diego de Boica, cuya elec- 
ción aprobó luego, en nombre del monarca, la audiencia de 
Santo Domingo. Antes de un año, sin embargo, la misma audien- 
cia despachó titulo de gobernador interino á Henrique Bemboíl , 
de nación alemán, que asistía en Coro como factor de los Belzares ; 
y esto en ocasiqn de hallarse la comarca próxima á ser abandonada 
por sus moradores europeos. Era, en efecto, tan grande la pobreza, 
y tales el disgusto producido por las infructuosas empresas alema- 
nas, y la ojeriza contra el gobierno de la compañía , que los habi- 
tantes trataban de despoblar el pais, retirando sus familias á las 
provincias vecinas. Temeroso de ello Rembolt, envió á Juan de Vi- 
llegas y á Diego de Losada en solicitud de nuevos pobladores ; y 
como Cubagua y Cumaná eran niui visitadas entonces por lo3 trafi- 
cantes de esclavos indígenas, allá se dirigieron de común acuoixL'i 
los comisionados , para hacer su recluta. Por lo cual conviene qiio 
digamos brevemente la situación en que se hallaban aquellas, po- 
blaciones* 



— 464 — 

■ 

Algún tiempo después de la infausta destrucdon del proyecto de 
Casas , las autoridades de Santo Domingo resolvieron hacer poblar 
nuevamente á Cubagua dando de paso un severo escarmiento á los 
indios , no bien castigados , por la cuenta , con las atrozidades del 
festivo Ocampo. Enviaron, pues^ á la Costa-firme un armamento al 
mando de Jácome Castellón ; y este restableció la pesquería, guer- 
reó con los indios, los desbarató fácilmente , y para asegurar el 
agua á los habitantes de la isla , hizo un fuerte á la boca 4el rio 
Cumaná, precisamente en el punto en que habia intentado levantar- 
lo el padre Casas. Vuelto todo á sujeción y quietud , empezó á for- 
mar Castellón la ciudad de Nueva Córdoba, en logar distinto del 
que ocupaba la Nueva Toledo, abandonada sin remedio; y al mismo 
tiempo fomentó cuanto pudo en Cubagua una población que llamó 
Nueva Cádiz, siguiendo la manía de imponer á los recientes descu- 
brimientos nombres españoles, por semejanzas confusas, y á vezes 
sin ninguna. Mas la tierra ;io era de suyo acomodada para sostener 
un pueblo de importancia , y así fué que este duró lo que duró la 
pesquería , despoblándose después. A lo cual contribuyeron tam- 
bién, el descubrimiento posterior de hostiales de perlas en las islas 
de Coche y Margarita (4 5), y una prohibición de cautivar indígenas, . 
publicada con mucho aparato el año de -1551 ; si bien es cierto que 
entre las causas de su decadencia fué esta la menor ; porque tanto 
los vecinos de Cubagua como los de otras islas, y no menos los mer- 
caderes que los conquistadores , se burlaron por mucho tiempo de 
las órdenes reales , y continuaron salteando indios del mismo mo- 
do que ánt^s , ó con mui poca diferencia. Y aun de tal modo, qu& 
según acabamos de ver, era este vil comercio en 4342 el motivo 
único que mantenía cierto movimiento mercantil en Cubagua y en 
la ciudad de Nueva Córdoba, ó de Cumaná. 

Ambos pueblos eran regidos por magistrados que la audiencia 
de Santo Domingo nombraba de ordinario, á pesar de estar com- 
prendidos en los límites del territorio concedido á los Belzarcs ; por 
lo cual encargó Rembolt á Villegas tratase c8b las justicias de Cu- 
bagua sobre demarcación de límites, haciendo reconocer los títulos 
y privilegios de la compañía alemana. Villegas desempeñó el encar- 
go con acierto y prontitud, pues no solo hizo que se reconociese es- 
tar incluido aquel distrito en términos de la gobernación de Vene- 
zuela , sino que tomó posesión de él, como justicia mayor, median- 
te el título que á prevención le habia sido despachado por el ^o- 



bernador. Hecho esto, trataron luego los comisionados de poner 

• por obra lo principal que llevaban á su cuidado ; y también lo con- 
siguieron , reuniendo noventa y seis hombres y buen número de 
caballos , con los coales se pusieron en marcha para Coro. Mas 
cuando llegarcín á la ciudad era muerto Reipl^oU y y todo lo tenian 
dividido y trastornado dos alcaldes a quienes estaba inferínamente 
encomendado el gobierno de la ciudad. El fin de cada uno de ellos 
era , por supuesto , mandar por sí sin sujeción alguna al compa- 
ñero. * 

Pero sucedió que ni gobernaron solos, ni reunidos ; pues sabedora 
la audiencia de sus desórdenes , comisionó .al licenciado Frías , 
uno de sus fiscales , para que pasase por gobernador á Coro y res- 
tableciese la tranquilidad , casligando á los culpables. Cobraron con 
esto gran miedo los alcaldes y se huyeron ; de donde vino que 
Frías ,' creyendo entonces menos necesario su viaje , se contentó 

•con despachar á su tenieBle Juan de Carvajal , mientras cl atendía 
á desempeñar otras dependencias. 

Era este Carvajal relator de la audiencia , hombre enredador, 
cizañero , cual no otro ambicioso , como pocos alevoso y feroz. Su 
primer paso luego que llegó á Coro á principios de 4 54.5, fué Cam- 
biaren los despachos' del tribunal su tirulo de teniente general, por 
el de gobernador, valiéndose para ello de una descarada suplanta- 
ción. Seguidamente puso por su segundo á Villegas /y recogiendo 
toila la gente de armas que había en la ciudad, se entró por la tierra 
adentro con el intento de fundar una población en el valle del To- 

«^uyo. Protesto ; porque su verdadero objeto era privar á Frías de 
medios para perseguirle, cuando llegado á Coro, viese patentemen- 
te su perfidia. 

Pues todo esto sucedía en tanto que Urre, conducido por sus va- 
nos pensamientos, corría aquí y allí desalumbrado en busca .del 
Dorado misterioso. Hace poco le dejamos en la Fragua muí mal pa- 

'rado, con la gente enferma y desabrida; él y ella fatigados y ya 
desesperando. Hubo un instante en que llegaron á animarse con la 

. idea de hallar lo que buscaban , recordando cintas noticias dadas 
anteriormente á Urre por los indios. En consecuencia de ellas yol- 
Tieron sobre sus pasos, atravesaron nuevamente el Guayare, y cer« 
ca de su orilla derecha entraron en Macatoa , villa de los guayupes. 
Los moradores andaban allí vestidos, las habitaciones estaban bien 
lirmadas ^ los campos labrados : anunciaba todo una cultora desr 



— 466 — 

« 

conocida en las vComarcas de Venezaela, y en las que él mismo y 
sus antecesores habían yisto al oriente délas eordiUejas. Reeibftdos. 
los eslranjeros de paz y con muehos agasajos en aquella tiepra^ km- 
.carón oro ; pero en vano. Los habitantes, «uiique mas caitos qae 
otros indios, no eran rieos en elmeíal por. que anhelaban' los eom- 
peos y que ellos usaban solo como adorno. Infonoorea á ÜPre^ ^b 
embargo ; que yendo mas al sudeste eocoulrarla el terdtomo de la 
gran nación de los omaguas, cuyo^ran saicerdote se lJamaba.Quift- 
reca, y tenia numerosos rebafios de llamas; cuadrúpedo que solo 
se habia visto, basta entonces en las llanuras de Quito y eir las ri- 
quisimas comarcas del Perú. Acalorado con .estas sem^^nzafi, des- 
preció el alemán los consejos que le dieron sus huéspedes de no 
atacar á los omaguas, muí ponderados de fuofies y upefroros; y 
confiando en su- pujanza y laiortuna, emprendió la marcha; guiado* 
por algunos indios amigos. 

Cuentan las historias que á pocas jfynadas, hsilláiidose en sitio, 
elevado los españoles, tendieron la vista á todas «partes y deaeobrie- 
ron una población de estrana grandeza ,cuyos.limites no aceiiaron 
á distinguir en el horizonte. Las^eallesise veían rectas,. losoedifioos 
unidos y vistosos, sobresaliendo entre todi^s^una fáhflca.^oberbk, 
que según k relación de los indios amigos , sertvk á^un tiempo de 
palacio al señor de la dudad y de templo á los^dioses^que Bcan áe 
oro maoieo. Acaso fué esta una de tanáas iltisiones «ómo engemSbó 
el ansia del oro en la fantasía de los eonquisiadoíes , 'ó una.de 
aquellas exageraciones á que los inclinó con froouenoia la netredad 
de las cosas, y el deseo do reunir eompañarostile avttBlBm5..fiea:le 
que fuere, Urre obstinado , quiso «ootlnuBr su voamino , yfMHÍ- 
guíendo á caballo y solo á un omagua fugitivo, le despidió leste «su 
azagaya contal luerza, que le pasó con ella -el say^dearmasy le 
atravesó por entre las castillas, dejándole mal Iscieho. Tuffbadaxla 
gente cristiana et/n tan desgraciado su ceso, -no aOEffitaba á tomar 
una resolución. Al fin ^determinaron retirarse >*ll0vafido#osipado 
al capitán ; mas noticiosos Jos omagioasdel jaEkO]iíimient0 ,'les^dienm 
el alcanzo con increíble celeridad y sigilo ^Uovando §fíai*mm»m 
de a»ubatientes. Pedro Limpias salió á feeibirlos oon itrsmta y 
nueve españoles , dice Oviedo, y entonces se trabó u«a retía pe- 
lea, cuyo resultado fué el completo desteozo de^os iadios^ Lqam- 
oes espantaron, en sumó grado los «abaUos. Pero á-^saar de 0tíl9L 
victoria, Urre; coavaleddo de alli á poco, TmA^'iá tAm^ el ni^ 



"ño de^Macatoa, parra regresar, como lo hizo incontíneoti , al pueblo 
ñe la Fragua , no pareciéndole acertado empeñarse en la conquista 
de un tan poderoso reino como el que creía haber descubierto , 
*'eon la pequeña fuerza que tenia. Juzgaron todos baber bailado el 
^Dorado, y fué resolución general regresar á Coro, reclutar mas 
gente, y y.olver con un gran aparato de armas y caballos á sujetar 
Ifqtiella tierra deseada, en cuya demanda habían empleado cuatro 
kSos con inauditos sufrimientos. Esto resuelto, levanta Urre el 
campo, y doblando las jornadas para alcanzar á Limpias que le pre- 
cedía en el viaje , llega á Barquisimeto cuando su maestre de cam- 
po estaba ya en el valle del Tocuyo , al lado de Carvajal. 
' Pronto se enteró el tudesco de quién era este , de lo que allí es- 
taba haciendo , y de como el perverso habia felseado Jos despachos 
de la audiencia. Carvajal por su parte supo por Limpias, enemigo 
x^pital de Urre, á lo que este iba y cuáles eran sus intentos : de este 
"modo los dos capitanes trataron de asegurarse en -sus cuarteles res- 
pectivos , observándose con suma desconfianza. Fiado en su falso 
título, pretendía el uno que su contrario, entregándole la gente 
que ílevaba", quedase sujeto á Ja obediencia : el otro, que no igno- 
raba 4a suplantación , alegaba que siendo él teniente general legí- 
timamente nombrado por la audiencia, debía considerarle en pose- 
' 'áoB de! gobierno de las armas, según las disposiciones de su Alteza. 
' tiimpias colocado entre los dosopositores, atizaba la llama de la dis- 
' éordía y procOraba inducir á Carvajal á someter al tudesco por me- 
dio de la fuerza, visto que se hallaba con triple número de gente; 
""pero el antiguo relator de la audiencia era sobrado precavido para 
**jfer sus pretensiones en el éxito incierto de lun combate , contra 
Irombres tan briosos como Ürre y sus soldados. Parecíale mucho- 
'm«jor valerse del disimulo para sacar á su enemigo á parte donde, 
' "feltándole el resguardo 4# su tropa, pudiese sin peligro aprisionarle. 

* 'gra ürre de natural dócil y sencillo, y como valeroso, mui confia- 
do; virtudes que son armas de los malos, y que Carvajal , astuto 
y cobarde, manejó tan hábilmente contra el bondadoso alemán, 
•que al fin logró atraerle al Tocuyo con todos sus amigos. Ocasión 

* hubo en que , triunfante en aquel pueblo el partido de Urre, que- 
'fió este tan ventajoso , que pudo sin embarazo haber puesto fin á la 
contienda con la muerte ó prisión de su enemigo ; mas siguiendo los 
impulsos de su ánimo generoso, se contentó con despojarle de las 

"^vrmasy caballos que tenia, retirándose con los de su comitiva al 



— U8 — 

valle de Qu|l)or , seis leguas distante del Tocuyo. Devolvióle^es- 
pues estos despojos, cediendo áMas instancias^ ruegos de algunos 
sugetos enviados por el mismo Carvajal á persuadirle ; y para eflo 
se firmaron capitulaciones en que Urre desistió del derecho que 
creía tener al gobierno; y ofreció marchar á.Coro, y luego á Sanio 
Domingo, á dar cuenta á la audiencia del estado en que se hallaba 
la famosa conquisla del Dorado. Asi lo hizo; pero apenas tuvo ar- 
mas Carvajal y vio desecho el partido de su adversario, en fe de la 
concordia estipulada , cuando marchó en su alcanze coa tanta cele- 
ridad , que á pocas jornadas le descubrió alojado en un sitio de las 
montañas de Coro. Por donde se ve qte aquel mal hombre no tra- 
taba entonces de la ambición, sino de uná'ignoble venganza ; que 
por desgracia logró y saboreó cumplida, á medida de sus bárbaros 
deseos. No escarmentado Urre todavía con las perfidias que había 
visto usar á aquel perverso , creyó que iba de paz, solo porque le 
vio el semblante alegre y la sonrisa en los labios. Traición era, co- 
mo luego se \ió, cuando apeados de los caballos para saludarse, 
quedaron en un descuido presos Urre, un mancebo alemán deudo 
suyo y dos españoles que les acompañaban. Un negro'que Carvajal 
llevaba de prevención les aló las manos, y con un machete ile filos 
embotados les fué cortando con gran trabajo á todos Ta cabeza. 

Tal fué el fin de Felipe de Urre, natural de Spira en las provin- 
cias de Alemania, digno por cierto de níejor fortuna. Menos que la 
codicia , el de^eo del aplauso , que es la ilusión de l«s pecllt)s gene- 
rosos , le llevó al Nuevo-Mundo y le acompañó en su larga y peli- 
grosa espedicion. « Ningún capitán, dice Oviedo, de cuantos milita- 
« ron en Jas Indias ensangrentó menos la espada , pues habiendo 
« atravesado mas provincias que otro alguno en su dilalado viaje 
« de cuatro años . solo movió su moderación la guerra , cuando no 
« halló olro remedio para conseguir la paz. » Su fabuloso descubri- 
i&iento del Dorado de los omaguas produjo después varias espedí'^ 
cienes, en que se consumieron muchos hombres y tesoros sin fruto 
alguno. Llegó á ser tal la conlianza con que se aseguraba su existen- 
cia, que en ^560 nombró el virei del Perú un gobernador para 
aquellas comarcas. Pero jamas se han descubierto ; sí bien los tra- 
bajos de Urre no fueron enteramente inútiles, pues dieron impulso 
á los. viajes, y con ellos se añadiefbn nuevos conocimientos .á los ja 
adquiridos acerca de la geografía del nuevo continente.' 

Libre de su noble contrario, y reforzado con sus despojos, voIyí/4 



— 469 — . 

Carvajal al Tocuyo, en don^e se entretuvo basta fines' del año de 
•1545; haciendo abarcar ski ningiimá formalidad á los que habmn 
; sillo parciales de la víctima. Al fin cediendo á las instancias de los 
hombres de mas nota que tenia en su campo, determinó establecer 
allí una ciudad cufOs fundamentos se trazaron Inego. Para ello hi- 
zo desmontar todo el boscaje circunvecino , reservando solo una 
gran ceiba (44) que servia d0 horca, y en la que era raro el día 
que no aparecían colgados uno ó mas desgraciados. La ciudad se 
Tundo el 7,¿e diciembre del mismo ano, y no se olvidaron ni lasen- 
'con^i.endas entre los pobladores, ni el correspondiente aynntamien- 
to. Fué este» el tercero que se constituyó en Venezuela : primero el 
de la^íueva Cádiz, creaKio en -1527 : segunda» el de Coro. 

A esta ciudad llegó Frías á principios de 4540^ enterado ya muí 
por menor de los crímenes de su pérfido teniente ; mas sucedió lo 
que e?fte habia previsto. Encontrándose el licenciada por toda fuer- 
za con unos pocos hombres desarmados, no se atrevió á moverse 
' de la ciudad, temeroso de espedmentar la misma suerte que Urre. 
Meditando se hallaba , y no con mucha tranquilidad, sobre el par- 
tido qjLie le estaría bien tomar en aquel lance, cuando un gran 
cambiamiento en los negocios públicos puso á cargo de otro los 
cuidados que entonces le abrumaban. 

Los diez y ocho años que Venezuela estubo* baja la dominación 
de los Belzares , causaron en su territorio una despol^cion tan 
grande, que por do quiera se elevó contra el gobierno de aquellos 
estranjeros un grito general de indignación. Yermos estaban los 
campos, Coro convertido en mercado de esclavos, los indiol que 
^capaban de Ja servidumbre, hnidos en los montep> : ningún asien- 
to de origen alemán se habia hecho en parte alguna : los españoles 
se veían entre sí divididos, y el odio contra la compañía era causa 
de infinitos desórdenes. Tal era por aquel tiempo el estado 'de 
aquella mísera provinclk : estado que el padre Casas descubrió á 
los ojos del monarca con el vivo interés que le inspiraron siempre 
las desgracias de los indios. A su voz elocuente se unió la dejos 
colonos, y Carlos V, no pudiéndo desoírla, declaró terminado el 
arrendamiento que daba el usufructo y gobierno de aquellas tier- 
ras á los mercaderes alemtmes. En consecuencia, envió por gober- 
nador y capitán general de la provincia al licenciado Juan Pérez de 
Tolosa, liombre prudente, desinteresado y do una instrucción poco 
común en aquel tiempo. 



— ITO —• 

Poco de^uesqne Fria&^Uega este á Goro> y halla q«e«apred606fior 
había hecho ya algunos preparativos para prender á Carvajal, ápro- 
y échase de ellos, dispone ademas algana gente que* había fiaoKdo, 
de España , y se traslada al Tocfiyo con lal presteza y4»OFeto, qae 
jQgra sorprender y aprisímiar sin ninguna re»8t^ida á Carvajal y 
á su teniente Villegas. Pero hai tiempos desgraciados en que la jos- 
tícia necesita de cántelas como las conspiraciones ; y son aqncJl^s 
en que las facciones levantan en^l^enode las sod^dades nue^s 
luerzas^ superiores á las del gobierno, CiKkociéndpk), ^p^ Tektañy 
como entendido, \tí disposición de los ánimas, y hablando á^cta 
«nal el idioma persuasivo del propio ínteres^ supo iiilei^sar áno- 
dos en el sostenimianto del orden. Seguidamente hizo reeoKoeerla 
autoridad de que estaba revestido , y entró en el ejercicio de «lia, 
haciendo seguir la causa de los presos por todos los tóciaínos qae 
dispone el derecho. Como no resultase contra Villegas cargoiilgunO; 
fué puesto en libertad y nombrado por teniente general ; que así 
juzgó prudentemente Toh>sa debía proceiterseconun hombre; cuf^a* 
grande influencia merecía se emplease algún trabajo en ^narla. 
Carvajal por el contrario fué hallado reo de enoráiisimos delito$ ; 
y condenado á muerte, no valieron ¿úplicas; ni que del goberuaáor 
se apelase para el consejo , ni que muchos caballeros interpusieran 
sus respetos en fa^vor del delincuente. £1 licenciado mandó ejecutar 
la sentencia, y el asesino de ürre, arrastrado primero por las calles 
mas públicas de la nueva ciudad, fué después ahorcado en el áriol 
famoso que él mismo había destinado á los suplicios. 




acaae^s :■ ' p ■ ' i^aa 




IX. 



Gobierno del lioeneitdo Tolosa. ~ Bspedicion d« Alonso Pérez. — La de 

Juan de Villegas. — Muere Tolosa. -^ Villegas 'gobernador. — fiobiemo 
de Villacinda. 



Restakleeido por «sle medio el orden y «I imperio de la lei . se 
-aplkó el gotornador áÉaoer un nuevo reptirtimiente de encomien- 
-das entre 1^ misBios pobiadm^s. que ya las tenkn por mano de 
-Canrajal ; en lo ««&! , >pro0ed»nido de acuerdo con ii^ autorizacio- 
.aes reales y la préetíea^redbida, se -manejó con laudable desinterés ' 
éiijyifardalidad. 0esp«e$ de estepaso, qne sojuzgaba necesarísima 
al fomento de ia rectenilepablaeron, imgó e) licenciado su deuda al 
«spirilu del tiempo, diiqi«»nieado espedieiones miliares, que como 
Jas anlerio0es'no tufiaran otroresüHado que un inútir destrozo del 

La primera, emnpi»esta de oien hombres, salló M Toouyo'.á 

principios ée febrero de 4 547 al oargo d^ Alonso l^ez, kermaiio 

deLgobeíaador. El onil, ^Katninando su derrol^ poi^ ^1 mismo 

áo de^T0eQ7O'amba , atretesó la-^rrania con mucha ínelinacion . 

tal -sor, y salió al do de iCNHtiagiromnre. Siguió l«ego por el <tlanO; , 

-danoriHidale ^la aorélliara al occidente, hasta la faílda de la sierra 

.'JB^Dada ;'qoe así HanMron .desde Jentéaoes una ramüeaeionde las 

Jjides^^aya eÉma^avadiBiraa, cubierta de nieves perpetuas, se d^- 

-atibra-.ávgran dÍEtancta. Era su laHeiftOtteamoDfeGirta para buscar de 

latotra^parta de ^useumln^s ias^^minas que la fama lo atribula ; 

pfero (}Hrevaleeiendo el diviémen de muchos que tenían puesta la 

mka^mi el Nuevo reinadeiGnmada, «tguió 8U«annao'por las Ha- 

. musas hasta llegar á las Tiberas>die]' ü^puae, an donde se detuvo al- 

.go&f» días. Jllí'Uaamftftana diiBi^Em las iadiosrdé sobresalto sol^e 

.1^1 real denlos erislíaBos, malando á un hapl^^é hipando amas de 

^JF^te. -ftoehazado» con rmoeha pérdida y curados- loeiiaridos , vol- 

ivió Don Alonso á bntear la seminía y .entrándose poi^ los naéhniei^ 

;tos del mismo rio, y.diseiirrleadaqiie por aquetta^dípeoeion hallaría 

4Wiior rsaUda>á X^ Úda. upoesla^ de kns Aontefi* fiigu»M|da^»empre ^1 



— na — 

curso de las agaas del Apure, llegó á la Loca del Gribante^ que se 
le justa, y por el cual, dejando el priipero, enderezó su derrota en 
demanda de un vallecico que llamó de Santiago, en donde se fun- 
• dará después la villa de San Cristóbal. Informado en este sitio de 
que en' el valle .arriba habla otro pueblo de numerosa vecindad, 
fdé á el y lo entró á saco , sin que á esta violencia bubie|;a sido 
provocado por la menor señal de resistencia : luego, atravesado el 
rio de San Cristóbal, salió al sitio en que a^os adelante se elevó un 
templo con la advocación de Nuestra Señora de Táriba; 

Habia allí una población reducida, cuyos vecinos al acercarse*los 
espacióles la abandonaron , recogiendo á los montes sus muebles y 
familias. No fué necesario mas para que los aventureros se pusie- 
ran en su alcanze^ pensando acaso que los infelizcs llevarían con- 
sigo gran tesoro ; pero les salió cara la intentona , porque los in-, 
' dios, favorecidos de las breñas , Licieron una resistencia bizarra , 
mataron caballos, picaron á muchos .soldados y malhírieronf/de 
un saetazo á Aloii^o Pérez. « Todo ello, dice Oviedo, sin otro fruto 
que el corto despojo de cuatro alhajas inútiles.» Desconsolados en*-* 
tónees los castellanos al ver trabajos y golpes solamente, allí donde 
se hablan prometido alcanzar placeres y riquezas , abandonaron el 
pais , y tramontando las lomas del Viento por el ^^tro de Capacho , 
salieron al liado valle cíe Cúcuta en tierras de Cundinamarca. 

Mas no bien lo& sintieron entrar sus naturales, cuando desang- 
rando sus bohíos , se refugiaron á una casa fuerte que tenían sem- 
brada á trechos de troneras y resguardada por una doble palizada ; 
y allí se defendieron con un brío á que no estaban ciertamaite 
acostumbrados los conquistadores. Inútilmente intentó* rendiríos 
Don Alonso : rechazado con pérdida de hombres y caballos , mal su 
grado y de su gente avergonzada, hubo de retirarse ; no como quie- 
ra, sino mui de prisa, y sin pararse hasta el rió Zulia. Habiéndolo 
vadeado, se fué entrando por el territorio de los indios motilones , 
j aun llegó á avanzarse miicho al norte en el pais de los catates ; 
tribu que habitaba las ásperas y tristes serranías situadas á espaldas 
de la ciudad de Oeaña. Padeció rodando por allí tantos traliajos , 
que á pesar del recieote escarmiento, resolvió volver á Cúcuta. Hi- 
lólo así ; pero mas prudente y precavido que la vez primera, lejos 
.^e meterse en querdlas ccm los habitantes, procuró ganar su. favor 
oon dádivas de bujerias, cop halagos y promesas.* Así consiguió por 
buenas algunos bastimento») descansó tranquilamente algunos días 



y &í seguida emprendió nneva derrotq^por el valle abajo en de- 
manda del lago de Maracaii)o. 

Recorriendo estuvo mncftio tiempo las tierras que lo rodean por 
el sur hasta el país de los bohures^.poco distante del lugar en que . 
se pobló después la ciudad de Gibraltar. Como no hallase cosa til- 
guna de provecho .en aquellas soledades, quiso orillar al norte bus- 
cando una salida para el Tocuyo ; pero de repente se halló detenido 
ppr una laguna que comunicaba sus aguas con las del gran lago 
y tenia inundado un espacio ^considerable de terreno. Vano fué 
el empeño de esguazarla : no hubo paso. Detenido seis meses ente- 
ros en sus playas con inauditos sufrimientos , esperanzaba soló en 
que la fuerza del verano apocaría las aguas. Tanta constancia fué. 
inútil ; de lo que exasperados todos , determinaron volverse á Cú- 
cuta por el mismo camino que llevaran. Muertos de hambre dejó 
Pérez en esta* retirada veinte y cuatro soldados , y como de propon 
sí^ se entrasen por las tierras altas y montuosas en busca de se* 
menteras , á manos de los indios murieron otros dos y quedaron 
sefs heridos. Mayor hubiera sido el daño si , recogiendo las desfa- 
llecidas fuerzas por un movimiento de coraje, no hubieran embes-- 
tído en cuerpo a los indígenas ; los cuales desbaratados á su vez , 
huyeron dejándoles el campo libre. Este respiro aprovecharon para 
llegar tranquilamente á Gúcuta , desde donde , convalecidos alguf^ 
tahto, volvieron al Tocuyo por las mismas sendas, poco mas ó mé- 
BíDs, que á su salida de él habían seguido. Su entrada aconteció en 
^ero de \ 550 , habiendo empleado dos años y medio en esta in- 
fructuosa espedicion. 

La otra que anunciamos fué una que condujo en persona Juan 
de Villegas , mandando oct|pnta hombres de lo mas granado que 
había en la gente de Losada. 

S|ilió del Tocuyo el teniepte general en setiembre de 4547^ y 
conformándose en un todo á las instrucciones que habia recibido 
del gobernador, atravesó por el nordeste el vall^ de Barquisimeto, 
y desde este punto, guiando al oriente, llegó á reconocer las riberas 
del lago de Tacarígua. 

Hállase este entre dos montañas graníticas y calcáreas , que se- 
parándose al occidente de Barquisimeto en el punto de Tucuragua, 
corren en la dirección de la costa : la principal y mas cercatia á fsi 
marina se estiende sesenta leguas al nacienle por el puerto de Ca- 
bello hasta el cabo Codera : la segunda, que le es paralela, treinfü 



leguas nías, baste cerca dfej noUnare. Q«i«ia ehtnrfes dos im es^ 
pació cuya anchura varía entre seis y ám lepu» de tierras gisne-' 
raímente llanas , bien regadas y fértile»^ ()iie scm hoi la parte m^ 
labrada y rica de Venezuela. Esj.e espacio de mil cuatrodeiilasdii^ 
cuenta y cuatro leguas cuadradas , se baUa cerneo al pomente pon 
la unión de las dos montañas, y casi en la mitad de la longitud faai 
lÉHL elefacm poco s^isible del terpeno, sufidcaitesiii embargO'paraD 
servir de limite á las aguas y determinar su curso. Las de la parlo 
oriental corlea por el rio Tuy á lo lacgji».del valle, basta cebarse en 
el mar : las occidentales, no bailando salida, se reuneo eu el cen*- 
tro de la planicie y forman él hermoso y pintoreseo lago de Tacan 
rigua, de orillas fértiles y pinioreseaSé Entre los* veinte nos que lo 
alimentan, el de Aragua, que ha dado «u n^ubre al vallé, es el mas: 
importante, menos por el caudal de sus aguas^ que por la estenaon» 
del terreno que riega y fertiliza. Por ventuna algún día esta balsa! 
cuyos bordes -amenos recuerdan al viajero la ti^ra eaeautftdonTQfó 
la Suisa , se apocará considerablemente, pues se observa que sosr 
aguas disminuyen á proporción que el terreno en decred^ se á^&^ 
monla y se cultiva. 

Para entrar en este valle, llamado entonces, bien ari como el lar 
go, de Tacangua, tramontó acaso Villegas La serranía de Ntrgoa.üna; 
vez en la planicie tomó posesión jurídica de la tierra, deseoso áé 
poblar en ella ; mas no hallando rastro alguno de metales, á pesan 
del prolijo reconocimiento de los mineros^^ue llevaba , mudó de 
ijQtento , y desamparando el valle , pasó la sierra por el abra de 
Agua-calieúte y bajó á la cosía del mar en el sitio de Borburata» 
Aquí; convidado por la hermosura del puerto y por algunas mués- 
tras de oro que se hallaron en las quebradas del contorno, deter-» 
minó hacer asiento, y proveyó en 24 de. febrero de 43^ el aula 
de fundación de una ciudad, que nombró de Nuestra Señora áp la 
Concepción de Bprburata. Población que por entonces, cpiedó sbl 
efecto, á causa de la muerte de Tolos». 

A este habla concedido el emperador una procapci«i> de tres 
anos en el gobierno , como recompensa de su buen piNiceder. Pctoo^ 
después de recibidos los despachos. salió para la Vela de Coro á de- 
sempeñar unas comisiones de la i^orte , dejando cometido á JVillégs»^ 
el gobierno de la provincia. En esto murió^ de lo que no bien infer* 
mado el teniente genesal , dejándolo todo de la mano y sin pasar á 
mas diligencia en la fundación de la ciudad que habia en^ad0, 



volé aHwuyo para impedirtiialqiiiera cosa que pudiera iníéntarse 
en perjuicios de su delegación. Costók algún trabajo hacer que se 
re«&BOCÍese su autoridad, porque los alcaWes de aquella ciudad y 
lo» de Coro pretestaimn tener dereoio á ella , por no ser suflciente 
ei título con que Villegas la solicitaba ; pero al On pudieron mas 
elpydder y la influencia del teniente general que las razones de sus 
adversarios, y quedó reconocido por gobernador interino de la pro-* 
vincia á principios del ano 4 548. 

Mas cuerdo que sus predecesores, resistió Villegas á cuantas ins- 
tasida» se le hleieron para enviar tropas á la conquista del Dorado. 
Deseando por el contrari¿« acostumbrar su genle á un modo de vi- 
vir mas sosegado , determinó fundar ciudades y repartir la tierra' 
por encomiendas. Al efecto , y para que no quedase malogrado el 
fruío de su propio trabajo, envió al veedor Pedro Álviarez por ca- 
pitán pc^ladordeBorburata, y esíe comisionado dio principio á sn 
obra- en 26 de mayo de í 5 49, constituyendo el cuarto ayuntamien- 
to venezolano. La ciudad hizo á lefs principios rápidos progresos 
debtdos á su favorable situaciíon en la costa del mar ; mas esta mis- 
ma ventaja fué causa de que sus vecinos la abandonaran mas tarde, 
exasperados con las continuáis hostilidades de los piratas. Estos fue- 
ron aquellos famosos Filibttsteros 6 Bucaneros que se establecie- 
ron en las pequeñas Antillas, para^salir desde allí á robar los na- 
vios que regresasen del Nuevo-Muado> con pacto espreso y que offe- 
cian cumplir bajo juramento , de quitar la vida á lodos los espa- 
ñoles que cayeran en sus manos , para vengar , decían , las ofensas 
de los indígenas. Lo cual no impedia que ellos mismos los tomasen 
por esclavos, despoblando de este -modo las islas , ni-que ejercieran 
*^cmitra individuos de todos los países actos repetidos de un feroz 
lairoeíoio. Nunca vieron las naciones una compañía de malhecho- 
res ni mejor organizada, ni mas poderosa. Compuesta de la hez de 
las sociedades europeas , dio en el nuevo continente el ejemplo de 
los mas grandes crímenes, y mantuvo largo tiempo en confusión y 
alarma los establecimientos marítimos de España. Aun los de la 
tierra adentro se vieron espuestos á las incursiones' destructoras de 
aquellos aventjureros, cuyo valor era por desgracia igual á su mal- 
dad. La ciudad de Borburata se vientan acosada de ellos , que sus 
vecinos la fueron desamparando poco á poco , hasta que el año de 
^568', gobernando la provincia D. Pedro Ponee de León , la aban- 



.._ 476 — ^ 

diHiaiCPn del todo ; sin que bastasen lab diligencias de la autoridad 
para impedir sn mina. ^ ^ 

Mas como hubiese comenzado á poblarse con éiilo dichoso, se 
;áBÍmó Villegas á continuar su plan, disponiendo otros asientos ;'y 
habiendo por aquel tiempo en el Tocuyo mucha gente de la espedi- 
cion de Alonso PCrez, á mas de la que habia acudido de otras parles, 
ilispuso fundar en tierras de ISirgua, que demoran entre Barquisi- 
meto y Tacarigua , al poniente de la montaña que cierra el circuito 
del valle de. este nombre. Con tal fln y el de averiguar la existen- 
da de ciertas minas que según' decian , habia allí , envió á Damián 
del Barrio, entrado ya el año de \ 551 . Ajos principios salieron va- 
inas las catas que dio el comisionado en diferentes partes ; pero con- 
tiiHiando el trabajo , halló por último un venero abundante en las 
riberas del Buria. Reconocido por el mismo gobernador, dispuso 
que se trabajara en él y se poUara el sitio, nombrándolo tealde 
minas de San Felipe de Buria. 

Animado Villegas con et buen éxito de su diligencia, y advir«- 
tiendo la comodidad de haber entre ei Tocuyo y el tnineral descu- 
bierto indios suGcientes para que, repartidos en encomiendas, 
mantuviesen un pueblo de españoles , fundó en el valle de Barqui- 
simeto á mediados de 1552, ia ciudad de Nueva Segovia; que este 
nombre y aunque después se olvidase j le impuso entonces , en ho- 
nor y recuerdo de su patria. Los vecinos de esta ciudad esperimen- 
taron después algunos contratiempos que los obligaron á cambiar 
el sitio de su asiento por el que tiene en el ttia la de Barquisi- 
meto. 

Aumentadas entre tanto con el provecho de las minas de San 
Felipe de Buria las conveniencias de los vecinos , trataron estos ^e* 
fomentar su beneOcio á toda costa ; y para ello pusieron maé de 
tichenta esclavos negros que, acompañados de algunos indios 
de las encomiendas , trabajasen al cuidado de los mineros españo- 
les. Mas sucedió que uno de estos negros, de nomly:e Miguel, 
huyendo del mal trato de sus amos, anduvo algún tiempo vagando 
por los bosques. A su ejemplo y por efecto de sus exhortaciones y 
consejos , se le fueron agregando muchos de sus compatriotas des- 
afortunados , hasta el número de veinte ; con los cuales sorprendió 
el real una noche y mató furioso en el primer movimiento algunos 
mineros. Oíros fueron aprisionados *, y escogidos entre ell(^ I<5s que 



de cualquier modo habian tenido la. desgracia de hacerle Jnjijría ó 
daoo, perecieron también en cruelísimos tormentos. Aquellos que 
no inspiraban particular ojeriza á los negros., fueron puestos* en li- 
bertad, .con encargo de ir á la ciudad y advertir de su parte á los 
irecittos , que los aguardasen prevenidos , pues trataban de pasar á 
yisitarlos , á fin de coronar con la muerte de té8os su victoria : 
queriendo que esta fuese mas gloriosa avisando del riesgo noble f 
bizarramente á sus contrarios. Después de esta ventaja, creyéndose 
Miguel invencible, se ostentó soberbio y arrogante, juntó en breve 
ciento y ochenta compañeros indios y africanos, y retirado á lo mas 
interior de la montaña , formó una población cercada de fuertel 
empalizadas y trincheras. Esta deslinó para capital de su reino ; 
porque él seguidanienle tomó el título de rei, y el de reina un.a negra 
llamada Guiomar, en quien tenia un hijo pequeñuelo , que fué 
jurado por príncipe heredero. Hizo obispo á oiro negro , y luego 
que puso orden á su modo en Ja administración de aquella monar- 
quía, estableciendo las dignidades y empleos cuyos nombres acertó 
á recordar, pensó en salir á conquistas con su ejército. No corres- 
pondió empero el éuto á sus alegres esperanzas , pues derrotado en 
iRia sorpresa que intentó contra Nueva Segovia, hubo de recogerse 
mal trecho á sus guaridas. -Acometido allí por los vecinos reunidos 
de aquella ciudad y del Tocuyo , peleó heroicamente igon los suyos, 
hasta que murió cubierto ie heridas. Los negros desanimados ce- 
dieron, y aquella peligrosa sublBvacion fué estirpada con el suplicio 
de algunos y una mas dura esclavitud de los restantes. 

Pero tuvo graves consecuencias , porque movidos del ejemplar 
de los esclavos , ó temerosos de las encomiendas , se. levantaron en 
atmas los indios jiraharas , tribu belicosa que tenia su habitación 
^n las tierras de Nirgua, inmediatas al asiento de las minas. Se- 
«t^ta y cuatro años mantuvieron vivo el fuego de ía guerra , resis- 
tiéndose al yugo de los estranjeros é impidiepdo la fundación de 
ciudades en su territorio. Comenzaron por dar tan repelidos asaltos 
al real de minas de San Felipe de Burla, que amedrentada la gente 
qna asistía á su beneficio , lo desamparó de una vez, retirándose á 
la ciudad. De donde vino á quedar perdida después con el tiempo, 
Qo solo la memoria del sitio en donde estaban los veneros , sino la^ 
del lugar en que existió la colonia fundada por Damián del Barrio. 
Filé inútil que el licenciado Villacinda , que sustituyó á Villegas en 
el gobierno el año 4554 , dispusiese varias entradas contra los ji^ 

BIST. ART. 4S 



faluinis : inúfil que en psraje-cercano á fiís ttátm se taadáie pif^ 
mero la Tilla de las Palmas^ después la villa de Nirgna eo ím 
riberas del río dé este nombre : invtfl , en ftn, la esoesíf^nsiwMaíC 
éoD que se condti}efon en esfa^ espedidones lea es{iflfífeilil ^ t&kft^ 
eanib y empalando á cuantos indios oegtan, so coi6r és prnenrar 
el escarmiento. Los jiniharas, arreHados por el pronto^ en ftiemí 
3e las armas y disciplina de sos enemigos , voh^n éespnesálir 
earga mas terribles : y ^ülaeinda se linl^era eoosamido eo rmxm 
diligencias, si. no acertara á pensar en olfa eopnsa que t t mmá 
con mas dichoso resaltado la fortnaa. 

Fné la de descobrír y poblar en las tlem» qvte le dhanorri»«n»il 
oriente , consistiendo lo principal de su plan , en sacar inéios de te 
ecvDarca de Tacarígna á fln de«Sld)lecer es día nna dudad, y ^fM 
esta le sirviese como de esctfa y sfoyo pnsa sujetar á los oaiéMSw 
Jontó al efecto enantos soldados- pudo oonsegoír en Coro , en «ol 
Toenyo y en Segovia ; y nombrando per cabo « Almso DiagM o e oM iy 
le despachó al valle de Tacarígna con óidenei dé ftindaír de Inego 
a Inego nn poebloeerca d^ lasríberas del lago. MOvenoepmiptiA 
exactamente su encargo, per qne los indios, despedazados en vanea 
reencnentros, ríndieron la cervizal yugo ; y el afiode-IMS f&é e¡^ 
gida una ciudad que llamaron Yaknda'del Reii 

En sRio adecuadísimo porderfo, que se halla at noSQOstedél 
lago , y es una llanada espaciosa , «nena y íétiil. Dos sienr» se 
desprenden de hi cordillera de la cOsta hada el sur^ y dejando en*- 
tre sí un espado considerable, van indinándose una Mda otrar 
hasta casi tocarse en un punto, qvm puede liamarse cena rasan <puer* 
ta del valle que han formado ; y lAU muerra. La sierva orientar 
tiene nombre dé Smi l>lego, y en su estreniidad se lovanta'un rmm^ 
tedllo que denomitfan del Morro : la ocddaitai se Uamai €«ialar 
paro, y en un todo semejante á la otra, tiene i«inlfieB*eH'9U'ieittate^ 
un terromontero que decimos de). Puto. Valmciaestá asentada^eMBiy 
estas dos alturas á la raáiígen detin rio que lleva éuüonibre^y üeMP 
su nacimiento en las montabas. Acaso nm^una dudad dé Veno^ 
zuela posee una silusA^lon tan importáis : contigua id rieo voüe^ 
Aragua, cercana al de Barquisimeto, con fácil y pronta c«niunieaK 
don á IsL marina y las- llanuras. Mejor aun seni d andando IM 
tíempbs se abre, como'esfádl, una comuaioadon eulte ol veiíd dr 
Aragua y*el Orinoco > por medio del Paüi y de la. PWn^esa, qáo 
no le demoran muí distantes. En !a época de' su fÉtiltidon se ba^ 



Haba YáSencia y segnn Oviedo y i media l^a de( lago : cuando 
Bnmboldt la visitó , mucho mas de dos siglos después ] distaba una 
y media : hoi la separan de las riberaa dos completas. Es impo- 
tíble formarse una idear exauta" del espacio indicado por aquel his- 
toriador de Venezuela , porque sobre no haberse fundado en me- 
dida' alguna geométrica , está computado en leguas , que en las 
colonias se contaban de diversos modos. SSh embargo , las oSIser- 
vaoianes del ilustre viajero , la tradtcioa ^ d testimonio de muchas 
personan existentes y las anaiUigías geológica» demuestran que la 
balsa , como ya lo hablamos dicho y se disminuye sensiblemente y 
dejando en seco grandes espacios que antes estaban cubiertos 'pbr 
lasaguiES^ : nestritadó^ste, éd»te^lrimprtMÍenle pKedpkadoncon 
qu% los piteieros españoles que íbenm á Améilea talaron los boa- 
'(quesparai finrmar sQS'sementa'aB^.piBique <fe:aqiií vino d que le 
apocasen .kí9>inai}»flalte,imaTeKd0rfañiíod i eq^^ las 

'llinAis Y la evupuuiciOB* . 



>«' • 







-, I 



CAPÍTULO X. 



La ciudad de Trujíllo. *- El pueblo de Nirgua — Real de minas de San Fe-, 
lipe de Burla. — Francisco Fajardo y «us viajes. —Minas de los Teques j 
trabajos de Fajardo. — Destrucción del real de minas de los Teques por 
Guaicaipuro. —Fundación de la Tilla de San Francisco en el valle del mis- 
mo nombre ó de Caracas. 



. £q medio de sos planes de conquistas y asientos sorprendió la 
muerte á Yillacinda el ano de 4556. Mas los alcaldes del Tocuyo, 
que por su faítecimiento quedaron encargados de administrar la 
cosa pública en la jurisdicción de la ciudad, dispusieron una espe- 
dicion á la provincia de los cuicas ; pues as^ llamaban entonces la 
tierra situada al poniente del Tocuyo, que de sur á norte se estiende 
deSde los páramos de la Serrada ó Mucuchies en la gran cordille- 

m 

ra , hasta el llano de Carera. Encomendóse la empresa á Diego 
García de Paredes, el cual con setenta infantes, doce ginetes y 
comsiderable númert) de indios yanaconas, atravesó el pa¡spací6co 
de los cuicas , siempre al occidente , hasta que , buscando sitio aco- 
modado para asentar población j llegó á un villaje de indígenas 
llamado Escuque, en las vei^ientesdel rio Motatan. Pareciéndole 
á Paredes lugar aquel propio al intento que llevaba de establecer 
una ciudad, fundó en él la de Trujíllo, en memoria de Estrema- 
dura, su patria. Después, nombradas justicia y regimiento para 
la administración de su gobierno , y repartidos los indios en enco- 
miendas, regresó al Tocuyo á dar cuenta de su encargo. 

Abandonados á sí mismos varios mozos españoles que hablan que- 
dado avecindados en la nueva ciudad , de luego á luego se entre- 
garon sin recato ni temor de Dios á los mayores escesosucontra los 
naturales , robándoles los bienes y abusando de sus mujeres yssus 
tijas. Con lo que agolado el sufrimiento de aquellos infelizes, de 
mansos que eran tornáronse furiosos , y empezando por matar á 
cuantos españoles encontraban desprevenidos, pusieron cerco á 
Trujíllo y la redujeron al mas grande aprieto. Y bien que enterado 
del caso , ocurriese Paredes en su ausiHo y rechazase á los indios , 
volvieron estos á la carga con tal' ímpetu y coraje, que ¿i estremeño 



hubo de abaadopar la ciudad y volverse á paso largo al Tocuyo, ya 
en días de 4 557. t , . 

Nombró el mismo año la audiencia de Sanio Domingo por go- 
bernador interino de la provincia á Gutiérrez de la Peñn , y este 
dispuso repoblar á Trcyillo , comisionando para ello á Francisco 
Ruiz, vecino del Tocuyo. Cumplióse el encargo reediflcando en el 
mismo, sitio en que Don Diego habla fundado ; si bien por vanidad 
ó capricho llamó Ruiz entonces Miravei la población. 
* Pues sucedió que habiendo llegado á Venezuela en 1 559 el li- 
cenciado Pablo Collado, sucesor propietario dé Yillacinda, fué d« 
nuevo encargado Paredes de la conquista de los cuicas. Autorizado 
suGci^ntemente, comenzó por restituir su primer nombre á la ciar 
dad : después^ no acomodando el sitio, asentó población en uno'de 
los valles estrechos qxf^ corren á las riberas del Boconó^ rio tribu- 
tario de la Portuguesa que.nace en la gran cordillera. Esperimen- 
tando contratiempos y mudanzas, anduvo después la vecindad emi- 
grando de uno en otro lugar, hasta que en -1 570 se fijó en un valle 
estrecho que de sur á norte forman dos montes dependientes d| lo§ 
Andes. Ninguna ciudad de Venezuela hizo nunca progresos tan rá- 
pidos como los que tuvo en sus principios Trujillo, ostentando edir 
ficios que hubieran brillado en paises europeos , y un cultivo rico 
y variado que prometía para el porvenir grandes aumentos. Pero 
en 4 668 se internó el pirata Gramont como.por su casa en la pro- 
vincia de Venezuela, y atraído por la fama y opulencia de Trujillo, 
mató ó puso en fuga á sus habitantes , entró á saco la población y 
redujo á cenizas sus mas bellos edificios. No pararon basta Mérida 
las fan^ilias que pudieron escapar con vida del estrago ; y allí , te- 
miendo no se renovase, fijáronse muchas, abandonando para siem- 
pre las ruinas de su patria. Decayó con esto infinito aquella pobla* 
cion hasta estos tiempos modernos, en que , acabadas las guerras , 
ha empezado á recobrar su antiguo brillo. 

En lo de andar emigrando de un sitio á otro, se pareció mucho 
á Trujillo el antiguo pueblo de Nirgua. Avino que en los primeros 
días del gobierno interino de PeSa, se dispuso restauran el real de 
minas de San Felipe de Buria ; empresa que promovieron y acalo- 
raron mucho los vecinos de la Nueva l^cgovia. Despachado al in- 
tento con cincuenta hombres líiego Romero, se entró este por'el 
país de los jiraharas, haciendo en ellos destrozos infinitos. Por el 
pronto logró fundar con el nombre de Villa-rica un pueblo en e) 



dú^^misiao qiie^fad>ia oespidD el leál; p6ro fl as po e o ^ r«ooa|cMi 
por malo el Ingtr , habieron de mudar la poblaeioii á orilliis áñ 
rio Nfargoa, con él BOfldtre'de Ifwva Jerea. Poeaa aftos imámfol, 
Y|¿Bdo8e ebli§^08 Iob teeÍBoe á despoblarla , coa motivo ée^loi#» 

^ rabana qae Infestaban la tierra do eontintio. Reedffioáionlo de^nno* 
to ; pero* sin mas proYoebOi basta qw^estenmoadoseompletameBlo 
mp^M indígenas en 46%, se íosdó an noevo pueblo, y esto qua 
entonces dijenm de Nnestra Selora del Prado de Tala?era ^es el qne 
hm-se Itama Nirgna. 

Dejando aquí por abora la narradón de estos aareeas del oeei- 
AentC; pasaremos á dar breve noticia de otros mni importantes que 
hablan tenido Ingar en el opuesto rumbo. Para lo cual, recardaii- 
flo el proyecto que tuvo Yillarinda de sujetar los comarcas situadas 

' al oriente de Tacarigua, hemos de dedr qfeá otros se les babia 
ocurrido también el mismo pensamlNito en partes mni distantes. 
«{Jn tal Francisco Fajardo, nabirel do tfai^rila,- intentó llevaí^ 
acabo , no por medio de.las armas , Alo socando partido de algo-* 
lias fontajas que le eran peculiares. Era bijode «n Udalgo espsliol 
ynie'una ^ndia guaiqueri descendMfttode Cbaraima, sdlor del valte 
de Maya, en k costa de la ti^ra firme ; y-remia á esta ventaja la 
de hablar las lenguas de muefaos. ti4bus iadigenas estableddas en 
el continrate. De aquí resultó que dtindo en discurrir sobre el mo» 
do de ensefiorearse maiesamente de ^sus* tierras , llegó á creer tittú. 
hacerlo , empleando para ello las amistades jqoe debía proporao- 
narle su parenteso con Cbaraima, su^babüidad en los dialectos in- 
dinas y otros medios enteramente padfieos. Determinado á aoo- 
meter la empresa, salió de Margarita en diss dd abril de 4^55 , 
llevando ea su compañía á tres paisanos suyos ^ descendientes de 
españoles, á veinte indios ^rasallos de su maidbre y algunos rescates 

' para comerciar con ellos en la oosta. Enile^uido á esta ( recorrido 
que hubo por el mar la provinoa de Gumaná y doblado el cabo 

, Codera ) tomó puerto en el rio Chuspa , proner ^paraje de la tíerra 
que buscaba, para emprender desde aifí su peregrina oonquírta. 

. Por do quiera los indios, mo^os á curiosidad y asombro .eon 
la gente estranjera, halagados en sutpropia lengoa y atraídos délas 
bujerías que f'ajardo llevaba, recibieron de paz y con amor á este y ^ 
suscompaileros, trocando generosamente con elfos sus joyas de oro, 
sus hamacas y sus bastimentos. Y eso cuando aun no sabían quo 
corriese por las venas del mercader sangreindiana ; pues ceno lo 



^ iiiitAq^iHW por ki iBwgAfíton -^ig jb-^io UzaFi^^rdo al csMiqne 
iid VaiiiiaAi» «a ¡pañexite , iB04tt«(^ iiaiitefi^el acdár «oa que t4)do¿ 
imenrai»» .Aewr'MÓarte f «^?ide. lias «empaje Qa la idea ^ r^l 
fsofmiá^ da ptanter «áUdA^amnto ea aquaUa.tii^xa^ asa Yez^fa^ 
xió eatalil6(»áa.y cinw&iadft kamittad con servicio» lantu^^^^ dio 
Ja.¥iietta ¿.Macgacitacaa Isacto ^flptimiejKto de los indios, bien 
4ipn»r«ahad<)t ecn elinleres de ios rescates ,. y llevando lar§as noti- 
cias del país y &ii$.co&toiabces., no solo esos respecto á las tribus 
<^taii0ras, mo tambíea álas(^ue morabaa báeia la. falda meridio- 
nal delasniantanafi. 

Animado con el b^auípcinápí^ V^^ teniaA sus asuntos , deseó 
TtriÍYer ei]»tfito áates á. proseguirlos;; peco siendo insuficientes las 
Aierzas propias para empresajfcan ardua como la que pretendia^y 
4neQestar.£Q¿4atiene]se>á buscar pre^aeion do las cosas nec^aas 
fjiaia Jleyajda á cabo, Tauio, sÉi .eitfbango^ pudo ^a diligencia^ qu^ 
ifilaSo de 4S57 saUó segunda, vez de. Mai|;arUa, llevando consigoiiL 
^siivaaáv^y ¿deft indios .guajilneries vasallos de esta, y á seiscom- 
gpaaeros espiñoLes y mesiizos ; que este últímo nombre vino á dai»» 
desde etttónee&:á las bijas eapiídrados por emíteos ea mujeres 
Jodias» fista vez-i» se dirigió decediaaieate al lugar de su primer 
jdesembarcOy-sino que^bizo escala en. Piritu.) de cn^yo territorio, si- 
tnado en la costa ¿ barloveato<del cabo Codera, eran caciques dos 
jadios ya .cristiaaos y nuáaaa^ssayos. Y habieado allí logrado 
.goase le reuniera» <áaeo.esptóole&.y ciea iadigenas^mas, em- 
prendió aiiai&aiBaal» lajocaada^ y desembarcó ua.pocQá sotavenlo 
«del puerto de. Ghtt^, ea-sítío que híA daaamiaanBaaeciUo. A 
Joade-'^ooss la aotiaia de su arrSo , lueron luego á visitarle varios 
.eaiáques déla costa y otras ickrcttnveciaos, creeiendo tanto eon la 
.presfiyaeia de la madi^ el astor fae ya teaiaB.al byc^ qae .pi|ra de-> 
leciaiaaBlos.¿.iávk entre ^las., ofreiBieron g^acjosaaiante ¿ uno y 
jflra el rV^e delfSaaefiiUo» 

Biea >se.d§^ eateader .q»e elastato aiargasilieBOr, ao.deseaado 
.otra casa, ai3^pló/l«€^o.y sin mucbos cuo||»lHnii»las el regalo : si 
.bieaaanotbwabfie que teaia^dcollle aáerto, se babia, guardado de 
aaiiátarlo ájas cbras. Mas panaaada ea seguida que él se bahía 
^iatrodJi)tidOfea aq^ael ae^ecio^par sí. solo» sin taaer jurisdiceioB, se 
. .abstavowierpasapmas adelante ; ao^faera 4^ defpoe&de compromi- 
sos y. fialg^^ disfrutase algún otro ¿título dS autorizado el fruto de 
su trabajo. Para ponerse pues en regla resolvió abocarse con Ga* 



— 484 — t 

r \ 

liérrez de la Peña , que gobernaba entonces la provincia j y al 

efecto^ tirando por el mar la costa abajo , se faé á Borburata y se- 
guidamente al tocuyo , mientras su gente se entretenía en' el Pa* 
jiecillo. lerantando casas en que poder alojarse. Peña, como era 
natural, recibió de mil amores al mestizo, alabó su resolución, le 
animó á continuar diligente lo empezado ya con tanta dicha ; y 
creyendo justa su demanda^ le dio título para que en su nombre 
pudiese gobernar toda la costa y poblase las yillas y lugares que 
juzgase necesarias al progreso y resguardo de la conquista. Satisfe- 
cho Fajardo con el buen despacho de su asunto , volvió de priesa 
por el mismo camino al PaDCcillo, y en el sitio del villorrio que los 
suyos habían formado, levantó luego una villa que Ululó del Ro- 
sario. 

{ Mas cómo contener á los españoles I Un puñado eran apenas 
comparados con la muchedumbre dé aquellos indígenas , y eso no 
obstante , de luego á luego empezaron á vejarles con todo género 
de malos procederes, acaso estimulados por lo mismo que jdebiera 
sujetarlos : por verlos tan apacibles y obsequiosos. Toleradas al 
principio sus molestias con la ordinaria paciencia de los indios , 
crecieron á tal punti), que arrepentidos estos de haber dado acogida 
. á aquellos ingratos estranjeros, resolvieron xemediar con las armas 
su imprudencia. La guerra y sus ordinarias consecuencias se siguie- 
ron luego con grande estrago y ruina de los naturales ; los cuales 
acaudillados por Paisana, señor de los gandules, envenenaron las 
aguas de los pozos, pusieron sitio á la villa, y después con indecible 
furia la atacaron . Pero aunque er^ muchos contra la pequeña fuerza ^ 

*de Fajardo, logró este desbaratarlos completamente ; si bien cono- 
ciendo lo imposible que era mantenerse por la fuerza en la comar* 
ca, hubo de abandonarla, recogiéndose con su gente á las piraguas 
y dando la vela para Margarita, á dond^ llegó á fines del año '1 558. 
Resultó de todo esto que Fajardo entre otras pérdidas tuvo que llo- 
rar la de su madre, muerta en el Rosario cuando mas hervía el al- 
boroto, y la de su fama , amancillada con un vil asesinato ; pues 
concedida por él una entrevist *á Paisana, fqese este de paz y con 
solo sesenta gandules*á la villa, sin mas seguridad que su palabra, 
y luego, protestando un aviso ycreto que le aconsejaba descon6ar 
de las cautelas del cacique, le ahorcó en su propia casa. Acción in- 
digna que con rozón le hizo perder la estimación de amigos y ene- 
migos. 



— 485 — 

Era ya entrado el ano de 4559, y* gobernaba la provincia Pablo * 
Collado por nombramiento de la corte, cuando Fajardo, volviendcw 
con nueva fuerza á su empeño, reunió doscientos indiq^y on^e « 
españoles, con los cuales y algunos avaíorios y rescates guió poc.lá 
tercera vez á Costa-firme. Pero rezelando ser mal recibido de los 
indios por los disgustos pasados, sin llegar á los puertos del Pane* 
cilio y de Cbnspa, pasó la costa abajo en busca del cacique Guai- 
macuare, señor de Caruao y mui constante amigo suyo. Estanco 
allí, creyó que sería conveniente tratar con el nuevo gobernador, 
^ra para bacer revalidar sus títulos y ora para pe^jrle^siJÍQ der 
gente europea , armas y caballos ; que ya veia ser necesario el r&-< 
peto de la fuerza para conservar favorable la buena voluqtad*dé 
los indígenas. Dejó , pues , su^^ente confiada á Guaimacuare , y él 
<;on cinco hombres europeos atravesó la lierra hasta Valencia ,, con 
igual feiizidad que osadía. Cbllado aprobó sus planes, le dio treinta 
soldados, y no contento con estas mercedes, le nombró por su te- 
niente general con poderes amplios para conquistar, poblar y dividir 
la tierra en encomiendas, como era uso ea aquel tiempo. Conseguí- , 
do esté favorable despacho , no se detuvo mas en Valencia, y por 
los primeros días de A 560 volvió sobre sus pasos con prevención 
bastante de ganado. vacuno y otras cosas necesarias á la subsistencia 
de su tropa. T ahora veamos el pais que recorrió. 

La cadena de montanas que linda con el lago de Tacarigua por 
el lado del sur, á saber, la ^sierra mas merídionai de las dos que lo 
cercan , es también borde setentríonal de aquella vasta faja de lla<* 
uuras que qpe á Venezuela de oriente á poi^iiente , y que no reco- 
noce c^ro límite al sur que la gran selva del Orinoco; Para pasar á 
ellas desdólos graciosos.valles de Aragua, es necesario atravesarlos 
montes que decimos de Güigüe y de Tucutnnemo; cambiando las 
rísueñas y variadas tierras de Tacarigua por un inmenso y despobla- 
do yermo. Acostumbrado el viajero £fl valle , al río , á las flores del 
bosque, ¿los peñascos, ve pasmado de asombro aquella tierra in- 
mensa, pobre, secada , sin límite visible, y cuya monótona uni- 
formidad contrista el alma. Mas si renunciando al pais en que rei- 
na sin rival el Orinoco, se quieren visitar las tierras que habitaron 
los caracas, menester es seguir gran trecho de camino llano entre* 
el lago de Tacarigua y los altos montes de Guaraima por un lado, y 
]a cordillera del litoral por el otro , con- dirección aproximada al 
oriente hasta el punto del Mamón. Aquí el Tuy, que baja de la gran 



^wrreJe^es ya i i B flH «aUes-de OeaiBare7d6.Gaii0«§ttft^y<ouMi^ 
/ffiarioaj^OBde dMUMstoeito de iUMChko.Álffisa>jiMaiido^^ aovr 
S^;lí»44 ManM^|MBid8r4es4ra«0sar tm vaUaoíco etínáko por el que 
jNya el 3)Nif^eii4ree0rpO6 de pobre ¥ejetaoioQ,.batU^U«gajr ákaCociu- 
UBj ^ésmniioaaí de uaa&i^tas iB0ntaíu»||ii€MikvfflkdA4ifiiiiea.«iUi^ 
lo^ TallM de Aragiia y Iwqiwea lo saú\§a» m llanaroa iauprc^pift- 
«ÉHtfee.deleettfameiwi ; skado asi Jio^ eaelles laer^^ 
4l«iialaft.d0*a»tef#r laft^eoetamkrea y bsáuiiim^ Siegde.j^í ka^ 
rfia ^^m^^ ea^ mentes , Uagaadeft de^ :1a Utguneta , vivian k^ 

« rfbacdtMMeaes , regidos por TestpauM^^eaciigiie prudente .y Jk 
^teteio.; y.es te tiecra ^ovadfk, agnay<£vagosa. Snpasándola, 
:eatmos ai Tsíle áe Sau Pedro, fior eiicoftlieericeuQ vio ctel jqíssap 
aombve^qoe.s^^aia lasiinoataiMade lastLapuKelA»die:ialr0.gn(p0i«te 
dBH^ntaüaB liamadaS' dd Higuecote. A ta hendoaada de tea PecbiMie 
me la^de laa legues y Banbve de la (rihii iadiaaa,, s^íera eatánaes 
Jeieía fkmasu Lue^ atraTesando el 5aii:Bedf0 y UaiOAataadp^^ItlU- 
-gnevote^.'se 'ta(ía á lasJimtas, daade.al.rie fu^fteabaaias de di^, 
después de nn largo rodeos, se'uae^^ilaoaraou Aflabos .pierden 
laquí el uoiidm/y eenÜAÚaoi goo-cA de*GiHÍre al aevdesle, por tíar- 
jra jamana y ^eleUoaa q^ da mirada al ^erdadeto vidiede los ca- 
racas, ó de San JPfaudfGOMi tiempo de Feiaido ; Talle peeo soidlo 
'^«e-seproloiiga caalra leguas al erieiáe, y se forma entre las mon* 
Gtes altiaimss áA Ávila en k gran^lordillera y una Imeade een^es 
áridos^ que eorrea frente.á ella la vuelta del aor. 

i)e:pa»{por el ieaaúno qne<<ae^>aiDesde desceibij^ ajustó pases 
JMjaido «aurel eatíque Testarán y cauílosiefues : tamUen eon 
•!l0siffiraiMÍna9 >y ebaragotos que inoralHM& en bis.aUaras, al tnedio- 
.día de los earácas ; y <hBbksdo.de este, modo eons^uido dejarea- 
^ipedüak ^ía ¡por «toade esfeaaba reeibÍF sooocros^ Uegó al TaHe 
fgue deaoB^oé cb Smi Eraftcneo , düjaada^ien él las reses y pariendo 
«)a gente ea:«fl ^Hiatedta.Bea^ttss bajó á la cesta del mar, en busea 
^ilosieenpnsFQs que babia eooiado á:su amigo Giiaimecuare , ry 
-eon ^leB<y el:i!e8to de los que saeó de VMeaeía feBdó»nn elpuecto 
fde j(í;á]»f attada una villa,. á>la<yneibnfaflo nombredei GoHado^ en 

* mhsequfto d«l f^beraador. 

Aauipaie/p^el>valt»de San Pfaneiaco y tierranal-findaBste , ba« 
'hiBL nntadn f*aj«rd& antee 4os m¿boe.ai|piias mneslras de oro.; ¿de 
Jonde sospf ebando u^^nendráan doilas eoaaaiceaBveomaSk, vo¿vi4 dri 



Cittnteáí^planirias con eeqiMíta dffií^hL Menstaon al prani*. 
fttt; fegtk'sm^^mi» ét los iiid%ea«i ami§i», «e ^ tanto mofi* 
ftiMito pam-'fanUaar.le&^saeimitittos del««etal predosoi, gne al'fiD^ 
fMF'^a'vaalj'éié e»B eHes, iesotífeneacle YefBBfímáe.GroñBo^eñ 
t li ww Bé&h»^lefge8.^Por'«a mal bemos didio y c0b razón. Que irat 
Kan llegó á c^des^de^lSoliaido lanoTe^fod, y ^TÍó-k» muestras de oro 

* enviadas por Fajardo» cuando sin mas ni mas, revocando á este lo» 
Ütninay poderes qne antes )e hahin dado , le mandó üetar preso á 
Borbuntta. Ifodo este pretestando qne Fajardo era un bombre ar- 
rajado y «sÉuto, qne los Indios le amaban, que demii<tioseaciqiies 
poderosos era deudo ; preeisanaente tas mismas razones que para su 
Bombramiento de'teni^te generad oonquis^or se tuvieran presen- 
tes baeia poeo/^ortuna y grande fué que para evitar esta observa-» 
ci0ii«no le mataron, ó enanáo menos no le retuvieron prpso }«tgo 
tíseofo acfaaeáodole delüos eapKaks ; pero el gobernador cuidan-* 
Amo poco de Ja» apanendss , le lidHó«in eillpa, le nombró por 
liBtieia mayor déla villa que él babia fundado, y puso por teniente 
general a Pedro Miranda, que le tebia prendido : eon lo que que- 
itó^reeoBíipensaiiAo . 

ffoera el tat lüiranda bombre capaz de seguir el sistema pacífico 

* y*mi^oso de subyugar ákw Indios /tanfeüzmente comeni^do por 
J^ajardo. No llevando mas anbelo que el dcMsaear oro , se quedó con 
mas cuantos negros á Idbrar te minas , y envió eon Luis de €eijas 

^ UHOS'^inte y daco hombres de amas que le acompañaban , pam 
ipw^feemriesenla j^vüunki, entrandofpor iripak de-Ios marictees; 
aidon que , dividida en numev^sos pueblos , babilábapor aquél 
tiempo desde donde aoeba^l' valle de Sm Francisco, muchas leguas 
4etiwra qudlnpada háeia el nádente. Adema» de los marsdies, es-» 
MbiiBt al norte de estos eniaeosln ée Curuao los gandifles ; mas ló- 
}«B>,'por d eur y el mKhwtte, los tarmas , los quiriquiresf los tu^ 
amana. üMo^eslas rama y haqve ya hemos nonitoado, taa nume^ 
meas y vHlentes , que la hoya del Tuy podía eonsiderarse como*Ia 
paxi» nona poblaéa y mcfor defeniMdade Venezuela : sin embargo 
Ae lo cual le eeuirió á üfiAnda el estrafio pensamiento de man-» 
Am^ saquear leen veíntey chMO hooribrea,*valieBteB, es yerdad, 
pepo noinvotaieiabfes. 

Majado (kilies áles'pfimwos pnee , h«ibo de r^trarser, aunque 
ewtt tteder en un reencaentro, temeroso de la náuchedumbre deeus 
«Mttmfk», y¿Mtóá1Mrandaeon mudio miedo en ios mineros, 



— 4W — 

preparándose para hacer lo mismo ; porque el seüor de Ips teqnes , 
Gttaicaipuro , desconfiado é inquieto , comenzaba á moverse dando^ 
señales de guerra* No atreviéndose á esperarla, llegado qne hubo 
el compañero desamparó el teniente general las míAds,y cop buena 
porción de oro en polvo se retiró al Collado ; donde encomendando 
la provincia af cuidado de Fajardo, se embarcó para fiorburata i 
dar cuenta, como él decia^ de su encargo. . * 

El oro que llevó Miranda' y la noticia de ser mui pobladas aqueitai 
tierras de Caracas, aumentaron en Coliado el deseo de conquistar* 
las; y con este fin envió á ellas por su teniente á un soldado vale* 
roso y esperimentado , de nombre Juan Rodftguez Suárez , natural 
de Estremadara. Salió este del Tocuyo con treinta y cinco iiombres 
que le dló el gobernador» y sin que se le ofreciese accidente alguno» 
desgraciado en el camino , atravesada la loma de los arbacos , en* 
tro en la de los teques. Mui luego tuvo que combatir con Guaicaí- 
puro; mas le venció en varios reencuentros, haciendo en sus huestes 
grande estrago y obligándole á pedir las pazes. Y como de este bueu 
resultado coligiese el estremeño quedar asegurados el respeto de su 
nombre y la conquista, dejó en las jfúnos solo la gente de servicio 
suficiente para labrar los metales , y con ella tres Irijos suyos pe- 
queñuelosque habia llevado del (Nuevo reino de Gfanada, donde* 
militara mucho tiempo^ ^ 

Saliendo con el resto á visitar la provincia , se entró por el país 
de los indios quiriquires á las riberas del Tacata, corrió por las del i 
Tuy, holló la tierra de los mariehes ; y viendo por do quiera sdiales 
de voluntarla sumisión , emprendió el regreso por el valle de Sau 
Francisco. Aquí úe hallaba, cuando un indio que iba de la vuelta 
encontrada corrió como le hubo visto hacia él , y le dijo : « Señor, 
los que trabajaban en las núnas son muertos y tus hijos con ellos. » 
Y así er^ la verdad, porque él solo habia escapado al furor de Guai* 
eaipuro..£ste , en efecto » al ver desamparadas las minas por Rodrír 
guez , y solo f)ara defenderlas gente inútil , en el silencio de «(na 
noche, dando de sobresalto en-ellas, degolló sin piedad é indisün* 
tamente á todos los trabajadores indios*, negros y españoles. Ni fué 
esto lo peor , sino que por sugestiones suyas se levantó en armas 
Paraniaconi , cacique de los taramainas , y yendo al lugar del valle 
de San Francisco, en donde poco antes habia fundado Fajardo el 
hato del ganado, hirió ó dispersó las reses, redujo á cenizas las 
cabanas , despedazó el aprisco y m^oi los pastores^ Y todo e»td 



lo vio Rodríguez poco después de recibida la infausta nueva de 
sus hijos. 

Por lo que conocienda entonces lo errado de su pensamiento en 
tomar por obediencia el malicioso disimuló de los indígenas, coligió 
de tan señalado atrevimiento alguna general conjuración de sus 
naciones, que amenazaba guerra á nyierte. Y en efecto, cuando su 
gente se ocupaba en recoger el ganado disperso , salió Paramletconi 
por el abra de Catia con seiscientos flecheros , y trabó pelea con 
ella , tan bien dispuesta y obstina^ , que maltrechos de resultajs 
los españoles, aunque lograron, rechazar al enemigo, levantaron á 
media noche el campo , y cargando c^ sus muchos heridos, guia- 

i ron á paso largo4a vuelta del ColladQ. No hubieran parado hasta 
-allá, si no les encontrara á corta distancia del sitio de la batalla 
Juan Rodríguez ; quien poco antes habla salido para aquella villa 
á conferenciar con Fajardo, y noticioso del acometimiento de Para- 
maconi , volvia ahora al socorro de los suyos , sin haber acabado su 
jornada. Tanto para impedir el desaliento de su tropa , cuanto 
para hacerse con un asilo que le sirviese en casos desgraciados, no 
solo volvió al hato, sino que fundó en su lugar una villa que llamó, 
i^qmo el valle, de San Francisco, nombrando ayuntamiento y re- 
partiendo por encomiendas las tierras inmediatas. Mui poco des- 

« pues de esta fundación,, fué acometido OKrpo á cuerpo por Para* 

'macQirí en las lomas del arroyo de Caruata, y herido por el indio 

sin daño alguno de este, hubo de^suspender los aprestos que estaba 

haciendo para sujetar con las armas á los caciques alterados del 

contorno. 




í. 



sBsms 



CAPfTTTLO XI 



SMtamqne entam poMaetonet itjfiwoii ^ prtf<|Ho 
iniendas. —EselaTitod de los Uidios. -^EsUdo de Veneziiel& en 1560, épo- 
ca de la fundación de Ii villa dé San Francisco. 



A 



4ln seto per imsesr y beiieíU»ftr miiienoc , deqiGMlftlMÍBrktflMjwqfl' 
mas segura fuente dé pitMpeiMsdipirft los pueblos; y «|iMlla%ilih 
ssiEross de Veneni^a, tiDiieis^l«D«iiUBsSy pcrmaiiaaaiioflbifinltt 
4d bosques y jarales^ , m ranJ^*^ beo^óo <ie hi. jpmtaR». 
BeséeíiaiMiii los fieros eeo^iKttaddies sfMcM* «et aHiB«fr4.k hk» 
áe los caoipos , ftbawáfimifaáflto^ gcrdd ofielo i«d^|ii«Mfosiiflii«g«ii^ 
sd <widado4e los iadíoss y estos ^ igamnan^ée saf»^ néetaüeify 
ft^sados, ooiit¡miabiai'»aii]i^0raiaigiiaa ia»<iaqp0rfaete lahoiM 
^e oprendleía^ de sos mayorest. B^m^kum^&m .véeafn^fl 
-est»Dder el privilegio ée esesflaenéeros: á; flMMbost mdivMbM^'gÍB 
«o era» eoiiq[aistaéenig|. siem^ ora la ornta áeqmm^í^esm^ 
Irnbajo de los'nidlgeDas pc^ el trabi|^/éska<oekaMft:.de«9si«ii 
Hit, y de la sed del oro^ la ÍB^rodpeciOQrpFapesivafda esalairostafti- 
canos, á medida q«e las iodios» en Usignemí»' ó ea ioa4imbnij|g 
perecían. 

Desde la separac&QO de los Belxares del gobierno de la proyincja 
hemos visto- seguir á los españoles un método de conquista ^ en 
parte diferente del .de aquellos 4^sapiadados estranjerog. Desacre- 
ditadas las ideas delDorado , ya no se pensó en buscaí^ i costa^de 
espediciones lejanas y llenas de peligros ; siendo así que se tenian 
al alcanza de la mano tierras ferases , naciones indígenas que las 
cultivasen y minas que no podían faltar^ según las ideas de aquel 
tiempo, en ninguna parte de la América. Adoptado este plan , no 

w 

bien era sojuzgada una tribu , cuando se escQgia el sitio mas con* 
veniente para edificar una ciudad , á fin de asegurar la conquista. 
Si se hallaban veneros en el territorio, desatendiéndose todo^lo 
demás, no se cuidaba sino de beneficiarlos, agolpando i ellos los 
esclavos negros que tenian y lOÉcjndios. Dispuestas las primeras 



é# ta Baerat* dodlrd , itk cual m ^Mm. %» g^^^evno flnaiidp«l qmt^ 
laáMwimmk^ se iiaAaS>a <»á>MbHSí'ay«BtMfii«Ht6Vf^«lptiO' «sl^y 
grTOfaipaa^llerra»e«l»e fe> | wafl a á » t^y 8^gqti«gw nfig^f «Béi^y 
siipneiidO>lii mlsmar s»et^ l^s botatoes^ bo pon^ ¿^ estn* nuHiMr 
aiqiiirle.«ea los espaiíoléftstribre e^l^«Q depeetmcto^r^ieiMl^ »la9t 
d6pi^tecoiofi, CGflio aguaos lo han Itanaitdiii 

la Id , ooffio esFjiiflto d^acírlo, lo quena así; ISláoiddBtftMi d m^ 
eomeB^ta^ proteger ai'méfgenafmslO' á 9a <3dkM& ,\c0ii4i«'toM 
ks injusticias á que so ignoraiieia en tos iisoByeo8tffiaÉf»iPtK)€ialM 
tft: esponia : qw JOs re»iii€Se en nn ltigarq«e nedd^ lnilbilii' á 

^ SÉsmo ; que los Instruyen en Ia:dcétftna»0ristiiJBa': qm m^mimst 
sa^gobtepffo ñ&wé^o, baei^léo respetar la. autoridad pat^Ntid^^ 
déMI óf por iti^ot*^áeerr, nulaeott^ lospueblos que nolÁdí al^n* 
iorio^aiiN)í0rtG grado d« dyilIzs^dkHi : ^e ios4irígiese en^satlnito- 
}os' ábranles Y doEsésHeos ; y úHíimmmiié , qfié seiabiMéo «ir^ 
smode s^femlHas ía mxMk ^ k c«^«b« paMca^r g utig i ma s 
ptoenraM^eNK'afr porsa «vsiHo das fndinaeittaitt , Wüloyif oreen*- 
cfits de la viáít sidfajo. ^ eaaiblode estostantick^yoldodio^- 
iíhr Air al eifmpeo an Aiélnito amrai , quefoi^fiía encono > en fmtea 
ó labrando pam él las'Kepms y las isifiw¿ 

• Btatoq^l^ntojaBtifienefiestei^iiiienkt^^ 
de los indios^ es cuestión que se ba debatido mttoto'^QÜsmnenta^ 
files la hnüoría dcmues^ que m todos loa ^nasis de lánérlca, las 
AicainiendáS' no fliepon útiles ni á los imoonieiiderdis vi á los en^ 
oéfmendados; Edlos^ como'on otra ocasión fóbieiiios badiS'Olfser?ar; 
murteroa á müNtr^s, yícthn»s de un trabajo superior a sus ftii^^saa 
T' contrietia á sus costumbres. Hab^Riados los e^ñtj/lés^ á bolgar; 
asiéntras Jos In^Kos titá)a}«ton pata eHos^ mastiea poi^ni'illitnarse 

, démitrosqiir püMadores. * 

ITttrias alKftadime» redMé de los rayes esttt lamenMir iMkii^ 
don; Bnr4fí$9 setnandaiwii eonoeáer anoomienidas soliia^lo'á>lltt 
personas que residiesen en las proffncias«oiiq»ls(ad«sf éiiiao modo 
droanse^irqueíosiwfig^as^cd^neseB loe benefieíos^qw la Mies 
pRmieHa. Fmi)<sM6 alios <tespiies se hioftmw ii«saños>a8^ 
Mas^j f^emAÚKSB^ el i«|nirtínñéiKo entre panmas é^ wkiiínf 
cSmf loa ooittesanos, per e|eni|to , te cial^ Maq^ei^tiÉ^ d^ esü 
modo el devealio db^enep«flWD«íaiiAkS) qae iraniian ó ^^ttsUiistiaí^ 
Ipao desda !& flwstiiípori 4d m^Mo q«^|^ míbs 






• % 



últimos 9lÍ0s del siglo xvi no se permitió |dar encomiendas sloo á 
las q«e hablan contribuido á oonqnistar; pacificar ó poblar en In- 
dias, á los antiguos habitantes del país, y á Jos descendientes de 
unas y otros. Los empleados principales de las colonias en lo polÍti« 
00, militar, religioso, ó de rentas; los hospitales, conventos y her- 
mandades , jueron privados i)e obtenerlas. Los indios no serian al- 
quilados ni dados en prenda , so pena de perdimiento de la enco- 
mienda. Por último , en un reglamento para la población de Indias 
se dispuso, que despojadas estas del carácter de hereditarias que 
hasta entónoes hablan tenido , se concediesen solamente por dos 
vidaa, es decir, para pasar del padre al hijo ; después de lo cual 
quedarían reunidas á la corona , y los indios , entrando á gozar de. ^ 
los derechos sociales , serían vasalloa directos del monarca. 

Estas disposiciones , mas ó menos bien encaminadas á mejorar 
la condición de los indígenas , faeron inútiles por lo común. El 
mal estaba en la esjencia misma de la institución , y esta, aunque 
dispuesta del mejor modo posible por la lei , era usada por los 
agraciados según sos pasiones ó caprichos. Ninguna disposición fa- 
vorable á los indios podía ser ejeculada por la fuerza pública á t^ 
larga distancia del golúeroo metropolitano, y en un país donde el 
úniSo apoyo de la autoridad eran esos mismos conquistadores y en. 
comenderos, interesados-en perpetuar los abusos y las mas intole-^ « 
rabies vejaciones. 

Para citar de paso un ejemplo'lerminante de esta verdad, es 
materia aun mas grave, diremos que del ano de 4526 tiasta el de 
1542 se espidieron varias leyes prohibiendo esclavizar á los indios, 
sin esceptuar ni aun á los que se cogiesen con las armas en la 
mano. Tantas disposiciones sobre un mismo asunto prueban por sí 
solas su completa inobservancia; pero para ver esto mas palpable- 

emente recuérdese que el emperador Carlos Y violó el primero la ^ 
leí , en la autorización dada á los Belzares para cautivar á los indí- 
genas , y que en 4542 debía Cubagua al tráfico de esclavos amerí- 

* canos su efímera opulencia. 

En el afiOj pues, de 4560 , época de la fundación de la villa de 
San Fr^cisco, era deplorable el estado do las comarcas venezola- 
nas ya conquistadas. El cultivo de las tierras, como acabamos de 
ver, tenih dos grandes enemigos en el sistema de encomiendas y 
en el anhelo por las minas ; pues si las de San Felipe hablan sido 
abandonadas con frecuencisij fdé á-^eausa de los indios, y no porque 



96 Imbiflse destruido en lo» cotóoos el deMO de trabi^rtfi^. Rewi* 
do-, por el OMitrariOy e«le deseo con el hallazgo de loe veneros do 
los teques-, llegó á ser el principal estimólo de la conquista del 
país en que se bailaban. No puede negarse que para animar la agri* 
cultura y la población de los campos y ciudades, dictaron los reyes 
de España en varias ocasione^ medidas importantes. Entre otras 
merece citarse una cédura de 20 de noviembre de ^35?, que fijaba 
tres meses de término al poseedor de tierras, para labrarlas y le- 
vantar habitación en ellas , so pena de perder su propiedad. Pen> 
aamejanles reglamentos y otros muchos sobre esta misma nsiAteria, 
y las de gobiecno, justicia y policía, no fa^oa ejecutivos en Yene^ 
zuela sino mas tarde , cuando sofuzgado el territorio y aniquilados 
los indígenas, eesó de hervir el «Ibaroto sangriento de la conquista, 
se asentó el gobierno colonial , y se pensó en fin seriamente en 
el modo de hacer útil aquella vastísima comarca. En ver^bd las 
riquezas meiálieasde Méjico y del Perú atrajeron y fijaron siempro 
tanto la* atencíoii del gobierno español , que las otras provindas 
americanas fueron tratadas por él con sunift indiferencia. Venezuela 
estuvo por largo ti^oapo en este caso : ni adquirió importancia 
a los ojos de la metrópoli hasta que en el siglo xvii fueron intro* 
duddos sus raros y prtMaosos írotoseai loe mercados de Europa por 
manos estranjeras. 

Bien se dejará entender que^n semejante estada de cosas debi» 
ser nulo el comercio. Lo era en efecto > no ienfendo el pais ninguna 
eiq^ie de artefactos , ni frutos comerciables. Los únicos bajeles que 
se veian en las costas de la provieeia eran los que ib«i á Margarita, 
atraídos por el cebo de las perlas ; y esta pesca , hedía con tant^ 
actividad como dureza , á costa de muchas vidas indianas y espa^^ 
ñolas f duró tanto como duraron, los bestiales , que fué poeo* 

Tan decaído comoia agricultura y el com^rdo andaba todo. Frar- 
Pédro Agreda, segundo obispo de Venezuela, 41egó á Coro eneste^ 
ano en que vamos 4 560 y halló su igleua tan falta de ¡okásíecfi 
para la predicadon dd evangelio y la conversión de los -indios, 
que casi todos estos se mantenían gentiles; si no es algunos que ea 
los pueblos inmediatos hablan sido bautizados por iotf oMxmíende- 
ros. Inconveniente que el zeloso prelado procuró por ú mismo re-* 
mediar, echándose á predicar y catequuar enlasaldeas, como párroco 
particular de cada una. Algunos hijos de la provincia deseaban dedi* 
carse al estado eclesiástico; pero no teniaii seminario » ni escuelas, 

BIST. AHT. fS 



— «I — 

áii p fO|iiptio »<dtlad0elrtMi r«^|^d6*i r á^* oe«rti4el obispe^ 
Mmk¿mmiiaamt'HMim j á eoMíltr péivwMiltteiit* «t ijüoanr 

grávie iBtt lopelitleo^ qtm-^ft^i^rwiso^ referir pnt dsir idea* <M gua 

Cira* üfvi iiB|»erflBOtes p#ri aqmdhtMiiip«»4aB <aaiiett6iM8^banift9 
ti«a»>q«i éiMa»«fitr« ^}aft^*l#«Qietrópoli , eftiawié repreaeMUh» 
kntíon mi *^gm g q l» t aa d»w ig é q wfe etww i la láiMMaH la^^ompwiBioK 
éi^«|«ilt» ««eMaéea, y la giMvfii^ MMVgada ¿ Ii9i«)i8aiea^ piM 
tyMMiviié defálNi siMí atffeiMéo4e'aiilérkMy41q»Ía4a>Y 
4i6(f««éo eoi#€rMiiMela»fiwrieaiD< y>|NM^ i#i eaMMea» fiat» tetítoi 
-diaiH deméctéücmm^n^&vigmi qtfeka-iBiadánfoflfitofadiPü^ éa^déa 
iaq i iiM a u y<|<yse «^pMéMó eft 'Bafo^a*eaaw wk^nHHéám cmMtiJel 
fod•rkfewllí^ ^Ma^m^la Péftíwnlft^ itMf«l«d#dli40t^ref6ay <<]pi»* 
rié»4«lpa«bHieiiafcmpií'd« la^-cltt4|«|MK» lte~«dMiN qisa pa^ 
t4»eat^ veficedara^eftCsi^lla If^n raai q> íyiÉ>éiat% 4ial^Ma daaaef» 
diéa^ioawyMtaoiediertiit i!«fcg»d»^¿Aer |» i l i w at«d»f)qiar-eeo** 
BéBiíoa; pÉtn^^mtmmá^iimemiilBmék» üipÉrin ^^wig<a ittwtrt^ 
y esto fué causa de que los introdugeraa genen^ianaü^ ^' Attéi* 
rka^ p0vaá(Nqpiiii«4qW'aW«m«is^^ 

OoaM figd¿r> ciaf é wiai^ MÉaa ilta^caMidia el^»e«idad»?de3lc 
akiinMMiá y bttiiwavealM¿hiii iaannaüttuÉttiwieaí; 4a^ impeeoiM 
d«iiM:f)MO»y(nM[Mhii ^ ftewipe wlU l ÉMBtí cto «i ?iagítteUa4 , íxm poa 
teide'BoiiMiidarlosrét MüiBr^'lawfáififllttMvQsi: ]«»folf<^ai¿ da 
aanUa4 y Iki^Metc ^ <^iid«i» dé^lé^yéátos^ Haftd ila ia tjauí í o Jda 
los bieiiwii^l<«lBnia'r4¿M^ li^dist^itoctaw y «uiécioB^dá 

la»^rolltlftb«et^eay vaMMi«ÉH]iift;ft^ el^fMianii^Bco-- 

wtimm d«i:piieU» co# almlM iiadepsii^eia cte laaantarMtalMl 
j^ppaeíaMa, al s^ltiaM^ por via éa apeMciofi y agrtfrt# <4 ^« 

Ci mpwlii i i ieiifr ttt ftliiid# Qijtfilfeiáry ^ lea i^^|^éSMi^ou;diiMSi 
iNRawaiiiBíi 8#!iiiKiaPoi«r por iiVioKiliHSloa^ ori< por' élÉ«a!oii>^ M 
yfeMwá^ 4»a f m -ém^gm i ám^ée'lk agtotWái:y>Mtf»»dteHa pM^a*» 

«9» «i^Vooriaa^ jfaeHi aléaiiH-«i><4iifaMff't»i«ii«a^«n^ aaaá^ 
H^'oi»; a«sM|k6^étfifl|}«Mí peaMi^éé^iMéA^ ^«atJMlt^i^ 
psliwa y da raalwiBlt«títMa« A^iMfa^ iiéniany^stis^liidlyl!) 



4Éí)f», segotí' qué' 1d9 poblaciones eran maso menos miffltro^rs: 
Sl'ettalgisna^ oHasiiábfa corregrdof^ asistia esté a^ cabildo ))ai^ 
^lft5ti28rY'é{ecntar<stt9'^eaeréos; mas no tenia Toto sino én caso» 
•de i^mMád entre las opiniones déf pro y las dei contra*, y entón- 
iM'ioükbla dedar á fávordé «na ú otra parte. Asístta tambié» 
Wescríbanod secretario d^ aynntamiento para estender sns actas, 
«H'empteadd'qtfe decían sfodfeo procarador g^eral, encargado d¿ 
«fi&fiteder'lóft'derisdfto áe^ytíyWéo, y diputados qtíe velaban el m*- 
néfjrY a^mf fthrlracioB ^«5 los concelriés ó regidores (IC). 

Iffás'sncedí&qne en los primeros tiempos de la conqnista esttis 
etierpos (no teniendo ningnn contrapeso qne mantOYleseenfiél 
sQS'attibñcibnes natnraies) les <fieron tal ^tensión:, qne todis las 
<»sa!r^él^goMénio', eseeptd Wsmcrla*gnefrt', llegaron á ser dé so 
finM^it»; reenpefand^ arf evlá ^^Mbist parte^el poder qoe Uittíán 
perdido, mtJtfaosafios atrás , en* léf' metrópoli. A ello quien mas 
eontifBnyó sin^düdáfué Vüfocinda, ordeñandiial morir, qne mrén- 
ttas*s# nombraba el' sncesor, gc^emasen lá provinda los alcaldes,- 
cada uno en el distrito de sos respectivos cabildos ; pretensión qné, 
<smiro opotñifiamente ló liemos dfebo^ qnisüron álgnna vez soste- 
ner á toda costa, fihtóhces cada dudad se faizo iñdependfente dé fá 
<jh]dád vecina, á semejanza de las antiguas comunidades, y la au- 
toridad púbHfea, dividida entre los- ayuntamientos, se manifestó , 
<;omo'era' natural , mas d¿bíl que en mano de los gobernadores.* 
ffebadós sin embargo en mandar, con un año de ensayo que tuvie- 
ron en aqueHa ocasión , procuraronf Convertir en derecho la prcro- 
gativa queiés habla dado VIBacinda'; y para ello enviaron á lacorte 
por diputado aun tal Sancho Brícelo, vecino dcTruJinó, persona 
dé cuenta , inshiuante y dé gran capacidad , á quien ordenaron al 
mismo tiempo pedir al re! algunos favores para la provinda. 

BriceWó obtuvo con raía fetizidad cuantas dependencias llevaba. 
Ofesde luego el punto principal Mé' acordado, dedarando d rei por 
<*édulá[ de 8 de diderabre^ de i 5^, que en los casos de muerte ó 
ansencia del gobernador general , pasase ol'mando de Id provincia 
¿los alcaldes, hasta que se proveyese la vacante. Concesión esUt 
qpfe, como observa un escritor juidoso, hace mas honor á la habíli-, 
dad del negociador que á lasfuzes dé los que la acordaron; y qoe, 
trizando la autoridad de los aydntiimfenfos, abrió nuevo y tastf- 
simo campo á su ambición (i 7). Sucesos posterioces lo probaron 
hasta la evidencia. En -1675 , «endo-ya Caracas capital de la pro- 



• 

vtncia de Venerada) murió el gobernador D, Francisco Ddiíjla Ore^ 
loa y la audiencia de Santo Domingo, según costumbre , nombró 
para sucederle interinamente luno de sus oidores, llamado D. Juioi 
de Padilla. Guando este presentó ai cabildo de la ciudad sus de»* 
pachos y títulos para obtener la posesión, negironsela los alcaldesi 
ordinarios^ dando por razón que la cédula de -I §60 autorizaba á loa* 
dcaldes para gobernar mientras el rei mismo no proveyese la ya-, 
cante, y de aquí resultaba que la audiencia carecía de facultad para, 
constituir gobernadores interinos. Armáronse al punto compe«> 
teocias y debates; mas él cabildo, no solamente se salió. coa la 
suya, rigiendo la provincia entera, con usurpación de la autori- 
dad que correspondía á^Ios demás ayuntamientos en sus distritos 
respectivos, sino que consiguió que la corte sancionase por medio 
de otra cédula sus temerarias pretensiones. Y codm> etíK mui di* 
fícil que esta victoria no lo condujese á cometer esoésos dañosos^ 
se vieron casos en q.tte, combatiendo sin rebozo contra la autoría 
dad superior, procuró arrancar de sus manos el poder de gob^» 
Bar la provincia. ' 

Mas dejando para otra ocasión el referir algunos hechos que 
lo prueban y de que conservan memoria los anales dé Venezuela, 
volveremos á Sancho BríceSo , á cuya actividad debió entonces la 
provincia una conces^n mas útil. Fué la de poder recibir de Es* 
paña todos los años un buque de registro,, cargado por cuenta de 
los habitantes , y pagando solo la mitad de los enormes derechosv 
que pesaban sobre todo lo que entonces salla del único puerto 
de España autorizado para hacer el comercio americano. Gonce-, 
sion esta tanto mas importante , etianto que la metrópoli había 
adoptado el principio de no acordar sino difícilmente y á costa 
de muchos gastos el permiso de hacer expediciones á sus cotonías. 
£1 navio de registro hizo viaje en efeclo todos los años de Sevilla 
á Borburata , y después que este puerto fué abandonado , gozó U 
merced el de la .Guaira 9 hasta una época d^conocida; siendo 
aquestas, sin duda alguna, las primeras relaciones legales de co- 
mercio que se establecieron entre España y Venezuela. Briceñó 
,Abtuvo también que de Santo Domingo fuesen algunos misioneros 
*& predicar el evangelio en la provincia , y de África , libres de 
derechos^ doscientas piezas de oáclavos para el laboreo de las 
miaai. . * 



*. 



CAPÍTULO XII. 



El tirano Agairre. — Huerte de Juan Rodriguez. — Rota de Narvaez.— 
Triunfos de Gnaicaipuro.— Muerte inrame dada por un traidor á Fajardo 
7 renganta de los margarltefios.— lornada tnrructuosa del licenciado Rer- 
qildei contra loa caracas»— Empresa de Diego de Losada contra los mte* 
mos. — Fundación de Caracas. — Esruerzos de Guaicaipuro por defender 
la independencia de su patria. — Fundación de Garavalleda. — Muerte de 
Gnaicaiparo. — La de varios caciques del país de Uariclies. — La de Lo^ 
sada. 



Tal era el estado de laproñncia, ya entrados los días de f 56f ^ 
cuando un suceso síjngular y acaso el mas dramático 'de los que 
ocurrieron en la conquista de Venezuela^ puscren inquietud y mo- 
Timiento todas sus comarcas. ^ 

El marques de Cañete, D. Andrés Hurtado de Mendoza, sienib 
Tirei del Perú, tuvo noticias en 4559 del paisde los omaguas, 
por unos indios Brasiles que aportaron á Lima. Dicen algunos que 
viniéndole entonces á la memoria el Dorado de Felipe Urre, llegó á 
concebir la idea de conquistarlo ', y otros afirman que tomó por 
pretesto una espedicion á aquella tierra fabulosa , solo por deshs^ 
eerse de una buena porción de hombres ociosos y turbulentos que 
habían quedado en el pais como rezagos de los primeros conquis- 
tadores. Poco importa el motivo. Lo que baí de cierto es , que el 
marques reunió euatí^ocientos hombres veteranos, provistos de lu- 
cidas armas de fuego, y cuarenta caballos, poniéndolo todo á cargo 
del general Pedro de Orsua , valeroso y esperlmentado navarro ^ 
que, aunque joven, había adquirido gran fama en América con mo< 
iivo de la conquista del Nuevo reino de Granada. Nombrado, pues^ 
^este por gobernador de los omaguas y el Dorado, se embarcó con 
su gente á fines de setiembre de 4560 en unos bergantines cons- 
truidos al intento. 

Pero fué el caso, que entre la gente confladarásu cuidado, h^ 
lila sugetos realmente mui perversos, habituados á tumultos , re- 
voluciones y violencias, siendo el peor de todos ellos un Lope de 
f. Aguirre, natural dé la villa de Oñate en la provincia de Guipúzcoa, 
^mbre este inquieto y sedicioso ; de una ferozidad incomparable |. 



— 4M — 

qóe rayabaen frenesí ; y no* era acaso sino falta de juicio, pues pa** 
saba en efecto por no tenerlo muí completo. En mas de veinte ano» 
que yivió en el Perú ( aunque ^u oficio de domar potros y adiestrar 
caballos le daba con ^é,rviyir hoofslasittite ) le llevó siempre sa 
afición á motines y levantamientos; habiendo tomado parle en to- 
dos los que agitaron en su tiempo aquel país. Por consecuencia de 
uno de dios se vio condenado á muerte, y si escapó fue. como de 
milagfo por medio de la. loga, aUsiándosade^pnea m Jta^icop^ de 
la avdie&cia delinca que andaban rey^^sála «non éan ua 
virei. Por sus alborotos continuos le desterraron sucesivamente de 
casi jtodas lafr eittdaídesedel Perú ^ y^:w el Gvsoo» eslavo á.putío de 
morir ahorcado. « Su persona, dice Oviedo, á la vista mui^despre- 
« ciable ; por ser mal encarado , mui pequeño de cuerpo , flaco de 
« carnes , .grande .hablador,, bidUmoso j .«badatan, 9rP|i«s;8ii^B 
JQa cogao aquí lat|4iiia Oúodo^ eraJa^persoiaa , mui juas lea^debe^ 
.femos.cMisiderarekaljD(ia,-6lp«r,tioni^rvdelaJbMuw 
mos en parte á la perturbación de su> «wtiminntoiQfi: feaudiite& ipr^K 
jtteaes que mancharan, sutvida. 

. Sucedió y.tpttes^querJkgwrre sandio susiras^payar^maicruistar^ 

.ürsua con ]a tropa j con(^rtari#na,inaiirreocian'de«qw hiw^fiím' 

/pUceá UA D. Fernaodaid6^iiiii|D9^.h|ljo.de un veíffit^»«tro4ev^8#* 

villa, con i>romesa dé jooiob^aide poreabode la .geate* Qispu^alQ' 

todo entre los coajuradosty^aadadas setecientas 4eguas por el Ma- 

'rapon.abjftjQ, dieron d^, puñaladas. al gober^iadory á^$u leaiaik|&^ 

..general D. Jtuan devYárga3. Ap<^d€i^ftdost ¿i^revencion de Jas/aoBia^i 

ly.íavorecidos.por la coníusion, CuéÁnútil toda.resiSfteA^iei.vl^tre» 

góse en cansecuenaia el gobierno auj^Jor á ai|ipiilii.,icbiwer 

.«aaestre >de caii|paáXf>P« deiAgoifre , y «mudando «I fiiA/4aiJa{ jfti^ 

nada paclaroo v^olveriil Perú paia apoderarse de aq4iel,seK»o. 

^Are&te paaoXuó. consis^^^^^ ^1 desconocimiento .dela^ütoridail 
real , y- Ja jui;a.de.íii?«io«afior,,príníi^e del Perú* Poi^ L^pe „ qns 
4oda su ^a^^abia tra«Qiado Qonsprdciones(caatca las,ia^Kid^jÉda| 
legítima^, no,jK)dia abora, variando repenlinamonte de naliiral'e9%r 
respetar la que él mismo había elevado por medio. d,e iin..críi»^ 
]t(^sú/^ : comprometerse para/iue^üro.gq^raidpla^ndor.auiftndo' 
és^E^ en. ^u, mano, a>n{Sulo ;í|uererl0r^rreb^árfel0j;ei3%f^a..$fii 
.]Qca,.ajQabiciQOi cosa:ijQ^po$ible. Así>que,.apioas se.JbabiioiipasadP' 
^unos . di£^s de^ueVd^Lasesiaato det ürsoa,? cmoido Jmi^ <%i»iitai^ 1^ . 
Yjda i. xa^a^^p^r^Qm^íjup^le «íPbaraíf^'f v^í^ws^pl^ií^,, ymfW 



«&stá iioa;mB^r y al ^of^Ban del «j^fdla ; segiuduneite: dignié 
*árf8U'prÍDei|)e<Peraáiido.{ libre wltoees de.Nfum f>«fdféra»Jhifi0r 
^Gi^oakion á 0»a d«flípk>s,:.«e 4eei«fá^r eakm 4a af»elk^avtliit 
lie HD}alvaá0s/Utt8l4ttdfi4«8^^^ cea ahssiM al pi0 y ^ sefim 

iiecia él bií^m , á los earedos yi« waialtos «iqnet^ae Mlahanr^üe-i» 
Mos. 

De aquí en adelántela vidade^Aiiiirre fué. un. t^fido^deatirDii^ 

¿ad^sénánülis fuela ^«ma sereiiste ¿i^nlír, y á ereecel «li- 

tOttdtmenlQ. No B8sd6teQdnM9Q8fafls:ei^refern*ki^, y basla^aber 

que abaAdeasiado el pesaflamieutodOiTol verbal Perúyta^go /^eilMi^ 

Jbo salido al mar se dm|^¿ á Marfarita. BaMdaStias mwes portim 

^eeie^ieaiporal^ aittbacoa cada 1»$ por sa lado á rdtfeettites pueMs^ 

idela Ula, hafoieado acertado á II^b la que mouteba. el jefe áiiioa 

'^senada que uouilNPuban Paraguacte) y desde eBiáaofsidijeraii[<d4 

i<ri^afdor. ;£n jpoBÍendo el pié en, tierra, su priznera dHigeaeiarfué 

eugaSar á lo» vadnos con una falsa relaéien de stfmiienlos y ita* 

jj^jos, ponderando al misino tiempo lasigraades riqa«ias:0Msisegi»- 

'idaaen su larga espedlci«i;Gompade«ádo8fdefiu estado^Jes.gen^'o^ 

»a06 y bospKalaríosiuargariteffíos, le ofreciei^n gcactosatteale mxüíú 

ilenian en sus casas y mucho mas^.que'enfíaron á buscábales cas^ 

tfos ,4e8vÍTÍáadose por oQmplafierie.:Al9^os,ri]eradoslde.c€éicala, 

.se pr^lMuiaceairá hacer. b0<mas granjerias^ vendiéBdeieáfesoidejero 

í^l maialotaje de que otreeia. El mismo .gobernador luiMiViHaB- 

.irando , i quien le pareció b«eiia;ia/0<^€tfi de oonscpiir á poeer 

oasla alguna parte del teaoro^eef^voaminóaL puerto, dondeeataba 

, Aguirre, acompañado de algunos miembros del eabüdo yde/^Hces 

vecmsjre^pelabl^. Fué preso^* por supuesto, eli gobernador. Luego 

.robó tope las ea^ realesy eatrói^aeoel pueblo ylos campos. 

Por aquel tiempo se JuiUaba en la costa de Maracapana^ Fi^al PraA- 
. dsco de Monlesifto^ > provincial de Santo Domingo , asistiendo á: la 
')0dn versión^ de los indios/ y tenia ocusigo un' navio de «racanablé 
^rte y bien proviato de todo y^rtillado. Súp^o Iguirre y ycomo 
,j|Q& bajaes scMbailaban maltcaiados deresullas de la «aveg^íon', 
'4% pm^eció conveniente privar detsuyo, al provincial/ preBdiéodole 
,de paso. Para lo cual , aviando de^ prisa uno .de sus berganlúies , 
.]o envió i Maracapanay tripiyado cm diez y ^bahombre^que pu- 
jBO:á 4»rgo de unode su> couBai^a ; pero esile, lejos de.cHippli^lai 
.e0masion9.se quedó con cLfraile, y puso en sunótiiQia^les^crwcms 
JojAKiiírre. Sin j^^yj^eria. ¡cabeza el j!eygio«<í;,>ial' ^i^.lW «<^|cMiodr 



— 2é0 — . ^ 

tan teprífale el peligro, procedió álo mas argente , que era de- 
saroMir á los desertores , rezelando alguua traición en su arrepen^ 
ttmiento. Después embarcó los maraüones y toda la gente qne te- 
nia, y guiando por la coala abajo, dio la alarma en Gomaná , en el 
Collado y en Borburala. Hectio esto , volvió sobre Margarita, con 
Intención de bacer un reconocimiento , y por si lograba oportnnl- 
dad para* favorecer en algo á sus vecinos. 

^Pintar el furor de Aguírre al saber la deserción de su navio ^ y 
cuando vio el del buen religioso acercarse á toda vela á Margarita, 
seria cosa imposible. Ya antes de esto había mandado degollar á 
Tarios de sus soldados y oflciales por chismes , ó por sospeclias de 
traieion ; pero en general habla respetado la vida de los vecinos y 
•e contentara con oprimirlos y robarlos. Mas no bien hubo divisada 
la nave del provincial , cuando dejándose arrebatar del furor que 
■ le sacaba con frecuencia fuera de sí mismo , ordenó que se diese 
garrote á Villandrando y á cuatro vecinos que con ét estaban pre* 
sos. Seguidamente metió al pueblo en la fortaleza y se dispuso para 
recibir de guerra á Montesinos. Este, después de algunos dimes y 
diretes de su gente con la de Lope, no creyéndose con fuerzas su* 
flcientes para bajar á la playa y atacarle , se retiró , dejándole , en 
respuesta de otra soya, una larga carta llena de consejos. Surtieron 
ellos tanto arrepentimiento en el corazón de aquel inhumano que, 
como si lo hiciera de propósito , se mostró mas implacable y cruef 
que nunca, degollando sin distinción á sus soldados^ á los vecinos, 
á sus mujeres, y también á un pobre religioso que no quiso absol- 
verle de sus enormes culpas. 

Entretenido se hallaba én estos degüellos y en activar la compQ<- 
*SÍc¡on de sus naves, cuando supo que Fajardo hafoia llegado de la 
costa firme con algunos hombres de guerra , todos indios , y bus- 
cSba la ocasión de sorprenderle. Con esto , y mezclando no le de- 
samparasen sus soldados, cansados ya de seguirle, ó atraídos por 
las promesas del audaz margarileño^ apresuró cuanto pudo él em- 
barco, y se hizo al mar cautelosamente en tres fustas que tenfa 
prevenidas. Era su intento atravesar la provincia de Venezuela y 
el Nuevo réíño de Granada , á fiii de entrar en el Peni por tier- 
ras de Popayan y Pasto, sin contar para esta empresa descabellada 
mas que con ciento cincuenta maranones,^ resto de los cuatrocien- 
tos que puso el marques á cargo de Ursua. Con este puñado de 
liombres llegó é Bonbtirata , cuyos vedaos , no atrevt^dose á es- 



204 — 

peraiie, se retiraron á los montes. Saqueóla ciudad, quema Junto 
con sus tres embarcaciones las que estaban ancladas en el puer- 
to, señaló de nuevo su pasaje con escesos de todo género ; y así 
que hubo recogido las cabalgaduras que necesitaba, marchó á 
Yalencia, íievándose por fuerza á la mujer f una hija del jus^' 
ticia. 

A todo esto el gobernador, luego que tuvo noticia de los in- 
tentos de Aguirre, convocó á todos los vecinos de la provincia , 
para que le ayudasen á defenderla ; y aun ocurrió á las auto- 
ridades de Mérída; pidiéndoles ausilios, como que el peligro era 
común á Venezuela y al Nuevo reino de Granada; de que aquella 
ciudad entonces dependía. Mas como no era hombre de armas to- 
mar, ni su apocado espíritu le permitía entender en materias de 
guerra , ajenas por otr& parte de su abogacía , confió el mando 
superior militar á su predecesor Gutiérrez de la Peña, uniéndole 
en calidad de maestre de campo á Diego García de Paredes. Dis- 
posiciones fueron estas que, entendidas por Lope, le movieron á 
levantar el campo y dirigirse desde Valencia al occidente, siguien- 
do siempre el descabellado plan que habia formado. Y porque du- 
dó si le querrían cortar el paso , guió para Barquisímeto per el 
camino derecho que atraviesa la serranía de Nirgua, habitación 
entonces de los indios jiraharas. 

Hacia Barquisimeto habían marchado también Pena y Paredes 
con ciento y cincuenta hombres qué pudieron reunirse en el To- 
cuyo ; mas como la mayor fuerza consistiese en caballos y no tu- 
viesen armas de fuego , conocieron era mucha la ventaja con que 
podría Lope ofenderlos, si , amparado del recinto de las casas, por 
nia en^ juego sus arcabuzes. Así retirándose todos á las barrancas 
del rio, dejaron desamparada la ciudad, en la que entró Aguirre el 
22 de octubre del ano i 561 con las banderas desplegadas y al es- 
truendo de repetidas salvas de mosquetería. Púsola luego á saco 
según lo habiá por costumbre; mas esta vez con fruto amargo, 
pues entre el botín hallaron los soldados varias cédulas de perdón 
*á tddos los que abandonasen su partido. Hallazgo este que le cons- 
ternó sobre manera , por estar convencido de que sus marañon^ 
le abandonarían al mejor tiempo ; lanto mas, que en diversas oca- 
siones, y señaladamente en su reciente marcha , le hablan dejado 
varios de ellos. Desertáronle en efecto ibuchos : los mas* amigos. A 
lo que se imia et aprieto de estar cercado por fodas partes y esct)^ 



— ,3S& — 

de iBaalenimieatos, siguiendo las trWBs del gcdúecox) el eaeelfioto 

sistema de dejarle cousumir eu su cuartel ¡ sin .otra diligencia ,fU0 
•la de estarse en^aceciu) de una ocasión favorable. para.4e$trjúrle de 
remate. Esta, posición de Aguirre era tanto maSiOruel; QUAnta.qii0 
« los soldados^e PeSa se aumentaban por, momentos : el ausiliojpe^ 
dido á Mérlda Labia llegado ; y el gobernador mismo, olvidando 
su com{4exion pacifijca, eu (uenade algunas cefleftiofiwkofioctunas, 
se habla. ido al campo á. dividir jcob todos el peligro. 

Crecieron ^n esto laa congojas de Aguirre y sus furorea ^ i pun- 
to que desvariando en lo mas apurado del lance y osa>detarmAl«a.i 
SQs^dados, ora les volvía los arcabuzes, sin atinaru9op «Lmedto 
de dar salida á. aquel conílicto. Por üa resolvió toUer i Borhuttíf^ 
y embarcándose allí como pudiese , buscar .el Peni por diferente 
.oamino; pero cuando se. disponía ¿emprender el Uurjuvi^,.Í0 
abandonaron todos ios marauones , con sola la escepeion dejAotoa 
Llamoso, que babicndole jurado, amistad de vida y nuifíia^ quiso 
mantener su palabra, acompañándole en el lance .mas adverso dd 
su fortuna. Viéndose ya perdido sin remedio, conoció que su fiase 
aeercaba ; pero comp, en vez de abatirle > le pusiese mas furioso 
. el peligro , resolvió entonces ejecutar el mas horrible de sus cri-- 
.menes. 

Aguirre tenia una hija á quien amaba por estremo y ¿ la quecna 
solícito cuidado había Jlei^ádo desde el Perjí en compañía .de^ti:a 
mujer ^ natural de Molina de Arajgon;.á. quien llamaban la TorralvQ. 
Fuese pues donde ellas, en ocasión de hallarse reunidas ea un apo- 
sento de la casa , y calando Ja cuerda de. un arcfibu^ , djjjoilJa. pri- 
mera que tenia de prepararse á morir ^ no queriendo él ^luc; por 
.sobrevivirle la infamasen después, llamándola hija^de un. traidor. 
•.Como esto viese lá Terral va, se asió .ie Ja cuerda del arma,.y lOia 
con ruegos, ora bregando, intentó desviar el golpe,; pera.en Y^ano, 
pues Lope fuera ^e sí, bravio cual una fiera'» selló de lamanoJil 
arcabuz, y sacando la daga de la cinta , se avalaazó á la inocenlQrT 
Je quitó la vida apuñaladas. Diespues, turbado y llenade confusioq» 
salió del cuarto, y columbrando á.los,solda^s de Paredes,. se ^s* 
Jnvo á. esperar 4ue llegasen ^ siainanifestar alieotqparainada.JEa 
iriéndoles.^ütrar^ pon.voz desOalleddapidió á. Paredes qua4e oyese;; 
fP&vo .los maránones tenían pdsa de. matarle para que .no áe^CBr 
.t)riesq.<^s.deU|o^ y el jnaestre de campo, jcedieúdo á su&instaaeílfi 
' J^ili^i^^^'^ccatozeaiPl^- £je(HiUraala.aU9«liMM# ^;00f tÍAdnle # 



tídnde la dudad de Marida de los CaMIeros, cuyo dtetrito pérte*- 
neeia por aqsel tiempo al vireioato de Saslafé. 

Contó Goaieaipuro por un trínnfo la nniert^ del mas temible ée 
sus enemigos; pero conociendo que poco habla hecho mientras Ita 
españoles tuviesen en aquel país un solo asiento, «mpeEÓ á retsorrer 
todas las tribus , esdtando á los caciques á levantarse en masa y 
simultáneamente, para defender su independencia. Concertó po^ 
oon ellos que , reunido el mayor número. de hombres posible , ca^ 
rian*de repente unos sobre San Francisco , otros sobre el Collado , i 
íjn de conseguir el esterminio de sus contrarios antes que estos pu- 
diesen ausiliarse mutuamente. Pero estos pactos y los preparativos 
de la empresa no pudieron esconderse al astuto Fajardo , que de 
.Tuelta de la Margarita se hallaba ya en el valle de los cttdmk 
Aunque valiéndose del agrado, procuró sosegar )a alteración de les 
caciques, viendo que no habla medio de disuadirlos de buena vo- 
luntad , despachó un aviso al gobernador, pidiéndole socorros , y 
él se preparó como pudo para evitar una sorpresa. En cuanto á 
Collado , como vio ser urgente el peligro , reunió cien hombres 
para enviarle en ausilio , los mas de ellos maratones , que hablan 
quedado desperdigados con el desbarato de Agulrre : púsotos por 
capitán á Luis de Narvaez , y los despachó con encargo deque fue- 
sen diligentes. 

En el enero de ^ 562 salió Narvaez de Barqulsimeto, y ^n ningmi 
infortunio llegó hasta mui cerca del lugar en donde habia muerto 
Juan Rodríguez. Pero cuando debiera el Inesperto capitán ser más 
recatado y vigilante, por baffárse en el país de los arbacos , cami- 
naba por él tan confiado, y conducía su gente tan sin orden, que 
para librarse del pescf de las aroSas, las Hevabati los soldados liadas 
sobre las bebías del baga|e. Y fué para su pérdida , porque en 
aquellos momentos y cuando menos lo esperaban , se vieron vigo- 
rosamente atacados por los merogotos ; que así se llam&ban los in- 
dios de Guaracarima en las orillas del Aragua. Los cuales, convida- 
dos por Terepaima para tomar parte en la jornada que habla dis- 
puesto Gnáicaipuro, se halkiban en d'punlo que hoi decimos el 
Alto de las Montañas, cuandp apare^ció la descuidada gente efe 
Narvaez , y cargándolos con brio , como estaban sin armas, fácil- 
mente los desbarataron. Los arbacos llegaron á este* tiempo y com-'f 
pletarón la derrota ; haciendo unos y olro^ tal estrago en loseq[>a- 
' iMes j que solo tres pudieron escapar con una pronta fuga. Dos4e 



¿qprliniBl»r4i0l'*i^ 4594 ^ rtMé to «MliaiQMifá «onr^sr liet^^fp»* 
btanUNil liovBoteiO B^áldor, .qw^fa«bi»f¿ éi i d ó m¥f atfMii^ttaflí 
4» UH i br e- aMbl»yieDrti|i»i»> . Eóüe tafe. sv^nMalMPOMdtdaaiá 
q Wii ll É ite «¿eUprtffd» lo» catfcas) ea fama^diriiafssrginii Jim iilwii 
yj i UúüC ii f Pi J tfhíbiwiJaeQBipriteáo. Ooftfaiiparo tri«DfdÉi*.Lss flii^ 
Artáir c«lMiiat>d&si]4ien«^laii.Ix^ fentolMv 9le*flii 

flililtitoii^iaip soki«9ttiíol tm Mtetoiel tésrüoriii. donde .tanMide 
eÜM p<ie<ii n « v y 'esc««ea<wi08 >léi -coaqgistaídafefti, lespelaliaBt^. 
foiKla {MÉnraPTeuMMíie, d YrfM detloriñdi^iot»^ sin daiMrfvitfí 
áJoottbiidrto demMVOi Mo.ii»toiQMe, d«id(Badlnééud«lo»tediiM^ 
aiila.ea:jiiéa0iftr;dft'MiviE9iiia8^ y s». tráyco fln^pwii^ct «tooni 
geiMMriA deflüfBtou.. 

■ fli4i*d«¿al nitínif» del GMiid» haJbteéeeh»»^ 
¿lpÍMiiií>ep toe^üy aM^iü pe rd is m 1myid»;..yjaitcwiBd6 IfegóA 

ioipifi^ q«»'iHBi«á i^iiieiio8a)eeeMno8:p«ra t^M^pecaH^^ 

MfüMwfte'dafteeat/y' goaita. «ffibüiilN piÉsdffir i^laafÉvtana'ttf 
Mf««r»ttienlo; eB{€arti»ík^«v J)«qpch¿<|» s««oldirii9^ coü 

grtn.j^Nfe^aitfiíiade p«Hi»cbor»y'ó«tai de^ei|m98rle eftúd tío»fiOf6 
dfcDM9t,ií)sol«milOüdiB GttBNMá^ 6sléiOib^.lée9».i]tMiy« iia.tifn^ 
flMil{iié ^hMeír eftiliftr§|i»it^ sti lesr^MOrporá- port dar pmuqafoá^ 
svicáo^Háíft; £aiésfeO'80iiaUáto,iGÉaad9 reeibtó p»inaiam de izit> 
a«^ flif O'iw SM9sajé4Íé AU)as9«üób()s> jiistkiftitaitor»de4SHHi4* 
«á^^ {MÉéoéc^ eBOirecidiiiBe^ p09a«e.ivveite| á£ii:detgii»v 

€mamM!tA(m'fmmaimtnt^^^^ quedare .iBW!ÉM9ttradada«aMtad« 
q[«a^e)iln^«lCN^d(M:dfidaba>tibM^ Fbi^ bardecBaftMrpe qpe ebuft 
64iioiília1»iaifi(Wi»l»do;€OBÉr» Paíanda.el ocfot]Wl{mñMS«i mérilil 

teMÍo^«Mt-t^*ibié cimteí tu» inlaiae^aíBii^' lo sabia^jarda^ j^vnt 
ijiitiiiiiirTf""tmntn pnrrir nin ifffipniriTn mfiTTnrT^tr Trr¡irrl faoeaÉm^ 
peff0í'í^Mia4ahe«a peotatuide: skieenairicmieiliadeiii y4 taüKf 
9Ss^iMtaBriae"t -qtm et inai^garittf»!^ Hpf^oáiéeedmt á 8Í:ibínm left 
eseeso de su desconfianza, se prestó á leA.^to8eo«ídd jaülMatntyQii^ 
y taéi^verkfeola á^GttfluoMk; Mas apákiai^lai im^ easü pMÍ^ ei 



ciodadfis de Venezuela liaj^ia obtenido de la corleáoste antígao go» 
bernador en premio de sus servicios. Pero sucedió que el general 
y el licenciado discordaron de luego á luego en sus pareceres sobre 
el modo de enlabiar la conquista; queriendo el uno, como soldado 
al fin, llevarla activamente y por fuerza, y el otro bacerla con re- 
querimientos y protestas, según las reglas lentas y prolijas del foro« 
Perdióse el tiempo en vanas discusiones, y cuando el gobernador 
llegó á las sabanas de Guaracarima, halló la tierra puesta en ar- 
mas. Porque los.arbacos y los meregotos, no bien entendieron sus 
intentos y preparativos, llamaron en ausilio á los quiriquires, con-^ 
finantes y amigos» y todos juntos , coronando las alturas, se mos- 
traron tan bien dispuestos á la defensa , que los españoles empe- 
zaron á rezelar una desgracia. Animólos el mariscal á proseguir, y 
aun consiguió que avanzaran buen espacio por el angosto valle qué 
forma el Tuy , poco antes de torcer al oriente su camino ; pero de 
vefse en aquella estrechura tan pocos y rodeados de innumerables 
bárbaros» cobraron tal espanto, que no buba. forma de hacerlos 
pasar mas adelante. El gobernador, que no las tenia todas consigo^ 
viendo aquello , determinó que la tropa se retirase á Guaracarima^ 
y él , acompañado del mariscal, volvió al Tocuyo , á ver de reunii; 
-mayores fuerzas. Mas perdió su trabajo , porque la conquista de los 
caracas con todos estos reveses parecía tan peligrosa , que en nin- 
guno de los establecimientos españoles encontró hombre que quir 
siese alistarse para servir en ella. £otre tanto la gente de Guaraca- 
rima, cansada de esperar refuerzo, y vivamente acometida por los 
indios, tomó el partido de retirarse á paso largo, quedando la teme- 
rosa empresa diferida para mejor ocasión. Así concluyó la espedid 
cion del licenciado Bernáldez, sin ningún fruto , sino es el noml)re 
de Valle del Miedo qqe impuso la opinión común á la angostura 
del Tuy en donde lo tuvieron tan eerval los españoles. 

Mas de un año babia trascurrido después de estos sucesos-, cuando 
el gobernador, porGando sobre hacer segunda entrada al pais de 
los carácaSji hizo publicar la jornada por todas las ciudades, y para 
darle mayor crédito, nombró por cabo de ella á Diego de Losada, per- 
sona en quien coocurrian valor y prud^cia acreditadas en varias 
funciones militares. A este tiempo llegó- de España por gobernador 
de la provincia Don Pedro Ponce de León, caballero de ilustre cuní^ 
y gran talento^ que llevaba terminantes órdenes del rei para pro- 
curar la pronta conquista del p$kis« Por esta razón Don Pedro, lé-: 



-^ 209 -- 

jos dé poner, obstáculos á la empresa , la fáyorectó con todo sa po« 
der ; f concibiendo que su antecesor Labia hecho una buena deccioQ 
jen'Losada , le confirmó el nombramiento , le dio nuevos poderes , 
y para mas honrarle , le entregó sus tres hijos ^ á "fin de q>ue mili- 
lasen bajo su mando en aquella jornada peligrosa. Mas á pesar de 
estos impulsos de la superior autoridad , era tan grande la tibieza; 
ó mejor dicho , el desaliento de la gente, que todo el ano de i&66 
se pasó en reunir ciento cincuenta hombres, los veinte de á caballO; 
cincuenta arcabuzeros , ochenta rodeleros, y ochocientas personas 
de servicio. 

Con esta fuerza levantó Losada el campo dervalle de Mariara 
mui á principios del ano de i 567 , y dirigiendo su marcha por la 
ribera setentrional del lago, el rio Aragua y el vallecico del Miedo, 
procedió á subir la cuesta de las Cocuizas^ llevando toda su gente 
con las arinas prevenidas para énlrar en pelea , si , como lo sospe- 
chaba, saha á recibirle el enemigp. Acertada cautela ; pues apenas* 
habia dado en el repecho los primeros pasos, cuando se oyó el. agu- 
do sonido de los instrumentos, con que sé animaban los indios al 
combate. Atacaron en efecto á Losada , si bien débilmente, y retir 
rándose luego perdidosos, dejaron libre el camino al jefe español 
para llegar sin contratiempo ala cima dé un repecho, donde resolvió 
pasar la noche. Mas, aunque ahuyentados , no dejaban escapar los « 
indígenas ocasión ninguna de hacer daño á sus contrarios ; y como 
conociesen su afición á la pecorea, formaban emboscadas y los sor- 
prendían cuando se apartabsjp del real para pillar la comarca. Con 
uno de estos artificios malhirieron en esa misma noche á dos sol- 
dados españoles, y mataron á uno llamado Márquez, que dejó su 
nombre al sitio en que le sepultaron. 

En el mismo lugar en que murió Narvaez atacaron los arbacos á 
Losada el dia siguiente ; pero fueron vencidos. Es^tos indios eran 
los únicos qae hasta entonces le hablan manifestado oposición^ aca- 
so porque su entrada al pais habia sido tan repentina, que las otras 
tribus no pudieron oportunamente juntarse para embarazarle el 
paso : circunstancia que decidió la campaña en favor de los espa- 
lóle, habiendo perdido los indígenas la ocasión de oprimirlos en 
}a tierra fragosa que acababan de recorrer, con un número de sol- 
dados suficiente para suplir su .inferioridad en la disciplina y en las 
armas. > la rota de los arbacos se siguió la de Guaicaipuro en el 

BI8T. AUT, ^4 



— 21 « — 

Trile de San Pedro^el 25 de vmm, á pesar del brülaiite denuedii 
oen que los tarmaB y marlches sostnvíeran en ese qjcarion á' los te* 
qnes sns aliados. Retirado Guaioaipuro con sa ejército^deshedíoi 
ya no eneontró Losada opoeidon alguna, pues los indios de Macar 
raO;«temiendo perder sos sementeras, no quisieron ausentarse de^ 
pueblo, y recibieron de paz á sus céntranos. 

fero ni aun-allí quiso Losada deteoeree^ puesto que su* gente ne* 
cesitase .de reposo, temiendo nuoTas-tretas de Goaicaipuro« Y como 
las márgenes del Guaire estaban cubiertas de «j^pida arboleda, pro* 
pias para celadas de guerra, torció el camino á la derecba y se en* 
tro por una cañada al pais del camque Garicuao, liegindo luego á 
un ^alle fértil y gracioso, paralelo al de los caracas y que se une á 
él por el naciente. Riégalo el arroyo Turmerito que tiene su^naci-» 
miento en las tierras altas t^onflnantes con* lo» toques , y Tim*te sus, 
pobres aguas en el Guaire, después de Haber conrído buen espacio 
en la llanura. Tan agradable y abundoso pareció á Don Diego, que 
resolvió pasar en él alegremente lo que restaba de la Semana Santa 
y la Pascua de Resurrección. Así lo ejecutó, quedando desde en^ 
tónces al sitio el nombre de Valle de la Pascua , en lugar del de 
Cortés, que el desgraciado Fajardo le babia impuesto. 

Ya. entrado el mes de abril, se trasladó Losada al valle de los-ca* 
rácas, deseoso de baber á las manos algunos indios, por cuyo me- 
dio pudiese manifestar á los caciques su deseo de mantener pazes 
con ellos. A este efecto, no bien bubo llegado al sitio en que estuvo 
la Tilla, de San Francisco, despachó «n piquete de soldados para 
que^ corriendo el valle abajo, capturasen buenamente algunos. 
Campos y babitaciones bailó la tropa aband^ados, destruidas las 
sementeras, los naturales á monte, solevantados y hostiles. Regia^ 
trando sin embargo con cuidado los vericuetos dé la tienra, dieron 
con el cacique de Chacao y muchos indios de su señorío, que lle^ 
varón á Losada ; y este, que se hallaba resuelto á ejecutar la re- 
ducción de la provincia por medios enteramente pacíficos, los des- 
pachó luego, regalados á medida de sus deseos,, muí contentos al 
parecer del no esperado recibimiento, y de la resütnidli liberted« - 
Pero era cansarse en vano. Estos mismos indios se fueron inconti* 
nentiálas montañas, prefiriendo la guerra, por inhumana que 
fites^, á las encomiendas, aun mas crueles. Y como á su profun^ 
do amor ^r lar independenoía: se urna dgnn tanto de eavoneei» 



miento par las pMftd^lriunf<M^,iio;h«liia Iiabgo^q«él>áMase á red» 
cirios : guerra queriaD , f á^lla de mil manerai pmf ooabaa á s^ 
jBnemigo». 

Vino de aqoí qoB Losada^ desengañadlx por mm p^rfte áe ser m* 
fructuoso su pacífico plan, y careciendo por otra de sub^tencias, 
determinó proseguir en su conquista por el camino in^esafoie d# 
la guerra, con evidente pelip^o de aumentar cada vez mas el alfbr- 
redmienlo que al nombre español tenían ya los natumles. Slguié* 
ronse pues lides sangrientas en que los indios, vencidos siempre^ 
aunque con trabajo, penecian á miNái^ peno no se rendian ; ol^lí- 
gando oon e^ á Doa Diego á maateoerse en su campo, para uq. 
dividir la trq>a y poner en conUagenda lo adquirido. Partidas W 
merosas de españoles salian á recorrer la aomarca en busca de bas- 
tjmeníos? hallando siempre una fuerte qHwcicm. Ni podía apar- 
tarle nadie del real á mndia distancia, piurque los indígenas pue»«» 
tos en observación, s^uiancon cuidado los pasos de sus contrarios 
y «n viéndolos solos ó poco numerosos los asaeteaban sin piedad\ 
Brega esta terrible é incesante , que traía cuidadoso y afligido á 
non niego, obsecrando ser su tropa con esees» redueída en eompa^ 
nación de aquellas fieras « indomables tribus. ' 

• 

Mas , aunque á los principios se habia pEopisesto no poMar úat 
reducir ánt^s lapnovincia, ahora que conoda la obsttnaei(m y brio 
de los naturales, resolvió formaran estábledmiento á teda costa ; 
yeasafldo que él le servida para adelantar la conquista, si la guerra 
eontinuaba , y sí casaba, para asegurarla. El mismo sitio en que 
FajfflwJo estableció la villa de San Francisco , fué el que designó 
p«hi asienV> do una dudad que intituló ^mtiago de León de Ca- 
racas, á fin de perpetuar á un tiempo en ella su i«^plo nombre^ 
el del gdteíaiador y el indígena de los habrtenteádel pais. Slkiode»^ 
igual y eseabreso al pié de un pico altánmo de la cordillera litwaí^ 
que dedmos la Sítto , con idsdoii á m figura : árido y trisíe, en la 
liarte del recueste me^ imneéiata á la montaüa, fértil y alegre co^ 
mo se desciende al fiiiaire& C&átm domina e! valle que se llaúió dé 
San Frandsee, y que se esttende á em pi¿s en la dlrecdon del na^ 
i^ttte. Ctrcáyenla, ad^naa del auaire, tfes «wyos dé bordes es«- 
tappados que naces en la oordi»era, y su cüñHi, aunque temfHadb 
r agivdabk, es iscoa^ante. fgnóme el dia preciso^ y aun el año íe 
n fundatíoa, poii balm gaaida4c»:aiiaiwi» aolM 



— 242 — ' 

aunque siguiendo la |radicion uniforme de aquel tiempo, puede 
^arse en el ailo ^1 567. 

Queriendo seguir Losada nuevamente el plan de reducir á los 
indígenas por la persuasión y la dulzura/ no desaprovechaba nin- 
guna ocasión de ganar por esos medios la amistad de los caciques. 
Uno de ellos, llamado Guaipata, preso con artificio por los españoles, 
fué llevado á su presencia, después de haber ofrecido inútilmente 
para recuperar la libertad, un rescate x^uantioso. Don Diego le de- 
jó ir libre y le colmó de presentes , pidiéndole solamente en re^ 
compensa la amistad de sus aliados ; y el indio agradecido , volvió 
poco después, acompañado de otros señores de (a costa, á jurar con 
el conquistador una paz, que mantuvieron después , firmes y lea- 
les, en todas ocasiones. Mas no todos los caciques se dejaron llevar 
del cebo de los halagos, á cambiar su libertad por un sosiego igno; 
minioso; antes bien, conmovidos ala voz de Guaicaiporo, se letitn- 
taron otra vez en armas, apellidando independencia y guerra. 
/ Por desgracia la determinación habia de formarse entre muchos, 
y con toda la diligencia del señor de los teques, no pudieron llegar 
á convenirse en el plan del ataque los caciques hasta principios de 
4 568 , dando tiempo con estas dilaciones á que los estranjeros se 
afirmasen mas y mas en su dominio. Entrado el año, sin embargo, 
pactaron de común acuerdo atacar la nueva ciudad con cuantas 
fuerzas pudiesen ofrecer las tri|])ps. Todo se dispuso luego breve- 
mente. El punto de reunión quedó acordado , y las naciones que 
concurririan al asalto, y el número de los guerifros, y el capitán de 
la jornada, que debia ser el indomable Guaicaspnro. Tomadas estas 
' medidas con una pericia y un secreto que hacian tanto honor á los 
caciques como á la opinión uniforme y profunda de los pueblos, no 
faltaba ya sino proceder á la batalla , cuaudp un caso imprevisto 
libró del riesgo á Caracas haciendo desvanecer como humo aquella 
conjuración formidable. Y fué que Losada, ignorante de todo , ha^ 
bia despachado á Pedro Alonso Galeas con sesenta hombres, para 
que, recorriendo el pais de los tarraas juntase la mayor porción de 
bastimentos que pudlese-liljecutando su comisión estaba el capitán^ 
cuando de improviso encontró gran númerp de teques y de tarmas, 
que en ordenana» de guerra marchaban silenciosos y de prisa, cc* 
mo si los llevara preocupados algún grave negocio. Los indios, que 
eú lefeielOjpmiiiaban presurosos para hallarse en el asalto,, al ver á 



— 215 — 

tos espftiloles en ocasioíi y paraje úo prev&tos, discarrieroa que el 
plan estaba descubierto, pues les salían armados al encuentro. Con 
esto atemorísidps algún tanto, se dividieron en mangas por los 
cerros, á tiempo que Pedro Alonso, confuso por su parte, sin saber 
á qué atribuir aquellos movimientos,, resol vio, cmno prudente, 
entretenerlos, para mejor cerciorarse de sus fines. Llegada lanoebe, 
temiendo por sí mismos y por sus compañeros, se retiraron turba? 
dos los indígenas ai abrigo de sus pueblos.. 

Entre tanto las demás naciones convocadas, viendo que era pa- 
sada la bera y que los teques no llegaban, empezaron á desmayar y 
desbandarse ; tanto mas que faltaúdo Guaicaipuro, ninguno de los 
caciques se atrevía á reemplazarle, tomando sobre sí el arduo ek^-é 
peño de atacar á los españoles en el asiento de sus fuerzas. iDes- 
.uniéronse pues, retirándose algunos con sus tropas ; sí bien hubo 
otros que, teniendo á mengua abandonar sin combatir el campo , 
n^ieron sus tribus contra la ciudad, amenazando destruirla. Mas 
esto no era sino presunción , ni paró en otra cosa que en la ruina 
de aquellos temerarios, «á pocos golpes de Losada y de los suyos. ^ 

Conjurada así la tempestad, tuvieron los conquistadores algún 
•descyisoy la nueva ciudad hi%o grandes progresos ; á lo cual con- 
tribuyó no poco el abandono voluntario que á mediados de este 
mismo año de 4 568 bícieron de la de Borburata sus vecinos, pasan* 
doseii vivir los unos á Valencia , y otros , que fueron los mas , á 
Caracas. Todos los esfuerzos que»para. impedirlo hicieron las auto- 
ridades superiores de la provincia fueron inútiles. Poco saludable 
de suyo el puerto, no ofreda en compensación de las enfj^rmedade^ 
grandes ventajas á sus moradores. Porque aunque estuvo por mu- 
cho tiempo en posesión de casi todas las relaciones comerciales 
que existían entre Espofia y la colonia de Venezuela , ya sabemos 
.^que estas relaciones no. eran ni frecuentes ni importantes. Ni aser- 
io podían ellas por sí solas sostener una población colocada 4sin de- 
:fcnsa á la lumbre del agua, cuando reinaban en el mar caribe ios 
piratas, tan sin contrarios, que el año anterior habían robado á 
Coro, capital de la provincia, en ocasión de hallarse en ella el, 
gobernador Don Pedro Ponce de León. El mal sin embargo no fué 
grave, atento que Losada,xonociendo la necesidad de establecer &i 
la marina un pueblo que facilitase sus comunicstciones con la me- 
trópoli, y la ratrada de los socorros que necesitaba, bajó á laeosta^ 
ajustó pazes con los caciques del contorno , y en el ml^o átio en 



qoe^lato el Mhdo Toiidó el 4« de eetieofam del dio 4Ma iá 
dttdad de Noeátre Seüora dei Ceiavalieda , Dombfáiidoie , segm 
eMttUDbre, sacorre^ndienle jUBtion y legútüeoto, 

flecho lo enaly y por yer qne los indios cstalMii> «ido sometidee, 
á lo menos tranqoileB, dispuso pwier los méritos de sos ooa^^ 
aeras de armaS; empelando á Imeer el reparUmieDte de eneoraieft» 
das. Mas oomo para esto faese paso preyio conocer la estensioo de 
las tierras y e^número de los habitantes de cada tribu, reutaió -se» 
seota hombres y emprendió un reeonooimiento por las partes que 
ocupaban ios te ques y los mariches. Nmgun fruto saeó de esta cor** 
rorfo. Los indios , como de costumbre, se retiraban. á los montes 
ifiando los españoles se aproximaban , ó les diqMmniB emboscadas 
en que caian de ves 'en' cuando algunos. Losada por so parte, pa» 
fando celada con celada, se las urdía también, y por un español 
mataba cuando menos clnenenta indios. Así crecía el odio haeta 
un punió indecible, y Don Diego desconsolado, no^canmba Jos 

' medios de someter á unos hombres que despreciaban su amistad , 
y retirados á las montañas, burlaban el yaior deeus soldados , y 
hacían inútil la ventaja de sus armas. 

Después de año y medio de trabí^, cuyo resultado no pi;ome«- 
«tia. glandes yeniajas, llegó Losada á persuadirse que esté sistema 

' 4e reaislenci^panva de parle de los indios proyenia de ios OMies*- 
4os de Guaicaipuro, á cuyo arbitrio se movianobedtentes todas te 
4ribus, esperanaando en recuperar por su OMidio laamenasadalí^ 
¿ertad. El aeiordc los toques era .en efecto un hombre temible 
jparados camotes, y mui querido de sue oomiiidadanos. No Igne*- 
•laba Losada que á su constancia, infBBío y valor se babia deMdo 
ihmta. énlíWioes la obstinada é'insólita vasisteneia de aquella tierra 
á recibir el yugo estranjero : Goaioaipuro habla cencido á Suárez, 
4 Napvaez, á Fajaido, y en ninguna parte de América, si se escep^ 
*táa eipais'de los araucanos, hablan hallado los^eapañoles, ni tanto 
^m^w, ai tan grandes estragos. Viyia entonces retirado, sin dar 
rmúeslras de qoerer combatir ; pero bastaban sus pasados triunfos, 
'Suodio Inestinguible á los usurpadores y el anor y respeto que le 
nenian «us paisanos-^ para que Losada resolviese quitarle de en 
medio -, como el triraláculo mas grtnde^ie so conquista. 
• Deteminado ya sobre este ponto, era preciso cohonestar de al- 
vg«Ba manera la agresión que se intentaba, y pura ello concibió 
Losaila «Lmas esUrayagante p^uaaieiito que watfwí jamas á oeti- 



i|lii#Mor itíNáJo ¿ipor Mosr; y fué ehdd siimimiiral eáci(}w, 
mma^ fiiwa 9dlKlita4e Estftí^ , por sios muertes, deoia^ y reliel- 
4ia»/ Ubraado d&iilra 41 ouMidcmiaoto da prkioti. La ejeeudón de 
^td aato .se-€onftó al akaMe Franeisco Jalante, E^cual salió de 
Carácas-ala.paeéta del sol ma oeheata soldadas vateraiios y bue-* 
Ms gisÉs, ¡Uegaado á eso'de-^medífi'noelie á la eima de anmoBte, 
4 cuya ialda astabaM^diflcado un pueblecUlo. Aqael era el retiro de 
Quaioaiporo. P^tieaado que -«aria bueno asegurar la^^retirada, áutes 
4e proceder á otra eosa, dividióel alealde su tropa en dos paradas :• 
«na de Tdnte y eiaeo bombses>qae debía quedar allí ée reserva, 
maadwk por él miaitto, y el re^tode ia gente alargo de un tal 
gaucho del Villar, que babia de ir á ^eeular de soi|>re£a la fim 
aidtt.'Di^uésto así todo, Villar y sus eompaueros, por el ausia de 
aer los priiaeros en el «pUli^e de las muelias riquezas que según Uim 
>aeuttaba<Guaieaipuro, &fapmamk abajar el raeuesto con impoo* 
Merable anlor y. porfía, airopellándo^ los unos á los otros*; pera 
en llegando á la ea^ del eadque, se pararou de repente en la pueiv 
ia, porque oyeron rumor dentro ; señal de que estaban dcseubier-^ 
los. Junta toda la maagn de esbirros, cercaron unos kt casa, pug* 
nween otros. por enicar enella. Guaieaipuro, siempre alerta contra 
las triieifMies de sus enemigos, tenia eon^go veinte y dos fleefaeros, 
y á la cabeza de ellos osgrimia un' estoque que babia sido de Juaa 
Rodfíguet ; de. suerte que ouantos intantaron pasar los uinbrakft 
4e la puerta i<eti»oeedíeron mal berídos. 

En esto, á las ^oees y rumor de la pelea se ermaK^n los in9^«> 
'liias del puebto y corrieron dandoalaiidoe espantosos á la casa de 
«U s(^or. Hutan-ks mujeres dé^voñlas, creyendo entrado áde^ 
ígfrelio y iHieo al ¡pueblo, mientras los hombres, sin acertar á distin<*> 
^uirá loaenemigos en medio de la oscuridad y>de la contusión, 
caían traspasados por sus espadas anden'edor del cacique. Defam 
-^se este aun con un vaior sublime : los suyos, animados <»por su 
/voz y por su ejemplo , se mantetiian dueBos de te casa , en la qué 
m un salo^español babia penetradO'toda^a : nuevos indios de fueray 
feetnpteando á los berídos ymu^tcis se agolpaban á la puerta psM 
impedir *}a entrada. For ventura aquellos hombres vHierososhubia^ 
Tan á la larga frustrado el proyecto do -mis enemigos ; pero üoofy^ 
déndolo^estos, pusieran fuego ala casa, coronando así su villafiaáó^ 
«ion osñ «na insigne cobardía ; y el nobto cacique, al Hérée entré 
dos'muariesigaiiitaeiile inevitables/ prefílióHa mas gki^totfa, eftlleo^ 



-JL 216 — 

á0 á vender cara la vida. Mas esta locha em demasiado desigad 
para qne pudiera prolongarse.macho tiempo. Guajeaiparo, después 
de haber herido á uno de sus contrarios^ se arrojó des^perado en 
medio de ellos , y pereció ^ cubierto el cuerpo de estocadas : ten'» 
didos junto á él quedaron muertos sus veinfe y dos amigos. 

Después de e$(o ya no hubo embarazo para nada , ni dificultad. 
Los indios por do quiera empezaron á dar muestras de quererse 
someter pacientemente al yugo , y muchas parcialidades recibían , 
sin murmui^r, encomenderos españoles. Los mariches mismos tan 
belicosos y fieros, parecían sojuzgados, llegando á punto tal so pa- 
vor y el deseo de congraciarse con los conquistadores , que qui- 
nientos de ellos se fueron á la ciudad á ofrecerles sos servicios. Mas 
á poco empezó á correr la voz de que aquellos indígenas intenta- 
ban una conjuración peligrosa : luego tomó cuerpo la noticia entre 
conjeturas, indicios y pretensas pruebas que no tenían mas fon*- 
damento que la malignidad y-el miedo. Ocurrieron H)s vecinos á 
Losada para que atajase el peligro, que ya les parecía inminente ; 
pcfro Don Diego, que conocía (para servirnos de la espresion de 
Oviedo ) « la poca justificación de la materia , v se lavó las manos 
como Pilátos, y dio comisión á los alcaldes para que procediesen á 
la averiguación por vía jurídica. Fórmase ona especie de samaría 
idéntica á la de Guaicaipuro y á la de Fajardo, y por ella aparecen 
colpables veinte y tres caciques y capitanes, que sin mas términos , 
defensas ni descargos , son condenados luego á moerte. Para hacer 
masliorioroso el caso, encomiéndase la ejecución de la sentencia 
i los indios de servicio , ya corrompidos con la servidumbre ; y 
aquellos miserables , á ciencia y paciencia de hombres que se lla- 
maban cristianos, hacen perecer a sus veinte y tres compatriotas 
entre tormentos (erribles , cuya descripción haría temblar las car- 
nes y herizar el cabello. Sucedió esto el ano de ^569. 

Mientras los conquistadores vieron en Losada el arbitro que de- 
bía juzgan del icérito de sus soldados y distribuirles recompensas, 
su autoridad fué acatada por todos y sus hazañas elevadas á las nu- 
bes; pero cuando empezó á hacer los repartimientos, como todos 
querían tomar lo' mejor, muchos le tacharon de injusto y apasíaüa* 
do ,. y ^á sueltas de algunos chismes y enredos , pronto se vio divi- 
dida Ja ciudad en un bando de agraviados y otro de favorecidos. 
Supo el gobernador estas quejas por un enemigo de Losada , que 
hizo viaje espresamente para comunicárselas ; y siaoir al acusado, 



■*- 2)7 — 

le reTOC¿ los poderes qaé le fiábia dado', j nombró para que go» 
beroase en su lagar y prosiguiese la conquista á sii hijo D: Frauci;- 
co Poncti de León , qae se hallaba en Caracas. Li>sada , aanqoe vi- 
vameate ofendido de aquella ÍDjusticia tan poco recatada , obe^e- 
ció el despachó y salió para el Tocuyo , en donde murió poco des- ' 
pues. 



*< \ m i»9 



CAPlTül-0 xtn. 



Muere el gobernador Don Pedro Ponce de León. — Jomada de Don Pedro 
Halaver de Silya.— Garci-González.— Ríndese Paramaconi.— Reducen los 
espafiolea^arias tribus. — Otras se resisten á recibir el yugo. — Jornada 
de Cerpa. — "Fandacion de Maracaibo. — Otros establecimientos españo- 
les en Vetiezuela. — Sumisión de los caracas. —Mudase á la ciudad de San- 
tiago de León la capital.— Los cumanagotos. — Los quiriquires.— Ciudad 
de San Juan de la Pac.— San Sebastian de los Reyes.— Jornada de Cobos 
contra los cumadagotos. — Abandono de GaraTalleda.— Si licenciado Le- 
gnisamon.— Gobierno de Don Diego de Osorio. 



Casi al mismo tiempo que Losada, falleció en Barquísímeto el go- 
bernador, dejando repartida la autoridad superior en manos de loé 
alcaldes ordinarios , para que la administrasen cada uno en su dis- 
trito. Y por cierto qoft en ninguna ocasión pudo ser mas nociva que 
entonces semejante práctica, por estar la reciente conquista á punto 
de perderse, como en tiempo d^ Fajardo ; hiibiendo sido tantas las 
personas que, asi de Garácas^como de Caravalleda, acompañaron á 
Losada en su retiro , que una y otra ciudad h'abian quedado espues- 
tas á un golpe de mano irremediable. Aun se hablaba ya de aban- 
donarlas para poner en cobro las vidas , aunque fuera con pérdida 
de* los bienes adquiridos, cuando un suceso inesperado las proveyó 
de defensores y vecinos. 

Don Pedro Mala ver de Silva , natural de Eslremadura, habla an- 
dado por su mal én una desastrada espedicion que formó el año de 
•fó66 en el Perú , el* capitán Martin de Proveda, para descubrir las 
tierras del Dorado; y creyendo, como* todos sus compañeros, las 
mentiras de los indios , se calentó la cabeza en términos de pensar 
que tenia noticias ciertas del rumbo en qué se hallaban. Con estas 
iioaginaciones se trasladó á la corte y logró celebrar un asiento , en 
el cual se le nombraba adelantado para la conquista de los oma- 
guas y quinacos y se le concedían otras muchas mercedes hoiíbrí- 
ficas y/le cqnveniencia , fundadas todas, sin embargo , en las ricas 
tierras que prometía descubrir. Con esta autorización , y refiriendo 
en E^aña cuanto quiso sobre aquellos países imaginarios , logró 
reunir seiscientos hombres escogidos, muchos de gente principal 



^M9 ^ 



áe 4909. Allí lütO'diMiiifiioaeB iacaloiMfts con sos eafáíanes «obca 
b dlMcoioa que ea^mm toimur para proceder i la jOEoada ;7 .co* 
no diseorteea «n pameerflB y hHbioBe de por medio agrias pakK 
bras, mncbos le abandoMuron , y él porfiado , siguió eoD sa genteá 
Bi^urata» £1 corlo viaje de aquel ponto á Yaliaiisia'eiiipexó por 
éestroireii ns soldados muchas ilusioues ; pues palpando , por do» 
«rlo^a^y el pais, vkron ser locuras rematada esasespedieionesi 
ünras ioeógnüas, por samejai^es caminos y ood escasos BiaiiU»n¿<» 
mientos. Y luego la opinioD de otros españoles que les babian pio^ 
«edido eB<el desengaño , les protiosiiealm tmfaajos infinitos ó ntt 
*muerie -desastrada. Con lo que, eofe&do^algunos en desmayo, yno 
gunríendaotros que llevaban «usfamilias , esponerlas á parecer de 
Inmbre y de miseriaen los desiertos , sedesunieron ^.timndo pon 
diferenles ciudadesde la provincia. 

Bedneidos loo«rfdados de bon Pedro á dentó coafenta; salieron 
ÚB Valencia» guiando siempre al sur por la folda c^iental de la coi^ 
dillerayá fin de ver si gozaban 'la'GbDvenieacia<de piso- mas enyutoy 
firme; pero se eogañaron. La tierra estaba llena de tremedales y 
fantanos, en euyas aguas 'estancadas y corrompidas con el calor 
del oüíaa , se criaba imponderable cantidad de sabaadi|as ponzoño* 
«as que los átorsientaban sii^eesar. Caminaban sin veredas en aque* 
]lM<lauuras dilatadas , donde era tanta la aspeoeia de la pa|a, que» 
«amo si fuoran cuebillos de dos filos, baeian pedaaos los vestidos^f 
las carnes. A mas de que despoblada la comarca , esperímentaiou 
iiiego al ponto la islta de bastknentos, oeurríendo pana suplirlos 
áiasifirutaB sikestres de ios moules. Bsto» penalidades unidas al 
'énroy acedo natural de Don Badro, indispusieron al fin toda^u 
^snte , en téminosqne una partida enviada á esplorar la tierral, 
Aprovechando la ocástoa , se deserto para Barquisiniéto : otea , aun 
«ana numerosa^ que se dirigió al aioanze de la primera, siguió su 
«íemplo y buella. Y reconoeiendo Málaver por tan manifiestas semh 
les ser imposible pasar adelante , hubo, mal su gradS , de volver á 
«Barqoimieto el ai&4570. Aquí deberkoms poecr fin ¿ suidesgra* 
táada espedidon, ei el deseo de: dar á oauocer las ideas. de afud 
Üoflí^ en: punto á los países amerieanos, no nos estinalata a refa- 
*tif 1« suerte deeste hombre desgraciado. Afligido, ma&no<desespo» 
tradoteonelmal éiito de .su primera tentativa, -se fué luego al Feíii, 
«donde -^esá^ bieses y fiunHéa: jallí vendió sus propiedades:, y die 



— 220 — 

vuelta á España eocootró crédulos que de Méyo le siguieroS con 
la esperanza de lograr el Doñido , buscándolo por diferente* cami* 
no. Acompañado pues de ciento sesenta hombres y llevando en sil 
compañía á dos jóvenes hijas suyas, intentó su disparatado desew 
brímiento el año de Á ^74 y por la eosta que corre entre el Marañoil 
y el Orinoco ; donde con lamentable estrago perecieron todos , unos 
al rigor de las enfermedades que les produjo un clima nuevo para 
ellos, duro y destemplado ; otros á manos de los indios caribes que 
habitaban en él continente. Solo escapó de esta catástipfe un sol-* 
dado español; de nombre Joan Martin de Albujar, quien después 
de imponderables peligros y al cabo de diez años , hubo de salir á 
la boca del Csequivo , pasando después á la ciudad de Carera. * 

Ahora bien , cuando el desgraciado Malaver llegó á Borburata , 
estaban los vecinos de Caracas y de Caravalleda sin dejar las anm» 
de la mano y á punto de abandonar las dos ciudades , según eraa 
el tesón y brío con que los fatigaban los indígenas. Pero sabiéndo- 
les alcaldes de la mucha gente soya rezagada que habia quedado 
esparcida por Valencia y sus conjórnos, y que entre ellos estaba el 
eapitan Garci-Gonzál^ de Silva, sobrino de Malaver, le escribieroo 
pidiéndole que fuese á socorrerlos en el duro aprieto en que se ha* 
liaban. Garci-González que aunque no estaba imbuido enteramente 
en lo^^delirios del Dorado , deseaba combates y aventuras, tomó de 
mil amores el austlio por su cuenta , y reuniendo ochenta hombres^ 
iodos estremeños como él , se dirigió sin tardanza á la ciudad de 
Caracas. 

Grandes servicios prestó Garci-González á la provincia, juetifi*- 
cando la confianza de los alcaldes y haciendo célebre su nombre. 
Mas por el pronto los vecinos, queriendo solo despicarse en los i»* 
dios de los sustos recibidos, encargaron de su venganza al estreme- 
ño, y siguiendo este el plan de losada , se desdeñó de hacer injuria 
á. los pueblos , y buscó con solicito cuidado á Paramaconi , caciqi» 
de los terepaimas, y sucesor de Guaicaipuro en el aprecio de las 
tri|>us. Muí despacio cuenta Oyiedo como Garci-González sorpren^ 
dio á su contrario en lo mas fragoso de una montaña inculta ;^coiiio 
el indio al querer salir de su choza se vio detenido por Garci-GoiH 
zález, y dándole un empellón que le tiró de espaldas, pudiendo ma- 
tarle, no atendió á otea cosa que á dejarse caer, como lo hizo, por 
un despeñadero al valle ; como el español , cuando pudo ponerse en 
pié, se arrojó tras el bárbaro con espada en mano , y arremetiendo 



— 221 — 

« 

con él cuerpo á cuerpo, después de un combate largo y obstinado, 
le dejó alli por muerto. Mas, como no entran en nuestro plan estas 
menudas relaciones de combates particulares^ á que es müi aficio- 
nado aquel historiador, nos contentaremos con decir que por mas 
^e un año quedaron tranquilos los terepaimas ; al fin del cual , 
curado de sus heridas Paramaconi , se entró una mañana enla ciu-. 
dad, pidiendo paz y ofreciendo obediencia, que guardó después* 
hasta la muerte. 

En este estado quedaron las cosas eutóaces : los indios recogidos 
á los montes y quietos, por temor á Garci-Goozález : este ocioso 
en la ciudad ; y los alcaldes sin atreverse á emprender cosa de im- 
portancia. Entonces llegó á la provincia Juan de Chaves» á quien 
la audiencia de Santo Domingo enviaba por gobernador interino, 
en lugar de Don Pedro Ponce^e León ; y resuelto á tener en Coro 
su asistencia , nombró por su lugar-teniente en la ciudad de San- 
tiago á Bartolomé García. 

Los primeros pasos de este en su tenencia fveron desgraciados , 
porque los señores indígenas del valle de Mamo , justamente irrita- 
dos de que su encomendero los llamase á trabajar, le asesinaron y se 
pusieron en armas. Retirados á lascabczeras del valle , se fortalecie^ 
ron eala montaña de Anacaqpon de tal suerte, que aunque los espa- 
ñoles pusieron empeño en espugnarla, viéndolo como imposible' , se 
retiraron con pérdida de algunos muertos y heridos. Con esto, alen- 
tados los indios , aspiraron á conseguir otras ventajas, y desprecian- 
do el abrigo de los montes , tuvieron osadía para presentarse en el 
valle de San Francisco. Vano fué por el pronto el quererlos repri» 
mir. Otra partida , destinada á escarmentarlos , fué derrotada por 
ellos y victoriosos por todo el valle , estendieroñ sus correrías hasta 
las mismas puertas déla ciudad. En estos apuros ocurrió García«al 
estremeño, que hasta entonces se habia mantenido retirado; y fué 
con tan buena fortuna, que, muerto en batalla el principal caudilto 
de los indígenas, volvieron estos á someterse , rindiendo la cerviz^l 

yugo. 

Esclavizadas de este modo algunas naciones indianas, determina- 
ron los españoles poner todo su esfuerzo en domeñar- 4 los chaga- 
ragatos y una tribu de caracas, qne habitabsm la serranía éntreme-» 
dias de Ja ciudad y el mar, á fin de que, reducida á la obediencia 

* 

la parte de la provincia qué mira hacia la- costa, quedase libre la 



# 
á 



giñr^ kileQto se ajostó entre las dos, dod8^68, que á uiü rsúemo 
tiempo fteometeHwaida cnai pop sa< iada á los iudígena»; pmt d» 
eote modo , divididas kis faereas de esto^ vefldmn á^qoecteír desba»* 
ratados ]f rendidos. Odovenidos en esto, aatcaron á ia Serranía Gasi^ 
*par Pinto con la gentiedeCaraTaUedayCnetóbal C^oseenla de San* 
'tíago , logrando á los primeros pasosalgonos buenos resaltados q«e 
permitió el descuido en que se hallaban los indios. Pero^recobrados 
del pavor primero y dirigidos por Guaimacnare , dieron tanto en 
que entender á los españoles qoe, desesperados estos deconse^ir 
la pacifíoácioQ dividido», se juntaron en un cnerpopara atacara! 
cacique. Retirado entretanto Guaimacuaroá^o mas áspero y fM«* 
goso de la seiranía, adivinó d plan de sus contrarios^ y los recibió 
desuerte qoe^ berido mortalmente Pinto^fueradeoombatemucbos 
españoles , y acobardados los restantes , bubienm de retírame de 
prisa, cada manga por su lado , á sus cuarteles, abandonando toda 
idea de combatir 'conlra las tribus. Solo el trato y comunicaeion las 
redujo mucho tiempo después á la amistad y obediencia de los con- 
quistadores, hasta que por diversas causas estranasctela guerra 
vinieron á aniquilarse enteramente, sin. que se conserve de ellas 
mas qjpie la memoria. 

Así estaban los negocios en la comarea de Santtego , cuando en 
forero del año*dé 4 572. llegó á Coro Don Diego de Maxariego, ca»- 
baliero anciano y de mui bueaaa pr<n<^, enviado por la corto 
para suceder en el gobierno de la provincia á Don Pedro Bonce de 
León. Pero será bueno* que antes de referir los resultailos de so 
administración política , veamos cuál era el estado de las cesas en 
otfos parajes de YeBeniela. 

M mismo tiempo que el desgrai»a^ Maisver ne^ocnba eñ la 
oorte su gobemaciott del Dorado, obtenía Dmi:DiegD*Feraáadei 
de Corpa de^dios pM'a conquistan* la Guayaoa , laa nberás dd 
Caura y otras tierras 4|ue hablan de correr con el namSom de msieim 
Andalucía ; y para evitar competencias entre los dos general0s sobrt 
los términos de sus proviamas, te^declaró que ia jurisdiecioa tefrí- 
ioiial de Cs^ff^L abalearía tresdíUEitas levitas )de«le la boca de los 
I^nigoe, tirando. por el sudeste hacia el Orinoco, y la de Malavei 
otras treseioitas desde donde las^otras aQah«s«i,5i§ftÍMrio smipra 
la dirección de la eeeta» Mu. antwwea ándito io^ék §abiára»aii>» 



mo de Esgaüa im^Bsc^atí elconociioianto de la g^og^iifía de Ama- 
nea,, quo Cerpa juzgó á. Gomaiiá comprendida eu sit asiento , j 
^ie le dijo lo contrario. 

'^es en virtud de este» despachos espedidos, en ^§68 procedió 
Cerpa á. reclutar soldados y aparejar navios ; y aunque un levan* 
tamiento de moriscos, ocurrido en Granada, retardó mucho tiempo 
au vii^e, le hallamos ya para fines del año siguiente, no en la costa 
de los cumanagotos, como dice Oviedo, sino en Gumaná, Esta 
dudad (que no era otra que la ISueva Córdoba) edificada por Gas-* 
tellon entre pantanos i la falda oriental del cerro Golorado, aunque 
cercana al mar, .frontera á Margarita y con grandes ventajas da 
todo género para la agricultura, y el comercio, habia hecho tan po-^ 
eos progresos, que Cerpa no encontró en, su recinto maa qne diei 
y aiele familias desgraciadas, viviendo en humildes chozas. Por for- 
tuna entre las condiciones de su asiento habia puesto el rei la áa 
llevar á America cien. hombres^ casados, con sus familias; y él sepa? 
liando de este número veinte y tres, las reunió á aquellas fundando 
con unas y otras la actnal ciudad de Gumaoá, á orillas también del 
rio de su nombre ó. Manzanares, pero en lugar mas elevado y en- 
juto.. Hecho esto, y nombrado ayuntamiento por auto de 24 de nor 
viembre de '1569, procedió Gerpaá su conquista, dirigiéndose á la 
costa de los cumanagotos, nación guerrera y numerosa, que domi-* 
naba en casi todo el pais comprendido entre Gumaná y Piritu > y 
em la cual se proponía estrenar sus armas. 

Llevaba Don Diego, obra de cuatrocientos hombres granados , y 
entre ellos machos caballeros y soldados que hablan militado en 
Europa en las famosas lides de aquel tiempo; gente toda, como es« 
paSola al fin, sobria y constante. Y era su intento, luogo que hu-> 
lóese sometido aqudlos indios , atravesar la tierra siempre al sur^. 
hasta descubrir por aquel rumbo el Orinoco. Pero primero , pasa 
d^*ar asegurada en la costa una poeria á los sooerros;, y desemba?» 
rajarse :de un número crecido de- mujeres y niños que llevaba, fun^ 
dó en el sitio del Salado , cercano al rio JNeveri , una ciudad que 
lAtituló Sandftgo de los Caballeros, dejando en ella prevenciones 
suficientes de manntencion y nasgoavdo. 

ninguna de las espedidones españolas hedías á: Venmiela . fué. 
mas desgraciada que la presente. Ipstrnidos los eumanagotos dei, 
objeta de aquel armamento^ y enfurecidos al ver fundada en sur 
tierra una pobladooreitGIPJWiliilhimanHi eo.ii|(iiisino.¿.)oft cbft!» 



^ ^ 224 — 

copatas sns Tecinos , y reunidos en número considerable , se did^ 
^sieroA á resistir la invasión con todos sus alientos. Demasiado 
presuntuoso el jefe español , ó no bien avisado dé la alianza de los 
indígenas y de la índole belicosa dejas tribus , se internó impru- 
dentemente hasta un monte en que los indios le esperaban. Llegar 
á ét fatigados los españoles y verse envueltos por todas partes^ fué 
obra de un instante ; y como el cansancio, la sed y el ardentísimo 
calor de aquella tierra los tenían desmayados, ni siquiera acertaron 
á hacer uso de las armas : desbaratados al primer choque, perecie- 
ron ciento ochenta y seis soldados , Cerpa mismo y su teniente; 
Pocos lograron escapar de la refriega; yeso tan malheridos y pos- 
trados, que en breve murieron los mas de ellos. Hicieron con todo 
á la nueva ciudad el servicio de advertirla del peligro, para que 
con tiempo so aparejara á la defensa. Pero esta era imposible con- 
tra aquel enjambre de bárbaros, de ordinario fieros, entonces en- 
vanecidos y exaltados concia victoria ; y así prudentemente resol- 
vieron los españoles abandonar la ciudad, retirándose sin tardanza 
é Cumaná. 

Esta .fué la única que salió gananciosa dé aquella malhadada es* 
pedición, porqué sin contar su nueva planta y el mayor número 
dé escelentes familias que entraron á poblarla , adquirió desde en- 
tonces el rango de provincia separada , con autoridades supei;iores,* 
independientes de la gobernación de Venezuela. Desde esta época 
su prosperidad creció rápidamente, llegando á ser, por las circuns- 
tancias peculiares de su suelo y el grande ensanche que se dio á 
sus límites, una de las mas importantes comarcas del pais vene- 
zolano. 

Mas afortunadas las armas españolas por el lado del mediodía , 
se- enseñoreaban de las tierras visitadas por AlGnjer, fundando en 
ellas colonias florecientes. Desde el año de 4 568 habla encar g a d o 
8U conquista Don Pedro Ponce de León al capitán Alonso PacfiSS, 
vecino de Trugillo ; y aunque esté desde entonces fabricó y arn^ó 
bergantines en el puerto de Moporo , y con ellos hizo correrías en 
las costas del lago, solo tres años después pudo asentlir sus reales 
sin peligro en el sitio donde en 20 de enero de 4574 fundó la ciu- 
dad-de Maracaibo; lugar arenoso y isecano, á lar orilla izquierda 
del lago^ y obra de siete leguas distante de la mátina. Nueva Zamora 
la llamó entonces i^heco , queriendo, como todos sus paisanos, 
perpetuar en América la dulce memoria de ia patria. 



— 2Í5 — 

Nada mas que esto habían adquirido los españoles nuevamente 
en Venezuela y cuando llegó á ella Mazariego ; y como este hombre 
no podia, con el .embarazo de sus muchos años , dar vado por sí 
solo á los negocios del gobierno , nombró por su teniente general á 
Don Diego de Montes , descargándose en él de la parte mas activa 
de sus funciones, cual era la población y conquista del país. Mas 
no de todo él , porque exigiendo la guerra de Caracas una atención 
especial , hizo su teniente en la ciudad de Santiago á Francisco 
Calderón, hombre práctico en los negocios de aquella tierra indócil 
y guerrera. 

Los dos tenientes desempeñaron sus respectivas dependencias de 
un modo mas ó menos acertado. Montes, deseando fundar, dio co- 
misión al capitán Juan de Salamanca, para establecer un pueblo 
en las tierras de Curarigua y Carora , que demoran al sur de Coro, 
entre Barquisimeto y el lago de Maracaibo.. Salamanca salió en 
efecto del Tocuyo con setenta hombres, y en ^9 de junio de -1572 
puso los fundamentos de una ciudad que intituló San Juan Bautista 
del Portillo de Carora. Poco feliz en la elección del sitio, la asentó 
en una llanada que corre al naciente de la sierra del Empalado ; 
árida y seca , cubierta de plantas espinosas y privada en ocasiones 
hasta de las pobres -aguas del rio Morero que la riega. 

Calderón trató luego de oprimir por las armas á los manches 
que^ retirados á los montes, huían de toda comunicación con es- 
panoles, desde que estos cometieron la barbaridad de mandar em- 
palar á sus caciques. Para esta espedicion nombró por cabo á Pedro 
Alonso Galeas, soldado antiguo y esperimentado en las guerras de 
Indias, y de durísimas entrañas. Hacia el fin del mismo año salió* 
de Caracas , llevando ochenta soldados de i o mas escogido , entre 
los cuales estaba Garci-González y el cacique Aricabacuto con 
buena porción de indios, sus vasallos, en calidad de amigo y au- 
sHiar« Este mal patriota sirvió de guia á los estranjeros, conducién- 
dolos^ al riñon de la provincia, -que hallaron por todas partes yerma 
y desierta, sin encontrar naturales, sí no es los que en emboscadas, 
ó favorecido^ de los montes y fraguras , se paraban á gderrear. 
Marchando su camino, y gobernándose por la corriente del Guaire, 
salieron sin embarazo al Tuy, que entonces partía términos entre 
los indios mariches y los quiriquires. No hallando Galeas en toda 
la tierra recorrida mas que poblaciones indígenas reducidas á ce- 
nizas, se volvía por la misma rufa, cuando al llegar de nuevo al 

UIST. AHT. 15 



— *I6 — 

rio , 86 le ^«sentó el cacique Tamanaeo á diipoterle el paso, ^n 
esta ocatftn hubo entre americanos y es|>aQoles un largo combate, 
que las historias viejas recuerdan con el pom^>so nombre de ba- 
talla del Guaire. Rotos los indios y asaltados por diferentes pactes, 
86 desordenaron y huyeron. Solo quedó en el campo Tamanaco, 
manteniendo el combate ; mas como los contraríos eran muchoa , 
no correspondieron las fuerzas al coraje , y después de haber qui- 
pido la vida por su mano á tres soldados españoles, cayó postrado 
en tierra. Condenóle á muerte allí mismo el duro Pedro Alonso» y 
dispuesto con estacas un palenque^ le metieron en él lo»^ emanóles, 
para verle lidiar cuerpo á cuerpo con un perro de singular brave- 
za , que tenia Garci-González. Cuando todo estuvo prevenido pora 
el espectáculo , cercaron la palestra los nobles caballeros, los sol- 
dados, los indios amigos y los [Nrisioneros, llevados estos de pro* 
pósito para que viesen el castigo. £1 cual á disgi^lo de muchos cir- 
cunstantes se concluyó en breve; pues el perro enfurecido derribó 
al cacique , y sin que pudiesen impedteto sus esfuensos, hadándole 
presa de la garganta^ le arrancó del cuerpo la cabeza. 

Asi se consiguió la reducción de los mariches ; pero poco consi- 
deraban los oooquisladores haber hecho con esto, mientras se man- 
tuviesen hostiles los teques , y despobladas las minas de su territo- 
rio. El año de -1575 salieron pues de Caracas setenta hombres de 
lo mas lucido y principal de la ciudad , y mandados por el alcaUe 
Gabriel de Ávila , restablecieron sin oposición el antiguo real de 
Nuestra Señora; aconled^ido en esla correría un caso raro que , 
aunque salgamos de nuestros límites^ hemos de contar» por ser un 
ejemplo de heroísmo digno de los mejores tiempos de Grecia y Bobui. 

Establecido de nuevo el real de minas, se creyó necesario rendir 
á fuerza de armas los naturales, a fin de asegurar la tranquila po- 
sesión de los veneros ; no flüera cosa que , hmitando á Guaicaipuro 
.sus deseendiadtes , repitieran el triste caso de Jaan . Rodríguez. 
Esta comisión fué confiada á Garci-González» quimí, siguiendo siem- 
pre el sisiema de privar á los indios de sus jales, dirigió principal- 
mente sus esfuerzos á sorprender en su retiro al cacique Gonopoi- 
ma , uno de ios señores de los tequeft. Frustrado su. proyecto por 
la vigilancia de los indianas,* se volvía con algún botin y eualro 
prisioneros y satisfecho de haber muerto en los primeros momeaios 
del rebato buena porción de f ente indiana. Pues sucedió que al su- 
bir una loma» se halló acometido de repente ipor la espalda con 



— 22T — 

éénsa ntibe de fledias qne disparaban los indios , acaudillados por 
Clonopoima ; y como por la cuenta no quería pelea , mandó á uno 
dé los prisioneros ) de nombre Sarocaima, dijese á.sus hermanos 
qñé no tirasen, porque de haoerlo y herirle un solo hombre , mo- 
rirían él y sus tres compañeros empalados. Adelantóse algún tanto 
Sorocaima, y alzando cuanto pudo la voz, gritó al cacique que 
apretase la batalla , pues eran pocos los contrarios y el tríunfo por 
consiguiente seguro; lo cual irritó tanto á Garci-González, queie 
mandó cortar la mano, para que mutilado de aquella suerte fuese 
á aconsejar mas de cerca á Conopoima. Mas viendo después que el 
indio sin inmutarse estendió el brazo con gallarda y tranquila ente- 
reza , prendado de su garbo , le mandó poner en libertad , remi- 
tiéndole el castigo. No tuvo este noble proceder entre los soldados 
la general aceptación que merecía, pues dos de ellos, y de los 
mas principales, dice Oviedo, á escondida)» del jefe cogieron á 
Sorocaima, con refinada crueldad le desollaron en derredor la 
muñeca, y buscándole la coyuntura con la punta de un cuchillo, ' 
le separaron la mano. Ni un ai, ni un suspiro se escapó al 
fuerte corazón de aquel pobre indio; antes por el contrario, aca- 
bado el tormento 9 suplicó á sus verdugos le diesen la mano que 
aun estaba palpitando allí en el suelo, y sin pronunciar una pala- 
bra, se fué con ella paso entre paso á donde estaba Conopoima. £1 
cobarde^ en lugar de vengar á su heroico compatriota, sé intimidó 
al ver su desventura , y poco después él y el cacique Acaprapocon 
rescataron , uno su mujer, otro sus dos hijas prisioneras de los es- 
pañoles, ajQstando con ellos una paz que fué estable. Las pestes , 
tos trabajos de todo género y la servidumbre, apocaron después* 
de tal suerte aquella tríbu belicosa, que , obra de medio siglo des- 
pués, ya no existían sino contadas familias de su raza ; las cuales , 
desamparando la posesión de su nativo suelo , se retiraron á las 
riberas del Aragua y al antiguo valle de la Pascua , donde aun le 
conservan sus reliquias. 

Asi se ve que los conquistadores hallaron en el pais de los cara- * 
cas una oposición que dimanaba, tanto de la superior destreza, 
patriotismo y valor de aquellos pueblos , cuanto de hallarse cons- 
tituidos en varias naciones independientes unas de otras , que, ora 
unidas, ora separadas, prolongaban la lucha, reproduciéndola en 
diferentes territorios. Diez años bregaron constantemente los espa- • 
fioles^ por reducir las tribus, hasta que al fin, sujetas las principa- 



_ 228 — 

les^ empleadas estas en combatir conira Iñs oirás, apoeadas todi» 
con los trabajos y por el filo de la espada, hubieron de deponer las 
armas, confesándose vencidas. Los que mas tiempo se mantuvieroa 
en la arena, fueron los quiriquires y tumuzas : confinantes los^i-' 
meros con el pais de los teques por la banda del sudeste, y dueños 
de una grande estension de tierras en las riberas del Tuy : señores 
los segundos del territorio que se estiende mas allá al naciente, entre 
la^ cordillera y la marina, basta el Uñare. Aquí la guerra fué la 
misma que en lodas partes habia sido. Los indios, obligados de la 
fuerza, se sometian hoi para tomar las armas mañana, cuando pa- 
sado el peligro, y constituidos en encomiendas, yolvia mas amable 
que nunca á su memoria la dulce libertad perdida. Nuevos desas- 
tres se seguían a su levantamiento, nuevos horrores : aquí, llama- 
dos de paz , eran ahorcados ó empalados los caciques : allí, para 
mejor reducirlos, les incendiaban sus sementeras y sus chozas : eu 
tal ocasión servían sus mujeres y sus hijas á la brutalidad del sol* 
dado : en tal otra , mulilados de un modo horrible , eran enviados 
á escitar miedo y horror entre las tribus. Con este trato ayudado 
dol hambre, de la intemperie de los montes y del acero, perecían 
i millares, y la guerra y la conquista se acababan. 

Sometida, ó por lo menos tranquila, halló la provincia Don Juan 
de Pimentel, cuando por fines del año de ^577 llegó de España á 
Caravalleda, enviado por la corle para suceder en el gobierno á Ma- 
zariego. Lo que restaba de este año y lodo el siguiente lo empleó 
el nuevo gobernador, no en asuntos de población y conquista , si- 
no en dictar las disposiciones necesarias para establecer en Caracas 
.el asiento permanente del gobierno. Él f«é pues quien privó á Coro 
de una prerogatlva de que habia estado en posesión desde el tiem- 
po de Amplíes, inclinado á ello por la fertilidad y buen temple de 
las tierras de Santiago. No quedó entonces otra autoridad notable 
eu.Coro que el obispo y su capítulo, los cuales hicieron estraordi- 
narlos esfuerzos por acompañar á Pimentel. Fuéles sin embargo 
' imposible conseguirlo, porque una real cédula de ^ 589 prohibía la 
traslación de la catedral , y armado de ella el ayuntamiento de 
Coro, se opuso con entereza al intento del prelado y los canónigos. 
Pero en 101 3 el obispo frai Juan* de Bohorques se pasó á Caracas 
de su propia autoridad , huyendo sin duda de la aridez natural del 
suelo de Coro, y de una miseria estrema que en aqu^l año se hizo 
srntir con estrago en la comarca. El cabildo eclesiástico, detenido 



— 229 - 

aun por el secular , mal su grado , hubo de quedarse , hasta que 
llamado en ^655 por el obispo Don Juan López Agurto de la Mata, 
•se reunió con él á principios del siguiente. Coro y su cabildo re- 
presentaron contra el despojo ; mas en vano, porque la corte halló 
que era mas fácil aprobar lo hecho , que réftiediarlo , restituyendo 
á la antigua capital una prerogativa que estaba en oposición con los 
deseos y justa conveniencia de las autoridades superiores. La tras- 
lación, aunque provisoriamente, se aprobó pues por real cédula del 
mismo año, y otra de í 659 confirmó la anterior y le dio un efecto 
liefínitivo. 

Guando , acabados por el gobernador sus aprestos políticos, qui- 
so en ^579 fundar una ciudad en tierra de quiriquires, para ase- 
gurar su conquista, se vio en la necesidad de dirigir su atención á 
un negocio mas urgente, cual lo era la represión de los indios cu- 
managotos : los cuales, envanecidos con la rota lamentable de Cer- 
pa y la que dieron posteriormente á su hijo Don García, empezaron 
á infestar con sus piraguas el comercio que se hacia entre el con- 
Ymente y las islas. Y como el territorio de los cumanagatos perte- 
neciese á la gobernación de Venezuela , por estar comprendido en- 
tre los límites señalados á la compañía alemana, quiso acudir Pi- 
mentel al remedio del daño , disponiendo que Garci- González con 
la gente que tenia prevenida para poblar en el pais de los quiriqui- 
res, pasase luego á procurar la reducción de aquellos corsarios 
atrevidos. 

Para esta espedicion arriesgada tenia Garci-González ciento trein-< 
ta soldados españoles y mas de cuatrocientos indios de servicio , 
con los cuales , por abril de í 579 , se puso en marcha desde Cara- 
cas, gobernando su derrota por los valles deAragua y el camino de 
las llanuras que caen á espaldas y tramontanas del Tuy. Siguien- 
do derechamente al oriente, llegó veinte dias después á las riberas 
del Uñare , en el pais de Crecrepe, con cuyo cacique y otros ami- 
gos renovó paz y alianza que ya había. Mucho envanecieron á 
Garci-González los primeros acontecimientos de esta campaña, te- 
nida justamente en opinión de difícy y arriesgada , a],pnto al valor 
de los cumanagotos. Apresadas sus piraguas en las costas del Sala- 
do *y derrotados ellos en tierra, creyó el estremeño que ya podía 
er*igir una ciudad y pensar en afirmarse sólidamente en el pais. 
Porque no halló paraje cómodo en la costa, retrocedida Crecrepe», 
y en las barrancas del Uñare venció de nuevo 4 sus coútrarip^. 



Guando Imbo llegado á la tierra amiga, fundó porAá an estable- 
cimiento que llamó del Espirita Santo ; especie de presidio con una 
fortaleza de madera , en el cual dejó de guarniotou parte de sq^ 
gente , saliendo él con el resto en dea^nda de los indios. 

Mus que amedrentados , enfurecidos estos con las dos rotas an* 
tenores, observaban sus movimientos, y le eneraban por todas 
partes prevenidos : de suerte que, habiendo vuelto Garci-Gonzár- 
lez al Uñare, halló el camino desmontado, y tan abierto, que era 
fácil conocer que los indígenas le conyidabaB al combate. No lo 
deseaba menos que ellos el impaciente español, y así, siguiendo d 
rastro que dejaban , logró alcanzarlos en breve, reunidofs y orde- 
nados en una llanada que servia de asiento á la pobiadon del e^ 
cique Cayanriroa, de que tomó nombre la batalla. En ella pe- 
leó Garci-GoDzález con los eumanagotos» los chacopatas, los coros 
y los chaymas ; y con haber sido admirables los esfuerzos de su 
valor, salió vencido, porque los indios después de haber hecho uoa 
defensa vigorosa por mas de dos horas, sin perder su ordenactop,. 
fingieron declinar del combate y retirarse ai pueblo. Guando vie» 
ron que los españoles se metieron en él sin reparo, pegaron fucga 
por todas partes á las casas, y saliéndose otra vez á lo llano, le» 
dejaron entre las llamas , donde muchos lastimosameote pere- 
cieron. Irritado con este contratiempo, siguió Garci*Goñzález m 
marcha hasta llegar á las cabanas de Piritu , perseguido siempcse 
por los cumanagotos, quienes animados del buen éxito anteoe* 
dente , le molestaban cou emboscadas y acomelimientos frec«en- 
tes en cuantos pasos hallaban comodidad para hacerlo con ventaja» 
A estas fatigas se agregaba el calor escesivo del cUmfa y la sed, 
pues los indios habian cegado los pozos^ y el terreno árido y seca 
no abunda en manantiales : causas- que obligaron al jefe espaooA 
á continuar su ruta por la cesta, hasta los montes de Chaoopata^ 
en busca de jagüeyes. Desde allí, mal su grado hubo de volverse 
¿ Crecrepe. abandonándola conquista, porque la gente disgus- 
tada y rezelando mayores desgracias, se manifestó mal dispuesta i 
continuarla; mayormente que los indios auslliares y los que para 
el servicio áh\ campo le seguíSin, se huyeron todos-iiaa noche, d«r 
jándole sin guias. 

De vuelta á Crecrepe halld^Garci-González despachos del g^^nv 
nador, que lejlamaban á poblar en tierras de los ?qi|ÍFÍquir^,;^ 
reciéndole-mejor asegurar tranquilamoate ea casa las cea^istiis^ 



• 



• 



— 2« — 

que irlas á ^aprender laera de ella con p^igros. El cíelo abierto . 
TÍeroQ con esto los soldados, pues así se les proporcionaba salir de 
afiiel atolladero , á la sombra de una orden superior , sin que pa** 
reciesen huir de sus contrarios. 

Abandonado pues el pululo del Esj^iiu Santo, hecho en Cre- 
crepe, fundólo con el mismQ nombre Garci- González entre los 
quiriqnires ; pero sin mejo^ éxito, porque los indios, que al priu- 
dfkto le recibieron dapaz y mui humildes, se levantaron en armas 
como le yieron dtsp<Mierse á establecer un pueblo en. su comarca* 
Nuevamente uncidos al yugo á fuerza de suplicios y degüellos , 
hubieron de resignarse á consentir la usurpación , y la ciudad se 
trozó y constituyó por medio de su correspondiente ayuntamiento. 
Mas cuando y desembarazado de atenciones , se hallaba en Caracas 
Garjci^oszález, dando cuenta al gobernador de lo que habia obra* 
da en la conquista, supo que la población habia sido abandonada 
p(»r los yeeinos, á causa de querellas y disensiones que se levanta- 
ron entre ellos. 

Ifola mano tenia el estremeno para esto de levantar ciudades , 
y Mfuella que andalMi ambulante del Uñare al Tuy, unas vezes im- 
pedida, otras desamparada, no debia fundarse nunca ; pues cuan* 
do mas empeñados se hallaban él y el gobernador en restablecerla. 
de un modo firme, llegó á hacerles abandonar para siempre eL 
proyecto , un lastimoso contratiempo. Y fué una pesie de viruelas^ 
que> ya entrado el aiki de l5Sd llevó á Cacavalleda un navio por- 
tugués , procedente de Guinea. IM tuyo achaque , desconocido á 
tasánd^nas, nadó tanto estribo para ellos, que no solo en las. 
Meas, sino en los casráos y en losnurntes se encontraban los cuer* 
fm muertos por docenas. Tribus enter^ desaparecieron, y las de- 
más quedaron reducidas á contadas familiias «n menos de un alto 
f«« duró el contagio. 

• Cuando jen el mes de octubre de i&95 llegó á Garavalleda Doa 
hmée lójasy sucesor de Pmeníel, halló la tierra tan despoblada^ 
qmmsáa, luvo que hacer para mantenerla en la obediencia. Coi» 
todo eso , su gobierno lué mas perjudicial que útil á la provincia ,« 
balMendo ^do causa de la desnKsibracion de su torritoiio, y del 
ataadoBO de un estalvlecinú^to tnqMrtftnto, como lo verenaos; 
locgo. Del mism« modo q«e su aiOleeesoír, quiso Rojas poblar m 
tm^&éekgs qtthriquires, y como Garoi^González babia reaunmdo 
ali^rofacto^ á causa de tos infinitos contcattomfos ^«e y4 bem^s 



— 252 — 

referido, concedió la empresa á Sebastian Díaz de Alfaro , el cual 
fundó en -i 584 la ciudad de San Juan de la Paz , á orillas del rio 
Tny , cuatro leguas mas abajo de donde este junta sus aguas con 
el Guaire. Floreciente ¿ los principios esta población , por las mi- 
nas de Apa y de Garapa que se descubrieron en su jurisdicción ; 
fué luego abandonada del todo por sus vecinos, á causa del 
clima, escesivamente desagradable y enfermizo; perdiéndose con 
el trascurso del tiempo hasta la memoria del paraje de donde se sa- 
caba el oro. En épocas posteriores (para decirio de paso) se intentó 
renovar el establecimiento , incitados á ello los gobernadores por 
el recuerdo del primer rendimiento que dieron los veneros ; 
pues , según Oviedo , no bajaron de cuarenta mil castellanos de 
oro de veinte y tres quilates los que se sacaron en los dos meses 
primeros de su beneficio. Pero la consideración del clima unas ve- 
zes, y mas tarde, á fines del siglo XVII, algunos pleitos sobre la 
posesión de las tierras, malograron el trabajo de los gobernadores, 
obligándoles á desistir de la empresa. 

Por el pronto la fclizidad con que se babia poblado allí, dio estí- 
mulo á Diaz para continuar su pacífica espedicion en busca de otras 
tierras, donde pudiese fundar asiento y encomiendas. A cuyo fin, 
atravesando la serranía por la parte del sur , planteó en lugar llano 
á su espalda el mismo ano ^584 la ciudad de San Sebastian de los 
Reyes, que aun subsiste. 

Mas en lugar de promover el cultivo de las tierras , las crias y 
artes útiles , á que le convidaban estos mismos establecimientos y 
la paz que gozaba la comarca , quiso Don Luis de Rojas disponer 
una lejana espedicion al pais de los cumanagotos. Y como por aquel 
tiempo vivia en Caracas Cristóbal Cobos , á quien la audiencia de 
Santo Domingo babia condenado á servir de balde en las conquis- 
tas , en pena (^ la perfidia de su padre con Fajardo , halló el go*- 
bernador cuanto babia menester en este caso para conseguir su in- 
tento , siendo el Cobos hombre de valor y buen soldado. De donde 
vino , que aceptada por este la empresa, partió con ciento setenta 
españoles y trescientos indios ausiliares á la costa de ios cumana- 
gotos , donde , no bien hubo desembarcado , empezó á guerrear 
con los naturales. Rechazados estos de las riberas del Neveri, pro- 
siguió Cobos su camino á la provincia de Cbacopata , donde asentó 
su campo, fortificándolo con empalizadas y cuatro versos de bronce, 
^¡p fueron faKzes los indígenas cuando quisieron asaltarlo. Los ver- 



— 255 — 

sos, cargados de menudas balas hasta la boca , hicieron en ellos 
tanto estrago, que, desordenada la confusa muchedumbre, yoI- 
^ó atrás para ponerse fuera del alcanze de los tiros, á tiempo que, 
animado Cobos con esta vgntaja , salía tras ellos á la llanura , tra- 
bando reñidísima refriega. Después de muchas horas de combate , 
se cansaron los espaüoles de pelear contra tantos y tan porfiados 
enemigos ; y sin duda el desaliento y el número los hubieran hecho 
sucumbir, si dos de sus jinetes, arrojándose á brazo partido donde 
mas hervía el tumulto , no hubieran logrado aprisionar al cacique 
Cayaurima. A esta vista las huestes indígenas se retiraron, y segui- 
damente propusieron la paz , para evitar la muerte de su caudillo. 
Cobos, aunque conociendo el designio quellevaba aquella repentina 
sumisión, convino en ella tanto mas gustoso, cuanto que por ese me- 
dio, no solo se salvaba del peligro, sino que semantema en el pais 
de un modo ventajoso. Prometió pues conservar la vida del caci- 
que ; pero sobrado astuto para desasirse de un rehén tan impor- 
tante, le llevó consigo á la boca del Neveri, adonde volvió para 
fundaren •I5$5 una ciudad que itamó San Cristóbal de los Cuma- 
nagotos , en memoria de sus triunfos sobre aquella tribu belicosa , 
que hasta entonces había puesto á prueba el valor y la fortuna de 
esperimentados capitanes. 

En esta fundación se hallaba ocupado Cobos cuando llegó á Cu- 
maná Rodrigo Núñez de Lobo, nombrado por la audiencia de 
Santo Domingo gobernador de aquella provincia ; y ya fuese por- 
que este se hallaba autorizado para proceder á la conquista de los 
cumanagoios , ya , como quiere Oviedo , por piques de Cobos con 
el gobernador de Venezuela , ello es que el pais de aquellos indí- 
genas, llamado después provincia de Barcelona, se agregó entonces 
á la gobernación de Cu maná , que de resultas adelantó sus límites 
por el occidente hasta las riberas del Uñare. 

Ni fué esta , como ya lo hemos anunciado , la única calamidad 
que sufrió la proviocía de Venezuela bajo el gobierno de Rojas; 
hombre viólenlo y caprichoso, que veía con indiferencia el menos- 
cabo de su jurisdicción territorial , y armaba pleito á los cabildos 
para apropiai*se el menudo privilegio de nombrar sus justicias. Go- 
bernábanse en aquel tiempo las ciudades bajo la dirección de regi- 
dores anuales , y tenían estos por costumbre ó concesión el de- 
recho de nombrar los alcaldes; derecho de cuyo ejercicio se maní- 



— 294 — 

fastebaa moizalosas los vaeíndades, vieiido.eQ él na sioHilacEO 
de soberanía. 

Como todas las demás ciudades^ GaravaUeda usó de esta pre-» 
roigativa basta -1586 , en que Rojas tomó á empeño nombrar los 
alcaldes para el aao sii^uteitte. A ^to se* opusieroa.los redores , 
primero coa buenas palabras, Juego recliaiando á los alcaldes nom« 
.brados por el gobernador y eligiendo ellos los «uyos, como do or- 
dinario ; cosa mui puesta en raaon , pero que picó á Don Luis de 
suerte que , alropellando por todo miramiento y respeto , mandó 
llevar presos á Caracas los cuatro regiiiores que habían hecbo opo- 
sición á su dictamen. Al llegar aquí fué cuando los veduos, resea-^ 
ftidos por una parte , y no queriendo por otra pcopasarse á lérmá-^- 
nos violentos , adoptaren el medio de abandonar el sitio y mudán- 
dose á otros pueblos; negocio fácilmente hacedero, pf^qs» Ub. 
casas , con pocas escepciones , eran entonces hobios insi^ificfuites 
que nada importaba el perderlos. 

Graves resoltados tuvo esta loca tropelía* Sustituido^llDias en el 
gobierno por D(m Diego Osorio, 'llegó esta á Caracas en 45S7, y 
procediendo al juicio de residencia de su aateeesor , (ueiK>n UnAaa 
Y tales las personas que se lameolaren , formando capítulos eontrai 
su administración , que preso y privado por embaído desús bieBos^ 
seirió reducido al término btunUlante de recibir limosnas de>sus 
enemigos. Los regidores 'de Gamvalleda fueffonpvestos-en libertad; 
pero sintiendo aun el eseecor de las retHontes demasías de R ¿^ , 
ó mejor hallados en otros pueblos , jasMs quisíecon repoblar, kt 
ciudad , dando á Osovio por escusa, que aUí estaban ex p u e s to s sia 
d^ensa á la contiaua hosüUdad de los piratas. Y he aquí , para 
decidodeunavez^elorígeftdelafandaoioadd puerto déla Guam; 
porque siendo absolutameeAe neeesaito un lugar ea. k maiiaa y. 
que sirviese de escala á iasretaaiones entre lamadle patria y la 
cakiaía, susiituyó el gobernadora CacavaUeda por aquella otra 
malaxada, siempre brava y ventosa» 

Todavía se oi-i^ó otro mal^ y aun aias oonsiderable, de la eoa« 
docta desacertada de Rojas. Parece que este hombi^ cuando Iteffé'á 
la provincia , naticioso de las vejaciones insufribles que eoalf a «I 
tenor de las leyes se baoíaa á los indígenas , puso< la mano «ea }a 
üaga de la conquista, y aun intentó aplieaclo sus eanterios» MadMU 
bomtoes buenos improbaron ^n este partíipttlar su f>rooeder : y «opa 



- »3l — 

se iratebadel.santa negocióle aliviar la stterke de aquellos infdi- 
Ees , hallaron puesto en razón cnauto hizo para cortar los abnsos 
que el tiempo había introducido^ y que las autoridades toleraban, 
acaso<f>or necesidad mas que por vicio. La grita que alzaron con 
este motivo los perjudicados no fuépequ^a ; pero si vencieron á 
Róy^as, no por eso taparon If lioca á sus parciales^ los cuales, con- 
Tiniendo en sus errores , pedían con lodo eso se remediaran los 
males que habia querido en vano corregir. Llegaron estas cosas á 
oídos de la audiencia de Santo Domingo tan abultadas , que el tri- 
bunal creyó necesario el año i 588 enviar á Caracas en calidad de 
juez pesquisidor 4il licenciado Diego de Leguisamon y encargándole 
entre otras cosas de averiguar el tratamiento que se daba á Jos 
americanos^ y el modo como se procedió en su reducción. Compo- 
niéndose lo principal de aquel vecindario de conquistadores , ya se 
deja entender que el juez la encontró culpada casi en su totalidad* 
Con lo cual ^ y con saber que el Hoeociado tenia una parte consi- 
derable en los productos de costas , condenaciones, salarios y otras 
cosas anexas á la administraciAi de justicia , fácil es comprender 
que la comisión; después de haber revuelto y trastornado la re- 
pública, no tenia visos de terminarse en muchos años, al paso 
grave y tardo que la llevaba el pesquisidor. Al. fin el cahil<k), te- 
miendo seriamente ver destruida la ciudad por las turbaciones que 
en ella introdujo Leguisamon, ^vió á Santo Dommgo uncomisio- 
nado sagaz y de respeto, que representase á la audiencia les es- 
eesos de su delegado. El tribunal oyó estas quejas, y deseando re- 
parar en lo posible su error , mandó sobresea en la pes(]piisa , é 
liizo que aquel vwdadero buitre togado devolviese una. parte de 
sus rapiñas. ^ 

No eran pues ni fáciles oí . agradables las circunstancias de 
aquella sociedad cuando Osorio, hecha la residencia de Don Luis 
de Rojas y desembarazado de Leguisamon , se aplicó á poner or- 
den y arreglo en los negocios {MÍblicos. Mucho era ya tener que 
componer diferencias, (raaquilizar ánimos elterados y rodear de 
respeto y confianza la autoridad de que estaba revestido ; mayor- 
mente en un paispoblado de conquistadores , que se creían dueñas 
de todo ; y que lodo loasian, á despecho de laaleyes y de los ma- 
gistrados. Mas todavía era empresa de mayor difíeultad poner fren* 
¿las tropelías que usaban desapiadadamente eon los indígenas, 
hacer cumplir las ley^ protectoras con que el goMeeno habia :pro* 



— 236 — 

curado mejorar la condidon de las tribus, y atraer estas á la vida 
social por los medios pacíficos de la política y de la'reHgiou¿ Y 
cómo iatroducir en aquella tierra de soldados y de bárbaros las 
costumbres cultas , los hábitos de un trabajo constante^ la^yida, 
en fio , laboriosa y metódica de una saciedad civilizada ? 

La empresa sin embargo, aunque vasta y complicada, no era 
superior á las fuerzas del nuevo magistrado , hombre de gran ta- 
lento , y que poseía ademas el don de mando y el de gentes. De- 
seoso de hacer el bien , hubiera querido , cediendo á una mui dís- 
culpable impaciencia, verlo planteado prontamente ; pero no siendo 
su ánimo dar á las mejoras que intentaba el carácter de arbitrarias, 
pidió á la corte las facultades de que carecía para proceder á ellas 
legaimente. Y como la ciudad , del mismo modo que el cabildo , 
tenian ya en él la mas ciega confianza , le propuso este ultimo un 
sugeto de su satisfacción para que solicitase en la corte los poderes ; 
en lo cual convino encargando á Simón Bolívar de esta importante 
dependencia el año Í5S9. 

Penetrado el rei de las razones que le representó hábilmente este 
comisionado, accedió sin dificultad á cuanto solicitaban sus vasallos 
de Venezuela, agregando otras mercedes de mas ó menos provecho 
para la provincia : entre ellas la suspensión del derecho de alca- 
balas por diez años, á condición de contribuir al erario las ciudades 
Con una pequeña cantidad : el permiso de introducir cien tonela- 
das de esclavos africanos sin pagar derechos reales, y la gracia de 
nombrar todos los años una persona que llevase por su cuenta un 
navio de r^istro al puerto de la Guaira. 

Al promediar de Á 592 fué cuando Simón Bolívar volvió á Cara- 
cas, y desde entonces, habilitado Osorio para poder ejecutar lo 
que deseaba , empezó á poner en planta sus benéficos proyectos» 
Bepartió tierras según el sistema de encomiendas, procurando , ya 
que no estuviese en su mano el estinguirlas , que se llenase á lo 
menos el objeto que las leyes se hablan propuesto al concederlas : 
señaló egidos á la ciudad ; si bien en estos señalamientos y aquellas 
concesiones no siempre procedió con tino y conocimiento de lo que 
daba , por consecuencia de lo cual unas mismas tierras se encuen- 
tran entre los límites de los egidos y los demarcados por muchos 
títulos de particulares : también determinó los propios ó rentas del 
común : creó archivos : formó ordenanzas municipales , y lo que 
es aun mas laudable é importante^ sustrajo de la inmediata in* 



— 257 — 

fluencia y dirección de los encomenderos á los indios , congregán- 
dolos en pueblos, y sOme*liéndolos con mansedumbre al orden civil 
y religioso. 

Considerando luego que desde las ciudades del Tocuyo y de Bar- 
quisimeto, guiando al sur basta los lindes de su provincia con las del 
Nuevo reino de Granada, habia gran trecho sin establecimiento algu- 
noque asegurase la posesioo deaquel partido, dio orden á Juan Fer- 
nández de León para que entrase por las llanuras que demoran á la 
falda oriental de la cordillera, y fundase una ciudad en sitio conr 
Teniente. Este es el origen de Goanare. levantada por León el año 
de ^ 595 , á orillas del rio del mismo nombre, bajo la advocación 
del Espíritu Santo. 

Verdad es que á estas justificadas providencias añadió Osorio 
una que no lo era tanto, cual fué la de obtener en ^594 que el rei 
declarase venales y perpetuos los regimientos de cabildo, privando 
á esta institución municipal de su forma verdadera , es á saber, 
electiva , como esencialmente popular : medida en que no debeD 
sin embargo culparse las intenciones del gobernador, sino las es- 
casas é imperfectas ideas de su tiempo en punto á la ciencia polí- 
tica y administrativa. 

Después de estos arreglos salió Osorio á visitar la provincia , y 
habiendo hecho alguna mansión en Maracaibo, se bailaba ya de 
regreso en Trujillo, cuando recibió la noticiado que Caracas ha* 
bia sido saqueada por el corsario ingles Dracke. Este hombre , tan 
célebre en el orbe por sus largas y arriesgadas navegaciones, como 
temido en América por sus hostilidades y rapiñas, era uno de tan- 
tos aventureros como asolaban los establecimientos españoles en las 
Indias occidentales , fiándose en el descuido y abandono en que 
yacían. Recaló á principios de junio del año -1595 media legua ¿ 
barlovento de la Guaira, y echando en tierra quinientos hombres 
de su armada, ocupó sin dificultad la marina, que los indios al 
yerle abandonaron sin oponer ninguna resistencia. Noticiosos de 
ello los alcaldes Garci-González y Francisco Rebolledo, recogieron 
todos los hombres de armas que habia en la ciudad, y marcharon 
al encuentro de Dracke por el camino real que va de la ciudad al 
puerto , dejando ocupados los pasos estrechos de la serranía y pre- 
venidas emboscadas donde lo permitía el tupido arbolado de la 
montaña y los vericuetos del terreno. Prevenciones acertadas que 
inutilizó el corsario , pues habiendo hallado en la población de 



— 2S« — 

Guaicamacufd á un espal6I , de nombre Vil^lpande , le oMífdcon 
anienazas á que le sirviese de gafa , y eondacido en efecto por una 
trocha ocalla, entró en Caracas sin encontiar tropiezo. Cuéntase 
q«e un vecino anciano llamado Alomo Andrea de Ledesma, montó 
á caballo, armado de lanza y adarga , y se fué solo al encuentro de 
los enemigos : que Dracke , prendado de su denuedo, dio orden 
para que no se le matase, la cual no cumplieron sus soldados, por- 
que Ledesma , resuelto sin duda á morir, puso piernas al caballo 
para abrirse camino entre las lilas ; de que recibieron todos después 
iapto sentimiento , que Jle^s^ron en pompa su cadáver á la dudad , 
y le dieron sepuHure con grandes muestras de honor y de respete. 
Esto sucedía poco «después que Dracke habia becfao colgar de un 
M)ol á Villalpando , para castigarle de su traición ó de su miedo. 
No hai motivo alguno para poner en duda estos hechos referidos 
-gravemente por Oviedo, atento á que nada tienen de inverosímiles 
por sí mismos , y son ademas mui propios del espíritu de aquel 
tiempo, y déla índole caballeresca de aquel marino afortunado y 
Taleroso» 

Muí ajenos se hallaban los alcaldes de creer á Dracke por su es- 
palda, cuando esperaban verle llegar de frente, siguiendo el cami* 
DO realde la tnonfáfia. Pero no bien tuvieron la nueva del caso , 
irajaron al valle, determinados ¿desalojar de la ciudad al enemigo 
á costa de cudesquiera sacrificios. Dracke para 'un caso de esta 
naturaleza se habia fortalecido en la iglesia parroquial y casas de 
cabildo de tal manera , que los alcaldes , conociendo ser imposible 
rendirle allí , dividieron la gente en emboscadas^ para impeéir que 
los ingleses saHesen de sus trincheras á robar los cortijos y estan- 
das del contomo. Aseguradas con esta dlligenda las familias y 
caudales que estaban en el campo retirados , y siendo segura la 
muerte ó daño de los soldados que se atrevhm á poner un pié 
fuera del recinto de la dudad , se vio Dradce constreñido á aban» 
donarla al cabo de ocho dias , retirándose ordenadamente á sus 
bajeles. Dejo derribadas varias casas , puesto fuego á las demás , 
saqueado todo , queriendo su ventura que los españoles , por la 
pequenez de sus fuerzas , no pudiesen hacerle ningún mal en su 
repliegue. 

El año siguiente -1 596 murió en el mar este célebre marino in- 
gles, terror de los establedmientos hispano-americanos. Desde el 
momento ta que la reina Isabel de Inglaterra tomó la defensa de 



lM*]iimiiS€Ía8 >iiiiida8: de Mimb eonir»* Mi^ II , resoHio Uevtr 
laguerra á las mas Üistaiiles posesiones uHramariiias de Es{Kiiay 
y para dio puso los. ojos eo Frandsoo Dracke, que ya las babia 
hmtdisado a» hoen éxilo y grandisiinas ventajas en otras oonio- 
nes. Dracke, en efecto, ocupó el año de Á 585 algunas plazas en las 
islas Canarias y las de Cabo Verde , saqueó á Santo Domingo y 
Cartajena, destruyó en las costas de la Florida las ciudades de 
San Antonio y de Santa Helena ; volviendo á ^ patria cargado de 
un inmenso botín que bizo nacer entre sus compatriotas la aGcioQ 
á los yiajes y espediciones marítimas. Justos .estragos fueron el orí- 
gen de la famosa armada de cíenlo y treinta naves con ocho mil 
marineros y veinte mil soldados de desembarco , que llamó inven- 
cible antes de combatir la necia adulación de los cortesanos de 
Felipe. Fué Dracke uno de los marinos ingleses que mas se distin- 
guieron á las órdenes del almirante How^d, en la destrucción 
de aquel armamento formidable ; y en la ocasión presente no limitó 
sns devastaciones á Caracas, sino que también saqueó á Santa Mar- 
ta , Rio-Hacha , Puerto-Belo y varios otros puntos del nuevo con- 
tinente. 

£1 gobernador volvió á Caracas á principios del año 4 596, á ver, 
sin poder remediarlas , aquellas lástimas , tanto mas sensibles , 
cuanto que apenas convalecía la provincia del hambre ocasionada 
en 4594 por una plaga estraordinaria de gusanos, que destruyó 
sus sementeras : sucediendo, para colmo de infortunios, que cuando 
llegó á la ciudad encontró recién llegado de España otro juez pes- 
quisidor, encargado de averiguar fraudes cometidos on rescatas y 
arribadas de navios sin registro ; lo cual produjo , como era natu- 
ral , las inquietudes y alteraciones consiguientes á las pesquisas ju- 
diciales, sin meter en cuenta el azote de condenaciones, salarios y 
percances del oficio. Este juez , llamado Pedro de Liaño , no fué 
sin embargo tan perjudicial como Leguisamon ; si bien , fenecida su 
dependencia , volvió á España razonablemente pertrechado de cos- 
tas procesales. 

En este estado se hallaban las cosas de la provincia , cuando en 
-1597, con gran sentimienlo de toda .ella, fué promovido Don Diego 
de Osorio á la presidencia de Santo Domingo. Entró á sucederle 
Gonzalo Pina Lidueña , que vivia retirado en Mérida después de 
haber poblado la ciudad de Gibraltar, á orillas del lago de Mara- 
caibo ; pero este escelente hombre , habiendo gobernado en paz y 



~ 240 — 

mai bien quisto por espacio de tres años, murió en el de 1609 , 
dejando repartida la autoridad entre los caHlldos de las ciudades^ 
cada uno en su distrito, hasta la llegada de Alonso Arias Baca, en- 
viado por la audiencia ese mismo ano por gobernador interino de 
Venexuela. 




*- 



CAPITULO XIV. 



Estado de la conquista en la proTincia propiameole llamada de Venezuela. 
—En la de Barcelona.— En la de Guayana.— .Misioneros. — Don Antonio 
Berrto. — Sir WalterRaleigb.— Trabajos de las misiones.— Juicio sobre 
ellas. — Fin de la conquista. — Límites de la capitanía general de Vene- 
zuela. 



Coú escefpcion de la goerra q^e , como ya hemos dicho , se hizo 
en ^ 628 á los indios jiraharas hasta su total esterminio j puede 
decirse que la conquista de lo que entonces se llamaba propiamente 
provincia de Venezuela , estaba concluida. 

Hasta aquí se ha empleado en la colonización la fuerza material 
con todas sus injusticias y violencias. Udo que otro hombre filan- 
trópico , interponiéndose entre la espada del vencedor y el pecho 
del vencido : queriendo reemplazar las encomiendas por un sistema 
mas sabio de civilización : dando reglas "para ordenar el caos de 
aquella impe|^fccta república , donde imperaba sin superior la sof- 
dadesca ; esto hemos visto. Pero en verdad con méups frecuencia 
que la tierra dividida sin proporción entre un^ reducido número de 
individuos : improductiva en m^nos de señores y de esclavos igno- 
rantes; estos indolentes , aquellos holgazanes y viciosos; el indio 
empeorado de condición , el español sin mejoi*ar la suya. 

A todo esto procuró el gobierno aplicar conveniente remedio, 
con ma&ó menos bnen éxito , según lo diremos adelante. Ahora en 
pocas palabras vamos á referir la marcha que siguió la reducción 
de los indígenas en varias comarcas no comprendidas antiguamente 
entre los límites de Vengúela , pero que hoi forman parte de sn 
vasto territorio : y también como la conquista , cambiando en ellas 
de instrumentos, dejó de ser empresa de soldados, para convertirse 
en diligencia de misioneros. 

Recordaremos que Cristóbal Cobos hizo en 4^5 una entrada 
feliz en las tierras de los cumanagotos , y que de acuerdo con Ro- 
drigo Núñez Lobo, las separó después de la gobernación de Vene- 
zuela, agregándolas á la jurisdicción de Cumaná. Pues sucedió que 
el mismo año presentó sus despachos Don Francisco Vides, goberna- 

H19T. ANT. 4Q 



— 242 — " 

dor propietario de esta última provincia; é informando de la nsala 
conducta de Cobos respecto de los indígenas , le destituyó , encar- 
gándose él mismo de reducir el pais con ciento treinta hombres de 
pelea. El nuevo conquistador teáv^o sus empresas á la fundación 
de dos pequeños pueblos; pero no siendo mejor que su predecesor, 
hostigó á los indios con molestias y vejaciones intolerables, de don- 
de resoltó que puestos en armas , obligaron á los pobladores á 
abandonar el sitio y retirarse á San CristóbaU Aquí repartió Vides 
encomieodas ; y no contento can eso, permilió el sslteamíento de 
indígenas , 4X)n infracción de las leyes , convirtiendo aquel pueblo 
en factoría para el tráGco de esclavos , como ya lo habían sido en 
todo el siglo XVI Maraoapana, CnvAná» Araya y sebre todo la 
IVueva Cádiz en el islote de Gubagua. Estos y otros muéhos escasas 
llamaron al fin la atención del gobierno ^ y Vides ^ r«kvado for 
Don Juan de Haro, fué llevado preso á Espala, d^^do^eo. la tierra 
arraigado el mismo odio que por do quiera sembrar^m con sua vio- 
lencias los conquistadores. De ello tuvo Idegouoa prueba el auMe- 
sor ; pues á tiempo que trasladábala pobladoo de San Cri»tóbAtal 
sillo de Cuman^oto , mas distante de las costas , atacaban los ift- 
drenas á varios españoles que se habían establecido eiB Ucbiitt, 
obligándolos á abandonar el sitio. ^ 

Nada prueba tanto la debilidad del poder. e^[Kiaol en aqueHis 
distantes regiones , los pocos progresos que híieiaudaa cotonía» ?«1 
desgobierno en que se ballat^an, como el grande espaciio^e ti^iqv) 
que trascurrió desde el descubrimiento, basta la Caudacioade^tos 
primeros pueblos en las comarcas mas importantes por su ^toaewii 
Y sus recursos naturales. Hasta, priacápios del siglo xni na se esta- 
bleció en comarca de Cumaná un pueblo de impcurtancia : este fué 
San Felipe de Austria ó Cariaco , fundado en 4 Ci30 cecea del gollo 
de este nombre , á. orillas del rio Cariaieaaa y en sitio por eierlo 
bello , aunque enfermizo. Y en ^674 , es á ss^er, pcbenta y sets 
anos después de las espediciones de Cobos , iobo y Vides ^ fué 
cuando se aseixtó la actual ciudad de BarceloJift , en el paú 4e los 
cumanagotos. 

Don Juan dekUrpin obtuvo de la audiencia de Sanio Diutttngt en 
4651 el permiso de reducir á estos indios^ a los palenques y earibea; 
y con trescientos hombres que redutó en Margarita y en la gober- 
nación de Caracas , guió por las llaoiuras bacía el U<nare, siji poder 
bajar, siguiendo sus margenes, á tierra de cumanagotos^ por la 



• -- 245 — 

faerteu>po8!cíon qne en el tránsito le Jycieron los palenques. Re- 
xbazado^ paes, hubo de volver sobre sus pasos y atravesar la cor- 
dillera, para caer á los valles de Rio-Cbico en la marina ; siguiendo 
' después las playas por Uchire y por Piritu^ hasta llegar á San Crf^ 
ióbah Intrigas de émulos y de enemigos hicieron que la audiencia le 
revocase los poderes en -i 653 ; pero bien despachado por la corte , 
volvió á Caricas dos años después^ con ánimo de emprender nue- 
vamente la conquista. Asi lo verificó atravesando otra vez las lla- 
nuras hasta el rio Manapii;/8 , tributario del Orinoco , en donde 
fundó una villa que duró lo que duró él en la comarca , despo- 
blándola luego sus vecinos por seguirle , cuando continuó su mar- 
cha á San Cristóbal. Como la esperiencia le habia hecho conocer 
hasta qué punto eran belicosos y constantes aquellos naturales; de- 
sistió del empeño de reducirlos por las armas , y asentó paz con 
sus tribus mas pujantes, tales como la de Marapalar, la de los pa- 
lenques y los caracares; dueñas estas dos de las riberas de Uñare. 
Acaso con ánimo de sujetar mejor la tierra, empezó á construir en 
al sitio que hoi ocupa Clarines unfortin , pero jamas lo concluyó. 

Bien quisiera Urpin internarse, reconocer el país y conquistarlo^ 
y aun con ese objeto se dirigió á las llanadas que riegan el Gúerc 
y el Aragua su tributario, hacia el sur de la actual Barcelona ; pero 
viendo que lo redbian de guerra, juzgó prudente no empeñarse en 
lancea que podian ser desagradables, y se volvió, sin haber hecho 
cosa de provecho, á San Cristóbal. Nada salia bien á este Urpin , á 
pesar de su constancia infatigable, á causa tal vez de su inquietad 
indiscreta. En -1657 empezó á sacar gente de San Cristóbal para 
fundar la Nueva Barcelona al pié del cerro Santo. En A 658 traió de 
reedificar la población de Uchire , á la que impuso el pomposo 
nombre de ciudad de Tarragona. Aquesta medró bastante á los 
principios , con el concurso de alguna gente de San Sebastian áe 
los Reyes y otros lugares ; pero se propasaron luego sus vecinos á 
fahs demasías con los tumuzas de los valles de Chupaquire y Cú- 
pira , que coligados estos con los pírilus, los obligaron á levantar 
el campo y á encerrarse en la Nueva Barcelona. No subsistió osla 
mnchos años en el sitio que Urpin le señaló, pues en ^671 fué 
trasladada á la ribera izquierda del Neveri , una legua distante do 
su embocadura , gobernando la provincia de Cumaná Don Sancho 
Fernández de Ángulo. 

Se ve pues que e! país de los cumanagolos , chacopatas y 4enias 



_ 244 — 

tribus comprendidas entre^el'Orinocoy la costa , el Upare, el Suata 
y las tierras de Cumaná, «o estaba aun conqnistado al prolnedíar 
el siglo XVII , en que ocurrió la muerte de Urpin. Mas como su re-, 
duccion definiliva se debió á los mismos medios que por aquel 
tiempo se emplearon para paciGcar las naciones del Orinoco ; con- 
viene que tomando las cosas desde mui atrás, digamos cuál era la 
situación en que se bailaban estas. 

Designaba la geografía antigua con el nombre de Guayana el in- 
menso espacio que limita el Orinoco por el norte , por el sur el 
Amazonas, por el naciente el mar, yiol septuagésimo grado de lon- 
gitud de París por el poniente. Cuatro naciones formaron en este 
territorio establecimientos coloniales, atraidas desde mui temprano 
por la fertilidad de la tierra , los ríos que la riegan y y mayormente 
por la fama del lago de la Parima , donde , según los indios, nacían 
el Orinoco , el rio Branco y el Esequivo , y cuyas riberas eran áe 
oro macizo. De aquí vino que el pais quedase dividido entre portu- 
gueses, franceses, holandeses, después ingleses , y españoles, orí-* 
ginándose de ello interminables controversias. 

La parte que definitivamente llegó á pertenecer á España , es- 
taba limitada al este por el mar, desde el cabo Nassau basta la em- 
bocadura del Orinoco, y por la Guayana británica ; espacio este de 
ciento veinte y seis leguas. Remontando el Orinoco de naciente á po- 
niente hasta su confluencia con el Apure , se formaba su conGn se- 
tentrional , que se Qstendia cientp cincuenta leguas desde la mari- 
na. Por el occidente partia términos con el Nuevo reino de Graz- 
nada en una estension de mas de nóvenla, y al sur con la Guayana 
portuguesa en una línea quebraclarde trescientas cuarenta y siete» 
Esta era la posesión real y verdadera, si bien la corte española, no 
queriendo abdicar el derecho que tenia á mayor porción de terri- 
torio, demarcaba otros límites diferentes en sus cédulas. Una de 
1766 , por ejemplo, establecia como lindes de la Guayana , al este 
el Océano atlántico , al oeste el alto Orinoco , el Casiquiare y el 
Rio-Negro, al norte el bajo Orinoco y al sur el de las Amazonas. 

Diferente en su aspecto físico esta comarca de las otras de Ve- 
nezuela , no tiene ningún sistema uniforme y constante de mon- 
tañas : es propiamente una gran mancha de montes, bosques y 
cerros esparcidos sin arreglo ni concierto en una vasta estension 
de cinco mil y mas leguas cuadradas , que son las que correspon- 
den al territorio antiguamente español ; puesto que lo mismo delie 



— 245 — 



.• 



décifse del ámbito eníero de las GuayanaS; encerrado entre el mar, 
el Amazonas y el Orinoco. Ninguna tierra de América es tah varía- 
.da, ni en medio de m desorden aparente mas hermosa. Ora son 
pequeñas §ierras que la cruzan y traban de un modo caprichoso , 
formando entre sus faldas planicies arboladas^ espesas y sombrías : ^ 
ora es una sola que se estiende buen espacio en la llanura : ora 

. ^n -grupos de cerros ó de montes.sembrados como innumerables 
islas de todos tamaños en un vastísimo archipiélago. Esto e^lo que 

- parece aquel pais agreste y salvaje, que á pesar de los tiempos y 
las revoluciones / conserva aun su primitivii majestad, no habien- 
do podido penetrar en él los europeos para modiGcarlo con las ar- * 
tes de la civilización. . * 

Siguiendo el curso de los ríos es como han podido los hombres 
fdtmave idea de aquellas inmensas soledades ; si bien los misio- 
neros , los .geógrafos y los» conquistadores han osado de vez en 
cuando apartarse de sus orillas para esplorar la tierra adentro. 
Pero á mui corta distancia , habiendo parecido siempre imposible 
al^'irse camino por tan intrincadas espesuras. 

Afortunadamente los rios de Guayana son copiosos, generalmenfe 
navegables, y atraviesan el pais en todas direcciones. Él principal 
de ellos- es el «Orinoco , uno.de'los mas grandes del mundo , y el 
que da á este territorio Ja importancia suma que tiene bajo ^1 as- 
pecto comercial,* el militar y el agrario. Desde su origen , tan des- . 
conocido hoi, oomo lo fué etdeUlNilo en los antiguos tiempos, lleva 
el OrinocOi^ &■ el Paragu^ de los indígenas, ^r entre escollos su 
corriente, inclinándose desde el O. N. O. al setentrion, hasta su 

, confluencia con el Yentuari ; y en este' espacio de ciento treinta y 
dmo leguas iiumenta sus aguas con las 'de un número considera- 

^ ble de rios , y establece su comunicación con^l llamado Negro por 
medio* del brazo Gasiquiare. Así ;se ve que el Orinoco en' toda la 

«'distancia recorrida, -junta sus aguas con el Amazonas, del que es 
tributario el.rio Negra, y forma con éky el mar unagisla inmensa 
que es la Guayana. Acrecido con el Yentuari ,< corre el Orinoco al 
oeste veinte leguas', y en el punto en que scT le-incorporan el Gua- 
viáre y el Atabapo , t.ueree al norte y sigue'en ésta dii'eacion ciento 

. 'veinte«y dos leguas hasta Calcara. En esta parte desu- curso se Je 
reúnen una multitud -de rios, yentre ellos cuatro importantísimos* 
por las.conVenienpias que ofrecen á la navegación int(u:ior : el M^ta 

itcaudal^so que nace^ la falda oriental de los ^des y aHraviesa^ 

- * « « 



4 



. A 



• • •• 

- % 



•• • 



' * ¿ 



f • 



_ 24.6 — 

« 

las llanuras perleneeieotes al Naevo reino dt^€iranada : el AraHQa7 
el Apure, que riegan de poniente á naciente las de Venezuela : h\ 
Guárico, en fin, que también ]as recorre, pero de norte á sur, desde 
sus nacimientos en la cordillera. Desde Caicara dirige el Orinoco 
ad este sus corrientes , ya muí considerables ; recibe en su seno al 
Caura , al Caroní y otros muchos rios^ dejando recorridas hasta el 
mar .ciento cuarenta y ocho leguas, con los nombres indígenas de^ 
. Orinucu , JBaraguan , Yuyapari y Uriapari. Treinta y nueve leguas * 
antes de morir én la marina forma, como el gran rio de los egip- .. 
cíos , un ifiltai de islas, que lo dividen en diez y^ siete brazos , y 
descarga en el Océano por un número considerable de b^oas q\ie 
de sur á norte abarcan un espacio de cincuenta y nueve. Tal es et 
famoso río descubierto por el intrépido Vicente Yáñez Pinzón el 
año ^500. 

Iimumerables tribus indianas habitaban en el territorio que he- 
mos descrito, así las selvas como las costas y las orillas de los rios^ 
de ellas unas mas salvajes que otras, y casi todas belicosas. La do 
los guaraúnos moraba en el delta del Orinoco, terreno inun- 
dado seis -me^s del ano por las crecientes del rio, y dos vezes'al 
dia por la marea. Los célebres caribes, que hacían sentir su in- 
fluencia-desde el ecuador hasta clonar que tomó su ^nombre, eraa 
dueños de una grande parle de aquella tierra, tenían establecimien* 
tos en las riberas del bajo Orinoco, en las cabezeras del Caroñí^ 
sobre el Caris en la provincia de Barcelona, y muchas vezes subían 
por los ríos tributarios del primero é infestaban países mui distaa* 
tes de sus habitaciones : así sucedió en los anos de -1577 y ^585 , 
cuando se acercaron por el. Guárico á Valencia , de cuyfi coíD^ca 
los arrojó Garci-González ambas ocasiones. Eran hombres fuertes^, 
de grande intrepidez y actividad, conquistadores y, comerciantes i 
también mui numerosos y de bárbarascostumbres.Podeirosós jgijal-- 
mente eran los tamanacos, que moraban de ordinario en la ribera ^ 
derecha -del Orinoco : los otoinacos ferozes que vivían entre el Si- 
naruoo y el Apure : los manivitanos y marepiianois antropófago^ 
que ejercían una gran .preponderancia sobre las naciones habitúo- 
ras de las orüla» del Río-Negro : los salivas, la tribu Cayere-Mai- " 
puré, los gúaípunabis, rivales de los caribes y los^manivitanos, lo^' 
guáyanos de quienes tomó nombre la provincia , y otros nujichos 
' que seria prolijo enumerar. * 

El primer europeo que penetró en el 'pais cuyo sudo y^ h^bi-^ 



> * 

* O 



' : í 1 % 



•• • • • • • . . 






• ' • 



* 
1 



t 



— 247 — 

. * ' ■ * 

taa&es. acatamos de meneionar, faé Diego de Ordaz,á quien de- 
ben los espaHoles y la geografía americana el viaje mas grande 
qve se hubiese hecho hasta estonces sobre un rio del Nlievo- 
Mmdo. Célebre ya por sos hazañas en la conquista de Méjico-; 
obteTO fáeilmeDte del en»perador Garlos Y la gobernación de todo 
el terrhorio que redujese á la dominación espaüola, desde el rio 
liansde enéóiices Orollana háeia Maracapana , en una línea de 
doseieolas leguas ; y habiendo reunido mil hombres ; entre los 
cuates se contaban cuatrocientos veteranos, dio principio á su es- 
pedición el año de 4554 por la embocadura del Amazonas. Des- 
giNtciado «desde sus primeros pasos, fué asaltado de un redo tem- 
pevftl ) que le. biso perder gente y una de sos naves ; por lo que, 
apffcauriaéoee á dejar el río, saHó al mar, y empujado de las 
cocríentes , dio luego viste á Paria. Mal su grado dejaba él una 
tierra en donde creía haber visto esmeraldas « gordas como pu- 
« ftes;, » y donde los indios le infortíiaron que « subiendo por 
«<el río un cierto nómero de soles hada el oesle, descubrirá 
«una gran pella de piedra verde. » De aquí llegt» á imaginarse 
que en wpatX pais habia un cerro de esmeralda , no «siendo todo 
en» sino ilúdeles y mentiras. 
Donf'Antooio' CedeKa, gobernador de la isla de Trinidad , habia 
^ levantado iadebklamente^ un f«erte en la costa de Paria ; y^como 

eMa se hallaba comprendida en la gobernación d^ Ordas , fué sor-^ 
preédido y tomado por es(e<onioca8Íwi>de hallarse ausente el usuT"* 
pádor. Después de lo cual , d^ndo suticlenta guamieion' para su 
, costodíá, determtmS^Mrcbfir por el rumbado orieMe al recono^ 
' cimienta dd Yuyaparí ú Oríooco. 

Dé las m«elias bocas por donde descarga en el Oeéaao este gran* 
rio, solo siete son navegable» , y esas se haltan em^Nirte obstruidas 
f - ^ , por 'islotes, bajos y resüngas peligrosas, que* hacen diüdl la entrada 
: ^ y lamida. En algunas solo pueden ponatrar embareadones muí- 

peqmsílas-, tales como chalupas y eanoaa : otrasno son frecuenta* 
das dtto pon pilotos «sperimentados ; y la-mayor de ellas, llamada^ 
Boca da Návfos, da únicamente paso áios de doeei^es de calado sí 
son: conducidos por hombres hábiles, á qníenes una prácticas cons^- 
tanta «n ai|iidfa-navegadon haya dado á conocer sus dificultades y 
pdlgros* El desgraotado^ navegante quo' enCMiva al Odnoeo' por una 
da las bocas innavegable!, ó por lasque no t«f iesen agua bastante 
para el porte de su nave, enoallartaáse parderia entre la maUltod 



• 



— 248 — 

de canales que forman en todas direcciones las islas GaaraúnaS^ 
acabando por morir de iiarobre^ ó á manos de los indios salvajes 
que pueblan las riberas. Juzgúese pues de ios trabajos y miserias 
que debieron esperímeular los primeros hombres europeos que osa- 
ron pisar aquellas playas y emprender una navegación difícil hoi , 
desconocida entonces ^ y en medio de naciones bárbaras y fieras. 
Grandes en efecto fueron los de Ordaz en esta espedicion atrevida^ 
para la cual acaso no tenia ni la gente ni los recursos necesarios ; 
como quiera que llevase mas soldados que jamas se hubiesen em* 
picado en otras empresas dirigidas á la Costa-firme. 

Para mayor seguridad de la suya , dispuso Don Diego que Juan 
González fuese á reconocer las gentes que habitaban en el delta del 
riO; mientras él se oeupaba en construir embarcaciones propias para 
navegado. Concluidas estas ^ reforzado con doscientos hombres^ 
entró por la boca Barima ( que es la de ^íavíos), y remontó treinta 
y cinco leguas con grave faiiga y pérdida de hombres^ con hambre 
y plaga de insectos insufrible. Entre tanto Juan González después 
de haber peregrinado enlre los indios, con la fortuna de que le re- 
cibiesen ^e pgz y regalasen , se habia acercado á las riberas , y en 
la izquierda le esperaba. Reunidos allí , insistió Don Diego en el 
desvariado propósito de seguir adelante por el rio arriba , contra el 
parecec de los cabos principales de su tropa > que querían se dejase 
la navegación y se metieran per tierra, á causa de haber perecido en 
aquella sola tentativa trescientos soldados, y hallarse los demás dé- 
biles y estenuados hasta un punto indecible. Juzgando poder repa- 
rarse mas adelante , continuó su viaje y llegó- al pueblo indígena 
de Uriapari, cuyo cacique le dio buena acogida ; pero era simulada 
sii amistad , para perderle, como se vio luego, cuando atacándole 
por la noche, incidió el pueblo y le m^tó mucha gente. Este con- 
. tratiempo no impidió , sin embargo , el que Don Diego prosiguiese 
en su délnanda con cuatrocientos hombres, después de haber^de- 
jadoallí, bien custodiados, los enfermos. En 1 legando» ¿ Caroao, 
que era un pueblo situado á fa derecha del rio , dio fuego á una 
casa principal y en que murieron abrasados todos sus moradores , 
por sospechas de que los indios intentaban sorpren^rle. Mas arri- 
ba fué bien recibido de los guáyanos que habitaban parte de la 
tierra comprendida entre el Uriapari y el Caroní ( la mas cercana' 
^l punto en que se juntan), y con trabajo atravesaron después las 
.naves lo que decimos raudal de Camiseta. 






■ • . — 249 ^* 

Llámanse raudales en el Oríooco y sns tributarios iin^s lugares \ 
peligrosísimos , por donde no pueden pasar las embarcaciones. No 
-siempre aquel gran rio corre tranquila y majestuosamente en su 
lecho : á yezes sns copiosas corrientes se ven estrechadas por bar- 
reras 4e altísimos peñascos que se oponen á.su curso : á vezes se 
hunde de repente el álveo ó se deprime, y descienden buen trecho 
las aguas por un plano inclinado; y luego suben para seguir el na- 
tural declivio : ipas comunmente son ambas cosas reunidas las 
que precipitan 6 embarazan la corriente, rompiéndola con violen- 
cta y estruendo. No parece sino que el Orinoco para formar su le- 
cho actual se abrió paso en los antiguos tiempos por entre algunas, 
de las sierras desordenadas de Guayana,y que cediendo estas al im- 
pulso, se sfbrieron por su parte mas débil , quedjando en pié sola- 
mente para oponerse al embate de las aguas algunos pelados -fara- 
llones. Por ventura sucedió también que varios grupos de cerros 
aislados, de los que por do quiera serven desparramados en aque- ^ 
Ha tierra, no siendo bastantes para resistir las corrientes, quedaron 
por siempre sumergidos. Embravecido el río con los obstáculos que 
en su carrera encuentra y cae arrebatadamente sobre ellos , se es- 
trella furioso contra los rocas que sobresalen, y luego sigue hecho 
espuma y formando remolinos grande espacio con ruido temeroso. 
. Ningún bajel, por pequefio que sea, puede pasar el mayor número 
de estos raudales ; pero el indio, acostumbrado á sus peligros y* * 
nadador como un pez, sube y baja por ellos con frecuencia, no sin # 
riesgo. Ni hai nada mas ¿ingular y curioso que la manera como lo 
hace y como forma-^para e^p ilnft frágil navecilla. Es dividiendo 
cerca de las raizes y de las ramas la corteza de unos árboles corpa-* 
lentos que se crian en las selvas del Orinoco ; y en habiéndola se- 
' parado del tronco sin dañarla , ' la arruga por ambos estremos , 
y at^^ estos con bejucos artificiosamente. En la corteza así dis- 
puesta se embarcan do», cuatro y hasta quince indígenas, bajando 
los raudales con una destreza y un valor de que apenas pueden 
formarse idea los hombres de otras naciones. Si van contra la cor- 
riente, trepan por las rocas con su lijera embarcación acuestas, y. 
una vez libres del peligro , se embancan de nuevo y siguen tran- 
quHameiHe su camino ; mas cuando la canoa es de tkSlas y no pue- 
den tan fácilmente cargar con ella , la arrastran por medio de cor- 
.deles hasta ponerla en el curso manso y tranquilo de las aguas. 

Pasado el salto de Camiseta; llegó Ordaz al de -Carichina ^ cerqa 



Ji. 250 — - 

de la emMcadura delAfeta; pen» no. pttdkroa aUairesarlo sos éer- 
ganlmes. Viendo inútiles cuantos esfuerzos se emplearon para eon^ 
.segBÍrlo, luso construir barracas en tierra, donáe*se alojó y des*' 
cansé de*sus fatigas , tomando leofiía al mismo tiempo Se la cowr 
n[iarca. AUí fué donde tuvo las primeras notieias de loe pa^ljlos ri* 
eos y civilizados que iiioraban á la falda oeenJental de los Andes 
granadinos; masaunqoe cpn m^iftivodeellas ardiese en dsseos 4o 
proseguir en su descubrimienio ^ luibo de retroceder pcHrlos obe« 
ticulos del rio y el de so genlej ya cansada y descontenla. Matan* 
za fiera bizo antes de eiúbarcarse en los indios, los coates le* ataca- 
ron de sobresalto en sns. bohíos ai son ide tamimrüos y de flauiat , 
incendiando la paja de la llanura cveado se vieron acometíaos de 
lOflt cal)allos. ^ 

VoWió pues Ordaz á Paria deepnes de hal»erreÍBGO0pora4* en^ém 
filas á los enfermos qm babia dejado* en Oriaperi ; y esto liié el nuH 
npíento ea qae faiiáadole todosial respeto ^ le denostaron , ecbándalo 
en cara los trábalos que babtan suírido, c(mdo obra de su ierqnedad. 
y mala dirección. De qtieafiigidO; resohrié, por "ver si la 'Soldadesca 
se aptacaba^ pasar átCumaná y adquirir víveres coa qfie puditso 
recobrarse y tomar nnevés alienio» para seguir ]a'0aipire8a«cofi»aQ!* 
zada, A este fin envió dela»ie al liiseBeiaéo Gonz4kz.de Ávila «on 
elgroeso úe la g^D4e, y él siguió luegfi coa el: resto-; nns al pavía 
« 4e pesó la imprudencia de beber asi dividido la fuetia y per^dola 
^ de vista, pueano bien buba llegado á Ounaná, se vio preso, cmno- 
ya lo ^laba González, so protesto de haberse introd^ciáo en ajena 
jurisdiceioo para epodorarse deUaerte^Meotivas Inventadas por ei 
jnstieia mayoc do Cubagpvi Pedro Ortii de Metiendo prn^a eofao^ 
nestar su violencia, no queiíenda que p«oa||Uieso ONns.en su caoa^ 
. quista. Y como la tropa i^fl encada ^santra él y sedttcida; te h&Ma^ 
abandonado^ fuerza le fué reaigoaise á todo y marchar pre^ á^ 
Santo Domittgb, á. donde Malieoeo le condono pa^a presentajKe á ia 
andieneia. Eóé declarado Ubre, os verdad, y aun invitado por el 
tribunal á contidMiar la josnada , con ^redmieolo de darle Mós^ 
los ausüios que fuese menester ; pero como^ na tenia buena la sa^ 
Jud, y la e^pedioion habla sidide* anal por t€Éb)aladéS; prefirió val- 
ver á España, *daado ánleeluapodefesial maestrea» campo Aionaa 
de HeireEa,.áq^a^ieaffgé la atemntsaeími dajastídá eitfltt: 
gobiarnov 
Eatre ta|ilo Gedtóo babia Ikvado beata la corle ensqa^ con- 



■•• 



« 



~ 254 •« •. ' 

Ira Ordazpor la ocupadoa del fu4Nrte de Paria, y a«a obteaido. 
provideiicia& favoi^les en un negocio en que la raioa estaba de 
parte de este última. Y como aconteciese por este tíeBo^po la muerte 
de Ordaz (eavcmeDado duraateia aaveg^ieo), no i^iea lo supo su 
rival; cjiajado acelerando aprestos y preparativos, seeiAbarcó {Mira 
la.costa de Paria , llegni^l íuerte.y sedujo el presidio. UiGoneebiUa 
confasion la de aquellos países I *Cedeüo reemfUzó la guarnición 
del fuerte cOn otra de su coi^av^a > dando orden «de no obedecer 
a Herrera, cuando llegase ; pero lo conlr^lo tizo el alcaide asi que 
el maestre de campo presentó sus poderes. 

La mala suerte de Ordaz babia desacreditado «n sumo frado 
las espedicioues al Orinoco, relrayéodose ia g^nte e8|>aA0la de ir tan ^ 
lejos á arrostrar peligros ciertos peo* mui dudosos beaeieios ; y 
esto se vio cuando Gerónimo de Horlal, tesorero que^ había ádo 
de aquel desgraciado, aventurero, fué nombcado ea.-l555 para su-r 
cedede eael gobierno de PariSi, si<^o así que paira prineipias dft 
-1535 no había podido reclutar ^ Sevilla mas 4e cíeuto ses6n4a 
bombres. Y aunque poco después que el llegan^n á imóriea cíenlo 
omcuenta mas á cargo del capjtan Geróoiflio Alderete, no puede 
decirse que sumados uno y otro nüimero^ compHisiaeea fuisrzadtt 
i^^portancia. En fía Hortal coa la primera de estas mansas yéndose 
á> Paria, nombró á Herrera por su ieuieate; y qomo bwbiese ne- 
suelto seguir la conquista del Oriivooo por las htMUlasrde Ordaz, le 
(fusionó para dirigir la espedlden mientras él iba á Gidi>dgua¿ 
irecoger la gente d^ Alderete. 

Trece mpses empleó Herrera ent«e Punta-^ríma-, quesee á la 
embocadura del rio Oríneeo , sob^e su márg^ideveeha^} y el Ca* 
Toní, ocupándose en construir' barcos chatos y «n otros prepara^ 
tlvos indispea^^s^bles para un largo viaje. Halló desamfuaradowtaale 
^ pueblo de üriapari , que los indígenas hablap .reedifieado > eooaK) 
el de Garoao, buyéndcMse. los l^biUntes despivorides á^lo mas 
iotríncado de las selvas, porqi^ recordaron al verle la oonducta* 
poco humana de los que le hat)ía» precedido. Alas uo sucedió -así 
con los caribes , los cuales en V€iz de abandonar el .camptOi le hlcíe^ 
ron en aquella jornada una guerra cruel, fatigándole de mil asgtne'» 
pis, aunque sin poder vencer las armas y superior díseiiilina de 
^us ^dados.' Losindios de Gahrltu (boi Cabruta) queentóaces erf 
pn pueblo situado á dos leguas de la rihera^der^^ del Orinoco, 
dieron muertas desquererle recibir tan de i^rr^^comosus veci* 



'• 



_ 252 — 

nos ; mas luego se fueron á él de paz y como amigos por la grati- 
tud de su cacique^ á quien los españoles devolvieron un hijo que 
habían sacado de las manos de los caribes. En esta buena ocasión 
se proveyeron de bastimentos y marcharon rio arriba su penosa 
derrota, sufriendo trabajos j necesidades que es mas fáciUimagi- 
nar que referir. Tuvieron con todo sobre Ordaz la ventaja de atra* 
vesar el raudal Garichana , y una vez llegados al }tfeta , lo remon- 
taron igualmente mientras hallaron fondo para hacer flotar sus ber- 
gantines ; á lo cual se decidió Herrera llevado de los informes que 
antes obtuviera Ordaz acerca de las.co(parcas del Nuevo reino de 
Granada , en cuyas montaüas nace el Meta. Nada menos se propo- 
^ nía que llegar al pais civilizado que la fama representaba lleno de 
templos y palacios^ donde b§bja abundancia de oro y piedras pre- 
ciosas ; telas flnísimas con que andaban vestidos }os naturales y 
otras maravillas que ponderaban los indios,- pjira deshacerse de 
sus huéspedes molestos. Apaso hubiera Iferrera visitado la tierra de 
los diuiscas pacíflcos y cultos , si no muriera ; pero una flecha en- 
venenada puso término á sus dias ^ y Alvaro de Ordaz que le reem- 
plazó en el mando, se retiró con acuerdo de su cansada gente al 
fuerte de Paría , llevando mui pocas reliquias de aquella espedicion 
de diez y ocho meses , en que $in fruto alguno se habían perdido 
muchos hombres. A todo esto Hortal habia retirado la guarnición 
del fuerte de Parla y con ella y la demás gente que pudo reunir 
acopiaba provisiones en la Trinidad , para seguir en ^.emanda de 
su teniente. Abandonada pues encontró Ordaz la- fortaleza, y como 
los espalóles en aquellos tiempos no atendían al cultivo de la tierra; 
^T buscar oro y saltear indígenas , ie vio sin asilo y sin vituallas, 
-sufriendo con este jnolivo tal hambre, que sus alimentos fueron 
cueroB de vacas marinas casi podridos, mariscos y plantas silvestres. 
Todo paró en que estos conquistadores se dedicaron luego al tráfico 
de esclavos que sacaban del continente y vendían para Gubagiia , 
•Puerto-^ico y Santo Domingo. Y ni Hortal , ni Cedejao , que em- 
prendieron á competencia .volver á Meta , adelantaron cosa al- 
guna , después^ de mucbos desórdenes y desaciertos de ellos y sus 
tropas (18). , 

Mas aunque estas funestas espediciones np.condujeron al fin que 
las hizo elnprender , produjeron.no obstante el buen efecto de lla- 
mar la atención del gobierno y los particulares bácia el magnífico 
pais ^ue el Orinoco baee tan bello é importante; y á fln de reda- 



— 235 — * 

. cirio /ya «que porfortona hubiese sido ioútiles las armas, se - 
' ocurrió al fivangelio como medio^el mas eficaz y seguro dej;on- 
quista. Hasta entonces todas las ciudades y establecimientos es- 
pañoles en la región venezolana hablan sido obra esclusiva de 'la 
fuerza«, sin esceptuar á Gumaná, donde plantó primero la religión 
Cristiana sus banderas en tiempo del venerable Casas. Con muerte 
de los naturales y estragos infinitos qnedó vencida la tierra , mas 
no del todo reducida ; pues los indios una vez mas que otra se le- 
vantaban dando muestras de querer entrar en nuevas lides, ó bien 
se sometfan mal grado suyo y como brutos , sin apropiarse las ar- 
tes y cultura de sus dominadores. Odiado el nombre español en 
aquellas regiones, y siendo perezosa la inteligencia y condición del 
indígena, áspera y desmañada la disciplina de la conquista , mal ' 
podia llegarse al fin de confundir los linajes y los intereses , de 
hacer compacta y fuerte la república , una la civilización. Creyóse 
pues que esta empresa de humanidad y de filosofía debia correr á^ 
cargo de la religión de Cristo , fuente copiosa de verdadera igual* 
dad, fundamento del orden público, principio de todo bien en el 
hambre y en las sociedades : é igualmente que nadie podría tan 
bien predicarla como los que , habiendo hecho voto de cumplir sus 
severos preceptos , renunciaban á la pompa y los placeres del 
mundo, para consagrarse generosos al alivio de sus dolores. Hé aqui 
el origen de los misioneros que establecieron sus colonias en las 
selvas de Guayana , en las llanuras que baña por el mediodía el 
Orinoco, en las montañas que las limitan por el setentrion , en la 
tierra adentro , en toda parte donde pudo abrirse un camino el 
valor y la constancia del apostolado religioso. 

A los principios sin embargo , este nuevo método de conquista , 
introducido en i 576 , no produjo ningún resoltado favorable , 
porque los holandeses de Esequivo y Demerari invadieron á Guayana 
en ^ 579 y ayudados de los indígenas , espulsaron de ella á los 
jesuítas Ignacio Llauri y Julián Vergara, que habían penetrado en 
el país con indecibles sufrimientos y peligros. Obligados á desistir 
de su noble designio, dejaron en sus selvas á los indígenas, que 
se matasen unos con otros para abastecen de esclavos á los aventu- 
reros europeos. Doce años permanecieron .casi olvidadas de los 
españoles las comarcas del Orinoco, hasia que Don Antonio Berrio 
tuvo el peregrino pensamiento de suponer que la isla de Trinidad 
caia dentro de los términos de una cierta jurisdicción de cnatro? 



■ _ aw _ 

dente hgott <}«e el reí le MMa^ooneedMiy en tierras del Shievop 
'ri^ cl.e Granada. Era este Don Antoiflo yeriH) y único heredero 
«Mlaiiídsoaéelafttado Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del 
fiáis de los> imiscas , y bombre ademas rico y de crédito ; por donde 
T0OBieQdo íádlmenté seiidados y dineros , pasó la cordille/a al na- 
<;ÍMilB de Taaía ^ se eatbMt^ en el río Casanare , bajó por él ál 
Meta y seguMmoieiite al Ornoeo. De vuelta á este rio , depnes de 
Mber itndado en Trhiidad la ciudad de San José de Omña^ es< 
4ibleei¿doce legMs al eHe de kr embocadnra'del Garoní la de Santo 
Tmbó de Guayana , segunda población del misino nombre que se 
*itteiitoba,fokire el Orinoeo. Fué la primera una que destruyeron Ids 
liolaadeses, miadwim'pw Adriano Sanseii; en su entrada de i 579, y 
' mtába eoloeida «n la eonflu^neia del Garoni con el Orinoco , en- 
ftenle de kb íbHa Fajando. 
CenestoeqMdieioDdeBépfio se revivieron las ideas, ya un poco 
** «ftgadas del Dorado ó del pais de la Manoa, como empezaban á 
Mannm enléiieei aqueHa tierra fabulosa. Los cuentos inventados por 
>«D'lal M artteez , <|«e suponía haber sido abandonado cuando la' 
^•apedíeloii doOrdaz y <^ndueido después por los indios de ciudad 
-4a ciodid hasta la del Dorado , acaloraron la imaginación de Ber- 
fi», de Miyo mvi prepenso, como todos los conquistadores, á 
tdNf r bs consejas estupendas sobre el pais del oro. Y habiendo ob- 
taililofwa ir á descubrir tm permiso del rei, hizo preparar en Eu- 
fo^ por medio de sto maestre de campo Don Domingo Vera , una 
«spédieion^fliaTor que cuantas hasta aquel tiempo hablan salido 
fanelterrilopioque horHamamos Tenezuela. Ricos propietarios 
vendieron sus tierras y se alistaron para la jornada, yendo tam- 
Ueit en eHa éoce reKIgiosos observaiktes y diez eclesiásticos secula- 
res yéetíkatílm i lai pPéiUcaeion ^el Evangelio entre los inñeles y 
Élsco^ieio ^1 eulloen la eokmia. Por fin la espedicion , compuesto 
de des mil y mas personas de todos seibos y edades , salió de San 
Láeor de Bartameda en -15^5 y llegó en días de abril y felizmente 
á Trinidad. Poco antes de su arribo hablan ocurrido entre Berrio 
y<el gobenwlor Vides de Cumaná algunas altercaciones sobre sí 
OiMf»na'y Trinidad estaban comprendidas en la jurisdicción dei 
•aguado y no debiese por tanto el primero ni permanecer en la 
íAb y n^ baeer viaje al Orinoco ; pero todo eso se quedó en disputas 
eaando, Regido ¥epa, o<mpó> parte de su gente á Trbidad y marchó 
el^i^Mo i^S^Mio Te«ié , junto con seis reKgid^os franciscanos. . 



— «R — ^ 

DeststnÉMsíma foéé^m^éiíeim. D^sets^béjetes en qne se em- 
barcaron pava Ir á Gnafana tnucbas famUiaS; solo tres llegaron á 
S¿ato*To»é ; los «tros cayeron e0 las cmetes manos de los caribes, 
dejaiodo estos con vida únicampfte afgnnas mnjeres qne se Heva- 
nn coDÚgo. Los religiosos fueron del número de los qtie llegaron 
con felicidad á la ciudad, y enfila formaron nna comnnidad qáe 
. daró pooos aüos , como ahora mismo lo veremos. 

Feé pues el caso , q«e cenia detenmn de los otros navios de 
Barrio en la Trínidad, Gumaná y Margarita , llegó á ser miri nume- 
rosa y ^Incida la tropa qne destinaba á la conquista : ciegos los 
homfbres con los prestigios de la codicia para no ver las inñnitas 
lástimas' y desengá!k)s qae habían producido estas ^mp^esas del 
Dotado á cnantos fas intentaron á»tes, temerarios y necios. Sigtrie- 
ron al ecmq«ii8tador muchas personas^ y como Uegó este á Ssfflito 
Tomé , dispuso que treseientos hoiá^bres de armas á cargo del por- 
tugués Alvaro Jorje, saliesen en demanda del malhadado Manoa, 
giliaivdo por Morequito hacia d rio Paragua , tril»vtario del Casoni; 
pero solo pudieron alcanzar hasta el cerro de los Totumos, por haber 
(Hieontrado en el tránsito dificuHades insuperables. Apenas treinta 
de ellos i^greswron á la ciudad , pnes los demás perecieron ó de 
fiebres y hambre , ó á manoa de los indígenas , á quienes la debi- 
lidad y el detfnayo de sus contraríos puso en estado de atacarlos y 
▼ettcerles fácilmente. 

Mas no acabaron aquilas ^sgracias de la colonia niiasespedi- 
^riones del Dorado fabuloso ; si bien no fueron ya españoles sola^ 
ttenle los que ccmtinuaron liaeiéndolas , sino aventureros «straojev 
ros, estkaiiilados porcia codieía y animados por la situación deplo- 
rable de los esiableoinMentos de América. 

Mueba sangre inglesa y tesoros iamensos habla prodigado la 
reina Isabel para hacer la guerra á Felipe II , así en Francia , como 
en los Falsea Bajos, siniqne por eso desatendiese sus espediciones 
oetftra las indias occideiitales, que ella juzgaba ser el punto mas 
•iQQlnerable al mismo tiempo que el mas noble del imperio español. 
'fie^-aquí la cansa por que di¿ calor y decidida protección al arma« 
ttoM) que en 4594 condujo Richard Hawkins al mar del sur por 
«i eslrediO' de MagaHánes : al q«e en ol mismo año dirigió Jambes 
Lanoáfller i)on mas féKMad' en >el ataque de Pernambuco : y en fin 
^^. que en t993 libaron al saco é incendio de otras ciudades his^ 
paao^amerieanas^sir Francis Dracko y sk lobn^Hawkins. 



— 25« — 

Entre estos fomosos marinos británicos fué célebre tanto por su 
valor cuanto por su trágico fin sir Walter Raleigb, hombre ambi- 
cioso é intrépido, poco escrupuloso en sus medios de hacer fortuna^ 
y cuya codicia, violenta como todas sus pasiones, cansó. infinitos 
males á la provincia de Guayana. Su -genio emprendedor y amigo 
da novedades le hizo formar el proyecto de conducir una espedicíon 
al descubrimiento y conquista de aquella comarca , donde ponía la 
fama riquezas mui superiores á las que en Méjico y el Perú halla- 
ron sus conquistadores. A cuyo fin alistó á su costa un pequeño ar- 
mamento de cinco naves en 1595, y con él se fué al mar de las 
Antillas , quemó la ciudad de San José de Oruna en la isla Trini- 
dad , é hizo prisionero á Don Antonio Berrio que á la sazón se ha- 
llaba en ella. No habiendo encontrado en aquel paraje las riquezas 
que se prometia , hizo esplorar por sus tenientes las bocas del Ori- 
noco; y porque hacían mucha agua sus navios, construyó embar- 
caciones chatas, en las cuales navegó, sesenta leguas rio jiirriba. 
Raleigh pasó mas allá del rio Europa, se detuvo en Morequito, 
acaso un poco al norte de la actual villa de Upata, y solo puso fin 
á su espedicion cuando se vio detenido por los raudales del Caroní. 
Nada encontró que correspondiese á las ideas que se babia formada 
acerca de las riquezas del Orinoco ; y sin embargo a su vuelta a 
Inglaterra publicó de su viaje una relación que , según la espre- 
sion de Hume , contenia las mas grandes imposturas con que se 
hubiese recreado la credulidad del género humano. Y era por otra 
parte mui natural que asi lo hiciese un hombre á quien su prisio^ 
Bero Berrio imbuyó en sus desvarios, y que por otras relaciones d^ 
españoles y de indigenas vio confirmado lo que la íama decía del 
grande imperio que algunos principes peruanos ñabian fundado 
cerca de los nacimientos del Esequivo , después de la muerte de 
Atahualpa. 

En medio de sus ocupaciones literarias y guerreras ^ y de sus in- 
trigas de corte, tuvo tiempo y medios el infatigable sir Walter para 
disponer dos viajes mas á la Guayana en los ocho años que tras- 
currieron desde su primera espedicíon hasta la muerte de la dichosa 
reina Isabel, ocurrida en 1605 ; sin mas fruto, con todo, que el 
de recoger nociones inexactas sobre la situación del Dorado , las 
cuales se divulgaron después en Europa con mucha eiageracion, y 
acaso con el fin de atraer sobre aquellas empresas la protección del 
gobierno británico. Mas á pesar de las muchas lisonjas y artificios 



— 257 — 

con que procuró *escitar en el pecho ambicioso de la reina el deseo 
de conquistar el pais de Manoa, no aparece que Isabel pensase 
nunca en una empresa semejante ; y por eso se dio á cavilar en 
otros medios de liacer fortuna , ya que ni el gobierno quería tomar 
por su cuenta un asunto que él solo jamas llevaría á cabo , ni el 
pueblo ingles , que le odiaba ; se movia á alargarle su mano pode- 
rosa. 

Estuvo pues algún tiempo ^in pensar en America , hasta que en 

' -1605 se descubrió *en Inglaterra una conspiración que tenia por 
objeto trastornar el gobierno y exaltar al trono á Arabela Stuart, 
parienta próxima de Jacobo 1. Raleigh fué preso y, aunque acu- 
sado por un solo y eso muí tachable testigo , condenado á muerte ; 
si bien el reí , que se preciaba de tener principios de justicia , hizo 
suspender la ejecución de la sentencia y le mandó encerrar en la 
(orre de Londres. Allí estuvo trece años, durante los cuales varía- 
ron muchísimo los negocios de Europa, y mas que todo las reía* 
dones políticas de España é Inglaterra, pues en lugar de la terrible 
guerra que se hacian en tiempo de Isabel, llegó a existir paz sincera 
y profunda entre las dos naciones. Tantos años de encierro y la in- 
justicia misma«de la sentenciado sir Walter, convinieron en favo- 
rables los sentimientos antes adversos del pueblo y del monarca, 
y aquel hombre célebre salió de la Torre casi reconciliado con el 
uno y con el otro. 

Durante su prisión habia publicado Raleigh la noticia de una 

' mina de oro que su teniente Eeymes habia descubierto en Guayana ; 
mina que ^ según sus espresiones, podia no solo enriquecer á los 
aventureros, sino también á la nación. A fuerza de ponderar est« 

^ tesoro , consiguió , una vez libre, que muchos negociantes entrasen 

" á la parte en la empresa de descubrirlo y conquistarlo ; y el rei le 
€on<^ió permiso para tentar la aventura, y autoridad sobre los que 
quisiesen seguirle. Pero existia, como hemos dicho ^ paz con Es- 
paña , y por eso el reí , desconfiando de los nuevos designios de 
aquel hombre inquieto, le negó el perdón al concederle la libertad, 
dejando subsistente la sentencia ; porque así juzgó poder mejor 
contener su índole guerrera y la ambición activa y turbulenta que 
le devoraba. 

Pues á pesar de esto Sir Walter emprendió su via¿e á Guayana, 
declarando que sus intenciones eran de descubrir una mina, no de 
atacar los establecimienlos españoles. Protestas vanas ; pues en fie- 

DUT. AlIT. fj 



^ 258 ^ 

g«Ddo al Oritoco, 86 ébtmo en su embocadura con parte de la^ 
nayes y emó el reste á Santo Tomé , al mando de su bijo y del ca^ 
pUan Keymes , en qaiai tenia confianea. Los españoles habUtn re- 
cibido aviso de la espedkion inglesa y la esperaban prevenidos para 
la defensa. Hízola esforzada y briUanle el gobemadw* I>on DíegV 
Palomeqne de Acuña ; pero con tanta desgracia que , muerto en ü 
combate 9 ocuparon la ciudad los invasores en ^ 2 de enero de i 6^ 8. 
Sondaron después estes el rio, lo recy nocieron por ambas sus ribe- 
ras basla la boca del GuáricOy buscaron inútilmente mímis y rique- 
zas , y no viendo eü parte alguna los. tesoros que Raleigh babia 
prometido , evacuaron el 29 del mismo mes la ciudad , después de 
saquearla y entregar á las llamas los pocos edificios que babian de-* 
jado en pié cuando entraron. Pagó caro Sir Walter esta tan inútil 
como temeraria agresión. Su bijo pereció en la pelea; su gente, 
irritada con el engaño padecido, le forzó á volver á Inglaterra; y 
revivida allí su antigua sentencia, le mandó cortar Jacobo la cabez% 
para satisfacer á la corte de España por el hecho. 

Por lo que hace á Santo Tomé , fué atacada por los caribes y los 
araucas, cuando ya empezaban á repararla sus vecinos ; y acaso hu- 
biera quedado para siempre destruida por los indígenas sin la opor- 
tuna llegada de Don Fernando Berrio en 4 61 9. Reedificóla este y 
aun fué fortificada años después pOr orden del gobierno, para po- 
nerla á cubierto de sobresaltos y quebrantos como los pasados ; 
pero en 4764 , gobernando Don Joaquin Moreno de Mendoza la pro- 
vincia de la Gnayana , se mandó trasladar al lugar que ocupa a!(^ ' 
tualmente sobre la margen derecha del Oríooco, cincuento y dos 
k^as al oeste de su confiuencia con el Carooí. La antigua ciudad 
de los dos Berrios subsiste aun deteriorada y pobre con el nombre^ 
de Fortalezas de la Vi^a Guayana ; la de Mendoza es llamada * 
Santo Tomas dé la Nueva Guayana , y mas comnomisttte kagfi»^ 
tura. 

Libras los españoles de las temibles incursiones esiran|eras,-no 
por eso adelimtaron su conquista en el Oricoao ni perfeccionaron 
gran cosa el establecimiento ya fundado. Guayana entonces no tenia 
otros caminos que sos ríos caudalosos « donde multitud de indíge- 
nas, de índole fiera y porfiada , bacian la guerra con ventajas por 
bailarse guarecidos de sus selvas , y ser estas del todo imp^etrables. 
Los años se pasaban en constantes é inútiles peleas, y los pobres co- 
lonos clamaban por ausUios i la madre patria , ün qlieesia pudie- 



' . ^ 259 - , 

ra socorrerjos, estaada, digáiBodo asi, oprimida de sa- misma. 

. mole y cansada ie sjh estcaordioanos.esfuerzos. 

Ni era diferente de esta la sitoacion de Cwnaná y de BareeloBA^ 
no solo en la época de la inyasion de Sir Walter Raleígb, sino Yein^ 
te y siete anos después , cuando murió Urpia en la segunda y como 
ya lo dejamos asentado. La conquista en todos estos paJses orien- 
tales de la aclual Yenezuefa habia marchado con pasos tardos y^ 

' vacilantes , impedida en todos ellos por los mismos obstáculos ; y 
es diücil, por no decir imposible, calcular hasta cuándo hubiera 
permanecido enteramente inculto y salvaje el territorio, si revi- 

'' yido el proyecto de misiones cristianas, no hubieran alcanzado 
eji^s el bien que se negó á las armas. 

tln accidente habia llevado á las riberas del rio de Gumaná ó 
Manzanares al promediar ef siglo XVIl, cinco misioneros capuchi- 
nos que pasaron a Barcelona y allí fundaron pueblos. Verdad es > 
que los trabajos de estos padres se inutilizaron por haber tenido 
que volver á España , llamados á cuentas por la corte , ante la cual 
fueron acusados ; mas otros religiosos los repararon luego fácihaoieB- 
te y aun los estendieron en aquellas provincias y en todas las demás 
de Costa-firme. 

Un hombre bueno, llamado Francisco Rodríguez Leite, yeciao. 
de San Cristóbal de Cumanagotos , fué el primero á quien se ocur- 
rió el bello pensamiento de unir el apostolado del Evangelio al de 
la óvilizacion por medio de las misiones cristianas ; y no bien lo 
buho concebido cuando lo comunicó en -1 648 á Don López de Harp, 
obispo de Puerto-Rico, el cual lo encontró di^o de ser propuesto 
al rei. La muerte del prelado retardó algún tanto la ejecución del 
filantrópico proyecto , á pesar de haberse declarado en favor de él 

. su sucesor y muchas personas respetables de la corte ; mas luego se 
yieron con general aplauso sus benéficas resultas en una cédula 
real que cuatro añoa después prohibió toda espedicion militar con- 
tra los indígenas del país de Cumaná. Corridos ocho , llegó la pri- 
mera misión compuesta da religiosos franciscanos , y sucesivamente 
se siguieron otras hasta el año de Á 755 mí que pisó el pais la deci- 
matercia y última de ellas. 

La proyinda escogida para teatro de fius primeros trabajos apoi- 
tilicos , fué la de fiarceróna , cuya redacción era tanto mas impor-- 
tante , cuanto que ella debía abrir la comunicación terrestre cea 
Iftg comarcas occidentales de Venezuela; comunicación netsesaribi- 



. — 260 — 

ma que basta entonces habían hecbo ímpracücable los indios. En 
ella, pues, fundaron los padres observante^ en menos de yeinte « 
altos varios pueblos ; unos que se llamaban de doctrina , y eran 
los que pagaban tributo como vasallos direclos del monarca ; otros 
que decian de misiones, cometidos en lo espiritual y temporal á los 
religiosos , con esclusion de toda otra autoridad y sin comunicación 
con los hombres de otras razas. Y no fué sin trabajo y peligros , 
puesá mas de oponerse á su zelo la natural desidia é insubQr^ioa- 
clon de los indígenas catequizados , otros que eran independientes 
y fcrozes atacaban é incendiaban con frecuencia sus establecimien- 
tos. Dos vezes lo hicieron asi' los caribes á fines del siglo XVII y 
una en la primea mitad del XVlll. Religiosos |^ubo que sufriere^ 
el martirio en esta ingrata tarea , y muchos de ellos de fatiga y pe- 
nas murieron , víctimas de eu constancia, á los principios santa, 
desinteresada y pura. Por fin , renovándose de cuando en cuando la 
misión con religiosos enviados de España, lograron asentarse defí* 
nitivamente en la provincia , la cual contaba en 1799 treinta y ocho 
pueblos fundados por ella , con obra de veinte y cinco mil habitan- 
tes de legítima raza indiana casi todos. 

Los capuchinos aragoneses fueron los encargados de redacir á los 
indígenas de Gumaná , haciéndoles gustar de las dulzuras de la vida 
social en un tiempo en que, poco ó nada avanzada la conquista mi- 
litar, asolaban el pais los caribes en sus atrevhüas y funestas corre- 
rías. Paulatinamente ganaron terreno los misioneros en la tierra 
llana y descampada ; no así en la quebrada y montuosa, que opuso 
siempre mas obsi denlos á su empresa evangélica. Con todo e¿o no 
dejaron de hacer grandes progresos pues afines del siglo XVllI te- 
nían fundados diez y siete puebles de doctrina y doce misiones, con 
diez y ocho mil habitantes indígenas poco mas ó menos. 

Fueron también pad» es aragoneses los que trabajaron en la mi- 
sión de Guayana , aunque por (Jesgracia con menos buen éxito que 
en Gumaua sus hermanos y en Barcelona los observantes de la re- 
ligión de San Francisco. Su primera entrada en el pais fué en 1 687 ; 
mas nada hicieron entonces ellos , ni los candelarios, ni los jesuí- 
tas que por el mismo tiempo poco mas ó menos quisieruu llevar 
á las comarcas del Orinocoi^el Evangelio y la civilización. Acosados . 
del hambre y las (ufermedades, tuvieron que abandonar tres es- ,. 
tablecimieotos que hablan formado, y aún enteramente la tierra. 
No fué sino en 1 725 y después, cuandt) lograron nueras misiones de 



— 261 — 

su orden asentarse de firme en Guayana , echando los primeros 

fundamentos de las célebres poblaciones del Caroní y otras mu- 

x.k«« ««,' j.>i u^' j 1 1. . 11 ■lili ■■ iiv y MiT^r^- 

cllas , asi del bajA ^^í*^'^ ^-^ 

míenlos á Iines del siglo XVIII era de treinta entre doctrinas j ci- 
siones con poc0 mais do veinte y un mil habitantes , indígenas la 
mayor parle. 

En esta seganda entrada no tuvieron que luchar los padres con 
las groEUdes dificullades de penuria y de resistencia en que tropeza- 
ron sus predecesores, y que en otros parajes vencieron con heroica 
*t^nstancia distintos misioneros; siendo por el tiempo de su arribo 
mui dis'inias las. circunstancias en que se hallaban los naturales 
respecto de los conquistadores. No %c pasó mucho tiempo antes de 
ver enteramente sometidas de buena voluntad á su obedieni^ia al- 
gunas tribus importantes j por motivos mui estraños de su zelo apos- 
tólico. Y fué el caso que , como dominasen en el bajo Orinoco los 
caribes'y los cabr^, en 5J alto los^guaipunabis, en Rio-Negro los 
manativHanbs y merepiz^nos, se hicieron entre sí estas tribus crue- 
les guerras para conquistar un dominio esclusivo sobre el pais , y 
el derecho de vender á sus hermanos por esclavos. Los cabres pe- 
lefron en 1720 con los caribes y los derrotaron .en las riberas del 
Caura. Huyendo los vencidos, perecieron á millares al pasar por 
eníre lo raudales del Torno y la isla del Infierno; quedando sola- 
meiffe vivo 5in caribe t[ue los vencedores reservaron para que viese 
devorar á ios prisioneros y llevase después á su tribu esta noticia. 
El Irfhhfo de Teb, jefe de los cabres , fue de corta duración, porque 
reunidos los caribes, cayeron sobre él en gran número, y destro- 
zaron sus huestes y luego su pueblo, sin piedad , yendo las pobres 
reliquias que de su tribu quedaron á buscar asilo entre los tamana- 
cos , allá en el Guchivero. Naciones bárbaras méños poderosas que 
; los.earibes , huyendo de estos, se fueron de paz á los conquistado- 
res, para obtener amparo y protección; y cuando llegaron los mi-, 
sióneros , las hallaron dispuestas á recibir dócilmente su yugo, mui 
más suave que el de sus aliados.* 

Luego en 1756 una comisión científica, cncirgada de fijar los lí- 
' mi tes de las posesiones españolas de Guayana , se adelantó hasta la 
embocadura del Guaviare , déspties de haber pasado las grandes 
.cataratas , precisameíSte cuando los guaipunabis y los manativitanos 
se hacian una gfaerra á muerte en el alto Orinoco. Los primeros, 
gobernados por Cuserú , hablan abrazado el partido de los misio- 



« . 



seros y se deoian defetsores contra Coeai , qae mandaba á fcos 

«yiwH ft ft , deJiisei^iMecBnieDtos cristianos de Atares y dé Caii- 
diaoa. Pues saceoio quena negaus-m^ «.-w^r-»*-! ju UmUi^ ' 

puso fin á estas contiendas oon ventajas para los misionepos, popq«e 

el mgeniero geógrafo Don José Solano pudo hacer que desistiendo 

Guserú de sus guerras y renunciando á su inquieta y desastrada 

•ndepend^cia , de i*ei que era, pasase á ser alcalde de la nueva 

múitm de San Fernando de Atiimpo. 

Esto en cnanto alas facilidades que ludlaron los padres para ha- 
cer su predicadon entre aquellos gentiles. Por lo que respecta ¿f^ 
saanutencion, proveyéronse de día de un modo que hace honor a 
su prudencia ; y fué el de enviar á Barc^ona dos hermanos que , 
ooflsti^radas ó de limosma , consiguiesen algunas reses con que 
formar un rebaño, pensando y con razón haeer con dio dos cosas 
buenas é importantes : una ponerse á cubierto de la miseria que 
colocó á sus predecesores en e¡ triste c^ de abandonar la tierra ,* f 
otra intr^dudr en las selvas de Guayai^ el beneficio'de la ganade- . 
ría. Después de muchos trabajos , volvieron los dos^ enviados , lle- 
vando den cabezas de ganado mayor, con Its cuales se formó eiac- 
tivamettte un rebailo que para fines Jel siglo XVIII tenia Mre 
dentó y dncueula mil reses. Riqueza considerable que fué origen 
de la importanda y poder que lograron los misioneros capudÉnos 
4e Cataluña en^el Caítoñi. * * 

Otras muchas dpctrinas y misiones se establederon á mas de las 
referidas, en diferentes comarcas de Venezuela. La provincia de 
Caracas vio algunas dirigidas por capuchinos aragoneses y andalu- 
zes : en la de Maracaibo, en las ríbeías del Apure, en tierras de 
Yalenda, Barquisinaeto y otras, se fundaron varias. Y aunque ea 
«stos parajes la tarea de los padres no fué tan difidl ni tan imi- 
tante como en Barcel(Hia , Cumaná y Guayana , produjo sin ei^ar-^ 
go el bien que hizo en todas partes , cual fué el de perfeccionar la 
^ra que habían empezado las armas , reduciendo las pocas tribus 
indígenas que aun se manircstabtn pertinazes en su odio^ mas bien 
que en su resistencia á los conquistadores ; puesto que en el centro 
de Venezuela y en sus comarcas de occidente, apenas se visluml^a- 
ba uno que otro destello del antiguo espíritu guerrero de las tribus, 
íbase ya en efecto apagando con la destrucción de las mas pujantes , 
y el apocamiento lastimoso que produjeron en las otras la guerra y ^> 
las enfermedades conlagÍ4»as, ^ » ^.^» 



Muí ifljvsio «em ae^r^ sin eakwtgó 4e eso, á los primMios mi-» 
stoueros el fnrez que m^eee w zeló por la rednoeíon de tos laál*^ 
genas ;.zdo i ios prjpnplos tati Dobte y puro como la fuente en que 
tuvo stt origen. Emp^ados votmitaTiasneñte en la predicación anoc 
b<»iibres <)«o igaovaNkn la lengna nk los gentUes , que desconocían 
el país, que«e intr oducian en él, ó onando berviá la guerra, ó cuan* 
do habia esla sembrado por do quiera odios de muerte, cumptienm 
ea nnmn con un valor y «na constanm que hace reoordar en oca<»> 
•iones el apostolado prunitívo. Pero no bien hubo cesado el peligre 
wa la perfecta suimsioia de los indígenas, ottando el misionero, que 
taltm aparecido tan grande y heroico al tratar de abrir un camine 
al EfaingelfO, se mostró pequelío y común al tiempo de asegurar sa 
victoria. Pilólos que yelabati y trabajaban Ga la tempestad, oéiáren 
y seéunnieron m la b<»anaia, encallando por su descuido la nave 
que dcUé llegar salva á toen puerto. 

Pues en electo, así que lograron fundar vastos establecimientos, 
ubres ya de afanes y peligros , se dieron unos á la vida mundana , 
tascando ric^ecas y placeres : otros, menos activos y enérgicos, vl- 
^ienm en la bolgatura y la pobreza : y todos ellos descuidándose ^i 
la instr«eei<»i de los neótkos, y somett^dolos á un régimen estric- 
tamente monacal ,. abusaron «de su simpleza para oprimirlos y aun 
para embrulecerios. Hal^iéodoles sido prohibido exigir nada de los 
indios por la administración de los sacramentos, ni por ningún otro 
•acto edesiáfiftico, eludieron este benéfico mandato con la venta usu- 
raría de rosarios, imágenes y escapulaiios, la cual repetida muchas 
vezes al aüo , llegó á s^ una especulación de importancia. Destrui- 
das las encomiendas por real cédula de 1687, mandó la lei que na- 
die defraudase á los indios en el precio de su trabajo ; y hubo mí- 
sáeneros que emplearon su influencia en obtener de ellos fatigas 
gratuitas y superiores á sus fuerzas. Los capuchinos aragoneses de 
Guayana, mas violentos y desapiadados que el resto, no solo en»- 
plearon estos med^ indignos, sino que en los últimos tiempos jre- 
n^aron de su núnisíterio paciioo y se dieron á saltear inc^s en los 
montes, para llevarlos á las poblaciones so pretesto de reducirlos á 
la vida social. En muchas ocasiones no apresaban sino á los niños, 
las mujeres y los ancianos , á los cuales retenían para atraer por 
medio de ellos la parcialidad á que pertenecían. Lográbanlo u^a 
^ez que otra; mas con frecuencia los indios, por no someterse á la 
disi^lina de las misiones, dejabiuíi en manos de los reli§k»os las 



-T 264 — 

prendas de su cariño, y vueltos fieras con el dolor y el deseo de la 
venganza, hacían p;uerra atroz á los establecimientos monásticos; sin 
perdonar á los indígenas ^convertidos. Por eso no era raro ver Ile^r á 
la capital de la provincia diputaciones de indios, pidiendo justicia á 
las autoridades civiles contra los padres misioneros ; y á estos acosa* 
dos ante la audiencia de escesos verdaderamente graves. Por eso en 
fin las Cortes españolas decretaron en ^ S4 5, que se entregasen las mi- 
siones de Guayana al ordinario eclesiástico» en virtud « de los males 
« que sufrían los habitan les, así en lo moral como en lo político.. » 

No faltaron, como no faltan en ninguna cosa humana, escepcio* 
nes honoríficas al cuerpo de misioneros, tanto individuales eomo 
de comunidades. La de franciscanos se hizo notar siempre por su 
desinterés y mansedumbre evangélica, y los padres Gilí, Gumilla, 
Caulin y otros varios no solo se distinguieron entre sus hermanos 
por una virtud ejemplar^ sino por su ciencia y sus recomendables es- 
critos sobre la geografía, la historia natural y las ]en$;uas del país. 

Por lo que toca á la institución miseaa y á los beneficios que pro- 
dujo , parécenos que aquella fué mala y estos muí pocos, á pesar 
del poder ilimitado que se puso en manos de los frailes para que hi- 
ciesen el bien de los indígenas , ó acaso con motivo de esta misma 
circunstancia. Porque | cuan cerca no está siempre de la autoridad 
el abuso, sobre todo cuando ella se ejerce sin contrapeso que la 
regule y modere 1 

Desde que una misión reducía á la obediencia alguna trihu ó la 
encontraba sojuzgada por los conquisi adores, se hacia cargo de ella 
con un poder absolutamente independiente de cualesquiera otros 
civiles de la provincia ; gozaba sola de los homenajes debidos al sa- 
cerdocio y á la soberanía ; gobernaba el «alma y el cuerpo ; disponía 
del pensamiento y del trabajo de los indígenas. Repartíanse luego 
la liiirra y los hombres entre los religiosos, á fin de formar pueblos 
ó aldeas que regia uno solo de ellos, sin quedar sujeto mas que á la 
comunidad, y se escogía para el asiento uno de aquellos bellos sitios 
que abundan en América : ora á la orilla de un rio en tierra alegre y 
descampada , ora á la falda de un monte que resguardaba de Jos 
vientos fuertes, o» a en un valle ameno y deleitoso. Pero siempre en 
lugares solitarios, aunque propios para la agricultura y las crias, 
distantes entre sí y de las ciudades españolas, para impedir el roze 
y comunicación con otras razas. Tres cosas ocupaban luego al mi- 
sionero: la iglesia, que en lugar prominente fahricalan, bajo su 



^ 26* — , . 

direMoñ^ los indígenas :sa propia^asa*, qne al lado de}, templo 
f<f^lllába)frtambieI/ estos; y la semeiftera eoman, en que trabajaban 
los indios cuatro diasá la semana, dedicando elvesto á levantar stt 
choza , f á cuUiyar el campo qiie les estaba señalado efi propiedad.'*' 
Si H misión poseia r6baüo3 , como sacedla en la áe^lo^-oo^chiuo^ 
aragonesa» del Caroní , cuidaban de^eHos ios indígenas , y con sa 
producto y el de Id faftdenda coman se adornaban la iglesia y la casa 
del cora . se subministraban raciones á los pastores , se adquifiaii 
herramientas y utensilios para las labores ; y^se daban anushnéttte 
dos pobres y sencillísimos vestidos á las mujeres y á losltojpbre^ ;'^ 
si bien estos pagaban ordinariamente á los pbres con coste y costas 
los fi:éneros y efectos comprados por la procurapion común. 

Pocas situactonesse darán masfelizesque la de aquellos religiosos^ 
rigiendo una gran masa de población indígena , á la que hfbian he- 
cho d9cil y sumisa el yugo de pueblos indianos pofllrosos ó el de los 
conquistadores, y rigiéndola no como quiera, sino con poder abso- 
luto, como juezes espirituales y temporales, como legisladores. Esa 
población era ademas homogénea , porque las le^es mandaban que 
nadie .entrase jbu los pueblos sujetos al dominio de las ^misiones ; 
goerieqd» que Jos padres no tuvieran que luchar con ]oi obstáculos 
de costumbres , vicios y resabios de las gentes corrompidas de otras 
razas. No oagaban ningún derecho ni cotilribuciona]^ gobierno, ii|f 
tes bien recibían de él un sueldo , pequeñísimo es verdad, pe'fa sin 
el cual podian pasarse en la mayor parte de las misiones. Tenian 
también en su jurisdicción el comercio esclusivo, y la protección 
de la fuerza pública , sin el gran inconveniente de pagarla y sin 
el mayor aun de sufrirla. Prerogativas eran estas que les daban 
otros tantos medios de felizidad y de riqueza, y en las cuales se des- 
cobre el mas solícito cuidado de parte del gobierno ^ España ^or 
la conservación y bien estar de los indígenas; porque , á decir ver- 
dad , en las órdenes monásticas se hallaba por aquel tiempo un gran 
caudal de saber y aun de virtud , y¿u teocracia americana bien or- 
ganizada era acaso el gobierno mas adaptable á la índole flemática, 
grave y silenciosa de los ¡odios. . 

Mas ¿qué hicieron con ese poder y esos recursos los misioneros? 
¿Conquistaron para la religión y la cultura las regiones donde se 
establecieron , fundando ciudades comerciantes , industriales ó* 
agricultoras? ¿Mejoraron al mismo tiempo que la imperfecta socie- 
dad^ la condición moral de los indígenas? Fijémonos un instante' 



# 






í 



— M6 — 



fttim cottMtaKi en la »ish>n Éks rica de Voiezaela, en la < i i i # 4u f U 
á stt díspesieiea mayor sámelo ée ífidígmie, en ia wm fsué^ 
el pais «as iiapoiliiite por mi situación y s«s reovrsos naturales, ' 
*en la misíMdel Caroni, situada «n el foaío OHnooo. 

üai 4sa£^ na siglo despnes de w entrada im el país y y sesenta y 
des dloa después de tenéada $a kalo con den calbezas de ganado 
mayor, tenían odienta mil reses y dies f sM^aaít setecientos treiá^ 
la y cnatero faabkanlea en treinia aldeas; siendo de advertir, qoe 
4o eslaa , las cuatro, establecidas priflMro , contai>an ya en 47S5 
» cuatro iSil guáyanos pacíficos. De donde CácUmente puede vede 
que por grandes f ué)iean los téraanes dentro de los cnaies e»^ 
ponganwM duplícalas las espedea re^pectitamente , d número de 
hombres y el de bestias era inferior al que debiera naturahneute 
kaber sHo ; tanto mas, qfae en la poMadon existenle «n 4 788 ca- 
taban comprendldes los indios cogidos en los monles y ios que de 
«nalquiera otro modo fueran agregados á las misiones. Aládase que 
en las treinta aldeas no construyeren sino un seto edifieíu digno de 
terse, cual es la ;glesia <ki Garoni : demás de esto, nada; ni man 
fábrica, ni un establedmiento ikil, ni siquiera unajnstitueion^^ 
4é á oono^r en aquel gobierno un deseo de mejorar el estado y con- 
didon de los gobernados. No parece sino que, juzgándose de trto- 
^0 ptr aquejla táerm, se*abstuyieroa deliberadasMut^e plantear 
€a^a monumentos duraderos. 

Homboldt, que por un privilegio especial yisüó estos establecí- 
nüentos monásticos á principios del siglo xix, observaba que los 
mdios babian perdido el natural vigi»* y Tivazidad d^carácter que 
^1 todos los estados del hombre es el noble fruto de la iodcf en>-> 
denda : que á fuerza de someter á reglas invariables hasta las me- 
nmes acciones de su vida doméstica, se les habia hecho estúpidos : 
que su manutendoD, generalmente haWando, estaba mas asegura- 
da, y sas costuBibres se babian heq^o mas suaves; pero que, re- 
ducidos á ia opresión y á la iriste monotonía del gobierno de tas 
misiones, anundaban en so semblante taciturno y sombrío, cuan 
á su pesar habiau trocado la Jiberlad por d r^oso. 
«Losprindpales objetos de la mezquina política de los misione- 
ros era I9 soledad y la incomunicación, no solo de los indigems con 
las razas de origen estranjero, sino de los indígenas de diversas 
tribus entre sí ; y de aquí resultaba que el cmbe, el chaima, d la- 
lAaaaeo ccmsenraban su fleonomta mocid , su lengua , sus kibilos, 



^ 



I 

% 



iccm nxjer faem f ^b^m^ji q^e si faiifeierafi neo fviíd«i^eméMe 
mezds^os y confondldos. AumeBlaMü este^MtjjLQatoralpefse- 
verancia cofi qae tos hombres d^ Nvevo-Mando mattlíenen Un 
.jmo^ifimfiifiíLseiiBftle las indiDacHHies y costumbres que < con pa- 
ítelas diferencias en las diversas tribus ) caracterizaB la rasa cal- * 
/tera de éHos^ y ese sistema uBlforme, qpielo y Iriste de la feocrada 
americana; laeua^, como todos los gobiernos rdigiosos, hizo ara! 
poco para dift* valoE á la natHjri^za del hombrof perfeccionando su 
raito y s«s coslumbres. Los misioneros (Midieron pues impedir á 
los indígenas el continnar ciertas prácticas esteriores; pero laféer- 
za y disdplina qa& para ello basaban, no alcanzaron á sustituir ' 
* nuevas fileas á tas aiftigifts, borrando los recuerdos y las tradicio- 
nes. El indio reducido y sedentario fué tan poco cristiano como el 
indio independiente y vagahundo. Hombres á quienes la civilisacionl 
no había modificado ; uno y ottf[ eran Hevjpi^s por instinto al 
culto d^a nlituraleza, anaquel culto sin tíolos, cuyo templo pu- 
sieron los pullos primftivolüirdo'qui^rjty en la gruta, enol yalle, 
en lampntana.* 

Necesario, <^)or lo Inénos justo^ra que las asociaciones religio- 
sas espiasen-lOs males que habían hecho al mundo en nombre de 
la religión, abogando ¿nte los reyes por la causa d^ los indios, iq- 
HÁstíendo á la violencia de los encomenderos, deteniendo la«tasion 
de sangre 4^namada en la conquista, reuniendo }as,.tribus erran- 
tes en pequefiéís poblaciones y dándoles ideas acerca de la vida y de 
la disciplinare los pueblos cultos. Esto hicieron los fiMsk)neros; 
pero una^z altados los fundaminitos de la asociación civil, su 
minislerjo fué jAjudtcial, tanto al desarrollo y progreso, de la so- 
ciedad, como ala mejora de los individaos^ « Tales han sido los 
ofectos de aquel sist^a,^ipe Rumboldt, que los indtbs han qne- 
dado en «na útuaciiMí poco diferente de la «pe tenfan cuando sus 
habitaciones no estaban todavía reunidas en tomo de ki del 
iiit^n4»o. » • ^ • 

Mas por grandes que hayan &áo los gtbusos nacidos del eterna 
en sí mi^mo y dd carácter particular de los que lo plantearon, de- 
bemos deplorar su completa destrnccion ; mayormente cuando no 
se ie ha reemplazado con ningún otro capaz de llenar ol vacío que 
ha dejado. DQ3graciada raza indígena ! La independencia y la li- 
bertad , 'conquistadas en beneAcio de todos por las colonias abites 






^ 

f 



£* 



— 288 -* 

• - - - 

españolas^ lian sido árboles sin fruto i,de.i^>>«>«^Teireiíóso para ella. 
Verdad es que loiu«w^««»CTWi-nropr¡iii¡aD, pero tambieo la couser- 
vBüaB ; al paso que vejada, estafada, escarnecida en estos últimos 
lieoipos por fas autoridades civiles, y apocada por las guerras y las 

* enfermedades, se acerca mas y mascada día al término de su exis- 
tencia/ Baste decir qu« la población indígena de las misidñes del, 
alto y bajo Orinoco, que á principios del siglo xix era de veinte y un ' 
mil treinta y cuairo almas, hoí e^ reducida a siete mil quinientas 
una* ¡ Pluguiese á Dios que el gobierno repub!%ino que ri^ac- 
loalmeute aquel hermoso país cuidase como debe de conservar v 
mejorar las tristes reliquias indianas que han<cobrevivido á la con- 
quista , al réghnMi monacal , á las pestes y ár la guerra de la inde- 
pendencia ! (49) 

h Y con esto, habiendo dado fin á la historia de las misiones, nada 
mas tenemos que'ooutar del^educcíon de Venezuela, que ellas 
completaron por medios enteramente pacíficos. * 

Desde el aio Á 600 en que«0vi^||Mej5 su histovfe , liasta el de 
-1797 á que llevamos la nuestra, }a paz del pais n9 fué aflorada por 
ningún acontecimiento de general importancia , ^i üo es algunos 
ataques aislados y sin mayores consecuencias , heokQs á diferentes 
ciudades de Venezuela por franceses ó ingleses , cuando unos ú 
otros uestaban\^n guerra con España. Dos veífes fueron rechazadps^ 
de Cumaná los primeros, una en 1654, otra en 463"^. Mas afortu-^* 
nados en Caracas , la saquearon en 4 67^, retirándose con un gran 
' botin ásus bajeles. Por su parte los segundos internaron en vano 
un asalto á la Guaira y á PuertO'CabelIo por los años 4959 y 1745, 
siendo rechazados con pérdida de ambos puertdC del m^smo modo 
que lo habían sido ya en Angostura el aiío 4 740. vero generalmente 
hSblaudo, aunque la metrópoli estuviese a^ii Jda por diversas cami- 
sas, sustentase guerras, formase alianzas, perdiese ó recuperase ter- 
ritorios , Venezuela petiiianació tranquila gozando su larga paz de 
dos sigWs ; á lo cual* contribuía el ^r pobre y [^o escitar la codicia 
de los enemigos de E$:pa|a , cuyos ojos y manos no se movían con 
fuerza sino tras las ritas flotas del Perú y de Méjico. Por de con- 
tado , cuando en la*niísera ínaflre patria se apocaba f 1 poderío , la 
^riqueza, el saber ; cuando ía indolencia ó la Imbecilidad de sus 
reyes la conducía al abismo de humillaciofi y de miseria á que no 
debió "jamas llegar, era imposible que la colonia dejase de sentir 



i. 



^ 269 — ^ 

ios efectos de tSfti lastimoso desgobi^D04pues, ram^ de aquel tina- 
co im robusto y sano en olrus tiempos^ con él debía medrar ó añi- 
9ui¡^se. 

La historia, pu^afs, en el intermedio que hemos indicado no pue- 
de háliai^e sino en ]a marcha progresiva de las instituciones de 
todo género que se establecieron en el pais : y por eso las recorre- 
remos luego rápidamente, para dar una idea del- estado en que se 
hs^iaba á fines del siglo x^^iii la capitanía general de Venezuela ; 
que así vioo á llamarse el terreno que ocupa en el dia la república 
del mismo nombre, •. ^ 

La gobernación de Venezuela, que en su origen eomprendia so- 
lamente la tierra que ntedia entre Maracapana y el cabo de la Vela, 
abarcó después mayores límites hasta poseer bajo la denominación 
de Capitanía general, muchas comarcas importantes por su esten- 
sion y fertilidad. Estas vamos á enumerar. La provincia de Cara- 
cas, era una de las mas ricas y estensas , y en ella estaban inclui- 
das las que hoi decimos de Coro , Barquisimelo y Carabobo. La de 
Cumaná, que comprendía en su territorio la actual de Barcelona. 
La de Guayana, que hasta 4768 estuvo unida áCumaná. La de Mará- 
caibo, dependiente al principio de la gobernación de Venezuela, 
después de Mérida, que ora provincia granadina desde la conquis- 
ta. Mas como el ser puertb y esiar en una situación ventajosa ofre- 
cían al comercio y á la administración pública grandes convenien- 
cias, llegó á ser Maracaibo poco después capital del gobierno de su 
nombre, y en 4^ estaban incluidas las actuales provincias de Mérida 
y Trujillo. La de Barínas , en íin, cuyo territorio pertenecía á los 
gobiernos de Maracaibo y Venezuela, y que fué creada en 1787^ 
comprendiendo la mayor parte de las llanuras que forman al pre- 
sente la provincia de Apure. A estas comarcas deben añadirse la isla 
de Margarita , que tenia un gobernador particular, y la de Trini- 
dad , que caia dentro de la jurisdicción de la capitanía general , 
hasta que á principios de -1797 fué ocupada por los ingleses. 

£s(os diversos distritos y gobiernos pertenecieron algún tiempo al 
vireinato de la Nueva Granada. A él fueron agregados xVlaracaíbo 
por medio de su unión con Mérida en 4678 ; Guayana, Cumaná y 
sus dependencias en 4 594 ; Caracas en 4 74 8 ; pero erigida en 4 754 
la capitanía general de Venezuela, quedaron separados todos ellos, 
escepto e! primero que no se le incorporó de (i ni ti va mente sino en 
4777. Los lindes terreares de este vasto pais no están aun bien de- 




» 



r 



tenviiM'dos» si jamas lo e$ta?]ef os» Mas de csareDUi^aBóa emplea-»* 
ron varías. .cMni^nei pandas por el gobierno español , en |üar 
los de sus posesiones americanas) vecinas de otras estranjeras., y^ 
. nida dejaron decidido. Por lo que respecta á laft tierras de ^J^áSe* 
zuela que parftn términos coa la Nueva Q;*anad'a^ oríginar4Ni en 
ellas tal desorden los frecuentes cambios de jurisdicción, que hoi 
mismo son sns limites asunto de difíciles y ens^iara&idas controver*» 
sias entre los distintos gobiernos republU^nos que se han levanta- 
do sobre las antiguas colonias expandías. No podemos entirar en 
ellas nosotros sin salir del plan que» nos hemds propucko, y por 
tanto solamente diremos que el territorio de la antigua capitanía' 
general , abarcaba treinta y cinco mil novecientas cincuenta y nna 
leguas cuadradas (20) con arreglo á los términos que recQnocian y 
respetaban los dos gobiernos. Tenia por lánites al norte el Océano 
aUántico y el mar de las Antillas, al sur el imperio del Brasil, con- 
tiguo á la provincia de Guayana, al poniente la Guayana inglesa , 
que también linda con la venezolana, y últimamente al ocaso la. 
Nueva Granada, confinante con las provincias de Maraeaibo , Mé* 
rida^ Apure y Guayana (24 ]• 




w. • 









^ 



CAPITULO XV. • 

Orgunteacion religiosa , política, judicial y de hacienda de la capitanía generalv' 

de Venezuela. • ^ 



La %mosa ddnadon que hizo el papa AJejandro VI á los reyes 
Católicos, imponia á estos la obligación de convertir á la fe cris*^ 
tiana los bárbaros de las regiones que se fuelkn descubriendo en 
el nuevo hemisferio ; y tanto por cumplirla; cuaáto por llenar un 
deseo de su propio corazón^ quiso desde muí temprano la magna* 
nima Isabel f que la religión marchase eo la conquista al lado de 
las armas. Pero en las islas americanas no pudo impedir el sacec- 
dote la crueldad desapiadada del guerrero : en el€ontiAente/don<' 
de mas activo que la codicia , quiso plantear primero sus pacífíoos 
reales , perdió su tiempo y derramó su sangra en vano ; y cuando 
mas tarde se abrió en él por sí solo un camino y ó si|uió el rastre 
de los conquistadores; nada mas hizo que suspender la guerra, sta 
alcanzar gran cosa en la instrucción cristiana de las tribus. M he- 
cho es tan cierto, que está corroborado por las mismas leyes espa* 
ñolas ; generalmente favorables á los indígenas, y por muchas dis-^ 
posiciones eclesiásticas que demuestran la poca coofiaaza que se 
tenia en su ilustración religiosa, mucho tiempo después ^e la con- 
quista. 

Un cencilio provincial reunido en Lima declaró que los indios 
debian ser escluidos del sacramento de la Eucaristía ; y aunque 
Paulo III en su célebre bula de ^ 557 decidió que como criatura 
racionales tenian derecho á todofs los bienes del cristianismo , mas 
de dos siglos después se hallaban con trabajo algunos dignos por su 
instrucción de obtenerlos. Eséluyóseles, como también á los mes- 
tizos, del presbiterado y de las órdenes religiosas en todas las COI0- 
))ias españolas , y fué inútil que Felipe II , Garlos II , Felipe Y y 
CárlosIII revocasen tan injusta disposición en distintas épocas, del 
modo mas terminante y precisa ; pues en mui pocas provincias 
de América p& dio eamplimiento al mandato de los reyes. ¡ Tanta 
era la ojerij^ &>u que los españoles y sus descendientes veian á los 



^ 



• — 272 — 

indios, ó por lo menos la triste idea que se babian formado- de sa 
jnstroccioD y de saá!apazí4ad ! Pero mejor que estas disposiciones 

^ruefc^ la insuGciencia de sus luzes en todas materias , y prineí- 
palmentéton las religiosas, lo que respecto de ellos dispuso FeHpelI; 
y fué que, Uevado aquel monarca de su zek) indiscreto por la pro- 
pagación de la fe cri^iana , introdujo el aiio ^570 en América el 
Saino Oficio, eiimiendo de su juíisdíccion á los indígenas. No se 
alegue ésta misma tlisposicion y las actas del concMio de Lima co- 
mo pj^uebandé que el indio debe ser considerado menos como ig- 
norante que como incapaz de recibir instrucción ; ni se nos venga 
Aobertson asentando magistralmente que la doctrina sublime y pu- 
' rameóte espiritual uel cristianismo es superior á su limitada inte- 
ligencia. Lo contrario creyeron Paulo III, el mismo Felipe y los de- 
mas monarcas españoles cuando los declararon hábiles para gozar 
los bienes y prerogativas de cristianos : lo contrario debe ser la ver- 
áad, si se considera que la religión seria falsa si hubiese en el 
mundo uniólo hombre racional sin el caudal de inteligencia sufi- 
ciente para comprender su benéfica doctrina ; tanto mas que la fe 
no necesita ^ara nada del espíritu , sino de sumisión y buena vo- 
luntad , ni el precepto evangélico puede llamarse oscuro , siendo 
luz y verdad. Lo que liai de cierto en esto es que el método segui- 
do ell la conversión de los indígenas fnc vicioso, como ya lo hemos 
indicado al hablar de los padres misioneros, y que cuando á estos, 

«viviendo por decirlo así en su intimidad, no les fué dado inspirarles 
amor á las creencias catóücas, menos pudieron hacerlo en pueblos 
que no e^an de misiones , los curas doctrineros, cuyas relaciones 
con ellos eran mucho menos inmediatas. 

Seducidas las tribus por la mansedumbre del sacerdote* ó inti- 
midadas por el conquistador, ó indiferentes, como lo son comun- 
mente los bárbaros á las ideas abstractas, se prestaban fácilmente á 
oir la voz del Evangelio ; pero el apóstol que ignoraba la lengua 
del catecúmeno, y este que no conocia sino imperfectamente la del 
apóstol 9 eran hombres que no podían entenderse. Apoyándose sin 
embargo en sutiles distinciones de teología escolástica, y abrasados 
del deseo de hacer prosélitos, admitían los padres en la comunión 
de la iglesia á los pueblos de América sin esplicarles los misterios 
de la fe y los preceptos de la moral; habiéndose visto sacerdote que 
en un dia bautizó cinco mil indios en Méjico , donde á tan buen 
paso quedaron en breve tiempo hechos ciistianos mas de cuatro mi- 



^ 275 — 

Uones de habitantes, cuyds hijos no pueden hoi esplicar las mas sen- 
ciJias y fáciles doctrinas. I.o misnio sucedió en lodas partes ; y en 
todas partes también hizo Dios estéril el trabajo del obrero indo- 
lente, negando la mies á su cultivo. E\ indio perezoso , poco habi- 
tuado al ejercicio mental , sin palabras en muchas de sus lenguas 
para espresar ideas abstractas, tenia necesidad de una esmerada en- 
señanza preparatoria, para poder entrar con provecho al santuario 
de la doctrina religiosa. No habiéndola recibido, gustaba sí del bri- 
llo y pompa del culto romano, como de un espectáculo grato á sus 
jojos; pero el dogma y la moral no llegaban á ser para él luz ni 
consuelo, y siempre que podia librarse de la vigilancia de las auto- * 
ridadeSy se reunía con sus hermanos para practicar en secreto las 
ceremonias religiosas de sus mayores. £1 misionero, el párroco se* 
cular que veian el poco fruto de su enseííanza, no lo atribuian á la 
insuflciencia de los medios que para darla se ponían, sino á falta 
de reflexioil é inteligencia de parte de los neófitos, llegando algunos 
al estremo de asegurar que la raza indígena era demasiado estúpi- 
da para comprender la clara y luminosa doctrina del evangelio^. 
Juicio injusto y temerario que los jesuítas del Paraguai desmintie- 
ron á la faz del mundo con la abundante cosecha de sus trabajos 
apostólicos. 

Así como en sus tiempos de fatiga y de triunfos allá en el anti- 
guo mundo , la iglesia cristiana sirvió en el nuevo de medianera 
entre el conquistador y el conquistado, proclamando sus leyes fun- 
damentales de caridad y justicia ; pero no amalgamó como en 
tiempo de los bárbaros el pueblo vencedor con el vencido , por 
medio de una creencia común. Faltábale para tamaña empresa el 
vigor de sus primeros años , aquella enerjía emprendedora que le 
sirvió para convertir tantas naciones y para adquirir tanto poder. 
Doctrinas espurias , favorecedoras de la usurpación y hostiles á la 
libertad bien entendida de los pueblos, habían corrompido su pu- 
reza primitiva , é inspirando á los ministros del culto ideas de do- 
minación y ocio mundanos, los alejaron de las fatigas y pobreza del 
verdadero apostolado. 

Generalmente hablando , Tos Indios reducidos aprendieron algu- 
nas prácticas y preces de la iglesia , sin quedar por eso convertidos 
á la religión, y aun hubo muchos que por largo tiempo mantuvie- 
ron viva la memoria de las creencias religiosas de sus antepasados. 
Estas, como las de todos los individuos de la especie humana, dis- 

BIST. aut. *lg 



— 274 •— 

tanles de la eifilizacion y moi ceroanos al estado nalurai, ierntai 
pocos elementos. Sabido es que los hombres prnoitivos, qvemiido 
esplicar el mislerío de 8a.*existeQc¡a y el orígeo de su dieba y de 
sus calamidades, ó poblaron el universo de genios benéfieos y mat 
léflcosy ó los redujeron á un principio malo y otro bueno , ó reos^ 
nocieron el hecho verdadero de una*80Íainteligenoiasnpi^nna.q«e 
lo dirige todo según sus propias leyes inmutables. También, queen 
m^io de estas opiniones diversas se levantó una dase de individiias 
proclamándose medianera entre el cielo y la tierra, apoderada de Ja 
deidad y arbitra en su nombre de los destinos humanos. Y luego^ 
¿no son los ruegos y las ofrendas los que obtienen el fovor y cab* 
man el resentimiento ? ¿ No prospera , según el mundo^ el parveo- 
so, levantando su erguida frente al lado de la virtud humillada y 
miserable ? ¿ No oyen todos los hombres daairo de sí mismos una 
voz que les dice que su naturaleza moral es incorruptible, y queaa 
•deslino no fenece en la tumba, pues esta no es muerte, sino c(»- 
mienzo de olra vida mas perfecta ? Asi fué , pues^ que nadó entre 
los pueblos bárbaros el absurdo politeísmo, el maniquaistto, la alta 
creencia de un solo dios verdadero, el sacerdocio pagano, los saeii- 
íicios espiatorioa y el dogma santo de la inmortalidad del alma:aon 
su porvenir de consuelo y de esperanzas. Tal era en general el fon- 
do de la& creencias religiosas de nuestras tribus, aunque mezclado 
con supersticiones groseras que no podian menos de t^oer unos 
hombres incultos en quienes la revelación no habia ennoblecido y 
purificado el instinto de la naturaleza. 

Mas habiendo desaparecido desde moi temprano con d rigor.de 
las pestes y de la conquista las naciones indígenas^ue pd)Iafaaiiias 
provincias occidentales de Venezuela, son mui escasas é imperüÉc- 
tas las noticias que se conservan de sus ritos; ni mucho mas. sei sa- 
be de los que seguían los pueblos orientales de la provincia, erran^ 
tes todavía por las selvas. Lo que sobre unos y otros esmUeron 
algunos misioneros, es por lo común menos digno de orédito quelas 
observaciones de viajeros ilustrados á quienes en este punto ^ cono 
en otros muchos, seguiremos. 

Todos los indígenas de la Costa- firme estaban de acuerdo en creer 
el alma del hombre inmortal y aun. algunos hadan ostensiva á las 
bestias esta prerogativa sublime ; variaban sí en el modo de espli- 
car esle dogma y en el destino que tomaba el espíritu después de 
muerto el cuerpo. Las tribus del Orinoco mui aficionadas al .baile 



— 315 — 

y á los^licores fefmenAadoSy teoian: por cierto, que iban á renacer.en 
el Tieotre de una ser^aente monstruosa que, habitaba, en, ciertos la- 
gos, la cual debía, introducirlos en un pais deliciojso donde bailarían 
y se embriagarían eternamente. Algunas tribus sedentarias y afír- 
cionadas á la agricultura, juzgaban que el alma disfrutaría reposo 
en el mismo campo que el cuerpo cultivaba. Todas ellas, empero^ 
no habíenda,podído elevarse por sí solas hasta el pensamiento absr 
iruso de, una. existencia inmaterial , no concebían que el alma pu- 
diese estar sin comer fuera del cuerpo. 

Diferías mucho en sus ideas acerca de la deidad, suprema regu- 
ladora del universo, y entre otras era muí singular y única acaso 
ea el mundo » la creencia de ciertas tribus en un solo mal genio ó 
principio, que suponían cruel y malévolo. Los pueblos que habi- 
taban en las riberas del Caroní, del Ventuari, del loírida y del 
alto Orinoco , á semejanza de los antiguos persas y germanos, ado- 
raban laa producciones^ de la naturaleza y reconocían un principio 
.malo y otro, bueno , sin consagrarle por eso , como hacían los m<|- 
jícanos y otras naciones de América , ídolos ni sacrificios humanos* 
Otros , por el contrario , reducían todo su culto á danzar en derre- 
dor de varios i<k)]illosal son de sus4esapacib]es instrumentos y en- 
tonando cantares. 

Los paiseg que e^ tiempo de la capitanía general componían Jios 
gobiernos de Caracas , Maracaibo y Gumaná teoian antes de la con- 
quista sacerdotes á cuyo ministerio estaba unido el de la medicina. 
Los adivinos ó piaches (que así se llamaban) aprendían desde la in- 
fancia el ar4e de curar y la magia , no pudiendo ejercer las funcio- 
fie» relii^osas, sin haber antes sufrido pruebas de reclusión y de 
i(,funo6 , encerrados en cavernas destinadas para el caso en medjo 
de los bosques. Allí no eran visitados sino por los piaches ancianos 
que los instruían en la medicina , en el arte de evocar los espíritus 
malignos y en el mas importante de predecir lo futuro* fiábiles 
charlatanes por quienes tenían los indios una veneración supersti- 
ciosa, cuy^ principal origen provenia del. poder que se daban para 
conjurar los maleficios. 

Variaban nmcho estas Iritos en los usos relativos á sus funerales. 
Unas lloraban y cantaban alternativamente en derredor de sus di- 
funtos, y los enterraban al tercero dia con cuantos muebles y efec- 
tos les habían. pertenecido en vida ; otras arrojaban el cadáver al 
OrinocO; y cuando los pezes habían dejado limpios los huesos, acó- 



— 276 — 

nsodaban estos en una cesta que suspendían al (echo de sus habita- 
ciones ; finalmente , los caribes enterraban jauto con sus capitanes 
difuntos á una de sus mujeres , acordando la preferencia á la que 
hubiese engendrado de él mayor número de hijos. 

Mas Interesantes , ó por lo menos mas curiosas que estas absur- 
das supersticiones y prácticas estra vagantes ó atrozes , son las tra- 
diciones recogidas por Humboidt entre los indios del Orinoco, 
acerca de una grande inundación ocurrida en sus comarcas. Los 
tamanacos creian que en tiempo de sus padres las o!as del mar in- 
yadieron las tte: ras y fueron á chocar con las peüas de la Encara- 
mada. Esta idea formaba parte de un sistema de tradiciones histó- 
ricas ; esparcidas entre ios ma ¡purés de lOs grandes raudales , entre 
los indios del Everato y entre casi todas las tribus del alto Orinoco. 
Cuando se preguntaba á los tamanacos cómo habia sobrevivido el 
género humano á aquella grande inundación , respondían que un 
hombre y una mnjer se libraron de ella en lá cima de un monte 
llamado Tamanacu á las orillas del Cuchivero , y que habiendo ar- 
rojado a sus espaldas y por encima de sus cabezas algunas frutas de 
la palma moriche (22) , vieron nacer de sus cuescos á los hombres 
y las mujeres que poblaron nuevamente la tierra ; tradición que 
recuerda el famoso diluvio de Deucalion y las graciosas fábulas mi- 
tológicas con que lo embellecieron los griegos. Pocas leguas distante 
de la Encaramada se levanta en medio de la llanura una roca lla- 
mada en lengua de los naturales Tupumereme , donde se ven figuras 
de animales y pinturas simbólicas, que también se encuentran cerca 
de Caicara, en las ribet as del Gasiquiare y en los países que se hallan 
entre este y el Orinoco. Están á vezes estas figuras geróglíficas sobre 
muros do rocas elevadas que no serian accesibles sino por medio de 
grandes andamios ; y dicen los indios que en la época délas grandes 
ágoas iban sus padres en canoas hasta las alturas, y en ellas escul- 
pían aquellas figuras misteriosas. 

Pero si la religión de Jesús no logró ejercer sobre la inteligencia 
y el corazón de los indios su santa y regeneradora influencia; se es- 
tableció sin embargo en los países conquistados por los españoles , 
llegando á ser la general y esclusivafuente seguida por las razas que 
se originaron del comercio de los europeos con las gentes de Amé- 
rica y de África , y las distinlas mezclas de estas últimas ; razas que , 
pasado algún tiempo , vinieron á componer la parle principal de la 
población , y exigieron el establecimienlo de una iglesia americana. 



— 277 — 

Esta faé, como debía , en un todo semejante á la española ^ por la 
jerarquía , la liturgia, el ritual y la doctrina. 

La capitanía general d 3 Venezuela tenia tres obispados; el de 
Coro trasferido á Caracas en -1 656 , el de Mérida creado en Á 777 
y el de Gnayana formado en ^790. Este último era sufragáneo del 
arzobispado de Santo Domingo , y el de Mérida lo era del de San- 
tafé , en el Nuevo reino de Granada ; pero uno y "Otro dependieron 
al fin del obispado de Caracas ^ desde que en ^ 805 fué erigido este 
en metropolitano. 

Las rentas de estos prelados consistían en una parte del diezmo 
eclesiástico que el previsor y astuto Fernando se hizo ceder en pro- 
piedad el ano -loO^ por el papa Alejandro VI, queriendo así pre- 
caverse de la influencia de la Santa Sede en sus dominios de. ultra- 
mar. £1 rei tomaba del total del diezmo un noveno^ que se llamaba 
noveno mayor : una cuarta parte del resto correspondía á ios obis- 
pos : otra cuarta parte al cabildo , según sus dignidades. Hecha de 
lo que quedaba una masa , se dividía en nueve partes, de las cua- 
les tocaba al rei una llamada noveno menor, cuatro que decían no- 
venos beneficíales para los curas, dos para el sagrario de las iglesias 
catedrales , dos para la fundación de beneficios y hospitales en las 
ciudades, villas y parroquias. La cuarta del obispo de Caracas llegó 
á ser tan abundante, que un año con otro ascendía, antes de la 
guerra terminada por el tratado de Amiens, á sesenta mil pesos 
fuertes ; si bien los prelados metropolitanos no gozaron mucho tiem- 
po la asignación completa, por haberse reservado al reí un tercio 
de ella. Por lo que respecta al monto de su renta, era la del obispo 
de Mérida obra de un cuarto de la que provenia del diezmo á la 
^lia arzobispal de Caracas. De todos los prelados venezolanos el 
menos bien dotado era el de Gnayana, pues habiendo tomado el 
xel las décimas eclesiásticas de su diócesis desde la época de su 
erección, le pagaba solamente una anualidad de cuatro mil pesos 
fuertes; cantidad que era apenas la mitad de la que le hubiera to- 
cado, á haber estado sujeto como los demás á la cuarta parte del 
diezmo. Los obispos pagaban al rei en su calidad de patrono , y al 
lomar posesión del beneficio , la dozava parte <Je su renta de un 
•aüo al principio y por una sola vez, después la anualidad y en \o^ 
últimos tiempos la sesta parte do ella duiante seis años consecu- 
tivos. 

£n la capital de cada diócesis ejistia un Capitulo mas ó menos 



— 278 — 

numeroso, según eran mas ó menos abundantes las rentas. Después 
de estas dignidades y de los yicaríos generales y foráneos; entraban 
á tomar su lugar en la jerarquía eclesiástica aquellos pastores espi- 
rituales , tan útiles cuando sus costumbres corresponden con el fin 
augusto de sus funciones/ tan dañosos cuándo abn^n enperjuicio 
de los fieles de la influencia que les da su carácter sacerdotal ; los 
«Ufas, en fin, que ora se consideren como ministros de la religión^ 
ora como propagadores de la moral ; ejercen un ministerio que es 
sin duda la mas bella creación de la iglesia cristiana. Dividíanse 
en rectores , que estaban encargados de la cura de almas ^nlas po- 
blaciones españolas ; en doctrineros, que ejercían sus funciones «n 
las aldeas de indios sometidos al gobierno peninsular, y en misio- 
neros, que se ocupaban en convertir é instruir las tribus salvajes 
que vivían en regiones lejanas é inaccesibles , no subyugadas en- 
teramente por las armas cristianas. Estos últimos , como ya lo be- 
inos indicado, eran pagados por el gobierno. Los rectores de la^ 
ciudades tenían derecho á una parte del producto de los cuatro 
novenos beneficíales ; pero como los establecidos en otros lugares 
es-tuviesen escluldos del diezmo, y representasen , como de 'razón, 
contra tamaña injusticia , se puso en secuestro la porción destinada 
al pago de beneficios curados, y fueron todos los rectores reducidos 
•por mucbo tiempo á lo eventual, mui poco considerable *por cierto. 
'Bailábanse en peor caso los doctrineros, siéndoles prohibido recibir 
cosa alguna de los indígenas por matrimonios, entierros abautís- 
"mps , aunque con este motivo recibían del erario un sueldo anual 
de ciento ocliocenía y tres pesos fuertes, y tenían derecho á las 
primicias de los frutos cadañeros. 

Concedidos á la Eípaña el dotírinio útil de América y las décimas 
eclesiásticas , corrió de cuenta de los reyes la propagación de la fe, 
la fundación de ciudades y de villas , la construcción de iglesias; y 
nada faltó para completar su poderío absoluto sobre los 'nuevos do* 
minios de la monarquía, sino el uso del patronato, en virtud dd 
cual debía presentar á la Santa Sede sugetos idóneos para lo» obis- 
pados metropolitanos y sufragáneos , para'laá prelacias reculares y 
regulares, para las dignidades y prebfendas en his •catcdftiles y en 
las colegiatas , y para otros beneficios. 'Mui avisiado era' Fernando 
de Aragón para no conocer la importancia de aquel derecho , cuyo 
ejercicio , unido á las prerogativas de la corona , le constituían de 
hecho en úhüeo señor «ivil y 'eiclesiá^ico denlas vastas peéesiones 



— flf9 — 

wttMmarinas de EqNAa. luHoII se lo confirió por ona bala ée 
.4M8. Y de este modo estableeíeroa dos ¡lapas ambiciosos el poder 
absoluto de k»' reyes Gatólioos en las regiooes de Améríca , escl»- 
oféndese á sí. mismos de toda partieipaoion en los negocios de su 
iglesia. Porfue no puede llamarse tal la aprobadon de los nombra- 
aúcAtos ; mera formalidad de qoe no podían ^^esdodir, y que á 
nada bubiera condaeido el rdmsar. Centro pnes de todo linaje de 
AUdeiüdad era en el Nn^FOnliando el monarca español, fio babia 
(aUi.competenctaa ni altepcaéos entre jurisdicción temporal y espi- 
a*ilttal ; arbitro de todo, todo se baeia por él óen sn nombre, atí 
;hi ekocmn del ministro , como la ce«stniccion del templo ; del mo- 
«iiasierío , del betpital , de la obra pia. La primera coligación del 
(Obispo elegido-era la de bacer solemnemente y por ante escribana 
reí juramento de respetar el patronato real ; absteniéndose de poner 
•4ib8Uí)euiofr al ^ereicio pleno de los derechos .qae.dtbd ^1 prínoípe ; 
íObKgaeíon tan esencial , que sin cnmplirla no podia el prelado to- 
mar posesión de so destino. Ademas, la Santa Sedeño tenia nin- 
'#]Ba cenraaicacion directa con la iglesia americana , sino cuando 
ioonrrtan casos i esenradcis : cosa que sncedia rara vez , y tanto mé- 
-moSy que los obispos en Indias teman , por causa de la distaDoia , 
facultades mas amplías para absolver, que los prelados de Europa. 
I>os demás aotos pontificales, como bveves, bolas, dispem^s, in- 
dulf^cias, propoeiMones condenadas, lo mas mínimo, en £n, 
•debía ser examinado y aprobado por. el conaciio de Indias intes de 
^fiasar i América. 

Los beneficios de nombcamieoto real eran tanto los ^imjiiles como 

dos carados ; si bien se daban estos en concui:so< Concluido el plazo 

qne se ^aba» pora.este y hecha la oposición , proponía el obispp de 

'la diócesis tres sugeios^ de los cuales escogía upo para la cura de 

. calmas el goberaador^ en nombre y por autoridad del rd. Generál- 

' ¡lUíeiite se proponían para los rectorados , eclesUstipos americauos , 

y para las doctrinas se preferían los que su[Hesen .el idioma de los 

.iindígenas. Una real cédula de -1757 , espedida por Fernando VI , 

.'yioohibió á los religiosos tomar la direc^on de las parroquias nlla 

•4:qra de almas, .^io» cualquiera denomioacioa que íiiese, n^^n- 

, Amdo al mismo tiempo que en. lo j»ucesivo á^ medida cjue íal^scn 

'losi poseedores acUiales , solo, pudiesen presentarse á sojiciü^ bcaie- 

iileies vaoanles, edeaiásticos seculares, siMjetos á la jurísdiccion^c 

.00113 díooesasios. Oie este modoso sancionó la secularización dejas 



— 280 — 

doctrinas, solicitada coa grande y justo empeño por los buenos 
prelados de América ^ como único medio de cortar los desórdenes 
de los religiosos que las administraban sin dependencia de los obis- 
pos , y usurpando las funciones del clero secular. MuMio antes se 
habia intenlado tan conveniente reforma; pero en vano, a pesar 
de muchas representaciimes de las autoridades políticas , civiles y 
eclesiásticas , creciendo el mal á punto de ser verdadera aquella 
ífentencia de Robertson : '< Que la corrupción de aquellos frailes 
4 sin disciplina ni freno llegó á ser un escándalo y una virgñenza 
« para la religión. » Mas aun conociéndose e! mal, y teniendo en la 
cédula citada un escelente remedio , el poder y la influenela de los 
monjes fué tal, que en mucbos lugares continuaron deseatpeñando 
el ministerio de curas doctrineros; si bien no esclusivamente como 
antes. Este fué el caso en Venezuela . donde hasta mui entrado el 
siglo XIX tuvieron cura de almas los religiosos que dirigían las mi- 
siones , los cuales siendo independientes de la jurisdicción de los 
.diocesanos, se renovaban con sus hermanos de Espa&a. 

íl ahora 00 nos quedan por conocer sino dos tnsUlucíones de 
•grande importancia que fueron introducidas en América, para dar 
una idea completa, aunque compendiada , de la organización ede- 
siástica del pais. 

Ya hemos dicho que muchos religiosos, llevados de puro y santo 
zelo por la conversión de los gentiles , abra^ron espontáneamente 
vfLdnro oücio del apostolado, y dieron en América ejemplos de va- 
lor y de virtud sublimes ; también , que apagado el fervor de sfs 
sucesores , y n.alamcnle dirigidos sus trabajos por vido ó por igno- 
rancia , no llenaron el fin primordial do su augusto ministerio. 
Estos eran los padres misioneros. Pues en pos de eltes , y sin pro- 
ponerse el mismo fin, poblaron de luego á Itiego las colonias espa- 
ñolas oíros frailes de diversas denominaciones , que asentaron con- 
ventos y adquirieron propiedadi^s , multiplicándose en seguida de 
un modo no menos estraordinaro que perjudicial á la república. 
Cuando mas necesidad tenia esta de brazos industriosos que culti- 
vasen sus inmensas tierras, de ciudadanos útiles que abriesen nue- 
vos caminos á la industria, entonces fué cuando introdujo en su 
seno una política incoüsecuenle , la clausura de uno y otro sexo, 
igualmente- contraria á la propagación que á la riqueza. Bueno es 
el celibato del cura , santo su oficio ; que ni debe tener el pastor 
«as familia que su grei , ni aplicarse á otra cosa que á servirla. 



Pero el caoTento , qiie escloye de )a sociedad al hombre , haciéii- 
dole inúUl para si mismo y para sus semejantes ; que so color de 
vida coulemplatíva eogendra el ocio y entorpece el ingenio , es 
vana superslicion , ruina y desorden. Asi lo reconocieron varios 
estados católicos, cuando prohibieron espresamente los votos mo- 
násticos en sus colonias , y los mismos reyes de España ^ cuando 
alarmados con el aumento progresivo de una institución tan con- 
traria á la jNTOsperidad de América, quisieron alguna vez precaver 
>á esta desús malas consecuencias. Cómo se propagaron en las Indias 
]os conventos, es cosa que sorprende. Poco tiempo después de la 
conquista había en las colonias españolas . según Herrera , cuatro- 
denlos de ellos. Torquemada , á quien Robertson cita , contaba 
otros tantos en la Nueva España en una época posterior ; y Villa- 
señor (25) daba en ^45 á la s<^a ciudad de Méjico cincuenta y 
«cinco. Ulloa contó cuarenta en Lima , y tan considerable halló que 
era el número de mujeres enclaustradas , que con ellas , dice, hu- 
biera podido poblarse una ciudad. Si damos crédito á Juan Gon- 
:záiez Dávila (24), la jerarquia de la iglesia americana en 4649 se 
componía de un patriarca , sds arzobispos , treinta y dos obispos , 
trescientos cuarenta y seis canónigos , dos abades, cinco capellanes 
del rei y ochocientos cuarenta conventos : ciento doce de estos eran 
de jesuítas , los cuales según un manuscrito de Robertson , tenian 
«n ellos dos mil doscientos cuarenta y cinco religíocios. 
. Y luego, no son por desgracia únicamente protestantes ú oscuros, 
sino mui crkstíanos y de cuenia los escritores que pintan con negrí- 
simos colores la conducta del clero regular en América , represen- 
lando á la mayor parte de sus individuos sin las virtudes de su es- 
lado , sin kstroccion , sin decencia , sin respeto á la moral ni á las 
costumbres públicas. De quienes se hubiera podido justamente de- 
cir con Salustio : « La tierra, los mares y cuanto encierra el mundo 
« está sujeto á la humana industria ; pero con todo hai muclios 
« que entregados á la gula y al sueño , pasan su vida , como pere- 
grinando, sin enseñanza ni cultura; i los cuales, trocado el 
i orden de la naturaleza , el cuerpo sii*ve solo para el deleite , el 
a alma les es de carga y embarazo. » 

Pero no todos fueron así ; que losmlsaios que escribieron tan 
mal de los frtties , vindican á los jesuítas el honor de que algunos 
quisieron privólos. Fué esta sociedad , asi como la mas rica y po- 
derosa , tes mas úlil de cuantas inventó el zelo de l4 fe m§i eiMoa* 



— 219 «- 

Ado , ó Ifr'andiiciiHi , 6 ia cÍMidia. No se dUmm bib ' miembros , 

Mmo la mayor parte de-Ios mooaealeí; á aquella Tida «ncfaa y rega* 

iada , mas segas el espirita del mando qae el de Dios; skio antes 

bien, eomprendiendo qae el trabajo es sobre la tierra el deaUao 

*del' hombre ^ coltivafOD sas eotendimientoseoD vastos y proftmdos 

estadios , y viajaron «ítitoiente por todos los pimes eonseídos; lle« 

-tisido é todas partes hermanadas , oomo deben estarii» siempre, k» 

toes de la religión y de la cienda. A imitaciOB de los amigaos be- 

naedíetinos y otras árdenos mbias , paMiearon trabajos literarios 

<esoelentes; como los dominicos^ defendieron oonstanteraente keaosa 

'ée los polHres indios , vejados y oprimidos ; y por lo menos mejor 

'qae los observantes, snpieron en algunos lugares de América re- 

'dueirlos á Ja vida y policía de les pueblos caitos. PueroB'Sas eos- 

tiHnbrss ejemplares y paras , y con esto y sus riqoesas , sus bien 

'^mantenidas comanicaoioiies con el mundo entero, la instroaekm 

'pdbllca que á «a cargo estaba , y ana disciplina adeeoada -pom 

"mantener unidas y trabadas las inmensas partes de auvinmeasoiedl- 

oficio monáStíGO, adquirieron un poder é influencia estraordinarios 

«en lodos los países católicos. Acaso íoeroa con estremoombiciosoBj 

' y no pocas vezes llevaron intrigas y malas artes basta el gabinele 

liaios reyes coyas-conciencias dirigiaii ; pero ftiésu vida en geneml 

i'iaoeente , laboriosa y4ttil. ¿ Se <^nia so eiistencia como:8ooiedad 

á la marcha y al orden de la moaan|aia ilimitada f-intes favorecía 

.-una y otro con sos márimas ultraaMnIanas. ¿Tarib«roB el sosiego 

-público con asonadas y tumultos? IVo. ¿Ó aspiraron é regir los pue* 

' Uos como señores , poniendo en lugar de los cetros el bácolotde la 

•teeeracia ? Los:jesai(as enin stMos , y esto mincft fuémas^que'mia 

' estravagante eonjetofra é un ptetesto inieuo. Y i^tíst» qoe.de eu 

^éruen pueda deoirae , como de tedas , que los;bicae8 que^una vez 

>>ttas que otra produjeron no jusitflcaba»8n enstenciaen «aerpes 

' «organizados de distinto modo que el pueblo , también es cierto que 

-'«a peraeoocion y tsu despojo fueron tan craelescoaM) inicoos , y no 

' tuvieron origen en ninguna idea generosa de política y «MUfeoien- 

cía páblica , aino en las de venganza y de codicio. 

El ministro francés Ghoiseul ^ que babiacmicebido contra* ellos 

"nn odiO'nMntal,'loscspiilsé de Frssicia en'4764. Porsvmalsaeedió 

fUe en el de 4766 se alborotó el poeMoíde «Madrid porque el iéa- 

. llano SqttiHacke,ttÉlilt«o de -Caries 411 , quiso eaftaUecer elime^o- 

Lpeüo sobre el aceite y^elpan, aitíeal08iprtac^ea:de la ^obrisHii* 



da 'del pueblo. Pues esta eonmoéioD; euyo origen no dd[)ia buscarse 
^inoen la torpeia del ministro , yqne no tenia otro objeto que 
tnndarle , se atribuyó sin mas ni mas á los nobles de España y á los 
)mdres jesuítas ; y estos pagaron por todos , ya porque los primeros 
'eran demasiado poderosos para ser castigados , ya porque en reali- 
dad no se quería mas que un pretesto para perderlos. Atidos cor- 
tesanos que deseaban sus riquezas , se desTivian por seguir el ejem- 
plo de'sus vecinos : Cholseul por "su parte los animaba y protegía. 
Con esto y con pruebas que inyentaron el nríedo^ el odio y la co- 
ncia, Garios ; espantado , se dejó arrastrar á seguirla política del 
gobierno francés, á la que por desgracia de Espaüa se mostró siem- 
"pre indinado. Decrétase pues con el mayor secreto la cspulsion de 
ios jesuítas en ^767, y por la noche , á una bora de antemano se- 
Üalada /los seis colegios de Madrid son asaltados r pónese embargo 
'én^m bienes , si embargo era aquello y no robo : de lo suyo se les 
permitetomar el breviario y algunos efectos indispensables; después 
'de lo cual se les' conduce á los carruajes que estaban prevenidos , 
"y %\n mas formalidad se les embarca para Italia. Esta operación se 
liace á la misma bora en los demás lugares de España , en los de 
América , en Asid ; y seguidamente «e publica á la faz del mundo 
<que-los venerables padres jesuitas'habian sido desterrados ain juicio 
ni'defensa , y que^ns bienes quedaban conílscados en«benéficio del 
«erario. Para que pudiesen subsistir en el destierro , les dieron por 
•dia una cantidad equivalente á lo que en Venezuela entienden por 
'dos reales, b^jo' la condición de abstenerse de toda queja contra el 
gobierno , ya fuese de palabra ó por escrito ; bien entendido que 
la 'pensión lésisetia retirada si uno solo de ellos -alzaba la voz para 
'VMiciarse. Al propio tiempo se prohibió á los españoles el que de 
Cualquier modo los defendiesen ^ so pena de ser considerados como 
traidores al rei y á la patria. De modo que , no contenta la corle 
ton una insigne maldad , cometida á ciencia y paciencia de la na- 
eii)n^ <»stigaba la queja eon el hambre, y la piedad ^mé traición, 
los ^mdres estrañados de E-spaña ; llegaron áCIvita-Vecbia , y ha- 
biéndose opuesto el papa ásu desembarco , se vieron en el forzoso 
7 desagradable caso de aguardar a bot'dó nuevas órdenes del rei. 
"Entablóse una negocfeeion con la república de Genova <para obte- 
ner el permiso de echarlos «n Córcega ; mas áhtes de concluirse el 
triado, el alihlrante español recibió ófden de hacerse é la vda 
eonnHos^para Bastía, ^yo^bernador no quiso reéibírtos. i^or fin 



los genoyeses se apiadaron de aquellos infelizes y oonsíotíeron en 
darles asilo en los puertos de Calvi , de Algaiola y Ajajccio. Guando 
pusieron el pié en tierra después de tres meses de sufrimientos 
inauditos, su número se babia apocado considerablemente : no 
solo los ancianos y los enfermos , sino muchos jóvenes habian pere- 
cido , apilados en estrechos bajeles , como fardos de mercaderías. 
£1 ejemplo de Carlos 111 fué seguido por su hijo Fernando IV , rei 
de Ñapóles , luego por el ducado de Parma , y en 4 773 Ja orden fué 
enteramente suprimida por Clemente XIV. En cuanto á los jesui- 
las » ilustraron con heroica paciencia su martirio, para mayor ver- 
güenza de sus verdugos. 

Estos padres gozaban en América de todos los importantes pri- 
vilegios concedidos á las órdenes meodicantas que estaban dedicadas 
á la conversión de los indígenas ; y á lo que hemos dicho es justo 
afiadir que en sus funciones de misionaros se distinguieron generalr 
mente en Venezuela , del mismo modo que los franciscanos , por 
unacouducta ejemplar y laboriosa. Bien es verdad que las quejas 
que por do quiera se levantaron contra el clero regular en las In- 
dias , por mas fundadas que fuesen , no deben comprender, sin es- 
cepcion , al de Venezuela ; que allí ios religiosos, si vivieron por 
efecto de su regla, vida inaetiva é inútil, no la mancharon con los 
escesos y crímenes que en otras partes llenaron su nombre de <^fo- 
bio. Mas incontestable aun fué el mérito del clero secular, pues este, 
uaiendo en todas las comarcas venezolanas el trabajo á la virtud , 
mereció el prodigioso ascendiente que tuvo en otro tiempo sobre el 
espíritu de sus conciudadanos. 

A él se debió en mucha parte el que se conservasen en América 
puros el dogma y la doctrina cristiana , sin emplear las violencias 
que en Europa hicieron justamente abominable la política de algn- 
jios gobiernos y los escesos de la inquisición. Tambiep esta se esta- 
bleció , como ya Jio sabemos , en las colonias; pero su injusto mi- 
nisterio no causó los males que de ordinario acompañaban sus pa- 
sos. Méjico, Lima y. Cartagena eran los únicos lugares que en el 
Kuevo-Mundo gozaban el triste privilegio de poseen sus tribunales : 
en Venezuela no habia sino comisarios sin jurisdicción, encargados 
de informar sobre los hechos que les fuesen denunciados, y de re-< 
mitir la causa y el encausado á la inquisición de su distrito. Mas 
como instit4ic¡on política que como religiosa debía mirarse en Amé- 
rica el Santo Oficio. Los babiuintes ro se comunicaban con los ^* 



— 285 — 

tranjeros ; las relaciones comerciales entre unas y oirás de sus co- 
marcas, eran insignificantes; la instrucción literaria escasa ; nnlo el 
movimiento del espíritu. En semejante situación era escusado pen- 
sar en que nadie se moviese á promover reformas religiosas , cuya 
sola idea noliabria cabido en ningún entendimiento americano de 
aquel tiempo. En Venezuela pues , los comisarios se limitaron á 
mantener apagada ¡a luz de las ciencias , velando en que no se in- 
trodujesen libros prohibidos : que eran todos, pues en un catálogo 
impreso de oGcio en ^790 por la inquisición, para conocimiento 
del público, se encuentran los nombres de cinco mil cuatrocientas 
veinte obras reprobadas, fuera de una cantidad inmensa de produc- 
ciones anónimas que habían sufrido la misma ¡suerte. Así que , 
mientras en Europa la inquisición y las guerras religiosas inunda- 
ban de sangre el suelo y hacian triunfar sin quererla reforma pro- 
testante, á fuerza de escándalos y violencias, vivían en América 
tranquilos y' como muertos para el resto del mundo sus cuitados 
habitantes , sin oír hablar siquiera de aquellos combates terribles 
de donde había de salir emancipado el pensamiento humano. 

La España , cómo tan es)crupu1osa en mantener la pureza de las 
doctrinas religiosas y políticas , tenia en sus colonias un gobierno 
adecuado á este fin ; sencillo cual conviene al pueblo esclavo. Pri- 
meramente un capitán general que en Venezuela ejercía en nom- 
bre del reí la autoridad suprema en materias militares , sin el 
acuerdo de ningún consejo ó tribunal ; si bien en casos arduos oia 
el parecer y aun seguía el dictamen de una junta que decían de 
guerra , compuesta de los primeros oficiales de la guarnición. Es- 
taba esclusivamente encargado de las relaciones políticas de su dis- 
trito con los establecimientos coloniales de las potencias estranjeras. 
Presidía en el primer tribunal de justicia , cual era el llamado 
audiencia, aunque sin voz consultiva ni deliberativa; fuero de ho- 
nor que servia menos para aumentar su autoridad, que para hacer 
mas respetable la de aquel cuerpo. Mucho mas importantes eran 
sus funciones en materias de justicia , como gobernador especial de 
la provincia de Caracas ; pues conocía en primera instancia de lo- 
dos los negocios civiles y criminales del lugar de su residencia , 
con el dictamen de un letrado que le asistía para darle consejo; el 
cual redactaba y firmaba las sentencias. Nombrado y pagado por 
el rci , era este asesor responsable de las providencias y fallos que 
se daban ; y su parecer en todas circunstancias debía ser seguido , 



á Doéoos qve el gcAernador^ aefwráadose de m opwoD ^ no iiom**> 
brase otro ad hae. Casos había en qae el gobernador Miaba en ua 
sentido opuesto al dictamen del asesor, pero entikiees tenia que 
fundar su dedsion oomo únioo responsable de las rescatas ante loa 
tribunales superiores. Ademas de estas atribuciones en materia de 
justidty comunes á los gobernadores de las otras provinois», tenia 
el capitán general la mui importante de nombrar para varios emr 
pieos , y la de llenar interinamente las vacantes qne ocurriesen en 
aquellos cuyo nombramiento correspondía á la corona. 

La duración de su empleo era de siete anos ordinariamente ; s^ 
sueldo de nueve mil pesos fuertes, sin contar las obvenciones qof^ 
le tocaban. como juez de primera instancia y otras de su oficio, que 
por lo menos duplicaban aquella cantidad. La lei quiso hacerle esr 
tranjero en el pais que gobernaba, pues con tales facultades aglo- 
meradas sobre su persona, entraba en la política de lacerta que no 
ejerciese á tan larga distancia de la madre patria una autor»lad abr 
soluta. No podian tener mas de cuatro esclavos en toda la estenaíoa 
de la provincia, ni comerciar, ni casarse ellos, ni sus hijos; tamr 
peco concurrir á bodas ó entierros, ni presentar á nadie come pa- 
drino par>a recibir el sacramento del Bautismo. Concluido d tér- 
mino de su administradon, daban cuenta de ella antes de salir del 
territorio en un juicio que se llamaba de residencia, el cual seguía 
por lo común un letrado á quien el rei escogía para el caso, entre 
tres sttgetos idóneos que le presentaba el consejo de Indias. Por 
sesenta días consecutivos oia el comisionado las quejas, que sobre 
abuso de autoridad quisiesen poner en su conocimiento contra el 
capitán general los ciudadanos de todas las clases , y á estos se ad^ 
vertía de antemano por bandos y edictos el día* en que debia em- 
pezar la residencia. Dada una queja, se tomaba el juez otros se- 
senta días paca averiguar la verdad y juzgar de ella, remitiendo 
seguidamente el proceso al consejo de Indias , que debia fallar der 
flnitivamente. Mucho tiempo estuvieron sujetas i este juicio, todas 
las autoridades ; pero en Á 799 se dispuso que solo continuase en 
observanciaf respecto de los vireyes, capitanes generales, presiden- 
tes, gobernadores políticos y militares, intendentes de ejército y 
corregidores. Y era en tal manera necesario, que sin una certifica- 
ción de haberlo sufrido victoriosamente^ ninguna persona podía 
tomar posesión de un nuevo empleo. 

Aquestas eran las atribuciones y deberes de los capitanes gene- 



nJm* Pordoode se ve qoe las ley^es^qoisieron eonetiiar el prineifi» 
de un gobierno imparcial y equiiativo eo» la necesidad: de uopof- 
der enérgieo en las colonias, precaviéndose al mismo tiempo de la 
usurpación qnC' podían iacálmente intentar losddegados de la aa* 
toridad suprema. Que no siempre , ó por mejor deeir, que raras 
vezes correspondiéronlos hechos con estas sabias precauciones eo 
favor de los pueblos , es una verdad escrita en cada página de la 
bistoria de América, donde las demasías , cubiertas con el oro que 
ellas mismas produdan , quedaron , no solamente impunes , sino 
honradas. Condición de las leyes humanaa; poder de las riquezas 
siempre el mismo en todos tiempos y lugares; inconvenientes ion- 
separables de toda autoridad distante de su origen , que para ser 
subsistente debe ser grande, y cuando grande, abusiva. 

Para. mejor evitarlos se establecieron' las audieodas, tribunales 
importantísimos , cuyo ministerio no solamente los constituía jue^ 
zes , sino en derto modo defensores de la libertad- publica , y apo- 
yos de la autoridad real. Todo estaba sujeto á su jurisdiccioa, á 
su censura y vigilancia. Como tribunal de justicia, ccmoeia, según 
nos dice Escriche (25), en segunda y tercera instancia por apelación 
y súplica de los pleitos que se decidían en primera por los juzgados 
inferiores de su territorio , y en primera .y secunda por vista y re- 
vista de todos aquellos en que intervenían personas que gozaban 
del privilegio llamado caso de corte ; que era aquel en que las cau- 
sas civiles ó (^iminales se podían radicar desde la primera instancia 
en el tribumd superior déla provincia, quitando su conoeituienfo 
al juez inferior, aunque para ello fuese necesario sacar á los liti- 
gantes de su fuero ó domidiio. Conocían igualmente en las causas 
criminales sobre delitos muí graves que mereciesen pena corporal 
ó destino á preddio ó á las armas. También de los recursos de fuerza, 
en virlud de aquel derecho predoso de tuición que corresponde á 
la suprema potestaddvil , para amparar al pueblo de las injusticias 
da los tribunales edesiásticos ; otro paso mas que adelantaba la 
jurispEudencia uadonalen el recinto sagrado é independiente de la 
iglesia. 

Los vireyes y capitanes generales en América debían en casos 
esliaordinarios de gobierno pedir consejo y aun dictamen á las au- 
diendas ; sobr» lo cual es de notar que los reyes tenían en tanta 
estima la integridad y sabiduría de aquellos cuerpos , que por di- 
venias cédulas previnieron se acatasen sus decisiones del mismo 



~ 288 — 

modo qae sí emanasen de la suprema potestad. Guando se reanian 
para consultar sobre asuntos de esta clase , y en ocasiones con mo- 
tivo de algunos contenciosos de importancia, se llamaban acuerdo* 
Así constituidos decidian gubernativamente y con intervención 6»- 
cal las controversias y recursos sobre propuestas , nombramientos 
y elecciones do alcaldes, regidores, diputados y síndicos del común, 
y las instancias de estos sobre abastos , consultando las dudas al 
consejo supremo. Tenian las audiencias el raro privilegio de repre- 
sentar directamente al rei , proponiéndole cuanto juzgasen conve- 
niente en materias de gobierno y de justicia. A ellas se dirigían de 
m^inarío el monarca y el consejo de Indias para obtener noticias 
sobre asuntos en que estalmn comprometidos los vireyes, presiden- 
tes ó capitanes generales. 

£1 respeto que generalmente se conciliaron de los americanos por 
sn integridad y firmeza , eran una salvaguardia para el (roño, que 
por lo mismo no dejó nunca de recomendarlas eficazmente á las pri- 
primeras autoridades políticas, ordenándoles tratar y honrar á sus 
miembros como magistrados á quienes el rei favorecía con toda su 
confianza. De modo que por esto y el derecho que tenian de revi- 
sar los reglamentos formados por los vireyes y capitanes generales, 
eran las audiencias una autoridad intermedia, colocada entre el pue- 
blo y los delegados del poder supremo para impedir la opresión del 
uno, y la usurpación y despotismo del otro. Mas el justo rezelo de 
que semejante facultad llegase á ser origen de subversión y anar- 
quía en manos de una corporación judicial , hii^o que se pusiesen 
cotos á su poder, restringiéndolo á representar solamente por vía 
de consejo y no de amonestación á los vireyes y capitanes generales. 
En caso de oposición directa entre su opinión y la voluntad de a- 
quellos magistrados, debía esta cumplirse, sin que les fuese per* 
mitido otro recurso que el de esponer el negocio al rei y al consejo 
de Indias. Ni eran tampoco ilimitadas sus atribuciones como tri- 
bunal de justicia, pues en materias civiles, si el objeto controver- 
tido escedia la suma de seis mil pesos , podía apelarse de su decisión 
para ante el consejo, según las leyes generales. 

Las cuales quisieron al mismo tiempo que las audiencias reem- 
plazasen a los vireyes y capitanes generales en los casos de ausen- 
cia ó muerte ; prerogativa que tuvieron en un tiempo los cabildos 
de las ciudades, y mas (arde solamente el de Caracas. Después co- 
noció el gobierno que no habla hecho otra cosa que pasar de un er- 



ror á otro error, confiai^ la admiifístrácion política del páis á hom- 
bres sabios, si se quiere , pero in^^ipertos.en el manejo de los nego- 
cios públicos , y dispuso que en caso de vacante por cualquier mo- 
tivo , tomase el mando el oflcial militar de mayor graduación que 
existiese en el territorio de la capitanía general. 

Todo el de Venezuela estuvo comprÜMido eaia jurisdiécion de 
la audiencia de Santo Domingo, desde el descubrimiento de la Cos- 
ta^rme hasta^el año de H 7^ 8 , eaque fué declarado parte integrante 
del dislríto judicial de Santafé ; pero viendo el gobierno los granSes 
dispendios é incomodidade9f.que ocasionaba la distancia , dispuso • 
que volvi^en las^osas al estado que tenían antes. Igual razon4^ 
movió á crear una auaiencia venezolana el año 4786, y en el si- 
guiente se estableció en Caracas , con un regente*, tres oidores , un 
ñscal para lo civü, otro para lo crjittind , un relator y un alguacil 
mayor ^ este último con solo los gajeslR su ofi8k>, los demás con 
sueldos y emolumentos cpe«í%)s. £ra tan clara y urgente la nécesl^ 
dad de esta medida, qye efno haberla tomado hasta tan tarde prne-" 
ba la pobreza del pais, el atraso de su población y la poca impor- 
tancia que por todo esto se le daba yuónces ; juicio en que tanto 
mas nos afirmamos , cuanto w VM^^ negarse que el gobierno es- 
pañol tomó siempre grande empe^ en mejorar la suerte de sus óo- 
tonias, cuando lo que para ello babia que hacer no se oponia ni á 
su seguridad ni á su obediencia. ^ 

A esta sucinta noticia djpUas atribtímnes de las audiencias aña- 
diremos solamente que las leves «spañ^s, solícitas por la cum- 
plida administración de jus^ia y por éRrédito de aquellos' cuer- 
pos, impusieron á sus miembros mayores*^ mas severas festrlcc^- 
nes que á los capitanes generales, llegando hasta el estremo de ha- 
cerles prevenciones para la vida privada , y á prohibirles el trato 
ton ciertas clases de personas. Ni se^lvidaron de prescribirles reglas 
sanearías de la clase de aouellas que ém tattla exactitud llamó 
Helvecio « impericiadel legisnidor, si es mdliarca. enviiUa si es pue- 
blo » ; hien que con el Buen íin -de hacer d ¡guascas audiencias de 
«u augusto ministerio. ^ 

De lo que hasta aquí bemos dicho se ve pues que la máxima fun- 
damental é invariable de los monarcas espilles , era que en Amé* 
rica todo pertenecía á la corona , nada al pueblo. La tierra y los 
hombres indígenas se hablan repartido por encomiendas ; lo^i- 
iiistros de la religión, los oficiales de justicia; Ias|iitoridad6B pplí- 



-.,a»o — 



Hkm ;^Mii4iMbbrai&6 poreHfl^; t finalamite l(».cabiiao6 , sola iog- 

4iim\m eft que^se «desfHlbriese wa teini¿^sluaihíe de eleeoíon po-* 

polar» «e Ta*vwoB'prmlegioaFi8to5AUko,<»tt la^reaiátoode re- 

^^\meM»rf^eíWB y veaaleB. Estos cneRpos i;ozar«ial prine^ 

de la conquista una. f nmcoatíderadou y, como ya io Timos, fpsaa 

/ poder ^pero lea euro poctv? Envwaeádo el de Caracas eon la cédula 

.de i676 , que le llaaiaba al mando del pais ea caso de vacante, 

rqmBo bacer tales ensayos de su {uerza , que la melirépoli le cortó 

.las vuelos, >ustf|Donte alarittada al ver ainlaBias de «ambición en un 

. hijo del pueblo.'íJn ruidoso suceso ^faitrido«n 4725 fué sobre lo^ 

•Jos el que ptopopciooó á la corte motivo y mqjios d^reducir tos 

cabildos á limites aun mas^estrecbos de l3b que antes tenias. 

y fué que los alcaldes ordinarios deCaráoas pusjeron preso al go- 
bernador Don Diego Portitó ujr orden del virei j^de la audlenda 
de Santalé. IgnóíAse los Motivos que para ordenar sem^ante vio- 
ffencia tuvieren estas *)S a«toridade%,«i bien es prAumible que el 
■ a«to fué solicitado por los mismos alcaMes. ^on parece que aquella 
era la segunda tcí que Portales se veia en tito trabajos*; pues el 
obispo Don Juan José de Ésí^plona y Cálatayud habia recibido ^to- 
rizacion del rei para ponerle en libelad , si de nuevo quisiese el ca- 
bildo prenderle. El prelado se Hilaba visitando su diócesis cuando 
supo el caso , y taidó dos meses en volver á Garécas ; pero apénap 
regrgsó , al cabo de aquel tiempo , intervino ooutó mediador % la 
pendenia, y obtuVo que Peiéies fuesélmesto en libertad. Mas no es- 
taba en esto d priudpaljmbarMO, sino en que los^akaldes habie^o 
-tomado gusto al ejercicif^el poder,T!b quisieromreowiooer oufTa- 
mente á Don Diego por #>bemador de la provincia, y echaron ma- 
M de las «rmas para oponerse á su restauración. En este emiflieto 
el prudente diocesano ocurrió á las vias de moderación^ «placó ilos 
ánimos y conservó la tranquil^ad del pueblo; pero hallándose aiH 
^torizado para proteger á#ortáles, le reconoció por gobernador te^ 
^timo en m palacio epirtsopal , y aun I^cousejó retirarse á laíTierra 
adentro ¿n deiiEda de^silií»-para resteblecersuautoridíid . En- 
terado el cabildo de esta determinación j envió tropas á Yaknda para 
-estorbar el plan y fffeader á Portales, y lo consipiiera , si este no 
^luMera tomado otro cwnino ; mas aquel tumulto revolvió al pais, 
y los áuitnos disididos aineiiassaron«»a guerra civil. En mal habría 
Liado eV^UBl©«ia la Uegadl de UBfe real ^eéduk que ordenaba^í^ 

~iidnattltfstie&te^ répoáteion^e Portales: Por d#iide vino á caUnawe 



,Bémm de imMados , Jooto tíin erwei y la au<}Í6iM¡ía; íoeron 
(lliaiiátdo&praiM^, tmcesar fremiüré Espina.- Síagnlariiegoelo ^ 
-^ u<hM ¡ e8l a pa1|mblemeitfé>ei dasórdea «nqae aan eitabaií'laa 
¿osa» de Venezvela mai «aipido ya d ojdo xvui. 

* Menos ^ee8Í#habieriJt ñdosofiofceaie pKta abrirlos ojos é 1(% 
jafsBaobréTla clbúT^^cia dt eerecn» la anioríáad die k» cabildos ; 
y eüüiecio, desde fimacts ^ le íiie»>B ratimido al de Caráq;» los 
priTtiegia&qite>iaiia/baat«^ejario redaaktoá sttobiáicion maai« 
* lápal^Goü este, un se mUifiEÓ á lo&gdhtfáaéores para nombiaiuMm ' 
4 títalj^de jttfltieias maif»res anos aiii|dtadt)aqie ft^K^aa ^idmioi»- ^ 
4rar la ordinaria del i])Í90oqiii6d« que laa idcaifltes ; bud^-se arragló 
la sae€^ioa*4h mando, y llejaBdo demasiado! MJos lai pvoeauoioiies^ 
se miró moi mocho ia corl^iyo rácósrro íéAñ da iiarmitiF .el es- 
labiectmisBáo de ÉraefTOS'oaibiUi» en ios pÉdblos; Béfeide no ¿a faa- 
4)ia, el nmo ée paficfa j la adnwmsUsÉBoaíde |osticia ag |msleiiaiiá 
'Carg^deuBos eiBfleadosqiie tambioiiiQnhrabafi loagobamadonei^ 
•con la dJioÉnnKMHa d^ienieolK^jscftidas , ioi esales. dsiiabaa dos 
alios y f odian ser reel^dos. En «n fiaía dónde iost>i^|Kk)s aafaban 
«Btre sí taa\3Í8laQtes ; donde la^i^ontuaubadoa ara difícil/ porfalta 
^e bnenos canúoos; dente la antoridad pública tendía Éas á-coi>- 
jSerYMse que á proteger, oprioiían los téaíeatte jnstícíÉs í tos haJ^i- 
tan^^^con lodo el peso de un .poder abandonado i 'dnafwajHOs kib- 
fwlsos , sin Ineoo, sin ^nia, aa^ mb fesponsabilidiid; Bafita^cir 
que^sus fttneianes aroa ejeraidaa |wr ia< eoto<tndaiil«B«üyiitai|8 ea 
juuphoa lugares, y que en todos •ellos era ian gi:aBde la automad, 
tan fácil «1 abuso y tan proditetíñFO, quelos4ales ienieniasgos sobú* 
irab» eama medios áníal&lesr de baao" una rápid*ííorluna, y se 
jfdipltabaa con mas calor é intrigad %Qe ot«06«|x¿laealamliyos y 
/lloncasosil^'lasokidades. . ^ 0- 

■tfVo era esta por cierto la últMaaa pieza del 0dificia jabdicial qu^ 
Jando en^Yeneznela el gobierno^* Bs^Mla ; po»- mas fxroiyo esa- 
.«en seria fiaistidioaO) y loqde eamas^ inátUde^iies debaber dsdo 
^1- lector una idea bastante ^%Sta de sos part^ constitutivas. Solo 
«afiadipemos que en América iSmií poc^s- bombv^ blancos estaban 
dni|eto& á los tiíbonales ordinarios , por rexistú: jwgadop que caao^ 
fdan en materias especiales y en los negocios 4nvUes y «ríndales de 
«Ignnafcclases de «personas prtvilagiadas. 

Vüm |>ues ioeaes edesiásli^» praxlos asufly|i»s e^Mi^itatdfis y ^iia 



anejos, y aun bab!s^do en generad para los civiK^dei clero ; üm* 
bien para Jos criminales ; como no fueseis delitos 'centra el estado , 
ni los enormes ó mui graves, y aknnos otros cuyo coAacipíento 
coropetia á la justicia ordinaria. iM arzobispos y obispos^berfiíi- 
ban sus diócesis con arreak) á los cánones católicps; pero la juri»- 
(^ccion contenciosa, así civil como criminal , élMjeifraa en todos 
los negocios eclesiásticos por los provisor^^^vicariof geaeral69« 
Craques precauciones tomaron las leyes espSBKlas para mantener 
en sus justos límites esle* privilegio cofieedido al clero, é impedir 
que la ambición de este ó la ignorancia de- los seglares Ueva^fiá los 

* tribunales eclesiásücos'otras causas que tas que les e^aban|^omeCi- 
das; pues reconocían el principio de que éilos habían recibido sa 
potestad temporal de la munificencia de los príncipesf^ me estos 
podían por tanto limitarla ó aboli||^ según su voluntad. « Porque 
« Jesucristo, dice Escridié , no fundó sino un reino paramenie és- 
i piritnal , y l^os de disminuir la autoridad de las potestades se-- 
« culares, se sujetó á ellas en todas ocasiones, enseñó á respetarla 
« y obedecerla coa sus palabras y su ejenmip. En su vistPlos após- 
c toles, a^ como sus primeros sucesores' m papas , y Ji^ obispos, 
c( y todas las personas dedicadas ol cuUo divino , no Se rehusaron 
« jamas a presentarse en los tribunales de los legos, como deman- 
« dantos ó demandados , sin que se haya visto autor que ponga en 
-a duda su poder. » W • 

Los juczes militares conocían generalmente de las causas civiles^ 
i3n gue eran demandados los individuos del ejército y armadf^ y 
tamoien con ciertas esc^pciones de las criminales. La justieA ordi* 
nária podía arrestar por pronta providencia á los militares que co^ 
metiesen ^cualesquiera, delitos ; pero debia formar la sumaria sin 
dilacioaj pasarla luego con elfeo al juez miltiar mas inmed^jito. 
Conocían también de varios delitos , aunque se hubiesqg^cometkio 

^por personas de otra jurisdicción. Auditores de guerra se llamll^n 
-iosjuezesde letraS|§tte' entendían en las causas civiles del^ueromi^ 
litar en primera instancia , y eran asesores del capitán ó coman- 
dante general par%fá aprobación de ^s sentencias dadas en lascrjk 
mínales. Estas eran juzgadas por un tribunal adhoc que se llamaba 
Consejo de^guerra , el cual se componía de siete ó de cinco oficiales 
de mayor ó menor graduación, según la del acusado.^Sila sentencia 
de este tribunal era conBrmada por el capitán general, seíimmplia 
inmediatamente, aun cuando fuera de último suplicio , oon tal que 






I 



p<* 



JIIL 



^ reo fuese acidado, cabo á sargenlo. Gudl^o ub'era api^obado e) 
iatlo del consejo , ó se trataba de an oOcial , se remitía el proceso al 
supreiio consejo de guerra, residente en Madrid, y su decisiod^pre- 
talec|a. Este faerojB«i» hi^ j^nsivo á machos cuerpos y personas 
que no pertenecían propiamente ni al ejército ni á la armada. (?bn- 
^^iase como una distinción honorí&ca, y era solicitado con empeño,. 

. Natural era , pues los reyes con ello ganaban mayor siAna de poder , 
y los vasallos eyitaban los infinitos gastos y molestias de la complT- 
cada administración de la justicia ordinaria. Y asi se ve que lo lento 
y dispendioso de esta conduóia los ciudadüoos á renunciar volunta^ 
ñámente el precioso derecho dé ser juzgados por la^ leyes generales. 
* Los juezes de hUcienda conocían de todos los negocios relativos 
á contribuciones y- derechos establecidos para subvenir á las cargas 
del estado; de las cansas de contrabando y las de fraude en los de* 
Techos de aduanas, rentas provinciales y demás que se administra- 
ban por 'cuenta del estado ; de las civiles y criminales de los emr 
pleaSos de hadenda que fueran relativas á sus oficios, mas no á sus 
negocios particulares , ni á delitos comunes ; de las civiles y crimí- 
naos de los saliü^ros y polvoristas , esceptuando aquellas de que 
debía conocer ei*ez multar , con respecto á las personas sujetas 
á su jurisdicoMb. Vamos á decir á quiénes competía la de hacienda. 
' Venezuela que por mucho tiempo, lejos de producir cosa alguna 
al gobierno español , recibía ausiilos de Méjico en numerario para 
pagar sus gastos públicos, no tenía necesMad de una administracíoa 
de hacienda complicad^ni cdkosa ; y así fué qa# hasta \ 777 los go- 
bem^ores reunieron á sus otros poderes los fiscales. En aquel año 

^ se estableció en Caracas un intendente de hacienda cuya autoridad 
se istendia sobre todo el pais ^ pues aunque los gobernadores con* 
'tinuaron administrando las rentas reales de su distrito , fué en ca- 
lidad de subdel^dos de la intendencia (26). Desde entonces gue- 
daiy)n reducidos estos empleados á ordenar los gastos ordinarios y á 
pedir al intendente su a])robacíon para los eslraordinarios ; á resol- 
ver pj!^vis¡onalmente la^dudas que ocurriesen sobre el cobro de los 
derechos de aduana^ y á conocer en primera* instancia de las cau- 
sas civiles y criminales del ramo privilegiado d« real hacienda. Era 
pues el intendente jefe de esta y autoridad separada de las otras^ 
con facultades impSrf antes respecto de la agricultura, del comercio 
y la navegación. Verdad es que en el primero de estos ramos rio te- 
otra función que la de trasmitir al reí propuestas para su fomen- 



• 4 



io y arreglo ; pero' en ¡m otroe dot poj^réprimhr^^Aiisee, perCaft*^ 
eiiHiar los reglamentos eiialentes f dtf csenli. C<»DOtadniíústra«í 
dor flkal, repartía y reoaiufiba las eontribfMíoBei kapneetsy^pmr ék* 
aoberaao y regia las rentas generales y^w^lOiMeSy cuidaba ^e W 
HKifbr. adminktradon de los propios y miirios de los pset^loi ^ TOt) 
laba en la distdfattcton de las ii^sras oone^áS f aiurobaba loa eo^y 
tratos ^nire eNIsoo y los partkulaffesy ordenaba los pafOSidelUaoist) 
pnblifo, nombraba pro? isionalmenle para kts empleos que vacaban* 
en la administración ; en unos casos formaba cansa á Jbs ámileadoér' 
de badenda por omisión ó neglig^MiSf'Y la enviaba al jefparasit 
'fé^;>e& otras sentenciaba élmismoT'Como juez tema jtrisücdoii 
contenciosa , y le asistía un asesor nombrado pitf . la supes iorídad' 
para las causas de que conocía , y eran las qup estaban seí^iladas 
al jüs^do de hacienda. Había intendentes 4e eíércüo y de pió* 
Tincia, los cuales dirigiao la distribncion do los fondos públicos 
entre la tropa qiie^ gnarneda la capitanía general; y otros que se 
dcfnomlaaban- intendentes de ejército en campaiai» Estos noperte^ 
nocían i provincia alguna, ni tenian mas fundones que las de ais* 
tribuir los fondos y abast(MiiBieii^os dei campo s^itar. 
En todas las aduanas- pnndpaieB de Veneeoeiliiabia iln contadsr 



u 



y un tesorero que con el título^ ofídailes reates lleflkban la cuenta 
f rason dd ramo. Contadores, mayores se llamaban dos oficiUesqu^ 
eompobian el tslbunel «donde *se rarüeaban y, feneeian todas Jas 
suaalas dé-tas aduanas , llsorerías y aémintatASiones snhaltemasi 
Be las sentendas diMsie trUmaal , de^bs de^intmdente y gobernar* 
dores subdelegados se ^laba- pugriL la junta merior de badfada ^ 
qtie- ordiaarijamenie se oonípoaki del mismo intendente, del regenle % i 

de la dttáfencte 6 de) oidor decano , del fiscal de bacienda, ds^ua 
nombro del -trabunal docotnlaa y del mas anftgno de los ministros' 
det tesoro veal. Los miembiús de esta jonta^ran^Remftoados por H 

éus oókgas respeetifos, cuando en ella se juxgaba por apdadod de I 

sus sentencias. ^ 

Entre sos atribneiones tenia elintendenle la de presidir; en un ' 

tribunal que conóda por apelaciott de las pronunciadas en primena 
instanda p(»r los jMes de ^comereio ; siendo estos los que enten* 
dkn privathraiaimle en la sostanciacioQ y dedsion de las centro* 
▼ersias sobre obligaciÓQes , derechos, conifcrato^y operaciones mafv 
cantiVes. Et tribunal á que oompeiki el conocimiento d^ estas- cauMis 
era el OonsuMo^ institución por derto sabia y benéfictt » ous) lili 



i|]Éfo3i|ei& mi' YeQAiMla par réali«édii]a.de>^ 7^,.á solieitiid d^ 
üáíMa^id^iDteiid^te'Dül Estéraa- de J^eoai HaMa^MitóMM los litW 
gfdsqae oeárriaii eatiíioicoiiieECiaQtes eiBajazjD^bdospor IrntAbíbr 
iiide»ordiiittrio6, «aftiaiqisBia li^líUid, dispeadiosé iao^Hiodidade» 
qxm las otras causas. Lo cuad pe«giidka)»a «atanlo grado ¿ lots iote^ 
roses drt éoncioio, qtte*'aqfiei-enteñ&éoiiHAistfo<ereYÓ necesario 
jüMpr en V^neiuiskt^ ol cel$b9ado Iribfinal prcviaijvo de Bilbao. 
€ompoai%9^0ñi»'ée¡^ ii& presid^#qift decían Fri^, de otros do» 
jueces llilmados Cónsules ^ denuev» conúliari^jb y de un síndid^;- 
toaos ellos 'COiivftimpleiilaiiam los casos de anseneia , enlénnedadr 
¿veeufiacion» Dñcaba^ejerciciodesttsfuncioDes/dos^^os, y cadaí 
itno de estos se renovaba la mitad de su número por eleccitm qae»- 
hada unai^nta general de com^iciai^esi Eran eiegiblca los. nobles^ 
lofricaballeros de las órdenes militares^ lo«#altlyadoreS) los mérca^ 
^reS; todoS'los Todsos del pueblo , en fin, que fuesen blaoeoay 
tiyiesen de ranas, no sM4o«&lranjero8 ni ^ksiásticos. 

£1 IribuM^ se componía del pcior y los dos confMiles ^ á estos s^ 
lettnian los' consíttaroa ^o en los asnotos gubernativos. En los 
pleitos arduos debtan^aryerbaimenleaa parecer y voto consultivo,, 
si por ventura se les pedia para maufixt acierto. Cuando en la causar 
er^ interesados tod^ los priores y cónsules , asínpropieiarios como 
suplentes, conocían de eliar los t^es primeros coosiiiaríos, y asi suce^ 
sivamente los d^xias ^ dado que butMe^ impedidos. La forma del> 
proeedimienlo era por lo común sencilla fCspedHi va y gratuita, ico^ 
mofue el principal objeto, de la institución era administrar justíckif 
enniálerias comerdales, sin las morosidades, trabas y ^asto^ de los 
tribunales ordinarios* Oíanse la demanda y los testigos , las eseep* 
doúes y defensas-^^^rbalmente , f^e invita^ á la composicioo« De 
so conseguirse, se procedía á sentenciar sumariamente, sin las fOT" 
malidades del derecho^ verdad sabida ikbuena fe guardada, ejecp« 
tándose el fallo si versaba sobre menor cuantía ; p^ro suel pleito, 
era enmarañado y di^l , á petíeion de una de las partes se admi^^ 
üan sus demandas y peticiones por escmlo, con tal que no esluvíe"« 
sen dispue^as, ordenadas ni formadas por abogados. Asíalo hacía» 
jurar á quien las presentase, terminándose luego el pleito deimis^ 
me modo que en el otro caso , sin atender mas que á la averigua^ 
cimí de la verdad ;á cuyo fin podism tomar de oficio los testigo^ 7 
jui>amento8;3]ue quisiesen. Cuando eif^lelto era de mayor cuantíase 
eoneedia i^acionpara un tribunaL^edectaii'do/alzada, el cuál 



f 

r « 



*» 



se compoiik del intendente y dedos juezes eseogido^^r Jas parte»^ 
entre cuatro que eran presentados á estas per él mismo. Mas cual- 
quiera que fuese la suma sobre que se versase el negocio , era ad- 
misible la apelación , si se trataba de una pena que tocase al honor 
de las personas, coYno se dispuso por una cédula real de ^96. • 

La jurisdicción del consulado^de Caracas se estendía á todo el ter- 
ritorio de la capitanía general ; pero en Maracaibo , Coro, Puie|^-^ 
Cabello Cumaná, Guayana f Mlft^rita, nombraba dipii(ados7ie- 
nales que conociaii^en Jas causas mercanlites con la asistencia de 
dos colegas que escogían estos delegados , borrando uno de dos pro^ 
puestos por cada parte. En las villas y pueMos de. poca considera- 
eion ejercían los tribunales ordinarios las jurisdíccioii del consttlad(^ 
* y sus diputados , siendo también apelables las sentencias de unos y 
de otros para ante el taibunal de alzada , con la única diferencia 
que respecto de las ciudades indicadas babia disminuido una cédula 
real de i 795 la cuantía que determinaba la apelación , según la 
mayor ó menor pobreza de ellas , á Gn de no hacer ilusorio aquel 
recurso. La misma cédula pkmitia la apelación de los diputados y 
juches ordinarios para el consulado ; y cuando fuese en este revo- 
cada general ó parcialmente la sentencia, para el tribunal de alzada. 
£1 consulado tomaba consejo para sus decisiones de un abogado que 
le ilustraba sobre el derecho de las partes según lei, y ademas teaia 
un secretario y un escribano propios. Estos, el síndico, los cónsules y 
el prior gosaban sueldos mui proporcionados al pais y suficientes, 
si no para enriquecerlos, á lo menos para sustentarlos con decoro* 
Fuera de estas funciones puramente judiciales, tenia el coHfsuIa- 
do otras gubernativas , que los reyes españoles le hablan concedida 
en beneficio del común , dotándolo ademas d^euantiosos Tondos 
cuya inversión dirigía el mismo. Para este caso lomaba el nombre 
de Junta del consulado, qu^e componía- del intendente , d^l prior, 
de los dos cónsules, de los%nsiliarios, del síndico, y de un conta- 
dor y un tesorero de las cajas consulares. Todo lo que directa ó in- 
directamente tuviese relación con el comercio , la agricultura ó la 
industria, «era de su resorte, por via de buen gobierno, y podia po- 
ner la mano en su fomento con plenas facultades , sin sujeción á 
otra autoridad. El reí quería que cuanto pudiera ser conveniente á 
la prosperidad de Venezuela, se le representase. En la cédula misma 
de creación indicó á la junta (Imo objetos preferentes de sus traba- 
jos la abertura de un buen (lamino de la Guaira a Caracas , otro da 






r 






estardodad á.|(tB valles de Arapa, otro de Valencia iPnerto*€a* 
bello ; la limpia del poerto de. la duaira^y la construccieii^ dé n^ 
' muelle donde la carga y descarga sci^ciese i^in uviería ; y pa^facili- 
tar el comercio interior , ahorHodo tiempo y gasto^, el .tomento y 
m^ora de la navegación \de los rio$,prindpales, como el Itef , el. 
Yaracny y los preciosos tributarios del Orinoco. Para atender a^tan * 
hlteresanteifebjetos , ademas del fondo de mpltas impuestas por eV 
ieonsolado, sus diputados y los juezes de apelacion^ma el produc- 
to de un derecho liama(]^ de avería que se cobraba^bréftosoUüetos 
de importación y esportacion. Este solo ramo de ingr^s^á las csj^ 
4iCon8ulares producía de oehenta á cien mil pesos fuerils anuales ; y 
;mnque de^ tesfg'o. de fomento se sacaban obra de catorce mi^para 
sueldos y^gasfos del consulado y de la jun^, bien ^uede decirse 
que esta di^nia d» una cantidad considerable. 
- Poco bizo sÍAÍembargo : un camiqp mas corto de Valencia á Puer- 
to-CabellO| trazado y abierto sin mucho trabi^o en las cumbres de 
la montaüa , y como todos los caminos venezoltnos, ásparo y sin 
conveniencia para carruajes : otro de Caracas á la Guaira^ faldean- 
do la sierra, mas largo, si bjgn mas cómodo, que el que ^ttÚL»'*/^ 
Este fué abandonado, porque eu el plan de defensa militar quepEe- -- 
valecia por aquel tiempo, entraba la estravagante idea de no abrir * . 
una GomunicacionVácil entre la Guair^ Caracas, para que^no se . . 
entrase por ella el enemigo. Fuera de estos ftn{ffend|p alguntf» tra- 
bajos de corto provecho en los caminos de los valles del Tuy y de . 
Aragua : y mandó formar la carta topogvéftca de una parle de la ' 
provincia de Caracas. Si va á decir verdad, mui poco mas pQdia ha- * 
ber heo^o la j4Uita en cujnto á caminos ; que ^stos , par$ ser otra 
cosa que sendas fragosas en ¿fquellos paisas , requieren millones y 
mas brazos de los qué" entonces había. Pero en limpia de ríos y v* 
puertos, en introducción de máquinas y utensilios para las laJbpfesi 
en el fomento de las artes y los cultivos úiiles, las tafeas de aquella * 
corporación easi merecen el severo juicio que hizo de ellas el vía-» 
jero Depons. a No acusaré á la junta, dice, de haber ocasionado di- 
a rectamente la decadencia que se observa (era ya entrado el si- 
« glo xix) en el comercio de la provincia, porque depende en rear 
a lidad de otras causas ; mas do debe esperar por su zelo elogios á ^ 
« que no le dan derecho ni las providencias ni los resultados. » 

•<i ¿Qué cosa mas loable, prorumpe en otra parte, podía bacd* el 
'« imde España que llamar los ciudadanos á contribuir con sus 



♦ 



•?^ 



^ 



v*'. 



• 



^ 

> 



«.:crao<MtaM»é Ift MJktdid: d» la repéUtea t a|||^4a«paa r <» 
« desidia ii«>^^«.y^ ^ i^^yi^ii^ iig Me firim iüei rep<MWMy ia mke^ 

t ría iá'la actívidid'f á la^ri||ja^.^adfe ddbMD fotíatte da «a 

« descíRob y giknfak » £a lo caÁéniBi' en eian^ack» afotl e»4 

CGÍb)t>> pw «fli habav e(NundanidOi(}M lailpjedaiidDl eaiáeter i 

cional ^a diift oovseciMiMia dfl sistana-w gobiavaa adaf>ljA> 

\m añoñm-, y f nano podía- desaparecer dai «a BHomMpá om p(ff^ 

eCwto de uM,±^«cíaii banéfiea, cttaada f uadabait ea. pié> la» 

ateaab Ctti iá fc qif^a ÍMMaB4wodaaido. Ea l|pra imaMLfoa» ha «oo^ 

aMpoas eq^Halcs eelaUcmeaft eai América ua gatrianoabsoiiHa , 

por'eaaBfto iSte^jaaÉafpobíerBO acá ^ qoa-podia^ataaea oajetaPa 

tan yastas y d«tanleB pasaeiaMs. £a dottde .^¿pj^a^sida dél^ 

ettalqoiera aiftoridad Jkvididay fué pvacieo caDsemr eoi^a la dal 

monarca : en doodi» ^Mra sido peligrosa la ambjknoiirdel' clero f 

la del sopreiMi dalagaday se hv^ naoesarjo conéenilMl^ttiio con la 

tUiaMMi y el piAwMéa, al olio con los Irihoiaalea suparioies y la ro« 

sideQcta ; y pava-^qne ék poaUeiiia sa. uakae y dasmaadase ^ se le 

' di vidiií' en alases, y á estas, ^eioa Aleros y jnzgadoa cops ei a les ; los 

♦• «^MÉMP ^ cenaría» al oamarMeny ^^psuaicaciattes asÉcanj^^as*; las' 

•^ luKs se ptohibéeraa y la paa se consarvó ,- por<)fia el despotismo 

' mató á UQ tiei»p» la libertad y el ^espirita* Esta eondaela fué la 

.nds&ia qaese Dbser¥Ó ent^ mísera ^paila eoaigoal^ó caupeeM 

res resaltas-, ytebáevi^ndo desaeaerdo exif kr para la colenía bie^ 

\ aas que la madre patria no gonba, é instiiuciottes'libaiales á reyes 
' Auslriaaoa y Borbooes. Paro es bien sabido ^«a el mal esendaldel 

^ gobieraj^ absoluto «eoasiste ea hacer depeador. al kim de lar repii-f 
Uka de naasola volnnlad «^por lo quoxyas veMIP c»aate«e, no 
Babiettdo hiiy nierdad sinoiea el conaurso de^pMehfs emr&adas'd^ 

•• foaUo, sujetes por la respoasabüidad, paiifieadaapor la diseasioa. 
Vba que otra institución generosa^ hija de la sabiduría de un mo- 

• iNMTca ó de, a^vo de sos minisifas', no altera esta reghugeoeral f 
aterna. Así es el despotiso», y cuando impara, ao hai^vl^ intdao^ 
tualai moral para el puebla, sino entorpaoiD|áeBto y ab^oiio« 
Y abara vol?i^o i la justicia póWica , diremos 4]ua so admí«> 
ntslrafaa según bfe^ generales y parttcttlavas< £a last materias da 
eomercio y de bacianda, se seguían las ordeaaaias da^fólbao y 4a 
de intendentes ;* para el heto de guerra estaban en observancia las 
del ejércHo y marina. Gaiábanaakís tribunales eriesiáatíow par las 
reglas que an^puntoa. da la y de dis^^ina había acoidado la Ma^' 






«»« 



^r y ^v jttrkiMdMtÍÉ! era ft tradkJMil j oovsa^ndhhAri^' yé) ^ 

ei^Jila. Loa Utkm ékj^wkmtiSfifi 

antJHdad dcÉanubii el Tiidefttí&a. en» A cóáttosa^nda ; 'á esb 
88, «gnegdbaaitas^aeiB^eseiasittljOs saatos podf es^* laM0solfl<mes4eW 
Jofttiwicitieafy las<deerel«i de los pap^s, rioofídoBttii seis ODiecoio»*}. 
QÉigeBecaJies que» habían úAo pubUeadós «o. ¿pecas dBtfiotas. Niib* 
guQ pueblo ^i^tgiio niJuoáefDO ha teaido mas códigos de lefee 
¡ffaiÁas qiié^£afx&aa ; íáogua^^ lavo éeeáit. mas tepiKaQO ; de|<' • ^ ^ 
pue» 4ft la iaraaioR Aq Iob bárlKu*os^nirta|^toEftplek», ni tan .sabuMk^ 
«Y w emdbargOy hm es uaa de las laadoiies mas atrasadas de Euro»*' 
|>a iDii^{«ttlo á le^ladeacíTÜ y wíoHiial, nokmitda esta «otra cesa^ 
que UQ lal^iát|t»4e laU va^as y iotriiteado y eonteo ; tod» por' 
fatU de ua eaefpo«coiiqpieto^ae«ompfenda.es(le3 leyes, bq baci*« 
na^s, sino dispuestas y ord^iadas metédiesmenter, eoft anwgl^Hlf ' 
los prii^piea de la ciencia y á las a(Mificacioi»es á» los tiempos ,. ^ 
osos, y costttmfajTes. , ^- 

£1 prkÁdiíil^'siisj^di^oeCiiáaqofiA tattjnstaoMnlaedebvadada , 
k» Yi»godo9>;que ablsada> segno obaerva Goizot, en ideas genepa^ 
le» y eif tecft^íaiiecundass moi estoailaa á las costembres del 

^'^ TU ú tlii<eq^qíie ee piriiKeó % código que así como la aurora 
dnilúaeion española, «e debió á los cierros, únicQ» sabios y §1^ 
sofos de^tóneesy los cuales dominaban en loe eoneilies ó eoctet 
de Toledo. Este Ar el weto ina^ol No permaneeié solo mi^o tierna 
po , piieS'ba]Hettdo.eaasado gr^oide »iteraeíaQ en su obee^ancta iai 
invasión sarracena y los fueros nmnklpales de las ciadades^'^se pu^ 

. bUcó en el siglo x otro á que ^-tepliso nombre Fuepo .^ejo d^ « 
CasHlia« Á esto se MguieiQpn em d xm el Fuero re^ ó de las leyes,^ \ 
pocos años despntes la6'4lamadasi*del,^il&. Con estas dos «dtimatf 
ewí^l^^n^QiMb AMoiiso X de CasüMh, SpeiMado el Sabio, pre^ 
ptrar eit^sas estados el eslablecimi^ata de. un código general que*- 
fuese et^ndamenft de laverdadem legidacian espaiioki^ lo eiU 

. eoBStguió al fifi COA el famosa de las Siete 'Partidas^ publicado ^ 
no come dice Escridie á mitad del sigk> xiv y sino ^m 4258. Sa<pH^ 
ronse sus principales disposimenesídei código d« iiiltmíano, reeien**^ ^ 
temante descubierto, delvisigodi», del Ftf«p» viejo, de los fuero^o^ 
eaMt, mudms y diverses, de las Decretales, de los cánones de los 
condlios y atsu'de las. sentencias y ofkmones de ios 'santos. padres* 
. Es, como oportunamente lo notdfe^$^qui», no Ugesto completo del 
4i^hoTomAho, tendal y cantoieo^^ un cuerpo de wn^A yjie re^-^ 




G 
* 1 M, 



t' 



ligioiij j el mas precioso monumento de legislación^ no solo de Es- 
pana, sino de ta Europa, después de la publicación de los códigos 
romanos. La oposición de los nobles redujo á la nuHfldd este esce« 

' lente trabajo, porque cercenaba sus abusos y ensanchaba la autori-^ 
.dad real y la de las ciudades ; p^o no fué perdido enteramente, ^ 
porque Alfonso XI incorporó una parte de él al Ordenamienlofde 
Alcalá y autorizó la observancia del resto. Esto suce%i á medkdos 

» del siglo XIV. Á princijMos del xv fu^^conflrmada esta última colee-' 
don por los reyes Católicg^, ^ apn adicionada con algunas disposi- 
ciones relativas al procedimiento y jurisdicción de los tribunales. » 
Los mismos reyes mandaron disponer por Alonso Montaivo él' Or-^ 
denamiento real, que no era otra cosa en snstau<ria que una com- 
pilación alfabética de leyes sueltas y de las contenidas en lostsádi- 

* gos anteriores; pero qne por no haber sido nunca confirmada, ca- 
reció de suficiente autoridad ^ara el uso de los tribunales. Fer^ 
nando é Isabel, en medio de sus esfuerzos para destruir la libertad 
muoicipal de España, dispusieron la formacÍ£»n de ^adas'leyes adi- 
cionales, para llenar el vacio de aquellos códigos en materias civi-. 

^- l^'Se importancia; peit^diversos obstáculos impidieron ^or algunos 
años su sanción , hasta que aprobadas finalmente en J^s^Cortes de 
4505, se llamaron Leyes de Toro, del nombre de la ciudad, don^e 
se reunió el Congreso. Eran ochenta y tres , y todas ellas fueroa 
incorporólas al último código de las españolas., 1|ue se promulgó 
en el siglo xiv con el titulo de Raeopilacion, porque en él se reco- 
gieron las que andaban sueltas y otras que se hallaban en los cuer- 
pos anteriores. Sucesivamente se han hecho de él varia».edicione5^ 
y la última, publicada en -1806 , tiene el titulo de Novisima. Pera 
tan lejas está de ser un código completo y coherente , que en él se 
advierte el orden con qtie han de observarse la^ispbsiciones oon- 
» tenidas en las otras colecciones , cuando no basten las suyas y las 
leyes posteriores ; así que en tal caso deben tenerse presentes el 
Fuero real«ó de las leyes, los fueros municipales y las Siete Parti* 
das. Su interpretación correspondía al soberano, por si ó por mé- 

1. . dio de sus ministros ; y d^ aquí las cédiUas y órdenes reales que 
ésplicaban puntos dudosos ó disponían nuevas cosas. En enante á 
procedimientos, jurisdicción y aun inteligencia de las leyes,, htliia 
también Anlosacordados, que eran las determinaciones que toma- 
ba por punto general algún consto ó tribunal supremo con asisten- 
^ cia de todas sus salas. Ademas existían para Indias leyes especiales 



a. 






rccópUa4^s (^H[t[e juntam^eote con las otras se observaban^ por 
no abrazar tampocso el sistema univer^l d%]a legi^cion. El todq 
ooronado con las opiniones coatra(Cíctoó|p d§ una multitud de es^ 
posiiores ,jteuidos poco ménós que oomo orácujíos en materia de 
jurisprudencia. / 

Si los fueros personales y los diferentes tribunales establecidos 
para materias privilegiadas^causaban competencias; confusión y eu- 
. loi^gatómientos, f^|ff eupucebir hasta quebrad q, impedirían tantas 
y tan distintas leyes la pronta y cumplida decisión del derecho de 
las partes^ el estudio de la jurisprudencia, y la buena administra- 
ción de la justicia criminal , fuente y orígeii del reposo público. 
Sobre todo si se pone en cuenta que los trámites delyocediipieíak) 
eran complicadísimos, lentos y costosos, i^ifinto de hacer inteAoii-^ 
nables los litigios entre traslados^ |pbeldíaS; términos probatorios , • 
consultas, apelaciones , testimonios, portes de correos, recusacijir 
nes, articulaciones, procuradores, escribanos, abogados, costas y ' 
alguaciles. El pleito que duraba menos, duraba m^ año, y los habia^ 
de diez, veinte, y basta de ciento se viercfk que han venido á deci- 
dirse en la época de la revolución por los tribunales republicanos. 
En suma, tener la desgracia de caer en conti^^ con alguno, equl- 
^ valiirpor lo común á dedicar loda su vida á trajinar las antesalas 
»de los juzgados y la -mejor parte de su fortuna á res dispendios, 
percances y socaliñas de juezes, If trados y curiales. Por lo cual de- 
-bemos juzgar mui desgraciada la suerte que cupo á los antiguos 
yenezolanos ; y tanto mas , que hasta el establecimiento harto re- ^ 
tardado de la audiencia en Caracas , tenían que ocurrir á Santafc 
y á Saiito Domingo, con mayor sud^ de gastos y sufrimientos. 

Esto por lo que h^ce á lo civil , y era poqo en comparación de 
lo que sucedía en lo criminal ; pues aunque generalmente hablaa* 
do, la legislación* española era sabia y benigna, sucedía que sus 
leyes no hablan sido mejoradas según el progreso de los conoci- 
mientos humanos. De aquí resultaba que se veian prescritas en 
ellas el tormento , la mutilación , las penas capitales para delitos 
comparativamente levS^s; vestigios de los bárbarof. y, de los siglos- 
n^edios, que se dejaban subsistir en las colecciones, por el prurito 
de compilóle sin corregir. Los juezes no Bnponian estas penas, péFO 
de anuí se originaba la arbitrariedad; mal terrible que saca de ^^^ 
quicios la justicia pública, y pone la lei en la voluntad mudable é ' 
inconsecuen^^e^ del hombre. Raras vezes, si va á (jj^cjr verdad, se»" 

' ..* ^ . ji 



v> 



*^ 



.^., 



decreté* por las acidiemipa»«ii Asiérica la f/mérá^éj^Baq^sáp^áo f, 
j mui peeaa ^ayóaohre etboen nombre d« aquellos respetaUes 
''Cuerpos maocha de^qg^Hi; mas la: lenidad de svs juicios y su 
reetilod poéán disiaínuír el mal^ m remediarlo^ ^^o así. que ia 
M lo autorizaba. ^ .^ 

Por desgrada este orden de cosas, nnádo á la ínoooMiiiioicion de 

k» venezolanos con el resto del mund^ y á su isMQOYiUdad íitti&» 

Jaeiiia], los inclinp á un vkio funesto til soMegcMn tenor déla rejHJk^ 

'Vica y á la Moralidad de ias^eostumbres ; oial n[é el de los enredos 

y naranas forenses. Al cual se diwon en tal dispoáeioD, c^ne según 

nliere Depons, los ciudadanos podian dividirse bajo el respecto ju- 

•dicial en o^ clase que se arruinaba con los pleitos y otra que se 

^ enilqueda con ellos , ^garando que en Caráeas solamenle bdbk 

jn9S de dos mil personas que ¿acaban por ofido su subsistencia de 

la fortuna de ios Mugantes / sin contar el crecido número de estos. 

Esta inclinación maligna y abon^cible era muí fuerle en^otra^ pro^ 

vincias menos paladas, donde por lo mismo el mal que producia 

•venia á ser mayor y mtf^ funesto. Asi se vela en ellas un numero 

.considerable de hombres despolvorando archivos y buscando piezas 

viejas en que fui|^ demandas , á tiempo que otros fomentaban 

la división entre las familias, y muchos co|^una iyer{sima.iilá.ruc-^ 

.eion ó comunmente sin ella, se metían á pendolistas y hacían eter«i 

« 

nos y ruinosos los pMtos, envolviendo en tinieblas las causas claral 
y sencillas ; verdad^a polilla de la sociedad , mas perjudicial que 
el hambre y que las pestes. Por fortuna liabiéndose mejorado la ad- 
mmistracion de justicia por efecto de Ja revohidon americana; ha 
cesado algún tanto aqu^la acción peligrosa á la par qiie cruel , y 
abiertas á todos los habitantes sin distinción las pueptasdel saber y 
4e los lM)nores, en vez de «degradar sus buenas disposiciones natu- 
j^ales, las dedican hoi con mas cordura y pfovedbo al noble estudia 
de las ciencias (28). 



• « 




if • 



•r •. 



"v- 



■ft 



tK 



9 



CAPÍTULO XVI. 



PobUcion. 



La población de Yenezaela era tan heterogénea como sus leyes. 
Hallábase dividida en clases distintas, no por meros accidentes , si- 
no por el alto valladar de las leyes y de las costnmbres. Había espa-^ 
ñoles, criollos, gentes de color libres ^ esclavos é indios. 

Los [fimerós ó iban al pais encargados de algnn eApleo, ó siní- 
plemente á comerciar ; afelios por lo coman ignorantes , orgulh^ 
sos, despreciadores de los americanos; est<)s no mas instruidos, 
pero buenos, laborioips, puros como el oro. Pocos en númeif^) 
porque la política del gobierno puso trabas por^ucho tiempo á la 
emigración europea, acaso en la persua9k)a de que las colonias desr 
jpoblaban á España, pues no pueden esplicarse d^ otro modo las se* 
veras prohibiciones que existían de pasar á Indias sin permiso. No 
«p ai^rdaba este fácilmente , ni por un tiempo indeunida. Era pre- 
<fco probar que el viaje tenia un objeto mercantil ; someterse á vol- 
jer al cabo.do dos años , que era el término ordinario de las licen- 
cias ; hacer una información dé buena vida y costumbres, según * 
una reafcédulft-de •! 584 ; no haber comparecido nunca como acu- 
sado ante 1^ Inquisición ; ni ser hijo ó nieto de alguna desgraciada 
víctinuí de aquel cruento tribunal. Estos ^mbarazos fueron causa de 
lainsignifioante emigración de peninsulares áCosta-fírme, conper^ 
juicio de las colonias y de la madre patria.; si bien produjeron el 
escalente efecto de cerrai* la entrada de aquellas á gente estragada ó 
^'malhechora tal oomo la que poblaba comunmente los establecimien- 
tos ultramiTrinos de otras naciones, en poco monos convertidos^ue 
' en presidios, y de|l^sito de impurezas. 

Verdad es que attnqne pocos españoles^ antes de los últimos veinte 
años del siglo xviii, obtenían licencia para domiciliarse en Amér]^, 
los mas que iban se <qiiedaban , llevados de la dulzura del climas 
de la facilidad, de enriquecerse y de aquella propensión á la vida 
sosegada que h>8 franceses llaman desidia y pereza, 4al vez porqpie 



— 504 ~ 

dista iflucho de su alardida^ctividad. Genefñmente flftp catalanes 
y vizcaínos los peninsulares que abundaban en Venezuela; la mayor 
parte de unos y de otros aplicados al comercio, muí poco á la agri- 
cultura : todos ellos exactos en sus pagos , fieles en sus promesas , 
modelos de honradez y de severas costumbres. Tan sobr^Hentes 
cualidades, y el ser mas industriosos, sobrios ineconómicos que los . 
americanos, fáciln^finte les ganaban el afecto de las mujeres, y erÉ^ 
tafi(o grado, que por lo común bailaba esposa befla y rica el espa- 
ñol antes de haber asegurado una decente subsistencia. Hecho in- 
duda])le es esle , que refieren los viajeros que en diversas épocas 
.han visiiado la América, que las tradiciones demuestran y que hoi 
mismo hacen patente las costumbres. « Las parcialidades, diceu Don 
<c Jorje Juan V ülloa (29) , las parcialidades y bandosenlre europeos 
« y criollos que $e notan en todo, proceden de la demasiada pre- 
« suncion y vanidad de estos últimos , y 4cl miserable estado en que 
f comunmente lleganjos europeos. Gomo á pesar de esto, con la 
«^ayuda de amigos y parioutes y á costa de srf trabajo y aplicación se 
c ponen presto en estado de casarse con las señoras mas encopeta- 
^ das , los criollos , quese*suponen de las mejores familias de Espa- 
« lia , murmuran , y estas murmuraciones dan lugar á que se saque 
n á relucir el ^rdadcro origen de los murmuradores, n 

'!(fas el motiv^ de las pendencias que efectivamenle habiajintr^ 
unos y otros, y el de la ojeriza con que á pesar de sus connotaqió- 
nes se miraban , prevenía tambiof de la casi esclusiva preferenchi 
que sobre el criollo daba siempre el gobierno al español para los 
empleos de honor y lucrativos de las colonias. Las leyes no estaUe- 
cian diferencias ; por el contrario, tanto etlas como muchas reales 
cédulas recomendaban la^^rovision de los destinos indistintamentije 
en peninsulares y americanos. Mas en la práctica era otra cosa. A^í 
nos lo dicen verídicos autores, y lo que es mas, la historia general 
de América fundada en documentos auténticos. Por aquellos sabe- 
mos que hasla el año de i 657 se habian nombrado para las indias' , 
españolas trescientos sesenta y nueve obispos . de los ^cuales solo 
doce criollos; y que desde el tiempo de la conquista hasta ^8^0, 
sobre ciento sesenta y seis vir^yes y quinientos ochenta y ocho 
capifanes generales, gobernadores y presidentes, hubo diez y ocho 
americanos. Y acaso obtuvieron tan rara distinción por haber sido 
educados en España ; cosa que , para decirlo de una vez, se conse- 
guía difícilmente, siendo necesario un permiso espreso dej^rei. La 



segunda 'refiere, qae entre vétate y cinco {ureiados qae tuvo Vene- 
azuela hasta 4 770, tres eran americanos, ninguno natural de la pro- 
" vincia. Finalmente /^sto áitimodebe decirse respecto de cincuenta 
y nueve gobernadores y c^pitan^s generales, que rigieron "el p& 
hasta el año 4790. 

No era por cierto tan grande la diferencia en los demás empíeos-- 
. de la iglesia , en los del foro^ la milicia y la administración públi- 
ea ; pero por mas natural que se considere la espantadiza descon- 
fianza de la corte, no por eso dejaban de hallarla injusta, y con 
razón , los hijos de América. Irritábanse de ella tanto mas, cuanto 
que generalm^te eran mui superiores por sus conocimientos ( con 
ser tan pequeños) á la generalidad de los peninsulares que el co- 
mercio ó eliavor del gobierno llevaban á su tierra. Bl lujo de bs 
empleados españoles , que«n vano se esfoczaban á igualar, contri* 
.buia á inspirarles contra ellos una aversión que tenia mudio de^ 
envidia ; y no poca entraba , panr rematar la enemistad , en los ze- 
•los con que velan la constante prosperidad comercial de los penin- 
sulares , y la influencia que en el país , mal grado suyo> adquíriau 
p(Mr su riqueza y buen comportamiento. 

Mas nd' se crea por esto que el criollo carecía de importancia so- 
cial , ni que, como dice Robertson , abatido en él todo vigor y toda 
actividad , consumiese su vida en el fausto , en la molicie y entre- 
giido á las prácticas de una vergonzosa superstición. 

Xa vanidad era efecto de su posición , mas que de su carácter ; 
* pues allí dbnde hai distinciones up merecidas iBxiste siempse, y con 
Su ostentación se consuelan los que no pueden alcanzar los objetos 
de una noble ambición. Es la vanidad vicio de los pueblos regidos 
por gobiernos absolutos, donde la sociedad está dividida en clases; 
donde el premióse reparte según ellas, no por el mérito; donde el 
mayor favor, la mas brillante apariencia, la mas ilustre alcurnia son 
los übícos títulos con que se obtiene la consideración y el poderío. 
Esto esplica por qué el americano, idólatra de su patria,Hcnal hallado 
con el sistema de la metrópoli y zeloso de los*peninsulares, se esfor- 
zaba sin embargo en hacer derivar de ellos su prosapia , y andaba 
siempre á vueltas con el árbol genealógico y otras bagatelas de no- 
bleza hereditaria ; si bien no faltaban entre ellos unos pocos que por 
pique, necesid^ ó mas fundado orgullo se hacían descender de los 
antiguos caciques de la tierra. No eran mas supersticiosos los ameri- 
canos que los españoles ; ni podian serlo^ pesando sobre unos y otros 

B18T. AJIT. 20 



igualmente la inquisición, ía intolerancia velí^dea fia ignoBiadaj 
Menos industriosos , sí , monos activos, mas entregados á la vida kjj|, 

•cada é indolente de los climas equinocciales, Mal eam este debido a 

' la tierra, pródiga en mantenimientos de fácil adquisimon ; é la nota ^ 
de \ileza que cala sobre el blanco que se dedicaba á lai artes^moléBi- ' 

,^s * á la poca estension ^ muchas trabas qne tenia ei comercio marí- 
timo ; á la noüdaddel interior ; á la manía de emjpjeos que en^enctoa 
lameiquintf política de un gobierno suspicaz, enemigo de los progí»- 
fios.sociales; y últimamente á la escasez de inslcuinon'en lás clases 

. mas elevadas , así como en las mas liumilde&de la sociedad. Masa 
pesor de todo, el criollo , en la acepción mas lata que esta palabra 
tenia en otros tiempos , es á saber, el desocndieate blanco de eu- 
laopeo, ha tenido siwnpre merecido renombre de ho^^arioy gene- 

♦ roso dulce y aikento : con capazidad m«cha y valeroso. 

Entre ellos no babia. en. Venezuela. sioo seis títulos de Caslffla , 
tres marqueses y tres condes. Todos eran cuMivadores , msHtares, 
clérigos , frailes, empleados en reAtasni en los tribuBalcs ;■ muí pe- 
eos negociantes. Las artes útües i la cwnodidad de;la vida y las li- 
berales , desestimadas como serviles, eran abandonadas á una dHíe 
estimable y numerosa que las preocupMones privaban de conside- 
ración y de respeto, aunque digna por muchos títulos de 4ibteB6r 

uno y otra. ' 

Esta era la de^ los pardos Ubres ó gentes úe coioTr como deciaa, 
mezcla del europeo, del criollo ó del indio con el africano, y las 
derivaqiones de esa mezcla ; cla§e intermedia entre el Relavo yql • 
colono español, y que contenia con diversas denominaciones »a 
. larga escala de colores , hasta qúeestos , después de m«<áias geneta^ 
dones, se confundían con el de la raza de los cbnquistádopes, y 
participaban de sus privilegios. Es numerosa en- Venezuria,. porque 
allí, como en todos los países de América , el blanco, mezcló gusto- 
samente su sangre con la del África emfáciles.é ilegítimos pteceres, 
y porque tanto la ratígíon cómelas leyes y las costumbres, favorer 
deron la mañumisiomá que el amor inclinaba. Así féé que en las 
colonias español» hubo en breve más libertos y descendientes de 

olios que esclavos. 

í^tos como se sabe , fueron introducidos en el Nuev^o-Mundd 
con d prelesto de eonservar la raza indígena, y yerdaderamente 
por especuladoii , necesitando los colonos galernas briosa y fuerte 
para el tra^bajo del campo y de las mioas , que lo;eran los índigo- 



4k 



•« 



— 5^7 — 

',,Mbs ai(Qe$tod seéMuimife^mi Fápidaioente; la eéionia miie- 

' fft^ BO tmo coik qéé cotef^ar >afi;le»ios ; y £aé precisa {»mmo?er 

*Ja ropr<A)MiliOii de las €«át|3ip6r eb camino ú&ewbo, es deeir, ai- 

aaitiéuioli^'QQ.ki áoctedad y peratBiéndoles él 'ejiereieiap1eiifo.de 

. ilos dareelii)s istierentes á la eiudadanía. Así lo bieieron al pfl^- 

fi0 la» saíaMme» meáernieÉ. Por lo cual Temos^ que la Fxancía en 

:M$^ <fisp)l80 que sus libertos* coloniatea gozasen indisliütaomate 

.^mo sus otressábdítos las ventajas de la vida civil ; ¿también ^tte 

> el golflerno ^sp^orl por mochas reales cédalas declaró á los h^Oi* 

' Jbres de Jfékúv ltbee&, ecün d^sreehoá los -mismos rhonores y empleos 

o^fte'^Qs WoS'^SMiUes. Una de 4988 losadnltia en la clerecía ^ y 

. mandaba que A» ,faese ImpedimiBnío el color en la» mujeres p»dL 

entrar de religiosas. La igualdad, en fin^ de obligadones y derecítos 

en todas tas clases de bombres libres , nacidos legítimamente , fué 

^m pHñdpioinieosocido y proclamado jpor la política de Espáfía / y 

Mandldo pof «os aAjores puli^i^as. 

Másá pdndpios d^ siglo xr%i variaron con las opiniones fes 

-leyes, yla-so'ertede.los Üser^ y «üs descendientes se mudó de^ 

.*mni buena en mnt.raala. üna^opdmia&ia real de 4621 prohibió cdn- 

feeir ¿leis hombres áe cokrr ningun empleo públieO; aunque ftrese 

el de ndacrio , nmf de los mas subaUernos en el orden 'judídal es- 

. pai^, y dos cédulas de f643 y 46^4 los esoluian de servir en ks 

«' Imyas permanentes* Pr(^tbióse el matriflÉi>nio ei^tre peinabas bian- 

- '(9BS y de oélor por a«a pragmáitiea de -1776; y tufándose en efla 

una cédula real de n85 vigoró aquella disposición , porque según 

fmtece no se hkbáa llevado á efeelo oim sufimote severidad. De tal 

-manerarqttkieron las le^es éspaüolas escluir de teda consfdérao^fon 

. la elftse de 4o8 pardos , que pusieron trsfl^s al uso de sus bieties , 

. -ttiaildando que las mujeres no se engalanasen con oro, seda, chales, 

.ni dimnaxtes. En este punto la opinión , mas fuerte que las leybs , 

. lavorettó al oprimMo , impidiendo la ejecución de aquel necio re- 

.'glamento suntuario;- peco en otros fué aun mas all¿Je lo que ellas 

querían , como cuando hiío pretalec(^'el uso deque las pardas no 

se sirviesen de alfombras pafra hijearse ó sentarse eti los templos. 

Inútil ^ parece decir qae^ la instruécfon académica }ei fué negada; 

p«es aquesta prohibición , mas cruel é injusta que todas las demás, 

es la !que corona siempre los diversos sistemas inventados por los 

gofaieraospara ppivar de sus der^ébosnatiipales al hombre. Con tb- 

dd, e& 1797 íQi^mr admáUdos en las eacfu^s- de medidaa; y pdr 



— 508 — 

an auto de la audiencia , espedido en mano de -1800 , se mandó 
. que nadie impidiese á los médicos pardos ejercer su ofido, miéa* 
tras, no hubiese suficiente numero d^ facultatiyos blaa^ para el 
alivio de la población. Esta frase4M)s revela el motivo de la insólita 
generosidad de la lei , y lo dócil que se manifestó la opinión en ad- 
mitirla, siendo asi que semejante concesión mejordMi eseiraklr- 
mente la suerte de la gente de color, dándole un medio de adqui- 
•rir consideraciones y riquezas*. Fué pues la escasez ée médicos que 
babia en el pais, no por otra causa producida; gue por el^espre- 
ció con que veian los blancos principales las nobles pritff siones de 
la medicina y del comerdo. considerándolas como ocupaciones dig- 
nas solo de plebeyos, y reservándose esclusivam^te la espada, el 
breviario y la toga; 

Por una razón idéntica , como ya lo hemos apuntado , quedó 
reducida aquella clase á ejercer las artes mecánicas y las Acérales, 
que también se despreciaban, y para las cuafes mostraba escelentes 
disposiciones naturales. Pues ello es cierto que el hombre pardo , 
mas fuerte y vigoroso que el indio , mas activo é inteligente que el 
africano , no se diferencia del criollo y del europeo sino en merdli 
accidentes, siendo igual á ellos en las dotes mcnrales é int^ecCoales. 
Asi desde los tiempos pasados se confesaba poi^dos , y así lo con- 
firma en nuestros días el rápido progreso que hacen en las deudas 
y en las artes , desde que los gobiernt^s eminentemente justos y 
filantrópicos del Sud-Améríca los igualaron en obligadones y defe- 
chos con los demás ciudadanos. 

Cuánta gratitud no deban estos hombres , por tantos anos veja-> 
dos y oprimidos, á las leyes bienhechoras , á la opinión y al pue- 
blo que Jos han emancipado, es fácil deducirlo de lo espuesto , y 
mas claramente lo conocerán aquellos que estén al cabo de las 
crueles injusticias que sulVen aun en la mas culta y rica nación del 
Nuevo-Mundo, cual lo es la Confederación anglo- americana, y en 
las colonias dependientes aun de metrópolis europeas. En aqudla, 
el color mas ó menos cobrizo , i qué hai mas que decir I la simple 
sospecha de que un hombre tenga en sus venas una gota de sangre 
africana , le escluye no solo de la sodedad y trato de las gentes , 
sino de los asilos comunes i los demás hombres , de las posadas , 
del paseo público ,^ del teatro , dd templo. En los establecimienlos 
franceses de América , la lei que los ha hecho ciudadanot está en 
perpetua lucha con la opinión que los rechaaui tenazmente de la 






sociedad ; y en los que conserva España en el mar ée las Antillas * 
na son mas libres hI felizes que lo eran siglos atrás en el vasto con* 
tinente. Gloría sea^dada al j;)neblo foerte y generoso que vnidícó 
los derechos de la humanidad, que en las leyes los consagró, que >* 
diariamente los funda en las costumbres ; y hagan votos fervteiítes- ' 
al cielo por su conservación y mejoras, los que por él han recupe^ 
^rado la dignidad de hombres libres y los beneficios de la duda*- ' 
danía. 

Tal lia sido el resultado de las revoluciones modernas de Amé- 
rica , que estos hombres , tan temidos por el gobierno colonial , ^ 
han Tenido á ser hoi uno de los mas fuertes apoyos de las institu- 
ciones republicanas que rigen en el continente , con solo haber 
desaparecido el sistema de opresión que los mantenía degradados y 
hasta cierto punto envilecidos. Pues no hai para qué disimularse 
que el sistema español , tan liberal al principio con los pardos, por 
miras de conveniencia , fué después injusto , por miedo á los tras- * 
tdrnos que podia causar una clase , cuyo rápido crecimiento habilt 
desnivelado la población. CkHno no tenia ejércitos con que custodiar 
sus numerosas. y vastas posesiones, echó mano de los medios á un 
tiempo fáciles y peHgrosos del despotismo : la opresión de todos y 
la división entre to4os. Entonces se citó como digno de^mitarse el 
ejemplo de los espartanos , que no syjmitian á sus libertos en las 
asambleas del pueblo , ni les confiaban ningún empleo en el go- 
biemo : el de Atenas, donde el señor conservaba sobre ellos el de- 
recho de exigirles servicios públicos y particulares : el de los roma- 
nos, en fin, que mui lejos de tenerlos poi^cíudadanos, les imponían 
muchas obligaciones respecto de sus amos , y los obligaban á con- ' 
servar distintivos de su antigua servidumbre. Pero no se tenia pre- * 
senté que entre los pueblos nombrados el descendiente de un li- 
berto era igual á los demás hombres de la sociedad , y que el 
motiva de mantener á este en la sujeción era el justo temor de que 
unos seres recien salidos de la esclavitud, íngiriesejí en el pueblo 
los vicios que ella engendra. Conveniente pues hubiera sido hacer 
ppsar á los manumitidos por un aprendizaje mars ó menos largo de 
lá vida civil , incorporándolos después á la nación , sin que por 
ningún preteslo se estendiese á sus hijos libres el deber de practi- 
carlo. Pero en lugar de hacerlo así, permitieron las leyes la manu- 
misión, ''sin conceder la libertad , negando indistiníamentelos de- 
rechos políticos al "Uberto y í sus descendientes ; formal injusticia 



q«0 parfirtió al ¡wincipio la opioion púUiet ydespnerfvéeoatt»* 
madft.y eslendida por eaU á tal piuito , qae lat eicepdiines hecÉas 
€9 fiUFor de alpioas* f«mHiftS'Mtia«> áatorizáiidoks:|iirft.^ien^ toda: 
•cldiede evtpleos , quedibaacSÍB efaelo por la opo^idoBida loBblait'^ 
cm^nMM y eoropeosé 

S^oíin dfispooo de las gestes de eoioT los €«ia1^^ aqueUed* 
seré» sin Tolootad , sin bienes , síd range, cuya) eaitftéiu^ resae • 
en sí todas la^ injusticias humanas. Su introducción en Amáiica 
remonta al tie«po de los reyes catótieós y de Cárid» V; antes que 
el. ol^po Cases diese su mome^Uafia «anciwitá su trifico úifame , . 
desfcoBor de los tieiii}M)s antigiieay medecoos. £1 empecador ea 
ef9Q|o había aoacdadi á los ílaosenoos ^ -I M^ un permisejde jxo^ * 
portar negros á |as colonias ^ diferie^ te del prmlepo^eseHislivo^de'. 
vender en ellas los enatro mU que se mandaron llevar en Tintad de., 
la propuesta del obispo de Ctiiapay qaei eomoya heaiAs rátO; fué 
vendido á genoveses. 

£i comereio de esdavost , pfobibido por elioaiidefiel Jiaiénes da^ - 
rante su regeacia., fué mandado susp^er par.«el'B»s«iio€árlds V 
en '1 942 , épeoa en que les portugueses y bolajadesesJo hamn ya 
eon una actividad y un lucco .e&tfflordúwjes.. A es<as dos nacMuea : 
siguieron luego los ingleses, estimulados por el ejemplo 4e U rei»a. 
Isabel, y el o6 Jaeobo y Carlos P% que con sos cortesanos eniranmi 
eomo aparceros en las espedicione^ afrieanas.. Jamas lo' biicieraii loa.; 
espadóles, contealándose con surtir s^s calenias de-aqucMa iner^ 
caxM^ía por medio de los otros pueblos, y partieolarmexkte dd brt« 
ts^úco , insigne por sos piraterías de «esta e^mKe>,y per Ja eraelf- 
dad que usaba con los esclavos aws en^ue propi^sctotomas. Fdtp^ ¥ 
en -1701 com^ió á la Gomp«uM% francesa qoe serdaA>a al saHea**- 
mianiO' de neldos la merced del asiento, que consiistÁaren la^^venáa 
efusiva de ellos para Jas colonias espafteJas ; ^ ea el infeusto tra^ 
tado.de Utrecbt fué trasladada la merced á los. ingleses portel tjr-p 
nijuio de treinta anos* ConoLuyero^ estos ^ i 7$^, y desde entónees* 
sov proveía de esclavos los esteble^^núentos'e^paiíoles por medio da 
contratas qijie para .dio bacia el gobáeraaio con n^oeiantes estranje* 
roS) ó permitiendo que fuesen 4os partioulares á <^p|>rarlo6 ^ las 
colonias vecinas , para lo cual se rebajaron considerablemente loe*^ 
derechos ^ue pagaban á su salida los objetos destinados á la per^ 
muia. Can todo, la iiisurrecci<Hi de los negjros de JSujQi»» Doiliidigo, 
tan fecunda en lástimas de todae^cie , ¿armg^ el g^^nie espar 



ñol , bsááidole &96ieF) con ^sobrada roDii; quo 6e4alrodii|Q8i9a en 
sus pacíficos estaUe^ioúeifttos los priae^Sos trastoruadores á que 
dabieroa las coloniaB francesas sa estado deplorable ; y con esle- 
motivo Táirifts órdenes reales ppohibieroB á fines del siglo xTlii Ya, 
ÍBteodacicieiL4e negfos y, de gardos estranjeros , ya iuesen libi«s Ó! 
f p esclayos. t . * 

£n la ^aídc|MiioKi de afrippJDs para d fomento de sus coloBias 110 
hiso E^)aña <]^a>Q08a q«e initer la coaddeta de los poctug^eses , 
80gaida despiM con sobrada exactitud poí las^prineipales naciones 
de Europa , y sobre toda por esa xni|ma Inglaterra' que en épocas^ 
posteriores levantó tan alto el grito en favor de la bumanidad de- 
gradada por la esolSivitud. Bt^ qoe -segaai lo eteervá/on elegante 
y iprofundo e^tt^r veneEoIaiio hallando de. la Gsan^Bretana^ « seri 
« sienp^reun problema para la historia, si en la abi^ion deHrá-^ 
M ^00 de esclavos ha influido mas. el inleiies de la humaflidad que 
« lat *^peei¿ai(^to8ie8 de la aminmoii» mejor instnilda » (50). 

Ei|roi^ eeooéslBCQS , fateas ideas acerca del cultivo, y entre,. 
Olras'caasasí uorpEiscipid de coBafa»io«i mal eateBdída* hacia los in- 
^es, i]»>via^oxrtá los espaooleBá introducir en la tierra virgen de 
áfuMcá-^l germen de corrupción que envenenó sus entrañas áates' 
dfi haoerfa^ fecundas. Pero ni concibiéronla idfea, ni selesptuede 
echar en cara el habiE»r sido guia5)os por una política- infame, ni 
fpecon salteadores y acarreadores' de esclavas, ni diero» en stts> 
leyes y en su conducta con los infelizes negrosi el ejemplo de la nas' 
profunda inmcNralidad y barbarie. ^« No se puede pintar sin botroi*,. 
« éke Raynal, la c<Hidiei¿h de loanegrm en el archipiélago ame- 
« rii^tísO; donde sellados en el brazo ó en la tetilla con la nMiPea' 
• dcstt e^lavitud. suCresi el tratamieÉ^o.^as cntei. Es su ailim«trto 
• « mes&o y malsaé», su cama ts/tó qué descanso tormento ^ y su* 
« vestido un conianto déTÓidos andr^os:, que anuncia á primera 
t vista la opresión . y mifiprta áú que lo 'lleva. Especi]^aB los amos^* 
« sebr» el esceso de. su trabajo y poivqfie su erüeidad es Jgual ásu 
*« avaricia; y no tem^ ni evitan la mmerte de los que Ikman ara^ 
« dos vivoS; si el froto quetsacantle sus sudores cubre ios gastos de' 
« ia.«ottpra. Susjrios é interesados ciléuio^liaii llegado á estable- 
« cer OHDO axioma, que para salir ycBtajosos.;én ^el comercio de 
•««adttvos, d^ten estos á los diez y oeho-meses desuitegada á las> 
« ludias , haberles dejado ya litoes las dos tercera» partes de su 
« precio, a 



*; 



— 542 — ' 



Nada de esto socedia én Venezuela ni, geaeralmeoté faabfaiiilo, 
en las colonias españolas^ donde según el testimonio de respetables 
Tiajeros estranjeros (34), las^leyes protegían al esclavo contra la 
íérozidad de sus señores , en Todos los casos se interpretaban en su 
favor, y á haber sido religiosamente observadas, hubieran hecho su 
suerte menos desgraciada qua||jk de los jornat/Sros en Europa. Bien 
puede decirse en efecto con Vadillo (B2), que la lenidad con que 
Taa leyes españolas trataban á los infefizes negros suavizaba cuanto 
era posible su rigoroso destino , y ^virá siempre de pauta á toda 
especie de conciliación que s(ynedite entre la Glantropía y la servi- 
dumbre. 

Por do quiera en efecto arrastra el esclavo la «adena mientras 
dura su vida miserable, á tiemgQ que en los estaUeciHuentos espa-> 
ñoles salia del dominio de un amo injusto , por los motiyo^ mas 
lijerOs, ó cuando podía presentarle el precio que por él se hubiese 
dado. Ni era este arbitrario, sino que estaba determinado para to« 
dos en una tarifa donde según se avanzaba la edad , disminuía el ^ 
valor hasta desaparecer enteramente en la ancianidad. Las leyes . 
eran mui rigorosas contra los amos que castigaban escesivamente á' 
los esclavos ó les hacían sufrir grandes trabajos y privaciones, á 
punto que la segunda condena de sevicia contra* ellos era la confis- 
cación de todos los poseídos y la incapazidad legal para volver á' 
obtener otros. Úitímateente, un procurador, Wamsiáo de pobres y 
tenía á su cargo la defensa de Kiquellos iufelizes , abogando por sus 
intereses ante los tribunales , siq^gratiíicacíon alguna. 

Tanto quiso el gobierno español aliviar la suerte de los esclavos , « 
que en ocasiones espedía órdenes absolutamente inaplicables á.Ias 
partieulares circunstancias de s\ts colonias , señalándlose por sus 
l)cñeGcas disposiciones, entre otras cédulas r^leSvUna de 4789 , • 
en la cual se prescribía la educación cristiana que aebía dárseles; 
el alimento, el vestido, la habitación , los días de trabajo , la edad 
en que podía este exigirse , la ostensión de la tarea , y aun sus re* 
crees. Verdaderamente al comparar esta legislación con las atrozes 
medidas del código negrero francés de 4660^ con el de otras na- 
ciones cultas de Europa relativamente á este as|)pto , y en parti- 
cular con el que rige el dia de hoi en los estados de la Confedera- 
ción norte-americana , no puede uno menos de pagar un tributo 
de merecidos elogios á la filantropía de aquel gobierno español , 
tan duro, severo é injusto en otros puntos, * ' 



4güál juicio debe formal^ de sus providencias réspeclo de los 
indios, una vez que consegttida la .eon^i^a del territorio , ocupa* 
ron humanos sentimientos eP^ar ^ la flereza primitiva ; y aun 
antes, si nos remontamos al tiempo de aquella sensible reina Isabel, 
que al morir los fecomendaba á la j^usticia y ala piedad de sus su- "* 
cesores. Di^n lo q«^ quieran algunos autores ignorantes de las 
cosas de España , sobre el esterminio premeditado y el maf trata- 
miento de los indígenas , pues sus huecas declamácione^ada' pue- 
den contra el testimonio de Jlyes escritas en la Recopilación ame- 
. 'Picana, y el de muchos y diligente& escritores estranjeros, que á 
lina conGesan ser este código un monumento^de bondad y de filan- 
tropía^^^o aseglftaremos que lo sea de previsioa política^ de saber 
económico ^administrativo , cuaodo por el contrario tenemos 1a^ 
opinion^e que su eseesiva lenidad bizo á los indios inútiles para sí 
y para la sociedad^ dejando en pié sus vicios nacionales y su igno- f 
randa; pero sí, que esceptuando algunas precauciones para impe- 
dir levantamientos , «Sr benigno el resto de la legislación itídíanaf? 
Y aun estas precauciones^ absolutamente inútiles en la proxj^íab 
de Caracas, donde la conquista y las pastes ^rafh igualmente a^* 
laderas , cayeron en desuso y desprecio, no quedando subsistente* 
sino la prohibiclon^el trato entre españoles amerícapos ó euroQe.os,t* 
y los indios, por, el'cuidado que en mantenerla pusi^on los padfes 
misioneros en los pueblos que regian. >" 

Los Indios reducidos en América eran jgob^ados al principio 
por un magistrado de su nación , desceiriientc de los antiguos se- 
Sores indígenas, ó nombrado por el rei donde no habia ; mas i^mar 
)ttego se notó el escandaloso alsix^o que hacian de su «^toridad los 
eaciques, sei dispuso que en Veuezuela las^oblacipnes fuesefH re- 
gidas por un cabilda de dos alcalde» y otros lautos, regidores todos^ 
indios , que en su sendlla administración siguiesen las máximas de 
sus antepasados, A mayor abundamiento, y para libertarlos de la 
opresión á que podían sujetarlos aquellos hombres rudos y sin po- * 
lieía , se establecieron en cada pqpblo ó en uno para varios, ciertos > 
•empleados españoles que generalmente se llamaban protectores de ^ 
los indios, y corregidores en la capitanía general de Venezuela. Los 
fiscalesde las audiencias'iS los delegados que estos nombraban, eran 
sus protectores natos , con obligación de defenderlos en sus cansas 
y procesos; y ¡os oidores destinados á las visitas judiciales del dis- 
4rito felában en la^servancia de las leyes que les eran {ivorables. 



-5114 — 

Bepala4os «nao de menor eitd, aas p wfj aj t dw no pojatt ajr 
enajenadas síd autoridad d3Ha justicia!^, á lo cual. era ^xMsiguieiite: 
el beneMo de ia restítucituí ctrando,. oísiliUa dicha formalidad , . 
se les creyete perjodicados^cáVemeDié. NinguD género de iodustcia;. 
«¿ les estaba v«d»d« , y teoian el privilegio de jw pf^t e) derecho im- 
paesto soltie la^enta-dc las inawifactiwu. Oeiwcluí etfabnneseo' 
• tos de los «lieznKis por loe írutoe de Ja tierea : oo estab& sujetos á. 
nñigttDa cqatributHOD de sangre, j se lea deii^.eBlcan^l7'po-' 
sesión del terreno qae teaian oiiando^asaban al domiiuoespeital ,j 
ó recibian def gobiecBo uu buena porción eos «argp de labrarla.. 
Ni TorzadM, ni v(iaBUurio68ep^mitia.4}VKlosiudi«stReBenlleinrf 
dos -3 trabajar w^ineeaios de azúcar, idii<^eífle paño^laaa^ 
algodón ú otra cosa wm^inte q«e tnrieran' los esf^üotes, ti» 
^e por esoise les negaae el recurso de Ayudarse entre sí {^ra eMft 
i miañas ú-QUsB.QbQas , coa tal qo» tnese sin mezchi', cosifpíiíaiií- 
partidpaoioa de peKinsmlaKs de cnabiaiOT eclade, candad ó cont- 
dicíon.- 

Bara hablar solo de Veoetu^, dir^ps^ue allí los indios'cpi* 

•Blffi^tabau baje -eH^N'BO inmediato d^ loa nrisinneros , pt^baik 

.•desde la edad de di>ea y oc|u> aiíos basla la de cincneata un tnbutai 

¿antial, cuya eu«tan««r& ignal para todas los pMeriepes espaitolaSj: 

y^enCosta-£riBeaionle(ÍBá dos pesos rnwtes'pooo masó ménosv 

De él estaban esentoslos caciquee j sus iiijo5peinies<áiHCos, losqoe 

serrian ^ las igU|Ms , los «Wntdes ir -regidores, Jos^mpedídos'por 

enfermedad <'i imp^IeociOB natntal. Les ausentes por algunos aSos' 

noeslaoan obligados á.eoftttibuú' sino C(mel (emo, porlapreüin- 

óoa beaéQoa de que habrían pas^d^ donde reüdieron : los nueva» 

menlerediicidoa d«baii^oh)laiBttad^p<wd(»flñM, yn^ duraste. 

diez coneecoliT.os lo» q«e vohintacJBiiMate. se seOKtian ala otia^ 

dieocia del eobi^i'Da. EUe (tributo , -qM OOt fcteD podía coitsidfr- 

toi ^ la« tierras <ftc reetbia» en Tq>artilnieiBto, auorf 

!it», erafrecoeatemente' dispensado a la naí lev« 

los indios , qtie j^nas dejaban de alegar enfeme^ 

is c inteoqteñes de Ja eetadoo f>ara «umirse ia'fi^-> 

produelo, ^9 enibaiiga, se oAtrria á los g i rt o e de 

» y á J«Adel«ülto y «le ntmidros : oirá, paite ■sriis 

la^tétB, á pagar ' los >tiibw(iM atrasados por.aii«.de 

bambresócaltaiidadeaenaJgunidisttilo, y^alsocoW) delosÍDdi->^ 

gentes. Elt^nalo es timfo- d»Ua.0DconiewU^|^edabB á Jiol^a: 



#. 



lo if^te latíala patsik «tender a ;a^^ , \ 

No mée^ «i»9ittoi«s fiNfOB^Jasnaaroci^ qm U» ^oi^edió la:* 
igjtesia, ^]i!tér«wii0a€^e'4MU«?e]los'iHk^^^ laonsfi»^ 

parte' d9!lo6'fu^i^ptosy;dóiooioaefri»rMttiias á qoeeslábaEísBietos» ^ 
los otros baMít^Éltiis. Ya teños :^kta<^pe la ¿BfEu^oítm noóprtliiia 

• sus c^ciencias; LoB<d«lttaa ré&^ioses^^olrD& cOQumes c%i>fo eonof^ - 
dmieáto corji^dp^Bdíftipor b^ kifes generalea al:.$aB(OL 0!fiek)^.:eráir > 

' jaldados, iratáodose dejelic», por los tainaalestde los obispos ó ' 
%or los* socálase ; si luMniaA soyió jamas quoim ijiéio»£«e6e ja- 
diiiiaiineitte |>«r^^i3ii )ior>e8niasseni«iaafee$; én ^azon á 'Cpie segoa 
elooiidtío de Lidra, so i§fim'«iida>deb«sérvirleé de'ré1s|^rdó» 

á p6sar[^ estas benéÉícas diaposkifiíBes^ los ísáiios , segnngrart. 
yesasilMBo (55)..eDy¡dla!bftn.lai«iiecte de ko-esda^os altícanos* t 
asi em-laVeirdádl . HMiimaB vejados y iofiriáiidós'de mil maiitra^ 
porlos iiiÍ80Mft¿qweBids.4ft left liainauSBoargado áa: defensa y pro«' 
teccísfi^ Giiaslddiio sa les impoQiaBAtabagiaspttbUcos y par<ác]uüaresf' 
«ft»sr& deitodÉve^ y médíia , se 4es> obligaba á compns^ por ptg*^ 
cíos.suMdos'lffi^ joaas üninifioaoteB i)aratiias , ó «^.le&.reteaiaii «lí 
fin sus salarios so color de asegurarse éel littml»4 Eáirafto se dieron f 
leyes y reglamenUísCiámíiiando penas, tomasido proeenaoiies, es-* 
tableeieodo^métodos y reglas?; pties á taa larga ;«yalatacift^ llegaba 

* muerta la autoÉidad-roaA , y «1 ^so gcmí qneitóáos' medraliiii.poF 
todosseoeuUabayüEmiteiiia./sIn que porrloeémtin s9ieTBnfei»Ke: 
en favor de aquellos ittíeli2es:iadíge»as :tisa «oz flioaeplGaiia'ó euro- ^ 
p#a y .denwaeáando lá qgreéioB y miseda «ft^qttoysaaíaii^ 

^ 1| ¿Ni^eómo podrian esptieaxsotde iOtí» módot la ignoraucif y bar» 
'^urie en qtto«Qstaliaiitsiian¿dás-bis pod^toioories indianas idofiíbsa ée ■ 
tukas generamMsy :Qon tantos e8fuereQS!g6nero6o&.€omo emfdéa^ 
% ^ ro& la igtesia y el gobiercio pam haeeries gozanlos^beneiíaies de la 
dvilkadeiní ? * £Hé «es ciertio que el. indio sd vaj«^ ^ babilador da las 
sellas, noi2ade.ó con.domioiUo^íijO; tenia mlspitrtolfg^May vir^ 
- ' \ ta<iaa<|ue el que vivía someydo al reamen t^lookd , en casarias y 
aldeas «arregladas 9 tan protegido por iaa leyes ^ y«(an¡oprin»do por 
**'i< los'homlft'esa La vida-qi^ aili llevaba, y queisolotpof krisou poede^ 
* llaiNktae 'seoM y le embroteóió do tal maftera^ . qüie sin exa^racion ^' 
debía Ibcmáraele el monstruo dé lá ereaeÍMi mwal. Sin ajugüna 
idMT.de Jo jiMlo m de lo iojosio> la knayov de sasfmpeÉsioiifs ^a 
' el rob0^; i U^>ww|y§.piivado8 d^.-todat li««eercg. jde* lá üioral dad 



Bacías religiosas , sin conciencia ^ ^n el 
Ina esperanza, no eran cristianos^ ni pa- 



— 516 — • 

'*ée }as acciones humanas , era común «n Silos la embriaguez , la 
jBvenUra^ el ¡^rjurio , el incesto. £1 amor al trabajo , de donde se 
derifan (^mo de su propia fuente todas las virtudes sociales, era 
tan nulo en ellos , que al cabo de algunas generaciones, perdida la 
^ ¡dea de la vida errante , suspiraban por ella sin en){>ai^o, hd *por 
. gusto á la liberlad , sino por entregarse á la ociosidad de sus ante- 
** pasados. Sin fe para las crej 
eorazon cerrado al placer y 
dres, ni esposos, ni amigos; acaso ni hombres ,^pué$ careciendo de ' 

la energía que conduce á los crímenes enormes, no conocían mayor # 
sensación que el miedo , mayor gusto que el ocio , %as dulce vivir 
que el de la suma impreyisioñ é indolencia. Esle*!er degradado, 
|to espíritu para las grandes acciones, tenia el sufícicnte*'^ara con- 
cebir el odio, los rencores y la traición , ocultándolos á uAmza de 

m la sociedad civilizada , bajo apariencia tranquila , ekíúpidS^ó amis- 
tosa , según su mayor ó menor anhelo por la venganza. Así era , 
no el indio salvaje, ni el que confundido en las ciudades con el 
resto de los ciudadanos , gozaba de todos los derechos políticos, sino * ^ 
el q¡ie habitaba las aldeas bajo la dirección de sus prol^ios cabildos, 
^e un cura dootrinero y del corregidor. 

Mas es preciso no echar enteramente la c^a de este triste re- 
sultado á los abusos que se introdujeron á despecho de la léi y de 
la religión. Dependió también , co^o en oüpa parte lo hemos hecho 
notar , déla mala dirección que se dí% á la instrucción religiosa, y 
del pésimo sistema de dulzura ilimitada que se quiso usar con 
unos seres no acostumbrados á la fatiga , y p^ui inclinados por el 

0, contrario a la pereza. En lugar de desarrollar en ellos esa propen- * ^ 
sion antisocial, dejándojos entregados á sí mismos, maB acertado 
hubiera sido obimarlos indislinlamente al trabajo, no para q^tarles 
su producto ; sino antes bien para emplearlo en su provecho , h^-^ ^ w 
dándoles cobrar amor á las comodidades de la vida. Cebo es este - , 
-á que no resiste el salvaje, por crudo que sea , cuando es condu- 
cido acertadamente, pops en él, una vez paladeado, halla contento, ^ '' 
conveniencia y recreo. Bien íice Depons que con agrado y fortaleza, 
cual á niño ignorante y resabiado, debió tratarse al indio. Así se le ** 
habrían inspirado alma , pasiones y espíntq , y no hubiera vivido • 
* en el mundo como un reptí^-envilccido, arrastrándose por la tierra, 
sin orgullo ni amor. Si se le quería convertir á la vida social, ¿cómo 

' se le alejaba de ella, dd' trato xon las gentesi^vM^^isis, y de las 



-- Sf7 — 

comodidades y enointO^o h ciudad caita? Sálleteos qhe el mtf-* 
tivo de la lei íaé benéfico^ pues temía la corrupción ^e las grande^ 
l¡^Iacioaes, y los motshos tormentos qqe le^abrian hecho sufrir 
los otros habitantes; Bdas hubiera sido bueno evitor el estremo pe- 
ligroso de un eompIetélaisIaouentO; atecISdando en sus pueblos 
cierto númer^ de familias de otras nyps , ^«on eufl ejem{^ y tnitd 
aprendieran ideas , usos y costumbre^diferentes. De este modo se 
habrían conseguido' dos objetos imponantes : un& lleyarlos insen- 
siblemente á gustar dé-íla sociedad ; otro darles algunos deíensores 

¡^- oontrá li^llranía de Ids^ (fae y viéndolos solos, los trataban cual pu- 
dieran á fieras? Mas es ya tardía esla queja ^^y aun inútil sera, si 
no ^yeei mal pasado de saludable escarmiento*; sí coftlinüan aban- 
' dcmados 1^ indios á la merced de los inhumanos que hoi los acaban 
ecmJasflnismas vejaciones de otros tiempos; si en fin los gobiernos 
republicanos de América se desmienten de susj)rincipioá, no po- 
nirado al mal oportuno remedio, como lo piden la humanidad y la 
justicia. f . 

£stos desgraciados que acabüaos de describir^ en sus imperitas 
relaciones con la sociedad colonial, componían la última de sus^cia- 
ses, si tal puede llamarse una que existia, por decirlo así, fo^ra de 
ella, sin influir de modo alguno en^s modificaciones y Cambios ', < 

-* como cuerpo heterogéneo, de movimiento y vida diferentes. 

Aquí deberíamos pue& concluir la enumeración de los habitantes 
de la aatigua Venezuela , si no fuera conveniente decir una.pa)abra 
acerca del sistema adoptado por el gobierno espaioí para impedir 
la entrada de los estranjeros en el territorio de si^ colonias ; y e^ 

\ con el fin de que se vea hasta, qué punto, cui^a de mantenerlas 

^^ separadas de toda coQ9unicacion y trato con los europeos. Siendo 
la primera condición que se exigía para conceder permiso de pasar 
á^ América la de ser éspa&j^l , dicho se está que íHing&n estranjero 

*' |»énetraba en Venezuela , kgalmente á lo menos. En tod¿ el tiempo 
que abrae^'nuestra historia se siguió severamente este sistéid^ coa 
pocas«escep<»ones de individuos , que á fav9r de engaños ó por di* 
simulo de las autoridades , se establecian en el pais. Esto duró hasta 

f que una cédula de 480^ autorizó al consejó de Indias para conce- 
der á los es^^canjeros el peqpiso de pasar á América, mediante unt 
derecho, que impondría según las dj^l^pstancias y el objeto del fíije. 
La misma dedica e^igia^una crecÜ&^cantidad á los que quisiesen 
' residir en Wcolonías, y el doble de ella i los que adeau#desea« 






— Ma- 
sen iiatílrdisMPBe. Grande alterarion «ra i0^«ia dnda^ y un pao 
mai avaiBado «iiátía «B' ólrden de eoflas^nas.Hkeiiil y eóDrenieoCe 
que el anligiio ; p^ en «nlaam ip^eo deiwífo. Porque las cos- 
tamfefee públieaa reehazalwii'eoa tanta taHftiáBd.á ks estanjeros, 
que para inaBteiib8e*ett fai tierta era ¡nrafíeo, é^ivér ipiofado en 
la oeeoridad yVft miseBÍa , t^jeoaq^car em- ¡MBalíHadanes y ptodi^a- 
liAkdes el aoMgo qne-jde w mome&to á otro(fM)d¡a liarbar mm¡é^ 
imon dada k Ifia easmum del Santa OidO; áá ka anturídadies 
eivUea ; fii«ider endfoeea orat YÍ6da en la «IpíiiioB p«piilar, 1& ie^de 
.que era dieteje y revoMder tedxr bemWrd^. nteido fmra^e Amomai 
ó de IvaHa. és¿ pij^es, pasa nadar taiMm f|«e eelftac k influencia 
•estninjera e» VianMQcla;ln»ta fines ddÉ aígki.xviu y pr^ei^pp-ailos 
del sígnientC; eieaio tnsíplüesrille , ó por. mejor dedr ntaio, el 
Homero de europ«ee eilableeídov ten elk ademas de ksqienkiM- 
lares. 

El de ka^elases sockleí del.'país m el mmmú ií^po , peeé^mas ó 
menos , no está perfecta^i^te ayerignado. La falta de censos gene- 
rales ba hecho Itasta ^|pra in^posiblenn cálculd eaaeto; si bien 
Humboldt y Bompkad^reeen haberse aproxkafio.mndio á la 
Tardad en las dMervaciunes que 'soforo este ponto hiekiron en sa 
Tiaje á YeneBuela.j ioaMultande algunos censos parciales , ks re- 
kcíoues de etüas y misioaieros , Taries datos estadkjieos de consn<^- 
moSy ootoieroid y sigrifiíiltara , y los infor&esr de diferentes emplea- 
dos en el ramo>deíbaQÍendaLy otras personas inteligentes en k ma« 
tena. Admiti^iáo pues ef ^esdUad» qiae oikuvkron aquellos Tkje- 
ros, si no como exaelia, por lo máoos x^omo bastantemente yeñsimU, 
lai capitanía general de Venezuela t«mía en los primeros i^os del si-jr 
glo XIX obra de ochocientos mil habüanteS', de los ^ales eran' 
bknces nacidos en Encopa doee mil , biaivcee lnspaBo>-amȖoaiU)s 
ó iorioHos doscientos nü > de castas m^as*^ f eadles de color. cua- 
trocientos seismal, esdavós negros sesentay dosmil , indios d^e raza 
pura dnñto veinte mil, y entre «stos últimos oehfink t nueve, mil 
en las solas :proTÍnGÍas'>de Ovmaná , Barcelona y Guayaaa^ y diez 
mil índepefliUenies en el delta del Gsíqoco y en Ias mofks'í(54). 



* 



■ I M l«. s ss:^«3rt<gacaesaa^aatta5wa<w » i n) i ii, #,»y ^BcaBe^ 



• l 



il 



CAPJTtLO XVII. 

^ricultarni» 






A GonQeoiMneia d^pfloclpto regoack^eb^ por d: giftlwerBD y los pu- 

Blieistas espaftoles 46qu«'ia'AméH«af«i^n^Í9 en^propieda[} á la 

corroa, »O'Solo^e0icíuiHó'est& la 'Uevra ^ )»no q«u3 ilit.Feparti¿ enlre 

-1M1S vasallpsy €«ail pcrl^ie: tiabaio- Ittoho coq bienes inoc^eoéos. 

(InjMO'á'a *^ perO' mi d«btó< Msedcr «nufi» pciia»|^ü cuítívoriii eta- 

dades I dMidela Biay$ir paiste ideilas^tiüius aa^baa errantes , iBÍa 

<¿fi^n ¡sMtúm^, sin ádeás'd&IapEQ^édacnerntoml , y donde al 

fiax , ó se apocaix»! lastimoEamente; óí pereoieron^ ^ 

> Pródjfds fueron los riesen i l&toác^nii de tierras álosoon- 

^«fiiistiidores , ó mas bien encía c9ri&|!macion de lafi^-qiie estos se tó- 

ttiiton para sí len las naejor^s y mm pobladas oomarcas. Y^enles 

-iHI^ la marcha ^e stgiáeron las eneomíiaiiésid'c^as s^ prmeipio 

'iselo á pocas peraMasicim» domkílie fijo en los lúgafes , después á 

ieéos jndisti&lameiile, por 4Utiaao.4tK>si conquistadores y pobla^Q- 

•pes por dos vidí». •Estadrcunslanbia sin embargo hacia voi^rer ala 

(CCK^Da^aK eneontítiidas , -pasafdo^ un d^le nóinero de aios , f *i¡on 

•esfffmdtivo las .propí^dadeS'^fedlengas se anmentabaa ó nuevas 

-concesiones^ las ponian en otras manos , ^iiifue de este trasiego sa** 

tsaye nadie piroveobo, siao'era'el reí y^asn^kústros. Qtm. daf^o, al 

«eontrai^, r^mltaba disueno' á los^indios, lo¿'Cual8$irabajal»a& como 

J^úas para dlvamésiteMNis , ^teblos solD^á sacar pvonto partido 

de unas^baciendas que no debían pérteneeeiies macho tie^o. *^ 

Coaado este imal «asomen f:6it, fué necesario pensar en.otros ine- 

tlíos-.€e c«Mivo, y ánies de todo en^ dará la« {propiedades nna con- 

«isténcia'legal<que''a9egnF&ftdO'á fosé«eiíos e! fruto de su^abajo, 

'Jos estluratase á s^uií^lo ean may^ -esfuerzo; pero Ios,«^obernad^ 

90$ que^haíta muí entrada e) siglo ^tmitjbabian tenido facultad "^ 

fara*>e<üloeder tierras , mediante' fo presentación de los ealbíkldfl , 

fueron privados de tan importante atribución en -1755. Et objeto 

lie esta torpe medida era llevar i» la corte soHtéítiides y HtlgioS; que 






— 520 — # 

son el afiniétito de co?ach«eUstas y carialft ; y jiMso se l^ró , por* 
que el temor á las d|||tcio^, dispendios y peligre^ d^Wiaje re* 
trajo de él á los yenezoianos , los caaks ó se pasaron si^tierrA , ó 
las poseyeron sin títulos bastantes con ][)erjaicio de sos descendien- 
tes. . * , 

I^ró esto algunos aüos^ si bien no tantos comAubtera diyada 
á haber salido bien el pen^ de la codicia fiscal ;^ro borlada eila 
en sus intentos , ho^^e cometer á las andíencias por c^ula de 
-i 75^ concesión definitiva de tierras , ordenando al mismoáiempo. 
que se presentasen á los delegados del trlbanal lo» titnlos con que 
se ojiaban poseyepdp^ Si habian sido concedidos por los goberna- 
dores ^ quedaban refrendados, con tal que el poseedor ^ iiubiese 
mantenido dentro de sos línátes; mas si estos se hallaban traq^ 
sados , quedaba el propietario sujeto á comprar al rei%l teireno 
oaorpado , ó á perderlo con las mejoras y frutos ^ tuviese. 

Guán pobre fuese m cultora del meló' venezolano en los primeras 
aüos de la c^qoista , lo hemos visto ya en el lugar donde dijimos 
como entregado en mangs de los rodos y péresosos indígenas, bas- 
taba apenas para el sustento de los colonos/Nin^ua prodocdoa de 
útil ^mercio se pidió entina á la tierra ; que el afán era saber 
del oro, y única iiidustría el buscarlo. A este anhelo piur enriqoe- 
cer prontamente* con los metales preciosos, se unió la pesquería dé 
pealas, donde á millares perecieron los indios. Contemporáneo ^ 
estos males foé el salteamiento de indígenas y el tráfico que se hizo 
de'dlos en toda la costa ^..principalm^te en MaraeapaDa/éumaíiá, 
Araya y Gubagoa, factorías de aquel «omercio vil. Mas los'^venerof 
de 01 0^ tdki buscados foeron humo vano , costosa mas que útil la afa* 
íhada pesquería , y los esclavos hobieron de acabarse con la despo- 
blación y la vigilancia del gobierno ; resaltando de aqoi que por no 
abandonar la tierra , foé preciso desistir de boscar riqoezas p(nr 
^ nmios diferentes de la agricoltora. * 

De todos los frutos americanos útiles para el com^tío de Eurc^, 
el primera que se cultivó en Ymiezuela fué el cacao; almendMi sa^* 
brosa^^utritiva cuyo uso conocían desde tiempo inmemorial los 
mejicanos. De estos lo aprendieron los españoles, y so cojpumose 
^* 3mzo luego tan general , que pronto U^ó á ser para el antigno 
mundo objeto de necesidad, \ para el nuAvO uno de eaporladmi 
mui precioso. t "^ 

Mas adelante veremos cuáles fttwm los erróneos principios eoOr 



— 52Í — 

nómicos que siguió el gt^biemo español en el establecimiento del 
comercio esclusivo con las colonias, y sus malos resultados; pues 
abora lo que importa es saber que el cultivo del cacao en Yenezue-* 
la fué fomentado por los bolaadeses establecidos en Curazao , re- 
cibiéndolo España por su mano y la de otras naciones europeas, 
basta los primeros años del siglo xiiii. Tan entregada se hallaba 
la madre patria al comercio con las otras colonias ricas de oro y 
plata , y tan olvidada estaba la Costa-firme á causa de la pobreza de 
sus productos, que hasta aquel tiempo no representó este pais pa- 
pel ninguno en el sistema mercantil del Nueyo-Mundo. Apenas se 
creerá , pero ello es cierto que desde Á 700 á \ 728 no pasaron de 
cinco los navios que á él fueron de España , y que desde ^ 706 
hasta ^721 no hizo viaje para la Península una sola embarcación. 
Realmente Venezuela fue patrimonio de los holandeses; hasta que 
en ^12S pasó á serlo de la compañía llamada Guipuzcoana , favo- 
recida por la corle con el privilegio de hacer esclusivamenle su 
comercio. Juzgúese ahora cuan poco le interesaba al gobierno la 
( onservacion del monopolio por su propia cuenta, cuando se desis- 
tió de él en favor de particulares , echando en olvido los principios 
que hasta euiónces habían dirigido invariablemente su conducta 
mercantil y política. El motivo de tan esencial modificación en el 
sistema fiscal fué conseguir por mano de españoles , mas barato y 
en mayor copia el cacao, única pi educción esporlable que por 
aquel tiempo daba el suelo; debiendo así la provincia á aquel im- 
portante fruto uno de los muchos males que retardaron sus pro- 
gresos. 

£1 añil , originario de la India , y tan estimado en Europa , no 
se cultivó en Venezuela sino á fines del siglo xviii. El eclesiástico 
Don Pablo Orrendain y Don Antonio Arvidc, inteligentes agriculto- 
res vizcaínos, lo hicieron llevar de Guatemala y empezaron á bene- 
ficiarlo en 4 774 , á pesar de la desaprobación general de los colonos 
americanos y españoles; los cuales aficionados esclusivamenle al 
cacao, estaban imbuidos ademas en la preocupación de que ía tierra 
en que este prosperaba no consenlia otras sementeras. Los prime- 
ros ensayos fueron tan dichosos, que en breve, cambiadas las 
ideas, produjeron una revolución en la agricultura ; por manera 
que muchos &e dedicaron con ahinco á sembrar la nueva planta, 
mas laboriosa sin comparación que la otra ; pero menos delicada 
y de mas pronto y seguro rendimiento. Apenas se dará ejemplo cn- 

U!ST. ANT. at 



iré los paebJos mas activos y laboriosos de una prosperidad (an rá- 
pi%c«mo !a que alcanzaton en pocos años los sitios escogidos para 
labrar el nuero ff ato qne Hegaba á enríqnecer h proyinda. Los 
Talles de An^oa: cambiaroD enteramente de aspecto, y donde intes 
MO se vieran sino bosqnes y tremedales iniitOes , se levantaron 
pueblos numerosos y ricos que aun subsisten. Aldeas miserables y 
desiertas que daba lástima el mirarías , se convirtieron en villas 
risueñas y elegantes , adornos hoi de aquel verjel venezolano. Desde 
entonces crecieron y prosperaron la Victoria, Tnrmero, Maracay, 
Cagua, Guacara y otras muchas poblaciones. También Barinas, 
adonde se estendió el caltivo del añil con iguales si no mas fellzes 
resnltados. 

El algodón entra en el pequeño número de plantas que bailaron 
los descubridores de América beneficiadas en Yenezaela, donde al- 
gunos indígenas menos incultos que el resto de sus compatriotas , 
hacían de ella tejidos groseros con que se angalanaban ó cubrían. 
Mas aunque tan de antiguo conocida , tan apreciada por su utilidad 
sin igual , y de tan fácil labor, estuvo relegada entre las prodúcelo* 
nes aplicables solamente al uso doméstico , hasta que en 1782 se 
propusieron algunos agricultores emplearla para el comercio mari^ 
timo. Los valles de Aragua, Barquisimeto, Maracaibo, Gumaná, Ba- 
riñas y otros lugares empezaron á cultivarla con esmero , si bien no 
tanto como el añil y el cacao, frutos de mayores y mas fondadas es- 
peranzas. 

A estos lo que verdaderamente perjudicó fué el café , á cuyo be<* 
neficio se dedicaron los venezolanos con tanta generalidad como 
buen resultado , desde la larga guerra de ^795 á -1801 entre Espa- 
ña é Inglaterra. Las colonias de otras naciones hacían ya de él un 
comercio considerable , cuando en las posesiones españolas no se 
cultivaba sino para el uso doméstico , á pesar de las inmensas utllf- 
lidades que habia dado en Martinica , en Cayena y sobre todo en la 
parle francesa de Santo Domingo. Mas al fin un ejemplo tan cerca- 
no y patente hubo de dispertar el deseo de imitarlo en un pais tan 
propio como el de Venezuela para todo género de sementeras. En 
4750 fueron trasladadas de las colonias vecinas á su suelo algu- 
nas posturas de la planta , pero no prosperaron como debieran , ó 
por desidia ó por falta de conocimiento ; y tai vez el cacao hubiera 
continuado por muchos años siendo allí el objeto esclusivode la 
agricultura , si en 4785 no hubiese Don Antonio Mohedano hecho 



sembrar sdssul pié&déx^fS qve reeog^ó'eQ varias iniér&s.E8ie'so«> 
geto ifne éespvtfis fué di|goo y respetable obispo de Qwiyaaa., era ¿; 
ki'Sisoii cora de Gbacao. Sus coasfaBlés esfuerzos, unidos á los qú» 
por el mismo tiempo hicieron Don Bartolomé filaadin y jel présbites 
ro Don Pedro Sojo, lograron piir fin inicodueír en YéneBuéla ña 
ramo de industria rural qne hoi fbnna* parte eseaeialískiia: de so 
efirienUnva. Cotiiertos los mares de navios ingleses que inéereepia»^ 
ban tod& eomonicacion con la madre patria, desmejorábase ki ca- 
lidad del cacao y con ella su precio en manos de los coldnos, sujetes 
á esportarlo solo para España ; por lo coal el café, menos, bien pagan 
do , pero mas duradero y de uso y venta mas general, empezó á le^ 
dbir mayor fomento y aprecio. Para esto ye Imbian los detastres.da 
k parte francesa de Santo Domingo privadla al comiereio de £i]i»paí 
de una porción considerable del que se eslraia.de to Antíllas; f 
eomo huyendo las revoluciones sangrientas de aquetlá eolontades* 
graciada , tam rica y floreciente un día , emigrasen varias familias á 
)a €osta^firme, el cultivo de la planta se perfeeeiosó infinito* 
Verdaderamente desde enlóoGes fué que introdujo' Yenesuela en*. 
les mercados de Europa su esquisito café, inferior £Olo al de 
Afabia. 

Pero la caña de azúcar, rico producto comercial de todos los es** 
tablecimientos coloniales situados entre los trópicos, era nulo paira 
la esportaeioii en Yeneauela, donde diversos motivos impidieron 
que prosperase lo bastante para ofrecer al comercio un sobrante de- 
Gonaideraeion. Desde luego el recio y laborioM beneficio que eiige 
no podía según la opinión común hacerse sin esclavos, y en Vene* 
auela había muí pocos propietarios con suicieule caudal para com- 
prar un número considerable de ellos. Causa eráoste misma po^ 
bien de que no pudieran muiliplicarse los molinos y máquinas ne» 
cosarios para la elaboración del azocar, costosa á mas de complica-^- 
da. A estos obsiáoolos se unieron, como luego veremos, otros de 
ufla iufcencia mas general y perniciosa sobre todos los cultivos 
útiles ; debiéndose á unos y otros el que el azúcar fuese en Gosla- 
fimie «na producción de consumo interior, á pesar de haber sido 
conocida desde mui temprano en aquel suelo. Las primeras cañas 
fnecott llevadas de Canarias por los españoles á la isla de Santo Do- 
mingo , donde mui poco después de la conquista se reunieron por 
óvden de la generosa é ilustrada reina Católica todas las plantas, se- 
millas: y animales de Europa. Pero en 4796 laanlifaacaña/ongi^ 



— 524 — 

Baria de la India, faé reemplazada por la de Otáití, qué se lleyó 
de Trinidad y que habían hecho conocer en el antiguo mundo los 
célebres viajeros Gook , Bigb y Bougainyille. Este la introdujo en 
la isla de Francia : de allí pasó á Cayena y á Martinica, y desde 
4 792 á las demás islas occidentales. 

No mas que el cultivo de esta plañía preciosa progresó <$1 del 
tabaco, cuyo aso dañino se ha hecho una necesidad en casi todos 
los pueblos conocidos. Los enviados que en su primer viaje al Nue- 
TO-Mundo destinó Colon á reconocer la isla de Cuba , volvieron 
contándole y según reGere Muñoz, que los naturales andaban por 
campos y caminos con un tizón en las manos y unos cañoncitos de 
ciertas yerbas envueltas en una hoja , ó bien de hojas arrolladas que 
llamaban tabacos : que los encendían por la una parte y por la otra 
chapaban el humo. Mas por entonces los descubridores de América, 
atentos solo á buscar países abundantes de especería, perlas y me- 
tales , ni del nombre de la famosa planta se cuidaron , en términos 
que el primer conocimiento que se tuvo de ella en España se debió 
á Hernando de Toledo, el cual la encontró en tierra de Tabasco, 
cerca de Yucatán , en -1 520. A Inglaterra la llevó Raleigh, y de Por- 
tugal pasó á Francia en ^559, luego á Italia y otros punios. No es 
por cierto producción esclusiva de América, pues se halla en el 
Asia, en África y en Europa. 

Su cultivo fué libre á los principios en Venezuela ; mas sofocado 
muchos años con el opresivo monopolio de la compañía, no ofreció 
á la esportacion sino un sobrante pequeño que la tiranía de los gui- 
puzcoanos limitaba según los fondos de que podía disponer para 
comprarlo, haciendo de ordinario echar al algua en los puertos , ó 
quemar, lo restante. De esta opresión pasó luego á otra mayor, 
cuando en ^77 mandó Carlos 111 establecer el estanco en las pro- 
YÍnoias del modo que lo estaba en casi todas las potencias de Euro- 
pa , y en la misma conformidad que se había hecho en Méjico trece . 
años antes , y en el Perú, Guatemala y Santafé. Entonces fué tam- 
bién prohibida la fábrica , uso y venta de toda clase de rapé. 

Lo mas singular que haí en la historia del estanco , es que el go* 
bienio puso á los habitantes de Venezuela en la alternativa de su*- 
írirlü ó pagar anualmente un encabezamiento que equivaliese á la 
ganancia que se proponía sacar del fruto , á razón de doce pesos 
fuer es en quintal. No siendo general el uso del tabaco, ¿cómo se 
le podía tomar por motivo del establecimiento de un impuesto que 



á todos comi^eiidla? Ni era posible estabfecer en qdos lugares ol 

estanco y en otros el cabezón, sin consumir en zeladores y guardas, 

'mas dinero del que la contribución y la reiita produjesen* El caso 

fué que entre los habitantes y el primer inlendehte de Vengúela 

J)on Josc Avales sé levantaron grandes disputas, y que los prime- 

-tos (á quienes tal vess hubiera convenido mas el encabezamiento 

que el estanco ) prefirieron este por vanidad , viendo en aquel un 

tributo que los asimilaba á los indios y los confqndia con la plebe. 

■ « De los dos estremos, dice con mucha exactitud el viajero De- 

* « poDS , eligieron el peor, y sin oir la rázon ni consultar sus inle- 

* « reses, lo sacrificaron todo á la presunción , todo á la ira y al en-< 

« cono. Aquellos hombres altaneros preOrieron el monopolio del 

« tabaco á una contribución que veían como el sello de la esdavi- 

« tttd y de la deshonra. » 

Aceptado el cambio por el intendente , se procedió á plantear el 
- estanco en forma el ano de 4779, quedando establecido en (odas 
'las provincias hacia los primeros meses del siguiente. Prohibióse 
' pues la siembra del tabaco sin permiso espreso de la admiuistra- 
eion del ramo > y de otro modo que por cuenta del rei : los que te- 
man acopios de la planta recibieron orden de llevarlos á los alma- 
cenes reales por un precio muí I ajo : la venia y tráfico se prohibió 
bajo las penas mas severas , y á los que deseasen sembrarla en ade- 
'lante, se distribuyeron terrenos á las inmediaciones de los lugares 
escogidos como mas á propósito para contener el contrabando. En 
los cuales se pusieron administraciones subalternas, dependientes 
. de una principal que residía en Caracas , con el encargo de adelan- 
tar diñero á los cosecheros, pagarles el precio señalado al fruto se- 
gún su calidad, y repartirlo para su venta en diversos estancos 
' cuyas cuentas examinaban y fenecían. No paró aquí la prohibición. 
En 4781 llegó á Caracas un químico español de nombre Don Pedro 
' Yerásteguí^ y recorriendo los pueblos occidentales de Venezuela , 
observó que sus naturales hacian mucho uso del tabaco molido y 

• hecho una pasta blanda, á la cual agregaban sal de urao. Esta no 

• es otra cosa que un sesquí-carbonato de sosa que se halla abundan- 
temente en el fondo de una laguna de la provincia de Mérida , se- 
mejante al de Trona en el África. El químico perfeccionó su bene- 

' flcio y elaboración , enseñó á mezclarlo en proporciones convenien- 
tes y á utilizar para aquellas pasias el tabaco, de despeidicio; con 
lo que dispertada la codicia del fisco^ se mandaron comprenda en 



leí iBODopoUo mi la «ti como las ftaám, cliebas wlfwmttite Md f 

' Una medida prohiUtifa para el eamercio esledor tíeae mas ó 
(Oáaí» iQcoDTeniaotes segan las eirounstaDdas del pa» , do k eat$L 
•en 8Í misma y del tiempo; peroniHiea , 6 cuando mea raras veae^ 
fOfénderá la libertad y la propiedad de los cioda^imos hasta el pi^- 
4k> que lo baee noa restricción de ia industria interior, ya fabúl ó 
.ya agraria* Cada prohibidon que cercena al individoo el medióte 
adquirir Mcitameiite, evipiesa por haeer del trabajo un delito ; y si 
4a prohibición lleva consigo la odiosa cláusula de obligar al bom- 
Jwe á irabigar para otro hombre ó para el Gsco, ^ato coa «1 deií- 
ite crea la tentaciaa, la necesidad, y aun puede decirae ^el deber de 
xpmeterlo. 

¿ Qué efectos produce el estanco mirado b^o ua punto de TÍsta 
'.eoeuómioo? SupiwieBdo q«e no disminuya el pcoduclo eoA las tra- 
.bas y la IJuÑtaeion del ciiátivo á determinados puntos, es innegable 
'^ae ia lasa del precio qfuita por fuerza, ó al verdadero propietariiij 
.ó al pueblo la ulilidad que el fisco embolsa ; y entonces miéatras 
jDayor sea el número de cosecheros y el de consumidores, mayor 
jurá también el de las personas perjudicadas por esta moastraosa 
,iastituc¡oD. Parque no hai medio : esta ganancia que obtiene el fif- 
.co sin trabaiar, ejercieiido un monopolio, debe salir del que,priO- 
...duce ó del que gasta, y en uno ü en otro caso existe on mal cuyo 
rolecto es disminuir la riqueza pública, la cual no es ni puede ser üos^- 
;X2aatra cosa que el emijanto de las nq^esas de los particulares. Wfi 
^líano se ^Itrta que puede considerársete coqío una contiribHjeiaa; 
^es esta 2>ara ser tal no debe aer mas gravosa al pobre que al ¿j- 
f^, ni pesar de w modo -desigual sobre individuos igualmaiite 
.pobres ó igualm^te ricos, ni acarrear gastos eseesivos para su re- 
(jQiMdaeion, niMmilar «eTeulüvo de los IcFreaos y el empleo de.ca- 
^pítales, 9i disminuir el vaior de una parte de la tierra, dedioáa- 
vdola esctasivamMite al b^^eQcio de una planta , ^ue muchas cic- 
cmiii^t^cias pned^haoer menos útil que otras á la prosperidad del 
-4tíbim : JA<99líi¥eBÍc»Mss que entre otjnos muchos rse reúnen m 
fuella ínvsMciOa 4ÍsoaI, (lara haeerla allamimie nociva i la lifw- 
-la dclos piBoblos. 

. . Peores aun se vWq las o^seesK»cias del estanco e&amtnado t^|o 
(el especto poUtíco, neflemilando qve pMia ascfurar la ejactteianide 
ífl&a M que arrMcabA á la iadiistrJa agftiia el denaebo deeootí- 



luiar ua cBÜifQ esUMmáe^ ^Nt^vtmo atacar ádia tMopo la^ro* 
piedad y la libei^ad. Qhdo era mas fácil hacer otultadoaes del finir 
tú qae aembrarlo á pesar dek y^aneia de los guardas, se repe- 
laron cdminales una pareiou de aclos i&dUisrexites ó poco peligro^ 
sos en sí mismos, pero que podiaa üaeiUlar el eoatrabaado ; de aqni 
.el xegistrode personas y de casos, y lá prohibición de lleyar armas 
á los qne no loesen militares. Lleva consigo una pena (oda probír 
bidón , y cuando esta es injusta , se impone aquella sin razón ni 
concfencia ; y be aquí por qué se ^tablecierou pecuniarias, aflicti'* 
vas, infan^ntes. Para impedir lo que todos tenian interés en hacer, 
loé necesario organizar una tropa de guardas, ó mas bien bandir 
dos, que recorqjín armados el pais, paco menos que eomo enenúr 
gos del reposo pública, intimidando a los pueblos indefensos, ba- 
ciando registros en caminos y poblados, deteniendo y arrestando i 
l9s Tiajeros, y en ocasiones atacándolos por meras presunciones da 
ile?ar lel fruta prohibido. DásdoJes parle en el producto de las con** 
denacionas pecuniarias, se ks hizo aparceros con el fisco : eran acu* 
sadores, por hallarse obligados, á delatar el cao trabando y al con- 
irabaadista : magistrados, porque reducían á prisión ea muchoa 
casos sin previo mandamiento de la autoridad : soldados , porqua 
liabian sido constituidos para combatir como enemigos á los in<* 
iractores de la leí ; y finalmente testigos, porque su dicho hacia fo 
/en los procesos sumarios que servían de prueba al hecho. 

Largo y desagradable seria enumerar aquí las muchas y opresi«> 
vas cautelas que se empleaban para impedir el contrabando, laa 
penas que contra él se inipusieron y la forma de los juidos. Para 
iormarse idea acerca de estoB tres puntos esenciales, bastará saber 
que se prohibió usar rapé y raspaduras de los dgarros ú hojas com^ 
.pffadaa en los estancos reales : que el fraude se castigaba con el 
iCoauso de la propiedad y cinco aüos de prendió por la pnmera ve|^ 
ocho por la segunda, diez par la tareera : que en otras ocasiciiaa 
i|e imponían multas, redusionan los hercios á las mujeres y dae^ 
cientos azotes á los plebeyos que sembrasen^ moliesen ó íabrtcasea 
iabaeo, y á las qae á ello cooperasen; y finalmente, que fuera da 
•loa casas- en que debía forttnrse oaasa á los reos, bestaba paca la 
^jecudoQ de las p«MS un testimonio de la sumaria, qae debía pa** 
iSar el cabo del resguardo al administrador de rentas, y este al Jua- 
gado debadendapara que recayese sentencia en el preciso ténní* 
IDO de cuatro á ocho días. 



— 528 -^ 

No se ocnKaron e^os inconvenientes y otros muchos insepara- 
ble del estanco á la penetración del cabildo <le Caracas, . el cual 
pidió su derogación en el mismo año 4779» y qaeensn lugar se 
estableciese otro méU)do de contribución que proponía. Ignorase 
cuál fué este ; pero es cierto que el rei habiendo oido el informe del 
Intendente, decretó en 4781 la conlinuacion del monopolio y en- 
cargó estrechamente á los gobernadores y obispos que le sostuvie^ 
ran y ausiliaran con lodos sus esfuerzos. Mas ora fiíese porque el 
gobierno desease de buena fe conciliar la propia utilidad con la del 
público, ora porque le convenia calmar el espíritu de revolución 
que hahia empezado á mostrarse en las provincias de Santafé, eíio 
es que en 4792 se mandó abolir el estanco en Venezuela, con (al 
que los habitantes pagasen una contribucfon equivalente á la suma 
que el tabaco daba entonces al eraiio. Para lo cual se proponian dos 
medios : un encabezamiento semejante al que se babia mandado 
establecer desde el principio, ó la imposición de un derecho de do- 
ce pesos por quintal, que debía satisfacerse al tiempo de la cose- 
cha, ó en otro cualquiera que hiciese fácil y seguro su cobro, conce- 
diendo plazos, si era necesario. En ambos casos quedaba libre él 
cultivo y venta del fruto : se permitía destinar una parte de el pa- 
ra el comercio con las naciones del norte de Europa ó de las coTo- 
mas cstranjcras de América : otra parte, deducido el consumo in- 
terior, se habia de reservar totalmente para las negociaciones de 
España : no se permitiría la salida de ninguna especie de tabaco 
por via de contratación para otros dominios españoles del iVuevo- 
Mundo; y entre esta mezcla confusa y discordante de libertad' y 
de prohibiciones, se Ajaban diversos derechos de embarque en los 
puertos de la colonia. 

Con este motivo se renovaron las discusiones y los escritos entre 
el jefe de la hacienda pública y los ayuntamientos. £1 dé Caracas 
pidió que los otros concurriesen por diputados á un cabildo general 
que se celebraría en aquella ciudad, á On de adoptar una resolu- 
ción uniforme. Reuniéronse todos en efecto, menos el de Barínas, 
lugar donde habia sementeras de tabaco y administración subalter- 
na del ramo, y cuyo ayuntamiento votó en 4795 por la continua- 
ción del estanco ; si bien se probó á los cabildantes qué semejante 
opinión provenia de los sueldos y emolumentos que reportaban de 
la institución, y no de su buen discernimiento y patriotismo. 

Los diputados pidieron á una voz la abolición del estancó sin 



— S29 — 

admitir como cuota del impuesto con que se le debia reemplazar, el 
producto anual medio de la renta en el quinquenio trascurrido 
desde ^ 788 á \ 792, el cual llegaba á cuatrocientos veinte y ocho mH 
pesos. Según elfos debia estarse á lo que produjo el estanco en la 
época de su establecimiento^ y para el pago de la suma á que al- 
canzase consentían en pagar el derecho de doce pesos por quintal, 
que la real hacienda cobrada en los propios términos que las domas 
contribuciones. El intendente , que era entonces Don Esteban de 
León, desechó la propuesta, y el tiempo y muchas resmas dé papel 
86 consumieron vanamente ; viniendo á parar todo ello en que el 
estanco continuó con gran beneficio del erario. Dé cuando en cuan- 
do manifestaba el rei estar dispuesto á estinguirlo cuando los gas- 
ios públicos lo permitiesen ; con lo que parecía perdida la espe- 
ranza , ségun iban las cosas en Europa. Si no es mas bien que se 
bacian promesas al pueblo sin ánimo de cumplirlas y solo para em- 
bobarlo, porque ninguno de los gobiernos que rigieron en España 
desde Garlos III has las cortes celebradas en Madrid el año de 
"1820 pensó jamas en abolir el productivo monopolio que favore- 
ciendo la clase ríea y poderosa, oprimía á la menesterosa y débil. 
. Con el tabaco hemos llegado á la última de las plantas que se cul- 
tivaban en Venezuela de un modo bastante general para producir 
uu sobrante útil al comercio marítimo. Servían tan solo para el 
consumo de los habitantes otras muchas ; porque verdaderametíte 
ningún país de la América antes española ofrece mayor copia y va- 
riedad que aquel en las producciones del reino vegetal. 

De este número es el plátano fecundo, sano y sabroso pan del po- 
bre y del esclavo, que en igual terreno da mas cantidad de alimen- 
to que otra cualquiera sementera, y cuyo cultivo pide al hombre 
menos industria y trabajo que el de ningún otro vegetal alimen- 
ticio : « presente el mas bello de cuantos con mano larga ofreció 
ff naturaleza á la gente feliz del Ecuador o (55). « Sin duda alguna 
« á la cultura del plátano se debe el proverbio que tantas vezes'he 
a oidd repetir en los países situados entre los trópicos : nadie 
«t muere de necesidad en América ; palabra consoladora que 
« jamas he visto desmentida , porque en la choza mas pobre se 
« concede hospitalidad y se da de comer al que tiene hambre (56). v 

El maiz, silvestre hoi en el Braisil, y que Colon encontró cultivado 
en el continente cuando lo descubrió en -1498, es de una labor 
igualmente fácil que la del plátanO; y tan útil como este. Emplea^ 



— 5fW) — 

;roBÍ6 siempre lo& ijidios para JMcer pía y behUbe leroMiitiibbs^ f 
éáesde m«i tempcano ftté ooman á casi todas las^Mitesde VeMcnoia 
<el príBiero de estos uses. 

ISo iDéaes (Nrecíosos soa la ynGs , euHívada en otros tiempos por 
Jos indígenas, y hoi'iQknio por ellos y por 4oi otros faabiíaAtes : 1^ 
jMipa, iMilMa silvestre en Chüe, el nías útiJ de cwmtQS vegetales été 
al anügao sMindo el snevo : y otras sraelias raises , todas <le fódl 
49uUivo, abundantes , sabrosas , qaeeenrtan de pan al pobro y do 
«verduras al rico | no bien bailado sino con «I tr^o. De osle mismo 
«e bacía cosecba en algnnas comarcas tales como Mériáa, Trnjübi, 
Jarquisimek) y los valles de Aragna ; pero en Venein^, donde, bm 
tantas plantas que se osan como sustento coman, y otras cuyo pío* 
jd»cto es mayor y mas seguro en los. mercados estranjeres , la caik 
4orade aquel oeroal noifcizo progreso alguno , quedándose, rada* 
iida á miíi pocos lugnns , &i donde generatmente k» empteao. 

A estos Qttltivos de neeeflidad se puede ailadir el del coco, qa» 
«B algunas j^oviocias marítimas , no s<^o servia para el coosusm 
interior, sino para la esportadon , aunque en pequeña cantidad.; 
árbol tan productivo, qoe en área igual ofrece al ciilit«ador en Ma** 
jsaoaibo y Gumaná mas l>enefidos que el cacao. Es indígena , 
•oenlenario , (ecuado en todas estaciones : una vez sembrado , un 
'meeesita de la muio del labrador, ni para ei riego, ni para la cnl*- 
4ura ; y erase donde todas las plantas útiles al hombre maririan, 
on las ardientes y estériles arpias de las playas. Perteneoe á aquella 
gigantesca familia de paln^as aa^rícanas, con la que .ningún iaA- 
,vidmo del reino vegetal pnede competir en la faemiosora de la 
Jbrma, ni enría focilidad de la cuHora , ni en la;eopia y ^rieáad 
de los productos 4 pues ^dan fruta «lavisifna, pan, leche, vino, 
aceite , hortaliza , cera , leña , <!U»das y vestido. 

Préstase allí generosamente el. dima y el terreao al olivo, á la 
viña, al nopal de Ja oocbinilia, á k morera de^da, á las ricas 
'especias déla India odental , ala vanlHa, ala z^trzaparrilla , a kt 
«quina , al irbol de la goma elástica. Ninguna vegetación de lospai*- 
^s situados ent^e los trópicos es mas propia para la cria de abejas ; 
.ninguna es tan rica en bálsamos y cortezas olorosas aplicables al 
^Uvio de las dolencias humanas. En suma , aqnd pais dichoso 
abunda en cereales, en raizes y frutos farináceos , en semillas co- 
mestibles , en hortalizas, en maderas preciosas de todas clases, <» 
.plantas de tintes , de aceites , de fomas y re^inaa, y enotras útita 
para cordajes , curtimientos y tejidos. 



JflB Guaks adijpiiriertii en el $i^ jasado un^oiiaídeffable dssfurrdtaw 
.Las pieles desliado «abranocen adobo ó^^hiil^ se«i9|ioi't2diwi€a 
^acantidad; el ganado mc^^ea pié; y süsdsUfi y eneros esaU 
:an.4)tb|eto lacrativo^le eomercio ; el mulo esteral, mas fuerte y su» 
frido que snspadces, erainuH^preeiado pura las labores del can^ 
«en laseok»Has^iraQ}eras; y se repiodnjer4»n en fin eeoí admirable 
iaeilidad, el eaballo des^nerado de lo^^^ en España, y elasno^ 
.Blas hermoso y yaliente que el de la Peníiis«la« Sí hemos de.dflF 
.ecéái^} i Depeos^qne en oeasiones eomprendió perfectam^otiela 
Índole y carácter de los españoles^y de les ^amesteanos) mas incU- 
jBados unos y otros á la ancha y sosegada vida depastoores rióos, 
4iie ala ei^recha y aclÍTa.de les iigríeiritores, pn^ri^on la oria^ai 
tos áridas Hanusas ,al ealti«o de los praaiosos frutos que les ofireoia 
Ja.fenerosa tí^ra de los vaUes. Es ooíistanle que desde la vlUaidél 
.Pao ím la<|M?ovin(»a4e Cmianá, hasia las kidas vori^tales de la 
.^rra neirada, y desde el Apare y oí Orínoeo hasta la cordülera.^ 
.se cubrió la tierra de rebañes que ttiui poca ó ninguna fotiga cos- 
taban i sus dueños , fiados para su aumeato e» la indecible pron- 
titad con que se maltíptícabao. 

Otro lávifAe ramo de riquesa natural qu^ poaee Yeneauela es la 
jNd , deque mui poco se utilieaion por cicdrto los natorales en el 
siglo pasado. Las naas impettantes 4e todsfó sns sallims ison las dé 
Araya, rocoñoeidas en i 499* por Alonso Niño, cuando risita aquellos 
lugares después de Cdoa , <Oi«do y Vjespucei^ Ben^ciánoidas es- 
4^$iFainente los Indios «guaiqueries desde kis dempos mas. remolos, 
hasta que á principios del siglo xvi empaasaron i aproiractisrae ide 
días los esfuañoles estaMecidos piimeroen Giibagnay luego «n.G»- 
maná: si bien no lueron los úftiooS) pites como enla'pedínsxilá^de 
. Acaya nohabía poblaciones, los holandeses estrakn la sai de un 
terreno abandonado por la desidia á la industria delodaslas na- 
ciones. Gearriglóse el mal en 4 G2*J, cuando después de mschaslen- 
tatávas inútiles para impedir la usurpación de los^estranjeios;» 
mandó ocmstruir ceroa de lasMliaasel.oelefone^astiyo de Santiago, 
.«uyas fortificaciones costaron sias de un miHon de pesos, fiiectes. 
P^o una espantosa irropciein del Ocáino destruyó la fortaleza en 
4796, y desde «itónees se establecieron depósitos artifioialesil 
norte de lafi eotions que separan el castillo de incesta selentrionoi 
.de la península. El m hacia f eiuler b sal por su cuenta len todas 



Jais proTiacias, ó arrendaba las salinas , y ^^ ^^ ^n ^^ organizar 
^ste ramo de ingreso público , ordenó en 1792 el establecimiento 
de una adñünistracion en las de Araya, que antes beneficiaban los 
indios pescadores á sa antojo, pagando al gobierno anualmente uña 
peíquena suma. Ademas de estas poseía la cártama general otras 
ilcás salinas en las comarcas de Gumaná^ Barcelona, Margarita , 
'Coro y Maracaibo. La provincia de Caracas las tfene hoi solamente 
^n los Roques, pues las que existían antes en la Tortuga se man- 
daron destruir por el gobierno, rezelándo este que con el cebo de | 
eUas se apoderase de la isla alguna potencia estranjera , y desde allí 
hiciese con la Costa*fírme el cdfitrabando. , | 
. fiai minas de carbón de piedra en esta misma proyincia , en las 
út Valencia ó Carabobo, en las.de Maracaibo , Coro y Marida : de 
pez mineral inagotables en estas tres últimas : de azufre en las de 
Barcelona, Coro y Marida : fuentes de petróleo en las de TrujUlo y 
Cumaná. Esta coniarca tiene azabaches y tierras propias parala 
fabricación de la porcelana. También la de Caracas , en cuya cor- 
dillera abundan igualmente el cristal de roca, la pizarra , el már- 
mol, el granito 9 la piedra de cal y el yeso. 

Hemos visto ya que en diveí sas ocasiones empezaron los españoles 
á beneficiar algunas minas de pro que después abandonaron. Las 
últimas tentativas en este género fueron hechas en tiempo del ín- | 

tendente Don José Avalos , por unos mineros mejicaoos que esplo- 
raron las tierras de las misiones del Caroní , cerca de la villa de 
Dpata. Por malicia , tanio acaso como por ignorancia , anunciaron 
estos que todas las rocas de aquella comarca eran de oro , y lo que 
iHin es mas singular , establecieron hornos de fundición y fábricas 
áe brocado ; pero depües de haber gastado sumas considerables , 
se descubrió que las piritas no contentan señal alguna del metal 
que se buscaba , y los ensayos hubieron de abandonarse , como se 
habia hecho con los anteriores. 

. Tal vez no carece Venezuela de miñas de oro ; mas ni hasta el día 
de hoi se han descubierto y reconocido de un modo que ponga fuera 
de (oda duda su existencia , ni parece que las beneficiadas en otros 
tiempos eran otra cosa que veneros mas ó menos pobres, que de 
luego á luego se agotaban , burlando la diligencia de los españoles. 
Las que depues se han catado están mui lejos de ofrecer evidentes 
señales de riqueza proveniente de venas profundas y abundantes. 
Esto en cujinto al oro. I>e plata se han encontrado algunos mi* 



— 555 — 

neralés en tierras de Aroa y .Nirgiia , y aun aségoniir algtnios que 
en la províneia de M^ida se ha reconocido recientemente una rica 
mina de aquella sastancia. Don Alonso de Oviedo ; vecino de Bar- 
quisiroeto , descabríó en varios lugares de la jarisdiccien de Saa 
Felipe algunas min|is de estaño que se labraron muchos anos por 
cuí'nta de la hacienda pública , y de las cuales se sacaron consí)-< 
derables porciones que fueron enviadas á España para el uso de 
las fábricas reales. Después las empeñó el gobierno por cuarenta 
mil pesos á D. Francisco Marín , vecino de Caracas , que las aban- 
donó sin dejar memoria siquiera del sitio en que se hallaban. Por 
último, se han obtenido escelentes muestras de plomo en el Tocuyo, 
de cobre en las provincias de Barquisimeto , Coro , Garabobo , Ma- 
rida , Caracas , y en esta se está beneficiando hoi mismo la célebre 
mina de Aroa , cuyo metal es preferible al de Suecia y al de Co- 
quimbo en Chile. £ste rico venero de cobre , descubierto hace 
mucho tiempo , fué beneficiado en el siglo xvín con algún prove- 
cho ; pequeño sin embargo , en un pais donde se desconocía la cien- 
cia de la minería, y donde no había caudales , máquinas ni brazos 
suficientes para trabajar los metales. Hoi que pertenece en propie- 
dad á una rica compañía de comercio inglesa , ignoramos si un 
rendimiento suficiente paga los inmensos gastos que en él ha hecho 
y hace aun , con infatigable constancia. 

Mas ¿ por qué fatalidad, en un pais tan favorecido de la natura- 
leza , donde escasa labor basta para arrancar á la tierra sus produc- 
tos, donde el clima es sano, la proporción para el comercio esce- 
lente, las costumbres dulces; por qué fatalidad, decimos, allí 
donde nadie muere de hambre era pobre la población , pobre el 
cultivo? 

Para apreciar la riqueza agraria de la antigua capitanía general 
de Venezuela , seria preciso saber la ostensión de los terrenos cul- 
tivados, el va^or de los de propiedad particular , el de los edificios, 
máquinas , aperos de labranzas y d:mas utensilios de las fín<^8 
rurales , el del producto de los bosques, el de los esclavos , el de 
los animales , el monto del capital invertido, la producción animal 
y la renta líquida de la industria rural. Sin estos datos esenciales , 
en vano se pretendería asentar un juicio exacto acerca de la pros- 
peridad material de un pais puramente agricultor , ni apreciar con 
la ^exactitud que se debe , no solo el grado de riqueza que ha alcana 
zado, sino- el que le falta para poder vanagloriarse de haber sacado 



éewMrte^ drn;cliMar7drstt«lindoii tvte las nntijhs poaiUesw 
Desgraendamsnte ios arehífos ád goWeniO' y hs obras de li» 
escrfitore» oaáonales y estraojerM gnardaa sikaeío sobre la mttfor 
parte de eUoa, aleado taa moorapletas sas nodoaes sobra otros ^ 
que seria aventurado, por no deeir ínsposdilej hacer nn eáieoto 
digna de eoniannt , ¿andado s^re las bases indkadás^ aníeae en 
Meeiro eoncepto yerdáderas (37). Conjeturas mas ¿ meros afffo**' 
simadas á la \erdad , y aiguaas dedocioaes formadlas ea vista ád 
estado del comercia y de la pobladen , san las únieas guíes qae 
¡radieran oondoeiraos á jugar á& la sitaaeion. agraria dte Voiesaela 
en tiempo del gobierno colcmial. Verdad es que para nuestro ob- 
jeto, y ooaforme á la nataraleza del presente esertio, tenemos so- 
flcieatecon ellas para asentar eeoao preposicioa de todo panto ver-^ 
dadera , que a<piei país , llamado á un grado mol devado de poder 
Y de riqueza , no estaba cultivado ni poblado en proporción á sus 
lecarses naturales, y ademas que era, relativamente hablando, una 
de las colonias espai&olas mas atrasada en cuantos ramos^Gonstüuyen 
h fuerza y bienestar de las naciones. 

Una pas inalterable, la mas larga y profunda que recuerde la 
historia y hsdúa ella gozado. Allí no existía aquella industria Mril 
fne aeostumbra al lujo y a los victos, que socava y mina lentamente, 
los fundamentos de los pueblos europeos : allí, en medio de la se-^ 
veridad y opresión dd sistema colonial, jamas se vieron turbas 
hambrientas levantarse pidiendo pan á la sociedad , convertida en 
patrimonio de los podo'osos : allí las ambíeiones eonteáoiidí» por d 
ierreo valladar de un despotismo únieo, no se dispataroa un poder 
vadlanle y efímero , turbaddo d reposo general : allí en fin se ve» 
riflcaba al pié de la letra lo que de toda América ha dicho mi 
hombre de grandes y exacto^s pensamientos : « No se conoce en el 
• Nuevo-Mondo el pauperismo , mancha ó mas bien crimen de la 
« dvilizacion europea: que en él la tierra puede llamarse inmensa, 
i eomun, inagotable. Brota espontaneameatesu seno, se antídpa al 
« trabajo, lo hace easiinnecesario; y es fuente común de donde saea- 
i igual pordon el que se llama rico y el que decimos pobre » (3%« 
Pues sin embargo de esto, comparando la pdiladen y el sndo , 
esos dos tan importantes elementos de prosperidad péblica , se 
verá que Venezuela, mudio mayor dos vezes que la E^ajaa, ape- 
nas tenia á principios del siglo xul sdenla y sds habitantes por 
cada legua cuadrada de su territorio labrantío» y veinte y tres escaiM 



» se oimjpraidiEiQ en d cátenlo tos^pánmoii, toslteitim ó tevMk 
BOB^istile» 8OI0 pora erm^ U» iagos y kiipix»^ la» dámff» j Vp^ 
nodales;. En Anoérica la cmüíado» easpeía por las^ epatas , áoiidi^ 
estas<]K)9e haitaur<Hi areiiosasy secasascoBio^aa d^^ o enfer^ 
mt^as como «n IM^^ko y en la ^ev^ Granad». Pof lo cod lo po^ 
Maoioii se agiomeré en el litoral ., y en ks falda» y ^le» de ki 
gian cerdillefa de tal modO; que en Yeneznda las proykicnis tm^ 
iiítímaa estaban trei»(a y cuatro veses mas pobladas qne ha M 
int^ior. Coa iodo espías de Caracas > Maracaiba, Camaná y Bar^ 
ceioBa.; segOQ In diioision antigsa , y dbaeontando d área incoltí** 
Tsd^ , teman dentó dtos habitantes por cada legua cuadrada, ¿ 
ticmporfiK' la provincia menos pdiiada de España, la de Cneaca, 
tenia tresdenlos once por d mismo tiempo , sin tledticir de su 
suelo porciones análogas á las que nosotros hemos rebajadp^^ (S9)^. 
Con raaon, pues^ el célebre viajero de quien hemos tomado las 
d>8ervaciones estadísticas que dejionos ideradas, prorampe al 
examinarlas en estas notables palabra» : « No podemos detenernos 
« en este resulteido sin entregamos involuntariamente á sentimien-^ 
« tos penosos , pues para, hallar un pais iguahnenite desierto, pren 
« ciso seria dirigir nuestras miradas hacia las regioáes heladas del 
« Norte , 6 al poniente de los montes Alleghanis , ó á. los bosques 
« del Tenessee, donde los primeros cnltivos empezaron ahora siglo 
< y medio. ; k. tal estado redujo la política colonial un puebky 
ft cuyas riquezas naturales compiten con todo lo que hai de ma-* 
it canrilloso en el resto de la tierra » ! (40) 

En verdad la influencia de las mstitudones polfticas én la suertei 
de los pueblos es tan grande , que casi siempre proviene de elkis. 
su fdizidad ó desventara ; siendo justamente por tanto que se. 
atribuye al goyemo colonial la incultura del sudo y de los hom^ 
bres de América. Que fuese con d designio de matenerla pobre y 
despoblada, para mejor sujetarla, ó por falsas ideas económicas 
y admánistrativas, es coeMlon tanto mas dífidl de resolver, cuantot 
que ai examinar d resídlado aparecen coolundidasi la causa de 
ignoranda y la de premeditado de^tismo.C^itediencia ciega ; iur* 
comamcaoion : trabas puestas á la enMgnidoa de. estranjeros , f 
lo que es mas, <fe españoles : inloleraacia rdigiosa : una clase da 
hombres laboriosos é inteligentes á quienes se qwtaba todo eetl? 
mulo y energía negándoles los mas &nporta»tes derechos socmles : 
oira, que ioe tmita^restrnigidos : lasque era esdava: coal| qne era 



— 2»« — 

sálvale : sobre todo esto, divisioQ y rencores fomentados de propó* 
sito, entre esas mismas clases é ignorancia general , son causas 
qne no existían ni podían existir aisladas , sino formando un cuer- 
po de doctrina viciosísimo, bijo de la caduca tiranía que por si- 
glos oprimió á la madre España, y á sus colonias juntamente. Ni 
podia ser de otro modo sin exigir de ios gobiernos absolutos cosas 
imposibles ; porque supuesta la necesidad de conservar sus esla- 
biecímientos ultramarinos, ¿cómo podían ios reyes dividir su 
atención y cuidados entre ellos, siendo tan vastos, numerosos y 
distantes? ¿Cómo sin medios directos de sujeción iban á dejar de 
emplear los muí eflcazes que les ofrecía un sistema político fácil 
de plantear y de seguir? ¿Cómo, en fin, podia ser filosófico un 
gobierno al que convenia dividir para mandar, según la máxima 
atroz de Maquiavelo? 

Mas pasando de los principios á la conducta y de la causa al 
becbo , bagamos observar que en Venezuela , si se esceptúan los 
costosos é inútiles ensayos de minerales, no se debió al gobierno 
colonial ningún esperimento útil al cultivo, ni la introducción de 
una sola planta de las que forman su riqueza territorial. Por el 
contrario se |5tohibió severamente la siembra del olivo y de la 
vina , y se arrebató el tabaco á los particulares ; descuido y mez* 
quindad que bien pudieran no baber tenido los sucesores de Isa- 
bel , con solo imitar la conducta de aquella benéfica señora, á 
cuya solicita diligencia debieron los primeros países descubiertos 
en América plantas y animales de toda especie. De tal modo que á 
los nueve anos del descubrimiento, ya se cultivaban el trigo, el 
arroz y todas las semillas alimenticias de España; sebabian intro- 
ducido las aves domésticas del suelo peninsular, los ganados lanar, 
de cerda y cabrío ; elbueí , el asno , el caballo ayudaban al bom- 
brc en las faenas del campó, donde antes trabajaba solo ; prospe- 
raba la vegetación de la caña dulce ; pagaban ya diezmo el fruto 
de la viña y del olivo, la seda, el lino , el cáñamo y otras culturas 
llevadas de la Peniusula (41). Pero no bien bubo fallecido aquella 
princesa incomparable, perdidas de vista sus máximas y ejemplos , 
se descuidó el importante negocio de la pública felizidad, y no se 
atendió sino á buscar minas para llevar de cualquier modo á 
España oro y plata. 

A esta falta de protección de parte del gobierno, y á los abusos 
y malas providenciás^ gubenfiatiyas y fiscales que en su lugar hemos 



— 557 — 

hecho nolar, se unlenin para impedir el progreso de la agí icullura 
renezolana varias circuiislaDcias particulares de ian poderosa co- 
mo desgraciada influencia. Una de estas fué la gran cantidad de 
tierras que la piedad mal entendida de las gentes puso en manos 
muertas ; dotando conventos y constituyendo prebendas ; si bíeil 
el gobierno , temiendo los erectos de un fervor tan indiscreto y 
nocivo al Estado y á..las familias, ordenó en f662 que ningún 
escribano autorizara testamento en que un moribundo diese ét 
todo ó parte de sus bienrs á su confesor, fuese á título de regalo^ 
ó de fideicomiso para dedicar el legado á obras piadosas. Mas el 
pueblo, incapaz de concebir la utilidad y justicia de semejante 
medida, la eludió por largo tiempo, asignando la renta de un 
capital mas ó menos grande en favor de las iglesias , conventos ó 
cofradías ; siendo este el origen de los censos ó tributos con que 
han quedado gravadas todas las propiedades urbanas y rurales en 
un país donde por lo común no producían ellas un rédito de cinca> 
por ciento, deducidos los gastos y las contribuciones (42). Fué- 
pues necesario repetir la prohibición de un modo terminante j- 
eficaz que impidiese los efugios y fraudes ; mas cuando en 4 802" 
se publicó una real cédula vigorando la primera, el mal estaba 
hecho, y la leí no podía ya remediar sus consecuencias. 
• Ni eran estos gravámenes religiosos los únicos que tenían 
los bienes inmuebles , pues de la misma clase y del todo idén- 
ticos eran los que se imponían los mismos propietarios por deudas 
ó empréstitos. Con lo cual sucedía que \(S$ censos consumían los 
productos y paralizaban la industria del agricultor mas activo, pues 
tenía que pagarlos, ya fuese escasa ya abundante la cosecha , ha- 
biéndose visto muchas vezes que dos ó tres aüos desgraciados -bas- 
taban para arruinarle del todo, poniéndole en la alternativa de 
vender la hipoteca ó reagravarla con nuevas imposiciones one- 
rosas. 

En un país donde la población estaba dividida en clases y donde 
la mas pequeña de ellas era la de los propietarios , la tierra no solo 
debía estar desigualmente repartida, sino mal cultivada. Lo primero 
es evidente. Lo segundo fácilmente se deduce de la diversidad de 
condiciones establecida por las leyes y por las costumbres, pues su 
efecto natural era impedir que los habitantes concurriesen simultá- 
neamente á las labores del campo. £1 indio estaba separado de la 

BIST. AUT, 29 



CAPÍTULO xviir. 



Comercio. 



El priacipio fundanental de este sistema era hacer consistir toda 
la utilidad de los establecimientos ullrainarinos , en el monopolio 
que en ellos se ejerciese , sia permitirles adquirir cosa alguna por 
. medio de la bandera estranjera , ni que se esportasen sus productos 
á donde eran solicitados, sin pasar antes por los puertos de la me- 
trópoli (44). Este error, opueslísimoá la ciencia económica, y se- 
guido aun en el dia por algunas naciones de Europa, era común á 
todas ellas en los siglos pasados , y dominaba sobre todo en la corle 
española , no advertida entonces de lo mucho que convienen al co- 
mercio la libertad y las franquicias. Desgraciadamente vino en 
apoyo de tan falsas ideas la política , haciendo creer á los monarcas 
que lo endeble y flaco de aquellas colonias , su estension y la in'men- 
sa distancia que las separaba de la metrópoli, hacían indispensable 
la medida de esconderlas , por decirlo así, á las miradas y codicia 
de los estranjeros, interesados en sustraerlas de su obediencia pa- 
ra apropiarse las riquezas que contenían , y que la' fama, exa- 
geraba. 

Inútil seria buscar en la historia de los pueblos antiguos y mo- 
dernos una situación mas singular y favorable que la de España , 
cuando descubiertas y conquistadas las reglones occidentales, se 
halló tranquila y absoluta poseedora de la mayor parte de aquellas 
ricas á la par que hermosas tierras : con razón la envidiaron y te- 
mieron entonces todas las naciones , suponiendo que afirmada 7 
estendido con los tesoros de América , el poder que ya gozaba, iba 
á ser su imperio el mas sólido y pujante que hasta entonces hu* 
biese visto Europa. Y tanto mas , que para ello no necesitaba mu- 
cho tiempo , gasto , ni trabajo. Una política franca y liberal que 
lejos de oprimir protegiese , que lejos de oscurecer ilustrase , que 
en lugar de prohibir permitiese , que librase la conservación de lo 
adquirido en la prosperidad, no en el dolo , ni en la división, üi 
en la fuerza : un plan de administración que fomenlasa la aplica- 



— 544 — 

cion á (odas las iodustrias propias del suelo y del clima , para en- 
riquecer con ellas la madre patria : y un sistema de comercio que 
diese á las colonias los artículos territoriales é industríales que la 
superioridad de su civilización le proporcionaba ; que satisfaciese , 
con profusión las necesidades de los nucv'os dominios; y que justi- 
ficando la esclusion de los estranjeros, pusiese toda la contratación 
en sus manos ^ para mantener por medio de ella una marina Dore- 
ciento , así mercantil como de guerra , debieron ser los principios 
que guiasen á España en sus relaciones con las colonias. Principios 
que la calidad misma del suelo y la peculiaridad de los frutos del- 
Nue?o-Mundo convidaban á seguir y hacian fácil mantener ; por- 
que siendo estas producciones diferentes de las de Europa , todo se 
reduela á cambiarlas por fas peninsulares é imponer con ellas, la 
lei á los demás pueblos comerciantes. Si no bastaban , como no de- 
y^vL bastar sus fábricas, sus talleres y su agricultura para proveer 
de todos los objetos de necesidad ó de regalo á tan vastas posesio- 
nes , debía tomarlos de los estranjeros , y siguiendo el sabio prin- 
cipio que adoptó Golbert para las colonias francesas , libertarlos de 
todo derecho de entrada y de salida, á fin de conservar el tráfico 
esclusivamente á sus vasallos , evitar la competencia directa de 
los fabricadores primitivos, é impedir con esta el contrabando. 

Muí lejos estaba de ser un mal el §dquirir metales preciosos. 
Con ellos se debieron fomentar las fábricas y cultivos peninsulares : 
labrados en joyas, telas y brocados ídebieron ser devueltos á las 
colonias que los enviaban en barras, del mismo modo que devuelve 
la Inglaterra sus lanas y su hierro al continebte : trasformados de 
mil maneras, debió inundarse con ellos á la Europa, para neutra- 
lizar la subida de la mano de obra que habían producido en la 
pomnsula, restablecer el equilibrio de los precios, en que las mi- 
nas de América habian hecho una revolución completa , y obtener 
les derechos de cuño , braceaje y señorío en la emisión de la mo- 
neda, aprovechando para sí las ganancias de la fabricación en.otros 
artefactos. 

La. civilización y la industria , en fin , sin trabas ni restricciones 
que impidiesen, sa espontáneo desarrollo , habrían creado otros 
productos coloniales ; y la metrópoli , sirviendo de vehículo entre 
sus .territorios ultramfiri&os y los demás fwblos cultos ; debió 
atraer y í^ar en su suelo las. fábricas y fabrícanles, los eifiecala* 
dores y cppAales de jOtros<pftises^ dQiuiuyido aqiienie.y aUeude 



— 512 — 

los mares:por sn poder, sus artes y sas leyes: (r No* tenemos ejém*» 
« píos , dice GlemeiM»n , por donde calcular hasta qué punto bti-* 
« biera podido subir el esplendor y grandeza de la nación deseu** 
« bridora de las. Indias. Cuanto refiere la historia y cuanto Temos^- 
« todo es poco si se pesan y comparan las circunstancias; y las*. 
« teorías de la ciencia económica solo alcanzan á mostrar por mayor- 
« ün horizonte indefinido de prosperidad, cuyos Umilesse-plerdear 
« en la imaginación. » 

Pues bien , en materia de política , gobierno y cwltívo^ya hemos; 
yisto, respecto de Venezuela por lo menos, cuan distantes estu*-< 
Tieroi los monarcas españoles de seguir un sistema^ no solo i^alj 
ims ni aun siquiera parecido al que hemos dicho ; y ya es tiempo» 
de probar que peor- todavía fué el que adoptaron para la industcia^ * 
y el comercio , tanteen unos como en otros dominios. 

En vida de la reina Isabel solo se hablan visto algunas pequeñas 
muestras de oro y plata, no siendo sino del reinado dé Garlos V 
las conquistas de Méjico y del Perú , origen de la grande avenida 
que inundó la Europa de metales. El descubrimiento de la rica* 
mfna de Potosí, hecho fortuitamente por un indio en -15*45 y el' 
de la de Zacatecas , que ocurrió poco después, colmaron el deseo 
délos conquistadores, contribuyeron á que con redoblado ardor 
c<Mitinuasen buscando otras nuevas y á que, deslumhrados con los 
tesoros que prometían las ya encontradas, pusiesen escluaivamtenle 
en labrarlas sus conatos. Asombraron al mundo los e^noles con 
las riquezas que de ellas estrajeron (45), y cambiaron la industria 
y la contratación de las naciones del antiguo li^misferio. £f b^e- 
ficio de estas minas , hecho á espensas de los particulares, produjo 
desde luego elfatísil efecto de alejar á los conquistadores de América 
del comercio y do la agricultura , fuentes verdaderas de la abun- 
dancia y prosperidad de los pueblos , é indujo al gobierno en el 
error de proteger y animar, con preferencia^ á cualquiera otro," 
aqoel ramo peligroso de industria, en vez de moderarlo con pro^ 
videncias restrictivas. 

Ni f«é este mal el solo; que inmediatamente le .siguió otro 
mayor. Lias antiguas leyes castellanas que desd« el 'siglo xiv.prohi* . 
bítron^latesiraecion del oro y de. la plata, ya.fuese en pasta, ya en' . 
moneda ó muebles, reciftii^on nuevd vigor y autoridad < y no con«- 
teotosicop esto los4#giriadores, IfaíiitaroB el^consumode^uno y otro * 
metal >eB loialaci^ d^eino^ vedando.oo&'máyop^evei'idad quo^ 



tttmca éftiso de^-télás , gcmriiiclones , litios dé métales preelo^os , y 
&tt sQtkia^l emplearlo» en les trajes bajo nirigOBa forman Que era^ 
preeisamente lO" cOitilrariO'de IqqtiediElbierahabéwe^ hecho ;. por-* 
q«e siendo- los meittles una mereancía, cueindo sobreabundan y no' 
seí'les proporciona consnmo ni salida como á las demás materias^ 
priúieras, son^embarazosos'en el tráfick) y comercio interior. A'lia-^ 
ber^ido-ejeevtadas'con puntualidad tan absurdas leyes prohibí ti^ká^ 
^suntuarias ^ el 'menor dañó habría sidd la neoeeídad de abando^ 
nar el benefido dé esas mismas minas > cuyos tesoros estancado^ 
en la Penín^tto débtan abatir el precio del metala impedir las con-^ 
trataciones con los esiranjerds. Pero aunque impetfeetamente cum-^ 
plidas, como <odíls las que se oponen al interés racional de los par-^^ 
ticulares^Jo fileronbaístaáte'imra quelasaHda deliro y deisP 
plata se entorpeciese : de doude vino que encarecidos por su aglo^ 
meradon la -mano déobra -, el precio denlos mantenimieDtos y lOs^ 
joruales , fué imposible que los talleres españoles préd^eseu tao^ 
barato como los' estranjetos', y que pudiesen sostener su compe*^ 
tencia; • *• 

Bajo el Mh reinado dé Femando é Isabel, en elbriHánte y 
ruidoso^ de CértosV y á los principios del úé Felipe II, era Espaüa^ 
uno: de los mas ricos>é Industriosos paises^el antiguo mundo. En^ 
el ^primero sobre todo, reprimida la-anarquía- feudal y comunera^, 
establecida laseguridad^ alentada» la aplit^acion y el trabajo, pfos^ 
peraron todos los géneros de industria dé que fajibiA elementos en' 
el reino. Sus fábricas de escelenfes paSos 3 las de sui rieasedd j la» 
dé curtidos y sus derlTadiís dé^ todas ciases, con otros varios ramos 
de industria fabril y agraria^ seestendi^rem ^y perfóocionaron. En^^ 
ténccs florecieron Toledo, Cuenca-, Segotte, Córdoba, Gíranadá', 
Cfudad-redl, Villacastiu, Baeza y otros muchos pueblos manufac-^ 
tureros : entonces SéviMa, en donde estaba concentrado el comercio' 
dé Améritía , no ocupaba menos de diéi y seis rail talleres y ciento- 
treinta mil obreros en la fabricación de telas de seda y dé *lana : 
entonces tenia la Pienínsulst mas dé mil bajeles mertantes en todd^ 
los mares conocidos, niírtaero mui superior al de cualqtiieraotríi^ 
nación de Europa i principios délsigloxi^i : entonces en fiü , su» 
fámosas^ferias de Medina del Canopo, la Llana dé Burgos, la Co^^* 
tauilla dé Valfódolid; atraían por sus riquezas asombrosas álc^ 
mercaderes dé todas las naciones y eran*lá'admii^acion del mundo^ 
antiguo." 



Pues en 1594 dedaa la cortes á Felipe IT : « La rerdad en que 
« no haí , ni se puede poner duda es^ que el reino está consumido 
« y acabado del todo, sin que baya bombre que tenga caudal ni 
«-crédilo, ó casi ninguno : y el que alcanza no es para granjear, 
a negociar ni tratar con él » sino para recogerse á otra, manera de 
a vida la mas estrecba y escasa que baila» con que pueda conservar 
d pobremente lo que tiene, ó sustentarse de eIlopoc(^ poco basta 
« que se acabe... De donde viene la universal pobreza y necesidad 
% que hai en todos los estados... En los lugares de obrajes de lana, 
« donde se solían iabrar veinte y treinta.mil arrobas ,.no se labran 
n boi seis 9 y donde babia. señores de ganado de grandísima canti- 
« dad, ban disminuido en la misma y mayor proporción, acaecien- 
n do lo. mismo en todas las otras cosas del comercio universal y 
<i particular. Lo cual bace que no baya ciudad de las principales de 
4 estos reinos ni lugar ninguno , de donde no falte notable vecin- 
al dad , como se ecba bien de ver en la mucbedumbre de casas que 
« están cerradas y despobladas- y en la baja que ban dado los arrea- 
« damientos de las pocas que se ar^endan y babitan. » A este au- 
torizado y melancólico testimonio agregúese que las ferias empe- 
zaban á quedar desiertas, otras ciudades y villas ricas y populosas 
de Castilla estaban lastimosamente apocadas y empobrecidas, y éí 
fundador del Escorial , el armador de la Invencible , el dueño en 
fin de las Indias , iba de puerta en puerta ¿solicitar los ausilios de 
los habitantes pudientes de la corte, por medio de una cuota ver- 
;gonzosa, cual pudiera un mendigo (46). 

, Si el prudente y templado Felipe II, reducido á esta bumíllante 
situación , no pudo sojuzgar un pueblo de pobres pescadores ¡ qué 
gloria , esplendor ni riquezas podian -esperar la nación española y 
$us colonias del imbécil, disipado y perezoso Felipe III , entregado 
enteramente a indignos favoritos! En su tiempo no era ya Yallado- 
lid a;juella gran ciudad que armó treinta mil guerreros durante el 
^obieruo del cardenal Jiménez : ni Segovia la que mantuvo doce 
mil en el reinado de Carlos V : ni Sevilla el ejpporio de las naeio- 
ues,. Esta líltima ciudad babia visto reducirse sus talleres al número 
comparativamente mui pequeño de cuatrocientos : la agricultura 
no bastaba al sustento común en una de las mas fértiles, ricas y 
heimosas comarcas de la Europa : y ¡cosa asombrosa! allí donde 
cayeron á semejanza de .copiosos raudales los productos de las mi- 
nas de América , se quiso elevar la moneda de cobre á pn valor 



— 515 -r 

ix«rÍ6Dto igoal al de la plata ; espediente ruinoso é injustificable á 
que puede solo apelar un gobierno ignorante reducido á la última 
estreniidad. Todo después fué languidez y agonía, torpeza y des- 
orden ,' guerras y desastres. 

Ni podía suceder de otro modo, viéndose la industria atacada 
en el precio del tfkbajo , agravado el mal con las trabas y restric- 
ciones puestiy^á la salida del oro y de la plata, y oprimidas todas 
las labores productivas con multitud de reglamentos á cual mas 
disparatados y ruinosos. El único medio seguro.de conseguir la ba- 
ratura es la abundancia, y aquesta no se obtendrá jamas sino dando 
libertad , facilidad y eslension al consumo de las cosas que se re- 
producen por el arte ó por la naturaleza. 

Verdad tan obvia y pateuteera por aquel tiempo tan desconocida 
en Espaíía, que varias cortes pidieron con empeño y repetición , y 
al fin obtuvieron de Carlos V, que se mantuviese la proliibicion de 
estraer granos y carnes de Casulla , sin escepcion alguna , y aun 
solicitaron que la veda comprendiese á los reinos de Aragón y de 
Navarra , como si fuesen paises «stranjeros ó enemigos. La tasa del 
precio de los granos no solo se mantuvo, sino que se aumentó : 
una pragdaática de 4550 prohibió á toda clase de personas el co- 
mercio intermedio de . ellos con tal severidad , que anuló las com-- 
pras hechas antes de la publicación , esceptuando solo á mni pocas 
personas : la saca de lasas que podían volver manufacturadas á la 
Península en daño de sif industria, estaba permjlida , y iS estrac* 
clon do cattallos, que eareda de este inconveniente, estaba pro-* 
hibida.. 

* Uno de los ramos mas importantes de la industria española era 
)a fábrica y obraje de paños y tejidos de lana de todas clases. Pues 
Is^ cortes de Yalladolid en I54i^, llevadas del desed'de conseguir 
la baja do los precios eü beneficio de los consumidores, obtuvieron 
de Carlos Y la absurda pragmática de 4 549 en que se prohibía la fa* 
bricacion de paños nacionales, mas finos qu^veinticualreuos^.y se 
señalaban graves peoA^ (hasta la de perdimiento de todos los bienes, 
y destierro del reino) á los que mejorasen la calidad do hs paños 
mas de lo preciso para eumplir con las ordenanzas : otilas no menos 
fuertes á los que separando la lana según su mayor ó menor finu- 
ra, tegiesen paños de primera y segunda suerte, y á los fabricantes, 
que pusiesen en los paños sus nombres , armas ó señales, porque 
el crédito y reputación de la fábrica podía ocasional; el que se ven-* 



diesen mas caro» (17)1 Ptisiérmise poeo;d€S{)oe9 por el'mi^o hm^» 
narca infinHas trabas y corlapísasá la fabrteaeioiiiy vetitá dé pañer 
berbies negros , indoalria muí áe antígoe estáMeeida- et -v^tría^ 
ciudades y pueblos de Andalucía ; y Ooaltnente envl5S2 se 'mandó' 
que no se sacasen foera deios^reinesde^Espaila ni furtos, ni ^sayales, 
ni jerga, ni cosa btlada-de lana, nícaráaday ni ^oaday ni tenida, 
para labrarlos. E) nrisn* pretesto^e^lá baftitura- désiNiyó losproK 
gresos de las fábricas cafstnHanas de cueros, cordébanesy ba<|anas/ 
y de todos los producto de^esta primera materia, prohibiéndose' 
repetidas ocasiones en el mismo* reinado la estraccion dé pieles j áe 
cualquiera calMad que fuesen, adobadas ó no, y ponteñdo á tasa' 
todo género de calzado, con pioa á-los zapateros que por no suje^ 
tarse á ellas abandonasen su ofido; 

Queriendo juntar dos cosas incompatibles cuales son* la redbdK 
danda de plata y la diúainueion de precios^ sé clamaba á un (i'empi)' 
por baratura y abundancia , sin rei«xionar que las leyes proMbP 
thas y suntuarias, las tasas y restriocioner. son impotentes para' 
quebrantar el ófden natural de las cosas y romper^la-propercion- 
establecida entre los objetos <!omerdable$ y ios metalé» amon<^M 
dos. A pesar dé estos principios tan sencillosde la eeoBomaÉi poií^ 
tica, los ejes prineipaiés sobre queesiiribó la*l0gialéoimi'fifl<eal<d# 
Garlos V y sus sucesores;, féeron los errores^puestos , sin* acerteíR 
á concebir que la esftreordi'haHú subida dé- ios precios no s^e^fica^^ 
ba ^ino que en^BUpaüa diabla mas plata y ora que antes. Así fué quid^ 
a])énas quedórobjeto nacional 'de alguna impoHaaoiu libre 'de- pro-^ 
hibiciones , estendiéndose en el mismo tiempo las ya mencionadlas^ 
ala seda floja/ torcida ó'4qida, qwa antes ^espoMba para Geno- 
va-, Florenigi^y Túnez. DI error-era tíln-genera^éiiiiveterad^, quo^ 
las cortes de Valiadoil* pidteron en♦^648iqtteno^^«e»perm^tíe8esaH^ 
car fuera del n*eino el pescado que -se cogí*' en' las costas de Galiíeia';' 
que ademaste obligase á los pescadores á^vetíAsr mas bUrat^ y 
que «^compfenéi^ese #- hierro^*y*^l' aeero»enti<e - las-cosas vedadas' 
para la esportacion. Así se ve, que dlsposiifones diélad^s por-W 
mas proftanda!- estupidez ó la mas- refinada ma1ii3ia , apoeabAn-'clí 
consumo*, estrechaba» el mercado é'-ifittpedian'láTepr^ilacdonv á* 
tiempo que mao'tenlíín inalterable la fuentedérteal en la prohiM*^ 
cien de estraer los metales ^ así se- ve ) .que la oacíon-misma trató*^ 
ba de cortar los vuelos-ásu riqueza^ dé intttiüzar sus sobranlesY* 
de estíogui^ el ^comerek^ maridillo,' q«é «smbI ^quoiüai&tiatte'á costd* 



dé' los países «straojéros una parte consiéaniMe de poUaeito pro» 
ductiva y laboriosa. 

A'gelpes^ tan repelidoa y funestos ¿ qwe iAdtwtirfiiTesi*tiria , qué 
nació» podría censervar artes , f^ri^as ni -mamifaetttras? Mucho 
inéÉos si á las restricciones y cortapisas que ya dé suyo contradiceii^ 
el deredio de propiedad^, se une el a4^^cito desprecié* ddr. elia; 
Garlos V era tan poco delicado en esta -materia , que solia ocupar' 
choro y dinero de los particulares q^e; 16 llevaban de Indias., pa- 
gándoles en juros : y cómo de jella se quejasfti las cortes de Vaüa- 
dolid en ^557 y 1 555, resp(«dió que lo hecho había sido porgran* 
des motivos y necesidades, y que sin ellas no se repetiría. 

Sí de los errores en orden á- la industria agraria y fabril pasa- 
mos á examinar sumariamente la ideas rque regíais acerca del trá^ 
fieo y contrataoion interior y esteríor del i^^íuo h veremos que no 
había- en ello ni mas acierto, ni mas fiiesefói. Bastánie sehabria<be* 
cho ya contra uno y otra, impidiendo el libre comercio interior* de 
gfanos y limitando la permuta de varios* artieulos de riqueza terri- 
torial. Masa la pragmática relativa á<grano&«eeiguióofrap queve-»- 
dalMurel giro iateriorde lelra9de>cambv)> s» p^Mcdeser tratades^' 
los 'Contraventores^ como usureros y logreros; otra que prohibió 
toda regatonería ,«»ei ramo de carnes vivas> dé ganado Idduar, ca** 
brío , vacuno ó dé- cerda , esceptuandasolo á- los obligados de las^ 
carnicerías, á' quienes se^permilia comprsff; cou^jBuehas precaucio- 
nes, para* q«e no pudiese» traficar cou' sus taeoiwis *, ' siiio- que le» ' 
hubiesen de vender en los tajones al precio de postura y no- de otra- * 
manera; otra que condenú'el'comercio intermedio de lanas dentro 
del reino; otra, esññn, la mas torpe, la- mas estraíalaría que podift' 
caber ea cabeza humana^ nocouteuta con destruir uHagrau parte 
del 'comercioeaterior activo del reino, vedando la estraccion de toda 
cktse de tejidos de lana y seda, otras manufacturas, y algunas ma^ 
tenas primeras ) tiré también á destruir el de los mismes ramos^' 
deatpodela Península* Prohibiese pues , al parecer <x)n tal oi^vte^ 
la coa^pra dé paüíes |)or mayor á todos los que no tuviesen tien- 
das'públtcas^ les cuales no podian venderlos ^í^k) enellas^y á la- 
var^i': asimismo, el<íemerdo-ititermediO'de ingredienl»*necesarios-' 
parael obraje y* tfáte de los- panos •: el dé cueros al pelo, conxstre*- 
chtis^ ooiidieiéMs y^ trftbas-al de los curtidos y adébad(te ; y respecta*' 
de obras hechas de aquella materia, se permitió solo laicompra dé^' 



— 548 — 

algunas á (os qac tnviesea tiendas para venderlas por menudo , no 
de otra manera. 

Gomo si se quisiesen arruinar sin término, medida, ni vergüenza, 
las manufacturas nacionales en beneficio de las estranjeras, permitía 
la pragmática que de fuera de los reinos de Espada se pudiesen 
llevar y meter cueros y ctmlesguiera obras hechas de ellos^ para 
las tomar á vender; con lo que se daba á los estrados el favor y 
ancbura que se negaba á los propios. La reina Isabel en ^491 man- 
daba que los mercaderes estranjeros que introdujesen géneros en 
los dominios (|e Castilla llevasen precisamente losVetornos en fru- 
tos y mercancías del país, y su nieto ordenaba en el año ^ 552 , 
(a oniinoso como lo llama Clemencin, verdaderamente funeral y 
« mortuorio de la industria, de los oficios y del comercio castella- 
« no, » ) ordenaba, decimps , que. los mercad^^es nacionales que 
estrajesen lanas , se obligasen á introducir en retorno géneros es- 
tranjeros (48). 

Es inútil pasar adelante. Por mas buenas que se supongan las 
intenciones que dictaron estas providencias , el resultado fué que 
disminuidas la contratación y las rentas, encadenada y sufocada«ia 
industria y se aumentaron cada dia mas las contribuciones estraor- 
dinarías que otorgaban las cor\es , y en pos de ellaavf de la destruc- 
ción de la riqueza pública , llegó la ruina á que con asombro 
del mundo se vio descender á la nación española , desde el auge y 
la prosperidaé^á que supo elevarla la política ilustrada de los reyes 
católicos. 

Las cortes de Valladolid de 4 555 clamaron contra algunos abu- 
sos; pero sin- resultado. Ni fué bastante ilustrado su zelo para abar- 
car el sistema todo de la legislación económica , pues indicó so- 
lamente el remedio de los menores, males y dejó subsistentes los 
demás. Felipe n suspendió momentáneamente gran parte de las 
fatales pragmáticas de su padre; si bien parece que las consecuen- 
cias no fueron tan completas como era necesario , y que ademas no 
se varió esencialmente de sistema. En general'el de aquel monarca 
en orden á la dirección y fomento de la industria fué igual al de 
Garlos V, á quien también imitaron, con mui pocas escepciones, to- 
dos los monarcas españoles basta el reinado de Cáflos III; único en- 
tre los príncipes de dinastías estranjeras, qu^ tal vez hizo á la nación 
mas bienes qUe males. 



— 549 — 

Ni de la decadenda y atrasos que sofrió España entóaces y des- 
pites fuéroo por desgracia únieas causas lasque dejamos íneñcioaa- 
das ; que otras muchas, á manera de irrupción, la acabaron ée su- 
mergir en el abisino en que se encuentra. Conocidos son los &eebos 
del^reinado de Carlos Y, tan ruidoso, tan nombrado y, como acaba- 
mos de verlo, tan contrario á la riqueza y prosperidad interior de la 
monarquía. Su hijo Felipe lí, jtsgando acaso que por tener á su dis- 
posicicm el emporio|dé Améiica^ no había ninguna empresa superior 
á sus fuerzas , concibió el inicuo proyecto de turbar la paz de todas 
las naciones yecinas , haciendo en ellas ensayos tan bábaros como 
torpes del inmenso poder que la Providencia hada puesto en sus 
manos para mejores fines. Las guerras contra Holanda y contra la 
Inglaterra, las rebeliones que acaloró y protegió en Francia, los 
ejércitos y guarniciones que mantuvo en Italia, redujeron la (lore- 
cieníe Espa£ía á un esqueleto. Su largo reinado fué para los puebles 
de upo y otro mundo un crudo azote que acabó con la sangre de 
Jos unos y la riqueza de los otros, no quedando á su muerte del vas- 
to imperio que heredó, sino apariencia .vana (49). La fortuna capri- 
chpsa puso en sus manos el reino de Portugal y los inmensos domi- 
nios de enlramb^s Indias, á tiempo que perdidas Trípdi, Túnez y 
Bujía , abandonó la empresa de África por atender á guerras que 
nada importaban á los españoles, dejando espuestas,^ la América á 
Las invasiones de los ingleses, y la Península á las depredaciones de 
Jos berberiscos ($0). 

No fué la época de Felipe III para la monarquía española estacio- 
naria mas que decadente (5^); sino por el contrario decisiva y 
íatal para su industria, como ya lo hemos visto y como mayormente 
se confirmará recordando la espulsion de los morísa)s de Valencia , 
de Andalucía , de Castilla la Nueva y de Granada. Seiscientos mil 
indivlBuos pertenecientes á aquella clase, la mas industriosa y activa 
de la población peninsular, fueron arrancados de sus hogares y ar- 
rojados bárbaramente al África, en el tiempo que mas necesidad 
tenia España'de todo iinage de esfuerzos para reparar las pérdidas 
enormes que le habían ocasionado la ambición y torpeza de sus 
príncipes. Desde entonces, á manera de piedra arrojada de lo alta, 
que á cada paso adqni^e para descender mas grande impulso , 
aqiiel mísero pais desgobernaáo, entregado á favoritos ignorantes 
•y codiciosos, víctima de sus propia^ instituciones y juguete de la 
ambición de otros pueblos, vio perecer su gloria y su poder por 



.mia 8%ñe 'de deipadáB íCada vez luforvs. La «flomiiui^ioii «de la 

easade.áiiftna úo hízoá^fitpaila*>nii^uo.b«ni^«áiites'8Í'mBeiios 

mato. 'Con'la4ieneDeia'ilB\los hiiaBBifiejos kgóiá^lafBa^oii fissntas 

désaáreéas : aamesteba sQUerríleno'COoadquÍBieibnesvuya petma- 

Beii€Ía''luMÍa iíw^Mbk&€\ poder de otras nadoaes ma»fe»s^j á t|mli- 

po que abaoSokiaba ias-iitite^conqolstasdefFemia&dp'el Calólko.: 

la > AkoiaBia rasmúmó «ir «aogre y tfas tesoros : i la: anllbleion de n 

iprivado aacriftcé Felipe IVima paortedc la'Bélgíea, elPnaco Onr- 

)dadD/y*lo'qite>es aas «entibie, el Portugal, eos ol qae hipolítiea 

-^'la natorateiaJa lloman áíformir'Oo^solo pueblo :'y áiaviaerle 

^.de Garles II,>último prÍDaipe^> aquella raxaomioosa para Bqsaia, 

•i-noqaedó isn esta (dice Lista) tDÍ on'iiaYÍo^ niían geBan! ^iii un 

-sabio , >DÍ (un tboen tpolitíco ;-(iuula en fin de lo que eoBStünye M 

-faeisa, la segorídad ola gloria de les estados. » 

Sita dliMAtia aa^triaca d«»qttici¿ ks justas basas 'de la política 
nacional, -sq^andoá esta de sí» TerdAderós teatros/ cuales eran él 
áfrica , 'el'Ptfftttgál y la ámérioa , la de los • Borbones perdió á Gi^ 
'bmllar y con escep^ioo >de uno que otro pedazo de tierra cokn- 
aial, cuantas ipeseilonesfornlában en Europa y en la India oeei^ 
fdental'la m<jor porte del imperio español. Bl ^mas sabio de sus 
.ceyes, el bpmbre>á ipiien se debieron algunas 4tilesrelbfíaias en la 
industria , el comercio y la legislación , encadenó >la Espaia á la 
iPraiicia ípor ¿aquel tan iaaioso como desgraciado pacto^de faniilm , 
en que se quiso unir de un modo indisoluble la suitrte de dos na- 
«ciones diferentesien carácter^ intereses. Un cariíU>ci^o yreprensi- 
d)leásu fanrilta, y un odlotpuerü y mesquiím i ios ingleses faeron el 
'4»rigen de esta alianza monatimosa y d&lasguerrasdesgraciadas que 
.á ella se siguieron.; «n Ic^'cüales padeció mis que ningún otro 
país el Nuevo Mundo (32) . Suresiútado faié.la pérdida de cuantio- 
sos tesoros, 'de mueshos bombres , de- muchos navios, y el alm^to 
>de la deuda :púhlieu ; siendo pequeña* compensación de estos desas» 
^tres algunas mejora» comerciales é industriales cuyo establecimiento 
>ó resultado impedían 'esas ^mismas ibostilidades. Ademas ¿ quién 
ignora enlve los hechos del reinado de Garlos IV los escándalos de 
su indigno laYérito, iali^usta guerra contraía 'república francesa, 
Ja inglordo^.paa de Basilea, elinfiune fasidllaje de España á Boua» 
parte y los dos guerras i»ucesÍYtis ontra k Gran Bretaña (^) ? Y $i 
quisiócamosipasar imas adelan^ y ¿>qué «olores suMentemeiite^fuer- 



^t68,y saiiri»ríoStbastariaiv^á,¡ttiMar el caié<4^ ^f }a ocuidoeta de Fer- 
joaado YII, elmas eriido y desi^íad^do deie^nios denlas gobep- 
.naroa la infeliz España ? 

A4eii)as-de tan de&variada , tospe é iiieoa«e|6ttaBte:poliiica,«ate- 
jlbr^^bubodesafrir^s^ olpa interior oo móaosN^cesívay fatal* La 
f08tensioQ*ÍBdefí&idade'la amortización, q,ue consagraron lasJeyes 
«de Toro á poco del falledmtentode la reiaa Católica, disminuyó la 
4^iopÍ€dad. £1 de;$honor impuesto al tcab^jo : la opinión y las leye3 
(§ue en vileoian oficios ytprolesiones útiles ,y la degradación civil de 
'Tarias clases de habitantes , «xi^rada mas y mas;por los estatutos 
de limpieza de sangre, alteraban la tpan(|nilidad interior y produ- 
cían losmasíunestos resultados á la inJustma^^al cultivo y ¿ la po- 
rblaciond,el reino. La faltade comi^nicacione^ interiores en las cua- 
les no se invirtieron los tesoros de América por emplearlo^ en pala- 
cios de recreo y en fausto vano , estancaba en cada provincia sus 
4:ecursos respectivos. La inquisición y erdcspotísmor reunidos sofo- 
caron el saber por muchos años. Una. y fOlro conservaron hasta los 
.últimos tiempos lo intolerancia de cultos, que alejaba del pais los 
bombires-ylos capitales útiles. Y eiTcoostanteé inalterable unión 
una y otro mantuvieron en España la esclavitud política, á tiempo 
que en las naciones vecinas conquistaba la libertad sus derechos,, 
j)ara estenderlos un dia á (odo<el ámbito del orbe (54)« 
• Por donde no es deestrañar que el poder español decayese con 
,una deplorable y espantosa rapidez, señaladamente en la declina- 
.don del siglo ^\i , después del brillo deslumbrante y efíinero do 
Jos dos primeros reyes austríacos. Lejos de eso, asomhroso es que 
.por tanto tiempo resistiese aquel inmenso cuerpo , regado por las 
cuatro partes del mundo, el embate furibundo de tsmtos ^^emigos 
jounidos en su contra, cuando según la opinión de un juez hábil 
en materias políticas y económicas, parece que el gobierno veia la6 
xwsas como á través de los lentes que las presentan inversas, y que 
los entendimientos esitahan hechos al revés de lo que convenia (5^)^ 
Jamas nación alguna se elevó mas •rápidamente al poderío y á ^ 
grandeza, ni bsyó mas rápidamente á la humillación y á la impo* 
.tencia : sobreniíiguna^ísó jamas tan duramente el poder absolutog 
^ihai ninguna que ,por su valor y virtudes sea mas digna de insti^ 
tudones generosas , liberales y fuertes. 

La tendencia natural de las cosas, que en mafteiia de inte- 
i^eseS:, neutralizará aien^pre y hasta cierto punto luchará too^ 



— 552 — 

tajosimente contra la legisladon, produjo la prosperidad ápareofer 
de los reinados de Garlos Y y de Felipe II, promoviendo el comer- 
cio clandestino de la plata con otras naciones ; mas nunca de un 
modo capaz de hacer cesar los inconvenientes que producía .la acu- 
mulación de los metales preciosos. El mas grave de estos fue Iji ne^ 
cesidad del .iBomercio eschisivo de la metrópoli con las colonias de 
ultramar ; porque iodo bien examinado, él era el único medio que 
quedaba á Espaüa para pagar la mano de obra, no obstante su en- 
carecimiento, supuesto que sus manuractnras ni podian parecer ya 
en los mercados de Europa ni competir con las estranjeras eii las 
mismas colonias. Pero ¿ quién creería á no verlo probado por docu- 
mentos Irrefragables que la remesa de los frutos y mercaderías es- 
padólas á las Indias se miraba como perjudicial y ruinosa , y que 
al mismo tiempo que te deseaban obtener oro y piala de América , 
se escaseaban á esta los productos de la industria? 

Pues ello es cierto que el trueque tan natnral y necesario de los 
efectos industriales de la metrópoli por los metales de sos posesio- 
nes ultramarinas^ se graduaba de dañoso, y que las cortés de Valla- 
dolid en el aüo''l548 pedían al rei « defendiese la saca de merca* 
a derías de los reinos de España para dichas Indias , » dando por 
'razón t el crecimiento del precio de los mantenimientos , paños ^ 
i sedas , cordobanes y otras cosas de que en aquellos reinos habia 
i geoeral uso y necesidad , y haber entendido que esto venia de Iif 
« gran saca que destas mercaderías se hacia para las Indias , » con 
otras mas, igualmente disparatadas. Verdad es que el gobierno res- 
pondió de un modo evasivo á esta demanda , y no accedió entera- 
mente á los indiscretos deseos de las cortes ; pero tales trabas se 
impusieron al comercio de ultramar, que la prohibición absoluta 
del tráfico quedó, con mui poca diferencia, establecida de be- 
d)0 (56). 

He aquí el origen, basta ahora generalmente desconocido ó por lo 
menos no esplicado, de las singulares formalidades con qüc de pro- 
]|ósito qoisieroii los reyes embarazar y oprimir el comercio de In-. 
días, en daño de la prosperidad nacional , sin que bastaran al re* 
inedio de sos funestas consecuencias las tardías alteraciones que en 
la legislación económica se introdujeron á fines del siglo xviii. Su- 
mariamente haremos la historia de unas y otras. 

No es posible señalar la fecha en que tuvo principio la navegación 
verdaderamente mercantii á las Indias occidentales. Las primeras 



— 555 — 

espedíciones deben mirarse como armamentos militares ó políticos 
de la corona , de cuya cuenta y riesgo navegaban los btí^ues y sus 
cargas, y no como del comercio , que por aquellos tiempos toma- 
ron-para sí esdusivamente los reyes (57). Poco tiempo sin embargo 
debi<>de durar este monopolio fiscal, pues en -1505 se estableció 
en Sevilla una casa para la contratación y negociación de las indkis 
y de cSnarias y á la cual se babian de llevar todas las mercaderías 
que se hubiesen de trasportar á dichas tierras ó se estrajesen de 
ellas ; daodo á conocer el tenor de la cédula de creación , que es- 
taba ya para aquella fecha planteado el comercio entre España y 
las regiones de occidente. 

Es indudable que desde el principio todas las espedíciones m^- 
cantiles se despacharon únicamente del rio de Sevilla, y no hubo 
en España otro puerto habilitado para el comercio colonial. ISótasc 
que en -1 5^ 9 se ordenó á los juezes de la contratación el estable- 
cimiento de una persona en Cádiz, que residiendo allí con su poder 
visitase los navios que quisiesen ir á Indias ; mas en lo formal los 
dos puertos, distantes entre sí solo cinco leguas^ fueron uno mismo, 
hasta que en -leSO se resolvió que de Cádiz saliesen y á el volvie- 
sen todas las flotas , por los inconvenientes y riesgos de la barra de 
San Lúcar. Últimamente en ^7^7 se trasladaron al mismo puerto 
los tribunales y oficinas de la contratación de Indias , que hasta en- 
tonces habían permanecido en Sevilla. 

Notable variación hubo antes de aquel tiempo en este punto ^ 
pues el año 4529 se determinó que desde varios puertos del norte 
déla Península pudiesen los naturales de ella navegar con sus per- 
sonas y qavíos , mercaderías y frutos á tierra firme ó islas de occi- 
dente en los mismos términos que hasta entonces lo habían hecho 
desde la ciudad de Sevilla, sin obligación de registrarse en ella. 
Pero ya fuese porque las guerras europeas hicieron dificultoso y 
arriesgado el despacho de navios sueltos de comercio : ya que, 
como es mas probable , el de las Indias fuese muí poco conocido y 
frecuentado , es indudable que los pueblos y provincias en cuyo 
favor se espidió el permiso, no hicieron uso de el ; que cédulas 
posteriores lo derogaron ; y finalmente , que para principios de 
-1574 ya no quedaron habililados para el comercio de América sino 
Ifs solos puertos de Sevilla y Cádiz. A lo cual solo tenemos que 
añadir que desde la mitad del siglo xvi gozaron las islas Canarias, 
con algunas restricciones , el permiso de sacar y enviar á Indias 

HI8T. ANT, 23 



— 554 — 

cualesquiera manteuimtentos , proyiñones ¡ y mercaderías de su 
Imrkoríe. 

loi oi^ios é resíilfw Ar la catrea de Aanériea éetjan perteneeer 
•n pvopiedad á vaiiMos eapaftales , ser eeoslraídoft «b los dotamios 
del rekko , y ^Meaer Uceacia para eada viaje. En las primeras ea- 
pedieioaes ndUtares se requería éodeo partieuto del reí ; pero des- 
pués bastaba ocurrir á los oficialea de la oasa de.SevtHa , á quienes 
estaba cametido todo lo conoeraíeate al gobiemo económico y ju- 
dictal de aquella 'COOtratacUm. Esto duró hasta que ea 4726, aglo- 
merando traba sobre iraba , se restableció la práctica antigua dis* 
poniendo que (odas las licencias de registros para América se die- 
ran por el rei inmediatamente. Espedíanse porlayia reservada de 
Indias ; y «era ademas requisito indispensable para poder salir del 
poerto , que las naos fuesen vidtadas , no una , sino yarias vezes , 
con el objeto de averiguar si estaban marineras y en disposición de 
navegar sin riesgo : si llevaban el velamen , jareias y armamento 
correspondientes á las distancias y al peligro : si tenian vivercfs y 
aguada suficiente : si por el número del equipaje y pasajeros de- 
bían llevar capellán y cirujano. 

A los principios cualquier navio aprestado conforme á las orde- 
nanzas , podia emprender solo su navegación y en el tiempo que á 
SQ dueño conviniese ; y aun después que el temor de los corsarios 
obligó á no salir sino en conserva de otros buques , quedó al arbi- 
trio de los comerciantes ejecutarlo cuando les pareciese , siempre 
que se juntasen siete embarcaciones para ir en conserva unas de 
otras. Ignórase por cuánto tiempo duró esta libertad ; pero está 
averiguado que en 4564 se ordenó que no saliese de Cádiz ni de 
San Lúcar nao alguna sino en flota ( pena de perdimiento de ella y 
de cuanto llevase )y y que cada ano hiciesen viaje dos de estas con- 
voyadas por bajeles de guerra : «na para Tierra-firme , y otra para 
Nueva España. La prinaera , que andando el tiempo se conoció con 
el nombre de galeones , por componerse casi toda de embarcaciones 
armadas , era la que hacia , no solo el comercio de Venezuela , las 
Antillas y la Nueva Granada, sino también el del Perú y Giiile, estan- 
do severamente prohibido d comercio con estos dos úHlmos reinos 
por la via del mar Pacifico. Tocaba primero en Gartajena , luego en 
Porto-Belo, y después que completaba su cargamento^se reunía con 
la otra armada en la Habana y caminaban juntas d^ regreso á Espaia. 

Las guerras, la decadencia de ia industria española , la escasez 



,d6 MttnM4B áaéóea, y tes Mm ^iMdtei par la logitlMMal 
Ubre ooverdo, nfluferen ibas ó loéoos m áa fi«oiieii<iía ée ks 
flotes y ea sus bea^cíM. Machas roaiescéchkis se aspUíeroa^ii 
4i(lti>ias fechas, ya para leilta^leeer el tri§oo ialenninipyo , ya 
^ra rei^sttMitsHrlo , sc$^ iá naaía fae reíaaiaa feaecalawale^ lie 
querer <el g^^neraa aieter lamuia en tddo , y awrtifieaiio todo ean 
ligias, ppec8^K»oaes y oortapiaas ; pero el «sleaia de totes »o red- 
bió modificaciofi eseoeial baste :i 7^k. Eü aquel aiio^ prefiao qfae 
Ja de Méjieo ao saliese siao de dos en jik)saños , y ^ en «i iater- 
medio ao se enviase re^stro algaae coa rapas al abarrotes , siao 
üaicainettie coa fralas y eajaaqoes. Lade Tiena-finae, ^e varíes 
accidentes habían inteiTunipido , oesó del todo, eoaCíaQaado en 
lagar de los galeones el método de regis^os para aqael pafe , así 
aomo para todos los demás paertos Inbiiitedas de la América me- 
ridioaal y parle de ]a setentrloaal. Si^raaida te feria de Porte- 
Bdo y la vía dcPanasaá, adoade áated bajabaa oaa sos oaadales 
loe comercianies de Lima , proveyó^EspaSa de mercaderías al Perú 
por la del cabo de Hóraas , áates vedada* 

No coa toda da^ de objetos y maaafaoturas podían cargarse estos 
bajeles. Estaba pA)Ubido qae se llevasen á América pieza^ de mo- 
aedade oro, píate y vellón, sia permiso especial de la corona. 
Aaaqae el tráfico de esclavos esteba tolerado , y én todos tiempos 
se coQcedieron licencias, para lle?arlo6 i indias , se dispuso e^re- 
sámente que ao hubiesen de ser mulatos , turóos , moriscos, de la 
isk de Gel<^e , levaaliseos aj^de ninguna otpu nación, sino negros 
atezados de los dominios africaaosde Porívgal. Una r^l cédula or- 
denaba ademas que nadie pudiese esviarlos , si^do casados , á 
meaos que los acompaiasea sas nnóeres y sus hijos : disposición 
píaéoea que casi siempre fué eludida por codiciosos y crueles traji- 
nautes. Yodada esteba ignalmeBte te iatroduccion de libros de ro- 
manee que tratMen de' miUerias profanm i^ fabulosas, é ios his-^ 
torios fingidas : las armas ofensivas y defensivas sin licencia d^^l 
rei : el bierio de Lieja ea barras , ctevazoaes , hazadoaes, herra- 
duras ni otras obras , y los aguardtentea de Levante. 

Las merqaderías y frutos de lícito omiercio, las personas, en 
fia todo cnanto de España pasase á América, así oa navios de la 
real annada como ea los de cooiercio, debía registrarse, bajo 
severas penas persoaaies ó peeanarias impaest» á los contra- 
ventores. Nada hai <pe decir de este útil pnrvideocte , ^servada 



— 556 — 

como es razón por todas las naciones para la segaridad y fácil per- 
cepción de los derechos del soberano ; pero era y debía ser iñni 
perniciosa Ja de tasar el flete de la*naye, como estaba mandado 
por las leyes, privando á los cargadores de la natural libertad de 
ajustarlo con los dueños, capitanes ó maestres de las embarcacio- 
nes I Comezón inaguantable de querer gobernarlo f remediarlo 
lodo por medio de prevenciones y reglamentos, sin pensar que estos, 
así como las medicinas, suelen matar cuando no son necesarios ! 

Derecho privativo fué de los españoles desde el descubrimiento 
de las Indias, la contratación con aquellas colonias y la libertad de 
residir en ellas , habiéndose ordenado desde mui temprano que no 
se permitiesen personas estranjeras, y que si alguna se hallaba, se 
echase de allí y se proveyese conforme á justicia si por acaso tenía 
bienes raizes y los queria vender. Más hizo aun una pragmática de 
^552, pues dispuso que ningún individuo, fuera de Jos naturales, 
vecinos y moradores de los reinos de España , anduviese en la na- 
vegación de las colonias , ni comerciase con ellas por sí ó por otra 
per.^^ona, ni tuviese compañía con aquellos á quienes era permitida 
la contratación.. Veda fué esta que se estendi¿ á los portugueses 
aun eiT la época en que estuvieron unidos en una sola nación con 
los españoles, pues es falso que jamas se diese licencia general á lodos 
los subditos del imperio en tiempo de Garlos V para pasar á Indias, 
como lo refiere Herrera. Algunos permisos particulares y ciertas 
concesiones á subditos y compañías estranjeras en virtud de trata- 
dos públicos , no forman sino insignj^cantes y pasajeras escepciones 
en el sistema constantemente seguido por la España , de escluir á 
las demás naciones del trato y comercio con sus establecimientos de 
ultramar. Solo en -1 722 vemos prevenido en una real cédula que á 
los españoles originarios de los reinos de la Península se les tolere 
y disimule la admisión y embarque de cualesquiera consignaciones 
estranjeras, por la*imposibilidad que s(f encontraba entonces de 
practicar las leyes que lo prohibían. Notabilísimas palabras en que 
el gobierno revelaba la iippotencia de los recursos nacionales para 
el abastecimiento de sus posesiones coloniales. 

Pero lo que hai mas digno de notar es que no á to4os los natu- 
rales de España eran permitidas la contratación y viaje á Indias. 
Los que so reputaban verdaderamente naturales para todas las 
funciop.es de ese comercio y con voz activa y pasiva en el consulado, 
eran los hijos y nietos de padres y abuelos nacidos también en el 



— 557 — 

reino. Desde el año ^e 4 ^2Ú se ^eelat'aroQ natucules de él y habíH- ^ 
tados para comerciar en lodias y pasar á ellas, á los nacidos en Es- 
paña de padres estranjeros* aunque mas (arde ( en 4725 ) se exi- 
gió qne los progenitores hubiesen constituido domicilia perpetuo 
en el país , quedando privados del derecho de la contratadon ame- 
ricana los hífos d(|é$tranjeros transeflbtes. En pontp á naturaliza- 
ción , no bastaba para tralar y#comralar el haberla obtenido en 
España , pUes era preciso ademas que el estraojero hubiese vivido - 
en unos ú otros reinos veinte años continuos , los diez con casa y 
bienes raizes, y estar casado con natural ó hija de estranjero na- 
cida en el pais. Se exigia ademas una declaratoria del consejo su- 
premo de Indias sobre haber cumplido con los requisitos de la lei, 
y habia restricciones^ así en orden al caudal con qué debianliego^ 
ciar y como en cuanto á obtener empleos en el jmmo mercantil. Lo 
cual no impedia que los estranjeros vecioos de Sevilla concurriesea 
con los naturales á los repartimientos , préstamos ú otro cualquier 
género de carga que se exigiese para el despacho de las armadas y 
flotas. Las necesidades d(;l Estado y el favor de los príncipes hizo 
que algunas vezes, echadas en olvido estas reglas, se concediesen . 
permisos para pasar á América ; y aua hemos visto las eanddades 
con que en 4801 debian contribuir los estranjeros que desearen ir 
á ella y naturalizarse. Pero estas licencias , sobre darse con mucha 
reserva y parsimonia , no se estendjan sino rarísima vez y éso por 
gracia especial , á hacer el comercio activo entre las oolpnias y la 
madre patria. 

Varia fué la legislación en punto al modo como podian los ame- - 
rícanos emplearse en esta contratación. Ningún vestigio se encuentra 
hasta el año de 4729, de que la legislación española Hiciese d^e*- 
rencia para aquel objeto entre los naturales de unos y otros reinos ; 
pero las ordenanzas formadas en aquel año por él consulado de 
Cádiz prohibían á todos los cargadores del comercio deludías nom- 
braren primera , segunda ni tercera consignación sT vecino afgano 
de ellas, y pocos años después se vedó á los habítanies del Fcrii y 
Méjico hacer el comercio activo con la metrópoli , porque embar^ 
cándase de cuenta de los referidos individuos en ftjotas y gor 
leones el tercio ó la cuarta parte de i a carga en géneros esco-. 
gidos y de principal consumo, quedaban en la misma cantidad 
perjudicados los de España. Así habla una cédula de 475^. Y 
aunque es verdad que tres años desfiues se derogó , á solicitud del 



cwjpo ds ooiÉBiefaBiBi dt' IM^BD y sieoipre ^oc^iraf ssjétot S- 
OMsifW 8«»eHiMei<lM maMeuiééei en i& tmiversiééui dür 
cwfMfüTtt á Mdim, ie Cádiz. Una Utepoftieiea nal de AtW 
di^pM0fB»iB8Índindaa8dtlcone«ci»dela FlMva^spaña y losi 
del Facn romiiitmn atit caudales i au arlMlyio 7 fofostad , sía que 
aa lea iinikar ai iga m faayiéiaa^hr abMteta lUwrt Jl que teniaB antes* 
da^7aí^«. Maa loase. naNcia , densidad en lea lérmhies d^la eé^ 
diáa y ó naf or padar é laflaja «9 loa conercíaoiea de Cádiz , eaos^ 
bachftf 06 i pesar éi aatediapasleíe» se siguió ereyendeprebüHdia^ 
el haear oensigDaciaBaa á lea neones de América, y f^ baste 
i778 , épeea de la restavreeien def cemerek^ ceteaíal ¡ na se de^ 
darami espieasaienÉe IHirea y reciprocas , certando de rak lar* 
dispañs entte loa mercadensa deCédk y le» de «dtpanar. 

< AonfM todoa lol qoe goiaban de natimleTa enios reinos de Es* 
paie teeian derecho al (ralo y comercie con laa Indias^ Díngmnr 
pote pasar i ellaa sin obtener ¿nies particular ucencia para cada 
fíaie; y eslee peraaieas déliieni daise ininedtaianienle por fA reí & 
pea loe jiieíaa oieíalea de la* casa de eonlratacion , segnn era sh olh* 
jelBL Ta heaoa referidd ¡^rta de los reqnísitoa generales qvehabür 
Mesosidttd de Henar para obtenerles , y ahora 8ok> aüadiremos qn® 
lea ■waioD- yirayes, gebemedores, oidores é otros coaksqaieni: 
ainiatnoa de gnerra , jnatiele y haciefida nevaban ademas de snr 
litailoe lieeaKi» del rsv>pafre sns personas , las de sns mujeres y 
Gfiadeat qne los mercaderes casadoa debían probar el consentr*-- 
miento de sns esposas y estar únicamente en Indias dos ó tres anos*, 
Jaada^M» en canlidlid do la caarta parte de sasbienes, á m^oos 
qMBOiifmMsea vi?ip ei» Améiíca y conde jesen para eQo sus ñtmi- 
lisa : y qtie ya foesen casados , y» solteros, ora 11e?asen carga pro^ 
pki ¿ i^ena, eslabaü obügadoe á' ÜCTar peía el Tiaje mercaderías 
dea» caema'é'á sn ceesignadon» cnyo yaior escedtesede trescientos» 
ntt maravedís de plata. 

( Tid'era elrigordo laatoyes con* respecto ai. paso de l^paña k 
ledias ] rigor q«e d^iró basta los iKltinies tiempos, y qne si prodajo 
e^ iMen- de impedir que Ih América se poblase de Doridos, polñKmer 
y^genie de k féd^airacki, embarga k libre eomnnicacion y el co-^ 
aerdO' ce» ínclito peijuicio de la prosperidad de nnos y otror 

Mas ¿para qoéservien lanías restricctoiies, tantos estorbos^pnes^- 
tíí» al'eéfliercio» enandO" la nac**off^ eareck de productos propios^ 



— 559 — 

taata y toa absurdo lirrago da loyes preiúMwd» én te mhftkifty 
eo la agriciiliara y e& la eontrataekm ? ¡t PeréfrfAa fegoaéad ! No 
se sabia ó no se quería ver que la mema legistoieiMí quedestram I» 
rí.queza propia, favóreaia la estraSa, y que «liquiter lasr rmw^&Be^ 
turas española» era lo loiismo que daeret^ el eomef^íode tes estraa» 
jeras. £a el estado á que habiaa Ue^o las cosas', la esoJusíeft ab^^ 
soluta de los coffier6j||»tes y capitalista» de otras oaeioueg ^ era une 
quimera que uo akanzafoiv á Realizar tes leyes mas severas^ elildi^ 
da» siempre por kw esfuerzos y artificio» del iateFes parttoite. 

Los pedidos entre tanto crecteo, porque aunque leniameste ^ la 
p<d>lacion de América se aumentaba y con cite sus necesidades ; j 
este sucedia cuando Espaüa tcaba|ada por las guerras y empobrecida 
por los desaciertos del gobierno , no podte abastecer suficiente^ 
mente á sus colonias. Así pues^ no obstante la esdusion de los gé- 
neros eslraoiíjpoS; buba de ocurrir á las manufacturas de losPaises 
Biyos, á las de Inglaterra, Italia y Francia. Los empleados mismos 
dei gobierno, de acuerdo con los particulares^ encubrían ud fraude 
que hacían indispensable las circunstaoeias y en> que ^ gracias á la 
pi;pbidad que resplandece en la nación española, se halló siempre 
segura te propiedad estranjera« En breve solo un veintena y aan 
menos de las mercanetes que se llevaban á América salió del sudo 
y fabricas de la Peqínsu A ^ perteneciendo el resto á países é indi^ 
viduos estraños que sobre el honor y lealtad de los españoles las 
eaviaban con el nombre de géneros peninsulares, y recibían ea 
cambio dinero ó frutos preciosos de ultramar. Esto se vio de un 
modo tan patente > que cuando los dos primeros pu«rtos habilitado» 
^ra el comercí» de América conservaban aun mucha parte de sa 
antiguo esplendor > los galeones y bajeles' de la fióla reunidos no 
llegaban ma» de veinte y siete mil quinientas loneíadas, de las 
cuales veinte y seis mil y ím§ iban cargadas de mercaderías es- 
tranieras. 

Coionte de tessaeioBes eemeretentes de Europa, mas propia- 
m»i(teqci»e8paliote^ debió desde efitóftces-con^iderarsoAmériea» 
Su» riquezas «no fueron ya ^ vivifiear el suelo y te indusirte de la 
madre p^^a^ fiMS'destiMtdfli ¿ pi^r los productos afeaos f no 
hadan nms qu» pasar poi? Eepeila pai^ ser entregadas á otro» 
pueblos ; cuyas fábricas con seaM^iaAteeircuDslaBeia de tal mapera 
se mejoraron y abarataron , que los efectos peninsulares, incapa- 



— 560 — 

zes de resislir ]a competencia en precio y en calidad, hubieron de 
ceder el poeelo á los estralíos. De aquí resultaba que no síenda 
propias las mercaderías que los espaiíoles introducían con el nombre 
de tales, se compraban sumamente caras en Indias, por tener que 
pagar estas la ganancia que los peninsulares se proponían hacer ea 
la reventa. Limitado fsle tráfico á dos puertc» y á moi pocas per- 
sonas, es obvio eoncebir que se parecía mucho al esclusivo de una 
compallia , y que debía tener , como en efecfo tenia , sus inconve- 
nienfesy vicios. MortiOcábanlo en efecto lo3#intere8ados en él, 
poniéndose de acuerdo, en fácil y córaoda'manera, para impedir 
la rivalidad en los mercados por medio de la bSja 6 subida de 
los precios, a^í en España como en América; con lo cual hacían 
tan exorbitantes ganancias , que según el sentir de graves autores ' 
españoles, no bajaban comunmente del triplo de sus capitales. Éste 
mal era grande y recíproco , pues si en la colonia arruinaba al 
pueblo con la carestía, en la metrópoli empobrecía al estado con la 
diminneion de las esportacioncs. Porque es indudable«(iue cuando 
el comercio se halla en pocas manos , arriesgan estas poco para 
conseguir enormes provechos, y está en su ínteres y posibilidad 
no sobrecargar de mercancías Jos países consuiñidores , para no 
hacer caer los precios con la abundancia. 

Cuan grande fuese y cuan profundo el cáncer que roia las en- 
trañas déla madre patria y sus colonias, dedúcese de los medios 
que para curarlo se propusieron por algunos. Quien, creyendo 
encontrar el mal en la violación de los reglamentos (en lugar de 
buscarlo en ellos), propuso que para corlar el comercio ilícito se 
decretase muerte y confiscación de bienes 'contra los contraban- 
distas. Hallaron Otros que era necesario someter el conocimiento 
de estas causas á los secretos y tremendos juicios de la inquisición. 
Hubo algunos que propusieron ceder el comercio de América á 
nna ó varías compañías escluslvas , esperando mayor vigilancia de 
los ihonopolistas que del gobierno na«onal. Y finalmente Don Má- ' 
nuel de Lira , secretario del despacho en tiempos de Garlos If , 
propuso al reí como único remedio del comercio americano el 
establecimiento en Cádiz ó Sevilla de una compañía general , en la 
cual entrasen como aparceros los ingleses , alemanes , holandeses^ 
las otras naciones amigas y aliadas de España, y tamliien los demás 
estados y provincias dependientes de la corona ; concediéndole pri- 
vilegios grandes , reales y permanentes. 



— 564 — 

Entre tanto España y poseedora de inmensas y riquísimas coló* 
nias , yacia pobre ^decadente, con escasa industria y sin dinero. 
Autores españoles pretenden qae ea 4 64 9 no quedaban en ella de 
los tesoros importados de Amérim^ arribando doscienlos millones 
de pesos fuertes , en moneda la tma mitad , la otrí^n joyas y ba- 
jilla , y que an 4724 aqyéllt suma s» bailaba reducida á la mitad. 
Mas que nada prueba la rareza del dinero circulante en la Pemn-^ 
sula el exorbitante iteres á que se prestaba en aquella época^ 
siendo así que los prestamistas recibian adelantado , como rédito , 
un tercio de la suma que avanzaban. 

La guerra de siftesion que colocó en el trono espauol a la casa 
de Borbon , introdujo ^gunas novedades en el comercio colonial. 
Mientras duró aquella contienda, la sup^loridadNnarítJpia de la 
Inglaterra y de la Holanda consiguió interrumpir la comunicación 
entre España y América. De aquí vino que privadas estas de las 
comodidades il^cesarias á la vida , se creyó necesario relajar algún 
tanto los principos comerciales admitidos , permitiendo el trá6co 
con los franceses ; si bien estf fué limitada á los puertos del Perú 
y concedido por Luis XIV al solo puerto de San Malo. Hízose por 
los comerciantes de aquel logar tan activamente la «Kjmi tratación, 
que mui pronto inundaron las comarcas de América en mercaderíai» 
francesas á precios mas moderados que los de las españolas ; por 
lo que anuladas las esportaciones dt la Península , próximo á ser 
destruido enteramente el comercio y aun la dependejjcia de las 
colonias , se apresuró la corte de Madrid á revocar su perniiso , y 
aun» armó tina escuadra para arrojar á los francesdS de los mares 
del sur. 

Felipe V para inducir la Inglatéfra á concluir la paz 'general^ 
hal)ia concedidQ á a(ynella nación no solamente ^ asiento ó dere- 
cho de introducir esclavos en las colonias, sino el privilegio de en- 
viar todos los años á la feria de Porto-Belo un barco de quinientas 
toneladas cargado de géneros de Europa. En consecuencia de esto 
se establecieron en Cartajena , Panamá , Veracruz, Buenos-Aires y 
otros lugares comisionados ingleses que de luego á luego estudiaron 
el país y se enteraron de sus necesidades. Seguidamente comuni- 
carón sus observaciones á las negociantes de Jamaica y otras colo- 
nias inglesas^ y éstos con noticias exactas del' estado del mercado 
y de los mejores y mas vendibles cargamentos, establecieron en 
breve titiles comunicaciones de contrabando en el continente. Por 



— 5«2 — 

otra parte los agentes británicos en el mar deksnr llenaban fas 
costas americanas de géneros estranjeros por me^o del bajel que 
debia ir á Porto-Belo, y que en lugar de quinientas hicieron de 
noTecientas tonadas. Casi no cofoció entonces límites \l tráfi- 
co ilícito. Los inspectores de la feria y los aciales de la aduana 
fderon pagados para facilitar f encubar él fraude : distrufóse el 
ccttnercio de los galeones, y la flota misma reducida de doce mil 
quinientas toneladas que ánfes tenia , á solas dos mil , apenas se 
empleó en otra cosa que en comisiones del servicio de la corona, 
Oon motivo de estos abusos, movido del clamor d^ais subditos pe- 
ninsulares y de la progresiva ruina del comercio y rentas naciona- 
les; estableció el^obierwkguardacostas que mpidiesen el contra^ 
bando. Disminuyéronlo mucho eA efecto, pero esto acarreó sinsa- 
bores. A )m ingleses dolía perder tan buenos, cómodos y fáciles 
mercados, j esto unido á algunas violencias de la escurra, produjo 
reclamaciones y quejas que agriándose hasta lo sumo, dieron lugar 
áotraguerra entre España y lalnglatervi. Las Indias pagaron sus re- 
sultas, pues á mas de las hostilidades, hubieron de sufrir luego 
el antiguo sistema de contratación que con ventafa suya hablan 
ij^terrumpUd^s ingleses. 

La esteusíon misma del pasado mal abrió empero á España los 
ojos sobre el remedio convenieme, y vio ser preciso proporcionar 
las importaciones al consumo, abasteciendo suficientemente las co* 
lonias, si líb quería ver pasar su comercio á manos estranjeras% 
Sucedía que los «galeones enviados á América en épocas fijas y pp- 
riódicas eran medios de comunicación, sobre insuficientes, inciertos 
y que mil incidentes no previstas retardaban. De aquí el notarse 
ctíñ frecuencia en las colfinias estraocdinaría escasez de géneros euh 
ropeos; lo cual aiítnentaba los precios, y en unos acaloraba el de- 
seo de hacer el contrabando, en oíros el de protegerlo.- Esto dio- 
motivo á qne se acordasen con mas facilidad licencias á ios buques 
de registros para navegar á Indias, y á que finalmente en 4 75 4 se 
suprimiesen del todo los galeones, como ya lo hemos visto ; pero esta, 
medida, insuficiente por sí sola para mejorar un sistema esendal- 
mente vicioso que. quedaba en ¡úé'con sus innumerablesTesttíccio- 
nes, no produjo un beneficio sensible en el giro mercantil» Aeaso» 
hubiera acabado enteramente el déla metrópoli con fas colonias, 
sin las saludables reformas hechas en el reinadQ de Carlos lU ; 
mas antes de referir cuáles fueron estas, conviene que digamos en 



qtié estado se^ bdfaba^ coanda sriAtotearcnr^ el eómercio de Tene- 

sBttefa. 

Ta Bosattros hemoif^sta que en 4 560 Sancho Briceño oblüvo dé 
Ifteorte-drEspaAa el permiso de hacer ir todos los anos á Borbu- 
rsti tm registro cargado de mantenimientos y mercaderías, y tam- 
bién cQie estos viajes tfiiefon prop^mente las primeras relaciones 
mercantiler deaqtrcHa colonia eon la madre patria. Los escritores 
antiguos eran ma» inclinados á contar batallas y sucesos sorpren- 
dentes qme é conserrar los hecbos re^ativos á la industria, al CO7 
merdo y á: la cínlizacíon, qSe son los que forman la parte verda^ 
deramente útil de la^istoria, si es que esta ha ae ser mas bien una 
leeeion que un entretenimiento. Por eso no es estraño que ignore- 
mos' ef modo como se hacia esta contratación^ sus progresos, deca- 
dencia y término ; estando limitado lo que sobre ello sabemos í 
nmi poca cosa^ ó mejor dicho, á nada. El bajel llegaba t«dos los 
aftos exactamente ó Borburata, y una yez abandonado aquel puer- 
to, hizo sus viajes á la Guaira hasta una época desconocida , que 
fóé acaso aqneita en que los|fabilanfes pudieron obtener mas facfl^ 
mente y mns baratáis otras mercad^erías. ' 

Esta época debe de ser fa que empieza ^ -1654, cuando esta- 
blecidos los holandeses en la antigua isla d%los Gigantes,, formaroa 
cein el continente sus conoddas relaciones de comercio ilícito. En 
vano quiso cortarlas ó por lo menos disminuirlas el gobierno, per- 
mitiendo el viaje periódico de otros dos registros j y tomando algu- 
nas medidas de rigor. Estas fueron inútiles, porqpe los habitantes 
y hasta las autoridades protegían eT fraude , y aquellos perdieron 
de ta? manera en su negociación , por la baratura de las mercada- 
TÍsss holandesas , que apenas tuvieron con qué aviarse para su re* 
greso á la Península. Ningún bajel de esta fué a Costa-firme en el 
resto del sigfo , y ya hemos visto en otra parte cuan peque?io, por 
no decir cuan insignificante, fué ef númer(^de los que se ocuparon 
en la contratación marítima con aquel pais en los primeros ^os. 
diel siglo *xTni. En suma, la España no sacaba entonces ningún 
provedfo dé una de sus mas ricas posesionas : el comercio penin-r 
8«Iar era allí nulo ^ y tan pobres las rentas, que Méj4co tenia que 
pagar sus gasH)sr públicos. 

Ya fuese por efecto de un sistema político cuya basa era el temor 
de ver en sus colonias un poder diferente defsuyo; ya porque el 
ortr y la phta eran materiasr mui preciosa^ para confiarlas á otras 



manos, el caso e? que EspaBa no cometió á los principios el error 
de conceder el comercio esclusivo de sas posesiones coloniales á 
compaí^ías particulares, como lo hicieron la-Holanda y la Ingla- 
terra y la Francia y la Dinamarca. Error grosero y perjudicialisimo 
por el que los especuladores, en lucha abierta y constante con los 
pueblos, sacrifican á estos imponiéndole%i ^ antojo las condicio- 
nes del tráfico ; y de donde resulta que son forzados los que consu- 
men á comprar á gran precio y á vender Isarato, y aun con fre- 
cuencia á ver desechados ó destruidos sos frutos por no querer 6 
no tener con qué comprarlos aquellos^ quienes únicamente pue- 
den ofrecerlos. ♦ • - 

Pero Venezuela no tenia minas, y en vez de ser alivio, era carga 
pacta la metrópoli : reprimir el contrabando era difícil en una co* 
marca de vastas costas cuyos habitantes y autoridades lo favorecían ; 
estaba exhausto el erario con las guerras, y el pais no se conocia 
ni apreciaba lo bastante para hacer por él el sacrificio necesario de 
algunos miles de pesos. En estas circunstancias una compañía da 
comerciantes vizcaínos hizo la propuesta de cortar el contrabando 
• sí se le permitía abastecer á Veneiuela^de frutos y mercaderías eu- 
ropeas, y el gobierno ací^edió á ella, dándose por mui bien servido 
de aumentar la suma de los derechos reales, y de ver establ^ido 
de un modo firme el comercio y reprimido el fraude , sin que el 
erario desembolsase un ochavo. £>t0'sucedió en ^728. 

El privilegió concedía á la compañía la facultad de remitir cada 
un año á la Guaira y á Puerto-Cabello dos navios de registro de 
cuarenta á cincuenta cañones, montados y bien tripulados en guer- 
ra, pudiendo enviar el sobrante de sus cargamentos á Cumaná^ 
Trinidad y Margar^ en embarcaciones menores. Hecha la descarga 
de los bajeles, debían salir estos á impedir el comercio ilícito en los 
mares, costas y rios de la provincia, y aun en caso necesario en 
toda la marina que intermedia del rio Orinoco hasta el del Hacha^ 
para lo cual se les áierSti patentes de corso y las dos terceras par- 
tes de las presas , con esencion de toda especie de derechos en su 
venta. Los navios de la compañía habían de cargarse en los puertos 
de Guipúzcoa y hacer viaje desde ellos y en derechura á Caracas ; 
pero á su vuelta de las Indias debían aportar á Cádiz, para ser visi- 
tados y registrados, sin que por eso quedaran obligados á descargar 
allí todos sus frutos de retorno. Exonerábase á la compañía de al- 
gunos derechos, y otros se rebajaron en beneficio suyo, del misma 



— 565 "— 

modo que inútilmeDte se había hecho ya en alguiys privilegios an- 
teriores, concedidos para reanimar el comercio de Caracas. Y atento 
que cdhjenia la mayor presteza en la ejecución de esta contrata y 
que debian ser mui crecidos los gastos de^armamenlo ; se le per- 
mitió servirse en los primeros viajes de cualesquiera navios ; fue- 
sen ó no de los reinos de España , si^ pagar derecho por los estran- 
jeros como estaba generalmente dispuesto. Últimáioeille, entre mu- 
chas disposiciones enérgicas encaminadas á dar proteccj^ á la 
compañía ; la cédula de s|i erección mandaba que á sus factores y 
dependientes se les guardasen todas las franquicias , exenciones , 
preeminencias y prerogativas flue gozaban los oficiales y gente de 
tripulación de la real armada , declarando ademas que el intere- 
sarse directa ó indirectamen^ en su comercio no serviria á 
ninguno de desdoro^ sino de tmevo'blason y lustre de su noble- 
za , empleo ó carácter, 

A pesar de tan formal permiso, no siendo esclusivo el comercio 
de los vizcaínos , se r^ervó el reí el derecho de %)nceder otros se- 
mejantes según su agradóla cualesquiera de sus vasallos; por cuyo 
medio se»aseguraba de la buena conducta de la compañía^ á la que 
debia mover el temor de una peligrosa eompetencial Pero lo que 
al gobierno y á la colonia convenia era pi^isamente lo que desa- 
gradaba á los factores- guipuzcoanos ; los cuales no dejaroi^ escapar 
sin provecho ninguna coyuntura favorable á la estensiou íudefinida 
de sus privilegios. Y trabajaron tan bien, que seis atios después de 
su establecimiento, les fué permitido enviar de España á Venezuela 
no solo dos , sino todos los navios que quisiesen : en "1 742 obtuvie- 
ron la l^cult^d de hacer el comercio eseiusivo con la provincia de 
Caracas y en ^752 con la de Maracaibo. Para este tiempo habia he- 
cho yc^ la compañía infinitos males á la comarca , y aun hubo un 
momento en que sus violencias estuvieron á p?mto ^ producir 
una terrible guerra civil. 

El 4 de setiembre de -1750 llegó á Puerto-Cabello Don Pedro 
José de Olabarriaga con tres buques de la compañía cargados do 
frutos y mercaderías europeas. Este Olabarriaga habia visitado la 
provincia años atrás ^de regreso á España dio á sus paisanos las 
mas exactas noticias que hasta entonces se tuvieran de la riqueza y 
situactoii del suelo, inspirándoles el deseo de ocuparse en su co- 
mercio por medio de una compañía regular y privilegiada. JVom- 
brado director de ella y llegado á Puerto-Cabello, dirigió desde 



allí nnaaccnlar á los cabildos, partkipáadoles s& fciix atanbay fi- 
diéndoles alguifts informes para mas asegurar el acierto en m iof 
portante . comisión. Seguidamente mandó estableoer lactarias en 
CarácaS; la Guiéra^ Puyto-GabellO; valles drBarquisimlto yi^ro. 

Ora fuese por el deseo de ganarse el afecto de los naturales^ ora 
por el de acteditarie en la corle para conseguir maj ores mercedes y 
es lo cierto ipie en los priméFos años la conl^añta yendió sus mer- 
caderías á precios mas altos, por supuesto^ que los holandeses ^ 
pero ftoderados : que compró los frutos del pais sin enormes ven- 
fajas, y que como era consiguiente aubentó las rentas públicas 
con los derechos de una esportacion que si no era en realidad ma- 
yor respecto del pais , lo era sin dftda respecto del orarío. Puerto- 
Cabello fué escogido por centroMIfc sJñsontratacion y lugar de sus 
principales almacenes. Hasta entonces aquella población interesare 
no se componia sino de barracaAniserables construidas por pesd9- 
dores y por los contrabandistas de las islas; y habiendo iograudo sus- 
traerse constan i|pien te de la obediencia del gobierno , era, menos 
que pueblo , guarida de bandidos , factorH de las colonias holan- 
desas y asilo de los criminales. La compañía empleó feliynente sus 
fuerzas y recursos en dar orden y arreglo á la población ; construyó 
en ella y en el puerto algunas obras útiles, y muí pronto, regene- 
rada aquella pequeña IBciedad, creció y prosperó considerablemente. 
Mas e^e servicio , el de haber levantado en varios lugares vastos 
y bellos almacenes para sus mercancías, y la defensa de los puertos 
en las guerras contra ingleses , son los únicos que la pi^vincia de- 
bió á la compañía guipuzcoana , en la suposición generosa de que 
se hiciesen por miras iguales de interés propio y de beneficio fa- 
buco. No bastan con todo á compensar los males que prJ&ujo. 

Obtenidas las gracias que se esperaban para perfeccionar el de- 
seado monopolio^ cesó completamente el fingimiento , y lacodida, 
mal repriAida hasta entonces , mostró su faz odiosa á la provincia. 
La propiedad , las personas , todo fué invadido. Los factores estan- 
caron el precio de los frutos , como únicos que podían comprarlos; 
pues aunque se presentaban algunos cargadores para Canarias y 
Yeracruz, la compañía impedia que coutiatasen por sí mismos, 
vendiéndoles ella á precios moderados lo que necesitaban (58). 
Consiguieron que los gobernadores prohibiesen la conducción de 
frutos á la Guaira por cuenta de particulares» Llevábanse graades 
cantidades de tabaco á Puerto-Cabello i y los factores deq>ues de 



— 5^7 — 

escoger el que les parecía ó el qne podian comprar, hadan ec\||ir 
d resto al agaa. Los gobernadores , nombrados por el rei jaeaes 
conservadores de la compañía y ganados con el oro de esta (59) , 
no eran sino meros instrnmentos de ^s caprichos y violencias. 
Prohibióse á los eapita^ates de buqnes y á los cargadores qne pagasen 
eü cacao á mayor precio que ella lo hiciese. Todos los tenientes Jos- 
tidas de aquellos pueblos en donde el comercio producía alguna ntl« 
Hdad eran nombrados de entre sus dependientes. Estos hacían al 
mismo tiempo el comercio esclusiyo en los lugares de sus jurisdic- 
ciones respectivas^ obliganéb á los labrad<^es á venderles los frutos 
de primefa necesidad , los cuales revendía^ ellos solos al pueblo 
junto con los génerQS de la compañía j poniéndole tasa á todo , se- 
gún su voluntad. Se ingerían también los factores en las funciones 
económicas de los cabildos ; influían en el nombramiento de toda 
clase de empleados , y en una palabra, ninguna especie de poder 
había que ellos no ejerciesen en f irtud de sus privilegios y por 
connivencia de los gobernadores, 

O el Señor Olabarríaga habla dado en España informes muí 
inexactos de la población , productos y consumo de la provincia , ó 
la compañía carecía de medios suficientes para llevar á cabo su 
contratación de un modo útil. La sola ciudad de Caracas contaha 
en i 749 nada menos que veinte n^l habitantes, doscientos mil su 
distrito político (60) ; y las mercancías introducidas fara elt^onsu- 
mo de todas las factorías guipuzcoanas nunca llegarqp á treinta mil 
pesos en aquel año y en los anteriores. Circunstancia que fácilmente 
esplíca por qué arrojaban al agua los factores el tabaco que no po- 
dian comprar, bajo el pretesto de que no sirviese p^mfomenlar el 
comercio estraiyero , si quedaba en mano de sus dueños. Y ya se 
deja entender que parsr abarcar con tan escasos medio9el comerdo 
de la provincia , era necesario hacer subir el valor de las mercade- 
rías europeas y abatir el de Idt frutos coloniales. Método inicuo : 
él estimulaba con la miseria d contrabando y este era después cas- 
tigado conu) un crimen. * 

Así andaban las cosas en Venezuela cuando á principios de -17^9 
fué nombrado Don Márlin de Echeverría por teniente' justicia del 
pequeño pueblo de P^p^uíre, gyie estaba. empe|^ndo á fundar 
como capitán poblador el capitán caraqueño Don Juan Franei^co 
de León. Las circunstancias de ser el Echeverría^ependiente dek 
compañía é ir á sustittír á León en su destino , eran á cual mas 



• 

Propias para disgastar los ánimos , atento que este era tan amado 
como generalmente aborrecida aquella élase de empleados guipuz- 
coanos. Leen al principio, cediendo á las instancias de los habitan* 
tes, se negó á recibir al teniente y eseribió^al gobernador Don Luís 
Francisco Castellanos , pidiéndole proveyese por justicia otra per- 
sona que no tuviese rej^ciones comerciales con la compañía ; pero 
Tiendo que no le contestaban , resolvió ir en persona á la capital , 
poco distante , singas objelo que el de alcanzar el buen despacho 
de su asunto. Con esto se alarmó eli^ueblo temiendo por la vida 
del capitán ó querieodd tomar pié de aquí para mayoces fines , y 
de tropel, sin que ni^súplicas n! reflexiones bastasen á contenerlo, 
se unió á León y quiso á toda costa acompañarle. Cuando el capitán 
llegó á las cercanías de Caracas , nadie se acordaba ya d<(||(t)rimer 
objeto del levantamiento , ni eran únicos compañeros suyos los po- 
cos y desarmados pobladores de Panaquire. £1 fin á que entonces se 
aspiraba era la supresión de la compañía : gran número de habitan- 
tes de los pueblos del tránsito y de toda la provincia se babian aso- 
ciado espontáneamente á la empresa : la gente rica de las ciudades 
la fomentaba con promesas y dinero , aunque sin dar la cara ; y en 
suma, las clases pobres y trabajadoras, las hacendadas, los indios , 
Labian convertido una insignificante y humilde solicitud en un 
gran^. y s^erane empeño uScional. Así se forman , modifican y 
triunfan las revoluciones verdaderamente populares; porque el 
insliulo general , siempre segura , conoce el mal , lo llama por su 
nombr^ y pide el remedio conveniente , descartando embozos y 
tardanzas. 

Pero León parecia hombre mejor para reprimir revoluciones que 
para hacerlas, según erade profundo su ^espeto $ las autoridades 
y de grande el horror con que veía toda especie de violencia ó des- 
acato hecho á la majestad de las l^es y de los tribunales. No care- 
cía ni de valor ni de seso ; mas parajser caudillo de un levantamien- 
to popular , confió deifiasiado en la sola justicia de su causa , creyó 
demasiado en las promesás«de los opresores , y cometiÓNel error de 
hacer á estos dispensadores del remedio qua pudo poner, él mismo 
^on las armas. * 

En caminí^ara la capital y ya mui cá^ca de ella (61 ) recibió á los 
diputados de .varias corporaciones y una carta del gobernador en 
que este le pedia suspendiese su marcha;^» atención á haber man- 
dado salir de Caracas para la Guaira á los factores y dependientes 



— 569 — 

de ]a compañía, permitiéndoles solamente la demora necesaria pars^ 
recoger sus caudales y papeles. Pero León entendió que el gober* 
nador queria ganar tiempo para abandonar la ciudad en compañía 
de sus amigos ; y como de veiiGcarlo habría llegado *á ser inútil su 
movimiento ; ó necesario alcanzar su objeto por las armas, siguió 
su marcha á Caracas y eutró en ella el 20 de abril. A las cinco y 
media de la larde de ese mismo día dejó el capitán sus armas f las 
de su gente en los cuarteles, y marchó co i ella en ó. den y silencio 
hacia la habitación de Castellanos. Inmediato ya á cHa, hizo alto el 
concurso, y habiéndose pedido silencio de ópden del gobernador, 
por voz de pregonero se preguntó tres vozes : « Quién ó en nombre 
« de quién habia pedido en la causa de la espulsion de la compa- 
« nía guipuzcoana? » Á cuyas preguntas respondieron s^is mil vozes 
á la vez « que pedian ellos, las gentes de Caracas y su provincia» ; 
después de lo cual vitorearon al rei y al gobernador, volvieron á 
sus cuarteles , cocieron sus armas y marcharon extramuros de la 
población (65) , sin que se notase i^l menor daño ni agravio hecho 
á personas ó haciendas por aquel golpe de gente forastera y de la 
ciudad j compuesto de la ínfima plebe. 

Castellanos fingió que cedía, hizo en público á León y después al 
cabildo secular la solemne promesa de no ausentarse , y última- 
mente espidió circulares á las autoridades de la provincia , dándo- 
les noticia dé la supresión da la compañía hasla la resolución del 
rei , á quien se daria cuenta. Todo con esto quedó tranquilo* Los 
factores se retiraron á la Guaira y á Puerto- Cabello, diciendo que 
iban á embarcarse ; los habitantes juzgaron conseguido el.fin de la 
revolución , y ya se felizitaban por haberlo obtenido de un modo 
tan fácil y pacífico , cuando el 4 de mayo corrió la voz de que Cas- 
tellanos, disfrazado en traje de fraile , se habia fugado á la Guaira. 
Así era }gi verdad , y con es(e motivo volvió León á verse mal su 
grado en la necesidad de conducir "el pueblo á donde estaba el 
gobernador. Pero este no le recibió como la vez primera , sino á 
cañonazos que el flemático capilan no cqptestó ni con un tiro de su 
fusil ; llegando á tal grado su timidez ó , por mejor decir, su de- 
bilidad, que después de esto y de lo sucedido anteriormente , se 
dejó embaucar con nuevas promesas y disperA su gdnte el 7 de 
agosto. 

£1 dia primero del siguiente mes llegó á la Guaira Don Juan 

BIST. ANT, 24 



Francisco Galindo Qniñónes , oidor de la audiencia de Sanio Do- 
mingo , encargado por esta de la pacificación de Venezuela ; y en- 
tonces fué cuando Don JuanFrancisco de León pidió y obtuvo que 
se fe oyese en jnicio , y que para justificar su proceder y las acusa- 
citftes contra los factores, se pidiesen informes á la universidad, 
á las comunidades religiosas y á los cabildos de la provincia , si- 
guiendo al mismo tiempo que su causa criminal la de la compañía. 
Este fué el ruidoso y abultado proceso de León , en que patente- 
mente quedaron demostrados multitud de enormes escesos cometi- 
dos por los empleados de aquella sociedad; entreoíros el de 
cargar á la administración general valores mas subidos que los 
que daban por las cosas y el de hacer activamente el contrabando 
con las colonias holandesas. No se dirá que fueron pasiones las que 
obraron y que se recibieron testimonios cohechados de personas 
bajas , forzadas ó ignorantes. Los ayuntamíenlos, los eclesiásticos de 
mas virtud , los doctores , los títulos de Castilla , la gente de mejor 
nota, todos uniformemente se declararon contra la compañía, re- 
conocieron sus errores, pidieron su derogación y dejaron clnra 
como la luz del dia la conducta criminal de sus agentes. 

La compañía sin embargo triunfó, y no como quiera, sino ple- 
namente y con bajeza. Por una parte, Quiñones no podia sentenciar 
á ea«sa de estar inhibidos los tribunales de Indias de todo conoci- 
miento en sus causas y cosas mercanl|lcs. Por otra el rei , á quien 
Castellanos habia dado cuenta de todo lo ocurrido, envió con tropas 
por pacificador y capitán general al Baylio freí Don Julián de Arria- 
ga , y con su llegada en 2S de noTiembre el oidor creyó concluido 
su encardo , y sin mas ni mas se fué á Santo Domingo , dejando sus- 
pendido el curso del proceso. Pero si esto impidió que los factores 
quedaran en descubierto , no salvó á León de malas resultas, pues 
declarado traidor, * vio su casa arrasada y sembrada de stt^ y sus 
hijos conducidos pr^os á España. 'Á él, si le hubieran cogido, le 
matan sin remedio ; pero afortunadamente escapó siempre á las 
pesquisas de sus enemigos,- y sin duda proscrito y escondido murió 
eu una época desconocida que nuestra diligencia no ha podido ave- 
riguar. Fuéun ho|^bre honrado y bueno : salvó á la provincia de 
Caracas y mayormente á su capital , de los desórdenes inseparables 
de las conmociones y tumultos, é indudablemente hizo con esto á 
su patria un servicio de gran cuenta y estima ; pero si hai gloria en 
combatir la tiranía, en crear resistencias populares que la des- 



— 57Í — 

triiyaa^ «n ao enyaioar la espada cuando una vez se ha saciáo 
contra ella , León no la tuyo* 

Este suceso produjo sin embargo el buen efecto de empezai: a 
descorrer el velo que encubría las operaciones mercantiles de la 
CiHnpañía, y en 1750 se le pusieron ya algunas restricciones. Man* 
dase formar jiuta de un numeró igual de depeudieiiles suyos y de 
cultiyadores para fijar la tasa de los frutos , y á los liabitantes que 
no se conformasen con ella, se les permitió enyiar por su cuenta la 
sesta parte del cacao 4|ue tuviesen , en ios navios de la compañía. 
Los precios á que esta determinase vender sus mercaderías euro- 
peas, debian obtener la aprobación del gobernador de la provin- 
cia ; y Méjico , S^antafé , las grandes Antillas y las islas Canarias ob- 
tuvieron nuevamente la facultad de sacar directamente de Venezuela 
el cacao necesario á su consumo. 

Inútil sería detenernos en probar la poca importancia de estas 
mejoras , en»que el gobierno español, yíctima constante de sus er* 
rores económicos , manifestaba buenos deseos, pero mui poca pre- 
visión. £1 oro que habia cohecbad& á los gobernadores y ganado 
favorecedores en la corle de Madrid , era siempre el mismo ; el po- 
der que en Amériea hacia callar á unos , disimular á otros , sufrir 
á todos, era el mismo; y unos mismos debian ser los resultados : 
miseria y opresioi\ . ^ 

foT finia aurora de mejores días lució para América en 1778, 
cuando el reglamento llamado de comercio libre abrió el de Ao^é- 
rica á los principales puertos de la Península , preparando la pros- 
peridad que muchos de sus establecimientos coloniales alcanzaron 
luego. Venezuela no gozó sin embargo por el pronto de aquella be- 
néfica añedida , pues á la compañía guipuzcoana sucedió el mismo 
año la defSlipinas, aunque con diversas y menos opresivas roglas. 
Mas pudieron tanto las quejas de los habitantes y ks justas obser- 
vaeiones que hizo el intendente al gobierno, que el nuevo monopo- 
lio fué destruido en 1 7^ y la provincia se vio libre para siempre de 
las trabas que hasta entonces hablan embarazado los progresos de 
su comercio y de su agricultura. 

£1 reglamento de 1778 ampliaba la concesión de comercio libre 
hecha en '1 765 á las islas de Barlovento y provincias de Campeclie, 
Santa Marta y Rio del Hcrcha : incluia la de Buenos-Aires , con in- 
ternación por ella á las demás de la América meridional, los puertos 
habilitados en las costas de Chile y el Perú ; y mejoraba en benefi- 



— 572 — 

cío de los dominios ultramarinos las condiciones y franquicias de la 
cédula anterloi;. Por él se permitia que todos los vasallos de España 
pudiesen comerciar libremente con toda especie de frutos y merca- 
derías nacionales y estranjeras, esceptuando solo entre las últimas los 
vinos y licores. Todas las trabas anteriores , como visitas , recono- 
cimiento de carenas^ habililacioues, licencias para navegar y los 
derechos que pgr esto y por otras mucbas incomodidades se paga- 
ban , quedaron limitados al tres por ciento de los frutos y géneros 
españoles y al siete de los estraojcros en el aclo de su embarque en 
las respectivas aduanas de la Península, é iguales cantidades al 
tiempo de su desembarque en América. Solamente subsistía la nece- 
saria y justa práctica de registrar los cargamentos , como se estila 
en todas las naciones, la prohibición de comerciar con estranjeros en 
las ludías y la obligación de habilitarse y salir precisamente de un 
cierto número de puertos que en la Península , en Mallorca y eu 
Canarias tenian el privilegio que gozaran por tanto tiempo solos 
Cádiz y Sevilla. Por lo que toca á los bajeles, debían pertenecer á 
españoles y ser de conslrucciqíi nacional ; y nacionales también ó 
naturalizados los capitanes, patrones, maestres, oGciales de mar y 
los dos tercios del equipaje. 

Estas eran las disposiciones fundamentales del famoso y justa- 
mente celebrado reglamento de comercio libre ; nombre impropio 
si se quiere , atento á las restricciones que conservaba inútilmente^ 
como para recordar los antiguos errores ; pero que comparado con 
estos y aun mirado aisladamente, es digno de alabanza, por el es- 
píritu benéfico, liberal y verdaderamente ilustrado con que fué con- 
cebido. Él produjo sin duda alguna muchos bienes á la España , 
para la que marcó una era de verdadera regeneración , abriendo á 
su actividad y á su industria un campo que la rulina, la veneración 
por los abusos envejecidos y la timidez, tanto como la ignorancia, 
le habían cerrado hasta entonces. Para la perfección de aquel plan 
y el bien de América faltaba sin embargo una providencia que* en 
vano se habría pedido en aquel tiempo al gobierno de la madre 
palria ; es "á saber, la libre contratación con estranjeros. Esta fué 
permitida á las naciones neutrales en 1797, cuando la primera 
guerra de Carlos IV con la Gran Bretaña interrumpió el comercio 
colonial. Revocóse la licencia en 1800 por el clamor indiscreto y 
constante de los comerciantes españoles, á quienes la competencia 
arruinaba ; pero la miseria pública y el contrabando obligaron al 



^575 — 

capHao general de Venezuela D. Manuel de Guevara Vasconcelos y 
al superintendente de real hacienda D. Juan Vicente de Arce y á 
restablecerla con algunas restricciones en ^804 , juzgando con ra- 
zón que al colono le convenía dar salida á sus frutos y al gobierno 
Jbacer entrar en arcas sus derechos. Pero la franqueza mercantil , 
limilida á la época de la paz , cesó cuando se tuvo noticia de la de 
Amiens ; y renovada en 4 S05 con motivo de la segunda guerra in- 
glesa, duró lo que esta, ó poco menos , siendo luego suspendida. 
Por donde es fácil inferir que el reglamento de comercio libre be- 
nefició un gran número de subditos y provincias peninsulares, des- 
truyó con ello el monopolio de un puerto y de unos cuantos matri- 
culados y produjo para América el bien de mas barato y copioso 
abastecimiento ; pero mientras los géneros esiranjeros de consumo 
■(y eran los mas) continuasen pagándose por el americano, no al 
productor, sino al español que los tomaba de él , debía considerár- 
sele defraudado en una enorme suma. En efecto, esos géneros des- 
pués de su primer coste en las fábricas , de los derechos pagados 
en la Península, de los que satisfacían en América , de los gastos y 
de la ganancia del comerciante , llegaban á manos del consumidor 
colonial , llevando un precio exorbitante, con grave perjuicio de la 
industria y riqueza del país. En fin, subsistía el comercio esclusivo 
de la madre patria con la colonia , y en mucha parte era aun ver- 
dadera aquella sentencia del abate De Pradt : « La América sufría 
« un monopolio que le yendia la escasez mas cara de lo que , con 
« otro régimen , hubiera pagado la abundancia. » 




CAPITULO X!X 



Kentjs púbUeai. 



El que condbd la estrecha alianza j nniliift é&peaáeñdnk que eff »• 
ten entre el comercio y la agrícaHura; fácilmenie se hará cargo de 
los atrasos qne á la segunda debía catTsar el estado decadeole del 
primero^ en los últimos tiempos por efecto de la» gnerraS) y en los 
«nteriores por el monopolio. Él hubiera bastado solo ptra mantener 
ei cnitiyo de Veneznela en so infancia; ipas á snpemleiosoiRfiij^ 
se nnió el de otras cansas que liemos referidO; y el de loe impnefr* 
toS; (iJBíe es tiempo ya de mendonar. 

Ademas de los arbitrios locales ó municipales, pagaban los habí- 
f antes de la antigua capitanía general otros generales en que, como 
dice Depons, no se sabia qné admirar mas, si la haMIidad del fise» 
6 la resignación de los coslribuyentes.. 

£1 primero de ellos y acaso el mas oneroso , era la aienhtdu , 
éereeho antiquísimo cuyo origen remonta al liñnpo de los romanos, 
y que las cortes de Madrid concedieron por la primera yes al reí 
Don Alfonso XI en 1529. Acordóse su cobranza en Indias el áiÍ6 
da 4558 con motivo de la guerra que Felipe V tuvo que sostener 
contra Inglaterra. Se cobraba en la venta y revei^a de los bienes 
muebles é inmuebles , semovientes y en la de los frutos de la 
tierra , ya fuesen de necesidad ó de regalo, de mantenimiento co- 
mún ó de esportacion. Alcabala de mar se llamaba otro derecho 
que se pagaba á la entrada y salida de los puertos. 

Dábase el nombre arábigo de almojarifazgo á unos derechos 
mui antiguos en España, que se cobraban sobre los géneros, frutos 
y efectos introducidos ó esportados, y que fué llevado á América 
desde el principio de la con(inisia. Varió mucho acerca de esto de-, 
recho la legislación fiscal española , hasta que el reglamento de co^ 
mercio libre lo 6jó definitivamente. 

El de armada fué establecido para el sostenimiento de los buques 
del estado que defendían las costas de América contra los piratas, 
y se cobraba en general sobre todas las importaciones. Los piCataS; 



— 575 — 

M acabaron, pero el gravamen conUonó , para ser aplicado al pago 
de los giui)rdaeo8ias .que se crearon en los últimos tiempos á fbi de 
impedir el contrabando; uniéndosele otro derecbo que se llamó de 
armfldilla y el de corso qne gravaban las importaciones y las es- 
porta£ionea con el mismo objeto. 

Ya sabemos que cuando se erigid el consulado se empezó á co- 
brar un derecbo para atender con su producto i los objetos de su 
institacion : .era el de consulado ó averia que se exigia sobre to- 
dos los frutos comerciablea qne se estraían ó introducían por ooar en 
los.paertos del distrito consular. 

Con el nombre de aguardientes se conocía un derecho impuesto 
sobre su destilación : con el de pulp^ias otro que pagaban en las 
tienda así llamadas, los qg^ espendian licores ó bedidas fermen- 
tadas. . 

Entraban en las arcas reales los valores en que se remataban las 
tierras realengas. £1 rematador entregaba el todo ó parte de la can- 
tidad y según la composición que se le admitía por el juez, recono- 
ciendo á favor del reí la que dejaba de satisfacer, con el gravamen 
de un censo. A esto decian venta f composición de tierras. Con- 
firmación de ellas, un derecho que después de la venta ó composi- 
don se habia de pagar por el titulo de propiedad. 

Lanzas ae llamaba un impuesto personal que trajo su origen de 
los servicios antiguos conocidos con los nombres de casttileiía, ba- 
Uesteria, lanzeros y otros, cuando no ezistian en Espona los ejér- 
citos permanentes y la guerra se hacia por apellido ó llMuamiento 
de pueblo. Este servicio se subrogó por una imposidon que cada 
conde ó marques debía satisfacer anualmente al erario. Por algún 
tiempo duró la costumbre de redimirla en América pagando una 
credda suma al redbir el titulo ; pero en 47Si2 se resolvió que per 
ningún motivo se permitiese esta redenrion , pues qucHria el rei que 
constituyese una renta fija de la corona. 

Medias anatas de empleos se llamaban ciertas dedueeiones que 
se hadan sobre los sueldos de empleados , ventas de ti^rra&, bu- 
ques y otras cosas ; y aun la adeudaban las gradas y mereedea de 
honores á ciertas clases , aun coando no gozasen sueldos ni emolu- 
mentos. En el año de ^625 concedió el papa Urbano VIH al reí 
Don Felipe IV la facultad de cobrar una mesada de todos los be- 
neflcios eclesiásticos y pensiones de real presentación , cuya gracia 
fué renovada por S. S. Inocencio X y sus sucesores , unas vezes por 



— 376 — 

decenios y otras por quinquenios. Esto era lo que se conocia en los 
estados de hacienda con el nombre de mesada, y llamaban media 
anata eclesiástica la que se cobraba de lodas las pensiones y be- 
neflcios cuyas rentas llegasen á cierta cantidad anual. 

Las penca de Cámara ó multas impuestas por los juezes y que 
se aplicaban por mitad al fisco y á los gastos de justicia : las sucesio- 
nes vacantes en que el estado heredaba á los que morían abintcs- 
tato y sin parientes conocidos : el tributo de los indígenas : Jos de- 
comisos en que el erario tomaba sobre el contrabando confiscado 
los derechos de entrada ó de salida que hubieran debido pagar los 
frutos ó mercaderías : la retención de una parte del sueldo del sol- 
dado mientras estaba en el hospital : el quinto de las minas : las 
epavas ó los esclavos, muebles y seutovlentes estraviados ó perdi- 
dos que el Oseo se apropiaba , si no parecia el dueño verdadero : el 
papel sellado mandado usaren América el año de 4640 para todos 
los instrumentos públicos : el producto de los oficios vendibles : las 
vacantes mayores y menores ó las rentas de los obispados y ca- 
nongías basta que los nuevos prelados y prebendados tomasen po- 
sesión de sus empleos*: los estancos de la saVy de los naipes) del 
juego de los gallos^ del tabaco y de la bebida fermentada llamada 
guarapo , arrendables unos , otros no ; y últimamente las bulas de 
diferentes denominaciones y usos , eran ramos también de la ha- 
cienda pública y constituían con los ya mencionados , no cierta- 
mente el todo, sino la mayor parte del erario. 

Podría creerse que él bastaba comunmente para cubrir los gastos 
públicos y que sobraba para remitir á España grandes sumas ; mas 
no era siempre así. En el año de -1797 hubo en las rentas públicas 
un déficit considerable : el de 4801 fué tan escaso, que la super- 
intendencia de Venezuela se vio en la necesidad de tomar presta- 
dos de las cajas reales de Santafé doscientos mil pesos fuertes; y en 
general los ramos de la real hacienda que se decian separados por 
estar afectos á objetos especiales, los ajenos que tomaba como en 
depósito y las derramas impuestas á los particulares á título de do- 
nativos , tenían frecuentemente que ocurrir á sacar de sus ahogos al 
tesoro del estado. 



CAPITULO XX. 



Fuerza armada. 



Muchos anos se pasaron antes que España pensase en establecer 
tropas permanentes ó siquiera milicias coloniales, que sirviesen 
en Venezuela para asegurar la tranquilidad interior y para defen- 
der el territorio contra sus enemigos esteriores. Hasta la mitad del 
siglo XVII desempeñaron este encargo los conquistadores; á los 
cuales bemos visto, ora haciendo frente á los indios^ ora oponién; 
dose á las invasiones estranjeras , en un tiempo en que su ejercicio 
habitual era la guerra. I'ero cuando esta hubo cesado con el ester- 
minio ó con la sumisión de los indígenas : cuando los nietos de los 
Garci-González y Losadas olvidaron con la paz el uso de la rodela y 
de la lanza : cuancTo la población se aumentó y se hizo heterogénea 
con las castas , fué preciso sustituir á los antiguos y ya olvidados 
caballeros, una guardia asalariada que j)or lo menos mantuviese el 
buen orden en campos y poblados. Eso hicieron los gobernadores á 
su arbitrio , reuniendo partidas que no lenian de tropa ni la Corma, 
ni la disciplina ni el nombre, por cuanto menos que á la guerra 
eslaban destinadas á la persecución de malhechores y de esclavos 
amontados. En épocas de peligros generales todos los vecinos acu- 
dían á las armas , defendiendo cual podían sus hogares ; y como Ve- 
nezuela por lo mismo que no llamaba la atención de la metrópoli , 
tampoco escitaba la envidíS de las naciones estranjeras, contra ella 
nt) se formaron al principio serias espediciones de conquista tales 
como las que desolaron otras colonias españolas. A mas de que la 
influencia de las leyes no era poco favorable á la conservación de las 
ideas de obediencia y sumisión á España ; que ya hemos visto cuan 
trabada y firme era su máquina, y cuan buena. para mantener al 
pueblo en sempiterna infancia. 

Bien examinada la situación física y moral de Venezuela, se con- 
cibe que estando el gobierno seguro de poder mantener el sosegó 
interior de la colonia sin el aparato de un ejército costoso, no debía 
aplicarse sino á defender sus costas contra las invasiones esteriores. 



~. 578 — 

Sns fk*ontera8 con c^ Ifaero refno die Granailaí no ex^an précando- 
nes : las de Guayaca estaban defendidas por las selvas. Ni habla qne 
pensar en que los eaemigos tramontasen las cordilleras para formar 
establecimientos á svs iildas, ni en les Talles, ni en las llanuras 
apartadas ; visf o que su objeto fué siempre el de saquear los puertos 
por acometimientos repentinos, huyendo de internarse con peque- 
ñas fuerzas en la tierra adentro, donde hubieran tenido que arros- 
trar con los rigores del clima, con la frago^dad de los caminos y 
con las armas de los habitantes. 

Los indómitos Filibusteros y los marinos ingleses y franceses en 
diversas ocasiones que infestaron los mares y los puertos de la Costa- 
firme , habrían intentado penetrar en el pais , si su codicia hubiera* 
sido estimulada con la esperanza de un botin cuantioso. Fácil era 
en tan cstensa y mal guardada costa hacer, sin ser sentidos , y en 
'cualquier tiempo un desembarco. Pero si escepfuamos los* dos sacos 
de Caracas y el incendio de Trujíllo por los piraias allá en tiempos 
apartados, no hai noticia de que ningún ataque esterior hubiese 
sido dirigido sino contra las poblaciones de la costa. Causa de ello 
fué que la civilización y la cultura empezaron en Venezuela por 
el litoral , y que las mejores y mas ricas ciudades , con pocas es- 
cepciones, eran entonces y son hoi sus puertos. Estos pues debie- 
ron ser los que el gobierno español defendiese, escarmentado por un 
lado con el triste fin de Borburata , y animado por otro con la belfa 
defensa de Guayaba en tiempo de Raleigh. Consideraciones- que ad- 
quirían mayor fuerza por la imposibilidad en que estaba el pais de 
pagar y el gobierno de sostener sin éf una escuadra respetable ; 
pues ya que no se podía impedir la aproximación del enemigo á las 
costas , con venia por lo menos poner á cubierto de un golpe de mano 
los almacenes y depósitos reunidos en ^ ciudades marítimas. 

La necesidad que de ello había era tan urgente, que algunos 
particulares , para remediarla en parte , ofrecieron al gobierno sus 
caudales , como sucedió en la antigua Guayana, donde Don Carlos 
Sucre y Don Joan de Dios Valdez levantaron á su costa en ^754 y 
•1753 los castillos de San Francisco y del Padrastro : el de San Fer- 
nando situado frente á los otros en la isla de Limones , no se cons* 
truyó hasta 4779. También se fortaleció á Angostura con los fortines 
de San Rafael y San Gabriel^ colocado este en la ciudad y el otro en 
la ribera opuesta ; porque nunca desconoció el gobiernp colonial la 
conveniencia de guardar el Orinoco^ Arbitro de navegar libremente 



— 571> — 

jior él j QD enemigo actiTO se «delauUria en pooo tiempo por d nocte 
á las llanuras de Camaná^ de Barcelona y de Guayaoa ; pof el nor- 
oeste á la provincia de Barínas ,-por el occidente á las de Casanare 
y aan hasta el pié de las montañas de Pamplona , Tunja. y SaniaQ 
de Bogotá. La defensa del Orinoco se halla intimamente anida á la 
seguridad del territorio yene;olano ; y cuando así no lo demostrara 
la simple vista de su carta geográfica, lo probaria la rédente lucha 
entre aquella colonia y su metrópoli. La importancia de este punto 
militar Ifué prevista por Raleigh dos siglos bá, pues en la relación 
de su primer viaja á Guayana habla mui á menudo á la reina Isa- 
bel de la facilidad con que habría podido conquistar una gran parte 
de las posesiones españolas con solo haberse hecho dueño del curso 
del Orinoco y «us caudalosos tributarios. 

Maracaibo había sufrido mucho de los piratas. En ^ 668 fué sa» 
qu^ada por el francés L'Olonais, el cual habiendo recorrido sin 
oposición las riberas del lago, hizo padecer la misma suerte á la 
ciudad de Gibraltar, fundada por Lidueña en ^552. Tres años des- 
pués el capitán ingles Murgan condujo áfilas quinientos filibuste-. 
ros, penetró en la tierra adentro, hizo un botin inmenso y se es* 
capó felizmente de una escuadra española que íe esperaba en . el 
tablazo (64). Entonces no habia en la barra sino un fuerte pequeño 
mal construido y peor artillado que llamaban Zapara, decu>osfue* 
gos se libró también el pirata por medio de un artificio ingenioso. 
Las aguas formaron posteriormente un canal distinto del que bar- 
rían los fuegos del fortin, y con este motivo se' levantó un cantillo 
enfrente del otro en una pequeña .península arenosa. La importan- 
cia militar de Maracaibo es tan grande como la de Guayana, y de 
un género análogo : desde él pueden simultáneamente hostilizarse 
las provincias de Baríuas, Trujillo, Coro, Mérida y el Nuevo reino 
de Granada, con la ventaja de tener segura la retiraba y de poder 
elegir el punto del ataque. 

Menos cuidado se puso en defender á Coro y su puerto de la Yetej 
en el cual se construyó un foríin poco importante. Lo mismo puede 
decirse de Barcelona. Para impedir la entrada del Neveri se levantó 
un fortin llamado comunmente el Morro por la forma del terreno» 
siendo este un terromontero que sale al mar en una estrecha len- 
gua de tierra arenosa, á dístaneia desigual de la boca del río y del 
puerto de Pozuelos , situado cosa de legua y media á barlovento. 
£1 enemigo, dueño de Pozuelos, que es escelente para el anclaje y 



— 580 — 

desembarco/ iria sin obstáculo por tierra á Barcelona,' á pesar de 
los fuegos del castillo ; por coya razón fué esta obra (del mismo 
modo que otras mucbas de igual clase en América) gasto inútil del 
erario y fortuna de gobernadores é ingenieros. 

No así Puerto-Cabello, en donde se levantaron hermosos y sóli- 
dos baluartes, que con razón le hacian pasar por ser el puerto me- 
jor fortificado de la antigua capitanía general de Costa-firme. Poco 
menos la Guaira, herizada de baterías destinadas á defender la ra- 
da y á formar á la capital un antemural inespugnable. Cumaná, la 
mas antigua de las ciudades venezolanast, tuvo una batería en la 
boca del bello Manzanares y un castillo llamado de San Antonio en 
la desnuda colina que por el oriente ]a domina. Margarita es un 
pais tan interesante bajo el respecto comercial, como bajo el mili- 
tar. Apartada de la tierra firme hacia el norte por un canal de po- 
cas leguas y situada á barlovento de todas sus provincias , podría 
ser en manos de un enemigo poderoso la factoría general de Vene- 
zuela y Qn punto desde el cual dirigirla fácilmente sus espediciones 
contra cualquier lugar dt la costa, que le conviniese acometer. Es- 
tas consideraciones determinaron al gobierno á construir fuertes 
en Juan-Griego, Pampatar y la Asunción, capital esta y aquellos 
puertos principales de la isla; precaución tanto mas útil, cuanto 
que saqueadas é incendiadas sus poblaciones por los bolMideses 
en -1662, se conoció el interés que tenian las Antillas esttanjeras en 
privarla de las conveniencias de.su contratación con el continente. 
En estas fortalezas mantenía el gobierno presidios mas ó menos 
numerosos; pero á ellos y á una que otra compañía suelta que ha- 
cia el servicio militae.en los lugares principales ; se reducía toda la 
tropa destinada á defender interior y esteriormente el país.*iCuando 
los guipuzcoanos establecieron en él su monopolio, emplearon para 
conservarlo diez bajeles armados y buen número de marineros y 
soldados que ahorraron á la corte el trabajo de mantener en pié 
considerables fuerzas ; pues fiando este la defensa de los pueblos y 
las costas al interés de aquellos mercaderes, se limitaba á enviar de 
yez en cuando, y si el caso lo exigia, piquetes poco numerosos. La 
compañía hizo en efecto al gobierno y al pais en punto á la defensa, 
servicios de mucha consideración. En ^759 contribuyó cpn su gente 
á rechazar de la Guaira tres navios ingleses de alto bordo que ata- 
caron el puerto inopinadamente : en n40 llevó desde España en sus 
navios trescientos hombres del regimiento de Victoria con muchas 



— 581 — 

armas y pertrechos : en 1745 hizo desistir al almirante isgles Eno* 
lies del empeño de asaltar el puerto mencionado, causándole gran 
quebranto en sus naves y en su tropa : dos vezes le auyentó en se- 
guida mal parado de Puerto-Cabello, á donde arremetió después que 
se rehizo en Curazao : en aquel puerto hizo construir á su costf al- 
gunas baterías para la guerra contra ingleses ; y en Gn, desde 1742 
hasia 1746 mantuvo armados ora seiscientos, ora mil cuatrocientos 
hombres, evitanda al gobierno gastos y cuidados. Asi fué que ya 
iba corrida la mitad del siglo xviii, y todavía no habia pensado 
España en formar un plan de defensa esterior mas completo, ni 
siquiera en guarnecer la proviuciá con tropas permanentes y disci- 
plinadas. 

En los últimos tiempos ha prevalecido generalmente en Venezue- 
la la opinión de que las fortificaciones son inútiles para la defensa 
del país contra las invasiones csleriores, y perjudiciales en las con- 
mociones interiores. Los que siguen este modo de pensar alegan 
que en su estado actual son incapazes- de resistir un bombsjdco : 
que una nación poderosa se aprovecharia de ellas, reparándolas, 
para prolongar y aun perpetuarla usurpación, atento que las re- 
públicas de América no podrían Arrancarlas de sus manos : que le 
servirían de apoyo para conquistar el país, á tiempo que de no 
hallar ninguna, habría de abandonarlo por no ser fácil construir 
otras nuevas con pérdida de tiempo y de dinero. Esto por lo que 
respecta á los enemigos estraños; queseen los propios son distintas 
las razones. El gobierno que conspirase contra el pueblo, dicen, 
¿ á dónde irá á buscar armas y almacenes si es vencedor, recursos 
y refugio si es vencido ? A los recintos amij^llados. En ellos es tam- 
bién donde fraguan sus traiciones y revueltas los bandos turbulen- 
tos : en ellos donde un puñado de hombres descarriados del pueblo 
perturban el movimiento reformador de las sociedades regeneradas, 
y contribuyen á darle una mala dirección ó á retardarlo muchos 
años. Cuando las naciones conciben una idea, descubren un interés 
ó sienten una necesidad, se levantan, hablan y triunfarf; porque 
su voluntad, con ser una, es la de ledos. Ellas no conspiran, sino se 
revuelven ; ni huyen de la luz y de la verdad, porque ^nunca bus- 
can sino lo que es bueno, grande y generoso. 

La esperiencia, que ha confirmado desgraciadamente- en Vene- 
zuela y en otros estados modernos de la América, la exactitud 
de unos y otros argumentos , les ha dado, como era necesario; 



— 5«2 '— 

mayor fuerza ; y hoi; la destrucción ó por lo menos el abandono de 
las fortificaciones^ es una idea generalmente acreditada. Nosotros sin 
embargo creemos que su conveniencia es puramente relativa á las 
cirq^istancias de pobreza y debilidad en que se hallan esos esta- 
dos ; pues para ellos en efecto seria empresa imposible sostener sus 
plazas fuertes contra los ataques de naciones poderosas^ cuando por 
otra parte bastarían simples baterías de costa para precaverlas de 
un insulto de piratas, apenas probable en el estado presenté de los 
mares. Dia empero llegará en que mas ricas y fuertes, puedan ar- 
rostrar sin inferioridad con la pujanza de los pueblos viejos de la 
Europa, y entonces habrán de emplear para su defensa esos medios 
que hoi son malos solo porque son insuficientes. Ni las facciones 
mismas serán entonces tan temibles, porque en los pueblos ya for- 
mados ellas no vuelcan ni destruyen ; ni son apenas otra cosa que 
enfermedades leves en cuerpos habitualmente sanos y robustos. Sin 
que por esto dejemos de confiísar que á Venezuela lo que al pre- 
sente conviene es librar su seguridad en la defensa de su territorio 
interior : los altos montes que le^irven de baluarte , su inmensa 
(aja de llanuras y las selvas apartas ,' son las tres líneas naturales 
en donde sus hijos deben combatir el mayor poder de otras naciones. 

Volviendo á las fortificaciones marítimas, tenian estas ademasen 
tiempo del gobierno colonial el importante objeto de mantener el 
paisenla obediencia. Los españoles podían en caso de un levanta- 
miento general retirarse á sits fortalezas, ponerse en comunicación 
eon las islas vecinas, reMbir de ellas ausilios suGcientes de hom- 
YfteSj armas y dinero, y dk'igir sus ataques sobre cualquier punto 
de la dilatada y accesible costa de Venezuela. Privados los habi- 
tates de los medios y conocimientos necesarios para batir mura- 
Has artilladas^ ó se someterían nuevamente, ó tend^ian que llevar 
la guerra á las llanuras apartadas, con miserias y trabajos inauditos. 

Ambos fines lograron completamente los nonarcas, si bien es ver- 
dad qu^el de la defensa esterior se debió menos á su sabiduría y 
previsión que al plan formado por los ingleses de no intentar em- 
presa alguna seria contra los establecimientos continentales. Satis- 
fechos con la posesión de algunas islas en el archipiélago de las 
Antillas, dejaron que la España conservase con infinitos sobresal- 
tos y gastos sus colonias principales, mientras ellos viviendo aquí 
y allí diseminados, al parecer como vergonzantes,. se enriquecían 
con el contrabando que arruinaba á la metrópoli. 



_j 



Pero esta misma comunicación con estranjeros, y la población 
que de suyo crecia á pesar de tantos obstáculos interiores y este- 
riOres, empezaron á inspirar al gobierjw el temor de que no fuesen 
suficientes los medios empleados hasta entonces para conservar la 
paz en la colonia. Ordenó pues en \ 768 la creación de un bata- 
llón veterano (63) para goainMcer á Caracas, Puerto-Cabello y la 
Guaira, y en 4 774 se mandaron organizar cuerpos de milicias en la 
capital, en los valles de Aragua y en Valencia. Para pagar el pri- 
mero se elevó á cinco por ciento el derecho de alcabala ^ que ante- 
riormente era de dos, y se confió Su mando' á un empteado que 
decían teniente de rei, segundo jefe militar de la capitanía general. 
Los segundos fueron divididos en milicias de pardos y de blancos 
y á ellas fuerou llamados todos los hombres libres de quince á cua- 
renta y cinco anos, con escepcion de eclesiásticos, empleados, cu- 
nales y otras gentes. Ademas del batallón veterano y los de mili- 
cias, había compañías sueltas de una y otra clase en varias provin- 
cias, ascendiendo el total de la fuerza alistada y organizada para 
A caso de guerra á catorce mil hombres escasos. 

Divididas las milicias en clases como lo estaba la sociedad^ dando 
éí mando de los cuerpos á los mas ricos y nobles habitantes , y 
estableciendo que ningún pardo pudiese pasar de capitán , juzgó el 
gobierno suficientemente precavido el mal de poner las armas en 
manos de sus colonos. El tien)po probó que estas cautelas eran insu- 
ficientes ; y aunque no pertenece á la época que abraza nuestra 
historia el examen de las causas q<.e hicierqp perder á España sus 
colonias, indicaremos sin embargo como una de ellas el estableci-^ 
miento de éstos cucrfos. Ellos hicieron nacer en el pais un espíritu 
militar que el carácter ardiente y vanidoso de los venezolanos 
abrazó con entusiasmo ; y como las distinciones con que se les hon- 
raba no podían ^itisfacer á ninguna de las clases, era fácil prever 
que el deseo de otras mayores debía ponerlas al fin de cuerdo en el 
modo de oblenerlas. Ya ánies en Méjico , en Quilo y en la isla de 
Cuba , de resultas de algunos reglamentos de rentas , se habían 
visto en 4765 muestras graves y peligrosas de inobediencia é insu- 
borclinacion. Después, el comercio libre, las guerras imprudentes 
de Carlos III y la contratación cog estranjeros , autorizada por la 
miseria que ellas produjeron, llevaron á Costa-firme nuevas ideas ; 
y estas, desarrollando aquel espíritu, le dieron una tendencia fatal 
á la soberanía española. 



CAPITULO XXL 

Edacaelon iiúbUca. 

Los medios á que España debió por tantos años sa pacífico impe« 
rio, conocemos ya en mucha parte, habiendo exaiAinado, acaso con 
demasiada prolijidad, el estado político, civil, religioso, agrario , 
comercial y militar de Venezaela. Si algo nos falta , es completar 
esta relación histórica diciendo también cuál era la condición inte- 
lectual y moral del pueblo en la época que precedió inmediata- 
mcale á la de su independencia. * 

Todo guarda el mas estrecho enlaze en la instituciones de los 
pueblos, por manera que es imposible suponer un estado avanzado 
de civilización y de cultura allí donde los oíros ramos de poder y 
de ventura nacional no existen ; donde el gobierno es opresivo ; 
donde el pensamiento y la acción están sujetos á trabas ; donde ^ 
hombre, encerrado en. límites estrechos, no ve delante de sí el pre- 
mio que estimula al saber , que anima al trabajo y que inspira las 
virtudes sociales. Por esto la educación pública en América, y sobre 
todo en Venezuela , estaba en la situación mas lamentable , siendo 
absolutamente nula la del pueblo y en sumo grado incompleta la 
de las clases elevadas. * 

No hai para qué hablar de los primeros cincuenta años que suce- 
dieron á la conquista ; anos oscuros , sin monumentos, sin historia, 
sin vida , en los que nada se hizo en favor de la tierra ni del 
hombre. Si bien no fueron para este mejores los siguientes, cuando 
incomunicado con el resto del mundo, se embrutecía en la soledad 
y en el ocio. Allá en el año de ^696 fué cuando se vio una luz 
lejana y remisa de ilustración , con haber el obispo Don Diego de 
Baños y Sotomayor, natural de Santaféde Bogotá , fundado en Ga* 
rácas el colegio seminario de Santa Rosa , dotándolo de cátedras y 
becas. Trece de las últimas y nueve de Id^ primeras se establecieroa 
en el, siendo estas de gramática ISiiina, fílosoña aristotélica, teolo- 
gía, cánones y música llana. Por de contado la institución estaba 
destinada solamente para ios jóvenes que debian enlrar en la caF^ 



rera eclesiá^^ika , y «k ninguo provecho era para el .común de ias 
genles. Los ricos que deseaban ver en su casa , ya que no un sal)Jo, 
un doctor por el estilo de los de aquel tiempo , tenían quo enviar 
sus hijos^l las universidades de Santo Domingo j Méjicoó Saniafé, 
de donde volvían graduados y algunas vezcs aprendidos. Pero eslo 
coslaba grandes sumas , Y^^ hnm , como debe presumirse y con no 
pocos riesgos ; por lo cual los obispos , gobernadores y cabilijQs no 
cesaron de instar al rei por la creación de una universidad vn Ve* 
nezuela , semejante á las que ya estaban planteadas en aquellos y 
otros muchos lugares de América. Felipe V accedió al fin á sus dén- 
seos por cédula de ^ 721 , que el sumo pontiGce Inocencio XIII con- 
firmó en el ai^o siguiente , quedando convertido el seminario tri- 
dentino do Caracas en universidad real y pontificia con los mismos 
privilegios que la de Salamanca. Aumentáronse las clases con una 
de derecho civil y otra de medicina^ y como ya entonces se pudie- 
ron obtener grados académicos sin salir de casa ; recibieron de ello 
graiide alivio los hijos del pais. Una razón semejante movió á los 
habitantes de Méi ida á pedir á la corte de Madrid igual gracia para 
un seminario que tenian; mas se la negó Carlos IV á principios do 
este siglo « porque S. M . no consideraba conveniente el que se hiciese 
« general la ilustración en América (66). » Y estas eran las únicas 
casas de educación general que existían en la comarca , porque con 
la espulsion de los jesuítas vinieron á tierra algunas otras que ellos 
mantenían en distintas provincias, bajo la dependencia de la uni- 
versidad en cuanto á los grados superiores. 

« En el orbe literario un pueblo civilizado sin universidad es- 
« como un pueblo religioso sin templo (67). » Así pensaba Viera, 
elegantísimo historiador de las Canarias ; pero seguramente aquel 
docto escritor entendía por universidad una institución de ense- 
ñanza pública , dirigida á objetos c!e común provecho en lodos los 
ramos de prosperidad nac onal ; no una escuela limitada á pocas 
ciencias escogidas /como de propósito , entre las de menos aplica*- 
don á las necesidades y conveniencias del hombre y de la sociedad, 
y enseñadas por métodos bárbaros , llenos de error y confusión. 

Las ciencias sagradas y varios conocimientos que les sirven de 
ausiliares son sin duda alguna , ño diremos útiles , sino indispen- 
sables para cuantos se dediquen al sanio ministerio de la doctrina 
religiosa, basa á nuestro vrr esencialísima de toda sociedad regular- 
DMUte organizada. La rel'gion, bija de la verdad, inalterable y 

BIST. AHT. S5 



•terna, no puede tteiUr mudanza , ni abmenlo , ni diminneimí 
•n MIS dogmas ; y así, los mayores ésfoenos para conooeria en toda 
su p^rfeoeion, nopoeden pasar de conocerla tal cual nos la enseban 
los libros sagrados , los santos psdres y las IradiCNiíes ée Vi iglesia. 
¿ Por qué pues oscurecerla con preoeupaeíones y errores de nvestPO 
limilado é imperfecto entendimiento , qifertendo por un 01^(0 
insensato, añadir lux y verdad á la fuente de donde héBMs recibfAo 
una y otrosí ? ¿ Por qué profanarla prímlthra pureza y seneill^^ de 
las creencias , raTistiéndolas con el ropaje de una ciencia extrava- 
gante y VMia, formada de ideas abstrusas y de pueriles sotiletaa 
esplicadasen lengnaje y estilo incoropreasibles y groseros ? 

Put's á esto estuvieron reducidos por mucbos attos los embolismo» 
que con nombres de tales y cuales teologías desacreditaban la reli- 
gión , daban armas para combatirla á los incrt'dulos , embrollaban 
y peryertian el juicio , y quitaban á los jóveiies un tlf^mpo precioso 
que hubieran podido dedicar al estudio do las ciencíes verdaderas , 
no menos útiles al estado que á la religión. A mas de que , siendo 
la carrera eclesiástica en aquellos tiempos desgraciados, la quedaba 
mas crédito y utilidad , á ella ó por lo meaos á la enseñanza de los 
conocimientos que requería , se destinaron esclusivamente los cole- 
gios. Por lo cual separaba una distancia inmensa las conslituc'ones 
de semejantes establecimientos , de lo que hubieran debido ser para 
^ conlriboir á la m^ra drl pueblo ; siendo lo peor de todo, quepof 
falta de alianza entre las letras divinas y humana^ , vinieron á pa- 
recer aquellas toscas, rudas y despreciables, iHiando las otras rena- 
cieron en tiempos posteriores con todo el e-iplendor que hablan 
perdiíio. 

Formaba el latin la basa de los estudios y en él se leían las cien- 
cias eclesiásticas, la jurisprudencia civil, la medicina, en una 
palabra, todo lo que se ensenaba entonces. Aquella hermosa lengua 
faé en la época de la restauración de las letras la que por lo común 
cultivaban los sabios , y aun se aplicó también á las negociaciones 
diplomáticas , contándose entre las cualidades del príncipe la de 
hablarla con facilidad , gracia y corrección. 

En verdad , los monumentos literarios que dejó la antigüedad 
fueron la fuente y el origen del saber moderno , y serán siempre la 
admiración y la delicia del género humano. Antes que los pueblos 
actuales ensanchasen los límites de las ciencias eon descubrimientos 
nuevos , tuvieron que enterarse y ponerse al nivel de los conocí- 



oíienlos anteriores ¡ y para ello fué preciso buscar y reproducir los 
conocimientos de griegos y romanos ; estudiar sus sistemas y sus 
lenguas , su literatura y sus artes , sus prodigios ; repetir y rectift^ 
car sus observaciones, y empaparse en fin en aquel espíritu ele- 
vado y grandioso que anima cuanto hicieron y pensaron. 

La religioa ^ amiga esencialmente del saber ¡ porque lo es de la 
Terdad, salvó la ciencia antigua del naufragio de los tienipos, 
conservándola como un depósito precioso en sus santuarios. Ella 
impidió que el entendimiento humano volviese á su infancia pri- 
mitiva después de la caida del imperio : ella la primera sacudió 
ante los descendientes de los bárbaros la antorcha de la civilización^ 
y fué ella la que mejorando á un tiempo la condición moral é inte- 
lectiml del hombre, preparó las épocas posteriores de saber y gran- 
deza que ilustran la hisioria de los pueblos actuales. Esto solo esplica 
por qué la iglesia cristiana ; primero subdita , después señora y 
últimamente heredera de Roma, aplicó su lengua al ritual , á las 
ciencias y á las leyes , aun después que el pueblo universal hubo 
sido borrado del catálogo de las naciones soberanas. Por lo menos 
en España fueron los concilios las primeras asambleas legislativas ; 
y en latin se escribieron y promulgaron primitivamente sus códigos* 
La necesidad de cultivar aquel idioma, lejos de disminuirse, se 
aumentó con el hallazgo del de Justiniano , pues de él tomaron 
todos los pueblos modernos los principios y reglas fundamentales de 
sus legislaciones respectivas : su estudio y el de sus espositores y 
comentadores fué y debió ser mirado juslamenle á los principios 
como la mejor escuela de jurisprudencia. En Plinio fueron á bus- 
carse y estudiarse los secretos de la naturaleza : en Hipócrates los 
aforismos de la medicina : en Aristóteles, ingenio el mas vasto y 
profundo de los griegos y acaso de la antigüedad, los principios de la 
dialéctica, de la metafísica y de otras ciencias ; cobrando tal influen- 
cia su nombre y sus sistemas , que se veneraban cual si fueran divi- 
nos, sin que nadie fuera osado á separarse un funto de ellos. En 
suma, los autores romanos, y los griegos vestidos á la latina para 
la enseñanza general , reinaron sin rivales en las escuelas, dictando 
leyes al gusto y al entendimiento en las artes de imaginación y cu 
las ciencias. 

Este culto casi religioso tributado al saber de los antiguos pueblos, 
no solamente fué útil , sino que con razón puede mirarse como la 
causa principal de la civilización moderna ; sobre lodo si se con- 



— 588 — 

sidera de cján diverso modo progresan las artes de imitación y ]a& 
ciencias verdaderas. En las primeras no tiene tanta jurisdicción el 
tiempo , y un hombre solo , sin maestro y sin guia , puede elevar- 
las , gencraimenic hablando, desde el estado mas imperfecto hasta 
el mas acabado. Ellas uaceo y mueren con el que las cultiva , para 
nacer y morir de nuevo cou los que le siguen ; y si es cierto que el 
estudio de los buenos modelos perfecciona el gusto y lo generaliza^ 
no lo es menos que por lo común producen el efecto de acortar el 
vuelo á la imaginación privando de originalidad d sus inspiraciones. 
Antigua es la observación de que los eminentes poetas v oradores 
se acabaron desde que empezaron á pulular tas retóricas y poéticas ; 
y lodo el mundo sabe que en la época del renacimiento de la ilus- 
tración IQorecieron desde luego las buenas letras y las bellas artes, 
sucediendo, como en la antigua Grecia, que la poesía precedió á la 
elocuencia y ambas á la* filosofía. Y si aun quedase duda sobre 
esto, recuérdense los nombres y los tiempos de Homero, da 
Shakespeare , de Lope de Vega , de Ossian, de Rafael de ürbino y 
otros célebres é inimitables maestros en las artes. No así las ciencias, 
en las que no bastan siempre los esfuerzos y tesón obstinado del 
talento para descubrir verdades nuevas sin la conslante.med ilación 
de los trabajos que le han precedido; pues los conocimientos del 
sabio empiezan donde acabaron los de su maestro, y la ciencia 
comienza en cada siglo ya enriquecida coa el caudal de los siglos 
anteriores. 

Mas esto mismo prueba que la ilustración no podia permanecer 
estacionaria. Es propio de ella al contrario crecer, mejorarse y es- 
tenderse con el tiempo ; pues siendo hija de la razón , aspira como 
ella á franquear los límites de lo pasado en busca de un porvenir 
de perfección y de grandeza. TaJ es la condición del ingenio hu- 
mano , que entregado á sí mismo se eleva y embellece al acercarse 
á su divino origen. Así es que posteriormente las tareas de muchos 
hombres grandes , á pesar de la tiranía política y religiosa que por 
tantos años reinó en Europa , ensancharon el dominio de las cien- 
cias naturales y exactas con importantes descubrimienios. Las ideas 
políticas , mas sujetas á la esperiencia que á la deducción rigorosa 
de principios fijos, progresaron poco. Variables según el suelo , el 
clima , las costumbres , y menos toleradas por gobiernos asombra- 
dizos y absolutos, enemigos jurados de toda discusión relativa á 
sus derechos; se mantuvieron largo tiempo inmobles; si bien hubo 



— 589 — 

in]^enlos superiores que defendieron con valor y elocuencia verda- 
des útiles al género humano. 

Por desgracíala filosofía- moral , cultivada «n Francia por hom- 
bres de una capazidad eminente y dotados del talento difícil del 
bien decir, propagó en Europa sistemas erróneos en que se blasfe- 
maba de la divinidad , se predicaba el ateísmo, se convertía el alma 
en materia y se hacia derivar la virtud de la fuente impura del 
egoísmo. En nombre de la libertad y de la igualdad desacreditaron 
con chiste y gracia el cristianismo, siendo así que á él son deudoras 
de una y otra las sociedades modernas : contra él invocaron los in- 
tereses de la humanidad^ que habia ennoblecido é ilustrado mas 
que ninguna otra religión ; y la cultura misma de los pueblos ac- 
tuales, fundada por él, se citó en comprobación de las injurias que 
se prodigaron sin pudor .á sus doctrinas. No puede atacarse la re- 
ligión cristiana sin tropezar con el escollo incontrastable de su sis- 
tema moral , puro y generoso como el cielo ; pero ellos hallaron en 
el orgullo del hombre un medio fácil de salvarlo , quitando a la 
virtud su origen religioso y sustituyendo el amor á la deidad por 
la idolatría grosera de la propia conveniencia^ Privóse con esto al 
alma de su'atribulo esencial, la espiritualidad : la criatura, sin re- 
laciones con su criador, quedó sujeta á morir en la tierra : la es- 
peranza, colocada por el cristianismo en los espacios. infinitos de la 
creación , fue encerrada entre los límites estrechos de la vida pasa- 
jera ; y en On el hombre-, uniendo de un modo por cierto singular 
el orgullo y la humillación , se decía el primero y mejor de los se- 
res inteligentes, y no se desdeñaba de aceptar el materialismo que 
Jp envilecía. En verdad que si este monstruoso sistema no hubiera 
sido una reacción momentánea , y aun acaso indispensable, del es- 
píritu contta la intolerancia eclesiástica* y la tiranía política que le 
oprimían , casi hubiera podido formarse el impío deseo de verlo 
combatido , cual sucedró en España y en América, por la inquisi- 
ción y el despolismo : tan fatales usi debían ser sus consecuencias. 

Pero junto coh estas doctrinas justamente repugnantes rechazaron 
las aulas universitarias los útiles adelantos que se hablan hecho ea 
las ciencias y en las artes , confundiendo por malicia ó ignorancia 
en la misma proscripción el saber verdadero y la impiedad. Los 
nombres de Locke , de Bacon , de Galíleo , de Descartes , de New- 
ton , de Leibnitz jamas se oyeron pronunciar en las escuelas de 
América hasta ya mui entrado el siglo xn. Aristóteles, desfigurado 



— 390 — 

lastimosamenle por ignorantes esposítorea, dominaba en ellas sia 
contradicción , del mismo modo que en lá época del renacimiento 
de las letras. Juegos de ingenio qae lejos de fortificar, pervertían 
la razón ; sutilezas y distinciones que la embarazaban sin iluslrarla^ 
mas propias para eludir que para resolver las diicultades ; esta era 
la lógica que se enseñaba en aquellas aulas, donde la. grosería 
de los modales y los descompasados gritos recordaban menos una: 
casa de educación que una de orates. La ciencia que traía de los 
primeros principios de nuestros conocimientos , de las ideas uni- 
versales y de los seres inteligentes , la metafísica , tenia muí poca 
relación con su objeto verdadero , pues estaba plagada de nociones 
pueriles , confusas ó erróneas acerca del hombre y de sus faculla? 
des. La física, que sin el ausilio de la esperiencia y dM eálculo ma- 
temático^ jamas habría sido otra cosa que necia charlaiaqería, mar- 
chaba sola, llena de entes de razón, accidentes^ cualidades ocultas^ 
simpatías y todo el cúmulo de palabras con que á falta de razones 
pretende la ignorancia espiicar lo que no entiende. La enseñanza 
de la.medicina estaba reducida en lo general á cuestiones de mera 
especulación , á vanas teorías, á disputas. El errado concepto <)U0 
así en España como en América tenían de ser inútiles curiosidades 
de estranjeros los adelantos hechos en las ciencias naturales , había 
hecho cerrar- las puertas á lodo linaje de innovación en los pocos 
ramos suyos que se enseñaban. Otros , como la botánica, la zoolo- 
gía, la mineralogía , la química, no habían sido ni siquiera imper^ 
rectamente introducidos. Hasta principios del siglo xix puede de-» 
círse que no se estudiaron, en Venezuela por lo menos, las ciencias 
exactas, y aun entonces su cultivo se redujo á superíiciales nociones 
de geoQietría plana. Por el mismo liempo uno que otro ingenierif 
militar español de servicio en la provincia, tuvo el. bu^n pensa- 
miento de abrir escuelas en donde á los jóvenes cadetes del batallón 
veterano y á otras personas se enseñaban ademas de la geometría, 
el álgebra , ambas trigonometrías , la agrimensura , la fortificación 
y la artillería. Ni una sola palabra de las,geomel;rías analítica y 
descriptiva , de la mecánica eu todos sus rangos, del cálculo infini- 
tesimal, de ninguna en fin de aquellas ciencias útilísimas á que ha 
debido la Europa sabia la peregrina perfección de sus artes y 1^ 
mayor parte de su esplendor y de su riqueza. 

No entraban, tampoco en el sistema de educación las políticas 
m. económicas. Un velo.impenétrable cubría para los hijos de Aíné^ 



lica.fitt.pvofua biUSMria y la de (os. otros jp^u^iofi^ de la tierra. No e8«i 
]Ú6Í(Miia yulgar y cooHiQÍsima dedicada eateraiQeate á la narración 
de sitíos y^batallas, sine la ^ue con eslas, y auo de mejar gaiía,^ 
refiere cómo* de pobres han pasado á ser ricas iaa naciooes con e{ 
tfabaj<^ y kt virind : cáoaá^ algunas coosigiiieroa á fuerza de cous- 
fta&cia y 4e v«lor recuperar el derecho de gobernarse : cómo otras^ 
indoleatesó estúpidas, se han dejado bacer esclavas : por qué tales 
iiK»titu6Í«iies.4Í«cos4mi^brea son enemigas de la mejora de los bom- 
Iptnas y de las^sociedades : por qué otras; favofeeen su civilización y 
sa prosj^ridad : y finalmente, qué caminos Im sefuido el género bor 
mai^ para lle^r al grado de cultura y bien estar (|ae goaa, y coá^t 
medios deberá- emplear para conservar, perfeccioüar'y ^estefid^r los 
b^nes adq«iifidos. La misma ignoraneia reinaba respecto del dere* 
«bo poláUeo y de gentes, de la economía pública y de la estadisticaA 
^uft) oscuridad en ponto á geografía universal y á la propta« Néa- 
^poa clase de música profana , ni de dibujo , ni de pjntura, ni de 
efitOUHnra , ni de leguas vivas ó muertas , fuera áü latín. 

Mas^ ¿qué muebo , si la literatura y el idioma de España no te* 
nían un solo profesor que ^s^kkse sus. bellcBae , y si luia y otra 
habian caldo en tamo menosprecio que bastaba estar un. libro es*» 
flptto m caeleUaoo para no ser tenido en nada? Él bable elegante y 
illllje9^«08ai de QistiHa , que desde el tiempo , de WH meiñoria , efl 
que rei^ba Isabel 4% se esiendió á todo género de asuntos sagrados 
y profana». oientífieoa y eruditos, bis49ri(^. y fabuloso», no se 
picaba en jMaílérica á la eosenansa púbUaa.eni el siglo xvm. El 
oléelo y .empeao principal ó obas him único de > todos los bombres 
^le sedediiaban^Á la:CarFera de lastietras, era en punto á tilologia 
¿aber bastante el latin paradispuiar coa ventaja en las.eseueiaá, f 
poder citaf :«n toda oeo^ioQ por eserii# ó de palabra una runfla 
fastidiosísima de test^ romanos,. oi-a en verso ora en prosa. En 
Europa, ágalaqura)^ geutileaa se tenia en el siglo xvi y aun mo^ 
cbo tienqm después, Sjaber baWar el< easUllaiio : necesidad impe* 
rjosa, deber indi^p^silble á la par qpe útilba sido y cis.en todos loa 
países de la tierra babl$^r y eseribireorreotaiHiente el propio idioma* 
Pne» en América: Uagé á> ser tal el desvío por tan esencial cobooh 
miento., qu^ los.^ra4íeft doci<)res , lo& magistrados, los sacerdote» , 
tqdast las porsona^ átt, cuenta y vjatíni bablabao y escriMaQ. vin,idio^ 
ma en que la rudeixa conipetía cooel desaliño y los barbarisptos». 
Fuqi^ta.^ai bi^.neQSsari#^:oA»9p«emsia^>4^1ionior e^^naí^a y p$^ 



— 592 — 

eso insensato que se dispensó al latin , con mengua de la posesión 
y cultivo del español, y en perjuicio de la literatura y de las cien- 
cias y atrasadas en toda edad y país en que no han sido ensebados 
en el idioma vulgar. 

Et estudio mismo de la religión , tan conveniente á loda clase de 
personas, 6 indispensable á los ministros del culto, era imperfectí- 
simo , reduciéndose al conocimiento de la liturgia y al examen de 
algunas cuestiones de teología -moral y dogmática, cuyo menor de- 
fecto era et de ser por lo común incomprensibles ; que otras baUa 
inventadas al parecer para ridiculizar de propósito los dogmas cris- 
tianos é inspirar á los jóveiies sacerdotes las mas estravagantes y 
perniciosas idea» acerca de ellos, y de la sociedad. Que la iglesia era 
independiente del gobierno : que su poder y sus prerogativas eran 
inmensas, y que convenia mantenerla separada del pueblo en cayo 
seno ha nacidO; para ef que ban sido revelados sus dogmas, y que es 
•1 que la paga , se ensenaba entonces como doctrina igualmente verda- 
dera que la del derecho divino con que los monarcas han pretendido 
gobernar la tierra. La verdadera historia eclesiástica , la lectura 
de los santos padres , la meditación constante de los libros santos , 
fundamento de la religión y manantial inagotable de sabiduría, no 
se apreciaban ni con mucho en igual grado que esos otros estudies 
inútiles ó perniciosos, de los que no sacaba el clérigo instrucción 
ni virtud al cabo de muchos años malgastados en seguirlos. 

Sabiilo es que en América las únicas profesiones verdaderamente 
honoríficas según la opíoion común, eran la eclesiástica y la foren- 
se ; por lo que tal vez se creerá que los esiudios relativos á esta 
eran mas completos y mejor dtrig4dos. Mas no era así ; ni jamas se 
pensó en darles una forma conveniente á la ciencia en' si misma 
ni al estado , oponiéndose tenazmente á ello la legislación del pais 
y el gobierno. Este por su parte impedia que el abogado cultivase 
aquella parte que se remonta al origen de lo ajusto y considera los 
primitivos derechos de los hombres al reunirse en sociedad, y los 
respectivos de las mismas sodedades y sus jefes ; ciencia peligrosa 
que acusa al despotismo y que el despotismo mata cuando puede. 
La que establece las relaciones mutuas de naciones y pueblos, tam- 
poco se estuiMiÉba , como ya dijimos^ viniendo á quedar por esto y 
por falttí de otros estudios ausiliares redudido ef saber del abogado 
á la jurisprudencia rom'ana y á la propia. Acaso era útil y atfn ne- 
cesario cierto conocinlíen'o de la prímerár a)mo preparatorio al de 



— 595 — 

la legtslacioii española / de que era fundameiito , y no de más 
el estudio del derecho canónico por las diversas conexiones que 
también tiene con ella; mas todo estoy la muUilud y complicación 
de las leyes que eu América reglan , suGcientemente prueban que 
la ciencia del abogado debia ser allí tan prolija como difícil de 
adquirir. 

Un gobierno filantrópico que trate de adelantar la prosperidad 
de los pueblos, debe antes de todo desvelarse por estrechar los 
limites déla erudición jurídica, cuyo ensanche indefinido es indicio 
cierto de una legislación nacional defectuosa. Atrasada está en la 
primera y mas importante de las ciencias sociales lá nación cuyos 
letrados tienen que dedicar los mejores anos de su vida al estudio de 
muchos códigos distintos : cuando poí^el contrario deberá juzgarse 
mui avanzada en civilización y bien estar, aquella donde se haya he- 
cho (íomun y vulgar el conocimiento de las leyes, y donde estén re- 
doddas estas á pocas y sencillas reglas. « En el derecho patrio, al re- 
« ves de las ciencias, la perfección se compone de cantitades negati- 
« vas , siendo verdadero adelanto todo lo que deja de tener que 
« saberse (68). » Sin quees*o quiera decir que un jurisconsulto ca- 
reezca de asuntos dignos de meditación y estudio ; pues sin salir de 
los límites de su noble profesión puede subir á la fuentes primordia- 
les de la legislación , inquirir el origen de los usos y costumbres 
que han sido cansa ó resultado de esta, y buscar en la naturaleza, 
en la sociedad, en los anales del mundo y en las antigüedades de 
otros pueblos, mayor caudal de luzes para perfeccionar las leyes de 
la patria. Semejantes estudios se dan la mano con el de la historia 
y el de todas las ciencias morales, y constituyen la crítica ; ciencia 
que indica una grao suma de ilustración donde quiera que se cul- 
tiva , pues supone el conocimiento de otras muchas. 

Por esto era nula en América , donde según acabamos de ver , 
nh se leian sino contados ramos del saber humano á las ciases ele- 
vadas; siendo peor aun que las doctrinas el método empleado para 
enseñarlas. Los colegios, para hablar con verdad , no eran mas que 
encierros monásticos donde mucha parte del tiempo se perdía en 
miouciosas práciicsis religiosas, mas propias para inspirar disgnslo 
y tedio que sólida piedad, ün régimen severo , ó por mejor decir , 
adusto y tiránico, familiarizaba desde mui temprano á los jóve- 
nes con los hábitos humillantes de la hipocresía, del embuste : el 
eastígo de la flagelación les quitabSi hasta latdéa del sonrojo, ílor 



— SMM — 

dtl alma quo se pierdfi siempire un dit áiUei» que la YÍftud; y la 
práclica de servirse uaos á otros en oficios serviles ,, so color d« 
inspirarles humildad , los degradaba y envilecía a sus propios <4og| 
privándolos de la dignidad de hoaibres libres. Esioy loqweáale» 
hemos referido co» respecto á la ensejlanxa^ juslüicaxi plenamenU 
el juicio que formó de ella un ilustrado americano : « Los jóveaes, 
• dice , se volvían mas iguorantes y necios en las aulas , porque 
« en ellas no veian ni oian las cosas que mas relación tienen con 1% 
« vida social (69). » 

Es eminentemente espansiva la verdadera ilustración, es decir , 
la ilustración que aplica sus principios á la vida del hombre pairn 
mejorarla > y á la condición de los pueblos para hacerlos mas fuei> 
tes, ilustres y virtuosos. En inno querría una tiranía ioconsecuenle 
que hubiese permitido el estudio á una das^ de la sociedad., 
limitar á sola el^a el saber. Mas fuerle que h» leyes, el drdeo in^ 
mutable de la naturaleza hariaque una vez encendida la antorcte 
de las cieocias, levantase su llama al cielo y despidiese su luz en 
derredor. Así que, donde quiera que veamos clases elevadas con 
útiles conocimientos , debemos suponer en el estado llano y en la 
plebe misma un grado de saber proporcionado á su siluacion y coar 
veniencias ; por el mismo principio que nos hai*ia sospechar un^ 
suma incultura en la cima dB la sociedad cuando su hasa yazga en 
un esiado de profunda rudeza é idiotez. . Este era el caao no soloea 
Venezuela sino en toda la América , en cuyos campos apianas habia 
quien conociese el alfaljeto. Los ludios^ Ips esclavos, los labrado-i^ 
res y artesanos carecían absolutamente de enseñanza ele^iental , 
porque siendo raras las escuelas de primeras letras., solo -gozaban 
de ellas algunas villas y dudades populosas y.y aun en estas ni tenidD 
reglas Gjas ni estaban sujetas ala inspección do las autoridades. Las 
cuales jamas dotaron una sola con fondos de las rentas reales, y si 
lo hicieron coa parte de los bieees confiscados á los je^uilas.^ 90 
hicieron mas que devolver o} pueblo una porción insignificante de 
lo suyo,, y eso con muchísima reserva y parcidad.. En s-uma, la 
generalidad de las escuelas primarías que exilian eran pagadas^poi: 
los propios de las ciudades, ó de fundaciones heiiéficas. destinadas a 
la enseñanza por algunos ciudadanos, mas, piadosos por cJer4a qu^ 
los protectores de conventos. 

Mas ¿ cuál era el m.étodo q\ie3e seguía en esas esencias y quién^a 
eran los maestcos? Es^s eran «^[ifsroima&.dQ lamas bajs^ ^era^di^ 



— 595 — 

« Dínguna^struccíon ^ y.q^e las mas vez^s abrazaban esta prole- 
« síoQ (la mas importante de todas) para procurarse uaa subsis- 
tí tencia escasa » { 70 ] . EL métpdo nos ya á ser esplicado porel 
licenciado Miguel José Sanz , letrado venezolano á<)nien el gobierno 
español confió á principios del sij^lo el importante encarga de formar 
las leyes municipales de Caracas (7^ ). « INo bien adquiere el niñOj 
« dice ; una vislumbre de razón , cuando se le pone en la-escuela, 
« y allí aprende á leer en libros de consejas mal forjadas , de mila- 
« gros espantosos ó de una devoción sin principios^ reducida á 
« ciertas prácticas esteriores, propias solo para formar bombres 
u falsos ó hipócritas^... Bajo la forma de preceptos se le inculcan 
a máximas 4f orgullo y vanidad que mas tarde le inclinan á abusar 
« de las {)rerogativas del nacimiento ó la fortuna , cuyo objeto y, 
« fin ignora. Pocos niños hai en Caracas que no (5rezcan imbuidos. 
« en la necia persuasión de ser mas nobles que los otro», y que no 
« estén infatuados con la idea de tener un abuelo alférez , un üo 
« alcalde , un hermano fraile ó por pariente á un clérigo. ¿ Y qpé 
« oyen en el hogar paterno para corregir esta perversa edncacion? 
« Que Pedro no era ¿e la sangi:e azul como Antonio , el cual con 
« razón podía blasonar de muí noble y emparentado, y jactarse de 
«, ser caballero : que la familia de Juan tenia tal ó cual mancha^ 
« y que cuando la familia de Francisco entroncó, por medio de un. 
« casamiento desigual ,. con la de Diego , aquesta se vistió de luto. 
u Puerilidades y miserias estas que entorpecen el alma, influyen 
« poderosamente en las costumbres, dividen las familias, hacen 
« difíciles sus alianzas, mantienen entre ellas la desconfianza y 
i rompen los lazos dé la caridad , que es á un tiempo el motivo , la 

« ocasión y el fundamento de la sociedad Supo el uiñopronun^ 

« ciarlas letras ^ leer sin con^prender y á tropezones, garabatead 
« uq papel, mal hacer una cuenta : pues entonces sin mas ni ma& 
« se le pone en la mano la gramática de Nebiija para qqe aprenda 
« el latin , sin considerar lo ridículo que es aprender una lengua 
« estranjera cuando no se posee la propia, y entregarse al estudio 
i de las ciencias, que enseña. it universidad antes de saber leer^ 
« escribir y contar perfectamente* Con es(o lo que sucede es qw 
« los jóvenes se ven espoestos en la buena sociedad á muchos disr 
« gustos y dl^sprecios á pesar de sus bonetes doctorales .... causando 
«.lástima oirles sostener que el familiarizarse con los principios de. 



— 596 — 

« su propio idioma para hablarlo y escribirlo con exactilad/donaire, 
« y gracia, es tiempo perdido. » 

Con ser tan poco lo que el gobierno colonial hizo en favor de la 
educación de los hombres, fué menos aun lo que debió á su zelo 
la de aquella mitad preciosa del género humano , que es fuente de 
donde recibe la sociedad vida y contento. Diversas escalas sirven 
para medir el grado de perfec^on que un pueblo ha alcanzado en 
los diferentes ramos de su prosperidad y de su fuerza; pero nin- 
guna indicará jamas con tanta exactidud su capazidad moral como 
el estado y condición que en él tenga la mujer. Donde esta reine 
mas por la virtud que porta belleza : donde en su escuela aprenda 
el hombre amor puro, valor y gentileza : donde sea lionor prote- 
gerlas , mérito el amarlas , recompensa preciada el ser correspon- 
dido ; y en Qn , donde arbitra de las costumbres y dispensadora de 
la feiizidad , purifique las unas con su ejemplo é inspire con la 
otra el heroismo, la sociedad tendrá un inmenso caudal de civili- 
zación y de ventura. 

En vano se ostcntarian ricas y poderosas las naciones , si en ellas 
la mujer fuese esclava del hombre, ó peor que- esclava, instrumento 
envilecido y despreciado de sus placeres. £1 manto dorado de su 
grandeza no bastaría á ocultar por mucho tiempo el cáncer de la 
prostitución que rompe todos los vínculos sociales, que altera las 
buenas costumbres, que disuelve en fin la sociedad doméstica^ 
cuya perfecta moralidad puede sola asegurar ííl bien estar y dura- 
ción délos imperios. Son tan grandes los males y los bienes que 
según su educación puelc hacer á los hombres la mujer , que en 
todos los pueblos verdaderamente cultos y civilizados ha sido el 
formar su corazón y el cultivar sn entendimiento, objeto de cuida-?, 
dos esquisitos. Ni puede concebirse cómo han existido algunos donde 
tan importante asunto fuera despreciado , cuando se recuerdan los 
infinitos lazos con que nos ligó naturaleza al ser encantador que 
tíos hace amar la vida. De él la recibimos : de sus labios salieron 
las dulcísimas palabras que b¡rier(yi por la primera vez nuestros 
oidos : de su corazón los primeros sentimientos que animaron el 
nuestro : de su razón la luz primera que vio el entendimiento : 
madre , no Iriza y maestra á un tiempo. Ya adultos, su amor sin 
abandonarnos nos entrega á otro amor, y debemos á*a mujer la 
gloria de ser padres, la feiizidad de ser esposos. En la carrera de 



— 597 — 

la virtud Jhtmajer; amiga y compañera del hombre^ dobla su exis- 
teucia y es origen , ocasión é inslrumenlo de los mas dulces placeres 
de la naturaleza, y consuelo en las adversidades. En la carrera del 
vicio la mujer, cambiada y pervertida su influencia , emponzoña 
la fuente de la vida^ hace estéril la dd hombre, y le incita al delito 
con la misma fuerza que lé hubiera estimulado á ía virtud ; ángel 
glorioso ó caldo, su deslino es amarnos y vencernos para nuestro 
bien ó nuestro mal; desde la cuna al sepulcro. 

Juzgúese pues con cuánto esmero y diligencia no deberá promo- 
verse la cullura moral é intelectual del ser que colocó á nuestro 
lado la Providencia para que fuese norte y guia de nuestra, vida 
sobre la tierra. Pero desgraciadamente en América esle ramo esen- 
cialísimo de prosperidad estaba mas desatendido que ningún otro. 
La educación de las mujeres, reducida á la enseñanza de algunas 
artes y labores femeniles , había olvidado las que cultivan yper- 
fecclonan el ingenio , y aquella instrucción mas importante todavía 
que formando y dirigiendo las inclinaciones y costumbres^ las pre- 
para para llenar dignamente en la sociedad las funciones augustas 
d que ha sido destinada pqir el cielo. £1 manejo de la aguja, el gusto 
por el adorno , los innumerables v pueriles artiticios de una coque- 
tería tan perjudicial como insulsa, rara vez la música , el dibujo ó 
el baile , casi nunca la escritura , por temor de correspondencias 
peligrosas : en pimto á religión una cadena de prácticas y menuden- 
cias fáciles , poco dignas de la majestad divina ; y finalmente el 
hábito de una bachillería ociosa y desenvuelta, manantial de escán- 
dalos y chismes; hé aquí lo que de un estremo al otro de las colo- 
nias españolas se enseñaba á las mujeres para disponerlas al difícil 
ministerio de madres y de esposas, a Viciada así la fuente que hu^ 
« biera debido dar ciudadanos útiles á la patria , no sé encontraba 
(( por todas partes en América mas que disipación , falta de eos- 
« tumbres, inacción perezosa, galantería ; y el estranjero instruido 
(( y sensible, al mismo tiempo que hacia justic'a al talento natural 
o y al carácter ameno, franco y hospitalario del hombre americano, 
« se afligía al ver su mísera» condición social.: efecto todo de los 
« principios de política que desde el siglo x\i hablan gobernado 
« aquellas regiones (72). » 

Lástima era en efecto que tan viciado sistema anulase la capazidad 
y buena disposición de los hijos del .pais, cuando por -efecto de una 
y otra hubieran podido cultivar con mui buen éxito las artes y las 



— 5W — 

ciencias. La facilidad coa que[aprendiaa lo poco que se les enseña- 
l)aen las escuelas': el ansia con que se dedicaban á la lectura de los, 
libros estranjeros que podían conseguir á pesar de las probibiciones; 
Y la viva curiosidad con que Inquirían de los viajeros estranjeros 
el estado de la civilización europea, prueban á un tiempo su pers- 
picazia y el deseo ardiente de instrucción, que es síntoma infalible 
de un ingenio claro. Felizmente la opresión no pudo, como no po- 
drá jamas, contrariar perpetuamente el orden de los sucesos ni la 
marcha de la naturaleza ; y por mas que quiso mantener en Amé- 
rica una crasa ignorancia, abríó por sí misma las puertas al saber y 
á la libertad de las colonias. 

Seamos justos diciendo que Garlos IIl no olvidó enteramente á 
sus vasallos de ultramar en las reformas útilísimas que hizo en los 
estudios españoles ; pero los acontecimientos que mas contribuyeron 
á la ilustración de aquellos fueron sus guerras y las de su débil su- 
cesor; las cuales haciendo necesaria y frecuente la comunicación 
con los estranjeros, introdujeron en América libros, ideas y cono- 
cimientos nuevos. Una y otra causa reunidas alteraron sensible- 
mente el método anterior ; y lo que es lOas, formaron prontamente 
y por do quiera una porción de hombres sabios y generosos que di- 
rigieron por mejor camino la educación del Nuevo-Mundo. Esta- 
bleciéronse periódicos eñ que por la primera vez se comunicaron 
al pueblo útiles nociones de ciencias y arles, mejorando así el uso 
de la imprenta, dedicada esclusivamente hasta entonces á la publi- 
cadou de libros místicos y de almanaques zurcidos de patrañas. 

Grande esfuerzo de liberalidad era por parte de los monarcas 
españoles la sola introducción en América del arte tipográfico ; arte 
que según la bellísima espresion de un elegante escritor venezolano, 
« es el cetro de los tiempos modernos, y el que derramando á tor- 
« rentes la luz sobre el universo, lleva la esperanza al esclavo, que- 
« branta sus cadenas f trae los gobiernos á presencia de las na- 
a clones » (T5). Pero aun se hizo mas. Planteáronse en algunos 
lugares sociedades patrióticas á semejanza de las de España : en 
Méjico se estableció un jardín botánico, una academia de nobles 
artes y una escuela de minería en donde se hacia un estudio sólido 
de las matemáticas : en Bogotá se fundó un observatorio astronó- 
mico, único en la América hispana : en Guatemala se abrieron es- 
cuelas de dibujo, y se adoptaron nuevos cursos dé filosofía en la 
universidad : en Quito se introdujeron reformas esenciales en el 



¿(®sa; jtMsoHE® EiíasífEMis©®®. 



plan de c^dios : en Lima desde m\ se fandó él colegio de San 
Carlos^ donde al príncipto^e enseñaba la aritmética^ el álgebra y la 
geometría^ despnes fa física de Nevrton; la anatomía^ la medicina y 
otras ciencias. 

Pero estas mejoras y machas mas que se introdujeron en los es- 
tadios americanos, no fueron por cierto concesiones espontáneas 
del gobierno , el cual no solo se mostró siempre poco dispuesto á 
concederlas, sino que las retiró después en parte á los lugares en 
que las habrá al principio penttitido. Su introducción se debió á 
algunos ctudmlanos americanos y españoles que destinaron parte 
de sus fondos y sus propios conocimientos al santo objeto de pro- 
pagar lasluzes, y al zelo ilustrado y filantrópico de algunas, aunque 
contadas, autoridades políticas y eclesiásticas^ 

Yenezuela , sin embargo, siempre desatendida, no tuvo parte en 
ninguna de estas reformas, sin esceptnar la de la imprenta ; pues 
aunque la introducción de esta fué permitida en los primeros años 
del siglo, quedó el uso sujeto á restricciones y censuras inGnitas; 
por lo que nunca sirvió en tiempo del gobierno colonial sino para 
publicar nauseabundas rnjurias contra la Francia y Bonaparte, é ir- 
ritantes mentiras sobre el estado de la Península. Todo con el fin 
desacordado de mantener la colonia en la ignorancia de 1(js sacesos 
de Europa, sin rcfleiionnr que esa ignorancia debía ser causa de 
desconfianzas é inquietudes peligrosas. Lejos de deber Venezuela 
cosa alguna al gobierno colonial, se le negó por el motivo qne sa- 
bemos la erección déla universidad de Mérida, y también el fundar 
en la de Caracas, en la Guaira y Puerto-Cabello , cátedras de ma- 
temáticas y pilotaje. Gracias á algunos beneméritos hijos del país, 
dignos de eterna y grata memoria, la enseñanza de la medicina se 
mejoró algún tanto, y la música, que es aíicion y embeleso irresis- 
tible del venezolano, se cultivó con mas esmero. Este arle encan- 
tador, ídolo de las almas sensibles y afectuosas, fué, digámoslo así, 
creado en Caracas por el presbítero Don Pedro Sojo : los clérigos 
Rafael Escalcma y Alejandro Echesuria destruyeron el peripato le- 
yendo los primeros cursos de filosofía moderna : los dignos herma- 
nos Luis y Javier Uztáriz, notables por su elevada clase, su instruc- 
ción, y mas larde por su valor y virtudes patrióticas, tcnian en su 
casa una academia privada donde so reunían varios literatos á- cul- 
tivar las buenas letras y las arles liberales ; y el bueno, el afectuoso, 
el sabio doctor José Antonio Montenegro, vicerector del colegio de 



— 400 — 

Sauta Rosa, fomentó las reformas literarias con sos propios trabajos^ 
alentó á la juventud estudiosa con su ejemplo, sus consejos y sus 
escasos bienes de fortuna , teniendo la gloria de coular entre sas 
alumnos y favorecidos á los hombres que hoi dia se distinguen ma& 
en Venezuela por su virtud y por su ciencia. 

Mas entre todos ellos, por su elevada capazidad tanto como, por 
los servicios que hizo á su palria, descollaba el licencido Sanz, ho- 
nor del foro venezolano. Este hombre nació de honrados padres en 
Valencia por los años de ^751, y aplicado desde la edad temprana 
al estudio de la jurisprudencia, hizo en él y en los pocos conoci- 
mientos que entonces se enseñaban tan notables progresos, que muí 
luego llamó la atención y mereció el afecto de'algunos hombres ilus- 
trados que sacrificaban en secreto al numen de las ciencias. Estos 
le proporcionaron cautelosamente la lectura de algunos libros pro- 
hibidos, por cuyo medio llegó en pocos anos á alcanzar un caudal 
de instrucción inmenso para aquel pais y para los tiempos que cor- 
rían, y sin duda alguna muí superior al de la generalidad de sus 
conciudadanos. Conoció entonces lleno- de asombro los admirables 
adelantos que las ciencias físicas, morales y políticas hablan hecho 
en Europa, y midió con no poca aflicción el hondo abismo de igno- 
rancia en que estaba sumido su pais. Desde entonces ya no hubo 
para él mas placqr que el estudio, mas anhelo que la ilustración de 
sus conciudadanos ; y acaso, leyendo á escondidas y en altas horas 
de la noche á Rousseau, á VoUaire y á Raynal, se le ocurrió como 
en sueños la idea confusa y en aquel tiempo quimérica de ver libre 
y dichosa á su patria. 

Ello es que Sanz, dolado de alma fuerte, de claro ingenio y só- 
lida piedad, consiguió cerrar su corazón ¿ las erróneas doctiinas 
morales del siglo xviii al mismo tiempo que abria los senos de su 
vasto entendimiento á todas las verdades que sobre el gobierno y 
los pueblos , sobre el hombre y las sociedades defendieron é ilus- 
traron también Beccaría, Burlamaqui, Montesquieu, Puffendorf y 
otros autores, No menos aficionado á la difícil cuanto necesaria 
ciencia de la ecouomía^política , á las buenas letras y á las artes li- 
berales , nuestro joven letrado meditaba constantemente las teorías 
de Smith ; y en sus raros y cortos ocios descansaba de los estudios 
graves en el regazo de las musas. Sanz, pues^ era jurisconsulto, li- 
terato, filólogo, economista y poeta : tenia lo que es mejor que el 
saber , la honradez, y en grado superior aquel «don precioso del 



— 404 — 

cielo sin el cual valen poco para la felizidad de la vida la ciencia d^l 
^bío y el ingenio del poeta, es a saber, el don de gentes. 

Semejante hombre no podia vivir oscuro, ni aun cuando su mo~ 
destia hubiera sido igual á su mérito ; tanto menos que Sanz sin 
ser orgulloso tenia la noble ambición de distinguirse entre sus con- 
i^iudadanos y la de ser útil á su patria. Lo uno y lo otro consiguió 
plenamente. Varias defensas ruidosas en que lució su habilidad co- 
mo orador y como letrado le ganaron aura popular ; y su honradez, 
sabiduría y compostura, el afecto y confianza de las autoridades. 

No se valió de ellas Sanz para enriquecerse, no ; antes rehusó 
'Constantemente grandes pensiones que como justa recompensa de 
sus servicios se le ofrecieron varias vezes. Uso m^s noble hizo del 
favor que gozaba, obteniendo en beneficio de su pais medidas de 
fomento para el cultivo y comercio de sus ricas producciones : pro- 
moviendo la formación y organización del colegio de abogados, con 
el fin de