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*>• 



jSRIv. 










REVISTA ARGENTINA 



W 



DE 



HISTORIA NATURAL 



PUBLICACIÓN BIMESTRAL 



DIRIJIDA 



Por FLORENTINO AMEGHINO 



TOMO I 



BUENOS AIRES 



JACOBO PEL'SER, EDITOR 

ESQUINA SAN MARTIN Y CANGALLO 



IMPRENTA DE P. E. CONI E HIJOS 

680 - CALLE PERÚ — 680 



1891 






-12L 



5 6J3- 







Tomo I Buenos Aires, Febrero I o de 1891 Entrega 1* 



REVISTA ARGENTINA 



DE 



HISTORIA NATURAL 



Nuestro puesto 

Ha tiempo que se hacía sentir entre nosotros la necesidad 
de una publicación consagrada esclusivamente al conoci- 
miento de la historia natural de la República. 

La Revista argentina de historia natural viene á 
llenar esa necesidad. Publicará trabajos originales y tra- 
tará al mismo tiempo de tener sus lectores al corriente 
de todo lo que se publique, dentro ó fuera del país, re- 
ferente á la historia natural de los países del Plata ó 
que tenga con ella alguna relación. Con ese objeto, y 
para llenar ese programa, las páginas de la revista que- 
dan abiertas á todas las personas que cultivan las cien- 
cias naturales, ó que toman una parte activa en el re- 
conocimiento de nuestro suelo y de sus variadísimos 
productos. 

La Revista argentina de historia natural aparecerá 
por ahora seis veces al año, los dias I o de los meses 
Febrero, Abril, Junio, Agosto, Octubre y Diciembre, en 
cuadernos en 8 o de 64 páginas cuando menos y con gra- 
bados intercalados. 

Del mayor grado de protección que el público ilustrado 
de la República le preste, dependerá el que esta publicación 



/ 



4 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pueda ofrecerá sus favorecedores mayor cantidad de mate- 
rial v numerosas ilustraciones, pero, de cualquier manera, 
v a pesar de los momentos críticos que atravesamos, veni- 
mos á ocupar nuestro puesto decididos á sostenernos en él 

con la tenacidad que se nos conoce. 



Observaciones críticas sobre los caballos fósiles 
de la República Argentina 



: ORKNTINO AMEGHINO 



Las primeras noticias -> >brc las especies extinguidas de caballos 
que en otras épocas habitaron la América del Sud, fueron publica- 
das por Lund, ( >\\t:n y • • rvais. 

Las especies de la República Argentina fueron estudiadas por 
Burmeister, primeramente en los Anales del Museo Público de 
os Aires y luego en una obra especial publicada en 1875 con 
el título de Los caballos siles de la Pampa argentina, con do- 
ble texto, español y alemán, é ilustrada con bellísimas láminas. 

A partir de 1880, he publicado sucesivamente algunas cortas ao- 
ticias sobre distintas espe íes de caballos fósiles, hasta que en I 
en mi obra Los mai \J6siles de la República Argentina, 

paseen revista todas las pecies fósiles de nuestro país hasta en- 
tonces conocidas, aumentando considerablemente el conocimiento 
• Ir alguna - de ellas. 

Simultáneamente con mi obra apare. 'i;! otra del Dr. Burmeister, 
titulada, Los caballos fósiles de I" Pampa argentina, suple- 
mento. Ea como I" indica el titulo una continuación de la que pu- 
blicó en 1875, con el mismo formato, igualmente redactada en 
alemán y en español y acompañada de cuatro hermosas láminas 
añadas. 

En ella examina á la ligera 1"- tipos por mi descritos como nue- 
concluyendo por identificarlos con otros precedentemente 
nocidos. Estas identificaciones no solo me parecen erradas, sino 
que además encuentro que algunas de las especies descritas por 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 5 

Burmeister están igualmente mal identificadas, llevando nombres 
que no les corresponden. 

Propóngome en las siguientes lineas hacer un examen critico de 
la obra de Burmeister únicamente en lo que se refiere de una ma- 
nera más ó menos directa con los tipos por mi descritos, y por él 
rechazados, á mi modo ele ver, sin fundamento, pasando igualmente 
en revista los materiales por él publicados que confirman algunas 
de mis determinaciones. 



Hipiclion angulatus Amegh. 



Hippidion angulatus, Ameghino, Los mamíferos fósiles de la Rep. Arg., p. 520, pl. 

XXVII, fig. 2 y 3, a. 1889. 
Hippidiun principale (Lund) parte, Burmeister. Los caballos fósiles de la Pampa 

Argentina. Suplemento, p. 8 y 9, pl. XI, fig. 5, a. 1889. 



Varias muelas superiores aisladas en las que observé la presen- 
cia de algunos caracteres que faltan en las muelas de las otras es- 
pecies, á lo menos todos reunidos, me condujeron á la conclusión 
de que pertenecían á una especie diferente entonces todavía iné- 
dita, que designé con el nombre de Hippidion angulatus. 

Esas muelas procedían todas de la provincia de Buenos Aires, y 
de la parte media é inferior de la formación pampeana. Burmeis- 
ter, en la obra arriba mencionada, cita algunas muelas particula- 
res procedentes de Tarija, acompañando la descripción y el dibujo 
de una de ellas. La muela dibujada, la encuentro tan idéntica á las 
por mi descritas y figuradas, que me conduce á considerarlas todas 
como procedentes de la misma especie, que se habría así estendido 
en su distribución geográfica, desde la llanura bonaerense hasta la 
montuosa región de Tarija. 

Algunas de las particularidades que distinguen esa muela no pa- 
saron desapercibidas al Dr. Burmeister, pero las considera solo 
como variaciones del Hippidion principalis. Sin embargo, al lado 
de los caracteres por él mencionados, hay otros que le pasaron de- 
sapercibidos, y que concuerdan de una manera tan perfecta con los 
ejemplares recogidos en Buenos Aires, que para mi no dejan duda 
de que tanto la una como las otras pertenecen á una misma espe- 
cie, distinta del H. principalis. 




]•• 



- • ¡rior de- 

Hippidion 

gun dibujo publicado |>or Bur- 



G REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

La muela dibujada por Burmeister (fig. 1), que considera co- 
mo la .uaná superior, tiene absolutamente el mismo tamaño y la 
misma construcción fundamental, que la que he dibujado en la fi- 
gura 3 de la lámina 27 de mi obra (fig. 2), que determiné como 
último premolar, es decir precisamente también la muela cuarta. 

Entre los caracteres que cita Bur 
meister, como notables en esta muela. 
se encuentra la figura irregular de las 
dos isla> de esmalte internas, general- 
mente semilunares, mientras que acá 
son casi angulosas al lado interno; y 
luego la forma igualmente irregular 
del gran pliegue de esmalte interno que 
se dirijo hacia adentro y hacia adelante 
separando los dos Ló'bulos internos de 
la muela. 
Sin embargo, estos caracteres notie- 
Mrll p ara mi gran importancia, p.a- se trata de simples modifica- 
ciones eD los repliegues de las láminas de esmalte, repliegues que 
,„, 5 olo sufren grandes variaciones individuales, sino «pie se mo- 
(llllt , m ,i,. una manera notable a medida «pie avanza la edad. 

Mucha mayor importancia licúen los 
caracteres que el Mi'. Burmeister pasa 
por alto, pero que se distinguen muy 
bien en el excelente dibujo que de di- 
ia muela acompaña. 
Entre '-0. caracteres aparece inme- 
diatamente visible el modo de termi- 
nación en «los punía- casi agudas de la 
capa <!«• esmalte externo que se estien- 
de entre Las tres aristas perpendicula- 
res, como también el mismo modo de 
terminación de la parte externa de la 
btoja do esmalteque constituye el lado externo de las figuras semi- 
lunares, que se Levantan »re la corona formando punía- agudas 
sobresalientes ; do este carácter deriva «'I nombre de //. angulatus, 
con que distinguí la especie. 

La arista perpendicular mediana del Ladoexterno se presenta en 
e ] dibujo, como más alta, <• por Lómenos tan alia como la del borde 
anterior, particularidad que he edado igualmente como caracterís- 




1 Muele cuarta superior ¡/ 
lo del Hipj 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 7 

tica de esta especie, y que no se presenta en el mismo grado en los 
dibujos de las muelas de los H. principalis y H. neogaeus antes 
publicados por Burmeister. 

Las dos aristas perpendiculares anteriores de la muela mencio- 
nada, según el dibujo forman ángulos que se dirijen hacia afuera, 
sin inclinarse hacia adelante, carácter que he mencionado como 
distintivo de esta especie, mientras que en las dos especies arriba 
citadas, las dos aristas forman ángulos más anchos y fuertemente 
inclinados hacia adelante. 

Reconócese por fin sobre el mismo dibujo que la esquina forma- 
da por la arista perpendicular externa posterior es muy comprimi- 
da , casi angulosa, como la he descrito en mi obra, en vez de pre- 
sentarse baja, ancha y redondeada como en las dos especies ya re- 
petidas veces mencionadas. 

No dá Burmeister más figura que la de la superficie masticato- 
ria,, ni dice nada sobre la forma del prisma y terminación de la 
base, pero menciona en cambio otro carácter particular de la co- 
rona, la ausencia de un gran repliegue de esmalte situado sobre 
el borde posterior de la superficie masticatoria detrás del último 
lóbulo, que penetra en ella clirijiéiidose hacia adelante. Este re- 
pliegue falta igualmente en las dos muelas que he dibujado en mi 
obra, aunque no menciono en el texto esta particularidad, preci- 
samente por la razón más arriba espuesta, de que estas variaciones 
en la forma de los repliegues del esmalte, no tiene gran impor- 
tancia. En efecto, en ambas muelas, si no existe el mencionado 
repliegue se encuentra en cambio en la superficie masticatoria del 
lóbulo posterior un pequeño manchón aislado de esmalte que evi- 
dentemente representa su punta interna que quedó aislada por el des- 
gastamiento de la muela. En la figura publicada por Burmeister 
falta hasta este manchón, pero á pesar de eso no puede abrigarse 
duda ele que también existió el repliegue en edad menos avan- 
zada. 

Sin embargo, la circunstancia de que todas estas muelas han 
perdido ese repliegue particular del esmalte que se encuentra en 
las demás especies de Hippidion y en todas las especies del género 
Eq mis } me induce á creer que realmente se trata de un carácter 
específico. El H. angulatus poseía evidentemente dicho repliegue, 
pero desaparecía sin duda por el desgastamiento en edad más tem- 
prana que en las demás especies del mismo género y del género 
Equus. En las muelas por mi publicadas se ven todavía sus vesti- 



8 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

en forma de manchones aislados de esmalte, mientras que en 
la publicada por Burmeister, procedente sin duda de un indivi- 
duo bastante más viejo, desapareció igualmente aquel vestigio. 



Hippliaplus Amegh. 



Ameghino. Bol. (le la Acad. Nac. de Cieñe, t. VIII, p. 98, a. 1885; id.. Los 
raamif. fós. de la Rep. Ai., p. 521, lam. XXIII, fig. 18 y 19, a. 1889. 



Fundó este género sobre una muela aislada procedente de la 

formación terciaria antigua del Paraná, incluyendo en él dos 

.mu'"- <le mandíbulas inferiores procedentes de dos horizon- 

[istintos de la formación pampeana, piezas que representan 

probablemente tres especies diferentes. 

La muela aislada procedente del oligoceno del Paraná, tipo del 
H. entrerianus, la he descrito en el tomo VIII del Bol. de la 
Acad. Nac. de Cieñe, do-cripcion que lie repetido en mi obra Los 
mamíferos fósiles de la República Argentina, dando de ella el 
dibujo visto por la corona y por el lado externo. Esta pieza forma 
piule de Las colecciones del Museo provincial de Entre Rios, eu la 
ciudad del Paraná. 

Los "lio- dos trozos de mandíbulas procedentes de la formación 
pampeana, no lo- he podido describir en detalle ni dibujarlos, por 
formar parte de las colecciones del Museo de La Plata, las <|iie co- 
mo es sabido, no me son accesibles por razones injustificable- de 
partí- de -u dirección . 

-un, pues, la únicamuela que he podido dibujar, estudiary 
describir <-u detalle, <•! Hipphaplus fué un animal cercano de 
J-'<¡iin.> y iii,'i- todavía de Jlippidion. distinguiéndose de ellos |»>i 
algunos caracteres que denotan una evolución poco avanzada, como 
la menor complicación <l< repliegues del esmalte de las muelas 
y el escaso depósito de cemento que las envuelve. 

El Dr. Burmeister, -i i i embargo, fundándose sobre el examen 
de fragmentos «pie le fueron siuninistrados por el Museo de La Pla- 
ta (¡ue se dice son lo- originales de mis descripciones, niega la 
existencia de este género, considerando la- piezas mencionadas 
como procedentes de individuos muy viejo- del Hippidion princi- 
pal] 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 9 

Hé aquí lo que dice al respecto en el texto español de su obra, 
página 8: 

« Al fin debo hablar de algunos pedazos del maxilar inferior con 
las cuatro muelas posteriores, gastadas casi hasta la base del tron- 
co de la muela, faltando en la cara masticatoria las dos revolucio- 
nes del esmalte, que ocupan el centro de cada lóbulo, saliendo de 
la capa de esmalte al lado interno de la muela, en lugar de la cual 
se ve solamente una pequeña mancha central de esmalte en la den- 
tina, mientras que la capa del esmalte está perfecta con un pequeño 
pliegue en medio de cada lóbulo. Se prueba por este objeto que 
me ha sido prestado del Museo provincial de La Plata, que dichas 
revoluciones descienden más angostas y pequeñas hacia abajo, ter- 
minando en punta cónica en el medio de la dentina poco antes que 
el tronco del diente se divida en las raices (1). He examinado bien 
una muela inferior hendiéndola de arriba abajo en dirección lon- 
gitudinal, y he visto la punta del pliegue terminado como he di- 
cho. » 

Debo hacer notar acá, que la parte correspondiente del texto ale- 
mán es bastante más estensa y no concuerda con la parte castella- 
na, discrepando en puntos de importancia, sobre los eme tendré 
ocasión de volver. 

Mi posición es realmente dificil, pues me encuentro en presen- 
cia ele ima verdadera coalision de los directores de los dos princi- 
pales museos del país, dirijicla evidentemente en mi contra, rebus- 
cando los puntos en eme yo pueda haber errado para ponerlos de 
relieve facilitándose mutuamente los materiales necesarios, mien- 
tras eme á mi ni siquiera me es permitido examinar los objetos cjue 
fueron mios y sobre los cjue hice mis primeras determinaciones. 
Sin embargo, no me arredro por eso, pues procedo con la mayor 
buena fó, y asi como no tendré inconvenientes en rectificar los 
errores en eme pueda haber incurrido siempre que me aperciba de 
ellos ó me los demuestren con pruebas irrefutables y no con pala- 
bras ambiguas y razones infundadas, así también sostendré mis 
opiniones con firmeza siempre que las encuentre confirmadas por 
los hechos. 

En el presente caso, no encuentro en el párrafo que he transcri- 
to la prueba evidente de que el Hipphaplus sea idéntico al Hippi- 



« (1) Por estos maxilares de individuos muy viejos el señor Ameghino ha fun- 
dado un género aparte llamándolo Hipphaplus.ú 



10 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

dion; duéleme por otra parte, que Burmeister, para refutar mis 
trabajos, haya recurrido á pedir materiales al Museo de La Plata, 
un establecimiento que es un verdadero maremagnum, un caos, 
por lo que, en lugar de las piezas originales de mis determinacio- 
nes, bien pueden haberle mandado objetos que no tengan con ellas 
la menor relación, como tengo razones para creer que así en efecto 
ha sucedido. 

En la llamada del párrafo transcrito, se limita Burmeister á 
decir que sobre esos maxilares de individuos muy viejos lie fun- 
dado el género Hipphaplus, pero en la nota correspondiente del 
texto alemán dice claramente que esos ejemplares le han sido re- 
mitidos como los originales de mi género Hipphaplus. En la mis- 
ma nota del texto alemán habla de cuatro pedazos, mientras que 
yo nunca he poseido más que dos, un fragmento de mandíbula 
inferior izquierda con las seis últimas muelas, y otro fragmento 
igualmente del lado izquierdo con solo las tres últimas muelas. 
Hay más : en el párrafo transcrito habla Burmeister de « algunos 
pedazos del maxilar inferior con las cuatro muelas posteriores » y 
como de los dos ejemplares por mi determinados, uno tiene la fila 
completa de las seis muelas inferiores, y el otro solo las tres úl- 
timas muelas posteriores, es claro que Burmeister no ha dispues- 
to de los originales de mis descripciones, sino de otros objetos que 
le han remitido como tales. 

Para bien de todos, seria de desear de que no se repitieran ta- 
les confusiones, perOj como no está en mis manos evitarlo, de- 
claro acá una vez por rodas, que, por lo que se refiere á las 
colecciones del Museo de La Plata, solo acepto la responsabili- 
dad de las determinaciones de aquellos objetos que he publicado 
dibujos ó descripciones, porque permiten reconocerlos; en 
cuanto á los demás no me hago responsable de las deter- 
minaciones que los acompañen ni aunque lleven etiquetas 
mías, pues estas I, ¡en pueden haberse mezclado aplicándolas 
liago á objetos completamente distintos de los en ellas indi- 
cados. 

La pretendida identificación de Hipphaplus con Hippidion ba- 
sada sobre piezas comunicadas á Burmeister como los originales 
que me sirvieron de tipo para la fundación del género, y que re- 
sulta no son taleSj es evidentemente prematura, y eso solo me ais- 
pensarla de examinarla más en detalle. 

1 'ero también conviene < ner presente para que á lo menos sirva 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 11 

de precedente, que el autor no debió guiarse por esas piezas sino 
por mis descripciones impresas (Bol. de la Acad., etc., t. VIII, p. 
98) ; entonces hubiera visto que á los objetos por él examinados 
le faltaban los principales caracteres genéricos distintivos del Hip- 
p /tapias y probablemente no lo habría reunido á Hippidion, ó por 
lo menos para hacerlo hubiera esperado tener materiales compro- 
bativos de mayor importancia. 

Tampoco está demás poner de manifiesto que, aún admitiendo 
el caso de que los ejemplares por él examinados fueran realmente 
los que determiné como de Hipphaplus, no aduce ningún hecho 
que pruebe su identidad con Hippidion. 

Salta inmediatamente á la vista, que, para dar una base sólida 
que permitiera al lector juzgar con criterio propio, hubiera de- 
bido acompañar el dibujo de uno de esos fragmentos de mandí- 
bulas considerados como de Hipphaplus, pero no lo ha hecho, 
contentándose con esponer en unas pocas líneas, que la simplici- 
dad de los repliegues del esmalte en las muelas del Hipphaplus es 
porque proceden de individuos muy viejos, en los que desapare- 
cieron las complicaciones ele los pliegues, y que las muelas son en 
realidad del Hippidion principalis en su estado de vejez más 
avanzado. 

Debo también hacer resaltar que, según se desprende del mis- 
mo trabajo de Burmeister, no conoce otra dentadura inferior de 
Hippidion de una edad sumamente avanzada, que la mencionada 
como de Hipphaplus, de manera que falta un término de compa- 
ración, y se desprende como consecuencia lógica que los tales 
fragmentos son atribuidos al Hippidion prtncipalis por una sim- 
ple suposición, que puede quizás ser exacta, pero de la que por lo 
menos no da el autor los fundamentos. ¿Por qué en vez del Hip- 
pidion prtncipalis no procederían más bien del //. neorjaeus ó 
quizás también de una especie de verdadero Equus f 

Es evidente que las muelas de individuos muy viejos de Hippi- 
dion principalis deben haber perdido una parte considerable de 
las complicaciones del esmalte, tomando así una forma parecida 
á las determinadas como de Hipphaplus, pero este desgastamiento 
senil es no solo propio del H. principalis sino también de las de- 
más especies de Hippidion, de las especies del género Equus y 
de todos los demás animales parecidos, de consiguiente el Hippha- 
plus incluso. 

Dice Burmeister que las ondulaciones del esmalte en el centro 



12 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de cada lóbulo, formadas por los dos pliegues entrantes del lado 
interno faltan en las muelas determinadas como de Hipphaplus 
en razón de la edad avanzada del animal de que proceden, pero 
que ellas existieron en la juventud. Sin embargo, es bueno tener 
igualmente presente, que yo no he negado que las muelas del Hip- 
phaplus en mi poder procedan de individuos viejos, puesto que las 
lie reconocido como tales, ni tampoco he afirmado que no pudie- 
ran haber existido en la juventud complicaciones internas del es- 
malte, sino que por el contrario en mi trabajo publicado en el 
Boletín déla Academia Nacional de Ciencias, tomo VIII, página 
98, reconozco que pueden haber existido tales complicaciones, opi- 
nión que vuelvo á repetir en mi última obra. 

Agrega en seguida el autor, que los objetos por él examinados, 
demuestran que las complicaciones de los pliegues de esmalte en- 
trantes del lado interno van estrechándose gradualmente hacia 
abajo hasta terminar en punta aguda, un poco antes que el tronco 
(quiere decir el prisma) del diente se divida en las raices, y que 
para convencerse bien de ello (en el texto alemán) ha partido una 
muela inferior de arriba hacia abajo encontrando la punta del 
pliegue terminada en la forma indicada. 

En realidad pudo el autor evitarse tal trabajo, pues es evidente 
que los pliegues de esmalte que de la periferia penetran en la co- 
rona, por complicados que ellos sean, siempre que se trate de 
muelas radiculadas tienen forzosamente que terminar en la base 
en la forma indicada, esto es, en un pliegue entrante corto y agu- 
do. Este modo de terminación es pues propio no solo de Hippi- 
dion princtpalis, sino también de las demás especies del mismo 
géner<». como también del Hipphaplus, del Equus, del Proto- 
htppuSj del Mesohippus, del Anchiteriurn, del Hipparion y de 
todos los demás animales del mismo grupo; tal carácter no puede 
pues indicar ni identidad, ni separación genérica ó especifica. 
Es debido á esta misma modificación de los pliegues del esmalte 
segunlaedad, que las muelas de los distintos miembros de una 
misma familia natural tornan en la vejez un aspecto parecido, no 
proporcionando ya la mayor ó menor complicación de los pliegues 
de] esmalte ningún carácter distintivo. 

I dedúcese de lo espuesto, que el autor ni na probado que el Hip- 
phaplus sea idéntico al Ilippidiou, ni mucho menos que los ejem- 
plares por ó] examinados pertenezcan al Hippidion princi- 
palis. 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 13 

A mi vez voy á repetir ahora los caracteres genéricos distinti- 
vos del Hipphaplus que lie publicado en el Boletín de la Acade- 
mia Nacional de Ciencias, ampliánclolos como justificativo de mi 
insistencia en su separación genérica. 

Pero, permítaseme antes una corta digresión respecto á la dis- 
tribución geológica de los distintos representantes de la familia 
de los caballos en nuestro país. 

El género Ecjuus no se encuentra en la mitad inferior de la for- 
mación pampeana (pisos ensenadense y belgranense) apareciendo 
recien en su mitad superior (piso bonaerense), vuélvese muy abun- 
dante en la parte más moderna de la formación pampeana (piso 
lujanense), y prolonga por último considerablemente su existen- 
cia después de los tiempos post-pampeanos, en la época cuaterna- 
ria (pisos querandino y platense). 

El género Hippidion es de época más antigua : aparece en la 
base de la formación pampeana (pisos ensenadense y belgranense) 
en donde no hay restos de Equus, y se prolonga hasta la parte su- 
perior de la formación pampeana, en los pisos bonaerense y luja- 
nense, en donde es contemporáneo del caballo, pero no alcanza la 
época cuaternaria, ni se ha encontrado hasta ahora en ninguna 
formación anterior á la base del pampeano. 

El género Hipphaplus, según los pocos restos hasta ahora por 
mi conocidos, aparece en época todavía mucho más antigua, en 
el oligoceno del Paraná, estencliéndose á la parte basal y media 
de la formación pampeana en donde es contemporáneo del Hip- 
pidion, pero se extingue antes que este, pues parece que no se en- 
cuentran sus vestigios en la parte superior de la formación. 

Esta distinta distribución geológica es un dato distintivo de los 
tres géneros de no escasa importancia. 

Veamos ahora los caracteres distintivos del Hipphaplus ya an- 
tes en parte enunciados, los que podrán constatarse por el examen 
del dibujo de la última muela inferior que he publicado en mi 
obra Los mamíferos fósiles de la República Argentina, plan- 
cha XXIII, figuras 18 y 19, que reproduzco en la figura 3. 

El primer carácter distintivo que he mencionado, es la menor 
complicación de los repliegues del esmalte, y aún admitiendo que 
los individuos viejos por mi examinados hayan tenido una mayor 
complicación en la juventud, nunca pudo ser tan considerable 
como en Equus é Hippidion, pues en estos, la complicación re- 
cien desaparece á unos 2 ó 3 milímetros encima de la bifurcación de 



14 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



la raíz, mientras que la muela del Hipphaplus cuyo prisma antes 
de la bifurcación de las raices se estiende próximamente unos dos 
centímetros, carece ya délas mencionadas complicaciones, lo que 
á mi manera de ver demuestra que estas desaparecían antes que 
en Equus é Hippidion por haber sido más superficiales y de con- 
siguiente mucho menos complicadas, como lo indica muy bien la 
figura adjunta de la última muela inferior. Esta muela en Hip- 
pidion y Equus presenta en el ángulo ántero-interno un pliegue 
en a, qué penetra en el lóbulo anterior formando dos ó más re- 
pliegues; este pliegue persiste hasta la edad más avanzada des- 
cendiendo hasta el nivel mismo de las raíces, pero en la muela del 
Hipphaplus figurada aunque todavía le falta 
mucho para que su desgastamiento llegue 
hasta el punto de bifurcación de las rai- 
ya no presenta vestigios de dicho plie- 
gue en la periferia de la muela, mientras que 
en los otros dos géneros su presencia se ma- 
nifiesta inmediatamente por mi surco per- 
pendicular que desciende sobre la misma 
raíz, hasta más abajo de la bifurcación, aun- 
que á veces no es aparente á causa de la espe- 
sa capa de cemento que envuelve las muela-. 
Las raíces, aunque no se conservan ente- 
ras . se conoce eran muy largas y de base com- 
pletamente cerrada, presentando este carácter probablemente en 
grado todavía más elevado que el Hippidion. De este largo délas 
raices y de La menor complicación de los pliegues del esmalte, de- 
duzco que las muelas eran más corta.- que en Equus é Hippidion, 
orona más baja y raices más largas. 
En l.i superficie masticatoria de la muela solo se ven penetrar 
grandes pliegues de '-malte, uno sobre el lado interno h, y el 
otro -obro i 'I externo c, que corresponden á los dos pliegues opues- 
tos que en Equus é Hippidion delimitan el Lóbulo anterior, pero 
con una forma, dirección y aspecto bastante diferente. 

El examen de estos dos pliegues en los tres géneros, demuestra 
con la mayor evidencia que no pueden unirse el uno a] otro. El 
pliegue interno 6, en E7/míís es poco profundo, pero muy ancho, 
formando una curva regular. En Hippidion } el mismo pliegui 
muy pequeño, angosto, casi puntiagudo y poco profundo, i 
sumamente corto. En Hipphaplus, es este pliegue un poco más 




Ultima muela int'e- 
ri'.r izquierda '1^1 Hippha- 
anus Amegh. 
eno 'Id Pai 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



15 




Fig. 4. Ultima muela 
inferior izquierda del 
Hippidion neogaeus, 
Lund. Pampeano de 
Buenos Aires. 



ancho que en Hippidion y notablemente más angosto que en 
Eq mis, pero se distingue de ambos por ser mucho más largo y 
profundo, sin terminar en punta aguda. Es evidente que esto no 
es el resultado del desgastamiento, porque entonces conjuntamen- 
te con el ancho habria disminuido el largo, mientras que este es 
mayor que en individuos jóvenes del género Equus. 

El pliegue externo correspondiente c, es en 
Equus relativamente angosto, pero profundo 
y largo, terminando en punta casi aguda, con 
un pequeño repliegue secundario en su parte 
posterior. En Hippidion el mismo pliegue es 
igualmente profundo, largo y puntiaguda, pero 
un poco más ancho que en Equus y sin el pe- 
queño repliegue que presenta este último en su 
parte posterior. En Hipphaplus este pliegue se 
parece á Hippidion por carecer igualmente del 
pequeño repliegue secundario posterior, pero 
es todavía bastante más ancho que en este úl- 
timo género, no tan largo, y de extremidad redondeada, lo que 
tampoco se puede atribuir á la edad, puesto que avanzando el des- 
gastamiento del diente, el pliegue debería enangostarse y no vol- 
verse más ancho ; se trata pues de diferencias profundas de valor 
verdaderamente genérico . 

La situación respectiva de los dos pliegues 
mencionados tampoco es igual en los tres géne- 
ros, concordando bajo este respecto mucho más 
Hippidion con Equus, que Hipphaplus con 
cualquiera de los dos precedentes. En Equus 
y en Hippidion los dos pliegues se encuentran 
más ó menos á la misma distancia del borde an- 
terior de la muela, y se clirijen al interior de 
la corona en dirección completamente trans- 
versal, de donde resulta que ambos pliegues 
se encuentran perfectamente opuestos el uno al 
otro. No sucede lo mismo en Hipphaplus : aquí 
los dos pliegues se presentan alternados, estando el del lado inter- 
no 6, colocado bastante más adelante que el externo c, de manera 
que el lóbulo anterior es notablemente más ancho sobre el lado 
externo que sobre el interno; el gran pliegue externo c, ancho, 
corto y de extremidad redondeada, penetra en la corona en direc- 




Fig. 5. Ultima muela 
interior izquierda del 
E(juus reotídens, H. 
Gerv. y Amegh. Pam- 
peano de Buenos Aires. 



16 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

cion transversal como en los otros dos géneros, pero el pliegue 
opuesto 6, colocado más adelante, penetra al contrario en la corona 
en dirección oblicua dirijiéndose acentuadamente hacia adentro y 
hacia atrás. 

Inmediatamente detrás de este gran pliegue interno, hay una 
especie de península d. que en Hippidion es muy redondeada, 
poco saliente, pequeña y un poco inclinada hacia atrás. La mis- 
ma península en Equus es mucho más desarrollada, angosta y 
larga, dirijiéndose oblicuamente hacia atrás. En Hipphaplus, 
esta península es tan pronunciada ó quizás más que en Equus, 
pero en vez de dirijirse oblicuamente hacia atrás, avanza oblicua- 
mente hacia adelante en dirección perfectamente opuesta al plie- 
gue entrante 6, de donde resulta que la separación del género Hip- 
phaplus aparece todavía como más justificada que la del género 
Hippidion. 

La capa de esmalte que rodea la muela del Hipphaplus es muy 
gruesa, y forma en la cara anterior de la muela una columna per- 
pendicular bien acentuada, que falta en ]a misma muela de los 
otros dos géneros. Pero el carácter más particular de la capa de 
esmalte, se encuentra en su superficie externa, la que en vez de 
ser lisa como en Equus é Hippidion es fuertemente arrugada, 
con las arrugas dirijidas invariablemente de arriba hacia abajo, 
formando estrias, surcos y pequeñas aristas perpendiculares que 
dan á la superficie del esmalte un aspecto perfectamente caracte- 
rístico. 

Únese á esta particularidad del esmalte, otra no menos notable 
de la cubierta de cemento que la cubre, que es sumamente del- 
gada, y probablemente falta completamente en las muelas de in- 
dividuos algo jóvenes. En las especies del género Equus, la capa 
de cemento que envuélvelas muelas aumenta gradualmente de 
espesor con la edad y -uredo lo mismo con las de Hippidion de 
una malicia todavía más acentuada. En la muela de Hipphaplus 
figurada la capa de cemento falta en gran parte, y cu donde se 
conserva se conoce que formaba una capa muy delgada, distin- 
tivo notable para separai nero de los dos precedentes. Esta 
diferencia es tanto más notable, cuanto que el ancho de las mue- 
la- del Hipphaplus relativamente considerable en proporción del 
largo, es producido, aún en Los mismos individuos viejos por la 
masa de dentina y su envoltura de esmalte, mientras que sucede 
lo contrario en Equus y sobre todo en Hippidion. En este ultimo 



EVOLUCIÓN FILOGENÉTICA DE LOS MAMIFí 17 

genero, las muelas de individuos muy viejos, ya gastadas casi 
hasta cerca de la bifurcación de las raices, son igualmente muy 
anchas, pero este mayor espesor es debido al grueso enorme del 
depósito de cemento que las rodea, diferencia notable con Hip- 
phaplus, que demuestra igualmente su separación genérica. 

Para concluir esta exposición de los caracteres que separan 
Hipphaplus de Equus y de Hippidion, según los escasos r< 
que del primer género conozco, quédame por mencionar una di- 
ferencia notable en el tamaño relativo de algunas de las muelas 
interiores, cuya importancia es igualmente considerable, porque 
también en este caso se desvía más Hipphaplus de los otros dos 
géneros, que estos últimos entre si. En Equus y en Hippidion, 
la primera muela de la mandíbula inferior (p z). tiene próxima- 
mente el mismo largo que la última (m 3), ó es á menudo más 
larga y á veces de una manera considerable, como sucede por 
ejemplo con el Equus stenonis, pero nunca es ella más corta. En 
Hipphaplus sucede precisamente lo contrario; la última muela 
inferior (m r) es considerablemente más larga que la primer;; 
(p 7), diferencia que no permite unirlo á ninguno de los otros dos 
géneros, y que al mismo tiempo demuestra se trata de un tipo de 
evolución poco avanzada, como que también data de época geoló- 
gica bastante más antigua. 

(Continuará i. 



Una rápida ojeada a la evolución filogenética 
de los mamíferos 



POR FLORENTINO AMK'.HINO (1) 



Señoras y señores : 

No hace muchos años, hablar de transformismo, de la evolu- 
ción en el reino animal, era tarea demasiado seria, que debía 

(1) Conferencia dada en el Instituto *'• milico Argentino el 27 de Mayo de 
1889, en ocasión del 10° aniversario de su fundación y publicada en el tomo 10 

REY. ARG. DE HIST. NAT. — T. I ~ 



18 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

abordarse con escesiva cautela, para no chocar con ideas arrai- 
gadas por una enseñanza -ocular, que inculcándolas en el cerebro, 
predisponíanlo por herencia á rechazar toda idea de evolución na- 
tural que por via de filiación hubiera podido producir la distinción 
especifica de los 

Cuand<:> se abordaba este tema, era como sobre ascuas ; todo el 
esfuerzo debía dirijirse á poner de manifiesto los razonamientos 
de distinta naturaleza que demostraban con la evidencia de la 
prueba y de la contraprueba que el transformismo era una reali- 
dad, y que no debía herir nuestros sentimientos, por cuanto siem- 
pre -''lia para La humanidad un timbre de mayor orgullo haberse 
levantado por su esfuerzo del estado salvage primitivo á la altura 
de las civilizaciones modernas — que no el haber aparecido en un 
principio como el tipo de la perfección física y moral, para des- 
cender Luego paulatinamente á un grado de inferioridad que. afor- 
tunadamente todo en la actualidad lo desmiente. No: la huma- 
nidad no ha retrocedido, ha avanzado siguiendo Las Leyes inmu- 
tables de hi evolución, las que tampoco son fatales, como á me- 
nudo se dice, sino sabias, porque son de la naturaleza, (pie nunca 
quivoca; Leyes que nos empujan hacia adelante avanzando 
constantemente, aunque sembrando el camino con los despojos de 
zagados. 

Pasó felizmente esa época. Ya hoy no hay que perder el tiem- 
po ■ ■!! tratar de probar la teoría de la evolución adoptada por todos 
Los naturalistas. Niéganla solo los últimos representantes octoge- 
narios de una brillante pero antigua escuelaqueha llenado am- 
pliamente su misión, > venerando los años de que están cargados 
y los notabilísimos servicios que pregaron á la ciencia, nadie se 
preocupa ya decontestar los alegato- esclusivamente sentimenta- 
les que producen. 

Hoy lo- naturalistas se contraen á reconstruir el gran árbol de 
la vida trazando las linea- de filiación de Las especies, trabajo lento 
y de paciencia que exije múltiples invesl igaciones de earácter muy 
vanado. 

Imposible es dará conocer en una conferencia el sinnúmero de 

del Boletín del Instituto del mismo año. La reimpresión de este trabajo, del que 
aparte, nos ha ?ido pedida por diversas personas, á 1" que 

cuanto que en las páginas del Boletín se han desli- 
n él notables i prenta, que modifica «mpletamente el sentido 

de alguno- ].ai ra 



EVOLUCIÓN FILOGENÉTICA DE LOS MAMÍFEROS 19 

detalles en que reposa la reconstrucción de las lineas de filiación 
filogenética délas especies. Solo voy á ensayar de trazaros en po- 
cas palabras un cuadro de conjunto de la evolución que ha seguido 
en sus grandes lineas la clase délos mamíferos la más elevada, 
de la que forma parte el hombre, y que por lo mismo es la que 
despierta en nosotros mayor interés. 

Pero antes de trazar ese rapidísimo esbozo, deseo recordaros 
cuales son los medios de que se valen los naturalistas para rehacer 
las líneas de filiación de las especies, y citaros luego un ejemplo, 
que os demuestre hasta donde se lleva la minuciosidad de los de- 
talles, en los trabajos de análisis y de síntesis que tienen por objeto 
la reconstitución de los innumerables gajos destrozados y disper- 
sos del incomensurable árbol de la vida. 

Tocios vosotros sabéis que existen tres procedimientos muy dis- 
tintos para restaurar la filiación de los seres, pero que conducen á 
idénticos resultados, sirviéndose de incomparable contraprueba 
unos á otros. 

Consiste el primero en seguir el desarrollo embriológico de los 
individuos de las especies actuales, desarrollo cuyas diferentes 
etapas de desenvolvimiento representan los distintos estadios de 
evolución por los que sucesivamente pasaron en otras épocas sus 
antecesores. El no dá, sin embargo, más que las grandes lineas de 
Ja evolución, desapareciendo la mayor parte de los detalles. 

El segundo, del que soy inventor, ó por lo menos quien lo ha re- 
ducido á fórmulas exactas, consiste en restaurar todas las formas an- 
tecesoras de una especie por medio del cálculo, comparando según 
ciertas regias deducidas de leyes íilogénicas invariables, su orga- 
nización con la de las demás especies del mismo grupo natural. 
Este método, permite descender hasta los más mínimos deta- 
lles. 

El tercer procedimiento es el de buscar en las entrañas de la 
tierra los despojos de los seres que precedieron á los actuales, de- 
terminando sus afinidades y parentesco. Este es el sistema más 
lento y más difícil, porque solo se recogen fragmentos aislad» >< é 
incompletos; pero esos restos, cuando forman series no inter- 
rumpidas que permiten pasar de unas formas á otras formas con 
una concordancia cronológica perfecta, conducen á resultados que 
se imponen por su misma evidencia, proporcionándonos una sa- 
tisfacción que deja ampliamente recompensadas las fatigas y ma- 
los ratos pasados en la recolección de esos despojo-. 



20 RIA'ISTA ARI.INTINA DE HISTORIA NATURAL 

Hé aquí ahora el caso que deseo presentaros como ejemplo de la 
minuciosidad de detalles, y de la base sólida é inconmovible en 
que descansan las línea- de filiación do los mamíferos, que voy á 
Trazaros. 

Habita la llanura argentina un mamífero de todos conocido por 
su excesiva abundancia, la vizcacha, que bajo formas más ó me- 
nos variables fué acá muy común desde el principio de los tiem- 
pos terciarios, de manera que sus despojos abundan en todas las 
capas sedimentarias de origen sub-aéreo, que constituyen el suelo 
de nuestro territorio. Coleccionando esos despojos lie podido dis- 
tinguir cerca de 30 animales parecidos á la vizcacha, de los cuales 
el más pequeño y más antiguó tiene apenas el tamaño de un ra- 
toncito. Entre este representante más antiguo y más pequeño y 
la vizcacha actual, se interponen unas (punce formas distinta- que 
conducen de un modo casi insensible del animal más antiguo al 
más moderno, aumentando gradualmente la talla y modificándose 
los demás caracteres en armonía con el anterior, sucediéndóse en 
orden de antigüedad en la misma forma que la sucesión de su evo- 
lución hacia la vizcacha actual. Es cierto que faltan en esta serie 
alguno- de los intermediarios rehechos por el cálculo, pero ello es 
debido únicamente á que todavía no se han descubierto todas 
formas fósiles que quedaron sepultadas en las entrañas de la 
tierra. 

I ,a otra mitad ele animales fósiles parecidos á la vizcacha desen- 
terrados en el suelo de nuestra pampa, no forman parte de la serie 
que en línea recta nos conduce déla especie más antigua á la, 
actual ; constituyen ramas laterales de un mismo tronco que 
cesaron en su crecimiento sin alcanzar hasta nuestra época. 

I na enseñanza se desprende del estudio de la evolución. Los 
seres que cesando en su desarrollo se volvieron incapaces de nue- 
vas adaptaciones, tampoco permanecieron estacionarios— queda- 
ron atrás paia sucumbir y desaparecer del escenario de la vida 
sin dejar descendientes. 

A.si se han ido sucediendo al través de las edades, unos géne- 
ros a otros géneros, unas especies á "iras especies, las razas á 
otras razas, desapareciendo la> más imperfectas, sustituidas por 
las de evolución más a\ anzada. 

A-i también ha sucedido y sucede con las razas humana- \ las 
sociedades y asi sucederá en lo futuro. La evolucionyel perfec- 
cionamiento no tienen lii n eternos como el tiempo é ilimi- 



EVOLUCIÓN FILOGENETK K LOS MAMÍFEROS VI 

tados como el espacio, lis necesai i o colocarse en sus corrientes é 
ir delante, sopeña de quedar atrás y desaparecer. La lucha en- 
tre las sociedades se ha establecido en el Camino del progreso, y 
en esa ancha yia en que todas tienen que avanzar sobre un mis- 
mo frente, es preciso ir adelante, siempre adelante, sin volver 
nunca la vista, á no ser para apreciar el camino recorrido que nos 
separa de los que nos siguen de más cerca. 



II 



El tipo mas primitivo y de consiguiente el más antiguo de los 
mamíferos, permanece aún desconocido, pero ha sido rehecho por 
medio del cálculo, tomando en cuenta las diferentes particulari- 
dades de organización que distinguen sus representantes actuales. 
Su primera aparición data por lo menos déla última parte ó más 
reciente de los nebulosos tiempos de la época primaria. ó paleo- 
zoica. 

Fué sin duda el primer mamífero un animal de tamaño exce- 
sivamente pequeño y <le organización muy interior, sin especiali- 
zacion de hábitos bien definida; poseía una columna vertebral su- 
mamente larga compuesta de un considerable número de vérte- 
bras todas ellas bicóncavas, de las que una gran parte constituían 
la cola, que era larga y gruesa como la del canguro. 

Los cuatro miembros eran con corta diferencia iguales ó suma- 
mente parecidos, con las extremidades que asentaban en el suelo 
por toda la planta inferior, os de-ir que eran plantigrados, con 
cinco dedos en cada pié, con todos los huesos del carpo y del tarso 
separados y en número completo, y los dos huesos que constitu- 
yen la pierna y el antebrazo, nunca soldados. La espalda tenía 
una cintura escapular completa. La cadera llevaba huesos marsu- 
piales. La cabeza era muy larga, angosta, puntiaguda adelante, 
con mandíbulas estiliformes armadas con una sola lila de nume- 
rosísimos y muy pequeños dientes, todos más ó menos iguales, 
cónicos, puntiagudos y de base abierta. El cuerpo estaba cubierto 
con escamas pequeñas, de naturaleza córnea ó semi-ósea (''imbri- 
cadas en toda su ostensión como las piezas de un tejado. Poseía 
mamas rudimentarias, pero era ovíparo, y se acercaba de una ma- 
nera notable de los reptiles, particularmente de los de un grupo 



22 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

hoy extinguido, designados con el nombre de pelicosaurios, de 
una de cuyas formas fué sin duda el descendiente. Era un mono- 
tremo que diferenciábase de los actuales principalmente por su 
tamaño diminuto y por la presencia de numerosísimos dientes. 

Una primera modificación de este tipo de mamífero reptiloide, 
arcaico y primitivo, que he designado con el nombre de espondi- 
loccelio, verificóse enla conformación «lelas vértebras, que perdie- 
ron la forma bicóncava distintiva délos vertebrados inferiores, vol- 
viéndose., ya planas en ambas caras, ya convexas en una y cóncavas 
en la otra, bifurcándose luego en dos grupos, en uno de los cuales 
atronóse gradualmente la dentadura, aunque conservando en su 
modo de reproducción y en la conformación de los huesos de la es- 
palda su carácter primitivo, constituyendo los monotremós actúa- 
le-, confinados en el continente australiano. 

El otro grupo perdió el carácter de monotremo y convirtióse en 
marsupial. dividiéndose luego á su vez en dos grandes ramas, for- 
mad;! la una por los mamíferos designados con el nombre de ho- 
malodontés y la otra por los (pie llevan el de heterodontes . Los 
homalodontes se distinguen por los dientesque permanecieron se- 
parados, sin unirse para formar dientes compuestos, no presentan- 
do de consiguiente nunca más de una sola raíz, (pie también falta á 
veces, conservando entonces la base constantemente abierta. En 
los representantes de la rama de los heterodontes, los dientes sim- 
ple- reuniéronse al contrario de á dos ó más en uno solo para for- 
mar dientes compuestos con raices múltiples ó separadas, las que 
en algunos casos y en ciertos tipos, desaparecieron a su vez por 
efecto de una evolución secundaria posterior, lomando una falsa 
apariencia de las de liorna lodontes. 

Veamos ahora las más notables modificaciones de estas dos gran- 
de- secciones, empezando por la de los homalodontes que lleva im- 
presa en su conformación profundas huellas de un arcaísmo más 
remoto, bien que -ii estado marsupial haya sido transitorio. 

Una rama de homalodontes, pasó á habitar el elemento liquido 
perdiendo poco á poco los miembros posteriores, y transformán- 
dose los .interiore- en aletas natatorias, constituyendo el grupo de 
"l"- cetáceos, de I"- cuale> los delfines, particularmente algunos gé- 
neros, conservaron con pequeñas desviaciones el tipo primitivo de 
la dentadura, mientras otros perdieron gradualmente los dientes 
hasta constituir los gigantescos desdentados acuáticos conocidos 
con el nombre de ballenas. 



EVOLUCIÓN FILOGENETICA DE LOS MAMÍFEROS 23 

Los demás homaloclontes, continuando en sus hábitos terrestres, 
sufrieron distintas modificaciones y muy variadas adaptaciones. 
En unos disminuyeron las escamas dérmicas, osificándose las 
restantes y trabándose unas á otras en filas regulares hasta consti- 
tuir una coraza : son estos los actuales armadillos ó peludos entre 
los cuales, el que lleva el nombre de priodonte ó mulita gigantesca 
posee un aparato dentario que por el número considerable de sus 
muelas se acerca del primitivo . 

En otra rama, la de los extinguidos gliptodontes, característicos 
de nuestra Pampa, la osificación y soldadura de las escamas unasá 
otras llevada al último límite constituyó una coraza sólida de una 
resistencia inmensa, al mismo tiempo que disminuía en ellos el nú- 
mero de dientes, se sinostisaban los huesos del cráneo aprisionan- 
do el cerebro en una caja ósea compacta que debía impedir su ul- 
terior desarrollo, y soldábanse unas á otras las vértebras formando 
una especie de largo tubo dividido en varias secciones, modifica- 
ciones desfavorables que coincidieron con un aumento extraordi- 
nario en el tamaño, evoluciones producidas por un aumento vege- 
tativo cuyo resultado final fué la desaparición del grupo por exceso 
de desarrollo. 

En los demás homaloclontes primitivos, todos de talla diminuta, 
las escamas dérmicas fuéronse poco á poco atrofiando conjunta- 
mente con el aparato dentario, persistiendo, sin embargo, en algu- 
nos como nos ofrecen ele ello un notable ejemplo los pangolines. 
En la mayor parte de estos antiquísimos eclentados verificóse un 
enorme aumento ele tamaño produciendo los gigantescos gra vi gra- 
dos hoy extinguidos, entre los que sobresale el famoso Megaterio, 
desaparecido como los demás, por causa del mismo desarrollo es- 
traordinario que adquiriera. Otros representantes de esta sección se 
adaptaron á la vida arborícola perdiendo la cola y soldándose la 
mayor parte de las articulaciones de los miembros dándoles la len- 
titud de movimientos que los distingue, son los perezosos, que re- 
presentan entre los mamíferos, los centenarios en la humanidad, 
un tipo decrépito destinado á desaparecer en breve tiempo. 

Pasemos ahora á los heterodontes. 

Los primeros mamíferos de esta sección eran marsupiales de cola 
larga y plantígrados ; conservaban todavía los cinco dedos de cada 
pié, que terminaban en uñas largas, comprimidas y puntiagudas, 
estado particular designado con el nombre de unguiculado. 

Estos primeros unguiculados lieterodontes eran de tamaño su- 



24 REVISTA lRGI NTINA DE HISTORIA NATURAL 

mámente pequeño, compa rabies á lauchitas. Una rama de este gru- 
po volvióse paulatinamente de más en más carnicera, subdividién- 

se en varias agrupaciones secundaria-, prolongándose una de 
ellas hasta nuestros dias, conservando muchos de Los caracteres pri- 
mitivos; es la de los marsupiales carniceros, representados en míes- 
elo por las comadrejas, alguna- «le cuyas especies no son ma- 
yores en lama Th> que una laucha. 

Otra agrupación perdió el estado marsupial, dividiéndose igual- 
mente en ramas secundarias. Unos continuaron persiguiendo su 
en tierra firme, y constituyen los carniceros terrestres cuyo 
tipo culminante de evolución lo representan en nuestra época los 
gatos ó felinos. Otros individuos de aquella agrupación primera, 
persiguiendo de preferencia su presa en el agua, transformáronse 
gradualmente sus miembros en nadaderas, concluyendo porfor- 
mar el grupo de Las focas. < Uros por fin, de instintos no menos fe- 
3, pero demasiado pequeños para defenderse de lo- preceden- 
tes, pusiéronse á salvo refugiándose en las copas de los árboles^ 
arrojándose desde ellas sobre sus débiles presas, los insectos, per- 
siguiéndolos de rama en ¡;ima, ejercicio continuado que dotó sus 
miembros y costados latei 'les de un par de membranas que ser- 
víanles en un principio de paracaidas, y convirtiéronse más tardo 
con el trascurso de numerosos siglos en especiales aparatos de 
locomoción aérea, constituyéndose asi el grupo de los murcié- 
lagos. 

Pero no iodos los unguiculados lieterodontes primitivos busca- 
ron su alimento á espens; de oíros -ero animados; húbolos de 
talla igualmente reducida, que manifestaron una decidida tenden-? 
ci;i hacia un régimen vegetal. Estos no podían engullir su pasiva 
presa de un bocado ; necesitaban arrancar ó corlar su sustento por 
partes sucesivas, de un iodo mayor que á dejarse dividir oponía 
más ó menos resistencia, dando origen á una nueva adaptación que 
se fué manifestando progresivamente por una notabilísima modi- 
ficación en la forma de los dientes anteriores llamados incisivos. 
destinados á separarlo- izos de alimento para lanzarlos en el in- 
terior de la boca en don. -e efectuaba la masticación. Esos dien- 
se volvieron cortan n :omo escoplos y reducidos en número, 
arqueándose y tomando sxcesivo desarrollo en el interior de los 
alvéolos, procurándose in punto de apoyo suficiente á vencer 
la resistencia que á deja -dividir oponían las sustancias de que 
limentaban. Estos animales constituyeron el orden de los ra- 



EVOLUCIÓN FILOGENETICA !■!. LOS MAMÍFEROS 25 

iones ó roedores, propagado sobre casi toda la superficie habitable 

de Ja Tierra. 

Los roedores aunque todos pequeños y de consiguiente débiles, 
pusiéronse fácilmente al abrigo del ataque de los carniceros, gua- 
reciéndose en madrigueras que escavanan con facilidad gracias al 
gran desarrollo de sus bien aceradas uñas; pero otros heterodon^ 
tes unguiculados, en vez de buscar un refugio ocultándose en el 
sonó de la tierra, apelaron á la fuga, lo que produjo una rápida y 
profunda modificación en la organización de sus miembros locomo- 
tores; la uña larga, comprimida y puntiaguda, es un obstáculo á la 
rapidez de la carrera, además de que deja á descubierto y espuesta 
á lastimaduras la parte inferior de los dedos. Las uñas, con la mar- 
cha rápida y continuada se volvieron, más romas, y dando vuelta 
sobre los costados laterales pasaron por debajo envolviendo la es- 
tremidad de cada dedo en una especie de estuche llamado casco ó 
vaso, constituyéndose la gran división de los undulados, que com- 
prende todos los mamíferos de vaso ó pezuña. Los primeros ungu- 
lados fueron plantigrados, pero el estado plantillado que consiste 
en asentar en el suelo con toda la planta del pie. esponé este á las- 
timaduras y constituye un serio obstáculo á la velocidad de la 
marcha. Gradualmente fueron apoyando el peso del cuerpo más 
hacia las extremidades, en donde los vasos impedían las heridas ó 
las atenuaban, y asi progresivamente pasaron del estado plantígra- 
do al digitigrado. Quedaba el número considerable de dedos y arti- 
culaciones, (pie conservaban las extremidades de los miembros de- 
masiado flexibles y espuestas de consiguiente á torsiones y dislo- 
caciones frecuentes que obstaculizaban la velocidad de la carrera. 
Entonces los dos huesos de la pierna y del antebrazo se redujeron 
;i uno solo, ya por medio de la fusión, ya por la desaparición del 
uno seguido de un mayor desarrollo del otro, atrofiándose luego 
algunas articulaciones, soldándose otras, y reduciéndose el número 
de dedos á uno ó dos, formándose miembros locomotores largos, 
delgados, elegantes, refractarios;! las dislocaciones, conformados 
en un todo para alcanzare! máximo de velocidad posible en la ca- 
rrera. Los caballos y los ciervos representan las últimas etapas á 
que ha llegado la evolución en este camino. 

Hubo otros unguiculados primitivos, de régimen omnívoro, que 
trataron de preservarse de los enemigos que los rodeaban, sin ape- 
lar, ni a la fuga ni á la ocultación en la madriguera, recurriendo 
á la astucia. Ahorraron con ella el de-perdido de fuerza empleado 



26 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

en la fuga ó el escavamiento de las madrigueras, laque concentrán- 
dose en una gimnástica intelectual destinada al empleo continuado 
de ardides para ocultarse y despistar á sus enemigos, puso en efi- 
caz acción el cerebro, que adquirió entonces un notable desarrollo, 
primera etapa de superioridad indiscutible sobre los demás seres, 
que estaba destinada á provocar en lo futuro modificaciones de 
mucha mayor trascendencia. Estos mamíferos primitivos, desde 
que renunciaban á atacar otros seres como medio de procurarse el 
alimente", y al empleo de las extremidades de los miembros como 
armas defensivas, no necesitaban las uñas largas, comprimida-, 
puntiagudas y aceradas de sus antepasados, ni tampoco los cas 
ó estuches resistentes que envuelven los dedos de los ungulados : 
las uñas perdieron la forma arqueada y puntiaguda, volviéndose 
rectas, romas y redondeadas, cambiándose de comprimidas en de- 
primidas ó aplastadas, estado intermediario entre el de los ungui- 
culados y el de los ungulados ; constituyen la gran división que 
he designado con el nombre de planungulados. 

Encontraron ellos su mayor seguridad entre las selvas, subién- 
dose á los árboles y recorriendo largas distancias pasando de rama 
en rama, ejercicio que exigíales el empleo tanto de los miembros 
anteriores como de los posteriores, hasta que se convirtieron en 
arborícolos perfectos; los cuatro miembros que antes servían á la 
locomoción terrestre, se encontraron transformados en cuatro ma- 
nos, '--i- es, en cuatro órganos de prehensión destinados á la loco 1 - 
moción arbórea, por loque fueron designados con el nombre de 
cuadrumanos: son los monos. 

Pero otros planungulados, por causas que no es ahora del caso 
averiguar, viéronse confinados en comarcas llanas y desprovistas 
de árboles como nuestras pampas; carecían allí de punios de re- 
fugio y tenían que conliarlo todo á la vista y á la astucia. En la 
llanura, una de las condiciones esenciales á la seguridad indivi- 
dual, es la de poder divisar el enemigo <\r^i\i' lejos. Para observar 
á mayor distancia necesitaban apoyarse sobre sus miembros tra- 
seros que eran plantigrados, irguiéndose sobre ellos lo posible 
para luego tender la vista y escudriñar el horizonte. En este ejer- 
cicio, los miembros posteriores adaptábanse de más en más á la 
sustentación y á la man ; y los anteriores á la prehensión, trans- 
formándose con la succ ion del tiempo la posición horizontal en 
vertical. La vista, dirijida horizontalmente hacia adelante, do- 
minaba el espacio máximo que permitíale abarcar su mayor ele- 



EVOLUCIÓN FILOGENETICA DE LOS MAMÍFEROS 21 

vacion. A su vez el cráneo, en lugar de estar más ó menos sus- 
pendido como se encuentra en la posición horizontal, descansando 
desde entonces sobre una base vertical permitióle un mayor ahorro 
de fuerza, acompañado de un mayor desarrollo cerebral, y un au- 
mento correspondiente en la intensidad intelectual ó pensante en 
detrimento del instinto bruto heredado de sus antepasados. — 
Ese fue el antecesor del hombre. 

Convertidos los miembros posteriores en órganos esclusivos de 
locomoción y los anteriores en órganos de prehensión, al precur- 
sor del hombre ya no le fué posible recoger en el suelo el alimento 
con la boca ; tuvo que alzarlo llevándolo á ella por medio de las 
manos, ejercicio que desarrolló en él la facultad de observación, 
enseñándole que poseia instrumentos admirables que obedecían 
á su voluntad. Empuñó un dia por acaso, una rama, y al mo- 
verla comprendió que poseía un arma ofensiva y defensiva. Otro 
dita arrojó á cierta distancia un objeto que tenía entre las manos, 
una piedra, y descubrió el arma ofensiva por excelencia, el pro- 
yectil arrojadizo, de nuestra época el arma más mortífera. Ma- 
quinalmente golpeó otra vez un guijarro contra otro, partiéndole 
en fragmentos angulosos y cortantes, acaso lastimándose esas ma- 
nos en evolución, aprendiendo en carne propia que esas lajas de 
piedra eran más duras y cortantes que los dientes. Quedaba, 
descubierto el cuchillo, aunque fuera de piedra, el primer ins- 
trumento, el más primitivo y el más útil. 

Esas toscas lajas de pedernal, llamadas cuchillos de piedra, 
fueron para nuestro precursor infinitamente más preciosas que 
lo son para nosotros los instrumentos de metal más perfectos 
y complicados. Mellado el filo de esos primeros y toscos instru- 
mentos, á causa del desgastamiento producido por el uso, quiso 
luego reemplazarlos repitiendo intencionalmente la misma opera- 
ción con el propósito ele obtener "I >¡etos parecidos. Escogió dos 
piedras que le parecieron adecuadas, golpeólas fuertemente la 
una contra la otra, entreabrióse una de ellas y salió un cuchi- 
llo, — pero también del choque saltó de la otra una chispa ilumi- 
nándole el semblante. ¡Había descubierto el fuego, y con esa 
chispa inextinguible prolongada á través de las edades y trans- 
formada en resplandeciente antorcha, alumbra á la humani- 
dad en su camino con rayos luminosos de más en más inten- 
sos. 

Veneremos, señores, esos primen» destellos de la inteligencia 



KEVIS1 NTINA DE HISTORIA NATURA! 

que columbramos allá en la lejana lontananza de remotísimas 
edades! Es la luz que surge del interminable fondo de un pa- 
sado oscuro y misterioso que al abrirnos lentamente sus arca- 

lespide poderosos reílejo.s que avanzan en la sombra inter- 
minable del tiempo descorriendo gradualmente el tupido velo de 

ls tinieblas que encubre el porvenir. 

i Continuará > 



Fhycomyceteae Argentinae 

Pon u. D r Garolu.s Spe<;azzini 

1. Pilobolus cRYSTAi.i.ixus (Wigg.) Tode. — Berl. e1 De Ton. 
in Sacc. S\ II. i'mig. vol. I. prt. I.. I. 185. 
Hab. Vulgatus in limo equino et vacci no in tota república per 
ann. L880-90. 

^. Pilobolus roridis (Blt.) Pus. — Brl. el De Tu.. I. c. 
i. 185. 

Hab. In limo -niño pntrescente prope La Pinta, aut. 1888. 

Obs. Species rara, primo aurantiaca dein hyalina ; sporae el- 
lipsoideae 7-9 3-4,0 ■> i «;ub luco refracta chlorino-ílavidae. 

3. Píloboli s mini ti > SpEfí, — Brl. e1 De Ton.. I. c. !'. 186. 

Hab. In fimo vacci no prope Buenos Aires, La Plata, Corrien- 
tes nec non in Chaco, per ann. 1880-90. 

L. Pilobolus arukntixi Speg. — Brl. e1 De Tn. } l. c. í. L87. 
Hab. In fimo equino, nnica vicio tantum, prope Buenos Aires. 
Mart. 1880. 

5. Pilobolus roseus Spkg. — Brl. e1 De Tn. I. c. í. L87. 
Hab. In limo vacci no pi'ope Buenos Aires e1 equino prope La 

Plata, ann. 1880 e1 1887. 

6. Mucor mucedo l.i\.. - Brl. el De 7'//., 1. c. f. 191. 

//"A. In substantiis oiManicis, praecipue in fungís, putrescenti- 
bus in tota república, per ;nm. L880-90. 
Obs. Genu.s Miu-nr sp<v¡es permultas sistit, sed omnes male v. 



PHYCOMYCETEAE ARGENTINAE 29 

imperfectissime descriptas, et ejusden monograpliia summopere 
necessaria. Varíetates seqüentes nobilioreg mihi adsunt: 

a) Mycelium parcissimum sordide ex albo cinerascens ; ramuli 
sporangiferi erecti sparsi simplices (2-10 mllm. long. x 10-20 \k 
crass.) continui laeves hyalini ; sporangia globosa (50-80 ¡x diam.) 
vix subchlorina, membrana anhista hyalina mox fatiscente crista- 
llis destituía, vestita, columella subovaia (50 \>. long. x 30 \t. 
diam.) intense chlorina donata; sporis ellipticis Litrinque late ro- 
tundatis (7-10 X 4-7 y.) Laevibus eguítu latís hyalinis farota. Oospo- 
rae non visar. 

b) Mycelium gossypinum laxiusculum ex albo hyalinum; ra- 
muli sporangiferi bine inde densiuscule adsurgentes erecti v. vix 
flexuosi (10-20 mil. long. XlO-25 \i crass.) hyalini continui laeves : 
sporangia globosa (50-120 ;j. diam.) pallide olivácea membrana an- 
hista mox diffluente hyalina crista/lis destituía vestita, columella 
globosa v. ovata, basi plus minusve late subtruncato-rotundata 
(40-80x35-00 \j.) hyalina donata, sporis ellipticis utrinque ro- 
tundatis eguttulatis ((3-8x4-5 \j) e hyalino subchlorinis farcta. 
í >osporae globosae (100 ¡a diam.) episporio crasso opaco atro-fuligi- 
neo dense obtuse grosseque colliculoso-tuberculato tectae. 

7. MüCOR PLATENSIS SpEG. (ll. sp.) 

Diag. Hyalino-gossypinus, sporangis globosis olivascenti-caesiis 
muriculatis, sporis globosis hyalinis. 

Hab. In fimo vetusto putrescente Didelphydis eíégantis in syl- 
va prope La Plata, 29 Aug. 1.888. 

Obs. Mycelium álbum v. vix subeinerascens late effusum laxe 
gossypino-tomentosulum, hyphis crebre irregulariterque ramulo- 
sis cylindricis (12-15 ¡j, crass.) hyalinis guttulis oleosis farctis 
efformatum ; ramuli sporangiferi hinc inde densiuscule adsurgen- 
tes erecti recti v. vix flexuosuli teretes (5-30 mil. long. x 10-12 y. 
crass.) simplices continui hyalini laeves ápice non incrassati spo- 
rangium unicum sistentes; sporangia globosa (80-100 \x diam.) 
inferné non v. vix depressa ex oliváceo v. fuligineo caesia, mem- 
brana tenuissima fusco-violascente intus extusque spiculis crista I- 
linis concoloribus minutissimis acutis dense muriculata, mox 
evanescente vestita, columella ex ovato subglobosa basi late 
subtruncato-rotundata v. subumbilicata (60 x 50 <;.) e hyalino 
violascentc donata ; sporae globosae (8-9 ja diam.) laeves eguttu- 
latae hyalinae dense conglobatae. < >osporae non visae. 



30 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

8. MüCOR racemosus Fres. — Brl. et DTn. 1. c. f. 192. 

Hob. In agaricineis quibusdam putrescentibus in sylvula prope 
LaPlata, 17 Maj. 1889. 

Obs. Mycelium parcissimun late vageve serpens sordide álbum; 
ramuli sporangiferi erecti, flexuosuli teretes (2-18 mil. long. X 
x 15 y- crass.) hyalini saepiua 3-5 ramulosi, ramululis adscenden- 
tibus gracilibus (8-10 ;j. crasí.) simplicibus v.rarius bifidis; spo- 
rangia acrogena solitaria inramulis v. ramululis. globosa (20-60 p 
diam.) fusco-olivacea, inferné non v. vix depressa, túnica tenuis- 
sima laevissima f usco-chlorina cristallis destituía mox fatiscente 
vestita, columella hyalina globosa v. inferné vix applanata (12-30 p 
diam.) donata ; sporae ellipsoideae non v. vix subinaequilaterales 
(6-8 X 3,5-5 y.) hyalinae dense eonglobatae. Oosporae non visae. 

9. Piptocephalis arrhiza Vax Tgh. et Le Monn. — Brl. et 
DTn. 1. c. f. 226. 

Hab. In Mucore platensi parásita in sylva prope La Plata, 29 
Aug. 1888. 

06s. Stolones nulli ; hyphae fértiles in illis mucoris hiñe inde 
insititiae, erectae (1.5-4 mllm. long. x 10-15 •). crass.) leniter 
chlorinae, rectae v. vix subflexuosae pluries (5-6) dichotomae, ra- 
muli oranes teretes sensim abbreviati et appropinquati ita utextimi 
apicem unicum tantum bilobum simulent et sporangia geminata 
appareant; sporangia e -loboso subovata (20-40 ¡j. diam.) oliva- 
scentia laevia, túnica tenuissima cristallis destituía mox diffluente 
donata, columella turbinata superne convexa (lO^alt. x8^diam.) 
•iii;i; sporae cylindraceae dense constipatae chlorinae tetra- 
merae (18-25 i* long.), articulismox secedentibus atrinque trun- 
cato-rotundatis (4-6 x 2,5-3 i*) etformatae. Oosporae globosae 
i L5-20 ¡x diam.) hyalinae, dense acuteque spinuloso-muriculatae. 

10. Cystopi - candidi - (Pers.) Lev. — Brl. et DTn. 1. c. E. 234. 
Hab. Vulgatus in foliis vivis Cruciferarum in tota república 

perann. 1880-90. 
Obs. Formae conidicae ^equentes observatae : 
a i Nasturtü bonaerensis in Buenos Aires, La Plata e1 Córdoba. 

b) Nasturtü spec . in Rueños Aires el La Plata. 

c) Erysimi officinalis in Buenos Aires. 

d) Sysimbrii canesce utis in Dolores. 

e) Brassicae napi in La Plata e1 Montevideo 

fi Brassicae nig rae in < órdoba, Buenos Aires el La Plata. 



PHYCOMYCETEAE ARGENTINAE 31 

g) Brassicae oleraceae in Buenos Aires. 
h) Capsellae bursae-pastoris ubique. 
i ) Senebierae pinnattfidae ubique. 
1) Lepidü spwaftm Buenos Aires et La Plata. 
m) Lepidü spec. in La Plata. 
n) Raphani satioi in Chaco et La Plata. 

Forma oogonica in Senebiera pinnatifida tantum prope Teniper_ 
ley et La Plata reperta. 

11. Cystopus spinulosus DBy. —Brl. oí DTn., 1. c. f. 234. 
Hab. In foliis vivís Solivae sessüis in pratis prope La Plata 

aestate 18SS et 1890. 

Obs. Sori amphygeni minuti (1-2 mllm. diam.) erumpentes 
candidi. sparsi v. laxe gregarii, macula nulla v. vix pallescente; 
conidia e globoso cuboidea (24-30 X 20-24 ;j.) hy aliña, túnica te- 
nui vestita catenulata ; oogonia monospora (75-85 ¡¿) ; oosporae 
globosae (55-65 y.) primo fulvae dein fusco-fuligineae, postremo 
fuligineo-atrae opacae, epispono verruculis subspiniformibus mi- 
nutas obtusis densissimis hyalinis armato donatae. 

12. Cystopus portulacae (DC.) Lev. —Brl. et DTn. 1. c. 

f. 335. 
Hab. Vulgatus in foliis vivis Portulacae oleraceae in tota re- 
pública per ann. 1880-90. 

13. Cystopus lepigoni DBy. — Brl. et DTn. 1. c. f. 236. 

Cystopus argentinus Speg. Fung. pat. f. 34. 

Hab. In folii vivis Spergulariae granáis et Spergulariae nia- 
rtnae in uliginosis salatis prope Bahio, Blanca et La Plata, per 
ann. 1886-90. 

Obs. Episporium oosporarum in speciminibus argentinis in ju- 
ventute laeve, ut 1. c. describitur, et per aetatem tantum vix col- 
liculoso-rugulosum sed numquam veré tuberculatum v. spinu- 
losum. 

14. Cystopus bliti (Biv.) DBy. — Brl. et DTn., 1. c. f. 236. 
Hab. Vulgatus in foliis vivis Amaranthacearum in tota repú- 
blica per aun. 1880-90. 

Obs. Formas conidicas tantum sequentes obaervavi : 

a) Atriplicis spec. in Rio Negro. 

b) Amaranthi chlorostachydis ubique* 

c) Amaranthi spec, inaed.j in La Plata. 



32 1STA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

il) Euxoliviridis in Buenos Aires et Montevideo. 

e) Eua ni i muricati ubique. 

/; Scleropi amarcwthoidis m Buenos Aires e1 La Plata. 

g) Gomphrenae pulchellae in Córdoba. 

h) Alternantherae polf/gonoidts in Buenos Aire-. 

Conidia omnia magnitudine subaequalia (10-18 x 15-17 \j.) e 
globoso cuboidea, suprema tantum minore subhemisphaerica; cel- 
lulae básales steriles subphialiformes (50-60 X 10-12 p.) ; oogonía 
non visa. 

15. Cystopus platexsis Speg. (n. sp.) — Fung. Arg. pug. I. 

n. 68 (sub C. cubico), 

Hal>. In foliis vivís Boerhaviae hirsutae prope Buenos Aires 
*0)e1 prope Córdoba (1887). 

06.s. Sori hypophylli macula primo pallescente dein purpura- 
scente cincti, irregulares minuti (1-2 mllm. diani.) sparsi v. bine 
indo laxe gregarii, vix prominuli candidi din epidermide velati, 
dein erumpentes ac pulverulenti ; conidia globoso-cuboidea (20-22 
X 18-20 \i) hyalina catenulata, minute densissimeque punctü- 
Lata (an tantum granuloso farota '.). suprema ovata obtusa ; cellu- 
lae básales steriles obconico^turbinatae (40-45 X 12-15 y.) crasse 
tunicatae pe] aetatem flavescentes. Oosporae ¡gnotae. Species 
praecedenti perafíinis sed coniíüis punctulatis majoribus satis, ut 
videtur, recedens. 

16. Cystopus convolvulacéarum Speg. —Fung. guar. pug. I, 

f. 65, n. 163. 

ll'il). Ad Eolia viva Convolvulacéarum in república tota per 
;inn. 1886-90. 

()bs. Status conidicus adhuc tantum inventus ; formae sequen- 
tes observatae : 

a) Ipomeae acuminatae in Córdoba. 

b) Batatae edulis in Córdoba, Chaco el Corrientes. 

c) Ipomeae gossyptoidis in Corrientes. 
(I) Calonyctüspec, in Buenos Aires. 
e) Calystegiae saepii in La Plata. 

f) Convolvuli Otthonis in La Plata. 
CHLOROSPORA Speg. (n. gen.) 

Char. Mycelium liypboideum dense ramoso-intricatum byali- 
num endogenum haustoriis praeditum; hyphae conidiophorae 
superficiales pinnatim alterni-ramosae; ramuli spinaeformes mo- 



PHYCOMYCETEAE ARGENTINAE 33 

nocarpici ; conidia acrogena Simplicia colorata plasmopara. Oo- 
sporae ignotae . 

17. Chlorospora vastatrix Speg. (n. sp.) 

Diag. Characteres generis ; mycelium candi dum ; ramuli car- 
pophori breviusculi acuti; conidia obovata papillata laevia oli- 
vácea. 

Hab. In bulbis vivis Allii coepae'm hortis prope La Plata, Sept. 
et Oct. 1890. 

Obs. Species perniciosissima; mycelium endogenum per totum 
bulbum serpens, praecipue in partem inferam circa radíeos, macu- 
las primo purpurascentes, dein sordide lateritias, postremo sordide 
oliváceas ac purulento-mucosas efíicíens, e hyalino candidum den- 
sissime ramosum, ramis crebre intricatis tortuoso-intestiníformibus 
(10-12 ¡a crass.) hincinde parce septulatum, protoplasmate hyalino 
dense grosseque oleoso-guttiformi farctum, haustoriis versiformi- 
bus (8-10x5-7 y. crass.) laevibus v. colliculoso-nodulosis plus mi- 
nusve den sis armatum ; ramuli (in cultura tantum evoluti) fértiles 
superficiales densiusculi repentes teretes (10-30 mllm. long. x 
X 8-10 ¡a crass.) septulati plus minusve intricati, alterne disticho- 
ramululosis ; ramululi continui v. rarius 1-pseudoseptati recti erec- 
ti acuti (50-80 X 5-6 ¡j.) monocarpici ; conidia obovata (24-40 X 
X 20-30 \i) superne obtuse rotundata inferné subcuneato-rotun- 
data minuteque papillata, episporio tenui laevissimo, primo hya- 
lino dein chlorino postremo oliváceo v. subfuligineo vestita, 
protoplasmate hyalino nubiloso v. grosse 1-guttulato farcta. In 
germinatione protoplasma ex papilla basali protrudit, ac hypham 
longiusculam gracilem etiam pinnati-ramulosam emittit . Oospo- 
rae ignotae. An potius hyphomycetea mucedinea ? 

18. Basidiophora entospora Rose et Cornu. — Brl. et D 

Tn., 1. c. f. 239 (sub Plasmopara). 

Hab. Vulgata ad hypophyllum Eriger otitis bonaérensis prope 
La Plata, per ann. 1887-90. 

Obs. Genus Basidiophora servandum, ob peculiarem ramorum 
fertilium structuram ab ómnibus Plasmoparis recedentem. Ra- 
muli fértiles 200-250 y. long., basi 14-15 y. crass. , medio 10-12 y. 
crass. , ápice 20 ¡a crass. ; sterigmata 15-25 minuta (10 X 2,5 ¡j.) ; 
conidia globosa v. subovata (28-32 X 24-28 \j.) utrinque papillata. 
Oosporae non visae. 

KEV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 3 



34 REVISTA' ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

19. Plasmopara vitícola (Brk. et Crt.) Brl. et DTn., 1. c. 

f. 239. 

Hab. Ad folia viva Vitis viniferae fere in tota república vulga- 
i i-sima per ann. 1888-90. 

Obs. Conidia adhuc tantum observata ; conidia epapillata ovata 
(25-40 X 14-22 ;jl) hyalina; ramuli prae-extimi subturbinato-in- 
crassati, ramulos 3 (rarius 2) monocarpicos gerentes. 

20. Plasmopara nivea (Ungr.) Schrt. — Brl. et DTn.. I. 

c. f. 240. 

Hab. Ad folia viva Hehosciadii leptophylli, Dauci hispid "ifolü 
et Boiclesiae tenerae in herbosis prope Buenos Aires et La Plata 
per ann. 1881-90. 

Obs. Ramuli ultimi subulati longiusculi (10-20 X 4 ¡x) ápice 
minute noduloso-incrassati (saepe 2 v. 3 lobis), 2 v. 3 conidia, 
gerentes; conidia ovata inferné apiculata (20-36 x 17-26 \l) hya- 
lina. Oosporae ignotae. 

21. Plasmopara halstedii (Frl.) Brls. etDTn., 1. c. f. 242. 
Hab. Ad folia viva Bidentis bipinnatae et Flaveriae contra- 

yervae prope Claypole et La Plata, per ann. 1888-90. 

Obs. Ramuli extimi conico-subulati ápice obtüsi saepius 2-3- 
Qodulosis v. sublobati , conidia 2 v. 3 gerentes ; macroconidia glo- 
bosa non v. vix subellipsoídea (23-26 X 20 ¡a) hyalina interne 
minute papülata ; mícroconidia globosa (14-20 X 12-16 y.) hyalina 
saepius epapillata. Oogonia non visa. 

22. Peronospora viciae (Brk.) DBy.— Brl. etDTn.. 1. c. 1. 845. 
Hab. Ad folia viva Viciae speciei cujusdam in herbosis prope 

La Plata, 24 Nov. 1888.. 

Obs. Conidia ellipsoidea (26-30 x 16-20 ;¿) sordide fumoso- 
hyalina, utrinque late rotundata inferné minutissime papillata ; 
mícroconidia ( saepe adsunt ellipsoidea non v. leniter inaequilate- 
ralia utrinque obtusiuscula (6-10 X 4-6 \>.) biguttulata hyalina. 

23. Peronospora alsinearüm Casp.— i?W. et DTn., 1. c. f . 2 16 
Hab. A<1 Eolia atque inlloresccntias Cerastü vulgati in tota fe- 
publica communis, per ann. 1880-9Q. 

Obs. Conidia ovata (26-30 X 15-20 \k) hyalina interne minutis- 
sime papillata. Oogonia non visa. 

24. Peronospora Artiii ri Farlw.— Brl. et DTn., 1. c. f. 248. 



PHYCOMYCETEAE ARGENTINAE 35 

Hab. Ad folia viva Oenotevae lonfjiflorae in clumetis prope La 
Plata, 19 Nov. 1890. 

Obs. Tota cinerascens laxe araneoso-pubescens ; hyphae coni- 
cliiferae erectae (250-350 x 10 y.) irregulariter parceque alterni- 
ramosae ; ramuli 2-v. 3 clichotomi, ramululis extimis divaricatis 
longiusculis (12-20 x 2-3 ¡j.) subsigmoideó-flexuosis a cutis mono- 
carpici ; conidia ex ellipsoideo ovata (20-30 X 18-20 jj.) nubiloso- 
farcta, non v. vix apiculata, episporio laevi chlorino-subviola- 
scente vestita. Oosporae non inventae. 

25. Peronospora parasítica (Prs.) DBy. — Brl. et D.Tn., 

1. c. f. 249. 
Hab. Ad folia viva Cruciferarum vulgata in tota república per 
ann. 1880-90. 

Obs. Formae conidicae sequentes adhuc tantum observatae: 

a) Rhaphani sativi. 

b) Sinapis arvensis. 

c) Lepidii spicati. 

d) Senebierae pinnattfidae. 

Conidia ovato-ellipsoidea (24-32 X 18-22 \¡) hyalina minutissi- 
me apiculata. Oosporae desideratae. 

26. Peronospora ficariae Tul. — Brl. et DTn., I. c. í. 251. 
Hab. Ad folia caulesque vivos Casaleae (Ranunculi) bonaeren- 

sis rarissime in uliginosis prope La Plata, 26 Oct. 1890. 

Obs. Tenuissima sparsa araneoso-pulverulenta hyalino-subcine- 
rascens ; hyphae conidiiferae (100-150 long. X 10 ¡a crass.) pluries 
(5 v. 6) dichotomae ; ramuli extimi divaricati saepius arcuati, ob- 
tusi monocarpici, ; conidia ellipsoidea non v. vix subovata (30-35 
X 20-25 ;¿) minute apiculata, episporio laevi sordide fus'cescente 
vestita. Oosporae non visae. An melius P. myosuri Fuk.? 

27. Perospora trifoliorum DBy. — Brl. et DTn., 1. c. f. 252. 
Hab. Ad folia viva Medicagim's denticulatae et Trifolii poly- 

morphtin pratis prope La Plata rarissime per ann. 1888 et 1890. 
Obs. Conidia e globoso ellipsoidea (20-28 X 15-24 ¡a) non v. vix 
minutissime papíllulata episporio dilute fuscescenti-violascente. 
Oosporae non inventae. 

28. Peronospora valerianellae. Fk. ? — Brl. et DTn., 1. 

c. f. 253. 



36 REVISTA ARGENTINA PE HISTORIA NATURAL 

Hab. Ad folia viva Phyllactidis salicariaefohae en la Boca 
del Riachuelo, Aug. 1880. 

Obs. Species rarissima semel tantum inventa ; specimina mi- 
nuta ac subdepauperata ergo subdubia. 

29. Peronospora effusa (Grev.) Rbh. — Brl. et DTn., 1. c. 

f. 256. 

Hab. Ad folia viva Chenopodü muralis vulgatissima in tota 
república per annis 1880-90, et in foliis Spinaciae oleraceae in 
La Plata, Oct. 1886. 

Obs. Conidia ellipsoideo-ovoidea (30-32x18-20 ¡j.) hyalina mi- 
nute apiculata ; oosporae (rarissimae) globosae (30 y. diam.) leni- 
ter ruguloso-colliculosae rufo-fuscae. 

30. Peronospora rumicis Cda. — Brls. et DTn., 1. c. f. 362. 
Hab. Ad folia viva Polygoni avicular is in herbosis prope *S. 

José de Flores, 2 Nov. 1888. 

Obs. Hyphae eonidiiferae erectae (200-300 X 10-15 y.) sursum 
parce alterne ramosae ; ramuli pluries (3-4) dichotomi; ramululi 
extimi breves crassi obtusi arcuatuli monocarpici ; conidia ovoi 
dea (30-35 x 15-16 ¡¿) minute apiculata fumoso-chlorina. Oospo- 
rae non inventae. 

31. Peronospora australis Speg. — Brls. etDTn.,\. c.f. 260. 
Hab. Ad folia viva Cyclantherac histricis in nemorosis prope 

Buenos Aires (1880) et prope Colonia Resistencia in Chaco 
(1886). 

Obs. Species, ut videtur, rarissima facile cum P. cubensi iden- 
fcica ; specimina ejusdem speciei benevole mihi missa ad compa- 
randum admodum vestuta ac subobliterata, synonimia tándem 
adhuc dubiosa. 

32. Peronospora nicotianae Speg. (n. sp.) 

Diag. Calotheca pulverulenta cinerascens ; ramuli fértiles 5-6 
dichotomi, ramululi- extimis gracilibus monocarpicis; conidia 
ellipsoidea apiculata subí uscescentia ; oosporae globosae areolatae 
[uligineae. 

Hab. Ad folia viva Nicotianae lonr/iflorae in nemorosis Pa- 
lermo vocatis prope Buenos Aires, 17 Dec. 1888. 

Obs. Pulvinuli hypophylli macula flavescenti-pallescente tm- 
phygena insidentes^ araneoso-pulverulenti laxi tenerrimi detersi- 
Les Bordide subeinerascentes ; hyphae [eonidiiferae erectae molliu- 



PHYCOMYCETEAE ARGENTINAE 37 

sculae (250-500 ¡j. long.x 10-12 ¡j. crass.) deorsum vix incrassatulae, 
in dimidia parte infera (190-250 \j. long.) simplices, in supera cc~ 
rymboso-ramosae, pluries (6-7) diehotomae, ramululis extimis 
longiusculis (15-18 X 2-3 \x) divaricato-patentibus, arcuatis v. 
subsigmoideis, ápice obtusiusculis monocarpicis ; conidia ellipsoi- 
dea v. ovoidea non v. vix apiculata (18-20 X 9-11 ¡j,), episporio 
tenui laevi, fumoso (an violascente ?) tecta, protoplasmate nubi- 
loso hyalino farcta. Oogonia globoso -angulosa (80-100 [/. diam.) 
túnica crassa hyalina, oosporam unicam globosam (50-80 \x diam.), 
episporio eleganter denseque areolato fulvo-fuligineo subopaco 
tectam gerentia. 

33. Peronospora alta Fuck. —Brls. et DTn., 1, c. f. 265. 
Hab. Ad folia viva Plantaginis mqjorts et Pl. myosuri in 

pratis prope La Plata, Oct., Nov. 1890. 

Obs. Species rara; conidia ellipsoideo-ovoidea (25-30 X 20-25 ¡j.) 
non v. vix apiculata, episporio laevi fuscescente tecta ; microconi- 
dia globosa (14-15 ¡j. diam.) etiam subfuscidula saepe adsunt. Oo- 
sporae non visae. 

34. Empusa muscae (Fr.) Cohn. — Brl. et DTn., 1. c, f. 285. 
Hab. Ubique in tota república vulgatissima tempore autumnali 

ad corpora Muscae domesticae per ann. 1880-90. 

35. Synchytrium taraxaci DBy. — Brl. et DTn., 1. c. f. 291. 
Hab. Ad folia viva Hedypnois craeticae et Hypochaeridis 

brasiliensis vulgata prope Buenos Aires et La Plata per ann. 
1880-90. 

Obs. In Picrosia longiíolia formam, forsan ejusdem immatu- 
ram, observavi. 

36. Synchytrium bonaerense Speg. — Brl. et DTn., 1. c. f. 293. 
Hab. Acl folia viva Hydrocotylis bonaerenses in uliginosís 

prope Buenos Aires et La Plata, per ann. 1880-90. 

37. Synchytrium australe Speg.— Brl. etDTn., 1. c. f. 293. 
Hab. Ad folia et caules vivos Modiolae prostratae in herbosis 

prope Buenos Aires et La Plata, rarum per ann. 1880-90. 

38. Protomyces vagabundus Speg. (n. sp.) 

Diay. Acervuli sparsi cinnamomei ; sporae conglobatae sphae- 
roideae grosse colliculoso-undulatae, fuligineae. 

Hab. Ad caules vivos Medicayinis denticulatae et Adesmiae 
punctatae in herbosis prope La Plata, veré 1890. 



38 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Obs. Acervuli caulini v. petiolicoli, sparsi v. hiñe inde parce 
aggregati. minuti fl-1.5 mil. diam.) prominuli compacti, epider- 
mide velati, in vivo obscure cinnamomei, in sicco subnigrescen- 
tes ; sporae densissinie constipatae sphaeroideae (100-150 ;j. diam.) 
episporio crasso laxe grosseque colliculoso-undulato fusco-fuligi- 
neo fere opaco tectae, protopíasmate hyalino nubiloso-grariuloso 
farctae. An status oogonicus Peronosporae cujusdam? 



Los Plagiaulacídeos argentinos y sus relaciones 
zoológicas, geológicas y geográficas (1) 

Poi: Flosjentino A.meghino 

Designase con el nombre de plagiaulacídeos, un grupo de ma- 
míferos extinguidos cuyos representantes conocidos son casi to- 
dos de tamaño excesivamente pequeño, pero de caracteres lan 
particulares, que hasta ahora no han podido encontrar colocación 
de una manera definitiva en el cuadro de nuestras clasificación 
aes. 

A pesar de su pequenez y del estado fragmentario é incompleto 
en que se encuentran sus vestigios, estos seres desaparecidos des- 
pertaron desde un principio la atención de los naturalistas provo- 
cando notables discusiones, como las que se trabaron entre Owen, 
Flower y Falconer al queref esplicar por la conformación del 
3istema dentario el régimen de alimento de Los géneros Plagiaw- 
laa y Thylacoleo. 

El número de representantes de este grupo, en un principio muy 
limitado, ha ido aumentando progresivamente, sin que por eso 
disminuya el interés que desde un principio despertaron ; por el 
contrario, «'-I ha aumentado considerablemente y en la actualidad 
su estudio preocupa preferentemente á los sabios de Inglaterra, 
Francia y Norte América, que se encuentran casi iodos en desa- 
cuerdo respecto á las afinidades de tan extraños animales. 

La remoia antigüedad de sus representantes, como que se i rata 

(1) Del Boletín del Instituí G irgcntino, tomo XI. p. L43 y sig. 

1890. 



LOS PLAGIAULACÍDEOS ARGENTINOS 39 

de los más antiguos mamíferos que hasta ahora se conocen,, jus- 
tifica la importancia que á su estudio se atribuye, puesto que su 
conocimiento se liga á cuestiones filogénicas sobre las afinidades y 
origen de los mamíferos en general, su primera aparición sobre 
la superficie de la tierra y las diferentes evoluciones que esperi- 
mentaron, mientras que su en apariencia caprichosa distribución 
geográfica plantea el problema de la forma y estension que debie- 
ron tener los continentes en las épocas pasadas. 

Con el descubrimiento que se ha hecho en estos últimos años, 
de las antiquísimas faunas mamalógicas que unas á otras se han 
sucedido en la República Argentina, se ha hecho también el ines- 
perado hallazgo en nuestra tierra, de varios representantes de ese 
antiquísimo y enigmático grupo, y ellos vienen á proporcionar 
una luz poderosa é indispensable para el conocimiento de sus ver- 
daderas afinidades; pero, antes de entrar al respecto en más por- 
menores, me es necesario trazar una breve reseña histórica del 
descubrimiento de los representantes conocidos de las otras re- 
giones acompañada de un resumen sinóptico de sus principales 
caracteres distintivos. 

Reseña histórica. — Los primeros vestigios de plagiaulacídeos 
fueron encontrados en Alemania en los alrededores de Stuttgart, 
por el profesor Plieninger en 1847. En un principio no recogió 
más que una muela sumamente pequeña con la corona rodeada 
por una serie periférica de conos poco pronunciados, dispuestos 
en dos filas longitudinales, y provista de dos raices distintas, por 
lo que supuso procedía de un insectívoro que designó con el nom- 
bre de M icr o lestes ; más tarde, recogió otros ejemplares pareci- 
dos procedentes todos de la formación triásica superior. Puede 
juzgarse de la acogida de incredulidad que tuvo la noticia del ha- 
llazgo de un mamífero en esa formación, si se recuerda que los 
restos fósiles más antiguos de esta clase entonces conocidos, pro- 
cedían de la base del terciario, escepcion hecha de algunos frag- 
mentos incompletos encontrados en el primer cuarto de este siglo, 
en el célebre yacimiento de Stonesíield, pero cuya verdadera na- 
turaleza quedó por muchos años un problema, puesto que natu- 
ralistas de la autoridad de Blainville negaban que procedieran 
de mamíferos. 

En 1854, Charleswort, describió algunos dientes proceden- 
tes déla formación oolítica de Inglaterra, parecidos á los de Stutt- 
gart, pero con tres filas de conos en vez de dos, atribuyéndolos 



40 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

igualmente á un mamífero al que aplicó el nombre de Stereo- 
gnathus. 

Recien pudo interpretarse la verdadera significación de aquellos 
restos incompletos y aislados, en 1857, en cuyo año el profesor 
Falconer, describió bajo el nombre de Plagiaulax algunas ra- 
mas de mandíbulas inferiores de pequeños mamíferos del tamaño 
de ratoncitos, procedentes de la formación jurásica superior de 
Inglaterra. El aparato dentario de estas mandíbulas era de un tipo 
puede decirse hasta entonces desconocido ; estaban armadas ade- 
lante con un solo diente muy grande, por sus dimensiones com- 
parable al de un incisivo de roedor, pero punteagudo como el ca- 
nino de un carnicero; á este diente, siguen hacia atrás tres ó cua- 
tro premolares según las especies, que aumentan progresivamente 
de tamaño del primero que es muy pequeño al último que es muy 
grande, presentando la particularidad de tener la corona cruzada 
oblicuamente en toda su estension por aristas y surcos profundos 
paralelos. Detrás del último premolar vienen dos muelas peque- 
ñas, con la corona armada de dos filas longitudinales de conos ó 
tubérculos separados por un surco ó depresión longitudinal como 
en el género Alteróles tes, de donde dedujo Falconer que ambos 
animales eran muy parecidos, y, que probablemente eran marsu- 
piales más ó menos cercanos de los canguros actuales, especial- 
mente del género Hypsiprymríus. 

En 1868 el profesor Fr a as, describió una muela superior proce- 
dente del triásico de los alrededores del Strasburgo en Alemania, 
de un animal cercano del Plagiaulax al que dio el nombre de 
Trtglyphus; la corona de esta muela, se distinguía por presentar 
en vez de dos, tres lilas longitudinales de tubérculos separados 
por dos surcos. 

En 1871, Owen, en una memoria magistral sobre los mamífe- 
ros mesozoicos, pasa en revista todos estos géneros, agregando 
uno nuevo procedente del horizonte jurásico de Inglaterra, al que 
aplicó el nombre de Bolodon, cuyas muelas superiores se disi i li- 
guen por presentar en la corona dos lilas longitudinales de tubér- 
culos -'•parada- por un gran surco, y por poseer un acentuado re- 
borde basa! sobre el costado externo. 

Hasta ese entonces, todos los descubrimientos de restos de ani- 
males de este grupo habíanse efectuado en Europa; grande fué 
pues la sorpresa de los paleontólogos, cuando en 1879, el profesor 
Marsh dio á conocer bajo el nombro de Cíenacodo/i, una forma 



LOS PLAGIAULACÍDEOS ARGENTINOS 41 

aliada del Plagiaulax, pero procedente del jurásico de los Estados 
Unidos. El Ctenacodon tiene la misma fórmula dentaria que el 
Plagiaulax minor (Plioprion Cope), pero los premolares carecen 
de surcos y aristas oblicuas trasversales en la corona, ó apenas 
están indicadas sobre el borde cortante. 

Igual sorpresa produjo la descripción del género Neoplagiaulax 
hecha por el profesor Lemoine en 1881-83, sobre restos encontra- 
dos en el norte de Francia en las cercanías de Reims, pero en ter- 
renos mucho más modernos, pertenecientes al eoceno inferior, 
mientras que todos los restos precedentemente recogidos proce- 
dían de los terrenos secundarios. El Neoplagiaulax se distingue 
del Plagiaulax por no poseer más que un solo premolar, el cuar- 
to, pero de tamaño enorme y profundamente rayado en dirección 
oblicua perpendicular sobre los costados laterales de la corona que 
termina en un borde comprimido y cortante. 

En el mismo año (1881) el profesor Cope describe con el nom- 
bre de Ptilodus un nuevo género de Norte-América, procedente 
igualmente de la base del eoceno y muy parecido al Neoplagiau- 
lax, del que se distingue por la presencia de un pequeñísimo pre- 
molar adelante del premolar cuarto ; y el profesor Marsh da á 
conocer el nuevo género Allodon del jurásico superior del mismo 
continente como el Ctenacodon. 

Al año siguiente (1882) Cope agrega el nuevo género Polymas- 
todon de la base del eoceno de Norte América, luego (1883) el 
género Chirox de la misma formación, descubre el género hasta 
entonces europeo Neoplagiaulax en los mismos yacimientos, y 
por último en 1884 un género nuevo en terrenos algo más anti- 
guos, referibles al cretáceo superior, al que designa con el nombre 
de Meniscoessus . 

Finalmente, en el mismo año, el profesor Owen, decano de los 
paleontólogos, describe el género Tritylodon, procedente del triá- 
sico superior del África austral, con muelas superiores provistas 
de tres filas de tubérculos ; este género ha sido últimamente iden- 
tificado con el Triglyphus, pero como este último nombre ya ha- 
bía sido anteriormente aplicado á un género de dípteros, se ha 
adoptado el nombre que le ha aplicado Owen. 

Desde entonces no se han descubierto nuevos géneros, pero sí 
muchos materiales que complementan el conocimiento de los ya 
descriptos y aumentan el número de especies. 

Según el catálogo de los mamíferos fósiles del Museo Británico 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



redactado por Lydekker y los resultados de la reciente monogra- 
fía de los mamíferos mesozoicos publicada por Osborn, los men- 
cionados géneros y los que se han formado por segregación de al- 
gunas de sus especies, se agrupan en cuatro familias diferentes 
que Osborn define en estos términos: 



1. Plagiaulacidae :.'. l', : < : <>idida<j 



Un solo incisivo 
inferior. Premolares 
superiores é inferio- 
res desarrollados en 
forma de hoja cor- 
tante. Muelas supe- 
riores con tres filas 
Longitudinales para- 
lelas de tubérculos. 
Muelas inferiores 
• liii tubérculos irre- 
gulares. 

Colocan en esta fa- 
milia los géneros 
Plagiaulax, PUo- 
prion, Ctenacodon, 
Neoplagiaula v, Pti- 
lodus y Liotomus. 
OsnoiiNiíiclnyetani- 
bien el género M¿- 
crolestes, \.\ dekker 
ai contrario 1" i o 
en lo- Bolodontidae 



Dos ó tres incisi- 
vo- -uperiores tuber- 
culares. Molares su- 
periores con dos filas 
longitudinales de tu- 
bérculos cónicos. 



3. Tritylodontidae ¿.Polymastodontidae 



Colocan en esta 
familia los géneros 
Bolodon, Allodon, y 
con dudas el género 
Chirox. 



Dos incisivos su- 
periores. Premola- 
res superiores tuber- 
culares. Molares su- 
periores con tres filas 
paralelas de tubér- 
culos cónicos. 



Comprende el géne- 
ro Tritylodon y Ly- 
dekker coloca en la 
misma el género 
Stereognathus. 



\^\i solo incisivo 
inferior. Sin premo- 
lares superiore- y 
un solo premolar 
simple en la mandí- 
bula inferior. Di is 
muelas en cada man- 
díbula. Tres filas de 
tubérculos aplasta- 
dos en las muelas 
superiores, y dos filas 
en las inferiores. 

Comprende un «'<- 
lo género, el Poly- 
mastodnp. 



La determinación de estas cuatro familias y aún la validez de 
algún género seria susceptible de una larga crítica, que qo es esta 
para mi ocasión oportuna de emprender, más eso no impide que 
condense en algunas lineas las principales objeciones que me me- 
rece. 

La forma de muelas -uperiores atribuidas al Plagiaulax es una 
suposición basada cu la analogía con Neoplagiaulax, y como re- 
sultado de esta suposición se ha separado el Bolodon como tipo 
<le una familia distinta . Para mí la familia délos Bolodontidae 
es puramente nominal. Ninguna de las razones que aduce < >sh<>rn 
me convence de lo contrario. Aún creo más, que Bolodon y Pla- 
giaulax (Plioprion inclii^o) son un mismo género lomado este en 
una lata acepción. Del mismo modo, el maxilar de Allodon pr<? 
1-1 dería de un animal parecido á Ctenacodon. En cambio el Neo- 
plagiaulaa sería para mi <•! tipo do una familia distinta en la que 



LOS PLAGIAULACÍDEOS ARGENTINOS 43 

tomarían igualmente colocación Liotomus y Ptilodus. Solo me 
convenceré de lo contrario cuando se encuentre el maxilar supe- 
rior de Plagiaulax con las muelas provistas de una triple fila de 
tubérculos, ó la mandíbula inferior de Bolodon con una forma 
muy distinta de la que muestra en Plagiaulax y Pliopvion. 

Los plagiaulacideos argentinos. — Los plagiaulacídeos en la 
República Argentina fueron descubiertos por mi hermano Car- 
los Ameghino en el interior de la Patagonia austral sobre las bar- 
rancas del rio Santa Cruz, durante los meses de Febrero á Abril 
de 1887, y dados á conocer por mí. primeramente en forma de 
cortas diagnosis en el mes de Diciembre del mismo año (1) y luego 
con más detalles y figuras en mi obra Los mamíferos fósiles de 
la República Argentina. En el tercer viaje que acaba de reali- 
zar en los meses de Noviembre de 1889 á Mayo del presente año, 
del Chubut á Santa Cruz al través del interior de la Patagonia (2) 
ha descubierto nuevos restos que complementan el conocimiento 
de los géneros ya conocidos, conjuntamente con algunos represen- 
tantes completamente nuevos, materiales que serán más tarde 
descritos detalladamente en una monografía especial. Prece- 
dentemente se habían encontrado algunos vestigios de animales 
de este grupo, pero no fué conocida su naturaleza ó fueron mal in- 
terpretados. • 

Los restos que hasta ahora llevo determinados se distribuyen 
en siete géneros, todos completamente distintos de los de Europa, 
África y Norte América, que he designado con los nombres de 
Abderites, AcdestiSj Epanorthus, Dipilus, Piclupilus, Tideus y 
Macropristis, de los que voy á dar una rápida descripción que me 
permita luego compararlos á los que se han descubierto en los otros 
continentes. 

Abderites (3). — El más notable de todos esos géneros es el 
A bderites, representado hasta ahora por una sola especie, el A. 
meridional ¿s, cuyo tamaño no era mayor que el de una rata. 

La mandíbula inferior es alargada y parecida en su conforma- 

(1) Enumeración sistemática de las especies de mamíferos fósiles colecciono dos 
por Carlos Ameghino <■/< ios terrenos eocenos de la Patarjonia austral. Páginas 
5 y 6, N° 1 á 8, 1887. 

(2) Véase la relación de los dos primeros viajes en este mismo Boletín, tomo 
XI, página 3 y siguientes. Actualmente realiza una cuarta exploración á las mismas 
regiones. 

(3) Enumeración sistemática, página 5, V 1. 1887.— Contribución al conocimiento 
de los mamíferos fósiles argentinos, página 269, plancha I, figura 6 á 8, año 1889. 



44 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

cion general á la del género actual de Australia Hypsiprymnus. 
Posee una rama externa del canal alveolar que se abre en la base 
de la rama ascendente detrás de la última muela, y otra pequeña 
perforación en el fondo de la fosa masetérica, que es muy profunda. 

Pero lo más singular es el aparato dentario, pues difiere profun- 
damente de todo lo que se conoce en los otros plagiaulacideos. 
Presenta adelante un incisivo rodentiforme muy grande y más ó 
menos parecido al de los demás géneros argentinos del mismo 
grupo. Detrás de este incisivo, en todos los ejemplares que hasta 
ahora me son conocidos, se ven cuatro alvéolos generalmente va- 
cíos, muy pequeños, comprimidos trasversalmente y bien sepa- 
rados uno de otro. Juzgando por analogia con los géneros antes 
conocidos Pliopvion y Ctenacodon, interpreté estas pequeñísimas 
cavidades como los alvéolos de dos premolares biradiculados, con 
tanta mayor razón cuanto que solo obtenía de este modo cuatro 
premolares, el mayor número de dientes hasta entonces observado 
en este grupo, entre el incisivo y la primera muela. Sin embargo, 
ahora tengo la completa seguridad de que no es así, sino que en 
cada alvéolo se implantaba un diente muy pequeño y de una sola 
raiz, pues los nuevos materiales recogidos por mi hermano, mues- 
tran que asi sucede en los géneros cercanos Dipüus y Epanoi-thus. 
Además, algunos fragmentos muestran vestigios de los menciona- 
dos dientes. 

Detrás de estos cuatro alvéolos hay un pequeñísimo diente esti- 
liforme, muy bien conservado en la mayor parte délos ejempla- 
res, que representa homológicamente el premolar tercero de los 
géneros europeos y norte-americanos; este diento atrofiado, tan 
pequeño ([Lie sobresale apenas fuera de la mandíbula, está colo- 
cado inmediatamente adelante del premolar cuarto y muy apre- 
tado ;'i la raiz anterior de este sobre el lado interno. 

El premolar cuarto es un diente muy grande, de corona semi- 
oval, comprimido en sus tres cuartos anteriores en donde forma 
hacia arriba un borde cortante y dentellado, con la mitad anterior 
cruzada perpendicuiarmente tanto al lado interno como al externo 
por cinco ;i siete aristas elevadas separadas por otros tantos surcos 
anchos, profundos y ele Mido cóncavo; la parte media do la muela 

sobre I"- dos costados interno y exten s li>;i •'> casi lisa, pero la 

parte posterior se ensancha formando como un callo basal con dos 
tubérculos, uno interno y el otro externo. 

i Continuará). 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 45 



Revista critica y bibliográfica 

L.a cuenca del Rio I o en Córdoba. — Tesis para revalidar su título de 
doctor eu filosofía de la Universidad de Góttingen ante la Facultad de Ciencias 
Físico-Matemáticas, por Guillermo Bodenlsender, Córdoba 1890, 1 volumen en 
8 o de 60 páginas, acompañado de 5 grandes láminas litografiadas. 

La ciudad de Córdoba ocupa el fondo de un considerable enan- 
chamiento del valle del Rio I o , valle cuyo suelo se encuentra, tér- 
mino medio, unos 25 á 30 metros más bajo que el nivel de la lla- 
nura circunvecina. 

Las barrancas que limitan esta cuenca, presentan á la vista una 
sucesión de estratos de arenas y arcillas generalmente poco com- 
pactos y que muestran en su aspecto y disposición una gran va- 
riación. 

El autor ha estudiado detenidamente esta formación y el valle, 
desde la salida del Rio I o de entre la sierra hasta la laguna de la 
Mar Chiquita en donde desaparece. 

Todo el valle de Córdoba y cauce del Rio I o está cavado en la 
vasta serie de capas que constituyen la llamada formación pam- 
peana, sin que en ninguna parte la atraviese por completo, con 
escepcion ele unos pocos puntos inmediatos á la Sierra, en el Mo- 
lino de Villada, por ejemplo, en donde aparece descansando en- 
cima de una formación de areniscas rojas, de época indetermi- 
nada pero seguramente preterciaria. Esto demuestra que los es- 
tratos de la formación patagónica, no llegaron hasta allí, y que 
ella fué, como ya hemos tenido ocasión de manifestarlo (1), una 
formación costanera que se estiende de norte á sur en forma de 
faja angosta y larga. La misma particularidad presentan todas 
las formaciones marinas de Chile, desde el jurásico hasta nuestra 
época. 

La formación pampeana aparece pues en los alrededores de la 
sierra de Córdoba descansando encima de areniscas rojas, cuya 
edad no puede referirse á un horizonte más moderno que el cre- 
táceo. 

En los cortes de la parte del valle que forma la cuenca de Cór- 

(1) F. Ameghino, Los mamíferos fósil** de la República Argentina, página 20, 
año 1889. 



46 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

doba, las capas que constituyen las barrancas tienen un aspecto 
particular, mucho más variado que la formación pampeana tipica, 
estando constituidas por bancos de arcilla más ó menos compacta, 
con tosca y estratos de guijarros y arenas, cubierto el todo por un 
espeso manto de loes pulverulento que se encuentra inmediata- 
mente debajo de la tierra vegetal. 

El terreno pampeano de Córdoba constituye de consiguiente 
una formación local, depositada á lo largo del valle, en una de- 
presión preexistente al cauce actual del Rio I o , cuyo fondo lo for- 
maba la base ó parte inferior de la formación pampeana. Esta 
formación local, consta en Córdoba, de tres horizontes ó sub-for- 
maciones distinta-. 

Designando la tierra vegetal, aluviones, rodados y formaciones 
modernas con el número 1, sigue inmediatamente en antigüedad 
en las barrancas del valle de Córdoba, una capa pulverulenta, de 
2 á 5 metros de espesor, sin estratificación bien aparente ; es una 
especie de loes, en cuya formación parece que los vientos han 
desempeñado un papel importante. Esta capa la designa el autor 
con el número 2. 

A este loes sigue una serie de capas de gravas y arenas con arci- 
lla a r<_'iiosa entre las arenas, cuyo espesor alcanza en ciertos puntos 
más de 12 metros. Esta sub-formacion como la capa precédeme 
alcanzan su mayor desarrollo y el punto más bajo, en la misma 
ciudad de Córdoba. 

En la parte superior de la sub-formacion N° 3, hay en Córdoba, 
en ciertos punios, una capa de ceniza volcánica, compuesta esclu- 
sivamente de astillas de cuarzo. Capas parecidas han sido obser- 
vadas en distintos otros puntos de la República. Antes creíamos 
que todas ellas podían remontar á una misma época, y (pie por 
consiguiente podrían servir de buen punto de partida para reco- 
nocer un determinado horizonte de la formación pampeana; mas 
Las numerosas observaciones que hemos podido practicar en estos 
últimos años, nos demuestran que debemos renunciar á ello, pues 
no existe sincronismo alguno entre esos distintos depósitos. Las 
capas de ceniza volcánica cuarzosa aparecen ya en la formación 
araucana, y en la formación pampeana de Buenos Aires se en- 
cuentran en iodos Los niveles de la formación ; en algunos puntos 

elmismo terreno pampeano oontiei n su mezcla una notable 

proporción de esta ceniza, siendo ella muy abundante hasta en el 
mismo sub-suelo de la ciudad de Buenos Aires. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 47 

La última sub-formacion local del valle del Rio 1°, que sigue 
á la precedente, designada con el número 4, la más antigua y la 
que con escepcion de la misma ciudad de Córdoba, presenta un 
mayor desarrollo, consta de una sucesión de capas de arcilla bas- 
tante compacta, á veces bastante arenosa, pero casi siempre con 
poca tosca y estratificación bien visible. En ciertos puntos de la 
ciudad de Córdoba, presenta en su parte superior capas de gui- 
jarros y arenas que alcanzan y pasan á veces de 10 metros de es- 
pesor. 

Una particularidad digna de llamar la atención es la presencia 
en estas capas de guijarros, de grandes trozos irregulares de ar- 
cilla igual á la que constituye la parte inferior normal de la sub- 
formacion número 4. Estos grandes trozos de arcilla no son ro- 
dados, ni habrían podido resistir un arrastre de las aguas con- 
juntamente con los guijarros por corto que él fuera; han caido en 
el mismo punto en donde se encuentran. 

En distintos puntos en que el Rio I o tiene barrancos cortados 
á pique á cuyo pié corren las aguas, hemos visto caer trozos de 
barranca compuestos de arcilla colorada, que son luego destro- 
zados por las aguas, pero algunos quedan enterrados en las capas 
guijarrosas que forman el lecho del rio. Otro tanto ha sucedido 
en las épocas pasadas, y los trozos de arcilla pampeana engastados 
en las antiguas capas de guijarros, demuestran de una manera 
evidente que estos fueron arrastrados por un rio que corría en 
esos mismos puntos y con barrancos cortados verticalmente que 
eran atacados por las aguas y caían al lecho del rio en donde eran 
sepultados por las arenas y guijarros que sus aguas arrastra- 
ban. 

« Los más notables minerales que contiene la arcilla, son : yeso, 
caliza, vivianita (tierra de hierro azul) y sales en eflorescencias 
como sulfato de soda, cloruro de sodio ». Las capas de caliza de 
la parte inferior del piso arcilloso, aparecen como depositadas in 
situ. r. 

Los estratos y capas que constituyen el número 4, descansan enci- 
ma de otra sub-formacion, que distingue el autor con el número 5, 
formada por una sucesión de capas de arcilla rojiza muy compacta 
con grandes masas de tosca y fragmentos de otras piedras, que 
descansa á su vez encima de las areniscas rojas arriba mencio- 
nadas. 

El pasage de la parte basal de las capas de arcilla número 5 á 



48 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

las areniscas rojas se efectúa por una verdadera formación de 
transición constituida « por una arcilla en parte semejante á are- 
nisca descompuesta, de color pardo rojizo, compacta, porosa, con 
tierra de hierro azul (vivianita) en parte con caliza cementada en 
tosca y sobrepuesta de capas de caliza gredosa ó de rodados, tam- 
bién cementados por caliza » . . . 

« El carácter de estas capas hace casi creer, que se lian formado 
como el laterite de otros países (Brasil, etc.), por una descompo- 
sición muy profunda de las areniscas, producida por agua muy 
baja, la atmósfera y la vegetación. Sea como fuere, la transición 
de las areniscas en la arcilla pampeana prueba un proceso conti- 
nuo al que los conglomerados, areniscas y la formación pampeana 
deben su origen, solamente que la acción de las fuerzas no se haya 
dejado sentir de un modo uniforme, disminuyendo las unas cuan- 
do las otras predominaban. Sin embargo, de allí no resulta que, 
después de haberse formado las areniscas, no sucedió una catás- 
trofe cuya consecuencia fuese, entre otras, una dislocación de 
ellas sobre la que pudieron depositarse las capas arcillosas». 

En efecto, el autor constata que las capas inferiores de arcilla se 
han depositado en el fondo de una depresión de las areniscas ro- 
jas que corría en la misma dirección que el valle actual del rio, 
depresión formada por la fuerte presión lateral que ha dado por 
resultado el levantamiento de la sierra de Córdoba. Pero esta 
sierra en la época de la formación de las capas pampeanas infe- 
riores era más baja que en el dia. y ha ido desde entonces levan- 
tándose gradualmente sobre el nivel de la llanura. Es digna de 
notarse la coincidencia de que nosotros hemos llegado á idénticas 
conclusiones por lo que se refiere al nivel de las montañas aisla- 
das de la pampa bonaerense, esto es las sierras del Tandil (1) y la 
sierra déla Ventana, que se han levantado sobre el nivel de la lla- 
nura después de la formación pampeana, las primeras por lo me- 
nos unos 150 metros y la última unos 250 metros (2). El levanta- 
miento del suelo en época geológica relativamente reciente, pa- 
rece haber sido un fenómeno general á todo el territorio de la Re- 
pública. 

Del estudio prolijo practicado por el autor del trabajo que es- 
tamos analizando, resulta que la depresión de las areniscas rojas 

Cl) V. A.MBGHINO, La formación pampeana, página 252, año 1881. 
(2) F. Ami'.iiin", Los mamíferos fósiles de la República Argentina, página 34, 
año 1&89. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 49 

en la que se depositaron las capas de arcilla número 5, subsistió 
todavía después de la formación de estas, ocupada entonces por 
una gran napa de agua, formando una especie de sistema de la- 
gunas ó cañadones que con escaso declive desaguaban unos en 
otros; esta depresión, en lo que es en el dia la ciudad de Córdo- 
ba, presentaba un considerable enanchamiento mucho más esten- 
dido que el actual valle del Rio I o . 

En el fondo de esta depresión, las aguas fueron acumulando 
poco á poco los estratos de la formación local correspondientes 
al número 4 y más tarde los de la serie número 3 y número 2, 
cegándose en parte las lagunas, disminuyendo á la vez el caudal y 
profundidad de sus aguas. 

Con un levantamiento posterior del territorio que se hizo sen- 
tir con mayor intensidad en las cercanías de la sierra, aumentó 
el declive del suelo, en razón de cuya mayor pendiente las aguas 
antes poco menos que estancadas, empezaron á correr con fuerza, 
llevándose en parte los estratos por ellas mismas acumulados ca- 
vándose al través de ellos y poco á poco el cauce actual del Rio 
I o . Este cauce ha ido variando de sitio, corriendo, ya más á la de- 
recha, ya más á la izquierda, según el mayor ó menor obstáculo 
que le oponían las masas de arcilla más dará de la capa número 
5 que limitan la primitiva depresión. Pero como esta depresión 
era en el punto en que ahora está situada la ciudad de Córdoba, 
mucho más estendida y más profunda, se depositó acá una canti- 
dad de materiales de acarreo mucho mayor y sobre una ostensión 
mucho más vasta, materiales que no han podido oponer á la fuer- 
za erosiva de las aguas del Rio I o la misma resistencia que las ca- 
pas más antiguas. De esto resulta el mayor enanchamiento que 
presenta en Córdoba el valle del Rio I o , cuyas aguas tienden cons- 
tantemente á desembarazar la primitiva depresión de los mate- 
riales que en ellas depositaron durante la época acumulativa de 
la formación pampeana. 

Sobre las distintas épocas que representan los terrenos sedi- 
mentarios de Córdoba, el autor designa el conjunto de estratos de 
los números 2 y 3 con el nombre de formación pampeana lacus- 
tre, la capa número 4 la designa con el nombre de pampeano su- 
perior, y la capa número 5 con el de pampeano inferior. 
, Es sin embargo dudoso de que las capas designadas con esos 
nombres correspondan ó sean sincrónicas de aquellas que fueron 
designadas con idénticos nombres en la provincia de Buenos Ai- 

REV. ARG. DE IIIST. NAT. — T. I 4 



50 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

res. Por lo menos, los datos que proporciona la paleontología con- 
ducen á resultados algo distintos. 

Durante nuestra permanencia en Córdoba hemos recorrido con 
frecuencia las barrancas de los alrededores coleccionando fósiles; 
hemos encontrado numerosísimos restos de vertebrados en las 
series de estratos que constituyen los números 2 y 3, muy pocos 
en los estratos que forman la serie número 4, y ninguno en la se- 
rie número 5 que no hemos tenido la fortuna de observar, pues 
no hemos ascendido el rio hasta el punto en donde ella empieza á 
presentarse a descubierto. 

Comparando esos fósiles con los que en abundancia hemos re- 
cogido en la cuenca bonaerense, hemos llegado á las siguientes 
conclusiones. 

La capa número 2 de Córdoba, formada por loes de aspecto 
pulverulento, correspondería al pampeano lacustre de Buenos Ai- 
res, llamado también piso lujanense (1). 

Las series de capas número 3, corresponderían al pampeano su- 
perior de Buenos Aires ó piso bonaerense (2). 

Las series de estratos número 4, corresponderían al pampeano 
inferior, ó sea á los pisos ensenadense y belgranense (3). 

En cuanto á la serie de estratos designada con el número 5, 
que no los conozco personalmente, no tengo datos directos para 
determinar su sincronismo con alguna de las de la serie de la 
cuenca bonaerense, pero hay datos indirectos que conducen á 
considerarla como un equivalente del piso pehuelche. 

Esos datos son : primeramente la posición estratigráfica debajo 
de La serie de capas número 4 que paleontológicamente correspon- 
den al pampeano inferior de Buenos Aires; esto concuenh con 
lo que se observa en la llanura 1 >ona érense en donde debajo del 
pampeano inferior (piso ensenadense) siguen inmediatamente los 
estratos arenosos del llamado piso pehuelche, cuya fauna es bas- 
tante distinta puesto que presenta una transición entre las de los 
pisos hermósico y ensenadense. 

undo, la presencia en el mismo valle del Rio 1° en el inte- 
rior de la sierra, no lejos de San Roque, de depósitos con fósiles 
de una época anterior al pampeano interior. Hemos recibido de 

(1) F. \ m i - . 1 1 1 n ■ ■ , Los mamíferos fósiles de la República Argentina, págit» 34, 
año 1889. 

(2) !•'. \mi ghino, obra i itada, página 33. 

(3) F. Ameohino, "i'ia citada, página 30 y 32. 



REVISTA CRITICA Y BIBLIOGRÁFICA 51 

osa localidad restos de una especie particular de HopLophorus 
(H. cor 'dub ensis), del Panochtus bullifer y del Nopachtus coag- 
mentatus, especies que indican una cierta relación con la fauna 
de Monte Hermoso, y con la de los estratos del piso peliuelche. 
Ninguna de estas especies ha dejado el más pequeño vestigio en 
ninguno de los estratos de las series números 2, 3 y 4 de los alre- 
dedores de Córdoba. Proceden pues de un horizonte de época 
anterior, que me parece probable debe ser la misma ¿apa número 
5, no visible en Córdoba, pero que sin duda se presenta á descu- 
bierto en el interior de la sierra. Si fuera así, sería realmente 
el equivalente del piso peliuelche de la cuenca bonaerense. 

El autor debería complementar ahora su trabajo con colecciones 
de fósiles de todas las formaciones que tan magistralmente ha des- 
crito, particularmente de la serie número 5, pues ellos nos per- 
mitirían determinar definitivamente la correspondencia de esta 
serie con las de Buenos Aires. 

Por lo demás, tocio el trabajo está lleno de datos y escrito con 
las palabras tan solo estrictamente necesarias. 

Acompañan á este estudio sirviéndole de comprobantes cinco 
grandes láminas litografiadas. 

La primera lámina representa el perfil longitudinal geológico 
al lado derecho del valle del Rio I o desde el Molino de Torres 
hasta la chacra de la Merced, en el que se encuentran represen- 
tados 15 cortes distintos de las barrancas ejecutados con la mayor 
escrupulosidad,, hasta tal punto que se encuentran determinados 
en ellos hasta las pequeñas variaciones de composición de las capas. 

En la lámina segunda se encuentran representados en grande 
escala 9 cortes geológicos trasversales del valle del Rio I o , tirada 
á varias tintas como la precedente. 

La lámina tercera es un muestrario de las distintas tintas y va- 
riaciones de dibujos que representan las distintas capas y sus 
variaciones en los cortes de las dos láminas precedentes. 

En la lámina cuarta, el autor por medio de una serie de dia- 
gramas ideales ha tratado de poner de manifiesto de una manera 
clara, la historia del desarrollo geológico del valle del Rio I o , 
desde la época en que era una vasta depresión ocupada por aguas 
semi-estancadas hasta nuestra época, mostrándonos las etapas su- 
cesivas de rellenamiento y acumulación y luego las de erosión, 
escavamiento del valle actual y encauzamiento progresivo de las 
aguas. 



52 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

La lámina quinta representa en grande escala y en seis tintas dis- 
tintas el plano geológico del valle del Rio I o desde el pié de la sierra 
hasta la chacra de la Merced, hallándose en él escrupulosamente 
indicada la dirección de los 9 cortes trasversales representados 
en la lámina segunda. 

El estudio del Dr. Bodenbender es el mejor trabajo monográ- 
fico de terrenos de sedimento de una localidad que hasta ahora 
se haya hecho en nuestro país, y aconsejamos á todos los que de- 
seen practicar estudios parecidos, que consulten esta monografía, 
inspirándose en el método con que ha sido confeccionada, porque 
es realmente un modelo á seguir para trabajos de esta naturaleza. 

Boletín de la Aeademia Naeional de Ciencias, entrega 4\ del tomo 

X, 1890. 

La aparición del Boletín de la Academia Nacional de Cien- 
cías, ha sufrido en los dos últimos años un notable retardo, debido 
en parte á la esca>cz de recursos pecuniarios, á causa del conside- 
rable desembolso que han ocasionado ala Academia la publicación 
del tomo VI délas Arias de la Academia y atlas correspondien- 
te, verdadero monumento levantado á la paleontología argentina, 
y el gran mapa geológico de la República, levantado por el doctor 
Brackebusch y próximo á aparecer, obras que honran tanto á la 
Academia como al país. 

Ahora, que la caja de la institución empezaba á rehacerse, el 
Gobierno Nacional prosiguiendo el plan de economías que se ha 
propuesto á causa de la aguda crisis financiera porque atraviesa <■! 
país, lia resuelto disminuir el presupuesto de la Academia, lo que 
es realmente de sentir tratándose de una institución que tiene ad- 
quiridos sobrados títulos á la consideración del país; es pues de es- 
perar, que las partidas suprimidas sean restablecidas tan Luego 
como el estado financiero lo permita. 

La última entrega aparecida del Boletín, completa el tomo X, y 
\ ii 'iie como de costumbre ocupada con tiabajos científicos original.'-. 

He aquí las distintas memorias que contiene la presente entrega: 

Enumeración de las aves de la provincia de córdoba (República Argentina), 
por Hugo Stempelmann y Federico Schulz. 

Los autores enumeran 250 especies, distribuidas en 44 familia- y 
14 órdenes. Las especies se distribuyen en los distintos ordene- en 
la siguiente proporción: Psittacinih especies, Levirostres 15, Stri- 



REVISTA CRITICA Y BIBLIOGRÁFICA 53 

dores 3, Pici 1 , Accipitres 24, Passerince 131, Gyratores A, Ra- 
sares 6, Brevipennes 1, Gralladores 37, Lamellirostres 12, Lo/¿- 
gipennes 1, Steganopodes 1, Urinatores 3. 

El catálogo citado, servirá de índice ala O rnüqf auna cordobesa 
de los mismos autores, próxima á publicarse. 

Observaciones sodre los reptiles fusile- oligocenos de los terrenos ter- 
ciarios ANTIGUOS DEL PARANÁ, por JUAN B. AMBROSETTI. 

El señor Ambrosetti se inicia en el estudio de los reptiles fósi- 
les, con una memoria en la que describe varios géneros y especies 
en su mayor parte nuevas, procedentes de los terrenos oligocenos 
del Paraná, de los mismos yacimientos que han proporcionado los 
maravillosos restos de la fauna mamalógica de esa época. 

Las especies descritas pertenecen á dos órdenes,, el de los saurios 
ó lagartos y el de los cocodrilos. 

En el orden de los saurios, describe dos especies nuevas de la fa- 
milia de los Amewklce, para las que crea el nuevo género Propo- 
dinema Ambr. 

Esas especies llevan los nombres de P. paranensis Scal., fun- 
dada sobre una rama izquierda de mandíbula inferior de la talla 
de la iguana actual, y P. oligocena Ambr., de tamaño algo menor. 
Los caracteres genéricos distintivos de Propodinema quedan aún 
por establecerse, y bien pudiera ser que sus especies hubiera que 
reunirías luego al género Podinema. 

En el orden de los cocodrilos describe Ambrosetti tres géneros 
de la familia de los Gavialidce , grupo que no tiene en la actualidad 
representantes en América, conociéndose solo de la India y de 
Australia ( Rhynchosuchus Huxl.), circunstancia en extremo in- 
teresante si se recuerda que diversos otros grupos de vertebrados 
fósiles presentan analogías parecidas con los que en nuestra época 
viven en el continente australiano. 

Uno de los gaviales fósiles del Paraná, el de mayor tamaño y cu- 
yos restos se encuentran en mayor abundancia., es del mismo géne- 
ro que el que vive en las aguas del Ganges, y ha sido designado por 
Burmeister con el nombre de Rhamp/iostoma (1) neogcea. 

La pieza que sirvió á Burmeister de base para fundar esta espe- 
cie es un trozo del medio del rostro con parte de la dentadura, que 

(1) El género Rharnphostoma no es de Burmeister, sino de Wagler, que lo 
fundó para el gavial del Ganges en 1830. 



Ó-l REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

le había mostrado el profesor Pedro Scalabrini, y que ahora for- 
ma parte délas colecciones del Museo del Paraná. El señor Ambro- 
setti menciona esta pieza, de laque reproduce la descripción de 
Burmeister, agregando luego la descripción de la sinfisis de la 
mandíbula inferior y varios dientes. Según estas piezas, el gavial 
fósil del Paraná fué un animal de tamaño bastante mayor que el 
gavial actual del Ganges pero de una conformación muy pare- 
cida . 

El segundo gavial fósil del Paraná ha recibido de Ambrosetti 
el nombre de Leptorhamphus entrermanus, gen. y sp. n. Esta 
fundado sobre un trozo de la parte súpero-anterior del rostro, que 
se conoce « ha pertenecido á una especie de gavial pequeño, de ros- 
tro angosto, corto, terminado casi en punta y armado de clientes 
glandes á juzgar por los alvéolos cuyos restos aún se ven. » 

El tercero, que sin duda ha sido el más pequeño ha recibido el 
nombre de Oxyodonsaurus striatus AMBR.,gen. y sp. n., pero solo 
se conoce hasta ahora por restos muy incompletos de dentadura, 
que presentan Psin embargo grandes diferencias con Rhamphos- 
totna y Leptorhamphus. 

Concluye esta memoria una descripción bastante detallad;! del 
Proalligator australis, que es el Crocodilus australis de Bra- 
vard, que tan á menudo se encuentra citado en los catálogos de fó- 
siles argentinos. Burmeister, en la entrega 14 de los Anales del 
Musen Nacional, so ocupa largamente de este animal del que des- 
cribe varias piezasy dientes bajo el mismo nombre de Crocodilus 
australis que le había aplicado Bravard. La singularidad de la 
d< scripcion de Burmeister, consiste en que mientras que por el ti- 
tulo describe una especie del género Crocodilus, lejos de compa- 
rar sus restos con los de las otras especies del mismo género Los 
compara al contrario con las partes correspondientes de los caima- 
nes (Alligator), con las que les encuentra un gran parecido y una 
similitud completa con las especies de este grupo, tanto que consi- 
dera la especie fósil como muy cercana de la (pie vive «mi las aguas 
del alto Paraná (Alligator latirostris). 

Eli señor Ambrosetti con mayores materiales de l<>s (pie dispo- 
nía Burmeister, demuestra que en efecto no se trata ni do un ver- 
dadero Crocodilus ni >\e un género de la familia de los Crocodilidce, 
sino de un representante de la familia de los Alligatoridce en el 
dia esclusiva de América, pero que vivió también en las aguas de 
los ños del antiguo continente durante la época terciaria . 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 55 

El Proalligator austvalis, sobrepasaba considerablemente en 
tamaño las dos especies de este género que actualmente viven en 
las aguas del Paraná, de los que también se distingue por varios 
caracteres de su conformación general. 

Esta primera contribución al conocimiento de los reptiles fósiles 
del Paraná, basta para demostrarnos el interés que presenta el es- 
tudio desús restos. Es de sentirse que las descripciones no estén 
acompañadas de ilustraciones, complemento necesario que creemos 
el autor se apresurará á publicar en primera oportunidad. 

Mientras tanto, deseárnosle siga con ahinco el estudio emprendi- 
do, en el que se le presenta un ancho campo de investigación en el 
que puede ilustrar su nombre. 

Estudios sobre la composición química de sales de las salinas del interior 

DE LA REPÚBLICA ARGENTINA, por el D r LUIS HaRPERATH. 

En todas las provincias y territorios de la República Aro-entina, 
se encuentran depresiones del suelo más ó menos estendidas cu- 
biertas ele depósitos de sal; estas depresiones se conocen con el 
nombre de salinas, y las sales que en ellas se encuentran suponen 
los geólogos modernos que han sido disueltas por las aguas pluvia- 
les ele las rocas de los territorios circunvecinos y arrastradas en 
esas depresiones en donde las aguas las abandonaron debido aun 
continuo proceso de evaporación, presentándose en forma de crista- 
lizaciones más ó menos perfectas. 

El doctor Harperat, ha analizado 19 muestras de estas sales, 
coleccionadas por el doctor Brackebusch y procedentes de distin- 
tas provincias, á saber: 2 de Córdoba, 1 de Santiago del Estero, 
1 de Tucuman, 1 de Salta, 1 de Jujuy, 4 de Catamarca, 4 de la 
Rioja y 5 de San Juan. 

De esos análisis resulta una gran variedad en las composiciones 
de las sales de las salinas del interior de la República Argentina, 
habiéndolas ele cristales de cloruro de sodio perfectamente puros 
como las que se exportan en grandes cantidades de la laguna Colo- 
rada en la provincia de Catamarca, y otras muy mezcladas ó inade- 
cuadas para el uso doméstico . 

Informe sobre el petróleo de la laguna de la brea (Provincia de Jujuy, Re- 
pública Argentina), por Rodolfo Zuber. 

Las muestras ele petróleo que estudia el doctor Zuber fueron sa- 
cadas de una perforación ejecutada en la orilla de la laguna. «El 



56 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

petróleo sale acompañado de gas inflamable y agua salada de las 
capas superficiales (sistema cretáceo inferior)». 

Las conclusiones á que llega el autor de este estudio, son : 

'« I o Este petróleo es de buena clase, prestándose bien á la fabri- 
cación de aceites para el alumbrado y para la lubrificación. Una 
refinación sencilla puede dar de 40 á 50 por ciento de kerosene • 
esta cantidad se podrá aumentar considerable y ventajosamente 
aplicándoles aúná los aceites pesados otras rectificaciones á fuego 
libre ó más bien con vapor sobrecalentado ; 

«2 o En mayor profundidad se encontrará indudablemente un 
petróleo mejor que contendrá más aceites livianos y menos pesa- 
di >s ; 

« 3° Su composición y propiedades lo hacen bastante parecido á 
los petróleos de Rusia (Cáucaso) ; 

«4 o El petróleo crudo y los Residuos de su refinación se podrán 
usar muy bien como combustibles ». 

Estudio geológico del cerro de cacheuta y sus contorno? (República Argen- 
tina, Provincia de Mendoza), por Rodolfo Zuber. 

El cerro de Cacheuta en la provincia de Mendoza, está cruzado 
por el paralelo 33° s ud y el grado 69 de longitud oeste de Gren- 
wich, formando una cadena montañosa muy áspera y elevada, que 
se estiende 6 kilómetros de noroeste al sudeste, cuyo pico más cul- 
minante alcanza 2344 metros sobre el nivel del mar. 

Las más antiguas rocas que constituyen el cerro de Cacheuta 
pertenecen;! la formación silúrica que se estiende además por las ser- 
ranías del norte poniéndose en comunicación más ó menos directa 
con las formaciones silúricas que desde la provincia de San Juan 
se estienden por el norte de la República hasta Jujuy. Los terrenos 
silúricos dé Cacheuta en los qóe hasta ahora no se ha encontrad-» 
fósiles, " consisten principalmente en pizarras grises, un poco ver- 
dosas, duras, lisas y bien estratificadas, cuya estructura es casi 
siempre la de esquistos cristalinos. Otra roca que se encuentra in- 
tercalada con estas pizarras, es una especie de arenisca fina silícea, 
de un gris verdoso ú oscuro, muy dura, estratificada^ conocida en 
la petrografía con «-I nombre de granwacke. Más al norte, en San 
Juan disminuyen las granwackes y toman un mayor desarrollólas 
calizas, dolomitas y mármoles sánjuaninos. Los fósiles recocíalos 
en estos últimos puntos permiten referir la formación al silúrico in- 
ferior. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 57 

El silúrico de Cacheuta está atravesado por rocas eruptivas, de 
las cuales la más antigua es una roca dioritica que forma altos bar- 
rancos que alcanzan una gran elevación. 

La segunda roca eruptiva que atraviesa el silúrico es un granito 
rojo que alcanza mayor desarrollo que la diorita, pero más moder- 
na que esta, puesto que en algunos puntos está atravesada por ve- 
tas de granito eruptivo. 

En el costado sud y sudoeste del Cacheuta predomina otra 
roca eruptiva distinta que parece ser del grupo de los melá- 
firos. 

Encima de las rocas precedentes, y especialmente de los meláfi- 
ros, descansan una serie de capas de tobas y margas generalmente 
grises, pero á veces verdosas ó coloradas, producto de la descom- 
posición de rocas más antiguas, particularmente de los meláfiros. 
Estas tobas, que encierran á menudo guijarros rodados de distin- 
tos tamaños, de rocas más antiguas, muestran hacia arriba una es- 
tratificación de más en más perfecta, descansando encima de ellas 
un grueso depósito de esquistos betuminosos oscuros^ casi negros, 
que representan solamente una variedad local de la misma forma- 
ción, que contiene numerosos fósiles, particularmente de vegetales 
cuyo estudio ha conducido á considerar estas series de capas como 
formando parte del sistema triásico superior. 

Los fósiles recogidos por el señor Zuber en estas capas y deter- 
minados por el doctor Szajnocha son un crustáceo muy abundan- 
te llamado Estheria Mangdliensis Jones, y las siguientes especies 
de vegetales : Schúoneura hoerénsis ? Hisinger, Sphenot herís 
elongata Carruthers., Pecopteris Schónleiniana Brogniard, 
Neuropteris remota? Presl, Thinnfeldia odoníopteroides Mor- 
ris, T. lancifolta Morris, Taeniopteris Mar ey estaca Geinitz., 
Cardiopteris Zuberi Szajnocha, Podozamites aff. ensis Nathorst 
P. Schenkü Heer y Zeugophyllites elongatus Morris. 

Esta flora es casi idéntica con la de las capas del triásico supe- 
rior del Jerusalem-Bassin en Tasmania y la ele Tivoli y Ipswich, 
en Queensland (Australia). Acá no podemos resistir á recordar una 
vez más las numerosas analogías que se han encontrado entre di- 
versos grupos zoológicos sud-americanos con los de Australia, y 
particularmente el parecido de ciertos grupos de vertebrados fósiles 
de la República Argentina con los de aquel continente. Fundándo- 
nos en esas analogías hemos demostrado la probable existencia de 
un continente triásico que por el lado del Pacífico uniera Austra- 



58 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

lia con Sud-América (1). La analogía de la flora triásica argentina 
con la triásica de Australia, da todavía mayor fundamento á las de- 
mostraciones en que se basa la existencia de ese continente triásico 
austral desaparecido probablemente desde el principio de la época 
jurásica. 

En esta formación que con discontinuidad se estiende por el nor- 
te hasta Catamarea y quizás más allá, se encuentran abundantes 
manantiales de petróleo. 

A la formación triásica, en el cerro de Caclieuta sigue sin discor- 
dancia una gran formación de areniscas rojas sin fósiles, cuya edad 
es dudosa, pero que el autor se inclina á considerar como jurásicas. 

Areniscas rojas abigarradas más ó menos parecidas y también 
sin fósiles se encuentran en el interior de la Patagonia setentrio- 
nal sobre el valle del rio Chubut, en donde constituyen una inmen- 
sa formación que Carlos Ameghino refiere con duda al cretáceo 
inferior, pues otras formaciones de areniscas evidentemente más 
modernas (pie ha encontrado muy desarrolladas en el Senguel y 
rio Chico conteniendo una inmensa cantidad de huesos fósiles de 
dinosaurios no pueden referirse á una época más reciente que el 
cretáceo superior, mientras que otra serie de areniscas rojas inter- 
caladas con esquistos que se presentan sobre los rios Teca y Genua 
más antiguas que Las areniscas -abigarradas precedentes son consi- 
deradas como subcretáceas, esto es, jurásicas (2). Estas areniscas 
del Teca y del Gennua son probablemente contemporáneas y equi- 
valentes de las areniscas jurásicas observadas porZüBERenel puen- 
te del Inca. 

De cualquier modo, resulta de las últimas exploraciones prac- 
ticadas en distintos puntos déla República, que las formaciones 
de areniscas rojas en ella tan abundantes pertenecen en su tota- 
lidad á la época secundaria, y especialmente al jurásico y cretá- 
ceo, sin que ninguna <\r ellas pueda pretender una época más re- 
ciente que el cretáceo superior. 

Concluyela Interesante memoria del señor Zuber con algunos 
dato- sobre algunos depósitos muy estendidos de conglomerados, 
podados, arenas y areniscas sin fósiles pero quecree remontan á 
la época terciaria, mencionando por último la existencia al pié y 

1 1 1 F. Ameghino. /.■<- pl ídeoa argentinos, en el Boletín rf< / instituí 

gráfico Argentino, tomo XI, página 197, a. 1890. 

1 Irlos Ameghin i / »nea geológicas en la Patagonia, en el /<' 

del Instituto Geográfico Argenti ■, tomo XI. página 32y siguientes, año 1890. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 59 

en los alrededores del Cacheuta de depósitos de loes idénticos y 
de la misma época que el limo de la formación pampeana. 

Acompañan este trabajo algunos perfiles geológicos, y un mapa 
geológico del cerro de Cacheuta y sus contornos iluminado á va- 
rias tintas. 

La variabilidad interdiuiína de la temperatura en algunos puntos de la re- 
pública ARGENTINA V DE LA AMÉRICA DEL SUR EN GENERAL, por ÓSCAR DOERIM.. 

Termina esta entrega y el tomo X del Boletín de la Academia 
Nacional de Ciencias, una larga memoria del Dr. Óscar Doe- 
ring en la que prosigue los notables y pacientisimos trabajos que 
desde años viene publicando sobre la climatologia de la Repú- 
blica Argentina. La presente memoria está basada en las obser- 
vaciones practicadas durante 20 años (1867 á 1886) en la estancia 
de San Juan, situada á unos 40 kilómetros al sud-oeste de Buenos 
Aires, propiedad del señor D. Leonardo Pereira, quien inició 
las observaciones que fueron continuadas luego bajo su direc- 
ción. 



Boletín mensual del Museo de productos argentinos, N° 31 de 

Diciembre de 1890, páginas 274 á 348. 

El último número de esta publicación, correspondiente al pa- 
sado mes de Diciembre, viene todo él ocupado por un trabajo bo- 
tánico titulado 

Resultados botánicos de exploraciones hechas en misiones, corrientes y 
países limítrofes desde 1883 hasta 1888, por Gustavo Niederlein. 

El autor enumera en este trabajo más de 1500 especies, distri- 
buidas en 22 familias. Muchas de las determinaciones especificas 
se deben á renombrados especialistas, circunstancia que aumenta 
notablemente la importancia de este catálogo, al que debe seguir 
en breve una obra completa del mismo autor sobre la flora de los 
territorios por él recorridos . 

Les maniniiféres fossiles de la République Argentine, d'aprés M. 
Florentino Ameghino, par le D r E. Trouessart en Le Naturalista, números 
del I o de Julio, 1" de Setiembre, 15 de Setiembre y 1» de Diciembre de 1890. 

En los números del Le Naturaliste arriba citados, el Dr. E. 
Trouessart, uno de los naturalistas más versados en el conoci- 



60 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

miento de los mamíferos, se ocupa estensamente de los plagiau- 
lacideos fósiles de los terrenos eocenos de la República Argen- 
tina, reproduciendo dibujos de las piezas más notables de los gé- 
neros que hemos descrito. Este trabajo está ilustrado además 
con los dibujos de varios tipos fósiles de Europa y Norte-América 
(Plagiaulax minor, Neoplagíaulax eocenus, Ptilodus medias- 
vus y Ctenacoclon serratas) y de los géneros actuales Hypsi- 
prymnus cunicidus de Australia y Cuscus gymnotis de Nueva 
Guinea, como tipos de comparación. El autor insiste con prefe- 
rencia sobre las analogías de los tipos fósiles argentinos con los 
falanginos actuales de Australia (Cuscus), dando la coincidencia 
de que mientras él daba á la imprenta estas observaciones no- 
sotros le escribíamos comunicándole que considerábamos ahora 
los plagiaulacideos como más cercanos de los falanginos que de 
los canguros . 

Apuntes de mineralogía, por Manuel González y Alvarez. 

Es un librito de unas C>3 páginas, que no contiene nada de 
lluevo, pero (pie está escrito con claridad y concisión. 

Elementos de Botánica por el D r Carlos Bero. Buenos Aires, 1590. 

! 5s este un volumen en 8 o de 120 páginas, esmeradamente im- 
preso, ({Lie como su titulo lo indica constituye un tratado elemen- 
tal de botánica, en el que el conjunto de esta vasta ciencia está 
compendiado por mano maestra; es un modelo de concisión y cla- 
ridad Es de sentir que causas ajenas á la voluntad del autor no 
Le hayan permitido ilustrar este tratado con las figuras necesarias, 
mejoni que promete para la segunda edición. 

(F. A.) 



Correspondencia, viajes y exploraciones 

Nuevas explor aciones de los yacimientos rosilíferos de la 
I' vi \i,i)M.\ austral. — Desde La Plata, en carta de fecha 12 de 
Agosto de 1890 el señor I'. Ameghino nos suministra nuevos de- 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y ESPLORACIONES 61 

talles sobre los resultados científicos del tercer viaje que acaba 
de realizar su hermano Carlos Ameghino en el sud de Patagonia 
con el objeto de recoger nuevos restos de vertebrados fósiles en 
los yacimientos terciarios tan ricos en huesos de mamíferos, so- 
bre los que ya hemos llamado la atención de los lectores de la 
Revue (1). 

Desde Octubre de 1889 hasta Mayo de 1890, el señor Carlos 
Ameghino ha explorado la región que se estiende desde el rio 
Chubut al rio Santa Cruz. Son tan numerosos los materiales re- 
cogidos en este tercer viaje que se necesitarán varios años para 
determinarlos y clasificarlos. Como era de esperarse, en presen- 
cia de piezas más completas, habrá que hacer algunas modifica- 
ciones de importancia á los resultados que se encuentran consig- 
nados en la gran obra de Ameghino, Los mamíferos fósiles de la 
República Argentina (1889). Hé aquí las más notables de las 
modificaciones que el señor Ameghino, á quien dejamos la pala- 
bra, cree útil indicar á los paleontólogos. 

« Los toxodontes no tenían probablemente más que tres dedos 
(y no cuatro) en los miembros anteriores. En efecto, además de 
las cabezas enteras de varias especies del grupo de los Protoxo- 
dontidae, poseemos huesos de los miembros de los géneros Pro- 
toxodon, Adinotheriun, Acrotherium, etc., en cantidad sufi- 
ciente para demostrar que tocios esos tipos eran tridáctilos tanto 
en los miembros anteriores como en los posteriores. El pió poste- 
rior presenta absolutamente la misma conformación que el del 
Toxodon platensis, con la única diferencia de que en los géne- 
ros más antiguos es más angosto y más alargado, lo que está en 
relación con la forma más delgada y menos pesada de todo el 
resto del esqueleto. El pié de adelante tridáctilo, tiene las dos 
filas de huesos del carpo en disposición alternada como en los pe- 
risodáctilos, y con los tres dedos casi igualmente desarrollados. 
Los dedos primero y quinto solo están representados por meta- 
carpianos completamente atrofiados y rudimentarios. Ahora, 
como todo tiende á hacer creer que el Protoxodon es el precur- 
sor ó antecesor del Toxodon, debe suponerse que este último que 
es un tipo más reciente, debía igualmente ser tridáctilo adelante, 
como lo es atrás. 



(1) Les mammiferes fossiles de la République Argentino (Rccue scientifiquc du 
5 Juillet 1890, t. XLVI, p. 11). 



(32 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

« Los Proterotheridae no teñían la órbita, abierta atrás como 
lo dije á causa del mal estado del ejemplar de que disponía. Los 
cráneos casi enteros que ahora poseo muestran las órbitas cerradas 
atrás como en los ruminantes y enlos équidos. Por lo demás, es 
esta una de las familias más curiosas : con miembros tridáctilos 
adelante y atrás dispuestos como los del Hipparion, sus repre- 
sentantes tenían un tarso que se aproxima al de los paradigita- 
dos ó artiodáctilos. Los incisivos inferiores son en número de cua- 
tro, dos de cada lado, los internos pequeños y los externos mucho 
más grandes. En la mandíbula superior no hay sino un solo par 
de incisivos desarrollados en forma de caninos piramidales y cor- 
lados oblicuamente como los colmillos del chancho. Faltan los 
verdaderos caninos, pues los que he descrito como tales es el par 
de incisivos caniniformes mencionados, los que en los nuevos 
ejemplares recogidos se presentan netamente implantados en el 
intermaxilar. La forma general del cráneo se acerca bastante 
al del Caenotherium, poseyendo los mismos surcos lacrimales 
todavía más profundos; en cambio no presentan ningún parecido 
en la dentición. 

«Los nuevos materiales confirman lo que lie avanzado sobre la 
fórmula dentaria del A crotheríum. He descrito el A. rusticum, 
cuya talla era comparable á la de un buey, como teniendo odio 
muelas superiores (cinco premolares y tres verdaderos molares) 
aunque solo poseía de esta especie mandíbulas incompletas. Ahora 
poseo restos de otras dos especies diferentes (A. stygtüm n. sp. 
de un tercio más pequeña, y A. Karaikense todavía más peque- 
ña, del tamaño de un chancho doméstico). De esta última especie 
poseo el cráneo y mandíbula inferior casi intactos y con toda la 
dentadura. Ahora bien, el cráneo presenta en efecto tres incisi- 
¡ui canino y ocho muelas en cada lado. Si mi memoria no me 
es infiel, es esta la primera vez que en un ungulado se constata la 
existencia de no tan considerable número de dientes. Este hecho 
tiene bajo el punto <\r vista fílogénico una considerable impor- 
tancia. 

«Entre los numerosos especímenes completamente nuevos ó 
que por I" menos todavía no eran conocidos en nuestro país, se- 
ñalaré de paso la presencia, eneleoceno de Patagonia, de repre- 
sentantes de los Tillodonta y Taeniodonta, considerados bastí 
ahora como esclusivos de Norte-América ; la presencia del género 
Proviverra ó por lo menos de un tipo muy cercano de estegé- 



CORRESPONDENCIA^ VIAJES Y ESPLORACIONES 63 

ñero europeo; y por último, la de un ungulado ele la talla de un 
guanaco (Notohippus toxodontoides gen. y sp. n.), cuyos ca- 
racteres son de tal modo intermediarios entre los de los toxoclon- 
tes y los de los équidos, que aún no sé si debe ser colocado en 
uno ó en otro ele esos dos grupos, que parecían hasta ahora tan 
distintos (1). 

« En fin, los Plagiaulacidae no tenían dos primeros premolares 
biradiculados como yo lo había supuesto sobre el examen ele los 
alvéolos vacíos, sino cuatro peemeños premolares simples, como 
lo elemuestran las nuevas piezas que poseo... Según esos nuevos 
materiales, ya no es permitido poner en duda el próximo paren- 
tesco de los Plagiaulacidae con los marsupiales diprotodontes de 
Australia, solo que en vez de compararlos á los canguros, debe- 
rán más bien considerarse como próximos aliados de los falan- 
ginos » . 

Quedamos tanto más satisfechos de la nueva aproximación que 
adopta acá el señor Ameghino, cuanto que la lectura ele su obra 
y el examen de sus láminas nos habían conducido al mismo re- 
sultado antes de recibir su última comunicación. En el articulo 
que hemos consagrado á este grupo tan interesante de los Pla- 
giaulacidae sud-americanos (Le Naturaliste, 1890,, N os 80, 84 y 
85, pág. 151, 203 y 213), hemos comparado los géneros Abderi- 
tes y Acdestis (del eoceno de Patagonia) á los falanginos actuales 
y al Thylacoleo cuaternario y hemos figurado, como término de 
comparación, la mandíbula de un falangino (Cusáis) de Nueva 
Guinea. (E. Trouessart, déla Revue scientifique, tomo 46, pág. 
506, año 1890). 

Exploraciones en la Patagonia austral. — Dos espedicio- 
nes de distinto carácter, recorren actualmente los territorios de 
la Patagonia austral. La una, cuyo objetivo es principalmente 
geográfico, la lleva á cabo el señor Ramón Lista, gobernador del 
territorio de Santa Cruz. Según las últimas noticias, el señor 
Lista había salido de la isla de Pavón el 5 de Noviembre y había 
llegado á los lagos andinos que pensaba esplorar detenidamente, 
á mediados del mes de Diciembre. La otra de carácter espe- 



(1) Los restos del Notohippus toxodontoidos, que constituirá el tipo de una 
nueva familia (Proteguidae) del sub-órden de los Litopterna, serán descritos en 
uno de los próximos números de esta revista (F. A). 



64 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

cialmente geológico es la que está efectuando el señor Carlos 
Ameghino con el objeto de estudiar la geología de esa región y 
coleccionar restos de vertebrados fósiles ; los resultados de este 
viaje, según los datos que poseemos sobrepasarán en mucho á los 
obtenidos en los viajes precedentes. 

Nuevos hallazgos en los yacimientos fosilíferos oligoce- 
nosdel Paraná. — Las barrancas de los alrededores del Paraná, de 
las que tantos objetos se han exhumado, han continuado propor- 
cionando una considerable cantidad de fósiles, particularmente 
de vertebrados . Las asiduas investigaciones del profesor Scala- 
brini y del señor León Lelong, en las mencionadas barrancas, 
durante el año trascurrido (1890), han dado por resultado el des- 
cubrimiento de muchos tipos completamente desconocidos, como 
también el hallazgo de piezas bastante completas de muchos gé- 
neros de los que solo se poseían fragmentos insignificantes. 

Se ha encontrado además otro yacimiento más ó menos de la 
misma época, pero alejado de las barrancas, en el arroyo del Es- 
pinillo á unas 5 leguas de la ciudad del Paraná. Ha sido esplorado 
por el profesor Scalabrini y por el señor Toribio E. Ortiz, re- 
cogiendo en él muchos objetos idénticos á los que se descubren 
en las barrancas del Paraná, pero generalmente más completos. 
Entre ellos también hay muchas piezas nuevas. 

Todos estos materiales constituirán una notable contribución 
para el conocimiento de la fauna oligocena de la República. 

Fósiles miocenos de Tucuman y Catamarca. — El Sr. Ma- 
nuel B. Zavaleta prosiguiendo las exploraciones arqueológicas 
eme desde hace varios años lleva adelante con tanto empeño, ha 
descubierto en las areniscas miocenas que forman los valles de 
los últimos contrafuertes del Aconquíja, restos de mamíferos fósi- 
les, en su mayor parte nuevos y de notable importancia por refe- 
rirse á un horizonte cuya fauna es hasta ahora casi completamente 
desconocida. 

Algunos de Los objetos coleccionados por el Sr. Zavaleta serán 
descritos y figurarán en la próxima entrega. 



Tomo I Buenos Aires, Abril 1° de 1891 Entrega, 2 a - 



REVISTA ARGENTINA 



HISTORIA NATURAL 



Observaciones críticas sobre los caballos fósiles 
de la República Argentina 

Por Florentino Ameghino 
{Continuación y fin) 

Equus rectidens H. Gerv. y Amegh. 

Equus rectidens H. Gerv. y Amegh. Los mamíf.fós. de la America del Sur, p. 92, 
a. 1880. 
Moreno. Museo La Plata. Informe preliminar, etc., p. 18, 1888. 
Ameghino. Los mamíf.fós, argent., p. 505, pl. XXVII, fig. 8, y XXVIII, fig. 
5, a. 1889. 

Equus neorjaeus. (Lund) parte, P. Gervais. Rechereh. sur les mammif. Jos*, de 
l'Amér. Mor., p. 35. Atlas, pl. 7, fig. 2 y 3, a. 1885. 

Equus macrognathus (Weddell) parte, P. Gervais. Obra citada, Atlas, pl. 7, fi». 
2 y 3. 

Equus Decillei (Gerv.), Burmeisteu. Anales del Museo Público de Buenos Aires 
t. I, p. 248, pl. XIII, fig. 12. 

Equus neogaeus (Lund), Burmeister. Obra citada, mismo tomo, p. 299. 

Equus argentintís (parte), Bur.meister. Los caballos fósiles d,< la Pampa Argen- 
tina, p. 55 y 56, pl. IV, fig. 6, a. 1875. — id. Descrip. phys. de la Rép. Arg., 
t. III, p. 477, a. 1879. 

Equus curoidens (0\v.), Burmeister. Los cab.fós. de la Pampa Argentina. Su- 
plemento, p. 15, pl. IX, fig. 2 á 8, a. 1889. 

Equus andium (YVagner) ? Bur.meister. Ulna citada, p. 25. 

Equus Lundii, Boas, Om emfossil Zebra-forrnfra Brasiliens Campos, en Vidensk. 
Seis/.-. Skr. 6 Raid, e. Naturridensl, . ogmath. Aid. I. Kjobenhavn. 

Apesar de que los restos de esta especie son los que se encuen- 
tran en la provincia de Buenos Aires con mayor frecuencia, y que 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 5 



G6 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

.sus primeros vestigios fueron descubiertos hace cerca de medio 
siglo, recien ahora empieza á ser conocida de una manera algo sa- 
tisfactoria. 

Los más antiguos restos de esta especie que me sean conocidos, 
fueron descubiertos por Weddell en el depósito fosilífero de Ta- 
nja y llevados á Paris conjuntamente con numerosos huesos de 
Hippidion que habían sido clasificados por Weddell como los 
de un verdadero caballo al que había dado el nombre de Equus 
macrognathus. Allí esos restos fueron estudiados más detenida- 
mente por Gervais, quien no reconoció que pertenecían á dos ani- 
males muy distintos, identificándolos todos con el Equus marro- 
gnathus de Weddell, especie que identificó á su vez con el 
Equus Neogaeus de Lund, pero erróneamente, pues corresponde 
en realidad al Equus principalis del mismo autor, especie que 
debía servir más tarde de tipo al nuevo género Hippidion. 

Entre esos restos, erróneamente atribuidos al Equus neogaeus^ 
hay dos muelas de un verdadero Equus, de las que dá el dibujo 
en la lámina 7, figuras 2 y 3, vistas únicamente por la corona, sin 
dar sobre ellas mayores detalles. Esas muelas, identificadas por 
Leidy, ' >wi:.\ y Burmeister con el Equus curoidens á causa de 
La conformación de los pliegues de esmalte en la superficie de 
masticación, y por no conocer la forma del prisma de las muelas, 
que es completamente recto, y sobre el que no dice nada Gervais, 
pertenecen en realidad á una» especie diferente, el Equus recti- 
dens, fundada más tarde por mi en colaboración con el Dr. H. 
Gervais. 

En la República Argentina, los primeros restos de esta especie 
fueron recogidos por el tinado D. Manuel Eguía, quien comu- 
nico ;'i Ifi RMEISTER la serie dentaria completa de las muelas infe- 
riores del lado izquierdo. Es/ta dentadura fué descrita y dibujada 
por el venerable paleontólogo en el tomo primero de los A nales 
del Museo Público, página ^48, identificándola erróneamente con 
el Equus Devillei de Gervais (pie es un Hippidion, y corres- 
ponde al verdadero Equus neogaeus de laxo. Pero al lindel 
mismo tomo reconoce el autor la identidad del Equus Devillei 
■ ■, [ Equus neogaeus de Lund, apelativo más antiguo, inscri- 
biendo ^\'' consiguiente la dentadura de la especie de Buenos Aires 
que le había facilitado el señor Eguía, bajo el nombre de Eqvms 
neogaeus Li nd. 

En lsTT). en ~n notable monografía sobre los caballos fósiles de 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 67 

la Pampa, reconoce Burmeister la separación de los géneros 
Equus é Hippidion, comprendiendo entonces que la dentadura 
inferior antes por él identificada ron el Equus Devillei de Ger- 
vais y Equus neogaeus de Lund, procedía de un animal distinto, 
de un verdadero Equus, que identifica con tan poca suerte como 
en el caso anterior al Equus argentinus, una especie bien dife- 
rente y de conformación particular que el autor funda en el mis- 
mo trabajo sobre una muela superior aislada procedente de la pro- 
vincia de San Luis. 

En 1880, fundé en colaboración con el Dr. H. Gervais la nue- 
va especie de cal jal lo fósil que designamos con el nombre de 
Equus rectídens á causa de sus muelas superiores aparente- 
mente sin curva apreciable del prisma, y en contraposición al 
Equus curoidens de Owen caracterizado por los prismas de sus 
muelas que son siempre muy arqueados. Al fundar esta especie 
teníamos á la vista cinco muelas superiores distintas pertenecien- 
tes á tres individuos diferentes, y entre ellas las dos muelas supe- 
riores figuradas por Pablo Gervais en su obra Recherches, etc., 
plancha VII, figuras 2 y 3, determinadas erróneamente como del 
Equus neogaeus. Los caracteres distintivos más notables de esta 
especie por nosotros mencionados, fueron la dirección recta ó casi 
recta del prisma de las muelas, y la formación en edad relativa- 
mente temprana de raíces bien separadas y cerradas. 

Desde esa fecha conseguí reunir una cantidad considerable de 
restos de la misma especie, desgraciadamente depositados en el 
Museo de La Plata, por lo que no he podido dar de ellos ilustra- 
ciones, ni tampoco una descripción completa del esqueleto. Sin 
embargo, en mi obra Los mamíferos fósiles argentinos, apare- 
cida a mediados del 89, he dado una descripción detallada del 
cráneo, incluso la mandíbula inferior, y de la dentadura com- 
pleta, demostrando en ese trabajo que la dentadura inferior atri- 
buida primeramente por Burmeister al Equus neogaeus y luego 
al Equus argentinas, tampoco procedía de esta especie, sino que 
correspondía á la dentadura inferior del Equus rectal ens. 

Más ó menos al mismo tiempo aparecía la segunda parte de la 
monografía de Burmeister (Los caí hados fósiles de la pampa ar- 
gentina), como suplemento de la primera, en la que también él 
reconoce que la dentadura en cuestión no pertenece al Equus ar- 
géntalas como antes lo había creído, pero me encuentro con la 
sorprendente conclusión de que ella procede del Equus curvidens 



68 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de Owen, aumentando mi sorpresa, la descripción con ilustra- 
ciones, de cráneos y dentaduras completas de individuos adultos 
y jóvenes, determinados por Burmeister como del Equus cur- 
üidens, piezas que lejos de pertenecer á esta especie, presentan 
todos los caracteres distintivos de mi Equus rectidens. 

El autor pasa sucesivamente en revista describiéndolos más ó 
menos detalladamente, el cráneo y la dentadura de un individuo 
viejo, un cráneo y la dentadura de un individuo joven y la man- 
díbula y dentadura inferior de individuos jóvenes y adultos, pero 
sin que en todo el curso de su disertación se encuentre una sola 
palabra en la que esplique las razones que lo han conducido á 
atribuir esos diferentes restos al Equus cuvuidens más bien que á 
cualquier;! otra especie. 

Encambio, al pié de la página 19 se encuentra la llamada que 
trascribo á continuación. 

«He visto un cráneo bastante deteriorado de un animal muy vie- 
jo, que me ha sido mandado para mi inspección del Museo pro- 
vincial de La Plata, como original del Equus rectidens de Ame- 
ghino (Les mammiéfres fossiles de V Amérique du Sud } pág. 92, 
núm. 13."), Paris, 1880). No se diferencia en nada más del cráneo 
conservado en el Museo Nacional del Equus curoidens, que por 
el desgastamiento más fuerte del prisma dental, teniendo en el 
estado de su cualidad actual apenas una pulgada de alto la figura 
recta, porque le falta la porción superior antes encorvada». 

De manera que, -i Burmeister en todas partes se abstiene de 
manifestar cuáles son las razones por las que atribuye esos restos 
al Equus curvidens, no deja por eso escapar la oportunidad de 
dar á comprender que he fundado el Equus rectidens sobre res- 
lel Equus curvidens, y que el carácter por mi atribuido ; 'i 
aquella especie, de presentar las muelas superiores casi rectas, es 
debido á que lie examinado individuos muy viejos, en los que la- 
muelas ya habían perdido la parte arqueada, no quedando de ellas 
más que la parte basal recta ó casi recta, circunstancia queme 
habria inducido en error. 

Aquí es ocasión de volver á poner de relieve, cómo se prescinde 
de los materiales que comprueban mis determinaciones, para no 
escoger más que aquellos que en apariencia las contradicen, como 
si ex-profeso se buscara aumentar la oscuridad en vez de buscar 
la luz. 

Puestoqueen ninguna otra parte se ocupa el autor del Equus 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



69 



rectidens, ¿con qué objeto cita ese cráneo que dice ser de un in- 
dividuo muy viejo, por cuya razón muestra las muelas rec- 
tas ? 

Es demasiado sabido que en todos los representantes de la fa- 
milia de los équidos, cuando las muelas superiores por efecto de 
su desgastamiento han perdido la mayor parte del prisma, la 
parte basal que queda se presenta perfectamente recta. No podía 




r b 



Fig. tí. Penúltima muela su- 
perior derecha (m s ) <lel Equus 
rectidens H. Gerv. y Amegh. 

vista por la corona en tamaño 
natural. A pilar interno ante- 
rior, P pilar interno posterior. 
B repliegue secundario anterior 
del pilar interno posterior, C 
repliegue opuesto posterior del 
pilar interno posterior. Piso 
lujanense de la formación pam- 
peana, en Lujan. 




Fig. 7. La misma muela, vis- 
ta de lado, por su cara perpen- 
dicular anterior; tamaño |. 



pues suponer sin tener las pruebas de ello, que yo hubiera fun- 
dado la especie sobre muelas de individuos completamente defor- 
mados por la edad. El autor que cita ese cráneo de individuo 
viejo como el original de mi Equus rectidens y que á continua- 
ción menciona la obra en que la especie fué fundada, hubiera de- 
bido ver que en ella no menciono ese cráneo viejo, sino cinco mue- 
las superiores aisladas, una de las cuales puede verla figurada en 
la lámina 27, de mi última obra ya mencionada, y convencerse 
de que ella en vez de tener apenas una pulgada de largo arriba de 
la bifurcación de las raices, tiene el prisma unos cinco centímetros 
de largo, lo que no impide de que sea casi completamente recto, 
como lo demuestran las figuras adjuntas, que representan una 
muela superior de esta especie. 

Por otra parte, los materiales que de esta, especie llevé al Mu- 



7' I REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

seo de La Plata, todos rigurosamente determinados, eran nume- 
rosos; hay allí cráneos más ó menos enteros, y otros casi intactos, 
tanto de individuos muy viejos, como de jóvenes, habiéndolos con 
parte de la dentición de leche. ¿Por qué entonces Bürmeister en 
vez del cráneo incompleto y sumamente viejo, en el que las mue- 
¡stán ya gastadas casi hasta la base, no pidió los otros mate- 
riales, ó por qué no se los remitieron para impedir que cayera en 
el error de creer que ese era el original que sirvió de tipo á ia 
fundación de la especie? 

El cráneo que menciona, es probablemente uno de los más vie- 
jos que del Equus rectidens Üábia reunido, y que Bürmeister 
lo encuentreen un todo igual al que describe como de Equus cur- 
oidens con escepcion de las muelas por otar muy gastad;;-, solo 
prueba que el cráneo que < ; 1 describe y dibuja como de Equus 
curoidens es en realidad del Equus rectidens. 

El Equus curuidens ha sido fundado por Owen, sobre una 
muela superior de una conformación parecida á las del caballo 
doméstico, pero que se distingue fácilmente por su prisma que es 
bastante más arqueado que en las muelas del caballo actual. Lue- 
go se encontraron otras muelas parecidas en distintos puntos de 
Sud América, conjuntamente con otras de la mandíbula interior 
que presentan una identidad casi perfecta con las mismas del ca- 
llado doméstico. 

En 1870. Bürmeister, en su monografía de los caballos íosil<>s 
argentinos, menciona detenidamente el Equus curoidens, del que 
reproduce la figura de la corona de la minda superior descrita por 
Owen estampando repetidas veces y en distintos puntos, que se 
distingue sobre todo por la fuerte encorvadura de sus prismas. 

Ahora, cosa singular, describe numerosas piezas como del 
Equus curvidens, sin recordar eu ninguna parte lo qu 
ha escrito al respecto, ni mencionar para nada los trabajos de sus 
predecesores, cuando lo natural ora que empezara por esponer 
los caracteres fundamentales que lo obligaban ,-i designar esos res- 
tos con tal nombre especifico. 

El distintivo más notable y fundamental del Equus curcidens 
i los restos basta ahora conocidos, consiste como lo demos- 
tró Owen y lo confirmaron luego otros autores, en el -fuerte en- 
corvamiento de las muelas superiores, de cuyo carácter se deriva 
el nombre específico. 

¿Cómo $e concibe entonces una descripción del cráneo del 






SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 71 

Equus curoideriSj objeto hasta ahora desconocido, sin asegurarse 
antes por medio del examen de la curva de las muelas, de que se 
trata realmente de la mencionada especie? Es sin embargo lo que 
ha hecho Burmeister; ha descrito el cráneo y la dentadura del 
Equus rectidens bajo el nombre de Equus curvidens, sin espo- 
ner las razones en que funda tal identificación, y sin decir ni una 
sola palabra del grado de encorvadura que presentan las muelas 
superiores, único medio de comprobar su identificación. 

Las muelas por él descritas, hasta cierto punto con minuciosi- 
dad, olvidándose únicamente del grado de encorvadura de sus 
prismas, son mucho más rectas que las del Equus curvidens, y 
todavía algo más rectas que las del caballo doméstico, especie que 
entre los representantes de la familia pasaba por ser aquella de 
prismas dentarios más derechos. 

No es mi objeto ahora hacer una comparación detallada entre 
el Equus curvidens y el Equus rectidens, que tampoco seria 
posible, porque hasta ahora no conocemos un cráneo ni aún im- 
perfecto de la primera especie, sino solamente muelas aisladas 
superiores y la serie completa de las inferiores. Voy pues solo á 
demostrar de una manera abreviada las diferencias más notables 
que existen entre ambas especies, para que se vea el sin funda- 
mento con que Burmeister las ha reunido en una sola, aunque 
haya tenido que pasar por alto sus trabajos anteriores. 

El resultado de esta comparación demostrará que el Equus rec- 
tidens por los caracteres generales de la dentadura se acerca más 
de Hippidion que del caballo doméstico, esceptuado natural- 
mente la curva de las muelas por la que al contrario presenta un 
mayor parecido con el caballo actual. El Equus curvidens al con- 
trario, con escepcion de la gran curva de los prismas dentarios su- 
periores que lo acercan de Hippidion, se separa más de este gé- 
nero que el Equus rectidens, y más todavía que el caballo domés- 
tico, del que reproduce algunos de sus caracteres de una manera 
todavía más acentuada. 

En la mandíbula inferior, las muelas del Equus rectidens, 
muestran una conformación muy parecida á la del caballo domés- 
tico, con escepcion del gran pliegue de esmalte esterno que se- 
para los dos lóbulos que componen cada muela. Este pliegue en 
Equus cabal lus es largo, muy angosto, y con un pequeño replie- 
gue secundario en su rama posterior, muy acentuado y siempre 
presente hasta que las muelas no queden completamente gasta- 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 




das. En Equus rectidens este pliegue estenio es más corto y más 
ancho, y generalmente sin el pequeño repliegue de la rama poste- 
rior, con escepcion de las muelas completamente nuevas ; pero 
asimismo este repliegue, cuando existe, está apenas indicado. 
siendo á veces verdaderamente difícil de reconocerlo, mientras 
({lie en Equus caballus y demás especies del mismo género hasta 
ahora descritas es siempre muy visible. En Hipptdion el gran 
pliegue externo es siempre corto y ancho, y sin el menor vestigio 
del pequeño repliegue de la rama posterior. El Equus rectidens, 
sin reproducir la misma forma se acerca pues más de Hippidion 
que de los verdaderos caballos. Al contrario, las muelas inferio- 
res del Equus curiidens, presentan el pliegue externo largo, an- 
gosto y con el pequeño repliegue de la rama posterior siempre 
presente y bien acentuado, como lo indica la figura adjunta, N° 8. 

Este carácter está muy bien constatado, 
presentándose idéntico en la muela de 
Chile figurada por Gervais en la obra 
de Gay, reconocida como de Equus cur- 
videns, en las figuradas por Lund pro- 
cedentes de las cavernas del Brasil, y en 
los numerosos ejemplares recogidos en la 
provincia de Buenos Aires. 

Además do estas diferencias, las mue- 
las inferiores del Equus curvidens se dis- 
tinguen de las del Equus rectidens por 
sci- bastante más angostas en proporción 
del largo, y con los dos lóbulos más aplastados sobre el lado in- 
terno. 

Diferencias no monos importantes so observan en la forma do 
los repliegues internos del esmalte. Los dos pliegues <[iie sobre 
el lado interno de las muelas penetran en la corona, uno en cada 
lóbulo, se estienden en el interior de adelante hacia atrás, for- 
mando una figura muy larga y angosta, como aplastada sobre el 
lado externo y que termina adelante y atrás en ángulos estrechos 
más ó menos agudos ; en Equus rectidens (fig. 9) estos pingues 
-oh mucho más corto, y menos aplastados terminando adelante 
y atrás en ángulos más cortos y más redondeados. 

En la mandíbula superior, la diferencia entre las muelas de am- 
bas especies.es todavía más considerable, sin embargo de que en 
la forma de los repliegues del esmalte, tanto Equus rectidens 



Fig. B. Muela inferió] 
cha, todavía poco gustada, de 
can idens Owen, tama- 
ño!. Formación pampeana de 
Lujan íprov. de Buenos Aires;. 
A, pequeño repliegue secundo 
rio extemí i. 




SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 73 

como Equus curvidens se parecen tanto á Equus caballus, que 
solo por medio de un examen muy minucioso se han podido cons- 
tatar diferencias constantes y de consiguiente de valor especí- 
fico. 

La superficie de masticación de las muelas superiores del Equus 
curvidens, concuerda en su conformación general con las del 
Equus caballus con escepcion de algunos detalles secunda- 
rios. 

Una de las primeras diferencias que saltan á la vista es la me- 
nor complicación de los pliegues del esmalte del Equus curvidens 
comparado al Equus caballus, pero bajo este punto de vista no 
se distingue del Equus rectidens que presenta igual simplicidad. 

Mayor importancia tiene la figura del re- 
pliegue de esmalte que en la corona forma 
la columna interna posterior P. Este re- 
pliegue, en Equus caballus, cuando las mue- 
las están todavía poco gastadas, se dirije 
oblicuamente Jiácia atrás y hacia adentro 
formando una esquina corta, ancha y redon- Fi ¿- ■'• Muelíl inferior dere - 

n . ' .. cha de Equus rectidens H. 

deada, limitada adelante por una linea de Gerv . y amegh. Tamaño 
esmalte casi recta que se dirije hacia ade- natural. Formación pam- 

, i ■ • _p j_ ' i ~ peana de Lujan. 

lante y hacia afuera, y atrás por el pequeño 

repliegue de esmalte C. En Equus curvidens, esta misma figura 
de esmalte P, es más angosta y puntiaguda, formando una especie 
de península bien delimitada, que se une al resto de la corona por 
un istmo angosto, limitado atrás por el repliegue de esmalte C, 
y adelante por el pequeño repliegue secundario opuesto B. Este 
repliegue i?, falta en Equus caballus, y en Equus curvidens aun- 
que siempre está presente, se vuelve menos aparente á medida que 
avanza el desgastamiento de las muelas, por lo que es poco visible 
en la figura de la muela de esta especie dada por Owen. Las fi- 
guras 10 y 11, délas coronas de dos muelas del Equus curvi- 
dens, la primera de un individuo en el que la corona todavía 
no estaba completamente atacada por la masticación, y la segunda 
de un individuo más viejo en el que ya el desgastamiento de las 
muelas estaba bastante avanzado, muestran perfectamente bien 
marcado el pequeño repliegue secundario B, mencionado. Este pe- 
queño repliegue secundario B se encuentra también en las mue- 
las del género Hippidion, y en algunas especies muy acentuado, 
como se puede ver por la muela representada en la figura 12. 



74 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

En Equus rectidens tenemos una conformación bastante dis- 
tinta; la ligara del pliegue P, es más corta, más ancha y más re- 
dondeada que en E. curvidens, sin terminar en punta sobre el 




Fi.!-'. 10. Muela superior izquier-í 
da 'le Equus curi idens Owex, to- 
davía ii" completamente til 
por la masticación, en tamaño na- 
tural. A. pilar interno anterior, P, 
pilar interno posterior, B repliegue 
secundario anterior del pilar inter-á 
no posterior, <'. r< pliegue i ipuestq 

rior ilel mismo pilar. 
bi maerense de la f< irmaoii >n pem3 
peana de La Plata. 




Fig. 1 1 . Muela superior dei 
de Equus curoidens Owen, de un 
individuo vii - letras que 

la figura anterior- I'i.<o bonai 
de la formación pampeana de La 



lado póstero-interno ; estos caracteres son todavía más acentuados 
que en el caballo doméstico de manera que este se coloca entre 
E. rectidens y E. curvidens. En razón de su enanchamiento, 
tampoco presenta la figura de esmalte P, del E. rectidens, el itsmo 

que hacia adelante muestra en las 
muelas del E. curvidens, faltándoles de 
consiguiente también el pequeño re- 
pliegue secundario B que delimita ha- 
cia adelante el mencionado istmo. 

Por estos caracteres E. curvidens 
se parece á Hippidion y E. rectidens 
al E. caballus del que presenta los 
mencionados rasgos todavía más acen- 
tuados. 

Un tercer carácter de importancia 
para nuestro estudio, aparece en Las di- 
mensiones relativas de los contornos 
de las coronas de las muelas. En todas 
estas especies, la corona representa un cuadrado más «'• menos per- 
fecto. En /:'. caballus adulto, <'l diámetro ántero-posterior de 
l,-i corona es sensiblemente igual al diámetro transverso, aunque ;i 




Fig. i.'. Muela 
da 'le Hippidion compre. 
Amboh . Mismas letras que las li- 

pr ¡dentes. Pi 

de la formación pampeana 
de i- Plata. 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



75 



i 



menudo este es un poco menor 
que el diámetro Longitudinal. En 
E. curvtdens, la superficie mas- 
ticatoria délas muelas representa 
un cuadrado más perfecto, en el 
que el diámetro ántero-posterior 
es igual ó poco menos al diámetro 
transverso. En E. rectidens, al 
contrario el diámetro transverso 
es constantemente un poco mayor 
que el diámetro ántero-posterior. 
ó lo que es lo mismo las coronas 
son más anchas que largas, ca- 
rácter que está muy bien indica- 
do en la figura que dá Burmeister 
de las muelas superiores. I ¡gu- 
ra 13. 

Una región importante en las 
muelas de los caballos, que ge- 
neralmente proporciona caracte- 
res distintivos de importancia, es 
la gran columna interna anterior 
de las muelas superiores que for- 
ma en la corona la figura de es- 
malte .1 en forma de península. 
Esta columna y la figura de es- 
malte correspondiente es relati- 
vamente menos angosta y más 
aplastada en el E. curvidéns (1) 
que en la especie actual. Es de- 
masiado conocida la importancia 
de Los caracteres que proporciona 
esta columna para la distinción 
no solo de las especies, sino tam- 
bién de los géneros. En Palaeo- 
therium y Anchüherium esta co- 
lumna interna anterior no se 
destaca, presentándose sus mue- 

(1) En mi obra Los mamíferos fósiles de la lie/iúbliea Argentina, página 504, 
por error he dicho que esta columna es en Equus eurvidens «más angosta y 
menos aplastada » en vez de «menos angosta y más aplastada». 



41 — 



- a 

"5 1*3 



•- 1 



76 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

las al lado interno simplemente trilobadas. En Paloplothcriiun 
cuando las muelas no están muy gastadas, el pilar anterior se pre- 
senta independiente, sin que la figura del esmalte se una al resto 
de la corona, formando como una isla. En Hipparion este mismo 
pilar interno anterior se presenta aislado como en Paloplotherium 
durante la juventud, pero más tarde se reúne al lóbulo anterior, 
formando entonces como una península relativamente pequeña y 
convexa al lado interno. 

En Protohtppus é ffippidton, las dos columnas internas an- 
terior y posterior, son más ó menos iguales, ambas redondeadas 
y convexas aliado interno. 

Solo en Equus, el más moderno de todos los géneros menciona- 
dos, el pilar ó columna anterior es considerablemente más grande 
• jiir la posterior y más aplastada al lado interno. Pero también 
las diferentes especies de este género presentan en la conforma- 
ción de dicha columna diferencias, que sin duda [tasan inaperci- 
bidas al ojo inesperimentado, pero que las apercibe fácilmente el 
paleontólogo, por cuanto tienen una importancia capital para la 
distinción de las distintas etapas do evolución por las que sucesi- 
vamente las especies han pasado. Obsérvase asi como regla general 
con muy pocas escepciones, que las especies d' caballos más anti- 
guas presentan la mencionada columna interna anterior más pe- 
queña, de menor diámetro ántero-posterior, de estremidades más 
redondeadas y más convexa al lado interno, mostrando asi una 
transición evidente .i los géneros IHppnrion, Protohippus é Hippi- 
diorij mientras que en lasespecies más recientes la misma columna 
toma mayores proporciones, se enancha aumentando su diámetro 
ántero-posterior, se vuelve acuminada en sus dos estremos, y 
aplastada al lado interno separándose asi de los géneros prece- 
dentemente nombrados más que las especies de época anterior. 
Asi los llamados Equus sioalensis Fal. y Caut., del plioceno de 
la India. Equus stenonis Cocciii del plioceno de Italia, y Hi/mi* 
crenidens Cope, del plioceno de Tejas en los Estados luidos, son 
especies que presentan el pilar interno anterior más angosto, 
mientras que el caballo actual, Equus <-<th<illns, es el que l<> tiene 
más ancho ó sea de mayor diámetro ántero-posterior. 

Pero para poder comparar con linio, gin incurrir en errores, 
los ejemplares de diversos individuos -'» de distintas especies, es 
preciso servirse do muelas que hayan pertenecido á individuos 

máSÓmenOS de lina misma edad, pues <•! ancho de la columna 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 77 

mencionada varia según el grado de desgastamiento que presen- 
tan las muelas. La columna interna anterior, antes de que la mue- 
la esté atacada por la masticación se presenta angosta y redon- 
deada en la cúspide, aumentando su ancho á medida que se des- 
gasta, presentando el ancho máximo en la muela todavía joven 
en la que ya se encuentra gastada por la masticación toda la su- 
perficie del prisma. A partir de este momento, á medida que 
avanza el desgastamiento disminuye el ancho de la columna in- 
terna, hasta reducirse en época avanzada á una mitad del tamaño 
que presentaba en la juventud. 

En el ancho relativo de la columna interna anterior, solo una 
especie aventaja al caballo doméstico, el Equus curvidens, que 
por este carácter sobrepasa en su evolución á todas las demás es- 
pecies. 

En el caballo doméstico actual, el ancho del pilar interno an- 
terior equivale siempre á un poco más de la mitad del diámetro 
ántero-posterior de la muela. En el Equus rectidens, la columna 
interna también es bastante ancha, aunque no tanto como en el 
cal tallo doméstico, á no ser en muy raras escepciones ; el ancho 
de la columna interna anterior es en esta especie equivalente á un 
poco más del tercio del diámetro ántero-posterior de la muela, 
y raramente á un poco menos de la mitad, ó á la mitad como en 
el caballo doméstico; en la serie de muelas figurada por Burmeis- 
ter las hay que muestran la mencionada columna algo más an- 
cha, pero si no es debido á un error de proporción en el dibujo, 
son casos realmente escepcionales. 

En el Equus curvidens, el ancho de la columna no solo es ma- 
yor que en Equus rectidens sino que, como ya lo he dicho más 
arriba, sobrepasa en esto al mismo Equus caballus. De las mue- 
las de Equus curvidens que me son conocidas, la descrita y figu- 
rada por Owen es aquella en la que encuentro la columna más 
angosta, y sin embargo su ancho equivale por lo menos á una mi- 
tad del diámetro ántero-posterior de la muela, carácter de im- 
portancia, si se tiene presente que el mencionado ejemplar sin ser 
viejo, es ya bastante gastado por la masticación. 

En las muelas de Equus curvidens todavía poco gastadas, que 
tengo á mi disposición, encuentro el ancho de la columna interna 
anterior constantemente algo mayor que el diámetro ántero-pos- 
terior de la muela, de donde resulta que lejos de poderse unir el 
Equus rectidens al Equus curvidens, por los caracteres de la 



78 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

columna interna anterior se coloca entre ambas especies el Equus 
caballus. 

Si en vez del ancho de la columna consideramos su grado de 
aplastamiento, llegamos á idéntica conclusión. La especie que 
présenla la columna más aplastada es el Equus caballus, siendo 
sobrepasado en este carácter como en el caso precedente tan solo 
por el Equus curvidens, mientras «pie al contrario el Equus rec- 
tidens tiene dicha columna de mayor diámetro transverso que en 
el caballo doméstico. 

Como se trata de caracteres en los que las diferencias se mi- 
den á menudo por menos de un milímetro, y que las diferencias 
individuales ó de diente á diente de un mismo individuo son á 
veces notables, no queriéndome confiar á la vista, (pie á menudo 
engaña, para evitar toda, causa de error he recurrido á las medi- 
das de un cierto número ele ejemplares para luego tomar el tér- 
mino medio. He reunido seis muelas superiores de Equus curvi- 
dens de individuos diferentes puesto que no dispongo de una serie 
completa de un mismo individuo, y dos series completas áeEquus 
caballus y Equus recúdeos, midiendo luego en cada diente el 
diámetro ántero-posterior máximo del pilar interno anterior, y 
si i diámetro transverso tomado al nivel del ángulo ántero-inferior 
interno del gran pliegue que divide los dos lóbulos de la muela, 
el grueso de la hoja de esmalte inclusive, y el término medio me 
lia dado el siguiente resultado. 

Diámetro del pilai ¡ntei no aniei ioi 
mi. ni posterioi tr insverso 

Equu* curcidiíns 0.0135 1 

Equus caballus 0.0130 

Equus rrcttfluné 0.0120 6 

Se deduce de esto que. aunque l,i diferencia entre Equus curvi- 
dens y Equus caballus no sea muy grande, con todo el primero 
tiene la columna interna un poco más aplastada (pie el segundo, 
pero en Equus red id V//.s la diferencia es mucho más notable, pre- 
sentando la columna bastante menos aplastada que en Equus caba- 
UuSj de manera que también se interpone este último entre las 
otras dos especies. 

A.1 examinar las muelas, estas diferencias sallan inmediata- 
mente á la vista sin recurrirá medidas. En las muelas del Etfuus 
rectidens se ve que el borde interno de la columna mencionada., 
forma de adelante hacia atrás una columna casi recta, raras veces 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 79 

deprimida en el medio, y en todo caso siempre de una manera 
muy poco acentuada, mientras que en otros casos forma una pe- 
queña convexidad. En el Equus cabal I us este borde interno no es 
recto sino onduloso, con la ondulación más acentuada que forma 
una curva cóncava en el interior del pilar, que produce además 
una pequeña depresión perpendicular sobre toda su superficie in- 
terna. En el Equus curvidens, este borde no es ni recto ni on- 
dulado, sino que forma una curva prolongada y bastante acentuada 
cuya concavidad penetra á veces en el interior del pilar producien- 
do en toda la longitud de este una fuerte depresión perpendicu- 
lar ancha y profunda. 

Podría encontrar también algunas diferencias en los repliegues 
semilunares del esmalte del interior de la corona y en la forma de 
los listones perpendiculares externos, pero me exijiria demasia- 
do espacio y me parece hasta cierto punto superfino ; voy pues á 
examinar todavía únicamente los dos principales caracteres que 
al fundar la especie atribuí al Equus rectidens, el de que las rai- 
ces de las muelas se obliteran en él en edad más temprana que en 
Equus caballus, y la dirección recta ó casi recta de sus prismas 
dentarios superiores. 

En el caballo doméstico, las muelas superiores permanentes no 
muestran raices distintas ó aparentes sino cuando ya han entrado 
en función presentando su completo desarrollo con una longitud 
del prisma dentario de unos 8 centímetros; entonces empiezan á 
destacarse las raices en forma de conos cortos y truncados, com- 
pletamente abiertos en la base, que se van alargando progresiva- 
mente á medida que se desgasta la corona hasta que cuando el 
desgastamiento del prisma ha alcanzado un poco más de la mitad 
de su longitud, las raices se cierran presentando entonces una 
forma cónica, pero siempre son cortas y poco separadas. En el 
género Hippidion se cierran en edad mucho más temprana, y son 
considerablemente más largas y divergentes que en Equus ca- 
ballus. 

En Equus rectidens también las muelas han tenido raices más 
largas y divergentes que en el caballo doméstico, y que como en 
Hippidion se cerraban en época más temprana. Sobre individuos 
ya bastante viejos, cuyos prismas encima de la división de las rai- 
ces ya no tienen más que 6 centímetros de elevación, Jas raíces 
completamente cerradas alcanzan una longitud de más de tres 
centímetros, lo que nunca sucede con el caballo doméstico. 



80 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Sin embargo, vista la aseveración de Burmeister deque Equus 
rectidens está fundado sobre individuos muy viejos de Equus cur- 
videns, para demostrar la ligereza con que este juicio ha sido emi- 
tido, he llevado mi examen mucho más lejos. Me he procurado 
la tercera muela superior (P. 4) del Equus recudáis, del Equus 
curvidens y del Equus caballus doméstico, los tres ejemplares 
procedentes con corta diferencia de individuos de la misma edad, 
para asi poderlos comparar con provecho y colocar sus resultado- 
fuera de toda discusión. 

La muela del Equus caballus que procede de un individuo cu- 
yos dos incisivos superiores externos de cada lado conservan to- 
davía vestigios sin rellenar de los pozos de esmalte de la corona, 
tiene una longitud máxima en linea recta de 82 milímetros ; de 
estos corresponden á las raíces 15 milímetros. Estas raíces de base 
ancha, se conservan todavía completamente abiertas, terminando 
en un borde delgado, no más grueso que una hoja de pa- 
pel. 

La muela del Equus curvidens, de la que la figura 10 mues- 
tra la corona, procede de un individuo un poco más joven y tiene 
9 centímetros de largo, de los que solo 5 ó 6 milímetros correspon- 
den á las raices que están un poco desunidas en su parte inferior, 
en donde les falta quizás uno ó dos milímetros á lo más. Hay que 
tener en cuenta acá. que si las raíces son mucho más cortan el 
prisma es un poco más largo que el de la otra muela, conociéndose 
además por el espesor poco considerable de la base abierta de las 
raices que estas no podían prolongarse mucho más. pero que pro- 
bablemente se conservaban abiertas hasta edad avanzada. 

Esto confirma la deducción que hizo Owen. de que el Equus 
curvidens tenía muelas de prismas más largos que el caballo ac- 
tual, á lo que puedo agregar que la- raíces cuando habían alcan- 
zado su completo desarrollo debían ser notablemente más cui- 
ta-. 

Esto está también confirmado por la muela de Equus curvidens 

representada en las figuras 10 y 17 vista por la corona y de lado ¡ 

esta muela que procede de un individuo ya bastante viejo, presenta 

dees rotas, pero se conoce por las roturas que estas estaban 

ya formadas, que eran muy Cortas 3 de base todavía abierta. 

La muela del Equus rectidens tiene s? milímetros de L|fgo, 
pero desgraciadamente también con las raice- rotas, conociéndose 
que se prolongaban todavía por una estension considerable. La 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 81 

superficie masticatoria de esta muela, por lo sobresaliente de sus 
aristas se conoce era de un individuo más joven que la del Equus 
cabal I us examinada más arriba, como lo demuestra además la 
mayor longitud de su prisma dentario. De estos 87 milímetros de 
largo, las partes existentes de las raíces solo ocupan 6 milímetros, 
pero las bases de las raíces se presentan ya bien separadas, per- 
fectamente formadas y con paredes muy gruesas, cuyas roturas 
dejan ver una cavidad muy pequeña. Estas raices, cuya parte 
perdida alcanza quizás á un centímetro de largo, estaban ya casi 
cerrradas, mientras que en una muela del mismo largo, proce- 
dente del caballo doméstico, las raices empiezan apenas á dise- 
ñarse. Es pues con razón que he dicho que el Equus rectidens se 
distingue por las raices de sus muelas que se obliteraban en edad 
más temprana que en Equus caballas y también agrego ahora 
que en Equus curvidens. 

Queda por examinar el carácter del arqueamiento de los pris- 
mas dentarios de las muelas superiores, carácter de fundamental 
importancia para la distinción de Equus curvidens y de Equus 
rectidens, puesto que de su mayor ó menor grado de desarrollo se 
derivan sus respectivos nombres específicos. 

Debe recordarse que en los mamíferos, el grado de arquea- 
miento de las muelas y su dirección no sufre variaciones indivi- 
duales en los representantes de una misma especie, ó son ellas in- 
significantes, caracterizando también á menudo un género, y á 
veces hasta los representantes de toda una familia. Es pues un 
carácter de importancia, que una vez determinado en tal ó cual 
grado de desarrollo como distintivo de una especie, no es dado 
prescindir de él. Mucho menos era posible hacerlo en este caso 
puesto que Owen distinguió su Equus curvidens por la fuerte en- 
corvadura del prisma dentario, y que por mi parte distinguí el 
Equus rectidens por la dirección casi recta de los mismos pris- 
mas. 

Voy á servirme para esta comparación de los mismos ejempla- 
res de la tercera muela superior (p. -> que me sirvieron para la 
comparación del desarrollo relativo de las raices, pues se pres- 
tan á ello por el poco desgastamiento de sus prismas denta- 
rios. 

Es sabido que, entre las especies del género Equus el caballo 
doméstico es el que presenta los prismas dentarios superiores 
menos arqueados, á tal punto que cuando las muelas se presen- 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 6 



82 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATL'RaL 



tan gastadas hasta la mitad de su largo, aparecen los prismas 
como completamente rectos. He trazado la curva externa de la- 
muela superior del Equus caballus y me ha dado un arco de 
círculo cuyo radio mide 132 milímetros de largo. 

La curva externa de la misma muela del Equus 7-ectidens ya 
mencionada, cuyo prisma sin las raices tiene más de 8 centíme- 
tros de largo, me ha dado un arco de circulo cuyo radio mide 15 




Fig. ií. Muela >!iperior <lere- 
cha de Equus rectidens H. 
Gbrv. y Amegh. que recien em- 
pezaba á ser atacada por la 
masticación. Piso lujanensede 
la formación pampeano de Lúa 
jan. 




Fig. is. La misma muela vis- 
ta 'le lado, por su cura perpen- 
dicular anterior. 



centímetros do largo; es pues esta muela considerablemente mas 
recta que la del caballo doméstico considerado hasta ahora como 
el que tiene muelas más derechas. Esta dirección más derecha del 
prisma tampoco es debida á un desgastamiento de la parte supe- 
rior encorvada como se ha supuesto; si el desgastamiento del pris- 
ma en casi la mitad <\<'>w longitud hace que la muela representada 
en la figura 7 aparezca á la vista como completamente derecha, 
en cambio la (pie representa la figura 15 procedente do un indi- 
viduo joven y cuya corona (fig. 14) recien empezaba á ser atacada 
por la masticación, mostrando asi el prisma todavía intacto y con 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



83 



su arqueamiento máximo, su curva externa forma un arco ele cír- 
culo cuyo radio solo tiene 148 milímetros de largo. Es pues evi- 
dente que el Equus rectidens es de prismas dentarios mucho más 
derechos que el Equus caballus. 

¿Cómo es pues posible identificar el Equus rectidens con el 
Equus curvidens cuyas muelas según lo ha demostrado Owen 
son más arqueadas que las del caballo doméstico? 

La muela del Equus curvidens mencionada más arriba, figura 




F¡?. 16. Muela superior dere- 
cha de Equits curvidens Owf.x 
bastante vieja. Mismas letras 
que en las figuras 10-12. Piso 
bonaerense ríe la formación 
pampeana de La Pinta (plioce- 
no medio). El tamaño aparen- 
mente pequeño de esta muela 
es debido á la desaparición de 
la capa esterna de cemento por 
haber sido rodada. 




Fig. 17. La misma muela vis- 
ta de lado por su cara perpen- 
dicular anterior. 



10, me ha dado una curva externa cuyo arco de círculo tiene un 
radio de un poco más de 9 centímetros de largo, el mismo grado 
de arqueamiento que con poca diferencia presenta la muela 
figurada por Owen que le sirvió de tipo para fundar la espe- 
cie. 

El desgastamiento de las muelas, no puede producir en la curva 
una modificación tal que puedan confundirse con las del Equus 
rectidens; no poseo muelas del Equus curvidens, de individuos 
muy viejos, pero si de individuos de edad ya avanzada, en los 
que los prismas de las muelas han perdido por desgastamiento un 
tercio de su longitud. Las figuras 16 y 17 muestran una de estas 
muelas, casi tan vieja como la del Equus rectidens, representada 



84 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 




en la figura 7, sin que por esto se presente recta como esta última, 
sino que forma una curva pronunciada, cuyo arco presenta un radio 
de 10 centímetros de largo. 

No es pues posible de ninguna manera reunir estas dos especies 
tan distintas, en las que se coloca como intermediaria por cierto 
número de caracteres el Equus caballus. Bajo el punto de vista 
del arqueamiento de las muelas el Equus Guroidens se acerca 
mucho más del Equus argentinas, cuyos prismas tienen según 
Burmeister una curva cuyo arco presenta un radio de un poco 
más de 8 centímetros de largo, figura 18, como también del Hip- 
pidioii cuyas dos especies descritas por Burmeister {H.princi- 

palis Lund, H. neogaeus Lund) tienen 
los radios de la curva externa de 76 mi- 
límetros de largo ; pero otra especie del 
mismo género, el H. compressidens 
Ameghino (fig. 12), tiene muelas me- 
nos curvas, comparables alas de los Equus 
curvidens y argentinas, pues el radio de 
su curva externa no tiene más de 9 cen- 
tímetros de largo. No hay así ninguna 
Fig. ib. Muela -upen., [ 2 - re i ac i on pos ible con el Equus rectidens, 

quierda de Equus argentinus, *■ / 

según dibujo publicado por que á este respecto se aleja de Hippidion 

Burmeister. A pilar interno de log EüUUS rurvhle/lS V EqUUS ur- 

anterior, P pilar interno pos- J 1 . 

terior. Formación pampeana (jCütillUS, tanto cuanto OS posible, 
de la provincia de San Luis. 

La importancia de la mayor ó menor encorvadura de las mue- 
las es tan grande que ella da una forma muy distinta á la parte 
anterior del cráneo; al arqueamiento más considerable de las mue- 
las se debe que los maxilares superiores en Equus caballus 
ciendan dirijiéndose oblicuamente hacia adentro aproximando.se 
á la linea longitudinal media, mientras que en Equus rectidens á 
causa de la dirección más derecha de las mismas muelas, ios ma- 
xilares son más comprimidos lateralmente ascendiendo hacia arri- 
ba de una manera casi vertical. 

Insisto pues en que el Equus rectidens es muy diferente del 
verdadero Equus curvidens primeramente descrito porOwi.w 
pero no de los restos descritos ahora por Burmeister con el mis- 
mo nombre de Equus curvtdens, pues lejos de pertenecer á 
esta especie proceden en realidad del Equus rectidens. 

La especie que más se acerca del Equus rectidens es el E. an- 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 85 

din ni de Wagner, fósil en el Ecuador y descrito por Branco; el 
parecido entre estas dos especies es sobre todo notable en la den- 
tadura. 

En la superficie de masticación de las muelas de ambas espe- 
cies aparece inmediatamente á la vista como diferencia de impor- 
tancia el tamaño de la columna interna anterior de las muelas su- 
periores, que es más angosta y más redondeada en E. andium que 
en E. rectidens. Bastante notable es también la conformación de 
la parte anterior de la primera muela superior (p. -) cuyo prolon- 
gamiento angosto anterior que se dirije hacia adelante está sepa- 
rado al lado interno por un surco más ancho y menos profundo 
en E. andium que en E. rectidens, y la parte anterior de la úl- 
tima muela inferior correspondiente (p. -j) cuyo lóbulo anterior 
presenta en E. andium hacia adelante sobre el lado externo un 
repliegue más ó menos profundo que falta en E. rectidens ó solo 
se muestra de una manera accidental y siempre poco aparente. 
En E. andium, el repliegue secundario de la rama posterior del 
gran pliegue externo de las muelas inferiores es más frecuente y 
visible que en E. rectidens. 

Otra diferencia de importancia se presenta en el carácter del 
E. andium, de conservar las bases de las muelas superiores abier- 
tas hasta edad muy avanzada, mientras en E. rectidens se cier- 
ran las raíces en edad temprana. Más importante todavía es la 
dirección de los prismas dentarios superiores, mucho más arquea- 
dos en aquella especie que en esta últimít. Dice Branco en su 
descripción que las muelas del E. andium no son más curvas que 
las del E. caballus; sin embargo la muela superior de aquella es- 
pecie que dibuja de lado en la lámina III, figura 4, es bastante 
más arqueada que todas las muelas del caballo doméstico que 
hasta ahora he podido observar; la curva externa de esta muela 
tiene según el dibujo un radio de 95 milímetros, es decir el mismo 
grado de arqueamiento que el E. curvidens, y casi el mismo que 
el E . argentinus. 

Por último, las muelas superiores del E. andium son más pe- 
queñas que las correspondientes del E. rectidens, y con la co- 
rona siempre más larga que ancha. 

También existe un notable parecido entre la 4 dos especies en 
la configuración general del cráneo al lado de diferencias impor- 
tantes que no permiten de ninguna manera identificarlas. Entre 
esas diferencias mencionaré la convergencia mayor de las series 



86 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

dentarias superiores en E. rectidens, la colocación más hacia atrás 

de la apertura nasal posterior en la misma especie y sobre todo ia 
dirección de la parte superior del cráneo formada por los fron- 
tales y nasales casi recta y horizontal en Equus andium muy dis- 
tinta de la acentuada curva en S que describe en E. recti- 
dens. 

Todavía de más importancia es la relación de los frontales con 
los nasales en ambas especies ; en Equus andium la parte anterior 
délos frontales sobre la linea media Longitudinal se estiende hacia 
adelante interponiéndose entre la parte posterior de ambos nasa- 
les por un trecho considerable, siguiendo en esto la conformación 
general de los representantes de esta familia, mientras que en E . 
rectidens existe al contrario una desviación por demás curiosa, 
pues el frontal no presenta ese prolongamiento anterior interna- 
sal, uniéndose los nasales y frontales por una sutura trasversal 
casi recta. 

De la República Argentina no conozco hasta ahora restos fósi- 
les del E. andium. 

El Dr. Bürmeister. al final de su disertación sobre los caba- 
llos fósiles, habla de un cierto número de muelas aisladas que 
atribuye, aunque de una manera dubitativa al E. andfum. La 
circunstancia de que no acompañe dibujos de dicha especie no 
permite afirmar nada de positivo, por lo que, visto las dudas qu e 
sobre dicha determinación avanza el mismo autor, me parece más 
prudente considerar la- mencionadas muelas como procedentes 
igualmente del E. rectidens. 

Lo dicho basta para demostrar la distinción de las dos especies 
y la imposibilidad de confundirlas, pues no es mi objeto hacer acá 
una comparación detenida entre ambas, ni tampoco dar una des- 
cripción del E. /■<'<■//,/,>,,.<, pues al trazar e<tas lineas solo tuve en 
vista demostrar la sin razón con (pie Bürmeister describe como 
de E. curuidens, piezas que evidentemente proceden del E. 
rectidens, siendo de consiguiente innecesario que me estienda en 
más detalles tanto más que he descrito detenidamente el cráneo, 
la mandíbula y la dentadura de esta especie, en mi obra Los ma- 
míferos fósiles de la República Argentina, página 505 y siguien- 
tes, «i 1 "' podrán consultar los que se interesen especialmente en el 
estudio de esta especie, pudiendo considerarse los dibujo- \ aes- 
cripciones publicadas por Bn:.\ir.i- 1 1 i: bajo el nomine de E. 
curvidens como un complemento necesario de mi descripción, 



SOBRE LOS CABALLOS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 87 

la que por circunstancias que no tengo por qué repetir no pude 
acompañar de las ilustraciones correspondientes. 

Séame solo permitido como complemento de este articulo, enu- 
merar á continuación en forma sinóptica los principales caracte- 
res distintivos que presentan las muelas de las tres especies fó- 
siles del género Equus que se conocen de la República Argen- 
tina . 

I. Equus argentinus Burmeister. Muelas superiores muy arquea- 

das, con la curva externa que forma un arco de círculo que 
tiene un radio de 8 á 9 centímetros de largo. — Columna in- 
terna anterior pequeña, sin prolongamiento ó esquina ante- 
rior, angosta y redondeada en sus dos estremidades, y cuyo 
ancho no alcanza á un tercio del diámetro ántero-posterior 
déla corona de las muelas. — Figura de esmalte de la co- 
lumna interna posterior, ancha, corta y redondeada, sin es- 
trechamiento en forma de istmo, por carecer del pequeño re- 
pliegue secundario anterior B. — Superficie masticatoria de 
la corona de las muelas superiores de diámetro transverso 
igual al diámetro longitudinal. — Raices cortas que probable- 
mente se obliteraban en edad avanzada. 

II. Equus curütdens Owen. Muelas superiores muy arquea- 

das, con la curva externa que forma un arco de círculo que 
tiene un radio de 9 á 10 centímetros de largo. — Columna in- 
terna anterior grande, muy ancha, aplastada y angulosa en 
sus dos estremidades anterior y posterior, y cuyo ancho 
equivale á un poco más de la mitad del diámetro ántero- 
posterior de la corona de las muelas. — Figura de esmalte de 
la columna interna posterior angosta, larga y puntiaguda al 
ángulo póstero-interno, reuniéndose al resto de la corona por 
un istmo formado por dos repliegues secundarios opuestos, 
uno anterior B y el otro posterior C. —Superficie masticatoria 
de la corona de las muelas superiores de diámetro transverso 
igual al diámetro longitudinal. — Raices cortas que se obli- 
teraban en edad muy avanzada. — Muelas inferiores angos- 
tas, con los dos pliegues de esmalte internos principales muy 
anchos y complicados, y con el pliegue entrante externo, 
largo, angosto, puntiagudo, y con un pequeño repliegue se- 
cundario en su parte posterior. 

III. Equus rectidens H. Gervais y Ameghino. Muelas superio- 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

res poco arqueadas, casi derechas, cuya curva externa forma 
un arco de circulo cuyo radio es próximamente de 15 centí- 
metros de largo. — Columna interna anterior más pequeña 
que en E. curvidens, menos aplastada y cuyo ancho equi- 
vale próximamente á la mitad del diámetro ántero-posterior 
de la corona de las muelas. — Figura de esmalte de la co- 
lumna interna posterior, ancha, corta y redondeada, sin 
unirse al resto de la corona por un estrechamiento en forma 
de istmo por faltar el repliegue de esmalte secundario B. 
Superficie masticatoria de las muelas superiores de diámetro 
transverso constantemente mayor que el diámetro longitu- 
dinal. — Raices largas y que se obliteraban en edad relativa- 
mente temprana. — Muelas inferiores anchas, con los dos 
repliegues internos principales angostos y poco complicados, 
y con el gran pliegue entrante externo, relativamente an- 
cho, poco agudo, y sin el pequeño repliegue secundario pos- 
terior. 



Sobre algunos restos de mamíferos fósiles, reco- 
gidos por el señor Manuel B. Zavaleta en la for- 
mación miocena de Tucuman y Catamarca. 

Pon Florentino Ameghino 

En el mes de Diciembre de 1876, <■! señor Inocencio Liberani 
profesor de historia natural en el Colegio Nacional de Tucuman, 
aprovechando las vacaciones del fin del año escolar hizo una corta 
esploracion al valle de Santa María en la provincia limítrofe de 
( latamarca, con el propósito de recoger objetos con que enriquecer 
el pequeño gabinete que en el mencionado establecimiento tenía 
á su cargo. 

Al penetraren el mencionado valle encontró en distintos pun- 
tos depósitos de moluscos, y en otras partes, entre capas de are- 
niscas, grandes esqueletos de vertebrados, 'lo lo- que llevó mues- 
tras .il gabinete de historia ¿atura] del Colegio, pero en cuya de- 
terminación anduvo muy errado, como también en lo referente 



SOBRE ALGUNOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 89 

á la época de la formación, que la consideraba como liásica. 

Lleno de regocijo con los resultados obtenidos comunicó su 
entusiasmo al rector del Colegio señor Dr. José Posse, quien se 
dirijió al Ministro de Instrucción Pública pidiendo recursos y 
licencia para efectuar una segunda escursion con mayores ele- 
mentos. 

Atendido satisfactoriamente dicho pedido, en los primeros me- 
ses del año siguiente (77), hizo el señor Liberani otra esploracion 
en la misma región, acompañado de su colega el profesor Rafael 
Hernández, recogiendo durante ella una considerable cantidad de 
objetos arqueológicos, y además dos glyptodontes) esta vez la de- 
terminación de los esqueletos de vertebrados que encierra la for- 
mación de esos valles era más exacta, pero también había que 
referir esos terrenos á época geológica más reciente que la del 
lias. 

Ya precedentemente el profesor Stelzner {Neu. Jahrb. f. 
Miii. 1872, p. 635) había mencionado estas areniscas fosi literas. 
en las que había coleccionado numerosos moluscos, constatando 
que eran de época posterior á las erupciones traquiticas de la 
misma región, lo que indicaba claramente que pertenecían á la 
época terciaria aunque no fuera fácil determinar á qué horizonte 
de esta época correspondían. 

El Dr. Adolfo Doering pudo constatar que tocios los bivalvos 
recogidos por Stelzner eran de agua dulce y que la mayor parte 
se referían á un género todavía existente, la Asara, pero que re- 
presentaban una especie extinguida que denominó A. occidenta- 
lis; la presencia de este género actual confirmaba la edad tercia- 
ria atribuida á la formación. 

Algunos años más tarde el Dr. Brackebusch encontraba una 
arenisca parecida en el valle de la Frontera al nordeste del valle 
Calchaqui, en la provincia de Salta ; esta localidad parece que 
contiene muchos huesos de vertebrados, que hasta ahora no han 
sido estudiados. 

En 1882, el Dr. Francisco P. Moreno en una conferencia dada 
en los salones cíela «Sociedad Científica Argentina», presentó 
unos fragmentos de coraza de un gliptodonte, procedente según él 
de una formación prepampeana del valle de Santa María en Ca- 
tamarca. Estos fragmentos los consideró como pertenecientes á 
una nueva especie del género Hoplophorus á la que llamó H. 
Amecjhini (Moreno, Patagonia, resto de un continente su- 



90 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

m&rgido, p. 26), sin que nunca diera la prometida descripción de 
la especie 

En 1883 un amigo me facilitaba algunos trozos de las corazas 
de gliptodontes recogidos por Liberani en el valle de Santa Ma- 
ría y pude entonces constatar que pertenecían al mismo animal 
llamado por Moreno //. Ameghini, encontrándose además tanto 
los fragmentos de Moreno como los recogidos por Liberani en- 
vueltos en la misma ganga. 

En 1884, examinando las colecciones del Museo mineralógico 
déla Universidad de Córdoba, encontré en ellas un trozo de tubo 
caudal de un gliptodonte también procedente del valle de Santa 
María, constatando que pertenecía igualmente al H. Ameghini, 
y (pie se encontraba envuelto en la misma arenisca que los trozos 
precedentemente examinados. 

En Enero de 1885, el señor Dn. Manuel B. Zavaleta traía á 
Buenos Aires una notable colección de antigüedades calchaquíes 
recogidas en la provincia de Tucuman y una coraza completa de 
un gliptodonte desenterrado en el valle deTai'i. Invitado á exa- 
minarla pude comprobar que también en este caso se trataba del 
H. Ameghini y que el presente ejemplar se encontraba envuelto 
en las mismas areniscas (pie los que se habían exhumado en el va- 
lle de Sania María en Catamarca. 

En contestación á una carta del señor Zavaleta publicada en 
los periódicos de esa lecha hice la historia del descubrimiento de 
esta especie, atribuyendo á ese ejemplar una considerable impor- 
tancia, lanío por i raiarsc de una especie entonces todavía no des- 
crita, cuanto por proceder con toda seguridad de una formación 
prepampeana, probablemente de la formación araucana, que en 
nuestro suelo corresponde á la época miocena, conclusión á la que 
ya había llegado el Dr. Adolfo Doering por lo que concierne á 
las areniscas fosilíferas parecidas del valle de Sania María en Ca- 
tamarca {Informe oficial etc. , de la Espedido n al Rio Negro, en- 
trega III, Geología, p. 499, a. 1882). 

La colección recogida por el señor Zavaleta, £ué luego adqui- 
rida por el Museo nacional conjuntamente con el mencionado fó- 
sil, sin que ha-la ahora haya sido descrito. 

En L888 mi amigo el señor Ángel Fiorini me remitía distintos 
trozos procedentes de diferentes partes de corazas de gliptodontes 
recogidos en la provincia de Tucuman, pertenecientes igualmente 
al Hoplophorus'Ameghini y envueltos en la mismaganga que 



SOBRE ALGUNOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 91 

todos los demás ejemplares de la misma región precedentemente 
examinados. 

Estos nuevos materiales me permitieron hacer un estudio dete- 
nido de esta especie, del que resultó que no era un verdadero Ho- 
plophorus sino que pertenecía á un género cercano ya preceden- 
temente descrito por mi bajo el nombre de Plohophorus, del 
que no se encuentran representantes en la formación pampeana. 
Este género parece característico de la formación araucana, y 
como la arenisca en que estaban envueltos los Plohophorus de 
Catamarca y Tucuman es más compacta y parece denotar haber 
sufrido una mayor presión que la de Monte Hermoso, tomó los 
yacimientos de Catamarca como pertenecientes á la parte infe- 
rior de la formación araucana. (Los nmmif. fos. de la Rep. A/y/., 
p. 25). 

Con todos estos datos era dado presumir que en los valles que 
forman las últimas prolongaciones del macizo central del Acon- 
quija, existe una formación de areniscas que se estiende sobre una 
parte considerable de las provincias de Tucuman, Catamarca y 
Salta, conteniendo restos fósiles de moluscos y vertebrados, de 
los que la especie más abundante y de consiguiente característica 
de este Hiorizonte era el Plohophorus Améghinr. Esta formación 
representaba el piso araucano y correspondía más ó menos al mio- 
ceno inferior. 

Como se vé por lo espuesto, hasta esa fecha todos los restos de 
vertebrados fósiles procedentes de esa región por mi examinados 
se referían á una sola especie, el Plohophorus aniba mencionado. 
Fue pues para mi una agradable sorpresa la que me ha dado hace 
algún tiempo el señor Zavaleta remitiéndome una pequeña co- 
lección de huesos fósiles recogidos por él en la misma formación, 
entre los que vienen restos de diferentes especies de mamíferos 
pertenecientes á distintos grupos. 

Esos objetos vienen muy fragmentados, por lo que hasta ahora 
no me ha sido posible ponerlos todos en estado de poderlos clasi- 
ficar, pero por los pocos que hasta ahora he podido determinar 
en su mayor parte referibles á especies nuevas, se confirma la edad 
que se había atribuido á esos yacimientos. 

Hé aquí ahora la enumeración de las especies que he podido 
determinar. 



9? 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



TOXODOXTIA 

TYPOTHERIDAE 



Typolherium? intenium, n. sp. 

Esta especie está representada por un fragmento de la rama 
derecha de la mandíbula inferior con las dos últimas muelas algo 




Fig. 19. Typothei 
internum Amrgii. I 
mentó de rama mandibular 
derecha con las dos úl1 
muelas, '.i- 1 rriba. 

iac¡on arau 
de Catamarca . 




Fig. so. El mismo frag- 
mento visto de adelante, 
mostrando la cara perpen- 
dicular anterior de la pe- 
1 1 1 1 1 1 í 1 1 1 . i muela . 



destruidas, que indica un animal de un tamaño próximo al del 
Typothertum crtstatum. 

Las amelasen su conformación general son muy parecidas á Las 
de las especies del género Typotherium, pero con la diferencia de 
que en vez de ser fuertemente arqueadas con la concavidad Im- 
cia afuera como es de regla en los representantes de este grupo, 
son al contrario red si rectas como I" indica la figura 20. 



SOBRE ALGUNOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 93 

Esta particularidad en la dirección del prisma de las muelas es 
de importancia suficiente para que al colocar la especie en el 
género Typotherium lo haga con dudas y solo de una manera 
provisoria, pues es más que probable que esa diferencia esté acom- 
pañada de otras no menos importantes en la^ otras partes del 
esqueleto, del cráneo y quizás también de la dentadura, que per- 
manecen desconocidas. 

En cuanto al distintivo de la especie, basta el carácter enun- 
ciado para que ella no pueda confundirse con ninguna otra de las 
hasta ahora conocidas como formando parte del género Typothe- 
rium. 

La capa de esmalte que rodea el prisma de cada muela solo está 
interrumpida en el ángulo ántero-interno en donde se presenta á 
la vista una faja perpendicular no esmaltada de varios milímetros 
de ancho. La capa de cemento que cubre el esmalte es muy del- 
gada,, de solo un tercio de milimetro de grueso. 

Las relaciones de tamaño entre las dos últimas muelas, son las 
mismas que en las otras especies y con los mismos caracteres ge- 
nerales. La penúltima muela tiene 21 milimetros de diámetro 
ántero-posterior y la última 29 milimetros. Las dos muelas jun- 
tas ocupan un espacio longitudinal de 49 milimetros . 

La rama mandibular debajo de la parte anterior de la última 
muela tiene 5 centímetros de alto. 



RODEiXTIA 



ERYOMVIDAE 



Meganiys formosus Amegh. 



Ameghino, Apuntes preliminares sobre mamíferos eastinguidos de Monto Hermo- 
so, p. 3, a. 1887. — Id. Lista de la* especies de mamíferos fósiles del mió- 
reno superior fie Monte Hermoso, p. 10, núm. 20, a. 1888. —Id. Los ma- 
mif.fós. arg., p. 207 y 906. Atlas, lára. X, fig. 1, a. 1889. 

Esta especie está representada por un incisivo superior que 
no difiere en nada de los de la misma especie procedente de Mon- 
te Hermoso. 



94 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



Tetrastylus montanus n. sp. 

Esta nueva especie está representada por la parte sinfisaria de 
la rama izquierda de la mandíbula inferior en la que se con- 




Fig. íi. Tetrastylus montanas Amech. Trozo de la parte sinfisaria de la mandíbula 
inferior con parte del incisivo, visto por el lado interno. Mioceno de Catamarca. 

serva implantado un trozo considerable del incisivo correspon- 
diente. 




1 i --. a. El mismo trozo 
visto de abajo mostrando 
el ancho del incish o. 




I ¡f . 23. El n i i - ni. i trozo 

\ i-t.i por -'i parte posterior 

I cando la sección de la 

sínfisis y del incisivo al ni- 

vel de i. 'i rotura. 



Los incisivos del género Tetrastylus so distinguen de los del 
género Megamys por la capa de esmalte lisa no surcada longitu*- 



SOBRE ALGUNOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 95 

dinalmente por rayas ó estrías profundas, y por el grueso del 
diente que es siempre algo mayor que el ancho. 

El incisivo implantado en este fragmento tiene todos los ca- 
racteres del género Tetrastylus pero indica una especie que so- 
brepasaba por su tamaño en más del doble al T. diffíssus, que es 
la mayor de las dos especies del Paraná. 

El incisivo, de cara anterior completamente plana y lisa tiene, 12 
milímetros de ancho sobre la cara anterior y 15 milímetros de 
grueso. El esmalte da vuelta sobre la cara longitudinal externa 
formando un borde redondeado y presentando sobre el lado ex- 
terno una banda longitudinal de esmalte de 7 milímetros de an- 
cho. Sobre el lado interno da vuelta casi á ángulo recto for- 
mando una banda longitudinal deprimida de solo 5 milímetros de 
ancho. 

La superficie sinfisaria tiene en su parte más ancha, próxima- 
mente 3 centímetros de alto. 

Estas dimensiones indican un animal de tamaño notablemente 
mayor que el del carpincho actual. 



GRAVIGIIADA 

LESTODONTIDAE 

Splienotlierus Zavaletianus, gen. et sp. n. 

De este nuevo género de gravigrados del grupo de los lestodon- 
tes, ha encontrado el señor Zavaleta la mandíbula inferior des- 
graciadamente sin dentadura, pero con los contornos de los alvéo- 
los casi intactos, lo que permite hasta cierto punto, conocer la 
forma y disposición general de los dientes que en ellos se implan- 
taban. 

La mandíbula en su conjunto presenta una mezcla de los carac- 
teres que distinguen los tres grupos de los Lestodontidae, Scelido- 
theridae y Mylodontidae, predominando sin embargo los que 
distinguen al primer grupo. 

No forma parte de los Mylodontidae porque los dientes se- 
gundo y tercero no afectan la forma prismática ni están coloca- 
dos en dirección trasversal, sino oblicua como en los Scelidothe- 



96 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ridae, pero la última muela no presenta la forma tan caracterís- 
tica de los representantes de este último grupo, ni ningún Sceli- 
dotheridae presenta la primera muda inferior de tamaño mucho 
mayor que la segunda y fuertemente echada hacia afuera como 
sucede en el Sphenotherus ; este modo de implantación es propio 
de los Lestodontidae, pero en estos dicho diente está separado 
délos demás por una larga barra lo que no sucede en Spheno- 
therus. Sin embargo ''I gran desarrollo de este primer diente, la 
forma elíptica de los dos siguientes y el contorno de la muela bi- 
lobada posterior corresponden bastante bien con los caracteres de 
los Lestodontidae en cuyo grupo lo coloco. 

Los cuatro dientes de la mandíbula inferior están colocados en 
serie continua, con corla diferencia á la misma distancia uno- de 
otros, pero en vez de estar eéíocados en linea según el eje longi- 
tudinal de la mandíbula, forman con el eje de esta una linea muy 
oblicua que se dirijo <lo atrás y adentro, hacia adelanto y afuera, 
como se vé muy bien 011 la figura do la mandíbula que damos á 
continuación (fig. 24). 

La primera muela era de tamaño mucho mayor que las dos si- 
guientes y de una forma muy distinta; oslaba colocada hacia 
afuera en un fuerte reborde saliente de la mandíbula, y un poco 
inclinada hacia adelante y hacia afuera, y afectaba probablemente 
un aspecto más ó menos caniniforme. Su contorno general es 
triangular de ángulos redondeados, ancha y deprimida perpen- 
dicularmente sobre el lado interno, más angosta y redondeada 
sobre el externo. Tiene .'U milímetros de diámetro ántero-poste- 
rior y 27 milímetros de diámetro trasverso. 

Las muelas 3egunda y tercera son mucho más pequeñas y de 
contorno elíptico muy prolongado, colocadas con su eje mayor erí 
dirección oblicua al eje longitudinal do la mandíbula, dirijién- 
dose de atrás y adentro hacia adelante y afuera. El alvéolo de la 
primera de estas mucho, ó sea la segunda de la serie tiene 30 mi- 
límetros de diámetro longitudinal ó mayor y 13 milímetros de 
diámetro trasverso máximo. El alvéolo de la tercera miada 
tiene31 milímetros de diámetro longitudinal y 16 milímetros de 
diámetro trasverso máximo. 

La última muela bilobada como en Lestodon era do tamaño 
verdaderamente enorme. El alvéolo mide 54 milímetros de larg| 
y 2U milímetros de diámetro trasverso máximo, presentando 
el lóbulo anterior considerablemente mayor (pie el posterior. 



SOBRE ALGUNOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 



97 



La depresion'perpendi cular del lado externo es ancha y poco pro- 
funda ; la del lado interno es mucho más angosta y profunda. 




Fig. 24. Sphenotherus Zavaletianus Amegh. Mandíbula inferior vista de arriba mostrando 
los alveolos de las muelas, reducida á una mitad del tamaño natural. Miocen i de Catamarca. 

Las cuatro muelas juntas ocupan un espacio longitudinal de 
145 milímetros. Los tabiques alveolarios que separan las muelas 
unas de otras tienen de 3 á 4 milímetros de espesor. 

La forma general de la mandíbula es corta y gruesa indicando 
un animal de formas escesivamente robustas. 

La rama horizontal en todo el espacio comprendido debajo de 

REV. AltG. DE IIIST. NAT. — T. I 7 



98 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

la dentadura tiene la misma altura de próximamente unos cen- 
tímetros, medida sobre la cara externa. 

La tabla interna de la rama horizontal es plana ; la tabla exter- 
na es un poco convexa, particularmente al lado de la penúltima y 
parte anterior de la última muela; en este punto la rama horizon- 
tal tiene 55 milímetros de espesor. 

La apertura de la rama externa del canal alveolar se abre sobre 
el lado externo de la rama ascendente como en Lestodon y pre- 
sentando la misma forma que en este género, pero existe además 
en Sphenotkerus una segunda perforación más pequeña colocada 
sobre el lado interno de la rama ascendente inmediatamente de- 
trás de la última muela. 

Una de las partes más singulares del Sphenotkerus es la sínfi- 
sis mandibular, en la que las dos ramas mandibulares solo se po- 
nen en contacto y se sueldan en su mitad póstero-inferior; en la 
mitad ántero-superior, las dos ramas mandibulares permanecían 
completamente separadas durante toda la vida por una hendidura 
de forma particular, de 3 á 11 milímetros de ancho. 

Lasínfisis es relativamente cort;i y levantada hacia arriba. La 
parte sintisaria de la mandíbula se estrecha inmediatamente ade- 
lante de la primera muela, para después volverse á enanchar ha- 
cia adelante en donde se levanta acentuadamente hacia arriba ; en 
su parte más angosta, adelante de la primera muela, tiene, medida 
en su borde superior, 04 milímetros de diámetro transverso, que 
alcanzan á 102 milímetros un poco más adelante en su parte más 
ancha. 

La longitud de la paite sinfisaria que se «-tiende adelante de la 
primera muela es de unos 10 centímetros, pero la longitud de la 
sínfisis de atrás hacia adelante y de abajo hacia arriba, medida 
sobre el lado interno, es de un poco más de L2 centímetros. 

La paite interna de la sínfisis es Inertemente cóncava termi- 
nando en la paite inedia de su estreinidad póstero-inferior en una 
fuerte protuberancia ó tubérculo, equivalente al tubérculo ó apó- 
fisis geni de la sínfisis de la mandíbula humana. Recomiendo este 
dato á aquellos que quieren ver una relación entre la presencia 
de esta apófisis y la facultad de] lenguaje articulado! 

Sobre el lado externo, la Sínfisis ó barba presenta en hiparte 
media de su mitad anterior la misma hendidura que ya he men- 
cionado, la que se estiende luego hacia atrás y hacia abajo en for- 
ma de canaleta profunda que se pierde poco á poco en su tercio 



SOBRE ALGUNOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 



99 



postero-inferior. Las ramas mandibulares en la parte externa de 
la hendidura sinfisaria terminan en un borde grueso, elevado y 
redondeado que se pierde hacia atrás y hacia abajo conjuntamente 
con la canaleta ya mencionada á que dan origen. 

La sinfisis presenta dos agujeros mentonianos en cada lado. 
Uno pequeño de 6 milímetros de diámetro, colocado adelante de 




Fjg. 85. Sp he no che r lis Zaoaletianus Amegh. Mandíbula inferior vista de adelante mos- 
trando el aspecto de la parte sinfisaria, reducida á una mitad del tamaño natural. El 
caniniforme que se vé sobresalir está constituido por una masa de arenisca que ha relle- 
nado el alveolo. 



la primera muela á 24 milímetros debajo del borde superior de la 
sinfisis., y el otro mucho más grande, de 15 milímetros de diáme- 
tro, colocada más adelante, á unos 15 milímetros de distancia del 
precedente. 

Hay además, del mismo animal, un trozo de la tercera muela in- 
ferior; por este fragmento se ve que la dentina está cubierta pol- 
lina capa de cemento de más de un milímetro de espesor, poco 
más ó menos como sucede con la mayor parte de los dientes de 
las especies del genero Lestodon, los dientes caniniformes escep- 
tuados. 

Dedico la especie á su descubridor el señor Manuel B. Zava- 
leta. 



100 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



GLYPTODOXTIA 



HOPLOPHORIDAE 



Plolioplioi'us Ameghini (Moreno) 



Hoplophorus Ameghini, Moreno. Patagonia, resto de un continente sumerg 

26, a. 1882 (uoineii nudum). 
Ameghino. Informe sobre el Museo /«< ontológico de la Universidad de 

Córdoba, p. 4. a. 1885. 
Plohophorus Ameghini, Ameghino. Los mamif. fós. arg., p. 825, a. 1889. 



Hay de ota especie varios fragmentos de la coraza, pero ellos 
nada nuevo me permiten agregar á Los detalles que de ella he 

dado. 

En vez de una. ahora conóceme.- cinco especies de mamíferos 
de esta formación; sin duda es esto muy poco, pero es de interés 
constatar que del examen de las relaciones que presentan con las 
faunas fósiles de nuestro suelo ya conocidas, se confirma la edad 
geológica que desde un principióse atribuyó á los terrenos de 
donde proceden. 

El género Plohophorus ya he dicho que es característico y in- 
clusivo (por lómenos hasta ahora) de la formación araucana ó 
sea miocena. Y como la especie de Tucuman y Catamarca es muy 
distinta de la de Monte Hermoso, es dado deducir de que debe 
ser de una época más antigua; porque si fuera más modernaes 
más que probable que se hubiera encontrado en la base de la for- 
mación pampeana. 

El Typotherium internum también es distinto de los de Monte 
Hermoso y de la base de la formación pampeana, y dá á los yaci- 
mientos de Tucuman y Catamarca un aspecto de edad relativa 
más reciente que el de la fauna oligocena del Paraná, de la que 
todavia no formaba parte el Typotherium. 

El Megamys Jbrmosus que es el ultimo representante del ge- 
nero, acerca Los yacimientos miocenos del norte á los <\c Monto 
Hermoso. 

El Tetrastylus, género abundante en los yacimientos oligoce- 



fingí guakanitici 101 

nos del Paraná,, no se conoce hasta ahora de Monte Hermoso. Su 
presencia en los yacimientos de Tucuman y Catamarca, induce á 
creer que ellos sonde época más antigua que Monte Hermoso; 
pero como el Tetrastylus montan lia es de tamaño considerable- 
mente mayor que las especies del Paraná, y como sabemos que el 
aumento de talla es el resultado de una evolución más avanzada, 
debemos considerar osla especie como descendiente de una délas 
oligocenas, y de consiguiente el yacimiento que contiene sus res- 
tos como de época más reciente que los del Paraná. 

El Sphenotherus no se conoce hasta ahora de Monte Hermoso 
ni de depósitos más modernos, pero tampoco es esclusivo de la 
formación miocena del norte, pues de mi última visita al Paraná 
en Diciembre del año pasado, he traído muelas procedentes de la 
formación oligocena, que indudablemente pertenecen á este gé- 
nero., pero que indican una especio más pequeña y de consiguiente 
antecesora . 

De estas consideraciones se deduce, que los depósitos de are- 
niscas fosiliferas que se estienden sobre una parte considerable de 
las provincias de Catamarca, Tucuman y Salta, son de una época 
más antigua que el yacimiento de Monte Hermoso, y más mo- 
dernas que los depósitos fósil ifen >s oligocenos de las barrancas del 
Paraná, lo que justifica la opinión de que representan la base de 
la formación araucana ó sea el mioceno inferior. 



Fung-i guaranitici 

nonnulli iiiivi r. critict. 
AUCTOHE Carolo Spegazzini 

HYMENOMYCKTEAE Fl\ 

1. Clitocybe balansae Speg.— Fung. nonn. Parag. et Fuegiae 
in Revue Myc. Apr. 89. 

Hah. Ad terram in svlvis prope Guarapí, aut. 1884 (sub n. 
4286). 

Obs. Pileus glaber laevis viscidulus j lamellae lineares confer- 
tae longe decurrentes pallescenti-albae; atipes plus minnsve elon- 



1(32 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

gatus incrassatusque, velutino-pulverulentus albus, basi subcon- 
nato-coespitosus ; sporae ovato^lobosae, minutae, hyalinae. 

2. Clitocybe calyx Speg. — Fung. guar. pug. I, n. 3. 

Hab. Ad truncos putrescentes in sylvis prope Guarapí, aut. 
1880 (subn. 3370). 

3. Pleurotus microspermus Speg. — Fung. nonn. Parag. e1 

Fuegiae in Revue Myc. Apr. 89. 

Hab. Ad basin truncorum in sabulosis prope Guarapí, aut. 
1884 (sine n.). 

Obs. I. Observationes quae ad hanc speciem pertinent in loco 
citato ad Cl. Balansae Speg. relatae fuerunt. 

Obs. II. Pileus quandoque cornucopioidis quandoque infundi- 
buliformi-spathulatus (5-6 cent. alt. x 2-6 cent, lat.) postice tamen 
semper raarginatus, ambitu grosse repando-lobatus, margine acuti- 
ssimo subinvoluto glaber laevis viscosulus, saepius granulis arénae 
incrustatus v. adspersus, in vivo sordide albus v.;albo-cinerascens, 
in sicco cervinus ; caro tenuis (1-3 mllm. crass.) albaflocculosa com- 
pacta; lamellae lineares sublatiusculae (1-2 mllm. lat.) membrana- 
ceae confertae, acie integerrimae, utrinque attenuatae, postice longe 
decurrentes, polymacriae, in vivo albo-palleseentes, in sicco sordi- 
de ex uníbrino subrufescentes ;' stípes teres rectus v. curvulus 
(10-25 mllm. long. X3-5 mllm. crass.) Earctus superne gradatim in 
pileumexpansus, basi nodosus saepius fasciculato-confluens, dense 
pulverulento-velutinus, subviscosulus, in vivo sordide albus. 

Species P. strigello Brk. afíinis, pileo glabro tamen recedens. 

4. Marasmius balansae Speg. (n. sp.) 

Diag. Mycena, chordalis; subcoespitosus ; pileus membrana^ 
ccus, ciiiivcmis, laevis, fulvo-rufescens; stipes gracilis subtortus, 
fusco-rufescens. glaber, nitidulus, basi mycelio parco pallescente 
I diii ii [líos,, radicatus ; la inclino pallidae, interstitiis uon \. vixsub- 
venosulis, utrinque attenuatae. 

Hab. Ad ramos ramentaque putrescentia in sylvis prope Gua- 
rapí, aut. 1884 (sub n. 4282). 

O/as. Solitarius v. saepius 3-5*aggregato-subcoespitosus ; pdeus 
primo hemisphaericus margine subinvolutus (an in sicco tantum ?)i 
dein convexó-explanatus (1-2 cent, diam.), non umbonatus, he- 
vis v. vi \ obsolete striato-subsulcatus, pulchre e fulvo v. rufo ¡mu- 



fungí guaranitici 103 

gineus (rarissime in juventute subcroceus), margine integer, glaber, 
sed visu subvelutino-pulverulentus, ambitu vix palliclior, tenuiter 
membranaceus, subpellucidus (in sicco); lamellae polymacriae 
subrelaxatae, utrinque attenuatae, medio non v. vix subventrico- 
sae (1 mllm. lat.) tenuiter membranácea©, acie integrae, liberae, 
pileo pallidiores, interstitiis laevibus v. vix marginem versus ob- 
soletissime transverse rugosis, concolores ; stipes longiusculus 
gracilis (4-5 cent. long. x 1 mllm. crass.) superne pallescenti-ru- 
fescens, deorsum fusco-fulvescens, glaber, subí ae vis, subnitiduSj 1 
v. 2-tortus, basi non v. vix incrassatus, mycelio parco albo velu- 
tino-strigosulo expanso radicatus ; sporae non visae. Species ele- 
gans M. julmcipiti Berk. necnon M. ferrugineo Berk. accedens, 
sed minus tenax stipiteque glabro recedens. 

5. Fomes pseudoboletus Speg. — Fung. guar. pug. I, n. 30. 
Hah. In detritis humosis im sylvis subvirgineis prope Guarapí 

Apr. 1879 (subn. 3362). 

Obs. Species in Sacc, Syll. fung. vol. VI, f. 62 generi Poli/poro 
adscripto, revera tamen inter Fomites mesopodes normales mili- 
ta ns. 

6. Fomes monachus Speg. — 1. c. n. 34. 

Hab. Ad truncos vetustos in sylvis prope Paraguarí, ann. 1880 
(sinen.). 

Obs. Haec species in Sacc, 1. c. generi Polyporo adscripta, in- 
ter Fomites pleuropodes stipíte non laccatos militare videtur. 

7. Trametes vep.rucoso-hirtus Speg. — 1. c. n. 49. 

Hab. Ad truncos decorticatos emortuos in sylvis prope Guara- 
pí, Jul. 1879 (subn. 3363). 

Obs. Species in Sacc, 1. c. genere Polyporo adscripta, atque in 
Speg. Fung. guar. pug. II, n. 13 incaute sub Polysticto edita, ad 
Trametes, prope T. hydnoide (Schw.) Fr., cujus statum juveni- 
lem facillime sistit, sine dubio transferenda. 

8. Polystictus hariotianus Speg. — Fung. nonii. Parag. et 

Fueg. in Revue Myc. Apr. 89. 
Hab. Ad truncos putrescentes in sylvis prope Guarapí, aut. 
1884. 

Obs. Pilei quandoque solitarii quandoque hinc inde dense cae- 



104 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pitosi dimidiato flabellati (10-30 mllm. diam. trans. x 15-30 mllm. 
diam. ant-post.) postice effuso-decurrentes v. cuneati ac stipite 
tuberculoso-diñ'ormi (5-10 mllm. long. X 3-7 mllm. crass.) plus 
minusve evoluto, basi saepe eííuso, suffulti, spongioso-molles, sub- 
elastici superne convexuli azoni pallescentes vel perdilute subru- 
fescentes, squamis concoloribus majusculis saepius verticalibus, 
ad médium usque in 2-5 latináis plañís linearibus ápice obtusissi- 
mis rufescentibusque plus minusve elongatis (2-3 mllm. long. x 
0,3 mllm. crass.) divisis, praecipue in parte postica vestiti. ambitu 
vix tuberculoso-sublamellosi, margine integri crasse obtuseque 
rotundati ; contextus albus v. albo-subpallescens, superne in squa- 
mas solutus inferné in hymenium productus ; hymemum cum pi- 
leo concretum planum v. convexulum álbum v. vix pallescens, 
zona marginali strictissima sterili subalveolata cinctum, e tubulis 
longiusculis (3-5 mllm. long.) dense constipatis, ore mediocri 
(300-800 ;x diam . ) integro v. rarius subsinuoso, intus extusque 
albis, dissepimentis pro ratione tenuibus flaccidis integris compo- 
situm. Sporae non visae. 

Species pulcherrima admodum coespitosa, piléis quandoque 
plañís quandoque subungulato-convexis donata, P. funali Fr. 
affinis sed satis distincta atqueobbymenium cum pilco continuum 
ad Trametcm vergens. 

9. POLYSTICTUS LUDENS SPEG. — SüCC, I. C. f. 285. 

Hab. Ad truncos decorticatos putrescentes prope Yaguaron, 
aut. 1877 (sub n. 2556). 

10. POLYSTICTUS LUNDII Fr. — SüCC, 1. C f. 205. 

Hab. Ad truncos in dumetis prope Yag uaron, aest. L877 (sub 
n. 2701). 

11. Polystictus ümbonatus Fr. — Sacc, I. c. í. 266. 

Hab. Ad truncos dejectos putrescentes in sylvis prope Yagua- 
ron, aest. 1877 e1 Guavapímt. 188:! (sine n.). 

o/as. Species pulchella sed polymorpha ; adesl forma mesopoda 
máxime mirabilís, piléis orbiculari bus superne convexis, inferné 
hymeniiferis, poris mediocribus, dissepimentis acie sublace/is, 
-i i I »i i < ■ tuberculiformi céntrala Buñultis. 

12. PORI \ SI BARGEN1 I. A Si-l-fi. (I), sp.) 



fungí guaranitici 105 

Diag. Repando-effusa, arete crustaceo-adnata, rigidula, vix 
albo-marginata, hymenio cinereo-argenteo, poris minutis consti- 
patis angulosis. 

Hab. Ad cortices dejectos putrescentes in sylvis prope Yagua- 
ron 23 Febr. 1884 (sub n. 4309). 

Obs. Species pulehella forsan statum resupinato-effusum Poly- 
sticti cujusdam (P. sectori Fr. v. P. ludenti Speg. affinis) si- 
stens. Late irregulariterque repando-effusa {5^-10 cent. long. X2-8 
cent. Jat.) obtuse spurieque undulato-subragosa, arctissime ma- 
trici adnata, subcrustaceo-rigidula (an m sicco tantum ?) centro 
subcrassiuscula (1 mili, crass.) ambitu attenuato effusa, margine 
sterili saepius strictisimo albo-subpulverulento (an puberulo in 
vivo ?) cincta mycelio albo pruinuloso-arachnoideo tenuissimo per 
matricem laxe profundeque excurrente, sub hymenio non v. vix 
submembranacee evoluto ; hymenio e cinéreo argénteo, trito pal- 
lide subearneo-rufescente e poris brevibus (0,3-0,8 mili, alt.) 
saepius rectis rarius subdecurrentibus minutis (200-250 ^ diam.) 
angulosis integras v. rarissime subdedaloideo-coníluentibus, dis- 
sepimentis tenuibus acie integris obtusis ciñereis intus pallide 
rufo-ful vescenti bus efformato. Sporae non visae. 

13. Exagonia scutigera Fr. — Speg. Fung. arg. pug. I, n. 54. 
Hab. Ad truncos dejectos putrescentes prope Guarapí, anno 

1879 (sub n. 3401). 

Obs. Specimina que mihi nunc adsunt habitu typum referunt 
sed scutum básale déficit; circa stipitem zona sterilis lata rufo-ta- 
bacina adest. 

14. Favolus tessellatus Mntgn. — Sacie. , 1. c. f. 393'. 

Hab. In sylvis ad truncos putrescentes, 17 Jim. 1879 (sub n. 
3339). 

Obs. Pileus subdimidiato-orbiculatus (3-5 cent. X 4-0 cent, 
diam.) convexus glaber plus minusve papulosus, centró carnosulus, 
ambitu tenuiter membranaceus margine acutus inteiíer v. crenulato- 
sinuosulus, e rufescente fulvus (an in vivo albescens f) ;stipes late- 
ralis, brevissimus carnoso-lentus pall cscens glaber; alveoli rhom- 
boideo-elongati in stipite decurrentes et ex illo subradiantes, 
postici majusculi (3-5 mllm. long. X 1-1,5 mllm. diam.) gradatim 
ambitu minores, septis membranaceis pileo concoloribus acie non 
v. vix fimbriatis (2 mil. lat.). Sporae non visae. 



106 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

15. Favolus hispidulus B. et C. — Saca., 1. c. f. 398. 

Hab. Ad truncos putrescentes in sylvis prope Guarapi, ann. 
1880 (subn. 3342). 

Obs. Specimina guaranitica varietatem mtnorem sistere viden- 
tur et cum typicis cubensibus comparata vix recedunt piíeo con- 
spicue minore (20-40 mllm. diam. trans. X 15-55 mil. diam. ant.- 
post.), stipite graciliore ac sublongiore (5-10 mil. long. x 3 mil. 
crass.). Species a praecedente hymenio in stipite eñuso-descen- 
dente mox dignoscenda ! 

16. Favolus balansae Speg. — Fung. nonn. Parag. et Fueg. in 

Revue Myc. Apr. 89. 

Diag. Pleuropus; pileus membranaceus ex orbiculari renifor- 
mis applanatus, sordide alutaceus, laevis glaberrimus; pori rhom- 
boideo-tetragoni, pro ratione minuti integri breves ; stipes liori- 
zontalis crassus sordide albus striatus pulverulentus. 

Hab. Ad truncos in sylvis prope Guarapi, ann. 1884 (sine n.). 

Obs. Solitarius ; pileus membranaceus (in sicco subpellucidus) 
ex orbiculari reniformis (10-11 cent. diam. trans. X 7-8 cent, 
diam. ant.-post.) e convexulo applanatus, alutaceo-fuscus, obsole- 
ta radiatim subvirgatus, laevis glaber v. vix in parte postica pul- 
verulento-viscidulus ; caro tenuissi ma vix circa stipitem evoluta 
subtremelloidea pallescens; hymenium planissimum pileo concolor 
v. vix magis obscurum, porosum, poris posticis elongato-decur- 
rentibus, mediis rhomboideis (1 mllm. diam.), períphaericis rotun- 
dis (0..8 mllm. diam.) dissepimentis tenuiter membranaceis strictis 
(0,5 mllm. hit.) acie non v. vix denticulatis donatum ; stipes hori- 
zontalis e centro sinas postici pilei evolutus, antice compressulus, 
ápice applanato-dilatatus, postice teres, pileo concolor (2 cent, 
long. X 5 mllm. crass.) intus farctus albus pulverulento-velutinus, 
Sporae non visae. Species pulcherrima F. brasüienst Fr. nec non 
F. tenutculiPAT. affinis, satis tamen distíncta, &F. specioso Speg. 
stipite pulverulento, pilco postice non marginato recedit. 

17. Favolus princeps B. el C. — Sacc, 1. c. f. 390. 

Hab. Ad truncos dejectos putrescentes prope Guarapi, ann. 
1880 (sub n. 3342). 

Obs. Pileus e spathulato flabellatus, postice quandoque cunea- 
tus (superne subeanalieulátus) quandoque e truncato reniformis 
(30-80 mllm. diam. trans. x 20-50 mllm. diam. ant.-post.;, con- 



fungí guaranitici 107 

vexulus v. applanatus, carnoso-lentus, vix ambitu submembrana- 
ceo-attenuatus ac repandulus, margine obtusus (incurvus) palle- 
scenti-fulvus (an sordicle albus in vivo ?) primo pulverulento- 
fejrfuraceus, dein glabratus, laevis v. in speciminibus nonnullis 
junioribus obsoletissime denseque striatus margineque papulatus ; 
caro alba compacta in parte postica praecipue evoluta (2-5 mllm. 
crass.) ; stipes horizontalis lateralis e tereti obconoideus, in exem- 
plaribus pileo cunéate donatis fere nullus, in caeteris sat evolutus 
(10-15 mllm. long. X 5-7 mllm. crass.) basi truneato-innatus, sn- 
perne applanatus v. canaliculato-depressus, inferné rugoso-reti- 
culatus, primo grosse denseque furfuraceo-squamulosus, dein pul- 
verulentas, pileo concolor; hymenium inferumeporisrhomboideo- 
elongatis (3-5 mllm. long. X 1-2 mllm. diam.) dissepimentis 
latiusculis (1-2 mllm. alt.) e membranáceo carnosulis lentis acie 
integerrimis efíormatis, postice in stipite decurrenti-evanescenti- 
bus, ambitu gradatim minoribus. Sporae non visae. 

18. Favolus flaccidus Fr. — Sacc, I. c. f. 400. 

Hab. Ad truncos emarcidos in sylvis prope Guarapi, 6 Apr. 
1879 (sub n. 3336). 

Obs. Specimina quae adsunt varietatem tenuiorem sistunt ; íl 
typo receclunt piléis subcoespitoso-imbricatis tenuissime mem- 
branaceis ac subpellucidis rigidulo-fragiles (an in sicco tantum f) ; 
ad F. tenuissimum Lev. vergunt, et fere inter dúo species inter- 
media. 

19. Favolus elegantissimus Speg. (n. sp.) 

Diag. Coespitosus; pileus flabellato-spathulatus integer tenuis- 
sime membranaceus pellucidus, glaber, laevis, postice longe cu- 
aeatus ac in stipite elongato crasso carnoso-lento albo glaberrimo 
superne laevi inferné reticulato productus ; hymenium e poris a 
stipite radiantibus elongato-rhomboideis efformatum. 

Hab. Ad truncos in* sylvis prope Guarapi, aut. 1884 (sub n. 
4283). 

Obs. Pileus late spathuluto-flabellatus (80-90 mllm. diam. ant.- 
post. X 70-80 mllm. diam. trans.) integer v. vix repandulo-sinua- 
tus. postice longe cuneatus numquam umbilicatus, tenuissimus, 
subpellucidus glaberrimus albus (in sicco e pallescente fulvo-ru- 
fescens) ; stipes horizontalis v. subadscendens crassus carnoso-len- 
tus (in sicco sublignosus) extus intusque albus (in sicco pallescens) 



lOS REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

glaberrimus majusculus (15-20 mllm. long. x 6-7 mllm. crass.) 
superne laevis inferné laxe rugoso-reticulatus ; hymenium planum 
pileo concolor e poris, in stipite evanescenti-decurrentibus atque 
ab ípso radiantibus, posticis majoribus (5 mllm. long. X 1-2 mllm. 
diam.), ambitu sensim minoribus, marginalibus minimis vix reti- 
culato-evolutis, dissepimentis mediocribus (1 mllm. alt.) tenuiter 
menibranaceis acie integerrimis divisis compositum. Sporae non 
visae. 

Species pulcherrima F. flaccido Fr. nec non. F. tenuissimo 
Lev. affinis, ab utroque tamen satis recedens. 

20. l'woi.i s velutipés Fr. — Sacc, I. c. f. 398. 

Hab. Ad truncos cariosos in sylvis prope Guarapo Maj. l s 7'.» 
(sub n. 3338). 

Obs. Species pulchella margine dense minuteque laciniato-fim- 
briato (sed non ciliato) dignoscenda. Pilei flabellato-reniformes 
(80-90 mllm. diam. ant.-post. X60-70 mllm. díam. trans. ) carno- 
so-ferruginei, stipite crassiusculo plus minusve evoluto (5-20 mllm. 
Long. X 6-10 mllm. crass.) dense squarruloso-liispidu suñulti ; 
hymenium decurrens, alveolis magnis, dissepimentis tenuibus, 
acie saepius denticulato-subfimbriatis. 

21. FAVOLUS DAEDALEOIDES SPEG. (n. Sp.) 

Diag. Coespitosus, scssilis v. effuso-reflexus ; pilei subimbricati 
flabellato-reniformes, carnoso-lenti, fusco-rufescentes, glaberrimi, 
laevissimi, poris mediocribus concoloribus, irregulitarer polygonis 
saepe daedaloideo-sinuosis, stipite tuberculoso glabro n<>n \. vis 
evoluto donati. 

Hal>. Ad trunco putrescentes in sylvis prope Guarapi, 6 Apr. 
1878 (sub n.3337). 

Obs. Pilei quandoque substipitati orbiculares v. flabellati, po- 
stice rotundati v. truncati, qu;m< I o<|!i<>s< asiles coespitoso-imbricati 
subdimidiato-reflexi, ambitu plus minusve lobato-repandi (40-80 
mi I ni. díam. trans.j 30-60 mllm. diam. ant.-post.), rarius proli- 
feri. carnoso-lenti (in sicco subcoriacei), in vivo albi ( (in sicco 
sordide fusco-rufescentes) Laevissimi glaberrimi, margine < > f >1 u— 
siusculi integri ; caro compacta sublignosa, sórdide ligna^-palle- 
scens (1-2 mllm. crass.) ad marginem usque fere producta ; hyme- 
niiim ex alveolis polygonis (1-15 mllm. diam.) constipatis, quan- 
doque 3ubrotundato-integris, quandoque elongato-confluentibua 



fungí guaranitici 109 

subradiantibusque, quandoque subgyroso-daedaloideis, dissepi- 
mentis pro ratione breviusculis (0,5-1 mllm. alt.) subcrassiusculis 
rigido-lemis, postice saepius vix reticulatis ac rugoso-evolutis. 
eaeterum bene evolutis, acie integris v. rarius subdenticulatis 
compositum ; sporaenon visae ; stipes quandoque omnino deficiens, 
quandoque plus minusve tuberculoso-decurrens, coriaceus. glaber 
laevis, píleo concolor. Species pulchella F. alutaceo B. et Mntg. 
peraffinis, hymenium siccum Polysticti umbonati Fr. in mente 
revocans. 

22. Favolus Harioti Speg. (n. sp.) 

Diag. Mesopus; pileus convexo-umbilicatus membranaceus 
glaber laevis fulvus; stipes erectus teres sursum glaber pallescens. 
deorsum pulverulento-velutinus rufescens; hymenium e poris 
rhomboideo-rotundatis mediocribus non decurrentibus efforma- 
tum. 

Hab. Ad truncos dejectos putrescentes in sylvis prope Guara- 
¡>i. Apr. 1870(sinen.). 

Obs. Solitarius ; pileus orbicularis (10-20 mllm. diam.) con- 
vexulus centro umbilicatulus, membranaceus, ambitu pellucidus, 
margine incurvulus integer e pallescente fulvus glaber laevis v. 
vix subpapulosus ; stipes erectus teres (15-20 mllm. alt. x 2,5-3 
mllm. crass.) carnoso-lentus, superne glaber pallescens, inferné 
pallide rufescens velutino-pulverulentus. basi truncato-innatus, 
a pico abrupte in pileo expansus ; hymenium apicem stipitis attin- 
gens sed non decurrens, e centro subradians, alveolis parvulis 
(0,5 mllm. diam.) subrliomboideis, dissepimentis membranaceis 
tenuibus centro sat elevatis ambitu rugóse evanescentibus, pileo 
vix pallidíoribus, acie integris donatis. Sporae non visae. 

Species F. cüiari Mntgn. affinis. sed margine non ciliato rece- 
dens. 

23. Favolus paraguayensis Speg. — Sacc, 1. c. f. 399. 
Hab. In truncis caesis putrescentibus in sylvis prope Guarapí, 

Apr. 1870 (subn. 3340). 

Obs. Forma, quae adest, conspicue minor, ac nonnihil ad F. 
Hispidulum B. et C. vergens. 

24. Thelephora (mesopus) aurantiaca Pers. — Sacc, 1. c. 

f. 526. 



110 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Hab. Ad truncos dejectos putrescentes in sylvis prope Pi^ayú, 
Maj. 1877 (sub n. 2700). 

Obs. Specimina sub hoc numero militantia ad formam typicam 
pertinent. 

25. Craterellus (merisma) sparassoides Speg. — Fung. guar. 

pug. I, f. 36. 

Hab. ín truncis putrescentibus in sylva Caaguazú, Apr. 1876 
(subn. 2703). 

Obs. Specimina, quae mihi nunc adsunt, quandoque e tubér- 
culo communi fasciculato-coespitosa erecto-radiantia, quandoque 
effuso-reflexa dense imbricata. in vivo subcarnosa, in sicco subcar-r 
tilaginea. Hymenium magis evolutum praecipue in parte basali 
ubi rugae valde evolutae acieque dense denticulato-lacerae, reti- 
culatim connexae et Tándem species ad Polystictum v. Hirpiicem 
vergens. An melius Polt/stictus, e sectione Prolificantium ? 

26. Stereum mytilinüm Fr. — Sacc, 1. c. f. 580. 

Hab. Ad truncos decorticatos putrescentes in sylvis prope Ya- 
guar on, aest. 1877 (sub n. 2555). 

Obs. Specimina nonnihil majora ac magis crassa rigidaque; 
caeterum cuín typo perfecte congruentia. 

27. Hymenochaete elegantissima Speg. — Sacc, 1. c. f. 504. 
Hab. Ad ramos dejectos putrescentes m dumetis prope Yagua- 
ron, aest. 1877 (subn. 2706). 

Obs. Species vix ab H. tenuísstmaBERK. distincta. Cnfr Fung. 
Puig. f. 85. 

28. Hymenochaete balansae Speg. — Fung. Puigg. p. I. 

f. 84. 

Hab. Ad truncos dejectos putrescentes in sylvis propí Guara- 
pí, ann. 1880 (sub n. 3350). 

Obs. Species imprudentcr sub Stereo damaecorniL.K. in Fung. 
guar. p. I. í. 35 edita, sed u1 1. c. Longe abhorrens. 

20. Pterula humilis Speg. (n. sp.) 

Diag. ínsititia, coriácea, rigidula sparsa minuta arbuscuiaefor- 
ini-. inferné saepius simplex denudataque, superne irregulariter 
ramosa, ramulis filiformibua subfasciculatis, albo-farinulosis. 



fungí guaranitici 111 

Hab. Ad truncos pútridos in sylvis prope Guarapi, 10 Apr. 
1879 (sub n. 3348). 

Obs. Stipites sparsi v. bine inde fasciculato-subcoespitosi erecti 
(10-20 mllm. alt.), in parte tertia v. dimidia infera fusciduli in- 
ora ssatuli (0,2 mllm. crass.) atque saepius simplices, superne irre- 
gulariter ramosi, ramisadscendentibus v. subdivaricatis, bine inde 
opposite v. subverticillato-ramulosis, ramululis longiusculis (2-3 
mllm. long.) simplicibus capillaribus rigidulis integris acutis, 
pulvere albo tectis. Sporae globosae (4-5 \x diam.) lryalinae. Spe- 
cies pulchella, sed valde dubiosa ; P. tropicae Mntgn. affinis; 
an ejusdem varietas minor?; an melius status conidicus Xylariae 
(sect. Thamnomycetis) cujusdamí 

30. Clavaria guarapiensis Speg. — Fung. guar. pug. I, f. 41. 
Hab. Ad truncos decorticatos putrescentes in sylvis prope Gua- 
rapi, ann. 1881 (sub n. 2807). 

Obs. Specimina, ut jam 1. c. monui, parum evoluta et a typo 
apicibus ramululorum brevissime 2-3-mucronulato-lobatis, lobulis 
non v. vix divaricatis recedentia. 

31. Alricularia lobata Sommerf. — Sacc, Syll. fung. vol. 

VI, f. 7G2. 

Hab. Ad truncos excaesos putrescentes in sylvis prope Guarapi, 
ann. 1880 (sub n. 3330). 

Obs. Pilei e cucullato explanati (25-35 mllm. diam. ant-pst. 
X 30-50 mllm. diam. transv.) lateraliter coespitoso-coníluentes, 
postice plus minusve decurrente-eff'usi, ambitu undulato-lobati, 
superne dense velutino-tomentosi v. subbispiduli, subsericeo-ni- 
tentes, fulvo-rufescentes^ zonati, zonis latiusculis alteris pallidiori- 
bus alteris oljscurioribus alternis numquam glabratis ; hymenium 
livido-rufescens obsolete concentriceque zonatum, plicis paucis 
irregularibus in parte postica fere tantum evolutis donatum. Spe- 
cies pulcherrima a typo zonis glabratis deficientibus, colore ob- 
scuriore, bymenio parce plicato-rugoso satis recedens. An species 
distincta '? Sporae non visae. 

(Continuará). 



]12 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



Revista crítica y bibliográfica 

Sobre la Carpoeapsa saltitans Westw. y la Grapholitha motrix 

Berg, por el Dr. Cárlcs Berg (en los Anales de la Sociedad Científica Argen- 
tina, t. XXXI, p. 97 á 110, I o de Febrero de 1891) y tiraje aparte. 

Es sabido que muchos insectos completan su evolución dentro 
de ciertos frutos, según las especies, en los cuales penetran en es- 
tado de larva cuando aquellos empiezan su formación ó se en- 
cuentran en un estado de desarrollo poco avanzado. 

La memoria de que es autor el distinguido naturalista Carlos 
Berg, tiene por objeto la descripción de dos microlepidópteros 
cuyas orugas críanse en los frutos de algunas especies del género 
Colliguaya; estas orugas tienen la rara particularidad de que se 
mueven en el interior de los frutos, imprimiendo;'! estos fuertes 
movimientos oscilatorios y de progresión, por lo que en ciertas 
parles se les llama semillas brincadoras. 

Hasta ahora solo se conocía una especie de mariposa cuya oru- 
ga imprimiera movimiento á los frutos en que se cria, la Carpo- 
capsa saltitans Westw., de Méjico, que se cria en los frutos de la 
Colliguaya odorífera Mol. El Dr. Berg describe ahora una se- 
gunda especie, que se distingue por la misma particularidad y se 
cría en los frutos déla Colliguaya brasüiensis } en la República 
Oriental del Uruguay. Esta nueva especie, «pie pertenece al género 
Grapholitha, del cual Carpoeapsa es solo un sub-género, es lla- 
mada por el autor G. motrix, dando de ella la siguiente diag- 
nosis. 

Grapholitha mothria Berg, n. sp. 

« Fuscescenti-ferruginea uel cinnamomea yalarum anticarum 
costa lineolis duplicatis obliquis, basi breuissimtSj apteen versus 
longitudine crescentibus, griseis, ea parte argentéis et área lim- 
bali limis duabus transversálibus plumbeis serieque punctorum 
(6-8) obscure fuscorum propeltneam exteriorem 3 ornatis, aren 
media ad lineam limbalem interiorem <■/ cellula media saepissi- 
me valde infuscatisj ciliis basi obscure fusciSj deinde grisets et 
fortiter micantibus ; alis posticis cinnamomeis autfuscis, ciliis 
ante partem basilarem Juscam linca pallida prwditis. — JLzp. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 113 

alar. ant. 17-18; long. corp. 7-8 milímetros. — Larva in fructi- 
bus Colliguayae brasiliensts J. Mull. — Patria : Respublica uru- 
guayensisj). 

Es esta la primera especie del género que se describe de los paí- 
ses del Plata. 

I,os Museos de Historia Natural por W. H. Flower. (Estracto de La 
Revista del Masco de La Plata, tomo I). Folleto en 8° de 26 páginas, impreso 
eu la imprenta y talleres del Museo de La Plata, 1890. 

Esta disertación magistral, solo se relaciona con nuestro pro- 
grama, por haber sido impresa en nuestra patria, y en los talle- 
res del Museo de la provincia, de Buenos Aires en La Plata, apa- 
reciendo como formando parte de las publicaciones oficiales de 
eso establecimiento. 

Es una traducción y reimpresión de un discurso del eminente 
profesor Flower, pronunciado en la asamblea de la Asociación 
Británica para el adelanto de las ciencias, reunida en Newcastle, 
el 11 de Setiembre de 1889. Esta pieza es verdaderamente digna 
del renombre del sabio que la ha producido. Entre tantas cosas 
buenas que contiene, hay sobre todo un párrafo que recomenda- 
mos muy especialmente á la consideración del Director del Museo 
de La Plata señor Francisco P. Moreno, pues si llegara á tener 
la buena suerte de inspirarse en su enseñanza, nunca habrá ha- 
bido de su parte dinero mejor empleado que el que ha exijido la 
reimpresión de ese discurso. 

Dice el profesor Flower en ese párrafo: «La primera conside- 
ración que se tiene en vista al fundar un museo, grande ó peque- 
ño, en una ciudad, institución, sociedad ó escuela, es darle un 
destino definido, ó un fin á llenar, y la segunda condición, es que 
los medios sean suficientes para costear el museo de una manera 
conveniente, que permita alcanzar ese fin. Muchas personas son 
bastante lijeras para pensar que un museo es un establecimiento 
de tal valor por si mismo, que basta darle un edificio y estantería 
y <ierto número de objetos escogidos sin estudio previo, para lle- 
narlos, y que el fin se ha alcanzado; la verdad es que la obra so- 
lamente ha empezado. Lo que conviene en realidad al éxito y á 
la utilidad de un museo, no es ni el edificio, ni los estantes, ni 
aún los objetos, sino su conservador (lóase director). Es este y 
sus ayudantes los que son la vida y el alma de la institución ; es 
de ellos de quienes depende todo el valor, y sin embargo en mu- 

REV. AIIG. DE HIST. NAT. — T. I 8 



114 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

chos, digo mas, en nuestros museos, es lo último que se piensa. 
Los cuidados, la conservación, la nomenclatura de los ejemplares 
se dejan á la iniciativa privada, lo que es á menudo excelente para 
colecciones particulares y para un tiempo limitado, pero que no 
será jamás suficiente para una organización permanente, ó bien se 
confia á un empleado mal pagado y por consecuencia poco instrui- 
do, la tarea de poner en orden, limpiar, sacudir, arreglar, nom- 
brar y clasificar, de modo que contribuyan al adelanto de la cien- 
cia, colecciones que comprenden en estension, todas las ramas del 
saber humano, desde el contenido de un antiguo túmulo in_ 
hasta la última ave del paraíso, de Nueva Guinea. Algunos ejem- 
plares de valor entran á veces á forma)' parte de museos organi- 
zados de esta manera. Los donantes, celosos del bien público, 
creen firmemente que sus donaciones serán cuidadas y prestarán 
servicios al público en poder de tal institución. Desgraciadamente 
su suerte será otra; sucios, descuidados, sin etiqueta, perderán 
su identidad y concluirán por ser devorados por los insectos ó re- 
legados á los depósitos, para dar sitio á otra nueva donación de 
algún nuevo bienhechor de la institución. Sería preferible que no 
se hubieran formado nunca tales museos. Son trampa- donde 
caen, para ser destruidos, objetos preciosos, con frecuencia de un 
valor inapreciable, y lo que es peor, el descrédito de estos esta- 
blecimientos, alcanza á todas las instituciones similares, y hacen 
delnombrede museos, un objeto de irrisión y de reproche (pie 
retrasa en vez de adelantarlo, el momento en que se reconozca 
• ■I valor de estas instituciones como agente del gran movimiento 
educacional de nuestra época ». 

Los Museos argentinos, carta del profesor Hbnry a. Ward (Estracto de 
la Recista del Museo de La Plata, tomo I). Folleto en 8° de 8 páginas, impreso 
en la imprenta j talleres del musco La Plata, 1890. 

Este folleto contiene una caria del muy respetable comerciante 
norte-americano en objetos de historia natural señoi II. A. 
Ward, dirigida al director del diario de Buenos A.ires ElCensor, 
Dr. I). Luis María Gonnet, y publicada en el número del 7 de 
< letubre de l s *'-' del mencionado diario. 

El motivo aparente de la caria según !>• espresa el titulo es co- 
municar sus impresiones sobre los museos argentinos, per%otro 
parce habersidoel objetivo real, pues solo dedica unas cuantas 
linea- y como por forma al lyíuseo Nacional de Buenos Aire-, y 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 115 

pasa por alto los demás de la República, mientras que consagra al 
Museo de La Plata todo el resto de su epístola, prodigándole elo- 
gios desmedidos, que de ninguna manera se ajustan á un verda- 
dero criterio científico. 

Da una rápida descripción del edificio, las colecciones que con- 
tiene y su distribución, calcada sobre el mismo molde que las 
numerosas de la misma índole ya publicadas por el Director de 
ese establecimiento. 

En el curso de su esposicion encuéntranse algunos errores que 
no serian escusables en un hombre de ciencia, como el de que el 
Gli/ptodon sea el antecesor de los actuales armadillos, y el cali- 
ficativo de tardígrados (en vez de gravigrados) que dá á los géne- 
ros Scelidotheterium, Mylodon y Megathermm. Ni creo posible, 
á pesar de que lo afirme el señor Ward, que los naturalistas nor- 
te-americanos estén tan atrasados que designen con el nombre 
común de Glyptodontes los géneros actuales Praopus y Toly- 
peutes y los géneros extinguidos Glytodon, Panochtus, etc. 

Encuéntranse también repetidas algunas de las inexactitudes 
publicadas por el director del Museo, como aquella déla fauna que 
dice descubrió Darwin en Monte Hermoso, etc., lo que demues- 
tra que la carta ha sido redactada con los datos suministrados por 
el señor Moreno. 

Tampoco tiene objeto la reimpresión en las publicaciones de un 
establecimiento científico, de una carta publicada en las colum- 
nas de la prensa diaria un año antes y sin que contenga ningún 
dato científico que la justifique. A menos que el Dr. Moreno 
haya creído con ella poder disminuir en parte la crítica de que 
ha sido objeto el establecimiento y su dirección, en lo que anda 
entonces muy errado, pues es evidente que por mucha que 
sea su respetabilidad no puede tomarse en cuéntala opinión de 
una persona que por asuntos comerciales se halla Tan ligada al 
Museo de La Plata como el señor H. A. Ward. 

Le Must'e de La Plata. Rápido coup dieil sur sa fondation eí son dece- 
loppement par Francisco P. Moreno, fondateur-directeur du Musée. (Extrait 
de la Recista del Museo de La ¡'han, ionio í. 1890). Folleto en 8 o de 32 páginas 
impreso en los talleres de] Museo. 

Es este folleto una publicación que casi podríamos calificar de 
semi-clandestina en nuestro país, pues no fia circulado entre no- 
sotros mientras que ha sido distribuido con profusión cu el ex- 



116 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tranjero, de donde hemos mandado traer el ejemplar que nos 
sirve para este análisis. 

Hay en él algo que nos concierne personalmente y que contes- 
tamos al final de esta entrega. Acá solo debemos examinar el con- 
tenido de este folleto como obra de un titulado hombre de cien- 
cia y como publicación de un establecimiento público que en su 
género tiene la pretensión de ser uno de los primeros del 
mundo. 

El objeto del folleto es dar una idea de la fundación del Mu- 
seo de La Piala y su desarrollo, cosa que ja su autor ha hecho 
por novena ó décima vez. y amenaza hacerla otras tantas, con la 
rara particularidad de que todas esas esposiciones están calcadas 
unas sobre otras con diferencias de detalles insignificantes. 

Desde el principio mismo de su exposición empieza, por cos- 
tumbre ya en él inveterada, lamentándose de la escasez de ele- 
mentos pecuniarios con que asegura tuvo que Luchar, á tal punto 
que dice se ha visto á veces obligado <'< barrer personalmente /os 
salones del Mu seo (pág. 4). Es esto tan inverosímil que. si real- 
mente ha sucedido, nosotros nos indinamos á creer que más bien 
haya sido por vocación natural hacia una carrera que es la que 
sin duda hubiera debido abrazar, y no por necesidad, cuando es 
sabido que se han invertido en ese establecimiento sumas verda- 
deramente fabulosas, sin que haya sido hasta ahora de la más 
mínima utilidad pública, ni lo será tampoco hasta un futuro muy 
lejano, según declaración de su propio director, quien se escuda 
en la falta de personal y otras futileza- que solo sirven para dis- 
culparle ante los ojos de quienes no saben que siempre ha obte- 
nido de las autoridades provinciales lodo lo que lia pedido. 

líecuerda M<>m:\o con la satisfacción característica y distintiva 
del megalómano que sin él el Museo de La Plata no existiría, en 
lo que padece error; el D r Holmberg y otros pueden dar fé de 
que hoy existiría bajo o1 ra forma, sin duda no tan fastuosa y der- 
rochadora, pero más práctica y más útil, en la que todos los que 
se interesan poi los progresos de la ciencia podrían ir á consultar 
sus materiales ; pero dado caso de (pie realmente sin él no existiera 
tal Museo, para ser justos es preciso también tener presente que los 
millones de pesos que allí se han invertido, de aquellos pesos de 
otro tiempo que valían algo más que los actuales, hubieran podi- 
do tener una aplicación mucho más útil, y por otra parte no 36 
habrían perdido para la ciencia una infinidad de objetos preciosos 



REVISTA CRITICA Y BIBLIOGRÁFICA 117 

que han desaparecido en ese vertiginoso movimiento acumulativo., 
hecho sin criterio ni discernimiento científico, á manera de las viz- 
cachas, en el que solo han salvado en parte de una destrucción 
completa, aquellos objetos que en razón de su gran tamaño no 
han podido ser rodados á puntapié. Si, el resultado inmediato y 
desastrozo, irreparable, que ha producido el Museo La Plata, es 
que el 99 ' á lo menos, de los antes valiosos materiales allí reu- 
nidos, hoy no sirven para nada, por haberse destruido unos, mez- 
clados otros, perdidos ó cambiadas las etiquetas en los más. etc., 
etc., de manera que no se puede tener la más mínima le en los 
trabajos científicos que se realicen sobre tales materiales. Esa es 
la obra del D r Moreno. 

Por lo demás, todo el folleto está destinado á esponer la dispo- 
sición y distribución de las colecciones, y basta su lectura, en la 
(pie aparece plagiándose por centésima vez á si mismo, para reco- 
nocer que, desgraciadamente, bajo el pinito de vista científico ya 
nada hay que esperar de ese establecimiento, en manos de un iluso, 
atacado de la manía de las grandezas, que carece de orden, de 
seriedad, que no posee conocimientos científicos de ninguna clase, 
sino los más superficiales de una lectura sin método y mal apro- 
vechada, insuficiente para abordar con el más mediano éxito, cual- 
quier tema científico, por sencillo que él sea. 

La misma forma en que están apareciendo las publicaciones del 
Museo, justifica sobradamente estas apreciaciones. Asi, este folle- 
to, en el que no hay absolutamente el más mínimo dato de utilidad 
para la ciencia, y en el que repite lo que ha dicho tantísimas veces, 
está acompañado de ocho lujosas láminas en fototipia, represen- 
tando distintas vistas del Museo y sus salones, de una ejecución 
en verdad irreprochable, pero ¿qué otra utilidad tienen ellas, si 
no es la de satisfacer la vanidad infantil del S r Moreno? Ningu- 
na. >• representan dinero del erario público tirado á la calle. Para 
aumentar todavía el despilfarro se anuncia que en los Anales del 
mismo establecimiento, cuya primera entrega está próxima á apa- 
recer (según lo anuncia hace seis años), se reimprimirá una vez 
más la ya tan estudiada lección sobre la distribución y colocación 
<h- las colecciones, acompañada de vistas, planos, etc., del esta- 
blecimiento. 

En todo se vé el mayor desorden 3 derroche que sepuedaima- 
ginar. Así, este folleto escrito en francés, dice una nota impresa al 
pié de la primera página, que él es traducido de la Revistada! 



118 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Museo, de manera que dada su colosal importancia también apa- 
recerá en español. Dice además entre paréntesis en la carátula: 
E i traií de la Revista del Museo de La Plata, tome I, 1890. Ha 
pasado el año 1890, han corrido ya algunos meses del 91, y hasta 
ahora no conocemos que haya aparecido ese tomo primero, ni aún 
en parte. 

Mas todavía; el Museo La Plata empezó sus publicaciones con 
un titulado Boletín del Museo La Plata, en el que aparecieron 
varios trabajos sueltos, como de costumbre, sin orden, ni método, 
ni numeración de ninguna especie. También en ellos ha publicado 
el director descripciones del edificio acompañadas de lámina-. v 
«•numeración, distribución y colocación de las colecciones. 

Délo- Anales del Museo, se imprimió desde hace años (1887) 
una parte, de la que solo se distribuyó uno que otro ejemplar, 
anunciándose siempre para en breve la publicación de la primera 
entrega ! 

¡ Ahora aparece esta otra serie de folíelos (pie no son ni de los 
.[/tales, ni del Boletín, puesto que llevan el nuevo título de Revis- 
ta del Musa, de La Plata, pero cuyo fórmalo y disposición es el 
mismo que el del Boletín del Museo La Plata, é impreso- y dis- 
tribuidos con el mismo desorden y respondiendo á la misma me- 
galomanía. Y como -i todavía todo lo hecho no fuera bastante 
anuncia el director que se hace necesario enanchar el Museo con 
nueva- construcciones ! 

Francamente, iodo esto es el colmo del desbarajuste, y en bien 
del mismo establecimiento, déla seriedad comprometida que nosen- 
vuelveenel ridiculo, y del tesoro público continuamente sangrado 
para fines do ninguna utilidad, desearíamos que esto tuviera un 
término, y que volviendo sobre sus pasos hiciera el director del 
Museo .ilgo de -eiio. que pudiera rehabilitarle á lo menos en parte, 
\ colocara el establecimiento en otras condiciones. 

No nos gula en esta crítica otro móvil que el interés público j de 

la ciencia. VamOS pues .i dalle al director del Museo un consejo 

desinteresado, (pie ya tuvimos ocasión de comunicárselo personal- 
mente en oirá ('poca cuando nuestras relaciones eran más cordia- 
les y la megalomanía de que padece se encontraba en su período 
incipiente, pero del (pie deseamos quede constancia en las paginas 
do esta revista, porque todavía puede ponerse en práctica, enmen- 
dando en algo lo- errores cometidos. 

El edificio del Musco <■- ya demasiado grande para nuestras ne- 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES 119 

cesidades, y basta y sobra para medio siglo ; convenientemente 
arregladas caben en él colecciones mil veces de mayor importancia 
de las que hoy dispone. Resérvese el D r Moreno la dirección supe- 
rior del establecimiento en sus relaciones con el gobierno de la pro- 
vincia de que depende, divida el museo en tres ó cuatro secciones, 
confie la dirección de cada sección aun especialista experimentado, 
completamente autónomo en su sección, y ponga luego los mate- 
riales del museo, sin pérdida de tiempo, á disposición de los 
estudiosos, sin la menor cscepcion, y sin otra restricción que la de 
no dañarlos, y entonces verá cómo pronto cambia su posición y la 
del establecimiento que dirije. Este es el único camino que le que- 
da dadas las circunstancias en que se ha colocado. 

(F. A.) 



Correspondencia, viajes y exploraciones 

Carlos Ameghino. — exploración de los depósitos fosi- 
líferos de la patagonia austral. — Con fecha 23 de Diciem- 
bre último, el S r Carlos Ameghino nos escribe desde Gallegos 
comunicándonos noticias de la exploración. paleontológica que lle- 
va á cabo en aquella apartada región. He aqui algunos párrafos de 
su carta que contienen observaciones de importancia para la geo- 
logía de la Patagonia austral : 

« Estoy en Gallegos en exploración de los yacimientos fosilife- 
ros y al mismo tiempo en diligencias para reclamar aquel bendito 
cajón de tiros y municiones que en Santa-Cruz no pude conseguir, 
habiendo sido desembarcado después en este puerto. 

« Ya en un viaje anterior tengo examinada toda la costa atlán- 
tica, desde Santa-Cruz hasta la boca del Coyle, en cuya estension 
como he tenido ocasión de constatar, se muestra á descubierto so- 
bre la costa del Atlántico la misma formación terrestre del inte- 
rior (santa-cruceña) con los mismos fósiles característicos. 

« Entre los más notables objetos que en esos parajes he colec- 
cionado, figura en primera línea un cráneo bastante completo de 
un edentado de los más aberrantes y anómalos conocidos (1). Es 
un animal del tamaño de un perro regular, con una forma cranea- 

(1) Gephyranodus Amegh. gen. n. 



120 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

na aparentemente de carnicero y con la rara particularidad de po- 
seer incisivos bien desarrollados, y tan evidentes que el primer 
par interno de ellos se tocan por la corona., tomando asi el cráneo 
cierto aspecto de roedor. Posee, incluyendo los incisivos, siete 
dientes en serie continua en cada lado, sin interrupción, y todos 
ellos desprovistos aparentemente de esmalte. Todos los dientes son 
de sección prismática triangular y casi del mismo tamaño, escep- 
to el último que es muy pequeño. 

« Una segunda pieza verdaderamente notable es el cráneo y la 
mandíbula inferior del Theosüdon Lydekkeri; los incisivos y pre- 
molares del cráneo están colocados en dos lineas paralelas como en 
el Scalabrinitherium, sin vestigio del enanchamiento que en la 
región intermaxilar del paladar muestra la Macrauchenia y la ma- 
yor partéele los ungulados perisodáctilos ) la apertura anterior de 
la nariz no se parece en cambio ni á Scalabrinitherium ni á Ma- 
crauchenia^ pues está colocada muy adelante, casi tanto como en 
.i uchenia. 

« Tengo otro pico de Phor&rhacos con punta y rama posterior 
casi completa; es un animal enigmático ; la parte posterior de la 
rama mandibular es horizontal, sin rama ascendente. 

« Pieza importantísima es también el cráneo y mandíbula intac- 
ta del Astrapotherium; la mandíbula tiene seis incisivos fuera de 
las defensas, mientras que el cráneo carece completamente de in- 
cisivos. Pieza igualmente notabilísima por su conservación. 
cráneo de un roedor de tamaño algo más pequeño que Myopota- 
mus; está tan intacto y bien conservado como el cráneo de un 
animal recien muerto, loque en estos terrenos es un verdadero 
milagro. 

« Entre los Plagiaulacídeos hay mucho nuevo, y una forma 
también aberrante < 1 > ; es un animal que tenia los verdaderos mo- 
lares posteriores de sección prismática y de base abierta como ciér 
tos roedores, y los premolares radiculados como en Epanorthus. 

« Hay además muchísimas otras piezas verdaderamente escep- 
cionales que seria demasiado largo enumerarte. 

« Ahora voy a explorar la costa del rioGallegos desde Guaraike 
hasta el cabo Fairwater. y dc><\r ;dli toda la costa del océano hasta 

la boca del ( 'oylo. 

• Estos yacimiento? son sin disputa todavía mas ricos que los que 

(1) Ccelogomp/iodus Amioi. gen. n. 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES 121 

conozco del interior, más ricos que el mismo de Kar-aiken. La fa- 
mosa formación -patagónica con sus ostras gigantescas falta com- 
pletamente en este litoral y á penas se puede ver en la base de las 
barrancas la formaeien marina antigua (piso sub-patagónico) y es- 
ta casi siempre bañada por las mareas diarias. Hay más todavía : 
en muchas partes los terrenos fosiliferos fluviátiles se pierden de- 
bajo del mar y de las mismas mareas bajas ordinarias, siempre con 
sus fósiles característicos (Protoxodon, Adinotherium, Protero- 
therium, Propalaehoplophorus, etc., etc.) 

« Los grandes pájaros fósiles que tanto me intrigaban, también 
lian aparecido. Son efectivamente gigantescas aves, algunas quizas 
tan grandes como el Epiornis. » 

E. D. Cope. — Colocación de los grupos de mamíferos 

DESIGNADOS CON LOS NOMBRES DE TOXODONTIA Y LITOPTERNA. 

— Encarta reciente al Dr. Amegiiino el célebre paleontólogo 
norte-americano E. D. Cope, entre otras cuestiones paleontoló- 
gicas, manifiesta su opinión sobre la colocación de los dos grupos 
de mamíferos extinguidos de la República Argentina arriba men- 
cionados, en los siguientes términos : 

« Unas dos semanas después de escrita mi última, lie tenido el 
placer de recibir un ejemplar de su gran trabajo sobre los Mamí- 
feros fósiles de la República Argentina. He tenido un grato placer 
con dicha obra y he estado estudiándola desde que la recibí... 

« He dominado su análisis de los Toxodontia y los Litopterna. 
Por primera vez tenemos un conocimiento correcto de esos dos 
grupos. Vi. muestra que los Toxodontia constituyen un verda- 
dero orden entre los Taxeopoda y los Amblypoda . Por sus des- 
cripciones completas é ilustraciones estoy persuadido de que los 
Litopterna, forman un sub-órden de los Taxeopoda, entre los 
Condylarthra y los Hyracoidea, pero más próximo de los Con- 
dylarthra. » 

Dr. H. V. Jhering. — Sobre las antiguas conexiones 
del continente SUD-ÁMERICANO . — En carta del 8 de Enero del 

presente año, dirijida al señor Ameghino, desde Rio Grande do 
Sul, el Dr. H. V. Jhering, entre otras cuestiones científicas, 
se encuentran los siguientes párrafos, referentes á las antiguas co- 
nexiones del continente sud-americano. 

«En cuanto á las consideraciones filogénicas y distribución geo- 



1 — REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

gráfica de los Plagiaulacídeos, el material es por ahora tan pequeño 
que cada dia nuevos descubrimientos pueden cambiar las ideas. 
Asi ya sucede con su trabajo, visto que ahora múdase completa- 
mente la situación por los importantes descubrimientos de Marsh 
sobre mamiferos cretáceos. Marsh, en efecto al lado de géneros 
con molares multitubercu lares ha encontrado otros Plagiaulacíde< >s 
con los molares sino regularmente cuadrituberculares, por lo me- 
nos muy parecidos, semejantes á los molares de muchos marsupia- 
les de Australia, y por consiguiente muy diferentes de los otros, 
con dos ó tres series de tubérculos mamilares. Estos hechos deben 
alterar la discusión... Como en los Estados Unidos no hay fauna 
compuesta esclusivamentc de Plagiaulacídeos sino en el secunda- 
rio, creo probable que su fauna patagónica sea también cretá- 
cea. Si hubiera moluscos de las mismas capas decidirían la cues- 
tión. 

«En muchos puntos me hallo de su lado, pero en otros no 1»' 
acompaño, aunque le confieso francamente que en cuestiones tan 
difíciles, puedo de dia en dia cambiar de opinión conforme á los 
nuevos argumentos que se produzcan. 

«Creocon Yd. y con Halton que durante la época secundaria se 
estendia la tierra firme desde Patagonia y Chile, hasta Nueva Ze- 
landia y Australia. Más no creo que (luíante la época cretácea ('vis- 
tiera comunicación terrestre entre ambas Américas, que con certe- 
za falta durante la época terciaria. La fauna de Sud-América debe 
su aspecto particular á un aislamiento muy prolongado, y las clases 
de vertebrados que aparecieron en la ('poca cretácea, como los te- 
leosteos. quelonios, etc., son enteramente diferentes en La Amé- 
rica del SikI \ en la del Norte, tanto cuanto son idénticas entre 
África y la América del Sud. Si este último puente (entre África y 
Sud-América) hubiera existido hasta el fin del oligoceno sería fá- 
cil comprender cómo los tipos de roedores pudieron llegar al Afri- 
cay América Meridional, descendientes de Los géneros represen- 
tados en Europa, pero no en Estados Unidos. En esto acompaño 
á Schlosser y Wallace. 

«Estoy ansioso por \<-v los resultados suyos sobre Los edentados. 
Estoy pensando en si algunos de ellos son animales con estre- 
midades terminadas por casco y no por uña, que ellos sean ungu- 
lados y no unguiculados. Los edentados oligocenos europeos me 
parecen muy diferentes, pero tal vez también pueda ser que loa 
edentados dienten elementos diferentes. EstOV también muy cu- 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES 123 

rioso por saber sus ideas sobre los didelfos; ¿dónde nacieron? ¿ lle- 
garon de Europa á las dos Américas ? 

« Concuerdo completamente con Vd. en que la configuración de 
los continentes durante el periodo secundario fué muy distinta de 
la actual, esplicando también la distribución cosmopolita de los 
Plagiaulacídeos. Sucede lo mismo con las conchas de moluscos 
de agua dulce, por ejemplo, con los géneros representados desde el 
carbonífero hasta ahora que son cosmopolitas ( Limnea, Plujsa, 
Ancylus, Planorbis, Unto, etc.), mientras que los que aparecen 
al fin de la época cretácea ó en el eoceno, son diferentes en su dis- 
tribución como lo muestran los géneros Ampullaria, Anodonta, 
etc.. que faltan en Chile, Australia, etc. Es un error absoluto de 
\.Yallace creer que los continentes tenían ya entonces más ó me- 
nos la forma actual. » 

F. Ameghino. — Las antiguas conexiones del conti- 
nente SUD-AMERICANO Y LA FAUNA EOCENA ARGENTINA. — Eli 

carta del señor Ameghino de fecha 15 de Febrero, en contestación 
al Dr. Jhering, leemos sobre el mismo tema los párrafos que si- 
guen : 

« No estamos tan distantes de opinión como podría creerse. La 
única discrepancia veo aparece sobre la probable unión de am- 
bas Américas durante la época cretácea, más no dudo que una vez 
que se dé A', cuenta de las razones que me han conducido á admitirla, 
concluirá como yo por reconocer que la unión entre ambas Améri- 
cas en una época anterior á la base del terciario., es una necesidad sin 
la cual no es posible esplicar la relación que existe entre las faunas 
terrestres de la base del terciario en una y otra América. 

« Esas relaciones se establecen por la presencia de grupos enteros 
comunes á ambas regiones como los Plagiaulacídeos en los marsu- 
piales, los Amblipodos entre los ungulados y los Creodontes entre 
los carniceros, como también la gran abundancia de restos de Dino- 
saurios en el terreno cretáceo de la República Argentina . 

« La comunicación entre ambas Américas que existí*') en época 
anteriora la terciaria, se interrumpió probablemente antes del prin- 
cipio del eoceno, y las faunas evolucionaron luego por separado 
hasta la época déla fauna oligocena del Paraná ; entonces volvió á 
surgir el puente que antes las uniera, volviéndose á poner en co- 
municación y mezclándose de más en más las faunas de ambas re- 
giones . 



124 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Siento no haya Vd. todavía recibido mí obra sobre los ma- 
míferos fósiles de la República Argentina, en donde, aunque de 
una manera rápida, hago un paralelo entre las faunas terciarias 
sud-americanas y las de los otros continentes . 

...<« Acepto el ofrecimiento que me hace de los trabajo- de Marsh 
sobre nuevos Plagiaulacideos; solo tengo conocimiento de ellos por 
referencia de otros trabajos y me interesa tanto más conocerlos, 
cuanto que preparo otro estudio sobre ellos, con nuevos materiales 
que acaba de recoger mi hermano Carlos, entre los que hay for- 
mas completamente nuevas y aberrantes. La época á que pertene- 
cen es sin dúdala base del terciario, pues los Plagiaulacideos de 
Patagonia están acompañados de aumerosisimos restos de mamífe- 
ros placentarios, roedores, carniceros primitivos (creodontes), 
edentados y ungulados. 

«No se lian encontrado hasta ahora restos de moluscos cu las 
mismas capas, lo que es verdaderamente sorprendente, pero se han 
recogido algunos restos de pescados, aunque no en abundancia. 

«Los roedoresson seguramente de origen sud-americano, pues 
dr>(\c La base del terciario aparecen acá con una abundancia y 
diversidad de formasqueno alcanzaron luego en ninguna otra 
región. 

« En cuanto á los didelfos, el género Didelphys (en su más lata 
acepción), es ensu conformación de un tipo mas primitivo que los 
marsupiales poliprotodontes de Australia (el Myrmecobius escep- 
tuado) y no puede descender de ninguno «le estos ni tener de con- 
siguientesu origen en Australia; pero es más difícil por ahora <le- 
terminar -i ha lomado su primer origen en Europa •'» en América. 
En Norte-América y en Europa, los restos de Didelphys aparee, ai 
ya con una conformación casi igual a la actual, desde la base del 

bligoceno. En La República Argentina, lo- reatos más antiguos que 
conozco proceden dé Monte-Hermoso, cuyo yacimiento data más 
ó menos del mioceno medio, pero creo que algún dia encontrare- 
mos acá -n- restos desde la base del eoceno. 

« Sobre los edentados tendría muchísimo que decir. En mi obra 
encontrará mucho, y sin embargo ''II" es nada en comparación de 
lo <pie me queda que hacer, sobre todo en presencia del inmenso 
materia] que mi hermano está recogiendo en el eoceno .le Patago- 
nia. Los edentados son seguramente de origen sud-americano ; en 
Norte-América recien penetran durante el oligoceno, y en Europa 
\ Asia di i ran u; el plioceno (á lómenos según nuestros conocimien- 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES l'J5 

tos actuales). Los géneros europeos miocenos y pliocenos, llama- 
dos Macrotherium y Ancylotherium, han resultado ser ungula- 
dos imparidigitados (Chalicotheridce), Como consecuencia de este 
descubrimiento se muestra ahora en los paleontólogos europeos y 
norte-americanos una tendencia á considerar los Chalicotheridce, 
como formando un lazo de unión entre los ungulados y los eden- 
tados. 

« A mi me es absolutamente imposible concordar en lo más 
mínimo con esa opinión, pues graves consideraciones filogónicas 
basadas sobre toda la estructura del esqueleto me lo impiden. Los 
edentados, á mi modo de ver, son los mamíferos más primitivos 
después de los monotremos y cetáceos, y constituyen un grupo 
compacto y homogéneo, bien que en su homogeneidad como ca- 
racteres generales presenta desde la base del eoceno una abundan- 
cia y variación de formas verdaderamente estraordinaria. 

« Ciertamente que algunos edentados extinguidos de gran talla, 
particularmente entre los gliptodontcs, tenían las estremidades de 
los dedos envueltas en una especie de casco ó pezuña en vez de 
uña, es decir, que por los dedos eran ungulados y no unguiculados, 
más esta no es una prueba de relación de parentesco entre los un- 
gulados y edentados, sino que indica una etapa ele evolución pare- 
cida en el desenvolvimiento de miembros afectados esclusivamen- 
te á la locomoción, y que han perdido la facultad de prehensión. 

« Todo ungulado que deje de servirse de sus estremidades como 
órganos de prehensión, afectándolos exclusivamente á la locomo- 
ción tiene forzosamente que perder el estado unguiculado para pa- 
sar gradualmente al de ungulado. Es por esto que algunos roedo- 
ces (sub-ungulados) tienen las estremidades envueltas en algo que 
se parece más á un casco que á una uña, y otro tanto sucedió con 
los antiguos gliptodontes y otros edentados extinguidos, y hasta 
cierto punto con algunos de los actuales, sin que ello indique pa- 
rentesco con los ungulados . En cambio algunos tipos primitivos 
que por toda su conformación general son verdaderos ungulados, 
por sus estremidades eran unguiculados; se encuentra en este 
caso el género plioceno y mioceno Tijpotherium, y de una manera 
todavía más evidente los géneros eocenos, igualmente argentinos, 
que llevan los nombres de Pachyr uros. Interatherium, Icochi- 
lus y Protypotherium. » 



126 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Fersonnel 

J'apprenais. il y a quelques raois, qu'une brochure du Dr. Francois P. Moreno, 
directeur du Musée La Plata, circulait en dehors du pays, spécialement en Eu- 
rope. 

Córame ce monsieur na jamáis publié le plus insignifiant rapport san? se faire 
adresser par la presse des louanges complaisantes. la nouvelle de l'existence de 
eette brochure, répandue a létranger a l'insu des journaux du pays. attira mon 
attention, et. connaissant le caractere de l'auteur, je soupconnais un travail diri- 
ge contre rnoi a l'aide de quelque nouvelle imputation calomnieuse. 

.le táchai de me procurer et obtins de France un exemplaire dans lequel M. Mo- 
reno ne me ménage point, en effet, les ineulpations les plus fausses (jui le placent 
daos une position que je ne veux pas qualifier. 

II faut déchoir misérablement pour formuler des iraputations gratuites dont on 
na pas le courage d'atfronter la rigoureu*e responsabilité : iraputations qui pour 
ne pas me tomber sous les yeux ne sont pas lancees dans le pays, mais publiées 
profusément au debors. dan* une langue presque universelle. afín qu'elles n'é- 
chappent a personne. 

Telle est la voie suivie par M. Moreno. 

Au sujet de raes diflerends avec ce personnage, je concluais ainsi dans La Nar- 
ciuií. de Buénos-Ayres, da ¿7 aoút 1889: 

<v Mou désir serait que ce füt le dernier mot sur cet incident. et je donne ma 
parole d"honueur que. désormais, je ne m'occuperais plus du directeur du Musée 
de La Plata, a raoins d'y <Mre contraint ». 

Jai tenu parole, mais M. Moreno na pas été capable d'apprecier la dign 
raon silence á son égard, silence inspirr par des considérations d'intéréts scienti- 
Hques qu'il a méconnus. 11 a voulu m'atteindre; par ce fait il me dégag 

La brochure clandestine dans notre République, dont M. Moreno est l'auteur, 
porte pour titre ■ Le Musée de La Plata. Rapide coup d'oeil sur sa fondation et 
.s-o;i développement, par Francois P. Moreno, directeur-fondateur du musée, La 
Plata, 1890. A la page 17. on y lit le paragraphe suñant: 

L'installation genérale des collections étanl a peine achevée, il serait difficile 
d'avoir déjá ua catalogue de son contenu surtout lorsque fait défaut le personne] 
pour le dresser; c'est un travail fort long el difficile, en grande partie par suite de 
la pénurie de traites spéeiaux qui permettent de taire une classification exacted'un 
si grand nombre d'objets. Ce travail a été com meneé, toutefois, et sera continué 
avec persévérance chaqué fois, que le permettra le peu de temps que i* 1 puis y con- 
sacrer. Dans cel ordre de dioses, je dois mentionner le contre-temps sérieux que 
nous a occasioné la oégative injustifiable de la part du Dr. Florentino Ambghtno 
. i sous-directeur de cel établissemeot, el qui ful Béparé de son emploi par décrel 
ministériel en date 6 du février 1888;, de nous remettre malgré Pavoir demandé a 
ees reprises le catalogue de sa collection qui luí fut achetée en 18S0 pour la 
somme de 16.500 piastres m n.. dificulté d'autant plus grande que cea objets n'onl 
pas d'etiquettes qui en indiquen! l'origine, mais des signes conventionnels, el que 
la plus part ne sonl que de .-imple.- tnoules en plátre. Ce défaut nous emprehera, 
afín d'éviter des erreurs, de mentionner cette collection dans nos catalogues, sauf 
quelques exemplaires dont nous connaissons l'origine, conservanl dan- les dépóts 



PERSONNEL 127 

ees objets acquis a ud pris si elevé tant que dous n'obtiendrons pas de renseigne- 
raents plus circonstanciés a leur égard. II serait done des plus téméraire de pro- 
mettre la prochaine apparition d'un grand catalogue systématique general des- 
criptif... 

M. Moreno fait iins¡ savoir au monde entier que j'ai été resigné de l'emploi de 
sous-directeur du musée, mais il oiuet intentionnelleraent d : en faire connaitre les 
motifs et les circonstances. 

Je n'ai pas été resigné par décret du 6 février. Le document porte la date du 25, 
presque un raois et demi aprés avoir donné ma déraission et cela pour ne pas 
avoir voulu la retirer ou en moditier les termes un peu violents pour M. Moreno. 

II est facile d'étre éclairé a cet égard par la lecture de ma lettre de démission 
et par le décret qui en a été la conséquence. Ces piéces figurent dans le prologue 
de mon ouvrage : Los mamíferos fósiles de la República Argentina oü j'ai cru 
utile de les insérer, a sa réimpression, et je m'applaudis de les avoir publiés. Au 
i'ait, cette démission qui au lieu d'étre suivie d une enquéte gouvernementale, pro- 
voque simplement mon renvoi. ne constitue-t-elle pas une aecusation perma- 
nente contre le directeur du Musée. M. Moreno, aecusation dont il ne pourra ja- 
máis se laver ? 

II faut que ce monsieur ait perdu toute décence pour oser affirmer que la col- 
lection que j'ai vendue au musée, presque contre ma volouté et seuleument pour 
acceder á ses instances fréquentes, pendant une longue période et pour la somme 
qui m'a éte offerte, n'était composée que de moules en plátre pour la plupart, 
quand il n'y avait a peine deux ou trois cents, sur quarante mille piéces. et enco- 
ré étaient-ce des moules de piéces. dont les similaires n'existent pas pour la ma- 
jeure partie. 

Quant au catalogue que je refusais de livrer, la vérité est d'autaut plus gra- 
vement tronquee que j'ai deja adressé a ce sujet des réclamations et des oíTres 
qui devaient me garantir de la réedition. de la part de M. Moreno, d'imputations 
que je suis en droit d'appeler aujourd'hui calomnieuses. 

Voici du reste traduite en francais, aussi littéralement que possible, la commu- 
nication que jai adressée au gouvernement déla province, il y a bientot deux ans. 

<^ La Plata, le 31 mai 1889. — A son Excellence monsieur le ministre des tra- 
caux publics de la province de Buénos-Ayres, Dr. Manuel B. Gonnet. 

« Jai l'honneur de vous informer qu'il est arrivé á ma connaissance qu'une 
brochure contenant le rapport du directeur du musée Dr. Francois P. Moreno a été 
adressé a votre Excellence au mois de janvier dernier, et oü je sms attaqué dune 
maniere injustifiable. de propos deliberé assurément, avec l'intention de nuire a 
ma réputation. C'est la deuxiéme fois que M. Moreno se permet cet eveés de lan- 
gage qui nvoblige a recourrir a votre Exctllence pour mettre un terme a des 
aecusations que je qualifierais de non fondees pour ne pas employer d'expressions 
pías énergiqui ¿. 

A la page 13 de la brochure contenant le dit rapport, on lit ce qui suil : 

« C'est aussi un contre-temps sérieus dans ce cas (pour dresser le catalogue 
des collections du musée; le refus injustifiable, de la part du Dr. Ajieghino, de 
remettre malgré des demaudes incessantes, le catalogue de la collection qui lui 
fút achetée en 1888, pour la somme de 16.500 8 m/n. 

« Dans ce paragraphe, monsieur le Ministre, on jette sur moi, pour la seconde 
fois, une aecusation injuste et sans fondemeut. Le directeur du musée a pris pos- 



128 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

séssion de cette collection et de ses catalogues au mois de juin ou juillet 1888: 
M. Moreno les a vus, ainsi que tous les employés qui s'en sont servís pour l'ar- 
rangement de ladite collection. Par conséqueut. la réclamation d'un catalogue 
re^u et utilisé il y a deja trois ans est incorrecle et peu seríense. 

« Mais ce qui aggrave le cas, c"est la circonstance, née de sentiments que je ne 
veux pas spéciíier, par laquelle, avec le pretexte mentionné. il cherche a justifler 
au moyen de l : absence du catalogue, le désordre, la confusión et l'état indétermi- 
né de toutes les collections du rausée, cherchant ainsi á faire retomber la respon- 
sabilicé sur qui n'a aucune intervention dans l'établissement, quand c"est iui le 
vrai, le seul coupablo. 

« Je ne peux étre responsable de la disparition du catalogue de mon ancienne 
collection, qui ne représente qu'une partie de celles du musée, ees derniéres n'é- 
tant pas cataloguées non plus. La faute est imputable a la mégalomanie evidente 
dont M. Moreno est aífecté et au désarroi inevitable qu : elle communique ñ tous 
ses actes : mais, si la dérisoire somme de 16.500 piastres avec laquelle rúa col- 
lection ful achetée lui donne le droit de la profano- et de faire irnprimer des hé- 
résies scientiíiques aussi inconcevables que hors de raison, il ne peut étre autorisé 
a masquer son insuffisanee par des aecusations qui. si elles se renouvelaient, 
m'obligeraient a m'exprimer avec une darle pin* sévére. 

« Votre Excellence peut mettre un terme a ce désagréable incident. en soumet- 
tnní a Tépreuve la vocation scientifique de M. Morino. 

« Je n'ai pas a délivrer de catalogue. Je n : ai pas d r obligation envers un établis- 
sement qui m'a fermé ses portes et dont je n*ai pu profiter des collections pour la 
rédaction du grand travail que je viens de terminer : Los mamíferos fósiles de la 
República Argentina, a la veille de paraitre, mais en moi domine surtout l'arnour 
de la science. 

« Bien que la tache soit considerable, je suis prét a refaire. volontairemenl el 
gratuitement. le catalogue de la collection que le musée m'a achetée Votre Ex- 
cellence peut done comrauniquer a M. le Directeur du musen' quej'y travaillerais 
aux jours et aux beures qui me seront indiques jusqu'á la conclusión de ce nou- 
veau travail. Si, cependant, M. Moreno refuse mon offre spontanée ou si Votre 
Excellence ne croit pas devoir l'obliger a l'accepter, je vous prie, ce qui est de 
loute justice de lui signifier de s'abstenir de me lancer désormais, dans des docu- 
ments officiels, des aecusations du genre de celles qui moüve cette plaiute. 

« Veuillez recevoir Tassurance de ma parfaite considération. 

« Florentino Ameghino ». 

Je ne pouvais étre moins exigeant dans ma demande. Néanmoins, il a paru 
plus court de la laisser sans réponse. Bien plus, M. Moreno ne cessanl d'intriguer 
renouvelle ses calomnies sous une forme odieuse en y ajoutanl un détail étrange. 
Ces collections dont le catalogue a ét¿ égaré et dont on refuse un second seront 
réléguées dans les caves. La profanation queje prévoyais se réaliserait done. 

I. éminent professeur W. 11. Flower, avail bien raison de diré qu'il eul été pre- 
férable que des musée- di- ce genre a'eussent été jamáis fondés ' 

Je me contente de renouveler l'offre de dresser no nouveau catalogue. 

J'aurais encoré le droit de m'étendre davantage, car le charlatán de haute-fibole 
ei de la taille de celui dont ¡1 >'a.L'it le mériterail assurément. 

F. Ameghino. 



Tomo I Buenos Aires. Junio 1° de 1891 Entrega 5 a 



REVISTA ARGENTINA 



HISTORIA NATURAL 



Caracteres diagnósticos de cincuenta especies 
nuevas de mamíferos fósiles argentinos 

por Florentino Ameghino 

UIVGIJLATA 

Toxodontia 

PROTOXODOXTID.E 
1. Aclinotheriiim Iiaplodo litoides, n. sp. 

Tamaño un poco menor que el de ,4. splendidum y A. magis- 
ter. — Union de los pozos de esmalte interno de la superficie mas- 
ticatoria de las muelas superiores que desaparece en edad tempra- 
na. — Surco perpendicular interno poco acentuado. — Lóbulo 
posterior interno de las muelas superiores muy avanzado hacia 
adentro, formando una columna muy desarrollada, particularmente 
bien visible en la superficie masticatoria. — p. ± con columna ex- 
terna anterior muy desarrollada. — m. - con columna perpendicular 
ántero-externa bien acentuada. — m.- de cara perpendicular ex- 
terna poco escavada y ondulada. 

p. i 0'"008 

p. - 0.016 



v * U18 

Diámetro ántero-posterior del [^ ," ' 023 



: 



0.028 

ni. 5 0.031 

Longitud del espacio ocupado por las seis últi- 
mas muelas superiores 0.095 

rey. ai;.;, de HIBT. nat. — t. i 9 



130 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



Descubierta por Carlos Ameghixo en el eoceno inferior (piso 
santacruzeño) de la Patagonia austral. 




Fi:r. 26. Adinotherium haplodontoides Amegh. Maxilar superior izquierdo con las últimas 
muelas, vistas por la superficie masticatoria, p. s , p. 3 y p. *, los tres últimos premolares: m.i 
ni . 2 y m. 3, los tres verdaderos molares. Tamaño ¿. 



2. Adiuotheriuní V paranense n. sp. 



Tamaño algo mayor que A. splendidum. — p. 3 ? de raices se- 
paradas, con capa de esmalte que sobre el lado ex- 
terno desciende sobre las mismas raices, pero mu- 
cho más baja sobre el interno. — Capa de esmalte 
interrumpida adelante y atrás como en Ja> espe- 
cies eocenas. — Cara perpendicular interna casi 
plana. — Cara externa escavada perpendicular- 
mente por una depresión ancha y de fondo cón- 
cavo que divide la muela en dos lóbulos desigua- 
les, el anterior angosto y el posterior mucho más 
vdino- ancho. — Diámetro de la corona: ántero-po 
theHumtparanenr rior 19 milímetros, transverso 5 á 6 milímetros. 

[EGH. Torcci'.' . 

premolar inferior i/- Descubierta pul' el prOteSOr PEDRO ¡SCALABRINl 

quierdo, visto por la cn e ] oligoceno inferior (piso mesopotámico) de 

car.., perpendicular ° \ 

estén, i I"- a 1 1 ■< •< l< .■< Lores de la ciudad fiel Paraná. 




CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 131 



3. Acrotheriuní karaikense n. sp. 

Tamaño un poco mayor que el de Adinotherium splendidum. 
— i. -fuertemente apretado á i. - 1 y apenas un poco más largo que 
este. — i. - muy pequeño, casi rudimentario, y colocado detrás 
del i. - del que está separado por un diastema regularmente esten- 
dido. — c. 1 del mismo tamaño que i. - y separado de este por un 
diastema. — p. — no representado en los otros ungulados conoci- 
dos, de la misma forma que el c. L pero algo más pequeño y 
separado de él por un corto diastema. — p. - 1 colocado á conti- 
nuación del precedente, eliptico cilindrico y muy pequeño. — 
p. - á m. - aumentando sucesivamente de tamaño como en los gé- 
neros Adinotherium y Protoxodon con los que presentan un 
gran 'parecido. — Los seis incisivos inferiores con la misma dis- 
posición que en los dos citados géneros. 

Ancho del espacio ocupado por los cuatro incisivos 

superiores internos (i. - y -) m 053 

Ancho del diastema entre i. - é i. ¿ 0.009 

Diámetro áatero-posterior del i. - 0.007 

Ancho del diastema entre i. ~ y c. - 1 0.006 

Diámetro ántero-posterior del c. - 0.007 

Ancho del diastema entre c. ~ y p. i: 0.005 

p. L: 0.007 

p. 1 0.006 

p. í 0.010 

t p. ? 0.012 

Diámetro ántero-posterior del ) i rwm 

m. 1 0.027 

m. 1 0.030 

m. 3 0.036 

Ancho del espacio ocupado por los seis incisivos 

inferiores sobre el borde alveolario 0.053 

Ancho del diastema entre i. 3 - y c. - 0.005 

Diámetro ántero-posterior del c. -j 0.009 

Longitud del espacio ocupado por las siete muelas 

inferiores . 109 

Longitud del espacio ocupado por las ocho muelas 

superiores . 120 

Longitud del cráneo de la parte anterior de los 
incisivos á la parte posterior de los cóndilos oc- 
cipitales 0.290 



Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior (piso 
Santacruzeño) de la Patagonia austral. 



132 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 




., .. i«Ei i, Cráneo visto de abajo, reducido a una mitad 

M,t '"' '7 " SSLo ' u ' n S P- ! " premolaresl m.i, m. 

fa l ta en lo. demé ungulados, conocidos p. ., p. -■ i ■ - i 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 133 



4. Aerotherium stygium n. sp. 

Tamaño intermediario entre A. rusticum y A. karaikense. — 
Premolares inferiores de tamaño un poco mayor que en A . karai- 
kense, de diámetro ántero-posterior mucho mayor en la cúspide 
de la corona que sobre el borde alveolario, de corona relativamen- 
te muy elevada v raices cortas. 




F'v¿. 2u. Acrotherium stygium Amegh. Rama mandibular izquierda vista por su cara ex- 
terna reducida á una mitad del tamaño natural, i i, incisivo inferior externo ; c, canino; pl, i, 
2 y i , los cuatro premolares ; m. i, i y i, los tres verdaderos molares. 

p. , o-on 

p. -g 0.013 

Diámetro ántero-posterior del { p. j 0.015 

m. i 0.018 - 

m. ; 0.021 

Longitud del espacio ocupado por los dientes 

p. ? á m. 5 0.278 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior (piso 
santacruzeño) de la Patagonia austral. 



TYPOTHERIDAE 
5. Ilegetotherium coiivexum n. sp. 

Talla comparable á la del H. mirabile ó apenas un poco menor. 



134 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



— Ultima muela superior considerablemente más pequeña que la 
penúltima, con el ángulo posterior externo 
poco pronunciado, y la cara perpendicular 
interna fuertemente convexa. 



Diámetro antero-postenor del s , .. on _ 

1 ( m. -- U.OOd 

Ancho del paladar entre los m. - 0.020 

Descubierta por Carlos Ameghixo en 
el eoceno inferior (piso santacruzeño) de la 

Patagonia austral. 




Fig. 30. Hegetotherium 
convexum Amegh. Parte 
posterior del maxilar supe- 
rior izquierdo con las dos 
últimas muelas, vistas por 
la enrona. Tamaño natural. 



L¿top terna 



ADIAXTHID.-E 



6. Adiauthus bucatus gen. el sp. n. 

Tamaño muy pequeño, no mayor que el del Hyrax. — Muelas 
superiores de corona muy baja, casi cuadrada, pero de diámetro 
transverso mayor que el longitudinal, y con cuatro raices bien se- 
paradas y divergentes. — Capa de esmalte periférica no interrum- 
pida. — Caras perpendiculares anterior, posterior 
y esterna, planas ó casi planas. — Cara interna 
bilobada por un surco perpendicular profundo que 
penetra en la corona en donde forma un pliegue de 
esmalte entrante, largo y angosto, sinreplieg 
secundarios, que se estiende hasta más de la mi- 
tad del ancho de la superficie masticatoria, di- 
vidiéndola «'ii dos partes iguales, una anteriory 
la oti a posterior. — Superficie masticatoria de la corona con dos 
pozos profundos aislados de esmalte, uno en la parte anterior ade- 
lante de la punta del pliegue de esmalte, y el otro en la parte 
posterior detras del mismo pliegue. — Un fucilo reborde de es- 
malte en la base de la cara perpendicular anterior, que adquiere 
mayor desarrollo hacia el lado interno, formando sobre el ángulo 
ántero-interno una especie de tubérculo ó callo basal. — Diánvim 
de la superficie masticatoria de una muela superior: ántci < «-poste- 
rior 5 milímetros, transverso 51 milímetros, alto de la corona 6. 
— Base de la corona envuelta en un espeso depósito de cemento. 



Fig. 3i. Adianthus 
bucatus Amegh. 
Muela superiordere- 
cha, vista por la su- 
perficie de mastica- 
ción. Tamañ 
tu ral. 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 135 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior (piso 
santacruzeño) de la Patagonia austral. 



PROTEQUID.E 
7. Novohippus toxotlontoides gen. et sp. u. 

Muelas inferiores de corona angosta y larga, de prismas denta- 
rios muy largos, con capa de esmalte ininterrumpida en la periferia 
y cubierta por un grueso depósito de cemento, terminando abajo 
enraices bien separadas y distintas. 

M. T y ó biradiculados, con la raíz anterior más pequeña que la 
posterior ; bilobados al lado externo por un surco perpendicular, 
con el lóbulo anterior, una mitad más 
angosto que el posterior. Un solo plie- "^ *> 

gue de esmalte entrante en la corona so- 
bre el lado externo, angosto y puntia- 
gudo. Cara externa con cuatro colum- 
nas perpendiculares y tres pliegues de 
esmalte que penetran en la corona, el Fig . 32 . Notohippus toxodon _ 
del medio más complicado y opuesto al toides amegh. Las .ios últimas 

-, • . . muelas inferiores del laclo derecho 

externo, el anterior y posterior mas vistas por la corona . Taraaño ^ 
simples. Diámetro de la corona: ántero- 

posterior 14 milímetros, transverso 6 milímetros; largo del prisma 
de la corona á la raiz, próximamente 4 centímetros. 

M. 3 notablemente más grande que m. -,, biradiculado, con la 
raiz anterior muy pequeña y la posterior muy grande; bilobado al 
lado externo por un surco perpendicular, con el lóbulo anterior de 
solo un tercio del ancho del posterior. Lóbulo posterior externo 
regularmente convexo. Un solo pliegue externo de esmalte, en la 
corona, angosto y puntiagudo. Cinco columnas perpendiculares 
sobre la cara interna. Cuatro pliegues internos de esmalte en la 
corona, el anterior que penetra en el lóbulo externo anterior; el 
segundo más grande y más largo, opuesto al pliegue externo ; el 
tercero ancho y el último muy poco aparente. Diámetro de la su- 
perficie masticatoria de la corona : ántero-posterior 19 milímetros, 
transverso máximo G milímetros. Largo de la muela, 4 centí- 
metros. 

Talla comparable á la de la alpaca, 




136 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



Descubierta por Cárlo> Ameghino en el eoceno inferior (piso 
santacruzeño) de la Patagonia austral. 



MACRAUCHENID.l- 
8. Scalabrinitherium denticulatuiu n. sp. 

Tamaño comparable al del Se. Bravardi, del que difiere por los 
verdaderos molares inferiores provistos de un fuerte cingulo-inter- 
no que pasa encima del pilar interno central en donde se presenta 




Fig. 33. — Scalabriniterium denticulatum Amegh. Parte posterior de la rama mandibular 

izquierda con la última muela, visto por el lado externo reducida á una mitad del tamaño na- 
tural. 

fuertemente dentellado, ascendiendo adelante y atrás hasta confun- 
dir-e con las esquinas de Los pilares internos anterior y posterior. 
Cingulo basa! externo de los verdaderos molares inferiores tam- 
bién muy desarrollado, dentellado, y que asciende oblicuamen- 
te hacia arriba adelante y atrás pasando á las caras anterior y 
posterior hasta la superficie masticatoria de la corona. — Raíces 
muy Jaivas. — Diámetro del m. -/. ántero-posterior 32 milímetros, 
transverso máximo 16,5 milímetros. Alto <le la rama horizontal 
debajo del m. 3 , 44 milímetros, espesor 22 milímetros. 

Descubierta por el profesor Pedro s< vlabrini en el oligoceno 
inferior (piso mesopotámico) de los alrededores de la ciudad del 
Paraná, 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 137 



MESORHIXIli E 




9. Coelosoma eversa gen. et sp. u. 

Muelas superiores cuadrangulares, con cuatro raíces bien sepa- 
radas, de corona muy baja y raíces muy largas, 
bilobadas al lado interno por un surco perpen- 
dicular profundo que forma en] la corona un 
pliegue de [esmalte entrante agudo y largo, y 
con el lóbulo anterior el doble más largo que el 
posterior. — Un fuerte reborde basal sobre el 
lado interno,, muy desarrollado, formando un 
contrafuerte elevado en el ángulo ántero-inter- 
no. — Superficie masticatoria con dos pozos 
aislados de esmalte, uno mucho más grande 
adelante, en el lóbulo anterior, y el otro más pequeño, atrás, en el 
lóbulo posterior. Diámetro ántero-posterior de la corona de una 
muela superior, 17 milímetros. 

Descubierta por el señor Leox Lelong, en el oligoceno inferior 
(piso mesopotámico) de los alrededores de la ciudad del Paraná. 



Fig. 34. Coelosoma 
eversa Amegh. Muela 
superior izquierda, vis- 
ta por la corona. Ta- 
maño natural. 



PROTEROTHERID.E 



1U. Proterotherium gradaium a. sp. 

Talla comparable á la del Pt. americanum, del que difiere 
principalmente por las muelas superio- 
res que carecen de cíngulo basal ex- 
terno ó es apenas aparente. — Los dos 
primeros premolares de corona trian- 
gular, angosta adelante y ancha atrás, 
con una sola arista mediana perpendi- 
cular externa y una sola cúspide sobre 
la corona, y cara interna bilobada con 
el lóbulo anterior más pequeño que el 
posterior. — Tercer premolar superior 
(]).-) de la misma forma eme los verdade- 
ros molares, de contorno cuadrangular, de diámetro transverso ma- 
yor que el longitudinal, con el lóbulo anterior interno mayor que el 
posterior, y con cinco aristas perpendiculares externas y dos cús- 




Fig. 3o. Proterollieriain grada- 
tu.ni Amegh. Trozo de maxilar su- 
perior izquierdo con los tres pri- 
meros premolares Vistos por la su 
perticie de masticación ; tamañi • l|. 



138 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pides sóbrela corona. — Diámetro del p. -: ántero-posterior 13 
milímetros, transverso máximo 7. — Diámetro del p. -: ántero- 
posterior 13 milímetros, transverso 15 milímetros. 

Descubierta por el señor León Lelong, en el oligoceno inferior 
de los alrededores del Paraná. 

Artiodactyla 

CAMELID.E 
11. Hemiauchenia prístina n. sp. 

Talla una mitad menor que la de H. paradoxa. — m. - y l sin 

ir** 

U fl'l 

■ # -- ■ 

¿r _ 

Fig. ;ir,. Hemiauchenia prístina Amegh. Paladar con la dentadura, en tamaño natural, 
p.i, ¿ y t, los tres premolares; m. L, ly 1 I"- tres verdaderos molai 

columnita suplementaria interna en e] fondo del pliegue entrante. 
— Premolares superiores todos muy pequeños, p. - estiliforme, 
p. - y - un poco más grandes. — Extremidad anterior de la sutu- 
ra máxilo-palatina enfrente del lóbulo anterior del m. L . 

Longitud de) espacio ocupado por los tres premola 

superiores 0"026 

Longitud del espacio ocupado por las tres muelas -u- 

periores 0.054 

Ancho del paladar (Mitre los p. * 0.020 

Ancho del paladar entre lapait< posterior de los m. *. 0.036 




CINCUENTA ESPECIEjS NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 139 

Apertura nasal posterior entre los palatinos, corta y muy ancha. 
Formación pampeana de la provincia de Buenos Aires, proba- 
blemente del piso bonaerense, plioceno medio. 



UXGUICI.XATA 



Tíieniocloiita 



ECTOGANIDjE 



12. Entocasmus heterogenidens gen. et sp. n. 




Dientes con esmalte limitado á la parte próxima á la corona, in- 
terrumpido en la periferia tan pronto como a - 
los dientes están un poco gastados, desapa- 
reciendo pronto completamente con un ma- 
yor desgastamiento. Esmalte siempre cu- 
bierto por una capa de cemento muy espesa. 
— Incisivos superiores internos muy peque- 
ños, comprimidos lateralmente sin esmalte ó 
limitado á una pequeña capa en el borde an- 
terior que desaparece pronto ; diámetro án- 
tero-posterior de la corona 11 milímetros, 
transverso 4 milímetros. — Incisivos exter- 
nos mucho más grandes, de sección trans- 
versal elíptica, y el esmalte escondido al 
interior, cubierto por una gruesa capa de 
cemento. — Muelas superiores cortas, com- 
primidas de atrás hacia adelante, biradicüla- 
das, con capa de esmalte periférica interrum- 
pida y cubierta por una gruesa capa de cemento; corona de 8 mili- 
metros de diámetro ántero-posterior y 15 milímetros de diámetro 
transverso. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior (piso 
santacruzeño) de la Patagonia austral. 



Fig. 37. Entocasmus he- 
terogenidens Amegh. a pro- 
molar visto por la superfi- 
cie de masticación de la 
corona; b el mismo visto 
de lado; c, incisivo, visto 
por la corona ; d, el mismo 
visto de lado. Tamaño na- 
tural. 




140 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Rodentia 

SCIURID.E 
13. Haplostropha Sealabriuiana (1) gen. et sp. u. 

Talla muy pequeña, comparable á la de un ratón. — Las cuatro 
muelas inferiores aumentan gradualmente de tamaño de la prime- 
ra que es la mas pequeña á la última que 
es la más grande. — Todas las muelas infe- 
riores de corona muy baja, radiculadas, con 
Fig. 38. Hapiostropha las raices delgadas divergentes, muy largas 
scaiabriniana amegh. de base completamente obliterada, p. r 

Rama mandibular dere- L L 

cha. con toda la dentad u- con tres raices y los verdaderos molares, al 
ra, v lit a de arriba en ta- parecer con cuatro. — Cada muela tiene en 

mano natural. 

la corona un pequeño pliegue de esmalte en- 
trante sobre el lado externo, angosto y bastante largo, que se di- 
rije oblicuamente hacia adentro y hacia atrás y dos pliegues más 
pequeños sobre el interno, tal vez tres en la juventud, que desa- 
parecen con el desgastamiento avanzado de las muelas. — Incisivo 
angosto, comprimido lateralmente, de cara anterior casi plana y 
cuya base llega hasta detrás déla última muela. 

Ancho del incisivo m 0015 

Longitud del espacio ocupado por las cuatro mue- 
las 0. 014 

Alto de la rama horizontal debajo del p. - 0. 009 

Descubierta por el profesor Scalabrini en el oligoceno interior 
del arroyo Espinillo á cinco leguas de la ciudad del Paraná. 

ECHINOMYID.K 
14. Potamarchus (2) sigmodon a. sp. 

Talla comparable á la del Potamarchus murinus Burm. del 
que se distingue por la hoja de esmalte anterior de cada una 

(1) En honor de su descubridor el profesor Pi dro Si alabrim. 

(2) Nuevos restos procedentes de la formacii ligocena del Paraná, me han 

demostrado que el Potamarchu fundado y distinto del Megamya 

Holmbergi. Poseo de Potamarchus murinus Burm. además de la mandíbula infe- 
rior, la dentadura superior con el paladar, que será descrita en otra oportunidad, 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 141 



de las láminas transversales de las muelas inferiores que no pre- 
sentan los numerosos repliegues en zigzag 
que muestran en aquella; dicha hoja es muy 
delgada y formando una curva en S prr- 
longada; hoja de esmalte posterior de caua 
lámina con escepcion de la última, forman- 
do igualmente una S prolongada. 

Diámetro ántero-posterior de la última 
muela inferior, 7 milimetros; diámetro trans- 
verso oblicuo máximo, 10 milimetros. Lon- 
gitud del espacio ocupado por las cuatro 
muelas inferiores, 4 centímetros. Base del 
incisivo inferior que llega hasta al lado de la 
parte posterior del lado interno del m. t, . 

Descubierta por el señor León Lelong en 
el oligoceno inferior (piso mesopotámico) 
de los alrededores de la ciudad del Pa- 
raná. 




Fig\ 39. Potamarchus 
sigmodon Amegh. Ruma 
mandibular derecha con la 
última muela vista de arri- 
ba; tamaño |. p. * alveolo 
del premolar; na. J. y *, al- 
veolos de las dos primeras 
muelas ; m. lia última mue- 
la interior. 



15. Colpostcmma sinuata gen. et sp. n. 



Muelas de base semi-abierta ó radiculadas de un modo muy 
imperfecto. Muelas superiores de corona compuesta por dos 
prismas triangulares invertidos, el anterior con el vértice hacia 
adentro y la base hacia afuera; el posterior con el 
vértice hacia afuera y la base hacia adentro; cada 
prisma con una fuerte escotadura en la base que 
penetra profundamente en la corona, en forma de 
pliegue de esmalte angosto y largo; los dos prismas 
están separados por dos surcos perpendiculares opues- 
tos, uno externo corto y bajo, y el otro interno muy 
largo y profundo. Diámetro de la corona de la pri- 
mera muela superior : ántero-posterior 7 milíme- 
tros, transverso 6 milímetro-. 

He recogido los restos de esta especie en el oligoceno infe- 
rior de la misma ciudad del Paraná. 



. Fig. 40. Col- 
posteinma si- 
nuata Amegh. 
Primera muela 
superior vista 
por la corona 
en tamaño na- 
tural. 



142 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 




16. Xeoreomys limatus n. <p. 

Tamaño bastante menor que el de N. australis. Mulares in- 
feriores con un pliegue externo entrante que penetra en la co- 
rona dirijiéndose oblicuamente hacia atrás, y dos pliegues inter- 
nos que se pierden con el desgas- 
tamiento en edad temprana. — p. 7 
y m. 3 de contorno eliptico, más 
grande y de tamaño igual, m T y ~ 
más pequeños y de contorno más 
circular. Rama mandibular muy 
fuerte, corta y gruesa. Incisivo de 
cara anterior ligeramente convexa. 
Ancho del i. T , 4 milímetros. Longitud del espacio ocupado por 
las cuatro muelas inferiores, 19 milímetros. Alto de la rama ho- 
rizontal debajo del p. T , 12 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior (piso 
santacruzeño) de la Patagonia austral. 

1?. Strophostephanos Jhoringii (1) gen. et sp. n. 



Fig. 41. Neoreomt/s limatus Amegh. 
Rama mandibular derecha con la den- 
tadura, vista de arriba; tamaño i-*. 



Talla muy pequeña, comparable á la de un ratoncito, con mue- 
' miradicnladas y de corona con repliegues de esmalte su- 

a mámente complicados. Las muelas superio- 

res aumentan gradualmente de tamaño de 
la primera á la última, pero de una manera 
poco notable; cada muela superior tiene con 
corta diferencia e] mismo diámetro trans- 
verso que longitudinal, pero es notable- 
mente más angosta al lado interno que al 
externo. Sobre el lado interno presenta cada 
muela un surco perpendicular profundo y 
corto, que se pierde mucho antes de llegar 
;i la base, dividiéndola en dos lóbulos an- 
gostos en forma de columna. Sobre H lado 
externo, opuesto al pliegue de esmalte en- 
trante interno, hay una figura aislada «le 




Fig, 12. Strophostepha- 
no8 Jheringii Amegh. a, 
maxilar superior 
con las tres primeras mué 
las en tamaño natum 1 . // la a 
tres muelas de la misma 
entadas. p. i 
r; m. i.y 2 
primen 



(1) En licuor del distinguido naturalista alemán II. V. Jhbrino. 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 143 

esmalte de contorno irregularmente triangular, con la base del 
triángulo vuelta hacia el lado externo presentando en ella una 
fuerte escotadura. Hacia atrás viene una segunda figura de es- 
malte que en forma de lámina angosta recorre transversalmente 
todo el ancho de la muela, sin confundirse con el esmalte peri- 
férico. Detrás de esta especie de lámina viene otra parecida pero 
todavía más pequeña, que ocupa la extremidad posterior de cada 
muela. Las tres primeras muelas superiores ocupan un espacio 
longitudinal de 8 milímetros. 

Esta pieza me ha sido facilitada por el señor Juan B. Am- 
brosetti como procedente del oligoceno inferior de los alrede- 
dores de la ciudad del Paraná. 



ERYOMYID/E 



18. Sphiggoniys pueraster n. sp. 

Tamaño pequeño, una mitad menor que Sphiggomys sonatus. 
p. i colocado con su mayor diámetro en sentido longitudinal y 
con la apertura de la U dirijida ha- 
cia adelante; i. T angosto y de cara an- 
terior plana. Rama mandibular muy 
baja. Base del incisivo al lado de la 
parte posterior de m. T . Ancho del i. T , Fig - 43 - sphiggomys pueraster 

* Amegh. Parte anterior de la rama 

3 milímetros. Diámetro del p.^ : ánterO- mandibular izquierda, con el inci- 

posterior, 6 milímetros : transverso, 3 !! vo r ° t0 - y la p ^ imera muela (p - ~ ■ 

x . ' Tamaño natural. 

milímetros. Alto de la rama horizon- 
tal debajo del p. is 10 milímetros. Longitud de la parte sinfisaria 
adelante del p. T , 18 milímetros. 
Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la 

Patagonia austral. 



19. Sphiggoniys puellus n. sp. 

Tamaño un tercio menor que la especie precedente. Rama 
mandibular relativamente más elevada y más delgada. Base del 




144 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



incisivo al lado del p. r . Ancho del i. r , 2 milímetros. Diámetro 
ántero-posterior del p T , 4 milímetros. Alto 
de la rama horizontal debajo del p.-;-, 9 
milímetros. Longitud de la parte sinfisa- 
ria adelante delp. T , 11 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el 
eoceno inferior de la Patagonia austral. 



Fig. 44. Spliiggomys pue- 
us Amf.gii. Parte anterior 
de la rama mandibular de- 
recha, con el incisivo roto, 
y la primera muela. Tama- 
ño natural. 




20. Perimys perpinguis n. sp. 

Talla bastante menor que la del P. onustus. m- y - de con- 
torno cuadrangular con el diámetro longitudinal casi igual al 
diámetro transverso. p. T triangular y comprimido al lado inter- 
no. Verdaderos molares inferiores 
con corona de diámetro longitudi- 
nal igual al diámetro transverso. Lá- 
mina posterior de cada muela infe- 
rior sol (resaliendo al lado interno 
sobre la anterior de la que está se- 
parada por un surco perpendicular 
más ó menos acentuado. Base del incisivo inferior que llega hasta 
al lado de la parte posterior del m. r . Longitud de las cuatro 
muelas superiores 20 milímetros. ídem de las cuatro inferiores, 20 
milimetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de 
la Patagonia austral. 



Fig, 4o. Perimys perpinguis Amegh. 

Rama mandibular izquierda con las 
cuatro muelas, vista de arriba en tama- 
ño natural. 




21. Perimys planaris u. sp. 

Tamaño intermediario entre P. 
perpinguis y P. prócerus. p. 7 mu- 
cho menos comprimido al lado in- 
terno que en P. perpinguis. Lá- 
mina posterior del m. -, y , que no 
sobresale al lado interno sobre la 
anterior. Base del i. 7 que solo Llega 
hasta al Lado de La parte posterior del p. T . Longitud del espa- 
cio ocupado por las cuatro muelas inferiores, 18 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 



Fig. k6, Perimys planaris Amegh. 
Rama mandibular derecha con las cua< 
tro muelas, \ ¡sta de arriba en tamaño 
natural. 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 145 



22. Lagostomus egenus n. sp. 

Talla comparable á la delL. cauifrons. 
Muelas inferiores colocadas en la mandí- 
bula muy oblicuamente, con las láminas 
muy comprimidas de adelante hacia atrás 
y de gran diámetro transverso oblicuo. 
Incisivos superiores normales. Incisivos 
inferiores con la cara anterior esmaltada 
bilobada por un surco longitudinal pro- 
fundo que las divide en dos partes que 
tienen casi la apariencia de dos dientes 
distintos. Longitud del espacio ocupado 
por las cuatro muelas inferiores, 29 milí- 
metros. Diámetro oblicuo máximo de las 
muelas inferiores, 12 milímetros. Diáme- 
tro transverso de los incisivos, 5 milíme- 
tros. 

He descubierto esta especie en el pam- 
peano medio (piso belgranense) de la ciu- 
dad de La Plata. 




Fig. 47. Lagostomus ege- 
nus Amegii. Rama mandibular 
derecha con toda la dentadura, 
vista de abajo, mostrando el in- 
cisivo bipartido. Tamaño natu- 
ral. 



eocardid.í; fam. n. (1) 

23. Eocardia ellíptica n. sp. 

Tamaño de E. perforata. p. j no biprismático, sino elíptico- 
ovoidal, con su diámetro mayor dirijido de adelante hacia 
atrás, y con una pequeña depresión 
perpendicular sobre el laclo externo. 
Sínfisis mandibular corta, con el 
incisivo dirijido bruscamente hacia 
arriba. Longitud de las cuatro mue- 
las inferiores, 18 milímetros. Lon- 
gitud de la barra, 8 milímetros. 
Ancho del incisivo, 2 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 




Fig. 48. Eocardia ellíptica Amegh. 
Rama mandibular derecha con toda la 
dentadura, vista de arriba en tamaño 
natural. 



(1) Forman parte de esta familia los géneros eocenos Eocardia, Schtstotnyd, Pha- 
nomys y Hedimys. 



REV. AIIG. DE HIST. NAT. — T. I 



10 



146 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



24. Eocardia fissa n. sp. 



Tamaño bastante menor que el de la especie precedente, p. T 
pequeño, bipartido por un profundo surco longitudinal externo, 

con el lóbulo anterior muy pequeño 
y eliptico-prismático, y el posterior más 
grande y triangular. Rama horizontal 
de la mandíbula, muy baja. Longitud 
del espacio ocupado por las cuatro 
muelas inferiores, 14 milímetros. Alto 
de la rama horizontal debajo del m. T , 8 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghixo en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 



Fig. 49. Eocardia fissa Amegh. 
Rama mandibular derecha con las 
cuatro muelas, vista de arriba en 
tamaño natural. 




Fig. 50. Phano- 
mys vetulus Amegh. 
a, segunda muela 
superior, vista por 
la corona ; b, la mis- 
ma vista por el lado 
ántero-interno; d, 
primera muela su- 
perior (p. í) vista 
por la corona; c, la 
misma vista por el 
lado interno. Tama- 
ño natural. 



25. Phanomys vetulus n. sp. 

Tamaño bastante menor que Phanomys mix- 
tus. p. 4 de contorno triangular, con el vértice del 
triángulo dirijido hacia afuera y hacia atrás, y 
la corona con tres pozos aislados de esmalte. Ver- 
daderos molares superiores, cortos y muy ar- 
queados. Diámetro ántero-posterior de la corona 
de cada una de las tres primeras muelas superio- 
res, 2 m,n 5. Longitud de las muelas superiores 
en línea recta, sin seguir la curva, 9 milíme- 
tros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoce- 
no inferior de la Patagonia austral. 



CAVIID/E 



26. Ortomyctera iiuprola n. sp. 



Talla un poco mayor que O. lacunosa. i. T más angosto y de 
cara anterior finamente estriada. Lóbulo anterior del p.-¡ prismá- 
tico triangular, un poco más pequeño que el posterior, y con la ca- 
ra externa fuertemente acanalada en sentido perpendicular, pero 
sin que la parte anterior de este prisma alcance á formar columna 
separada como en Dolichoth. Ancho del i.-j, 3 mm 3; longitud de 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 147 

la barra, 27 nim ; longitud del espacio ocupado por las cuatro muelas 
inferiores, 25 mm . 




~~e¿0í¿%5g¡%l¿jii£X»- 



Fig. si. Ortomyctera improla Amegh. Rama mandibular derecha con toda la dentadura, 
vista de arriba; tamaño i|. 

He descubierto esta especie en la parte media de la formación 
pampeana (piso bonaerense) de La Plata. 



Creodonta 

HY.ENODONTID.E (1) 
27. Achlysictis Lelongü (2) gen. et sp. n. 

Talla comparable á la de un aguará (Cctnt's jubatus). Molares 
superiores sector io-tuberculares, con protocono regularmente ele- 
vado, para y metacono bajos, 
un gran hipocono y un cín- 
gulo basal externo poco des- 
arrollado. Diámetro ántero- 
posterior de la penúltima 
muela superior, 11 milíme- 
tros ; diámetro transverso 
máximo, lOmilímetros. Ver- 
daderos molares inferiores 
sectoriales, con una corona 
muy baja, biradiculados, con 
raices muy largas y gruesas. 
Penúltimo molar inferior 
con proto, para y metacono ; 
protocono grande, poco elevado, comprimido, convexo al lado 
interno, y deprimido al externo ; paracono más pequeño y á penas 
más bajo que el protocono ; metacono pequeño, cortante y depri- 

(1) Entran en esta misma familia los géneros argentinos eocenos Borhycena, 
Acrocyon, Hathliacynus, Agusíylus y Anatherium, y el género oligoceno Apera. 
Los géneros eocenos Acyon y Sipalocyon, constituyen la familia de los Acyonidce 
con 8 muelas inferiores, 4 premolares y 4 verdaderos molares. 

(2) En honor de su descubridor el Sr. León Lklong. 




Fig. 52. Achlysictis Lelongü Amegh. Frag- 
mento de rama mandibular izquierda, con las dos 
últimas muelas, vistas por el lado externo en ta- 
maño natural. 



148 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



mido al laclo interno. Ultima muela inferior con proto y paracono 
y sin metacono ó gastado por el uso ; paracono un poco más pe- 
queño que el protocono y tan ancho como este. Diámetro ántero- 
posterior de la penúltima muela inferior, 11 mm. 5; id de la úl- 
tima 12 mm. 5. 

Descubierto por el Sr. León Lelong en el oligoceno inferior de 
los alrededores de la ciudad del Paraná. 

28. Djnainietis fera gen. et sp. n. 

Talla de un gran buldog ; fórmula dentaria de la mandíbula in- 




Fig. 53. Dynamictis fera Amegit. Rama mandibular derecha con la dentadura, visl 

.■xterno; tamaño ff c canino; p. 5, , y », l< llares; ua. 7, j.-jy 1, los cua- 

tro molares. 

ferior, ? i., - c, 3, p. -¡ m. colocados en serie continua sin disconti- 
nuidad. Canino inferior de corona pequeña, baja y delgada, y raiz 
muy larga y muy gruesa. p. ? de corona baja, pequeña, cónico- 
comprimida, sin para ni metacono, biradiculado, con las raices 
muy grandes y divergentes. p.- 3 de la misma forma, pero un poco 
más grande, y con un muy pequeño callo basa! posterior, p. 4 de 
tamaño todavía mayor, y con el callo basa] posterior colocado so- 
bre el lado interno. m. T de tamaño un poco mayor y más bajo 
que el p. T , con el protocono gastado en La cúspide horizontal- 
mente, y un fuerte paracono un poco más pequeño colocado sobre 
la misma linca, el cual lleva un pequeño callo basa! sobre el ángu- 
lo ántero-interno, que se prolonga sobre el lado interno en forma 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 149 

de cingulo basal; probablemente llevaba también un pequeño me- 
tacono. m. 7 un poco mayor, con proto y paracono confundidos 
en una figura prolongada formada por el desgastamiento, con un 
metacono que desciende formando un pequeño cingulo basal al la- 
do externo, m. 3 de tamaño bastante mayor y de corona más ele- 
vada que el precedente ; el paracono es más bajo que el protocono 
del que está separado por una hendidura transversal, desviándose 
un poco al lado interno, llevando en la parte anterior del lado ex- 
terno un pequeño callo basal ; un metacono pequeño sobre el lado 
interno, bajo y cónico que se prolonga en forma de reborde des- 
cendente hasta el lado externo, m. - k de tamaño bastante mayor, 
con corona muy elevada y colocado un poco oblicuamente ; el pro- 
tocono es muy elevado, puntiagudo, un poco comprimido y cor- 
tante en los bordes ascendentes anterior y posterior; el paracono, 
es de gran tamaño y de cúspide igualmente cónica, pero desviado 
al lado interno ; metacono completamente rudimentario, forman- 
do como una pequeña cresta basal posterior ; un reborde ó cingulo 
basal interno completamente independiente del metacono rudi- 
mentario. Longitud de la parte anterior del canino á la parte pos- 
terior del m. -j , 108 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral . 

PROVIVERRID.E (1) 
29. Proviverra Trouessartii (2) n. sp. 

Talla relativamente considerable, mayor que la de todas las de- 
más especies conocidas del mismo género; m. - pequeño, muy 
comprimido de adelante hacia atrás, con un solo cono central (pro- 
tocono) é implantado con su eje mayor dirijido hacia adelante y un 
poco oblicuamente hacia atrás, m^ á - con el tubérculo ó prolon- 
gamiento interno largo, comprimido y dirijido oblicuamente ha- 
cia atrás y hacia adelante, p.- con paracono y metacono rudimen- 
tarios en forma de callos básales, el posterior más desarrollado que 
el anterior, p.^ biradiculado, bastante grande y colocado inme- 
diatamente á continuación del canino. Un diastema regular entre 
p.-yp.-. Los seis últimos dientes superiores apretados unos á 

(1) Forman además parte de esta familia los géneros argentinos Cladósictis 
Amegh. del eoceno inferior, y Noüctis Amegu. del oligoceno inferior. 

(2) En honor del distinguido naturalista francés Eduardo Trouessart. 



150 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

otros. Longitud del espacio ocupado portas siete muelas superiores, 




Fig. 54. Prooioerra Trouessartii Ameoii . l arriba. Tamaño f}. 

49 milímetros. Longitud déla cresta occipital, 83 milímetros! Alto 
de la rama horizontal debajo del m. ¡, 19 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 151 

BRUTA 

Gravigrada 

ORTOTHERIDvE 
30. Ortotheriuní robustum n. sp. 

Tamaño bastante mayor, casi doble que el de O. laticurva- 
tum. Ultima muela inferior de tamaño bastante mayor que la pe- 
núltima. Base anterior de la rama ascendente que empieza á levan- 
tarse al lado déla parte 
media del diámetro án- 
tero-posterior de la úl- 
tima muela. Apertura 
de la rama externa del 
canal alveolar al lado 
de la mitad de la lon- 
gitud de la corona de 
la última muela. Diá- 
metro ántero-posterior 
del alvéolo de la pe- 
núltima muela 16 mi- 
límetros, id. de la última, 20 milímetros; longitud del espacio 
ocupado por las dos últimas muelas 34 milímetros. 

Los restos de esta especie forman parte del Museo provincial del 
Paraná, y me han sido facilitados por el Sr. Juan B. Ambrosetti, 
como procedentes del oligoceno inferior de la misma localidad. 

31. Ortotherium Schlosseri (1) n. sp. 

Tamaño apenas un poco menor que el de O. robustum. Parte 
anterior de la base de la rama ascendente, que empieza á levantar- 
se al lado de la penúltima muela. Apertura externa de la rama la- 
teral del canal alveolar, al lado del diastema que separa la penúl- 
tima muela de la última, y colocada un poco más hacia afuera de la 
base de la rama ascendente que en O. laticurvatum y O. robus- 
tum. Muelas sub-elípticas rectangulares, con el eje mayor en di- 




b'ig. 55. — Oriotherium robustum A.megh. Trozo de la 
rama mandibular derecha vista por el lado externo redu- 
cida á una mitad del tamaño natural. 



(1) En honor del distinguido paleontólogo alemán Max Schlosser. 



152 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

reccion transversal al eje longitudinal de la mandíbula. Primera 
muela que sigue al caniniforme inferior implantada un poco obli- 
cuamente, y algo más ancha sobre el lado interno que sobre el ex- 
terno. Segunda muela inferior un poco más ancha sobre el lado 
externo que sobre el interno. Última muela apenas un poco mayor 
que la penúltima. Serie dentaria en dirección un poco oblicua al 
eje longitudinal de la mandíbula. Rama mandibular corta, gruesa, 
arqueada lateralmente, muy convexa sobre la cara externa, y con 
la curva posterior de la parte sinfisaria que empieza á dirigirse há- 




56. Ortotherium Schlosseri Amegh. Rama mandibular derecha vista de arriba 
reducida á \£. a, apertura esterna de ia rama lateral del canal alveolar. 

cia adentro, á partir del lado de la primera muela que sigue al ca- 
niniforme. Longitud del espacio ocupado por las 3 muelas inferio- 
res, 5 centímetros. 

Descubierta por el Sr. LeonLelong, en eloligoceno inferior de 
los alrededores del Paraná. 

32 Ortotherium sencum n. sp. 

Talla comparable á la del O Schlosseri. Caniniforme inferior 
pequeño, elíptico, inclinado hacia adelante, con su eje mayor 
dirijido de adelante hacia atrás. Muelas inferiores sub-eliptico- 
rectangulares. Primera muela inferior más ancha sobre el lado 
interno que sobre el externo. Segunda muela con el lado externo 
más ancho que el interno. Barra regularmente estendida. Serie 
dentaria siguiendo la dirección del eje longitudinal de la man- 
díbula. Rama mandibular alta, más prolongada que en O. Schlo- 
sseri, no arqueada en sentido lateral, con la sinfisis que eiipe- 
zaba bastante adelante de la primera muría, y con la cara ex- 
terna no muy convexa. Diámetro ántero-posterior del caniniforme, 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 153 

10 milímetros. Longitud de la barra, 20 milímetros; longitud 




Fig. 57. Ortotherium seneum Amegh. Rama mandibular izquierda vista de arriba reducida 

a I del tamaño natural. 

del espacio ocupado por 
las dos primeras muelas 
que siguen, 32 milíme- 
tros. 

Descubierta por el pro- 
fesor Pedro Scalabrini 
en el oligoceno inferior 
de ios alrededores del Pa- 
raná. 



33. Ilapalops Ruthnie- 

yeri (1) n. sp. 



Tamaño apenas un po- 
co más pequeño que H. 
rectangularis. Paladar 
poco enanchado adelan- 
te. Ultima muela supe- 
rior más pequeña que la 
penúltima, y no trunca- 
da oblicuamente como en 
aquella especie. Canini- 
forme superior muy pe- 
queño, elíptico y trunca- 
do oblicuamente. Muelas 
superiores más ó menos 
rectangulares. Parte sú- 
pero-posterior del cráneo 
constituida por los parie- 




Fig. ss. Hapalops Rutimeyeri Amegh. Cráneo visto 
de abajo reducido á | del tamaño natural. 



(1) En honor del distinguido paleontólogo suizo, profesor Ruti.meyer. 



154 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tales formando una convexidad mucho menos pronunciada y más 
baja que en H. rectangularis é indtfferens. Diámetro ántero- 
posterior del caniniforme superior, 5 milímetros. Longitud de la 
barra^ 10 milímetros. Longitud del espacio ocupado por las cuatro 
muelas superiores, 29 milímetros. Longitud del cráneo de la punta 
anterior de los maxilares á la parte posterior de los cóndilos occipi- 
tales, 124 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghixo en el eoceno inferior de 
la Patagonia austral. 



MEGALONYCID.E 
34. Menilaus affinis gen. et. sp. n. 

Este género parece formar la transición de los Megalonycidae 
á los Ortotheridae. Talla comparable á la del Ortotherium ro- 




***** 

Fig. S9. Menilaus affinis Amegh. Rama mandibular izquierda, vista de arriba reducida á \ 

del tamaño natural 

bustum. Mandíbula inferior corta y gruesa, con rama horizontal 
muy convexa al lado externo al nivel de las muelas interme- 
diarias. Diente anterior de la mandíbula inferior de tamaño muy 
pequeño, separado de los demás por una Larga barra de con- 
torno sub-elíptico, con su diámetro mayor de adelante hacia atrás 
y un poco inclinado hacia afuera. Primera muela inferior muy 
grande, de contorno sub-circular, y con una pequeña escotadura 
al lado externo producida por una depresión perpendicular. Se- 
gunda muela inferior de contorno sub-elíptico, con su mayor diá- 
metro en sentido transversal. Diámetro ántero-posterior del al- 
véolo del caniniforme, 11 milímetros. Longitud de la barra, 43 
milímetros. Diámetro ántero-posterior del alveolo de la primera 
muela, 17 milímetros. Transverso máximo, 15 milímetros. Diá- 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 155 

metro del alvéolo de la segunda muela: ántero -posterior 15 mi- 
límetros, transverso máximo 18 milímetros. 

Descubierta por el señor León Lelong en el oligoceno infe- 
rior de los alrededores de la ciudad del Paraná. 

35 Hyperleptus Garzonianus (1) gen. et. sp. n. 

Cráneo escesivamente largo, angosto y con su parte superior 
levantada sobre la línea media longitudinal en forma de cresta 
que se prolonga sobre casi toda la estension de su largo. In- 
termaxilares triangulares, largos y puntiagudos adelante . Primer 
diente superior é inferior pequeños, de aspecto caniniforme, de 
contorno elíptico, de corona truncada oblicuamente, y separados 
de la muela que sigue por una larga barra. Los tres dientes 
intermediarios superiores y los dos intermediarios inferiores de 
sección elíptico-comprimida. Ultima muela superior y última in- 
ferior, más pequeñas y de contorno sub-cilíndrico. Diámetro 
ántero-posterior del caniniforme inferior, 8 milímetros. Longi- 
tud de la barra superior, 19 
milímetros. Longitud del 
espacio ocupado por las cua- 
tro muelas superiores, 37 
milímetros. Longitud del 
cráneo de la punta del in- 
termaxilar á la parte poste- 



rior de los cóndilos occipi- 
tales, 20 centímetros. 

Descubierta por Carlos 
Ameghino en el eoceno in- 
ferior de la Patagonia aus- 
tral. 

36 Hyperleptus seetus n. sp. 

Misma talla que la especie 
precedente. Paladar entre 

las muelas no triangular, . Fis •"• H W*H*ptas senas Ambgh. Parte ante- 

o ' rior del cráneo con toda la dentadura, viátu de 

SÍnO Casi paralelo. Ultima abajo reducida á \ delttmiuño natural. 

(1) En honor del distinguido ingeniero señor Ei.eazar Garzón, gobernador de la 
provincia de Córdoba, que generosamente contribuye con sus elementos particula- 
res al buen éxito de la exploración geológica de la Patagonia encomendada á mi 
hermano Carlos. 




156 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 




CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 157 

muela superior de contorno no sub-cilíndrico, sino elíptico com- 
primido y fuertemente deprimida en su cara posterior por un fuerte 
surco ó depresión perpendicular, ancha y de fondo cóncavo. Lon- 
gitud de la parte anterior del caniniforme á la parte posterior de 
la última muela superior, 68 milímetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de 
la Patagonia austral. 



37 Tolniodus inflatus gen. et sp. n. 

Primera muela superior caniniforme, elíptico-cilíndrica, mu- 
cho más gruesa en la corona (diámetro del alvéolo sobre el borde 
alveolado, 9 milímetro») que en la ba- 
se, y separada de la segunda por una 
barra estendida. Punta anterior del 
paladar enanchada, llevando cada ma- 
xilar adelante del caniniforme, un gran 
seno, irregularmente eliptico-cilíndri- 
co, dirijido perpendicularmente de 
arriba hacia abajo, de unos 5 centí- 
metros de largo y de cerca de 2 cen- 
tímetros de diámetro transverso má- 
ximo, terminando en extremidad cón- 
cava arriba y abajo, completamente 
cerrado cuando el cráneo estaba en- 
tero; este seno está separado del al- 
véolo del primer diente ó caniniforme 
por un tabique de solo unos 2 milí- 
metros de grueso, y colocado adelante de éste como si fuera el 
alvéolo vacío de una muela. Paladar con un profundo surco muy 
prolongado al lado interno de la serie dentaria. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de 
la Patagonia austral. 




Fig. 62. Tolniodus inflatusAMEGH 
Parte anterior del maxilar superior 
derecho con el alvéolo del canini- 
forme, vista ae abajo en tamaño 
natural. 



38 Prepotherium Filholi (1) gen. et sp. n. 

Tamaño relativamente considerable. Paladar triangular, ancho 
adelante y angosto atrás. Las cuatro muelas posteriores de la 
mandíbula superior de contorno elíptico rectangular muy com- 



er) En honor del distinguido paleontólogo francés H. Filhol. 



158 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



primidas de adelante hacia atrás y de gran diámetro trans- 
verso, implantadas á igual distancia una de otra, y dismi- 
nuyendo gradualmente de tamaño de la anterior á la poste- 




Fig. 63. Prepotheriatn Filholi Amegh. Región interna media del paladar con las muelas 
vista de abajo en tamaño natural 

rior. Segunda y tercera muela inferior eliptico-rectangulares, y 
la cuarta casi cilindrica Diámetro ántero-posterior de la segunda 
muela superior, 8 milímetros; diámetro transverso 15 milímetros. 
Diámetro ántero-posterior de la última muela superior, 6 mili- 
metros; diámetro transverso 10 milímetros. Longitud del es- 
pacio ocupado por los cuatro últimos dientes superiores, 46 mi- 
límetros. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de 
la Patagonia austral . 



LESTODONTID^E 
39. Lestodon Orlizianus (1) n. sp. 

Tamaño muy pequeño, no mayor que el de un chancho re- 
gular. Caniniforme inferior muy pequeño é implantado dirigién- 
dose fuertemente hacia adelante y Inicia afuera. Barra sumamente 
larga, casi del mismo largo que el espacio ocupado por las mue- 



(1) En honor de su descubridor el señor Toiurtio E. Ohtiz quien ya en su Pa- 
leontoloflta (!>• Entre l!ms y p. 33, a, 1888, ha señalado los restos do este gravigrado 
como pertenecientes probablemente á una nueva especie. 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 159 

las. Las tres muelas que siguen separadas unas de otras por 
diastemas estendidos. Primera y segunda muela inferior, de sec- 
ción elíptica, con su diámetro mayor en dirección longitudinal. 
Ultima muela inferior de tamaño mayor, elíptica, bilobada de 
un modo imperfecto, con el lóbulo anterior mucho mayor que 




Fig. 64. Lestodon Ortizianus Amech. Rama mandibular izquierda vista de arriba, re- 
ducida á una mitad del tamaño natural. 

el posterior. Diámetro del caniniforme, 6 milímetros. Diámetro 
ántero-posterior de la primera muela 12 milímetros. ídem de la 
segunda 11 milímetros. ídem de la última, 14 milímetros. Lon- 
gitud de la barra, 4 centímetros. Longitud del espacio ocupa- 
do por las tres muelas, 45 milímetros. Alto de la rama hori- 
zontal debajo de la penúltima muela, 52 milímetros. 

Los restos de esta especie, propiedad del Museo del Paraná, 
fueron descubiertos por el señor Toribio E. Ortiz en la forma- 
ción pampeana del departamento del Diamante, y me han sido 
facilitados para mi estudio, por el señor Juan B. Ambrosetti. 



40. Sphenotherus paranensis n. sp. 



Tamaño un poco menor que Sphenotherus Zavatetianus. Ul- 
tima muela inferior de lóbulo anterior más corto y proporcio- 
nalmente más pequeño y ló- 
bulo posterior relativamente 
mayor. Diámetro de la corona 
de la última muela inferior : 
ántero-posterior, 49 milíme- 
tros; transverso máximo, 19 
milímetros. Longitud de la 
corona á la raíz, 86 milímetros. 

Descubierta por el señor León Lelong en el oligoceno infe- 
rior de los alrededores del Paraná. 




Fig. 65. Sphenotherus paranensis Amegh. 
Ultima muela inferior derecha vista de arriba 
reducida á-D del tamaño natural. 



160 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



MYLODONTIDjE 
41. Ranculeus Scalabrinianus (1) gen. et sp. n. 

Talla comparable á la de un Mylodon de regular tamaño. 
Los cuatro dientes inferiores de distinta forma y tamaño. Pri-' 
mer diente inferior caniniforme, irregularmente sub-cilindrico 
triangular, deprimido perpendicularmente por un pequeño sur- 




Fig. 66. Ranculeus Scalabrinianus Amegh. Rama mandibular, derecha Vista de arriba 
reducida á| del tamaño natural. 

co en la cara anterior, más ancho al lado interno que al ex- 
terno, é implantado dirigiéndose fuertemente hacia afuera de 
la serie dentaria. Segundo diente inferior prismático triangular; 
de ángulos redondeados y deprimido perpendicularmente sobre 
el centro de sus tres caras. Tercer diente inferior elíptico-rec- 
tangular, deprimido perpendicularmente en sus caras anterior 
y posterior, é implantado con su eje mayor en dirección oblicua 
al eje de la serie dentaria. Ultima muela inferior muy grande y 
bilobada. Diámetro ántero-posterior del alvéolo del caniniforme, 15 
milimetros. Longitud de la barra, 23 milímetros. Diámetro del 
segundo diente: ántero-posterior, 16 milimetros; transverso má- 
ximo, 15 milimetros. Diámetro del alvéolo del tercer diente: 
ántero-posterior, 16 milímetros; transverso oblicuo, 22 milime- 
tros. 

Descubierta por el profesor Scalabrini en el oligoceno in- 
ferior de los alrededores de la ciudad del Paraná. 



(1) En honor de su descubridor el profesor Pedro Scalabrini. 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 161 



42. Strabosudon acuticavus gen. et sp. n. 

Caniniforme inferior delgado, largo, torcido en espiral, de 
sección prismático-triangular, con cavidad basal muy pequeña y de 
fondo cóncavo puntiagudo, y corona truncada oblicuamente. Diá- 




Fig. 67. Strabosodon aouCicctous Amegh. Caniniforme inferior y su se;cion transversa 
reducida ᣠdel tamaño natural. 



metro del caniniforme inferior : ántero-posterior, 10 milimetros ; 
transverso máximo, 13 milímetros. Longitud de la cúspide á 
la base en linea recta, 96 milímetros. 

Descubierta por el señor León Lelong en el oligoceno in- 
ferior de los alrededores de la ciudad del Paraná. 

43. Strabosodon obtusicavus n. sp. 

Caniniforme inferior igualmente torcido en espiral, pero más 
grueso, más corto, de sección prismático-triangular, con la ba- 
se de la cavidad más ancha y baja, apenas acentuada, y corona 




Fig. 68. Strabosodon obtitsicav lis Amegh. Caniniforme inferior y su sección transversal 
reducida á J del tamaño natural. 



truncada casi liorizontalmente, con declive apenas sensible. Diá- 
metro ántero-posterior, 13 milímetros. Transverso, 16 milime- 
tros. Largo en línea recta, 81 milimetros. 

Descubierta por el profesor Scalabrini en el oligoceno inferior 
del arroyo Espinillo, á cinco leguas de la ciudad del Paraná. 

REV. Allii. DE HIST. NAT. — T. I 11 



162 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



Dasypoda 

praopid.í: 

44. Talusia neogaea n. sp. 

Tamaño intermediario entre T. híbrida y T. novencincta. Sur- 
cos longitudinales que en las placas de los anillos movibles de- 
limitan los triángulos de la escultura externa, 
con una fila de agujeros en el fondo. Triángulo 
central de las mencionadas placas de tamaño 
considerable y con dos filas de agujeros muy pe- 
queños, dispuestos en dirección longitudinal y 
paralelas. Borde posterior de las placas libres, con 
varias perforaciones piliferas pequeñas y circu- 
lares (en número de 8 en el ejemplar figurado.) 
Diámetro longitudinal de una placa de los ani- 
llos movibles, 23 milímetros. ídem transverso, 
5 milímetros. 

Descubierta por el profesor Pedro Scalabrim en el oligoceno 
inferior del arroyo Espinillo. 

Dasypidye 
45 Yetelia púnela gen. et. sp. n. 




Fig. 69. Tatusia 
neogaea Amegh . 
Una placa de los 
anillos movibles re- 
ducida á | del tama- 
ño natural. 



Placas de las secciones fijas 




a paneta Amegh. Do> 
de una de las bandas movibles y du- 
de las secciones fijas, reducidas á \ ■ i«-l ta- 
maño natural. 

y presentan algunos pequeños 



muy gruesas, de 2 centímetros 
de largo por 1 ' ., de ancho, con 
una figura convexa y pequeña en 
el centro, limitada adelante y á 
los costados por un surco semicir- 
cular \ profundo; borde posterior 
sin agujeros piliferos ó solo en nú- 
mero de dos ó tres y muy peque- 
ños. Piaras de los anillos movi- 
bles del mismo ancho pero el do- 
ble mas largas; la parte libro 
muestra dos surcos longitudina- 
les y paralelos que se pierden mu- 
cho antes de su borde posterior 
agujeros en el fondo; estos surcos 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 163 

limitan una figura central casi rectangular que ocupa la mitad 
del ancho de las placas; borde posterior delgado y con tres ó 
cuatro perforaciones circulares muy pequeñas. 

Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 

CETÁCEA 

Odontoceta 

SAUROCETID.E 

4(3. Saurocetes ohliquus (1) n. sp. 

Es de formas y aspecto más robusto que el Saurocetes argenti- 
nus Burm. Dientes implantados en alvéolos distintos hasta en la 
misma extremidad anterior del rostro. Raices de los dientes menos 
comprimidas lateralmente que en S. argentinus, terminando en 
base obliterada con dos puntas, una anterior más grande, y la otra 
jposterior, más chica. Coronas de los dientes más gruesas, menos 
comprimidas y de esmalte más liso, terminando cada diente en cús- 
pide truncada oblicuamente, de superficie lisa, dirijida en los 
dientes inferiores de adentro hacia afuera, y de arriba hacia abajo, 
disposición aparente para triturar pero no para prehender y rasgar 
como los dientes siempre puntiagudos del S. argentinus. Longitud 
del espacio ocupado por los cinco primeros dientes inferiores, 9 
centímetros. Diámetro de la raiz del quinto diente, medida sobre 
el borde alveolar : ántero-posterior, 2 centímetros ; transverso, 11 
milímetros. Diámetro de la corona del mismo diente en la base ; án- 
tero-posterior, 16 milímetros ; transverso, 13 milímetros. Ancho 
del espacio que separa las dos filas de dientes inferiores entre el 
quinto par, 5 milímetros. 

Descubierta por el Sr. León Lelong en el oligoceno inferior de 
los alrededores de la ciudad del Paraná. 

1?. Ischyrorhynehus Van Benedeni (2) gen. et sp. n. 

Ramas mandibulares inferiores soldadas en toda la longitud do 
la serie dentaria como en Saurocetes. Rostro menos comprimido, 

fl) Por primera vez puedo estudiar resto- del género Saurocetes de Burmeister, 
que el autor coloca entre los Zeuglodontes, y de su primer examen deduzco que nr> 
se trata de Zeuglodontes, sin ó de cetáceos odontocetos, probablemente de una fami- 
lia distinta de las hasta ahora conocidas. 

(2) En honor del distinguido naturalista belga Van Bbneden. 



1(34 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

formando entre ambas series dentarias un espacio plano y rugoso 





I 



o a 




de uno á dos centímetros de anchoen su piule posterior. DÜ-metro 
perpendicular del rostro apenas un poco mayor que el diámetro 
transverso máximo. Parir superior terminada en quilla Longitudi- 



CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 165 



nal redondeada. Dientes de raíz 
Saurocetes, de base á menudo 
obliterada de un modo imper- 
fecto, y con las dos puntas an- 
terior y posterior menos distin- 
tas. Corona délos dientes cónica, 
baja, de cúspide vuelta un poco 
hacia atrás, y de esmalte fuerte- 
mente arrugado. Dientes implan- 
tados en posición alternada, cada 
uno del lado derecho enfrente del 
espacio que separa uno de otro los 
dos izquierdos opuestos, y vice- 
versa con cada uno de los del lado 
izquierdo con relación á los del 
lado derecho .Diámetro medio de la 
raiz de cada una de las muelas pos- 
teriores al nivel del borde alveola- 
rio : ántero-posterior, 13 milíme- 
tros; transverso, 8. Diámetro án- 
tero-posterior de la corona de un 
diente suelto, 9 milímetros; trans- 
verso, 9 milímetros ; alto de la co- 
rona, 11 milímetros. Diámetro 
transverso del rostro en la par- 
te anterior del trozo figurado, 31 
milímetros ; diámetro vertical, 
38 milímetros. 

Descubierta por el Sr. León 
Lelong en el oligoceno inferior 
del Paraná 

PLATANISTID.E 

48. Pontivaga Fischeri (1) 

gen. et sp. n. 

Ramas mandibulares inferiores 
soldadas en casi toda la longitud 



menos comprimida que en 



•\>' 



m 



Wm 



— 3 

% 3 



o '5 






(1) En honor del distinguido naturalista francés Paul Fischer, 



166 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

délas series dentarias, formando un hueso ó sínfisis muy ancha y 
sumamente aplastada (1), cuyo diámetro perpendicular es adelan- 
te menos de la mitad del diámetro transverso, y hacia atrás solo 
un tercio, constituyendo un rostro sumamente largo y aplastado. 
Parte superior ó interna de la sínfisis mandibular un poco escava- 
da longitudinalmente en el centro, en el fondo de cuya depresión 
se levanta una cresta longitudinal bastante ancha y poco elevada. 
Series dentarias bastante divergentes en su extremidad posterior 
y casi paralelas en el resto del rostro. Dientes numerosos, peque- 
ños, de raiz corta y comprimida lateralmente, estendidas de ade- 
lante hacia atrás. Todos los dientes á juzgar por los alvéolos, eran 
más ó menos del mismo tamaño. Diámetro medio de los alvéolos : 
ántero posterior, 8 milímetros; transverso, 4 milímetros; profundi- 
dad, de 6 á 7 milímetros. Longitud de la parte existente de la serie 
dentaria, conteniendo 30 alvéolos, 285 milímetros. Ancho del espacio 
sinfisario que separa ambas series dentarias adelante del trozo 
figurado, 19 milímetros; id. atrás en la parte posterior de la síníi- 
sis, 47 milímetros. 

Descubierta por el Sr. León Lelongcii el oLigoceno superior (pi- 
so patagónico) de los alrededores déla ciudad del Paraná. 

IVIystaeoeeta 

BAL/EN I D.E 
49. lialama pámpana n. sp. 

Tímpano bastante hinchado, de aspecto inferior ovoidal, con la 

parte posterior bastante más 
ancha que la anterior. Borde 
libre superior de la cara in- 
terna casi recto y muy arru- 
gado. Involucrum no muy 
grueso, sin aspecto pirifor- 
me y convexo al lado exter- 
no. Escotadura para el canal 
de Eustaquio, profunda y 

.. Balaena pampaea Ameoh. Tímpano bien <lel¡ mitada . ( 'ara illl'e- 
¡zquierdo visto por el lado interno, reducido á uno r\QT en ollill'l D< >c» > nn uilin- 
tnitad del ta ural. 

L) Ene to Pontioagu se aleja de Platanista tanto cuanto es posible, pero la re- 
de pare seo subsiste poi lasoldadura de las ramas mandibulares en todo 

el Largo de La serie dentaria 6 poco menos, y en la Eorma de las raices de lo 8 
dientes comprimidos lateralmente. 




CINCUENTA ESPECIES NUEVAS DE MAMÍFEROS FÓSILES ARGENTINOS 167 

ciada y convexa con relación á la dirección del borde libre interno 
superior. Cara interna poco convexa ; cara anterior casi plana. 
Ángulo ántero-inferior interno regularmente pronunciado. Diáme- 
tro longitudinal, 11 centímetros ; id. transverso máximo, 79 ram . 

Debo los restos de esta especie á la amabilidad del capitán An- 
tonio Romero, que me los lia dado como procedentes de la forma- 
ción pampeana de Bahía Blanca. 

50. IVotiocetus liomeriaiius (1) gen. et sp. u. 

Tímpano muy hinchado, de aspecto inferior ovoidal, con la par- 
te posterior mucho más ancha que la anterior. Borde libre su- 
perior de la cara interna que 
desciende notablemente ha- 
cia adelante y con muy po- 
cas arrugas. Borde interno 
muy grueso atrás. Involu- 
crum muy grueso, de aspec- 
to piriforme muy pronun- 
ciado, de cara externa lisa 
y convexa hacia adentro, y Fig . 73< Notiocetm Romerianus a„. T ím- 

lisa y plana hacia atrás. Es- P ano derecho visto por el lado interno reducido á 
j i i n H mitad del tamaño natural. 

cota dura para el canal de * 

Eustaquio poco profunda y mal delimitada. Cara inferior ancha, 
plana y poco convexa con relación al borde superior de la cara in- 
terna. Cara interna plana ó deprimida adelante y convexa atrás. 
Cara anterior plana, terminando hacia abajo en ángulo y arista- 
transversal un poco saliente y bien pronunciada. Diámetro longi- 
tudinal, 112 milímetros ; id. transverso máximo, 9 centímetros. 
Este género reúne caracteres de los géneros actuales, Balcena, Ba- 
kvnoptera y Megaptera. 

Los restos de esta especie que me han sido facilitados por el ca- 
pitán Antonio Romero, proceden de la formación pampeana de 
Bahía Blanca. 



(1) En honor del capitán Sr. Antonio Romero, quien me ha obsequiado con los 
restos acá estudiados. 




168 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Fungi guaranitici 

nonnulli nooi o. critici. 

auctore Carolo Spegazzini 
(Continuación) 

32. HlRNEOLA AURICULA-JUDAE (L.) BRK. — S<2CC, 1. C. f. 766. 

Hab. Ad truncos cariosos in sylvis prope Yaguaron et Guara- 
pi per aun, 1877-1880 (sub n. 2701-3328). 

33. HlRNEOLA POLYTRICHA MNTGN. — SciCC, I. C. f. 766. 

Hab. Ad truncos putrescentes in sylvis prope Guarapi, ann. 
1880 (sub n. 3327). 

34. Rhipidonema spongiosum B. et C. — Sacc, 1. c. f. 689. 
Hab. Ad truncos adbuc vivos praecipue Palmarum in uligino- 

sis prope Guarapi, ann. 1881 (sub n. 4097). 

GASTEROMYCETEAE WlLD. 

35. SlMBLUM SPHAEROCEPHALUM ScHTDL. — Fisch., FllÜs. /. 

verg. Ent. und Syst. d. Phalloideen. 

Hab. In dumosis sabulosis circa Asunción, aest. 1888 (leg. 
Cl. Balsan). 

Obs. Specimina guaranitiea formam typicam (S. püidtatum 
Ernst) sistunt. 

36. Tylostoma berteroanum LÉv.—DTn. in Sacc.,Syll. Fung. 

Vol. VII, p.I, f. 63. 
Ilnb. Vulgatus in campis prope Guarapi e1 Paraguari, per 

ann. 1877-84 (sub n. 2702, 3322, 3920, 4296). 

37. Geaster Spegazzinianus DTn. — Speg., Fung. guar. pg. I, 

f. 41 (sub G. saccafn Fr.) 
Hab. ínter Eolia dejecta puteescentia in sylvis prope Cunrapí, 
.•mu. L880(sub n. 3325). 

Obs. Specimina quae sub hoc numero militantad fcypum ma- 



fungí guaramtici 109 

gis vergunt sporis nonnihil majoribus (4-6,5 ¡>. diam.), densius 
muriculatis. 

38. Lanopila guaranitica Speg. (n. sp.) 

Dt'ag. Globosa, arrhiza; cortex papyraceus, tenuissimus, fuligi- 
neo-fulvescens, maculatus, frustulatim evanescens; gleba compac- 
ta, gossypino-pannosa olivascens; sporae ecaudatae, verrucosae 
fusco-olivaceae. 

Hab. In campis cultis prope Paraguari, ann. 1877 (sub n. 
2699). 

Obs. Peridium glol)Osum majusculum (50-60 mllm. diam.) ar- 
rhizum, inferné saepius depressum, cortice externo tenuissimo 
subcrustaceo cinerascente mox evanescente, interno glaberrimo, 
primo externo vestito dein denúdate, tabacino maculis paucis vagis 
obscurefulvo-subpurpurascentibus hinc inde notato primo gleba 
arctiusciüe adnato per aetatem areolatim deciduo vestitum; gleba 
gossypino-pannosa compacta elástica pulvere sporifero inspersa, 
diu persistens fulva v. tabacino-subulivascens ; flocci densissime 
intricati ramosi, gráciles (3-4> crass.) parcissime septati, laeves, 
pallide olivascentes ; sporae haucl numerosae globosae (4-5 \j. diam.) 
grosse excentrice 1-guttulatae, grosse laxeque subsquamoso-tuber- 
culatae (in juventute cauda minutissima v. vix evoluta donatae 
dein) ecaudatae, fusco-olivaceae. 

Species pulchra L. argentinae Spiíg. peraffinis a qua tamen 
peridio magis tenui ac fragili, gleba magis compacta pallidiore, 
sporis conspicue minoribus recedens. 

39. Bovista dubiosa Speg. — DTu . , in 1. c. f. 104. 

Hab. In campis arenosis prope Ibi'timíj Jan. 1882 (sub n. 
3320). 

Obs. Specimina guaranitica a typo statura paululo majore (20- 
30 mllm. diam.) ac capillitio per aetatem intensius colorato, fere 
s m b t aba ciño , recedunt . 

40. Lycoperdon pseudo-gemmaiim Speg. — DTu., 1. c. f. 130. 
Hab. ín herbosis sylvosis pro}>e Guarapi, Apr. 1879 (sub n. 

3319). 

Obs. Peridia magis parva (25-30 mllm. alt. x 15-20 mllm. 
diam.) sporis majoribus (3 \j. diam.) cauda ac granulationibus mi- 
nutissimis fere inconspicuis. 



170 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



MYXOMYCETEAE WaLLR. 

41. Fuligo séptica (L.) Gml. — BerL, in Sacc, Syll. fung. vol. 

VII, p. I, f. 253. 
Hab. Ad terram liumosam ínter folia et frustula, Dec. 1879 
(sub n. 3317). 

HYPODERMEAE DBy. 

42. Ustilago guaranitica Speg. — Fung. guar. p. 1, n. 99. 
Hab. Ad spiculas Andrópogonis speciei cujusdam in pratis 

prope Posta-cué, Mart. 1884 (sub n. 4298). 

Obs. A typo vix recedit sporís nonnihil majoribus (10-16 \t 
diam.), episporio subtenuiore. An ab U.ischaemi Fuck. satis dis- 
tincta ? 

43. Ustilago juncicola Speg. (n. sp.) 

Diag . Soriatri; sporae ovoideae, compressae, episporio laevi 
sed subgibboso-undulato, opace fuligineae. 

Hab. In ovariis Jiuici Chamissoms in herbosis vallis Y-acart- 
guazú inter Valenzuela et Guarapí, 18 Jan. 1884 (sub n. 4323). 

Obs. Ovaría infecta non v. vix tumefacta, tepalis mduratis vix 
exerta, primo clausa, dein irregulariter dehiscentia, seminibus in 
glomérulis pulverulentís transformatis farcta; ser i v. glomeruli 
primo compactiusculí dein pulverulrnti. fusco-atri; sporae e fronte 
ovatae (10-12 X 8-9 ;.>.) e mutua pressione obtuse angulosae sepius 
undulato-gibbulosaej e later© compressae (5-7 \). crass.), episporio 
laevi crassiusculo tectae, primo pellucidae fuligineae, protopla- 
smate granuloso, dein opacae atrae. Species a caeteris Ustilagini- 
bus injuncaceis vigéntibus satis riteque, ut videtur, distincta. 

11. Ustilago panici-miliacei (Pers.) Wint. — DTn. in Sacc. 
Syll. Eung. vol. VII, pt. II. !. 154. 
Ha//. Ad panículas nondum evolutas Graminaceae cujusdam 
in berbosis prope Posta-cué, Mrt. 1884 (sub n. 4299). 

Obs. Sorí totam paniculam implecteotes, cortice subgrumoso 

pallescente, e matricis substantia tumefacta efformato tecü, pul- 

verulenti, fuligineo-olivacei ; sporae primo conglobatae, glomeru- 

(30-40 \j. diam.) cortice hyalino vestitos efficientes, 



fungí guaranitici 171 

mox liberae globoso-ovoideae (9-10 \j.) laeves, obscure fuligíneae. 
An melius Sorosporiutn ? 

45. Entyloma nectrioide Speg. (n. sp.) 

Diag. Epiphyllum sparsum; sori tumiduli orbiculares mediocres 
f ulvo-aurei ; sporae e globoso ellipsoideae maximae laeves túnica 
hyalina concentrice striata, endoplasmate áureo. 

Hab. Ad folia Leguminosae? arboreae cujusdam in montanis 
inter Peribebuy et Mbatobí, Jun. 1883 (sub n. 3783). 

Obs . Maculae indeterminatae amphigenae, inferné fusco-íerru- 
gineae centro saepius pallidiores (1-3 mllm. diam.) superne acervu- 
los circundantes fusco-virescentes ; acervulí epiphylli saepius hinc 
inde densiuscule sparsi v. rarius subaggregati, rarissime confluen- 
tes, matrice plana (non v. vix subbullata) innato-insidentes, epi- 
dermide persistente tecti, orbiculares (0,5-2 mllm. diam.) tumi- 
duli, in vivo rufo-aurei laeves, in sicco ruguloso-reticulati rufo- 
rubiginosi; sporae e globoso v. ovoideo ellipsoideae, in soris dense 
constipatae, saepius e mutua pressione obtusissime angulosae v. 
sinuosae, maximae (50-80 X 50 ¡j. diam.) episporio crassissimo (10 
[j. crass.) hyalino dense concentriceque striato (an pluribas tunicis, 
granuli amylacei instar, composito?) tectae^, endoplasmate grosse 
denseque granuloso-guttulato aurantiaco farctae. Species pulcher- 
rima magnitudine sporarum, episporiique structura mox digno- 
scenda. 

46. Sorosporium argentinum Speg. — Fung. arg. p. IV, n. 52. 
Hab. Ad spiculas Cenchrt speciei cujusdam (an Pennisetif) in 

pratis prope Guarapi, ann, 1884 (sine n.). 

Obs. Glomeruli magnitudine lucientes (20-40 \j. diam.), 5-50 
spori; sporae globosae v. ovatae, obtuse angulosae (7-10 X 8 \>.) 
laeves, plus minusve intense olivaceae. A typo nonnihil recedit, 
an species distincta? 

47. Cerebella andropogonis Ces. — DTn., 1. c. f. 523. 

Hab. Ad spiculas Andropogonis speciei cujusdam in herbosis 
prope Posta-cué, Mrt. 1884 (sub n. 4289). 

Obs. Strjmata ovarium, rarius paleas etiam, infestantia, primo 
parum túrgida compactiuscula grosse transverse plicato-rugosa, 
dein túmida subtremelloidea (2-3 mllm. diam.) ovala irregulariter 
rugoso-grumosa vix superficialiter pulverulenta obscure badio- 



172 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

fuliginea. Sporae globosae v. obtuse angulosae quandoque solitariae 
(6-8 \i diam.), quandoque 2-6-conglobatae ac magnitudine variae, 
glomerulos párvulos irregulares (10-15 ;x diam.) efficientes, epispo- 
rio ténuilaevi, fuligineae v. badio-subvinosae, primitus substantia 
gelatinosa diffluente incarceratae. 

Genus summopere dubiosum ( Tuberculina Sacc. affine?) et fa- 
cile inter Hyphomyceteas recensendum. Specimina guaranitica a 
typo nonnihil deflectunt, sed descriptiones nimis mancae et ulte- 
rius inquirendum ne speciem altera m sistant ! 

48. Cerebella paspali Ck. et aíss. — DTn., 1. c. f. 524. 
Hab. Ad spiculas Paspali speciei cujusdam in Valle Y-acan- 

guasü vocata, 15 Mrt. 1883 (sub n. 4290). 

Obs. Stromata ovaría implectentia, non v. vix turgentia, grosse 
transverse rugoso-plicata, in vivo siibtremelloidea,, in sicco con- 
tracta indurataque (1-1,5 mllm.) vix ad superficiem subpulveru- 
lenta, fusco-ferruginea. Sporae globosae v. obtuse angulosae, quan- 
doque solitariae (5-6 ¡j, diam.) quandoque 2-4 coüglobatae, ac tán- 
dem magnitudine variae, glomerulos párvulos jefficíentes, episporio 
tenui laevi fuligineae. An tantum praecedentis varietas? 

49. PUCCINIA CHLORIDIS SPEG. (n. sp.) 

Diay. Hemi puccinia; uredósporae ovatae minutissime asperulae 
subhyalinae; teleutosporae obscure cinnamomeae ellipsoideae 
constrictulae, laeves non v. vix umbonatae, pedicello byalino elon- 
gato. 

Hab. Ad folia viva Chloridis speciei cujusdam in herbosis prope 
Paraguari Febr. 1884 (sub n. 4310 et 4312). 

Obs. Maculae nullaev. totum folíum vix pallescens; sori hypo- 
phylli densiuscule gregarii, uredosporici teleutosporicis commixti. 
Sori uredospori minutissimi (100-150 \i. diam.) sublineares, epi- 
dermide [acerata cincti vix prominuli pallide flavescentes; uredo- 
sporae e globoso-ovatae (18-24 x 12-20 ;;.) episporio crassiusculo 
hyalino laxe minutissimeque papillato, endoplasmate nubiloso e 
hyalino flavescente farctae non v. 1-guttulatae. Sori teleutosporici 
majores (300-600 n diam.) ex orbiculari elliptici, pulvinulato-pro- 
ininuli subcompactíusculij intense 1 atro-fuliginei; teleutosporae 
pulchre intenseque cinnamomeae ellipticae v. vix obovatae {38-2 1 
x 18-20 ¡i.) medio non v. vix constrictae, episporio subcrassiusculo, 
praecipue ad apicem ubi saepe parce umbonato, Laevissimo, medio 



fungí guaranitici 173 

1-septatae, parce constrictae, loculis saepius minute 1-guttu- 
Jatis, infero non v. vix minore, pedicello cylindraceo longiusculo 
(50-100 X 5 ¡x) deorsum attenuato, antice cblorinulo, caeterum 
hyalino suííultae; paraphyses non visae. 

50. Puccinia Gibertii Speg. — Fung. guar. pug. I, f. 58. — 

DTn.,\- c. f. 653. 

Hab . Ad folia viva Hyptichs speciei cujusdam in dumetis pro- 
pe Villa-Rica, 13 Jan. 1884 (sub n. 35G6). 

Obs. Folium totum sordide subpurpurascens, vix liinc inde 
pallescens ; acervuli hypophylli irregulariter sed dense sparsi mi- 
nuti, tomento saepius velati, uredosporici pulverulenti aurantii, 
teleutosporiferis fuscescentibus subcompactibusque commixti; ure- 
dosporae melleae e globoso ovatae (20-24 X 18-20 ¡j.) episporio te- 
nui, minute denseque papilluloso donatae, endoplasmate nubiloso 
v. grosse guttulato farctae; teleutosporae pallidissimae e hyalino 
fulvae obovatae v. subbiconicae (35-36 x 18-20 ¡x), superne acutae 
v. subtruncatae, medio leniter constrictae episporio tenui laevissi- 
mo, pedicello gracili (40 X 5 y.) subfumoso surfultae. Aecidíum 
tucumanense Speg. statum aecidiosporicum hujus speciei sine 
d ubio ullo sistit, et tándem ad auto-pucciniam pertinet. 

51. Puccinia tinctoria Speg. — Fung. guar. p. I, n. 119. 
Hab. Ad folia Eupatorii tinctorii in sylva Naranjo in mon- 

tuosis prope Peribebuy, Jul. 1883 (sub n. 4756). 

Obs. Maculae nullae v. vix circa pul vinillos manifestae; acer- 
vuli teleutosporiferi tantum adsunt, compactiusculi fusco-fuliginei 
nubécula v. pruinula cinerascente saepius adspersi ! 

52. Puccinia macrocephala Speg. (n. sp.) 

Diag . Aecidia hypopbylla minuta alba, aecidiosporis ovatis 
subhyalinis verrucosis ; teleutosporae in acervulis atris epiphyllis 
congestae, subfusoideo-cllipsoideae, vix constrictae, fuligineo-atrae 
pedicello hyalino praelongo fultae. 

Hab. Ad folia viva Convolvulaceae (foliis ellipsoideo-lanceo- 
latis utrinque dense sericeo-villosis) speciei cujusdam in sylva 
subvirginea Caaguazk, Jan. 1882 (sub n. 3564 et 3573). 

Obs . Pucciniopsis ? (an auto-puccinia ?) • aecidia et teleutosporae 
tantum cognita ac saepe eodem tempore et folio vigentes. Maculae 
nullae. Aecidia hypopbylla, rarissime etiam epiphylla, alba, erum- 



174 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

penti-urceolata, ore irregulariter lacero, pulvere albo farota ; aeci- 
diosporae globulosae v. ovoideae (25-30 X 20-28 y.) episporio ubi- 
que crasso dense majuscule verrucoso-papillulato hyalino tectae, 
endoplasmate hyalino v. vix flavescente nubiloso farctae; pseudo- 
peridium membranaceum álbum, e cellulis loricatis, lanceolatis 
dense subradiatim rugosis (30-40 x 20-25 ;J .) hyalinis efformatum. 
Acervuli teleutosporiferi semper (?) epiphylli sparsi minuti (250- 
600 ¡a diam.) erumpentes tomento velati, subpulverulenti nigri ; 
teleutosporae ovato-v. subclavato-fusoideae (52-60 x 24-28 <j.) an- 
tice subacute grosseque umbonatae, medio vix constrictae, epispo- 
rio ubique crasso ac laevissimo, loeulis primo fuligineis pellucidis 
saepius 1-guttulatis, dein opacis pulchre atro-fuligineis (vix ápice 
subpellucidis), infero non v. vix minore, pedicello terete, e latere 
compressulo, medio non v. vix incrassato (120 X 10 ¡j.) ápice fu- 
scescente, caeterum hyalino fultae. Species perpulclira a P. opu- 
lenta Speg. teleutosporis laevibus, a P. ipomeae Ck. uredosporis 
ignotis recedens. 

53. Puccinia Spegazzinii DTn. — \. c. f. 704,(P. australis Speg. 

(nec Korn.) in Fung. arg. p. II, n. 33). 

Hab. Ad folia viva Míkaniae spec. cuj. in dumetis pi'ope 
Ppsta-cué, Mart. 1884 (sub n. 4293). 

Obs. Micro-puccinia? ; teleutosporae pallipUssime e hyalino mel- 
leae elongato-subclavulatae (40 X 15-16 ;¿) ápice obtuserotundaiae 
medio non v. vix constrictae, deorsum cuneatae, episporio tenui 
laevissimo, pedicello cylindraceo (30-35 x 6 ;¿) hyalino fultae. 

54. Uromyces junci (Dsm.) Tul. — DTn„ 1. c. f.541. 

Hal>. Ad culmos lánguidos Junci cujusdam (e sect. septatorum) 
i ii uliginosis prope Posta-cué, 2 Mrt. 1884 (sub n. 4305). 

Obs. Caules toti pallescentes, vix hiñe inde irregulariter fusco- 
maculati ; acervuli punctiformes minutissimi ( L00-150 y. diam.) vix 
erumpentes fusco-fuliginei, parum perspicui ; teleutosporae obova- 
tae v. ellipsoideae (30-45 X 80 v) ápice grosse umbonatae v. sub- 
truncatae, episporio Laevi antice valde incrassato, non v. minute 
t-guttulatae, fulvo-rufae, pedicello crassiusculo subabbfeviató 
(50 X 7-10 i*) e hyalino fulvéscente suffultae non deciduae. Ure- 
dosporae desunt. 

55. Uromyces? cyperinus Speg. (n. sp.) 



fungí guaranitici 175 

Diag. Acervuli amphigeni lineares ferruginei; teleutosporae t 
ovatae v. globosae, episporio non v. vix antice incrassato laevi do- 
natae, fulvae, pedicello gracili hyalino. 

Hab. Ad folia viva Cyperaceae cujusdam in uliginosis prope 
Guarapi, 26 Mart. 1884 (sub n. 4270). 

Obs. Micro-uromyces? Maculae nullae v. totum folium palle- 
scens vix bine inde roseo-tinctum ; acervuli amphigeni lineares 
(0,5-2 mllm. long. X 0,5-0,4 mllm. lat.) fusco-ferruginei, erum- 
pentes compactiusculi ; teleutosporae ? globosae v. ovatae (24-26 x 
20-22 \i) episporio ten ui vix quandoque antice modice incrassato, 
laevissimo tectae, non v. 1-guttulatae, stipite gracili longiusculo 
(30 x 5 ¡a) fultae, non deciduae. An melius Uredo? 

56. Uromyces aeruginosus Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae epiphyllae indeterminatae viridi-aerugineae; 
acervuli hypophylli compacti gregarii, majore centrali caeteris 
minutis circumdato; teleutosporae obovatae non v. vix umbonatae, 
laeves, intense fuligineae, pedicello gracili longiusculo fultae. 

Hab. Ad folia ignota (Sapindaceae%) in sylvis prope Posta-cué 
Apr. 1884 (sub n. 4267). 

Obs. Micro-uromyces. Folium totum pallescens ; maculae epi- 
phyllae subdeterminatae, intense viridi-aerugineae, orbiculares 
(2-4 mllm. diam.) centro impresso-umbilicatae ; acervuli hypo- 
phylli (rarissime epiphylli minuti in macularum centro) totam 
partem oppositam macularum obtegent es, laxe gregarii, compositi, 
uno centrali majore a ceteris minutis coronato, crassiusculi, sub- 
hemisphaerici, compacti duriusculi intense atro-f uliginei ; teleuto- 
sporae obovatae v. subglobosae (20-24 x 16-20 \j.) episporio subte- 
nui vix superne incrassato ac rarius in umbone párvulo, atque 
obtuso producto laevissimo vestitae, intense fuligineae, stipite 
gracili elongato (50-60 X 4 [x) deorsum attenuato ápice subfulve- 
scentc, caeterum hyalino fultae. Species plurimis notis et praeci- 
pue habitu ad U. permuta Speg. vergens, sed, ut videtur, satis 
distincta. 

57. COLEOSPORIUM PARAGUAYENSE SPEG. — FlUlg. guar. p. I, 

n. 127. 
Hab. Ad folia viva Compositae cujusdam in .sylvis prope Gua- 
rapí } Apr. 1884 (sub n. 4269). 



176 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Obs. Uredosporae ovatae v. ellipsoideae (20-24 x 16-20 ¡x) dense 
verruculosae subhyalinae. 

58. Coleosporium^ igxobile Speg. — Fiing. guar. p. II,n. 33. 
Hab. Ad folia viva plantae ignotae cujusdam (an Cestri pube- 

scentis?) in dumetis prope Guarapi, Aug. 1883 (sub n. 3947). 

Obs. Uredosporae globosae y. subobovatae (16-18 X 15-18 \l) 
verruculosae e hyalino flavescentes. 

59. Uredo fici Cast. — DTn., 1. c. f. 847. 

Var. Guarapiensis Speg. — Fung. guar. p. I, n. 133. 
Hab. Ad folia viva Fici ibapoy in sylvis prope Guarapi, Maj. 
1881 (sub n. 4122). 

60. Uredo flossclosorum A. et S. — Speg., Fung. guar. p. I, 

n. 135. 

Hab. Ad folia viva Compositae cujusdam in dumetis prope 
Posta-cué, 2 Mrt. 1884 (sub n. 4306). 

Obs. Maculae nullae v. vix manifestae fuscescentes ; pulvinnil 
(350-400 ¡a) fuliginei, uredosporae ovatae v. subglobosae (26-30 X 
24-28 ¡j.) fiüvo-fuligineae, episporio subcrassiusculo laxe grosseque 
papillulato-spinoso, pedicello nullo. 

61. Uredo incógnita Speg. — Fung. guar, p. II. n. 35. 

Hab. Ad folia Chloreae speciei cujusdam in moni anís Cerro de 
Acahy vocatis, Nov. 1883 (sub n. 4103). 

62. Uredo carnosa Speg. (n. sp.) 

Dtarj. Acervuli minuti hypophyili subolivacei carnoso-compacti ; 
uredosporae globosae laevesfulvae paraphysatae. 

Hab. Ad Eolia viva Orchideae cujusdam in paludosis sylvae 
Caa-guazú } 10 Apr. 1876 (sub n. 1286). 

Obs. Maculae nullae v. totum folium Leniter pallescens; acer- 
vuli hypophyili dense sparsi minuti orbiculares (300-600 jx diam.) 
erumpenti-subsuperficiales applanato-v. subcollapso-prominuli ex 
oliváceo fusco-umbrini, compacti carnosuli duriusculi Eere scler 
tiacei (.ni i.'iiiiuin in s¡r<-u ?) ; uredosporae in centro pulvinulorum 
tantum evolutae, globosae v. vix ellipsoideae (20-24 x 20 ja) fulvo- 
rufescentes, episporio crassiusculo laevi (an ienissime laxe^ue ru- 
guloso () tectae, pedicellis liyalinis brevibus gracilibusque (25-30 
X 5 ;;.) sufíultae, paraphysibus subcoalescentibus, modice hyalino- 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 17? 

stipitatis (an uredosporis abortivis ?) cinctae. In margine pulvinu- 
lorum adest etiam saepius cingulum, e corpusculis obovato-diñor- 
mibus, 20-30 cellülaribus, cellulis subglobosis(6-7¡¿)fuscescentibus 
inferné coalitis superne facillime solutis secedentibusque compositis 
stipitibus hyalinis (40-45 X G-7 \j.) sufíultis efíormatum; an tuber- 
culina? 

Species pnlchella notis internis atque externis perquam mirabi- 
ali.s et liorna] a ! 

(Continuará). 



Apuntes sobre rocas eruptivas de la pendiente 
oriental de los Andes entre Rio Diamante y Rio 
Negro. 

Por el Dr. G. Bodenbender, Córdoba 

Con este trabajo empiezo á entregar mis observaciones geoló- 
gicas, hechas en el territorio andino entre Rio Diamante y Rio Ne- 
gro durante un viaje científico, que con subvención del Instituto 
Geográfico Argentino, realizó conjuntamente con elDr. F. Kurtz, 
catedrático de botánica en la Universidad de Córdoba. 

La espedicion partió de Mendoza el I o de Diciembre de 1887 
llegando el 12 de Abril de 1888 al Lago Lancar. 

Como en breve publicaré un mapa geológico del itinerario, pue- 
do limitarme aquí á una enumeración de algunos nombres de lo- 
calidades, que dan una idea general de nuestro camino : Mendoza, 
Sierra de San Rafael, Sierra Nevada, Sierra de Malargüéy del Rio 
Salado, Sierra de Loncoche, valle del Rio Grande y del Rio Bar- 
rancas, Volcan Tromen, Fortín Chus-Mala!, Ñorquin, valle del 
Rio Agrio, Codihué, Rio Catanlil, Rio Collon-Cura, Junin de los 
Andes, Lago Lancar. 

Sobre mis investigaciones en general ya he publicado un In- 
forme en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino (tomoX, 
cuaderno X) y en la Revista Geográfica de Petermann, 1890, en- 
trega X, he dado un cuadro geográfico de los territorios esplo- 
rados. 

A causa de haber estado ocupado con otros trabajos se retardó 
el estudio del rico material geológico recogido, pero estando este 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 12 



178 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

en parte terminado, principie con la descripción geológica de las 
rocas eruptivas, á la que seguirá la de las formaciones sedimen- 
tarias con los fósiles, acompañada con perfiles geológicos. 

En el siguiente bosquejo no pretendo más que dar notas geoló- 
gicas respecto de las rocas eruptivas, y no petrográfica s, habién- 
dome faltado por completo en el Museo Mineralógico de la Uni- 
versidad de Córdoba los medios para hacer una investigación mi- 
croscópica. 

Para alcanzar esto he mandado una colección de rocas al señor 
catedrático Dr. Klein, en Berlin, y puedo por tanto abstenerme de 
tal investigación, sabiendo que el material recogido está en manos 
de uno de los más célebres petrógrafos, que auxiliado con un in- 
menso material, que es indispensable para una clasificación exac- 
ta, dará en breve principio á sus publicaciones sobre las rocas 
eruptivas de los Andes de Sud-América. 

La corta descripción petrográfica de las rocas, que he dado, 
hecha por examen macroscópico, me pareció indispensable para 
marcar la roca al geólogo y posibilitarle una aproximativa compa- 
ración de su material con el mió. También me parece muy nece- 
sario indicar con precisión las localidades, de donde provienen 
las rocas. De este modo pueden evitarse muchos errores. 

Al fin remito á la poca literatura geológica sobre el territorio : 
Strobel, Viaggi tiell Argentina meridional negli anni 1865-66 , 
y especialmente á los trabajos de gran mérito de Avé-Lallemant. 
Espedicion Minera Argentina á las Cordilleras de los Andes, 
publicado en los Anales de la Sociedad Científica Argentina y cu 
el Boletín del Instituto Geográfico Argentino, tomo VIII, 1887. 

I. Granito. — El hallazgo de granito en la pendiente oriental 
de los Andes dentro del territorio del Rio Aluminé ó Collon-Curá 
y de su afluente Rio Catanlü, tiene t;mi<> más interés, cuanto él 
parece faltar en los Andes centrales, como en los distritos orien- 
tales al norte hacia Mendoza (Cacheuta). 

Encontré por primera vez granito de grano muy grueso (con fel- 
despato rojizo, cuarzo y muy poca mica) en el valle superior del 
Rio Catanlü, donde el camino, bajando de la altiplanicie entre los 
arroyos Picun-Leufú y Catanlil alcanza uno de los arroyos que 
forman este. Rio Catanlil abajo el granito forma la pendiente de- 
recha más alta y se desvía un poco arriba del Fortín I o de Mayo á 
la otra banda, forzando el rioá romperle en un paso muy estrecho. 
Aquí rio arriba se depositan sobre el granito, formándola pen- 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 179 

diente oriental, pizarras arcillosas negras liásicas, como también 
la pendiente baja occidental del valle se compone esclusivamente 
de la formación jurásica, cubierta de basalto plagioclásico. En la 
estrechura el granito tiene un grano variable, hallándose como 
pegmatita con turmalina en forma de una ganga dentro de varie- 
dades muy diferentes en estructura y composición. La ortoclasa de 
¿olor blanco predomina. A la vuelta de la expedición hemos cru- 
zado en el cañadon Lapa, la continuación oriental de esta masa 
granítica, que aquí encuéntrase con la formación arcaica. Rio Ca- 
tanlil abajo del Fortin I o de Mayo no pude observar granito en las 
dos pendientes, formadas aquí por capas jurásicas y pampeanas 
(arcilla y marga); sin embargo la montaña entre Catanlil y Alumi- 
né parece ser compuesta especialmente de él. 

Luego en el triángulo entre Catanlil y Collon-Curá, muy poco 
al sud del arroyo Dayen-negu vi otra vez una isleta de granito 
(ortoclasa rojiza, cuarzo y poca mica), cubierto en sus laderas de 
capas arcillosas (formación pampeana). Después desaparece bajo 
el terreno de arcilla y de marga del valle del Collon-Curá, para 
salir á la vista otra vez al oeste en las cordilleras altas. 

Así se encuentra en la ribera oriental del Lago Lancar como en 
el Lago Loló, formando, al parecer, junto con gneis, la lindísima 
montaña entre Lago Lancar y Lago Huichi-Lauquen. 

II. Diabasa, melájiro y pórfido prejurásico, probablemente 
rético del ralle superior del Rio Grande (Arroyo Carqueque). 
— De Villa Beltran, muy cerca del fortin viejo Alamito entre Rio 
Salado y rio Malargüó, hemos pasado la Cordillera de Malargüe 
dos veces. 

Al recordar Villa Beltran no podemos menos que agradecer al 
General R. Ortega la generosa acogida, que nos hizo en su linda 
colonia, que es como un oasis en el desierto. Proporcionándonos 
todo lo que necesitábamos pudimos hacer un estudio de estas 
regiones, mucho más detallado que lo que nuestros medios lo ha- 
brían permitido. Doy aquí por ello al General las más espresivas 
gracias. 

La primera escursion nos llevó á lo largo del Rio Salado hasta el 
Valle Hermoso (Rio Grande), en la segunda marchamos en el va- 
lle del rio Malargüe arriba y alcanzamos, pasando el Portezuelo 
de Carqueque y siguiendo abajo el arroyo del mismo nombre, otra 
vez al Rio Grande un poco más arriba de la embocadura del Arroyo 
Carqueque. 



180 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Esta escursion se hizo muy interesante, descubriendo en ella las 
capas básales de la formación jurásica. 

Abajo de la caliza jurásica fosilífera del Portezuelo de Carque- 
que siguen, formándolas pendientes del arroyo Carqueque, arenis- 
cas grises y coloradas con yeso. Un poco arriba de la embocadura 
del arroyo Carqueque doblamos á la derecha y subiendo la pen- 
diente llegamos al valle del Rio Grande. 

Rápidamente se cambia el carácter de la región. La suave pen- 
diente, producida por las areniscas se pierde y aparecen, forman- 
do las pendientes (especialmente la occidental del valle) numero- 
sos terrados, un paisaje muy pintoresco, que recuerda vivamente 
los cañones de Arizona etc., en Norte América. 

Las rocas que componen este sistema de capas horizontales y de 
considerable espesor, la base de las areniscas coloradas con yeso 
(jurásicas), son muy diferentes, como indica la formación de ter- 
rados, y lo prueban las pocas muestras que he recogido en la 
pendiente derecha desde la madre del rio hasta una altura de cer- 
ca de 100 metros. Son rocas cristalinas, diabasa, meláfiro y pórfido, 
que depositadas horizontalmente alternan rápidamente, como tam- 
bién rocas clásticas. 

Pórfidos. — 1. En una masa compacta de color gris-blanco se des- 
tacan cristales blancos de plagioclasa, pocos granos de cuarzo y 
mica. Además se hallan en ella puntos y columnitasde un mineral 
de color verde y muy diseminado, un feldespato rojizo, en mayor 
parte descompuesto. En las cavernosidades hay cuarzo. 

2. Una pasta con manchas gris-blanc;i> y parduzcas, apareciendo 
bajo hílente granulosa, con cuarzo, feldespato y granitos de un mi- 
neral negro de hierro; encierra muchos cristales de plagioclasa 
de color blanco sucio y pocos granos de cuarzo. Un feldespato vi- 
drioso se observó una vez. 

(Continuará). 



Sobre algunos Peces nuevos ó poco conocidos 
de la República Argentina. 

Por Eduardo Ladi lao I Iolmberg. 

I 

Desde hace algunos años, he dedicaó- 1 un atención á los peces, \ 
lie reunido— (cualquier especialista lo comprende) —iodo el mate- 



SOBRE ALGUNOS PECES NUEVOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 181 

rial que me ha sido posible, en colecciones y en libros. No me de- 
tendré mucho en estos preliminares. El que conozca mi Viaje á 
Misiones (Tomo X del Boletín de la Academia Nacional de 
Ciencias), sabrá cuánto he hecho en tal sentido. 

La asiduidad que de mi reclama el Jardín Zoológico, me impi- 
de, por ahora, publicar una obra casi terminada, y que anuncié en 
dicho Viaje, sobre los Los Peces Argentinos. 

Como no me encuentro, en estos momentos, en condiciones de 
precisar la época en que podré volver á entregarme á una tarea 
asidua de gabinete, para trabajos de conjunto, voy á aprovechar 
la invitación de Ameghino, el estimable Director de esta Revista, 
que me ha incluido entre los miembros de la Redacción perma- 
nente, para impedir que mis manuscritos se apolillen, como pape- 
les y como investigaciones. 

No es necesario, por otra parte, que insista en explicar los 
antecedentes que autorizan las descripciones que vienen á conti- 
nuación, puesto que ya he señalado la fuente al citar el Viaje á 
Misiones; y como es indiscutible que todo trabajo parcial debe 
ser devorado por un trabajo general, entro en materia, no sin se- 
ñalar la obra de A. Günther, Catalogue qf Fishes, como base sis- 
temática de la mía. Me parece oportuno recordar, también, que 
los ejemplares se encuentran depositados en el Museo de la Es- 
cuela Normal de Profesoras de la Capital. 



I. TELEÓSTEOS. 

Orden I. Acantopterígios. 

Familia Nandidae (F. 33 a Gthr. III, 362). 
g. ACHARNES, Müll. y Trosch. 

1. Acharnes I\iederloinii, Hol.mb., d. sp. 
n. v. : Pequirí, Piquí, Juanita. 

D.21/11. A.3 8. L.lat.36 verse. 

Long. (sin caudal) 66,5 mni. 

Long. (con caudal) 80 » 

Altura 15 » 



182 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Long. de la cabeza 20 mm. 

Distancia del hocico al ojo 7 » 

Órbita (long.) 4,5 » 

Órbita (alt.) 4 » 

La altura es poco menor que un tercio del largo (sin caudal) y el 
largo de la cabeza está contenido cuatro veces en la longitud (con 
caudal). La órbita es muy poco mas larga que alta, y el espacio in- 
terorbitario igual al largo de aquella. El opérculo parece prolon- 
garse en punta aguda con sinuosidad inferior, pero el ángulo 
mismo es recto. Las escamas de la linea lateral son mucho mas 
grandes que las demás. Su color es pardo, zebrado con bandas 
mas oscuras. El fosfeno caudal se encuentra en la base del lóbulo 
superior, tangente al lóbulo inferior. 

Patria : República Argentina, Misiones. 

Al entregarme Niederlein esta especie, que obtuvo en Misio- 
nes en 1887, cuando acompañó á la Comisión Argentina de límites 
con el Brasil, agregó estos datos: «Fué obtenido en el Rio Pe- 
quiri, en Misiones, y en otros inmediatos. Los primitivos explora- 
dores de aquellas comarcas hacen ya mención de esta especie ». 

2. Acharnes (ihacotinsis, Holmb., /*. sp. 

D.23 10. A.3/7. L.lat.38 (24+14). 

Long. (sin caudal) 100 mm 

Long. (con caudal) 120 » 

Altura 30 » 

Long . de la cabeza 30 » 

Distancia del hocico al ojo 9 » 

Órbita (long.) 6,5 » 

I rbita (alt.) 7 » 

Diámetro interorbitario 13 » 

La altura es menor que el tercio de la longitud (sin caudal) é 
igual á un cuarto del Largo (con caudal) y á la Longitud do la ca- 
beza. La órbita, cu su diámetro horizontal, es iguala la mitad del 
«•-pació interorbitario. El opérculo termina en ángulo obtuso, y, 
por arriba de éste, el borde es un poco saliente en curva, y. p<>r de- 
bajo, es apenas cóncavo; este Borde inferior tiene una franja mem- 
branosa. Escamas déla mitad súpero-anterior pequeñas, las ges- 
tantes mas grandes, ('olor pardo, mas claro por debajo. Cuerpo 
/••Liado con fajas mas oscuras. Aleta dorsal clara con dos series 
principales de manchas parda-, una superior y otra inferior. El 



SOBRE ALGUNOS PECES NUEVOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 183 

fosfeno caudal negro, con limbo rojo de Saturno, oval longitudi- 
nal, en el lóbulo superior de la caudal, tan distante de la base de 
ésta como el término medio de los dos diámetros de la porción ne- 
gra, y mas cerca de la linea media que del borde superior de la 
misma aleta. En esta misma, arriba del fosfeno, nace una banda 
oblicua, clara, recta, que termina en el ápice de la aleta. 

Patria: República Argentina, Chaco. 

Esta especie fué descubierta por Solari en Formosa, en III-V 
de 1885, no sólo en el Rio Paraguay, sino también en todos los 
arroyos de las inmediaciones. Muv abundante. 



Orden II. Acantopterígios faringognatos. 

Familia Chromidae (F. 5 a , Gthr. IV, 264). 
g. HEROS, HECK.pt., Gthr. IV, 285. 

3. Heros centralis, Holjíb., n. sp. 

D.14 11. A.3 8-9. L.lat.24. L.tr.4 9. 

Long. (con caudal) 8,5 cent. 

Altura 4,5 » 

El espacio interorbitario es casi doble que el diámetro de la 
órbita (17 : 9) ; cinco series de escamas en las mejillas ; los radios 
mas largos de la dorsal y de la anal alcanzan el último tercio de la 
caudal. Pardo, las aletas pardiclaras con manchas negruzcas; la 
pectoral es la mas pálida, inmaculada ; una mancha grande, semi- 
circular, negra, en la base de la mitad superior de la caudal. 

Patria: República Argentina, Provincia de Santiago del Es- 
tero. 

No poseo ningún ejemplar de esta especie. Los que tuve á mi 
disposición procedían de Santiago del Estero y formaban parte de 
las piezas que me entregó el Sr. Niederlein para determinar en 
el local de la Sociedad Rural Argentina, antes de ser remitidas 
á París con motivo de la Exposición Universal de 1889. No sé 
donde están ahora; pero el ejemplar típico lleva, dentro de la boca, 
su nombre escrito á lápiz, en un papel, como casi todos los peces 
de esa colección. 



184 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Orden IV. Fisóstoiuos. 

Familia Characinidae (F. 2, Gthr. V, 278.) 
g. CURIMATUS, Cuv. 

Curimatus sp. Cuvier, Régne Animal. 

Anodtts, Spix, Pise. Bras., p.60; — Müll. y Trosch., Hor. Ichth. III, p.6. 

Curimatus, Günther, A., Catal. Fishes, V. 288, n. 6. 

Las especies Argentinas de este género pertenecen todas al sub- 
género Curimatus, con menos de 70 escamas de tamaño moderado 
en la linea lateral. 

4. Curimatus nitens, Holmb., n. sp. 

D.ll. A. 9. P.13. V.9. L.lat. 38-41. L.tr.ll ó 5 6. 

(L.lat. en la 6 a ). 

Long. total 80 mm. 

Long. (sin caudal) 63 » 

Altura 21 » 

Ancho 8 » 

Long. de la cabeza 16 •• » 

Diámetro ocular 5 » 

Hocico 4 » 

La altura del cuerpo está contenida tres veces en el largo (sin 
caudal) y la longitud de la cabeza casi cuatro en el mismo. La con- 
cavidad occipital es casi imperceptible, la nuca sube oblicuamente 
conlijera curva hasta el origen déla dorsal, forma aquí una curva 
mas violenta y desciende la línea de perfil hasta mas allá de la adi- 
posa. El hocico es mas corto que el ojo, el cual tiene ■' 7 del espacio 
interorbitario. Existe el pequeño párpado adiposo. El origen déla 
dorsal se encuentra situado mucho mas cerca del hocico que del 
origen de la anal y coi responde á la décima escama de la linea la- 
teral; su alturaes apenas menor que el largo de la cabeza y es mas 
alta que larga. El extremo posterior de la base de la adiposa está 
mas cerca del de la dorsal, que éste del hocico. La pectoral no 
llega á la base de la ventral, ni ésta á la de la anaí. Vientre depri- 
mido con carenas poco sensibles y tres lilas longitudinales dees- 
camas; detrás de la ventral existe una carena obtusa. VA extremo 
déla anal no alcanza la base de la caudal, cuyos lóbulos son A<A 
largo de la cabeza, teniendo cada uno en la liase pocas escamas ob- 
tegentes y no mas pequeñas que las otras. 

Color blanco plateado, un poco azulado, algo mas oscuro arriba. 



SOBRE ALGUNOS PECES NUEVOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 185 

y todo él con irroracion de puntos negros muy pequeños; á lo lar- 
go de la línea lateral una banda negra, fina en el borde branquial, 
un poco mas ancha gradualmente en la cola, y que se extiende á 
lo largo del medio de la aleta caudal hasta su fin ; en el medio de 
la base de la dorsal nace una nubécula oscura, fasciiforme, que sube 
oblicuando casi hasta el medio del primer radio. 

Patria : República Argentina, Rio Paraguay. — Fué descubierto 
por Solari, al pié de Formosa, en Marzo y Abril de 1885. 

5. Curiniatus cons¡;er§us, Holmb., n. sp. 

D.ll. A.10. P.16. V.10. L.lat.43-45. L.tr.7/7. 

a . Long . total 103 mm . 

Long . (sin caudaL) 80 » 

Altura 27 » 

Ancho 10 » 

Long . de la cabeza 20 » 

Diámetro ocular 7 » 

Hocico 5 » 

Diámetro interorbitario 10 » 

La altura del cuerpo está contenida tres veces en el largo (sin 
caudal), y la longitud de la cabeza cuatro veces en el mismo. El 
perfil superior es apenas cóncavo sobre la cabeza. El hocico es mas 
corto que el ojo, de cuyo diámetro ocupa casi f, mientras que el es- 
pacio interorbitario contiene próximamente una vez y media al 
diámetro del ojo; no existe el párpado adiposo. El origen déla 
dorsal se encuentra mucho mas cerca del extremo de la cabeza que 
del origen de la caudal y corresponde á la décima escama de la li- 
nea lateral ; su altura es igual al largo de la cabeza, y es mas alta 
que larga. El extremo posterior de la adiposa dista del origen de 
la dorsal tanto como éste del hocico. La pectoral no llega á la base 
déla ventral , teniendo un largo igual á f del de la cabeza, y la 
ventral no llega á la anal ni á la curva. La anal tiene sus primeros 
radios muy largos y ultrapasan la base de la caudal; los otros son 
gradualmente mas cortos. Los lóbulos de la caudal son mas largos 
que la cabeza y ambos tienen en la base un grupo de escamas que 
avanzan en curva elíptica y, en su mayor parte, menores que las 
del cuerpo. Por debajo,, el animal es deprimido, ó aplanado, hasta 
la ventral, y tiene 4 filas longitudinales de escamas, correspon- 
diendo las carenas laterales al centro de cada fila externa ; detrás 



186 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de las ventrales es redondeado, con una carena obtusa en medio. 
Color blanco plateado, con dos manchas pequeñas, negras, una 
en la base de la anal y otra en la de la caudal. Estas manchas se 
resuelven en puntitos negros que, esparcidos también, se encuen- 
tran en todo el cuerpo del animal y en sus apéndices, cubriendo 
dispersos el borde de cada escama ; en las que quedan en la linea 
lateral están mas próximos y esto hace que el cuerpo parezca mas 
oscuro allí. 

Patria : República Argentina, Rio Paraguay, al pié de Formo- 
sa. Lo obtuvo Solari en Marzo de 1885. 



g. PROCHILODUS, Agass. 

Prochilodus, Agass., in Spix, Pise. Bras., p. 62. 

Pacu Spix, ibid. 

Prochilodus, Günther, A., Catal. Fishes, V., p. 294. n. 7. 

Las especies de este género tienen, á lo menos en el litoral de 
la República Argentina, el nombre vulgar de Sábalo. 

6. Prochilodus platensis, Holmh. 

Pr. platensis, Holmr., Nombres vulgares de peces argentinos, con sus equiva- 
lencias científicas, eu La Educación, 1888, Julio. 

Nombre vulgar: Sábalo (el más común en Buenos Ayres). 
D.ll. A.ll. V.9. L.lat.46-47. L.tr.9/9. 

Long. total 52 ctm. 

Long. (sin caudal) 45,5 » 

Altura 14 » 

Ancho 6,5 » 

Long. de la cabeza 10,5 » 

Diámetro orbitario 2,33 » 

La altura del cuerpo está contenida 3\ veces en el largo (sin 
caudal) y la longitud de la cabeza casi cuatro veces. El origen de 
la dorsal se halla mas cerca del origen de la adiposa (pie del ex- 
tremo del hocico, pues la distancia á éste coincide con el medio de 
la adiposa; el mismo origen de la dorsal coincide con la base de 
la 12 a escama de la línea lateral, y el de la ventral con la de la 14"; 
la pectoral termina mucho antes del origen de la ventral. El vien- 
tre es redondeado ó ligeramente deprimido por delante de las ven- 



SOBRE ALGUNOS PECES NUEVOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 187 

trales, y carenado entre ellas y la anal ; el medio de ésta corres- 
ponde al origen de la adiposa. El hocico contiene una vez y dos 
tercios el diámetro de la órbita, el que, transportado sucesivamente 
se repite tres y media veces en el espacio interorbitario ; el borde 
posterior (huesoso) de la órbita dista del extremo de la cabeza lo 
mismo que del hocico. Los lóbulos de la caudal son casi tan largos 
como la cabeza. Blanco plateado, apenas pardusco en el lomo, so- 
bre la linea lateral ; mirado de cierto modo, presenta como líneas 
mas claras, un tanto azuladas nacaradas que corren á lo largo del 
medio de las filas de escamas; las aletas pectorales, ventrales y 
anal son un poco amarillentas; las ventrales y la anal tienen el ex- 
tremo rojo anaranjado ; la dorsal es de un gris muy pálido, con 
manchitas negruzcas de puntitos en los bordes anterior y posterior 
de los radios, pero la membrana es casi hialina, y los radios mis- 
mos, en esos puntos, parecen teñidos por dentro ; la caudal es gris 
muy pálida, apenas amarillenta en la parte mas gruesa de sus ra- 
dios ; la adiposa es pardiclara. El color de la cabeza es como el del 
cuerpo; el ojo es auricálceo y asi también la mayor parte de los 
lados de la cara. Las escamas, irregularmente semi-ovaladas, con 
la base oblicuamente truncada y dos lóbulos salientes, la margen 
áspera y el extremo borde con dentículos muy finos. 

Patria : Rio de La Plata, Buenos Ayres. Un ejemplar (compra- 
do) abierto á lo largo del vientre. Esta especie es el Sábalo más 
común de Buenos Ayres. Péscanlo con red y es considerado «co- 
mida vulgar», pues siendo el mas abundante es el mas barato. Lo 
comen bien, sin embargo, los que tal dicen. 

g. LEPORINUS, Spix. 

Leporinas, Spix, Pise. Bras.,p. 65. 

» Gtiir, A., Catal. Fishes, V, p. 306, n. 15. 

7. Leporlnus Solarii, Holmb. 

Lep. Solarii, Holmb., Viaje á Misiones, Boletín de la Acad. Nac. de ciencias de 
la Rep. Arg., T. X, p. 222. 

D.12. A. 14. V.9. L.lat.40. L.tr.7/7.(l.lat.8 a ). 

a . Long . (sin caudal) 7 ctm . 

Cuerpo bastante alto y comprimido, de modo que la altura está 
contenida 2 1 veces en la longitud (sin caudal) y el largo de la ca- 



IbO REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

beza 4 ¡ casi 4 \ veces en la misma, y 1 5 en la altura. Su contorno 
superior es un tanto giboso, pero ampliamente al comenzar la nu- 
ca. Cabeza corta, bastante deprimida y algo aguda. 

El cuerpo es negruzco, casi negro, con bandas blancas plateadas 
que corren desde el lomo hasta el vientre y que imitan la palabra 
JYKI i colocando hacia la izquierda la cabeza del animal. Aletas 
anaranjadas en parte y en parte negras. Las ventrales son negras, 
menos una banda transversa, media, anaranjada ; la adiposa, en 
el ápice y arriba, la anal en el ángulo posterior, y la dorsal en la 
base, negras. 

Este Leporino tiene un contorno muy diverso del de las otras 
especies que conozco, porque es muy alto y comprimido, en una 
proporción que no es la de aquellas ; pero coincide perfectamente 
en todos sus caracteres esenciales con el género á que lo he refe- 
rido y no sé en que podría fundarse una separación de su seno. 

Patria: República Argentina,, Misiones, Rio Alto Paraná. Ob- 
tuvo Solari el 29 de Febrero de 1886 un solo ejemplar que con- 
servé vivo un par de dias. Era muy tranquilo y siempre estaba en 
una posición oblicua, con la cabeza Inicia arriba. 

Nota. — En el grupo de los Anostomatinos es frecuente obser- 
var una disposición de las manchas del cuerpo análoga á la que 
resulta de la presencia de las banda s plateadas á que he aludido, 
muy visible aveces en los ejemplares pequeños y jóvenes, y re- 
presentaría quizá algo semejante á lo que ocurre en alguna- aves 
jóvenes, estriadas, cuyas estrias pierden al llegar á adultas, como 
sucede, por ejemplo, con Embernag r u, Zonotrichia, etc. 

g. TETRAGONOPTERUS, Cuv. 

Tetragonopterus, Cuv., Mém. Mus., IV., p. 455. 
Tetragonopterus, Güntiieh, a., Catal. Fishes, V, p. 317. 

Seco. A. a. Gthr. 

8. Tetragonopterus corren ti ñus, Holmb., /' sp. 

D.ll. A. 45. V.8. L.lat.42. L.tr. s 7-8. 

Long. (sin caudal) 90 mm. 

Mima 36 » 

Ancho 11 » 



SOBRE ALGUNOS PECES NUEVOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 189 

Long. de la cabeza 24 mm. 

Diámetro ocular 6,5 » 

Hocico 5 » 

Distancia interorbitaria 11 » 

Lanceolado : el perfil superior se deprime en línea cóncava sobre 
el ojo y luego sube en curva hasta la aleta dorsal, decliva luego 
en la base de ésta y entonces corre hacia la caudal con una lijera 
convexidad ; el perfil inferior es una curva continua que termina 
en el ápice de la anal. El ápice de los radios ventrales queda 
debajo del nacimiento de la dorsal. La altura es mayor que el ter- 
cio del largo (sin caudal). Plateado, en lo superior un poco oscu- 
ro por irroracion parda muy fina. Aletas claras, la dorsal un poco 
oscura ; pectoral pardusca en su mitad superior ; una mancha par- 
da en la base de la caudal. 

Patria: República Argentina, Corrientes. Rio Paraná. Descu- 
bierto por Solari en IV, 1885. 

9. Tetragonopterus erylhropterus, Holmb., n. sp. 

D.ll. A. 45. V.8. L.lat.55. L.tr.12 11. 

a. Long. (sin caudal) 29 mm . 

Altura 11 » 

Long . de la cabeza 8 » 

La altura del cuerpo se halla contenida ¿^63 veces en el largo 
(sin caudal) y la longitud de la cabeza 3.6 en el mismo. El perfil 
superior de la cabeza es cóncavo sobre la tangente posterior del 
ojo, luego sube en curva hasta la dorsal y desciende oblicuamente 
y casi recto hasta la caudal. 

El perfil inferior es una curva suave hasta el origen de la anal, 
y luego sube oblicuamente en toda la porción ocupada por la mis- 
ma. El largo del hocico es como dos tercios del diámetro del ojo, 
que es ~ ó l mayor que el espacio interorbitario. 

Blanco plateado, por arriba un poco amarillento y algo verdoso, 
salpicado de fina y diminuta irroracion negra que sigue las obli- 
cuidades délas lineas intermusculares; tales puntos se hallan 
mas esparcidos en los radios. Ojo auricálceo; aletas pares claras, 
impares de un rojo vivísimo, casi vermellon (fresco). 

Patria: República Argentina, Rio de la Plata : Paraná 11,84, 
(Holmb.) Bunos Ayres, II-IV, 85-88 (Solari). 



1V)0 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

n. g. CHALCINOPELECUS, Holmb. 

(Entre Chalcinus y Gastropelecus). 

Aleta dorsal corta, situada detrás del medio de la longi- 
tud del cuerpo, comenzando á la misma altura que la anal 
larga; pectoral larga (alta); ventrales pequeñas. Cuerpo 
comprimido, pero no tanto como Gastropelecus y casi como 
Clialcinus, y la región torácica curva como en éste. Esca- 
mas de tamaño moderado. Línea lateral normal curva, pero 
moderadamente como en Piabuca. Borde inferior compri- 
mido, empezando el filo en la vertical que baja del ojo. Hen- 
didura de la boca, pequeña, oblicua hacia abajo ; el extre- 
mo del maxilar n<> pasa de la tangente anterior del ojo ; in- 
termaxilar con dos filas de dientes comprimidos, cortos, 
mas ó menos tricuspidados, siendo mayor el lóbulo medio ; 
fila anterior escasa; maxilar sin dientes; paladar también 
sin ellos; mandíbula inferior con dientes anteriores cóni- 
cos, mas largos que los del intermaxilar, un poco comprimi- 
dos <k atrás á adelante y armados casi todos de dos dentí- 
culos laterales ; á los lados tiene dientes semejantes, pero 
muy pequeños, y lodos en una sola lila, no existiendo dos 
dientes posteriores. Aberturas nasales ¡untas, en una ca- 
vidad común bastante grande. Aberturas branquiales an- 
chas, y sus membranas no insertas en el istmo. 

Patria: República Argentina : Rio de la Plata (con su 
afluente el Rio Paraguay), desde Latitud Sur 26° basta 
34 ' 2 . 

10. Chalcinopelecus Argentinus, Holmb., /<. Bp. 

D.ll. P.ll. A.42. V.6. L.lat.41-42. L.tr.l4(6/8). 

La altura del cuerpo es al largo (sin caudal) como 1 : .'! ' „ y el 
largo <!<■ la cabeza es al mismo como 1:1' ; la mayor ancora es 
como V, de la altura; la longitud de la cabeza contiene 3 3 ¡ veces al 
diámetro de] ojo y éste dista del extremo de] hocico coni" ; ., de 
su diámetro que es igual al espacio interorbitario. El perfil supe- 



SOBRE ALGUNOS PECES NUEVOS DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 191 

rior es casi horizontal con una ligera curva, ascendente que em- 
pieza en el occipucio y termina en la adiposa pequeña; la flecha de 
este arco es como el diámetro del ojo. El perfil inferior es casi 
una curva continua, siendo casi horizontal desde un poco atrás de 
la inserción de las pectorales hasta el origen de la anal. La dor- 
sal es muy corta pero muy alta, de tal modo que casi todos sus 
radios ultrapasan la adiposa y los primeros llegan casi á la mitad 
de la caudal . El origen de la dorsal dista del medio del lomo casi 
tanto (muy poco más) como su propia base. La caudal es muy es- 
cotada y su lóbulo inferior apenas mas largo que el superior. La 
pectoral muy larga vá mas allá del nacimiento de la anal, que la 
ventral no alcanza. La anal empieza en la misma vertical que la 
dorsal, es larga y termina próximamente á la misma altura que la 
adiposa ; su base está vestida de escamas que faltan en el tercio 
posterior ; tiene un contorno irregular, sus primeros radios (2 o á 
4 o ó 5 o ) alcanzan la base de la caudal; los otros, hasta la mitad, 
son menores, y los restantes, mas cortos aún. Los ejemplares que 
he visto tienen de largo alrededor de 10 centímetros. 

Plateado, con irroracion negruzca muy esparcida en general, 
pero mas aproximada en el extremo del hocico y en el lomo ; una 
banda plomiza plateada, á lo largo de la cola, arriba de la línea 
lateral, y que ocupa los dos tercios posteriores. En el ápice de las 
pectorales y en cada ángulo extremo de la caudal, una manchita 
negra. La dorsal es algo sucia y su porción mas larga, así como 
la anal, en el extremo, negruzca por irroracion. Ojo auricálceo. 

Es un animalito bastante singular con casi todos los caracteres 
sistemáticos de Gastropelecus, y por algo la fisonomía de un Chal- 
cinus; mas se diferencia bien de ambos. 

Patria: Indicada al tratar del género. El ejemplar típico fué 
descubierto por Solari en el Rio Paraguay, al pié de Formosa 
(Chaco) en IV, 1885. Mas tarde halló otros al pié de Buenos 

A y res. 

g. PIABUCA, Cuv. 

Piabuca sp., Cuv., Régne Auim. 

» Müller y Tro.<ch., Hor. Ichth. I, p. 'J. , 

■> Güntiier, A., Catal. Fishes, V, p. 343, n. 30. 

Patria: Brasil; Surinam (Günth.) 
Rep. Argentina, Rio Paraguay (Holmb.) 



192 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

11. Piabuca melanostonia, Holmb., n. sp. 

D.ll. A.44-46. Y.9(conrud.) L.lat. 00-92. L.tr.20-21(1.1.14 a ). 

El largo del cuerpo (sin caudal) contiene al alto 4 1 / 3 veces y 6 
al largo de la cabeza ; ésta un poco deprimida en el occipucio. La 
anal empieza frente al medio de la base de la dorsal, situada hacia 
atrás de la mitad del largo ; el extremo de las ventrales no alcanza 
al origen de la anal. Diez y seis dientes arriba y diez y seis 
abajo. 

Blanquecino, un poco iridescente, y apenas pardusco arriba ; 
ima banda plateada azulada á lo largo del cuerpo y sobre la linea 
lateral en la mayor parte de su trayecto ; piezas operculares naca- 
radas ; ojo auricálceo ; labio inferior negro con una corta amplia- 
ción del mismo color hacia abajo y otra á cada lado, que sube 
hasta el borde de la cavidad nasal redonda y grande ; una banda 
longitudinal negra en el medio de la caudal. 

Patria: República Argentina, Cuenca del Plata, Rio Para- 
guay. Formosa (Chaco) III-IV, 1885 (Solari); Paraguay, Asun- 
ción, IV, 85 (Solari). 

g. XIPHOSTOMA, Spix. 

Xiphostoma, Spix, Pise. Brasil., p. 78. 

» Günther, A.-, Catal. Fishes, p. 356, n. 39. 

12. Xiphostoma lucius, (Cuv.) Val. 

Hydrocyon lucius, Cuv. Mém. Mus., V, p. 359, pl. 26, f. 3. 
Xiphostoma lucius. Val. ¡a Cuv. et Val. XXII, p. 350 

» » Günther, Catal. Fishes, V, p. 357. a. 1. 

Patria (desconocida hasta ahora): República Argentina, Rio 
l'ilcomayo, Rio Paraguay. 

I tallada por el entonces (1884-85) Mayor Feilberg (hoy ( ¡oronel) 
de la Armada Argentina, durante su expedición por el Pilcomayo, 
y en Abril de 1885 en el Rio Paraguay por Solari, estaespecie 
forma parte ahora de la Fauna Argentina. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 193 

g. MYLETES, Cuv. 

Myletes, sp. Cuv., Mérn. Mus., IV, p. 444. 

Myletes y Myleus, Müll. y Trosch., Hor. Icbth., I, pp. 22. 24. 

Myletes, Tornetes y Myleus, Cuv. y Val. 

Myletes, Günther, A., Catal. Fishes, V. p. 372, n. 46. 

s. g. Myleus, Müll. y Trosch. 

13. Myletes (Myleus) mesopotaniicus, Holmb. 

M. m, .<o/>otamicus, Holmb.; Viaje á Misiones, 1. c, p. 387. 

n. v. Pacú. 

B.5. P.8. D.16. A.24. V.8. L.lat.185. 

a. Long. (con caudal) 53 ctm. (H.) 

b . Long 73 » (F. Lynch A.) 

La altura del cuerpo es algo menor que la mitad del largo (sin 
caudal) como 23:49, y el largo de la cabeza entra 4 V> veces en la 
longitud total (con caudal). Intermaxilar con 10 dientes en la fila 
anterior y 4 en la posterior ; mandíbula con 12 dientes anteriores, 
el último muy pequeño,, y 2 posteriores. El opérculo es tres veces 
mas alto que ancho, con escultura radiante. 

Pardo plomizo, por debajo blanquecino y de este último color 
las ventrales y la base de la pectoral. 

Patria: República Argentina: Rio de la Plata, Rio Paraná 
(Baradero), Rio Uruguay. 

Buenos Ayres, Mayo 25, 1891. 



Revista critica y bibliográfica 

IjB. formación carbonífera de la República Argentina, por el Dr. 

Carlos Berg (en los Anales de la Sociedad Científica Argentina, tomo XXXI, 
página 209 y siguientes, 1891, y tiraje aparte). 

Empieza el Dr. Berg su articulo quejándose de que la prensa 
diaria no haya hecho la minima mención de la importantísima 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 13 



194 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

noticia del descubrimiento de la formación carbonífera en la Re- 
pública Argentina, pero reconociendo que es por su propia culpa, 
habiendo enterrado esta novedad en un retrospecto de 28 páginas 
del tamaño de las de La Prensa. 

Para enmendar este error y dar la divulgación que corresponde 
al descubrimiento mencionado, el Dr. Berg, repite su comunica- 
ción en los Anales de la Sociedad Científica Argentina, agre- 
gándole nuevos detalles. 

He aquí en pocas palabras el contenido de su artículo. 

El Reverendo Padre señor D. Fernando Meister, Director del 
Seminario Conciliar de San Juan, envió al Dr. Berg una colec- 
ción de plantas fósiles, formada en las minas de carbón de Reta- 
mito, provincia de San Juan, cerca de la estación del mismo nom- 
bre. No disponiendo ni de los libros ni de los materiales de com- 
paración necesarios para la determinación de los fósiles, el Dr. 
Berg á su vez los remitió al Dr. Ladislao Szajnocha, Director 
del gabinete geológico de la Universidad de Cracovia, ya conocido 
por sus trabajos sobre las plantas fósiles de Cacheuta, provincia 
de Mendoza (1). El Dr. Szajnocha comunicó al Dr. Berg sobre 
esos fósiles, que le fué posible reconocer entre las plantas de Re- 
lamí to, las especies y géneros siguientes: ArcJiaeocalamites ra- 
diatus (Brgt.) Stur, Cordaites bananifolius Brgt., Lepido- 
dendron sp, Rhacopteris sp? y un tallo de un Helécho ó de una 
Cycadea. 

Las tres primeras de estas plantas pertenecen indudablemente 
á la formación carbonífera, y muy probablemente á su división 
inferior. « Los fósiles de V. (dice el Dr. Szajnocha) son ahora, 
por lo que yo sepa, las primeras plantas indudablemente hulleras 
de la República Argentina ». 

En vista de i<> espuesto, véome obligado á dar sobre este asunto 
algunos otros datos, que prueban que, con anterioridad á la co- 
municación manuscrita del Dr. Szajnocha y á las publicaciones 
del Dr. Behg, ya se había desciil>i<-rlo cu la República la existen- 
cia de La verdadera formación carbonífera. 

En 1888 el Dr. Luis Brackebi sch visitaba las minas de carbón 
del )i" del Pedernal, cerca de Retamito, punto situado en los al- 



(I) Szajnocha, Dr. L., Ueber die oon Dr. Zuber in Süd- Argentina und Patar- 
gonien gesammelten Fossilien. — Id. Ueber fossile Pflanzenreste aus Cacheuta in 
der Argentiniac/icn Republik. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 195 

rededores de San Juan, después que se habían hecho trabajos mi- 
neros para buscar carbón de piedra en aquel lugar. Dice el Dr. 
Brackebusch en la nota que acompañaba su colección de plantas 
fósiles: « Se había cavado unos seis metros en una especie de so- 
cabon y se había encontrado un carbón de piedra bastante ferroso. 
Las formaciones que constituyen el terreno se componen de are- 
niscas de color gris y pizarras, descansando indirectamente sobre 
la cal silúrica que forma la sierra del Pedernal. Datos más deta- 
llados de este hallazgo interesantísimo, que por primera vez nos 
documenta la existencia del terreno carbonífero productivo en la 
República Argentina, daré en mi obra sobre la geología de la Re- 
pública Argentina, próxima á aparecer ». 

Véome pues en la necesidad de atribuir al Dr. Brackebusch la 
prioridad en el descubrimiento del carbón de piedra en la Repú- 
blica Argentina. 

Por mi parte, agregaré ahora que entre los fósiles de Retamito 
he podido determinar : Archueocalanutes iwdiatus (Brgt .) Stur, 
Lepidodendron sp. (del grupo del L. Volkmannianum Stbg.), 
y un lindo helécho de un tipo muy particular, representando una 
nueva sección de Cardiopteris ó un género especial (Cardiopteris, 
sect. Botrychiopsis, Weissiana mihi). Estas plantas se publica- 
rán en breve (con láminas) en el Boletín de la Academia Nacio- 
nal de Ciencias exactas en Córdoba , conjuntamente con dos co- 
lecciones de plantas llamadas réticas, una de Cacheuta (provincia 
de Mendoza), y la otra del Bajo de Yellis (provincia de San Luis). 
De los fósiles de San Luis es el más interesante un helécho com- 
pletamente idéntico con una especie descrita y dibujada por Otto- 
car Feistmantel (1) de las capas llamadas de Gondwana (divi- 
sión inferior) en la península occidental de las Indias orientales, 
Neuropteridium va/idum (O. Feistm.) mihi. El género Neurop- 
teridium, como lo ha definido Schimper en Schimper und Zittel 
Handbuch der Paleontologie (Band n. p. 117; contiene entonces 
formas de las areniscas triásicas (BunUandstein, gres bigarré) y 
de la formación rética: formas derivadas de Neuropteris, viejo 
género de la hulla. 

El hallazgo de esta planta, muy característica, constituye una 
nueva prueba de la vasta estension de la flora fósil llamada rética, 



(1) O. Feistmantkl en Paleontología índica Ser. xn, Part. i, pág. 10-11, tab. 
/i-vi, a. 1879. 



196 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

que se conoce ahora de Suecia, Alemania, Cabo de Buena Espe- 
ranza, Indias Orientales, Nueva Holanda, Tasmania y Sud-Amé- 
rica. 

Córdoba, 21 de Abril de 1891. 

Dr. Federico Kurtz. 



Sobre la edad de algunas partes de los Andes por el Dr. C. Ochse- 
nius (en Zeitschrift cler cleutschen geologisclien Gesellschaft, 1890, páginas 121- 
150). 



El autor continúa su argumentación sobre la elevación en par- 
te relativamente moderna de los Andes (véase misma revista, años 
1886-87). 

Menciona las plantas fósiles encontradas en una arenisca del 
cerro de Potosí en una altura de 4100 á 4200 metros, descritas por 
H. Engelhardt, cuyas especies, Myrica banksioides Engelh., 
Cassia licjustrinoifl.es Engelh., C. chrysocarpioidesl£¡NGEiJi., C. 
cristoides Engelh., Swetia terciaria Engelh. y Phy Hites Fran- 
kei Engelh., hoy crecen en la América tropical (1). 

De esto se deduce que esas plantas no se han criado en tan con- 
siderable altura, y que el terreno en que se encuentran se ha ele- 
vado después de su deposición. También las plantas terciarias de 
Coronel en Chile, son de un carácter general muy semejante á Las 
de la América tropical é indican un clima cálido, que se ponía 
más templado por la elevación de Los Andes. Las plantas tercia- 
rias de Coronel como las de Potosí han emigrado hacia el este y 
el norte (Brasil, Perú) á causa de una elevación paulatina de los 
Andes. 

Los bancos de sal de roca del norte de < hile, de Bolivia y Perú, 
serían restos de la evaporación de partes separadas de mares. Las 
aguas madres de salinaje separándose después del levantamiento 
de los Andes de los bancos de sal y corriendo en niveles más ba- 
jos habrían suministrado el materia] para la formación de las sa- 
linas de las pampas argentinas y de Los salitrales de Las provin- 
cias chilenas de Atacama y Tarapacá. El salitre (nitrato de sodio) 



(1) Según '-1 profesor N. L. Brittom de Nueva York, las plantas mencionadas 
serian terciarías neogenas. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 197 

procedería de las aguas madres de salinaje, y no por descomposi- 
ción del feldespato en carbonatos alcalinos y transformación de los 
carbonatos en nitratos por medio del ácido nítrico de la atmósfera 
(Pissis). 

Esta esplicacion, que el autor ya ha espuesto detalladamente en 
varios otros trabajos, tiene sin duda gran fundamento ; sin em- 
bargo, no me parece ser esta cuestión resuelta, pues es hasta ahora 
imposible apreciar el valor de los diferentes factores que han actua- 
do en estos procedimientos. 

Ciertos pórfidos de Chile (Plagemann) son formaciones sub-ma- 
rinas que conjuntamente con capas sedimentarias han esperimen- 
tado dislocaciones, etc., producidas por el levantamiento de los An- 
des. A causa de ese mismo levantamiento se formaron hendidu- 
ras, que llenándose con las aguas madres de salinaje proporcio- 
naron el material salino para las termas y fuentes minerales en 
las pendientes de las cordilleras altas (para todas las fuentes ter- 
males? B.) 

En el litoral menos afectado por el levantamiento, llegaron po- 
cas cantidades de las mencionadas disoluciones, y solo pudieron 
penetrar á corta profundidad. Asi se esplica cómo algunos cria- 
deros metalíferos contienen por arriba cloruros, ioduros y bromu- 
ros de plata, de mercurio, de cobre, etc., como también de bo- 
ratos. 

También Karsten, que vivió muchos años en Venezuela ocu- 
pado en investigaciones geológicas, cree que las montañas de Ve- 
nezuela, Nueva Granada y Bolivia son de edad relativamente mo- 
derna, mucho más nuevas que la montaña de Guayana, el centro 
del levantamiento. 

Según Hettner la cordillera central de Colombia es una mon- 
taña de pliegues de edad post-cretácea. Sobre las masas plegadas, 
compuestas de formaciones viejas hasta la formación cretácea hay 
sedimentos terciarios y cuaternarios en posición horizontal, lo que 
prueba que el procedimiento de la formación de pliegues ya no 
continúa, ó á lo menos es muy insignificante. 

En seguida cita el autor muchos ejemplos de levantamientos en 
Norte-América y en Europa. En todas partes del mundo se en- 
cuentran huellas de levantamientos, y sin duda las fuerzas que en 
épocas pasadas han levantado montañas, reinan todavía hoy, si 
bien en menor grado. Que estos levantamientos hayan sido cau- 
sados por plegadura producida por enfriamiento y consiguiente 



198 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

contracción de la corteza sólida ó por ascensión de masas volcá- 
nicas, es indiferente á la cuestión en debate. 

En efecto, podemos constatar que tales levantamientos existen 
también en nuestra República Argentina. F. Ameghino ya demos- 
tró en el año 1881 (Formación pampeana, p. 2b2) y luego en el 
año 1889 (Los mamíferos fósiles de la República Argentina, p. 
34) que las sierras del Tandil y de la Ventana se han elevado mu- 
chos metros sobre el nivel de la llanura después de la formación 
pampeana. A la misma conclusión he llegado tocante á la sierra 
de Córdoba, é investigaciones estendidas á otras regiones quizás 
demostrarán en adelante que el levantamiento del suelo en época 
relativamente moderna es un fenómeno general en nuestro terri- 
torio. Puede ser que el gran problema respecto del origen déla 
formación pampeana con sus numerosos accidentes, se resuelva 
completamente, tomando en consideración tales levantamientos. 
Pero indudablemente conjuntamente con los levantamientos han 
tenido lugar hundimientos que en parte se han estendido sobre 
grandes superficies. 

La sucesión de depósitos marinos, lacustres Ó fluvio-terrestres, 
dice el autor, se esplica de una manera muy sencilla por la forma- 
ción de barras, sin necesidad de recurrir á las oscilaciones del sue- 
lo (sumersiones y emersiones). Ejemplo : si una bahía en la que 
desagüe un rio se separa del mar por una barra, pueden formarse 
dentro de ella sedimentos fluviales, medio salados y marinos que 
en seguida, cuando se efectúa un cambio en la altura de la barra 
(por grandes mareas, etc.), pueden alternar entre sí. De este modo 
se esplica, cómo los criaderos carboníferos alternan con sedimen- 
tos marinos, un hecho observado casi en todos los terrenos carbo- 
níferos. 

Al Un, para apoyar más su opinión, el autor rechaza con serios 
argumentos la teoría de una posible diferencia en el nivel del 
océano. 

Dada la transcendental importancia de esta teoría, me será per- 
mitido (Mitrar en algunos detalles al respecto. 

!),• observaciones hechas con el péndulo se ha deducido que el 
nivel del mar se eleva en las costas por la atracción de los conti- 
nenns. bajando ;il contrario en el medio «Id océano (como el agua 
en un vaso). \)>> esto se lia deducido que, dada la desigual distri- 
bución de las masas de los continentes, bien podría existir un des- 
nivel entre dos puntos algo distantes de una misma costa; por 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 199 

ejemplo, según esta teoría la elevación del nivel del océano en 
la costa occidental de Sud-América alcanzaría según Fischer 
0.1100 m . 

Pero las observaciones con el péndulo son en parte muy contra- 
dictorias y aún cuando ellas parecen apoyar la teoría, existen pro- 
bablemente otras causas hasta ahora desconocidas que producen 
las grandes anomalías de las oscilaciones del péndulo. 

Así, un informe sobre la conferencia internacional de Geodesia 
en Paris (1889) demuestra, contrariamente á lo que antes se supo- 
nía, que no existe desnivel alguno entre el Atlántico y el mar 
Mediterráneo. 

Según el autor, las observaciones hechas con el péndulo tam- 
poco concuerdan con las mediciones barométricas. Estas últimas 
al contrario niegan la existencia de irregularidades en la superfi- 
cie del océano. Además, las determinaciones de la altitud en me- 
dio del océano, no indican de ninguna manera, diferencias de 
nivel. 

Tampoco existe una oscilación en el nivel del mar. El mar Bál- 
tico, por ejemplo, no se retira como generalmente se asegura; lo 
que hay, es que la costa de Suecia está en via de levantamiento 
(lineas de antiguas playas), pero sin que se altere en nada la costa 
austral, en la que el Báltico queda estable. 

Dr. Guillermo Bodenbender. 



Exploración arqueológica de la provincia de Catamarca. Prime- 
ros datos sobre su importancia y resultados, por F. P. Moreno (Revista del Mu- 
seo La Plata, t. I, p. 199 y siguientes). 

Es este un folleto de 36 páginas con varios grabados intercala- 
dos y una hermosa lámina litografiada. 

Constatamos y reconocemos con gran placer que esta publica- 
ción revela un considerable progreso sobre las precedentes del 
mismo autor, puesto que en ella ya no diserta sobre la distribución 
y colocación de las colecciones del Museo, ni tampoco acompaña 
láminas con vistas del establecimiento, etc. Antes de analizar su 
contenido, debemos sin embargo poner de relieve lo incorrecto del 
titulo y de la fecha. 

El folleto está dividido en dos partes, una arqueológica, la otra 
de paleontología pura. Lo natural es que hubiera puesto sobre la 



200 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

carátula Esploracion arqueológica y paleontológica de la pro- 
vincia de Catamarca. Nadie al leer el titulo que lleva se va á 
imaginar que contiene descripciones de fósiles. 

La fecha de la publicación es imposible de descifrar por la sim- 
ple inspección del folleto, puesto que lleva varias distintas. Bien 
conocida es la importancia que en paleontología tiene la fecha 
exacta de la publicación, puesto que es el único medio de verificar 
la antigüedad respectiva de los distintos nombres y eliminar los 
que tienen doble empleo ó son simples sinónimos, para no cargar 
la nomenclatura con nombres innecesarios que constituyen otras 
tantas trabas que se oponen al adelanto de la ciencia. La escru- 
pulosidad se lleva hasta el punto de indicar en la carátula el dia 
del mes en que aparece la publicación . ' 

No ha sido tan escrupuloso el Dr. Moreno. Debajo del titulo se 
lee, « Estracto del informe anual correspondiente á 1890 ». Al pió 
de la carátula se encuentra impresa la fecha « 1890-91 » que abar- 
ca un bienio para una publicación que puede imprimirse con fa- 
cilidad en cuatro dias. En el final del folleto, al pié de la última 
página se lee: «Museo de La Plata, Enero de 1891». Resultado 
final que es imposible saber la fecha. Pero nosotros que llevamos 
una cuenta corriente exacta, la vamos á precisar. El folleto se ha 
distribuido en los primeros dias del mes de Abril ; los ejemplares 
destinados al extranjero han salido del correo de La Plata el sá- 
bado 4 de Abril. Conste entonces, para aquellos que tengan que 
dedicarse al engorroso trabajo de sinonimia, que la fecha de pu- 
blicación del mencionado folleto es Abril de 1891. 

La primera parte de este folleto con el mismo titulo impreso en 
la carátula contiene un resumen de los resultados obtenidos por el 
señor Methfessel en una esploracion á la provincia de Cata- 
marca, efectuada por cuenta del Museo de La Plata. Los objetos 
obtenidos durante la esploracion. cuyo campo de acción ha sido 
el valle de Andalgalá, consisten en numerosos cráneos huma- 
nos, urnas, vasijas de barro, instrumentos de cobre, piedra, hue- 
so, etc., y si las excavaciones se han efectuado con verdadero mé- 
todo científico, constituyen indudablemente una colección va- 
liosa. 

La enumeración (sin detalles) de estos objetos está precedida 
de una disertación del señor Moreno con varios grabados inter- 
calados, pero que escapa á todo análisis, por cnanto se ocupa de 
todo v no trata á fondo nada. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 201 

La segunda parte del folleto (página 22 y siguientes) lleva por 
título Paleontología por F. P. Moreno y A. Mercerat. 

En esta parte los señores Moreno y Mercerat, dan una rápida 
descripción de 17 especies de mamíferos fósiles pretendidas nue- 
vas, recogidas por el señor Methfessel durante la misma esplo- 
racion y en el mismo valle de Andalgalá. 

Sin duda este trabajo se presenta al lector bajo otra forma muy 
distinta de los que lia producido la esclusiva mano del Dr. Mo- 
reno. Se ve en él la intervención del colaborador que le ha dado 
forma presentable y aspecto científico, colaborador que su exce- 
siva modestia ó bien las circunstancias obliganle á colocar su nom- 
bre al lado del nombre del Director del Museo y en segunda línea. 

He aquí la enumeración de las especies citadas como nuevas : 

Neuryurus próximus Mor. y Mer. Fundada sobre trozos de 
cráneo y de mandíbulas. Se aproximaría de N. antiquus Amegh., 
pero sería algo más chica. Las ocho muelas inferiores ocupan 138 
milímetros de largo. La forma de media luna que asignan á la 
segunda muela inferior no corresponde" á la del género Neuryu- 
rus. 

Neuryurus compressidens Mor. y Mer. Se distinguiría por 
un tamaño todavía un poco menor. Las 8 muelas inferiores supo- 
nen no ocupaban más de 124 milímetros de largo. La segunda 
muela inferior tiene la misma forma de media luna ya indicada 
que no es la del género Neuryurus. 

Plohophorus Philippii Mor. y Mer. Fundada sobre una co- 
raza entera con el tubo caudal. Sus dimensiones son las del P. 
Ameghtni Mor. , y el dibujo y aspecto de la coraza también son 
los mismos, con escepcion de insignificantes diferencias que dicen 
presentan algunas de las figuras externas del tubo caudal '. 

Los autores no mencionan restos de cráneos de esta especie ni 
del P. Ameghtni. Creemos pues probable que los restos de crá- 
neos y mandíbulas sobre que fundan los Neuryurus próximus y 
.V. compressidens, sean en realidad de los Plohophorus Ameghi- 
ni y P. Philipii ; esto es, si las cuatro pren tendidas especies no 
son más que una sola, el P. Ameghini. 

Eutatus prominens Mor. y Mer. Se acercaría de Eutatus dis- 
tans Amegh., distinguiéndose por su tamaño mayor. Las placas 
movibles tienen de 28 á 32 milímetros de largo. 

Praeuphractus Scalábrinü Mor. y Mer. Las placas movibles 
tienen de 34 á 44 milímetros de largo, dimensiones que indican 



2U2 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

un animal de talla mucho más considerable que la del P. recens 
Amegh., y sin duda específicamente distinto. Los autores insisten 
con especialidad en el parecido que existe entre las placas de los 
géneros Dasypotherium Mor., Praeuphractus Amegh., Macror 
euphractus Amegh. y Eutatus P. Gervais, agregando que el gé- 
nero Dasypotherium Mor. tiene razón de existir porque es dis- 
tinto de Macroeuphractus Amegh. Solo cuando los autores pu- 
bliquen las descripciones y dibujos de ambos géneros será posible 
juzgar del valor de tales aseveraciones. Por ahora debemos guar- 
dar á ese respecto la mayor reserva, ateniéndonos á Lo que hemos 
publicado. 

Dasypus argentinus Mor. y Mer. Se distinguiría de D. otilo- 
sus Desm. y D. patagóntcus Amegh. por una talla apenas algo 
mayor. No están establecidas las diferencias que lo distinguen 
del D. sexcintus L. de la misma región y también de mayor ta- 
maño que D. lülosus. 

Chlamydothertum minutum Mor. y Mer. Fundada sobre un 
trozo de mandíbula inferior que por su tamaño pequeño suponen 
representa una nueva especie. Las muelas inferiores ocupan 72 
milímetros de largo, y el alto de la rama mandibular entre la 6 a y 
7 a muela es de 25 milímetros. Son las dimensiones que presenta 
la especie délos terrenos del Paraná. Pop consiguiente y hasta 
prueba de lo contrario consideramos C. minutum Mor. y Mer. 
como sinónimo de C. paranease Amegh. 

Scelidotherium laevidens Mor. y Mer. Fundada sobre un tro- 
zo de mandíbula inferior con las tres primeras muelas, que solo 
ocupan un espacio longitudinal de 67 milímetros. Las muelas se- 
gunda y tercera presentan una sección transversal casi igual á la 
de un triángulo rectángulo. 

Scelidotherium f paruulum Mor. y Mer. Representada por un 
astrágalo muy pequeño. Fundar nombres sobre huesos aislados del 
esqueleto, es embrollar la nomenclatura innecesariamente, pues 
es evidente que los nombres podrían de este modo aumentarse al 
infinito. 

Megatherium BurmeisteriMoR. y Mer. Especie de gran ta- 
maño fundada sobre parte del es [ueleto con el cráneo y la denta- 
dura. Las muelas inferiores ocupan 187 milímetros de largo \ la- 
superiores 200. La tibia y peroné de este esqueleto están soldadas 
en su parle próxima] y separadas en la distal. Recuerdan los auto- 
res que este mismo carácter presenta el pié mencionado por no- 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 203 

s otros como del M. tarijense, como también varias otras especies 
y particularmente un ejemplar del M. amevicanum que existe en 
el museo, agregando que es ese un carácter juvenil, y que cuando 
adultos, también en su estremidad distal uníanse ambos huesos en 
uno solo. 

El ejemplar citado del M. amevicanum nos. era bien conocido, 
como también muchos otros que no tenemos por qué recordar. Los 
señores Mercerat y Moreno quieren hacernos decir lo que no 
hemos dicho. Nosotros no hemos dicho que esos huesos permane- 
cieran separados durante toda la vida. 

Quienes hacen afirmaciones prematuras, que unas cuantas no- 
ciones de embriología elemental hubieran bastado para demos- 
trarles que no pasan de suposiciones sin fundamento, son los se- 
ñores Moreno y Mercerat. 

La soldadura de la tibia y el peroné en un solo hueso en el M . 
americanum como en todos los demás vertebrados que presentan 
el mismo carácter, es el resultado de una doble evolución, embrio- 
lógica en el individuo, y filogenética en el grupo. Dichos huesos 
se presentan completamente separados en el embrión, y su solda- 
dura se efectúa, ya durante el mismo estado fetal, ya en el curso de 
la vida extra-uterina, según las especies y los géneros. 

El caso del individuo de M. americanum, y de los individuos 
de M. Buvmeisteri y M. tarijense mencionados, como muchos 
otros que nos son conocidos, en los cuales la tibia y peroné están 
separados en su estremidad distal, como otros casos de individuos 
jóvenes del mismo género, con los mencionados huesos separados 
en sus dos estremiclades, demuestran claramente la evolución em- 
briológica según la cual en el género Megatherium se efectuaba 
la unión de esos huesos. La soldadura empezaba por la estremi- 
dad proximal y terminaba por la distal. 

El paralelismo de la evolución embriológica con la evolución 
filogenética demuestra que deben haber existido especies de Me- 
gatherium en las cuales la tibia y el peroné se conservaban inde- 
pendientes en la estremidad distal, durante toda la vida. Puede 
ser que los M. tarijtnse y el M. Burmeisteri cuyos ejemplares 
conocidos (del M. tarijense completamente adulto) presentan esa 
particularidad, sean esas especies predecesoras, ó puede ser que 
no. Nosotros ni hemos afirmado ni afirmamos nada al respecto : 
solo nos hemos concretado á constatar los hechos. 

Megatherium Bergii Mor. y Mer. Fundada sobre un cráneo 



204 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

imperfecto, que indica un animal de talla bastante menor que el 
precedente, y según dicen muy parecido en su conformación al 
M. americanum. 

No están indicadas las diferencias que distinguen esta especie y 
la anterior de las especies de los géneros Megatherium y Prome- 
gatherium de los yacimientos del Paraná y Monte Hermoso, de 
manera que algunas pueden resultar ser idénticas. 

Typotherium Studeri Mor. y Mer. Fundada sobre fragmen- 
tos de ramas mandibulares. Las cuatro muelas inferiores ocupan 
un espacio longitudinal de 67 milímetros. Por su tamaño muy 
pequeño es evidentemente distinta del T. internum Amegh. No 
están indicadas las diferencias que la separan del T. maendrum 
Amegh. de Monte Hermoso. 

Xotodon cristatus Mor. y Mer. Fundada sobre un cráneo con 
mandíbula inferior y parte del esqueleto. Es del tamaño del X. 
prominens Amegh., del cual según los autores se distingue 
por muchas diferencias en la conformación de los dientes. 

Macrauchenia Lydekkeri Mor. y Mer. Fundada sobre un tro- 
zo de rama mandibular con dos dientes que los autores identifican 
con el p. 3 y p. 7. Por la relación respectiva délas medidas de es- 
tos dientes, no pueden ser sino el p. j y el m. T . Todos los carac- 
teres que asignan á esta especie son los de la M. antigua Amegh., 
de la cual M. Lydekkeri es un simple sinónimo. 

Macrauchenia calceolata Mor. y Mer. Fundada sobre un tro- 
zo de rama mandibular con las dos últimas muelas. Es de tamaño 
menor que la precedente y se distinguiría por los dientes que pre- 
sentan un cíngulo basa! interno. 

Licaphrium intermedium Mor. y Mer. Fundada sobre un 
trozo de rama mandibular con las dos últimas muelas de un indi- 
viduo muy joven, que parece indicar una especie algo más peque- 
ña que L. Floweri Amegh. ¡5icenlos señores Moreno y Merce- 
rat que el rudimento de Lóbulo tercero del m. .,- no está única- 
mente indicad'» por la depresión del lóbulo posterior como lo in- 
dicad l)r. Ameghino, sino que también se destaca aliado interno. 
Relean los mencionados señores lo que hemos escrito al respecto 
y verán que en ninguna parte decimos que ese rudimento del ló- 
bulo tercero esté indicado únicamente por la depresión externa. 
pedimos una vez más á los mencionados señores no nos hagan de- 
cir lo que nunca hemos dicho. 

Amphinasua brevirostris Mor. y Mer. Es este el único gé- 



REVISTA CRITICA Y BIBLIOGRÁFICA 



205 



ñero pretendido nuevo, la sola especie que dibujan, y la que des- 




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criben con mayores detalles. Está fundada sobre un cráneo con 
toda la dentadura, del que acompañan una hermosa vista la- 
teral. 

La descripción está plagada de errores. Dicen que este cráneo 
parece indicar un tipo de hocico más prolongado que Cyonasua 



206 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA" NATURAL 

argentina Amegh. ¿En qué se funda tal aseveración? Imposible 
es saberlo. 

Dicen igualmente que el hocico es « más corto que en Xásua 
ñárica Burm. », lo que en este caso es cierto, pero Násua nárica 
no es de Burmeister sino de Lineo ! 

Agregan luego que Amphinásua presenta en la conformación 
del cráneo un notable parecido con Cynodictis GreyiFiLH., que 
es un perro, mientras que Amphinásua es un oso. 

Los vacíos más ó menos estendidos que separan los dientes unos 
de otros, no se llaman « espacio libre » pues tienen en anatomía 
comparada nombres especiales según los dientes entre los que se 
interponen y los grupos de que se trata. 

La fórmula dentaria que asignan á este cráneo, de i. -, c. - 1 , p. - 
y m. - es también completamente equivocada. El que llaman m. L 
es el p. ¿, el m. - es en realidad el m. - 1 y m. - es el m. -. La fór- 
mula dentaria real, como carnicero es i. -, c. L , m. - + 1 + -, ó 
prescindiendo de la fórmula de carnicero seria entonces i. -, c. -. 
p. -, m. -. Esta es la fórmula que corresponde á la que he esta- 
blecido para la mandíbula inferior de Cyonásua; es también la 
misma de los géneros actuales P roe yon y Násua que se encuen- 
tra indicada en cualquier tratado elemental de Zoología, y con la 
que debieron compararla puesto que se nata de animales del mis- 
mo grupo. 

Además Ja pretendida Amphinásua brevirosiris¡ es absoluta- 
mente idéntica, tanto genérica como específicamente, al Cyonásua 
argentina. Amegh., obtenido primeramente en los depósitos Eosili- 
Eeros de las barrancas del Paraná. 

Reproducimos la vista del cráneo mencionado, á la que hemos 
agregado la mandíbula inferior de un individuo de Cyonásua, ar- 
gentina procedente del Paraná, con la fórmula dentaria falsa pu- 
blicada por los señores Moreno y Mer< er \t enmendada. 

La única diferencia que se observa entre estas piezas es la ma- 
yor elevación de las raices de los premolares de la mandíbula en- 
cima del borde alveolado ; este es simplemente mi carácter senil, 
\)\\<>< procede de un individuo mucho más viejo (pie el ¡i (pie per- 
teneció <•] cráneo. 

El examen de este dibujo demuestra que no hay absolutamente 
nada que pueda indicar que Cyonásua pertenezca ;i un tipo de 
hocico más prolongado que la pretendida Amphinásua. Los mo- 
arés y premolares superiores < ; inferiores tanto en sus dimensio- 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 207 

nes relativas como en sus detalles de conformación se correspon- 
den exactamente, y la ausencia de paracono y metacono en los dos 
primeros premolares de arriba y de abajo, no dejan la menor duda 
de que se trata de una misma especie. Amphinasua brevirostris 
es pues un simple sinónimo de Cyonasua argentina. 

Tantos errores reunidos en tan corto espacio en la única des- 
cripción acompañada de dibujos, son como para hacer desconfiar 
del valor real de las otras descripciones, que la falta de ilustracio- 
nes no permite apreciarlas con exactitud. 

.Iluseos escolares argentinos : El de la Escuela Normal de Maestros de 
San Juan por Víctor Mercante. (En La Educación, números 117 y 118, páginas 
1932-35 y números 119 y 120, páginas 1061-64, Buenos Aires 1891). 

El autor, después de una magistral introducción sobre la re- 
forma necesaria en la enseñanza para hacerla á la vez útil y agra- 
dable, aborda el examen de las ciencias naturales, considerándo- 
las como las que mejor se prestan á la reforma, puesto que su en- 
señanza bien dirijida, desarrolla desde muy temprano el gusto 
por el estudio, la espontaneidad y la observación, y luego el orden 
y la sistematización, grandes calidades que tienen una poderosa 
intluencia en todo el curso de la vida, sirviendo de poderosas pa- 
lancas á aquellos que saben apropiárselas y utilizarlas. 

En seguida da cuenta de cómo ha nacido el Museo Escolar de la 
Escuela Normal de San Juan, formado por los mismos alumnos, 
combinando las escursiones con el trabajo manual, y describiendo 
luego los objetos por ellos mismos recogidos ó fabricados. Hay 
composiciones verdaderamente notables en su ingenuidad, que 
colocan fuera de toda discusión la ventaja indisputable atribuida 
á las ciencias naturales para el desarrollo de la facultad de obser- 
vación. 

El Museo Escolar de la Escuela Normal de San Juan, es obra 
de un año, el de 1890, y queda uno sorprendido que en tan corto 
espacio de tiempo hayanse podido obtener tales resultados. 

Termina el señor Mercante su hermoso artículo proponiendo 
la formación de un Museo Escolar Nacional bajo el siguiente 
plan. 

« Un Museo central director con residencia en una docta ciu- 
dad, otro en cada capital de provincia con dependencia del cen- 
tral, otro Museo en cada escuela de distrito dependiente del Mu- 
seo de la Capital. Cada escuela de la República haría un Museo y 



208 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

se establecerían canges de cajas con los productos respectivos por 
intermedio de los museos superiores. 

«De esta manera todo establecimiento de educación, con ínfimo 
gasto,, estaría provisto de un Museo de Productos Argentinos 
realmente nacional. Se formaría una guía general con direcciones 
de cómo debe ser organizado cada Museo, y solo al maestro y á 
los alumnos se encomendaría la obra. No tendría el Gobierno Na- 
cional necesidad de gastar tantos miles para mandar ilustraciones 
extranjeras á sus establecimientos de educación y estarían mejor 
provistos». 

Este bosquejo podría completarse dando intervención en el Mu- 
seo central á todos los especialistas de la República, que sin duda 
ofrecerían su concurso gratuito espontáneamente. Con esto se ob- 
tendría un doble resultado: I o Que todas las colecciones fueran bien 
determinadas, y 2 o que todos los objetos nuevos que necesaria- 
mente en un país aún poco conocido como es el nuestro, afluirían 
al Museo central, fueran inmediatamente estudiados por personas 
competentes. Así los alumnos y maestros recompensarían á los 
naturalistas que determinaran las colecciones destinadas á los Mu- 
seos escolares, proporcionándoles materiales para las investigacio- 
nes superiores, y estos encontrarían en el estudio de los objetos 
nuevos una compensación al engorroso trabajo de determinación 
y catalogación de los objetos. Además podrían redactarse ins- 
trucciones para la formación de colecciones, para cada provincia 
ó para cada región de la República, para que las investigaciones 
respondieran de ese modo á un plan de antemano trazado. Asi se 
conseguiría á la vez la formación de museos escolares, y el cono- 
cimiento rápido y sin desembolsos de consideración de todos los 
productos naturales de la República Argentina. 

La ejecución de este proyecto no demanda grandes gastos pues- 
to queel personal existe, distribuido en toda la República. Cierta- 
mente que si llega á realizarse será de resultados tan grandiosos, 
que luego seguirían el ejemplo otras naciones. 

Y si se reconoce que la idea es buena, y que su realización rela- 
tivamente fácil, puede conquistar, gloria, honra y provecho para 
la República, } por qué no se lleva á la prád ica ? 

Por nuestra parte, ofrecemos desde ya á los que se pongan á su 
frente, nuestro ilimitado concurso. 

Florentino A meghino. 



Tomo I Buenos Aires, Agosto í<> de 1891 Entrega, 4* 



REVISTA ARGENTINA 



DE 



HISTORIA NATURAL 



Sobre la distribución geográfica de los Creodontes 

Pon el Dr. H. von Jhering 

No hay duda que durante toda la época terciaria ha existido 
una relación estrecha entre la América del Norte y el continente 
Euroasiático. Parece ahora que numerosos géneros de mamíferos 
extinguidos se encuentran descritos por los sabios americanos y 
europeos bajo distintos nombres, habiendo en los últimos años au- 
mentado considerablemente las pruebas de un cambio recíproco de 
representantes entre ambas faunas. Es sobre todo Schlosser quien 
con mayor suceso se ha ocupado de investigar las emigraciones que 
tuvieron lugar de uno á otro continente, con el objeto de estudiar 
qué géneros y familias son de origen europeo, y cuáles de origen 
norte-americano. 

Para todas las formaciones terciarias está esto discutido y pro- 
bado de una manera que me dispensa de repetir acá hechos gene- 
ralmente conocidos. Solóla fauna eocena de Europa presentábase 
hasta ahora como si faltaran analogías parecidas, y así pudo darse, 
el caso que en la cuestión de las antiguas relaciones entre ambas 
AméricaSj mi distinguido colega el Sr. F. Ameghino todavía insis- 
ta en un argumento que ya ha sido destruido por los últimos des- 
cubrimientos hechos en Europa. Es este la idea de que los Creo- 
dontes representen un grupo de mamíferos propio de ambas Amé- 
ricas pero que falta en Europa. Fué esta, en efecto, la opinión gene- 
ral hasta hace pocos años, pero que los últimos descubrimientos 
de Rutimeyer concernientes á la launa eocena de Eger-Kingen 
(Suiza) han demostrado ser errónea. 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 14 



210 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Fuera de una publicación anterior. Rutimeyer ha publicado el 
año pasado dos importantes trabajos sobre este tema : I o Ueber 
einige Beziehungen zwischen der Sauge-Tierstae. alter u. neuer 
Welt (Abh. Schweis. Palaeont. Ges.J; 2° Uebersicht der eo- 
caenen Fauna von Eger-Kingen. Basel, 1890. 

El más importante resultado de estos estudios es la aparición 
(en Eger-Kingen) de un crecido número de mamiferos « america- 
noideos » conocidos basta ahora tan solo de Norte-América. Creo 
que esta cuestión tan importante para todos los que seguimos con 
interés la paleontologia sud-americana , merece ser espuesta acá 
con algunas palabras. Con este objeto voy á hacer una breve reca- 
pitulación de la primera obra del profesor Rutimeyer. 

I o Los caracteres de las articulaciones en las filas del carpo y del 
tarso según su colocación respectiva sobre las cuales están basados 
los grupos de ungulados propuestos por Cope, no son aprovecha- 
bles para la clasificación sistemática. Además de eso en muchos ca- 
sos es dificil de aprovecharlos por la falta de material evidente. 
Los Condylarthria especialmente constituyen un grupo bastante 
arbitrario, no existiendo un límite fijo entre ellos y los Diplar- 
t liria. 

2 o La disposición de las partes que componen los dientes del 
maxilar superior de los Condylarthria consiste en una disposición 
de colinas masticatorias (Kauhügel) que puede designarse con el 
nombre de Trigonodonte, parecida á la que se encuentra en el Ma- 
ki y en los insectívoros. 

3" La dentición Trigonodonte no es esclusivamente propia de los 
ungulados americanos; encuéntrase también en Europa, lo que hace 
suponer que también se encontrará en ella en los mamífero- corres- 
pondientes la construcción condylartlira del pié. 

4 o El tronco de la serie evolutiva de los caballos en Europa, no 
se lumia a Los Palaeotherios ó Hyracotherios del eoceno, puesto que 
organismos más primitivos correspondientes á los Phenacodontes 
de Norte-América, considerados hoy como el primer tronco <lc la 
serie evolutiva de los caballos, tampoco faltan ahora en Europa. 

5" Haciendo abstracción de los Dinocerata, que hastaahora solo 
se han encontrado en la formación eocena de Wyoming yque pa- 
recen tan esclusivamente propios de la América del Norte como lo 
son los Toxodontes para el Pleistoceno del Plata, los tipos parale- 
los de mamíferos entre el viejo y el nuevo mundo han ido aumen- 
tando de tal modo, que la suposición de la existencia de una vasta 



SOBRE LA DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS CREODONTES 211 

región que servía de puente común para el paso de los tipos extin- 
guidos de uno á otro continente parece un postulado. 

De las diversas localidades déla formación eocena de Europa, 
las que se presentan más ricas en tipos hasta ahora considerados 
como esclusivamente norte-americanos son las de Reims (Francia) 
y Eger-Kingen (Suiza) ; en el célebre yacimiento de Caylux los 
tipos americanoideos son menos numerosos. 

G" Entre los Pseudolemuridos de Eger-Kingen, el género Cae- 
nopithecus es aliado en mismo grado, por un lado con loí Meso- 
dontes de Norte América, por el otro con Adapis de Europa. 

Voy ahora á la lista de la fauna eocena de Eger-Kingen, que es 
un suplemento de la obra mencionada, pero de la que solo voy á 
dar la enumeración de los géneros que antes eran considerados co- 
mo esclusivamente americanos, y que son los siguientes : 

Entre los Primates (Lemuroidea) los géneros Pelycodus, é 
Hyopsodus. 

Éntrelos Creodonta: Prouiuerra, Cinohyaenodon, Hyaeno- 
don, Miocloetius. 

Entre los ungulados (Condylartra ?): Phenacodus, Protogo- 
nia, Periptychus. 

Éntrelos Taeniodonta : Calamodon. 

Observaré acá que, en general los restos de Eger-Kingen están 
muy lejos de presentar la hermosa conservación que muestran los 
fósiles procedentes de las formaciones eocenas de Wyoming, 
Bridger y Puerco, así es posible que el conocimiento de dentadu- 
ras más completas puedan traer algún cambio en la determinación 
de ciertas especies, pero en lo que concierne á géneros tan intere- 
santes y característicos como Calamodon (C. europaeus Rut-A, 
Phenacodus (Ph. europaeus Rut.), Prouwerra (P. typica Rut.) 
no puede existir la menor duda. No hablo acá de otros Creodontes 
europeos de los géneros Quercytherium y Pterodon, ni de los gé- 
neros Pseudaelurus y Amphicyon que pertenecen al grupo de los 
«Carnívora vera», pues solo quiero acá referirme á los géneros 
que tienen representantes en Europa y Estados Unidos. Provi- 
verra Rut. es en la dentadura parecido á Stypolophus Cope ele 
Wyoming. 

Los fósiles de Eger-Kingen parecen representar una fauna per- 
teneciente á toda la estension de la formación eocena^ conteniendo 
por esta razón un número considerable de mamíferos pertenecien- 
tes tanto al principio como al fin del eoceno. 



212 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

E] grandísimo interés de esta fauna consiste enlos dos siguientes 
puntos capitales : 

I o Por contener una notable serie de mamíferos americanoi- 
deos, considerados hasta hoy como esclusivamente característicos 
de localidades norte-americanas. 

También los Amblipodos parecen estar representados en Europa 
por el género Coryphodon y los Condylarthr^iaipoY el género Phe- 
nacodus. Mas estos grupos por las observaciones criticas de Ru- 
timeyer y de Osborn parece perderán mucho de la importan- 
cia que Cope les había atribuido. Parece que en este punto, las ideas 
antes del todo diferentes dominantes en Europa y Estados Unidos, 
tienden á llegar pronto á una mayor conformidad. 

2 o Por la estrecha /'elación que presenta la fauna de Eger- 
Kingen con la fauna de Puerco en Nuevo Méjico. Cope (Ame- 
rican Natúralist, XX, 1888. página lili) dice que la fauna 
de Puerco ocupa una posición completamente aislada entre las de- 
más faunas eocenas délos Estados Unidos, siendo de entre ellas la 
que por sus caracteres más se aproxima déla fauna mesozoica. Afir- 
ma Cope que de las noventa y tres especies de mamíferos de esta 
fauna, no hay unasolaque aparezca en formaciones más antiguas 
ni que se prolongue hasta una formación más moderna, y un solo 
género, Didymictis. sobreviveá esa formación. Dos familias de un- 
gulados se extinguen en La formación de Puerco y ambas parecen 
estar representadas en Eger-Kingen. La launa de Puerco recibe 
un aspecto mesozoico por la presencia del grupo de los Multituber- 
culata, que son considerados ahoracomo monotremos. No se han 
hallado hasta ahora en Eger-Kingen representantes de este grupo, 
pero los lia encontrado Lemoine «ai la fauna eocena deReims. No co- 
nociendoel trabajo de Lemoine, no nos es posible decir. loque habría 
sido «i,- interés, si entreesos Multitubercuíados se encuentran in- 
cluido- partedelos mamíferos cretáceos descubiertos por Marsh 
en los Estados Unidos. Los géneros idénticos délas formaciones de 
Puerco \ Eger-Kingen son: Miocloenus, Hyopsodus, Peripty- 
chuSj Protogoniay Phenacodus; los demás géneros americanoi- 
Eger-Kingen se encuentran representados en las forma- 
ciones eocenas de Wasatch (Nuevo Méjico) y Bridger (Wyoming). 

La cuestión de estos tipos americanoideos en Europa como la de 
ios europeoideos en Norte- América, es de la mayor importancia 
para el estudio de las relaciones de la fauna sud-americana. 

si los tipos de mamíferos eocenos entraron á Sud-Améri- 



SOBRE LA DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS CREODONTES 213 

ca pasando por la América del Norte, entonces la fauna primitiva 
de la República Argentina no puede poseer ningún género del 
viejo mundo que no tenga también representantes en los Esta- 
dos Unidos. Si al contrario, desde la época cretácea hasta la for- 
mación pliocenano existieron comunicaciones entre ambas Américas 
y hubo en cambio una comunicación atlántica entre África y Sud- 
América, entonces puede ciarse el caso de que sobre ese puente ha- 
yan podido entrar en este continente ciertos grupos de mamíferos 
que no llegaron á Norte América, y que también pasaron tipos sud- 
americanos al viejo mundo. Creo que tenemos este caso con los 
Theridomydox, el tronco común de las tres principales familias de 
roedores sud-americanos, que también aparecen en las formaciones 
terciarias más viejas de Europa, pero que nunca alcanzaron á Nor- 
te-América. No teniendo todavía conocimiento del libro del señor 
Ameghino noentroenmás detalles al respecto. Los tipos limitados 
á la América del Norte como los Dinocerata faltan también en 
Sud-América, indicio más de que en dicha época faltaba un puen- 
te entre Sud y Norte-América. 

Es conocido el hecho de que la fauna pliocena de las pampas, 
jiie Rutimeyer como muchos otros sabios pretenden sea pleis- 
tocena, aparece no solo en las islas Antillas, sino también en 
Méjico y Florida. Ahora puedo á mi vez comunicar un hecho im- 
portante que me ha comunicado el Sr. Dall, el mejor conocedor 
de los moluscos marinos de Norte-América ; que los huesos de 
Machaerodus, Cervus, Auchenia, Tapirus, Glyptodon seten- 
trionaliSj Chlamydotherium Humboldtt, Hoplophorus eupk- 
ractusy Megalonyx Jeffersotiii que fueron encontrados en Flo- 
rida pertenecen á la formación pliocena. Escríbeme el Sr. Dall. 
«Asfar as regarás the two continents, it is probable that they 
were separated bysaltwater until the Pliocene ; but in Plioeene 
we haveseveral South-American vertébrate*, such as the Glyp- 
todon, Meyalonyx, etc. which must have come by I and. Their 
bones are coveredin Florida with ten or twelvefeet offtnefosili- 
feroux marine Pliocene. Some of the species are idéntica/ with 
your Pampean forms, but they "re Pliocene and not quater- 
nary ». 

Después de estos descubrimientos es evidente para todos (pie es 
un error creer que la fauna pampeana sea pleistocena (cuaternaria). 



214 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Adición á la memoria del Dr. H. von Jhering sobre 
la distribución geográfica de los Creodontes 

por Florentino Amegiiino 

El notable trabajo que precede de nuestro distinguido colega 
Dr. H. von Jhering, nos sugiere varias observaciones que cree- 
mos es lugar adecuado consignarlas á continuación en la forma 
más concisa posible, pues la mayor parte de los puntos tocados en 
loque se refiere á la clasificación délos ungulados podrían ser 
objeto de largos trabajos. No falta para ello material. 

1. El Dr. Jhering sin duda ha interpretado mal algún párrafo 
de nuestra correspondencia, ó nosotros nos habremos malr espli- 
eado, cuando nos atribuye la idea de que los Creodontes oran pro- 
pios de ambas Américas, pero que faltaban en Europa. Al contra- 
rio, en nuestra obra que desgraciadamente á pesar de habérsele 
enviado hace tiempo, todavía no ha llegado á manos del Dr. Jhe- 
ring, ponemos en paralelólos Creodontes encontrados en Sud y 
Norte-América con los de las formaciones terciarias de Europa y 
Asia. 

2. En completa discordancia con el profesor Rutimeyer, cree- 
mos que La estructura de los huesos del carpo y del tarso, parti- 
cularmente el car teter de presenta! se dispuestos en lilas lineales ó 
al contrario más ó menos alternadas, que son los caracteres esco- 
gidos por Cope para la clasificación de los ungulados, son de la 
mayor importancia, puesto que se trata de caracteres primitivos 
por I"- que tienen que haber pasado todos los mamíferos. Sea que 
La clasificación se base -obre las distintas linea-, que ha seguido la 
evolución, romo lo quiere Ixutimkyki;. sea que se Eundesobre de- 
terminados caracteres morfológicos, en cualquier caso y de cual- 
quiera manera los caracteres que proporciona la estructura del 
carpo y del tarso serán siempre de la mayor importancia y siem- 
pre superiores á Los que proporciona la dentadura, á lo menos 
para la determinación de Los grupos de orden elevado. 

3. El grupo de los Condylarthra es a nuestro modo de \r\- per- 
tinente justificado y bien caracterizado. Es imposible d&locar 

esos animales en ninguno de los grupos actuales. Que en ciertos 
representantes haya dificultades para separarlos ^>- Los Perisodao- 
tylos, no es razón para no admitir la existencia del grupo dentro 



SOBRE LA DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS CREODONTES 215 

de ciertos limites previamente determinados. A eso vamos para 
todos los grupos, pues con el continuo descubrimiento de nuevas 
formas llenaremos poco á poco todos los vacios, y los limites en- 
tre los distintos órdenes tendrán forzosamente que ser convencio- 
nales. 

4. En lo que tampoco estamos de acuerdo es en considerar los 
Condylarthra como los antecesores de todos los demás ungula- 
dos y de los primates, pues si bien por la estructura del carpo y 
del tarso en serie lineal son de un carácter primitivo, en otros ca- 
racteres muestran una etapa de evolución demasiado avanzada 
para que puedan considerarse como antecesores de ninguno de los 
grupos posteriores. 

Nuestras opiniones al respecto creemos son distintas de las de 
todos los naturalistas. Para nosotros el tipo ungulado primitivo, 
además de presentar el carpo y tarso en serie lineal, se encontraba 
en el estadio litopterno, es decir que la tibia y el peroné asenta- 
ban ambos sobre el calcáneo, los dientes debían ser en número 
mayor de 44, los molares y premolares eran más ó menos de la 
misma forma, de corona cuadritubercular, y cada muela con cua- 
tro raices separadas. La transición de las últimas muelas al pri- 
mer incisivo se efectuaba de una manera progresiva y poco acen- 
tuada. A los Condylarthra no solo les falta alguno de estos ca- 
racteres, sino que su aparato dentario se nos presenta como más 
especializado que el de la mayor parte de los demás ungula- 
dos. Representan á no dudarlo una rama lateral sin descenden- 
cia. 

5. En lo que concierne ;i la genealogía de los caballos, los Phe- 
nacodonttdae y cualquier otro tipo de Condylarthra quedan com- 
pletamente escluidos de ella por las razones arriba apuntadas. El 
género Equus desciende de Hipparion y no de Hippidion ; opó- 
nese á la descendencia de Hippidion, la presencia del pequeño re- 
pliegue secundario ó columnita interlobular esterna de las muelas 
inferiores siempre presente en Equus é Hipparion pero que falta 
en Hippidion como en su antecesor Protohippus (1). Hippidion 
en su morfología general es más distinto de Equus, que Equus de 
Hippai ion. Tampoco es posible una descendencia difilótica de 
Hipparion o* Hippidion i\ la vez por la misma razón espuesta, y 



(1) En Equus rectidens falta este repliegue en los individuos adultos ó viejos, 
pero existe siempre en los jóvenes. 



216 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

además porque la evolución en la producción de nuevas formas 
es siempre divergente y nunca convergente. Los casos que se ci- 
tan de convergencia son simplemente aparentes; son evoluciones 
paralelas en los mismos órganos que no bastan para destruir las 
diferencias morfológicas profundas. Es imposible que de dos tipos 
completamente agenésicos como forzosamente tenían que serlo 
Hipparion y Protohippus evolucionando por separado pero para- 
lelamente, hayan podido producir descendientes en mayor ó me- 
nor grado eugenósicos entre ellos. Si llegara á probarse que esto 
es posible serían inútiles todas nuestras investigaciones para la 
restauración de las lineas de evolución de los organismos. Afor- 
tunadamente no es asi. Equus desciende de Hipparion é Hippi- 
dion de Protohippus, y ambos tipos tridáctilos tienen por ante- 
cesor Anchüherium. Por ahora no es posible seguir más allá la 
filiación de los caballos. Los Paleotherios é Hyracotherios no for- 
man parte de esa genealogía; son lineas laterales salidas del mis^ 
mo tronco todavía desconocido de donde se desprendieron los 
équidos. 

6. El tipo primitivo de ungulados imparidigitados es el que he- 
mos designado con el nombre de Litopterna, en cuyos represen- 
tantes la tibia y el peroné descansan sobre el calcáneo. Los Ste- 
reopterna comprenden todos los demás imparidigitados en los cua- 
les el peroné ya no reposa sobre el calcáneo, y son todos tipos de 
una evolución más avanzada. Los Stereopternos todavía tienen 
representantes; los Litopternos son todo- extinguidos. Todos los 
grupos de Stereopternos descienden de grupos de Litopternos. 
Los caballos tienen su origen en un grupo de Litopternos todavía 
desconocido, del que se desprendieron conjuntamente con los Pa- 
laeotherios é Hyracotherios. Los Proterotheridos son próximos 
aliado- de ese grupo y Notohippus es quizás uno de sus represen- 
tantes, si bien tampoco forma parte de la serie antecesora en linea 
recta. 

7. Todos los ungulados imparidigitados de Europa y Norte- 
América son Stereopternos, pero otros ungulados de los mismos 
continentes como los Proboscideos, los Artiodactylos, algunos 
Amblypodos, etc., se encuentran ó se han encontrado en el esta- 
dio Litopterno. Todos los ungulados imparidigitados originarios 
de Sud-América son Litopternos, y todos los demás ungulados 
antiguos de este mismo continente. Toxodontes, Astrapotheridos, 
etc., no han pasado del estadio Litopterno. Los Stereopternos re- 



SOBRE LA DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LOS CREODONTES 217 

cien penetraron en Sud-América y como emigrados de otras tier- 
ras al fin de la época miocena. La consecuencia inevitable es que 
el primer origen de los ungulados se encuentra en Sud-Amórica, 
pero que el pasaje del estadio Litopterno al Stereopterno, se ha 
efectuado en Norte-América ó en el continente euroasiático, ó en 
ambos a la vez. 

8. Los Lemuroideos ó Pseudolemuroideos también tienen re- 
presentantes en el eoceno de la República Argentina (Homunculus 
patagonicus n. gen. n. sp.) y por los restos hasta ahora conocidos 
se presentan como de caracteres más elevados que los del eoceno 
de Europa y de Norte- América arriba mencionados. 

9. Respecto de los Creodontes, hemos avanzado la opinión 
(1889) de que los géneros argentinos se presentan como interme- 
diarios entre los Creodontes europeos y norte-americanos por un 
lado y los Dasyuridos de Australia por el otro. Los numerosos 
materiales últimamente descubiertos en el eoceno de Patagonia 
nos permiten confirmarnos en esta opinión. Los Creodontes se 
presentan como seres de origen austral que hubieran pasado de 
Sud-América á Norte-América, y de allí al continente Euroasiá- 
tico. 

10. A un resultado absolutamente idéntico al de los Creodon- 
tes liemos llegado en lo que concierne á los Plagiaulacideos (1889- 
1890). Los nuevos materiales descubiertos nos confirman en la 
opinión de que son de origen austral y que de Sud-América emi- 
graron á Norte-América y de allí á Europa. 

11. El grupo de Plagiaulacideos del hemisferio boreal designa- 
do con el nombre de Multitubev culata, en nuestro estudio sobre 
los « Plagiaulacideos Argentinos » hemos demostrado que eran 
verdaderos marsupiales diprotodontes y no monotremos, que se 
ligan fácilmente á los marsupiales australianos y casi sin inter- 
rupción por medio de los géneros argentinos. Los nuevos tipos 
del eoceno de Patagonia descubiertos desde entonces confirman 
estas deducciones y concluyen de llenar el intervalo que separaba 
los diprotodontes multituberculados del hemisferio boreal de los 
diprotodontes cuadricuspidados argentinos. 

12. La fauna eocena de Reims tiene en efecto estrecha relación 
con la del larámico de Norte-América descrita por Marsh. Se- 
gún Lemoiné « existen grandes analogías entre los incisivos de 
Tripriodon de América y los de su género Neoplagiaulax , entre 
los verdaderos molares de Cimolodon y Tripriodon de Améri- 



218 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ca y los de Neoplagiaulax, entre los premolares de Halodon de 
América y los de Neoplagiaulax, entre los verdaderos molares de 
Cimolomys de América y la muela con tres filas de tubérculos 
que provisoriamente atribuyó á su Neoplagiaulaxeocaenus, entre 
las muelas de Cimolestes de América y las de su Tricusptodon, 
entre los premolares de Didelphodon de América y los de su Ada- 
pisorex, entre los incisivos de Halodon de América y los de su 
Plesiadapis». (Gaudry, Enchainements du monde animal. — 
Fossües secondaires, pág. 288, 1890). Examinándolas descrip- 
ciones y figuras de Marsh se vé que en efecto todos los géneros 
y todas las especies están fundadas sobre dientes aislados, que 
muchos deben proceder de un mismo animal, y lo primero que á 
uno se le ocurre es que varios do los géneros allí enumerados re- 
sultarán puramente nominales. 

13. Rutimeyer y los demás sabios europeos que pretenden que 
la fauna pampeana es cuaternaria (pleistocena) lo hacen siguiendo 
la autoridad de Burmeister, quien con un criterio geológico com- 
pletamente errado ha tratado de rejuvenecer todas las formacio- 
nes cenozoicas de une-tro suelo, y ha declarado que la formación 
pampeana corresponde al cuaternario ó diluvium de Europa sin 
dar de ello la más mínima prueba, si se esceptúa el aspecto pare- 
cido, que hoy sabemos que por sí solo no tiene la menor impor- 
tancia para la determinación de la época geológica délas forma- 
ciones. Por oirá parte, Burmeistku nunca ha descendido á reba- 
tir Los argumentos délos que pretenden para la formación una 
antigüedad geológica mayor que la cuaternaria. Somos de este 
número, pues hace más de 15 años que pretendemos (pie la for- 
mación pampeana es terciaria, y hace unos. 10 años, en nuestra 
obra La formación pampeana liemos probado con argumentos 
que no han sido levantados, «pie correspondía y representábala 
serie completa délos terrenos pliocenos. Desde entonces, hemos 
tenido la satisfacción de ver (pie iodo- los geólogos que lian estu- 
diado la formación se han puesto de nuestro lado, y que la opi- 
nión de (pie la fauna pampeana es terciaria ha sido aceptada por 
la mayor parte de I"- paleontólogos, especialmente de aquellos que 
de una manera más ó menos directa han tenido ocasión de ocu- 
parse de ella. El testimonio del señor Dall es una autoridad más 
que agregar a las que se han pronun iado por la edad terciana de 
la formación pampeana y déla fauna que contiene. La fauna 
pampeana en Norte-América, además del valle de Méjico y de la 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 219 

Florida, se lia encontrado en el Oregon, Tejas, Ydaho, Nevada 
occidental, Nicaragua, California, Nebraska occidental, y en los 
estados del este de la gran República norte-americana (Virginia, 
Carolina, etc.) estando todos esos yacimientos determinados como 
plioeenos. La primera aparición de la fauna sud-americana en 
Norte-América, se efectúa en el mioceno superior de Loup Fork 
(Cope). 



Apuntes sobre rocas eruptivas de la pendiente 
oriental de los Andes entre Rio Diamante y Rio 
Negro. 

Pon el Dr. G. Bodenbender, Córdoba 
(Continuación y fin) 

Diabasa. — En masa compacta gris-verde se distinguen cris- 
tales chicos opacos y descompuestos de feldespato (en parte pla- 
gioclasa bien distinguible) y poco cuarzo en granitos redondos. 

Melcifiro. — Nodulos cuarzosos y granitos de un mineral verde 
se destacan en imapasta parda-negruzca, en que se reconocen muy 
linas listas de plagioclasa, augita descompuesta (?) y granitos de 
un mineral de hierro. 

Otra muestra tiene aspecto basáltico, pasta de color pardo-rojizo 
oscuro, porosidad y mucha olivina. 

En unión con los últimos están algunas piedras compactas de 
color pardo-rojizo con muy pocos cristales opacos de feldespato, 
en otras predominan juntos con muy pocos granos de cuarzo los 
cristales de feldespato, cuya mayor parte (lúcida) se distingue 
como plagioclasa, dando á la roca un aspecto cristalino ; Sin em- 
bargo inclusiones pequeñas angulosas y redondeadas de otras ro- 
eas en parte felsiticas, como también cristales redondeados y que- 
brados de feldespato, demuestran la naturaleza á lo menos semi- 
clástica de esta roca. Estas rocas recuerdan mucho en parte las 
areniscas, como se hallan en la sierra de San Rafael y en la Sierra 
Nevada, abajo délos pórfidos cuarciferos. 

Al fin hay que notar un conglomerado, compuesto de rodados 
de variable tamaño de pórfidos cuarciferos y de piedras felsiticas, 
cementados por cuarzo. 

III. Pórfidos cuarciferos (tobas) prejurásicos de las sierras 



220 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de Las Peñas, de San Rafael y de la Sierra Nevada. — Encon- 
tré los primeros pórfidos cuarciferos en Las Peñas entre Mendoza 
y San Rafael. Habiendo llegado de tarde y obligado á marchar 
adelante en la noche, para pasar, defendidos contra los rayos del 
so], la planicie sin agua hacia San Rafael, pude hacer algunas 
observaciones solamente cerca de nuestro campamento á la orilla 
del arroyo de Las Peñas. 

El arroyo sale aquí de la altiplanicie de Las Peñas en una hon- 
donada, cuyas paredes y suelo están cubiertas en parte con tra- 
vertina y aragonita. Las capas cortadas por él de arriba abajo, 
son las siguientes : 

1. Pórfido cuarcifero. 

2. Conglomerado de pórfido, discordante sobre: 

3. Pizarra arcillosa de color gris-azul. 

Las pocas muestras de pórfido que traje, son muy diferentes en 
estructura y color, siendo la masa de color gris-amarillo casi com- 
pacta con muy poco cuarzo, feldespato rojizo fresco ó descom- 
puesto, ó teniendo estructura bien porfiroidea por predominancia 
de aquellos componentes, sin embargo cambiando en la misma 
muestra. El feldespato rojizo lustroso se reconoce por las estrias 
como plagioclasa. 

La altiplanicie de Las Peñas prosigue al sud. uniéndose al rio 
Diamante con la sierra de San Rafael que constituye la continua- 
ción de la misma planicie. Aquí y en su continuación, en la Sierra 
Nevada los pórfidos cuarciferos ó tobas porfídicas alcanzan un con- 
siderable desarrollo . 

En la sierra de San Rafael visité el Cerro Bola y el campo del 
mismo nombre, que se estiende hasta el arroyo Tigre, al oestei 
traspasando en las lomas del Cerro Pintado. 

Los pórfidos están depositados aqui sobre areniscas con pizar- 
ras duras, pasando poco á poco por tobas en las areniscas. La es- 
tructura como color de ellos son muy diferentes. 

Se componen de una masa compacta homogénea con muy p< 
cristales, ó la estructura es casi granitoidea, siendo reducida con- 
siderablemente la pasta. El colores rojizo, gris, gris-negruzco ó 
es una mezcla de varios tinte3. Disposición prismática se observa 
en parte en el Cerro Bola. 

Cuarzo se encuentra siempre en granos irregulares y en crista- 
les. Hay plagioclasa rojiza, mientras otro feldespato gris-blanco 
sin estrias predomina en ciertas variedades granulos 



APUNTES SORRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 221 

En la Sierra Nevada (ó mejor dicho altiplanicie del Cerro Ne- 
vado) hice observaciones sobre pórfidos cuarcíferos en Agua de 
Aguirre, al margen de la meseta (continuación de la altipla- 
nicie de San Rafael) sobre que se eleva el Cerro Nevado con sus 
ramales, y á lo largo del arroyo Totora (ó Toldos Viejos), en cuyo 
lecho marchamos arriba hasta cerca del Cerro Nevado. 

En Agua de Aguirre, en la embocadura de una hondonada for- 
mada por el arroyo del mismo nombre, se halla un filón de pór- 
fido, atravesando tobas porfídicas pintadas. La roca del filón con- 
tiene cristales de feldespato descompuesto, plagioclasa vidriosa y 
un mineral verde en prismas (probablemente feldespato metamor- 
f oseado). Arroyo arriba, en el circo, con que empieza la hondo- 
nada, se encuentra sobre las tobas, arenisca gris de grano fino 
con fragmentos de pórfido, cubierta de dolorita plagioclásica. 

Entre el rio Atuel y Agua de Aguirre, al oeste de la suave ver- 
tiente de la altiplanicie hacia la pampa, se elevan algunas serra- 
nías con pendiente rápida al este, que se descubren también al 
observador lejano por sus tintes variables (rojizo y blanco) com- 
puestas de pórfidos ó tobas porfídicas. 

A veces parecen estar cubiertas por basalto y entonces las colinas 
tienen una forma más redondeada, mientras otras sobresalen en 
cumbres quebradas. 

El margen oriental de la altiplanicie conserva este carácter 
desde Agua de Aguirre hasta el arroyo Totora. Este, formando 
numerosas curvas y en parte barrancas, corta la altiplanicie un 
poco ondulada por colinas basálticas, posibilitando esencialmente la 
comprensión de la composición geológica de esta región. 

En donde el arroyo con lecho ancho arenoso entra en la llanura, 
un poco abajo de Toldos Viejos, se vé en una barranca un con- 
glomerado ó brecha, compuesta de partes redondeadas de basalto 
escoriáceo y de fragmentos de pórfidos, el todo cementado por ca- 
liza cristalizada. Arriba sigue un banco de basalto. 

Cerca de Toldos Viejos aparecen en una estrechura, que forma 
el arroyo, pórfidos y tobas porfídicas (?) de colores variables, cu- 
biertas de basalto. Siguiendo el arroyo hacia arriba se levantan 
más y más, formando á sus dos lados las pendientes, lomas de 
pórfido, cuyas formas caprichosas y paredes escarpadas junto con 
la particular mezcla de los colores de los pórfidos dan al paisaje 
un aspecto muy pintoresco. 

Esta formación continúa entre el arroyo Totora y Tundchicó al 



222 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

oeste, en donde el camino en bastante estension hacia Tundchicó 
sigue siempre entre grandes montones de pórfido. Sin duda la ma- 
yor parte de la sierra ó altiplanicie del Cerro Nevado, excepto el 
mismo Cerro Nevado que está constituido de traquita, está com- 
puesta de pórfidos cuarcíferos cubiertos de basalto, pues de la 
altura del cerro en todas las direcciones hacia el este se ven lomas 
porfídicas, que se distinguen bien por sus colores (Cerros Colora- 
dos) y formas particulares, de las lomas basálticas. 

Es de importancia para la determinación de la edad de los pór- 
fidos, que en el curso superior del arroyo Totora, cerca del cerro 
Nevado, están visibles sus capas básales, formadas por areniscas 
de igual naturaleza que las de la sierra de San Rafael. 

Los colores de los pórfidos y de sus tobas son muy variables, 
sin embargo predominan el rojizo y blanco ó mezcla de los dos. 
La roca es en pocos casos casi totalmente compacta, y generalmente 
es bien porfiroidea por secreción de muchos cristales. Plagioclasa 
se encuentra en algunas muestras en bastante cantidad, disminu- 
yéndose al mismo tiempo el cuarzo, que por lo general se halla 
siempre. Mica parda he observado en algunas variedades muy 
granulosas, casi granitoideas. 

Muy notable es la riqueza de Anfibol en algunas muestras. Las 
tobas porfídicas parecen ser más desarrolladas que en la sierra de 
San Rafael, distinguiéndose por el cambio de colores y de estruc- 
tura en la misma muestra. Casi podrían llamarse tobas brechiticas. 
Sin embargo es muy difícil distinguirlas macroscópicamente de 
los pórfidos. 

Además de la continuidad directa (pie existe entre los pórfidos 
cuarcíferos de la sierra de San Rafael y de la sierra Nevada, la 
mism;i naturaleza, de las areniscas por respaldo bajo, demuestra 
que ellos pertenecen á la misma formación. De importancia para 
la determinación de la edad geológica de las areniscas es la inter- 
posición de pizarras arcillosas en la sierra de San Rafael, lo que 
en general caracteriza las areniscas réti cas. Las pizarras arcillo- 
sas de Las Peñas también las considero según su aspeen» exterior 
como róticas. 

Considerando además que debajo de las capas jurásicas del valle 
superior del Rio Grande se encuentran pórfidos con diabasas y 
meláfiros junios con una arenisca (ó piedra semiclástica) nmj se- 
mejante a la de la Sin ra \e\ada v de San Rafael, y que estas PO- 

cas eruptivas se han observado en otros puntos de la Cordillera 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 223 

dentro de la formación rética, la edad geológica de este piso de 
pórfidos y areniscas me parece corresponde al rético; á lo menos 
no hay duda de que es prejurásica. 

Ya desde mucho se supuso la continuación de la formación ré- 
tica de Mendoza y Cacheuta hacia el sud por los hallazgos de asfalto 
en el cerro de los Buitres y en el arroyo Pequeño (sierra de Ma- 
largüé). También he encontrado asfalto en el valle superior del 
rio Salado. 

IV. Rocas dioriticas y por/ir i ticas jurásicas del Valle Her- 
moso (Rio Grande) del valle superior del rio Salado y del cerro 
Colorado (en la sierra de Malargüé). — Una de las más intere- 
santes escursiones fué la que hicimos de Villa Beltran por el va- 
lle del rio Salado al Valle Hermoso, formado por el rio Tordillo, 
que forma el Rio Grande. 

No se debe equivocar este valle con el otro del mismo nombre 
en la parte superior del valle de San Antonio en territorio chileno 
(32°20 '), ya conocido en la literatura geológica. 

Strobel siguió en gran parte el mismo camino. Viniendo de 
Chile (Curicó) fué sobre el Planchón y por el valle del rio Salado 
á San Rafael y rio Diamante. Me es posible ampliar sus impor- 
tantes noticias, pero tengo que rectificarlas en parte. Recomiendo 
mucho á los geólogos que viajen por esta parte de las Cordilleras, 
el valle Hermoso y especialmente la parte superior del rio Sa- 
lado, pues aquí encontrarán un vasto campo para estudios. 

En primer lugar son rocas dioriticas (ó graníticas) y porfiríti- 
cas, las que merecen aquí, como en toda la Cordillera entre rio 
Salado y rio Malargüé, gran atención. 

Stelzner (1) fué el primero que reconoció la importancia de 
estas rocas eruptivas para la geología de los Andes, como en ge- 
neral para la petrografía y geología. 

Descubrió rocas dioriticas, graníticas y sieníticas en el valle su- 
perior de San Antonio (valle Hermoso y valle Juncal) y apoyado 
en observaciones de otros esploradores, llegó al resultado de que 
estas rocas eran de edad jurásica ó quizás más moderna. 

Puedo afirmar con esta opinión algunos argumentos más. 

Encontrándose dioritas y rocas porfiríticas de estructura muy 

(1) Beitrüge sur Geologie muí Palaeontologic der Argentinischen Rc/mblik, 
Cassel, 1885. 



224 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

variable y otras mas. juntas en un territorio muy limitado, es in- 
dispensable dar una descripción corta de las muestras recogidas, 
para evitar errores, que pudiesen resultar de un cuadro general. 

En seguida doy algunas anotaciones sobre las localidades y la 
estructura de las rocas. 

Rocas clioríticas (ó y /'(míticas). — 1. Los Morros (rio Salado) 
en las dos pendientes cerca de la junta del arroyo Morros y del 
rio Salado (Leñas Amarillas). 

En la masa principal gris-rojiza, se destacan bien visibles al ojo 
cristales de anfibol, láminas y listas chicas lustrosas (con estrías) 
de feldespato y muy poca mica. El tamaño del grano es variable, 
hallándose dentro de la masa gris de grano medio partes oscuras 
de grano más fino. Bajo la lente las listas muy chicas de feldes- 
pato se reconocen por sus estrias como plagiociasa, mientras las 
lámina> más grandes no dejan ver estrías de maclas. El anfibol es 
verde, componiéndose en parte los cristales de fibras paralelas al 
eje principal, ron poco lustre. Cuarzo se encuentra en granitos 
muy finos ('h y se halla también diseminado un mineral negro de 
hierro. 

La roca ya mencionada por Strobel tiene graíi semejanza con 
la de la Casucha de Janucillo (Paso de la Cumbre), como también 
con la del rio Juncal entre Guardia nueva y Vieja (Stelzner). 

2. Cerca de la vertiente del agua cutre el arroyo del Portezuelo 
ancho Crio Salado) y el arroyo Yagareta dio Tordillo). 

La roca de grano bastante grueso recuerda á primera vista la 
sienita ó granito. Se compone de feldespato claro, á veces poco 
opaco, con estrías en su mayor parte Plagiociasa), anlibol verde- 
oscuro y muypoca mica. Cuarzo en granitos muy finos no se deja 
constatar con seguridad por medio de la lente. 

3. Valle Hermoso, al lado oriental, formando la pendiente 
cerca de las lagunas. 

De grano medio lino. Entre láminas gris-blancas de feldespato 
relucen listones finos de plagiociasa. Las partes más oscuras de 
color gris-verde se reconocen con la lente como anfibol. Puntos 
negros lúcidos se componen probablemente «le un mineral de hier- 
ro. La pirita decobrees muy diseminada. La mica es muy escasa. 
Cuarzo en granitos muy linos como cemento entre los otros com- 
ponentes queda macroscópicamente problemático. 

4. Cerro Colorado, lado occidental del rio Malargüé. 

La roca es semejante á la del valle Hermoso. Estructura crista- 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL ¡¿25 

lina de grano medio, con anfibol, plagioclasa y poca mica. Algu- 
nas muestras son de grano muy fino ó casi completamente com- 
pactas, de color sucio-blanco, ó contienen manchas pardo-ama- 
rillas, producidas por descomposición de un mineral de hierro 
diseminado en granitos. 

En la masa fina se encuentran granitos de cuarzo, mica, poco 
feldespato y anfibol (?). 

La misma composición, pero de grano más grueso y con mayor 
proporción de mica tiene un rodado encontrado en el rio M alar- 
gué, en la pendiente oriental del cerro Colorado. 

La roca número 3 del valle Hermoso se presenta en gran masa, 
formando un cerro enclavado en areniscas coloradas con yeso 
(probablemente subjurásicas), y se halla íntimamente enlazada con 
las rocas número 12 más abajo mencionadas. Sus laderas están 
cubiertas de escombros de montaña, que no dejan fijar su rela- 
ción con las areniscas. 

En Los Morros existe una masa déla roca número 1 de ancho muy 
insignificante en comparación con su altura, que no es más, según 
mi concepto, que un filón; se observa dentro de las areniscas colo- 
radas cuyas capas tienen inclinación anticlinal, y sobre las que 
descansan capas jurásicas fosilíferas de caliza y de pizarras arci- 
llosas. Este filón prosigue al norte, formando varias puntas altas 
de la pendiente oriental del valle del rio Salado (Leñas Amarillas), 
compuestas de capas jurásicas. 

También sobre las laderas del cerro Colorado (rio Malargüé), 
formado por roca número 4, descansan arenisca y caliza jurásica, 
siendo muy probable que las cimas más altas de la cordillera en- 
tre rio Malargüé y rio Salado, el cerro Morro y Chacay, en cuya 
continuación se halla el filón de Los Morros, estén constituidas 
por esta roca diorítica. 

Queda en estos casos indeciso, si la roca eruptiva es anterior ó 
posterior en su aparición al terreno jurásico. Es fuera de duda, 
que la roca número 2 atraviesa las rocas porfiríticas, abajo des- 
critas, depositadas sobre las areniscas coloradas con yeso (sub- 
jurásicas), ó á lo menos está encerrada por ellas; por consiguiente 
es de edad jurásica. 

Indudablemente rocas de esta naturaleza se encuentran también 
en las cordilleras hacia el sud, siendo posible que el Palau-Mahui- 
da, el Choi-Mahuida (en la continuación de la sierra de Malar- 
güé) y Mayan-Mahuida (según Avé-Lallemant en parte compues- 

REV. ARG. DE III.ST. NAT. — T. I 15 



226 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tas de andesita), se componen de ellas. Rodados dioríticos en el 
arroyo Haichol (rio Agrio) demuestran la existencia de dioritas 
en la sierra Haichol. 

Rocas porfirític as cuarciferas. — 5. Rio Salado, un poco arriba 
de la junta del rio Salado y del arroyo Los Morros, formando la 
pendiente occidental del primero. 

Muchos cristales de plagioclasa, grandes granos de cuarzo y an- 
fibol descompuesto, están incluidos en una masa compacta de co- 
lor rojo-parduzco. Dentro de la masa compacta se distinguen par- 
tes granulosas. 

6. Localidad anterior. — En una masa compacta parda se en- 
cuentran cristales blancos algo opacos ó brillantes de plagioclasa, 
cuarzo en granos irregulares y un mineral en prismas poco des- 
compuesto (anfibol). 

7. Arroyo del Portezuelo Ancho, en la misma pendiente como 
las anteriores en la cercanía inmediata de la roca número 2. 

En una masa compacta parda se hallan cristales verduzcos de 
plagioclasa y anfibol descompuesto. 

8. Localidad anterior. — En una masa verde con manchas os- 
curas, producidas por anfibol (?) se destacan cristales claros y opa- 
cos de plagioclasa y poco cuarzo en granitos. 

9. Localidad anterior. — Muchos cristales chicos, gris-blancos 
de plagioclasa están engastados en una masa pardo-oscura, com- 
pacta ó en parte granulosa. Anfibol se encuentra poco en crista- 
les bien distinguibles. Epídota, acompañado de pirita de cobre 
cruza en fajas irregulares la masa. 

Cuarzo en granos no bien visible, parece estar muy distribuido 
y en granitos muy finos. 

10. Localidad anterior. — En una masa gris-verde se distinguen 
bien solamente granos de cuarzo. Además hay algunos pocos cris- 
tales de feldespato opaco y muy poco anfibol. 

11. Localidad anterior. — Roca verde, á simple vista compacta, 
pero bajo la lente se muestra de grano muy fino. De los compo- 
nentes se reconocen solamente cuarzo y feldespato (quizás una 
variedad compacta de la roca número 2.) 

Las rocas porfiriticas número 5 jy número 6, que como las otras 
qo ha visto Strobel, forman la pendiente occidental del rio Sa- 
lado (Leñas Amarillas) arribade la junta con el arroyo Morros, 
siendo interrumpidas, cercado la confluencia del rio Salado y del 
anuyo del Portezuelo ancho, por areniscas con yeso, sobre lascua- 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 227 

les descansan según mis observaciones. Rio arriba siguen, forman- 
do la pendiente derecha del arroyo del Portezuelo las rocas 7 y 11, 
junto con la roca dioritica ó granítica número 2. Por falta de 
tiempo me fué imposible estudiar detalladamente las relaciones 
de todas estas rocas entre sí, sin embargo puedo constatar que la 
roca número 2 parece atravesar las otras dioríticas, ó que se en- 
cuentra á lo menos dentro de ellas. La observación está hecha 
desde lejos. 

Al fin en el Portezuelo ancho se hallan las rocas número 12, 
abajo mencionadas. 

De la junta del rio Salado y del arroyo del Portezuelo ancho 
el camino sigue arriba al lado derecho de este arroyo y se obser- 
van al lado izquierdo de abajo arriba las siguientes capas : arenis- 
cas coloradas con yeso, arenisca gris y conglomerado y al fin are- 
nisca gris calcárea fosilífera (jurásica ó cretácea). Los conglome- 
rados están atravesados de un filón de una roca, que vista desde 
lejos parece ser igual á la roca dioritica número 2. encontrada 
exactamente al otro lado opuesto del arroyo. 

12. En la vertiente del agua entre el arroyo Yagareta (rio Tor- 
dillo, rio Grande) y arroyo del Portezuelo ancho (rio Salado), 
como abajo en los dos valles, formando la pendiente austral respec- 
tivamente occidental y en directa asociación con las rocas eruptivas 
anteriores se hallan algunas rocas de naturaleza problemática. En 
general son compactas, de color sucio-blanquizco, gris ó verdoso. 
Algunas tienen la vista de Thonstein (Thonporphyr, arcillolito), 
componiéndose de una pasta compacta, en que están engastados 
muy pocos cristales chicos de plagioclasa clara juntos con otro fel- 
despato opaco, como también granitos muy finos de cuarzo. Otras 
son más porfiroideas con más cristales bien visibles de plagioclasa. 
Algunas muestran un contenido de mica parda y de un mineral 
verde descompuesto, en prismas (anfibol). Se distinguen otras 
por su carácter de toba, color verdoso y mayor proporción de mi- 
ca. Strobel llama estas últimas con la espresion indeterminada 
froppo, y considera las otras como traquita. 

Esta opinión no es justificada, y parece que Strobel reúne 
bajo el nombre de traquita rocas muy diferentes. Según él se en- 
cuentra traquita en todas partes del camino desde el Planchón 
hasta el rio Diamante. Sin embargo no puedo confirmar esta no- 
ticia no habiendo hallado ninguna Traquita en el trayecto por el 
valle del rio Salado. Su propagación es á lo menos muy limitada. 



228 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Más probabilidad existe de que las rocas descritas estén en re- 
lación con las rocas dioriticas (núm. 3, etc.). Algunas de granos 
sumamente fino, casi presentándose compactas, que se propagan, 
en la pendiente izquierda del arroyo Yagareta desde el Portezuelo 
ancho hasta el valle Hermoso están en unión casi directa con la 
roca dioritica número 3 del valle Hermoso, solamente separadas 
de ella por amontonamiento de escombros pedregosos. 

Considerando además que la diorita número 4 del cerro Colo- 
rado es variable en estructura y combinación y demuestra varie- 
dades muy parecidas á las de aquella localidad, la suposición de 
su afinidad petrográfica alcanza más realidad. 

Según mis observaciones, estas rocas descansan sobre la are- 
nisca colorada con yeso (sub-jurasica). El camino que vá de 
las lagunas del valle Hermoso arriba al Portezuelo ancho pasa so- 
bre arenisca ó marga arcillosa, cuyas capas inclinadas hacia el 
valle Hermoso desaparecen debajo de las rocas citadas, en este 
caso de una roca muy fina-cristalina. 

Más luz respecto de la edad de estas rocas da el hallazgo de una 
brecha ó de conglomerado en la cercanía del Portezuelo Ancho, 
donde he recogido numerosos fósiles jurásicos (cretáceos?). Se 
compone de fragmentos de las citadas rocas en sus diferentes va- 
riedades, granos de cuarzo, etc.. unidos por un cemento crista- 
lino de cuarzo y caliza; en él se encuentran también cristales de 
feldespato (quebrados?). Pectén, Terebratula, etc., están petrifi- 
cados 'mi parte por caliza, en parte por calcedonia, encontrándose 
ademasen el conglomerado pedacitos de madera carbonizada. El 
conglomerado pertenece según los fósiles á la formación jurásica 
superior ó quizás formación cretácea. 

Asi oca-i fuera de duda, que estas rocas porfídica- están in- 
cluidas dentro del terreno jurásico, perteneciendo á un piso más 
arriba que 1"- pórfidos cuarciferos de la sierra Nevada, de San Ra- 
fael, de Las Peñas y del vallé superior del Rio Grande. 

Al fin remito aqui a StuéSel (erupción antigua volcánica en la 
vecindad de lo- Baños de Cauquenes, Santiago. 1878), que ha des- 
crito un sistema probablemente análogo de rocas dioriticas ó gra- 
níticas \ porfiríticas de Cauquenes en ( ¡hile (34°15'). 

V. Roras porfídicas y porfiríticas dentro del terrenosjurá- 
sico fíe /os valles superiores del Picun-Leufú y Covunco. — En 
este grupo reúno algunas rocas cuya clasificación por vía ma- 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 229 

croscópica no se puede fijar bien en parte, y cuyas relaciones 
con las formaciones sedimentarias quedan también en duda. Están 
en relación local entre sí y dejan agregarse mejor en sentido 
petrográfico como geológico al grupo anterior. 

En primer lugar son rocas compactas felsíticas de color blan- 
quizco, gris ó rojizo,, en que se destacan solamente granitos muy 
finos de cuarzo y feldespato (en parte como plagioclasa distin- 
guible). Algunas son muy ricas de cuarzo. Recuerdan lo más los 
pórfidos felsiticos ó cuarciferos. Algunas tienen gran semejanza 
con las rocas n° 12 del grupo anterior en composición y estructura. 

Todas se encuentran en la región de los arroyos manantiales 
del Covunco. Picun-Leufú y del Catanlil, donde forman los 
ramales de la sierra de Chachil y se pierden al este en insig- 
nificantes lomas dentro de areniscas y caliza jurásicas. Nuestro 
camino las pasó aquí varias veces. Solo en un punto, no lejos 
del Fortín viejo al Corunco superior, me era posible constatar una 
posición probable de las rocas sobre el sistema jurásico (arenis- 
cas). Sin embargo, datos seguros sobre su edad no pude recoger 
en la prisa con que corrimos estas regiones. En la vecindad de 
la roca n" 2, quizás no más distante de 200 metros, encontré la 
roca n° 6, de carácter porfirítico ó andesítico formando una masa 
insignificante dentro de arenisca, y otras de semejante naturaleza 
en el cañadon Caryilahué, al este del Catanlil, y como rodados, 
proviniendo de la sierra Chachil, en eL Picun-Leufú. Creo tengan 
aquí también su lugar. 

De otras rocas eruptivas, que se hallan en estos distritos, co- 
nozco solamente, prescindiendo de basalto plagioclásico, granito 
en el Catanlil superior y probablemente también en la sierra Cha- 
chil, y al Norte de esta sierra, rocas dioríticas, ya arriba men- 
cionadas. 

1. Arroyo Covunco, cerca del Fortín Viejo. — Una masa com- 
pacta, de color blanquizco ó gris-bkuico, en parte amarillo ocráceo, 
encierra granitos de cuarzo muy diseminados, muy poco feldes- 
pato y pocos prismas chicos de un mineral verde, descompuesto, 
que da á la roca, en parte, un color verdoso. La porosidad parece 
ser producida por descomposición y salida de minerales. Un mi- 
neral muy blando, parecido á Steiumark, de color amarillento 
ó verdoso hay, aunque escaso, en las cavernosidades. 

2. Arroyo Nireco, en Picun-LeuíÚ. — Roca íelsítica de fractura 
astillosa,, concoidea, de color rojizo ó gris-blanco, con estructia- 



230 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ra fluidal, que se indica en fajas onduladas muy linas, diferen- 
temente coloreadas, compuestas de una masa probablemente 
á veces más cuarzosa y otras más felsítica. También alternan fajas 
de una masa casi negra, parecida á lidita con otras de color 
más claro. 

Dentro de la masa compacta yacen visibles, á simple vista, 
numerosos granitos de cuarzo y también la masa compacta pa- 
rece componerse esencialmente de cuarzo, siendo reducida la 
sustancia rojiza de feldespato. Observando cuidadosamente, se 
notan muy diseminados en la masa, cristales muy chicos vitreos 
de plagioclasa; además parece contener otro feldespato, en parte 
descompuesto. 

3. Arroyo Nireco . — Una variedad de la anterior, en las in- 
mediaciones de ella. Con fajas anchas de color gris-blanco, pardo 
ó pardo-rojizo, compacto ó de grano muy fino. Se destacan fel- 
despato claro con y sin estrías, feldespato opaco, metamorfoseado 
en parte en una sustancia verde, granos de cuarzo y un mine- 
ral el orí tico. 

4. Catanlil superior. — Casi idéntica ron la anterior, pero más 
granosa, con los mismos componentes. 

5. Arroyo Nireco . — Roca de fractura astillosa parecida á pe- 
dernal de color gris-blanco, con partes verdosas, pocos granos 
de cuarzo, feldespato claro, gris y rojizo. 

Rocas por f'ir ¡ticas (ó Andesiticas).—~ 6. Arroyo Nireco, en cer- 
canía de la roca n° 2. 

De una masa compacta parduzca se destacan cusíalos de feldes- 
pato, en parte plagioclasa, de anfibol venir descompuesto, y gra- 
nos de cuarzo muy diseminados. 

La roca es poco descompuesta, y los cristales de feldespato 
están cubiertos de hierro pardo-ocráceo. Los rodados del Picun- 
Leufú tienen estructura y composición semejante. La plagioclasa 
está metamorfoseada en epidota. Cuarzo y prismas chicos <lc an- 
fibol descompuesto, son casi siempre visibles. 

VI. Andesitas.— Estas rocas tienen una propagación muy gran- 
de en nuestro territorio, pero se encuentran según mis averigua- 
ciones solamente en forma de bancos j en filones angostos y nunca 
en masas tan considerables, como la diorita y los piulidos. 

Su mayor desarrollo está entre rio Salado y rio Neuquen, Al 
sur andesita verdadera aparece otra vez en el cerro Campana 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 231 

Mahuida al rio Agrio (ya descrito por Avé-Lallemant) en donde 
parece perderse, si las rocas porfiriticas del Covunco no pertenecen 
á las andesitas. Al este su propagación es más limitada, no 
siendo conocidas hasta hoy en la sierra de San Rafael y en 
la sierra Nevada, como tampoco se encontrarán en las regio- 
nes más australes, al este del 69°40'. Como ya lie dicho las 
rocas andesiticas tienen la propensión de formar bancos, general- 
mente superficiales, carácter que por si solo basta para distinguirlas 
(prescindiendo de las rocas basálticas) . Asi defendiendo las capas 
inferiores contra la erosión han conservado en muchas partes de 
nuestros territorios el carácter de altiplanicies, si bien de peque- 
ñas dimensiones. 

Ninguna roca ofrece al geólogo más ocasión de conocer filones 
como la andesita. Primero observé tales filones en la pendiente 
del valle del rio Salado, poco abajo de la laguna de las 
Piedras Negras, donde el rio entra en una estrechura. Aquí 
algunos filones de andesita atraviesan, también intercalándose, 
areniscas sub-jurásicas silicificándolas bajo cambio de colores. 
Otros filones, saliendo como murallas por destrucción de las 
capas atravesadas se hallan dentro de caliza jurásica superior 
en la sierra de Loncoche, en portezuelo del Loncoche y en el 
sio Barrancas entre la laguna Cari-lauquen y la Puerta Cha- 
muco. Aqui se puede ver en una barranca alta una red de filo- 
nes de andesita, atravesando tobas y brechas andesiticas. Sobre 
las tobas sigue arriba un conglomerado con fragmentos de an- 
desita, sobre el que está depositada una toba traquitica. Todas 
las muestras de estas rocas, como otras mas de gran valor se 
han perdido en el trasporte á Mendoza., por lo que tengo que li- 
mitarme á estas pocas noticias. Rio abajo están visibles bajo las 
tobas andesiticas, capas jurásicas. 

Felizmente todas las andesitas tienen no obstante de su 
gran propagación un carácter petrográfico muy uniforme, siendo 
muestras que provienen de puntos muy distantes, casi idénticas. 
Solo en pocos casos queda la naturaleza de la roca en duda. Esto 
se refiere á algunas rocas de la región del rio Malargüé; sin 
embargo ellas se reconocen bien como andesitas por ser enlaza- 
das con otras andesitas bien caracterizadas. Todas las andesitas 
parecen ser antibélicas. En cuanto á la edad de las andesitas, 
mis observaciones afirman primero lo que está ya conocido de 
otras regiones de los Andes. Ellas atraviesan areniscas sub-jurá- 



232 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

sicas (réticas) en el rio Salado, capas jurásicas superiores en el 
Portezuelo de Loncoche y cubren capas jurásicas en el rio Ma- 
largüé (aqui superiores) y en el rio Barrancas. 

En general, existe el concepto que las andesistas sean de la 
edad terciaria. Pero una toba andesítica que he encontrado 
en el cerro Poanca cerca de Ñorquin (rio Agrio) demuestra, que 
esta opinión no está bien justificada. Esta toba contiene fósiles 
jurásicos y por consiguiente no puede ser de edad terciaria, sino 
jurásica. 

En seguida doy una enumeración de las localidades, de don- 
de traje andesitas, adjuntando algunos apuntes petrográficos. 

1. Rio Salado, pendiente izquierda abajo de la laguna de las 
Piedras Negras. 

Masa gris-verdosa con grandes cristales de anfibol y con 
pirita de cobre. 

2. Rio Malargilé, rodados en él. — Masa gris- verdosa con 
cristales muy grandes de anfibol. poco plagioclasa y con el muy 
interesante y escaso mineral Uralita. 

3. Rio Malar g Lié, puesto arriba de la toma de la acequia. — 
Roca gris con muchos cristales chicos de anfibol. Es dudoso, si es 
andesita . 

4. Arroyo Negro, rio Malargüé. — En una masa gris-verdosa 
anfibol y feldespato en igual proporción. Forma un banco sobre 
arenisca sub-jurásica con yeso. 

5. Rio Malargüé; al oeste del cerro Colorado. — Comprende 
vana- muestras, que recogí al oeste del ceno Colorado en la cer- 
canía del Portezuelo de Carqueque. Son en su mayor paite rocas 
compactas decolor gris, pardoó verdoso; solo en algunas hay pla- 
gioclasa y anfibol distinguibles. Cubren pizarras y marga jurá- 
sica. 

6. Portezuelo de Loneoche. — Masa gris-verde ó gris-clan». 
En parte cristales grandes de 'anfibol; plagioclasa se destaca bien, 
pero en parte descompuesto. Forma filón en caliza jurásica. 

7. Ranquil del Norte (rio Grande). — Roca casi completa- 
mente compacta, gris parduzca, en la que relucen muy pocas listas 
chicas de plagioclasa. 

Por medio de la lente se conocen cristales chicos de anfibol y 
granitos de cuarzo, ó la roca es mas porfiroídea con más listas chi- 
cas de plagioclasa clara, láminas de sanidina, cristales chicos de 
un feldespato rojizo descompuesto, granitos de cuarzo y muchos 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 233 

cristales grandes y chicos de anfibol. Forma filón dentro de are- 
nisca, arcilla margosa con yeso. 

8. En el camino de Huincanes á Mechenguil. — En una masa 
verde-oscura cristales de anfibol, feldespato blanco-lechoso y sa- 
nidina (?) . 

9. Cerro Poanca, cerca cíe Ñorquin al rio Agrio. — Una ma- 
sa granujienta, gris-verde, conteniendo plagioclasa blanca y 
anfibol en igual proporción, pocos granitos de cuarzo, algunos 
grandes cristales de anfibol y poca sanidina (?), ó en masa com- 
pacta gris se destacan cristales de plagioclasa gris-blanca, anfibol 
y granitos de cuarzo. Sobre capas jurásicas. 

10. Campana Mahuida al rio Agrio. — En una pasta gris- 
verde muchos cristales de plagioclasa gris-blanca y anfibol, las de 
anfibol en parte apenas distinguibles macroscópicamente. 

Una variedad es casi compacta con granitos de pirita de hierro, 
transformado en hierro pardo. Sobre arenisca jurásica. 

VIL Traquitas. — Estas rocas representan un papel relativa- 
mente insignificante en nuestro territorio. 

1. Alcanzan su mayor desarrollo en el Cerro Nevado, que está 
constituido en la parte setentrional, visitada por mi, exclusiva- 
mente de traquita (no basalto, como Avé-LalleiMAnt indica en 
su mapa de la Cordillera entre rio Diamante y Lonquimay). 

Su estructura es muy diferente, predominando masa compacta 
cristalina y en parte porosa con muy pocos cristales ele sanidina y 
anfibol, ó porfíroiclea, la estructura es con sanidina y anfibol. 
A veces observé disposición en bancos. El color es variable, 
generalmente es gris, gris-rojizo ó gris-negruzco. Algunas mues- 
tras escoriáceas, muy cavernosas ó bombas con hauyna indican 
un volcan. 

De una cima al nordeste de la cumbre del cerro (con poca dife- 
rencia en sus alturas), que subimos desde el puesto de Ortuvia 
(arroyo Totora) vi en dirección austral una pared muy escarpada 
que mirada á través del anteojo, pareció ser compuesta de una 
roca gris (toba?), cruzada poruña laja negra (íi Ion?). 

Esta pared limita un precipicio considerable; si él representa 
un cráter ó si solamente es una hondonada de erosión no lo puedo 
decir. Aunque el cerro Nevado, visto desde la llanura de Aguirre 
parece elevarse bruscamente sobre las alturas de los alrededores, 
se ve llegando á la altiplanicie de Totora, que su pendiente orien- 



234 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tal, cubierta de corrientes de lava, como parece desde lejos, pasa 
poco á poco en la altiplanicie, compuesta de areniscas, pórfidos 
euarcíferos, y atravesada por basaltos. 

Una investigación detallada de la sierra Nevada tendrá grandes 
dificultades por la falta de agua. 

Por esta razón no nos fué posible subir á la cumbre, teniendo 
que regresar por nuestros animales á Totora al segundo dia de la 
partida. 

2. Cerro Los Buitres. — Son algunas lomas chicas de traquita 
prominentes del terreno jurásico, en la llanura en la pendiente 
oriental de las cordilleras entre rio Atuel y rio Diamante. 

La traquita se compone de numerosos cristales chicos de anfi- 
bol, sanidina y poca plagioclasa. 

3. Rodeo Viejo, Arroyo de la Cieneguita. — Idéntica con la an- 
terior. Forma banco sobre capas jurásicas superiores. 

4. Banda occidental del valle superior del rio Malargüé, cer- 
ca del cerro de las Torrecillas. — Masa compacta gris-negruzca, 
cavernosa, con cristales de sanidina en las porosidades. Cubre ca- 
lizas margosas jurásicas y arenisca con yeso (sub-jurásico). 

5. Ranquil del Norte, entrerio Barrancas y los Huincanes. — 
Forma filones dentro de areniscas sub-jurásicas y está relacionada 
quizás con la andesita, muy cerca de ella (véase arriba). Es un 
poco más oscura que las anteriores, contiene poco anfibol macros- 
cópico, más plagioclasa y poca mica. 

6. Arroyo Queli-Malal, cerca de Ñorquin en el rio Agrio. — 
Roca muy variable en estructura y composición, encontrada como 
rodados cu el arroyo. 

7. Huincanes (Rio Grande) — Roca gris, de grano muy fino, 
poco porosa. Dentro de arenisca suó-jurásica. 

Incluyo aquí una corta descripción del detrito volcánico, ceniza 
volcánica, toba traquitica, descubiertos durante el viaje. 

Encontré ceniza volcánica blanca como capa superficial de cerca 
de medio metro de espesor cerca de Carisal entre Mendoza y San 
Rafael. 

Tal capa de ceniza con pedazos de pómez se halla en el arroyo 
Hondo al norte del ri<> Diamante en la parte superior de la for- 
mación pampeana algunos metros abajo de un banco de basalto. 

A-demás observé en una barranca del rio Atuel poco arriba de 
las Lomas Negras ceniza mezclada con arcilla y alternando con 
capas delgadas de esta y de arena (con Succinea, Helix). 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 235 

En la banda del rio como en la llanura á lo largo de este en to- 
das partes se hallan pedazos redondeados de pómez. 

Bancos considerables de toba traquítica de naturaleza y color 
variable (gris, gris-negruzco, rojizo, etc.), en parte con sanidina y 
anfibol, partículas de lava y fragmentos de otras rocas descansan 
en las depresiones entre las lomas bajas de la sierra de Malargüé 
al este y oeste del cerro Colorado (rio Malargüé, arroyo Pequenco, 
arroyo Carqueque) sobre capas jurásicas y terciarias, ó también, 
como en parte á lo largo del rio Malargüé (arroyo Negro) sobre 
rodados. 

La toba t raquítica de color gris -blanco, estratificada en bancos y 
compuesta de pómez, fragmentos de otras rocas, etc., alcanza el 
mayor desarrollo en la región del arroyo Rague y Huinquimilio 
al oeste de la Cordillera Azul. Bancos hasta de 2 metros de espe- 
sor cubren aquí capas jurásicas y parecen estenderse hasta la cor- 
dillera central (Campanario). 

Seria supérfluo indicar aquí todos los puntos, "donde observó 
pómez ó ceniza volcánica. Basta notar solamente los siguientes: 
arroyo Mechenguil, Agua Caliente (Tromen), rio Agrio (Pozo Gua- 
licho), rio Catanlil (puesto inglés), rio Collon-Curá (arroyo Le- 
line); estos indicios de erupciones fuertes están esparcidos sobre 
todo el territorio. 

En el arroyo Leline una capa de toba descansa sobre marga y 
arcilla (formación pampeana), posición completamente análoga á la 
observada en el arroyo Hondo. 

Ceniza volcánica de la misma naturaleza es conocida casi por 
toda la República, encontrándose aún en la provincia de Bue- 
nos Aires. 

Ella parece ocupar un horizonte fijo en la formación pampeana, 
interponiéndose según mis observaciones entre la formación pam- 
peana superior y formación pampeana lacustre (1). Esto concuer- 
da bien con el yacimiento en el valle del Collon-Curá (arroyo Le- 
line) y en el arroyo Hondo. Pues las erupciones, que han sumi- 
nistrado este material , sucedieron en la época diluviana, pero son 
más viejas que los derramamientos basálticos (á los que el banco 
de basalto del arroyo Hondo pertenece). 

(1) Trabajo del autor: La cacuro, del Rio I" en Córdoba. Boletín de la Acade- 
mia, tomo XII. 

Según Amegiuno esta capa no ocupa un horizonte fijo en la formación pam- 
peana de la llanura. 



236 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

VIII. Basaltos. — Ocupan en grandes masas continuas dos zo- 
nas, una en la Cordillera misma entre 37° y 39° (también más al 
norte), coincidiendo las cumbres cerca con el 71°, y la otra al este 
del69°40\ 

Aquí en el rio Grande el cerro Payen, ya desde mucho tiempo 
conocido con sus escoriales, que indican su naturaleza de volcan, 
forma un centro de acción volcánica. En continuación al. norte 
siguen muchos cerros basálticos (cerro Tinguirico) y al fin los 
ramales occidentales de la sierra Nevada. 

Además en estas zonas principales, que sin duda representan 
sistemas de grietas viejas, se encuentran basaltos también en el 
territorio intermedio generalmente en forma de bancos sobre capas 
jurásicas. 

También son conocidos hace mucho como volcanes apagados el 
cerro Diamante en el rio Diamante, y al fin el Tromen entre rio 
Grande y rio Neuquen, perteneciendo á la gran grieta del rio 
Grande. 

En la altiplanicie entre rio Colorado y rio Neuquen, como entre 
este y rio Limay hay basalto en todas partes, formando bancos y 
cerros redondeados, y al sud del rio Negro en Patagonia ya está 
descrito de varios puntos. 

Datos más detallados daré en el mapa del itinerario, que se pu- 
blicará en breve. 

En cuanto á la naturaleza de las rocas hay que notar, que todas 
las muestras, traidas por mi, pertenecen á la clase délos basaltos 
plagioclásicos, -i es permitido deducir la naturaleza de tal roca de 
un examen macroscópico. 

Como ya notó Avé-Lallemant, estos basaltos no son de la 
misma edad, sino que representan diferentes épocas de erupcio- 
nes. Sin embargo hasta ahora es imposible determinar exacta- 
mente el principiode las erupciones, si bien podemos suponercon 
bástanle seguridad, que ellas han ocurrido ya en la época tercia- 
ria. Con más seguridad podemos fijar el lin de las erupciones. 

En el Arroyo Hondo (rio Diamante) observé un banco basáltico 
Sobre la formación pampeana y también en el valle del Collon-Curá 
y alrededor de Junin de los Andes cubre una roca basáltica amig- 
daloídea un terreno de arcilla margosa con tosca, de edad muy mo- 
derna, y muy probablemente equivalente á la formación pampeana. 

También la naturaleza de las corriente- de la lava basáltica, como 
se observan en el cerro Payen (Los Escoriales), en el valle del rio 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 237 

Agrio (Escoriales del Chenque Mocoche) y en el valle del rio Sa- 
lado (laguna de las Piedras Negras) indican, que se han derra- 
mado en tiempos no muy lejanos. 

Según Poeppig, el Tromen (Pun-Mahuida) ha tenido en el año 
1822 y 1828 una erupción con salida de lava. Habiendo subido al 
volcan al lado occidental, siguiendo un conduelo de agua que en 
la época del derretimiento de las nieves lleva el agua á la laguna 
que se encuentra al pié del Tromen, tengo que poner en duda la 
verdad de este dato por la naturaleza del cráter, y especialmente 
de la vertiente del cerro. Sea como sea, indudablemente han tenido 
lugar derramamientos basálticos en tiempo histórico, pues el 
volcan Copahue, del que han salido las lavas basálticas del valle 
superior del rio Agrio, todavía hoy está en cierta acción, arro- 
jando agua hirviendo (Baños de Capahue) y dando salida á gran- 
des cantidades de vapor de agua y de gas sulfhídrico. 

Las diversas erupciones sucedieron dentro de gran espacio de 
tiempo. 

En la formación pampeana, en el arroyo Hondo se observa de- 
bajo de un banco de basalto una capa de toba traquítica ó de ce- 
niza volcánica con pómez. Una capa parecida de detrito volcánico 
traquitico descansa, en el arroyo Quilico (Mechenguil, rio Grande) 
sobre un conglomerado ó brecha, compuesta ele fragmentos de 
basalto, caliza, etc., que llena una grieta. Esto prueba épocas de 
erupciones basálticas distantes, si no se supone diferentes épocas 
de erupciones traquiticas, lo que no es probable. 

En el valle del rio Agrio, abajo de la embocadura del rio Tro- 
lope en una barranca entre basalto, está situada una capa gris- 
blanca, fino-terrosa, probablemente un producto de fango volcá- 
nico, que se depositó durante una época de descanso del volcan, 
como se forma todavía hoy en los Baños de Copahue del material 
basáltico por la acción destructiva de los vapores de agua y gas 
sulfhídrico. 

Semejantes tobas basálticas y capas detríticas de basalto, cu- 
biertas de basalto, se encuentran en la banda occidental del rio 
Agrio abajo del arroyo Hualcupen hasta el arroyo Haichol, y pa- 
rece que toda la pendiente occidental del rio Agrio hasta el arroyo 
Haichol se compone especialmente de tobas basálticas, cuyo ori- 
gen está en la cadena occidental de cerros basálticos en la conti- 
nuación austral de los volcanes Trolope y Copahue. 

Ya he hecho mención arriba, en el capítulo sobre los pórfidos 



238 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

cuarcíferos, de una piedra detrítica de basalto cubierta de basalto 
(arroyo Totora). 

Descubrí un estrato volcánico en el Ponontregua, al este del 
arroyo Totora (sierra Nevada). Se compone de materiales arro- 
jados, formando capas de toba bien estratificadas é inclinadas 
accesibles por una hondonada con gran circo, y que parece ser el 
cráter viejo. Fragmentos de basalto se hallan en una masa ter- 
rosa gris y pardo-amarilla, cruzada por venillas de espato de cal. 
Sigue arriba otra capa, compuesta de fragmentos basálticos re- 
dondeados, porosos, de tamaño de una alberja (Lapilli) con muy 
poco cemento. Arriba esta capa se vuelve más fina, terrosa (ce- 
niza). Algunos filones de basalto, semejantes á murallas (por des- 
trucción de las capas de la toba) atraviesan el cono, cuya super- 
ficie está cubierta también de basalto. 

Todas estas observaciones demuestran que derramamientos 
basálticos sucedieron con intervalos. 

Avé-Lallemant distingue dos épocas de erupciones. Según él 
la primera está caracterizada por «traquita negra, roca de aspecto 
basáltico exterior», pero sin plagioclasa (la formación volcánica 
antigua de Pissis); á la segunda pertenece el basalto, que por ejem- 
plo en el Trolope y Tromen atraviesa la traquita negra. Con gran 
sentimiento mió las muestras de basalto de la erupción antigua 
del Tromen se han perdido en el transporte. Otras localidades, 
de donde Avé-Lallemant trajo muestras no están por él bien 
determinadas, siéndome asi imposible una comparación. Sin em- 
bargo, tengo que notar, que en todas las muestras traidas por mi, 
también en las de los «bancos horizontales, los Mala! de los In- 
dios» se distingue bien macroscópicamente plagioclasa, pero cuyo 
aspecto recuerda la sanidina. Casi todas las muestras contienen 
olivina. 

Prescindiendo de toda descripción délas rocas basálticas, doy 
aquí una simple enumeración de las localidades, de donde traje 
muestras. 

1. Arroyo Tigre, tierra de San Rafael. — Atraviesa en un 
filón el pórfido cuarcífero. Compacto de color gris-negro. 

2. Sierra de San Rafael. — Como basaltito, entre pórfidos 
cuarcíferos. 

3. Sierra de San Rafael. — Dolerita porosa. Sobre conglome- 
rado de pórfido con aragonita. 

4. Agua de Aguirre. — Dolerita de estructura variable con oli- 



APUNTES SOBRE ROCAS ERUPTIVAS DE LA PENDIENTE ORIENTAL 239 

vina, en parte porosa. También como lava de color pardo-rojizo. 
Descansa sobre areniscas depositadas sobre tobas porfídicas. 

5. Ponontregua. — Dolerita en forma de filones y de bancos. 

6. Rodeo Viejo. — Dolerita. compacta ó porosa, en parte con 
olivixia. 

7. Rio Salado. — Lava de color gris-negra ó gris-parduzca, 
casi compacta, con anfibol pardo, olivina y leucita (?). Muy mo- 
derna. 

8. Agua botada. — Dolerita gruesa. 

9. Palauco. —• Basáltito, rodados en el camino entre arroyo 
Butalon y rio Grande . 

10. Buta-Ranquil (Rio Grande). — Dolerita porfiroidea, gris- 
negro con plagioclasa, parecida á sanidina; muy quebradizo por 
el contenido de plagioclasa. Descansa á la orilla izquierda sobre 
arenisca colorada margosa, formando barrancas. 

11. Los Volcanes (Rio Grande). — Lava porosa con olivina. 
Forma los Escoriales al frente de los Huinoanes. 

12. Arroyo Quilico (Mechenguil, Rio Grande). — Dolerita grue- 
sa ó fina con nodulos de caliza. Sobre arcilla margosa colorada 
con yeso. Fragmentos de dolerita juntos con caliza forman un 
conglomerado dentro de una grieta. 

13. Arroyo Chacaico (Rio Barrancas). — Dolerita. 

14. Agua Caliente; entre rio Barrancas y Tromen. — Tachy- 
lita juntos con basáltito (con olivina) en astillas se encuentran en 
el suelo de una toldería vieja de los indios. De donde proviene es 
dudoso (Tromen?). 

15. Tromen. — Dolerita como lava. 

16. Rio Agrio. — Dolerita algo descompuesta, forma la pen- 
diente derecha del rio Agrio y es más vieja que la siguiente. 

17. Chenque Mocoche. — Forma campo de lava ; es compacta ó 
porosa, porfiroidea con plagioclasa vitrea. 

18. Picun-Leufú . — Dolerita con mucha olivina, sobre are- 
niscas. 

19. Fortin Ch arpies. — Amigdaloidea, sobre marga con tosca. 

20. Junin de los Andes, pendiente oriental. — Dolerita de gra- 
no muy grueso, con cavernosidades, cuyas paredes están cubiertas 
de un mineral verde. 

Al fin haré notar, que la pendiente austral del valle en que está 
el fortin Maipú, en la cercanía de este, se compone de toba porfí- 
dica, muy parecida á ciertas tobas de la sierra Nevada, junto con 



240 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

diabasa ó meláfiro. También he encontrado esta roca junto con 
basalto plagioclásico como rodados en el Quempú-Callú. Rodados 
de rocas felsiticas y porfídicas como de brechas porfídicas se ha- 
llan á la orilla del lago Lancar. 



Mamíferos y aves fósiles argentinas. — Especies 
nuevas, adiciones y correcciones 

Por Florentino Ameghino 

Las ilustraciones de las nuevas piezas acá enumeradas serán da- 
das en otra oportunidad conjuntamente con las descripciones de- 
talladas, pues falta el tiempo material para la ejecución inmediata 
de los dibujos. 

1. Dilobodon lujanensis Amegh. (1886). Nuevos restos de esta 
especie me demuestran que el género Dilobodon cuando adulto 
tenía los últimos premolares con raices separadas, pero que la 
base de cada raíz se conservaba abierta. Los p. - y - tienen dos 
raices divergentes y el esmalte de la cara externa desciende hasta 
la mitad del largo de las raices. Los verdaderos molares son de 
base abierta y sin raices separadas. 

2. Dilobodon lutarius Amegh. (1886). El premolar que he 
descrito y figurado (Mam. j os. arg., pl. 85, f. 8, a. 1889) es 
el de la primera dentición. Nuevos restos con la dentición perma- 
nente, demuestran que esta especie era de mayor tamaño que la 
precedente, p. T permanente con diámetro ántero-posterior que 
disminuye gradualmente de la corona ;'i la base terminando en 
tres raices separa< las y divergentes, dos externas más grandes y 
una interna más pequeña, m. \ sin raices distintas y de base abier- 
ta. Diámetro ántero-posterior de la corona del p. T , 22 milímetros; 
id. del m. y 28 milímetros. 

:í. Eutrigonodon, nombre nuevo en sustitución do Trigodon 
Amegh. 1882 (composición viciosa, escríbase Trigonodon) por 
estar empleado con anterioridad (Ti-irjonodon Conr. 1852, género 
de moluscos. Trigonodus Newb. 1866, gen. do pescados). La es- 
pecie típica es el Eutrigonodon Gaudryi= Trigodon Gaudryi 
Amegh. 

4. Palaeolithops, nombre nuevo en sustitución de Ltthops 



MAMÍFEROS Y AVES FÓSILES ARGENTINAS 241 

Amegh. 1887, por estar este empleado con anterioridad (Lt'thop- 
sts Scudd. 1878, gen. de Hemip.). La especie típica es Palaeoli- 
thops praevius = Lithops praevius Amegh. 1887. 

o. Xotoprodon solidus gen. et sp. n. Tamaño intermediario 
entre Protoxodon y Admotherium. Muelas superiores con un 
surco perpendicular angosto y profundo en el ángulo ántero-es- 
terno, limitado por dos aristas perpendiculares angostas y muy 
levantadas. Mandíbula inferior corta, gruesa, alta y con la denti- 
ción en serie continua. i. T y 7 pequeños y parecidos á los de Adi- 
notherium, i. - t grande y de contorno semiciiindrico, p. - y^ de 
diámetro ántero-posterior que disminuye de arriba hacia abajo. 
Verdaderos molares inferiores de diámetro ántero-posterior que 
aumenta de arriba hacia abajo, terminando en dos raices largas, 
divergentes y fuertemente arqueadas hacia atrás; prismas de las 
mencionadas muelas fuertemente arqueados hacia afuera. Diáme- 
tro de la corona de los m. T y -, : ántero-posterior 23 milímetros, 
transverso 10 milímetros. Pies anteriores y posteriores tridáctilos. 
Descubierta por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la Pa- 
tagonia austral. 

6. Nannodus eocaenus gen. et sp. n. Cercano de Nesodon 
y del tamaño del N. ovinus. Los seis incisivos inferiores con cor- 
ta diferencia de la misma forma y tamaño, parecidos en su dispo- 
sición y forma á los del género Dicotyles. c. i aparentemente au- 
sente. Un diastema de 6 milímetros, entre i. 3 yp. T . Todos los 
demás dientes en serie continua, p. T muy pequeño, p. - con tres 
raices, p. - 3 - y p. j con cuatro raices. Verdaderos molares de base 
abierta. Longitud del espacio ocupado por los premolares 32 mi- 
límetros. Alto de la rama horizontal debajo del p. r , 3 centíme- 
tros. Descubierta por C. Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 

7. Trachytherus conturbatus n. sp. Tamaño bastante menor 
que T. Spegazzvüanus . i. l de cara anterior mucho más convexa 
y completamente lisa, y lado interno mucho más delgado y re- 
dondeado; la corona está truncada oblicuamente del lado interno 
al esterno siguiendo el mayor diámetro del diente. Diámetro 
transverso máximo 16 milímetros; id. ántero-posterior sobre el 
lado interno 8 milímetros. Descubierta por C. Ameghino en el 
eoceno inferior de la cuenca superior del Chubut. 

8. Tremacyllus n. gen. Todos los premolares, tanto supe- 
riores como inferiores., de construcción y forma distinta de los 

rtF.V. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 16 



242 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

verdaderos molares. Tipo del género el Pachyrucos impressus 
Amegh. (Mam. fas. arg., pl. 13, fig. 19-22), formando parte del 
mismo género el P. diminutus Amegh. (1. c. pl. 13, fig. 23-24). 

9. Hegetotherium ancepsn. sp. Talla del H. convexum, m. - 
mitad más chico que m. -, pero de cara perpendicular interna 
deprimida y más ó menos escavada perpendicularmente. Diáme- 
tro ántero-posterior del m. ■% 7 milímetros; id. delm. -, 4 milíme- 
tros. Longitud del espacio ocupado por las dos muelas 12 mili- 
metros. Descubierto por C. Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 

10. Hippidion argentinus (Burm.). Un nuevo examen de la 
figura del Equus argentinus Burm. publicada por Burmeister, 
me prueba que el tamaño igual de los dos lóbulos internos es in- 
compatible con la construcción de las muelas del género Equus, 
y que de consiguiente la mencionada especie debe ser referida 
al género Hippidion, 

I 11. Protherotherium cavum 'Amegh. 1889. Fórmula denta- 
ria i. y, c.^, p. 7, m. §. Incisivos superiores en forma de caninos, 
triangulares y de corona piramidal, truncada oblicuamente. Una 
fuerte apófisis post-glenoides. Órbitas cerradas.. Parte superior 
del cráneo muy parecida en su conformación á la de Caenothe- 
rium. Pies tridáctilos adelante y atrás con la misma despropor- 
ción entre el dedo medio y los laterales que en Hipparion . Lon- 
gitud del espacio ocupado por las 7 muelas superiores, 72 milíme- 
tros. Largo de la barra entre i. - y p. -\ 18 milímetros. 

12. Neoauchenia, nombre nuevo, en sustitución de Auchenia 
III. 1811, por estar este nombre empleado con anterioridad para 
designar un género de coleópteros (Thumb. 1789). La ¡especio tí- 
pica es el Neouchenia lama = Auchenia lama 111. = Camelus 
lama Lineo. 

13. Neauchenia gracilia==* Auchenia gracilis H. Gerv. y Ame- 
gh. 1880. El paladar so enancha proporcionalmente poco hacia 
atrás, v las series dentarias son poco convergentes hacia adelante 
Cada serie dentaria forma ;il lado interno una linea completamente 
recta. La apertura nasal posterior en el paladar alcanza basta 
en frente de la parte posterior del m. ±, siendo asi muy larga pero 
también muy angosta y de solo 12 milímetros de ancho máximo 
en la base, y con los bordes laterales que se dirigen hacia ade- 
lante en linea recta. Ancho del paladar entre los p. -2, 19 milíme- 
tros ; id. entre la parte posterior de les m. -, 32 milímetros. 



MAMÍFEROS Y AVES FÓSILES ARGENTINAS 243 

14. Ozotoceros, nombre nuevo, en sustitución de Blastóceras 
Gray 1872, por estar este nombre empleado con anterioridad para 
designar un género de dípteros (Blastócera,, Gerst. 1856). Últi- 
mamente se ha propuesto reunir, á mi manera de ver sin razón, el 
Blastóceros de Gray al Cariacus de Norte- América. La especie 
típica es el Ozotoceros campestris = Blastóceros campestris 
6ray= Cervus campestris Cuvier. 

15. Planodus ursinus Amegh. 1887. De este animal cercano 
de Coryphodon val parecer sumamente raro, solo dispongo como 
nuevas piezas un incisivo inferior casi entero. Es de raíz larga 
y cilindrica, y corona corta y gruesa. A la raíz le falta la base. 
La corona ó parte esmaltada solo tiene 12 milímetros de largo, 10 
de diámetro transverso y 11 de diámetro vertical. El esmalte está 
limitado solo á la parte inferior, angostándose hacia adelante en 
punta ó cúspide cónica, con dos rebordes transversales y dente- 
llados de esmalte, uno cerca de la cúspide y el otro cerca de la 
base. 

16. Astrapotherium ephebicum Amegh. 1889. Canino supe- 
rior poco arqueado y de solo 215 milímetros de largo en línea 
recta. Superficie tritoria en bisel de la punta de 35 milímetros de 
largo y 12 de ancho. Diámetro vertical en la base 4 centímetros ; 
diámetro transverso máximo en su parte superior 25 milímetros. 
Incisivos inferiores muy pequeños, de corona de 6 milímetros de 
largo, 12 de ancho y 7 de grueso ó vertical, m. T de lóbulos más 
iguales, y de 34 á 38 milímetros de diámetro ántero-posterior se- 
gún el mayor ó menor desgastamiento de la muela, m. l con el 
borde esterno de la corona muy anguloso, y el reborde basal es- 
terno muy elevado formando una curva convexa arriba en 
vez de cóncava ; la corona de individuos no muy viejos solo tie- 
ne 24 milímetros de alto sobre la cara esterna. Poseo restos 
procedentes del rio Neuquen, cuenca superior del Chubut y na- 
cientes del rio Deseado; en todas partes los restos de esta especie 
están acompañados por los del Pyrotherium Romerii. Astra- 
potherium Vorjthi Mercerat 1891. es sinónimo de esta espe- 
cie . 

17. Mas t ocio n maclerianus n. sp. Talla gigantesca,, compara- 
ble á la de Mastodon Humboldtii. pero de defensas casi dere- 
chas, parecidas á las de Mastodon platensis Amegh., aunque 
de curva todavía menos acentuada. Se distinguen además fácilmente 
de las de esta especie por su tamaño mayor, y por poseer una ancha 



244 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

faja de esmalte lateral que la recorre en todo su largo., limitada 
solo á su parte anterior en los individuos muy viejos. Longitud 
de las defensas de individuos completamente adultos, en linea 
recta . l'"90 á 2 m 5. Circunferencia en su parte más gruesa 54 cen- 
tímetros. Ancho de la taja de esmalte, de 4 á 6 centímetros. Se 
han descubierto los restos de esta especie en abundancia, en las es- 
cu vaciones del Puerto Madero en Buenos Aires. Piso ensenadense 
de la formación pampeana (plioceno inferior). 

18. Hesperomys tener Winge. He mencionado y descrito 
restos de esta especie procedentes del cuaternario superior de Lu- 
jan (Mam. fas. a/-fj.. p. 118, pl. 4, fig. 14 y 15) en donde son abun- 
dantes. La especie vive todavía en esta misma región. El Dr. 
Spegazzim me comunica que entre los numerosos roedores que 
lia remitido al Museo Cívico de Genova, el profesor O. Thomas 
ha reconocido esta especie, y parece ser relativamente abundante 
en los mismos alrededores de la ciudad de La Plata. Probable- 
mente hasta ahora había sido confundida con el H. bimaculatus 
Wat. 

19. Stewomys duplicatus Amegh. 1887. Ultima muela supe- 
rior más pequeña y las dos intermediarias mucho más grandes. 
Diámetro transverso de los incisivo-, superiores 7 milímetros. Lon- 
gitud de la barra, 3 centímetros. Longitud del espacio ocupado 
por las 4 muelas superiores, 27 milímetros. Longitud del cráneo, 
12 centímetros. Las dos series dentarias superiores casi paralelas. 
Cráneo no convexo, sino más bien aplastado y con fuertes crestas 
parietales. 

20. Myopotamux paranensis Amegh. 1885. Los restos de esta 
especie no proceden de la formación oligocena como se había 
creído al principio, sino de yacimientos más modernos, de época 
todavía indeterminada, probablemente mioceua. 

21. Myopotamus obesus Amegh. 1889. Los restos de esta es- 
pecie, tampoco proceden de la formación oligocena, sino de los 
mismos yacimientos que la especie precedente. 

22. Potamarchus murtnus Burm. 1885. Los numerosos obje- 
tos de que ahora dispongo me permiten constatar que el P. nm- 
rinus Burm. es igual ;i Theridomys americanus Br. y Burm. 
= Discolomys cuneus Amegh. La muela (pie he figurado (Mam. 

fós.arg., pl.80, fig. 12) es la segunda superior. El paladar eftrian- 
gular como en Myopotamus, con toda la región interdentaria 
formando bóveda continua. De las cuatro muelas superiores, la 



MAMÍFEROS Y AVES FÓSILES ARGENTINAS 245 

segunda es la más pequeña, y la última la más grande y formada 
por cinco láminas transversales. Las cuatro muelas superiores 
ocupan un espacio longitudinal de 37 milímetros. 

23. Neoreomys insulatus Amegh. 1889. Las muelas superio- 
res disminuyen de tamaño de la primera á la última ; las inferio- 
res son casi iguales. Todas las muelas de contorno irregularmente 
circular. Longitud del espacio ocupado por las tres últimas mue- 
las superiores 9 milímetros; id. de las tres últimas inferiores 10 
milímetros. Alto de la rama horizontal debajo delm. r , 7 milíme- 
tros. 

24. Aconaemys nombre nuevo en sustitución de Schizodon 
Waterh. 1841. por estar este nombre empleado con anteriori- 
dad para designar un género de pescados (Schisodon Agassiz, 
1829). La especie típica es Aconaemys Juscus — Schizodon fus- 
cus Waterh. 

25. Aconaemys fuscus (Waterh.). Se han encontrado dientes 
aislados y fragmentos de mandíbulas, que por ahora no es posi- 
ble distinguir de la especie actual, en el pampeano inferior de los 
alrededores de Córdoba, en las mismas capas que contienen los 
restos del Pithanotomys cordubensis. 

26. Sphiggomys zonatus Amegh. 1887. Talla considerable ; 
mayor que la de Layostomus tricodactylus . Muelas superiores 
sobre el mismo tipo que las de Perimys, pero implantadas en el 
maxilar en dirección mucho más oblicua al eje de la serie denta- 
ria y más comprimidas de adelante hacia atrás, p. x con la aper- 
tura de la U dirigida adelante, m. -y - con las dos láminas bien 
separadas al lado interno por una escotadura y fuerte depresión 
perpendicular, con la lámina posterior de cada muela que sobre- 
sale al lado interno formando una columna ó arista pronunciada. 
Longitud del espacio ocupado por las cuatro muelas superiores, 
32 milímetros. 

27. Layostomus striatus n. sp. Talla comparable á la de la 
vizcacha actual. Muelas muy comprimidas de adelante hacia atrás 
y de gran diámetro transverso. Incisivos de cara anterior esmal- 
tada, profundamente estriada en -cundo longitudinal. Ancho de 
los incisivos 5'" m 5. He descubierto esta especie en la parte supe- 
rior del piso bonaerense de La Plata. 

28. Layostomus laminosus n. sp. Representada por muelas 
inferion-: se distinguen por su tamaño muy diminuto, y por las 
laminillas de las muelas que son excesivamente comprimidas en 



246 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

sentido ántero-posterior, pero de diámetro Transverso relativa- 
mente considerable. Las dos láminas de cada muela están sepa- 
radas por un surco perpendicular tanto al lado interno como al es- 
tenio; la lámina posterior sobresale sobre la anterior al lado in- 
terno pero no la cubre completamente sobre el esterno. Diámetro 
de la corona: ántero-posterior 2 milímetros, transverso G.5. Des- 
cubierta por el profesor Scalabrim en el oligoceno del Espinillo, 
y por el señor Lelong en el oligoceno del Paraná. 

29. Euphilus Burmeisteri Amegh. Los nuevos materiales de 
que dispongo me demuestran que el roedor que designé con el 
nombre de Megamys Burmeisteri Amegh. 1886, debe ser tras- 
ladado al género Euphilus. El tamaño de esta especie es verda- 
deramente colosal. La muela que he descrito y figurado (Mam. 
fós. arg. } pl. 26. fig. 2 no dá una idea exacta de ese tamaño porque 
es muy incompleta sobre los lados. Próximamente publicaré di- 
bujos más complet* >s. 

30. Neoepíblema horrídula Amegh. 1886. La muela aislada que 
he figurado {Mam. fós. arg., pl. 26, fig. 8 y pl. 72. fig. 4) sobre la que 
fundé el genero es la última superii ir. Las demás muelas solo están 
formadas por tres láminas separadas por gruesos depósitos de ce- 
mento como en el género Euphilus, que en la mandíbula inferior se 
presentan separadas sobre el lado esterno formando tres columnas 
pero reunidas en el interno por una hoja de esmalte común, y vice- 

a en las superiores. Diámetro de la corona de las muelas infe- 
riores: ántero posterior, 10 milímetros; transverso máximo, 7 
milímetros ; longitud de la raíz á lacorona, 43 milímetros. 

31. Neoepíblema contorta Amegh. 1889. Misma construcción 
de muelasqueen la especie precedente, pero deun tamaño muchí- 
simo mayoryconlos depósitos intermediarios de cemento que se 
angostanenla estremidad abierta déla U. Hasta ahora qo conocía 
sino muelas inferiores. Ahora dispongo de una superior con fuerte 
encorvadura lateral. Las tres laminas de que se componeestán reu- 
nidas en el lado esterno por una hoja de esmalte común y separa- 
das -ubre el interno. Diámetro de la corona: ántero-posterior, 21 
milímetros; transverso máximo 22 milímetros; longitud en linea 
recta déla raiza la corona, 6 centimetn 

.Vi. Gyriabrus glutinatus gen. e1 sp. n. cercano áeMegatñySj 
Euphilus y Neoepíblema. Muela- inferiores muy largasen propor- 
ción del grueso, formadas por cuatro láminas transversales. Sobre 
el lado interno las dos láminas anteriores están separadas en todo 



MAMÍFEROS Y AVES FÓSILES ARGENTINAS 247 

su largo, y las dos posteriores separadas en su mitad superior y sol- 
dadas en la inferior. Sobre el lado esterno, las dos primeras lámi- 
nas están reunidas en todo su largo, la tercera está separada de las 
precedentes solo en su mitad superior, y la cuarta está separada en 
todo su largo. Base completamente abierta. Diámetro de la corona 
de una muela inferior : ántero-posterior, 8 milímetros ; transver- 
so, 7 milímetros; longitud en línea recta déla raiz á la corona, 27 
milímetros. Descubierta por el señor León Lelong en el oligoceno 
de la ciudad del Paraná. 

33. Hedimys íntegras Amegh. 1887. Todas las muelas formadas 
por dos prismas triangulares, separados por un surco perpendicu- 
lar sobre el lado interno y vice-versa en las inferiores, cada muela 
con tres pozos superficiales de esmalte en la corona. Primera muela 
superior con tres raices separadas y cerradas; las demás muelas 
superiores sin raices separadas y de base abierta. Series dentarias 
poco convergentes adelante. Longitud de las cuatro muelas su- 
periores, 16 milímetros; ancho del paladarentre los p. £ , 5 milíme- 
tros ; id entre los m. -, 7,5 milímetros. 

34. Eucarcliodon. Nombre nue\<> <>n sustitución de Cardiodon 
Amegh. 1885, pues existe empleado con anterioridad Cardiodus 
Brav. 1854, que es el mismo nomore con distinta desinencia apli- 
cado por aquel naturalista á un cavino pampeano que hasta ahora 
no se ha podido reconocer por falta de descripción. La especie típi- 
ca del género es Eucardiodon Marshü = Cardiodon Mar shii 
Amegh. 1885. 

35. Eucardiodon affinis n. sp. Tamaño un poco mayor que Eu- 
cardiodon Marshü. m. T y T¿ con la segunda columna interna algo 
más ancha, aplastada y con una pequeña depresión perpendicular; 
el surco interno anterior es muy profundo y el posterior mucho más 
ancho. Prisma intermediario regularmente bien separado sobre el 
lado esterno en el m. -^pero casi confundido con el posterior en el 
m-j. Base del incisivo al lado de la mitad del m T . Longitud del es- 
pacio ocupado por m. T ym. ? , 11 milímetros. Descubierta por el 
señor León Lelong en el oligoceno del Paraná. 

36. Neoprocavia carina Amegh. Nuevos materiales me permi- 
ten constatar que Neoprocavia y Cardiomys son un mismo géne- 
ro. El nombre de Cardiomys, debe por consiguiente desaparecer, 
y la especie única que comprendía, Cardiomys cavinus debe refe- 
rirse A Neoprocavia. N. cavina os de tamaño notablemente mayor 
que N. mesopotámica. Ancho de los incisivos inferiores, 5 mili- 



248 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

metros; longitud de la barra, 3 centímetros ; longitud del espacio 
ocupado por las cuatro muelas inferiores. 32 milímetros. Alto de la 
rama horizontal debajo del p. -, 18 milímetros. 

37. Procardiotherium dentieulatum Amegh. El examen de un 
material más completo que el que antes disponía, me demuestra 
que el prisma intermediario rudimentario del llamado Cardiothe- 
rium dentieulatum Amegh. 1885. es incompatible con la construc- 
ción délas muelas de este género mientras que concuerda con la 
que presenta Procardiotherium. Débese pues trasladar el C. den- 
tieulatum al mencionado género. 

38. Hydrochoerus irroratus Amegh. 1889. Las muela- sobre 
que he fundado esta especie (Mam.Jbs. arg., p. 911, pl. 79, fig. 7 y 
8) no proceden déla formación oligocena como por error está indi- 
cado en la lista de las especies de esta época p. 929; en la descrip- 
ción de la especie digo con duda que probablemente son de la for- 
mación araucana. Proceden délos mismos yacimientos que las dos 
e-pedes de Myopotamus arriba mencionadas. 

39. Mesitotherium Trt. El género Mesotherium Mor. 1882, 
publicado por el autor como un inlermediario éntrelos probosci- 
deos y Los roedores ! lo he referido á un marsupial diprotodonte 
(1889). cambiando su nombre en Macropristis por tener Mesothe- 
rium doble empleo (Serres1857). No me había apercibido que ya 
el doctor Trouessart, por la misma causa, había cambiado dicho 
nombre por el de Mesitotherium 1883. S ustitúyase de consiguien- 
te Macropritis Amegh. por Mesitotherium Trt. cuya especie tí- 
pica es Mesitotherium Marshii (Mor.) Trt. = Macropristis 
Marshii. (Mor.) Amegh. =Mesotheriun Marshii Mor. 

40. Abderites crasignathus n. sp. Talla un poco mayor que A b- 
derites meridionalis perodexama horizontal másgruesay fuerte- 
mente convexa sobre la cara esterna al lado de la raiz anterior del 
p. T ; este diente está implantado en dirección muy oblicua al eje 
longitudinal de la mandíbula, con la parte anterior dirigida hacia 
afuera en donde la raiz correspondiente se implanta en la convexi- 
dad mencionada de la mandíbula. Longitud de la serie dentaria 
inferior sin el incisivo, 23 milímetros ; alto de la rama horizontal 
d</l>a¡o del p. T . 8 milímetros. Descubierta por C. Ameghino en el 
eoceno inferior de la Patagonia Austral. 

41. Abderites serratus u. sp. Tamaño «leí ,1. meridionalis, del 
que se distingue por el p. ¡ que presenta un numero mayor de rayas 
oblicuas perpendiculares, mostrándose la superficie esterna raya- 



mamíferos y aves fósiles argentinas 249 

da desde el borde anterior hasta la parte anterior del tubérculo ó 
talón posterior de la muela, pero hacia atrás las aristas están poco 
pronunciadas . De acuerdo con esta conformación el borde superior 
está dentellado hacia atrás en toda su estension hasta la cúspide 
más elevada de la muela. Descubierta por C. Ameghino en el eoceno 
inferior déla Patagonia austral. 

42. Achlystctts paranensis. Comparando el canino de Canisf 
paranensis Amegh. 1886, que no es de Apera ni de Cgonasua, 
con los restos del Achlystctis he visto que concuerda perfecta- 
mente con estos en tamaño, forma, estructura del esmalte, etc. 
La especie que solo provisoriamente había incluido en el género 
Canis(Mam.fós. arg., p. 305 y 912. pl. 25, fig. 12, y pl. 79, fig. 
18), debe pues tomar el nombre de Achlystctis paranensis, del que 
son sinónimos A. Lelo ng ¿i Amegh. y Felis pro pampina Burm. 

43. Promegatherium parvulum n. sp. Talla mucho menor que 
la deP. smaltatum. Tipo déla especie, la muela descrita en Mam. 
fas. arg., p. 685, linea 10 y siguientes, pl. 72, fig. 12. El conoci- 
miento de la dentadura inferior completa de Ortotherium, demues- 
tra que dicha muela no es de este género, sino la primera inferior 
de una pequeña especie de Promegatherium. 

44. Zamicrus admirabais Amegh. 1887. Cráneo de superficie 
superior lisa y muy abovedada, particularmente en la parte poste- 
rior de los frontales, y sin cresta sagital ni occipital. Las cinco 
muelas superiores en serie continua; la primera pequeña y elíptica, 
las cuatro siguientes elíptico-rectangulares. Longitud del espacio 
ocupado por las cinco muelas superiores. 3 centímetros. 

45. Hapalops rectangulares Amegh. 1887. Tamaño un poco 
mayor que H. Rutimeyeri. Ultima muela superior muy comprimi- 
da de «adelante hacia atrás y truncada oblicuamente con la super- 
ficie con declive que mira hacia adelante en sentido inverso de la 
del caniniforme. Cráneo sumamente abovedado en la región parie- 
tal, y más aplastado y con una pequeña cresta sagital en la región 
frontal. Paladar cóncavo en la parle anterior y convexo en la poste- 
rior. Longitud del espacio ocupado por los cuatro dientes molares 
superiores, 49 milímetros; longitud de la barra quesigueaJ cani- 
niforme, 10 milímetros; ancho del paladar entre l<»s caniniformes, 
21 milímetros ; id entre la última muela de cada lado, 13 milíme- 
tros; longitud de la punta anterior de los maxilares á la parte pos- 
terior de los cóndilos occipitales, 133 milímetros. 

46. Hapalops indifferens Amegh. 1887. Tamaño notablemente 



250 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

mayor que//, rectangulares, del que difiere inmediatamente á pri- 
mera vista por la bóveda del cráneo en la región parietal que no pre- 
senta la gran bóveda ó convexidad que muestra aquella, siendo ape- 
nas acentuada. Una cresta sagital bastante alta y larga, que empieza 
muy adelante hacia la mitad del largo délos parientales terminan- 
do á los dos tercios de la longitud de los frontales. Paladar muy 
convexo en toda la región interdentaria délas muelas y plano entre 
Los eaniniformes. Longitud del espacio ocupado por las cuatro 
muelas superiores. 59 milímetros ; ancho del paladar entre los ca- 
niniformes. 28 milímetros; id entre la parte posterior de la últi- 
ma muela, 13 milímetros ; longitud del cráneo del borde sú pero- 
posterior del occipital á la punta anterior de los maxilares, 19 
centímetros. 

47. Hypocoelus. Nombre nuevo en sustitución de Coelodon 
Lund. 1839, empleado con anterioridad para designar otros gé- 
neros (Coelodon Latr. género de coleop. descripto por Ser- 
ville 1832; Coelodonta Bronn, 1831. género de ungulados). 
Las principales especies son Hypocoelus escrtvanensis = Coelo 
don escrwanensts Reinh. H. tarijensis = Coelodon tarijensis 
Burm., etc. 

48. Catonyx. Nombre nuevo en sustitución de Platyonyx 
Lund 1842. por estar empleado con anterioridad {Platyonyx 
Schonh. 1826, género de coleop. Platyonichus (ortografía in- 
correcta, escríbase Platyonychus) Latreille 1824. género de 
crustáceos). Eliminado Coelodon queda su sinónimo Rabdiodon 
Amegh. 1882 (ortografía incorrecta, escríbase Rhabdodon) igual- 
mente empleado con anterioridad por Fleischm. para un genero 
de reptiles. Sustituyase de consiguiente el nombre de Lund por 
Catonyx, cuya especie típica es Catonyx Brogniarti = Pla- 
tyonyx Brogniarti Lund; form;i parte del mismo género Cato- 
mji Oliueri= Platyonya Oticeri Amegh. 1889 = Rabdiodon 
(Rhabdodon) O livier i Amegh. 1882. 

49. Pseudolestodon annectens = Mylodon annectens Cope 
1869. Parece ser esta la especie más grande del género. El cani- 
rúforme inferior de Lian tamaño (diámetro ántero-posterior 25 
milímetros, transverso máximo SO milímetros) es ancho sobre el 
lado interno y muy ligeramente convexo, más angosto y mucho 
más convexo sobre el esterno, con una depresión perpendicular 
poco acentuad;) sobre la cara anterior y otra mucho más pronun- 
ciada -obre ,-i lado póstero-exteroo, \ de diámetro transverso con- 



MAMÍFEROS Y AVES FÓSILES ARGENTINAS 251 

siderablemente mayor adelante que atrás. La barra que separa el 
eaniniforme de la primera muela es de 11 milímetros. Proceden- 
cia, República Oriental, por lo que también debe existir en la Re- 
pública Argentina. Esta especie me era desconocida, motivo por 
el cual no se encuentra citada en mi obra sobre los fósiles argen- 
tinos. El profesor Cope me la lia recordado en carta particular ; 
su descripción se encuentra en (Proc. Am. Phil. Soc. Piulad. 
1869. p. 15). 

50. Propalaehoplophoridae fam. nov. Nueva familia del 
grupo de los Glyptodonta, de la que forman parte los géneros 
eocenos Propalaehoplophorus, Asterostemma y Cochlops. Sus 
caracteres culminantes son : [columna vertebral (dorso-lumbar) 
formada por vértebras separadas durante toda la vida ; cola sin 
tubo terminal, formada en toda su estension por placas no anqui- 
losadas, dispuestas en anillos ó imbrincadas. 

51. Cochlops Amegu. 1889. Las placas con figura central le- 
vantada en el medio en forma de pezón que lie descrito y figurado 
(Mam. fós. arg., p. 792, pl. 50, ñg. 14 y pl. 53, fig. 1 y 2), como 
ya lo avanzé entonces no se estienden sobre toda la coraza; for- 
man dos series de filas longitudinales colocadas una á cada lado 
de la pelvis á cierta distancia de la línea media longitudinal de la 
región superior del dorso, en donde existe una ancha zona que 
constituye precisamente la linea media longitudinal en la cual las 
placas presentan las figuras externas normales; los bordes están 
formados por placas parecidas á las de Sclerocalyptus. 

52. Sclerocalyptus. Nombre nuevo en sustitución de Hoplo- 
phorus Lund, 1839, por encontrarse este empleado con anteriori- 
dad y repetidas veces. Oplophores (debe escribirse Hoplophores) 
Dumeril, 1806, género de peces. Hoplophora Perty, 1830, gé- 
nero de ortópteros. Hoplophora Germ., 1833, género de liemip- 
teros. Hoplophora Koch, 1835, género de acariñes. Oplophorus 
(escríbase Hoplophorus) M. Edw., 1837, género de crustáceos. 
Cambio de consiguiente Hoplophorus Lund, 1839, en Sclerocalyp- 
tus cuya especie típica es Sclerocalyptus ornatus = Hoplophorus 
ornatus (0\v.) Burm. = Glyptodoñ ornatus Owen, formando 
parte del mismo género un considerable número de especies men- 
cionadas y descritas en mi obra citada. 

53. Pl olwphorus paranensis n. sp. Es cercana y detalla pró- 
xima á P. figuratus. Las placas rectangulares de la coraza, de 
unos 4 centímetros de largo por 3 de ancho, presentan al rededor 



252 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de la figura central de gran tamaño, dos filas de figuras periféri- 
cas, la interna compuesta de tubérculos muy pequeños, y la es- 
terna de figuras de tamaño mucho mayor. La superficie esterna 
es rugosa. Oligoceno inferior del Paraná. 

54. Protoglyptodon ? sóltdus n. sp. Tamaño por lo menos 
doble que P. primiformts. Tubo caudal que se enanchaba hacia 
atrás como en Doedicurus y más ó menos de la talla del Pano<-h- 
tus. Escultura esterna muy rugosa , formada por grandes figuras 
elípticas de 25 á 38 milímetros de largo por 17 á 22 de ancho, 
rodeadas por una fila de figuras periféricas de 4 á 10 milímetros 
de diámetro y contorno irregular. Los surcos son mal delimita- 
dos, poco profundo- y ron numerosas perforaciones. Sobre los 
costados laterales las figuras se vuelven más grandes y casi cir- 
culares, de dos ó tres centímetros de diámetro. Descubierta por el 
señor Toribio E. Ortiz en el oligoceno del arroyo Espinillo, á 5 
leguas del Paraná. 

55. Doedicurus Eguiae n. sp. Tamaño un poco menor que 
D. clavicaudatus. Parte terminal enanchada del tubo caudal, 
muy aplastada, de figura irregularmente rectangular, de 35 
centímetros de largo por 21 de ancho mínimo en la parte más 
angosta, comprendí di entre el par de rosetas ó veringa- Late- 
rales principales. Se distingue inmediatamente de la- demás 
especies por la estremidad posterior del tubo terminada en pun- 
ta triangular formada por la reunión de las dos verrugas ter- 
minales que convergen hacia adelante para formar la cúspide 
del triángulo. Formación {pampeana de la provincia de Buenos 
Aires. 

56. Pampatherium Amegh. 1875. Nombre que debe sustituir 
Chlamydotherium Lund, 1839, puesestese encuentra empleado 
con anterioridad por Bronn, 1838. para designar el género Glyp- 
todon. No me encuentro por ahora en estado de precisar, cual de 
los dos nombres tiene la prioridad, si Glyptodon < >\\ . ó Chla- 
mydotherium Bronn, pues se trata ih- diferencia de semanas, 
con la particularidad de que ignoro la fecha precisa de] dia ó mes 
del año en que apareció la obra de Wodbine Parish en la que se 
encuentra la primera mención del género Glyptodon. Pero de 
cualquier modo, siguiendo estrictamente las reglas de la nomen- 
clatura, el Chlamydotherium Bronn tenga ó no prioridad sobre 
Glyptodon Owen, no puede ser empleado para distinguir ningún 
otro género. Por consiguiente, Chlamydotherium Lund debe ser 



MAMÍFEROS Y AVES FÓSILES ARGENTINAS 253 

reemplazado por Pampatherium Amegh. cuya especie típica es 
Pampatherium Humboldti= Chl. Humboldti Lund. 

57. Pampatherium? pygmaeum n. sp. Talla muy pequeña, no 
mayor que la de un Eutatus. Muelas intermediarias de la man- 
díbula inferior un poco más anchas atrás que adelante, con un sur- 
co perpendicular profundo sobre el lado estenio, y una depresión 
perpendicular opuesta pero menos acentuada sobre el interno. 
Diámetro ántero-posterior de las muelas intermediarias de la 
mandíbula inferior, 5 milímetros ; transverso máximo 3,5 milíme- 
tros. Longitud del espacio ocupado por tres muelas implantadas 
en un trozo de mandíbula, 17 milimetros. Alto de la rama hori- 
zontal, 16 milímetros. Descubierta por C. Ameghino en el eoceno 
interior de la Patagonia austral. 

58. Chelontscus Wagler, 1830. Este nombre debe reempla- 
zar, Priodoiij Pvionodon, Pvionod.us, Priodontes Cuvier F. 
1825 (la verdadera construcción es Pvionodon) por estar este em- 
pleado con anterioridad para designar un género ele carniceros 
viverrinos [Pvionodon Horsf. 1823). La especie típica es el Che- 
loniscus gigas Wag. (Cuv.) =Pvio(no)don gigas Cuv. 

59. Stenotatus karaikensis gen. et. sp. n. Muelas que au- 
mentan de tamaño de las anteriores á las posteriores, de sección 
eliptico-prolongada, comprimidas adelante y atrás, más anchas 
en el medio, deprimidas sobre el lado interno, convexas sobre el 
«eterno, é implantadas con su eje mayor en dirección oblicua al 
eje de la serie dentaria. Rama horizontal gruesa, deprimida en la 
cara interna y convexa en la externa. Diámetro ántero-posterior 
de una muela intermediaria dé la mandíbula inferior, 5 milíme- 
tros ; transverso máximo 3 milimetros. Alto de la rama horizon- 
tal, 16 milímetros. Descubierta por C. Ameghino en el eoceno in- 
ferior de la Patagonia austral. 

60. Pvaeuphvactus nanus n. sp. Talla muy pequeña, infe- 
rior á la de Dasypus vülosus. Placas movibles de 18 á 22 milí- 
metros de largo por 5 á 6 de ancho. Placas fijas del mismo ancho 
y de 10 á 12 milímetros de largo. Todas las placas muy delgadas. 
Figura central longitudinal de cada placa un poco inclinada á uno 
de los ángulos posteriores, y no muy levantada, perdiéndose gra- 
dualmente hacia atrás. Agujeros pilíferos del costado lateral 
de la placa, limitados á su parte más posterior. Descubierta 
por C. Ameghino en el eoceno inferior de la Patagonia aus- 
tral. 



254 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

61. Praeuphractus limus n. sp. Tamaño del P. recen*. Pla- 
cas movibles con la figura central longitudinal angosta, que se 
pierde gradualmente hacia abajo, y poco oblicua en su coloca- 
ción ; borde posterior delgado y sin agujeros piliferos, ó reduci- 
dos al número de uno ó dos y muy pequeños; agujeros piliferos 
presentes en la parte media de ambos costados pero rudimenta- 
rios. Placas fijas con las figuras anteriores apenas visibles, y agu- 
jeros piliferos sobre los bordes laterales y posterior rudimentarios. 
Descubierta por C. Ameghino en el eoceno inferior de la Patá- 
gonia austral. 

62. Eutatus deleo n. sp. Tamaño de E. oenophorum, del 
que se distingue por la ausencia de la escultura externa de la que 
apenas aparecen vestigios en la parte anterior de las placas, estando 
reemplazada por una granulación y puntuación regular sobre toda 
la superficie. Descubierta por C. Ameghino en el eoceno inferior de 
la Patagonia austral. 

63. Eutatus carinatus n. sp. Tamaño de E. oenophorum. 
del que se distingue inmediatamente por la forma de la figu- 
ra central longitudinal de la superficie externa de las placas 
movibles, que es muy angosta, como comprimida lateralmen- 
te, elevándose en forma de cresta longitudinal. Descubierta 
por C. Ameghino en el eoceno inferior de la Patagonia aus- 
tral. 

64. Lysiurus. Nombre nuevo, destinado á reemplazar Xenu- 
rus Wagler, 1830, por encontrarse este último nombre emplea- 
do con anterioridad para designar un género de aves (Xenurus 
Boié. 1826). La especie típica es Lysiw % us urricinctus = Xe- 
nurus unicinctus (Lineo) Wag. = Dasypus unictnctus Li- 
neo. 

65. Palaeopontoporia A. Doering (Exp. R. Neg. GeoL, 
j). 437 y 455, a. 1882). Nombre empleado por Doering para 
designar precisamente la misma especie de delfín llamado más 
tarde por Burmeister Pontistes, 1885. De consiguiente sustitu- 
yase Pontistes Burmeister, por Palaeopontoporia Doering, 
cuya especie típica es Pal&Bopontoporia r ecti frons (Brav.) 
Doering ==Pontistes rectifrona (Brav.) Burmeister = Delphi-' 
ñus rectifrons Brav. 

66. Stenodelphis Gervais, 1847. Este nombre debe reempla- 
zar Pontoporta Gray, 1846, pues este último Be enouentra em- 
pleado con anterioridad (Kroyer, L842) para designar un gé- 



mamíferos y aves fósiles argentinas 255 

ñero de crustáceos. La especie típica es Stenodelphis Blain- 
üillei Gervais = Pontoporia Blainvillei (Gerv.) Gray. 

67. Pontoplanodes, nombre destinado á reemplazar Sauro- 
cetes Burm. En carta reciente comunícame el eminente paleon- 
tólogo E. D. Cope que Saurocetus Agassiz es un verdadero Zeu- 
glodonte; por otra parte he demostrado que Saurocetes Burm. 
no es un Zeuglodonte sino un cetáceo clelfinoideo, y como el nom- 
bre del género clasificado por Agassiz tiene prioridad sobre el de 
Burmeister, sustituyase Saurocetes Burm. por Pontoplanodes, 
cuya especie típica es P. argentinus = Saurocetes argentinus 
Burm., formando parte del mismo género Saurocetes obliquus 
Amegh. 

68. Notiocetus platensis n. sp. Tamaño muellísimo menor 
que N. Romerianus. Tímpano muy deprimido, muy ancho 
atrás, con el involucrum de aspecto periforme muy pronunciado. 
Borde interno excesivamente grueso. Diámetro longitudinal 
(aproximado) 75 milímetros; diámetro transverso 6 centíme- 
tros. He recogido los restos de esta especie en el pampeano in- 
ferior (piso belgranense) de la formación pampeana de La 
Plata. 

AVES 

Hasta ahora habíame ocupado únicamente del estudio de los 
mamíferos sin que pensara abordar otro grupo, cuando una cir- 
cunstancia imprevista me lleva á estender mis investigaciones á 
la clase de las aves ; es ella, el haber descrito por dos veces los 
restos de un ave fósil, como procedentes de mamíferos. Sobre los 
restos de la mandíbula inferior fundé primeramente el género 
Phororhacos (1887) considerándolo, aunque de una manera pro- 
visoria como de un edentado ; y sobre un trozo de cráneo estable- 
cí últimamente el género Tolmodus colocándolo también en el 
mismo orden. Los numerosos restos que del eoceno de la Pata- 
gonia austral acaba de traer mi hermano Carlos Ameghino, de- 
muestran que se trata de un género de Aves completamente anor- 
mal y que contiene los representantes más gigantescos que de esta 
clase hasta ahora se conozcan; en comparación los Dinornis de 
Nueva Zelandia son enanos. Deseando enmendar lo más pronto 
posible el error que cometí, avanzo provisoriamente los siguientes 
datos, que ampliaré luego en otra oportunidad. 



256 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

69. Phororhacos Amegh. 0Enum. st'st., etc.. p. 24. a. 1887). 
Ramas mandibulares completamente soldadas en su parte ante- 
rior formando una sinfisis gruesa, fuerte y prolongada, convexa 
abajo, cóncava arriba, plana y redondeada adelante ; ramas hori- 
zontales detrás de la sinfisis muy divergentes, altas y delgadas, 
presentando una gran perforación eliptica en la parte posterior 
correspondiente á la fosa masetérica. Borde inferior de la man- 
díbula cóncavo debajo de la rama horizontal, convexo en la parte 
posterior de la sinfisis. levantándose hacia arriba adelante for- 
mando una especie de S prolongada, conformación parecida a la 
de Agami (Psophia) y de la Chuña (Dicholophus). El inter- 
maxilar forma adelante un pico triangular elevado, comprimido 
lateralmente, arqueado y muy puntiagudo, que debia sobresalir 
notablemente sobre la punta de la mandíbula inferior. Los ma- 
xilares son muy voluminosos, cada uno con una cavidad neumá- 
tica aglobada adelante, que forma una protuberancia sobre el pa- 
ladar, de la que parte una profunda hendidura que se dirije hacia 
atrás; entre la hendidura y el borde externo del paladar hay dos 
alveolos profundos, el anterior mucho más grande, y el posterior 
bastante separado del primero mucho más pequeño, en los que de- 
bían implantarse grandes dientes de una forma particular. El pa- 
ladar posee grandes vacuidades, y la parte conservada de la región 
frontal presenta grandes rugosidades que demuestran estaba ar- 
mada ele un fuerte casco ó cuerno córneo. Las vértebras cervica- 
les son cortas y muy gruesas. La escápula, húmero, etc., muy 
bien desarrollados. Miembros posteriores largos y delgados, com- 
pletamente distintos de las formas cortas y macizas de los Dinor- 
nitides. Fémur sin vestigio de la perforación neumática que gene- 
ralmente en las aves presenta debajo del cuello. Tibio-tarso con 
la estremidad distal con una hendidura intercondilar ancha ypro- 
lunda, y tubérculo intercondilar muy elevado. Tarso-metatarso 
con la parte proximal escavada longitudinalmente, terminando 
debajo de las cavidades articulares de los cóndilos en una gran 
depresión en cuyo fondo hay dos perforaciones profundas, una 
á cada lado; estremidad distal estendida lateralmente y aplasta- 
da, con tres poleas, la del medio mucho más grande, larga y es- 
cavada, la- laterales más pequeñas y convexas, la segunda un poco 
más corta que la cuarta ; una perforación arriba de la escotadura 
entre la tercera y cuarta polea, que se prolonga arriba en forma 
de canal que pronto desaparece. No hay vestigios de dedo pri- 



mamíferos y aves fósiles argentinas 



257 




•i.,-. 77. Phororhacos longissimus Amegií. Mandíbula inferior, incompleta atrás, reducida á una mitad <fel 
tamaño natural. A. Vista de abajo; B. Sección transversal tomada á 8 centímetros del borde anterior del pico; 
U vista de iado. 



REV. ARG. DE IIIST. NAT. — T. I 



17 



258 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

mero. Falanges ungueales, puntiagudas, arqueadas y compri- 
midas . 

Este género constituye el tipo de una familia, los Phororhcu- 
cosidae, cuya verdadera colocación me es por ahora imposible de 
señalar. 

70. Phororhacos longissimus Amegh. Enum. sist., etc.,p. 2i. 
N° 109, a. 1887.— Id. Mam. fas. arg. p. 659, a. 1889. Es la es- 
pecie más gigantesca. El trozo de mandíbula incompleta que des- 
cribí como de un edentado, reconocí que debía estar envuelto en 
un estuche córneo como el pico de los pájaros, pero no podía su- 
poner que existiera un ave con una mandíbula inferior de mayor 
tamaño y más fuerte que la del Scelidotherium leptocephalum ! 
El ejemplar más completo de que ahora dispongo, tiene la parte 
conservada, 35 centímetros de largo, pero la mandíbula completa 
debía tener á lo menos unos 55 á 60 centímetros. La sínlisi> tiene 
16 centímetros de largo. La rama horizontal tiene detrás de la 
sinfisis 6 centímetros de alto. El diámetro transverso en el borde 
posterior de la sinfisis, es de 7 centímetros. El diámetro trans- 
verso entre los bordes posteriores de la mandíbula completa debía 
ser próximamente de unos 30á35 centímetros. La estremidad dis- 
lal del tarsometatarso tiene 8 centímetros de diámetro transverso 
y el ancho de la polea central es de 36 milímetros. Un cráneo en- 
contrado por Carlos Ameghino pero del que desgraciadamente 
solo se pudieron conservar algunos fragmentos, media en el ter- 
reno, sin contar el intermaxilar que faltaba, 65 centimetro> de 
largo, presentándose á la vista tan voluminoso como el cráneo de 
un caballo ! 

71. Phororhacos Shenensis n. sp. Tamaño una mitad menor 
que la especie precedente. La sinfisis mandibular tiene en su par- 
te posterior solo 4 centímetros de diámetro transverso y la rama 
mandibular 45 milímetros de alto. La estremidad próxima! del 
fémur tiene un diámetro transverso máximo de 8 centímetros, La 
polea central del tarso-metatarso tiene 28 milímetros de diámetro 
transverso. • 

72. Phororhacos inflatus Sin. Tolmodus inflatus Amegh, 
(Rec. Arg. Hist Nat. p. 157, X 37. lig. 62). El fragmento 
figurado como de un edentado. es la parte anterior del maxilar 
superior derecho. La especie es de tamaño todavía mucho menor 
que la precedente, pues la sinfisis mandibular solo tiene en su 
parte posterior 29 milímetros de diámetro transverso, \ la rama 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 259 

horizontal 26 milímetros de alto. La estremidad proximal del 
fémur tiene 53 milímetros de diámetro transverso máximo, la es- 
tremidad distal del tibio-tarso tiene 38 milímetros y la polea cen- 
tral del tarso-metatarso 17 milímetros de ancho. 

73. Phororhacos delicatus n. sp. Tamaño todavía mucho me- 
nor. La estremidad distal del tibio-tarso de 19 milímetros de 
diámetro transverso. Estremidad distal del tarso-metatarso 
de 24 milímetros de diámetro transverso, polea central más 
escavada que en las especies precedentes y de 9 milímetros de 
ancho. 



Revista crítica y bibliográfica 

Anales del Museo IVaeional de Buenos Aires. Entrega XVII, 
quinta del tomo tercero, 1891. (Distribuida en el raes de Mayo). 

Esta entrega contiene dos estudios del Dr. Burmeister, direc- 
tor del Museo Público. 

Titúlase el primero El Océano (p. 329-374), traducción de un 
trabajo del mismo autor publicado en alemán en 1853, aumentado 
con algunas nuevas observaciones. Es una descripción de cómo 
aparece el océano á los ojos del viajero, acompañada de un gran 
mapa en el que están trazados los itinerarios de los vapores y 
buques de vela en los que Burmeister ha realizado los tres ó 
cuatro viajes de América á Europa y vice-versa, durante su larga 
vida. Es de muy mediocre importancia, y tampoco entra en el 
programa de nuestra revista y eso nos dispensa de examinarlo 
más en detalle. 

El segundo que ocupa las páginas 375 á 400, lleva por titulo 
Adiciones al examen de los mamíferos fósiles tratados en el 
artículo IV, anterior. 

La lectura de e-ite trabajo nos ha causado penosa impresión; 
pareciera que su autor se afanara en oscurecer su gloriosa tradi- 
ción científica, y duélenos decirlo, mas es la verdad, desde hace 
varios años, cada nuevo estudio que publica desmerece del que 
lo ha precedido. Encastillado detrás de sus obras, en verdad mo- 
numentales, no quiere parar la atención en los trabajos ágenos 
creyendo imponerse con la autoridad. Grave error: no hay 
otra autoridad que los hechos, y se lo vamos á demostrar, pro- 



260 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

bándole que, casi todo lo que contiene ese articulo como nuevo, ó 
es ya conocido ó es completamente erróneo. 

Verdad es que á continuación del titulo hay una llamada que 
dice, que ese estudio había sido preparado para su publicación en 
el año 1888, y que luego su autor lo suspendió, para ocuparse de 
otros trabajos, hasta Abril de 1891. Pero, cuando se publica un 
trabajo de esta índole tres años después de escrito, se debe antes 
poner al corriente de los nuevos descubrimientos, y si eso no es 
posible más vale no publicarlo, porque los errores no se justifican 
con decir que habían sido preparados tres años antes, y la bi- 
bliografía no toma en cuenta otra fecha que la de la apari- 
ción. 

So Lee también á continuación del titulo, entre paréntesis, «con 
la lamina adjunta, plancha VII », de la que existe la esplicacion 
al fin, pero no la lámina, que según reza una advertencia impresa 
en el dorso de la tapa, aún no está concluida y aparecerá conjun- 
tamente con la próxima entrega, circunstancia que dificulta un 
poco la fácil comprensión del texto. 

En este examen vamos á seguir en el mismo orden los distintos 
títulos del trabajo, empezando por él. 

Eutemnodus americanus. Declara el Dr. Burmeister que el 
eminente paleontólogo R. Lydekker le ha comunicado en carta 
particular que ha podido comprobar que el género Eutemnodus 
de Bravard es sinónimo de Hyaenodon, persuadiéndose ahora 
por esta comunicación, que realmente no se trata de un felino 
como antes lo había creído, sino de un Hyaenodon 3 cuyo nombre 
específico cambia ahora en sud-americanuSj porque dice existen 
ya otras especies bien distintas de Norte- América! 

Debemos hacer pie-ente (pie, fundándonos sobre la descripción 
y dibujos de Burmeister, ya <\r>(\<' el año 1886 hemos declarado 
<pie nos parecía imposible <pie esos objetos procedieran real- 
mente del género Eutemnodus de Pommel 3 l'.nw \ui>. Fundán- 
donos en esas consideraciones dimos a los restos figurados por 
Burmeister el nombre de Apera sanguinaria. En 1889, en el 
principio de nuestra obra -obre lo- fósiles argentinos (Mam. JOS. 
"/■;/.. p. 340), decíamos (pie L.YDEKKER había podido constatar (pie 
el Eutemnodus de Bravard era sinónimo de Hyaenodon, noti- 
cia (pie la da ahora BURMEISTER como una novedad. Agregába- 
mos, fundándonos sobre el examen de las figuras publicadas, que 
nos parecí, 1 dudoso (pie se tralara de un felino. Antes de con- 



REVISTA CRITICA Y BIBLIOGRÁFICA 261 

cluir la redacción de esa. obra, recibíamos del Paraná piezas ori- 
ginales que describimos en el apéndice, página 916, asegurando 
entonces de una manera positiva que no se trataba de un fe- 
lino como lo pretendía Burmeister, sino de un carnicero del 
grupo de los Creodonta, pero genéricamente distinto de Hi/ae- 
nodon. 

Ahora el Dr. Burmeister no hace más que embrollar la sino- 
nimia, tratando de este animal bajo el título de Eutemnodus, 
identificándolo luego con el Hyaenodon, y cambiando su nombre 
específico sin tomaren cuenta para nada lo que al respecto se ha 
publicado; por lo demás, tan equivocado está el autor ahora que 
toma esos restos por de un Hyaenodon como antes al pretender 
que eran de un felino. Los nuevos materiales que tenemos á la vista 
y describiremos en oportunidad nos confirman en nuestra opi- 
nión, de que se trata de un género completamente distinto. En la 
llamada adjunta, damos la sinonimia según estas nuevas publi- 
caciones, para que los paleontólogos no se pierdan en este dédalo 
de denominaciones introducidas en la ciencia sin ninguna necesi- 
dad que las justifique (1). 

Felis propampina. Designa asi el animal á que perteneció una 
mitad posterior de la rama izquierda de la mandíbula inferior de 
un carnicero, pieza sin dientes pero con los cinco últimos alvéolos 
de tamaño igual entre si, que el autor toma por un representante 
del género Felis, aunque en una llamada dice que es posible haya 
pertenecido al género Nimravus . El tamaño igual de los alvéolos 
no concuerda con la parte correspondiente de los felinos, sino 
más bien con la de los carniceros creodontes. Por otra parte, las 
proporciones que le asigna, son las mismas que las que presenta 
el fragmento de mandíbula inferior que he descrito en la entrega 
anterior con el nombre de A chlysictis. con el cual lo identifica- 
mos hasta prueba de lo contrario. 

Oligobunis a/r/entina. Con este nombre describe la parte 

(1) Apera sanguinaria, Ameghino, Bol. <(<■ la Acad. Nac. <l>- Cieñe, i. IX, p, 
11, a. 1886. — [d. Mam. fós. arg., p. 340 j 913, pl. I. f. 27 y 28, pl. 77, í. 1. 2 y 
3, a. 1889. 

f Eutemnodus americanus, BraVard, Monog. de los terr., etc., p. 16, a. 1858. 
— H. Gervais y Ameghino, Los mam. Jos. am. //"■/•., p. 97, a. 1880. 

Burmeister, Anal. </>■/ Mus. Nac. de Buenos iires, ent. XIV, p. 97, a. 1885. — 
Id., ent. XVII, t. III, p. 375, a. 1891. 

Hyaenodon sud-americanus, Burmeister, Anal, del Mus. Nac, t. III. ent. XVII. 
p. 375, a. 1891. 



262 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

anterior de la rama izquierda de la mandíbula inferior de un 
carnicero, conteniendo el incisivo externo, el canino y tres premo- 
lares ; la misma pieza en la esplicacion de la lámina está indicada 
bajo el nombre de OligocLens ar-gentinus. El autor compara este 
objeto con el género Oligobunis de Cope, aunque ambos animales 
no tienen otro parecido que el de ser carniceros. El Oligobunis 
es un Canidae, mientras que la especie que describe Bur- 
meister procede evidentemente de un animal cercano de Pro- 
cyon y Násua. Los caracteres concuerdan exactamente con los 
del género Cyonasua, y aunque todavía no ha publicado la figura, 
nos basta la descripción para no titubear un instante en reconocer 
que son sinónimos. Compárese la figura de la mandíbula de Cyo- 
nasua argentina Ameghinó {Mam. Jos. arg., pl. 79, fig. 18) con 
la del Oligobunis en la obra de Cope The vertébrala of the Ter- 
ciary Formations qj the West, plancha 69, figura 1. y se vera in- 
mediatamente que se trata de dos animales completamente dis- 
tintos. Oligobunis argentina Burmeister es sinónimo de Cyo- 
násua argentina Ameghinó (1). 

Didelphys curvidens. Funda Burmeister esta especie sobre 
una rama izquierda de mandíbula interior con las últimas cuatro 
muelas algo imperfectas. Al final de la descripción hay una lla- 
mada en la que el autor dice, que se trata del mismo animal lla- 
mado por nosotros (con anterioridad) Notictis ()rti:ii. yqueel 
dibujo de la mandíbula que hemos publicado {Mam. fós. arg. 
pl. 72, i. 1 1) es bastante incorrecto. Puesto que reconoce que se 
trata del mismo animal, aunque I" coloque en un género distinto. 
no se justifica el cambio denomine especifico; el autor hubiera 
debido designarlo ron el nombre de Didelphys Ortüii. El dibujo 
que hemos publicado, está en efecto trazado sobre materiales muy 
incompletos, > es de desear que el autor que dispone de la pieza 



(t > La sinonimia j bibliogí ifía de "- 1 ' mima] i - ahora La siguiente: 

Cyonasua argentina, Amecsiiino, Bol. do la Acad. Nac. de Cieñe, t. VIII, p. ir, 
i L885. — Id., i. IX, p. 5, a. L886. — Id., Mam. fós. arg., p. 313 j 912, pl. 81, i. i 

y 3; pl, 79, i 18 a 1889. — Id., en Rec. Arg. Hist. Nat., t. I. ent. III. p i 

i. 76, Junio 1891. 

Amphinásua brecirostris. Moni NO j Mer< iíhat, Easplor. arquool. Proe. de Cat. 
mtologia, )>. 35, pl- IX, \i>ril 1891 

Oligodens argentinus Burmeister, Anal, dol Mus Vac. t. Ili, ent. 17, p. 1"", 
Mayo L891 

«Oligobunis argentina-, Burmeister, inal del Vías. Nae. i. III. ent. 17, p, 378 
pl. VII, i 2, Mayo Lí 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 263 

original dé uno más exacto. Aparte esto, la forma de la rama ho- 
rizontal y ascendente, la disposición y número de los agujeros 
mentonianos como también la forma de las muelas existentes,, no 
concuerda con lo que Yernos en el genero Didelphys é insistimos 
en que se trata de un género de carniceros del grupo de los Creo- 
donta. Didelphys curvidens es sinónimo de Notictis Ortizii, y 
como justificativo de la colocación que damos á este animal, mien- 
tras no aparezca el dibujo más perfecto de Burmeister, remitimos 
los lectores al único que hemos podido trazar, en la obra y lámina 
arriba mencionadas. La ligara 1, de la plancha 81 de la misma 
obra, representa la parte posterior de la rama horizontal y base 
de la rama ascendente, dibujada directamente del original según 
otro ejemplar más incompleto. 

Megamys patagoniensis. El autor cita numerosos restos, par- 
ticularmente huesos de los miembros, una rama mandibular y 
numerosas muelas sueltas como pertenecientes á esta especie, pero 
sin dibujos por lo que no es ciado juzgar del valor de esas referen- 
cias, y creemos más probable pertenezcan en realidad á varias es- 
pecies distintas. Las cuatro muelas ele la rama de mandíbula in- 
ferior que el autor atribuye á esta especie son de tamaño casi igual 
y formadas por cuatro láminas transversales cada una ; las dimen- 
siones del incisivo y de las distintas partes de la rama, como 
también varios de los caracteres que le atribuye, son completa- 
mente distintos de los que presenta la rama mandibular que he- 
mos figurado y descrito repetidas veces como tipo de la especie. 

Dice que, el gran número ele muelas sueltas de que ahora dis- 
pone, le permite un examen exacto de su configuración. Sin em- 
bargo hace tiempo que la configuración ele las muelas de este gé- 
nero la hemos descrito estensamente y con exactitud repetidas 
veces, y últimamente hemos dado de ellas numerosas figuras. 
Burmeister no agrega á esos datos nada nuevo, á no ser algunos 
errores, contradiciéndose él mismo en distintos puntos. Asi por 
ejemplo, dice que el número ele láminas ele cáela muela varía de 
3 á 6, que la primera á veces solo tiene 3 láminas, la segunda y 
tercera generalmente cuatro, y más de 4 solamente la última; un 
poco antes dice que las cuatro muelas de la rama horizontal, tie- 
nen cuatro láminas eada una ! Nosotros poseemos fragmentos de 
maxilares con muelas intermediarias que tienen más de cuatro lá- 
minas, y los numerosos materiales de eme ahora disponemos, nos 
demuestran que el número de láminas varía según las especies, 



264 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pero que es fijo é igual para los representantes de cada especie 
como lo demostraremos en una monografía que sobre el género 
Megamys y sus aliados tenernos en preparación. 

A pesar de la seguridad con que Burmeister determina el nú- 
mero de láminas de cada muela según su posición, dice después 
que no puede determinar con exactitud entre las muelas aisladas 
que posee, cuáles son las que corresponden á la mandíbula supe- 
rior! y en una jerigonza muy difícil de descifrar agrega «que 
las muelas superiores de Megamys presume han sido un poco 
más gruesas que las inferiores, pero no más angostas en la estre- 
midad posterior de cada fila, sino un poco más anchas, porque las 
del maxilar (sin duda quiere decir de la mandíbula inferior) indi- 
can una relación de esta figura. Me parece admisible que la últi- 
ma, muela superior haya tenido una lámina más que la inferior », 
de donde es dado adivinar, porque en realidad no se entiende. 
que las muelas superiores del Megamys, según él, son como las 
inferiores más angostas adelante que atrás, y ese debe ser real- 
mente el pensamiento del autor, porque esa es la forma ó dispo- 
sición que atribuye á las muelas superiores de un género muy 
parecido (Loxomylus) que describe á continuación. Está el autor 
en completo error, tanto menos disculpable, cuanto que ya hace 
tiempo hemos determinado la conformación de las muelas supe- 
riores de Megamys con la mayor escrupulosidad. En 1885 {Bol. 
de la Acad. Nac. de Cieñe, t. VIII, p. 27 y 31), en 1886 {Bol., 
etc. t. IX, p. 13 y 14) y en 1889 {Mam. fus. arg., p. 192. 193, 
200á203, 900 y 906) hemos dicho por repetidísimas veces que, 
las muelas superiores del género Megamys se distinguen délas 
inferiores por una fuerte curva lateral, y porotal implantadas en 
dirección inversa ár las inferiores, es decir con la paite más ancha 
adelante y la más angosta atrás, y (pie la última muela superior 
se distinguía probablemente poruña lámina de más ó p<>r un gru- 
po posterior de láminas atrofiadas. En el alias de la última obra 
mencionada (pl. 21, f. 7 y 12; pl. 26, í. 2 \ ."> ; pl. so. í. 3. 6 \ 7) 
hemos dibujado diversas muelas superiores de varias especies. 
Es lástima que Burmeister no baya tomado en cuentaesos ma- 
teriales, que !<• hubieran evitado incurrir cu los rimn-s que ahora 
comete. Quizá< .■><>- <iai<>~ n<> |(> hayan i n > p 1 1 ; i do suficiente con- 
fianza. Si asi fuera, declaramos que poseemos en varios ejemplar 
res la última muela superior de Megamys de distintos tamañosj 
ludas con la parte posterior terminada por un grupo de láminas 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 265 

rudimentarias, y que disponemos igualmente de trozos de crá- 
neos de Megamys de especies muy chicas y de especies muy 
grandes, con muelas implantadas en sus alvéolos, que presentan 
la curva lateral mencionada y tienen la parte más ancha de la co- 
rona adelante, y lamas angosta atrás, materiales que serán figu- 
rados en oportunidad. 

Loxomylus anyustidens. Bajo este nombre describe en algo que 
parece ser español, pero que no lo es porque es, casi ininteligible, la 
rama izquierda de la man dibula inferior con las cuatro muelas y 
el Licisivo de un animal parecido á Megamys. La misma pieza en 
la esplicacion de la lámina figura bajo el nombre de Loxopygus an- 
yusüdens. Según la descripción cada una de las cuatro muelas es- 
tá formada por cuatro láminas de las cuales solo las dos anteriores 
están reunidas al lado externo. 

Compara Burmeister esta pieza con las partes descritas por 
Cope bajo el nombre de Amblyrhha. sin embargo de que según 
este naturalista las muelas inferiores de aquel género están forma- 
das por solo tres láminas; pero esto no arredra al autor, porque 
cree que la pieza que él posee demuestra que Cope ha reunido bajo 
un mismo nombre restos de especies y géneros distintos ! Va más 
lejos todavía, y basado siempre sobre esa misma piezaquees 
de la mandíbula inferior, quiere deducir que Cope también se ha 
equivocado en la determinación de la colocación de las muelas su- 
periores, que según el ilustrado paleontólogo norte-americano es- 
tán formadas por cuatro láminas de las cuales la posterior es la 
más pequeña. Como las muelas de la mandíbula inferior que des- 
cribe Burmeister tienen la lámina más pequeña colocada ade- 
lante, deduce que igual conformación y dirección debían tener 
las muelas superiores, y que por consiguiente la- laminilla más 
pequeña de las muelas superiores descritas por Cope debía estar 
colocada adelante y no atrás. Es la misma repetición del enorme 
error en que incurre á propósito de las muelas superiores del Me- 
gamys, y causa maravilla que un paleontólogo de tan larga espe- 
riencia incurra en tan graves errores. La vizcacha actual en la 
conformación de la última muela superior, los géneros actuales 
Lagidium y Ertomys, y los numerosos géneros extinguidos de la 
República Argentina que hemos publicado en nuestros distintos 
trabajos hubieran debido demostrarle que en las muelas superio- 
res la lámina más pequeña es la posterior, mientras que en las in- 
feriores es al contrario. 



266 REVISTA VRGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Los caracteres que asigna á la mandíbula inferior del pretendido 
Loxomylus son absolutamente los mismos que distinguen nuestro 
género Tetrastybus del que hemos descrito y figurado mandíbulas 
enteras procedentes del oligoceno del Paraná. La especie que des- 
cribe también nos era conocida y también la liemos descrito con 
anterioridad (véase esta misma revista, entrega Ií. p 91, f. 31, 32 
y 23) bajo el nombre de Tetrástylus montanus del que Loxomy- 
lus argentinus es un simple sinónimo. 

Hasta cnla indicación de la, procedencia de la pieza está desgra- 
ciadoelDr. Burmeister. Ese objeto le fué dado por el Sr. Zava- 
leta como recogido suelto cu las cercanías del rio Santa María, cu 
el valle del mismo nombre, provincia de Catamarca. Era lo más 
natural pensar que la pieza había sido arrancada de algún yaci- 
miento de los alrededores; mas no para el autor que supone 
debe haber llegado áese punto desde lámesela boliviana ! Sin em- 
bargo, procede realmente de allí, y de los mismos yacimiento-, de 
dondeel Sr. Zavalei \ estrajo más tarde las piezas que hemos des- 
crito en la segunda entrega de esta revista, lo mismo que los nuevos 
fósiles recogidos por Metfessel por cuenta del Museo de la Plata 
v descritos por los señores Moreno j Mercerat. 

Otros roedores. Bajo este título (p. 387) parecería lógico que 
siguieran nuevo., dato.s sobre otros diversos roedores, ¿no es cier- 
to? pues no es así ; lo que sigue, son estos dos párrafos que no 
puedo privarme de la satisfacción de transcribir íntegros. 

«Hasta aquí había continuado mi nueva obra en el año 1888, 
cuando recibí del superior gobierno la aprobación de mi proposi- 
ción para escribir una disertación particular, con el objeto de re- 
presentar con ella el Museo Nacional en la Exposicion.de ParisdeJ 
año 1889. Ocupado en su composición desde Octubre de L888 hasta 
Mayo de 1889, no pude proseguir mis anteriores estudios científi- 
cos; y después la distribución dé la obra concluida á los estable- 
cimientos públicos con los cuales nuestro Museo mantiene relación, 
ha absorbido los meses de Junio, Julio hasta Agosto, cuando reci- 
bí el 22áé\ mismo mes, la obra estensa del Sr. Flor. Ajmeghino : 
Los mamíferos fósiles déla República Ar y entina que trata casi 

de iodo los objetos contenidos en nuestra colección i va, por su 

modo verboso bien conocido con vistas del todo diferentes de la 
mía, obligándome entonces á entrar en discusión con el autor, que 
me parece inútil según la larga esperiencia hecha durante nuestra 
contemporaneidad en Buenos Aires desde hace más de quince años. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 267 

«Para Justificar mi opinión pronunciada, invito al lector á com- 
parar las figuras que el autor dice haber copiado délas mías en obras 
anteriores publicadas, y lo que él pretende de las especies en el 
texto de su obra. 

«Véase, porejemplo, la fig, 27, pl. I, con el título de Aperasan- 
guinaria, comparándola con lamia: (Anal., etc., tomo III, fig. 
A, B, C) y estímese si tiene más semejanza, que el contorno gene- 
ral. El Sr. Ameghino afirma, que he llamado al diente de su figu- 
ra 28 incisivo mientras que yo digo claramente que lo tenia por 
premolar ó como he dicho (pág. 98): «primer molar falso supe- 
rior ». Igualmente deformada es la copia pl. 6, fig. 23, de mi fig. 6, 
pl. 11 déla obra citada, bastante más ancha que la mía y muy dura 
su ejecución. La fig. 33. láni. 12, pretende ser copia de mi figura 
4, pl, 11, 1. 1., aunque el diente primero no tiene ninguna semejan- 
za con el de mi figura, llamando al animal Megamys Holmbergit, 
de un género con el cual no tiene ningún otro carácter que el de 
ser del mismo grupo superior general sistemático. 

« Xo continuaré con semejante examen, para no molestar al lec- 
tor con diatribas, afirmando que ninguna figura copiada tiene más 
de común con la mia que el contorno general parecido y algo ^de 
la ejecución ulterior. Para probar científicamente que la gruesa 
obra del Sr. Ameghino es una lástima para la ciencia paleontoló- 
gica. por sus muchos nombres nuevos sin necesidad aplicados á 
objetos ya anteriormente conocidos, seria necesario escribir un 
examen muy extenso, probablemente no menos largo que su obra, 
y por esta razón omito otras esplicaciones por el momento, para 
conservar mi critica hasta cuando publique la lista de todos los 
mamíferos terciarios existentes en el Museo Nacional.» 

Ahora á nuestro turno nos toca defendernos. Que nuestras ideas 
(vistas) son del todo diferentes de las de Burmeister, ¿quién lo 
duda? Como que las de él son casi tan fósiles como los fósiles que 
describe, mientras (pie las nuestras evolucionan marcando el paso 
dr los progresos de la ciencia. 

Dice que no quiere entrar en discusión con nosotros, y á conti- 
nuación nos hace una carga á fondo impetuosa, agregando (pie no 
es todo, que se reserva su crítica para cuando publique los demás 
mamíferos fósiles deque dispone. Enhorabuena, ya discutiremos : 
vamos mientras lauto á examinar los cargos que ahora nos hace. 

Que Potamarchus no sea un Megamys es quizás lo único en (pie 
tiene razón, y ya en laentrega precedente, p. 140, hemos declarado 



268 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

que el examen de nuevas piezas originales nos había convencido de 
que es un género distinto. Nuestro error al reunirlo con Megamys 
queda sobradamente justificado, tanto por los dibujos no muy 
exactos por él publicados, cuanto por la descripción incorrecta en la 
que se extiende en nimiedades, pasando por alto los caracteres de 
verdadera importancia. Asi, no dice una palabra sobre si las mue- 
las tienen raices distintas ó son de base abierta, ni sobre si las lá- 
minas son simplemente superficiales ó abarcan todo el prisma del 
diente, ni tampoco se puede saber si las escotaduras que dividen las 
láminas descienden hasta la base; encontrándose además en la 
descripción de Burmeister errores fundamentales, como aquel de 
la existencia de una hoja aislada y entrecortada de esmalte en el 
centro de cada lámina de dentina, y otros por el estilo; en tales 
condiciones, no disponiendo de originales, no esestraño no haya- 
mos podido reconocer el género desde un principio. Burmeister, 
en la misma obra, bajo el titulo de Theridomys amertcanus, des- 
cribe una muela inferior que pertenece al mismo género Potamar- 
chus. Es la figura de esta muela que dice está mal copiada en nues- 
tra obra, pl. 6, i'. 7. La verdad es que la figura por él publicada, es 
horriblemente fea. sin que tenga absolutamente nada del origina!, 
ni aún en su contorno que se parece á otra cosa que involuntaria- 
mente salta á la vista. Antes que concluyéramos nuestra obra, re- 
cibíamos una muela parecida, que reconociendo no era de un The- 
ridomys designamos con el nuevo nombre de Dtscolomys cuneus. 
Solo ahora que disponemos de originales de la dentadura inferior 
de Potamarchus, hemos podido reconocer que se i raía del mismo 
animal (1). Esa muda que tomamos por la primera superior, pero 
que los maxilares completos de que ahora disponemos nos demues- 
tran es la segunda (m. -'■). la hemos descrito en la obra citada, p. 
902, y la hemos hecho figurar en la lámina 80, I'. 12, vista de varios 
lados, cu tamaño natural y aumentada. Compárese esa figura con 

(1) La sinonimia 3 bibliografía de esta especi ahora la que sigue: 

Potamarchus murinus Burmeister \nni. del \lu Nac, 1. til, enl XIV, p L54, 
pl. 11. í. 1. a. 1885.— Ameghino en Reo. irg. H. N., t. 1, ent. 111, p. 140. — Id., ent 
VI, u 22, p. 294, a. 1891. 

Theridomys americanus. Bravakd, Monog., etc., p. ',0.4. isas. —Burmeister 
Anal., etc., t. III. ent. \iv. p L09, pl. 11. a. 1885 

Megamys Holmbcrgi. Ameghino Cparte), Bol. Acarf, Var. Cieñe., t. IX. p. :.'?>. a. 
[886. — Id., LosMam. tos. arg., p. 203, pl. 12, 1. 33, a. 1889 

Discoiomys cun> us. ameghino. !.".< mam, /<•-. arg . p. lis \ 902, pl. VI, f. 17 
j 23; pl. XXV, J. 8; pl. LXXX. 1. 12, a. L889 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 269 

la que ha publicado Burmeister (Anal., etc., t. III, pl. 11, f. 6) y 
se verá que son completamente distintas, tanto que á primera vista 
diríase proceden de dos animales diferentes. No es sin embargo 
asi ; los numerosos materiales de que ahora disponemos nos de- 
muestran de que se trata del mismo animal, y en cuanto á la ejecu- 
ción del dibujo que hemos publicado (pl. 80, í.12) garantimos que 
es reproducción exacta del original, y ponemos los materiales á 
dispocion de quienes quieran comprobarlo. 

No nos estenderemos más sobre la cuestión de los dibujos, pues 
queremos concederle que algunas de las figuras por él publicadas 
que "hemos reproducido, presenten pequeñas diferencias; mas 
esto no tiene gran importancia, y esas diferencias insignifican- 
tes son inevitables tratándose de dibujos copiados y reproducidos 
por procedimientos distintos de los que se emplearon en la ejecu- 
ción y reproducción de los originales, pero no están alterados los 
detalles de la ejecución. El Dr. Burmeister puede encontrar que 
esas figuras,, lo mismo que todas las del atlas de nuestra obra, están 
mal, muy mal; es perfectamente libre de creerlo así, pero aquellos 
que tengan ocasión de comprobarlas con piezas originales, podrán 
fácilmente apreciar hasta donde se ha llevado la escrupulosidad en 
las proporciones y detalles (1). Por nuestra parte, encontramos 
que son malísimas y completamente erradas en proporciones y de- 
talles muchas de las figuras por él publicadas, y nos abstenemos de 
particularizarnos con ninguna, porque ya en el curso de nuestras 
publicaciones hemos tenido ocasión de hacerlo repetidísimas veces, 
v con esto basta de dibujos. 

Quédanos todavía por agregar que el diente que hemos hecho 
dibujar en la plancha I, figura 27, hemos dichoque es reproducido 
según dibujo de Burmeister, pero no hemos afirmado que él haya 
dicho que es un incisivo. Lo hemos determinado como incisivo ba- 
jo nuestra esclusiva responsabilidad, y véase como el autor se con- 
tradice; ese diente que antes clasificó como de un felino, ahora pre- 
tende que es de Hyaenodon, género en que todos los premolares 



(1) Debemos confesar que hay en nuestra obra una lámina en la que varias (li- 
la- figuras que contiene no nos satisfacen ; es esta la cuarta, que contiene los res- 
tos de ratones. F'ué estala primera lámina ejecutada y el dibujarlor do estaba acos- 
tumbrado á trabajar con lente; esa es la causa de que varias de las figuras aumenta- 
da- dejen algo que desear, y uo se rehizo la lámina por falta absoluta de tiempo. 
Pero la exactitud del texto compensa esos pequeños defectos, además que, en 
oportunidad hemos de reproducir esas figuras corregidas. 



270 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tanto superiores como inferiores son biradiculados; pero como el 
diente en cuestión es de una sola raíz, es claro entonces que. ó no 
puede ser de Hycenodon ó es un incisivo. 

Colpodon propinquus. — De este género describe ahora el au- 
tor con estension casi toda la dentadura superior é inferior. Como 
en esta larga disertación hace referencias á numerosas figuras no 
publicadas, esperaremos para su examen, que se distribuya la lá- 
mina que las contiene. 

Termina este artículo, dando algunos datos y medidas sobre un 
maxilar superior con las cinco muelas, del género Astrapotlierium 
propiedad del Museo de La Plata. Este objeto recogido por mi her- 
mano Carlos en el eoceno de Patagonia, lo hemos descrito deta- 
lladamente (ob. cit., p. 627-38, pl. XXX. fig. 1). acompañando 
una figura de la dentadura en tamaño natural. 



I,a distribución geográfica de los moluscos de agua dulce. — 

(£)¿c geographische Verbroitung der Fhtssmuscheln), por el Dr. H. V. Jhering, 
en Das Ausland, N 48 v 49. - Diciembre de 1890. — Stuttgart. 



Es este un trabajo de grande importancia y suma paciencia, que 
lia requerido un gran caudal de conocimientos aliado á una grande 
perseverancia. El autor propónese demostrar- el grande valor que 
tiene el estudio y conocimiento de la distribución geográfica délos 
grujios zoológicos actuales y extinguidos para la restauración de la 
forma de los antiguos continentes y sus diferentes y sucesivas co- 
nexiones, especializándose particularmente con los molusco- de 
agua dulce, no sin antes mencionar hechos referentes á otros gru- 
pos zoológicos, v de preferencia á los mamíferos. Cree que un in- 
tercambio de mamíferos entre la América del Norte y del Sud, 
solo existe desde el fin de la época terciaria, pero que las comuni- 
caciones entre Europa y América del Norte fueron mucho mas fre- 
cuentes. Observa que las familias más características de Sud-Ame- 
rica, como las délos distintos roedores sud-americanos, se conocen 
de Europa desde los tiempos terciarios antiguos, pero que no exis- 
tían en Norte América, de donde deduce que Sud- América recibió 
originariamente su fauna de mamíferos del antiguo mundo, y que 
de-dc entonces quedó completamente incomunicada hasta el fin de 
la época terciaria, siendo debido á este largo aislamiento el carác- 
ter tan particular de la launa mamalógica sud-americaná. 

De consiguiente, Sud-América, en un tiempo <h'^c haber estado 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 271 

unida al viejo mundo por un puente que ha desaparecido desde el 
principio de la época terciaria, lo que también esplicaría la existen- 
cia de especies idénticas de moluscos marinos costaneros que no 
pueden avanzar á través de las grandes profundidades del océano, 
por un lado en las costas orientales de la América del Sud, por el 
otro en las occidentales de África, siendo natural pensar que han 
pasado de uno á otro lado del Atlántico, siguiendo una antigua 
costa. 

Para el conocimiento de las antiguas conexiones de las tierras, 
tiene todavía mayor importancia la fauna acuática de las lagunas 
y los rios. Lo primero que llama la atención es que la distribu- 
ción de la fauna de agua dulce es muy distinta de la que muestra 
la launa terrestre, hecho hasta ahora no suficientemente apreciado 
ni satisfactoriamente esplicado. Esta distribución, por ejemplo, 
mostraría el hecho bien sorprendente de aislar en un mismo mapa 
Chile y Patagonia del resto de Sud-América, para reunirlos con 
Nueva Zelandia ! Muestra igualmente el estudio de los moluscos 
de agua dulce que los géneros más antiguamente aparecidos, como 
Planorbis, Physa, Lymneaj Amylus, son también los de más 
vasta distribución geográfica, encontrándose en todas las regiones 
de la tierra. Estos géneros, por ejemplo, datan de la época jurási- 
ca, algunos hasta de la carbonífera, representando así la más anti- 
gua fauna de agua dulce y su distribución en el estado actual de 
las tierras y las aguas es un enigma que solo se esplica admitiendo 
separaciones y conexiones de las distintas partes déla tierra, muy 
diferentes de las de nuestra época. El género Unió, por ejemplo, 
(pie seguramente ya se encuentra representado en la época jurásica, 
es cosmopolita, mientras que los demás unionidos, como también 
otros moluscos fluviales aparecidos más tarde, presentan una dis- 
tribución geográfica completamente distinta. Particularmente los 
géneros aparecidos al principio de la época terciaria ó poco antes, 
como A nodo tita y el género Ampullaria y sus próximos parientes 
tienen una distribución mucho más restringida , faltando ambos en 
Chile y Perú occidental, como también en Nueva Zelandia y Aus- 
tralia, de donde se deduce que en la época déla aparición y distri- 
bución de los mencionados géneros, Australia y la Nueva Zelandia 
estaban separadas de la tierra firme asiática ó islas adyacentes, y 
á ellas no pudieron pasar esos moluscos. Un hecho completamente 
correspondiente presenta la fauna de agua dulce de Chile y Perú, 
en la que solo se encuentran representados los más antiguos gene- 



372 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ros, pero no los que aparecieron más tarde como Anodontay Am- 
pullaria. que sin embargo, conjuntamente con muchos otros son 
tan abundantes en las aguas sud-americanas al este denlos Andes, 
de donde es igualmente dado deducir que estos formaban desde el 
principio de la época terciaria una barrera que impedia el acceso á 
la región occidental de los géneros que vivían en la oriental. Todos 
estos hechos permiten reconocer que asi como los mamíferos pro- 
porcionan un medio para la restauración de las conexiones de los 
antiguos continente- durante la época terciaria, los moluscos de 
agua dulce permiten hacer otro tanto con los continentes de la 
época secundaria. 

Observa Jhering, que de los unionidos. solo se encuentra re- 
presentado en la parte del territorio chileno-peruano al oeste de los 
Andes el género Unió, que tampoco falta en ninguno de los terri- 
torios situados al este, aunque en ellos aparecen muchos otros 
ñeros del mismo grupo. Uno de estos es Hyria, que se encuentra 
limitado en las aguas dulces de Venezuela, Guayana y curso supe- 
rior de los afluentes setentrionales del Amazonas, de donde deduce 
que esa región al principio déla época terciaria, cuando en el va- 
lle del Amazonas penetraba el Atlántico hasta cerca de la base de 
los Andes, formaba como una isla. 

Hemos dicho que de Los unionidos, el único género representado 
en Chile es Unió : las especies chilenas son muy parecidas y segu- 
ramente muy próximas aliadas de l;i> especies del mismo género 
que viven en lasaguas dulces délos países del Plata y Brasil me- 
ridional, de donde se deduce que en la época de la aparición de la 
másantigua faunadeagua dulce estaba en comunicación el terri- 
torio chileno con el argentino y no existia de consiguiente la bar- 
rera de los Andes. En los géneros del mismo grupo aparecidos en 
época más moderna, se nota que hay un grandísimo parecido entre 
la fauna de agua dulce del Brasil meridional (Rio Grande del Sud 
y Santa Catalina) con la del sistema del Rio de la Piala, y parti- 
cularmente con la del rio Uruguay, siendo la mayor parte de las 
especies idénticas. De esto y otras consideraciones geológicas saca 
en consecuencia que en otro tiempo muchos de los afluentes del rio 
de la Plata debían estar en comunicación con los cursos de agua 
del sud del Brasil, que con el territorio adyacente de la cuenca 
del Plata, formaba entonces como una gran isla. Cuando ¿eso 
ese estado insular formando el territorio del Plata y Brasil 
meridional una tierra continuada, ya habían surgido los Andes 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 273 

formando una barrera insalvable que impidió que la nueva fau- 
na de agua dulce del lado oriental pasara al occidental. 

Tanto en los moluscos, como en los peces y tortugas de agua 
dulce, encuentra el autor una gran diferencia entre las respectivas 
faunas de ambas Américas, por lo que supone que estuvieron sepa- 
radas hasta el fin de la época terciaria, y que la comunicación no 
fué posible entre ellas ni durante la época miocena. Que la fauna 
de agua dulce norte-americana tiene un mayor parecido con la de 
Europa que con la de América del Sud, mientras que esta última 
tiene al contrario, un notable parecido con la del continente afri- 
cano, tanto que parece que ambas regiones recibieron originaria- 
mente una misma fauna en una época geológica muy remota, du- 
rante la cual de algún modo debían estar unidas por tierras hoy 
desaparecidas. 

La memoria está atestada de datos zoológicos que por falta de 
espacio no podemos enumerar ; nos contentaremos pues, con ter- 
minar este ligero examen reproduciendo la conclusión á que llega 
el autor sobre la forma de los continentes durante la época secun- 
daria. 

Las tierras emergidas de esta época, en conexión más ó menos 
continua, debían agruparse en tres grandes masas ó archi-conti- 
nentes, uno ártico, otro antartico y el tercero trópico-atlántico. 

El archi-continente ártico se estendia de Europa á Norte-Amé- 
rica, pero esta última estaba separada de Sud-América, la que, se- 
gún el autor, habría quedado aislada por el norte hasta el fin de la 
época terciaria. 

El archi-continente trópico-atlántico, se estendia de la región 
tropical de Sud-América á África. 

El archi-continente antartico se estendia de Chile y Patagonia 
hasta nueva Zelandia y Australia. 

Es de notarse la circunstancia de que en lo que concierne al ar- 
chi-continente austral, nosotros independientemente de los nota- 
bles estudios del Dr. Jhering, habíamos llegado á un resultado 
completamente idéntico . 

Los grandes animales fósiles de América (Les qrands animaux fos- 
siles de V Amé fique) po* M. Marcelin Houle (Estrado de la Recae Scicntifiqw ) 
Folleto de 45 páginas en 8 o menor, con varios grabados intercalados. — Paris, 
1891. 

El contenido de este folleto es la reimpresión de una conferencia 

REV. ARG. DE H!ST. NAT. — T. I 18 



274 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATL'RAL 

dada por el Sr. Boule en la « Asociación francesa para el adelanto 
de las ciencias » , el 24 de Enero de 1891 . La mayor parte está dedi- 
cado al examen de los principales tipos vertebrados que se han su- 
cedido en Norte-América (p. 5-36) y solo al final (p. 36-45) agrega 
algo referente á la launa de mamíferos pampeanos de Sud-América. 
, Esta última parte es notablemente deficiente, por no estar el autor al 
corriente de los trabajos que sobre paleontología y geología argen- 
tina, se lian efectuado en los últimos diez años. La fauna llamada 
pampeana hoy solo constituye una pequeña parte de las distintas 
faunas de mamíferos que en la República Argentina se han suce- 
dido á partir del fin de la época cretácea hasta nuestros dias. Tam- 
poco la planicie pampeana tiene la exagerada ostensión que le atri- 
buye el autor; la Patagonia, por ejemplo, es una tierra muy 
accidentada, y por lo que concierne al resto de la República Ar- 
gentina, es muy sabido que también se ha exagerado desde hace 
tiempo la estension déla llanura. 

Para que sus oyentes se formen una idea del carácter de la fauna 
pampeana, dá el autor algunos detalles sobre los géneros Mer/a- 
therium y Scelidotherium, sobre el grupo de los glyptodontes y el 
Machcerodus, con tres grabados, uno del esqueleto del Scelidothe- 
rium leftocepha/um Owen; otro del Glyptodon typus Nodot 
(sinónimo de G. retie.ulatus Ow.) y el tercero del esqueleto del 
Mac/tcerodus necator Gervais (sinónimo de Smilodonpopulatoj\ 
Lund). 

Termina agregando que la falta de tiempo le impide dar detalles 
sobre otros representantes no menos singulares <!•' la fauna pam- 
peana, como la Macrauchenia que se parece al caballo, al camello 
y al elefante, ó el Toxodon, de afinidades muy difíciles de preci- 
sar y del que parece han existido en Francia algunos representan- 
tes durante la época terciaria. 

La presencia de representantes del grupo de los toxodontes en 
el terciario de Europa, seria para el conocimiento de la distribu- 
ción geográfica do los mamíferos y de su evolución como también 
para la restauración de las antiguas conexiones de los continentes, 
un acontecimiento paleontológico verdaderamente trascendental, 
y hacemos votos para que el Sr. Boule publique á La brevedad que 
le sea posible los materiales sobre que se ha fundado para avanzar 
la posibilidad de un hecho, que, á rio dudarlo, ora de los más im- 
previstos. 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 275 

Sinopsis de la familia de los Astrapotheridae por Alcides Mer- 
cerat (Reoista del Museo de La Plata, t, I, p. 237 7 sig.) 1891. 

Folleto en 8 o , de unas 20 páginas, distribuido en los últimos 
dias del mes de Mayo, y que no podemos callarlo, prodúcenos gra- 
ta impresión, pues ya no vemos el nombre del señor Mercerat 
asociado á otro como simple colaborador. 

Pasa el autor en revista todo el grupo de los Astrapotheridae \, 
según los materiales existentes en el Museo de La Plata, admi- 
tiendo en él tres géneros que son : 

Xylotherium mirabüe n. gen. n. sp., fundado sobre una man- 
díbula inferior incompleta, cuya paite sinfisaria es corta y no se 
enancha. Las muelas se parecen á las de Astrapotherium, pero 
los caninos ascienden hacia arriba casi verticalmente. Tamaño 
bastante menor que Astrapotherium . 

Listriotherium patagonicum n. gen. n. sp. Parecido A Astra- 
potherium pero de menor tamaño y formula dentaria distinta, pues 
no tendría sino un solo premolar superior. Otra especie del mis- 
mo género ha recibido el nombre de L. Floweri n. sp. ; está re- 
presentada por fragmentos de caninos. 

En el género Astrapotherium enumera el autor ocho especies, 
todas de talla gigantesca, que denomina .4. Patagonicum Burmeis- 
ter, A. magnum (Ow.), A. angustidens n. sp., A. Burmeisten 
n. sp., A. Marshii n. sp., A. Vogt/ii n. sp., A. Gaudryin. sp., 
A. robustum n. sp. Todas estas especies proceden de una misma 
formación y localidad, es decir del eoceno de Santa Cruz, con ex- 
cepción de una que procede del territorio del Chubut. 

Es pues difícil de admitir la posibilidad de que hayan coexis- 
tido en un mismo punto siete especies gigantescas de un mismo 
género! Las diferencias de tamaño que el autor indica no tienen 
gran importancia en animales de esas proporciones, en los que las 
diferencias individuales y de edad tenían que ser necesariamente 
considerables. Las proporciones relativas de las muelas, también 
están sujetas á grandes variaciones según la edad y el grado de 
desgastamiento, diferencias tanto más notables cuanto que en el 
género Astrapotherium las muelas persistentes no entraban en 
función á un mismo tiempo. De las ocho especies enumeradas, el 
A. Vogthi es sinónimo de A. ephebicum Ameghino 1889; tene- 
mos la especie procedente del territorio del Neuquen. de la cuen- 
ca superior del Chubut y de las fuentes del rio Deseado, habién- 



2?G REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

dose encontrado en los tres puntos en compañía del Pyrotherium. 
Debemos igualmente recordar que una especie, el A. Burmets- 
teri está fundada solo sobre la mandíbula inferior, y dos oirás es- 
pecies. A. Marshii y A. Gaudryi sobre mandíbulas superiores, 
sin que tampoco exista ningún cráneo suficientemente completo 
que pueda ser comparado con el que hemos descrito como A . 
magnum (Owen) = .1. Patágonicum Burmeister, y afirmar que 
sea distinto. No queremos entrar en un examen de los caracteres, 
medidas, etc., de la dentadura de las seis especies que menciona 
como nuevas, pues como no ha publicado dibujos es difícil juz- 
gar su verdadero valor; por otra parte, como pronto vamos á tra- 
tar de ese grupo con nuevos materiales originales á la vista, será 
entonces ocasión de entrar en un estudio más detenido. Acá de- 
seamos solo contestar la" parte que á nosotros se refiere, lamen- 
tando que el autor tome la defensa de cierto personaje é inter- 
venga en asuntos que le son ágenos, que son igualmente ágenos 
al Trabajo de que se ocupa, y sobre los cuales, nuevo en el país, ca- 
rece de antecedentes y no es la atmósfera que respira en el Museo 
la más propicia para que lleguen á su conocimiento. 

Nuestra obra, en sus nueve décimas partes, la hemos redactado 
con materiales que eran nuestros ó habían sido nuestros, ó que 
nos hemos procurado con nuestras relaciones personales, y con lo 
que hemos aprovechado de las publicaciones de nuestros distin- 
guidos antecesores, y con esto basta, recordándole que solo he- 
mos podido describir y figurar una mínima parte de Los materiales 
que habían sido nuestros, y hoy propiedad del Museo de La Plata. 

Más de lamentar es la estfalimitacion de lenguaje que se per- 
mite el señor Merckrat. paralo que no le hemos dado el más 
mínimo motivo. Testualmente dice el autor, «por el momento 
nos concretamos á corregir algunos errores bastante groseros que 
encontramos en el citado estudio del señor Ameghino». En rea- 
lidad solo es grosero el calificativo que emplea para supuestos 
errores que solo existen en su imaginad. >n, que se los ha forjado á 
fuerza <\r buscarlos. 

Examinemos un poco esos pretendido- errores. En la página 6 
y 7 dice que hemos identificado Astrapotherium patágonicum 
Burmeister con Nesodon magnus Owen, llamando el animal 
A . magnum (< >wi-;n>, aunque ya Burmeister antes que nosotros 
había señalado la posibilidad de que A', magnus Owen pertene- 
ciera á .1. patágonicum Burmeister. 



REVISTA CRITICA Y BIBLIOGRÁFICA Zi i 

Nosotros no hemos negado de que ya Burmeister hubiera he- 
cho notar la posibilidad mencionada ; lo que hicimos fué afirmar 
que ambos animales eran genéricamente idénticos. Si Burmeis- 
ter hubiera reconocido esa identidad, hubiera debido designar 
el animal con el nombre de A. magnum, Por otra parte, -i esta 
identificación de Burmeister es exacta, ¿por qué pretende Merce- 
rat conservar A. magnum como distinto de A. patagomcumf 
Véase todas las inconsecuencias en que incurre por el simple pru- 
rito de querer corregir. 

Nosotros al hacer esa identificación no hemos hecho sino seguir 
el ejemplo de todos los naturalistas que se respetan y no quieren 
multiplicar al infinito las especies nominales, y mal que le pese 
al señor Mercerat. que queda libre de creer lo que le agrade, esa 
identificación para nosotros subsistirá hasta que se pruebe lo 
contrario. ¿Adonde iríamos á parar si sobre cada pieza aislada de 
la que reconocemos el género pero que no tenemos la completa 
seguridad que procede de una de las especies conocidas, le dié- 
ramos un nuevo nombre, camino que parece emprender el au- 
tor ? 

Más abajo considera como muy atrevida nuestra suposición 
fundada sobre una muela de pequeñas dimensiones de que A. 
ephebicum fuera de bastante menor tamaño que A. magnum 
(Qwen) siendo hasta ahora esos animales tan poco conocidos ! No- 
sotros en este caso nos hemos guiado por las analogías sin que el 
paleontólogo pueda hacer de otro modo, y cuando sus deduccio- 
nes fundadas en hechos conocidos no resultan confirmadas, suya 
no es la culpa, sino de la variabilidad ilimitada de formas que 
presenta la naturaleza. Pero insistimos en que A. ephebicum es 
de bastante menor tamaño que A. magnum. 

Examinando el cráneo por nosotros descrito, agrega "el señor 
Mercerat que los parietales concurren á la formación de la caja 
encefálica, y que el hundimiento del cráneo en la región parietal 
por nosotros descrito, es accidental. Que el cráneo está comple- 
tamente deformado y todo lo que sobre él se diga está sujeto á 
revisión, lo hemos reconocido en nuestro estudio. En cuanto á 
que 1<>- parietales concurran siquiera sea en una parte mínima á 
la formación de la caja encefálica, es evidente, pues cualquiera 
que lea lo que al respecto hemos escrito, seguramente que no va 
á interpretar que los parietales quedaban escluidos en absoluto; 
es claro que solo nos referimos á las partes laterales, que hemos 



278 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

dicho están limitadas por los temporales, y abajo y atrás por los 
«xo-occipitales, el basi-occipital y el basi-esfenoides, y aunque no 
decimos qué huesos la limitaban arriba, nadie va á suponer que 
esa bestia tuviera los sesos al aire, y es evidente, y ni había 
por qué decirlo, que los parietales limitaban la región supe- 
rior. 

Véase hasta donde llega el deseo de querer enmendar sin causa 
justificada. « Los caninos de la mandíbula superior no constitu- 
yen defensas tan formidables como lo deja entrever el señor Ame- 
chino». 

La defensa del ejemplar por nosotros descrito, dijimos, sobre- 
salía fuera del alvéolo en línea recta 27 centímetros ; dimensio- 
nes que no serán formidables si se comparan con las que presen- 
tan las defensas del Mastodonte, pero lo son si se ponen en para- 
lelo con el canino de los Toxodontes, caballos, ciervos y muchos 
otros ungulados, y formidables debían encontrarlas aquellas po- 
bres bestias que por una circunstancia cualquiera fueran acaricia- 
das con ellas. 

Otro tanto puede decirse del siguiente párrafo: «Agregaremos 
(jiir las defensas de la mandíbula inferior que el señor Ameghino 
parece referir á incisivos, corresponden á los caninos ». Precisa- 
mente en todas partes hemos descrito las defensas como caninos, 
pero sin afirmar de una manera absoluta que b sean, porque los 
materiales de que entonces disponíamos no nos permitían hacer 
otra cosa ; obramos con la prudencia que exijen estas cuestiones, y 
vemos con placer que la determinación que hicimos de esas de- 
fensas al considerarlas como caninos resulta ser ahora exacta. 
Pero, hubieran podido resultar ser incisivos, sin que por eso hu- 
biéramos cometido un craso error. 

El último de los errores bastante groseros por uosotros come- 
tido, según Mercerat, se refiere al número de raices de las mue- 
las superiores. Al tiempo de redactar nuestro trabajo no conocía- 
mos una sola muela aislada, y La descripción de la dentadura su- 
perior la hicimos sobre un maxilar en el cual las cinco muelas 
estaban implantadas en sus respectivos alveolos, sin que pudiera 
ju/gar dr una manera precisa «leí número j forma de la- raices 
sin destruir la pieza ó por lo menos seccionarla. Cada uno de los 
dos premolares presentaba á la vista una raíz sobre el lado interno 
y otra más grande sobre el estenio con una depresión perpendi- 
cular que parecía indicar que esta también se bifurcaba en La ba- 



REVISTA CRÍTICA Y BIBLIOGRÁFICA 279 

se, por lo que supusimos que cada premolar tuviera tres raices. 
En cuanto á los verdaderos molares, dijimos que dejaban ver dos 
raices esternas y que sobre el lado interno, aparentemente, se 
presentaba como si el m. 1 tuviera cuatro raices, lo que podía ser 
probable, pero no hemos asegurado que así fuera en efecto. La 
probabilidad de que ese diente pudiera tener cuatro raices (como 
que pudiera tener tres) le lia parecido al autor más que dudosa, 
asi « con el objeto de tener un argumento irrefutable á la mano », 
hizo practicar la sección para asegurarse del hecho de que los pre- 
molares solo tienen dos raices y los molares tres. ¿Tendría á bien 
el señor Mercerat indicarnos sobre qué datos de morfología com- 
parada se basaba para considerar como más que dudosa la posibi- 
lidad de que m. L tuviera cuatro raices ? ¿A que no puede in- 
dicarnos por qué caracteres de la corona puede distinguirse una 
muela de cuatro raices, de otra que solo tenga tres? ¡Vaya una 
gracia ! rompiendo la mandíbula cualquiera puede determinar el 
numero de las raices de los clientes, pero conste que nosotros no 
dijimos que fueran tres, ni que fueran cuatro; sino que era posi- 
ble que fueran cuatro, como era posible que fueran tres. 

Estos son los que Mercerat con el mayor énfasis califica de 
errores bastante groseros. Equivocar la fórmula dentaria de un 
t po conocido como le ha sucedido con Cyonasua(Amphinasua), 
atribuir una especie de Lineo á un autor contemporáneo como lo 
ha hecho con Nasua nárica, y otros errores por el estilo en los 
que interviene la falta de conocimientos y no la falta de materia- 
les, habría derecho para aplicarles el calificativo que él aplica á 
errores imaginarios, y sin embargo, y á pesar de que en esa oca- 
sión el nombre del señor Mercerat estaba acompañado de otro 
que no nos merece el más mínimo respeto, no hemos empleado 
términos parecidos." 

¿Y por qué ese empeño del autor en particularizarse con noso- 
tros, cuando otros nos han precedido en el estudio de las mismas 
piezas, sin acertar ni siquiera la colocación probable de ese gé- 
nero? ¿Porqué no recuerda á BuRMEiSTERque lo comparó al Bron- 
tothcriu.ni y hasta le vio cuernos, ó á MorEíNO para quien era 
un marsupial, una foca y no recordamos qué más? 

No tenemos el placer de conocer al señor Mercerat pero nos 
basta que se venga á ocupar de Paleontología, y especialmente de 
Paleontología argentina, para que reconozcamos en él un colega 
que siempre trataremos con el mayor miramiento y según sus 



280 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

oliias. Le reconocemos aptitudes y conocimientos científicos muy 
superiores á los que posee el director del Museo, y no dudamos 
que disponiendo del vasto material allí reunido pueda contribuir 
poderosamente al conocimiento de las faunas extinguidas de la 
República, y dar al mismo tiempo un poco de tono científico á 
un establecimiento que por ahora no tiene ninguno. Más todavía. 
nos proponemos facilitarle la tarea poniéndonos á su disposición 
siempre que necesite consultar nuestros originales ú otros datos, 
para no incurrir en ciertos errores fáciles de evitar. Proba ble- 
mente no siempre nos encontraremos en las mismas corrientes de 
ideas, discutiremos y algo aprenderemos. Pero lia de ser á con- 
dición de que nos trate con las atenciones que se merecen per- 
sonas cultas, deseo que queremos creerlo, se realizará, pero que, 
de cualquier manera no volveremos á manifestarlo por ser cos- 
tumbre nuestra no repetir dos veces la misma cosa. 

Florentino Ameghino. 



Correspondencia, viajes y exploraciones 

Dr. H. V. Jhering. — Nuevos datos sobre las anti- 
guas CONEXIONES DEL CONTINENTE SU D- AMERICANO. — RÍO 

Grande del Sur, Abril de 1891. Señor F. Ameghino. .Mi apre- 
ciado colega... Sobre la conexión entre ambas Américas, no esta- 
mos de acuerdo. La fauna de agua dulce tanto de moluscos como 
de peces, se oponen á que concordemos en ideas, más seguramente 
algún dia sus estudios y los mios se han de encontrar en el mis- 
mo punto. Es necesario que ambos continuemos estos difíciles 
estudios lijando toda la atención posible en las ideas contraria-. 
Una esposicion más detallada de mis argumentos espero podre re- 
mitírsela en lo que queda de este año... Los dinosaurios, romo 
vivían la mayor parte en el mar no serían propios para una dis- 
cusión, puesto que podían ir de una costa á otra. Paréceme que 
la diferencia depende de la cuestión de la Atlántida. Siesta exis- 
tió háciaelfin de la época secundaria entonces sobre este puente 
pudieron llegar á Sud-América los mismos cuadrúpedos del viejo 
mundo, como también del norte de Europa á la América del 
Norte. 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES 281 

Pero aunque ese puente no hubiera existido, si hubo en cambio 
un continente antartico entre Australia y Sud-América, entonces 
de Asia pudieron emigrar cuadrúpedos hasta Patagonia y La 
Plata. Para Walace, Australia pierde su comunicación con Asia 
hacia el fin de la época secundaria; para mi, solo en la formación 
eocena ú oligocena. No puedo creer con Walace, que los muri- 
nos de Australia hayan penetrado en ella nadando sobre árboles. 
Menos acepto que el Canis Dingo sea una raza del Canis farai- 
líaris. Como Jherjng lia demostrado por la osteología que Canis 
Dingo es una espacie distinta, Canis seria entonces uno de los gé- 
neros de mamíferos actuales de mayor antigüedad. 

Paréceme entre tanto que los hechos que Vd. me esplica pueden 
comprenderse sin necesidad de recurrir á la idea de una comuni- 
cación cretácea ó terciaria entre ambas Américas. Contra tal idea 
entre otros hechos encuentro : 

I o Que los geólogos norte-americanos declaran que durante el 
tiempo de la formación larámica, el territorio de los Estados Uni- 
dos estaba completamente dividido de océano á océano, por el 
mar. (Vea p. ej. White y Herlp. Distr. an., p. 210); 

2 o Que la formación cretácea de Bolivia, Perú, etc., prueba 
que entonces allí hubo mar, y sabemos que este mar existia ocu- 
pando todo el valle del Amazonas durante la formación tercia- 
ria. (Vea Agassiz y Boettger sobre los fósiles terciarios de 
Peba); 

3 o La América del Sur no existia en el principio de la forma- 
ción terciaria ; entonces estaba representada por diversas partes 
aisladas ; Guayana y Brasil setentrional formaban como una isla, 
y el sur constituía otra región aislada que llamaré Archiplata 
(Santa Catalina, Rio Grande del Sur, Uruguay, Argentina, Chile) 
caracterizada por una fauna idéntica de agua dulce (Chilina, Vnio, 
etc., Aeglea laevis, Parastocus, etc. Solo después de la eleva- 
ción de los Andes pudieron entrar los emigrantes del norte, pero 
la cordillera formaba entonces como ahora una barrera insupera- 
ble para los animales de agua dulce, y es así cómo se esplica el 
hecho excesivamente curioso, de que ni los Anodonta, Castalia, 
Aplodon, Mycetopus y otros unionidos, ni Ampullarias, ni Que- 
lonidos, ni peces de agua dulce del Brasil y del Plata entraron en 
Chile. Qué diferencia enorme de un lado, y qué semejanza que 
llega hasta la identidad de muchas especies por el otro! ¿Puede 
haber alguna otra teoría que esplique hechos tan curiosos é im- 



2S2 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

portantes?... Espero pues que le ha de ser á Vd. posible esplicar 
el intercambio de los mamíferos sin contrariar los hechos que me 
obligan á oponerme á la idea de que desde el jurásico hasta el fin 
del plioceno pueda haber habido una comunicación terrestre entre 
ambas Américas. 

Dr. H. V. Jhering. 



Florentino Ameghino. — Determinación de algu- 
nos JALONES PARA LA RESTAURACIÓN DE LAS ANTIGUAS CO- 
NEXIONES DEL CONTINENTE SUD-AMERICANO Lü Picitü, Jll- 

nio de 1891. Al Dr. H. V. Jhering. Mi muy distinguido co- 
lega... He recibido los folletos de Marsh, sobre mamíferos cre- 
táceos que ha tenido la amabilidad de enviarme. Esos descubri- 
mientos no alteran en nada mis deducciones anteriores, pues los 
géneros por él descritos que no poseen muelas multitubercula- 
res, tampoco forman parte de los marsupiales diprodontes. 

He leído también con profundo interés su estudio sobre la dis- 
tribución de los moluscos de agua dulce. Hay un cúmulo de he- 
chos que coinciden y se esplican perfectamente con su teoría, y 
sin embargo no puedo convencerme de que no haya habido co- 
municación terrestre entre ambas Américas, sea en el principio 
mismo de la época terciaria, sea al fin de la época secundaria. 
Debo con todo confesarle ingenuamente que es esta una cuestión 
profunda, para cuyo estudio no estaba preparado, sobre todo, bajo 
el punto de vista general y de las múltiples faces en que Vd. la 
trata, pues solo me ocupé de ella incidentalmente al examinar la 
curiosa distribución geográfica de los Plagiauíacideos, sin abrigar 
el propósito de estender tales investigaciones. Mas, me felicito de 
que algunas de mis observaciones se hayan encontrado en contra- 
dicción con los resultados que proporciona «'I estudio de la fauna 
de agua dulce por Vd. puestos en evidencia con tanta habilidad 
y saber, pues asi habrá que buscarla causa de esa discrepancia 
sin alterar los hechos en uno y otro caso irrefutables. 

La cuestión es en realidad sumamente compleja y solo me pro- 
pongo por ahora sentar algunos puntos de partida y poner de re- 
lieve hechos que puedan luego ligarse unos á otros y conduq¿rnos 
paulatinamente á la verdadera esplicacion, que para mj Vd. ya 
la ha dado, con excepción de lo que se refiere á las comunicacio- 
nes entre ambas Américas. 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES '283 

Por de pronto, diré á Vd. que no creo imposible la existencia 
durante un cierto tiempo de la época terciaria, de un puente que 
por algún lado uniera Sud-América á Europa ó África. Precisa- 
mente me he ocupado de la cuestión hace una decena de años 
cuando mis conocimientos eran sin duda bastante limitados, lle- 
gando á la conclusión de que la zoología, botánica, paleontología 
y geología autorizaban la creencia de la existencia de tierras du- 
rante la época terciaria que unían América á Europa y África 
(Ameghino, La antigüedad del hombre en el Plata, t. I, p. 165- 
203, a. 1880). La existencia de este puente, parece que podría 
fijarse á mediados de la época oligocena, pues es entonces que 
aparecen en Europa conjuntamente con los Didelphydae, los gé- 
neros Theridomys y Archaeomys, seguidos luego hasta el prin- 
cipio del mioceno por los géneros Omegodus, Issiodoromys, Pro- 
teeln'mys, Trechomys, Nesokerodon, Hyxtrix, etc., todos tipos 
cuyo primer origen es esclusivamente sud-americano. Nesokero- 
don é Issiodoromys son muy próximos aliados del género eoceno 
argentino Eocardia, y forman parte del mismo grupo (Eocardi- 
dae). Los demás géneros mencionados se distribuyen en las fa- 
milias sud-americanas de los Hystricidae (Cercolabidae), Eryo- 
myidae y Echinomyidae. El tronco común de todos los roedores 
histricomorfos del viejo mundo se encuentra en los Echinomyidae 
é Hystricidae eocenos de la República Argentina. Todos estos 
grupos no tienen representantes en Norte-América hasta el mio- 
ceno superior ó el plioceno. Al mismo tiempo que llegaban á Eu- 
ropa estos representantes de la' fauna sud-americana, penetraban 
en Sud-América los carniceros ursideos (Arctotherium) y subur- 
sídeos (Cyonasua), grupos que ya tenían representantes en Euro- 
pa pero no en Norte-América. Por último, si la última novedad 
que acaba de anunciar el señor Boule, la probable existencia de 
Toxodontes en el terciario de Francia, se confirma, tratándose de 
un grupo tan especial para Sud-América como lo es el mencio- 
nado, la existencia de una conexión directa con el viejo mundo 
quedará fuera de toda duda. 

Pero es preciso reconocer que esta comunicación ó ha sido de 
corta duración ó dificultosa é incompleta, que no alcanzó á tener 
la importancia de la que se estableció entre ambas Américas du- 
rante el plioceno y de la que debe haber existido en la base mismo 
del eoceno ó al fin del cretáceo. En efecto, según nuestros cono- 
cimientos actuales, las faunas terrestres de Sud-América á partir 



284 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de la época cretácea hasta nuestros días, siempre y en cualquier 
momento que se consideren presentan un mayor parecido con las 
faunas sincrónicas de Norte-América que con las de ninguna 
otra región de la tierra. A su vez, las faunas que se han sucedido 
en Europa durante el mismo espacio de tiempo, siempre presen- 
tan un mayor parecido con las de Norte-América que con las de 
Sud-América. Las faunas que en las mismas épocas se han suce- 
dido en Norte-América, presentan siempre una doble relación, 
con Europa y con Sud-América, pero la analogía predominante 
es con las faunas euroasiáticas, como si las relaciones de Norte- 
América con el viejo mundo hubieran sido más frecuentes y más 
duraderas que las que tuvo con Sud-América. 

Los numerosos dinosaurios que se encuentran en el cret¡ 
superior de la República Argentina, son todos animales terres- 
tres, algunos verdaderamente gigantescos como los que en La mis- 
ma época vivían en la América del Norte de los cuales son proba- 
blemente próximos parientes y que -"1" pudieron pasar de una á 
otra región por medio de un puente muy seguro. 

En mi anterior, decíale que, según nuestros conocimientos, los 
edentados habían penetrado en Norte-América durante el oligo- 
ceno; debo rectificar esta afirmación que estaba basada sobre el 
género Moropus Marsh, que ahora resulta que también este es 
un Chalicotheridae, de manera que en vez de indicar una rela- 
ción con Sud-América, la indica al contrario con Europa. La 
primera aparición de los edentados en Norte-América se efectúa 
recien durante el mioceno superior, en que aparecen allí los Glyp- 
todonttdae( Caryoderma (Jope) seguido- luego en el principio del 
plioceno por los Megalonycidae } Megatheridae } etc. 

Los roedores sud-americanos del sub-órden de ios Hystrico- 
morpha que dan un carácter tan especial á la launa de esté con- 
tinente es cierto que no son muy viejos en Norte- América, mien- 
tra- que en Europa algí s aparecen ya en el oligoceno, pero en 

Sud-América se encuentran con sus caracteres actuales desde la 
base misma del eoceno, como sucede con lo- edentados. Si pues, 
durante la época oligocena hubo una comunicación directa con &] 
viejo mundo, todas las probabilidades están en favor de que ese 
grupo ha emigrado de Sud-América á Europa. 

Respecto á la configuración que ambas Amóricas tenían al fin 
de la época secundaria y principio de la terciaria, hasta ahora no 
podemos hacer más que suposiciones más ó menos fundadas, pero 



CORRESPONDENCIA,, VIAJES Y EXPLORACIONES 285 

no incontrovertibles, pues los datos que poseemos, todavía son muy 
escasos. Así en el dia, todo lo que se puede avanzar sobre la con- 
figuración de Norte- América durante la época de la formación 
larámica es que estaba dividida en dos partes de caracteres muy 
distintos, una oriental y la otra occidental. La región oriental se 
estendia al este de lo que hoy son los Montes Rocallosos ; era una 
región que contenia inmensos lagos de agua dulce ó salobre, al- 
gunos en comunicación más ó menos " directa con el océano, y en 
el fondo de los cuales se depositó la formación larámica. La re- 
gión occidental, que se estendía al oeste de la precedente, era un 
vasto continente cuyos limites occidentales no están determina- 
dos, y mucho menos se puede por ahora precisar, hasta donde se 
estendia por el sur . 

Lo que hay de importante, es que la formación larámica de 
Norte-América caracterizada sobre todo por el inmenso desarro- 
llo que durante ella alcanzaron los Dinosaurios (terrestres), tiene 
su equivalente en Sud-América en las areniscas rojas de la parte 
superior de la formación guaranítica de D'Orbigny, conteniendo 
los mismos grandes dinosaurios, y en todas partes en donde he 
podido examinarla ó de donde he podido obtener fósiles (Pata- 
gonia central, Rio Negro, Rio Neuquen, Corrientes, Paraguay), 
se trata de formaciones terrestres ó sub-aéreas que sin duda for- 
maban parte de un vasto continente. 

Las formaciones más antiguas, cretáceas y jurásicas, son efec- 
tivamente marinas, y ya de un horizonte, ya de otro, se estienden 
de un extremo á otro de Sud-América ; pero hay que tener en 
cuenta que esas grandes formaciones marinas, indican la proxi- 
midad de la tierra firme, pues es sabido que en las profundidades 
del océano y á grandes distancias de las costas, no se forman de- 
pósitos de sedimento ó son insignificantes. 

Otra idea, sin duda errónea, y que removida también puede 
cambiar en algo los términos del problema, es la que se refiere á 
la edad de los Andes, cuyo surgimiento se considera generalmen- 
te como muy reciente, siendo la verdad que esa barrera existe 
desde la época secundaria, si bien no hay duda de que haya adqui- 
rido su mayor elevación durante la terciaria. La remota existen- 
cia de esta barrera da una esplicacion de la rara distribución de 
algunos grupos de mamíferos sud-americanos, y precisamente hay 
en ellos un hecho que puede ponerse en paralelo con el que Yd. 
menciona en la distribución de los moluscos, la ausencia del gé- 



286 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ñero Anodonta en Chile. Este hecho equivale á la completa au- 
sencia en el territorio chileno de representantes de edentados 
acorazados {Dasypus, Tatusia, Chlamydophorus, etc.), precisa- 
mente el grupo de mamíferos más característico de Sud-América. 
Tampoco se encuentran allí en estado fósil, ni este grupo, ni el 
de sus próximos parientes los Glyptodontes, mientras que tanto 
al oriente como al occidente de los Andes se encuentran numero- 
sos restos fósiles de Mastodonte ; sin duda á este pesado probos- 
cideo le era tan difícil atravesar las cordilleras como á los Glyp- 
todontes y Dasypideos, pero invadió Sud-América en época rela- 
tivamente moderna, cuando ya existia esa barrera, bajando de 
norte á sud. y sus representantes se dividieron al entrar en este 
continente, descendiendo unos por las faldas orientales, otros por 
las occidentales de los Andes. 

No sucede asi con los Dasypideos y Glyptodontes ; unos y otros 
son ciertamente de origen sud-americano, pero de las comarcas 
situadas al oriente de las cordilleras; los encontramos más allá 
del eoceno en el horizonte pehuenche equivalente al larámico, y 
no pasaron á Chile, porque desde entonces había una barrera que 
les cerraba el paso. 

El Atlántico y Pacifico, están separados por la interposición 
de tierras desde épocas geológicas remotísimas; una tierra larga 
y angosta dirijida de norte á sud existia en la región andina chi- 
leno-argentina á partir de la época cretácea. Los depósitos cretá- 
ceos los conocemos al este y al oeste de los Andes pero bastante 
alejados del eje de la cordillera. Todos las formaciones marinas 
que se suceden ó partir del cretáceo hasta la época actual, tanto 
ateste como al oeste, están dispuestas en forma de fajas largas 
y angostas dirijidas constantemente de norte á sud y tanto mas 
distantes del eje de ios Andes cuanto son de época más moder- 
na. Es evidente que son todas formaciones costaneras. Esta tierra 
que durante la época cretácea separaba ambos océanos, no sabe- 
mos hasta donde se estendía por el sud, aunque si sabemos que 
comprendía ya el territorio de Magallanes, y nada por ahora, qos 
permite asegurar que por el norte no se estendiera hasta .-1 ma- 
cizo central de Colombia ó mas allá. 

Ahora viielvo á la distribución de los mamíferos. En mi ante- 
rior decíale que ambas Américas se pusieron en comunica, ion du- 
rante <•! oligoceno, fundado en la existencia d tentados proba- 
blemente de esa época en Norte-América (Moropus Marsh). Re- 



CORRESPONDENCIA, VIAJES Y EXPLORACIONES 287 

sulta ahora que son Chalicotheridae, de consiguiente falla el fun- 
damento de la suposición. En el oligoceno del Paraná también 
existen dos ungulados, que creí, el uno (Hipphaplus) próximo de 
los caballos, el otro (Ribodon) cercano de los tapires ; pero ahora 
con el conocimiento más completo que poseo de los caracteres que 
distinguen los ungulados originarios de Sud-Amórica. me parece 
que esas vistas ya no pueden sostenerse sin un material más com- 
pleto. El Hipphaplus puede ser un pariente de los caballos, pero 
muy lejano y quizás Litopterno lo que lo separaría por completo 
de los ungulados europeos y norte-americanos, para encontrar co- 
locación entre los originarios de Sud- América ; el Ribodon cono- 
cido solamente por muelas aisladas, puede tener afinidades com- 
pletamente diferentes de las que le supuse. Eliminados estos tipos 
todavía imperfectamente conocidos, entonces llego á resultados 
que por un lado ya se aproximan á sus ideas, pues resulta que re- 
cien á partir de la última parte de la época miocena constatamos 
un entrecruzamiento de faunas que ponen fuera de toda duda la 
comunicación entre ambas Américas. Durante el resto de la época 
miocena, durante toda la época oligocena, y durante la eocena, 
la fauna sud-americana permanece completamente aislada, evo- 
lucionando por separado y sin cambiar ninguna forma con Norte- 
América, demostrando que en la larga duración de esas épocas no 
existieron comunicaciones entre el sud y el norte, y acá también 
me encuentro en su misma corriente de ideas. 

En la base del eoceno de la República Argentina existe una fau- 
na de mamíferos asombrosamente rica en géneros y especies ; en 
ella encontramos ya los antecesores de todos los grupos que creía- 
mos tan singulares y característicos de Sud-América, y se nos 
presentan desde entonces con el mismo aspecto y caracteres dis- 
tintivos que les conocemos en épocas más modernas. Al lado de 
estos grupos tan singulares, encontramos otros que en la misma 
época tenían representantes en Europa y Norte-América; pero, 
en su conjunto la fauna eocena argentina presenta un parecido 
más notable con la fauna eocena norte-americana que con la euro- 
pea. Es indudable que, durante la base misma del eoceno ó en 
una época anterior existió un intercambio de mamíferos entre el 
sud y el norte, y que en vista de las notables diferencias que exis- 
ten entre las faunas mamalógicas eocenas de Europa y Sud-Amé- 
rica, el intercambio parece haberse efectuado directamente entre 
Sud y Norte- América. 



288 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Como le manifesté al empezar esta, me limito á determinar he- 
chos que sirvan de jalones. Mis numerosas ocupaciones no me 
permiten relacionarlos con otros hechos de carácter más general, 
y no me es dado juzgar de sa valor sino dentro del restringido 
límite de mis investigaciones. A Vd. que se ha ocupado de la 
cuestión bajo un punto de vista general, abarcando varios grupos 
y las relaciones de las distintas masas continentales, fácil le será 
asignar á estos hechos su valor y lugar. Quedo por lo demás siem- 
pre á su disposición para aclarar las dudas que pudieran ocurrir- 
sele al leer estas lineas trazadas apresuradamente y quizás con 
no mucha claridad, dispuesto á ampliarlas en lo que sea nece- 
sario. 

F. Ameghino. 

Amigos de la Historia Natural. — Bajo este nombre se ha 
instalado últimamente en la ciudad del Paraná una asociación que 
tiene como objetivo los siguientes principios : « Fomentar el de- 
sarrollo de las ciencias naturales, de suerte eme mañana nuestros 
jóvenes sean naturalistas de carador ; ayudar la -formación de 
museos escolares y privados en tudas las regiones del país; for- 
tificar nuestra raza por la gimnasia y la organización de clubs tu- 
ristas». Felicitamos á sus iniciadores haciendo votos para que 
prosigan con ahinco tan elevados propósitos sin desmayar en la 
tarea. 

Que tan noble iniciativa encuentre el terreno preparado y se 
instalen asociaciones análogas en las demás ciudades de la Repú- 
blica, son nuestros déseos. El dia que en la- 11 capitales de pro- 
vincia existan centros parecidos y con los mismos objetivos, nues- 
tro país se encontrará en condiciones de ocupar un puesto dis- 
tinguido entre las naciones que marchan á la cabeza del progreso, 
en beneficio propio y de la ciencia universal. 



Tomo I Buenos Aires, Octubre I o de 1891 Entrega 5 a 



REVISTA ARGENTINA 

DE 

HISTORIA NATURAL 



Nuevos restos de mamíferos fósiles descubiertos por 
Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la Pa- 
tagonia austral. — Especies nuevas, adiciones y 
correcciones (I). 

Por, Florennino Ameghino 

La fauna mamalógica de la Patagonia austral es sin disputa la 
más rica de todas las hasta ahora conocidas y una de las más 
singulares é interesantes, puesto que contiene las formas antecesoras 
de la mayor parte de los grupos de mamíferos que aparecieron en 
épocas más recientes. Con la nueva lista que doy ahora, el número 
total de especies de la mencionada formación se eleva á más de 300. 
Las ilustraciones correspondientes irán apareciendo sucesivamente 
á medida que el tiempo lo permita. La casi totalidad de este con- 
siderable número de especies ha sido descubierta por mi hermano 
en los distintos viajes efectuados á esa región con ese esclusivo 
objeto. Grande debe ser sin duda la sorpresa de los naturalistas 
al ver desfilar listas interminables de especies de grupos tan 
diferentes, mas no deben olvidar que son el resultado de largos 
años de trabajo. Las esploraciones de esclusivo carácter paleonto- 
lógico practicadas en la Patagonia austral durante los últimos 
cinco años á mis espensas, conjuntamente con la que ha mandado 
practicar el señor Moreno, por cuenta del Museo de la Plata, son 
las más vastas que de igual carácter se hayan efectuado en ninguna 
otra parte, las que han exigido mayor personal y mayores gastos, 
pero también, sin disputa alguna, son las que lian producido mayo- 
res resultados. 

Las esploraciones de mi hermano Carlos se han efectuado 

(1) Este trabajo se ha publicado y distribuido en folleto 'separado en el mes de 
Agosto de 1891. 

REV. AUG. DE 1IIST. NAT. — T. I 19 



290 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

durante cuatro viajes distintos. En el primero, desde Enero de 
1887 hasta Agosto del mismo año, esploró ambas márgenes del 
rio Santa Cruz hasta el lago Argentino y la costa Atlántica hasta 
San Julián. En el segundo, desde Agosto de 1888 hasta mediados 
de Enero de 1889, recorrió toda la cuenca del Chubut. En el 
tercero, á partir del 11 de Noviembre de 1889 al 15 de Mayo de 

1890, atravesó la Patagonia desde la boca del Chubut hasta Santa 
Cruz, pasando por las fuentes del rio Deseado, costeando el rio 
Chico, y siguiendo después la esploracion del Santa Cruz. En el 
cuarto viaje, desde el I o de Junio de 1890 hasta el 30 de Junio de 

1891, ha esplorado la región que se estiende desde el rio Deseado 
por el norte hasta el rio Gallegos por el sur y del Atlántico á los 
Andes, y en el presente mes (Agosto de 1891) va á emprender el 
quinto viaje con el objeto de esplorar la región que se estiende 
desde Gallegos al estrecho de Magallanes. 

Estos viajes á través de regiones completamente inhabitadas, á 
menudo accidentadas de una manera espantosa, en muchas do las 
cuales jamás había penetrado el hombre civilizado, son sumamente 
difíciles, siendo necesario transportar las colecciones á lomo de 
muía ó de caballo á veces hasta cien ó doscientas leguas. Solo una 
gran voluntad y un gran deseo de ser útil á la ciencia pueden dar 
fuerzas suficientes para prolongar este penoso género de vida 
durante tantos años. 

Las nuevas especies que enumero y los breves dalos de que 
provisoriamente las acompaño, son el fruto del cuarto viaje que lia 
durado 13 meses. 

Simioidca. — Uno de los descubrimientos de mayor impor- 
tancia es el hallazgo de verdaderos monos en medio de la fauna 
eocena, conjuntamente con los plagiaulacídeos. 

1. Homunculus patagonicus, n. gen. n. sp. [Fórmula dentaria 
f i.fc.jp.g m. Tamaño comparable ;il de una de las más pequeñas 
especies del género Cebas. La dentición en serie continua y molares 
y premolares muy apretados unos a otros. Incisivos muy pequeños. 
Canino igualmente pequeño y con un tuberculito basa] atrás, p.^ 
(el primero existente) parecido al canino, pero con dos tubérculos 
básales, uno anterior y el otro posterior como en Hapale. p. T de 
tamaño algo mayor y el tubérculo posterior más desarrollado. 
Molares de corona complicada, con l<>s tubérculos reunidos for- 
mando crestas oblicuó-transversales. Las dos ultimas muelas 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 291 

aparentemente del mismo tamaño, la primera más pequeña. 
Ramas mandibulares completamente soldadas antes del cambio de 
la dentadura de leche. Sinfisis 'corta, gruesa, ancha y elevada, 
redondeada adelante, con un fuerte tubérculo muy elevado en su 
parte póstero -inferior (apófisis geni), seguido hacia abajo de dos 
fuertes impresiones musculares, prufundas é irregularmente circu- 
lares. Agujero mentoniano debajo del p.-. Longitud del espacio 
ocupado por la serie dentaria 2b milímetros. Alto de la rama hori- 
zontal debajo del p.3 10 milímetros. 

Es digna de notarse y tenerse en vista la circunstancia de que 
la República Argentina sea ahora el país de donde se conozcan los 
más antiguos restos del hombre fósil, y Los restos más antiguos 
de verdaderos monos. 

El Homúnculus patagónicas es un mono de caracteres muy 
elevados, y lo considero como formando parte de la linea que con- 
duce al hombre y á los Antropomorfos. Sus restos serán descritos 
detalladamente y figurados en el próximo número de esta Re- 
vista. 

Toxodontia (Owen). — Typotheridae Amegh., 1885. 

2. Hegetotherium cuneatum, n. sp. Detalla un poco mayor que 
H. mirabüe Amegh. , del que se distingue por los frontales que 
envían adelante un prolongamiento largo y triangular que se inter- 
cala entre los nasales, y por los p. . 7 de mayor tamaño y planos al lado 
interno. Longitud del espacio ocupado por los p.- á m.- 37 milí- 
metros. 

3. Hegetotherium costatum, n. sp. De tamaño casi iguala! pre- 
cedente, del que se distingue por las muelas inferiores que presentan 
hacia afuera el ángulo ántero-esterno en forma de arista perpendi- 
cular elevada y comprimida, y por las muelas interiores con las 
aristas perpendiculares ántero y póstero-esternas igualmente com- 
primidas y elevadas en forma de aristas perpendiculares, la poste- 
rior más elevada que la anterior; el resto de la superficie interna 
de cada muela es fuertemente deprimido, pero un poco convexa 
|)<M[)(MHlicularmente en el centro. 

Intkkatheridae, Amegh., 1887. Observ. gen., etc., p. 63. 

4. Protypotherium globosum, 11. sp. Tamaño bastante más 
pequeño que P. australe (Mor.) Amegh. Se distingue por los 
parietales que se levantan bastante más arriba que los frontales, 
de superficie globulosa, cortos y que atrás descienden hacia abajo 



292 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

de una manera casi repentina. Frente muy ancha y plana; nasales 
cortos. Longitud del cráneo 8 centímetros. Diámetro transverso 
máximo 53 mil ¡metros. Diámetro interorbital de los frontales 3 
centímetros. Longitud de la serie dentaria superior 45 milímetros. 

5. Protypotherium convexidenSj n. sp. De tamaño un poco 
menor que P. australe (Mor.) Amegh., del que se distingue 
fácilmente por sus molares superiores de cara esterna apenas lige- 
ramente ondulada y convexa en su conjunto. Longitud del espacio 
ocupado por los p.- a m.-, 19 milímetros. 

6. Protypotherium diversidens, n. sp. De tamaño relativamente 
pequeño. Se distingue fácilmente por los premolares superiores 
que presentan el surco penpendicular esterno, profundo, ancho en 
la corona, que se enangosta y desaparece pronto hacia la base en 
vez de seguir de un estremo al otro del diente como en Las demás 
especies. Longitud del espacio ocupado por los p. J á m.- 24 mili- 
metros. 

7. Protypotherium compressidens, n. sp. Tamaño casi igual á 
P. australe,, pero con las muelas comprimidas lateralmente y mu- 
cho más angostas. Verdaderos molares superiores de cara esterna 
suavemente ondulada. Longitud del p.- al m.-2S milímetros. Ancho 
máximo de los verdaderos molares superiores 3 milímetros. 

8. Patriarchus Amegh. 1889. Cercano á Protypotherium 
Amegh., del que se distingue fácilmente por los cuatro incisivos 
intermediarios de la mandíbula inferior pequeños y completamente 
bifidos en la corona. No conozco ningún otro animal (pie presente 
esta singular conformación en el mismo grade Protypotherium 
presenta una conformación parecida solo en la juventud mientras 
<pie en Patriarchus persiste hasta en los individuos de edad suma- 
mente avanzada. Vistos los cuatro incisivos intermediarios ini'e- 
riores por la corona parecen 8 dientes distintos í.t c.-¡- y p. T anchos 
y palmeados. p.T á - ligeramente trilobados al lado interno de una 
mane;; i más ó menos aparente, con <d lóbulo intermediario angosto 
y en forma de columna perpendicular. Las especies de este género 
se distribuyen en dos grupo-. 

Grupo A. Especies de frente ancha como en Protypotherium. 

«.». Patriarchus Jurculosus, u. sp. Es La especie de mayor tama- 
ño. El p.j es mucho más prolongado al lado interno ; los frontales 
se prolongan adelante entre los nasales por un trecho considerable 
en íorma de cuña sobre la linea media. Las ondulaciones esternas 
de los verdaderos molares inferiores son apenas acentuadas. Lon-* 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 293 

gitud del espacio ocupado por la dentadura inferior 57 milímetros. 
Diámetro interorbitario de los frontales 33 milímetros. Longitud 
de los nasales sobre la línea media 58 milímetros. 

10. Patriarchus dtstortus, n. sp. De tamaño casi igual ala pre- 
cedente, de la que se distingue por los frontales que no envían pro- 
longamiento internasal hacia adelante. Longitud del cráneo 102 
milímetros. Longitud de la serie dentaria superior 57 milímetros. 
Ancho interorbital de los frontales 32 milímetros. Longitud de los 
nasales sobre la linea media 29 milímetros. 

11. Patriarchus rectus, n. sp. De tamaño una mitad menor que 
las especies precedentes y de series dentarias superiores casi rectas. 
p. 7 á 3 mucho más prolongados al lado interno. Incisivos interme- 
diarios inferiores más aplastados de arriba abajo. Longitud de la 
serie dentaria inferior, 43 milímetros. Ancho interorbitraio de los 
frontales 24 milímetros. 

12. Patriarchus diastematus n. sp. Del mismo tamaño que la 
especie precedente ó apenas algo mayor, de la que se distingue por 
el p. 1 pequeño, cilindrico y separado del que sigue por un pequeño 
diastema. Series dentarias superiores un poco más arqueadas. 
Longitud del p.-alm.-29 milímetros. Ancho del paladar entre 
los m.-, 18 milímetros ; ancho en1 re los m. 1 , 20,5 milímetros ; ancho 
entre los p.- 13 milímetros. 

Grupo B. Especies de frente muy angosta y hocico prolongado. 

13. Patriarchus leptocephalus, n. sp. Tamaño pequeño, pero un 
poco mayor que el de la especie precedente. Frontales muy angos- 
tos; hocico angosto y prolongado ; paladar muy angosto adelante. 
Toda la forma del cráneo angosta y prolongada. Longitud del cráneo 
82 milímetros ; ancho interorbital de los frontales 21 milímetros ¡ 
longitud de los frontales sobre la linea media 21 milímetros. Los 
frontales adelante penetran un poco entre los nasales. 

14. Patriarchus altus. n. sp. Misma conformación general que 
la especie precedente pero de tamaño mucho mayor ; rostro más 
elevado y paladar un poco más ancho adelante. Longitud del cráneo 
102 milímetros ; longitud de la serie dentaria superior 59 milíme- 
tros; ancho interorbital de los frontales 28 milímetros; longitud de 
los frontales 30 milímetros. Los frontales no penetran adelante 
entre los nasales. 

Litopterna Amegh. 1889. Mcsorhinidae. Se distinguen por la 
apertura nasal anterior prolonga 'ante, las órbitas un poco 




204 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

abiertas atrásylos verdaderos molares inferiores con cuatro colum- 
nas perpendiculares internas. Comprende los géneros Mesorhinus 
Amegh. 188z>,OxyodontheriUm Amegh. 1884, Coelosoma Amegh. 
1891. y Theosodon Amegh. Los Mesorhinidae son los antecesores 
de los Macrauchenidae Gerv. 1855. 

15. Pseudocoelosoma patagónica, n. gen. n. sp. Se parece á 
Coelosoma de la que se distingue principalmente por los verdaderos 
molares superiores que solo presentan tres raices, dos esternas y 
una interna muy grande. Las muelas superiores ámediogastar son 
de '"lona cuadrangular, con tres aristas perpendiculares esternas, 
un gran reborde basa] ántero-interno y dos pozos de esmalte en la 
coronaj uno mayor en el centro, y el otro más pequeño atrás. Diá- 
metro del m. 1 , ántero-posterior 16 milímetros, transverso 20 milí- 
metros ; diámetro ántero-posterior del m.- 20 milímetros. 

16. Theosodon Lydekkeri Amegh.. 1887. Fórmula dentaria 
i i-7 <: '-4 P-l m - Apertura nasal más anterior que en Scalabrtn.it he- 
rium Amegh. yprolongada hasta entre la parte posterior de los in- 
termaxilares, con nasales muy pequeños y de parte libre muy corta. 
casi como en Tapirus Bris. Órbitas un poco abiertas atrás. Una 
grande perforación supra-orbital. Dentición en serie continua y 
paladar casi del mismo ancho en indo su largo. Los verdaderos 
molares inferiores presentan en la segunda cavidad interna una 
gran columna ó contrafuerte come en Oxyodontherium. Longitud 
del cráneo de la parir, anterior del intermaxilar á la parte posterior 
de los cóndilos occipitales, 32 centímetros ; longitud de la serie 
dentaria de la parte anterior del i. ; á la parte posterior del m. 3, 19 
centímetros. Alto de la rama horizontal debajo del m. ,, 00 mili- 
metros, debajo del p.j 31 milímetros 

17. Theosodqii Fontanae (1). n. sp. Del mismo tamaño que la 
precedente, pero de conformación más robusta ; parle anterior del 
rostro proporcional mente más corta y más ancha, muelas más 
gruesas é incisivos y premolares más apretados unos ;i otros 5 'pie 
no se -asían tan bilateral mente y en declive piramidal como en la 
otra especie, sino en sentido más horizontal. Longitud de la serie 
dentaria inferior, 19milímetros; diámetro transverso del borde es- 
tenio de uno á otro canino inferior, 62 milímetros ; alto de la rama 
horizontal debajo del m. . ir. milímetros. 



(1) En honoi del distinguido explorador 3 naturalista Dr. LuisJ. Fontana, Gober- 
nador del ten ¡torio del Chubut. 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 295 

18. Theosodon gracilis, n. sp. Tamaño un poco menor que T . 
Lydekkeriy de forma mucho más delgada ; incisivos gastados casi 
horizontalmente. Longitud de la serie dentaria inferior, 18 centí- 
metros ; alto de la rama horizontal debajo del m. 3, 39 milímetros, 
debajo del p.¿ 22 milímetros. El borde inferior de la rama horizontal 
forma una linea casi recta. 

Homalodontotheridae, AMEGH.J1889. Todos los dientes en serie 
ininterrumpida y cuya forma se modifica gradualmente del primer 
incisivo á la última muela. Paladar corto, redondeado adelante, 
cóncavo, y con la parte posterior formada por los palatinos de igual 
conformación que en Toxodon Ow. Órbitas abiertas atrás ; aper- 
tura nasal anterior muy grande, casi cuadrada. Calcáneo sobre el 
tipo litopterno, con la faceta para el peroné muy desarrollada. 
Astrágalo de cabeza articular anterior muy prolongada y convexa, 
y parte superior de tróclea casi plana, sin escavacion. Falanges 
ungueales hendidas perpendicularmente en la estremidad, y dedos 
de conformación igual á los que dieron origen á la formación de los 
géneros Macrotherium Lart. Ancylotherium Gaud., etc. Los 
Homalodontotheridae son los antecesores de los Chalichotheridae. 

19. Homcdodontotherium Segoviae (1) n. sp. Difiere del H. 
Cumninghami Fl. por los verdaderos molares superiores que 
carecen de cíngulo esterno pero lo tienen interno, por el p. 1 muy 
pequeño, casi rudimentario, y por el canino superior fuertemente 
desarrollado. Los incisivos son pequeños, las series dentarias com- 
pletamente rectas formando una U prolongada de ramas un poco 
divergentes atrás y cerrada adelante por una curva formada por los 
incivos. Arcos zigomáticos fuertes; órbitas abiertas atrás; cresta 
occipital y sagital elevadas; apertura nasal grande, muy ancha y de 
forma casi cuadrada ; frente triangular, con fuertes apófisis post- 
orbitarias, y la parte anterior de los frontales más baja formando 
una línea semi-circular con la concavidad adelante, en laque exis- 
ten fuertes impresiones musculares ; nasales cortos, anchos y grue- 
sos ; cráneo corto, muy ancho y muy deprimido de arriba abajo. 
Longitud del cráneo de la parte anterior de los incisivos á la parte 
posterior de los cóndilos occipitales, 40 centímetros; diámetro 
transverso máximo 25 centímetros; longitud de la serie dentaria 21 
centímetros; ancho del paladar entre los m.- (51 milímetros. 

;l) Dedico la especie al señor D. Augusto Segovia, vecino de Santa-Cruz, como 
prueba de agradecimiento por la cooperación que ha prestado á mi hermano en sus 
esploraciones. 



296 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

20. Diorotherium egi-egium.n. gen. n. sp. Parecido á Homa- 
lodontotherium del que se distingue por la ausencia del p. 1 . l'n 
diastema regular entre p. 1 y c. 1 ; c- de gran tamaño y de corona 
fuertemente estriada perpendicularmente. Los verdaderos molares 
tienen un fuerte cíngulo tanto al lado interno como al estenio; 
crestas occipitales y parietales más elevadas. Cráneo de forma más 
grácil, bastante más angosta y más alto que en Homcdodoniothe- 
rium. Frente y apertura nasal mucho más angostas. Longitud del 
cráneo de la parte anterior del c. 1 á la parte posterior de los cón- 
dilos occipitales, 42 centímetros; alto del cráneo de la superficie 
masticatoria del m.- á la parte superior de los nasales, 17 centíme- 
tros; en H. Segoviaees de solo 12 centímetros. 

Proterütheridae, Amegh., 1887. Se dividen en dos sub-fa- 
milias, Proterotherini y Braehytheriiti. 

Proterotherini. m. - con lóbulo tercero más ó menos desarro- 
llado. 

21. Proterotheriv.ru Amegh.. 1883. Se distingue fácilmente 
por los incisivos intermediarios inferiores muy pequeños, los ester- 
óos más gruesos y comprimidos de arriba abajo; p. r pequeño, cor- 
lo, con las dos raices casi soldadas, y el lóbulo tercero del m. - 
muy corto. 

22. Proterotherium curtidens,n. sp. Se distingue fácilmente 
por su tamaño un poco menor que P. australe (Burm.). Amegh., 
pero algo mayor que el P. cavum Amegh., y por el m. - muy 
corto y con el lóbulo tercero completamente rudimentario. 
Las muelas carecen de cíngulo interno y esterno ; m. j del mis- 
mo largo que m. r,. Longitud del espacio ocupado por las 7 muelas 
inferiores, 73 milímetros ; alto de la rama mandibular debajo del 
m. - 26 milímetros. 

23. Proterotherium cingulatum, ri.sp. Tamaño del P. Austra- 
le, del que se distingue fácilmente por los verdaderos molaresinfe- 
riores que llevan un cíngulo basal regularmente desarrollado tanto 
al lado interno como al esterno. Longitud del espacio ocupado por 
los verdaderos molares inferiores. 11 milímetros. 

'24. Licaphrium Amegh., 1887. Este género se distingue fá- 
cilmente por la- cavidades de las muelas tanto inferiores ««uno su- 
periores, poco desarrolladas, por el p. r algo comprimido 3 condos 
raices largasy divergentes, y por el m. largo 3 con <>l Lóbulo ter- 
cero bien desarrollado. 
25. Licaphrium Floweri Amegh., 1887. Las siete muelas 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 297 

superiores de un individuo muy viejo ocupan 85 milímetros de 
largo. La región intermaxilar es corta y muy ancha. Ancho del 
paladar inmediatamente adelante del p. T 28 milímetros. Longitud 
de las muelas inferiores de un individuo joven, 90 milímetros. Las 
muelas inferiores carecen de cíngulo basal tanto interno como es- 
tenio. Capa de esmalte muy gruesa. 

26. Licaphriun parvulum, n. sp. Se distingue por su tamaño 
mucho menor, por el gran tamaño del lóbulo tercero del m. -, por 
llevarlas muelas inferiores un pequeño cíngulo basal interno y es- 
tenio, y por la superficie del esmalte con grandes arrugas vertica- 
les. Las muelas inferiores llevan á menudo un pequeño tubérculo 
interlobular estenio. Longitud del espacio ocupado por los p. -. á 
m. 5j 66 milímetros ; alto de la rama horizontal debajo del nir, , 25 
milímetros. 

27. Licaphrium ínter médium, n. sp. Del mismo tamaño que la 
precedente, de la que se distingue por el cíngulo menos desarrolla- 
do y por el esmalte de superficie lisa. Longitud de los tres verda- 
deros molares inferiores, 44 milímetros ; alto de la rama horizon- 
tal debajo del m. 7 , 2 centímetros. 

Brachytherini. Se distinguen por el m. 3 sin lóbulo tercero. 

28. Thoatherium Amegh., 1887. Se distingue por los cuatro 
incisivos inferiores de tamaño casi igual ; el p. - es muy pequen) 
y de raices casi soldadas. 

29. Thoatherium minusculum Amegh., 1887. Longitud de 
la serie dentaria inferior del borde anterior del incisivo esterno 
(i. j) a la parte posterior del m. 3, 89 milímetros. Los p. r á m. x 
llevan un pequeño cíngulo interlobular esterno y carecen de cíngu- 
lo interno. 

30. Thoatherium crepidatum, 11. sp. Del mismo tamaño que la 
precedente, de la que se distingue por los p. Ti á m. T que llevan en 
toda su longitud un fuerte reborde basal esterno crenelado. 

31. Dtadtaphorus Amegh., 1887. Se distingue por los i. -muy 
pequeños y los i. z mucho más grandes y deprimidos de arriba abajo. 
El p. 7 es de una sola raiz ; las muelas inferiores llevan un fuerte 
cíngulo basal esterno; el cráneo en su mitad anterior es muy compri- 
mido lateralmente y muy elevado. Los surcos de la región frontal 
apenas acentuados en vez de ser profundos, como Proterotherium 
Amegh. y los huesos de los miembros proporcionalmente mucho 
más cortos y más gruesos que en el mencionado género. 

32. Diadiaphorus mayúsculus Amegh. 1887. Es la especie de 



298 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

mayor tamaño hasta ahora conocida. Los molares ypremolares, tan- 
to superiores como inferiores, llevan un fuerte reborde basal al la- 
do interno y al estenio, pero que en las dos últimas muelas supe- 
riores no pasa encima del lóbulo posterior interno. Los verdaderos 
molares inferiores presentan un pliegue entrante interno que se di- 
vide en dos ramas, una mayor que se dirijo adelante, y la otra 
menor atrás. 

33. Diadiaphorus dtplmthius, n. sp. De tamaño casi igual á la 
especie precedente, de la que se distingue por el reborde basal in- 
terno de las muelas superiores mucho más desarrollado y que pasa 
encima de los lóbulos internos délos verdaderos molares superiores; 
los incisivos intermediarios inferiores son proporcionalmente más 
pequeños y los esteraos i. z más grandes y más deprimidos que en 
la especie precedente. 

Taligrada Cope. Astrapotherid.e, Amegh., 1887. 

34. Astrapotherium colutnnatum, n. sp. De tamaño considera- 
blemente menor que A. Magnum (Ow.) Amegh. Se distingue 
muy bien por la forma particular de los caninos superiores, que 
son delgados, de grueso uniforme enlodo su largo, menos triangu- 
lares, ron las caías laterales convexas, y una fuerte columna con- 
vexa longitudinal en su cara anterior ó superior, limitada á uno y 
otro lado por dos surcos longitudinales cóncavos. Diámetro ántero- 
posterior del mencionado canino, 31 milímetros; diámetro trans- 
verso máximo ensu parte superior 28 milímetros. La parte obser- 
vada licué ¿4 cení imelios de largo. 

35. Astrapotherium delimitatum, n. sp. Parece haber tenido la 
talla del .1 . magnum, del que se distingue por los premolares supe- 
riores de corona muy baja, cada uno con tres raices bien separadas, 
largas, divergentes y que seseparan unas deotras inmediatamente 
debajo de la corona. Tamañodelp. . án tero-posterior, 23 milíme- 
tros; transverso máximo, 20milímetros. 

.'!<). Astrapotherium nanum, n. sp. I>e tamaño muchísimo me- 
nor que las especies precedentes. El tamaño del m. T deun indivi- 
duo no muy viejo y todavía poco gastado, es: 22 milímetros 
de diámetro ántero-posteriory 16 milímetros de alto la corona. No 
tiene cíngulo basal esterno, pero si uno pequeño al lado intergo. 

37. Astrapotherium giganteum i n. sp. Estaespecie por las par- 
tes hasta ahora conocidas presenta la misma conformación general 
que A . magnum I >\\\, pero se distingue fácilmente por su tama- 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 299 

ño mucho más considerable y sus formas más robustas. El espacio 
ocupado por las muelas, relativamente al tamaño del animal, es 
pequeño. El cráneo es mucho más voluminoso, los caninos muy 
gruesos, la sínfisis mandibular más ancha, gruesa y sólida, y las 
ramas mandibulares elevadas y sumamente gruesas. Longitud de 
la mandíbula inferior de 68 á 75 centímetros según la edad y los 
individuos. Longitud de las cuatro muelas inferiores 21 á 22 cen- 
tímetros ; alto de la rama mandibular debajo del m. ? de 11 á 12 
centímetros. Diámetro ántero-posterior máximo que alcanza el 
m. 3 en su mayor desarrollo, 8 centímetros. Diámetro ántero-pos- 
terior máximo que alcanza el m. -en su mayor desarrollo, 90 á 
95 milímetros. 

38. Astrapodon carinatus, n. gen. n. sp. Representado solo por 
dos muelas inferiores que parecen ser el m. T de cada lado. Es bi- 
lobado al lado estenio, con el lóbulo posterior mucho más grande 
y convexo, el anterior mucho más pequeño y deprimido perpendi- 
cularmenteen el medio. La columna intermediaria del lado inter- 
no también es deprimida perpendieularmenteenelcent.ro; tiene 
dos raices, la anterior pequeña y comprimida, la posterior grande 
y cilindrica ; un reborde basal de esmalte esterno bien desarrolla- 
do ; la corona, en su conjunto, es larga y triangular, angosta y pro- 
longada adelante, ancha y redondeada atrás. Diámetro ántero-pos- 
terior de la corona 18 milímetros. Diámetro transverso, adelante 
2 milímetros, atrás 8,5 milímetros. 

Rodentia, Cercolabidae. Solo hay una especie nueva de este 
grupo . 

39. Acaremys haratkensts, n. sp. Se distingue por su tamaño 
mucho más considerable que el de A. murinus, aunque' las muelas 
no son más grandes y la serie dentaria no ocupa mayor espacio ; el 
cráneo es muy ancho y grueso, y particularmente la parte colocada 
adelante de las muelas muy ancha y larga. Longitud de la parte 
anterior del i. L á la parte posterior del m. - 24 milímetros; distan- 
cia de la parte anterior del p. '' á la parte anterior del incisivo, 13 
milímetros; alto de la rama horizontal debajo del p. j, 8,5 milíme- 
tros. 

Echinomyidae. Representados por numerosas especies nue- 
vas. 

40. Stichomys planus n. sp. Tamaño del 5. t-egulaiis Amegh., 
del que se distingue por el incisivo plano en la cara anterior como 



300 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

enAclelphomys candidus, pero muy angosto y comprimido lateral- 
mente ; las muelas son de corona más circular; ancho del i. T . 1,10 
milímetros; alto déla rama horizontal debajo del p. T , 9.5 mili- 
metros. 

41. Stichomys gracilis, n. sp. Se distingue por su tamaño bas- 
tante menor que el de S. constan* ; las tres primeras muelas infe- 
riores ocupan un espacio longitudinal de 5,8 milímetros, y la rama 
horizontal debajo del p. j tiene 5,5 milímetros de alto. 

42. Stichomys diminutus n. sp. Tamaño todavía considerable- 
mente menor que el de la especie precedente; las dos primeras 
muelas inferiores ocupan un espacio longitudinal de solo 3 milí- 
metros de largo. 

43. Gyrignophus complicatus, n.gén. n.sp.De caracteres inter- 
mediarios entre Spaniomys y Stichomys . Los dos primeros mola- 
res inferiores tienen tres pliegues al lado interno y los dos poste- 
riores solo dos; tamaño de Stichomys constan*. Longitud del 
espacio ocupado por las 4 muelas inferiores 10 milímetros ; alto de 
la rama horizontal debajo del p. T , 6 milímetros. 

44. Graphimys provectas, n. gen. n. sp. Se distingue de Spa- 
niomys en que la cuarta muela inferior presenta igualmente tres 
escotaduras internas. Tamaño del Spaniomys modestas. Longitud 
del espacio ocupado por las tres ultimas muelas inferiores. 7 mili- 
metros. 

45. Pseudoneoreomys, n. sub. gen. Se distingue fácilmente por 
la primera muela superior, que cuando no muy gastada solo presenta 
tres pozos de esmalte formados por tres pliegues entrantes ester- 
aos que disminuyen de tamaño del primero al tercero; le falla el 
pozo (liarlo del Neoreomys formado por el pliegue interno. 

46. Pseudoneoreomys pachyrhynchus n. sp. De gran tamaño y 
formas muy robustas. La parte anterior del cráneo adelante de la 
primera muela es muy corta y muy ancha; la paito sintisaria do la 
mandíbula inferior es muy corta, gruesa, muy descendente hacia 
abajo yque asciende muy rápidamente hacia arriba. Longitud del 
borde anterior de la primera muela al borde posterior del alvéolo 
del incisivo, ¿1 milímetros; anchodel paladaral nivel de la sutura 
máxilo-intermaxilar, 17 milímetros; distancia del borde superior 
del alvéolo del p. ¡- sobre el lado interno á la parte descendente 
posterior de la sínfisis, L9 milímetros. 

47. Pseudoneoreomys leptorhynchus, n. sp. Se distingue de la 
precedente porsu tamaño algo menor, y bu forma general más 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 301 

grácil y prolongada; el paladar adelante de las muelas es muy an- 
gosto, y los surcos incisivos inferiores están bilobados por un surco 
longitudinal poco acentuado. Series dentarias poco convergentes 
adelante. Longitud máxima del cráneo 9 centímetros; longitud del 
borde del alvéolo del p. ; al borde posterior del alvéolo del incisi- 
vo 22 milimetros ; ancho del paladar entre los p. r , 8 milímetros; 
ancho al nivel de la sutura máxilo-intermaxilar 14 milímetros. 

48. Pseudoneoreomys mesorhynchus, n. sp. Del mismo ta- 
maño que la especie precedente, pero de formas más robustas; el 
cráneo tiene el mismo largo, pero es considerablemente más ancho ; 
series dentarias un poco más convergentes adelante ; distancia del 
borde anterior del alvéolo del p. ¡- al borde posterior del alvéolo 
del incisivo, 19 milímetros. Ancho del paladar al nivel de la sutura 
máxilo-intermaxilar 14 milimetros ; ancho del paladar entre los 
p j, 4 milímetros; longitud del cráneo 9 centímetros ; ancho máxi- 
mo 59 milímetros. 

49. Scleromys angustus } Amegh. 1887. Muelas con un pliegue 
interno y otro externo ; las cuatro muelas casi de igual tamaño ; 
series dentarias casi paralelas ; incisivos de cara anterior plana; 
longitud délas cuatro muelas superiores, 16,5 milímetros; alto de 
la rama horizontal debajo del m. T , 12 milimetros. 

50. Lomomys evex'us n. gen. n. sp. Form. dentaria j i. | c. \ p. | m. 
Cercano de Scleromys y con muelas construidas sobre el mismo 
tipo, pero de una fórmula dentaria distinta. Las tres muelas dis- 
minuyen un poco de tamaño de la primera á la última ; series den- 
tarias casi paralelas; longitud del espacio ocupado por lastres mue- 
las superiores, 13,5 milímetros. Tamaño general un poco menor 
que Scleromys angustus. 

Eryomydae. Si bien vienen numerosos materiales, poco se refie- 
ren á especies nuevas. 

51 Perimys scalaris, n. sp. Tamaño bastante menor que Peri- 
mys erutus, del que además se distingue fácilmente por los m. L y 
- que presenta la lámina anterior, que sobresale notablemente hacia 
afuera sobre la posterior, formando como una columna angosta y 
saliente. Longitud del espacio ocupado por las cuatro muelas supe- 
riores 22 milimetros; ancho del paladar éntrela parte posterior del 
los m.-, 10 milimetros. 

52. Perimys angulatus, n. sp. Del tamaño de Perimys erutus, 
del que se distingue por el p.- que no es redondeado en su cara 
anterior interna sino más bien comprimido con un declive perpen- 



302 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

dicular en su cara póstero-interna, terminando hacia adentro en 
ángulo comprimido. La lámina anterior del m.- y - también 
sobrepasan un poco hacia afuera sobre la posterior. 

Eocardidae, Amegh., 1891. La cresta lateral esterna de la rama 
horizontal de la mandíbula inferior, no se dirije longitudinalmente 
hacia atrás, sino oblicuamente hacia abajo como en los Dasyproc- 
tidae; m.¡- y § bipnsmáticos. 

53. Eocardia Amegh. 1887. p.^ bílobado con el lóbulo anterior 
eliptico-prismático y más pequeño, y el posterior más grande y 
triangular. Comprende E. montana Amegh., y E. perfórate 
Amegh. 

54. Procardia n. subgen. p.-¡ de sección elíptico-alargada sin 
división en prismas distintos. Tipodel subgénero E. elíptica Amegh. 

55. Dicardia n. subgen. p.¿ formado por dos prismas triangu- 
lares, el anterior más pequeño y á menudo con una ligera depresi >u 
vertical sobre la cara ántero-estern;i. 

56. Dicardia máxima, n. sp. Tamaño relativamente conside- 
rable ; prisma anterior del p.¿ de la misma forma que el posterior 
pero más pequeño y sin surco perpendicular sobre la cara anterior. 
Longitud del espacio ocupado por las dos primeras muelas infe- 
riores 10 milímetros. 

57. Dicardia módica, n. sp. Talla bastante menor que la especie 
precedente; prisma anterior del p.¡ mucho más pequeño que el 
posterior y deprimido perpendicularmente sobre la cara anterior. 
Longitud del espacio ocupado por las dos primeras muelas infe- 
riores 6,5 milímetros. 

58. ¡)i>-ardia excávala, n. sp. De talla intermediaria entre las 
dos precedentes ; el prisma anterior del p.-¡ mucho más pequeño 
que el posterior y con un surco perpendicular bien marcado sobre 

la cara ántero- esterna. Longitud del espaci -upado por las tres 

primeras muelas inferiores, 11,5 milímetros. 

50. Tricordia, n. subgen. p.7 formado por tro primas trian- 
gulares que aumentan de tamaño del primero ;il tercero, el anterior 
muy pequeño. Tipo <!<•! sub-gónero, Eocardia divisa Amegh. 

60. Tricordia gracilis, a. sp. Talla poco menoi que la de la 
especie precedente y rama mandibulai muy baja. p. ¡ con dos 
surco- \ tres aristas perpendiculares esternas bien marcadas y lado 
interno ligeramente convexo. Longitud del espacio ocupólo por 
las dos primeras muelas inferiores, 7.5 milímetros ; alto de la rama 
horizontal debajo del p. ,. 9,5. 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 303 

01. Tricar día crasstdens, n. sp. Tamaño de la especie prece- 
dente ó un poco menor y muelas más grandes ; prisma anterior 
del p.j muy pequeño, casi cilindrico, formando sobre el lado ester- 
no una columna perpendicular. Diámetro ántero-posterior del p.¿, 
G milímetros . 

62. Schistomys crassiis, n. sp. De doble tamaño que «S. erro 
Amegh., series dentarias muy convergentes adelante ; ancho del 
paladar entre los p. 1 1,6 milimetros ; éntrelos m.- 12 milíme- 
tros; longitud del espacio ocupado por las 4 muelas superiores, 
19 milimetros. 

Insectívora. — No se conocían hasta ahora insectívoros sud- 
americanos (las Antillas escluidas;; el hallazgo de restos indubita- 
blemente de este orden en el eoceno de Patagonia, es un descubri- 
miento de importancia. No es por ahora posible referir esos restos 
á ninguna de las familias conocidas. Sus más grandes analogías 
son con el Chrysochlorys de África. 

63. Necrolestes patagonensis, n. gen. n. sp. Fórmula dentaria 
- i. i c. T p. g m. Aparentemente carece de incisivos ; c. T separado 
de p-7 por un pequeño diastema, los demás dientes en serie conti- 
nua ; c. T de gran tamaño, de corona prismática triangular y cúspide 
muy aguda, encorvado y con dos raices bien separadas, la anterior 
más pequeña que la posterior ; p. T pequeño, biradiculado y corona 
tricuspidada con las tres cúspides sobre la misma linea longitudinal, 
el paracono y metacono mucho más bajos que el protocono. Mue- 
las más ó menos del mismo tamaño, prismático-triangulares, 
anchas sobre el lado interno, angostas sobre el estenio, de la 
misma forma en todo su largo, pero de base cerrada. Rama man- 
dibular encorvada de abajo arriba, más baja adelante- y atrás, y 
más elevada en el medio. Cóndilo transversal y colocado más 
arriba de la serie- dentaria. Ángulo mandibular estiliforme y un 
poco invertido hacia adentro.. Longitud de la mandíbula, 22 mili- 
metros, longitud de la serie dentaria, 12 milímetros; alto de la 
rama horizontal en su parte más elevada. 4 milímetros. 

Diprotodonta, Plagiaulacoidea, Amegh., 1889. Los numero- 
sos restos de que ahora dispongo, y los nuevos tipos encontrados 
me permiten llevar á cabo una notable corrección en la fórmula 
dentaria y homología de los dientas de los plagiaulacídeos. El 
gran diente rayado de la mandíbula inferior de Abderitex, consi- 



304 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

derado hasta ahora como p T , y homólogo del diente igualmente 
grande de los Epanortliidae, numerados de atrás hacia adelante 
corresponde á la cuarta muela de los Microbmtheridae 3 lo que se 
demuestra fácilmente por los Garzonidae que son Plagiaulacídeos, 
con muelas del tipo de los Microbiotheridae y de las Didelphydae. 
Esta cuarta muela inferior de los Microbiotheridae, numeradas de 
atrás hacia adelante, corresponde y es homologa de la misma 
muela de los Didelphydae. De consiguiente el gran diente rayado 
inferior de Plagiaulaa ,NeoplagiaulaXj Ptüudos, Abderid.es, etc., 
no es el homólogo del mismo diente rayado de los marsupiales 
diprotodontes actuales, sino del que sigue hacia atrás, es decir, 
que no es el p. r sino el m.j. Este descubrimiento es de la mayor 
importancia para la clasificación y filogenia de estos animales. En 
los casos de dentición incompleta, no pudiendo sabor por ahora si 
el orden de evolución y homología de los premolares es el mismo 
que en los marsupiales actuales, los numeraremos de atrás hacia 
adelante, considerando como p.-¡ el que precede á m. T , p.r el anterior 
y asi por los demás, aunque sea más que probable que los premo- 
lares desaparecidos son los posteriores y no los anteriores. 

Abderitesidae ,Amegh., 1889. Fórmula dentaria T i. r c. T p. T m. 
El m.- es el gran diente rayado considerado hasta ahora como p. r . 

64. Abderites tenuissimus, n. sp. Tamaño muchísimo más 
pequeño que el de^L meridionalis. m. T con el talón posterior muy 
pequeño y el borde corlante superior dentellado en toda su esten- 
sion; cara esterna rayada en toda su estension con escepcion de la 
parte posterior que forma el talón; p. r escesivamente pequeño, 
como la punta de una aguja, y colocado contra el lado interno de 
la parte anterior del m. T de manera que es completamente invisible 
-obre el Lado esterno. Diámetro ántero-posterior déla corona del 
m. 7 , 2,2 milímetros ; alto 1,6 milímetros. 

Epanorthidai:. Amegh., 1889. Se distinguen |>or el m. T no ra- 
yado sino simplemente corlante adelante. 

65. Acdestis elatus,n. sp. Tamaño un poco menor que .1. 
Owenii Amegh. ; |>. . menos estiliforme, comprimido lateralmente, 
un poco más desarrollado y con las dos raices bien visibles en la 
base extra-alveolar. Agujero mentoniano posterior debajo de la 
paite anterior del m. T ; m.¡ muy pequeño > de contorno casi 
envidar. Longitud del borde anterior del alveolo del incisivo ala 
parte posterior del \w.-. L5 milímetros. Alto de la rama horizontal 
debajo del m.¡-. 6 milímetros. 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 305 

66. A cdestis paru us n. sp. Se distingue de A. Owenti por su 
tamaño considerablemente menor y por el p. -¡ proporcionalmente 
más desarrollado, de corona comprimida lateralmente y con las dos 
raices bien visibles arriba del borde alveolar. Serie dentaria pro- 
porcionalmente muy larga. Ultima muela inferior muy pequeña y 
de contorno circular. Agujero mentoniano posterior debajo de la 
parte media del m. T . Longitud del borde anterior del alvéolo del 
incisivo á la parte posterior del m. T , 14 milímetros. Alto de la 
rama horizontal debajo del m. T , 4,5 milímetros. 

67. Decastis columnaris, n. gen. n. sp. Se distingue genérica- 
mente de AcdestiSj Amegh. por el p. j de una sola raiz, forman- 
do una columna cilindrica elevada, terminando arriba en corona 
estiliforme. Tamaño bastante mayor que Acdestis Oweni y de 
formas más robustas . Parte anterior de la mandíbula más corta. 
Ultima muela inferior muy pequeña y de contorno elíptico. Segun- 
da perforación mentoniana de gran tamaño y colocada debajo de 
la parte anterior del m. T . Longitud de la parte anterior del p. T á 
la parte posterior del m. r , 12 milímetros. Alto de la rama horizon- 
tal debajo del m. T , 6 milímetros. 

68. Decastis rurigerus, n. sp. Se distingue de la especie prece- 
dente por su tamaño notablemente menor, y por la rama horizon- 
tal más baja y delgada. El segundo agujero mentoniano es muy 
pequeño y colocado debajo de la parte media del m. r . Longitud 
de la parte anterior del m. : á la parte posterior del m. ? , 11 milí- 
metros. Alto de la rama horizontal debajo del p. r , 4 milímetros. 

69. Epanorthus ambiguus, n. sp. Tamaño intermediario entre 
E. Arataey E. Lemoinei. Rama mandibular alta y elevada; m T 
corto y elíptico; rama esterna del canal alveolar de gran tamaño, 
larga y muy angosta. Longitud de m. - á m. r , 8 milímetros ; alto 
de la rama horizontal debajo del m. T , 8 milímetros. 

70. Epanorthus lepidus, n. sp. Talla de£\ intermedius, del que 
se distingue por su forma más grácil, la parte anterior de la man- 
díbula más alargada, el borde inferior de la rama horizontal recto 
ó casi recto, y la presencia de tres perforaciones mentonianas, la 
primera debajo de p. 7 y i? la segunda debajo de la parte media del 
]>. j. Longitud del borde anterior del alvéolo del incisivo á la par- 
te posterior del m. Í5 15 milímetros ; alto de la rama horizontal de- 
bajo del m. T , 4,5 milímetros. 

71. Epanorthus inaequalis, n. sp. Tamaño casi igual al de E, 
minutus, del que se distingue por la rama horizontal de la mandí- 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 20 



306 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

bula, la que sin ser más elevada es el doble más gruesa y convexa 
sobre la cara esterna, y por los dientes de tamaño mucho más con- 
siderable. La segunda perforación mentoniana se encuentra deba- 
jo de la parte media del m. T . Diámetro ántero-posterior del m. T , 
4,5 milímetros ; alto de la rama horizontal debajo del m. - 3 milí- 
metros. 

72. Callómenus interoalatus, n. gen. n. sp. Form. dentaria 
T i. - c. T p. ¡m. Talla parecida á la de Acdestts Owenüy con el 
m. i de la misma conformación. Se distingue genéricamente por 
presentar detrás del gran incisivo solo tres dientes uniradiculados; 
p. i biradiculado pero más pequeño que en Epanorthus y separa- 
do por un pequeño diastema del p. - 3 ; parte anterior sumamente 
corta y con el p. 7 colocado hacia adentro fuera de la linea longitu- 
dinal. Largo de la parte anterior del borde del alvéolo del incisivo 
á la parte posterior del m. T , 8 milímetros; alto déla rama horizon- 
tal debajo del m. T . 5 milímetros. 

73. Halmadromus vagus,n. gen. n. sp. Form. dentaria r i. -, c. 
7 p. 7 m. ; parte anterior de la rama horizontal sumamente corta ; 
m. f de gran tamaño como en Epanorthus; p. - muy pequeño, es- 
tiliforme y de una sola raiz; p.-g y 3 uniradiculados y escesivamen- 
te pequeños. Longitud del borde anterior del alvéolo del incisivo 
á la parte posterior de] m. - 5 milímetros ; alto de La rama horizon- 
tal debajo del m. 7 4 milímetros. 

74. Halmaselus valens, n. gen. n. sp. Form. dentaria T i. - c. ¡ p. 
T m.; m. 7 y p. 7 como en Epanorthus; p. - biradiculado como p. T 
pero más pequeño; p. - ¿ uniradiculado y muy pequeño; p. , todavia 
más pequeño; distancia de la parte anterior del alvéolo del incisi- 
vo al borde posterior del m. 7 6 milímetros ; alto de la rama hori- 
zontal debajo del m. r 3 milímetros. 

75. Essoprion coruscus, n. gen. n. sp. Form. dentaria 
T i. - c. 5 |). 7 m.; talla de Epanorthus minuta* ; p. 5 y 5 muy pe- 
queños y uniradiculados; p. 7 y m. T como en Epanorthus. Toda 
la dentadura en serie continua; largo del borde anterior del alvéolo 
del incisivo a la parte posterior del m. T . 6 milímetros ; alto de la 
rama horizontal debajo del m. 7. 3 milímetros. 

70. Essoprion consumptus n. sp. Tamaño de la especie prece- 
dente, de la que se distingue por la existencia de una barraópe- 
queño diastema entre el incisivo y p. ; p. -¡ con paracono y meta- 
cono bien desarrollados y colocados sobre la linea sectorial ; distan- 
cia del borde anterior del alvéolo del incisivo al borde posterior 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 307 

del m. r , 7 milímetros; alto de la rama horizontal debajo delm. T , 
3 milímetros. 

77. Pichipüus exiliSj n. sp. Tamaño muchísimo menor que el de 
P. OsbormAMEGH., es quizás el mamífero más pequeño hasta aho- 
ra conocido ; m. T rudimentario ; m. ¿¡ bilobado, con el lóbulo pos- 
terior más grande y el anterior más pequeño y angosto adelante; 
reborde basal estenio no muy desarrollado; longitud del espacio 
ocupado por los m. -, á m. -¡ 3 milímetros ; alto de la rama horizon- 
tal 0.0012. 

Garzonidae, fam. n. Forma dentaria f i. jC.jp. ¡ m. Iiicísíyo 
grande y de la misma forma que en los Abderitesidae y Epanor- 
thidae. Premolares biradiculados y de corona sectorial, cónico 
comprimida. Verdaderos molares multicuspidados, con las cúspi- 
des dispuestas en dos filas longitudinales separadas por un surco 
longitudinal profundo sobre la línea media; estas muelas se pare- 
cen á las de los Didelphydae y más todavía á las de los Microbio- 
thertdae; demuestran lo que ya hemos avanzado, que los Diproto- 
donta descienden de los Microbiothcria. 

78. Garzonía (1), n. gen. Toda la dentadura en serie continua. 
Premolares que aumentan de tamaño del primero (p. -) al último; 
verdaderos molares que disminuyen de tamaño del m. T , que es el 
más giande, al m. Í5 que es el más pequeño ; m. T á 7 de corona alar- 
gada, con dos tubérculos elevados sobre el lado estenio y tres so- 
bre el interno, y cíngulo basal bien desarrollado sobre el externo; 
m. 1 pequeño, rudimentario y de una sola raiz. 

79. Garzonía typica n. sp. Ultima muela inferior con el tubér- 
culo medio poco elevado y el anterior y posterior muy pequeño ; 
reborde basal estenio poco acentuado ; los dos tubérculos estemos 
del m. 7 á 3 de igual alto; longitud del espacio ocupado por los 
m. T á -, 5.2 milímetros ; alto de la rama horizontal debajo del 
m. r , 3 milímetros. 

80. Garzonía annectens n. sp. Rama horizontal de la mandíbu- 
la prolongada adelante y delgada; m. T formado por una columna 
elevada que termina en una corona formada por tres cúspides, la 
• •cutral más elevada y más grande !;i anterior pequeña y más baja, 
la posterior igualmente pequeña y colocada un poco más abajo que 

(1) En honor del distinguido ingeniero señor Don Eleazar Garzón, actualmente 
gobernador de la provincia de Córdoba, quien con la mayor generosidad contribu- 
ye con sus elementos particulares al buen éxito de la exploración paleontológica 
de la Patagonia encomendada á Carlos Amegiiino. 



308 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

la anterior y Lado esterno de la corona con un fuerte reborde bar- 
sal ; m. T á - t con el tubérculo interno anterior mucho más elevado 
que el posterior; longitud del espacio ocupado por los m. - á 7, G 
milímetros, alto de la rama horizontal debajo del m. T 3 milímetros. 

81. Garzonía cu ¡diva, n. sp. Tamaño considerablemente menor 
que las precedentes; Tubérculo anterior esterno de los m. T á - un 
poco más elevado que el posterior ; m T de forma columnar, con el 
tubérculo ó cono central (protocono) bastante elevado, un tubércu- 
lo basal anterior bien desarrollado, y un fuerte reborde basal sobre 
el lado externo que da vuelta atrás y desaparece sobre el lado in- 
terno ; longitud del espacio ocupado por los m. T á m. T , 4 milíme- 
tros; alto de la rama horizontal debajo del m. 7. 2 milímetros. 

82. Garzonía mínima, n. sp. Tamaño todavía menor; rama man- 
dibular Viaja, muy gruesa j fuertemente convexa al lado esterno; 
reborde basal externo de las muelas muy desarrollado, particular- 
mente en el lóbulo anterior; m. 7 de forma columnar, con un solo 
tubérculo central en la corona (protocono) y un fuerte reborde 
basal todo al rededor, muy desarrollado adelante y sobre el lado 
esterno ; longitud del espacio ocupado por los m. T á m. r , 3,5 milí- 
metros , alto de la rama horizontal debajo del m.-, 4 milímetros. 

83. Halmarhiphus didelpoides, n. gen. n. sp. Conformación pa- 
recida á la del género anterior. Se distingue por el tubérculo ester- 
no anterior de los m. - á 3 siempre mucho más elevado que el pos- 
terior, y por el reborde basal externo poco acentuado; el m. ¡ es 
bien desarrollado y con dos raices bien separadas y tres cúspides en 
la corona bien acentuadas, la del medio muy elevada, la anterior 
más pequeña y un poco más baja, y la posterior más gruesa, pero 
colocada todavía más abajo que la ¡interior. Longitud del espacio 
ocupado por m. 7 á m. T . 6 milímetros , alto de la tama horizontal 
debajo del m. ,. 2,8. 

84. Halmarhiphus tianus, n. sp. Se distingue por su tamaño 
mucho menor, el m. x biradiculado pero casi rudimentario, y sus 
grandes perforaciones mentonianas ; longitud del m. 7 á -. 5 mili- 
metros; alto déla rama debajo delm. T , 1,8. 

Microbiotheria Amegh., 1X87. Microbiotheridae, Amegh, 
1887. Incisivos en número variable, un canino, tres premola- 
res y cuatro molares, todos en serie continua, sin discontinuidad ; 
incisivos pequeños; canino de tamaño variable y á menudo pre- 
molariforme; los tres premolares parecidos á lo- de Didelphys^ 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 309 

pequeños, aumentan de tamaño del primero al último. Verdaderos 
molares inferiores parecidos á los de Didelphys, con dos conos es- 
temos y tres internos, pero disminuyen constantemente de tama- 
ño del primero al último, m. T con el talón posterior simple, no bi- 
partido arriba como en Didelphys. Ramas mandibulares de borde 
inferior casi recto aumentando gradualmente el alto de adelante 
hacia atrás. Este grupo se confunde por un lado con los Diproto- 
donta(Garzonidae) por el otro con los Pedimana (Didelphydaé), 
tanto que las muelas sueltas no se puede determinar á cual de los 
mencionados grupos pertenecen. Esto confirma lo que ya avancé 
hace tiempo, que los Microbiotheria son el tronco antecesor de los 
marsupiales diprotodontes y poliprotodontes, como también de los 
insectívoros y eheirópteros. 

85. Stylogndthus diprotodoittoides, n. gen. n. sp. En este gé- 
nero, la rama horizontal de la mandíbula inferior, por su forma 
alargada y un poco convexa en su borde inferior, como por su sín- 
fisis delgada y prolongada, se acerca délos Diprotodonia , particu- 
larmente de Garzonía. Solo tiene dos incisivos inferiores muy pe- 
queños; el canino es regularmente desarrollado; disposición del 
resto de la dentadura como en Halrnarhiphus ; longitud de la 
parte posterior del m. 3 á la parte anterior de la sinfisis, 11 milíme- 
tros ; alto de la rama horizontal en su parte media 2,8 milíme- 
tros. 

86. Microbiotherium tehuelchum Amegh.. 1887. La rama 
mandibular de esta especie con las muelas rio gastadas, muestra 
que el m. 7 presenta el tubérculo ántero-interno completamente atro- 
fiado ; p .^ es del mismo alto que m. r y con un fuerte tubérculo 
basal posterior ; los premolares primero y segundo son de la misma 
forma pero mucho más pequeños ; la parte anterior de la rama se 
enangosta terminando en una sinfisis corta y baja en la que se en- 
cuentran los alvéolos de cuatro incisivos muy pequeños en cada la- 
do; longitud de la parte posterior de m. T á la parte anterior de la 
sinfisis, 6 milímetros; alto de la rama horizontal debajo del p. -. 2 
milímetro. 

8?. Microbiotheriumforticulum, a. sp. Talla doble que la pre- 
cedente; tubérculo anterior interno de m. T atrofiado ; p. ¡ del 
mismo alto que m. T con el tubérculo basal posterior pequeño y co- 
locado sobre el ángulo póstero-interno. y un fuerte reborde basal 
interno; canino grueso é implantado verticalmente; longitud del 
espacio ocupado por los tres premolares y ei primer verdadero 



310 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

molar inferior, 7 milímetros; alto de la rama debajo del último 
premolar, 3.6. 

88. Eodidelphysforüs, ii. gen. n. sp. Este género tiene cuatro 
incisivos inferiores á cada lado como Mtcrobtothertum, pequeños y 
espatulados; canino poco desarrollado, premolariforme, de tamaño 
un poco mayor que los premolares, recto é implantado vertical- 
mente ; m. T con el tubérculo interno anterior bien desarrollado; 
maodíbula gruesa y alta atrás, un poco más angosta adelante; p. ¡ 
del mismo alto que m. , y con un tuerto tubérculo agudo basal pos- 
terior; los otros dos premolares apenas un poco más bajos; longi- 
tud déla parte anterior del borde del alvéolo del canino á la parte 
posterior del m. T , 10,5 milímetros, alto de la rama debajo del 
m. j, o, 4 milímetros, debajo del p. T . 4 milímetros. 

89. Eodidelphys fámula, n. sp. Se distingue de la precedente 
por su tamafm menor y por la rama horizon taimen te más recta, baja, 
gruesa y de un alto más uniforme; presenta una gran perforación 
mentoniana debajo del m. 7 j longitud del borde anterior del alvéo- 
lo del canino á la parte posterior del ni. ... 8,5 milímetros ; alto de 
la rama debajo del m. -, 3,20 milímetros ; debajo del p. ,, 3 mili- 
metros. 

90. Prodtdelphys acicula, n. gen. n. sp. Tamaño diminuto ; ra- 
ma mandibular delgada y con sinlisis prolongada provista de cuatro 
incisivos; canino recto, vertical, muy pequeño, apenas un poco 
más elevado que los premolares de los «pie tiene la misma forma, 
con un callo basa] en el ángulo póstero-interno de la corona; los 
tres premolares muy pequeños, casi del mismo tamaño, un poco más 
bajos que m. T y c. T . presentando cada uno mi tubérculo póstero- 
interno bien desarrollado ; premolares y caninos separados por pe- 
queños diastemas; longitud déla parte posterior del m. ^ á la parte 
anterior de la sinlisis, 13,5 milímetros ; alio de la rama debajo del 
p. T , 1,5 miliinei ros. 

01. Prodtdelphys par¿¿a, n. sp. Tamañoapenas un poco ma- 
yor; sinlisis un poco más corla ; premolares, canino y primera 
muela inferior muy apretados; último premolar inferior propor- 
cionalmente más grande y con el tubérculo basal posterior bien de 1 
«arrollado; primer premolar inferior sin tubérculo basal e implan- 
tado con las dos raices en sentido oblicuo transverso ; los tres pre- 
molares bastante más gruesos queen la especie precedente; longi- 
tud de la parte posterior del m. T á la parte anterior de la sinlisis, 
1 1 ,5 milímetros; alto déla rama debajo del p. T ; 1,8 milímetros. 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 311 

92. Prodidelphys obtusa, n. sp. Tamaño deP . acícula pero más 
robusta ; sínfisis muy corta, como truncada perpendicularmente 
adelante del canino y con los incisivos colocados uno encima de 
otro; canino arqueado, puntiagudo y sin callo basal posterior; 
premolares pequeños ; todos los dientes muy apretados unos á otros ; 
longitud de la parte posterior del p.- al borde anterior de la sínfisis 
5 milímetros; alto de la rama debajo del p.j 1,6 milímetros. 

93. Hadrorhynchus tortor, n. gen. n. sp. Misma fórmula den- 
taria que los géneros precedentes; tamaño comparable al de Eorfi- 
delphys fortis pero de formas más robustas; síntisis muy prolon- 
gada adelante, muy gruesa y descendente, formando una barba 
{mentó) sólida y angulosa abajo, con los cuatro incisivos bien 
desarrollados y que aumentan de tamaño del interno al estenio ; 
canino de gran tamaño ó implantado dirigiéndose hacia adelante y 
hacia afuera ; p.-¿ muy pequeño, con las dos raices colocadas contra 
el canino en sentido transversal ; p. ;r de mayor tamaño y las dos 
raices en dirección de la serie dentaria ; p. T de gran tamaño, de 
corona elevada y delgada, con el callo basal posterior poco desa- 
rrollado, el borde anterior perpendicular, y la raiz anterior que se 
separa fuertemente de la posterior dirigiéndose oblicuamente hacia 
adelante; toda la dentición en serie continua; longitud del borde 
posterior del 111.7 al borde anterior de la sínfisis 1(3 milímetros ; alto 
de la rama debajo del p.j, 3,8 milímetros. Las ramas mandibulares 
aumentan considerablemente de alto detrás delp.j. 

94. Hadrorhynchus torvus, n. sp. Del mismo tamaño y de rama 
mandibular, sínfisis y canino igualmente desarrollados ; p. ¡ muy 
pequeño pero implantado con las dos raices en sentido longitudi- 
nal; p. . igualmente muy pequeño, con un fuerte tubérculo basal 
posterior y reborde basal interno; p., : mucho más elevado, de gran 
tamaño, con la cara anterior perpendicular y la posterior con un 
gran tubérculo basal ancho y delgado; alto de la rama debajo del 
p.j, 3,5 milímetros. 

95. Hadrorhynchus conspicuus, n. sp. Se distingue por su tama- 
ño menor y el p. T mucho más chico y más bajo que m. r y provisto 
de un fuerte tubérculo basal posterior, como también elp.^; el p. - 
está implantado en dirección oblicua al eje de la serie dentaria ; 
distancia de la parte posterior del m. T ¡i la parte anterior de la sín- 
fisis, 9 milímetros; alio de la rama horizontal debajo del p. T , 2,7 
milímetros. 



312 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Dasyura. Uno de los resultados paleontológicos más impre- 
vistos es el descubrimiento en la fauna eocena argentina de carni- 
ceros marsupiales del mismo tipo de los que en nuestra época 
habitan el continente australiano. No insistiré sobre la importancia 
de este descubrimiento, limitándome á recordar que en los carnice- 
ros primitivos de la República Argentina es por ahora casi imposi- 
ble trazar un limite seguro entre los Dasyura y los Creodonta, asi 
como en Europa es difícil trazar un limite entre los Creodonta y 
los Carnívora. Esto viene en apoyo de lo que sostengo desde hace 
años, que los carniceros placentarios y marsupiales son estrecha- 
mente aliados, formando un solo grupo superior natural ; la coloca- 
ción que ahora tienen, ocupando casi los dos estreñios de la clase. 
no es natural. Debido á este parecido, es posible que algunos de los 
géneros que he dado á conocer como del grupo de los Creodonta 
sean verdaderos Dasyura. Para mayor comodidad, los premolares 
los designaré de atrás para adelante con los números 4, 3 y 2. 

Thylacynidae. Entre los géneros por mi precedentemente des- 
critos, entra evidentemente en esta familia el que he designado 
bajo el nombre de Hathliacy'nus, 1887. 

96. Prothylacynus patarjonivus , n. gen. n. sp. Fórmula dentaria 
\ \.\ c.f p.j m. Talla y conformación general del Thylacynus cyno- 
cepha/us de Tasmania, del que difiere principalmente por presen- 
tar los premolares inferiores muy apretados unos á otros . Ambas 
ramas mandibulares completamente soldadas. El lóbulo anterior 
de las dos últimas muelas inferiores es un poco más desarrollado y 
vuelto al lado interno y el talón posterior de la última muela infe- 
rior rudimentario. Las demás diferencias son insignificantes. Las 
cuatro muelas superiores son casi absolutamente iguales a las del 
género actual. El ángulo mandibular es igualmente fuertemente 
invertido. Longitud de los 4 verdadero- molares superiores 11 mi- 
límetros; longitud (!<• la serie dentaria inferior de la parle anterior 
del canino á la parle posterior de la última muela 87 milímetros ; 
alto de la rama horizontal debajo del m. . 28 milímetros. 

!>?. Protoproviverra Manzaniana (1), n. gen. n. sp. Fórmula 
dentaria ¡ i.-j <-.:p.~m. Incisivos muy pequeños ; caninos compri- 
midos lateralmente. Los tres premolares superiores é inferiores 
comprimidos y con un pequeño callo basa] posterior ; \>.\ separado 



(1) En bonor del s< iíoi i> J" i Manzano, vecino de Santa-Cruz, corno prueba 
di agradecimiento poi el apoyo que no ba cesado de p/estará la espedido n, 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 313 

por un pequeño diástema del canino y del premolar que sigue ; 
m.} más pequeños que p.f ; p.- mucho más grande que p.- ; p. T , y T 
de tamaño casi igual ; muelas inferiores con un lóbulo anterior sec- 
torial, un lóbulo posterior en forma de cono agudo y elevado, seguido 
atrás de un gran talón basal bipartido como en Didelphys. Las cua- 
tro muelas inferiores aumentan de tamaño de la primera á la cuar- 
ta. Una profunda perforación del paladar adelante del canino supe- 
rior, entre este y el incisivo esterno ; ángulo mandibular invertido. 
Longitud de la serie dentaria superior 58 milímetros, de la infe- 
rior 50 milímetros ; alto de la rama horizontal debajo del m.j, 15,5. 

98. Protoprouiverra ensidens, n. sp. Se distingue por su tamaño 
notablemente mayor y por el último premolar inferior también de 
gran tamaño, mucho más grande que el penúltimo, presentando un 
pequeñisimo callo basal anterior. Los diastemas que separan el 
primer premolar inferior del que sigue y del canino son muy cortos 
pero un poco más largos en la mandíbula superior. Longitud de la 
parte posterior del c. 1 á la parte posterior del m.-, 6 centímetros; 
longitud del espacio ocupado por los tres premolares inferiores 24 
milímetros. 

99. Protoproviverra obusta, n. sp. De tamaño todavía bastante 
menor que la precedente.' Longitud del p. - t al m. r , 30 milímetros; 
ancho de la rama horizontal debajo del m.-j, 8,5 milímetros. 

100. Perathereutes pungens, n. gon. n. sp. Fórmula dentaria 
ri. T c.| p-7 m. Toda la dentición en serie ininterrumpida; canino 
muy comprimido; premolares muy pequeños; m. T y7 tritubercu- 
lares, con el tubérculo central más grande y el anterior más peque- 
ño y colocados los tres en la misma linca sectorial ; m.g y j con el 
tubérculo ó lóbulo anterior elevado, delgado, fuertemente inclinado 
hacia adentro, con el tubérculo central muy elevado y muy grácil, 
y el posterior muy bajo pero ancho. Las cuatro muelas aumentan 
de tamaño de la primera á la última. Rama mandibular prolongada, 
grácil y muy baja en su parte anterior. Longitud de la parte ante- 
rior del canino á la parte posterior del m. T , 4 centímetros; alto de 
la rama debajo del penúltimo molar. ( .) milímetros. 

101. Perathereutes obtusus,n. sp. De tamaño apenas un pooo 
mayor, con el último premolar inferior de tamaño notablemente 
mayor y con el primer premolar separado del canino por un peque- 
ño diástema. Longitud de la paite ¡interior del canino á la parte 
posterior del m.¿, 35 milímetros. 

102. Perdtliereutes amputans } n. sp. Se distingue por su tama- 



314 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ño mayor y formas mucho más robustas, con todos los dientes en 
serie inniterrumpida y muy apretados unos á otros. La rama hori- 
zontal se angosta tanto debajo de los premolares que su borde 
inferior forma una linea cóncava. Longitud del borde anterior del 
alvéolo del canino a la parte posterior del 111.3, 38 milímetros ! a ' to 
déla rama horizontal debajo del segundo premolar, 9,5milimetrosi 
debajo del m.5-, 13 milímetros. 

Creodontíi Cope. En razón de la semejanza de los animales 
de este grupo con los Dasyura Amegh., que ya he mencionado, 
es posible que algunos de los animales que considero ó he conside- 
rado ser creodontes, resulten ser verdaderos marsupiales. 

103. Dinamycüs fera Amkgh. Junio 1891. Nuevos restos de 
este animal me permiten constatar que la restauración del segundo 
premolar inferior que he publicado no es exacta, pues carece del 
paracono indicado en la figura. Solo tiene dos incisivos en cada 
lado de la mandíbula inferior, colocados uno encima de otro. Una 
mandíbula de un individuo joven muestra que solo una muela es 
precedida por otra de leche, que es la tercera ó último premolar 
como en los marsupiales dasyurinos y didelfos. La muela de leche 
que precede este premolar, es tritubercular y de la misma forma 
que la primera muela. La analogía de conformación me hace creer 
que todos les géneros argentinos del mismo grupo presentan idén- 
tica conformación. 

104. Conodonictis saevuSj n. gen. n. sp. ( ¡ercano de DinamyctiSj 
del que se distingue por carecer completamente de incisivos infe- 
rióle-. Los caninos inferiores, <\r gran tamaño, son sumamente 
comprimidos en sentido lateral y estaban ambo- en contacto como 
los incisivos de un roedor. Los premolares están sumamente 
apretados y en la misma disposición que en Dinamyctis pero son 
más comprimidos. Diámetro del c. r al nivel del borde alveolado: 
ántero-posterior, 15 milímetros; transverso máximo, 10 milíme- 
tros. Longitud del espacio ocupado por los tres premolares, 88 
milímetros. A.lto déla rama horizontal debajo del último premolar, 
28 milímetros. Ancho máximo de la impresión sinfisaria, 18 milí- 
metros. 

105. Conodonictis extertninator, n. sp. Se distingue por su 
tamaño considerablemente mayor, por sus formas más robustas y 
sus premolares más gruesos y másanchos. Perforación mentoniana 
colocada debajo ^W la parte anterior del ultimo premolar y de 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 315 

tamaño enorme. Diámetro del incisivo al nivel del borde alveo- 
lario: ántero-posterior, 16 milimetros; transverso máximo, 12 
milímetros. Alto de la rama horizontal, debajo del segundo premo- 
lar, 30 milimetros. Ancho máximo de la impresión sinfisaria, 22 
milimetros. 

106. Anatherium defossus Amegh., 1887. En este animal los 
incisivos inferiores son en número de tres en cada lado de la 
mandíbula inferior, pero muy pequeños, casi rudimentarios, colo- 
rados uno encima de otro al lado del canino. 

107. Sipalocyon gracüts Amegh., 1887. Tenía tres incisivos 
inferiores á cada lado, colocados del mismo modo que en Anathe- 
rium, pero todavía más pequeños. 

108. Sipalocyon pusilhts, n. sp. Se distingue por su tamaño 
muy pequeño y el canino sumamente comprimido. Longitud de 
la parte anterior de la sinfisis á la parte posterior delm.-r, 21 mili- 
metros. Alto de la rama horizontal debajo del m. r , 8 milimetros. 

109. Agustylus cynoides Amegh. , 1887. Parece ser muy cer- 
cano de Protopsalts tigrina Cope, de Norte- América. La última 
muela inferior es absolutamente de la misma forma, pero la del 
Agust. cynoides es mucho más pequeña, pues solo tiene 9 milime- 
tros de diámetro ántero-posterior en la base de la corona. 

110. Ictioborus fcnestratuSj n. gen. n. sp. Fórmula dentaria 
5 i. -¡ c. 3 p, j- m. Incisivos completamente rudimentarios; primer 
premolar muy pequeño y de una sola raiz. Segundo premolar 
biradiculado y muy grande. Tercer premolar algo más pequeño. 
Las cuatro muelas aumentan de tamaño de la primera á la última, 
parecidas á las de Sipalocyon pero con un pequeño callo basal 
estiliforme sobre la cara ántero-esterna del lóbulo anterior de cada 
muela. Todos los dientes en serie ininterrumpida. Rainas horizon- 
tales con una gran depresión longitudinal sobre su cara interna. 
Longitud del espacio ocupado por las seis primeras muelas, 42 
milímetros; alto de la rama horizontal debajo de la penúltima 
muela, 14 milímetros. 

Gravigrada. Para mayor facilidad y brevedad las muelas de 
este grupo serán enumeradas de una ,i cinco las superiores y de 
una a cuatro las inferiores, sean ó no caniniformes. 

Ortotheridae, Amegh., 1889. Apertura de la rama esterna del 
canal alveolar, en la parte anterior de la base de la rama ascenden- 
te. Ultima muela inferior simple. 



316 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

111. Hapalops Amegh., 1886. Se distingue por los caiiiniformes 
cortados oblicuamente y la parte maxilar del paladar que no se 
prolonga adelante de dicho diente, y arriba muy poco. 

112. Hapalops elongatuSj n. sp. De la talla de H. rectangulares, 
del que se distingue por ser notablemente más delgado, por los 
parietales no tan convexos, por las series dentarias más conver- 
gentes hacia atrás y el paladar convexo en su mitad posterior. 
Longitud del cráneo. 136 milímetros; longitud de la serie denta- 
ria superior, 46 milímetros ; de la inferior, 36 milímetros; ancho 
del paladar entre los m.-, 13 milímetros, entre los m.-, 10 mili- 
metros. 

113. Hapalops crassidenSj n. sp. De tamaño un poco mayor que 
H. rectangular is, del que se distingue por tener los dientes más 
grandes, especialmente m. 1 . Longitud déla serie dentaria superior, 
51 milímetros. Diámetro del m. 1 : ántero-posterior, 7 milímetros 
transverso, 5 milímetros; ancho del paladar entre los m.-. 11 milí- 
metros; entre los m. 1 , 23 milímetros. 

114. Hapalojjs angustipalatus, n. sp. Un poco más pequeño 
que H. rectangularis. Se distingue por los dientes de gran tama- 
ño, el paladar corto, angosto entre las muelas, anclío entre los 
caniniformes. Longitud de la serie dentaria superior, 43 milíme- 
tros ; longitud del paladar sobre la linea media (intermaxilar 
escluido), 41 milímetros ; ancho del paladar entre losm.-, 10 mili- 
metros ; entre los m. L , 21 milímetros ; diámetro transverso del m.-, 
milímetros. 

115. Hapalops robustusn. sp. De tamaño un poco mayor que 
//. indifferens pero más robusto. Se distingue por el paladar muy 
ancho, un poco más angosto en el medio que atrás y adelante, m.- 1 
pequeño y cilindrico y m. , sub-eliptico, de cara posterior interna 
muy ancha y anterior esterna muy angosta. Longitud déla serie 
dentaria superior, ;,:j milímetros, de la inferior. 38 milímetros; 
ancho del paladar entre los m.-, 16 milímetros, entre los ni. 22 
milímetros. 

116. Hapalops brevipalatuSj n. sp. Un poco más pequeño qué 
//. Rutimeyeri, del que sedistingue por lo- m. y ! más rectangu- 
lares, la haría entre los m.- y " más corta, y el paladar más corto 
y plano. Longitud de la serie dentaria superior, 1:? milímetros; 
longitud del paladar sobre la linea media (intermaxilar escluido), 
38 milímetros ; ancho del paladar entre lo- m.-, 11.5 milímetros, 
entre los m.-, 12 milímetros, entre los m. 1 . is milímetros. 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 317 

117. Hapalops diverssidens, n. sp. m. r pequeño; m.¿- elíptico 
con su eje mayor longitudinal, angosto adelante y ancho atrás; 
m.r rectangular con su eje mayor transversal; m. T eliptico con su 
eje mayor longitudinal, ancho adelante y angosto atrás. Longitud 
de los cuatro dientes inferiores, 34 milímetros ; alto de la rama 
horizontal debajo del m. T , 23 milímetros. 

118. Hapalops longipalatus, n. sp. Del tamaño de H. brevipa- 
latus. Se distingue por el paladar más largo y la barra entre m.- 
y- igualmente más larga; m. T sub-elíptico, de cara posterior 
interna ancha y ántero-esterna angosta; paladar completamente 
plano en su región anterior. Largo de la barra entre m. L y - que 
sobrepasaba, 12 milímetros ; largo del m.- á m.-, 28 milímetros ; 
longitud del m. T ;im.¡, 37 milímetros; alto de la rama horizontal 
debajo de m.j, 26 milímetros. 

119. Hapalops gracilidens, n. sp. Apenas un poco más peque- 
ña que la precedente. Se distingue por el m. - 1 de gran tamaño ; 
los m. - á - más pequeños y muy comprimidos de adelante hacia 
atrás, y el m. - muy pequeño, casi rudimentario ; el paladar es con- 
vexo en su mitad posterior. Largo de la barra entre m. L y~, 10 
milímetros; longitud del m. - á-, 23 milímetros; diámetro trans- 
verso del m. -, 4 milímetros. 

120. Hapalops sub-cuadratus, n. sp. Del tamaño de H. longi- 
palatus. Se distingue por la barra entre m. - y - corta, el m. - de 
gran diámetro ántero-posterior, de contorno casi cuadrado, y el 
m. - muy comprimido de adelante hacia atrás y de gran diámetro 
transverso. El paladar es un poco convexo atrás. Largo de la bar- 
ra entre m. L y -, 6 milímetros; diámetro del m. - : ántero-poste- 
rior, 6 milímetros; transverso, 7. Diámetro delm. -: ántero-poste- 
rior, 3,4 milímetros, transverso, 6,5 milímetros; longitud del m. - 
á -, 26 milímetros. 

121. Hapalops adteger. = Encholoeops adteger, Amegh., 
1887. Del tamaño de //. sub-cuadratus. Se distingue muy bien 
por sus muelas de aspecto más rectangular y deprimidas perpendi- 
cularmente sobre los costados laterales; m. 1 á - deprimidos sobre 
el lado estenio,, m. r, y Tj sobre el interno, y m. T sobre el esterno. 
Longitud del m. ' L á -, 26 milímetros; largo de la barra entre m. r 
y 2, 6,5; longitud del m. ^ á-, 22 milímetros ; alto de la rama hori- 
zontal debajo del m. j, 20 milímetros. 

122. Hapalops depressi'pa latus, n. sp. Un poco más pequeño 
que H. longipalatus. Se distingue por los m. - á 1 de contor- 



318 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

no elíptico irregular con la parte esterna flotablemente más angos- 
ta que la interna y muy convexa ; el m. - es de gran diámetro án- 
tero-posterior y de pequeño diámetro transverso, un poco depri- 
mido atrás y mas angosto al lado estenio que al interno ; paladar 
plano; longitud del m. - á -,26 milímetros. 

123. Hapalops tesíudinatus, n. sp. Tamaño casi igual al de la 
especie precedente; se distingue por los m.-á i , de tamaño casi 
igual, redondeados al lado interno y al estenio, y el paladar rela- 
tivamente liso y muy convexo. Longitud del m. -á-, 25 milíme- 
tros; ancho del paladar entre los m. -, 6,5 milímetros; ancho del 
paladar entre los m. 3 , 8.5. 

124. Hnpnhps crassignathus, n. sp. De tamaño pequeño. Se 
distingue por la rama mandibular baja y gruesa, y el m. T , de gran 
diámetro transverso, angosto y redondeado en sus dos extremida- 
des, interna y esterna. Longitud del m. r, á m. T , 22 milímetro- ; 
alto de la rama horizontal debajo del m. -. 20 milímetro-, ; grueso 
máximo de la rama horizontal, 13 milímetros. 

125. Hapalops cilindricus, n. sp. De tamaño un poco mayor 
que el precedente. Se distingue por m. r de gran tamaño y com- 
pletamente cilindrico, de corona absolutamente circular; la aper- 
tura de la rama esterna del canal alveolar se encuentra un poco 
más al lado esterno que al interno del borde de la rama ascendente; 
diámetro transverso del m. g, 8 milímetros ; diámetro transverso 
delm. - í . 8 milímetros; alto de la rama horizontal debajo del m. -. 
22 milímetro-. 

126. Hapalops minutus,n. sp. De tamaño muy pequeño; el 
m. - y 3 -oh un poco escavados perpendicularmente al lado ester- 
110. y el 111. ¡ es de gran tamaño y casi cilindrico; longitud del 
m. -2 á m. -. 20 milímetros; alto déla rama horizontal debajo del 
m. 3, 17 milímetros. 

127. Parhapalops rectangulidens n. gen. n. sp. m. \ caninifor- 
mes;m. -¡ y 3 rectangulares como en Hapalopsy cada uno con 
un surco perpendicular al Lado esterno; m.-¡ no elíptico como en 
Hapalops sino igualmente rectangular y con su mayor diámetro 
en direcion igualmente transversal ; las muelas disminuyen gra- 
dualmente de tamaño del m. - 2 á T ; longitud del m. T á T . 33 milí- 
metros. 

Megalonyi u» 1.. A.MEGH., 1889. Apertura «le la rama esterna del 
canal alveolar colocada al lado esterno de la base déla rama ascí n- 
dente. Ultima muría inferior elíptica ó sub-circular. 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 319 

128. Trernatherium nanum n. sp. Tama-ño mucho menor que 
Trematherium intermixturn ; ambas perforaciones de la rama es- 
terna del canal alveolar muy pequeñas, casi rudimentarias; alto 
de la rama horizontal debajo del m. 3, 19 milímetros. 

129. Pseudhapalops_, n. gen. Igual conformación de dentadura 
que en Hapalops pero con la perforación de la rama esterna del 
canal alveolar- colocada sobre el lado esterno de la base de la rama 
ascendente. 

130. Psendhapalops observationis, n. sp. m. z y ¡ muy compri- 
midos de adelante hacia atrás y de lado esterno é interno redon- 
deado ; m. 1 de mayor tamaño, elíptico, con el eje mayor oblicuo; 
longitud de m. , r á T 23 milímetros ; alto de la rama horizontal 
debajo de m. ■$, 21 milímetros. 

131. Pseudhaj>alo])sfortieulus, n. sp. Un poco más robusta que 
la precedente; se distingue por m. - de contorno sub-elipticoy 
de tamaño considerablemente mayor que m. 3 ; diámetro de m. -¡¡ : 
ántero-posterior 6 milímetros, transverso máximo 9 milímetros; 
diámetro delm. r : antero-posterior. 8 milímetros; transverso, 10 
milímetros. 

132. Pseudhapalops longitudinal is, n. sp. Se distingue por 
m. T elíptico-comprimido y con su eje mayor dirijido de adelante 
hacia atrás; longitud de m. 7 á m. T , 24 milímetros. Alto de la rama 
horizontal debajo del m. 3, 24 milímetros. 

133. Amphihapalops, n. gen. Dentadura de la misma conforma- 
ción general que en Hapalops; se distingue por la apertura esterna 
del canal alveolar colocada sobre el lado esterno de la rama ascen- 
dente, bastante más arriba de la base de la rama, al nivel del bor- 
do alveolar ó más arriba. 

134. Amphihapalops congermanus n. sp. De tamaño mediano ; 
el borde superior de la apertura de la rama externa del canal alveo- 
lar se encuentra á la misma altura del borde alveolar; longitud del 
m. 5 á j 21 milímetros; alto de la rama horizontal debajo del m. T; . 
21 milímetros. 

135. Amphihapalops gal laicas n. sp. De tamaño un poco mayor; 
se distingue por la apertura externa de la rama esterna del canal 
alveolar colocada considerablemente más arriba ; su borde inferior 
se encuentra al nivel del borde alveolar; m. r , y - s de cara interna 
escavada perpendieularmente en el medio ; longitud del m. - á ¡, 21 
milímetros ; alto de la rama horizontal de bajo del m. ; . 24 mili- 
metros. 



320 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

136. Amphihapalopscadensn. sp. De tamaño mucho menor que 
las dos precedentes; se distingue por la rama horizontal de alto 
más uniforme y por la apertura esterna del canal alveolar coloca- 
da más al lado externo, un poco más arriba queen A. congerma- 
nus y algo más abajo que en A.gallaicus. Su parte media se en- 
cuentra al nivel del borde alveolar ; rama ascendente mucho más 
inclinada hacia atrás ; longitud del m. -, á r , 19,5 milímetros; alto 
de la rama horizontal debajo del m. j. 16 milímetros. 

137. Geronops circularis n. gen. n. sp. m. - y :T sub-rectangu- 
lares, redondeados al lado interno y al estenio; m. T elíptico y no 
menor que m. -; todos los dientes presentan la superficie del pris- 
ma cubierta desde la corona hasta la base por un crecido número 
de surcos muy angostos y profundos que dan vuelta circularmente 
todo alrededor de las muelas. La apertura esterna de la rama ester- 
na del canal alveolar se encuentra sobre el lado estenio de la rama 
ascendente muy abajo de la base de esta ; longitud del m. - á T . 27 
milímetros. 

138. Analamorphus inoersus, n. gen. n. sp. m. r muy pequeño. 
cilindrico, arqueado hacia atrás, truncado horizontalmente y sepa- 
rado de m. -., ponina barra regular ; m. \ y ¡ y m. - elípticos ; m. T 
cilindrico; dos aperturas para la perforación esterna del canal al- 
veolar colocadas ambas al lado estenio de la base de la rama as- 
cendente; longitud de la serie dentaria interior, 31 milímetros ; alto 
de la rama horizontal debajo del m. - ¿ . 11) milímetros. 

139. Xyophorus Amegh., 1887. Se distingue por los m. \ pe- 
queños y truncados masó menos horizontalmente. La apertura de 
larama esterna del canal alveolar está colocada sobre el lado es- 
tenio de la rama ascendente cerca oV! borde ; la sinlisis es corta y 
puntiaguda; los maxilares se prolongan muy poco adelante del 
m. K ' 

140. Xyophorus sulcatus, n. s¡>. Tamaño doble que el de A", si- 
mus; m. ? á - rectangulares, los dos primeros con tm surco per- 
pendicular sobre el lado esterno, lo- dos último- redondeados al 
la. lo interno y al esterno ; m. Me mayor tamaño; m. , muy pe- 
queño v elíptico; m. 7 y ? rectangulares, con un fuerte surco per- 
pendicular al lado interno; m. , cilindrico ; longitud de la serie 
dentaria superior 5 centímetros; longitud de la serie dentaria infe- 
i ior, 32 milímetros ; alto de la rama debajo del m. 5 , 23. 

141. Xyophorus atlanticusn. sp. De tamaño mayor y mucho 
más robusta que la especie precedente ; el m. r es igualmente pe- 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 321 

queño, y separado por una larga barra ; el m. 3 es de gran tamaño, 
muy comprimido de adelante hacia atrás y de gran diámetro trans- 
verso; diámetro ántero-posterior del m. T , 5 milímetros; largo de 
la barra, 8 milímetros ; longitud de la serie dentaria inferior, 38 
milímetros; alto déla rama horizontal debajo del m. -5, 30 milí- 
metros. 

142. Xyophorus andi/ius, n. sp. Del mismo tamaño qie la pre- 
cedente, pero un poco más robusta; se distingue por el m. T de 
mayor tamaño y más largo de adelante hacia atrás y por el m. 3 
mucho más pequeño ; diámetro ántero-posterior del m. T , 8 milí- 
metros; diámetro del m. T , 7 milímetros; longitud de la serie 
dentaria inferior. 40 milímetros; alto de la rama horizontal debajo 
del m. 3, 32 milímetros. 

143. Planops longirostratus Amegh., 1887 Se distingue del gé- 
nero precedente por la región palatina délos maxilares muy esten- 
dida adelante del m. l que es elíptico y pequeño, separado del m. - 
por una barra regular; m. - á -elíptico rectangulares; el m. -de 
tamaño mucho mayor que los demás y el m. - más pequeño; lon- 
gitud de la parte del maxilar que se estiende adelante del m. -, 29 
milímetros ; longitud de la serie dentaria superior, 51 milíme- 
tros. 

144. Planops obesus, n. sp. Tamaño mayor y formas más robus- 
tas ; el m. T es pequeño, cilindrico, de (3 milímetros de diámetro; 
los m. ;y¡ tienen 8 milímetros ele diámetro ántero-porterior y 12 
milímetros de diámetro transverso ; alto de la rama debajo del m. 3, 
35 milímetros. Pertenece á esta especie el fragmento de mandíbula 
figurado en mi obra Mamíferos fósiles argentinos, plancha 39, fi- 
gura 8, atribuido por error al Eucholoeops infernalts. 

145. Paraplanops oblongas, n. gen.n. sp. m. r elíptico y trun- 
cado oblicuamente; m. -á - elíptico alargados con su eje mayor 
transversal y redondeados en las caras internas y esternas; series 
dentarias de los m. - á - completamente paralelas; paladar del mis- 
mo ancho en toda la región interdentaria de las muelas, muy pro- 
longado y con cinco crestas longitudinales y toda su superficie muy 
áspera y rugosa; longitud del m. - á -, 27 milímetros; ancho del 
pa ladar entre las muelas, 9 milímetros. 

146. Eucholoeops Amegh. , 1887. Se distingue muy bien por 
sus caniniformes inferiores gruesos, triangulares y cortados en 
bisel piramidal, por el paladar igualmente triangular, angosto atrás 
y ancho adelante, por los intermaxilares completamente rudimen- 

REV. ARO. DE HIST. NAT. — T. I 21 



',',22 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tarios como en Mylodon, y sus maxilares que ni en la superficie 
palatina ni en los costados laterales del cráneo se estienden más 
adelante de los caniniformes (m. -). 

147. Eucholceops latirostrisn. sp. Del tamaño de E. ingerís. Se 
distingue por la parte anterior del cráneo muy fuerte y ancha, por 
los dientes de gran tamaño, y por lo angosto del paladar en la re- 
gión interdentaria de m. - á ¿ ; el paladar lleva una fuerte cresta 
longitudinal sobre la linea media. Diámetro ántero-posterior del 
m. L , 11 milímetros; longitud de la barra superior, 23 milímetros; 
diámetro transverso de los m. -, - y i , 10 á 11 milímetros; lon- 
gitud de losm. - á -, 53 milímetros; longitud de la serie dentaria 
superior, 68 milímetros; ancho del paladar entre losm. l . 27 mi- 
límetros, éntrelos m. -, 17 milímetros. 

148. Eucholceops externus,n. sp. Se distingue por su tamaño no- 
tablemente menor, sus caniniformes superiores más angostos y las 
muelas más pequeñas; el caniniforme inferior (m. T ) de gran tama- 
ño y corona piramidal truncada oblicuamente con la cara en bisel ó 
declive, dada vuelta hacia afuera ; el m. - es más pequeño que m. - ; 
longitud de la serie dentaria superior, 60 milímetros, de la in- 
ferior 48 milímetros ; longitud de la barra superior, 19 milíme- 
tros; longitud del cráneo de la parte anterior délos maxilares á la 
parir posterior délos cóndilos occipitales, 148 milímetros. 

149. Eucholceops fruido, n. sp. De tamaño bastante menorque 
l;i precedente; se distingue fácilmente por los m. - muy pequeños, 
el paladar plano, la región sinfisaria adelante de los m. T mucho 
más corta, y por el m. -¡ inclinado adelante y no afuera, y con la cara 
oblicua vuelta igualmente hacia adelante y no Inicia afuera como 
sucede en la especie anterior; la rama ascendente es más inclinada 
hacia atrás; longitud de la serie dentaria superior, 57 milímetros, 
de la inferior, 42 milímetros; largo de la parte sinfisaria adelante 
del m. j, 19 milímetros. 

150. Eucholceops litoralis, n. sp. Tamaño déla especie preceden- 
te, pero de formas mucho más robustas; se distingue porla rama 
mandibular muy baja y sumamente gruesa, «'1 caniniforme (m. -¡) 
relativamente pequeño ó inclinado adelante ; parte sinfisaria ade- 
lantedel m. , sin la gran escotadura de las otras especies ó apenas 
indicada, mucho más ancha, más deprimida v no tan puntiaguda ; 
longitud de la serie dentaria inferior, 46 milímetros ; diámetro 
transverso de la paite sinfisaria inmediatamente adelante del m. , . 
34 milímetros ; largo de la parte sinfisaria adelante del m. r , 28 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 323 

milímetros; alto de la rama debajo del m. j, 21 milímetros; grueso 
máximo de la rama horizontal, 20 milímetros. 

151. Eucholoeopsjissognathus, n. sp. Misma talla que la prece- 
dente pero no tan robusta y con las ramas horizontales elevadas co- 
mo en las otras especies; se distingue por el m. T pequeño y elíptico 
en vez de triangular, y por las sínfisis de la misma forma general 
que en la especie anterior, pero menos acentuada y hendida en su 
parte anterior sobre la linea media; diámetro ántero-posterior del 
m. -¡, 5.5 milímetros; longitud de la parte sinfisaria adelante del 
m. T , 22 milímetros; alto de la rama mandibular debajo del m.-, 
29 milímetros. 

152. Pelecyodon cristatus, n. gen. n.sp. m. - muy comprimido 
lateralmente, plano al lado interno, convexo al estenio, y gastado 
un poco oblicuamente, separado del m. ? por un corto diastema; m. - 
subcircular, un poco comprimido adelante, elíptico rectangular ó 
sub-eliptico; paladar convexo y que se enancha gradualmente ade- 
lante; las cuatro muelas inferiores en serie continua, m. T elíptico 
prolongado é implantado oblicuamente, m. - y - elíptico -transver- 
sales, y m. ^ cilindrico; sinfisis muy corta y elevada hacia arriba ; 
una fuerte y larga cresta sagital que se estiende hasta en el centro 
de los frontales; diámetro del m. L : ántero-posterior, 8,5 milíme- 
tros; transverso, 4 milímetros; longitud de la serie dentaria supe- 
rior, 38 milímetros, de la inferior, 29; longitud del cráneo, 11 
centímetros; alto de la rama horizontal debajo del m.-:, 22 mili- 
metros. 

153. Pelecyodon robustus, n. sp. Del mismo tamaño que la 
especie precedente, pero mucho más fuerte, y las ramas mandibu- 
lares también más gruesas; longitud de los cuatro dientes inferio- 
res. 29,5 milímetros; grueso de la rama mandibular debajo del 
m. z, 20 milímetros. 

154. Pelecyodon arcuatus, n. sp. Se distingue porm.- un poco 
mas pequeño, con su eje mayor longitudinal y un poco separado 
del m. - ; la rama mandibular es más arqueada abajo; longitud de 
lascuatro muelas inferiores, 32 milímetros ; alto de la rama hori- 
zontal debajo del m. r , 23 milímetros. 

155. Pelecyodon petraeus, n. sp. Se distingue por el diastema 
que separa m. i y - un poco mayor, por el m. ' l un poco inclinado 
hacia atrásy comprimido en su parte anterior, y por el m.- mucho 
mayor que el m. -, más comprimido de adelante hacia atrás y de 
gran diámetro transverso; longitud de la serie dentaria -superior, 



324 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

37 milímetros; diámetro del m. -. ántero-posterior, 5 milímetros, 
transverso. 10 milímetros. 

156. Pelecyodon maximus, n. sp. De tamaño mucho más consi- 
derable que las especies precedentes ; diámetro del m. - ántero pos- 
terior, 7,5 milímetros ; transverso. 11,5. 

157. Metopot1icriu.nl splendens, n. gen. n. sp. Se distingue del 
género precedente por el m. l elíptico, más pequeño y truncado obli- 
cuamente, yelm. - de gran tamaño y casi cilindrico; el paladar es 
angosto atrás y ancho adelante ; cresta sagital más corta y frente 
plana y ancha; longitud de la serie dentaria superior 39 milíme- 
tros; ancho del paladar entre los m.-. 7,5 milímetros, entre los 
m. -'. 17 milímetros ; longitud del cráneo. 119 milímetros. 

Scelidotheridak. Amegh., 1889. Apertura de la rama esterna 
del canal alveolar sobre el lado esterno de la rama ascendente, 
parte palatina de los maxilares muy prolongada adelante de m. 1 ; 
muelas intermediarias implantadas oblicuamente; última muela 
inferior grande y bilobada. 

158. Nematherium /ongt'rostrit, n. sp. Más pequeño que N. 
angulatum ; cráneo muy largo y angosto de forma semicilindrica ; 
paladar que se ensancha gradualmente de atrás hacia adelante y muy 
prolongado adelante del m. 1 ; los cinco dientes superiores en serie 
continua, el m. 1 elíptico y un poco gastado en declive, los cuatro 
siguientes sub-prismáticos triangulares parecidos á los de Scelido- 
therium; paladar muy convexo <'ii su mitad posterior; longitud 
déla serie dentaria superior, 42 milímetros; ancho del paladar 
entre los m.-, 6 milímetros, entre m. 1 , 16 milímetros; longi- 
tud del cráneo de la paite anterior del m. L á la posterior de los 
cóndilos occipitales, 143 milímetros. 

159. Lymodon auca, a. gen. n. sp. Presenta una mezcla de 
caracteres de Los géneros Mylodon y Scelidothertum ; m.,- sub- 
prismático triangular, casi díptico, más ancho adelante y ang 
atrás; m.^ sub-eliptico con su eje mayor oblicuó-transversal; m.-g 
clipticoreetangiilar.de mayor tamaño, comprimido de adelante 
hacia atrás y de gran diámetro transverso-oblicuo ; m. T I >i lobado 
como en Seelidotherium y Mylodon ; los cuatro dientes separados 
por diastemas regulares ; longitud de h serie dentaria inferior, 55 
milimet] 

160. Lymodon perfectusj ris sp. Del tamaño de la precedente. 
Se distingue por la columna y surco perpendicular estenio del m. T 
mucho más pronunciado y por el surco interno más profundo; el 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 325 

m.-g es mucho menos comprimido, menos rectangular y anguloso, y 
con sus cuatro caras profundamente escavadas en sentido perpen- 
dicular, parecido á la misma muela de Mylodon, presentando así 
cuatro surcos y cuatro aristas perpendiculares bien marcadas. 

161. Analcitherium antavticum , n. gen. n. sp. Cráneo de con- 
formación parecida á Nematherium, pero mucho más ancho atrás ; 
en cada lado todos los dientes en serie continua ; m 1 y - elíptico- 
comprimidos y con su eje mayor longitudinal ; m.- á - sub-prismá- 
ticos, triangulares, de ángulos redondeados y que disminuyen de 
tamaño del anterior al posterior ; parte palatina del maxilar muy 
prolongada adelante del m.-; longitud de la serie dentaria supe- 
rior, 39 milímetros; ancho del paladar entre m.-, 9,5 milímetros, 
entre los m. - 1 , 13,5 milímetros ; longitud del cráneo del borde 
superior del occipital á la punta de los nasales, 15 centímetros. 

162 Ammothertum profundatum, n. gen. n. sp. m. T y ? de sec- 
ción oval, más anchos adelante y más angostos atrás, y un poco 
oblicuos, con la mitad anterior de la corona gastada horizontal- 
mente y la posterior en declive profundo hacia atrás y hacia abajo, 
declive que forma una cavidad ó escotadura que penetra hacia 
adelante en forma de U ; m. 5 elíptico alargado, implantado oblicua- 
mente y con la corona gastada del mismo modo que los preceden- 
tes ; m. r de gran tamaño y bilobado con la corona gastada horizon- 
talmente. Los cuatro dientes en serie continua ; parte anterior de 
la mandíbula adelante de las muelas muy prolongada y hendida 
en la punta. Longitud de las cuatro muelas inferiores, 44 milíme- 
tros ; largo de la parte anterior que se estiende adelante de las 
muelas, 52 milímetros ; alto de la rama horizontal debajo de m.-, 
30 milímetros. 

163. Pvepotherium Amegh.. Jim. 1891. La colocación de este 
género es completamente incierta ; las muelas están construidas 
sobre el mismo tipo de las de los Ortotheridae y Megalonycidae 
mientras que el astrágalo es completamente distinto y parecido al 
del Scelidot/iertum. 

164. Prepotherium potenSj n. sp. Es de tamaño notablemente 
mayor que el P. Filholi comparable ;il del Scelidotherium lepto- 
cephalum ; m.- es de cara posterior profundamente escavada per- 
pendicularmente ; diámetro del m.-: ántero-posterior, 9 milíme- 
tros, transverso 16,5 milímetros; diámetro delm.-: ántero-posterior, 
6,5 milímetros, transverso. 12 milímetros. 



326 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Glyptodontia Amegh., 1889. — Propalaehoplophoridae, 
Amegh., Jun. 1891. 

165. Propalaehoplophorus mtnus, n. sp. Tamaño notablemente 
menor que el P. incisivus; paite sinfisaria más angosta y prolon- 
gada ; muelas más comprimidas y de conformación más grácil; 
longitud de las 8 muelas inferiores, 89 milímetros ; alto de la rama 
horizontal debajo de la cuarta muela, 30 milímetros, debajo 
de la parte posterior de la sesta, 33 milímetros. 

166. Cochlops murtcatus Amegh., 1889. La rama horizontal de 
la mandíbula inferior adelante de la rama ascendente sobre el lado 
estenio, es deprimida en su mitad superior, pero sin presentar fosa 
correspondiente á la punta de la apófisis descendente del maxilar ; 
la primera muela inferiores muy comprimida lateralmente ; lon- 
gitud del cráneo, 164 milímetros; longitud de la serie dentaria in- 
ferior, 10 centímetros; alto de la rama debajo de la sesta muela, 
41 milímetros. 

167. Cochlops (li-hilis, n. sp. Se distingue por su tamaño menor 
y forma más grácil ; la parte anterior de la sinfisis muestra peque- 
ños alveolos de incisivos rudimentarios; longitud de la serie den- 
taria inferior, 91 milímetros. 

168. Eucinepeltus petesatus n.gen. ti. sp. Tamaño considerable ; 
muelas inferiores que aumentan de lamaño de la primera á la 
quinta; primera y segunda inferior un poco elípticas, convexas a' 
lado interno y con una gran escotadura y surco perpendicular 
correspondiente sobre el estenio; tercera muela inferior bilobada 
al lado interno y al estenio, con el lóbulo interno anterior mucho 
más pequeño que el posterior ; cuarta muela inferior bilobada al 
lado interno con el lóbulo anterior mucho más pequeño que el 
posterior, y trilobado de un modo imperfecto al estenio ; las demás 
muelas trilobadas en sus dos lados. Escudo cefálico formado por 
nueve piezas degran tamaño di>pue>1as ru tres lilas, la anterior de 

dos placas, la segunda de tres y la tercera decuatro. Longitud del 
cráneo de los cóndilos occipitales á la punta del intermaxilar, 18 
centímetros; longitud de la serie dentaria inferior, 115 milímetros; 
alto de la rama horizontal debajo de la sesta muela, 41 milíme- 
tros. 

Peltatcloidca Ameuii., 1889. Stegotheridae Amegh., 1889. 

169. Peltephilus Amegh., 1887. La coraza estaba formada por 
[.lacas imbricadas ó simplemente justapuestas en toda su estén- 



NUEVOS RESTOS DE MAMÍFEROS FÓSILES 327 

sion ; el cráneo es muy fuerte y robusto, corto y ancho, con grandes 
crestas occipital y sagital; frente deprimida; el paladar es ancho, 
redondeado adelante, más ancho en el medio y un poco más an- 
gosto atrás ; los palatinos y pterigoideos prolongan la bóveda del 
paladar hacia atrás de una manera notable, mucho más allá de las 
muelas, dándole un aspecto reptiloideo particular. Las muelas son en 
número de siete en cada lado, estando todas en serie continua, hasta 
la misma parte anterior en donde el primer par implantado en el 
intermaxilar se toca sobre la linea mediana : representan verda- 
deros incisivos cortados en bisel. Todas las muelas están gastadas 
en declive oblicuo hacia atrás, disminuyendo gradualmente de 
tamaño hasta la última que es muy pequeña, casi rudimentaria ; 
estos dientes son de contornos sub-prismático triangular y un poco 
comprimidos lateralmente. 

170. Pelteplulusferox,n. sp. De tamaño menor que Peltephüus 
strepens, pero considerablemente más grande que P. pumüus; los 
dientes anteriores del cráneo son muy desarrollados y la última 
muela pequeña y cilindrica. Longitud del cráneo de la cresta occi- 
pital á la punta de los nasales, 11 centimetros; longitud de la serie 
dentaria superior en linea recta, 39 milímetros; longitud del pala- 
dar sobre la línea media, 5 centímetros. 

Dasypoda Amegh., 1887. Dasypidae. 

171. Prceutatus, n. g. Muelas ff, las anteriores muy compri- 
midas lateralmente; rama mandibular mucho más recta que en 
Eutatus. Tipo del género Eutatus oenophorum. 

172. Pvozaedyus, n. gen. Conformación de la coraza parecida á 
Zaedyus actual pero con 10 dientes inferiores en cada lado como en 
Dasypus ; el cráneo presenta graneles diferencias tanto comparado 
con Dasypus como con Zaedyus. Forman parte de este género las 
especies eocena que había incluido en Zaedyus, Z. proximus, Z. 
exilis y Z . minimus. 

Ixcertae sedis. Me es por el momento imposible fijar la posi- 
ción del siguiente género : 

173. Anantiosodon rarus, n. gen. n. sp. Representado por un 
trozo de rama mandibular izquierda con parte de la sinñsis. La 
rama horizontal es delgada y con su borde inferior invertido hacia 
adentro en toda su longitud; la sinfisis es ancha y redondeada. 
Sobre la rama horizontal no hay más que cuatro dientes comprimi- 
dos y con un diámetro mayor un poco oblicuo, de estructura apa- 



328 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

rentemente iguálala de los Das y poda. Todo el trozo en su conjunto 
es fuertemente arqueado. Longitud del espacio ocupado por los 
cuatro dientes 18 milímetros; alto de la rama debajo de los dien- 
tes, 10 milímetros. 



Observaciones criticas sobre los mamíferos eocenos 
de la Patagonia austral 

Por Florentino Ameghino 

En el último número de esta Revista hice un ligero examen de 
una publicación del señor Alcides Mercerat (encargado de sec- 
ción en el museo de La Plata) sobre la familia de los Astrapothe- 
ridae, contentándome con rectificar los pretendidos errores que con 
suma ligereza el autor me atribuía, sin entrar al fondo de la cues- 
tión en lo que se refiere á las especies por él enumeradas, si bien 
la primera impresión que me hizo el examen de ese folleto, fué la 
de que en él se aumentaba el número de especies de lina manera 
injustificada. Fui con todo benévolo en la critica, llegando hasta 
á ofrecer al autor mis colecciones particulares para que pudiera 
consultarlas y facilitarle el trabajo, poniéndome á su disposición 
para todos los datos que necesitara, con el objeto de impedir asi 
que incurrierra en ciertos errores á veces muy fáciles de evitar, 
agregando que siempre le trataría con el mayor miramiento y 
sefjun sus obras. 

Desde entonces lian aparecido tres nuevos folletos del mismo 
autor, en los que los géneros y especies de tipos conocidos se mul- 
tiplican de una manera tan exagerada, revelando tan p >ca práctica 
y tanta inesperiencia, que si continúala así con los demás grupos 
de la fauna mamalógica argentina, pronto las especies (nominales 
se entiende) se elevarían á muchos millares! y sobrepasarían en 
número á las de las demás regiones de la tierra todas jimias. A.si, 
por ejemplo, del grupo de los Nesodontidae del eoceno de Santa 
Cruz, disponiendo de materiales único- en las colecciones existen- 
tes v recogidos sobre un territorio de estension considerare, 
reconozco como máximum una quincena de especies. El señor 
Mercerat, sobre las colecciones del museo de La Plata (pie pro- 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 329 

ceden del mismo territorio pero coleccionadas en una área menos 
estendida, y más incompletas y en peor estado que las mías, dis- 
tingue más de 50 especies. C'est tropfort. 

Los trabajos del señor Mercerat forman parte de las publica- 
ciones del museo de La Plata y están precedidos por una introduc- 
ción de su director en la que dice : « Estas publicaciones serán 
como el pródromo del catálogo de la galería paleontológica del 
museo de La Plata. Las recomendamos particularmente á la 
atención de los paleontólogos, y recibiremos con reconocimiento 
las observaciones y comunicaciones que quieran dirijirnos; y nos 
ponemos desde ya á disposición de los establecimientos científicos 
y de los hombres de estudio para todos los datos que puedan serles 
útiles y para los canges de publicaciones y moldes de las piezas 
paleontológicas que quieran iniciar con este museo. Francisco P. 
Moreno ». 

En mi vida demasiadas pruebas he dado de que en todos mis 
actos no me mueve otro interés que el de la ciencia á que he con- 
sagrado casi por completo mi existencia. He querido dar de ello 
una nueva prueba ; á pesar de mis relaciones tan poco cordiales con 
el Director del museo de La Plata, le dirija la siguiente carta : 

« La Plata, Agosto 21 de 1891. — Señor Divector del museo de 
La Plata, Dr. D. Francisco P. Moreno. — Muy señor mió: Veo 
que las últimas publicaciones paleontológicas aparecidas en la 
Revista del Museo de La Plata están precedidas por una intro- 
ducción de V. en la que se pone á disposición de los paleontólogos 
para todos aquellos datos que pudieran serles útiles. Tengo las 
pruebas más completas de que la casi totalidad del ejército de 
géneros y especies publicadas por el señor Mercerat son pura y 
simplemente nominales. Mas quiero anticiparme al hecho proba- 
ble de que más tarde se pueda tratar de atenuar mi critica con el 
pretexto de que no conozco los originales de esas descripciones, 
las que en realidad son perjudiciales á la ciencia y acarrearán á su 
autor el más completo descrédito. Sobreponiendo pues los altos y 
elevados intereses ele la ciencia á nuestras pequeñas miserias per- 
sonales me dirijo á V. para pedirle me permita examinar las piezas 
originales que sirvieron á esas descripciones, indicándome el dia 
y la hora en que pueda hacerlo. Saluda á V. atentamente. — 
Florentino Ameghino». 

La contestación fué la que sigue : 

«La Plata, Agosto 24 de 1891. — Señor Dr. D. Florentino 



330 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Ameghino. — Muy señor mió: Por encargo del señor Director del 
museo de La PJata. manifiesto á A', que, habiendo sido exonerado 
del puesto de Secretario sub-director del museo de La Plata, por 
decreto del 2b de Febrero de 1888, no se hace lugar á lo que soli- 
cita en su carta del 21 del corriente. Saluda á Y. atentamente. — 
El Secretario : Alcides Mercerat. » 

Me es doloroso tener que recordar cosas pasadas, mas á ello me 
obliga el proceder del Director del museo. 

Cierto es que fui exonerado del puesto de sub-director, mas fué 
por no querer modificar los términos en que estaba concebida la 
renuncia que con anterioridad había elevado de dicho cargo, tér- 
minos no muy agradables para el Director del museo. He publica- 
do ese documento en el prólogo de mi obra Los mamíferos fósiles 
de la República Argentina 3 en donde puede verse. En cuanto al 
decreto de exoneración es pertinente reproducirlo una voz más 
como comentario de la contestación á mi pedido. Dice asi : 

« La Plata. Febrero 2b de 1888. — Habiendo presentado renun- 
cia del puesto de Secretario sub-director del museo de esta ciudad 
D. Florentino Ameghino, y estando dicha renuncia concebida 
en términos cuya inconveniencia, respecto del Director deesa 
repartición no puede dejarse sin correctivo, el Poder Ejecutivo. 
decreta : Art. I o . — Devuélvase la renuncia interpuesta y exoné- 
rese del puesto de Secretario sub-director del museo á D. Floren- 
tino Ameghino. — Art. 2°. — Sin perjuicio de lo anterior, el señor 
Ameghino podrá en los días y horas en que el museo está abierto 
para el público, estudiar las colecciones de paleontología que 
allí existen, de acuerdo á los reglamentos del establecimiento. — 
M. Paz. — Manuel B. Gonnet. » 

De modo que en lo que el Poder Ejecutivo ha dicho sí el Direc- 
tor del mi i si 'o por su cuenta dice «o. Se trata de un establecimiento 
público que no es de propiedad del señor Moreno sino de la 
provincia; su proceder es pues una arbitrariedad escandalosa que 
podrá repetirse impunemente por la tolerancia Injustificada que á 
su respecto observa el Gobierno de la provincia, pero que la pon- 
dré de manifiesto todas y cuantas veces sea necesario. 

Al dirijirme al Director del museo pidiéndole me permitiera 
examinar los originales de las pretendidas nuevas especies publi- 
cada-, mi objeto era desligarle á él y al establecimiento de toda 
responsabilidad en esas descripciones y de la critica consiguiente 
por tazones de interés general muy fáciles de comprender; no las 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 331 

ha sin embargo ni vislumbrado el señor Director, al negamerme el 
acceso á las colecciones. Y firma la negativa el señor Mercerat, 
precisamente el autor de los trabajos que motivan el pedido, el 
autor de ese ejército de especies, que asi consiente en sustraerlas 
á toda constatación ! 

¿ Qué se diria en Europa ó Norte- América del director de un 
museo público que se negara á poner á disposición de un especia- 
lista una pieza descripta ó simplemente del autor de un trabajo 
que rehusara mostrar los materiales justificativos en que lo funda ? 
Conste mientras tanto que el Director del museo de La Plata dis- 
pone de las colecciones de ese establecimiento como si fueran pro- 
pias, y conste que esas colecciones que ni siquiera están espuestas al 
público, tampoco están á disposición de quienes se encuentran en 
aptitud de consultarlas con provecho de la ciencia ; la introducción 
del señor Moreno arriba trascrita, es una vez más de la blague 
pour V exportation . 

Todavía tengo que agregar algo más, para que cada uno cargue 
más tarde con su lote de responsabilidades. A cada instante el 
señor Mercerat habla de piezas del eoceno de Patagonia, propie- 
dad del museo de La Plata, que dice he mal descrito ó mal dibuja- 
do ; es claro que esto solo se podría constatar dándome acceso á las 
colecciones. Posible es que en ciertos casos sea asi, pero debe 
tenerse presente que esas colecciones las examiné rápidamente, en 
el corto espacio de tres meses, hasta que un dia al ir al museo á 
continuar mi trabajo, habían desaparecido de los estantes ; el 
Director las había hecho retirar diñante la noche para que así no 
pudiera proseguir mi examen. Luego, lo que me ha servicio para 
mi obra, son apuntes y croquis tomados á la ligera, que no pude 
reexaminar con los objetos á la vista. Si realmente existen algunos 
errores, ¿quién es el responsable? En 31 de Enero de 1888, al 
dirijirme al entonces Ministro de Obras Públicas de la provincia, 
negándome á modificar el texto de mi renuncia, prefiriendo la 
destitución (documento publicado en el prólogo de mi obra Los 
mam. fox. a/'g.), decía: « Si mi destitución en estas condiciones 
llega á considerarse motivo suficiente para que no se me permita 
el acceso á las colecciones para proseguir mis estudios, paciencia ! .. . 
se me negará lo que espontáneamente me ofrecen los museos 
del estrangero ! Trataré entonces de pasarme de esos materiales, 
así á lo menos, cuando no pueda completar á mi satisfacción algún 
trabajo, siempre me quedará la escusa de que ello es debido á la 



332 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

prohibición de consultar las colecciones del museo, — y que los 
que disponen de ellas como propiedad particular hagan luego 
mejor». Claro es pues que el responsable de esos errores, si los 
hay, no soy yo, sino el señor Moreno, el Director del museo de 
La Plata. 

¿ Han hecho luego mejor los que disponen de esas colecciones des- 
de hace cuatro años, y triplicadas en número f Pronto se verá, véo- 
me mientras tanto en la imprescindible obligación de recordar una 
vez más lo que he dicho en la página 10 de este volumen, y decla- 
rar que no reconozco y rechazo como tipos de mis descripciones 
todo objeto del museo de La Plata que no concuerde con las des- 
cripciones y dibujos que he publicado en mis distintas obras. 

j Triste fatalidad la del museo de La Plata que tantos caudales 
ha devorado y tantas riquezas científicas inutilizado! Si se trata 
de colecciones siempre fué eso un caos. Si se trata de las publica- 
ciones pretendidas científicas de su personal... basta — juzgarán 
los hombres de ciencia del mundo entero para quienes escribo y á 
quienes pongo de juez. 



Astrapotheridae (1) 

El señor Mercerat distingue siete especies del género As tra- 
potherium Burm. procedentes del eoceno de la Patagonia aus- 
tral, que denomina A . patagonteum, A. magnum, A. angusti- 
dertSj .1. Burmeisteri, A. Martín, A. Gaudry y A. robusturn. 
Del estudio de los numerosos restos que de este género poseo, re- 
sulta que todas esas pretendidas especies están basadas sobre sim- 
ples variaciones de edad, como voy a demostrarlo de la manera 
más evidente. Las diferencias específicas las deduce el señor Mer- 
i erat del estudio de la dentadura, particularmente de la infe- 
rior. 

La dentadura inferior del género Astrapotherium consta de i res 
incisivos, un canino, un premolar y tres molares en cada lado; 
en la mandíbula superior hay dos premolares y tres molares en 
cada lado. Como la evolución de la dentadura es la misma arriba 
y abajo, me Limitaré ni examen de la inferior. 



(1) Sinopsis de le hn, iilm da /<>■< Astrapotheridae poi \ium- Mercerat, La 
Plata, 1891. 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 333 

La figura 78 representa las muelas inferiores del laclo derecho 
del A. magnum (Ow.) Amegh., vistas por la corona, por el lado 
interno y por el externo. Cada uno de los tres vecladeros mola- 
res inferiores presenta un surco perpendicular sobre el lado exter- 
no que lo divide en dos lóbulos desiguales, el anterior B mucho 
más angosto, y el posterior C mucho más ancho. Sobre el lado 
interno presenta tres lóbulos, uno anterior D, uno mediano P, y 
otro posterior E ; entre estos tres lóbulos se interponen dos esco- 
taduras profundas, una anterior H más pequeña, y otra posterior 
F más grande. Las pretendidas especies del señor Mercerat es- 
tán basadas sobre el tamaño relativo de cada uno de los tres ver- 
daderos molares, sobre el mayor ó menor desarrollo del lóbulo 
externo anterior B, del intermediario interno P, y de las escota- 
duras internas F y-H, precisamente todos los caracteres que pre- 
sentan mayor variabilidad según la edad de los individuos. 

Los tres verdaderos molares aumentan de tamaño, del primero 
que es el más pequeño, al tercero que es el más grande. Estas 
muelas cuando ya están un poco gastadas de manera que la su- 
perficie masticatoria forma una linea sensiblemente horizontal, 
son más largas (diámetro ántero-posterior) en la corona que en el 
cuello, de donde resulta que el diámetro ántero-posterior de la 
muela disminuye á medida que avanza el desgastamiento. La 
columna anterior externa B es ancha arriba y angosta abajo, de 
donde resulta que con el desgastamiento de la muela se vuelve 
gradualmente más angosta. El lóbulo intermediario interno P, es 
notablemente más angosto en la superficie de la corona que en la 
base ; de consiguiente el diámetro ántero-posterior de este lóbulo 
aumenta á medida que avanza el desgastamiento. Las escotadu- 
ras F y H son anchas arriba y angostas abajo, de consiguiente dis- 
minuyen de tamaño á medida que avanza el desgastamiento, y 
como la mitad anterior de la muela se gasta más rápidamente 
que la posterior, la escotadura anterior es más pequeña y desapa- 
rece antes que la última . 

Los tres verdaderos molares no entran en función á un mismo 
tiempo sino sucesivamente y á intervalos bastante largos. Cuan- 
do entra en función el m. r todavía no ha hecho erupción el m. j ; 
cuando la corona del m. ¿- alcanza la elevación de la del m. T , este 
ya está bastante gastado, pero apenas empieza á salir el m. T ; 
cuando la corona del m. 7 está ya gastada hasta un tercio de su 
altura, entonces recien empieza á ser atacada por la masticación 



334 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



la corona del m. 3 pero todavía 110 ha alcanzado su mayor diáme- 
tro longitudinal; de esto resulta que el tamaño relativo de las tres 
muelas varía considerablemente según la edad del animal. 

Las muelas á medida que se gastan ascienden hacia arriba hasta 
que aparece visible sobre el borde alveolado la parte superior de 
las raices. El diámetro ántero-posterior mínimo se encuentra en 
el cuello. En el individuo de la dentadura representada en la figu- 




Fig. 78. Astrapotkerium tnafjnum (Ow.) Amegh. Las muelas inferiores del lado 
derecho reducidas á una mitad del tamaño natural, p. 1 el último y único premo- 
lar; m. 1. ni. 2 y ni. 3, los tres mulares verdaderos. A, vistas poi el lado inte ; 

B, vistas por la superficie masticatoria ; C, vistas por el lado externo. 

ra 78 tiene ya casi toda la corona lucra del alvéolo, pero < i n e] m. ¡ 
y -j se encuentra en gran parte todavía dentro del hueso mandi- 
bular. El diámetro ántero-posterior de las muelas disminuyese- 
gun el grado de desgastamiento, de 49 hasta 35 milímetros en el 
ni. . de 62 hasta 11 milímetros en el m. -. y de 68 hasta 55 mi- 
límetros en el m.-,. Estas medidas naturalmente sufren notables 
variaciones según los indrs Iduos y el sexo. 

Sóbrelos individuos ya adultos (considero como tales los que 
han reemplazado toda la dentadura de leche) pueden distinguirse 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 335 

cuatro estadios distintos en el desgastamiento y tamaño relativo 
de las muelas: 

1° Cuando el m. 3 empieza á entrar en función. El m. T todavía 
está poco gastado ; el m. 7 lia alcanzado su mayor diámetro ántero- 
posterior; el m. g no ha alcanzado todavía su completo desarrollo.. 
En este estadio la longitud del espacio ocupado por la serie den- 
taria délas muelas ha llegado á su máximo, y si bien aumentan 
un poco de la primera á la tercera, las diferencias de una á otra 
son poco considerables. El lóbulo anterior externo es ancho y 
convexo, la columna intermediaria interna es angosta y las esco- 
taduras internas de gran tamaño ; 

2 o Cuando el m. j ya está gastado hasta un tercio de su altura. 
Entonces el m. T ya ha disminuido notablemente de diámetro án- 
tero-posterior y es bastante más pequeño que m. 7 y m. ¿ que son 
bastante más grandes, y más iguales entre si; el lóbulo anterior 
externo se ha enangostado, el lóbulo intermediario interno se 
ha vuelto más ancho y las escotaduras internas más peque- 
ñas ; 

3 o Cuando la corona del m. ¥ está ya gastada hasta la mitad ele 
su altura ó algo más. Entonces la corona de las tres muelas es 
de un alto uniforme, el m.¿ también ha disminuido notablemente 
de tamaño de manera que el m. - y 7 son relativamente pequeños 
y poco desiguales entre si, mientras que el m. § es mucho más 
grande. El lóbulo anterior externo es todavía más pequeño, el 
lóbulo intermediario interno es más ancho y las escotaduras más 
(•Incas ; 

1 " Cuando todas las muelas están ya muy gastadas y de todas 
se ve la parte superior de las raices fuera de la mandíbula. Las 
muelas lian disminuido considerablemente de diámetro ántero- 
posterior y son de consiguiente más pequeñas y de tamaño más 
igual. La serie dentaria es entonces notablemente más corta, la 
columna anterior externa es más pequeña, la columna interme- 
diaria interna es muy grande, y las escotaduras internas muy chi- 
cas; en edad todavía más avanzada desaparecen por completo las 
escotaduras, la columna intermediaria interna se confunde con 
la anterior y la posterior, presentando entonces el lado interno 
de las muelas una superficie lisa. 

No se necesita ahora ningún esfuerzo para reconocer que todas 
las pretendidas especies del señor Mercerat están basadas en 
simples diferencias de edad. Según dicho señor, las especies del 



336 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

género Astrapotherium se distribuyen en cuatro grupos natura- 
les, que los caracteriza de este modo : 

« a) Especies en las que los tres verdaderos molares inferiores 
son de fuertes dimensiones, y no presentan, entre ellas, grandes 
diferencias en su diámetro ántero-posterior. El diámetro ántero- 
posterior de m. - es superior á 40 milímetros; 

b) Especies en las que los tres verdaderos molares inferiores son 
de dimensiones menores, y no presentan entre unas y otras gran- 
des diferencias en el diámetro ántero-posterior. El diámetro án- 
tero-posterior de m. T es inferior á 40 milímetros ; 

c) Especies en las cuales m. T es sensiblemente más débil que 
m. y y m. 5 que son de fuertes dimensiones ; 

d) Especies en las que m. r y m. - ¿ son sensiblemente más dé- 
biles que m. - que es de fuertes dimensiones. » 

Pues bien, estos cuatro pretendidos grupos de especies corres- 
ponden admirablemente á los cuatro estadios de evolución de la 
dentadura persistente de una sola especie, el A. magnum (Ow.) 

A.MEGH. 

El pretendido grupo de especies a representa el estadio de evo- 
lución número 1 ! 

El pretendido grupo de especies b representa el estadio de evo- 
lución número 4 ! 

El pretendido grupo de especies c corresponde al estadio de evo- 
lución número 2! 

El pretendido grupo de especies d corresponde al estadio de 
evolución número 3 ! 

¿Quiérese de esto una prueba más evidente? Véase cómo carac- 
teriza el pretendido Astrapotherium angustidens (p. 11). «Se 
reconoce fácilmente por el primer premolar que corresponde ho- 
mológicamente á pm. - que es débil, por el lóbulo anterior de los 
verdaderos molares de diámetro ántero-posterior también débil, 
por las escotaduras internas de los mismos molares bastante dé- 
bilmente acentuadas, la anterior sobre todo, y por la columna 
que se interpone entre estas escotaduras, que os relativamente 
fuerte ». Esta especie según el autores del grupo h ¡ es claro, como 
que está fundada sobre la mandíbula inferior de un individuo muy 
viejo de A. magnum, correspondiente al estadio de desarrollo nú- 
mero 4. 

Fuera de estos caracteres y de las dimensiones, que unos y 
otros varían según la edad, el autor no señala ningún otro dislin- 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 337 

ti yo que permita reconocer sus pretendidas especies. Es asi como 
consigue designar con cinco nombres distintos el A. magnum. 
Es posible que entre tantos nombres, alguno corresponda á algu- 
na especie realmente distinta, pero en ese caso no estaría defini- 
da, y es evidente que no se puede tomar en consideración una 
sola linea de un trabajo en que se fundan grupos de especies so- 
bre los diferentes estadios de evolución de una misma especie. 
Es pues un trabajo completamente inútil, que debe ser relegado 
al más completo olvido, pues hasta los mismos géneros preten- 
didos nuevos, el Listriotherium y el Xylothertum, es evidente 
que reposan sobre restos de individuos muy jóvenes del género 
Astrapotherium. 

Las especies de este género procedentes del eoceno de la 
Patagonia austral que me son basta ahora conocidas son en 
número de cinco,, que se distinguen por los caracteres culminantes 
siguientes : 

I. Premolares superiores con solo dos raices distintas y bien 
separadas. 

a. Caninos superiores con una fuerte depresión cóncava longi- 
tudinal sobre su cara ántero-superior. 

1. Talla considerable; diámetro ántero-posterior máximo del 
m. T en su mayor desarrolío de 45 á 49 milímetros ; id. del m. 3 de 
65 á 69 milímetros ; id. del m. - de 70 á78 milímetros. 

A. magnum (Ow.) Amegh. 

2. Talla mucho mayor y formas mucho más robustas ; serie 
dentaria formada por las muelas relativamente corta ; diámetro 
ántero-posterior del m. T en su mayor desarrollo, 50 á 55 milíme- 
tros ; id. del m. 3 8 centímetros ; id. del m. - 90 á 95 milímetros. 

A. giganteum Amegh. 

3. Talla mucho menor que A. magnum; diámetro ántero- 
posterior del m. T en su mayor desarrollo 22 á 26 milímetros. 

A. nanum Amegh. 

b. Caninos superiores con una columna longitudinal convexa 
sobre su cara ántero-superior, limitada á uno y otro lado por dos 
surcos cóncavos longitudinales. 

1. Diámetro del c. L ántero-posterior 31 milímetros; transverso 
máximo 28 milímetros. 

A. columnatum Amegh. 

REV. ARci. DE HIST. NAT. — T. I 22 



338 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

II. Premolares superiores con tres raíces largas, bien separadas 
y divergentes. 
1. Diámetro ántero-posterior del p. - 23 milímetros. 

A. delimitatum Amegh. 

Los materiales que me han servido para la revisión y critica que 
precede, más numerosos y en mejor estado que los del museo de 
La Plata, se encuentran á disposición de los estudiosos que quieran 
ó necesiten consultarlos, y también de los señores Moreno y 
Mercerat. 



Proterotheridae Amegh. 1887 



Otro de los folletos publicados por el señor Mercerat en la 
Revista del Museo de La Plata, titúlase Sinopsis de la fami- 
lia de los Bunodontheridae conservados en el Musco de La 
Plata (1891. 26 páginas en octavo, incluso la esplicacion de una 
lámina que no se acompaña; parece que esto se ha vuelto siste- 
ma). 

¿ Que son estos Bunodontheridae se preguntarán los paleontó- 
logos ? Es el mismo grupo de animales que hace tiempo designé 
con el nombre de Proterotheridae, que ahora el señor Mercerat 
los llama Bunodontheridae, considerándolos como una nueva 
familia distinta de los Proterotheridae con los que dice que erró- 
neamente los he confundido, pero tiene buen cuidado de no decir 
una palabra de los caracteres que distinguen los Proterotheridae 
de los pretendidos Bunodontheridae, como era de su deber ha- 
cerlo. 

Bunodontheridae quiere decir animales con dientes provistos 
de conos ó tubérculos cónicos como los suideos. Hay un grupo, los 
Bunotheria Cope cuyo nombre bastante parecido espresa el mismo 
cfarácter; pero es el caso que el nombre innecesariamente inventado 
por el señor Mercerat espresa un carácter que se encuentra en 
completa oposición con el tipo de muelas que presentan los aníma- 
lo ;i que lo ha aplicado, puesto que muestran en la constitución de 
sus muelas una tendencia mucho má> acentuada hacia el tipo stle- 
nodonte, que hacia el bunodonte. 

sin embargo, uparle tal contradicción, esa división, vuelvo á 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 339 

repetirlo, es puramente imaginaria, pues no existen caracteres que 
permitan distribuir los géneros de las formaciones miocena y 
oligocena (Epitherium, Proterotherium, Brachytherüun) de los 
de la formación eocena, y por más que diga el señor Mercerat., el 
género Proterotherium del Paraná se encuentra igualmente en el 
eoceno de Patagonia, en donde es el más común de la familia ; es 
absolutamente imposible distinguir las muelas aisladas del preten- 
dido Anisolophus (Proterotherium) del eoceno de Patagonia de 
las del Proterotherium del Paraná. Esta identidad de conforma- 
ción se estiende á toda la dentadura, á la conformación general 
del cráneo y á todas las demás partes del esqueleto ya bastante 
numerosas que me son conocidas. 

Entre los caracteres que he dado como distintivos de los Prote- 
rotheridae figura el de que los últimos premolares y los primeros 
verdaderos molares inferiores presentan cuatro raices separadas y 
bien distintas; el señor Mercerat afirma que no es asi, que solo 
tienen dos raíces ; tal afirmación no solo demuestra ligereza é 
inexperiencia, sino que es algo de verdaderamente incomprensible, 
puesto que se trata de un carácter tan aparente y particular que 
solo á un ciego puede pasar desapercibido. Los Proterotheridae 
que comprenden todos los animales que de una manera tan infor- 
mal é incorrecta él pretende designar con el nuevo nombre de 
Bunodontheridae, presentan siempre este carácter de una manera 
más ó menos acentuada. No se trata de casos aislados ó anómalos ; 
tengo centenares de piezas procedentes del eoceno de Patagonia y 
de las formaciones miocenas y oligocenas, todas con los menciona- 
dos dientes divididos en cuatro raíces, y no conozco una sola pieza 
referible á algunos de los dientes delp. 3 al m. j que no preséntelas 
cuatro raíces bien visibles. 

En lo que concierne á los demás caracteres generales del grupo 
el autor no agrega uno solo á los que ya lie publicado como propios 
de los Proterotheridae ; todo lo que ha hecho es duplicar el núme- 
ro de géneros sin el menor criterio científico, haciendo las más 
lamentables confusiones. En mis distintos trabajos sobre este 
grupo he reconocido cuatro géneros del eoceno de Patagonia, que 
son, Proterotherium, Licaphrium, Thoatheriumy Diadiaphorus, 
en los que he distribuido 12 especies distintas. El señor Mercerat 
encuentra la manera de distinguir 9 géneros en los que incluye 19 
especies. Esos pretendidos géneros son : Bunodontherium Merc, 
Thoatherium Amegh., Diadiaphorus Amegh., A nomalodont he- 



3 4 RSV.STA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAI. 

RAT - 4 , , , , . divisiones genéricas el autor toma por base 

Pala " S,: ' , ''" r '"' n, v , uñero de casos no sirven ni para 

SSSSTSK? jarían, apa, Uesapar, nsegun 




„/„ s ^megh. Maxilar superior derecho visto por 
Fie 79. Diadiaphorus majusculus a n. | ,. inia ,- l0 natural- : rf, 

La^erficie de masticación de las muelas '^f° ^os^cuatro premolares; m.^, 
intermaxilar ; i, incisivo amoo;/». ,P- , P^ ^ lóbu i mediano posterior d« 
,„ , y /M . : Los tres verdaderos molares, t, 
Las muelas. 

StfSSSSSK •— BSS 

L 79) quese encuentra un poco mas ate dd centro 
nelfonldeiabendiduraiongitudina^ uesep ',., ,.,,„„_ 
posteriores, interno y ^-^°¿~¿d de los individuos, o 

Ealta realmente» veces en rtifprenc i a s puramente índivi- 
pr ntando un sin fin de pequeñas diferencias p 

duales 6 d lad. Sobre los diente J , , ,„, 1¡1S ,,„. 

tubérculo establ ^.«^^^X-eSanu. llama* 

muef -t-Perpen f^^Ímbre ya empleado por 

^Ey^S^ loses, les.M.D - 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 341 

y M. rustí'cus, fundado este último tan solo sobre el primer ver- 
dadero molar superior ! El que carece de aristas intermediarias 
externas forma el género y la especie que llama Rhagodon gracüis 
como el precedente, representado también solo por el primer 
verdadero molar superior... Las muelas de los pretendidos Mery- 
codon y Rhagodon son en su construcción fundamental absoluta- 
mente idénticas á las de Proterótherium Amegh. Es casi imposi- 
ble distinguir las muelas aisladas de las distintas especies de este 
género ; en cuanto alas aristas perpendiculares intermediarias 
externas, se presentan en unas especies y faltan en otras, pudiendo 
también existir en la juventud y faltar en la vejez y vice- versa ; de 
consiguiente los dos pretendidos nuevos géneros no existen y sus 
pretendidas especies son absolutamente irreconocibles. 

Sobre las demás muelas que dice tienen dos tubérculos ó lóbulos 
medianos, también forma el autor distintos grupos de géneros, 
según que el tubérculo mediano posterior t, esté reunido al lóbulo 
póstero-externo ó al póstero-interno,ó que se presente como tubér- 
culo bien separado, ó como apéndice ó colina unida yaá un lóbulo, 
ya al otro, ya según una dirección ya según otras. Sobre esas 
insignificancias no sería difícil establecer un par de docenas de 
géneros sobre los restos de una misma especie. El autor no se fija 
en que esos tubérculos ó lóbulos como los llama, presentan una 
variabilidad casi ilimitada que es absolutamente imposible corres- 
ponda á divisiones genéricas, habiendo también muelas que en vez 
de seis muestran 7 tubérculos bien aparentes ; este número se 
observa cuando recien empiezan á ser atacadas por la masticación ; 
sobre este dato, puede el autor fundar otra media docena do 
géneros. 

A cada uno de estos pretendidos géneros los divide des- 
pués el autor, de una manera sistemática y sin escepcion, en 
dos géneros distintos, según que las muelas superiores tengan 
(> no tengan aristas perpendiculares intermediarias sobre el lado 
interno. Todos los paleontólogos conocen la escasa importancia 
que tienen estas aristas en los ungulados imparidigitados, y saben 
muy bien que á menudo no pueden servir ni para distinguir las 
especies. Es con estos fútiles caracteres que el señor Mercerat 
consigue distinguir en esta división 7 géneros : Bunodontherium 
con dos especies, B. paíaxjoaicus y B. niajuscuhis; Thoatherium 
con dos especies, T. mmusculum y T. periculorum ; Licaphrium 
con tres especies, L. Floteen, L. arenar um y L. par uulum; 



342 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Anomodontherium con una sola especie, ^4. montanum ', Aniso- 
lophus con tres especies, .4. australis, A. Burmeisteriy A. Fis- 
cheri; Oreomeryx (ya empleado por Marsh en 1877) con tres 
especies, O. propius, O. superbus, O. Rutimeyeri. Debe también 
tenerse presente, que como en el caso de los Astrapotheridae, 
no caracteriza sus pretendidas especies, distinguiéndolas tan >olo 
por las medidas de las muelas y de las mandíbulas cuando exis- 
ten. 

El género Bunodonthérium Merc 1891, es sinómino de Dia- 
diaphórus A.megh. 1887 ; Anomodontherium Merc. 1891, es 
igual á Toatherium Amegh. 1887; Anisolóphus Burm. 1885, 
Oreomeryx Merc. 1891. Merycodorí Merc 1891 y Rhagodon 
Merc 1891 son iguales á Proterotherium A.megh. 1883. Dice el 
autor que los incisivos inferiores de su pretendido Bunodonthe- 
rium tienen la forma délos de Theosodon mientras que en ningún 
Proterotherido se ve una conformación parecida. Agrega á propó- 
sito del mismo género que los premolares y molares inferiores 
tienen solo dos raices cada uno, lo que tampoco se observa en 
ningún Proterotheridae y todas las mandíbulas inferiores de 
Diadiaphorus que poseo tienen los últimos premolares y los 
dos primeros molares con cuatro raices distintas. Dice que en 
Bunodontherium patagonicum no hay diastemas en la mandíbula 
inferior lo que tampoco he observado hasta ahora en ningún 
Proterotheridae del eoceno, y todo me induce á creer que ha 
atribuido ,'i csie animal mandíbulas inferiores de Tlieosodon, lo que 
también se confirma por las medidas que da de la mandíbula 
interior en evidente desproporción con las del cráneo. El autor rio 
ha podido reconocer eJ género Diadiaphorus dando á una délas 
especies por mi descritas el nuevo nombre de Bunodontherium, 
mientras que la otra lac infunde con Licaphrium y Proterotherium. 
Aürma que Thoatherium no tiene premolares y molares inferiores 
con cuatro raices separadas (pág. 13) mientras que dicho género 
como todos los demás de la misma familia (véase íig. 80) presentan 
los p. - ;i m. 2 con cuatro raices separadas. Dice que Diadiaphorus 
(pág. 1 li se distingue por las muelas superiores que presentan do s 
aristas intermediarias perpendiculares externas, mientras que yo 
he dicho i Mam.fós. arg., p. 566) lo contrario, quecarece de dichas 
aristas, como lo demuestra muy bien la figura Tí» ; el autor confunde 
, Diadiaphorus con Proterotherium \ Licaphrium. Distingue 
(.■1 género Licaphrium por el m. que dice tiene un lóbulo tercero 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 343 

rudimentario, sin tener en cuenta ó ignorando que este carácter 
también se encuentra en Proterotherium ó Anisolophus como él 
erróneamente lo llama. En fin, todos los géneros están confundi- 
dos de la manera más lamentable, fundando otros nuevos sobre 
caracteres de ningún valor, con una cantidad de especies todas sin 
caracterizar, puesto que las medidas por sí solas no constituyen un 
distintivo, sobre todo cuando no es posible saber de qué géneros 
se trata, de donde se deduce de una manera inapelable que todos 



Fig. 80. Tkoatherium minusculum Amegh. Mandíbula inferior coa la dentadura 
del lado izquierdo vista de arriba y por el lado externo ; sobre la rama derecha se 
han sacado los dos últimos premolares y molares para mostrar los cuatro alvéolos 
de las cuatro raices de cada diente; i. J ó i. '-. los dos incisivos : c, canino;//. ', ¡>. \ 
p. 3 y p. *, los cuatro premolares; m. ', m. *, m. \ los tres verdaderos molares. 
Reducida á los */ t del tamaño natural. 

los nuevos géneros propuestos por el señor Mercera t no tienen 
razón de existir y las nuevas especies que propone no se pueden 
reconocer. En resumen, ha producido un trabajo no solo comple- 
tamente inútil, sino lo que es peor, perjudicial. 

Dispongo de casi todas las partes del esqueleto de los Protero- 
theridae que describiré detalladamente tan pronto como me sea. 
posible. Ahora solo acompaño un resumen de los caracteres dis- 
tintivos de los cuatro únicos géneros que del eoceno de la Pata-o- 
rna hasta ahora me son conocidos , y de las especies que compren- 



344 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

den para que así le sea mas fácil al señor Mbrcerat reconocer los 
género* y determinarlas especies á que se refieren lo> reste que 
ha tan mal estudiado. 

I m .^con lóbulo tercero más ó menos desarrollado. _ 

Proterothennt. 

a i -muv pequeño, i. .más grande y comprimido de arriba 
abajo!' p., pequeño- corto y con las dos raices soldadas o casi 
sobadas. p ro terotherium Amegh. 




'mz 



<7n3__ 



Kig. 81 P 
cidaá , del tama 
los premolares ; m. '. m 



otheri Vmeoh. Mandíbula inferior visto de arriba redu- 

año natural. ¿. > é ¿. Mos dos incisivos ; c, canino , />, ,/>. ,/>• Y P- 



i m i , m _ ios verdaderos molares. 



1. Tamaño, arable; m. T cnn lóbulo tercero bien desarro- 
llado ; muelas inferiores sin cingulo baaal ; longitud de los p. , á 
m.- s 78 4 82 milímetros. P . aus<ra ¡ e (Burm.) Amegh . 

. ,,, mnv corlo Y COI) ''1 Lóbulo 

2 Tamaño un poco menor m. - : mu\ corro y > 

teLo^ mmcado; muelas interiores sin cingulo W 

completamente rudimentario. Longitud de los p. T 4 m- * »• 

milímetros. C urtidens Amegh. 



OBSERVACIONES CRITICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 345 

3. Tamaño todavía menor; muelas inferiores sin cíngulo basal ; 

m. ^ con lóbulo tercero bien distinto y de gran tamaño. Longitud 

de los p. y á m. ^ 70 á 72 milímetros. 

P. cavum Amegh. 

4. Tamaño del P. australe, pero las muelas inferiores con un 

fuerte cíngulo basal interno y externo. 

P. angulatum Amegh. 

6. Cavidades de la corona de las muelas poco pronunciadas ; 

m. 3 con lóbulo tercero constantemente ele gran tamaño ; p. 3 con 

dos raices largas y muy divergentes. 

Licaphrium Amegh. 

1. Tamaño considerable ; muelas inferiores con cíngulo basal ni 
interno ni externo. Longitud del p. T a m. 3 85 á 90 milímetros. 

L. Floweri Amegh. 

2. Tamaño mucho menor; muelas inferiores con cíngulo interno 
y externo bien desarrollado ; m. 3 con lóbulo tercero de gran 
tamaño. Longitud de los p. jám.j (36 milímetros. 

P. parvulum Amegh. 

3. Tamaño de la especie precedente; m. 3 con lóbulo tercero 
más corto; cíngulo basal muy poco acentuado. Longitud del m. T 
á m. 3 44 milímetros. 

L. intermissum Amegh. (1). 
II. m. 3 sin lóbulo tercero. 

Brachytherini. 

a. i. T muy pequeños ; i. r, grandes y deprimidos de arriba abajo ; 
p. T de una sola raiz ó apenas un poco bifurcado en la extremidad. 
Muelas superiores sin aristas intermediarias externas. 

Diadtaphorus Ameg h . 

1 . Molares y premolares superiores é inferiores con reborde basal 
interno y externo ; el reborde interno no pasa encima del lóbulo 
posterior de los m. - y -. Longitud del p. - á m. 7> 113 milímetros. 

D. majusculus Amegh. 

2. Molares superiores ó inferiores con cíngulo basal interno y 
externo ; el cíngulo basal interno de las muelas superiores pasa 
encima de los lóbulos internos de los verdaderos molares ; misma 
talla que la especie precedente. 

D. diplinthius Amegh. 

(1) Es por error que en la página 397, como en la página 11 del tiraje aparte del 
mismo artículo, figura como L. ínter médium. 



346 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

3. Molares superiores con cíngulo basal externo pequeño y sin 
cíngulo basal interno ; muelas inferiores sin cingulo interno y con 
cingulo rudimentario externo ; tamaño un poco menor. 

D. velojj Amegh. 

b. i. j y r, pequeños y de tamaño casi igual; p. T pequeño y de 
raices casi soldadas. 

Thoatherium Amegh. 

1. Muelas inferiores sin cingulo interno ; p. i á m. j con un pe- 
queño cingulo interlobular externo. Longitud del p. T á m. ? 68 
milímetros. 

T. minusculum Amegh. 

2. Misma talla que la especie precedente; p. 3 á m. -r con un 
fuerte cíngulo basal interno en toda su longitud, de borde den- 
tellado. 

T. crepidatum Amegh. 

Los materiales s< >bre que se funda la revisión y critica que prece- 
de, más numerosos y en mejor estado que los que del mismo gru- 
po posee el museo de La Plata, están á disposición de todos loa 
estudiosos que necesiten consultarlos, los señores Moreno y Mer- 
cerat, no esceptuados. 



Gravkjrada (1) 

En otro folleto aparte, de unas 64 página-, distribuido en la 
segunda quincena del mes de Agosto, se encuentran reunidas 
noticias y críticas sobre los Gravigrada, los Glyptodontia, los 
Dasypoda, los Creodontaj el género Theosodon; voy á exami- 
narlas sucesivamente empezando por los Gravigrada, tratando de 
ser lo más breve posible. 

Bajo el nombre de Schismotherium (pág. 5) el autor confunde 
is distintos. Schismotherium, Hapalops, Trematherium 
y Planops. El género Schismotherium que «les, Tibe el señor 
Mercerat no es igual al que yo bedadoá conocer con el mismo 
nombre, y que he dicho se distingue por sus cuatro muelas infe- 
riores en serie continua. Elseñor Mercerat se toma la libertad 

(1) Revista del Mus La Plata, tomo II, páginas l á 16, La Plata, 1891, 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 347 

de observar « que en el género Schismotherium, como en todos los 
otros que conocemos de la familia de los Ortotheridae, el primer 
diente, tanto el de la mandíbula inferior como el de la mandíbula 
superior, es de sección transversal elíptico-cilindrica y separado 
de los demás dientes por un cliastema no muy estendido ». El señor 
Mercerat no tiene nada que observar : he dicho que las cuatro 
muelas inferiores estaban en serie continua, y por consiguiente 
debió buscar una pieza que presentara esos caracteres ; si no la ha 
encontrado, solo prueba la manera lastimosa de cómo han sido 
tratadas las colecciones del museo, pero no lo autorizaban á desig- 
nar con el mismo nombre genérico piezas que ofrecían caracteres 
completamente distintos. Todos los restos que enumera como de 
Schismotherium son de Hapalops. La pieza á que hace alusión 
(pág. 7) como tipo de mi Schismotherium fractum no es la que 
yo he descrito. El cráneo y mandíbula inferior que describe como de 
esta especie son de Hapalops indifferens Amegh. Bajo el nombre 
de Schismotherium intermixtum confunde restos de dos géneros 
completamente distintos, Trematherium y Planops ; el trozo del 
cráneo queatribuye á la especie es de Hapalops elongatus Amegh. ; 
Trematherium es perfectamente distinto y de caracteres constan- 
tes tal como lo he descrito, y en mis colecciones podrá examinar 
restos de varias especies. En cuanto á Planops es un animal tan 
distinto que hasta resulta que es de una familia diferente, la de los 
Scelidotheridae. El cráneo que menciona (pág. 9) como de Schis- 
motherium rectangularis no es de Hapalops rectangularis 
Amegh., sino de Hapalops brempalatus Amegh. El trozo de crá- 
neo que menciona con el nombre de Schismotherium patag o nicum 
es de un Hapalops que debe referirse á alguna de las especies que 
de este género he establecido. 

En la página 10 funda el pretendido nuevo género Stenocephalus 
(nombre ya empleado con anterioridad por Latr. en 1825, 
Tschudi en 1838, Schónh. en 1847 y varios otros autores!), y 
todos los caracteres que le asigna son absolutamente los mismos 
que distinguen á Hapalops Amegh. Las tres especies que de este 
pretendido nuevo género enumera S. australis, S. cognatus y S. 
hybriduSj solo las distingue por las medidas, es decir, que no están 
fundadas ; sin embargo es fácil ver que todas se refieren al género 
Hapalops y á las especies por mi ya establecidas. En la página 11 
compara una de esas especies con un Schismotherium australis 
Amegh., que ignoro absolutamente lo que es no habiendo emplea- 



348 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

do nunca tal nombre específico en ninguna especie de gravigrado I 
En la pagina 12 dice del género Hapcdops Amegh. : «Este 
género está hasta ahora representado solo por maxilares inferiores 
ó fragmentos de este hueso ». Es natural que así sea puesto que 
todos los cráneos y fragmentos de cráneos de este género los lia 
atribuido á Schismotherium y á su pretendido Stenocephcdus! 
Enumera una especie pretendida nueva que llama Haprnlops gran- 
daevus, fundada sobre una rama mandibular que dice « indica un 
animal de talla mucho más fuerte que Hapcdops ellipticus y más 
fuerte aún que Hapcdops indifferens », y las medidas que da cor- 
responden exactamente á las de esta última especie. En la página 
14, á propósito del cráneo que he descrito y figurado bajo el nombre 
de Hapalops Rutimeyeri dice: « La figura que de este cráneo 
publica el señor Ameghixo no concuerda con la descripción que de 
él da este autor. Además compara el señor Ameghino este cráneo 
con el de Hapcdops rectangulares, del cual no se conoce aún el 
cráneo y que es un Schismotherium como lo hemos visto. Lo 
compara también con el cráneo de Hapalops indifferens del cual 
no se conoce tampoco aún el cráneo, y que por la pieza que ha 
servido de tipo al señor Ameghino para establecer la especie, y 
que pertenece á este museo, no nos parece corresponder al género 
Hapcdops )->. La referencia de Hapalops rectangularis á Schismo- 
theridae ya se ha visto que es un disparale del señor Mercerat. 
Si yo he comparado el cráneo de H Rutimeyeri con el de H. 
rectangularis y el de H. indifferens es [ >< >r< j 1 1<' los conocía, y el 
autor ha hecho muy mal, malisimamente en decirlo contrario; 
es un desmentido que como en el caso de los caracteres del Schis- 
motherium importa una falta de educación. Que él no conozca esos 
cráneos no quiere decir que yo no los conozca, sino simplemente 
que Las colecciones del museo de La Plata son mucho más incom- 
pletas que las miás. Puede venir á mi casa en donde encontrará á 
-ii disposición los cráneos intactos <lc las mencionadas especies. 

En las páginas 12 a 17 enumera dos pretendidas nuevas espe- 
cies <l<'l -' ; ni'ro Eucholoeops que llama K. latifrons yE. Lqfom >'. 
De ninguna da descripciones sino simplemente una serie de me- 
didas que por si solas no tienen valor alguno. A juzgar por esas 
medidas, l\. latifrons parece ser sinónimo de E. fronto Amegh. 
y E. Lqfoneiáe E. externus Amegh. En la página 17 dice que 
el pretendido E. Lqfoneies más pequeño que E. latifi*ons y pol- 
las mi didas resulta lo contrario. 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 349 

Viene en seguida la descripción de un pretendido nuevo género 
y especie (pág. 17) que denomina Tapinotherium Aguirrei, y pol- 
los caracteres que de él da y las medidas que los acompañan re- 
sulta que se trata del mismo animal que lie descrito y figurado 
bajo el nombre de Hyperleptus sectus (Rev. Arg., etc., p. 155). 

En la página 18 da la descripción de otro pretendido nuevo gé- 
nero que llama Eurysodon (nombre ya empleado con anteriori- 
dad por varios autores) y por los restos que le atribuye y caracte- 
res que le asigna resulta que está constituido por restos de los gé- 
neros Xyophorus, Hapalops y EucJioloeops. El pequeño prolon- 
gamiento de los frontales entre los nasales ó de estos entre los 
frontales carece absolutamente de importancia para toda división 
genérica ; en Hapalops preséntase en unas especies y falta en 
otras y sucede otro tanto en EucJioloeops y varios otros géneros. 
El que llama Eurysodon nasutus sin dar de él ningún carácter- 
distintivo, con escepcion de las medidas, corresponde á Xyophorus 
rostratus Amegh. El que llama E. Boulei se encuentra en el mis- 
mo caso y parece ser sinónimo de Xyophorus sulcatus Amegh. 
El que designa con el nombre de E. rostratus, por las medidas, 
parece ser sinónimo de Xyophorus atlanticus Amegh. El que lla- 
ma E. aelteger es un Hapalops igual á H. adteger Amegh. Por 
último, el que cita como Eurysodon infernalis es un EucJio- 
loeops, que he descrito bajo el nombre de E. infernalis Amegh. 

En la página 24 funda el nuevo género y especie Eleutlierodon 
(nombre ya empleado con anterioridad para designar un género de 
ortópteros) heteroclitus basado sobre una rama mandibular in- 
completa en la que solo se conservan las raices de los clientes, y 
dice se distingue por los dientes intermediarios que son elípticos ; 
¡ es deseo de fundar géneros y especies ! Renuncio por mi parte á 
saber lo que puede ser dicho fragmento, porque en tales condicio- 
nes puede representar todo lo que se quiera . 

El género Nematherium lo considera como el. tipo de una nue- 
va familia de la que no da los caracteres; en realidad los preten- 
didos Nematheridae no se pueden separar de los ScelidotJieridae. 
La única especie pretendida nueva (pie trae de este género, Ne- 
matherium Lavagnanum es sinónimo de Nematlieriun longi- 
rostris Amegh. 



350 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



Glyptodonüa 

Pretende el señor Mercerat (pág. 27) que Asterostemma es 
sinónimo de Propalaehoplophorus Amegh. Es un error : la for- 
ma y disposición de la coraza es muy distinta, como también la 
forma de las distintas partes del esqueleto que me son conocidas. 
La cola, especialmente, es completamente distinta, pues no está 
formada por anillos más ó menos perfectos como en aquel género, 
sino por placas imbricadas en toda su estension como en los géneros 
Tatusia y Propraopus. 

En la página 29, á propósito de la probable existencia de inci- 
sivos en el género Propálete) koplophorus dice: «La otra pieza 
pertenece á P. austral 'is (Mor.). En la página 796 de la obra ci- 
tada, refiriéndose á esta pieza dice el señor Ameghino : El inter- 
maxilar es relativamente un poco más desarrollado que en Glyp- 
todon, y lleva á cada lado, adelante de la primera muela, un pe- 
queño agujerito de menos de un milímetro de diámetro, que 
supongo es el alvéolo de un incisivo atrofiado y caedizo ». 

«Hemos examinado las piezas alas cuales so refiere el señor 
Ameghino, y tenemos que declarar que el señor Ameghino no ha 
podido observar las perforaciones de que habla, á cada lado, de- 
lante de la primera muela, como dice, por estar destrozadas en esa 
región cada una de las piezas. » 

Es demasiada osadía esa de tener el atrevimiento de decir que 
no puedo haber observado lo que he dicho que he visto, y como 
en el caso de los caracteres de la mandíbula inferior del género 
Schismotherium y de los cráneos de Hapalops, es esa una falla 
de educación social imperdonable. Tenga presente el señor Mer- 
cera! que puede abusar de mi paciencia. Si las piezas del Museo 
de La Plata que dice son los tipos de mis descripciones están des- 
trozadas en las partes en que yo digo que existen las mencionadas 
perforaciones, eso solo prueba que. ó no son los tipos do mis des- 
cripciones, ó que ellas han sido destrozadas, \ en uno y otro caso 
prueban de una manera evidente, aunque ya era cosa demasiad.» 
sabida, que las colecciones del musco de La Plata han sido des- 
trozadas y confundidas de una manera lastimosa, y son hoy inú- 
tiles para todo trabajo científico serio. Venga el señor Mercer vi 
á mi casa en donde encontrará cráneos de Propalaehoplophoridae 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 351 

con perforaciones iguales, y además mandíbulas inferiores que tie- 
nen adelante perforaciones correspondientes, lo que quita toda 
duda, no á mis observaciones, porque solo un mal educado puede 
decir que yo no puedo haber visto lo que afirmo que he visto, sino 
la interpretación que de ellas he dado. 

Asterostetuma depressa que el autor cree sinónimo de Propa- 
laehoplophorus austrahs es un animal completamente distinto. 
En cuanto á los restos que refiere á Asterostemma laevata y As- 
terostemma granata colocándolos en el género Propalaehoplo- 
phorus, no puedo decir si la referencia es ó no es correcta. El que 
llama Propalaehoplophorus patagónicas es sinónimo de Euci- 
nepeltus petesatus Amegh. 



Dasypoda 

El nuevo género Thoracotherium fundado sobre las distintas 
especies que yo había incluido en el género Eutatus es sinónimo 
de Proeutatus Amegh. Llevo ya publicadas cinco especies de ese 
género procedentes del eoceno de Patagonia. P. oenophorum, P. 
lacjena, P. distans, P. deleo y P. carthatiis, fundadas todas so- 
bre los caracteres de la coraza. ¿Cómo puede pues ser permitido 
fundar otra serie de especies sobre los restos del esqueleto, cuan- 
do es seguro que en su casi totalidad tienen que referirse á las es- 
pecies ya determinadas ? Es lo que sin embargo hace el señor 
Mercerat que agrega tres pretendidas nuevas especies, que lla- 
ma T. uetum, T. priscum y T. cruentum!) (al más inofensivo de 
los animales llamarlo cruentum! El P. priscum está fundado so- 
bre varios fragmentos de ramas mandibulares. ¿Cómo sabe el se- 
ñor Mercerat que esos restos no se refieren á alguna de las es- 
pecies fundadas sobre trozos de coraza ? Poseo varias docenas de 
mandíbulas y fragmentos de mandíbulas de Proeutatus, Dasy- 
pus y Prozaedyus que no puedo saber á qué especies se refieren 
de las ya fundadas sobre las corazas, y las pongo á disposición del 
señor Mercerat para que sobre ellas haga nuevas especies. Sin 
embargo, en el caso del que llama Thoracotherium priscum pue- 
do asegurarle que es sinónimo de P. oenophorum Amegh. la es- 
pecie más común del eoceno de Patagonia. El que llama T. ve- 
tum es sinónimo de P. lagena Amegh. Los caracteres que asigna 
á T. cruentum! no lo distinguen de P. distans Amegh. A pro- 



352 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pósito de esta especie (pág. 45) dice el autor. « La pieza figurada 
por el señor Ameghino (véase loe. cit. pl. LXVIII, fig. 35) no cor- 
responde á la descripción que da este autor y no pertenece a la 
especie que nos ocupa ni tampoco al género Thoracotherium. Si 
está exacta la figura citada, pertenece esa pieza al género Zaedyus 
Amegh.». El autor confunde por completo los géneros Proei""- 
tus, Dasypus y Zaedyus. La figura es exacta y el original es de 
P. distans. Zaedyus y Prozaedyus se distinguen inmediatamente 
por las perforaciones piliferas de su borde posterior completa- 
mente rudimentarias. Es de sentirse que la precipitación con que 
lia escrito y la ofuscación producida en él por el deseo de buscar 
errores en todas partes, no le haya permitido darse cuenta ni de 
las cosas más elementales, incurriendo en errores que no tienen 
absolutamente la menor disculpa. 

En el mismo grupo de los Dasypoda los señores Moreno y 
Mercerat dan algunas noticias sobre varias especies de un gé- 
nero que dicen aberrante, y que identifican de una manera dudo- 
sa con el género Peltephilus Amegh. Pueden los autores sacar el 
interrogante pues la identificación es exacta, pero el género no 
tiene nada de aberrante porque no es un Dasypoda sino un repre- 
sentante de un grupo distinto completamente extinguido (1). En 
la página 57 dicen que el género Cochlops es puramente imagi- 
nario y fundado sobre restos de Propalaehoploporus y Peltephi- 
lus. Las figuras que mencionan los autores no son el tipo del ge- 
nero, sino las de la coraza dorsal, únicas de las que doy descrip- 
ción. Los autores se equivocan por completo. Cochlops es un 
género bien distinto. La coraza de Propalaehoplophorus no posee 
placas con la figura central levantada en forma de pezón como 
las que lie dibujado. En la página 251 de este volumen he dado 
los caracteres culminantes del género, presentándose otros no mc- 
nos importantes en todas las demás partes del esqueleto. El que 
llaman Peltephilus Clarasianus es sinónimo de Peltephüui 
roa Amegh., y Los que designan con Los nombres de Peltephilus 
Heusseriy Peltephilus granáis son simples sinónimos del P< Ite- 
philus strepens Amegh. 



(i) El descubrimiento de partes considerables del esqueleto de l"- géneros Si 
gotherium y Peltephilus hace necesario enmendaí en algunos detalles 1"- carao- 
puramente teóricos que había asignado al grupo de los /'■ Itatelidea en don- 
de tienen su colocación los mención i 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 353 



Mesorhiniclae 

Uno de los géneros más característicos de esta familia, el Theo- 
sodo/i Amegh., del eoceno de Patagonia, está representado en mis 
colecciones por materiales incomparables, que comprenden crá- 
neos y mandíbulas enteras de numerosos individuos jóvenes y 
adultos, y muchos huesos de las principales partes del esqueleto. 
En este material, solo he podido reconocer tres especies bien dis- 
tintas, que son. L. Lydekkeri (1) que es la especie típica y la más 
abundante ; T. Fontanae de formas más robustas pero cuyos res- 
tos son muy escasos ; y T. gracilis de tamaño notablemente me- 
nor. El señor Mercerat que dispone de un material mucho más 
reducido y procedente de la misma región, pretende reconocer 
seis especies, dos de ellas fundadas sobre ramas mandibulares in-- 
completas de individuos jóvenes ! y lo más singular es que nin- 
guna de esas pretendidas especies está caracterizada. El autor 
solo las distingue por una serie de medidas de las muelas y de las 
ramas mandibulares, medidas que, como es muy sabido, varían 
en todos los ungulados según la edad y el sexo. Es un procedi- 
miento especial de diagnosticar especies, y á ios que lo siguen 
podría con justicia aplicárseles el título de «naturalistas carpin- 
teros». Esas pretendidas especies no están fundadas y es absolu- 
tamente imposible tomarlas en consideración. Sin embargo, va- 
liéndome de esas medidas he querido darme cuenta de lo que son, 
>' resulta que T. Lallemanti y T. Frenzeli son sinónimos de T. 
Lydekkeri Amegh., y que las pretendidas especies diferentes que 
llama T. patagoniensis, T. gracilis y T. debilis son sinónimos de 
T. gracilis Amegh. 



Creodonla 

A pesar de los materiales relativamente abundantes de que ha 
dispuesto el señor Mercerat no se ha apercibido de que muchos 
carniceros primitivos del eoceno de Patagonia considerados como 
creodontes. son verdaderos marsupiales. 

(1) En la página 291, en la penúltima línea del número 16, en donde por error 
de imprenta ha salido 00, sustituyase por el número 40. 

REV. ARG. DE 1II.-T. NAT. — T. I 23 



354 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Cladosictis Ameghino es sinónimo de Proviverra Rutimeyer. 
Sobre el pequeñísimo fragmento que tuve primeramente á la vis- 
ta, no me era posible determinar con seguridad sus afinidades ni 
la homología de los dos únicos dientes en él implantados. Clado- 
sictis dissimilis de Mercerat (pág. 51) es sinónimo de Provi- 
verra Trouessarti Amegh, descrita y figurada en el numero de 
Junio de esta Revisto, 

El género Arctodictis de Mercerat (pág. 51) es sinónimo de 
Dynatnyctis Amegh. La especie que llama Arctodictis Muñizi 
es sinónimo de Dynamictis fera Amegh. descrita y figurada en el 
número de Junio de esta Revista, que el autor la conoce, puesto 
que la cita repetidas veces. La especie que llama A. aust ralis fun- 
dada tan solo sobre un canino aislado, es puramente nominal ; 
esa forma de canino se encuentra en la mayor parte de los géne^ 
ios del mismo grupo; poseo varias docenas de caninos aislados de 
Creodontaj Dasyura de distintas formas y tamaños, lo mismo 
que un considerable número de muelas aisladas que pongo á dis- 
posición del autor para que funde especies nuevas. 

En la página 02 identifica los géneros Anatherium y Acyon 
con Hathliacy ñus. La identificación de Acyon con el último gé- 
nero parece reposar en el parecido de la parte posterior de la man- 
díbula, pero para eso tiene que atribuir la parte anterior por mi 
descrita como de Acyon, á otro género, que no dice cuál os. Pero 
señor Meri er vi. cómo quiere Vd. que procedan dé distintos gé- 
neros, si los dos fragmentos por mi descritos procedían de un mis- 
mo individuo y de la misma rama mandibular? Anatherium de- 
fossus es muy distinto de Hathliacynus y se distingue muy bien 
por sus incisivos inferiores rudimentarios . ñathliacynus no es 
un Creodonta sino un Marsupial. Thylacodictis exilis de Mer- 
cerat es sinónimo de Sipalocyon gracilis Amegh. Therioditis 
MERC.'es sinónimo de Macrocyon Amegh. 

Las demás especies, pretendidas nuevas allí enumeradas me de- 
claro incapaz de reconocerlas, pero rio dudo que cuando el au- 
tor las defina mejor, en su mayor parte resultarán ser idénticas 
;'i las especies de Creodonta y Dasyura por mi ya determinadas. 

Nesodontidae 

Este grupo ha sido escesiyameñte desgraciado á partir desde e] 
primer momento en que de él se han ocupado. Todos los natura- 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 355 

listas que han tenido ocasión de ocuparse de alguna de sus espe- 
cies han cometido errores más ó menos notables, pero el señor 
Mercerat en su Sinopsis de lafamilia de los Protoxodontidae 
(de 68 páginas en 8 o incluso las esplicaciones de 10 láminas que 
no se acompañan), La Plata, 1891, los ha cometido en mayor nú- 
mero que todos los demás juntos, y de tal calibre que sobrepasan 
toda ponderación. No es posible dar una idea de este trabajo sin 
trazar antes un pequeño bosquejo histórico del grupo. 

El primer género conocido, tipo del grupo, es el Nesodon, des- 
crito por primera vez en 1846 por Owen, aunque de una manera 
ligera, incluyendo' en él dos especies, el Nesodon imbricatus Ow., 
representada por una mandíbula inferior incompleta, y el Neso- 
don Sulioanij que solo conoció por algunas muelas inferiores ais- 
ladas. En 1853 el autor figura y describe esos restos de una ma- 
nera más completa, fundando dos nuevas especies, el N. ovinus 
representada por un cráneo y mandíbula inferior de un individuo 
joven, y el N. rnagnus, del que solo conoció un fragmento de 
muela superior. En 1882, el señor Moreno sobre una muela su- 
perior del eoceno de Patagonia fundó el Toxodon patay onensis, 
de la que nunca dio descripción. En 1855, el Dr. Burmeister, 
sobre una muela superior aislada procedente del territorio del 
Chubut, estableció el Colpodon propinquus que consideró como 
intermediario entre Nesodon y Homalodoniotherium. En Mayo 
de 1877, la muela sobre la cual Moreno había establecido el To- 
i odon patagonensis la referí á un nuevo género que llamé Pro- 
toxodon, y separé los Nesodontidae como familia distinta en la 
que coloqué los géneros Nesodon, Protoxodon y Colpodon. En 
Diciembre del mismo año. estudiando la primera colección de ma- 
míferos eocenos traída de la Patagonia austral por Carlos Ame- 
ghino, reconocí tres nuevas especies del género Protoxodon, que 
llamé P. conspurcatuSj P. marmoratus y P. obliteratus. Esta- 
blecí además ocho nuevos géneros (pie incluí en el mismo grupo : 
Adelphotherium ligatum; Acrotherium rustirían ; Gronothe- 
rium decrepitum ; Adiriotherium, '"ii cinco especies, A. magis- 
ter, A. splendidum, A. proxtmun, A. ferian y A. nitidian; 
Phobereotherium sijlvaticum ; Atryptherium bifurcatum y Sco- 
potlierium ei/clops. En 1889 separé estos dos últimos géneros y 
Nesodon en una familia aparte, los Atryptheridae } aunque de una 
manera provisoria, formando con iodos los demás géneros la fa- 
milia de los Protoxodontidae. Reconocí que el Toxodon peda- 



356 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

gonensis de Moreno, tipo de mi género Protoxodon, era idéntico 
á Nesodon Sulioani Ow. llamándolo de consiguiente Protoxo* 
don Sulioani. Por fin reconocí que el Nesodon magnus de Owen 
era idéntico á Astrapotherium patagonicum de Burmeister res- 
tituyéndole su nombre de A. magnum, separándolo definitiva- 
mente de los Toxodontes. En lo que va corrido de este año he 
agregado un nuevo género (Xotoprodon solidus), y descrito dos 
nuevas especies de Acrotherium (A. karaikense, A. stygiumjy 
dos de Adinotherium (A. haplodontoides y A. paranense, esta 
última del oligoceno). 

En casi todos estos trabajos y publicaciones se han cometido 
errores de consideración, debidos no á la falta de competencia en 
los autores sino al escaso material que tenían á su disposición. 
Ésos errores recien los he podido reconocer y descubrir después 
de recibir los numerosos restos que de este grupo lia coleccionado 
Carlos Ameghino en sus dos últimos viages á la Patagonia aus- 
tral. Estos restos pensaba describirlos detalladamente en una mo- 
nografía especia] con láminas, cuya preparación exige tiempo y 
dinero; en ella iba á enmendar los errores en que incurrieron mis 
predecesores y 1"- cometidos por mi mismo. En este trabajo es- 
taba ocupado cuando recibí la Sinopsis de los Protoxodontidae 
del señor Mercerat. La recorrí con ansiedad creyendo que se 
me había anticipado y que encontraría en ella corregidos Los erro- 
res á que he aludido. ¡Qué decepción! El autor había dispuesto 
para ese trabajo de materiales veinte veces más importantes y nu- 
merosos que los que pudieron examinar los naturalistas que le ha- 
bían precedido en el estudio de ese grupo : fácil pues le hubiera 
sido apercibirse de esos errores y de enmendarlos sin necesidad 
de criticará nadie, puesto que, como ya dije, tuvieron origen en 
la escasez de materiales. En ve/, de eso el autor casi rióse ocupa 
de otra cosa que de criticar mis trabajos, y ésto sin haber sido ca- 
paz de reconocer los errores reales que en ellos hay, ni los que 
cometieron los que me precedieron ; muy al contrario, esos erro- 
res se encuentran aceptados y aumentados de una manera tan 
extraordinaria, que demuestra carencia por completo de toda pre- 
paración para emprender ese trabajo. 

Sonrtan considerables los error,- en que incurre, ha introdu- 
cido tal confusión en los géneros y las especies, y ha aumentado 
su número de una manera tan descabellada, que me obliga a an- 
ticipar una breve revisión de todo el grupo paraasi poder de.- 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 357 

pues trabajar en la mencionada monografía con más calma y tran- 
quilidad. 

Voy á trazar una rápida enumeración de los errores que se 
han cometido en el estudio de este grupo, á partir de las prime- 
ras noticias dadas por Owen hasta el momento de la aparición de 
la atroz memoria del señor Mercerat, cuya revisión critica dejaré 
para el último. 

Del examen minucioso del rico material ele que dispongo, re- 
sulta : 

1° La dentición de leche del género Nesodon es en su forma y 
disposición completamente distinta de la dentición persistente, 
siendo esta verdaderamente enorme diferencia la causa de los erro- 
res en que se ha incurrido desde Owen hasta la fecha de la apari- 
ción de mi obra Los mamíferos Jósiles argentinos en 1889; 

2" La mandíbula inferior sobre la cual fundó Owen en 1846 el 
Nesodon imbricatus y que luego figuró y describió detallada- 
mente en 1853, no es de un individuo adulto como lo creyó el 
ilustre paleontólogo, sino de un individuo joven. Los dientes im- 
plantados en esa mandíbula no son de la dentadura persistente 
como hasta ahora se ha creído, sino de la dentadura de leche; 
solo pertenece á la dentadura persistente el diente incompleto 
posterior que corresponde á la parte anterior del primer verda- 
dero molar. Este primer error no debe perderse de vista, porque 
él es el verdadero causante de los que yo cometí más tarde al 
ocuparme del estudio de los restos de esos animales ; 

3 o Las muelas inferiores aisladas descritas y figuradas por Owen 
como procedentes de una especie de mayor tamaño que designó 
con el nombre de Nesodon Sult'vani, no proceden de una especie 
distinta, sino que son dientes de la dentadura persistente de in- 
dividuos completamente adultos del Nesodon imbricatus. Res- 
pecto á este error debe tenerse presente la misma observación 
que he hecho á propósito del que antecede; 

1" El cráneo y mandíbula de individuo joven descrito y figu- 
rado por ( >wen en 1853 con el nombre de Nesodon ovinus, no re- 
presenta el estado juvenil del género Xcsodon; es el joven con 
la dentadura de leche de un género muy cercano, el Adinothe- 
r i ii ni Amegh. ; 

5 o La muela sobre que Moreno fundó el Toxodon patagonen- 
sis es una muela persistente del mismo Nesodon imbricatus de 
Owen ; 



358 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

6 o La muela superior sobre la cual Burmeister fundó el gé- 
nero y especie que llamó Colpodon propinquus, es la última mue- 
la superior de la dentadura de leche del género Nesodon en el gra- 
do de evolución próximo al reemplazamiento; 

7 El género Protoxodon lo establecí por las enormes diferen- 
cias que la dentadura presentaba con la del Nesodon imbricatus 
Ow. ; hoy que sé que Owen confundió la dentadura de leche con 
la persistente, reconozco que Protoxodon es sinónimo de Neso- 
don y representa el estadio completamente adulto ; 

8° El género Adelphotherium que establecí sobre algunos restos 
incompletos de dentadura que parecían de caracteres intermedia- 
rios entre Nesodon y Protoxodon es el mismo género Nesodon 
todavía algo joven en el que recién empezaba á entrar en función 
la dentición de reemplazamiento; 

9 o El género Atryptherium lo establecí sobre una mandíbula 
inferior cuya dentadura era aparentemente igual á la de Nesodon 
imbricatus, publicada por Owen, pero como este autor decía que 
los molares y premolares inferiores solo tenían dos raices cada uno, 
mientras que en el ejemplar por mi examinado se veían algunos de 
esos dientes con cuatro raíces, lo* consideré como genéricamente 
distinto, pues dada la identidad de conformación de las coronas de 
los dientes con la pieza figurada por < >\\ i:\ como de un adulto, no 
se me ocurrí*') que la mía pudiera proceder de un individuo joven. 
Hoy seque la afirmación (U x Owen respecto al número de raíces de 
las muelas inferiores es un error, y que Atryptherium es uno de 
los estadios juveniles del género Nesodon ; 

10" El género Scopotherium 1" establecí sobre una mandíbula 
Inferior con dentadura de enrona igualmente parecida ¡i Nesodon 
imbricatus publicado por < >wen, pero, como en el caso precedente, 
con alguno- dientes provistos de cuatro raices; además la serie 
dentaria presentaba un diente de menos. Confiado igualmente en 
la determinación de < >wen tampoco se me ocurrió que pudiera ser 
de un individuo muy joven. Hoy si ; (|iiccv d nii>mn AVn^/o» 
imbricatus en el que todavía no lia aparecido la última muela 
persistente de cada lado. 

De consiguiente deben desaparecer los nombres de Froto zodon, 
Adelpho^erium , Atryptherium y Cyclops que solo representan 
diferentes estadios de evolución de! género Nesodon y el grupo 
.■niei-o debe volver ;i tomar su nombre de Nesodontidae con que lo 
designé en 1887. 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 359 

Como comprobante de esta revisión y fundamento de mi crítica, 
voy á trazar un rapidísimo bosquejo de la evolución dentaria del 
género Nesodon. Este examen se funda sobre un material incom- 
parable por su calidad y número, en el que se encuentran represen- 
tados todos los estadios, desde la dentición de leche que todavía 
no lia perforado la mandíbula, hasta la dentadura persistente, com- 
pletamente gastada hasta las raices. 

Estadio 1". — La dentadura de leche del género Nesodon consta 
de | i' \ c' j m'.Los primeros dientes que aparecen son los molares, 
los últimos son los incisivos externos y los caninos. Antes ele que 
entre en función ninguno de esos dientes, las ramas mandibulares 
están completamente separadas, sin que sus bordes se encuentren 
en contacto. Todos los dientes en el interior de la mandíbula antes 
de perforar el hueso y de ser atacados por el desgastamiento, son 
de borde coronal muy cortante. Los incisivos inferiores están colo- 
cados unos encima de otros; el i' j es un poco mayor que el i'-; 
todos los dientes están en serie continua. Los caninos de leche 
recien aparecen cuando todos los demás dientes están en función. 
El cráneo es corto y aglobado, con todas las suturas visibles y sin 
vestigios de cresta sagital. 

Estadio 2 o . — Toda la dentadura de lecheen función, sin que 
todavía haya aparecido ninguna de las muelas persistentes ; toda 
la dentición en serie continua ; los incisivos superiores disminuyen 
de tamaño del i' 1 al i'-, los cuatro internos con una gran cavidad 
en la corona; el c . L es pequeño ; m'. 1 comprimido lateralmente y 
pequeño; m' -, m' - y m' ± con una fuerte arista perpendicular 
sobre la parte anterior de la cara externa. Las dos últimas muelas 
superiores tienen la corona muy alargada de adelante hacia atrás. 
En la mandíbula inferior los cuatro incisivos internos son de 
tamaño casi igual y los dos estemos notablemente más grandes ; 
c' T y m' T comprimidos; los m.' - á m' T muy angostos. Ramas 
mandibulares en contacto pero sin que todavía haya empezado la 
soldadura. Todos los clientes, incluso los incisivos, de raices todavía 
abiertas. Las raices de los dos i' 1 están separadas por un ancho 
diastema, pero sus coronas todavía poco gastadas se encuentran en 
contacto. Todavía no hay cresta sagital aparente. A simple vista 
no se distinguen los gérmenes de Los dientes de reemplazamiento. 
Estadio 3 o . — Los m. {está en función; sobreel borde alveolario, 
todavía no se ven vestigios de los m' f. La parte anterior del cráneo 
se ha prolongado formando díastemas entro los i'-, c'- y p' 1 ; los 



360 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

i' 1 ya bastante gastados en la corona han disminuido de diámetro 
transverso y están separados por un ancho diastema. En la mandí- 
bula inferior todos los dientes permanecen en serie continua ; las 
raices de los i' r á m' T están ya cerradas; empiezan á formarse 
raíces anchas y comprimidas de adelante hacia atrás en los m' - y 
m' 3 ; los gérmenes de la mayor parte de los dientes de reemplaza- 
miento están ya perfectamente visibles ; los m. j en el principio de 
su desgastamiento tienen casi la misma forma que los m' | ; las 
ramas mandibulares ya están soldadas y empieza á formarse una 
pequeña cresta sagital. En este estadio se encuentra la mandíbula 




Fig. 82. Nesodon ¿mbrinatus Owén. Rama izquierda de la mandíbula inferior de 
un individuo joven, vista de arriba, reducida a ' , del tamaño natural, i' '. i' -. i' ', 
Los tres incisivos de Leche; c' 1 , canino de lecho; m'\m'-, m' a y m' ', Las cuatro 
muelas de Leche ; m. 1 , primer verdadero molar que todavía no ha salido comple- 
tamente del alvéolo. 

inferior de Nesodon imbricatus Ow. representada en la figura 82¡ 
Estadio 4°.— Los m. { ya están bastante gastados por la mastica- 
ción y empiezan á entrar en función los m. f; la cresta sagital es un 
poco más desarrollada ; la dentadura de leche está bastante gasta- 
da, y los m'f y ni f muestran cuatro raices distintas cada uno; los 
m' - y m' ¿ muestran una fuerte arista perpendicular en la parte 
anterior de la cara externa ; los embriones de los incisivos definiti- 
vos son ya de tamaño notable, y están colocados, los de la mandí- 
bula inferior sobre el costado interno de la mandíbula al lado 
de los que deben reemplazar; los embriones igualmente desarro- 
llados d& los primeros premolares se encuentran debajo (en la 
mandíbula inferior) \ arriba (en la superioi i de los dientes caedizos 
correspondientes que deben reemplazar; el diastema entre Los i' 1 os 
todavía más ancho ; los m' -, m'*, m. ' y m. presentan una super- 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 361 

ficie masticatoria alargada de adelante hacia atrás, de forma irre- 
gularmente rectangular y trilobados al lado interno. Vista la 
superficie masticatoria de todos los dientes en función presenta 
aparentemente el aspecto de la de un individuo adulto. En este 
estadio de desarrollo se encuentra la mandíbula inferior descrita 
y figurada por Owen bajo el nombre de Nesodon imbricatus, que 
es el tipo del género y de la especie, tomándola erróneamente por 
la de un individuo adulto. 

Estadio 5 o . —Los m. § ya están completamente en función y bas- 
tante gastados; todavía no se ha reemplazado ningún diente de la 
dentadura do leche, ni se ve todavía sobre el borde alveolario ves- 
tigios de los m. \ ; el embrión de m. ^ todavía muy chico está colo- 
cado en la parte superior del maxilar contra la base del m. -; el 
embrión del m. -, igualmente muy pequeño está colocado en la 
base de la rama ascendente de la mandíbula todavía muy adentro 
en el hueso; el embrión del p. \ es todavía muy pequeño y apenas 
visible; cresta sagital todavía relativamente baja. Este estadio de 
desarrollo corresponde al género Nesodon, como lo caracteriza el 
señor Mercerat. 

Estadio 6 o . — Los embriones de los m. ¿son bastante grandes pero 
todavía no perforan el borde alveolar de la mandíbula ; empiezan á 
reemplazarse los incisivos; el m'- presenta las cuatro raices cortas 
y la corona relativamente baja; el embrión de los p. fes todavía 
muy pequeño. El género Colpodon de Burmeister está fundado 
sobre el m'- de Nesodon en este estadio de desarrollo. 

Estadio 7 o . — Los m. ¡ han perforado el borde alveolar de la man- 
díbula pero todavía no han sido atacados por la masticación; el 
embrión de los p. \ es ele tamaño mayor ; se reemplazan los caninos 
y los m' \ á m'jj. 

Estadio 8°.-— Los m. f entran en función y cuando ya han sido en 
parte atacados por la masticación se reemplazan los m\ \ por 
los [).{. 

Estadio 9°.— Todos los dientes persistentes en función ; todos los 
premolares y molares definitivos de base abierta; los i. l son de 
mucho mayor tamaño que los i.- que son relativamente chicos, 
delgados, muy puntiagudos y no muy elevados, no más altos ó 
apenas un poco más altos que los i. L ; los premolares y molares 
aumentan gradualmente de tamaño del primero al último ; el m. - 
es apenas un poco más grande que m. -; el m. 3 es de diámetro 
ántero-posterior relativamente pequeño en la superficie mastícalo- 



362 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



na de la corona, pero aumenta gradualmente hacia la base que es 
muy ancha y abierta. Las muelas superiores son de sección trans- 
versal en forma de paralelógramo y las inferiores de lóbulos exter- 
nos convexos. Este estadio corresponde al género Adelphotherium 
como lo distingue Mercerat. 

Estadio 10° — El individuo ha alcanzado todo su desarrollo ; los 
i. i más gastados han disminuido de diámetro transverso y de 
tamaño, mientras que los i. -- de base abierta permanente han 
aumentado de tamaño y se presentan más elevados v notablemente 
mas fuertes que los i.±; el m. s es un poco más grande que m. a 
siendo la diferencia de tamaño entre ambos clientes notablemente 
mayor que en el estadio precedente; el m. * es de base relativa- 
mente á la corona, menos ancha, de manera que el diámetro trans- 




83. Nesodon imbricatus Owen. Rama derecha de la mandíbula inferior de 
un individuo completara >nte adulto, vista de arriba, reducida a una mitad de] 
tamaño natural; ¿>, i», i*, los incisivos ; c, canino jp», p», p «, p «, premolares ; m ' 



"i ! , ni \ verdaderos molares. 



versoen la raiz y en la corona es más igual que en el estadio 
anterior. Los molares con el desgastamiento han disminuido de 
diámetro ántero-posterior presentando así una forma más cuadrada ; 
empiezan á cerrarse las raices de los premolares y á formarse las 
de los molares. La cresta sagital ya bien desarrollada es angosta y 
• ■levada. Este estadio de desarrollo corresponde al género Neso- 
therium de Mer< erat. 

Estadio 11° — Este estadio se distingue muy bien por el gran 
tamaño del m. ! con relación á los demás dientes ; con el desgasta- 
miento los demás molares y los premolares han disminuido de 
diámetro ántero-posterior mientras que el m. que lie dichoera de 
base m4§ ancha, á medida que se gastaba la corona ascendía la Igase 
aumentando gradualmente de diámetro ántero-posterior. Las 
muelas superiores son de sección transversal en forma de trapecio. 
Todas las muelas, menos el m. * tienen raices bien formadas; el 



OBSERVACIONES CRITICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 



363 



m. - tiene una raiz bastante larga, no dividida y abierta en la 
base ; en donde disminuye de tamaño, de donde resulta que el 
diámetro ántero-posterior disminuye gradualmente de la corona á 



fiu 3 — 




Fig. 84. Nesodon itnbricatus Owen. Paladar con toda la dentadura, del mismo 
individuo que la figura 83, reducido á una mitad del tamaño natural. /', i *, ¡\ los 
incisivos;^ canino; p\ p*, p 3 , p\ los premolares ; m \ m *, m 8 , los verdaderos 
molares. 



364 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

la base. La cresta sagital es muy elevada y comprimida. Este 
estadio de desarrollo corresponde al género Protoxodon como lo 
define el señor Mercerat. 

Estadio 12" — El m. - es relativamente de gran tamaño y los 
demás dientes mucho más pequeños; la diferencia de tamaño entre 
m. - y m. - es todavía mayor. El m. - disminuye rápidamente de 
tamaño de la corona á la base que es muy pequeña: aumentando 
todavía la edad, la base se divide en raices distintas. Este estadio 
de desar rollo corresponde á los individuos sumamente viejos. 

La evolución de la dentadura del género Adinotherium es en 
sus etapas generales la misma que en Nesodon, pero siempre en 
cada estadio los dientes de ambos géneros muestran notables dife- 
rencias de conformación. 

Ahora puedo ser rápido en el examen del trabajo del señor 
Mercerat que es del principio hasta el Un una continuada serie 
de errores. Seis géneros admite en este grupo, que son Adinothe- 
rium, Acrothertum, Protoxodon, Nesodon, Adelphotherium 
Nesotherium. 

Adinotherium. En este género, además de las especies por mi 
fundadas, admite el autor tres nuevas que llama A. pulchrum, A. 
antiquum y A. Kobyi. Estas tres especies las distingue por el 
mayor ó menor tamaño relativo de m. - comparado con los otros 
dientes, y por el mayor ó menor desarrollo de la cresta anterior 
externa de los premolares, precisamente los caracteres que más 

varían, según la edad ; esas especies i stán pues fundadas y no 

se diferencian en nada de las ya descritas. Adinotherium anti- 
quumy Adinotherium Kobyi son sinónimos de A, splendidum 
Amegh. Adinotherium pulchrum corresponde á la misma especie 
en -ii mayor desarrollo. 

Ed la página 32 pretende referir á Adinotherium el animal que 
he dado á conocer con el nombre de Phobereotherium, espresán- 
dose en los altamente inconvenientes términos que siguen : 

« s¡ este autor se hubiera dado la pena (no se lo que quiere decir) 
de abrir la parte correspondiente de un Adinotherium y se hubiera 
fijado sobre el modo de implantación de i. -. sobre la dirección que 
toma la raiz de este diente, sin duda hubiera dicho autor llegado á 
la conclusión que el i. 2 lia existido sobre el ejemplar que le ha 
servido de tipo, y no se hubiera ;iire\ ido á fundar un género nuevo 
que designa bajo el nombre de Phobereotherium, establecido sobre 
el único carácter en que este anima] se acerca de Adinotherium ; 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 365 

que « se distingue de él por la ausencia del par de incisivos inter- 
mediarios superiores (i. 1 ). Verdad es que no hay vestigios de i. L 
en el ejemplar á que se refiere el señor Ameghino, por el motivo 
que le falta á este ejemplar la parte donde estaba implantado este 
diente. Esa parte se ha destacado según un plano situado un poco 
más arriba del borde alveolario del i. i. Proponemos, pues, la 
radiación del género Pkobereothcrium Amegh., y la incorporación 
de la especie por la cual había sido creado en el género Adinothe- 
rium. » 

Si el señor Mercerat hubiera á lo menos tenido la prudencia de 
pensar que yo mismo podía haber destrozado la parte que falta, 
como así fué en efecto, para de ese modo asegurarme de que no 
existían ni los vestigios del i. -, no hubiera escrito esa sarta de dis- 
parates, y no hubiera tenido nada que proponer, porque el género 
Phobereotherium existe y puede cuando guste examinarlo en mis 
colecciones en la. que está representado por piezas que tienen ambos 
incisivos externos (i. -) implantados en el intermaxilar, y sin vesti- 
gios de los incisivos internos, ni espacio suficiente para que hubie- 
ran podido desarrollarse. Después de esto me parece que es inútil 
pierda tiempo en averiguar qué pueden ser los trozos de cráneos, 
mandíbulas, etc., que el autor describe bajo el nombre de Adino- 
therium sylvaticum, que identifica con mi especie de Phobereothe- 
riuml 

Acrotherium. Antes de examinar lo que dice el autor sobre 
este género, debo llamar la atención sobre una nota que se encuen- 
tra al final del folleto, en la cual, entre otras afirmaciones dispara- 
tadas dice : « La impresión de nuestro trabajo estaba casi termina- 
da, cuando hemos recibido la entrega 3 a , tomo I, del 1° de Junio 
de 1891, de la Revista Argentina de Historia Natural, en la (pie 
el señor Ameghino da á conocer cuatro nuevas especies de la fami- 
lia de los Proto.rodontidae, etc. » En ese número, al dar la des- 
cripción del género Acrotherium. para designar el premolar super- 
numerario superior emplea una notación especia] y ¡ rara coinciden- 
cia! es la misma que emplea el señor Mercerat desde las primeras 
páginas de su folleto: quedan enterados los lectores de la candidez 
con que dice que tuvo conocimiento de esc número de la Revista 
después de haber casi terminado su trabajo, y sobre todo si tienen 
presente que él se ha distribuido dos meses después del citado nú- 
mero de la Revista, En otra parte de la misma nota dice: «Por fin 
declaramos que no podemos considerar como fundada la especie 



3G6 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Acrotherium stygium, por el motivo que el maxilar inferior de 
Acrotherium no era conocido en el momento de la publicación 
arriba mencionada». El señor Mercerat no ve, ó no sabe, ó no 
quiere ver. Pero, ¿si en la -corta diagnosis del A. karaikense doy 
las medidas de la dentadura inferior, cómo quiere entonces 
pretender que no la conocía? El cráneo de -i. karaikense que he 
figurado tiene ambas ramas de la mandíbula inferior igualmente 
intactas, que son las que me sirvieron ele tipo de comparación para 
determinar e\A. stygium del que también poseo partes del cráneo. 
Es triste que la ofuscación conduzca á una persona hasta á leer lo 
contrario de lo que está escrito, pero es más triste todavía ver la 
desenvoltura con que pretende hablar de lo que no sabe, para llevar 
en todas partes la confusión más espantosa, como si se hubiera 
querido hacer una farsa, ó como si ex-profeso buscase la confusión. 
En la página 9 dice que Acrotherium tiene f m. : es un error, 
solo tiene f. El autor funda cinco especies que pretende nuevas, 
que llama A. patagonicum, A. australe, A. intermedium, A. 
variegatum y A. mutabile. Es bueno tener presente que el autor 
no asigna á las muelas de Acrotherium ningún carácter que per- 
mita distinguirlas de las de Nesodon y por mi parte puedo ase- 
gurar que es imposible distinguir si las muelas aisladas proceden 
de uno ú otro de esos dos géneros. Sin embargo el señor Merce- 
rat encuentra el modo de fundar el A. australe sobre un solo 
m. - ! y el A. intermedium sobre dos ejemplares del m.4! Los 
^4. variegatum y A. mutabile solo reposan sobro fragmentos in- 
completo- de maxilares, que, sin duda, como las muelas que le han 
servido para fundar las dos especio precedentes, deben ser de Ne- 
sodon ó de Adinotherium, pues el autoi no c íe absolutamen- 
te nada de los caracteres del género Acrotherium como se lo voy 
á demostrar. La pie/a más completa que atribuye á este género 
es un cráneo que dice está en perfecto estado de conservación y 
es el tipo de su pretendido Acrotherium patagonicum. Entre los 
caracteres que asigna á este cráneo (pág. 14) encuentro los (pie 
3iguen: «A juzgar por los vestigio- de p. ' que presenta nuestra 
muestra, este diente está biradiculado. p. '" no tiene nada de par- 
ticular. Los caninos superiores no existen más sobre nuestra mué 
fcra . No existen más que los alvéolos de estos dientes que ><>w co- 
locados al limite mismo del borde anterior delmaxilar». En la 
página 15 dice: «Largo del diastema entre p. :, y p. J 6 milíme- 
tros^). Ahora bien,, en Acrotherium el diastema entre p. ia y p. - 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 367 

es mucho más pequeño, el p. - no es biradiculaoVj, y el alvéolo 
del canino nunca se encuentra en el limite anterior del maxilar en 
ningún Nesodontidae, sino bastante más atrás. Lo que se encuen- 
tra en el limite anterior del maxilar en los Nesodontidae jóvenes, 
es una vacuidad, último vestigio del alvéolo que ocupaba el canino 
de leche, que luego se oblitera más ó menos pronto según las es- 
pecies y los individuos, pero cuyos vestigios persisten siempre, 
más ó menos visibles hasta la edad más avanzada . Es esta cavi- 
dad que el señor Mercerat ha tomado por el alvéolo del canino, 
de modo que el que dice ser p. in es en realidad el canino, de don- 
de resulta que no se distingue en nada de Adinotherium ó Neso- 
don y que el autor no conoce absolutamente nada de los caracte- 
res del género Acrotherium, y que sus pretendidas especies nue- 
vas las ha hecho nada más que por el placer de hacerlas, como lo 
demuestra de una manera evidente la ausencia completa de ca- 
racteres distintivos, y el material fragmentado sobre que las esta- 
blece, que se reduce á una ó dos muelas para algunas espe- 
cies ! 

Protoxodon. El género Protoxodon fundado por mi, del que 
he descrito cuatro especies, ya se ha visto que es el estado com- 
pletamente adulto del Nesodon imbricatus de Owen, de modo 
que tiene que desaparecer como género distinto, cosa de que no 
se ha apercibido el señor Mercerat á pesar del rico material de 
que dispone. Lejos de eso, aumenta todavía las especies existentes 
en más del doble. Ei autor (pág. 50) se equivoca al pretender que 
p. 2 es biradiculado, pues es de una sola raíz. En el texto de mi 
obra repito claramente que Gronotherium tiene las muelas infe- 
riores arqueadas hacia adentro ; es por consiguiente una imperti- 
nencia la insistencia del señor Mercerat « de que si' me hubiera 
tomado la molestia de hacer esto ó de hacer. aquello» porque esa 
molestia me la he tomado antes que él y esos pretendidos carac- 
teres que pretende descubrir los he claramente establecido antes 
de que él se ocupara de fósiles. 

El autor pretende referir mi género Gronotherium á Protoxo- 
don (pág. 51 y 57). He distinguido el género Gronotherium por 
sus muelas inferiores arqueadas (Inertemente) hacia adentro y de 
raíz única, no bifurcada y constantemente abierta. No sé ni quie- 
ro averiguar qué serán esas mandil tulas que el señor Mercerat 
refiere á Protoxodon decrepitum como sinónimo de GronotJic- 
rmtn. El género Gronotherium <\ no existe en el museo de La 



368 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Plata existe en mis colecciones, en donde podrá examinarlo y con- 
vencerse que las muelas de individuos tan viejos que han ya per- 
dido casi por completo la corona, presentan una raiz muy larga, 
arqueada hacia adentro, no bifurcada y de base abierta. Preten- 
de (pág. 7 y 51), que lie establecido caracteres que no existen para 
pi >der incluir entre los Nesodontidae el género Colpo<h>n, que dice 
se parece á Homalodontotherium, en lo que se equivoca por par- 
tida doble, porque Colpodon no tiene nada de parecido con el ci- 
tado género, ni he necesitado inventar caracteres para incluirlo 
entre este grupo, por la sencilla razón deque se parece tanto á 
Nesodon que es absolutamente el mismo género ! Proto vodon 
eoidens Merc. pág. 52) dice que le parece homólogo de Nesothe- 
rium carinatus, lo que es muy natural puesto que ambos no son 
sino un mismo género; la especie no está caracterizada y solo 
existe en su fantasía. Protoxodon ciernáis , dice, es homólogo (en 
sus caracteres) á Nesotherium Studeri (pág. 53); es claro puesto 
que Nesotherium solo ha existido en su imaginación, como tam- 
bién la especie que cita, que no está caracterizada, y no existe. 
Protoxodon Trouessarti (pág. 54), dice, le parece homologa por 
sus caracteres de Nesotherium Nehriñgi; siendo estos pretendi- 
dos géneros simples sinónimos de Nesodon, la especie, en cuanto 
á su valor, se encuentra en el mismo caso que las precedentes; 
el número y colocación de los orificios dentarios no tiene en este 
caso ninguna importancia, pues es sabido que su número no es 
constante en los animales de gran talla, y en cuanto á su coloca- 
ción con relación á la dentadura varia durante toda la vida! la 
especie es puramente nominal. Protoxodon americanus (pág. 55) 
está basado sobre fragmentos incompletos de ramas mandibula- 
res, sin que mencione ningún carácter distintivo (vuelvo á repetir 
que las medida- no constituyen caracteres distintivos sino que 
son un complemento de estos)., es pues también simplemente no- 
minal. A propósito de Protoxodon obliteratus A.megh. pretende 
(pág. 57) desautorizar el carácter distintivo que he dado do | ; , es- 
pecie, que consiste enla ausencia del canino en los adulto., por 
ser este diente caedizo ; es inútil como todo lo demás que r^-v\- 
be ; poseo la especie en varios ejemplares, con mandíbulas intac- 
tas, que puede examinarla- cuando lo desee. 

A propósito de Protoxodon Sulioani (ipág. 58) dice: «Owen es 
tablecé las relaciones de homología de esos dientes comparándo- 
los con el género Nesodon, y el venerable sabio admitía que al 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 369 

i. j de Nesodon le seguían ocho clientes; pero descubrimientos 
ulteriores de piezas más completas de las que disponía el ilustre 
paleontólogo, han venido á probar que en el género Nesodon _, los 
dientes que siguen al i. 3 son solamente en número de siete». La 
interpretación de Owex es perfectamente exacta, al i. -$ de Neso- 
don le siguen ocho dientes y no siete, el señor Mercerat no sabe 
lo que dice ; ha confundido los individuos jóvenes con los adultos 
y no ha sido capaz de distinguir la dentadura caediza de la den- 
tadura persistente. Por lo demás, Protoxodon Sulivani es sinó- 
nimo de Nesodon imbricatm, especie que tiene más de 30 sinó- 
nimos del señor Mercerat. Protoxodon Henseli (pág. 59) y P. 
speciosus (pág. 60) fundados sobre fragmentos incompletos de ra- 
mas mandibulares, tampoco están caracterizados y solo han exis- 
tido en la fantasía del autor. Es bueno tener presente que el autor 
admite en este género 11 especies todas sin caracterizar, incluso 
las cuatro antes por mi admitidas. Pues bien, reconocida por mi 
la identidad de Nesodon, Adelphotherium, Nesotherium v Pro- 
toxodon, solo encuentro en los cuatro géneros reunidos unas cua- 
tro ó cinco especies, lo que quiere decir que en el solo estadio Pro- 
to radon, las once especies del señor Mercerat deben reducirse á 
cuatro ó cinco, que son las que ya eran conocidas, y que á esas 
especies les ha dado once nombres en el estadio Protoxodon, seis 
en el estadio Adelphotherium, probablemente otros tantos en el 
estadio de Nesodon, y diez en el estadio de Nesotherium ! Con 
esto ya basta y sobra para juzgar de la completa nulidad del 
autor, y del poco valor del trabajo mencionado. ¡ No vale 
nada ! 

Adelphotherium. En este pretendido género enumera seis 
especies que llama .4. lutarium, A. trivium, A. repandum, A. 
ligatum, A. Rothij A.pumilum. En la página 61 se lee: «Los 
i. 1 y- son siempre de raiz cerrada. Algunas especies tienen los 
tres incisivos superiores de raiz cerrada». Es un error completo 
del autor que ha confundido dientes de la primera dentición con 
los de La dentición persistente ; el i. - es siempre de raiz abierta en 
iodos los Nesodonttdae. En la página 62 dice: «Del otro lado 
del mismo cráneo se vé un pequeño diente que corresponde al 
i.-. Nos hemos asegurado de que este diente era el de la denti- 
ción permanente, practicando la abertura necesaria en el interma- 
xilar. Este diente es muy arqueado y de raiz cerrada». Esto es 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 24 



¿J7U REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

un disparate ; el autor ni lia sabido observar ni ha sabido partir 
la pieza como es necesario ; ábrala señor Mercerat por segunda 
vez. examínela mejor, y verá que encima de ese diente se encuen- 
tra el de la dentición persistente. 

En la página G4 hablando del pretendido Adelphotherium Rotht 
dice : « Se encuentran implantados en este fragmento, los p. - y 
p. - de la primera dentición, y m. J y m. -. Pero señor Mercerat. 
si esos dientes son de la primera dentición no pueden ser p. - y 
p. -; es necesario que todavía estudie un poco más la nomencla- 
tura y notación de la dentadura. 

Acá también encuentra el autor homologías entre las especies 
que coloca en el género Adelphotherium y ciertas especies que 
coloca en Nesot/ieriurn, lo que se esplica, puesto que en uno y 
otro caso se trata solo de representantes del género Nesodon. To- 
dos los caracteres que asigna al pretendido género Adelphothe- 
rium son exactamente los mismos que presenta Nesodon en el 
estadio de desarrollo número 9, pero las especies (pie en él coloca 
se distribuyen en los estadios (3 á 9. No hay por qué insistir en que 
esas seis especies no tienen razón de existir y son puramente ima- 
ginarias, puesto que solo representan diferentes estadios á^ desar- 
rollo del género Nesodon. 

Nesodon. Este género, según lo define el señor Mercerat 
solo está constituido por individuos muy jóvenes, en los que to- 
davía miác ha efectuado el reemplazamiento de los dientes. La 
única escepcion es el que llama Nesodon limitatum, que no es un 
Nesodon sino un género distinto {Rhadinotherium Amegh.) y 
tan diferente, que cuando se conozca mejor quizás sea necesario 
sacarlo de entre los Nesodontidae. 

Nada puedo decir sobre lo que el autor dice de los caracteres de 

la dentadura de las piezas que designé con los nombres de Atryp- 
therium bifurcatum y Scopotherium cyclopsen loque se refiere 
.'i cada uno de los dientes en ellas implantados, puesto que no puedo 
examinarlos. Basta sin embargo una simple ojeada alo (pie de 
días dice, para conocer que es una serie continua de errores. Es 
claro que el que llama p. y. de ladenticion de leche de Atrypthe- 
rium no puede ser el p. T . Agrega el señor Mercerat (pég. 21): 
o si el señor Amegh ino se hubiese dado la pona de abrir la pieza 
como nosotros lo heñios hecho, hubiera encontrado debajo del p. T 
que describe (¡qué disparate!) el p. t de la dentición definitiva en 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 371 

estado de desarrollo ya algo avanzado. Además hubiera visto que 
m. T ya tiene dos raices bien divergentes, la anterior ya con raiz 
cerrada á su estremidad, y no se hubiera encontrado este señor en 
la enojosa necesidad (¡ qué fastidioso es este señor Mercerat !), al 
referirse á este género, de escribir la frase que leemos en la página 
483 de su obra, etc.. luego la muela conserva la misma forma has- 
ta su parte inferior en donde concluye en base abierta». Al ver 
el aplomo con que se espresa cualquiera creería que es un maestro 
consumado en la materia; pues bien, no es asi, todo eso no pasa de 
fatuidad y pedantería. Yo no podía romper esas piezas porque no 
eran mias, y las observaciones que sobre ellas hice fué por el 
aspecto aparente de la dentadura, comparada con la figurada por 
Owen, y sobre simples moldes en yeso mal ejecutados (porque no 
tuve tiempo de hacerlos mejor) sin que luego pudiera volver á 
consultar las piezas por el proceder incalificable del Director del 
museo á mi respecto, que de otro modo desde entonces hubiera 
resuelto este problema que el señor Mercerat no ha hecho sino 
complicar de una manera espantosa. El señor Mercerat que á 
cada instante dice que ha roto las piezas para ver esto y para ver 
aquello, no ha hecho sino destrozar material inútilmente pues 
carece de los conocimientos más elementales, y para adquirirlos 
tiene que destrozar todavía muchos cientos de piezas más. Que 
Atryptheriurn y Cyclops eran muy cercanos de Nesodon, ya lo 
dije en mis descripciones, agregando que solo los separaba de una 
manera provisoria, pero que probablemente habría que reunirlos 
más tade en un solo género. No lo hice desde un principio porque 
había una contradicción entre el número de raices que Owen 
atribuía á los dientes inferiores de Nesodon y el que presentaban 
los dientes délas piezas por mi examinadas. ¿ Ha resuelto la cues- 
tión el señor Mercerat que ha partido tantas mandíbulas con el 
objeto de tener « un argumento irrefutable á ia mano » (sic) con 
que criticarme? ¡ Qué iba á resolver si no entiende nada de lo que 
trata ! No ha conocido (pág. 21) que el diente que yo describí como 
p. Í5 con cuatro raices, no puede ser el p. - ; no ha conocido que el 
que dice es un m. - de la misma pieza (pág. 22) no puede ser un 
diente persistente sino un diente caedizo J no ha conocido que la 
pieza que sirvió de tipo á mi Atryptheriurn era de un individuo 
muy joven en el que todavía no se había efectuado el cambio 
de dentadura ni habían hecho todavía su erupción los últimos 
verdaderos molares ; no ha conocido (pág. 24) que el tipo de mi 



372 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Scopotherium se encuentra en idénticas condiciones que el prece- 
dente; no ha conocido que el segundo ejemplar (pág. 24) del que 
dice : « no hemos descubierto más rastros de la primera dentición », 
también es un individuo joven en el que precisamente todavía no 
se ha efectuado el cambio de dentición ; no ha conocido (pág. 27) 
que el Nesodon oüinus de Owen representa un Adinotherium 
joven; no ha conocido (pág. 20) que el Nesodon imbricatus de 
( >wen representa una de las primeras etapas de los pretendidos 
géneros Adelphotlieriurrij Nesotherium y Protoa odon; no ha cono- 
cido que lo que dice de la pieza sobre que funda su Nesodon 
Oweni (pág. 23) es imposible, que en esa pieza tampoco (á pesar de 
lo que dice en contrario) se ha efectuado el cambio de dentadura 
y que el verdadero m. Tj tiene que encontrarse todavía adentro de 
la mandíbula; no ha conocido que la dentadura figurada por 
Owen como N. imbricatus era la dentadura de leche, y que de 
consiguiente los dos últimos molares de la primera dentición deben 
también tener las raices bifurcadas ; no ha conocido (pág. 18) que 
es un imposible que Nesodon carezca de caninos; no ha conocido 
l;i homología (pág. 18) de ninguna de las muelas inferiores de 
Nesodon, ni de la primera ni déla segunda dentición puesto que 
atribuye \ p. y ¡ m., en función á individuos en los que todavía se 
encuentran en el interior de las mandiladas los m. f embrionarios ; 
no ha eonocido que (pág. 18) los incisivos de raiz cerrada (todos) 
es un carácter propio de la primera dentición; no ha conocido 
(pág. 19) que el gran diastema entre los dos incisivos externos 
superiores es solo propio de la primera dentición ; no ha conocido 
que la convexidad ántero-posterior (pág. 19) de los lóbulos de las 
muelas inferiores es un carácter juvenil; no ha conocido (pág. 10) 
que la- raices anchas y bifurcadas de las muelas inferiores es un 
carácter esclusivo de la primera dentición ; no ha conocido que la 
encorvadura de las muelas en todos los Nesodontidae varia de 
grado y de dirección según la edad de los individuos; no ha sabido 
que las aristas perpendiculares (pág. LO y 19) de la parle anterior 
de la cara externa de las muelas superiores son características para 
las dos ultimas muela- de la primera dentición, y para la primera 
etapa de desgastamiento de los dos primeros verdaderos molar.-; 
no ha sabido, ú pesar que dice que el cambio «de dentición Be 
efectuaba en época muy tardía» (pág. 20), que se efectuaba en 
época todavía mucho más tardía; no ha sabido que la posición 
posterior de los molares (pág. I0y20)es un carácter de la época 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 373 

juvenil que desaparece gradualmente con la edad ; no ha sabido 
que la cresta sagital (pág. 10 y 20) poco desarrollada y baja era 
igualmente un carácter juvenil, porque en todos los animales de 
cresta sagital alta y elevada, esta empieza por ser baja y se eleva 
gradualmente con la edad; y por último, no ha sido capaz de dis- 
tinguir los caracteres que eran propios de la juventud, de los que 
son característicos de la edad adulta (esta confusión de edades se 
encuentra en todos los trabajos publicados por el mismo autor). 
¡Cosa singular ! en la casi totalidad de los restos atribuidos á las 
distintas especies de Nesodon el autor declara que proceden de 
individuos jóvenes con escepcion de la pieza que sirve de tipo á 
Nesodon limitatus, que precisamente es la única que procede de 
otro género. Pero, por Dios, ¿cómo no se le lia ocurrido al autor 
que era cosa por demás singular que todos los pretendidos restos 
de Nesodon procedieran de individuos jóvenes? ¿ó creyó que los 
Nesodontes nunca llegaban á viejos? Todas las especies incluidas 
en el género Nesodon proceden de individuos en sus primeras 
etapas de desarrollo, en los cuales todavía no se había efectuado 
el cambio de dentadura. Después de esto me parece que es inútil 
pierda tiempo en saber qué son los restos que el señor Mercerat 
atribuye á las pretendidas especies que designa con los nombres 
de Nesodon bifureatus, N. Oweni, A 7 , cr/clops, A 7 . Rutimeyefi, 
N. imbricatus, N. typicus! y N. Ovinus. 

Nesotherium. Xo había el autor podido incluir un suficiente 
número de especies en los géneros Nesodon, Adelphotherium 
y Protoxodon; era necesario hacer muchas especies para asi 
llamar la atención sobre las grandes riquezas paleontológicas del 
museo de La Plata. Bastó un esfuerzo de voluntad para que que- 
dara segregado de Protoxodon el nuevo género Nesotherium en 
el que era fácil incluir otra docena de especies. No me estenderé 
sobre los caracteres de este pretendido género, puesto que á pesar 
de los mayores esfuerzos su mismo autor no ha podido definirlos. 
Bástame recordar que la pequeña diferencia en la sección trans- 
versal de las muelas, única que ha podido descubrir, depende 
únicamente del menor desgastamiento de esos dientes compara- 
dos con los de individuos más adultos, que coloca en el género 
Protoxodon. En definitiva, el género Nesotherium está constitui- 
do por individuos ya adultos del género Nesodon con la dentición 
persistente en sus primeras etapas de desgastamiento. No tengo, 



o?4 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pues, por (|uú estenderme sobre las diez especies que coloca en 
este ia ; nero. que designa con los nombres de Nesotheriun carina- 
tum, N. Studeri. Nesotherium elegans, X. rufum, Nesotherium 
patagonense, X. turgidum, X. rutilum, N. argentinum, X. 
Nehringij N Burmeisteri 3 pues en su casi totalidad, sino todas, 
corresponden á Nesodon imbricatus Ow., especie á la que el señor 
Mercerat parece ha aplicado más de 30 nombres. Los distingui- 
dos naturalistas á los que el autor ha dedicado la mayor parte de 
sus especies deben estarle muy agradecidos de la alta distinción 
que les ha acordado ! 

Olvidábaseme algo de gusto muy delicado. El señor Mercerat 
ni siquiera ha querido dejar de dar un cuadro filogenético de los 
distintos géneros de Nesodontidae (pág. 11), pero sin decir absolu- 
tamente una palabra de los datos en que lo funda. Es un hecho que 
por demasiad-) sabido ni habría por qué recordarlo, que la ontoge- 
nia, ó sea el desarrollo del individuo representa en sus distintas 
etapas la evolución filogcnética porque ha pasado la especie. Si 
bien se ha visto que los géneros llamados Nesodon, Adelphothe- 
rium, Nesotherium y Protoxodon son un mismo animal, en 
diferentes estadios de desarrollo, siempre que el cuadro filogenéti- 
co concordara con este desarrollo, no tendría mida de criticable. 
Pero es el caso que sé encuentra completamente invertido, apare- 
ciendo Aerotherium como dando origen k Nesotherium, esteá 
Adelphotherium y este á Nesodon Lo que es absolutamente lo 
mismo que si dijera (pie el hijo generó ;il padre, el padre ;d abuelo 
yel abueloal bisabuelo ! Pura hacerlo al revés era imposible hacerlo 
mejor. ; Se ha lucido el señor MERCERAT ! Puede publicar olios 
cuadros parecidos que i dudablemente han de llamar la atención 
por su estravagante originalidad... 

Para que le sea al autor tarea más fácil volver á clasificar los 
restos de Nesodontidae acompaño acá un cuadro de los caracteres 
distintivos de los géneros á que ahora este grupo queda reducido. 

I. Muelas |, incisivos f. 

. icrotherium Amegh. 

II. Muelas,, incisivos f. 

A. Premolares y molares superiores de la dentición persistente 
sin surco perpendicular sobre la parle anterior de la cara externl ; 
i. : . de sección triangular. 

a. Premolares y molares (cuando adulto-) de base bifurcada en 
raices distinta-, separadas y de estremidad cenada . 



OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS ¿375 

1. Tamaño considerable; p. T y -¿ uniradiculados ; molares infe- 
riores de corona casi derecha ó muy ligeramente arqueada hacia 

afuera. 

Nesodon Owen. 

2. Tamaño notablemente menor; p. T uniradiculado ; y p. - bira- 
diculado; molares inferiores fuertemente arqueados hacia afuera. 

Adinotherium Amegh. 

h. Premolares y molares de una sola raiz no bifurcada y de base 
constantemente abierta; muelas inferiores arqueadas hacia adentro. 

Gronotherium Amegh. 

B. Muelas superiores con un surco perpendicular angosto y pro- 
fundo sobre la parte anterior de la cara externa; i.-jde sección 
semi-cilíndrica ; los premolares y caninos inferiores se dirijen 
hacia afuera formando un fuerte arco de circulo. 

Xotoprodon Amegh . 

III. Muelas i- ; incisivos |, faltan los superiores internos. 

Phobereotherium Amegh . 

No conozco otras especies de los géneros Acrotherium, Grono- 
therium y Phobereotheriuin que las (pie ya he determinado en mis 
anteriores trabajos. En el cuadro precedente, no he incluido el 
género Rhadinotherium, pues si bien no tengo duda de que es un 
género muy distinto, no estando representado en mis colecciones y 
no pudiendo reexaminar el original que debe encontrarse en el 
museo de La Plata, no me es posible precisar mejor sus caracteres. 

Xotoprodon está representado por dos especies. 

1. Talla relativamente reducida, p. T y c. - muy pequeños, alto 
de la rama horizontal al nivel del borde posterior de la sinfisis 53 
milímetros. 

Xotoprodon so l idus Amegh. 

2. Talla mucho mayor, o. T y p. T bien desarrollados; alto de la 
rama horizontal al nivel del borde posterior de la sinfisis 84 milí- 
metros. 

Xotoprodon máximus n. sp. 

Las especies del género Adinotherium del eoceno de Patagonia 
son siete, que con materiales completos puedo distinguir de este 
modo. 



376 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

1. Frente relativamente plana; sutura de los nasales y frontales 
formando un areo de circulo regular; c. ¡- vertical y sin diastema 
entre p. r ; diastema entre c. T y i. ^ muy pequeño; diastema entre 
p. -, c. l - y i. -muy cortos. Longitud de la dentadura superior 14 
centímetros ; ancho máximo del intermaxilar, 60 á 64 milímetros. 

A. magtster Amegh. 

2. Frontales con una fuerte cresta transversal en su parte ante- 
rior en forma de escalón que desciende hacia adelante; cráneo 
corto y ancho; c. - colocado contra p. - 1 ; longitud de la dentadura 
superior 16 centímetros ; ancho máximo del intermaxilar 6 centí- 
metros. 

A. robustum n. sp. 

3. Frontales separados por una profunda canaleta longitudinal y 
con una protuberancia convexa en la parte anterior de cada uno ; 
longitud de las 7 muelas superiores IOS milímetros. 

.1. splendidum Amegh. 

4. Frontales con un pequeño prolongamiento entre los nasales; 
diastema entre c. 1 y p. -corto; c. y inclinado adelante y separado 
de )). -por un diastema; longitud de la dentadura superior 154 á 
158 milímetros ; ancho máximo del intermaxilar 5 centímetros. 

.1 . oüinum (Owen) (1). 

5. Sutura de los nasales con los frontales formando un arco 
regular; frente relativamente plana ; paladar muy angosto adelan- 
te ; diastema entre c. L 6 i.- muy largo ; c. r separado de p. T por un 
diastema regular ; longitud de la dentadura superior 140 á 145 mi- 
límetros; ancho máximo del intermaxilar, 45 a ls milímetros. 

A. ferum Amegh. 

6. Tamaño notablemente menor; longitud déla dentadura su- 
perior 128 á 132 milímetros; ancho máximo del intermaxilar, 4 

cení ímetros. 

A. nittdum Amegh. 

7. Premolares y molares superiores con una tuerte columna 

convexa ántero-interna; longitud dr las siete muelas superiores 

102 á los milímetros. 

.1. haplodontoides Amkoii. 

(1; Con el descubrimiento de que Nesodon ocinufes un Adinothcrium, .\. pro- 
.iiiiiiiin A.MEGH. ha resultado ser sinónimo de esta especie. 



OBSERVACIONES CRITICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 37? 

Del género Nesodotí solo conozco cinco especies, que se distin- 
guen por los siguientes caracteres: 

1. Toda la dentadura bien desarrollada; frontales con un fuerte 
prolongamiento triangular entre los nasales. Talla considerable. 
Longitud de la parte anterior media del i. L á la parte posterior del 
m.- 26 á 29 centímetros. 

Nesodon imbricatus (Owen) (1). 

2. Misma talla que la especie precedente y dentadura toda bien 

desarrollada, pero sin prolongamiento triangular de los frontales 

entre los nasales. 

Nesodon marmoratus Amegh. 

3. Talla mucho menor ; toda la dentadura bien desarrollada ; 
frontales sin prolongamiento anterior internasal ; paladar muy 
angosto ; c. - pequeño y separado de p. - por un diastema muy lar- 
go; longitud de la parte anterior media del i. - á la parte posterior 

del m. -, 22 centímetros. 

Nesodon andium n. sp. 

4. Talla de N. Sulwani; caninos rudimentarios y caedizos (no 

existen en los individuos adultos) ; longitud de las siete muelas 

inferiores, 205 á 210 milímetros. 

Nesodon ob lita 'atas Amegh. 

5. Caninos bien desarrollados ; primer premolar superior é infe- 
rior completamente rudimentarios, estiliformes ; longitud de la 
parte anterior del i. - á la parte posterior del m. ^ 22 centímetros. 

Nesodon conspurcatus Amegh. 

Los materiales de este grupo que me han servido para la critica 
y revisión que precede, mucho más importantes que los del museo 
de La Plata, quedan á disposición de todos los estudiosos que 
deseen ó necesiten consultarlos, y también de los señores Alcides 
Mercerat y F. P. Moreno. 

Prometí juzgar al señor Mercerat según sus obras. ¿Qué qued a 
délo que ha escrito f Un montón de papel impreso, y nada más. Si 
tales publicaciones versaran sobre objetos comunes en las coleccio- 

(1) Es la especie más común, á La que pertenecen las nueve décimas partes de 
los restos <me se encuentran; son sinónimos de esta especie, .V. Sulioani Ow. ; To- 
seodon patagoniense Mor. ; Protoxodon Sulioani Amegh., y próximamente unos 
treinta nombres más del señor Mercerat distribuidos en los géneros Nesodon, 
Adelphotherium, Nesot/icrium y Protoxodon. 



378 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

nos, hubiérame callado, porque todos los naturalistas habrían podi- 
do apreciarlas desde el primer momento,, é inmediatamente las 
hubieran condenado al más completo olvido. Pero versan sobre 
objetos que, fuera del museo de La Plata, solo en mi poder se 
encuentran iguales. Esas colecciones del Museo las clasifiqué en 
los dos últimos meses del año 1887., y publiqué su enumeración 
sistemática en el mes de Diciembre de ese mismo año. Fué después 
de esa publicación, que el Director del museo, procediendo de la 
manera más arbitraria me cerró las puertas del establecimiento 
para que asi no pudiera continuar los trabajos que había empezado. 
Algún tiempo después, publiqué todos los datos que sobre esas 
colecciones había podido obtener en el corto espacio de tiempo que 
las había examinado. Pero comprendí que esas colecciones habían 
quedado en malas manos, y que tarde ó temprano se trataría de 
anular mi trabajo introduciendo en ellas la confusión y el desorden. 
Fué entonces que decidí rehacer las colecciones, costara loque 
costara; mi hermano Carlos Ameghino que había reunido la 
primera colección, se encargó de continuar la esploracion de los 
ion ¡torios patagónicos con ese exclusivo objeto ; y hoy, gracias á 
su inapreciable é inteligente concurso y á la decidida cooperación 
que nos han prestado distinguidas personas cuyos nombres recor- 
daré en oportunidad, mis colecciones del eoceno de Patagonia son 
infinitamente superiores á las del Museo de La Plata, y no diré que 
me dan, sino que me imponen la obligación de hablar, sobre todo 
después del carácter decididamente personal y de contrapunto que 
el señor Mercerat ha impreso á sus publicaciones. Si me hubiera 
callado, primeramente se menoscababa mi crédito, en segundo Lu- 
gar dejaba que se introdujera en la pal fcología argentina la 

confusión más deplorable, y por último, como algún diairánal 
estrangero objetos parecidos, es claro que si se dejara subsistente 
tal fárrago de disparates publicados bajo los auspicios de un esta- 
blecimiento oficial sin que acá nadie los levantara, no solo sufriría 
mi reputación científica sino que también se formarían una muy 
triste idea de] adelanto intelectual de un país en el que se hubieran 
podido estampar tantas atrocidades pretendidas científicas sin que 
se levantara una voz para rectificarlas. 

Estas cuestiones son demasiado serias y no se juega con ellas; el 
que cae es raro que vuelva á levantarse, y iodo autor que tiene 
una acabada idea de las responsabilidades en que incurre, antes de 
criticar á otro lo piensa cien veces, para estar seguro de que no 



OBSERVACIONES CRITICAS SOBRE LOS MAMÍFEROS EOCENOS 379 

incurre en error á su vez : pero eso lo hacen los que saben algo, y 
no los que no saben nada, porque estos, precisamente por eso, ni mi- 
den esas responsabilidades, ni se les ocurre que puedan equivocarse. 

Todos los naturalistas han cometido y cometen errores, pero hay 
errores de muchas clases. Owen tomando la dentadura de leche de 
Nesodon imbricatus por la dentadura definitiva cometió un error 
que se explica por los pocos materiales que tuvo á la vista, y por no 
conocer la parte posterior de la mandíbula qáe inmediatamente le 
hubiera demostrado que se trataba ele un individuo joven, pero ese 
error en nada menoscaba su reputación; Burmeister, fundando 
sobre una muela de leche de Nesodon el género Colpodon se espli- 
ea perfectamente por la forma particular del único objeto que tenia 
á la vista ; que á mi vez haya considerado como animales distintos 
mandíbulas de ese mismo Nesodon nada tiene tampoco deestraño 
teniendo en cuenta los materiales incompletos deque disponía y los 
trabajos errados de Owen que forzosamente tenían que servirme de 
guía. ¡Pereque el señor Mercerat disponiendo de un material 
riquísimo que comprende casi todos los estadios de desarrollo del 
mismo animal, solo consiga embrollar más su conocimiento ; que 
coloca en géneros que no existen regimientos de especies que tam- 
poco existen, que distingue las numerosas diferencias producidas 
por la edad y las toma como diferencias genéricas ! son errores 
imperdonables, sin circunstancias atenuantes de ninguna clase, en 
ios que tan solo puede incurrir un principiante: pero un princi- 
piante no los publica, porque debe tener un mentor á su lado eme 
le aconseje. 

No tendría razón en volver á repetir que esas publicaciones 
acarrearán descrédito sobre su autor, porque él es un ilustre desco- 
nocido en la ciencia y á ese respecto nada puede perder, pero bajo 
el punto de vista puramente científico concluirán de hundir en el 
más profundo desprestigio el musco de La Plata y su Director 
fundador (1). 



(1) También han aparecido ea la primera y -''-ínula quincena de agosto las ilus 
primeras entregas de los Anales del Museo d> La Plata conteniendo la enumera- 
ción de las aves fósiles de la República Vrgentina, descritas por los señores 
Fi'.am isco P. Moreno y Alcides Mercerat. La absoluta falta de espacio me 
obliga á dejar su análisis para el próximo número, mas puedo sin embargo avanzar 
que constituyen un soberbio complemento de las publicaciones más arriba exami- 
nada, pues desde el famoso Homo di I mi ¡ tcstis de Scheuchzer no se han come- 
tido errores que denoten una ignorancia más completa «le las nociones más elemen- 
tales de anatomía comparada, que los en <| ||( ' incurren los mencionados autores. 



380 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

P. S. Al terminar la corrección de este pliego, hoy 26 de Setiembre de 1891, 
recibo por correo un panfleto del señor Alcides Mercerat, titulado Obsercations 
relatices á deuos articles critiques de Mr. Florentino Ameghino, Buenos Aires, 
1891 (pero que lleva al pié fecha 25 de Agosto), exclusivamente destinado á deni- 
grarme! Sin duda si yo no tuviera el alto honor de ser argentino, me honraría en 
ser compatriota de los distinguidos paleontólogos italianos á que hace alusión el 
autor de ese pasquín. En ese libelo, en el que á cada instante falta á la verdad 
con el mayor descaro, no levanta una sola de las críticas científicas que en tér- 
minos correctos hice á sus dos primeros artículos, y á falta de razones me insulta 
de la manera más grosera desde la primera hasta la última página, descendiendo 
hasta mi vida privada y á mis antecedentes personales sobre los que trata de arro- 
jar sombras, bajo forma- veladas, que no son propias de caballeros. El señor Mer- 
cerat que es suizo y ha apenas un par de años llegado acá en el país, que no 
me conoce personalmente ni siquiera de vista, es claro que solo puede haber to- 
mado esos informes cu el museo de La Plata, y sabiendo los antecedentes que 
me distancian del director de ese establecimiento, lo primero que á uno se le ocur- 
re (y coincide con la forma de ese libelo escrito en mal francés con sintaxis espa- 
ñola como si fuera en gran parte traducción literal de un original redactado en 
español), es que esos insultos bajos y groseros son desahogos de mala ley inspi- 
rados por el director del museo señor F. P. Moreno. ¡ Cómo será ese libelo que 
basta el impresor se A" acergonsado de su contenido y >"< impuesto ai pié su 
nombre niélele la impn nta : Fácil es sin embargo darse cuenta del estableci- 
miento que puede haberlo impreso, pero siendo el -'■fu,]- Mercerat empleado del 
museo de La Plata en donde existe una imprenta, es natural que el público sos- 
peche que es allí cu donde se ha impreso, y que sospeche que allí cu esa impren- 
ta que tan cara cuesta á la provincia que la sostiene, puedan imprimirse impune- 
mente pasquines destinados á infamar reputaciones. Todo eso refleja mucho ho- 
nor sobre el museo de f a Plata y su director y sub-director secretario señores F. 
P. Moreno j Mercerai que resultan ser no solo más ó menos iguales en sabet 
sino también de la misma talla moral. Afortunadamente mi vida es intachable y 
áda poi todo un pueblo; siempre he vivido cu el Erutode mi trabajo, j me 
he formado con mi- esfuerzos, y <i esos caballeros se respetan deben precisar cuá 

li - -mi mis actos que puedan empañar en lo más míuim i honor, para poderlos 

rar a le- Tribunales de Justicia y pedirles severa cuenta de sus palabras. Poi 
mis antecedentes me encuentro colocado demasiado arriba para descender al tei 
reno bajo y lleno de lodo en el que el sub-director del museo de La Plata ha co 
locado una cuestión puramente científica, y sin duda mis distinguidos colegas del 

mundo entero pensarán conmigo qi se señor j sus trabajos no eran dignos de 

la crítica esclusivamente científica que prec I 3in embargo, cuando el autor dé 
á mis contra-críticas Eormas dccenks, la- contestaré. De los insultos é injurias 
dará cuenta ante el Juez del Crimen. Yo me ocupo de ciencia, j no de porque- 



UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA Y ACADEMIA NACIONAL DE CIENCIAS 381 



Universidad de Córdoba y Academia Nacional 
de Ciencias 

Según informes publicados, parece que por razones de econo- 
mía, se proyecta la supresión de la Universidad de Córdoba 
y la Academia Nacional de Ciencias, que le es anexa. La Uni- 
versidad de Córdoba es en antigüedad la segunda de Sud América, 
la mas antigua de la República, está intimamente ligada al desar- 
rollo histórico-social de nuestro pais y de sus grandes hombres, y 
como tal tiene adquiridos sobrados títulos de respeto y hasta 
podríamos decir de veneración. Además, razones de alta política 
y concordia nacional, aconsejan su conservación con todas sus 
facultades actuales. Venezuela, que no nos aventaja ni en población 
ni en extensión territorial, tiene tres universidades nacionales. 
¿Para qué citar el ejemplo de los Estados Unidos y de Alemania, 
en donde existen en casi todos los estados f Tampoco es difícil 
preveer que la centralización de la enseñanza universitaria en la 
sola Universidad de Buenos Aires pi educiría un inevitable retardo en 
el estado de adelanto y cultura de las provincias del interior, pues 
un considerable número de sus hijos se verían en la imposibilidad 
de proseguir sus estudios, de modo que ciertas profesiones podrían 
convertirse en privilegio exclusivo de la parte de la sociedad aca- 
riciada por la fortuna. Alégase que la Universidad de Córdoba tiene 
muy corto número de estudiantes, pero tampoco es esta una razón 
para aconsejar su supresión, pues, precisamente de lo que se trata 
no es que salgan de las aulas muchos graduados, sino que ellos 
sean buenos, y seguramente para obtener este último resultado no 
sería medida apropiada la supresión de una de las universidades, 
sobrecargando asi la que ya tiene demasiado número de estu- 
diantes. 

( Uro tanto podemos decir de la Academia Nacional de Ciencias, 
anexa á la Facultad de Ciencias de esa Universidad. Es este en 
nuestro pais el único instituto oficial exclusivamente consagrado 
al estudio y adelanto de las ciencias exactas y naturales, val cono- 
cimiento científico de nuestros vastos territorios. Su presupuesto, 
á fuerza de reducciones, no puede ser yá más exiguo, y no puede 
pretenderse que con él haga más de lo que hace. Esc instituto 
mantiene relaciones y sostiene cange de publicaciones con ocho- 



382 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

cientos centros científicos de todos los países de la tierra. ¿Los 
siete ú ocho mil pesos nacionales anuales que se ahorrarían con la 
supresión de la partida del presupuesto destinada al sostenimiento 
de la Academia, compensarían el mal efecto que su supresión pro- 
duciría para el país, en los centros científicos existentes en todos 
los países civilizados? Evidentemente no. Países que considera- 
mos atrasados, como el Japón, las colonias inglesas del Canadá y 
de Australia, y hasta las del África austral y de Nueva Zelandia, 
costean institutos científicos oficiales, dotados de mayores recursos 
que el nuestro, porque saben que del adelanto de las ciencias y 
del conocimiento de su suelo, depende su futura grandeza. ¿Será 
posible que por causa de la crisis también en cuestión de institu- 
tos científicos quedemos á retaguardia déla colonia del ("abo ó de 
Nueva Zelandia;* 

Creemos, pues, fundadamente que. tanto el ilustrado Ministro de 
Instrucción Pública, como también los miembros del Congreso, 
no insistirán en la proyectada supresión de la Academia de Cien- 
cias, ni de la Universidad, ni de ninguna de sus tres facultades. 



F. Ameghino. 



Tomo 1 Buenos Aires, Diciembre 1° de 1891 Entrega, 6 a 



REVISTA ARGENTINA 



DE 

HISTORIA NATURAL 



Los monos fósiles del eoceno de la República 
Argentina 

Por Florentino Ameghino 

Sin duda, entre los progresos de la paleontología argentina, uno 
de los descubrimientos de mayor importancia es el hallazgo verifi- 
cado por mi hermano Carlos Ameghino, de restos de monos en los 
terrenos eocenos de la Patagonia austral. Este descubrimiento lo 
comuniqué á Europa en el mes de Mayo último en carta particular 
al distinguido naturalista E. Trouessart, y lo publiqué en el 
número del I o de Agosto de esta Revista (véase pág. 217), lla- 
mando á uno de esos animales Homunculus patagónicas, consi- 
derándolo provisoriamente como un lemuroideo de caracteres 
más elevados que los hasta entonces conocidos. En la descripción 
abreviada que di de los nuevos mamíferos fósiles descubiertos en 
el eoceno de Patagonia (Nuevos restos de mamíferos jósües 
descubiertos por C. Ameghino en el eoceno de La Patagonia aus- 
tral), distribuida en folleto separado en el mes de Agosto pasado 
y reimpresa en el número del I o de Octubre de esta Revista (véase 
pág. 290) di de él una corta descripción, afirmando que se trataba 
de un verdadero mono., y de caracteres elevados. 

Grande fué pues mi sorpresa cuando al ojear un folleto (Revista 
del Museo de La Plata, tom. II, pág. 65 y sig.), distribuido en 
los primeros dias del mes de Octubre, me encontré con que el señor 
Mercerat anunciaba la presencia de restos de monos en el eoceno 
de Patagonia, como un hecho completamente nuevo, del que toda- 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 25 



384 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

via no se hubiera hecho mención ; verdad es que el trabajo lleva 
al pié la fecha 20 de Julio de 1891, como hubiera podido llevar 
cualquier otra ; los naturalistas bien saben el caso que se hace de 
esas fechas, puestas al final de los trabajos. El material sobre el 
que se basa, se reduce á un pequeño fragmento muy destrozado 
de mandíbula inferior con un solo diente incompleto 3 pieza encon- 
trada por el señor Mercerat entre los restos fósiles del Museo de 
La Plata, y que le sirve de base para proponer el nuevo género y 
la nueva especie Ecphantodon ceboides. Es bueno recordar que 
yo había comparado el Homunculus patagonicus por la talla, á 
una pequeña especie del género Cebus, y por la dentadura al género 
Hapale. 

Los restos de monos del eoceno de Patagonia, hasta ahora des- 
cubiertos por mi hermano Carlos, son referibles á cuatro géneros 
bien distintos, lo que indica que esos animales eran en la men- 
cionada época, relativamente abundantes. 

Homunculus patagonicus Ameghino en Re Arg. H¡.<, Nat., t. 1, ent. IV, p. 217, 
I o Agosto 1891, — id. ent. V, p. 290, I o Octubre 1891, — id. Nueo. rest. de ma- 
míf.fós. de se. por C. Ameghino, etc., p. 4, n° 1, Agosto 1891. 

Sin. Ecphantodon ceboides Mercerat en Reo. Mus. La Plata, t. II, p. 74, Octubre 
1891. 

Esta especie, tipo del género, está representad;! por una rama 
mandibular derecha con parte déla dentadura, la paite sinfisaria 
completa del mismo Lado y paite de la del lado opuesto, procedente 
de un individuo completamente adulto con toda la dentadura persis- 
tente en función. Ambas ramas mandibulares están completamente 
soldadas, sin vestigios de sutura. Sobre esta pieza existe el alvéolo 
incompleto del canino izquierdo, tres alvéolos muy pequeñoscor- 
respondientes á los dosün isivos del lado izquierdo y al primero del 
ladoderediM. el segundo incisivo del lado derecho un poco gastado 
.mi -ii cara anterior al que sigue el canino, y ur< dientes intactos, 
y más atrás dos muelas á las que les falta la corona, no quedando 
de ellas más que la base debajo del cuello ; es posible que detrás 
siguiera otra muela, pero no es dado afirmarlo con seguridad. De 
consiguiente, la mandíbula inferior lleva en cada rama dosincisivos, 
un canino y cinco ó quizás seis muela-. En mis primeras noticias 
dije que estas muelas se distribuían en dos premolares y tres mola- 
re-, pero examinando ahora la pieza con "I tiempo necesario, veo 
que por la forma las tres primeras muela- representan premolares, 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 385 




Fig. 85. Homunculu spatago- 
nicus Amegh. Rama mandibu- 
lar derecha, vista por el lado 
externo, en tamaño natural : i. 
incisivos; c. canino; />. 2, 3 y 4 
los tres premolares. 



y las dos últimas molares verdaderos ; si efectivamente falta un 
diente atrás la fórmula dentaria seria -i. -¡-c. -3 p. 3 m. 

Los dientes están dispuestos en serie continua. Los cuatro inci- 
sivos son muy pequeños, de raices comprimidas lateralmente, con 
la corona de la misma forma y gastada 
del mismo modo que en los monos su- 
periores, pero con la inclinación hacia 
adelante menos acentuada, presentán- 
dose asi en dirección más vertical. 
Los tabiques que separan los alvéolos 
de los incisivos son sumamente del- 
gados, de manera que los cuatro dien- 
tes ocupan un espacio muy reducido. 

El canino es de tamaño notablemente 
mayor pero de corona apenas un poco más elevada y de cúspide un 
poco roma ; su lado perpendicular interno es un poco deprimido y 
con un reborde basal bastante pronunciado, que asciende hacia 
arriba en el borde anterior, pero que hacia atrás se desarrolla hasta 
formar un contrafuerte ó tubérculo basal póstero-interno bien pro- 
nunciado. La cara perpendicular externa es convexa. 

El primer premolar que sigue (p . ~) 
es casi de la misma forma que el ca- 
nino pero de corona un poco más 
baja y más roma, más convexa al 
lado externo ; presenta al lado in- 
terno un cingulo basal bien desarro- 
llado que asciende sobre el borde 
anterior para formar un callo pro- 
nunciado adelante, colocado bastan- 
te arriba, y un callo basal póstero- 
interno también fuertemente desar- 
rollado que se une á la cúspide del diente por una cresta que as- 
ciende gradualmente hasta confundirse con este 

El premolar que sigue difiere del que precede por la forma de la 
corona que en vez de presentarse más ó menos deprimida ó 
espatulada al lado interno, es más bien tuberculosa y estendida 
oblicuamente de adelante hacia atrás y de afuera hacia adentro. 
La cara externa, igualmente muy convexa, se eleva formando una 
especie de cono con un pequeño tuberculito accesorio ántero-inter- 
no, cerca de la cúspide. El callo basal póstero-interno toma un 




Fig. 86. Homúnculos patagoni- 
cus Amegh. Rama mandibular de- 
recha, vista por el lado interno, en 
tamaño natural : i: incisivos ; c. ca- 
nino; p. * p. 9 p. *, los tres premo- 
lares ; m. 1 m. 2 , verdaderos mola- 
res. 



386 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 




Fig. 87. Homunculus patagó- 
nica» Amegh. Mandíbula infe- 
rior, vista de arriba, en tamaño 
natural. La parte que falta de la 
rama izquierda se ha completa- 
do sobre la derecha: i. incisi- 
vos ; c. caninos ; p. 2 p, 
los premolares; m. ' r, 
daderos molares. 



Y p. 

1 ver- 



gran desarrollo formando como un segundo lóbulo tuberculoso 
muy convexo al lado interno, en donde se levanta para formar un 
tubérculo ó cúspide menos elevada que la externa y con un peque- 
ño tubérculo basal posterior. 

El diente que sigue (p. 7 ) bastante más gastado por la mastica- 
ción, es de tsmaño un poco mayor y 
deja ver la misma forma del que pre- 
cede todavía más acentuada, de manera 
que se distinguen muy bien dos tubér- 
culos internos más pequeños y dos ex- 
ternos mayores, reunidos cada par in- 
terno y cada par externo por una cresta 
longitudinal, y los internos á los ex- 
ternos por crestas ó aristas oblicuó- 
transversales ; este diente puede consi- 
derarse como dividido en dos lóbulos, 
de los cuales el posterior más pequeño, 
no se encuentra sobre la linea longitu- 
dinal, sino sobre el lado póstero-interno, de manera .que el eje 
mayor de la corona se encuentra en dirección oblicuó-transversal, 
aunque no de una manera tan acentuada como en los premolares 
que preceden y en el canino. Los tres premolares aumentan de ta- 
maño del primero al tercero pero de una manera muy poco acen- 
tuada. 

Los dos verdaderos molares que siguen, con la 
corona rota, son de tamaño apenas un poco ma- 
yor y al parecer iguales entre si, pero con los dos 
lóbulos en serie longitudinal, de manera que á 
juzgar por las raices y la base de la corona, esta 
estaba dividida por dos surcos perpendiculares 
opuestos, uno al Jado intern i y el otro al ex- 
terno, y sin duda con I"- cuatro tubérculos mejor 
acentuados. Estas muelas eran apenas un poco 
más Largas que anchas, y con dos raices transversales, una ante- 
rior y otra posterior ; el contorno de la parte conservada de la 
base de la corona es más ó menos cuadrangular. 

La barba en su cara anterior externa es regularmente Acu- 
nada hacia atrás y un poco comprimida lateralmente sobn- su 
parte media, particularmente arriba, debajo de los incisivos inter- 
mediarios, en donde forma como una carena limitada á derecha ó 




Fig. 88. Homun- 

CUluS/i(('"U r >""" s 

Amegh. Mandí- 
bula inferior, vis- 
ta de adelante, en 
tamaño natural. 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 387 

izquierda por una pequeña depresión que se encuentra debajo de 
cada uno de los incisivos externos ó inmediatamente adelante del 
canino. 

La perforación mentoniana, de tamaño regular, se encuentra 
colocada debajo del primer premolar (p. ? ) inmediatamente delante 
de la raíz de este. 

Sobre el lado interno, la parte sinfisaria se inclina hacia adelante 
en su parte súpero-anterior, un poco más abajo es como escavada, 
presentando hacia el primer tercio de su altura una fuerte protube- 
rancia sobre su parte media, á la que sigue hacia abajo, inmediata- 
mente arriba del borde inferior, dos pozitos profundos separados 
por una arista perpendicular que se levanta sobre la línea de con- 
tacto de ambas ramas. 

La rama horizontal es sobre el lado externo casi completamente 
plana, aumentando gradualmente de altura de adelante hacia atrás 
aunque de una manera poco acentuada ; el borde inferior es regu- 
larmente convexo. Ambas ramas mandibulares formaban una 
especie de U angosta de ramas prolongadas y poco divergentes 
atrás, y que se cerraba en su parte anterior por una curva 
regular. 

Ancho del espacio ocupado por los alvéolos de los cuatro incisi- 
vos inferiores medidos sobre el lado interno, 5 milímetros. Ancho 
de la corona del incisivo externo, 1,5 milímetros ; alto déla corona 
del mismo diente sobre el lado externo 2,3 milímetros. Diámetro 
ántero-posterior de la corona del c. -, 3 milímetros ; alto de la corona 
del mismo diente, 4,5 milímetros. Longitud del espacio ocupado 
por los tres premolares, 10 milímetros. Longitud del espacio ocu- 
pado por las raices del m.- y m.^, 8 milímetros. Longitud de la 
parte anterior del i. -¡ á la parte posterior de la raiz del m. ¿, 24,5 
milímetros. Longitud de la sínfisis sobre la línea mediana ántero- 
externa en línea recta, 12 milímetros. Distancia de la perforación 
mentoniana al borde alveolado, 4,2 milímetros. Altura de la rama 
horizontal debajo del p. T , 9,5 milímetros; debajo delp. 3, 10 milí- 
metros; debajo de la parte posterior del m. 2, 12 milímetros. 

A/ithropops perfectus n. gen. n. sp. Está representado por la 
parte anterior de una mandíbula inferior con la sínfisis casi en- 
tera, los cuatro incisivos inferiores desgraciadamente rotos al ni- 
vel del borde alveolario, los alvéolos de ambos caninos, los dos 
primeros premolares del lado derecho rotos sobre el borde alveo- 
lario, el premolar tercero intacto del mismo lado, la parte ante- 




388 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

rior del alvéolo del primer premolar del lado izquierdo, y la paite 
anterior del alvéolo del primer verdadero molar del lado derecho. 
A juzgar por la parte existente, parece que la fórmula dentaria ha 
sido la misma que en Homunculus ; sin embargo distingüese por 
diferencias de conformación general tan profundas que obligan á 
separarlo como género distinto. Asi, las series dentarias en vez 
de formar una U prolongada y de ramas poco divergentes, diver- 
gen notablemente hacia atrás formando el conjunto una curva 
algo parecida á una herradura y muy aproximada en su disposi- 
ción á la del hombre, con la parte anterior proporcionalmente 
mucho más ancha y más redondeada que en Homunculus. Las 
ramas mandibulares también están soldadas y sin vestigios de 
sutura como en el género precedente, pero la barba (mentó) es 
mucho menos inclinada hacia atrás, mucho más 
ancha y más convexa en todas direcciones ; so- 
bre ella no se ven vestigios de la compresión 
lateral que he señalado en Homunculus, ca- 
reciendo también de las dos depresiones que 
Fig. 89. Aní rojw* muestra j a mandíbula de aquel género debajo 

perfectas AMEGH.Par- ... i j 5 i + 

te anterior de la rama c ^ e 10s incisivos externos, de donde resulta que 
derecha de la mandí- la parte superior debajo de los incisivos medios 

bula inferior, vista es mág p [ ana m ., s vert i c al V todo el conjunto 
por el lado externo, r . • . , * 

en tamaño natural : i, del borde superior de la sinhsis, mas ancho y 
incisivos ; c, canino ; más redondeado. Sobre el lado interno, la 
p. - /.. 3 p. \ ios pre- sm £ s j s presenta en su mitad superior una gran 

molares. . ... 

escavacion cóncava que no existe en el genero 
precedente, á la que sigue hacia abajo, más ó menos sobre la mi- 
tad de su altura una fuerte protuberancia transversa] ; la parte in- 
ferior, inmediatamente encima del borde, muestra los dos pozos ó 
impresiones musculares que he señalado en Homunculus. 

Los cuatro incisivos inferiores, á juzgar por las raices, estaban 
implantados casi verticalmente, formando un arco de circulo 
perfecto; eran pequeños y «le raices muy comprimidas lateral- 
mente. 

Los caninos, á juzgar por los alvéolos; eran de tamaño notable- 
mente mayor, y con su eje mayor en dirección más oblicua al eje 
de la serio dentaria. 

Cada uno de los tres premolares presenta una sola raiz de con- 
torno elíptico con su eje mayor en dirección oblicua al eje <1<> la 
3Órie dentaria, helos dos primeros premolares como lo be indi- 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 389 




cado más arriba, solo quedan las raices, que son más pequeñas 
que las raices que denotan los alvéolos de los caninos. 

El premolar tercero presenta la corona intacta, pero está dema- 
siado gastada por la masticación para que se pueda determinar 
sus caracteres; es muy baja sobre el lado interno, más elevada 
sobre el externo, de contorno eliptico con su eje mayor oblicuo, 
convexa sobre los lados interno y externo, y un poco más ancha 
sobre este que sobre aquel. Los detalles de la superficie de la co- 
rona, por los vestigios que quedan, parece se acercaban á los del 
mismo diente de Homunculus. 

Toda la dentadura está dispuesta en serie 
continua con los dientes todavía más apretados 
unos á otros que en el género precedente. La 
perforación mentoniana se encuentra en la 
misma posición, pero existe además otro par 
de agujeritos pequeños en la parte anterior de 
la sínfisis, debajo de los incisivos internos. El 
tamaño no era mayor que el de Homunculus 
patagónicas, pero sí deformas más robustas. 
Ancho del espacio ocupado por los cuatro in- 
cisivos sobre el lado interno del borde alveo- 
lado, 4,20; sobre el lado externo, 5,20 milíme- 
tros. Mayor diámetro del alveolo del canino, 3,10 milímetros. Ma- 
yor diámetro de las raices de los premolares, 
2,80 milímetros. Diámetro longitudinal oblicuo 
máximo de la corona del p. - 3,30 milímetros; 
transverso, 2,8 milímetros. Distancia del borde 
externo de uno á otro canino, 9,5 milímetros. 
Longitud del espacio ocupado por los tres pre- 
molares, 9,5 milímetros. Longitud de la parte 
anterior del incisivo interno á la parte poste- 
rior del p. r , 15,5 milímetros. Longitud de la 
sínfisis en línea recta sobre su linea mediana 
11,6 milímetros. Alto de la rama horizontal 
debajo del p. - 10 milímetros. 

El Anthropops perfectus era un mono de 
caracteres todavía más elevados que el Ho- 
munculus patagonicus. 

Homocentrus argentinus n. gen. n. sp. Este 
mono particular desgraciadamente solo me es 



Fig. 90. Anthropops 
perfectus Amegh. 
Parte anterior de la 
mandíbula inferior, 
vista de arriba, en ta- 
maño natural: i inci- 
sivos; c, canino; p. * 
p. 3 p. 4 , los premo- 
lares. 




Fig. 91. Anthropops 
perfectus Amegh. 
Parte sinfisaria de la 
mandíbula inferior, 
en tamaño natural : C 
vista de atrás ; D vista 
de adelante. La den- 
tadura ha sido res- 
taurada de acuerdo 
con la disposición de 
los alvéolos. 




390 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

conocido hasta ahora por un fragmento de la parte posterior de la 
rama derecha de la mandíbula inferior con la última muela intacta 
y parte de la penúltima. A juzgar por este fragmento, parece haber 
sido de talla bastante mayor que los dos precedentes. En cuanto á 
sus caracteres son completamente distintos, y sin duda también es 
de una familia diferente completamente extinguida, de la que es- 
pero que pronto se descubrirán nuevos restos. 

El fragmento de mandíbula es completamente igual á la parte 
correspondiente de la mandíbula del Homunculus patagónicas, 
pero los caracteres dentarios son absolutamente distintos. La 
muela implantada en este fragmento, que es la última del lado 
derecho, muestra tres raices distintas, una más grande sobre el 
lado externo y dos un poco más pequeñas 
sobre el interno ; de estas dos, la última ó 
posterior es un poco arqueada y dirijida 
hacia adentro y hacia atrás. 

La corona, bastante baja, no es menos sin- 

Fig. üTH^occntrus g ular - Su contorno general es irregularmen- 
argentinus AMEGH.Frag- te sub-circular, bastante más elevada al 
mentó de la rama dere- lado externo que al interno, con la cara 

cha de la mandíbula in- j ■ i • c 

' . , , 14 . perpendicular externa mas angosta y tuer- 

fenor con la ultima mué- f f o 

la, en tamaño natural: teniente convexa, y la interna más ancha 
a vista por el lado exter- y bilobada por una fuerte escotadura. La 
no; , vista por e a i o cara p er p enc ^ cu } ar anterior presenta una fa- 

interno;C, vista de arriba. L r r 

ceta plana y muy lisa que demuestra que el 
diente anterior se encontraba fuertemente apretado aljotro. 

La superficie masticatoria es todavía más característica por su 
complicación particular completamente diferente de la de todos 
los demás monos que hasta ahora me son conocidos. La parte 
anterior y externa está formada por una gran figura ó colina de 
esmalte en forma de arco de círculo, angosta adelante y que se 
enancha gradualmente hacia atrás. Más adentro hay otra colina 
de esmalte, angosta y elevada, en forma de S, que atraviesa obli- 
cuamente toda la corona desde el ángulo ántero-interno al pa- 
tero-externo. Por último, preséntanse al lado interno dos tubér- 
culos, uno anterior más pequeño y el otro posterior más grande 
colocado hacia atrás, prolongándose hacia afuera en forma de 
cresta corta. Las dos grandes crestas mencionadas y el tubérculo 
póstero-interno con su prolongamiento externo están separados 
por dos hendiduras profundas dirijidas oblicuamente de adelante 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 391 

hacia atrás y de adentro hacia afuera. La corona de la muela tie- 
ne 4,3 milimetros de diámetro ántero-posterior, 5 milímetros de 
diámetro transverso, 2,5 á 3 milimetros de alto sobre el lado ex- 
terno y 1,5 á 2 milímetros sobre el interno. De la muela que pre- 
cedía á esta, existe el agujero completo del alvéolo de la raíz pós- 
tero-interna, y parte de los de la raiz externa y de la ántero-interna, 
lo suficiente para demostrar que la penúltima muela estaba formada 
sobre el mismo tipo que la última, por lo menos en lo que se refiere 
al número y disposición de las raices. 

Eudiastatus lingulatus n. gen. n. sp. Otro mono singular, que 
tampoco encuentra colocación en las familias conocidas ; al revés 
de los precedentes, este es de caracteres poco elevados,, y hasta 
cierto punto comparable á un lemuriano, pero de caracteres dis- 
tintos de todos los conocidos. Hasta ahora solo está representado 
por la parte anterior de la mandíbula inferior con la sínfisis com- 
pleta y una pequeña parte de la rama mandibular izquierda. Esta 
pieza procede de un individuo muy joven en el que recien empe- 
zaban á perforar el borde alveolario los dientes de reemplaza- 
miento. A pesar de eso, ambas ramas mandibulares aparecen ya 
completamente soldadas, sin el menor vestigio de sutura. 

La sínfisis se distingue inmediatamente de la de los géneros 
Homunculus y AnthropopSj por ser un poco más angosta y me- 
nos redondeada adelante, pero sobre todo por la barba (mentó) 
que no se eleva hacia arriba, sino que se dirije hacia adelante, de 
modo que su superficie ántero-inferior mira hacia abajo y es fuer- 
temente inclinada hacia atrás. Sobre el lado interno también es 
fuertemente inclinada hacia adelante, de fondo cóncavo, y como 
escavada en su parte anterior, terminando en una fuerte apófisis 
saliente que se dirije hacia atrás con un pocito á cada lado, en- 
cima del mismo borde inferior de la sínfisis. Desgraciadamente 
el estado juvenil del individuo no permite formarse una idea cla- 
ra de la dentadura, pero se conoce que estaba implantada en serie 
ininterrumpida. Adelante se ven los vestigios de cuatro incisivos 
relativamente pequeños, seguidos á cada lado de un diente más 
grande y tricuspidado en la corona, á lo menos al salir recien del 
alvéolo ; luego siguen dos ó tres dientes de los que apenas empie- 
zan á salir las cúspides de las coronas, pero que se distinguen fá- 
cilmente de los de Homunculus, Anthropops y Homocentrus , 
por presentar todos cúspides ó más bien crestas cortantes longi- 
tudinales, de las que parecen distinguirse en cada diente, dos 



392 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



principales al lado externo y una al interno. La perforación men- 
toniana no se encuentra adelante como en Homunculusj Anthro- 
pops, sino más atrás de la sínfisis, más ó menos debajo del tercer 
premolar. La sínfisis medida sobre la línea longitudinal ántero- 
externa tiene en línea recta 9 milímetros de largo, y la rama ho- 
rizontal en el borde posterior de la parte existente que parece 
corresponder al nivel del tercer premolar, tiene 8 milímetros de 




Fig. 93. Eudiastatus Ungulatus A.megh. Parte anterior de la mandíbula in- 
ferior, en tamaño natural: a vista de abajo; b, vista de arriba ; e, vista de 
lado. 



alto. Por la forma de los alvéolos que deja visible la rotura, pa- 
rece que los dientes descendían muy abajo y que eran de raices 
muy abiertas ó que por lo menos solo se cerraban en edad muy 




Fig. 94. Typotherium cristatum Sekk. Mano derecha, reducida á 
ño natural. 



* /. del tama- 



avanzada. Por Los caracteres enumerados, este animal viene á 
presentar algunas afinidades con uno de I os grupos del orden de 
Los toxodontes (Toxodontia) de caracteres mixtos sumamente no- 
tables, y esto me conduce á decir algunas palabras del grupo de 
los Protypotlieridae que es la familia á que me refiero. 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 393 

Protypothericlae. Esta familia habíala designado hasta ahora 
con el nombre de Interatheridae, más como el género Interathe- 
rium Mor. ha quedado hasta ahora muy incompletamente cono- 
cido, mientras que otros géneros del mismo grupo (Protypothe- 
rium, Patriarchus, Icochilus) me son ahora conocidos por casi 
todas las partes del esqueleto, me parece más conveniente tomar 
como tipo de la familia el género Protypotherium AiMEGH. que es 
el que en efecto reúne los caracteres más culminantes del grupo. 
Hago esto con tanta mayor razón cuanto que no se encuentra de 
por medio la prioridad de ningún otro nombre, pues Interathe- 




im 
Fig. 95. Icochilus robustus (1) Amegh. Pié derecho en tamaño natural. 

rium probablemente habrá que cambiarlo en razón de su compo- 
sición híbrida, griego-latina. Además, siguiendo estrictamente 
las leyes de la nomenclatura, el nombre de Protypothericlae les 
corresponde de derecho, puesto que es el género más antiguo del 
grupo y el primero descrito. 

Los Protypothericlae son animales sumamente singulares. Por 
los caracteres del cráneo se acercan más de los Toxodontes y Ne- 
sodo/ites que á cualquier otro orden conocido; pero por los ca- 
racteres de la mandíbula inferior y de casi todo el resto del es- 
queleto se parecen mucho más á los unguiculados que á los ungu- 
lados, y entre los unguiculados su mayor parecido es con los mo- 



(1) Icochilus robustus n. sp. Del tamaño de Icochilus extensus, del que se dis- 
tingue por el cráneo más ancho y por los frontales que se prolongan adelante en- 
tre los nasales. Tengo del mismo individuo todo el esqueleto. 




394 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

nos inferiores, especialmente con los lemurianos; mientras que 
los Typotheridae los ligan indiscutiblemente á los Nesodontidae 
y Toxodontidae, el género Eudiastatus forma una cadena casi 
continua que conduce de los monos inferiores, á los Protypothe- 
ridae. 

Los Protypotheridae comprenden cuatro géneros que son Pro- 
typothevium, Patriar chus, Icochüus é Interatherium. Los carac- 
teres generales del cráneo y de la dentición ya los he dado á cono- 
cer en mi obra Contribución al conocimiento de los mamíferos 
fósiles argentinos, etc., 1889. Ahora solo voy á mencionar algunos 
de los caracteres por los cuales se acercan de los monos ó cuadruma- 
nos. En lo que se refiere a la dentición, recordaré el hecho de la 
dentadura en serie continua y el poco desar- 
rollo de los caninos. Las ramas mandibulares 
están completamente soldadas como en los 
verdaderos monos, y esta soldadura se efec- 
túa muy Temprano, antes del cambio de den- 
tadura como en el género Eudiastatus. La 
sinfisis de la barba se parece á la de los mo- 
Fig. 96. icochüus ro- nos inferiores. La forma de la rama horizon- 
te^ a megh. Mano de- t al, de la apófisis coronoidea v del cóndilo 

recha, en tamaño natu- , . . , . -, , , 

ral, del mismo individuo articular es igualmente parecida a la que es 
que la fig. 96: s. esca- propia de los monos inferiores. Todos los 
foides; i. lunar; c. cu- géneros estaban provistos de una cola muy 

neiforme; p. pisciforme; , t-<i i > i 

ce. central; l trapecio; lar S a 1 g ruesa - E1 numero es bastante paré- 
is, trapezoides; m. mag- cido al de los lemurianos, presentando una 
num; u. unciforme. perforación intercondiliana y otra muy gran- 

de sobre el cóndilo interno (falta esta segunda perforación en el 
género Icochüus), caracteres absolutamente incompatibles con el 
tipo ungulado, pero comunes en los unguiculados, encontrándose 
también en muchos monos y en los lemurianos. La extremidad 
próximal del radio es casi circular, y ambos huesos, cubito y radio, 
eran no solo completamente separados en toda su longitud, sino 
que estaban dotados de la facultad de rotación, y de consiguiente 
podian efectunr movimientos de supinación y pronacion. El fémur 
es delgado, largo, sin trocánter lateral ó apenas indicado y colo- 
cado muy hacia arriba, y con la cabeza femoral separada por un 
cuello bien indicado. La tibia y el peroné son constantemente 
separados. Los dedos son constantemente en número de cinco, 
tanto atrás como adelante. El carpo está formado por los ocho 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 395 

huesos comunes en la generalidad de los mamíferos, y además el 
hueso intermediario cuya presencia es generalmente constante en 
los monos; estos nueve huesos y los del metacarpo forman en parte 
series lineales casi perfectas. Las falanges ungueales constituyen 
una de las más grandes particularidades de este grupo, pues no son 
apropiadas para recibir uña ni pezuña, siendo ¡su mayor parecido 
con las falanges ungueales de los monos. El dedo primero de la 
mano gozaba de cierto movimiento lateral, y más todavia el dedo 
quinto, de modo que ambos eran hasta cierto punto opoñibles; 
por lo demás el pié anterior en toda su conformación es una ver- 
dadera mano. El pió posterior no es menos singular y caracte- 




Fig. 97. Icochüus robustus A.megh. Cráneo, visto de arriba, reducido á 3 / i del 
tamaño natural. Mismo individuo que las figuras 96-97. 

rístico; es plantí grado, con el peroné que descansaba encima del 
calcáneo, y con los cinco dedos dispuestos en forma de mano de 
mayor tamaño que la anterior, con las falanges ungueales de la 
misma forma, y con el pulgar (dedo primero) perfectamente opo- 
nible como en los cuadrumanos. 

Es imposible desconocer la importancia de todos estos caracteres 
reunidos que distinguen á los Protypotheridae, y ellos prueban 
que son aliados de los monos inferiores y de los lemurianos y que 
unos y otros descienden de un mismo tronco antecesor común. 

Observaciones generales. — Estos descubrimientos, que proba- 
blemente no son más que el principio de una serie de otros no 
menos importantes, vienen á cambiar todas las ideas que hasta 
ahora teníamos sobre la posible mayor antigüedad geológica del 
hombre y de los monos, como también su punto de origen primi- 
tivo. 



396 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Voy á condensar ahora en unas cuantas palabras las consecuen- 
cias inmediatas que es dado sacar de estos descubrimientos : 

I o La remota antigüedad de los monos fósiles de la Patagonia. 
La fauna que los acompaña es una de las más singulares. Faltan 
en ella absolutamente los verdaderos carniceros placentarios y 
todos los tipos de ungulados modernos, Perisodáctilos stereopter- 
nos, Artiodáctilos yProboscideos. En cambio se encuentran nume- 
rosos ungulados primitivos de grupos absolutamente extinguidos 
(Litopternos, Toxodontes, Amblípodos), una estraordinaria canti- 
dad de edentados que comprenden los tipos antecesores de todas 
las formas más modernas, toda una serie de carniceros primitivos 
aliados unos de los creodontes y los otros de los carniceros marsu- 
piales de Australia, y por fin restos de tipos todavía más singula- 
res, entre ellos una gran cantidad de marsupiales diprotodontes 
del tipo de los Plagiaulacideos, tipo mesozoico indiscutible cuyos 
últimos representantes se extinguen en la base del terciario. Por 
la fauna y las condiciones del yacimiento es indudable que proce- 
den de la base del período eoceno ; son por consiguiente los vesti- 
gios de verdaderos monos más antiguos que se conocen. Como lo 
dije en mis primeras noticias, es digna de tenerse presente la 
circunstancia de que la República Argentina, que es el país de 
donde proceden los restos óseos del hombre fósil geológicamente 
más antiguos que hast a ahora se conozcan, sea también ahora la 
región de donde proceden los ív-tos más antiguos de verdaderos 
monos. 

2 o El punto de origen délos verdaderos monos y del precursor 
de] hombre que hasta ahora se creia debia encontrarse en algunas 
región^ del viejo mundo, se encuentra ;isi trasladado á Sud-Amé- 
rica. Los primero- vestigios de monos en Europa recien aparecen 
en el oligoceno superior (Dryopü hecus) y ellos presentan ya todos 
los caracteres que los distinguen en lo- tiempos más modernos, 
sin que se les encuentre predecesores ai alli ni en Asia, ni en 
Norte-América. La consecuencia natural es que sond igen sud- 
americano y que pasaron al continente euroasiático durante la 
época oligocena conjuntaníente con otros tipos de mamíferos sud- 
americanos (Didelphydae)) roedores histricomorfos, Chaltcothe- 
rtdae, Toxodontia, etc. , (1) que en esa época invadieron el viejo 
mundo. 

(1) El género Cadurcot/iercum Ghrv., del oligoceno de Francia me parece un 

verdadero toxodontido, muy cercano del género eoceno argentino Nesodon Ow. 



LOS MONOS FÓSILES DEL EOCENO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 397 

3° En lo que concierne á las relaciones filogenéticas de los mo- 
nos, según los restos ahora conocidos de sus más antiguos repre- 
sentantes, resulta que los géneros, Homunculus y Anthropops, 
por el número de sus dientes, por la transición gradual en la 
forma de los incisivos á los verdaderos molares, el poco desarrollo 
del canino, su talla general muy pequeña,, etc., se encuentran en 
las condiciones necesarias para ser los antecesores de todos los 
demás monos, sin que las partes hasta ahora conocidas manifiesten 
ningún carácter de alta especializacion que permita suponer sean 
ramas laterales extinguidas sin descendientes modificados. Por 
otra parte, los monos eocenos de Patagonia considerados en con- 
junto, por sus relaciones con los Protypothericlae , la forma parti- 
cular de la mandibula, las raices múltiples de las muelas inferiores 
de Homocentrus, los caracteres protypoteroides de Eudiastatus 3 
etc., prueban que todos ellos son intimamente aliados, y que los 
caracteres primitivos del grupo antecesor de los Simioidea, los 
Protypotheridae y los Lemuroidea deben realmente ser como los 
restauré al fundar el orden teórico de los Atava (Contr. al conoc. 
mamíf.fós. Rep. Arg., p. 347), á lo menos en lo que concierne á 
sus rasgos generales como ser el astrágalo plano, el calcáneo con 
faceta filular, las muelas inferiores tetraradiculadas, etc. 

4 o La existencia de verdaderos monos en el eoceno inferior de la 
República argentina al lado de los Protypotheridae, y la existen- 
cia de lemurianos ó animales parecidos en el eoceno inferior de 
Europa y Norte- América, demuestran que la separación y consti- 
tución del grupo de los monos tiene que remontar en las épocas 
geológicas pasadas á los últimos tiempos de la época secun- 
daria. 



Nota. — Corroer iones al trabajo publicado en el número anterior titulado Nueoos 
restos de mamíferos fósiles, etc.: Páginas 312 y 313, números 97 á 99, cambíese el 
nombre genérico de Protoproc ¿cerra porelde Ampkiprooioerra, pues Protoprooioerra 
ha sido empleado no hace mucho tiempo por Lemoine para distinguir un género de 
creodontes del eoceno inferior de Reims, y no puede de consiguiente conservarse 
para designar el género patagónico que be dado á conocer con ese nombre. Página 
320, número 137, sustituyase el nombre genérico de Geronops por el de Eugera- 
nops, pues Lydekker ha empleado ese mismo nombre (Geranopsis) para distinguir 
un género de aves fósiles en el reciente catálogo que acaba de publicar sobre los 
restos de aves fósiles conservados en el Musco Británico. 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Fungi guaranitici 

nonnulli nocí c. critici. 

auctore Carolo Spegazzini 
(Conclusión) 



63. Uredo Holembergii Speg. — Fung. arg. p. IV, n. 79. 
Hab. Ad folia viva Rubiaceae (an Spermacocis ?) cujusdam in 

valle Y-acan-guazú vocata inter Paraguarí et Valenzuela, 15 
Mrt. 1884 (sub n. 4288). 

Obs. Forma guaranitica a typo nonnihil deflectens ; maculae 
indeterminatae pallescentes; sori hypophylli densiuscule hinc inde 
sparsi minuti (200-250 \>. diam.) erumpentes sordide ochracei ; ure- 
dosporae ovatae (25-30 X 20-24 ¡j.) hyalino-flavescentes, episporio 
subtenui, vix antice nonnihil incrassatulo, dense minuteque spinu- 
loso-papilluloso tectaej 1-guttulatae, pedicello hyalino mox fati- 
scente sufíultae. An melius status uredosporus U. spermacocis 
(Schw) Thm. v. P. spermacocis B. et C.l 

64. Aecidium convolvulinum Speg. (n. sp.) 

Diag. Hypophyllum in maculis deciduis gregarium, albido- 
flavescens ; cellulae pseudoperidii obovatae grosse rugoso-papillo- 
sae; aecidiosporae subglobosae laeves, subhyalinae. 

Hab. Ad folia viva Convolrnli speciei cujusdam in dumetis 
prope Posta-cué, Febr. 1884 (sub n. 4310). 

Obs. Maculae amphigenae orbiculares (2-4 mllm. diam.) superne 
fulvcscenti-rufescentes, per aetatem circumscissae ac deciduae, 
folium dense perforatum v. erosum relinquentes ; aecidia hypo- 
phyllain maculis 3-20-gregaria, dense constipata, ad epipbyllum 
non v. nx papuloso-prominula, cupulato-erumpentia, ore integro 
rotundo donata alba, pseudoperidio membranáceo e cellulis lori- 
catis obovato-subpentagonis (30-40 X 20-24 a) deorsum laevibus 
antice subrugosis grosseque papillato-asperis efiEormato involutaj 
aecidiosporae subglobosae e mutua pressione obtuse angulosae (18- 
22 X 18-20 ¡jl) episporio hyalino 1 1 ' >i< ( 1 1< - tenui laevissimo, jfroto- 
plasmate nubiloso non v. 1-guttulato, leniter pallescente farctae. 

Species ab Aec. calystegiae Dsm. sporis laevibus, ab Aec. opu- 
lento Speg. (Aec. ipomeae Speg.) cellulis pseudoperidii conspicuo 



fungí guaranitici 399 

magis asperis, protoplasmate sporarum subkyalino, ab Aec. ipo- 
mecte Thm. maculis circumscissis ac deciduis recedens. An satis? 

65. Aecidium minus Speg. — Fimg. guar. p. I, n. 155. — DTn. 
1. c. f. 620. 

Hab. Ad folia viva Convolvulaceae cujusdam in sylva subvir- 
ginea Caa-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3568 et 3572). 

Obs. Species ab Aec. opulento {Aec. ipomeae Speg. olim 1. c.) 
summopere recedens; maculae nullae; pseudoperidia amphigena 
sparsa solitaria v. hinc inde 2-15-gregaria, minutissima (100-150 
\¡. diam.) longiuscule exerta, ore integro rotundo, alba; aecidio- 
sporae globoso-angulosae (20-24 x 16-20 [x) crasse tunicatae, epi- 
sporio dense sed minuássime striolato ! 



66. Aecidium solaninum Speg. — Fung. arg. p. IV, n. 96. 

Hab. Ad folia viva Solani speciei cujusdam in sylvis prope 
Villa-Rica, 10 Jan. 1882 (sub n. 3570). 

Obs. Specimina guaranitica a typo nonnihil deflectunt ; an 
species diversa? Maculae amphigenae orbiculares (3-10 mllm. 
diam.) subdeterminatae, superne ferrugineae, zona stricta palle- 
scente cinctae, inferné (pube densa stellata velatae ac) parum visibi- 
les fuscescentes ; aecidia hypophylla, dense congesta concentrice 
disposita, totam maculam occupantia v. in anulo marginali di- 
sposita, minuta (250-350 \j. diam.) albo-pallescentia, erumpenti- 
exertula, ore fimbriato, pul veré pallescente repleta ; membrana e 
cellulis tabularibus loricatis lanceolatis v. rhomboideis (30-40 X 
20-25 ¡x) crasse tunicatis ac dense rugoso-verruculosis tecta ; aeci- 
diosporae e globoso subellipsoideae (25-30 x 20-25' ¡j.) e mutua 
pressione saepe angulosae, episporio hy aliño tenuissimo, papillis 
minutissimis fere imperspicuis densiuscule adsperso vestitae, pro- 
toplasmate nubiloso e hyalino flavescente farctae. 

67. Aecidium talini Speg. (n. sp.) 

Diag. Pseudoperidia maculicola epiphylla dense aggregata mi- 
nuta orbiculatim disposita, albo-cremea, cellulis membranae mi- 
nute papillosis, aecidiosporis globosis laevibus vix flavescentibus. 

Hab. Ad folia viva Talini patentis in dumetis prope Posta-cué, 
Febr. 1884 (sub n. 4314). 

Obs. Maculae orbiculares determinatae (3-15 mllm. diam.) 
impressae e rufo v. fusco-arescentes, minute concentrice rugosae; 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 26 



400 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

aecidia primo utrinque papiúoso-prominula, dein saepius ad epi- 
phyllum erumpentia, nurrierosissima, densissime constipata, fere 
totam maculam obtegentia, concentrice disposita, minuta (180- 
220 ¡¿ diam.) albescentia ac lóngiuscule exerta, ore erosulo-denta- 
to, membrana tenui e cellulis ellipsoideo-polygonis (20-25 X 10-15 
[>.) crassiuscule tunicatis eiíormata tecta ; aecidiosporae globosae v. 
obtuse angulosae (16-17 y. diam.) episporio tenui laevi protopla- 
smate nubiloso farctae. 

68. Aecidium xanthoxylinum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae orbiculares amphigenae rufescentes subdetermi- 
natae ; pseucloperidia hypophylla concentrice dense gregaria mi- 
nuta flavescentia ; aecidiosporae subglobosae laeves. 

Hab. Ad folia viva Xanthoxyli (nec Zygophylli ut in schae- 
dulis) speciei cujusdam in sylvis prope Paraguari, Oct. 1881 (sub 
n. 3565). 

Obs. Maculae amphigenae orbiculares (5-6mllm. diam.) subde- 
terminatae, superne pallescenti-rufescentes, inferné pallescentes 
parum perspicuae; pseudoperidia hypophylla in maculis subcon- 
centrice densissime constipata, modice prominulo-exerta, ex albo 
flavescentia, ore irregulariter lacero minuto (250-300 ;¿ diam.) 
membrana tenui, e cellulis loricatis Late e rhomboideo polygonis 
(25-30 X 20-25 y.) grosse radiatim rugoso-undulatis hyalinis com- 
posita tecta; aecidiosporae globosae (16-18 x 16-18 \x) e mutua 
pressione saepius obtuse angulosae, episporio hyalino tenui laevi, 
protoplasmate nubiloso Qaveecente farctae. Ab Aec. xanthoxyli 
Pck. aecidiosporis conspicue minoribus recedens. 

69. Aecidium calyculatum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae irregulares amphigenae iadeterminatae t'usce- 
scentes; pseudoperidia hypophylla Laxe gregaria, Lóngiuscule exerta 
calyciformia pallescenti-alba, aecidiosporis globosis minutis Laevi- 
bus Earcta. 

Hab. Adfolia arbusculae cujusdam ignotae {Hameliae speciet?) 
in sylva subvirginea Caa-gucuzá, Jan. 1882 (sub n. 3571). 

Obs. Maculae irregulariter expansae (5-25 mllm. diam.) sinuo- 
sae saepe totum Eolium occupantes, amphigenae indeterminatae, 
superno fuscescenl >s, Lnferneparum manifestae ruíescentes ; pseu- 
doperidia hypophylla in maculis sparsa \. Laxissime subgregaria, 
erumpentia, lóngiuscule exerta ore elegantissime laciniato-crenato 



fungí guaranitici 401 

rotundo (250-300 ¡a diam.) alba, membrana tenui e cellulis sublo- 
ricatis ac subrhomboideis (20-30 X 20-60 [/.) crassissime tunicatis, 
grosse radiatim flexuoso-rugosis eñormata vestita ; aecidiosporae 
globosae minutae (16-18 X 14-16 y.) episporio hyalino tenui laevi, 
protopl ásmate nubiloso flavescente farctae. 

70. Aecidium ochraceum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae amphigenae indeterminatae pallescenti-ochra- 
ceae ; pseudoperidia hypophylla dense circinata ochracea ; aeci- 
diosporae globosae laeves hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Tabernemontanae speciei cujusdam in du- 
metis prope Paraguai% Oct. 1881 (sub n. 3569). 

Obs. Maculae amphigenae suborbiculares (5-15 mllm. diam.) 
superne subdeterminatae, inferné pallescentes v. flavidulae inde- 
terminatae; pseudoperidia hypophylla quandoque irregulariter 
denseque constipata, saepe secus nervaturas excurrentia, quando- 
que in zona submarginali anulari disposita., modice erumpenti- 
prominula, subminuta (250-300 ¡j. diam.) fulvella v. ochracea, ore 
rotundo subiutegro, membrana tenni e cellulis loricatis obtuse e 
rhomboideo exagonis (20-24 X 20-24 \>.) grosse flexuoso-rugosis 
efíormata tecta ; aecidiosporae globosae v. e mutua pressione vix 
angulosae (20-24 x 20 (¿) episporio subtenui laevi hyalino, proto- 
plasmate nubiloso fulvello repletae. An status aecidiosporus Puc- 
ciniae Cookei DTn. ? ; cum Aec. ceraceo B. et Br. non comparan- 
dum ! 

71. Aecidium asclepiadinum Speg. (n. sp.) 

Diag. Pseudoperidia totum hypophyllum petiola et caules obte- 
gentia, dense constipata majuscula altada; aecivliosporae ellipticae 
v. globosae laeves subhyalinae. 

Hab. Ad caules folia inflorescentias Morreniae speciei cujus- 
dam in dumetis prope Asunción, aest. 1877 (sub n. 2708). 

Obs. Maculae nullae sed tota pl;i tila subcrispata contracta pal- 
lescens v. subpurpurascens ; pseudoperidia caules petiola atque 
inflorescentias, sed praecipue folia, saepius plus minusve incrassa- 
to-tumefacta tota occupantia, irregulariter densissimeque con- 
stipata, pallescenti-alba, erumpentia parum exerta, ore rotundo 
integro majusculo (300-450 ;;. diam.) membrana e cellulis rhom- 
boideo-elongatis (35-40x18-24 ¡j.) grosse radiatim flexuoso-rugosis 
efíormata vestita : aecidiosporae ellipticae v. globosae (20-22 X 



402 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

18-20 ¡a) e mutua pressione subangulosae, episporio subcrassiusculo 
laevi (an minutissime granuloso ?) hy aliño, protoplasmate palle- 
scente nubiloso farctae. 

72. TUBERCULINA TALINI SPEG. (il. Sp.) 

Diag. Maculae pallescenti-arescentes amphigenae indetermina- 
tae orbiculares ; acervuli amphigeni centrales densiuscule aggre- 
gati minuti sordide violaceo-purpurascentes; sterigmata crassiu- 
scula; sporulae subglobosae laeves dilute violascentes. 

Hab. Ad folia viva Talini patentis in herbosis prope Posta-cué 
Febr. 1884 (sub n. 4315). - 

Obs. Maculae amphigenae orbiculares (2-10 mllm. diam.) dense 
per folium sparsae saepe confluendo diíiormes impressae ex are- 
scenti-pallescentes ; acervuli amphigeni in centro macularum plus 
minusve dense aggregati, minuti (250-400 \j. cliam.) erumpenti- 
pulvinulati, carnosuli, sordide violaceo-purpurascentes; sterigmata 
cylindracea v. subfusiformia, antice libera obtuse acutata (20 x 
4-5 [i.) dense constipata, postice coalescentia, pallide rufescenti- 
subviolacea; sporulae globosae v. ovatae minutae (7-9 ¡a) laevissi- 
mae e hyalino perdilute violascentes. 



PYRENOMYCETEAE. 

73. Phyllactinia suffülta (Reb.) S&cc. — Speg., Fung. guar. 

pug. I, n. 166. 
Hab. Ad folia viva Sebastianiae speciei cujusdam in dumetis 
prope Guarapí, Apr. 1884 (sub n. 4272). 
Obs. Specimina tantum sterilia ! 

74. Meliola guaramtica Speg. — 1. c, n. 177 et pug. II, n. 52. 
Hab. Ad folia viva arboris cujusdam in sylvis prope Gua/'<//>¡, 

Septemb. 1883 I sub u. 4043). 

75. Meliola obesula Speg. (n. sp.) 

Diag. Plagulae orbiculares subcrustaceae, mycelio setulis desti- 
tuto, ramulis rectiusculis oppositis, hyphopodiis altemis dimorfis, 
peritheciis tiudis papillosis; ascibispori; sporae ellipsoideae, 4- 
septatae, utrinquc rotundatae, e latero compressae fuligíneae. 



fungí guaranitici 403 

Hab. Ad folia viva Rutaceae cujusdam in sylva Caá-guazú, 
Jan. 1882 (subn. 3585). 

06s. Plagulae epiphyllae sparsae v. hinc inde laxissime subag- 
gregatae minutae orbiculares ( 1-2 mllm. diam.) tenuissime sub- 
crustaceae deterrainatae atrae opacae, centro perithecia pauca 
gerentes ; mycelium e ramis radiatim productis rectiusculis ( 8-10 
{/. crass.) dense septatis, saepius opposite ramululosis, ramululis 
etiam rectis atris fere opacis dense septatis ; hyphopodia alterna 
circa perithecia ampulluliformia, longiuscule attenuata-flexuosu- 
la, caetera obovata (20 X 14 ¡a), pedicello 1-cellulari brevissimo, 
laevia v. vix obtuse angulosa; perithecia globosa (180-250 ;xdiam.) 
vix depresso-collabescentia, nuda atra opaca, papulosa, contextu 
parenchymatico grosse celluloso (cellulis 10 \x diam.) parum per- 
spicuo, astoma, irregulariter dehiscentia; asci pauci ellipsoidei v. 
obovati ( 40-50 X 30-35 \x ) brevissime crasseque pedicellati apara- 
physati, 2-spori ; sporae 4-septatae e fronte ellipsoideae ( 40-42 X 
20-22 ¡j. ), e latere cylindraeceae ( 12 ¡x crass.), utrinque late rotun- 
datae, locuüs ómnibus subaequalibus concoloribusque, fuli^ineae. 
Species M. obesae Speg. peraflinis, sed hyphopodiis alternis, spo- 
ris majoribus compressis satis, ut videtur, recedens. 

76. Meliola plebeja Speg. — Fung. puig. n. 238. 

Hab. Ad folia viva Solanaceae cujusdam in dumetis sylvae 
Caá-gua^ú, Jan. 1882 (sub n. 3583). 

Obs. Species antea sub M. ludibunda Speg. edita. Plagulae 
efíusae setulis destitutae, ramulis mycelialibus tortuosis, hypho- 
podiis alternis obovatis laevibus ; perithecia globosa ( 120-150 \x 
diam.) papulosa, nuda; asci ellipsoidei (40-55x22-30 ¡a), 3-4- 
spori ; sporae subcylindraceae ( 36-42 x 14-15 \x ) utrinque late 
rotundatae, e fronte rectae e latere leniter inaequilaterales. 

77. Meliola laevipoda Speg. ( n. sp. ) 

Diag. Plagulae minutae orbiculares confluentes, tenuiter sub- 
crustaceae atrae ; mycelii ramuli recti opposito-ramosi, hyphopo- 
diis oppositis densissimis centralibus ampulluliformibus, ceteris 
capitatis subsessilibus laevibus, setulis paucis opacis rigidis ápice 
integris; perithecia nuda papulosa; sporae 4-septatae, cylindra- 
ceae, utrinque obtusae fuligineae. 

Hab. Ad folia viva Aspidospermae quebrachii, in sylvis prope 
Yaguaron, Nov. 1882 (sub n. 3589). 



404 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

06.s. Plagulae amphigenae atrae opacae non v. vix subpilosu- 
lae, irregulariter orbiculares ( 1-5 mllm diam. ) saepe confluendo 
late efíusae, matrici arctiuscule adnatae tenuiter subcrustaceae ; 
ramuli mycelii radiantes recti v. vix flexuosuli crassiusculi (9-10^ 
crass.) atri opaci, densiuscule oppositeramululosi, ramululis etiam 
rectis et opacis ; hyphopodia densissima omnia opposita (rarissime 
hinc inde alterna), circa perithecia breviter ampulluliformia, cae- 
tera obovata laevia v. vix angulosa, brevissime 1- cellulari-pedicel- 
lata ( 20x10-12;;.), subpellucida, grosse 1-guttulata, fuliginea; 
setulae praecipue circa perithecia evolutae, parcissimae, erectae, 
rectae v. vix subflexuosae teretes, ápice integrae acutiusculae 
( 150-250 x 10-12 1*) totae opacae rigidulae ; perithecia in centro 
macularum 3- 8-gregaria, globulosa, in sicco saepius collapsa, gla- 
bra, verruculosa atra, contextu grosse parenchymatico ( cellul. 10 
¡a diam.) parum perspicuo, atrofuligineo ; asci ellipsoidei, 3-4-spo- 
ri, mox diffluentes; sporae fuligineae, 4- septatae, ad septa parum 
constrictae subcylindraceae utrinque late rotundatae (44-48 X 16- 
20 ¡j. ) loculis non v. 1-guttulatis concoloribus, ómnibus subaequa- 
libus. Species M. araliae Spr. peraffinis, a qua hyphopodiis circa 
perithecia ampulluliformibus recedit ; a M. leptotricha Speg. se- 
tulis rigidis opacis parcissimis recedit. 

78. Meliola Harioti Speg. (n. sp.) 

Diag. Plagulae minutae efíusae velutinae atrae; ramuli mycelii 
oppositi v. alterni, hyphopodiis oppositis densiusculis ampulluli- 
formibus v. capitatis; setulae ápice bis terve 2- 4-fidae; perithecia 
papulosa, nuda; sporae triseptatae fuligineae, cylindraceo-ellipsoi- 
deae, utrinque obtusae, loculis concoloribus, medio pauluio ma- 
jore. 

Hab. Ad folia viva Bignoniaceae? (an Leguminosae?) cujus- 
dam in dumetis prope Asunción, Jan. 1874 ( sub n. 1291 ). 

Obs. Plagulae amphigenae atrae subcrustaceo-pelliculosae cen- 
tro praecipue, velutinae subindetermiiiatac. primo orbiculares (1-3 
mllm. diam.) dein conlluendo efEusae; ramuli mycelii llexuosuli 
crassiusculi (8-10 1* crass. ) opaci, subopposite ramulosi, ramulis 
rectiusculi, hyphopodiis circa perithecia breviter ampulluliformi- 
bus ( 15 x 8 \j. ), caeteris obovato-subcapii;ih< brevissime 1-cellu- 
lari-pedicellatis (18-20 x20;;.) laevibus non v. vix angulosis, den- 
siusculis ; setulae erectae rectae teretes ( 150-300 x 10-12 ¡j. ) atrae 
opacae ápice abrupte 2-5-iidae; laciniae quandoque dicothomae 



fungí guaranitici 405 

apicibus extimis plus minusve evolutis et acutis subpelluciclis; pe- 
rithecia in plagularum centro saepius laxe gregaria, setulis myce- 
lialibus velata, atra, globosa ( 150-250 [Adiam.) non v. vix collabe- 
scentia, nuda papillulosa, subcoriacea, contextu grosse parenchy- 
matico (cellulis 10-12 ¡a diam. ) parum perspicuo, subopace fuligi- 
neo ; asci ellipsoidei ( 50 x 30 ¡a ) 2-spori brevissime crasseque 
pedicellati mox diffluentes ; sporae subopace fuligineae e fronte 
cylindraceae v. lenissime subellipsoideae,, e latere nonnihil com- 
pressulae v. subinaequilaterales, 4-septatae, ad septa subconstric- 
tulae, utrinque obtuse rotundatae, lóculo medio caeteris paullulo 
majore. Species pulchella a M. furcata Lev. laciniis setularum 
brevioribus, a M. Weigheltii Kze. et M. bidentatae Cke., laciniis 
magis evolutis ac saepius brevissime dicothomis recedens. 

79. Meliola sapindacearum Speg. (n. sp.) 

Diag. Plagulae atrae subnubiloso-pelliculosae saepius epiphyl- 
lae; ramuli mycelii opposite ramulosi, hypliopodiis densis oppo- 
sitis tuberculatis, setulis ápice saepius 2- 3-laciniatis, laciniis in- 
tegris v. denticulatis ornati ; perithecia nuda papulosa ; sporae 4- 
septatae, ellipsoideae, utrinque obtusae, fuligineae. 

Hab. Ad folia viva Sapmdaceae cujusdam in sylva Caá-guazú, 
Jan. 1882 (subn. 3600). 

Obs. Plagulae saepius epiphyllae sparsae v. bine inde densiu- 
scule gregariae, primo suborbiculares fere indeterminatae, dein con- 
fluendo effusae difformes, tenuissimae, nubiloso-araneosae vix pel- 
liculosae, matrici arete adnatae atrae, fere glabrae; rami mycelii e 
centro radiantes rectiusculi atri opaci (8-10 ¡a crass. ), ramululos 
saepius oppositos gerentes ; hyphopodia densa opposita, quando- 
doque (rarius) ampullulíformia gracilia, quandoque (saepissime) 
obovato-capitata, 1-cellulari-stipitata, capitulo 1- (rarius 2-) cellu- 
lari, grosse verrucoso-gibbosa (20 X 20 ¡a) ; setulae parcissimae hinc 
inde sparsae erectae rectae opacae ( 100-250 XlO ¡j.) ápice quan- 
doque obtusae integrae, quandoque ( saepius ) 2- 3-fidae, laciniis 
ómnibus v. 2 tantum elongatis, subpatulis integris rotundatis trun- 
catis v. vix subbidentatis; perithecia hinc inde sparsa globosa (120- 
160 [j. diam. ) atra opaca, collabescentia, nuda verruculosa; asci 
mox diffluentes ; sporae obscuro fuligineae cylindraceae, non v. 
lenissime subellipsoideae (38-42 X 16-18 ¡a), 4-septatae, ad septa 
vix constrictae, utrinque obtuse rotundatae loculis ómnibus ae- 
quilongis v. centrali nonnihil majore. Species M. bidentatae 



406 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Cke. et M. Weigheltii Kze. peraffinis, sed hyphopodiis oppositis 
grosse tuberculatis ac apicibus setularun satis abhorrens. 

80. Meliola bidentata Cke.— Speg., Fung. guar., pug. II, n. 54. 
Hab. Ad folia viva Bignoniaceae cujusdam in dumetis prope 

Villarica et Guarapi per ann. 1882-83 ( sub n. 3580-4007 ). 

Obs. Plagulae quandoque orbiculari-pelliculosae, quandoque 
subeffuso-nubilosae ; mycelii rami oppositi-v. alterní-ramosi, hy- 
phopodiis obovatis alternis laevibus ; setulae ápice 2-5- dentatae, 
denticulis integrisv. rarissime bidentatis; perithecia nuda papu- 
losa, setulis nonnuliis subpellucidis ápice integris basi cincta; 
sporae cylindraceae (38-40 X 12-16 y.) 4- septatae, ad septa con- 
strictulae, loculis aequilatis, concoloribus, subopace fuligineae. 

81. DlMEROSPORIUM TROPICALE SPEG. — Fung. gliar. pug. III, 

n. 43. 

Hab. Ad folia viva Meliaceae cujusdam is sylvis prope Yacan- 
guazú, 18 Jan. 1884 (sub n. 4761). 

82. DlMEROSPORIUM? OVOIDEUM SPEG. (n. Sp.) 

Diag. Plagulae effusae tenuissimae subvelutinae olivascentes ; 
perithecia ovato-sublageneformia, ostiolata, nuda, laevia; asci ob- 
ovato-subclavati aparaphysati ; sporae fusoidae, medio 1 -septatae, 
subcontrictae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Graminaceae cujusdam in sylva Caa-gwuú, 
Jan. 1882 (sub n. 3454). 

Obs. Plagulae saepius hypophyllae latissime effusae, indeter- 
minatae. saepe totum í'olium obtegentes, afaneoso-nubilosae, te- 
nuissimae matrici arete adnatae ex atro suboKvascentes, laxissime 
pubescenti-velutinae ; ramutí mycelici tenues (5-7 jx crass.) dense 
septulati, fere subarticulati pellucidi olivacei, den»' ii Tegulariter- 
que ramululosi ac flexuoso-intertexti ; setulae hinc inde e ramulis 
mycelicis adsurgentes erectae, non v. vix flexuosae, teretes (150- 
250x5-7 ¡a) pellucidae septatae, Laeves, ápice integrae obtusiu- 
sculae; perithecia sparsa, setulis saepius abscondita \. velata par- 
vula ex <>v;ií<> sublagenefórmia (100-150 [* alt. x 50-120 v. diam.) 
minute ostiolata (?) olivácea glabra laevia, tenuiter membranaeea, 
contextu parenchymatico (cellulis 6-10 jx diam.) ; asci obovato-sutn 
clavulati (50-60 X 16-20 y.) ápice rotundati deorsum cuneati, tú- 
nica crassissima praecipue in parte antica, vestiti, aparaphysati, 



fungí guaranitici 407 

octospori; sporae 2-3-stichae ellipsoideo- subfusoideae v. subbico- 
nicae, medio 1-septatae, non v. leniter constrictae, utrinque obtu- 
siuscule subacutatae, rectae v. leniter inaequilaterales (20-26 X 
7-8 ¡x) hyalinae (an per aetatem chlorinae?). 

83. Dimerosporium microsporum Speg. ? — Fung. puig. n. 220. 
Hab. Ad folia viva plantae dicotiledoneae cujusdam in dumetis 

prope Y-acan-gucusá 18 Jan. 1882 (sub n. 4760). 

Obs. Specimina sterilia sed habitu cum typo perfecte congruen- 
tia. 

84. Dimerosporium superbum Speg. (n. sp.) 

Diag. Plagulae amphigenae nubilosae atrae, mycelio tenuissimo 
glabro, peritheciis minutissimis globoso-hemisphaericis nudis do- 
natae; asci cylindracei paraphysati; sporae clavulatae, 1-septatae, 
hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Crotonis? (dense velutino-pannosa argéntea) 
in sylva Caá-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3590). 

Obs. Plagulae amphigenae v. saepius epiphyllae, etpube stellata 
velatae et tándem parum perspicuae, primo vage suborbiculares, 
dein confluendo effusae ac totum folium occupantes, atro-subcine- 
rascentes; mycelium ex hyphis tenuissimis (2-3 \>. crass.) irregula- 
riter ramosis late vageve reptantibus, laxe intertextis epidermidi 
ac pilis adnato-repentibus efformatum, setulis hyphopodiisque de- 
stitutum ; perithecia hinc inde laxe gregaria saepius concentrice v. 
orbiculatim clisposita, globoso-depressa minuta (150-200 y. cliam.), 
aterrima opaca laevissima astoma, vix basi hyphis nonnullis myce- 
lialibus adnato-insidentia, túnica grosse celluloso-parenchymatiea 
fuliginea, primo pellucida dein opaca vestita, in juventute dura, 
sclerotíacea , pulpa alba e cellulis hyalinis globoso-polygonis cras- 
sissime tunicatis efformata farcta, dein molliuscula subfragilia 
ascigera; asci cylindracei (70-80 x 12-14 y.) antice rotundati cras- 
siusculequetunicati, deorsum attenuato-cuneati, in pedicello brevi 
crassoque producti, octospori, paraphysibüs filiformibus, plus mi- 
nusve densis sublongioribus obvallati ; sporae oblique monostichae, 
obovato-clavulatae (16-18 X 7-10 y.) utrinque subacutatae, medio 
septatae parceque constrictae, lóculo supero subgloboso (8-9 X 
8-10 ¡a) infero conoideo breviore (7-8 X 6-7 y.) hyalinae, per aeta- 
tem chlorinae (an demum 3-septatae ac olivascentes ?). Species veré 
mirabilis statum ascophorum Sclerotii erysiphoidis Speg. sistens. 



408 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

85. DlMEROSPORIUM Pl'IGGARII SPEG. — Fllllg. puig. 11. 217. 

Hab. Ad folia viva Compositae (Eupatorii?) cujusdam in sylva 
Caá-gua:ú, Jan. 1882 (sub n. 3582). 
Obs. Specimina guaranitica a typo nonnihil deflectunt : 
Maculae nullae v. vix pallescentes indeterminatae amphigenae; 
plagulae amphigenae v. saepius epipliyllae minutae (1-3 mllm. 
diam.) irregulariter suborbiculares, sparsae v. hinc inde densiu- 
scule gregariae ac subconfluentes atrae ; mycelium e centro plagu- 
larum radians ex hyphis graciiibus (4-5 ¡i, crass.) subrectiusculis, 
olivaceis pellucidis laevibus, paree septulatis, laxissime ramululo- 
so-intricatis, hyphopodiis setulisque destituías efiormatum ; peri- 
thecia centro plagularum insidentia, solitaria v. 2-12-gregaria, 
globosa (60-90 p diam.) atra glabra laevia, minute ostiolata, basi 
hyphis paucis radrantibus suffulta, túnica tenui membranácea mi- 
nute anguloso-parenchymatica fuliginea vestita ; asci ovato-elon- 
gati v. obela vulati (30-35 X 10 \¡.) antice obtuse rotundati postice 
abrupte coarctati ac in pedicello breviusculo producti. aparaphy- 
sati. octospori; sporae disticliae v. subtristichae, elongato-ellipsoi- 
deae non v. subclavulatae (10-12 x 3-3,5 p) utrinque obtusiuscu- 
lae, lóculo supero (6-7¡j.long,) infero (4-5|*long.) nonnihil longiore 
hyalinae, medio 1-septato-constrictulae, loculis per aetatem etiam 
saepius diblastibus (an tándem 3-septatae ac chlorinaef). Adsunt 
saepe perithecia spermatiofora ab ascigeris vix magnitudine mi- 
nore recedenti a, sporulis ovatis v. late ellipsoideis (3-5 X 2.5-3 ¡x) 
non v. 1-guttulatis hyalinis farcta. 

86. Hypoxylon albo-stigmatosum Speg. — Fung guar. p. I, 

n. 197. 
Hab. Ad ramos dejectos emortuos in sylvis prope Guarapí, 
Oct. 1878 (sub n. 2781). 

87. Hypoxylon guarapiense Speg. — 1. c. n. 199. 

Hab. Ad ligna emortua putrescentia in sylvosis prope Yagua- 
ron et Guarapíj hiem. 1877 et 1881 (sub n. 2761 et sine n.). 

88. Xylaria digitata (Ln.) Grev. — Sacc, Syll. Fuñir, v. L 

f. 339. 
Hab. Ad truncos cariosos putrescentes i>rope Posta-cué, per 
aun. 1881 (sub n. 4307). 

Obs. Specimina guaranitica formara maeilentam parvulam 



fungí guaranitici 409 

sístunt; asci cylindracei, pedicellati (p. sp. 90 X 6-9, \k = ped. 
60 X 3 y.) paraphysati ; sporae naviculares utrinque acutiuscule 
obtusatae (14-15 X 4-5 ¡i.) fuligineae. An species aliena? 

89. Xylaria subterránea Schw. — Sacc, 1. c. f. 338. 

Hab. Ad truncos dejectos putrescentes in sylvis prope Guarapo 
per ann. 1883-84 (sub n. 3774, 3904, 4318). 

Obs. Specimina, quae jam antea in pug. T. n. 213, sub X. digi- 
tata (Ln.) Grev. var. torulosa Jung. edita, cum illis aCl. Ellis in N. 
Am. Fungis editis, habitu externo perfecte congruunt, vix statura 
paululo minore ac clavulis simplicibus recedunt; asci cylindracei 
longiuscule peclicellati (p. sp. 50-70 X 4-5 jx = ped. 40-90 X 2 ¡x) 
paraphysati; sporae monostichae (7-10 X 2,5-3 ¡j.) naviculares 
utrinque obtusae grosse pluriguttulatae fuligineae. 

90. Xylaria grammica Mntgn. — Speg., 1. c. n. 211. 

Hab. Ad truncos vetustos cariosos in sylva Caá-guazii, 1 Apr. 
1876 (sub n. 2709). 

91. Kretzmaria Puiggarii (Speg.) Sacc— 1. c, vol. II, add. f. 

XXIX. 
Hab. Ad ramos et truncos putrescentes in sylvis prope Calle- 
poi, 20 Sept. 1883 (sub n. 3991). 

92. Enchnosphaeria spinulosa Speg. — Fung. puig. n. 278. 
Hab. Ad folia viva plantae cujusdam (Laurineaef) socia Ha- 

plopyrenula acervata Muell., in sylva Caá-guazú, Jan. 1882 (sub 
n. 3603). 

Obs. In speciminibus guaraniticis asci (70-80 X 10-12 \x) et spo- 
rae (30-38 x 5) nonnihil graciliores. 

93. Nectria guarapiensis Speg. — Fung. guar. pug. I, n. 235. 
Hab. Ad cortices ramorum putrescentium in sylvis prope Pa- 

raguarí, Oct. 1883 (sub n. 4073). 

94. Hypocrea pezizaeformis Speg. — Fung. guar. p. II, n. 92. 
Hab. Ad cortices ac truncos in sylvis prope Guarapi, 28 Mart. 

1880 (sub n. 2778). 

95. Calonectria guaranitica Speg. — Fung. guar. pug. I, n, 247. 



410 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Hab. Ad folia viva Bambusaceae cujusdam in sylva Naranjo 
prope Peribebuy, 24 Maj. 1883 (sub n. 4757). 

Obs. Specimina immatura squarruloso-sulfurea. Sub n. 3584 
specimina pulcherrima Calonectria leucorrhodinae in Meliola 
quadam parasitantia militant. 

96. BROOMELLA PHYLLOCHARIS SPEG. (n. sp.) 

Diag. Perithecia in macula epiphylla stromatica discoidea albo- 
rosea dense circinantia subimmersa, minutissima; asci fusoidei 
paraphysati; sporae subclavulatae triseptatae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva plantae indeterminatae cujusdam in dumetis 
prope Guarapí, Nov. 1883 (sub n. 4024). 

Obs. Maculae epiphyllae orbiculares (2-2,5 mllm. diam.) deter- 
minatae, stromaticae innato-subsuperficiales, glabrae minutissime 
ruguloso-subsquarrulosae, margine magis prominulae roseae v. 
carneae, centro depressulae sordide albae, contextu indistincto 
albo (gonidiis destituto), granulis siliceis internis hyalinis diffor- 
mibus donatae: perithecia in margine macularum tantum evoluta, 
cingulum fere erf icientia, non v. vix prominula globosa minutissi- 
ma (80-100 \j. diam.) papillulato-ostiolata, stromate immersa, car- 
neo-ful vella, contextu tenuissimo membranáceo indistincto, e hya- 
lino fulvello; asci cylindraceo-fusoidei, ápice truncati, túnica 
incrassatula bifoveolataque, deorsum modice attenuato-pedicellati 
(50-55x5-6 \¡) octospori, paraphysibus parcis crassíuscuÜs guttu- 
latis immixtis; sporae e cylindraceo v. fusoideo-clavulaTae, utrin- 
que attenuatae sed obtusae (12 X 2,5-3 ;x) non v. vix inaequilate- 
rales, medio 1-septatae, non v. vix constrictae, loculis aequiloimi^, 
supero nonnihil crassiore, saepius di-tri-blastibus (an demum 3-5- 
septatae?), laeves, hyalinae. 

Species nonnullis notis lichenina, sed gonidiis defectu certe fun- 
gís adscriben da ! 

97. Broomella Mi nkii Speg. — Fuug. guar. ]>. I, n. 249 et pug. 

II, n. 96. 
Hab. Ad folia viva Bignoniaceae cujusdam vulgata prope Pa~ 
rarjuari, per ann. 1881-84 (sub n. 2722 et 4273). 

98. Balansia claviceps Speg. — Fung. guar. p. I, n. 253. 
Hab. Ad culmos vivos Chlortdís speciei cujusdam prope Gua- 

rapi, Febr. 1884 (sub n. 4320). 



fungí guaranitici 411 

Obs. Specimina nova quae nunc extant a typo satis recedunt. 
Stromata (50-100 mllm.long.) internodia vix tumefacta culmorum 
occupantia, cortice innata crustaceo-subsuperficialia, substantia 
interna culmi vix modificata, atra; clavulae v. noduli perithecii- 
geri superíiciales, superne hemispharico-depres^i , inferné abrup- 
tiuscule coarctati (1-5 mllm. diam.) sessiles v. vix subpedicellati, 
atri, opaci, laeves, confertiusculi ; perithecia (loculi?) obovati mi- 
nuti (230 [i. alt. X 130 \x diam.); asci cylindracei ápice subglandi- 
formes (190 X 6 \x) aparaphysati; sporae ascorum longitudine 
tenues (0,7 — 1 \j. crass.), hyalinae, per aetatem in articulis cylin- 
draceis (7-10 i* long.) secedentes. Genus stromatis substantia ac 
peritheciorum structura quam máxime Dothideaceis accedens, 
ascorum fabrica tamen recedens. Nunc ex America Boreali species 
altera cognita, sub Clavicipite edita ; an huc Ophiodotis vorax (B. 
& Br.) var. ptlultformis (B. & Br.) etiam? 

99. Epichloe? nigricans Speg. — Fung. guar. p. I, n. 255. 
Hab. Ad culmos vivos Graminacearum prope Guarapí, Febr. 

1884 (sub n. 4321). 

Obs. Specimina quae sub hoc numero militant, a typo ascis con- 
spicue longioribus (150-160 X 6 ¡a), sporidiisque dense guttulatis 
recedunt. An huc Ophiodotis vorax (B. & Br.) Sacc? 

100. Scirrhiella curvispora Speg. — Fung. guar. p. I, n. 258. 
Hab. Ad folia viva Bambusaceae cujusdam in sylva Naranjo 

in montanis prope Peribebuy, 24 Mart. 1883 (sub n. 4757). 

101. Phyllachora gracilis Speg. — Fung. guar. p. II, n. 102. 
Hab. Ad folia viva Bambusaceae cujusdam in montanis prope 

Peribebuy, 1 Nov. 1883 (sub n. 4049). 

102. Phyllachora laeviuscula Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae pallescentes, stromata superne discoidea appla- 
nata inferné parum manif esta granulosa cingentes; asci cylindracei 
breviusculi aparaphysati; sporae ellipsoideae laeves hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Rubiaceae cujusdam in montanis prope Pe- 
ribebuy circa Mbatobi, 24 Maj. 1883 (sub n. 3808). 

Obs. Stromata amphigena densiuscule sparsa, ad epiphyllum 
innato-superíicialia discoidea (1 mllm. diam.) applanata atra opaca 
areola strictissima pallescenti-subrufuscente v. subargentea cinc- 



412 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ta. ad hypophyllum plus minusve manifesta, loculis (uno centrali 
caeteris circumdato) obsolete granuloso-perspicuis, epidermide 
tecta non v. vix nigrificata, areola latiuscula irregulariter orbicu- 
lari pallescente indeterminata cincta, 5-12-locularia ; loculi minuti 
globoso-hemisphaerici, ad hypophyllum ostiolati; asci cylindracei 
antice obtuse rotundati subcrassiuscule tunicati, inferné brevissime 
cuneato stipitati (45-50 X 12 ;x) aparaphysati octospori ; sporae 
oblique distichae ellipsoideae (12 X 6 \j) utriuque obtuse rotunda- 
tae, non v. vix subinaequilaterales, hyalinae, eguttulatae. Stro- 
mata per aetatem saepe decidua ac folium orbiculatim perforatum 
relinquentía. 

103. Phyllachora quebrachii Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata innata minutissima, 1-2 locularia; asci cylin- 
draceo-fusoidei ápice truncati paraphysati; sporae ellipsoideae. 

Hab. Ad folia viva Aspidospermae quebrachii in sylvis prope 
Paraguarí, 26 Mart. 1882 (sub n. 3612). 

Obs. Macula e nullae ; stromata parenchymate innata, utrinque 
v. superficiem epiphylli tantum attingentia, non v. vix prominula, 
punctiformia, minuta (0,3-0,5 mllm. diam.) atra laevia opaca mo- 
dice nitentia, 1-v. 3-locularia, lóculo único saepius fertili (150-200 
¡i. diam.) caeteris abortivis donata, contextu atrp opaco indistincto; 
asci primo cylindraceo-fusoidei, antice subtruncato- rotundati, 
postice modice attenuato-pedicellati (80-90X10-12 ¡x) per aetatem 
saepius saccato-clavati (50 X 20 ¡x), paraphysibus parcis ápice 
saepe ramulosis obvallati, octospori; sporae oblique monostichae, 
rarius alterno-distichae, ellipsoideae, utrinque obtusiuscule rotun- 
datae (12-14 X 6-7 ¡j.) non v. vix subinaequilaterales, primo túnica 
mucosa tenuissima vestitae, dein nudae laeves hyalinae. Species 
Ph. inclusae (B. et C.) Sacc ut videtur affinis. 

104. ^HYLLACHORA PULCHRA SPEG. — Fllllg. gliai'. p. I, n. 276. 

II< . Avd folia viva Sapotaceae speciei cujusdam, in dumetis 
Cerro pelado prope Paraguarí } Oct. 1881 (sub n. 3357). 

105. Phyllachoi; \( sphaerosperma W'ini . — Hedw. 1884, 

p. 171». 

Hab. Ad folia viva Cenchri echinatiin graminosis prope Gua- 
rapo Api-. 1884 (sub n.4280). 

Obs. Sporae globosae (10 1* diam.) Laeves per aetatem fumoso- 
chlorinae. 



fungí guaranitici 413 

106. Phyllachora subcircinans Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata epiphylla gregaria maculis stromaticis fuscis 
insidentia minuta parce prominula subcircinantia subnitentia pauci- 
locularia; asci cylindracei aparaphysati; sporae ellipsoideae utrin- 
que subtruncato-rotundatae . 

Hab. Ad folia viva Myrtaceae (Feijoae?) speciei cujusdam in 
dumetis sylvae Caá-guazú , Jan 1882 (sub n. 3595). 

Obs. Stromata epiphylla hinc inde 5-20-aggregata, macula stro- 
matica orbiculari (4-6 mllm. diam.) subdeterminata atra v. vix 
subpurpurascente insidentia, innata, minuta (0,5 mllm. diam.) vix 
convexo-prominula, rarius confluentia, 1-3-locularia, loculis 1-2 
saepius abortivis, subcarbonacea, contextu parenchymatico parum 
distincto atro; loculi minuti (200 \j. diam.) e mutua pressione an- 
gulosi; asci cylindracei v. cylindraceo-subsaccati, ápice obtuse 
rotundati, túnica vix incrassata, deorsum breviter cuneato-pedicel- 
lati (80-90 X 10-16 \j.) pseudoparaphysibus parcis immixti, octo- 
spori ; sporae recte,, oblique v. horizontal iter monostichae, ellipsoi- 
deae, utrinque subtruncato-rotunclatae (14-16x8-10 ¡a) non v. vix 
subinaequilaterales. primo muco mox evanescente cinctae, dein 
nudae laeves, protoplasmate granuloso non v. 1-guttulato farctae, 
hyalinae. Adsuntsaepe loculi spermatiophori, sporulis linearibus 
utrinque acutatis (20-25 X 1 \><) non v. vix subfalcatis hyalinis 
continuis farcti. 

107. Phyllachora subtropica Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata sparsa amphigena mediocria, plurilocularia; 
asci cylindracei ápice subtruncati paraphysati ; sporae ellipsoideae 
hyalinae. 

Hab. Ad folia plantae ignotae (Sebastianiae?) cujusdam in du- 
metis prope Paraguarí, per ann. 1884 (sub n. 4326). 

Obs. Maculae nullae ; stromata utrinque innato-manifesta, de- 
terminata orbicularia (1 mllm. diam.) ad epiphyHum applanata 
subnitentia laevia, saepe ruguloso-marginata, ad liypopliyllum 
convexula opaca, saepe minutissime subgranulosa (an ruguloso-re- 
ticulata?), hinc inde irregulariter sparsa subcarbonacea, contextu 
indistincto atro, 3-7-loculigera ; loculi fere omnes evoluti ovato- 
radiantes, minuti (150-200 ¡a diam.) saepe e mutua pressione an- 
gulosi, substantia alba farcti ;«asci cylindracei ápice attenuati sed 
^;l>truncato-rotundati, túnica incrassata bifoveolataquc, deorsum 
longiuscule attenuato-pedicellati (p. sp. 100 X 10-11 ¡a — ped. 40 



414 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

5 [a) octospori, paraphysibus paucís crassiusculis minutis denseque 
guttulatis immixtis; sporae oblique monostichae, ellipsoideae 
utrinque obtusiusculae (10-13 X 3-5 \i) primo muco mox evane- 
scente obovolutae dein nudae, laeves, hyalinae. SpeciesP/*. tropi- 
cali Speg. satis aflinis sed distincta; cumP//. tragiae (B. et C.) 
Saco, etsi matrice et habitu nonnihil accedens, caeteris characte- 
ribus longe tamen abnorrens. 

108. Phyllachora tragiae (B. et Ck.) Sacc. — Speg., Fung. 

guar. p. I, n. 261. 

Hab. Ad folia viva Crotonis v. Acalyphae speciei cujusdam in 
viis urbanis Paraguari, 10 Apr. 1884 (sub n. 4271). 

Obs. Sporae ellipsoideae leniter v. non inaequilaterales (13 X 
7 [/.) hyalinae. 

109. Phyllachora gentilis Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata epipliylla difformis minuta nitentia maculis 
stromaticis irregularibus atro-purpurascentibus insidentia, plurilo- 
cularia; asci cylindracei paraphysati; sporae ovato-lanceolatae, 
hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Eugeniae speciei cujusdam in dumetis mon- 
tanis Y-acan-guazú, 18 Jan. 1884 (sub n. 4330). 

Obs. Stromata epiphylla, ad hypophyllum non v. vix manifesta, 
parum prominula, atra subnitentia, difíormia (1-2 mllm. diam.) 
laevia v. vix subtuberculosa, macula indetcrminata irregulariter 
expansa, ad epiphyllum stromatica atro-purpurascente, ad hypo- 
phyllum vix pallescente insidentia, 3-9-locularia, contextu oliva- 
ceo-fuligiiieo indistincto; loculi minuti (200-250 \x diam.) e mutua 
pressione angulosi albo-farcti; asci cylindracei v. subfusoidei, 
ápice obtusissime rotundati, parcissime incrassato-tunicati, deor- 
sum breyiter attenuato-pedicellati (120 X 12-14 ja) paraphysibus 
paucis crassiusculis guttulatis obvallati, octospori, sporae ovoideo- 
lanceolatae (18-20 X 8-9 •;.) ba si laíiuscule rotundatae ápice lon- 
giuscule attenuato-acutatae, primo túnica mucosa obovolutae dein 
nudae laeves hyalinae (an demun ¡excéntrico 1-septatae?). Species 
Miin.hicllae nonnihil verarens. 



•- 



110. Phyllachora acutispora Speg. (n, sp.) 
Diag. Stromata epiphylla breviter linearia, opaca, minuta plu- 



fungí guaranitici 415 

rilocularia; asci cylindracei paraphysatí; sporae sublimoniformi- 
lanceolatae acutae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Graminaceae speciei cujusdam ( Panicum? ) 
in pratis prope Posta-Cué, Febr. 1884 (sub n. 4313). 

Obs. Maculae nullae v. totum folium plus minusve pallescens; 
stromata epiphylla densiuscule sparsa breviter lineada v. subellip- 
soidea (1-2 mllm. long. X 0,3-0,5 mllm. lat.) innata, vix promi- 
nula atra opaca, areola stricta nigrescente saepe cincta, 3-8-locu- 
laria, contextu atro indistincto; loculi minuti (150-200 ¡j. diam.) 
elongato-compressi albo farcti; asci cylindracei, antice rotundati, 
postice parum attenuato-pedicellati (90-8 ¡a) paraphysibus filifor- 
mibus obvallati, octospori; sporae limoniformi-lanceolatae, um- 
bone supero brevi, infero longiusculo (15-18 X 5-6 p), rectae v. 
leniter inaequilaterales, nudae hyalinae. Per aetatem umbo inferus 
1-pseudoseptatus et sporae subbiloculares, atque species facülime 
generi Munkiellae adscribenda ! 

111. Auerswaldia palmicola Speg. — Fung. guar. p. I, n. 281. 
Hab. Ad folia viva Diplostemii h'ttoralts in uliginosis prope Y- 

acan-guazú, 18 Jul. 1884 (sub n. 4325). 

Obs. Specimina immatura; asci e cylindraceo torulosi (120-150 
X 20 [/.) octospori, parcissime paraphysati; sporae ellipsoideo-sub- 
naviculares (20-22x8 ¡j.) primo strato mucoso crasso (3-4 p crass.) 
obovolutae, grosse 4-guttulatae (fere tetrablastes) hyalinae, dein 
opace fuligineae continuae. 

112. Auerswaldia puccinioides Sepg. — Fung. guar. pg. I, n. 

282. 
Hab. Ad folia viva plantae indeterminatae cujusdam in dume- 
tis Y-acan-guazít , 18 Jan. 1884 (sub n. 4279). 

Obs. Specimina, quae sub hoc numero militant, immatura! 

113. Curreya? bambusicola Speg. — Fung. guar. pag. II, n. 

120. 
Hab. Ad ramulos vivos Bambusaceae cujusdam in sylva Na- 
ranjo in montanis prope Pei'ibebuy, 24 Maj. 1883 (sub n. 3827). 
Obs. Specimina sterilia ! 

114. Phymatosph.eria brasiliensis Speg. — Fung. Puig. n. 330. 
Hab. Ad corticem ramulorum viventium Laurineae cujusdam 

REV. ARG. DE HIST. NAT. — T. I 27 



416 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

prope Calle-poi, circa Yaguaron, 20 Sept. 1883 (sub n. 3989). 

Obs. Specimina guaranitica cum brasiliensibus perfecte congru- 
entia; asci globosi v. obovati (45-55 x 40 ;x ) ; sporae ellipsoideae 
(28-30 X 12 ¡x), 7-septatae, curvulae, hyalinae. 

115. VlZELLA GUARANITICA SPEG. — Fling. glUir. pug. II. II. 121. 

Hab. Ad culmos dejectos putrescentes Bambusaceae cujusdam 
in dumetis prope Peribebuy, Maj. 1883 ( sub n. 3824 ). 
Obs. Specimina plañe sterüia. 

116. MlCROTHYRIUM ACERVATUM SPEG. (n. Sp.) 

Diag. Períthecia dense coacervata plagulas orbiculares párvulas 
efficientia, minuta atra ostiolata subiculo destituía ; asci obovati 
aparaphysati ; sporae minutae obovatae didymae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Rutaceae speciei cujusdam in sylvis Y- 
acan-guazú } 18 Jan. 1884 (sub n. 4329). 

Obs. Maculae nullae; perithecia orbiculari-polygona, dimidiato- 
scutata minuta ( 60-70 \j. diam. ) dense constipata, saepeque margi- 
ne integro confluentia, centro ostiolo minuto perforata, per aetatem 
stellatim lacera atra opaca, contextu indistincto, plagulas epiphyl- 
las orbiculares crustáceas (l-2,5mllm. dian.) efficientia, subicu- 
lo destituía, v. membrana tenuissima anhista hyalina insidentia, 
gonidiis plañe nullis; asci obovati antice crassissime tunicati, 
postice brevissime noduloseque stipitati (30 x 15 \j.) aparaphysati 
octospori ; sporae obovatae utriñque obtusissimae ( 10 X 5 ¡j. ), bi- 
loculares, ad septum constrictulae, lóculo supero conspicue majore 
crassioreque (loe. sup. 6 x 5 ¡j. — loe. inf. 3-4 X 3-5 ¡a), hyalinae 
(an postremo chlorinae v. olivaceae?). Species pulchella facile ge~ 
neri Seynesiae transferenda ; an huc HaplopyrenUla acércala 
Muell. Arg. ? 

117. Seynesia? nebulosa Spi:í¡. (n. sp.) 

Diag. Maculae indeterminaln*'. aebulosae : |>eritheci;i sparsa mi- 
nuta; asci subcylindracei aparaphysati ; Bporae obovato-subclava- 
tae lóculo supero subbreviore, hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Myrstnes speciei cujusdam in sylva Caá- 
guazú . Jan. 1882 ( sub. n. 3587). 

Obs. Maculae epiphyllae vix fuscescentesindeterminataeparum 
manifestae, ex orbiculari confluenti-difíormes, veré nubilosae, 
magnitudine ludentes; perithecia in maculi3 sparsa v. laxissime 



fungí guaranitici 417 

subgregaria minuta ( 120-150 ¡a diam. ) atra opaca, dimídiato- 
scutata, centro lacero-subostiolata, radiatim dehiscentia, con- 
textu centro opaco imperspicuo, ambitu pellucido prosenchy- 
matico-radiante, margine fimbriato, subiculo plañe deficiente; asci 
cylindracei v. subfusoideo-cylindracei ( 70-80 X 12-14 ¡a ) antice 
rotundato-subtruncati, crasseque tunicati, postice cuneati breviter 
pedicellati, aparaphysati octospori; sporae oblique distichae ellip- 
soideo-subclavulatae v. fere biconicae (16-18 X 6-7 |¿), medio 1- 
septatae constrictulae, lóculo supero vix breviore crassiore obtu- 
sioreque (7-8 X 7 ¡a), infero sublongiore graciliore ac magis acuto 
(8-10 X 6-6, 5 \í) primo hyalinae dein fuligineae. In maculis ad- 
sunt saepe hyphae gracillimae (2-3 \x crass. ) repentes fuligineae 
hypkopodiis destitutae, an subiculi heterogenei ? 

118. Asterina ampullulipeda Speg. — Fung. guar. pag. II, n. 

127. 

Hab. Ad folia viva Laurineae cujusdam in sylvis prope Villa- 
Rica, Jan. 1882 (sub n. 3599). 

Obs. Adest quoque forma sporuligera, Leptothyrium ampullu- 
lipedum cnfr. 

119. Asterina cristata Speg. — 1. c, n. 126. 

Hab. Ad folia viva v. lánguida Asclepiadeae cujusdam in du- 
metis prope Pavaguarí, Aug. 1883 ( sub n. 3935). 

120. Asterina cristata Speg. 

var. malvicola Speg. 

Hab. Ad folia viva Maluaceae speciei cujusdam in dumetis 
prope Luque, Maj. 1884 (sub n. 4276). 

Obs. A typo varietas recedit mycelio magis tenui ac effuso pe- 
ritheciis minoribus (100-120 [/. diam.) ac sporidiis ad septum vali- 
dius constrictis (20-21 X 9-11 ;¿). 

121. Asterina cylindrotheca Speg. — Fung. puig., n. 349. 
Hab. Ad folia lánguida Rutaceae cujusdam in sylva Y-acan- 

guazú, 18 Jan. 1884 (sub n. 4329). 

Obs. Specimina guaranitica a brasiliensibus vix recedunt ascis 
nonnihil minoribus (55-65 x 14-15 |x) atque sporis sublongioribus 
gracilioribus (16-18 x 6 y. ) et praecipue loculis sporarum ad ma- 
turitatem aequilongis. 



418 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

122. Asterina Puiggari Speg. — Fung. arg., pug. IV, n. 144 et 

Fung., güar. pug. II, n. 124. 

Hab. Ad folia viva Myrtaeearum in sylva Caá-gaazú et Y- 
acan-guazú, per ann. 1882-84 (sub n. 3591-3592-3594-3596-4324- 
4330). 

Obs. Species praecedenti peraffinis sed ascis ubique crassissime 
tunicatis brevioribus crassioribusque mox dignoscenda. 

123. Asterina sphaerelloides Speg. (n. sp. ) 

Diag. Plagulae vix perspicuae nebulosae sordide subcinerascen- 
tes, peritheciis laxe aggregatis punctulatae, mycelio tenuissimo par- 
cissimoque hyphopodiis destituto efformatae ; perithecia minutissi- 
ma pellucida glabra; asci pauci e globoso obovati aparaphysati; 
sporae obovatae didymae, lóculo supero globoso infero subconoideo. 

Hab. Ad folia coriácea plantae indet erminatae ( Ilicis ?) prope 
Luauc\ Maj. 1884 (sub n. 4278). 

Obs. Plagulae amphigenae laxissime araneosae vix perspicuae 
nebulosae indeterminatae ex atro subcinerascentes ex hyphis laxe 
ramuloso- intertextis repentibus gracilibus (3-4;xcrass.) septulatis 
rectis v. tortuosis hinc inde ramulis divaricatis breviusculis cylin- 
draceis (an hyphopodiis) ornatis compositae; perithecia in plagu- 
lis sparsav. laxissime subgregaria hemisphaerico-proininula minuta 
(120-130 ¡x diam. ) atra stellatim dehiscentia margine fimbriatula, 
contextu membranáceo e cellulis prosenchymatico - radiantibus 
densissime septulatis fuligineis pellucidis composito donata; asci 
obovati v. subglobosi brevissime pedicellati (30-35 X 35 ¡j.) mem- 
brana tenuiuscula, antice non v. vix incrassata donati, aparaphy- 
sati octospori ; sporae ellipsoideo-obovatac utrinque obtusissimae 
( 20-24 x 10-12 ¡x) medio valide constrictae, lóculo supero subglo- 
boso (10-11 X 10-12 ;x) infero obovato (12 x 8-9 \>. ) primo hyali- 
nae dein subopace fuligineae. 

124. Trichothyrium fimbriatum Speg. (n. sp.) 

Diag. \itlai' myceliales hyphopodiis conidiistiue destitutae 
margine limbriatae; perithecia sparsa ostiolata túnica simplici do- 
nata; asci obovati paraphysati; sporae ellipsoideo-obovatae trisep- 
tatae h.\ alinae. 

Hab. Ad folia plantae cujusdam indeterminatae in sylva Cad- 
guazá, Jan. 1882 (sub n. 3577). 

Obs. Maculae nullae ; plagulae amphigenae ex orbicular] diffor- 



fungí guaranitici 419 

mes mediocres ( 3-5 mllm. diam. ) saepe confluendo magnae, den- 
dritico-reticulatae, fere pelliculosae, matrici arctíuscule adnatae, 
numquam bullosae, e vittis rectiusculis, densiuscule intertextis, la- 
tiusculis (20-25 [j. diam.) atro-fuligineis centro crassiusculisopacis, 
ambitu membranaceo-expansis pellucidis fumosis prosenchymati- 
cis, margine irregulariter denseque fimbriato-lobulatis (cellul. 3-4 
\i long. ) alterne v. opposite ramosis, ápice saepe subdichotomis, 
hyphopodiis conidiisque plañe destitutis efformatae; perithecia 
hinc inde saepius ad axillas ramorum vittarum, sparsa, orbicula- 
ria minuta (100-150 ¡a diam. ) dimidiato-scutata, in vivo convexula 
ín sicco collabescenti-applanata, ostiolo minuto perforata uni-tuni- 
cata pellucida atro-olivacea, contextu parenchymatico-radiante, 
cellulis subcuboideis minutis crasse tunicatis concentrice disposi- 
tis, margine integra v. vix repandula ; asci ovato-elongati v. obcla- 
vati, antice attenuato-rotundatí crassissimeque tunicati atque 1- 
foveolati, postice brevissime cuneato-rotundati pedicello noduloso 
crasso brevissimoque suffulti (35-50 X 14-16 y.) octospori, para- 
physibus paucis simplicibus ápice saepe incrassatulis, vix longiori- 
bus immixti ; sporae conglobatae obovato-elongatae utrinque ob- 
tusae (15-18 X 6 \¡.) medio 1-septatae constrictulae, lóculo supero 
subgloboso breviore (8 X 7 ¡a) infero obconico longiore (10 X 5 y.) 
in juventute saepe diblasto, hyalinae. Corpuscula orbicularia ap- 
planata centro pellucida (20-25 ¡¿diam.) fuliginea (an perithecia 
rudimentaria 1 ?) hinc inde saepissime ad vittarum marginem ad- 
sunt. 

125. Trichothyrium sarciniferum Speg.— Fung. puig., n. 342. 
Hab. Ad folia viva Myrtaceae speciei cujusdam in sylva Caá- 

guazú, Jan. 1882 ( sine n. ). 

Obs. Specimina guaranitica cum brasiliensibus omnino congru- 
entia ; Trichothyrium asierophorum (B. etBr.) in Fung. of Cey- 
lan ( sub Micropeltide ) perafñne nisi identicum ! 

126. MlCROPELTIS VAGABUNDA SPEG. ( n. Sp. ) 

Diag. Perithecia solitaria sparsa minutissiina membranácea ; 
asci clavulati aparaphysati ; sporae e cylindraceo subclavulatae v. 
subfusiformes 3-septatae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Aspidospei'mae quebrachii m sylvis prope 
Yaguaron, Nov. 1882 ( sub n. 3589). 

Obs. Maculae nullae ; perithecia amphigena sparsa solitaria, sae- 



420 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

pe thallo lichenino tenuissimo anhisto hyalino (an heterogéneo ?) 
insidentia, orbicularia minutissima ( 100-120 ¡¿ diam. ) dimidiato- 
scutata, atra, centro ostiolo radiatim fimbriato minutissimo per- 
forata, tenuissime membranácea, contextu centro parenchymatico 
subconcentrice disposito oliváceo pellucido donata, margine inte- 
gra v. minutissime erosulo-repanda; asci clavulati antice obtuse ro- 
tundati crassiusculeque tunicati, postice cuneato-attenuati breviter 
pedicellati (35-40 X 14-16 \x) aparaphysati octospori; sporae di- 
tri-stichae e cylindraceo fusoideae irtrinque obtusiusculae (14-18 
X 3-5 \t.) non v. vix subclavulatae, rectae v. leniter inaequilatera- 
les, primo 4-blastes dein 3-septatae, ad septum céntrale tantum 
constrictulae hyalinae. Species thalli praesentia ad lichenes non- 
nihil vergens et subdubia ! 

127. Micropeltis? Balansae Speg. (n.sp. ) 

Dtag. Perithecia coriacella minuta sparsa subiculo destituía; 
asci ovati aparaphysati; sporae ellipsoideo-fusoideae transverse 
5-7-septatae, lóculo saepe altero longitudinaliter diviso, hyali- 
nae. 

Hab. Ad folia viva plantae cujusdam indeterminatae in sylva 
Caá-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3575). 

Obs. Maculae nullae; perithecia amphigena solitaria v. hinc 
inde laxe 3-5 gregaria, orbicularia minuta ( 100-120 ¡x diam. ) dimi- 
diato-scutata, ostiolo minutissimo (saepe imperspicuo) perforata, 
atra coriácea opaca, contextu indis tincto, margine integra v. vix 
repandulo-sinuosa, thallo nullo manifestó; asci ovati antice sub- 
attenuato-umbonati obtusi, crassissime tunicati, postice rotunda ti 
brevissime crasseque stipitati (35-50 X 22-25 ¡j.) octospori apara- 
physati ; sporae conglobatae, elongato-fusoideae v. lenissime sub- 
clavulatae, utrinque obtusiusculae (18-24 X 5-6 \i ) rectae v. leni- 
ter inaequilaterales, primo 5, dein 7,-septatae, ad septum médium 
lenissime constrictae, saepe (sed non semper) lóculo altero central i 
supero septo verticali diviso, hyalinae. Species pulchella *c(\ non- 
niliil dubiaob habitumsubUcheninum; an buc Heterothecium in- 
conspicuum Muell. Arg. ? an melius Saccardinula f 

128. Lembosia opaca Speg. — Fung. guar., pug. II, n. 139. 
Hab. Ad folia viva coriácea Afyrsines speciei cujusdam in syl- 
va Y-acan-guajsú, 15 Mart. 1884 ( sub n. 4336). 

Obs. Species fere sine dubio ullo sub Melaspüea (Hemigrapha) 



fungí guaranitici 421 

phaeoplaca a Cl. Muellero Argoviensi paullulo antea edita, et Letn- 
bosia phaeoplaca ( Muell. ) Speg. vocanda ! 

129. Lembosia nobilis Speg. (n. sp. ) 

Diag. Plagulae epiphyllae orbiculares indeterminatae pelliculo- 
sae atrae ; mycelium dense intertextum hyphopodiis destitutum 
conidiis continuis v. 1- 3-septatis fuligineis ornatum ; perithecia 
ellipsoidea v. trígona hysterioidea minuta; asci ovati paraphysati ; 
sporae subcylindraceo-ellipsoideae lóculo infero longiore. 

Hab. Ad folia viva plantae indeterminatae cujusdam in sylva 
Caá-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3586). 

Obs. Maculae nullae; plagulae epiphyllae orbiculares (1-5 mllm. 
diam. ) sparsae v. rarius hinc inde aggregatae v. confluenti-diffor- 
mes, atrae pelliculosae matrici arctiuscule adnatae ambitu nubi- 
loso-evanescentes fere indeterminatae; mycelium ex hyphis te- 
nuibus (4 ;jt crass.) eseptatis? densissime pelliculoso-intertextis 
olivaceis efformatum ; hyphopodia vera nulla sed in hyphis adsunt 
ramuscula brevissima noduliformia 1-guttulata; perithecia inter 
hyphas sparsa ellipsoidea elongata v. trígona (150-200 x 100 y. ) 
atra laevissima rima longitudinali latissime dehiscentia, contextu 
parenchymatico peliucido oliváceo, margine fimbriatula; asci obo- 
vati v. subellipsoidei (24-30 X 16-20 \j.) antice obtusissime crasseque 
tunicati ac umbonati, postice brevissime noduloso-stipitati, para- 
physibus filiformibus vix longioribus crassiusculis ápice subclavu- 
latis, primo hyalinis dein olivascentibus obvallati, octospori; spo- 
rae dense conglobatae cylindraceo-ellipsoideae, non v. vix subcla- 
vulatae, utrinque obtusissime rotundatae (14-16 X 5-6 \x) unisep- 
tatae, non v. vix constrictulae rectae v. subineaquilaterales, lóculo 
supero saepius breviore (6-7 X 6 ¡j. ) infero graciliore ac longiore 
(8 X 5-6 ¡j.) diu hyalinae dein fuligineae. In (hyphopodiis?) nodu- 
lis mycelii saepe adsunt conidia ellipsoidea, obovata v. subnavicu- 
laria, utrinque obtusiuscula (18-20 X 10-11 \>. ) pallide olivácea 
primo continua dein septis tribus transversis atro-opacis crassiu- 
sculis divisa, non constricta. 

Species perpulchra conidiis triseptatis mox dignoscenda. 

130. Rhytidhysterium guaraniticum Speg. — Fung. guar., p. 

II, n. 143. 
Hab. Ad ramulos, cortices ac ligna denudata putrescentia vul- 



422 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

gatum in sylvis prope Guarapí et Yaguar on per ann. 1877-84 
(subn. 1276, 2814, 3616, 4032, 4033, 4034). 

Obs. Species summopere proteiformis notis internis ac externis ! 
Rhytidopeziza Balansae Speg. (Fung. guar., pg. I, n. 315) et 
Triblidiella Balansae Speg. (Fung. guar., pg. II, n. 142) formas 
unius specíei Tantum sistunt et idcirco delendae ! ! 



DISCOMYCETEAE Fr. 

131. Peziza polytrichi Schm.— Fung. guar.. pug. II, n. 146. 
Hab. Ad terram humosan inter muscos in sylvis prope Gua- 
rapo Sept. 1883 (sub n. 4041). 

132. Peziza edulis Speg. (n. sp.) 

Diag. Cupulae majusculae superne applanatae laeves aurantia- 
cae, inferné subturbinatae spongioso-lacunosae albo-cinerascentes 
non v. vix stipitate; asci cylindracei paraphysati; sporae cylin- 
draceo-ellipsoideae biguttulatae hyalinae. 

Hab. In sylvis ad terram humosam inter folia ramentaque pu- 
trescentia prope Guarapí, ann. 1880 (sub n. 3344). 

Obs. Solitaria v. hinc inde plus minusve dense aggregata; 
cupulae primo subglobosae dein gradatim expansae, postremo 
explanatae-concaviusculae (10-50 millm. diam. x5-15mllm. alt.), 
disco centro convexulo laevissimo sordide e luteseente aurantiaco, 
margine acutae integrae, non v. vix repandulo-undulatae. interne 
sessiles v. vix noduloso- stipitatae, tena v. ramentis fere infossae, 
e turbinato convexae, laxe grosseque lacunoso-alveolatae iigneo- 
pallescentes, pube squarrulosa cinerascente tectae, intus carne 
alba hymenioque- flavescente donatae. in vivo carnosulae rigidu- 
lae, in sicco subílaccidae coriacellae; asci cylindracei antice rotun- 
dati, postice modice attenuato-pedicellati (200-220 X 15-16 ¡a) 
octospori,, paraphysibus filiformibus non v. vix longioribus sim- 
plicibus ápice rectis non v. vix subincrassatulis e1 flavescentfcus 
obvallati; sporae monostichae e cylindraceo rllipsoideae (18-34 X 
12-13 \x) utrioque obtuse rotundatae crassiuscule tunicatae grosse 
biguttulatae laeves hyalinae. Iodi ope aulla. Sj)ecies edulis! 



fungí guaranitici 423 



FUNGÍ imperfecti 

133. Phyllosticta eryngii Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae nullae, perithecia bine inde densiuscule maculo- 
so-aggregata atra minuta; sporulae ovoideae hyalinae minutae. 

Hab. Ad folia lánguida Eryngii pandanifolii in paludosis prope 
Caá-guazú, Jan. 1880 (sub n. 3548). 

Obs. Maculae nullae sed saepe totum folium pallescens; peri- 
tbecia epipbylla, parencbymate innata, epidermide tecta v. punc- 
tulatim prominula, bine inde dense 10-50-aggregata,plagulas sub- 
orbiculares f uscescentes (5-10 mil m. diam.)efficentia, lenticularia 
minuta (50-80 [A diam.) ostiolo latiusculo (10 \j. diam.) perforata, 
contextu parencbymatico-membranaceo oliváceo; sporulae ellip- 
soideae v. ovatae utrinque obtusinsculae (3-4 X 1,5 ;¿) byalinae. 

134. Chaetopho.ma chlorospora Speg. (n. sp.) 

Diag. Peritbecia superficialia subiculo tenuissimo maculoso in- 
sidentia subglobosa olivácea, glabra; sporulae ellipsoideae grosse 
1-guttulatae oLivaceae. 

Hab. Ad folia viva Randiae speciei cujusdam in dumetis prope 
Guarapo Jun. 1883 (sub n. 3839). 

Obs. Plagulae epipbyllae orbiculares minutae (0,5-2 mllm. 
diam.) saepius dense gregariae rarius confluentes fuscescentes 
subdeterminatae, araneoso-subpelliculosae, matrice arete adnatae 
hypbis tenuibus (3-4 \i crass.) ramulosis septatis, hyphopodiis de- 
stitutis efformatae; perithecia sparsav. in centro macularum laxis- 
sime gregaria e globoso bemisphaerica (40-60 x 40-50 jjl) inferné 
applanata (non dimidiata !) astoma, glabra, laevia, atra, membra- 
nácea, contextu subimperspicuo parenchymatico-subradiante, spo- 
rulis ellipsoideis utrinque obtusis (6-7x3-3,5 jj.) laevibus, chlori- 
no-olivaceis grosse 1-guttulatis farcta. 

135. Rabknhorstia discoidea Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata erumpentia atra, extus laevia adpresseque fibril- 
loso-tomentosula, orbicularia, pulvinato-exerta, loculis monosti- 
chis parvís; sporulae ellipsoidae byalinae. 

Hab. Ad ramos dejectos putrescentes Caricae cujusdam in syl- 
vis prope Paraguarí, Dec. 1883 (sub n. 4274). 



424 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Obs. Stromata sparsa, hiño inde e cortice perfórate erumpentia 
saepius orbicularia, párvula (1-3 mllm. diam.) intus extusque atra 
v. fusco-atra, tomento parcissimo adpresse atro-subcyanescente 
subevanido, e fibris fcenuibus (4-5 ¡j. crass.) densiuscule intertextis 
fumoso-olivaceis efformato vestita ; Loculí monostichi astomi stro- 
mate inmersi ovoidei ( 100 ¡a diam. x 120 ¡j. alt.) pulpa alba farcti; 
sporulae ellipsoideae \. ovoideae (22-28 x 11-13 ¡j.) crassiusoule 
tunicatae laeves hyalinae eguttulatae. 

136. Aplosporella hesperidica Speg. — Fung. guar. pug. IV, 

n. 299. 

Hab. Ad ramos dejectos putrescentes Citri aurantü prope Po- 
sta-cué, 2 Mari. 1884 (sub n. 4304). 

Obs. Sporulae ellipsoideae v. subnaviculares, utrinque obtusae 
(18-21 X 9-11 y.) fuligineae. 

PSEUDOPATELLA Speg. (n. gen.) 

Char. Stromata erumpenti-innata, discoideo-subturbinata, cor- 
tice crustáceo frustulatim secedenle tecta, intus dense monos! iche 
loculigcra; sporulae ovatac continuae (?) l'umosae. 

Obs. Genus Aplosporellae Speg. peraffine, sed stromatibua 
lecanidiiformibus insigne ac mox dignoscendum. 

137. Pseudopatelea lecanidion Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata gregaria párvula disco convexulo ruguloso-ri- 
mosulo donata; loculi minuti obovati fusco-farcti; sporulae ovoi- 
deae, quandoque diblastes, paraphysatae 4 primo hyalinae dein 
fuscae. 

Hab. A<1 truncos vivos v. Lánguidos Citri aurantii, in hortis 
prope Guarapi, Oct. 1883 (sub n. 4038). 

Obs. Stromata hinc inde dense aggregata, Baepe constipata, 
rarius sparsa, innato-erumpentia Bubsuperficialia, discoidea v. e 
mutua pressione saepe obtuso angulosa, (1 mllm. diam. X 0,3-0,4 
mllm. crass.) superne applanata v. vis convexula, margine acu- 
tiusculo integro determinato, disco minute ruguloso-rimfcloso 
donata, aterrima, opaca, glabra, cortice tenuissimo Erustiüatim 
deciduo tecta, intus fuscidula compacta, monostiche Loculi- 
gera, loculi densiuscule constipati obovati (200 \¡. alt. X 50-100 
;;. diam.) ostiolo destituti (?), pulpa fuscidula mucosa repleti ; spo- 
rulae obovatae, utrinque obtusae, crassiuscule tunicatae, laeves¿ 



fungí guaranitici 425 

primo hyalinae, protoplasmate dense guttulato farctae, dein fu- 
moso-fuscídulae (18-22 X 12-14 ¡i) continuae sed saepe (an sem- 
per?) septo transverso divisae, loculis 1 guttulatis, infero nonnihil 
minore, sterigmatibus monosporis crassiusculis ac longiusculis 
(15-20 X 5 \j.) fultae paraphysibus mucosis densis obvallatae. 

Species perpulchra Lecanidium atrum habitu externo perfecte 
aemnlans. 

138. Septoria eugenicola Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae amphigenae orbiculares subdeterminatae, san- 
guineae, centro albo-cinerascentes ; perithecia centralia pauca 
minuta atra; sporulae aciculares falcatae v. unciniformes, conti- 
nuae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Eugeniae speciei cujusdam in sylvis prope 
Guarapi, Oct. 1880 (sub n. 2733). 

Obs. Maculae sparsae v. rarius hinc inde subaggregatae V. con- 
fluentes, 1-3 mlim. diam., amphigenae, discoideae, subdetermi- 
natae, centro areola primo fusco-cinerea dein subalba minuta (0,5- 
1 mllm. diam.) donatae; perithecia centro macularum insidentia 
solitaria v. 3-5-aggregata, epiphylla minuta (80-100 y. diam.) in- 
nata ostiolata, glabra membranácea, contextu parenchymatico- 
olivaceo ; sporulae aciculares arcuatae, falcatae v. unciniformes 
(40-60x1 1¿) utrinque obtusae, hyalinae, continuae. 

139. Septoria eugeniarum Speg. (n. sp.) 

Diag. Maculae amphigenae, angulato-suborbiculares determi- 
natae, cinerascenti-albae, areola sanguínea stricta cinctae; perithe- 
cia centralia pauca minuta atra; sporac aciculares subrectae bre- 
viusculae. 

Hab. Ad folia viva v. lánguida Eugeniae speciei cujusdam in 
dumetis prope Guarapi, Aut. 1884 (sub n. 4287). 

Obs. Maculae sparsae v. hinc inde subaggregatae, rarius con- 
fluentes (1-3 mllm. diam.) amphigenae, ad hypophyllum fusco- 
rufescentes, determinatae, areola stricta sanguínea cinctae; peri- 
thecia centro macularum insidentia, saepius 3-10 laxe aggregata, 
minutissima, lenticularia (50-60 ¡j.) (an dímidiata?) parenchymate 
innata, epidermide tecta atra, contextu parenchymatíco imperspi- 
cuo oliváceo, minutissime ostiolata; sporulae lineari-fusoideae 
utrinque acutiusculae rectae v. flexuosulae (20-30 X 1,5 [a), con- 
tinuae hyalinae. 



426 RF.VISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

140. Leptothyrium magnum Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata majuscula superficialia dimidiato-orbicularia, 
tenui-membranacea prosenehymatico-radiantia atra glabra centro 
colliculoso-loculigera ; sporulae ellipsoideae parvulae hyalinae . 

Hab. Ad folia viva Nectandrae speciei cujusdam in sylvis Caá- 
guasú, Jan. 1882 (sub n. 3576). 

Obs. Stromata? orbicularia (0,5-3 mllm. diam.) margine non v. 
vix repandula, superficialia, matrice arctiuscule adnata, tenuiter 
crustaceo-fragilia membranácea, atra opaca glabra, centro 1 v. 3- 
collículoso-prominula. contextu parenchymatico radiante (cell. 3 y. 
crass.), centro opaco, ambitu pellucido, subdichotomico septulato 
donata; loculi (?) partes centrales colliculosas occupantes, albo- 
farcti minuti (60-80 ¡a diam.), túnica propria nulla, 3-4 aggregati 
saepe confluentes, superne membrana stromatis tantum tecti, ri- 
mula minutissima dehiscentes ; sporulae ellipsoideo-subcylindra- 
ceae, utrinque obtusiusculae (8-10 X 3 p) non v. obscure guttula- 
tae hyalinae. 

Species perpulchra, novi generi facillime typum et statum im- 
perfectum Polystomellae v. Hysterostomellae cujusdam sistens. 

141. Leptothyrium ampullulipedum Speg. (n. sp.) 

Diag. Characteres externi cum illis stati ascophori (Cnf. Aste- 
rinam ampullullipedam Sp.) perfecte congruentes; sporulae ellip- 
soideo-cylindraceae utrinque subtruncato-rotundatae (6x3 ja) 
hyalinae. 

Hab. Una cum stato ascophoro ad folia Laurineae cujusdam 
prope Villar ka, Jan. 1882 (sub n. 3599). 

142. ASTEROSTOMELLA CRISTATA SPEG. (ll. Sp.) 

Diag. Characteres externi illis stati ascophori (Cnf. Asterinam 
cristatam Sp.) simillimi; sporulae ovoideae, continuae, rarius di- 
blastes (20-24 X 12-14 \j.) fuliginae. 

Hab. Ad folia viva v. lánguida Rutaceae cujusdam in sylva 
subvirginea Caá-guazú, Jan 1SS2 (>uli n. :í5S4). 

143. ASTEROSTOMELLA SUBRETICÜLATA SPEG. (n. sp.) 

Diag. Characteres externi ab illis stati ascophori (Cnf. Asteri- 
nam subreticulatam Sp.) nullomodo deflectentes ; sporulae ovoi- 
deae continuae v. diblastes (16-24 x 10-16) fnligineae. 

Hab. Ad folia viva Cestri pubescentis etCesíri speciei cujusdam 



fungí guaranitici 42? 

in sylvis prope Guarapí et Villar tea, veré 1882-83 (sub n. 3593 
et 4087). 

Obs. Forma in Cestro pubescente (a. 4087) sporulis e globoso 
pyriformibus majoribus (20-24 X 14-16 y.) gaudet, forma altera 
(n. 3593) sporulas conspicue minores (16-20 X 10-12) habet. An 
species dúo distinctae? 

144. ASTEROSTOMELLA CINGULATA SPEG. (n. Sp.) 

Diag. Status sporuligerus Micropeltidis? Balansae Speg., 
cum qua cbaracteribus externis perfecte congruens; perithecia ta- 
men nonnihil minora (80-90 ¡xdiam.); sporulae ovoideae (12x6 ¡j.) 
fere opacae fuligineae ad tertium superum cingulum transversum 
strictum fere hyalinum ornatae. 

Hab. Ad folia viva Euphorbiaceae ( Sebastianiaef ) cujusdam in 
dumetis sylvae Caá-guazú, Jan 1882 (sub n. 3575). 

145. Melasmia pulchella Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata minuta epiphy lia sparsa unilocularia; sporulae 
ellipsoideo-subovoideae granuloso-farctae hyalinae. 

Hab. Ad folia viva Eugeniae speciei cujusdam in vallecula Y- 
acan-guazú vocata inter Paraguarí et Valenzuela, 18 Jan. 1884 
(sub n. 4327). 

Obs. Maculae nullae; stromata epiphylla sparsa v. rarius bine 
inde 2-3 aggregata fere punctiformia (0,5 mllm. diam.) convexo- 
prominula, atra subnitentia, parenchymate epidermideque innata, 
unilocularia, rarius 2-3-locularia, lóculo único tantum fertili, albo- 
farcto; sporulae dense conglobatae ellipsoideae, cylindraceae v. 
ovoideae, utrinque obtusiusculae (9-11X4-5 ¡a) granuloso-farctae 
tenui-tunicatae, liyalinae. 

146. Lasmenia brasiliensis Speg. — Fung. puig. n. 435. 

Hab. Ad folia viva Eugeniae speciei cujusdam in dumetis prope 
Paraguarí, Apr. 1883 (sub n. 3788). 

147. Lasmenia guaranitica Speg. — Fung. guar. pug. I, n. 358. 
Hab. Ad folia viva plantae cujusdam indetermínatae prope Pa- 
raguarí, Jul. 1883 (sub n. 3875). 

148. Melophia axonae Speg. — Fung. guar. pug. I, n. 359 



428 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Hab. Ad folia viva Anonaceae cujusdam in sylvis prope Pava- 
guarí, Maj. 1884 (sub n. 4277). 

149. Melophia macrospora Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata amphigena eff uso-innata aira, ad epiphyllum 
magis conspicua, plurilocularia, sporulis filiformibus arcuatis con- 
tinuis donata. 

Hab. Ad folia viva et lánguida Eugeniae speciei cujusdam 
prope Paraguarf et Y-acan-guazú , Jan. et Mart. 1884 (sub n. 
4295-4322)/ 

Obs. Stromata parenchymate epidermideque folíorum innata, 
non prominula, utrinque aterrima laevia subnitentia, areola inde- 
terminata saepius strictiuscula pallescente v. flavescente cincta; lo- 
culi numerosi minutissimi difformes sinuosi reticulato-juncti, 
albo-farcti; sporulae filiformes, tenues, ápice altero acuto, altero 
obtusiusculo (30-40 X 1-1,5 \x) falcatae v. unciniformes hyalinae 
continuae (?). Sporulae superne bi-v. tri-furcatae saepe adsunt ! 

150. Melophia süperba Speg. (n. sp.) 

Diag. Stromata amphigena orbicular i-di íformia, superne nigra 
decorticata concentrice rugulosa, loculis numerosissimis confluén- 
tibus, sporulis filiformibus falcatis continuis donata. 

Hab. Ad folia viva Myrti guaviyá in dumetis sylvae subvirgi- 
neae Caá-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3577-3578). 

Obs. Stromata irregulariter orbiculari-repanda majuscula (1-5 
mllm. diam.) amphigena nigra, parenchymate innata, ad hypo- 
phyllum convexula subindeterminata epidermideque adnata atque 
semper tecta, ob tomentum foliorum cinerascentia. ad epiphyllum 
vix prominula applanata v. concava subdeterminata, laevia subni- 
tentia, centro saepius epidermide frustulatim secedente orbata 
opaca ac subasperula, rugis concentricis prominulis pulchre orna- 
t;i; loculi numerosissimi difformes saepius ivt iciilato-conflueiiU 1 - 
albo-farcti; sporulae aciculares utrinque v. ápice supero tantum 
acutato-attenuatac (20-30X1^) continuae falcatae v. hamatae 
hyalinae. 

Species ob rugas concéntricas stromatum mox dignoscenda. 

151.GLAKOSPORIUM TABERNEMONTANAi; SPEG. (U. sp. ) 

Diag. Maculae ¡ >a 1 1 escentes determina tac; acervuli minuti epi- 



fungí guaranitici 429 

phylli ochracei; sporulae ellipsoideo-cylindraceae majusculae hya- 
linae. 

Hab. Ad folia viva Tabernemontanae speciei cujusdam in du- 
metis prope Paraguarí, Jul. 1883 (sub n. 3818). 

Obs. Maculae amphigenae ad hypophyllum indeterminatae pal- 
lescentes, ad epiphyllum fusco-pallescentes determinatae, centro 
subalbescentes, margine saepius areola ferruginea stricta cinctae; 
acervuli parenchymate innati, epidermide tecti, ad epiphyllum 
erumpentes, minutissimi (70-80 \j. diam.) laxe gregarii fulvo-fu- 
scescentes; sporulae e cylindraceo-ellipsoideae ovoideae rarius me- 
dio subattenuatae, utrinque obtuse rotundatae (12-18 X 4-5 ^) 
hyalinae. 

152. Melanconiüm? bambusinum Speg. (n. sp.) 

Diag. Erumpens lineare dense gregarium; sporulae e globoso 
sublimoniformes sterigmatibus longis repentibus articulatis ge- 
minatim suffultae, majusculae obscure fuligineae. 

Hab. Ad culmos dejectos putrescentes Bambusaceae cujusdam 
in uliginosis prope Paraguari, Aug. 1883 (sub n. 3960). 

Obs. Maculae nullae; acervuli dense gregarii lineares (l-5mllm. 
long X 0,3-0,4 mllm. crass.) epidermide relaxata tecti, rimóse de- 
hiscentes, intus atri; sporulae subglobosae, ápice supero saepius 
acutato minuteque umbonatulo., infero rotundato-subtruncato (30 
X 20-30 ¡a) laeves opace fuligineae, sterigmatibus (hyphis?) repen- 
tibus articulatis subtorulosis (6 [i. crass.) pallide fumoso-olivaceis ) 
ad extremitatem superam saepius uncinato-recurvis atque bifidis, 
utroque ápice monosporo. Species pulchella ob sterigmata valde 
evoluta ad hyphomycetes vergens, et facile generi Coniosporio 
adscribenda. 

153. Cylindrosporium olyrae Speg. (n. sp.) 

Diag. Epiphyllum sparsum minutissimum erumpens fusco-fla- 
vescens; sporulae subcylindraceae continuae v. parce septatae 
hyalinae. 

Hab. Ad folia viva v. lánguida Olyrae speciei cujusdam in du- 
metis prope Guarapi, Febr. 1884 (sub n. 4319). 

Obs. Maculae nullae; acervuli ep i phylli sparsi v. hinc inde parce 
aggregati saepe confluentes pusilli (60-90 ¡a diam.) fulvi parenchy- 
mate innati epidermideque tecti, vix prominulo-erumpentes, arco- 
la strictissima sordide aurantiaca cincti; sterigmata dense fasci- 



430 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

culata hyalina cylin día cea monospora gracillima; sporulae cylin- 
draceae v. obclavulatae utrinque obtusiusculae (30-40 X 1,5-2 ¡j.) 
rectae v. leniter flexuosae, continuae v. parcissime septulatae non 
constrictae laeves byalinae. 

154. Oospora versicolor Speg. (n. sp.) 

Diag. Rosea, aurantia v. flava, minute irregulariterque efíuso- 
pulvinulata; conidia laevia globosa catenulata ex bypbis subcuboi- 
deo-articulatis oriunda. 

Hab. Ad terram, folia ramentaque putrescentia et semicom- 
busta in dumetis prope Guarapí, Posta-cué et Yaguar on, hieme 
1883-84 (sub n. 3934, 4301, 4755). 

Obs. Acervuli superficiales v. erumpenti-diffluentes tenues dif- 
formes minuti (0,5-1 mllm. diam.) rarius hinc inde aggregati ac 
confluentes, margine tenuissimi araneoso-evanescentes albi v. pal- 
lidi, centro parum incrassatuli subpulvinatuli, primo compactiu- 
sculi dein pulverulenti, ílavi, aurantii v. rosei; byphae byalinae 
repentes septatae, articulis basalibus elongatis non secedentes, ad 
apicem versus gradatim abbreviatis ac cuboideo-articulatis (8-10 
X 5-15 [i.), sensim in sporulas globosas (4-6 |x diam.) laeves catenu- 
latas hyalinas abeuntes. Species pulchella ut videtur vulgatissima. 

155. Oidium erysiphoide Fr. — Speg., Fung. guar. pug. II, n. 181. 
Hab. Ad folia viva Umbelliferae cujusdam in pratis prope 

Guarapí, Aut. 1883 (sub n. 4054). 

156. Cercosporella pseudoidium Speg. — Fung. guar. pug. I, 

n. 390. 
Hab. Ad folia viva Manihot utilissimaem montuosis Mbocaiati 
vocatis prope Paraguarij 5 Mart. 1883 (sub u. 3701). 

157. Heterosporium chloridis Speg. (n. sp.) 

Diag. Hypophyllum minutum olivaceumj hyphis sterilibus re- 
pentibus fertilibus erectis, sporulis ellipsoideis parvulis triblasti- 
bus, minutissime verruculosis Eumoso-olivaceis donatum. 

Hab. Ad folia Lánguida chloridis speciei cujusdam ld pratis 
prope Paraguarij Febr. 1884 (sub n. 4311). 

Obs. Maculae nullae v. Eolium hinc inde vix cinerascenti-palle- 
scens ; plagulae liypophj Qae plus minusve evolutae ellipsoideae v. 
orbiculares olivaceae velutinae; acervuli minuti in plagulis den- 



fungí guaranitici 431 

siuscule constipati, ex hyphis gracílibus septulatis olivaceis repen- 
tibus efíormati; hyphae fértiles erectae simplices (150-200x5-10 \¡.) 
septulatae olivaceae pellucidae, ápice obtusae saepíus monosper- 
mae ; conidia saepius acrogena ellipsoidea v. obovata, non v. vix 
inaequilateralia, primo triblasta dein triseptata nunquam ad septa 
constricta (20-30 X 8-10 ¡j.) atrinque obtusa minutissime (vix 
perspicue) denseque asperula, fumoso-olivacea. 

158. Napicladium myrtacearum Speg.? — Fung. guar., pug. II, 

n. 192. 
Hab. Ad folia viva Aft/j'taceae cujusdam indumetis sylvae Caá- 
gucuii, Jan. 1882 (sub n. 3451). 

Obs. Specimina plañe sterilia et tándem nonnihil dubia. 

159. Napicladium caaguazuense Speg. — Fung. guar., pug. II, 

n. 397 (sub Helmintosporio). 
Hab. Ad folia viva Bambusaceae cujusdam in uligínosis sylvae 
Caá-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3574). 

160. Sarcinella? solanicola Speg. (n. sp.) 

Diag. Mycelium ut in forma ascigera; conidia in liyphis brevi- 
bus simplicibusque acrogena, 4-6-cellularia opaca glabra, conidiis 
hyalinis deficientibus. 

Hab. Ad folia viv&Solanaceae cujusdam in dumetis sylvae sub- 
virgineae Caá-guazú, Jan. 1882 (sub n. 3583). 

Obs. Forma conidica Dimerosporü solanicoli (B. et C.) Speg. ; 
hypliae conidiiferae ex illis repentibus mycelii hinc inde adsur- 
gentes, rectae v. ílexuosae (50-90 X 3 ¡a) continuae (?) fusco-atrae 
subopacae; conidia monomorfa acrogena solitaria, subglobosa (16- 
20 \). dium.), utrinque applanata, 4-6-cellularia, cellulis monosti- 
cbis (10-12 ¡xdiam.), ad septa contricta, opace fuliginea; conidia 
liyalina heteromorpha, facillime decidua, non inventa. In mycelio 
adsunl saepius perithecia rudimentaria, minuta globoso-depressa 
(50 X 38 ¡j.) olivácea, subpellucida, selerotiacea, cellulis crassis 
polygonis (10 ^ diam.) grosse 1-guttulatis farcta. 

161. ATRACTIUM? CRONARTIOlDK SPEG. (ll. Sp.) 

Diag. Maculigenum hypophyllum fuscum; stipites sparsi erecti 
majusculis ápice minute pruinuloso-conidiiferi; conidia cylindra- 
cea continua v. pluriseptata chlorina. 

REV. AP.G. DE IIIST. NAT. — T. I 28 



432 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Hab. Ad folia lánguida Bignoniaceae cujusdam volubilis in du- 
metis circa Calle-poi prope Yaguaron, 20 Sept. 1883 (sub n. 3990). 

Obs. Maculae amphigenae determinatae irregulariter repando- 
orbiculares v. confluendo diííormes arescentes superne ciereo-al- 
bae inferné pallide avellaneae; stipites hypophylli in maculis laxis- 
sime aggregati, quandoque totam maculara occupantes, sed saepius 
tantum marginales, fusco-olivacei erecti, recti v. arcuatuli maju- 
sculi (0,5-1 mllm. alt. X 50-100 ¡a crass.) cylindracei basin versus 
leniter incrassatuli, ápice non v. vix attenuati ac subpallescentes, 
ex hypkis tenuibus gracilibus (3-4 ;j. crass.) chlorino-olivascentibus 
dense fasciculatis efformati; conidia cylindracea recta v. vix fle- 
xuosa, intrinque obtusiuscula (40-60 X 4-5 ¡j.) continua v. saepius 
triseptata, ad septa non constricta, laevia, chlorina, pellucida. 

Species pulchella, dubiose ad interim generi Atractio adscripta, 
habitu externo, Cronartium quoddam perfecte simulans. 

162. Munkia martiris Speg. — Fung. guar., pug. I, n. 356. 
Hab. Ad ramulos vivos Bambusaceae cujusdam, in lapidosis 

Cerro León vocatis, 15 Mart. 1884 (sub n. 4282). 

163. FüSARIUM HETEROSPORUM SPEG. — SüCC, Syll. fllllg. VOl. 

IV, pag. 707. n. 63. 
Hab. Ad panículas floríferas Andropogonis speciei cujusdam 
in dumetis prope Posta-cué, Mart. 1884 ( sub n. 4291-4292). 

164. Microcera clavariella Speg. — Fung. guar. pg. I, 11. 428. 
Hab. Ad folia viva V. lánguida Eugeniae speciei cujusdam in 

dumetis prope Paraguar% Apr. 1883 (sub n. 3787). 

165. Capnodii m ciiaetomorphum Speg.?— Fung. guar., pug. I. 

n. 345. 
Hab. Ad folia viva FíWspeciei cujusdam in sylvis (ubi?) Jul. 

1883 (sub n. 4734). 



OBSERVACIONES SOBRE LOS GÉNEROS TYPOTHERIUM Y ENTELOMORPHUS 433 

Observaciones sobre algunas especies 
de los géneros Typotherium y Entelomorphus 

Por Florentino Ameghino 



En mi oóra, Contribución al conocimiento de los mamíferos fó- 
siles argentinos, he descrito y caracterizado cinco especies distintas 
del género Typotherium que son : T. insigne, T. cristatum, T. 
maendrum, T. pachynathum y T. exiguum, dando figuras de 
algunas; de otras no he dado dibujos, ó no los he dado tan exac- 
tos como hubiera sido mi deseo, por razones que, por ser ya de- 
masiado sabidas no tengo por qué repetirlas. (Véase pág. 331 y 
332). En la Revista del Museo de La Plata, tomo II, página 74 y 
siguientes, Octubre 1891, el señor Mercerat publica unos Apun- 
tes sobre el género Typotherium, en los que continúa sus lamen- 
tables é inesplicables confusiones de géneros y especies. Como de 
costumbre, sin traer nuevos datos sobre la organización de esos 
animales, se ocupa en criticar los dibujos por mí publicados, que 
serán tan malos cuanto se quiera, pero valen infinitamente más, 
que los que continuamente se anuncian y nunca aparecen ; el au- 
tor en vez de criticar los publicados, debería publicar otros me- 
jores ; ese seria el verdadero modo de servir los intereses de la 
ciencia . 

La especie más grande del género Typotherium es la que he 
dado á conocer con el nombre de T. insigne, fundada sobre una 
mandíbula inferior encontrada por mi mismo en Monte Hermoso 
y que regalé al Museo de La Plata, circunstancia que el autor 
calla, si bien también es cierto que ni ella ha sido suficiente 
para que se me permitiera sacar el dibujo, que ahora ya estaría 
publicado y valdría más que las inútiles digresiones del autor de 
esos apuntes. Las cuatro muelas inferiores del T. insigne ocupan 
un espacio longitudinal de 105 milímetros, diferencia de tamaño 
verdaderamente considerable comparándola con T. cristatum cu- 
yas cuatro muelas inferiores ocupan un espacio longitudinal de 
solo 80 milímetros y las 5 superiores de la misma especie 94, lo 
que da una diferencia de 14 milímetros de la serie dentaria supe- 
rior á la inferior. La proporción de esta diferencia entre la den- 
tadura superior é inferior es igual en todos los individuos de las 



434 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

diferentes especies del género Typotherium que me son hasta 
ahora conocidas. Según esta proporción, las 5 muelas superiores 
del T. insigne, debían ocupar un espacio longitudinal de 122 á 
123 milímetros de largo. Pues bien, el señor Mercerat atribuye 
á T. insigue un cráneo de un individuo adulto en el que las 5 
muelas superiores solo tienen 110 milímetros de largo, lo que da- 
ría entre la dentadura superior ó inferior una diferencia de solo 
5 milímetros, no solo inferior á la que existe entre la dentadura 
superior é inferior de T. cristatum, sino también menor á la que 
hay entre la dentadura superior é inferior de T. eaeiguum en el 
cual la diferencia es todavía de 9 á 10 milímetros. Esto es senci- 
llamente un imposible, que no necesita de mayor demostración 
para reconocer que se trata de un absurdo. Eso prueba que el 
autor no ha sabido posesionarse de los caracteres del género. 
Ese cráneo pertenece á una especie distinta, todavía no nombra- 
da, intermediaria por la talla entre T. cristatum y T. insigne, 
que designaré con el nombre de T. robustum. He aquí á conti- 
nuación las dimensiones que da el señor Mercerat del cráneo de 
Typotherium robustum Amegh. «Longitud del cráneo entre el 
vértice de los cóndilos occipitales y el borde incisivo, 312 milí- 
metros. Longitud entre el borde posterior <1<'I m. - y el borde an- 
terior del i. i 177 milímetros. Longitud del espacio ocupado por 
la sé rie de los cinco molares superiores, 110 milímetros. Longi- 
tud de la barra entre p. -y i. 1 43 milímetros. Distancia trans- 
versal tomada sobre los bordes ántero- externos del m. -, 100 mi- 
límetros. Distancia transversal tomada sóbrelas apófisis zigomá- 
ticas al nivel del m.^, 185 milímetros. Distancia transversal entre 
los agujeros suborbitarios, 70 milímetros. Distancia transver- 
sal tomada sobre la cara lateral externado los i.-, 60 milíme- 
tros. » 

Másadelante, el señor Mercerat atribuye á T. insigúela parte 
anterior de una mandíbula inferior que dice presenta 3 incisivos 
de cada helo, como la pieza que he descrito y figurado bajo el 
nombre de Entelomorphus rotundatus. Esta pieza, sirve al autor 
depretesto para identificar Entelomorphus rotundatus coij Ty- 
potherium insigne, porque según él la presencia del tercer incisivo 
es de poca importancia! puesto que se encuentran Los vestigios de 
él en los Tipoterios jóvenes. Debo declarar, que nunca he visto en 
ningún Typotherium, por joven que fuera el i. -aparente 1 . Si hay 
algo de característico en el género Typotherium, comparado con 



OBSERVACIONES SOBRE LOS GÉNEROS TYPOTHERIUM Y ENTELOMORPHUS 435 

los demás representantes del mismo orden, es precisamente su fór- 
mula dentaria. El autor debió tener presente que hay una canti- 
dad de géneros perfectamente distintos y caracteristicos, cuya 
distinción reposa sobre la ausencia de ciertos dientes de los que 
sin embargo se encuentran los vestigios en el interior de las man- 
díbulas de los individuos jóvenes, y no dude el señor Mercerat 
que en el estudio de los mamíferos un diente de más ó de menos 
como carácter genérico, tiene machísima mayor importancia que 
las insignificantes diferencias de tamaño sobre las que ha preten- 
dido fundar regimientos de especies nuevas de Nesodontes, Astra- 
poteridos y Proteroteridos. Pero al hacer esa identificación se 
conoce que ni siquiera ha leido las descripciones que he dado de 
T. insigne y Entelomorphus rotundatus, pues si lo hubiera he- 
cho hubiera visto que este último no es de mayor tamaño que 
2\ cristatum, mientras que aquel es de tamaño notablemente 
mayor. El p. j de T. cristatum tiene 16 milímetros de diámetro 
ántero-posterior (Ameghino, Contr. mamíf. fós., etc., pág. 418), 
el de Entelomorphus rotundatus (1. c, p. 421) solo tiene 14 mi- 
límetros, mientras que en T. insigne el mismo diente tiene un 
diámetro ántero-posterior de 22 milímetros (1. c, p. 418). Esta 
enorme diferencia, seguida á pesar de eso de una identificación 
genérica y especifica, tan ligera, dan una idea de la manera las- 
timosa con que el autor está confundiendo y embrollando el co- 
nocimiento de los mamíferos fósiles de nuestro suelo. No tengo 
por qué insistir, en que Typotherium insigne y Entelomorphus 
rotundatus son dos animales específicos y genéricamente distin- 
tos, pues es por demás evidente, y uno y otro proceden de yaci- 
mientos muy distantes, y de horizontes geológicos muy dis- 
tintos. 

En dichos apuntes, no se limita á esto el señor Mercerat, sino 
que también pretende sustituir el nombre de Typ. maendrum 
Amegh. 1887 por el de Typ. Bravardi Burm. 1888, tomando 
por pretesto que las piezas que me sirvieron de Tipo para fundar 
T maendrum son de un individuo joven de Typothertum cris- 
tatum, identificación que niego déla manera más categórica. Ty- 
potherium Bravardi Burm. 1888, ni está descrito, ni el autor 
afirma que sea realmente de una especie distinta, ni el cráneo 
que ha servido de tipo procede de un individuo adulto. Typ. 
maendrum lo fundé (Ameghino, Apunt. prelim. sobre mamif. 
fós. de Monte Hermoso, etc., p. 10. Abril 1887) sobre restos que 



436 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



encontré personalmente en Monte Hermoso, en donde es la espe- 
cie predominante, á la que pertenecen las tres cuartas partes de 
los restos de Typotherium que allí se descubren, y en donde no 
se han encontrado hasta ahora vestigios del Typ. crtstatum. 
¿Cómo es pues posible que esos restos pertenecieran á esta espe- 
cie? No sería estraño que me contestaran que en el Museo de La 
Plata existen restos de T. crtstatum procedentes de Monte Her- 




Fig.E98. Typotherium maendru.™ Ambgh - Rama mandibular derecha, vista de 
arriba y por el lado externo, reducida á V, del tamaño natural. 



moso, pero que se me permita examinarlos y sabré lo que deberé 
pensar de ellos ; niego en absoluto que el T. crtstatum se encuen- 
tre en Monte Hermoso. 

Para terminar, me limito á recordar que al fundar T. maen- 
drum (1. c, p. 10), dije que era de un tercio menor que T. crts- 
tatum, que cada uno de Los incisivos Intermediarios de la man- 
díbula inferior tenia 20 milímetros de ancho, que la sinfisis era 
mii\ corta, que la barraque separa el incisivo externo del p. T 
tiene 23 milímetros de largo y que pro< edia de Monte Hermoso, 
yacimiento cuyos fósiles son muy fáciles de reconocer. Acompaño 
acá, reducido á tres cuartos del tamaño natural (fig. 98) el dibujo 
de la rama horizontal del lado derecho con la dentadura de un 
individuo adulto de Typotherium maendrum procedente de Moa- 



SUPUESTA PRESENCIA DE CREODONTES EN MONTE HERMOSO 437 

te Hermoso para que pueda reconocerse que no es el Typotherium 
cristatum y que la especie está bien fundada. 

Las especies del género Typotherium ahora conocidas son ocho; 
una, que es la especie que puede considerarse clásica, el T. cris- 
tatum Serr., que es esclusiva del pampeano medio ó inferior ; 
tres especies, T. pachygnatum Gerv. y Amegh. , T. maendrum 
Amegh. y T. exiguum Amegh. se encuentran en el pampeano in- 
ferior (plioceno inferior) y en Monte Hermoso (mioceno superior); 
el T. insigne Amegh. que hasta ahora solo se ha encontrado en 
Monte Hermoso; el T. robustum Amegh., que es probablemente 
de la misma localidad; y dos especies, T. internum Amegh. y 
T. Studeri Mor. y Mer. procedentes del mioceno inferior de Ca- 
tamarca. 



Sobre la supuesta presencia de Creodontes 
en el mioceno superior de Monte-Hermoso 

Por Florentino Ameghino 

En la Revista del Museo La Plata, tomo II, página 80, 
Octubre 1891, se encuentra una corta nota del señor Mercerat, 
titulada Sobre un maxilar inferior de Creodonte de Monte- 
Hermoso, que empieza con el siguiente párrafo : « Se ha anunciado 
la desaparición de los Creodonta en la República Argentina en las 
primeras edades del periodo oligoceno (Ameghino, Contr. al 
conoc. de los mamíf.fós. Rep. Arg., pág. 931)». En esa página 
yo no digo eso, sino lo que sigue : « Los marsupiales del grupo 
de los plagiaulacoideos han desaparecido, lo mismo que la mayor 
parte de los carniceros del grupo de los creodontes, que son susti- 
tuidos en parte por verdaderos carniceros, etc. », lo que es muy 
diferente. Pero es claro que cuando uno habla de la presencia ó 
de la ausencia de ciertos tipos en tal ó cual formación lo hace 
según el estado de los descubrimientos. Hasta el momento en que 
yo escribía esas líneas, todos los restos considerados como de 
creodontes procedían del eoceno y del oligeno. Es natural que eso 
no implica que no puedan haber existido en épocas más modernas. 
Si en efecto el género Macrocyon Amegh., es un creodonte como 



438 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ahora creo posible, entonces estos animales habrían existido du- 
rante toda la época de la formación pampeana. 

El señor Mercerat en esa nota anuncia como un hecho nuevo 
la existencia de creodontes en Monte-Hermoso, basándose sobre 
una rama mandibular incompleta, de la que da una descripción 
que parece bastante exacta, pero no acompaña dibujo. Es una 
verdadera lástima que el autor que tanto se preocupa de criticar 
los dibujos ajenos, no publique ilustraciones, á lo menos de las 
pretendidas nuevas especies que describe, para así poderlas 
apreciar en su justo valor. Así si hubiera publicado un dibujo de 
esta rama mandibular sobre la que funda el nuevo género y la 
nueva especie que denomina Notocynus hermosicus, cualquiera 
hubiera inmediatamente podido reconocer que no se trataba de un 
creodonte sino de un representante del género Didelphys, perte- 
neciente auna especie ya conocida, habiéndola descrito y figurado 
en mi obra Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles 
de la República Argentina, página 280, plancha XII, figuras 37 y 
38 año 1889, bajo el nombre de Didelphys triforata y sobre mate- 
riales mucho más completos que los que dispone el museo de La 
Plata. ¡ Hasta el género Didelphys que desde Lineo nunca ha 
sido confundido, viene á recibir sinónimos del señor Mercerat ! 
Esto sin embargo no quiere decir que no puedan existir creodontes 
en el yacimiento de Monte-Hermoso, sino que quedan todavía 
por descubrir. 



Sobre algunas especies de perros fósiles 
de la República Argentina 

Pot Florentino A.meghino 

Enmi obra Contribucional conocimiento délos mamíferos fósiles 
de la República Argentina, he mencionado cinco especies exi i n- 
guidas de perros fósiles de lasque be dado los caracteres distintivos 
(('(mis ensenadensis, C. cultridens, C. bonaerensis, G. proto- 
jubatus, C. aras), pero de solo dos cs|>f<-ir> he podido acompañar 
l<>- <liltwjo>. c! C. ensenadensis y el C. bonaerensis. Ahora acom- 
paño los dibujos de dos especies más; una, C. proplatensis, com- 
pletamente nueva, y Ja otra, C. protojubatus, H. Gerv. y Amegh., 



ESPECIES DE PERROS FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 439 

ya conocida, pero de un modo muy incompleto y hasta ahora no 
figurada. 

Canis proplatensis, n. sp. Está representada por una rama 
mandibular derecha con los alvéolos de los incisivos, del canino, 
del p. r y del m. 3, y con los cinco dientes del p. - al m. -, intactos. 
Es de tamaño un poco menor que Canis Azarae pero más robusto. 
Se distingue por los p. T áj que no llevan tubérculo accesorio pos- 
terior más arriba del talón, por el p. j con un gran tubérculo acce- 
sorio posterior muy elevado, por el gran tamaño del carnicero y 
primer trasmolar, y por los tres primeros premolares separados 
entre ellos, del que sigue hacia atrás y del canino por diastemas 
bastante anchos. El diente carnicero muestra el tubérculo acce- 
sorio posterior interno de la cúspide central muy elevado y desta- 
cado en su parte superior, y los dos tubérculos posteriores, eleva- 
dos, bien separados y seguidos atrás de un callo basal transversal 




Fig. 99. Canis proplatensis, Amegh. Rama mandibular derecha, vista por el lado 
externo, reducida á 9 / t del tamaño natural. 



pequeño. El canino, á juzgar por el alvéolo, era de gran tamaño. 
Los incisivos tenían una implantación particular; el externo que 
es el más grande se encontraba colocado abajo, el segundo un poco 
más pequeño estaba colocado encima del externo, y el primero ó 
interno, era mucho más pequeño, casi rudimentario é implantado 
al lado interno al nivel del espacio que separa los alvéolos de los 
dos precedentes. Hay tres agujeros mentonianos colocados en fila 
á la misma altura, el anterior mucho más grande debajo del p. T y 
el diastema que le sigue, el segundo que es el más pequeño debajo 
de la raíz anterior del p. 5, y el posterior de tamaño algo mayor, 
debajo de la raiz anterior del p. T . 

Largo del diastema entre c. 7 y p. T , 4,5 milímetros; diámetro 
ántero-posterior del alvéolo del p. T , 3.5 milímetros; diámetro 
ántero-posterior del p. -, 7 milímetros; delp.- a , 8 milímetros; 
del p.j, 9,5 milímetros; del m. T , 17 milímetros; del m. 5 
8,5 milímetros; diámetro transverso del m. T en su parte 



440 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



posterior, 6 milímetros ; longitud del espacio ocupado por las siete 
muelas inferiores, 61 milímetros; largo de la parte anterior del 
alvéolo del i. ^ á la parte posterior del alvéolo del m. 3, 74 milíme- 
tros ; alto de la rama horizontal debajo de la parte anterior del p. f, 
13 milímetros. He recibido esta pieza de mi distinguido colega el 
Dr. Carlos Spegazzini, como procedente de las escavaciones del 
puerto de La Plata en la Ensenada. 

Canis protojubatus, H. Gervais y Ameghino, Mamíferos fósi- 
les de la América Meridional, página 38, año 1880. — Id. Ame- 
ghino, Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de 
la República Argentina, página 303, año 1889. Esta especie es de un 
tamaño poco menor que C.jubatus. Dispongo de parte del esque- 




Fig. 100. Co/i/.s protojubatus, H. Gerv. et Amegh. Rama mandibular izquierda, 
vista por el lado externo, reducida á 3 /i del tamaño natural. 



leto, el cráneo en fragmentos y la rama mandibular izquierda casi 
intacta representada en la figura adjunta, número 100. El p. ¡ ade- 
más del callo basal posterior, presenta dos tubérculos accesorios 
posteriores, el anterior colocado más arriba, de mucho mayor 
tamaño que el que le sigue más abajo y más atrás. Los premolares 
están muy apretados unos á otros con solo un muy pequeño 
diastema entre p. .7 y ... Diámetro ántero-posterior del p. 7, 5 mili- 
metros; del p. j, 11,5 milímetros; del p. -.. 12,5 milímetros ; del 
p. 7, 13,5 milímetros ; del m. T , 23 milímetros ; del m. -, 11,5 mili- 
metros. Longitud de la parte anterior del canino á la parte poste- 
rior del alvéolo del m. ,, 95 milímetros; alto de la rama horizontal 
debajo de la parte media del m. f, 2:? milímetros. He encontrado 
esta pieza y parte considerable del esqueleto del mismo individuo, 
en el pampeano superior de la ciudad de La Plata. 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 441 

Canis palaeoplate tisis nom. n. El señor Mercerat en la 
Revista del Museo La Plata, tomo TI, página 83, Octubre 1891, 
describe una rama mandibular de una especie de Canis fósil 
procedente del pampeano de la Provincia de Buenos Aires, de 
tamaño bastante menor que la precedente. La serie dentaria del 
c. 7 al m. 3 tiene 70 milímetros de largo ; el diámetro ántero-poste- 
rior del c. j- al m. j es sucesivamente de 7-5-9-10,5-12-19, 8-8,8- 
4 milímetros. El diastema entre c. T y p. T es de 4,8 milímetros. 
La rama mandibular debajo del m. -5 tiene 17 milímetros de alto. 
Los tres premolares posteriores presentan, según el autor, dos 
tubérculos posteriores cada uno. No conozco ninguna otra especie 
argentina que presente esta particularidad que aproximaría la 
mencionada especie de los verdaderos perros de Europa y Norte- 
América. El autor designa esta especie que supone ser nueva, con 
el nombre de Canis platensis, más como ya ha sido empleado con 
anterioridad para designar otra especie del mismo género, susti- 
tuyo el nombre de Canis platensis Mercerat, por el de Canis 
palaeoplatensis . 



Enumeración de las aves fósiles de la República 

Argentina 

Por Florentino Ameghino 

Los huesos fósiles de aves no son raros en las formaciones ceno- 
zoicas de la República Argentina, pero todavía no han sido objeto 
de investigaciones detenidas. Últimamente ha aparecido una 
memoria de los señores Francisco P. Moreno y A. Mercerat 
titulada Catálogo de los pájaros fúsiles déla República Argen- 
tina. — Descripción sumaria de las especies, en folio, con 21 
láminas del mismo formato, trabajo que forma parte de los Anales 
del Museo de La Plata y ha sido distribuido en el mes de Agosto 
pasado. Fué mi primera intención hacer un detenido examen 
critico de ese trabajo, más hube de desistir, pues vi que no lo 
merecía. Esa obra, por su formato, impresión, papel y láminas es 
verdadero derroche de lujo, pero carece de valor científico; solo 
prueba, conjuntamente con el prefacio-programa de los Anales, 
que tienen razón los que creen que el director del Museo de La 



442 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Plata padece de megalomanía. Todo comentario á ese respecto es 
supérfluo. Las pocas láminas litografiadas son buenas, pero todas 
las demás fototipiadas con fotografías tomadas directamente de 
los originales, en su mayor parte no valen nada, pues solo dan los 
contornos, sin que se distingan los detalles de verdadera impor- 
tancia. La mayor parte de las figuras son contornos de piezas in- 
formes, en los que con buena voluntad se puede ver todo lo que se 
desea. El peor de los dibujos vale más que esas figuras. El texto 
(en francés y español) no vale absolutamente nada, pues es en 
su totalidad una interminable serie de errores. Las procedencias 
de un considerable número de objetos están equivocadas, y las 
piezas mismas mezcladas; huesos de una misma especie están 
distribuidos en una cantidad de géneros y familias diferentes ! 
huesos de un mismo género están distribuidos en una docena de 
géneros distintos, y atribuidos á una media docena de familias 
diferentes ! restos de reptiles se confunden con los de mamíferos, 
y sobre huesos de mamíferos se fundan nuevas especies de aves ! 
las mandíbulas inferiores están descritas como superiores! (prema- 
xilares), y si continuara enumerando los disparates allí impresos 
sería cosa de no concluir. 

Como tengo originales de la mayor parte de las piezas allí figu- 
radas, y de muchísimas otras que los autores no conocen, me ha 
parecido que lo mejor que podía hacer era emprender el estudio de 
las aves fósiles de la República, aprovechando además Las pocas 
indicaciones que se pueden obtener de las láminas publicadas por 
los señores Moreno y Mercerat ; si todas esas láminas hubieran 
sido litografiadas, ó fueran copias fototípicas de dibujos originales, 
y si los autores no las hubieran acompañado de descripciones ni 
de nombres inútiles, sino simplemente de las procedencias, sin 
duda serian de mucha mayor utilidad, y no habría necesidad de 
estampar tantos nombres de sinónimos que constituyen la mayor 
desgracia de La clasificación sistemática. 

Este artículo, no es pues más que una simple enumeración de 
las distintas especies de aves fósiles de la República Argentina 
que hasta ahora me son conocidas, ó que han sido señaladas por 
otros autores; en artículos sucesivos irán apareciendo las descrip- 
ciones detalladas, acompañadas de los dibujos de las parles más 
características. 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 443 



CARINATES 

Icteridae. No conozco representantes fósiles de esta familia, 
pero Bravard cita la presencia de 3 especies del género Icterus 
en la formación pampeana de Buenos Aires ; desgraciadamente no 
han sido descritas. 

Corvidae. Lydekker (Cata!, of Foss. Birds., p. 6, 1891), 
menciona como formando parte de las colecciones del Museo Bri- 
tánico, parte de un húmero, y un tibio-tarso incompleto, de un 
género de esta familia, procedente de la formación pampeana de 
Buenos Aires. Esos restos, descubiertos por Bravard indican un 
animal del tamaño de un grajo. No está determinada la especie ni 
el género. 

Psittacidae. Bravard menciona restos de un Psittacus pro- 
cedente de la formación pampeana de Buenos Aires, del que no 
da la determinación de la especie. Lydekker (1. c, p. 11) men- 
ciona la parte anterior del cráneo de un representante del género 
Conurus del tamaño de C. erythrogenys de Guayana, proce- 
dente de la formación pampeana de Buenos Aires en donde fué 
encontrado por Bravard; probablemente es sobre la misma pie- 
za que este último autor anunció la existencia de un Psittacus 
fósil pampeano. Lydekker no da la determinación especifica, y 
cree probable pertenezca á alguna de las especies existentes. Co- 
mo esta pieza procede de las primeras colecciones de Bravard 
que fueron recogidas en el pampeano inferior de la ciudad de 
Buenos Aires (plioceno inferior), creo más bien represente una 
especie extinguida. 

Strigidae. Solo conozco un representante fósil de esta fa- 
milia. 

Noctua cunicidaris D'Orb. He encontrado sus restos en el piso 
pratense de la formación post-pampeana (cuaternario) de Lujan, 
(Ameghino,. La formación pampeana, p. 81, a. 1881). 

Falconidae. De esta familia se conocen varios representan- 
tes fósiles. 

Miloago chimango (Vieill.) Sin. Milvago pezoporus Burm. 
Fósil en los depósitos post-pampeanos lacustres (piso platense) de 
Lujan (Ameghino, 1. c). 

Asthenopterus minutus (Mor. y Mer.) Amegh. Sin. Lagop- 



444 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

tenis minutus Mor. y Mer. (1. c.,p. 22 y 66, pl. XVIII, f. 7). 
Moreno y Mercerat designan con el nombre de Lagopterus mi- 
nutus, como género y especie nueva, un húmero que presenta 
caracteres mixtos de los géneros Buteo y Polyborus. La pieza 
sobre que está fundada, procedente de mi antigua colección, fué 
encontrada en el pampeano superior de Lujan. Como el nombre 
genérico de Lagopterus ha sido ya empleado con anterioridad, lo 
sustituyo por el nuevo nombre de Asthenopterus. 

Foetopterusf ambiguus Mor y Mer. (1. c, p. 26 y 66, pl. 
XVIII, fig. 6). La pieza sobre que fundan el género y la especie 
es un húmero de mi antigua colección. La procedencia que le 
asignan es equivocada ; la recogi en el post-pampeano de la Ca- 
ñada de Rocha (Lujan) en utu depósito perteneciente á la parte 
superior del piso platense (cuaternario superior). Todos los res- 
tos de aves procedentes de este yacimiento, que pude determinar, 
pertenecen á especies existentes, y no dudo que debe encontrarse 
en el mismo caso la pieza sobre la que fundan el pretendido nue- 
vo género y especie. 

Catkartidae. El género Psilopterus Mor. y Mer. que los 
autores colocan en esta familia, ni es siquiera un carínate, sino un 
ratite. 

Cathartes aura Lix. Sin. Cathartes fossilis Mor. y Mer. (1. 
c, p. 26 y 67. pl. XIX, f. 15; pl. XX, f. 19). La pieza que figu- 
ran los autores, procedente de mi antigua colección, la recogi 
en el post-pampeano de la Cañada de Rocha (Lujan), y no se 
diferencia en nada de la pieza correspondiente de la especie 
actual. 

Sarcorhamphus gryphus Lin. Sin. Sarcorhamphus fossilis 
Mor. y Mer. (1. c, p. 27 y 69, pl. XVIII, f. 9). El cubito des- 
crito y figurado por los autores mencionados, procedente de mi 
antigua colección, lo recogi en el post-pampeano superior déla 
Cañada de Rocha (Lujan) y concuerda absolutamente con el de la 
especie actual. 

Phalacrocoracidae. Solo se conoce un representante fósil 

de esta familia. 

Phalacrocorax pampeanus Mor. y Mer. (I. c.,p. 19 y 35, pl. 
XVIII, f. 8). Fundada sobre un húmero de mi antigua colección, 
descubierto en d pampeano lacustre (piso Lujanense) de la forma- 
ción pampeana de Lujan por mi hermano Juan Ameghino. Según 
los autores se acerca de P. brasilianus. 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 445 

Ardeidae. Solo conozco como representante fósil de esta fa- 
milia, la especie actual. 

Árdea cocoi Lin. He encontrado sus restos en el post-pam- 
peano (piso platense) de Lujan. (Ameghino, La form.pamp., p. 
81, 1881). 

Ciconidae. El género Palaeociconia Moreno no es un cicó- 
nido, ni tampoco un carínate sino un ratite. 

Prociconia Lydekkeri nom. n. Sin. Palaeociconia australis, 
Lydekker (Catal. qf Foss. Birds, p. 64, f. 15, a. 1891). Lydek- 
ker, guiándose por los datos completamente errados publicados 
por Moreno, identificó algunos huesos de un gran cúó nido extin- 
guido de las cavernas del Brasil con Palaeociconia australis 
Mor., que por los dibujos ahora publicados resulta que no es un 
cicónido, y que no tiene ninguna relación con el verdadero cicó- 
nido de las cavernas brasileras dado á conocer por Lydekker, que 
resulta ahora no tener nombre genérico ni especifico. Propongo 
designarlo con el nombre de Prociconia Lydekkeri. Refiero pro- 
visoriamente á este género y á esta especie, los huesos de una 
gran ave fósil parecida á la cigüeña, mencionados por Burmeis- 
ter como procedentes de la formación pampeana de Buenos 
Aires. 

Plataleidae. Conozco un representante extinguido de esta fa- 
milia. 

Protibis cnemialis n. gen. n. sp. Su mayor parecido es con 
Jbidopsis Lyd. Se distingue por el tibio-tarso de extremidad dis- 
tal más angosta, con la cresta cnemial anterior muy pronunciada, 
el puente sobre el surco destinado á recibir el músculo estensor 
más oblicuo, el surco intercondilar estrecho ; y por un prolonga- 
miento del cóndilo interno que avanza sobre el surco intercondi- 
lar en forma de tubérculo ; diámetro transverso máximo de la es- 
tremidad distal 14 milímetros. Los restos de esta especie han sido 
descubiertos por C. Ameghino en el eoceno inferior de la Patago- 
nia austral. 

Phoenicopteridae. En estado fósil solo conozco hasta aho- 
ra el 

PJioenicopterus ignipalliatus Geoff. Lo he encontrado en los 
depósitos post-pampeanos de Lujan. (Ameghino, La form.pamp., 
p. 81, a. 1881). 

Anatidae. Conozco en estado fósil varios representantes. 

Chenalopex debilis n. sp. Se distingue fácilmente por su lama- 



446 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ño muy pequeño, las trócleas laterales del tarso-metatarso fuerte- 
mente echadas hacia atrás, y la tróclea externa relativamente 
larga ; diámetro transverso máximo de una á otra de las dos tró- 
cleas laterales, 8 milímetros. He recogido los restos de esta es- 
pecie en el pampeano medio (piso belgranense) de la ciudad cK 
La Plata. 

SarckUornis regia Lath. He encontrado sus restos en los de- 
pósitos post-pampeanos (piso platense) de Lujan. (Ameghino, 
1. c). 

Cygnus coscoroba Lath. He descubierto sus restos en los mis- 
mos depósitos que los de la especie precedente (Ameghino, 1. e.) 

Tetraonidae. Se han encontrado representantes de esta fa- 
milia, solo en los depósitos post-pampeanos. 

Xothura maculosa Temm. He descubierto sus restos en los de- 
pósitos fosilíferos post-pampeanos (piso platense) de Lujan. (Ame- 
ghino, 1. c). 

Nothura cinerascens Burm. De los mismos depósitos que Is 
especie precedente. (Ameghino, 1. c). 

Gruidae. Bravard menciona la existencia de un represen- 
tante de este grupo en la formación pampeana de Buenos Aires, 
pero sin dar su determinación ni genérica ni especifica. Lomas 
probable es que esos restos se refieran á algún cicónido, y quizás á 
Prociconia. 

Palamedeidae. Conozco como representante fósil de esta fa- 
milia el Chajá. 

Palamedea chavarria Linn. He encontrado sus restos en los 
depósitos post-pampeanos (piso platense) de Lujan. (Ameghino, 

1. c). 

Charadridae. El único representante fósil es <'l teru-teru. 

Vanellus cayennensts Gm. He descubierto sus restos en Los 
mismos depósitos que la especie precedente. (Ameghino, 1. c). 

Laridae. De esta familia conozco en estado fósil, La especie 
actual. 

Larus vociferas Gray. De los mismos depósitos que las espe- 
cies precedentes. (Ameghino, 1. c). 

Pseudolarus eocaenus a. gen. n. sp. Se distingue por el hú- 
mero completamente recto, con la pane proximal no encorvada 

v nii\ enanchada, pero muy aplastada, con una gran cresta 

dorsal, y la cara articular próxima! muj angosta y extraordina- 
riamente estendida en sentido transversal; diámetro transverso 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 447 

máximo de la estremidad proximal, 9 milímetros. Descubierta 
por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la Patagonia aus- 
tral. 

Spheniscidae. Se conocen varias especies fósiles. 

Palaeospheniscus patagonicus Mor. y Mer. (1. c, p. 1G y 30). 
Con este nombre, los autores confunden restos de especies distin- 
tas. Deberá considerarse como tipo del género y de la especie, el 
tarso-metatarso que representan en la figura 5 de la lámina II 
procedente de mi antigua colección. Ha sido descubierto por el 
coronel D. Luis J. Fontana en el oligoceno del territorio del 
Chubut. 

Palaeosplieniscus Menzbieri Mor. y Mer. (1. c.,p. 17 y 33). 
Los autores describen bajo este nombre, restos procedentes de es- 
pecies distintas. Deberá considerarse como tipo de la especie el 
tarso-metatarso que representan en la figura 6 déla lámina II, 
procedente de mi antigua colección. Ha sido descubierto por el 
coronel D. Luis J. Fontana en el oligoceno del territorio del 
Chubut. 

Palaeospheniscus Bergii Mor. y Mer. (1. c, p. 18 y 34). Como 
en el caso precedente., los autores describen con este nombre, hue- 
sos de especies diferentes. Debe considerarse como tipo de la es- 
pecie, el tarso-metatarso que representan en la figura 8 de la lá- 
mina II, procedente de mi antigua colección. Fué descubierto 
como los anteriores, -por el señor Fontana, en el oligoceno del 
Chubut. 

Parapteñodytes n. gen. Se distingue fácilmente, por el tarso- 
metatarso, relativamente más corto y más ancho, por su extremi- 
dad distal muy enanchada, por la fuerte curva lateral de todo el 
hueso, por el gran tamaño de la tróclea mediana, y el gran ancho y 
profundidad de las escotaduras intertrocleales. 

Parapteñodytes antarticus (Mor. y Mer.)Amegh. Sin. Pa- 
laeospheniscus antarticus Mor. y Mer. (1. c, p. 1G y 30, pl. II, 
f. 1,2 y 4). Ha sido un animal de talla considerable; el tarso- 
tnetarso tiene 54 milímetros de largo y próximamente 4 centíme- 
tros de diámetro transverso máximo. Los restos de que dispongo, 
como también los figurados y descritos por los señores MoRENoy 
Mercerat, fueron descubiertos por Carlos Ameghino en el 
oligoceno do la Patagonia austral. 



R.BV. ARG. HE HIST. NAT. — T. I '¿<J 



448 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 



RATITES 



Rheidac. Se conocen dos representantes fósiles. El fémur 
sobre que Moreno y Mercerat fundan el nuevo género Protorhea 
Azarae (1. c, p. 27 y 69, pl. XIX, f. 17), no es de un ave, sino de 
un mamífero y de un guanaco (Aüchenia lujanensis Amegh.); la 
procedencia también está equivocada. 

Rliea americana Lath. Sin. Rhea fossi/is Mor. y Mer. (nec 
Amegh.), (1. c., p. 28 y 71, pl. XIX, f. 2, 11, 1G ; pl. XX. f. 20; 
pl. XXI, f. G). — Rhea sub-pampeana Mor. y Mer. (1. c, p. 27 y 
70, pl. XX, f. 22). La procedencia de la pieza sobre la cual los 
autores pretenden fundar la nueva especie Rhea sub-pampeana, es 
equivocada. He encontrado restos de esta especie, en los depósitos 
íosiliferos post-pampeanos (piso platense) de Lujan. (Ameghino 
Cat. sp.j etc., p. 52, a. 1888. Id. Laform. patnp., p. 81, a. 1881 ), 
y en la parte superior do la formación pampeana (Infor. sobre el 
iMtts. Ant. r/ Pal., etc., p. 14, a. 1885). 

Rheafossilis Amegh. (nec Mor. y Mer.). (Cat. sec. ele, p. 
42, a. 1882). Sin. Rhea pampeana Mor. y Mer., 1. c, p. 27 y 70. 
pl. XIX, f. 1.:! á 10, 13; pl. XX, í. 1 al, 6á 17; pl. XXI, í. 1 
á 4. Talla do Rhea Darwinü pero de caracteres intermediarios 
entre los de esta especie y los de Rhea americana. El tipo de la 
especio es d esqueleto incompleto figurado por los señores Moreno 
y Mercerat, procedente de mi antigua colección que recogí en el 
pampeano superior de < Uivera, 

Pclccyornidao n. I'am. Se distinguen de los Rheidae por la 
presencia cu el tibio-tarso de un fuerte surco para el músculo 
estensor, sobre el que existe un puente óseo como en la generali- 
dad de las aves, y por el tarso-metatarso de extremidad poco 
enanchada. La faceta para el dedo interno está muy bien marcada. 
Algunos representantes de esta familia lian sido colocados por los 
señores Moreno \ Mercerat entre los c<ith<trti<l<<>! 

Pelecyornis uom.n. sin. Psüopterus Mor. \ Mía;., 1. c.\ p. 
26y67. La tróclea interna es un poco más corta que la externa; 
el cuerpo del tarso-metatarso es aplastado en su caía anterior, 
cóncavo en la parto distal inmediatamente encima de las trócleas, 
con las trócleas interna y externa fuertemente echadas hacia atrás ; 
la ectotróclea tiene el borde externo fuertemente estendido atrás, 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 449 

constituyendo una especio de cresta en forma de hacha. No puede 
conservarse el nombre de Psilopterus por estar empleado con 
anterioridad. 

Pelecyornis communis (Mor. y Mer.) Amegh. Sin. Psilop- 
terus communis Mor. y Mer., 1. c, p. 26 y G8, pl. XVIII, fig. 11; 
pl. XXI, f. 5. Los restos que poseo de esta especie, han sido des- 
cubiertos por Carlos Ameghino en el eoceno inferior de la Pata- 
gonia austral. 

Pelecyornis australis (Mor. y Mer.) Amegh. Sin. (Psilopte- 
rus austraíis Mor. y Mer., 1. c, p. 26 y C8, pl. XVIII, f. 10 ; pl. 
XX, f. 5). Es de tamaño un poco mayor que la precedente. Ha 
sido descubierta porC. Ameghino en el eoceno inferior de la Pata- 
gonia austral. 

Pelecyornis minutus n. sp. Se distingue por su tamaño mucho 
menor que el de P. communis, el borde interno del tarso-meta- 
tarso más redondeado, y la faceta del dedo interno poco marcada. 
Diámetro transverso máximo de la mesotróclea, 6,5 milímetros; 
de la extremidad distal, 19 milímetros; diámetro transverso del 
cuerpo del tarso-metatarso en su parte más angosta, 7 milímetros. 
Descubierta por C. Ameghino en el eoceno inferior de la Patagonia 
austral. 

Lophiornis obliquus n. gen. n. sp. Se distingue por el tibio- 
tarso cuya extremidad distal es de cara posterior deprimida y no 
convexa como en Pelecyornis, con cresta iibular y enemiales fuer- 
temente pronunciadas, y el cóndilo externo muy angosto. Diáme- 
metro transverso mínimo del cuerpo del tibio-tarso, 11 milímetros. 
Descubierta por C. Ameghino en el cócono inferior déla Patago- 
nia austral. 

Anisolornis excavatus n. gen. n. sp. Se distingue fácilmente 
de los géneros precedentes, por el tarso-metatarso de entotróclea 
más corta y más fuertemente echada hacia atrás, de manera 
que deja visible toda la cara interna de la mesotróclea, presentán- 
dose fuertemente excavada Inicia adentro y hacia atrás; sobre la 
cara posterior de la extremidad distal, hay una fuerte cresta obli- 
cuo-transversa que va del borde interno correspondiente ala faceta 
del dedo interno, al lado externo, para concluir encima de la 
ectotroclea. Diámetro transverso máximo de la extremidad distal 
del tarso-metatarso, 17 milímetros. I )escufrierta por C. Ameghino 
en el eoceno inferior de la Patagonia austral. 

Phororhacosidae Ameghino,, en Revista Argentina de 



450 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Historia Natural, tomo I. entrega 4 H (I o Agosto), página 258. Se 
distingue de los Pelecyornisidae por la diferencia entre la ento y 
la ecto tróclea menos pronunciada, siendo esta apenas un poco 
más larga, por la ausencia de la cresta posterior en forma de hacha 
sobre el borde externo-posterior de la entotróclea, por las trócleas 
laterales no echadas hacia atrás, y la paite distal de la cara poste- 
rior no excavada sino casi plana. El Tibio-tarso presenta un fuerte 
tubérculo intercondilar. El dedo interno siempre existe, pero era 
poco desarrollado, y la faceta correspondiente á veces apenas 
visible, siendo esta la cansa por la que creí al principio que care- 
cían de pulgar. Esta familia comprende las aves más gigante-cas 
que hasta ahora se conocen, y sus restos son los más abundantes 
en el eoceno de Patagonia. Los señores Moreno y Mercerat han 
colocado algunos representantes de esta familia entre los Ciconidae 
y otros entre los Catkartidae ; los demás los distribuyen en cuatro 
familias distintas que llaman Brontornithidae } Stereornithidae, 
Dryornithidae y Darwinornithidae, todas sin caracterizar. Res- 
tos de un mismo género, yá menudo de una misma especie, se 
encuentran distribuidos en tres familias distintas ! 

Brontornis Mor. y Merc. (1. c, p. 20 y 37, sin caracterizar). 
Sin. Rostrornis Mor. y Mer.j 1. c, p. 20 y 40, sin caracterizar. 
Se distingue de Phororhacos ámegh., por sus formas mucho más 
robustas; la mandíbula inferior es más corta, más gruesa, y fuer- 
temente encorvada, y los hueso, de los miembros son mas cortos y 
más gruesos, carácter por el que se acercan más á lo- de Dinornis 
que lo- del otro género. 

Brontornis Burmeisteri Mor. y Mía:. 1. c, p. 20 y 37, pl. III. 
f. 1 á 1, pl. V, í. 2. sin. Rostrornis Floweri Mor. y Mía;.. I. 
c p. 20 y 40, pl. IV, f. 1 ; pl. V, í. 1. 3, I. 5; pl. VI, i. 1 a 1; pl. 
VII, f. 1 a :;. Esta especie alcanzaba próximamente la talla de 
Dinornis maximus. Los restos de que dispongo me permiten 
establecerla identidad de Brontornis Burmeisteri y Rostrornis 
Floweri y reconocer que la separación do las trócleas del tarsQ- 
meta tarso figurado como de Rostrornis Flowet ■/ (pl. V, i. 1). no 
es natural. I, o- autores describen estensamente una mandíbula 
que toman por superior (premaxilar) comparándola rnu el premaxi- 
lar de Sarcorhamphus gryphus! y el pretendido premaxilares la 
mandíbula inferior ! Eoceno inferior de la Patagonia austral. 

Phororhacos A.meghino Enumeración sistemática, pagina \'\. 
1887. Id. Revista Argentina 'le Historia Natural, lomo 1. entre- 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 451 

ga IV, página 256. 1" Agosto 1891. Sin. Tolmodus Ameghino, 
Revista Argentina de Historia Natural, lomo 1, entrega III, 
página 157, I o Jimio 1891. — Palaeociconia Moreno, Informe, 
etc., página 30, año 1889. Id. Moreno y Mercerat, 1. c, página 
36. — Mesembriornis Moreno, Informe, etc., página 29, año 1891 . 
Id. Moreno y Mercerat, 1. c, página 48. — Stereonds! Moreno 
y Mercerat, 1. c. página 45. — Patagonas! Moreno y Mercerat, 
I. c, página 55. — Dryornis! Moreno y Mercerat, 1. c. página 
59. — Daricinornis! Moreno y Mercerat, I. c, página 60. — 
Owenornis ! Moreno y Mercerat, 1. c, página 64. — Psilopterus! 
(in parte) Moreno y Mercerat, 1. c, página 68. Se distingue de 
Bróntornis por sus formas mucho más esbeltas. 

Phororhaeós longissimus Ameghino, Enumeración sistenn'i- 
tka } página 24, año 1887. Id. Contribución mamíferos jósiles 
República Argentina, página 659, año 1889. Id. Perista Ar- 
gentina de Historia Natural, tomo 1, entrega IV, página 258, 
figura 77, 1° Agosto 1891. Sin. Stereornis Rollieri Moreno y 
Mercerat, 1. c. páginas 21 y 45. plancha IX. figura 3; plancha 
X, figura 1 y 2; plancha XI, figura 1. — Stereornis gaudryi Moreno 
y Mercerat, I. c, páginas 21 y 47, plancha IX, figura 4; plancha 
X, figura 3. — Darwinornis Cope/' Moreno y Mercerat, 1. c, pá- 
ginas 24 y 60, plancha XVII, figuras 1 y 2. — Owenornis Lydek- 
keri, páginas 25 y 64, plancha XVIII, figuras 2 á 5. Es la especie 
que sirve de tipo al género y á la familia, y la primera conocida. Es 
el ave más gigantesca que haya existido, pues su talla era casi el 
doble de la de Bróntornis Burmeiste/% pero de formas mucho 
más esbeltas. La mandíbula inferior que me sirvió de tipo para la 
fundación del género y de la especie, es dibujada por los señores 
Moreno y Mercerat £ la describen como premaxilar! No atri- 
buyen á la especie ningún hueso dc| esqueleto, si bien es la más 
abundante de todas. Fué descubierta por C. Ameghino en el 
eoceno inferior de la Patagonia austral. 

Phororhaeós sehuensis Ameghino, en Revista Argentina de 
Historia Natural, tomo 1, entrega IV, página 285, í 6 Agosto 
1891. Sin. Mesembriornis Studeri Moreno y Mercerat, l. c, 
páginas 21 y 48, plancha IV, figuras 2 y 3; plancha VII, figura 4; 
plancha X, figura 4. — Mesembriornts Quatrefagesi Moreno y 
Mercerat, 1. c, páginas 22 y 50, plancha IV, (¡gura 4; plancha 
XII, figuras 7 y 9; plancha XIV, figura 1. — Darwinornis Zitteli 
Moreno y Mercerat, 1. c, páginas 25 y 63, plancha XVII, figu- 



152 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

ras 3 y 4. — Darwinornis socialü Moreno y Mercerat, 1. c. pági- 
nas 25 y 63, plancha XVII, figura 5. —Qwenornts qffinis Moreno 
y Mercerat, 1. c, páginas 25 y 04, plancha XYII, figura 6; 
plancha XVIII, figura 1. Una mitad menor que la especie prece- 
dente. Talla general de) Brontornis Burmeisteri pero muellísimo 
más delgada. Fué descubierta por C. Ameghino en el eoceno 
inferior de la patagonia austral. 

Phororhacos MUtte-Edwardsi Mor.) Amégh. Sin. Mesem- 
briornis Mil/ie-Ed icm-t/si \Iob.eso, informe, etc.^ pagina 29. año 
1889. Id. Moreno y Mercerat, 1. c. página 51, plancha XIII, 
figuras 1-6; plancha XVI, figura 3. — Palaeociconia australis 
Moreno, Informe, etc., 1889. Id. Moreno y Mercerat, 1. c, 
páginas 19 y 36, plancha II, figura 3. — Dryornis pampeanas 
Mor. y Mer., 1. c, páginas 24 y 59, plancha XVI. figuras 1-2. 
!)<• tamaño mucho menor. Mioceno superior de Monte-Hermoso. 

Phororhacos injlaíus Ameghino, en liceísta Argentina de 
Historia Natural, tomo 1, entrega IV, página 258. Agosto 1891. 
Sin. Taimadas inflaíus Amegh., 1. c, tomo I. entrega III, página 
157, figura 62, Junio 1891. — Patagornis Marshii Mor. y Mer., 
1. c, paginas 23 y 5(1. plancha XIV. figuras 2 á 11 ; plancha XV, 
figuras 1-3. — Palaeociconia cristata Mor. y Mer., páginas 19 y 
36, plancha XIX. figuras 12-14; plancha XX. figura 9. La man- 
díbula inferior de esta especie, bajo el nombre de Patagornis 
Marshii, también es descrita por los señores Moreno y Merce- 
rat como un premaxilar! Esta pieza no se distingue absoluta- 
menteennada déla de Phororhacos longissimus con escepcion 
de su tamaño muchísimo menor. Descubierta por ('. Ameghino en 
el eoceno inferior de la Patagonia austral. 

Phororhacos delicat us Ameghino, en Revista Argentina de 
Historia Natural, tomo I. entrega IV, página 259, 1 " Agosto 
1891. Sin. Patagornis LemoineiMoR. y Mer., I. c páginas 23 y 
58, plancha XV, figuras 4-6. - Patagornis Bachmani Mor. y 
Mer., I. c.,páginas24y 58, plancha XV. figuras 7-10. — Psüopte- 
rus intermedtus Mor. y Mer., I. <•.. páginas v<*> y 68, plancha 
XX. figurad. Es la especie más pequeña del género. Descubiefta 
por ( '. Ameghino en el eoceno de la Patagonia a stral. 

Phororhacos platygnathusn.sp. Detalla casi iguala Phoro- 
rhacos longissimus pero de formas un poco más robustas. s,t 
distingue fácilmente por la mandíbula inferior, cuya parte sinfi- 
saria en vez de ser fuertemente convexa abajo en toda su extensión, 



ENUMERACIÓN DE LAS AVES FÓSILES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 453 

es deprimida en su mitad posterior y con una pequeña cresta 
longitudinal mediana. El tarso-metatarso se distingue por su 
extremidad distal relativamente más angosta y más gruesa, menos 
deprimido en sentido ántero-posterior que en la especie prece- 
dente. Longitud de la sinfisis mandibular, 15 centímetros. Diáme- 
tro transverso máximo de la extremidad distal del tarso-meta- 
tarso, 78 milímetros. Descubierta por C. Ameghino en el eoceno 
inferior de la Patagonia austral. 

Opisthodactyl as patagónicas n. gen. n. sp. Es de formas más 
robustas que Phororhdcos; todos los huesos son más cortos y más 
gruesos. El tarso-metatarso se distingue por la extremidad distal 
más enanchada, y cóncava en su cara posterior inmediatamente 
encima de las trócleas. Las eseavaciones délas caras laterales de la 
mesotróclea son circulares, pequeñas y muy profundas. La faceta 
para la articulación del pulgar se encuentra en el centro de la cara 
posterior inmediatamente encima de la mesotróclea. Diámetro 
transverso máximo de la mesotróclea, 19 milímetros. Diámetro 
transverso inmediatamente encima de las trocleas, 38 milímetros. 
Descubierta por Cárlo> Ameghino en el eoceno inferior de la 
Patagonia austral. 



I 



ERRATAS NOTABLES 



Página 28, suprima-'' la palabra Continuación colocada al pié del artículo que 
concluj c en esa página. 

Página 128, línea 1, donde dice 1888 léase 1886, 

Página 129, línea 5 de descripción: <l<>n<ir dice posterior interno léase anterior 
interm >. 

Página 135, línea 11 de la descripción de Notohippus : donde dice cara externa 
léase cara interna. 

Página 150, línea 2: donde dice cresta occipital léase cresta sagital. 

Página 153, en la Leyenda de la figura 58; donde dice 8 /, léase ' 9 . 

Página 205, última línea: donde dice un tipo de hocico más prolongado léase un 
tipo de hocico menos prolongado. 

Página 281, línea 9, en vez de Jhering léase Nhering. 

Página 294, penúltima línea del número Id en vez de no léase 40. 

Página 294, última línea del número 17, en vez de 45 !<■<,.<■■ IX. 

Página 297, en el número 26, línea primera, suprímase n. sp. 

Página 297, en el número 27, en vez de intermédium léase intermissum. 

Página 2'jx, línea 5: donde dice inferiores léase superioi'es. 

Página 317, número 120, en vez de sub-cuadratus léase sub-quadratus. 

Página 318, número 124, en vez de crassignathus léase pachygnathus. 

Página 323, número 151, en ve/ de fissognathus léase Schisognathus. 

Página 311, línea :í:; : , /,,/»/,■ dice interno /rase externo. 

Página 315, hura ;: donde dice angulatum léase cingulatum. 

Página 3 15, linea 9: donde dice p. 5 léase p. ,. 

Página 515, línea 12: donde dice con cíngulo basal léase sin cíngulo basal. 

Página 3 18. líneas 22 23 : donde dice Schismotheridde léase Schismot/ierium. 

Página 358, línea 33 : dondedice Cyclops léase Scopotherium. 



ÍNDICE 



Páginas 

Observaciones críticas sobre los caballos fósiles de la República Argentina, 
por Florentino Ameghino 4, 65 

Una rápida ojeada á la evolución filogenética de los mamíferos, por Floren- 
tino Ameghino -. 17 

Ph\ comycetae Argentinae, por el Dr. Carlos Spegazzíni 28 

Los Plagiaulacídeos argentinos y sus relaciones zoológicas, geológicas y 
geográficas, por Florentino Ameghino 38 

Sobre algunos restos de mamíferos fósiles recogidos por el señor Manuel 
B. Zavaleta, en la formación miocena de Tucuman y Catamarca, por F. 
Ameghino 88 

Fungi guaranitiei nonnulli novi v. critici, por el Dr. Carlos Spegaz- 
zíni 101, 168, 400 

Caracteres diagnósticos de cincuenta especies nuevas de mamíferos fósiles 
argentinos, por F. Ameghino 129 

Apuntes sobre rocas eruptivas de la pendiente oriental de los Andes entre 
Rio Diamente y Rio Negro, por el Dr. G. Bodenbender 177, 219 

Sobre algunos peces nuevos ó poco conocidos de la República Argentina, 
por Eduardo Ladislao Holmberg 180 

Sobre la distribución geográfica de los Creodontes, por el Dr. H. V. Jhe- 
RiNG 209 

Adición á la memoria del Dr. H. V. Jhering sobre la distribución geográfica 
de los Creodontes, por F. Ameghino 214 

Mamíferos y aves fósiles argentinos. — Especies nuevas, adiciones y correc- 
ciones, por F. Ameghino 240 

Nuevos restos de mamíferos fósiles descubiertos por Carlos Ameghino en el 
eoceno inferior de la Patagonia austral. — Especies nuevas, adiciones y 
correcciones, por F. Ameghino 289 

Observaciones críticas sobre los mamíferos eocenos de la Patagonia austral, 
por F. Ameghino 328 

Los monos fósiles del eoceno de la República Argentina, por Florentino 
Ameghino ' 385 

Observaciones sobre algunas especies de los géneros typotherium y Ente- 
lomorphus, por F. Ameghino 435 

Sobre la supuesta presencia de Creodontes en el mioceno superior de Monte- 
Hermoso, por F. Ameghino 439 

Sobre algunas especies de perros fósiles de la República Argentina, por F. 
Ameghino 440 

Enumeración de las aves fósiles de la República Argentina, por F. Ame- 



(¡HINO 



443 



Revista crítica y bibliográfica 

F. Ameghino. La cuenca del Rio Primero en Córdoba, por el Dr. G. Boden- 

BENDER 45 

Enumeración de las aves de la provincia de Córdoba, por Huno Stempelmann 
y Federico Schulz 52 

Observaciones sóbrelos reptiles fósiles oligocenos de los terrenos terciarios 
antiguos del Paraná, por Juan B. Amdrosetti 53 

Estudio sobre la composición química de sales de las salinas del interior de 
la República Argentina, por el Dr. Luis Harperath 55 



456 REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA NATURAL 

Informe sobre el petróleo de la laguna de la Brea, por Rodolfo Zuber 55 

Estudio geológico del Cerro de Cacheuta y sus contornos, por Rodolfo 
Zuber 56 

La variabilidad interdiurna en algunos puntos de la República Argentina y 
de la América del Sur en general, por Óscar Doerini; 59 

Resultados botánicos de exploraciones hechas en Misiones, Corrienti - 
países limítrofes, desde 1883 hasta 1888, por Gustavo Niederlein 5g 

Les mamiféres fossiles de la République Argentine, par le Dr. E. Troues- 

SART 59 

Apuntes de Mineralogía, por Manuel González y Alvarez GO 

Elementos de Botánica, por el Dr. Carlos Berg 60 

Sobre la Carpocapsa saltitans v la Grapholitha motrix, por el Dr. Carlos 

Berg 112 

Los Museos de Historia Natural, por W. H. Flower 113 

Los Museos argentinos, por Henrv A. Wahd 114 

Le Musée de La Plata, por Francisco P. Moreno 115 

Dr. Federico Kurtz. La formación carbonífera de la República Argentina, 

por el Dr. Carlos Berg ■ 193 

Dr. Guillermo Bodenbender. Sobre la edad de algunas partes de los Andes, 
por el Dr. C. Ociisenius 196 

F. Ameghino. Exploración arqueológica de la provincia de Catamarca, por 
F. P. Moreno 199 

Museos escolares argentinos, por Víctor Mercante 207 

Adiciones al examen de los mamíferos fósiles, tratados en el artículo IV an- 
terior, por Germán Bukmeister 859 

La distribución geográfica de los moluscos de agua dulce, por el Dr. H. V, 

J HE RING 270 

Los grandes animales fósiles de América, por M. Marcelin Boule 873 

Sinopsis de la familia de los Astrapotheridae, por Ai. cides Mercerat 275 



Correspondencia, viajes, exploraciones, etc. 

N uestro puesto 

Nuevas exploraciones de los yacimientos fosilíferos de la Patagoaia austral. 60 

Exploraciones en la Patagonia austral 68 

Nuevos hallazgos en los yacimientos fosiliferos del Paraná 64 

Fósiles miocenos de Tucuman y Catamarca 84 

C. Ameghino. Exploración de los depósitos fosiliferos de la Patagonia aus- 
tral 119 

E. D. Core. Colocación de los grupos de mamíferos designados con los nom- 
bres de Toxodontia y Litopterna 121 

Dr. II. V. Jhering. Sóbrelas antiguas conexiones dd continente sud-ame- 
ricano 121 

!■'. Ameghino. I>as antiguas conexiones del continente muI americano y la 
fauna eoceua argentina 123 

Personnel 126 

Dr. II. V. Jhering. Nuevos datos sobre las antiguas conexiones del conti- 
nente sud-americano 280 

F. Ameghino. Determinación «le algunos jalones para la restauración de las 

antiguas conexiones del continente sud americano 282 

AmigOS de la Historia Natural 288 

Universidad de Córdoba y Academia Nacional de Ciencias 381 



I LJ 



REVISTA ARGENTINA DE HISTORIA 
NATURAL 



v. 1 
1891 

QH 7 R42 GERSTS 



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